En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba sin orden y vacía. Había tinieblas sobre la faz del océano, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Entonces dijo Dios: "Sea la luz," y fue la luz. Dios vio que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas. Dios llamó a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y fue la mañana del primer día. Entonces dijo Dios: "Haya una bóveda en medio de las aguas, para que separe las aguas de las aguas." E hizo Dios la bóveda, y separó las aguas que están debajo de la bóveda, de las aguas que están sobre la bóveda. Y fue así. Dios llamó a la bóveda Cielos. Y fue la tarde y fue la mañana del segundo día. Entonces dijo Dios: "Reúnanse las aguas que están debajo del cielo en un solo lugar, de modo que aparezca la parte seca." Y fue así. Llamó Dios a la parte seca Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares; y vio Dios que esto era bueno. Después dijo Dios: "Produzca la tierra hierba, plantas que den semilla y árboles frutales que den fruto, según su especie, cuya semilla esté en él, sobre la tierra." Y fue así. La tierra produjo hierba, plantas que dan semilla según su especie, árboles frutales cuya semilla está en su fruto, según su especie. Y vio Dios que esto era bueno. Y fue la tarde y fue la mañana del tercer día. Entonces dijo Dios: "Haya lumbreras en la bóveda del cielo para distinguir el día de la noche, para servir de señales, para las estaciones y para los días y los años. Así sirvan de lumbreras para que alumbren la tierra desde la bóveda del cielo." Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para dominar en el día, y la lumbrera menor para dominar en la noche. Hizo también las estrellas. Dios las puso en la bóveda del cielo para alumbrar sobre la tierra, para dominar en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que esto era bueno. Y fue la tarde y fue la mañana del cuarto día. Entonces dijo Dios: "Produzcan las aguas innumerables seres vivientes, y haya aves que vuelen sobre la tierra, en la bóveda del cielo." Y creó Dios los grandes animales acuáticos, todos los seres vivientes que se desplazan y que las aguas produjeron, según su especie, y toda ave alada según su especie. Vio Dios que esto era bueno, y los bendijo Dios diciendo: "Sed fecundos y multiplicaos. Llenad las aguas de los mares; y multiplíquense las aves en la tierra." Y fue la tarde y fue la mañana del quinto día. Entonces dijo Dios: "Produzca la tierra seres vivientes según su especie: ganado, reptiles y animales de la tierra, según su especie." Y fue así. Hizo Dios los animales de la tierra según su especie, el ganado según su especie y los reptiles de la tierra según su especie. Y vio Dios que esto era bueno. Entonces dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y tenga dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo, el ganado, y en toda la tierra, y sobre todo animal que se desplaza sobre la tierra." Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Dios los bendijo y les dijo: "Sed fecundos y multiplicaos. Llenad la tierra; sojuzgadla y tened dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se desplazan sobre la tierra." Dios dijo además: "He aquí que os he dado toda planta que da semilla que está sobre la superficie de toda la tierra, y todo árbol cuyo fruto lleva semilla; ellos os servirán de alimento. Y a todo animal de la tierra, a toda ave del cielo, y a todo animal que se desplaza sobre la tierra, en que hay vida, toda planta les servirá de alimento." Y fue así. Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno. Y fue la tarde y fue la mañana del sexto día. Así fueron terminados los cielos y la tierra y todos sus ocupantes. El séptimo día Dios había terminado la obra que hizo, y reposó en el séptimo día de toda la obra que había hecho. Por eso Dios bendijo y santificó el séptimo día, porque en él reposó de toda su obra de creación que Dios había hecho. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra, cuando fueron creados. Cuando Jehovah Dios hizo la tierra y los cielos, aún no había en la tierra ningún arbusto del campo, ni había germinado ninguna planta del campo, porque Jehovah Dios no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para cultivarla. Pero subía de la tierra un vapor que regaba toda la superficie de la tierra. Entonces Jehovah Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre llegó a ser un ser viviente. Y plantó Jehovah Dios un jardín en Edén, en el oriente, y puso allí al hombre que había formado. Jehovah Dios hizo brotar de la tierra toda clase de árboles atractivos a la vista y buenos para comer; también en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Un río salía de Edén para regar el jardín, y de allí se dividía en cuatro brazos. El nombre del primero era Pisón. Este rodeaba toda la tierra de Havila, donde hay oro. Y el oro de aquella tierra es bueno. También hay allí ámbar y ónice. El nombre del segundo río era Guijón. Este rodeaba toda la tierra de Etiopía. El nombre del tercer río era Tigris, que corre al oriente de Asiria. Y el cuarto río era el Eufrates. Tomó, pues, Jehovah Dios al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivase y lo guardase. Y Jehovah Dios mandó al hombre diciendo: "Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás." Dijo además Jehovah Dios: "No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea." Jehovah Dios, pues, formó de la tierra todos los animales del campo y todas las aves del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría. Lo que el hombre llamó a los animales, ése es su nombre. El hombre puso nombres a todo el ganado, a las aves del cielo y a todos los animales del campo. Pero para Adán no halló ayuda que le fuera idónea. Entonces Jehovah Dios hizo que sobre el hombre cayera un sueño profundo; y mientras dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehovah Dios tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre. Entonces dijo el hombre: "Ahora, ésta es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada Mujer, porque fue tomada del hombre." Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban. Entonces la serpiente, que era el más astuto de todos los animales del campo que Jehovah Dios había hecho, dijo a la mujer: —¿De veras Dios os ha dicho: "No comáis de ningún árbol del jardín"? La mujer respondió a la serpiente: —Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Pero del fruto del árbol que está en medio del jardín ha dicho Dios: "No comáis de él, ni lo toquéis, no sea que muráis." Entonces la serpiente dijo a la mujer: —Ciertamente no moriréis. Es que Dios sabe que el día que comáis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal. Entonces la mujer vio que el árbol era bueno para comer, que era atractivo a la vista y que era árbol codiciable para alcanzar sabiduría. Tomó, pues, de su fruto y comió. Y también dio a su marido que estaba con ella, y él comió. Y fueron abiertos los ojos de ambos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron ceñidores. Cuando oyeron la voz de Jehovah Dios que se paseaba en el jardín en el fresco del día, el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehovah Dios entre los árboles del jardín. Pero Jehovah Dios llamó al hombre y le preguntó: —¿Dónde estás tú? El respondió: —Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, porque estaba desnudo. Por eso me escondí. Le preguntó Dios: —¿Quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te mandé que no comieses? El hombre respondió: —La mujer que me diste por compañera, ella me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehovah Dios dijo a la mujer: —¿Por qué has hecho esto? La mujer dijo: —La serpiente me engañó, y comí. Entonces Jehovah Dios dijo a la serpiente: —Porque hiciste esto, serás maldita entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y su descendencia; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón. A la mujer dijo: —Aumentaré mucho tu sufrimiento en el embarazo; con dolor darás a luz a los hijos. Tu deseo te llevará a tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: —Porque obedeciste la voz de tu mujer y comiste del árbol del que te mandé diciendo: "No comas de él," sea maldita la tierra por tu causa. Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado. Porque polvo eres y al polvo volverás. El hombre llamó el nombre de su mujer Eva, porque ella sería la madre de todos los vivientes. Luego Jehovah Dios hizo vestidos de piel para Adán y para su mujer, y los vistió. Y Jehovah Dios dijo: —He aquí que el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal. Ahora pues, que no extienda su mano, tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre. Y Jehovah Dios lo arrojó del jardín de Edén, para que labrase la tierra de la que fue tomado. Expulsó, pues, al hombre y puso querubines al oriente del jardín de Edén, y una espada incandescente que se movía en toda dirección, para guardar el camino al árbol de la vida. El hombre conoció a Eva su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín. Entonces ella dijo: "¡He adquirido un varón de parte de Jehovah!" Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín labrador de la tierra. Aconteció después de un tiempo que Caín trajo, del fruto de la tierra, una ofrenda a Jehovah. Abel también trajo una ofrenda de los primerizos de sus ovejas, lo mejor de ellas. Y Jehovah miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín ni su ofrenda. Por eso Caín se enfureció mucho, y decayó su semblante. Entonces Jehovah dijo a Caín: —¿Por qué te has enfurecido? ¿Por qué ha decaído tu semblante? Si haces lo bueno, ¿no serás enaltecido? Pero si no haces lo bueno, el pecado está a la puerta y te seducirá; pero tú debes enseñorearte de él. Caín habló con su hermano Abel. Y sucedió que estando juntos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató. Entonces Jehovah preguntó a Caín: —¿Dónde está tu hermano Abel? Y respondió: —No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano? Le preguntó: —¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora pues, maldito seas tú, lejos de la tierra que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando trabajes la tierra, ella no te volverá a dar su fuerza. Y serás errante y fugitivo en la tierra. Caín dijo a Jehovah: —¡Grande es mi castigo para ser soportado! He aquí que me echas hoy de la faz de la tierra, y me esconderé de tu presencia. Seré errante y fugitivo en la tierra, y sucederá que cualquiera que me halle me matará. Jehovah le respondió: —No será así. Cualquiera que mate a Caín será castigado siete veces. Entonces Jehovah puso una señal sobre Caín, para que no lo matase cualquiera que lo hallase. Así partió Caín de delante de Jehovah, y habitó en la tierra de Nod, al oriente de Edén. Caín conoció a su mujer, y ella concibió y dio a luz a Enoc. Caín edificó una ciudad a la cual llamó según el nombre de su hijo Enoc. A Enoc le nació Irad. E Irad engendró a Mejuyael. Mejuyael engendró a Metusael. Y Metusael engendró a Lamec. Lamec tomó para sí dos mujeres. El nombre de la una fue Ada; y el nombre de la otra, Zila. Ada dio a luz a Jabal, quien llegó a ser el padre de los que habitan en tiendas y crían ganado. El nombre de su hermano fue Jubal, quien llegó a ser padre de todos los que tocan el arpa y la flauta. Zila también dio a luz a Tubal-caín, maestro de todos los que trabajan el bronce y el hierro. Y la hermana de Tubal-caín fue Naama. Entonces Lamec dijo a sus mujeres: "Ada y Zila, oíd mi voz. Oh mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: Yo maté a un hombre, porque me hirió; maté a un muchacho, porque me golpeó. Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec lo será setenta y siete veces." Adán conoció de nuevo a su mujer, y ella dio a luz un hijo y llamó su nombre Set, diciendo: "Porque Dios me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín." A Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces se comenzó a invocar el nombre de Jehovah. Este es el libro de los descendientes de Adán: Cuando Dios creó al hombre, lo hizo a semejanza de Dios. Hombre y mujer los creó, y los bendijo. Y el día que fueron creados, llamó el nombre de ellos Hombre. Cuando Adán tenía 130 años, engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Los años que vivió Adán después de engendrar a Set fueron 800, y engendró hijos e hijas. Todos los años que vivió Adán fueron 930, y murió. Cuando Set tenía 105 años, engendró a Enós. Set vivió después de engendrar a Enós 807 años, y engendró hijos e hijas. Todos los años de Set fueron 912, y murió. Cuando Enós tenía 90 años, engendró a Cainán. Enós vivió después de engendrar a Cainán 815 años, y engendró hijos e hijas. Todos los años de Enós fueron 905, y murió. Cuando Cainán tenía 70 años, engendró a Mahalaleel. Cainán vivió después de engendrar a Mahalaleel 840 años, y engendró hijos e hijas. Todos los años de Cainán fueron 910, y murió. Cuando Mahalaleel tenía 65 años, engendró a Jared. Mahalaleel vivió después de engendrar a Jared 830 años, y engendró hijos e hijas. Todos los años de Mahalaleel fueron 895, y murió. Cuando Jared tenía 162 años, engendró a Enoc. Jared vivió después de engendrar a Enoc 800 años, y engendró hijos e hijas. Todos los años de Jared fueron 962, y murió. Cuando Enoc tenía 65 años, engendró a Matusalén. Enoc caminó con Dios 300 años después de engendrar a Matusalén, y engendró hijos e hijas. Todos los años de Enoc fueron 365 años. Caminó, pues, Enoc con Dios y desapareció, porque Dios lo llevó consigo. Cuando Matusalén tenía 187 años, engendró a Lamec. Matusalén vivió después de engendrar a Lamec 782 años, y engendró hijos e hijas. Todos los años de Matusalén fueron 969, y murió. Cuando Lamec tenía 182 años, engendró un hijo, y llamó su nombre Noé diciendo: "Este nos aliviará de nuestras obras y de la penosa labor de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehovah maldijo." Lamec vivió después de engendrar a Noé 595 años, y engendró hijos e hijas. Todos los años de Lamec fueron 777, y murió. Cuando Noé tenía 500 años, engendró a Sem, a Cam y a Jafet. Aconteció que cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra, les nacieron hijas. Y viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran bellas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Entonces Jehovah dijo: "No contenderá para siempre mi espíritu con el hombre, por cuanto él es carne, y su vida será de 120 años." En aquellos días había gigantes en la tierra, y aun después, cuando se unieron los hijos de Dios con las hijas de los hombres y les nacieron hijos. Ellos eran los héroes que desde la antigüedad fueron hombres de renombre. Jehovah vio que la maldad del hombre era mucha en la tierra, y que toda tendencia de los pensamientos de su corazón era de continuo sólo al mal. Entonces Jehovah lamentó haber hecho al hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehovah: "Arrasaré de la faz de la tierra los seres que he creado, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las aves del cielo; porque lamento haberlos hecho." Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehovah. Esta es la historia de Noé: Noé era un hombre justo y cabal en su generación; Noé caminaba con Dios. Noé engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet. La tierra estaba corrompida delante de Dios; estaba llena de violencia. Dios miró la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Entonces Dios dijo a Noé: "He decidido el final de toda carne, porque la tierra está llena de violencia por culpa de ellos. He aquí que los destruiré junto con la tierra. Hazte un arca de madera de árbol conífero. Haz compartimentos al arca, y cúbrela con brea por dentro y por fuera. Hazla de esta manera: de 300 codos de largo, 50 codos de ancho y 30 codos de alto. Hazle una claraboya y termínala a un codo de la parte alta. La puerta del arca estará a uno de sus lados. Construye también un piso bajo, uno intermedio y uno superior. Porque he aquí, yo voy a traer un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en la cual hay aliento de vida debajo del cielo. Todo lo que hay en la tierra morirá. Pero estableceré mi pacto contigo. Entraréis en el arca tú, tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo. De todo ser viviente, de toda carne, meterás en el arca dos de cada especie, para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra: de las aves según su especie; del ganado según su especie; de todo animal que se desplaza en la tierra, según su especie. Dos de cada especie vendrán a ti para sobrevivir. Toma contigo toda clase de alimentos para comer, y almacénalos para que te sirvan de comida a ti y a ellos." Y Noé hizo conforme a todo lo que Dios le mandó; así lo hizo. Entonces Jehovah dijo a Noé: "Entra en el arca tú, y toda tu familia, porque he visto que tú eres justo delante de mí en esta generación. De todo animal limpio toma contigo siete parejas, el macho y su hembra; pero de los animales que no son limpios sólo una pareja, el macho y su hembra. De las aves del cielo toma también siete parejas, macho y hembra, para preservar la especie sobre la faz de la tierra. Porque después de siete días yo haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y arrasaré de la faz de la tierra todo ser viviente que he hecho." Y Noé hizo conforme a todo lo que Jehovah le mandó. Noé tenía 600 años cuando vino el diluvio de aguas sobre la tierra. Noé entró en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, por causa de las aguas del diluvio. De los animales limpios y de los animales no limpios, de las aves y de todo lo que se desplaza sobre la tierra, de dos en dos entraron en el arca con Noé, macho y hembra, como Dios había mandado a Noé. Y sucedió que a los siete días vinieron sobre la tierra las aguas del diluvio. El día 17 del mes segundo del año 600 de la vida de Noé, en este día fueron rotas todas las fuentes del gran océano y fueron abiertas las ventanas de los cielos. Y hubo lluvia sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches. En este mismo día entraron en el arca Noé, sus hijos Sem, Cam y Jafet, la mujer de Noé y las tres mujeres de sus hijos con ellos. Entraron ellos y todos los animales según su especie, todos los animales domésticos según su especie, todos los animales que se desplazan sobre la tierra según su especie, todas las aves según su especie, y todo pájaro, todo lo que tiene alas. Y vinieron al arca, a Noé, de dos en dos, de todos los seres que respiran. Vinieron macho y hembra de todo animal, como Dios le había mandado. Y Jehovah le cerró la puerta. El diluvio duró cuarenta días sobre la tierra. Las aguas crecieron y levantaron el arca, y se elevó sobre la tierra. Las aguas crecieron y se incrementaron tanto sobre la tierra que el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. Las aguas subieron tanto sobre la tierra que las montañas más altas debajo de todos los cielos fueron cubiertas. Las montañas fueron cubiertas, y las aguas crecieron quince codos por encima. Y murió todo ser que se desplaza sobre la tierra, tanto las aves como el ganado, las fieras, los animales que se desplazan sobre la tierra y todos los hombres. Murió todo cuanto tenía aliento de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra seca. Así fue arrasado de la faz de la tierra todo ser viviente. Fueron arrasados de la tierra desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las aves del cielo. Sólo quedaron Noé y los que estaban con él en el arca. Y las aguas prevalecieron sobre la tierra durante 150 días. Dios se acordó de Noé y de todos los animales y todo el ganado que estaban con él en el arca, e hizo soplar un viento sobre la tierra, y las aguas disminuyeron. Fueron cerradas las fuentes del océano y las ventanas de los cielos, y se detuvo la lluvia de los cielos. Las aguas decrecían gradualmente sobre la tierra, y después de 150 días las aguas habían menguado. El día 17 del mes séptimo se asentó el arca sobre los montes de Ararat, y las aguas siguieron decreciendo hasta el mes décimo. El primer día del mes décimo se hicieron visibles las cumbres de las montañas. Y sucedió que cuarenta días después Noé abrió la ventana del arca que había hecho, y envió un cuervo que iba y venía hasta que las aguas se secaron sobre la tierra. También envió una paloma para ver si las aguas habían disminuido sobre la superficie de la tierra. La paloma no halló donde asentar la planta de su pie y volvió a él, al arca, porque las aguas todavía cubrían la superficie de toda la tierra. Entonces él extendió su mano, la tomó y la hizo entrar consigo en el arca. Esperó aún otros siete días y volvió a enviar la paloma fuera del arca. La paloma volvió a él al atardecer, y he aquí que traía una hoja verde de olivo en el pico. Así entendió Noé que las aguas habían disminuido sobre la tierra. Esperó aún otros siete días y envió la paloma, la cual no volvió más a él. Y sucedió que el primer día del mes primero del año 601 de Noé se secaron las aguas sobre la tierra. Noé quitó la cubierta del arca y miró, y he aquí que la superficie de la tierra estaba seca. El día 27 del mes segundo quedó seca la tierra. Entonces dijo Dios a Noé: "Sal del arca tú, tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos contigo. Saca todos los animales de toda clase que están contigo: las aves, el ganado y los reptiles que se desplazan sobre la tierra. Que se esparzan por la tierra, que sean fecundos y que se multipliquen sobre la tierra." Entonces salieron del arca Noé, sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos con él, y todos los animales, todos los reptiles, todas las aves y todo lo que se desplaza sobre la tierra, según sus familias. Entonces edificó Noé un altar a Jehovah, y tomando de todo cuadrúpedo limpio y de toda ave limpia, ofreció holocaustos sobre el altar. Jehovah percibió el grato olor, y dijo Jehovah en su corazón: "No volveré jamás a maldecir la tierra por causa del hombre, porque el instinto del corazón del hombre es malo desde su juventud. Tampoco volveré a destruir todo ser viviente, como he hecho. Mientras exista la tierra, no cesarán la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche." Entonces Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: "Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra. El temor y el miedo de vosotros estará en todos los animales de la tierra, en todas las aves del cielo, en todo lo que se desplaza en la tierra y en todos los peces del mar. En vuestras manos son entregados. Todo lo que se desplaza y vive os servirá de alimento. Del mismo modo que las plantas, os lo doy todo. Pero no comeréis carne con su vida, es decir, su sangre. Porque ciertamente por vuestra propia sangre pediré cuentas. Pediré cuentas a todo animal y al hombre. Yo pediré cuentas a cada uno por la vida del hombre. El que derrame sangre de hombre, su sangre será derramada por hombre; porque a imagen de Dios él hizo al hombre. Sed vosotros fecundos y multiplicaos. Reproducíos en la tierra y multiplicaos en ella." Entonces Dios habló a Noé y a sus hijos con él, diciendo: "He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, con vuestros descendientes después de vosotros y con todo ser viviente que está con vosotros: aves, ganado y todos los animales de la tierra que están con vosotros; todos los que salieron del arca, todos los animales de la tierra. Yo establezco mi pacto con vosotros: Ninguna carne volverá a ser exterminada jamás por las aguas del diluvio, ni habrá otra vez diluvio para destruir la tierra." Y dijo Dios: "Esta será la señal del pacto que establezco entre yo y vosotros, y todo ser viviente que está con vosotros, por generaciones, para siempre: Yo pongo mi arco en las nubes como señal del pacto que hago entre yo y la tierra. Y sucederá que cuando yo haga aparecer nubes sobre la tierra, entonces el arco se dejará ver en las nubes. Me acordaré de mi pacto que existe entre yo y vosotros, y todo ser viviente de toda clase, y las aguas no serán más un diluvio para destruir toda carne. Cuando el arco aparezca en las nubes, yo lo veré para acordarme del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente de toda clase que está sobre la tierra." Entonces Dios dijo a Noé: "Esta será la señal del pacto que establezco entre yo y toda carne que está sobre la tierra." Los hijos de Noé que salieron del arca fueron: Sem, Cam y Jafet. Cam fue el padre de Canaán. Estos tres fueron los hijos de Noé, y a partir de ellos fue poblada toda la tierra. Entonces Noé comenzó a cultivar la tierra y plantó una viña. Y bebiendo el vino, se embriagó y quedó desnudo en medio de su tienda. Cam, el padre de Canaán, vio la desnudez de su padre y lo contó a sus dos hermanos que estaban fuera. Entonces Sem y Jafet tomaron un manto, lo pusieron sobre sus propios hombros, y yendo hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre. Como tenían vuelta la cara, ellos no vieron la desnudez de su padre. Cuando Noé se despertó de su embriaguez y se enteró de lo que le había hecho su hijo menor, dijo: "Maldito sea Canaán. Sea el siervo de los siervos de sus hermanos." Dijo además: "Bendito sea Jehovah, el Dios de Sem, y sea Canaán su siervo. Engrandezca Dios a Jafet y habite en las tiendas de Sem, y sea Canaán su siervo." Noé vivió después del diluvio 350 años. Todos los años de Noé fueron 950, y murió. Estos son los descendientes de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a quienes les nacieron hijos después del diluvio: Los hijos de Jafet fueron: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mesec y Tiras. Los hijos de Gomer fueron: Asquenaz, Rifat y Togarma. Los hijos de Javán fueron: Elisa, Tarsis, Quitim y Rodanim. A partir de éstos fueron pobladas las costas de las naciones, según sus territorios, cada una según su idioma, conforme a sus familias en sus naciones. Los hijos de Cam fueron: Cus, Mizraim, Fut y Canaán. Los hijos de Cus fueron: Seba, Havila, Sabta, Raama y Sabteca. Los hijos de Raama fueron Seba y Dedán. Cus engendró a Nimrod, quien comenzó a ser poderoso en la tierra. El fue un vigoroso cazador delante de Jehovah, por lo cual se suele decir: "Como Nimrod, el vigoroso cazador delante de Jehovah." Al principio, su reino abarcaba Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar. De aquella tierra salió para Asiria y edificó Nínive, Ciudad Rejobot, Cálaj y Resén, entre Nínive y Cálaj. Esta es una gran ciudad. Mizraim engendró a los ludeos, a los anameos, a los lehabitas, a los naftujitas, a los patruseos, a los caslujitas (de los cuales salieron los filisteos) y a los caftoreos. Canaán engendró a Sidón su primogénito y a Het, al jebuseo, al amorreo, al gergeseo, al heveo, al araqueo, al sineo, al arvadeo, al zemareo y al hamateo. Después se dispersaron los clanes de los cananeos. La frontera de los cananeos abarcaba desde Sidón hasta Gaza en dirección de Gerar; seguía en dirección de Sodoma, Gomorra, Adma y Zeboím, y continuaba hasta Lasa. Tales son los hijos de Cam, según sus familias, según sus idiomas, en sus territorios y en sus naciones. También le nacieron hijos a Sem, padre de todos los hijos de Heber y hermano mayor de Jafet. Los hijos de Sem fueron: Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram. Los hijos de Aram fueron: Uz, Hul, Geter y Mas. Arfaxad engendró a Sélaj, y Sélaj engendró a Heber. A Heber le nacieron dos hijos: El nombre del primero fue Peleg, porque en sus días fue dividida la tierra. El nombre de su hermano fue Joctán. Joctán engendró a Almodad, a Selef, a Hazar-mávet, a Jéraj, a Adoram, a Uzal, a Dicla, a Obal, a Abimael, a Seba, a Ofir, a Havila y a Jobab. Todos éstos fueron hijos de Joctán. El área que habitaron abarcó desde Mesa hasta las inmediaciones de Sefar, en la región montañosa al oriente. Estos fueron los hijos de Sem según sus familias, según sus idiomas, en sus territorios y en sus naciones. Estas fueron las familias de los hijos de Noé, según sus descendientes y sus naciones. De éstos proceden las naciones de la tierra, después del diluvio. Toda la tierra tenía un solo idioma y las mismas palabras. Pero aconteció que al emigrar del oriente, encontraron una llanura en la tierra de Sinar y se establecieron allí. Entonces se dijeron unos a otros: "Venid, hagamos adobes y quemémoslos con fuego." Así empezaron a usar ladrillo en lugar de piedra, y brea en lugar de mortero. Y dijeron: "Venid, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo. Hagámonos un nombre, no sea que nos dispersemos sobre la faz de toda la tierra." Jehovah descendió para ver la ciudad y la torre que edificaban los hombres. Entonces dijo Jehovah: "He aquí que este pueblo está unido, y todos hablan el mismo idioma. Esto es lo que han comenzado a hacer, y ahora nada les impedirá hacer lo que se proponen. Vamos, pues, descendamos y confundamos allí su lenguaje, para que nadie entienda lo que dice su compañero." Así los dispersó Jehovah de allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por tanto, el nombre de dicha ciudad fue Babel, porque Jehovah confundió allí el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los dispersó sobre la faz de toda la tierra. Estos son los descendientes de Sem: Cuando Sem tenía 100 años, engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio. Sem vivió después que engendró a Arfaxad 500 años, y engendró hijos e hijas. Cuando Arfaxad tenía 35 años, engendró a Sélaj. Arfaxad vivió después que engendró a Sélaj 403 años, y engendró hijos e hijas. Cuando Sélaj tenía 30 años, engendró a Heber. Sélaj vivió después que engendró a Heber 403 años, y engendró hijos e hijas. Cuando Heber tenía 34 años, engendró a Peleg. Heber vivió después que engendró a Peleg 430 años, y engendró hijos e hijas. Cuando Peleg tenía 30 años, engendró a Reu. Peleg vivió después que engendró a Reu 209 años, y engendró hijos e hijas. Cuando Reu tenía 32 años, engendró a Serug. Reu vivió después que engendró a Serug 207 años, y engendró hijos e hijas. Cuando Serug tenía 30 años, engendró a Nacor. Serug vivió después que engendró a Nacor 200 años, y engendró hijos e hijas. Cuando Nacor tenía 29 años, engendró a Taré. Nacor vivió después que engendró a Taré 119 años, y engendró hijos e hijas. Cuando Taré tenía 70 años, engendró a Abram, a Nacor y a Harán. Estos son los descendientes de Taré: Taré engendró a Abram, a Nacor y a Harán; y Harán engendró a Lot. Harán murió antes que su padre Taré, en el lugar donde había nacido, en Ur de los caldeos. Abram y Nacor tomaron mujeres para sí. El nombre de la mujer de Abram fue Sarai; y el nombre de la mujer de Nacor fue Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca. Y Sarai era estéril y no tenía hijos. Taré tomó a su hijo Abram, a su nieto Lot hijo de Harán, a Sarai su nuera, mujer de su hijo Abram, y partió con ellos de Ur de los caldeos para ir a la tierra de Canaán. Y fueron hasta Harán y se establecieron allí. Taré vivió 205 años, y murió Taré en Harán. Entonces Jehovah dijo a Abram: "Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Yo haré de ti una gran nación. Te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra." Abram se fue, como Jehovah le había dicho, y Lot fue con él. Abram tenía 75 años cuando salió de Harán. Abram tomó a Sarai su mujer, a Lot su sobrino y todos los bienes que habían acumulado y a las personas que habían adquirido en Harán; y partieron hacia la tierra de Canaán. Después llegaron a la tierra de Canaán, y Abram atravesó aquella tierra hasta la encina de Moré, en las inmediaciones de Siquem. Los cananeos estaban entonces en la tierra. Y se apareció Jehovah a Abram y le dijo: "A tu descendencia daré esta tierra." Y él edificó allí un altar a Jehovah, quien se le había aparecido. Después se trasladó a la región montañosa al oriente de Betel y extendió allí su tienda, entre Betel al oeste y Hai al este. Allí edificó un altar a Jehovah e invocó el nombre de Jehovah. Después partió de allí y se dirigió progresivamente hacia el Néguev. Hubo hambre en la tierra, y Abram descendió a Egipto para residir allí, pues el hambre era grande en la tierra. Y aconteció que cuando estaba por llegar a Egipto, dijo a Sarai su mujer: "He aquí, reconozco que tú eres una mujer bella. Y puede suceder que al verte, los egipcios digan: ‘Es su mujer’, y me maten a mí, y a ti te conserven la vida. Di, por favor, que eres mi hermana, para que me vaya bien por tu causa y mi vida sea conservada por causa de ti." Y aconteció que cuando Abram entró en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era muy bella. También la vieron los ministros del faraón, y la alabaron ante él. Y la mujer fue llevada al palacio del faraón, quien favoreció a Abram por causa de ella. Este obtuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, siervas, asnas y camellos. Entonces Jehovah afligió al faraón y a su familia con grandes plagas por causa de Sarai, mujer de Abram. Y el faraón llamó a Abram y le dijo: "¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer? ¿Por qué dijiste: ‘Es mi hermana’, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora pues, aquí está tu mujer. Tómala y vete." Entonces el faraón dio órdenes a sus hombres con respecto a Abram. Y éstos lo enviaron a él con su mujer y con todo lo que tenía. Abram subió de Egipto hacia el Néguev, él con su mujer y con todo lo que tenía; y Lot iba con él. Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro. Volvió a sus viajes desde el Néguev hacia Betel, hasta el lugar donde su tienda había estado al comienzo, entre Betel y Hai, el lugar del altar que había hecho allí anteriormente. Y Abram invocó allí el nombre de Jehovah. También Lot, que iba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas. Pero la tierra no bastaba para que habitasen juntos. Sus posesiones eran muchas, y no podían habitar juntos. Entonces surgió una contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot. En aquel entonces los cananeos y los ferezeos habitaban en la tierra. Entonces Abram dijo a Lot: "Por favor, no haya contiendas entre tú y yo, ni entre mis pastores y tus pastores, porque somos parientes. ¿No está delante de ti toda la tierra? Por favor, sepárate de mí. Si tú vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si tú vas a la derecha, yo iré a la izquierda." Lot alzó los ojos y vio toda la llanura del Jordán, la cual era toda tierra de regadío, como un jardín de Jehovah, como la tierra de Egipto, como la entrada de Zoar, antes de que Jehovah destruyera Sodoma y Gomorra. Lot eligió para sí toda la llanura del Jordán, y partió Lot hacia el oriente. Así se separaron el uno del otro. Abram habitó en la tierra de Canaán, y Lot habitó en las ciudades de la llanura y fue instalando sus tiendas hasta Sodoma. Los hombres de Sodoma eran malos y muy pecadores contra Jehovah. Jehovah dijo a Abram, después que Lot se había separado de él: "Alza tus ojos y mira desde el lugar donde estás, hacia el norte, el sur, el este y el oeste. Porque toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia, para siempre. Yo haré que tu descendencia sea como el polvo de la tierra. Si alguien puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia podrá ser contada. Levántate, anda a lo largo y a lo ancho de la tierra, porque a ti te la daré." Entonces Abram trasladó su tienda, se fue y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y allí edificó un altar a Jehovah. Aconteció en los días de Amrafel rey de Sinar, de Arioc rey de Elasar, de Quedarlaomer rey de Elam, y de Tidal rey de Goím, que éstos hicieron guerra contra Bera rey de Sodoma, Birsa rey de Gomorra, Sinab rey de Adma, Semeber rey de Zeboím, y el rey de Bela, la cual es Zoar. Todos éstos se reunieron en el valle de Sidim, es decir, el mar Salado. Doce años habían servido a Quedarlaomer, pero en el año 13 se rebelaron. En el año 14 vinieron Quedarlaomer y los reyes que estaban con él, y derrotaron a los refaítas en Astarot-carnaim, a los zuzitas en Ham, a los emitas en Save-quiriataim, y a los horeos en el monte Seír, hasta El-parán, que está junto al desierto. Luego regresaron, llegaron a En-mispat, que es Cades, y devastaron todo el campo de los amalequitas y de los amorreos que habitaban en Hazezón-tamar. Entonces salieron el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboím y el rey de Bela, la cual es Zoar, y dispusieron la batalla contra ellos en el valle de Sidim; a saber, contra Quedarlaomer rey de Elam, Tidal rey de Goím, Amrafel rey de Sinar y Arioc rey de Elasar: cuatro reyes contra cinco. El valle de Sidim estaba lleno de pozos de brea. Y al huir los reyes de Sodoma y de Gomorra, cayeron en ellos, mientras que los demás huyeron a las montañas. Los enemigos tomaron todos los bienes de Sodoma y de Gomorra, y todos sus alimentos, y se fueron. También llevaron consigo a Lot, el hijo del hermano de Abram, junto con sus posesiones (porque Lot habitaba en Sodoma), y se fueron. Pero uno de los que escaparon fue y lo contó a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, quienes eran aliados de Abram. Cuando Abram oyó que su sobrino había sido tomado cautivo, reclutó a sus 318 criados nacidos en su casa, y los persiguió hasta Dan. Los atacó de noche, él con sus siervos, los derrotó y los persiguió hasta Hoba, que está al norte de Damasco. Así recobró todos los bienes y también recobró a su sobrino Lot, sus bienes, y también a las mujeres y a la gente. Cuando Abram volvía de derrotar a Quedarlaomer y a los reyes que estaban con él, el rey de Sodoma salió a su encuentro en el valle de Savé, que es el valle del Rey. También Melquisedec, rey de Salem, quien era sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino y le bendijo diciendo: "Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra. Bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos." Y Abram le dio a él el diezmo de todo. Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: —Dame las personas, y toma para ti los bienes. Abram respondió al rey de Sodoma: —He hecho votos a Jehovah, el Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que no tomaré ni un hilo, ni la correa de un calzado, nada de todo lo que es tuyo, para que no digas después: "Yo enriquecí a Abram." Yo no tomaré nada, excepto lo que han comido los jóvenes y la parte de los hombres que fueron conmigo: Aner, Escol y Mamre. Ellos sí tomarán su parte. Después de estas cosas vino la palabra de Jehovah a Abram en visión, diciendo: —No temas, Abram. Yo soy tu escudo, y tu galardón será muy grande. Abram respondió: —Oh Señor Jehovah, ¿qué me has de dar? Pues continúo sin hijos, y el heredero de mi casa será Eliezer, de Damasco. —Añadió Abram—: A mí no me has dado descendencia, y he aquí me heredará un criado nacido en mi casa. Y he aquí que la palabra de Jehovah vino a él diciendo: —No será éste el que te herede, sino que alguien que salga de tus entrañas será el que te herede. Entonces lo llevó fuera y le dijo: —Mira, por favor, al cielo y cuenta las estrellas, si acaso las puedes contar. —Y añadió—: Así será tu descendencia. El creyó a Jehovah, y le fue contado por justicia. Entonces le dijo: —Yo soy Jehovah, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra como posesión. El respondió: —Oh Señor Jehovah, ¿cómo sabré que yo la he de poseer? Le respondió: —Tráeme una vaquilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón. El tomó todos estos animales, los partió por la mitad y puso cada mitad una frente a otra. Pero no partió las aves. Entonces descendieron unos buitres sobre los cuerpos muertos, y Abram los ahuyentaba. Pero cuando el sol estaba por ponerse, cayó sobre Abram un sueño profundo, y he aquí que se apoderó de él el terror de una gran oscuridad. Entonces Dios dijo a Abram: —Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no será suya, y los esclavizarán y los oprimirán 400 años. Pero yo también juzgaré a la nación a la cual servirán, y después de esto saldrán con grandes riquezas. Pero tú irás a tus padres en paz y serás sepultado en buena vejez. En la cuarta generación volverán acá, pues hasta ahora no ha llegado al colmo la maldad de los amorreos. Y sucedió una vez que el sol se puso y hubo oscuridad que he aquí, apareció un horno humeante, y una antorcha ardiendo pasó por en medio de los animales divididos. Aquel día Jehovah hizo un pacto con Abram diciendo: —A tus descendientes daré esta tierra, desde el arroyo de Egipto hasta el gran río, el río Eufrates; la tierra de los queneos, quenezeos, cadmoneos, heteos, ferezeos, refaítas, amorreos, cananeos, gergeseos y jebuseos. Sarai, mujer de Abram, no le daba hijos; pero ella tenía una sierva egipcia que se llamaba Agar. Entonces Sarai dijo a Abram: —He aquí que Jehovah me ha impedido concebir. Unete, por favor, a mi sierva; quizás yo tenga hijos por medio de ella. Abram hizo caso de las palabras de Sarai. Y Sarai su mujer tomó a Agar, su sierva egipcia, después de haber vivido diez años en la tierra de Canaán, y se la dio por mujer a Abram su marido. Abram se unió a Agar, y ella concibió. Pero al ver que había concebido, empezó a mirar con desprecio a su señora. Entonces Sarai dijo a Abram: —Mi agravio recaiga sobre ti. Yo puse a mi sierva en tu seno; y ella, viéndose encinta, me mira con desprecio. Jehovah juzgue entre tú y yo. Abram respondió a Sarai: —He aquí, tu sierva está en tus manos. Haz con ella como te parezca bien. Como Sarai la afligía, ella huyó de su presencia. Pero el ángel de Jehovah la encontró en el desierto junto a un manantial de agua (el manantial que está en el camino de Shur), y le dijo: —Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes y a dónde vas? Ella respondió: —Huyo de la presencia de Sarai, mi señora. El ángel de Jehovah le dijo: —Vuelve a tu señora y sométete a su autoridad. —Le dijo también el ángel de Jehovah—: Multiplicaré tanto tus descendientes, que no podrán ser contados a causa de su gran número. —Le dijo además el ángel de Jehovah—: He aquí que has concebido y darás a luz un hijo. Y llamarás su nombre Ismael, porque Jehovah ha escuchado tu aflicción. El será como un asno montés, un hombre cuya mano estará contra todos, y las manos de todos estarán contra él. Y habitará frente a todos sus hermanos. Ella invocó el nombre de Jehovah, que hablaba con ella, y dijo: —Tú eres un Dios que me ve. Pues pensó: "¿Acaso no he visto aquí al que me ve?" Por eso llamó al pozo Beer-lajai-roí. He aquí que está entre Cades y Bered. Agar dio a luz un hijo a Abram, y Abram llamó el nombre de su hijo que le dio Agar, Ismael. Abram tenía 86 años cuando Agar le dio a luz a Ismael. Abram tenía 99 años cuando Jehovah se le apareció y le dijo: —Yo soy el Dios Todopoderoso; camina delante de mí y sé perfecto. Yo cumpliré mi pacto entre yo y tú, y te multiplicaré en gran manera. Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él diciendo: —He aquí que mi pacto es contigo: Tú serás padre de muchas naciones. Ya no se llamará más tu nombre Abram; tu nombre será Abraham, pues te he constituido en padre de una multitud de naciones. Yo te haré muy fecundo; de ti haré naciones, y reyes saldrán de ti. Yo establezco mi pacto como pacto perpetuo entre yo y tú, y tu descendencia después de ti por sus generaciones, para ser tu Dios y el de tu descendencia después de ti. Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tu descendencia después de ti, la tierra en que resides, toda la tierra de Canaán. Y yo seré su Dios. Dios dijo de nuevo a Abraham: —Pero tú guardarás mi pacto, tú y tus descendientes después de ti, a través de sus generaciones. Este será mi pacto entre yo y vosotros que guardaréis tú y tus descendientes después de ti: Todo varón de entre vosotros será circuncidado. Circuncidaréis vuestros prepucios, y esto será la señal del pacto entre yo y vosotros. A los ocho días de nacido será circuncidado todo varón de entre vosotros, a través de vuestras generaciones; tanto el nacido en casa como el comprado con dinero a cualquier extranjero que no sea de tu descendencia. Deberá ser circuncidado el nacido en tu casa y el comprado con tu dinero. Así estará mi pacto en vuestra carne como pacto perpetuo. El hombre incircunciso, que no haya circuncidado su prepucio, esa persona será borrada de su pueblo, porque ha violado mi pacto. Dios dijo también a Abraham: —A Sarai tu mujer no la llamarás más Sarai; Sara será su nombre. Yo la bendeciré y también te daré de ella un hijo. Sí, yo la bendeciré; ella será madre de naciones, y de ella procederán reyes de pueblos. Entonces Abraham se postró sobre su rostro y se rió diciendo en su corazón: "¿A un hombre de 100 años le ha de nacer un hijo? ¿Y Sara, ya de 90 años, ha de dar a luz?" Luego Abraham dijo a Dios: —¡Ojalá Ismael viva delante de ti! Y Dios respondió: —Ciertamente Sara tu mujer te dará un hijo, y llamarás su nombre Isaac. Yo confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para su descendencia después de él. Y en cuanto a Ismael, también te he oído: He aquí que le bendeciré, le haré fecundo y le multiplicaré en gran manera. El engendrará doce príncipes, y yo le constituiré en una gran nación. Pero yo estableceré mi pacto con Isaac, que Sara te dará a luz por este tiempo, el próximo año. Dios acabó de hablar con él y subió de donde estaba con Abraham. Entonces Abraham tomó a Ismael su hijo, a todos los siervos nacidos en su casa y a todos los comprados con su dinero, a todo varón de las personas de la casa de Abraham; y aquel mismo día circuncidó el prepucio de ellos, como Dios le había dicho. Abraham tenía 99 años cuando circuncidó su prepucio. Su hijo Ismael tenía 13 años cuando fue circuncidado su prepucio. En el mismo día fueron circuncidados Abraham e Ismael su hijo. Fueron circuncidados con él todos los varones de su casa, tanto los siervos nacidos en su casa como los comprados con dinero a los extranjeros. Jehovah se apareció a Abraham en el encinar de Mamre, cuando él estaba sentado en la entrada de la tienda, en el pleno calor del día. Alzó sus ojos y miró, y he aquí tres hombres que estaban de pie frente a él. Y al verlos, corrió desde la entrada de la tienda para recibirlos, y se postró a tierra. Y dijo: —Señor, si he hallado gracia ante tus ojos, por favor, no pases de largo a tu siervo. Que se traiga un poco de agua para que lavéis vuestros pies y os recostéis debajo del árbol. Yo traeré un pedazo de pan, y repondréis vuestras fuerzas y después proseguiréis; porque para esto habéis pasado cerca de vuestro siervo. Ellos dijeron: —Sí; haz así como dices. Entonces Abraham fue de prisa a la tienda de Sara y le dijo: —Toma rápidamente tres medidas de harina fina, amásala y prepara unas tortas. Luego corrió Abraham a donde estaban las vacas y tomó un ternero tierno y bueno, y se lo dio al mozo; y éste se dio prisa para prepararlo. Después tomó mantequilla, leche y el ternero que había preparado, y lo puso delante de ellos. Y mientras comían, él se quedó de pie junto a ellos debajo del árbol. Ellos le preguntaron: —¿Dónde está Sara tu mujer? El respondió: —Adentro, en la tienda. Entonces dijo: —Ciertamente volveré a ti después del tiempo que dura el embarazo, y he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Sara escuchaba junto a la entrada de la tienda que estaba detrás de él. Abraham y Sara eran ancianos, de edad avanzada. A Sara le había cesado ya la regla de las mujeres. Y Sara se reía dentro de sí, diciendo: "Después que he envejecido, ¿tendré placer, siendo también anciano mi señor?" Entonces Jehovah dijo a Abraham: —¿Por qué se ríe Sara, diciendo: "¿Realmente he de dar a luz siendo vieja?" ¿Acaso existe para Jehovah alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, después del tiempo que dura el embarazo, y Sara habrá tenido un hijo. Entonces Sara, porque tuvo miedo, negó diciendo: —No me he reído. Pero él dijo: —No, sino que sí te has reído. Los hombres se levantaron de allí y miraron hacia Sodoma. Abraham iba con ellos para despedirlos. Entonces Jehovah dijo: —¿He de encubrir a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y poderosa, y que en él han de ser benditas todas las naciones de la tierra? Porque yo le he escogido y sé que mandará a sus hijos y a su casa después de él que guarden el camino de Jehovah, practicando la justicia y el derecho, para que Jehovah haga venir sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él. —Además Jehovah dijo—: Ciertamente el clamor de Sodoma y de Gomorra es grande, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo. Descenderé, pues, para ver si han consumado su maldad, según el clamor que ha llegado hasta mí; y si no, lo sabré. Los hombres partieron de allí y se fueron a Sodoma. Pero Abraham quedó todavía delante de Jehovah. Entonces Abraham se acercó y dijo: —¿Destruirás también al justo con el culpable? Quizás haya cincuenta justos dentro de la ciudad; ¿la destruirás con todo y no perdonarás el lugar por causa de los cincuenta justos que estén dentro de ella? Lejos esté de ti hacer tal cosa: hacer morir al justo con el culpable, y que el justo sea tratado como el culpable. ¡Lejos esté de ti! El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? Entonces respondió Jehovah: —Si hallo en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré todo el lugar en consideración a ellos. Intervino Abraham y dijo: —He aquí, ya que he comenzado a hablar con mi Señor, a pesar de que soy polvo y ceniza, quizás falten cinco para ser cincuenta justos. ¿Destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Le respondió: —No la destruiré, si encuentro allí cuarenta y cinco. Volvió a hablarle diciendo: —Quizás se encuentren allí cuarenta… Y respondió: —No lo haré en consideración a los cuarenta. Abraham le dijo: —Por favor, no se enoje mi Señor si hablo: Quizás se encuentren allí treinta… Y respondió: —No lo haré, si encuentro allí treinta. Y dijo: —He aquí, ya que he empezado a hablar a mi Señor, quizás se encuentren allí veinte… Y respondió: —No la destruiré en consideración a los veinte. Volvió a decir: —Por favor, no se enoje mi Señor, si hablo sólo una vez más: Quizás se encuentren allí diez… Y respondió: —No la destruiré en consideración a los diez. Y Jehovah se fue luego que acabó de hablar con Abraham. Y Abraham regresó a su lugar. Los dos ángeles llegaron a Sodoma al anochecer. Lot estaba sentado junto a la puerta de Sodoma, y al verlos se levantó Lot para recibirlos postrándose a tierra. Y les dijo: —He aquí, señores míos, venid, por favor, a la casa de vuestro siervo; pasad la noche y lavaos vuestros pies. Por la mañana os levantaréis temprano y seguiréis vuestro camino. Pero ellos respondieron: —No, sino que pasaremos la noche en la calle. Pero él les insistió mucho; así que fueron con él y entraron en su casa. El les preparó un banquete; hizo panes sin levadura y comieron. Pero antes de que se acostasen, los hombres de la ciudad, los hombres de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo, rodearon la casa. Y llamaron a Lot y le dijeron: —¿Dónde están los hombres que vinieron a ti esta noche? Sácanoslos, para que los conozcamos. Entonces Lot salió a ellos a la puerta, cerró la puerta detrás de sí y dijo: —¡Por favor, hermanos míos, no hagáis tal maldad! He aquí tengo dos hijas que todavía no han conocido varón: Os las sacaré, pues, y haced con ellas como os parezca; sólo que no hagáis nada a estos hombres, porque para esto han venido a la sombra de mi techo. Ellos respondieron: —¡Quítate de ahí! —Y añadieron—: Este vino aquí para residir como forastero, ¿y ahora habrá de erigirse como juez? Ahora te haremos a ti más daño que a ellos. Forcejeaban mucho contra el hombre, contra Lot, y se acercaron para romper la puerta. Entonces los hombres extendieron las manos, metieron a Lot en la casa con ellos y cerraron la puerta. Y a los hombres que estaban junto a la puerta de la casa, los hirieron con ceguera, desde el menor hasta el mayor, de modo que se fatigaban por hallar la puerta. Aquellos hombres dijeron a Lot: —¿Tienes aquí a alguien más? Yernos, hijos, hijas; cualquiera que tengas en la ciudad, sácalos de este lugar. Porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor de ellos ha llegado a ser grande delante de Jehovah. Por eso Jehovah nos ha enviado para destruirlo. Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de casarse con sus hijas, y les dijo: —¡Levantaos, salid de este lugar, porque Jehovah va a destruir la ciudad! Pero a sus yernos les pareció que bromeaba. Y al rayar el alba, los ángeles apremiaban a Lot, diciéndole: —¡Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no seas destruido con el castigo de la ciudad! Cuando se detenía, los hombres tomaron su mano, la mano de su mujer y las manos de sus dos hijas, por la misericordia de Jehovah para con él. Lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad. Y después de haberlos sacado fuera, le dijeron: —¡Escapa por tu vida! No mires atrás, ni te detengas en toda esta llanura. Escapa a la montaña, no sea que perezcas. Lot le dijo: —¡Por favor, no, señor mío! He aquí que tu siervo ha hallado gracia ante tus ojos y has engrandecido tu misericordia que has mostrado conmigo dándome la vida. Pero yo no podré escapar a la montaña, no sea que me alcance el mal y muera. He allí esa ciudad está cerca para escapar allá, y es pequeña. Deja que escape allá y salve mi vida. ¿Acaso no es pequeña? Le respondió: —He aquí que también te he atendido con respecto a este asunto. No destruiré la ciudad de la cual has hablado. Date prisa y escapa allá. Nada podré hacer hasta que hayas llegado allí. Por eso fue llamado el nombre de la ciudad Zoar. El sol ya había salido sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar. Entonces Jehovah hizo llover desde los cielos azufre y fuego de parte de Jehovah sobre Sodoma y Gomorra. Y trastornó aquellas ciudades, toda la llanura con todos los habitantes de las ciudades y las plantas de la tierra. Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se convirtió en una columna de sal. Abraham se levantó muy de mañana, fue al lugar donde había estado delante de Jehovah y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de la llanura. Y al mirar, he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno. Y sucedió que cuando Dios destruyó las ciudades de la llanura, se acordó Dios de Abraham y sacó a Lot de en medio de la destrucción, al trastornar las ciudades donde Lot había estado. Lot tuvo miedo de permanecer en Zoar y se fue de allí a la región montañosa, junto con sus dos hijas. Y habitaba en una cueva con sus dos hijas. Entonces la mayor dijo a la menor: —Nuestro padre es viejo, y no queda ningún hombre en la tierra que se una a nosotras, como es la costumbre en toda la tierra. Ven, demos de beber vino a nuestro padre, acostémonos con él y conservemos descendencia de nuestro padre. Aquella noche dieron de beber vino a su padre. Luego entró la mayor y se acostó con su padre, pero él no se dio cuenta cuando ella se acostó ni cuando se levantó. Y aconteció que al día siguiente la mayor dijo a la menor: —He aquí yo me acosté anoche con mi padre. Démosle de beber vino también esta noche, y entra tú y acuéstate con él, y conservemos descendencia de nuestro padre. También aquella noche dieron de beber vino a su padre. Luego fue la menor y se acostó con él, pero él no se dio cuenta cuando ella se acostó ni cuando se levantó. Así concibieron de su padre las dos hijas de Lot. La mayor dio a luz un hijo y llamó su nombre Moab, el cual es el padre de los moabitas, hasta hoy. La menor dio a luz un hijo y llamó su nombre Ben-amí, el cual es el padre de los amonitas, hasta hoy. Abraham partió de allí hacia la tierra del Néguev. Acampó entre Cades y Shur y residió en Gerar. Abraham dijo de Sara su mujer: "Ella es mi hermana." Y Abimelec, rey de Gerar, mandó y tomó a Sara. Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche y le dijo: —He aquí que vas a morir por causa de la mujer que has tomado, la cual es casada. Abimelec, quien todavía no se había acercado a ella, dijo: —Señor, ¿acaso has de matar a la gente inocente? ¿Acaso no me dijo él: "Ella es mi hermana," y ella también dijo: "El es mi hermano"? Con integridad de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto. Dios le dijo en sueños: —Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto. Yo también te detuve de pecar contra mí, y no te permití que la tocases. Ahora pues, devuelve la mujer a su marido, porque él es profeta y orará por ti, y tú vivirás. Y si no la devuelves, ten por cierto que morirás irremisiblemente, tú y todos los tuyos. Entonces Abimelec se levantó muy de mañana, llamó a todos sus servidores y dijo todas estas palabras a oídos de ellos. Y los hombres temieron mucho. Después Abimelec llamó a Abraham y le preguntó: —¿Qué nos has hecho? ¿En qué te he ofendido para que hayas traído sobre mí y sobre mi reino un pecado tan grande? Has hecho conmigo cosas que no debiste hacer. —Dijo además Abimelec a Abraham—: ¿Qué has visto, para que hicieras esto? Abraham respondió: —Porque pensé: "Seguramente no hay temor de Dios en este lugar y me matarán por causa de mi mujer." Y a la verdad, también es mi hermana. Ella es hija de mi padre, pero no de mi madre; así que la tomé por mujer. Cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije a ella: "Este es el favor que tú me harás: En todos los lugares a los que lleguemos dirás de mí: ‘El es mi hermano.’" Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, siervos y siervas; se los dio a Abraham y le devolvió a Sara su mujer. Y le dijo Abimelec: —He aquí mi tierra está delante de ti. Habita donde bien te parezca. A Sara le dijo: —He aquí que he dado 1.000 piezas de plata a tu hermano. He aquí que esto constituye para ti y para todos los que están contigo una venda a los ojos. Así eres totalmente vindicada. Entonces Abraham oró a Dios, y Dios sanó a Abimelec y a su mujer y a sus siervas para que dieran a luz. Porque Jehovah había cerrado por completo toda matriz en la casa de Abimelec a causa de Sara, mujer de Abraham. Jehovah favoreció a Sara, como había dicho. Jehovah hizo con Sara como había prometido, y ella concibió y dio a luz un hijo a Abraham en su vejez, en el tiempo que Dios le había indicado. Abraham llamó el nombre de su hijo que le había nacido, y que Sara le había dado a luz, Isaac. Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac al octavo día, como Dios le había mandado. Abraham tenía 100 años cuando le nació su hijo Isaac. Entonces Sara dijo: —Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oiga se reirá conmigo. —Y añadió—: ¿Quién le hubiera dicho a Abraham que Sara daría de mamar a hijos? Pues yo le he dado un hijo en su vejez. El niño creció y fue destetado. Y Abraham hizo un gran banquete el día que Isaac fue destetado. Sara vio al hijo de Agar la egipcia, que ésta le había dado a luz a Abraham, que se burlaba. Por eso dijo a Abraham: —Echa a esta sierva y a su hijo, pues el hijo de esta sierva no ha de heredar junto con mi hijo, con Isaac. Estas palabras preocuparon muchísimo a Abraham, por causa de su hijo. Entonces Dios dijo a Abraham: —No te parezca mal lo referente al muchacho ni lo referente a tu sierva. En todo lo que te diga Sara, hazle caso, porque a través de Isaac será contada tu descendencia. Pero también del hijo de la sierva haré una nación, porque es un descendiente tuyo. Abraham se levantó muy de mañana, tomó pan y un odre de agua, y se lo dio a Agar, poniéndolo sobre el hombro de ella. Luego le entregó el muchacho y la despidió. Ella partió y caminó errante por el desierto de Beerseba. Y cuando se acabó el agua del odre, hizo recostar al muchacho debajo de un arbusto. Luego fue y se sentó enfrente, alejándose como a un tiro de arco, porque pensó: "No quiero ver morir al muchacho." Ella se sentó enfrente, y alzando su voz lloró. Entonces Dios escuchó la voz del muchacho, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo y le dijo: —¿Qué tienes, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho, allí donde está. Levántate, alza al muchacho y tómalo de la mano, porque de él haré una gran nación. Entonces Dios abrió los ojos de ella, y vio un pozo de agua. Ella fue, llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho. Dios estaba con el muchacho, el cual creció y habitó en el desierto, y llegó a ser un tirador de arco. Habitó en el desierto de Parán, y su madre tomó para él una mujer de la tierra de Egipto. Aconteció en aquel tiempo que Abimelec junto con Ficol, jefe de su ejército, habló a Abraham diciendo: —Dios está contigo en todo lo que haces. Ahora pues, júrame aquí por Dios que no me engañarás ni a mí, ni a mis hijos, ni a mis nietos; sino que conforme a la bondad que yo he hecho contigo tú harás conmigo y con la tierra en la que vienes residiendo. Abraham respondió: —Sí, lo juro. Entonces Abraham se quejó a Abimelec acerca de un pozo de agua que los siervos de Abimelec le habían quitado. Abimelec respondió: —No sé quién haya hecho esto. Tú no me lo hiciste saber, ni yo lo había oído hasta ahora. Entonces Abraham tomó ovejas y vacas, y se las dio a Abimelec; e hicieron ambos una alianza. Luego Abraham apartó del rebaño siete corderas. Y Abimelec preguntó a Abraham: —¿Qué significan estas siete corderas que has puesto aparte? Y él respondió: —Toma estas siete corderas de mi mano para que me sirvan de testimonio de que yo cavé este pozo. Por eso él llamó a aquel lugar Beerseba, porque allí juraron ambos. Así hicieron una alianza en Beerseba. Luego se levantaron Abimelec y Ficol, jefe de su ejército, y regresaron a la tierra de los filisteos. Abraham plantó un árbol de tamarisco en Beerseba e invocó allí el nombre de Jehovah, el Dios eterno. Y residió Abraham en la tierra de los filisteos por mucho tiempo. Aconteció después de estas cosas que Dios probó a Abraham, diciéndole: —Abraham. El respondió: —Heme aquí. Y le dijo: —Toma a tu hijo, a tu único, a Isaac a quien amas. Vé a la tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Abraham se levantó muy de mañana. Enalbardó su asno, tomó consigo a dos de sus siervos jóvenes y a Isaac su hijo. Partió leña para el holocausto, y levantándose, fue al lugar que Dios le dijo. Al tercer día Abraham alzó sus ojos y divisó el lugar de lejos. Entonces Abraham dijo a sus siervos: —Esperad aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a vosotros. Abraham tomó la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo. El tomó en la mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos. Entonces Isaac dijo a Abraham su padre: —Padre mío… Y él respondió: —Heme aquí, hijo mío. Le dijo: —He aquí el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto? Abraham respondió: —Dios mismo proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío. E iban los dos juntos. Cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, Abraham edificó allí un altar. Arregló la leña, ató a Isaac su hijo y lo puso sobre el altar encima de la leña. Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehovah llamó desde el cielo diciendo: —¡Abraham! ¡Abraham! El respondió: —Heme aquí. Y le dijo: —No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada, porque ahora conozco que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único. Entonces Abraham alzó la vista y miró, y he aquí que detrás de sí estaba un carnero trabado por sus cuernos en un matorral. Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó el nombre de aquel lugar Jehovah-yireh. Por eso se dice hasta hoy: "En el monte de Jehovah será provisto." El ángel de Jehovah llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: —He jurado por mí mismo, dice Jehovah, que porque has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único, de cierto te bendeciré y en gran manera multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está en la orilla del mar. Tu descendencia poseerá las ciudades de sus enemigos. En tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste mi voz. Abraham regresó a sus siervos, y levantándose se fueron juntos a Beerseba. Y Abraham habitó en Beerseba. Aconteció después de estas cosas que le informaron a Abraham, diciendo: "He aquí que también Milca le ha dado a luz hijos a Nacor tu hermano: Uz su primogénito, su hermano Buz, Quemuel padre de Aram, Quesed, Hazo, Pildas, Jidlaf y Betuel. (Betuel engendró a Rebeca.)" Milca dio a luz estos ocho hijos a Nacor, hermano de Abraham. Y su concubina, que se llamaba Reúma, dio a luz también a Tébaj, a Gajam, a Tajas y a Maaca. La vida de Sara fue de 127 años; éstos fueron los años de Sara. Sara murió en Quiriat-arba, es decir, Hebrón, en la tierra de Canaán, y Abraham vino a hacer duelo por Sara y a llorarla. Abraham se levantó de delante de su difunta y se fue para hablar con los hijos de Het. Y les dijo: —Yo soy forastero y advenedizo entre vosotros. Permitidme tener entre vosotros una propiedad para sepultura, y que sepulte allí a mi difunta. Los hijos de Het respondieron a Abraham diciéndole: —Escúchanos, señor nuestro: Tú eres un príncipe de Dios entre nosotros. Sepulta a tu difunta en el mejor de nuestros sepulcros. Ninguno de nosotros te negará su sepulcro para que sepultes a tu difunta. Pero Abraham se levantó, e inclinándose ante el pueblo de aquella tierra, los hijos de Het, habló con ellos diciendo: —Si tenéis a bien que yo sepulte allí a mi difunta, escuchadme e interceded por mí ante Efrón hijo de Zojar, para que me dé la cueva de Macpela que está en el extremo de su campo. Que por su justo precio me la dé como propiedad para sepultura en medio de vosotros. Efrón estaba sentado entre los hijos de Het. Y Efrón el heteo respondió a Abraham en presencia de los hijos de Het y de todos cuantos entraban por las puertas de la ciudad, diciendo: —No, señor mío. Escúchame: Yo te doy el campo y te doy la cueva que hay en él. En presencia de los hijos de mi pueblo te lo doy; sepulta a tu difunta. Pero Abraham se inclinó ante el pueblo de la tierra. Y respondió a Efrón en presencia del pueblo de la tierra, diciendo: —Más bien, te ruego que me escuches: Yo te daré dinero por el campo. Tómamelo, y yo sepultaré allí a mi difunta. Efrón respondió a Abraham diciéndole: —Señor mío, escúchame: La tierra vale 400 siclos de plata. ¿Qué es esto entre tú y yo? Sepulta, pues, a tu difunta. Entonces Abraham escuchó a Efrón, y en presencia de los hijos de Het, pesó para Efrón la plata que éste le dijo: 400 siclos de plata de buena ley entre mercaderes. Así el campo de Efrón que estaba en Macpela, frente a Mamre, tanto el campo como la cueva que había en él, junto con todos los árboles que había en el campo y en sus contornos, pasó a ser propiedad de Abraham, en presencia de los hijos de Het, de todos los que entraban por las puertas de su ciudad. Después de esto, Abraham sepultó a Sara su mujer en la cueva del campo en Macpela, frente a Mamre, es decir, Hebrón, en la tierra de Canaán. Así Abraham adquirió de los hijos de Het el campo y la cueva que había en él, como una propiedad para sepultura. Abraham era ya anciano y muy avanzado en años, y Jehovah había bendecido a Abraham en todo. Entonces Abraham dijo a un siervo suyo, el más viejo de su casa y que administraba todo lo que tenía: —Por favor, pon tu mano debajo de mi muslo, y te haré jurar por Jehovah, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo una mujer de las hijas de los cananeos entre los cuales habito. Más bien, irás a mi tierra, a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac. Su siervo le respondió: —Quizás la mujer no quiera venir conmigo a esta tierra. ¿He de hacer volver a tu hijo a la tierra de donde saliste? Abraham le dijo: —Guárdate, no sea que hagas volver a mi hijo allá. Jehovah, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi nacimiento, y que me habló y me juró diciendo: "A tu descendencia daré esta tierra," él enviará su ángel delante de ti, y tú tomarás de allí una mujer para mi hijo. Pero si la mujer no quiere venir contigo, tú quedarás libre de este juramento mío. Solamente que no hagas volver allá a mi hijo. Entonces el siervo puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este asunto. Y el siervo tomó diez de los camellos de su señor, y se fue llevando consigo toda clase de cosas preciadas de su señor. Partió y se fue a Siria mesopotámica, a la ciudad de Nacor, e hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua. Era la hora del atardecer, cuando las jóvenes salían para sacar agua. Y dijo: —Oh Jehovah, Dios de mi señor Abraham, por favor, haz que hoy ocurra algo en mi presencia. Muestra bondad para mi señor Abraham. He aquí que yo estoy junto al manantial de agua, y las hijas de los hombres de la ciudad vendrán para sacar agua. Sea, pues, que la joven a quien yo diga: "Por favor, baja tu cántaro para que yo beba," y ella responda: "Bebe tú, y también daré de beber a tus camellos"; sea ella la que tú has destinado para tu siervo, para Isaac. En esto conoceré que has tenido misericordia de mi señor. Y aconteció que cuando él aún no había acabado de hablar, he aquí que con su cántaro sobre el hombro, venía Rebeca, que le había nacido a Betuel, hijo de Milca, mujer de Nacor, hermano de Abraham. La joven era muy hermosa; era virgen, a quien ningún hombre había conocido. Ella descendió al manantial, llenó su cántaro y subía. Entonces el siervo corrió hacia ella y le dijo: —Por favor, dame de beber un poco de agua de tu cántaro. Y ella respondió: —Bebe, señor mío. Se apresuró a bajar su cántaro a su mano y le dio de beber. Cuando acabó de darle de beber, agregó: —También sacaré agua para tus camellos, hasta que acaben de beber. Se dio prisa, vació su cántaro en el abrevadero y corrió otra vez al pozo para sacar agua. Y sacó para todos sus camellos. El hombre la observaba en silencio para saber si Jehovah había dado éxito a su viaje o no. Cuando los camellos acabaron de beber, el hombre le obsequió un pendiente de oro que pesaba medio siclo y dos brazaletes de oro para sus brazos, que pesaban diez siclos. Y le preguntó: —¿De quién eres hija? Dime, por favor, ¿habrá lugar en la casa de tu padre donde podamos alojarnos? Ella respondió: —Yo soy hija de Betuel, hijo de Milca, el cual ella dio a luz a Nacor. —Y añadió—: También en nuestra casa hay paja y mucho forraje, y lugar para alojarse. Entonces el hombre se inclinó y adoró a Jehovah diciendo: —¡Bendito sea Jehovah, Dios de mi señor Abraham, que no apartó de mi señor su misericordia y su verdad! En el camino Jehovah me guió hacia la casa de los hermanos de mi señor. La joven corrió y contó estas cosas en la casa de su madre. Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el cual corrió afuera hacia el hombre, hacia el manantial. Sucedió que cuando vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, y oyó las palabras de su hermana Rebeca, que decía: "Así me habló aquel hombre," vino a él, y he aquí que él estaba junto a los camellos, al lado del manantial. Y le dijo: —Ven, bendito de Jehovah. ¿Por qué estás ahí fuera? Yo he preparado la casa y el lugar para los camellos. Entonces el hombre fue a la casa. Labán descargó los camellos y les dio paja y forraje. Luego trajo agua para lavar los pies de él y los pies de los hombres que venían con él. También puso comida delante de él, pero él dijo: —No comeré hasta que haya dicho lo que tengo que decir. Labán le dijo: —Habla. Entonces dijo: —Yo soy siervo de Abraham. Jehovah ha bendecido mucho a mi señor, y él se ha enriquecido. Le ha dado ovejas, vacas, plata, oro, siervos, siervas, camellos y asnos. Y Sara, mujer de mi señor, dio a luz en su vejez un hijo a mi señor, quien le ha dado a él todo lo que tiene. Y mi señor me hizo jurar diciendo: "No tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos en cuya tierra habito. Más bien, irás a la casa de mi padre, a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo." Yo dije a mi señor: "Quizás la mujer no quiera venir conmigo." Entonces me respondió: "Jehovah, en cuya presencia he caminado, enviará su ángel contigo, y él dará éxito a tu viaje. Tú tomarás una mujer para mi hijo, de mi familia, de la casa de mi padre. Entonces, cuando hayas llegado a mi familia, quedarás libre de mi juramento; y aunque no te la den, también quedarás libre de mi juramento." Llegué, pues, hoy al manantial y dije: "Jehovah, Dios de mi señor Abraham, por favor, si has de dar éxito a mi viaje en el cual ando, he aquí que yo estoy junto al manantial de agua. Que la joven que venga para sacar agua y a quien yo diga: ‘Por favor, dame de beber un poco de agua de tu cántaro’, y ella me responda: ‘Bebe tú, y también sacaré agua para tus camellos’, que sea ella la mujer que Jehovah ha destinado para el hijo de mi señor." Y antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí que Rebeca venía con su cántaro sobre su hombro. Luego descendió al manantial y sacó agua. Entonces le dije: "Por favor, dame de beber." Y ella bajó rápidamente su cántaro de encima de su hombro y dijo: "Bebe tú, y también daré de beber a tus camellos." Yo bebí, y ella también dio de beber a mis camellos. Entonces le pregunté: "¿De quién eres hija?" Y ella respondió: "Soy hija de Betuel hijo de Nacor, que le dio a luz Milca." Yo puse el pendiente en su nariz y los brazaletes en sus brazos. Y me incliné y adoré a Jehovah. Bendije a Jehovah, Dios de mi señor Abraham, que me guió por el camino acertado para tomar la hija del hermano de mi señor, para su hijo. Ahora pues, si vosotros vais a mostrar misericordia y verdad para con mi señor, declarádmelo. Si no, declarádmelo también, y yo me iré a la derecha o a la izquierda. Entonces Labán y Betuel respondieron diciendo: —¡De Jehovah procede esto! No podemos decirte si es malo o si es bueno. He aquí que Rebeca está delante de ti; tómala y vete. Sea ella la mujer del hijo de tu señor, como ha dicho Jehovah. Y aconteció que cuando el siervo de Abraham oyó sus palabras, se postró a tierra delante de Jehovah. Luego sacó objetos de plata, objetos de oro y vestidos, y se los dio a Rebeca. También dio obsequios preciosos a su hermano y a su madre. Después comieron y bebieron él y los hombres que habían venido con él, y pasaron la noche. Y levantándose de mañana, dijo: —Permitidme regresar a mi señor. Entonces respondieron su hermano y su madre: —Que la joven espere siquiera unos diez días más con nosotros, y después irá. Pero él les dijo: —No me hagáis demorar; ya que Jehovah ha dado éxito a mi viaje, dejadme ir para que vaya a mi señor. Ellos le respondieron: —Llamemos a la joven y preguntémosle lo que piensa. Llamaron a Rebeca y le preguntaron: —¿Irás tú con este hombre? Ella les respondió: —Sí, iré. Entonces dejaron ir a Rebeca su hermana, a su nodriza, al siervo de Abraham y a sus hombres. Y bendijeron a Rebeca diciéndole: —Tú eres nuestra hermana. Que seas madre de millares de decenas de millares. Que tus descendientes posean las ciudades de sus enemigos. Entonces se levantaron Rebeca y sus criadas, subieron a los camellos y siguieron al hombre. El siervo tomó a Rebeca y se fue. Aconteció que Isaac venía del pozo Beer-lajai-roí, porque habitaba en el Néguev. Hacia el atardecer Isaac había salido al campo para meditar, y alzando sus ojos miró, y he aquí unos camellos que venían. También Rebeca alzó sus ojos, vio a Isaac y descendió del camello. Porque había preguntado al siervo: "¿Quién es ese hombre que viene por el campo hacia nosotros?," y el siervo había respondido: "El es mi señor." Entonces ella tomó el velo y se cubrió. El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho. Luego Isaac la introdujo en la tienda de Sara, su madre, y tomó a Rebeca, que vino a ser su mujer; y él la amó. Así se consoló Isaac después de la muerte de su madre. Abraham tomó otra mujer cuyo nombre era Quetura. Ella le dio a luz a Zimrán, a Jocsán, a Medán, a Madián, a Isbac y a Súaj. Jocsán engendró a Seba y a Dedán. Los hijos de Dedán fueron los asureos, los letusitas y los leumitas. Los hijos de Madián fueron: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Eldaa. Todos éstos fueron hijos de Quetura. Abraham dio a Isaac todo lo que tenía, pero a los hijos de sus concubinas les dio obsequios. Y mientras él vivía, los apartó de su hijo Isaac, enviándolos al este, a la tierra del oriente. Los años de la vida de Abraham fueron 175. Y falleció Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue reunido a su pueblo. Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpela, en el campo que perteneciera a Efrón hijo de Zojar el heteo, que está frente a Mamre, campo que Abraham había comprado a los hijos de Het. Allí fue sepultado Abraham con Sara su mujer. Sucedió después de la muerte de Abraham, que Dios bendijo a su hijo Isaac. Y habitaba Isaac junto al pozo de Beer-lajai-roí. Estos son los descendientes de Ismael hijo de Abraham, que le dio a luz Agar la egipcia, sierva de Sara. Estos son los nombres de los hijos de Ismael, por sus nombres, según sus descendientes: El primogénito de Ismael fue Nebayot. Después nacieron Quedar, Adbeel, Mibsam, Misma, Duma, Masá, Hadad, Tema, Jetur, Nafis y Quedema. Estos fueron los hijos de Ismael y sus nombres según sus aldeas y campamentos: doce jefes según sus naciones. Los años de la vida de Ismael fueron 137, y falleció y fue reunido a su pueblo. Y sus descendientes habitaron desde Havila hasta Shur, que está frente a Egipto, en dirección de Asur. Se estableció, pues, frente a todos sus hermanos. Esta es la historia de Isaac hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac. Isaac tenía 40 años cuando tomó por mujer a Rebeca hija de Betuel el arameo, de Padan-aram, y hermana de Labán el arameo. Isaac rogó a Jehovah por su mujer, que era estéril. Jehovah accedió a su ruego, y Rebeca su mujer concibió. Como los hijos se empujaban dentro de ella, dijo: —Si es así, ¿para qué he de vivir? Ella fue a consultar a Jehovah, y Jehovah le dijo: —Dos naciones hay en tu vientre, y dos pueblos que estarán separados desde tus entrañas. Un pueblo será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor. Cuando se cumplió el tiempo de dar a luz, he aquí que había mellizos en su vientre. Y salió el primero, rojizo y todo velludo como una túnica de pieles, y llamaron su nombre Esaú. Después salió su hermano, con su mano asida al talón de Esaú, y llamaron su nombre Jacob. Isaac tenía 60 años de edad cuando ella los dio a luz. Los niños crecieron, y Esaú llegó a ser experto en la caza, hombre del campo. Jacob, por su lado, era hombre tranquilo y solía permanecer en las tiendas. Isaac prefería a Esaú, porque comía de su caza; pero Rebeca prefería a Jacob. Cierto día Jacob preparó un guisado. Y cuando Esaú volvía del campo, cansado, dijo a Jacob: —Por favor, invítame a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por eso fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: —Véndeme primero tu primogenitura. Entonces Esaú dijo: —He aquí que yo me voy a morir; ¿de qué, pues, me servirá la primogenitura? Dijo Jacob: —¡Júramelo ahora! El se lo juró y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y guisado de lentejas. El comió y bebió, y levantándose, se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura. Hubo hambre en el país, además de la primera que hubo en los días de Abraham. E Isaac se dirigió a Abimelec, rey de los filisteos, en Gerar. Y se le apareció Jehovah y le dijo: —No desciendas a Egipto. Habita en la tierra que yo te diré. Reside en esta tierra. Yo estaré contigo y te bendeciré, porque a ti y a tus descendientes os daré todas estas tierras. Así cumpliré el juramento que hice a tu padre Abraham. Yo multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras. Y en tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra, porque Abraham obedeció mi voz y guardó mi ordenanza, mis mandamientos, mis estatutos y mis instrucciones. Habitó, pues, Isaac en Gerar. Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer. El respondió: —Es mi hermana. Tuvo miedo de decir: "Es mi mujer," pues pensó: "No sea que los hombres del lugar me maten a causa de Rebeca." Porque ella era hermosa. Sucedió después de estar allí muchos días, que Abimelec, rey de los filisteos, miró por una ventana y vio a Isaac que acariciaba a Rebeca su mujer. Entonces Abimelec llamó a Isaac y le dijo: —¡He aquí, de veras ella es tu mujer! ¿Por qué, pues, dijiste: "Es mi hermana"? Isaac le respondió: —Es que pensé que quizás moriría a causa de ella. Abimelec le dijo: —¿Por qué nos has hecho esto? Por poco pudiera haber dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros culpabilidad. Entonces Abimelec dio órdenes a todo el pueblo diciendo: —El que toque a este hombre o a su mujer, morirá irremisiblemente. Isaac sembró en aquella tierra, y aquel año obtuvo ciento por uno. Jehovah lo bendijo, y el hombre se enriqueció y continuó enriqueciéndose hasta llegar a ser muy rico. Tenía rebaños de ovejas, hatos de vacas y abundancia de siervos, de modo que los filisteos le tenían envidia. Los filisteos cegaron y llenaron de tierra todos los pozos que habían abierto los siervos de su padre Abraham, en sus días. Entonces Abimelec dijo a Isaac: —Aléjate de nosotros, porque te has hecho más poderoso que nosotros. Isaac se fue de allí, asentó sus tiendas junto al arroyo de Gerar y habitó allí. Isaac volvió a abrir los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham. Y él los llamó con los mismos nombres con que su padre los había llamado. Después los siervos de Isaac cavaron en el valle y descubrieron un pozo de aguas vivas. Y los pastores de Gerar contendieron con los pastores de Isaac, diciendo: —El agua es nuestra. Por eso llamó al pozo Esec, porque allí riñeron con él. Abrieron otro pozo, y también contendieron por él. Y llamó su nombre Sitna. Se alejó de allí y abrió otro pozo, y no contendieron por él. El llamó su nombre Rejobot diciendo: —Porque ahora Jehovah nos ha hecho ensanchar, y seremos fecundos en la tierra. De allí fue a Beerseba. Y aquella noche se le apareció Jehovah y le dijo: —Yo soy el Dios de tu padre Abraham; no temas, porque yo estoy contigo. Yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por amor de mi siervo Abraham. El edificó allí un altar, invocó el nombre de Jehovah e instaló allí su tienda. También allí los siervos de Isaac excavaron un pozo. Entonces fue a él Abimelec, desde Gerar, acompañado por Ajuzat, amigo suyo, y Ficol, jefe de su ejército. E Isaac les dijo: —¿Por qué venís a mí, vosotros que me habéis aborrecido y me habéis echado de en medio de vosotros? Ellos respondieron: —Claramente hemos visto que Jehovah está contigo y dijimos: "Por favor, haya un juramento solemne entre nosotros, entre tú y nosotros." Hagamos una alianza contigo de que no nos harás daño, como nosotros no te hemos tocado y como sólo te hemos hecho bien y te despedimos en paz. Tú eres ahora bendito de Jehovah. Entonces él les hizo un banquete, y comieron y bebieron. Después se levantaron temprano, e hicieron juramento el uno al otro. Luego Isaac los despidió, y ellos se alejaron de él en paz. Aconteció que aquel mismo día vinieron los siervos de Isaac y le dieron noticias acerca del pozo que habían excavado. Y le dijeron: —¡Hemos hallado agua! El lo llamó Seba. Por esta razón el nombre de la ciudad es Beerseba hasta el día de hoy. Cuando Esaú tenía 40 años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri el heteo, y a Basemat hija de Elón el heteo. Estas fueron amargura de espíritu para Isaac y Rebeca. Aconteció que cuando Isaac había envejecido, sus ojos se debilitaron, y no podía ver. Entonces llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: —Hijo mío. El respondió: —Heme aquí. Le dijo: —He aquí, yo ya soy viejo y no sé el día de mi muerte. Toma, pues, ahora tu equipo, tu aljaba y tu arco, y vé al campo a cazar algo para mí. Luego hazme un potaje como a mí me gusta. Tráemelo para que coma, y yo te bendiga antes que muera. Rebeca estaba escuchando cuando Isaac hablaba a su hijo Esaú. Cuando Esaú fue al campo para cazar lo que había de traer, Rebeca habló a su hijo Jacob diciendo: —He aquí, he oído a tu padre que hablaba con tu hermano Esaú, diciendo: "Caza para mí y hazme un potaje para que coma y te bendiga en presencia de Jehovah, antes de mi muerte." Ahora pues, hijo mío, obedéceme en lo que te mando: Vé al rebaño y tráeme de allí dos buenos cabritos; y yo haré con ellos un potaje para tu padre, como a él le gusta. Tú se lo llevarás a tu padre; y comerá, para que te bendiga antes de su muerte. Jacob dijo a Rebeca su madre: —He aquí que Esaú mi hermano es hombre velludo, y yo soy lampiño. Quizás me palpe mi padre y me tenga por un farsante, y traiga sobre mí una maldición en vez de una bendición. Su madre le respondió: —Hijo mío, sobre mí recaiga tu maldición. Tú solamente obedéceme; vé y tráemelos. Entonces él fue, tomó los cabritos y se los trajo a su madre. Y ella hizo un potaje como le gustaba a su padre. Luego Rebeca tomó la ropa más preciada de Esaú, su hijo mayor, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob, su hijo menor. Y puso las pieles de los cabritos sobre las manos y sobre el cuello, donde no tenía vello. Luego puso el potaje y el pan, que había preparado, en las manos de Jacob su hijo. Y él fue a su padre y le dijo: —Padre mío. El respondió: —Heme aquí. ¿Quién eres, hijo mío? Jacob respondió a su padre: —Yo soy Esaú, tu primogénito. He hecho lo que me dijiste. Por favor, levántate, siéntate y come de mi caza, para que tú me bendigas. Entonces Isaac preguntó a su hijo: —¿Cómo es que pudiste hallarla tan pronto, hijo mío? El respondió: —Porque Jehovah tu Dios hizo que se encontrase delante de mí. E Isaac dijo a Jacob: —Por favor, acércate y te palparé, hijo mío, a ver si tú eres mi hijo Esaú, o no. Jacob se acercó a su padre Isaac, quien le palpó y dijo: —La voz es la voz de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú. No lo pudo reconocer, porque sus manos parecían tan velludas como las manos de su hermano Esaú, y lo bendijo. Le preguntó: —¿Eres tú realmente mi hijo Esaú? El respondió: —Sí, yo soy. Le dijo: —Acércamela; comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga. Jacob se la acercó, e Isaac comió. Le trajo también vino, y bebió. Entonces le dijo su padre Isaac: —Acércate, por favor, y bésame, hijo mío. El se acercó y lo besó. Y al percibir Isaac el olor de su ropa, lo bendijo diciendo: —He aquí, el olor de mi hijo es como el olor del campo que Jehovah ha bendecido. Dios te dé del rocío del cielo y de lo más preciado de la tierra: trigo y vino en abundancia. Que los pueblos te sirvan, y las naciones se postren ante ti. Sé señor de tus hermanos, y póstrense ante ti los hijos de tu madre. Sean malditos los que te maldigan, y benditos los que te bendigan. Y sucedió luego que Isaac había terminado de bendecir a Jacob, y cuando apenas había salido Jacob de la presencia de su padre Isaac, que su hermano Esaú llegó de cazar. El también hizo un potaje, lo llevó a su padre y le dijo: —Levántate, padre mío, y come de la caza de tu hijo, para que tú me bendigas. Entonces su padre Isaac le preguntó: —¿Quién eres tú? El respondió. —Yo soy Esaú, tu hijo primogénito. Isaac se estremeció fuertemente y dijo: —¿Quién, pues, es el que vino aquí, que cazó y me trajo de comer, y yo comí de todo antes de que tú vinieses? ¡Yo lo bendije, y será bendito! Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, profirió un grito fuerte y muy amargo. Y dijo a su padre: —¡Bendíceme también a mí, padre mío! El dijo: —Tu hermano vino con engaño y se llevó tu bendición. El respondió: —¿No es cierto que llamaron su nombre Jacob? Pues ya me ha suplantado estas dos veces: Se llevó mi primogenitura, y he aquí que ahora también se ha llevado mi bendición. —Y añadió—: ¿No te queda una bendición para mí? Isaac respondió y dijo a Esaú: —He aquí, yo lo he puesto por señor tuyo, y le he dado como siervos a todos sus hermanos. Le he provisto de trigo y de vino. ¿Qué, pues, haré por ti, hijo mío? Esaú dijo a su padre: —¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? ¡Bendíceme también a mí, padre mío! Y Esaú alzó su voz y lloró. Entonces respondió Isaac su padre y le dijo: —He aquí, será favorecido el lugar que habites con los más preciados productos de la tierra y con el rocío del cielo arriba. De tu espada vivirás y a tu hermano servirás. Pero sucederá que cuando adquieras dominio, romperás su yugo de sobre tu cuello. Esaú aborreció a Jacob por la bendición con que le había bendecido su padre, y dijo en su corazón: "Se acercan los días de duelo por mi padre; entonces yo mataré a mi hermano Jacob." Fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú, su hijo mayor. Ella envió a llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: —He aquí que Esaú tu hermano planea vengarse de ti, matándote. Ahora pues, hijo mío, obedéceme: Levántate y huye a mi hermano Labán, en Harán. Pasa con él algún tiempo, hasta que el enojo de tu hermano se aplaque, hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti y se olvide de lo que le has hecho. Entonces yo mandaré a traerte de allá. ¿Por qué habré de ser privada de vosotros dos en un solo día? Rebeca dijo a Isaac: —Estoy hastiada de vivir por causa de las mujeres heteas: Si Jacob toma esposa de entre las mujeres heteas, de las mujeres de esta tierra, como éstas, ¿para qué quiero la vida? Entonces Isaac llamó a Jacob, lo bendijo y le mandó diciendo: —No tomes esposa de entre las mujeres de Canaán. Levántate, vé a Padan-aram, a la casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre. Que el Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fecundo y te multiplique hasta que llegues a ser multitud de pueblos. Que él te dé la bendición de Abraham, lo mismo que a tu descendencia, para que poseas la tierra en que habitas, la cual Dios ha dado a Abraham. Así envió Isaac a Jacob, quien fue a Padan-aram, a Labán hijo de Betuel el arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esaú. Esaú vio que Isaac había bendecido a Jacob y que le había enviado a Padan-aram para tomar allí mujer para sí. Vio también que cuando lo bendijo, le mandó diciendo: "No tomes esposa de entre las mujeres de Canaán," Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padan-aram. Asimismo, vio Esaú que las mujeres de Canaán le parecían mal a Isaac su padre. Entonces él también se fue a Ismael y tomó para sí por mujer a Majalat hija de Ismael, hijo de Abraham, hermana de Nebayot, además de las otras mujeres que tenía. Jacob partió de Beerseba y se fue hacia Harán. Y llegó a cierto lugar y pasó allí la noche, porque el sol ya se había puesto. Tomó una de las piedras de aquel lugar, la puso como cabecera y se acostó en aquel lugar. Entonces soñó, y he aquí una escalera puesta en la tierra, cuya parte superior alcanzaba el cielo. He aquí que los ángeles de Dios subían y descendían por ella. Y he aquí que Jehovah estaba en lo alto de ella y dijo: —Yo soy Jehovah, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Tus descendientes serán como el polvo de la tierra. Te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur, y en ti y en tu descendencia serán benditas todas las familias de la tierra. He aquí que yo estoy contigo; yo te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra. No te abandonaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Jacob despertó de su sueño y dijo: —¡Ciertamente Jehovah está presente en este lugar, y yo no lo sabía! El tuvo miedo y dijo: —¡Cuán temible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo. Jacob se levantó muy de mañana, tomó la piedra que había puesto como cabecera, la puso como memorial y derramó aceite sobre ella. Y llamó el nombre de aquel lugar Betel, aunque el nombre antiguo de la ciudad era Luz. Jacob también hizo un voto diciendo: —Si Dios está conmigo y me guarda en este viaje que realizo, si me da pan para comer y vestido para vestir, y yo vuelvo en paz a la casa de mi padre, Jehovah será mi Dios. Esta piedra que he puesto como memorial será una casa de Dios, y de todo lo que me des, sin falta apartaré el diezmo para ti. Jacob emprendió su camino y llegó a la tierra de los orientales. Entonces vio un pozo en el campo, y he aquí que tres rebaños de ovejas estaban recostados cerca del mismo, porque de aquel pozo daban de beber a los rebaños. Había una gran piedra sobre la boca del pozo. Y cuando eran reunidos allí todos los rebaños, los pastores removían la piedra que estaba sobre la boca del pozo y daban de beber a los rebaños. Luego volvían a colocar la piedra en su lugar sobre la boca del pozo. Entonces Jacob dijo a los pastores: —Hermanos míos, ¿de dónde sois vosotros? Ellos le respondieron: —Somos de Harán. El les preguntó: —¿Conocéis a Labán hijo de Nacor? Ellos le respondieron: —Sí, lo conocemos. El les dijo: —¿Está bien? Ellos le respondieron: —Está bien. Y he aquí que su hija Raquel viene con el rebaño. El dijo: —He aquí que todavía es temprano; todavía no es tiempo de reunir todo el rebaño. Dad de beber a las ovejas e id a apacentarlas. Ellos le respondieron: —No podemos, hasta que se reúnan todos los rebaños y sea removida la piedra de encima de la boca del pozo, para que demos de beber a las ovejas. Estando él aún hablando con ellos, llegó Raquel con el rebaño de su padre, porque ella era la pastora. Y sucedió que al ver Jacob a Raquel hija de Labán, hermano de su madre, y al rebaño de Labán, hermano de su madre, se acercó Jacob y removió la piedra que estaba sobre la boca del pozo y dio de beber al rebaño de Labán, hermano de su madre. Jacob besó a Raquel, y alzando su voz lloró. Jacob dijo a Raquel que él era pariente de su padre y que era hijo de Rebeca. Y ella corrió y dio las noticias a su padre. En cuanto Labán oyó las noticias sobre Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirlo, lo abrazó, lo besó y lo llevó a su casa. El contó a Labán todas estas cosas, y Labán le dijo: —¡Ciertamente eres hueso mío y carne mía! Y permaneció con él durante un mes entero. Entonces dijo Labán a Jacob: —¿Por ser mi sobrino, me has de servir de balde? Declárame cuál será tu salario. Labán tenía dos hijas: El nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel. Los ojos de Lea eran tiernos, pero Raquel tenía una bella figura y un hermoso semblante. Y Jacob, que se había enamorado de Raquel, dijo: —Yo trabajaré para ti siete años por Raquel, tu hija menor. Labán respondió: —Mejor es que te la dé a ti que dársela a otro hombre. Quédate conmigo. Así trabajó Jacob por Raquel siete años, los cuales le parecieron como unos pocos días, porque la amaba. Entonces Jacob dijo a Labán: —Entrégame mi mujer para que conviva con ella, porque mi plazo se ha cumplido. Entonces Labán reunió a todos los hombres de aquel lugar e hizo un banquete. Y sucedió que en la noche tomó a su hija Lea y se la trajo, y él se unió a ella. (Labán dio su sierva Zilpa a su hija Lea, como sierva.) Y al llegar la mañana, ¡he aquí que era Lea! Entonces él dijo a Labán: —¿Por qué me has hecho esto? ¿No he trabajado para ti por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado? Y Labán respondió: —No se acostumbra en nuestro lugar dar la menor antes que la mayor. Cumple la semana de ésta, y después se te dará también la otra por el trabajo que harás para mí durante otros siete años. Jacob lo hizo así; y después de cumplir esa semana, Labán le dio también a su hija Raquel por mujer. (Labán dio su sierva Bilha a su hija Raquel, como sierva.) Jacob se unió también a Raquel, y la amó más que a Lea. Y trabajó para Labán otros siete años. Viendo Jehovah que Lea era menospreciada, le concedió hijos. Pero Raquel era estéril. Lea concibió y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Rubén, pues dijo: "Porque Jehovah ha visto mi aflicción, ciertamente ahora me amará mi marido." Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: "Porque Jehovah ha oído que yo era menospreciada, me ha dado también éste." Y llamó su nombre Simeón. Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: "Ahora esta vez mi marido se sentirá ligado a mí, porque le he dado tres hijos." Por eso llamó su nombre Leví. Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: "Esta vez alabaré a Jehovah." Por eso llamó su nombre Judá. Y dejó de dar a luz. Viendo Raquel que ella no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana y decía a Jacob: —¡Dame hijos; o si no, me muero! Entonces se encendió la ira de Jacob contra Raquel, y le dijo: —¿Estoy yo en lugar de Dios, que te privó del fruto de tu vientre? Ella le dijo: —He aquí mi sierva Bilha. Unete a ella, y que dé a luz sobre mis rodillas, para que así yo también tenga hijos por medio de ella. Le dio a Bilha su sierva por mujer, y Jacob se unió a ella. Y Bilha concibió y le dio a luz un hijo a Jacob. Entonces Raquel dijo: "Dios me ha hecho justicia; también ha escuchado mi voz y me ha dado un hijo." Por eso llamó su nombre Dan. Concibió otra vez Bilha, sierva de Raquel, y dio a luz un segundo hijo a Jacob. Raquel dijo: "¡Grandes conflictos he tenido con mi hermana, y de veras he vencido!" Y llamó su nombre Neftalí. Viendo Lea que había dejado de dar a luz, tomó a Zilpa su sierva y se la dio a Jacob por mujer. Zilpa, sierva de Lea, le dio a luz un hijo a Jacob. Y Lea dijo: "¡Qué afortunada!" Y llamó su nombre Gad. Zilpa, sierva de Lea, dio a luz un segundo hijo a Jacob. Y dijo Lea: "¡Qué felicidad la mía! Ahora las mujeres me llamarán feliz." Y llamó su nombre Aser. Rubén fue al campo en el tiempo de la siega del trigo, halló mandrágoras y se las llevó a Lea su madre. Y Raquel dijo a Lea: —Por favor, dame algunas de las mandrágoras de tu hijo. Ella respondió: —¿Te parece poco que hayas tomado a mi marido para que te quieras tomar también las mandrágoras de mi hijo? Y Raquel dijo: —Entonces que duerma contigo esta noche a cambio de las mandrágoras de tu hijo. Cuando Jacob volvía del campo al atardecer, Lea salió a su encuentro y le dijo: —¡Haz de unirte a mí, porque ciertamente yo te he alquilado a cambio de las mandrágoras de mi hijo! El durmió con ella aquella noche. Y Dios escuchó a Lea, y ella concibió y dio a luz un quinto hijo a Jacob. Y Lea dijo: "Dios me ha dado mi recompensa, porque di mi sierva a mi marido." Y llamó su nombre Isacar. Lea concibió otra vez y dio a luz un sexto hijo a Jacob. Y dijo Lea: "Dios me ha dado un buen regalo. Ahora me honrará mi marido, porque le he dado seis hijos." Y llamó su nombre Zabulón. Después dio a luz una hija y llamó su nombre Dina. Entonces se acordó Dios de Raquel. La escuchó y le dio hijos. Ella concibió y dio a luz un hijo, y dijo: "Dios ha quitado mi afrenta." Y llamó su nombre José, diciendo: "¡Jehovah me añada otro hijo!" Y aconteció que cuando Raquel dio a luz a José, Jacob dijo a Labán: —Déjame ir a mi lugar, a mi tierra. Dame mis mujeres y mis hijos por quienes he trabajado para ti, y déjame ir. Tú conoces el trabajo que yo he realizado para ti. Labán le respondió: —Por favor, si he hallado gracia ante tus ojos… He visto que Jehovah me ha bendecido por tu causa. —Y añadió—: Señálame tu salario, y yo te lo pagaré. El respondió: —Tú sabes cómo he trabajado para ti y cómo ha estado tu ganado conmigo. Pues poco tenías antes de que yo viniera, y ha crecido abundantemente. Jehovah te ha bendecido con mi llegada. Ahora, ¿cuándo he de trabajar yo también por mi propia casa? El le preguntó: —¿Qué te daré? Jacob respondió: —No me des nada. Pero si haces para mí lo siguiente, volveré a apacentar y a cuidar tus ovejas: Yo pasaré hoy en medio de todo tu rebaño, poniendo aparte toda oveja pintada o salpicada de diversos colores y todo cordero de color oscuro; y de entre las cabras las salpicadas de diversos colores y las pintadas. Eso será mi salario. Así será constatada mi honradez en el futuro, cuando tomes en cuenta mi salario: Toda cabra que no sea pintada o salpicada y toda oveja que no sea de color oscuro, que esté conmigo, será considerada como robada. Labán dijo: —¡Bien! Que sea como tú dices. Aquel día Labán apartó los machos cabríos listados o pintados, todas las cabras pintadas o salpicadas de diversos colores, todo lo que tenía en sí algo de blanco y todos los corderos de color oscuro; y los entregó en manos de sus hijos. Estableció una distancia de unos tres días de camino entre sí y Jacob, pero Jacob debía apacentar las otras ovejas de Labán. Entonces Jacob tomó varas verdes de álamo, de avellano y de castaño, y descortezó en ellas mondaduras blancas, descubriendo la parte blanca de las varas. Después puso las varas que había descortezado frente a las ovejas, en las pilas de los abrevaderos de agua donde iban a beber las ovejas, porque éstas se apareaban allí cuando iban a beber. Las ovejas se apareaban delante de las varas, y después parían corderos listados, pintados y salpicados de diversos colores. Entonces Jacob apartaba los corderos y dirigía la vista del rebaño hacia lo listado y a todos los que en el rebaño de Labán eran de color oscuro. Así hizo para sí un rebaño propio, y no los ponía con el rebaño de Labán. Y sucedía que cada vez que se apareaban los animales robustos, Jacob ponía las varas delante de ellos, en las pilas, para que se aparearan mirando las varas. Pero cuando venían los animales débiles, no ponía las varas. De este modo, los débiles eran para Labán, y los robustos para Jacob. Así prosperó muchísimo el hombre; y tuvo muchas ovejas, siervas, siervos, camellos y asnos. Jacob escuchó las palabras de los hijos de Labán, que decían: "Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre; de lo que era de nuestro padre ha adquirido toda esta riqueza." Observaba también Jacob la mirada de Labán, y he aquí que ya no era para con él como antes. Entonces Jehovah dijo a Jacob: —Vuelve a la tierra de tus padres, a tu parentela, y yo estaré contigo. Jacob mandó llamar a Raquel y a Lea al campo donde estaban sus ovejas, y les dijo: —Veo que la mirada de vuestro padre ya no es para conmigo como era antes. Pero el Dios de mi padre ha estado conmigo. Vosotras sabéis que he trabajado para vuestro padre con todas mis fuerzas, y que vuestro padre me ha engañado y que ha cambiado mi salario diez veces. Pero Dios no le ha permitido que me hiciera daño. Si él decía: "Los pintados serán tu salario," entonces todas las ovejas parían pintados. Y si decía: "Los listados serán tu salario," entonces todas las ovejas parían listados. Así Dios quitó el ganado de vuestro padre y me lo dio a mí. Y sucedió que en el tiempo en que se apareaban las ovejas, alcé mis ojos y vi en sueños que los machos que cubrían a las hembras eran listados, pintados y jaspeados. Entonces el ángel de Jehovah me dijo en sueños: "Jacob." Yo dije: "Heme aquí." Y él dijo: "Por favor, alza tus ojos y mira cómo todos los machos que cubren a las ovejas son listados, pintados y jaspeados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho. Yo soy el Dios de Betel, donde tú ungiste la piedra y me hiciste un voto. Levántate, sal de esta tierra y vuelve a la tierra de tu nacimiento." Raquel y Lea le respondieron diciendo: —¿Acaso tenemos todavía parte o heredad en la casa de nuestro padre? ¿No nos considera él ya como extrañas, puesto que nos vendió y se ha comido del todo nuestro precio? Toda la riqueza que Dios ha quitado a nuestro padre es nuestra y de nuestros hijos. Ahora pues, haz todo lo que Dios te ha dicho. Entonces Jacob se levantó e hizo subir a sus mujeres y a sus hijos sobre los camellos. Luego condujo todo su ganado y todas las posesiones que había adquirido, el ganado de su propiedad que había adquirido en Padan-aram, para ir a su padre Isaac en la tierra de Canaán. Labán se había ido a esquilar sus ovejas, y Raquel hurtó los ídolos de su padre. Además Jacob engañó a Labán el arameo al no decirle que se iba. Huyó, pues, Jacob con todo lo que tenía. Y levantándose cruzó el Río y se dirigió a la región montañosa de Galaad. Al tercer día le informaron a Labán que Jacob había huido. Entonces tomó consigo a sus parientes y fue tras él en el camino, por siete días, y lo alcanzó en la región montañosa de Galaad. Pero aquella noche Dios vino en sueños a Labán el arameo, y le dijo: "Ten cuidado, no sea que hables a Jacob bruscamente." Alcanzó, pues, Labán a Jacob, quien había instalado su tienda en el monte. Y Labán también instaló sus tiendas en el monte Galaad. Entonces Labán dijo a Jacob: —¿Qué has hecho? ¡Me has engañado al traer a mis hijas como cautivas de guerra! ¿Por qué has huido a escondidas, engañándome, sin avisarme? Yo te habría despedido con alegría y cantares, con tamborín y con arpa. Ni siquiera me has dado la oportunidad de besar a mis hijos y a mis hijas. Ahora pues, has actuado locamente. Yo tengo poder para haceros mal, pero el Dios de tu padre me habló anoche diciendo: "Ten cuidado, no sea que hables a Jacob bruscamente." Y ya que te ibas definitivamente porque tenías tanta nostalgia por la casa de tu padre, ¿por qué me has robado mis dioses? Jacob respondió a Labán y dijo: —Yo tuve miedo, pensando que quizás me arrebatarías a tus hijas. La persona en cuyo poder halles tus dioses, que muera. Reconoce en presencia de nuestros parientes lo que yo tenga que sea tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía que era Raquel quien los había robado. Entró, pues, Labán en la tienda de Jacob, en la tienda de Lea y en las tiendas de las dos siervas, y no los halló. Saliendo de la tienda de Lea, fue a la tienda de Raquel. Pero Raquel había tomado los ídolos, los había puesto en la montura de un camello y se había sentado encima de ellos. Labán, pues, rebuscó toda la tienda y no los halló. Entonces ella dijo a su padre: —No se enoje mi señor porque no pueda levantarme delante de ti, pues estoy con la regla de las mujeres. Buscó, pues, los ídolos, pero no los encontró. Entonces Jacob se enojó y recriminó a Labán; respondió Jacob y dijo a Labán: —¿Cuál es mi transgresión? ¿Cuál es mi pecado para que me hayas perseguido con tanto ardor? Ya que has rebuscado todas mis cosas, ¿qué has hallado de todas las cosas de tu casa? Ponlo aquí delante de mis parientes y de los tuyos, para que ellos juzguen entre nosotros dos. Estos veinte años que he estado contigo nunca han abortado tus ovejas ni tus cabras; ni yo comí ningún carnero de tu rebaño. Jamás te traje los restos del animal despedazado; yo pagaba el daño. Lo robado, tanto de día como de noche, tú lo reclamabas de mi mano. De día me consumía el calor, y de noche la helada; hasta el sueño huía de mis ojos. Así he pasado veinte años en tu casa: catorce años trabajé por tus dos hijas y seis por tu ganado; y tú has cambiado mi salario diez veces. Si el Dios de mi padre, el Dios de Abraham y el Temor de Isaac, no estuviera conmigo, de cierto me dejarías ir ahora sin nada. Pero Dios ha visto mi aflicción y el duro trabajo de mis manos; por eso te reprendió anoche. Labán respondió y dijo a Jacob: —Las hijas son mis hijas, los hijos son mis hijos y las ovejas son mis ovejas. ¡Todo lo que tú ves es mío! ¿Qué puedo hacer hoy a estas hijas mías o a sus hijos que ellas han dado a luz? Ven, pues, ahora, hagamos un pacto entre tú y yo, y sirva de testimonio entre tú y yo. Entonces Jacob tomó una piedra y la erigió como memorial. Y Jacob dijo a sus parientes: —Recoged piedras. Ellos tomaron piedras e hicieron un montón, y comieron allí junto al montón. Labán lo llamó Yegar-sahaduta; y Jacob lo llamó Galed. Y Labán dijo: —Este montón es hoy testigo entre tú y yo. Por eso llamó su nombre Galed o Mizpa, pues dijo: —Vigile Jehovah entre tú y yo, cuando nos apartemos el uno del otro. Si tú maltratas a mis hijas, o si tomas otras mujeres además de mis hijas, aunque nadie esté con nosotros, recuerda que Dios es testigo entre tú y yo. —Además, Labán dijo a Jacob—: He aquí este montón, y he aquí el memorial que he levantado entre tú y yo. Testigo sea este montón, y testigo sea el memorial, que ni yo pasaré de este montón hacia ti, ni tú pasarás de este montón y de este memorial hacia mí, para mal. El Dios de Abraham, Dios de Nacor y Dios de sus padres juzgue entre nosotros. Jacob juró por el Temor de Isaac, su padre. Entonces Jacob ofreció un sacrificio en el monte y llamó a sus parientes a comer. Ellos comieron y pasaron aquella noche en el monte. Y levantándose muy de mañana, Labán besó a sus hijos y a sus hijas, y los bendijo. Luego partió Labán y regresó a su lugar. Jacob continuó su camino, y le salieron al encuentro unos ángeles de Dios. Cuando los vio, Jacob dijo: —¡Este es un campamento de Dios! Y llamó el nombre de aquel lugar Majanaim. Después Jacob envió mensajeros delante de sí a su hermano Esaú, a la tierra de Seír, en los campos de Edom. Y les mandó diciendo: —Así diréis a mi señor Esaú: "Así dice tu siervo Jacob: ‘He residido con Labán, con quien he permanecido hasta ahora. Tengo vacas, asnos, ovejas, siervos y siervas; y envío a decírselo a mi señor, para hallar gracia ante sus ojos.’" Los mensajeros volvieron a Jacob, y dijeron: —Fuimos a tu hermano Esaú. El también viene a recibirte acompañado de 400 hombres. Entonces Jacob tuvo mucho temor y se angustió. Luego dividió en dos campamentos la gente que tenía consigo, así como las ovejas, las vacas y los camellos, pues dijo: "Si Esaú viene contra un campamento y lo ataca, el otro campamento podrá escapar." Luego dijo Jacob: —Dios de mi padre Abraham, Dios de mi padre Isaac, oh Jehovah, que me dijiste: "Vuelve a tu tierra y a tu parentela, y yo te prosperaré," yo no soy digno de todas las misericordias y de toda la fidelidad con que has actuado para con tu siervo. Con sólo mi cayado pasé este Jordán, y ahora tengo dos campamentos. Líbrame, por favor, de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo. No sea que venga y me mate a la madre junto con los hijos. Tú has dicho: "Yo te prosperaré y haré que tu descendencia sea como la arena del mar, que por ser tan numerosa no se puede contar." Jacob pasó allí aquella noche, y tomó de lo que tenía a mano un presente para su hermano Esaú: 200 cabras y 20 machos cabríos, 200 ovejas y 20 carneros, 30 camellas que estaban dando de mamar y sus crías, 40 vacas y 10 toros, 20 asnas y 10 borriquillos. Entregó cada rebaño a sus siervos por separado, y les dijo: —Id delante de mí guardando cierta distancia entre rebaño y rebaño. Mandó al primero diciendo: —Cuando Esaú mi hermano te encuentre y te pregunte diciendo: "¿De quién eres tú? ¿Y adónde vas? ¿De quién es eso que llevas delante de ti?," le dirás: "De tu siervo Jacob; es un presente que envía a mi señor Esaú. Y he aquí que él también viene detrás de nosotros." Mandó también al segundo, al tercero, y a todos los que iban detrás de los rebaños, diciendo: —Así hablaréis a Esaú cuando lo encontréis. También le diréis: "He aquí que tu siervo Jacob viene detrás de nosotros." Pues pensó: "Apaciguaré su ira con el presente que va delante de mí, para que después pueda yo verle; quizás él me acepte." Jacob hizo pasar el presente delante de sí, y él se quedó a pasar aquella noche en el campamento. Pero levantándose aquella noche, tomó a sus dos mujeres, a sus dos siervas y a sus once hijos, y pasó el vado del Jaboc. Los tomó y los hizo cruzar el río junto con todo lo que tenía. Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta que rayaba el alba. Como vio que no podía con Jacob, le tocó en el encaje de la cadera, y el encaje de la cadera se le dislocó mientras luchaba con él. Entonces el hombre le dijo: —¡Déjame ir, porque ya raya el alba! Y le respondió: —No te dejaré, si no me bendices. El le dijo: —¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: —Jacob. El le dijo: —No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has contendido con Dios y con los hombres, y has prevalecido. Entonces Jacob le preguntó diciendo: —Dime, por favor, ¿cuál es tu nombre? Y él respondió: —¿Por qué preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Jacob llamó el nombre de aquel lugar Peniel, diciendo: "Porque vi a Dios cara a cara y salí con vida." El sol salió cuando él había partido de Peniel, y cojeaba de su cadera. Por eso los hijos de Israel no comen hasta el día de hoy el tendón del muslo, que está en el encaje de la cadera, porque tocó a Jacob en el encaje de la cadera, en el tendón del muslo. Alzando Jacob sus ojos miró, y he aquí que Esaú venía con los 400 hombres. Entonces él repartió sus hijos entre Lea, Raquel y sus dos siervas. Puso a las siervas y a sus hijos delante, después a Lea y a sus hijos, y al final a Raquel y a José. El mismo pasó delante de ellos y se postró en tierra siete veces, hasta que se acercó a su hermano. Esaú corrió a su encuentro, le abrazó, se echó sobre su cuello y le besó. Y lloraron. Alzó sus ojos, vio a las mujeres y a los niños y preguntó: —¿Quiénes son éstos para ti? Y él respondió: —Son los hijos que Dios, en su gracia, ha dado a tu siervo. Entonces se acercaron las siervas y sus hijos, y se postraron. También se acercaron Lea y sus hijos, y se postraron. Finalmente se acercaron José y Raquel, y se postraron. Entonces Esaú le preguntó: —¿Cuál es el propósito de todos esos grupos que he encontrado? Y él respondió: —Hallar gracia ante los ojos de mi señor. Esaú le dijo: —Yo tengo suficiente, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo. Y Jacob respondió: —No, por favor. Si he hallado gracia ante tus ojos, toma mi presente de mis manos, pues el ver tu cara ha sido como si hubiera visto el rostro de Dios, y me has mostrado tu favor. Acepta, pues, mi presente que te ha sido traído, pues Dios me ha favorecido, porque tengo de todo. El insistió, y Esaú lo aceptó. Luego éste dijo: —¡Vamos, partamos! Yo te acompañaré. Jacob le dijo: —Mi señor sabe que los niños son tiernos y que tengo a mi cuidado ovejas y vacas que están criando. Si se los fatiga, en un día morirá todo el rebaño. Por favor, pase mi señor delante de su siervo. Yo avanzaré como convenga, al paso del ganado que va delante de mí y al paso de los niños, hasta que alcance a mi señor, en Seír. Esaú dijo: —Permite que deje contigo algunos de los hombres que están conmigo. Y él dijo: —¿Para qué esto? Sólo que halle yo gracia ante los ojos de mi señor. Aquel día regresó Esaú por su camino a Seír. Entonces Jacob se dirigió a Sucot y edificó allí una casa para sí. Hizo también cabañas para su ganado, por eso llamó el nombre de aquel lugar Sucot. Al volver de Padan-aram, Jacob llegó en paz a la ciudad de Siquem, en la tierra de Canaán, y acampó frente a la ciudad. Y la parte del campo donde instaló su tienda compró de manos de los hijos de Hamor, el padre de Siquem, por la suma de 100 piezas de dinero. Allí levantó un altar y llamó su nombre El-Elohei-Israel. Entonces Dina, la hija que Lea había dado a luz a Jacob, salió para ver a las jóvenes del lugar. Y la vio Siquem, el hijo de Hamor el heveo, príncipe de aquella tierra. El la tomó, se acostó con ella y la violó. Pero se sintió ligado a Dina hija de Jacob; se enamoró de la joven y habló al corazón de ella. Y Siquem habló con Hamor su padre, diciendo: —Tómame a esta joven por mujer. Cuando Jacob oyó que Siquem había mancillado a Dina, su hija, sus hijos estaban en el campo con su ganado. Por ello Jacob calló hasta que ellos regresaran. Entonces Hamor, padre de Siquem, fue para hablar con Jacob. Cuando los hijos de Jacob lo supieron, regresaron del campo. Los hombres se indignaron y se enfurecieron mucho, porque él había cometido una vileza en Israel, acostándose con la hija de Jacob, cosa que no se debía haber hecho. Hamor habló con ellos y les dijo: —Mi hijo Siquem se siente atraído por vuestra hija. Os ruego que se la deis por mujer. Por favor, emparentad con nosotros. Dadnos vuestras hijas, y tomad vosotros las nuestras. Habitad con nosotros; la tierra está delante de vosotros. Habitad en ella, negociad y estableceos en ella. También Siquem dijo al padre y a los hermanos de ella: —Halle yo gracia ante vuestros ojos, y os daré lo que me pidáis. Aumentad a cuenta mía el precio matrimonial y muchos regalos. Yo os daré cuánto me pidáis, pero dadme la joven por mujer. Los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a su padre Hamor, hablando con engaño, porque Siquem había violado a Dina, la hermana de ellos. Les dijeron: —No podemos hacer eso de dar nuestra hermana a un hombre incircunciso, porque entre nosotros eso es una abominación. Sólo con esta condición accederemos: que seáis como nosotros, al circuncidarse todos vuestros varones. Entonces os daremos nuestras hijas, y tomaremos nosotros las vuestras. Habitaremos con vosotros y seremos un solo pueblo. Pero si no nos hacéis caso en circuncidaros, tomaremos a nuestra hermana y nos iremos. Sus palabras parecieron bien a Hamor y a su hijo Siquem. No tardó el joven en hacerlo, porque la hija de Jacob le había gustado. Además, él era el más distinguido de toda la casa de su padre. Entonces Hamor y su hijo Siquem fueron a la puerta de la ciudad y hablaron a los hombres de la ciudad, diciendo: —Estos hombres son pacíficos para con nosotros. Que habiten ellos en la tierra y que negocien en ella, pues he aquí la tierra es amplia para ellos también. Nosotros tomaremos sus hijas por mujeres y les daremos nuestras hijas. Pero con esta condición accederán estos hombres para habitar con nosotros, de modo que seamos un solo pueblo: que se circuncide todo varón de entre nosotros, así como ellos son circuncidados. Sus rebaños, sus posesiones y todo su ganado, ¿no serán así nuestros? Sólo accedamos a su condición, y ellos habitarán con nosotros. Todos los que salían por las puertas de la ciudad hicieron caso a Hamor y a su hijo Siquem. Circuncidaron a todo varón, a cuantos salían por las puertas de la ciudad. Pero sucedió que al tercer día, cuando ellos aún sentían dolor, dos de los hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, fueron contra la ciudad que estaba desprevenida y mataron a todo varón. También mataron a filo de espada a Hamor y a su hijo Siquem, y tomando a Dina de la casa de Siquem, se fueron. Y los hijos de Jacob pasaron sobre los muertos y saquearon la ciudad, porque habían mancillado a su hermana. Tomaron sus ovejas, sus vacas, sus asnos, lo que había en la ciudad y lo que había en el campo. Llevaron cautivos a todos sus niños y a sus mujeres, y saquearon todos sus bienes y todo lo que había en las casas. Entonces Jacob dijo a Simeón y a Leví: —Me habéis arruinado, haciendo que yo sea odioso entre los habitantes de esta tierra, entre los cananeos y los ferezeos. Teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí, me herirán y me destruirán a mí y a mi casa. Y ellos respondieron: —¿Había de tratar él a nuestra hermana como a una prostituta? Entonces Dios dijo a Jacob: —Levántate, sube a Betel y quédate allí. Haz allí un altar a Dios, que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que le acompañaban: —Quitad los dioses extraños que hay entre vosotros. Purificaos y cambiad vuestros vestidos. Levantémonos y subamos a Betel; allí haré un altar a Dios, que me respondió en el día de mi angustia y ha estado conmigo en el camino que he andado. Así entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían en su poder, y los aretes de sus orejas, y Jacob los escondió al pie de la encina que había junto a Siquem. Cuando partieron, el terror de Dios se apoderó de los habitantes de las ciudades de sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob. Jacob y toda la gente que le acompañaba llegaron a Luz, es decir, a Betel, en la tierra de Canaán, y allí edificó un altar. Llamó al lugar El-betel, porque allí se le había revelado Dios cuando huía de su hermano. Entonces murió Débora, nodriza de Rebeca, y fue sepultada al pie de Betel, debajo de una encina, la cual fue llamada Alón-bacut. Dios se apareció otra vez a Jacob después de haber regresado de Padan-aram, y le bendijo. Le dijo Dios: "Tu nombre es Jacob, pero no se llamará más tu nombre Jacob. Tu nombre será Israel." Y llamó su nombre Israel. También le dijo Dios: "Yo soy el Dios Todopoderoso. Sé fecundo y multiplícate. De ti procederán una nación y un conjunto de naciones; reyes saldrán de tus lomos. La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, te la daré a ti; a tus descendientes después de ti, les daré la tierra." Dios se apartó de él, del lugar donde había hablado con él. Entonces Jacob erigió una piedra en el lugar donde Dios había hablado con él, una piedra memorial. Sobre ella derramó una libación, y echó sobre ella aceite. Jacob llamó Betel al lugar donde Dios había hablado con él. Partieron de Betel, y faltando aún cierta distancia para llegar a Efrata, Raquel dio a luz tras un parto muy difícil. Y aconteció que como había dificultad en su parto, le dijo la partera: —No temas, porque también tendrás este hijo. Pero sucedió que al dar el último suspiro (porque murió), llamó el nombre de su hijo Benoní. Pero su padre lo llamó Benjamín. Así murió Raquel y fue sepultada en el camino de Efrata, es decir, Belén. Jacob puso sobre su sepulcro una piedra memorial. Este es el memorial del sepulcro de Raquel hasta hoy. Israel partió e instaló su tienda más allá de Migdal-eder. Y sucedió mientras habitaba Israel en aquella tierra, que Rubén fue y se acostó con Bilha, concubina de su padre. Y lo llegó a saber Israel. Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce: Los hijos de Lea: Rubén, el primogénito de Jacob, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. Los hijos de Raquel: José y Benjamín. Los hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan y Neftalí. Los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Estos fueron los hijos de Jacob que le nacieron en Padan-aram. Entonces Jacob fue a Isaac su padre, a Mamre, a Quiriat-arba, es decir, Hebrón, donde habían habitado Abraham e Isaac. Fueron 180 los años de Isaac. E Isaac falleció y fue reunido con su pueblo, anciano y lleno de años. Y sus hijos Jacob y Esaú lo sepultaron. Estos son los descendientes de Esaú, el cual es Edom. Esaú tomó a sus esposas de entre las mujeres de Canaán: a Ada hija de Elón el heteo, a Oholibama hija de Aná, hijo de Zibeón el heveo, y a Basemat hija de Ismael, hermana de Nebayot. De Esaú, Ada dio a luz a Elifaz; Basemat dio a luz a Reuel, y Oholibama dio a luz a Jeús, a Jalam y a Coré. Estos son los hijos de Esaú que le nacieron en la tierra de Canaán. Esaú tomó a sus mujeres, a sus hijos, a sus hijas, a todas las personas de su casa, sus rebaños, su ganado y todas las posesiones que había adquirido en la tierra de Canaán, y se fue a una tierra, lejos de Jacob su hermano; porque los bienes de ellos eran muchos, y no podían habitar juntos. Tampoco podía mantenerlos la tierra en que habitaban, a causa de sus ganados. Así habitó Esaú en la región montañosa de Seír. Esaú es Edom. Estos fueron los descendientes de Esaú, padre de los edomitas, en la región montañosa de Seír; éstos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Ada, mujer de Esaú; Reuel, hijo de Basemat, mujer de Esaú. Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Zefo, Gatam y Quenaz. Timna fue concubina de Elifaz hijo de Esaú, y ella le dio a luz a Amalec. Estos fueron los hijos de Ada, mujer de Esaú. Los hijos de Reuel fueron: Najat, Zéraj, Sama y Miza. Estos fueron los hijos de Basemat, mujer de Esaú. Los hijos de Oholibama, mujer de Esaú e hija de Aná, hijo de Zibeón, que ella dio a luz de Esaú, fueron: Jeús, Jalam y Coré. Estos fueron los jefes de entre los hijos de Esaú: Los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú, fueron: los jefes Temán, Omar, Zefo, Quenaz, Coré, Gatam y Amalec. Estos fueron los jefes de Elifaz en la tierra de Edom, los cuales fueron hijos de Ada. Estos fueron los hijos de Reuel hijo de Esaú: los jefes Najat, Zéraj, Sama y Miza. Estos fueron los jefes de la línea de Reuel en la tierra de Edom. Estos hijos le nacieron a Basemat, mujer de Esaú. Estos fueron los hijos de Oholibama, mujer de Esaú: los jefes Jeús, Jalam y Coré. Estos fueron los jefes que nacieron a Oholibama, mujer de Esaú, hija de Aná. Estos fueron, pues, los hijos de Esaú, el cual es Edom; y éstos fueron sus jefes. Estos fueron los hijos de Seír el horeo, habitantes de aquella tierra: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná, Disón, Ezer y Disán. Estos fueron los jefes de los horeos, hijos de Seír, en la tierra de Edom. Los hijos de Lotán fueron Hori y Hemam. Timna fue hermana de Lotán. Los hijos de Sobal fueron: Alván, Manajat, Ebal, Sefo y Onam. Los hijos de Zibeón fueron Ayías y Aná. Este Aná fue el que descubrió las aguas termales en el desierto, cuando apacentaba los asnos de su padre Zibeón. Los hijos de Aná fueron Disón y Oholibama hija de Aná. Los hijos de Disón fueron: Hemdán, Esbán, Itrán y Querán. Los hijos de Ezer fueron: Bilhán, Zaaván y Acán. Los hijos de Disán fueron Uz y Arán. Estos fueron los jefes de los horeos: los jefes Lotán, Sobal, Zibeón, Aná, Disón, Ezer Y Disán. Ellos fueron los jefes de los horeos, según sus jefaturas en la tierra de Seír. Estos fueron los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que hubiese rey de los hijos de Israel: Bela hijo de Beor reinó en Edom. El nombre de su ciudad fue Dinaba. Murió Bela, y reinó en su lugar Jobab hijo de Zéraj, de Bosra. Murió Jobab, y reinó en su lugar Husam, de la tierra de los temanitas. Murió Husam, y reinó en su lugar Hadad hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab. El nombre de su ciudad fue Avit. Murió Hadad, y reinó en su lugar Samla, de Masreca. Murió Samla, y reinó en su lugar Saúl, de Rejobot, que está junto al Río. Murió Saúl, y reinó en su lugar Baal-janán hijo de Acbor. Murió Baal-janán hijo de Acbor, y reinó en su lugar Hadad. El nombre de su ciudad fue Pau, y el nombre de su mujer fue Mehetabel, hija de Matred, hija de Mezaab. Estos fueron los nombres de los jefes de Esaú, según sus familias, sus localidades y sus nombres: los jefes Timna, Alva, Jetet, Oholibama, Ela, Pinón, Quenaz, Temán, Mibzar, Magdiel e Iram. Estos fueron los jefes de Edom, según las áreas de la tierra de su posesión. Este es Esaú, padre de los edomitas. Jacob se estableció en la tierra donde había residido su padre, en la tierra de Canaán. Esta es la historia de la familia de Jacob: José, siendo de 17 años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha y los hijos de Zilpa, mujeres de su padre. Y José informaba a su padre de la mala fama de ellos. Israel amaba a José más que a todos sus otros hijos porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica de diversos colores. Al ver sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos ellos, le aborrecían y no podían hablarle pacíficamente. José tuvo un sueño y lo contó a sus hermanos, quienes llegaron a aborrecerle todavía más. Les dijo: —Por favor, escuchad lo que he soñado: He aquí que atábamos gavillas en medio del campo. Y mi gavilla se levantaba y se mantenía erguida, mientras que vuestras gavillas la rodeaban y se inclinaban ante la mía. Sus hermanos le respondieron: —¿Has de reinar tú sobre nosotros y nos has de dominar? Y le aborrecieron todavía más a causa de sus sueños y de sus palabras. Entonces tuvo otro sueño y lo contó a sus hermanos, diciendo: —He aquí, he tenido otro sueño: que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí. El contó este sueño a su padre y a sus hermanos, pero su padre le reprendió diciendo: —¿Qué sueño es éste que has tenido? ¿Hemos de venir yo, tu madre y tus hermanos a postrarnos a tierra ante ti? Sus hermanos le tenían envidia, pero su padre guardaba en mente el asunto. Sus hermanos fueron a apacentar las ovejas de su padre cerca de Siquem, e Israel dijo a José: —Tus hermanos apacientan las ovejas cerca de Siquem. Ven, te enviaré a ellos. Y él le respondió: —Heme aquí. El le dijo: —Anda, por favor, y mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Lo envió desde el valle de Hebrón, y él llegó a Siquem. Andando él extraviado por el campo, un hombre lo encontró. Y aquel hombre le preguntó diciendo: —¿Qué buscas? Y él respondió: —Busco a mis hermanos. Dime, por favor, dónde están apacentando. Aquel hombre le respondió: —Ya se han ido de aquí. Yo les oí decir: "Vámonos a Dotán." Entonces José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. Cuando ellos lo vieron desde lejos, antes de que se acercase, actuaron engañosamente contra él para matarle. Se dijeron el uno al otro: —¡Ahí viene el de los sueños! Ahora pues, venid; matémoslo y echémoslo en una cisterna. Después diremos: "Alguna mala fiera lo devoró." ¡Veamos en qué van a parar sus sueños! Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos diciendo: —No le quitemos la vida. —Y Rubén añadió—: No derraméis sangre. Echadlo en esta cisterna que está en el desierto, pero no pongáis la mano sobre él. Era para librarlo de sus manos a fin de hacerlo volver a su padre. Sucedió que cuando José llegó hasta sus hermanos, ellos despojaron a José de su túnica, la túnica de diversos colores que llevaba puesta. Lo tomaron y lo echaron en la cisterna. Pero la cisterna estaba vacía, sin agua. Después se sentaron a comer, y alzando los ojos miraron, y he aquí que una caravana de ismaelitas venía de Galaad con sus camellos cargados de perfumes, bálsamo y mirra para llevarlos a Egipto. Entonces Judá dijo a sus hermanos: —¿Qué provecho hay en matar a nuestro hermano y en encubrir su sangre? Venid, vendámoslo a los ismaelitas. No pongamos nuestra mano sobre él, porque es nuestro hermano, nuestra carne. Sus hermanos estuvieron de acuerdo con él. Y cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron a José, subiéndolo de la cisterna, y lo vendieron a los ismaelitas por 20 piezas de plata. Estos se llevaron a José a Egipto. Cuando Rubén volvió a la cisterna y no halló a José allí, rasgó sus vestiduras. Volvió a sus hermanos y les dijo: —¡El joven ha desaparecido! Y yo, ¿a dónde iré? Entonces ellos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito del rebaño y empaparon la túnica en la sangre. Después enviaron la túnica de diversos colores, la trajeron a su padre y le dijeron: —Esto hemos encontrado. Reconoce, pues, si es o no la túnica de tu hijo. El la reconoció y exclamó: —¡Es la túnica de mi hijo! ¡Alguna mala fiera lo ha devorado! ¡Ciertamente José ha sido despedazado! Entonces Jacob rasgó sus vestiduras, se cubrió con cilicio y guardó duelo por su hijo muchos días. Todos sus hijos y todas sus hijas fueron para consolarle, pero él rehusó ser consolado. Y decía: —¡Enlutado descenderé hasta mi hijo, al Seol! Y su padre lo lloraba. Pero los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, funcionario del faraón, capitán de la guardia. Aconteció en aquel tiempo que Judá dejó a sus hermanos y se dirigió a residir con un hombre adulamita que se llamaba Jira. Judá vio allí a la hija de un hombre cananeo llamado Súa, y la tomó y se unió a ella. Ella concibió y dio a luz un hijo, y él llamó su nombre Er. Ella concibió otra vez y dio a luz otro hijo, y ella llamó su nombre Onán. Volvió a concebir y dio a luz otro hijo, y ella llamó su nombre Sela. El estaba en Quezib cuando ella lo dio a luz. Judá tomó una mujer para Er, su primogénito; ésta se llamaba Tamar. Pero Er, el primogénito de Judá, era malo ante los ojos de Jehovah, y Jehovah le quitó la vida. Entonces Judá dijo a Onán: —Unete a la mujer de tu hermano; cumple así con ella tu deber de cuñado, y levanta descendencia a tu hermano. Pero sabiendo Onán que el hijo que le naciera no sería considerado suyo, sucedía que cada vez que se unía a la mujer de su hermano, vertía en tierra para no dar descendencia a su hermano. Pero lo que hacía era malo ante los ojos de Jehovah, y también a él le quitó la vida. Entonces habló Judá a Tamar su nuera, diciendo: —Permanece viuda en la casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Sela. Porque pensaba: "No sea que muera él también como sus hermanos." Y Tamar se fue y permaneció en la casa de su padre. Pasados muchos años, murió Bat-súa, la mujer de Judá. Cuando Judá se había consolado, subió a Timnat, a los esquiladores de sus ovejas, él y su amigo Jira el adulamita. Y avisaron a Tamar diciendo: —He aquí que tu suegro sube a Timnat a esquilar sus ovejas. Entonces ella se quitó su vestido de viudez, se cubrió con un velo, se envolvió con un manto y se sentó a la entrada de Enaim, que está junto al camino de Timnat, porque veía que Sela había crecido, pero que ella no le había sido dada por mujer. Entonces la vio Judá y pensó que era una prostituta, porque había cubierto su cara. Y se apartó del camino hacia ella y le dijo: —Por favor, deja que me una a ti. Pues no sabía que ella era su nuera. Y ella dijo: —¿Qué me darás si te unes a mí? El respondió: —Yo te enviaré un cabrito del rebaño. Ella le dijo: —Tienes que darme una prenda hasta que me lo envíes. Y él le dijo: —¿Qué prenda te daré? Ella le respondió: —Tu anillo, tu cordón y el bastón que llevas en la mano. El se los dio y se unió a ella, y ella concibió de él. Luego ella se levantó y se fue. Después se quitó el velo que tenía sobre sí y se vistió de nuevo con su vestido de viudez. Judá envió el cabrito del rebaño por medio de su amigo el adulamita, para que recuperase la prenda de mano de la mujer, pero él no la halló. Entonces preguntó a los hombres de aquel lugar diciendo: —¿Dónde está la prostituta de Enaim, junto al camino? Ellos le dijeron: —Aquí no hay ninguna prostituta. El se volvió a Judá y dijo: —No la he hallado. También los hombres del lugar dijeron: "Aquí no hay ninguna prostituta." Y Judá dijo: —¡Que se quede con la prenda! No seamos objeto de burla. He aquí yo le he enviado este cabrito, pero tú no la has hallado. Aconteció que después de unos tres meses le informaron a Judá diciendo: —Tu nuera Tamar ha cometido adulterio y está encinta a consecuencia del adulterio. Y Judá dijo: —¡Sacadla, y que sea quemada! Cuando era sacada, ella envió a decir a su suegro: —Del hombre a quien pertenecen estas cosas estoy encinta. —Y añadió—: Mira, pues, de quién son estas cosas: el anillo, el cordón y el bastón. Entonces Judá los reconoció y dijo: —Más justa es ella que yo, porque no se la he dado a mi hijo Sela. Y no volvió a tener relaciones con ella. Aconteció que al tiempo de dar a luz, he aquí que había mellizos en el vientre de Tamar. Y cuando ella daba a luz, sucedió que uno de ellos sacó la mano. La partera la tomó y ató a su mano un hilo rojo diciendo: —¡Este salió primero! Pero sucedió que cuando él volvió a meter la mano, he aquí salió su hermano. Y ella exclamó: —¡Cómo te abriste brecha! Y llamó su nombre Fares. Después salió su hermano, el que tenía en su mano el hilo rojo, y llamó su nombre Zéraj. Llevado José a Egipto, Potifar, un hombre egipcio, funcionario del faraón y capitán de la guardia, lo compró de mano de los ismaelitas que lo habían llevado allá. Pero Jehovah estuvo con José, y el hombre tuvo éxito. El estaba en la casa de su señor, el egipcio, quien vio que Jehovah estaba con él y que todo lo que él hacía, Jehovah lo hacía prosperar en su mano. Así halló José gracia ante los ojos de Potifar y le servía. Potifar le puso a cargo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía. Y sucedió que desde que le puso a cargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehovah bendijo la casa del egipcio por causa de José. Y la bendición de Jehovah estaba sobre todo lo que tenía, tanto en la casa como en el campo. El dejó todo lo que tenía en mano de José, y teniéndole a él no se preocupaba de nada, excepto del pan que comía. José era de bella presencia y de hermoso semblante. Y sucedió después de estas cosas, que la mujer de su señor puso sus ojos en José y le dijo: —Acuéstate conmigo. El rehusó y dijo a la mujer de su señor: —He aquí que mi señor, teniéndome a mí, no se preocupa de nada de cuanto hay en la casa. Ha puesto en mis manos todo cuanto tiene. No hay otro superior a mí en esta casa; y ninguna cosa se ha reservado, sino a ti, porque eres su mujer. ¿Cómo, pues, haría yo esta gran maldad y pecaría contra Dios? Sucedió que ella insistía a José día tras día, pero éste no le hacía caso para acostarse con ella, ni para estar con ella. Y sucedió que él entró un día en la casa para hacer su trabajo, y ninguno de los hombres de la casa estaba allí en casa. Entonces ella le agarró por su manto, diciendo: —Acuéstate conmigo. Pero él dejó su manto en las manos de ella, se escapó y salió afuera. Y aconteció que al ver ella que el manto había quedado en sus manos y que él había escapado afuera, llamó a los de su casa y les habló diciendo: —¡Mirad, nos han traído un hebreo para que se burle de nosotros! Vino a mí para acostarse conmigo, pero yo grité a gran voz. Y él, viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó a mi lado su manto, se escapó y salió afuera. Ella puso junto a sí el manto de José hasta que su señor volvió a casa. Entonces ella le repitió a él las mismas palabras diciendo: —El esclavo hebreo que nos trajiste vino a mí para burlarse de mí. Pero cuando yo alcé la voz y grité, él dejó su manto a mi lado y escapó afuera. Sucedió que cuando su señor oyó las palabras que le hablaba su mujer, diciendo: "Así me ha tratado tu esclavo," se encendió su furor. Tomó su señor a José y lo metió en la cárcel, en el lugar donde estaban los presos del rey, y José se quedó allí en la cárcel. Pero Jehovah estaba con José; le extendió su misericordia y le dio gracia ante los ojos del encargado de la cárcel. El encargado de la cárcel entregó en manos de José a todos los presos que había en la cárcel; y todo lo que hacían allí, José lo dirigía. El encargado de la cárcel no se preocupaba de nada de lo que estaba en sus manos, porque Jehovah estaba con José. Lo que él hacía, Jehovah lo prosperaba. Aconteció después de estas cosas que el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de Egipto. El faraón se enfureció contra sus dos funcionarios, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos, y los puso bajo custodia en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso. El capitán de la guardia se los encargó a José, y él les servía. Estuvieron algunos días bajo custodia. Y en una misma noche ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto que estaban presos en la cárcel, tuvieron un sueño; cada uno su propio sueño, y cada sueño con su propia interpretación. Por la mañana José vino a ellos y los vio, y he aquí que ellos estaban tristes. Preguntó a los funcionarios del faraón que estaban con él bajo custodia en la casa de su señor, diciendo: —¿Por qué están tristes vuestras caras hoy? Ellos le dijeron: —Hemos tenido un sueño, y no hay quien nos lo interprete. Entonces José les dijo: —¿Acaso no son de Dios las interpretaciones? Por favor, contádmelo a mí. Entonces el jefe de los coperos contó su sueño a José, diciendo: —En mi sueño veía delante de mí una vid. En la vid había tres ramas. Parecía que ella brotaba, florecía y sus racimos de uvas maduraban. La copa del faraón estaba en mi mano, y yo tomaba las uvas, las exprimía en la copa del faraón y ponía la copa en la mano del faraón. Y José le respondió: —Esta es su interpretación: Las tres ramas son tres días. Dentro de tres días el faraón te hará levantar cabeza y te restituirá a tu puesto. Volverás a poner la copa en la mano del faraón, como solías hacerlo anteriormente, cuando eras su copero. Pero cuando te vaya bien, acuérdate tú de mí. Por favor, actúa con misericordia para conmigo; haz mención de mí al faraón y hazme sacar de esta casa. Porque yo fui secuestrado de la tierra de los hebreos, y nada he hecho aquí para que me pusieran en la cárcel. Viendo el jefe de los panaderos que la interpretación había sido favorable, dijo a José: —También yo soñaba que había tres cestas de pan blanco sobre mi cabeza. En la cesta superior había toda clase de manjares de pastelería para el faraón, pero las aves se los comían de la cesta que estaba sobre mi cabeza. Entonces José respondió: —Esta es su interpretación: Las tres cestas son tres días. Dentro de tres días el faraón quitará tu cabeza de encima de ti. Te hará colgar en la horca, y las aves comerán tus carnes. Y sucedió que al tercer día fue el cumpleaños del faraón, y él dio un banquete a todos sus servidores. Entonces levantó la cabeza del jefe de los coperos y la cabeza del jefe de los panaderos, en medio de sus servidores. Al jefe de los coperos lo restituyó en su cargo de copero, y éste volvió a poner la copa en la mano del faraón. Pero hizo ahorcar al jefe de los panaderos, como José les había interpretado. Sin embargo, el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él. Aconteció después de dos años completos que el faraón tuvo un sueño: He aquí que él estaba de pie y del Nilo subían siete vacas de hermoso aspecto y gordas de carne, y pacían entre los juncos. Pero he aquí que otras siete vacas salían del Nilo, detrás de ellas, de mal aspecto y flacas de carne. Estas se pusieron junto a las otras vacas a la orilla del Nilo. Entonces las vacas de mal aspecto y flacas de carne devoraron a las siete vacas de hermoso aspecto y gordas. Y el faraón se despertó. Se durmió de nuevo y soñó por segunda vez; y he aquí que siete espigas subieron de un solo tallo, gruesas y hermosas. Pero he aquí que detrás de ellas brotaron otras siete espigas delgadas y quemadas por el viento del oriente. Entonces las espigas delgadas devoraron a las siete espigas gruesas y llenas. El faraón se despertó, y he aquí que había sido un sueño. Sucedió que por la mañana su espíritu estaba perturbado, por lo que mandó llamar a todos los magos de Egipto y a todos sus sabios. El faraón les contó sus sueños, pero no había quien se los interpretase al faraón. Entonces el jefe de los coperos habló al faraón diciendo: —Ahora haré mención de una falta mía. El faraón se enojó contra sus siervos y me echó en la cárcel de la casa del capitán de la guardia, junto con el jefe de los panaderos. En una misma noche él y yo tuvimos un sueño, y cada sueño tenía su propia interpretación. Y estaba allí con nosotros un joven hebreo, esclavo del capitán de la guardia. Se lo contamos, y él interpretó nuestros sueños; a cada uno le interpretó su propio sueño. Y aconteció que tal como él nos lo interpretó, así sucedió: A mí el faraón me restableció en mi puesto y al otro lo hizo colgar. Entonces el faraón mandó llamar a José, y le hicieron salir apresuradamente de la cárcel. Se afeitó, se cambió de ropa y vino al faraón. Entonces el faraón dijo a José: —He tenido un sueño, y no hay quien me lo interprete. Pero he oído hablar de ti, que escuchas sueños y los interpretas. José respondió al faraón diciendo: —No está en mí. Dios responderá para el bienestar del faraón. Entonces el faraón dijo a José: —En mi sueño yo estaba de pie a la orilla del Nilo. Y he aquí que del Nilo salían siete vacas gordas de carne y de hermoso aspecto, y pacían entre los juncos. Pero he aquí que otras siete vacas subían detrás de ellas, delgadas, de muy feo aspecto y flacas de carne. Jamás he visto otras tan feas como aquéllas en toda la tierra de Egipto. Entonces las vacas flacas y feas devoraron a las siete primeras vacas gordas. Estas entraron en su interior, pero no parecía que hubiesen entrado en ellas, porque su apariencia seguía siendo tan mala como al comienzo. Y me desperté. Vi también en mi sueño siete espigas que subieron de un solo tallo, llenas y hermosas. Pero he aquí que detrás de ellas brotaron otras siete espigas, secas, delgadas y quemadas por el viento del oriente. Entonces las espigas delgadas devoraron a las siete espigas hermosas. Se lo he contado a los magos, pero no hay quien me lo interprete. Entonces José respondió al faraón: —El sueño del faraón es uno solo. Dios ha mostrado al faraón lo que va a hacer: Las siete vacas hermosas son siete años; y las siete espigas hermosas también son siete años. Se trata de un mismo sueño. Las siete vacas flacas y feas que salían detrás de las primeras son siete años, y las siete espigas delgadas y quemadas por el viento del oriente son siete años de hambre. Como dije al faraón, Dios ha mostrado al faraón lo que va a hacer. He aquí que vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto, pero después de ellos vendrán siete años de hambre. Toda la abundancia anterior será olvidada en la tierra de Egipto. El hambre consumirá la tierra, y aquella abundancia pasará desapercibida en la tierra, debido al hambre que vendrá después, porque será muy grave. El hecho de que el sueño del faraón haya sucedido dos veces significa que la cosa está firmemente decidida de parte de Dios, y que Dios se apresura a ejecutarla. Por tanto, provéase el faraón de un hombre entendido y sabio y póngalo a cargo de la tierra de Egipto. Haga esto el faraón: Ponga funcionarios a cargo del país que recauden la quinta parte del producto de la tierra de Egipto durante los siete años de abundancia. Que ellos acumulen todos los alimentos de estos años buenos que vienen, que almacenen el trigo bajo la supervisión del faraón, y que los guarden en las ciudades para sustento. Sean guardados los alimentos como reserva para el país, para los siete años de hambre que vendrán sobre la tierra de Egipto. Así el país no será arruinado por el hambre. El plan le pareció bien al faraón y a todos sus servidores. Entonces el faraón dijo a sus servidores: —¿Podremos hallar otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? El faraón dijo a José: —Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay nadie tan entendido ni sabio como tú. Tú estarás a cargo de mi casa, y todo mi pueblo será gobernado bajo tus órdenes. Solamente en el trono seré yo superior a ti. —El faraón dijo además a José—: He aquí, yo te pongo a cargo de toda la tierra de Egipto. Entonces el faraón se quitó el anillo de su mano y lo puso en la mano de José. Le vistió con vestiduras de lino fino y puso un collar de oro en su cuello. Luego lo hizo subir en su segundo carro, y proclamaban delante de él: "¡Doblad la rodilla!" Así lo puso a cargo de toda la tierra de Egipto, y el faraón dijo a José: —Yo soy el faraón, y sin tu autorización ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto. El faraón llamó a José Zafenat-panéaj, y le dio por mujer a Asenat hija de Potifera, sacerdote de On. Y José salió a recorrer toda la tierra de Egipto. José tenía 30 años cuando empezó a servir al faraón, rey de Egipto. Saliendo José de la presencia del faraón, recorrió toda la tierra de Egipto. La tierra produjo a montones en aquellos siete años de abundancia. El juntó todas las provisiones de aquellos siete años en la tierra de Egipto y almacenó los alimentos en las ciudades, llevando a cada ciudad las provisiones de los campos cercanos. José acumuló trigo como la arena del mar, tantísimo que dejó de calcularlo, porque era incalculable. Antes del primer año de hambre, le nacieron a José dos hijos, los cuales le dio a luz Asenat hija de Potifera, sacerdote de On. José llamó el nombre del primogénito Manasés, porque dijo: "Dios me ha hecho olvidar todo mi sufrimiento y toda la casa de mi padre." Al segundo lo llamó Efraín, porque dijo: "Dios me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción." Se terminaron los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto, y comenzaron a llegar los siete años de hambre, tal como José había anunciado. Había hambre en todos los países, pero en toda la tierra de Egipto había qué comer. Pero cuando el hambre se sentía en toda la tierra de Egipto, el pueblo clamaba al faraón por alimentos. Entonces el faraón dijo a todos los egipcios: "Id a José y haced lo que él os diga." El hambre se extendió a todos los rincones del país. Entonces José abrió todos los depósitos de grano y vendía provisiones a los egipcios, porque el hambre se había intensificado en la tierra de Egipto. También de todos los países venían a Egipto para comprar provisiones a José, porque el hambre se había intensificado en toda la tierra. Viendo Jacob que había provisiones en Egipto, dijo a sus hijos: —¿Por qué os estáis mirando unos a otros? —Y añadió—: He aquí, he oído que en Egipto hay provisiones. Descended allá y comprad para nosotros de allí, para que vivamos y no muramos. Diez de los hermanos de José descendieron a comprar trigo en Egipto. Pero Jacob no envió con sus hermanos a Benjamín, hermano de José, porque dijo: —No suceda que le acontezca alguna desgracia. Fueron, pues, los hijos de Israel entre los que iban a comprar provisiones, porque había hambre en la tierra de Canaán. Y José era el gobernador de la tierra, el que vendía provisiones a todos los pueblos de la tierra. Entonces llegaron los hermanos de José y se postraron ante él con el rostro a tierra. Y al ver José a sus hermanos los reconoció, pero simuló serles extraño y les habló con dureza. Luego les preguntó: —¿De dónde habéis venido? Ellos le respondieron: —De la tierra de Canaán, para comprar alimentos. José reconoció a sus hermanos, pero ellos no le reconocieron a él. Entonces José se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos y les dijo: —¡Sois espías! Para ver los lugares desprotegidos del país habéis venido. Ellos le respondieron: —No, señor nuestro. Tus siervos hemos venido para comprar alimentos. Todos nosotros somos hijos de un mismo hombre. Somos hombres honestos; tus siervos no somos espías. El les dijo: —No, sino que para ver los lugares desprotegidos del país habéis venido. Ellos respondieron: —Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un mismo hombre de la tierra de Canaán; pero el menor se ha quedado ahora con nuestro padre, y el otro ya no está con nosotros. José les dijo: —Eso es lo que he dicho al afirmar que sois espías. En esto seréis probados: ¡Vive el faraón que no saldréis de aquí, sino cuando venga aquí vuestro hermano menor! Enviad a uno de vosotros y que traiga a vuestro hermano, y vosotros quedad presos. Así se comprobarán vuestras palabras, si la verdad está en vosotros. Y si no, ¡vive el faraón, que sois espías! Los puso en la cárcel por tres días, y al tercer día José les dijo: —Haced esto y viviréis. Yo temo a Dios. Si sois hombres honestos, quede preso en vuestra celda uno de vuestros hermanos. El resto id, llevad las provisiones para saciar el hambre de vuestras casas. Pero habéis de traerme a vuestro hermano menor. Así serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Ellos lo hicieron así. Y se decían el uno al otro: —Verdaderamente somos culpables con respecto a nuestro hermano, pues a pesar de ver la angustia de su alma cuando nos pedía compasión, no le escuchamos. Por eso ha venido sobre nosotros esta desgracia. Entonces Rubén les respondió diciendo: —¿No os hablé yo, diciendo: "No pequéis contra el muchacho," y no me escuchasteis? He aquí, también su sangre nos es demandada. Ellos no sabían que José les entendía, porque él hablaba con ellos por medio de un intérprete. Y apartándose de ellos, lloró. Después volvió a ellos y les habló; y tomando de entre ellos a Simeón, lo tomó preso a la vista de ellos. Después José ordenó que llenaran sus costales de trigo y que a cada uno le devolviesen su dinero, colocándolo en su costal. También ordenó que les diesen comida para el camino. Y así se hizo con ellos. Ellos pusieron sus provisiones sobre sus asnos y se fueron de allí. Pero al abrir uno de ellos su costal en la posada, para dar comida a su asno, vio su dinero en la boca de su costal, y dijo a sus hermanos: —¡Mi dinero me ha sido devuelto! ¡He aquí, está en mi costal! Se les sobresaltó el corazón y temblando se dijeron unos a otros: —¿Qué es esto que nos ha hecho Dios? Habiendo venido a Jacob su padre, en la tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había acontecido, diciendo: —Aquel hombre, el señor de la tierra, nos habló con dureza y nos tomó por espías del país. Nosotros le dijimos: "Somos hombres honestos; no somos espías. Somos doce hermanos, hijos de un mismo padre; uno ya no está con nosotros, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán." Y aquel hombre, el señor de la tierra, nos dijo: "En esto conoceré si sois hombres honestos: Dejad conmigo a uno de vuestros hermanos, tomad provisiones para saciar el hambre de vuestras casas e id. Pero traedme a vuestro hermano, el menor, para que yo sepa que no sois espías sino hombres honestos. Entonces os devolveré a vuestro hermano, y podréis negociar en el país." Y aconteció que al vaciar ellos sus costales, he aquí en el costal de cada uno estaba su bolsa de dinero. Al ver ellos y su padre las bolsas de dinero, tuvieron temor. Entonces Jacob su padre les dijo: —Vosotros me estáis privando de mis hijos: José ya no está con nosotros, ni Simeón tampoco. Y ahora os llevaréis a Benjamín. ¡Contra mí son todas estas cosas! Rubén habló a su padre diciendo: —Haz morir a mis dos hijos si no te lo traigo de vuelta. Entrégalo en mi mano, que yo te lo traeré de vuelta. Y él dijo: —No irá mi hijo con vosotros; pues su hermano está muerto, y sólo éste me ha quedado. Si le aconteciera alguna desgracia en el camino por donde vais, haríais descender mis canas con dolor a la sepultura. El hambre era grande en la tierra. Y aconteció que cuando acabaron de consumir las provisiones que trajeron de Egipto, les dijo su padre: —Volved y comprad para nosotros un poco de alimento. Y Judá le respondió diciendo: —Aquel hombre nos advirtió enfáticamente diciendo: "No veréis mi cara a no ser que vuestro hermano esté con vosotros." Si dejas ir a nuestro hermano con nosotros, iremos y te compraremos alimentos. Pero si no lo dejas ir, no iremos; porque aquel hombre nos dijo: "No veréis mi cara a no ser que traigáis a vuestro hermano con vosotros." Y dijo Israel: —¿Por qué me habéis hecho tanto mal, declarándole a aquel hombre que teníais otro hermano? Ellos respondieron: —Aquel hombre nos preguntó expresamente por nosotros y por nuestra familia, diciendo: "¿Vive aún vuestro padre? ¿Tenéis algún otro hermano?" Nosotros respondimos conforme a estas preguntas. ¿Cómo podíamos saber que nos iba a decir: "Haced venir a vuestro hermano"? Entonces Judá dijo a Israel su padre: —Deja ir al muchacho conmigo. Así nos levantaremos e iremos, para que vivamos y no muramos nosotros, tú y nuestros niños pequeños. Yo saldré como fiador. A mí me pedirás cuentas de él. Si no te lo traigo y lo pongo delante de ti, seré ante ti el culpable para siempre. Si no nos hubiéramos detenido, ahora ya habríamos vuelto dos veces. Entonces Israel su padre les respondió: —Si tiene que ser así, haced esto: Tomad de lo mejor del país en vuestros equipajes y llevadlo a aquel hombre como un presente: un poco de bálsamo, algo de miel, perfumes, mirra, nueces y almendras. Tomad con vosotros el doble del dinero, y devolved personalmente el dinero que os fue devuelto en la boca de vuestros costales; quizás fue un error. Tomad también a vuestro hermano. Levantaos y volved a aquel hombre. ¡Que el Dios Todopoderoso os conceda hallar misericordia delante de aquel hombre, y libere a vuestro otro hermano y a Benjamín! Y si yo he de ser privado de mis hijos, que lo sea. Entonces los hombres tomaron el presente. Tomaron también con ellos el doble del dinero, y a Benjamín. Se levantaron y descendieron a Egipto, y se presentaron ante José. Cuando José vio a Benjamín con ellos, dijo al administrador de su casa: —Lleva a esos hombres a casa. Mata un animal y prepáralo, porque estos hombres comerán conmigo al mediodía. El hombre hizo como dijo José y llevó a los hombres a la casa de José. Los hombres tuvieron temor cuando fueron llevados a la casa de José, y decían: —Por el dinero que fue devuelto en nuestros costales la primera vez nos han traído aquí, para buscar ocasión contra nosotros, para caer sobre nosotros y tomarnos como esclavos, junto con nuestros asnos. Entonces se acercaron al administrador de la casa de José y le hablaron a la entrada de la casa, diciendo: —¡Por favor, señor mío! Nosotros en verdad vinimos la primera vez para comprar alimentos. Y aconteció que cuando llegamos a la posada, abrimos nuestros costales, y he aquí el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal: nuestro dinero en su justo valor. Lo hemos traído de vuelta con nosotros. También hemos traído más dinero con nosotros para comprar alimentos. Nosotros no sabemos quién puso nuestro dinero en nuestros costales. El respondió: —Paz a vosotros; no temáis. Vuestro Dios, el Dios de vuestro padre, os puso el tesoro en vuestros costales, puesto que vuestro dinero llegó a mi poder. Luego les sacó a Simeón. Así que el hombre llevó a los hombres a la casa de José. Les dio agua, y ellos se lavaron los pies. Luego dio forraje a sus asnos. Por su parte, ellos prepararon el presente mientras José venía al mediodía, porque habían oído que iban a comer allí. Cuando José llegó a casa, ellos le llevaron el presente que habían traído personalmente a la casa y se postraron a tierra ante él. El les preguntó cómo estaban y les dijo: —Vuestro padre, el anciano que mencionasteis, ¿está bien? ¿Vive todavía? Ellos respondieron: —Tu siervo, nuestro padre, está bien. El vive todavía. Ellos se inclinaron ante él y se postraron. Y alzando sus ojos, él vio a su hermano Benjamín, hijo de su madre. Y les preguntó: —¿Es éste vuestro hermano menor de quien me habíais hablado? —Y añadió—: Dios tenga misericordia de ti, hijo mío. Entonces José se dio prisa, porque se conmovió profundamente a causa de su hermano y estuvo a punto de llorar. Entró en su habitación y lloró allí. Luego se lavó la cara, salió fuera y conteniéndose dijo: —Servid la comida. A José le sirvieron aparte. Y sirvieron por separado a ellos y a los egipcios que habían de comer allí, pues los egipcios no pueden comer con los hebreos, porque esto a los egipcios les es una abominación. Se sentaron en su presencia de esta manera: el primogénito de acuerdo con su rango hasta el más jóven de acuerdo con su edad. Y los hombres se miraban atónitos unos a otros. El tomó porciones de delante de sí para ellos, e hizo que la porción de Benjamín fuese cinco veces mayor que la de los demás. También bebieron y se alegraron con él. Después ordenó José al administrador de su casa diciendo: —Llena de alimentos los costales de estos hombres, todo lo que puedan llevar. Pon el dinero de cada uno en la boca de su costal. Pon también mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, junto con el dinero de su trigo. El hizo como le dijo José. Cuando rayó el alba, fueron despedidos los hombres con sus asnos. Cuando ellos habían salido de la ciudad y antes de que se alejaran mucho, José dijo al que estaba a cargo de su casa: —Levántate y sigue a esos hombres. Cuando los alcances, diles: "¿Por qué habéis pagado mal por bien? ¿Por qué me habéis robado la copa de plata? ¿No es ésta la copa que mi señor usa para beber y por la que suele adivinar? Habéis actuado mal al hacer esto." Cuando él los alcanzó, les repitió estas palabras; y ellos le respondieron: —¿Por qué dice mi señor tales cosas? ¡Tus siervos jamás harían tal cosa! Si el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales te lo volvimos a traer desde la tierra de Canaán, ¿cómo, pues, íbamos a robar plata u oro de la casa de tu señor? Aquel de tus siervos en cuyo poder sea hallada la copa, que muera; y nosotros seremos esclavos de mi señor. El dijo: —Sea también ahora conforme a lo que decís: Aquel en cuyo poder se halle será mi esclavo. Los demás quedaréis libres. Entonces ellos se apresuraron a bajar a tierra cada uno su costal, y cada uno abrió su costal. El buscó, comenzando por el del mayor y terminando por el del menor, y la copa fue hallada en el costal de Benjamín. Ellos rasgaron sus vestiduras, y después de cargar cada cual su asno, volvieron a la ciudad. Judá vino con sus hermanos a la casa de José, quien aún estaba allí, y se postraron a tierra ante él. Y José les dijo: —¿Qué es esto que habéis hecho? ¿No sabéis que un hombre como yo ciertamente sabe adivinar? Entonces dijo Judá: —¿Qué podemos decir a mi señor? ¿Qué hablaremos? ¿Con qué nos justificaremos? Dios ha descubierto la culpa de tus siervos. He aquí, somos esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquel en cuyo poder fue hallada la copa. El respondió: —¡Nunca haga yo tal cosa! Aquel en cuyo poder fue hallada la copa será mi esclavo. Los demás volveos en paz a vuestro padre. Entonces Judá se acercó a él y le dijo: —¡Ay, señor mío! Permite que hable tu siervo una palabra a oídos de mi señor. No se encienda tu ira contra tu siervo, puesto que tú eres como el mismo faraón. Mi señor preguntó a sus siervos diciendo: "¿Tenéis padre o hermano?" Y nosotros respondimos a mi señor: "Tenemos un padre anciano y un muchacho pequeño que le nació en su vejez. Un hermano suyo murió. Sólo él ha quedado de su madre, y su padre lo ama." Tú dijiste a tus siervos: "Traédmelo para que lo vea." Y nosotros dijimos a mi señor: "El joven no puede dejar a su padre; porque si le deja, su padre morirá." Y dijiste a tus siervos: "Si vuestro hermano menor no viene con vosotros, no veréis más mi cara." Aconteció, pues, que cuando fuimos a tu siervo, mi padre, le contamos las palabras de mi señor. Y nuestro padre dijo: "Volved a comprarnos un poco más de alimentos." Nosotros respondimos: "No podemos ir, a menos que nuestro hermano menor vaya con nosotros. Porque no podemos ver la cara de aquel hombre si nuestro hermano menor no está con nosotros." Entonces tu siervo, mi padre, nos dijo: "Vosotros sabéis que mi mujer me dio dos hijos, y que uno de ellos partió de mi presencia y pienso que de cierto fue despedazado, pues hasta ahora no lo he vuelto a ver. Si tomáis también a éste de mi presencia y le acontece alguna desgracia, haréis descender mis canas con aflicción a la sepultura." Ahora pues, cuando llegue yo a tu siervo, mi padre, si el joven no está conmigo, como su vida está tan ligada a la de él, sucederá que cuando vea que no está con nosotros el muchacho, morirá. Así tus siervos habremos hecho descender las canas de tu siervo, nuestro padre, con dolor, a la sepultura. Como tu siervo salió por fiador del joven ante mi padre, diciendo: "Si no te lo traigo de vuelta, entonces yo seré culpable ante mi padre para siempre," permite ahora que tu siervo quede como esclavo de mi señor en lugar del muchacho, y que el muchacho regrese con sus hermanos. Porque, ¿cómo volveré yo a mi padre si el muchacho no está conmigo? ¡No podré, para no ver la desgracia que sobrevendrá a mi padre! José ya no podía contenerse más delante de todos los que estaban en su presencia, y gritó: —¡Que salgan todos de mi presencia! Nadie quedó con él cuando se dio a conocer a sus hermanos. Entonces se puso a llorar a gritos, y lo oyeron los egipcios. Y fue oído también en la casa del faraón. José dijo a sus hermanos: —Yo soy José. ¿Vive aún mi padre? Sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban aterrados delante de él. Entonces José dijo a sus hermanos: —Acercaos a mí, por favor. Ellos se acercaron, y él les dijo: —Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora pues, no os entristezcáis ni os pese el haberme vendido acá, porque para preservación de vida me ha enviado Dios delante de vosotros. Ya han transcurrido dos años de hambre en medio de la tierra, y todavía quedan cinco años en que no habrá ni siembra ni siega. Pero Dios me ha enviado delante de vosotros para preservaros posteridad en la tierra, y para daros vida mediante una gran liberación. Así que no me enviasteis vosotros acá, sino Dios, que me ha puesto como protector del faraón, como señor de toda su casa y como gobernador de toda la tierra de Egipto. Apresuraos, id a mi padre y decidle: "Así dice tu hijo José: ‘Dios me ha puesto como señor de todo Egipto. Ven a mí; no te detengas. Habitarás en la zona de Gosén, y estarás cerca de mí, tú, tus hijos, los hijos de tus hijos, tus rebaños, tus vacas y todo lo que tienes. Allí proveeré para ti, pues todavía faltan cinco años de hambre; para que no perezcáis de necesidad tú, tu casa y todo lo que tienes.’" He aquí que vuestros ojos y los ojos de mi hermano Benjamín ven que es mi boca la que os habla. Informad a mi padre acerca de toda mi gloria en Egipto y de todo lo que habéis visto. Apresuraos y traed a mi padre acá. Entonces se echó sobre el cuello de Benjamín su hermano y lloró. También Benjamín lloró sobre su cuello. Besó a todos sus hermanos y lloró sobre ellos. Después de esto, sus hermanos hablaron con él. Se oyó la noticia en el palacio del faraón: "Los hermanos de José han venido." Esto agradó al faraón y a sus servidores, y el faraón dijo a José: —Di a tus hermanos: "Haced lo siguiente: Cargad vuestros animales y volved a la tierra de Canaán. Tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí. Yo os daré lo mejor de la tierra de Egipto, y comeréis sus productos más preciados." Y tú dales la orden siguiente: "Haced esto: Tomad de la tierra de Egipto carretas para vuestros niños y para vuestras mujeres. Y tomad a vuestro padre y venid. No echéis de menos vuestras pertenencias, porque lo mejor de toda la tierra de Egipto será vuestro." Así lo hicieron los hijos de Israel. José les dio carretas, conforme a las órdenes del faraón, y les dio provisiones para el camino. A cada uno de ellos les dio un vestido nuevo; y a Benjamín le dio 300 piezas de plata y 5 vestidos nuevos. Para su padre envió lo siguiente: 10 asnos cargados de lo mejor de Egipto y 10 asnas cargadas de trigo, pan y otros alimentos para su padre, para el camino. Cuando despidió a sus hermanos, y ellos se iban, José les dijo: —No riñáis en el camino. Subieron de Egipto y llegaron a la tierra de Canaán, a su padre Jacob. Y le dieron la noticia diciendo: —¡José vive aún! El es el gobernador de toda la tierra de Egipto. Pero él se quedó pasmado, porque no les podía creer. Ellos le contaron todas las cosas que José les había dicho. Y al ver las carretas que José enviaba para llevarlo, el espíritu de Jacob su padre revivió. Entonces dijo Israel: —Basta. ¡José, mi hijo, vive todavía! Iré y le veré antes de que yo muera. Así partió Israel con todo lo que tenía y llegó a Beerseba, donde ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. Y Dios habló a Israel en visiones de noche y le dijo: —Jacob, Jacob. Y él respondió: —Heme aquí. Le dijo: —Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No temas descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto y ciertamente yo también te haré subir de allí. Y la mano de José cerrará tus ojos. Partió Jacob de Beerseba, y los hijos de Israel hicieron subir a su padre Jacob, a sus niños y a sus mujeres en las carretas que el faraón había enviado para llevarlo. Tomaron también sus ganados y sus posesiones que habían adquirido en la tierra de Canaán. Fueron a Egipto Jacob y toda su descendencia con él. Llevó consigo a Egipto a toda su descendencia: a sus hijos y a los hijos de sus hijos, a sus hijas y a las hijas de sus hijos. Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto: Jacob y sus hijos: Rubén, el primogénito de Jacob; y los hijos de Rubén: Hanoc, Falú, Hesrón y Carmi. Los hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zojar y Saúl, hijo de la cananea. Los hijos de Leví: Gersón, Cohat y Merari. Los hijos de Judá: Er, Onán, Sela, Fares y Zéraj. (Er y Onán habían muerto en la tierra de Canaán.) Los hijos de Fares fueron Hesrón y Hamul. Los hijos de Isacar: Tola, Fúa, Jasub y Simrón. Los hijos de Zabulón: Sered, Elón y Yajleel. Estos fueron los hijos de Lea, que dio a luz a Jacob en Padan-aram, y su hija Dina. El total de las personas de sus hijos y de sus hijas era treinta y tres. Los hijos de Gad: Zifión, Hagui, Suni, Ezbón, Eri, Arodi y Areli. Los hijos de Aser: Imna, Isva, Isvi, Bería y su hermana Sera. Los hijos de Bería fueron Heber y Malquiel. Estos fueron los hijos de Zilpa, sierva que Labán dio a su hija Lea, y que dio a luz estos hijos a Jacob: dieciséis personas. Los hijos de Raquel, mujer de Jacob, fueron José y Benjamín. A José le nacieron, en la tierra de Egipto, Manasés y Efraín, que le dio a luz Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On. Los hijos de Benjamín fueron: Bela, Bequer, Asbel, Gera, Naamán, Eji, Ros, Mupim, Hupim y Ard. Estos fueron los hijos de Raquel que le nacieron a Jacob: catorce personas en total. Los hijos de Dan: Husim. Los hijos de Neftalí: Yajzeel, Guni, Jezer y Silem. Estos fueron los hijos de Bilha, la que Labán dio a su hija Raquel, y dio a luz estos hijos a Jacob: siete personas en total. Todas las personas que fueron con Jacob a Egipto, sus descendientes directos, sin contar las mujeres de los hijos de Jacob, todas las personas fueron sesenta y seis. Los hijos de José que le nacieron en Egipto, fueron dos; así todos los miembros de la familia de Jacob que entraron en Egipto fueron setenta. Entonces Jacob envió a Judá delante de él a llamar a José para que viniese a encontrarle en Gosén. Mientras tanto, ellos llegaron a la tierra de Gosén. José hizo preparar su carro y fue a Gosén para recibir a Israel su padre. El se dio a conocer, y echándose sobre su cuello lloró mucho tiempo sobre su cuello. Entonces Israel dijo a José: —¡Ahora ya puedo morir, puesto que he visto tu cara, y que vives todavía! Después José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: —Subiré y lo haré saber al faraón. Le diré: "Mis hermanos y la familia de mi padre que estaban en la tierra de Canaán han venido a mí. Los hombres son pastores de ovejas, porque poseen ganados. Han traído sus ovejas y sus vacas y todo lo que tienen." Cuando el faraón os llame y os diga: "¿Cuál es vuestro oficio?," entonces le diréis: "Tus siervos hemos sido hombres de ganadería desde nuestra juventud hasta ahora, lo mismo nosotros que nuestros padres." Esto diréis para que habitéis en la tierra de Gosén, porque los egipcios abominan a todo pastor de ovejas. José fue y lo hizo saber al faraón diciendo: —Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas y sus vacas y todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán, y he aquí que están en la tierra de Gosén. Luego tomó a cinco de entre sus hermanos y los presentó ante el faraón. Y el faraón preguntó a sus hermanos: —¿Cuál es vuestro oficio? Ellos respondieron al faraón: —Tus siervos somos pastores de ovejas, lo mismo nosotros que nuestros padres. —Dijeron, además, al faraón—: Hemos venido para residir en esta tierra, porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos y el hambre en la tierra de Canaán es grave. Por eso, permite que tus siervos habiten en la tierra de Gosén. Entonces el faraón habló a José diciendo: —Tu padre y tus hermanos han venido a ti; la tierra de Egipto está delante de ti. En lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén. Y si juzgas que hay entre ellos hombres aptos, ponlos como mayorales de mi ganado. Después José trajo a su padre Jacob y se lo presentó al faraón. Jacob bendijo al faraón. Y el faraón preguntó a Jacob: —¿Cuántos años tienes? Y Jacob respondió al faraón: —Los años de mi peregrinación son 130 años. Pocos y malos son los años de mi vida, y no alcanzan al número de los años de la vida de mis padres en su peregrinación. Jacob bendijo al faraón; después salió de su presencia. Así José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramesés, como mandó el faraón. Y José proveía de alimentos a su padre, a sus hermanos y a toda la casa de su padre, según el número de los niños pequeños. Ya no había alimentos en toda la tierra; y el hambre se había agravado, por lo que desfallecía de hambre tanto la tierra de Egipto como la tierra de Canaán. Entonces José recaudó todo el dinero que se hallaba en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, a cambio de los alimentos que le compraban, y trajo José el dinero al palacio del faraón. Y cuando se acabó el dinero en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, todo Egipto vino a José diciendo: —Danos de comer. ¿Por qué hemos de morir en tu presencia por habérsenos terminado el dinero? José les dijo: —Dad vuestros ganados. Si se os ha terminado el dinero, yo os daré alimentos a cambio de vuestros ganados. Ellos llevaron sus ganados a José. Y José les dio alimentos a cambio de los caballos, el ganado ovejuno, el ganado vacuno y los asnos. Aquel año les proveyó alimento a cambio de todos sus ganados. Cuando se acabó aquel año, fueron a él el segundo año y le dijeron: —No necesitamos encubrir a nuestro señor que se ha acabado el dinero y que el ganado ya es de nuestro señor. Nada ha quedado delante de nuestro señor, excepto nuestros cuerpos y nuestras tierras. ¿Por qué hemos de perecer en tu presencia, tanto nosotros como nuestras tierras? Cómpranos a nosotros y nuestras tierras a cambio de alimentos, y nosotros y nuestras tierras seremos siervos del faraón. Sólo danos semillas para que sobrevivamos y no muramos, y que la tierra no quede desolada. Así compró José toda la tierra de Egipto para el faraón, porque los egipcios vendieron cada uno su tierra, ya que el hambre se había agravado sobre ellos. Así la tierra vino a ser del faraón. Y él redujo al pueblo a servidumbre, desde un extremo a otro del territorio de Egipto. Solamente no compró la tierra de los sacerdotes, porque los sacerdotes tenían ración de parte del faraón. Como ellos comían de la ración que les daba el faraón, por eso no tuvieron que vender sus tierras. Entonces José dijo al pueblo: —He aquí, hoy os he comprado, para el faraón, a vosotros y vuestras tierras. Aquí tenéis semilla; sembrad la tierra. Y sucederá que de los productos daréis la quinta parte al faraón. Las cuatro partes serán vuestras para sembrar las tierras, para vuestro sustento, para los que están en vuestras casas y para que coman vuestros niños. Ellos respondieron: —¡Nos has dado la vida! Hallemos gracia ante los ojos de nuestro señor y seremos siervos del faraón. Entonces José instituyó como ley en la tierra de Egipto, hasta el día de hoy, que la quinta parte pertenece al faraón. Solamente la tierra de los sacerdotes no llegó a ser del faraón. Habitó, pues, Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén, y se establecieron en ella. Allí fueron fecundos y se multiplicaron mucho. Jacob vivió en la tierra de Egipto 17 años; y los días de Jacob, los años de su vida, fueron 147 años. Cuando se acercó el día de la muerte de Israel, éste llamó a su hijo José y le dijo: —Si he hallado gracia ante tus ojos, por favor, pon tu mano debajo de mi muslo y muéstrame misericordia y verdad; te ruego que no me sepultes en Egipto, sino que cuando repose con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro de ellos. José respondió: —Yo haré como tú dices. Y él dijo: —¡Júramelo! El se lo juró. Entonces Israel se postró sobre la cabecera de la cama. Sucedió que después de estas cosas se le informó a José: "He aquí, tu padre está enfermo." Entonces él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín. Y se lo comunicaron a Jacob diciendo: —He aquí que tu hijo José ha venido a ti. Entonces Israel se esforzó y se sentó sobre la cama. Y Jacob dijo a José: —El Dios Todopoderoso se me apareció en Luz, en la tierra de Canaán y me bendijo diciéndome: "He aquí, yo te haré fecundo y te multiplicaré, y haré que llegues a ser una multitud de naciones. Yo daré esta tierra como posesión perpetua a tu descendencia después de ti." Y ahora, tus dos hijos, Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto antes de que yo viniese a ti en la tierra de Egipto, serán míos; como Rubén y Simeón serán míos. Pero tus descendientes que engendres después de ellos serán tuyos, y en sus heredades serán llamados según el nombre de sus hermanos. Porque cuando yo venía de Padan-aram, se me murió Raquel en la tierra de Canaán, en el camino, a corta distancia de Efrata; y allí la sepulté en el camino de Efrata, es decir, de Belén. Entonces Israel vio a los hijos de José y preguntó: —¿Quiénes son éstos? José respondió a su padre: —Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: —Por favor, acércamelos para que los bendiga. Los ojos de Israel estaban tan debilitados por la vejez que no podía ver. Hizo, pues, que ellos se acercaran a él; y él los besó y los abrazó. Y dijo Israel a José: —Yo no esperaba ver tu cara, ¡y he aquí que Dios me ha hecho ver también a tus hijos! Entonces José los apartó de entre sus rodillas, y se postró con su rostro a tierra. Luego tomó José a ambos: a Efraín a su derecha (a la izquierda de Israel), y a Manasés a su izquierda (a la derecha de Israel); y los acercó a él. Luego Israel extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su izquierda la puso sobre la cabeza de Manasés, cruzando sus manos a propósito, a pesar de que el primogénito era Manasés. Y bendijo a José diciendo: —El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me pastorea desde que nací hasta el día de hoy, el Angel que me redime de todo mal, bendiga a estos jóvenes. Sean ellos llamados por mi nombre y por los nombres de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense abundantemente en medio de la tierra. Al ver José que su padre ponía su mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le pareció mal, y tomó la mano de su padre para pasarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés. José dijo a su padre: —Así no, padre mío, porque éste es el primogénito. Pon tu diestra sobre su cabeza. Pero su padre rehusó y dijo: —Lo sé, hijo mío, lo sé. También él llegará a ser un pueblo y también será engrandecido. Pero su hermano menor será más grande que él, y sus descendientes llegarán a ser una multitud de naciones. Y los bendijo aquel día diciendo: —Israel bendecirá en vuestro nombre, diciendo: "Dios te haga como a Efraín y como a Manasés." Así nombró a Efraín antes que a Manasés. Luego Israel dijo a José: —He aquí yo estoy a punto de morir, pero Dios estará con vosotros y os hará volver a la tierra de vuestros padres. Yo te doy a ti una parte más que a tus hermanos, la cual yo tomé de mano del amorreo con mi espada y con mi arco. Entonces Jacob llamó a sus hijos y les dijo: "Reuníos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días postreros. Reuníos y escuchad, hijos de Jacob; escuchad a vuestro padre Israel: "Rubén, mi primogénito: Tú eres mi fortaleza y el principio de mi vigor; principal en dignidad y principal en poder. Porque fuiste inestable como el agua, no serás el principal. Porque subiste a la cama de tu padre, y al subir a mi lecho lo profanaste. "Simeón y Leví son hermanos; sus armas son instrumentos de violencia. No participe mi alma en su consejo, ni mi honor se adhiera a su asamblea. Porque en su furor mataron hombres, y en su desenfreno lisiaron bueyes. Maldito sea su furor, porque fue fiero, y su ira, porque fue cruel. Yo los dispersaré en Jacob, y los esparciré en Israel. "Judá, tus hermanos te alabarán. Tu mano estará sobre el cuello de tus enemigos, y los hijos de tu padre se postrarán ante ti. Eres un cachorro de león, oh Judá; vuelves de cazar, hijo mío. Se agacha y se recuesta cual león; y como leona, ¿quién lo despertará? El cetro no será quitado de Judá, ni la vara de autoridad de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y le obedecerán los pueblos. Atando a la vid su borriquillo y a la cepa la cría de su asna, lava en vino su vestidura y en sangre de uvas su manto. Sus ojos están brillantes por el vino, y sus dientes blancos por la leche. "Zabulón habitará las costas de los mares. Será puerto de navíos, y su extremo llegará hasta Sidón. "Isacar es un asno de fuertes huesos, echado entre dos alforjas. Vio que el lugar de descanso era bueno y que la tierra era placentera, e inclinó sus hombros para cargar y se sometió al tributo laboral. "Dan juzgará a su pueblo como una de las tribus de Israel. Dan será como serpiente junto al camino, como víbora junto al sendero, que muerde los cascos del caballo de modo que su jinete caiga hacia atrás. "¡Espero tu salvación, oh Jehovah! "Gad: Un batallón lo atacará; pero él les atacará por su espalda. "Aser: Sus alimentos son suculentos; él producirá manjares dignos de un rey. "Neftalí es una venada suelta que tendrá hermosos venaditos. "José es un retoño fructífero, retoño fructífero junto a un manantial; sus ramas trepan sobre el muro. Los arqueros le causaron amargura; le fueron hostiles los flecheros. Pero su arco permaneció firme, y sus brazos se hicieron ágiles, por las manos del Fuerte de Jacob; por el nombre del Pastor, la Roca de Israel; por el Dios de tu padre, el cual te ayudará; y por el Todopoderoso, quien te bendecirá: con bendiciones del cielo arriba, con bendiciones del océano que se extiende abajo; con bendiciones de los senos y de la matriz. Las bendiciones de tu padre sobrepasan a las de las montañas eternas, y a los deleites de las colinas antiguas. Sean sobre la cabeza de José, sobre la coronilla del príncipe de sus hermanos. "Benjamín es un lobo rapaz: Por la mañana come la presa, y al atardecer reparte el botín." Todos éstos llegaron a ser las doce tribus de Israel, y esto fue lo que su padre les dijo al bendecirlos; a cada uno lo bendijo con su respectiva bendición. Luego les mandó diciendo: "Yo voy a ser reunido con mi pueblo. Sepultadme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el heteo; en la cueva que está en el campo de Macpela, frente a Mamre, en la tierra de Canaán, la cual compró Abraham a Efrón el heteo, junto con el campo, para posesión de sepultura. Allí sepultaron a Abraham y a Sara su mujer, allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su mujer, y allí sepulté yo a Lea. El campo y la cueva que está en él fueron adquiridos de los hijos de Het." Cuando acabó de dar instrucciones a sus hijos, recogió sus pies en la cama y expiró. Y fue reunido con sus padres. Entonces José se echó sobre la cara de su padre, lloró sobre él y lo besó. José mandó a sus servidores, los médicos, que embalsamaran a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel. Cumplieron con él cuarenta días, tiempo que duraba el proceso de embalsamamiento, y los egipcios guardaron luto por él setenta días. Y pasados los días de su duelo, José habló a los de la casa del faraón diciendo: —Si he hallado gracia ante vuestros ojos, por favor, haced llegar a oídos del faraón lo siguiente: "Mi padre me hizo jurar diciendo: ‘He aquí, que yo voy a morir; en el sepulcro que cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás.’ Permite, pues, que suba yo ahora, sepulte a mi padre y regrese." El faraón le respondió: —Sube y sepulta a tu padre, como él te hizo jurar. Entonces José subió a sepultar a su padre. Y con él subieron todos los servidores del faraón, los dignatarios de su corte y todos los dignatarios de la tierra de Egipto, toda la familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. Solamente dejaron en la tierra de Gosén a sus niños, sus ovejas y sus vacas. Subieron también con él carros y gente de a caballo, formando un numeroso cortejo. Llegaron hasta la era de Atad, que estaba al otro lado del Jordán, y allí tuvieron una lamentación grande y muy fuerte. José hizo duelo por su padre durante siete días. Al ver los habitantes de la tierra, los cananeos, el duelo en la era de Atad, dijeron: "¡Grande es este duelo de los egipcios!" Por eso fue llamado Abel-mizraim el nombre de ese lugar, que está al otro lado del Jordán. Hicieron, pues, sus hijos con él, según les había mandado Jacob. Sus hijos lo llevaron a la tierra de Canaán y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpela, frente a Mamre, la cual, junto con el campo, Abraham había comprado a Efrón el heteo, como una propiedad para sepultura. Después que había sepultado a su padre, José volvió a Egipto junto con sus hermanos y todos los que fueron con él para sepultar a su padre. Y viendo los hermanos de José que su padre había muerto, dijeron: —Quizás José nos tenga rencor y nos devuelva todo el mal que le ocasionamos. Y enviaron a decir a José: —Tu padre nos mandó antes de su muerte que te dijéramos: "Así diréis a José: ‘Por favor, perdona la maldad de tus hermanos y su pecado, porque te trataron mal.’" Por eso, te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. José lloró mientras le hablaban. Entonces lloraron también sus hermanos, y postrándose delante de él le dijeron: —Aquí nos tienes como siervos tuyos. Pero José les respondió: —No temáis. ¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios? Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó para bien, para hacer lo que vemos hoy: mantener con vida a un pueblo numeroso. Ahora pues, no tengáis miedo. Yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así les confortó y les habló al corazón. José se quedó en Egipto con la familia de su padre. José vivió 110 años, y vio José a los hijos de Efraín hasta la tercera generación. También cuando nacieron los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron puestos sobre las rodillas de José. Luego José dijo a sus hermanos: —Yo voy a morir, pero Dios ciertamente os visitará con su favor y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró dar a Abraham, a Isaac y a Jacob. Entonces José hizo jurar a los hijos de Israel, diciendo: —Ciertamente Dios vendrá en vuestra ayuda; entonces vosotros haréis llevar de aquí mis restos. José murió a la edad de 110 años, y lo embalsamaron y lo pusieron en un ataúd en Egipto. Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob, cada uno con su familia: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Benjamín, Dan, Neftalí, Gad y Aser. Todas las personas descendientes directos de Jacob eran setenta. José ya estaba en Egipto. Murieron José y sus hermanos, y toda aquella generación. Pero los hijos de Israel fueron fecundos y se hicieron muy numerosos; se multiplicaron y llegaron a ser muy poderosos. Y la tierra estaba llena de ellos. Después se levantó un nuevo rey en Egipto que no había conocido a José, el cual dijo a su pueblo: "He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y fuerte que nosotros. Procedamos astutamente con él para que no se multiplique; no suceda que, en caso de guerra, también se una a nuestros enemigos, luche contra nosotros y se vaya del país." Entonces les impusieron jefes de tributo laboral que los oprimiesen con sus cargas, y edificaron para el faraón las ciudades almacenes de Pitón y Ramesés. Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y se propagaban, de manera que los egipcios se alarmaron a causa de los hijos de Israel. Entonces los egipcios los hicieron trabajar con dureza, y amargaron sus vidas con el pesado trabajo de hacer barro y adobes, aparte de todo trabajo en el campo; y en todos los tipos de trabajo les trataban con dureza. También el rey de Egipto habló a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra y la otra Fúa, y les dijo: —Cuando asistáis a las mujeres hebreas a dar a luz y veáis en la silla de parto que es niño, matadlo; pero si es niña, dejadla vivir. Pero las parteras temían a Dios y no hicieron como el rey de Egipto les mandó, sino que dejaban con vida a los niños varones. Entonces el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: —¿Por qué habéis hecho esto de dejar con vida a los niños varones? Las parteras respondieron al faraón: —Las mujeres hebreas no son como las egipcias. Ellas son vigorosas y dan a luz antes de que llegue a ellas la partera. Dios favoreció a las parteras, y el pueblo se multiplicó y se fortaleció muchísimo. Y sucedió que, porque las parteras tuvieron temor de Dios, él también les dio a ellas su propia familia. Entonces el faraón mandó a decir a todo su pueblo: "Echad al Nilo a todo niño que nazca, pero a toda niña conservadle la vida." Cierto hombre de la tribu de Leví tomó por esposa a una mujer levita. Esta concibió y dio a luz un niño; y al ver que era hermoso, lo tuvo escondido durante tres meses. No pudiendo ocultarlo más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la recubrió con asfalto y brea. Colocó en ella al niño y lo puso entre los juncos a la orilla del Nilo. Su hermana se mantuvo a distancia para ver lo que le acontecería. Entonces la hija del faraón descendió al Nilo para bañarse. Y mientras sus doncellas se paseaban por la ribera del Nilo, ella vio la arquilla entre los juncos y envió a una sierva suya para que la tomase. Cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: —Este es un niño de los hebreos. Entonces la hermana del niño preguntó a la hija del faraón: —¿Iré a llamar una nodriza de las hebreas para que te críe al niño? La hija del faraón respondió: —Vé. Entonces la muchacha fue y llamó a la madre del niño. Y la hija del faraón le dijo: —Llévate a este niño y críamelo. Yo te lo pagaré. La mujer tomó al niño y lo crió. Cuando el niño creció, ella se lo llevó a la hija del faraón. El vino a ser para ella su hijo, y ella le puso por nombre Moisés, diciendo: "Porque de las aguas lo saqué." Aconteció cierto día, cuando Moisés había crecido, que fue a sus hermanos y les vio en sus duras tareas. Entonces vio a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. El miró a uno y otro lado, y viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. Al día siguiente salió otra vez, y he aquí que dos hebreos se estaban peleando. Entonces dijo al culpable: —¿Por qué golpeas a tu prójimo? Y él le respondió: —¿Quién te ha puesto a ti por jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo y pensó: "Ciertamente el asunto ya es conocido." Cuando el faraón se enteró de este hecho, procuró matar a Moisés. Pero Moisés huyó de la presencia del faraón y se fue a la tierra de Madián, y se sentó junto a un pozo. El sacerdote de Madián tenía siete hijas, quienes fueron a sacar agua para llenar los abrevaderos y dar de beber a las ovejas de su padre. Pero vinieron unos pastores y las echaron. Entonces Moisés se levantó y las defendió, y dio de beber a sus ovejas. Cuando ellas volvieron a Reuel su padre, él les preguntó: —¿Por qué habéis vuelto tan pronto hoy? Ellas le respondieron: —Un hombre egipcio nos libró de mano de los pastores, y también nos sacó agua y dio de beber a las ovejas. El preguntó a sus hijas: —¿Y dónde está? ¿Por qué habéis abandonado a este hombre? Llamadlo para que coma algo. Moisés aceptó vivir con aquel hombre, y él dio su hija Séfora a Moisés. Ella dio a luz un hijo; y él le puso por nombre Gersón, porque dijo: "Fui forastero en tierra extranjera." Aconteció después de muchos años que el rey de Egipto murió. Los hijos de Israel gemían a causa de la esclavitud y clamaron a Dios, y el clamor de ellos a causa de su esclavitud subió a Dios. Dios oyó el gemido de ellos y se acordó de su pacto con Abraham, con Isaac y con Jacob. Dios miró a los hijos de Israel y reconoció su condición. Apacentando Moisés las ovejas de su suegro Jetro, sacerdote de Madián, guió las ovejas más allá del desierto y llegó a Horeb, el monte de Dios. Entonces se le apareció el ángel de Jehovah en una llama de fuego en medio de una zarza. El observó y vio que la zarza ardía en el fuego, pero la zarza no se consumía. Entonces Moisés pensó: "Iré, pues, y contemplaré esta gran visión; por qué la zarza no se consume." Cuando Jehovah vio que él se acercaba para mirar, lo llamó desde en medio de la zarza diciéndole: —¡Moisés, Moisés! Y él respondió: —Heme aquí. Dios le dijo: —No te acerques aquí. Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar donde tú estás tierra santa es. Yo soy el Dios de tus padres: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su cara, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Y le dijo Jehovah: —Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues he conocido sus sufrimientos. Yo he descendido para librarlos de la mano de los egipcios y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y amplia, una tierra que fluye leche y miel, al lugar de los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. Y ahora, he aquí que el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí; también he visto la opresión con que los oprimen los egipcios. Pero ahora, vé, pues yo te envío al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel. Entonces Moisés dijo a Dios: —¿Quién soy yo para ir al faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel? El respondió: —Ciertamente yo estaré contigo. Esto te servirá como señal de que yo te he enviado: Cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios en este monte. Moisés dijo a Dios: —Supongamos que yo voy a los hijos de Israel y les digo: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros." Si ellos me preguntan: "¿Cuál es su nombre?," ¿qué les responderé? Dios dijo a Moisés: —YO SOY EL QUE SOY. —Y añadió—: Así dirás a los hijos de Israel: "YO SOY me ha enviado a vosotros." —Dios dijo además a Moisés—: Así dirás a los hijos de Israel: "JEHOVAH, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros." Este es mi nombre para siempre; éste será el nombre con que seré recordado de generación en generación. Vé, reúne a los ancianos de Israel y diles: "Jehovah, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: ‘De cierto yo os he visitado y he visto lo que se os ha hecho en Egipto. Y he dicho que yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra de los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos; a una tierra que fluye leche y miel.’" Ellos escucharán tu voz, y tú irás con los ancianos de Israel al rey de Egipto, y le diréis: "Jehovah, el Dios de los hebreos, ha venido a nuestro encuentro. Ahora permite que vayamos al desierto, a tres días de camino, para ofrecer sacrificios a Jehovah nuestro Dios." Yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sin que una poderosa mano lo obligue. Pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y después de esto os dejará ir. También daré a este pueblo gracia ante los ojos de los egipcios, de modo que cuando salgáis no os vayáis con las manos vacías. Cada mujer pedirá a su vecina y a la que habita en su casa, objetos de plata, objetos de oro y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos e hijas. Así despojaréis a los egipcios. Entonces respondió Moisés y dijo: —¿Y si ellos no me creen ni escuchan mi voz, sino que dicen: "No se te ha aparecido Jehovah"? Jehovah le preguntó: —¿Qué es eso que tienes en tu mano? El respondió: —Una vara. Y él le dijo: —Tírala al suelo. El la tiró al suelo, y se convirtió en una serpiente. Y Moisés huía de ella. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Extiende tu mano y agárrala por la cola. El extendió su mano y la agarró, y volvió a ser vara en su mano. —Esto es para que crean que se te ha aparecido Jehovah, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. —Jehovah también le dijo—: Mete tu mano en tu seno. El metió su mano en su seno, y al sacarla, he aquí que su mano estaba leprosa, blanca como la nieve. Entonces le dijo: —Vuelve a meter tu mano en tu seno. El volvió a meter su mano en su seno; y al volver a sacarla de su seno, he aquí que volvió a ser como el resto de su carne. —Y sucederá que si no te creen ni te escuchan a la primera señal, te creerán a la segunda señal. Y sucederá que si no te creen a estas dos señales ni escuchan tu voz, tomarás agua del Nilo y la derramarás en tierra seca. El agua que tomarás del Nilo se convertirá en sangre sobre la tierra seca. Entonces Moisés dijo a Jehovah: —Oh Señor, yo jamás he sido hombre de palabras, ni antes ni desde que tú hablas con tu siervo. Porque yo soy tardo de boca y de lengua. Jehovah le respondió: —¿Quién ha dado la boca al hombre? ¿Quién hace al mudo y al sordo, al que ve con claridad y al que no puede ver? ¿No soy yo, Jehovah? Ahora pues, vé; y yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que has de decir. Y él dijo: —¡Oh Señor; por favor, envía a otra persona! Entonces el furor de Jehovah se encendió contra Moisés, y le dijo: —¿No conozco yo a tu hermano Aarón el levita? Yo sé que él habla bien. He aquí que él viene a tu encuentro; y al verte, se alegrará en su corazón. Tú le hablarás y pondrás en su boca las palabras. Yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer. El hablará por ti al pueblo y será para ti como boca, y tú serás para él como Dios. Lleva en tu mano esta vara, con la cual harás las señales. Entonces Moisés se fue y volvió a donde estaba su suegro Jetro y le dijo: —Permite que yo vaya y vuelva a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún están vivos. Y Jetro dijo a Moisés: —Vé en paz. Jehovah dijo también a Moisés en Madián: —Vé, vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban matarte. Entonces Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, los puso sobre un asno y regresó a la tierra de Egipto. Moisés tomó también en su mano la vara de Dios. Y Jehovah dijo a Moisés: —Cuando estés de regreso en Egipto, haz en presencia del faraón todas las señales que he puesto en tu mano. Sin embargo, yo endureceré su corazón, y él no dejará ir al pueblo. Entonces dirás al faraón: "Así ha dicho Jehovah: ‘Israel es mi hijo, mi primogénito. Yo te digo que dejes ir a mi hijo para que me sirva. Si rehúsas dejarlo ir, he aquí que yo mataré a tu hijo, a tu primogénito.’" Aconteció en el camino, en una posada, que Jehovah le salió al encuentro y procuró matarlo. Entonces Séfora tomó un pedernal afilado, cortó el prepucio de su hijo y tocó con él los pies de Moisés, diciendo: —¡De veras, tú eres para mí un esposo de sangre! Entonces le dejó. Ella había dicho "esposo de sangre" a causa de la circuncisión. Entonces Jehovah dijo a Aarón: —Vé al desierto, al encuentro de Moisés. El fue y lo encontró en el monte de Dios, y lo besó. Entonces Moisés refirió a Aarón todas las palabras que Jehovah le enviaba a decir y todas las señales que le mandaba hacer. Moisés y Aarón fueron, y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel. Aarón relató todas las cosas que Jehovah había dicho a Moisés, y éste hizo las señales ante los ojos del pueblo. El pueblo creyó; y al oír que Jehovah había visitado a los hijos de Israel y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron. Después Moisés y Aarón fueron al faraón y le dijeron: —Jehovah, el Dios de Israel, dice así: "Deja ir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto." Pero el faraón respondió: —¿Quién es Jehovah para que yo escuche su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehovah, ni tampoco dejaré ir a Israel. Ellos le dijeron: —El Dios de los hebreos ha venido a nuestro encuentro. Permite que vayamos al desierto, a tres días de camino, para ofrecer sacrificios a Jehovah nuestro Dios, no sea que nos castigue con peste o con espada. Entonces el rey de Egipto les dijo: —¡Moisés y Aarón! ¿Por qué distraéis al pueblo de sus labores? ¡Volved a vuestras tareas! —Dijo también el faraón—: Ciertamente el pueblo de la tierra es ahora numeroso; no obstante, vosotros les habéis hecho suspender sus labores. Aquel mismo día el faraón mandó decir a los capataces del pueblo y a sus vigilantes: —Ya no daréis paja al pueblo para hacer los adobes, como hacíais antes. ¡Que vayan ellos y recojan por sí mismos la paja! Sin embargo, les impondréis la misma cantidad de adobes que hacían antes. No les disminuiréis nada, porque están ociosos. Por eso gritan diciendo: "Vayamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios." Hágase más pesado el trabajo de los hombres, para que se ocupen en él y no presten atención a palabras mentirosas. Los capataces del pueblo y sus vigilantes salieron y hablaron al pueblo diciendo: —Así ha dicho el faraón: "Yo no os daré paja. Id y recoged por vosotros mismos la paja donde la halléis, pero en nada se disminuirá vuestra tarea." Entonces el pueblo se dispersó por toda la tierra de Egipto para recoger rastrojo en lugar de paja. Y los capataces los apremiaban diciendo: —Terminad vuestra tarea, lo de cada día en su día, como cuando se os daba paja. Y azotaron a los vigilantes de los hijos de Israel que habían sido puestos por los capataces del faraón, y les dijeron: —¿Por qué no habéis completado vuestra cantidad de adobes ni ayer ni hoy, como antes? Los vigilantes de los hijos de Israel fueron al faraón y se quejaron ante él diciendo: —¿Por qué procedes así con tus siervos? No se da paja a tus siervos, y con todo nos dicen: "¡Haced adobes!" He aquí, tus siervos son azotados, cuando la culpa es de tu propio pueblo. El respondió: —¡Estáis ociosos! ¡Sí, ociosos! Por eso decís: "Vayamos y ofrezcamos sacrificios a Jehovah." Id, pues, ahora y trabajad. No se os dará paja, pero habréis de entregar la misma cantidad de adobes. Entonces los vigilantes de los hijos de Israel se vieron en aflicción, cuando les dijeron: "No se disminuirá en nada vuestra cantidad diaria de adobes." Cuando ellos salían del palacio del faraón, se encontraron con Moisés y Aarón, que estaban esperándolos, y les dijeron: —Jehovah os mire y os juzgue, pues nos habéis hecho odiosos ante los ojos del faraón y los de sus servidores, poniendo en sus manos la espada para que nos maten. Entonces Moisés se volvió a Jehovah y le dijo: —Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? Porque desde que fui al faraón para hablarle en tu nombre, él ha maltratado a este pueblo, y tú no has librado a tu pueblo. Jehovah respondió a Moisés: —Ahora verás lo que yo haré al faraón, porque sólo a causa de una poderosa mano los dejará ir. A causa de una poderosa mano los ha de echar de su tierra. —Además, Dios dijo a Moisés—: Yo soy Jehovah. Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso; pero con mi nombre Jehovah no me di a conocer a ellos. Yo también establecí mi pacto con ellos, prometiendo darles la tierra de Canaán, la tierra en la cual peregrinaron y habitaron como forasteros. Asimismo, yo he escuchado el gemido de los hijos de Israel, a quienes los egipcios esclavizan, y me he acordado de mi pacto. Por tanto, di a los hijos de Israel: "Yo soy Jehovah. Yo os libraré de las cargas de Egipto y os libertaré de su esclavitud. Os redimiré con brazo extendido y con grandes actos justicieros. Os tomaré como pueblo mío, y yo seré vuestro Dios. Vosotros sabréis que yo soy Jehovah vuestro Dios, que os libra de las cargas de Egipto. Yo os llevaré a la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob. Yo os la daré en posesión. Yo Jehovah." De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel, pero ellos no escucharon a Moisés, a causa del decaimiento de ánimo y de la dura esclavitud. Entonces Jehovah habló a Moisés diciendo: —Vé al faraón rey de Egipto y dile que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. Y Moisés respondió a Jehovah diciendo: —Si los hijos de Israel no me escuchan, ¿cómo, pues, me escuchará el faraón, siendo yo falto de elocuencia? Entonces Jehovah habló a Moisés y a Aarón, y les dio mandamiento para los hijos de Israel y para el faraón rey de Egipto, a fin de sacar a los hijos de Israel de la tierra de Egipto. Estos son los jefes de sus casas paternas: Los hijos de Rubén, primogénito de Israel, fueron: Hanoc, Falú, Hesrón y Carmi. Estos son los clanes de Rubén. Los hijos de Simeón fueron: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zojar y Saúl, hijo de la cananea. Estos son los clanes de Simeón. Estos son los nombres de los hijos de Leví, según sus generaciones: Gersón, Cohat y Merari. Los años de la vida de Leví fueron 137. Los hijos de Gersón fueron Libni y Simei, según sus clanes. Los hijos de Cohat fueron: Amram, Izjar, Hebrón y Uziel. Los años de la vida de Cohat fueron 133. Los hijos de Merari fueron Majli y Musi. Estos son los clanes de Leví, según sus generaciones. Amram tomó por mujer a Jocabed su tía, quien le dio a luz a Aarón y a Moisés. Los años de la vida de Amram fueron 137. Los hijos de Izjar fueron: Coré, Néfeg y Zicri. Los hijos de Uziel fueron: Misael, Elzafán y Sitri. Aarón tomó por mujer a Elisabet hija de Aminadab, hermana de Najsón, quien le dio a luz a Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar. Los hijos de Coré fueron: Asir, Elcana y Abiasaf. Estos son los clanes de los coreítas. Eleazar hijo de Aarón tomó por mujer a una de las hijas de Putiel, la cual le dio a luz a Fineas. Estos son los jefes de las casas paternas de los levitas, según sus clanes. Estos son aquel Aarón y aquel Moisés, a quienes Jehovah dijo: "Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, según sus ejércitos." Ellos son los que hablaron al faraón rey de Egipto para sacar de Egipto a los hijos de Israel. Estos fueron Moisés y Aarón. Sucedió esto el día en que Jehovah habló a Moisés en la tierra de Egipto. Jehovah habló a Moisés diciendo: —Yo soy Jehovah. Di al faraón, rey de Egipto, todas las cosas que yo te diga a ti. Moisés respondió a Jehovah: —He aquí que yo soy un hombre falto de elocuencia; ¿cómo, pues, me escuchará el faraón? Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Mira, yo te he puesto como dios para el faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará al faraón para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. Yo endureceré el corazón del faraón y multiplicaré mis señales y mis prodigios en la tierra de Egipto. El faraón no os escuchará. Pero yo pondré mi mano sobre Egipto y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto con grandes actos justicieros. Así sabrán los egipcios que yo soy Jehovah, cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos. Moisés y Aarón hicieron como Jehovah les mandó; así lo hicieron. Moisés tenía 80 años y Aarón 83 años, cuando hablaron al faraón. Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo: —Cuando el faraón os responda y diga: "Mostrad señales," tú dirás a Aarón: "Toma tu vara y arrójala delante del faraón, y ella se transformará en una serpiente." Fueron, pues, Moisés y Aarón al faraón, e hicieron como Jehovah les había mandado: Aarón echó su vara delante del faraón y de sus servidores, y se convirtió en una serpiente. El faraón también llamó a los sabios y a los hechiceros, y también ellos, los magos de Egipto, hicieron lo mismo con sus encantamientos. Cada uno echó su vara, las cuales se convirtieron en serpientes; pero la vara de Aarón se tragó las varas de ellos. Y el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como Jehovah había dicho. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —El corazón del faraón se ha endurecido, y rehúsa dejar ir al pueblo. Vé por la mañana al faraón, cuando él salga al río. Ponte frente a él a la orilla del Nilo. Toma en tu mano la vara que se transformó en serpiente, y dile: "Jehovah, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte: ‘Deja ir a mi pueblo para que me sirva en el desierto.’ Pero he aquí que hasta ahora no has querido escuchar. Así ha dicho Jehovah: ‘En esto conocerás que yo soy Jehovah’; he aquí, con la vara que tengo en mi mano golpearé las aguas del Nilo, y éstas se convertirán en sangre. Los peces que hay en el Nilo morirán. El Nilo apestará, y los egipcios tendrán asco de beber agua del Nilo." Jehovah dijo también a Moisés: —Di a Aarón: "Toma tu vara y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus canales, sobre sus estanques y sobre todos sus depósitos de agua; y ellas se convertirán en sangre." Habrá sangre en toda la tierra de Egipto, hasta en los baldes de madera y en las vasijas de piedra. Moisés y Aarón hicieron como les mandó Jehovah. Alzó la vara y golpeó las aguas del Nilo en presencia del faraón y de sus servidores, y todas las aguas del Nilo se convirtieron en sangre. Los peces que había en el Nilo murieron. Y el Nilo apestaba, de modo que los egipcios no podían beber de él. Hubo sangre en toda la tierra de Egipto. Pero los magos de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos. Y el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como Jehovah lo había dicho. Después se volvió el faraón y entró en su casa, y no quiso prestar más atención al asunto. Y todos los egipcios hicieron pozos alrededor del Nilo para beber, porque no podían beber las aguas del Nilo. Pasaron siete días después que Jehovah golpeó el Nilo. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Vé al faraón y dile que Jehovah ha dicho así: "Deja ir a mi pueblo para que me sirva. Y si rehúsas dejarlo ir, he aquí yo castigaré todo tu territorio con una plaga de ranas. El Nilo se llenará de ranas, las cuales subirán y entrarán en tu casa y en tu dormitorio, y sobre tu cama. Entrarán en las casas de tus servidores y de tu pueblo. Entrarán en tus hornos y en tus artesas de amasar. Las ranas subirán sobre ti, sobre tu pueblo y sobre todos tus servidores." —Jehovah dijo también a Moisés—: Di a Aarón: "Extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, sobre los canales y sobre los estanques; y haz subir ranas sobre la tierra de Egipto." Entonces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto. Pero los magos hicieron lo mismo con sus encantamientos, e hicieron subir ranas sobre la tierra de Egipto. Entonces el faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: —Rogad a Jehovah para que quite las ranas de mí y de mi pueblo, y dejaré ir al pueblo para que ofrezca sacrificios a Jehovah. Y Moisés dijo al faraón: —Dígnate indicarme cuándo he de rogar por ti, por tus servidores y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas de ti y de tus casas, y solamente queden en el Nilo. Y él dijo: —Mañana. Y Moisés respondió: —Se hará conforme a tu palabra, para que conozcas que no hay otro como Jehovah nuestro Dios. Las ranas se irán de ti, de tus casas, de tus servidores y de tu pueblo, y solamente quedarán en el Nilo. Entonces salieron Moisés y Aarón de la presencia del faraón. Y Moisés clamó a Jehovah por el asunto de las ranas que había mandado sobre el faraón. Jehovah hizo conforme a la palabra de Moisés. Murieron las ranas de las casas, de los patios y de los campos. Las juntaron en muchos montones, y la tierra apestaba. Pero viendo el faraón que le habían dado alivio, endureció su corazón y no los escuchó, tal como Jehovah lo había dicho. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Di a Aarón: "Extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra para que se convierta en piojos en toda la tierra de Egipto." Ellos lo hicieron así. Aarón extendió su mano con su vara y golpeó el polvo de la tierra, el cual se convirtió en piojos, tanto sobre los hombres como sobre los animales. Todo el polvo de la tierra se convirtió en piojos, en toda la tierra de Egipto. Los magos también intentaron hacer piojos con sus encantamientos, pero no pudieron. Había piojos tanto en los hombres como en los animales. Entonces los magos dijeron al faraón: —¡Esto es el dedo de Dios! Pero el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como Jehovah lo había dicho. Jehovah dijo a Moisés: —Levántate muy de mañana, preséntate ante el faraón cuando él salga al río y dile que Jehovah ha dicho así: "Deja ir a mi pueblo para que me sirva. Porque si no dejas ir a mi pueblo, he aquí yo enviaré una nube de moscas sobre ti y sobre tus servidores, sobre tu pueblo y dentro de tus casas. Y las casas de los egipcios se llenarán de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estén. Pero el mismo día yo excluiré la tierra de Gosén, donde habita mi pueblo, para que no vaya allí la nube de moscas, a fin de que sepas que yo, Jehovah, estoy en medio de la tierra. Yo haré distinción entre mi pueblo y el tuyo. Mañana tendrá lugar esta señal." Jehovah lo hizo así: Vino una densa nube de moscas sobre la casa del faraón, sobre las casas de sus servidores, y sobre toda la tierra de Egipto. La tierra quedó devastada a causa de ellas. Entonces el faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: —Id, ofreced sacrificios a vuestro Dios, dentro del país. Moisés respondió: —No conviene que lo hagamos así, porque ofreceríamos como sacrificio a Jehovah lo que es una abominación a los egipcios. Si sacrificáramos en presencia de los egipcios lo que para ellos es una abominación, ¿no nos apedrearían? Iremos a tres días de camino por el desierto y ofreceremos sacrificios a Jehovah, según él nos diga. El faraón dijo: —Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehovah vuestro Dios en el desierto, con tal que no os vayáis demasiado lejos. Rogad por mí. Respondió Moisés: —He aquí, al salir yo de tu presencia, rogaré a Jehovah, y él hará que mañana la nube de moscas se aparte del faraón, de sus servidores y de su pueblo, con tal que el faraón no se vuelva a burlar, no dejando ir al pueblo para ofrecer sacrificios a Jehovah. Entonces Moisés salió de la presencia del faraón y oró a Jehovah. Y Jehovah hizo conforme a la palabra de Moisés y apartó del faraón, de sus servidores y de su pueblo la nube de moscas, sin que quedara una sola. Pero el faraón endureció también esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Vé al faraón y dile que Jehovah, el Dios de los hebreos, ha dicho así: "Deja ir a mi pueblo para que me sirva. Porque si rehúsas dejarlos ir y los sigues deteniendo, he aquí la mano de Jehovah traerá una terrible peste sobre tu ganado que está en el campo: caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas. Pero Jehovah hará distinción entre el ganado de Israel y el de Egipto, de modo que no muera nada de todo lo que pertenece a los hijos de Israel." —Jehovah fijó un plazo diciendo—: Mañana Jehovah hará esto en el país. Al día siguiente Jehovah hizo esto, y murió todo el ganado de Egipto. Pero del ganado de los hijos de Israel no murió ni un solo animal. El faraón envió observadores, y he aquí que del ganado de los hijos de Israel no había muerto ni un solo animal. Pero el corazón del faraón se endureció, y no dejó ir al pueblo. Jehovah dijo a Moisés y a Aarón: —Tomad puñados de hollín de un horno, y que Moisés lo esparza hacia el cielo, en presencia del faraón. Este se convertirá en polvo sobre toda la tierra de Egipto, y ocasionará sarpullido que producirá úlceras, tanto en los hombres como en los animales, en toda la tierra de Egipto. Tomaron, pues, el hollín del horno y se pusieron de pie delante del faraón. Moisés lo esparció hacia el cielo, y éste se convirtió en sarpullido que producía úlceras, tanto en los hombres como en los animales. Y los magos no podían estar en presencia de Moisés por causa de las úlceras, porque los magos tenían úlceras, como todos los egipcios. Pero Jehovah endureció el corazón del faraón. Y éste no los escuchó, tal como Jehovah lo había dicho a Moisés. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Levántate muy de mañana, preséntate delante del faraón y dile que Jehovah, el Dios de los hebreos, dice así: "Deja ir a mi pueblo para que me sirva. Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas sobre ti, sobre tus servidores y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra. Porque hasta ahora yo podría haber extendido mi mano para herirte a ti y a tu pueblo con una plaga tal que ya habrías sido eliminado de la tierra. Pero por esto mismo te he dejado con vida, para mostrarte mi poder y para dar a conocer mi nombre en toda la tierra. ¿Todavía te insolentas contra mi pueblo para no dejarlos ir? He aquí, mañana a estas horas yo haré caer granizo tan pesado, como nunca lo hubo en Egipto desde el día en que fue fundado, hasta ahora. Ordena, pues, que recojan tu ganado y todo lo que tienes en el campo, en un lugar seguro; porque el granizo caerá sobre todo hombre o animal que se halle en el campo y que no haya sido recogido en casa, y morirá." De los servidores del faraón, el que temió la palabra de Jehovah hizo que sus criados y su ganado huyeran a casa. Pero los que no tomaron en serio la palabra de Jehovah dejaron a sus criados y sus ganados en el campo. Jehovah dijo a Moisés: —Extiende tu mano hacia el cielo para que caiga granizo sobre toda la tierra de Egipto, sobre los hombres, sobre los animales y sobre toda la hierba del campo en la tierra de Egipto. Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehovah envió truenos y granizo. El fuego se descargó sobre la tierra, y Jehovah hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto. Hubo, pues, granizo y fuego centelleante mezclado con el granizo, y era tan pesado que nunca lo hubo como aquél en toda la tierra de Egipto desde que comenzó a ser nación. El granizo destruyó en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, tanto los hombres como los animales. El granizo también arruinó toda la hierba del campo y destrozó todos los árboles del campo. Sólo en la tierra de Gosén, donde habitaban los hijos de Israel, no cayó granizo. Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón y les dijo: —He pecado esta vez. Jehovah es el justo; yo y mi pueblo somos los culpables. Rogad a Jehovah para que cesen los truenos de Dios y el granizo, y yo os dejaré ir, y vosotros no os detendréis más. Moisés le respondió: —Al salir yo de la ciudad, extenderé mis manos a Jehovah, y los truenos cesarán, y no habrá más granizo, para que sepas que la tierra es de Jehovah. Pero yo sé que ni tú ni tus servidores teméis todavía la presencia de Jehovah Dios. El lino y la cebada fueron destruidos, porque la cebada estaba en espiga y el lino en flor. Pero el trigo y el centeno no fueron destruidos, pues eran tardíos. Después de haber salido de la presencia del faraón y de la ciudad, Moisés extendió sus manos a Jehovah, y cesaron los truenos y el granizo; y no cayó más lluvia sobre la tierra. Entonces, al ver que habían cesado la lluvia, el granizo y los truenos, el faraón volvió a pecar. Tanto él como sus servidores endurecieron su corazón. El corazón del faraón se endureció, y no dejó ir a los hijos de Israel, tal como Jehovah lo había dicho por medio de Moisés. Jehovah dijo a Moisés: —Vé al faraón, porque yo he endurecido su corazón y el corazón de sus servidores para manifestar entre ellos estas señales mías, y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, las señales que yo hice en medio de ellos, para que sepáis que yo soy Jehovah. Entonces Moisés y Aarón fueron al faraón y le dijeron: —Jehovah, el Dios de los hebreos, ha dicho así: "¿Hasta cuándo rehusarás humillarte ante mí? Deja ir a mi pueblo para que me sirva. Si rehúsas dejarlo ir, he aquí mañana yo traeré la langosta a tu territorio; y cubrirá la superficie de la tierra, de modo que ésta no pueda verse. Devorará el resto de lo que ha escapado, lo que os ha quedado del granizo. Devorará también todos los árboles que crecen en el campo. Y llenará tus casas, las casas de tus servidores y las casas de todos los egipcios, como nunca vieron tus padres ni tus abuelos desde que existieron sobre la tierra, hasta el día de hoy." Moisés dio media vuelta y salió de la presencia del faraón. Entonces los servidores del faraón le dijeron: —¿Hasta cuándo ha de sernos éste una trampa? Deja ir a esos hombres para que sirvan a Jehovah su Dios. ¿Todavía no te das cuenta de que Egipto está destruido? Moisés y Aarón volvieron a ser traídos ante el faraón, quien les dijo: —Id y servid a Jehovah vuestro Dios. ¿Quiénes son los que han de ir? Moisés respondió: —Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros ancianos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; hemos de ir con nuestras ovejas y con nuestras vacas, porque tendremos una fiesta de Jehovah. Y él les dijo: —¡Sea Jehovah con vosotros, si yo os dejo ir a vosotros y a vuestros niños! ¡Ved cómo vuestras malas intenciones están a la vista! ¡No será así! Id vosotros los varones y servid a Jehovah, pues esto es lo que vosotros habéis pedido. Y los echaron de la presencia del faraón. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto, para que la langosta suba sobre la tierra de Egipto. Ella devorará toda la hierba de la tierra y todo lo que ha dejado el granizo. Moisés extendió su vara sobre la tierra de Egipto, y Jehovah trajo un viento del oriente sobre el país, todo aquel día y toda aquella noche. Al amanecer, el viento del oriente trajo la langosta. Esta subió sobre toda la tierra de Egipto y se posó muy densamente en todos los rincones del país. Nunca antes hubo tal plaga de langosta, ni la habrá después. Cubrieron la superficie de toda la tierra, de modo que la tierra se oscureció. Devoraron toda la hierba de la tierra y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo. En toda la tierra de Egipto no quedó nada verde, ni en los árboles, ni en la hierba del campo. Entonces el faraón hizo llamar apresuradamente a Moisés y a Aarón, y les dijo: —He pecado contra Jehovah vuestro Dios y contra vosotros. Pero perdonad, por favor, mi pecado sólo una vez más y rogad a Jehovah vuestro Dios para que él aparte de mí solamente esta mortandad. Moisés salió de la presencia del faraón y oró a Jehovah. Jehovah hizo soplar un fortísimo viento del occidente que llevó la langosta y la arrojó al mar Rojo. Ni una sola langosta quedó en todo el territorio de Egipto. Pero Jehovah endureció el corazón del faraón, y éste no dejó ir a los hijos de Israel. Jehovah dijo a Moisés: —Extiende tu mano hacia el cielo para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tinieblas que hasta puedan ser palpadas. Moisés extendió su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas por toda la tierra de Egipto, durante tres días. No se podían ver unos a otros, ni nadie se movió de su lugar durante tres días. Pero todos los hijos de Israel tenían luz en sus moradas. Luego el faraón hizo llamar a Moisés y le dijo: —Id y servid a Jehovah. Vayan también vuestros niños con vosotros. Solamente que sean dejadas vuestras ovejas y vuestras vacas. Moisés respondió: —Entonces tú nos tendrás que dar animales para sacrificar y ofrecer en holocausto a Jehovah nuestro Dios. ¡También nuestro ganado irá con nosotros! No quedará ni una pezuña de ellos, porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehovah nuestro Dios. No sabemos con qué hemos de servir a Jehovah, hasta que lleguemos allá. Pero Jehovah endureció el corazón del faraón, y no quiso dejarlos ir. Y el faraón dijo a Moisés: —¡Retírate de mi presencia! ¡Guárdate de volver a ver mi cara; porque el día en que veas mi cara, morirás! Y Moisés respondió: —Bien has dicho. ¡Jamás volveré a ver tu cara! Jehovah dijo a Moisés: —Traeré una sola plaga más sobre el faraón y sobre Egipto. Después de esto, él os dejará ir de aquí. Cuando os deje ir, él os echará de aquí por completo. Habla, pues, al pueblo para que cada hombre pida a su vecino, y cada mujer a su vecina, objetos de plata y de oro. Jehovah dio gracia al pueblo ante los ojos de los egipcios. El mismo Moisés era considerado como un gran hombre en la tierra de Egipto, tanto a los ojos de los servidores del faraón, como a los ojos del pueblo. Entonces dijo Moisés: —Así ha dicho Jehovah: "Como a la media noche yo pasaré por en medio de Egipto. Y todo primogénito en la tierra de Egipto morirá, desde el primogénito del faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está detrás del molino, y todo primerizo del ganado. Habrá un gran clamor en toda la tierra de Egipto, como nunca lo hubo ni lo habrá. Pero entre todos los hijos de Israel, ni un perro les ladrará, ni a los hombres ni a los animales, para que sepáis que Jehovah hace distinción entre los egipcios y los israelitas." Entonces vendrán a mí todos estos tus servidores, y postrados delante de mí dirán: "Sal tú, y todo el pueblo que te sigue." Y después de esto, yo saldré. Salió muy enojado de la presencia del faraón. Y Jehovah dijo a Moisés: —Faraón no os escuchará, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto. Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante del faraón. Pero Jehovah endureció el corazón del faraón, y éste no dejó ir de su tierra a los hijos de Israel. Jehovah habló a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: —Este mes os será el principio de los meses; será para vosotros el primero de los meses del año. Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo que el 10 de este mes cada uno tome para sí un cordero en cada casa paterna, un cordero por familia. Si la familia es demasiado pequeña como para comer el cordero, entonces lo compartirán él y su vecino de la casa inmediata, de acuerdo con el número de las personas. Según la cantidad que ha de comer cada uno, repartiréis el cordero. El cordero será sin defecto, macho de un año; tomaréis un cordero o un cabrito. Lo habréis de guardar hasta el día 14 de este mes, cuando lo degollará toda la congregación del pueblo de Israel al atardecer. Tomarán parte de la sangre y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las puertas de las casas en donde lo han de comer. Aquella misma noche comerán la carne, asada al fuego. La comerán con panes sin levadura y con hierbas amargas. No comeréis del cordero nada crudo, ni cocido en agua; sino asado al fuego, con su cabeza, sus piernas y sus entrañas. Nada dejaréis de él hasta la mañana. Lo que quede hasta la mañana habréis de quemarlo en el fuego. Así lo habréis de comer: con vuestros cintos ceñidos, puestas las sandalias en vuestros pies y con vuestro bastón en la mano. Lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehovah. La misma noche yo pasaré por la tierra de Egipto y heriré de muerte a todo primogénito en la tierra de Egipto, tanto de los hombres como del ganado. Así ejecutaré actos justicieros contra todos los dioses de Egipto. Yo, Jehovah. La sangre os servirá de señal en las casas donde estéis. Yo veré la sangre y en cuanto a vosotros pasaré de largo y cuando castigue la tierra de Egipto, no habrá en vosotros ninguna plaga para destruiros. Habréis de conmemorar este día. Lo habréis de celebrar como fiesta a Jehovah a través de vuestras generaciones. Lo celebraréis como estatuto perpetuo. Siete días comeréis panes sin levadura. El primer día quitaréis de vuestras casas la levadura, porque cualquiera que coma algo con levadura desde el primer día hasta el séptimo, esa persona será excluida de Israel. El primer día habrá asamblea sagrada. También en el séptimo día habrá asamblea sagrada. Ningún trabajo haréis en ellos, excepto la preparación de lo que cada uno haya de comer. Sólo eso podréis hacer. Guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día habré sacado vuestros ejércitos de la tierra de Egipto. Por tanto, guardaréis este día como estatuto perpetuo a través de vuestras generaciones. Comeréis los panes sin levadura en el mes primero, desde el día 14 del mes al atardecer, hasta el día Durante siete días no se hallará en vuestras casas nada que tenga levadura. Cualquiera que coma algo con levadura, sea forastero o natural de la tierra, esa persona será excluida de la congregación de Israel. No comeréis ninguna cosa con levadura. En todo lugar donde habitéis comeréis panes sin levadura. del mes al atardecer.Moisés convocó a todos los ancianos de Israel y les dijo: —Sacad y tomad del rebaño para vuestras familias, y sacrificad el cordero pascual. Tomad luego un manojo de hisopo y empapadlo en la sangre que está en la vasija, y untad el dintel y los postes de la puerta con la parte de la sangre que está en la vasija. Ninguno de vosotros salga de la puerta de su casa hasta la mañana. Porque Jehovah pasará matando a los egipcios, y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará de largo aquella puerta y no dejará entrar en vuestras casas al destructor para matar. Guardaréis estas palabras como ley para vosotros y para vuestros hijos, para siempre. Cuando hayáis entrado en la tierra que Jehovah os dará, como lo prometió, guardaréis este rito. Y cuando os pregunten vuestros hijos: "¿Qué significa este rito para vosotros?," vosotros les responderéis: "Este es el sacrificio de la Pascua de Jehovah, quien pasó de largo las casas de los hijos de Israel cuando mató a los egipcios y libró nuestras casas." Entonces el pueblo se inclinó y adoró. Los hijos de Israel fueron y lo hicieron; como Jehovah había mandado a Moisés y a Aarón, así lo hicieron. Aconteció que a la medianoche Jehovah mató a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito del faraón que se sentaba en el trono, hasta el primogénito del preso que estaba en la mazmorra, y todo primerizo del ganado. Aquella noche se levantaron el faraón, todos sus servidores y todos los egipcios, pues había un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto. Entonces hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: —¡Levantaos y salid de en medio de mi pueblo, vosotros y los hijos de Israel! Id y servid a Jehovah, como habéis dicho. Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos. Y bendecidme a mí también. Los egipcios apremiaban al pueblo, apresurándose a echarlos del país, porque decían: —¡Todos seremos muertos! La gente llevaba sobre sus hombros la masa que aún no tenía levadura y sus artesas envueltas en sus mantos. Los hijos de Israel hicieron también conforme al mandato de Moisés, y pidieron a los egipcios objetos de plata, objetos de oro y vestidos. Jehovah dio gracia al pueblo ante los ojos de los egipcios, quienes les dieron lo que pidieron. Así despojaron a los egipcios. Partieron, pues, los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, unos 600.000 hombres de a pie, sin contar los niños. También fue con ellos una gran multitud de toda clase de gente, y sus ovejas y ganado en gran número. De la masa que habían sacado de Egipto, cocieron panes sin leudar, porque no le habían puesto levadura; ya que cuando fueron echados de Egipto, no pudieron detenerse ni para preparar comida. El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue de 430 años. Pasados los 430 años, en el mismo día salieron de la tierra de Egipto todos los escuadrones de Jehovah. Esta es noche de guardar en honor de Jehovah, por haberlos sacado de la tierra de Egipto. Todos los hijos de Israel, a través de sus generaciones, deben guardar esta noche en honor de Jehovah. Jehovah dijo a Moisés y a Aarón: —Este es el estatuto acerca de la Pascua: Ningún extranjero comerá de ella. Pero todo esclavo que alguien haya comprado por dinero comerá de ella después que lo hayas circuncidado. El que es extranjero y mercenario no la comerá. Será comida en una casa; no llevarás de aquella carne fuera de la casa. Tampoco quebraréis ninguno de sus huesos. Toda la congregación de Israel la celebrará. Si algún extranjero que reside entre vosotros quisiera celebrar la Pascua de Jehovah, que sea circuncidado todo varón de su familia. Entonces podrá celebrarla, y será como el natural de la tierra. Pero ningún incircunciso comerá de ella. La misma ley será para el natural y para el extranjero que viva entre vosotros. Así lo hicieron todos los hijos de Israel. Tal como lo mandó Jehovah a Moisés y a Aarón, así lo hicieron. Y sucedió que aquel mismo día Jehovah sacó de la tierra de Egipto a los hijos de Israel, por sus ejércitos. Jehovah habló a Moisés diciendo: —Conságrame todo primogénito; todo el que abre la matriz entre los hijos de Israel, tanto de los hombres como de los animales, es mío. Moisés dijo al pueblo: —Conmemorad este día en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de esclavitud; porque Jehovah os ha sacado de aquí con mano poderosa. Por eso no comeréis nada que tenga levadura. Vosotros salís hoy, en el mes de Abib. Y cuando Jehovah te haya llevado a la tierra de los cananeos, heteos, amorreos y jebuseos, la cual juró a tus padres que te daría, una tierra que fluye leche y miel, celebraréis este rito en este mes. Durante siete días comeréis panes sin levadura, y el séptimo día será fiesta para Jehovah. Durante los siete días se comerán los panes sin levadura, y no se verá contigo nada leudado ni levadura en todo tu territorio. Aquel día se lo contarás a tu hijo diciendo: "Esto se hace con motivo de lo que Jehovah hizo conmigo cuando salí de Egipto. Esto ha de ser para ti como una señal sobre tu mano y como un memorial entre tus ojos, para que la ley de Jehovah esté en tu boca, porque con mano poderosa Jehovah te sacó de Egipto. Por tanto, guardarás esta ordenanza en el tiempo fijado, de año en año." Cuando Jehovah te haya introducido en la tierra de los cananeos, y te la haya dado como te juró a ti y a tus padres, apartarás para Jehovah todo primogénito que abre la matriz, y también todo primerizo de las crías de tus animales; los machos serán de Jehovah. Rescatarás con un cordero todo primerizo de asno; y si no lo rescatas, romperás su nuca. También rescatarás todo primogénito de entre tus hijos. Y cuando mañana te pregunte tu hijo diciendo: "¿Qué es esto?," le dirás: "Con mano poderosa Jehovah nos sacó de Egipto, de la casa de esclavitud. Cuando el faraón se endureció para no dejarnos ir, Jehovah mató en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito del hombre hasta el primerizo del animal. Por esta razón yo ofrezco en sacrificio a Jehovah todo primerizo macho que abre la matriz y rescato a todo primogénito de mis hijos." Esto ha de ser para ti como una señal sobre tu mano y como un memorial entre tus ojos, ya que Jehovah nos sacó de Egipto con mano poderosa. Cuando el faraón dejó ir al pueblo, Dios no lo guió por el camino de la tierra de los filisteos, aunque era más corto, porque dijo Jehovah: "No sea que al enfrentarse con la guerra, el pueblo cambie de parecer y se vuelva a Egipto." Más bien, Dios hizo que el pueblo diese un rodeo por el camino del desierto hacia el mar Rojo. Los hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto armados. Moisés tomó también consigo los restos de José, quien había hecho jurar a los hijos de Israel diciendo: "Ciertamente Dios os visitará, y haréis llevar de aquí mis restos, con vosotros." Salieron de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto. Jehovah iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que pudieran caminar tanto de día como de noche. La columna de nube nunca se apartó de día de delante del pueblo, ni la columna de fuego de noche. Jehovah habló a Moisés diciendo: —Di a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen cerca de Pi-hajirot, entre Migdol y el mar, frente a Baal-zefón; acamparéis en el lado opuesto, junto al mar. Entonces el faraón dirá de los hijos de Israel: "Andan errantes por la tierra; el desierto les cierra el paso." Yo endureceré el corazón del faraón para que os persiga; pero yo mostraré mi gloria en el faraón y en todo su ejército, y los egipcios sabrán que yo soy Jehovah. Ellos lo hicieron así. Y cuando informaron al rey de Egipto que el pueblo huía, el corazón del faraón y de sus servidores se volvió contra el pueblo. Y dijeron: —¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, y que no nos sirva? Unció su carro y tomó consigo a su gente. Tomó 600 carros escogidos y todos los demás carros de Egipto con los oficiales que estaban al frente de todos ellos. Jehovah endureció el corazón del faraón, rey de Egipto, y él persiguió a los hijos de Israel; pero éstos salieron osadamente. Los egipcios los persiguieron con toda la caballería, los carros del faraón, sus jinetes y su ejército; y los alcanzaron mientras acampaban junto al mar, al lado de Pi-hajirot, frente a Baal-zefón. Cuando el faraón se había acercado, los hijos de Israel alzaron los ojos; y he aquí que los egipcios venían tras ellos. Entonces los hijos de Israel temieron muchísimo y clamaron a Jehovah. Y dijeron a Moisés: —¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para morir en el desierto? ¿Por qué nos has hecho esto de sacarnos de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto diciendo: "Déjanos solos, para que sirvamos a los egipcios"? ¡Mejor nos habría sido servir a los egipcios que morir en el desierto! Y Moisés respondió al pueblo: —¡No temáis! Estad firmes y veréis la liberación que Jehovah hará a vuestro favor. A los egipcios que ahora veis, nunca más los volveréis a ver. Jehovah combatirá por vosotros, y vosotros os quedaréis en silencio. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que se marchen. Y tú, alza tu vara y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo para que los hijos de Israel pasen por en medio del mar, en seco. Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que entren detrás de ellos, y mostraré mi gloria en el faraón y en todo su ejército, en sus carros y en sus jinetes. Y los egipcios sabrán que yo soy Jehovah, cuando yo muestre mi gloria en el faraón, en sus carros y en sus jinetes. Entonces el ángel de Dios, que iba delante del campamento de Israel, se trasladó e iba detrás de ellos. Asimismo, la columna de nube que iba delante de ellos se trasladó y se puso detrás de ellos, y se colocó entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel, constituyendo nube y tinieblas para aquéllos, mientras que alumbraba a Israel de noche. En toda aquella noche no se acercaron los unos a los otros. Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y Jehovah hizo que éste se retirase con un fuerte viento del oriente que sopló toda aquella noche e hizo que el mar se secara, quedando las aguas divididas. Y los hijos de Israel entraron en medio del mar en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda. Los egipcios los persiguieron, y entraron en el mar tras ellos con toda la caballería del faraón, sus carros y sus jinetes. Aconteció que a eso de la vigilia de la mañana, Jehovah miró hacia el ejército de los egipcios, desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión en el ejército de los egipcios. Trabó las ruedas de sus carros, de modo que se desplazaban pesadamente. Entonces los egipcios dijeron: —¡Huyamos de los israelitas, porque Jehovah combate por ellos contra los egipcios! Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre sus jinetes. Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, éste volvió a su lecho, de modo que los egipcios chocaron contra él cuando huían. Así precipitó Jehovah a los egipcios en medio del mar. Las aguas volvieron y cubrieron los carros y los jinetes, junto con todo el ejército del faraón que había entrado en el mar tras ellos. No quedó de ellos ni uno solo. Pero los hijos de Israel caminaron en seco por en medio del mar, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda. Así libró Jehovah aquel día a Israel de mano de los egipcios. Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. Cuando Israel vio la gran hazaña que Jehovah había realizado contra los egipcios, el pueblo temió a Jehovah, y creyó en él y en su siervo Moisés. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico a Jehovah, diciendo: "¡Cantaré a Jehovah, pues se ha enaltecido grandemente! ¡Ha arrojado al mar caballos y jinetes! Jehovah es mi fortaleza y mi canción; él ha sido mi salvación. ¡Este es mi Dios! Yo le alabaré. ¡El Dios de mi padre! A él ensalzaré. "Jehovah es un guerrero. ¡Jehovah es su nombre! Ha echado al mar los carros y el ejército del faraón. Fueron hundidos en el mar Rojo sus mejores oficiales. Las aguas profundas los cubrieron; descendieron como piedra a las profundidades. "Tu diestra, oh Jehovah, ha sido majestuosa en poder; tu diestra, oh Jehovah, ha quebrantado al enemigo. Con la grandeza de tu poder has destruido a los que se opusieron a ti; desataste tu furor, y los consumió como a hojarasca. Por el soplo de tu aliento se amontonaron las aguas; las olas se acumularon como un dique; las aguas profundas se congelaron en medio del mar. Dijo el enemigo: ‘Perseguiré, tomaré prisioneros y repartiré el botín; mi alma se saciará de ellos; desenvainaré mi espada, y mi mano los desalojará.’ Pero tú soplaste con tu aliento, y el mar los cubrió. Se hundieron como plomo en las impetuosas aguas. "¿Quién como tú, oh Jehovah, entre los dioses? ¿Quién como tú, majestuoso en santidad, temible en hazañas dignas de alabanza, hacedor de maravillas? Extendiste tu diestra, y la tierra los tragó. En tu misericordia guías a este pueblo que has redimido, y lo llevas con tu poder a tu santa morada. "Los pueblos lo oyen y tiemblan; la angustia se apodera de los filisteos. Entonces los jefes de Edom se aterran; los poderosos de Moab son presas del pánico; se abaten todos los habitantes de Canaán. Sobre ellos caen terror y espanto; ante la grandeza de tu brazo enmudecen como la piedra, hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehovah; hasta que haya pasado este pueblo que tú has adquirido. Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar que has preparado como tu habitación, oh Jehovah, en el santuario que establecieron tus manos, oh Señor. Jehovah reinará por siempre jamás." Cuando la caballería del faraón entró en el mar con sus carros y jinetes, Jehovah volvió a traer las aguas del mar sobre ellos, mientras que los hijos de Israel caminaron en seco en medio del mar. Entonces María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas. Y María les dirigía diciendo: "¡Cantad a Jehovah, pues se ha enaltecido grandemente! ¡Ha arrojado al mar caballos y jinetes!" Moisés hizo que Israel partiese del mar Rojo, y ellos se dirigieron al desierto de Shur. Caminaron tres días por el desierto, sin hallar agua, y llegaron a Mara. Pero no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas. Por eso pusieron al lugar el nombre de Mara. Entonces el pueblo murmuró contra Moisés diciendo: —¿Qué hemos de beber? Moisés clamó a Jehovah, y Jehovah le mostró un árbol. Cuando él arrojó el árbol dentro de las aguas, las aguas se volvieron dulces. Allí dio al pueblo leyes y decretos. Allí lo probó diciéndole: —Si escuchas atentamente la voz de Jehovah tu Dios y haces lo recto ante sus ojos; si prestas atención a sus mandamientos y guardas todas sus leyes, ninguna enfermedad de las que envié a Egipto te enviaré a ti, porque yo soy Jehovah tu sanador. Llegaron a Elim, donde había doce manantiales de agua y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas. Toda la congregación de los hijos de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, el día 15 del mes segundo después de salir de la tierra de Egipto. Entonces toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto. Los hijos de Israel les decían: —¡Ojalá Jehovah nos hubiera hecho morir en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —He aquí, yo haré llover para vosotros pan del cielo. El pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día; así lo pondré a prueba, si anda en mi ley o no. Pero en el sexto día prepararán lo que han de llevar, que será el doble de lo que recogen cada día. Moisés y Aarón dijeron a todos los hijos de Israel: —Al atardecer sabréis que Jehovah os ha sacado de la tierra de Egipto. Y al amanecer veréis la gloria de Jehovah, porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehovah. Pues, ¿qué somos nosotros para que murmuréis contra nosotros? —Agregó Moisés—: Jehovah os dará al atardecer carne para comer y al amanecer pan hasta saciaros, porque Jehovah ha oído vuestras murmuraciones contra él. Pues, ¿qué somos nosotros? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehovah. Moisés dijo a Aarón: —Di a toda la congregación de los hijos de Israel: "Acercaos a la presencia de Jehovah, pues él ha oído vuestras murmuraciones." Y sucedió que mientras Aarón hablaba a toda la congregación de Israel, miraron hacia el desierto; y he aquí, la gloria de Jehovah se apareció en la nube. Y Jehovah habló a Moisés diciendo: —Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Háblales diciendo: "Al atardecer comeréis carne, y al amanecer os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehovah vuestro Dios." Al atardecer vinieron las codornices y cubrieron el campamento. Y al amanecer había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, he aquí que sobre la superficie del desierto había una sustancia menuda, escamosa y fina como la escarcha sobre la tierra. Al verla, los hijos de Israel se preguntaron unos a otros: —¿Qué es esto? Pues no sabían lo que era. Entonces Moisés les dijo: —Es el pan que Jehovah os da para comer. Esto es lo que Jehovah ha mandado: "Recoged de ello cada uno según lo que necesite para comer: un gomer por persona. Cada uno recogerá según el número de las personas que están en su tienda." Así lo hicieron los hijos de Israel. Unos recogieron más, y otros menos. Lo midieron por gomer; y al que recogió mucho no le sobró, y al que recogió poco no le faltó. Cada uno recogió según lo que necesitaba para comer. Y Moisés les dijo: —Ninguno guarde nada de ello hasta el día siguiente. Pero no obedecieron a Moisés, sino que algunos guardaron algo para el día siguiente; pero crió gusanos y hedió. Y Moisés se enojó contra ellos. Lo recogían cada mañana, cada uno según lo que necesitaba para comer; y cuando el sol calentaba, se derretía. En el sexto día recogieron doble porción de comida: dos gomeres para cada uno. Todos los principales de la congregación fueron a Moisés y se lo hicieron saber. Y él les dijo: —Esto es lo que ha dicho Jehovah: "Mañana es sábado de reposo, el sábado consagrado a Jehovah. Lo que tengáis que cocer al horno, cocedlo hoy; y lo que tengáis que cocinar, cocinadlo. Y todo lo que sobre, dejadlo a un lado y guardadlo para la mañana." Ellos lo guardaron para la mañana, según lo había mandado Moisés, y no hedió ni crió gusanos. Y dijo Moisés: —Comedlo hoy, porque es el sábado de Jehovah. Hoy no lo hallaréis en el campo. Seis días lo recogeréis; pero el séptimo día es sábado, en el cual no será hallado. Aconteció que algunos del pueblo salieron para recoger en el séptimo día, y no hallaron nada. Y Jehovah dijo a Moisés: —¿Hasta cuándo rehusaréis guardar mis mandamientos y mis instrucciones? Mirad que Jehovah os ha dado el sábado, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Permanezca cada uno en su lugar; nadie salga de allí en el séptimo día. Así reposó el pueblo el séptimo día. La casa de Israel lo llamó Maná. Era como semilla de cilantro, blanco; y su sabor era como de galletas con miel. Moisés dijo: —Esto es lo que Jehovah ha mandado: "Llenad un gomer de maná para que sea conservado para vuestras generaciones, a fin de que ellas vean el pan que os di a comer en el desierto, cuando os saqué de la tierra de Egipto." Moisés también dijo a Aarón: —Toma una vasija y pon en ella un gomer lleno de maná; colócala delante de Jehovah, para que sea conservado para vuestras generaciones. Y Aarón lo puso delante del Testimonio, para que fuese conservado, como Jehovah había mandado a Moisés. Los hijos de Israel comieron el maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada. Comieron maná hasta que llegaron a la frontera de la tierra de Canaán. (Un gomer es la décima parte de un efa.) Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, para continuar sus etapas, según el mandato de Jehovah; y acamparon en Refidim, donde no había agua para que el pueblo bebiese. El pueblo altercó con Moisés diciendo: —¡Danos agua para beber! Moisés les dijo: —¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué ponéis a prueba a Jehovah? Así que el pueblo sediento murmuró allí contra Moisés diciendo: —¿Por qué nos trajiste de Egipto para matarnos de sed, a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado? Moisés clamó a Jehovah diciendo: —¿Qué haré con este pueblo? Poco falta para que me apedreen. Jehovah respondió a Moisés: —Pasa delante del pueblo y toma contigo a algunos de los ancianos de Israel. Toma también en tu mano la vara con que golpeaste el Nilo, y vé. He aquí, yo estaré delante de ti allí sobre la peña de Horeb. Tú golpearás la peña, y saldrá de ella agua, y el pueblo beberá. Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel. Y llamó el nombre de aquel lugar Masá y Meriba, por el altercado de los hijos de Israel y porque pusieron a prueba a Jehovah, diciendo: "¿Está Jehovah entre nosotros, o no?" Entonces vino Amalec y combatió contra Israel en Refidim. Y Moisés dijo a Josué: —Escoge algunos de nuestros hombres y sal a combatir contra Amalec. Mañana yo estaré sobre la cima de la colina con la vara de Dios en mi mano. Josué hizo como le dijo Moisés y combatió contra Amalec, mientras Moisés, Aarón y Hur subieron a la cumbre de la colina. Sucedió que cuando Moisés alzaba su mano, Israel prevalecía; pero cuando bajaba su mano, prevalecía Amalec. Ya las manos de Moisés estaban cansadas; por tanto, tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y él se sentó sobre ella. Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro del otro lado. Así hubo firmeza en sus manos hasta que se puso el sol. Y así derrotó Josué a Amalec y a su pueblo, a filo de espada. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Escribe esto en un libro como memorial, y di claramente a Josué que yo borraré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo. Moisés edificó un altar y llamó su nombre Jehovah-nisi. Y dijo: —Por cuanto alzó la mano contra el trono de Jehovah, Jehovah tendrá guerra contra Amalec de generación en generación. Jetro, sacerdote de Madián y suegro de Moisés, oyó todas las cosas que Dios había hecho a favor de Moisés y de su pueblo Israel, y cómo Jehovah había sacado a Israel de Egipto. Y Jetro, suegro de Moisés, tomó a Séfora, la mujer de Moisés, a quien éste había enviado; también tomó a sus dos hijos. (El uno se llamaba Gersón, porque Moisés había dicho: "Fui forastero en tierra extranjera." El otro se llamaba Eliezer, porque había dicho: "El Dios de mi padre me ayudó y me libró de la espada del faraón.") Jetro, suegro de Moisés, y la mujer de éste y sus hijos fueron a ver a Moisés en el desierto donde estaba el campamento, junto al monte de Dios. Y envió a decir a Moisés: "Yo, tu suegro Jetro, vengo a ti con tu mujer y con sus dos hijos." Moisés salió a recibir a su suegro, se postró ante él y lo besó. Se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y entraron en la tienda. Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehovah había hecho al faraón y a los egipcios a favor de Israel, los contratiempos que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehovah. Se alegró Jetro de todo el bien que Jehovah había hecho a Israel, librándole de la mano de los egipcios. Jetro dijo: —¡Bendito sea Jehovah, que os libró de mano de los egipcios y de mano del faraón! El es quien libró al pueblo de mano de los egipcios. Ahora reconozco que Jehovah es más grande que todos los dioses, porque castigó a aquellos que os trataron con arrogancia. Después Jetro, suegro de Moisés, ofreció un holocausto y sacrificios a Dios. Aarón y todos los ancianos de Israel fueron a comer con el suegro de Moisés delante de Dios. Aconteció que al día siguiente Moisés se sentó para administrar justicia al pueblo. Y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la noche. Al ver el suegro de Moisés todo lo que él hacía por el pueblo, dijo: —¿Qué es esto que haces con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú sólo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la noche? Moisés respondió a su suegro: —Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios. Cuando tienen cualquier asunto, vienen a mí. Yo juzgo entre uno y otro, y les hago conocer las leyes y las instrucciones de Dios. Entonces el suegro de Moisés le dijo: —No está bien lo que haces. Te agotarás del todo, tú y también este pueblo que está contigo. El trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. Ahora pues, escúchame; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Sé tú el portavoz del pueblo delante de Dios, y lleva los asuntos a Dios. Enséñales las leyes y las instrucciones, y muéstrales el camino a seguir y lo que han de hacer. Pero selecciona de entre todo el pueblo a hombres capaces, temerosos de Dios, hombres íntegros que aborrezcan las ganancias deshonestas, y ponlos al frente de ellos como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez, para que juzguen al pueblo en todo tiempo. Todo asunto difícil lo traerán a ti, pero ellos juzgarán todo asunto menor. Así aliviarás la carga que hay sobre ti, haciendo que otros la compartan contigo. Si haces esto, y Dios así te lo manda, tú podrás resistir; y también todo este pueblo irá en paz a su lugar. Moisés escuchó el consejo de su suegro e hizo todo lo que él dijo. Escogió Moisés hombres capaces de entre todo Israel y los puso al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez. Ellos juzgaban al pueblo en todo tiempo. Los asuntos difíciles los llevaban a Moisés, pero ellos se hacían cargo de todos los asuntos menores. Entonces despidió Moisés a su suegro y lo encaminó a su tierra. En el mes tercero después de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en ese mismo día llegaron al desierto de Sinaí. Partieron de Refidim y llegaron al desierto de Sinaí, e Israel acampó allí en el desierto frente al monte. Entonces Moisés subió para encontrarse con Dios, y Jehovah lo llamó desde el monte, diciendo: —Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel: "Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo os he levantado a vosotros sobre alas de águilas y os he traído a mí. Ahora pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis para mí un pueblo especial entre todos los pueblos. Porque mía es toda la tierra, y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y una nación santa." Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Entonces Moisés volvió y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en su presencia todas estas palabras que Jehovah le había mandado. Todo el pueblo respondió a una, y dijo: —¡Haremos todo lo que Jehovah ha dicho! Y Moisés repitió a Jehovah las palabras del pueblo. Jehovah dijo a Moisés: —He aquí, yo vendré a ti en una densa nube, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo y te crea para siempre. Y Moisés repitió a Jehovah las palabras del pueblo. Jehovah dijo a Moisés: —Vé al pueblo y santifícalos hoy y mañana, y que laven sus vestidos. Que estén preparados para el tercer día, porque al tercer día Jehovah descenderá sobre el monte Sinaí, a la vista de todo el pueblo. Tú señalarás un límite al pueblo, alrededor, diciendo: "Guardaos; no subáis al monte ni toquéis su límite. Cualquiera que toque el monte, morirá irremisiblemente. Nadie pondrá sus manos sobre él, porque ciertamente será apedreado o muerto a flechazos; sea animal u hombre, no vivirá. Sólo podrán subir al monte cuando la corneta suene prolongadamente." Moisés descendió del monte al encuentro del pueblo y lo santificó, y ellos lavaron sus vestidos. Entonces dijo al pueblo: —Estad preparados para el tercer día. Absteneos de relaciones con mujer. Aconteció al tercer día, al amanecer, que hubo truenos y relámpagos, una densa nube sobre el monte, y un fuerte sonido de corneta. Y todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció. Moisés hizo salir al pueblo del campamento al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehovah había descendido sobre él en medio de fuego. El humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremeció en gran manera. Mientras el sonido de la corneta se intensificaba en extremo, Moisés hablaba, y Dios le respondía con truenos. Jehovah descendió sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte. Entonces Jehovah llamó a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió. Jehovah dijo a Moisés: —Desciende y advierte al pueblo, no sea que traspasen el límite para ver a Jehovah y mueran muchos de ellos. Santifíquense también los sacerdotes que se acercan a Jehovah, no sea que Jehovah acometa contra ellos. Moisés dijo a Jehovah: —El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has ordenado diciendo: "Señala límites al monte y santifícalo." Y Jehovah le dijo: —Vé, desciende y luego sube tú con Aarón. Pero que los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir a encontrarse con Jehovah, no sea que él acometa contra ellos. Entonces Moisés descendió al encuentro del pueblo y se lo dijo. Y Dios habló todas estas palabras, diciendo: "Yo soy Jehovah tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud: "No tendrás otros dioses delante de mí. "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehovah tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos. "No tomarás en vano el nombre de Jehovah tu Dios, porque Jehovah no dará por inocente al que tome su nombre en vano. "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehovah tu Dios. No harás en él obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehovah hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehovah bendijo el día del sábado y lo santificó. "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehovah tu Dios te da. "No cometerás homicidio. "No cometerás adulterio. "No robarás. "No darás falso testimonio contra tu prójimo. "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo." Todo el pueblo percibía los truenos, los relámpagos, el sonido de la corneta y el monte que humeaba. Al ver esto, ellos temblaron y se mantuvieron a distancia. Y dijeron a Moisés: —Habla tú con nosotros, y escucharemos. Pero no hable Dios con nosotros, no sea que muramos. Y Moisés respondió al pueblo: —No temáis, porque Dios ha venido para probaros, a fin de que su temor esté delante de vosotros para que no pequéis. Entonces el pueblo se mantuvo a distancia, y Moisés se acercó a la densa oscuridad donde estaba Dios. Y Jehovah dijo a Moisés: "Así dirás a los hijos de Israel: ‘Vosotros habéis visto que he hablado desde los cielos con vosotros. No os hagáis dioses de plata junto a mí; tampoco os hagáis dioses de oro.’ "Harás para mí un altar de tierra, y sobre él sacrificarás tus holocaustos y ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas. En cualquier lugar donde yo haga recordar mi nombre vendré a ti y te bendeciré. Y si me haces un altar de piedras, no lo construyas con piedras labradas; porque si alzas una herramienta sobre él, lo profanarás. Tampoco subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no sea descubierta sobre él. "Estos son los decretos que expondrás ante ellos: "Cuando compres un esclavo hebreo, seis años te servirá; pero al séptimo saldrá libre, gratuitamente. Si entró solo, solo saldrá. Si tenía mujer, entonces su mujer saldrá con él. Si su amo le ha dado mujer y ella le ha dado hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo; y él saldrá solo. Y si él insiste en decir: ‘Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre’, entonces su amo lo acercará ante los jueces, lo acercará a la puerta o al poste de la puerta y le horadará la oreja con una lezna. Y le servirá para siempre. "Cuando alguien venda a su hija como esclava, ésta no saldrá libre de la misma manera que suelen salir los esclavos varones. Si ella no agrada a su señor, quien la había destinado para sí mismo, él ha de permitir que ella sea rescatada. No tendrá derecho de venderla a un pueblo extranjero, por haberla decepcionado. Pero si la ha tomado para su hijo, hará con ella como se acostumbra hacer con las hijas. Si él toma para sí otra mujer, a la primera no le disminuirá su alimento, ni su vestido, ni su derecho conyugal. Si no le provee estas tres cosas, entonces ella saldrá libre gratuitamente, sin pagar dinero. "El que hiere a alguien causándole la muerte morirá irremisiblemente. Pero si él no lo premeditó, sino que Dios permitió que cayera en sus manos, entonces yo te pondré el lugar al cual ha de huir. Pero si alguno se acalora contra su prójimo y lo mata con alevosía, lo quitarás de mi altar para que muera. "El que hiera a su padre o a su madre morirá irremisiblemente. "El que secuestre a una persona, sea que la venda o que ésta sea encontrada en su poder, morirá irremisiblemente. "El que maldiga a su padre o a su madre morirá irremisiblemente. "Cuando algunos hombres peleen y uno hiera al otro con una piedra o con el puño, y éste no muera pero caiga en cama; si se levanta y anda fuera apoyado en su bastón, entonces el que le hirió será absuelto. Solamente le compensará por el tiempo de inactividad, y se hará cargo de su curación. "Cuando alguien golpee a su esclavo o a su esclava con un palo, y muera en sus manos, sin falta será castigado. Pero si sobrevive uno o dos días, no será castigado, porque es propiedad suya. "Cuando algunos hombres peleen y hieran a una mujer encinta y ésta aborte sin mayor daño, el culpable será multado de acuerdo con lo que le imponga el marido de la mujer y según lo que establezcan los jueces. Pero si ocurre un daño mayor, entonces pagará vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe. "Cuando alguien hiera el ojo de su esclavo o el ojo de su esclava y lo destruya, lo dejará ir libre en compensación por su ojo. Si ocasiona la pérdida de un diente a su esclavo o un diente a su esclava, le dejará ir libre en compensación por su diente." "Cuando un buey acornee a un hombre o a una mujer, y como consecuencia muera, el buey morirá apedreado, y no se comerá su carne; pero su dueño será absuelto. Si el buey era corneador en el pasado y a su dueño se le había advertido, pero no lo había guardado, y mata a un hombre o a una mujer, el buey morirá apedreado; y también morirá el dueño. Si le es impuesta una multa, entonces dará en rescate de su vida cuanto le sea impuesto. Si ha acorneado a un hijo o a una hija, se hará con él conforme a este mismo decreto. Si el buey acornea a un esclavo o a una esclava, el dueño del buey dará 30 siclos de plata al dueño del esclavo; y el buey morirá apedreado. "Cuando alguien deje abierta o cave una cisterna, y no la cubra, y allí caiga un buey o un asno, el dueño de la cisterna pagará a su dueño su valor en dinero; y el animal muerto será suyo. "Cuando el buey de alguien hiera al buey de su prójimo, y muera, entonces venderán el buey vivo y se repartirán el dinero. También se repartirán el buey muerto. Pero si se sabía que el buey era corneador en el pasado y su dueño no lo había guardado, pagará buey por buey; y el buey muerto será suyo. "Cuando alguien robe un buey o una oveja y lo degüelle o venda, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja, pagará cuatro ovejas. Si un ladrón es hallado forzando una casa, y es herido y muere, no hay castigo. Pero si sucede después de salido el sol, sí, hay castigo. Al ladrón le corresponde hacer restitución, y si no tiene con qué, será vendido por lo que ha robado. Si lo robado es hallado vivo en su poder, sea buey, asno u oveja, pagará el doble. "Cuando alguien deje pastar su ganado en un campo o una viña y permita que su ganado pase a otro campo, pagará con lo mejor de su propio campo y con lo mejor de su viña. "Cuando un fuego se extienda y halle espinos, y sean destruidas las gavillas o la mies o un campo, el que prendió el fuego, sin falta pagará el daño del incendio. "Cuando alguien dé a su prójimo plata u objetos para que los guarde, y éstos sean robados de la casa del hombre; si es hallado el ladrón, éste pagará el doble. Pero si no es hallado el ladrón, entonces al señor de la casa se le hará comparecer ante los jueces para determinar si ha metido la mano en la propiedad de su prójimo. "Sobre todo asunto de posesión ilegal, sea con respecto a buey, asno, oveja, vestido o cualquier propiedad perdida, si uno dice: ‘Esto es mío’, la causa de ambos será llevada ante los jueces. Y aquel a quien los jueces declaren culpable pagará el doble a su prójimo. "Cuando alguien entregue a su prójimo un asno, un buey, una oveja o cualquier otro animal para que lo guarde, y se muera o se lastime, o sea robado sin que nadie lo vea, tendrá lugar entre ambos un juramento ante Jehovah, de que no ha metido la mano en la propiedad de su prójimo. El dueño aceptará su testimonio, y el otro no hará restitución. Pero si efectivamente le ha sido robado, él hará restitución a su dueño. Y si el animal fue despedazado, él llevará al dueño evidencia del animal despedazado; y no hará restitución. "Cuando alguien pida prestado un animal a su prójimo y sea lesionado o muerto en ausencia de su dueño, hará completa restitución. Pero si el dueño estuvo presente, no la hará. Si el animal era alquilado, los daños están incluidos en el alquiler. "Cuando alguien seduzca a una mujer virgen no desposada y se acueste con ella, deberá pagar el precio matrimonial por ella y la tomará por mujer. Pero si el padre de ella rehúsa dársela, a pesar de ello él pagará en dinero el precio matrimonial. "No dejarás que vivan las brujas. "Cualquiera que tiene cópula con un animal morirá irremisiblemente. "El que ofrece sacrificio a un dios que no sea Jehovah, será anatema. "No maltratarás ni oprimirás al extranjero, porque también vosotros fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto. "No afligirás a ninguna viuda ni huérfano. Porque si llegas a afligirle y él clama a mí, ciertamente oiré su clamor, y mi furor se encenderá, y os mataré a espada; y vuestras mujeres quedarán viudas, y vuestros hijos huérfanos. "Si das prestado dinero a algún pobre de mi pueblo que está contigo, no te portarás con él como usurero, ni le impondrás intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás a la puesta del sol. Porque eso es su única cubierta; eso es su vestido para cubrir su cuerpo. ¿Con qué más ha de dormir? Cuando él clame a mí, yo le oiré; porque soy misericordioso. "No maldecirás a los jueces, ni hablarás mal del gobernante de tu pueblo. "No demorarás en presentar las primicias de tu cosecha ni de tu lagar. "Me darás el primogénito de tus hijos. Lo mismo harás con el de tus vacas y el de tus ovejas. Siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás. "Me seréis hombres santos. No comeréis la carne de un animal despedazado en el campo. A los perros se la echaréis. "No suscitarás rumores falsos, ni te pondrás de acuerdo con el impío para ser testigo perverso. "No seguirás a la mayoría para hacer el mal. No testificarás en un pleito, inclinándote a la mayoría, para pervertir la causa. Tampoco harás favoritismo al pobre en su pleito. "Si encuentras extraviado el buey o el asno de tu enemigo, devuélveselo. Si ves caído debajo de su carga el asno del que te aborrece, no lo dejes abandonado. Ciertamente le ayudarás con él. "No pervertirás el derecho del necesitado en su pleito. Te alejarás de las palabras de mentira, y no condenarás a morir al inocente y al justo; porque yo no justificaré al culpable. "No recibirás soborno, porque el soborno ciega a los que ven con claridad y pervierte las palabras de los justos. "No oprimirás al extranjero; pues vosotros sabéis cómo es el ánimo del extranjero, porque vosotros habéis sido extranjeros en la tierra de Egipto. "Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto. Pero el séptimo la dejarás sin cultivar y vacante, para que coman de ella los necesitados de tu pueblo y para que de lo que quede coman también los animales del campo. Lo mismo harás con tu viña y con tu olivar. "Seis días te dedicarás a tus labores; pero en el séptimo día cesarás, para que descansen tu buey y tu asno, y renueven fuerzas el hijo de tu sierva y el forastero. "Guardaréis todo lo que os he dicho. No mencionaréis los nombres de otros dioses, ni se los oiga en vuestros labios. "Tres veces al año me celebrarás fiesta: "Guardarás la fiesta de los panes sin levadura. Siete días comerás panes sin levadura, como te he mandado, en el tiempo señalado del mes de Abib; porque en él saliste de Egipto. Y nadie se presentará delante de mí con las manos vacías. "Guardarás también la fiesta de la siega y de los primeros frutos de lo que hayas sembrado en el campo. "También guardarás la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido del campo el fruto de tus labores. "Tres veces al año se presentarán todos tus hombres delante de Jehovah el Señor. "No ofrecerás la sangre de mi sacrificio junto con algo que tenga levadura. "No quedará el sebo de mi ofrenda hasta la mañana. "Traerás lo mejor de las primicias de tu tierra a la casa de Jehovah tu Dios. "No cocerás el cabrito en la leche de su madre. "He aquí, yo envío un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te lleve al lugar que yo he preparado. Guarda tu conducta delante de él y escucha su voz. No le resistas, porque él no perdonará vuestra rebelión, pues mi nombre está en él. Pero si en verdad escuchas su voz y haces todo lo que yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios. Porque mi ángel irá delante de ti y te llevará a la tierra de los amorreos, heteos, ferezeos, cananeos, heveos y jebuseos, y yo los destruiré. No te inclinarás ante sus dioses ni les rendirás culto, ni harás como ellos hacen. Más bien, los destruirás del todo y romperás por completo sus piedras rituales. Pero servirás a Jehovah tu Dios, y él bendecirá tu pan y tu agua. Yo apartaré las enfermedades de en medio de ti. No habrá en tu tierra mujer que aborte ni mujer estéril. Al número de tus días yo daré plenitud. "Yo enviaré mi terror delante de ti y traeré confusión a todo pueblo donde tú entres. Haré que todos tus enemigos huyan de delante de ti. Yo enviaré delante de ti la avispa, la cual echará de tu presencia a los heveos, cananeos y heteos. No los echaré de tu presencia en un solo año, para que la tierra no quede desolada ni se multipliquen contra ti las fieras del campo. Poco a poco los echaré de tu presencia, hasta que multipliques y tomes posesión de la tierra. Yo estableceré tus fronteras desde el mar Rojo hasta el mar de los filisteos; y desde el desierto hasta el Río. Yo entregaré en vuestra mano a los habitantes del país, y tú los echarás de tu presencia. No harás pacto con ellos ni con sus dioses. No habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra mí; porque si rindes culto a sus dioses, ciertamente ellos te harán tropezar." Dios dijo a Moisés: —Subid ante Jehovah, tú, Aarón, Nadab, Abihú y setenta de los ancianos de Israel, y os postraréis a distancia. Luego se acercará Moisés solo a Jehovah; pero no se acerquen ellos, ni suba el pueblo con él. Moisés fue y refirió al pueblo todas las palabras de Jehovah y todos los decretos, y todo el pueblo respondió a una voz diciendo: —Haremos todas las cosas que Jehovah ha dicho. Moisés escribió todas las palabras de Jehovah. Y levantándose muy de mañana, erigió al pie del monte un altar y doce piedras según las doce tribus de Israel. Luego mandó a unos jóvenes de los hijos de Israel, y éstos ofrecieron holocaustos y mataron toros como sacrificios de paz a Jehovah. Moisés tomó la mitad de la sangre y la puso en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. Asimismo, tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: —Haremos todas las cosas que Jehovah ha dicho, y obedeceremos. Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: —He aquí la sangre del pacto que Jehovah ha hecho con vosotros referente a todas estas palabras. Luego Moisés, Aarón, Nadab, Abihú y setenta de los ancianos de Israel subieron, y vieron al Dios de Israel. Debajo de sus pies había como un pavimento de zafiro, semejante en pureza al mismo cielo. Y no extendió su mano contra los principales de los hijos de Israel. Ellos vieron a Dios, y comieron y bebieron. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Sube a mí, al monte, y espera allí. Yo te daré las tablas de piedra con la ley y los mandamientos que he escrito para enseñarles. Se levantaron Moisés y Josué su ayudante, y Moisés subió al monte de Dios; y dijo a los ancianos: —Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros. He aquí Aarón y Hur están con vosotros. El que tenga algún asunto, acuda a ellos. Entonces Moisés subió al monte, y la nube cubrió el monte. La gloria de Jehovah posó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días. Al séptimo día él llamó a Moisés de dentro de la nube. Y la apariencia de la gloria de Jehovah en la cumbre del monte era como un fuego consumidor ante los ojos de los hijos de Israel. Moisés entró en la nube y subió al monte. Y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Di a los hijos de Israel que tomen para mí una ofrenda; de todo hombre cuyo corazón le mueva a hacerlo tomaréis mi ofrenda. Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, bronce, material azul, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra, pieles de carnero teñidas de rojo, pieles finas, madera de acacia, aceite para la iluminación, especias aromáticas para el aceite de la unción y para el incienso aromático, piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral. Que me hagan un santuario, y yo habitaré en medio de ellos. Haréis el diseño del tabernáculo y el de todos sus accesorios, conforme a todo lo que yo te mostraré. "Harás un arca de madera de acacia. Será de dos codos y medio de largo, de un codo y medio de ancho, y de un codo y medio de alto. La recubrirás de oro puro; por dentro y por fuera la recubrirás, y harás sobre ella una moldura de oro alrededor. Para ella harás cuatro aros de oro fundido, los cuales pondrás en sus cuatro patas: dos aros a un lado de ella, y dos aros al otro lado. Harás unas varas de madera de acacia, las cuales recubrirás de oro; y meterás las varas por los aros a los lados del arca, para llevar el arca con ellas. Las varas permanecerán en los aros del arca; no se quitarán de ella. Pondrás en el arca el testimonio que yo te daré. "Harás un propiciatorio de oro puro. Será de dos codos y medio de largo, y de un codo y medio de ancho. Harás también dos querubines; de oro modelado a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio. Harás un querubín en un extremo, y el otro querubín en el otro extremo. De una sola pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos. Los querubines extenderán las alas por encima, cubriendo con sus alas el propiciatorio. Sus caras estarán una frente a la otra; las caras de los querubines estarán mirando hacia el propiciatorio. "Pondrás el propiciatorio sobre el arca, por encima; y dentro del arca pondrás el testimonio que yo te daré. Allí me encontraré contigo, y desde encima del propiciatorio, de en medio de los querubines que están sobre el arca del testimonio, hablaré contigo de todo lo que te mande para los hijos de Israel. "Harás una mesa de madera de acacia. Será de dos codos de largo, de un codo de ancho y de un codo y medio de alto. La recubrirás de oro puro y le harás una moldura de oro alrededor. Le harás también un marco alrededor, de un palmo menor de ancho, y al marco le harás una moldura de oro alrededor. Le harás cuatro aros de oro, los cuales pondrás en las cuatro esquinas que corresponden a sus cuatro patas. Próximos al marco estarán los aros, donde se colocarán las varas para llevar la mesa. "Harás las varas de madera de acacia y las recubrirás de oro; con ellas será llevada la mesa. También harás sus platos, sus cucharas, sus vasijas y sus tazones para hacer la libación; los harás de oro puro. Y pondrás sobre la mesa el pan de la Presencia, continuamente, delante de mí. "Harás un candelabro de oro puro modelado a martillo. El candelabro con su base, su tallo, sus cálices, sus botones y sus flores será de una sola pieza. Seis brazos saldrán de sus lados: tres brazos del candelabro de un lado, y tres brazos del candelabro del otro lado. Habrá tres cálices en forma de flor de almendro en un brazo, con un botón y una flor; y tres cálices en forma de flor de almendro en el otro brazo, con un botón y una flor; así en los seis brazos que salen del candelabro. En el tallo del candelabro habrá cuatro cálices en forma de flor de almendro, con sus botones y sus flores. Habrá un botón debajo de dos brazos del mismo, otro botón debajo de otros dos brazos del mismo, y otro botón debajo de los otros dos brazos del mismo; así con los seis brazos que salen del candelabro. Sus botones y sus brazos serán de una sola pieza con él; todo será una pieza de oro puro modelado a martillo. "Además, le harás siete lámparas, y las pondrás en alto, para que alumbren hacia adelante. También sus despabiladeras y sus platillos serán de oro puro. Lo harás de un talento de oro puro, junto con todos estos accesorios. Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte. "Harás el tabernáculo de diez tapices de lino torcido, de material azul, de púrpura y de carmesí. Y los decorarás con querubines, obra de fina artesanía. Cada tapiz será de 28 codos de largo y de 4 codos de ancho. Todos los tapices tendrán la misma medida. Cinco tapices se unirán el uno con el otro; y también los otros cinco tapices se unirán el uno con el otro. Harás lazos de hilo azul en la orilla de cada tapiz del extremo de la unión, y lo mismo harás en la orilla del tapiz del extremo en la otra unión. Harás cincuenta lazos en el primer tapiz, y otros cincuenta en el extremo del tapiz de la otra unión, estando los lazos contrapuestos, uno frente al otro. También harás cincuenta ganchos de oro con los cuales unirás los tapices el uno con el otro, de manera que el tabernáculo forme un solo conjunto. "Asimismo, harás tapices de pelo de cabra para la tienda que estará sobre el tabernáculo, once tapices en total. Cada tapiz será de 30 codos de largo y de 4 codos de ancho. Los once tapices tendrán una misma medida. Unirás cinco tapices en un conjunto, y seis tapices en el otro conjunto. Doblarás el sexto tapiz para que vaya en la parte frontal del tabernáculo. Harás cincuenta lazos en la orilla del tapiz del extremo, en la primera unión; y otros cincuenta lazos en la orilla del otro tapiz, en la segunda unión. Asimismo, harás cincuenta ganchos de bronce, los cuales meterás en los lazos, y juntarás la tienda de manera que forme un conjunto. El sobrante de los tapices de la cubierta, que es de medio tapiz, colgará hacia la parte posterior del tabernáculo. Y el codo de un lado y el otro codo del otro lado, que sobran a lo largo de los tapices de la tienda, colgarán sobre los lados del tabernáculo, a un lado y al otro, para cubrirlo. "También harás para el tabernáculo una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, y sobre ésta habrá una cubierta de pieles finas. "Harás para el tabernáculo tablones de madera de acacia para estar puestos de manera vertical. Cada tablón será de 10 codos de largo y de un codo y medio de ancho. Cada tablón tendrá dos espigas para ser trabadas una con otra. Así harás con todos los tablones del tabernáculo. Harás para el lado sur del tabernáculo veinte tablones. Harás cuarenta bases de plata para estar debajo de los veinte tablones: dos bases debajo de un tablón para sus dos espigas, y dos bases debajo de otro tablón para sus dos espigas. Y para el otro lado del tabernáculo, el lado norte, harás otros veinte tablones, con sus cuarenta bases de plata, dos bases debajo de un tablón y dos bases debajo de otro tablón. Para el lado posterior del tabernáculo, al occidente, harás seis tablones. Harás, además, dos tablones para las esquinas del tabernáculo en los dos extremos posteriores, los cuales estarán unidos por abajo y unidos por arriba con un aro. Así será con los dos tablones para las dos esquinas. De modo que habrá ocho tablones con sus bases de plata, dieciséis bases; dos bases debajo de un tablón y dos bases debajo de otro tablón. "Harás también travesaños de madera de acacia: cinco para los tablones de un lado del tabernáculo; cinco travesaños para los tablones del otro lado del tabernáculo, y cinco travesaños para los tablones del lado posterior del tabernáculo, al occidente. El travesaño del centro pasará por la mitad de los tablones, de un extremo al otro extremo. Recubrirás de oro los tablones. Harás también de oro sus aros en los cuales se han de meter los travesaños. También recubrirás de oro los travesaños. Y levantarás el tabernáculo conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte. "Harás también un velo de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido, decorado con querubines, obra de fina artesanía. Lo pondrás sobre cuatro pilares de madera de acacia recubiertos de oro, con sus ganchos de oro sobre las cuatro bases de plata. Harás colgar el velo de los ganchos. Introducirás detrás del velo el arca del testimonio. Aquel velo os servirá de separación entre el lugar santo y el lugar santísimo. Pondrás el propiciatorio sobre el arca del testimonio, en el lugar santísimo. "Pondrás la mesa fuera del velo, y el candelabro frente a la mesa, en el lado sur del tabernáculo. Y pondrás la mesa en el lado norte. "Harás para la entrada del tabernáculo una cortina de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido, obra de bordador. Harás para la cortina cinco pilares de madera de acacia, y los recubrirás de oro. Sus ganchos serán de oro; y les harás cinco bases de bronce fundido. "Harás un altar de madera de acacia. Será cuadrado, de 5 codos de largo, de 5 codos de ancho y de 3 codos de alto. Le harás cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos serán de una misma pieza. Y lo recubrirás de bronce. También harás sus bandejas para las cenizas, sus palas, sus tazones para la aspersión, sus tenedores y sus baldes. Harás de bronce todos sus utensilios. Le harás una rejilla de bronce en forma de red, y sobre la red harás cuatro aros de bronce en sus cuatro extremos. Y la pondrás por debajo y alrededor del borde del altar. La red llegará hasta la mitad del altar. "Harás varas para el altar, varas de madera de acacia, y las recubrirás de bronce. Las varas se meterán por los aros. Esas varas estarán a los dos lados del altar cuando sea transportado. Harás el altar hueco, hecho de tablas. De la manera que te fue mostrado en el monte, así lo harán. "Harás el atrio del tabernáculo. En el lado sur el atrio tendrá mamparas de lino torcido a lo largo de Sus veinte pilares y sus veinte bases serán de bronce. Los ganchos de los pilares y sus bandas serán de plata. De la misma manera, en el lado norte habrá mamparas a lo largo de 100 codos, con sus veinte pilares y sus veinte bases de bronce. Los ganchos de los pilares y sus bandas serán de plata. "El ancho del atrio en el lado occidental tendrá 50 codos de mamparas. Sus pilares serán diez, con sus diez bases. El ancho del atrio al frente, es decir, al este, será de 50 codos. Las mamparas de un lado tendrán 15 codos, con sus tres pilares y sus tres bases. Al otro lado las mamparas tendrán 15 codos, y sus pilares y sus bases también serán tres. "En la entrada del atrio habrá una cortina de 20 codos, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido, obra de bordador. Sus pilares y sus bases serán cuatro. Todos los pilares alrededor del atrio estarán ceñidos de plata. Sus ganchos serán de plata, y sus bases de bronce. El atrio será de 100 codos de largo, de 50 codos de ancho y de 5 codos de alto. Sus mamparas serán de lino torcido; y sus bases, de bronce. "Todos los utensilios para el servicio del tabernáculo, así como todas sus estacas y las del atrio, serán de bronce. "Tú mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite de olivas claro y puro para la iluminación, a fin de hacer arder continuamente las lámparas. Aarón y sus hijos las dispondrán delante de Jehovah, en el tabernáculo de reunión, fuera del velo que está delante del testimonio, desde el anochecer hasta el amanecer. Este es un estatuto perpetuo de los hijos de Israel, a través de sus generaciones. "Harás que se acerque a ti, de entre los hijos de Israel, tu hermano Aarón y sus hijos con él, para que Aarón y sus hijos Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar me sirvan como sacerdotes. Harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, que le den gloria y esplendor. Tú hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes he llenado de espíritu de sabiduría, y ellos harán las vestiduras de Aarón, para consagrarlo a fin de que me sirva como sacerdote. Las vestiduras que serán confeccionadas son las siguientes: el pectoral, el efod, la túnica, el vestido a cuadros, el turbante y el cinturón. Harán las vestiduras sagradas para tu hermano Aarón y para sus hijos, a fin de que me sirvan como sacerdotes. "Tomarán oro, material azul, púrpura, carmesí y lino; y harán el efod de oro, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido, obra de fina artesanía. Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos extremos, para poderse unir. Su ceñidor para ajustar el efod, que estará sobre éste, será de su misma hechura y de los mismos materiales: oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido. Tomarás dos piedras de ónice y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel: seis de sus nombres en una piedra y los nombres de los seis restantes en la otra piedra, conforme al orden de su nacimiento. Por mano de grabador en piedra y con grabadura de sello, harás grabar aquellas dos piedras con los nombres de los hijos de Israel, y les harás engastes de oro alrededor. Y pondrás aquellas piedras sobre las hombreras del efod, como piedras memoriales para los hijos de Israel. Aarón llevará sus nombres delante de Jehovah, sobre sus dos hombreras, como memorial. Harás engastes de oro, y dos cadenillas de oro puro, trenzadas como cordón, y fijarás en los engastes las cadenillas trenzadas como cordón. "Harás el pectoral del juicio, obra de fina artesanía; lo harás como la hechura del efod: de oro, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. Será cuadrado y plegado; será de un palmo de largo y de un palmo de ancho. Lo llenarás con los engastes de piedras, con cuatro hileras de piedras: La primera hilera tendrá un rubí, un topacio y un berilo. La segunda hilera tendrá una turquesa, un zafiro y un diamante. La tercera hilera tendrá un jacinto, un ágata y una amatista. La cuarta hilera tendrá un crisólito, un ónice y un jaspe. Estas piedras estarán montadas en engastes de oro. Las piedras corresponderán a los nombres de los hijos de Israel; serán doce como sus nombres. Corresponderán a las doce tribus, como grabaduras de sello, cada una con su nombre. "Harás sobre el pectoral cadenillas trenzadas como cordón, de oro puro. Harás también sobre el pectoral dos anillos de oro, los cuales pondrás en los dos extremos del pectoral. Meterás los dos cordones de oro en los dos anillos, en los extremos del pectoral. Los dos extremos de ambos cordones fijarás sobre los dos engastes, y los fijarás a las hombreras del efod en su parte delantera. "Harás también otros dos anillos de oro, los que pondrás en los dos extremos del pectoral, en el borde que está al lado interior del efod. Harás también otros dos anillos de oro y los fijarás en la parte inferior de las dos hombreras del efod, en su parte delantera, frente a su unión sobre el ceñidor del efod. Así atarán el pectoral por sus anillos a los anillos del efod con un cordón azul, para que esté sobre el ceñidor del efod y para que el pectoral no se desprenda del efod. Y cuando Aarón entre en el santuario, llevará los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, para memorial continuo delante de Jehovah. "Y pondrás el Urim y el Tumim en el pectoral del juicio, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre a la presencia de Jehovah. Así llevará continuamente Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón, en presencia de Jehovah. "Harás la túnica del efod toda de material azul. En medio de ella, en la parte superior, habrá una abertura que tendrá un borde alrededor. Será obra de tejedor, como la abertura de una coraza de cuero, para que no se rompa. En sus bordes inferiores harás granadas de material azul, de púrpura y de carmesí; y entre ellas y alrededor de sus bordes harás campanillas de oro: campanilla de oro y granada, luego campanilla de oro y granada, alrededor de los bordes de la túnica. Aarón las llevará cuando ministre. Su sonido se oirá cuando entre en el santuario delante de Jehovah, y cuando salga, para que no muera. "Harás de oro puro una lámina en forma de flor, y grabarás en ella con grabadura de sello: ‘Consagrado a Jehovah.’ La colocarás sobre un cordón azul, y estará sobre el turbante; estará en la parte delantera del turbante. Estará sobre la frente de Aarón, y Aarón cargará con la culpa relacionada con las cosas sagradas que los hijos de Israel hayan consagrado, todos sus obsequios sagrados. Estará continuamente sobre su frente para que hallen gracia delante de Jehovah. "Tejerás a cuadros un vestido de lino y harás un turbante de lino. Harás también un cinturón, obra de bordador. También harás vestidos y cinturones para los hijos de Aarón, y les harás turbantes para gloria y esplendor. Con ellos vestirás a tu hermano Aarón, y con él a sus hijos. Los ungirás, los investirás y los consagrarás para que me sirvan como sacerdotes. "También les harás pantalones de lino para cubrir su desnudez desde la cintura hasta los muslos. Aarón y sus hijos estarán vestidos con ellos cuando entren en el tabernáculo de reunión, o cuando se acerquen al altar para servir en el santuario; no sea que carguen con la culpa y mueran. Este es un estatuto perpetuo para él y para sus descendientes después de él. "Esto es lo que harás para consagrarlos, para que me sirvan como sacerdotes: Toma un novillo, dos carneros, sin defecto; panes sin levadura, tortas sin levadura amasadas con aceite y galletas sin levadura untadas con aceite. Harás estas cosas de harina fina de trigo. Las pondrás en una cesta, y los ofrecerás en la cesta, junto con el novillo y los dos carneros. Harás que Aarón y sus hijos se acerquen a la entrada del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua. Tomarás las vestiduras y vestirás a Aarón con el vestido, la túnica del efod, el efod y el pectoral, y lo sujetarás con el ceñidor del efod. Pondrás el turbante sobre su cabeza, y sobre el turbante pondrás la diadema sagrada. Luego tomarás el aceite de la unción y lo derramarás sobre su cabeza; así lo ungirás. Luego harás que se acerquen sus hijos y los vestirás con los vestidos. Ceñirás los cinturones a Aarón y a sus hijos, y les pondrás los turbantes, y tendrán el sacerdocio por estatuto perpetuo. Así investirás a Aarón y a sus hijos. "Luego acercarás el novillo delante del tabernáculo de reunión, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del novillo. Degollarás el novillo delante de Jehovah, a la entrada del tabernáculo de reunión. Tomarás parte de la sangre del novillo y la pondrás con tu dedo sobre los cuernos del altar; y derramarás el resto de la sangre al pie del altar. Tomarás también todo el sebo que cubre las vísceras, el sebo que está sobre el hígado y los dos riñones con el sebo que los cubre, y lo harás arder sobre el altar. Pero quemarás en el fuego fuera del campamento la carne, la piel y el estiércol del novillo. Es un sacrificio por el pecado. "Asimismo, tomarás uno de los carneros, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero. Degollarás el carnero, tomarás su sangre y la rociarás encima y alrededor del altar. Cortarás el carnero en pedazos, lavarás sus vísceras y sus piernas, y las pondrás con sus pedazos y con su cabeza. Harás arder todo el carnero sobre el altar. Es holocausto de grato olor a Jehovah, ofrenda quemada a Jehovah. "Luego tomarás el otro carnero, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero. Degollarás el carnero, y tomarás parte de su sangre y la pondrás sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el lóbulo de la oreja derecha de sus hijos, sobre el dedo pulgar de sus manos derechas y sobre el dedo pulgar de sus pies derechos. Derramarás el resto de la sangre encima y alrededor del altar. Luego tomarás parte de la sangre que está sobre el altar y del aceite de la unción, y los rociarás sobre Aarón y sus vestiduras, y sobre sus hijos y sus vestiduras. Así serán consagrados Aarón y sus vestiduras, y con él sus hijos y sus vestiduras. "Luego tomarás el sebo del carnero, la rabadilla, el sebo que cubre las vísceras, el sebo que está sobre el hígado, los dos riñones con el sebo que los cubre y el muslo derecho, porque es el carnero de la investidura. También tomarás de la cesta de los panes sin levadura que está delante de Jehovah, un pan, una torta de pan amasada con aceite y una galleta. Pondrás todas estas cosas en las manos de Aarón y en las manos de sus hijos, y las mecerás como ofrenda mecida delante de Jehovah. Después las tomarás de sus manos y las harás arder en el altar, sobre el holocausto, como grato olor delante de Jehovah. Es una ofrenda quemada a Jehovah. "Entonces tomarás el pecho del carnero de la investidura de Aarón, y lo mecerás como ofrenda mecida delante de Jehovah. Esta será tu porción. Apartarás el pecho de la ofrenda mecida y el muslo de la ofrenda alzada, lo que fue mecido y lo que fue alzado del carnero de la investidura, de lo que era para Aarón y para sus hijos. Esto será para Aarón y para sus hijos de parte de los hijos de Israel, por estatuto perpetuo, porque es ofrenda alzada. Será una ofrenda de parte de los hijos de Israel, de sus sacrificios de paz como ofrenda alzada para Jehovah. "Las vestiduras sagradas de Aarón serán para sus hijos después de él, para que con ellas sean ungidos y para que con ellas sean investidos. El hijo suyo que sea sacerdote en su lugar y que entre al tabernáculo de reunión para servir en el santuario, las vestirá durante siete días. "Tomarás el carnero de la investidura y cocerás su carne en un lugar santo. Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero y el pan que está en la cesta, a la entrada del tabernáculo de reunión. Ellos comerán aquellas cosas con las cuales se hizo expiación para investirlos y consagrarlos; pero ningún extraño comerá de ellas, porque son sagradas. Si sobra algo de la carne de la investidura y del pan hasta la mañana, quemarás al fuego lo que haya sobrado. No se comerá, porque es cosa sagrada. "Así harás a Aarón y a sus hijos, conforme a todas las cosas que yo te he mandado. Durante siete días los investirás. Y cada día ofrecerás un toro como sacrificio por el pecado, para hacer expiación. Purificarás el altar al hacer expiación por él, y lo ungirás para santificarlo. Durante siete días expiarás el altar y lo santificarás; así será un altar santísimo. Todo lo que toque al altar será santificado. "Esto es lo que ofrecerás sobre el altar cada día, continuamente: dos corderos de un año. Ofrecerás uno de los corderos al amanecer, y el otro cordero lo ofrecerás al atardecer. Además, con cada cordero ofrecerás la décima parte de un efa de harina fina, mezclada con la cuarta parte de un hin de aceite puro de olivas. La libación será de la cuarta parte de un hin de vino. "Ofrecerás el otro cordero al atardecer. Con él presentarás una ofrenda vegetal como la de la mañana, y del mismo modo su libación, como grato olor. Es una ofrenda quemada a Jehovah. "Esto será, a través de vuestras generaciones, el holocausto continuo delante de Jehovah, a la entrada del tabernáculo de reunión, donde me encontraré contigo para hablarte allí. También me encontraré allí con los hijos de Israel, y el lugar será santificado por mi gloria. Santificaré el tabernáculo de reunión y el altar. Asimismo, santificaré a Aarón y a sus hijos para que me sirvan como sacerdotes. Yo habitaré en medio de los hijos de Israel, y seré su Dios. Y conocerán que yo soy Jehovah su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para habitar en medio de ellos. Yo, Jehovah, su Dios. "Harás asimismo un altar para quemar incienso. Lo harás de madera de acacia. Será cuadrado, de un codo de largo, de un codo de ancho y de dos codos de alto. Sus cuernos serán hechos de la misma pieza. Lo recubrirás de oro puro, tanto su cubierta como sus paredes alrededor y sus cuernos. Le harás alrededor una moldura de oro. Le harás también dos aros de oro debajo de su moldura en sus dos costados, en sus dos lados, donde se colocarán las varas con que será transportado. Harás las varas de madera de acacia y las recubrirás de oro. "Pondrás el altar delante del velo que está junto al arca del testimonio y delante del propiciatorio que está sobre el testimonio, donde yo me encontraré contigo. Aarón quemará incienso aromático sobre él; lo quemará cada mañana cuando prepare las lámparas. Cuando encienda las lámparas al anochecer, también quemará incienso delante de Jehovah, continuamente, a través de vuestras generaciones. No ofreceréis sobre el altar incienso extraño, ni holocausto, ni ofrenda vegetal. Tampoco derramaréis libación sobre él. Una vez al año Aarón hará expiación sobre los cuernos del altar. Con la sangre de la víctima para la expiación por el pecado, hará expiación sobre él, una vez al año, a través de vuestras generaciones. Será muy sagrado a Jehovah." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Cuando hagáis el censo para obtener el número de los hijos de Israel, según los que sean contados de ellos, cada uno dará a Jehovah el rescate por su persona. Así no habrá mortandad entre ellos, cuando hayan sido contados. Esto dará todo el que sea contado: medio siclo conforme al siclo del santuario. El siclo tiene 20 geras. La mitad de un siclo será la ofrenda alzada para Jehovah. Cada uno que sea contado, de veinte años para arriba, dará esta ofrenda alzada para Jehovah. Al entregar la ofrenda alzada para Jehovah a fin de hacer expiación por vuestras personas, el rico no dará más, ni el pobre dará menos del medio siclo. Tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones y lo darás para el servicio del tabernáculo de reunión. Ello será un memorial a los hijos de Israel, delante de Jehovah, para hacer expiación por vuestras personas." Jehovah también habló a Moisés diciendo: "También harás una fuente de bronce para lavarse, con su base también de bronce. La pondrás entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás en ella agua. Aarón y sus hijos se lavarán en ella sus manos y sus pies. Cuando entren en el tabernáculo de reunión, se lavarán con agua, para que no mueran. Cuando se acerquen al altar para servir y presentar la ofrenda quemada a Jehovah, también se lavarán las manos y los pies, para que no mueran. Esto será un estatuto perpetuo, tanto para él como para sus descendientes, a través de sus generaciones." Jehovah también habló a Moisés diciendo: "Toma especias aromáticas: de mirra granulada de primera, 500 siclos; de canela aromática, la mitad, es decir, 250; de cálamo aromático, 250; de casia, 500, según el siclo del santuario; y un hin de aceite de oliva. Con esto prepararás el aceite de la santa unción. Será un ungüento combinado, obra de perfumador, el cual será el aceite de la santa unción. Con él ungirás el tabernáculo de reunión y el arca del testimonio, la mesa con todos sus utensilios, el candelabro con sus utensilios, el altar del incienso, el altar del holocausto con todos sus utensilios y la fuente con su base. Así los consagrarás, y serán cosas muy sagradas. Todo lo que los toque será santificado. "También ungirás a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás, para que me sirvan como sacerdotes. Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: ‘Este será mi aceite de la santa unción a través de todas vuestras generaciones. No será vertido sobre el cuerpo de ningún hombre, ni haréis una composición similar. Sagrado es, y sagrado será para vosotros. Cualquiera que prepare un ungüento similar y cualquiera que ponga de él sobre una persona extraña será excluido de su pueblo.’" Jehovah dijo también a Moisés: "Toma especias: estacte, uña aromática, gálbano e incienso puro; igual peso de cada cosa. Haz con ello el incienso aromático, obra de perfumador, salado, puro y santo. Molerás una parte de él muy fina y la pondrás delante del testimonio, en el tabernáculo de reunión, donde yo me encontraré contigo. Será para vosotros cosa muy sagrada. No os haréis incienso de una composición similar. Te será cosa sagrada para Jehovah; cualquiera que haga una composición similar para olerla será excluido de su pueblo." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, y lo he llenado del Espíritu de Dios, con sabiduría, entendimiento, conocimiento y toda habilidad de artesano, para hacer diseños artísticos y para trabajar en oro, plata y bronce; en el tallado de piedras para engastar, en el tallado de madera y para realizar toda clase de labor. "He aquí, yo he escogido con él a Oholiab hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan. También he puesto sabiduría en el corazón de toda persona sabia de corazón, para que realicen todo lo que te he mandado: el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio y el propiciatorio que está sobre ella. También todos los utensilios del tabernáculo: la mesa y sus utensilios, el candelabro de oro puro y todos sus utensilios, el altar del incienso, el altar del holocausto y todos sus utensilios, la fuente y su base, las vestiduras de material tejido, las vestiduras sagradas para el sacerdote Aarón, las vestiduras de sus hijos, para servir como sacerdotes, el aceite de la unción y el incienso aromático para el santuario. Lo harán conforme a todo lo que te he mandado." Jehovah habló además a Moisés diciendo: "Tú hablarás a los hijos de Israel y les dirás: ‘Ciertamente guardaréis mis sábados, porque esto es una señal entre yo y vosotros a través de vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehovah, el que os santifico. Guardaréis el sábado, porque es sagrado para vosotros; el que lo profane morirá irremisiblemente. Cualquiera que haga algún trabajo en él será excluido de en medio de su pueblo. Seis días se trabajará, pero el séptimo día será sábado de reposo consagrado a Jehovah. Cualquiera que haga algún trabajo en el día del sábado morirá irremisiblemente.’ "Los hijos de Israel guardarán el sábado, celebrándolo como pacto perpetuo a través de sus generaciones. Será señal para siempre entre yo y los hijos de Israel. Porque en seis días Jehovah hizo los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó." Y cuando acabó de hablar con él en el monte Sinaí, dio a Moisés dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios. Al ver el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, ellos se congregaron ante Aarón y le dijeron: —Levántate, haz para nosotros dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Aarón les respondió: —Quitad los aretes de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. Entonces todos los del pueblo se quitaron los aretes de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón.hombres. El los recibió de sus manos e hizo un becerro de fundición, modelado a buril. Entonces dijeron: —¡Israel, éste es tu dios que te sacó de la tierra de Egipto! Al ver esto, Aarón edificó un altar delante del becerro y pregonó diciendo: —¡Mañana habrá fiesta para Jehovah! Al día siguiente madrugaron, ofrecieron holocaustos y trajeron sacrificios de paz. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó para divertirse. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Se han apartado rápidamente del camino que yo les mandé. Se han hecho un becerro de fundición, lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: "¡Israel, éste es tu dios que te sacó de la tierra de Egipto!" —Le dijo, además, a Moisés—: Yo he visto a este pueblo, y he aquí que es un pueblo de dura cerviz. Ahora pues, deja que se encienda mi furor contra ellos y los consuma, pero yo haré de ti una gran nación. Entonces Moisés imploró el favor de Jehovah su Dios, diciendo: —Oh Jehovah, ¿por qué se ha de encender tu furor contra tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto con gran fuerza y con mano poderosa? ¿Por qué han de hablar los egipcios diciendo: "Los sacó por maldad, para matarlos sobre los montes y para exterminarlos sobre la faz de la tierra"? Desiste del ardor de tu ira y cambia de parecer en cuanto a hacer mal a tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a quienes juraste por ti mismo y les dijiste: "Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de la cual he hablado. Y ellos la tomarán como posesión para siempre." Entonces Jehovah cambió de parecer en cuanto al mal que dijo que haría a su pueblo. Entonces Moisés se volvió y descendió del monte trayendo en sus manos las dos tablas del testimonio, tablas escritas por ambos lados; por uno y otro lado estaban escritas. Las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios, grabada sobre las tablas. Al oír Josué el estruendo del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: —¡Estruendo de batalla hay en el campamento! Pero Moisés respondió: —No es estruendo de victoria ni estruendo de derrota. Yo escucho estruendo de cantares. Aconteció que cuando llegó al campamento y vio el becerro y las danzas, la ira de Moisés se encendió, y arrojó las tablas de sus manos y las rompió al pie del monte. Y tomó el becerro que habían hecho y lo quemó en el fuego. Luego lo molió hasta reducirlo a polvo, lo esparció sobre el agua, y lo hizo beber a los hijos de Israel. Y Moisés dijo a Aarón: —¿Qué te ha hecho este pueblo, para que hayas traído sobre él un pecado tan grande? Y Aarón respondió: —No se encienda la ira de mi señor. Tú conoces al pueblo, que es inclinado al mal. Ellos me dijeron: "Haz para nosotros dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido." Y yo les respondí: "Los que tengan oro, que se lo quiten." Ellos me lo dieron, y lo arrojé al fuego; y salió este becerro. Al ver que el pueblo se había desenfrenado, pues Aarón les había permitido el desenfreno, de modo que llegaron a ser una vergüenza entre sus enemigos, Moisés se puso de pie a la entrada del campamento y dijo: —¡Quien esté de parte de Jehovah únase conmigo! Y se unieron con él todos los hijos de Leví. Y él les dijo: —Así ha dicho Jehovah, el Dios de Israel: "¡Cíñase cada uno su espada, y pasad y volved, de entrada a entrada del campamento! ¡Matad cada uno a su hermano, a su amigo y a su pariente!" Entonces los hijos de Leví hicieron conforme al dicho de Moisés, y aquel día cayeron del pueblo como Entonces Moisés dijo: —Hoy os habéis investido a vosotros mismos para Jehovah, cada uno a costa de su hijo o de su hermano, para que él os dé hoy bendición. Al día siguiente Moisés dijo al pueblo: —Vosotros habéis cometido un gran pecado. Pero yo subiré ahora hacia Jehovah; quizás yo pueda hacer expiación por vuestro pecado. Moisés regresó a Jehovah y le dijo: —¡Ay! Este pueblo ha cometido un gran pecado al haberse hecho dioses de oro. Pero ahora perdona su pecado; y si no, por favor, bórrame de tu libro que has escrito. Jehovah respondió a Moisés: —¡Al que ha pecado contra mí, a ése lo borraré de mi libro! Vuelve, pues; conduce a este pueblo al lugar que te he dicho; he aquí que mi ángel irá delante de ti. Pero en el día del castigo yo les castigaré por su pecado. Y Jehovah hirió al pueblo con una plaga por lo que habían hecho con el becerro que Aarón formó. Después Jehovah dijo a Moisés: —Vé, sube de aquí, tú con el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra acerca de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: "A tus descendientes la daré." Yo enviaré un ángel delante de vosotros y arrojaré a los cananeos, amorreos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos. Sube a la tierra que fluye leche y miel, pero yo no subiré en medio de ti, no sea que te consuma en el camino, porque eres un pueblo de dura cerviz. Al oír el pueblo esta mala noticia, ellos hicieron duelo. Ninguno se atavió con sus joyas. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Di a los hijos de Israel: "Vosotros sois un pueblo de dura cerviz; si yo estuviese un solo instante en medio de vosotros, os consumiría. Ahora pues, quitaos vuestras joyas, y yo sabré qué he de hacer con vosotros." Y los hijos de Israel se desprendieron de sus joyas a partir del monte Horeb. Entonces Moisés tomó una tienda y la levantó fuera del campamento, a considerable distancia. A esta tienda la llamó: tienda de reunión. Y sucedía que todo el que buscaba a Jehovah, iba a la tienda de reunión que estaba fuera del campamento. Cuando Moisés se dirigía a la tienda de reunión, todo el pueblo se levantaba y se ponía de pie junto a la entrada de su propia tienda. Miraban a Moisés hasta que él entraba en la tienda. Cuando Moisés entraba en la tienda, la columna de nube descendía y se detenía a la entrada de la tienda; y Dios hablaba con Moisés. Al ver la columna de nube, que se detenía a la entrada de la tienda, todo el pueblo se levantaba y se postraba, cada uno a la entrada de su propia tienda. Entonces Jehovah hablaba a Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo. Después regresaba Moisés al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su ayudante, no se apartaba de la tienda. Moisés dijo a Jehovah: —Mira, tú me dices a mí: "Saca a este pueblo." Pero tú no me has dado a conocer a quién has de enviar conmigo. Sin embargo, dices: "Yo te he conocido por tu nombre y también has hallado gracia ante mis ojos." Ahora, si he hallado gracia ante tus ojos, por favor muéstrame tu camino, para que te conozca y halle gracia ante tus ojos; considera también que esta gente es tu pueblo. Jehovah le dijo: —Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Y él respondió: —Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. ¿En qué, pues, se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, yo y tu pueblo? ¿No será en que tú vas con nosotros y en que yo y tu pueblo llegamos a ser diferentes de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra? Jehovah dijo a Moisés: —También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia ante mis ojos y te he conocido por tu nombre. Entonces Moisés dijo: —Por favor, muéstrame tu gloria. Y le respondió: —Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti y proclamaré delante de ti el nombre de Jehovah. Tendré misericordia del que tendré misericordia y me compadeceré del que me compadeceré. —Dijo además—: No podrás ver mi rostro, porque ningún hombre me verá y quedará vivo. —Jehovah dijo también—: He aquí hay un lugar junto a mí, y tú te colocarás sobre la peña. Sucederá que cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas. Pero mi rostro no será visto. Jehovah dijo, además, a Moisés: —Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las primeras, que rompiste. Prepárate para la mañana, sube de mañana al monte Sinaí y preséntate allí delante de mí sobre la cumbre del monte. No suba nadie contigo, ni nadie sea visto en todo el monte. No pasten ovejas ni bueyes frente a ese monte. Moisés labró dos tablas de piedra como las primeras. Y levantándose muy de mañana subió al monte Sinaí, como le mandó Jehovah, y llevó en sus manos las dos tablas de piedra. Entonces descendió Jehovah en la nube, y se presentó allí a Moisés; y éste invocó el nombre de Jehovah. Jehovah pasó frente a Moisés y proclamó: —¡Jehovah, Jehovah, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad, que conserva su misericordia por mil generaciones, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado; pero que de ninguna manera dará por inocente al culpable; que castiga la maldad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación! Entonces Moisés se apresuró a bajar la cabeza hacia el suelo, y se postró diciendo: —Oh Señor, si he hallado gracia ante tus ojos, vaya por favor el Señor en medio de nosotros, aunque éste sea un pueblo de dura cerviz. Perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y acéptanos como tu heredad. Jehovah le dijo: —He aquí, yo hago un pacto frente a todo tu pueblo: Haré maravillas como nunca fueron hechas en toda la tierra y en ninguna de las naciones. Todo el pueblo, en medio del cual estás, verá la obra de Jehovah; porque algo temible haré para con vosotros. Guarda lo que yo te mando hoy. He aquí, yo echaré de tu presencia a los amorreos, cananeos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos. Guárdate, no sea que hagas alianza con los habitantes de la tierra a donde vas, de manera que eso sea de tropiezo en medio de ti. Ciertamente derribaréis sus altares, romperéis sus imágenes y eliminaréis sus árboles rituales de Asera. Porque no te postrarás ante otro dios, pues Jehovah, cuyo nombre es Celoso, es un Dios celoso. No sea que hagas alianza con los habitantes de aquella tierra, y cuando ellos se prostituyan tras sus dioses y les ofrezcan sacrificios, te inviten, y tú comas de sus sacrificios; o que al tomar tú sus hijas para tus hijos y al prostituirse ellas tras sus dioses, hagan que tus hijos se prostituyan tras los dioses de ellas. No te harás dioses de fundición. Guardarás la fiesta de los panes sin levadura. Siete días comerás panes sin levadura, como te he mandado, en el tiempo señalado del mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto. Todo primerizo que abre la matriz es mío; de tu ganado consagrarás el primerizo que sea macho de vaca o de oveja. Pero rescatarás con un cordero el primerizo del asno; y si no lo rescatas, le romperás la nuca. También rescatarás todo primogénito varón de tus hijos, y nadie se presentará delante de mí con las manos vacías. Seis días trabajarás, pero en el séptimo día descansarás. Aun en el tiempo de la siembra y de la siega descansarás. Celebrarás la fiesta de Pentecostés, es decir, la de las primicias de la siega del trigo, y también la fiesta de la cosecha a la vuelta del año. Tres veces al año se presentarán todos tus hombres delante del Señor Jehovah, Dios de Israel. Porque yo expulsaré las naciones de tu presencia y ensancharé tus territorios. Nadie codiciará tu tierra mientras tú vayas tres veces al año para presentarte delante de Jehovah tu Dios. No ofrecerás la sangre de mi sacrificio junto con algo que tenga levadura. No quedará nada del sacrificio de la fiesta de la Pascua hasta la mañana. Traerás lo mejor de las primicias de tu tierra a la casa de Jehovah tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Escribe estas palabras, porque conforme a ellas he hecho pacto contigo y con Israel. Moisés estuvo allí con Jehovah cuarenta días y cuarenta noches. No comió pan ni bebió agua. Y en las tablas escribió las palabras del pacto: los diez mandamientos. Aconteció que al descender Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, mientras descendía del monte, Moisés no sabía que la piel de su cara resplandecía por haber estado hablando con Dios. Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí que la piel de su cara era resplandeciente, y temieron acercarse a él. Moisés los llamó. Entonces Aarón y todos los jefes de la congregación volvieron a él, y Moisés les habló. Después de esto, se acercaron todos los hijos de Israel, y Moisés les mandó todas las cosas que Jehovah le había dicho en el monte Sinaí. Y cuando Moisés terminó de hablar con ellos, puso un velo sobre su cara. Cuando entraba a la presencia de Jehovah para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía. Entonces cuando salía, hablaba con los hijos de Israel lo que él le mandaba. Al ver los hijos de Israel que la piel de su cara resplandecía, Moisés volvía a poner el velo sobre su cara, hasta que entraba para hablar con Jehovah. Moisés hizo reunir a toda la congregación de los hijos de Israel y les dijo: "Estas son las cosas que Jehovah ha mandado que hagáis: ‘Seis días se trabajará; pero el séptimo día os será sagrado, sábado de reposo consagrado a Jehovah. Cualquiera que haga algún trabajo en él morirá. No encenderéis fuego en ninguna de vuestras moradas en el día de sábado.’" Moisés habló a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: "Esto es lo que Jehovah ha mandado: ‘Tomad de entre vosotros una ofrenda para Jehovah. Todo hombre de corazón generoso traiga una ofrenda para Jehovah: oro, plata, bronce, material azul, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra, pieles de carnero teñidas de rojo, pieles finas, madera de acacia, aceite para la iluminación, especias aromáticas para el aceite de la unción y para el incienso aromático, piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral. "‘Todo hombre que entre vosotros sea sabio de corazón venga y haga todas las cosas que Jehovah ha mandado: el tabernáculo, su tienda, su cubierta, sus ganchos, sus tablones, sus travesaños, sus pilares y sus bases; el arca y sus varas, el propiciatorio y el velo de protección; la mesa y sus varas, todos sus utensilios y el pan de la Presencia; el candelabro para la iluminación y sus utensilios, sus lámparas y el aceite para la iluminación; el altar del incienso y sus varas; el aceite de la unción y el incienso aromático; la cortina de la puerta para la entrada del tabernáculo; el altar del holocausto, su rejilla de bronce, sus varas y todos sus utensilios; la fuente y su base; las mamparas del atrio, sus pilares, sus bases y la cortina de la entrada del atrio; las estacas del tabernáculo, las estacas del atrio y sus cuerdas; las vestiduras de material tejido, para servir en el santuario, las vestiduras sagradas del sacerdote Aarón y las vestiduras de sus hijos, para servir como sacerdotes.’" Entonces toda la congregación de los hijos de Israel salió de la presencia de Jehovah. Y todo aquel a quien le impulsó su corazón y todo aquel a quien su espíritu le movió a la generosidad trajeron la ofrenda de Jehovah, para la obra del tabernáculo de reunión, para todo su servicio y para las vestiduras sagradas. Tanto hombres como mujeres, toda persona de corazón generoso vino trayendo prendedores, aretes, anillos, collares y toda clase de objetos de oro. Todos presentaron a Jehovah una ofrenda de oro. Todos los que poseían material azul, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra, pieles de carnero teñidas de rojo y pieles finas, los trajeron. Todos los que hicieron ofrenda de plata o de bronce trajeron la ofrenda para Jehovah. Todos los que tenían madera de acacia la trajeron para la labor de la obra. Además, todas las mujeres sabias de corazón hilaban con sus manos y traían lo hilado: material azul, púrpura, carmesí y lino. Todas las mujeres cuyo corazón les impulsó con sabiduría tejieron pelo de cabra. Los jefes trajeron piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral. También trajeron las especias aromáticas y el aceite para la iluminación, para la unción y para el incienso aromático. Los hijos de Israel, todos los hombres y mujeres cuyo corazón les movió a la generosidad para ofrendar para toda la obra que Jehovah había mandado por medio de Moisés que se hiciera, trajeron una ofrenda voluntaria a Jehovah. Entonces Moisés dijo a los hijos de Israel: —Mirad, Jehovah ha llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, y lo ha llenado del Espíritu de Dios, con sabiduría, entendimiento, conocimiento y toda habilidad de artesano, para hacer diseños artísticos y para trabajar en oro, plata y bronce, en el tallado de piedras para engastar, en el tallado de madera y para realizar toda clase de labor artística. El ha puesto en su corazón la capacidad para enseñar, tanto él como Oholiab hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan. Los ha llenado con sabiduría de corazón para realizar toda obra de artesano, diseñador y bordador de material azul, púrpura, carmesí y lino, y de tejedor; para que realicen toda labor y hagan diseños artísticos. Bezaleel, Oholiab y todos los sabios de corazón en quienes Jehovah ha puesto sabiduría y entendimiento para saber hacer toda la obra de la construcción del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehovah. Entonces llamó Moisés a Bezaleel, a Oholiab y a todo hombre sabio de corazón en cuyo corazón Jehovah había puesto sabiduría, y todos aquellos cuyo corazón les impulsó para acercarse y llevar a cabo la obra. Y ellos tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído, para que se llevara a cabo la obra de la construcción del santuario. Como el pueblo continuaba trayendo ofrenda voluntaria cada mañana, todos los maestros que hacían toda la obra del santuario dejaron cada uno su trabajo y hablaron con Moisés diciendo: —El pueblo trae mucho más de lo necesario para llevar a cabo la obra que Jehovah ha mandado que se haga. Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: —Nadie, hombre o mujer, haga nada más como ofrenda para el santuario. Así se le impidió al pueblo seguir trayendo; pues ya había material suficiente para hacer toda la obra, y aun sobraba. Todos los sabios de corazón de entre los encargados de la obra hicieron el tabernáculo con diez tapices de lino torcido, de material azul, de púrpura y de carmesí. Y los hizo con querubines, obra de fina artesanía. Cada tapiz era de 28 codos de largo y de 4 codos de ancho. Todos los tapices tenían la misma medida. El unió cinco tapices el uno con el otro; y también unió los otros cinco tapices el uno con el otro. También hizo lazos de material azul en la orilla del tapiz del extremo, en una unión. Lo mismo hizo en la orilla del otro tapiz del extremo, en la otra unión. Hizo cincuenta lazos en un tapiz, e hizo cincuenta lazos en la orilla del tapiz de la otra unión, estando los lazos contrapuestos, uno frente al otro. Hizo también cincuenta ganchos de oro con los cuales unió los tapices el uno con el otro, de manera que el tabernáculo formó un solo conjunto. Hizo también tapices de pelo de cabra para la tienda que está sobre el tabernáculo, once tapices en total. Cada tapiz era de 30 codos de largo y de 4 codos de ancho. Los once tapices tenían la misma medida. Unió cinco tapices en un conjunto, y seis tapices en el otro conjunto. Hizo también cincuenta lazos en la orilla del tapiz del extremo, en la primera unión; y cincuenta lazos en la orilla del otro tapiz, en la segunda unión. Hizo también cincuenta ganchos de bronce para unir la tienda, de manera que formara un solo conjunto. Hizo para el tabernáculo una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, y sobre ésta puso una cubierta de pieles finas. Hizo también para el tabernáculo los tablones de madera de acacia, para estar puestos de manera vertical. Cada tablón era de 10 codos de largo y de un codo y medio de ancho. Cada tablón tenía dos espigas para ser trabadas una con otra. Así hizo para todos los tablones del tabernáculo. Hizo, pues, los tablones para el tabernáculo, veinte tablones para el lado sur. Hizo también cuarenta bases de plata debajo de los veinte tablones: dos bases debajo de un tablón para sus dos espigas, y dos bases debajo de otro tablón para sus dos espigas. Y para el otro lado, el lado norte del tabernáculo, hizo veinte tablones, con sus cuarenta bases de plata: dos bases debajo de un tablón y dos bases debajo de otro tablón. Hizo seis tablones para el lado posterior del tabernáculo, al occidente. Para las esquinas del tabernáculo, en los dos extremos posteriores, hizo dos tablones, los cuales estaban unidos por abajo y unidos por arriba con un aro. Así hizo con los dos en las dos esquinas. Eran, pues, ocho tablones con sus bases de plata, dieciséis bases; dos bases debajo de cada tablón. Hizo también los travesaños de madera de acacia: cinco para los tablones de un lado del tabernáculo, cinco travesaños para los tablones del otro lado del tabernáculo, y cinco travesaños para los tablones del lado posterior del tabernáculo, al occidente. Hizo que el travesaño del centro pasase por la mitad de los tablones, de un extremo al otro extremo. Recubrió de oro los tablones; y también hizo de oro los aros en los cuales se habían de meter los travesaños. También recubrió de oro los travesaños. Hizo también el velo de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. Y los hizo con querubines, obra de fina artesanía. Para el velo hizo cuatro pilares de madera de acacia y los recubrió de oro. Sus ganchos eran de oro, y fundió para ellos cuatro bases de plata. Hizo también la cortina para la entrada del tabernáculo, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido, obra de bordador. También hizo sus cinco pilares y sus ganchos. Recubrió de oro la parte superior de sus columnas y sus bandas, y sus cinco bases eran de bronce. Bezaleel hizo también el arca de madera de acacia. Era de dos codos y medio de largo, de un codo y medio de ancho y de un codo y medio de alto. La recubrió de oro puro por dentro y por fuera, y le hizo una moldura de oro alrededor. Le hizo, además, cuatro aros de oro fundido para sus cuatro patas: dos aros a un lado de ella, y dos aros al otro lado. También hizo las varas de madera de acacia y las recubrió de oro. Y metió las varas por los aros a los lados del arca, para llevar el arca. Hizo también el propiciatorio de oro puro. Era de dos codos y medio de largo y de un codo y medio de ancho. También hizo los dos querubines; de oro modelado a martillo los hizo en los dos extremos del propiciatorio. Un querubín estaba en un extremo, y el otro querubín en el otro extremo. De una sola pieza con el propiciatorio hizo los querubines en sus dos extremos. Los querubines extendían las alas por encima, cubriendo con sus alas el propiciatorio. Sus caras estaban una frente a la otra; las caras de los querubines estaban mirando hacia el propiciatorio. Hizo también la mesa de madera de acacia. Era de dos codos de largo, de un codo de ancho y de un codo y medio de alto. La recubrió de oro puro y le hizo una moldura de oro alrededor. Le hizo también un marco alrededor, de un palmo menor de ancho, y al marco le hizo una moldura de oro alrededor. Le hizo cuatro aros de oro fundido y los puso en las cuatro esquinas que corresponden a sus cuatro patas. Próximos al marco estaban los aros donde se colocaban las varas para llevar la mesa. Hizo también las varas de madera de acacia, para llevar la mesa, y las recubrió de oro. También hizo de oro puro los utensilios que habrían de estar sobre la mesa: sus platos, sus cucharas, sus tazones y sus vasijas para hacer la libación. Hizo también el candelabro de oro puro modelado a martillo. El candelabro con su base, su tallo, sus cálices, sus botones y sus flores era de una sola pieza. Seis brazos salían de sus lados: tres brazos del candelabro de un lado, y tres brazos del candelabro del otro lado. En un brazo había tres cálices en forma de botón y flor de almendro, y en su otro brazo había tres cálices en forma de botón y flor de almendro; así en los seis brazos que salían del candelabro. En el tallo del candelabro había cuatro cálices en forma de flor de almendro, con sus botones y sus flores. Había un botón debajo de dos brazos del mismo, otro botón debajo de otros dos brazos del mismo, y otro botón debajo de los otros dos brazos del mismo; así con los seis brazos que salían de él. Sus botones y sus brazos eran de una sola pieza con él; todo era una pieza de oro puro modelado a martillo. Hizo también de oro puro sus siete lámparas, sus despabiladeras y sus platillos. Hizo el candelabro y todos sus accesorios de un talento de oro puro. Hizo también de madera de acacia el altar del incienso. Era cuadrado, de un codo de largo, de un codo de ancho y de dos codos de alto. Sus cuernos estaban hechos de la misma pieza. Lo recubrió de oro puro, tanto su cubierta como sus paredes alrededor y sus cuernos. Le hizo alrededor una moldura de oro. También hizo dos aros de oro debajo de su moldura en sus dos costados, en sus dos lados, donde se colocaban las varas con que sería transportado. Hizo las varas de madera de acacia y las recubrió de oro. Hizo también el aceite de la santa unción y el incienso aromático puro, obra de perfumador. Hizo también el altar del holocausto de madera de acacia. Era cuadrado, de 5 codos de largo, de 5 codos de ancho y de 3 codos de alto. Le hizo cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos eran de una misma pieza. Y los recubrió de bronce. También hizo todos los utensilios del altar: bandejas, palas, tazones para la aspersión, tenedores y baldes. Hizo de bronce todos sus utensilios. También hizo para el altar la rejilla de bronce, en forma de red, que puso por debajo del borde del altar, hasta la mitad del altar. También hizo de bronce fundido cuatro aros en los cuatro extremos de la rejilla de bronce, donde se colocaban las varas. Hizo también las varas de madera de acacia y las recubrió de bronce. Metió las varas por los aros de los lados del altar, para transportarlo con ellas. El altar era hueco, hecho de tablas. Hizo también la fuente de bronce con su base de bronce, de los espejos de las mujeres que prestaban servicio a la entrada del tabernáculo de reunión. Hizo también el atrio. En el lado sur el atrio tenía mamparas de lino torcido a lo largo de 100 codos. Sus veinte pilares con sus veinte bases eran de bronce. Los ganchos de los pilares y sus bandas eran de plata. El lado norte también tenía 100 codos. Sus veinte pilares con sus veinte bases eran de bronce. Los ganchos de los pilares y sus bandas eran de plata. El lado occidental tenía 50 codos de mamparas con sus diez pilares y sus diez bases. Los ganchos de los pilares y sus bandas eran de plata. Al frente, es decir, al este, también tenía 50 codos. A un lado había 15 codos de mamparas con sus tres pilares y sus tres bases; asimismo al otro lado. A uno y a otro lado de la entrada del atrio había 15 codos de mamparas con sus tres pilares y sus bases. Todas las mamparas alrededor del atrio eran de lino torcido; y las bases de los pilares, de bronce. Los ganchos de los pilares y sus bandas eran de plata. Los capiteles de sus pilares también estaban recubiertos de plata, y todos los pilares del atrio tenían bandas de plata. La cortina de la entrada del atrio era obra de bordador hecha de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. Tenía 20 codos de largo por 5 codos de alto, como las mamparas del atrio. Sus cuatro pilares con sus cuatro bases eran de bronce. Sus ganchos eran de plata, y el revestimiento de sus capiteles y sus bandas era de plata. Todas las estacas del tabernáculo y del atrio alrededor eran de bronce. Estas son las cantidades de materiales usados para el tabernáculo, el tabernáculo del testimonio, que por orden de Moisés fueron escritas en un registro por los levitas, bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón. Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todo lo que Jehovah había mandado a Moisés, junto con Oholiab hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan, quien era artífice, diseñador y bordador en material azul, en púrpura, en carmesí y en lino. Todo el oro empleado en la obra, en toda la obra del santuario, era oro de la ofrenda, y fue 29 talentos y 730 siclos, según el siclo del santuario. La plata de los inscritos de la asamblea fue de 100 talentos y 1.775 siclos, según el siclo del santuario. Esto representaba el medio por persona, es decir, el medio siclo, según el siclo del santuario, de todos los contados de veinte años para arriba, los cuales fueron 603.550. Los 100 talentos de plata fueron fundidos para hacer las bases del santuario y las bases del velo, 100 bases por 100 talentos, un talento por base. De los 1.775 siclos hizo los ganchos de los pilares, revistió sus capiteles y les puso sus bandas. El bronce de la ofrenda fue 70 talentos y 2.400 siclos. Con él hizo las bases de la entrada del tabernáculo de reunión, el altar de bronce y su rejilla de bronce; todos los utensilios del altar, las bases del atrio alrededor, las bases de la entrada del atrio, todas las estacas del tabernáculo y todas las estacas del atrio alrededor. Hicieron las vestiduras tejidas de material azul, de púrpura y de carmesí, para servir en el santuario. Hicieron las vestiduras sagradas para Aarón, como Jehovah había mandado a Moisés. Hicieron el efod de oro, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. Extendieron láminas de oro e hicieron hilos para tejerlos junto con el material azul, la púrpura, el carmesí y el lino, obra de fina artesanía. Le hicieron hombreras que se juntaban sobre él en sus dos extremos, para poderse unir. Su ceñidor para ajustar el efod, el cual está sobre éste, era de la misma hechura y de los mismos materiales: oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, como Jehovah había mandado a Moisés. Labraron las piedras de ónice con engastes de oro alrededor. Fueron grabadas con grabadura de sello, con los nombres de los hijos de Israel. Y las pusieron sobre las hombreras del efod, como piedras memoriales para los hijos de Israel, como Jehovah había mandado a Moisés. Hicieron también el pectoral, obra de fina artesanía como la hechura del efod: de oro, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. Era cuadrado y plegado; hicieron el pectoral de un palmo de largo y de un palmo de ancho, plegado. Engastaron en él cuatro hileras de piedras: La primera hilera tenía un rubí, un topacio y un berilo. La segunda hilera tenía una turquesa, un zafiro y un diamante. La tercera hilera tenía un jacinto, un ágata y una amatista. La cuarta hilera tenía un crisólito, un ónice y un jaspe. Estas piedras estaban montadas en engastes de oro. Estas piedras correspondían a los nombres de los hijos de Israel; eran doce como sus nombres. Correspondían a las doce tribus, como grabaduras de sello, cada una con su nombre. Hicieron también sobre el pectoral las cadenillas trenzadas como cordón, de oro puro. Asimismo, hicieron los dos engastes de oro y los dos anillos de oro, y pusieron los anillos en los dos extremos del pectoral. Metieron los dos cordones de oro en los dos anillos en los extremos del pectoral, y fijaron los dos extremos de los dos cordones en los dos engastes y los fijaron sobre las hombreras del efod, en su parte delantera. Hicieron otros dos anillos de oro que pusieron en los dos extremos del pectoral, en el borde que está al lado interior del efod. Hicieron otros dos anillos de oro y los fijaron en la parte inferior de las dos hombreras del efod, en su parte delantera, frente a su unión sobre el ceñidor del efod. Después ataron el pectoral por sus anillos a los anillos del efod con un cordón azul, para que estuviese sobre el ceñidor del efod y para que el pectoral no se desprendiese del efod, como Jehovah había mandado a Moisés. Hizo también la túnica del efod, obra de tejedor, toda de material azul. La túnica tenía una abertura en medio de ella como abertura de coraza de cuero, con un borde alrededor de la abertura, para que no se rompiera. En los bordes inferiores de la túnica hicieron las granadas de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. También hicieron las campanillas de oro puro, y las pusieron entre las granadas alrededor de los bordes de la túnica: campanilla y granada, luego campanilla y granada, alrededor de los bordes de la túnica, para servir, como Jehovah había mandado a Moisés. También hicieron para Aarón y sus hijos el vestido de lino, obra de tejedor. Hicieron de lino el turbante y los adornos de los otros turbantes. Y los pantalones fueron hechos de lino torcido. También el cinturón era de lino torcido, de material azul, de púrpura y de carmesí, obra de bordador, como Jehovah había mandado a Moisés. Asimismo, hicieron de oro puro una lámina en forma de flor para la diadema sagrada, y con grabadura de sello inscribieron en ella: "Consagrado a Jehovah." Sobre ella pusieron un cordón azul, para colocarla en alto sobre el turbante, como Jehovah había mandado a Moisés. Así fue acabada toda la obra de la morada, el tabernáculo de reunión. Los hijos de Israel hicieron conforme a todo lo que Jehovah había mandado a Moisés; así lo hicieron. Llevaron a Moisés el tabernáculo, la tienda y todos sus accesorios: sus ganchos, sus tablones, sus travesaños, sus pilares, sus bases, la cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo, la cubierta de pieles finas, el velo de separación; el arca del testimonio, sus varas y el propiciatorio; la mesa con todos sus utensilios y el pan de la Presencia; el candelabro de oro puro, su hilera de lámparas y todos sus utensilios; el aceite para la iluminación; el altar de oro, el aceite de la unción, el incienso aromático, la cortina de la entrada del tabernáculo; el altar de bronce con su rejilla de bronce, sus varas y todos sus utensilios; la fuente y su base, las mamparas del atrio, sus pilares, sus bases, la cortina de la entrada del atrio, sus cuerdas, sus estacas y todos los utensilios para el servicio en la morada, el tabernáculo de reunión; las vestiduras de material tejido, para servir en el santuario, las vestiduras sagradas para el sacerdote Aarón y las vestiduras de sus hijos, para servir como sacerdotes. Los hijos de Israel hicieron todo el trabajo conforme a todo lo que Jehovah había mandado a Moisés. Moisés vio toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Jehovah había mandado; así la habían hecho. Y Moisés los bendijo. Jehovah habló a Moisés diciendo: "El primer día del mes primero harás levantar la morada, el tabernáculo de reunión. Pondrás allí el arca del testimonio y la cubrirás con el velo. Meterás la mesa y la pondrás en orden. Meterás también el candelabro y encenderás sus lámparas. Pondrás el altar de oro para el incienso delante del arca del testimonio, y pondrás la cortina a la entrada del tabernáculo. "Después pondrás el altar del holocausto delante de la entrada de la morada, el tabernáculo de reunión. Colocarás la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás agua en ella. Finalmente pondrás el atrio alrededor y la cortina a la entrada del atrio. "Luego tomarás el aceite de la unción, y ungirás el tabernáculo y todo lo que está en él. Así lo consagrarás junto con todos sus utensilios, y será santo. Ungirás también el altar del holocausto y todos sus utensilios. Así consagrarás el altar, y el altar será santísimo. Asimismo, ungirás la fuente y su base, y la consagrarás. "Después harás que Aarón y sus hijos se acerquen a la entrada del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua. Vestirás a Aarón con las vestiduras sagradas, lo ungirás y lo consagrarás, para que me sirva como sacerdote. Luego harás que sus hijos se acerquen, los vestirás con las vestiduras y los ungirás como ungiste a su padre. Así me servirán como sacerdotes. Su unción les servirá para un sacerdocio perpetuo a través de sus generaciones." Moisés hizo conforme a todo lo que Jehovah le había mandado; así lo hizo. Y el tabernáculo fue levantado el primer día del mes primero del segundo año. Moisés hizo levantar el tabernáculo y asentó sus bases, puso sus tablones, colocó sus travesaños, levantó sus pilares, extendió la tienda sobre el tabernáculo y colocó la cubierta encima del tabernáculo, como Jehovah había mandado a Moisés. Después tomó el testimonio y lo puso dentro del arca. Colocó las varas en el arca, y encima de ella puso el propiciatorio. Introdujo el arca en el tabernáculo, puso el velo de protección y cubrió el arca del testimonio, como Jehovah había mandado a Moisés. Después puso la mesa en el tabernáculo de reunión, en el lado norte del tabernáculo, fuera del velo. Colocó sobre ella en orden el pan delante de Jehovah, como Jehovah había mandado a Moisés. Colocó el candelabro en el tabernáculo de reunión, frente a la mesa, en el lado sur del tabernáculo. Luego encendió las lámparas delante de Jehovah, como Jehovah había mandado a Moisés. Luego colocó el altar de oro en el tabernáculo de reunión, delante del velo. Y quemó sobre él incienso aromático, como Jehovah había mandado a Moisés. Puso, asimismo, la cortina a la entrada del tabernáculo. Colocó el altar del holocausto a la entrada de la morada, el tabernáculo de reunión, y sobre él ofreció el holocausto y la ofrenda vegetal, como Jehovah había mandado a Moisés. Colocó la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y puso en ella agua para lavarse. Moisés, Aarón y sus hijos lavaban en ella sus manos y sus pies. Cuando entraban en el tabernáculo de reunión y cuando se acercaban al altar, se lavaban, como Jehovah había mandado a Moisés. Finalmente, hizo levantar el atrio alrededor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina a la entrada del atrio. Y así Moisés acabó la obra. Entonces la nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehovah llenó la morada. Moisés no podía entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehovah había llenado la morada. En todas sus etapas, cuando la nube se levantaba del tabernáculo, los hijos de Israel partían; pero si la nube no se levantaba, no partían hasta el día en que ella se levantaba. Porque en todas sus etapas, la nube de Jehovah estaba de día sobre el tabernáculo; y el fuego estaba allí de noche, a la vista de toda la casa de Israel. Jehovah llamó a Moisés y habló con él desde el tabernáculo de reunión, diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que cuando alguno de vosotros presente una ofrenda a Jehovah, ésta será del ganado vacuno u ovino. Si su ofrenda es holocausto del ganado vacuno, ofrecerá un macho sin defecto. Lo ofrecerá voluntariamente delante de Jehovah a la entrada del tabernáculo de reunión. Pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima, la cual será aceptada para hacer expiación por él. Entonces degollará el novillo en presencia de Jehovah, y los sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre rociándola por encima y alrededor del altar que está a la entrada del tabernáculo de reunión. Después desollará la víctima del holocausto y la cortará en pedazos. Luego los hijos del sacerdote Aarón pondrán fuego sobre el altar y acomodarán la leña sobre el fuego. Después los sacerdotes hijos de Aarón acomodarán los pedazos, la cabeza y el sebo encima de la leña que está en el fuego sobre el altar. Y el sacerdote lavará con agua las vísceras y las piernas, y las hará arder todas sobre el altar. Es un holocausto, una ofrenda quemada de grato olor a Jehovah. "Si su ofrenda para el holocausto es del rebaño, ya sea de las ovejas o de las cabras, ofrecerá un macho sin defecto. Lo degollará delante de Jehovah, al lado norte del altar; y los sacerdotes hijos de Aarón rociarán su sangre por encima y alrededor del altar. El sacerdote lo cortará en pedazos y los acomodará, junto con la cabeza y el sebo, encima de la leña que está en el fuego sobre el altar. El sacerdote lavará con agua las vísceras y las piernas; las ofrecerá todas y las hará arder sobre el altar. Es un holocausto, una ofrenda quemada de grato olor a Jehovah. "Pero si su ofrenda para Jehovah es un holocausto de aves, presentará su ofrenda de tórtolas o de pichones de paloma. El sacerdote la llevará al altar, le arrancará la cabeza, la hará arder sobre el altar y exprimirá su sangre sobre un lado del altar. Le quitará el buche y las plumas, y los echará en el lugar de las cenizas que está al lado este del altar. El sacerdote la partirá por las alas, pero sin dividirla en dos, y la hará arder encima de la leña que está en el fuego sobre el altar. Es un holocausto, una ofrenda quemada de grato olor a Jehovah. "Cuando alguien presente como ofrenda a Jehovah una ofrenda vegetal, ésta será de harina fina, sobre la cual derramará aceite y pondrá incienso. La traerá a los sacerdotes hijos de Aarón. El sacerdote tomará un puñado de la harina fina de la ofrenda y parte del aceite, con todo su incienso, y hará arder sobre el altar la porción memorial de ella. Es una ofrenda quemada de grato olor a Jehovah. Lo que sobre de la ofrenda será para Aarón y para sus hijos. Es lo más sagrado de las ofrendas quemadas a Jehovah. "Cuando presentes una ofrenda vegetal cocida al horno, ésta será de tortas de harina fina sin levadura, amasadas con aceite, y galletas sin levadura untadas con aceite. Si presentas una ofrenda cocida en sartén, será de harina fina sin levadura y amasada con aceite, la cual partirás en pedazos, y derramarás aceite sobre ella. Es una ofrenda vegetal. "Si presentas la ofrenda cocida en cacerola, será de harina fina con aceite. Traerás a Jehovah la ofrenda hecha de estas cosas y la presentarás al sacerdote, el cual la llevará al altar. El sacerdote tomará de la ofrenda la porción memorial de ella y la hará arder sobre el altar. Es una ofrenda quemada de grato olor a Jehovah. Lo que sobre de la ofrenda será para Aarón y para sus hijos. Es lo más sagrado de las ofrendas quemadas a Jehovah. "Ninguna ofrenda vegetal que presentéis a Jehovah tendrá levadura, pues no presentarás ofrenda quemada a Jehovah de cosa que contenga levadura o miel. Estas cosas las podréis presentar a Jehovah como ofrenda de los primeros frutos, pero no serán puestas sobre el altar como ofrenda de grato olor. "Toda ofrenda vegetal tuya la sazonarás con sal. Jamás permitirás que la sal del pacto de tu Dios falte de tu ofrenda. Ofrecerás sal con todas tus ofrendas. "Si presentas a Jehovah una ofrenda vegetal de las primicias, será de espigas tostadas al fuego. Presentarás el grano fresco desmenuzado como ofrenda de tus primicias, poniendo sobre ella aceite e incienso. Es una ofrenda vegetal. El sacerdote hará arder la porción memorial del grano desmenuzado y del aceite, con todo el incienso. Es una ofrenda quemada a Jehovah. "Si su ofrenda es un sacrificio de paz, y si la ofrece del ganado vacuno, macho o hembra, sin defecto la ofrecerá delante de Jehovah; pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima, y la degollará a la entrada del tabernáculo de reunión. Luego los sacerdotes hijos de Aarón rociarán la sangre por encima y alrededor del altar. Después ofrecerá de la víctima del sacrificio de paz, como ofrenda quemada a Jehovah, el sebo que cubre las vísceras y todo el sebo que está sobre las vísceras, los dos riñones con el sebo que está sobre ellos, junto a los costados; y con los riñones extraerá el sebo que cubre el hígado. Los hijos de Aarón los harán arder en el altar, sobre el holocausto que está encima de la leña, en el fuego. Es una ofrenda quemada de grato olor a Jehovah. "Si su ofrenda como sacrificio de paz a Jehovah es del rebaño, sea macho o hembra, sin defecto lo ofrecerá. Si trae un cordero como su ofrenda, lo presentará delante de Jehovah, pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará delante del tabernáculo de reunión. Luego los hijos de Aarón rociarán la sangre por encima y alrededor del altar. Del sacrificio de paz presentará, como ofrenda quemada a Jehovah, el sebo y toda la rabadilla extraída desde la raíz del espinazo, el sebo que cubre las vísceras y todo el sebo que está sobre las vísceras, los dos riñones con el sebo que está sobre ellos, junto a los costados; y con los riñones extraerá el sebo que cubre el hígado. El sacerdote los hará arder sobre el altar como alimento. Es una ofrenda quemada a Jehovah. "Si su ofrenda es una cabra, la presentará delante de Jehovah, pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará delante del tabernáculo de reunión. Luego los hijos de Aarón rociarán la sangre por encima y alrededor del altar. Después ofrecerá de ella, como su ofrenda quemada a Jehovah, el sebo que cubre las vísceras y todo el sebo que está sobre las vísceras, los dos riñones con el sebo que está sobre ellos, junto a los costados; y con los riñones extraerá el sebo que cubre el hígado. El sacerdote los hará arder sobre el altar como alimento. Es una ofrenda quemada de grato olor a Jehovah. Todo el sebo es para Jehovah. "Este será un estatuto perpetuo a través de vuestras generaciones. En cualquier lugar que habitéis, no comeréis nada de sebo ni nada de sangre." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que cuando alguna persona peque por inadvertencia contra alguno de los mandamientos de Jehovah respecto a cosas que no se deben hacer, y hace alguna de ellas; si el que peca es el sacerdote ungido, lo cual resulta en culpabilidad para el pueblo, él ofrecerá a Jehovah un novillo sin defecto, como sacrificio por el pecado, por su pecado cometido. Traerá el novillo a la entrada del tabernáculo de reunión delante de Jehovah, pondrá su mano sobre la cabeza del novillo y lo degollará delante de Jehovah. Después el sacerdote ungido tomará parte de la sangre del novillo y la llevará al tabernáculo de reunión. Y mojando su dedo en la sangre, rociará siete veces delante de Jehovah, hacia el velo del santuario. Luego el sacerdote pondrá parte de la sangre sobre los cuernos del altar del incienso aromático, que está delante de Jehovah en el tabernáculo de reunión, y derramará el resto de la sangre del novillo al pie del altar del holocausto que está a la entrada del tabernáculo de reunión. Tomará del novillo del sacrificio por el pecado todo el sebo, el sebo que cubre las vísceras y todo el sebo que está sobre las vísceras, los dos riñones con el sebo que está sobre ellos, junto a los costados; y con los riñones extraerá el sebo que cubre el hígado, de la manera que se los quita del novillo del sacrificio de paz. Luego el sacerdote los hará arder sobre el altar del holocausto. Pero la piel del novillo y toda su carne, con su cabeza, sus piernas, sus vísceras y su estiércol —el novillo entero— los sacará fuera del campamento a un lugar purificado, donde se echan las cenizas, y los quemará en el fuego sobre la leña. Será quemado en el lugar donde se echan las cenizas. "Si toda la asamblea de Israel peca por inadvertencia, siendo el asunto ignorado por la congregación, y transgrede alguno de los mandamientos de Jehovah respecto a cosas que no se deben hacer, son culpables. Luego que tengan conocimiento del pecado que cometieron, la congregación ofrecerá un novillo como sacrificio por el pecado y lo traerán delante del tabernáculo de reunión. Los ancianos de la congregación pondrán sus manos sobre la cabeza del novillo delante de Jehovah, y degollarán el novillo delante de Jehovah. El sacerdote ungido llevará al tabernáculo de reunión parte de la sangre del novillo; y mojando su dedo en la sangre, el sacerdote rociará siete veces delante de Jehovah, hacia el velo. También pondrá parte de la sangre sobre los cuernos del altar que está delante de Jehovah en el tabernáculo de reunión. Derramará el resto de la sangre al pie del altar del holocausto, que está a la entrada del tabernáculo de reunión. Después le quitará todo el sebo y lo hará arder sobre el altar. Hará con este novillo como hizo con el novillo del sacrificio por el pecado; lo mismo hará con él. Así el sacerdote hará expiación por ellos, y serán perdonados. Después sacará el novillo fuera del campamento y lo quemará, como quemó el primer novillo. Este es el sacrificio por el pecado de la congregación. "Si un dirigente peca y transgrede por inadvertencia alguno de los mandamientos de Jehovah su Dios respecto a cosas que no se deben hacer, es culpable. Luego que se le haga conocer el pecado que cometió, presentará como su ofrenda un macho cabrío sin defecto. Pondrá su mano sobre la cabeza del macho cabrío, y lo degollará en el lugar donde se degüella el holocausto, delante de Jehovah. Este es el sacrificio por el pecado. El sacerdote tomará con su dedo parte de la sangre de la víctima por el pecado, la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto y derramará el resto de la sangre al pie del altar del holocausto. Quemará todo el sebo sobre el altar, como se hace con el sebo del sacrificio de paz. Así el sacerdote hará expiación por él, por su pecado, y será perdonado. "Si alguno del pueblo de la tierra peca por inadvertencia, transgrediendo alguno de los mandamientos de Jehovah respecto a cosas que no se deben hacer, es culpable. Luego que se le haga conocer el pecado que cometió, presentará como su sacrificio por su pecado cometido una cabra, una hembra sin defecto. Pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima por el pecado y la degollará en el lugar del holocausto. El sacerdote tomará con su dedo parte de la sangre, la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto y derramará el resto de la sangre al pie del altar. Después le extraerá todo el sebo, como extrajo el sebo del sacrificio de paz, y el sacerdote lo hará arder sobre el altar como grato olor a Jehovah. Así el sacerdote hará expiación por él, y será perdonado. Si trae una oveja como su sacrificio por el pecado, traerá una hembra sin defecto. Pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima por el pecado y la degollará como sacrificio por el pecado en el lugar donde se degüella el holocausto. Después el sacerdote tomará con su dedo parte de la sangre de la víctima por el pecado, la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto y derramará el resto de la sangre al pie del altar. Le extraerá todo el sebo, como extrajo el sebo del cordero del sacrificio de paz, y el sacerdote lo hará arder encima del altar sobre las ofrendas quemadas para Jehovah. Así el sacerdote hará expiación por él, por su pecado cometido, y será perdonado. "Cuando una persona peque porque, habiendo oído la advertencia del juramento y siendo ella testigo que lo vio o lo supo, no lo denuncie, será considerada culpable. De la misma manera, el que haya tocado cualquier cosa inmunda, sea el cadáver de un animal inmundo no doméstico, o el cadáver de un animal doméstico inmundo, o el cadáver de un reptil inmundo, aunque no se haya dado cuenta de ello, será impuro y culpable. Si alguien, sin darse cuenta, toca alguna impureza humana, sea cual sea la impureza con que se contamine, aunque no se haya dado cuenta de ello, cuando llegue a saberlo, será culpable. También la persona que descuidadamente jura hacer algo, sea malo o bueno, respecto a cualquier asunto por el cual se jura, como se acostumbra a jurar sin pensar, cuando llegue a saberlo, será culpable por cada una de estas cosas. "Y sucederá que cuando alguien peque respecto a cualquiera de estas cosas, confesará aquello en que pecó, y traerá a Jehovah como su sacrificio por la culpa, por su pecado cometido, una hembra del rebaño, sea oveja o cabra, como sacrificio por el pecado. El sacerdote le hará expiación por su pecado. "Si no tiene lo suficiente para una oveja, traerá a Jehovah como sacrificio por la culpa, por aquello en que pecó, dos tórtolas o dos pichones de paloma, el uno para sacrificio por el pecado y el otro para holocausto. Los traerá al sacerdote, quien ofrecerá primero el que es para el sacrificio por el pecado. Le arrancará la cabeza por el cuello, pero sin separarla totalmente. Rociará parte de la sangre del sacrificio por el pecado sobre la pared del altar y lo que sobre de la sangre lo exprimirá al pie del altar. Este es el sacrificio por el pecado. Luego ofrecerá el segundo en holocausto, de acuerdo con lo establecido. Así el sacerdote hará expiación por él, por su pecado cometido, y le será perdonado. "Si no tiene lo suficiente para dos tórtolas o dos pichones de paloma, por aquello en que pecó, traerá como su ofrenda la décima parte de un efa de harina fina como ofrenda por el pecado. No pondrá sobre ella aceite ni incienso, porque es una ofrenda por el pecado. La traerá al sacerdote, y éste tomará de ella un puñado como porción memorial, y lo hará arder en el altar sobre las ofrendas quemadas a Jehovah. Este es el sacrificio por el pecado. Así el sacerdote hará expiación por él, por su pecado cometido respecto a cualquiera de estas cosas, y le será perdonado. Lo que sobre será para el sacerdote, como en el caso de la ofrenda vegetal." Además, Jehovah habló a Moisés diciendo: "Si alguien comete una falta y peca por inadvertencia con respecto a las cosas sagradas de Jehovah, traerá a Jehovah por su culpa, como sacrificio por la culpa, un carnero del rebaño, sin defecto, evaluado por ti en siclos de plata, según el siclo del santuario. El restituirá aquello que haya defraudado de las cosas sagradas, añadirá a ello la quinta parte y lo dará al sacerdote. El sacerdote hará expiación por él con el carnero del sacrificio por la culpa, y le será perdonado. "Si alguien peca transgrediendo alguno de los mandamientos de Jehovah respecto a cosas que no deben hacerse, aun cuando no llegue a saberlo, será culpable y cargará con su culpa. El traerá al sacerdote como sacrificio por la culpa un carnero del rebaño, sin defecto, evaluado según tú lo estimes. El sacerdote hará expiación por él, por su pecado cometido por inadvertencia, y le será perdonado. Este es el sacrificio por la culpa, pues ciertamente es culpable ante Jehovah." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Cuando una persona peque y actúe con infidelidad contra Jehovah, negando a su prójimo lo que éste le había encomendado o dejado en su poder, o si roba y extorsiona a su prójimo, o si hallando algo que se había perdido lo niega, o jura con engaño respecto a cualquier cosa en que la gente suele pecar, sucederá que habiendo pecado y siendo culpable, deberá restituir aquello que robó o extorsionó, o el depósito que se le encomendó, o la cosa perdida que halló, o todo aquello sobre lo que haya jurado falsamente. Lo restituirá por entero y añadirá a ello la quinta parte. Todo esto lo pagará a quien se lo deba, el día en que presente su sacrificio por la culpa. Además, traerá al sacerdote para Jehovah su sacrificio por la culpa, un carnero del rebaño, sin defecto, conforme a tu estimación, como sacrificio por la culpa. El sacerdote hará expiación delante de Jehovah por esa persona, y será perdonada de cualquiera de las cosas que hizo, por las que se ha hecho culpable." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Manda a Aarón y a sus hijos diciéndoles que éstas son las instrucciones para el holocausto: El holocausto se quemará sobre el altar toda la noche, hasta la mañana; y el fuego del altar arderá en él. El sacerdote se pondrá su vestimenta de lino y vestirá pantalones de lino sobre su cuerpo. Cuando el fuego haya consumido el holocausto, él apartará las cenizas de encima del altar y las pondrá a un lado del altar. Después se quitará sus vestiduras y se pondrá otras vestiduras para llevar las cenizas fuera del campamento, a un lugar purificado. El fuego encendido sobre el altar no será apagado. El sacerdote hará arder leña en él cada mañana. Acomodará sobre el altar el holocausto y quemará sobre él el sebo de los sacrificios de paz. El fuego ha de arder permanentemente en el altar; no se apagará. "Estas son las instrucciones para la ofrenda vegetal: Los hijos de Aarón han de ofrecerla frente al altar, delante de Jehovah. El sacerdote tomará un puñado de la harina fina de la ofrenda, y parte del aceite con todo el incienso que está sobre la ofrenda; y los hará arder sobre el altar como grato olor, como una porción memorial para Jehovah. Lo que sobre de ella lo comerán Aarón y sus hijos. Sin levadura será comida en un lugar santo; en el atrio del tabernáculo de reunión lo comerán. No será cocida con levadura. Yo la he dado como porción para ellos de mis ofrendas quemadas. Es cosa muy sagrada, como el sacrificio por el pecado y el sacrificio por la culpa. Todos los varones de los hijos de Aarón podrán comer de ella. Esta es una provisión perpetua a través de vuestras generaciones, respecto a las ofrendas quemadas a Jehovah. Todo lo que las toque será santificado." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Esta es la ofrenda que Aarón y sus hijos presentarán a Jehovah el día en que sean ungidos: la décima parte de un efa de harina fina como ofrenda vegetal perpetua, la mitad al amanecer y la mitad al anochecer. Será preparada con aceite en la sartén, y la traerás mezclada. Partirás la ofrenda en pedazos y la ofrecerás como grato olor a Jehovah. La ofrecerá el sacerdote que de entre sus hijos sea ungido en su lugar. Esto es un estatuto perpetuo de Jehovah. Será quemada por completo. Toda la ofrenda vegetal del sacerdote será quemada por completo; no se comerá." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a Aarón y a sus hijos y diles que éstas son las instrucciones para el sacrificio por el pecado: En el lugar donde se degüella el holocausto será degollada la víctima por el pecado, delante de Jehovah. Es cosa muy sagrada. El sacerdote que la ofrezca como sacrificio por el pecado la comerá. Será comida en un lugar santo, en el atrio del tabernáculo de reunión. Todo lo que toque su carne será santificado. Si su sangre salpica en el vestido, lavarás en un lugar santo aquello sobre lo cual haya salpicado. "El utensilio de barro en que sea cocida será roto. Si es cocida en utensilio de metal, éste será frotado y lavado con agua. Todo varón de entre los sacerdotes la podrá comer. Es cosa muy sagrada. Pero no se comerá de ninguna víctima por el pecado, cuya sangre se haya introducido en el tabernáculo de reunión para hacer expiación en el santuario; será quemada al fuego. "Estas son las instrucciones para el sacrificio por la culpa. Es cosa muy sagrada. En el lugar donde degüellan el holocausto, degollarán la víctima por la culpa, y él rociará su sangre por encima y alrededor del altar. Luego ofrecerá de ella todo el sebo, la rabadilla, el sebo que cubre las vísceras, los dos riñones con el sebo que está sobre ellos junto a los costados; y con los riñones extraerá el sebo que cubre el hígado. El sacerdote los hará arder sobre el altar como ofrenda quemada a Jehovah. Este es el sacrificio por la culpa. Todo varón de entre los sacerdotes la podrá comer; será comida en un lugar santo. Es cosa muy sagrada. Como el sacrificio por el pecado, así es el sacrificio por la culpa; las mismas instrucciones habrá para ambos. Será para el sacerdote que con ellos haga expiación. "Si un sacerdote ofrece en holocausto la ofrenda de alguno, la piel del animal ofrecido será para el sacerdote. Asimismo, toda ofrenda vegetal que se cueza en horno y toda la que sea preparada en sartén o en cacerola será para el sacerdote que la ofrezca. Toda ofrenda vegetal mezclada con aceite, o seca, pertenecerá a todos los hijos de Aarón, a todos por igual. "Estas son las instrucciones para el sacrificio de paz que se ofrecerá a Jehovah: Si es ofrecido en acción de gracias, con el sacrificio de acción de gracias ofrecerá tortas sin levadura amasadas con aceite, galletas sin levadura untadas con aceite y harina fina mezclada con aceite. Junto con las tortas de pan con levadura ofrecerá su sacrificio de paz en acción de gracias. "De cada ofrenda presentará una parte como ofrenda alzada a Jehovah, la cual será para el sacerdote que esparza la sangre de los sacrificios de paz. La carne del sacrificio de paz en acción de gracias se comerá el día que sea ofrecida; no dejarán nada de ello hasta la mañana. Pero si el sacrificio de su ofrenda es por motivo de un voto o es una ofrenda voluntaria, se comerá en el día que sea ofrecida, y lo que quede de ella será comido también al día siguiente. Pero si queda parte de la carne del sacrificio para el tercer día, será quemada en el fuego. Si se come parte de la carne del sacrificio de paz al tercer día, el que lo ofrezca no será aceptado, ni le será tenido en cuenta. Eso será considerado inmundo, y la persona que coma de ella cargará con su culpa. "La carne que toque alguna cosa inmunda no será comida; será quemada al fuego. En cuanto a aquella carne, toda persona pura podrá comerla. Si una persona que estando impura come la carne del sacrificio de paz, que pertenece a Jehovah, tal persona será excluida de su pueblo. Y si una persona toca cualquier cosa inmunda, ya sea impureza de hombre, o un animal inmundo, o cualquier cosa abominable e inmunda, y come de la carne del sacrificio de paz, que pertenece a Jehovah, tal persona será excluida de su pueblo." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles: ‘No comeréis ningún sebo de toro, de cordero o de cabra. El sebo de un animal mortecino y el sebo de un animal despedazado podrán usarse para cualquier otro uso, pero en ningún caso los comeréis. Cualquiera que coma sebo de animal, del cual se ofrece a Jehovah ofrenda quemada, esa persona que lo coma será excluida de su pueblo. Tampoco comeréis sangre, ni de aves ni de fieras, en ningún lugar en que habitéis. Cualquier persona que coma sangre será excluida de su pueblo.’" Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que el que ofrezca un sacrificio de paz a Jehovah traerá su ofrenda a Jehovah de su sacrificio de paz. Con sus propias manos traerá la ofrenda que se ha de quemar para Jehovah. Traerá el sebo junto con el pecho, para que el pecho sea mecido delante de Jehovah como ofrenda mecida. El sacerdote hará arder el sebo sobre el altar, pero el pecho será para Aarón y sus hijos. También daréis al sacerdote, como ofrenda alzada, el muslo derecho de vuestros sacrificios de paz. La porción del muslo derecho será para aquel que de entre los hijos de Aarón ofrezca la sangre y el sebo del sacrificio de paz. Yo he tomado de los sacrificios de paz de los hijos de Israel el pecho de la ofrenda mecida y el muslo de la ofrenda alzada, y se los he dado al sacerdote Aarón y a sus hijos, como provisión perpetua de los hijos de Israel." Esta es la porción que corresponde a Aarón y la porción que corresponde a sus hijos de las ofrendas quemadas a Jehovah, desde el día en que él los consagró para ser sacerdotes de Jehovah. Esto ordenó Jehovah el día en que los ungió, que les diesen de parte de los hijos de Israel como provisión perpetua, a través de sus generaciones. Estas son las instrucciones para el holocausto, para la ofrenda vegetal, para el sacrificio por el pecado, para el sacrificio por la culpa, para la ofrenda de la consagración y para el sacrificio de paz, las cuales ordenó Jehovah a Moisés en el monte Sinaí cuando mandó a los hijos de Israel que presentaran sus ofrendas a Jehovah en el desierto de Sinaí. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Toma a Aarón y con él a sus hijos, y las vestiduras, el aceite de la unción, el novillo para el sacrificio por el pecado, los dos carneros y la cesta de los panes sin levadura. Reúne luego a toda la congregación a la entrada del tabernáculo de reunión." Moisés hizo como Jehovah le mandó, y la congregación se reunió a la entrada del tabernáculo de reunión. Entonces Moisés dijo a la congregación: "Esto es lo que Jehovah ha mandado hacer." Luego Moisés hizo que se acercaran Aarón y sus hijos, y los lavó con agua. Puso sobre Aarón el vestido y lo ciñó con el cinturón. Después le vistió con la túnica, puso sobre ella el efod, lo ciñó con el ceñidor del efod y lo sujetó con él. Después le puso encima el pectoral, y sobre el pectoral puso el Urim y el Tumim. Puso el turbante sobre su cabeza; y sobre aquél, en la parte delantera, puso la lámina de oro en forma de flor, la diadema sagrada, como Jehovah había mandado a Moisés. Después Moisés tomó el aceite de la unción, ungió el tabernáculo y todas las cosas que estaban en él; y las santificó. Roció con él el altar siete veces; ungió el altar y todos sus utensilios, y la fuente con su base, para santificarlos. Luego derramó parte del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y lo ungió para consagrarlo. Después Moisés hizo que se acercaran los hijos de Aarón. Les vistió con las vestiduras, les ciñó con los cinturones y les puso los turbantes, como Jehovah había mandado a Moisés. Después hizo que trajeran el novillo del sacrificio por el pecado. Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del novillo del sacrificio por el pecado. Moisés lo degolló, tomó parte de la sangre, la puso con su dedo sobre los cuernos del altar en derredor y purificó el altar. Derramó el resto de la sangre al pie del altar y lo santificó para hacer expiación por él. Entonces tomó todo el sebo que estaba sobre las vísceras, el sebo del hígado y los dos riñones con el sebo que los cubre, y Moisés los hizo arder sobre el altar. Pero el resto del novillo—su piel, su carne y su estiércol— lo quemó en el fuego fuera del campamento, como Jehovah había mandado a Moisés. Después hizo que trajesen el carnero del holocausto, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero. Moisés lo degolló y roció la sangre por encima y alrededor del altar. Después cortó el carnero en pedazos e hizo arder la cabeza, los pedazos y el sebo. Lavó luego con agua las vísceras y las piernas, e hizo arder todo el carnero sobre el altar. Es holocausto de grato olor, ofrenda quemada a Jehovah, como Jehovah había mandado a Moisés. Después hizo que acercaran el otro carnero, el carnero de la investidura. Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero, y Moisés lo degolló. Luego tomó parte de su sangre y la puso sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el dedo pulgar de su mano derecha y sobre el dedo pulgar de su pie derecho. Hizo que se acercaran los hijos de Aarón y puso parte de la sangre sobre el lóbulo de su oreja derecha, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. Luego derramó el resto de la sangre por encima y alrededor del altar. Después tomó el sebo, la rabadilla, el sebo que cubre las vísceras, el sebo del hígado, los dos riñones con el sebo que los cubre y el muslo derecho. De la cesta de los panes sin levadura que estaba delante de Jehovah, tomó un pan sin levadura, una torta de pan con aceite y una galleta, y los puso sobre el sebo y sobre el muslo derecho. Puso todo esto en las manos de Aarón y en las manos de sus hijos, y lo hizo mecer como ofrenda mecida delante de Jehovah. Después las tomó Moisés de sus manos y las hizo arder en el altar sobre el holocausto. Estos son los sacrificios de la investidura, para grato olor. Es una ofrenda quemada a Jehovah. Después Moisés tomó el pecho y lo meció como ofrenda mecida delante de Jehovah. Esta parte del carnero de la investidura correspondía a Moisés, como Jehovah había mandado a Moisés. Luego Moisés tomó parte del aceite de la unción y de la sangre que estaba sobre el altar, y roció a Aarón y sus vestiduras, y con él a sus hijos y sus vestiduras. Así consagró a Aarón y sus vestiduras, y con él a sus hijos y sus vestiduras. Entonces Moisés dijo a Aarón y a sus hijos: "Coced la carne a la entrada del tabernáculo de reunión. Comedla allí con el pan que está en la cesta de la investidura, como lo mandé diciendo: ‘Aarón y sus hijos la comerán.’ Lo que sobre de la carne y del pan lo quemaréis en el fuego. No saldréis de la entrada del tabernáculo de reunión durante siete días, hasta que se cumpla el plazo de vuestra investidura, porque durante siete días se os investirá. Lo que se ha hecho hoy es lo que Jehovah ha mandado que se haga para hacer expiación por vosotros. A la entrada del tabernáculo de reunión estaréis día y noche durante siete días, y cumpliréis la ordenanza de Jehovah, para que no muráis; porque así me ha sido mandado." Aarón y sus hijos hicieron todas las cosas que Jehovah había mandado por medio de Moisés. En el octavo día Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel. Y dijo a Aarón: "Toma para el sacrificio por el pecado un becerro del ganado, y para el holocausto, un carnero sin defecto; y ofrécelos delante de Jehovah. Después hablarás a los hijos de Israel, diciendo: ‘Tomad un macho cabrío para el sacrificio por el pecado, y un becerro y un cordero, sin defecto, los dos de un año, para el holocausto. Asimismo, tomad un toro y un carnero para el sacrificio de paz, que sacrificarás delante de Jehovah, y una ofrenda vegetal mezclada con aceite; porque Jehovah se aparecerá hoy a vosotros.’" Llevaron al frente del tabernáculo de reunión lo que Moisés mandó, y toda la asamblea se acercó y estuvo de pie delante de Jehovah. Entonces Moisés dijo: "Esto es lo que ha mandado Jehovah. Hacedlo, y la gloria de Jehovah se os aparecerá." Moisés dijo a Aarón: "Acércate al altar y ofrece tu sacrificio por el pecado y tu holocausto, y haz expiación por ti y por el pueblo. Presenta también la ofrenda del pueblo y haz expiación por ellos, como ha mandado Jehovah." Entonces Aarón se acercó al altar y degolló el becerro del sacrificio por su propio pecado, y los hijos de Aarón le llevaron la sangre. Mojó su dedo en la sangre y la puso sobre los cuernos del altar, y derramó el resto de la sangre al pie del altar. Hizo arder sobre el altar el sebo, los riñones y el sebo del hígado de la víctima por el pecado, como Jehovah había mandado a Moisés. Pero quemó al fuego la carne y la piel, fuera del campamento. Asimismo, degolló la víctima del holocausto. Luego los hijos de Aarón le presentaron la sangre, y él la derramó por encima y alrededor del altar. Después le presentaron en pedazos la víctima del holocausto, junto con la cabeza, y los hizo arder sobre el altar. Luego lavó las vísceras y las piernas, y las hizo arder sobre el holocausto en el altar. Ofreció también la ofrenda del pueblo. Tomó el macho cabrío para el sacrificio por el pecado del pueblo, lo degolló y lo ofreció por el pecado, como el anterior. Después ofreció el holocausto y lo hizo de acuerdo con lo establecido. Asimismo, presentó la ofrenda vegetal, llenando con ella su mano, y la hizo arder sobre el altar, además del holocausto de la mañana. Degolló también el toro y el carnero como sacrificios de paz por el pueblo. Los hijos de Aarón le presentaron la sangre, y él la esparció por encima y alrededor del altar. Asimismo, los sebos del toro y del carnero (la rabadilla, el sebo que cubre las vísceras, los riñones y el sebo del hígado); y pusieron los sebos junto con los pechos. El hizo arder los sebos sobre el altar, pero Aarón meció el pecho y el muslo derecho como ofrenda mecida delante de Jehovah, como Jehovah había mandado a Moisés. Después Aarón alzó sus manos hacia el pueblo y lo bendijo. Y descendió después de ofrecer el sacrificio por el pecado, el holocausto y los sacrificios de paz. Luego Moisés y Aarón entraron en el tabernáculo de reunión. Al salir, bendijeron al pueblo, y la gloria de Jehovah se apareció a todo el pueblo. Entonces salió fuego de la presencia de Jehovah y consumió el holocausto y los sebos sobre el altar. Al ver esto, todo el pueblo gritó de gozo, y se postraron sobre sus rostros. Nadab y Abihú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, pusieron en ellos fuego, pusieron sobre él incienso y ofrecieron delante de Jehovah fuego extraño que él no les había mandado. Entonces salió fuego de la presencia de Jehovah y los consumió. Y murieron delante de Jehovah. Entonces Moisés dijo a Aarón: —Esto es lo que habló Jehovah diciendo: "Me he de mostrar como santo en los que se acercan a mí, y he de ser glorificado en presencia de todo el pueblo." Y Aarón calló. Luego Moisés llamó a Misael y a Elzafán, hijos de Uziel, tío de Aarón, y les dijo: —Acercaos y llevaos a vuestros hermanos de delante del santuario fuera del campamento. Ellos se acercaron y los llevaron con sus vestiduras fuera del campamento, como dijo Moisés. Entonces Moisés dijo a Aarón y a sus hijos Eleazar e Itamar: —No dejéis suelto el cabello de vuestras cabezas, ni rasguéis vuestras vestiduras, para que no muráis ni haya ira sobre toda la asamblea. Pero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, llorarán a los quemados, a quienes Jehovah quemó. Tampoco salgáis de la entrada del tabernáculo de reunión, no sea que muráis; porque el aceite de la unción de Jehovah está sobre vosotros. Ellos hicieron conforme a la palabra de Moisés. Entonces Jehovah habló a Aarón diciendo: —Ni tú ni tus hijos contigo beberéis vino ni licor, cuando hayáis de entrar en el tabernáculo de reunión, para que no muráis. Esto será un estatuto perpetuo a través de vuestras generaciones, para hacer diferencia entre lo santo y lo profano, entre lo impuro y lo puro, y para enseñar a los hijos de Israel todas las leyes que Jehovah os ha dicho por medio de Moisés. Moisés dijo a Aarón y a sus hijos Eleazar e Itamar, que habían quedado: —Tomad la ofrenda vegetal que queda de las ofrendas quemadas a Jehovah, y comedla sin levadura junto al altar; porque es cosa muy sagrada. Habéis de comerla en un lugar santo, pues esto os corresponde para siempre a ti y a tus hijos, de las ofrendas quemadas a Jehovah, porque así me ha sido mandado. Comeréis también en un lugar limpio, tú y tus hijos y tus hijas contigo, el pecho de la ofrenda mecida y el muslo derecho de la ofrenda alzada, porque éstos os corresponden a ti y a tus hijos, de los sacrificios de paz de los hijos de Israel. Con las ofrendas de los sebos que se han de quemar, traerán el muslo que será alzado y el pecho que será mecido, como ofrenda mecida delante de Jehovah. Estos os corresponderán para siempre a ti y a tus hijos contigo, como Jehovah ha mandado. Después Moisés pidió con insistencia el macho cabrío para el sacrificio por el pecado, y he aquí que ya había sido quemado. El se enojó contra Eleazar e Itamar, los hijos de Aarón que habían quedado, y dijo: —¿Por qué no comisteis la ofrenda por el pecado en un lugar santo? Es cosa muy sagrada, y él os la dio a vosotros para cargar con la culpa de la congregación, a fin de hacer expiación por ella delante de Jehovah. Puesto que su sangre no fue llevada al interior del santuario, entonces debisteis haberla comido en un lugar santo, como yo mandé. Aarón respondió a Moisés: —He aquí que ellos han ofrecido hoy su sacrificio por el pecado y su holocausto delante de Jehovah, y a mí me han acontecido estas cosas. Si yo hubiera comido hoy de la ofrenda por el pecado, ¿habría sido acepto a los ojos de Jehovah? Moisés oyó esto, y le pareció bien. Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo: "Hablad a los hijos de Israel y decidles que éstos son los animales que podréis comer entre todos los cuadrúpedos de la tierra: Podréis comer cualquier animal que tiene pezuñas partidas, hendidas en mitades, y que rumia. Pero de los que rumian o de los que tienen la pezuña partida, no comeréis éstos: el camello, porque rumia pero no tiene la pezuña partida, será para vosotros inmundo. El conejo, porque rumia pero no tiene la pezuña partida, será para vosotros inmundo. La liebre, porque rumia pero no tiene la pezuña partida, será para vosotros inmunda. El cerdo, porque tiene las pezuñas partidas, hendidas en mitades, pero no rumia, será para vosotros inmundo. No comeréis la carne de éstos, ni tocaréis sus cuerpos muertos; serán para vosotros inmundos. "De todos los animales acuáticos podréis comer éstos: todos los que tienen aletas y escamas, tanto de las aguas del mar como de los ríos. Pero todos los que no tienen aletas ni escamas, tanto en el mar como en los ríos, así como cualquier otra criatura acuática y cualquier otro ser viviente que hay en el agua, serán para vosotros detestables. Os serán detestables; no comeréis su carne y detestaréis sus cuerpos muertos. Todos los que en las aguas no tienen aletas ni escamas serán para vosotros detestables. "De las aves, las que detestaréis y no comeréis por ser detestables son: el águila, el quebrantahuesos, el azor, el falcón y el milano, según sus especies; todo cuervo según sus especies; el avestruz, el corvejón, la gaviota y el halcón, según sus especies; la lechuza, el somormujo, el búho, el calamón, el pelícano, el gallinazo, la cigüeña y la garza, según sus especies; la abubilla y el murciélago. "Todo insecto alado que se desplaza sobre cuatro patas os será detestable. Pero de entre todos los insectos que se desplazan sobre cuatro patas, y que tienen piernas unidas a sus patas para saltar con ellas sobre la tierra, podréis comer los siguientes: Comeréis la langosta según sus especies, el langostín según sus especies, el grillo según sus especies y el saltamontes según sus especies. Todo otro insecto alado de cuatro patas os será detestable. Por ellos quedaréis impuros; cualquiera que toque sus cuerpos muertos quedará impuro hasta el anochecer. Cualquiera que cargue algo de sus cuerpos muertos lavará su ropa y quedará impuro hasta el anochecer. "Todo animal que tiene pezuñas no partidas, que no las tiene hendidas en mitades, o que no rumia, os será inmundo. Todo el que los toque quedará impuro. De todos los animales que andan sobre cuatro patas os serán inmundos todos los que andan sobre sus garras. Todo el que toque sus cuerpos muertos quedará impuro hasta el anochecer. El que cargue sus cuerpos muertos lavará su ropa y quedará impuro hasta el anochecer. Os serán inmundos. "Entre los animales que se desplazan sobre la tierra, éstos os serán inmundos: la comadreja, el ratón y la tortuga, según sus especies; el camaleón, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija y el calamón. Estos os serán inmundos de entre todos los animales que se desplazan. Todo el que los toque, estando muertos, quedará impuro hasta el anochecer. Todo aquello sobre lo cual caiga alguno de ellos, estando muerto, quedará inmundo, sea utensilio de madera, prenda de vestir, piel, costal o herramienta de trabajo. Será metido en agua y quedará inmundo hasta el anochecer. Después quedará limpio. Si alguno de ellos cae dentro de cualquier utensilio de barro, quedará inmundo todo lo que esté dentro de él; romperéis el utensilio. Toda cosa que se come sobre la cual caiga tal agua quedará inmunda. Toda cosa que se bebe que esté en cualquiera de tales utensilios quedará inmunda. Todo aquello sobre lo cual caiga algo de sus cuerpos muertos quedará inmundo. Si es horno u hornillo, será destruido. Son inmundos, y os serán inmundos. Sin embargo, el manantial y la cisterna donde se acumula agua serán considerados limpios. Pero lo que haya tocado sus cuerpos muertos quedará inmundo. "Si algo de sus cuerpos muertos cae sobre la semilla dispuesta para ser sembrada, ésta será considerada limpia. Pero si se ha puesto agua en la semilla y cae algo de sus cuerpos muertos sobre ella, os será inmunda. "Si muere algún animal cuya carne podéis comer, el que toque su cuerpo muerto quedará impuro hasta el anochecer. El que coma de su cuerpo muerto lavará su ropa, y quedará impuro hasta el anochecer. Y el que cargue su cuerpo muerto lavará su ropa, y quedará impuro hasta el anochecer. "Todo reptil que se desplaza sobre la tierra es detestable; no será comido. No comeréis ningún animal que se desplaza sobre su pecho, ni ninguno que se desplaza sobre cuatro o sobre muchas patas—todo el que se desplaza sobre la tierra— porque son detestables. No hagáis detestables vuestras personas por causa de ningún reptil. No os contaminéis con ellos, ni os hagáis impuros por causa de ellos. Porque yo soy Jehovah vuestro Dios, vosotros os santificaréis; y seréis santos, porque yo soy santo. No contaminéis vuestras personas por causa de ningún reptil que se desplaza sobre la tierra. Porque yo soy Jehovah, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Seréis santos, porque yo soy santo." Estas son las instrucciones acerca de los animales terrestres, de las aves, de todos los animales acuáticos y de todos los animales que se desplazan sobre la tierra; para diferenciar entre lo inmundo y lo limpio, entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que cuando una mujer conciba y dé a luz a un hijo varón, será considerada impura durante siete días; será impura como es impura en los días de su menstruación. Al octavo día será circuncidado el prepucio de su hijo, pero la mujer permanecerá treinta y tres días en la sangre de su purificación. No tocará ninguna cosa santa, ni vendrá al santuario hasta que se cumplan los días de su purificación. "Si da a luz una hija, será considerada impura y permanecerá aislada durante dos semanas, como en el caso de su impureza. Y permanecerá sesenta y seis días en la sangre de su purificación. "Cuando se cumplan los días de su purificación, por un hijo o por una hija, llevará al sacerdote un cordero de un año para el holocausto, y un pichón de paloma o una tórtola para el sacrificio por el pecado. Los traerá a la entrada del tabernáculo de reunión. El sacerdote los ofrecerá delante de Jehovah y hará expiación por ella. Así quedará purificada de su flujo de sangre. Esta es la ley para la que da a luz, sea un hijo o una hija. Pero si no tiene lo suficiente para un cordero, traerá dos tórtolas o dos pichones de paloma, el uno para el holocausto y el otro para el sacrificio por el pecado. El sacerdote hará expiación por ella, y quedará purificada." Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo: "Cuando alguien tenga en la piel de su cuerpo hinchazón, costra o mancha clara y se convierta en la piel de su cuerpo en llaga de lepra, será traído al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos sacerdotes. El sacerdote examinará la parte afectada en la piel del cuerpo. Si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco y la llaga parece más hundida que la piel de su cuerpo, es llaga de lepra. Cuando el sacerdote lo haya examinado, lo declarará impuro. "Si en la piel de su cuerpo hay una mancha clara blanquecina, pero no parece más hundida que la piel, ni su pelo se ha vuelto blanco, el sacerdote aislará al enfermo durante siete días. Al séptimo día el sacerdote lo examinará. Si según su parecer la llaga se ha mantenido igual y no se ha extendido en la piel, el sacerdote lo volverá a aislar durante otros siete días. Al séptimo día lo examinará de nuevo. Y he aquí que si la llaga parece oscura y no se ha extendido, el sacerdote lo declarará puro; sólo era una erupción. El enfermo lavará su ropa y quedará puro. "Pero si la erupción se ha extendido notablemente por la piel, después que él se haya mostrado al sacerdote para su purificación, se presentará otra vez ante el sacerdote. El sacerdote lo examinará, y he aquí que si la erupción se ha extendido en la piel, él lo declarará impuro; es lepra. "Cuando alguien tenga llaga de lepra, será traído al sacerdote. El lo examinará; y he aquí que si aparece una hinchazón blanca en la piel que ha hecho que el pelo se vuelva blanco y ha hecho aparecer la carne viva, es lepra crónica en la piel de su cuerpo. El sacerdote lo declarará impuro; no lo aislará, porque ya es impuro. "Pero si la lepra brota intensamente en la piel y cubre toda la piel del cuerpo del enfermo, desde su cabeza hasta sus pies, hasta donde los ojos del sacerdote puedan ver, el sacerdote lo examinará. Y he aquí que si la lepra ha cubierto todo su cuerpo, declarará puro al enfermo; pues si toda ella se ha vuelto blanca, él es puro. Pero si aparece en él la carne viva, será impuro. El sacerdote examinará la carne viva y lo declarará impuro. La carne viva es inmunda; es lepra. "Cuando la carne viva cambie y se vuelva blanca, vendrá al sacerdote. Este lo examinará, y he aquí que si la llaga se ha vuelto blanca, el sacerdote declarará purificado al que tuvo la llaga; y será puro. "Cuando en la piel de su cuerpo haya habido una úlcera y ésta se haya sanado, si aparece en el lugar de la úlcera una hinchazón blanca o una mancha blanca rojiza, será mostrada al sacerdote. Este la examinará; y he aquí que si parece estar más profunda que la piel y su pelo se ha vuelto blanco, el sacerdote lo declarará impuro. Es llaga de lepra que brotó en la úlcera. "Si el sacerdote la examina, y he aquí que no hay en ella pelo blanco ni está más hundida que la piel, sino que está oscura, el sacerdote lo aislará durante siete días. Si se ha extendido por la piel, el sacerdote lo declarará impuro; es lepra. recubrieron con barro, Pero si la mancha blanca se ha detenido en su lugar y no se ha extendido, es la cicatriz de la úlcera. El sacerdote lo declarará puro. "Asimismo, cuando la piel del cuerpo tiene quemadura de fuego y en la carne viva de la quemadura aparece una mancha clara, rojiza o blanca, el sacerdote la examinará. Y he aquí que si el pelo en la mancha se ha vuelto blanco y ésta parece estar más hundida que la piel, es lepra que se originó en la quemadura. El sacerdote lo declarará impuro; es llaga de lepra. "Pero si el sacerdote la examina, y he aquí que no aparece en la mancha el pelo blanco, ni está más hundida que la piel, sino que aparece oscura, el sacerdote lo aislará durante siete días. Al séptimo día el sacerdote lo examinará. Y si se ha extendido por la piel, el sacerdote lo declarará impuro; es llaga de lepra. Pero si la mancha blanca se ha detenido en su lugar y no se ha extendido en la piel, sino que parece oscura, es hinchazón de la quemadura. El sacerdote lo declarará puro, porque es sólo la cicatriz de la quemadura. "Cuando a un hombre o a una mujer le salga una llaga en la cabeza o en la barba, el sacerdote examinará la llaga. Y he aquí que si parece estar más hundida que la piel y el pelo en ella es amarillento y delgado, entonces el sacerdote lo declarará impuro. Es tiña o lepra de la cabeza o de la barba. Pero si el sacerdote examina la llaga de tiña, y he aquí que no parece estar más hundida que la piel ni hay en ella pelo amarillento, el sacerdote aislará al enfermo de tiña durante siete días. Al séptimo día el sacerdote examinará la llaga. Y he aquí que si la tiña no parece haberse extendido, ni hay en ella pelo amarillento, ni tampoco parece la llaga más hundida que la piel, entonces se afeitará, excepto en el lugar de la tiña. Luego el sacerdote lo aislará durante otros siete días. Al séptimo día el sacerdote examinará la tiña. Y he aquí que si la tiña no se ha extendido en la piel, ni parece estar más hundida que ésta, el sacerdote lo declarará puro. El lavará su ropa y quedará puro. "Pero si la tiña se ha extendido en la piel después de su purificación, el sacerdote lo examinará. Y he aquí que si la tiña se ha extendido en la piel, no busque el sacerdote el pelo amarillento. Es impuro. Pero si le parece que la tiña está detenida y que ha crecido en ella pelo negro, la tiña está sanada. El es puro, y el sacerdote lo declarará puro. "Asimismo, cuando un hombre o una mujer tenga en la piel de su cuerpo manchas, manchas blancas, el sacerdote las examinará. Y he aquí que si las manchas en la piel de su cuerpo son blancas algo oscuras, es eczema que brotó en la piel. Dicha persona es pura. "Cuando a un hombre se le cae el cabello, es calvo pero puro. Si pierde el cabello en la parte delantera de la cabeza, es calvo por delante, pero puro. No obstante, si en la calva trasera o delantera aparece una llaga blanca rojiza, es lepra que brota en su calva trasera o delantera. El sacerdote lo examinará; y he aquí que si la hinchazón de la llaga blanca rojiza en la calva trasera o delantera es semejante a la lepra en la piel del cuerpo, es leproso; es impuro. El sacerdote le declarará impuro; en su cabeza tiene la llaga. "En cuanto al leproso que tiene la llaga, sus vestidos serán rasgados, y su cabeza será despeinada. Se cubrirá hasta la nariz y pregonará: ‘¡Impuro! ¡Impuro!’ Todo el tiempo que tenga la llaga, quedará impuro. Siendo impuro, habitará solo, y su morada estará fuera del campamento. "Cuando una mancha de lepra esté en un vestido, sea vestido de lana o vestido de lino, esté en la urdimbre o en la trama de lino o de lana, así como en cuero o en cualquier objeto de cuero; si la mancha en el vestido, en la urdimbre, en la trama o en cualquier objeto de cuero es verdosa o rojiza, es mancha de lepra. Ha de ser mostrada al sacerdote. El sacerdote examinará la mancha y aislará el objeto manchado durante siete días. Al séptimo día examinará la mancha. Si se ha extendido en el vestido, en la urdimbre, en la trama, en el cuero o en cualquier objeto que se hace de cuero, es lepra maligna. Será inmunda. Quemará el vestido de lana o de lino, la urdimbre o la trama, o cualquier objeto de cuero donde esté la mancha, porque es lepra maligna; será quemado en el fuego. "Si el sacerdote examina la mancha, y he aquí que no parece haberse extendido en el vestido, en la urdimbre, en la trama o en el objeto de cuero, el sacerdote mandará lavar el lugar donde está la mancha y lo aislará otros siete días. El sacerdote lo examinará después de lavada la mancha. Y he aquí que si parece que la mancha no ha cambiado de aspecto, aunque ésta no se haya extendido, es inmundo. Lo quemarás al fuego. Es una corrosión, ya esté en el derecho o en el revés del objeto. "Pero si el sacerdote lo examina y parece que la mancha ha perdido su color después de lavada, la cortará del vestido, del cuero, de la urdimbre o de la trama. Si aparece otra vez en el vestido, en la urdimbre, en la trama o en cualquier objeto de cuero, rebrotando sobre él, quemarás en el fuego el objeto en el cual está la mancha. Pero el vestido, la urdimbre, la trama o cualquier objeto de cuero que laves y que se le quite la mancha, deberá ser lavado por segunda vez, y quedará limpio." Estas son las instrucciones acerca de la mancha de lepra en un vestido de lana o de lino, en la urdimbre o en la trama, y en cualquier objeto de cuero, para que sea declarado limpio o inmundo. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Estas serán las instrucciones acerca del leproso en el día de su purificación: Será traído al sacerdote. El sacerdote saldrá fuera del campamento y examinará al leproso; y he aquí que si la llaga de la lepra del leproso está sanada, el sacerdote mandará traer para el que se purifica dos pájaros vivos y limpios, madera de cedro, tinte escarlata e hisopo. Luego el sacerdote mandará degollar uno de los pájaros sobre una vasija de barro que contenga aguas vivas. Después tomará el pájaro vivo, la madera de cedro, el tinte escarlata y el hisopo, y los sumergirá junto con el pájaro vivo en la sangre del pájaro degollado sobre las aguas vivas. Después rociará siete veces al que se purifica de la lepra y le declarará puro. Luego soltará el pájaro vivo en el campo abierto. "El que se purifica lavará su ropa, afeitará todo su pelo y se lavará con agua. Así quedará purificado. Después podrá entrar en el campamento, pero quedará fuera de su tienda durante siete días. Al séptimo día afeitará de nuevo todo su pelo: su cabeza, su barba y sus cejas, es decir, todo su pelo. Luego lavará su ropa y lavará su cuerpo con agua, y quedará purificado. "El octavo día tomará dos corderos, sin defecto, una cordera de un año, sin defecto, tres décimas de efa de harina fina para la ofrenda vegetal, mezclada con aceite, y un log de aceite. El sacerdote que lo purifique presentará delante de Jehovah al que se purifica, de pie, con estas cosas, a la entrada del tabernáculo de reunión. Luego el sacerdote tomará uno de los corderos, lo presentará como sacrificio por la culpa con el log de aceite y lo mecerá como ofrenda mecida delante de Jehovah. Después degollará el cordero en el lugar del santuario donde se degüellan las víctimas por el pecado y el holocausto. Como la ofrenda por el pecado, así también la ofrenda por la culpa es para el sacerdote. Es cosa muy sagrada. "Después el sacerdote tomará parte de la sangre de la víctima por la culpa, y el sacerdote la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. De la misma manera el sacerdote tomará el log de aceite y echará parte de él en la palma de su mano izquierda. Luego el sacerdote mojará un dedo de su mano derecha en el aceite que tiene en la palma de su mano izquierda, y rociará el aceite con su dedo siete veces delante de Jehovah. De lo que quede del aceite en su mano, el sacerdote pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, junto al lugar donde está la sangre del sacrificio por la culpa. Lo que quede del aceite que está en la mano del sacerdote, éste lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica. Así el sacerdote hará expiación por él delante de Jehovah. "Luego el sacerdote ofrecerá el sacrificio por el pecado y hará expiación por el que se purifica de su impureza. Después degollará el holocausto. Y el sacerdote ofrecerá el holocausto y la ofrenda vegetal sobre el altar. Así el sacerdote hará expiación por él, y quedará purificado. "Pero si él es pobre y no tiene lo suficiente para estos sacrificios, tomará un cordero como sacrificio por la culpa, como ofrenda mecida por su expiación; una décima de efa de harina fina amasada con aceite, para la ofrenda vegetal, un log de aceite y dos tórtolas o dos pichones de paloma, según lo que pueda. Uno será para el sacrificio por el pecado y el otro para el holocausto. El octavo día traerá estas cosas al sacerdote para su purificación, a la entrada del tabernáculo de reunión, delante de Jehovah. "El sacerdote tomará el cordero del sacrificio por la culpa y el log de aceite, y los mecerá como ofrenda mecida delante de Jehovah. Después el sacerdote degollará el cordero del sacrificio por la culpa, tomará parte de la sangre de la víctima por la culpa y la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. "Después el sacerdote echará parte del aceite sobre la palma de su mano izquierda, y con un dedo de su mano derecha el sacerdote rociará del aceite que tiene en la palma de su mano izquierda siete veces delante de Jehovah. También del aceite que el sacerdote tiene en su mano, pondrá parte sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, junto al lugar donde está la sangre del sacrificio por la culpa. Lo que quede del aceite que está en la mano del sacerdote, éste lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica, para hacer expiación por él delante de Jehovah. "Asimismo, ofrecerá una de las tórtolas o uno de los pichones, según lo que pueda. Según lo que pueda, uno será para el sacrificio por el pecado y el otro para el holocausto, además de la ofrenda vegetal. Así el sacerdote hará expiación delante de Jehovah por el que se purifica." Estas son las instrucciones para el que haya tenido lepra y no tenga lo suficiente para su purificación. Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo: "Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión, si pongo una mancha de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión, el dueño de la casa vendrá y lo notificará al sacerdote diciendo: ‘Algo como una mancha ha aparecido en mi casa.’ Entonces el sacerdote mandará que desocupen la casa antes que él entre para examinar la mancha, para que no sea contaminado todo lo que está en la casa. Después el sacerdote entrará para examinar la casa, y examinará la mancha. Y he aquí que si hay manchas verdosas o rojizas en las paredes de la casa, que parezcan más hundidas que la superficie de la pared, el sacerdote saldrá de la casa, a la puerta de ella, y clausurará la casa por siete días. Al séptimo día el sacerdote volverá a examinarla; y he aquí que si la mancha se ha extendido en las paredes de la casa, entonces el sacerdote mandará que saquen las piedras donde está la mancha y que las echen fuera de la ciudad, a un lugar inmundo. También hará raspar toda la casa por dentro, y el polvo resultante será arrojado fuera de la ciudad, a un lugar inmundo. Entonces tomarán otras piedras y las pondrán en lugar de las que fueron sacadas. Tomarán otro barro y recubrirán la casa. "Si la mancha vuelve a brotar en la casa, después que sacaron las piedras, rasparon la casa y la entonces el sacerdote entrará y la examinará. Y he aquí que si la mancha parece haberse extendido en la casa, es lepra maligna. La casa es inmunda. Por tanto, derribarán la casa, y sacarán sus piedras, su madera y todo el polvo de la casa fuera de la ciudad, a un lugar inmundo. "Cualquiera que entre en aquella casa durante el tiempo que él la clausuró, quedará impuro hasta el anochecer. El que duerma en la casa lavará su ropa. El que coma en ella también lavará su ropa. "Pero si el sacerdote entra y la examina, y he aquí que ve que la mancha no se ha extendido en la casa después de haber sido recubierta con barro, el sacerdote declarará limpia la casa, porque la mancha ha desaparecido. Entonces, para purificar la casa, tomará dos pájaros, madera de cedro, tinte escarlata e hisopo. Degollará uno de los pájaros sobre una vasija de barro que contenga aguas vivas. Tomará la madera de cedro, el hisopo, el tinte escarlata y el pájaro vivo, y los sumergirá en la sangre del pájaro degollado y en las aguas vivas. Después rociará la casa siete veces. Purificará la casa con la sangre del pájaro, con las aguas vivas, con el pájaro vivo, la madera de cedro, el hisopo y el tinte escarlata. Luego soltará el pájaro vivo fuera de la ciudad, en el campo abierto. Así hará expiación por la casa, y quedará limpia." Estas son las instrucciones acerca de toda mancha de lepra y de tiña, de la lepra del vestido y de la casa, de la hinchazón, de la costra y de la mancha blanca, para indicar cuándo es inmundo y cuándo es limpio. Estas son las instrucciones acerca de la lepra. Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo: "Hablad a los hijos de Israel y decidles que cualquier hombre cuyo cuerpo tiene flujo seminal, quedará impuro a causa de su flujo. Esta será su impureza en su flujo: Será impureza, ya sea que su cuerpo emita su flujo o que su cuerpo obstruya su flujo. Toda cama en que se acueste el que tenga flujo, o toda cosa en que se siente, quedará inmunda. La persona que toque su cama lavará su ropa, se lavará con agua y quedará impuro hasta el anochecer. También el que se siente sobre aquello en que se sentó el que tiene flujo, lavará su ropa, se lavará con agua y quedará impuro hasta el anochecer. El que toque el cuerpo del que tiene flujo lavará su ropa, se lavará con agua y quedará impuro hasta el anochecer. "Cuando alguien que tiene flujo escupa sobre una persona pura, ésta lavará su ropa, se lavará con agua y quedará impura hasta el anochecer. Toda montura sobre la cual cabalgue el que tiene flujo quedará inmunda. Cualquiera que toque algo que ha estado debajo de él quedará impuro hasta el anochecer. El que cargue tales cosas lavará su ropa, se lavará con agua y quedará impuro hasta el anochecer. Todo aquel a quien toque el que tiene flujo, sin haberse lavado sus manos con agua, lavará su ropa, se lavará con agua, y quedará impuro hasta el anochecer. "La vasija de barro que haya tocado el que tiene flujo será rota. Todo utensilio de madera será enjuagado con agua. "Cuando el que tiene flujo se haya purificado de su flujo, contará siete días para su purificación. Entonces lavará su ropa, lavará su cuerpo con aguas vivas, y quedará purificado. Al octavo día tomará consigo dos tórtolas o dos pichones de paloma, vendrá ante Jehovah a la entrada del tabernáculo de reunión y los dará al sacerdote. El sacerdote los ofrecerá, el uno como sacrificio por el pecado y el otro como holocausto. Así el sacerdote hará expiación por él delante de Jehovah, a causa de su flujo. "Cuando alguien tenga emisión de semen, lavará con agua todo su cuerpo y quedará impuro hasta el anochecer. Toda prenda de vestir u objeto de cuero sobre el cual haya emisión de semen será lavado con agua, y quedará inmundo hasta el anochecer. "Si un hombre se acuesta con una mujer y hay emisión de semen, ambos se lavarán con agua y quedarán impuros hasta el anochecer. "Cuando una mujer tenga flujo de sangre, y su flujo salga de su cuerpo, quedará impura durante siete días. Cualquiera que la toque quedará impuro hasta el anochecer. Todo aquello en que se acueste o se siente durante su impureza quedará inmundo. Cualquiera que toque su cama lavará su ropa, se lavará con agua y quedará impuro hasta el anochecer. Cualquiera que toque el mueble sobre el que ella se sentó lavará su ropa, se lavará con agua y quedará impuro hasta el anochecer. El que toque algo que esté sobre la cama o sobre otro objeto sobre el que ella se sentó quedará impuro hasta el anochecer. "Si algún hombre se acuesta con ella y su menstruo se vierte sobre él, quedará impuro durante siete días. Toda cama en que él se acueste quedará inmunda. "Cuando una mujer tenga flujo de sangre por muchos días fuera del tiempo normal de su menstruación, o cuando tenga flujo de sangre más allá de su menstruación, todo el tiempo que dure el flujo de su impureza ella quedará impura como en el tiempo de su menstruación. Toda cama en que se acueste durante todos los días de su flujo será para ella como la cama durante su menstruación. Igualmente, todo objeto sobre el que ella se siente será inmundo, como en la impureza de su menstruación. Cualquiera que toque estas cosas quedará impuro. Lavará su ropa, se lavará con agua y quedará impuro hasta el anochecer. "Cuando ella quede limpia de su flujo, contará siete días y después quedará purificada. Al octavo día tomará consigo dos tórtolas o dos pichones de paloma, y los llevará al sacerdote, a la entrada del tabernáculo de reunión. El sacerdote ofrecerá uno de ellos como sacrificio por el pecado y el otro como holocausto. Así el sacerdote hará expiación por ella delante de Jehovah a causa del flujo de su impureza. Así mantendréis a los hijos de Israel apartados de sus impurezas, para que no mueran en sus impurezas, por haber contaminado mi tabernáculo que está entre ellos." Estas son las instrucciones para el hombre que tiene flujo y para el que tiene emisión de semen, y que por ello se ha contaminado; para la mujer en su período de menstruación; para el que tiene flujo, sea hombre o mujer, y para el hombre que se acueste con una mujer impura. Jehovah habló a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se presentaron ante Jehovah y murieron. Jehovah dijo a Moisés: "Di a tu hermano Aarón que no entre en cualquier tiempo en el santuario, detrás del velo, ante el propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera, pues yo me manifestaré en la nube, sobre el propiciatorio. "Aarón podrá entrar con esto en el santuario: con un novillo para el sacrificio por el pecado y un carnero para el holocausto. Se vestirá la túnica santa de lino, y los pantalones de lino estarán sobre su cuerpo; se ceñirá el cinturón de lino y pondrá el turbante de lino sobre su cabeza. Estas son las vestiduras sagradas; se vestirá con ellas después de lavar su cuerpo con agua. "Tomará de la congregación de los hijos de Israel dos machos cabríos para el sacrificio por el pecado y un carnero para el holocausto. Luego Aarón presentará como sacrificio por el pecado el novillo que le corresponde a él, para hacer expiación por sí mismo y por su familia. "Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehovah, a la entrada del tabernáculo de reunión. Aarón echará suertes sobre los dos machos cabríos: una suerte para Jehovah y otra suerte para Azazel. Luego Aarón hará acercar el macho cabrío sobre el cual haya caído la suerte para Jehovah, y lo ofrecerá en sacrificio por el pecado. Pero el macho cabrío sobre el cual haya caído la suerte para Azazel, será presentado vivo delante de Jehovah, para hacer expiación sobre él y enviarlo a Azazel, al desierto. "Aarón presentará como sacrificio por el pecado el novillo que le corresponde a él, para hacer expiación por sí mismo y por su familia. Luego degollará su novillo como sacrificio por el pecado. "Después tomará del altar que está delante de Jehovah un incensario lleno de brasas de fuego y dos puñados de incienso aromático molido, y lo llevará detrás del velo. Pondrá el incienso sobre el fuego delante de Jehovah, y la nube de incienso cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio; así no morirá. "Tomará luego parte de la sangre del novillo y rociará con su dedo por encima del propiciatorio, al lado oriental. Luego rociará con su dedo parte de esa sangre, siete veces, delante del propiciatorio. "Después degollará como sacrificio por el pecado el macho cabrío que corresponde al pueblo y llevará su sangre detrás del velo. Hará con su sangre como hizo con la sangre del novillo: La rociará sobre el propiciatorio y delante de él. Así hará expiación por el santuario a causa de las impurezas de los hijos de Israel y de sus rebeliones, por todos sus pecados. De la misma manera hará con el tabernáculo de reunión, el cual habita con ellos en medio de sus impurezas. "Nadie estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre para hacer expiación en el santuario, hasta que salga y haya hecho expiación por sí mismo, por su familia y por toda la congregación de Israel. "Después saldrá al altar que está delante de Jehovah, y hará expiación por él. Tomará parte de la sangre del novillo y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los cuernos del altar en su derredor. Rociará sobre él la sangre siete veces con su dedo, y lo purificará y santificará de las impurezas de los hijos de Israel. "Cuando haya acabado de hacer expiación por el santuario, por el tabernáculo de reunión y por el altar, hará acercar el macho cabrío vivo. Aarón pondrá sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo y confesará sobre él todas las iniquidades, las rebeliones y los pecados de los hijos de Israel, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío. Luego lo enviará al desierto por medio de un hombre designado para ello. Aquel macho cabrío llevará sobre sí, a una tierra inhabitada, todas las iniquidades de ellos. El hombre encargado dejará ir el macho cabrío por el desierto. "Después vendrá Aarón al tabernáculo de reunión, se quitará las vestiduras de lino con que se vistió para entrar en el santuario, y las dejará allí. Luego lavará su cuerpo con agua en un lugar santo, y después de ponerse sus vestiduras saldrá y presentará el holocausto suyo y el holocausto del pueblo. Así hará expiación por sí mismo y por el pueblo. Entonces hará arder sobre el altar el sebo del sacrificio por el pecado. "El que dejó ir el macho cabrío a Azazel lavará su ropa y lavará su cuerpo con agua, y después podrá entrar en el campamento. "Después sacará fuera del campamento el resto del novillo del sacrificio por el pecado y del macho cabrío del sacrificio por el pecado, cuya sangre fue llevada al santuario para hacer expiación. Quemarán en el fuego su piel, su carne y su estiércol. El que los queme lavará su ropa y lavará su cuerpo con agua, y después podrá entrar en el campamento. "Esto será para vosotros un estatuto perpetuo. El décimo día del mes séptimo os humillaréis a vosotros mismos y no haréis ningún trabajo, ni el natural ni el extranjero que habita entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros para purificaros, y quedaréis purificados de todos vuestros pecados delante de Jehovah. Será para vosotros una fiesta sabática solemne, y os humillaréis a vosotros mismos. Es un estatuto perpetuo. "El sacerdote que haya sido ungido, y que haya sido investido para ejercer el sacerdocio en lugar de su padre, hará la expiación. Se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas, y hará expiación por el santo santuario y por el tabernáculo de reunión. Hará expiación por el altar y por los sacerdotes. También hará expiación por todo el pueblo de la congregación. Esto tendréis por estatuto perpetuo, para hacer expiación por los hijos de Israel por todos sus pecados, una vez al año." Y Moisés hizo como Jehovah le mandó. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles que esto es lo que ha mandado Jehovah diciendo: ‘Cualquier hombre de la casa de Israel que dentro o fuera del campamento degüelle una vaca, un cordero o una cabra, y no lo traiga a la entrada del tabernáculo de reunión para ofrecerlo como sacrificio a Jehovah delante del tabernáculo de Jehovah, ese hombre será considerado reo de sangre. Derramó sangre; ese hombre será excluido de entre su pueblo. Esto es a fin de que los hijos de Israel traigan sus animales que sacrifican sobre el campo abierto, para que los traigan a Jehovah a la entrada del tabernáculo de reunión, al sacerdote, y los sacrifiquen como sacrificios de paz a Jehovah. El sacerdote esparcirá la sangre sobre el altar de Jehovah, a la entrada del tabernáculo de reunión, y hará arder el sebo como grato olor a Jehovah. Así nunca más ofrecerán sus sacrificios a los demonios, tras los cuales se han prostituido. Esto será para ellos un estatuto perpetuo a través de sus generaciones.’ "Les dirás también que cualquier hombre de la casa de Israel, o de los extranjeros que habitan entre ellos, que ofrezca holocausto o sacrificio y no lo traiga a la entrada del tabernáculo de reunión para ofrecerlo a Jehovah, tal hombre será excluido de entre su pueblo. "Si alguna persona de la casa de Israel, o de los extranjeros que habitan entre vosotros come cualquier sangre, pondré mi rostro contra la persona que coma la sangre y la excluiré de entre su pueblo. Porque la vida del cuerpo está en la sangre, la cual yo os he dado sobre el altar para hacer expiación por vuestras personas. Porque es la sangre la que hace expiación por la persona. Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: ‘Ninguna persona de entre vosotros comerá sangre; tampoco comerá sangre el extranjero que habita entre vosotros.’ "Si alguna persona de los hijos de Israel, o de los extranjeros que habitan entre vosotros, caza un animal o un ave que se pueda comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra. Porque la vida de toda carne es su sangre; por eso he dicho a los hijos de Israel: ‘No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre. Todo el que la coma será excluido.’ "Asimismo, cualquier persona, sea natural o extranjera, que coma un animal mortecino, o uno despedazado lavará su ropa, se lavará con agua y quedará impuro hasta el anochecer; entonces quedará purificado. Pero si no los lava, ni lava su cuerpo, cargará con su culpa." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que yo soy Jehovah, vuestro Dios. No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual habéis habitado. Tampoco haréis como hacen en la tierra de Canaán a la cual os llevo. No seguiréis sus costumbres. Pondréis por obra mis decretos y guardaréis mis estatutos para andar en ellos. Yo soy Jehovah vuestro Dios. Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis decretos, los cuales el hombre que los cumpla, por ellos vivirá. Yo, Jehovah. "Ningún hombre se acerque a una mujer que sea su parienta cercana para descubrir su desnudez. Yo, Jehovah. "No descubrirás la desnudez de tu padre o la desnudez de tu madre. Ella es tu madre; no descubrirás su desnudez. "No descubrirás la desnudez de la mujer de tu padre. Es la desnudez de tu padre. "No descubrirás la desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre, nacida en casa o nacida fuera de ella. "No descubrirás la desnudez de la hija de tu hijo o de la hija de tu hija, porque su desnudez es tu propia desnudez. "No descubrirás la desnudez de la hija de la mujer de tu padre, que tu padre engendró. Ella es tu hermana. "No descubrirás la desnudez de la hermana de tu padre. Ella es parienta cercana de tu padre. "No descubrirás la desnudez de la hermana de tu madre. Ella es parienta cercana de tu madre. "No descubrirás la desnudez del hermano de tu padre. No te acercarás a su mujer. Ella es tu tía. "No descubrirás la desnudez de tu nuera. Ella es la mujer de tu hijo. No descubrirás su desnudez. "No descubrirás la desnudez de la mujer de tu hermano. Es la desnudez de tu hermano. "No descubrirás la desnudez de una mujer y la de su hija. No tomarás la hija de su hijo ni la hija de su hija para descubrir su desnudez. Ellas son parientas cercanas. Eso es una infamia. "No tomarás mujer juntamente con su hermana, para hacerla su rival, descubriendo su desnudez mientras aquélla viva. "No te acercarás a una mujer durante su impureza menstrual, para descubrir su desnudez. "No tendrás relaciones sexuales con la mujer de tu prójimo, contaminándote con ella. "No darás ningún descendiente tuyo para hacerlo pasar por fuego a Moloc. No profanarás el nombre de tu Dios. Yo, Jehovah. "No te acostarás con un hombre como uno se acuesta con una mujer. Eso es una abominación. "No tendrás cópula con ningún animal, contaminándote con él; ni mujer alguna se pondrá delante de un animal para tener cópula con él. Eso es una depravación. "No os contaminaréis con ninguna de estas cosas, porque con todas estas cosas se han contaminado los pueblos que yo echo de delante de vosotros. La tierra ha sido contaminada; por eso castigué la maldad de ellos sobre ella, y la tierra vomitó a sus habitantes. Pero vosotros, guardad mis estatutos y mis decretos, y no hagáis ninguna de todas estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que habita entre vosotros (porque los habitantes de la tierra que os antecedieron hicieron todas estas abominaciones, y la tierra fue contaminada); no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que os antecedió. Porque cualquier persona que haga alguna de todas estas abominaciones será excluida de entre su pueblo. Guardad, pues, mi ordenanza, no cometiendo las cosas abominables que se practicaban antes de vosotros; y no os contaminéis con ellas. Yo, Jehovah, vuestro Dios." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y diles: ‘Sed santos, porque yo, Jehovah vuestro Dios, soy santo. "‘Cada uno de vosotros respete a su madre y a su padre. "‘Guardad mis sábados. Yo, Jehovah, vuestro Dios. "‘No recurráis a los ídolos, ni os hagáis dioses de fundición. Yo, Jehovah, vuestro Dios. "‘Cuando ofrezcáis sacrificios de paz a Jehovah, hacedlo de tal manera que seáis aceptados. Será comido el día que lo sacrifiquéis y al día siguiente. Lo que quede para el tercer día será quemado en el fuego. Si se come algo de ello en el tercer día, eso será considerado inmundo y no será aceptado. El que lo coma cargará con su culpa, porque profanó lo que ha sido consagrado a Jehovah. Tal persona será excluida de su pueblo. "‘Cuando seguéis la mies de vuestra tierra, no segarás hasta el último rincón de tu campo, ni recogerás las espigas en tu campo segado. Tampoco rebuscarás tu viña ni recogerás las uvas caídas de tu viña. Las dejarás para el pobre y para el extranjero. Yo, Jehovah, vuestro Dios. "‘No robaréis, ni mentiréis ni os engañaréis el uno al otro. "‘No juraréis falsamente por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo, Jehovah. "‘No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. El salario del jornalero no será retenido contigo en tu casa hasta la mañana siguiente. "‘No maldecirás al sordo, ni pondrás tropiezo delante del ciego; sino que tendrás temor de tu Dios. Yo, Jehovah. "‘No harás injusticia en el juicio. No favorecerás al pobre, ni tratarás con deferencia al poderoso. Juzgarás a tu prójimo con justicia. "‘No andarás calumniando en medio de tu pueblo. "‘No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo, Jehovah. "‘No aborrecerás en tu corazón a tu hermano. Ciertamente amonestarás a tu prójimo, para que no cargues con pecado a causa de él. "‘No te vengarás ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo. Más bien, amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Jehovah. "‘Guardaréis mis estatutos. "‘No harás copular dos animales de especies diferentes. No sembrarás tu campo con una mezcla de dos clases de semillas. Tampoco te pondrás un vestido tejido con hilos de dos materiales distintos. "‘Cuando un hombre tenga relaciones sexuales con una mujer, y ella sea una esclava comprometida con otro pero no rescatada, ni se le haya dado libertad, habrá una severa reprensión; pero no se les dará muerte, por no ser ella libre. El traerá a Jehovah su ofrenda por la culpa a la entrada del tabernáculo de reunión: un carnero como sacrificio por la culpa. El sacerdote hará expiación por él delante de Jehovah, con el carnero del sacrificio por la culpa, por el pecado que cometió; y el pecado cometido le será perdonado. "‘Cuando hayáis entrado en la tierra y plantado toda clase de árboles frutales, dejaréis sus primeros frutos sin cosechar. Por tres años no serán cosechados, y su fruto no se comerá. El cuarto año todo su fruto será santo, una ofrenda de alabanza a Jehovah. El quinto año podréis comer de su fruto, para que os aumente su producción. Yo, Jehovah, vuestro Dios. "‘No comeréis cosa alguna con sangre. "‘No practicaréis la adivinación ni la brujería. "‘No cortaréis los extremos de vuestro cabello, y no estropearéis la punta de vuestra barba. No haréis incisiones en vuestros cuerpos a causa de algún difunto, ni grabaréis tatuajes sobre vosotros. Yo, Jehovah. "‘No profanarás a tu hija, haciendo que ella se prostituya, para que no se prostituya la tierra y se llene de maldad. "‘Guardaréis mis sábados y tendréis en reverencia mi santuario. Yo, Jehovah. "‘No recurráis a los que evocan a los muertos ni busquéis a los adivinos para contaminaros con ellos. Yo, Jehovah, vuestro Dios. "‘Ante las canas te pondrás de pie. Darás honor al anciano y tendrás temor de tu Dios. Yo, Jehovah. "‘Cuando un extranjero resida con vosotros en vuestra tierra, no lo oprimiréis. Como a un natural de vosotros consideraréis al extranjero que resida entre vosotros. Lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. Yo, Jehovah, vuestro Dios. "‘No haréis injusticia en el juicio, ni en la medida de longitud, ni en la de peso, ni en la de capacidad. Tendréis balanzas justas, pesas justas, un efa justo y un hin justo. Yo, Jehovah, vuestro Dios que os saqué de la tierra de Egipto. "‘Guardad, pues, todos mis estatutos y todos mis decretos, y ponedlos por obra. Yo, Jehovah.’" Jehovah habló a Moisés diciendo: "Di también a los hijos de Israel que cualquier persona de los hijos de Israel, o de los extranjeros que residen en medio de Israel, que ofrezca alguno de sus descendientes a Moloc, morirá irremisiblemente. El pueblo de la tierra lo apedreará. Yo mostraré mi ira contra tal persona y la excluiré de entre su pueblo, porque ofreció alguno de sus descendientes a Moloc, contaminando mi santuario y profanando mi santo nombre. Si el pueblo de la tierra cierra sus ojos ante la persona que ofreció alguno de sus descendientes a Moloc, a fin de no hacerlo morir, yo mostraré mi ira contra esa persona y contra su familia, y la excluiré de entre su pueblo, junto con todos los que se prostituyeron en pos de ella prostituyéndose con Moloc. "Si una persona recurre a los que evocan a los muertos y a los adivinos para prostituirse tras ellos, yo mostraré mi ira contra tal persona y la excluiré de entre su pueblo. "Santificaos, pues, y sed santos, porque yo, Jehovah, soy vuestro Dios. Guardad y practicad mis estatutos. Yo, Jehovah, que os santifico. "Cuando alguna persona maldiga a su padre o a su madre, morirá irremisiblemente. Ha maldecido a su padre o a su madre; su sangre será sobre ella. "Si un hombre comete adulterio con una mujer casada, si comete adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera morirán irremisiblemente. "Si un hombre se acuesta con la mujer de su padre, descubre la desnudez de su padre. Ambos morirán irremisiblemente; su sangre será sobre ellos. "Si un hombre se acuesta con su nuera, ambos morirán irremisiblemente, pues cometieron depravación; su sangre será sobre ellos. "Si un hombre se acuesta con un hombre, como se acuesta con una mujer, los dos cometen una abominación. Ambos morirán irremisiblemente; su sangre será sobre ellos. "El que tome como esposas a una mujer y también a la madre de ella comete una infamia: Quemarán en el fuego a él y a ellas, para que no haya infamia entre vosotros. "Si alguno tiene cópula con un animal, morirá irremisiblemente. Mataréis también al animal. "Si una mujer se acerca a algún animal para tener cópula con él, matarás a la mujer y al animal. Morirán irremisiblemente; su sangre será sobre ellos. "Si un hombre toma a su hermana, hija de su padre o hija de su madre, y él ve la desnudez de ella, y ella ve la de él, es cosa abominable. Por tanto, serán excluidos a la vista de los hijos de su pueblo. Ha descubierto la desnudez de su hermana; él cargará con su culpa. "Si un hombre se acuesta con una mujer menstruosa y descubre su desnudez, descubre la fuente de ella, y ella pone al descubierto la fuente de su sangre. Ambos serán excluidos de entre su pueblo. "No descubrirás la desnudez de la hermana de tu madre, ni la de la hermana de tu padre, porque sería desnudar a tu parienta cercana. Ambos cargarán con su culpa. "Si un hombre se acuesta con su tía, descubre la desnudez de su tío. Ellos cargarán con su pecado; morirán sin tener hijos. "Si un hombre toma a la mujer de su hermano, comete una inmundicia. El descubre la desnudez de su hermano; ambos quedarán sin tener hijos. "Guardad, pues, todos mis estatutos y todos mis decretos, y ponedlos por obra. Así no os vomitará la tierra a la cual yo os llevo para que habitéis en ella. No hagáis según las prácticas de la gente que yo voy a echar de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas, y yo los abominé. Pero a vosotros os he dicho: ‘Vosotros poseeréis su tierra, y yo os la daré por posesión: una tierra que fluye leche y miel.’ Yo, Jehovah, vuestro Dios que os he separado de los pueblos. "Además, vosotros haréis diferencia entre el animal limpio y el inmundo, y entre el ave limpia y la inmunda. No os hagáis detestables a causa de los animales, ni de las aves, ni de cualquier cosa que se desplaza sobre la tierra y que yo he separado para que os sean inmundos. Me seréis santos, porque yo, Jehovah, soy santo y os he separado de los pueblos para que seáis míos. "El hombre o la mujer en quien haya espíritu de los muertos o que sea adivino morirá irremisiblemente. Los apedrearán; su sangre será sobre ellos." Jehovah dijo a Moisés: "Habla a los sacerdotes, hijos de Aarón, y diles que no se contaminen a causa de algún difunto de su pueblo, salvo que sea un pariente cercano como su madre, su padre, su hijo, su hija, su hermano, o su hermana virgen que esté cerca de él y que no haya tenido marido. Por ella él puede contaminarse. No se contaminará profanándose, pues es dirigente en medio de su pueblo. No raparán su cabeza, ni cortarán la punta de su barba, ni harán incisiones en su cuerpo. Serán santos para su Dios y no profanarán el nombre de su Dios; porque ellos presentarán las ofrendas quemadas, el pan de su Dios; por tanto, serán santos. "El sacerdote no tomará mujer prostituta o privada de su virginidad. Tampoco tomará mujer divorciada de su marido, porque él está consagrado a su Dios. Por tanto, lo tendrás por santo, pues él ofrece el pan de tu Dios. Será santo para ti, porque santo soy yo, Jehovah, que os santifico. "Si la hija de un sacerdote se profana prostituyéndose, a su padre profana. Será quemada al fuego. "El que de entre sus hermanos sea sumo sacerdote, sobre cuya cabeza se haya derramado el aceite de la unción y haya sido investido para llevar las vestiduras, no dejará suelto el cabello de su cabeza, ni rasgará sus vestiduras, ni entrará donde haya algún difunto. Ni por su padre, ni por su madre se contaminará. No saldrá del santuario ni profanará el santuario de su Dios, porque sobre él está la consagración del aceite de la unción de su Dios. Yo, Jehovah. "El tomará por esposa a una mujer virgen. No tomará una viuda, ni una divorciada, ni una mujer privada de su virginidad, ni una prostituta. Más bien, tomará por esposa a una mujer virgen de su pueblo. Así no profanará su descendencia en medio de su pueblo; porque yo soy Jehovah, el que lo santifico." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a Aarón y dile: ‘A través de sus generaciones, ningún descendiente tuyo que tenga algún defecto se acercará para ofrecer el pan de su Dios. Ciertamente ningún hombre que tenga algún defecto se acercará, sea ciego, cojo, mutilado, desproporcionado, quien tenga fractura en el pie o en la mano, jorobado, enano, quien tenga nube en el ojo, quien tenga sarna o tiña, o tenga testículo dañado. Ningún hombre de la descendencia del sacerdote Aarón que tenga algún defecto podrá presentar las ofrendas quemadas a Jehovah. Tiene defecto; no se acercará a ofrecer el pan de su Dios. Podrá comer del pan de su Dios, de las cosas muy sagradas y de las cosas sagradas; pero no entrará detrás del velo, ni se acercará al altar, porque tiene defecto. Así no profanará mi santuario, porque yo soy Jehovah, el que los santifico." Y Moisés se lo dijo a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Di a Aarón y a sus hijos que traten con reverencia las cosas sagradas de los hijos de Israel, para que no profanen mi santo nombre en aquello que me han consagrado. Yo, Jehovah. "Diles: ‘A través de vuestras generaciones, todo hombre de vuestros descendientes, que estando impuro se acerque a las cosas sagradas que los hijos de Israel consagran a Jehovah, tal persona será excluida de delante de mí. Yo, Jehovah. "‘El hombre de los descendientes de Aarón que sea leproso o padezca de flujo no comerá de las cosas sagradas hasta que esté purificado. El que toque alguna cosa inmunda por contacto con un cadáver, o la persona que haya tenido emisión de semen; o quien haya tocado cualquier reptil y por tanto ha quedado impuro; o quien haya tocado a alguien impuro, fuese cual fuese su impureza; la persona que lo toque quedará impura hasta el anochecer y no comerá de las cosas sagradas hasta que haya lavado su cuerpo con agua. A la puesta del sol quedará purificado. Después podrá comer de las cosas sagradas, porque éstas son su alimento. "‘No comerá un animal mortecino ni uno despedazado, contaminándose por ello. Yo, Jehovah. "‘Ellos, pues, guardarán mi ordenanza para que no carguen con la culpa por esto, ni mueran por haberla profanado. Yo soy Jehovah, el que los santifico. "‘Ningún extraño podrá comer de lo que es sagrado; ni el huésped del sacerdote, ni el asalariado lo podrán comer. Pero la persona que el sacerdote haya comprado con su dinero podrá comer de ello. Y los que hayan nacido en su casa, éstos podrán comer de su alimento. Si la hija del sacerdote se casa con un hombre extraño, ella no podrá comer de la ofrenda alzada de las cosas sagradas. Pero si la hija del sacerdote ha quedado viuda o está divorciada, y no teniendo hijos ha vuelto a la casa de su padre como en su juventud, ella podrá comer del alimento de su padre. Pero ningún extraño comerá de él. "‘El que por inadvertencia coma algo sagrado añadirá a ello un quinto de su valor y lo dará al sacerdote junto con lo sagrado. No profanarán, pues, las cosas sagradas que los hijos de Israel apartan para Jehovah, haciendo que ellos carguen con la culpabilidad cuando coman de sus cosas sagradas. Porque yo soy Jehovah, el que los santifico.’" Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles que si alguno de la casa de Israel o de los extranjeros en Israel presenta su sacrificio, en cumplimiento de cualquier voto o de cualquier ofrenda voluntaria que presenta en holocausto a Jehovah, para que os sea aceptado será un macho sin defecto, ya sea toro, cordero o cabrito. No ofreceréis ningún animal con defecto, porque no os será aceptado. "Asimismo, cuando alguien ofrezca un sacrificio de paz a Jehovah, sea en cumplimiento de un voto o sea como una ofrenda voluntaria, para que sea aceptado será sin defecto, tanto de las vacas como de las ovejas. No ha de haber defecto en él. El animal ciego, perniquebrado, mutilado, verrugoso, sarnoso o tiñoso, no lo ofreceréis a Jehovah. No pondréis de ellos una ofrenda quemada sobre el altar de Jehovah. "Podrás presentar como ofrenda voluntaria el toro o el carnero que tenga un miembro desproporcionado o atrofiado, pero no será aceptado como cumplimiento de un voto. "No ofreceréis a Jehovah un animal con los testículos heridos o dañados, arrancados o cortados. No haréis esto en vuestra tierra; tampoco los aceptaréis de manos de los extranjeros para ofrecerlos como alimento de vuestro Dios. Porque están deformados y tienen defectos; no os serán aceptados." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Cuando nazca un ternero, un cordero o un cabrito, estará con su madre siete días. Desde el octavo día en adelante será aceptado en sacrificio, como ofrenda quemada a Jehovah. "No degollaréis en el mismo día una vaca o una oveja junto con su cría. "Cuando ofrezcáis a Jehovah un sacrificio de acción de gracias, lo sacrificaréis de manera que os sea aceptado. El mismo día se comerá; no dejarás nada de él hasta la mañana. Yo, Jehovah. "Guardad, pues, mis mandamientos y ponedlos por obra. Yo, Jehovah. "No profanéis mi santo nombre, pues yo he de ser santificado en medio de los hijos de Israel. Yo soy Jehovah, el que os santifico, que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo, Jehovah." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que las fiestas solemnes de Jehovah, mis fiestas solemnes que proclamaréis como asambleas sagradas, son éstas: "Seis días se trabajará, pero el séptimo día será sábado de reposo, y habrá una asamblea sagrada. Ningún trabajo haréis; es el sábado consagrado a Jehovah, dondequiera que habitéis. "Estas son las fiestas solemnes de Jehovah, las asambleas sagradas que convocaréis a su debido tiempo. El día 14 del mes primero, al atardecer, es la Pascua de Jehovah. El día 15 de este mes es la fiesta de los panes sin levadura, celebrada a Jehovah. Durante siete días comeréis panes sin levadura. El primer día tendréis una asamblea sagrada; no haréis ningún trabajo laboral. Presentaréis a Jehovah una ofrenda quemada durante siete días. El séptimo día habrá una asamblea sagrada; no haréis ningún trabajo laboral." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles: ‘Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy y hayáis segado su mies, traeréis al sacerdote un manojo de espigas como primicia de vuestra siega. Este mecerá el manojo delante de Jehovah, para que seáis aceptados. El sacerdote lo mecerá el día siguiente del sábado. El día que presentéis el manojo, ofreceréis en holocausto a Jehovah un cordero de un año, sin defecto, con su ofrenda vegetal de dos décimas de efa de harina fina amasada con aceite. Esta es una ofrenda quemada a Jehovah, de grato olor. Su libación será la cuarta parte de un hin de vino. No comeréis pan, ni grano tostado, ni grano fresco hasta ese mismo día en que presentéis la ofrenda a vuestro Dios. Esto es un estatuto perpetuo a través de vuestras generaciones, dondequiera que habitéis. "‘Contaréis siete semanas completas desde la mañana siguiente al sábado, desde el día en que presentasteis el manojo de espigas de la ofrenda mecida. Contaréis cincuenta días hasta la mañana siguiente al séptimo sábado. Entonces presentaréis una ofrenda vegetal nueva a Jehovah. Desde los lugares donde habitéis traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de harina fina, cocidos con levadura, como primicias a Jehovah. Ofreceréis con el pan siete corderos de un año, sin defecto, un novillo y dos carneros. Serán el holocausto a Jehovah, junto con sus ofrendas vegetales y sus libaciones. Esta es una ofrenda quemada de grato olor a Jehovah. Ofreceréis además un macho cabrío como sacrificio por el pecado y dos corderos de un año como sacrificio de paz. El sacerdote los presentará como ofrenda mecida delante de Jehovah. Junto con el pan de las primicias, los dos corderos serán cosa sagrada a Jehovah, para el sacerdote. En este mismo día convocaréis una asamblea sagrada; no haréis ningún trabajo laboral. Este es un estatuto perpetuo a través de vuestras generaciones, dondequiera que habitéis. "‘Y cuando seguéis la mies de vuestra tierra, no segarás hasta el último rincón de tu campo, ni recogerás las espigas en tu campo segado. Las dejarás para el pobre y el extranjero. Yo, Jehovah, vuestro Dios.’" Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles: ‘El primer día del mes séptimo tendréis una fiesta sabática, una conmemoración con estrépito de trompetas y una asamblea sagrada. No haréis ningún trabajo laboral, y presentaréis una ofrenda quemada a Jehovah.’" Jehovah habló a Moisés diciendo: "El 10 de este mes séptimo será el día de la Expiación; tendréis asamblea sagrada. Os humillaréis a vosotros mismos y presentaréis una ofrenda quemada a Jehovah. Ningún trabajo haréis en ese mismo día, porque es el día de la Expiación, para hacer expiación por vosotros delante de Jehovah vuestro Dios. Ciertamente toda persona que no se humille en ese mismo día será excluida de su pueblo. Toda persona que haga cualquier trabajo en ese mismo día, yo la destruiré de entre su pueblo. Ningún trabajo haréis. Este es un estatuto perpetuo para vosotros, a través de vuestras generaciones, dondequiera que habitéis. Será para vosotros una fiesta sabática solemne, y os humillaréis a vosotros mismos a partir del anochecer del noveno día del mes. Del anochecer al anochecer guardaréis vuestro reposo." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que el día 15 de este mes séptimo será la fiesta de los Tabernáculos celebrada a Jehovah, durante siete días. El primer día habrá asamblea sagrada. No haréis ningún trabajo laboral. Siete días presentaréis una ofrenda quemada a Jehovah. El octavo día tendréis una asamblea sagrada y presentaréis una ofrenda quemada a Jehovah. Es asamblea festiva; no haréis ningún trabajo laboral. "Estas son las fiestas solemnes de Jehovah en las que convocaréis asambleas sagradas para presentar ofrenda quemada a Jehovah: holocausto y ofrenda vegetal, sacrificios y libaciones; cada cosa en el día que corresponda. Esto habrá, además de lo de los sábados de Jehovah, además de vuestros presentes, además de todas vuestras ofrendas votivas y además de todas vuestras ofrendas voluntarias que deis a Jehovah. "Pero el día 15 del mes séptimo, cuando hayáis almacenado los productos de la tierra, celebraréis la fiesta de Jehovah durante siete días. El primer día será una fiesta sabática, y el octavo día será una fiesta sabática. El primer día tomaréis para vosotros fruto de árbol hermoso: ramas de palmera, ramas de árboles frondosos y de sauces de los arroyos; y os regocijaréis delante de Jehovah vuestro Dios durante siete días. Celebraréis fiesta a Jehovah durante siete días cada año. Esto es un estatuto perpetuo para vosotros, a través de vuestras generaciones. La celebraréis en el mes séptimo. Siete días habitaréis en cabañas. Todo natural de Israel habitará en cabañas, para que vuestros descendientes sepan que yo hice habitar a los hijos de Israel en cabañas cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo, Jehovah, vuestro Dios." Así habló Moisés a los hijos de Israel acerca de las fiestas solemnes de Jehovah. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Manda a los hijos de Israel que te traigan aceite de olivas claro y puro para la iluminación, a fin de hacer arder continuamente las lámparas. Aarón las dispondrá delante de Jehovah, fuera del velo del testimonio en el tabernáculo de reunión, continuamente desde el anochecer hasta el amanecer. Esto es un estatuto perpetuo, a través de vuestras generaciones. Sobre el candelabro de oro puro pondrá continuamente en orden las lámparas delante de Jehovah. "Toma harina fina, y haz con ella doce panes. Cada pan será de dos décimas de efa. Los colocarás en dos hileras, seis en cada hilera, sobre la mesa de oro puro, delante de Jehovah. Pondrás también sobre cada hilera incienso puro, y será para el pan como memorial, una ofrenda quemada a Jehovah. Cada sábado los colocarás continuamente en orden delante de Jehovah, de parte de los hijos de Israel como pacto perpetuo. Serán para Aarón y para sus hijos, quienes los comerán en un lugar santo, porque es cosa muy sagrada para él, de las ofrendas quemadas para Jehovah. Esto es un estatuto perpetuo." El hijo de una mujer israelita, cuyo padre era egipcio, salió entre los hijos de Israel. Y el hijo de la israelita y un hombre de Israel riñeron en el campamento. Entonces el hijo de la mujer israelita blasfemó el Nombre, y lo maldijo. Luego lo llevaron a Moisés. (Su madre se llamaba Selomit hija de Dibri, de la tribu de Dan.) Y lo pusieron bajo custodia, hasta que fuesen recibidas instrucciones exactas de parte de Jehovah. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Saca al blasfemo fuera del campamento, y que todos los que le oyeron pongan sus manos sobre la cabeza de él. Luego apedréelo toda la congregación. Después hablarás a los hijos de Israel, diciendo: ‘Cuando una persona maldiga a su Dios, cargará con su pecado. El que blasfeme el nombre de Jehovah morirá irremisiblemente. Toda la congregación lo apedreará. Sea extranjero o natural, morirá el que blasfeme el Nombre. "‘Asimismo, el hombre que hiera de muerte a cualquier persona morirá irremisiblemente. El que hiera de muerte a un animal deberá restituirlo, animal por animal. Y el que cause lesión a su prójimo, según hizo, así le será hecho: rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente. Según la lesión que haya hecho a otro, así se le hará a él. El que mate a un animal lo restituirá, pero el que mate a un hombre morirá. Habrá una misma ley para vosotros, tanto para el extranjero como para el natural; porque yo soy Jehovah vuestro Dios.’" Habló, pues, Moisés a los hijos de Israel, y ellos sacaron al blasfemo fuera del campamento y lo apedrearon. Así hicieron los hijos de Israel, como Jehovah había mandado a Moisés. Jehovah habló a Moisés en el monte Sinaí, diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que cuando hayáis entrado en la tierra que yo os daré, la tierra tendrá reposo para Jehovah. Seis años sembrarás tu tierra, seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año será para la tierra un completo descanso, sábado consagrado a Jehovah. No sembrarás tu tierra ni podarás tu viña. No segarás lo que brote de por sí en tu campo segado, y no vendimiarás las uvas de tus vides no podadas. Será para la tierra un año sabático. Pero lo que la tierra dé durante su reposo será alimento para ti, para tu siervo, para tu sierva, para tu jornalero y para el forastero que resida contigo. Todo su fruto servirá de comida a tu ganado y a los animales que hay en tu tierra. "Después contarás siete semanas de años, es decir, siete veces siete años, de modo que el tiempo de las siete semanas de años te serán cuarenta y nueve años. Entonces harás resonar la corneta el día 10 del mes séptimo. En el día de la Expiación haréis resonar la corneta por todo vuestro país. Santificaréis el año cincuenta y pregonaréis en el país libertad para todos sus habitantes. Este año os será de jubileo; volveréis cada uno a la posesión de su tierra, y cada uno de vosotros volverá a su familia. El año cincuenta os será de jubileo; no sembraréis, ni segaréis lo que de por sí brote en la tierra, y no vendimiaréis sus viñedos no cultivados. Porque es jubileo, os será santo, y comeréis el producto que la tierra da de sí. En este año de jubileo volveréis, cada uno a su posesión. "Si vendéis algo a vuestro prójimo o compráis algo de mano de vuestro prójimo, nadie engañe a su hermano. Conforme al número de años transcurridos después del jubileo, comprarás de tu prójimo; y conforme al número de cosechas anuales, él te venderá a ti. De acuerdo con el mayor número de años, aumentarás su precio de compra; y conforme a la disminución de los años, disminuirás su precio de compra; porque es el número de cosechas lo que él te vende. "Ninguno de vosotros oprima a su prójimo. Más bien, teme a tu Dios, porque yo soy Jehovah vuestro Dios. Cumplid, pues, mis estatutos; guardad mis decretos y cumplidlos, y habitaréis en la tierra seguros. La tierra dará su fruto, y comeréis hasta saciaros y habitaréis en ella con seguridad. de plata. "Si preguntáis: ‘¿Qué comeremos el séptimo año, puesto que ni hemos de sembrar, ni hemos de cosechar nuestros productos?’, entonces yo decretaré para vosotros mi bendición el sexto año, y habrá fruto para tres años. Sembraréis en el octavo año, pero todavía comeréis de la cosecha añeja. Hasta que llegue la cosecha del noveno año, seguiréis comiendo de la cosecha añeja. "La tierra no se venderá a perpetuidad, pues la tierra es mía; porque vosotros sois para mí como forasteros y advenedizos. Por eso en toda la tierra de vuestra posesión otorgaréis el derecho de rescatar la tierra. Si tu hermano se empobrece y vende algo de su posesión, vendrá su pariente más cercano y rescatará lo que su hermano haya vendido. Si ese hombre no tiene quien se lo rescate, pero consigue lo suficiente para rescatarlo él mismo, entonces contará los años desde su venta y pagará el resto al hombre a quien se lo vendió. Así volverá él a su posesión. Pero si no consigue lo suficiente para rescatarla, la propiedad quedará en poder del comprador hasta el año del jubileo. Entonces quedará libre en el jubileo, y volverá a su posesión. "Cuando una persona venda una vivienda en una ciudad amurallada, tendrá derecho de rescatarla dentro del plazo de un año a partir de su venta. Su derecho de rescate dura un año. Si no es rescatada en el plazo de un año completo, la vivienda en una ciudad amurallada pertenecerá perpetuamente al que la compró y a sus descendientes. No quedará libre en el jubileo. Pero las casas de las aldeas no amuralladas serán consideradas como parcelas de tierra. Pueden ser rescatadas y serán liberadas en el jubileo. "Pero en cuanto a las ciudades de los levitas, éstos siempre podrán rescatar las casas en las ciudades de su posesión. Si una casa es vendida por un levita en una ciudad que pertenece a los levitas, y no es rescatada, será liberada en el jubileo; porque las casas de las ciudades de los levitas son posesión de ellos en medio de los hijos de Israel. Pero los campos cercanos a sus ciudades no se venderán, porque son posesión perpetua suya. "Si tu hermano se empobrece y se debilita económicamente con respecto a ti, tú lo ampararás; y vivirá contigo como forastero y advenedizo. No le tomarás usura ni intereses; sino que temerás a tu Dios, y tu hermano vivirá contigo. No le prestarás tu dinero con usura ni le venderás tus víveres con intereses. Yo, Jehovah, vuestro Dios que os saqué de la tierra de Egipto para daros la tierra de Canaán y para ser vuestro Dios. "Si tu hermano se empobrece estando contigo, y se vende a ti, tú no le harás servir como esclavo. Como jornalero o como forastero estará contigo, y te servirá hasta el año del jubileo. Entonces saldrá libre de tu casa, él y sus hijos con él, y volverá a su familia y a la propiedad de sus padres; porque ellos son mis siervos, a quienes yo saqué de la tierra de Egipto. No serán vendidos como esclavos. No te enseñorearás de él con dureza, sino que temerás a tu Dios. "Tus esclavos o esclavas provendrán de las naciones de alrededor. De ellas podréis comprar esclavos y esclavas. También podréis comprar esclavos de los hijos de los forasteros que viven entre vosotros, y de sus familias que están entre vosotros, a los cuales engendraron en vuestra tierra. Estos podrán ser propiedad vuestra, y los podréis dejar en herencia a vuestros hijos después de vosotros, como posesión hereditaria. Podréis serviros de ellos para siempre; pero en cuanto a vuestros hermanos, los hijos de Israel, no os enseñorearéis unos de otros con dureza. "Si un forastero o un advenedizo que está contigo se enriquece y tu hermano que está con él se empobrece y se vende al forastero o al advenedizo que reside contigo, o a los descendientes de la familia de un forastero, podrá ser rescatado después de haberse vendido. Uno de sus hermanos lo podrá rescatar. O lo podrá rescatar su tío, o un hijo de su tío; o lo podrá rescatar un pariente cercano de su familia. Y si consigue lo suficiente, se podrá rescatar a sí mismo. Hará la cuenta con el que lo compró, desde el año de su venta hasta el año del jubileo. Su precio de venta ha de ser establecido conforme al número de años, y el tiempo que habrá estado en su casa se contará conforme al pago de un jornalero. Si aún le faltan muchos años, conforme a ellos devolverá para su rescate parte del dinero con que fue comprado. Pero si faltan pocos años hasta el año del jubileo, los contará con él y pagará su rescate conforme a estos años. Estará con él como un jornalero, año tras año. No consentirás que se enseñoree de él con crueldad ante tus ojos. "Si no es rescatado antes, en el año del jubileo saldrá libre él y sus hijos con él. Porque los hijos de Israel son mis siervos; son siervos míos, a quienes yo saqué de la tierra de Egipto. Yo, Jehovah, vuestro Dios. "No os haréis ídolos, ni imágenes, ni os levantaréis piedras rituales, ni pondréis en vuestra tierra piedras esculpidas para postraros ante ellas; porque yo soy Jehovah, vuestro Dios. "Guardaréis mis sábados y tendréis en reverencia mi santuario. Yo, Jehovah. "Si andáis según mis estatutos y guardáis mis mandamientos, poniéndolos por obra, os mandaré la lluvia a su tiempo. La tierra dará sus productos, y el árbol del campo dará su fruto. Vuestra trilla alcanzará hasta la vendimia, y la vendimia hasta la siembra. Comeréis vuestro pan hasta saciaros y habitaréis seguros en vuestra tierra. Daré paz en la tierra; dormiréis, y no habrá quien os espante. Haré desaparecer las fieras dañinas de vuestra tierra, y la espada no pasará por vuestro país. Perseguiréis a vuestros enemigos, quienes caerán a espada delante de vosotros. Cinco de vosotros perseguirán a cien, y cien de vosotros a diez mil; vuestros enemigos caerán a espada ante vosotros. Me volveré hacia vosotros, os haré fecundos y os multiplicaré; y confirmaré mi pacto con vosotros. Comeréis de la cosecha añeja y sólo sacaréis la añeja para meter la nueva. "Yo pondré mi morada entre vosotros, y mi alma no os abominará. Andaré entre vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. Yo, Jehovah vuestro Dios que os saqué de la tierra de Egipto para que no fueseis sus esclavos. Yo rompí las coyundas de vuestro yugo, y os he hecho andar con la cabeza erguida. "Pero si no me escucháis y no ponéis por obra todos estos mandamientos, y si rechazáis mis estatutos y vuestra alma menosprecia mis decretos, no poniendo por obra todos mis mandamientos e invalidando mi pacto, entonces yo también haré con vosotros esto: Decretaré contra vosotros terror, tisis y fiebre que consuman los ojos y dejen exhausta el alma. Sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos se la comerán. "Yo pondré mi rostro contra vosotros, y seréis derrotados ante vuestros enemigos. Los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que nadie os persiga. Si aun con estas cosas no me obedecéis, volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados. "Quebrantaré la soberbia de vuestro poderío y haré que vuestro cielo sea como hierro y que vuestra tierra sea como bronce. Vuestra fuerza se agotará en vano; pues vuestra tierra no dará su producto, ni el árbol de la tierra dará su fruto. Y si continuáis siéndome hostiles y no me queréis obedecer, yo aumentaré la plaga sobre vosotros siete veces más, según vuestros pecados. "Enviaré contra vosotros animales del campo que os privarán de vuestros hijos, destruirán vuestro ganado, y os reducirán en número, de tal manera que vuestros caminos queden desiertos. Si con estas cosas no os corregís ante mí, sino que continuáis siéndome hostiles, yo mismo procederé también contra vosotros con hostilidad y os azotaré siete veces más por vuestros pecados. "Traeré sobre vosotros la espada vengadora, en vindicación del pacto. Y si os refugiáis en vuestras ciudades, yo enviaré la peste entre vosotros, y seréis entregados en mano del enemigo. Cuando yo os corte el sustento de pan, diez mujeres cocerán vuestro pan en un solo horno, y os darán el pan tan racionado que comeréis pero no os saciaréis. Si a pesar de esto no me obedecéis, sino que continuáis siéndome hostiles, procederé contra vosotros con ira hostil y os castigaré siete veces más por vuestros pecados. "Comeréis la carne de vuestros hijos; también la carne de vuestras hijas comeréis. Destruiré vuestros lugares altos, derribaré vuestros altares donde ofrecéis incienso, amontonaré vuestros cuerpos inertes sobre los cuerpos inertes de vuestros ídolos, y mi alma os abominará. Convertiré vuestras ciudades en ruinas, dejaré asolados vuestros santuarios y no aceptaré el grato olor de vuestro incienso. También asolaré la tierra, de manera que se asombrarán de ella vuestros enemigos que la habiten. "A vosotros os esparciré entre las naciones. Desenvainaré la espada en pos de vosotros, y vuestra tierra será asolada y vuestras ciudades convertidas en ruinas. Entonces la tierra disfrutará de su reposo durante todos los días de su desolación, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos. ¡Entonces la tierra descansará y disfrutará de su reposo! Todo el tiempo que esté asolada disfrutará del reposo que no disfrutó mientras vosotros disfrutabais de vuestro reposo cuando habitabais en ella. "En los corazones de los que queden de vosotros, infundiré tal cobardía en la tierra de sus enemigos que el ruido de una hoja sacudida los ahuyentará. Y huirán como quien huye de la espada y caerán sin que nadie los persiga. Tropezarán los unos con los otros, como si huyeran de la espada, aunque nadie los persiga. No podréis resistir ante vuestros enemigos. Pereceréis entre las naciones, y la tierra de vuestros enemigos os consumirá. Los que queden de vosotros se pudrirán a causa de su iniquidad, en la tierra de vuestros enemigos. También a causa de la iniquidad de sus padres, se pudrirán juntamente con ellos. "Si ellos confiesan su iniquidad y la iniquidad de sus padres, por la infidelidad que cometieron contra mí, y también por la hostilidad con que me han resistido (pues yo también habré actuado con hostilidad contra ellos y los habré metido en la tierra de sus enemigos); si entonces se doblega su corazón incircunciso y reconocen su pecado, yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y me acordaré de mi pacto con Isaac y de mi pacto con Abraham; y me acordaré de la tierra. Pero la tierra quedará abandonada por ellos y disfrutará su reposo estando desolada en ausencia de ellos. Mientras tanto, ellos serán sometidos al castigo de sus iniquidades, porque menospreciaron mis decretos y porque su alma detestó mis estatutos. "Aun con todo esto, estando ellos en la tierra de sus enemigos, yo no los rechazaré ni los detestaré hasta consumirlos, invalidando mi pacto con ellos; porque yo, Jehovah, soy su Dios. Pero a favor de ellos me acordaré del pacto con sus antepasados, a quienes saqué de la tierra de Egipto a la vista de las naciones, para ser su Dios. Yo, Jehovah." Estas son las leyes, los decretos y las instrucciones que Jehovah estableció entre él y los hijos de Israel en el monte Sinaí, por medio de Moisés. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que cuando alguien haga un voto especial a Jehovah, con motivo del rescate de las personas, lo valorarás así: "Al hombre de 20 hasta 60 años lo valorarás en 50 siclos de plata, según el siclo del santuario. Si es mujer, la valorarás en 30 siclos. "Al hombre de 5 hasta 20 años lo valorarás en 20 siclos, y a la mujer en 10 siclos. "Al hombre de un mes hasta 5 años lo valorarás en 5 siclos de plata. A la mujer la valorarás en 3 siclos santuario." "Al hombre de 60 años para arriba lo valorarás en 15 siclos, y a la mujer en 10 siclos. "Si la persona es más pobre que lo que permite tu valoración, comparecerá ante el sacerdote, y éste la valorará; conforme a la posibilidad del que hace el voto la valorará el sacerdote. "Si se trata de un animal que se puede presentar como sacrificio a Jehovah, todo lo que de él se dé a Jehovah será sagrado. No será cambiado ni sustituido uno bueno por uno malo, ni uno malo por uno bueno. Si se cambia un animal por otro, éste y el sustituido serán sagrados. Si se trata de algún animal inmundo, que no se puede presentar como sacrificio a Jehovah, entonces el animal será puesto delante del sacerdote. Este lo valorará según sea bueno o malo; según el sacerdote lo valore, así será. Y si uno quiere rescatarlo, añadirá una quinta parte a tu valoración. "Cuando alguien consagre su casa como cosa sagrada a Jehovah, el sacerdote la valorará según sea buena o mala; según el sacerdote la valore, así quedará. Pero si el que consagró su casa la quiere rescatar, añadirá a tu valoración una quinta parte de su valor; y será suya. "Si alguien consagra a Jehovah un campo de su posesión, lo valorarás según su capacidad de siembra: un homer de semilla de cebada se valorará en 50 siclos de plata. Si consagra su campo en el año del jubileo, se hará conforme a tu valoración. Pero si consagra su campo después del jubileo, el sacerdote hará el cálculo del dinero conforme a los años que falten para el año del jubileo, y se restará de tu valoración. Si el que ha consagrado su campo quiere rescatarlo, añadirá a tu valoración una quinta parte de su valor, y él volverá a su poder. Pero si no rescata el campo y éste es vendido a otro, no lo podrá rescatar jamás. Cuando pase el jubileo, el campo será consagrado a Jehovah como campo confiscado; será para el sacerdote como posesión suya. "Si alguien consagra a Jehovah un campo que ha comprado y que no era campo de su posesión, entonces el sacerdote calculará con él la suma de tu valoración hasta el año del jubileo. Aquel día él pagará el precio que tú hayas señalado como cosa consagrada a Jehovah. El año del jubileo ese campo volverá a aquel de quien él lo compró, a quien pertenece la posesión de la tierra. Todo lo valorarás de acuerdo con el siclo del santuario. (El siclo tiene 20 geras.) "Nadie consagrará el primerizo de los animales, ya que por ser primerizo pertenece a Jehovah. Sea ternero o cordero, es de Jehovah. Pero si es animal inmundo, lo rescatarán conforme a tu valoración y añadirán a su valor una quinta parte. Si no lo rescatan, se venderá conforme a tu valoración. "No se venderá ni se rescatará ninguna cosa que alguien haya dedicado por completo a Jehovah, de todo lo que posee, trátese de personas, de animales o de los campos de su posesión. Todo lo dedicado por completo será cosa muy sagrada a Jehovah. "Ninguna persona bajo anatema podrá ser rescatada. Morirá irremisiblemente. "Todos los diezmos de la tierra, tanto de la semilla de la tierra como del fruto de los árboles, pertenecen a Jehovah. Es cosa sagrada a Jehovah. Si alguno quiere rescatar algo de sus diezmos, añadirá una quinta parte a su valor. Todo diezmo del ganado vacuno o del rebaño, de todo lo que pase bajo el cayado, el décimo será consagrado a Jehovah. No lo examinará si es bueno o malo, ni lo sustituirá. Si lo sustituye, el animal y su sustituto serán sagrados; no podrán ser rescatados." Estos son los mandamientos que Jehovah ordenó a Moisés para los hijos de Israel, en el monte Sinaí. Jehovah habló a Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo de reunión, el primero del mes segundo del segundo año después que ellos salieron de la tierra de Egipto, diciendo: "Haced un censo de toda la congregación de los hijos de Israel, según sus clanes y sus casas paternas, de acuerdo con el número de los nombres de todos los varones, uno por uno. Tú y Aarón contaréis, según sus escuadrones, a todos los que en Israel, por ser de 20 años para arriba, puedan ir a la guerra. En esta tarea estará con vosotros un hombre de cada tribu, siendo cada uno jefe de su casa paterna. Estos son los nombres de los hombres que os asistirán: de Rubén, Elisur hijo de Sedeur; de Simeón, Selumiel hijo de Zurisadai; de Judá, Najsón hijo de Aminadab; de Isacar, Natanael hijo de Zuar; de Zabulón, Eliab hijo de Helón; de los hijos de José: de Efraín, Elisama hijo de Amihud; de Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur; de Benjamín, Abidán hijo de Gedeoni; de Dan, Ajiezer hijo de Amisadai; de Aser, Paguiel hijo de Ocrán; de Gad, Eliasaf hijo de Reuel; de Neftalí, Ajira hijo de Enán." Estos fueron los nombrados de la congregación, representantes de las tribus de sus padres y jefes de las familias de Israel. Moisés y Aarón tomaron a estos hombres que fueron designados por nombre, y reunieron a toda la congregación el primero del mes segundo. Y se registraron según sus clanes y sus casas paternas, conforme a la lista de los nombres, uno por uno, de 20 años para arriba, tal como Jehovah había mandado a Moisés. Así los contó en el desierto de Sinaí: De los hijos de Rubén, primogénito de Israel, todos los varones de 20 años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre, uno por uno, conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas. Los contados de la tribu de Rubén eran 46.500. De los hijos de Simeón, todos los varones de 20 años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre, uno por uno, conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas. Los contados de la tribu de Simeón eran 59.300. De los hijos de Gad, todos los varones de 20 años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas. Los contados de la tribu de Gad eran 45.650. De los hijos de Judá, todos los varones de 20 años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas. Los contados de la tribu de Judá eran 74.600. De los hijos de Isacar, todos los varones de 20 años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas. Los contados de la tribu de Isacar eran 54.400. De los hijos de Zabulón, todos los varones de 20 años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas. Los contados de la tribu de Zabulón eran 57.400. De los hijos de José: De los hijos de Efraín, todos los varones de 20 años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas. Los contados de la tribu de Efraín eran 40.500. De los hijos de Manasés, todos los varones de 20 años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas. Los contados de la tribu de Manasés eran 32.200. De los hijos de Benjamín, todos los varones de 20 años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas. Los contados de la tribu de Benjamín eran 35.400. De los hijos de Dan, todos los varones de 20 años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas. Los contados de la tribu de Dan eran 62.700. De los hijos de Aser, todos los varones de 20 años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas. Los contados de la tribu de Aser eran 41.500. De los hijos de Neftalí, todos los varones de 20 años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas. Los contados de la tribu de Neftalí eran 53.400. Estos fueron los contados, a los cuales contaron Moisés, Aarón y los doce jefes de Israel (un hombre por cada tribu). Así todos los hijos de Israel fueron contados según sus casas paternas, de 20 años para arriba, todos los que en Israel podían ir a la guerra. Todos los contados fueron 603.550. Pero los levitas no fueron contados con ellos según los clanes de sus padres, porque Jehovah había hablado a Moisés diciendo: "Sólo la tribu de Leví no contarás; no harás un censo de ellos entre los demás hijos de Israel. Más bien, pondrás a los levitas a cargo del tabernáculo del testimonio, de todos sus utensilios y de todo lo que se relaciona con él. Ellos llevarán el tabernáculo y todos sus utensilios. Estarán al servicio del tabernáculo y acamparán alrededor de él. Cuando el tabernáculo tenga que trasladarse, los levitas lo desarmarán; y cuando se detenga, los levitas lo armarán. El extraño que se acerque morirá. Los hijos de Israel instalarán sus tiendas cada uno en su campamento, cada uno junto a su estandarte, según sus escuadrones. Pero los levitas acamparán alrededor del tabernáculo del testimonio. Así no habrá ira contra la congregación de los hijos de Israel. Los levitas estarán a cargo del tabernáculo del testimonio." Los hijos de Israel hicieron conforme a todas las cosas que Jehovah había mandado a Moisés. Así lo hicieron. Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo: "Los hijos de Israel acamparán a cierta distancia alrededor del tabernáculo de reunión. Ellos acamparán, cada uno junto a su estandarte y con las enseñas de sus casas paternas. "Al este, hacia donde sale el sol, han de acampar los del estandarte del campamento de Judá, según sus ejércitos. El jefe de los hijos de Judá será Najsón hijo de Aminadab. Los contados en su ejército son 74.600. Junto a él han de acampar los de la tribu de Isacar. El jefe de los hijos de Isacar será Natanael hijo de Zuar. Los contados en su ejército son 54.400. También la tribu de Zabulón. El jefe de los hijos de Zabulón será Eliab hijo de Helón. Los contados en su ejército son 57.400. Todos los contados en el campamento de Judá son 186.400 en sus ejércitos. Ellos se pondrán en marcha en primer lugar. "Al sur estarán los del estandarte del campamento de Rubén, según sus ejércitos. El jefe de los hijos de Rubén será Elisur hijo de Sedeur. Los contados en su ejército son 46.500. Junto a él han de acampar los de la tribu de Simeón. El jefe de los hijos de Simeón será Selumiel hijo de Zurisadai. Los contados en su ejército son 59.300. También la tribu de Gad. El jefe de los hijos de Gad será Eliasaf hijo de Reuel. Los contados en su ejército son 45.650. Todos los contados en el campamento de Rubén son 151.450 en sus ejércitos. Ellos se pondrán en marcha en segundo lugar. "Después irá el tabernáculo de reunión y el campamento de los levitas, en medio de los demás campamentos. De la manera en que están acampados, así se pondrán en marcha, cada uno en su lugar, junto a sus estandartes. "Al oeste estarán los del estandarte del campamento de Efraín, según sus ejércitos. El jefe de los hijos de Efraín será Elisama hijo de Amihud. Los contados en su ejército son 40.500. Junto a él estará la tribu de Manasés. El jefe de los hijos de Manasés será Gamaliel hijo de Pedasur. Los contados en su ejército son 32.200. También la tribu de Benjamín. El jefe de los hijos de Benjamín será Abidán hijo de Gedeoni. Los contados en su ejército son 35.400. Todos los contados en el campamento de Efraín son 108.100 en sus ejércitos. Ellos se pondrán en marcha en tercer lugar. "Al norte estarán los del estandarte del campamento de Dan, según sus ejércitos. El jefe de los hijos de Dan será Ajiezer hijo de Amisadai. Los contados en su ejército son 62.700. Junto a él han de acampar los de la tribu de Aser. El jefe de los hijos de Aser será Paguiel hijo de Ocrán. Los contados en su ejército son 41.500. También la tribu de Neftalí. El jefe de los hijos de Neftalí será Ajira hijo de Enán. Los contados en su ejército son 53.400. Todos los contados en el campamento de Dan son 157.600. Ellos irán al final, junto a sus estandartes." Estos son los contados de los hijos de Israel, según sus casas paternas. Todos los contados en los campamentos, en sus ejércitos, son 603.550. Pero los levitas no fueron contados entre los demás hijos de Israel, como Jehovah había mandado a Moisés. Los hijos de Israel hicieron conforme a todas las cosas que Jehovah mandó a Moisés. Así acampaban junto a sus estandartes y así se ponían en marcha, cada uno según su clan y su casa paterna. Este es el registro de los descendientes de Aarón y de Moisés, el día en que Jehovah habló a Moisés en el monte Sinaí: Estos son los nombres de los hijos de Aarón: Nadab el primogénito, Abihú, Eleazar e Itamar. Estos son los nombres de los hijos de Aarón ungidos sacerdotes, a quienes él invistió para servir como sacerdotes. Pero Nadab y Abihú murieron delante de Jehovah cuando ofrecieron fuego extraño delante de Jehovah en el desierto de Sinaí, y no tuvieron hijos. Así que Eleazar e Itamar sirvieron como sacerdotes delante de su padre Aarón. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Haz que se acerque la tribu de Leví y ponla delante del sacerdote Aarón, para que ellos le sirvan. Que guarden delante del tabernáculo de reunión lo que él les ha encomendado y lo que ha sido encomendado a toda la congregación, para llevar a cabo el servicio del tabernáculo. Que cuiden de todos los utensilios del tabernáculo de reunión y lo que ha sido encomendado a los hijos de Israel, para llevar a cabo el servicio del tabernáculo. Darás los levitas a Aarón y a sus hijos. Le son enteramente entregados de entre los hijos de Israel. Constituirás a Aarón y a sus hijos para que cumplan con su sacerdocio. El extraño que se acerque será muerto." Jehovah habló a Moisés diciendo: "He aquí, yo he tomado a los levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todo primogénito que abre la matriz, de entre los hijos de Israel. Los levitas serán míos, porque mío es todo primogénito. El día en que hice morir a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, consagré para mí a todos los primogénitos en Israel, así de hombres como de animales. Míos serán. Yo, Jehovah." Jehovah habló a Moisés en el desierto de Sinaí, diciendo: "Cuenta los hijos de Leví. Contarás todos los varones de un mes para arriba, según sus casas paternas y sus clanes." Moisés los contó conforme a la palabra de Jehovah, como le fue mandado. Estos eran los nombres de los hijos de Leví: Gersón, Cohat y Merari. Y éstos eran los nombres de los hijos de Gersón, según sus clanes: Libni y Simei. Y los hijos de Cohat, según sus clanes, eran Amram, Izjar, Hebrón y Uziel. Los hijos de Merari, según sus clanes, eran Majli y Musi. Estos eran los clanes de Leví según sus casas paternas: De Gersón eran el clan libnita y el clan simeíta. Estos eran los clanes de los gersonitas. Los contados de ellos, según el número de todos los varones de un mes para arriba, eran 7.500. Los clanes de Gersón acamparán detrás del tabernáculo, al occidente. El jefe de la casa paterna de los gersonitas era Eliasaf hijo de Lael. Los hijos de Gersón estaban a cargo de la tienda del tabernáculo de reunión, de la cubierta del mismo, de la cortina de la entrada del tabernáculo de reunión, de las mamparas del atrio y de la cortina de la entrada del atrio que está alrededor del tabernáculo y del altar, y de sus cuerdas para todas sus funciones. De Cohat eran el clan de los amramitas, el clan de los izjaritas, el clan de los hebronitas y el clan de los uzielitas. Estos eran los clanes de los cohatitas. El número de todos los varones de un mes para arriba, que estaban a cargo del santuario, era de 8.600. Los clanes de los hijos de Cohat acamparán al lado sur del tabernáculo. El jefe de la casa paterna de los clanes de Cohat era Elizafán hijo de Uziel. Ellos estaban a cargo del arca, la mesa, el candelabro, los altares, los utensilios con que sirven en el santuario, el velo y todo su servicio. El principal de los jefes de los levitas era Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, dirigente de los que estaban a cargo del santuario. De Merari eran el clan majlita y el clan musita. Estos eran los clanes de Merari. Los contados de ellos, conforme a la lista de todos los varones de un mes para arriba, eran 6.200. El jefe de la casa paterna de los clanes de Merari era Zuriel hijo de Abijail. Ellos acamparán al lado norte del tabernáculo. Los hijos de Merari estaban a cargo de los tablones del tabernáculo, de sus travesaños, de sus pilares, de sus bases, de todos sus accesorios y de todas sus funciones; asimismo de los pilares de alrededor del atrio, y de sus bases, sus estacas y sus cuerdas. Al frente del tabernáculo de reunión, al este, acamparán Moisés y Aarón con sus hijos, quienes tenían a su cargo el santuario, para cumplir con la responsabilidad de los hijos de Israel. Y el extraño que se acerque será muerto. Todos los contados de los levitas que contó Moisés con Aarón, conforme a la palabra de Jehovah, de un mes para arriba, según sus clanes, eran 22.000. Entonces Jehovah dijo a Moisés: "Cuenta todos los primogénitos varones de los hijos de Israel, de un mes para arriba, y haz una lista de sus nombres. Tomarás para mí los levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel; y el ganado de los levitas, en lugar de todos los primerizos del ganado de los hijos de Israel. Yo, Jehovah." Moisés contó todos los primogénitos de entre los hijos de Israel, como Jehovah le había mandado. Y todos los primogénitos varones contados, según el número de sus nombres, de un mes para arriba, fueron 22.273. Luego Jehovah habló a Moisés diciendo: "Toma a los levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel, y el ganado de los levitas en lugar de su ganado. Los levitas serán míos. Yo, Jehovah. Por el rescate de los 273 primogénitos de los hijos de Israel que exceden a los levitas, tomarás 5 siclos por cada uno, conforme al siclo del santuario, que tiene 20 geras, y darás a Aarón y a sus hijos el dinero por el rescate de los que les exceden." Tomó, pues, Moisés el dinero por el rescate de los que excedían al número de los rescatados por los levitas. Recibió el dinero de los primogénitos de los hijos de Israel, 1.365 siclos, conforme al siclo del santuario. Por mandato de Jehovah Moisés dio el dinero del rescate a Aarón y a sus hijos, como Jehovah había mandado a Moisés. Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo: "Haz un censo de los hijos de Cohat entre los hijos de Leví, según sus clanes y casas paternas, desde los 30 hasta los 50 años de edad, todos los que entran a prestar servicio trabajando en el tabernáculo de reunión. "El trabajo de los hijos de Cohat en el tabernáculo de reunión se relaciona con las cosas más sagradas. Cuando el campamento se traslade, Aarón y sus hijos vendrán, bajarán el velo de protección y cubrirán con él el arca del testimonio. Sobre ella pondrán una cubierta de pieles finas y extenderán encima un paño todo de azul. Luego le pondrán sus varas. Después extenderán un paño azul sobre la mesa de la Presencia y pondrán sobre él los platos, las cucharas, las fuentes y las vasijas para la libación. Y el pan que está continuamente en la mesa quedará sobre ella. Después extenderán sobre ellos un paño carmesí y lo cubrirán con una cubierta de pieles finas. Finalmente le pondrán sus varas. Después tomarán un paño azul y cubrirán el candelabro de la iluminación con sus lámparas, sus despabiladeras, sus platillos y todos los utensilios con los que le surten de aceite. Lo pondrán con todos sus utensilios en una cubierta de pieles finas y lo colocarán sobre las varas. Después extenderán un paño azul sobre el altar de oro y lo cubrirán con una cubierta de pieles finas. Luego le pondrán sus varas. Tomarán todos los utensilios del servicio con que sirven en el santuario, los pondrán sobre un paño azul, los cubrirán con una cubierta de pieles finas y los colocarán sobre las varas. Quitarán la ceniza del altar y extenderán sobre él un paño de púrpura. Pondrán sobre él todos sus utensilios con los que sirven allí: bandejas, tenedores, palas, tazones y otros accesorios del altar. Extenderán sobre él una cubierta de pieles finas y después pondrán sus varas. "Después que Aarón y sus hijos acaben de cubrir el santuario y todos los utensilios del santuario, entonces, al ponerse en marcha el campamento, vendrán los hijos de Cohat para transportarlos. Pero no tocarán ninguna cosa sagrada, no sea que mueran. Esas serán las cosas del tabernáculo de reunión que cargarán los hijos de Cohat. "Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, estará a cargo del aceite para la iluminación, el incienso aromático, la ofrenda vegetal continua y el aceite de la unción. También estará a cargo de todo el tabernáculo y de todo lo que hay en él, y del santuario y sus utensilios." Después Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo: "No permitáis que sean eliminados de entre los levitas los miembros del clan de Cohat. Esto haréis con ellos para que vivan y no mueran cuando se acerquen a las cosas más sagradas: Aarón y sus hijos vendrán y asignarán a cada uno su labor y su cargo. Pero ellos no entrarán para ver cuando cubran las cosas sagradas, no sea que mueran." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Haz también un censo de los hijos de Gersón, según sus casas paternas y sus clanes. Los contarás desde los 30 hasta los 50 años, todos los que entran a prestar servicio trabajando en el tabernáculo de reunión. Este será el trabajo de los clanes de Gersón para servir y para transportar: Llevarán los tapices de la morada y del tabernáculo de reunión con su cubierta, la cubierta de pieles finas que está encima de él, la cortina de la entrada del tabernáculo de reunión, las mamparas del atrio, la cortina de la entrada del atrio que está alrededor del tabernáculo y del altar, sus cuerdas y todos los utensilios para sus funciones. Y harán todo lo que se tenga que hacer con ellos. A las órdenes de Aarón y de sus hijos se llevará a cabo todo el trabajo de los hijos de Gersón, en relación con todos sus cargos y con todo su servicio. Les encomendaréis la responsabilidad de todo lo que han de transportar. Este es el trabajo de los clanes de los hijos de Gersón en el tabernáculo de reunión. Sus deberes estarán bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón. "Cuenta los hijos de Merari, según sus clanes y sus casas paternas. Los contarás desde los 30 hasta los 50 años, todos los que entran a prestar servicio trabajando en el tabernáculo de reunión. Este es su deber con relación a cada aspecto del transporte del tabernáculo de reunión: los tablones del tabernáculo, sus travesaños, sus columnas, sus bases, los pilares de alrededor del atrio, sus bases, sus estacas, sus cuerdas y todos sus utensilios para todas sus funciones. Anotaréis por nombre los utensilios que ellos tienen la responsabilidad de transportar. Este será el trabajo de los clanes de los hijos de Merari en todo su servicio en el tabernáculo de reunión, bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón." Moisés, Aarón y los jefes de la congregación contaron los hijos de los cohatitas, según sus clanes y sus casas paternas, desde los 30 hasta los 50 años; todos los que entraban a prestar servicio trabajando en el tabernáculo de reunión, contados según sus clanes, eran 2.750. Estos eran los contados de los clanes de los cohatitas, que servían en el tabernáculo de reunión y que Moisés y Aarón contaron, según el mandato de Jehovah por medio de Moisés. Los hijos de Gersón, según sus clanes y sus casas paternas, desde los 30 hasta los 50 años; todos los que entraban a prestar servicio trabajando en el tabernáculo de reunión, contados según sus clanes y sus casas paternas, eran 2.630. Estos eran los contados de los clanes de Gersón, todos los que servían en el tabernáculo de reunión y que Moisés y Aarón contaron, según el mandato de Jehovah. Los contados de los clanes de los hijos de Merari, según sus clanes y sus casas paternas, desde los 30 hasta los 50 años; todos los que entraban a prestar servicio trabajando en el tabernáculo de reunión, contados según sus clanes, eran 3.200. Estos eran los contados de los hijos de Merari, que Moisés y Aarón contaron, según el mandato de Jehovah por medio de Moisés. Todos los levitas que Moisés, Aarón y los jefes de Israel contaron, según sus clanes y sus casas paternas, desde los 30 hasta los 50 años; todos los que entraban a trabajar en el tabernáculo de reunión, tanto en la labor de servicio como en la labor de transporte, eran 8.580. Ellos fueron contados, según el mandato de Jehovah por medio de Moisés, cada uno en su trabajo y en su cargo. Fueron contados, conforme Jehovah había mandado a Moisés. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Manda a los hijos de Israel que alejen del campamento a todos los leprosos, a todos los que padecen de flujo y a todos los que se han contaminado por causa de un cadáver. Alejaréis del campamento tanto a hombres como a mujeres; los alejaréis para que no contaminen el campamento de aquellos entre los cuales yo habito." Así lo hicieron los hijos de Israel, y los alejaron del campamento. Como Jehovah dijo a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel. También Jehovah habló a Moisés diciendo: "Di a los hijos de Israel que cuando un hombre o una mujer cometa cualquiera de los pecados con que los hombres ofenden a Jehovah, esa persona será culpable. Confesará el pecado que haya cometido y hará restitución completa por el daño que hizo. Sobre ello añadirá la quinta parte y lo dará a aquel a quien había hecho el daño. Si el hombre no tiene un pariente redentor a quien se le haga restitución por el daño, se hará la restitución a Jehovah, para el sacerdote, además del carnero de la expiación con el cual éste hará expiación por él. "Toda ofrenda alzada de todas las cosas consagradas que los hijos de Israel presentan al sacerdote será para él. Las cosas consagradas por cualquier persona serán para él; lo que cualquiera da al sacerdote será para éste." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que si la mujer de alguno se descarría y le es infiel, y si alguien tiene relaciones sexuales con ella y el hecho ha quedado escondido y oculto de su marido (pues ella se contaminó y no hay testigo contra ella, porque no fue sorprendida en el acto); si él es presa de celos y tiene celos de su mujer, quien se ha contaminado; o si él es presa de celos y tiene celos de su mujer, aun cuando ella no se haya contaminado; entonces el hombre traerá su mujer al sacerdote y traerá por ella su ofrenda de una décima de efa de harina de cebada. Sobre ésta no echará aceite ni le pondrá incienso, porque es ofrenda por los celos, ofrenda memorial que trae a la memoria la iniquidad. "El sacerdote hará que ella se acerque y esté de pie delante de Jehovah. Luego tomará agua santa en una vasija de barro. Tomará también del polvo que está en el suelo del tabernáculo y lo echará en el agua. El sacerdote hará que la mujer esté de pie delante de Jehovah, soltará la cabellera de la mujer y pondrá en las manos de ella la ofrenda memorial, que es la ofrenda por los celos. "El sacerdote tendrá en la mano el agua amarga que acarrea maldición, y conjurará a la mujer diciendo: ‘Si ningún hombre se ha acostado contigo, ni te has descarriado de tu marido para contaminarte, seas libre de esta agua amarga que acarrea maldición. Pero si te has descarriado de tu marido y te has contaminado, y si alguien aparte de tu marido se ha acostado contigo’ (el sacerdote conjurará a la mujer con el juramento de maldición y dirá a la mujer), ‘Jehovah te haga maldición y juramento en medio de tu pueblo, haciendo Jehovah que tu muslo se afloje y tu vientre se hinche. Esta agua que acarrea maldición entrará en tus entrañas, y hará que se hinche tu vientre y que se afloje tu muslo.’ "Y la mujer dirá: ‘Amén, amén.’ "Luego el sacerdote escribirá estas maldiciones en un rollo, y las borrará en el agua amarga. El hará que la mujer beba el agua amarga que acarrea maldición, y el agua que acarrea maldición entrará en ella para amargura. "Entonces el sacerdote tomará de la mano de la mujer la ofrenda por los celos, la mecerá delante de Jehovah y la ofrecerá delante del altar. Luego tomará un puñado de la ofrenda como memorial de ella y lo quemará sobre el altar. Después hará que la mujer beba el agua. Cuando le haya hecho beber el agua, sucederá que si ella se ha contaminado y ha sido infiel a su marido, el agua que acarrea maldición entrará en ella para amargura, y su vientre se hinchará y su muslo se aflojará; y la mujer será maldita en medio de su pueblo. Pero si la mujer no se ha contaminado, sino que es pura, será declarada inocente y tendrá descendencia. "Estas son las instrucciones acerca de los celos: Cuando una mujer se descarría de su marido y se contamina, o cuando el marido es presa de celos a causa de su mujer, él hará que ella esté de pie delante de Jehovah, y el sacerdote hará con ella según todas estas instrucciones. Así aquel hombre será libre de culpa, y la mujer cargará con su propia culpa." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que si un hombre o una mujer hace el voto especial de ser nazareo para estar consagrado a Jehovah, se abstendrá de vino y de licor. No beberá vinagre de vino ni vinagre de licor. No beberá ningún jugo de uvas, ni comerá uvas frescas ni secas. Durante todo el tiempo de su nazareato no comerá nada que provenga de la vid, desde las semillas hasta el hollejo. "Tampoco pasará navaja sobre su cabeza durante todo el tiempo del voto de su nazareato. Hasta que se cumpla el plazo de su consagración como nazareo, será santo a Jehovah y dejará crecer libremente el cabello de su cabeza. "Durante todo el tiempo de su consagración a Jehovah, no se acercará a ninguna persona muerta. Ni aun por su padre, ni por su madre, ni por su hermano ni por su hermana se contaminará cuando mueran, porque su consagración a su Dios está sobre su cabeza. Todo el tiempo de su nazareato será santo a Jehovah. "Si alguien muere de repente junto a él, y contamina su cabeza de nazareo, entonces rasurará su cabeza en el día de su purificación; en el séptimo día la rasurará. Y en el octavo día traerá al sacerdote dos tórtolas o dos pichones de paloma, a la entrada del tabernáculo de reunión. El sacerdote ofrecerá uno como sacrificio por el pecado y el otro como holocausto, y hará expiación por él, por cuanto pecó a causa del muerto. Así santificará su cabeza en aquel mismo día. El consagrará a Jehovah los días de su nazareato y traerá un cordero de un año como sacrificio por la culpa. Pero los primeros días serán anulados, porque su nazareato fue contaminado. "Estas son las instrucciones acerca del nazareo para el día en que se cumpla el plazo de su nazareato. Vendrá a la entrada del tabernáculo de reunión y presentará su ofrenda a Jehovah: un cordero de un año, sin defecto, como holocausto; una cordera de un año, sin defecto, como sacrificio por el pecado; un carnero sin defecto como sacrificio de paz; y una cesta de tortas sin levadura, hechas de harina fina amasada con aceite y galletas sin levadura untadas con aceite; junto con su ofrenda vegetal y sus libaciones. "El sacerdote la presentará delante de Jehovah, y ofrecerá su sacrificio por el pecado y su holocausto; también ofrecerá a Jehovah el carnero como sacrificio de paz, junto con la cesta de tortas sin levadura. Luego presentará su ofrenda vegetal y su libación. "Después el nazareo rasurará su cabeza de nazareo a la entrada del tabernáculo de reunión. Tomará el cabello de su cabeza de nazareo, y lo pondrá en el fuego que está debajo del sacrificio de paz. Después que él haya rasurado el cabello de su consagración, el sacerdote tomará la espaldilla cocida del carnero; asimismo una torta sin levadura de la cesta y una galleta sin levadura, y los pondrá en las manos del nazareo. El sacerdote mecerá aquello como ofrenda mecida delante de Jehovah, lo cual será cosa sagrada para el sacerdote, junto con el pecho de la ofrenda mecida y el muslo de la ofrenda alzada. Después de esto el nazareo podrá beber vino. "Estas son las instrucciones acerca del nazareo que hace voto y de su ofrenda a Jehovah por su nazareato, aparte de lo que sus recursos le permitan dar. Cualquiera que sea el voto que haga, él hará conforme a las instrucciones acerca de su nazareato." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a Aarón y a sus hijos y diles que así bendeciréis a los hijos de Israel. Decidles: ‘Jehovah te bendiga y te guarde. Jehovah haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misercordia. Jehovah levante hacia ti su rostro, y ponga en ti paz.’ "Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré." Aconteció que cuando Moisés acabó de erigir el tabernáculo, lo ungió y lo consagró junto con todos sus utensilios, y asimismo ungió y consagró el altar con todos sus utensilios. Entonces los dirigentes de Israel, jefes de sus casas paternas que eran los dirigentes de las tribus y estaban al frente de los que habían sido contados, trajeron sus ofrendas delante de Jehovah: 6 carretas cubiertas y 12 bueyes, una carreta por cada dos dirigentes y un buey por cada uno, y los presentaron delante del tabernáculo. Entonces Jehovah habló a Moisés diciendo: "Tómalo de ellos. Que sean para el servicio del tabernáculo de reunión. Entrégalos a los levitas, a cada uno de acuerdo con su trabajo." Entonces Moisés recibió las carretas y los bueyes y los entregó a los levitas. A los hijos de Gersón dio 2 carretas y 4 bueyes, conforme a sus trabajos. A los hijos de Merari dio 4 carretas y 8 bueyes, conforme a sus trabajos, bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón. Pero a los hijos de Cohat no les dio nada, pues les correspondía el trabajo relativo a las cosas sagradas que debían llevar sobre sus hombros. Luego los jefes presentaron sus ofrendas para la dedicación del altar, el día en que éste fue ungido. Así presentaron los jefes sus ofrendas delante del altar. Entonces Jehovah dijo a Moisés: "Presentarán su ofrenda para la dedicación del altar, un dirigente cada día." El que presentó su ofrenda el primer día fue Najsón hijo de Aminadab, de la tribu de Judá. Su ofrenda fue un plato de plata que pesaba 130 siclos y un tazón de plata de 70 siclos, según el siclo del santuario, ambos llenos de harina fina amasada con aceite para la ofrenda vegetal; un cucharón de oro de 10 siclos, lleno de incienso; un novillo, un carnero y un cordero de un año para el holocausto; un macho cabrío para el sacrificio por el pecado; y 2 toros, 5 carneros, 5 machos cabríos y 5 corderos de un año para el sacrificio de paz. Esta fue la ofrenda de Najsón hijo de Aminadab. El segundo día presentó su ofrenda Natanael hijo de Zuar, jefe de Isacar. Presentó como ofrenda un plato de plata que pesaba 130 siclos y un tazón de plata de 70 siclos, según el siclo del santuario, ambos llenos de harina fina amasada con aceite para la ofrenda vegetal; un cucharón de oro de 10 siclos, lleno de incienso; un novillo, un carnero y un cordero de un año para el holocausto; un macho cabrío para el sacrificio por el pecado; y 2 toros, 5 carneros, 5 machos cabríos y 5 corderos de un año para el sacrificio de paz. Esta fue la ofrenda de Natanael hijo de Zuar. El tercer día presentó su ofrenda Eliab hijo de Helón, jefe de los hijos de Zabulón. Su ofrenda fue un plato de plata que pesaba 130 siclos y un tazón de plata de 70 siclos, según el siclo del santuario, ambos llenos de harina fina amasada con aceite para la ofrenda vegetal; un cucharón de oro de 10 siclos, lleno de incienso; un novillo, un carnero y un cordero de un año para el holocausto; un macho cabrío para el sacrificio por el pecado; y 2 toros, 5 carneros, 5 machos cabríos y 5 corderos de un año para el sacrificio de paz. Esta fue la ofrenda de Eliab hijo de Helón. El cuarto día presentó su ofrenda Elisur hijo de Sedeur, jefe de los hijos de Rubén. Su ofrenda fue un plato de plata que pesaba 130 siclos y un tazón de plata de 70 siclos, según el siclo del santuario, ambos llenos de harina fina amasada con aceite para la ofrenda vegetal; un cucharón de oro de 10 siclos, lleno de incienso; un novillo, un carnero y un cordero de un año para el holocausto; un macho cabrío para el sacrificio por el pecado; y 2 toros, 5 carneros, 5 machos cabríos y 5 corderos de un año para el sacrificio de paz. Esta fue la ofrenda de Elisur hijo de Sedeur. El quinto día presentó su ofrenda Selumiel hijo de Zurisadai, jefe de los hijos de Simeón. Su ofrenda fue un plato de plata que pesaba 130 siclos y un tazón de plata de 70 siclos, según el siclo del santuario, ambos llenos de harina fina amasada con aceite para la ofrenda vegetal; un cucharón de oro de 10 siclos, lleno de incienso; un novillo, un carnero y un cordero de un año para el holocausto; un macho cabrío para el sacrificio por el pecado; y 2 toros, 5 carneros, 5 machos cabríos y 5 corderos de un año para el sacrificio de paz. Esta fue la ofrenda de Selumiel hijo de Zurisadai. El sexto día presentó su ofrenda Eliasaf hijo de Reuel, jefe de los hijos de Gad. Su ofrenda fue un plato de plata que pesaba 130 siclos y un tazón de plata de 70 siclos, según el siclo del santuario, ambos llenos de harina fina amasada con aceite para la ofrenda vegetal; un cucharón de oro de 10 siclos, lleno de incienso; un novillo, un carnero y un cordero de un año para el holocausto; un macho cabrío para el sacrificio por el pecado; y 2 toros, 5 carneros, 5 machos cabríos y 5 corderos de un año para el sacrificio de paz. Esta fue la ofrenda de Eliasaf hijo de Reuel. El séptimo día presentó su ofrenda Elisama hijo de Amihud, jefe de los hijos de Efraín. Su ofrenda fue un plato de plata que pesaba 130 siclos y un tazón de plata de 70 siclos, según el siclo del santuario, ambos llenos de harina fina amasada con aceite para la ofrenda vegetal; un cucharón de oro de 10 siclos, lleno de incienso; un novillo, un carnero y un cordero de un año para el holocausto; un macho cabrío para el sacrificio por el pecado; y 2 toros, 5 carneros, 5 machos cabríos y 5 corderos de un año para el sacrificio de paz. Esta fue la ofrenda de Elisama hijo de Amihud. El octavo día presentó su ofrenda Gamaliel hijo de Pedasur, jefe de los hijos de Manasés. Su ofrenda fue un plato de plata que pesaba 130 siclos y un tazón de plata de 70 siclos, según el siclo del santuario, ambos llenos de harina fina amasada con aceite para la ofrenda vegetal; un cucharón de oro de 10 siclos, lleno de incienso; un novillo, un carnero y un cordero de un año para el holocausto; un macho cabrío para el sacrificio por el pecado; y 2 toros, 5 carneros, 5 machos cabríos y 5 corderos de un año para el sacrificio de paz. Esta fue la ofrenda de Gamaliel hijo de Pedasur. El noveno día presentó su ofrenda Abidán hijo de Gedeoni, jefe de los hijos de Benjamín. Su ofrenda fue un plato de plata que pesaba 130 siclos y un tazón de plata de 70 siclos, según el siclo del santuario, ambos llenos de harina fina amasada con aceite para la ofrenda vegetal; un cucharón de oro de 10 siclos, lleno de incienso; un novillo, un carnero y un cordero de un año para el holocausto; un macho cabrío para el sacrificio por el pecado; y 2 toros, 5 carneros, 5 machos cabríos y 5 corderos de un año para el sacrificio de paz. Esta fue la ofrenda de Abidán hijo de Gedeoni. El décimo día presentó su ofrenda Ajiezer hijo de Amisadai, jefe de los hijos de Dan. Su ofrenda fue un plato de plata que pesaba 130 siclos y un tazón de plata de 70 siclos, según el siclo del santuario, ambos llenos de harina fina amasada con aceite para la ofrenda vegetal; un cucharón de oro de 10 siclos, lleno de incienso; un novillo, un carnero y un cordero de un año para el holocausto; un macho cabrío para el sacrificio por el pecado; y 2 toros, 5 carneros, 5 machos cabríos y 5 corderos de un año para el sacrificio de paz. Esta fue la ofrenda de Ajiezer hijo de Amisadai. El día undécimo presentó su ofrenda Paguiel hijo de Ocrán, jefe de los hijos de Aser. Su ofrenda fue un plato de plata que pesaba 130 siclos y un tazón de plata de 70 siclos, según el siclo del santuario, ambos llenos de harina fina amasada con aceite para la ofrenda vegetal; un cucharón de oro de 10 siclos, lleno de incienso; un novillo, un carnero y un cordero de un año para el holocausto; un macho cabrío para el sacrificio por el pecado; y 2 toros, 5 carneros, 5 machos cabríos y 5 corderos de un año para el sacrificio de paz. Esta fue la ofrenda de Paguiel hijo de Ocrán. El día duodécimo presentó su ofrenda Ajira hijo de Enán, jefe de los hijos de Neftalí. Su ofrenda fue un plato de plata que pesaba 130 siclos y un tazón de plata de 70 siclos, según el siclo del santuario, ambos llenos de harina fina amasada con aceite para la ofrenda vegetal; un cucharón de oro de 10 siclos, lleno de incienso; un novillo, un carnero y un cordero de un año para el holocausto; un macho cabrío para el sacrificio por el pecado; y 2 toros, 5 carneros, 5 machos cabríos y 5 corderos de un año para el sacrificio de paz. Esta fue la ofrenda de Ajira hijo de Enán. Esta fue la dedicación del altar el día en que fue ungido por los jefes de Israel: 12 platos de plata, 12 tazones de plata y 12 cucharones de oro. Cada plato era de 130 siclos; cada tazón, de 70 siclos. El total de la plata de los utensilios era 2.400 siclos, según el siclo del santuario. Los 12 cucharones de oro llenos de incienso eran de 10 siclos cada uno, según el siclo del santuario. Todo el oro de los cucharones era 120 siclos. Todo el ganado para holocausto fue de 12 novillos, 12 carneros y 12 corderos de un año, con sus respectivas ofrendas vegetales. Los machos cabríos para el sacrificio por el pecado fueron 12. Todo el ganado para el sacrificio de paz fue de 24 novillos, 60 carneros, 60 machos cabríos y 60 corderos de un año. Esta fue la ofrenda de la dedicación del altar, después de haber sido éste ungido. Y cuando Moisés entró en el tabernáculo de reunión para hablar con Dios, escuchó la voz que le hablaba desde encima del propiciatorio, que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines. Y hablaba con él. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a Aarón y dile: ‘Cuando enciendas las lámparas, las siete lámparas deberán alumbrar hacia la parte delantera del candelabro.’" Aarón lo hizo así. Encendió las lámparas hacia la parte delantera del candelabro, como Jehovah había mandado a Moisés. Esta era la hechura del candelabro: Era de oro modelado a martillo; desde su base hasta sus flores estaba modelado a martillo. Conforme al modelo que Jehovah había mostrado a Moisés, así hizo el candelabro. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Toma a los levitas de entre los hijos de Israel y purifícalos. Así harás con ellos para purificarlos: Rocía sobre ellos el agua para la purificación; luego haz que pasen la navaja sobre todo su cuerpo y que laven sus vestiduras. Así serán purificados. "Después tomarán un novillo con su ofrenda de harina fina amasada con aceite. Luego tomarás otro novillo, para el sacrificio por el pecado. Harás que los levitas se acerquen delante del tabernáculo de reunión y reunirás a toda la asamblea de los hijos de Israel. Después que hayas hecho que se acerquen los levitas delante de Jehovah, los hijos de Israel pondrán sus manos sobre los levitas. Luego Aarón presentará a los levitas delante de Jehovah, como ofrenda mecida de los hijos de Israel, y ellos estarán listos para realizar el servicio de Jehovah. "Después los levitas pondrán sus manos sobre las cabezas de los novillos; y tú ofrecerás el uno como sacrificio por el pecado, y el otro en holocausto a Jehovah, para hacer expiación por los levitas. Harás que los levitas estén de pie delante de Aarón y de sus hijos, y los presentarás como ofrenda mecida a Jehovah. Así separarás a los levitas de entre los hijos de Israel, y los levitas serán míos. Después de eso, cuando los hayas purificado y los hayas presentado como ofrenda mecida, los levitas entrarán a servir en el tabernáculo de reunión. Porque los levitas están enteramente entregados a mí de entre los hijos de Israel. Yo los he tomado para mí en lugar de todo primogénito que abre la matriz de entre los hijos de Israel. Porque mío es todo primogénito de los hijos de Israel, tanto de los hombres como de los animales. El día en que yo hice morir a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, los consagré para mí. Yo he tomado a los levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel. También he dado los levitas, como un donativo para Aarón y para sus hijos de entre los hijos de Israel, a fin de que realicen el servicio por los hijos de Israel en el tabernáculo de reunión y hagan expiación por los hijos de Israel. Así no habrá mortandad entre los hijos de Israel, al acercarse los hijos de Israel al juntar para ellos todos los peces del mar para que les fuesen suficientes? Moisés, Aarón y toda la congregación de los hijos de Israel hicieron con los levitas conforme a todo lo que Jehovah había mandado a Moisés acerca de los levitas. Así hicieron con ellos los hijos de Israel. Los levitas se purificaron de pecado y lavaron sus vestiduras. Luego Aarón los presentó como ofrenda mecida delante de Jehovah, y Aarón hizo expiación por ellos para purificarlos. Después de esto, entraron los levitas para servir en el tabernáculo de reunión delante de Aarón y de sus hijos. Conforme a lo que Jehovah había mandado a Moisés acerca de los levitas, así hicieron con ellos. Entonces Jehovah habló a Moisés diciendo: "Esto es lo que concierne a los levitas: De 25 años para arriba entrarán a prestar servicio en el trabajo del tabernáculo de reunión. A partir de los 50 años volverán de su servicio, y nunca más prestarán servicio. Asistirán a sus hermanos en el cumplimiento de sus obligaciones en el tabernáculo de reunión, pero no realizarán el servicio. Así harás con los levitas en cuanto a sus obligaciones." Jehovah habló a Moisés en el desierto de Sinaí, en el mes primero del segundo año de su salida de la tierra de Egipto, diciendo: "Los hijos de Israel celebrarán la Pascua a su debido tiempo. El día 14 de este mes, al atardecer, la celebraréis a su debido tiempo. La celebraréis conforme a todos sus estatutos y conforme a todos sus decretos." Moisés habló a los hijos de Israel para que celebraran la Pascua. Y celebraron la Pascua en el desierto de Sinaí, el día 14 del mes primero, al atardecer. Los hijos de Israel hicieron conforme a todo lo que Jehovah había mandado a Moisés. Sucedió que algunos hombres estaban impuros a causa de contacto con un cadáver, de modo que no pudieron celebrar la Pascua aquel día. Se acercaron aquel día a la presencia de Moisés y de Aarón, y esos hombres les dijeron: —Nosotros estamos impuros a causa de contacto con un cadáver. ¿Por qué seremos impedidos nosotros, entre los hijos de Israel, de ofrecer el sacrificio a Jehovah a su debido tiempo? Moisés les respondió: —Esperad hasta que yo oiga qué es lo que manda Jehovah acerca de vosotros. Entonces Jehovah habló a Moisés diciendo: —Habla a los hijos de Israel y diles: "Cualquiera de vosotros o de vuestros descendientes que esté impuro a causa de contacto con un cadáver o que esté lejos, de viaje, podrá celebrar la Pascua a Jehovah. La celebrarán el día 14 del mes segundo, al atardecer, y la comerán con panes sin levadura y con hierbas amargas. No dejarán nada de ella para el siguiente día, ni quebrarán ninguno de sus huesos. La celebrarán conforme a todo el estatuto de la Pascua. "Pero el que está puro y no está de viaje, y deja de celebrar la Pascua, tal persona será excluida de su pueblo, porque no ofreció el sacrificio a Jehovah a su debido tiempo. Tal persona cargará con su pecado. "Si con vosotros reside algún extranjero y celebra la Pascua a Jehovah, la celebrará conforme al estatuto y al decreto de la Pascua. El mismo estatuto tendréis, tanto para el extranjero como para el natural de la tierra." El día en que fue erigido el tabernáculo la nube cubrió el tabernáculo, la tienda del testimonio. Y desde el anochecer hasta el amanecer había algo semejante a fuego sobre el tabernáculo. Así sucedía continuamente: La nube lo cubría de día, y la apariencia de fuego de noche. Cuando la nube se levantaba de encima del tabernáculo, los hijos de Israel se ponían en marcha. Y en el lugar donde la nube se detenía, allí acampaban los hijos de Israel. Al mandato de Jehovah los hijos de Israel partían, y al mandato de Jehovah acampaban. Ellos quedaban acampados todos los días que la nube permanecía sobre el tabernáculo. Cuando la nube se detenía muchos días sobre el tabernáculo, los hijos de Israel guardaban la ordenanza de Jehovah y no se ponían en marcha. Y cuando la nube estaba sobre el tabernáculo pocos días, al mandato de Jehovah quedaban acampados, y al mandato de Jehovah partían. Cuando la nube se detenía desde el anochecer hasta el amanecer, y la nube se levantaba por la mañana, ellos se ponían en marcha. Cuando la nube se levantaba, ya fuera de día o ya fuera de noche, ellos se ponían en marcha. Si la nube permanecía dos días, un mes o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo, los hijos de Israel quedaban acampados y no partían. Pero cuando se levantaba, ellos partían. Al mandato de Jehovah acampaban, y al mandato de Jehovah partían, guardando la ordenanza de Jehovah, de acuerdo con el mandato de Jehovah dado por medio de Moisés. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Hazte dos trompetas de plata; las harás modeladas a martillo. Y te servirán para convocar a la congregación y para poner en marcha los campamentos. Cuando se toque con ambas, se reunirá ante ti toda la congregación a la entrada del tabernáculo de reunión. Pero cuando se toque sólo con una, se reunirán ante ti los dirigentes, los jefes de los millares de Israel. "Cuando toquéis con estrépito, se pondrán en marcha los campamentos que acampan al este. Y cuando toquéis con estrépito por segunda vez, se pondrán en marcha los campamentos que acampan al sur. Para ponerse en marcha se tocará con estrépito. Sin embargo, cuando se convoque a la asamblea, tocaréis, pero no con estrépito. Los hijos de Aarón, los sacerdotes, tocarán las trompetas. Las tendréis por estatuto perpetuo, a través de vuestras generaciones. "Cuando en vuestra tierra vayáis a la guerra contra el adversario que os hostilice, tocaréis con estrépito las trompetas. Y seréis recordados por Jehovah vuestro Dios, y seréis librados de vuestros enemigos. En el día de vuestro regocijo, es decir, en vuestras solemnidades y en vuestros días primeros de mes, tocaréis las trompetas en relación con vuestros holocaustos y con vuestros sacrificios de paz. Y os servirán de memorial en la presencia de vuestro Dios. Yo, Jehovah, vuestro Dios." El 20 del mes segundo del segundo año se levantó la nube de encima del tabernáculo del testimonio, y los hijos de Israel se pusieron en marcha por etapas desde el desierto de Sinaí. La nube se detuvo en el desierto de Parán. Así partieron por primera vez, de acuerdo con el mandato de Jehovah por medio de Moisés. El estandarte del campamento de los hijos de Judá partió primero, según sus ejércitos. Najsón hijo de Aminadab estaba al frente de su ejército. Al frente del ejército de la tribu de los hijos de Isacar estaba Natanael hijo de Zuar. Y al frente del ejército de la tribu de los hijos de Zabulón estaba Eliab hijo de Helón. Una vez desarmado el tabernáculo, partieron los hijos de Gersón y los hijos de Merari que lo llevaban. Luego partió el estandarte del campamento de Rubén, según sus ejércitos. Elisur hijo de Sedeur estaba al frente de su ejército. Al frente del ejército de la tribu de los hijos de Simeón estaba Selumiel hijo de Zurisadai. Y al frente del ejército de la tribu de los hijos de Gad estaba Eliasaf hijo de Reuel. Después partieron los cohatitas, llevando lo sagrado. Antes de que ellos llegasen, los otros erigían el tabernáculo. Después partió el estandarte del campamento de los hijos de Efraín, según sus ejércitos. Elisama hijo de Amihud estaba al frente de su ejército. Al frente del ejército de la tribu de los hijos de Manasés estaba Gamaliel hijo de Pedasur. Y al frente del ejército de la tribu de los hijos de Benjamín estaba Abidán hijo de Gedeoni. Después partió el estandarte del campamento de los hijos de Dan, según sus ejércitos, formando la retaguardia de todos los campamentos. Ajiezer hijo de Amisadai estaba al frente de su ejército. Al frente del ejército de la tribu de los hijos de Aser estaba Paguiel hijo de Ocrán. Y al frente del ejército de la tribu de los hijos de Neftalí estaba Ajira hijo de Enán. Este es el orden en que partieron los hijos de Israel, según sus ejércitos. Así se pusieron en marcha. Entonces Moisés dijo a Hobab hijo de Reuel el madianita, su suegro: —Nosotros partimos hacia el lugar del cual Jehovah ha dicho: "Yo os lo daré." Ven con nosotros, y te haremos bien; porque Jehovah ha prometido el bien para Israel. Pero él respondió: —No iré, sino que me iré a mi tierra y a mi parentela. Y Moisés le dijo: —Por favor, no nos abandones, ya que tú conoces el lugar donde debemos acampar en el desierto y nos servirás de ojos. Y será que, si vienes con nosotros, cuando logremos el bien que Jehovah nos ha de hacer, nosotros haremos el bien contigo. Así partieron del monte de Jehovah para tres días de camino. El arca del pacto de Jehovah iba delante de ellos durante los tres días de camino, buscando para ellos un lugar donde descansar. La nube de Jehovah estaba sobre ellos de día, cuando partían del campamento. Cuando el arca partía, Moisés decía: "¡Levántate, oh Jehovah, y sean dispersados tus enemigos! ¡Huyan de tu presencia los que te aborrecen!" Y cuando se asentaba, decía: "¡Vuelve, oh Jehovah, a las miríadas de millares de Israel!" Aconteció que el pueblo se quejó amargamente a oídos de Jehovah. Lo oyó Jehovah, y se encendió su furor; y un fuego de Jehovah ardió contra ellos y consumió un extremo del campamento. Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés oró a Jehovah; y el fuego se extinguió. Y llamó a aquel lugar Tabera, porque el fuego de Jehovah ardió contra ellos. Entonces el populacho que había entre ellos se dejó llevar por la gula. Y también los hijos de Israel volvieron a llorar diciendo: —¡Quién nos diera de comer carne! Nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos. Pero ahora nuestro apetito se reseca, ya que no hay ante nuestros ojos más que el maná. El maná era como la semilla del cilantro, y su aspecto era como el de la resina. El pueblo se dispersaba para recogerlo, y lo molían en molinos de piedra o lo trituraban en morteros. Lo cocinaban en ollas y hacían de ello tortas que tenían sabor de tortas cocidas con aceite. Cuando el rocío descendía de noche sobre el campamento, el maná descendía sobre él. Moisés oyó al pueblo que lloraba, de familia en familia, cada una a la entrada de su tienda, y el furor de Jehovah se encendió en gran manera. También a Moisés le pareció mal, y Moisés dijo a Jehovah: —¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿Por qué no he hallado gracia ante tus ojos, para que hayas puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Acaso concebí yo a todo este pueblo? ¿Acaso yo lo engendré, para que me digas: "Como una nodriza lleva a un bebé, llévalo en tu seno a la tierra que juré dar a sus padres"? ¿De dónde he de sacar yo carne para dar de comer a todo este pueblo, que llora ante mí diciendo: "Danos carne para que comamos"? Yo solo no puedo llevar a todo este pueblo, porque es demasiado pesado para mí. Si así vas a hacer tú conmigo, por favor concédeme la muerte, si he hallado gracia ante tus ojos, para que yo no vea mi desgracia. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Reúneme a setenta hombres de los ancianos de Israel, a quienes tú conozcas como ancianos y oficiales del pueblo. Tráelos al tabernáculo de reunión, y que se presenten allí contigo. Yo descenderé y hablaré allí contigo, tomaré del Espíritu que está en ti y lo pondré en ellos. Luego ellos llevarán contigo la carga del pueblo, y ya no la llevarás tú solo. Y al pueblo dirás: "Santificaos para mañana, y comeréis carne. Pues habéis llorado a oídos de Jehovah diciendo: ‘¡Quién nos diera de comer carne! Porque nos iba mejor en Egipto.’ Jehovah, pues, os dará carne, y comeréis. No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días, sino hasta un mes; hasta que os salga por las narices, y tengáis náuseas. Por cuanto habéis menospreciado a Jehovah, que está en medio de vosotros, y habéis llorado delante de él diciendo: ‘¿Por qué salimos de Egipto?’" Entonces dijo Moisés: —Yo estoy en medio de un pueblo de 600.000 hombres de infantería, y tú dices: "Les daré carne, y comerán todo un mes." ¿Se habrían de degollar para ellos las ovejas y las vacas para que les fuese suficiente? ¿Se habrían de Israel, provocando a ira a Jehovah Dios de Israel, con sus ídolos vanos. Entonces Jehovah respondió a Moisés: —¿Acaso se ha acortado la mano de Jehovah? ¡Ahora verás si se cumple para ti mi palabra, o no! Entonces Moisés salió y dijo al pueblo las palabras de Jehovah. Reunió a setenta hombres de los ancianos del pueblo y los hizo estar de pie alrededor del tabernáculo. Entonces Jehovah descendió en la nube y le habló. Tomó del Espíritu que estaba sobre él y lo puso sobre los setenta ancianos. Y sucedió que cuando el Espíritu posó sobre ellos, profetizaron; pero no continuaron haciéndolo. Pero en el campamento habían quedado dos hombres: uno se llamaba Eldad, y el otro Medad. Sobre ellos también se posó el Espíritu. Ellos estaban entre los que habían sido inscritos pero que no habían ido al tabernáculo, y comenzaron a profetizar en el campamento. Entonces un joven corrió e informó a Moisés diciendo: —¡Eldad y Medad profetizan en el campamento! Luego intervino Josué hijo de Nun, quien era ayudante de Moisés, desde su juventud, y dijo: —¡Señor mío, Moisés, impídeselo! Moisés le respondió: —¿Tienes tú celos por mí? ¡Ojalá que todos fuesen profetas en el pueblo de Jehovah, y que Jehovah pusiese su Espíritu sobre ellos! Moisés volvió al campamento junto con los ancianos de Israel. Entonces de parte de Jehovah salió un viento que trajo codornices desde el mar y las dejó caer junto al campamento, hasta la distancia de un día de camino de este lado y un día de camino del otro lado, hasta la altura de dos codos sobre el suelo. Entonces el pueblo permaneció levantado todo aquel día y toda la noche, y todo el día siguiente, recogiendo las codornices. El que menos, recogió diez montones; y las tendieron para sí alrededor del campamento. Aún estaba la carne entre sus dientes, antes que la comenzasen a masticar, cuando se encendió el furor de Jehovah contra el pueblo, y Jehovah golpeó al pueblo con una gran plaga. Y llamó el nombre de aquel lugar Quibrot-hataavah, porque allí sepultaron al pueblo glotón. De Quibrot-hataavah el pueblo se puso en marcha hacia Hazerot, y permanecieron en Hazerot. María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado, porque él había tomado por mujer a una cusita. Ellos dijeron: —¿Acaso sólo por medio de Moisés ha hablado Jehovah? ¿No ha hablado también por medio de nosotros? Y lo oyó Jehovah. Moisés era un hombre muy manso, más manso que todos los hombres que había sobre la faz de la tierra. Repentinamente Jehovah dijo a Moisés, a Aarón y a María: —Id vosotros tres al tabernáculo de reunión. Y fueron los tres. Entonces Jehovah descendió en una columna de nube, se detuvo a la entrada del tabernáculo y llamó a Aarón y a María. Ellos dos se acercaron, y él les dijo: —Oíd mis palabras: Si tuvieseis un profeta de Jehovah, yo me manifestaría a él en visión o hablaría con él en sueños. No es así con mi siervo Moisés, quien es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablo con él, en persona, y no por enigmas. Y él contempla la apariencia de Jehovah. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo, contra Moisés? Entonces el furor de Jehovah se encendió contra ellos. Y se fue. Cuando la nube se apartó de encima del tabernáculo, he aquí que María quedó leprosa, blanca como la nieve. Aarón se volvió hacia María, y he aquí que estaba leprosa. Entonces Aarón dijo a Moisés: —¡Ay, señor mío! Por favor, no pongas sobre nosotros el pecado, porque locamente hemos actuado y hemos pecado. Por favor, no sea ella como el que sale muerto del vientre de su madre, con la mitad de su carne consumida. Entonces Moisés clamó a Jehovah diciendo: —¡Oh Dios, sánala, por favor! Jehovah respondió a Moisés: —Si su padre le hubiera escupido en su cara, ¿no quedaría avergonzada durante siete días? Que sea recluida fuera del campamento durante siete días, y después será readmitida. Así María fue recluida fuera del campamento durante siete días. El pueblo no se puso en marcha hasta que María fuera readmitida. Después partió el pueblo de Hazerot y acampó en el desierto de Parán. Entonces Jehovah habló a Moisés diciendo: "Envía hombres para que exploren la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel. Enviaréis un hombre de cada tribu de sus padres; cada uno de ellos debe ser un dirigente entre ellos." Moisés los envió desde el desierto de Parán, de acuerdo con el mandato de Jehovah. Todos aquellos hombres eran jefes de los hijos de Israel. Sus nombres son los siguientes: de la tribu de Rubén, Samúa hijo de Zacur; de la tribu de Simeón, Safat hijo de Hori; de la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone; de la tribu de Isacar, Igal hijo de José; de la tribu de Efraín, Oseas hijo de Nun; de la tribu de Benjamín, Palti hijo de Rafú; de la tribu de Zabulón, Gadiel hijo de Sodi; de la tribu de José, es decir, de la tribu de Manasés, Gadi hijo de Susi; de la tribu de Dan, Amiel hijo de Gemali; de la tribu de Aser, Setur hijo de Micael; de la tribu de Neftalí, Najbi hijo de Vapsi; de la tribu de Gad, Geuel hijo de Maqui. Estos son los nombres de los hombres que Moisés envió para explorar la tierra. A Oseas hijo de Nun Moisés le puso por nombre Josué. Los envió Moisés a explorar la tierra de Canaán y les dijo: "Subid de aquí al Néguev, y de allí subid a la región montañosa. Observad qué tal es la tierra, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si es poco o numeroso. Observad qué tal es la tierra habitada, si es buena o mala; cómo son las ciudades habitadas, si son sólo campamentos o fortificaciones; cómo es la tierra, si es fértil o árida; si hay en ella árboles o no. Esforzaos y tomad muestras del fruto del país." Era el tiempo de las primeras uvas. Ellos fueron y exploraron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rejob, hacia Lebo-hamat. Fueron por el Néguev y llegaron a Hebrón. Allí habitaban Ajimán, Sesai y Talmai, descendientes de Anac. (Hebrón fue edificada siete años antes que Tanis en Egipto.) Después llegaron al arroyo de Escol. Allí cortaron una rama con un racimo de uvas, la cual llevaron entre dos en un palo. También tomaron granadas e higos. A aquel lugar llamaron arroyo de Escol, por el racimo que los hijos de Israel cortaron allí. Al cabo de 40 días volvieron de explorar la tierra. Entonces fueron y se presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron informes a ellos y a toda la congregación. También les mostraron el fruto de la tierra. Y le contaron diciendo: —Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la cual ciertamente fluye leche y miel. Este es el fruto de ella. Sólo que el pueblo que habita aquella tierra es fuerte. Sus ciudades están fortificadas y son muy grandes. También vimos allí a los descendientes de Anac. Amalec habita en la tierra del Néguev; y en la región montañosa están los heteos, los jebuseos y los amorreos. Los cananeos habitan junto al mar y en la ribera del Jordán. Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: —¡Ciertamente subamos y tomémosla en posesión, pues nosotros podremos más que ellos! Pero los hombres que fueron con él dijeron: —No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y comenzaron a desacreditar la tierra que habían explorado, diciendo ante los hijos de Israel: —La tierra que fuimos a explorar es tierra que traga a sus habitantes. Todo el pueblo que vimos en ella son hombres de gran estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de gigantes. Nosotros, a nuestros propios ojos, parecíamos langostas; y así parecíamos a sus ojos. Entonces toda la congregación gritó y dio voces; el pueblo lloró aquella noche. Todos los hijos de Israel se quejaron contra Moisés y Aarón; toda la congregación les dijo: —¡Ojalá hubiésemos muerto en la tierra de Egipto! ¡Ojalá hubiésemos muerto en este desierto! ¿Por qué nos trae Jehovah a esta tierra para caer a espada? ¿Para que nuestras mujeres y nuestros pequeños sean una presa? ¿No nos sería mejor volver a Egipto? Y se decían unos a otros: —¡Nombremos un jefe y volvámonos a Egipto! Moisés y Aarón se postraron sobre sus rostros delante de toda la asamblea de la congregación de los hijos de Israel. Entonces Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que estaban entre los que habían ido a explorar la tierra, rompieron sus vestiduras y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: —La tierra por donde pasamos para explorarla es buena en gran manera. Si Jehovah se agrada de nosotros, nos introducirá en esa tierra. El nos entregará la tierra que fluye leche y miel. Sólo que no os rebeléis contra Jehovah, ni temáis al pueblo de esa tierra, porque serán para nosotros pan comido. Su protección se ha apartado de ellos, mientras que con nosotros está Jehovah. ¡No los temáis! Entonces toda la congregación habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehovah se dejó ver en el tabernáculo de reunión ante todos los hijos de Israel. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —¿Hasta cuándo me ha de menospreciar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me ha de creer, a pesar de todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo lo heriré con peste y lo desalojaré, y haré de ti una nación más grande y más fuerte que ellos. Pero Moisés respondió a Jehovah: —Luego lo oirán los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder. Y lo contarán a los habitantes de esta tierra, los cuales han oído que tú, oh Jehovah, estás en medio de este pueblo; que te dejas ver cara a cara, oh Jehovah, y que tu nube está sobre ellos. Han oído que tú vas delante de ellos, de día en una columna de nube, y de noche en una columna de fuego. Pero si tú haces morir a este pueblo como a un solo hombre, entonces las naciones que han oído de tu fama dirán: "Porque Jehovah no fue capaz de introducir a ese pueblo en la tierra que les prometió con juramento, por eso los mató en el desierto." Ahora pues, sea engrandecido el poder del Señor, de acuerdo con lo que has hablado diciendo: "Jehovah es lento para la ira y grande en misericordia. El perdona la iniquidad y la rebelión, pero de ninguna manera dará por inocente al culpable. Castiga la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación." Perdona, pues, la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, como lo has perdonado desde Egipto hasta aquí. Entonces Jehovah dijo: —Yo lo he perdonado, conforme a tu palabra. Sin embargo, vivo yo, y la gloria de Jehovah llena toda la tierra, que de los que vieron mi gloria y las señales que hice en Egipto y en el desierto, y que me han puesto a prueba ya diez veces y no han escuchado mi voz, ninguno verá la tierra que prometí con juramento a sus padres. Ninguno de los que me han menospreciado la verá. Pero a mi siervo Caleb, por cuanto ha demostrado un espíritu diferente y me ha seguido con integridad, yo lo introduciré en la tierra a la que él fue, y su descendencia la tendrá en posesión. Ahora bien, puesto que los amalequitas y los cananeos habitan en el valle, volveos mañana y marchaos al desierto, rumbo al mar Rojo. Entonces Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo: —¿Hasta cuándo he de soportar a esta perversa congregación que se queja contra mí? ¡Yo he oído las quejas que los hijos de Israel hacen contra mí! Diles: "¡Vivo yo, dice Jehovah, si no hago con vosotros conforme a lo que habéis hablado a mis oídos! En este desierto caerán vuestros cadáveres, todos los que fuisteis contados en vuestro censo, de 20 años para arriba, y que habéis murmurado contra mí. A la verdad, no sois vosotros los que entraréis en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que os haría habitar en ella, con la excepción de Caleb hijo de Jefone y de Josué hijo de Nun. Pero a vuestros pequeños, de quienes dijisteis que serían una presa, a ellos yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros habéis despreciado. En cuanto a vosotros, vuestros cadáveres caerán en este desierto. Vuestros hijos andarán errantes en el desierto durante 40 años. Ellos llevarán la paga de vuestras infidelidades hasta que vuestros cadáveres sean consumidos en el desierto. Conforme al número de los 40 días en que explorasteis la tierra, cargaréis con vuestras iniquidades durante 40 años: un año por cada día. Así conoceréis mi disgusto." Yo, Jehovah, he hablado; ciertamente esto haré a toda esta perversa congregación que se ha reunido contra mí. En este desierto serán consumidos, y aquí morirán. Los hombres que Moisés envió a explorar la tierra y que de regreso hicieron murmurar contra él a toda la asamblea, desacreditando aquella tierra, esos hombres que habían desacreditado la tierra murieron delante de Jehovah, a causa de la plaga. Pero Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone quedaron con vida entre aquellos hombres que habían ido a explorar la tierra. Moisés dijo estas cosas a todos los hijos de Israel, y el pueblo se afligió mucho. Después se levantaron muy de mañana para subir a la cumbre del monte, diciendo: —Henos aquí, vamos a subir al lugar del cual ha hablado Jehovah, porque hemos pecado. Pero Moisés dijo: —¿Por qué traspasáis el mandato de Jehovah? Esto no os saldrá bien. No subáis, porque Jehovah no está entre vosotros. No seáis derrotados delante de vuestros enemigos. Pues los amalequitas y los cananeos están allí ante vosotros, y caeréis a espada. Porque habéis dejado de seguir a Jehovah, por eso Jehovah no estará con vosotros. Sin embargo, se atrevieron a subir a la cumbre del monte, aunque ni el arca del pacto de Jehovah ni Moisés se movieron de en medio del campamento. Entonces descendieron los amalequitas y los cananeos que habitaban en aquella región montañosa, y los hirieron y los destrozaron hasta llegar a Horma. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles: ‘Cuando hayáis entrado en la tierra que vais a habitar y que yo os doy, presentaréis una ofrenda quemada del ganado vacuno o del ganado ovino, como grato olor a Jehovah, en holocausto o sacrificio por un voto especial, o como sacrificio voluntario, o por vuestras festividades. Entonces el que presente su ofrenda a Jehovah traerá como ofrenda vegetal la décima parte de un efa de harina fina amasada con la cuarta parte de un hin de aceite. Y para la libación presentarás sobre el holocausto o el sacrificio la cuarta parte de un hin de vino por cada cordero. "‘Por cada carnero presentarás una ofrenda vegetal de dos décimas de efa de harina fina amasada con la tercera parte de un hin de aceite. Y para la libación ofrecerás la tercera parte de un hin de vino, como grato olor a Jehovah. "‘Cuando ofrezcas un novillo en holocausto o sacrificio, tanto al cumplir un voto especial o como sacrificio de paz a Jehovah, ofrecerás con el novillo una ofrenda vegetal de tres décimas de efa de harina fina amasada con la mitad de un hin de aceite. Y para la libación ofrecerás la mitad de un hin de vino, como ofrenda quemada de grato olor a Jehovah. Así se presentará por cada toro, por cada carnero o por cada cordero y por los cabritos. Conforme al número que presentaréis, así presentaréis por cada uno de ellos, según su número. "‘Todo natural hará estas cosas así, al presentar una ofrenda quemada como grato olor a Jehovah. Y si con vosotros reside algún extranjero o alguno que se encuentre entre vosotros a través de vuestras generaciones, y hace una ofrenda quemada como grato olor a Jehovah, él lo hará así como vosotros lo hagáis. Un mismo estatuto tendréis los de la asamblea y el extranjero que resida con vosotros. Este es un estatuto perpetuo a través de vuestras generaciones. Como vosotros, así será el extranjero delante de Jehovah. Una misma ley y una misma norma tendréis vosotros y el extranjero que resida con vosotros.’" Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles: ‘Cuando hayáis entrado en la tierra a la cual yo os llevo, sucederá que cuando comáis del pan de la tierra, presentaréis una ofrenda alzada a Jehovah. De lo primero que amaséis presentaréis una torta como ofrenda alzada de la era; así la presentaréis alzada. De lo primero que amaséis daréis a Jehovah una ofrenda alzada, a través de vuestras generaciones. "‘Cuando pequéis por inadvertencia y no cumpláis todos estos mandamientos que Jehovah ha dado a Moisés (todas las cosas que Jehovah os ha mandado por medio de Moisés, a partir del día en que Jehovah lo mandó para vuestras generaciones en adelante), si el pecado fue cometido sin que la congregación se diera cuenta de ello, es decir, por inadvertencia, toda la congregación ofrecerá un novillo en holocausto como grato olor a Jehovah, con su ofrenda vegetal y su libación, conforme a lo establecido, y un macho cabrío como sacrificio por el pecado. El sacerdote hará expiación por toda la congregación de los hijos de Israel; y les será perdonado, porque fue por inadvertencia. Ellos traerán delante de Jehovah, por su inadvertencia, su ofrenda a Jehovah: la ofrenda quemada a Jehovah y su sacrificio por el pecado. Así le será perdonado a toda la congregación de los hijos de Israel y al extranjero que resida entre ellos, porque se trata de la inadvertencia de todo el pueblo. "‘Si un individuo peca por inadvertencia, ofrecerá una cabra de un año como sacrificio por el pecado. El sacerdote hará expiación delante de Jehovah por la persona que haya errado por su pecado, haciendo expiación por ella; y le será perdonado. Tanto el natural de entre los hijos de Israel como el extranjero que resida entre ellos tendrán una misma ley respecto al que cometa pecado por inadvertencia. "‘Pero si alguien comete pecado con altivez, sea natural o extranjero, a Jehovah injuria. Tal persona será excluida de entre su pueblo, porque tuvo en poco la palabra de Jehovah y quebrantó su mandamiento. Tal persona será excluida por completo; su iniquidad estará sobre ella.’" Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día de sábado. Los que lo encontraron recogiendo leña lo llevaron ante Moisés, Aarón y toda la congregación, y lo pusieron bajo guardia, porque no había sido declarado qué se había de hacer con él. Entonces Jehovah dijo a Moisés: "Aquel hombre morirá irremisiblemente; que toda la congregación lo apedree fuera del campamento." Entonces toda la congregación lo sacó fuera del campamento, y lo apedrearon. Y murió, como Jehovah había mandado a Moisés. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles que a través de sus generaciones se hagan flecos en los bordes de sus vestiduras y que pongan un cordón azul en cada fleco del borde. Los flecos servirán para que al verlos os acordéis de todos los mandamientos de Jehovah, a fin de ponerlos por obra, y para que no vayáis en pos de vuestro propio corazón y de vuestros propios ojos, tras los cuales os habéis prostituido. Será para que os acordéis y cumpláis todos mis mandamientos, a fin de que seáis santos para vuestro Dios. Yo, Jehovah, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo, Jehovah, vuestro Dios." Coré hijo de Izjar, hijo de Cohat, hijo de Leví; Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, hijos de Rubén, tomaron gente y se levantaron contra Moisés, junto con 250 hombres de los hijos de Israel, dirigentes de la congregación, nombrados de la asamblea y hombres de renombre. Ellos se juntaron contra Moisés y contra Aarón, y les dijeron: —¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y Jehovah está en medio de ellos. ¿Por qué, pues, os enaltecéis vosotros sobre la asamblea de Jehovah? Cuando Moisés lo oyó, se postró sobre su rostro, y habló a Coré y a todo su grupo, diciendo: —Jehovah dará a conocer mañana por la mañana a los que son suyos. A quien sea santo lo hará que se acerque a él, y a quien escoja lo hará que se acerque a él. Haced esto, Coré y todo tu grupo: Tomad incensarios. Mañana poned fuego en ellos, y poned en ellos incienso delante de Jehovah. El hombre a quien Jehovah escoja, aquél será santo. ¡Basta ya de vosotros, oh hijos de Leví! Moisés también dijo a Coré: —Escuchad, por favor, hijos de Leví: ¿Os parece poca cosa que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel y os haya acercado a sí mismo para realizar el servicio del tabernáculo de Jehovah y para estar delante de la congregación a fin de servirles? El te ha traído a su lado, y contigo a todos tus hermanos, los hijos de Leví. ¿Y procuráis también el sacerdocio? Por tanto, contra Jehovah os habéis juntado tú y todo tu grupo, pues ¿quién es Aarón, para que murmuréis contra él? Entonces Moisés mandó llamar a Datán y a Abiram, hijos de Eliab, pero ellos respondieron: —¡No iremos! ¿Te parece poca cosa que nos hayas hecho venir de una tierra que fluye leche y miel a fin de hacernos morir en el desierto, para que también insistas en enseñorearte sobre nosotros? Tampoco nos has traído a una tierra que fluye leche y miel, ni nos has dado heredades de campos y viñas. ¿Vas a sacar los ojos a estos hombres? ¡No iremos! Entonces Moisés se enojó muchísimo y dijo a Jehovah: —¡No aceptes su ofrenda! Ni siquiera un asno he tomado de ellos, ni a ninguno de ellos he hecho daño. Después Moisés dijo a Coré: —Presentaos mañana tú y todo tu grupo delante de Jehovah; tú, ellos y Aarón. Tomad cada uno su incensario y poned en ellos incienso. Y acercaos delante de Jehovah, cada uno con su incensario, 250 incensarios; también tú y Aarón, cada uno con su incensario. Tomaron cada uno su incensario, pusieron en ellos fuego, echaron en ellos incienso, y se pusieron de pie con Moisés y Aarón a la entrada del tabernáculo de reunión. Coré ya había reunido contra ellos a toda la congregación a la entrada del tabernáculo de reunión. Entonces la gloria de Jehovah apareció a toda la congregación. Y Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo: —Apartaos de en medio de esta congregación, pues voy a consumirlos en un instante. Ellos se postraron sobre sus rostros y dijeron: —Oh Dios, Dios de los espíritus de todo ser humano: Cuando un solo hombre peca, ¿te has de enfurecer contra toda la congregación? Entonces Jehovah habló a Moisés y le dijo: —Habla a la congregación diciendo: "Apartaos de los alrededores de las moradas de Coré, Datán y Abiram." Moisés se levantó y fue a donde estaban Datán y Abiram. Y los ancianos de Israel fueron tras él. Luego habló a la congregación diciendo: —¡Apartaos, por favor, de las tiendas de estos hombres impíos! No toquéis ninguna cosa suya, no sea que perezcáis con todos sus pecados. Se apartaron, pues, de alrededor de las moradas de Coré, Datán y Abiram. Entonces Datán y Abiram salieron y se pusieron de pie a la entrada de sus tiendas, junto con sus mujeres, sus hijos y sus niños pequeños. Y Moisés dijo: —En esto conoceréis que Jehovah me ha enviado para que haga todas estas cosas, y que no las hice por mi propia voluntad: Si éstos mueren como mueren todos los hombres, o si les acontece sólo la misma suerte de todos los hombres, entonces Jehovah no me ha enviado. Pero si Jehovah hace algo nuevo y la tierra abre su boca y se los traga, junto con todo lo que les pertenece, y descienden vivos al Seol, entonces conoceréis que estos hombres han menospreciado a Jehovah. Aconteció que al acabar él de hablar todas estas palabras, se rompió la tierra que estaba debajo de ellos. La tierra abrió su boca y se los tragó a ellos, a sus familias y a todos los hombres que eran de Coré, junto con todos sus bienes. Ellos con todo lo que tenían descendieron vivos al Seol. La tierra los cubrió, y perecieron en medio de la asamblea. Y todo Israel, los que estaban a su alrededor, huyeron al grito de ellos, porque decían: "¡No sea que la tierra nos trague a nosotros también!" Después salió fuego de parte de Jehovah y consumió a los 250 hombres que ofrecían el incienso. Entonces Jehovah habló a Moisés diciendo: "Di a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, que tome los incensarios de en medio del incendio y que esparza las brasas a distancia; porque están santificados. En lo que respecta a los incensarios de estos que pecaron a costa de sus vidas, de ellos se harán láminas para cubrir el altar. Por cuanto han sido presentados delante de Jehovah, están santificados; y servirán de advertencia a los hijos de Israel." Entonces el sacerdote Eleazar tomó los incensarios de bronce que habían presentado los que fueron quemados. Y los hicieron láminas para cubrir el altar, como memorial para los hijos de Israel, de que ningún extraño, que no sea de la descendencia de Aarón, ha de acercarse para ofrecer incienso delante de Jehovah. No les suceda como a Coré y a su grupo, conforme a lo que había dicho Jehovah por medio de Moisés. Al día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: —¡Vosotros habéis matado al pueblo de Jehovah! Y aconteció que cuando se juntó la congregación contra Moisés y contra Aarón, miraron hacia el tabernáculo de reunión, y he aquí que la nube lo había cubierto, y se manifestó la gloria de Jehovah. Entonces Moisés y Aarón fueron al frente del tabernáculo de reunión, y Jehovah habló a Moisés diciendo: —¡Apartaos de en medio de esta congregación, porque voy a consumirlos en un momento! Ellos se postraron sobre sus rostros, y Moisés dijo a Aarón: —Toma el incensario, pon fuego del altar en él y pon incienso en él; vé rápidamente hacia la congregación y haz expiación por ellos. Porque se ha encendido la ira de Jehovah, y la mortandad ha comenzado. Entonces Aarón tomó el incensario, como le había dicho Moisés, y corrió al medio de la asamblea. Y he aquí que la mortandad ya había comenzado entre el pueblo. El puso incienso e hizo expiación por el pueblo, y se puso de pie entre los muertos y los vivos. Así cesó la mortandad. Los que murieron a causa de la mortandad fueron 14.700, además de los que murieron por causa de Coré. Después, cuando la mortandad había sido detenida, Aarón volvió a donde estaba Moisés, a la entrada del tabernáculo de reunión. Entonces Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y toma doce varas, una vara por cada casa paterna, de todos sus dirigentes de casas paternas. Escribe el nombre de cada uno en su vara, y en la vara que corresponde a Leví escribe el nombre de Aarón; pues habrá una vara para cada jefe de su casa paterna. Pondrás estas varas en el tabernáculo de reunión, delante del testimonio, donde yo me encontraré con vosotros. Y sucederá que florecerá la vara del hombre que yo escoja. Así quitaré de sobre mí las quejas de los hijos de Israel con que murmuran contra vosotros." Moisés habló a los hijos de Israel, y todos sus dirigentes le dieron varas, una vara por cada dirigente de cada casa paterna, doce varas en total. Y la vara de Aarón estaba entre sus varas. Luego Moisés puso las varas delante de Jehovah en el tabernáculo de reunión. Y sucedió que al día siguiente Moisés entró en el tabernáculo de reunión y vio que la vara de Aarón, de la casa de Leví, había brotado, echado botones, dado flores y producido almendras maduras. Entonces Moisés llevó de delante de Jehovah todas las varas a los hijos de Israel. Ellos las vieron y tomaron cada uno su vara. Entonces Jehovah dijo a Moisés: "Vuelve a poner la vara de Aarón delante del testimonio, para que sea guardada como señal para los rebeldes. Así harás cesar sus quejas contra mí, para que ellos no mueran." Moisés hizo como le mandó Jehovah; así lo hizo. Entonces los hijos de Israel hablaron a Moisés diciendo: "¡He aquí que perecemos! ¡Estamos perdidos! ¡Todos nosotros estamos perdidos! Cualquiera que se acerque al tabernáculo de Jehovah, morirá. ¿Acabaremos pereciendo todos?" Jehovah dijo a Aarón: "Tú, tus hijos y tu casa paterna contigo cargaréis con las ofensas contra el santuario. Y tú y tus hijos contigo cargaréis con las ofensas contra vuestro sacerdocio. Haz también que se acerquen a ti tus hermanos, la tribu de Leví, la tribu de tu padre. Ellos te acompañarán y te servirán, mientras tú y tus hijos contigo serviréis delante del tabernáculo del testimonio. Ellos cumplirán lo que tú ordenes y lo que ha sido ordenado con respecto a todo el tabernáculo, pero no se acercarán a los utensilios del santuario ni al altar, para que no mueran ellos y vosotros. Ellos te acompañarán y tendrán el cuidado del tabernáculo de reunión en todo el servicio del tabernáculo. Ningún extraño se ha de acercar a vosotros. "Vosotros tendréis el cuidado del santuario y el cuidado del altar, para que no haya más ira contra los hijos de Israel. He aquí, yo he tomado a vuestros hermanos, los levitas, de entre los hijos de Israel, y os los he dado como un donativo; son dados a Jehovah, para llevar a cabo el servicio del tabernáculo de reunión. Pero tú y tus hijos contigo cumpliréis con vuestro sacerdocio en todo asunto relacionado con el altar, y serviréis del velo adentro. Yo os entrego vuestro sacerdocio como servicio y obsequio, pero el extraño que se acerque será muerto." Jehovah dijo además a Aarón: "He aquí, yo te he dado el cuidado de mis ofrendas alzadas. Todas las cosas que los hijos de Israel consagran te las he dado a ti como porción, y a tus hijos como provisión perpetua. "Esto te corresponderá de las cosas más sagradas reservadas del fuego. Toda ofrenda suya: cada ofrenda vegetal, cada sacrificio por el pecado o cada sacrificio por la culpa, que ellos me han de presentar, será cosa muy sagrada para ti y para tus hijos. La comerás como cosa muy sagrada. Todo varón podrá comer de ella; será para ti algo sagrado. "Esto también será para ti: la ofrenda alzada de los donativos y todas las ofrendas mecidas de los hijos de Israel las he dado a ti, a tus hijos y a tus hijas contigo, como provisión perpetua. Todo el que esté puro en tu casa, podrá comer de ellas. "También será para ti lo mejor del aceite nuevo, lo mejor del vino nuevo y del grano, y las primicias que sean presentadas a Jehovah. Las primicias de todos los productos de su tierra, las cuales ellos traerán a Jehovah, serán para ti. Todo el que esté puro en tu casa, podrá comer de ellas. "Todo lo que en Israel es dedicado por completo será para ti. "Todo el que abre la matriz de todo ser, ya sea de hombre o de animal, que se ofrece a Jehovah, será para ti. Pero sin falta rescatarás al primogénito del hombre; también rescatarás el primerizo del animal inmundo. En cuanto al rescate, efectuarás el rescate de ellos al mes de nacidos, mediante el precio de 5 siclos de plata, según el siclo del santuario, el cual tiene 20 geras. Pero no rescatarás el primerizo de la vaca, el primerizo de la oveja o el primerizo de la cabra, pues están consagrados. Rociarás su sangre sobre el altar, y quemarás su sebo como ofrenda quemada de grato olor a Jehovah. Su carne será para ti, así como el pecho de la ofrenda mecida y el muslo derecho serán para ti. "Todas las ofrendas alzadas de las cosas sagradas que los hijos de Israel presenten a Jehovah, las he dado para ti, para tus hijos y para tus hijas contigo, como provisión perpetua. Constituye un perpetuo pacto de sal delante de Jehovah, para ti y para tus descendientes contigo." Jehovah dijo también a Aarón: "No recibirás heredad en su tierra, ni parte entre ellos. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel." "He aquí, he dado a los hijos de Leví todos los diezmos de Israel, como heredad, a cambio del servicio que llevan a cabo en el tabernáculo de reunión. De aquí en adelante, los hijos de Israel no se acercarán al tabernáculo de reunión, para que no carguen con el pecado y mueran. Sólo los levitas llevarán a cabo el servicio del tabernáculo de reunión y cargarán con las ofensas de ellos. Este es un estatuto perpetuo, a través de vuestras generaciones. "Ellos no poseerán heredad entre los hijos de Israel, porque he dado a los levitas por heredad los diezmos, lo que los hijos de Israel presenten a Jehovah como ofrenda alzada. Por eso les he dicho: ‘No recibirán heredad entre los hijos de Israel.’" Jehovah también habló a Moisés diciendo: "Habla a los levitas y diles: ‘Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos como vuestra heredad, vosotros presentaréis, como ofrenda alzada a Jehovah, el diezmo del diezmo. Y vuestra ofrenda alzada será considerada como el grano de la era o como el producto del lagar. Así también vosotros presentaréis a Jehovah una ofrenda alzada de todos vuestros diezmos que hayáis recibido de los hijos de Israel. Daréis de ello la ofrenda alzada de Jehovah al sacerdote Aarón. De todos los obsequios que recibáis, presentaréis cada ofrenda alzada a Jehovah; de todo lo mejor de ellos ofreceréis la porción que ha de ser consagrada.’ "Además les dirás: ‘Después de haber presentado lo mejor de ellos como ofrenda alzada, el diezmo les será contado a los levitas como el fruto de la era o como el fruto del lagar. Lo podréis comer en cualquier lugar, vosotros y vuestras familias, pues es vuestra remuneración por vuestro trabajo en el tabernáculo de reunión. Y después de que hayáis presentado lo mejor de ello como ofrenda alzada, no cargaréis por ello pecado. Así no profanaréis las cosas consagradas por los hijos de Israel, y no moriréis.’" Entonces Jehovah habló a Moisés y a Aarón, diciendo que éste es el estatuto de la ley que Jehovah ha mandado diciendo: "Di a los hijos de Israel que te traigan una vaca roja, sin defecto, en la cual no haya mancha y sobre la cual nunca haya sido puesto yugo. La daréis al sacerdote Eleazar, y él la sacará fuera del campamento y la hará degollar en su presencia. "El sacerdote Eleazar tomará con su dedo parte de la sangre, y rociará siete veces hacia la parte frontal del tabernáculo de reunión. Después hará que quemen la vaca en su presencia. Hará quemar su piel, su carne y su sangre junto con su estiércol. Luego el sacerdote tomará madera de cedro, hisopo y lana carmesí, y los echará en el fuego en que arde la vaca. "Luego el sacerdote lavará sus vestiduras y lavará su cuerpo con agua. Después entrará en el campamento, aunque quedará impuro hasta el anochecer. Asimismo, el que quemó la vaca lavará su ropa con agua y lavará su cuerpo con agua, y quedará impuro hasta el anochecer. "Después un hombre que esté puro recogerá las cenizas de la vaca y las pondrá fuera del campamento, en un lugar limpio. Y la congregación de los hijos de Israel las guardará; serán para el agua para la purificación de la impureza. También el que recoja las cenizas de la vaca lavará su ropa, y quedará impuro hasta el anochecer. Esto será un estatuto perpetuo para los hijos de Israel y para el extranjero que resida entre ellos. "El que toque el cadáver de cualquier persona quedará impuro durante siete días. El deberá purificarse con aquella agua en el tercer día y en el séptimo día y quedará puro. Si no se purifica en el tercer día y en el séptimo día, no quedará puro. Todo el que toque un cadáver, el cuerpo de alguien que ha muerto, y que no se purifica, contaminará el tabernáculo de Jehovah. Esa persona será excluida de Israel, por cuanto el agua para la impureza no fue rociada sobre él. Aún queda impuro, y su impureza permanece sobre él. "Estas son las instrucciones para cuando alguno muera en una tienda: Todo el que entre en la tienda, y todo el que se encuentre en ella, quedará impuro durante siete días. Toda vasija abierta que no tenga tapa ajustada será inmunda. "Cualquiera que en campo abierto toque a quien haya sido muerto a espada, o un cadáver, o algún hueso humano, o alguna tumba, quedará impuro durante siete días. Para el que esté impuro, tomarán parte de la ceniza de la vaca quemada por el pecado y sobre ella echarán agua fresca en una vasija. Una persona que esté pura tomará hisopo y lo mojará en el agua. Luego rociará la tienda, todos los utensilios, a las personas presentes, y al que tocó un hueso o a uno que ha sido matado o un cadáver o una tumba. El que esté puro rociará sobre el impuro en el tercero y en el séptimo día. Después de purificarlo en el séptimo día, éste lavará su ropa y lavará su cuerpo con agua; y al anochecer será puro. "El hombre que estando impuro no se purifica, esa persona será excluida de la congregación, porque ha contaminado el santuario de Jehovah. Si no ha sido rociada sobre él el agua para la impureza, queda impuro. Esto será para vosotros un estatuto perpetuo. "También el que rocíe el agua para la impureza lavará su ropa, y el que toque el agua para la impureza quedará impuro hasta el anochecer. Todo lo que el impuro toque será inmundo. Y la persona que lo toque quedará impura hasta el anochecer." Toda la congregación de los hijos de Israel llegó al desierto de Zin, en el mes primero, y el pueblo acampó en Cades. Allí murió María, y allí fue sepultada. Como no había agua para la congregación, se reunieron contra Moisés y Aarón. El pueblo contendía contra Moisés diciendo: —¡Ojalá nos hubiésemos muerto cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehovah! ¿Por qué has traído la congregación de Jehovah a este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestro ganado? ¿Por qué nos has hecho subir de Egipto para traernos a este lugar tan malo? Este no es un lugar de sembrados, ni de higueras, ni de viñas, ni de granados. ¡Ni siquiera hay agua para beber! Moisés y Aarón se fueron de delante de la congregación hasta la entrada del tabernáculo de reunión, y se postraron sobre sus rostros. Entonces se les apareció la gloria de Jehovah. Y habló Jehovah a Moisés diciendo: —Toma la vara, y tú y Aarón tu hermano reunid a la congregación y hablad a la roca ante los ojos de ellos. Ella dará agua. Sacarás agua de la roca para ellos, y darás de beber a la congregación y a su ganado. Moisés tomó la vara de delante de Jehovah, como él le había mandado. Luego Moisés y Aarón reunieron a la congregación delante de la roca, y él les dijo: —¡Escuchad, rebeldes! ¿Sacaremos para vosotros agua de esta roca? Entonces Moisés levantó su mano y golpeó la roca con su vara dos veces. Y salió agua abundante, de modo que bebieron la congregación y su ganado. Luego Jehovah dijo a Moisés y a Aarón: —Por cuanto no creísteis en mí, para tratarme como santo ante los ojos de los hijos de Israel, por eso vosotros no introduciréis esta congregación en la tierra que les he dado. Estas son las Aguas de Meriba, porque allí contendieron los hijos de Israel contra Jehovah, y él manifestó su santidad entre ellos. Moisés envió mensajeros desde Cades al rey de Edom. Y dijeron: —Así dice tu hermano Israel: "Tú conoces todas las dificultades que nos han sobrevenido; cómo nuestros padres fueron a Egipto, y habitamos allí mucho tiempo. Los egipcios maltrataron tanto a nosotros como a nuestros padres. Pero cuando clamamos a Jehovah, él escuchó nuestra voz, envió un ángel y nos sacó de Egipto. Y he aquí nosotros estamos en Cades, ciudad que se encuentra en el extremo de tu territorio. Permite que pasemos por tu tierra. No pasaremos por los campos ni por las viñas; tampoco beberemos agua de los pozos. Iremos por el camino del Rey, sin apartarnos ni a la derecha ni a la izquierda, hasta que hayamos pasado por tu territorio." Edom le respondió: —No pasarás por mi tierra; de otra manera saldré contra ti con la espada. Los hijos de Israel le dijeron: —Iremos por el camino principal. Si bebemos de tus aguas nosotros y nuestro ganado, pagaremos su precio. Solamente déjanos pasar a pie, nada más. Pero él respondió: —No pasarás. Y Edom salió contra Israel con mucha gente y con mano poderosa. Como Edom rehusó dejar pasar a Israel por su territorio, Israel se alejó de ellos. Los hijos de Israel, toda aquella congregación, partieron desde Cades y llegaron al monte Hor. Jehovah habló a Moisés y a Aarón en el monte Hor, en la frontera de la tierra de Edom, diciendo: "Aarón será reunido con su pueblo, pues no entrará en la tierra que he dado a los hijos de Israel, porque fuisteis rebeldes a mi mandato en las aguas de Meriba. Toma a Aarón y a su hijo Eleazar, y haz que suban al monte Hor. Quita a Aarón sus vestiduras, y viste con ellas a su hijo Eleazar. Porque Aarón será reunido con su pueblo, y allí morirá." Moisés hizo como le había mandado Jehovah, y subieron al monte Hor ante la vista de toda la congregación. Entonces Moisés quitó a Aarón sus vestiduras, y vistió con ellas a su hijo Eleazar. Y Aarón murió allí, en la cumbre del monte. Luego Moisés y Eleazar descendieron del monte. Y al ver toda la congregación que Aarón había muerto, toda la casa de Israel hizo duelo por él durante Cuando el rey cananeo de Arad, que habitaba en el Néguev, oyó que Israel iba por el camino de Atarim, combatió contra Israel y tomó prisioneros a algunos de ellos. Entonces Israel hizo un voto a Jehovah diciendo: "Si de veras entregas a este pueblo en mi mano, yo destruiré por completo sus ciudades." Jehovah escuchó la voz de Israel y entregó a los cananeos en su mano. Luego Israel los destruyó por completo juntamente con sus ciudades. Por eso fue llamado el nombre de aquel lugar Horma. Partieron del monte Hor con dirección al mar Rojo, para rodear la tierra de Edom. Pero el pueblo se impacientó por causa del camino, y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés, diciendo: —¿Por qué nos has hecho subir de Egipto para morir en el desierto? Porque no hay pan, ni hay agua, y nuestra alma está hastiada de esta comida miserable. Entonces Jehovah envió entre el pueblo serpientes ardientes, las cuales mordían al pueblo, y murió mucha gente de Israel. Y el pueblo fue a Moisés diciendo: —Hemos pecado al haber hablado contra Jehovah y contra ti. Ruega a Jehovah que quite de nosotros las serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Entonces Jehovah dijo a Moisés: —Hazte una serpiente ardiente y ponla sobre un asta. Y sucederá que cualquiera que sea mordido y la mire, vivirá. Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y sucedía que cuando alguna serpiente mordía a alguno, si éste miraba a la serpiente de bronce, vivía. Los hijos de Israel partieron y acamparon en Obot. Partieron de Obot y acamparon en Iye-abarim, en el desierto que está frente a Moab, al oriente. Partieron de allí y acamparon en el valle del Zered. Partieron de allí y acamparon al otro lado del Arnón, en el desierto. El Arnón nace en el territorio de los amorreos, pues marca la frontera de Moab, entre los moabitas y los amorreos. Por eso se dice en el libro de las batallas de Jehovah: "A Zahab junto a Sufá, a los arroyos del Arnón, y a la vertiente de los arroyos que se desvía al sitio de Ar y se apoya en la frontera de Moab." De allí fueron a Beer. Este es el pozo del cual Jehovah dijo a Moisés: "Reúne al pueblo, y yo les daré agua." Entonces Israel cantó este cántico: "¡Brota, oh pozo! ¡Cantadle! Pozo que cavaron los jefes y excavaron los nobles del pueblo con el cetro y con sus báculos." Del desierto fueron a Mataná, de Mataná a Najaliel y de Najaliel a Bamot. Y de Bamot, en el valle que está en los campos de Moab, fueron a la cumbre del Pisga, que mira hacia Jesimón. Israel envió mensajeros a Sejón, rey de los amorreos, diciendo: "Déjame pasar por tu tierra. No nos desviaremos por los campos ni por las viñas. Tampoco beberemos agua de los pozos. Iremos por el camino del Rey hasta que hayamos pasado por tu territorio." Pero Sejón no dejó pasar a Israel por su territorio. Más bien, reunió a todo su pueblo, salió al desierto contra Israel, fue a Jahaz y combatió contra Israel. Pero Israel los hirió a filo de espada y tomó posesión de su tierra desde el Arnón hasta el Jaboc, hasta la frontera de los hijos de Amón, porque Jazer era la frontera de los hijos de Amón. Israel tomó todas estas ciudades, y habitó en todas las ciudades de los amorreos, en Hesbón y en todas sus aldeas. Porque Hesbón era la sede de Sejón, rey de los amorreos, quien había estado en guerra con el anterior rey de Moab y había tomado de su poder toda su tierra hasta el Arnón. Por eso dicen los poetas: Venid a Hesbón, y sea reedificada. Sea reafirmada la ciudad de Sejón. Porque fuego salió de Hesbón, y llama de la ciudad de Sejón; consumió a Ar-moab y las alturas más prominentes del Arnón. ¡Ay de ti, oh Moab! Has perecido, pueblo de Quemós. A sus hijos dejó ir fugitivos y a sus hijas cautivas de Sejón, rey de los amorreos. Su descendencia ha perecido desde Hesbón hasta Dibón. Los asolamos hasta Nófaj, que se extiende hasta Medeba. Así Israel habitó en la tierra de los amorreos. Moisés envió gente para espiar a Jazer, y tomaron sus aldeas echando a los amorreos que estaban allí. Después se volvieron y subieron rumbo a Basán. Entonces Og, rey de Basán, salió al encuentro de ellos con todo su pueblo, para combatir en Edrei. Y Jehovah dijo a Moisés: "No le tengas miedo, porque en tu mano he entregado a él, a todo su pueblo y su tierra. Tú harás con él como hiciste con Sejón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón." Así los mataron a él, a sus hijos y a toda su gente, hasta no dejarle ningún sobreviviente. Y tomaron posesión de su tierra. Partieron los hijos de Israel y acamparon en las llanuras de Moab, al otro lado del Jordán, frente a Jericó. Balac hijo de Zipor había visto todo lo que Israel había hecho a los amorreos. Moab tuvo mucho temor del pueblo, porque era numeroso, y se aterrorizó Moab ante los hijos de Israel. Y dijo Moab a los ancianos de Madián: —¡Ahora esta multitud lamerá todos nuestros contornos, como el buey lame la hierba del campo! Balac hijo de Zipor era en aquel tiempo rey de Moab. Y envió mensajeros a Balaam hijo de Beor, en Petor, junto al Río, en la tierra de los hijos de su pueblo para llamarlo diciendo: "He aquí un pueblo ha salido de Egipto y cubre la faz de la tierra, y ya está frente a mí. Ahora, por favor, ven y maldíceme a este pueblo, porque es más fuerte que yo. Quizás yo pueda derrotarlo y echarlo de la tierra. Porque yo sé que aquel a quien tú bendices es bendito, y aquel a quien maldices es maldito." Los ancianos de Moab y los ancianos de Madián fueron llevando con ellos los honorarios del adivino. Llegaron a donde estaba Balaam y le comunicaron las palabras de Balac. Y él les dijo: —Pasad aquí la noche, y yo os daré respuesta según lo que me hable Jehovah. Así que los principales de Moab se quedaron con Balaam. Entonces Dios vino a Balaam y le preguntó: —¿Quiénes son estos hombres que están contigo? Balaam respondió a Dios: —Balac hijo de Zipor, rey de Moab, me ha mandado a decir: "He aquí que un pueblo ha salido de Egipto y cubre la faz de la tierra. Ahora, ven y maldícemelo; quizás así pueda yo combatir contra él y echarlo." Entonces Dios dijo a Balaam: —No vayas con ellos ni maldigas al pueblo, porque es bendito. Balaam se levantó de mañana y dijo a los principales de Balac: —Regresad a vuestra tierra, porque Jehovah ha rehusado dejar que yo vaya con vosotros. Los principales de Moab partieron, y cuando llegaron a donde estaba Balac, le dijeron: —Balaam rehusó venir con nosotros. Balac volvió a enviar otros principales, más numerosos y más distinguidos que los anteriores. Llegaron a Balaam y le dijeron: —Así ha dicho Balac hijo de Zipor: "Por favor, no dejes de venir a mí, porque ciertamente te honraré mucho y haré todo lo que tú me digas. Por favor, ven y maldíceme a este pueblo." Pero Balaam respondió y dijo a los servidores de Balac: —Aunque Balac me diera su casa llena de plata y de oro, yo no podría transgredir el mandato de Jehovah mi Dios para hacer cosa alguna, pequeña ni grande. Ahora, por favor, permaneced también vosotros aquí esta noche, y sabré qué más me dice Jehovah. Entonces Dios vino a Balaam de noche y le dijo: —Si los hombres han venido a llamarte, levántate y vé con ellos. Pero sólo harás lo que yo te diga. Entonces Balaam se levantó muy de mañana, aparejó su asna y se fue con los principales de Moab. Pero el furor de Dios se encendió cuando él iba, y el ángel de Jehovah se presentó en el camino como un adversario suyo. Balaam iba montado sobre su asna, acompañado de dos de sus criados. Y el asna vio al ángel de Jehovah, quien estaba de pie en el camino con su espada desenvainada en la mano. El asna se apartó del camino y se fue por un campo. Y Balaam azotó al asna para hacerla volver al camino. Entonces el ángel de Jehovah se puso de pie en un sendero entre las viñas, el cual tenía una cerca a un lado y otra cerca al otro lado. El asna vio al ángel de Jehovah y se pegó contra la cerca, presionando la pierna de Balaam contra la cerca. Y éste volvió a azotarla. El ángel de Jehovah pasó más adelante, y se puso de pie en un lugar angosto, donde no había espacio para apartarse a la derecha ni a la izquierda. El asna, al ver al ángel de Jehovah, se recostó debajo de Balaam. Y éste se enojó y azotó al asna con un palo. Entonces Jehovah abrió la boca del asna, y ésta dijo a Balaam: —¿Qué te he hecho para que me hayas azotado estas tres veces? Balaam respondió al asna: —¡Porque te burlas de mí! ¡Ojalá tuviera una espada en mi mano! ¡Ahora mismo te mataría! El asna dijo a Balaam: —¿Acaso no soy yo tu asna? Sobre mí has montado desde que me tienes hasta el día de hoy. ¿Acaso acostumbro hacer esto contigo? Y él respondió: —No. Entonces Jehovah abrió los ojos a Balaam, y él vio al ángel de Jehovah de pie en el camino, con su espada desenvainada en su mano. Balaam se inclinó y se postró sobre su rostro, y el ángel de Jehovah le dijo: —¿Por qué has azotado a tu asna estas tres veces? He aquí, yo he salido como adversario, porque tu camino es perverso delante de mí. El asna me ha visto y se ha apartado de mi presencia estas tres veces. Si no se hubiera apartado de mí, yo te habría matado a ti, y a ella habría dejado viva. Entonces Balaam dijo al ángel de Jehovah: —He pecado. Es que yo no sabía que te habías puesto en el camino, contra mí. Pero ahora, si esto te parece mal, yo me volveré. Y el ángel de Jehovah dijo a Balaam: —Vé con esos hombres, pero hablarás sólo la palabra que yo te diga. Así Balaam fue con los principales de Balac. Y al oír Balac que venía Balaam, salió a su encuentro en una ciudad de Moab que está junto a la frontera del Arnón, en el extremo del territorio. Entonces Balac dijo a Balaam: —¿Acaso no envié yo a llamarte con urgencia? ¿Por qué no viniste a mí? ¿Acaso no puedo yo honrarte? Balaam respondió a Balac: —He aquí yo he venido a ti; pero ahora, ¿podré hablar cosa alguna? ¡La palabra que Dios ponga en mi boca, ésa hablaré! Entonces Balaam fue con Balac, y llegaron a Quiriat-juzot. Luego Balac hizo matar toros y ovejas, y envió porciones a Balaam y a los principales que estaban con él. Sucedió a la mañana siguiente que Balac tomó a Balaam y lo hizo subir a Bamot-baal. Desde allí Balaam vio un extremo del campamento. Entonces Balaam dijo a Balac: —Edifícame aquí siete altares, y prepárame siete toros y siete carneros. Balac hizo como le dijo Balaam, y ofrecieron Balac y Balaam un toro y un carnero en cada altar. Luego dijo Balaam a Balac: —Quédate de pie junto a tu holocausto, y yo me iré; quizás suceda que Jehovah me venga al encuentro. Cualquier cosa que me muestre, te la avisaré. Y él se fue a un cerro. Luego Dios vino al encuentro de Balaam, y éste le dijo: —Siete altares he preparado, y en cada altar he ofrecido un toro y un carnero como holocausto. Entonces Jehovah puso palabra en la boca de Balaam y le dijo: —Vuelve a donde está Balac, y háblale así… Después volvió a Balac. Y he aquí que éste estaba de pie junto a su holocausto, él y todos los principales de Moab. Entonces Balaam pronunció su profecía y dijo: "Desde Siria me trajo Balac, rey de Moab, desde las montañas del oriente. ‘Ven’, dijo; ‘maldíceme a Jacob. Ven; condena a Israel.’ "¿Cómo he de maldecir a quien Dios no maldice? ¿Y cómo he de condenar al que Jehovah no condena? Porque desde la cumbre de las peñas lo veo; desde las colinas lo diviso. He aquí un pueblo que ha de habitar solitario y que no ha de ser contado entre las naciones. ¿Quién contará el polvo de Jacob? ¿Quién calculará la polvareda de Israel? ¡Muera yo la muerte de los justos, y sea mi final como el suyo!" Entonces Balac dijo a Balaam: —¿Qué me has hecho? ¡Te he tomado para que maldigas a mis enemigos, y he aquí tú los has colmado de bendiciones! El respondió diciendo: —¿Acaso no he de tener cuidado de hablar lo que Jehovah ponga en mi boca? Entonces Balac le dijo: —Por favor, ven conmigo a otro lugar desde el cual lo puedas ver. Sólo verás un extremo de él; no lo verás todo. Maldícemelo desde allí. Entonces lo llevó al campo de Zofim, en la cumbre del Pisga, y allí edificó siete altares y ofreció en holocausto un toro y un carnero en cada altar. Y Balaam dijo a Balac: —Ponte aquí junto a tu holocausto, y yo iré a encontrarme con él allá. Entonces Jehovah vino al encuentro de Balaam y puso palabra en su boca, diciéndole: —Vuelve a donde está Balac, y háblale así… Después volvió a Balac, y he aquí que éste estaba de pie junto a su holocausto, y con él los principales de Moab. Y Balac le preguntó: —¿Qué ha dicho Jehovah? Entonces él pronunció su profecía y dijo: "Balac, levántate y escucha; préstame atención, oh hijo de Zipor. Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no lo hará? Habló, ¿y no lo cumplirá? He aquí, yo he recibido la orden de bendecir. El ha bendecido, y no lo puedo revocar. "El no ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto maldad en Israel. Jehovah su Dios está con él; en medio de él hay júbilo de rey. Dios, que lo ha sacado de Egipto, es para él como los cuernos de un toro salvaje. No hay encantamiento contra Jacob, ni adivinación contra Israel. Ahora se dirá de Jacob y de Israel: ‘¡Lo que Dios ha hecho!’ ¡He aquí un pueblo que se levanta como leona, que se yergue como león! No se echará hasta que coma la presa y beba la sangre de los que ha matado." Entonces Balac dijo a Balaam: —Ya que no lo maldices, ¡por lo menos no lo bendigas! Luego Balaam respondió y dijo a Balac: —¿No te he dicho que todo lo que Jehovah diga, eso he de hacer? Y Balac dijo a Balaam: —Por favor, ven; te llevaré a otro lugar. Quizás parezca bien a Dios que me los maldigas desde allí. Balac llevó a Balaam a la cumbre de Peor que mira hacia Jesimón. Entonces Balaam dijo a Balac: —Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete toros y siete carneros. Balac hizo como le dijo Balaam, y ofreció un toro y un carnero en cada altar. Cuando Balaam vio que a Jehovah le parecía bien que bendijese a Israel, no fue como las otras veces en busca de encantamientos, sino que afirmó su rostro hacia el desierto. Balaam alzó sus ojos y vio a Israel acampado según sus tribus, y el Espíritu de Dios vino sobre él. Entonces pronunció su profecía y dijo: "Dice Balaam hijo de Beor, dice el hombre cuyo ojo es perfecto; dice el que escucha los dichos de Dios, el que ve visión del Todopoderoso, caído, pero con los ojos abiertos: "¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob; tus moradas, oh Israel! Se extienden como vegas, como huertos junto al río, como áloes plantados por Jehovah, como cedros junto a las aguas. El agua correrá de sus baldes; su simiente tendrá agua en abundancia. Su rey será más grande que Agag; su reino será enaltecido. "Dios que lo ha sacado de Egipto es para él como los cuernos de un toro salvaje. Devorará a las naciones enemigas; desmenuzará sus huesos y las destrozará con sus flechas. Se agacha y se echa cual león; y como leona, ¿quién lo despertará? ¡Benditos sean los que te bendigan, y malditos los que te maldigan!" Entonces se encendió el furor de Balac contra Balaam, y dando palmadas Balac dijo a Balaam: —¡Yo te he llamado para que maldigas a mis enemigos, y he aquí tú los has colmado de bendiciones estas tres veces! ¡Ahora lárgate a tu lugar! Yo dije que te llenaría de honores, pero he aquí Jehovah te ha privado de honores. Y Balaam respondió a Balac: —¿Acaso no hablé yo a tus mensajeros que me enviaste, diciendo: "Aunque Balac me diera su casa llena de plata y de oro, yo no podría transgredir el mandato de Jehovah, para hacer cosa alguna, buena ni mala, por mi propia voluntad, y que sólo lo que Jehovah dijera, eso diría yo"? Ahora, he aquí me voy a mi pueblo. Por tanto, ven, te advertiré lo que este pueblo ha de hacer a tu pueblo en los últimos días. Entonces pronunció su profecía y dijo: "Dice Balaam hijo de Beor, dice el hombre cuyo ojo es perfecto; dice el que escucha los dichos de Dios, el que tiene el conocimiento del Altísimo; el que ve visión del Todopoderoso, caído, pero con los ojos abiertos: "Yo lo veré, pero no ahora; lo contemplaré, pero no de cerca: Una estrella saldrá de Jacob, se levantará un cetro de Israel. Aplastará las sienes de Moab y los cráneos de todos los hijos de Set. También Edom será conquistada; Seír será conquistada por sus enemigos. Pero Israel hará proezas; uno de Jacob dominará y destruirá a los sobrevivientes de la ciudad." Al ver a Amalec, pronunció su profecía y dijo: "Amalec fue la primera de las naciones, pero su final será destrucción." Al ver a los queneos, pronunció su profecía y dijo: "Firme es tu habitación, y pones en la peña tu nido. Pero los queneos serán destruidos. ¿Para cuándo Asiria te tomará cautivo?" Luego pronunció su profecía y dijo: "¡Ay! ¿Quién vivirá cuando Dios haga esto? Saldrán naves de la costa de Quitim, que humillarán a Asiria, y humillarán a Heber; pero también él vendrá a destrucción." Entonces Balaam se levantó y se fue de regreso a su tierra. También Balac se fue por su camino. Israel acampó en Sitim, y el pueblo empezó a prostituirse con las mujeres de Moab, las cuales invitaron al pueblo a los sacrificios de sus dioses, y éste comió y se postró ante sus dioses. Israel se adhirió al Baal de Peor, y el furor de Jehovah se encendió contra Israel. Jehovah dijo a Moisés: "Toma a todos los jefes del pueblo y ahórcalos a la luz del sol, delante de Jehovah. Así se apartará de Israel el furor de la ira de Jehovah." Entonces Moisés dijo a los jueces de Israel: "Cada uno mate a los hombres suyos que se han adherido al Baal de Peor." He aquí que un hombre de los hijos de Israel vino trayendo una mujer madianita ante sus hermanos, a la vista de Moisés y de toda la congregación de los hijos de Israel, mientras ellos lloraban a la entrada del tabernáculo de reunión. Al verlo Fineas hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, se levantó de en medio de la congregación, tomó una lanza en su mano y fue tras el israelita a la tienda. Y atravesó a ambos con su lanza, al israelita y a la mujer, por su vientre. Así cesó la mortandad entre los hijos de Israel. Los que murieron en la mortandad fueron 24.000. Entonces Jehovah habló a Moisés diciendo: "Fineas hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha hecho que mi furor se aparte de los hijos de Israel, manifestando entre ellos mi celo. Por eso yo no he consumido en mi celo a los hijos de Israel. Por tanto digo: ‘Yo le concedo mi pacto de paz. El y su descendencia después de él tendrán un pacto de sacerdocio perpetuo, porque tuvo celo por su Dios e hizo expiación por los hijos de Israel.’" El nombre del israelita que fue muerto con la madianita era Zimri hijo de Salú, dirigente de una casa paterna de Simeón. El nombre de la mujer madianita muerta era Cozbi hija de Zur, el cual era jefe de la gente de una casa paterna de Madián. Entonces Jehovah habló a Moisés diciendo: "Hostilizaréis a los madianitas y los mataréis, porque con sus ardides os hostilizaron y os engañaron en el asunto de Peor y en el de Cozbi, hermana de ellos, hija de un príncipe de Madián, la cual fue muerta el día de la mortandad a causa del asunto de Peor." Aconteció después de la mortandad que Jehovah habló a Moisés y a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, diciendo: "Haced un censo de toda la congregación de los hijos de Israel, de 20 años para arriba, según sus casas paternas, de todos los que en Israel puedan ir a la guerra." Moisés y el sacerdote Eleazar les hablaron en las llanuras de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó, diciendo: "Contad al pueblo de 20 años para arriba, como Jehovah ha mandado a Moisés." Los hijos de Israel que habían salido de la tierra de Egipto fueron: Rubén, primogénito de Israel. Los hijos de Rubén fueron: de Enoc, el clan de los enoquitas; de Falú, el clan de los faluitas; de Hesrón, el clan de los hesronitas; de Carmi, el clan de los carmitas. Estos son los clanes de los rubenitas. Los contados de ellos fueron 43.730. Hijo de Falú fue Eliab, y los hijos de Eliab fueron: Nemuel, Datán y Abiram. Estos, Datán y Abiram, eran los nombrados de la congregación que contendieron contra Moisés y Aarón, con el grupo de Coré, cuando contendieron contra Jehovah; y la tierra abrió su boca y se los tragó a ellos y a Coré. Y los de aquel grupo murieron cuando el fuego consumió a 250 hombres, los cuales sirvieron de escarmiento, aunque los hijos de Coré no murieron. Los hijos de Simeón según sus clanes fueron: de Nemuel, el clan de los nemuelitas; de Jamín, el clan de los jaminitas; de Jaquín, el clan de los jaquinitas; de Zéraj, el clan de los zerajitas; de Saúl, el clan de los saulitas. Estos son los clanes de los simeonitas: 22.200. Los hijos de Gad según sus clanes fueron: de Zefón, el clan de los zefonitas; de Hagui, el clan de los haguitas; de Suni, el clan de los sunitas; de Ozni, el clan de los oznitas; de Eri, el clan de los eritas; de Arod, el clan de los aroditas; de Areli, el clan de los arelitas. Estos son los clanes de los hijos de Gad, según los que fueron contados de ellos: 40.500. Los hijos de Judá fueron Er y Onán. Pero Er y Onán murieron en la tierra de Canaán. Los hijos de Judá según sus clanes fueron: de Sela, el clan de los selanitas; de Fares, el clan de los faresitas; de Zéraj, el clan de los zerajitas. Los hijos de Fares fueron: de Hesrón, el clan de los hesronitas; de Hamul, el clan de los hamulitas. Estos son los clanes de Judá, según los que fueron contados de ellos: 76.500. Los hijos de Isacar según sus clanes fueron: de Tola, el clan de los tolaítas; de Fúa, el clan de los fuaítas; de Jasub, el clan de los jasubitas; de Simrón, el clan de los simronitas. Estos son los clanes de Isacar, según los que fueron contados de ellos: 64.300. Los hijos de Zabulón según sus clanes fueron: de Sered, el clan de los sereditas; de Elón, el clan de los elonitas; de Yajleel, el clan de los yajlelitas. Estos son los clanes de los zabulonitas, según los que fueron contados de ellos: 60.500. Los hijos de José según los clanes de Manasés y de Efraín: Los hijos de Manasés fueron: de Maquir, el clan de los maquiritas. Maquir engendró a Galaad, y de Galaad es el clan de los galaditas. Estos fueron los hijos de Galaad: de Jezer, el clan de los jezeritas; de Helec, el clan de los helequitas; de Azriel, el clan de los azrielitas; de Siquem, el clan de los siquemitas; de Semida, el clan de los semidaítas; de Hefer, el clan de los heferitas. Zelofejad hijo de Hefer no tuvo hijos sino sólo hijas. Los nombres de las hijas de Zelofejad fueron Majla, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. Estos son los clanes de Manasés, y los contados de ellos fueron 52.700. Y éstos fueron los hijos de Efraín según sus clanes: de Sutélaj, el clan de los sutelajitas; de Bequer, el clan de los bequeritas; de Taján, el clan de los tajanitas. Estos fueron los hijos de Sutélaj: de Herán, el clan de los heranitas. Estos son los clanes de los hijos de Efraín, según los que fueron contados de ellos: 32.500. Estos son los hijos de José según sus clanes. Los hijos de Benjamín según sus clanes fueron: de Bela, el clan de los belaítas; de Asbel, el clan de los asbelitas; de Ajiram, el clan de los ajiramitas; de Sufam, el clan de los sufamitas; de Hufam, el clan de los hufamitas. Los hijos de Bela fueron Ard y Naamán. De Ard fue el clan de los arditas; y de Naamán, el clan de los namanitas. Estos son los hijos de Benjamín según sus clanes, y los contados de ellos eran 45.600. Estos fueron los hijos de Dan según sus clanes: de Sujam, el clan de los sujamitas. Estos fueron los clanes de Dan según sus clanes: Todos los clanes de los sujamitas, según los que fueron contados de ellos: 64.400. Los hijos de Aser según sus clanes fueron: de Imna, el clan de los imnaítas; de Isvi, el clan de los isvitas; de Bería, el clan de los beriaítas. Los hijos de Bería fueron: de Heber, el clan de los heberitas; de Malquiel, el clan de los malquielitas. El nombre de la hija de Aser fue Séraj. Estos son los clanes de los hijos de Aser, según los que fueron contados de ellos: 53.400. Los hijos de Neftalí según sus clanes fueron: de Yajzeel, el clan de los yajzelitas; de Guni, el clan de los gunitas; de Jeser, el clan de los jeseritas; de Silem, el clan de los silemitas. Estos son los clanes de Neftalí según sus clanes, y los contados de ellos eran 45.400. Estos fueron los contados de los hijos de Israel: 601.730. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Entre éstos será repartida la tierra como heredad, según la lista de los nombres. Al más numeroso darás más heredad y al menos numeroso darás menos heredad. A todos se les dará su herencia, a cada uno según el número de los contados. Pero la tierra será repartida por sorteo, y recibirán heredad según los nombres de las tribus de sus padres. Conforme al sorteo será repartida su heredad entre el más numeroso y el menos numeroso." Estos fueron los contados de los levitas, según sus clanes: de Gersón, el clan de los gersonitas; de Cohat, el clan de los cohatitas; de Merari, el clan de los meraritas. Estos son los clanes de Leví: el clan de los libnitas, el clan de los hebronitas, el clan de los majlitas, el clan de los musitas y el clan de los coreítas. Cohat engendró a Amram; y el nombre de la mujer de Amram fue Jocabed hija de Leví, la cual le nació a Leví en Egipto. Esta dio a luz de Amram a Aarón, a Moisés y a su hermana María. A Aarón le nacieron Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar. Pero Nadab y Abihú murieron cuando ofrecieron fuego extraño delante de Jehovah. Los contados de los levitas fueron 23.000, todos los varones de un mes para arriba. Ellos no fueron contados entre los demás hijos de Israel, porque no les fue dada heredad entre los hijos de Israel. Estos fueron los contados por Moisés y el sacerdote Eleazar, quienes contaron a los hijos de Israel en las llanuras de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. Entre éstos no se hallaba ni uno de los contados por Moisés y por el sacerdote Aarón, quienes contaron a los hijos de Israel en el desierto de Sinaí; porque Jehovah les había dicho: "Ciertamente morirán en el desierto." No quedó, pues, ninguno de ellos, excepto Caleb hijo de Jefone y Josué hijo de Nun. Entonces se acercaron las hijas de Zelofejad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de los clanes de Manasés hijo de José. Los nombres de ellas eran Majla, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. Ellas se pusieron de pie a la entrada del tabernáculo de reunión ante Moisés, el sacerdote Eleazar y los dirigentes de toda la congregación, y dijeron: —Nuestro padre murió en el desierto, aunque él no participó con los del grupo de Coré que se juntaron contra Jehovah, sino que murió por su propio pecado; y no tuvo hijos. ¿Por qué ha de ser quitado el nombre de nuestro padre de su clan, por no haber tenido un hijo varón? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre. Moisés llevó la causa de ellas a la presencia de Jehovah, y Jehovah respondió a Moisés diciendo: —Bien dicen las hijas de Zelofejad. Ciertamente les darás la propiedad de una heredad entre los hermanos de su padre, y pasarás a ellas la heredad de su padre. Y a los hijos de Israel hablarás diciendo: "Si alguno muere y no tiene hijo varón, pasaréis su heredad a su hija. Si no tiene hija, daréis su heredad a sus hermanos. Si no tiene hermanos, daréis su heredad a los hermanos de su padre. Si su padre no tiene hermanos, daréis su heredad al pariente más cercano de su familia, y éste la tendrá en posesión. Esto será un estatuto de derecho para los hijos de Israel, como Jehovah lo ha mandado a Moisés." Jehovah dijo a Moisés: —Sube a este monte de Abarim y mira la tierra que he dado a los hijos de Israel. Después que la hayas mirado, tú también serás reunido con tu pueblo, como fue reunido tu hermano Aarón. Porque fuisteis rebeldes a mi mandato en el desierto de Zin, en la rebelión de la congregación, en vez de tratarme como santo ante sus ojos en las aguas, es decir, en las aguas de Meriba, en Cades, en el desierto de Zin. Entonces Moisés respondió a Jehovah diciendo: —Que Jehovah, Dios de los espíritus de toda carne, ponga al frente de la congregación un hombre que salga y entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Jehovah no sea como ovejas que no tienen pastor. Luego Jehovah dijo a Moisés: —Toma a Josué hijo de Nun, hombre en el cual hay espíritu, y pon tu mano sobre él. Harás que se ponga de pie delante del sacerdote Eleazar y delante de toda la congregación, y le comisionarás en presencia de ellos. Pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca. El estará de pie delante del sacerdote Eleazar, quien consultará por él delante de Jehovah mediante el juicio del Urim. A sus órdenes saldrán, y a sus órdenes entrarán él y todos los hijos de Israel con él, toda la congregación. Moisés hizo como Jehovah le había mandado. Tomó a Josué, y lo puso delante del sacerdote Eleazar y delante de toda la congregación. Puso sus manos sobre él y le comisionó, como Jehovah había hablado por medio de Moisés. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Manda a los hijos de Israel y diles: ‘Cumpliréis con mis sacrificios, mi pan, mis ofrendas quemadas de grato olor, ofreciéndomelos a su debido tiempo.’ Les dirás: ‘Esta es la ofrenda quemada que ofreceréis a Jehovah: cada día, dos corderos de un año, sin defecto, como holocausto continuo. Ofreceréis uno de los corderos al amanecer y el otro cordero lo ofreceréis al atardecer. La ofrenda vegetal será de la décima parte de un efa de harina fina amasada con la cuarta parte de un hin de aceite puro de olivas.’ "Este es el holocausto continuo que fue ofrecido en el monte Sinaí como grato olor, ofrenda quemada a Jehovah. Su libación será la cuarta parte de un hin por cada cordero. Derramarás para Jehovah en el santuario una libación de licor. "Ofrecerás el otro cordero al atardecer. Presentarás una ofrenda vegetal como la de la mañana, y del mismo modo su libación. Es una ofrenda quemada de grato olor a Jehovah. "El día del sábado ofrecerás dos corderos de un año, sin defecto, y una ofrenda vegetal de dos décimas de un efa de harina fina amasada con aceite, con su libación. Este es el holocausto de cada sábado, además del holocausto continuo y de su libación. "Al principio de cada mes ofrecerás como holocausto a Jehovah dos novillos, un carnero y siete corderos de un año, sin defecto. Por cada novillo la ofrenda vegetal será de tres décimas de un efa de harina fina amasada con aceite; por el carnero, dos décimas de harina fina amasada con aceite. Y por cada cordero, una décima de harina fina amasada con aceite. Este es el holocausto de grato olor, una ofrenda quemada a Jehovah. Sus libaciones serán de medio hin de vino por cada novillo, la tercera parte de un hin por el carnero y la cuarta parte de un hin por cada cordero. Este es el holocausto de cada mes, todos los meses del año. "También se ofrecerá a Jehovah un macho cabrío como sacrificio por el pecado, además del holocausto continuo y de su libación. "El día 14 del mes primero será la Pascua de Jehovah. El día 15 de este mes será fiesta; durante siete días comerán panes sin levadura. El primer día habrá asamblea sagrada; no haréis ningún trabajo laboral. "Como ofrenda quemada en holocausto a Jehovah, ofreceréis dos novillos, un carnero y siete corderos de un año; sin defecto los tomaréis. Su ofrenda vegetal será de tres décimas de un efa de harina fina amasada con aceite por cada novillo, dos décimas por el carnero. También ofreceréis una décima por cada uno de los siete corderos, y un macho cabrío, como sacrificio por el pecado para hacer expiación por vosotros. "Esto ofreceréis, además del holocausto de la mañana, que es el holocausto continuo. De esta manera ofreceréis diariamente durante los siete días este alimento, una ofrenda quemada de grato olor a Jehovah; se ofrecerá aparte del holocausto continuo y de su libación. "El séptimo día también tendréis asamblea sagrada; no haréis ningún trabajo laboral. "El día de las primicias, cuando presentéis una ofrenda de grano nuevo a Jehovah en la fiesta de Pentecostés, tendréis asamblea sagrada. No haréis ningún trabajo laboral. "Como holocausto de grato olor a Jehovah ofreceréis dos novillos, un carnero y siete corderos de un año. Su ofrenda vegetal será de tres décimas de un efa de harina fina amasada con aceite por cada novillo, dos décimas por el carnero, y una décima por cada uno de los siete corderos; y un macho cabrío para hacer expiación por vosotros. "Esto ofreceréis, además del holocausto continuo y de su ofrenda vegetal, con sus libaciones; sin defecto los tomaréis. "El primer día del mes séptimo tendréis una asamblea sagrada; no haréis ningún trabajo laboral. Este será para vosotros día de tocar las trompetas con estrépito. "Como holocausto de grato olor a Jehovah ofreceréis un novillo, un carnero y siete corderos de un año, sin defecto. Su ofrenda vegetal será de tres décimas de un efa de harina fina amasada con aceite por el novillo, dos décimas por el carnero, y una décima por cada uno de los siete corderos; y un macho cabrío como sacrificio por el pecado, para hacer expiación por vosotros, además del holocausto del mes y de su ofrenda vegetal, y del holocausto continuo y de su ofrenda vegetal y sus libaciones, que conforme a lo establecido se ofrecen como grato olor, ofrenda quemada a Jehovah. "El 10 del mes séptimo tendréis una asamblea sagrada y os humillaréis a vosotros mismos. No haréis ningún trabajo. "Como holocausto de grato olor a Jehovah ofreceréis un novillo, un carnero y siete corderos de un año; sin defecto los tomaréis. Su ofrenda vegetal será de tres décimas de un efa de harina fina amasada con aceite, por cada novillo, dos décimas por cada carnero, y una décima por cada uno de los siete corderos; y un macho cabrío como sacrificio por el pecado, aparte del sacrificio por el pecado para la expiación y del holocausto continuo con su ofrenda vegetal y sus libaciones. "El día 15 del mes séptimo tendréis asamblea sagrada. No haréis ningún trabajo laboral y celebraréis fiesta a Jehovah durante siete días. "Ofreceréis en holocausto u ofrenda quemada de grato olor a Jehovah trece novillos del ganado, dos carneros y catorce corderos de un año; sin defecto los tomaréis. Su ofrenda vegetal será de tres décimas de un efa de harina fina amasada con aceite por cada uno de los trece novillos, dos décimas por cada uno de los dos carneros, y una décima por cada uno de los catorce carneros; y un macho cabrío como sacrificio por el pecado, además del holocausto continuo con su ofrenda vegetal y su libación. "El segundo día ofreceréis doce novillos, dos carneros y catorce corderos de un año, sin defecto. Su ofrenda vegetal y sus libaciones por los novillos, por los carneros y por los corderos serán según el número de ellos, conforme a lo establecido; y un macho cabrío como sacrificio por el pecado, además del holocausto continuo con su ofrenda vegetal y su libación. "El tercer día ofreceréis once novillos, dos carneros y catorce corderos de un año, sin defecto. Su ofrenda vegetal y sus libaciones por los novillos, por los carneros y por los corderos serán según el número de ellos, conforme a lo establecido; y un macho cabrío como sacrificio por el pecado, además del holocausto continuo con su ofrenda vegetal y su libación. "El cuarto día ofreceréis diez novillos, dos carneros y catorce corderos de un año, sin defecto. Su ofrenda vegetal y sus libaciones por los novillos, por los carneros y por los corderos serán según el número de ellos, conforme a lo establecido; y un macho cabrío como sacrificio por el pecado, además del holocausto continuo con su ofrenda vegetal y su libación. "El quinto día ofreceréis nueve novillos, dos carneros y catorce corderos de un año, sin defecto. Su ofrenda vegetal y sus libaciones por los novillos, por los carneros y por los corderos serán según el número de ellos, conforme a lo establecido; y un macho cabrío como sacrificio por el pecado, además del holocausto continuo con su ofrenda vegetal y su libación. "El sexto día ofreceréis ocho novillos, dos carneros y catorce corderos de un año, sin defecto. Su ofrenda vegetal y sus libaciones por los novillos, por los carneros y por los corderos serán según el número de ellos, conforme a lo establecido; y un macho cabrío como sacrificio por el pecado, además del holocausto continuo con su ofrenda vegetal y su libación. "El séptimo día ofreceréis siete novillos, dos carneros y catorce corderos de un año, sin defecto. Su ofrenda vegetal y sus libaciones por los novillos, por los carneros y por los corderos serán según el número de ellos, conforme a lo establecido; y un macho cabrío como sacrificio por el pecado, además del holocausto continuo con su ofrenda vegetal y su libación. "El octavo día tendréis asamblea festiva. No haréis ningún trabajo laboral. Ofreceréis en holocausto, como ofrenda quemada de grato olor a Jehovah, un novillo, un carnero y siete corderos de un año, sin defecto. Su ofrenda vegetal y sus libaciones por el novillo, por el carnero y por los corderos serán según el número de ellos, conforme a lo establecido; y un macho cabrío como sacrificio por el pecado, además del holocausto continuo con su ofrenda vegetal y su libación. "Esto ofreceréis a Jehovah en vuestras festividades establecidas, además de vuestras ofrendas votivas, de vuestras ofrendas voluntarias para vuestros holocaustos, para vuestras ofrendas vegetales, para vuestras libaciones y para vuestros sacrificios de paz." Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todo lo que Jehovah le había mandado. Moisés habló a los jefes de las tribus de los hijos de Israel diciendo: "Esto es lo que Jehovah ha mandado: "‘Cuando algún hombre haga a Jehovah un voto o un juramento asumiendo obligación, no violará su palabra; hará conforme a todo lo que ha salido de su boca. "‘Pero cuando una mujer joven que todavía permanece en la casa de su padre haga un voto a Jehovah y asuma obligación, si su padre se entera de su voto y de la obligación que ella asume, y calla al respecto, todos los votos de ella serán válidos; toda la obligación que ha asumido será firme. Pero si su padre se lo prohíbe el día en que se entera de todos sus votos y de sus obligaciones que ha asumido, no serán válidos. Y Jehovah la perdonará, porque su padre se lo prohibió. "‘Si ella está comprometida con un hombre y hace votos o pronuncia de labios algo asumiendo obligación, si su marido se entera y calla al respecto el día en que se entera de ello, los votos y las obligaciones que ella asumió serán válidos. Pero si el día en que se entera su marido se lo prohíbe, él anulará el voto que ella hizo y la expresión de sus labios con que asumió obligación. Y Jehovah la perdonará. "‘Todo voto hecho por una viuda o divorciada, por el cual asuma obligación, será válido para ella. "‘Si una mujer en casa de su marido hace un voto o asume una obligación bajo juramento, si su marido se entera, calla al respecto y no se lo prohíbe, todos sus votos serán válidos, y toda obligación que ella asuma será válida. Pero si su marido los anula el día en que se entera, todo lo que salió de sus labios con respecto a sus votos y a la obligación que ella asumió será nulo, porque su marido los anuló; y Jehovah la perdonará. Todo voto y todo juramento que contrae obligación para humillarse puede ser confirmado por su marido o anulado por su marido. Pero si su marido calla por completo al respecto, día tras día, entonces confirma todos los votos y todas las obligaciones que ella asumió. Los confirma al callar al respecto el día en que se entera de ellos. Si los anula algún tiempo después de haberse enterado, entonces él cargará con la culpa de ella.’" Estas son las leyes que Jehovah mandó a Moisés acerca de la relación entre un marido y su mujer, o un padre y su hija joven que permanece todavía en la casa de su padre. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Lleva a cabo por completo la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas, y después serás reunido con tu pueblo." Entonces Moisés habló al pueblo diciendo: "Armaos algunos de vuestros hombres para la guerra e id contra Madián, para llevar a cabo la venganza de Jehovah contra Madián. Enviaréis a la guerra 1.000 hombres de cada tribu, de todas las tribus de Israel." De los millares de Israel fueron dados 1.000 por cada tribu, 12.000 en pie de guerra. Y Moisés los envió a la guerra, 1.000 de cada tribu, junto con Fineas, hijo del sacerdote Eleazar, quien fue a la guerra llevando consigo los utensilios del santuario y las trompetas para dar la señal. Hicieron la guerra contra Madián, como Jehovah había mandado a Moisés, y mataron a todos los varones. Entre los muertos mataron a los reyes de Madián: Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, cinco reyes de Madián. También mataron a espada a Balaam hijo de Beor. Después los hijos de Israel se llevaron cautivas a las mujeres de Madián y a sus hijos pequeños; saquearon todo su ganado, todos sus rebaños y todas sus riquezas. Luego prendieron fuego a todas sus ciudades donde habitaban y a todas sus fortificaciones. Tomaron todo el botín y todo lo capturado, tanto de hombres como de ganado. Y llevaron los cautivos, lo capturado y el botín ante Moisés, el sacerdote Eleazar y toda la congregación de los hijos de Israel en el campamento, en las llanuras de Moab que están junto al Jordán, frente a Jericó. Moisés, el sacerdote Eleazar y todos los dirigentes de la congregación salieron a recibirlos fuera del campamento. Y Moisés se enojó contra los oficiales del ejército, contra los jefes de millares y de centenas que volvían de la campaña militar, y les dijo: —¿Habéis dejado con vida a todas las mujeres? ¡He aquí ellas fueron las que vinieron a los hijos de Israel, por consejo de Balaam, para que ellos actuaran contra Jehovah en el asunto de Peor, por lo que hubo mortandad en la congregación de Jehovah! Ahora pues, matad a todos los niños varones y a toda mujer que haya tenido relaciones sexuales con varón. Pero dejad vivas para vosotros a todas las muchachas de entre las mujeres que no hayan tenido relaciones con varón. Moisés continuó: —Acampad vosotros fuera del campamento durante siete días. Cualquiera que haya matado a alguna persona y cualquiera que haya tocado algún cadáver, os purificaréis en el tercer día y en el séptimo día, vosotros y vuestros cautivos. Asimismo, purificaréis todo vestido, todo artículo de cuero, todo objeto de pelo de cabra y todo utensilio de madera. Entonces el sacerdote Eleazar dijo a los soldados que habían regresado de la guerra: —Este es el estatuto de la ley que Jehovah ha mandado a Moisés: Sólo el oro, la plata, el bronce, el hierro, el estaño y el plomo, todo lo que resiste el fuego, haréis pasar por fuego, y será limpio. Pero también habrá de ser purificado con el agua para la impureza. Todo lo que no resiste el fuego lo pasaréis por el agua. Además, lavaréis vuestras vestiduras en el séptimo día, y quedaréis puros. Después podréis entrar en el campamento. Jehovah habló a Moisés diciendo: "Saca la cuenta, tú con el sacerdote Eleazar y los jefes de las casas paternas de la congregación, de lo que se ha tomado cautivo, tanto de las personas como del ganado. Luego repartirás lo capturado por partes iguales entre los combatientes que fueron a la guerra y toda la congregación. "Toma tú para Jehovah el tributo de los hombres de guerra que fueron a la campaña, que será de uno por cada 500, tanto de las personas como del ganado vacuno, de los asnos y de las ovejas. Esto lo tomarás de la mitad que les corresponde, y se lo darás al sacerdote Eleazar como ofrenda alzada para Jehovah. De la mitad que corresponde a los hijos de Israel tomarás uno por cada 50, tanto de las personas como del ganado vacuno, de los asnos, de las ovejas y de todo animal, y se los darás a los levitas que tienen el cuidado del tabernáculo de Jehovah." Moisés y el sacerdote Eleazar hicieron como Jehovah había mandado a Moisés. El botín que quedaba de lo que tomó la gente del ejército era de 675.000 ovejas, de 72.000 cabezas de ganado vacuno y de 61.000 asnos. En cuanto a las personas, las mujeres que no habían tenido relaciones sexuales con varón fueron en total 32.000. La mitad correspondiente a los que habían salido a la guerra fue de 337.500 ovejas (de las cuales el tributo para Jehovah fue de 675), de 36.000 cabezas de ganado vacuno (de las cuales el tributo para Jehovah fue de 72), de 30.500 asnos (de los cuales el tributo para Jehovah fue de 61), y de 16.000 personas (de las cuales el tributo para Jehovah fue de 32). Moisés dio el tributo al sacerdote Eleazar, como ofrenda alzada a Jehovah, como lo había mandado Jehovah a Moisés. La mitad correspondiente a los hijos de Israel y que Moisés apartó de la de los hombres que habían ido a la guerra, es decir, la mitad para el resto de la congregación, fue de 337.500 ovejas, de 36.000 cabezas de ganado vacuno, de 30.500 asnos y de 16.000 personas. De la mitad que correspondía a los hijos de Israel, Moisés tomó uno de cada 50, tanto de las personas como de los animales, y se los dio a los levitas que tenían el cuidado del tabernáculo de Jehovah, como lo había mandado Jehovah a Moisés. Entonces se acercaron a Moisés los oficiales de los millares del ejército, los jefes de los millares y los jefes de las centenas, y dijeron a Moisés: —Tus siervos hemos pasado revista a los hombres de guerra que estuvieron bajo nuestro mando, y ninguno de nosotros falta. Por tanto, hemos traído una ofrenda a Jehovah, cada uno de lo que ha hallado: objetos de oro, cadenillas, brazaletes, anillos, aretes y collares, para hacer expiación por nosotros mismos delante de Jehovah. Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron de ellos el oro y todos los objetos elaborados. Todo el oro de la ofrenda alzada que ofrecieron a Jehovah los jefes de los millares y los jefes de las centenas fue de 16.750 siclos. Pues los hombres del ejército habían saqueado cada uno para sí. Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de los jefes de los millares y de los jefes de las centenas, y lo llevaron al tabernáculo de reunión, como memorial para los hijos de Israel delante de Jehovah. Los hijos de Rubén y los hijos de Gad tenían muchísimo ganado. Y al ver la tierra de Jazer y la tierra de Galaad, el lugar les pareció apropiado para el ganado. Entonces los hijos de Gad y los hijos de Rubén fueron y hablaron a Moisés, al sacerdote Eleazar y a los dirigentes de la congregación, diciendo: —Atarot, Dibón, Jazer, Nimra, Hesbón, Eleale, Sebam, Nebo y Beón, tierras que Jehovah conquistó delante de la congregación de Israel, son tierras apropiadas para el ganado; y tus siervos tienen ganado. Por eso—dijeron—, si hemos hallado gracia ante tus ojos, sea dada esta tierra a tus siervos como posesión; no nos hagas cruzar el Jordán. Pero Moisés respondió a los hijos de Gad y a los hijos de Rubén; —¿Irán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí? ¿Por qué desalentáis a los hijos de Israel, de modo que no crucen a la tierra que les ha dado Jehovah? Así hicieron vuestros padres cuando los envié desde Cades-barnea para que reconociesen la tierra. Fueron hasta el arroyo de Escol, y después que reconocieron la tierra desalentaron a los hijos de Israel para que no entrasen en la tierra que Jehovah les había dado. Entonces se encendió el furor de Jehovah, y juró diciendo: "Los hombres que vinieron de Egipto, desde los 20 años para arriba, no verán la tierra de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, porque no me siguieron con integridad; excepto Caleb hijo de Jefone el quenezeo y Josué hijo de Nun, quienes con integridad han seguido a Jehovah." El furor de Jehovah se encendió contra Israel, y los hizo andar errantes 40 años por el desierto, hasta que pasó toda aquella generación que había hecho lo malo ante los ojos de Jehovah. Y he aquí, vosotros habéis sucedido a vuestros padres, prole de hombres pecadores, para añadir más al ardor de la ira de Jehovah contra Israel. Porque si dejáis de ir en pos de él, él volverá otra vez a dejaros en el desierto; y destruiréis a todo este pueblo. Entonces ellos se acercaron a él y le dijeron: —Aquí edificaremos rediles para nuestras ovejas y ciudades para nuestros niños; pero nosotros nos armaremos, listos para ir al frente de los hijos de Israel, hasta que los introduzcamos en su lugar. Nuestros niños quedarán en las ciudades fortificadas, a causa de los habitantes del país. No volveremos a nuestras casas hasta que los hijos de Israel reciban cada uno su heredad. Porque no tomaremos heredad con ellos al otro lado del Jordán ni más allá, pues ya tendremos nuestra heredad en este lado del Jordán, al oriente. Entonces les respondió Moisés: —Si así lo hacéis, si os armáis para ir a la guerra delante de Jehovah, y si todos vuestros hombres cruzan armados el Jordán delante de Jehovah, hasta que él haya echado a sus enemigos de su presencia y la tierra sea sometida delante de Jehovah, luego volveréis y seréis libres de culpa ante Jehovah e Israel. Entonces esta tierra será vuestra en posesión delante de Jehovah. Pero si no lo hacéis así, he aquí que habréis pecado contra Jehovah, y sabed que vuestro pecado os alcanzará. Edificaos, pues, ciudades para vuestros niños y rediles para vuestros rebaños, pero haced lo que habéis prometido. Los hijos de Gad y los hijos de Rubén dijeron a Moisés: —Tus siervos harán como manda mi señor. Nuestros niños, nuestras mujeres, nuestros rebaños y todo nuestro ganado quedarán allí en las ciudades de Galaad; pero tus siervos, todos los que están armados para la guerra, cruzarán delante de Jehovah para la batalla, como dice mi señor. Entonces Moisés dio órdenes acerca de ellos al sacerdote Eleazar, a Josué hijo de Nun y a los jefes de las casas paternas de las tribus de los hijos de Israel. Moisés les dijo: —Si los hijos de Gad y los hijos de Rubén, todos armados para la guerra, cruzan con vosotros el Jordán delante de Jehovah, después que la tierra sea conquistada por vosotros, les daréis la tierra de Galaad como posesión. Pero si no cruzan armados con vosotros, entonces tendrán que tomar posesión entre vosotros en la tierra de Canaán. Los hijos de Gad y los hijos de Rubén respondieron diciendo: —Haremos lo que Jehovah ha dicho a tus siervos. Nosotros cruzaremos armados delante de Jehovah a la tierra de Canaán, pero la posesión de nuestra heredad estará en este lado del Jordán. Así Moisés dio a los hijos de Gad, a los hijos de Rubén y a la media tribu de Manasés hijo de José, el reino de Sejón, rey amorreo, y el reino de Og, rey de Basán: la tierra con sus ciudades dentro de sus fronteras y las ciudades del territorio circundante. Los hijos de Gad reedificaron Dibón, Atarot, Aroer, Atarot-sofán, Jazer, Jogboa, Bet-nimra y Bet-haram, ciudades fortificadas, y rediles de rebaños. Los hijos de Rubén reedificaron Hesbón, Eleale, Quiriataim, Nebo, Baal-maón (con los nombres cambiados), y Sibma. Ellos llamaron con otros nombres a las ciudades que reedificaron. Los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron a Galaad y la tomaron, echando a los amorreos que estaban allí. Entonces Moisés dio Galaad a Maquir hijo de Manasés, el cual habitó en ella. También Jaír hijo de Manasés fue y tomó sus aldeas, y las llamó Havot-jaír. Asimismo, Nóbaj fue y tomó Quenat y sus aldeas, y la llamó Nóbaj, según su propio nombre. Estas son las etapas de los hijos de Israel que salieron de la tierra de Egipto, según sus ejércitos, bajo la dirección de Moisés y Aarón. Moisés anotó por escrito, por mandato de Jehovah, los puntos de partida de sus etapas. Estas son sus etapas, según sus puntos de partida: Se pusieron en marcha desde Ramesés el día 15 del mes primero, que era el segundo día de la Pascua. Los hijos de Israel salieron osadamente, a la vista de todos los egipcios, mientras los egipcios estaban enterrando a todos los primogénitos que Jehovah había muerto entre ellos. Jehovah también había ejecutado actos justicieros contra sus dioses. Entonces los hijos de Israel partieron de Ramesés y acamparon en Sucot. Partieron de Sucot y acamparon en Etam, que está en el extremo del desierto. Partieron de Etam y se volvieron hacia Pi-hajirot, que está delante de Baal-zefón, y acamparon frente a Migdol. Partieron de Pi-hajirot y pasaron por en medio del mar al desierto. Fueron tres días de camino por el desierto de Etam y acamparon en Mara. Partieron de Mara y llegaron a Elim, donde había doce manantiales de agua y setenta palmeras, y acamparon allí. Partieron de Elim y acamparon junto al mar Rojo. Partieron del mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin. Partieron del desierto de Sin y acamparon en Dofca. Partieron de Dofca y acamparon en Alús. Partieron de Alús y acamparon en Refidim, donde el pueblo no tuvo agua para beber. Partieron de Refidim y acamparon en el desierto de Sinaí. Partieron del desierto de Sinaí y acamparon en Quibrot-hataavá. Partieron de Quibrot-hataavá y acamparon en Hazerot. Partieron de Hazerot y acamparon en Ritma. Partieron de Ritma y acamparon en Rimón-peres. Partieron de Rimón-peres y acamparon en Libna. Partieron de Libna y acamparon en Risa. Partieron de Risa y acamparon en Quehelata. Partieron de Quehelata y acamparon en el monte Sefer. Partieron del monte Sefer y acamparon en Harada. Partieron de Harada y acamparon en Maquelot. Partieron de Maquelot y acamparon en Tajat. Partieron de Tajat y acamparon en Taraj. Partieron de Taraj y acamparon en Mitca. Partieron de Mitca y acamparon en Hasmona. Partieron de Hasmona y acamparon en Moserot. Partieron de Moserot y acamparon en Benei-jaacán. Partieron de Benei-jaacán y acamparon en el monte Gidgad. Partieron del monte Gidgad y acamparon en Jotbata. Partieron de Jotbata y acamparon en Abrona. Partieron de Abrona y acamparon en Ezión-geber. Partieron de Ezión-geber y acamparon en el desierto de Zin, que es Cades. Partieron de Cades y acamparon en el monte Hor, en la frontera de la tierra de Edom. El sacerdote Aarón subió al monte Hor, conforme al mandato de Jehovah, y allí murió a los 40 años de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, el primero del mes quinto. Aarón tenía 123 años cuando murió en el monte Hor. Entonces el rey de Arad, cananeo, que habitaba en el Néguev en la tierra de Canaán, se enteró de que habían llegado los hijos de Israel. Partieron del monte Hor y acamparon en Zalmona. Partieron de Zalmona y acamparon en Punón. Partieron de Punón y acamparon en Obot. Partieron de Obot y acamparon en Iye-abarim, en la frontera de Moab. Partieron de Iyim y acamparon en Dibón-gad. Partieron de Dibón-gad y acamparon en Almón-diblataim. Partieron de Almón-diblataim y acamparon en los montes de Abarim, frente al Nebo. Partieron de los montes de Abarim y acamparon en las llanuras de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. Y acamparon junto al Jordán, desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim, en las llanuras de Moab. Entonces Jehovah habló a Moisés en las llanuras de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó, diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles: ‘Cuando hayáis cruzado el Jordán a la tierra de Canaán, echaréis de vuestra presencia a todos los habitantes de la tierra, destruiréis todas sus esculturas, destruiréis todas sus imágenes de fundición y devastaréis todos sus lugares altos. Tomaréis posesión de la tierra y habitaréis en ella, porque a vosotros os he dado la tierra, para que la tengáis en posesión. "‘Recibiréis la tierra en heredad por sorteo según vuestros clanes. A los más numerosos daréis una heredad más grande, a los menos numerosos daréis una heredad más pequeña. Donde a uno le toque por sorteo, allí tendrá su posesión. Según las tribus de vuestros padres, la recibiréis en heredad. "‘Pero si no echáis de delante de vosotros a los habitantes de la tierra, sucederá que los que dejéis de ellos serán como aguijones en vuestros ojos y espinas en vuestros costados, y os hostilizarán en la tierra que vosotros habéis de habitar. Y sucederá que os haré a vosotros lo que pensé hacerles a ellos.’" Jehovah habló a Moisés diciendo: "Manda a los hijos de Israel y diles: ‘Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, la tierra que os ha de tocar como heredad, la tierra de Canaán según sus fronteras, tendréis el lado sur desde el desierto de Zin que está junto a Edom. Vuestra frontera sur será desde el extremo del mar Salado hacia el este. De allí la frontera sur torcerá hacia la cuesta de Acrabim y pasará hasta Zin. Su extremo sur llegará hasta Cades-barnea. De allí seguirá a Hazar-adar y pasará hasta Asmón. La frontera torcerá de Asmón hasta el arroyo de Egipto y terminará en la costa del mar. "‘Vuestra frontera occidental será el mar Grande. Este será vuestro límite occidental. "‘Esta será vuestra frontera norte: Desde el mar Grande la trazaréis hasta el monte Hor. Desde el monte Hor la trazaréis hasta Lebo-hamat, y la frontera llegará a Zedad. La frontera seguirá hasta Zifrón y terminará en Hazar-enán. Este será vuestro límite por el norte. "‘Por el oriente trazaréis la frontera desde Hazar-enán hasta Sefam. Luego descenderá la frontera desde Sefam hasta Ribla, al oriente de Ayin, y descenderá y se extenderá sobre el costado oriental del mar Quinéret. Después la frontera descenderá con el Jordán, y su extremo llegará hasta el mar Salado. Esta será vuestra tierra y sus fronteras alrededor.’" Entonces Moisés mandó a los hijos de Israel, diciendo: "Esta es la tierra que heredaréis por sorteo, la cual Jehovah ha mandado dar a las nueve tribus y a la media tribu. Porque ya habían tomado su heredad la tribu de los hijos de Rubén según sus casas paternas, la tribu de los hijos de Gad según sus casas paternas, y la media tribu de Manasés. Las dos tribus y media tomaron su heredad al otro lado del Jordán, frente a Jericó, hacia el oriente, hacia la salida del sol." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Estos son los nombres de los hombres que os darán la tierra en posesión: El sacerdote Eleazar y Josué hijo de Nun. Tomaréis también un dirigente de cada tribu para dar la tierra en posesión. Estos son los nombres de los jefes: de la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone; de la tribu de los hijos de Simeón, Semuel hijo de Amihud; de la tribu de Benjamín, Elidad hijo de Quislón; de la tribu de los hijos de Dan, el jefe Buqui hijo de Jogli; de los hijos de José: de la tribu de los hijos de Manasés, el jefe Haniel hijo de Efod; de la tribu de los hijos de Efraín, el jefe Quemuel hijo de Siftán; de la tribu de los hijos de Zabulón, el jefe Elizafán hijo de Parnac; de la tribu de los hijos de Isacar, el jefe Paltiel hijo de Azán; de la tribu de los hijos de Aser, el jefe Ajihud hijo de Selomi; de la tribu de los hijos de Neftalí, el jefe Pedael hijo de Amihud. "Estos son aquellos a quienes Jehovah mandó que repartiesen la heredad a los hijos de Israel en la tierra de Canaán." Jehovah habló a Moisés en las llanuras de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó, diciendo: "Manda a los hijos de Israel que de la heredad que posean den a los levitas ciudades para habitar. También daréis a los levitas el campo alrededor de las ciudades. Ellos tendrán las ciudades para habitar, y los campos de alrededor serán para su ganado, sus pertenencias y todos sus animales. Los campos de las ciudades que daréis a los levitas tendrán 1.000 codos alrededor, desde el muro de la ciudad hacia afuera. Fuera de la ciudad, mediréis 2.000 codos hacia el lado este, 2.000 codos hacia el lado sur, 2.000 codos hacia el lado oeste, y 2.000 codos hacia el lado norte; y la ciudad estará en medio. Esto tendrán como campos alrededor de las ciudades. "De las ciudades que daréis a los levitas, 6 ciudades serán de refugio, para que cualquier homicida se refugie allí. Aparte de éstas, les daréis 42 ciudades. Todas las ciudades que daréis a los levitas serán 48 ciudades con sus campos alrededor. "Respecto a las ciudades que daréis de la posesión de los hijos de Israel, del que tiene mucho tomaréis mucho y del que tiene poco tomaréis poco. Cada uno dará de sus ciudades a los levitas, según la heredad que reciba." Jehovah habló a Moisés diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles: ‘Cuando hayáis cruzado el Jordán hacia la tierra de Canaán, escogeréis para vosotros ciudades que os servirán como ciudades de refugio, a donde pueda huir el homicida que accidentalmente hiera de muerte a alguno. Estas ciudades os servirán para refugiarse del vengador, de manera que el homicida no muera antes de comparecer para juicio delante de la congregación. "‘De las ciudades que daréis, seis serán ciudades de refugio. Daréis tres ciudades al otro lado del Jordán y daréis tres en la tierra de Canaán, y serán ciudades de refugio. Estas seis ciudades servirán de refugio a los hijos de Israel, al forastero y al advenedizo que se encuentre entre ellos, para que huya allí cualquiera que accidentalmente hiera de muerte a otro. "‘Si lo hiere con un intrumento de hierro, y él muere, es un asesino. El asesino morirá irremisiblemente. "‘Si lo hiere con una piedra en la mano, con la cual pueda causarle la muerte, y él muere, es un asesino. El asesino morirá irremisiblemente. "‘Si lo hiere con instrumento de madera en la mano, con el cual pueda causarle la muerte, y él muere, es un asesino. El asesino morirá irremisiblemente. El vengador de la sangre matará al asesino; cuando lo encuentre, lo matará. "‘Si por odio lo empuja o arroja algo contra él intencionadamente, y él muere; o si por hostilidad lo hiere con su mano, y él muere, el que le ha herido morirá irremisiblemente. Es un asesino. El vengador de la sangre matará al asesino cuando lo encuentre. "‘Pero si lo empuja de repente sin hostilidad, o tira sobre él cualquier instrumento sin intención, o si sin verlo hace caer sobre él alguna piedra que pueda causarle la muerte, y él muere, no siendo él su enemigo ni procurando su mal, entonces la congregación juzgará entre el homicida y el vengador de la sangre, conforme a estos decretos. La congregación librará al homicida de mano del vengador de la sangre, y lo hará regresar a su ciudad de refugio a la cual había huido, y él habitará en ella hasta la muerte del sumo sacerdote que fue ungido con el aceite santo. "‘Pero si el homicida sale fuera de los límites de su ciudad de refugio a donde había huido, y el vengador de la sangre lo halla fuera de los límites de su ciudad de refugio y mata al homicida, aquél no será culpable de sangre. Porque debió haber permanecido en su ciudad de refugio hasta la muerte del sumo sacerdote. Después de la muerte del sumo sacerdote, el homicida podrá volver a la tierra de su posesión. "‘Estas cosas os servirán de estatuto legal a través de vuestras generaciones, en todo lugar donde viváis. Cuando alguien mata a una persona, por el testimonio de testigos se dará muerte al asesino. Pero un solo testigo no bastará para que se sentencie a una persona a morir. "‘No aceptaréis rescate por la vida del asesino que está condenado a muerte; morirá irremisiblemente. Tampoco aceptaréis rescate por el que ha huido a su ciudad de refugio, para permitirle que vuelva a vivir en su propia tierra antes de la muerte del sumo sacerdote. "‘No profanaréis la tierra donde estéis, porque la sangre humana profana la tierra. No se puede hacer expiación por la tierra, debido a la sangre que fue derramada en ella, sino por medio de la sangre del que la derramó. No contaminaréis, pues, la tierra donde habitáis y en medio de la cual yo habito; porque yo, Jehovah, habito en medio de los hijos de Israel.’" Los jefes de las casas paternas del clan de los hijos de Galaad hijo de Maquir, hijo de Manasés, de los clanes de los hijos de José, se acercaron para hablar ante Moisés y ante los dirigentes de las casas paternas de los hijos de Israel. Y dijeron: —Jehovah mandó a mi señor dar la tierra por sorteo, como heredad a los hijos de Israel. También mandó Jehovah a mi señor dar la heredad de nuestro hermano Zelofejad a sus hijas. Pero si éstas se llegan a casar con miembros de otras tribus de los hijos de Israel, la heredad de ellas será quitada de la heredad de nuestros padres y añadida a la heredad de la tribu a la cual ellas pasen a pertenecer. De este modo, esta porción será quitada de nuestra heredad, y cuando llegue el jubileo para los hijos de Israel, la heredad de ellas será añadida a la heredad de la tribu de sus maridos. Así su heredad será quitada de la heredad de la tribu de nuestros padres. Entonces Moisés mandó a los hijos de Israel, conforme al mandato de Jehovah, diciendo: —La tribu de los hijos de José tiene razón en lo que dice. Esto es lo que ha mandado Jehovah acerca de las hijas de Zelofejad, diciendo: "Cásense con quienes ellas quieran; sólo que se casen dentro del clan de la tribu de su padre. Así la heredad de los hijos de Israel no pasará de tribu en tribu, porque cada uno de los hijos de Israel se mantendrá ligado a la heredad de la tribu de sus padres. Cualquier hija que posea una heredad en alguna de las tribus de los hijos de Israel deberá casarse con alguno del clan de la tribu de su padre, para que los hijos de Israel posean cada uno la heredad de sus padres. Así la heredad no pasará de una tribu a otra, porque cada una de las tribus de los hijos de Israel se mantendrá ligada a su heredad." Entonces las hijas de Zelofejad hicieron conforme a lo que Jehovah había mandado a Moisés. Majla, Tirsa, Hogla, Milca y Noa, hijas de Zelofejad, se casaron con los hijos de sus tíos. Se casaron dentro de los clanes de los hijos de Manasés hijo de José. De esta manera, su heredad quedó en la tribu del clan de su padre. Estos son los mandamientos y decretos que Jehovah mandó a los hijos de Israel por medio de Moisés en las llanuras de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. Estas son las palabras que Moisés habló a todo Israel al otro lado del Jordán, en el desierto, en el Arabá frente a Suf, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Di-zahab. Once días duró el viaje desde Horeb hasta Cades-barnea, por la ruta de la región montañosa de Seír. El primero del mes undécimo del año 40, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todo lo que Jehovah le había mandado con respecto a ellos, después que derrotó a Sejón, rey de los amorreos que habitaba en Hesbón, y a Og, rey de Basán que habitaba en Astarot y en Edrei. Moisés empezó a explicar esta ley en la tierra de Moab, al otro lado del Jordán, y dijo: "Jehovah nuestro Dios nos habló en Horeb diciendo: ‘Bastante habéis permanecido en este monte. Volveos, marchad e id a la región montañosa de los amorreos y a todos sus vecinos en el Arabá, en la región montañosa y en la Sefela, en el Néguev y por la costa del mar, a la tierra de los cananeos y al Líbano, hasta el gran río, el río Eufrates. Mirad, yo he puesto la tierra delante de vosotros. Entrad y tomad posesión de la tierra que Jehovah juró a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, que les daría a ellos y a sus descendientes después de ellos.’ "En aquel tiempo yo os hablé diciendo: ‘Yo solo no puedo cargar con vosotros. Jehovah vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí que hoy sois tan numerosos como las estrellas del cielo. ¡Jehovah, Dios de vuestros padres, os multiplique mil veces más, y os bendiga como os lo ha prometido! Pero, ¿cómo podré llevar yo solo vuestras preocupaciones, vuestras cargas y vuestros pleitos? Proveeos entre vuestras tribus de hombres sabios, entendidos y experimentados, para que yo los ponga como vuestros jefes.’ Vosotros me respondisteis y dijisteis: ‘Está bien hacer lo que has dicho.’ Entonces tomé a los jefes de vuestras tribus, hombres sabios y experimentados, y los puse como vuestros jefes; como jefes de mil, jefes de cien, jefes de cincuenta, jefes de diez y como oficiales de vuestras tribus. En aquel tiempo mandé a vuestros jueces diciendo: ‘Oíd la causa de vuestros hermanos y juzgad con justicia entre un hombre y su hermano o el forastero que está con él. No hagáis distinción de personas en el juicio; oiréis tanto al pequeño como al grande. No tengáis temor de nadie, porque el juicio es de Dios. Pero la causa que os sea difícil la traeréis a mí, y yo la oiré.’ Os mandé, pues, en aquel tiempo todo lo que habíais de hacer. "Partimos de Horeb y fuimos por aquel desierto grande y terrible que habéis visto, dirigiéndonos a la región montañosa de los amorreos, como Jehovah nuestro Dios nos había mandado; y llegamos hasta Cades-barnea. Entonces os dije: ‘Habéis llegado a la región montañosa de los amorreos, la cual nos da Jehovah nuestro Dios. Mira, Jehovah tu Dios te ha entregado la tierra que está delante de ti. Sube y tómala en posesión, como Jehovah, Dios de tus padres, te ha dicho. ¡No temas ni desmayes!’ "Todos vosotros os acercasteis a mí y dijisteis: ‘Enviemos delante de nosotros hombres que nos reconozcan la tierra y nos traigan información acerca del camino por donde hemos de ir y de las ciudades a las que habremos de llegar.’ Me pareció bien lo dicho, y tomé a doce hombres de vosotros, un hombre por tribu. Ellos se dirigieron y subieron a la región montañosa; llegaron hasta el arroyo de Escol y reconocieron la tierra. Tomaron en sus manos muestras del fruto de la tierra y nos las trajeron. También nos dieron informes diciendo: ‘La tierra que Jehovah nuestro Dios nos da es buena.’ "Sin embargo, no quisisteis subir. Más bien, fuisteis rebeldes contra el mandato de Jehovah vuestro Dios, y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: ‘Porque Jehovah nos aborrece, nos ha sacado de la tierra de Egipto, para entregarnos en mano de los amorreos para destruirnos. ¿A dónde iremos? Nuestros hermanos han hecho desfallecer nuestros corazones diciendo: Este pueblo es más grande y más alto que nosotros. Las ciudades son grandes y fortificadas hasta el cielo, y también vimos allí a los anaquitas.’ Entonces os dije: ‘No os aterroricéis ni tengáis temor de ellos. Jehovah, vuestro Dios, quien va delante de vosotros, él combatirá por vosotros de la manera que lo hizo por vosotros en Egipto ante vuestros propios ojos, como también en el desierto, donde habéis visto que Jehovah vuestro Dios os ha traído, como trae un hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta que habéis llegado a este lugar.’ Aun con esto no creísteis a Jehovah vuestro Dios, quien iba delante de vosotros en el camino, con fuego de noche y con nube de día, a fin de explorar el lugar donde habíais de acampar, y para mostraros el camino a seguir. "Entonces Jehovah oyó la voz de vuestras palabras. Y se enojó y juró diciendo: ‘Ninguno de estos hombres de esta mala generación verá la buena tierra que juré dar a vuestros padres, excepto Caleb hijo de Jefone. El la verá; a él y a sus hijos les daré la tierra que él pisó, porque siguió a Jehovah con integridad.’ Por causa de vosotros Jehovah se enfureció también contra mí, y dijo: ‘Tampoco tú entrarás allá. Josué hijo de Nun, que está delante de ti, él entrará allá. Anímale, porque él hará que Israel la herede. Pero vuestros pequeños, de quienes dijisteis que serían una presa; vuestros hijos que hoy no distinguen entre lo bueno y lo malo, ellos entrarán allá. A ellos la daré, y ellos tomarán posesión de ella. Pero vosotros, volveos y marchaos al desierto, rumbo al mar Rojo.’ "Entonces respondisteis y me dijisteis: ‘Hemos pecado contra Jehovah. Nosotros subiremos y pelearemos conforme a todo lo que Jehovah nuestro Dios nos ha mandado.’ "Os ceñisteis cada uno sus armas y pensasteis que era cosa fácil subir a la región montañosa. Entonces Jehovah me dijo que os dijera: ‘No subáis ni peleéis, porque yo no estoy entre vosotros. No seáis derrotados delante de vuestros enemigos.’ "Yo os hablé, pero no escuchasteis. Al contrario, fuisteis rebeldes contra lo que había dicho Jehovah; actuasteis con arrogancia y subisteis a la región montañosa. Pero los amorreos que habitaban en aquella región montañosa salieron a vuestro encuentro, os persiguieron como lo hacen las avispas, y os destrozaron desde Seír hasta Horma. Entonces volvisteis y llorasteis delante de Jehovah, pero Jehovah no escuchó vuestra voz ni os prestó atención. Así permanecisteis en Cades por muchos días, según los días que permanecisteis allí. "Entonces nos volvimos y partimos hacia el desierto, rumbo al mar Rojo, como Jehovah me había dicho; y rodeamos por muchos días la región montañosa de Seír. Y Jehovah me habló diciendo: ‘Bastante tiempo habéis rodeado estos montes; dirigíos hacia el norte. Manda al pueblo diciendo: Cuando vosotros paséis por el territorio de vuestros hermanos, los hijos de Esaú que habitan en Seír, ellos tendrán miedo de vosotros. Pero guardaos mucho; no contendáis con ellos. Yo no os daré de su tierra, ni aun la huella de la planta de un pie, porque he dado a Esaú como posesión la región montañosa de Seír. Les compraréis con dinero los alimentos que comáis. También, adquiriréis de ellos con dinero el agua que bebáis.’ Jehovah tu Dios te ha bendecido en toda la obra de tus manos. El conoce tu caminar por este gran desierto. Jehovah tu Dios ha estado contigo estos cuarenta años, y ninguna cosa te ha faltado. "Pasamos de largo a nuestros hermanos, los hijos de Esaú que habitan en Seír, por el camino del Arabá de Eilat y de Ezión-geber, y cambiando de dirección nos dirigimos rumbo al desierto de Moab. Entonces Jehovah me dijo: ‘No molestes a Moab ni contiendas con ellos, porque no te daré posesión en su tierra. He dado Ar como posesión a los hijos de Lot.’ (Los emitas habitaron allí antes. Estos eran un pueblo grande y numeroso; eran altos como los anaquitas. Ellos, como los anaquitas, también eran considerados como refaítas, pero los moabitas los llamaban emitas. También los horeos habitaban antes en Seír, pero los hijos de Esaú los desalojaron y los destruyeron delante de ellos. Luego habitaron en su lugar, así como ha hecho Israel en la tierra de su posesión que Jehovah les ha dado.) ‘Levantaos, pues, y cruzad el arroyo de Zered.’ "Así cruzamos el arroyo de Zered. El tiempo que anduvimos desde Cades-barnea hasta que cruzamos el arroyo de Zered fue de treinta y ocho años, hasta que se acabó toda la generación de hombres de guerra de en medio del campamento, como Jehovah les había jurado. La mano de Jehovah también estuvo contra ellos para destruirlos de en medio del campamento, hasta acabarlos. "Aconteció que cuando finalmente murieron todos los hombres de guerra de entre el pueblo, Jehovah me habló diciendo: ‘Tú pasarás hoy por el territorio de Moab, es decir, de Ar, y te acercarás a los hijos de Amón. Pero no los molestes ni contiendas con ellos, porque no te he de dar posesión en la tierra de los hijos de Amón. La he dado como posesión a los hijos de Lot.’ (También esta tierra fue considerada tierra de los refaítas. En otro tiempo habitaron en ella los refaítas, pero los amonitas los llamaban zomzomeos. Estos eran un pueblo grande y numeroso; eran altos como los anaquitas. A éstos destruyó Jehovah delante de los amonitas que les sucedieron y habitaron en su lugar, como hizo también con los horeos, a los cuales destruyó delante de los hijos de Esaú que habitan en Seír, quienes sucedieron a aquéllos y habitaron en su lugar, hasta el día de hoy. De la misma manera, los caftoreos que habían salido de Caftor destruyeron a los aveos que vivían en aldeas hasta Gaza, y habitaron en su lugar.) ‘Levantaos, partid y cruzad el río Arnón. Mira, yo he entregado en tu mano a Sejón el amorreo, rey de Hesbón, y su tierra. Comienza a tomar posesión de ella y contiende con él en guerra. Hoy comenzaré a infundir miedo y temor de ti entre los pueblos debajo de todo el cielo. Ellos oirán tu fama, y temblarán y se estremecerán a causa de ti.’ "Desde el desierto de Cademot envié mensajeros a Sejón, rey de Hesbón, con un mensaje de paz, diciendo: ‘Déjame pasar por tu tierra. Iré sólo por el camino. No me apartaré ni a la derecha ni a la izquierda. Me venderás por dinero la comida que yo coma, y me darás por dinero el agua que yo beba. Solamente permíteme pasar a pie, como hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitan en Seír y los moabitas que habitan en Ar, hasta que yo cruce el Jordán hacia la tierra que Jehovah nuestro Dios nos da.’ Pero Sejón, rey de Hesbón, no quiso que pasáramos por su territorio, porque Jehovah tu Dios había endurecido su espíritu y obstinado su corazón para entregarlo en tu mano, como en el día de hoy. "Entonces me dijo Jehovah: ‘Mira, yo he comenzado a entregar delante de ti a Sejón y su tierra. Comienza a tomar posesión de su tierra.’ "Sejón salió a nuestro encuentro, él con todo su pueblo, para combatir en Jahaz. Pero Jehovah nuestro Dios lo entregó delante de nosotros, y lo matamos a él, a sus hijos y a todo su pueblo. En aquel tiempo tomamos todas sus ciudades y las destruimos por completo. No dejamos ningún sobreviviente de los hombres, las mujeres y los niños. Sólo tomamos para nosotros los animales y el botín de las ciudades que capturamos desde Aroer, que está en la ribera del río Arnón, y la ciudad que está en el valle, hasta Galaad. No hubo ciudad que fuera demasiado fuerte para nosotros; Jehovah nuestro Dios las entregó todas delante de nosotros. Solamente no te acercaste a la tierra de los hijos de Amón, ni a todo lo que está junto al río Jaboc, ni a las ciudades de la región montañosa, según todo lo que Jehovah nuestro Dios nos había mandado. "Después nos volvimos y subimos rumbo a Basán. Entonces Og, rey de Basán, salió a nuestro encuentro con todo su pueblo para combatir en Edrei. Y Jehovah me dijo: ‘No le tengas miedo, porque en tu mano he entregado a él, a todo su pueblo y su tierra. Tú harás con él como hiciste con Sejón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón.’ "También Jehovah nuestro Dios entregó en nuestra mano a Og, rey de Basán, y a todo su pueblo, al cual matamos hasta no dejarle ningún sobreviviente. Y tomamos entonces todas sus ciudades; no quedó ciudad que no les tomásemos: sesenta ciudades, toda la tierra de Argob del reino de Og en Basán. Todas estas ciudades estaban fortificadas con altas murallas, con puertas y cerrojos, sin contar las muchísimas aldeas sin muros. Como hicimos con Sejón rey de Hesbón, destruimos por completo en toda ciudad a los hombres, a las mujeres y a los niños. Sólo tomamos para nosotros todos los animales y el botín de las ciudades. "En aquel tiempo tomamos la tierra desde el río Arnón hasta el monte Hermón, de mano de los dos reyes amorreos que estaban establecidos al otro lado del Jordán. (Al Hermón los sidonios lo llaman Sirión, y los amorreos lo llaman Senir.) Tomamos todas las ciudades de la meseta, todo Galaad y todo Basán hasta Salca y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán. "Sólo Og, rey de Basán, había quedado del resto de los refaítas. He aquí su cama, que era de hierro, ¿acaso no está en Rabá de los hijos de Amón? Ella tiene 9 codos de largo por 4 codos de ancho, conforme al codo de un hombre. "Esta tierra con sus ciudades que heredamos en ese tiempo desde Aroer en el río Arnón, hasta la mitad de la región montañosa de Galaad, se la di a los rubenitas y a los gaditas. El resto de Galaad y todo Basán, que pertenecían al reino de Og, se lo di a la media tribu de Manasés. (Toda la región de Argob, toda la de Basán, era llamada la tierra de los refaítas.) "Jaír hijo de Manasés tomó toda la tierra de Argob hasta la frontera de los de Gesur y de los de Maaca, y la llamó por su propio nombre: Havot-jaír en Basán, hasta el día de hoy. A Maquir le di Galaad. Y a los rubenitas y a los gaditas les di desde Galaad hasta el río Arnón, el medio del río como frontera, y hasta el Jaboc, el río que marca la frontera de los hijos de Amón. También les di el Arabá y el Jordán como límite, desde el Quinéret hasta el mar del Arabá, o mar Salado, hasta las faldas del Pisga, al oriente. "En aquel tiempo os mandé diciendo: ‘Jehovah vuestro Dios os ha dado esta tierra para que toméis posesión de ella. Todos los valientes cruzaréis armados delante de vuestros hermanos, los hijos de Israel. Solamente vuestras mujeres, vuestros niños y vuestros ganados (yo sé que tenéis mucho ganado), se quedarán en las ciudades que os he dado, hasta que Jehovah dé reposo a vuestros hermanos, así como a vosotros, y ellos también tomen posesión de la tierra que Jehovah vuestro Dios les da al otro lado del Jordán. Entonces volveréis cada uno a la heredad que yo os he dado.’ "También en aquel tiempo mandé a Josué diciendo: ‘Tus ojos han visto todo lo que Jehovah tu Dios ha hecho a aquellos dos reyes. Así hará Jehovah a todos los reinos por los cuales tú pasarás. No los temáis, porque Jehovah vuestro Dios, él es el que combate por vosotros.’ "En aquel tiempo supliqué a Jehovah, diciendo: ‘Oh Señor Jehovah, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza y tu mano poderosa. Porque, ¿qué dios hay en los cielos o en la tierra que haga como tus obras y como tus proezas? Te ruego que yo también cruce y vea aquella buena tierra que está al otro lado del Jordán, aquella buena región montañosa y el Líbano.’ "Pero Jehovah se había indignado contra mí por causa de vosotros y no me escuchó. Jehovah me dijo: ‘¡Basta! No me hables más de este asunto. Sube a la cumbre del Pisga y alza tus ojos hacia el oeste, el norte, el sur y el este, y mírala con tus ojos; porque tú no cruzarás este Jordán. Pero comisiona a Josué; fortalécelo e infúndele valor, porque él cruzará al frente de este pueblo y les hará tomar posesión de la tierra que tú verás.’ "Así nos quedamos en el valle delante de Bet-peor. "Ahora pues, oh Israel, escucha las leyes y decretos que yo os enseño que hagáis, a fin de que viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que os da Jehovah, Dios de vuestros padres. No añadáis a las palabras que yo os mando, ni quitéis de ellas, de modo que guardéis los mandamientos de Jehovah vuestro Dios, que yo os mando. Vuestros ojos han visto lo que Jehovah hizo con respecto al Baal de Peor, cómo vuestro Dios destruyó de en medio de vosotros a todo hombre que fue tras el Baal de Peor. Pero vosotros, que fuisteis fieles a Jehovah vuestro Dios, todos estáis vivos hoy. "Mirad, yo os he enseñado leyes y decretos, como Jehovah mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra a la cual entraréis para tomar posesión de ella. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra, porque esto es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales al oír de todas estas leyes dirán: ‘¡Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio y entendido!’ Porque, ¿qué nación hay tan grande, que tenga dioses tan cerca de ella, así como lo está Jehovah nuestro Dios toda vez que le invocamos? ¿Qué nación hay tan grande que tenga leyes y decretos tan justos como toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros? Solamente guárdate y guarda diligentemente tu alma, no sea que te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni que se aparten de tu corazón durante todos los días de tu vida. Las enseñarás a tus hijos y a los hijos de tus hijos. "El día que estuviste delante de Jehovah tu Dios en Horeb, Jehovah me dijo: ‘Reúneme al pueblo para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán para temerme todos los días que vivan en la tierra, y para enseñarlas a sus hijos.’ Y os acercasteis y os reunisteis al pie del monte. El monte ardía con fuego hasta el corazón de los cielos, con densas nubes y oscuridad. Entonces Jehovah os habló de en medio del fuego. Vosotros oisteis el sonido de sus palabras, pero aparte de oír su voz, no visteis ninguna imagen. El os declaró su pacto, el cual os mandó poner por obra: Los Diez Mandamientos. Y los escribió en dos tablas de piedra. En aquel tiempo Jehovah también me mandó a mí que os enseñara las leyes y los decretos, para que los pusieseis por obra en la tierra a la cual pasáis para tomar posesión de ella. "Por tanto, tened mucho cuidado de vosotros mismos, pues ninguna imagen visteis el día que Jehovah os habló en Horeb de en medio del fuego. No sea que os corrompáis y os hagáis imágenes, o semejanza de cualquier figura, sea en forma de hombre o de mujer, ni en forma de cualquier animal que esté en la tierra, ni en forma de cualquier ave alada que vuele en los cielos, ni en forma de cualquier animal que se desplace sobre la tierra, ni en forma de cualquier pez que haya en las aguas debajo de la tierra. No sea que al alzar tus ojos al cielo y al ver el sol, la luna y las estrellas, es decir, todo el ejército del cielo, seas desviado a postrarte ante ellos y a rendir culto a cosas que Jehovah tu Dios ha asignado a todos los pueblos de debajo del cielo. Pero a vosotros Jehovah os ha tomado y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis pueblo de su heredad como en el día de hoy. "Jehovah se airó contra mí por causa de vuestras palabras, y juró que yo no cruzaría el Jordán ni entraría en la buena tierra que Jehovah tu Dios te da por heredad. Así que yo voy a morir en esta tierra. Yo no cruzaré el Jordán, pero vosotros sí lo cruzaréis y tomaréis posesión de aquella buena tierra. Cuidaos, pues, no sea que olvidéis el pacto de Jehovah vuestro Dios, que él ha establecido con vosotros, y os hagáis imágenes o cualquier semejanza, como te ha prohibido Jehovah tu Dios. Porque Jehovah tu Dios es fuego consumidor, un Dios celoso. "Cuando hayáis engendrado hijos y nietos, y hayáis envejecido en la tierra, y os corrompáis, y hagáis imágenes o cualquier semejanza, y hagáis lo malo ante los ojos de Jehovah tu Dios, enojándole, yo pongo hoy por testigos a los cielos y a la tierra, que pronto pereceréis totalmente en la tierra hacia la cual cruzáis el Jordán para tomar posesión de ella. No permaneceréis largo tiempo en ella, sino que seréis completamente destruidos. Jehovah os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones a las cuales os llevará Jehovah. Allí serviréis a dioses hechos por manos de hombre, de madera y de piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen. Pero cuando desde allí busques a Jehovah tu Dios, lo hallarás, si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma. En los postreros días, cuando estés en angustia y te sucedan todas estas cosas, volverás a Jehovah tu Dios y obedecerás su voz. Porque Jehovah tu Dios es Dios misericordioso; no te abandonará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que juró a tus padres. "Pues pregunta, por favor, a los días antiguos que te antecedieron, desde el día que Dios creó al hombre sobre la tierra, y desde un extremo del cielo hasta el otro, si se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o si se ha oído de otra como ella. ¿Existe otro pueblo que haya oído la voz de Dios hablando de en medio del fuego, como tú la has oído, y que haya seguido viviendo? ¿O algún dios ha intentado venir y tomar un pueblo para sí de en medio de otro pueblo, con pruebas, señales, prodigios, guerra, mano poderosa, brazo extendido y grandes terrores, como todo lo que hizo por vosotros Jehovah vuestro Dios en Egipto, ante vuestros propios ojos? A ti se te ha mostrado esto para que sepas que Jehovah es Dios y que no hay otro aparte de él. Desde los cielos te hizo oír su voz para enseñarte, y sobre la tierra te mostró su gran fuego. Tú has oído sus palabras de en medio del fuego. Y por cuanto él amó a tus padres y escogió a sus descendientes después de ellos, te sacó de Egipto con su presencia, con su gran poder. Hizo esto para arrojar de delante de ti naciones más grandes y más fuertes que tú, y para introducirte y darte su tierra por heredad, como en el día de hoy. Reconoce, pues, hoy y considera en tu corazón que Jehovah es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra, y no hay otro. Guarda sus leyes y sus mandamientos que yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y para que prolongues los días sobre la tierra que Jehovah tu Dios te da para siempre." Entonces Moisés apartó tres ciudades al otro lado del Jordán, hacia donde se levanta el sol, para que huya allí el homicida que mate a su prójimo por accidente, sin haberle tenido previamente aversión. Al huir a cualquiera de estas ciudades, podrá salvar su vida. Apartó a Beser, en el desierto, en la meseta, para los rubenitas; a Ramot, en Galaad, para los gaditas; y a Golán, en Basán, para los de Manasés. Esta es la ley que Moisés puso ante los hijos de Israel. Estos son los testimonios, las leyes y los decretos que Moisés habló a los hijos de Israel cuando habían salido de Egipto, al otro lado del Jordán, en el valle que está frente a Bet-peor, en la tierra de Sejón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón. A éste dieron muerte Moisés y los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto. Así tomaron posesión de su tierra y de la tierra de Og, rey de Basán. Estos dos reyes de los amorreos habitaban al otro lado del Jordán, hacia donde se levanta el sol, desde Aroer, que está sobre la ribera del río Arnón, hasta el monte Sirión, que es el Hermón, y en todo el Arabá, al otro lado del Jordán, hasta el mar del Arabá en las faldas del Pisga. Moisés llamó a todo Israel y les dijo: "Escucha, Israel, las leyes y decretos que proclamo hoy a vuestros oídos. Aprendedlos y tened cuidado de ponerlos por obra. Jehovah nuestro Dios hizo un pacto con nosotros en Horeb. No fue sólo con nuestros padres que Jehovah hizo este pacto, sino también con nosotros, nosotros que estamos aquí hoy, todos vivos. Cara a cara habló Jehovah con vosotros en el monte, de en medio del fuego. Yo estaba entonces entre Jehovah y vosotros, para declararos la palabra de Jehovah; porque vosotros tuvisteis temor del fuego y no subisteis al monte. Entonces él dijo: ‘Yo soy Jehovah tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud: "‘No tendrás otros dioses delante de mí. "‘No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto; porque yo soy Jehovah tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos. "‘No tomarás en vano el nombre de Jehovah tu Dios, porque Jehovah no dará por inocente al que tome su nombre en vano. "‘Guarda el día del sábado para santificarlo, como te ha mandado Jehovah tu Dios. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehovah tu Dios. No harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el forastero que está dentro de tus puertas; para que tu siervo y tu sierva descansen como tú. Acuérdate de que tú fuiste esclavo en la tierra de Egipto y que Jehovah tu Dios te sacó de allí con mano poderosa y brazo extendido. Por eso Jehovah tu Dios te ha mandado que guardes el día del sábado. "‘Honra a tu padre y a tu madre, como Jehovah tu Dios te ha mandado, para que tus días se prolonguen y te vaya bien en la tierra que Jehovah tu Dios te da. "‘No cometerás homicidio. "‘No cometerás adulterio. "‘No robarás. "‘No darás falso testimonio contra tu prójimo. "‘No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo.’ "Estas palabras habló Jehovah a gran voz a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, y no añadió más. Luego las escribió en dos tablas de piedra, y me las dio a mí. "Aconteció que cuando oisteis la voz de en medio de las tinieblas, mientras el monte ardía en fuego, os acercasteis a mí todos los jefes de vuestras tribus y vuestros ancianos. Entonces dijisteis: ‘He aquí, Jehovah nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego. En este día hemos visto que Dios habla al hombre, y que éste puede quedar vivo. Pero, ¿por qué hemos de morir, ya que este gran fuego nos consumirá? Si volvemos a oír la voz de Jehovah nuestro Dios, moriremos. Porque, ¿quién es el ser humano para que oiga, como nosotros, la voz del Dios vivo que habla de en medio del fuego, y aún viva? Acércate tú, y escucha todo lo que dice Jehovah nuestro Dios. Luego tú nos dirás todo lo que Jehovah nuestro Dios te haya dicho, y nosotros lo escucharemos y lo pondremos por obra.’ "Jehovah oyó vuestras palabras cuando me hablabais, y me dijo: ‘He oído las palabras que te ha hablado este pueblo. Está bien todo lo que han dicho. ¡Oh, si tuviesen tal corazón que me temiesen y guardasen todos mis mandamientos todos los días, para que les fuera bien a ellos y a sus hijos para siempre! Vé y diles: Volved a vuestras tiendas. Pero tú, quédate aquí conmigo. Yo te diré todos los mandamientos, las leyes y los decretos que les has de enseñar, para que los pongan por obra en la tierra que les doy para que tomen posesión de ella.’ "Tened cuidado, pues, de hacer como Jehovah vuestro Dios os ha mandado. No os apartéis a la derecha ni a la izquierda. Andad en todo el camino que Jehovah vuestro Dios os ha mandado, para que viváis y os vaya bien, y para que prolonguéis vuestros días en la tierra que vais a tomar en posesión. "Estos, pues, son los mandamientos, las leyes y los decretos que Jehovah vuestro Dios ha mandado que os enseñara, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis para tomarla en posesión. Son para que temas a Jehovah tu Dios, tú con tu hijo y el hijo de tu hijo, guardando todos los días de tu vida todas sus leyes y sus mandamientos que yo te mando, a fin de que tus días sean prolongados. Escucha, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien y seas multiplicado grandemente en la tierra que fluye leche y miel, como te ha prometido Jehovah, Dios de tus padres. "Escucha, Israel: Jehovah nuestro Dios, Jehovah uno es. Y amarás a Jehovah tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. "Estas palabras que yo te mando estarán en tu corazón. Las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas sentado en casa o andando por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Las atarás a tu mano como señal, y estarán como frontales entre tus ojos. Las escribirás en los postes de tu casa y en las puertas de tus ciudades. "Sucederá que cuando Jehovah tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, con ciudades grandes y buenas que tú no edificaste, con casas llenas de todo bien que tú no llenaste, con cisternas cavadas que tú no cavaste, con viñas y olivares que tú no plantaste, y cuando hayas comido y te hayas saciado, entonces ten cuidado; no sea que te olvides de Jehovah que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud. A Jehovah tu Dios temerás y a él servirás, y por su nombre jurarás. No iréis tras otros dioses, tras los dioses de los pueblos que están a vuestro alrededor; porque Jehovah tu Dios es un Dios celoso que está en medio de ti. No sea que se encienda el furor de Jehovah tu Dios contra ti, y te destruya de la faz de la tierra. "No pondréis a prueba a Jehovah vuestro Dios, como lo hicisteis en Masá. Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehovah vuestro Dios y sus testimonios y leyes que te ha mandado. Harás lo recto y bueno ante los ojos de Jehovah, a fin de que te vaya bien, y entres y tomes posesión de la buena tierra que Jehovah juró a tus padres; para que él eche a todos tus enemigos de delante de ti, como Jehovah ha prometido. "En el futuro, cuando tu hijo te pregunte diciendo: ‘¿Qué significan los testimonios, las leyes y los decretos que Jehovah nuestro Dios os mandó?’, entonces responderás a tu hijo: ‘Nosotros éramos esclavos del faraón en Egipto, pero Jehovah nos sacó de Egipto con mano poderosa. Jehovah hizo en Egipto señales y grandes prodigios contra el faraón y contra toda su familia, ante nuestros propios ojos. El nos sacó de allá para traernos y darnos la tierra que juró a nuestros padres. Y Jehovah nos mandó que pusiéramos por obra todas estas leyes y que temiésemos a Jehovah nuestro Dios, para que nos fuera bien todos los días y para conservarnos la vida, como en el día de hoy. Y será para nosotros justicia, si tenemos cuidado de poner por obra todos estos mandamientos delante de Jehovah nuestro Dios, como él nos ha mandado. "Cuando Jehovah tu Dios te haya introducido en la tierra a la cual entrarás para tomarla en posesión, y haya expulsado de delante de ti a muchas naciones (heteos, gergeseos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos: siete naciones mayores y más fuertes que tú), y cuando Jehovah tu Dios las haya entregado delante de ti y tú las hayas derrotado, entonces destrúyelas por completo. No harás alianza con ellas ni tendrás de ellas misericordia. No emparentarás con ellas: No darás tu hija a su hijo, ni tomarás su hija para tu hijo. Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirá a otros dioses, de modo que el furor de Jehovah se encenderá sobre vosotros y pronto os destruirá. "Ciertamente así habéis de proceder con ellos: Derribaréis sus altares, romperéis sus piedras rituales, cortaréis sus árboles de Asera y quemaréis sus imágenes en el fuego. Porque tú eres un pueblo santo para Jehovah tu Dios; Jehovah tu Dios te ha escogido para que le seas un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra. "No porque vosotros seáis más numerosos que todos los pueblos, Jehovah os ha querido y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos. Es porque Jehovah os ama y guarda el juramento que hizo a vuestros padres, que os ha sacado de Egipto con mano poderosa y os ha rescatado de la casa de esclavitud, de mano del faraón, rey de Egipto. "Reconoce, pues, que Jehovah tu Dios es Dios: Dios fiel que guarda el pacto y la misericordia para con los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones, y que da retribución en su misma cara al que le aborrece, destruyéndolo. El no tardará en darla al que le aborrece; en su misma cara le retribuirá. "Guarda, pues, los mandamientos, leyes y decretos que hoy te mando que cumplas. Y será que por haber obedecido estos decretos, por guardarlos y ponerlos por obra, Jehovah tu Dios guardará para contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. El te amará, te bendecirá y te multiplicará. También bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano y tu vino nuevo y tu aceite, la cría de tus vacas y el incremento de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. Serás más bendecido que todos los pueblos; no habrá hombre ni mujer estéril en medio de ti, ni entre tus animales. Jehovah quitará de ti toda dolencia y todas las terribles enfermedades de Egipto, que tú conoces. No las pondrá sobre ti; más bien, las pondrá sobre todos los que te aborrecen. "Destruirás todos los pueblos que Jehovah tu Dios entrega en tus manos. Tu ojo no les tendrá lástima, ni rendirás culto a sus dioses, porque eso te sería motivo de tropiezo. "Si dices en tu corazón: ‘Estas naciones son más numerosas que yo; ¿cómo las podré desalojar?’, no tengas temor de ellas. Acuérdate bien de lo que Jehovah tu Dios hizo con el faraón y con todo Egipto; de las grandes pruebas que vieron tus ojos, de las señales y de los prodigios, de la mano poderosa y del brazo extendido con que Jehovah tu Dios te sacó. Así hará Jehovah tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia temes. Jehovah tu Dios también enviará contra ellos la avispa, hasta que perezcan los que queden y los que se hayan escondido de ti. No desmayes ante ellos, porque Jehovah tu Dios está en medio de ti, Dios grande y temible. "Jehovah tu Dios expulsará estas naciones de delante de ti, poco a poco. No podrás exterminarlas de inmediato, no sea que los animales del campo se multipliquen contra ti. Jehovah tu Dios las entregará delante de ti; él las arrojará con gran destrozo, hasta que sean destruidas. El entregará a sus reyes en tu mano, y tú destruirás sus nombres de debajo del cielo. Nadie te podrá resistir, hasta que los destruyas. "Quemarás en el fuego las imágenes de sus dioses. No codiciarás la plata y el oro que estén sobre ellas, ni los tomarás para ti, para que no caigas en la trampa por ello. Esto es abominación a Jehovah tu Dios. No meterás en tu casa ninguna cosa abominable, para que no seas anatema juntamente con ella. La aborrecerás del todo y la abominarás, porque es anatema. "Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os mando hoy, para que viváis y seáis multiplicados, y para que entréis y toméis posesión de la tierra que Jehovah juró dar a vuestros padres. "Acuérdate de todo el camino por donde te ha conducido Jehovah tu Dios estos cuarenta años por el desierto, con el fin de humillarte y probarte, para saber lo que estaba en tu corazón, y si guardarías sus mandamientos, o no. "El te humilló y te hizo sufrir hambre, pero te sustentó con maná, comida que tú no conocías, ni tus padres habían conocido jamás. Lo hizo para enseñarte que no sólo de pan vivirá el hombre, sino que el hombre vivirá de toda palabra que sale de la boca de Jehovah. "Tu vestido nunca se ha envejecido sobre ti, ni tu pie se te ha hinchado en estos cuarenta años. Reconoce, pues, en tu corazón, que como un hombre corrige a su hijo, así te corrige Jehovah tu Dios. Guardarás los mandamientos de Jehovah tu Dios, andando en sus caminos y teniendo temor de él. "Ciertamente Jehovah tu Dios te introduce en una buena tierra: tierra de arroyos de agua, de manantiales y de fuentes del abismo que brotan en los valles y en los montes; tierra de trigo, de cebada, de vides, de higueras y de granados; tierra de olivos ricos en aceite y de miel; tierra en la cual no comerás el pan con escasez, pues nada te faltará en ella; tierra cuyas piedras son de hierro y de cuyas montañas extraerás cobre. Comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehovah tu Dios por la buena tierra que te habrá dado. "Cuídate de no olvidarte de Jehovah tu Dios, dejando de guardar sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te mando hoy. No sea que cuando comas y te sacies, cuando edifiques buenas casas y las habites, cuando se multipliquen tus vacas y tus ovejas, cuando se multipliquen la plata y el oro, y cuando se multiplique todo lo que tienes, entonces se llegue a enaltecer tu corazón y te olvides de Jehovah tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud. El es quien te hizo caminar por un desierto grande y terrible, de serpientes ardientes y de escorpiones; una tierra sedienta donde no había agua. El es quien sacó para ti agua del duro pedernal. El es quien te sustentó en el desierto con maná, comida que no habían conocido tus padres, con el propósito de humillarte y probarte para al final hacerte bien. No sea que digas en tu corazón: ‘Mi fuerza y el poder de mi mano me han traído esta prosperidad.’ Al contrario, acuérdate de Jehovah tu Dios. El es el que te da poder para hacer riquezas, con el fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día. "Pero sucederá que si alguna vez llegas a olvidarte de Jehovah tu Dios, y caminas en pos de otros dioses y les rindes culto postrándote ante ellos, entonces yo testifico hoy contra vosotros que pereceréis totalmente. Como las naciones que Jehovah destruirá delante de vosotros, así pereceréis; porque no habréis escuchado la voz de Jehovah vuestro Dios. "Escucha, Israel: Tú vas a cruzar hoy el Jordán para entrar a desalojar naciones más grandes y más poderosas que tú, ciudades grandes y fortificadas hasta el cielo, un pueblo grande y alto, los anaquitas, de los cuales tú tienes conocimiento y has oído decir: ‘¿Quién podrá permanecer delante de los hijos de Anac?’ Y sabrás hoy que Jehovah tu Dios es el que cruza delante de ti. El es fuego consumidor. El los destruirá y los someterá delante de ti. Y tú los desalojarás y los destruirás rápidamente, como Jehovah te ha prometido. "Cuando Jehovah tu Dios los haya echado de delante de ti, no digas en tu corazón: ‘Por mi justicia Jehovah me ha traído para tomar posesión de la tierra.’ Porque por la impiedad de estas naciones es que Jehovah las echa de tu presencia. No es por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón, que entras a tomar posesión de su tierra. Es por la impiedad de estas naciones que Jehovah tu Dios las echa de tu presencia, y para cumplir la palabra que Jehovah juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob. "Sabrás, pues, que no es por tu justicia que Jehovah tu Dios te da esta buena tierra para que la tomes en posesión, puesto que tú eres un pueblo de dura cerviz. Acuérdate; no te olvides que en el desierto provocaste a ira a Jehovah tu Dios. Habéis sido rebeldes para con Jehovah desde el día en que salisteis de la tierra de Egipto, hasta que llegasteis a este lugar. "Vosotros provocasteis a ira a Jehovah en Horeb, y Jehovah se airó tanto contra vosotros como para destruiros. Cuando subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehovah hizo con vosotros, estuve en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. Y Jehovah me dio las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios. En ellas estaban todas las palabras que Jehovah os había hablado en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea. Sucedió que, al final de los cuarenta días y cuarenta noches, Jehovah me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto. Y me dijo Jehovah: ‘Levántate, desciende pronto de aquí, porque tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido. Se han apartado rápidamente del camino que yo les mandé, y se han hecho una imagen de fundición.’ "Jehovah me habló diciendo: ‘Yo he visto a este pueblo, y he aquí que es un pueblo de dura cerviz. Déjame que los destruya y borre su nombre de debajo del cielo, y de ti haré una nación más poderosa y numerosa que ellos.’ "Di vuelta y descendí del monte que ardía en fuego, con las dos tablas del pacto en mis dos manos. Miré, y he aquí que habíais pecado contra Jehovah vuestro Dios. Os habíais hecho un becerro de fundición, apartándoos rápidamente del camino que Jehovah os había mandado. Entonces tomé las dos tablas, las arrojé de mis dos manos y las rompí delante de vuestros ojos. "Luego me postré delante de Jehovah, como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches. No comí pan ni bebí agua, a causa de todo vuestro pecado que habíais cometido haciendo lo malo ante los ojos de Jehovah, hasta enojarlo. Ciertamente tuve mucho miedo a causa del furor y de la ira con que Jehovah estaba tan enojado contra vosotros como para destruiros. Pero Jehovah me escuchó también esta vez. "Jehovah también se enojó tanto contra Aarón como para destruirlo. Y también oré por Aarón en aquella ocasión. "Yo tomé vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, y lo quemé en el fuego. Lo desmenucé moliéndolo bien, hasta reducirlo a polvo, el cual arrojé a la quebrada que descendía del monte. "También en Tabera, en Masá y en Quibrot-hataavah provocasteis a ira a Jehovah. Y cuando Jehovah os envió desde Cades-barnea, diciendo: ‘Subid y tomad posesión de la tierra que yo os doy’, fuisteis rebeldes al mandato de Jehovah vuestro Dios y no le creisteis ni obedecisteis su voz. Habéis sido rebeldes contra Jehovah desde el día en que yo os conocí. Yo me postré delante de Jehovah cuarenta días y cuarenta noches; me postré, porque Jehovah dijo que os iba a destruir. Oré a Jehovah diciendo: Oh, Señor Jehovah, no destruyas a tu pueblo, a tu heredad que has rescatado por tu grandeza, al cual sacaste de Egipto con mano poderosa. Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. No mires la dureza de este pueblo, ni su impiedad ni su pecado. No sea que los de la tierra de donde nos sacaste digan: ‘Porque Jehovah no fue capaz de introducirlos en la tierra que les había prometido, o porque los aborrecía, los sacó para matarlos en el desierto.’ Pero ellos son tu pueblo y tu heredad que sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido. "En aquel tiempo Jehovah me dijo: ‘Lábrate dos tablas de piedra como las primeras y sube hacia mí al monte. Haz también un arca de madera. Yo escribiré en esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que rompiste, y las pondrás en el arca.’ "Entonces hice un arca de madera de acacia y labré dos tablas de piedra como las primeras. Después subí al monte con las dos tablas en mi mano. Y él escribió en las tablas lo mismo que estaba escrito en las primeras: Los Diez Mandamientos que Jehovah os había hablado en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea. Luego Jehovah me las dio. Di vuelta y descendí del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho. Allí están, como Jehovah me mandó. "Después los hijos de Israel partieron de Beerot-bene-jaacán hacia Mosera. Allí murió Aarón, y allí fue sepultado. En lugar suyo asumió el sacerdocio su hijo Eleazar. De allí partieron hacia Gudgoda, y de Gudgoda hacia Jotbata, una tierra de arroyos de agua. "En aquel tiempo Jehovah apartó la tribu de Leví para llevar el arca del pacto de Jehovah, a fin de que estuviese delante de Jehovah para servirle, y para que bendijese en su nombre hasta el día de hoy. Por esto Leví no ha tenido parte ni heredad entre sus hermanos: Jehovah es su heredad, como Jehovah tu Dios se lo ha prometido. "Yo estuve en el monte como en los primeros días, cuarenta días y cuarenta noches. Y Jehovah me escuchó también esta vez, y no quiso Jehovah destruirte. Y Jehovah me dijo: ‘Levántate, vé para ponerte en marcha delante del pueblo, a fin de que entren y tomen posesión de la tierra que juré a sus padres que les había de dar.’ "Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehovah tu Dios de ti? Sólo que temas a Jehovah tu Dios, que andes en todos sus caminos, que ames y sirvas a Jehovah tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y que guardes los mandamientos de Jehovah y sus estatutos que yo te prescribo hoy, para tu bien. "He aquí, de Jehovah tu Dios son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo que en ella hay. Pero Jehovah se agradó sólo de vuestros padres para amarles, y después de ellos eligió a su descendencia de entre todos los pueblos, es decir, a vosotros, como en el día de hoy. Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón y no endurezcáis más vuestra cerviz. Porque Jehovah vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores. Es Dios grande, poderoso y temible, que no hace distinción de personas ni acepta soborno. El hace justicia al huérfano y a la viuda, y también ama al extranjero y le da pan y vestido. Por tanto, amaréis al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. "A Jehovah tu Dios temerás, y a él servirás. A él serás fiel y por su nombre jurarás. El es tu alabanza; él es tu Dios que ha hecho por ti estas cosas grandes y temibles que tus ojos han visto. Con setenta personas descendieron tus padres a Egipto, y ahora Jehovah tu Dios te ha hecho tan numeroso como las estrellas del cielo. "Amarás, pues, a Jehovah tu Dios y guardarás su ordenanza, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días. "Hoy habéis de reconocer vosotros—no vuestros hijos que no la han conocido ni visto— la disciplina de Jehovah vuestro Dios: su grandeza, su mano poderosa y su brazo extendido, sus señales y sus obras que hizo en medio de Egipto al faraón rey de Egipto y a toda su tierra, y lo que hizo al ejército de Egipto, a sus caballos y a sus carros, cómo hizo que las aguas del mar Rojo se precipitasen sobre ellos cuando venían tras vosotros, y cómo Jehovah los destruyó hasta el día de hoy, y lo que ha hecho con vosotros en el desierto hasta que habéis llegado a este lugar, y lo que hizo con Datán y Abiram, hijos de Eliab hijo de Rubén, cómo la tierra abrió su boca y los tragó a ellos, a sus familias, sus tiendas y todo lo que les pertenecía en medio de todo Israel. Ciertamente son vuestros ojos los que han visto toda la gran obra que Jehovah ha hecho. "Por tanto, guardad todos los mandamientos que yo os mando hoy, para que seáis fuertes y lleguéis a tomar la tierra a la cual cruzáis para tomarla en posesión; a fin de que prolonguéis vuestros días en la tierra que Jehovah juró a vuestros padres que les daría a ellos y a sus descendientes: una tierra que fluye leche y miel. "Ciertamente la tierra a la cual entras para tomarla en posesión no es como la tierra de Egipto, de donde has salido, donde sembrabas tu semilla y la regabas con tu pie como a huerto de hortalizas. La tierra a la cual cruzas para tomarla en posesión es una tierra de montes y de valles, que bebe el agua de la lluvia del cielo; una tierra de la cual cuida Jehovah tu Dios. Los ojos de Jehovah tu Dios están siempre sobre ella, desde el principio del año hasta el final de él. "Sucederá que si obedecéis cuidadosamente mis mandamientos que hoy os mando, para amar a Jehovah vuestro Dios y para servirle con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, entonces él dará la lluvia a vuestra tierra en su tiempo, tanto la lluvia temprana como la lluvia tardía. Así podrás recoger tu grano, tu vino y tu aceite. El dará también hierba en tu campo para tu ganado. Así comerás y te saciarás. "Guardaos, pues, no sea que vuestro corazón se engañe y os apartéis y sirváis a otros dioses, y os inclinéis a ellos. No sea que se encienda el furor de Jehovah contra vosotros y cierre los cielos y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis rápidamente sobre la buena tierra que Jehovah os da. "Por tanto, pondréis estas palabras mías en vuestro corazón y en vuestra alma. Las ataréis a vuestra mano como señal, y estarán como frontales entre vuestros ojos. Las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas sentado en tu casa o andando por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Las escribirás en los postes de tu casa y en las puertas de tus ciudades, para que vuestros días y los días de vuestros hijos sobre la tierra que Jehovah juró a vuestros padres que les había de dar, sean tan numerosos como los días de los cielos sobre la tierra. "Porque si guardáis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os mando para que los cumpláis, amando a Jehovah vuestro Dios, andando en todos sus caminos y siendo fieles a él, entonces Jehovah también echará todas estas naciones de delante de vosotros, y desalojaréis naciones más grandes y más poderosas que vosotros. Todo lugar que pise la planta de vuestro pie será vuestro. Vuestro territorio será desde el desierto hasta el Líbano, y desde el río, el río Eufrates, hasta el mar occidental. Nadie prevalecerá ante vosotros. Jehovah vuestro Dios pondrá miedo y pavor de vosotros sobre la faz de toda la tierra que piséis, como él os lo ha prometido. "Mira, pues; yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición, si obedecéis los mandamientos de Jehovah vuestro Dios que yo os mando hoy; y la maldición, si no obedecéis los mandamientos de Jehovah vuestro Dios, sino que os apartáis del camino que yo os mando hoy, para ir en pos de otros dioses que no habéis conocido. "Sucederá que cuando Jehovah tu Dios te introduzca en la tierra a la cual vas para tomarla en posesión, pondrás la bendición sobre el monte Gerizim y la maldición sobre el monte Ebal. ¿Acaso no están éstos al otro lado del Jordán, hacia donde se pone el sol, en la tierra de los cananeos que habitan en el Arabá, frente a Gilgal, junto a la encina de Moré? "Ciertamente vosotros vais a cruzar el Jordán para ir a tomar posesión de la tierra que os da Jehovah vuestro Dios, y la tomaréis y habitaréis en ella. Entonces cuidaréis de poner por obra todas las leyes y decretos que yo pongo hoy delante de vosotros. "Estas son las leyes y los decretos que cuidaréis de poner por obra en la tierra que Jehovah, Dios de vuestros padres, os ha dado, para que tengáis posesión de ella todos los días que viváis sobre la tierra. Ciertamente destruiréis todos los lugares donde las naciones que vosotros habéis de desalojar han servido a sus dioses sobre los montes altos, sobre las colinas y debajo de todo árbol frondoso. Derribaréis sus altares, romperéis sus piedras rituales y quemaréis en el fuego sus árboles de Asera; quebraréis las imágenes de sus dioses y haréis desaparecer sus nombres de aquel lugar. "No haréis así para con Jehovah vuestro Dios, sino que buscaréis el lugar que Jehovah vuestro Dios haya escogido de todas vuestras tribus para poner allí su nombre y morar en él, y allá iréis. Allá llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, la ofrenda alzada de vuestras manos, vuestras ofrendas votivas, vuestras ofrendas voluntarias y los primerizos de vuestras vacas y de vuestras ovejas. Allí comeréis delante de Jehovah vuestro Dios, y os regocijaréis vosotros y vuestras familias por todo lo que vuestras manos hayan emprendido, conforme a lo que Jehovah vuestro Dios os haya bendecido. "No haréis como todo lo que nosotros hacemos hoy aquí, cada uno como le parece bien; porque hasta ahora no habéis entrado al reposo y a la heredad que os da Jehovah vuestro Dios. Pero cruzaréis el Jordán y habitaréis en la tierra que Jehovah vuestro Dios os hace heredar, y él os dará reposo de todos vuestros enemigos de alrededor; y habitaréis seguros. Entonces llevaréis al lugar que Jehovah vuestro Dios haya escogido para hacer habitar allí su nombre todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, la ofrenda alzada de vuestras manos, y todas vuestras más selectas ofrendas votivas que hayáis hecho a Jehovah. Y os regocijaréis delante de Jehovah vuestro Dios, vosotros, vuestros hijos, vuestras hijas, vuestros siervos, vuestras siervas y el levita que esté dentro de vuestras ciudades, ya que él no tiene parte ni heredad con vosotros. "Ten cuidado de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que veas. Más bien, sólo en el lugar que Jehovah haya escogido en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando. No obstante, en todas tus ciudades podrás matar y comer carne con todo tu apetito, según te haya bendecido Jehovah tu Dios. Tanto el que está impuro como el que está puro la podrán comer, como si se tratase de una gacela o de un venado. Sólo que no comeréis la sangre; la derramaréis sobre la tierra como agua. "Pero en tus ciudades no podrás comer el diezmo de tu grano, de tu vino nuevo, de tu aceite, ni de los primerizos de tus vacas y de tus ovejas, ni ninguna de las ofrendas votivas que prometes, ni tus ofrendas voluntarias, ni la ofrenda alzada de tu mano. Más bien, delante de Jehovah tu Dios, en el lugar que Jehovah tu Dios haya escogido, la comerás, tú con tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva y el levita que está en tus ciudades, regocijándote delante de Jehovah tu Dios por todo lo que tu mano ha emprendido. Ten cuidado de no desamparar al levita en todos tus días sobre tu tierra. "Cuando Jehovah tu Dios ensanche tu territorio como te ha prometido y tú digas: ‘Comeré carne’, porque tienes deseo de ella, podrás comer la carne con todo tu apetito. Si está muy lejos de ti el lugar que Jehovah tu Dios haya escogido para poner allí su nombre, entonces matarás de tus vacas y de tus ovejas que Jehovah te haya dado, como yo te he mandado. Comerás en tus ciudades con todo tu apetito. La comerás de la misma manera que se come la carne de la gacela o del venado; tanto el que está impuro como el que está puro la podrán comer. Sólo cuídate de no comer la sangre, porque la sangre es la vida; no comerás la vida junto con la carne. No comerás la sangre, sino que la derramarás en la tierra como agua. No comerás de ella, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, cuando hagas lo recto ante los ojos de Jehovah. "Pero tomarás las cosas que hayas consagrado y tus ofrendas votivas, e irás al lugar que Jehovah haya escogido. Ofrecerás tus holocaustos, la carne y la sangre, sobre el altar de Jehovah tu Dios. La sangre de tus sacrificios será derramada sobre el altar de Jehovah tu Dios, pero podrás comer la carne. "Guarda y obedece todas estas palabras que yo te mando, para que cuando hagas lo bueno y recto ante los ojos de Jehovah tu Dios, te vaya bien a ti, y a tus hijos después de ti, para siempre. "Cuando Jehovah tu Dios haya destruido delante de ti las naciones a donde tú vas para desalojarlas, y las desalojes y habites en su tierra, guárdate de que no caigas en la trampa siguiendo su ejemplo, después que hayan sido destruidas delante de ti. No indagues acerca de sus dioses, diciendo: ‘¿De qué manera rendían culto estas naciones a sus dioses para que también yo haga lo mismo?’ No actuarás de esa manera con respecto a Jehovah tu Dios. Ciertamente ellos hacen con sus dioses todo lo que Jehovah aborrece, pues aun a sus hijos y a sus hijas queman en el fuego para sus dioses. "Tendréis cuidado de hacer todo lo que yo os mando; no añadiréis a ello, ni quitaréis de ello. "Si se levanta en medio de ti un profeta o un soñador de sueños, y te da una señal o un prodigio, si se cumple la señal o el prodigio que él te predijo al decirte: ‘Vayamos en pos de otros dioses’ —que tú no conociste— ‘y sirvámoslos’, no escuches las palabras de tal profeta ni de tal soñador de sueños; porque Jehovah vuestro Dios os estará probando, para saber si amáis a Jehovah vuestro Dios con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma. En pos de Jehovah vuestro Dios andaréis, y a él temeréis. Guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz. A él serviréis y a él seréis fieles. Pero tal profeta o tal soñador de sueños ha de ser muerto, porque predicó la rebelión contra Jehovah vuestro Dios que te sacó de la tierra de Egipto y te rescató de la casa de esclavitud. El trató de desviarte del camino por el que Jehovah tu Dios te mandó andar. Así eliminarás el mal de en medio de ti. "Si te incita tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, o tu hija, o tu amada mujer, o tu íntimo amigo, diciendo en secreto: ‘Vayamos y sirvamos a otros dioses’ —que tú no conociste, ni tus padres, dioses de los pueblos que están en vuestros alrededores, cerca de ti o lejos de ti, como está un extremo de la tierra del otro extemo de la tierra—, no le consientas ni le escuches. Tu ojo no le tendrá lástima, ni tendrás compasión de él, ni lo encubrirás. Más bien, lo matarás irremisiblemente; tu mano será la primera sobre él para matarle, y después la mano de todo el pueblo. Lo apedrearás, y morirá, por cuanto procuró apartarte de Jehovah tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud. Y todo Israel lo oirá y temerá, y no volverá a hacer semejante maldad en medio de ti. "Si de alguna de tus ciudades que Jehovah tu Dios te da, para que habites en ella, oyes que se dice que hombres impíos de en medio de ti han descarriado a los habitantes de su ciudad, diciendo: ‘Vamos y sirvamos a otros dioses’ —que vosotros no conocisteis—, entonces tú inquirirás, investigarás y averiguarás bien. Y he aquí que si resulta ser verdad y cosa confirmada que se ha hecho tal abominación en medio de ti, irremisiblemente matarás a filo de espada a los habitantes de aquella ciudad, destruyéndola por completo con todo lo que haya en ella. También matarás sus animales a filo de espada. Juntarás todo su botín en medio de su plaza, e incendiarás la ciudad y todo su botín, como una ofrenda del todo quemada a Jehovah tu Dios. Así será convertida en ruinas perpetuas, y nunca más será edificada. No se pegue a tu mano nada del anatema, para que Jehovah desista del furor de su ira, tenga piedad y compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres, con tal de que obedezcas la voz de Jehovah tu Dios, guardando todos sus mandamientos que yo te mando hoy, para hacer lo recto ante los ojos de Jehovah tu Dios. "Vosotros sois hijos de Jehovah vuestro Dios: No sajaréis vuestros cuerpos ni raparéis vuestras cabezas por causa de algún muerto. Porque tú eres un pueblo santo para Jehovah tu Dios; Jehovah te ha escogido de entre todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra, para que le seas un pueblo especial. "No comeréis ninguna cosa abominable. Estos son los animales que podéis comer: la vaca, la oveja, la cabra, el venado, la gacela, el corzo, la cabra montés, el íbice, el antílope y la gamuza. Podréis comer todo animal que tiene las pezuñas partidas, hendidas en dos mitades, y que rumia. Pero de los animales que rumian o de los que tienen la pezuña partida no comeréis éstos: El camello, la liebre y el conejo os serán inmundos, porque rumian pero no tienen la pezuña partida. También os será inmundo el cerdo, porque tiene pezuña partida pero no rumia. No comeréis su carne, ni tocaréis sus cuerpos muertos. "Estos podréis comer de todo animal acuático: Podréis comer todo lo que tiene aletas y escamas. Pero todo lo que no tiene aletas ni escamas no lo comeréis; os será inmundo. "Podréis comer toda ave limpia. Pero éstas son las aves que no comeréis: el águila, el quebrantahuesos, el azor, el falcón, el milano y el buitre, según sus especies; todo cuervo según su especie; el avestruz, el corvejón, la gaviota y el halcón, según sus especies; la lechuza, el búho, el calamón, el pelícano, el gallinazo, el somormujo, la cigüeña y la garza, según sus especies; la abubilla y el murciélago. "Todo insecto alado os será inmundo; no se comerá. "Podréis comer toda criatura que vuela y que sea limpia. "No comeréis ningún animal mortecino. Lo podrás dar al forastero que está en tus ciudades, para que él lo coma; o lo venderás a un extranjero. Porque tú eres un pueblo santo para Jehovah tu Dios. "No guisarás el cabrito en la leche de su madre. "Sin falta darás el diezmo de todo el producto de tu semilla que el campo rinda año tras año. Delante de Jehovah tu Dios, en el lugar que él haya escogido para hacer habitar allí su nombre, comerás el diezmo de tu grano, de tu vino nuevo, de tu aceite, de los primerizos de tu ganado y de tu rebaño, a fin de que aprendas a temer a Jehovah tu Dios, todos los días. Si el camino es largo y tú no puedes transportar el diezmo, cuando Jehovah tu Dios te bendiga, porque está muy lejos de ti el lugar que Jehovah tu Dios haya escogido para poner allí su nombre, entonces lo darás en dinero. Tomarás el dinero contigo e irás al lugar que Jehovah tu Dios haya escogido. Entonces darás el dinero por todo lo que apetezcas: vacas, ovejas, vino, licor o por cualquier cosa que desees. Y comerás allí delante de Jehovah tu Dios, y te regocijarás tú con tu familia. No desampararás al levita que habite en tus ciudades, porque él no tiene parte ni heredad contigo. "Al final de cada tres años, sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año y lo guardarás en tus ciudades. Entonces vendrán el levita que no tiene parte ni heredad contigo, el forastero, el huérfano y la viuda que haya en tus ciudades. Ellos comerán y se saciarán, para que Jehovah tu Dios te bendiga en toda obra que hagas con tus manos. "Cada siete años harás remisión. En esto consiste la remisión: Todo aquel que dio un préstamo con el cual obligó a su prójimo, perdonará a su deudor. No lo exigirá de su prójimo o de su hermano, porque habrá sido proclamada la remisión de Jehovah. De un extranjero podrás exigir el reintegro, pero lo que tu hermano tenga de ti desistirás de cobrarlo. Sin embargo, no debe haber necesitado en medio de ti, porque Jehovah te bendecirá con abundancia en la tierra que Jehovah tu Dios te da por heredad para que tomes posesión de ella. Sólo que escuches de veras la voz de Jehovah tu Dios, para guardar y cumplir todo este mandamiento que yo te mando hoy. Ciertamente Jehovah tu Dios te bendecirá, como te ha prometido. Darás prestado a muchas naciones, pero tú no tomarás prestado. Te enseñorearás de muchas naciones, pero ellas no se enseñorearán de ti. "Cuando uno de tus hermanos esté necesitado en alguna de tus ciudades en la tierra que Jehovah tu Dios te da, no endurecerás tu corazón ni le cerrarás tu mano a tu hermano necesitado. Le abrirás tu mano con liberalidad, y sin falta le prestarás lo que necesite. "Guárdate de que no haya en tu corazón pensamiento perverso, para decir: ‘Está cerca el año séptimo, el año de la remisión’, y mires malévolamente a tu hermano necesitado para no darle nada. Porque él clamará contra ti a Jehovah, y será hallado en ti pecado. Sin falta le darás, y no tenga dolor tu corazón por hacerlo, porque por ello te bendecirá Jehovah tu Dios en todas tus obras y en todo lo que emprenda tu mano. Porque no faltarán necesitados en medio de la tierra; por eso, yo te mando diciendo: Abrirás tu mano ampliamente a tu hermano, al que es pobre y al que es necesitado en tu tierra. "Si tu hermano hebreo, hombre o mujer, se vende a ti, te servirá seis años, y al séptimo lo dejarás ir libre de ti. Cuando lo dejes ir libre, no lo dejarás ir con las manos vacías. Le proveerás generosamente de tus ovejas, de tu era y de tu lagar. Le darás de aquello con que Jehovah tu Dios te haya bendecido. Te acordarás de que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y que Jehovah tu Dios te rescató. Por eso, yo te mando esto hoy. Pero sucederá que si él te dice: ‘No quiero apartarme de ti’, porque te ama a ti y a tu casa, y porque le va bien contigo, entonces tomarás una lezna, le perforarás su oreja contra la puerta, y será tu siervo para siempre. Igual trato darás a tu sierva. No te parezca duro cuando lo dejes ir libre, porque por la mitad del salario de un jornalero te ha servido durante seis años. Así Jehovah tu Dios te bendecirá en todo cuanto hagas. "Consagrarás a Jehovah tu Dios todo primerizo macho que nazca de tus vacas y de tus ovejas. No trabajarás con el primerizo de tus vacas, ni esquilarás el primerizo de tus ovejas. Delante de Jehovah tu Dios los comerás cada año, tú y tu familia, en el lugar que Jehovah haya escogido. Pero si hay algún defecto en él, si es cojo o ciego, o tiene cualquier otra falta, no lo sacrificarás a Jehovah tu Dios. Lo comerás en tus ciudades; podrá comer de él tanto el que está impuro como el que está puro, como si se tratase de una gacela o de un venado. Sólo que no comerás su sangre; la derramarás sobre la tierra como agua. "Guarda el mes de Abib y celebra la Pascua de Jehovah tu Dios, porque en el mes de Abib Jehovah tu Dios te sacó de Egipto, de noche. Sacrifica para Jehovah tu Dios la víctima de la Pascua, de las ovejas o de las vacas, en el lugar que Jehovah haya escogido para hacer habitar allí su nombre. "No comerás con ella ninguna cosa que tenga levadura. Durante siete días comerás con ella pan sin levadura, el pan de aflicción, para que te acuerdes todos los días de tu vida del día en que saliste de la tierra de Egipto. Pues con prisa saliste de la tierra de Egipto. Durante siete días no se verá levadura en tu casa, en ningún lugar de tu territorio. De la carne del animal que sacrifiques en el atardecer del primer día, no quedará nada hasta la mañana del día siguiente. "No podrás sacrificar la víctima de la Pascua en ninguna de las ciudades que Jehovah tu Dios te da. Sólo en el lugar que Jehovah tu Dios haya escogido para hacer habitar allí su nombre, sacrificarás la víctima de la Pascua, al atardecer, a la puesta del sol, a la hora en que saliste de Egipto. La asarás y la comerás en el lugar que Jehovah tu Dios haya escogido, y a la mañana siguiente podrás partir e ir a tu morada. Durante seis días comerás panes sin levadura, y en el séptimo día habrá asamblea festiva para Jehovah tu Dios; no harás ningún trabajo. "Siete semanas contarás; desde el comienzo de la siega de la mies comenzarás a contar siete semanas. Entonces celebrarás la fiesta de Pentecostés a Jehovah tu Dios; darás según la medida de la generosidad de tu mano, según Jehovah tu Dios te haya bendecido. Y en el lugar que Jehovah tu Dios haya escogido para hacer habitar allí su nombre, te regocijarás delante de Jehovah tu Dios, tú con tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, el levita que esté en tus ciudades, y el forastero, el huérfano y la viuda que estén en medio de ti. Acuérdate que tú fuiste esclavo en Egipto; por eso guardarás y cumplirás estas leyes. "Celebrarás durante siete días la fiesta de los Tabernáculos, cuando hayas recogido la cosecha de tu era y de tu lagar. Regocíjate en tu fiesta, tú con tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, el levita, el forastero, el huérfano y la viuda que estén en tus ciudades. Siete días celebrarás la fiesta a Jehovah tu Dios en el lugar que Jehovah haya escogido. Porque Jehovah tu Dios te habrá bendecido en todos tus frutos y en toda la obra de tus manos, y estarás muy alegre. "Tres veces al año se presentará todo hombre tuyo delante de Jehovah tu Dios en el lugar que él haya escogido: en la fiesta de los Panes sin Levadura, en la fiesta de Pentecostés y en la fiesta de los Tabernáculos. Nadie se presentará delante de Jehovah con las manos vacías; cada uno lo hará con el presente de su mano, conforme a lo que Jehovah tu Dios te haya bendecido. "Pondrás jueces y magistrados para ti en todas las ciudades que Jehovah tu Dios te da en tus tribus, para que juzguen al pueblo con justo juicio. No tuerzas el derecho; no hagas distinción de personas ni aceptes soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos. "La justicia, sólo la justicia seguirás, para que vivas y tengas en posesión la tierra que Jehovah tu Dios te da. "No plantarás para ti ningún árbol de Asera junto al altar de Jehovah tu Dios que te has de hacer. No levantarás piedras rituales, lo cual aborrece Jehovah tu Dios. "No sacrificarás para Jehovah tu Dios un toro o un cordero en el cual haya defecto o alguna cosa mala, porque es abominación a Jehovah tu Dios. "Cuando se halle en medio de ti, en alguna de las ciudades que Jehovah tu Dios te da, un hombre o una mujer que hace lo malo ante los ojos de Jehovah tu Dios, traspasando su pacto; si se ha ido a servir a otros dioses, inclinándose a ellos, o al sol, a la luna o a todo el ejército de los cielos (lo cual yo no he mandado); cuando te avisen, después de que lo oigas, entonces lo averiguarás bien. Y he aquí que si resulta ser verdad y cosa confirmada que se ha hecho tal abominación en Israel, entonces sacarás a las puertas de la ciudad a aquel hombre o a aquella mujer que ha hecho esta cosa mala y los apedrearás. Así morirán. "Por el testimonio de dos o tres testigos morirá el que deba morir. No morirá por el testimonio de un solo testigo. La mano de los testigos será la primera contra él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo. Así quitarás el mal de en medio de ti. "Cuando te sea difícil decidir en un juicio en tus tribunales, ya sea en asuntos de homicidio o de derechos o de ofensas físicas o en otros casos legales, entonces te levantarás y subirás al lugar que Jehovah tu Dios haya escogido. Irás a los sacerdotes levitas y al juez que haya en aquellos días y consultarás. Ellos te indicarán la sentencia del juicio. "Harás según la sentencia que te indiquen en aquel lugar que Jehovah haya escogido, y tendrás cuidado de hacer según todo lo que te declaren. Harás según las instrucciones con que ellos te instruyan y según el juicio que pronuncien. No te apartarás de la sentencia que te indiquen, ni a la derecha ni a la izquierda. Quien proceda con soberbia y no obedezca al sacerdote que esté allí para servir delante de Jehovah tu Dios, ni al juez, esa persona morirá. Así eliminarás el mal de Israel. Todo el pueblo lo oirá y temerá, y ellos no actuarán más con soberbia. "Cuando hayas entrado en la tierra que Jehovah tu Dios te da y hayas tomado posesión de ella y la habites, y cuando digas: ‘Constituiré rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores’, solamente constituirás sobre ti como rey a quien Jehovah tu Dios haya escogido. A uno de entre tus hermanos constituirás como rey sobre ti. No podrás constituir sobre ti a un hombre extranjero, alguien que no sea tu hermano. "Pero él no ha de acumular caballos. No hará volver al pueblo a Egipto para acumular caballos, porque Jehovah os ha dicho: ‘Jamás volveréis por ese camino.’ Tampoco acumulará para sí mujeres, no sea que se desvíe su corazón. Tampoco acumulará para sí mucha plata y oro. "Y sucederá que cuando se siente sobre el trono de su reino, él deberá escribir para sí en un pergamino una copia de esta ley, del rollo que está al cuidado de los sacerdotes levitas. La tendrá consigo y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehovah su Dios, guardando todas las palabras de esta ley y estas prescripciones a fin de ponerlas por obra. Esto servirá para que no se enaltezca su corazón sobre sus hermanos, y no se aparte del mandamiento ni a la derecha ni a la izquierda, a fin de que prolongue los días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel. "Los sacerdotes levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad con Israel. Ellos comerán de las ofrendas quemadas a Jehovah y de la parte que les pertenece. No tendrán heredad entre sus hermanos, pues Jehovah es su heredad, como él se lo ha prometido. "Esto es lo que corresponde a los sacerdotes de parte del pueblo, de los que ofrecen sacrificios, ya sea de toros o de carneros: Se dará al sacerdote la espaldilla, las quijadas y el estómago. Le darás las primicias de tu grano, de tu vino nuevo y de tu aceite, y las primicias de la lana de tus ovejas. Porque Jehovah tu Dios le ha escogido de entre todas las tribus para que esté dedicado a servir en el nombre de Jehovah, él y sus hijos, para siempre. "Cuando un levita salga de alguna de tus ciudades de todo Israel donde ha habitado y vaya con todo el deseo de su alma al lugar que Jehovah haya escogido, servirá en el nombre de Jehovah su Dios como todos sus hermanos, los levitas que están allí delante de Jehovah. Y tendrá igual porción que los demás, aparte de la venta de su patrimonio familiar. "Cuando hayas entrado en la tierra que Jehovah tu Dios te da, no aprenderás a hacer las abominaciones de aquellas naciones: No sea hallado en ti quien haga pasar por fuego a su hijo o a su hija, ni quien sea mago, ni exorcista, ni adivino, ni hechicero, ni encantador, ni quien pregunte a los espíritus, ni espiritista, ni quien consulte a los muertos. Porque cualquiera que hace estas cosas es una abominación a Jehovah. Y por estas abominaciones Jehovah tu Dios los echa de delante de ti. "Serás íntegro para con Jehovah tu Dios. Estas naciones que vas a desalojar escuchan a quienes conjuran a los espíritus y a los encantadores, pero a ti no te lo ha permitido Jehovah tu Dios. "Jehovah tu Dios te levantará un profeta como yo de en medio de ti, de entre tus hermanos. A él escucharéis. Conforme a todo lo que pediste a Jehovah tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: ‘No vuelva yo a oír la voz de Jehovah mi Dios, ni vuelva yo a ver este gran fuego; no sea que yo muera’, Jehovah me dijo: ‘Está bien lo que han dicho. Les levantaré un profeta como tú, de entre sus hermanos. Yo pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mande. Y al hombre que no escuche mis palabras que él hablará en mi nombre, yo le pediré cuentas. Pero el profeta que se atreva a hablar en mi nombre una palabra que yo no le haya mandado hablar, o que hable en nombre de otros dioses, ese profeta morirá.’ "Puedes decir en tu corazón: ‘¿Cómo discerniremos la palabra que Jehovah no ha hablado?’ Cuando un profeta hable en el nombre de Jehovah y no se cumpla ni acontezca lo que dijo, ésa es la palabra que Jehovah no ha hablado. Con soberbia la habló aquel profeta; no tengas temor de él. "Cuando Jehovah tu Dios extermine las naciones cuya tierra Jehovah tu Dios te da, y tú las desalojes y habites en sus ciudades y en sus casas, apartarás tres ciudades en medio de la tierra que Jehovah tu Dios te da para que la tomes en posesión. Arreglarás el camino y dividirás en tres distritos el territorio de tu tierra que Jehovah tu Dios te da en heredad, para que huya allí todo homicida. "Este es el caso del homicida que puede huir allí para salvar su vida: el que mata a su prójimo por accidente, sin haberle tenido previamente aversión; como el que va con su prójimo al bosque a cortar leña, y alzando su mano con el hacha para cortar un tronco, se le suelta el hierro del palo y alcanza a su compañero, de modo que éste muere. Aquél podrá huir a una de aquellas ciudades y vivir. No sea que cuando su corazón arda en ira, el vengador de la sangre persiga al homicida, le alcance por ser largo el camino y le hiera de muerte, a pesar de que aquél no merecía ser condenado a muerte, porque no le había tenido previamente aversión. "Por tanto, yo te mando diciendo: Aparta para ti tres ciudades. Y si Jehovah tu Dios ensancha tu territorio, como lo juró a tus padres, y te da toda la tierra que prometió dar a tus padres, cuando guardes todos estos mandamientos que yo te ordeno hoy para ponerlos por obra, ames a Jehovah tu Dios y andes en sus caminos todos los días, entonces añadirás para ti tres ciudades más a estas tres. Así no será derramada sangre inocente en medio de tu tierra que Jehovah tu Dios te da por heredad, de modo que haya sobre ti culpa de sangre. "Pero si alguien aborrece a su prójimo y le acecha; si se levanta contra él y lo hiere de muerte, y él muere; si huye a alguna de estas ciudades, los ancianos de su ciudad enviarán a sacarlo de allí. Entonces lo entregarán en manos del vengador de la sangre, y morirá. Tu ojo no le tendrá lástima; quitarás de Israel la culpa de sangre inocente, y te irá bien. "No cambiarás de lugar los linderos de tu prójimo, los cuales habrán sido establecidos por los antepasados en la heredad tuya, que recibirás en la tierra que Jehovah tu Dios te da para que tomes posesión de ella. "No prevalecerá un solo testigo contra alguna persona, por cualquier maldad o pecado que haya cometido. Por el testimonio de dos o tres testigos se decidirá un asunto. "Cuando se levante un testigo falso contra alguien, para acusarle de transgresión, entonces los dos hombres que están en litigio se presentarán delante de Jehovah, ante los sacerdotes y los jueces que haya en aquellos días. Los jueces investigarán bien, y si aquel testigo resulta ser falso, por haber testificado falsamente contra su hermano, le haréis a él lo que él pensó hacer a su hermano. Así quitarás el mal de en medio de ti. Los que queden lo oirán y temerán, y no volverán a hacer semejante maldad en medio de ti. Tu ojo no le tendrá lástima. ¡Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie! "Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos y veas caballos y carros, un pueblo más numeroso que tú, no tengas temor de ellos, porque contigo está Jehovah tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto. "Sucederá que cuando os acerquéis para combatir, llegará el sacerdote y hablará al pueblo diciéndoles: ‘Escucha, Israel: Vosotros os acercáis ahora a la batalla contra vuestros enemigos. No desmaye vuestro corazón. No temáis, ni os turbéis ni os aterroricéis delante de ellos. Porque Jehovah vuestro Dios va con vosotros, para combatir por vosotros contra vuestros enemigos y para daros la victoria.’ "Los oficiales hablarán al pueblo diciendo: ‘¿Quién ha edificado una casa nueva y no la ha estrenado? ¡Que se vaya y regrese a su casa! No sea que muera en la batalla y algún otro la estrene. ¿Quién ha plantado una viña y aún no ha disfrutado de ella? ¡Que se vaya y regrese a su casa! No sea que muera en la batalla y algún otro la disfrute. ¿Quién se ha desposado con una mujer y todavía no la ha tomado? ¡Que se vaya y regrese a su casa! No sea que muera en la batalla y algún otro la tome.’ "Los oficiales volverán a hablar al pueblo y dirán: ‘¿Hay alguien que sea miedoso y de corazón pusilánime? ¡Que se vaya y regrese a su casa! No sea que haga desfallecer el corazón de sus compañeros, como ocurre con su propio corazón.’ Sucederá que cuando los oficiales acaben de hablar al pueblo, designarán a los jefes de los ejércitos al frente del pueblo. "Cuando te acerques a una ciudad para combatir contra ella, le propondrás la paz. Si te responde con paz y te abre sus puertas, toda la gente que se halla en ella te rendirá tributo laboral, y ellos te servirán. Pero si no hace la paz contigo, sino que te hace la guerra, entonces la sitiarás. Cuando Jehovah tu Dios la entregue en tu mano, matarás a filo de espada a todos sus varones. Solamente las mujeres, los niños, los animales y todo lo que haya en la ciudad, todo su botín, podrás tomar para ti y comer del botín de tus enemigos que Jehovah tu Dios te entregó. Harás esto con todas las ciudades que estén muy distantes de ti, que no sean de las ciudades de estas naciones de aquí. Pero en las ciudades de estos pueblos que Jehovah tu Dios te da por heredad, no dejarás con vida a ninguna persona. Los destruirás completamente, como Jehovah tu Dios te ha mandado: heteos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos. De esta manera no os enseñarán a imitar todas las abominaciones que ellos hacen para sus dioses, de modo que pequéis contra Jehovah vuestro Dios. "Cuando sities mucho tiempo alguna ciudad para combatir contra ella, a fin de tomarla, no destruyas su arboleda alzando en ella el hacha, porque de ella podrás comer. No la cortarás; pues, ¿acaso los árboles del campo son hombres para que vengan ante ti con asedio? Pero podrás destruir y talar el árbol que sabes que no es para comer, con el propósito de construir obras de asedio contra la ciudad que combate contigo, hasta que se rinda. "Si en la tierra que Jehovah tu Dios te da para que la tomes en posesión se halla un muerto tendido en el campo, y se ignora quién lo mató, entonces tus ancianos y jueces irán, y medirán la distancia hasta las ciudades que están alrededor del muerto. Y sucederá que los ancianos de la ciudad más cercana al muerto tomarán una vaquilla que no haya sido aún sometida al trabajo y que no haya llevado yugo. Los ancianos de aquella ciudad llevarán la ternera abajo, a un arroyo permanente donde no se haya arado ni sembrado, y allí en el arroyo romperán la nuca a la ternera. "Después se acercarán los sacerdotes hijos de Leví, porque a ellos escogió Jehovah tu Dios para que le sirvan y para que bendigan en el nombre de Jehovah. Por el dicho de ellos se decidirá todo pleito o todo daño. Todos los ancianos de aquella ciudad más cercana al muerto lavarán sus manos sobre la vaquilla desnucada en el arroyo, y declararán diciendo: ‘Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos lo han visto. Oh Jehovah, perdona a tu pueblo Israel al cual has redimido. No traigas culpa de sangre inocente en medio de tu pueblo Israel.’ Así les será perdonada la culpa de sangre. De este modo eliminarás la culpa por la sangre inocente de en medio de ti, cuando hagas lo recto ante los ojos de Jehovah. "Cuando vayas a la guerra contra tus enemigos y Jehovah tu Dios los entregue en tu mano, y tomes de ellos cautivos; si entre los cautivos ves alguna mujer hermosa y la deseas y la quieres tomar para ti como mujer, la llevarás a tu casa. Ella rapará su cabeza, se arreglará las uñas, se quitará su vestido de cautiva y se quedará en tu casa. Hará duelo por su padre y por su madre durante un mes. Después de esto podrás unirte a ella; tú te casarás con ella, y ella será tu mujer. Pero sucederá que si ella no te agrada, la dejarás ir libre, a su propia voluntad. No la venderás por dinero ni la tratarás brutalmente, porque la has deshonrado. "Si un hombre tiene dos mujeres (la una amada y la otra aborrecida); si tanto la amada como la aborrecida le han dado hijos, y si el hijo primogénito es de la mujer aborrecida, sucederá que el día en que haga heredar a sus hijos lo que tiene, no podrá tratar como a primogénito al hijo de la mujer amada, prefiriéndolo al hijo de la aborrecida, el cual es el primogénito. Reconocerá al hijo de la mujer aborrecida como primogénito para darle una doble porción de todo lo que tiene. Suyo es el derecho de la primogenitura, porque él es la primicia de su vigor. "Si un hombre tiene un hijo contumaz y rebelde, que no obedece la voz de su padre ni la voz de su madre, y que a pesar de haber sido castigado por ellos, con todo no les obedece, entonces su padre y su madre lo tomarán y lo llevarán ante los ancianos de su ciudad, al tribunal local. Entonces dirán a los ancianos de la ciudad: ‘Este hijo nuestro es contumaz y rebelde. No obedece nuestra voz; es un libertino y un borracho.’ Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá. Así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel lo oirá y temerá. "Si un hombre ha cometido pecado que merece la muerte, por lo cual se le ha dado la muerte, y le has colgado de un árbol, no quedará su cuerpo en el árbol durante la noche. Sin falta le darás sepultura el mismo día, porque el ahorcado es una maldición de Dios. Así no contaminarás la tierra que Jehovah tu Dios te da como heredad. "Si encuentras extraviado el buey o la oveja de tu hermano, no te desentenderás de ellos. Deberás devolverlos a tu hermano. Y si tu hermano no vive cerca de ti, o no le conoces, recógelo en tu casa. Estará contigo hasta que tu hermano lo busque, y entonces se lo devolverás. Lo mismo harás con su asno, con su vestido y con toda cosa perdida que tu hermano haya perdido y que tú halles. No podrás desentenderte de ello. "No podrás ver caído en el camino el asno o el buey de tu hermano y desentenderte de ellos. Sin falta ayúdale a levantarlo. "La mujer no se vestirá con ropa de hombre, ni el hombre se pondrá vestido de mujer; porque cualquiera que hace esto es una abominación a Jehovah tu Dios. "Si encuentras en el camino, en algún árbol o en la tierra, el nido de un pájaro con polluelos o con huevos, y la madre está sobre los polluelos o sobre los huevos, no tomes la madre con los polluelos. Dejarás ir a la madre y podrás tomar para ti los polluelos, para que te vaya bien y prolongues tus días. "Cuando construyas una casa nueva, haz un parapeto a tu azotea, para que no traigas culpa de sangre a tu casa, si alguien se cayera de ella. "No sembrarás tu viña con mezcla de semillas, no sea que el producto entero de la semilla que hayas sembrado, así como el fruto de la viña, sea confiscado. "No ararás con buey y con asno juntamente. "No te vestirás con mezcla de lana y lino. "Harás borlas en los cuatro extremos de tu manto con que te cubras. "Si un hombre toma mujer y después de haberse unido a ella le toma aversión, la acusa de conducta denigrante y le propaga mala fama diciendo: ‘A esta mujer tomé por esposa, me uní a ella y no hallé en ella evidencias de virginidad’, entonces el padre y la madre de la joven tomarán las evidencias de la virginidad de la joven y las llevarán a los ancianos de la ciudad, al tribunal. El padre de la joven dirá a los ancianos: ‘Yo di a mi hija por mujer a este hombre, y él le tiene aversión. Y he aquí la acusa de conducta denigrante, diciendo: No he hallado en tu hija evidencias de virginidad. Pero aquí están las evidencias de la virginidad de mi hija.’ Y extenderán la sábana delante de los ancianos de la ciudad. "Entonces los ancianos de la ciudad tomarán al hombre y lo castigarán. Por cuanto propagó mala fama a una virgen de Israel, le impondrán una multa de 100 siclos de plata (lo cual darán al padre de la joven); y ella será su mujer. El no la podrá despedir en toda su vida. "Pero si el asunto es verdad, que no se habían hallado evidencias de virginidad en la joven, entonces la sacarán a la puerta de la casa de su padre. Luego los hombres de su ciudad la apedrearán, y ella morirá; porque hizo vileza en Israel fornicando en la casa de su padre. Así quitarás el mal de en medio de ti. "Si se sorprende a un hombre acostado con una mujer de otro hombre, ambos morirán: el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer. Así quitarás el mal de Israel. "Si un hombre halla en la ciudad a una joven virgen desposada con otro hombre, y se acuesta con ella, entonces los sacaréis a ambos a la puerta de aquella ciudad, y los apedrearéis. Así morirán: la joven, porque estando en la ciudad no gritó; y el hombre, porque violó a la mujer de su prójimo. Así quitarás el mal de en medio de ti. "Pero si un hombre halla en el campo a una joven desposada, y la fuerza y se acuesta con ella, morirá sólo el hombre que se acostó con ella. A la joven no le harás nada; la joven no tiene culpa de muerte. Su caso es semejante al del hombre que se levanta contra su prójimo y le quita la vida, porque él la halló en el campo y aunque la joven desposada hubiera gritado, no habría habido quien la librara. "Si un hombre halla a una joven virgen que no esté desposada, y la fuerza y se acuesta con ella, y son descubiertos, entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven 50 siclos de plata; y ella será su mujer. Porque él la violó, no la podrá despedir en toda su vida. "Ningún hombre tomará la mujer de su padre, ni descubrirá el manto de su padre. "No entrará en la congregación de Jehovah quien tenga los testículos magullados o mutilado el miembro viril. "No entrará el bastardo en la congregación de Jehovah. Ni aun en la décima generación entrará en la congregación de Jehovah. "No entrará el amonita ni el moabita en la congregación de Jehovah. Ni aun en la décima generación entrarán jamás en la congregación de Jehovah, por cuanto no os salieron a recibir al camino con pan y agua cuando salisteis de Egipto, y porque él contrató contra ti a Balaam hijo de Beor, de Petor, de Siria mesopotámica, para que te maldijese. Pero Jehovah tu Dios no quiso escuchar a Balaam. Jehovah tu Dios te convirtió la maldición en bendición, porque Jehovah tu Dios te amaba. No procurarás jamás la paz ni el bienestar de ellos, en todos tus días. "No abominarás al edomita, porque es tu hermano. No abominarás al egipcio, porque fuiste extranjero en su tierra. Los hijos que les nazcan en la tercera generación entrarán en la congregación de Jehovah. "Cuando salgas en campaña contra tus enemigos, cuídate de toda cosa mala. Si hay en ti algún hombre que no está puro debido a una emisión nocturna, saldrá del campamento y no entrará en él. Y sucederá que antes del anochecer se lavará con agua, y una vez que el sol se haya puesto podrá entrar en el campamento. "Tendrás un lugar fuera del campamento, y allá saldrás. Tendrás también en tu cinto una estaca; y cuando vayas allí fuera, cavarás con ella y te darás vuelta para cubrir tu excremento. Ciertamente Jehovah tu Dios se pasea en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti. Por eso tu campamento deberá ser santo, de modo que él no vea en medio de ti alguna cosa indecente y se aparte de ti. "No entregarás a su amo el esclavo que acude a ti escapándose de su amo. Que viva contigo, en medio de ti, en el lugar que él escoja en una de tus ciudades, donde le vaya bien. No lo oprimas. "No habrá prostituta sagrada entre las hijas de Israel, ni prostituto sagrado entre los hijos de Israel. No traerás a la casa de Jehovah tu Dios, por ningún voto, el salario de una prostituta ni el salario de un prostituto, porque ambos son una abominación a Jehovah tu Dios. "No cobrarás a tu hermano interés por el dinero, ni interés por la comida, ni interés por ninguna cosa de la que se suele cobrar interés. Al extraño podrás cobrar interés, pero a tu hermano no le cobrarás, para que Jehovah tu Dios te bendiga en todo lo que emprenda tu mano en la tierra a la cual entras para tomarla en posesión. "Cuando hagas un voto a Jehovah tu Dios, no tardes en cumplirlo; porque ciertamente Jehovah tu Dios te lo demandará, y sería en ti pecado. Pero si te abstienes de hacer un voto, no sería en ti pecado. Cumplirás lo que tus labios pronuncien; harás de acuerdo con el voto que hayas hecho a Jehovah tu Dios, la ofrenda voluntaria que hayas prometido con tu boca. "Cuando entres en la viña de tu prójimo, podrás comer las uvas que quieras, hasta saciarte; pero no las pondrás en tu cesta. "Cuando entres en la mies de tu prójimo, podrás cortar espigas con tu mano, pero no aplicarás la hoz a la mies de tu prójimo. "Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y sucede que ella no le agrada por haber él hallado en ella alguna cosa vergonzosa, le escribirá una carta de divorcio, la entregará en su mano y la despedirá de su casa. "Salida ella de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. Si este hombre la llega a aborrecer, le escribe una carta de divorcio, la entrega en su mano, la despide de su casa; o si muere este hombre que la tomó por mujer, entonces su primer marido que la despidió no podrá volverla a tomar para que sea su mujer, después que ella fue mancillada, porque esto sería una abominación delante de Jehovah. No has de traer pecado a la tierra que Jehovah tu Dios te da por heredad. "Si un hombre ha tomado recientemente esposa, no irá al ejército, ni se le impondrá ninguna obligación. Estará libre en su casa durante un año, para alegrar a su mujer que tomó. "No tomarás en prenda la piedra de molino, ni la inferior ni la superior, porque ello sería tomar en prenda la vida misma. "Si se descubre que alguien ha raptado a alguno de sus hermanos, los hijos de Israel, y lo ha tratado brutalmente o lo ha vendido, ese ladrón morirá. Así quitarás el mal de en medio de ti. "Ten cuidado de la plaga de la lepra, observando diligentemente y haciendo conforme a todo lo que os enseñen los sacerdotes levitas. Tendréis cuidado de actuar como yo les he mandado. Acuérdate de lo que Jehovah tu Dios hizo a María, en el camino, cuando salisteis de Egipto. "Cuando des a tu prójimo algún préstamo, no entres en su casa para tomarle prenda. Te quedarás fuera, y el hombre a quien prestaste te sacará fuera la prenda. Y si es hombre pobre, no pases la noche con su prenda. Sin falta le devolverás la prenda cuando el sol se ponga, para que se acueste con su ropa y te bendiga. Y te será contado por justicia delante de Jehovah tu Dios. "No explotes al jornalero pobre y necesitado, tanto de entre tus hermanos como de entre los forasteros que estén en tu tierra, en tus ciudades. En su día le darás su jornal. No se ponga el sol antes de que se lo des, pues él es pobre, y su alma lo espera con ansiedad. No sea que él clame a Jehovah contra ti, y en ti sea hallado pecado. "Los padres no serán muertos por culpa de los hijos, ni los hijos serán muertos por culpa de los padres; sino que cada cual será muerto por su propio pecado. "No torcerás el derecho del forastero o del huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda. Más bien, acuérdate de que fuiste esclavo en Egipto y que de allí te rescató Jehovah tu Dios. Por eso yo te mando que hagas esto. "Cuando siegues tu mies en tu campo y olvides en el campo una gavilla, no regresarás para tomarla. Será para el forastero, para el huérfano y para la viuda; a fin de que Jehovah tu Dios te bendiga en toda la obra de tus manos. Cuando varees tu olivo, no vuelvas a golpearlo detrás de ti; será para el forastero, para el huérfano y para la viuda. Cuando vendimies tu viña, no la rebusques; será para el forastero, para el huérfano y para la viuda. Acuérdate de que fuiste esclavo en la tierra de Egipto; por eso yo te mando que hagas esto. "Cuando haya pleito entre algunos y acudan al tribunal para que los juzguen, absolverán al justo y condenarán al culpable. Sucederá que si el delincuente merece ser azotado, el juez lo hará recostar en el suelo y lo hará azotar en su presencia. El número de azotes será de acuerdo al delito. Podrá darle cuarenta azotes; no añadirá más. No sea que, si se le dan más azotes que éstos, tu hermano quede envilecido ante tus ojos. "No pondrás bozal al buey cuando trilla. "Si unos hermanos viven juntos y muere uno de ellos sin dejar hijo, la mujer del difunto no se casará fuera de la familia con un hombre extraño. Su cuñado se unirá a ella y la tomará como su mujer, y consumará con ella el matrimonio levirático. El primer hijo que ella dé a luz llevará el nombre del hermano muerto, para que el nombre de éste no sea eliminado de Israel. "Si tal hombre no quiere tomar a su cuñada, entonces su cuñada irá a los ancianos, a la puerta de la ciudad, y dirá: ‘Mi cuñado rehúsa levantar nombre en Israel a su hermano; él no quiere cumplir el matrimonio levirático conmigo.’ Entonces los ancianos de su ciudad lo llamarán y hablarán con él. Si él se pone de pie y dice: ‘No quiero tomarla’, entonces su cuñada se acercará a él delante de los ancianos, quitará el calzado del pie de él, le escupirá en la cara y le dirá: ‘¡Así se haga al hombre que no edifica la casa de su hermano!’ Y se llamará su nombre en Israel Casa del Descalzado. "Cuando unos hombres peleen, el uno con el otro, y se acerca la mujer de uno de ellos para librar a su marido de manos del que le golpea, y alargando su mano le agarra por sus partes genitales, entonces le cortarás la mano a ella. Tu ojo no le tendrá lástima. "No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica. No tendrás en tu casa medida grande y medida chica. Pesa exacta y justa tendrás; medida exacta y justa tendrás, para que tus días se prolonguen en la tierra que Jehovah tu Dios te da. Porque cualquiera que hace estas cosas, cualquiera que hace injusticia, es una abominación a Jehovah tu Dios. "Acuérdate de lo que te hizo Amalec en el camino, cuando salisteis de Egipto: cómo, estando tú cansado y agotado, te salió al encuentro, y sin temor de Dios desbarató tu retaguardia y a todos los debilitados que iban detrás de ti. Sucederá que cuando Jehovah tu Dios te haya dado reposo de todos tus enemigos de alrededor, en la tierra que Jehovah tu Dios te da por heredad para que tomes posesión de ella, entonces borrarás de debajo del cielo la memoria de Amalec. ¡No te olvides! "Cuando hayas entrado en la tierra que Jehovah tu Dios te da por heredad, y hayas tomado posesión de ella y la habites, entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que saques de la tierra que Jehovah tu Dios te da, las pondrás en una canasta e irás al lugar que Jehovah tu Dios haya escogido para hacer habitar allí su nombre. Vendrás al sacerdote que haya en aquellos días, y le dirás: ‘Reconozco hoy ante Jehovah tu Dios que yo he entrado en la tierra que Jehovah juró a nuestros padres que nos daría.’ "El sacerdote tomará la canasta de tu mano y la pondrá delante del altar de Jehovah tu Dios. Entonces hablarás y dirás delante de Jehovah tu Dios: ‘Un arameo errante fue mi padre. El descendió a Egipto y vivió allí con unos pocos hombres, y allí llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos afligieron e impusieron sobre nosotros dura esclavitud. Pero clamamos a Jehovah, Dios de nuestros padres, y Jehovah escuchó nuestra voz. Vio nuestra aflicción, nuestro trabajo forzado y nuestra opresión, y Jehovah nos sacó de Egipto con mano poderosa y brazo extendido, con gran terror, con señales y prodigios. Nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra: una tierra que fluye leche y miel. Y ahora, oh Jehovah, he aquí traigo las primicias del fruto de la tierra que tú me has dado.’ "Lo dejarás delante de Jehovah tu Dios, y te postrarás delante de Jehovah tu Dios. Entonces te regocijarás, tú con el levita y el forastero que esté en medio de ti, por todo el bien que Jehovah tu Dios te haya dado a ti y a tu casa. "Cuando hayas acabado de entregar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás al levita, al forastero, al huérfano y a la viuda, para que ellos coman en tus ciudades y se sacien. Entonces dirás delante de Jehovah tu Dios: ‘Yo he sacado de mi casa lo consagrado, y además lo he dado al levita, al forastero, al huérfano y a la viuda, conforme a todos los mandamientos que me has mandado. No he transgredido tus mandamientos, ni me he olvidado. No he comido de ello estando de luto, ni he sacado de ello estando impuro, ni de ello he ofrecido a los muertos. He obedecido la voz de Jehovah mi Dios y he hecho conforme a todo lo que me has mandado. Mira desde tu santa morada, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel y la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres: una tierra que fluye leche y miel.’ "Jehovah tu Dios te manda hoy que cumplas estas leyes y decretos. Cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma. Tú has proclamado hoy que Jehovah es tu Dios y que andarás en sus caminos, que guardarás sus leyes, sus mandamientos y sus decretos, y que escucharás su voz. "Jehovah ha proclamado hoy que tú eres su pueblo especial, como él te ha prometido, y que guardarás todos sus mandamientos, de modo que él te ponga más alto que todas las naciones que ha hecho, en cuanto a alabanza, renombre y gloria; para que tú seas un pueblo santo para Jehovah tu Dios, como él ha prometido." Moisés, con los ancianos de Israel, mandó al pueblo diciendo: "Guardaréis todos los mandamientos que yo te mando hoy. Y sucederá el día que crucéis el Jordán hacia la tierra que os da Jehovah tu Dios, que os levantaréis piedras grandes, las cuales recubriréis con cal. Sobre ellas escribiréis todas las palabras de esta ley, cuando hayas cruzado para entrar en la tierra que Jehovah tu Dios te da, tierra que fluye leche y miel, como te ha prometido Jehovah, Dios de tus padres. Cuando hayáis cruzado el Jordán, levantaréis en el monte Ebal estas piedras que yo os mando hoy, y las recubriréis con cal. Allí edificaréis un altar a Jehovah tu Dios, un altar de piedras. No alzaréis sobre ellas herramientas de hierro; Edificaréis el altar de Jehovah tu Dios de piedras sin labrar. Sobre él ofrecerás holocaustos a Jehovah tu Dios, y harás sacrificios de paz. Allí comerás y te regocijarás delante de Jehovah tu Dios, y escribirás en las piedras todas las palabras de esta ley, con toda claridad." Luego Moisés y los sacerdotes levitas hablaron a todo Israel diciendo: "Oh Israel, guarda silencio y escucha: Hoy has venido a ser pueblo de Jehovah tu Dios. Escucharás, pues, la voz de Jehovah tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus leyes que yo te mando hoy." Aquel día Moisés mandó al pueblo diciendo: "Después de haber cruzado el Jordán, éstos estarán sobre el monte Gerizim para bendecir al pueblo: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín. Y éstos estarán en el monte Ebal para pronunciar la maldición: Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí. "Los levitas hablarán y dirán a todo hombre de Israel en alta voz: "‘¡Maldito el hombre que haga una imagen tallada o una imagen de fundición, obra de mano de escultor (lo cual es abominación a Jehovah), y la guarde en oculto!’ Y todo el pueblo responderá y dirá: ‘¡Amén!’ "‘¡Maldito el que trate con desprecio a su padre o a su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ "‘¡Maldito el que cambie de lugar los linderos de su prójimo!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ "‘¡Maldito el que haga errar al ciego en el camino!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ "‘¡Maldito el que pervierta el derecho del forastero, del huérfano y de la viuda!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ "‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque descubre el manto de su padre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ "‘¡Maldito el que tenga cópula con cualquier animal!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ "‘¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija de su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ "‘¡Maldito el que se acueste con su suegra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ "‘¡Maldito el que hiera de muerte a su prójimo en secreto!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ "‘¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ "‘¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por obra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ "Y sucederá que si escuchas diligentemente la voz de Jehovah tu Dios, procurando poner por obra todos sus mandamientos que yo te mando hoy, también Jehovah tu Dios te enaltecerá sobre todas las naciones de la tierra. Cuando obedezcas la voz de Jehovah tu Dios, vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán: "Bendito serás en la ciudad, y bendito en el campo. "Benditos serán el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra y el fruto de tu ganado, la cría de tus vacas y el incremento de tus ovejas. "Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. "Bendito serás al entrar, y bendito al salir. "Jehovah hará que tus enemigos que se levanten contra ti sean derrotados delante de ti. Por un camino saldrán hacia ti, y por siete caminos huirán de ti. "Jehovah mandará bendición a tus graneros y a todo lo que emprenda tu mano. El te bendecirá en la tierra que Jehovah tu Dios te da. Si guardas los mandamientos de Jehovah tu Dios y andas en sus caminos, Jehovah te confirmará como pueblo santo suyo, como te ha jurado. Todos los pueblos de la tierra verán que eres llamado por el nombre de Jehovah, y te temerán. "Jehovah hará que sobreabundes en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tus animales y en el fruto de tu campo, en la tierra que Jehovah juró a tus padres que te daría. El te abrirá su buen tesoro, los cielos, para dar lluvia a tu tierra en su tiempo y para bendecir toda la obra de tus manos. Tú darás prestado a muchas naciones, pero tú no pedirás prestado. "Si obedeces los mandamientos de Jehovah tu Dios que yo te mando hoy para que los guardes y cumplas, Jehovah te pondrá como cabeza y no como cola. Estarás encima, nunca debajo. "No os apartéis de todas las palabras que yo os mando hoy, ni a la derecha ni a la izquierda, para ir tras otros dioses a fin de rendirles culto. "Pero si no escuchas la voz de Jehovah tu Dios a fin de procurar poner por obra todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te mando hoy, todas estas maldiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán: "Maldito serás en la ciudad, y maldito en el campo. "Malditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. "Malditos serán el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas y el incremento de tus ovejas. "Maldito serás al entrar, y maldito al salir. "Jehovah enviará contra ti maldición, turbación y reprensión en todo lo que emprenda tu mano, hasta que seas destruido y perezcas rápidamente a causa de la maldad de tus hechos, por los cuales me habrás abandonado. "Jehovah hará que se te pegue la peste hasta acabar contigo en la tierra a la cual entras para tomarla en posesión. Jehovah te herirá con tisis, con fiebre, con inflamación, con calor sofocante, con sequía, con tizón y con añublo, los cuales te perseguirán hasta que perezcas. Tus cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti será de hierro. En lugar de lluvia Jehovah dará a tu tierra polvo y ceniza, los cuales descenderán del cielo sobre ti hasta que perezcas. "Jehovah hará que seas derrotado delante de tus enemigos. Por un camino saldrás hacia ellos, y por siete caminos huirás de ellos. Así serás objeto de horror para todos los reinos de la tierra. Tu cadáver servirá de comida a todas las aves del cielo y a los animales de la tierra, y no habrá quien los espante. "Jehovah te afligirá con úlceras de Egipto, con tumores, con sarna y con comezón, de los que no puedas ser sanado. "Jehovah te afligirá con locura, con ceguera y con confusión de la mente. Palparás al mediodía, como palpa el ciego en la oscuridad, y no tendrás éxito en tus caminos. Todos los días serás oprimido y robado, sin que haya quien te libre. Te desposarás con una mujer, y otro hombre dormirá con ella. Edificarás una casa, y no la habitarás. Plantarás una viña, y no la vendimiarás. Tu buey será matado ante tus ojos, pero no comerás de él. Tu asno será arrebatado delante de ti, y no te será devuelto. Tus ovejas serán dadas a tus enemigos, y no tendrás quien te las rescate. Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo. Tus ojos lo verán y se desesperarán por ellos todo el día, pero tu mano no podrá hacer nada. El fruto de tu tierra y de toda tu labor lo comerá un pueblo que no has conocido. Serás oprimido y quebrantado todos los días, y enloquecerás a causa de lo que verán tus ojos. "Jehovah te afligirá con úlcera maligna en las rodillas y en las piernas, y desde la planta de tu pie hasta tu coronilla, sin que puedas ser sanado. "Jehovah te llevará a ti, y a tu rey que hayas establecido sobre ti, a una nación que ni tú ni tus padres habéis conocido. Allá rendirás culto a otros dioses de madera y de piedra. Serás objeto de horror y servirás de refrán y de hazmerreír a todos los pueblos a los cuales te lleve Jehovah. "Llevarás mucha semilla al campo, pero cosecharás poco; porque la langosta la consumirá. Plantarás viñas y las cuidarás, pero no recogerás uvas ni beberás vino; porque el gusano se las comerá. Tendrás olivos por todo tu territorio, pero no te ungirás con aceite; porque tus olivas se caerán. Engendrarás hijos e hijas, pero no serán para ti; porque serán llevados cautivos. La langosta tomará posesión de toda tu arboleda y del fruto de tu tierra. El forastero que habite en medio de ti subirá cada vez más alto que tú, pero tú descenderás cada vez más bajo. El podrá prestarte a ti, pero tú no podrás prestarle a él. El será la cabeza, y tú serás la cola. Sobre ti vendrán todas estas maldiciones. Te perseguirán y te alcanzarán hasta que perezcas, porque no habrás escuchado la voz de Jehovah tu Dios, a fin de guardar los mandamientos y los estatutos que él te ha mandado. Y serán en ti señal y prodigio, y también en tu descendencia, para siempre. "Por no haber servido a Jehovah tu Dios con alegría y gozo de corazón por la abundancia de todo, servirás a tus enemigos que Jehovah enviará contra ti, en medio del hambre, de la sed, de la desnudez y de la falta de todas las cosas. El pondrá sobre tu cuello un yugo de hierro, hasta destruirte. Jehovah traerá, desde el extremo de la tierra, una nación lejana que se abalanzará sobre ti como el águila, una nación cuyo idioma no entiendas, gente de aspecto fiero, que no respetará al anciano ni tendrá compasión del niño. Comerá el fruto de tus animales y el fruto de tu tierra hasta que tú perezcas. No dejará para ti el grano, ni el vino nuevo, ni el aceite, ni la cría de tus vacas ni el incremento de tus ovejas, hasta destruirte. "El te asediará en todas tus ciudades, hasta que en toda tu tierra caigan tus murallas altas y fortificadas en las cuales confías. El te asediará en todas tus ciudades y en toda la tierra que Jehovah tu Dios te haya dado. En el asedio y en la angustia con que te angustiará tu enemigo, comerás el fruto de tu vientre: la carne de tus hijos y de tus hijas que Jehovah tu Dios te haya dado. Aun el hombre más tierno y acostumbrado a los deleites en medio de ti mirará malévolamente a su hermano, a su amada mujer y al resto de sus hijos que queden, para no compartir con ninguno de ellos la carne de sus hijos que él se comerá. Porque nada le habrá quedado, debido al asedio y a la angustia con que te angustiará tu enemigo en todas tus ciudades. También la mujer más tierna y acostumbrada a los deleites en medio de ti, que nunca probó asentar la planta de su pie sobre el suelo a causa de su delicadeza y de su ternura, mirará malévolamente a su amado marido, a su hijo y a su hija. Hasta la placenta que sale de entre sus piernas, y los hijos que dé a luz, se los comerá a escondidas, debido a que faltará todo por causa del asedio y la angustia con que tu enemigo te oprimirá en tus ciudades. "Si no cuidas de poner por obra todas las palabras de esta ley, escritas en este libro, temiendo este nombre grande y temible, Jehovah tu Dios, entonces aumentará Jehovah asombrosamente tus plagas y las plagas de tus descendientes, plagas graves y crónicas, enfermedades malignas y crónicas. El traerá contra ti todas las enfermedades de Egipto, de las cuales tuviste miedo, y se te pegarán. Jehovah también enviará sobre ti todas las enfermedades y todas las plagas que no están mencionadas en el libro de esta ley, hasta que seas destruido. Y después de haber sido tan numerosos como las estrellas del cielo, quedaréis pocos en número, porque no habrás obedecido la voz de Jehovah tu Dios. "Y sucederá que como Jehovah se gozó en vosotros para haceros el bien y para multiplicaros, así se gozará en vosotros para arruinaros y destruiros. Seréis arrancados de la tierra en la cual entráis para tomarla en posesión. Jehovah te esparcirá entre todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo de la tierra. Allí rendiréis culto a otros dioses, de madera y de piedra, que ni tú ni tus padres habéis conocido. Y entre aquellas naciones no tendrás tranquilidad, ni habrá reposo para la planta de tu pie. Allí te dará Jehovah corazón tembloroso, decaimiento de ojos y desesperación del alma. Vivirás en constante suspenso; estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida. Debido al terror con que serás amedrentado y por lo que verán tus ojos, dirás por la mañana: ‘¡Oh, si fuera de noche!’ Y dirás por la noche: ‘¡Oh, si fuera de mañana!’ Y Jehovah te hará volver a Egipto en navíos, por el camino del cual yo te había dicho: ‘¡Nunca más volveréis a verlo!’ Allí os ofreceréis en venta a vuestros enemigos como esclavos y esclavas, y no habrá quien os compre." Estas son las palabras del pacto que Jehovah mandó a Moisés que hiciera con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además del pacto que hizo con ellos en Horeb. Moisés llamó a todo Israel y les dijo: "Vosotros habéis visto todo lo que Jehovah hizo ante vuestros ojos en la tierra de Egipto al faraón, a todos sus servidores y a toda su tierra; las grandes pruebas que vuestros ojos vieron, aquellas grandes señales y prodigios. Pero hasta el día de hoy Jehovah no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír. "Yo os he conducido cuarenta años por el desierto. Vuestros vestidos no se han envejecido sobre vosotros, ni vuestros zapatos se han gastado en vuestros pies. No habéis comido pan ni tomado vino ni licor, para que sepáis que yo soy Jehovah vuestro Dios. Así llegasteis a este lugar, y cuando Sejón, rey de Hesbón, y Og, rey de Basán, salieron para combatir contra nosotros, los derrotamos. Luego tomamos su tierra y la dimos por posesión a Rubén, a Gad y a la media tribu de Manasés. Guardad, pues, las palabras de este pacto y ponedlas por obra, para que prosperéis en todo lo que hagáis. "Todos vosotros estáis hoy delante de Jehovah vuestro Dios: los jefes de vuestras tribus, vuestros ancianos, vuestros oficiales, todos los hombres de Israel, vuestros niños, vuestras mujeres y los forasteros que están en medio de vuestro campamento, desde el que corta tu leña hasta el que saca tus aguas. Estás por entrar en el pacto de Jehovah tu Dios, y en el compromiso solemne que Jehovah tu Dios hace hoy contigo, a fin de confirmarte hoy como pueblo suyo, y para que él sea tu Dios, como te ha prometido y como lo juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob. "No sólo con vosotros hago yo este pacto y este compromiso solemne; ciertamente es con el que está aquí con nosotros hoy, delante de Jehovah nuestro Dios, y también con aquel que no está aquí con nosotros hoy. Pues vosotros sabéis cómo habitábamos en la tierra de Egipto y cómo hemos pasado en medio de las naciones por las cuales habéis pasado. Vosotros habéis visto sus abominaciones y sus ídolos de madera y de piedra, de plata y de oro, que tienen entre ellos. No sea que haya entre vosotros hombre o mujer, familia o tribu, cuyo corazón se aparte hoy de Jehovah nuestro Dios para ir a rendir culto a los dioses de aquellas naciones. No sea que haya entre vosotros una raíz que produzca una hierba venenosa y ajenjo, y que al oír las palabras de este compromiso solemne, se bendiga a sí mismo en su corazón, diciendo: ‘Yo tendré paz, aunque ande en la terquedad de mi corazón’, de modo que arrase la tierra regada junto con la sedienta. "Jehovah no estará dispuesto a perdonarle, sino que subirán entonces cual humo el furor y el celo de Jehovah contra ese hombre, y sobre él se asentarán todas las imprecaciones escritas en este libro. Jehovah borrará su nombre de debajo del cielo. El lo apartará para mal de entre todas las tribus de Israel, conforme a todas las imprecaciones del pacto escritas en este libro de la ley. "La generación futura, vuestros hijos que se levantarán después de vosotros y el extranjero que vendrá de tierras lejanas, cuando vean las plagas de aquella tierra y las enfermedades que Jehovah habrá hecho brotar en ella, dirán: ‘Toda su tierra está quemada con azufre y sal. No puede ser sembrada, ni producirá; y en ella no crecerá ninguna planta, como cuando fueron trastornadas Sodoma, Gomorra, Adma y Zeboím, las cuales Jehovah destruyó en su ira y su furor.’ Y todas las naciones preguntarán: ‘¿Por qué ha hecho así Jehovah a esta tierra? ¿Por qué razón se ha encendido este gran furor?’ Entonces les responderán: ‘Porque abandonaron el pacto de Jehovah, Dios de sus padres, que él hizo con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto. Ellos fueron a rendir culto a otros dioses; se postraron ante ellos, dioses que no habían conocido y que él no les había asignado. Por eso se encendió el furor de Jehovah contra esta tierra, para traer sobre ella toda maldición escrita en este libro. Jehovah los desarraigó de su suelo con furor, con ira y con gran indignación, y los echó a otra tierra, como hoy.’ "Las cosas secretas pertenecen a Jehovah nuestro Dios, pero las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos, para siempre, a fin de que cumplamos todas las palabras de esta ley. "Sucederá que cuando te hayan sobrevenido todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, si consideras en tu corazón, en medio de todas las naciones donde Jehovah tu Dios te haya dispersado; si vuelves, tú con tus hijos, a Jehovah tu Dios y obedeces su voz con todo tu corazón y con toda tu alma, conforme a todo lo que yo te mando hoy, entonces Jehovah tu Dios también te restaurará de tu cautividad. El tendrá misericordia de ti y volverá a reunirte de todos los pueblos a donde Jehovah tu Dios te haya dispersado. Si eres arrojado hasta el extremo de los cielos, de allí te reunirá Jehovah tu Dios, y de allí te tomará. Y te hará regresar Jehovah tu Dios a la tierra que tus padres tomaron en posesión, y tú la poseerás. El te hará bien y te multiplicará más que a tus padres. "Jehovah tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames a Jehovah tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas. Luego Jehovah tu Dios pondrá todas estas maldiciones sobre tus enemigos y sobre los que te aborrecen, y te persiguieron. Pero tú volverás a escuchar la voz de Jehovah, y pondrás por obra todos sus mandamientos que yo te mando hoy. Jehovah tu Dios hará que sobreabundes en toda la obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu ganado y en el fruto de tu tierra. Pues Jehovah volverá a gozarse en ti para bien, así como se gozó en tus padres, si escuchas la voz de Jehovah tu Dios para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; si te vuelves a Jehovah tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. "Ciertamente este mandamiento que te mando hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ‘¿Quién subirá por nosotros al cielo y lo tomará para nosotros, y nos lo hará oír, a fin de que lo cumplamos?’ Tampoco está al otro lado del mar, para que digas: ‘¿Quién cruzará el mar por nosotros y lo tomará para nosotros, y nos lo hará oír, a fin de que lo cumplamos?’ Ciertamente muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas. "Mira, pues, yo pongo hoy delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal, con el fin de que ames a Jehovah tu Dios, de que andes en sus caminos y de que guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, que yo te mando hoy. Entonces vivirás y te multiplicarás, y Jehovah tu Dios te bendecirá en la tierra a la cual entras para tomarla en posesión. Pero si tu corazón se aparta y no obedeces; si te dejas arrastrar a inclinarte ante otros dioses y les rindes culto, yo os declaro hoy que de cierto pereceréis. No prolongaréis vuestros días en la tierra a la cual, cruzando el Jordán, entraréis para tomarla en posesión. "Llamo hoy por testigos contra vosotros a los cielos y a la tierra, de que he puesto delante de vosotros la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tus descendientes, amando a Jehovah tu Dios, escuchando su voz y siéndole fiel. Porque él es tu vida y la prolongación de tus días, para que habites en la tierra que Jehovah juró que había de dar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob." Moisés fue y habló estas palabras a todo Israel, y les dijo: "Yo tengo ahora 120 años de edad; no puedo salir ni entrar más. Además, Jehovah me ha dicho: ‘No cruzarás este Jordán.’ Jehovah tu Dios es el que cruza delante de ti. El destruirá estas naciones delante de ti, y tú las desalojarás. Josué es quien cruzará al frente de ti, como Jehovah ha dicho. Jehovah hará con ellos como hizo con Sejón y con Og, reyes de los amorreos, a los cuales destruyó con sus tierras. Jehovah los entregará delante de vosotros, y haréis con ellos conforme a todo lo que os he mandado. ¡Esforzaos y sed valientes! No tengáis temor ni os aterroricéis de ellos, porque Jehovah tu Dios va contigo. El no te abandonará ni te desamparará." Entonces Moisés llamó a Josué y le dijo ante la vista de todo Israel: "¡Esfuérzate y sé valiente! Porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que Jehovah juró a sus padres que les había de dar, y tú se la darás en posesión. Jehovah es quien va delante de ti. El estará contigo; no te dejará ni te desamparará. ¡No temas ni te atemorices!" Entonces Moisés escribió esta ley y la dio a los sacerdotes, hijos de Leví, que llevaban el arca del pacto de Jehovah, y a todos los ancianos de Israel. Moisés les mandó diciendo: "Al final del séptimo año, en el tiempo señalado del año de la remisión, en la fiesta de los Tabernáculos, cuando todo Israel venga para presentarse delante de Jehovah tu Dios en el lugar que él haya escogido, leerás esta ley a oídos de todo Israel. Harás congregar al pueblo—los hombres, las mujeres, los niños y los forasteros que estén en tus ciudades—, para que oigan, aprendan a temer a Jehovah vuestro Dios y cuiden de poner por obra todas las palabras de esta ley. Sus hijos que no la conocen la oirán y aprenderán a temer a Jehovah vuestro Dios, todos los días que viváis en la tierra que para tomarla en posesión cruzáis el Jordán." Entonces Jehovah dijo a Moisés: "He aquí, se ha acercado el día de tu muerte. Llama a Josué, y presentaos en el tabernáculo de reunión para que yo lo comisione." Moisés y Josué fueron y esperaron en el tabernáculo de reunión. Entonces Jehovah se apareció en el tabernáculo, en una columna de nube. Se posó la columna de nube sobre la entrada del tabernáculo. Y Jehovah dijo a Moisés: "He aquí que tú vas a reposar con tus padres, pero este pueblo se levantará y se prostituirá tras los dioses extraños de la tierra hacia la cual va. En medio de ella me abandonará e invalidará mi pacto que he hecho con él. Aquel día se encenderá contra él mi furor. Yo los abandonaré; esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos. Muchos males y angustias les vendrán. En aquel día dirá: ‘¿Acaso no me han sobrevenido estos males porque mi Dios no está en medio de mí?’ Pero aquel día ciertamente esconderé mi rostro, a causa de todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a otros dioses. "Ahora pues, escribid para vosotros este cántico y enseñadlo a los hijos de Israel. Ponlo en su boca, para que este cántico me sirva de testigo contra los hijos de Israel. Cuando yo les haya introducido en la tierra que juré dar a sus padres, una tierra que fluye leche y miel, y cuando hayan comido y se hayan saciado y engordado, entonces se volverán a otros dioses y les rendirán culto. Así me desdeñarán e invalidarán mi pacto. Y sucederá que cuando le sobrevengan muchos males y angustias, este cántico dará testimonio contra él. Ciertamente no caerá en el olvido en la boca de sus descendientes, porque yo conozco sus predisposiciones y lo que hace hoy, aun antes de que yo le introduzca en la tierra que juré dar a sus padres." Aquel mismo día escribió Moisés este cántico y lo enseñó a los hijos de Israel. Entonces Dios comisionó a Josué hijo de Nun, diciendo: "¡Esfuérzate y sé valiente! Porque tú introducirás a los hijos de Israel en la tierra que les juré; y yo estaré contigo." Cuando Moisés acabó de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta que fueron concluidas, mandó a los levitas que llevaban el arca del pacto de Jehovah, diciendo: "Tomad este libro de la Ley y ponedlo junto al arca del pacto de Jehovah vuestro Dios. Que esté allí como testigo contra ti, porque yo conozco tu rebelión y tu dura cerviz. He aquí que aun estando vivo yo hoy con vosotros, sois rebeldes a Jehovah; ¡y cuánto más después que yo haya muerto! Congregad ante mí a los ancianos de vuestras tribus y a vuestros oficiales. Yo hablaré a sus oídos estas palabras y llamaré como testigos contra ellos a los cielos y a la tierra. Porque yo sé que después de mi muerte ciertamente os corromperéis y os apartaréis del camino que os he mandado. También en los días futuros os ha de sobrevenir el desastre, porque habréis hecho lo malo ante los ojos de Jehovah, enojándole con la obra de vuestras manos." Entonces Moisés pronunció a oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico, hasta terminarlas: "Prestad atención, oh cielos, y hablaré; escuche la tierra los dichos de mi boca. Goteará como lluvia mi enseñanza, destilará cual rocío mi palabra, como lloviznas sobre el pasto, como aguaceros sobre la hierba. Porque el nombre de Jehovah proclamaré. ¡Engrandeced a nuestro Dios! "El es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud. El es un Dios fiel, en quien no hay iniquidad; es justo y recto. La corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha, generación torcida y perversa. ¿Así pagáis a Jehovah, pueblo necio e insensato? ¿Acaso no es él tu Padre, tu Creador, quien te hizo y te estableció? "Acuérdate de los días antiguos; considera los años de muchas generaciones. Pregunta a tu padre, y él te declarará; a tus ancianos, y ellos te dirán. Cuando el Altísimo repartió heredades a las naciones, cuando separó a los hijos del hombre, estableció las fronteras de los pueblos según el número de los hijos de Israel. Porque la porción de Jehovah es su pueblo; Jacob es la parcela de su heredad. "Lo halló en tierra desértica, en medio de la soledad rugiente del desierto. Lo rodeó, lo cuidó, lo guardó como a la niña de sus ojos; como el águila que agita su nidada, revolotea sobre sus polluelos, extiende sus alas, los toma, y los lleva sobre sus plumas. Jehovah solo le guió; no hubo dioses extraños con él. Le hizo cabalgar sobre las alturas de la tierra, y le hizo comer los productos del campo. Hizo que chupara miel de la peña, aceite del duro pedernal, mantequilla de las vacas, leche de las ovejas, con sebo de corderos y carneros, y machos cabríos de Basán. Con lo mejor del trigo y de la sangre de uvas bebiste vino. "Jesurún se engordó y dio coces. (Te hiciste gordo, grueso y rollizo.) Y abandonó al Dios que lo hizo; desdeñó a la Roca de su salvación. Le provocaron a celos con dioses ajenos; le enojaron con abominaciones. Ofrecieron sacrificios a los demonios, no a Dios; a dioses que no habían conocido, a dioses nuevos, llegados de cerca, a los cuales vuestros padres no temieron. Te has olvidado de la Roca que te procreó; te has olvidado del Dios que te hizo nacer. "Jehovah lo vio, e indignado desdeñó a sus hijos y a sus hijas. Entonces dijo: ‘Esconderé de ellos mi rostro, y veré cuál será su final; porque son una generación perversa, hijos en quienes no hay fidelidad. Ellos me provocaron a celos con lo que no es Dios; me indignaron con sus vanidades. También yo les provocaré a celos con uno que no es pueblo; con una nación insensata les causaré indignación. Porque fuego se ha encendido en mi furor y arderá hasta el fondo del Seol. Devorará la tierra y sus frutos, e inflamará los fundamentos de las montañas. Yo añadiré males sobre ellos; con mis flechas los acabaré. Serán abatidos por el hambre, y consumidos por la fiebre ardiente y por la amarga plaga. Contra ellos enviaré dientes de fieras junto con el veneno de serpientes que se arrastran en el polvo. Afuera desolará la espada, y adentro el espanto, tanto a los jóvenes como a las vírgenes, al que mama y al hombre con canas. Yo dije: Yo los dispersaría; haría cesar su memoria de entre los hombres, si no temiera la saña del enemigo, y que sus adversarios entiendan mal. No sea que ellos digan: Nuestra mano enaltecida hizo todo esto, y no Jehovah.’ "Son un pueblo al cual le falta juicio; no hay en ellos entendimiento. Si fueran sabios, entenderían esto; comprenderían cuál sería su final. ¿Cómo podrá perseguir uno a mil? ¿Cómo harán huir dos a diez mil, si su Roca no los hubiese vendido, si Jehovah no los hubiese entregado? La roca de ellos no es como nuestra Roca; nuestros mismos enemigos lo han de reconocer. La vid de ellos proviene de la vid de Sodoma, y de los campos de Gomorra. Sus uvas son uvas venenosas; sus racimos son amargos. Su vino es veneno de serpientes y veneno cruel de cobras. "‘¿Acaso no tengo reservado esto conmigo, sellado entre mis tesoros? Mía es la venganza, yo pagaré; a su debido tiempo su pie resbalará. Porque está cercano el día de su calamidad, y lo que les está preparado se apresura.’ "Ciertamente Jehovah juzgará a su pueblo y tendrá misericordia de sus siervos, cuando vea que se agota su fuerza y que no queda nadie, ni preso ni abandonado. El dirá: ‘¿Dónde están sus dioses, la roca en que se refugiaban, los que comían el sebo de sus sacrificios y bebían el vino de sus libaciones? ¡Que se levanten y os socorran! ¡Que os sirvan de refugio! "‘Ved ahora que yo, Yo Soy, y conmigo no hay más dioses. Yo hago morir y hago vivir; yo hiero y también sano; no hay quien pueda librar de mi mano. Ciertamente levantaré mis manos a los cielos y diré: ¡Viva yo para siempre! Cuando afile mi reluciente espada y mi mano arrebate el juicio, tomaré venganza de mis enemigos y retribuiré a los que me aborrecen. Mi espada devorará carne, y mis flechas embriagaré con sangre: con la sangre de muertos y cautivos, y de las cabezas melenudas del enemigo.’ "¡Regocijaos, oh naciones, con su pueblo! Porque él vengará la sangre de sus siervos. El tomará venganza de sus enemigos y expiará la tierra de su pueblo." Moisés fue con Josué hijo de Nun y pronunció todas las palabras de este cántico a oídos del pueblo. Cuando Moisés acabó de pronunciar todas estas palabras a todo Israel, les dijo: "Aplicad vuestro corazón a todas las palabras con que yo os advierto hoy, para que las encarguéis a vuestros hijos a fin de guardar y poner por obra todas las palabras de esta ley. Porque no son palabras vanas; pues son vuestra vida, y a causa de estas palabras prolongaréis vuestros días en la tierra que para tomarla en posesión cruzáis el Jordán." Aquel mismo día Jehovah habló a Moisés diciendo: "Sube a este monte de Abarim, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab, frente a Jericó, y mira la tierra de Canaán que yo doy en posesión a los hijos de Israel. Allí en el monte a donde subas, morirás y serás reunido con tu pueblo, así como murió Aarón tu hermano en el monte Hor y fue reunido con su pueblo. Porque actuasteis contra mí en medio de los hijos de Israel en las aguas de Meriba en Cades, en el desierto de Zin; y no me tratasteis como santo en medio de los hijos de Israel. Por eso verás la tierra delante de ti, pero no irás allá, a la tierra que doy a los hijos de Israel." Esta es la bendición con la cual Moisés, hombre de Dios, bendijo a los hijos de Israel, antes de morir. El dijo: "Jehovah vino de Sinaí y de Seír les resplandeció. Apareció desde los montes de Parán y vino con miríadas de santos, y a su diestra fuego refulgente. Ciertamente él ama a los pueblos; Todos sus santos están en sus manos. Ellos se postran a tus pies y reciben tus palabras. "Moisés nos prescribió la ley, la heredad de la congregación de Jacob. El ha sido rey en Jesurún, cuando se congregaban los jefes del pueblo, la comunidad de las tribus de Israel. "¡Viva Rubén, y no muera! Y sean numerosos sus hombres." Esto dijo acerca de Judá: "Escucha, oh Jehovah, la voz de Judá; tráelo a su pueblo. Sus manos le basten, y séle ayuda contra sus enemigos. Dijo acerca de Leví: "Dale a Leví tu Tumim y tu Urim a tu hombre piadoso al cual probaste en Masá, y con quien contendiste en las aguas de Meriba. El que dijo de su padre y de su madre: ‘No los conozco.’ No reconoció a sus hermanos, ni conoció a sus propios hijos. Pues ellos guardaron tu palabra y observaron tu pacto. Ellos enseñarán tus juicios a Jacob, y tu ley a Israel. Pondrán delante de ti el incienso y sobre tu altar la ofrenda del todo quemada. ¡Bendice, oh Jehovah, lo que ellos hagan! ¡Recibe con agrado la obra de sus manos! Hiere las espaldas de sus enemigos y de los que le aborrecen, de modo que no se levanten." Dijo acerca de Benjamín: "El amado de Jehovah habitará confiado cerca de él. El lo protegerá todo el día, y entre sus hombros morará." Dijo acerca de José: "Bendita de Jehovah sea su tierra con lo mejor del cielo, con el rocío y con el océano que se extiende abajo, con lo mejor que produce el sol, y con lo mejor que da la luna, con lo principal de las montañas antiguas, con lo mejor de las colinas eternas, con lo mejor de la tierra y de su plenitud, y el favor de aquel que moraba en la zarza. Que esto venga sobre la cabeza de José, y sobre la coronilla del príncipe de sus hermanos. El tiene el esplendor del primogénito del toro; sus cuernos son como los del toro salvaje. Con ellos embestirá a los pueblos hasta los confines de la tierra. ¡Estas son las miríadas de Efraín! ¡Estos son los millares de Manasés!" Dijo acerca de Zabulón: "¡Alégrate, oh Zabulón, en tus salidas; y tú, oh Isacar, en tus tiendas! Convocarán a los pueblos al monte, y allí ofrecerán sacrificios de justicia. Porque absorberán la abundancia de los mares, y los tesoros escondidos de la arena." Dijo acerca de Gad: "¡Bendito el que hizo ensanchar a Gad! Como león habita, y arrebata el brazo y aun la coronilla. Escogió lo mejor de la tierra para sí, pues allí estaba la parte del legislador. Cuando se congregaron los jefes del pueblo, realizó la justicia de Jehovah, sus juicios acerca de Israel." Dijo acerca de Dan: "Dan es un cachorro de león que salta desde Basán." Dijo acerca de Neftalí: "Neftalí, satisfecho con favores y lleno de las bendiciones de Jehovah, posee la región del mar y del sur." Dijo acerca de Aser: "¡Bendito más que los hijos sea Aser! Sea querido por sus hermanos y moje su pie en aceite. De hierro y bronce sean tus cerrojos, y tu fuerza sea como tus días." "¡No hay como el Dios de Jesurún! El cabalga sobre los cielos en tu ayuda, y sobre las nubes en su majestad. El eterno Dios es tu refugio, y abajo están los brazos eternos. El echará de delante de ti al enemigo, diciendo: ‘¡Destruye!’ Israel habitará confiado; el manantial de Jacob estará solitario en tierra de grano y de vino nuevo. También sus cielos gotearán rocío. ¡Bienaventurado eres tú, oh Israel! ¿Quién como tú, oh pueblo salvo por Jehovah, escudo de tu socorro y espada de tu excelencia? Tus enemigos tratarán de engañarte, pero tú pisotearás sus lugares altos." Entonces subió Moisés de la llanura de Moab al monte Nebo, en la cumbre del Pisga, que está frente a Jericó. Y Jehovah le mostró toda la tierra: desde Galaad hasta Dan, todo Neftalí, la tierra de Efraín y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta el mar Grande, el Néguev y la llanura del valle de Jericó (la ciudad de las palmeras), hasta Zoar. Y Jehovah le dijo: "Esta es la tierra de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: ‘A tus descendientes la daré.’ Yo te he permitido que la mires con tus ojos, pero tú no cruzarás allá." Y allí murió Moisés, siervo de Jehovah, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehovah. Y él lo sepultó en el valle, en la tierra de Moab, frente a Bet-peor. Nadie conoce su sepulcro, hasta el día de hoy. Moisés tenía 120 años cuando murió. Sus ojos nunca se debilitaron, ni perdió su vigor. Los hijos de Israel hicieron duelo por Moisés en las llanuras de Moab durante treinta días, hasta que se cumplieron los días del llanto y de duelo por Moisés. Y Josué hijo de Nun estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él. Así que los hijos de Israel le obedecieron e hicieron como Jehovah había mandado a Moisés. Nunca en Israel se levantó otro profeta como Moisés, a quien Jehovah conociera cara a cara. Nadie fue como él, ni por todas las señales y prodigios que Jehovah le mandó hacer en la tierra de Egipto contra el faraón, contra todos sus servidores y contra toda su tierra, ni por la mano poderosa y los hechos asombrosos, como los que Moisés hizo ante los ojos de todo Israel. Aconteció después de la muerte de Moisés, siervo de Jehovah, que Jehovah habló a Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés, diciendo: —Mi siervo Moisés ha muerto. Ahora, levántate, pasa el Jordán tú con todo este pueblo, a la tierra que yo doy a los hijos de Israel. Yo os he dado, como lo había prometido a Moisés, todo lugar que pise la planta de vuestro pie. Vuestro territorio será desde el desierto y el Líbano hasta el gran río, el río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el mar Grande, donde se pone el sol. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente, porque tú harás que este pueblo tome posesión de la tierra que juré a sus padres que les daría. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de cumplir toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito en todo lo que emprendas. Nunca se aparte de tu boca este libro de la Ley; más bien, medita en él de día y de noche, para que guardes y cumplas todo lo que está escrito en él. Así tendrás éxito, y todo te saldrá bien. ¿No te he mandado que te esfuerces y seas valiente? No temas ni desmayes, porque Jehovah tu Dios estará contigo dondequiera que vayas. Entonces Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo: —Pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo diciendo: "Preparaos alimentos, porque dentro de tres días cruzaréis el Jordán para entrar a tomar posesión de la tierra que Jehovah vuestro Dios os da para que la poseáis." Josué también habló a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés, diciendo: —Acordaos de lo que os mandó Moisés, siervo de Jehovah, diciendo: "Jehovah vuestro Dios os ha dado reposo y os ha dado esta tierra. Vuestras mujeres, vuestros niños y vuestros ganados se quedarán en la tierra que Moisés os ha dado a este lado del Jordán. Pero vosotros, todos los guerreros valientes, cruzaréis armados al frente de vuestros hermanos y les ayudaréis, hasta que Jehovah haya dado reposo a vuestros hermanos como a vosotros, y ellos también tomen posesión de la tierra que les da Jehovah vuestro Dios. Después volveréis a la tierra que tenéis como posesión, que os ha dado Moisés, siervo de Jehovah, a este lado del Jordán, donde se levanta el sol." Y ellos respondieron a Josué diciendo: —Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos a dondequiera que nos envíes. De la manera que hemos obedecido a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti. Sólo que Jehovah tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés. Cualquiera que sea rebelde a tu mandato y que no obedezca tus palabras en todo lo que le mandes, que muera. ¡Solamente esfuérzate y sé valiente! Josué hijo de Nun envió secretamente dos espías desde Sitim, diciéndoles: —Id y reconoced la tierra y Jericó. Ellos fueron y entraron en la casa de una mujer prostituta que se llamaba Rajab, y pasaron la noche allí. Entonces avisaron al rey de Jericó, diciendo: —Unos hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche para explorar la tierra. Entonces el rey de Jericó mandó decir a Rajab: —Saca a los hombres que han venido a ti y han entrado en tu casa, porque han venido para explorar todo el país. Pero la mujer, que había tomado a los dos hombres y los había escondido, dijo: —Es verdad que vinieron a mí unos hombres, pero yo no sabía de dónde eran. Cuando iba a ser cerrada la puerta de la ciudad, siendo ya oscuro, esos hombres salieron y no sé a dónde se han ido. Perseguidlos aprisa y los alcanzaréis. Pero ella los había hecho subir a la azotea y los había escondido entre unos manojos de lino que tenía ordenados sobre la azotea. Entonces los hombres los persiguieron por el camino del Jordán, hasta los vados. Y después que salieron los que los perseguían, cerraron las puertas de la ciudad. Antes de que ellos se acostasen, ella subió a la azotea, donde estaban, y les dijo: —Sé que Jehovah os ha dado esta tierra, porque el miedo a vosotros ha caído sobre nosotros. Todos los habitantes de esta tierra se han desmoralizado a causa de vosotros. Porque hemos oído que Jehovah hizo que las aguas del mar Rojo se secaran delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos al otro lado del Jordán: a Sejón y a Og, a los cuales habéis destruido por completo. Al oír esto, nuestro corazón desfalleció. No ha quedado más aliento en ninguno a causa de vosotros, porque Jehovah vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra. Y ahora, por favor, juradme por Jehovah que como he mostrado misericordia para con vosotros, así haréis vosotros con la familia de mi padre, de lo cual me daréis una señal segura. Dejaréis vivir a mi padre, a mi madre, a mis hermanos, a mis hermanas y a todos los suyos, y libraréis nuestras vidas de la muerte. Los hombres le respondieron: —Nuestra vida sea por la vuestra, hasta la muerte, si tú no hablas de este asunto nuestro. Entonces, cuando Jehovah nos haya dado la tierra, mostraremos para contigo misericordia y verdad. Luego ella los hizo descender con una cuerda por la ventana, porque su casa estaba sobre la muralla de la ciudad, y ella vivía en la muralla. Luego les dijo: —Marchaos hacia la región montañosa, para que no os encuentren los que fueron tras vosotros. Escondeos allí tres días, hasta que hayan regresado los que os persiguen. Después seguiréis vuestro camino. Los hombres le dijeron: —Nosotros quedaremos libres de este juramento que nos has hecho jurar, a menos que, cuando entremos en la tierra, ates este cordón rojo a la ventana por la cual nos has descolgado. Reunirás junto a ti en la casa a tu padre, a tu madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre. Cualquiera que salga fuera de las puertas de tu casa, su sangre caerá sobre su propia cabeza, y nosotros quedaremos libres. Pero si alguien pone su mano sobre cualquiera que esté en la casa contigo, su sangre caerá sobre nuestra cabeza. También si hablas de este asunto nuestro, nosotros quedaremos libres del juramento que nos has hecho jurar. Ella respondió: —Como habéis dicho, así sea. Luego los despidió, y se fueron. Y ella ató el cordón rojo a la ventana. Caminando ellos, llegaron a la región montañosa y estuvieron allí tres días, hasta que los que los perseguían regresaron. Quienes los perseguían los buscaron por todo el camino, pero no los hallaron. Después, los dos hombres se volvieron, descendieron de la región montañosa y cruzaron el Jordán. Fueron a Josué hijo de Nun y le contaron todas las cosas que les habían acontecido. Ellos dijeron a Josué: —¡Jehovah ha entregado toda la tierra en nuestras manos! Todos los habitantes de esta tierra tiemblan ante nosotros. Josué se levantó muy de mañana y partió de Sitim con todos los hijos de Israel. Llegaron hasta el Jordán y pasaron allí la noche antes de cruzarlo. Después de tres días, los oficiales pasaron por medio del campamento y mandaron al pueblo diciendo: —Cuando veáis que el arca del pacto de Jehovah vuestro Dios es llevada por los sacerdotes y levitas, vosotros partiréis de vuestro lugar y marcharéis en pos de ella, para que sepáis el camino por donde habéis de ir; porque vosotros no habéis pasado antes por este camino. Pero entre vosotros y el arca habrá una distancia de 2.000 codos. No os acerquéis a ella. Y Josué dijo al pueblo: —Purificaos, porque mañana Jehovah hará maravillas entre vosotros. Luego Josué habló a los sacerdotes diciendo: —Tomad el arca del pacto y pasad delante del pueblo. Entonces tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo. Y Jehovah dijo a Josué: —Desde este día comenzaré a engrandecerte ante los ojos de todo Israel, para que sepan que como estuve con Moisés, así estaré contigo. Tú mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: "Cuando hayáis llegado hasta la orilla de las aguas del Jordán, os detendréis en el Jordán." Y Josué dijo a los hijos de Israel: —Acercaos acá y escuchad las palabras de Jehovah vuestro Dios. —Y añadió Josué—: En esto conoceréis que el Dios vivo está en medio de vosotros y que él ciertamente echará de delante de vosotros a los cananeos, los heteos, los heveos, los ferezeos, los gergeseos, los amorreos y los jebuseos: He aquí, el arca del pacto del Señor de toda la tierra cruzará el Jordán delante de vosotros. Tomad, pues, ahora doce hombres de las tribus de Israel, uno de cada tribu. Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehovah, Señor de toda la tierra, se posen en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se cortarán, porque las aguas que descienden de arriba se detendrán como en un embalse. Sucedió que cuando el pueblo partió de sus tiendas para cruzar el Jordán, y los sacerdotes iban delante del pueblo llevando el arca del pacto; y cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, en cuanto los pies de los sacerdotes se mojaron en la orilla del agua (el Jordán se llena hasta sus bordes todo el tiempo de la siega), las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un embalse, muy lejos de Adam, ciudad contigua a Saretán. Entonces las aguas que descendían al mar del Arabá, es decir, al mar Salado, se cortaron por completo. De este modo el pueblo cruzó frente a Jericó. Y los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehovah estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, mientras todo Israel pasaba en seco, y hasta que todo el pueblo terminó de cruzar el Jordán. Cuando toda la gente acabó de cruzar el Jordán, Jehovah habló a Josué diciendo: —Toma del pueblo doce hombres, uno de cada tribu, y mándales diciendo: "Tomad de en medio del Jordán, del lugar donde están firmes los pies de los sacerdotes, doce piedras, las cuales llevaréis con vosotros, y las pondréis en el lugar donde habéis de pasar esta noche." Josué llamó a los doce hombres a quienes había designado de entre los hijos de Israel, uno de cada tribu, y les dijo Josué: —Pasad delante del arca de Jehovah vuestro Dios hasta la mitad del Jordán, y cada uno de vosotros tome una piedra sobre su hombro, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel, para que esto sea señal entre vosotros. Y cuando vuestros hijos os pregunten en el futuro, diciendo: "¿Qué significan para vosotros estas piedras?," les responderéis: "Las aguas del Jordán fueron cortadas ante el arca del pacto de Jehovah. Cuando ésta cruzó el Jordán, las aguas del Jordán fueron cortadas, por lo cual estas piedras sirven de memorial a los hijos de Israel, para siempre." Los hijos de Israel hicieron como les mandó Josué: Tomaron doce piedras de en medio del Jordán, como Jehovah había dicho a Josué, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel. Las llevaron consigo al lugar donde pasaron la noche y las colocaron allí. Josué también erigió doce piedras en medio del Jordán, en el lugar donde estuvieron los pies de los sacerdotes que llevaban el arca del pacto. Y están allí hasta el día de hoy. Los sacerdotes que llevaban el arca se quedaron de pie en medio del Jordán, hasta que se cumplió todo lo que Jehovah había mandado a Josué que hablase al pueblo, conforme a todo lo que Moisés había mandado a Josué. Y el pueblo se dio prisa y cruzó. Aconteció que cuando todo el pueblo acabó de cruzar, también cruzó el arca de Jehovah con los sacerdotes, en presencia del pueblo. También los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés cruzaron armados al frente de los hijos de Israel, según Moisés les había dicho. Como 40.000 soldados, listos para la guerra, cruzaron delante de Jehovah hacia las llanuras de Jericó, para la batalla. Aquel día Jehovah engrandeció a Josué ante los ojos de todo Israel, y le temieron, como habían temido a Moisés, todos los días de su vida. Jehovah habló a Josué diciendo: —Manda a los sacerdotes que llevan el arca del testimonio, que salgan del Jordán. Y Josué mandó a los sacerdotes diciendo: —Salid del Jordán. Aconteció que cuando los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehovah salieron de en medio del Jordán, y las plantas de sus pies pasaron a lugar seco, las aguas del Jordán volvieron a su lugar, desbordando todas sus orillas, como antes. El pueblo salió del Jordán el 10 del mes primero, y acamparon en Gilgal al este de Jericó. Josué erigió en Gilgal las doce piedras que habían traído del Jordán, y habló a los hijos de Israel, diciendo: —Cuando en el futuro vuestros hijos pregunten a sus padres diciendo: "¿Qué significan estas piedras?," daréis a conocer a vuestros hijos diciendo: "Israel cruzó en seco este Jordán." Porque Jehovah vuestro Dios secó las aguas del Jordán delante de vosotros, hasta que acabasteis de cruzar, de la manera que Jehovah vuestro Dios había hecho con el mar Rojo, el cual secó delante de nosotros hasta que acabamos de cruzar; para que todos los pueblos de la tierra conozcan que la mano de Jehovah es poderosa, y para que temáis a Jehovah vuestro Dios todos los días. Sucedió que cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, hacia el occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban al lado del mar oyeron cómo Jehovah había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel, hasta que habían cruzado, desfalleció su corazón, y no hubo más ánimo en ellos a causa de los hijos de Israel. En aquel tiempo Jehovah dijo a Josué: "Hazte cuchillos de pedernal y de nuevo vuelve a circuncidar a los hijos de Israel." Entonces Josué se hizo cuchillos de pedernal y circuncidó a los hijos de Israel en Guivat-haaralot. Esta es la razón por la que Josué los circuncidó: Todos los varones del pueblo que salieron de Egipto, todos los hombres de guerra, habían muerto por el camino en el desierto, después que salieron de Egipto. Todos los que habían salido habían sido circuncidados; pero los que habían nacido en el camino, por el desierto, después que salieron de Egipto, no habían sido circuncidados. Porque los hijos de Israel caminaron por el desierto cuarenta años, hasta que murió toda la nación, es decir, los hombres de guerra que salieron de Egipto; pues no habían obedecido la voz de Jehovah. Por eso Jehovah les juró que no les dejaría ver la tierra que él había jurado a sus padres que nos daría: una tierra que fluye leche y miel. Y fue a éstos, a los hijos de aquéllos, a quienes Jehovah había levantado en su lugar, a los que Josué circuncidó. Eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados en el camino. Cuando habían acabado de circuncidar a toda la gente, se quedaron en el campamento en el mismo lugar, hasta que se sanaron. Entonces Jehovah dijo a Josué: "Hoy he quitado de vosotros la afrenta de Egipto." Por eso se llamó el nombre de aquel lugar Gilgal, hasta el día de hoy. Los hijos de Israel acamparon en Gilgal y celebraron la Pascua el día 14 del mes primero, al atardecer, en las llanuras de Jericó. Al día siguiente de la Pascua, en ese mismo día, comieron del producto de la tierra, panes sin levadura y espigas tostadas. Y el maná cesó al día siguiente, cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra. Los hijos de Israel nunca más tuvieron maná. Más bien, ese año ya comieron del producto de la tierra de Canaán. Sucedió que estando Josué cerca de Jericó, alzó los ojos y miró; y he aquí que un hombre estaba delante de él, con su espada desenvainada en su mano. Josué, yendo hacia él, le preguntó: —¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos? El le respondió: —No. Yo soy el Jefe del Ejército de Jehovah, que he venido ahora. Entonces Josué, postrándose en tierra sobre su rostro, le adoró y le preguntó: —¿Qué dice mi Señor a su siervo? El Jefe del Ejército de Jehovah respondió a Josué: —Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar donde tú estás santo es. Y Josué lo hizo así. Jericó estaba cerrada y atrancada por causa de los hijos de Israel. Nadie entraba ni salía. Pero Jehovah dijo a Josué: —Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó, a su rey y a sus hombres de guerra. Asediaréis la ciudad vosotros, todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez. Esto haréis durante seis días. Siete sacerdotes llevarán siete cornetas de cuernos de carnero delante del arca. Al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las cornetas. Y sucederá que cuando hagan sonar prolongadamente el cuerno de carnero, cuando oigáis el sonido de la corneta, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad se derrumbará. Entonces el pueblo subirá, cada uno hacia adelante. Josué hijo de Nun llamó a los sacerdotes y les dijo: —Llevad el arca del pacto, y que siete sacerdotes lleven siete cornetas de cuernos de carnero delante del arca de Jehovah. —Dijo, además, al pueblo—: Pasad y rodead la ciudad. Los que están armados pasen delante del arca de Jehovah. Sucedió, después que Josué había hablado al pueblo, que los siete sacerdotes, llevando las siete cornetas de cuernos de carnero delante del arca de Jehovah, pasaron y tocaron las cornetas. El arca del pacto de Jehovah los seguía. La vanguardia iba delante de los sacerdotes que tocaban las cornetas, y la retaguardia iba detrás del arca, tocando prolongadamente las cornetas. Pero Josué mandó al pueblo diciendo: —Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca hasta el día que yo diga: "¡Gritad!" Entonces gritaréis. Así él hizo que el arca de Jehovah diera una vuelta alrededor de la ciudad; y regresaron al campamento, donde pasaron la noche. Josué se levantó muy de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca de Jehovah. Los siete sacerdotes que llevaban las siete cornetas de cuernos de carnero caminaron delante del arca de Jehovah tocando las cornetas prolongadamente, mientras caminaban, y la vanguardia iba delante de ellos. La retaguardia iba detrás del arca de Jehovah, mientras tocaban las cornetas prolongadamente. Así dieron una vuelta a la ciudad el segundo día y regresaron al campamento. De esta manera hicieron durante seis días. Aconteció que el séptimo día se levantaron al amanecer y fueron alrededor de la ciudad de la misma manera, siete veces. Solamente ese día dieron vuelta a la ciudad siete veces. Y sucedió que a la séptima vez, cuando los sacerdotes habían tocado las cornetas, Josué dijo al pueblo: —¡Gritad, porque Jehovah os entrega la ciudad! Pero la ciudad será anatema a Jehovah; ella con todas las cosas que están en ella. Sólo vivirá la prostituta Rajab, con todos los que estén en su casa con ella, porque escondió a los mensajeros que enviamos. Pero vosotros guardaos del anatema. No toquéis ni toméis nada del anatema; no sea que hagáis anatema el campamento de Israel y le ocasionéis destrucción. Pero toda la plata, el oro y los utensilios de bronce y de hierro serán consagrados a Jehovah y formarán parte del tesoro de Jehovah. Entonces el pueblo gritó, y tocaron las cornetas. Y sucedió que cuando el pueblo oyó el sonido de la corneta, gritó con gran estruendo. ¡Y el muro se derrumbó! Entonces el pueblo subió a la ciudad, cada uno directamente delante de él; y la tomaron. Destruyeron a filo de espada todo lo que había en la ciudad: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas y los asnos. Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: —Entrad en la casa de la mujer prostituta, y sacad de allí a ella y todo lo que sea suyo, como se lo habéis jurado. Entraron los jóvenes espías y sacaron a Rajab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era suyo. Sacaron a toda su familia, y los pusieron fuera del campamento de Israel. Y consumieron con fuego la ciudad, junto con todo lo que había en ella. Solamente pusieron en el tesoro de la casa de Jehovah la plata, el oro y los utensilios de bronce y de hierro. Pero Josué preservó la vida a la prostituta Rajab, a la familia de su padre y todo lo que era suyo. Ella ha habitado entre los israelitas hasta el día de hoy, porque escondió a los mensajeros que Josué envió para reconocer Jericó. En aquel tiempo Josué les hizo este juramento diciendo: —¡Maldito sea delante de Jehovah el hombre que se levante y reconstruya esta ciudad de Jericó! A costa de su primogénito colocará sus cimientos, y a costa de su hijo menor asentará sus puertas. Jehovah estuvo con Josué, y su fama se divulgó por toda la tierra. Pero los hijos de Israel transgredieron con respecto al anatema. Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zéraj, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehovah se encendió contra los hijos de Israel. Josué envió hombres desde Jericó hasta Hai, que estaba junto a Bet-avén, hacia el oriente de Betel, y les dijo: —Subid y reconoced la tierra. Ellos fueron y reconocieron Hai, y volviendo a Josué le dijeron: —No suba todo el pueblo. Suban sólo unos 2.000 o 3.000 hombres; ellos tomarán Hai. No fatigues a todo el pueblo allí, porque ellos son pocos. Fueron allá unos 3.000 hombres del pueblo, los cuales huyeron delante de los de Hai. Los hombres de Hai mataron de aquéllos a unos treinta y seis hombres y los persiguieron desde la puerta de la ciudad hasta Sebarim, donde los derrotaron en la bajada, de modo que el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua. Entonces Josué rasgó su ropa y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehovah hasta el anochecer, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas. Entonces dijo Josué: —¡Ay, Señor Jehovah! ¿Por qué hiciste cruzar el Jordán a este pueblo, para entregarnos en mano de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá hubiéramos decidido habitar al otro lado del Jordán! ¡Oh, Señor! ¿Qué diré, puesto que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos? Los cananeos y todos los habitantes de la tierra lo oirán, nos rodearán y borrarán nuestro nombre de la tierra. Entonces, ¿qué harás tú por tu gran nombre? Jehovah dijo a Josué: —Levántate. ¿Por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado. Han quebrantado mi pacto que yo les había mandado. Han tomado del anatema, han robado, han mentido y lo han escondido entre sus enseres. Por esto los hijos de Israel no podrán prevalecer ante sus enemigos. Más bien, volverán la espalda ante sus enemigos, porque se han convertido en anatema. Yo no estaré más con vosotros, si no destruís el anatema de en medio de vosotros. Levántate, purifica al pueblo y di: "Purificaos para mañana, porque Jehovah Dios de Israel dice así: ‘Anatema hay en medio de ti, oh Israel. No podréis prevalecer delante de vuestros enemigos hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros.’" Os acercaréis, pues, mañana, por vuestras tribus. La tribu que Jehovah tome se acercará por sus clanes. El clan que Jehovah tome se acercará por sus familias. La familia que Jehovah tome se acercará por sus varones. El que sea descubierto con el anatema será quemado a fuego, él y todo lo suyo, porque ha quebrantado el pacto de Jehovah y ha cometido una vileza en Israel. Al levantarse Josué muy de mañana, hizo que se acercara Israel por sus tribus, y fue tomada la tribu de Judá. Al hacer que se acercara la tribu de Judá, fue tomado el clan de los hijos de Zéraj. Al hacer que se acercara el clan de los hijos de Zéraj, fue tomado Zabdi. Y al hacer que se acercaran los varones de su familia, fue tomado Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zéraj, de la tribu de Judá. Entonces Josué dijo a Acán: —¡Hijo mío, por favor, da gloria y reconocimiento a Jehovah Dios de Israel, y declárame lo que has hecho! ¡No me lo encubras! Acán respondió a Josué diciendo: —Verdaderamente yo he pecado contra Jehovah Dios de Israel, y he hecho así y así: Vi entre el botín un manto babilónico muy bueno, 200 siclos de plata y un lingote de oro de 50 siclos de peso, lo cual codicié y tomé. Todo ello está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero está debajo de ello. Josué envió mensajeros que fueron corriendo a la tienda. Y he aquí, aquello estaba escondido allí en su tienda, y el dinero estaba debajo. Lo tomaron de la tienda y lo llevaron a Josué y a todos los hijos de Israel, y lo pusieron delante de Jehovah. Entonces Josué y todo Israel con él tomaron a Acán hijo de Zéraj, la plata, el manto, el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda y todo lo que tenían; y los llevaron al valle de Acor. Y Josué dijo: —¿Por qué nos has ocasionado destrucción? ¡Jehovah te destruya a ti en este día! Todos los israelitas los apedrearon, y después de apedrearlos, los quemaron a fuego. Después levantaron sobre él un gran montón de piedras que permanece hasta el día de hoy. Así Jehovah se aplacó del ardor de su ira. Por eso se llama el nombre de aquel lugar valle de Acor, hasta el día de hoy. Jehovah dijo a Josué: —No temas ni desmayes. Toma contigo a toda la gente de guerra, levántate y sube contra Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, a su pueblo, su ciudad y su tierra. Harás a Hai y a su rey como hiciste a Jericó y a su rey. Solamente tomaréis para vosotros su botín y su ganado. Pon una emboscada en el lado occidental de la ciudad. Josué y toda la gente de guerra se levantaron para subir contra Hai. Josué escogió 30.000 hombres fuertes, a quienes envió de noche, y les mandó diciendo: —Mirad, pondréis una emboscada detrás de la ciudad. No os alejéis mucho de la ciudad, y estad todos preparados. Yo y toda la gente que está conmigo nos acercaremos a la ciudad. Y sucederá que cuando salgan contra nosotros como la primera vez, huiremos delante de ellos. Saldrán tras nosotros hasta que los hayamos alejado de la ciudad, porque dirán: "Huyen de nosotros como la primera vez." Huiremos, pues, delante de ellos, y vosotros os levantaréis de la emboscada y os apoderaréis de la ciudad, pues Jehovah vuestro Dios la entregará en vuestra mano. Y sucederá que cuando hayáis tomado la ciudad, le prenderéis fuego. Haréis conforme a la palabra de Jehovah. Mirad que yo os lo he mandado. Entonces Josué los envió, y ellos se fueron al lugar de la emboscada y se pusieron entre Betel y Hai, al oeste de Hai. Josué pasó aquella noche en medio del pueblo, y levantándose Josué muy de mañana pasó revista al pueblo. Luego subió delante del pueblo contra Hai, junto con los ancianos de Israel. Toda la gente de guerra que estaba con él subió y se acercó; llegaron frente a la ciudad y acamparon hacia el norte de Hai, estando el valle entre ellos y Hai. Tomó unos 5.000 hombres y los puso en emboscada entre Betel y Hai, hacia el lado oeste de la ciudad. Así ordenaron a la gente: todo el campamento hacia el lado norte de la ciudad, y la guardia emboscada hacia el oeste de la ciudad. Y Josué pasó aquella noche en medio del valle. Sucedió que cuando el rey de Hai vio esto, los hombres de la ciudad se apresuraron, se levantaron muy de mañana y salieron al encuentro de Israel, para combatir él y todo su pueblo frente al Arabá, en el lugar acordado, no sabiendo que le estaba puesta una emboscada detrás de la ciudad. Josué y todo Israel, fingiéndose vencidos ante ellos, huyeron por el camino del desierto. Todo el pueblo que estaba en Hai se reunió para perseguirlos. Y persiguieron a Josué, siendo así alejados de la ciudad. No quedó hombre en Hai y en Betel que no saliera tras Israel. Y por perseguir a Israel, dejaron la ciudad abierta. Entonces Jehovah dijo a Josué: —Extiende la lanza que tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano. Josué extendió hacia la ciudad la lanza que tenía en su mano. Y levantándose rápidamente de su lugar, los hombres que estaban en la emboscada corrieron cuando él extendió su mano, y entraron en la ciudad. Así la tomaron y se apresuraron a prender fuego a la ciudad. Los hombres de Hai volvieron el rostro, y al mirar, he aquí que el humo de la ciudad subía al cielo. Pero no les fue posible huir ni a un lado ni a otro, porque el pueblo que iba hacia el desierto se volvió contra los que lo perseguían. Josué y todo Israel, viendo que los de la emboscada habían tomado la ciudad y que el humo de la ciudad subía, se volvieron y mataron a los hombres de Hai. Los otros salieron de la ciudad a su encuentro. Así estuvieron en medio de Israel, los unos por un lado y los otros por el otro. Los mataron hasta que no quedó ni un sobreviviente ni un fugitivo. También tomaron vivo al rey de Hai y lo llevaron ante Josué. Sucedió que cuando los israelitas acabaron de matar a todos los habitantes de Hai en el campo, en el desierto donde ellos los habían perseguido, y cuando todos habían caído a filo de espada hasta ser exterminados, todos los israelitas se volvieron a Hai y mataron a todos a espada. El número de los que cayeron aquel día, entre hombres y mujeres, fue de 12.000, todos los de Hai. Porque Josué no retrajo su mano que había extendido con la lanza, hasta que destruyó a todos los habitantes de Hai. Los israelitas sólo tomaron para sí el ganado y el botín de aquella ciudad, conforme a la palabra que Jehovah había mandado a Josué. Josué incendió Hai y la convirtió en un montículo de ruinas perpetuas, una desolación hasta el día de hoy. Al rey de Hai lo colgó de un árbol hasta el atardecer. Cuando el sol se ponía, Josué mandó que quitasen su cuerpo del árbol y lo echasen a la puerta de la ciudad, donde levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta el día de hoy. Entonces Josué edificó en el monte Ebal un altar a Jehovah Dios de Israel, como Moisés siervo de Jehovah había mandado a los hijos de Israel y como está escrito en el libro de la Ley de Moisés: un altar de piedras sin labrar sobre las cuales nadie había alzado herramientas de hierro. Sobre él ofrecieron holocaustos a Jehovah e hicieron sacrificios de paz. También escribió allí sobre las piedras, en presencia de los hijos de Israel, una copia de la ley de Moisés, que él había escrito. Y todo Israel, sus ancianos, oficiales y jueces, tanto extranjeros como naturales, estaban de pie a ambos lados del arca delante de los sacerdotes levitas que llevaban el arca del pacto de Jehovah. La mitad de ellos estaba hacia el monte Gerizim y la otra mitad hacia el monte Ebal, de la manera que Moisés siervo de Jehovah lo había mandado, para que bendijesen primeramente al pueblo de Israel. Después de esto, leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones y las maldiciones, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la Ley. No hubo palabra alguna de todas las cosas que mandó Moisés, que Josué no leyera delante de toda la congregación de Israel, incluyendo las mujeres, los niños y los extranjeros que vivían entre ellos. Aconteció que cuando oyeron estas cosas todos los reyes que estaban a este lado del Jordán, tanto en la región montañosa como en la Sefela y en toda la costa del mar Grande hasta el Líbano (heteos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos), se agruparon para combatir de común acuerdo contra Josué e Israel. Pero cuando los habitantes de Gabaón oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai, usaron de astucia. Fueron y se proveyeron tomando sobre sus asnos costales viejos, odres de vino viejos, rotos y remendados, sandalias viejas y remendadas en sus pies, y ropa vieja sobre sí. Y todo el pan de que se habían provisto para el camino estaba seco y mohoso. Así fueron a Josué, al campamento en Gilgal, y le dijeron a él y a los hombres de Israel: —Nosotros venimos de una tierra lejana. Haced, pues, alianza con nosotros. Los hombres de Israel respondieron a los heveos: —Quizás vosotros habitáis en medio de nosotros. ¿Cómo, pues, podremos hacer alianza con vosotros? Ellos respondieron a Josué: —Nosotros somos tus siervos. Y Josué les preguntó: —¿Quiénes sois vosotros y de dónde venís? Ellos le respondieron: —Tus siervos hemos venido de tierras muy lejanas, a causa del renombre de Jehovah tu Dios. Porque hemos oído de su fama y de todas las cosas que hizo en Egipto, y de todo lo que hizo a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán: a Sejón rey de Hesbón, y a Og rey de Basán, que estaba en Astarot. Por eso nuestros ancianos y todos los habitantes de nuestra tierra nos hablaron diciendo: "Tomad en vuestras manos provisión para el camino, id al encuentro de ellos y decidles: ‘Nosotros somos vuestros siervos; por tanto, haced alianza con nosotros.’ Este pan nuestro estaba caliente cuando tomamos provisiones de nuestras casas para el camino, el día que salimos para venir a vosotros. He aquí que ahora ya está seco y mohoso. También estos odres estaban nuevos cuando los llenamos. He aquí que ahora ya están rotos. Y esta ropa nuestra y nuestras sandalias están ya viejas a causa del camino tan largo. Los hombres de Israel tomaron de sus provisiones, pero no consultaron a Jehovah. Entonces Josué hizo paz con ellos, e hizo una alianza con ellos de conservarles la vida. Los jefes de la congregación también se lo juraron. Y sucedió que tres días después de haber hecho alianza con ellos, se enteraron de que eran sus vecinos y que habitaban en medio de ellos. Entonces los hijos de Israel partieron, y al tercer día llegaron a las ciudades de ellos. Sus ciudades eran Gabaón, Cafira, Beerot y Quiriat-jearim. Pero los hijos de Israel no los mataron, porque los jefes de la congregación les habían jurado por Jehovah Dios de Israel. Por eso toda la congregación murmuraba contra los jefes. Y todos los jefes respondieron a toda la congregación: —Nosotros les hemos jurado por Jehovah Dios de Israel. Por eso ahora no les podemos tocar. Esto es lo que haremos con ellos: Los dejaremos que vivan, para que no venga sobre nosotros la ira a causa del juramento que les hemos hecho. —Además, los jefes les dijeron—: Dejadlos vivir. Así llegaron a ser cortadores de leña y portadores de agua para toda la congregación, como les habían dicho los jefes. Entonces, llamándolos Josué, les habló diciendo: —¿Por qué nos habéis engañado diciendo: "Habitamos muy lejos de vosotros," siendo así que habitáis en medio de nosotros? Ahora pues, vosotros sois malditos, y no faltarán de entre vosotros siervos, ni cortadores de leña, ni portadores de agua para la casa de mi Dios. Ellos respondieron a Josué y dijeron: —Porque tus siervos fueron bien informados de que Jehovah tu Dios había mandado a Moisés su siervo que os había de dar toda la tierra, y que habíais de destruir delante de vosotros a todos los habitantes del país. Por eso temimos mucho por nuestras vidas a causa de vosotros, e hicimos esto. Ahora pues, he aquí estamos en tu mano. Haz con nosotros lo que te parezca bueno y recto. Así hizo con ellos Josué: Los libró de la mano de los hijos de Israel, y no los mataron. Pero aquel día los destinó para ser cortadores de leña y portadores de agua para la congregación y para el altar de Jehovah, en el lugar que Jehovah eligiera, como lo son hasta el día de hoy. Sucedió que cuando Adonisedec, rey de Jerusalén, oyó que Josué había tomado Hai y la había destruido, haciendo con Hai y su rey lo que había hecho con Jericó y su rey, y que los habitantes de Gabaón habían hecho la paz con los israelitas y estaban entre ellos, tuvo gran temor; porque Gabaón era una ciudad grande, como una de las ciudades reales, mayor que Hai, y porque todos sus hombres eran valientes. Entonces Adonisedec rey de Jerusalén mandó a decir a Hojam rey de Hebrón, a Piream rey de Jarmut, a Jafía rey de Laquis y a Debir rey de Eglón: "Subid y ayudadme a combatir a Gabaón, porque ha hecho la paz con Josué y con los hijos de Israel." Entonces los cinco reyes de los amorreos (el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jarmut, el rey de Laquis y el rey de Eglón) se reunieron y subieron con todos sus ejércitos. Acamparon frente a Gabaón y combatieron contra ella. Entonces los habitantes de Gabaón mandaron a decir a Josué, al campamento en Gilgal: "No abandones a tus siervos. Sube rápidamente a nosotros para protegernos y ayudarnos, porque todos los reyes de los amorreos que habitan en la región montañosa se han agrupado contra nosotros." Josué subió de Gilgal con toda la gente de guerra y todos los hombres valientes, y Jehovah dijo a Josué: —No tengas temor de ellos, porque yo los he entregado en tu mano. Ninguno de ellos podrá resistir delante de ti. Después de subir toda la noche desde Gilgal, Josué cayó sobre ellos de repente. Jehovah los turbó delante de Israel y los hirió con gran mortandad en Gabaón. Los persiguió por el camino que sube a Bet-jorón y los hirió hasta Azeca y Maqueda. Y sucedió que cuando iban huyendo de los israelitas por la bajada de Bet-jorón, Jehovah arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos, hasta Azeca; y murieron. Fueron muchos más los que murieron a causa de las piedras del granizo, que aquellos a quienes los hijos de Israel mataron a espada. Entonces Josué habló a Jehovah el día en que Jehovah entregó a los amorreos ante los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: "¡Sol, detente sobre Gabaón; y tú, luna, sobre el valle de Ajalón!" Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta que el pueblo se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro de Jaser? El sol se detuvo en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. Nunca hubo un día semejante, ni antes ni después de aquel día, cuando Jehovah escuchó la voz de un hombre; porque Jehovah combatía por Israel. Luego Josué, y todo Israel con él, volvió al campamento en Gilgal. Los cinco reyes huyeron y se escondieron en la cueva de Maqueda. Y le fue dicho a Josué que los cinco reyes habían sido hallados escondidos en la cueva de Maqueda. Entonces Josué dijo: —Haced rodar grandes piedras a la entrada de la cueva y poned hombres junto a ella, para que los guarden. Pero vosotros, no os detengáis, sino perseguid a vuestros enemigos y heridles la retaguardia. No les dejéis entrar en sus ciudades, porque Jehovah vuestro Dios los ha entregado en vuestra mano. Aconteció que cuando Josué y los hijos de Israel habían acabado de herirlos con gran mortandad hasta destruirlos, los que quedaron de ellos entraron en las ciudades fortificadas. Después, todo el pueblo regresó ileso al campamento de Josué en Maqueda. No hubo quien dijera algo en contra de los hijos de Israel. Entonces dijo Josué: —Abrid la entrada de la cueva y sacadme de ella a esos cinco reyes. Así lo hicieron y sacaron de la cueva a estos cinco reyes: el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jarmut, el rey de Laquis y el rey de Eglón. Y sucedió que cuando sacaron a estos reyes ante Josué, éste llamó a todos los hombres de Israel y dijo a los jefes de los hombres de guerra que habían ido con él: —Acercaos y poned vuestros pies sobre los cuellos de estos reyes. Ellos se acercaron y pusieron sus pies sobre los cuellos de ellos. Y Josué les dijo: —No temáis ni os atemoricéis; esforzaos y sed valientes, porque así hará Jehovah a todos vuestros enemigos contra los cuales combatís. Después de esto, Josué los hirió, los mató y los hizo colgar de cinco árboles; y estuvieron colgados de los árboles hasta el atardecer. Y sucedió que cuando el sol se ponía, Josué mandó que los quitasen de los árboles y los echasen en la cueva donde se habían escondido. Después pusieron grandes piedras a la entrada de la cueva, las cuales están hasta este mismo día. En aquel día Josué tomó Maqueda y la hirió a filo de espada, juntamente con su rey. La destruyó por completo con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar sobrevivientes. E hizo con el rey de Maqueda como había hecho con el rey de Jericó. Josué, y todo Israel con él, pasó de Maqueda a Libna y combatió contra Libna. Jehovah también entregó la ciudad y a su rey en mano de Israel, e hirieron a filo de espada a todo lo que en ella tenía vida, sin dejar sobrevivientes en ella. E hizo a su rey como había hecho con el rey de Jericó. Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna a Laquis. Acamparon contra ella y la combatieron. Jehovah también entregó Laquis en mano de Israel, y la tomó al segundo día. Mató a espada todo lo que en ella tenía vida, como había hecho con Libna. Entonces Horam, rey de Gezer, fue en ayuda de Laquis, pero Josué mató a él y a su gente, hasta no dejarle ningún sobreviviente. Josué, y todo Israel con él, pasó de Laquis a Eglón. Acamparon contra ella y la combatieron. El mismo día la tomaron y la hirieron a filo de espada. Aquel día él destruyó a todo lo que en ella tenía vida, como había hecho con Laquis. Luego Josué, y todo Israel con él, subió de Eglón a Hebrón, y la combatieron. La tomó y mató a espada a su rey y a la gente de todas sus aldeas con todo lo que en ellas tenía vida, sin dejar sobrevivientes. Como había hecho con Eglón, así la destruyó con todo lo que en ella tenía vida. Después Josué, y todo Israel con él, se volvió contra Debir y la combatió. La tomó, y mataron a espada a su rey y a la gente de todas sus aldeas. Destruyeron todo lo que allí tenía vida, sin dejar sobrevivientes. Como había hecho con Hebrón y con Libna y con su rey, así hizo con Debir y con su rey. Conquistó, pues, Josué toda la tierra: la región montañosa, el Néguev, la Sefela y las laderas, y a todos sus reyes, sin dejar sobrevivientes. Mató todo lo que tenía vida, como Jehovah Dios de Israel había mandado. Josué los derrotó desde Cades-barnea hasta Gaza, y toda la tierra de Gosén hasta Gabaón. Josué tomó a todos estos reyes y sus tierras, de una vez, porque Jehovah Dios de Israel combatía por Israel. Después Josué, y todo Israel con él, volvió al campamento de Gilgal. Sucedió que cuando Jabín rey de Hazor oyó esto, envió un mensaje a Jobab rey de Madón, al rey de Simrón, al rey de Acsaf, a los reyes que habitaban en la región montañosa del norte, en la llanura del sur del mar Quinéret, en la Sefela y en Nafot-dor al occidente, a los cananeos que habitaban al oriente y al occidente, a los amorreos, a los heteos, a los ferezeos, a los jebuseos de la región montañosa y a los heveos de las faldas del Hermón, en la tierra de Mizpa. Entonces ellos, y todos sus ejércitos con ellos, un pueblo tan numeroso como la arena que está a la orilla del mar, salieron con gran cantidad de caballos y carros. Todos estos reyes se reunieron, y fueron y acamparon juntos al lado de las aguas de Merom, para combatir contra Israel. Pero Jehovah dijo a Josué: —No tengas temor de ellos, porque mañana a esta hora yo entregaré muertos a todos ellos, delante de Israel. Desjarretarás sus caballos y quemarás sus carros. Entonces Josué y toda la gente de guerra con él fueron y cayeron de repente sobre ellos al lado de las aguas de Merom. Jehovah los entregó en mano de los israelitas, quienes los derrotaron y los persiguieron hasta la gran Sidón, hasta Misrefot-maim y hasta el valle de Mizpa al oriente. Y los mató, hasta no dejarles sobrevivientes. Josué hizo con ellos como Jehovah le había mandado: Desjarretó sus caballos y quemó sus carros. En aquel tiempo Josué volvió y tomó Hazor, y mató a espada a su rey. Hazor había sido antes la capital de todos estos reinos. Mataron a espada a todo cuanto tenía vida en ella, destruyendo y no dejando nada vivo. E incendió a Hazor. Asimismo, Josué tomó todas las ciudades de estos reyes, y a todos sus reyes. Los mató a espada y los destruyó, como lo había mandado Moisés, siervo de Jehovah. Pero Israel no incendió ninguna de las ciudades que estaban sobre sus montículos de ruinas, excepto Hazor, la cual Josué sí incendió. Los hijos de Israel tomaron para sí todo el botín de estas ciudades junto con el ganado, pero mataron a espada a todos los hombres hasta destruirlos, sin dejar uno solo vivo. De la manera que Jehovah había mandado a su siervo Moisés, así mandó Moisés a Josué, y así lo hizo Josué, sin omitir nada de todo lo que Jehovah había mandado a Moisés. Así tomó Josué toda esta tierra: la región montañosa, todo el Néguev, toda la tierra de Gosén, la Sefela, el Arabá, la región montañosa de Israel y sus laderas, desde el monte Halac que sube hasta Seír, hasta Baal-gad, en el valle del Líbano, a las faldas del monte Hermón. Capturó a todos sus reyes, los hirió y los mató. Por mucho tiempo Josué tuvo guerra con todos estos reyes. No hubo ciudad que hiciese la paz con los hijos de Israel, excepto los heveos que moraban en Gabaón. Todo el resto lo tomaron en batalla. Esto provenía de Jehovah, quien endurecía el corazón de ellos, para que resistiesen con la guerra a Israel, a fin de que fueran destruidos sin que se les tuviese misericordia; para que fuesen desarraigados, como Jehovah había mandado a Moisés. Por aquel tiempo Josué fue y destruyó a los anaquitas de la región montañosa de Hebrón, de Debir y de Anab, y de toda la región montañosa de Judá y de toda la de Israel. Josué los destruyó a ellos con sus ciudades. Ninguno de los anaquitas quedó en la tierra de los hijos de Israel. Sólo quedaron algunos en Gaza, en Gat y en Asdod. Así tomó Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehovah había dicho a Moisés. Josué la entregó como heredad a Israel, conforme a la distribución de sus tribus. Y la tierra reposó de la guerra. Estos son los reyes de la tierra a quienes derrotaron los hijos de Israel y cuyas tierras poseyeron al lado oriental del Jordán, desde el río Arnón hasta el monte Hermón y todo el Arabá oriental: Sejón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón. Este reinaba desde Aroer, que está en la ribera del río Arnón, y desde el centro del valle hasta el río Jaboc, que sirve de frontera con los hijos de Amón. Esta región incluía la mitad de Galaad y el Arabá, desde el mar Quinéret, al oriente, hasta el mar del Arabá, o mar Salado, al oriente en dirección a Bet-jesimot, y por el sur hasta más abajo de las faldas del Pisga. Og, rey de Basán, sobreviviente de los refaítas, quien residía en Astarot y en Edrei. Este reinaba en el monte Hermón, en Salca y en todo Basán, hasta la frontera de Gesur y de Maaca y en la mitad de Galaad, hasta la frontera de Sejón, rey de Hesbón. Moisés, siervo de Jehovah, y los hijos de Israel los derrotaron. Y Moisés, siervo de Jehovah, dio la tierra en posesión a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés. Estos son los reyes de la tierra a quienes derrotaron Josué y los hijos de Israel en el lado occidental del Jordán, desde Baal-gad, en el valle del Líbano, hasta el monte Halac que sube a Seír, cuya tierra dio Josué en posesión a las tribus de Israel conforme a su distribución, en la región montañosa, en la Sefela, en el Arabá, en las laderas, en el desierto y en el Néguev, donde habitaban los heteos, los amorreos, los cananeos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos: El rey de Jericó, uno; el rey de Hai (que está junto a Betel), uno; el rey de Jerusalén, uno; el rey de Hebrón, uno; el rey de Jarmut, uno; el rey de Laquis, uno; el rey de Eglón, uno; el rey de Gezer, uno; el rey de Debir, uno; el rey de Geder, uno; el rey de Horma, uno; el rey de Arad, uno; el rey de Libna, uno; el rey de Adulam, uno; el rey de Maqueda, uno; el rey de Betel, uno; el rey de Tapúaj, uno; el rey de Hefer, uno; el rey de Afec, uno; el rey de Sarón, uno; el rey de Madón, uno; el rey de Hazor, uno; el rey de Simron-merón, uno; el rey de Acsaf, uno; el rey de Taanac, uno; el rey de Meguido, uno; el rey de Quedes, uno; el rey de Jocneam del Carmelo, uno; el rey de Dor en Nafot-dor, uno; el rey de Goím en Gilgal, uno; el rey de Tirsa, uno. Treinta y un reyes en total. Siendo Josué ya viejo y de edad avanzada, le dijo Jehovah: "Tú eres ya viejo y de edad avanzada, y queda todavía muchísima tierra por conquistar. Esta es la tierra que queda: "Todos los distritos de los filisteos y todo el de Gesur: Desde Sijor, al oriente de Egipto, hasta el territorio de Ecrón, al norte, que se considera de los cananeos; los cinco distritos de los filisteos (Gaza, Asdod, Ascalón, Gat y Ecrón) y la tierra de los aveos, al sur; toda la tierra de los cananeos, y desde Ara, que pertenece a los sidonios, hasta Afec, hasta la frontera de los amorreos; la tierra de los de Biblos; todo el Líbano al oriente, desde Baal-gad al pie del monte Hermón, hasta Lebo-hamat; todos los que habitan en la región montañosa desde el Líbano hasta Misrefot-maim, y todos los habitantes de Sidón. A todos éstos yo los arrojaré de delante de los hijos de Israel. "Tú, pues, sólo da la tierra por sorteo a Israel como heredad, como te he mandado. Reparte esta tierra como heredad entre las nueve tribus y la media tribu de Manasés; porque la otra mitad de esta tribu, los rubenitas y los gaditas ya recibieron su heredad, la cual les dio Moisés en el lado oriental del Jordán. Moisés, siervo de Jehovah, se la dio desde Aroer, que está en la ribera del río Arnón, y la ciudad que está en el centro del valle, toda la meseta de Medeba hasta Dibón; todas las ciudades de Sejón, rey de los amorreos, que reinó en Hesbón hasta la frontera de los hijos de Amón; Galaad y los territorios de Gesur y de Maaca; todo el monte Hermón, toda la tierra de Basán hasta Salca; todo el reino de Og, el cual era sobreviviente de los refaítas, que reinó en Astarot y Edrei en Basán, y a quienes Moisés derrotó y echó." Sin embargo, los hijos de Israel no echaron a los de Gesur y de Maaca; antes bien, Gesur y Maaca han habitado en medio de Israel hasta el día de hoy. Sólo a la tribu de Leví no dio heredad: Las ofrendas quemadas de Jehovah Dios de Israel son su heredad, como él le había prometido. Moisés había dado heredad a la tribu de los hijos de Rubén, según sus clanes, y el territorio de ellos abarcaba desde Aroer, que está en la ribera del río Arnón, la ciudad que está en el centro del valle y toda la meseta hasta Medeba; Hesbón con todas sus aldeas que están en la meseta, Dibón, Bamot-baal, Bet-baal-maón; Jahaz, Cademot, Mefaat, Quiriataim, Sibma, Zeret-hasájar en la colina del valle; Bet-peor, las laderas del Pisga, Bet-jesimot; todas las ciudades de la meseta; todo el reino de Sejón, rey de los amorreos, que reinó en Hesbón. (Moisés había derrotado a éste y a los jefes de Madián; Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, príncipes de Sejón que habitaban aquella tierra. Los hijos de Israel también mataron a espada, entre otros, al adivino Balaam hijo de Beor.) Y el Jordán era el límite del territorio de los hijos de Rubén. Esta era la heredad de los hijos de Rubén, según sus clanes, con sus ciudades y sus aldeas. También Moisés había dado heredad a la tribu de Gad, a los hijos de Gad, según sus clanes. El territorio de ellos abarcaba Jazer, todas las ciudades de Galaad, la mitad del territorio de los hijos de Amón hasta Aroer, que está enfrente de Rabá; desde Hesbón hasta Ramat-mizpa y Betonim; desde Majanaim hasta el territorio de Lo-debar; y en el valle Bet-haram, Bet-nimra, Sucot, Zafón y el resto del reino de Sejón, rey de Hesbón; es decir, la ribera oriental del Jordán hasta el extremo sur del mar Quinéret. Esta es la heredad de los hijos de Gad, según sus clanes, con sus ciudades y sus aldeas. También Moisés había dado heredad a la media tribu de Manasés, esto es, a la media tribu de los hijos de Manasés, según sus clanes: El territorio de ellos abarcaba desde Majanaim, todo Basán (todo el reino de Og, rey de Basán), y todas las aldeas de Jaír que están en Basán: sesenta ciudades. Se dio, además, la mitad de Galaad, Astarot y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán, a los hijos de Maquir hijo de Manasés, es decir, a la mitad de los hijos de Maquir, según sus clanes. Esto es lo que Moisés había dado como heredad en las llanuras de Moab al otro lado del Jordán, al oriente de Jericó. Pero Moisés no dio heredad a la tribu de Leví; Jehovah Dios de Israel es su heredad, como él les había dicho. Esto es lo que los hijos de Israel tomaron como heredad en la tierra de Canaán, lo que les repartieron el sacerdote Eleazar, Josué hijo de Nun y los jefes de las casas paternas de las tribus de los hijos de Israel. Su heredad les fue dada por sorteo a las nueve tribus y a la media tribu, como Jehovah había mandado por medio de Moisés. Porque a las dos tribus y a la media tribu, Moisés les había dado heredad al otro lado del Jordán; pero a los levitas no les había dado heredad entre ellos. Pues los hijos de José formaban dos tribus: Manasés y Efraín. A los levitas no se les dio ninguna porción en la tierra, sino solamente ciudades en que habitasen, con sus campos de alrededor para sus ganados y sus rebaños. Conforme Jehovah había mandado a Moisés, así hicieron los hijos de Israel en el reparto de la tierra. Los hijos de Judá acudieron a Josué en Gilgal. Y Caleb hijo de Jefone el quenezeo le dijo: —Tú sabes lo que Jehovah dijo a Moisés, hombre de Dios, en Cades-barnea tocante a mí y a ti. Yo tenía 40 años cuando Moisés, siervo de Jehovah, me envió de Cades-barnea para reconocer la tierra. Yo le traje el informe como lo sentía en mi corazón. Mis hermanos que habían ido conmigo descorazonaron al pueblo, pero yo seguí a Jehovah mi Dios con integridad. Aquel día Moisés juró diciendo: "La tierra que pisó tu pie será para ti y para tus hijos como heredad perpetua, porque seguiste a Jehovah mi Dios con integridad." Ahora bien, he aquí que Jehovah me ha conservado la vida, como él dijo, estos 45 años desde el día que Jehovah habló estas palabras a Moisés, cuando Israel caminaba por el desierto. Ahora, he aquí que tengo 85 años; pero aún estoy tan fuerte como el día en que Moisés me envió. Como era entonces mi fuerza, así es ahora mi fuerza para la guerra, tanto para salir como para entrar. Dame, pues, ahora esta parte montañosa de la cual habló Jehovah aquel día, porque tú oíste aquel día que los anaquitas viven allí y que hay ciudades grandes y fortificadas. ¡Si Jehovah está conmigo, yo los echaré, como Jehovah ha dicho! Entonces Josué bendijo a Caleb hijo de Jefone, y le dio Hebrón como heredad. Por eso, Hebrón ha sido heredad de Caleb hijo de Jefone el quenezeo, hasta el día de hoy, porque siguió con integridad a Jehovah Dios de Israel. Antes el nombre de Hebrón era Quiriat-arba, pues Arba había sido el hombre más grande entre los anaquitas. Y la tierra reposó de la guerra. La parte que tocó en el sorteo a la tribu de los hijos de Judá, según sus clanes, se extendía hasta el territorio de Edom y hasta el desierto de Zin en el Néguev, su extremo sur. Su frontera sur era desde el extremo del mar Salado, desde la bahía que mira hacia el sur. Seguía en dirección sur hasta la cuesta de Acrabim y pasaba hasta Zin. Subía por el sur hasta Cades-barnea y pasaba por Hezrón. Luego subía hacia Adar, hasta rodear Carca. De allí la frontera pasaba a Asmón y continuaba por el arroyo de Egipto y terminaba en el mar. Esta será vuestra frontera del sur. La frontera oriental era el mar Salado hasta la desembocadura del Jordán. Por el lado norte la frontera era desde la bahía del mar en la desembocadura del Jordán. Luego la frontera subía por Bet-jogla y pasaba por el norte de Bet-haarabá. Luego la frontera subía hacia la piedra de Bohan hijo de Rubén. Luego la frontera subía desde el valle de Acor hasta Debir, y se dirigía al norte, hacia Gilgal, que está frente a la cuesta de Adumim, al lado sur del valle. La frontera pasaba hasta las aguas de En-semes y llegaba hasta En-rogel. Luego la frontera subía por el valle de Ben-hinom a la ladera sur de Jebús (que es Jerusalén). Luego la frontera subía hacia la cumbre del monte que está frente al valle de Hinom, al occidente, en el extremo norte del valle de Refaím. Después doblaba desde la cumbre del monte hacia el manantial Aguas de Neftóaj y llegaba a las ciudades del monte Efrón, rodeando luego a Baala (que es Quiriat-jearim). La frontera torcía después desde Baala hacia el occidente hasta el monte Seír, y pasaba al norte de Jearim (que es Quesalón); descendía a Bet-semes y seguía hacia Timna. Luego la frontera salía hacia el lado norte de Ecrón. La frontera rodeaba Sicrón, pasaba por el monte Baala, llegaba a Jabneel, y el terminal de la frontera daba en el mar. La frontera occidental era la costa del mar Grande. Estas son las fronteras del territorio de los hijos de Judá, según sus clanes. De acuerdo con el mandato de Jehovah a Josué, éste dio a Caleb hijo de Jefone una parte entre los hijos de Judá. Le dio Quiriat-arba, que es Hebrón. (Arba fue el padre de Anac.) Y Caleb echó de allí a los tres hijos de Anac: a Sesai, a Ajimán y a Talmai, descendientes de Anac. De allí subió contra los habitantes de Debir. (Antes el nombre de Debir era Quiriat-séfer.) Entonces Caleb dijo: —Al que ataque y tome Quiriat-séfer, yo le daré por mujer a mi hija Acsa. Otoniel hijo de Quenaz, hermano de Caleb, fue quien la tomó. Y Caleb le dio por mujer a su hija Acsa. Y aconteció que cuando ella llegó, le persuadió a que pidiese a su padre un campo. Entonces ella hizo señas desde encima del asno, y Caleb le preguntó: —¿Qué quieres? Ella respondió: —Hazme un favor: Ya que me has dado tierra en el Néguev, dame también fuentes de aguas. Entonces él le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Judá, según sus clanes. Las ciudades de la tribu de los hijos de Judá, en el extremo sur, hacia la frontera de Edom, fueron: Cabseel, Eder, Jagur, Quina, Dimona, Adada, Quedes, Hazor, Itnán, Zif, Telem, Bealot, Hazor-hadata, Queriot, Hezrón (que es Hazor), Amam, Sema, Molada, Hazar-gada, Hesmón, Bet-pélet, Hazar-sual, Beerseba, Bizotia, Baala, Iyim, Ezem, Eltolad, Quesil, Horma, Siclag, Madmana, Sansana, Lebaot, Siljim, Ayin y Rimón. En total eran veintinueve ciudades con sus aldeas. En la región de la Sefela: Estaol, Zora, Asena, Zanóaj, En-ganim, Tapúaj, Enam, Jarmut, Adulam, Soco, Azeca, Saaraim, Aditaim, Gedera y Gederotaim; catorce ciudades con sus aldeas. También Zenán, Hadasa, Migdal-gad, Dileán, Mizpa, Jocteel, Laquis, Boscat, Eglón, Cabón, Lajmas, Quitlis, Gederot, Bet-dagón, Naama y Maqueda; dieciséis ciudades con sus aldeas. También Libna, Eter, Asán, Jefté, Asena, Nezib, Queila, Aczib, Maresa; nueve ciudades con sus aldeas. Ecrón con sus villas y aldeas. Desde Ecrón hasta el mar, todas las que están junto a Asdod, con sus aldeas. También Asdod con sus villas y aldeas, y Gaza con sus villas y aldeas, hasta el arroyo de Egipto y las costas del mar Grande. En la región montañosa: Samir, Jatir, Soco, Dana, Quiriat-sana (que es Debir), Anab, Estemoa, Anim, Gosén, Holón y Gilo; once ciudades con sus aldeas. También Arab, Duma, Esán, Janum, Bet-tapúaj, Afeca, Humta, Quiriat-arba (que es Hebrón) y Sior; nueve ciudades con sus aldeas. También Maón, Carmel, Zif, Juta, Jezreel, Jocdeam, Zanóaj, Caín, Gabaa y Timna; diez ciudades con sus aldeas. También Jaljul, Betsur, Gedor, Maarat, Bet-anot y Eltecón; seis ciudades con sus aldeas. También Quiriat-baal (que es Quiriat-jearim) y Rabá; dos ciudades con sus aldeas. En el desierto: Bet-haarabá, Midín, Sejaja, Nibsán, la Ciudad de la Sal y En-guedi; seis ciudades con sus aldeas. Pero los hijos de Judá no pudieron echar a los jebuseos que habitaban en Jerusalén. Así que los jebuseos han habitado con los hijos de Judá en Jerusalén, hasta el día de hoy. La parte que tocó en el sorteo a los hijos de José partía del Jordán de Jericó, pasaba por las aguas de Jericó al este y subía del desierto de Jericó, por la región montañosa, hasta Betel. De Betel salía a Luz y cruzaba el territorio de los arquitas en Atarot. De allí descendía en dirección oeste hacia el territorio de los jafletitas, hasta la región de Bet-jorón Baja y hasta Gezer; y terminaba en el mar. Así recibieron su heredad los hijos de José: Efraín y Manasés. Esta era la frontera de los hijos de Efraín, según sus clanes. La frontera de su heredad partía de Atarot-adar en el este, y seguía hasta Bet-jorón Alta. De allí la frontera continuaba hacia el oeste, pasando por el lado norte de Micmetat. Torcía por el este de Taanat-silo y continuaba hasta el este de Janóaj. De Janóaj descendía a Atarot y a Naará, tocaba Jericó y salía al Jordán. De Tapúaj la frontera seguía al oeste, por el arroyo de Caná, y terminaba en el mar. Esta era la heredad de los hijos de Efraín, según sus clanes. Además, había ciudades que fueron apartadas para los hijos de Efraín en medio de la heredad de los hijos de Manasés, todas esas ciudades con sus aldeas. Sin embargo, ellos no echaron a los cananeos que habitaban en Gezer. Así que los cananeos han habitado en medio de los de Efraín hasta el día de hoy, pero han sido sometidos a tributo laboral. La parte que tocó en el sorteo a la tribu de Manasés, porque él era el primogénito de José, fue ésta: Maquir, primogénito de Manasés y padre de Galaad, que era un hombre de guerra, había recibido Galaad y Basán. Asimismo, a los otros hijos de Manasés les tocó, según sus clanes: a los hijos de Abiezer, a los hijos de Helec, a los hijos de Ezriel, a los hijos de Siquem, a los hijos de Hefer y a los hijos de Semida. Estos fueron los hijos varones de Manasés hijo de José, según sus clanes. Ahora bien, Zelofejad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, no tuvo hijos sino sólo hijas. Los nombres de éstas fueron: Majla, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. Ellas vinieron delante del sacerdote Eleazar, de Josué hijo de Nun y de los dirigentes, y dijeron: "Jehovah mandó a Moisés que nos fuera dada heredad entre nuestros hermanos." Así fue como él les dio heredad entre los hermanos del padre de ellas, conforme al mandato de Jehovah. Aparte de la tierra de Galaad y de Basán, al otro lado del Jordán, a Manasés le tocaron diez partes en el sorteo, porque las hijas de Manasés debían recibir heredad entre los hijos de Manasés, y la tierra de Galaad pertenecía a los otros hijos de Manasés. La frontera de Manasés partía de Aser y se extendía hasta Micmetat que está enfrente de Siquem. La frontera seguía hacia el sur hasta los habitantes de En-tapúaj. La tierra de Tapúaj era de Manasés, pero Tapúaj misma, que está en la frontera de Manasés, era de los hijos de Efraín. Luego la frontera descendía hasta el arroyo de Caná. Al lado sur del arroyo, había ciudades de Efraín entre las ciudades de Manasés. El resto de la frontera de Manasés coincidía con la ribera norte del arroyo y terminaba en el mar. Efraín estaba al sur, y Manasés al norte. El territorio de Manasés alcanzaba hasta el mar y limitaba al norte con Aser y al este con Isacar. Manasés también poseía en el territorio de Isacar y de Aser a Bet-seán y sus aldeas, a Ibleam y sus aldeas, a los habitantes de Dor y sus aldeas, a los habitantes de Endor y sus aldeas, a los habitantes de Taanac y sus aldeas, a los habitantes de Meguido y sus aldeas. La tercera era Nafot. Sin embargo, los hijos de Manasés no pudieron echar a los habitantes de aquellas ciudades, y los cananeos persistieron en habitar en estas tierras. Y sucedió que después, cuando los hijos de Israel llegaron a ser más fuertes, sometieron a tributo laboral a los cananeos, pero no los echaron completamente. Después los hijos de José hablaron a Josué diciendo: —¿Por qué nos has dado en posesión una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros un pueblo numeroso, al que Jehovah ha bendecido hasta ahora? Josué les respondió: —Si sois un pueblo numeroso, id al bosque y deforestad para vosotros la tierra de los ferezeos y de los refaítas, ya que la región montañosa de Efraín es demasiado estrecha para vosotros. Los hijos de José dijeron: —No nos bastará a nosotros esa región montañosa. Además, todos los cananeos que habitan en la tierra del valle tienen carros de hierro, tanto los que están en Bet-seán y sus aldeas, como los que están en el valle de Jezreel. Entonces Josué respondió a la casa de José, a Efraín y a Manasés, diciendo: —Vosotros sois un pueblo numeroso y tenéis mucha fuerza. No tendréis sólo una parte, sino que la región montañosa será vuestra. Puesto que es bosque, vosotros lo deforestaréis. Y sus límites más lejanos serán vuestros, porque echaréis a los cananeos, aunque ellos tengan carros de hierro y sean fuertes. Toda la congregación de los hijos de Israel se reunió en Silo, e instalaron allí el tabernáculo de reunión. La tierra les estaba sometida, pero habían quedado siete tribus de los hijos de Israel, a las cuales todavía no se les había repartido heredad. Entonces Josué dijo a los hijos de Israel: —¿Hasta cuándo seréis negligentes para ir a poseer la tierra que os ha dado Jehovah, Dios de vuestros padres? Elegid a tres hombres de cada tribu para que yo los envíe, y ellos vayan, recorran la tierra, hagan una descripción de ella con miras a sus heredades, y después vuelvan a mí. Ellos la dividirán en siete partes. Judá permanecerá en su territorio en el sur, y los de la casa de José en su territorio en el norte. Vosotros, pues, me haréis la descripción de la tierra, dividiéndola en siete partes; y me la traeréis aquí. Y os haré el sorteo aquí, delante de Jehovah nuestro Dios. Pero los levitas no tendrán ninguna parte entre vosotros, porque el sacerdocio de Jehovah es su heredad. Gad, Rubén y la media tribu de Manasés ya han recibido su heredad en el lado oriental del Jordán, la cual les dio Moisés, siervo de Jehovah. Los hombres se levantaron y fueron. Josué mandó a los que iban para hacer la descripción de la tierra, diciéndoles: —Id, recorred la tierra y haced una descripción de ella. Luego volved a mí para que yo os haga el sorteo delante de Jehovah, aquí en Silo. Entonces los hombres fueron y recorrieron la tierra, e hicieron en un pergamino una descripción de ella, dividida en siete partes, según sus ciudades. Después volvieron a Josué, al campamento en Silo. Entonces Josué hizo el sorteo delante de Jehovah, en Silo. Allí repartió Josué la tierra a los hijos de Israel, según sus particiones. La parte que tocó en el sorteo a la tribu de los hijos de Benjamín, según sus clanes: El territorio que les tocó en el sorteo estaba entre el de los hijos de Judá y el de los hijos de José. Por el lado norte su frontera partía del Jordán; luego la frontera subía por el lado norte de Jericó. Entonces subía por la región montañosa hacia el oeste, y llegaba al desierto de Bet-avén. De allí la frontera pasaba hacia Luz, al lado sur de Luz (que es Betel). Luego la frontera descendía a Atarot-adar, sobre el monte que está al sur de Bet-jorón Baja. Luego la frontera doblaba hacia el oeste por el lado sur del monte que está enfrente de Bet-jorón, y terminaba en Quiriat-baal (que es Quiriat-jearim), ciudad de los hijos de Judá. Este era el lado occidental. Por el lado sur, la frontera partía desde el extremo de Quiriat-jearim, seguía hacia el oeste y continuaba hacia el manantial Aguas de Neftóaj. Luego la frontera descendía hasta el extremo del monte que está frente al valle de Ben-hinom, que está al norte del valle de Refaím. Luego descendía al valle de Hinom, hasta la ladera sur de los jebuseos, y seguía descendiendo hasta En-rogel. Luego doblaba al norte, seguía hasta En-semes, continuaba hasta Gilgal, que está frente a la cuesta de Adumim, y descendía a la piedra de Bohan hijo de Rubén. Luego la frontera pasaba por el declive norte de Bet-haarabá y descendía hacia el Arabá. La frontera pasaba por el lado norte de Bet-jogla para terminar en la bahía norte del mar Salado, en la desembocadura del Jordán en el sur. Esta era la frontera sur. El Jordán era la frontera por el lado oriental. Esta era la heredad de los hijos de Benjamín, según sus clanes, con las fronteras que la rodeaban. Las ciudades de la tribu de los hijos de Benjamín, según sus clanes, fueron: Jericó, Bet-jogla, Emec-casis, Bet-haarabá, Zemaraim, Betel, Avim, Pará, Ofra, Quefar-haamoní, Ofni y Geba; doce ciudades con sus aldeas. También Gabaón, Ramá, Beerot, Mizpa, Cafira, Mozah, Requem, Irpeel, Tarala, Zela, Elef, Jebús (que es Jerusalén), Gabaa y Quiriat; catorce ciudades con sus aldeas. Esta era la heredad de los hijos de Benjamín, según sus clanes. La segunda suerte tocó a Simeón, a la tribu de los hijos de Simeón, según sus clanes. Y su heredad estaba dentro del territorio de los hijos de Judá. Y les tocó como heredad: Beerseba, Seba, Molada, Hazar-sual, Bala, Ezem, Eltolad, Betul, Horma, Siclag, Bet-hamarcabot, Hazar-susa, Bet-lebaot y Sarujen; trece ciudades con sus aldeas. También Ayin, Rimón, Eter y Asán; cuatro ciudades con sus aldeas. También todas las aldeas que estaban alrededor de estas ciudades hasta Baalat-beer, que es Ramat-néguev. Esta era la heredad de la tribu de los hijos de Simeón, según sus clanes. La heredad de los hijos de Simeón fue tomada de la parte de los hijos de Judá, porque la parte de los hijos de Judá era excesiva para ellos. Así, los hijos de Simeón tuvieron su heredad dentro del territorio de aquéllos. La tercera suerte tocó a los hijos de Zabulón, según sus clanes. La frontera de su heredad llegaba hasta Sarid. Y por el oeste su frontera subía hacia Marala, y limitaba con Dabeset y con el río que está frente a Jocneam. De Sarid doblaba hacia el este, donde nace el sol, hasta el territorio de Quislot-tabor; luego seguía hacia Daberat y subía a Jafía. De allí seguía hacia el este, a Gat-jefer e Ita-cazín, continuaba hacia Rimón y rodeaba Nea. Después la frontera torcía por el norte hacia Hanatón y terminaba en el valle de Jefteel. Y también Catat, Nahalal, Simrón, Idala y Belén; doce ciudades con sus aldeas. Estas ciudades con sus aldeas eran la heredad de los hijos de Zabulón, según sus clanes. La cuarta suerte tocó a Isacar, a los hijos de Isacar, según sus clanes. Su territorio abarcaba: Jezreel, Quesulot, Sunem, Hafaraim, Sihón, Anajarat, Rabit, Quisión, Abez, Remet, En-ganim, En-jada y Bet-pases. La frontera llegaba hasta Tabor, Sajazaim y Bet-semes, y terminaba la frontera en el Jordán; dieciséis ciudades con sus aldeas. Estas ciudades con sus aldeas eran la heredad de la tribu de los hijos de Isacar, según sus clanes. La quinta suerte tocó a la tribu de los hijos de Aser, según sus clanes. Su territorio abarcaba: Helcat, Halí, Betén, Acsaf, Alamelec, Amad y Miseal; y por el lado occidental llegaba hasta el Carmelo y Sijor-libnat. Volvía después hacia donde nace el sol, a Bet-dagón y limitaba con Zabulón y con el valle de Jefteel, al norte; seguía a Bet-haémec y a Neiel; luego continuaba al norte hasta Cabul, Abdón, Rejob, Hamón, Caná, hasta la gran Sidón. De allí la frontera volvía hacia Ramá y seguía hasta la ciudad fortificada de Tiro. Después torcía hacia Hosa y terminaba en el mar. También Majaleb, Aczib, Aco, Afec y Rejob; veintidós ciudades con sus aldeas. Estas ciudades con sus aldeas eran la heredad de la tribu de los hijos de Aser, según sus clanes. La sexta suerte tocó a los hijos de Neftalí; a los hijos de Neftalí, según sus clanes. Su frontera partía desde Helef y desde la encina de Zaananim, y desde Adami-nequeb y Jabneel hasta Lacum, y terminaba en el Jordán. Luego la frontera volvía al oeste hasta Aznot-tabor. De allí pasaba a Hucoc, y limitaba con Zabulón por el sur, con Aser por el oeste, y con el Jordán, por donde nace el sol. Y las ciudades fortificadas eran: Sidim, Zer, Hamat, Racat, Quinéret, Adama, Ramá, Hazor, Quedes, Edrei, En-hazor, Irón, Migdalel, Horem, Bet-anat y Bet-semes; diecinueve ciudades con sus aldeas. Estas ciudades con sus aldeas eran la heredad de la tribu de los hijos de Neftalí, según sus clanes. La séptima suerte tocó a la tribu de los hijos de Dan, según sus clanes. El territorio de su heredad abarcaba Zora, Estaol, Ir-semes, Saalbín, Ajalón, Jetla, Elón, Timnat, Ecrón, Elteque, Gibetón, Baalat, Jehud, Benei-berac, Gat-rimón. Mei-hayarcón y Racón, con la región que está enfrente de Jope. Pero faltó territorio a los hijos de Dan. Por eso, los hijos de Dan subieron y combatieron contra Lesem. Ellos la ocuparon e hirieron a filo de espada; tomaron posesión de ella y habitaron allí. Y a Lesem la llamaron Dan, según el nombre de su padre Dan. Estas ciudades con sus aldeas eran la heredad de la tribu de los hijos de Dan, según sus clanes. Después que acabaron de distribuir los territorios de la tierra como heredad, los hijos de Israel dieron una heredad, en medio de ellos, a Josué hijo de Nun. Según el mandato de Jehovah, le dieron la ciudad que pidió, Timnat-séraj, en la región montañosa de Efraín. Y él reedificó la ciudad y habitó en ella. Estas son las heredades que el sacerdote Eleazar, Josué hijo de Nun y los jefes de las casas paternas de las tribus de los hijos de Israel distribuyeron por sorteo en Silo, delante de Jehovah, a la entrada del tabernáculo de reunión. Y así acabaron de distribuir la tierra. Jehovah habló a Josué diciendo: "Habla a los hijos de Israel y diles: ‘Designad las ciudades de refugio de las que yo os hablé por medio de Moisés; para que pueda huir allí el homicida que mate a una persona accidentalmente, sin premeditación, a fin de que sirvan de refugio ante el vengador de la sangre. El que se refugie en alguna de aquellas ciudades se presentará a la puerta de la ciudad y expondrá su caso a oídos de los ancianos de la ciudad. Ellos le recibirán consigo dentro de la ciudad y le darán un lugar para que habite con ellos. Si el vengador de la sangre lo persigue, no entregarán en su mano al homicida, porque mató a su prójimo sin premeditación, sin haberle tenido odio previamente. Quedará en aquella ciudad hasta que comparezca en juicio delante de la asamblea, y hasta la muerte del sumo sacerdote que haya en aquellos días. Entonces el homicida podrá volver y venir a su ciudad y a su casa, a la ciudad de donde huyó.’" Entonces designaron a Quedes, en Galilea, en la región montañosa de Neftalí; a Siquem, en la región montañosa de Efraín; y a Quiriat-arba (que es Hebrón), en la región montañosa de Judá. Y al otro lado del Jordán, al este de Jericó, designaron a Beser, en el desierto, en la meseta, de la tribu de Rubén; a Ramot, en Galaad, de la tribu de Gad; y a Golán, en Basán, de la tribu de Manasés. Estas fueron las ciudades designadas para todos los hijos de Israel y para el extranjero que habitase entre ellos, para que pueda huir a ellas cualquiera que mate a una persona accidentalmente, y no muera por mano del vengador de la sangre, antes de comparecer delante de la asamblea. Los jefes de las casas paternas de los levitas se acercaron al sacerdote Eleazar, a Josué hijo de Nun y a los jefes de las casas paternas de las tribus de los hijos de Israel. Y les hablaron en Silo, en la tierra de Canaán, diciendo: "Jehovah mandó por medio de Moisés que nos dieran ciudades en que habitásemos, con sus campos de alrededor para nuestros ganados." Entonces, conforme a la palabra de Jehovah, los hijos de Israel dieron a los levitas, de sus propias heredades, estas ciudades con sus campos de alrededor: La suerte tocó a las familias de los cohatitas. A los hijos del sacerdote Aarón, que eran de los levitas, les dieron por sorteo trece ciudades de la tribu de Judá, de la tribu de Simeón y de la tribu de Benjamín. A los hijos de Cohat que quedaban les dieron por sorteo diez ciudades de los clanes de la tribu de Efraín, de la tribu de Dan y de la media tribu de Manasés. A los hijos de Gersón les dieron por sorteo trece ciudades de los clanes de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la media tribu de Manasés en Basán. A los hijos de Merari, según sus clanes, les dieron doce ciudades de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón. Así los hijos de Israel dieron por sorteo a los levitas estas ciudades con sus campos de alrededor, como Jehovah había mandado por medio de Moisés. Les dieron estas ciudades de la tribu de los hijos de Judá y de la tribu de los hijos de Simeón (a las cuales llamaron por nombre), a los hijos de Aarón, de los clanes de Cohat, de los hijos de Leví; porque les tocó la primera suerte. Les dieron en la región montañosa de Judá, Quiriat-arba, que es Hebrón, con sus campos de alrededor. (Arba fue el padre de Anac.) Pero dieron la campiña de la ciudad con sus aldeas a Caleb hijo de Jefone, como su posesión. A los hijos del sacerdote Aarón les dieron Hebrón, con sus campos de alrededor, ciudad de refugio para los homicidas. También Libna con sus campos de alrededor, Jatir con sus campos de alrededor, Estemoa con sus campos de alrededor, Holón con sus campos de alrededor, Debir con sus campos de alrededor, Ayin con sus campos de alrededor, Juta con sus campos de alrededor y Bet-semes con sus campos de alrededor; nueve ciudades de estas dos tribus. De la tribu de Benjamín les dieron Gabaón con sus campos de alrededor, Geba con sus campos de alrededor, Anatot con sus campos de alrededor y Almón con sus campos de alrededor; cuatro ciudades. El total de las ciudades de los sacerdotes hijos de Aarón fue de trece, con sus campos de alrededor. A los clanes de los hijos de Cohat, a los levitas que quedaban de los hijos de Cohat, les tocaron estas ciudades en el sorteo: De la tribu de Efraín les dieron: Siquem con sus campos de alrededor, ciudad de refugio para los homicidas, en la región montañosa de Efraín; Gezer con sus campos de alrededor, Quibsaim con sus campos de alrededor y Bet-jorón con sus campos de alrededor; cuatro ciudades. De la tribu de Dan: Elteque con sus campos de alrededor, Gibetón con sus campos de alrededor, Ajalón con sus campos de alrededor y Gat-rimón con sus campos de alrededor; cuatro ciudades. Y de la media tribu de Manasés les dieron Taanac con sus campos de alrededor y Gat-rimón con sus campos de alrededor; dos ciudades. El total de las ciudades para los clanes de los hijos de Cohat que habían quedado fue de diez, con sus campos de alrededor. A los hijos de Gersón, uno de los clanes de los levitas, les dieron: De la media tribu de Manasés: Golán en Basán con sus campos de alrededor, ciudad de refugio para los homicidas y Beestera con sus campos de alrededor; dos ciudades. De la tribu de Isacar: Quisión con sus campos de alrededor, Daberat con sus campos de alrededor, Jarmut con sus campos de alrededor y En-ganim con sus campos de alrededor; cuatro ciudades. De la tribu de Aser: Miseal con sus campos de alrededor, Abdón con sus campos de alrededor, Helcat con sus campos de alrededor y Rejob con sus campos de alrededor; cuatro ciudades. De la tribu de Neftalí: Quedes en Galilea con sus campos de alrededor, ciudad de refugio para los homicidas; Hamot-dor con sus campos de alrededor y Cartán con sus campos de alrededor; tres ciudades. El total de las ciudades de los gersonitas, según sus clanes, fue de trece con sus campos de alrededor. A las familias de los hijos de Merari, los levitas que habían quedado, les dieron: De la tribu de Zabulón: Jocneam con sus campos de alrededor, Carta con sus campos de alrededor, Dimna con sus campos de alrededor y Nahalal con sus campos de alrededor; cuatro ciudades. De la tribu de Rubén: Beser con sus campos de alrededor, Jahaz con sus campos de alrededor, Quedemot con sus campos de alrededor y Mefaat con sus campos de alrededor; cuatro ciudades. De la tribu de Gad: Ramot en Galaad con sus campos de alrededor, ciudad de refugio para los homicidas; Majanaim con sus campos de alrededor, Hesbón con sus campos de alrededor y Jazer con sus campos de alrededor; cuatro ciudades. El total de las ciudades repartidas por sorteo a los hijos de Merari, según sus clanes, es decir, a los clanes de los levitas que habían quedado, fue de doce ciudades. El total de las ciudades de los levitas en medio de la posesión de los hijos de Israel fue de cuarenta y ocho, con sus campos de alrededor. Estas ciudades tenían cada una sus campos de alrededor; era así con todas estas ciudades. Así dio Jehovah a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres. Ellos tomaron posesión de ella y habitaron en ella. Y Jehovah les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres. Ninguno de sus enemigos pudo resistirles, porque Jehovah entregó en su mano a todos sus enemigos. No falló ninguna palabra de todas las buenas promesas que Jehovah había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió. Entonces Josué convocó a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés, y les dijo: —Vosotros habéis guardado todo lo que Moisés siervo de Jehovah os mandó, y habéis obedecido mi voz en todo lo que yo os he mandado. No habéis abandonado a vuestros hermanos en este largo tiempo, hasta el día de hoy; sino que habéis guardado los mandamientos que Jehovah vuestro Dios os ha encomendado. Ahora que Jehovah vuestro Dios ha dado reposo a vuestros hermanos, como les había prometido, volved y regresad a vuestras moradas, a la tierra de vuestra posesión que Moisés siervo de Jehovah os ha dado al otro lado del Jordán. Solamente tened mucho cuidado de poner por obra el mandamiento y la ley que Moisés siervo de Jehovah os mandó: que améis a Jehovah vuestro Dios, que andéis en todos sus caminos, que guardéis sus mandamientos, que le seáis fieles y que le sirváis con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma. Luego Josué los bendijo y los despidió, y ellos se volvieron a sus moradas. Moisés había dado heredad en Basán a la media tribu de Manasés. Y a la otra media tribu Josué le dio heredad entre sus hermanos en el lado occidental del Jordán. Cuando Josué los envió a sus moradas, los bendijo, y les habló diciendo: —Volved a vuestras moradas con grandes riquezas, con mucho ganado, con plata, con oro, con bronce y con muchos vestidos. Compartid con vuestros hermanos el botín de vuestros enemigos. Entonces los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés regresaron y se apartaron de los hijos de Israel en Silo, que está en la tierra de Canaán, para ir a la tierra de Galaad, a la tierra de sus heredades, donde se habían establecido, según el mandato de Jehovah por medio de Moisés. Cuando llegaron a la región del Jordán, en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar de aspecto imponente. Entonces los hijos de Israel oyeron decir: "He aquí que los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés han edificado un altar frente a la tierra de Canaán, en la región del Jordán, en el lado de los hijos de Israel." Cuando los hijos de Israel oyeron esto, se reunió toda la congregación de los hijos de Israel en Silo, para subir a combatir contra ellos. Fineas, hijo del sacerdote Eleazar, fue enviado por los hijos de Israel a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, en la tierra de Galaad. También fueron con él diez jefes, un jefe por cada casa paterna de cada una de las tribus de Israel, cada uno de los cuales era jefe de su casa paterna entre los millares de Israel. Estos fueron a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, en la tierra de Galaad, y les hablaron diciendo: —Toda la congregación de Jehovah dice así: "¿Qué infidelidad es ésta que habéis cometido contra el Dios de Israel, apartándoos hoy de seguir a Jehovah al edificaros un altar y rebelaros hoy contra Jehovah? ¿Nos ha sido poca la maldad de Peor, de la cual aún no estamos purificados hasta el día de hoy, y por la cual vino una plaga a la congregación de Jehovah? Vosotros os apartáis hoy de seguir a Jehovah; y sucederá que hoy vosotros os rebeláis contra Jehovah, y mañana él se airará contra toda la congregación de Israel. Si os parece que la tierra que poseéis es inmunda, pasaos a la tierra de la posesión de Jehovah, en la cual está el tabernáculo de Jehovah, y estableceos entre nosotros. Pero no os rebeléis contra Jehovah, ni os rebeléis contra nosotros, edificándoos un altar aparte del altar de Jehovah nuestro Dios. Cuando Acán hijo de Zéraj cometió transgresión con respecto al anatema, ¿no cayó la ira sobre toda la congregación de Israel? ¡Aquel hombre no pereció solo en su iniquidad! Entonces los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés respondieron y dijeron a los jefes de los millares de Israel: —El Dios de dioses, Jehovah, el Dios de dioses, Jehovah, él lo sabe. Y que lo sepa Israel. Si ha sido por rebelión o por infidelidad contra Jehovah, que no nos libre en este día. Si nos hemos edificado un altar para apartarnos de en pos de Jehovah o para ofrecer sobre él holocausto u ofrenda vegetal, o para ofrecer sobre él sacrificios de paz, que Jehovah mismo nos lo demande. Pero en realidad lo hicimos así por temor de que en el futuro vuestros hijos digan a nuestros hijos: "¿Qué tenéis que ver vosotros con Jehovah Dios de Israel? Oh hijos de Rubén e hijos de Gad, ya que entre nosotros y vosotros Jehovah ha puesto por límite el Jordán, vosotros no tenéis parte con Jehovah." Así vuestros hijos harían que nuestros hijos dejaran de temer a Jehovah. Por eso dijimos: "Preparémonos y edifiquémonos un altar, no para holocausto ni para sacrificio, sino para que sirva de testimonio entre nosotros y vosotros, y entre las generaciones que nos sucederán, de que nosotros servimos a Jehovah, en su presencia, con nuestros holocaustos, con nuestras ofrendas y con nuestros sacrificios de paz." Entonces vuestros hijos no podrán decir a nuestros hijos en el futuro: "Vosotros no tenéis parte con Jehovah." Nosotros, pues, dijimos: "Si sucede que en el futuro ellos nos dicen esto a nosotros o a nuestros descendientes, responderemos: ‘Mirad la réplica del altar de Jehovah, la cual edificaron nuestros padres, no para holocaustos ni para sacrificios, sino para que fuese testimonio entre nosotros y vosotros.’ Lejos esté de nosotros el rebelarnos contra Jehovah, o el apartarnos hoy de seguir a Jehovah, edificando un altar para holocaustos, para ofrendas vegetales o para sacrificios, aparte del altar de Jehovah nuestro Dios que está delante de su tabernáculo." Cuando el sacerdote Fineas, los jefes de la congregación y los jefes de los millares de Israel que estaban con él oyeron las palabras que hablaron los hijos de Rubén, los hijos de Gad y los hijos de Manasés, les pareció bien. Entonces Fineas, hijo del sacerdote Eleazar, dijo a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a los hijos de Manasés: —Hoy reconocemos que Jehovah está entre nosotros, pues no habéis cometido esta infidelidad contra Jehovah. Ahora habéis librado a los hijos de Israel de la mano de Jehovah. Fineas, hijo del sacerdote Eleazar, y los jefes se apartaron de los hijos de Rubén y de los hijos de Gad; se volvieron de la tierra de Galaad a la tierra de Canaán, a los hijos de Israel, y les informaron. El informe agradó a los hijos de Israel, y los hijos de Israel bendijeron a Dios. No hablaron más de ir contra ellos en plan de guerra para destruir la tierra en que habitaban los hijos de Rubén y los hijos de Gad. Los hijos de Rubén y los hijos de Gad llamaron al altar Ed, diciendo: "Porque es un testimonio entre nosotros de que Jehovah es Dios." Mucho tiempo después que Jehovah diera reposo a Israel de todos sus enemigos de alrededor, aconteció que Josué, siendo ya viejo y de edad avanzada, convocó a todo Israel, a sus ancianos, a sus jefes, a sus jueces y a sus oficiales, y les dijo: "Yo ya soy viejo y de edad avanzada. Vosotros habéis visto todo lo que Jehovah vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por causa vuestra; porque Jehovah vuestro Dios es el que ha combatido por vosotros. Mirad, os he repartido por sorteo, como heredad para vuestras tribus, estas naciones que quedan, así como las que yo he exterminado, desde el Jordán hasta el mar Grande, hacia donde se pone el sol. Jehovah vuestro Dios las arrojará de delante de vosotros y las echará de vuestra presencia. Y vosotros tomaréis posesión de sus tierras, como Jehovah vuestro Dios os ha prometido. "Por tanto, esforzaos mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la Ley de Moisés, sin apartaros de ella ni a la derecha ni a la izquierda. No os mezcléis con estas naciones que han quedado entre vosotros. No hagáis mención del nombre de sus dioses ni juréis por ellos. No les rindáis culto, ni os postréis ante ellos. "Sólo a Jehovah, vuestro Dios, seréis fieles, como habéis sido hasta el día de hoy; porque Jehovah ha echado de delante de vosotros a naciones grandes y fuertes, y nadie ha podido resistir delante de vosotros hasta el día de hoy. Uno de vosotros persigue a mil, porque Jehovah vuestro Dios combate por vosotros, como él os ha prometido. Por eso, tened mucho cuidado, por vuestras propias vidas, de amar a Jehovah vuestro Dios. Pero si os volvéis atrás y os adherís a los sobrevivientes de estas naciones que han quedado entre vosotros, y os unís con ellas en matrimonio y os mezcláis con ellas y ellas con vosotros, estad seguros de que Jehovah vuestro Dios no continuará echando a estas naciones de delante de vosotros. Antes bien, ellas serán para vosotros una trampa y un lazo, azotes en vuestros costados y espinas en vuestros ojos, hasta que perezcáis en esta buena tierra que Jehovah vuestro Dios os ha dado. "He aquí que yo estoy para ir por el camino de todo el mundo. Reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma que no ha fallado ni una sola palabra de todas las buenas promesas que Jehovah vuestro Dios os había hecho. Todas se han cumplido para vosotros; no ha fallado de ellas ni una sola palabra. Pero sucederá que así como se ha cumplido para vosotros toda palabra buena que Jehovah vuestro Dios os ha dicho, así también traerá Jehovah sobre vosotros toda palabra mala, hasta eliminaros de esta buena tierra que Jehovah vuestro Dios os ha dado. Si violáis el pacto que Jehovah vuestro Dios os ha mandado, y os vais y servís a otros dioses, postrándoos ante ellos, la ira de Jehovah se encenderá contra vosotros, y rápidamente pereceréis en esta buena tierra que él os ha dado." Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquem, y convocó a los ancianos de Israel, a sus jefes, a sus jueces y a sus oficiales. Ellos se presentaron delante de Dios, y Josué dijo a todo el pueblo: —Así ha dicho Jehovah Dios de Israel: "Vuestros padres (Taré, padre de Abraham y de Nacor) habitaron antiguamente al otro lado del Río, y sirvieron a otros dioses. Pero yo tomé a vuestro padre Abraham del otro lado del Río, lo traje por toda la tierra de Canaán, aumenté su descendencia y le di por hijo a Isaac. A Isaac le di por hijos a Jacob y Esaú. A Esaú le di la región montañosa de Seír, para que la poseyese, mientras que Jacob y sus hijos descendieron a Egipto. Entonces envié a Moisés y a Aarón, y castigué a Egipto de la manera como lo hice allí, y después os saqué. Saqué de Egipto a vuestros padres, y vosotros llegasteis al mar. Los egipcios persiguieron a vuestros padres hasta el mar Rojo, con carros y jinetes. Entonces ellos clamaron a Jehovah, y él puso oscuridad entre vosotros y los egipcios, e hizo venir sobre ellos el mar, el cual los cubrió. Vuestros ojos vieron lo que hice en Egipto. Después estuvisteis muchos años en el desierto, y os introduje en la tierra de los amorreos que habitaban al otro lado del Jordán. Ellos combatieron contra vosotros; pero yo los entregué en vuestra mano, y poseísteis su tierra, porque yo los destruí delante de vosotros. Después se levantó Balac hijo de Zipor, rey de los moabitas, y combatió contra Israel. El mandó llamar a Balaam hijo de Beor para que os maldijese, pero yo no quise escuchar a Balaam. Antes bien, él os bendijo repetidamente, y yo os libré de su mano. Después cruzasteis el Jordán y vinisteis a Jericó. Los señores de Jericó combatieron contra vosotros, así como también los amorreos, los ferezeos, los cananeos, los heteos, los gergeseos, los heveos y los jebuseos; pero yo los entregué en vuestra mano. Envié delante de vosotros la avispa, y ella echó de delante de vosotros a los dos reyes de los amorreos. Esto no fue con vuestra espada ni con vuestro arco. Yo os he dado una tierra por la cual vosotros no trabajasteis con dureza, unas ciudades que no edificasteis y en las cuales habitáis. Y coméis de las viñas y de los olivares que no plantasteis." Ahora pues, temed a Jehovah. Servidle con integridad y con fidelidad. Quitad de en medio los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del Río y en Egipto, y servid a Jehovah. Pero si os parece mal servir a Jehovah, escogeos hoy a quién sirváis: si a los dioses a los cuales servían vuestros padres cuando estaban al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis. Pero yo y mi casa serviremos a Jehovah. Entonces el pueblo respondió diciendo: —¡Lejos esté de nosotros el abandonar a Jehovah para servir a otros dioses! Porque Jehovah, nuestro Dios, es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud. Delante de nuestros ojos él ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado en todo el camino por donde hemos andado y en todos los pueblos por los cuales hemos pasado. Jehovah ha arrojado de delante de nosotros a todos los pueblos, y a los amorreos que habitaban en el país. Nosotros también serviremos a Jehovah, porque él es nuestro Dios. Entonces Josué dijo al pueblo: —No podréis servir a Jehovah, porque él es un Dios santo y un Dios celoso. El no soportará vuestras rebeliones ni vuestros pecados. Si vosotros dejáis a Jehovah y servís a dioses extraños, él se volverá y os castigará, y os exterminará después de haberos hecho bien. Entonces el pueblo dijo a Josué: —¡No, sino que a Jehovah serviremos! Josué respondió al pueblo: —Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis escogido a Jehovah para servirle. Ellos respondieron: —¡Sí, somos testigos! Josué dijo: —Quitad, pues, ahora los dioses extraños que están en medio de vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehovah Dios de Israel. Y el pueblo respondió a Josué: —¡A Jehovah nuestro Dios serviremos, y su voz obedeceremos! Aquel mismo día Josué hizo un pacto con el pueblo, y les dio leyes y decretos en Siquem. Josué escribió estas palabras en el libro de la Ley de Dios. Y tomando una gran piedra, la erigió allí debajo de la encina que estaba junto al santuario de Jehovah. Luego Josué dijo a todo el pueblo: —He aquí, esta piedra será un testigo contra nosotros. Ella ha escuchado todas las palabras que Jehovah nos ha hablado. Será, pues, testigo contra vosotros, no sea que neguéis a vuestro Dios. Después Josué despidió al pueblo, cada uno a su heredad. Sucedió que después de estas cosas murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehovah, cuando tenía 110 años. Y lo sepultaron en los terrenos de su heredad en Timnat-séraj, que está en la región montañosa de Efraín, al norte del monte Gaas. Israel sirvió a Jehovah todo el tiempo de Josué y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, quienes conocían todas las obras que Jehovah había hecho por Israel. Y sepultaron en Siquem los restos de José, que los hijos de Israel habían traído de Egipto, en la parte del campo que Jacob compró a los hijos de Hamor, padre de Siquem, por 100 piezas de dinero. Y vino a ser heredad de los hijos de José. También murió Eleazar hijo de Aarón, y lo sepultaron en la colina de su hijo Fineas, que le había sido dada en la región montañosa de Efraín. Aconteció, después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron a Jehovah preguntando: —¿Quién subirá primero por nosotros para combatir contra los cananeos? Y Jehovah respondió: —Judá subirá. He aquí que yo he entregado la tierra en su mano. Entonces Judá dijo a Simeón su hermano: —Sube conmigo a mi territorio y combatamos contra los cananeos, y después yo también iré contigo a tu territorio. Y Simeón fue con él. Entonces subió Judá, y Jehovah entregó en su mano a los cananeos y a los ferezeos; y derrotaron en Bezec a 10.000 hombres de ellos. En Bezec hallaron a Adonibezec y combatieron contra él. Y derrotaron a los cananeos y a los ferezeos. Adonibezec huyó, pero lo persiguieron, lo capturaron y le cortaron los pulgares de sus manos y de sus pies. Entonces dijo Adonibezec: "Setenta reyes con los pulgares de sus manos y de sus pies cortados recogían las migajas debajo de mi mesa. Tal como yo hice, así me ha pagado Dios." Y lo llevaron a Jerusalén, donde murió. Entonces los hijos de Judá combatieron contra Jerusalén, la tomaron, la hirieron a filo de espada y prendieron fuego a la ciudad. Y después los hijos de Judá descendieron para combatir contra los cananeos que habitaban en la región montañosa, en el Néguev y en la Sefela. Luego marchó Judá contra los cananeos que habitaban en Hebrón y derrotó a Sesai, a Ajimán y a Talmai. (Antes el nombre de Hebrón era Quiriat-arba.) De allí marchó contra los habitantes de Debir. (Antes el nombre de Debir era Quiriat-séfer.) Entonces Caleb dijo: —Al que ataque y tome Quiriat-séfer, yo le daré por mujer a mi hija Acsa. Otoniel hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb, fue quien la tomó. Y Caleb le dio por mujer a su hija Acsa. Y aconteció que cuando ella llegó, le persuadió a que pidiese a su padre un campo. Entonces ella hizo señas desde encima del asno, y Caleb le preguntó: —¿Qué quieres? Ella le respondió: —Hazme un favor: Ya que me has dado tierra en el Néguev, dame también fuentes de aguas. Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo. Los descendientes del queneo, suegro de Moisés, subieron con los hijos de Judá de la Ciudad de las Palmeras al desierto de Judá que está en el Néguev de Arad, y fueron y habitaron con el pueblo. Después fue Judá con su hermano Simeón, y derrotaron a los cananeos que habitaban en Sefat, y la destruyeron. Y pusieron por nombre a la ciudad Horma. Judá también tomó Gaza con su territorio, Ascalón con su territorio y Ecrón con su territorio. Jehovah estaba con Judá, y éste tomó posesión de la región montañosa. Pero no pudo echar a los habitantes del valle, porque éstos tenían carros de hierro. Después dieron Hebrón a Caleb, como Moisés había dicho. Y él echó de allí a los tres hijos de Anac. Pero los hijos de Benjamín no pudieron echar a los jebuseos que habitaban en Jerusalén. Así que los jebuseos han habitado con los hijos de Benjamín en Jerusalén, hasta el día de hoy. También los de la casa de José subieron contra Betel, y Jehovah estuvo con ellos. Los de la casa de José hicieron un reconocimiento de Betel. (Antes el nombre de la ciudad era Luz.) Los espías vieron a un hombre que salía de la ciudad y le dijeron: "Por favor, muéstranos la entrada de la ciudad, y tendremos misericordia de ti." El les mostró la entrada de la ciudad, y ellos la hirieron a filo de espada; pero dejaron libre a aquel hombre y a toda su familia. El hombre se fue a la tierra de los heteos y edificó una ciudad a la que llamó Luz; éste es su nombre hasta el día de hoy. Pero Manasés no pudo echar a los habitantes de Bet-seán y sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los de Ibleam y sus aldeas, ni a los de Meguido y sus aldeas. Más bien, los cananeos persistieron en habitar en aquella tierra. Sin embargo, aconteció que cuando Israel llegó a ser fuerte, sometió a los cananeos a tributo laboral, pero no los echó del todo. Tampoco Efraín pudo echar a los cananeos que habitaban en Gezer, sino que los cananeos habitaron en medio de ellos, en Gezer. Tampoco Zabulón pudo echar a los habitantes de Quitrón ni a los habitantes de Nahalal. Los cananeos habitaron en medio de ellos, pero fueron sometidos a tributo laboral. Tampoco Aser pudo echar a los habitantes de Aco, ni a los habitantes de Sidón, ni de Ajlab, ni de Acziv, ni de Helba, ni de Afec, ni de Rejob. Los de Aser vivieron entre los cananeos, habitantes de aquella tierra, porque no los pudieron echar. Tampoco Neftalí pudo echar a los habitantes de Bet-semes, ni a los de Bet-anat, sino que habitó entre los cananeos que habitaban en la tierra. Los habitantes de Bet-semes y los de Bet-anat fueron sometidos a tributo laboral. Los amorreos contuvieron a los hijos de Dan en la región montañosa, y no permitieron que bajaran al valle. Los amorreos persistieron en habitar en el monte Heres, en Ajalón y en Saalbín. Pero al llegar a ser fuerte la casa de José, aquéllos fueron sometidos a tributo laboral. La frontera de los amorreos se extendía desde la cuesta de Acrabim, desde Sela hacia arriba. El ángel de Jehovah subió de Gilgal a Boquim, y dijo: —Yo os saqué de Egipto y os introduje en la tierra acerca de la cual había jurado a vuestros padres diciendo: "No invalidaré jamás mi pacto con vosotros, con tal que vosotros no hagáis una alianza con los habitantes de esta tierra, cuyos altares habréis de derribar." Pero vosotros no habéis obedecido mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto? Por eso yo digo también: No los echaré de delante de vosotros, sino que os serán adversarios, y sus dioses os servirán de tropiezo. Aconteció que cuando el ángel de Jehovah acabó de decir estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo alzó su voz y lloró. Por eso llamaron a aquel lugar Boquim. Y ofrecieron allí sacrificios a Jehovah. Cuando Josué ya había despedido al pueblo, los hijos de Israel se fueron cada uno a su heredad para tomar posesión de la tierra. El pueblo sirvió a Jehovah todo el tiempo de Josué y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, quienes habían visto todas las grandes obras que Jehovah había hecho por Israel. Josué hijo de Nun, siervo de Jehovah, murió cuando tenía 110 años. Y lo sepultaron en el terreno de su heredad en Timnat-séraj, en la región montañosa de Efraín, al norte del monte Gaas. Y toda aquella generación fue también reunida con sus padres. Después de ellos se levantó otra generación que no conocía a Jehovah, ni la obra que él había hecho por Israel. Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehovah y sirvieron a los Baales. Abandonaron a Jehovah, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, entre los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehovah. Abandonaron a Jehovah, y sirvieron a Baal y a las Astartes. El furor de Jehovah se encendió contra Israel, y los entregó en mano de saqueadores que los saqueaban. Los abandonó en mano de sus enemigos de alrededor, y ellos no pudieron resistir más ante sus enemigos. Dondequiera que salían, la mano de Jehovah estaba contra ellos para mal, como Jehovah les había dicho y como Jehovah les había jurado. Así los afligió en gran manera. Entonces Jehovah levantó jueces que los librasen de mano de los que les saqueaban. Pero tampoco escuchaban a sus jueces, sino que se prostituían tras otros dioses a los cuales adoraban. Se apartaron pronto del camino por el que habían andado sus padres, quienes habían obedecido los mandamientos de Jehovah. Ellos no lo hicieron así. Cuando Jehovah les levantaba jueces, Jehovah estaba con el juez y los libraba de mano de sus enemigos todo el tiempo de aquel juez. Porque Jehovah se conmovía ante sus gemidos, a causa de los que los oprimían y afligían. Pero acontecía que cuando moría el juez, ellos volvían atrás y se corrompían más que sus padres, siguiendo a otros dioses para servirles y para postrarse ante ellos. No se apartaban de sus obras ni de su obstinado camino. Entonces el furor de Jehovah se encendió contra Israel, y dijo: "Puesto que este pueblo ha quebrantado mi pacto que yo establecí con sus padres, y no ha obedecido mi voz, tampoco yo volveré a echar de delante de ellos a ninguna de las naciones que Josué dejó cuando murió, para que por medio de ellas yo pruebe si Israel va a guardar o no el camino de Jehovah andando por él, como sus padres lo guardaron." Por eso Jehovah dejó allí a aquellas naciones y no las arrojó de una vez, ni las entregó en mano de Josué. Estas son las naciones que Jehovah dejó para probar por medio de ellas a Israel—a todos los que no habían conocido ninguna de las guerras de Canaán—, sólo para que las generaciones de los hijos de Israel conociesen la guerra y la enseñasen a los que antes no la habían conocido: los cinco jefes de los filisteos, todos los cananeos, los sidonios y los heveos que habitaban en la región montañosa del Líbano, desde el monte Baal-hermón hasta Lebo-hamat. Estos estaban para probar por medio de ellos a Israel, para saber si éste obedecería los mandamientos que Jehovah había dado a sus padres por medio de Moisés. Así es que los hijos de Israel habitaban entre los cananeos, los heteos, los amorreos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos. Además, tomaron a sus hijas por mujeres, dieron sus hijas a los hijos de ellos y sirvieron a sus dioses. Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehovah. Olvidaron a Jehovah su Dios y sirvieron a los Baales y a las Aseras. Así que el furor de Jehovah se encendió contra Israel, y los abandonó en manos de Cusán-risataim, rey de Siria mesopotámica. Los hijos de Israel sirvieron a Cusán-risataim durante ocho años. Pero cuando los hijos de Israel clamaron a Jehovah, Jehovah levantó un libertador a los hijos de Israel, quien los libró. Este fue Otoniel hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb. El Espíritu de Jehovah vino sobre él, y juzgó a Israel. Salió a la guerra, y Jehovah entregó en su mano a Cusán-risataim, rey de Siria mesopotámica; y su mano prevaleció contra Cusán-risataim. Así reposó la tierra durante cuarenta años. Y murió Otoniel hijo de Quenaz. Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehovah. Y Jehovah fortaleció a Eglón, rey de Moab, contra Israel, porque habían hecho lo malo ante los ojos de Jehovah. El rey reunió consigo a los hijos de Amón y de Amalec, y fue y derrotó a Israel; y tomaron posesión de la Ciudad de las Palmeras. Y los hijos de Israel sirvieron a Eglón, rey de Moab, durante dieciocho años. Pero los hijos de Israel clamaron a Jehovah, y Jehovah les levantó un libertador: Ehud hijo de Gera, un hombre de Benjamín, que era zurdo. Los hijos de Israel enviaron con él un presente a Eglón, rey de Moab. Ehud se había hecho un puñal de doble filo y de un gomed de largo, y se lo ciñó debajo de su ropa, sobre su muslo derecho. El entregó el presente a Eglón, rey de Moab. Eglón era un hombre muy obeso. Aconteció que después de haber entregado el presente, Ehud despidió a la gente que lo había traído. Pero él se volvió desde los ídolos que están cerca de Gilgal, y le dijo: —Oh rey, tengo un mensaje secreto para ti. Entonces él dijo: —¡Calla! Luego salieron de su presencia todos los que estaban con él. Y Ehud se acercó a él, quien estaba sentado en una sala de verano que tenía para él solo. Ehud le dijo: —Tengo un mensaje de Dios para ti. Entonces él se levantó de su silla, pero Ehud extendió su mano izquierda, tomó el puñal de su muslo derecho y se lo hundió en el vientre. El mango entró tras la hoja, y la gordura cubrió la hoja, porque no sacó el puñal de su vientre; y le salió por detrás. Luego Ehud salió al pórtico, cerró tras sí las puertas de la sala de verano y puso el cerrojo. Cuando él salió, fueron los siervos del rey y miraron; y he aquí que las puertas de la sala estaban cerradas con cerrojo. Ellos dijeron: —Sin duda está haciendo sus necesidades en el interior de la sala de verano. Esperaron hasta quedar desconcertados. Pero viendo que él no abría las puertas de la sala, tomaron la llave y la abrieron. Y he aquí que su señor estaba caído sobre el suelo, muerto. Mientras ellos esperaban, Ehud se escapó. Luego pasó los ídolos y se escapó hacia Seirat. Cuando llegó, tocó la corneta en la región montañosa de Efraín. Entonces los hijos de Israel descendieron con él de los montes, y él iba delante de ellos. Después él les dijo: —¡Seguidme, porque Jehovah ha entregado en vuestra mano a vuestros enemigos, los moabitas! Ellos fueron tras él, tomaron los vados del Jordán que conducen a Moab y no dejaron pasar a nadie. En aquella ocasión mataron como a 10.000 hombres de los moabitas, todos hombres robustos y valientes. No escapó ninguno. Así quedó Moab, aquel día, sometido bajo la mano de Israel. Y la tierra reposó durante ochenta años. Después de él vino Samgar hijo de Anat, quien mató a 600 hombres de los filisteos con una aguijada de buey. El también libró a Israel. Después de la muerte de Ehud, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehovah. Entonces Jehovah los abandonó en mano de Jabín, rey de Canaán, el cual reinaba en Hazor. El jefe de su ejército era Sísara, y habitaba en Haroset-goím. Los hijos de Israel clamaron a Jehovah, porque aquél tenía 900 carros de hierro y había oprimido con crueldad a los hijos de Israel durante veinte años. En aquel tiempo gobernaba a Israel Débora, profetisa, esposa de Lapidot. Ella solía sentarse debajo de la palmera de Débora, entre Ramá y Betel, en la región montañosa de Efraín. Y los hijos de Israel acudían a ella para juicio. Entonces ella mandó llamar a Barac hijo de Abinoam, de Quedes de Neftalí, y le dijo: —¿No te ha mandado Jehovah Dios de Israel, diciendo: "Vé, toma contigo a 10.000 hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón, reúnelos en el monte Tabor, y yo atraeré hacia ti, al arroyo de Quisón, a Sísara, jefe del ejército de Jabín, con sus carros y sus escuadrones, y lo entregaré en tu mano"? Barac le respondió: —Si tú vas conmigo, yo iré. Pero si no vas conmigo, no iré. Ella le dijo: —¡Ciertamente iré contigo! Sólo que no será tuya la gloria, por la manera en que te comportas; porque en manos de una mujer entregará Jehovah a Sísara. Débora se levantó y fue con Barac a Quedes. Entonces Barac convocó a Zabulón y a Neftalí en Quedes, y le siguieron 10.000 hombres. Y Débora fue con él. Heber el queneo se había apartado de los queneos descendientes de Hobab, suegro de Moisés, y había ido instalando sus tiendas hasta la encina de Zaananim, que está junto a Quedes. Cuando comunicaron a Sísara que Barac hijo de Abinoam había subido al monte Tabor, Sísara reunió todos sus carros, 900 carros de hierro, con todo el pueblo que estaba con él, desde Haroset-goím hasta el arroyo de Quisón. Entonces Débora dijo a Barac: —¡Levántate, porque éste es el día en que Jehovah ha entregado a Sísara en tu mano! ¿No ha salido Jehovah delante de ti? Barac descendió del monte Tabor con los 10.000 hombres detrás de él. Y Jehovah desbarató a filo de espada a Sísara con todos sus carros y todo su ejército, delante de Barac. Sísara mismo se bajó del carro y huyó a pie. Entonces Barac persiguió los carros y al ejército hasta Haroset-goím. Todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada hasta no quedar ni uno. Sísara huyó a pie a la tienda de Jael, mujer de Heber el queneo, porque había paz entre Jabín, rey de Hazor, y la casa de Heber el queneo. Jael salió para recibir a Sísara y le dijo: —¡Ven, señor mío! Ven a mí; no tengas temor. El entró en la tienda con ella, y ella le cubrió con una manta. Y él le dijo: —Por favor, dame un poco de agua, porque tengo sed. Ella abrió un odre de leche y le dio de beber, y lo volvió a cubrir. Entonces él le dijo: —Quédate a la entrada de la tienda, y si alguien viene y te pregunta diciendo: "¿Hay alguno aquí?," responderás que no. Pero Jael, mujer de Heber, tomó una estaca de la tienda, y tomando un mazo en su mano fue a él silenciosamente y le metió la estaca por las sienes, clavándola en la tierra, mientras él estaba profundamente dormido y agotado. Así murió. Y he aquí que cuando Barac venía persiguiendo a Sísara, Jael salió a su encuentro y le dijo: —Ven, y te mostraré al hombre que buscas. El entró con ella, y he aquí que Sísara yacía muerto con la estaca clavada en su sien. Así sometió Dios aquel día a Jabín, rey de Canaán, ante los hijos de Israel. Y la mano de los hijos de Israel comenzó a endurecerse más y más contra Jabín, rey de Canaán, hasta que lo destruyeron. Aquel día cantó Débora con Barac hijo de Abinoam, diciendo: "Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel, por haberse ofrecido el pueblo voluntariamente, ¡bendecid a Jehovah! "Oíd, oh reyes; escuchad, oh gobernantes: Yo cantaré a Jehovah; cantaré salmos a Jehovah Dios de Israel. "Oh Jehovah, cuando saliste de Seír, cuando marchaste desde el campo de Edom, la tierra tembló; también los cielos gotearon, y las nubes gotearon agua. Los montes temblaron delante de Jehovah; aquel Sinaí, delante de Jehovah Dios de Israel. "En los días de Samgar hijo de Anat, en los días de Jael, los caminos quedaron abandonados, y los caminantes se apartaban por sendas retorcidas. Quedaron abandonadas las aldeas en Israel; quedaron abandonadas hasta que yo, Débora, me levanté. ¡Me levanté como madre en Israel! "Cuando escogían dioses nuevos, la guerra estaba a las puertas; y no se veía ni lanza ni escudo entre cuarenta mil en Israel. ¡Mi corazón está con los jefes de Israel! Los que voluntariamente se ofrecieron entre el pueblo: ¡Bendecid a Jehovah! "Los que cabalgáis sobre asnas blancas, los que os sentáis sobre tapices, y los que vais por el camino, considerad la voz de los que cantan junto a los abrevaderos, donde recitan los justos hechos de Jehovah, los justos hechos de sus aldeanos que moran a campo abierto en Israel. Entonces descendió a las puertas el pueblo de Jehovah. "¡Despierta, despierta, oh Débora! ¡Despierta, despierta! ¡Entona un cántico! ¡Levántate, oh Barac! ¡Lleva tus cautivos, oh hijo de Abinoam! Entonces descendió el remanente de los poderosos, y el pueblo de Jehovah vino a mí con los valientes. "De Efraín vinieron algunos cuyas raíces estaban en Amalec; detrás viniste tú, oh Benjamín, con tu pueblo; de Maquir descendieron los jefes; de Zabulón vinieron los que llevan la vara de mando. Los jefes de Isacar fueron con Débora. Así como Barac, también fue Isacar. Fue traído tras él en el valle. "En las divisiones de Rubén hubo grandes deliberaciones del corazón. ¿Por qué te quedaste entre los rediles para escuchar los balidos de los rebaños? ¡En las divisiones de Rubén hubo grandes deliberaciones del corazón! "Galaad se quedó al otro lado del Jordán. Y Dan, ¿por qué se quedó junto a los navíos? También Aser se mantuvo en la costa del mar, y se quedó habitando en sus bahías. "Zabulón es el pueblo que expuso su vida hasta la muerte; Neftalí también, en las alturas del campo. "Vinieron los reyes y combatieron; entonces combatieron los reyes de Canaán en Taanac, junto a las aguas de Meguido, ¡pero no se llevaron botín de plata! "Desde los cielos combatieron las estrellas; desde sus órbitas combatieron contra Sísara. El torrente de Quisón los arrastró, el antiguo torrente, el torrente de Quisón. ¡Marcha, oh alma mía, con poder! Entonces resonaron los cascos de los caballos, por el continuo galope de sus corceles. "‘¡Maldecid a Meroz!’, dijo el ángel de Jehovah. ‘Maldecid severamente a sus moradores, porque no vinieron en ayuda de Jehovah, en ayuda de Jehovah con los valientes.’ "¡Bendita entre las mujeres sea Jael, mujer de Heber el queneo. Sea bendita entre las mujeres que habitan en tiendas. El pidió agua, y ella le dio leche; en taza de nobles le sirvió nata. Con su mano tomó la estaca, y con su derecha el mazo de obrero. Golpeó a Sísara, machacó su cabeza, perforó y atravesó su sien. A los pies de ella se encorvó y cayó; quedó tendido. A los pies de ella se encorvó y cayó. Donde se encorvó, allí cayó extenuado. "La madre de Sísara se asoma a la ventana, y mirando por la celosía, dice a gritos: ‘¿Por qué tarda su carro en venir? ¿Por qué se detienen las ruedas de sus carros?’ Las más sabias de sus damas le responden, y ella se repite a sí misma las palabras: ‘¿No habrán capturado botín? ¿No lo estarán repartiendo? Para cada hombre una joven, o dos; un botín de ropas de colores para Sísara; un botín de bordados de colores, bordados por ambos lados, para mi cuello… ¡Qué botín!’ "¡Perezcan así todos tus enemigos, oh Jehovah! Pero los que te aman sean como el sol cuando se levanta en su poderío." Y la tierra reposó durante cuarenta años. Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehovah. Entonces Jehovah los entregó en mano de Madián durante siete años, y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Por causa de los madianitas los hijos de Israel se hicieron escondrijos en las montañas, y cuevas y lugares fortificados. Porque sucedía que cuando Israel sembraba, subían contra él los madianitas, los amalequitas y los hijos del oriente. Y acampando contra ellos, arruinaban las cosechas de la tierra hasta cerca de Gaza. No dejaban qué comer en Israel: ni ovejas, ni toros, ni asnos; porque venían con sus ganados y con sus tiendas, siendo como langostas por su multitud. Ellos y sus camellos eran innumerables; así venían a la tierra para devastarla. Israel era empobrecido en gran manera por causa de los madianitas. Y los hijos de Israel clamaron a Jehovah. Y sucedió que cuando los hijos de Israel clamaron a Jehovah a causa de los madianitas, Jehovah envió a los hijos de Israel un profeta, que les dijo: —Así ha dicho Jehovah Dios de Israel: "Yo os hice subir de Egipto y os saqué de la casa de esclavitud. Os libré de mano de los egipcios y de mano de todos los que os oprimían, a los cuales eché de delante de vosotros y os di su tierra. Y os dije: ‘Yo soy Jehovah vuestro Dios; no veneréis a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis.’ Pero no habéis obedecido mi voz." Entonces el ángel de Jehovah fue y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, que pertenecía a Joás el abiezerita. Su hijo Gedeón estaba desgranando el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. Y se le apareció el ángel de Jehovah, y le dijo: —¡Jehovah está contigo, oh valiente guerrero! Y Gedeón le respondió: —¡Oh, señor mío! Si Jehovah está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos han contado diciendo: "¿No nos sacó Jehovah de Egipto?" Ahora Jehovah nos ha desamparado y nos ha entregado en mano de los madianitas. Jehovah le miró y le dijo: —Vé con esta tu fuerza y libra a Israel de mano de los madianitas. ¿No te envío yo? Entonces le respondió: —¡Oh, Señor mío! ¿Con qué podré yo librar a Israel? He aquí que mi familia es la más insignificante de Manasés, y yo soy el más pequeño en la casa de mi padre. Pero Jehovah le dijo: —Ciertamente yo estaré contigo, y tú derrotarás a los madianitas como a un solo hombre. Y él le respondió: —Si he hallado gracia ante tus ojos, dame, por favor, una señal de que eres tú el que hablas conmigo. Te ruego que no te vayas de aquí, hasta que yo vuelva a ti y traiga mi presente y lo ponga delante de ti. El respondió: —Yo me quedaré hasta que vuelvas. Gedeón entró, y preparó un cabrito y panes sin levadura de un efa de harina. Puso la carne en una canasta y puso el caldo en una olla; luego se los trajo y se los presentó debajo de la encina. Y el ángel de Dios le dijo: —Toma la carne y los panes sin levadura; ponlos sobre esta peña y vierte el caldo. El lo hizo así. Entonces el ángel de Jehovah extendió el cayado que tenía en la mano, y con la punta tocó la carne y los panes sin levadura, y subió fuego de la peña, que consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehovah desapareció de su vista. Dándose cuenta Gedeón de que era el ángel de Jehovah, exclamó: —¡Ay, Señor Jehovah! ¡Pues he visto cara a cara al ángel de Jehovah! Jehovah le dijo: —La paz sea contigo. No temas; no morirás. Entonces Gedeón edificó allí un altar a Jehovah, y lo llamó Jehovah-shalom. Este permanece hasta el día de hoy en Ofra de los abiezeritas. Aconteció aquella misma noche que Jehovah le dijo: —Toma un toro del hato que pertenece a tu padre, y un segundo toro de siete años. Luego derriba el altar de Baal que tiene tu padre, y corta el árbol ritual de Asera que está junto a él. Edifica ordenadamente un altar a Jehovah tu Dios en la cumbre de este peñasco. Luego toma el segundo toro y sacrifícalo en holocausto sobre la leña del árbol ritual de Asera que habrás cortado. Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos e hizo como Jehovah le había dicho. Pero sucedió que temiendo hacerlo de día, por causa de la casa de su padre y de los hombres de la ciudad, lo hizo de noche. Cuando por la mañana se levantaron los hombres de la ciudad, he aquí que el altar de Baal había sido derribado, el árbol ritual de Asera que estaba junto a él había sido cortado, y el segundo toro había sido ofrecido en holocausto sobre el altar edificado. Entonces se preguntaban unos a otros: —¿Quién ha hecho esto? Cuando indagaron y buscaron, dijeron: —Gedeón hijo de Joás ha hecho esto. Entonces los hombres de la ciudad dijeron a Joás: —Saca fuera a tu hijo, para que muera; porque ha derribado el altar de Baal y ha cortado el árbol ritual de Asera que estaba junto a él. Joás respondió a todos los que estaban frente a él: —¿Contenderéis vosotros por Baal? ¿Vosotros lo defenderéis? ¡El que contienda por Baal, que muera antes de mañana! Si es un dios, que contienda por sí mismo, porque alguien ha derribado su altar. Aquel día Gedeón fue llamado Jerobaal, que quiere decir: "Que Baal contienda con él," por cuanto derribó su altar. Todos los madianitas, los amalequitas y los hijos del oriente se reunieron, y cruzando el río acamparon en el valle de Jezreel. Entonces Gedeón fue investido por el Espíritu de Jehovah. El tocó la corneta, y los de Abiezer acudieron para ir tras él. Envió mensajeros por todo Manasés, y los de Manasés también acudieron para ir tras él. Asimismo, envió mensajeros a Aser, a Zabulón y a Neftalí, los cuales subieron a su encuentro. Pero Gedeón dijo a Dios: —Si has de librar a Israel por mi mano, como has dicho, he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era. Si el rocío está sólo en el vellón y toda la tierra queda seca, entonces sabré que librarás a Israel por mi mano, como has dicho. Y aconteció así. Cuando se levantó muy de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, una taza llena de agua. Pero Gedeón dijo a Dios: —No se encienda tu ira contra mí; permite que hable una vez más. Sólo probaré una vez más con el vellón: Por favor, que sólo el vellón quede seco y que el rocío esté sobre todo el suelo. Y Dios lo hizo así aquella noche. Sucedió que sólo el vellón quedó seco y que el rocío estuvo sobre todo el suelo. Jerobaal (es decir, Gedeón) se levantó muy de mañana con todo el pueblo que estaba con él, y acamparon junto al manantial de Harod. El campamento de los madianitas estaba al norte del suyo, cerca de la colina de Moré, en el valle. Y Jehovah dijo a Gedeón: —El pueblo que está contigo es demasiado numeroso para que yo entregue a los madianitas en su mano. No sea que Israel se jacte contra mí diciendo: "Mi propia mano me ha librado." Ahora pues, pregona a oídos del pueblo, y di: "¡Quien tema y tiemble, que se vuelva!" Entonces Gedeón los probó, y se volvieron 22.000 de ellos, y se quedaron 10.000. Pero Jehovah dijo a Gedeón: —El pueblo aún es demasiado numeroso. Hazlos descender a las aguas y allí te los probaré. Del que yo te diga: "Este irá contigo," ése irá contigo; pero de cualquiera que yo te diga: "Este no irá contigo," el tal no irá. Entonces hizo descender el pueblo a las aguas, y Jehovah dijo a Gedeón: —A todo el que lama el agua con su lengua, como lame el perro, lo pondrás aparte. Asimismo, a cualquiera que se doble sobre sus rodillas para beber. El número de los hombres que lamieron el agua, llevándola a su boca con la mano, fue de 300. Todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber agua. Entonces Jehovah dijo a Gedeón: —Con los 300 hombres que lamieron el agua os libraré y entregaré a los madianitas en tu mano. El resto del pueblo, que se vaya cada uno a su lugar. Tomaron en sus manos las provisiones del pueblo y las cornetas. Y él despidió a todos aquellos hombres de Israel, cada uno a su morada; pero retuvo a los 300 hombres. El campamento de Madián estaba abajo, en el valle. Aconteció que aquella noche Jehovah le dijo: —Levántate y desciende contra el campamento, porque yo lo he entregado en tu mano. Y si tienes miedo de descender, desciende al campamento tú con tu criado Fura, y oirás lo que conversan. Luego tus manos se fortalecerán, y descenderás contra el campamento. Entonces descendió él con su criado Fura hasta uno de los puestos avanzados de la gente armada del campamento. Los madianitas, los amalequitas y todos los hijos del oriente se extendían por el valle, numerosos como langostas. Sus camellos eran incontables, numerosos como la arena que está a la orilla del mar. Y cuando llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando un sueño a su compañero y decía: —He aquí, he tenido un sueño. Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián. Llegó hasta la tienda, y la golpeó de tal manera que cayó. Le dio la vuelta de arriba abajo, y la tienda cayó. Su compañero respondió y dijo: —¡Esto no es otra cosa que la espada de Gedeón hijo de Joás, hombre de Israel! ¡Dios ha entregado en su mano a los madianitas con todo el campamento! Y aconteció que cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su interpretación, adoró. Después volvió al campamento de Israel y dijo: —¡Levantaos, porque Jehovah ha entregado el campamento de Madián en vuestra mano! Gedeón dividió los 300 hombres en tres escuadrones, puso en la mano de todos ellos cornetas y cántaros vacíos con teas encendidas dentro de los cántaros, y les dijo: —Miradme a mí y haced lo que yo haga. Y he aquí que cuando yo llegue a las afueras del campamento, lo que yo haga, hacedlo también vosotros. Cuando yo toque la corneta con todos los que están conmigo, vosotros que estaréis alrededor de todo el campamento también tocaréis las cornetas y gritaréis: "¡Por Jehovah y por Gedeón!" Llegaron, pues, Gedeón y los 100 hombres que llevaba consigo a las afueras del campamento, al comienzo de la vigilia intermedia, cuando acababan de relevar los guardias. Entonces tocaron las cornetas y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos. Los tres escuadrones tocaron las cornetas, y quebrando los cántaros tomaron las teas con su mano izquierda mientras que con la derecha tocaban las cornetas y gritaban: —¡La espada por Jehovah y por Gedeón! Cada uno permaneció en su lugar alrededor del campamento. Pero todo el ejército echó a correr gritando y huyendo. Mientras los 300 hombres tocaban las cornetas, Jehovah puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento. El ejército huyó hasta Bet-sita, hacia Zereda, y hasta el límite de Abel-mejola junto a Tabat. Y una vez convocados, los israelitas de Neftalí, de Aser y de todo Manasés persiguieron a los madianitas. Entonces Gedeón envió mensajeros por toda la región montañosa de Efraín, diciendo: "Descended al encuentro de los madianitas y tomad antes que ellos los vados hasta Bet-bara y el Jordán." Y convocados todos los hombres de Efraín, tomaron los vados hasta Bet-bara y el Jordán. Entonces capturaron a dos jefes de los madianitas: a Oreb y a Zeeb. Mataron a Oreb en la peña de Oreb, y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb. Siguieron persiguiendo a los madianitas y trajeron a Gedeón las cabezas de Oreb y de Zeeb, al otro lado del Jordán. Entonces los hombres de Efraín dijeron a Gedeón: —¿Qué es esto que has hecho con nosotros, de no llamarnos cuando ibas a combatir contra Madián? Discutieron fuertemente con él. Y les respondió: —¿Qué he hecho yo ahora, comparado con vosotros? ¿No ha sido mejor el rebusco de Efraín que la vendimia de Abiezer? Dios ha entregado en vuestra mano a Oreb y a Zeeb, jefes de Madián. ¿Qué pude yo hacer comparado con vosotros? Después que él dijo estas palabras, se aplacó el enojo de ellos contra él. Gedeón llegó para cruzar el Jordán, él y los 300 hombres que traía consigo, cansados, pero todavía persiguiendo. Y dijo a los hombres de Sucot: —Dad, por favor, tortas de pan a la gente que me acompaña, porque ellos están cansados. Yo estoy persiguiendo a Zébaj y a Zalmuna, reyes de Madián. Los jefes de Sucot le respondieron: —¿Están ya las manos de Zébaj y de Zalmuna en tu mano, para que demos pan a tu ejército? Y Gedeón les dijo: —Pues bien, cuando Jehovah haya entregado en mi mano a Zébaj y a Zalmuna, azotaré vuestra carne con espinas y cardos del desierto. De allí subió a Peniel y les dijo las mismas palabras. Pero los de Peniel le respondieron como le habían respondido los de Sucot. Y él habló también a los de Peniel, diciendo: —Cuando yo regrese en paz, derribaré esta torre. Zébaj y Zalmuna estaban en Carcor, y con ellos su ejército de unos 15.000 hombres, todos los que habían quedado de todo el campamento de los hijos del oriente, porque los caídos habían sido 120.000 hombres que sacaban espada. Entonces Gedeón subió por la ruta de los que habitan en tiendas, al este de Nóbaj y Jogbea, y atacó el campamento cuando éste no estaba en guardia. Zébaj y Zalmuna huyeron, pero él los persiguió. Luego capturó a Zébaj y a Zalmuna, los dos reyes de Madián, y causó pánico en todo el campamento. Entonces Gedeón hijo de Joás volvió de la batalla por la cuesta de Heres. Y capturó a un joven de los hombres de Sucot y le interrogó. El le dio por escrito los nombres de los jefes de Sucot y de sus ancianos: setenta y siete hombres. Luego fue a los hombres de Sucot y dijo: —Aquí están Zébaj y Zalmuna, acerca de los cuales me afrentasteis diciendo: "¿Están ya las manos de Zébaj y de Zalmuna en tu mano, para que demos pan a tus hombres cansados?" Entonces tomó a los ancianos de la ciudad, y azotó con espinas y cardos del desierto a los hombres de Sucot. Asimismo, derribó la torre de Peniel y mató a los hombres de la ciudad. Luego preguntó a Zébaj y a Zalmuna: —¿Qué aspecto tenían aquellos hombres que matasteis en Tabor? Ellos respondieron: —Como tú, así eran ellos; cada uno parecía ser hijo de rey. El dijo: —¡Eran mis hermanos, hijos de mi madre! ¡Vive Jehovah, que si les hubierais perdonado la vida, yo no os mataría! Entonces dijo a Jeter, su primogénito: —¡Levántate y mátalos! Pero el joven no desenvainó su espada, porque tenía temor, pues todavía era un muchacho. Entonces Zébaj y Zalmuna dijeron: —Levántate tú y mátanos; porque como es el hombre, así es su valentía. Entonces se levantó Gedeón y mató a Zébaj y a Zalmuna, y tomó las lunetas que sus camellos traían al cuello. Los israelitas dijeron a Gedeón: —Gobiérnanos tanto tú como tu hijo y tu nieto, pues nos has librado de mano de Madián. Pero Gedeón les respondió: —Yo no os gobernaré a vosotros, ni tampoco os gobernará mi hijo. Jehovah os gobernará. —Y Gedeón añadió—: Quiero haceros una petición: que cada uno me dé un arete de oro de su botín. Los madianitas llevaban aretes de oro, porque eran ismaelitas. Y ellos respondieron: —De buena gana te los daremos. Tendieron un manto, y cada uno echó allí un arete de su botín. El peso de los aretes de oro que él pidió fue de 1.700 siclos de oro, sin contar las lunetas, los pendientes y las vestiduras de púrpura que llevaban los reyes de Madián, ni los collares que sus camellos traían al cuello. Con ellos Gedeón hizo un efod, que expuso en Ofra, su ciudad. Y todo Israel se prostituyó tras ese efod en aquel lugar, y sirvió de tropiezo a Gedeón y a su familia. Así fue sometido Madián ante los hijos de Israel, y nunca más volvió a levantar cabeza. Y la tierra reposó durante cuarenta años en los días de Gedeón. Jerobaal hijo de Joás fue y habitó en su casa. Gedeón tenía setenta hijos que fueron sus descendientes directos, porque tuvo muchas mujeres. También su concubina que estaba en Siquem le dio a luz un hijo, y él le puso por nombre Abimelec. Gedeón hijo de Joás murió en buena vejez, y fue sepultado en el sepulcro de su padre Joás, en Ofra de los abiezeritas. Aconteció que cuando murió Gedeón, los hijos de Israel volvieron a prostituirse tras los Baales, y adoptaron por dios a Baal-berit. Los hijos de Israel no se acordaron de Jehovah su Dios que los había librado de mano de todos sus enemigos de alrededor, ni correspondieron con bondad a la casa de Jerobaal, es decir, Gedeón, por todo el bien que él había hecho a Israel. Abimelec hijo de Jerobaal fue a Siquem, a los hermanos de su madre, y habló con ellos y con toda la familia de la casa paterna de su madre, diciendo: —Hablad, por favor, a oídos de todos los señores de Siquem: "¿Qué es mejor para vosotros: que todos los setenta hijos de Jerobaal os gobiernen, o que un solo hombre os gobierne? Acordaos de que yo soy hueso vuestro y carne vuestra." Los hermanos de su madre dijeron todas estas cosas a favor de él a oídos de todos los señores de Siquem. Y el corazón de ellos se inclinó a favor de Abimelec, porque decían: "Es nuestro hermano." Le dieron 70 piezas de plata del templo de Baal-berit, con las cuales Abimelec contrató a sueldo a hombres ociosos y temerarios, que le siguieron. El fue a la casa de su padre en Ofra y mató a sus hermanos, los hijos de Jerobaal, setenta hombres, sobre una misma piedra. Pero quedó Jotam, el hijo menor de Jerobaal, porque se escondió. Entonces se reunieron todos los señores de Siquem con todos los de Bet-milo. Y fueron y proclamaron a Abimelec como rey, junto a la encina que está al lado de la piedra ritual en Siquem. Cuando se lo dijeron a Jotam, él fue y se puso en la cumbre del monte Gerizim. Y alzando su voz gritó diciéndoles: —¡Escuchadme, oh señores de Siquem, y que Dios os escuche a vosotros! Los árboles iban a elegir un rey sobre ellos y dijeron al olivo: "¡Reina sobre nosotros!" Pero el olivo les respondió: "¿He de renunciar a mi aceite con el cual son honrados Dios y los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?" Luego dijeron los árboles a la higuera: "¡Ven tú, y reina sobre nosotros!" Pero la higuera les respondió: "¿He de renunciar a mi dulzura y a mi buen fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?" Luego dijeron los árboles a la vid: "¡Ven tú, y reina sobre nosotros!" Pero la vid les respondió: "¿He de renunciar a mi vino nuevo que alegra a Dios y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?" Entonces todos los árboles dijeron a la zarza: "¡Ven tú, y reina sobre nosotros!" Pero la zarza respondió a los árboles: "Si en verdad me ungís como rey sobre vosotros, venid y refugiaos a mi sombra. Y si no, ¡salga fuego de la zarza y devore los cedros del Líbano!" Ahora pues, si habéis procedido de buena fe y con integridad al proclamar como rey a Abimelec; si habéis actuado bien con Jerobaal y con su casa; si le habéis recompensado conforme a la obra de sus manos (pues mi padre luchó por vosotros arriesgando su vida para libraros de mano de Madián, pero vosotros os habéis levantado hoy contra la casa de mi padre, habéis matado a sus hijos, a setenta hombres sobre una misma piedra, y habéis puesto por rey sobre los señores de Siquem a Abimelec, el hijo de su criada, porque él es vuestro hermano); si pues de buena fe y con integridad habéis procedido hoy con Jerobaal y con su casa, entonces gozad de Abimelec, y que él también goce de vosotros. Y si no, ¡que salga fuego de Abimelec, y consuma a los señores de Siquem y a Bet-milo! ¡Y que salga fuego de los señores de Siquem y de Bet-milo, y consuma a Abimelec! Jotam huyó, se fugó y se fue a Beer, donde vivió, por causa de su hermano Abimelec. Después que Abimelec había gobernado a Israel tres años, Dios envió un mal espíritu entre Abimelec y los señores de Siquem. Y los señores de Siquem traicionaron a Abimelec, de modo que el crimen cometido contra los setenta hijos de Jerobaal, es decir, su sangre, recayera sobre su hermano Abimelec que los mató, y sobre los señores de Siquem que fortalecieron sus manos para que él matase a sus hermanos. Los señores de Siquem pusieron contra él, en las cumbres de los montes, hombres al acecho, los cuales despojaban a todos los que pasaban junto a ellos por el camino. Y le fue dado informe de ello a Abimelec. También Gaal hijo de Ebed fue con sus hermanos, y se pasaron a Siquem; y los señores de Siquem pusieron su confianza en él. Y salieron al campo, vendimiaron sus viñas, pisaron la uva e hicieron una fiesta. Luego entraron en el templo de sus dioses, comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelec. Gaal hijo de Ebed dijo: —¿Quién es Abimelec, y qué es Siquem para que nosotros le sirvamos? ¿No deberían el hijo de Jerobaal y Zebul, su oficial, servir a los hombres de Hamor, padre de Siquem? ¿Por qué, pues, hemos de servirle nosotros a él? ¡Quién pusiera este pueblo bajo mi mano! ¡Yo echaría a Abimelec! Le diría a Abimelec: "¡Aumenta tu ejército y sal!" Cuando Zebul, alcalde de la ciudad, oyó las palabras de Gaal hijo de Ebed, se encendió en ira y envió astutamente mensajeros a Abimelec para decirle: "He aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a Siquem, y están sublevando la ciudad contra ti. Por tanto, vete de noche, tú y la gente que está contigo, y pon emboscadas en el campo. Por la mañana, al salir el sol, levántate y ataca la ciudad. Y he aquí que cuando él y la gente que está con él salgan contra ti, tú harás con él según se te ofrezca." Abimelec y toda la gente que estaba con él se levantaron de noche y pusieron una emboscada contra Siquem con cuatro escuadrones. Gaal hijo de Ebed salió y se detuvo a la entrada de la puerta de la ciudad. Entonces Abimelec y toda la gente que estaba con él salieron de la emboscada. Al ver Gaal a la gente, dijo a Zebul: —¡He allí gente que desciende de las cumbres de las montañas! Y Zebul le respondió: —Tú ves la sombra de las montañas, como si fueran hombres. Pero Gaal volvió a hablar diciendo: —He allí gente que desciende por Tabur-haárets y un escuadrón que viene por el camino de la encina de los Adivinos. Entonces Zebul le respondió: —¿Dónde está, pues, aquel hablar tuyo, cuando decías: "¿Quién es Abimelec, para que le sirvamos?" ¿No es ésa la gente que tenías en poco? ¡Sal, pues, ahora y lucha contra él! Gaal salió al frente de los señores de Siquem y luchó contra Abimelec. Pero Abimelec le persiguió, y Gaal huyó de delante de él. Y muchos cayeron muertos, hasta la entrada de la puerta. Entonces Abimelec se quedó en Aruma, y Zebul echó fuera a Gaal y a sus hermanos, para que no habitasen en Siquem. Aconteció que al día siguiente el pueblo salió al campo, y le informaron a Abimelec. El tomó a la gente, la repartió en tres escuadrones y puso emboscadas en el campo. Cuando vio que la gente salía de la ciudad, se levantó contra ellos y los atacó. Abimelec y el escuadrón que iba con él acometieron con ímpetu y tomaron posiciones a la entrada de la puerta de la ciudad. Los otros dos escuadrones acometieron contra todos los que estaban en el campo y los mataron. Abimelec combatió contra la ciudad todo aquel día, tomó la ciudad y mató a la gente que estaba en ella. También demolió la ciudad y la sembró de sal. Cuando oyeron esto todos los señores que estaban en la torre de Siquem, entraron en la fortaleza del templo del dios Berit. E informaron a Abimelec que todos los señores de la torre de Siquem estaban reunidos. Entonces subió Abimelec al monte Salmón, él con toda la gente que estaba con él. Abimelec tomó en su mano un hacha y cortó una rama de los árboles; la levantó, la puso sobre su hombro y dijo a la gente que estaba con él: —¡Lo que me habéis visto hacer, hacedlo rápidamente vosotros de la misma manera! Así que toda la gente cortó también cada uno su rama, y siguieron a Abimelec. Las pusieron junto a la fortaleza y con ellas prendieron fuego a la fortaleza, de modo que también murieron todos los que estaban en la torre de Siquem, como unos mil hombres y mujeres. Después Abimelec fue a Tebes. Luego acampó contra Tebes y la tomó. En medio de aquella ciudad había una torre fortificada en la cual se refugiaron todos los hombres y las mujeres, con todos los señores de la ciudad. Cerraron tras sí las puertas, y subieron a la azotea de la torre. Abimelec fue a la torre, la atacó y se acercó a la puerta de la torre para prenderle fuego. Pero una mujer dejó caer una piedra de molino sobre la cabeza de Abimelec y le destrozó el cráneo. Entonces él llamó apresuradamente al joven, su escudero, y le dijo: —Saca tu espada y mátame, para que no se diga de mí: "Una mujer lo mató." Su escudero lo atravesó, y él murió. Y cuando los hombres de Israel vieron que Abimelec había muerto, se fue cada uno a su lugar. Así Dios devolvió a Abimelec el mal que él había hecho contra su padre, cuando mató a sus setenta hermanos. Dios hizo que toda la maldad de los hombres de Siquem volviera sobre sus cabezas. Y cayó sobre ellos la maldición de Jotam hijo de Jerobaal. Después de Abimelec se levantó, para librar a Israel, Tola hijo de Fúa, hijo de Dodo, hombre de Isacar. Habitaba en Samir, en la región montañosa de Efraín. Y juzgó a Israel durante veintitrés años. Entonces murió y fue sepultado en Samir. Después de él se levantó Jaír el galadita, quien juzgó a Israel durante veintidós años. Este tuvo treinta hijos que montaban sobre treinta asnos, y tenían treinta villas, que se llaman Havot-jaír, hasta el día de hoy, las cuales están en la tierra de Galaad. Entonces Jaír murió y fue sepultado en Camón. Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehovah y sirvieron a los Baales, a las Astartes, a los dioses de Siria, a los dioses de Sidón, a los dioses de Moab, a los dioses de los hijos de Amón y a los dioses de los filisteos. Abandonaron a Jehovah y no le sirvieron. La ira de Jehovah se encendió contra Israel, y él los entregó en mano de los filisteos y en mano de los hijos de Amón. Y en aquel tiempo, éstos castigaron y oprimieron durante dieciocho años a los hijos de Israel, a todos los hijos de Israel que estaban al otro lado del Jordán, en la tierra de los amorreos que está en Galaad. Luego los hijos de Amón cruzaron el Jordán para hacer también la guerra contra Judá, contra Benjamín y contra la casa de Efraín; e Israel fue afligido en gran manera. Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehovah diciendo: —Hemos pecado contra ti, porque hemos abandonado a nuestro Dios y hemos servido a los Baales. Y Jehovah respondió a los hijos de Israel: —Cuando erais oprimidos por Egipto, por los amorreos, por los amonitas, por los filisteos, por los de Sidón, por los de Amalec y por los de Maón, y clamasteis a mí, ¿no os libré yo de su mano? Pero vosotros me habéis abandonado y habéis servido a otros dioses. Por eso, no os libraré más. ¡Id y clamad a los dioses que os habéis elegido! Que ellos os libren en el tiempo de vuestra aflicción. Y los hijos de Israel respondieron a Jehovah: —Hemos pecado. Haz tú con nosotros todo lo que te parezca bien. Pero, por favor, líbranos en este día. Entonces quitaron de en medio de ellos los dioses extraños y sirvieron a Jehovah. Y él no pudo soportar más la aflicción de Israel. Entonces los hijos de Amón fueron convocados y acamparon en Galaad. Asimismo, se reunieron los hijos de Israel y acamparon en Mizpa. Y los jefes del pueblo de Galaad se dijeron unos a otros: —Cualquiera que sea el hombre que comience a combatir contra los hijos de Amón, él será el caudillo de todos los habitantes de Galaad. Jefté el galadita era un guerrero valiente. El era hijo de una mujer prostituta, y el padre de Jefté era Galaad. Pero la mujer de Galaad también le había dado hijos, los cuales, cuando crecieron, echaron a Jefté y le dijeron: "Tú no heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer." Entonces Jefté huyó de sus hermanos y habitó en la tierra de Tob. Y se juntaron con Jefté hombres ociosos que salían con él. Aconteció después de un tiempo que los hijos de Amón hicieron la guerra contra Israel. Y cuando los hijos de Amón hicieron la guerra contra Israel, los ancianos de Galaad fueron para traer a Jefté de la tierra de Tob. Y dijeron a Jefté: —Ven, y serás nuestro jefe, para que combatamos contra los hijos de Amón. Pero Jefté respondió a los ancianos de Galaad: —¿No sois vosotros los que me odiasteis y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué, pues, venís a mí ahora, cuando estáis en aflicción? Los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: —Por esta misma razón volvemos ahora a ti, para que vengas con nosotros, y combatas contra los hijos de Amón y seas nuestro caudillo, el de todos los habitantes de Galaad. Entonces Jefté dijo a los ancianos de Galaad: —Si me hacéis volver para que combata contra los hijos de Amón, y Jehovah los entrega en mi mano, yo seré vuestro caudillo. Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: —Jehovah sea testigo entre nosotros, si no hacemos como tú dices. Entonces Jefté fue con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo puso como su caudillo y jefe. Jefté repitió todas sus palabras delante de Jehovah en Mizpa. Jefté envió mensajeros al rey de los hijos de Amón, diciendo: "¿Qué hay entre tú y yo, para que vengas a hacerme la guerra en mi tierra?" Y el rey de los hijos de Amón respondió a los mensajeros de Jefté: "Que Israel tomó mi tierra cuando subía de Egipto, desde el Arnón hasta el Jaboc y el Jordán. Por eso, devuélvela ahora en paz." Jefté volvió a enviar mensajeros al rey de los hijos de Amón. Y le dijeron: "Así ha dicho Jefté: Israel no tomó la tierra de Moab ni la tierra de los hijos de Amón. Porque cuando subieron de Egipto, Israel fue por el desierto hasta el mar Rojo y llegó a Cades. Entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom, diciendo: ‘Por favor, déjame pasar por tu tierra.’ Pero el rey de Edom no les escuchó. Envió también al rey de Moab, y él tampoco quiso. Por eso Israel se quedó en Cades. Después, yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab, y viniendo por el lado oriental de la tierra de Moab, acampó al otro lado del Arnón, sin entrar en el territorio de Moab, porque el Arnón era la frontera de Moab. Entonces Israel envió mensajeros a Sejón rey de los amorreos, rey de Hesbón, y le dijo Israel: ‘Por favor, déjame pasar por tu tierra hasta mi lugar.’ Pero Sejón no se fio de Israel para darle paso por su territorio; sino que, reuniendo Sejón a toda su gente, acampó en Jahaz y combatió contra Israel. Pero Jehovah Dios de Israel entregó a Sejón y a toda su gente en mano de Israel, que los derrotó. E Israel tomó posesión de toda la tierra de los amorreos que habitaban en aquella región. Y ellos tomaron posesión de todo el territorio de los amorreos desde el Arnón hasta el Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán. Ahora pues, lo que Jehovah Dios de Israel quitó de los amorreos delante de su pueblo Israel, ¿vas a poseerlo tú? ¿No poseerás tú lo que Quemós, tu dios, te haga poseer? Nosotros, pues, poseeremos todo lo que Jehovah nuestro Dios les quitó delante de nosotros. Y ahora, ¿eres tú acaso en algún sentido mejor que Balac hijo de Zipor, rey de Moab? ¿Tuvo él pleito con Israel, o hizo la guerra contra él? Israel ha estado habitando 300 años en Hesbón y sus aldeas, en Aroer y sus aldeas y en todas las ciudades que están junto al Arnón. ¿Por qué no las has recuperado en este tiempo? Así que yo no he pecado contra ti, pero tú te comportas mal conmigo, haciéndome la guerra. Que Jehovah, el Juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón." Sin embargo, el rey de los hijos de Amón no hizo caso del mensaje que Jefté le envió. Entonces el Espíritu de Jehovah vino sobre Jefté, quien pasó por Galaad y Manasés, y de allí pasó a Mizpa en Galaad, y de Mizpa en Galaad fue hacia los hijos de Amón. Y Jefté hizo un voto a Jehovah diciendo: "Si de veras entregas en mi mano a los hijos de Amón, cualquiera que salga de las puertas de mi casa a mi encuentro, cuando yo vuelva en paz de los hijos de Amón, será de Jehovah; y lo ofreceré en holocausto." Jefté fue hacia los hijos de Amón para combatir contra ellos, y Jehovah los entregó en su mano. El los venció con una gran derrota desde Aroer hasta la entrada de Minit, veinte ciudades; y hasta Abel-queramim. Así fueron sometidos los hijos de Amón por los hijos de Israel. Entonces Jefté llegó a su casa en Mizpa. Y he aquí que su hija salió a su encuentro con panderos y danzas. Ella era su única hija; aparte de ella no tenía hijo ni hija. Y sucedió que cuando él la vio, rasgó sus ropas y dijo: —¡Ay, hija mía! ¡De veras me has abatido y estás entre los que me afligen! Porque he abierto mi boca ante Jehovah y no podré retractarme. Entonces ella le respondió: —Padre mío, puesto que has abierto tu boca ante Jehovah, haz conmigo de acuerdo con lo que salió de tu boca, ya que Jehovah ha hecho venganza contra tus enemigos, los hijos de Amón. —Además dijo a su padre—: Que se me conceda esta petición: Déjame sola durante dos meses para que vaya y ande por los montes y llore mi virginidad, yo y mis compañeras. Y él dijo: —Vé. La dejó ir por dos meses. Y ella se fue con sus compañeras por los montes, y lloró su virginidad. Pasados los dos meses ella volvió a su padre, y él cumplió con ella el voto que había hecho. Ella no conoció varón. De aquí proviene la costumbre en Israel, de que año tras año las jóvenes de Israel van a entonar lamentos por la hija de Jefté el galadita, cuatro días al año. Los hombres de Efraín fueron convocados, cruzaron hacia Zafón y dijeron a Jefté: —¿Por qué fuiste a hacer la guerra contra los hijos de Amón y no nos llamaste para que fuéramos contigo? ¡Nosotros incendiaremos tu casa, contigo dentro! Jefté les respondió: —Yo, juntamente con mi pueblo, he tenido una gran contienda contra los hijos de Amón. Yo os convoqué, pero no me librasteis de su mano. Viendo, pues, que no me librabais, arriesgué mi vida y fui contra los hijos de Amón, y Jehovah los entregó en mi mano. ¿Por qué, pues, habéis subido hoy contra mí para combatir conmigo? Entonces Jefté reunió a todos los hombres de Galaad y combatió contra Efraín. Y los hombres de Galaad derrotaron a Efraín, porque habían dicho: "Vosotros, los de Galaad, sois unos fugitivos de Efraín que estáis en medio de Efraín y de Manasés." Luego los de Galaad tomaron los vados del Jordán a los de Efraín. Y sucedió que cuando alguno de los fugitivos de Efraín decía: "Dejadme cruzar," los hombres de Galaad le preguntaban: "¿Eres tú efrateo?" Si decía: "No," entonces le decían: "Por favor, di ‘Shibólet’." Si él decía "Sibólet," porque no lo podía pronunciar correctamente, entonces lo capturaban y lo degollaban junto a los vados del Jordán. En aquel tiempo perecieron 42.000 de Efraín. Jefté juzgó a Israel durante seis años. Luego murió Jefté el galadita y fue sepultado en su ciudad, en Galaad. Después de Jefté juzgó a Israel Ibzán, de Belén, quien tenía treinta hijos y treinta hijas. A éstas las casó con gente de fuera, y trajo de fuera treinta mujeres para sus hijos. El juzgó a Israel durante siete años. Entonces murió Ibzán y fue sepultado en Belén. Después de él juzgó a Israel Elón el zabulonita, quien juzgó a Israel durante diez años. Entonces murió Elón el zabulonita y fue sepultado en Ajalón, en la tierra de Zabulón. Después de él juzgó a Israel Abdón hijo de Hilel, de Piratón. El tenía cuarenta hijos y treinta nietos que montaban setenta asnos. Juzgó a Israel durante ocho años. Entonces murió Abdón hijo de Hilel, de Piratón. y fue sepultado en Piratón, en la tierra de Efraín, en el monte de Amalec. Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehovah, y los entregó Jehovah en mano de los filisteos durante cuarenta años. Había un hombre de Zora, de la familia de los danitas, que se llamaba Manoa. Su mujer era estéril y nunca había dado a luz. Y el ángel de Jehovah se apareció a la mujer y le dijo: —He aquí que tú eres estéril y no has dado a luz, pero concebirás y darás a luz un hijo. Ahora, guárdate, por favor, y no bebas vino ni licor. Tampoco comas nada inmundo, porque he aquí que concebirás y darás a luz un hijo sobre cuya cabeza no pasará navaja, porque el niño será nazareo de Dios desde el vientre de su madre. El comenzará a librar a Israel de mano de los filisteos. La mujer fue y se lo contó a su marido diciendo: —Un hombre de Dios ha venido a mí, y su aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, temible en gran manera. No le pregunté de dónde era, y él no me dijo su nombre. Pero me dijo: "He aquí que concebirás y darás a luz un hijo. Ahora pues, no bebas vino ni licor; no comas nada inmundo, porque el niño será nazareo de Dios desde el vientre de su madre hasta el día de su muerte." Entonces Manoa imploró a Jehovah y dijo: —Oh Señor, te ruego que aquel hombre de Dios que enviaste venga de nuevo a nosotros y nos enseñe lo que debemos hacer con el niño que ha de nacer. Dios escuchó la voz de Manoa, y el ángel de Dios volvió otra vez a la mujer, cuando ella estaba sentada en el campo, pero Manoa su marido no estaba con ella. La mujer se apresuró, corrió y avisó a su marido diciéndole: —¡He aquí que se me ha aparecido el hombre que vino a mí el otro día! Manoa se levantó y siguió a su mujer; y cuando llegó al hombre, le preguntó: —¿Eres tú el hombre que habló a la mujer? El respondió: —Sí, yo soy. Entonces Manoa dijo: —Cuando tu palabra se cumpla, ¿cuál será la norma de vida del niño, y qué se le ha de hacer? Y el ángel de Jehovah respondió a Manoa: —La mujer se guardará de todas las cosas que le dije: Que no coma nada que provenga de la vid, ni beba vino ni licor, ni coma nada inmundo. Ha de guardar todo lo que le he mandado. Entonces Manoa dijo al ángel de Jehovah: —Permítenos detenerte y preparar para ti un cabrito del rebaño. Y el ángel de Jehovah respondió a Manoa: —Aunque me detengas, no comeré de tu comida. Pero si quieres ofrecer holocausto, ofrécelo a Jehovah. Manoa no sabía que él era el ángel de Jehovah. Entonces Manoa preguntó al ángel de Jehovah: —¿Cuál es tu nombre, para que te honremos cuando se cumpla tu palabra? El ángel de Jehovah le respondió: —¿Por qué preguntas por mi nombre? Es Admirable. Manoa tomó un cabrito del rebaño con su ofrenda vegetal, y lo sacrificó sobre la peña a Jehovah. Entonces él hizo un prodigio ante la vista de Manoa y de su mujer. Aconteció que mientras la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehovah subió en la llama del altar ante la vista de Manoa y de su mujer, quienes se postraron en tierra sobre sus rostros. El ángel de Jehovah no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces Manoa se dio cuenta de que era el ángel de Jehovah, y Manoa dijo a su mujer: —¡Ciertamente moriremos, porque hemos visto a Dios! Pero su mujer le respondió: —Si Jehovah hubiera querido matarnos, no habría aceptado de nuestras manos el holocausto y la ofrenda. No nos habría mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto. La mujer dio a luz un hijo y le puso por nombre Sansón. El niño creció, y Jehovah lo bendijo. El Espíritu de Jehovah comenzó a manifestarse en él en el campamento de Dan, entre Zora y Estaol. Entonces Sansón descendió a Timnat, y vio en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos. Cuando regresó, se lo contó a su padre y a su madre, diciendo: —He visto en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos. Ahora pues, tomádmela por mujer. Pero su padre y su madre le dijeron: —¿No hay una mujer entre las hijas de tus parientes, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Pero Sansón dijo a su padre: —Tómala para mí, porque ella me gusta. Su padre y su madre no sabían que esto provenía de Jehovah, quien buscaba un motivo contra los filisteos. En aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel. Entonces Sansón descendió con su padre y su madre a Timnat. Cuando llegaron a las viñas de Timnat, he aquí un cachorro de león venía rugiendo hacia él. Y el Espíritu de Jehovah descendió con poder sobre Sansón, quien, sin tener nada en su mano, despedazó al león como quien despedaza un cabrito. Pero no contó a su padre ni a su madre lo que había hecho. Descendió, pues, y habló a la mujer; y ella le agradó a Sansón. Al regresar después de algunos días para tomarla por mujer, se apartó para ver el cuerpo muerto del león. Y he aquí que en el cadáver del león había un enjambre de abejas y miel. El la recogió con sus manos, y se fue comiéndola por el camino. Cuando alcanzó a su padre y a su madre, les dio a ellos, y ellos comieron. Pero no les contó que había recogido la miel del cadáver del león. Su padre descendió a donde estaba la mujer. Luego Sansón hizo allí un banquete, porque así lo solían hacer los novios. Y sucedió que cuando le vieron, trajeron a treinta compañeros para que estuviesen con él. Y Sansón les dijo: —Permitid que os proponga una adivinanza. Si en los siete días del banquete la interpretáis acertadamente y me la descubrís, os daré treinta prendas de lino y treinta vestidos finos. Pero si no me la podéis interpretar, vosotros me daréis a mí las treinta prendas de lino y los treinta vestidos finos. Ellos respondieron: —Dinos la adivinanza, y la escucharemos. Entonces les dijo: —Del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura. Ellos no pudieron interpretar la adivinanza en tres días. Y sucedió que en el cuarto día dijeron a la mujer de Sansón: —Persuade a tu marido para que nos interprete la adivinanza. Si no, te quemaremos a ti y a la casa de tu padre. ¿Será que nos habéis invitado aquí para despojarnos? La mujer de Sansón lloró delante de él y le dijo: —Tú sólo me odias y no me amas. Has propuesto una adivinanza a los hijos de mi pueblo, y no me la has interpretado a mí. El le respondió: —He aquí que ni a mi padre ni a mi madre se la he interpretado, y ¿te la había de interpretar a ti? Ella lloró delante de él los siete días que ellos tuvieron banquete. Y aconteció que al séptimo día él se la interpretó, porque ella le presionaba. Entonces ella explicó la adivinanza a los hijos de su pueblo. Y al séptimo día, antes de la puesta del sol, los hombres de la ciudad le contestaron: —¿Qué cosa es más dulce que la miel? ¿Y qué cosa es más fuerte que el león? El les respondió: —Si no hubierais arado con mi vaquilla, no habríais descubierto mi adivinanza. Entonces el Espíritu de Jehovah descendió con poder sobre él. Y él bajó a Ascalón, mató a treinta hombres de ellos, y tomando sus despojos, dio los vestidos finos a los que habían interpretado la adivinanza. Encendido en ira, regresó a la casa de su padre. Entonces la mujer de Sansón fue dada a su compañero que le había asistido en sus bodas. Después de algún tiempo, en los días de la siega del trigo, Sansón fue a visitar a su mujer llevándole un cabrito del rebaño. Y pensó: "Me uniré a mi mujer en el cuarto." Pero el padre de ella no le dejó entrar. El padre de ella dijo: —Pensé que la aborrecías del todo y se la di a tu compañero. Pero su hermana menor, ¿no es más hermosa que ella? Tómala, por favor, para ti en su lugar. Sansón le respondió: —¡Esta vez yo quedaré sin culpa ante los filisteos, si les hago algún mal! Sansón se fue, atrapó 300 zorras, tomó teas, y atando las zorras por las colas, puso una tea entre cada dos colas. Después prendió fuego a las teas, soltó las zorras en los trigales de los filisteos, y quemó las gavillas y la mies por segar, y hasta las viñas y los olivares. Entonces los filisteos preguntaron: —¿Quién ha hecho esto? Y les respondieron: —Sansón, el yerno del timnateo, porque éste le quitó su mujer y se la dio a su compañero. Los filisteos fueron y quemaron a la mujer y a su padre. Entonces Sansón les dijo: —Puesto que habéis actuado así, ¡ciertamente no pararé hasta haberme vengado de vosotros! Entonces les golpeó en el muslo y en la cadera, con gran mortandad. Luego descendió y habitó en la cueva de la peña de Etam. Entonces los filisteos subieron y acamparon en Judá, extendiéndose hasta Leji. Y los hombres de Judá les preguntaron: —¿Por qué habéis subido contra nosotros? Ellos respondieron: —Hemos subido para prender a Sansón, a fin de hacerle lo mismo que él nos ha hecho. Entonces bajaron 3.000 hombres de Judá a la cueva de la peña de Etam y preguntaron a Sansón: —¿No sabes tú que los filisteos dominan sobre nosotros? ¿Qué es esto que nos has hecho? El les respondió: —Lo mismo que ellos me han hecho a mí, eso les he hecho yo a ellos. Entonces le dijeron: —Hemos venido para prenderte y entregarte en mano de los filisteos. Y Sansón les dijo: —Juradme que vosotros no me mataréis. Le respondieron: —No; de ninguna manera te mataremos. Sólo te ataremos bien y te entregaremos en su mano. Entonces lo ataron con dos cuerdas nuevas y lo hicieron subir de la peña. Cuando llegaba hasta Leji, los filisteos salieron a su encuentro con gritos de júbilo. Entonces el Espíritu de Jehovah descendió con poder sobre él, las cuerdas que estaban en sus brazos se volvieron como lino quemado al fuego, y las ataduras se cayeron de sus manos. Y hallando una quijada de asno todavía fresca, extendió la mano, la tomó y mató con ella a mil hombres. Entonces dijo Sansón: —Con una quijada de asno los amontoné a montones; con una quijada de asno he matado a mil varones. Cuando acabó de hablar, arrojó la quijada de su mano. Y llamó a aquel lugar Ramat-leji. Teniendo mucha sed, Sansón clamó a Jehovah diciendo: —Tú has dado esta gran liberación por mano de tu siervo; y ahora, ¿he de morir de sed y caer en mano de los incircuncisos? Entonces Dios abrió la hondonada que hay en Leji, y de allí salió agua. El bebió, recobró su fuerza y se reanimó. Por eso llamó el nombre de aquel lugar En-hacoré, que está en Leji hasta el día de hoy. Sansón juzgó a Israel durante veinte años, en los días de los filisteos. Sansón fue a Gaza y vio allí a una mujer prostituta, y se unió a ella. Y fue dicho a los de Gaza: "Sansón ha venido acá." Entonces ellos lo rodearon y lo estuvieron acechando toda la noche, junto a la puerta de la ciudad. Estos estuvieron en silencio toda la noche, diciendo: "Cuando aparezca la luz de la mañana, entonces lo mataremos." Pero Sansón estuvo acostado solamente hasta la medianoche. Se levantó a la medianoche, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos postes, las arrancó con cerrojo y todo. Las puso sobre sus hombros y las subió a la cumbre del monte que mira hacia Hebrón. Aconteció después de esto que Sansón se enamoró de una mujer del valle de Sorec, cuyo nombre era Dalila. Y fueron a ella los jefes de los filisteos y le dijeron: —Persuádele y averigua en qué consiste su gran fuerza, y con qué lo podríamos dominar para atarlo y atormentarlo. Entonces cada uno de nosotros te dará 1.100 piezas de plata. Y Dalila dijo a Sansón: —Dime, por favor, en qué consiste tu gran fuerza, y con qué podrías ser atado para ser atormentado. Sansón le respondió: —Si me atan con siete cuerdas de arco frescas que aún no estén secas, entonces me debilitaré y seré como un hombre cualquiera. Los jefes de los filisteos le llevaron siete cuerdas de arco frescas que aún no estaban secas, y ella lo ató con ellas. Ella tenía personas acechando en un cuarto. Entonces ella le dijo: —¡Sansón, los filisteos sobre ti! Pero él rompió las cuerdas como un cordel de estopa se rompe cuando toca el fuego. Y no se supo en qué consistía su fuerza. Entonces Dalila dijo a Sansón: —He aquí que te has burlado de mí y me has dicho mentiras. Ahora dime, por favor, con qué podrías ser atado. El le dijo: —Si me atan fuertemente con sogas nuevas que no hayan sido usadas, entonces me debilitaré y seré como un hombre cualquiera. Luego Dalila tomó sogas nuevas y lo ató con ellas. Y le dijo: —¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y había personas acechando en el cuarto. Pero él rompió las sogas de sus brazos como un hilo. Entonces Dalila dijo a Sansón: —Hasta ahora te has burlado de mí y me has dicho mentiras. Dime, pues, con qué podrías ser atado. El entonces le dijo: —Si tejes los siete mechones de mi cabellera entre la urdimbre, y los aseguras con la clavija del telar contra la pared, me debilitaré y seré como un hombre cualquiera. Dalila lo hizo dormir y tejió los siete mechones de su cabellera entre la urdimbre. Luego ella aseguró la clavija y le dijo: —¡Sansón, los filisteos sobre ti! Pero al despertar de su sueño, él arrancó la clavija del telar con la tela. Y ella le dijo: —¿Cómo, pues, dices: "Yo te amo," siendo que tu corazón no está conmigo? Ya son tres veces las que te has burlado de mí, y no me has revelado en qué consiste tu gran fuerza. Y aconteció que como ella le presionaba todos los días con sus palabras y le importunaba, el alma de él fue reducida a mortal angustia. Entonces le descubrió todo su corazón y le dijo: —Nunca pasó una navaja sobre mi cabeza, porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si soy rapado, entonces mi fuerza se apartará de mí, me debilitaré y seré como un hombre cualquiera. Viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió a llamar a los jefes de los filisteos, diciendo: "Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón." Entonces los jefes de los filisteos fueron a ella, llevando el dinero en la mano. Ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas. Llamó a un hombre, quien le rapó los siete mechones de su cabeza. Entonces ella comenzó a atormentarlo, pues su fuerza se había apartado de él. Y ella le dijo: —¡Sansón, los filisteos sobre ti! El se despertó de su sueño y pensó: "Saldré como las otras veces y me escaparé." Pero no sabía que Jehovah ya se había apartado de él. Entonces los filisteos le echaron mano, le sacaron los ojos y lo llevaron a Gaza. Y lo ataron con cadenas de bronce, para que moliese en la cárcel. Sin embargo, después que fue rapado, el cabello de su cabeza comenzó a crecer. Entonces los jefes de los filisteos se reunieron para ofrecer un gran sacrificio a Dagón su dios y para regocijarse. Y decían: —¡Nuestro dios ha entregado en nuestra mano a Sansón, nuestro enemigo! Al verlo el pueblo, alabó a su dios diciendo: —¡Nuestro dios ha entregado en nuestra mano a nuestro enemigo, al destructor de nuestra tierra, que había matado a muchos de los nuestros! Y aconteció que cuando el corazón de ellos estaba alegre, dijeron: —Llamad a Sansón para que nos sirva de espectáculo. Llamaron a Sansón de la cárcel, y servía de espectáculo delante de ellos. Lo pusieron entre las columnas. Y Sansón dijo al joven que le guiaba de la mano: —Déjame palpar las columnas sobre las cuales descansa el edificio, para que me apoye en ellas. El edificio estaba lleno de hombres y mujeres. Todos los jefes de los filisteos estaban allí, y en la azotea había como 3.000 hombres y mujeres que estaban mirando el espectáculo de Sansón. Entonces Sansón clamó a Jehovah diciendo: —¡Señor Jehovah, por favor, acuérdate de mí! Dame, te ruego, fuerzas solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos. En seguida Sansón palpó las dos columnas de en medio, sobre las cuales descansaba el edificio; y se apoyó contra ellas, contra una con su mano derecha y contra la otra con su mano izquierda. Y dijo Sansón: —¡Muera yo con los filisteos! Entonces empujó con fuerza, y el edificio cayó sobre los jefes y sobre toda la gente que estaba en él. Y fueron más los que mató al morir que los que había matado durante su vida. Sus hermanos y toda la casa de su padre fueron y lo recogieron. Luego lo llevaron y lo sepultaron entre Zora y Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. El juzgó a Israel durante veinte años. Había un hombre de la región montañosa de Efraín, que se llamaba Micaías. Y éste dijo a su madre: —Las 1.100 piezas de plata que te fueron tomadas y por las que tú maldecías y hablabas en mi presencia, he aquí que la plata está en mi poder; yo la había tomado. Entonces su madre dijo: —¡Jehovah te bendiga, hijo mío! Cuando él devolvió a su madre las 1.100 piezas de plata, su madre dijo: —Solemne y espontáneamente he dedicado la plata a Jehovah, por mi hijo, para hacer una imagen tallada y de fundición. Ahora pues, yo te la devuelvo. Pero él devolvió la plata a su madre. Y su madre tomó 200 piezas de plata y las dio al fundidor. Este hizo con ellas una imagen tallada y de fundición, y fue puesta en la casa de Micaías. Este hombre, Micaías, tenía un santuario. Mandó hacer un efod e ídolos domésticos, e invistió a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote. En aquellos días no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía recto ante sus propios ojos. Había un joven de Belén de Judá, de la tribu de Judá, que era levita y vivía allí como forastero. Este hombre había partido de la ciudad de Belén de Judá para ir a residir donde encontrase lugar. Y en su caminar por la región montañosa de Efraín, llegó a la casa de Micaías. Y Micaías le preguntó: —¿De dónde vienes? El le respondió: —Soy un levita de Belén de Judá, y voy a residir donde encuentre lugar. Entonces le dijo Micaías: —Quédate conmigo y sé para mí como padre y sacerdote. Yo te daré 10 piezas de plata por año, y tu ropa y tu comida. El levita entró. El levita convino en habitar con aquel hombre, y el joven llegó a ser para él como uno de sus hijos. Micaías invistió al levita, el cual le servía de sacerdote y vivía en la casa de Micaías. Micaías dijo: —¡Ahora sé que Jehovah me prosperará, porque un levita ha venido a ser mi sacerdote! En aquellos días no había rey en Israel. También en aquellos días, la tribu de Dan buscaba una heredad para sí, donde establecerse, porque hasta entonces no le había tocado una heredad entre las tribus de Israel. Entonces los hijos de Dan enviaron de sus clanes a cinco hombres de entre todos ellos, hombres valientes de Zora y de Estaol, para reconocer la tierra y para explorarla. Y les dijeron: —Id y explorad la tierra. Ellos llegaron, en la región montañosa de Efraín, hasta la casa de Micaías, y pasaron allí la noche. Y cuando estaban junto a la casa de Micaías, reconocieron la voz del joven levita. Se acercaron allí y le dijeron: —¿Quién te ha traído aquí? ¿Qué estás haciendo en este lugar? ¿Qué tienes que ver tú aquí? Y él les respondió: —De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaías, y me ha empleado para que sea su sacerdote. Ellos le dijeron: —Por favor, consulta a Dios, para que sepamos si ha de prosperar el viaje que estamos haciendo. Y el sacerdote les respondió: —Id en paz, porque el viaje que estáis haciendo goza de la aprobación de Jehovah. Entonces partieron aquellos cinco hombres y llegaron a Lais. Y vieron que la gente que habitaba en ella vivía segura, tranquila y confiada, a la manera de los sidonios. No había en la tierra quien les hiciera ningún daño, ni quien les desplazara ni oprimiera. Además, estaban lejos de los sidonios y no tenían trato con nadie. Entonces se volvieron a sus hermanos en Zora y Estaol, y sus hermanos les preguntaron: —¿Qué hay? Ellos respondieron: —¡Levantaos, subamos contra ellos, porque hemos visto la tierra, y he aquí que es muy buena! Vosotros, ¿por qué os quedáis quietos? ¡No vaciléis para poneros en marcha a fin de entrar y tomar posesión de la tierra! Cuando vayáis allá, llegaréis a una gente confiada y a una tierra extensa que Dios ha entregado en vuestra mano. Es un lugar donde no falta ninguna cosa de lo que hay en la tierra. Entonces 600 hombres de la familia de los danitas, armados para la guerra, partieron de allí, de Zora y de Estaol. Subieron y acamparon en Quiriat-jearim, en Judá, por lo que aquel lugar fue llamado Campamento de Dan, hasta el día de hoy. He aquí que está al oeste de Quiriat-jearim. De allí pasaron a la región montañosa de Efraín y llegaron hasta la casa de Micaías. Entonces intervinieron aquellos cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra de Lais, y dijeron a sus hermanos: —¿Sabéis que en estas casas hay un efod, ídolos domésticos y una imagen tallada y de fundición? Ahora pues, vosotros sabéis lo que habéis de hacer. Entonces se acercaron allí, llegaron a la casa del joven levita, en casa de Micaías, y le saludaron deseándole paz. Los 600 hombres de los hijos de Dan, ceñidos con sus armas de guerra, estaban a la entrada de la puerta. Mientras el sacerdote estaba a la entrada de la puerta con los 600 hombres ceñidos con sus armas de guerra, los cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra subieron, entraron allí y tomaron la imagen tallada y de fundición, el efod y los ídolos domésticos. Y cuando entraron estos hombres en la casa de Micaías, y tomaron la imagen tallada y de fundición, el efod, los ídolos domésticos, el sacerdote les preguntó: —¿Qué estáis haciendo? Ellos le respondieron: —¡Cállate! Pon la mano sobre tu boca, vente con nosotros y sé para nosotros como padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas sacerdote de la casa de un solo hombre, o que seas sacerdote de una tribu y de un clan de Israel? Se alegró el corazón del sacerdote; y tomó el efod, los ídolos domésticos y la imagen tallada, y se fue en medio de aquella gente. Ellos se volvieron y partieron, poniendo delante de ellos a los niños, el ganado y las posesiones. Cuando ya se habían alejado de la casa de Micaías, los hombres que habitaban en las casas cercanas a la casa de Micaías fueron convocados y alcanzaron a los hijos de Dan. Entonces gritaron a los hijos de Dan, quienes volvieron la cara y preguntaron a Micaías: —¿Qué te pasa que has convocado gente? El respondió: —¡Tomasteis mis dioses que yo hice y al sacerdote, y os fuisteis! ¿Qué más me queda? ¿Por qué, pues, me preguntáis: "¿Qué te pasa?" Los hijos de Dan le dijeron: —¡Que no se oiga tu voz entre nosotros! No sea que los de ánimo colérico os acometan, y pierdas también tu vida y la vida de los de tu familia. Los hijos de Dan prosiguieron su camino. Y viendo Micaías que ellos eran más fuertes que él, se volvió y regresó a su casa. Los hijos de Dan se llevaron las cosas que había hecho Micaías, junto con el sacerdote que tenía, y llegaron a Lais, a una gente tranquila y confiada. Los mataron a filo de espada y prendieron fuego a la ciudad. No hubo quien los socorriese, porque estaban lejos de Sidón y no tenían tratos con nadie. La ciudad estaba en el valle que hay cerca de Bet-rejob. Después ellos reedificaron la ciudad y habitaron en ella. Y llamaron el nombre de aquella ciudad Dan, según el nombre de su padre Dan, que le había nacido a Israel; aunque antes la ciudad se llamaba Lais. Los hijos de Dan erigieron para sí la imagen tallada; y Jonatán hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos fueron sacerdotes de la tribu de Dan hasta el tiempo de la cautividad de la tierra. Así tuvieron instalada para ellos la imagen tallada que Micaías había hecho, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo. En aquellos días, cuando no había rey en Israel, había un hombre de Leví que habitaba como forastero en la parte más remota de la región montañosa de Efraín. Este había tomado para sí como concubina a una mujer de Belén de Judá. Su concubina se enfadó con él y se fue de su lado para irse a la casa de su padre, a Belén de Judá, y estuvo allá durante cuatro meses. Su marido se levantó y la siguió para hablarle amorosamente y hacerla volver. Llevó consigo a un criado suyo y un par de asnos. Ella lo hizo entrar en la casa de su padre. Y al verlo el padre de la joven, salió a recibirlo gozoso. Su suegro, el padre de la joven, le insistió, y se quedó con él tres días, comiendo, bebiendo y alojándose allí. Y sucedió que al cuarto día, cuando se levantaron muy de mañana, el levita se dispuso a partir. Pero el padre de la joven dijo a su yerno: —Fortalécete con un poco de pan, y después os iréis. Se sentaron los dos juntos, y comieron y bebieron. Entonces el padre de la joven dijo al hombre: —Quédate, por favor, a pasar la noche, y alégrese tu corazón. El hombre se levantó para irse, pero su suegro le insistió, y se quedó otra vez a pasar la noche allí. Al quinto día, se levantó muy de mañana para irse, y el padre de la joven le dijo: —Por favor, fortalécete; y esperad hasta que decline el día. Y comieron los dos. Entonces se levantó el hombre para irse con su concubina y su criado. Pero su suegro, el padre de la joven, le dijo: —He aquí que el día se acaba, y está anocheciendo. Por favor, pasad aquí la noche, porque el día ya ha declinado. Pasa aquí la noche y alégrese tu corazón. Mañana os levantaréis temprano para vuestro viaje, y te irás a tu morada. Pero el hombre no quiso pasar la noche allí, sino que se levantó y partió. Llegó frente a Jebús, que es Jerusalén, con su par de asnos aparejados y con su concubina. Cuando estaban cerca de Jebús, el día había declinado mucho. Entonces el criado dijo a su señor: —Ven, por favor, vayamos a esta ciudad de los jebuseos y pasemos la noche en ella. Su señor le respondió: —No iremos a ninguna ciudad de extranjeros en la que no hay hijos de Israel. Más bien, pasaremos hasta Gabaa. —Dijo además a su criado—: Ven y acerquémonos a uno de esos lugares para pasar la noche en Gabaa o en Ramá. Pasando de largo, caminaron; y el sol se puso cuando estaban junto a Gabaa, que pertenece a Benjamín. Entonces allí se apartaron del camino para entrar y pasar la noche en Gabaa. Entraron y se sentaron en la plaza de la ciudad, porque no hubo quien los recibiese en su casa para pasar la noche. Pero he aquí que al atardecer un anciano volvía de trabajar en el campo. Este hombre era de la región montañosa de Efraín y habitaba como forastero en Gabaa, pues los habitantes de aquel lugar eran de los hijos de Benjamín. Alzando los ojos, vio a aquel viajero en la plaza de la ciudad; y el anciano le preguntó: —¿A dónde vas y de dónde vienes? El le respondió: —Pasamos de Belén de Judá hasta las partes más remotas de la región montañosa de Efraín, de donde soy. Fui hasta Belén de Judá y voy a mi casa, pero no hay quien me reciba en su casa. No obstante, nosotros tenemos paja y forraje para nuestros asnos, y también tenemos pan y vino para mí, para tu sierva y para el criado que está con tus siervos. No nos falta nada. El anciano dijo: —La paz sea contigo. Lo que te falte quede todo a mi cargo, pero no pases la noche en la plaza. Los hizo entrar en su casa y dio forraje a los asnos. Y ellos se lavaron los pies, comieron y bebieron. Cuando estaban alegrándose, he aquí que los hombres de la ciudad, hombres pervertidos, rodearon la casa y golpearon la puerta diciendo al anciano, dueño de la casa: —¡Saca fuera al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos! Aquel hombre, dueño de la casa, salió a ellos y les dijo: —¡No, hermanos míos! Por favor, no cometáis esta maldad, porque este hombre ha entrado en mi casa. No cometáis esta vileza. He aquí mi hija virgen y la concubina de él. Yo os las sacaré; humilladlas y haced con ellas lo que os parezca bien. Pero no hagáis esta vileza a este hombre. Pero aquellos hombres no le quisieron escuchar; por lo cual, tomando el hombre a su concubina, la sacó afuera. Ellos la violaron y abusaron de ella toda la noche hasta el amanecer, y la dejaron cuando rayaba el alba. Cuando amanecía, la mujer vino y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde estaba su señor, hasta que fue de día. Y levantándose de mañana su señor, abrió las puertas de la casa y salió para seguir su camino. Y he aquí la mujer, su concubina, estaba tendida delante de la puerta de la casa, con sus manos sobre el umbral. El le dijo: —Levántate, y vámonos. Pero no hubo respuesta. Entonces el hombre la cargó sobre el asno, se puso en camino y se fue a su pueblo. Cuando llegó a su casa, tomó un cuchillo, y sujetando firmemente a su concubina, la desmembró en doce pedazos y los envió por todo el territorio de Israel. Y sucedió que todo el que lo veía, decía: —¡Jamás se ha hecho ni visto cosa semejante, desde el día en que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto, hasta el día de hoy! ¡Consideradlo, deliberad y manifestaos! Entonces todos los hijos de Israel salieron, desde Dan hasta Beerseba y la tierra de Galaad, y la asamblea acudió como un solo hombre a Jehovah en Mizpa. Los jefes de todo el pueblo, de todas las tribus de Israel, estaban presentes en la reunión del pueblo de Dios, 400.000 hombres de infantería que sacaban espada. Y los hijos de Benjamín oyeron que los hijos de Israel habían subido a Mizpa. Entonces dijeron los hijos de Israel: —Decid cómo fue cometido este crimen. El levita, marido de la mujer asesinada, respondió y dijo: —Yo llegué con mi concubina a Gabaa de Benjamín para pasar la noche. Entonces se levantaron contra mí los hombres de Gabaa y rodearon la casa por causa mía, por la noche, con la idea de matarme. Violaron a mi concubina de tal manera que ella murió. Después sujeté a mi concubina, la corté en pedazos y los envié por todo el territorio de la heredad de Israel, por cuanto habían cometido una infamia y una vileza en Israel. He aquí, todos vosotros, oh hijos de Israel, dad aquí vuestro parecer y consejo. Entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se levantó y dijo: —¡Ninguno de nosotros irá a su morada, ni nadie regresará a su casa! Y ahora, esto es lo que haremos a Gabaa: Subiremos por sorteo contra ella. De todas las tribus de Israel tomaremos 10 hombres de cada 100 y 100 de cada 1.000 y 1.000 de cadaque lleven provisiones al pueblo, para que yendo a Gabaa de Benjamín, le hagan conforme a toda la vileza que ha cometido en Israel. Todos los hombres de Israel se juntaron contra la ciudad, unidos como un solo hombre. Y las tribus de Israel enviaron hombres por toda la tribu de Benjamín, diciendo: —¿Qué crimen es éste, que se ha cometido entre vosotros? Ahora pues, entregad a esos hombres perversos que están en Gabaa, para que los matemos y extirpemos el mal de en medio de Israel. Pero los hijos de Benjamín no quisieron escuchar la voz de sus hermanos, los hijos de Israel. Más bien, los hijos de Benjamín vinieron de sus ciudades y se reunieron en Gabaa para salir a la guerra contra los hijos de Israel. Aquel día fueron contados los hijos de Benjamín: 26.000 hombres de las ciudades, que sacaban espada, sin contar a los habitantes de Gabaa, que fueron 700 hombres escogidos. Entre toda aquella gente había 700 hombres escogidos que eran zurdos, todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no fallaban. Fueron contados los hombres de Israel, excluyendo a los de Benjamín: 400.000 hombres que sacaban espada, todos hombres de guerra. Luego se levantaron los hijos de Israel, subieron a Betel y consultaron a Dios diciendo: —¿Quién subirá primero por nosotros a la batalla contra los hijos de Benjamín? Y Jehovah respondió: —Judá subirá primero.de los hijos de Israel, todos los cuales sacaban espada. Los hijos de Israel se levantaron por la mañana y acamparon frente a Gabaa. Salieron los hijos de Israel a la batalla contra Benjamín. Y los hombres de Israel dispusieron la batalla contra ellos junto a Gabaa. Pero los hijos de Benjamín salieron de Gabaa y aquel día dejaron muertos en tierra a 22.000 hombres de Israel. Sin embargo, el pueblo se fortaleció, y los hombres de Israel volvieron a disponer la batalla en el mismo lugar donde la habían dispuesto el primer día. Los hijos de Israel subieron y lloraron delante de Jehovah hasta el atardecer, y consultaron a Jehovah diciendo: —¿Volveremos a la batalla contra los hijos de Benjamín, nuestros hermanos? Y Jehovah les respondió: —Subid contra ellos. El segundo día, los hijos de Israel se acercaron a los hijos de Benjamín. Aquel segundo día los de Benjamín salieron de Gabaa contra ellos y dejaron muertos en tierra a otros Entonces subieron todos los hijos de Israel y todo el pueblo, y fueron a Betel. Lloraron, permanecieron allí delante de Jehovah, ayunaron aquel día hasta el atardecer y ofrecieron holocaustos y sacrificios de paz delante de Jehovah. Los hijos de Israel consultaron a Jehovah. (El arca del pacto de Dios estaba allí en aquellos días; y Fineas hijo de Eleazar, hijo de Aarón, servía delante de ella en aquellos días.) Ellos preguntaron: —¿Volveremos a salir a la batalla contra los hijos de Benjamín, nuestros hermanos; o desistiremos? Y Jehovah respondió: —Subid, porque mañana yo los entregaré en vuestra mano. Entonces Israel puso gente emboscada alrededor de Gabaa. Y el tercer día, cuando los hijos de Israel subieron contra los hijos de Benjamín, dispusieron la batalla frente a Gabaa, como las otras veces. Los hijos de Benjamín salieron para enfrentar al pueblo y fueron alejados de la ciudad. Como las otras veces, comenzaron a matar a algunos de ellos en el campo, por los caminos, uno de los cuales sube a Betel y otro a Gabaa. Habían matado a unos treinta hombres de Israel, y los hijos de Benjamín decían: "¡Son vencidos delante de nosotros, como la primera vez!" Pero los hijos de Israel habían dicho: "Huiremos y los alejaremos de la ciudad, hasta los caminos." Entonces todos los hombres de Israel se levantaron de su lugar, y dispusieron la batalla en Baal-tamar. La gente emboscada de Israel se lanzó desde su lugar, al oeste de Gabaa, y fueron ante Gabaa 10.000 hombres escogidos de todo Israel. La batalla comenzó a arreciar, pero ellos no se daban cuenta de que el desastre se les venía encima. Jehovah derrotó a Benjamín ante Israel, y los hijos de Israel mataron aquel día a 25.100 hombres de Benjamín, todos los cuales sacaban espada. Entonces los hijos de Benjamín vieron que estaban derrotados. Los hombres de Israel habían cedido terreno a Benjamín, porque estaban confiados en la gente emboscada que habían puesto contra Gabaa. La gente de la emboscada se apresuró y acometió contra Gabaa. La gente de la emboscada se desplegó y mató a filo de espada a toda la ciudad. Los hombres de Israel tenían un acuerdo con los de la emboscada: que se hiciera subir una gran columna de humo desde la ciudad. Cuando los hombres de Israel retrocedieron en la batalla, los de Benjamín comenzaron a derribar muertos a unos treinta hombres de Israel y decían: "Ciertamente son vencidos delante de nosotros, como en la primera batalla." Pero cuando la señal, una columna de humo, comenzó a subir de la ciudad, entonces Benjamín miró hacia atrás, y he aquí que el fuego de la ciudad entera subía al cielo. Entonces los hombres de Israel se volvieron, y los de Benjamín se aterrorizaron, porque vieron que el desastre se les había venido encima. Luego volvieron las espaldas ante los hombres de Israel, hacia el camino del desierto. Pero la batalla los alcanzó, y los que venían de las ciudades los destruían en medio de ellos. Así cercaron a los de Benjamín, los persiguieron desde Noja, y los acosaron hasta la misma Gabaa, por el lado oriental. Cayeron 18.000 hombres de Benjamín, todos ellos hombres de valor. Entonces se dirigieron hacia el desierto, y huyeron a la peña de Rimón; y fueron muertos otros 5.000 hombres en los caminos. Continuaron acosándolos hasta Gidom y mataron a otros 2.000 hombres de ellos. Y todos los que cayeron de Benjamín aquel día fueron 25.000 hombres que sacaban espada, todos hombres de valor. Pero 600 hombres se dirigieron al desierto y huyeron a la peña de Rimón, y permanecieron en la peña de Rimón durante cuatro meses. Los hombres de Israel se volvieron contra los hijos de Benjamín y en las ciudades hirieron a filo de espada tanto a hombres como animales, y todo lo que fue hallado. Asimismo, prendieron fuego a todas las ciudades que hallaron. Los hombres de Israel habían jurado en Mizpa, diciendo: "Ninguno de nosotros dará su hija por mujer a los de Benjamín." Entonces el pueblo fue a Betel, y ellos permanecieron allí, delante de Dios, hasta el atardecer. Y alzando su voz lloraron amargamente y dijeron: —Oh Jehovah Dios de Israel, ¿por qué ha sucedido esto en Israel, que falte hoy una tribu de Israel? Al día siguiente, el pueblo se levantó muy de mañana. Edificaron allí un altar, y ofrecieron holocaustos y sacrificios de paz. Y los hijos de Israel dijeron: —¿Quién de entre todas las tribus de Israel no ha venido a la congregación, a Jehovah? Porque se había hecho un juramento solemne contra quien no subiera ante Jehovah en Mizpa, diciendo: "Morirá irremisiblemente." Los hijos de Israel se lamentaban por causa de Benjamín su hermano, y decían: —¡Una tribu ha sido cortada hoy de Israel! ¿Qué haremos en cuanto a conseguir mujeres para los que han quedado? Porque nosotros hemos jurado por Jehovah que no les daremos por mujeres a nuestras hijas. —Y añadieron—: ¿Hay alguno de entre las tribus de Israel que no haya subido a Jehovah, en Mizpa? Y he aquí, hallaron que ninguno de Jabes, en Galaad, había ido al campamento, a la congregación. Cuando el pueblo fue contado, he aquí que no había allí ningún hombre de los habitantes de Jabes, en Galaad. Entonces la asamblea envió allá a 12.000 hombres de los valientes. Y les mandaron diciendo: —Id y matad a filo de espada a los habitantes de Jabes, en Galaad, con las mujeres y los niños. Esto es lo que habéis de hacer: Eliminaréis a todo hombre, y a toda mujer que haya tenido unión sexual con varón. Entre los habitantes de Jabes, en Galaad, hallaron a 400 muchachas vírgenes, que no habían tenido unión sexual con varón; y las llevaron al campamento en Silo, en tierra de Canaán. Entonces toda la asamblea envió un mensaje a los hijos de Benjamín que estaban en la peña de Rimón, y les proclamaron la paz. En aquel tiempo volvieron los de Benjamín, y les dieron por mujeres a las que habían conservado vivas de las mujeres de Jabes, en Galaad. Pero éstas no fueron suficientes para ellos. El pueblo se lamentaba por causa de Benjamín, porque Jehovah había abierto una brecha en las tribus de Israel. Entonces los ancianos de la asamblea dijeron: —¿Qué haremos en cuanto a conseguir mujeres para los que han quedado? Porque las mujeres de Benjamín han sido exterminadas. —Y dijeron—: Lo que era de Benjamín sea herencia de sus sobrevivientes, para que no sea exterminada una tribu de Israel. Pero nosotros no les podemos dar mujeres de nuestras hijas. Porque los hijos de Israel habían jurado diciendo: "¡Maldito el que dé mujer a los de Benjamín!" Y dijeron: —He aquí que cada año hay fiesta de Jehovah en Silo. Silo está al norte de Betel, al lado oriental del camino que sube de Betel a Siquem, y al sur de Lebona. Y mandaron a los hijos de Benjamín, diciendo: —Id y poned emboscada en las viñas. Mirad; y he aquí que cuando las jóvenes de Silo salgan a bailar en círculos, vosotros saldréis de las viñas y arrebataréis cada uno una mujer para sí de las jóvenes de Silo, y os iréis a la tierra de Benjamín. Y sucederá que cuando sus padres o sus hermanos vengan a pleito ante nosotros, les diremos: "Hacednos el favor de concedérnoslas, porque nosotros no conseguimos en la guerra mujeres para todos ellos. Además, vosotros no sois culpables, porque no se las habéis dado." Los hijos de Benjamín lo hicieron así, y tomaron mujeres, una cada uno, raptándolas de entre las que danzaban. Después se fueron, volvieron a sus heredades, reedificaron las ciudades y habitaron en ellas. También los hijos de Israel partieron de allí, cada uno a su tribu o clan; y se fueron de allí, cada uno a su heredad. En aquellos días no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía recto ante sus propios ojos. Aconteció en los días en que gobernaban los jueces, que hubo hambre en el país. Entonces un hombre de Belén de Judá fue a vivir en los campos de Moab, con su mujer y sus dos hijos. El nombre de aquel hombre era Elimelec; el nombre de su mujer era Noemí, y los nombres de sus dos hijos eran Majlón y Quelión. Ellos eran efrateos de Belén de Judá. Llegaron a los campos de Moab y se quedaron allí. Pero Elimelec, marido de Noemí, murió; y ella quedó con sus dos hijos, los cuales tomaron para sí mujeres moabitas. El nombre de la una era Orfa; y el de la otra, Rut. Habitaron allí unos diez años. Y murieron también los dos, Majlón y Quelión, quedando la mujer sin sus dos hijos y sin su marido. Entonces Noemí se levantó con sus nueras, para regresar de los campos de Moab, porque oyó allí que Jehovah había visitado a su pueblo para darles pan. Salió con sus dos nueras del lugar donde estaba, y emprendieron el camino para regresar a la tierra de Judá. Entonces Noemí dijo a sus dos nueras: —Id y volveos, cada una a la casa de su madre. Que Jehovah haga misericordia con vosotras, como la habéis hecho vosotras con los difuntos y conmigo. Jehovah os conceda hallar descanso, cada una en la casa de su marido. Luego las besó, y ellas alzaron su voz y lloraron. Y le dijeron: —Ciertamente nosotras volveremos contigo a tu pueblo. Y Noemí respondió: —Volveos, hijas mías. ¿Para qué habéis de venir conmigo? ¿Acaso tengo más hijos en el vientre, que puedan ser vuestros maridos? Volveos, hijas mías, idos; porque yo ya soy demasiado vieja para tener marido. Aunque dijera que tengo esperanza, y si esta noche yo tuviera marido y aun diese a luz hijos, ¿esperaríais vosotras hasta que crecieran? ¿Habríais de quedaros sin casar por causa de ellos? No, hijas mías, mi amargura es mayor que la vuestra, porque la mano de Jehovah se ha levantado contra mí. Entonces ellas, alzando su voz, lloraron otra vez. Luego Orfa besó a su suegra, pero Rut se quedó con ella. Noemí le dijo: —He aquí, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses. Vuélvete tú tras ella. Pero Rut respondió: —No me ruegues que te deje y que me aparte de ti; porque a dondequiera que tú vayas, yo iré; y dondequiera que tú vivas, yo viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras, yo moriré; y allí seré sepultada. Así me haga Jehovah y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre tú y yo. Viendo Noemí que Rut estaba tan resuelta a ir con ella, no le dijo nada más. Caminaron ellas dos hasta que llegaron a Belén. Y aconteció que cuando entraron en Belén, toda la ciudad se conmovió a causa de ellas. Y decían: —¿No es ésta Noemí? Y ella les respondía: —No me llaméis Noemí; llamadme Mara, porque el Todopoderoso ha hecho muy amarga mi vida. Yo me fui llena, pero Jehovah me ha hecho volver vacía. ¿Por qué, pues, me llamáis Noemí, ya que Jehovah me ha afligido y el Todopoderoso me ha abatido? Así volvió Noemí con su nuera, Rut la moabita. Volvieron de los campos de Moab y llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada. Noemí tenía un pariente de su marido, un hombre de buena posición de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Boaz. Y Rut la moabita dijo a Noemí: —Permíteme ir al campo para recoger espigas tras aquel ante cuyos ojos yo halle gracia. Y ella le respondió. —Vé, hija mía. Ella fue y al llegar espigó en el campo tras los segadores. Y dio la casualidad de que la parcela del campo pertenecía a Boaz, que era de la familia de Elimelec. Y he aquí que Boaz llegó de Belén y dijo a los segadores: —¡Jehovah sea con vosotros! Ellos le respondieron: —¡Jehovah te bendiga! Y Boaz preguntó a su criado encargado de los segadores: —¿De quién es esa joven? El criado encargado de los segadores le respondió diciendo: —Ella es la joven moabita que ha vuelto con Noemí de los campos de Moab. Me ha dicho: "Permite que yo espigue y recoja entre las gavillas, detrás de los segadores." Ella vino y ha estado desde la mañana hasta ahora. No ha vuelto a casa ni por un momento. Entonces Boaz dijo a Rut: —Escucha, hija mía: No vayas a espigar a otro campo, ni te alejes de aquí. Aquí estarás junto con mis criadas. Mira bien el campo donde siegan, y síguelas; porque yo he mandado a los criados que no te molesten. Cuando tengas sed, vé a los depósitos y bebe del agua que sacan los criados. Ella se postró sobre su rostro, se inclinó a tierra y le dijo: —¿Por qué he hallado gracia ante tus ojos, para que tú te hayas fijado en mí, siendo yo una extranjera? Boaz le respondió diciendo: —Ciertamente me han contado todo lo que has hecho por tu suegra después de la muerte de tu marido, y que has dejado a tu padre, a tu madre y la tierra donde has nacido, y has venido a un pueblo que no conociste previamente. ¡Que Jehovah premie tu acción! Que tu recompensa sea completa de parte de Jehovah Dios de Israel, ya que has venido a refugiarte bajo sus alas. Ella dijo: —Señor mío, halle yo gracia ante tus ojos, porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque yo no soy ni como una de tus criadas. Boaz le dijo a la hora de la comida: —Acércate aquí, come pan y moja tu bocado en el vinagre. Entonces ella se sentó junto a los segadores, y él le dio grano tostado. Ella comió hasta que se sació, y le sobró. Cuando ella se levantó para espigar, Boaz mandó a sus criados, diciendo: —Que recoja espigas también entre las gavillas, y no la avergoncéis. Más bien, sacad para ella de los manojos y dejad que las recoja, y no la reprendáis. Rut espigó en el campo hasta el atardecer y desgranó lo que había espigado, y he aquí que había como un efa de cebada. Lo tomó y se fue a la ciudad, y su suegra vio lo que había espigado. También sacó lo que le había sobrado de la comida después de haberse saciado, y se lo dio. Entonces su suegra le preguntó: —¿Dónde has espigado hoy? ¿Dónde has trabajado? ¡Bendito sea el que se haya fijado en ti! Ella contó a su suegra con quién había trabajado y dijo: —El hombre con quien he trabajado hoy se llama Boaz. Y Noemí dijo a su nuera: —¡Sea él bendito de Jehovah, pues no ha rehusado su bondad ni a los vivos ni a los que han muerto! —Noemí le dijo después—: Aquel hombre es nuestro familiar. El es uno de los parientes que nos pueden redimir. Rut la moabita dijo: —Además de esto, me ha dicho: "Permanece con mis criados hasta que hayan acabado toda mi siega." Noemí respondió a Rut su nuera: —Está bien, hija mía, que salgas con sus criadas, para que no te vayan a molestar en otro campo. Estuvo, pues, junto con las criadas de Boaz espigando hasta que terminó la siega de la cebada y la siega del trigo. Y ella vivía con su suegra. Entonces le dijo Noemí su suegra: —Hija mía, ¿no habré de buscar para ti un hogar para que te vaya bien? Y ahora, ¿acaso Boaz, con cuyas criadas has estado, no es nuestro pariente? He aquí que esta noche él aventará la cebada en la era. Lávate, perfúmate, ponte tu vestido y baja a la era. Pero no te des a conocer al hombre, hasta que él haya acabado de comer y de beber. Cuando él se acueste, observa el lugar donde se acuesta y anda, destapa un sitio a sus pies y acuéstate allí. Y él te dirá lo que debes hacer. Y ella le respondió: —Haré todo lo que me dices. Entonces Rut bajó a la era e hizo todo lo que su suegra le había mandado. Cuando Boaz había comido y bebido, y su corazón estaba contento, se retiró a dormir a un lado del montón de grano. Entonces ella fue silenciosamente, destapó un sitio a sus pies y se acostó. Y sucedió que a la media noche Boaz se estremeció y se dio vuelta. ¡Y he aquí que una mujer estaba acostada a sus pies! Entonces él le preguntó: —¿Quién eres tú? Y ella respondió: —Yo soy Rut, tu sierva. Extiende tus alas sobre tu sierva, porque tú eres pariente redentor. El dijo: —Jehovah te bendiga, hija mía. Esta última acción tuya es mejor que la primera, porque no has ido tras los jóvenes, sean pobres o ricos. Ahora pues, no temas, hija mía. Yo haré por ti todo lo que tú digas, pues todos en mi ciudad saben que tú eres una mujer virtuosa. Ahora bien, aunque es cierto que yo soy pariente redentor, hay otro pariente redentor más cercano que yo. Pasa la noche; y cuando sea de día, si él te redime, está bien; que te redima. Pero si él no te quiere redimir, ¡vive Jehovah, que yo te redimiré! Acuéstate hasta la mañana. Así durmió a sus pies hasta la mañana, pero se levantó antes que nadie pudiese distinguir a su compañero. Porque él dijo: —Que no se sepa que una mujer ha venido a la era. —También le dijo—: Dame el manto que está sobre ti, y sostenlo. Ella lo sostuvo, y él midió seis medidas de cebada y las puso sobre ella. Entonces ella se fue a la ciudad. Y cuando vino a su suegra, ésta le preguntó: —¿Qué sucedió, hija mía? Ella le declaró todo lo que el hombre había hecho por ella. Y añadió: —Me dio estas seis medidas de cebada, diciendo: "Para que no vayas a tu suegra con las manos vacías." Entonces Noemí dijo: —Descansa, hija mía, hasta que sepas cómo resulta la cosa. Porque el hombre no tendrá sosiego hasta que concluya hoy mismo el asunto. Boaz subió a la puerta de la ciudad y se sentó allí. Y he aquí que pasaba por allí aquel pariente redentor del cual había hablado Boaz, y éste le dijo: —¡Eh, Fulano! ¡Ven acá, y siéntate! El fue y se sentó. Entonces Boaz tomó a diez hombres de los ancianos de la ciudad y les dijo: —Sentaos aquí. Y ellos se sentaron. Entonces dijo al pariente redentor: —Noemí, que ha vuelto de los campos de Moab, vende la parte del campo que tuvo nuestro hermano Elimelec. Yo pensé hacértelo saber y decirte que la adquieras, en presencia de los que están sentados aquí y en presencia de los ancianos de mi pueblo. Si quieres redimir, redime. Si no quieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa; porque no hay otro que pueda redimir excepto tú, y yo, después de ti. El le respondió: —Yo redimiré. Entonces Boaz dijo: —El mismo día que adquieras el campo de manos de Noemí, deberás también adquirir a Rut la moabita, mujer del difunto, para restaurar el nombre del difunto a su heredad. Entonces el pariente redentor respondió: —No puedo redimir para mí, no sea que perjudique mi propia heredad. Redime tú para ti lo que yo debería redimir, porque yo no puedo redimirlo. Había desde antaño la costumbre en Israel, tocante a la redención y las transacciones, que para dar vigencia a cualquier asunto uno se quitaba la sandalia y la daba al otro. Y esto servía de testimonio en Israel. Y el pariente redentor dijo a Boaz: —Adquiérelo tú. Luego se quitó la sandalia. Entonces Boaz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: —Vosotros sois testigos hoy de que adquiero de mano de Noemí todas las cosas que pertenecieron a Elimelec y todo lo de Quelión y de Majlón, y de que también adquiero, para que sea mi mujer, a Rut la moabita, que fuera mujer de Majlón, para restaurar el nombre del difunto a su heredad, a fin de que el nombre del difunto no se borre de entre sus hermanos ni de la puerta de su ciudad. Vosotros sois testigos hoy. Todos los del pueblo que estaban presentes en la puerta con los ancianos dijeron: —Somos testigos. Jehovah haga a la mujer que entra en tu casa, como a Raquel y a Lea, quienes juntas edificaron la casa de Israel. ¡Que te hagas poderoso en Efrata, y tengas renombre en Belén! Con los descendientes que Jehovah te dé por medio de esta joven, sea tu casa como la casa de Fares, el cual Tamar dio a Judá. Boaz tomó a Rut, y ella fue su mujer. El se unió a ella, y Jehovah le concedió que concibiera y diera a luz un hijo. Entonces las mujeres decían a Noemí: —¡Alabado sea Jehovah, que hizo que no te faltase hoy un pariente redentor! ¡Que su nombre sea celebrado en Israel! El restaurará tu vida y sustentará tu vejez, porque tu nuera, que te ama y te es mejor que siete hijos, lo ha dado a luz. Noemí tomó al niño, lo puso en su seno y fue su ama. Y las vecinas le dieron nombre, diciendo: —¡Un hijo le ha nacido a Noemí! Y le pusieron por nombre Obed. El fue el padre de Isaí, padre de David. Esta es la historia de los descendientes de Fares: Fares engendró a Hesrón. Hesrón engendró a Ram. Ram engendró a Aminadab. Aminadab engendró a Najsón. Najsón engendró a Salmón. Salmón engendró a Boaz. Boaz engendró a Obed. Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David. Había un hombre de Ramataim-zofim, de la región montañosa de Efraín, el cual se llamaba Elcana. Era hijo de Jerojam, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Zuf el efrateo. Y tenía dos mujeres: Una se llamaba Ana, y la otra Penina. Penina tenía hijos, pero Ana no los tenía. Aquel hombre subía año tras año desde su ciudad, para adorar y ofrecer sacrificios a Jehovah de los Ejércitos en Silo. Allí estaban los dos hijos de Elí: Ofni y Fineas, sacerdotes de Jehovah. Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba porciones a Penina su mujer y a todos sus hijos e hijas. Y aunque a Ana le daba una sola porción, él la amaba, a pesar de que Jehovah había cerrado su matriz. Pero su rival la irritaba continuamente para humillarla, porque Jehovah había cerrado su matriz. Así hacía cada año, cuando subía a la casa de Jehovah; ella la irritaba, por lo cual Ana lloraba y no comía. Y Elcana su marido le dijo: —Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Por qué está afligido tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos? Después de haber comido y bebido en Silo, Ana se levantó; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto al poste de la puerta del templo de Jehovah, ella oró a Jehovah con amargura de alma y lloró mucho. E hizo un voto diciendo: —Oh Jehovah de los Ejércitos, si te dignas mirar la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de tu sierva, sino que le das un hijo varón, entonces yo lo dedicaré a Jehovah por todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza. Sucedió que mientras ella oraba largamente delante de Jehovah, Elí observaba la boca de ella. Ana hablaba en su corazón; sólo se movían sus labios, pero no se oía su voz. Elí creyó que ella estaba ebria. Y le preguntó Elí: —¿Hasta cuándo vas a estar ebria? ¡Aparta de ti el vino! Ana respondió y dijo: —No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu. No he bebido vino ni licor, sino que he derramado mi alma delante de Jehovah. No pienses que tu sierva es una mujer impía. Es por mi gran congoja y por mi aflicción que he hablado hasta ahora. Elí respondió y le dijo: —Vé en paz, y que el Dios de Israel te conceda la petición que le has hecho. Ella dijo: —Que tu sierva halle gracia ante tus ojos. La mujer siguió su camino. Después comió y no estuvo más triste. Se levantaron de madrugada y adoraron delante de Jehovah. Y volviéndose, llegaron a su casa en Ramá. Elcana conoció a Ana su mujer, y Jehovah se acordó de ella. Y sucedió que a su debido tiempo, Ana concibió y dio a luz un hijo. Y le puso por nombre Samuel, diciendo: "Porque se lo pedí a Jehovah." Después aquel hombre, Elcana, subió con toda su familia, para ofrecer a Jehovah el sacrificio anual y cumplir su voto. Pero Ana no fue, sino que dijo a su marido: —Tan pronto como el niño sea destetado, lo llevaré para que sea presentado ante Jehovah y se quede allí para siempre. Y Elcana su marido le respondió: —Haz lo que te parezca bien; quédate hasta que lo destetes. ¡Sólo que Jehovah cumpla la palabra que sale de tu boca! Así que la mujer se quedó y amamantó a su hijo hasta que lo destetó. Y después de haberlo destetado, lo llevó consigo y lo trajo a la casa de Jehovah en Silo, junto con un toro de tres años, un efa de harina y una vasija de vino. El niño era pequeño. Después de degollar el toro llevaron el niño a Elí. Y ella dijo: —¡Oh, señor mío! Vive tu alma, oh señor mío, que yo soy aquella mujer que estuvo de pie aquí, junto a ti, orando a Jehovah. Por este niño oraba, y Jehovah me ha concedido lo que le pedí. Por eso yo también lo dedico a Jehovah; y estará dedicado a Jehovah todos los días de su vida. Y adoraron allí a Jehovah. Entonces Ana oró y dijo: "Mi corazón se regocija en Jehovah; mi poder se enaltece en Jehovah. Mi boca se ensancha contra mis enemigos, porque me he alegrado en tu salvación. "No hay santo como Jehovah, porque no hay ninguno aparte de ti; no hay roca como nuestro Dios. No multipliquéis palabras altaneras; cesen en vuestra boca las palabras insolentes. Porque Jehovah es un Dios de todo saber; por él son examinadas las acciones. "Los arcos de los fuertes son quebrados, pero los que tropiezan se ciñen de poder. Los que estaban saciados se alquilan por comida, pero los que estaban hambrientos dejan de estarlo. Aun la que era estéril da a luz siete hijos, pero la que tenía muchos hijos languidece. "Jehovah hace morir y hace vivir. El hace descender al Seol y hace subir. Jehovah hace empobrecer y hace enriquecer. El humilla y enaltece. El levanta del polvo al pobre, y al necesitado enaltece desde la basura, para hacerle sentar con los nobles y hacerle poseer un trono de honor. Porque de Jehovah son las columnas de la tierra, y sobre ellas asentó el mundo. "El guarda los pies de sus fieles, pero los impíos perecen en las tinieblas; porque nadie triunfará por su propia fuerza. Jehovah quebrantará a sus adversarios; contra ellos tronará desde los cielos. Jehovah juzgará los confines de la tierra. El dará fortaleza a su rey y enaltecerá el poder de su ungido." Después, Elcana regresó a su casa en Ramá, pero el niño servía a Jehovah delante del sacerdote Elí. Los hijos de Elí eran hombres impíos, que no tenían conocimiento de Jehovah. Los sacerdotes acostumbraban a proceder con el pueblo de esta manera: Cuando alguno ofrecía un sacrificio, y mientras era cocida la carne, el criado del sacerdote iba con un tenedor de tres dientes en su mano, y lo metía en el perol, en el caldero, en la olla o en la marmita. Y todo lo que sacaba el tenedor, el sacerdote lo tomaba para sí. Esto hacían con todo israelita que iba allí a Silo. Asimismo, el criado del sacerdote iba, aun antes que quemaran el sebo, y decía al que sacrificaba: "Da al sacerdote carne para asar, porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda." Si el hombre le respondía: "Deja que primero hagan arder el sebo, y después toma todo lo que te apetezca," él decía: "No, dámela ahora mismo; de lo contrario, la tomaré por la fuerza." El pecado de los jóvenes era muy grande delante de Jehovah, porque los hombres trataban con irreverencia las ofrendas de Jehovah. El niño Samuel servía delante de Jehovah, vestido con un efod de lino. Su madre le hacía año tras año una túnica pequeña, y se la llevaba cuando iba con su marido para ofrecer el sacrificio anual. Entonces Elí bendecía a Elcana y a su mujer diciendo: "Jehovah te dé hijos de esta mujer, en lugar de este que ella pidió a Jehovah." Y regresaban a su casa. Jehovah visitó a Ana con su favor, y ella concibió y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el niño Samuel crecía delante de Jehovah. Elí ya era muy anciano y oía todo lo que hacían sus hijos a todo Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que servían a la entrada del tabernáculo de reunión. El les preguntó: —¿Por qué hacéis semejantes cosas? Yo oigo de todo este pueblo acerca de vuestras malas acciones. No, hijos míos, no es bueno el rumor que oigo y que el pueblo de Jehovah difunde. Si un hombre peca contra otro hombre, Dios intercederá por él; pero si alguno peca contra Jehovah, ¿quién intercederá por él? Sin embargo, ellos no escucharon la voz de su padre, porque Jehovah quería hacerlos morir. Y el niño Samuel crecía en estatura y en gracia para con Dios y los hombres. Entonces un hombre de Dios vino a Elí y le dijo: "Así dice Jehovah: ‘Yo me manifesté claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto al servicio de la casa del faraón. Yo le escogí como sacerdote mío entre todas las tribus de Israel, para que subiera a mi altar, quemara el incienso y llevara el efod en mi presencia. Yo he dado a la casa de tu padre todas las ofrendas quemadas de los hijos de Israel. ¿Por qué habéis desdeñado mis sacrificios y mis ofrendas que mandé ofrecer en mi morada? Has honrado a tus hijos más que a mí, y os habéis engordado con lo mejor de todas las ofrendas de mi pueblo Israel.’ "Por tanto, dice Jehovah Dios de Israel: ‘En verdad, yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre estarían delante de mí para siempre.’ Pero ahora, dice Jehovah: ¡De ninguna manera! Yo honraré a los que me honran, pero los que me desprecian serán tenidos en poco. He aquí vienen días cuando cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que en tu casa no haya ancianos. Tú verás que tu morada padece necesidad, mientras yo colmo de bienes a Israel; y jamás habrá ancianos en tu casa. Pero no eliminaré completamente a los tuyos que sirven en mi altar, para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor. Todos los descendientes de tu casa morirán en la edad viril. Te servirá de señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Fineas: Ambos morirán en el mismo día. Pero yo levantaré para mí un sacerdote fiel que actúe conforme a mi corazón y a mi alma. Le edificaré una casa firme, y él andará en presencia de mi ungido todos los días. Y sucederá que el que quede de tu casa irá a postrarse delante de él por un poco de dinero y por un bocado de pan, diciéndole: ‘Por favor, asóciame con alguno de los servicios sacerdotales, a fin de que yo tenga un poco de pan para comer.’" El joven Samuel servía a Jehovah delante de Elí. La palabra de Jehovah escaseaba en aquellos días, y no había visiones con frecuencia. Pero aconteció cierto día, mientras Elí (cuyos ojos habían comenzado a debilitarse, de modo que no podía ver) estaba acostado en su aposento y Samuel dormía en el templo de Jehovah donde estaba el arca de Dios, que antes que la lámpara de Dios fuese apagada, Jehovah llamó a Samuel, y él respondió: —Heme aquí. Y corrió a Elí diciendo: —Heme aquí. ¿Para qué me has llamado? Elí respondió: —Yo no te he llamado. Vuelve a acostarte. El se volvió y se acostó, y Jehovah volvió a llamar: —¡Samuel! Samuel se levantó, fue a Elí y dijo: —Heme aquí. ¿Para qué me has llamado? Elí respondió: —Hijo mío, yo no te he llamado. Vuelve a acostarte. Samuel todavía no conocía a Jehovah, ni la palabra de Jehovah le había sido aún revelada. Jehovah llamó por tercera vez a Samuel; y él se levantó, fue a Elí y dijo: —Heme aquí. ¿Para qué me has llamado? Entonces Elí entendió que Jehovah llamaba al joven. Y Elí dijo a Samuel: —Vé y acuéstate; y sucederá que si te llama, dirás: "Habla, oh Jehovah, que tu siervo escucha." Samuel se fue y se acostó en su sitio. Entonces vino Jehovah, se paró y llamó como las otras veces: —¡Samuel, Samuel! Samuel respondió: —Habla, que tu siervo escucha. Y Jehovah dijo a Samuel: —He aquí, yo voy a hacer algo en Israel, que a quien lo escuche le retiñirán ambos oídos. Aquel día cumpliré contra Elí, de principio a fin, todas las cosas que he hablado contra su casa. Yo le he declarado que juzgaré a su casa para siempre, por la iniquidad que él conoce; porque sus hijos han blasfemado contra Dios, y él no les ha reprochado. Por tanto, he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de su casa jamás será expiada, ni con sacrificios ni con ofrendas. Samuel permaneció acostado hasta la mañana. Luego abrió las puertas de la casa de Jehovah, pero Samuel temía contar la visión a Elí. Entonces Elí llamó a Samuel y le dijo: —Hijo mío, Samuel. El respondió: —Heme aquí. El le preguntó: —¿Qué es lo que te ha hablado? Por favor, no me lo encubras. Así te haga Dios y aun te añada, si me encubres una palabra de todo lo que ha hablado contigo. Samuel se lo contó todo sin encubrirle nada. Entonces él dijo: —¡El es Jehovah! Que haga lo que le parezca bien. Samuel crecía, y Jehovah estaba con él y no dejaba sin cumplir ninguna de sus palabras. Todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, sabía que Samuel estaba acreditado como profeta de Jehovah. Jehovah volvió a manifestarse en Silo, pues era en Silo donde Jehovah se revelaba a Samuel mediante la palabra de Jehovah. Y la palabra de Samuel llegaba a todo Israel. Por aquel tiempo Israel salió en pie de guerra al encuentro de los filisteos, y acampó junto a Eben-ezer, mientras que los filisteos acamparon en Afec. Los filisteos se dispusieron para combatir contra Israel; y cuando se libró la batalla, Israel fue vencido ante los filisteos, quienes mataron en el campo de batalla a unos 4.000 hombres. Cuando el pueblo volvió al campamento, los ancianos de Israel preguntaron: —¿Por qué nos ha causado hoy Jehovah una derrota ante los filisteos? Hagamos traer acá desde Silo el arca del pacto de Jehovah, a fin de que venga en medio de nosotros y nos libre de mano de nuestros enemigos. Entonces el pueblo envió a Silo, e hicieron traer de allí el arca del pacto de Jehovah de los Ejércitos, que tiene su trono entre los querubines. Ofni y Fineas, los dos hijos de Elí, estaban allí con el arca del pacto de Dios. Aconteció que cuando el arca del pacto de Jehovah llegó al campamento, todo Israel gritó con un júbilo tan grande que la tierra tembló. Cuando los filisteos oyeron el estruendo del júbilo, preguntaron: —¿A qué se debe este estruendo de gran júbilo en el campamento de los hebreos? Cuando se enteraron de que el arca de Jehovah había sido traída al campamento, los filisteos tuvieron miedo. Y decían: —¡Los dioses han venido al campamento! —Y añadían—: ¡Ay de nosotros, porque semejante cosa no había sucedido antes! ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de mano de estos dioses fuertes? Estos son los dioses que hirieron a los egipcios con toda clase de plagas en el desierto. Esforzaos, oh filisteos, y sed hombres, para que no sirváis a los hebreos como ellos os han servido a vosotros. ¡Sed hombres y combatid! Los filisteos combatieron, e Israel fue vencido; y cada uno huyó a su morada. Ocurrió una gran derrota, pues cayeron de Israel 30.000 hombres de infantería. El arca de Dios fue tomada, y fueron muertos Ofni y Fineas, los dos hijos de Elí. Aquel mismo día, cierto hombre de Benjamín corrió desde el campo de batalla hasta Silo, con la ropa rasgada y tierra sobre su cabeza. Cuando llegó, he aquí que Elí estaba sentado en un banco vigilando junto al camino, porque su corazón temblaba a causa del arca de Dios. Cuando aquel hombre llegó a la ciudad y dio la noticia, toda la ciudad prorrumpió en griterío. Al oír Elí el estruendo del griterío, preguntó: —¿Qué estruendo de alboroto es éste? El hombre se dio prisa, vino y dio la noticia a Elí. Elí tenía ya 98 años; sus pupilas estaban inmóviles, de modo que no podía ver. El hombre dijo a Elí: —Soy el que ha venido de la batalla; hoy escapé de la batalla. Y Elí le preguntó: —¿Qué ha pasado, hijo mío? El mensajero respondió y dijo: —Israel ha huido delante de los filisteos. Ha ocurrido una gran mortandad entre el pueblo. También han muerto tus dos hijos, Ofni y Fineas; y el arca de Dios ha sido capturada. Y aconteció que cuando él mencionó el arca de Dios, Elí cayó de espaldas del banco, junto a la puerta. Se quebró la nuca, y murió, porque era hombre anciano y obeso. El había juzgado a Israel durante cuarenta años. También su nuera, la mujer de Fineas, que estaba encinta y próxima a dar a luz, al oír la noticia de que el arca de Dios había sido capturada y que su suegro y su marido habían muerto, se encorvó y dio a luz; porque le sobrevinieron sus dolores. Al tiempo que moría, le decían las que estaban junto a ella: —No tengas temor, porque has dado a luz un hijo. Pero ella no respondió ni prestó atención. Ella llamó al niño Icabod diciendo: —La gloria se ha apartado de Israel. Dijo esto porque el arca de Dios había sido capturada, y por lo ocurrido a su suegro y a su marido. Ella dijo: —La gloria se ha apartado de Israel, porque el arca de Dios ha sido capturada. Después de haber capturado el arca de Dios, los filisteos la llevaron de Eben-ezer a Asdod. Los filisteos tomaron el arca de Dios, la introdujeron en el templo de Dagón y la pusieron junto a Dagón. Y cuando los de Asdod se levantaron temprano al día siguiente, he aquí que Dagón estaba caído en tierra sobre su rostro, frente al arca de Jehovah. Entonces tomaron a Dagón y lo pusieron otra vez en su sitio. Pero al levantarse temprano al día siguiente, he aquí que Dagón estaba caído en tierra sobre su rostro, frente al arca de Jehovah; y la cabeza y las manos de Dagón estaban cortadas, sobre el umbral. Sólo el tronco le había quedado a Dagón. Por esta razón los sacerdotes de Dagón, y todos los que entran en el templo de Dagón, no pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta el día de hoy. La mano de Jehovah se agravó contra los de Asdod: Los asoló y los hirió con tumores, tanto en Asdod como en sus territorios. Al ver esto, los hombres de Asdod dijeron: —¡Que no se quede con nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros y sobre Dagón nuestro dios! Entonces mandaron reunirse con ellos a todos los gobernantes de los filisteos y les preguntaron: —¿Qué haremos con el arca del Dios de Israel? Ellos respondieron: —Que el arca del Dios de Israel sea trasladada a Gat. Y trasladaron el arca del Dios de Israel. Pero aconteció, después que la habían trasladado, que la mano de Jehovah fue contra la ciudad ocasionando gran pánico. E hirió a los hombres de la ciudad, desde el menor hasta el mayor, de modo que aparecieron en ellos tumores. Entonces enviaron el arca de Dios a Ecrón. Y sucedió que cuando el arca de Dios llegó a Ecrón, los de Ecrón dieron voces diciendo: —¡Han trasladado hasta nosotros el arca del Dios de Israel, para que nos haga morir a nosotros y a nuestro pueblo! Entonces mandaron reunir a todos los gobernantes de los filisteos, y dijeron: —Enviad el arca del Dios de Israel y que vuelva a su lugar, no sea que nos mate a nosotros y a nuestro pueblo. Pues había pánico de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había agravado allí. Los hombres que no habían muerto fueron llagados con tumores, y el clamor de la ciudad subía hasta el cielo. El arca de Jehovah estuvo en la tierra de los filisteos siete meses. Entonces los filisteos llamaron a los sacerdotes y adivinos, y les preguntaron: —¿Qué haremos con el arca de Jehovah? Dadnos a conocer cómo la hemos de enviar a su lugar. Ellos respondieron: —Si enviáis el arca del Dios de Israel, no la enviéis sola; sino más bien, enviadle una ofrenda por la culpa. Entonces seréis sanados y entenderéis por qué su mano no se apartó de vosotros. Ellos preguntaron: —¿Cuál será la ofrenda por la culpa que le hemos de enviar? Ellos respondieron: —Daréis cinco tumores de oro y cinco ratones de oro, conforme al número de los gobernantes de los filisteos, porque la misma plaga os ha afligido a todos vosotros y a vuestros gobernantes. Haced, pues, figuras de vuestros tumores y de los ratones que destruyen la tierra, y dad gloria al Dios de Israel; quizás aligere el peso de su mano sobre vosotros, sobre vuestros dioses y sobre vuestra tierra. ¿Por qué endureceréis vuestro corazón, como los egipcios y el faraón endurecieron su corazón? Después que él se había mofado de ellos, ¿no los dejaron ir, y se fueron? Haced, pues, una carreta nueva; luego tomad dos vacas que estén criando, sobre las cuales no haya sido puesto yugo; uncid las vacas a la carreta y haced volver sus terneros, de detrás de ellas, al corral. Tomad luego el arca de Jehovah y ponedla sobre la carreta. Poned junto a ella, en una caja, los objetos de oro que le habéis de dar como ofrenda por la culpa, y dejadla ir. Entonces mirad: Si sube a Bet-semes por el camino hacia su territorio, entonces es Jehovah quien nos ha hecho este mal tan grande. Si no, nos convenceremos de que no fue su mano la que nos hirió, sino que nos ha sucedido por casualidad. Y los hombres lo hicieron así. Tomaron dos vacas que estaban criando, las uncieron a la carreta y encerraron sus terneros en el corral. Luego pusieron sobre la carreta el arca de Jehovah y la caja con los ratones de oro y las figuras de sus tumores. Entonces las vacas se fueron de frente por el camino de Bet-semes. Iban por el camino, mugiendo mientras iban, sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. Y los gobernantes de los filisteos fueron tras ellas hasta la frontera de Bet-semes. Los habitantes de Bet-semes estaban segando el trigo en el valle, y alzando sus ojos divisaron el arca y se alegraron al verla. La carreta llegó al campo de Josué, de Bet-semes, y se detuvo allí, porque había una gran piedra. Entonces ellos partieron la madera de la carreta y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehovah. Los levitas bajaron el arca de Jehovah y la caja que estaba junto a ella, en la cual estaban los objetos de oro, y las pusieron sobre aquella gran piedra. Aquel día los hombres de Bet-semes hicieron holocaustos y ofrecieron sacrificios a Jehovah. Cuando los cinco gobernantes de los filisteos vieron esto, regresaron a Ecrón el mismo día. Los tumores de oro que los filisteos dieron a Jehovah como ofrenda por la culpa fueron: uno por Asdod, uno por Gaza, uno por Ascalón, uno por Gat y uno por Ecrón. También los ratones de oro fueron según el número de todas las ciudades filisteas de los cinco gobernantes, tanto las ciudades fortificadas como sus aldeas sin muros. La gran piedra, sobre la cual colocaron el arca de Jehovah, está en el campo de Josué, de Bet-semes, hasta el día de hoy. Entonces Dios hirió a algunos de los hombres de Bet-semes, porque habían mirado dentro del arca de Jehovah. Hirió a setenta personas del pueblo. Y el pueblo hizo duelo, porque Jehovah los había herido con una plaga tan grande. Los hombres de Bet-semes dijeron: —¿Quién podrá estar delante de Jehovah, este Dios santo? ¿Y a quién irá desde nosotros? Entonces enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, y dijeron: —Los filisteos han devuelto el arca de Jehovah. Descended y subidla a vuestro lugar. Los hombres de Quiriat-jearim vinieron, subieron el arca de Jehovah y la llevaron a la casa de Abinadab, en la colina. Luego consagraron a su hijo Eleazar para que guardase el arca de Jehovah. Aconteció que desde el día en que el arca llegó a Quiriat-jearim, pasó mucho tiempo, unos veinte años; y toda la casa de Israel gemía por Jehovah. Entonces Samuel habló a toda la casa de Israel, diciendo: —Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehovah, quitad de en medio de vosotros los dioses extraños y las Astartes, y preparad vuestro corazón para Jehovah. Servidle sólo a él, y él os librará de mano de los filisteos. Entonces los hijos de Israel quitaron los Baales y las Astartes, y sirvieron sólo a Jehovah. Y Samuel dijo: —Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros a Jehovah. Se reunieron en Mizpa, sacaron agua y la vertieron delante de Jehovah. Aquel día ayunaron allí y dijeron: —Hemos pecado contra Jehovah. Y Samuel juzgaba a los hijos de Israel en Mizpa. Cuando los filisteos oyeron que los hijos de Israel se habían reunido en Mizpa, los gobernantes de ellos subieron contra Israel. Al oír esto, los hijos de Israel tuvieron temor de los filisteos. Y los hijos de Israel dijeron a Samuel: —No ceses de clamar por nosotros a Jehovah nuestro Dios, para que nos guarde de la mano de los filisteos. Entonces Samuel tomó un cordero de leche y lo ofreció entero a Jehovah, como holocausto. Samuel clamó a Jehovah por Israel, y Jehovah le escuchó. Y aconteció que mientras Samuel ofrecía el holocausto, los filisteos se acercaron para combatir contra los hijos de Israel. Pero Jehovah tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos. El los confundió, y ellos fueron derrotados ante Israel. Los hombres de Israel salieron de Mizpa y persiguieron a los filisteos, hiriéndolos hasta abajo de Betcar. Luego Samuel tomó una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y la llamó Eben-ezer, diciendo: —¡Hasta aquí nos ayudó Jehovah! Así los filisteos fueron sometidos y no volvieron más a invadir el territorio de Israel. La mano de Jehovah estuvo contra los filisteos todo el tiempo de Samuel. Y fueron restituidas a Israel las ciudades que los filisteos le habían tomado desde Ecrón hasta Gat. Israel rescató sus territorios de mano de los filisteos. Y hubo paz entre Israel y los amorreos. Samuel juzgó a Israel todo el tiempo que vivió. El iba año tras año y hacía un recorrido por Betel, Gilgal y Mizpa; y juzgaba a Israel en todos estos lugares. Después regresaba a Ramá, pues allí estaba su casa; y allí también juzgaba a Israel. Allí mismo edificó un altar a Jehovah. Aconteció que habiendo envejecido Samuel, puso a sus hijos como jueces de Israel. Su hijo primogénito se llamaba Joel, y su segundo, Abías. Ellos fueron jueces en Beerseba. Pero sus hijos no andaban en los caminos de él. Más bien, se desviaron tras las ganancias deshonestas, aceptando soborno y pervirtiendo el derecho. Entonces todos los ancianos de Israel se reunieron y fueron a Samuel, en Ramá, y le dijeron: —He aquí que tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos. Por eso, constitúyenos ahora un rey que nos gobierne, como tienen todas las naciones. Estas palabras desagradaron a Samuel, porque dijeron: "Danos un rey que nos gobierne." Samuel oró a Jehovah, y Jehovah le dijo: —Escucha la voz del pueblo en todo lo que te diga, porque no es a ti a quien han desechado. Es a mí a quien han desechado, para que no reine sobre ellos. De la misma manera que han hecho conmigo desde el día en que los saqué de Egipto hasta el día de hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, así hacen contigo también. Ahora pues, escucha su voz, pero adviérteles solemnemente y declárales cuál será el proceder del rey que ha de reinar sobre ellos. Samuel refirió todas las palabras de Jehovah al pueblo que le había pedido un rey. Y dijo: —Este será el proceder del rey que reine sobre vosotros: Tomará a vuestros hijos y los pondrá en sus carros y en su caballería, para que corran delante de su carro. Nombrará para sí jefes de millares y jefes de cincuenta. Hará que aren sus campos y sieguen su mies, que fabriquen sus armas de guerra y el equipo de sus carros. Tomará a vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras y panaderas. También tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus servidores. Tomará el diezmo de vuestros granos y viñedos para dárselo a sus funcionarios y servidores. Tomará a vuestros siervos, a vuestras siervas, vuestros mejores bueyes y vuestros mejores asnos para ocuparlos en sus obras. También tomará el diezmo de vuestros rebaños, y vosotros mismos seréis sus siervos. Aquel día clamaréis a causa de vuestro rey que os habréis elegido, pero aquel día Jehovah no os escuchará. Sin embargo, el pueblo rehusó escuchar a Samuel. Y dijeron: —¡No! Más bien, que haya rey sobre nosotros. Entonces nosotros seremos también como todas las naciones. Nuestro rey nos gobernará, saldrá al frente de nosotros y llevará a cabo nuestras batallas. Samuel escuchó todas las palabras del pueblo y las refirió a oídos de Jehovah. Y Jehovah dijo a Samuel: —Escucha su voz y constituye un rey sobre ellos. Entonces Samuel dijo a los hombres de Israel: —Regrese cada uno a su ciudad. Había un hombre de Benjamín que se llamaba Quis hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afíaj, hijo de un hombre de Benjamín, un guerrero valiente. Este tenía un hijo que se llamaba Saúl, joven y apuesto. Entre los hijos de Israel no había otro mejor que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo. A Quis, padre de Saúl, se le perdieron sus asnas. Entonces Quis dijo a su hijo Saúl: —Por favor, toma contigo a uno de los criados, levántate y vé a buscar las asnas. Ellos pasaron por la región montañosa de Efraín, y de allí a la tierra de Salisa, pero no las hallaron. Entonces pasaron por la tierra de Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, pero no las hallaron. Cuando llegaron a la tierra de Zuf, Saúl dijo a su criado que le acompañaba: —Ven, volvámonos, porque quizás mi padre, dejando de preocuparse por las asnas, esté preocupado por nosotros. El le respondió: —He aquí, en esta ciudad hay un hombre de Dios, un hombre muy respetado. Todo lo que él dice sucede sin fallar. Ahora vamos allá; quizás nos señale el camino por donde debemos ir. Saúl respondió a su criado: —Pero si vamos, ¿qué llevaremos al hombre? Porque el pan de nuestras alforjas ya se ha acabado. No tenemos un presente que llevar al hombre de Dios. ¿Qué tenemos? El criado volvió a responder a Saúl y dijo: —He aquí, tengo en mi poder la cuarta parte de un siclo de plata. Se lo daré al hombre de Dios para que nos indique nuestro camino. Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios decía: "Venid y vayamos al vidente"; porque al profeta de hoy, antiguamente se le llamaba vidente. Entonces Saúl dijo a su criado: —Bien dices; anda, vamos. Fueron a la ciudad donde estaba el hombre de Dios. Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, se encontraron con unas jóvenes que salían a sacar agua. A éstas les preguntaron: —¿Está el vidente en este lugar? Ellas les respondieron diciendo: —Sí. Allí está delante de ti. Ahora date prisa, porque hoy ha venido a la ciudad con motivo del sacrificio que el pueblo tiene hoy en el lugar alto. Cuando entréis en la ciudad, le encontraréis antes que él suba al lugar alto para comer. Porque el pueblo no comerá hasta que él haya llegado, pues él ha de bendecir el sacrificio. Después comerán los invitados. Ahora pues, subid, y de inmediato le encontraréis. Entonces ellos subieron a la ciudad. Y cuando estuvieron en medio de la ciudad, he aquí que Samuel venía hacia ellos para subir al lugar alto. Un día antes que llegase Saúl, Jehovah le había revelado al oído a Samuel, diciendo: "Mañana a esta misma hora te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín. A éste ungirás como soberano de mi pueblo Israel. El librará a mi pueblo de mano de los filisteos, porque yo he visto la aflicción de mi pueblo, y su clamor ha llegado hasta mí." Cuando Samuel vio a Saúl, Jehovah le dijo: —He aquí el hombre de quien te hablé; éste gobernará a mi pueblo. Cuando Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta de la ciudad, le dijo: —Muéstrame, por favor, dónde está la casa del vidente. Samuel respondió a Saúl diciendo: —Yo soy el vidente. Subid delante de mí al lugar alto, y comed hoy conmigo. Mañana por la mañana te despediré y te diré todo lo que está en tu corazón. Y en cuanto a las asnas que se te perdieron hace tres días, no te preocupes, porque ya han sido halladas. Pero, ¿para quién será todo lo más preciado en Israel? ¿Acaso no será para toda la casa de tu padre? Saúl respondió diciendo: —¿No soy yo de Benjamín, la más pequeña de las tribus de Israel? ¿Y no es mi familia la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho semejante cosa? Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, los hizo entrar en la sala, y les dio lugar a la cabecera de los invitados, que eran unos treinta hombres. Y Samuel dijo al cocinero: —Trae acá la porción que te di, la cual te dije que guardaras aparte. El cocinero tomó un muslo, lo sacó y lo puso delante de Saúl. Y Samuel dijo: —He aquí lo que estaba reservado; ponlo delante de ti y come, porque para esta ocasión fue guardado para ti cuando dije: "Yo he invitado al pueblo." Así que aquel día Saúl comió con Samuel. Y cuando habían descendido del lugar alto a la ciudad, él habló con Saúl en la azotea. Al día siguiente madrugaron, y sucedió que al tiempo de la aurora Samuel llamó a Saúl que estaba en la azotea, y le dijo: —Levántate para que te despida. Saúl se levantó, y salieron ambos, él y Samuel. Descendieron al extremo de la ciudad, y Samuel dijo a Saúl: —Dile al criado que se nos adelante, pero tú espera un poco para que te declare la palabra de Dios. Y el criado se adelantó. Entonces Samuel tomó un frasco de aceite, lo derramó sobre la cabeza de Saúl y le besó diciéndole: —¿No te ha ungido Jehovah como el soberano de su heredad? Hoy, cuando te hayas apartado de mí, hallarás a dos hombres junto al sepulcro de Raquel en Zelzaj, en la frontera de Benjamín. Ellos te dirán: "Las asnas que fuiste a buscar han sido halladas. Y he aquí que tu padre ha dejado de lado el asunto de las asnas y está preocupado por vosotros, diciendo: ‘¿Qué haré acerca de mi hijo?’" Cuando sigas de allí más adelante y llegues a la encina de Tabor, saldrán a tu encuentro tres hombres que suben a Dios en Betel, llevando uno tres cabritos, otro tres tortas de pan y el tercero una vasija de vino. Después que te hayan saludado, te darán dos panes, los cuales tomarás de sus manos. De allí irás a la colina de Dios donde está el destacamento de los filisteos. Sucederá que cuando hayas entrado en la ciudad, allí encontrarás a un grupo de profetas descendiendo del lugar alto, precedidos de liras, panderos, flautas y arpas; y ellos profetizando. Entonces el Espíritu de Jehovah descenderá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos; y serás cambiado en otro hombre. Y sucederá que cuando te hayan acontecido estas señales, haz lo que te venga a mano, porque Dios está contigo. Después descenderás antes que yo a Gilgal. Y he aquí que yo descenderé hacia ti para ofrecer holocaustos y sacrificios de paz. Espera siete días hasta que yo vaya a ti y te indique lo que has de hacer. Aconteció que cuando Saúl volvió la espalda para apartarse de Samuel, Dios le transformó el corazón; y todas estas señales se cumplieron aquel día. Cuando llegaron a la colina, he aquí que un grupo de profetas venía a su encuentro. Y el Espíritu de Dios descendió sobre él con poder, y él profetizó en medio de ellos. Sucedió que cuando todos los que le conocían antes vieron cómo profetizaba en medio de los profetas, los del pueblo se decían unos a otros: —¿Qué le ha pasado al hijo de Quis? ¿También está Saúl entre los profetas? Un hombre de allí respondió diciendo: —¿Y quién es el padre de ellos? Así, pues, se originó el refrán: "¿También está Saúl entre los profetas?" Saúl cesó de profetizar y llegó al lugar alto. Y un tío de Saúl les preguntó a él y a su criado: —¿A dónde fuisteis? El respondió: —Fuimos a buscar las asnas; y como vimos que no aparecían, acudimos a Samuel. El tío de Saúl dijo: —Declárame, por favor, qué os ha dicho Samuel. Y Saúl respondió a su tío: —Nos declaró expresamente que las asnas habían sido halladas. Pero del asunto del reino, no le declaró nada de lo que Samuel le había hablado. Entonces Samuel convocó al pueblo delante de Jehovah, en Mizpa, y dijo a los hijos de Israel: —Así ha dicho Jehovah Dios de Israel: "Yo saqué a Israel de Egipto, librándoos de mano de los egipcios y de mano de todos los reinos que os oprimieron. Pero vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, quien os libra de todas vuestras desgracias y angustias, y habéis dicho: ‘¡No! Más bien, constituye un rey sobre nosotros.’ Ahora pues, presentaos delante de Jehovah por vuestras tribus y por vuestros millares." Samuel hizo que se acercaran todas las tribus de Israel, y fue tomada la tribu de Benjamín. Hizo que se acercara la tribu de Benjamín por sus clanes, y fue tomado el clan de Matri, y de éste fue elegido Saúl hijo de Quis. Y le buscaron, pero no le pudieron hallar. Entonces consultaron otra vez a Jehovah: —¿Aún ha de venir aquí ese hombre? Y Jehovah respondió: —He aquí que está escondido entre el equipaje. Ellos corrieron y le trajeron de allí. Y una vez en medio del pueblo, era más alto que todos, de los hombros para arriba. Samuel dijo a todo el pueblo: —¿Habéis visto al que Jehovah ha elegido? ¡De veras que no hay nadie como él en todo el pueblo! Y todo el pueblo gritaba diciendo: —¡Viva el rey! Luego Samuel explicó ante el pueblo el proceder de un rey, y lo escribió en un rollo que guardó delante de Jehovah. Entonces Samuel despidió a todo el pueblo, cada uno a su casa. Saúl también se fue a su casa en Gabaa, y fueron con él algunos hombres valerosos cuyos corazones Dios había tocado. Pero unos perversos dijeron: "¿Cómo nos va a librar éste?" Ellos le tuvieron en poco y no le llevaron un presente. Pero él calló. Najas el amonita subió y acampó contra Jabes, en Galaad, y todos los hombres de Jabes dijeron a Najas: —Haz alianza con nosotros, y te serviremos. Najas el amonita les respondió: —Haré alianza con vosotros con esta condición: que a cada uno de vosotros le saque el ojo derecho, de modo que yo ponga esta afrenta sobre todo Israel. Entonces los ancianos de Jabes le dijeron: —Danos siete días, para que enviemos mensajeros por todo el territorio de Israel. Si no hay quien nos libre, nos rendiremos a ti. Cuando los mensajeros llegaron a Gabaa de Saúl, dijeron estas palabras a oídos del pueblo. Y todo el pueblo alzó su voz y lloró. Y he aquí que Saúl venía del campo, tras los bueyes. Y Saúl preguntó: —¿Qué le pasa al pueblo, para que llore? Entonces le repitieron las palabras de los hombres de Jabes. Y cuando Saúl oyó estas palabras, el Espíritu de Dios descendió con poder sobre él, y se encendió su ira en gran manera. El tomó un par de bueyes, los cortó en pedazos y los envió por medio de mensajeros a todo el territorio de Israel, diciendo: "Así se hará con los bueyes del que no salga tras Saúl y Samuel." Entonces el temor de Jehovah cayó sobre el pueblo, y salieron como un solo hombre. Saúl les pasó revista en Bezec: Los hijos de Israel eran 300.000, además de 30.000 hombres de Judá. Y a los mensajeros que habían venido les dijeron: "Así diréis a los hombres de Jabes, en Galaad: ‘Mañana, a la hora de más calor, seréis librados.’" Los mensajeros llegaron y lo dijeron a los hombres de Jabes, quienes se alegraron. Entonces los hombres de Jabes respondieron: —Mañana nos rendiremos a vosotros, para que hagáis con nosotros todo lo que os parezca bien. Y sucedió que al día siguiente, Saúl distribuyó el pueblo en tres escuadrones. Luego entraron en medio del campamento durante la vigilia de la mañana, e hirieron a los amonitas hasta la hora de más calor. Y sucedió que los que quedaron se dispersaron de tal manera que no quedaron dos de ellos juntos. Entonces el pueblo preguntó a Samuel: —¿Quiénes son los que decían: "¿Ha de reinar Saúl sobre nosotros?" ¡Entregadnos a esos hombres para que les demos muerte! Saúl respondió: —No morirá nadie en este día, porque Jehovah ha dado hoy una victoria en Israel. Entonces Samuel dijo al pueblo: —¡Venid y vayamos a Gilgal para que confirmemos allí el reino! Todo el pueblo acudió a Gilgal, y allí en Gilgal proclamaron rey a Saúl, delante de Jehovah. Allí también ofrecieron sacrificios de paz delante de Jehovah, y allí Saúl y todos los hombres de Israel se alegraron muchísimo. Entonces Samuel dijo a todo Israel: —He aquí que he escuchado vuestra voz en todo lo que me habéis dicho, y he constituido un rey sobre vosotros. Ahora, he aquí que vuestro rey irá delante de vosotros. Yo ya soy viejo y estoy lleno de canas, y he aquí que mis hijos están con vosotros. Yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta el día de hoy. Heme aquí: Testificad contra mí en presencia de Jehovah y en presencia de su ungido. ¿De quién he tomado un buey? ¿De quién he tomado un asno? ¿A quién he defraudado? ¿A quién he oprimido? ¿De mano de quién he aceptado soborno para cerrar mis ojos por ello? Testificad contra mí, y yo os lo restituiré. Ellos respondieron: —No nos has defraudado ni nos has oprimido, ni has tomado nada de mano de nadie. El les dijo: —Jehovah es testigo contra vosotros. También su ungido es testigo en este día, que no habéis hallado en mi poder ninguna cosa. Ellos respondieron: —¡El es testigo! Entonces Samuel dijo al pueblo: —Jehovah es quien designó a Moisés y a Aarón, y sacó a vuestros padres de la tierra de Egipto. Ahora, presentaos para que yo exponga con vosotros el caso ante Jehovah, respecto a todos los actos de justicia que Jehovah ha hecho por vosotros y por vuestros padres. Después que Jacob entró en Egipto, vuestros padres clamaron a Jehovah, y Jehovah envió a Moisés y a Aarón, quienes sacaron de Egipto a vuestros padres y les hicieron habitar en este lugar. Pero ellos se olvidaron de Jehovah su Dios, y él los entregó en mano de Sísara, jefe del ejército de Hazor, en mano de los filisteos y en mano del rey de Moab, quienes les hicieron la guerra. Ellos clamaron a Jehovah y dijeron: "Hemos pecado, porque hemos abandonado a Jehovah y hemos servido a los Baales y a las Astartes. Pero ahora, líbranos de mano de nuestros enemigos, y te serviremos." Entonces Jehovah envió a Jerobaal, a Barac, a Jefté y a Samuel, y os libró de mano de vuestros enemigos de alrededor; y habitasteis seguros. Entonces, al ver que Najas, rey de los amonitas, venía contra vosotros, me dijisteis: "¡No! Más bien, que haya un rey que reine sobre nosotros," aun cuando Jehovah vuestro Dios era vuestro rey. Ahora pues, he aquí el rey que habéis elegido, el cual habéis pedido. He aquí que Jehovah ha constituido un rey sobre vosotros. Si teméis a Jehovah y le servís, si obedecéis su voz y no os rebeláis contra el mandato de Jehovah, entonces viviréis en pos de Jehovah vuestro Dios, tanto vosotros como el rey que reine sobre vosotros. Pero si no obedecéis la voz de Jehovah y si sois rebeldes al mandato de Jehovah, entonces la mano de Jehovah estará contra vosotros y contra vuestro rey. Presentaos, pues, ahora y ved esta maravilla que Jehovah va a hacer ante vuestros ojos. ¿No es ahora la siega del trigo? Sin embargo, yo invocaré a Jehovah, y él enviará truenos y aguaceros para que conozcáis y veáis que es grande la maldad que habéis cometido ante los ojos de Jehovah, al haber pedido un rey para vosotros. Samuel invocó a Jehovah, y aquel día Jehovah envió truenos y aguaceros. Y todo el pueblo temió en gran manera a Jehovah y a Samuel. Entonces todo el pueblo dijo a Samuel: —¡Ruega a Jehovah, tu Dios, por tus siervos, para que no muramos! Porque a todos nuestros pecados hemos añadido el mal de pedir un rey para nosotros. Y Samuel respondió al pueblo: —No temáis. Vosotros habéis cometido todo este mal; pero con todo, no os apartéis de en pos de Jehovah, sino servid a Jehovah con todo vuestro corazón. No os apartéis tras las vanidades que no sirven ni libran, ya que son vanidades. Pues Jehovah no desamparará a su pueblo, por causa de su gran nombre; porque él ha querido haceros pueblo suyo. En cuanto a mí, ¡lejos esté de mí pecar contra Jehovah dejando de rogar por vosotros! Al contrario, os instruiré en el camino bueno y recto. Solamente temed a Jehovah y servidle con fidelidad y con todo vuestro corazón, considerando cuán grandes cosas él ha hecho por vosotros. Pero si perseveráis en hacer el mal, vosotros y vuestro rey pereceréis. Saúl tenía 30 años cuando comenzó a reinar, y reinó sobre Israel 40 y 2 años. Saúl escogió para sí 3.000 hombres de Israel; y de ellos 2.000 estaban con Saúl en Micmas y en la región montañosa de Betel, y 1.000 estaban con Jonatán en Gabaa de Benjamín. Y despidió al resto del pueblo, cada uno a su morada. Entonces Jonatán atacó el destacamento de los filisteos que había en Geba, y lo oyeron los filisteos. Luego Saúl hizo tocar la corneta por todo el país, diciendo: "¡Oigan los hebreos!" Y todo Israel oyó que se decía: "Saúl ha atacado el destacamento de los filisteos, y también Israel se ha hecho odioso a los filisteos." Entonces el pueblo fue convocado en Gilgal para seguir a Saúl. También los filisteos se reunieron para combatir contra Israel, movilizando 3.000 carros, 6.000 jinetes y gente tan numerosa como la arena de la orilla del mar. Ellos subieron y acamparon en Micmas, al este de Bet-avén. Cuando los hombres de Israel se vieron en aprietos, porque el pueblo fue puesto en apuros, se escondieron en cuevas, grietas, peñascos, fosas y cisternas. Y algunos de los hebreos cruzaron el Jordán hacia la tierra de Gad y de Galaad. Saúl estaba aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él, temblando. El esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había señalado. Pero como Samuel no venía a Gilgal y el pueblo se le dispersaba, Saúl dijo: —Traedme el holocausto y los sacrificios de paz. El ofreció el holocausto. Y sucedió que al acabar de ofrecer el holocausto, he aquí que venía Samuel. Saúl le salió al encuentro para saludarle, y Samuel le preguntó: —¿Qué has hecho? Saúl respondió: —Cuando vi que el pueblo se me dispersaba, que tú no venías en el plazo señalado y que los filisteos estaban reuniéndose en Micmas, entonces pensé: "Los filisteos descenderán ahora a Gilgal contra mí, y yo no he implorado el favor de Jehovah." Por eso me vi forzado y ofrecí el holocausto. Entonces Samuel dijo a Saúl: —Has actuado torpemente. No guardaste el mandamiento que Jehovah tu Dios te dio. ¡Pues ahora Jehovah hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre! Pero ahora tu reino no será duradero. Jehovah se ha buscado un hombre según su corazón, a quien Jehovah ha designado como el soberano de su pueblo, porque tú no has guardado lo que Jehovah te mandó. Entonces Samuel se levantó y subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín. Saúl pasó revista a la gente que se hallaba con él, unos 600 hombres. Entonces Saúl, su hijo Jonatán y la gente que se hallaba con ellos se quedaron en Gabaa de Benjamín. Los filisteos habían acampado en Micmas, y de su campamento salieron los destructores en tres escuadrones. Un escuadrón se dirigió por el camino de Ofra hacia la tierra de Sual. Otro escuadrón se dirigió hacia Bet-jorón, y el tercer escuadrón se dirigió hacia la región que mira al valle de Zeboím, hacia el desierto. En toda la tierra de Israel no había un solo herrero, porque los filisteos habían dicho: "No sea que los hebreos se hagan espadas o lanzas." Todos los israelitas iban a los filisteos para afilar cada uno su reja de arado, su azadón, su hacha o su hoz. El afilado costaba un pim, tanto para las rejas de arado, como para los azadones, los tridentes, las hachas o para afinar las aguijadas. Sucedió, pues, que en el día de la batalla no había ni una espada ni una lanza en poder de ninguno de los que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y su hijo Jonatán, que sí las tenían. Después el destacamento de los filisteos se dirigió al paso de Micmas. Aconteció cierto día que Jonatán hijo de Saúl dijo a su escudero: —Ven, pasemos hasta el destacamento de los filisteos que está al otro lado. Pero no lo hizo saber a su padre. Saúl estaba en las afueras de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón. Los que estaban con él eran como 600 hombres. El que llevaba el efod era Ajías hijo de Ajitob (hermano de Icabod), hijo de Fineas, hijo de Elí, sacerdote de Jehovah en Silo. Pero el pueblo no sabía que Jonatán se había ido. En el paso por donde Jonatán procuraba llegar al destacamento de los filisteos, había un peñasco agudo a un lado, y otro peñasco agudo al lado opuesto. El uno se llamaba Boses; y el otro, Sene. Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas; y el otro al sur, hacia Gabaa. Entonces Jonatán dijo a su escudero: —Ven, pasemos al destacamento de esos incircuncisos. Quizás Jehovah haga algo por medio de nosotros, porque nada impide a Jehovah salvar con muchos o con pocos. Su escudero le respondió: —Haz todo lo que está en tu corazón; vé, he aquí que yo estoy contigo, a tu disposición. Y Jonatán dijo: —He aquí que nosotros pasaremos hacia aquellos hombres y dejaremos que nos vean. Si nos dicen así: "Esperad hasta que nos acerquemos a vosotros," entonces nos quedaremos en nuestro lugar y no subiremos hacia donde ellos están. Pero si nos dicen así: "Subid hasta nosotros," entonces subiremos; porque Jehovah los ha entregado en nuestra mano. Esta será la señal para nosotros. Ambos se dejaron ver por el destacamento de los filisteos, y éstos dijeron: —¡He allí los hebreos que salen de las cuevas donde se habían escondido! Los hombres del destacamento gritaron a Jonatán y a su escudero, diciendo: —¡Subid hasta nosotros, y os haremos saber una cosa! Y Jonatán dijo a su escudero: —Sube detrás de mí, porque Jehovah los ha entregado en mano de Israel. Jonatán subió trepando con sus manos y sus pies; y tras él, su escudero. Los filisteos caían delante de Jonatán, y su escudero los remataba detrás de él. Este fue el primer ataque, en el que Jonatán y su escudero mataron a unos veinte hombres en el espacio de media yugada de tierra. Entonces hubo pánico en el campamento, en el campo y entre toda la gente. Los del destacamento y también los destructores temblaron; y la tierra se sacudió, pues hubo gran pánico. Los centinelas de Saúl miraron desde Gabaa de Benjamín, y he aquí que la multitud se dispersaba yendo en todas direcciones. Entonces Saúl dijo a la gente que estaba con él: —¡Pasad revista y ved quién de los nuestros se ha ido! Al pasar revista, he aquí que faltaban Jonatán y su escudero. Entonces Saúl dijo a Ajías: —¡Trae el arca de Dios! Porque el arca de Dios estaba en ese día con los hijos de Israel. Y aconteció que mientras Saúl hablaba con el sacerdote, la agitación aumentaba más y más en el campamento de los filisteos. Entonces Saúl dijo al sacerdote: —¡Retira tu mano! Entonces Saúl se reunió con toda la gente que estaba con él, y fueron a la batalla. Y he aquí que la espada de cada uno se volvía contra su compañero, y había gran confusión. Y los hebreos que anteriormente habían estado con los filisteos, y que habían subido con ellos de los alrededores al campamento, también ellos se pusieron de parte de los israelitas que estaban con Saúl y Jonatán. Asimismo, todos los hombres de Israel que se habían escondido en la región montañosa de Efraín oyeron que los filisteos huían, y ellos también salieron a perseguirlos en la batalla. Así Jehovah dio la victoria a Israel aquel día. Y la batalla llegó hasta Bet-avén. Pero aquel día los hombres de Israel fueron puestos en apuros, porque Saúl había sometido al pueblo bajo juramento, diciendo: "¡Maldito sea cualquiera que coma algo antes del anochecer, hasta que yo haya tomado venganza de mis enemigos!" Así que ninguno del pueblo había probado alimento. Todo el pueblo llegó a un bosque, y en la superficie del campo había miel. Cuando el pueblo entró en el bosque, he aquí que la miel corría, pero nadie acercó la mano a su boca, porque el pueblo temía el juramento. Pero Jonatán no había oído cuando su padre había sometido al pueblo bajo juramento. Y extendiendo la punta de una vara que llevaba en su mano, la mojó en un panal de miel y acercó su mano a su boca; y le brillaron los ojos. Entonces alguien del pueblo le habló diciendo: —Tu padre expresamente ha sometido al pueblo bajo juramento, diciendo: "Maldito sea el hombre que coma algo hoy." Por eso desfallece el pueblo. Entonces Jonatán respondió: —Mi padre ha ocasionado destrucción al país. Ved cómo han brillado mis ojos por haber probado un poco de esta miel. ¡Cuánto mejor si el pueblo hubiera comido hoy libremente del botín que tomó de sus enemigos! ¿No se hubiera ocasionado una gran derrota a los filisteos? Aquel día hirieron a los filisteos desde Micmas hasta Ajalón. Pero el pueblo se cansó mucho, y se lanzaron sobre el botín y tomaron ovejas, vacas y terneros, a los cuales degollaron sobre el suelo. Y el pueblo los comió con la sangre. Informaron a Saúl diciendo: —¡He aquí, el pueblo está pecando contra Jehovah, comiendo carne con la sangre! Y él dijo: —¡Habéis cometido una traición! Haced rodar una piedra grande hasta aquí. —Y Saúl añadió—: Dispersaos entre el pueblo y decidles que cada uno me traiga su toro, y cada cual su oveja, y degolladlos aquí y comed. No pequéis contra Jehovah comiendo carne con la sangre. Aquella noche todo el pueblo llevó cada uno consigo su toro, y los degollaron allí. Después Saúl edificó un altar a Jehovah. Este altar fue el primero que él edificó a Jehovah. Entonces dijo Saúl: —Descendamos de noche contra los filisteos y saqueémoslos hasta el amanecer. No dejemos a ninguno de ellos. Y dijeron: —Haz todo lo que te parezca bien. Luego dijo el sacerdote: —Acerquémonos a Dios aquí. Y Saúl consultó a Dios: —¿Descenderé tras los filisteos? ¿Los entregarás en mano de Israel? Pero aquel día él no le dio respuesta. Entonces dijo Saúl: —Acercaos acá todos los jefes del pueblo. Averiguad y ved por quién ha surgido hoy este pecado. ¡Vive Jehovah que libra a Israel, que aunque sea por mi hijo Jonatán, él morirá irremisiblemente! En todo el pueblo no hubo quien le respondiese. Entonces dijo a todo Israel: —Vosotros os pondréis a un lado; mi hijo Jonatán y yo nos pondremos al otro. El pueblo respondió a Saúl: —Haz lo que te parezca bien. Saúl dijo a Jehovah Dios de Israel: —Concédenos un resultado perfecto. Fueron tomados Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre. Luego dijo Saúl: —Haced el sorteo entre mi hijo Jonatán y yo. Y fue tomado Jonatán. Entonces Saúl dijo a Jonatán: —Declárame: ¿Qué has hecho? Jonatán se lo declaró diciendo: —Es verdad que probé un poco de miel con la punta de la vara que llevaba en mi mano. Heme aquí; moriré. Saúl respondió: —¡Así me haga Dios y aun me añada, que morirás irremisiblemente, Jonatán! Pero el pueblo preguntó a Saúl: —¿Ha de morir Jonatán, el que ha logrado esta gran victoria en Israel? ¡Que no sea así! ¡Vive Jehovah, que no caerá a tierra ni un cabello de su cabeza, porque hoy ha actuado con Dios! Así el pueblo libró a Jonatán, y éste no murió. Saúl dejó de perseguir a los filisteos, y los filisteos se fueron a su lugar. Cuando Saúl empezó a ejercer el reinado sobre Israel, hizo la guerra contra todos sus enemigos de alrededor: contra Moab, contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba y contra los filisteos. A dondequiera que se dirigía era vencedor. Combatió con valentía y derrotó a Amalec, y libró a Israel de mano de los que lo saqueaban. Los hijos de Saúl eran: Jonatán, Isvi y Malquisúa. Los nombres de sus dos hijas eran: el de la mayor Merab, y el de la menor Mical. El nombre de su mujer era Ajinoam hija de Ajimaas. El nombre del jefe de su ejército era Abner hijo de Ner, tío de Saúl. Quis, padre de Saúl, y Ner, padre de Abner, eran hijos de Abiel. Había guerra encarnizada contra los filisteos durante todo el tiempo de Saúl. Cuando Saúl veía algún hombre valiente o esforzado, lo añadía a los suyos. Samuel dijo a Saúl: —Jehovah me envió para ungirte como rey de su pueblo Israel. Escucha, pues, ahora las palabras de Jehovah. Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: "Yo castigaré a Amalec por lo que hizo a Israel, porque se le opuso en el camino cuando subía de Egipto. Vé ahora y ataca a Amalec; destruye completamente todo lo que le pertenece. No le perdones la vida; mata a hombres y mujeres, a niños y bebés, vacas y ovejas, camellos y asnos." Saúl convocó a la gente y les pasó revista en Telaim: 200.000 de infantería más 10.000 hombres de Judá. Saúl fue a la ciudad de Amalec y puso una emboscada en el arroyo. Entonces Saúl dijo a los queneos: —Idos, apartaos y salid de en medio de los amalequitas, no sea que yo os destruya juntamente con ellos; porque vosotros tuvisteis misericordia de todos los hijos de Israel cuando subían de Egipto. Entonces los queneos se apartaron de en medio de los amalequitas. Y Saúl derrotó a los amalequitas desde Havila hasta las inmediaciones de Shur, al este de Egipto. Capturó vivo a Agag, rey de Amalec, y destruyó a filo de espada a todo el pueblo. Sin embargo, Saúl y el pueblo perdonaron la vida a Agag, a lo mejor de las ovejas y de las vacas, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, lo cual no quisieron destruir. Pero destruyeron todo lo despreciable y sin valor. Entonces Jehovah habló a Samuel diciendo: —Me pesa haber puesto a Saúl como rey, porque se ha apartado de mí y no ha cumplido mis palabras. Samuel se apesadumbró y clamó a Jehovah toda aquella noche. Samuel madrugó para ir a encontrarse con Saúl por la mañana, y le avisaron a Samuel diciendo: —Saúl se fue a Carmel, y he aquí que se erigió un monumento. Cuando volvió, prosiguió y descendió a Gilgal. Samuel vino a Saúl, y Saúl le dijo: —¡Jehovah te bendiga! He cumplido la palabra de Jehovah. Samuel preguntó: —Entonces, ¿qué es ese balido de ovejas en mis oídos y el mugido de vacas que oigo? Saúl respondió: —Las han traído de Amalec. El pueblo perdonó la vida a lo mejor de las ovejas y de las vacas, para ofrecerlas en sacrificio a Jehovah tu Dios. Pero lo demás lo destruimos. Entonces Samuel dijo a Saúl: —¡Basta! Voy a declararte lo que Jehovah me dijo anoche: Saúl le dijo: —Dilo. Samuel dijo: —Aunque eras insignificante ante tus propios ojos, ¿no fuiste hecho cabeza de las tribus de Israel? ¿No te ha ungido Jehovah como rey sobre Israel? Jehovah te ha encomendado una misión y te ha dicho: "Vé y destruye completamente a esos pecadores de Amalec. Hazles la guerra hasta que los extermines." ¿Por qué, pues, no has obedecido la voz de Jehovah? ¿Por qué te lanzaste sobre el botín e hiciste lo malo ante los ojos de Jehovah? Saúl respondió a Samuel: —He obedecido la voz de Jehovah y fui a la misión que Jehovah me encomendó. He traído a Agag, rey de Amalec, y he destruido completamente a los amalequitas. Pero el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, lo mejor del anatema, para sacrificarlas a Jehovah tu Dios en Gilgal. Entonces Samuel preguntó: —¿Se complace tanto Jehovah en los holocaustos y en los sacrificios como en que la palabra de Jehovah sea obedecida? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención es mejor que el sebo de los carneros. Porque la rebeldía es como el pecado de adivinación, y la obstinación es como la iniquidad de la idolatría. Por cuanto tú has desechado la palabra de Jehovah, él también te ha desechado a ti, para que no seas rey. Entonces Saúl dijo a Samuel: —Yo he pecado; porque he quebrantado el mandamiento de Jehovah y tus palabras, temiendo al pueblo y accediendo a su voz. Perdona, por favor, mi pecado, y vuelve conmigo para que yo adore a Jehovah. Pero Samuel respondió a Saúl: —No volveré contigo, porque has desechado la palabra de Jehovah, y Jehovah te ha desechado a ti, para que no seas rey sobre Israel. Cuando Samuel se volvió para marcharse, Saúl se asió del extremo de su manto, el cual se rasgó. Samuel le dijo: —Jehovah ha rasgado hoy de ti el reino de Israel y lo ha dado a tu prójimo, que es mejor que tú. Además, la Gloria de Israel no mentirá ni se arrepentirá, porque él no es hombre para que se arrepienta. Y Saúl respondió: —Yo he pecado; pero ahora hónrame, por favor, en presencia de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, volviendo conmigo para que yo adore a Jehovah tu Dios. Entonces Samuel volvió tras Saúl, y Saúl adoró a Jehovah. Después Samuel dijo: —¡Tráeme a Agag, rey de Amalec! Agag vino a él alegremente, pensando: "Ciertamente ya ha pasado la amargura de la muerte." Pero Samuel dijo: —¡Así como tu espada dejó sin hijos a las mujeres, así tu madre quedará sin hijo entre las mujeres! Entonces Samuel descuartizó a Agag delante de Jehovah, en Gilgal. Después Samuel se fue a Ramá, y Saúl subió a su casa en Gabaa de Saúl. Hasta el día de su muerte Samuel no volvió a ver a Saúl, pero Samuel lloraba por Saúl. Y a Jehovah le pesaba el haber constituido a Saúl como rey sobre Israel. Entonces Jehovah dijo a Samuel: —¿Hasta cuándo has de llorar por Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena de aceite el cuerno y vé; yo te enviaré a Isaí, de Belén, porque de entre sus hijos me he provisto de un rey. Samuel preguntó: —¿Cómo voy a ir? Si Saúl se llega a enterar, me matará. Jehovah respondió: —Toma contigo una vaquilla del ganado, y di: "He venido para ofrecer un sacrificio a Jehovah." Invita a Isaí al sacrificio; yo te enseñaré lo que has de hacer, y tú me ungirás al que yo te diga. Samuel hizo lo que dijo Jehovah. Cuando llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle temblando y preguntaron: —¿Es pacífica tu venida? El respondió: —Sí, es pacífica. Vengo para ofrecer un sacrificio a Jehovah. Purificaos y venid conmigo al sacrificio. Después de purificar a Isaí y a sus hijos, los invitó al sacrificio. Y aconteció que cuando ellos llegaron, él vio a Eliab y pensó: "¡Ciertamente su ungido está delante de Jehovah!" Pero Jehovah dijo a Samuel: —No mires su apariencia ni lo alto de su estatura, pues yo lo he rechazado. Porque Jehovah no mira lo que mira el hombre: El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehovah mira el corazón. Luego Isaí llamó a Abinadab y lo hizo pasar ante Samuel, quien dijo: —Tampoco a éste ha elegido Jehovah. Después Isaí hizo pasar a Sama. Y Samuel dijo: —Tampoco a éste ha elegido Jehovah. Isaí hizo pasar a siete de sus hijos ante Samuel, y éste dijo a Isaí: —Jehovah no ha elegido a éstos. Entonces Samuel preguntó a Isaí: —¿Son éstos todos los jóvenes? Y él respondió: —Todavía queda el menor, pero he aquí que está apacentando las ovejas. Samuel dijo a Isaí: —Manda a traerlo, porque no nos sentaremos a comer hasta que él llegue aquí. Isaí mandó por él, y le hizo entrar. Era de tez sonrosada, de bellos ojos y de buena presencia. Entonces Jehovah dijo: —¡Levántate y úngelo, porque éste es! Samuel tomó el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehovah descendió con poder sobre David. Luego Samuel se levantó y regresó a Ramá. El Espíritu de Jehovah se apartó de Saúl, y un espíritu malo de parte de Jehovah le atormentaba. Entonces los servidores de Saúl le dijeron: —He aquí, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta. Diga nuestro señor a tus servidores que están delante de ti, que te busquen a alguien que sepa tocar el arpa; para que cuando el espíritu malo de parte de Dios venga sobre ti, él toque con su mano, y tú te sientas bien. Y Saúl respondió a sus servidores: —Buscadme, por favor, alguno que toque bien, y traédmelo. Entonces uno de los criados respondió diciendo: —He aquí, he visto a un hijo de Isaí, de Belén, que sabe tocar. El es valiente, hombre de guerra, prudente de palabra, de buena presencia; y Jehovah está con él. Saúl envió mensajeros a Isaí, diciendo: "Envíame a tu hijo David, el que está con las ovejas." Entonces Isaí tomó un asno cargado de pan, un odre de vino y un cabrito, y los envió a Saúl por medio de su hijo David. Cuando David vino a Saúl, se quedó a su servicio. Saúl le estimaba mucho y le hizo su escudero. Saúl envió a decir a Isaí: "Por favor, permite que David se quede a mi servicio, porque ha hallado gracia ante mis ojos." Y sucedía que cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y la tañía con su mano. Y Saúl hallaba alivio y se sentía mejor. Así el espíritu malo se apartaba de él. Los filisteos reunieron sus tropas para la guerra y se congregaron en Soco, que pertenecía a Judá. Después acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim. También Saúl y los hombres de Israel se reunieron y acamparon en el valle de Ela y dispusieron la batalla contra los filisteos. Los filisteos estaban a un lado sobre una colina, y los israelitas al otro lado sobre otra colina; y el valle estaba entre ellos. Entonces, de las tropas de los filisteos salió un paladín que se llamaba Goliat, de Gat. Este tenía de estatura seis codos y un palmo. Llevaba un casco de bronce en la cabeza y estaba vestido con una cota de malla de bronce que pesabasiclos. Sobre sus piernas tenía grebas de bronce y entre sus hombros llevaba una jabalina de bronce. El asta de su lanza parecía un rodillo de telar, y su punta de hierro pesaba 600 siclos. Y su escudero iba delante de él. Entonces se detuvo y gritó al ejército de Israel, diciendo: —¿Para qué salís a disponer la batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? ¡Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí! Si él puede luchar conmigo y me vence, nosotros seremos vuestros esclavos. Pero si yo puedo más que él y lo venzo, vosotros seréis nuestros esclavos y nos serviréis. —Y el filisteo añadió—: ¡Yo desafío hoy al ejército de Israel! ¡Dadme un hombre para que luche contra mí! Cuando Saúl y todo Israel oyeron estas palabras del filisteo, se amedrentaron y tuvieron mucho temor. Ahora bien, David era hijo de un hombre efrateo de Belén de Judá, que se llamaba Isaí y que tenía ocho hijos. En los días de Saúl este hombre era anciano, de edad muy avanzada. Los tres hijos mayores de Isaí habían ido tras Saúl a la guerra. Los nombres de sus tres hijos que habían ido a la guerra eran: Eliab el primogénito, Abinadab el segundo y Sama el tercero. David era el menor. Y mientras los tres mayores habían ido tras Saúl, David iba y volvía de donde estaba Saúl, para apacentar las ovejas de su padre en Belén. Aquel filisteo se aproximaba por la mañana y por la tarde, presentándose así durante cuarenta días. Isaí dijo a su hijo David: —Toma, por favor, para tus hermanos un efa de este grano tostado y estos diez panes, y llévalos de prisa al campamento donde están tus hermanos. Lleva también estos diez quesos para el jefe de millar. Averigua si tus hermanos están bien y toma alguna prenda de ellos. Saúl y ellos, con todos los hombres de Israel, están en el valle de Ela, combatiendo contra los filisteos. David se levantó muy de mañana, y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, tomó las cosas y se fue, como Isaí le había mandado. Llegó al círculo del campamento cuando las fuerzas disponían la batalla y daban el grito de guerra. Los israelitas y los filisteos estaban dispuestos, ejército contra ejército. Las cosas que David traía las dejó en manos del guarda del equipaje, y corrió hacia el ejército. Cuando llegó, saludó a sus hermanos, deseándoles paz. Entonces, mientras hablaba con ellos, he aquí aquel paladín que se llamaba Goliat, el filisteo de Gat, salió del ejército de los filisteos y repitió las mismas palabras, las cuales oyó David. Todos los hombres de Israel, al ver a aquel hombre, huían de su presencia y tenían mucho miedo. Los hombres de Israel decían: —¿Habéis visto a ese hombre que ha salido? El se adelanta para desafiar a Israel. Y sucederá que al que lo venza, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, le dará su hija y eximirá de tributos a su casa paterna en Israel. David habló a los que estaban junto a él y preguntó: —¿Qué harán por el hombre que venza a ese filisteo y quite la afrenta de Israel? Porque, ¿quién es ese filisteo incircunciso para que desafíe a los escuadrones del Dios viviente? La gente le respondió las mismas palabras, diciendo: —Así se hará al hombre que lo venza. Eliab, su hermano mayor, le oyó hablar a los hombres. Entonces Eliab se encendió en ira contra David y le preguntó: —¿Para qué has descendido acá? ¿Y con quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? ¡Yo conozco tu arrogancia y la malicia de tu corazón! ¡Has descendido para ver la batalla! David respondió: —¿Qué he hecho yo ahora? ¿No fue sólo una palabra? Se apartó de él hacia otro y preguntó lo mismo. Y la gente le respondió igual que antes. Las palabras que David había dicho fueron oídas y le fueron referidas a Saúl, quien le hizo venir. Y David dijo a Saúl: —No desmaye el corazón de nadie a causa de él. Tu siervo irá y luchará contra ese filisteo. Saúl dijo a David: —Tú no podrás ir contra ese filisteo para luchar contra él; porque tú eres un muchacho, y él es un hombre de guerra desde su juventud. David respondió a Saúl: —Tu siervo ha sido pastor de las ovejas de su padre. Y cuando venía un león o un oso y tomaba alguna oveja del rebaño, yo salía tras él, lo hería y la rescataba de su boca. Si se levantaba contra mí, yo lo agarraba por la melena, lo hería y lo mataba. Fuese león o fuese oso, tu siervo lo mataba. Ese filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha desafiado a los escuadrones del Dios viviente. —Y David añadió—: ¡Jehovah, quien me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él me librará de la mano de ese filisteo! Y Saúl dijo a David: —¡Vé, y que Jehovah sea contigo! Saúl vistió a David con su propia armadura. Le puso un casco de bronce sobre su cabeza y lo vistió con una cota de malla. Luego David se ciñó la espada de él sobre su ropa e intentó andar, porque no estaba acostumbrado. Entonces David dijo a Saúl: —Yo no puedo andar con esto, porque no estoy acostumbrado. David se quitó de encima aquellas cosas. Entonces tomó su cayado en su mano y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en la bolsa pastoril, en el zurrón que llevaba. Y con su honda en su mano, se fue hacia el filisteo. El filisteo venía acercándose a David, precedido de su escudero. Cuando el filisteo miró y vio a David, lo tuvo en poco, porque era un joven de tez sonrosada y de hermoso semblante. Y el filisteo preguntó a David: —¿Acaso soy yo un perro para que vengas contra mí con palos? El filisteo maldijo a David por sus dioses. También el filisteo dijo a David: —¡Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a los animales del campo! Entonces David dijo al filisteo: —Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. Pero yo voy contra ti en el nombre de Jehovah de los Ejércitos, Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado. Jehovah te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré. Te cortaré la cabeza y daré hoy los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a los animales del campo. ¡Y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel! También todos estos congregados sabrán que Jehovah no libra con espada ni con lanza. ¡De Jehovah es la batalla! ¡Y él os entregará en nuestra mano! Aconteció que cuando el filisteo se levantó y se fue acercando al encuentro de David, éste se dio prisa y corrió al combate contra el filisteo. Entonces David metió su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra y la arrojó con la honda, hiriendo al filisteo en la frente. La piedra quedó clavada en su frente, y éste cayó de bruces en tierra. Así venció David al filisteo con una honda y una piedra, y lo mató sin tener espada en su mano. Entonces David corrió, se puso sobre el filisteo, y tomando la espada de éste, la sacó de su vaina y lo mató cortándole la cabeza con ella. Cuando los filisteos vieron muerto a su héroe, huyeron. Entonces los hombres de Israel y de Judá se levantaron gritando, y persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat, y hasta las puertas de Ecrón. Los cadáveres de los filisteos yacían por el camino de Saraim hasta Gat y Ecrón. Cuando los hijos de Israel volvieron de perseguir a los filisteos, les saquearon su campamento. Luego David tomó la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén, pero puso sus armas en su morada. Cuando Saúl vio a David que salía para encontrarse con el filisteo, preguntó a Abner, el jefe del ejército: —Abner, ¿de quién es hijo ese joven? Abner respondió: —¡Vive tu alma, oh rey, que no lo sé! El rey dijo: —Pregunta, pues, de quién es hijo ese joven. Cuando David volvía de matar al filisteo, teniendo la cabeza del filisteo en su mano, Abner lo tomó y lo llevó a Saúl. Saúl le preguntó: —Joven, ¿de quién eres hijo? David respondió: —Soy hijo de tu siervo Isaí, de Belén. Aconteció que cuando David terminó de hablar con Saúl, el alma de Jonatán se quedó ligada a la de David, y Jonatán le amó como a sí mismo. Aquel día Saúl le retuvo y no le dejó volver a la casa de su padre. Entonces Jonatán hizo un pacto con David, porque le amaba como a sí mismo. Y Jonatán se quitó la túnica que llevaba y se la dio a David, junto con otras prendas suyas, inclusive su espada, su arco y su cinturón. David iba a donde Saúl le enviaba y tenía éxito, por lo cual Saúl lo puso al mando de la gente de guerra. Y esto era agradable a los ojos de todo el pueblo y a los ojos de los servidores de Saúl. Aconteció que mientras ellos volvían, cuando David regresaba de vencer al filisteo, las mujeres de todas las ciudades de Israel salieron para recibir al rey Saúl, cantando y danzando con gozo, al son de panderos y otros instrumentos musicales. Y mientras danzaban, las mujeres cantaban y decían: "¡Saúl derrotó a sus miles! ¡Y David a sus diez miles!" Saúl se enojó muchísimo. Estas palabras le desagradaron, y pensó: "A David le dan diez miles, y a mí me dan miles. ¡No le falta más que el reino!" Desde aquel día en adelante, Saúl miraba con sospecha a David. Aconteció al día siguiente que un espíritu malo de parte de Dios se apoderó de Saúl, y éste desvariaba dentro de su casa. David tañía el arpa con su mano, como lo hacía día tras día, y Saúl tenía una lanza en la mano. Entonces Saúl arrojó la lanza pensando: "¡Clavaré a David en la pared!" Pero David le esquivó dos veces. Saúl temía a David porque Jehovah estaba con él, mientras que se había apartado de Saúl. Entonces Saúl alejó de sí a David, haciéndole jefe de mil; y éste salía y entraba al frente del pueblo. David tenía éxito en todos sus asuntos, pues Jehovah estaba con él. Al ver Saúl que David tenía mucho éxito, le tenía miedo. Pero todo Israel y Judá amaban a David, porque él era quien salía y entraba al frente de ellos. Entonces Saúl dijo a David: —He aquí Merab, mi hija mayor. Yo te la daré por mujer, con tal que me seas un hombre valiente y lleves a cabo las batallas de Jehovah. Pero Saúl pensaba: "No será mi mano contra él. ¡La mano de los filisteos será contra él!" David respondió a Saúl: —¿Quién soy yo, y qué es mi vida o la familia de mi padre en Israel, para que yo sea yerno del rey? Pero sucedió que cuando llegó el tiempo en que Merab, hija de Saúl, debía ser dada a David, fue dada por mujer a Adriel el mejolatita. Pero Mical, la otra hija de Saúl, amaba a David. Esto le fue dicho a Saúl, y el asunto le pareció bien. Luego pensó Saúl: "Yo se la daré para que le sirva de trampa y para que la mano de los filisteos sea contra él." Y Saúl dijo a David por segunda vez: —Hoy serás mi yerno. Entonces Saúl dio órdenes a sus servidores: —Hablad en secreto a David, diciéndole: "He aquí, el rey te aprecia, y todos sus servidores te quieren bien; sé, pues, yerno del rey." Los servidores de Saúl dijeron estas palabras a oídos de David, y éste preguntó: —¿Os parece poca cosa ser yerno del rey, siendo yo un hombre pobre e insignificante? Los servidores de Saúl dieron a éste la respuesta diciendo: —Estas palabras ha dicho David. Y Saúl dijo: —Decid esto a David: "El rey no tiene interés en el precio matrimonial, sino en 100 prepucios de filisteos, para vengarse de los enemigos del rey." Pero Saúl pensaba hacer caer a David en mano de los filisteos. Y cuando los servidores de Saúl declararon a David estas palabras, agradó a David el asunto de ser yerno del rey. Antes que se cumpliera el plazo, David se levantó y partió con su gente. Mató a 200 hombres de los filisteos, llevó sus prepucios y los entregó todos al rey, para llegar a ser yerno del rey. Y Saúl le dio por mujer a su hija Mical. Pero al ver y reconocer que Jehovah estaba con David y que Mical hija de Saúl le amaba, Saúl temió aun más a David. Y Saúl fue hostil a David todos los días. Los jefes de los filisteos continuaron saliendo a la guerra. Y sucedía que cada vez que lo hacían, David tenía más éxito que todos los servidores de Saúl, por lo que su nombre se hizo muy apreciado. Saúl habló a su hijo Jonatán y a todos sus servidores para dar muerte a David. Pero Jonatán hijo de Saúl amaba mucho a David. Y Jonatán dio aviso a David, diciendo: —Mi padre Saúl procura matarte. Ahora, por favor, ten cuidado durante la mañana y escóndete en un lugar oculto. Yo saldré y estaré al lado de mi padre en el campo donde tú estés y hablaré de ti a mi padre. Si percibo algo, te lo avisaré. Jonatán habló bien de David a su padre Saúl, y le dijo: —No peque el rey contra su siervo David, porque él no ha cometido ningún pecado contra ti. Al contrario, sus obras te han sido muy beneficiosas. El arriesgó su vida cuando mató al filisteo, y Jehovah dio una gran victoria a todo Israel. Tú lo viste y te alegraste; ¿por qué, pues, pecarás contra sangre inocente, dando muerte a David sin motivo? Al oír Saúl la voz de Jonatán, juró: —¡Vive Jehovah, que no morirá! Entonces Jonatán llamó a David y le declaró todas estas palabras. Jonatán presentó a David ante Saúl, y David estuvo delante de él como antes. Volvió a haber guerra, y David fue y combatió contra los filisteos. El les ocasionó una gran derrota, y huyeron ante él. Entonces un espíritu malo de parte de Jehovah vino sobre Saúl. Y estando él sentado en su casa, tenía su lanza en su mano, mientras David tañía con la mano. Luego Saúl intentó clavar a David en la pared con la lanza, pero David esquivó a Saúl, quien golpeó la lanza contra la pared. Aquella noche David huyó y se escapó. Saúl envió mensajeros a la casa de David para que lo vigilasen y le dieran muerte a la mañana siguiente. Pero Mical, su mujer, avisó a David diciendo: —Si no salvas tu vida esta noche, mañana estarás muerto. Entonces Mical descolgó a David por una ventana, y él se fue, huyó y se escapó. Después Mical tomó un ídolo doméstico y lo puso sobre la cama, acomodándole a la cabecera una almohada de cuero de cabra y cubriéndolo con la ropa. Y cuando Saúl envió mensajeros para que prendiesen a David, ella respondió: —Está enfermo. Saúl volvió a enviar mensajeros para que viesen a David, diciendo: "¡Traédmelo en la cama para que lo mate!" Entraron los mensajeros, y he aquí que el ídolo estaba en la cama, y una almohada de cuero de cabra a su cabecera. Entonces Saúl preguntó a Mical: —¿Por qué me has engañado así y has dejado ir a mi enemigo, de modo que se escapase? Mical respondió a Saúl: —Porque él me dijo: "¡Déjame ir! Porque si no, te mato." David huyó. Se escapó y fue a Samuel, en Ramá; y le dijo todo lo que Saúl le había hecho. Entonces él se fue con Samuel, y habitaron en Nayot. Luego avisaron a Saúl, diciendo: "He aquí que David está en Nayot, en Ramá." Y Saúl envió mensajeros para que prendiesen a David. Estos vieron a un grupo de profetas que estaban profetizando y a Samuel que estaba allí y los presidía. Entonces el Espíritu de Dios vino sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron. Cuando le informaron a Saúl, envió otros mensajeros, los cuales también profetizaron. Saúl envió mensajeros por tercera vez, y éstos también profetizaron. Finalmente, él mismo fue a Ramá; y al llegar al gran pozo que está en Secú, preguntó diciendo: —¿Dónde están Samuel y David? Y le respondieron: —He aquí que están en Nayot, en Ramá. Fue a Nayot, en Ramá, y también sobre él vino el Espíritu de Dios, e iba profetizando hasta que llegó a Nayot, en Ramá. El también se despojó de su ropa y se puso a profetizar de la misma manera delante de Samuel. Todo aquel día y toda aquella noche estuvo echado desnudo. Por esto se suele decir: "¿También está Saúl entre los profetas?" David huyó de Nayot, en Ramá. Después acudió a Jonatán y le dijo: —¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi maldad, o cuál es mi pecado contra tu padre, para que él trate de quitarme la vida? El le respondió: —¡De ninguna manera! No morirás. He aquí que mi padre no hace cosa grande ni pequeña que no me la revele. ¿Por qué, pues, me ha de encubrir mi padre este asunto? ¡No será así! Pero David volvió a jurar diciendo: —Tu padre sabe claramente que yo he hallado gracia ante tus ojos y pensará: "Que Jonatán no sepa esto, no sea que se entristezca." Ciertamente, ¡vive Jehovah y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte! Entonces Jonatán dijo a David: —Haré por ti lo que tú digas. Y David respondió a Jonatán: —He aquí que mañana es luna nueva, y yo debo sentarme con el rey para comer. Pero tú dejarás que me vaya y me esconda en el campo hasta el atardecer del tercer día. Si tu padre me echa de menos, dirás: "David me pidió encarecidamente que lo dejase ir de inmediato a Belén, su ciudad, porque todos los de su familia tienen allá el sacrificio anual." Si él dice: "Está bien," entonces tu siervo tendrá paz. Pero si se enoja, sabrás que el mal está determinado de parte de él. Tendrás, pues, misericordia de tu siervo, ya que has hecho entrar a tu siervo en un pacto de Jehovah contigo. Si hay maldad en mí, mátame tú. ¿Para qué llevarme hasta tu padre? Y Jonatán respondió: —¡Nunca te suceda tal cosa! Antes bien, si llego a saber que está determinado de parte de mi padre que el mal venga contra ti, ¿no te lo avisaré yo? Entonces David preguntó a Jonatán: —¿Quién me avisará, si tu padre te responde con aspereza? Jonatán dijo a David: —Ven, salgamos al campo. Salieron ambos al campo, y Jonatán dijo a David: —Vive Jehovah Dios de Israel, que cuando yo haya sondeado a mi padre mañana como a esta hora, la tercera hora, he aquí que si él muestra buen ánimo para con David, ¿no enviaré yo para hacértelo saber? Pero si mi padre quiere hacerte daño, ¡así haga Jehovah a Jonatán y aun le añada, si no te lo hago saber! Así te despediré, y te marcharás en paz; y que Jehovah esté contigo, como estuvo con mi padre. Y si quedo vivo, muéstrame la misericordia de Jehovah, para que yo no muera. Cuando Jehovah destruya de la tierra uno por uno a los enemigos de David, no elimines para siempre tu misericordia de mi casa. Así Jonatán hizo un pacto con la casa de David, y dijo: —¡Jehovah lo demande de mano de los enemigos de David! Jonatán hizo jurar de nuevo a David, a causa de su amor por él; porque le amaba con toda su alma. Luego le dijo Jonatán: —Mañana es luna nueva, y tú serás echado de menos, porque tu asiento quedará vacío. Al tercer día descenderás rápidamente y vendrás al lugar donde estabas escondido cuando empezó este problema. Esperarás junto a aquella piedra. Yo tiraré tres flechas en esa dirección, simulando tirar al blanco. Y he aquí que enviaré al muchacho diciéndole: "¡Vé y busca las flechas!" Si digo al muchacho: "¡He aquí, las flechas están más acá de ti; tómalas!," tú vendrás; porque hay paz y no hay peligro. ¡Vive Jehovah! Pero si yo digo al muchacho: "¡He allí, las flechas están más allá de ti!," vete; porque Jehovah te manda. Y en cuanto a las palabras que tú y yo hemos hablado, he aquí que Jehovah es testigo entre tú y yo para siempre. David se escondió en el campo. Y cuando llegó la luna nueva, el rey se sentó a la mesa para comer. Como solía, el rey se sentó en su silla, la silla junto a la pared. Jonatán se levantó, y Abner se sentó al lado de Saúl; pero el lugar de David quedó vacío. Aquel día Saúl no dijo nada, pues pensó: "Algo le habrá acontecido, y no está purificado. Seguramente no está purificado." Pero sucedió que al día siguiente, el segundo día después de la luna nueva, el asiento de David quedó vacío, por lo que Saúl preguntó a su hijo Jonatán: —¿Por qué no ha venido a comer el hijo de Isaí, ni ayer ni hoy? Jonatán respondió a Saúl: —David me pidió encarecidamente que le dejase ir a Belén. El me dijo: "Por favor, déjame ir, porque los de mi familia tenemos un sacrificio en la ciudad, y mi hermano me lo ha ordenado. Por eso, si he hallado gracia ante tus ojos, permite que me vaya y visite a mis hermanos." Por eso no ha venido a la mesa del rey. Entonces Saúl se enfureció contra Jonatán y le dijo: —¡Hijo de la corrompida y rebelde! ¿Acaso no sé que tú has elegido al hijo de Isaí, para vergüenza tuya y para vergüenza de la desnudez de tu madre? Todo el tiempo que el hijo de Isaí viva sobre la tierra, ni tú estarás firme, ni tu reino. Manda, pues, a traérmelo, porque ha de morir. Jonatán respondió a su padre Saúl y le dijo: —¿Por qué tiene que morir? ¿Qué ha hecho? Entonces Saúl le arrojó una lanza para herirlo, por lo que Jonatán entendió que estaba decidido de parte de su padre el dar muerte a David. Jonatán se levantó de la mesa ardiendo en ira, y no comió el segundo día después de la luna nueva, pues estaba triste por causa de David; porque su padre le había afrentado. Sucedió que a la mañana siguiente Jonatán salió al campo, según lo convenido con David; y un muchacho pequeño estaba con él. Entonces dijo al muchacho: —¡Por favor, corre y busca las flechas que yo tire! Cuando el muchacho iba corriendo, él tiraba la flecha de modo que pasara más allá de él. Cuando el muchacho llegó a donde estaba la flecha que Jonatán había tirado, éste gritó al muchacho diciendo: —¿No está la flecha más allá de ti? Y Jonatán volvió a gritar tras el muchacho: —¡Date prisa, apresúrate, no te detengas! El muchacho de Jonatán recogió las flechas y volvió a su señor. Pero el muchacho no entendió nada; solamente Jonatán y David entendían el asunto. Después Jonatán entregó sus armas al muchacho y le dijo: —Vé y llévalas a la ciudad. Cuando el muchacho se fue, David se levantó del lado del sur y se inclinó tres veces postrándose en tierra. Luego, besándose el uno al otro, lloraron juntos; aunque David lloró más. Entonces Jonatán dijo a David: —Vete en paz, porque ambos hemos jurado en el nombre de Jehovah, diciendo: "Jehovah sea testigo entre tú y yo, y entre mis descendientes y tus descendientes, para siempre." David se levantó y se fue, y Jonatán regresó a la ciudad. Entonces David fue a Nob, al sacerdote Ajimelec. Este se sorprendió al encontrar a David y le preguntó: —¿Por qué estás tú solo, sin que haya nadie contigo? David respondió al sacerdote Ajimelec: —El rey me ha encomendado un asunto y me ha dicho: "Nadie sepa nada de este asunto al cual te envío y que te encomiendo." Y en cuanto a los jóvenes, acordamos reunirnos en cierto lugar. Ahora pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que haya. El sacerdote respondió a David y dijo: —No tengo a mano pan común. Solamente tengo pan sagrado, si es que los jóvenes se han abstenido, al menos, de mujeres. David respondió al sacerdote y le dijo: —A la verdad, las mujeres nos han sido vedadas como antes, al salir; y los cuerpos de los jóvenes están purificados, aun cuando el camino es profano. Con mayor razón hoy, ellos tienen sus cuerpos purificados. Así el sacerdote le dio el pan sagrado, porque allí no había más pan que los panes de la Presencia, los cuales habían sido retirados de la presencia de Jehovah y reemplazados por panes calientes el día en que fueron quitados. Aquel día estaba presente allí, detenido delante de Jehovah, uno de los servidores de Saúl, cuyo nombre era Doeg el edomita, el principal de los pastores de Saúl. David preguntó a Ajimelec: —¿No tienes aquí a mano una lanza o una espada? Como las órdenes del rey eran apremiantes, no tomé en mi mano ni mi espada ni mis otras armas. El sacerdote respondió: —La espada de Goliat el filisteo, a quien tú venciste en el valle de Ela, está aquí envuelta en un lienzo, detrás del efod. Si quieres tomarla, tómala, porque aquí no hay otra sino ésa. Y David dijo: —¡Ninguna hay como ésa! ¡Dámela! Aquel día David se levantó y huyó de la presencia de Saúl, y se fue a Aquis, rey de Gat. Los servidores de Aquis le dijeron: —¿No es éste David, el rey de la tierra? ¿No es éste aquel a quien cantaban con danzas, diciendo: "Saúl derrotó a sus miles, y David a sus diez miles"? David tomó a pecho estas palabras y tuvo gran temor de Aquis, rey de Gat. Así que cambió su conducta delante de ellos, fingiéndose loco cuando estaba con ellos. Hacía marcas en las puertas de la ciudad y dejaba caer su saliva sobre su barba. Entonces Aquis dijo a sus servidores: —¡He aquí, veis que éste es un hombre demente! ¿Por qué me lo habéis traído? ¿Acaso me faltan locos a mí, para que me traigan a éste, a fin de que haga locuras en mi presencia? ¿Había éste de entrar en mi casa? De allí se fue David y huyó a la cueva de Adulam. Cuando sus hermanos y toda la casa de su padre oyeron esto, fueron allá a él. También se juntaron con él todos los oprimidos, todos los endeudados y todos los amargados de espíritu. David fue hecho jefe de ellos, y tenía consigo unos 400 hombres. De allí David fue a Mizpa, en Moab, y dijo al rey de Moab: —Permite que mi padre y mi madre habiten con vosotros hasta que yo sepa lo que Dios hará de mí. Los dejó, pues, con el rey de Moab, y vivieron allí todo el tiempo que David estuvo en la fortaleza. Entonces el profeta Gad dijo a David: —No te quedes en la fortaleza. Vé y entra en la tierra de Judá. Y David partió y se fue al bosque de Haret. Saúl se enteró de que habían sido hallados David y los que estaban con él. Saúl estaba en Gabaa, en el lugar alto, debajo de un tamarisco, y tenía su lanza en su mano. Todos sus servidores estaban de pie alrededor de él. Y Saúl dijo a sus servidores que estaban de pie alrededor de él: —Escuchad, por favor, vosotros, los de Benjamín: ¿También os ha de dar el hijo de Isaí tierras y viñas a todos vosotros? ¿Os hará a todos jefes de millares y de centenas, para que todos vosotros hayáis conspirado contra mí? No hay quien me revele cuando mi hijo hace un pacto con el hijo de Isaí, ni hay entre vosotros quien se conduela de mí y me revele que mi hijo ha levantado contra mí a un servidor mío, para que me aseche, como lo hace en este día. Entonces Doeg el edomita, que estaba a cargo de los siervos de Saúl, respondió: —Yo vi al hijo de Isaí, que fue a Nob, a Ajimelec hijo de Ajitob. Este consultó por él a Jehovah, le dio provisiones y también le entregó la espada de Goliat el filisteo. El rey mandó llamar al sacerdote Ajimelec hijo de Ajitob y a toda su casa paterna, los sacerdotes que estaban en Nob. Y todos ellos vinieron al rey. Saúl dijo: —Escucha, pues, hijo de Ajitob. Y él dijo: —Heme aquí, señor mío. Saúl le preguntó: —¿Por qué conspirasteis contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando tú le diste pan y espada, y consultaste por él a Dios, para que se levantase contra mí y me asechase, como lo hace en este día? Ajimelec respondió al rey diciendo: —¿Quién entre todos tus servidores es tan fiel como David, que además es yerno del rey, jefe de tu guardia personal e ilustre en tu casa? ¿Acaso fue aquel día la primera vez que consulté por él a Dios? ¡De ninguna manera! No culpe el rey de cosa alguna a su siervo ni a toda mi casa paterna, pues tu siervo no ha sabido ninguna cosa de este asunto, ni grande ni pequeña. Y el rey dijo: —¡Morirás irremisiblemente, Ajimelec, tú y toda tu casa paterna! Entonces el rey dijo a los de su escolta que estaban apostados alrededor de él: —¡Volveos y matad a los sacerdotes de Jehovah! Porque la mano de ellos también está con David, y porque sabiendo que él huía, no me lo hicieron saber. Pero los servidores del rey no quisieron extender su mano para matar a los sacerdotes de Jehovah. Entonces el rey dijo a Doeg: —¡Vuélvete tú y arremete contra los sacerdotes! Doeg el edomita se volvió y arremetió contra los sacerdotes y mató aquel día a ochenta y cinco hombres que vestían efod de lino. Y a Nob, la ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada: hombres y mujeres, niños y lactantes; bueyes, asnos y ovejas; a todos los hirió a filo de espada. Pero un hijo de Ajimelec hijo de Ajitob, que se llamaba Abiatar, escapó y huyó tras David. Abiatar contó a David cómo Saúl había hecho matar a los sacerdotes de Jehovah. Y David dijo a Abiatar: —Yo sabía aquel día que estando allí Doeg el edomita, él sin falta se lo iba a contar a Saúl. Yo he sido la causa de la muerte de todas las personas de tu casa paterna. Pero tú, quédate conmigo; no temas. Quien atente contra mi vida también atentará contra la tuya, pero conmigo estarás seguro. Dieron aviso a David diciendo: "He aquí que los filisteos combaten contra Queila y saquean las eras." Entonces David consultó a Jehovah diciendo: —¿Iré a atacar a esos filisteos? Y Jehovah respondió a David: —Vé, ataca a los filisteos y libra a Queila. Pero los hombres de David le dijeron: —He aquí que nosotros tenemos miedo aquí en Judá; ¡cuánto más si vamos a Queila contra las tropas de los filisteos! David volvió a consultar a Jehovah, y Jehovah le respondió y dijo: —Levántate, desciende a Queila, porque yo entregaré en tu mano a los filisteos. David partió con sus hombres a Queila, combatió contra los filisteos, se llevó sus ganados y les ocasionó una gran derrota. Así libró David a los habitantes de Queila. Aconteció que cuando Abiatar hijo de Ajimelec huyó a donde estaba David, a Queila, llevó consigo el efod. Y cuando le fue dicho a Saúl que David había ido a Queila, Saúl pensó: "Dios lo ha entregado en mi mano, pues él se ha encerrado a sí mismo al entrar en una ciudad con puertas y cerrojos." Entonces Saúl convocó a todo el pueblo para la batalla, para descender a Queila y sitiar a David y a sus hombres. Pero entendiendo David que Saúl planeaba el mal contra él, dijo al sacerdote Abiatar: —Trae el efod. Entonces David dijo: —Oh Jehovah Dios de Israel: Tu siervo tiene entendido que Saúl trata de venir a Queila para destruir la ciudad por causa mía. ¿Me entregarán los señores de Queila en su mano? ¿Descenderá Saúl, como tu siervo ha oído? Oh Jehovah Dios de Israel, revélalo, por favor, a tu siervo. Y Jehovah respondió: —Sí, descenderá. Luego preguntó David: —¿Me entregarán los señores de Queila, a mí y a mis hombres, en mano de Saúl? Y Jehovah respondió: —Sí, te entregarán. Entonces David se levantó con sus hombres, que eran unos 600, salieron de Queila y deambularon sin rumbo fijo. Y llegó a Saúl la noticia de que David se había escapado de Queila, por lo cual desistió de salir. David se quedó en el desierto, en los lugares de difícil acceso; se quedó en las montañas del desierto de Zif. Saúl lo buscaba todos los días, pero Dios no lo entregó en su mano. Y David, al ver que Saúl había salido en asecho de su vida, se quedó en Hores, en el desierto de Zif. Entonces Jonatán hijo de Saúl se levantó y fue a David en Hores, y le fortaleció en Dios. Le dijo: —No temas, porque la mano de mi padre Saúl no te encontrará. Tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti. Aun Saúl mi padre lo sabe. Ambos hicieron un pacto ante Jehovah. Después David se quedó en Hores, y Jonatán se volvió a su casa. Los de Zif subieron a decir a Saúl, en Gabaa: —¿No está David escondido entre nosotros, en los lugares de difícil acceso de Hores, en la colina de Haquila, que está al sur de Jesimón? Ahora, oh rey, desciende pronto, conforme a todo el deseo de tu alma, y nosotros lo entregaremos en mano del rey. Y Saúl dijo: —Jehovah os bendiga, porque habéis tenido compasión de mí. Por favor, id y aseguraos bien. Averiguad y ved el lugar por donde anda y quién lo ha visto allí, porque me han dicho que él es sumamente astuto. Mirad y reconoced todos los escondrijos en donde se oculta. Luego volved a mí con información exacta, y yo iré con vosotros. Si él está en la zona, yo le buscaré entre todos los millares de Judá. Ellos se levantaron y se fueron a Zif, antes que Saúl. Pero David y sus hombres ya estaban en el desierto de Maón, en el Arabá, al sur de Jesimón. Saúl partió con sus hombres para buscar a David. Pero avisaron a David, quien bajó de la peña y permaneció en el desierto de Maón. Cuando Saúl lo oyó, persiguió a David en el desierto de Maón. Saúl iba por un lado del monte, y David con sus hombres iba por el otro lado del monte. David se daba prisa para escapar de Saúl, porque Saúl y sus hombres estaban rodeando a David y a sus hombres, a fin de capturarlos. Entonces llegó a Saúl un mensajero, diciendo: —Date prisa y ven, porque los filisteos han hecho una incursión en el territorio. Por tanto, Saúl desistió de perseguir a David y partió contra los filisteos. Por esta razón pusieron por nombre a aquel lugar Sela-hamajlecot. De allí David subió y habitó en los lugares de difícil acceso de En-guedi. Sucedió que cuando Saúl volvió de atacar a los filisteos, le avisaron diciendo: "He aquí que David está en el desierto de En-guedi." Entonces Saúl tomó a 3.000 hombres escogidos de todo Israel y fue en busca de David y de sus hombres, por las cumbres de los peñascos de las cabras monteses. En el camino, Saúl llegó a un redil de ovejas donde había una cueva, y entró allí para hacer sus necesidades. David y sus hombres estaban sentados en la parte más recóndita de la cueva. Y sus hombres dijeron a David: —Este es el día del cual te dijo Jehovah: "He aquí, yo entregaré a tu enemigo en tu mano, y harás con él lo que te parezca bien." Entonces David se levantó y cortó el borde del manto de Saúl, sin ser notado. Sucedió después de esto que el corazón de David le golpeaba, por haber cortado el borde del manto de Saúl. Y David dijo a sus hombres: —Jehovah me libre de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehovah: que yo extienda mi mano contra él, porque él es el ungido de Jehovah. Entonces David reprimió a sus hombres con palabras y no les permitió que atacasen a Saúl. Luego Saúl salió de la cueva y continuó su camino. Después David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl diciendo: —¡Mi señor el rey! Cuando Saúl miró atrás, David inclinó su rostro a tierra y se postró. Entonces David preguntó a Saúl: —¿Por qué escuchas las palabras de los hombres que dicen: "He aquí que David busca tu mal"? He aquí, tus ojos han visto en este día cómo Jehovah te ha puesto hoy en mi mano en la cueva. Me dijeron que te matara, pero yo tuve compasión de ti y dije: "No extenderé mi mano contra mi señor, porque él es el ungido de Jehovah." ¡Mira, padre mío! Mira el borde de tu manto en mi mano. Yo corté el borde de tu manto, pero no te maté. Mira, pues, y reconoce que no hay maldad ni rebelión en mí. Yo no he pecado contra ti, pero tú andas a la caza de mi vida, para quitármela. Que Jehovah juzgue entre tú y yo, y que Jehovah me vengue de ti; pero mi mano no será contra ti. Como dice el proverbio de los antiguos: "De los impíos saldrá la impiedad." Pero mi mano no será contra ti. ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga? Que Jehovah sea el juez y juzgue entre tú y yo. Que él vea y contienda por mi causa, y me defienda de tu mano. Y sucedió que cuando David acabó de decir a Saúl estas palabras, Saúl preguntó: —¿No es ésa tu voz, David, hijo mío? Entonces Saúl alzó su voz y lloró. Luego dijo a David: —Tú eres más justo que yo, porque tú me has tratado bien, cuando yo te he tratado mal. Tú has demostrado hoy que me has hecho bien, porque Jehovah me entregó en tu mano, y tú no me mataste. Cuando un hombre halla a su enemigo, ¿lo deja ir sano y salvo? ¡Jehovah te recompense con bien por lo que has hecho conmigo este día! Ahora, he aquí yo sé que tú ciertamente has de reinar y que el reino de Israel ha de ser estable en tu mano. Ahora pues, júrame por Jehovah que no eliminarás a mis descendientes después de mí, ni borrarás mi nombre de mi casa paterna. David se lo juró a Saúl, y Saúl regresó a su casa. Entonces David y sus hombres subieron a la fortaleza. Samuel murió, y todo Israel se reunió para hacer lamentación por él. Y lo sepultaron en su casa, en Ramá. Entonces se levantó David y descendió al desierto de Parán. Había en Maón un hombre que tenía sus posesiones en Carmel. El hombre era muy rico, pues tenía ovejas y 1.000 cabras; y se hallaba esquilando sus ovejas en Carmel.El hombre se llamaba Nabal, y su mujer se llamaba Abigaíl. Ella era una mujer muy inteligente y bella, pero el hombre era brusco y de malas acciones. El era del clan de Caleb. David oyó en el desierto que Nabal estaba esquilando sus ovejas. Entonces David envió a diez jóvenes, diciéndoles: —Subid a Carmel e id a Nabal. Saludadle en mi nombre y decidle así: "¡La paz sea contigo! ¡La paz sea con tu familia! ¡La paz sea con todo lo que tienes! He sabido que estabas esquilando. Ahora bien, tus pastores han estado con nosotros, y nunca les hicimos daño, ni les ha faltado nada durante todo el tiempo que han estado en Carmel. Pregunta a tus criados, y ellos te lo confirmarán. Por tanto, hallen gracia ante tus ojos estos mis jóvenes, porque venimos en un día de fiesta. Por favor, da a tus siervos y a tu hijo David lo que tengas a mano." Cuando llegaron los jóvenes de David, dijeron a Nabal todas estas palabras en nombre de David, y se quedaron esperando. Entonces Nabal respondió a los siervos de David, diciendo: —¿Quién es David? ¿Quién es el hijo de Isaí? Hoy hay muchos esclavos que se escapan de sus amos. ¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua y la carne que he preparado para mis esquiladores, para darlos a unos hombres que ni sé de dónde son? Los jóvenes de David se volvieron por su camino y regresaron; y cuando llegaron, refirieron a David todas estas palabras. Luego David dijo a sus hombres: —¡Cíñase cada uno su espada! Y cada uno se ciñó su espada. También David se ciñó su espada, y subieron tras David unos 400 hombres, dejando otros 200 con el equipaje. Pero uno de los criados avisó a Abigaíl, mujer de Nabal, diciendo: —He aquí que David envió unos mensajeros desde el desierto para que saludaran a nuestro amo, y él los ha zaherido, a pesar de que esos hombres han sido muy buenos con nosotros. Nunca nos han hecho daño, ni nos ha faltado nada mientras hemos andado con ellos cuando estábamos en el campo. Nos han servido como muro de día y de noche, todos los días que hemos estado apacentando las ovejas entre ellos. Ahora pues, mira y reconoce lo que has de hacer, porque el mal está decidido contra nuestro amo y contra toda su casa, pues él es un hombre de tan mal carácter que no hay quien pueda hablarle. Entonces Abigaíl se apresuró y tomó 200 panes, 2 tinajas de vino, 5 ovejas ya preparadas, 5 medidas de grano tostado, 100 tortas de pasas y 200 panes de higos secos, y los cargó sobre unos asnos. Luego dijo a sus criados: —Id delante de mí, y he aquí que yo voy tras vosotros. Pero nada reveló a su marido Nabal. Y sucedió que cuando ella, montada sobre un asno, descendía por la parte opuesta de la colina, he aquí que David y sus hombres venían en dirección contraria. Y ella fue a encontrarles. David había dicho: "Ciertamente en vano he guardado todo lo que éste tiene en el desierto, sin que nada le haya faltado de todo cuanto le pertenece. El me ha devuelto mal por bien. ¡Así haga Dios a los enemigos de David y aun les añada, si antes de la mañana dejo vivo a un solo hombre de todos los que le pertenecen!" Cuando Abigaíl vio a David, se apresuró y bajó del asno; y cayendo delante de David sobre su rostro, se postró en tierra. Se echó a sus pies y le dijo: —¡Señor mío, sea la culpa sobre mí! Pero permite que tu sierva hable a tus oídos, y escucha las palabras de tu sierva. Por favor, no haga caso mi señor de este hombre de mal carácter, Nabal. Porque como su nombre, así es él: Su nombre es Nabal, y la insensatez está con él. Pero yo, tu sierva, no vi a los jóvenes de mi señor, a los cuales enviaste. Ahora pues, señor mío, vive Jehovah y vive tu alma, que Jehovah ha impedido que llegaras a derramar sangre y a vengarte por tu propia mano. Ahora, sean como Nabal tus enemigos y los que procuran el mal contra mi señor. Pero ahora, dese a los jóvenes que siguen a mi señor este regalo que tu sierva ha traído a mi señor. Te ruego que perdones la ofensa de tu sierva, pues de cierto Jehovah edificará una casa firme a mi señor, porque mi señor está dirigiendo las batallas de Jehovah. Que no sea hallado mal en ti en toda tu vida. Aunque alguien se levante para perseguirte y atentar contra tu vida, de todos modos la vida de mi señor estará incluida en la bolsa de los que viven con Jehovah tu Dios. Y él arrojará la vida de tus enemigos como de en medio del hueco de una honda. Acontecerá que cuando Jehovah haga con mi señor conforme a todo el bien que ha hablado de ti y te haya designado como soberano de Israel, entonces, señor mío, no será para ti motivo de remordimiento ni estorbo para la conciencia el haber derramado sangre en vano, ni el que mi señor se haya vengado por sí mismo. Y cuando Jehovah haga el bien a mi señor, acuérdate de tu sierva. David dijo a Abigaíl: —¡Bendito sea Jehovah Dios de Israel, que te envió hoy a mi encuentro! Bendito sea tu buen juicio, y bendita seas tú, que hoy me has impedido ir a derramar sangre y a vengarme por mi propia mano. No obstante, vive Jehovah Dios de Israel que me ha impedido hacerte daño; pues si no te hubieras apresurado a venir a mi encuentro, antes del amanecer no le habría quedado a Nabal ni un solo hombre con vida. David recibió de su mano lo que ella le había traído y le dijo: —Vuelve a tu casa en paz. Mira que he escuchado tu voz y que te he tratado con respeto. Abigaíl regresó a Nabal. Y he aquí que él tenía un banquete en su casa, como el banquete de un rey, y el corazón de Nabal estaba eufórico. El estaba muy ebrio, por lo cual ella no le reveló nada del asunto hasta el día siguiente. Pero por la mañana, cuando a Nabal se le había pasado el efecto del vino, su mujer le contó estas cosas. Entonces se le paralizó el corazón, y se quedó como una piedra. Y sucedió, después de unos diez días, que Jehovah hirió a Nabal, y él murió. Cuando David oyó que Nabal había muerto, dijo: —¡Bendito sea Jehovah, que juzgó la causa de mi afrenta recibida de parte de Nabal y ha preservado a su siervo del mal! ¡Jehovah mismo ha hecho caer la maldad de Nabal sobre su propia cabeza! Después David mandó hablar a Abigaíl, para tomarla por mujer suya. Los siervos de David fueron a Abigaíl, a Carmel, y hablaron con ella diciendo: —David nos ha enviado a ti para tomarte por mujer para él. Ella se levantó y se postró con el rostro a tierra, diciendo: —He aquí tu sierva, para que sea la sierva que lave los pies de los siervos de mi señor. Entonces Abigaíl se apresuró y levantándose montó sobre un asno; y con las cinco criadas que le atendían, siguió a los mensajeros de David. Y vino a ser su mujer. David también tomó como mujer a Ajinoam, de Jezreel. Ambas fueron sus mujeres, pues Saúl había dado a su hija Mical, mujer de David, a Palti hijo de Lais, que era de Galim. Entonces los de Zif fueron a Saúl, a Gabaa, y le dijeron: —¿No está David escondido en la colina de Haquila, que mira hacia Jesimón? Saúl se levantó y descendió al desierto de Zif, acompañado por 3.000 hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif. Y Saúl acampó en la colina de Haquila, que mira hacia Jesimón, junto al camino. David, que permanecía en el desierto, vio que Saúl había venido al desierto tras él. Luego David envió espías y supo con certeza que Saúl había venido. Después David se levantó y se fue al lugar donde Saúl había acampado. Entonces David observó bien el lugar donde estaban acostados Saúl y Abner hijo de Ner, jefe de su ejército. Saúl estaba acostado en el centro del campamento, y la gente estaba acampada alrededor de él. David preguntó a Ajimelec el heteo y a Abisai, hijo de Sarvia, hermano de Joab, diciendo: —¿Quién descenderá conmigo al campamento, a Saúl? Y Abisai dijo: —Yo descenderé contigo. Entonces David y Abisai fueron de noche a la gente de guerra, y he aquí que Saúl estaba acostado, durmiendo en el centro del campamento, con su lanza clavada en la tierra, a su cabecera. Abner y el pueblo estaban acostados alrededor de él. Entonces Abisai dijo a David: —¡Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano! Ahora pues, déjame que lo hiera con la lanza. Lo clavaré en la tierra de un solo golpe, y no tendré que darle un segundo. David respondió a Abisai: —No lo mates, porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehovah y quedará sin culpa? —Dijo además David—: Vive Jehovah, que Jehovah mismo lo herirá; o le llegará su día, y morirá; o irá a la guerra, y perecerá. Pero Jehovah me libre de extender mi mano contra el ungido de Jehovah. Ahora pues, por favor, toma la lanza que está a su cabecera y la cantimplora de agua, y vámonos. David tomó la lanza y la cantimplora de agua de la cabecera de Saúl, y ellos se fueron. No hubo nadie que viese, ni nadie que se diese cuenta, ni nadie que se despertase. Todos dormían, porque había caído sobre ellos un profundo sueño de parte de Jehovah. David pasó al otro lado y se detuvo a lo lejos, sobre la cumbre de la colina. Había una considerable distancia entre ellos. Y David gritó al pueblo y a Abner hijo de Ner, diciendo: —¿No respondes, Abner? Abner respondió y dijo: —¿Quién eres tú, que gritas al rey? David preguntó a Abner: —¿No eres tú un hombre? ¿Quién hay como tú en Israel? ¿Por qué, pues, no has protegido al rey, tu señor? Porque uno del pueblo entró para destruir al rey, tu señor. Esto que has hecho no está bien. ¡Vive Jehovah, que sois dignos de muerte, porque no habéis guardado a vuestro señor, el ungido de Jehovah! Ahora, mira dónde está la lanza del rey, y la cantimplora de agua que estaba a su cabecera. Saúl reconoció la voz de David y preguntó: —¿No es ésa tu voz, David, hijo mío? David respondió: —¡Sí, es mi voz, oh mi señor el rey! —Y añadió—: ¿Por qué persigue así mi señor a su siervo? ¿Qué he hecho? ¿Qué maldad hay en mi mano? Ahora, por favor, escuche mi señor el rey las palabras de su siervo. Si Jehovah te ha incitado contra mí, que él acepte una ofrenda. Pero si han sido hombres, sean ellos malditos delante de Jehovah, porque hoy me han expulsado para que yo no tenga parte en la heredad de Jehovah, diciendo: "¡Vé y sirve a otros dioses!" Ahora pues, no caiga mi sangre en tierra lejos de la presencia de Jehovah, porque el rey de Israel ha salido para buscar una pulga, como quien persigue una perdiz por los montes. Entonces Saúl dijo: —He pecado. Vuelve, David, hijo mío, porque ningún mal te haré en adelante, pues hoy mi vida ha sido estimada preciosa ante tus ojos. He aquí que he actuado neciamente y he cometido un grave error. David respondió y dijo: —He aquí la lanza del rey. Pase aquí alguno de los jóvenes y tómela. Jehovah pague a cada uno según su justicia y su lealtad, porque Jehovah te entregó hoy en mi mano, pero yo no quise extender mi mano contra el ungido de Jehovah. Y he aquí, como tu vida ha sido valiosa ante mis ojos en este día, así sea valiosa mi vida ante los ojos de Jehovah, y él me libre de toda aflicción. Saúl dijo a David: —¡Bendito seas, David, hijo mío! Sin duda, tú harás grandes cosas y ciertamente triunfarás. Después David continuó su camino, y Saúl regresó a su lugar. David dijo en su corazón: "Ahora bien, algún día voy a perecer por la mano de Saúl. Nada será mejor para mí que escapar de inmediato a la tierra de los filisteos, para que Saúl deje de ocuparse de mí y no me ande buscando por todo el territorio de Israel. Así escaparé de su mano." Se levantó pues David y se pasó, con los 600 hombres que estaban con él, a Aquis hijo de Maoc, rey de Gat. David habitó con Aquis en Gat, él y sus hombres, cada uno con su familia, y David con sus dos mujeres: Ajinoam, de Jezreel, y Abigaíl, que fuera mujer de Nabal, de Carmel. A Saúl le llegó la noticia de que David había huido a Gat, y no lo buscó más. Entonces David dijo a Aquis: —Si he hallado ahora gracia ante tus ojos, por favor, que se me dé un lugar en alguna de las ciudades en el campo, para que habite allí. ¿Por qué ha de habitar tu siervo contigo en la ciudad real? Aquel día Aquis le dio la ciudad de Siclag. Por esto Siclag pertenece a los reyes de Judá, hasta el día de hoy. Y el tiempo que David habitó en la tierra de los filisteos fue de un año y cuatro meses. David subía con sus hombres, y hacían incursiones contra los de Gesur, los de Gezer y los de Amalec; pues desde antaño éstos habitaban en aquella tierra, desde las inmediaciones de Shur hasta la tierra de Egipto. David atacaba la tierra y no dejaba vivo hombre ni mujer. Se llevaba las ovejas, las vacas, los asnos, los camellos y la ropa; y después regresaba e iba a Aquis. Cuando Aquis preguntaba: "¿Contra quién habéis hecho hoy la incursión?," David respondía: "Contra el Néguev de Judá," o "Contra el Néguev de Jerameel," o "Contra el Néguev de los queneos." David no dejaba que llevaran a Gat con vida ni hombres ni mujeres, porque decía: "No sea que informen acerca de nosotros diciendo: ‘Esto hizo David.’" Así fue su manera de proceder todo el tiempo que vivió en la tierra de los filisteos. Aquis creía a David y pensaba: "El ha llegado a hacerse odioso a su pueblo Israel, de modo que será mi siervo para siempre." Aconteció que en aquellos días los filisteos reunieron sus tropas en un ejército para combatir contra Israel. Entonces Aquis dijo a David: —Bien sabes que debes ir conmigo a la campaña tú con tus hombres. David respondió a Aquis: —Sabrás, pues, lo que puede hacer tu servidor. Y Aquis dijo a David: —Entonces te haré mi guarda personal para siempre. Samuel ya había muerto, y todo Israel había lamentado su partida. Lo habían sepultado en su ciudad, en Ramá. Y Saúl había quitado del país a los que evocaban a los muertos y a los adivinos. Los filisteos se reunieron, vinieron y acamparon en Sunem. Saúl reunió a todo Israel, y ellos acamparon en Gilboa. Al ver Saúl el campamento de los filisteos, se atemorizó, y su corazón se estremeció en gran manera. Entonces Saúl consultó a Jehovah, pero Jehovah no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por los profetas. Entonces Saúl dijo a sus servidores: —Buscadme una mujer que sepa evocar a los muertos, para que yo vaya a ella y consulte por medio de ella. Sus servidores le respondieron: —He aquí que en Endor hay una mujer que sabe evocar a los muertos. Saúl se disfrazó poniéndose otra ropa, y fue con dos hombres. Llegaron de noche a la mujer, y él dijo: —Por favor, evócame a los muertos y haz que suba quien yo te diga. Pero la mujer le respondió: —He aquí, tú sabes lo que ha hecho Saúl; cómo ha quitado del país a los que evocan a los muertos y a los adivinos. ¿Por qué, pues, pones una trampa a mi vida para causarme la muerte? Saúl le juró por Jehovah, diciendo: —¡Vive Jehovah, que ningún mal te vendrá por esto! Entonces la mujer preguntó: —¿A quién haré que suba? El respondió: —Haz que suba Samuel. Al ver la mujer a Samuel, gritó fuertemente. Y la mujer habló a Saúl diciendo: —¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl! El rey le dijo: —No tengas miedo. ¿Qué has visto? La mujer respondió a Saúl: —He visto un ser divino que sube de la tierra. Entonces él le preguntó: —¿Qué aspecto tiene? Ella respondió: —Sube un hombre anciano, envuelto en un manto. Saúl entendió que era Samuel, e inclinando el rostro a tierra se postró. Entonces Samuel preguntó a Saúl: —¿Por qué me has molestado haciéndome subir? Saúl respondió: —Estoy muy angustiado, pues los filisteos combaten contra mí, y Dios se ha apartado de mí. No me responde más, ni por medio de profetas, ni por sueños. Por esto te he llamado, para que me declares lo que tengo que hacer. Entonces Samuel dijo: —¿Para qué me preguntas a mí, puesto que Jehovah se ha apartado de ti y se ha vuelto tu adversario? Jehovah ha hecho lo que dijo por medio de mí, pues Jehovah ha quitado el reino de tu mano y lo ha dado a tu prójimo, a David; porque no obedeciste la voz de Jehovah ni ejecutaste el ardor de su ira contra Amalec. Por eso Jehovah te ha hecho esto hoy. Además, Jehovah entregará a Israel y también a ti en mano de los filisteos. Mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos. Jehovah entregará también el ejército de Israel en mano de los filisteos. Entonces Saúl cayó en tierra, tan largo como era, y tuvo gran temor por las palabras de Samuel. No le quedaban fuerzas, pues no había comido nada en todo el día ni en toda la noche. Luego la mujer vino a Saúl; y al verle tan aterrorizado, le dijo: —He aquí que tu sierva ha obedecido tu voz. He arriesgado mi vida y he escuchado las palabras que me has hablado. Ahora pues, te ruego que tú también escuches la voz de tu sierva: Permíteme poner delante de ti un pedazo de pan, a fin de que comas y recuperes fuerzas para seguir tu camino. El rehusó diciendo: —No comeré. Pero sus servidores, junto con la mujer, le insistieron; y él les escuchó. Luego se levantó del suelo y se sentó sobre la cama. La mujer tenía en la casa un ternero engordado, y se apresuró a matarlo. Luego tomó harina, la amasó y coció con ella panes sin levadura. Los puso delante de Saúl y de sus servidores. Después que comieron, se levantaron y partieron aquella misma noche. Los filisteos reunieron todas sus tropas en Afec, e Israel acampó junto al manantial que está en Jezreel. Cuando los gobernantes de los filisteos pasaron revista a sus batallones de cien y de mil hombres, se halló que David y sus hombres iban en la retaguardia, con Aquis. Entonces los jefes de los filisteos preguntaron: —¿Qué hacen aquí estos hebreos? Aquis respondió a los jefes de los filisteos: —¿No es éste David, siervo de Saúl rey de Israel, que ha estado conmigo por días y por años, y en quien no he hallado nada malo desde el día en que se pasó a mí, hasta el día de hoy? Pero los jefes de los filisteos se enojaron contra él y le dijeron: —Haz volver a ese hombre. Que se vuelva al lugar que le señalaste y que no venga con nosotros a la batalla, no sea que en la batalla se vuelva nuestro enemigo. Porque, ¿con qué cosa ganaría mejor el favor de su señor que con las cabezas de estos hombres? ¿No es éste David, de quien cantaban con danzas diciendo: "Saúl derrotó a sus miles, y David a sus diez miles"? Entonces Aquis llamó a David y le dijo: —¡Vive Jehovah, que tú has sido recto! Me ha parecido bien tu salir y tu entrar en el ejército conmigo, pues ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que viniste a mí, hasta el día de hoy. Pero a los ojos de los gobernantes tú no eres grato. Ahora pues, vuelve y vete en paz, para no desagradar a los gobernantes de los filisteos. David preguntó a Aquis: —Pero, ¿qué he hecho? ¿Qué has hallado en tu siervo, desde el día que vine a estar contigo hasta el día de hoy, para que yo no vaya y luche contra los enemigos de mi señor el rey? Aquis respondió y dijo a David: —Yo sé que tú eres grato a mis ojos, como un ángel de Dios. Pero los jefes de los filisteos han dicho: "Que él no vaya a la batalla con nosotros." Levántate, pues, muy de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo. Y levantándoos muy de mañana, partid al amanecer. Entonces David y sus hombres se levantaron muy de mañana para irse y regresar a la tierra de los filisteos, y los filisteos subieron a Jezreel. Cuando David y sus hombres llegaron a Siclag al tercer día, los amalequitas habían hecho una incursión en el Néguev y en Siclag. Habían atacado Siclag y la habían incendiado. También se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban en ella, desde el menor hasta el mayor. Pero no mataron a nadie, sino que los tomaron cautivos y siguieron su camino. David y sus hombres llegaron a la ciudad, y he aquí que estaba incendiada y que sus mujeres, sus hijos y sus hijas habían sido llevados cautivos. Entonces David y la gente que estaba con él alzaron su voz y lloraron hasta que les faltaron las fuerzas para llorar. También habían sido tomadas cautivas las dos mujeres de David, Ajinoam, de Jezreel, y Abigaíl, que fuera mujer de Nabal, de Carmel. David estaba muy angustiado, porque el pueblo hablaba de apedrearlo. Todo el pueblo estaba con ánimo amargado, cada uno por causa de sus hijos y de sus hijas. Pero David se fortaleció en Jehovah su Dios. Entonces David dijo al sacerdote Abiatar hijo de Ajimelec: —Tráeme, por favor, el efod. Abiatar trajo el efod a David, y David consultó a Jehovah diciendo: —¿He de perseguir a esa banda? ¿La podré alcanzar? Y Jehovah le respondió: —Persíguela, porque de cierto la alcanzarás y librarás a los cautivos. Entonces David partió con los 600 hombres que estaban con él, y llegaron hasta el arroyo de Besor, donde se quedaron algunos de ellos. Pero David continuó persiguiendo, él con 400 hombres, porque 200 se quedaron atrás, los cuales estaban muy agotados para pasar el arroyo de Besor. Hallaron en el campo a un hombre egipcio y lo llevaron a David. Le dieron pan para comer y agua para beber. También le dieron un pedazo de torta de higos secos y dos tortas de pasas. Después que comió, recobró sus fuerzas, pues no había comido pan ni había bebido agua durante tres días y tres noches. Entonces David le preguntó: —¿De quién eres tú? ¿De dónde eres tú? Y respondió: —Yo soy un joven egipcio, siervo de un amalequita. Mi amo me abandonó hace tres días, porque yo estaba enfermo. Nosotros hicimos una incursión en la región del Néguev de los quereteos, en el de Judá, y en el Néguev de Caleb. También incendiamos Siclag. David le preguntó: —¿Podrás llevarme tú a esa banda? El respondió: —Júrame por Dios que no me matarás ni me entregarás en mano de mi amo, y yo te llevaré a esa banda. Entonces los llevó, y he aquí que estaban desparramados sobre la superficie de toda la tierra, comiendo, bebiendo y haciendo fiesta por todo aquel gran botín que habían tomado de la tierra de los filisteos y de la tierra de Judá. David los atacó desde antes del amanecer hasta la tarde del día siguiente. Ninguno de ellos escapó, excepto unos 400 jóvenes que montaron en los camellos y huyeron. Así libró David todo lo que habían tomado los amalequitas. Asimismo, David libró a sus dos mujeres. No les faltó cosa alguna, ni pequeña ni grande, ni de los hijos, ni de las hijas, ni de las cosas robadas, ni nada de cuanto habían tomado para sí. Todo lo recuperó David. David tomó también todas las ovejas y las vacas. Y llevándolas delante del otro ganado, decían: —¡Este es el botín de David! Entonces David vino a los 200 hombres que habían quedado muy agotados para seguirle, a los cuales habían hecho quedar en el arroyo de Besor. Ellos salieron a recibir a David y a la gente que venía con él. Y cuando David se acercó a aquella gente, les saludó deseándoles paz. Entonces intervinieron todos los malos y perversos que había entre los hombres que habían ido con David, y dijeron: —Puesto que no fueron con nosotros, no les daremos del botín que hemos salvado, excepto a cada uno su mujer y sus hijos; que los tomen y que se vayan. Pero David respondió: —No hagáis eso, hermanos míos, con lo que nos ha dado Jehovah, quien nos ha protegido y ha entregado en nuestra mano la banda que vino contra nosotros. ¿Quién os escuchará en este asunto? Igual parte han de tener los que descienden a la batalla y los que se quedan con el equipaje. ¡Que se lo repartan por igual! Y sucedió que desde aquel día en adelante él hizo que esto fuera ley y decreto en Israel, hasta el día de hoy. Cuando David llegó a Siclag, envió parte del botín a sus amigos, los ancianos de Judá, diciendo: "He aquí un regalo para vosotros del botín de los enemigos de Jehovah." Lo envió a los que estaban en Betel, a los de Ramot en el Néguev, a los de Jatir, a los de Aroer, a los de Sifmot, a los de Estemoa, a los de Racal, a los que estaban en las ciudades de los de Jerameel, a los que estaban en las ciudades de los queneos, a los de Horma, a los de Corasán, a los de Atac, a los de Hebrón y a los de todos los lugares donde David había andado con sus hombres. Los filisteos combatieron contra Israel, y los hombres de Israel huyeron delante de los filisteos y cayeron muertos en el monte Gilboa. Los filisteos siguieron de cerca a Saúl y a sus hijos; y mataron a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl. La batalla arreció contra Saúl, y los hombres que tiran con el arco lo encontraron; y fue herido gravemente por los arqueros. Entonces Saúl dijo a su escudero: "Saca tu espada y atraviésame con ella, no sea que vengan esos incircuncisos y me atraviesen, y hagan mofa de mí." Pero su escudero no quiso, porque tenía mucho miedo. Entonces Saúl tomó la espada y se dejó caer sobre ella. Al ver su escudero que Saúl estaba muerto, él también se dejó caer sobre su espada y murió junto con él. Así murieron aquel día Saúl, sus tres hijos, su escudero y también todos sus hombres junto con él. Y al ver los hombres de Israel que estaban al otro lado del valle, y los del otro lado del Jordán, que los de Israel habían huido, y que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron las ciudades y huyeron. Entonces los filisteos fueron y habitaron en ellas. Aconteció que al día siguiente, cuando los filisteos fueron para despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus tres hijos caídos en el monte Gilboa. Ellos le cortaron la cabeza y le despojaron de sus armas, y enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos para dar la buena noticia en el templo de sus ídolos y al pueblo. Después pusieron sus armas en el templo de Astarte, y clavaron su cadáver contra el muro de Bet-seán. Cuando todos los habitantes de Jabes, en Galaad, oyeron lo que los filisteos habían hecho con Saúl, todos los hombres valientes se levantaron, caminaron toda aquella noche y tomaron del muro de Bet-seán el cadáver de Saúl y los cadáveres de sus hijos. Cuando llegaron a Jabes, los incineraron allí. Luego tomaron sus restos y los sepultaron debajo del tamarisco en Jabes, y ayunaron siete días. Aconteció que después de la muerte de Saúl, cuando David había vuelto de la derrota de los amalequitas, David se quedó dos días en Siclag. Y al tercer día, he aquí que un hombre vino del campamento de Saúl, con su ropa rasgada y tierra sobre su cabeza. Al llegar a David, se postró en tierra e hizo reverencia. Y David le preguntó: —¿De dónde vienes? El le respondió: —Me he escapado del campamento de Israel. David le preguntó: —¿Qué ha acontecido? Dímelo, por favor. El respondió: —El pueblo ha huido de la batalla. Muchos del pueblo también han caído y han muerto. Saúl y su hijo Jonatán también han muerto. David dijo al joven que le informaba: —¿Cómo sabes que Saúl y su hijo Jonatán han muerto? Y el joven que le informaba respondió: —Me encontré por casualidad en el monte Gilboa, y he aquí que Saúl estaba apoyado sobre su lanza, y que los carros y los jinetes le alcanzaban. Entonces Saúl miró hacia atrás y me vio, y me llamó. Yo dije: "Heme aquí." Me preguntó: "¿Quién eres tú?" Le respondí: "Soy un amalequita." Y me dijo: "Por favor, ponte a mi lado y mátame; porque la agonía se ha apoderado de mí, pero mi vida está todavía en mí." Entonces me puse a su lado y lo maté, porque sabía que él no podría vivir después de su caída. Luego tomé la diadema que tenía en su cabeza y el brazalete que llevaba en su brazo, y los he traído aquí a mi señor. Entonces David agarrando sus vestiduras las rasgó. Lo mismo hicieron todos los hombres que estaban con él. E hicieron duelo, lloraron y ayunaron hasta el anochecer por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo de Jehovah y por la casa de Israel; porque habían caído a espada. Después David preguntó al joven que le informaba: —¿De dónde eres tú? El respondió: —Soy hijo de un extranjero, un amalequita. Le dijo David: —¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para destruir al ungido de Jehovah? Entonces David llamó a uno de los jóvenes y le dijo: —¡Acércate y mátalo! El lo hirió, y murió. Y David le dijo: —Tu sangre caiga sobre tu cabeza, porque tu propia boca ha atestiguado contra ti al decir: "Yo maté al ungido de Jehovah." David entonó este lamento por Saúl y por su hijo Jonatán, y mandó que enseñasen a los hijos de Judá el Canto del Arco. He aquí que está escrito en el libro de Jaser: "¡El esplendor, oh Israel, ha perecido sobre tus montes! ¡Cómo han caído los valientes! No lo anunciéis en Gat, ni deis las nuevas por las calles de Ascalón. No sea que se alegren las hijas de los filisteos; no sea que se regocijen las hijas de los incircuncisos. "Oh montes de Gilboa: Ni rocío ni lluvia haya sobre vosotros, ni seáis campos de ofrendas; porque allí fue profanado el escudo de los valientes, el escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite. El arco de Jonatán jamás volvía sin la sangre de los muertos y sin la gordura de los valientes; tampoco volvía vacía la espada de Saúl. "Saúl y Jonatán, amados y amables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados. Eran más veloces que las águilas; eran más fuertes que los leones. ¡Oh hijas de Israel, llorad por Saúl, quien os vestía de escarlata y cosas refinadas, y ponía adornos de oro en vuestros vestidos! ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonatán ha perecido sobre tus montes! "Angustia tengo por ti, hermano mío, Jonatán, que me fuiste muy querido. Más maravilloso fue para mí tu amor que el amor de las mujeres. "¡Cómo han caído los valientes, y se han perdido las armas de guerra!" Después de esto aconteció que David consultó a Jehovah diciendo: —¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Jehovah le respondió: —Sube. David volvió a preguntar: —¿A dónde subiré? Jehovah le respondió: —A Hebrón. Entonces David subió allá con sus dos mujeres: Ajinoam, de Jezreel, y Abigaíl, que fuera mujer de Nabal, de Carmel. David hizo subir también a sus hombres que estaban con él, cada uno con su familia; y habitaron en las aldeas de Hebrón. Entonces vinieron los hombres de Judá y ungieron allí a David como rey sobre la casa de Judá. Informaron a David diciendo: "Los hombres de Jabes, en Galaad, son los que sepultaron a Saúl." Entonces David envió mensajeros a los hombres de Jabes, en Galaad, y les dijo: "Benditos seáis de Jehovah, porque habéis hecho esta bondad a Saúl vuestro señor, y le habéis dado sepultura. Ahora pues, que Jehovah os muestre misericordia y verdad. Y yo también os haré bien por esto que habéis hecho. Y ahora, fortaleced vuestras manos y sed hombres valientes; porque ha muerto Saúl vuestro señor, y la casa de Judá me ha ungido rey sobre ellos." Pero Abner hijo de Ner, jefe del ejército de Saúl, tomó a Isboset hijo de Saúl y le trasladó a Majanaim. Entonces lo proclamó rey sobre Galaad, sobre Gesur, sobre Jezreel, sobre Efraín, sobre Benjamín y sobre todo Israel. Isboset hijo de Saúl tenía 40 años cuando comenzó a reinar sobre Israel y reinó dos años. Sin embargo, la casa de Judá seguía a David. El tiempo que David fue rey en Hebrón sobre la casa de Judá fue de siete años y seis meses. Abner hijo de Ner y los siervos de Isboset hijo de Saúl fueron de Majanaim a Gabaón. También salieron Joab, hijo de Sarvia, y los servidores de David; y los encontraron junto al estanque de Gabaón. Entonces se sentaron los unos a un lado del estanque, y los otros al otro lado. Luego Abner dijo a Joab: —¡Levántense los jóvenes y compitan delante de nosotros! Joab respondió: —¡Que se levanten! Entonces se levantaron y pasaron en número igual, doce de parte de los hijos de Benjamín y de Isboset hijo de Saúl, y doce de los servidores de David. Cada uno agarró a su adversario por la cabeza y colocó su espada en el costado de su adversario, y cayeron juntos. Por esto se llamó el nombre de aquel lugar Helcat-hazurim, el cual está en Gabaón. Aquel día la batalla fue muy dura. Abner y los hombres de Israel fueron derrotados por los servidores de David. Estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, Abisai y Asael. Asael era ligero de pies como un venado en el campo. Y Asael persiguió a Abner, yendo tras él sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. Abner se volvió hacia atrás y preguntó: —¿Eres tú Asael? El respondió: —Sí, yo soy. Entonces Abner le dijo: —Apártate a la derecha o a la izquierda. Atrapa a alguno de los jóvenes y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso dejar de seguirle. Y Abner volvió a decir a Asael: —¡Deja de seguirme! ¿Por qué te he de herir, derribándote a tierra? ¿Cómo podría después levantar mi cara ante tu hermano Joab? Como él rehusó apartarse, Abner lo hirió en el vientre con el extremo trasero de la lanza, y la lanza le salió por detrás. Así cayó allí y murió en el mismo sitio. Sucedió que todos los que pasaban por el lugar donde Asael había caído y había muerto, se detenían. Pero Joab y Abisai persiguieron a Abner. El sol se puso cuando llegaron a la colina de Amá, frente a Guíaj, en el camino del desierto de Gabaón. Luego se agruparon los hijos de Benjamín tras Abner formando un solo escuadrón, y se detuvieron en la cumbre de cierta colina. Entonces Abner dio voces a Joab diciendo: —¿Ha de consumir la espada para siempre? ¿No sabes tú que al final sólo habrá amargura? ¿Hasta cuándo esperas para decir al pueblo que se vuelva de perseguir a sus hermanos? Joab respondió: —¡Vive Dios, que si tú no hubieras hablado, el pueblo habría dejado de perseguir a sus hermanos desde la mañana! Entonces Joab tocó la corneta, y todo el pueblo se detuvo. Y no persiguieron más a Israel, ni continuaron luchando más. Abner y sus hombres caminaron por el Arabá toda aquella noche, cruzaron el Jordán, y atravesando todo el Bitrón llegaron a Majanaim. Joab también volvió de perseguir a Abner y reunió a toda la gente. Y faltaban de los servidores de David 19 hombres, además de Asael. Pero los servidores de David hirieron a 360 de Benjamín, de los hombres de Abner, los cuales murieron. Luego se llevaron a Asael y lo sepultaron en la tumba de su padre, que está en Belén. Joab y sus hombres caminaron toda aquella noche, y les amaneció en Hebrón. Fue larga la guerra entre la casa de Saúl y la casa de David. Pero David se iba fortaleciendo, y la casa de Saúl se iba debilitando. A David le nacieron hijos en Hebrón. Su primogénito fue Amnón, de Ajinoam, de Jezreel. El segundo fue Quileab, de Abigaíl, que fuera mujer de Nabal, de Carmel. El tercero fue Absalón, hijo de Maaca hija de Talmai, rey de Gesur. El cuarto fue Adonías, hijo de Haguit. El quinto fue Sefatías, hijo de Abital. El sexto fue Itream, de Egla, mujer de David. Estos le nacieron a David en Hebrón. Aconteció que mientras había guerra entre la casa de Saúl y la casa de David, Abner se hacía más fuerte en la casa de Saúl. Saúl había tenido una concubina que se llamaba Rizpa hija de Ayías. Entonces Isboset preguntó a Abner: —¿Por qué te has unido a la concubina de mi padre? Abner se enfureció muchísimo por las palabras de Isboset y le dijo: —¿Acaso soy yo una cabeza de perro que pertenece a Judá? Hoy estoy mostrando lealtad a la casa de tu padre Saúl, a sus hermanos y a sus amigos, y no te he entregado en mano de David. ¿Y hoy me llamas a cuentas por una falta con esta mujer? Así haga Dios a Abner y aun le añada, si yo no hago con David lo que Jehovah le ha jurado: transferir el reino de la casa de Saúl y confirmar el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Beerseba. Isboset no pudo responder palabra a Abner, porque le tenía miedo. Entonces Abner envió mensajeros a David para decirle de parte suya: "¿De quién es la tierra? ¡Haz alianza conmigo, y he aquí que mi mano estará contigo para hacer volver a ti a todo Israel!" David respondió: "Bien. Yo haré alianza contigo, pero te pido una cosa: No vengas a verme sin que primero me traigas a Mical hija de Saúl, cuando vengas a verme. Entonces David envió mensajeros a Isboset hijo de Saúl, diciendo: "Restitúyeme a mi mujer Mical, a la cual yo desposé conmigo por cien prepucios de filisteos." Isboset envió a quitársela a su marido, Paltiel hijo de Lais. Su marido fue con ella, siguiéndola y llorando tras ella, hasta Bajurim. Y Abner le dijo: —¡Anda, vuélvete! Entonces él se volvió. Abner habló con los ancianos de Israel, diciendo: —Hace tiempo que procurabais que David fuese rey sobre vosotros. Ahora pues, hacedlo, porque Jehovah ha hablado a David diciendo: "Por mano de mi siervo David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos y de mano de todos sus enemigos." Abner habló también a los de Benjamín, y Abner mismo fue a Hebrón para decir a David todo lo que parecía bien a los de Israel y a toda la casa de Benjamín. Abner fue a David en Hebrón junto con veinte hombres, y David hizo banquete para él y para los hombres que habían venido con él. Entonces Abner dijo a David: —Yo me levantaré e iré a reunir a todo Israel junto a mi señor el rey, para que hagan una alianza contigo, de modo que tú reines sobre todo lo que deseas. Luego David despidió a Abner, y él se fue en paz. He aquí que los servidores de David llegaron con Joab de una incursión, trayendo consigo mucho botín. Pero Abner ya no estaba en Hebrón con David, pues éste le había despedido, y él se había ido en paz. Cuando llegaron Joab y todo el ejército que estaba con él, le informaron a Joab diciendo: —Abner hijo de Ner vino al rey. El le ha dejado ir, y Abner se ha ido en paz. Entonces Joab fue al rey y le dijo: —¿Qué has hecho? He aquí que Abner vino a ti; ¿por qué, pues, le dejaste ir? ¡Ahora se ha ido! Tú conoces a Abner hijo de Ner, que vino para engañarte, para conocer tu entrada y tu salida, y para saber todo lo que haces. Cuando Joab salió de la presencia de David, envió mensajeros tras Abner, los cuales le hicieron regresar desde el pozo de Sira, sin que David lo supiera. Entonces Abner volvió a Hebrón, y Joab lo apartó a la entrada de la ciudad como para hablar en privado con él. Allí le hirió en el vientre, a causa de la sangre de Asael su hermano; y así murió. Después de esto, David lo oyó y dijo: —¡Inocente soy yo, y también mi reino, ante Jehovah para siempre, de la sangre de Abner hijo de Ner! ¡Que recaiga su sangre sobre la cabeza de Joab y sobre toda su casa paterna! ¡Nunca falte en la casa de Joab quien padezca flujo, o quien sea leproso, o quien ande con bastón, o quien muera a espada, o quien carezca de pan! Joab y su hermano Abisai mataron a Abner, porque éste había dado muerte a Asael, hermano de ellos, en la batalla de Gabaón. Entonces dijo David a Joab y a todo el pueblo que estaba con él: —¡Rasgad vuestra ropa! Ceñíos de cilicio y haced duelo delante de Abner. El rey David iba detrás del féretro, y sepultaron a Abner en Hebrón. El rey alzó su voz y lloró junto al sepulcro de Abner, y también lloró todo el pueblo. El rey entonó este lamento por Abner, diciendo: "¿Había de morir Abner como muere un insensato? Tus manos no estaban atadas; tus pies no estaban sujetos con grillos. Caíste como los que caen ante los malvados." Todo el pueblo volvió a llorar por él. Entonces todo el pueblo fue para persuadir a David a que tomase alimento, mientras aún era de día. Pero David juró diciendo: —¡Así me haga Dios y aun me añada, si antes que se ponga el sol yo pruebo pan o cualquier cosa! Todo el pueblo llegó a saber esto y le pareció bien, porque todo lo que el rey hacía parecía bien a todo el pueblo. Aquel día, todo el pueblo y todo Israel entendieron que no había procedido del rey el asesinar a Abner hijo de Ner. Entonces el rey dijo a sus servidores: —¿No sabéis que hoy ha caído en Israel un príncipe y un gran hombre? Ahora yo soy débil, aunque soy un rey ungido; y estos hombres, los hijos de Sarvia, son más duros que yo. ¡Jehovah retribuya al que hace mal, conforme a su maldad! Cuando Isboset hijo de Saúl oyó que Abner había muerto en Hebrón, sus manos se debilitaron; y todo Israel fue atemorizado. El hijo de Saúl tenía dos hombres, los cuales eran jefes de tropa: El nombre de uno era Baaná, y el nombre del otro Recab. Eran hijos de Rimón, de Beerot, de los hijos de Benjamín. (Beerot era considerada como de Benjamín; los berotitas huyeron a Gitaim, donde habitan como forasteros hasta el día de hoy.) Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años cuando la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán llegó de Jezreel, y su nodriza lo tomó y huyó. Y sucedió que cuando huía apresuradamente, el niño se cayó y quedó cojo. El se llamaba Mefiboset. Recab y Baaná, hijos de Rimón de Beerot, fueron y en pleno calor del día llegaron a la casa de Isboset, quien se hallaba durmiendo la siesta. Y he aquí, entraron en el interior de la casa como para llevar trigo, y le hirieron en el vientre. Después Recab y su hermano Baaná se escaparon. Así que entraron en la casa mientras él estaba acostado en su cama, en su dormitorio, y lo hirieron y mataron. Luego le cortaron la cabeza, la tomaron y anduvieron toda la noche por el camino del Arabá. Llevaron la cabeza de Isboset a David, en Hebrón, y dijeron al rey: —¡He aquí la cabeza de Isboset hijo de Saúl, tu enemigo que atentó contra tu vida! Jehovah ha vengado hoy a mi señor el rey, de Saúl y de su descendencia. Pero David respondió a Recab y a Baaná, su hermano, hijos de Rimón de Beerot, y les dijo: —¡Vive Jehovah, que ha rescatado mi vida de toda adversidad! Si cuando uno, imaginándose que me traía buenas noticias, me informó diciendo: "Saúl ha muerto," yo lo prendí y lo maté en Siclag, en pago de sus buenas noticias, ¡cuánto más a unos hombres malvados que mataron a un hombre justo en su casa y sobre su cama! Ahora pues, ¿no demandaré su sangre de vuestras manos, eliminándoos de la tierra? Entonces David dio orden a los jóvenes, y ellos los mataron. Luego les cortaron las manos y los pies, y los colgaron junto al estanque de Hebrón. Pero tomaron la cabeza de Isboset y la enterraron en el sepulcro de Abner, en Hebrón. Entonces vinieron todas las tribus de Israel a David, en Hebrón, y le hablaron diciendo: "He aquí nosotros somos hueso tuyo y carne tuya. En tiempos pasados, cuando Saúl aún reinaba sobre nosotros, tú eras quien sacaba y hacía volver a Israel. Y Jehovah te dijo: ‘Tú pastorearás a mi pueblo Israel, y tú serás el soberano de Israel.’" Fueron, pues, todos los ancianos de Israel al rey, en Hebrón. Y el rey David hizo un pacto con ellos en Hebrón, delante de Jehovah. Entonces ungieron a David como rey sobre Israel. David tenía 30 años cuando comenzó a reinar, y reinó 40 años. En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses, y en Jerusalén reinó 33 años sobre todo Israel y Judá. Entonces el rey, con sus hombres, fue a Jerusalén, contra los jebuseos que habitaban en aquella tierra. Y ellos hablaron a David diciendo: "Tú no entrarás acá; pues incluso los ciegos y los cojos te rechazarán, diciendo: ‘David no podrá entrar acá.’" Sin embargo, David tomó la fortaleza de Sion, que es la Ciudad de David. Aquel día dijo David: "Todo el que ataque a los jebuseos, use el conducto para alcanzar a los cojos y a los ciegos, a los cuales aborrece el alma de David." Por eso se dice: "Ni el ciego ni el cojo entrará en la casa." David habitó en la fortaleza, y la llamó Ciudad de David. Luego David la edificó alrededor, desde Milo hacia adentro. David iba engrandeciéndose más y más, y Jehovah Dios de los Ejércitos estaba con él. Entonces Hiram, rey de Tiro, envió mensajeros a David; también madera de cedro, carpinteros y canteros para los muros; y edificaron una casa para David. Entonces David comprendió que Jehovah le había confirmado como rey sobre Israel y que había enaltecido su reino por amor a su pueblo Israel. Después que vino de Hebrón, David tomó más concubinas y mujeres de Jerusalén; y le nacieron a David más hijos e hijas. Estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, Ibjar, Elisúa, Néfeg, Jafía, Elisama, Eliada y Elifelet. Cuando los filisteos oyeron que habían ungido a David rey sobre Israel, subieron todos los filisteos en busca de David. Cuando David oyó esto, descendió a la fortaleza. Los filisteos llegaron y se extendieron por el valle de Refaím. Entonces David consultó a Jehovah diciendo: —¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehovah respondió a David: —Sube, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tu mano. David llegó a Baal-perazim, y allí los derrotó David. Entonces dijo: —¡Jehovah ha irrumpido contra mis enemigos delante de mí, como irrumpen las aguas! Por eso llamó el nombre de aquel lugar Baal-perazim. Los filisteos abandonaron allí sus ídolos, y David y sus hombres se los llevaron. Los filisteos volvieron a subir y se extendieron por el valle de Refaím. David consultó a Jehovah, y él le respondió: —No subas, sino rodéalos por detrás, y alcánzalos frente a los árboles de bálsamo. Y sucederá que cuando escuches el sonido de una marcha en las copas de los árboles, entonces actuarás con decisión, porque entonces Jehovah saldrá delante de ti para derrotar al ejército de los filisteos. David lo hizo conforme Jehovah le había mandado y derrotó a los filisteos desde Geba hasta la entrada de Gezer. David volvió a reunir a todos los escogidos de Israel, 30.000 en total. Entonces David se levantó, y con todo el pueblo que estaba con él, partió de Baala de Judá para subir desde allí el arca de Dios, sobre la cual es invocado el nombre de Jehovah de los Ejércitos, que tiene su trono entre los querubines. Luego colocaron el arca de Dios sobre una carreta nueva y se la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba en la colina. Uza y Ajío, hijos de Abinadab, guiaban la carreta nueva con el arca de Dios, y se la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba en la colina. Ajío iba delante del arca. David y toda la casa de Israel se regocijaban delante de Jehovah, con toda clase de instrumentos de madera de ciprés: arpas, liras, panderetas, sistros y címbalos. Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios y la sujetó, porque los bueyes tropezaron. Entonces el furor de Jehovah se encendió contra Uza, y Dios lo hirió allí por el atrevimiento. Y murió allí, junto al arca de Dios. David se disgustó porque Jehovah había irrumpido contra Uza, y llamó aquel lugar Perez-uza, hasta el día de hoy. Aquel día David tuvo miedo de Jehovah y dijo: "¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehovah?" David ya no quiso llevar consigo el arca de Jehovah, a la Ciudad de David. Más bien, David la desvió a la casa de Obed-edom el geteo. El arca de Jehovah se quedó en casa de Obed-edom el geteo durante tres meses. Y Jehovah bendijo a Obed-edom y a toda su familia. Se le informó al rey David diciendo: "Jehovah ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios." Entonces David fue e hizo subir con regocijo el arca de Dios de la casa de Obed-edom a la Ciudad de David. Y sucedió que cuando los que llevaban el arca de Dios habían dado seis pasos, David sacrificó un toro y un carnero engordado. David danzaba con toda su fuerza delante de Jehovah, y David estaba vestido con un efod de lino. David y toda la casa de Israel subían el arca de Jehovah, con gritos de júbilo y sonido de corneta. Sucedió que cuando el arca de Jehovah llegó a la Ciudad de David, Mical hija de Saúl miró por la ventana; y al ver al rey David saltando y danzando delante de Jehovah, lo menospreció en su corazón. Así trajeron el arca de Jehovah y la colocaron en su lugar, en medio de la tienda que David había erigido para ella. Luego David ofreció holocaustos y sacrificios de paz delante de Jehovah. Cuando David acabó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de paz, bendijo al pueblo en el nombre de Jehovah de los Ejércitos. Entonces repartió a todo el pueblo, a toda la multitud de Israel, tanto a hombres como a mujeres, a cada uno una torta de pan, una de dátiles y una de pasas. Y todo el pueblo se fue, cada uno a su casa. Luego volvió David para bendecir a su familia. Pero Mical hija de Saúl, saliendo para encontrar a David, le dijo: —¡Cómo se ha cubierto de honra hoy el rey de Israel, descubriéndose hoy ante los ojos de las criadas de sus servidores, como se descubriría sin decoro un cualquiera! David respondió a Mical: —Fue delante de Jehovah, que me eligió en lugar de tu padre y de toda su casa, para constituirme como el soberano del pueblo de Jehovah, de Israel. Por tanto, me regocijaré delante de Jehovah. Y aún me haré más vil que esta vez y me rebajaré ante mis propios ojos. Pero con las criadas que has mencionado, ¡junto con ellas seré honrado! Y Mical hija de Saúl no tuvo hijos hasta el día de su muerte. Aconteció que cuando el rey habitaba ya en su casa, y Jehovah le había dado descanso de todos sus enemigos en derredor, el rey dijo al profeta Natán: —Mira; yo habito en una casa de cedro, mientras que el arca de Dios habita en una tienda. Y Natán dijo al rey: —Anda, haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehovah está contigo. Pero aconteció que aquella noche vino la palabra de Jehovah a Natán, diciendo: "Vé y di a mi siervo David que así ha dicho Jehovah: ‘¿Me edificarás tú una casa en la que yo habite?’ Ciertamente yo no he habitado en una casa desde el día en que hice subir a los hijos de Israel de Egipto, hasta el día de hoy. Más bien, he estado peregrinando en una tienda y en un tabernáculo. Dondequiera que he peregrinado con todos los hijos de Israel, ¿acaso he dicho una palabra a alguna de las tribus de Israel a la que yo comisioné para apacentar a mi pueblo Israel, preguntando: ‘¿Por qué no me habéis edificado una casa de cedro?’ "Ahora pues, dirás a mi siervo David que así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: ‘Yo te tomé del prado, de detrás del rebaño, para que fueras el soberano de mi pueblo Israel. He estado contigo por dondequiera que has andado. He eliminado a todos tus enemigos de tu presencia, y haré que tu nombre sea grande, como el nombre de los grandes de la tierra. Asimismo, dispondré un lugar para mi pueblo Israel, y lo plantaré para que habite en su lugar sin que sea molestado más, ni los inicuos vuelvan a afligirlo como al comienzo, desde el día en que constituí jueces sobre mi pueblo Israel. Y yo te daré descanso de todos tus enemigos. "‘Además, Jehovah te declara que Jehovah te hará casa a ti. Cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo levantaré después de ti a un descendiente tuyo, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará una casa a mi nombre, y yo estableceré el trono de su reino para siempre. Yo seré para él, padre; y él será para mí, hijo. Cuando haga mal, yo le corregiré con vara de hombres y con azotes de hijos de hombre. Pero no quitaré de él mi misericordia, como la quité de Saúl, al cual quité de tu presencia. Tu casa y tu reino serán firmes para siempre delante de mí, y tu trono será estable para siempre.’" Natán habló a David conforme a todas estas palabras y conforme a toda esta visión. Entonces entró el rey David, se sentó delante de Jehovah y dijo: "Oh Señor Jehovah, ¿quién soy yo, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí? Y aun esto te ha parecido poco, oh Señor Jehovah, pues también has hablado del futuro de la casa de tu siervo. ¿Se comporta de esta manera el hombre, oh Señor Jehovah? ¿Qué más puede añadir David al hablar contigo? Pues tú conoces a tu siervo, oh Señor Jehovah. Por causa de tu palabra y conforme a tu corazón, has realizado toda esta gran cosa para darla a conocer a tu siervo. Por tanto, tú eres grande, oh Jehovah Dios; porque no hay nadie como tú, ni hay Dios aparte de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos. "¿Y qué otra nación hay en la tierra como tu pueblo Israel, al cual Dios fue para rescatarlo como pueblo para sí, a fin de darse renombre y hacer a favor de él hechos grandes y temibles, al expulsar las naciones y sus dioses ante tu pueblo que rescataste para ti de Egipto? Has establecido para ti a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre; y tú, oh Jehovah, has llegado a ser su Dios. "Ahora pues, oh Jehovah Dios, confirma para siempre la palabra que has hablado acerca de tu siervo y de su casa, y haz tal como has dicho. Sea engrandecido tu nombre para siempre, a fin de que se diga: ‘Jehovah de los Ejércitos es Dios de Israel.’ Que la casa de tu siervo David sea estable delante de ti; porque tú, oh Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel, lo has revelado al oído de tu siervo, diciendo: ‘Yo te edificaré casa a ti.’ Por esto, tu siervo ha hallado valor en su corazón para dirigirte esta oración. Ahora pues, oh Señor Jehovah, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y has prometido este bien a tu siervo. Y ahora, ten a bien bendecir la casa de tu siervo, a fin de que permanezca para siempre delante de ti. Porque tú lo has prometido, oh Señor Jehovah, y con tu bendición la casa de tu siervo será bendita para siempre." Aconteció después de esto que David derrotó a los filisteos y los sometió. Entonces David tomó Meteg-haamá de mano de los filisteos. También derrotó a los moabitas y los midió con cordel. Los hizo tenderse en el suelo y midió dos cordeles para que murieran y un cordel entero para que vivieran. Los moabitas fueron hechos siervos de David y le llevaban tributo. También derrotó David a Hadad-ezer hijo de Rejob, rey de Soba, cuando éste iba a establecer su dominio hasta el río Eufrates. David le capturó 1.700 jinetes y 20.000 hombres de infantería. Y desjarretó David todos los caballos de los carros, pero dejó de ellos los de 100 carros. Los sirios de Damasco fueron para ayudar a Hadad-ezer, rey de Soba; y David hirió a 22.000 hombres de los sirios. Después David instaló puestos militares entre los sirios de Damasco. Así llegaron los sirios a ser siervos de David y le llevaban tributo. Y Jehovah daba la victoria a David por dondequiera que iba. David tomó los escudos de oro que llevaban los servidores de Hadad-ezer y los trajo a Jerusalén. Asimismo, el rey David tomó gran cantidad de bronce de Beta y de Berotai, ciudades de Hadad-ezer. Cuando Toi, rey de Hamat, oyó que David había derrotado a todo el ejército de Hadad-ezer, Toi envió a su hijo Joram al rey David para saludarlo y felicitarlo por haber combatido contra Hadad-ezer y por haberlo derrotado, porque Toi estaba en guerra con Hadad-ezer. Joram llevó consigo objetos de plata, de oro y de bronce, que el rey David también consagró a Jehovah, junto con la plata y el oro que había consagrado de todas las naciones que había conquistado: de Edom, de Moab, de los hijos de Amón, de los filisteos, de Amalec y del botín de Hadad-ezer hijo de Rejob, rey de Soba. David adquirió renombre cuando regresó de derrotar a 18.000 hombres de Edom en el Valle de la Sal. El instaló puestos militares en Edom; por toda Edom instaló puestos militares, y todos los edomitas llegaron a ser siervos de David. Y Jehovah daba la victoria a David por dondequiera que iba. David reinaba sobre todo Israel, y practicaba David el derecho y la justicia con todo su pueblo. Joab, hijo de Sarvia, estaba al mando del ejército. Josafat hijo de Ajilud era el cronista. Sadoc hijo de Ajitob y Ajimelec hijo de Abiatar eran los sacerdotes. Seraías era el escriba. Benaías hijo de Joyada estaba al mando de los quereteos y de los peleteos. Y los hijos de David eran sacerdotes. Entonces David preguntó: —¿Hay todavía alguno que haya quedado de la casa de Saúl, a quien yo muestre bondad por amor a Jonatán? Había un siervo de la casa de Saúl que se llamaba Siba, al cual llamaron a la presencia de David. Y el rey le preguntó: —¿Eres tú Siba? El respondió: —Tu siervo soy. El rey le preguntó: —¿No queda nadie de la casa de Saúl a quien yo pueda mostrar la bondad de Dios? Siba respondió al rey: —Aún queda un hijo de Jonatán, lisiado de ambos pies. Entonces le preguntó el rey: —¿Dónde está? Siba respondió al rey: —He aquí que está en la casa de Maquir hijo de Amiel, en Lo-debar. El rey David envió a traerlo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lo-debar. Entonces Mefiboset hijo de Jonatán, hijo de Saúl, vino a David, y cayendo sobre su rostro se postró. David le dijo: —¿Mefiboset? Y él respondió: —He aquí tu siervo. David le dijo: —No tengas temor, porque ciertamente yo te mostraré bondad por amor a tu padre Jonatán. Te devolveré todas las tierras de tu padre Saúl, y tú comerás siempre a mi mesa. El se postró y preguntó: —¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo? Entonces el rey llamó a Siba, siervo de Saúl, y le dijo: —Yo he dado al hijo de tu señor todo lo que pertenecía a Saúl y a toda su casa. Labrarás para él la tierra, tú, tus hijos y tus siervos, y almacenarás los productos para que el hijo de tu señor tenga provisiones. Pero Mefiboset, el hijo de tu señor, comerá siempre a mi mesa. Siba tenía quince hijos y veinte siervos. Y Siba respondió al rey: —Tu siervo hará conforme a todo lo que mande mi señor el rey a su siervo. Y Mefiboset comía a la mesa de David como uno de los hijos del rey. Mefiboset tenía un hijo pequeño que se llamaba Micaías. Todos los que habitaban en la casa de Siba eran siervos de Mefiboset. Pero Mefiboset habitaba en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey. El era cojo de ambos pies. Después de esto aconteció que murió el rey de los hijos de Amón, y su hijo Hanún reinó en su lugar. Entonces David pensó: "Mostraré bondad a Hanún hijo de Najas, como su padre mostró bondad conmigo." David envió a sus servidores para darle el pésame por la muerte de su padre. Pero cuando los servidores de David llegaron a la tierra de los hijos de Amón, los jefes de los hijos de Amón dijeron a Hanún, su señor: "¿Te parece que David está honrando a tu padre, porque te ha enviado personas que te den el pésame? ¿No te habrá enviado David a sus servidores para reconocer y espiar la ciudad a fin de destruirla?" Entonces Hanún tomó a los servidores de David, les rapó la mitad de su barba, cortó sus vestidos por la mitad, hasta sus nalgas, y los despidió. Le informaron a David, y él envió a encontrarles, porque los hombres estaban sumamente avergonzados. El rey mandó que les dijeran: "Permaneced en Jericó hasta que os crezca la barba, y entonces volved." Al ver los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, los hijos de Amón enviaron a tomar a sueldo a los sirios de Bet-rejob y a los sirios de Soba, 20.000 hombres de infantería; del rey de Maaca, 1.000 hombres; y de Istob, 12.000 hombres. Cuando David oyó esto, envió a Joab con todo el ejército de los valientes. Los hijos de Amón salieron y dispusieron la batalla a la entrada de la ciudad, mientras que los sirios de Soba, de Rejob, de Istob y de Maaca estaban aparte, en el campo. Al ver Joab que el frente de batalla estaba delante y detrás de él, eligió a algunos de entre todos los escogidos de Israel y dispuso sus escuadrones para enfrentar a los sirios. Puso al resto de la gente bajo el mando de su hermano Abisai, quien dispuso sus escuadrones para enfrentar a los hijos de Amón. Y Joab dijo: "Si los sirios son más fuertes que yo, tú me darás auxilio; pero si los hijos de Amón son más fuertes que tú, yo iré a auxiliarte. Esfuérzate, y luchemos valientemente por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios; y que Jehovah haga lo que le parezca bien." Entonces se acercó Joab, con la gente que estaba con él, para combatir contra los sirios; pero éstos huyeron ante él. Al ver que los sirios habían huido, los hijos de Amón también huyeron ante Abisai y entraron en la ciudad. Entonces Joab dejó de atacar a los hijos de Amón y volvió a Jerusalén. Los sirios, al verse derrotados por Israel, se volvieron a reunir. Hadad-ezer envió a traer a los sirios que estaban al otro lado del Río. Estos llegaron a Helam teniendo al frente de ellos a Sobac, jefe del ejército de Hadad-ezer. Cuando se le informó a David, éste reunió a todo Israel; y cruzando el Jordán, llegó a Helam. Los sirios dispusieron sus escuadrones para enfrentarse con David, y combatieron contra él. Pero los sirios huyeron ante Israel, y David mató de los sirios a 700 hombres de los carros y a 40.000 jinetes. También hirió a Sobac, jefe del ejército sirio, quien murió allí mismo. Al ver todos los reyes vasallos de Hadad-ezer que habían sido derrotados por Israel, hicieron la paz con Israel y le sirvieron. Y los sirios tuvieron miedo de volver a socorrer a los hijos de Amón. Aconteció al año siguiente, en el tiempo en que los reyes suelen salir a la guerra, que David envió a Joab junto con sus servidores y con todo Israel. Ellos destruyeron a los hijos de Amón y pusieron sitio a Rabá. Pero David se había quedado en Jerusalén. Y sucedió que al atardecer David se levantó de su cama y se paseaba por la azotea del palacio, cuando vio desde la azotea a una mujer que se estaba bañando. Y la mujer era muy bella. David mandó preguntar por la mujer, y alguien le dijo: —¿No es ésta Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías el heteo? David envió mensajeros y la tomó. Cuando ella vino a él, él se acostó con ella, que estaba purificándose de su impureza. Entonces ella regresó a su casa. La mujer concibió y mandó que lo hicieran saber a David, diciendo: "Yo estoy encinta." Entonces David mandó a decir a Joab: "Envíame a Urías el heteo." Y Joab envió a Urías a David. Cuando Urías vino a él, David le preguntó cómo estaban Joab y el pueblo, y cómo iba la guerra. Después David dijo a Urías: —Desciende a tu casa y lava tus pies. Cuando Urías salió del palacio, fue enviado tras él un obsequio de parte del rey. Pero Urías durmió a la puerta del palacio junto con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa. E informaron de esto a David diciendo: "Urías no descendió a su casa." Entonces David preguntó a Urías: —¿No has llegado de viaje? ¿Por qué no descendiste a tu casa? Urías respondió a David: —El arca, Israel y Judá están en cabañas, y mi señor Joab y los servidores de mi señor están acampados al aire libre. ¿Y había yo de entrar en mi casa para comer y beber y dormir con mi mujer? ¡Por tu vida y por la vida de tu alma, que no haré semejante cosa! David dijo a Urías: —Quédate hoy también aquí, y mañana te dejaré ir. Entonces Urías se quedó en Jerusalén aquel día y el día siguiente. David le invitó, y Urías comió y bebió con él; y le emborrachó. Pero al anochecer él salió a dormir en su cama con los siervos de su señor, y no descendió a su casa. Y sucedió que por la mañana David escribió una carta a Joab, y la envió por medio de Urías. Y en la carta escribió lo siguiente: "Poned a Urías en el frente más peligroso de la batalla; luego retiraos de él, para que sea herido y muera." Y aconteció que cuando Joab sitió la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes. Los hombres de la ciudad salieron y combatieron contra Joab, y murieron algunos del ejército de los servidores de David. Y murió también Urías el heteo. Joab mandó a informar a David de todos los detalles de la batalla. E instruyó al mensajero diciendo: —Cuando acabes de exponer al rey todos los detalles de la batalla, si sucede que se enciende la ira del rey, y te dice: "¿Por qué os acercasteis a la ciudad para combatir? ¿No sabíais que ellos tirarían desde arriba del muro? ¿Quién mató a Abimelec hijo de Jerobaal? ¿No fue una mujer quien arrojó sobre él desde arriba del muro una piedra de molino, y él murió en Tebes? ¿Por qué os acercasteis al muro?" Entonces le dirás: "También tu servidor Urías el heteo ha muerto." Fue el mensajero, y al llegar contó a David todas las cosas que le había mandado Joab. Dijo el mensajero a David: —Los hombres prevalecieron contra nosotros, y salieron al campo contra nosotros; pero les hicimos retroceder hasta la entrada de la puerta de la ciudad. Entonces los arqueros tiraron contra tus servidores desde arriba del muro y murieron algunos de los servidores del rey. También tu servidor Urías el heteo ha muerto. Entonces David dijo al mensajero: —Así dirás a Joab: "Que esto no parezca malo a tus ojos, pues la espada devora unas veces a uno y otras veces a otro. Refuerza tu ataque contra la ciudad y destrúyela." Y tú aliéntalo. Al oír la mujer de Urías que su marido, Urías, había muerto, hizo duelo por su marido. Pasado el luto, David envió a traerla a su palacio. Ella vino a ser su mujer y le dio a luz un hijo. Pero esto que David había hecho pareció malo a los ojos de Jehovah. Jehovah envió a Natán a David, y al venir a él le dijo: —Había dos hombres en una ciudad: el uno rico y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas; pero el pobre no tenía más que una sola corderita que él había comprado y criado, que había crecido junto con él y sus hijos. Comía de su pan, bebía de su vaso y dormía en su seno. La tenía como a una hija. Pero un viajero vino al hombre rico, y éste no quiso tomar una de sus ovejas o de sus vacas para guisarla para el viajero que le había llegado, sino que tomó la corderita de aquel hombre pobre, y la guisó para el hombre que había venido a él. Entonces se encendió en gran manera la ira de David contra aquel hombre y dijo a Natán: —¡Vive Jehovah, que el que hizo semejante cosa es digno de muerte! El debe pagar cuatro veces el valor de la corderita, porque hizo semejante cosa y no tuvo compasión. Entonces Natán dijo a David: —Tú eres ese hombre. Así ha dicho Jehovah Dios de Israel: "Yo te ungí como rey sobre Israel y te libré de la mano de Saúl. Te di la casa de tu señor y puse las mujeres de tu señor en tu seno. Te di la casa de Israel y de Judá; y por si esto fuera poco, yo te habría añadido muchas otras cosas. ¿Por qué, pues, menospreciaste la palabra de Jehovah e hiciste lo malo ante sus ojos? Has matado a espada a Urías el heteo; has tomado a su mujer por mujer tuya, y a él lo has matado con la espada de los hijos de Amón. Ahora pues, porque me has menospreciado y has tomado la mujer de Urías el heteo para que sea tu mujer, jamás se apartará la espada de tu casa. Así ha dicho Jehovah: He aquí yo levantaré contra ti el mal en tu propia casa. Ante tus propios ojos tomaré tus mujeres y las daré a tu prójimo, el cual se acostará con tus mujeres a la luz del sol. Ciertamente tú lo hiciste en secreto, pero yo haré esto ante todo Israel y en pleno día." David respondió a Natán: —He pecado contra Jehovah. Y Natán dijo a David: —Jehovah también ha perdonado tu pecado; no morirás. Pero como en este asunto has hecho blasfemar a los enemigos de Jehovah, el hijo que te ha nacido morirá irremisiblemente. Después Natán regresó a su casa. Entonces Jehovah hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y enfermó de gravedad. David rogó a Dios por el niño. David ayunó, entró y pasó la noche acostado en el suelo. Los ancianos de su casa fueron a él para hacer que se levantase del suelo, pero él no quiso ni tampoco tomó alimentos con ellos. Sucedió que al séptimo día murió el niño. Y los siervos de David temían informarle que el niño había muerto, pues pensaban así: "He aquí que cuando el niño todavía vivía, le hablábamos, y él no quería escuchar nuestra voz. ¿Cómo vamos a decirle que el niño ha muerto? ¡Puede hacer algo malo!" Pero David, al ver que sus siervos susurraban entre sí, entendió que el niño había muerto. Entonces David preguntó a sus siervos: —¿Ha muerto el niño? Ellos respondieron: —Ha muerto. Entonces David se levantó del suelo, se lavó, se ungió, se cambió de ropa, entró en la casa de Jehovah y adoró. Después fue a su casa y pidió alimentos. Le sirvieron comida, y comió. Sus siervos le preguntaron: —¿Qué es esto que has hecho? Mientras el niño vivía, ayunabas y llorabas; pero ahora que ha muerto, te levantas y comes. El respondió: —Mientras el niño vivía, yo ayunaba y lloraba pensando: "Quién sabe si Jehovah tendrá compasión de mí, y el niño vivirá." Pero ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? ¡Yo iré a él, pero él no volverá a mí! David consoló a Betsabé su mujer. Y fue a ella y se acostó con ella. Ella dio a luz un hijo, y llamó su nombre Salomón. Jehovah amaba al niño, y envió un mensaje por medio del profeta Natán, quien llamó su nombre Yedidías, a causa de Jehovah. Joab estaba combatiendo contra Rabá de los hijos de Amón, y tomó la ciudad real. Entonces Joab envió mensajeros a David diciendo: "He combatido contra Rabá y también he tomado el barrio de las Aguas. Ahora pues, reúne al resto del pueblo, acampa contra la ciudad y tómala tú; no sea que tomándola yo, sea llamada por mi nombre." David reunió a todo el pueblo, fue a Rabá, combatió contra ella y la tomó. Entonces tomó la corona de la cabeza de su rey, la cual pesaba un talento de oro y tenía piedras preciosas. Y fue puesta sobre la cabeza de David. También sacó mucho botín de la ciudad. A la gente que estaba en ella la sacó y la puso a trabajar con sierras, trillos de hierro y hachas de hierro. También la hizo trabajar en los hornos de ladrillos. Lo mismo hizo con todas las ciudades de los hijos de Amón. Luego David regresó con todo el pueblo a Jerusalén. Absalón hijo de David tenía una hermana hermosa que se llamaba Tamar. Y aconteció después de esto que Amnón hijo de David se enamoró de ella. Amnón estaba angustiado hasta enfermarse por Tamar su hermana; porque siendo ella virgen, le parecía a Amnón difícil hacerle algo. Pero Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab hijo de Simea, hermano de David. Jonadab era un hombre muy astuto. Y le preguntó: —Oh hijo del rey, ¿por qué vas enflaqueciendo así de día en día? ¿No me lo contarás a mí? Amnón le respondió: —Estoy enamorado de Tamar, hermana de Absalón, mi hermano. Y Jonadab le dijo: —Acuéstate en tu cama y finge estar enfermo. Cuando tu padre venga a verte, dile: "Te ruego que venga mi hermana Tamar para que me dé de comer. Que ella prepare delante de mí una comida, de modo que yo la vea y la coma de su mano." Amnón se acostó y fingió estar enfermo. Entonces el rey fue para verle, y Amnón le dijo: —Te ruego que venga mi hermana Tamar y haga delante de mí dos pasteles, para que yo los coma de su mano. Entonces David envió a Tamar a su casa, diciendo: —Vé, por favor, a la casa de tu hermano Amnón y prepárale una comida. Tamar fue a la casa de su hermano Amnón, quien se encontraba acostado. Tomó masa, la amasó, hizo los pasteles delante de él y los coció. Luego tomó la sartén y los sirvió delante de él. Pero Amnón no quiso comer. Y Amnón dijo: —¡Haced salir a todos de aquí! Y salieron todos de allí. Entonces Amnón dijo a Tamar: —Trae la comida al dormitorio para que yo la coma de tu mano. Tamar tomó los pasteles que había cocido y los llevó a su hermano Amnón, al dormitorio. Cuando ella se los puso delante para que él comiese, él asió de ella y le dijo: —Ven, acuéstate conmigo, hermana mía. Ella le respondió: —¡No, hermano mío! ¡No me fuerces, porque no se debe hacer esto en Israel! ¡No hagas tal vileza! Porque, ¿adónde iría yo con mi deshonra? Tú mismo serías considerado como uno de los hombres viles en Israel. Ahora pues, habla al rey, y él no rehusará darme a ti. Pero él no la quiso escuchar; sino que, siendo más fuerte que ella, la forzó y se acostó con ella. Luego la odió Amnón con tal odio, que el odio con que la odió fue mayor que el amor con que la había amado. Y Amnón le dijo: —¡Levántate; vete! Ella respondió: —¡No! Porque este mal de echarme es mayor que el otro que me has hecho. Pero él no la quiso escuchar. Más bien, llamó a su criado que le servía y le dijo: —¡Echa a ésta fuera de aquí, y pon el cerrojo a la puerta tras ella! Ella estaba vestida con una túnica de diversos colores, porque así solían vestir las hijas vírgenes del rey. Y su criado la echó fuera y puso el cerrojo a la puerta tras ella. Entonces Tamar tomó ceniza y la esparció sobre su cabeza, rasgó su túnica de diversos colores que llevaba, puso las manos sobre su cabeza y se fue gritando. Su hermano Absalón le preguntó: —¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Calla, pues, ahora, hermana mía. Tu hermano es; no tomes tan a pecho este asunto. Entonces Tamar se quedó desolada en la casa de su hermano Absalón. Cuando el rey David oyó todo esto, se enojó mucho. Pero Absalón no habló con Amnón ni para mal ni para bien, pues Absalón odiaba a Amnón por haber violado a su hermana Tamar. Después de dos años acontenció que Absalón tenía esquiladores en Baal-hazor, que está junto a Efraín, e invitó Absalón a todos los hijos del rey. Y Absalón fue al rey y le dijo: —He aquí que tu siervo tiene esquiladores. Por favor, que el rey y sus servidores vengan con tu siervo. El rey respondió a Absalón: —No, hijo mío. No iremos todos, para que no te seamos una carga pesada. Aunque le insistió, él no quiso ir, pero lo bendijo. Entonces dijo Absalón: —Si no, por favor, que venga con nosotros mi hermano Amnón. El rey le preguntó: —¿Para qué ha de ir contigo? Como Absalón le insistió, dejó ir con él a Amnón y a todos los hijos del rey. Absalón había dado órdenes a sus criados diciendo: "Mirad; cuando el corazón de Amnón esté eufórico por el vino y yo os diga: ‘¡Herid a Amnón!’, entonces matadle. No temáis. ¿No os lo he mandado yo? Esforzaos, pues, y sed valientes." Los criados de Absalón hicieron con Amnón lo que Absalón les había mandado. Entonces se levantaron todos los hijos del rey, montó cada uno en su mulo, y huyeron. Estando ellos aún en el camino, llegó a David el rumor que decía: "Absalón ha matado a todos los hijos del rey, y no ha quedado ninguno de ellos." El rey se levantó, rasgó sus vestiduras y se echó en el suelo. Y todos sus servidores que estaban a su lado rasgaron sus vestiduras. Entonces intervino Jonadab hijo de Simea, hermano de David, y dijo: —No crea mi señor que han matado a todos los jóvenes, hijos del rey. Sólo Amnón ha muerto, porque estaba decidido por orden de Absalón desde el día en que Amnón violó a su hermana Tamar. Por eso, no haga caso mi señor el rey del rumor que dice: "Todos los hijos del rey han sido asesinados." Porque sólo Amnón ha muerto. Y Absalón huyó. Entre tanto, el criado que hacía de centinela alzó sus ojos, y he aquí que mucha gente venía por el camino del oeste, por el lado de la colina. Entonces Jonadab dijo al rey: —¡He aquí que llegan los hijos del rey! Como tu siervo había dicho, así ha sucedido. Y sucedió que cuando él acabó de hablar, he aquí que los hijos del rey llegaron; y alzando la voz, lloraron. También el rey y todos sus servidores lloraron muy amargamente. Absalón huyó y se fue a Talmai hijo de Amijud, rey de Gesur. Y David lloraba por su hijo todos los días. Así Absalón huyó y se fue a Gesur, y estuvo allí tres años. Y el rey David se consumía por ver a Absalón, porque ya se había consolado de la muerte de Amnón. Joab, hijo de Sarvia, se dio cuenta de que el corazón del rey se inclinaba por Absalón. Entonces Joab mandó a traer de Tecoa a una mujer sabia, y le dijo: —Por favor, finge que estás de duelo. Ponte un vestido de luto y no te unjas con aceite; antes bien, aparenta ser una mujer que hace tiempo guarda luto por algún muerto. Luego entra a la presencia del rey y habla con él de esta manera… Y Joab puso las palabras en su boca. Aquella mujer de Tecoa vino al rey, se postró en tierra sobre su rostro haciendo reverencia y dijo: —¡Socórreme, oh rey! El rey le preguntó: —¿Qué te pasa? Ella respondió: —¡Ay de mí! Soy una mujer viuda; mi marido ha muerto. Tu sierva tenía dos hijos. Pero los dos pelearon en el campo, y no habiendo quien los separase, el uno hirió al otro y lo mató. Y he aquí que toda la familia se ha levantado contra tu sierva, diciendo: "¡Entrega al que mató a su hermano, para que lo matemos por la vida de su hermano a quien mató, y destruyamos también al heredero!" ¡Así extinguirán el carbón encendido que me queda, no dejando a mi marido nombre ni descendencia sobre la tierra! Entonces el rey dijo a la mujer: —Vé a tu casa, que yo me ocuparé de tu caso. Y la mujer de Tecoa dijo al rey: —¡Oh mi señor el rey, sea la culpa sobre mí y sobre mi casa paterna! Pero el rey y su trono sean sin culpa. El rey dijo: —Al que hable contra ti, tráelo a mí; y no te molestará más. Entonces ella dijo: —Acuérdate, por favor, oh rey, de Jehovah tu Dios, para que el vengador de la sangre no siga destruyendo, no sea que destruya a mi hijo. El respondió: —¡Vive Jehovah, que no caerá en tierra ni un cabello de la cabeza de tu hijo! Dijo la mujer: —Por favor, permite que tu sierva diga una palabra a mi señor el rey. El dijo: —Habla. Entonces dijo la mujer: —¿Por qué, pues, piensas de este modo contra el pueblo de Dios? Cuando el rey dice estas palabras, se culpa a sí mismo, por cuanto el rey no hace volver a su desterrado. A la verdad, todos hemos de morir; somos como el agua derramada en la tierra, que no se puede recoger. Pero Dios no quita la vida, sino que busca la manera de que el desterrado no quede desterrado de él. He venido ahora para decir esto a mi señor el rey, porque el pueblo me ha atemorizado. Pero tu sierva pensó: Hablaré al rey; quizás él haga lo que su sierva le diga. Porque el rey me oirá para librar a su sierva de mano del hombre que busca destruirme a mí juntamente con mi hijo, de la heredad de Dios. Dice, pues, tu sierva: ¡Que sea de alivio la respuesta de mi señor el rey, porque como un ángel de Dios es mi señor el rey para discernir lo bueno y lo malo! ¡Que Jehovah tu Dios sea contigo! Entonces el rey respondió y dijo a la mujer: —Por favor, no me encubras nada de lo que te voy a preguntar. La mujer dijo: —Hable mi señor el rey. El rey preguntó: —¿No está contigo la mano de Joab en todo esto? La mujer respondió y dijo: —¡Vive tu alma, oh mi señor el rey! Nadie se podrá desviar ni a la derecha ni a la izquierda de todo lo que habla mi señor el rey. Ciertamente fue Joab tu servidor quien me mandó. El puso todas estas palabras en boca de tu sierva. Joab, tu servidor, hizo esto para cambiar la situación presente. Pero mi señor es sabio, conforme a la sabiduría de un ángel de Dios, para conocer todo lo que hay en la tierra. Entonces el rey dijo a Joab: —He aquí, yo concedo esto: Vé y haz volver al joven Absalón. Joab se postró en tierra sobre su rostro, y haciendo reverencia, bendijo al rey. Entonces dijo Joab: —Hoy ha entendido tu siervo que ha hallado gracia ante tus ojos, oh mi señor el rey, pues el rey ha concedido la petición de su siervo. Entonces Joab se levantó, fue a Gesur y trajo a Absalón a Jerusalén. Pero el rey dijo: —Que se vaya a su casa y no vea mi cara. Así que Absalón se fue a su casa, y no vio la cara del rey. En todo Israel no había un hombre tan alabado por su belleza como Absalón. Desde la planta de su pie hasta su coronilla, no había defecto en él. Cuando se cortaba el cabello (cosa que hacía al final de cada año porque le era pesado, y por ello se lo cortaba), el cabello de su cabeza pesaba 200 siclos de peso real. A Absalón le nacieron tres hijos y una hija, que se llamaba Tamar. Ella era una mujer hermosa. Durante dos años estuvo Absalón en Jerusalén y no vio la cara del rey. Y Absalón mandó llamar a Joab para enviarlo al rey, pero Joab no quiso venir a él. Lo mandó llamar por segunda vez, pero él no quiso venir. Entonces Absalón dijo a sus siervos: —Mirad, la parcela de Joab está junto a la mía, y allí él tiene cebada. Id y prendedle fuego. Los siervos de Absalón prendieron fuego a la parcela. Entonces Joab se levantó, fue a la casa de Absalón y le preguntó: —¿Por qué han prendido fuego tus siervos a mi parcela? Absalón respondió a Joab: —He aquí, yo envié por ti diciendo: "Ven acá para que te envíe al rey y le digas: ‘¿Para qué vine de Gesur? Mejor me hubiera sido quedar aún allá.’" Ahora pues, quiero ver la cara del rey; y si hay culpa en mí, que me haga morir. Joab fue al rey y se lo informó. Entonces llamó a Absalón, el cual vino al rey y se postró sobre su rostro en tierra ante él. Y el rey besó a Absalón. Aconteció después de esto que Absalón consiguió un carro, caballos y cincuenta hombres que corriesen delante de él. Absalón se levantaba muy de mañana y se ponía de pie a un lado del camino que conduce a la puerta de la ciudad, y a todo el que tenía pleito e iba a juicio ante el rey, Absalón le llamaba y preguntaba: —¿De qué ciudad eres? El respondía: —Tu siervo es de una de las tribus de Israel… Entonces Absalón le decía: —Mira, tu causa es buena y justa. Pero no tienes quién te oiga de parte del rey. —Y añadía Absalón—: ¡Quién me pusiera por juez en el país, para que viniera a mí todo el que tuviese pleito o causa, y yo le haría justicia! Sucedía que cuando alguno se acercaba para postrarse ante él, éste extendía su mano, lo asía y lo besaba. De esta manera hacía Absalón con todos los israelitas que iban al rey para juicio. Así robaba Absalón el corazón de los hombres de Israel. Aconteció que después de cuatro años Absalón dijo al rey: —Permíteme ir a Hebrón a cumplir mi voto que hice a Jehovah. Porque tu siervo hizo un voto cuando estaba en Gesur, en Siria, diciendo: "Si Jehovah me hace volver a Jerusalén, yo serviré a Jehovah." El rey le dijo: —Vé en paz. Entonces él se levantó y se fue a Hebrón. Pero envió agentes secretos por todas las tribus de Israel, diciendo: "Cuando escuchéis el sonido de la corneta, diréis: ‘¡Absalón reina en Hebrón!’" Con Absalón fueron 200 hombres de Jerusalén, invitados por él. Ellos fueron inocentemente, sin tener conocimiento de nada. Entonces, mientras ofrecía los sacrificios, Absalón mandó llamar a Ajitofel el gilonita, consejero de David, de Gilo su ciudad. La conspiración se hizo poderosa, y el pueblo que estaba de parte de Absalón seguía aumentando. Un mensajero vino a David y dijo: —¡El corazón de los hombres de Israel se va tras Absalón! Entonces David dijo a todos sus servidores que estaban con él en Jerusalén: —Levantaos, y huyamos, porque no podremos escapar ante Absalón. Daos prisa a partir, no sea que apresurándose nos alcance, eche sobre nosotros el mal y hiera la ciudad a filo de espada. Los servidores del rey le dijeron: —He aquí que tus siervos estamos listos para todo lo que nuestro señor el rey decida. El rey salió, y le siguió toda su familia; pero dejó a diez concubinas para que guardasen el palacio. Salió, pues, el rey con toda la gente en pos de él, y se detuvieron en la casa más distante. Todos sus servidores pasaban a su lado, con todos los quereteos y todos los peleteos. Y todos los geteos, 600 hombres que habían venido tras él desde Gat, pasaron delante del rey. Entonces el rey dijo a Itai el geteo: —¿Para qué vienes tú también con nosotros? Vuelve y quédate con el rey, puesto que tú eres un extranjero y también un desterrado de tu lugar de origen. Viniste sólo ayer. ¿Y he de hacer hoy que andes errante por ir con nosotros, mientras yo voy sin rumbo fijo? Vuélvete y haz volver a tus hermanos, y que la misericordia y la verdad sean contigo. Pero Itai respondió al rey diciendo: —¡Vive Jehovah y vive mi señor el rey, que sea para muerte o sea para vida, dondequiera esté mi señor el rey, allí estará también tu siervo! Entonces David dijo a Itai: —Ven, pues, y pasa adelante. Así pasó Itai el geteo, con todos sus hombres y todos sus pequeños que estaban con él. Todo el mundo lloraba en alta voz, mientras toda la gente cruzaba. También cruzaron el arroyo de Quedrón el rey y toda la gente, rumbo al camino del desierto. Y he aquí que también iba Sadoc, y con él todos los levitas que llevaban el arca del pacto de Dios. Ellos asentaron el arca de Dios, hasta que todo el pueblo terminó de salir de la ciudad. Entonces subió Abiatar. El rey dijo a Sadoc: —Haz volver el arca de Dios a la ciudad; pues si hallo gracia ante los ojos de Jehovah, él me hará volver y me permitirá ver el arca y su morada. Pero si dice: "No me agradas," heme aquí; que él haga de mí lo que le parezca bien. —Además, el rey dijo al sacerdote Sadoc—: ¿No eres tú un vidente? Regresa en paz a la ciudad, y regresen con vosotros vuestros dos hijos: tu hijo Ajimaas y Jonatán hijo de Abiatar. Mirad, yo me detendré en las llanuras del desierto, hasta que venga palabra de parte de vosotros para informarme. Entonces Sadoc y Abiatar devolvieron el arca de Dios a Jerusalén, y se quedaron allí. Pero David subió la cuesta del monte de los Olivos; la subió llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. También todo el pueblo que estaba con él cubrió cada uno su cabeza, y lloraban mientras subían. E informaron a David diciéndole: —Ajitofel está entre los que han conspirado con Absalón. Entonces David dijo: —Frustra, por favor, oh Jehovah, el consejo de Ajitofel. Sucedió que cuando David llegó a la cumbre del monte donde se solía adorar a Dios, he aquí que Husai el arquita le salió al encuentro, con sus vestiduras rasgadas y tierra sobre su cabeza. Entonces David le dijo: —Si vienes conmigo, me serás una carga. Pero si vuelves a la ciudad y le dices a Absalón: "Oh rey, yo seré tu siervo; como he sido siervo de tu padre en el pasado, así seré ahora siervo tuyo," entonces tú frustrarás a mi favor el consejo de Ajitofel. ¿No estarán allí contigo los sacerdotes Sadoc y Abiatar? Todo lo que oigas en la casa del rey se lo comunicarás a los sacerdotes Sadoc y Abiatar. He aquí que están allí con ellos sus dos hijos, Ajimaas hijo de Sadoc y Jonatán hijo de Abiatar. Por medio de ellos me enviaréis información de todo lo que oigáis." Así Husai, amigo de David, llegó a la ciudad. Y Absalón entró en Jerusalén. Cuando David pasó un poco más allá de la cumbre del monte, he aquí que Siba, criado de Mefiboset, salió a recibirle con un par de asnos aparejados, llevando 200 panes, 100 tortas de pasas, 100 frutas de verano y una tinaja de vino. El rey preguntó a Siba: —¿Para qué traes esto? Siba respondió: —Los asnos son para que monte la familia del rey; los panes y la fruta, para que coman los jóvenes; y el vino es para que beban los que se cansen en el desierto. El rey preguntó: —¿Dónde está el hijo de tu señor? Siba respondió al rey: —He aquí que él se ha quedado en Jerusalén, porque ha dicho: "Hoy la casa de Israel me devolverá el reino de mi padre." Entonces el rey dijo a Siba: —¡He aquí que es tuyo todo lo que pertenece a Mefiboset! Siba respondió: —Ante ti me postro; halle yo gracia ante tus ojos, oh mi señor el rey. Al llegar el rey David a Bajurim, he aquí que salió de allí un hombre de la familia de la casa de Saúl, que se llamaba Simei hijo de Gera. Mientras salía, iba maldiciendo y arrojando piedras a David y a todos los servidores del rey David; pero todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su izquierda. Simei decía maldiciéndole: —¡Fuera, fuera, hombre sanguinario y hombre perverso! Jehovah ha hecho recaer sobre ti toda la sangre de la casa de Saúl, en cuyo lugar has reinado. Pero Jehovah ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón, y he aquí que estás en desgracia, porque eres un hombre sanguinario. Entonces Abisai, hijo de Sarvia, preguntó al rey: —¿Por qué ha de maldecir este perro muerto a mi señor el rey? ¡Por favor, déjame pasar, y le cortaré la cabeza! Pero el rey respondió: —¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? Que maldiga; porque si Jehovah le ha dicho: "Maldice a David," ¿quién le dirá: "¿Por qué haces esto?" Entonces David dijo a Abisai y a todos sus servidores: —He aquí, mi hijo, que ha salido de mis entrañas, acecha mi vida. ¡Cuánto más ahora uno de Benjamín! Dejadle que maldiga, porque Jehovah se lo ha dicho. Quizás Jehovah mirará mi aflicción, y me concederá Jehovah bienestar a cambio de sus maldiciones del día de hoy. Mientras David y los suyos iban por el camino, Simei iba por la ladera del monte y paralelo a él, maldiciéndole, arrojando piedras frente a él y esparciendo polvo. El rey y todo el pueblo que estaba con él llegaron fatigados, y descansaron allí. Absalón y todo el pueblo, los hombres de Israel, entraron en Jerusalén; y Ajitofel estaba con él. Sucedió que cuando Husai el arquita, amigo de David, llegó ante Absalón, Husai dijo a Absalón: —¡Viva el rey! ¡Viva el rey! Absalón preguntó a Husai: —¿De esta manera expresas tu lealtad para con tu amigo? ¿Por qué no te fuiste con tu amigo? Husai respondió a Absalón: —No. Yo seré de quien elijan Jehovah, este pueblo y todos los hombres de Israel; y con él me quedaré. Además, ¿a quién voy yo a servir? ¿No es a su hijo? Como he servido a tu padre, así te serviré a ti. Entonces Absalón dijo a Ajitofel: —Da tu consejo sobre lo que debemos hacer. Y Ajitofel contestó a Absalón: —Unete a las concubinas de tu padre, que él dejó para guardar el palacio. Todo el pueblo de Israel oirá que te has hecho odioso a tu padre, y se fortalecerán las manos de todos los que están contigo. Entonces instalaron una tienda para Absalón sobre la azotea, y él se unió a las concubinas de su padre a la vista de todo Israel. En aquellos días el consejo que daba Ajitofel era como si alguien consultara la palabra de Dios. Así era considerado todo consejo de Ajitofel, tanto por David como por Absalón. Entonces Ajitofel dijo a Absalón: —Permíteme escoger a 12.000 hombres, y me levantaré y perseguiré a David esta noche. Caeré sobre él cuando esté cansado y desalentado. Lo atemorizaré, y todo el pueblo que está con él huirá; entonces mataré sólo al rey. El es el hombre a quien buscas. Así haré volver a ti a todo el pueblo; y cuando todos hayan vuelto, todo el pueblo estará en paz. El consejo pareció bueno a Absalón y a todos los ancianos de Israel. Pero Absalón dijo: —Por favor, llamad también a Husai el arquita, para que escuchemos asimismo lo que él tenga que decir. Cuando Husai vino a Absalón, éste le habló diciendo: —De esta manera ha hablado Ajitofel. ¿Seguiremos su consejo? Si no, habla tú. Husai dijo a Absalón: —El consejo que ha dado Ajitofel esta vez no es bueno. —Y Husai añadió—: Tú sabes que tu padre y sus hombres son valientes y que están con ánimo provocado, como la osa en el campo a la que le han quitado sus crías. Además, tu padre es hombre de guerra y no pasará la noche con el pueblo. He aquí que ahora estará escondido en alguna cueva o en otro lugar. Y acontecerá que si al comienzo caen algunos del pueblo, cualquiera que lo oiga dirá: "Ha habido una matanza entre la gente que sigue a Absalón." Así, aun el hombre más valiente, cuyo corazón es como el corazón de un león, sin duda desmayará. Porque todo Israel sabe que tu padre es un hombre valiente y que los que están con él son hombres de valor. Aconsejo, pues, que todo Israel se reúna contigo, desde Dan hasta Beerseba, tan numeroso como la arena que está a la orilla del mar; y que tú en persona vayas a la batalla. Entonces iremos contra él en cualquier lugar donde se encuentre y caeremos sobre él, como el rocío cae sobre la tierra. Y no dejaremos vivo a él ni a ninguno de los hombres que están con él. Y si se retira a alguna ciudad, todos los de Israel llevaremos sogas a esa ciudad, y la arrastraremos hasta el arroyo, de manera que no se encuentre allí ni siquiera una piedrecita. Entonces Absalón y todos los hombres de Israel dijeron: —El consejo de Husai el arquita es mejor que el consejo de Ajitofel. Jehovah había determinado que el acertado consejo de Ajitofel se frustrara, para que Jehovah hiciese caer el mal sobre Absalón. Entonces Husai dijo a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: —De esta y esta manera aconsejó Ajitofel a Absalón y a los ancianos de Israel, y de esta y esta manera les aconsejé yo. Por tanto, mandad inmediatamente a informar a David, diciendo: "No pases esta noche en las llanuras del desierto. Cruza sin falta el Jordán, para que no sea aniquilado el rey junto con toda la gente que está con él." Jonatán y Ajimaas estaban junto a En-rogel. Una criada había de ir e informarles, porque ellos no debían exponerse yendo a la ciudad. Y ellos habían de ir e informar al rey David. Pero un muchacho los vio e informó a Absalón. Por tanto, los dos se dieron prisa y llegaron a la casa de un hombre en Bajurim, quien tenía un pozo en su patio, y se metieron dentro de él. La esposa tomó una manta, la extendió sobre la boca del pozo y tendió sobre ella grano trillado; y nada se supo del asunto. Cuando los servidores de Absalón llegaron a la casa de la mujer, le preguntaron: —¿Dónde están Ajimaas y Jonatán? La mujer les respondió: —Ya han pasado el depósito de agua. Ellos los buscaron, pero no los hallaron; y se volvieron a Jerusalén. Y sucedió que después que se habían ido, los hombres salieron del pozo. Luego fueron e informaron al rey David diciéndole: —Levantaos y daos prisa para cruzar las aguas, porque así ha aconsejado Ajitofel contra vosotros. Entonces David se levantó, junto con toda la gente que estaba con él, y cruzaron el Jordán. Para el amanecer no quedó ni uno solo que no hubiese cruzado el Jordán. Al ver Ajitofel que no se había seguido su consejo, aparejó el asno, partió y se fue a su casa, en su ciudad. Después de poner en orden su casa, se ahorcó y murió. Entonces fue sepultado en la tumba de su padre. David llegó a Majanaim, y Absalón cruzó el Jordán con todos los hombres de Israel. Absalón había puesto a Amasa al mando del ejército, en lugar de Joab. Amasa era hijo de un hombre llamado Jeter el israelita, que se había unido a Abigaíl hija de Najas y hermana de Sarvia, que era la madre de Joab. Absalón y los de Israel acamparon en la tierra de Galaad. Y aconteció que cuando David llegó a Majanaim, Sobi hijo de Najas, de Rabá de los hijos de Amón; Maquir hijo de Amiel, de Lo-debar; y Barzilai el galadita, de Rogelim, trajeron camas, tazas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, miel, mantequilla, ovejas y queso de vaca, y los presentaron a David y al pueblo que estaba con él, para que comiesen. Porque pensaron: "La gente está hambrienta, cansada y sedienta en el desierto." David pasó revista a la gente que estaba con él, y puso sobre ellos jefes de millares y jefes de centenas. Luego David envió a la gente: una tercera parte al mando de Joab, otra tercera parte al mando de Abisai, hijo de Sarvia y hermano de Joab, y la otra tercera parte al mando de Itai el geteo. Luego el rey dijo al pueblo: —Yo mismo iré también con vosotros. Pero el pueblo dijo: —No irás; porque si nosotros tenemos que huir, no harán caso de nosotros. Aunque muera la mitad de nosotros, no nos harán caso. Pero tú vales hoy tanto como 10.000 de nosotros. Ahora pues, será mejor que nos des ayuda desde la ciudad. El rey les dijo: —Haré lo que os parezca bien. Entonces el rey se quedó de pie junto a la puerta mientras todo el pueblo salía de cien en cien y de mil en mil. Y el rey mandó a Joab, a Abisai y a Itai, diciendo: —Tratad benignamente al joven Absalón, por consideración a mí. Y todo el pueblo escuchó cuando el rey dio orden a todos los jefes acerca de Absalón. La gente salió al campo al encuentro de Israel, y se dio la batalla en el bosque de Efraín. Allí cayó el pueblo de Israel ante los servidores de David. Aquel día hubo allí una gran matanza de La batalla se extendió por toda la región, y aquel día el bosque devoró más gente que la que había devorado la espada. Sucedió que Absalón se encontró con los servidores de David. Absalón iba montado sobre un mulo, y el mulo se metió por debajo del espeso ramaje de una gran encina. A Absalón se le enredó la cabeza en la encina, de modo que quedó colgado entre el cielo y la tierra, mientras el mulo que estaba debajo de él siguió adelante. Un hombre lo vio y avisó a Joab diciendo: —He aquí que he visto a Absalón colgado de una encina. Joab respondió al hombre que le dio la noticia: —Y viéndolo tú, ¿por qué no lo mataste allí mismo, derribándolo a tierra? Yo te hubiera dado diez piezas de plata y un cinturón. El hombre respondió a Joab: —Aunque yo recibiera en mi mano mil piezas de plata, no extendería mi mano contra el hijo del rey, porque nosotros oímos cuando el rey os mandó a ti, a Abisai y a Itai, diciendo: "Cuidadme al joven Absalón." Si yo hubiera arriesgado mi vida (y nada se le esconde al rey), tú mismo habrías estado en contra. Joab respondió: —No perderé mi tiempo contigo. Y tomando tres dardos en su mano, los clavó en el corazón de Absalón, que aún estaba vivo en medio de la encina. Luego lo rodearon diez jóvenes, escuderos de Joab, e hirieron a Absalón y lo remataron. Entonces Joab tocó la corneta, y el pueblo dejó de perseguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo. Tomaron después a Absalón, lo echaron en un gran hoyo en el bosque y levantaron sobre él un gran montón de piedras. Y todo Israel huyó, cada uno a su morada. En vida Absalón había mandado erigir para sí un monumento que está en el Valle del Rey, porque había dicho: "Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre." El puso su nombre a aquel monumento. Y hasta el día de hoy se llama monumento de Absalón. Entonces Ajimaas hijo de Sadoc dijo: —Correré y daré las buenas noticias al rey, de cómo Jehovah le ha librado de mano de sus enemigos. hombres.Joab le respondió: —No serás tú quien lleve las noticias en este día. Las llevarás otro día. No llevarás las noticias en este día, porque el hijo del rey ha muerto. Entonces Joab dijo al etíope: —Vé tú e informa al rey de lo que has visto. El etíope se postró ante Joab y corrió. Entonces Ajimaas hijo de Sadoc volvió a decir a Joab: —Sea como sea, deja que yo también corra tras el etíope. Joab le dijo: —Hijo mío, ¿para qué has de correr, si no te van a dar un premio por las noticias? Pero él respondió: —Sea como sea, correré. Entonces le dijo: —Corre. Ajimaas corrió por el camino de la llanura y pasó al etíope. David estaba sentado entre las dos puertas. El centinela fue a la azotea de la puerta de la muralla, y alzando los ojos miró, y he allí un hombre que corría solo. El centinela llamó e informó al rey. Y el rey dijo: —Si viene solo, trae buenas noticias. En tanto que él iba acercándose, el centinela vio a otro hombre que corría. Y el centinela llamó al portero diciendo: —¡He aquí, otro hombre viene corriendo solo! Y el rey dijo: —Ese también trae buenas noticias. El centinela volvió a decir: —Me parece que el correr del primero es como el correr de Ajimaas hijo de Sadoc. El rey respondió: —Ese es un hombre de bien y trae buenas noticias. Ajimaas llamó y dijo al rey: —¡Paz! Se postró ante el rey con el rostro en tierra y añadió: —¡Bendito sea Jehovah tu Dios, que ha entregado a los hombres que habían levantado su mano contra mi señor el rey! El rey le preguntó: —¿Está bien el joven Absalón? Ajimaas respondió: —Cuando Joab envió al siervo del rey, a tu siervo, vi un gran alboroto, pero no supe de qué se trataba. El rey dijo: —Pasa y detente allí. El pasó y se detuvo. Y he aquí el etíope llegó y dijo: —Reciba mi señor el rey la buena noticia de que Jehovah ha defendido hoy tu causa ante todos los que se levantaron contra ti. El rey preguntó al etíope: —¿Está bien el joven Absalón? El etíope respondió: —Como aquel joven sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levantan contra ti para mal. El rey se estremeció. Subió a la sala que estaba encima de la puerta y lloró. Decía mientras subía: —¡Hijo mío Absalón! ¡Hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que yo muriese en tu lugar, Absalón, hijo mío, hijo mío! Se informó a Joab: "He aquí que el rey llora y hace duelo por Absalón." Aquel día la victoria se convirtió en duelo para todo el pueblo, porque aquel día el pueblo había oído decir: "El rey siente dolor por su hijo." Aquel día el pueblo entró en la ciudad a escondidas, como suelen entrar avergonzados los que han huido de la batalla. El rey cubrió su cara y clamó en alta voz: —¡Hijo mío Absalón! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío! Joab entró en la casa del rey y le dijo: —Hoy has avergonzado la cara de todos tus servidores que hoy han librado tu vida y la vida de tus hijos y de tus hijas, la vida de tus mujeres y la vida de tus concubinas; pues amas a los que te aborrecen y aborreces a los que te aman. Porque has revelado que a ti nada te importan tus oficiales ni tus servidores. Ciertamente ahora sé que si Absalón viviera, aunque todos nosotros estuviésemos muertos, entonces estarías contento. Ahora pues, levántate, sal y habla bondadosamente a tus servidores. Porque juro por Jehovah que si no sales, ni un solo hombre quedará contigo esta noche; y esto será peor para ti que todos los males que te han sobrevenido desde tu juventud hasta ahora. Entonces el rey se levantó y se sentó a la puerta. Se anunció a todo el pueblo diciendo: "He aquí el rey está sentado a la puerta de la ciudad." Y todo el pueblo se presentó ante el rey. Mientras tanto, los israelitas habían huido cada uno a su morada. Y sucedió que todo el pueblo contendía en todas las tribus de Israel, diciendo: "El rey nos ha librado de mano de nuestros enemigos y nos ha salvado de mano de los filisteos, pero ahora ha huido del país por causa de Absalón. Sin embargo, Absalón, a quien habíamos ungido rey sobre nosotros, ha muerto en la batalla. Ahora pues, ¿por qué guardáis silencio con respecto a hacer volver al rey?" Por su parte, el rey David mandó a decir a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: "Hablad a los ancianos de Judá y decidles: ‘¿Por qué seréis vosotros los últimos en hacer volver al rey a su casa, siendo que la palabra de todo Israel ha llegado al rey, a su casa? Vosotros sois mis hermanos, hueso mío y carne mía; ¿por qué, pues, seréis los últimos en hacer volver al rey?’ Asimismo, diréis a Amasa: ‘¿No eres tú hueso mío y carne mía? Así me haga Dios y aun me añada, si no has de ser jefe del ejército delante de mí, de ahora en adelante, en lugar de Joab.’" Así se ganó el corazón de todos los hombres de Judá como el de un solo hombre, y enviaron a decir al rey: "¡Vuelve tú, y todos tus servidores!" Entonces volvió el rey y llegó hasta el Jordán. Y los de Judá habían ido a Gilgal para recibir al rey y hacerlo cruzar el Jordán. También Simei hijo de Gera, de Benjamín, que era de Bajurim, se dio prisa para ir con los hombres de Judá a recibir al rey David. Con él venían 1.000 hombres de Benjamín. Asimismo vino Siba, criado de la casa de Saúl, y con él sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales se apresuraron a llegar al Jordán delante del rey. Y cruzaron el vado para ayudar a pasar a la familia del rey y para hacer lo que a él le pareciera bien. Entonces Simei hijo de Gera se postró ante el rey, cuando éste iba a cruzar el Jordán, y dijo al rey: —Que mi señor no me impute iniquidad, ni se acuerde del mal que hizo tu siervo el día en que mi señor el rey salió de Jerusalén. Que el rey no lo guarde en su corazón, porque yo, tu siervo, reconozco haber pecado, y he aquí que he venido hoy, el primero de toda la casa de José para descender al encuentro de mi señor el rey. Intervino Abisai, hijo de Sarvia, y dijo: —Por esto, ¿no ha de morir Simei, ya que maldijo al ungido de Jehovah? Y David respondió: —¿Qué hay entre mí y vosotros, hijos de Sarvia, para que hoy me seáis adversarios? ¿Habrá de morir hoy alguno en Israel? ¿No sé yo que hoy soy rey sobre Israel? Entonces el rey dijo a Simei: —No morirás. Y el rey se lo juró. También Mefiboset hijo de Saúl descendió al encuentro del rey. No había cuidado sus pies, ni arreglado su bigote, ni lavado su ropa desde el día en que el rey salió hasta el día en que volvió en paz. Cuando él vino a Jerusalén al encuentro del rey, éste le preguntó: —Mefiboset, ¿por qué no fuiste conmigo? El respondió: —Oh mi señor el rey, mi siervo me engañó. Pues tu siervo había dicho: "Aparéjame el asno; montaré en él e iré con el rey." Porque tu siervo es lisiado. El ha calumniado a tu siervo ante mi señor el rey, pero mi señor el rey es como un ángel de Dios. Haz, pues, lo que te parezca bien. Porque toda mi casa paterna no era sino digna de muerte delante de mi señor el rey; sin embargo, tú has puesto a tu siervo entre los que comen a tu mesa. ¿Qué derecho tengo yo aun de clamar al rey? El rey le dijo: —¿Por qué hablar más de tus asuntos? Yo he determinado que tú y Siba os repartáis las tierras. Y Mefiboset dijo al rey: —¡Que él las tome todas, porque mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa! También Barzilai el galadita descendió de Rogelim y cruzó el Jordán con el rey, para despedirse de él en el Jordán. Barzilai era muy anciano; tenía 80 años. El había sustentado al rey cuando permaneció en Majanaim, porque era un hombre muy rico. El rey dijo a Barzilai: —Cruza conmigo; yo te sustentaré junto a mí en Jerusalén. Pero Barzilai dijo al rey: —¿Cuántos años me quedarán de vida, para que yo suba con el rey a Jerusalén? Yo tengo ahora 80 años; ¿podré distinguir entre lo bueno y lo malo? ¿Podrá saborear tu siervo lo que coma o beba? ¿Podré todavía oír la voz de los hombres y de las mujeres que cantan? ¿Para qué ha de ser tu siervo una carga más para mi señor el rey? ¿Por qué me ha de dar el rey esta recompensa? Tu siervo pasará un poco más allá del Jordán con el rey. Por favor, deja a tu siervo que vuelva y que muera en mi ciudad, junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. Pero aquí tienes a tu siervo Quimjam; que pase él con mi señor el rey, y haz por él lo que te parezca bien. Entonces el rey dijo: —Que pase Quimjam conmigo, y yo haré por él lo que te parezca bien. Todo lo que tú me pidas yo te lo haré. Todo el pueblo cruzó el Jordán, y también cruzó el rey. Luego el rey besó a Barzilai y lo bendijo, y éste regresó a su casa. Entonces el rey prosiguió a Gilgal, y Quimjam fue con él. Todo el pueblo de Judá y la mitad del pueblo de Israel acompañaban al rey. Y he aquí que todos los hombres de Israel vinieron al rey y le preguntaron: —¿Por qué te raptaron nuestros hermanos, los hombres de Judá, y han hecho cruzar el Jordán al rey y a su familia, y con él a todos los hombres de David? Todos los hombres de Judá respondieron a los hombres de Israel: —Porque el rey es nuestro pariente cercano. Pero, ¿por qué os enojáis vosotros por esto? ¿Acaso hemos comido a costa del rey, o nos ha dado obsequios? Los hombres de Israel respondieron a los de Judá y dijeron: —Nosotros tenemos en el rey diez partes, y más derecho sobre David que vosotros. ¿Por qué, pues, nos habéis tenido en poco? ¿Acaso no hablamos nosotros primero de hacer volver a nuestro rey? Pero las palabras de los hombres de Judá fueron más duras que las palabras de los hombres de Israel. Ocurrió que se hallaba allí un hombre perverso que se llamaba Seba hijo de Bicri, de Benjamín. Este tocó la corneta y dijo: —¡Nosotros no tenemos parte en David ni heredad en el hijo de Isaí! ¡Cada uno a su morada, oh Israel! Así todos los hombres de Israel abandonaron a David y siguieron a Seba hijo de Bicri. Pero los hombres de Judá siguieron fielmente a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén. Cuando David llegó a su palacio en Jerusalén, tomó a las diez mujeres concubinas que había dejado para guardar el palacio, y las recluyó en una casa. El las sustentó, pero nunca más se unió a ellas, sino que quedaron recluidas, viviendo como viudas hasta el día de su muerte. Después el rey dijo a Amasa: —Convócame a los hombres de Judá para dentro de tres días, y tú preséntate también aquí. Amasa fue a convocar a Judá, pero se retrasó más del tiempo que le había sido señalado. Entonces dijo David a Abisai: —Seba hijo de Bicri nos hará ahora más daño que Absalón. Toma tú a los servidores de tu señor y persíguelo, no sea que halle para sí ciudades fortificadas y se nos pierda de vista. En pos de Abisai salieron los hombres de Joab, los quereteos, los peleteos y todos los valientes. Salieron de Jerusalén para perseguir a Seba hijo de Bicri. Y cuando estaban cerca de la gran piedra que está en Gabaón, Amasa vino ante ellos. Joab estaba vestido con su uniforme militar y encima llevaba un cinturón y una espada sujeta en su vaina, la cual se le cayó cuando él avanzó. Joab dijo a Amasa: —¿Te va bien, hermano mío? Y tomó con la mano derecha la barba de Amasa para besarlo. Como Amasa no se cuidó de la espada que Joab tenía en la mano, éste le hirió con ella en el vientre y derramó sus entrañas por tierra. Cayó muerto, sin necesidad de un segundo golpe. Después Joab y su hermano Abisai continuaron persiguiendo a Seba hijo de Bicri. Luego uno de los hombres de Joab se puso de pie junto a Amasa, y dijo: —¡Cualquiera que esté a favor de Joab y a favor de David, que siga a Joab! Mientras tanto, Amasa yacía revolcándose en su sangre en medio del camino, y todo el que pasaba se detenía junto a él al verle. Y viendo aquel hombre que todo el pueblo se detenía, apartó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él una manta. Luego que fue apartado del camino, siguieron adelante todos los hombres tras Joab para perseguir a Seba hijo de Bicri. Seba había pasado por todas las tribus de Israel hasta Abel-bet-maaca, y todos los de Barim se congregaron y lo siguieron también. Entonces llegaron y le sitiaron en Abel-bet-maaca, y construyeron un terraplén contra la ciudad, el cual se apoyaba sobre la muralla exterior. Y toda la gente que estaba con Joab golpeaba el muro para derribarlo. Entonces una mujer sabia dio voces desde la ciudad: —¡Escuchad! ¡Escuchad! Por favor, decid a Joab: "Acércate acá para que yo hable contigo." Cuando él se acercó a ella, la mujer preguntó: —¿Eres tú Joab? El respondió: —Sí, yo soy. Ella le dijo: —Escucha las palabras de tu sierva. El respondió: —Yo escucho. Entonces ella volvió a hablar y dijo: —Antiguamente se solía decir: "El que consulte, que consulte en Abel." Y así se concluía todo asunto. Yo soy una de las pacíficas y fieles de Israel, y tú procuras arrasar una ciudad que es madre en Israel. ¿Por qué devorarás la heredad de Jehovah? Joab respondió diciendo: —¡Lejos, lejos esté de mí que yo devore o destruya! No es así el asunto; sino que un hombre de la región montañosa de Efraín, que se llama Seba hijo de Bicri, ha levantado su mano contra el rey, contra David. Entregad sólo a él, y me iré de la ciudad. La mujer dijo a Joab: —He aquí que su cabeza te será arrojada de detrás del muro. La mujer fue a todo el pueblo con su sabiduría, y ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri y se la arrojaron a Joab. Este tocó la corneta, y se retiraron de la ciudad, cada uno a su morada. Y Joab regresó al rey en Jerusalén. Joab estaba al mando de todo el ejército de Israel. Benaías hijo de Joyada estaba al mando de los quereteos y de los peleteos. Adoniram estaba a cargo del tributo laboral. Josafat hijo de Ajilud era el cronista. Seva era el escriba. Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes. También Ira el jaireo era sacerdote de David. Aconteció en los días de David que hubo hambre durante tres años consecutivos. David buscó el rostro de Jehovah, y Jehovah le dijo: —Es por causa de Saúl y su casa sanguinaria, porque él dio muerte a los gabaonitas. Entonces el rey llamó a los gabaonitas y les habló. Los gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino del remanente de los amorreos, a los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento. Pero debido a su celo por los hijos de Israel y de Judá, Saúl había procurado matarlos.Samuel 22 David preguntó a los gabaonitas: —¿Qué haré por vosotros y con qué haré compensación, para que bendigáis la heredad de Jehovah? Los gabaonitas le respondieron: —No tenemos pleito sobre plata ni oro con Saúl ni con su casa. Tampoco queremos que muera nadie en Israel. El les dijo: —Haré por vosotros lo que digáis. Ellos respondieron al rey: —De aquel hombre que nos destruyó y maquinó contra nosotros para exterminarnos, sin dejar nada de nosotros en todo el territorio de Israel, que nos den siete hombres de sus descendientes para que los ahorquemos delante de Jehovah en Gabaa de Saúl, el escogido de Jehovah. El rey dijo: —Os los daré. El rey perdonó la vida a Mefiboset hijo de Jonatán, hijo de Saúl, por el juramento de Jehovah que había entre ellos, entre David y Jonatán hijo de Saúl. Pero tomó a dos hijos de Rizpa hija de Ayías, que ella había dado a luz a Saúl, a saber: Armoni y Mefiboset. También tomó a cinco hijos de Merab hija de Saúl, que ella había dado a luz a Adriel hijo de Barzilai el mejolatita. Los entregó en mano de los gabaonitas, y ellos los ahorcaron en el monte delante de Jehovah; y murieron los siete juntos. Ellos fueron muertos en los primeros días de la siega, al comienzo de la siega de la cebada. Y Rizpa hija de Ayías tomó una manta de cilicio y se la tendió sobre una roca, desde el principio de la siega hasta que empezó a llover sobre ellos agua del cielo, sin dejar que ningún ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni los animales del campo de noche. Informaron a David de lo que hacía Rizpa hija de Ayías, concubina de Saúl; y David fue y tomó los restos de Saúl y los restos de su hijo Jonatán, de los señores de Jabes, en Galaad, quienes los habían tomado secretamente de la plaza de Bet-seán, donde los filisteos los habían colgado el día que éstos derrotaron a Saúl en Gilboa. Hizo traer de allá los restos de Saúl y los restos de su hijo Jonatán, y recogieron los restos de los ahorcados. Luego sepultaron los restos de Saúl y los de su hijo Jonatán en territorio de Benjamín, en Zela, en el sepulcro de su padre Quis; e hicieron todo lo que el rey había mandado. Y después de esto, Dios atendió las súplicas con respecto a la tierra. Aconteció que hubo otra batalla de los filisteos contra Israel. David descendió con sus servidores y combatieron contra los filisteos, y David quedó extenuado. Entonces Isbi-benob, uno de los descendientes de Harafa, cuya lanza pesaba 300 siclos de bronce, ceñido con una espada nueva, trató de matar a David. Pero Abisai, hijo de Sarvia, le socorrió, hirió al filisteo y lo mató. Entonces los hombres de David le juraron diciendo: "No saldrás más con nosotros a la batalla, no sea que apagues la lámpara de Israel." Aconteció después de esto que hubo otra batalla contra los filisteos en Gob. Entonces Sibecai, de Husa, mató a Saf, uno de los descendientes de Harafa. Hubo otra batalla contra los filisteos en Gob. Entonces Eljanán hijo de Jaare-oreguim, de Belén, mató a Goliat el geteo, el asta de cuya lanza era como un rodillo de telar. Y hubo otra batalla en Gat, donde había un hombre de gran estatura, el cual tenía seis dedos en cada mano y seis dedos en cada pie, veinticuatro en total. El también era un descendiente de Harafa. El desafió a Israel, pero lo mató Jonatán hijo de Simea, hermano de David. Estos cuatro eran descendientes de Harafa en Gat, y cayeron por mano de David y por mano de sus servidores. David dirigió a Jehovah las palabras de este cántico, el día que Jehovah le libró de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl. El dijo: "Jehovah es mi roca, mi fortaleza y mi libertador. Dios es mi peña; en él me refugiaré. El es mi escudo, el poder de mi liberación, mi baluarte, mi refugio y mi salvador. Tú me salvas de la violencia. "Invocaré a Jehovah, quien es digno de ser alabado, y seré librado de mis enemigos. Ciertamente me rodearon las olas de la muerte, y los torrentes de la perversidad me atemorizaron. Me rodearon las ligaduras del Seol; me confrontaron los lazos de la muerte. "En mi angustia invoqué a Jehovah; invoqué a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó a sus oídos. "La tierra se estremeció y tembló; se conmovieron los cimientos de los cielos. Se estremecieron, porque él se airó. Humo subió de su nariz; de su boca salió fuego consumidor, y carbones encendidos saltaban de él. Inclinó los cielos y descendió; una densa oscuridad había debajo de sus pies. Cabalgó sobre un querubín y voló; se remontó sobre las alas del viento. Puso tinieblas alrededor de sí como su morada, oscuridad de aguas y densas nubes. Por el resplandor de su presencia se encendieron carbones de fuego. "Jehovah tronó desde los cielos; el Altísimo dio su voz. Envió flechas y los dispersó; arrojó relámpagos y los desconcertó. A la reprensión de Jehovah, por el soplo del aliento de su nariz, se hicieron visibles los lechos del mar, y se descubrieron los cimientos del mundo. "Envió desde lo alto y me tomó; me sacó de las aguas caudalosas. Me libró de mi poderoso enemigo y de los que me aborrecían, pues eran más fuertes que yo. Se enfrentaron a mí el día de mi desgracia, pero Jehovah fue mi apoyo. El me sacó a un lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí. "Jehovah me ha pagado conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado. Porque he guardado los caminos de Jehovah, y no me he apartado impíamente de mi Dios. Porque delante de mí han estado todos sus juicios, y no he apartado de mí sus estatutos. Fui íntegro para con él, y me guardé de mi maldad. Por tanto, Jehovah me ha recompensado conforme a mi justicia, conforme a mi limpieza ante sus ojos. "Con el misericordioso te muestras misericordioso, e íntegro con el hombre íntegro. Con el limpio te muestras limpio, y eres sagaz con el perverso. Salvas al pueblo humilde; pero tus ojos humillan a los altivos. Ciertamente tú eres mi lámpara, oh Jehovah; Jehovah ilumina mis tinieblas. Contigo desbarataré ejércitos; con mi Dios saltaré murallas. "Perfecto es el camino de Dios; probada es la palabra de Jehovah. El es escudo a todos los que en él se refugian. Porque, ¿quién es Dios fuera de Jehovah? ¿Quién es Roca fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de vigor, y hace perfecto mi camino. Hace que mis pies sean ágiles como los del venado, y me mantiene firme sobre mis alturas. Adiestra mis manos para la batalla; así mis brazos pueden tensar el arco de bronce. "Me has dado el escudo de tu salvación; tu condescendencia me ha engrandecido. Tú has ensanchado mis pasos debajo de mí, para que no tiemblen mis tobillos. Perseguí a mis enemigos y los destruí; no volví sino hasta acabarlos. Los consumí; los golpeé, y no pudieron levantarse; cayeron debajo de mis pies. Me ceñiste de poder para la batalla; doblegaste a mis enemigos debajo de mí. Hiciste que mis enemigos me dieran las espaldas, y destruí a los que me aborrecían. Clamaron, pero no hubo quien los salvase. Clamaron a Jehovah, pero él no les respondió. Los desmenucé como polvo de la tierra; los deshice como lodo de la calle y los aplasté. "Tu me libraste de las contiendas de mi pueblo, y me guardaste como jefe de las naciones. Aun los pueblos que yo no conocía me sirvieron. Los hijos de los extranjeros me adulaban; apenas oían de mí, me rendían obediencia. Los hijos de los extranjeros se desvanecían y salían temblando de sus escondrijos. "¡Viva Jehovah! ¡Bendita sea mi Roca! Sea ensalzado Dios, la roca de mi salvación, el Dios que ejecuta mi venganza; somete a los pueblos debajo de mí y me aparta de mis enemigos. Tú me has enaltecido sobre mis adversarios, y me has librado del hombre violento. Por eso te confesaré entre las naciones, oh Jehovah, y cantaré salmos a tu nombre. "El engrandece las victorias de su rey y muestra misericordia a su ungido: a David y a sus descendientes, para siempre." Estas son las últimas palabras de David: "Dijo David hijo de Isaí, dijo el hombre a quien Dios levantó, el ungido del Dios de Jacob, el dulce salmista de Israel: "El Espíritu de Jehovah ha hablado por medio de mí, y su palabra ha estado en mi lengua. El Dios de Israel ha dicho; me ha hablado la Roca de Israel: ‘El que gobierna a los hombres con justicia, el que gobierna con el temor de Dios, es como la luz matutina cuando sale el sol en un amanecer sin nubes; es como el resplandor tras la lluvia que hace germinar la hierba de la tierra.’ "¿No es así mi casa para con Dios? Pues él ha hecho conmigo un pacto eterno, ordenado en todas las cosas y seguro, aunque mi plena salvación y todo mi anhelo él no los haga todavía prosperar. "Pero los perversos, todos ellos, serán arrancados como espinas, las cuales nadie toma con la mano. Nadie las tocará excepto con un hierro o con un asta de lanza. Y con fuego serán totalmente consumidos en su lugar." Estos son los nombres de los valientes que tenía David: Joseb-basebet el tacmonita, jefe de los tres. El blandió su lanza contra 800, y los mató de una sola vez. Después de él estaba Eleazar hijo de Dodo, hijo de Ajoji. El era uno de los tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los filisteos que se reunieron allí para la batalla, y se retiraron los hombres de Israel. El se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó y se le quedó pegada a la espada. Aquel día Jehovah dio una gran victoria, y el pueblo fue tras él sólo para tomar el botín. Después de él estaba Sama hijo de Age el hararita. Cuando los filisteos se reunieron en Leji, había allí una parcela de tierra sembrada de lentejas. El pueblo había huido ante los filisteos, pero él se puso firme en medio de la parcela y la defendió, derrotando a los filisteos. Y Jehovah les dio una gran victoria. Tres de los treinta principales descendieron y fueron a la cueva de Adulam, donde estaba David, en el tiempo de la siega, mientras el ejército de los filisteos acampaba en el valle de Refaím. David estaba entonces en la fortaleza, y un destacamento de los filisteos estaba en Belén. Entonces David sintió un vivo deseo y dijo: "¡Quién me diera de beber agua del pozo de Belén, que está junto a la puerta!" Entonces los tres valientes irrumpieron en el campamento de los filisteos y sacaron agua del pozo de Belén, que estaba junto a la puerta. Se la llevaron y la presentaron a David. Pero él no la quiso beber, sino que la derramó como una libación a Jehovah, diciendo: "¡Lejos esté de mí, oh Jehovah, el hacer esto! ¿No es la sangre de los hombres que fueron con riesgo de sus vidas?" Y no quiso beberla. Estas cosas hicieron los tres valientes. Abisai, hermano de Joab, hijo de Sarvia, era el jefe de los treinta. El blandió su lanza contra 300 y los mató, y tuvo renombre junto con los tres. Entre los treinta, él era el más respetado y fue su jefe; pero no fue incluido entre los tres. Benaías hijo de Joyada era hijo de un hombre valeroso de Cabseel, de grandes hazañas. El mató a los dos héroes de Moab. El descendió y mató un león dentro de un foso, un día de nieve. El también mató a un egipcio, hombre de gran apariencia. El egipcio tenía en su mano una lanza, y Benaías salió a su encuentro con un palo, pero arrebató la lanza de la mano del egipcio y lo mató con su propia lanza. Estas cosas hizo Benaías hijo de Joyada y tuvo renombre junto con los tres valientes. El era respetado entre los treinta, pero no llegó a estar entre los tres. David lo puso al frente de su guardia personal. También estaban entre los treinta: Asael, hermano de Joab; Eljanán hijo de Dodo, de Belén; Sama, de Harod; Elica, de Harod; Heles el peletita; Ira hijo de Iques, de Tecoa; Abiezer, de Anatot; Mebunai, de Husa; Salmón el ajojita; Maharai, de Netofa; Heleb hijo de Baaná, de Netofa; Itai hijo de Ribai, de Gabaa de los hijos de Benjamín; Benaías, de Piratón; Hidai, de los arroyos de Gaas; Abi-albón, de Arabá; Azmávet el barjumita; Eliaba, de Saalbín; Jonatán de los hijos de Jasén; Sama el hararita; Ajiam hijo de Sarar, el ararita; Elifelet hijo de Ajasbai, hijo del macateo; Eliam hijo de Ajitofel el gilonita; Hezrai, de Carmel; Paarai el arbita; Igal hijo de Natán, de Soba; Bani el gadita; Selec el amonita; Najarai, de Beerot, escudero de Joab, hijo de Sarvia; Ira, de Jatir; Gareb, de Jatir; Urías el heteo. Entre todos eran treinta y siete. Volvió a encenderse el furor de Jehovah contra Israel, e incitó a David contra ellos, diciendo: "Vé y haz el censo de Israel y de Judá." El rey dijo a Joab, jefe del ejército, que estaba con él: —Por favor, recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y haz el censo del pueblo, para que yo sepa el número de la gente. Pero Joab respondió al rey: —¡Que Jehovah tu Dios añada al pueblo cien veces más, y que mi señor el rey lo vea! Sin embargo, ¿para qué quiere esto mi señor el rey? Pero la palabra del rey prevaleció contra Joab y contra los jefes del ejército. Entonces salió Joab con los jefes del ejército de la presencia del rey, para hacer el censo del pueblo de Israel. Habiendo cruzado el Jordán, acamparon en Aroer, al sur de la ciudad que está en medio del valle de Gad; y luego fueron a Jazer. Después fueron a Galaad y a la tierra de Tajtim-hodsi. De allí fueron a Dan, a Jaán y a los alrededores de Sidón. Fueron luego a la fortaleza de Tiro y a todas las ciudades de los heveos y de los cananeos. Por último, salieron hacia el Néguev de Judá, hasta Beerseba. Después que recorrieron todo el territorio, volvieron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días. Joab dio al rey el resultado del censo del pueblo: Los hombres de guerra de Israel que sacaban espada eran 800.000, y los hombres de Judá eran 500.000. Después que David había hecho contar al pueblo, su corazón le golpeaba. Y David dijo a Jehovah: —He pecado gravemente al haber hecho esto. Pero ahora, oh Jehovah, quita, por favor, el pecado de tu siervo, porque he actuado muy neciamente. Cuando se levantó David por la mañana, vino palabra de Jehovah al profeta Gad, vidente de David, diciendo: —Vé y di a David que así ha dicho Jehovah: "Tres cosas te propongo; escoge para ti una de ellas, y yo te la haré." Entonces Gad fue a David y se lo hizo saber diciendo: —¿Que te vengan siete años de hambre en tu país? ¿O que huyas durante tres meses de tus adversarios y que ellos te persigan? ¿O que haya una epidemia en tu país durante tres días? Ahora, pues, piensa y mira qué he de responder al que me ha enviado. Entonces David dijo a Gad: —Estoy muy angustiado. Por favor, caigamos en mano de Jehovah, porque grande es su misericordia. Y no caiga yo en mano de los hombres. Así que Jehovah envió una epidemia a Israel, desde aquella mañana hasta el tiempo señalado, y murieron 70.000 hombres del pueblo, desde Dan hasta Beerseba. Cuando el ángel extendía su mano hacia Jerusalén para destruirla, Jehovah cambió de parecer acerca de aquel mal. Y dijo al ángel que destruía al pueblo: —¡Basta ya! ¡Detén tu mano! El ángel de Jehovah estaba junto a la era de Arauna el jebuseo. Y cuando David vio al ángel que hería al pueblo, dijo a Jehovah: —He aquí, yo he pecado; yo he actuado perversamente. Pero estas ovejas, ¿qué han hecho? Por favor, sea tu mano contra mí y contra mi casa paterna. Aquel día Gad fue a David y le dijo: —Sube y erige un altar a Jehovah en la era de Arauna el jebuseo. David subió, conforme a la palabra de Gad que Jehovah le había mandado. Arauna miró y vio al rey y a sus servidores que venían hacia él. Arauna salió y se postró ante el rey con el rostro en tierra. Y Arauna preguntó: —¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? David respondió: —Para comprarte la era y edificar un altar a Jehovah, a fin de que cese la epidemia en el pueblo. Arauna respondió a David: —Tómela y ofrezca mi señor el rey lo que le parezca bien. Mira los bueyes para el holocausto, y los trillos y yugos de los bueyes para leña. Todo, oh rey, se lo da Arauna al rey. —Dijo además Arauna al rey—: ¡Que Jehovah tu Dios te acepte! Pero el rey respondió a Arauna: —No, sino que por su precio te lo compraré, porque no ofreceré a Jehovah mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por 50 siclos. David edificó allí un altar a Jehovah, y ofreció holocaustos y sacrificios de paz. Así Jehovah atendió las súplicas en favor de la tierra, y cesó la epidemia en Israel. Cuando el rey David era anciano, de edad avanzada, lo cubrían con ropas, pero no se calentaba. Por tanto, sus servidores le dijeron: "Que busquen para mi señor el rey una joven virgen, a fin de que esté en la presencia del rey, le atienda y duerma en su seno, para que dé calor a mi señor el rey." Entonces buscaron a una joven bella por todo el territorio de Israel. Hallaron a Abisag la sunamita y la llevaron al rey. La joven era sumamente bella. Ella atendía al rey y le servía, pero el rey no la conoció. Entonces Adonías, hijo de Haguit, se enalteció diciendo: "¡Yo seré rey!" Y se consiguió un carro, jinetes y cincuenta hombres que corriesen delante de él. En toda su vida, su padre no le había contrariado diciéndole: "¿Por qué has actuado así?" El era también de muy buena presencia y había nacido después de Absalón. Adonías tenía tratos con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar. Ellos respaldaban a Adonías; pero el sacerdote Sadoc, Benaías hijo de Joyada, el profeta Natán, Simei, Rei y los valientes que tenía David no seguían a Adonías. Adonías mató ovejas, vacas y ganado engordado junto a la peña de Zojélet, que está cerca de En-rogel; e invitó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los hombres de Judá, servidores del rey. Pero no invitó al profeta Natán, ni a Benaías, ni a los valientes, ni a su hermano Salomón. Entonces Natán habló a Betsabé, madre de Salomón, diciendo: —¿No has oído que reina Adonías, hijo de Haguit, sin que lo sepa nuestro señor David? Ahora pues, ven, déjame darte un consejo para que salves tu vida y la vida de tu hijo Salomón: Vé, entra a la presencia del rey David y dile: "Mi señor el rey, ¿no has jurado tú a tu sierva diciendo: ‘Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono’? ¿Por qué, pues, reina Adonías?" Mientras tú aún estés allí hablando con el rey, he aquí que yo entraré detrás de ti y confirmaré tus palabras. Entonces Betsabé entró en el dormitorio del rey. El rey era muy anciano, y Abisag la sunamita le servía. Betsabé se inclinó y se postró ante el rey, y éste preguntó: —¿Qué quieres? Ella le respondió: —Señor mío, tú has jurado a tu sierva por Jehovah tu Dios: "Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono." Pero ahora, he aquí que reina Adonías; y tú, mi señor el rey, no lo sabes. El ha matado numerosos bueyes, ganado engordado y ovejas; ha invitado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar y a Joab, jefe del ejército; pero no ha invitado a tu siervo Salomón. Ahora bien, oh mi señor el rey, los ojos de todo Israel están puestos en ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey, después de él. De otra manera, acontecerá que cuando mi señor el rey repose con sus padres, mi hijo Salomón y yo seremos tenidos por culpables. Y he aquí, mientras ella todavía hablaba con el rey, llegó el profeta Natán. E informaron al rey diciendo: —El profeta Natán está aquí. Cuando él entró a la presencia del rey, se postró a tierra sobre su rostro ante el rey. Entonces dijo Natán: —Mi señor el rey, ¿has dicho tú: "Adonías reinará después de mí, y él se sentará en mi trono"? Porque hoy ha descendido y ha matado numerosos bueyes, ganado engordado y ovejas. Ha invitado a todos los hijos del rey, a los jefes del ejército y al sacerdote Abiatar. He aquí, ellos están comiendo y bebiendo ante él, y han dicho: "¡Viva el rey Adonías!" Pero no me ha invitado a mí, tu siervo; ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaías hijo de Joyada, ni a tu siervo Salomón. ¿Ha sido ordenado este asunto por mi señor el rey, sin haber informado a tu siervo quién se habría de sentar en el trono de mi señor el rey, después de él? Entonces el rey David respondió diciendo: —Llamadme a Betsabé. Ella entró a la presencia del rey y se puso de pie delante de él. Y el rey juró diciendo: —¡Vive Jehovah que rescató mi alma de toda adversidad, que como yo te he jurado por Jehovah Dios de Israel, diciendo: "Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en mi lugar," ciertamente así lo haré en el día de hoy! Entonces Betsabé se inclinó con el rostro a tierra y se postró ante el rey, diciendo: —¡Viva para siempre mi señor, el rey David! Y el rey David dijo: —Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Benaías hijo de Joyada. Ellos entraron a la presencia del rey, y el rey les dijo: —Tomad con vosotros a los servidores de vuestro señor, haced montar a mi hijo Salomón sobre mi mula y hacedle descender a Guijón. El sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo ungirán allí rey de Israel. Luego tocaréis la corneta y diréis "¡Viva el rey Salomón!" Después subiréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará en mi lugar; porque a él le he designado para que sea el soberano de Israel y de Judá. Benaías hijo de Joyada respondió al rey diciendo: —¡Amén! Así lo diga Jehovah, Dios de mi señor el rey. De la manera que Jehovah ha estado con mi señor el rey, así esté con Salomón y engrandezca su trono más que el trono de mi señor, el rey David. El sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaías hijo de Joyada, los quereteos y los peleteos descendieron e hicieron montar a Salomón sobre la mula del rey David y lo condujeron a Guijón. Entonces el sacerdote Sadoc tomó del tabernáculo el cuerno de aceite y ungió a Salomón. Luego tocaron la corneta, y todo el pueblo gritó: —¡Viva el rey Salomón! Después todo el pueblo subió tras él. La gente tocaba flautas y se regocijaba con tal regocijo que la tierra se partía con el estruendo de ellos. Cuando habían acabado de comer, Adonías lo oyó, junto con todos los invitados que estaban con él. Y al oír Joab el sonido de la corneta, dijo: —¿Por qué se alborota la ciudad con bullicio? Mientras él aún hablaba, he aquí que llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar; y Adonías le dijo: —Entra, porque tú eres hombre valeroso y traerás buenas noticias. Jonatán respondió y dijo a Adonías: —Al contrario; porque nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón. El rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, a Benaías hijo de Joyada y también a los quereteos y a los peleteos, los cuales le han hecho montar sobre la mula del rey. El sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo han ungido rey en Guijón. De allá han subido con gran regocijo, y la ciudad está llena de bullicio. Este es el alboroto que habéis oído. Además, Salomón se ha sentado en el trono real. También los servidores del rey han ido a congratular a nuestro señor el rey David, diciendo: "¡Tu Dios haga el nombre de Salomón más ilustre que tu nombre y engrandezca su trono más que el tuyo!" El mismo rey ha hecho reverencia desde su cama, y el rey también ha hablado así: "¡Bendito sea Jehovah Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, y que mis ojos lo vean!" Entonces todos los invitados que estaban con Adonías se estremecieron, se levantaron y se fueron, cada uno por su camino. Pero Adonías, temiendo a Salomón, se levantó y fue a asirse de los cuernos del altar. E informaron a Salomón diciendo: —He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón, y se ha asido de los cuernos del altar, diciendo: "¡Que me jure ahora el rey Salomón que no matará a espada a su siervo!" Entonces Salomón dijo: —Si demuestra ser un hombre digno, ni uno de sus cabellos caerá en tierra; pero si se halla maldad en él, morirá. El rey Salomón mandó que le hicieran bajar del altar. El vino y se postró ante el rey Salomón. Y Salomón le dijo: —Vete a tu casa. Cuando se acercaban los días de la muerte de David, mandó a su hijo Salomón diciendo: "Yo me voy por el camino de todo el mundo. Tú, esfuérzate y sé hombre. Guarda lo que Jehovah tu Dios te ha encomendado, para andar en sus caminos y guardar sus estatutos, sus mandamientos, sus decretos y sus testimonios, como está escrito en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y en todo lo que emprendas; a fin de que Jehovah cumpla su promesa que hizo acerca de mí, diciendo: ‘Si tus hijos guardan sus caminos andando delante de mí con fidelidad, con todo su corazón y con toda su alma, jamás te faltará un hombre sobre el trono de Israel.’ "También tú sabes lo que me hizo Joab, hijo de Sarvia: lo que hizo a dos jefes del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner y a Amasa hijo de Jeter, a quienes mató derramando sangre de guerra en tiempo de paz y poniendo sangre de guerra en el cinturón que llevaba sobre sus lomos y en el calzado que tenía en sus pies. Tú harás conforme a tu sabiduría; no dejarás que sus canas desciendan en paz al Seol. "Pero mostrarás benevolencia a los hijos de Barzilai el galadita. Que ellos estén entre los que comen a tu mesa, porque se pusieron a mi lado cuando yo iba huyendo de tu hermano Absalón. "He aquí, tienes contigo a Simei hijo de Gera, el benjaminita de Bajurim, quien me maldijo con una cruel maldición el día que yo iba a Majanaim. Pero cuando él mismo descendió a recibirme al Jordán, le juré por Jehovah diciendo: ‘No te mataré a espada.’ Pero ahora no lo absolverás. Puesto que tú eres un hombre sabio, sabrás lo que debes hacer con él; harás descender sus canas con sangre al Seol." Entonces David reposó con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David. El tiempo que David reinó sobre Israel fue de 40 años. En Hebrón reinó 7 años, y en Jerusalén reinó 33 años. Salomón se sentó en el trono de su padre David, y su reino fue firmemente establecido. Entonces Adonías, hijo de Haguit, fue a Betsabé, madre de Salomón, y ella le preguntó: —¿Es pacífica tu visita? El respondió: —Es pacífica. —Y añadió—: Tengo que decirte algo. Ella dijo: —Habla. El dijo: —Tú sabes que el reino era mío y que todo Israel había puesto la mirada en mí, para que yo reinara. Pero el reino cambió de manos y pasó a ser de mi hermano, porque por determinación de Jehovah era suyo. Ahora, yo te hago una petición; no me la niegues. Ella le dijo: —Habla. Entonces él dijo: —Por favor, habla al rey Salomón, porque él no te lo negará, para que me dé por mujer a Abisag la sunamita. Y Betsabé dijo: —Bien, yo hablaré al rey por ti. Betsabé fue al rey Salomón para hablarle a favor de Adonías. El rey se levantó para recibirla y le hizo reverencia. Volvió a sentarse en su trono e hizo poner una silla para la madre del rey, quien se sentó a su derecha. Entonces ella dijo: —Te haré una pequeña petición; no me la niegues. El rey le dijo: —Pide, madre mía, que no te la negaré. Ella dijo: —Que Abisag la sunamita sea dada por mujer a tu hermano Adonías. El rey Salomón respondió y dijo a su madre: —¿Por qué pides a Abisag la sunamita para Adonías? ¡Pide también el reino para él, porque es mi hermano mayor, y además tiene de su parte al sacerdote Abiatar y a Joab, hijo de Sarvia! Entonces el rey Salomón juró por Jehovah diciendo: —¡Así me haga Dios y aun me añada, que Adonías ha hablado estas palabras contra su propia vida! Ahora pues, vive Jehovah que me ha confirmado, me ha hecho sentar en el trono de mi padre David y me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy mismo. Entonces el rey Salomón envió a Benaías hijo de Joyada, quien arremetió contra Adonías, y éste murió. Después dijo el rey al sacerdote Abiatar: —Vete a tus campos en Anatot, pues tú eres digno de muerte. Pero no te mataré hoy, porque has llevado el arca del Señor Jehovah delante de mi padre David, y porque has participado de todo aquello que mi padre sufrió. Así excluyó Salomón a Abiatar de ser sacerdote de Jehovah, cumpliéndose la palabra que Jehovah había hablado en Silo acerca de la casa de Elí. La noticia llegó hasta Joab, porque Joab también se había adherido a Adonías, aunque no se había adherido a Absalón. Joab huyó al tabernáculo de Jehovah y se asió de los cuernos del altar. Informaron al rey Salomón que Joab había huido al tabernáculo de Jehovah y que estaba junto al altar. Entonces Salomón envió a Benaías hijo de Joyada, diciendo: —¡Vé y arremete contra él! Benaías entró en el tabernáculo de Jehovah y le dijo: —El rey dice que salgas. El dijo: —No, sino que aquí moriré. Benaías llevó la respuesta al rey diciendo: —Así ha dicho Joab, y así me ha respondido… Entonces el rey le dijo: —Haz como él ha dicho. Arremete contra él, y sepúltalo. Así quitarás de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente. Jehovah hará recaer su sangre sobre su cabeza, porque sin que lo supiera mi padre David, arremetió y mató a espada a dos hombres más justos y mejores que él: a Abner hijo de Ner, jefe del ejército de Israel; y a Amasa hijo de Jeter, jefe del ejército de Judá. La sangre de ellos recaiga sobre la cabeza de Joab y sobre la cabeza de sus descendientes, para siempre. Pero haya paz de parte de Jehovah para David y sus descendientes, y para su casa y su trono, por siempre. Entonces Benaías hijo de Joyada fue, arremetió contra él y lo mató. Y fue sepultado en su casa en el desierto. El rey puso en su lugar, al mando del ejército, a Benaías hijo de Joyada; también el rey puso al sacerdote Sadoc en lugar de Abiatar. Después el rey envió a llamar a Simei y le dijo: —Edifícate una casa en Jerusalén y habita allí. No salgas de allí a ninguna parte, porque debes saber bien que el día que salgas y cruces el arroyo de Quedrón, morirás irremisiblemente; y tu sangre recaerá sobre tu cabeza. Simei dijo al rey: —Está bien lo que dices. Tu siervo hará así como ha dicho mi señor el rey. Simei habitó en Jerusalén mucho tiempo. Pero aconteció, pasados tres años, que se le escaparon a Simei dos esclavos y se fueron a Aquis hijo de Maaca, rey de Gat. E informaron a Simei, diciendo: "He aquí que tus esclavos están en Gat." Entonces Simei se levantó, aparejó su asno y fue a Gat, ante Aquis, para buscar a sus esclavos. Fue, pues, Simei e hizo volver de Gat a sus esclavos. Se le informó a Salomón que Simei había ido de Jerusalén a Gat y que había regresado. El rey envió a llamar a Simei y le dijo: —¿No te hice jurar por Jehovah y te advertí diciendo: "El día que salgas y vayas a alguna parte, ten por cierto que morirás irremisiblemente"? Y tú me dijiste: "Está bien lo que dices; yo obedeceré." ¿Por qué, pues, no guardaste el juramento de Jehovah y el mandato que te impuse? —El rey dijo además a Simei—: Tú conoces, tú conoces bien toda la maldad que cometiste contra mi padre David. Jehovah, pues, ha vuelto tu maldad sobre tu cabeza. El rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme delante de Jehovah para siempre. Entonces el rey mandó a Benaías hijo de Joyada, quien salió y arremetió contra Simei, y éste murió. Así fue consolidado el reino en mano de Salomón. Salomón emparentó con el faraón, rey de Egipto, porque tomó a la hija del faraón y la trajo a la Ciudad de David, mientras acababa de edificar su casa, la casa de Jehovah y los muros alrededor de Jerusalén. Hasta entonces el pueblo ofrecía sacrificios en los lugares altos, porque en aquellos tiempos no había sido edificada una casa al nombre de Jehovah. Salomón amaba a Jehovah y caminaba en los estatutos de su padre David; sólo que sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos. Entonces el rey fue a Gabaón, que era el lugar alto principal, para ofrecer sacrificios allí. Salomón ofreció mil holocaustos sobre aquel altar. En Gabaón Jehovah se apareció a Salomón en el sueño de la noche. Y le dijo Dios: —Pide lo que quieras que yo te dé. Y Salomón respondió: —Tú has mostrado gran misericordia a tu siervo David, mi padre, porque él anduvo delante de ti con fidelidad, con justicia y con rectitud de corazón para contigo. Tú le has conservado esta gran misericordia y le has dado un hijo que se siente en su trono, como en este día. Y ahora, oh Jehovah, Dios mío, tú has constituido a tu siervo rey en lugar de mi padre David, a pesar de que yo soy muy joven y no sé cómo salir ni entrar. Tu siervo está en medio de tu pueblo al cual escogiste; un pueblo tan numeroso que por su multitud no se puede contar ni se puede numerar. Da, pues, a tu siervo un corazón que sepa escuchar, para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo. Porque, ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande? Pareció bien al Señor que Salomón pidiese esto. Y Dios le dijo: —Porque has pedido esto, y no has pedido para ti muchos años, ni has pedido para ti riquezas, ni has pedido la vida de tus enemigos, sino que has pedido para ti discernimiento para administrar justicia, he aquí que yo haré conforme a tus palabras. He aquí que yo te daré un corazón sabio y entendido, tal que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. Y también te daré las cosas que no has pedido: riquezas y gloria tales que no haya nadie como tú entre los reyes en todos tus días. Y si andas en mis caminos, guardando mis leyes y mis mandamientos, como anduvo tu padre David, yo prolongaré tus días. Cuando Salomón despertó, he aquí que había sido un sueño. Entonces volvió a Jerusalén, se puso de pie delante del arca del pacto del Señor, ofreció holocaustos e hizo sacrificios de paz. También dio un banquete a todos sus servidores. Por aquel entonces dos prostitutas vinieron al rey y se pusieron de pie delante de él. Una de ellas dijo: —¡Ay, señor mío! Esta mujer y yo habitábamos en la misma casa. Yo di a luz mientras estaba en la casa con ella. Y sucedió que tres días después de mi parto, esta mujer también dio a luz. Las dos estábamos juntas, y nadie de fuera estaba con nosotras en casa; sólo nosotras dos estábamos en casa. Cierta noche murió el hijo de esta mujer, porque ella se recostó encima de él. Entonces se levantó a medianoche, y estando yo, tu sierva, dormida, ella tomó a mi hijo de mi lado, y lo puso en su seno; y puso a su hijo muerto en mi seno. Cuando me levanté por la mañana para dar de mamar a mi hijo, he aquí que estaba muerto. Pero lo observé bien por la mañana y he aquí que no era mi hijo, el que yo había dado a luz. Entonces dijo la otra mujer: —¡No! Sino que mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: —¡No! Sino que tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey. Entonces el rey dijo: —Esta dice: "Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto"; y la otra dice: "¡No! Sino que tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive." —Y el rey añadió—: ¡Traedme una espada! Trajeron la espada ante el rey, y enseguida dijo el rey: —¡Partid al niño vivo en dos, y dad la mitad a la una y la otra mitad a la otra! Entonces la mujer de quien era el hijo vivo habló al rey, porque sus entrañas se conmovieron por su hijo, y dijo: —¡Ay, señor mío! Dad a ésta el niño vivo; no lo matéis. Pero la otra dijo: —No será ni para mí ni para ti. Partidlo. El rey respondió diciendo: —Dad a aquélla el hijo vivo. No lo matéis; ella es su madre. Todo Israel se enteró de la sentencia que había dado el rey, y tuvieron temor al rey, porque vieron que en él había sabiduría de Dios para administrar justicia. El rey Salomón reinó sobre todo Israel. Estos fueron los oficiales que tenía: Azarías hijo de Sadoc era el sacerdote. Elijoref y Ajías, hijos de Sisa, eran los escribas. Josafat hijo de Ajilud era el cronista. Benaías hijo de Joyada estaba al mando del ejército. Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes. Azarías hijo de Natán estaba al mando de los gobernadores. Zabud hijo de Natán era sacerdote y amigo del rey. Ajisar era el administrador del palacio. Y Adoniram hijo de Abda estaba a cargo del tributo laboral. Salomón tenía doce gobernadores en todo Israel, los cuales abastecían al rey y a su casa. Cada uno de ellos estaba obligado a abastecerle durante un mes al año. Estos eran sus nombres: Ben-hur, en la región montañosa de Efraín. Ben-decar, en Macaz, Saalbim, Bet-semes y Elon-bet-janán. Ben-jésed, en Arubot. Este también lo era en Soco y en toda la tierra de Hefer. Ben-abinadab, en toda Nafot-dor. Este tenía por mujer a Tafat hija de Salomón. Baaná hijo de Ajilud, en Taanac y Meguido, y en todo Bet-seán, que está cerca de Zaretán, más abajo de Jezreel; y desde Bet-seán hasta Abel-mejola y hasta la otra parte de Jocmeam. Ben-geber, en Ramot de Galaad. Este también lo era en las aldeas de Jaír hijo de Manasés, las cuales estaban en Galaad. Tenía también la región de Argob, que estaba en Basán; sesenta grandes ciudades con muros y cerrojos de bronce. Ajinadab hijo de Ido, en Majanaim. Ajimaas, en Neftalí. Este también tomó por mujer a Basemat hija de Salomón. Baaná hijo de Husai, en Aser y en Alot. Josafat hijo de Parúaj, en Isacar. Simei hijo de Ela, en Benjamín. Geber hijo de Uri, en la tierra de Galaad, en la tierra de Sejón rey de los amorreos, y de Og rey de Basán. Y había un solo gobernador en la tierra de Judá. Israel era numeroso, como la arena que está junto al mar en multitud; y comían, bebían y se regocijaban. Salomón gobernaba sobre todos los reinos, desde el Río hasta la tierra de los filisteos y hasta la frontera con Egipto. Traían tributo y servían a Salomón todos los días de su vida. Las provisiones diarias de Salomón eran: 30 coros de harina refinada, 60 coros de harina corriente, 10 vacunos de engorde, 20 vacunos de pasto y 100 ovejas, sin contar los venados, las gacelas, los corzos y las aves engordadas. Porque él dominaba en toda la región al oeste del Río, desde Tifsaj hasta Gaza, sobre todos los reyes del oeste del Río, y tuvo paz por todos los lados en derredor suyo. Judá e Israel, desde Dan hasta Beerseba, vivían seguros todos los días de Salomón, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera. Salomón tenía 4.000 establos para los caballos de sus carros, y 12.000 jinetes. Los gobernadores proveían, cada uno durante un mes, al rey Salomón y a todos los que venían a la mesa del rey Salomón, haciendo que nada faltase. También hacían llevar cebada y paja para los caballos y para los corceles al lugar donde él estaba, cada uno conforme a su cuota. Dios dio a Salomón sabiduría, gran entendimiento y amplitud de corazón, como la arena que está a la orilla del mar. La sabiduría de Salomón sobrepasaba la de todos los orientales y toda la sabiduría de los egipcios. El fue el más sabio de todos los hombres: más que Eitán el ezrajita y que Hemán, Calcol y Darda, hijos de Majol. Su nombre llegó a ser conocido en todas la naciones de alrededor. Salomón compuso 3.000 proverbios y 1.005 poemas. También disertó acerca de las plantas, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que crece en la pared. Asimismo, disertó acerca de los cuadrúpedos, las aves, los reptiles y los peces. De todos los pueblos venían para escuchar la sabiduría de Salomón, de parte de todos los reyes de la tierra que habían oído de su sabiduría. Entonces Hiram, rey de Tiro, al oír que a Salomón lo habían ungido rey en lugar de su padre, envió sus servidores a Salomón; porque Hiram siempre había estimado a David. Y Salomón envió a decir a Hiram: "Tú sabes que, debido a las guerras que le rodearon, mi padre David no pudo edificar una casa al nombre de Jehovah su Dios, hasta que Jehovah puso a sus enemigos bajo las plantas de sus pies. Pero ahora, Jehovah mi Dios me ha dado reposo por todas partes; no existe adversario ni calamidad. Y he aquí, yo me he propuesto construir una casa al nombre de Jehovah mi Dios, como Jehovah habló a mi padre David diciendo: ‘Tu hijo, al que pondré en tu trono en tu lugar, él edificará una casa a mi nombre.’ Ahora pues, manda que corten cedros del Líbano para mí. Mis siervos estarán con tus siervos, y yo te daré por tus siervos el pago según todo lo que indiques, porque tú sabes que no hay nadie entre nosotros que sepa cortar los árboles como los sidonios." Aconteció que cuando Hiram oyó las palabras de Salomón, se alegró muchísimo y dijo: "¡Bendito sea hoy Jehovah, que ha dado un hijo sabio a David sobre ese pueblo tan numeroso!" Entonces Hiram envió a decir a Salomón: "He escuchado lo que me mandaste a decir. Yo haré todo lo que desees con respecto a la madera de cedro y a la madera de ciprés. Mis siervos las bajarán desde el Líbano hasta el mar, y yo las transportaré en balsas por mar hasta el lugar que tú me indiques. Allí yo las desataré, y tú te las llevarás. Tú cumplirás mi deseo dando provisiones a mi casa." Entonces Hiram daba a Salomón toda la madera de cedro y de ciprés que quiso. Y Salomón daba a Hiram, para el sustento de su casa, 20.000 coros de trigo y 20.000 batos de aceite puro. Esto daba Salomón a Hiram año tras año. Jehovah dio a Salomón sabiduría, tal como le había prometido. Había paz entre Hiram y Salomón, y ambos hicieron una alianza. Entonces el rey Salomón realizó una leva en todo Israel, para tributo laboral. Los reclutados para el tributo laboral fueron 30.000 hombres. El los enviaba al Líbano, 10.000 al mes, por turno, para que pasaran un mes en el Líbano y dos meses en sus casas. Adoniram estaba a cargo del tributo laboral. Además, Salomón tenía 70.000 cargadores y 80.000 canteros en la región montañosa, sin contar los oficiales que Salomón había establecido al frente de la obra, los cuales eran 3.300. Estos mandaban a la gente que hacía la obra. El rey mandó que extrajesen piedras grandes, piedras costosas, para poner los cimientos del templo con piedras labradas. Los constructores de Salomón, los de Hiram y los de Biblos, tallaron y prepararon la madera y las piedras para construir el templo. Aconteció que Salomón comenzó a edificar la casa de Jehovah en el año 480 después que los hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto, en el mes de Ziv, que es el mes segundo, del cuarto año del reinado de Salomón sobre Israel. La casa que el rey Salomón edificó para Jehovah tenía 60 codos de largo, 20 codos de ancho y 30 codos de alto. El pórtico delante del lugar santo del templo tenía 20 codos de largo, a lo ancho de la casa, y 10 codos de ancho en el frente de la casa. También hizo al edificio ventanas anchas por dentro y angostas por fuera. Contra el muro del edificio construyó galerías alrededor de los muros del templo, es decir, del lugar santo y del santuario interior; y les hizo cuartos laterales alrededor. La galería inferior tenía 5 codos de ancho, la intermedia 6 codos de ancho y la tercera 7 codos de ancho. Porque había hecho rebajos en el lado exterior, alrededor del edificio, para que las vigas de las galerías no se empotrasen en los muros del templo. Cuando edificaron el templo, usaron piedras enteras labradas en las canteras, de manera que mientras lo construían, no se oía en el templo el ruido de martillos, hachas ni otras herramientas de hierro. La entrada a la galería baja estaba al lado sur del templo. Se subía a la galería intermedia y de ésta a la superior, mediante una escalera de caracol. Construyó, pues, el templo y lo terminó. Luego cubrió el edificio con vigas y tablas de cedro. También construyó las galerías alrededor de todo el templo, cada una de 5 codos de alto, y estaban apoyadas en el templo con vigas de cedro. Entonces vino la palabra de Jehovah a Salomón, diciendo: "Respecto a este templo que tú edificas, si caminas en mis estatutos, y pones por obra mis decretos, y guardas todos mis mandamientos andando de acuerdo con ellos, yo cumpliré contigo mi palabra que hablé a tu padre David: Habitaré en medio de los hijos de Israel, y no abandonaré a mi pueblo Israel." Salomón edificó el templo y lo terminó. Después revistió el lado interior de los muros del templo con tablas de cedro; los recubrió de madera por dentro, desde el suelo del templo hasta las vigas del artesonado. También cubrió el suelo del templo con tablas de ciprés. Al fondo del templo hizo un compartimento de 20 codos, con tablas de cedro desde el suelo hasta las vigas. Y adentro le dispuso el santuario interior, es decir, el lugar santísimo. El templo, es decir, el lugar santo que estaba delante, tenía 40 codos. El templo estaba revestido por dentro con cedro, con bajorrelieves de calabazas y de flores abiertas. Todo era de cedro, y no se veía ninguna piedra. También preparó por dentro el santuario interior, en medio del templo, para poner allí el arca del pacto de Jehovah. El santuario interior tenía 20 codos de largo, 20 codos de ancho y 20 codos de alto; y lo recubrió de oro puro. También recubrió de cedro el altar. Después Salomón recubrió de oro puro el interior del templo y puso cadenas de oro en la parte delantera del santuario interior, y lo recubrió de oro. Y recubrió de oro todo el templo, hasta que todo el templo fue terminado. También recubrió de oro todo el altar que estaba delante del santuario interior. Hizo también en el santuario interior dos querubines de madera de olivo, cada uno de 10 codos de alto. El ala de un querubín tenía 5 codos, y la otra ala del querubín tenía 5 codos. Había 10 codos desde el extremo de un ala hasta el extremo de la otra. De la misma manera, el segundo querubín tenía 10 codos. Los dos querubines tenían la misma medida y la misma forma. El primer querubín tenía 10 codos de alto, e igualmente el segundo querubín. Luego puso los querubines en medio del santuario interior. Las alas de los querubines se extendían de modo que el ala de uno tocaba una pared, y el ala del otro querubín tocaba la otra pared; y las otras dos alas que daban al centro del recinto se tocaban ala con ala. Luego recubrió de oro los querubines. En todas las paredes alrededor del templo, en el interior y en el exterior, talló bajorrelieves de querubines, palmeras y flores abiertas. Y cubrió de oro el suelo del santuario, tanto el interior como el exterior. Para la entrada del santuario interior hizo puertas de madera de olivo. Los postes de la puerta eran pentagonales. Las dos puertas eran de madera de olivo, y talló en ellas bajorrelieves de querubines, palmeras y flores abiertas, y las recubrió de oro; también recubrió de oro los querubines y las palmeras. De la misma manera hizo para la entrada del templo postes cuadrangulares de madera de olivo. Las dos puertas eran de madera de ciprés. Las dos hojas de una puerta eran giratorias. Y las dos hojas de la otra puerta también eran giratorias. También en ellas talló querubines, palmeras y flores abiertas, y los recubrió de oro, ajustado a los grabados. Hizo el atrio interior de tres hileras de piedras labradas y una hilera de vigas de cedro. En el mes de Ziv del año 4, fueron puestos los cimientos de la casa de Jehovah; y en el mes de Bul, es decir, el mes octavo, del año 11, fue terminado el templo en todos sus detalles y en todas sus especificaciones. Lo edificó en siete años. Después Salomón edificó su propia casa en trece años, y terminó toda su casa. Edificó la Casa del Bosque del Líbano, la cual tenía 100 codos de largo, 50 codos de ancho y 30 codos de alto, sobre cuatro hileras de columnas de cedro con vigas de cedro sobre las columnas. Estaba cubierta de cedro encima de las vigas que se apoyaban sobre 45 columnas, 15 columnas por hilera. Había tres hileras de ventanas, una ventana frente a otra en grupos de tres. Todas las puertas y ventanas tenían marcos cuadrados, y una ventana estaba frente a otra ventana, en grupos de tres. También edificó el Pórtico de las Columnas, que tenía 50 codos de largo por 30 codos de ancho. Y frente a las columnas de este pórtico, había otro pórtico con columnas, que tenía una cubierta delante. También edificó el Pórtico del Trono, o Pórtico del Juicio, donde había de juzgar, y lo recubrió con cedro desde el suelo hasta las vigas. En la casa donde habitaba, había otro atrio más adentro del pórtico, del mismo tipo de construcción. Salomón también edificó una casa parecida a este pórtico, para la hija del faraón, que había tomado por mujer. Todas estas obras, desde el cimiento hasta las cornisas, y afuera hasta el gran atrio, eran de piedras costosas, bloques labrados a medida, cortados con sierra, tanto por el lado interior como por el lado exterior. El cimiento era de piedras costosas y piedras grandes, piedras de 10 codos y piedras de 8 codos. Arriba también había piedras costosas, bloques labrados a medida y madera de cedro. Y el gran atrio tenía en derredor un muro de tres hileras de bloques labrados y una hilera de vigas de cedro, como el atrio interior de la casa de Jehovah y el pórtico de la misma. El rey Salomón envió a traer de Tiro a Hiram, hijo de una viuda de la tribu de Neftalí, cuyo padre era un hombre de Tiro, un artesano en bronce. El estaba lleno de sabiduría, inteligencia y experiencia para hacer todo el trabajo en bronce. El fue al rey Salomón e hizo toda su obra. Hiram modeló las dos columnas de bronce; cada columna tenía 18 codos de alto, y una circunferencia de 12 codos. Hizo también dos capiteles de bronce fundido, para que fuesen puestos sobre la parte superior de las columnas. Un capitel tenía 5 codos de alto, y el otro capitel también tenía 5 codos de alto. Los capiteles que estaban en la parte superior de las columnas tenían redes de trenzas en forma de cadenillas; siete para un capitel y siete para el otro capitel. Hizo las granadas en dos hileras alrededor de cada red, para cubrir los capiteles de la parte superior de las columnas. Lo mismo hizo para el otro capitel. Los capiteles que estaban sobre las columnas en el pórtico tenían forma de lirios, y eran de 4 codos. Los capiteles sobre las dos columnas tenían 200 granadas en dos hileras, encima de la parte abultada del capitel que estaba encima de la red, tanto en el primer capitel como en el segundo. Entonces erigió las columnas en el pórtico del templo. Cuando erigió la columna del sur, llamó su nombre Jaquín; y cuando erigió la columna del norte, llamó su nombre Boaz. Puso en la parte superior de las columnas un motivo de lirios. Así concluyó la obra de las columnas. Hizo también la fuente de bronce fundido que tenía 10 codos de borde a borde. Era circular y tenía 5 codos de alto, y una circunferencia de 30 codos. Había motivos de calabazas por debajo y alrededor del borde en número de diez por cada codo, dispuestas en dos hileras de calabazas alrededor de la fuente, las cuales habían sido fundidas en una sola pieza con ella. Estaba asentada sobre doce bueyes: tres miraban al norte, tres al oeste, tres al sur y tres al este. La fuente estaba asentada sobre ellos, y todas sus partes traseras daban hacia la parte interior. La fuente tenía un palmo menor de espesor; su borde era como el borde de un cáliz o de una flor de lirio. Tenía una capacidad de 2.000 batos. Hizo también diez bases de bronce. Cada base tenía 4 codos de largo, 4 codos de ancho y 3 codos de alto. Este era el diseño de las bases: Tenían marcos, y los marcos estaban entre los paneles. Y sobre los marcos que había entre los paneles había figuras de leones, bueyes y querubines. Y sobre los paneles, tanto encima como debajo de los leones y de los bueyes, había guirnaldas en bajorrelieve. Cada base tenía cuatro ruedas de bronce con ejes de bronce. En sus cuatro patas había unos soportes debajo de la pila. Estos soportes eran de bronce fundido y tenían guirnaldas a cada lado. Su abertura sobresalía del interior un codo, a manera de capitel. Su abertura era redonda, hecha como una base de un codo y medio de diámetro. También alrededor de su abertura había bajorrelieves. Sus marcos eran cuadrados, no redondos. Las cuatro ruedas estaban debajo de los marcos. Los ejes de las ruedas salían de la base. Cada rueda tenía un codo y medio de alto. El diseño de las ruedas era como el de las ruedas de un carro. Sus ejes, sus aros, sus rayos y sus cubos eran todos de metal fundido. También los cuatro soportes de las cuatro esquinas de cada base salían de la misma base. En la parte superior de la base había un soporte circular de medio codo de alto, y sobre la base había soportes y marcos que salían de la misma. Sobre las planchas de sus soportes y de sus marcos grabó querubines, leones y palmeras, según el espacio de cada uno, con guirnaldas en derredor. De esta manera hizo las diez bases del mismo metal fundido, de la misma medida y de la misma forma. Hizo también diez pilas de bronce. Cada una tenía una capacidad de 40 batos. Cada pila tenía 4 codos de circunferencia. Colocó una pila sobre cada una de las diez bases. Después puso cinco bases al lado sur del templo y las otras cinco al lado norte del templo. Y puso la fuente al lado sur del templo, hacia el sureste. Hiram también hizo las ollas, las palas y los tazones. Así terminó Hiram de hacer toda la obra que hizo para el rey Salomón, en la casa de Jehovah: las dos columnas, los tazones de los capiteles que estaban en la parte superior de las dos columnas; y las dos redes que cubrían los dos tazones de los capiteles que estaban en la parte superior de las columnas; las 400 granadas para las dos redes (dos hileras de granadas para cada red) para cubrir los dos tazones de los capiteles que estaban en la parte superior de las columnas; las diez bases y las diez pilas sobre las bases; la fuente con los doce bueyes debajo de la fuente; las ollas, las palas y los tazones. Todos estos utensilios que Hiram hizo para el rey Salomón, en la casa de Jehovah, eran de bronce bruñido. El rey los hizo fundir en la llanura del Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y Saretán. Salomón dejó de pesar todos estos utensilios por su gran cantidad; no se averiguó el peso del bronce. Salomón también hizo todos los utensilios de la casa de Jehovah: el altar de oro, la mesa de oro sobre la cual estaba el pan de la Presencia, cinco candelabros de oro puro que estaban al sur, y otros cinco al norte, delante del santuario interior, con las flores, las lámparas y las tenazas de oro. Asimismo, hizo de oro puro las copas, las despabiladeras, los tazones, las cucharas y los incensarios. También eran de oro los goznes de las puertas de la sala interior, el lugar santísimo, y los de las puertas de la sala del templo. Así se terminó toda la obra que el rey Salomón hizo para la casa de Jehovah. Entonces Salomón introdujo las cosas que su padre David había consagrado, y puso la plata, el oro y los utensilios en los tesoros de la casa de Jehovah. Entonces Salomón congregó en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los jefes de las casas paternas de los hijos de Israel ante el rey Salomón, para hacer subir el arca del pacto de Jehovah desde la Ciudad de David, que es Sion. Y se congregaron ante el rey Salomón todos los hombres de Israel en la fiesta en el mes de Etanim, que es el mes séptimo. Fueron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes tomaron el arca. Luego subieron el arca de Jehovah, el tabernáculo de reunión, y todos los utensilios sagrados que estaban en el tabernáculo; los sacerdotes y los levitas los subieron. El rey Salomón y con él toda la congregación de Israel, que se había reunido junto a él, estaban delante del arca, sacrificando tantas ovejas y vacas que por su gran cantidad no se podían contar ni numerar. Entonces los sacerdotes introdujeron el arca del pacto de Jehovah en su lugar, en el santuario interior del templo, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines. Porque los querubines extendían las alas sobre el lugar del arca, de modo que los querubines cubrían el arca y sus varas por encima. Las varas eran tan largas que los extremos de las varas se podían ver desde el lugar santo, que estaba delante del santuario interior; pero no se podían ver desde afuera. Y allí han quedado hasta el día de hoy. Ninguna cosa había en el arca, excepto las dos tablas de piedra que Moisés había colocado allí en Horeb, donde Jehovah hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto. Y sucedió que cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehovah. Y los sacerdotes no pudieron continuar sirviendo por causa de la nube, porque la gloria de Jehovah había llenado la casa de Jehovah. Entonces Salomón dijo: "Jehovah ha dicho que él habita en la densa oscuridad. Ciertamente te he edificado una casa sublime, una morada donde habites para siempre." El rey se volvió y bendijo a toda la congregación de Israel. Y toda la congregación de Israel estaba de pie. Entonces dijo: "¡Bendito sea Jehovah Dios de Israel, quien con su mano ha cumplido lo que con su boca prometió a mi padre David, diciendo: ‘Desde el día en que saqué a mi pueblo Israel de Egipto, no había elegido ninguna ciudad de todas las tribus de Israel para edificar una casa donde estuviese mi nombre. Pero elegí a David para que estuviese al frente de mi pueblo Israel.’ "Estuvo en el corazón de mi padre David el anhelo de edificar una casa al nombre de Jehovah Dios de Israel. Pero Jehovah dijo a mi padre David: ‘Por cuanto ha estado en tu corazón el anhelo de edificar una casa a mi nombre, has hecho bien en tener esto en tu corazón. Sin embargo, tú no edificarás la casa, sino tu hijo que te nacerá, él edificará la casa a mi nombre.’ "Jehovah ha cumplido su promesa que había hecho, y yo me he levantado en lugar de mi padre David. Me he sentado en el trono de Israel, como Jehovah había prometido, y he edificado la casa al nombre de Jehovah Dios de Israel. Y he dispuesto allí un lugar para el arca, en la cual está el pacto de Jehovah que él hizo con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto." Entonces Salomón se puso de pie delante del altar de Jehovah, frente a toda la congregación de Israel, y extendió sus manos al cielo. Y dijo: "¡Oh Jehovah Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra! Tú guardas el pacto y la misericordia para con tus siervos que caminan delante de ti con todo su corazón. Tú has cumplido con tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste. Con tu boca lo prometiste, y con tu mano lo has cumplido, como sucede en este día. Ahora pues, oh Jehovah Dios de Israel, cumple con tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste diciendo: ‘No te faltará delante de mí un hombre que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino para andar delante de mí, como tú has andado delante de mí.’ Ahora pues, oh Dios de Israel, sea confirmada tu palabra que hablaste a tu siervo David, mi padre. "Pero, ¿es verdad que Dios ha de habitar sobre la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener. ¡Cuánto menos este templo que he edificado! Sin embargo, oh Jehovah, Dios mío, vuélvete hacia la oración y la plegaria de tu siervo, para oír el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti. Estén abiertos tus ojos de noche y de día hacia este templo, hacia el lugar del cual has dicho: ‘Allí estará mi nombre’, para escuchar la oración que tu siervo haga hacia este lugar. Escucha la plegaria de tu siervo y de tu pueblo Israel, cuando oren hacia este lugar. Escucha tú en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha tú y perdona. "Si alguna persona peca contra su prójimo, y éste le toma juramento al hacerle jurar, y él entra bajo juramento ante tu altar en este templo, entonces escucha tú en los cielos y actúa. Juzga a tus siervos condenando al injusto, haciendo recaer su conducta sobre su cabeza y justificando al justo, dándole conforme a su justicia. "Cuando tu pueblo Israel sea derrotado delante del enemigo por haber pecado contra ti, y ellos se vuelvan a ti y confiesen tu nombre, y oren y te supliquen en este templo, entonces escucha tú en los cielos, perdona el pecado de tu pueblo Israel y hazles volver a la tierra que diste a sus padres. "Cuando los cielos estén cerrados y no haya lluvia, por haber ellos pecado contra ti; si oran hacia este lugar, confiesan tu nombre y se vuelven de su pecado cuando los aflijas, entonces escucha tú en los cielos y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel. Sí, enséñales el buen camino por el que deben andar y dales lluvia sobre tu tierra, la cual has dado a tu pueblo por heredad. "Cuando en la tierra haya hambre; cuando haya peste; cuando haya tizón, añublo, langosta o pulgón, o cuando su enemigo lo asedie en la tierra de sus ciudades (cualquiera que sea la plaga o la enfermedad), cualquiera que sea la oración o la plegaria que haga algún hombre o todo tu pueblo Israel (cada uno reconociendo la plaga de su corazón y extendiendo sus manos hacia este templo), entonces escucha tú en los cielos, el lugar de tu morada, perdona y actúa. Da a cada uno conforme a todos sus caminos, pues conoces su corazón (porque sólo tú conoces el corazón de todo hombre); a fin de que te teman todos los días que vivan sobre la superficie de la tierra que tú has dado a nuestros padres. "Asimismo, cuando el extranjero que no sea de tu pueblo Israel venga de una tierra lejana a causa de tu nombre (porque oirán de tu gran nombre, de tu poderosa mano y de tu brazo extendido), y venga a orar a este templo, entonces escucha tú en los cielos, el lugar de tu morada. Haz conforme a todo aquello por lo cual el extranjero clame a ti, a fin de que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, te teman como tu pueblo Israel y sepan que este templo que he edificado es llamado por tu nombre. "Si tu pueblo sale a la batalla contra su enemigo por el camino que los envíes, y ellos oran a Jehovah en dirección a la ciudad que tú has elegido y a la casa que he edificado a tu nombre, entonces escucha en los cielos su oración y su plegaria, y ampara su causa. "Si pecan contra ti (pues no hay hombre que no peque), y te enojas contra ellos y los entregas ante el enemigo, y éstos los llevan como cautivos suyos a la tierra del enemigo, lejana o cercana; si ellos vuelven en sí en la tierra a donde hayan sido llevados cautivos, y se vuelven y te suplican en la tierra de los que los llevaron cautivos, diciendo: ‘Hemos pecado; hemos hecho iniquidad; hemos actuado impíamente’; si en la tierra de sus enemigos, a donde los hayan llevado cautivos, ellos se vuelven a ti con todo su corazón y con toda su alma, y oran a ti en dirección a la tierra que diste a sus padres, a la ciudad que has elegido y al templo que he edificado a tu nombre, entonces escucha en los cielos, el lugar de tu morada, su oración y su plegaria, y ampara su causa. Perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti, y todas las transgresiones que han cometido contra ti, y hazles objeto de misericordia ante los que los han llevado cautivos, para que tengan misericordia de ellos. Porque ellos son tu pueblo y tu heredad que sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro. "Estén abiertos tus ojos a la plegaria de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo Israel, para escucharles en todo aquello que te invoquen. Porque tú, oh Señor Jehovah, los has separado para ti como tu heredad de entre todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por medio de tu siervo Moisés, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto." Y sucedió que cuando Salomón terminó de hacer toda esta oración y plegaria a Jehovah, se levantó de estar de rodillas delante del altar de Jehovah, con sus manos extendidas al cielo. Entonces se puso de pie y bendijo en alta voz a toda la congregación de Israel, diciendo: "¡Bendito sea Jehovah, que ha dado descanso a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había prometido! No ha fallado ninguna palabra de todas sus buenas promesas que expresó por medio de su siervo Moisés. Jehovah nuestro Dios esté con nosotros, como estuvo con nuestros padres; no nos desampare ni nos deje. Incline él nuestro corazón hacia sí, para que andemos en todos sus caminos y guardemos sus mandamientos, sus leyes y sus decretos, que mandó a nuestros padres. Que estas palabras mías, con que he suplicado delante de Jehovah, estén cerca de Jehovah nuestro Dios, de día y de noche, para que él ampare la causa de su siervo y la de su pueblo Israel, según la necesidad de cada día; a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehovah es Dios y que no hay otro. Sea, pues, íntegro vuestro corazón para con Jehovah nuestro Dios, a fin de andar en sus leyes y guardar sus mandamientos, como en este día." Entonces el rey y todo Israel con él ofrecieron sacrificios delante de Jehovah. Salomón ofreció a Jehovah, como sacrificios de paz, 22.000 toros y 120.000 ovejas. Así el rey y todos los hijos de Israel dedicaron la casa de Jehovah. Aquel mismo día el rey consagró la parte central del atrio que estaba delante de la casa de Jehovah, pues allí ofreció los holocaustos, las ofrendas vegetales y el sebo de los sacrificios de paz. Porque el altar de bronce que estaba delante de Jehovah era demasiado pequeño para contener los holocaustos, las ofrendas vegetales y el sebo de los sacrificios de paz. En aquella ocasión Salomón y todo Israel con él, una gran congregación desde Lebo-hamat hasta el arroyo de Egipto, hicieron fiesta delante de Jehovah nuestro Dios durante siete días, y otros siete días más, es decir, durante catorce días. Al octavo día despidió al pueblo. Ellos bendijeron al rey y se fueron a sus moradas, alegres y con el corazón gozoso por toda la bondad que Jehovah había hecho a su siervo David y a su pueblo Israel. Sucedió que cuando Salomón había acabado de construir la casa de Jehovah, la casa del rey y todo lo que había deseado hacer, Jehovah se apareció a Salomón por segunda vez, como se le había aparecido en Gabaón. Y Jehovah le dijo: "He escuchado tu oración y tu plegaria que has hecho en mi presencia. He santificado esta casa que has edificado para que yo ponga allí mi nombre para siempre. Mis ojos y mi corazón estarán allí todos los días. Y en cuanto a ti, si andas delante de mí como anduvo tu padre David, con integridad de corazón y con rectitud, haciendo todas las cosas que te he mandado y guardando mis leyes y mis decretos, entonces estableceré para siempre el trono de tu reino sobre Israel, como prometí a tu padre David, diciendo: ‘No te faltará un hombre sobre el trono de Israel.’ Pero si obstinadamente vosotros y vuestros hijos os apartáis de mí y no guardáis mis mandamientos y mis estatutos que he puesto delante de vosotros, y os vais y servís a otros dioses y los adoráis, entonces eliminaré a Israel del suelo que les he dado. Y la casa que he santificado a mi nombre, la apartaré de mi presencia. Entonces Israel servirá de refrán y escarnio entre todos los pueblos. En cuanto a esta casa, que es sublime, todo el que pase por ella se asombrará y silbará. Ellos preguntarán: ‘¿Por qué ha hecho así Jehovah a esta tierra y a esta casa?’ Y responderán: ‘Porque abandonaron a Jehovah su Dios que sacó a sus padres de la tierra de Egipto, y se aferraron a adorar y servir a otros dioses. Por eso Jehovah ha traído sobre ellos todo este mal.’" Aconteció al cabo de veinte años, durante los cuales Salomón había edificado las dos casas (la casa de Jehovah y la casa del rey, para las cuales Hiram, rey de Tiro, había proporcionado a Salomón madera de cedro y de ciprés y oro, conforme a todo su deseo), que el rey Salomón dio a Hiram veinte ciudades en la tierra de Galilea. Pero cuando Hiram salió de Tiro para ver las ciudades que Salomón le había dado, no le agradaron. Y comentó: "¿Qué ciudades son éstas que me has dado, hermano mío?" Y se las llama Tierra de Cabul, hasta el día de hoy. Hiram había enviado al rey 120 talentos de oro. Esta es la razón de la leva que el rey Salomón realizó: edificar la casa de Jehovah, su propia casa, el Milo, la muralla de Jerusalén, Hazor, Meguido y Gezer. (El faraón, rey de Egipto, había subido y tomado Gezer, y la había incendiado; había dado muerte a los cananeos que habitaban en la ciudad y la había dado como dote matrimonial a su hija, la mujer de Salomón. Y Salomón reedificó Gezer.) También reedificó Bet-jorón Baja, Baalat, Tadmor en el desierto del país; y todas las ciudades almacenes que tenía Salomón, las ciudades para los carros y las ciudades para los jinetes; todo lo que Salomón se propuso edificar en Jerusalén, en el Líbano y en toda la tierra bajo su dominio. A todo el pueblo que había quedado de los amorreos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos (que no eran de los hijos de Israel, sino sus descendientes que habían quedado después de ellos en la tierra, a quienes los hijos de Israel no pudieron exterminar), Salomón los sometió a tributo laboral, hasta el día de hoy. Pero a ninguno de los hijos de Israel sometió a servidumbre; porque ellos eran hombres de guerra, sus servidores, sus oficiales, sus comandantes, los jefes de sus carros y sus jinetes. Estos jefes de los oficiales que Salomón tenía sobre la obra eran 550, los cuales mandaban sobre la gente que hacía la obra. También la hija del faraón subió de la Ciudad de David a su casa que Salomón le había edificado. Luego él edificó el Milo. Tres veces al año Salomón ofrecía holocaustos y sacrificios de paz sobre el altar que había edificado a Jehovah, y quemaba incienso delante de Jehovah, cuando había terminado el templo. El rey Salomón también construyó una flota en Ezión-geber, que está junto a Eilat, a orillas del mar Rojo, en la tierra de Edom. Hiram envió en la flota a sus siervos, marineros y conocedores del mar, junto con los siervos de Salomón. Estos fueron a Ofir y tomaron de allí 420 talentos de oro, y los llevaron al rey Salomón. La reina de Saba oyó de la fama de Salomón, debido al nombre de Jehovah, y vino para probarle con preguntas difíciles. Vino a Jerusalén con un gran séquito, con camellos cargados de especias aromáticas, oro en gran abundancia y piedras preciosas. Cuando vino a Salomón, habló con él de todo lo que tenía en su corazón. Y Salomón respondió a todas sus preguntas; ninguna cosa hubo tan difícil que el rey no le pudiese responder. La reina de Saba vio toda la sabiduría de Salomón, la casa que había edificado, los manjares de su mesa, las sillas de sus servidores, la presentación y las vestiduras de sus siervos, sus coperos, y los holocaustos que él ofrecía en la casa de Jehovah; y se quedó sin aliento. Entonces dijo al rey: "¡Era verdad lo que había oído en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría! Yo no creía las palabras hasta que vine, y mis ojos lo han visto. Y he aquí que no se me había contado ni la mitad. En sabiduría y en bienes tú superas la fama que yo había oído. ¡Dichosos tus hombres, dichosos estos servidores tuyos que continuamente están de pie delante de ti y escuchan tu sabiduría! ¡Bendito sea Jehovah tu Dios, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel! Por causa del eterno amor que Jehovah tiene por Israel, te ha constituido rey, a fin de que practiques el derecho y la justicia." Entonces ella dio al rey 120 talentos de oro, una gran cantidad de especias aromáticas y piedras preciosas. Nunca llegó una cantidad tan grande de especias aromáticas como la que la reina de Saba dio al rey Salomón. También la flota de Hiram, que traía oro de Ofir, trajo de Ofir gran cantidad de madera de sándalo y piedras preciosas. Y el rey hizo con la madera de sándalo pilares para la casa de Jehovah y para la casa del rey, además de arpas y liras para los músicos. Nunca llegó semejante madera de sándalo, ni se ha visto hasta el día de hoy. El rey Salomón dio a la reina de Saba todo lo que ella quiso pedirle, además de lo que le dio conforme a la generosidad real de Salomón. Entonces ella se volvió y regresó a su tierra, con sus servidores. El peso del oro que le llegaba a Salomón cada año era de 666 talentos de oro, aparte del de los mercaderes, de los negocios de los comerciantes, de todos los reyes de Arabia y de los gobernadores del país. El rey Salomón hizo 200 escudos grandes de oro trabajado. En cada escudo empleó 600 siclos de oro. También hizo otros 300 escudos pequeños de oro trabajado. En cada escudo empleó 3 minas de oro. Y el rey los puso en la Casa del Bosque del Líbano. El rey también hizo un gran trono de marfil y lo recubrió de oro refinado. El trono tenía seis gradas, y la parte alta del respaldo era redonda. A ambos lados del asiento tenía soportes para los brazos, y junto a los brazos había dos leones de pie. Había también doce leones de pie, uno a cada lado de las seis gradas. Jamás se hizo algo semejante para ningún reino. Todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y toda la vajilla de la Casa del Bosque del Líbano era de oro fino. Nada era de plata, pues en los días de Salomón ésta no era estimada para nada. Porque el rey tenía en el mar la flota de Tarsis con la flota de Hiram; y una vez cada tres años venía la flota de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales. El rey Salomón superaba a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría. Y toda la tierra procuraba estar en la presencia de Salomón para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón. Año tras año cada uno de ellos le llevaba su presente: objetos de plata, objetos de oro, vestiduras, armas, perfumes, caballos y mulos. Salomón también acumuló carros y jinetes. Tenía 1.400 carros y 12.000 jinetes, que puso en las ciudades de los carros, y en Jerusalén junto al rey. El rey hizo que la plata fuera tan común en Jerusalén como las piedras, y que el cedro fuera tan abundante como los sicómoros que hay en la Sefela. Los caballos de Salomón provenían de Egipto y de Coa. Los mercaderes del rey los adquirían en Coa al contado. Cada carro que era importado de Egipto costaba 600 siclos de plata; y cada caballo, 150 siclos. Y así los exportaban por medio de ellos, a todos los reyes de los heteos y a los reyes de Siria. Pero el rey Salomón amó, además de la hija del faraón, a muchas otras mujeres extranjeras: moabitas, amonitas, edomitas, sidonias y heteas; de los pueblos de los que Jehovah había dicho a los hijos de Israel: "No os unáis a ellos ni ellos se unan a vosotros, no sea que hagan desviar vuestros corazones tras sus dioses." A éstos Salomón se apegó con amor. Tuvo 700 mujeres reinas y 300 concubinas. Y sus mujeres hicieron que se desviara su corazón. Y sucedió que cuando Salomón era ya anciano, sus mujeres hicieron que su corazón se desviara tras otros dioses. Su corazón no fue íntegro para con Jehovah su Dios, como el corazón de su padre David. Porque Salomón siguió a Astarte, diosa de los sidonios, y a Moloc, ídolo detestable de los amonitas. Salomón hizo lo malo ante los ojos de Jehovah y no siguió plenamente a Jehovah como su padre David. Entonces Salomón edificó un lugar alto a Quemós, ídolo detestable de Moab, en el monte que está frente a Jerusalén, y a Moloc, ídolo detestable de los hijos de Amón. Y así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses. Jehovah se indignó contra Salomón, porque su corazón se había desviado de Jehovah Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a otros dioses. Pero él no guardó lo que Jehovah le había mandado. Entonces Jehovah dijo a Salomón: "Por cuanto ha habido esto en ti y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, ciertamente arrancaré de ti el reino y lo entregaré a un servidor tuyo. Pero por amor a tu padre David, no lo haré en tus días; lo arrancaré de la mano de tu hijo. Sin embargo, no arrancaré todo el reino, sino que daré a tu hijo una tribu, por amor a mi siervo David y por amor a Jerusalén, que yo he elegido." Entonces Jehovah levantó un adversario a Salomón: Hadad el edomita, de la descendencia real en Edom. Sucedió que cuando David estuvo en Edom, Joab, jefe del ejército, subió a enterrar a los muertos y mató a todos los varones de Edom. (Porque Joab había permanecido allí seis meses, con todo Israel, hasta que exterminaron a todos los varones de Edom.) Pero Hadad huyó con algunos hombres edomitas de los servidores de su padre, y se fue a Egipto. Entonces Hadad era un muchacho pequeño. Partieron de Madián, fueron a Parán, tomaron consigo a algunos hombres de Parán y se fueron a Egipto, al faraón rey de Egipto, quien le dio casa, le prometió alimentos y le dio tierras. Hadad halló gran favor ante los ojos del faraón, quien le dio por mujer a la hermana de su esposa, la hermana de la reina Tajpenes. La hermana de Tajpenes le dio a luz a su hijo Genubat, al cual destetó Tajpenes en la casa del faraón. Genubat estaba en la casa del faraón, entre los hijos del faraón. Hadad oyó en Egipto que David había reposado con sus padres y que Joab, el jefe del ejército, había muerto. Entonces Hadad dijo al faraón: —Déjame ir, para que regrese a mi tierra. El faraón le preguntó: —Pero, ¿qué te falta conmigo, para que procures irte a tu tierra? El respondió: —Nada, pero de todas maneras déjame ir. Dios también le levantó como adversario a Rezón hijo de Eliada, quien había huido de su señor Hadad-ezer, rey de Soba. Cuando David mató a los de Soba, aquél reunió gente alrededor de sí y se hizo jefe de una banda armada. Después se fueron a Damasco y habitaron allí, y reinaron en Damasco. Fue adversario de Israel todos los días de Salomón, además del mal que hacía Hadad; fue hostil a Israel y reinó sobre Siria. También Jeroboam hijo de Nabat, servidor de Salomón, efrateo de Zereda, se rebeló contra el rey. Su madre era una mujer viuda llamada Zerúa. Estas son las circunstancias en las que se rebeló contra el rey: Salomón estaba edificando el Milo y cerró la brecha de la muralla de la Ciudad de David, su padre. Este Jeroboam era hombre valeroso. Salomón vio que el joven era eficiente y le puso a cargo de todo el trabajo forzado de la casa de José. Aconteció en aquel tiempo que Jeroboam salió de Jerusalén, y el profeta Ajías de Silo lo encontró en el camino. Este estaba cubierto con un manto nuevo, y los dos estaban solos en el campo. Entonces Ajías tomó el manto nuevo que llevaba sobre sí, lo rasgó en doce pedazos, y dijo a Jeroboam: "Toma para ti diez pedazos, porque así ha dicho Jehovah Dios de Israel: ‘He aquí, yo arranco el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré diez tribus. Pero él tendrá una tribu por amor a mi siervo David y por amor a Jerusalén, la ciudad que yo he elegido de entre todas las tribus de Israel. Porque me han dejado y han adorado a Astarte, diosa de los sidonios; a Quemós, dios de Moab; y a Moloc, dios de los hijos de Amón. No han andado en mis caminos para hacer lo recto ante mis ojos y guardar mis estatutos y mis decretos, como su padre David. "‘Pero no quitaré de su mano todo el reino, porque lo he puesto como gobernante todos los días de su vida, por amor a mi siervo David, al cual yo elegí, y el cual guardó mis mandamientos y mis estatutos. Pero quitaré el reino de mano de su hijo y a ti te daré las diez tribus. Sin embargo, a su hijo le daré una tribu, para que mi siervo David tenga en él una lámpara delante de mí continuamente en Jerusalén, la ciudad que yo me he elegido para poner allí mi nombre. "‘Yo, pues, te tomaré a ti, y reinarás en todo lo que desee tu alma, y serás rey de Israel. Y sucederá que si obedeces todo lo que te mande, y andas en mis caminos y haces lo recto ante mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos como hizo mi siervo David, yo estaré contigo y te edificaré una casa estable como se la edifiqué a David, y te entregaré Israel. Afligiré a la descendencia de David por causa de esto, pero no para siempre.’" Salomón procuró matar a Jeroboam; pero Jeroboam se levantó, huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo allí hasta la muerte de Salomón. Los demás hechos de Salomón, todas las cosas que hizo y su sabiduría, ¿no están escritos en el libro de los hechos de Salomón? El tiempo que reinó Salomón en Jerusalén sobre todo Israel fue de 40 años. Salomón reposó con sus padres, y fue sepultado en la Ciudad de David, su padre. Y su hijo Roboam reinó en su lugar. Entonces Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había ido a Siquem para proclamarle rey. Y sucedió que cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat (que aún estaba en Egipto, a donde había huido a causa del rey Salomón), Jeroboam volvió de Egipto. Entonces mandaron a llamarle, y Jeroboam vino con toda la congregación de Israel, y hablaron a Roboam diciendo: —Tu padre agravó nuestro yugo; pero ahora, alivia tú el duro trabajo y el pesado yugo que tu padre puso sobre nosotros, y te serviremos. El les dijo: —Idos, y volved a mí dentro de tres días. El pueblo se fue. Entonces el rey Roboam consultó a los ancianos que habían servido a su padre Salomón, cuando aún vivía, y preguntó: —¿Cómo aconsejáis vosotros que yo responda a este pueblo? Y ellos le respondieron diciendo: —Si te constituyes hoy en servidor de este pueblo y les sirves, y al responderles les hablas buenas palabras, ellos serán tus siervos para siempre. Pero él dejó de lado el consejo que le habían dado los ancianos, y consultó a los jóvenes que se habían criado con él y que estaban a su servicio. Les preguntó: —¿Qué aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo que me ha hablado diciendo: "Alivia el yugo que tu padre puso sobre nosotros"? Entonces los jóvenes que se habían criado con él le respondieron diciendo: —Así contestarás a este pueblo que ha hablado contigo diciendo: "Tu padre hizo pesado nuestro yugo; pero tú, hazlo más liviano sobre nosotros"; así les hablarás: "Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre. Ahora bien, mi padre cargó sobre vosotros un pesado yugo; pero yo añadiré a vuestro yugo. Mi padre os castigó con látigos, pero yo os castigaré con escorpiones." Al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam, como el rey había hablado diciendo: "Volved a mí al tercer día." Entonces el rey respondió al pueblo con dureza, y dejó de lado el consejo que le habían dado los ancianos. Les habló siguiendo el consejo de los jóvenes, diciendo: —Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo. Mi padre os castigó con látigos, pero yo os castigaré con escorpiones. El rey no hizo caso del pueblo, porque esto estaba dispuesto de parte de Jehovah, para que se cumpliera la palabra que había hablado a Jeroboam hijo de Nabat por medio de Ajías de Silo. Y viendo todo Israel que el rey no les había hecho caso, el pueblo respondió al rey diciendo: —¿Qué parte tenemos nosotros con David? ¡No tenemos herencia en el hijo de Isaí! ¡Israel, a tus moradas! ¡Mira ahora por tu propia casa, oh David! Entonces Israel se fue a sus moradas, pero Roboam reinó sobre los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá. Después el rey Roboam envió a Adoniram, que estaba a cargo del tributo laboral; pero todo Israel le apedreó, y murió. Entonces el rey Roboam se apresuró a subir en un carro para huir a Jerusalén. Así se rebeló Israel contra la casa de David, hasta el día de hoy. Aconteció que al oír todo Israel que Jeroboam había vuelto, le mandaron a llamar a la asamblea y le hicieron rey de todo Israel. No quedó quien siguiese a la casa de David, sino sólo la tribu de Judá. Entonces Roboam llegó a Jerusalén y reunió a todos los de la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, Pero la palabra de Dios vino a Semaías, hombre de Dios, diciendo: "Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y al resto del pueblo, diciendo que así ha dicho Jehovah: ‘No subáis ni combatáis contra vuestros hermanos, los hijos de Israel. Volveos, cada uno a su casa, porque de parte mía ha sucedido esto.’" Ellos escucharon la palabra de Jehovah y desistieron de ir, conforme a la palabra de Jehovah. Jeroboam reedificó Siquem, en la región montañosa de Efraín, y habitó en ella. De allí fue y reedificó Penuel. Y Jeroboam pensó en su corazón: "Ahora el reino volverá a la casa de David, si este pueblo sube para ofrecer sacrificios en la casa de Jehovah en Jerusalén. El corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam, rey de Judá, y me matarán y volverán a Roboam, rey de Judá." Y habiendo tomado consejo, el rey hizo dos becerros de oro y dijo al pueblo: "¡Bastante habéis subido a Jerusalén! ¡He aquí tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto!" Puso el uno en Betel y el otro lo puso en Dan. Y esto fue ocasión de pecado, porque el pueblo iba para adorar delante de uno de ellos, hasta Dan. También hizo santuarios en los lugares altos e instituyó sacerdotes de entre la gente común, que no eran hijos de Leví. Jeroboam instituyó una fiesta el día 15 del mes octavo, semejante a la fiesta que había en Judá, y subió al altar que hizo en Betel, para ofrecer sacrificios a los becerros que había hecho. En Betel estableció también sacerdotes para los lugares altos que había edificado. Subió al altar que había hecho en Betel, el día 15 del mes octavo, fecha que inventó en su corazón. Hizo la fiesta para los hijos de Israel y subió al altar para quemar incienso. He aquí que un hombre de Dios llegó de Judá a Betel, por mandato de Jehovah, cuando Jeroboam estaba de pie junto al altar para quemar incienso. Y clamó contra el altar, por mandato de Jehovah, diciendo: —Altar, altar, así ha dicho Jehovah: "He aquí, a la casa de David le nacerá un hijo que se llamará Josías, quien matará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman incienso sobre ti; y sobre ti quemarán huesos de hombres." Aquel mismo día dio una señal diciendo: —Esta es la señal de que Jehovah ha hablado: He aquí que el altar se partirá, y la ceniza que está sobre él se desparramará. Sucedió que cuando el rey Jeroboam oyó la palabra que el hombre de Dios había clamado contra el altar de Betel, extendió su mano desde el altar, diciendo: —¡Prendedle! Pero se le secó la mano que había extendido contra él, de manera que no pudo volverla hacia sí. Entonces el altar se partió, y la ceniza se desparramó del altar, conforme a la señal que el hombre de Dios había dado por mandato de Jehovah. Entonces el rey respondió y dijo al hombre de Dios: —Implora, por favor, a Jehovah tu Dios y ora por mí, para que mi mano me sea restaurada. El hombre de Dios imploró el favor de Jehovah, y la mano del rey le fue restaurada, y volvió a ser como antes. Entonces el rey dijo al hombre de Dios: —Ven conmigo a casa y come, y yo te daré un presente. Pero el hombre de Dios respondió al rey: —Aunque me dieses la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan, ni bebería agua en este lugar; porque me ha sido ordenado por mandato de Jehovah, diciendo: "No comas pan, ni bebas agua, ni vuelvas por el camino que vayas." Se fue, pues, por otro camino y no volvió por el camino por donde había venido a Betel. Vivía en Betel un profeta anciano, a quien fueron sus hijos y le contaron todo lo que el hombre de Dios había hecho aquel día en Betel. También contaron a su padre las palabras que había hablado al rey. Y su padre les preguntó: —¿Por qué camino se fue? Y sus hijos le mostraron el camino por donde se había ido el hombre de Dios que había venido de Judá. El dijo a sus hijos: —Aparejadme el asno. Ellos le aparejaron el asno. Entonces montó sobre él, fue tras aquel hombre de Dios y le halló sentado debajo de la encina. Le preguntó: —¿Eres tú el hombre de Dios que vino de Judá? Le respondió: —Sí, yo soy. Entonces le dijo: —Ven conmigo a casa y come pan. Pero él respondió: —No podré volver contigo ni entrar contigo. Tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar, porque me fue dicho por mandato de Jehovah: "No comas pan, ni bebas agua de allí, ni vuelvas por el camino que vayas." Y le dijo: —Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por mandato de Jehovah, diciendo: "Hazle volver contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua." Pero le mintió. Entonces se volvió con él, y comió pan en su casa y bebió agua. Y aconteció que estando ellos sentados a la mesa, vino la palabra de Jehovah al profeta que le había hecho volver, y clamó al hombre de Dios que había venido de Judá, diciendo: —Así ha dicho Jehovah: "Porque has sido desobediente al dicho de Jehovah y no guardaste el mandamiento que Jehovah tu Dios te había mandado, sino que volviste y comiste pan y bebiste agua en este lugar del cual él te había dicho que no comieras pan ni bebieras agua, tu cuerpo no entrará en el sepulcro de tus padres." Sucedió que cuando había comido pan y bebido agua, el profeta que le había hecho volver le aparejó el asno. Cuando se fue, un león lo encontró en el camino y lo mató. Su cadáver quedó tendido en el camino. El asno estaba de pie junto a él, y también el león estaba de pie junto al cadáver. Y he aquí que pasaron unos hombres y vieron el cadáver que estaba tendido en el camino y el león que estaba de pie junto al cadáver, y fueron y lo dijeron en la ciudad donde habitaba el profeta anciano. Cuando se enteró el profeta que le había hecho volver del camino, dijo: —El es el hombre de Dios que fue desobediente al mandato de Jehovah. Por eso Jehovah le ha entregado al león, que le ha destrozado y matado conforme a la palabra que Jehovah le había dicho. Entonces habló a sus hijos diciendo: —Aparejadme el asno. Ellos se lo aparejaron. Y fue y halló el cadáver tendido en el camino, y el asno y el león que estaban junto al cadáver. El león no había devorado el cadáver ni había destrozado al asno. El profeta levantó el cuerpo del hombre de Dios, lo colocó sobre el asno y se lo llevó. El profeta anciano fue a la ciudad para hacer duelo por él y sepultarlo. Puso su cuerpo en su propio sepulcro, e hicieron duelo por él diciendo: —¡Ay, hermano mío! Sucedió que después de haberlo sepultado, habló a sus hijos diciendo: —Cuando yo muera, sepultadme en el sepulcro en que está sepultado el hombre de Dios. Poned mis restos junto a los suyos, porque sin duda sucederá lo que él proclamó por mandato de Jehovah contra el altar que está en Betel y contra todos los santuarios de los lugares altos que hay en las ciudades de Samaria. Después de este suceso, Jeroboam no se volvió de su mal camino. Más bien, volvió a designar sacerdotes de entre la gente común para los lugares altos. Investía a quien deseaba, y él llegaba a ser sacerdote de los lugares altos. Y esto vino a ser el pecado de la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y destruida de sobre la faz de la tierra. En aquel tiempo Abías hijo de Jeroboam cayó enfermo, y Jeroboam dijo a su mujer: —Por favor, levántate, disfrázate para que no reconozcan que eres la mujer de Jeroboam, y vé a Silo. He aquí que allá está el profeta Ajías, quien me dijo que yo iba a ser rey sobre este pueblo. Toma contigo diez panes, galletas y un frasco de miel, y vé a él; él te dirá lo que ha de suceder al niño. La mujer de Jeroboam lo hizo así. Se levantó, fue a Silo y llegó a la casa de Ajías. Ajías ya no podía ver, pues su vista se le había oscurecido a causa de su vejez. Pero Jehovah había dicho a Ajías: —He aquí que la mujer de Jeroboam viene a consultarte acerca de su hijo que está enfermo. Así y así le has de responder, pues cuando ella venga, fingirá ser una desconocida. Y sucedió que cuando Ajías oyó el ruido de sus pasos, al entrar ella por la puerta, dijo: —Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué finjes ser una desconocida? Yo he sido enviado con malas noticias para ti. Vé y di a Jeroboam que así ha dicho Jehovah Dios de Israel: "Pues bien, yo te levanté de en medio del pueblo y te hice el soberano de mi pueblo Israel; arranqué el reino de la casa de David y te lo entregué a ti. Pero tú no has sido como mi siervo David, que guardó mis mandamientos y caminó en pos de mí con todo su corazón, haciendo sólo lo recto ante mis ojos. Al contrario, has hecho lo malo, más que todos los que te han precedido, porque fuiste, y para provocarme a ira te hiciste otros dioses e imágenes de fundición; y a mí me diste la espalda. Por tanto, he aquí que yo traeré el mal sobre la casa de Jeroboam; eliminaré en Israel a todo varón de Jeroboam, tanto al esclavo como al libre. Barreré por completo la casa de Jeroboam, como se barre el estiércol, hasta que no quede nada. Al que de Jeroboam muera en la ciudad, se lo comerán los perros; y al que muera en el campo, se lo comerán las aves del cielo; porque Jehovah lo ha dicho." En cuanto a ti, levántate y vete a tu casa. Cuando tus pies entren en la ciudad, el niño morirá. Todo Israel hará duelo por él y le sepultará; pues éste es el único de los de Jeroboam que será sepultado, porque de la casa de Jeroboam sólo en él se ha hallado algo bueno delante de Jehovah Dios de Israel. Pero Jehovah levantará para sí un rey en Israel, el cual eliminará la casa de Jeroboam en este día y ahora mismo. Y Jehovah golpeará a Israel, como cuando la caña se agita en las aguas. Arrancará a Israel de esta buena tierra que dio a sus padres, y los esparcirá hacia el otro lado del Río, porque han hecho sus árboles rituales de Asera y han provocado a ira a Jehovah. Entregará a Israel a causa de los pecados de Jeroboam, quien pecó e hizo pecar a Israel. Entonces la mujer de Jeroboam se levantó, se fue y llegó a Tirsa. Cuando ella entró por el umbral de la casa, el niño murió. Lo sepultaron, y todo Israel hizo duelo por él, conforme a la palabra que Jehovah había hablado por medio de su siervo, el profeta Ajías. Los demás hechos de Jeroboam, las guerras que hizo y cómo reinó, he aquí que están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. El tiempo que reinó Jeroboam fue de 22 años, y reposó con sus padres. Y su hijo Nadab reinó en su lugar. Roboam hijo de Salomón reinó en Judá. Roboam tenía 41 años cuando comenzó a reinar, y reinó 17 años en Jerusalén, la ciudad que Jehovah había elegido de entre todas las tribus de Israel para poner allí su nombre. El nombre de su madre era Naama la amonita. Judá hizo lo malo ante los ojos de Jehovah; y con los pecados que cometieron, le provocaron a celos más que todo lo que habían hecho sus padres. También se edificaron lugares altos, piedras rituales y árboles de Asera, en toda colina alta y debajo de todo árbol frondoso. También había en el país varones consagrados a la prostitución ritual, e hicieron conforme a todas las prácticas abominables de las naciones que Jehovah había echado de delante de los hijos de Israel. Y sucedió que en el quinto año del rey Roboam subió Sisac, rey de Egipto, contra Jerusalén y tomó los tesoros de la casa de Jehovah y los tesoros de la casa del rey; todo lo tomó. También tomó todos los escudos de oro que había hecho Salomón. En lugar de ellos, el rey Roboam hizo escudos de bronce y los entregó a la custodia de los jefes de la escolta, que guardaban la entrada de la casa del rey. Y sucedía que cuantas veces el rey entraba en la casa de Jehovah, los de la escolta los llevaban, y después los volvían a poner en la cámara de los de la escolta. Los demás hechos de Roboam y todas las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Hubo guerra constante entre Roboam y Jeroboam. Roboam reposó con sus padres y fue sepultado con sus padres en la Ciudad de David. El nombre de su madre era Naama la amonita. Y su hijo Abías reinó en su lugar. En el año 18 del rey Jeroboam hijo de Nabat, comenzó a reinar Abías sobre Judá, y reinó 3 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Maaca hija de Absalón. El anduvo en todos los pecados que había cometido su padre antes de él. Su corazón no fue íntegro con Jehovah su Dios, como el corazón de su padre David. No obstante, por amor a David, Jehovah su Dios le dio una lámpara en Jerusalén, levantando a un hijo suyo después de él y manteniendo en pie a Jerusalén. Porque David había hecho lo recto ante los ojos de Jehovah y no se había apartado en todos los días de su vida de nada de lo que le había mandado, excepto en el asunto de Urías el heteo. Hubo guerra entre Abías y Jeroboam todos los días de su vida. Los demás hechos de Abías y todas las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Había guerra entre Abías y Jeroboam. Abías reposó con sus padres, y lo sepultaron en la Ciudad de David. Y su hijo Asa reinó en su lugar. En el año 20 de Jeroboam rey de Israel, Asa comenzó a reinar sobre Judá; y reinó 41 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Maaca hija de Absalón. Asa hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, como su padre David. Barrió del país a los varones consagrados a la prostitución ritual y quitó todos los ídolos que habían hecho sus padres. También depuso a su madre Maaca de ser reina madre, porque ella había hecho una monstruosa imagen de Asera. Asa destruyó la monstruosa imagen y la quemó junto al arroyo de Quedrón. Aunque no quitó los lugares altos, sin embargo, el corazón de Asa fue íntegro para con Jehovah, todos sus días. El introdujo en la casa de Jehovah lo que había consagrado su padre, y lo que él mismo había consagrado: plata, oro y utensilios. Había guerra entre Asa y Baasa, rey de Israel, todo el tiempo de ambos. Baasa, rey de Israel, subió contra Judá y estaba reedificando Ramá para no dejar que ninguno tuviera acceso a Asa, rey de Judá. Entonces Asa tomó toda la plata y el oro que habían quedado en los tesoros de la casa de Jehovah y en los tesoros de la casa del rey, y los entregó en mano de sus servidores. Luego el rey Asa los envió a Ben-hadad hijo de Tabrimón, hijo de Hezión, rey de Siria, que habitaba en Damasco, diciendo: "Haya alianza entre tú y yo, como la había entre mi padre y tu padre. He aquí, yo te envío un obsequio de plata y oro; vé y anula tu alianza con Baasa, rey de Israel, para que se aparte de mí." Ben-hadad consintió con el rey Asa. Envió contra las ciudades de Israel a los jefes de sus ejércitos, y atacó Ijón, Dan, Abel-bet-maaca y toda la región del mar Quinéret, con toda la tierra de Neftalí. Sucedió que cuando Baasa oyó esto, dejó de reedificar Ramá y habitó en Tirsa. Entonces el rey Asa convocó a todo Judá, sin exceptuar a nadie, y se llevaron las piedras y la madera de Ramá, con que Baasa edificaba. Y con ellas el rey Asa reedificó Geba de Benjamín y Mizpa. Todos los demás hechos de Asa, todo su poderío, todas las cosas que hizo y las ciudades que edificó, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Sólo que en el tiempo de su vejez se enfermó de los pies. Asa reposó con sus padres y fue sepultado con ellos en la Ciudad de David, su padre. Y su hijo Josafat reinó en su lugar. Nadab hijo de Jeroboam comenzó a reinar sobre Israel en el segundo año de Asa, rey de Judá, y reinó sobre Israel dos años. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, andando en el camino de su padre y en sus pecados con los que hizo pecar a Israel. Baasa hijo de Ajías, de la tribu de Isacar, conspiró contra él. Baasa lo derrotó en Gibetón, que pertenecía a los filisteos, pues Nadab y todo Israel tenían sitiada Gibetón. Baasa lo mató en el tercer año de Asa, rey de Judá, y reinó en su lugar. Sucedió que cuando Baasa llegó a ser rey, mató a todos los de la casa de Jeroboam; no dejó con vida a ninguno de los de Jeroboam, hasta destruirlos, conforme a la palabra que Jehovah había hablado por medio de su siervo Ajías de Silo, a causa de los pecados de Jeroboam, quien pecó e hizo pecar a Israel, y por la provocación con que provocó a ira a Jehovah Dios de Israel. Los demás hechos de Nadab, y todas las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Había guerra entre Asa y Baasa, rey de Israel, todo el tiempo de ambos. En el tercer año de Asa, rey de Judá, comenzó a reinar Baasa hijo de Ajías sobre todo Israel en Tirsa, y reinó 24 años. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah y anduvo en el camino de Jeroboam y en sus pecados con los que hizo pecar a Israel. Entonces vino la palabra de Jehovah a Jehú hijo de Hanani contra Baasa, diciendo: "Por cuanto yo te levanté del polvo y te establecí como el soberano de mi pueblo Israel, pero tú has andado en el camino de Jeroboam y has hecho pecar a mi pueblo Israel, provocándome a ira con sus pecados, he aquí que yo barreré por completo a Baasa y a su casa, y haré a su casa como a la casa de Jeroboam hijo de Nabat. Al que de Baasa muera en la ciudad, se lo comerán los perros; y al que muera en el campo, se lo comerán las aves del cielo. Los demás hechos de Baasa, las cosas que hizo y su poderío, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Baasa reposó con sus padres y fue sepultado en Tirsa. Y su hijo Ela reinó en su lugar. También por medio del profeta Jehú hijo de Hanani vino la palabra de Jehovah contra Baasa y contra su casa, por toda la maldad que hizo ante los ojos de Jehovah, provocándole a ira con la obra de sus manos, por haber sido como los de la casa de Jeroboam y por haberla destruido. En el año 26 de Asa, rey de Judá, comenzó a reinar Ela hijo de Baasa sobre Israel en Tirsa, y reinó dos años. Y conspiró contra él su servidor Zimri, jefe de la mitad de los carros. Estando el rey en Tirsa bebiendo hasta embriagarse en casa de Arsa, administrador del palacio en Tirsa, Zimri fue, lo hirió y lo mató en el año 27 de Asa, rey de Judá; y reinó en su lugar. Aconteció que al comenzar a reinar y después que estuvo sentado en su trono, mató a todos los de la casa de Baasa, sin dejar de ella un solo varón, ni de sus parientes ni de sus amigos. Así Zimri destruyó a todos los de la casa de Baasa, conforme a la palabra que Jehovah había hablado contra Baasa por medio del profeta Jehú, por todos los pecados de Baasa y por los pecados de su hijo Ela, quienes pecaron e hicieron pecar a prendieron, y Elías los hizo descender al arroyo de Quisón, y allí los degolló. Los demás hechos de Ela y todas las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? En el año 27 de Asa, rey de Judá, Zimri reinó siete días en Tirsa, mientras el pueblo estaba acampado contra Gibetón, que pertenecía a los filisteos. Entonces el pueblo que estaba acampado oyó decir: "Zimri ha conspirado y también ha matado al rey." Y aquel día todos los de Israel que estaban acampados allí proclamaron a Omri, jefe del ejército, rey de Israel. Entonces Omri subió desde Gibetón, y con él todo Israel, y sitiaron Tirsa. Sucedió que al ver que la ciudad era tomada, Zimri entró en la ciudadela de la casa del rey y prendió fuego a la casa del rey con él dentro. Así murió, a causa de sus pecados que había cometido haciendo lo malo ante los ojos de Jehovah y andando en el camino de Jeroboam y en su pecado que cometió e hizo pecar a Israel. Los demás hechos de Zimri y la conspiración que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Entonces el pueblo de Israel se dividió en dos facciones. La mitad del pueblo seguía a Tibni hijo de Ginat, para hacerlo rey; la otra mitad seguía a Omri. Pero el pueblo que seguía a Omri pudo más que el que seguía a Tibni hijo de Ginat. Tibni murió, y Omri fue rey. En el año 31 de Asa, rey de Judá, comenzó a reinar Omri sobre Israel y reinó 12 años. En Tirsa reinó 6 años. El compró a Semer el monte de Samaria por dos talentos de plata. Edificó en el monte, y a la ciudad que edificó le dio el nombre de Samaria, según el nombre de Semer, el dueño del monte. Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, y actuó peor que todos los que habían reinado antes de él. Pues anduvo en todo el camino de Jeroboam hijo de Nabat y en sus pecados con los que hizo pecar a Israel, provocando a ira a Jehovah Dios de Israel, con sus ídolos vanos. Los demás hechos de Omri, las cosas que hizo y el poderío que logró, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Omri reposó con sus padres y fue sepultado en Samaria. Y su hijo Acab reinó en su lugar. En el año 38 de Asa, rey de Judá, Acab hijo de Omri comenzó a reinar sobre Israel. Acab hijo de Omri reinó sobre Israel en Samaria 22 años. Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, más que todos los que habían reinado antes de él. Como si le fuera cosa liviana andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, tomó por mujer a Jezabel hija de Etbaal, rey de los sidonios; y fue, sirvió a Baal y lo adoró. Erigió un altar a Baal en el templo de Baal que había edificado en Samaria. Acab también hizo un árbol ritual de Asera. Acab hizo peor que todos los reyes de Israel que habían reinado antes de él, provocando a ira a Jehovah Dios de Israel. En su tiempo Jiel de Betel reedificó Jericó. A costa de Abiram su primogénito puso los cimientos, y a costa de Segub su hijo menor colocó sus puertas, conforme a la palabra que Jehovah había hablado por medio de Josué hijo de Nun. Entonces Elías el tisbita, que era uno de los moradores de Galaad, dijo a Acab: —¡Vive Jehovah Dios de Israel, a quien sirvo, que no habrá rocío ni lluvia en estos años, sino por mi palabra! Entonces la palabra de Jehovah vino a él diciendo: —Apártate de aquí, dirígete al oriente y escóndete junto al arroyo de Querit, que está al frente del Jordán. Y sucederá que beberás del arroyo, y yo he mandado a los cuervos que te sustenten allí. Elías fue e hizo conforme a la palabra de Jehovah. Fue y habitó junto al arroyo de Querit, que está al frente del Jordán. Los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo. Pero sucedió que después de algunos días se secó el arroyo, porque no había llovido en la tierra. Entonces la palabra de Jehovah vino a Elías diciendo: —Levántate, vé a Sarepta de Sidón y habita allí. He aquí, yo he designado allí a una mujer viuda para que te sustente. Entonces se levantó y se fue a Sarepta. Cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña. El la llamó y le dijo: —Por favor, tráeme un poco de agua en un vaso, para que beba. Cuando ella iba a traérsela, la llamó y le dijo: —Por favor, tráeme también un poco de pan en tu mano. Ella respondió: —¡Vive Jehovah, tu Dios, que no tengo pan cocido! Solamente tengo un puñado de harina en una tinaja y un poco de aceite en una botella. Y he aquí que estaba recogiendo un par de leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, a fin de que lo comamos y muramos. Entonces Elías le dijo: —No tengas temor. Vé, haz como has dicho; pero de ello hazme a mí primero una torta pequeña y tráemela. Después harás para ti y para tu hijo. Porque así ha dicho Jehovah Dios de Israel: "La harina de la tinaja no se acabará, y el aceite de la botella no faltará hasta el día en que Jehovah dé lluvia sobre la superficie de la tierra." Entonces ella fue e hizo conforme a la palabra de Elías; y comieron él, ella y su familia, por mucho tiempo. La harina de la tinaja no se acabó, ni faltó el aceite de la botella, conforme a la palabra que Jehovah había dicho por medio de Elías. Aconteció después de estas cosas que cayó enfermo el hijo de la mujer, la dueña de casa, y su enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento. Entonces ella dijo a Elías: —¿Qué tengo yo contigo, oh hombre de Dios? ¿Has venido a mí para traer a la memoria mis iniquidades y hacer morir a mi hijo? Y él le respondió: —Dame tu hijo. Lo tomó del seno de ella, lo llevó al altillo donde él habitaba y lo acostó sobre su cama. Entonces, clamando a Jehovah, dijo: —¡Oh Jehovah, Dios mío! ¿Aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciendo morir a su hijo? Luego se tendió tres veces sobre el niño y clamó a Jehovah diciendo: —¡Oh Jehovah, Dios mío, te ruego que el alma de este niño vuelva a su cuerpo! Jehovah escuchó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a su cuerpo, y revivió. Elías tomó al niño, lo bajó del altillo a la casa y lo entregó a su madre. Luego Elías dijo: —¡Mira, tu hijo está vivo! Entonces la mujer dijo a Elías: —¡Ahora reconozco que tú eres un hombre de Dios y que la palabra de Jehovah es verdad en tu boca! Sucedió que después de mucho tiempo, al tercer año, vino la palabra de Jehovah a Elías, diciendo: —Vé, preséntate ante Acab, y yo enviaré lluvia sobre la faz de la tierra. Elías fue para presentarse ante Acab. Había gran hambre en Samaria. Entonces Acab llamó a Abdías, el administrador del palacio. (Abdías era muy temeroso de Jehovah. Y sucedió que cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehovah, Abdías tomó a cien de ellos y los escondió de cincuenta en cincuenta en una cueva, y los sustentó con pan y agua.) Acab dijo a Abdías: —Vé por la tierra a todos los manantiales de agua y a todos los arroyos; quizás hallemos pasto con que podamos conservar con vida a los caballos y a las mulas, y no tengamos que eliminar algunos de los animales. Se repartieron el territorio entre ellos para recorrerlo; Acab se fue solo por un camino, y Abdías se fue solo por otro. Sucedió que cuando Abdías iba por el camino, he aquí que Elías venía a su encuentro; y como le reconoció, se postró sobre su rostro y preguntó: —¿Eres tú Elías, mi señor? Y le respondió: —Sí, yo soy. Vé y di a tu señor: "Elías está aquí." Pero él dijo: —¿En qué he pecado para que tú entregues a tu siervo en mano de Acab, para que me mate? ¡Vive Jehovah tu Dios, que no ha habido nación ni reino adonde mi señor no haya enviado a buscarte! Cuando ellos respondían: "No está," hacía jurar al reino y a la nación que no te habían hallado. Y ahora tú dices: "Vé y di a tu señor: ‘Elías está aquí.’" Lo que sucederá es que después que yo me haya alejado de ti, el Espíritu de Jehovah te llevará adonde yo no sepa, y habiendo yo ido para informar a Acab, si él no te halla, me matará. Tu siervo teme a Jehovah desde su juventud. ¿No le han contado a mi señor lo que hice cuando Jezabel mataba a los profetas de Jehovah, cómo escondí en una cueva a cien de ellos de cincuenta en cincuenta y los sustenté con pan y agua? Y ahora tú dices: "Vé y di a tu señor: ‘Aquí está Elías.’" ¡El me matará! Y Elías dijo: —¡Vive Jehovah de los Ejércitos, a quien sirvo, que hoy me presentaré a él! Entonces Abdías fue al encuentro de Acab y le informó. Acab fue al encuentro de Elías; y sucedió que cuando Acab vio a Elías, le dijo: —¿Eres tú, el que está trastornando a Israel? Y él respondió: —Yo no he trastornado a Israel, sino tú y tu casa paterna, al haber abandonado los mandamientos de Jehovah y al haber seguido a los Baales. Ahora pues, manda que se reúnan conmigo en el monte Carmelo todo Israel, los 450 profetas de Baal y los 400 profetas de Asera que comen de la mesa de Jezabel. Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel y reunió a los profetas en el monte Carmelo. Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: —¿Hasta cuándo vacilaréis entre dos opiniones? Si Jehovah es Dios, ¡seguidle! Y si Baal, ¡seguidle! Pero el pueblo no le respondió nada. Entonces Elías volvió a decir al pueblo: —Sólo yo he quedado como profeta de Jehovah, pero de los profetas de Baal hay 450 hombres. Dennos, pues, dos toros. Escojan ellos un toro para sí, córtenlo en pedazos y pónganlo sobre la leña; pero no pongan fuego. Yo prepararé el otro toro y lo pondré sobre la leña, pero no pondré fuego. Luego invocad vosotros el nombre de vuestro dios, y yo invocaré el nombre de Jehovah. El Dios que responda con fuego, ¡ése es Dios! Todo el pueblo respondió y dijo: —¡Bien dicho! Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: —Escogeos el toro y preparadlo vosotros primero, porque vosotros sois la mayoría. Invocad el nombre de vuestro dios, pero no pongáis fuego. Ellos tomaron el toro que les fue dado, y lo prepararon. Luego invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: —¡Oh Baal, respóndenos! Pero no hubo voz ni quien respondiese. Mientras tanto ellos danzaban junto al altar que habían hecho. Y sucedió que hacia el mediodía, Elías se burlaba de ellos diciendo: —¡Gritad a gran voz, porque es un dios! Quizás está meditando, o está ocupado, o está de viaje. Quizás está dormido, y hay que despertarle. Ellos clamaban a gran voz y se sajaban el cuerpo con espadas y con lanzas, conforme a su costumbre, hasta hacer chorrear la sangre sobre ellos. Y sucedió que cuando pasó el mediodía, ellos seguían profetizando frenéticamente hasta la hora de ofrecer la ofrenda vegetal, y no había voz ni quien respondiese ni escuchase. Entonces Elías dijo a todo el pueblo: —¡Acercaos a mí! Todo el pueblo se acercó a él. Luego él reparó el altar de Jehovah que estaba arruinado. Elías tomó doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, a quien le vino palabra de Jehovah diciendo: "Israel será tu nombre." Y edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehovah. Después hizo una zanja alrededor del altar, en la cual pudiesen caber dos medidas de semilla. Luego arregló la leña, cortó el toro en pedazos y los puso sobre la leña. Entonces dijo: —Llenad cuatro cántaros de agua y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Luego dijo: —Hacedlo por segunda vez. Y lo hicieron por segunda vez. Dijo aún: —Hacedlo por tercera vez. Y lo hicieron por tercera vez, de modo que el agua corría alrededor del altar y llenó también la zanja. Cuando llegó la hora de presentar la ofrenda vegetal, se acercó el profeta Elías y dijo: —¡Oh Jehovah, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel y que yo soy tu siervo; y que por tu palabra he hecho todas estas cosas! Respóndeme, oh Jehovah; respóndeme, para que este pueblo reconozca que tú, oh Jehovah, eres Dios, y que tú haces volver el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehovah, que consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo; y lamió el agua que estaba en la zanja. Al verlo toda la gente, se postraron sobre sus rostros y dijeron: —¡Jehovah es Dios! ¡Jehovah es Dios! Entonces Elías les dijo: —¡Prended a los profetas de Baal! ¡Que no escape ninguno de ellos! Los Entonces Elías dijo a Acab: —Sube, come y bebe; porque se oye el ruido de una fuerte lluvia. Acab subió para comer y beber. Entonces Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra puso su rostro entre sus rodillas. Luego dijo a su criado: —Sube, por favor, y mira hacia el mar. El subió, miró y dijo: —No hay nada. El le volvió a decir: —Vuelve siete veces. A la séptima vez dijo: —He aquí, veo una pequeña nube, como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Entonces él dijo: —Vé y di a Acab: "Unce tu carro y desciende, no sea que te detenga la lluvia." Y aconteció que mientras tanto los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y cayó una fuerte lluvia. Acab subió al carro y fue a Jezreel; pero la mano de Jehovah estuvo sobre Elías, quien ciñó sus lomos y fue corriendo delante de Acab hasta la entrada de Jezreel. Acab informó a Jezabel de todo lo que Elías había hecho y de cómo había matado a espada a todos los profetas. Entonces Jezabel envió un mensajero a Elías, diciendo: "¡Así me hagan los dioses y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he hecho tu vida como la vida de uno de ellos!" Entonces él tuvo miedo, y se levantó y huyó para salvar su vida. Así llegó a Beerseba, que pertenece a Judá. Dejó allí a su criado, y él se fue un día de camino por el desierto. Luego vino, se sentó debajo de un arbusto de retama y ansiando morirse dijo: —¡Basta ya, oh Jehovah! ¡Quítame la vida, porque yo no soy mejor que mis padres! Se recostó debajo del arbusto y se quedó dormido. Y he aquí que un ángel le tocó y le dijo: —Levántate, come. Entonces miró, y he aquí que a su cabecera había una torta cocida sobre las brasas y una cantimplora de agua. Luego comió, bebió y se volvió a recostar. Entonces el ángel de Jehovah volvió por segunda vez, y le tocó diciendo: —Levántate, come, porque el camino es demasiado largo para ti. Se levantó, comió y bebió. Luego, con las fuerzas de aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. Allí se metió en la cueva, donde pasó la noche. Y he aquí que vino a él la palabra de Jehovah, y le preguntó: —¿Qué haces aquí, Elías? Y él respondió: —He sentido un vivo celo por Jehovah Dios de los Ejércitos, porque los hijos de Israel han abandonado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. Yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. El le dijo: —Sal afuera y ponte de pie en el monte, delante de Jehovah. Y he aquí que Jehovah pasaba. Un grande y poderoso viento destrozaba las montañas y rompía las peñas delante de Jehovah, pero Jehovah no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero Jehovah no estaba en el terremoto. Después del terremoto hubo un fuego, pero Jehovah no estaba en el fuego. Después del fuego hubo un sonido apacible y delicado. Y sucedió que al oírlo Elías, cubrió su cara con su manto, y salió y estuvo de pie a la entrada de la cueva. Y he aquí, vino a él una voz, y le preguntó: —¿Qué haces aquí, Elías? El respondió: —He sentido un vivo celo por Jehovah Dios de los Ejércitos, porque los hijos de Israel han abandonado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. Yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. Y Jehovah le dijo: —Vé, regresa por tu camino, por el desierto, a Damasco. Cuando llegues, ungirás a Hazael como rey de Siria. También a Jehú hijo de Nimsi ungirás como rey de Israel; y ungirás a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mejola, como profeta en tu lugar. Y sucederá que al que escape de la espada de Hazael, lo matará Jehú; y al que escape de la espada de Jehú, lo matará Eliseo. Pero yo he hecho que queden en Israel 7.000, todas las rodillas que no se han doblado ante Baal y todas las bocas que no lo han besado. Cuando se fue de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que estaba arando con doce yuntas de bueyes delante de él, y él estaba con la duodécima. Pasando Elías hacia él, echó su manto sobre él. Entonces él dejó los bueyes, fue corriendo tras Elías y dijo: —Permíteme besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Elías le dijo: —Vé y vuelve; pues, ¿qué te he hecho yo? Eliseo dejó de ir tras él. Luego tomó la yunta de bueyes y los mató. Y con el arado de los bueyes cocinó su carne y la dio a la gente para que comiesen. Después se levantó, fue tras Elías y le servía. Entonces Ben-hadad, rey de Siria, reunió todo su ejército. Estaban con él treinta y dos reyes, con caballos y carros. Luego subió, sitió Samaria y combatió contra ella. Después envió mensajeros a la ciudad, a Acab, rey de Israel, diciendo: "Así ha dicho Ben-hadad: ‘Tu plata y tu oro son míos; tus mujeres y los mejores de tus hijos son míos.’" El rey de Israel respondió diciendo: "Como tú dices, oh mi señor el rey, yo soy tuyo con todo lo que tengo." Volvieron otra vez los mensajeros y dijeron: "Así dice Ben-hadad: ‘Por cierto, te envié a decir que me dieras tu plata, tu oro, tus mujeres y tus hijos. Mañana a estas horas te enviaré mis servidores, los cuales registrarán tu casa y las casas de tus servidores. Y sucederá que tomarán con sus manos y se llevarán todo lo precioso que tengas.’" El rey de Israel llamó a todos los ancianos del país y les dijo: —Sabed, pues, y ved cómo éste no busca sino el mal; porque ha enviado por mis mujeres y mis hijos, y por mi plata y mi oro; y yo no se lo he negado. Y todos los ancianos y todo el pueblo respondieron: —No le escuches ni accedas. Entonces Acab respondió a los mensajeros de Ben-hadad: —Decid a mi señor el rey: "Haré todo lo que enviaste a exigir a tu siervo al principio, pero esto no lo puedo hacer." Los mensajeros fueron y le dieron la respuesta, y Ben-hadad envió a decirle: "Así me hagan los dioses y aun me añadan, si el polvo de Samaria basta para llenar las manos de todo el pueblo que me sigue." El rey de Israel respondió y dijo: "Decidle: ‘No se jacte tanto el que se ciñe como el que se desciñe.’" Y sucedió que cuando él oyó estas palabras, mientras bebía con los reyes en las cabañas, dijo a sus servidores: —¡Tomad posiciones! Y tomaron posiciones contra la ciudad. He aquí, un profeta se acercó a Acab, rey de Israel, y le dijo: —Así ha dicho Jehovah: "¿Has visto toda aquella gran multitud? He aquí, yo la entregaré hoy en tu mano, para que reconozcas que yo soy Jehovah." Acab preguntó: —¿Por medio de quién? Y él respondió: —Así ha dicho Jehovah: "Por medio de los jóvenes de los jefes de las provincias." Y Acab preguntó: —¿Quién comenzará la batalla? El respondió: —Tú. Acab pasó revista a los jóvenes de los jefes de las provincias, los cuales eran 232. Después de ellos, pasó revista a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel, que eran 7.000. Y éstos salieron al mediodía, mientras Ben-hadad estaba bebiendo hasta emborracharse en las cabañas con los reyes, los treinta y dos reyes que habían venido en su ayuda. Los jóvenes de los jefes de las provincias salieron primero. Ben-hadad había enviado a algunos, quienes le informaron diciendo: —Unos hombres han salido de Samaria. El dijo: —Si han salido para hacer la paz, prendedlos vivos. Y si han salido para combatir, prendedlos vivos. Salieron, pues, de la ciudad los jóvenes de los jefes de las provincias, y tras ellos salió el ejército. Y cada uno mató al que venía contra él; y los sirios huyeron, e Israel los persiguió. Pero Ben-hadad, rey de Siria, se escapó a caballo con algunos jinetes. Entonces salió el rey de Israel, atacó los caballos y los carros, y ocasionó a los sirios una gran derrota. Luego se acercó el profeta al rey de Israel y le dijo: —Vé, cobra ánimo; considera y mira lo que has de hacer, porque el rey de Siria volverá contra ti el próximo año. Los servidores del rey de Siria le dijeron: —Sus dioses son dioses de las montañas; por eso fueron más fuertes que nosotros. Pero si combatimos contra ellos en la llanura, sin duda seremos más fuertes que ellos. Haz, pues, así: Saca a cada uno de los reyes de su puesto, y pon gobernadores en su lugar. Y tú, organiza otro ejército como el ejército que perdiste, caballo por caballo y carro por carro. Luego combatiremos contra ellos en la llanura, y sin duda seremos más fuertes que ellos. El les prestó atención, y lo hizo así. Y aconteció, al año siguiente, que Ben-hadad pasó revista a los sirios y fue a Afec para combatir contra Israel. También se pasó revista a los hijos de Israel, y tomando provisiones les salieron al encuentro. Los hijos de Israel acamparon frente a ellos y eran como dos pequeños rebaños de cabras, mientras que los sirios llenaban el campo. Entonces el hombre de Dios se acercó al rey de Israel y le habló diciendo: —Así ha dicho Jehovah: "Porque los sirios han dicho: ‘Jehovah es un dios de las montañas; no es un dios de los valles’, yo entregaré a toda esta gran multitud en tu mano, para que reconozcas que yo soy Jehovah." Siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros. Y sucedió que al séptimo día se dio la batalla. Entonces los hijos de Israel mataron en un día a 100.000 hombres de infantería de los sirios. Los demás huyeron a la ciudad de Afec, pero el muro cayó encima de 27.000 hombres que habían quedado. También Ben-hadad fue huyendo a la ciudad y se escondía de cuarto en cuarto. Sus servidores dijeron a Ben-hadad: —He aquí, hemos oído que los reyes de la casa de Israel son reyes clementes. Pongamos, pues, cilicio sobre nuestras espaldas y sogas a nuestros cuellos, y salgamos al rey de Israel; quizás nos perdone la vida. Entonces se ciñeron sus lomos con cilicio y pusieron sogas a sus cuellos, y fueron al rey de Israel y dijeron: —Tu siervo Ben-hadad dice: "Por favor, perdóname la vida." Y él respondió: —¿Todavía vive? ¡Es mi hermano! Aquellos hombres tomaron esto como buen augurio y se apresuraron a tomarle la palabra, diciendo: —¡Tu hermano es Ben-hadad! El dijo: —Id y traedle. Ben-hadad se presentó ante Acab, quien le hizo subir en su carro. Luego le dijo Ben-hadad: —Yo restituiré las ciudades que mi padre tomó a tu padre. Tú también podrás establecer centros comerciales en Damasco, como mi padre hizo en Samaria. —Entonces con este convenio yo te dejaré ir libre. Hizo, pues, un convenio con él y le dejó ir. Entonces un hombre de los hijos de los profetas dijo a su compañero, por mandato de Jehovah: —¡Golpéame, por favor! Pero el hombre rehusó golpearle. Y él le dijo: —Porque no has obedecido la voz de Jehovah, he aquí que cuando te apartes de mí, te matará un león. Cuando se apartó de él, lo encontró un león y lo mató. Luego se encontró con otro hombre y le dijo: —¡Golpéame, por favor! El hombre le dio un golpe y le ocasionó una herida. Entonces el profeta se fue y se puso de pie delante del rey en el camino, disfrazándose con una venda sobre los ojos. Sucedió que cuando el rey pasaba, aquél gritó al rey y dijo: —¡Tu siervo estuvo en medio de la batalla, y he aquí que uno se apartó trayéndome a un hombre y me dijo: "Guarda a este hombre, porque si llega a escapar, tu vida responderá por la suya o pagarás un talento de plata." Pero sucedió que mientras tu siervo estaba ocupado en una y otra cosa, él desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: —¡Esa será tu sentencia! ¡Tú mismo la has pronunciado! Entonces se quitó apresuradamente la venda de sus ojos, y el rey de Israel reconoció que era uno de los profetas. Y éste dijo al rey: —Así ha dicho Jehovah: "¡Por cuanto soltaste de la mano al hombre que yo había designado como anatema, tu vida responderá por la suya, y tu pueblo por el suyo!" El rey de Israel se fue a su casa decaído y enfadado, y llegó a Samaria. Pasadas estas cosas aconteció que Nabot de Jezreel tenía una viña en Jezreel, junto al palacio de Acab, rey de Samaria. Y Acab habló a Nabot diciendo: —Dame tu viña para que me sirva como huerto de verduras, porque está junto a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que ésta. O si te parece mejor, te pagaré su precio en dinero. Nabot respondió a Acab: —¡Guárdeme Jehovah de darte la heredad de mis padres! Acab se fue a su casa decaído y enfadado por las palabras que le había respondido Nabot de Jezreel, quien le había dicho: "No te daré la heredad de mis padres." Se acostó en su cama, volvió su cara y no tomó alimentos. Jezabel, su mujer, fue a él y le preguntó: —¿Por qué está decaído tu espíritu, y no tomas alimentos? Y él le respondió: —Porque hablé con Nabot de Jezreel y le dije: "Dame tu viña por dinero; o si te parece mejor, te daré otra viña por ella." Y él respondió: "No te daré mi viña." Su mujer Jezabel le dijo: —¿Tú actúas ahora como rey sobre Israel? ¡Levántate, toma alimentos, y alégrese tu corazón! ¡Yo te daré la viña de Nabot de Jezreel! Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, las selló con su anillo y las envió a los ancianos y principales que habitaban en su ciudad con Nabot. Las cartas que escribió decían así: Proclamad ayuno y haced que Nabot se siente frente al pueblo. Haced que se sienten frente a él dos hombres perversos para que testifiquen contra él diciendo: "¡Tú has maldecido a Dios y al rey!" Entonces sacadlo y apedreadlo, y que muera. Los hombres de su ciudad, los ancianos y los principales que vivían en su ciudad hicieron como les mandó Jezabel. Conforme a lo escrito en las cartas que ella había enviado, proclamaron ayuno e hicieron sentar a Nabot frente al pueblo. Luego vinieron los dos hombres perversos y se sentaron frente a él. Y estos hombres perversos dieron testimonio contra Nabot frente al pueblo, diciendo: —Nabot ha maldecido a Dios y al rey. Lo sacaron de la ciudad y lo apedrearon, y murió. Después enviaron a decir a Jezabel: "Nabot ha sido apedreado y ha muerto." Sucedió que cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y que había muerto, Jezabel dijo a Acab: —Levántate y toma posesión de la viña de Nabot de Jezreel, quien no te la quiso dar por dinero. Nabot ya no vive; ha muerto. Y sucedió que cuando Acab oyó que Nabot había muerto, se levantó Acab para descender a la viña de Nabot de Jezreel a fin de tomar posesión de ella. Aconteció que vino la palabra de Jehovah a Elías el tisbita, diciendo: —Levántate, desciende al encuentro de Acab, rey de Israel, que reside en Samaria. He aquí que está en la viña de Nabot, a donde ha descendido para tomar posesión de ella. Le hablarás diciendo: "Así ha dicho Jehovah: ‘¿Has asesinado y también has tomado posesión?’" Luego le hablarás diciendo: "Así ha dicho Jehovah: ‘En el lugar donde los perros lamieron la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre.’" Acab dijo a Elías: —¿Así que me has encontrado, enemigo mío? El respondió: —Te he encontrado, porque te has vendido para hacer lo malo ante los ojos de Jehovah. Así dice Jehovah: "He aquí, yo traeré el mal sobre ti y te barreré por completo. Eliminaré de Acab a todo varón en Israel, tanto al esclavo como al libre. Yo haré a los de tu casa como a los de la casa de Jeroboam hijo de Nabat y a los de la casa de Baasa hijo de Ajías, por la provocación con que me has provocado a ira y con que has hecho pecar a Israel." También de Jezabel ha hablado Jehovah diciendo: "Los perros comerán a Jezabel en la parcela de Jezreel. Al que de Acab muera en la ciudad, lo comerán los perros; y al que muera en el campo, lo comerán las aves del cielo." No hubo realmente nadie como Acab, que se vendiera para hacer lo malo ante los ojos de Jehovah, pues su mujer Jezabel lo incitaba. El actuó de manera muy abominable, yendo tras los ídolos, conforme a todo lo que hacían los amorreos, a los cuales Jehovah había echado de delante de los hijos de Israel. Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestiduras, puso cilicio sobre su cuerpo, ayunó y se acostó con el cilicio; y andaba humillado. Entonces vino la palabra de Jehovah a Elías el tisbita, diciendo: —¿Has visto cómo se ha humillado Acab delante de mí? Por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa. Tres años pasaron sin que hubiera guerra entre Siria e Israel. Y aconteció al tercer año que Josafat, rey de Judá, descendió a visitar al rey de Israel. Entonces el rey de Israel dijo a sus servidores: —¿Sabéis que Ramot de Galaad nos pertenece? ¡Y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano del rey de Siria! Luego preguntó a Josafat: —¿Irás conmigo a la guerra a Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: —Yo soy como eres tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos. Además, Josafat dijo al rey de Israel: —Por favor, consulta hoy la palabra de Jehovah. Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, unos 400 hombres, y les preguntó: —¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o desistiré? Ellos respondieron: —Sube, porque el Señor la entregará en mano del rey. Entonces preguntó Josafat: —¿No hay aquí todavía algún profeta de Jehovah, para que consultemos por medio de él? El rey de Israel respondió a Josafat: —Todavía hay un hombre por medio del cual podríamos consultar a Jehovah; pero yo le aborrezco, porque no me profetiza el bien, sino el mal. Es Micaías hijo de Imla. Josafat respondió: —No hable así el rey. Entonces el rey de Israel llamó a un funcionario y le dijo: —Trae pronto a Micaías hijo de Imla. El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, vestidos con sus vestiduras reales, estaban sentados, cada uno en su trono, en la era a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos. Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro y decía: —Así ha dicho Jehovah: "¡Con éstos embestirás a los sirios, hasta acabar con ellos!" Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: —Sube a Ramot de Galaad y triunfa, porque Jehovah la entregará en mano del rey. El mensajero que había ido a llamar a Micaías le habló diciendo: —He aquí, las palabras de los profetas unánimemente anuncian el bien al rey. Sea, pues, tu palabra como la de uno de ellos, y anuncia el bien. Pero Micaías respondió: —¡Vive Jehovah, que lo que Jehovah me diga, eso hablaré! Llegó al rey, y el rey le preguntó: —Micaías, ¿iremos a la guerra contra Ramot de Galaad, o desistiremos? El respondió: —Sube y triunfa, porque Jehovah la entregará en mano del rey. El rey le dijo: —¿Cuántas veces tengo que hacerte jurar que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehovah? Entonces respondió: —He visto a todo Israel dispersado por los montes como ovejas que no tienen pastor. Y Jehovah dijo: "Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz." Entonces el rey de Israel dijo a Josafat: —¿No te dije que no profetizaría acerca de mí el bien, sino el mal? Luego dijo Micaías: —Escucha, pues, la palabra de Jehovah: Yo he visto a Jehovah sentado en su trono; y todo el ejército de los cielos estaba de pie junto a él, a su derecha y a su izquierda. Entonces Jehovah preguntó: "¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?" Y uno respondía de una manera, y otro respondía de otra manera. Entonces salió un espíritu, se puso delante de Jehovah y dijo: "Yo le induciré." Jehovah le preguntó: "¿De qué manera?" Y él le respondió: "Saldré y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas." Y Jehovah dijo: "Tú lo inducirás, y también prevalecerás. Sal y hazlo así." Ahora pues, he aquí que Jehovah ha puesto un espíritu de mentira en la boca de todos estos tus profetas, porque Jehovah ha decretado el mal con respecto a ti. Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla, diciéndole: —¿Por qué camino se apartó de mí el Espíritu de Jehovah, para hablarte a ti? Y Micaías respondió: —¡He aquí, tú lo verás aquel día, cuando te metas de cuarto en cuarto para esconderte! Entonces dijo el rey de Israel: —Toma a Micaías y hazlo volver a Amón, alcalde de la ciudad, y a Joás, hijo del rey. Y di: "El rey ha dicho así: ‘Poned a éste en la cárcel y mantenedle con una escasa ración de pan y de agua, hasta que yo llegue en paz.’" Y Micaías dijo: —Si logras volver en paz, Jehovah no ha hablado por medio de mí. —Y añadió—: ¡Oídlo, pueblos todos! El rey de Israel subió con Josafat, rey de Judá, a Ramot de Galaad. El rey de Israel dijo a Josafat: —Yo me disfrazaré y entraré en la batalla; pero tú, vístete con tus vestiduras. Entonces el rey de Israel se disfrazó y entró en la batalla. Ahora bien, el rey de Siria había mandado a sus treinta y dos jefes de los carros que tenía, diciendo: "No luchéis contra chico ni contra grande, sino sólo contra el rey de Israel." Y sucedió que cuando los jefes de los carros vieron a Josafat, dijeron: —¡Ciertamente éste es el rey de Israel! Entonces se dirigieron hacia él para atacarle, pero Josafat gritó. Y sucedió que al ver los jefes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron de él. Entonces un hombre tiró con su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura y la coraza. Y él dijo al que guiaba su carro: —¡Da la vuelta y sácame de la batalla, porque he sido herido! La batalla arreció aquel día, y el rey fue sostenido en pie en el carro, frente a los sirios. Y murió al atardecer. La sangre de la herida corría hasta el fondo del carro. A la puesta del sol salió una proclama por todo el campamento, diciendo: —¡Cada uno a su ciudad! ¡Cada uno a su tierra! Murió, pues, el rey y fue llevado a Samaria; luego sepultaron al rey en Samaria. Lavaron el carro junto al estanque de Samaria (donde las prostitutas se lavaban), mientras los perros lamían su sangre, conforme a la palabra que Jehovah había hablado. Los demás hechos de Acab y todo lo que hizo, la casa de marfil y todas las ciudades que edificó, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Acab reposó con sus padres, y su hijo Ocozías reinó en su lugar. Josafat hijo de Asa comenzó a reinar sobre Judá en el cuarto año de Acab rey de Israel. Josafat tenía 35 años cuando comenzó a reinar, y reinó 25 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Azuba hija de Silji. El anduvo en todo el camino de su padre Asa, sin apartarse de él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehovah. Sin embargo, los lugares altos no fueron quitados, pues el pueblo continuaba ofreciendo sacrificios y quemando incienso en los lugares altos. Josafat también hizo la paz con el rey de Israel. Los demás hechos de Josafat, el poderío que logró y las guerras que llevó a cabo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? El eliminó del país el resto de los varones consagrados a la prostitución ritual que habían quedado del tiempo de su padre Asa. No había entonces rey en Edom; sólo había un gobernador de parte del rey. Josafat hizo barcos como los de Tarsis, para ir a Ofir por oro. Pero no fueron, pues los barcos se destrozaron en Ezión-geber. Entonces Ocozías hijo de Acab dijo a Josafat: "Que vayan mis servidores con tus servidores en los barcos." Pero Josafat no quiso. Josafat reposó con sus padres y fue sepultado con ellos en la Ciudad de David, su padre. Y su hijo Joram reinó en su lugar. Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel, en Samaria, en el año 17 de Josafat, rey de Judá, y reinó 2 años sobre Israel. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah y anduvo en el camino de su padre, en el camino de su madre y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel. Sirvió a Baal y lo adoró, y provocó a ira a Jehovah Dios de Israel, conforme a todas las cosas que su padre había hecho. Después de la muerte de Acab, Moab se rebeló contra Israel. Ocozías se cayó por la celosía de su sala en el piso superior, en Samaria, y quedó malherido. Entonces envió mensajeros diciéndoles: —Id y consultad a Baal-zebub, dios de Ecrón, si he de sanar de esta enfermedad. Entonces el ángel de Jehovah dijo a Elías el tisbita: —Levántate, sube al encuentro de los mensajeros del rey de Samaria y diles: "¿Acaso no hay Dios en Israel para que vosotros vayáis a consultar a Baal-zebub, dios de Ecrón? Por tanto, así ha dicho Jehovah: ‘De la cama a la cual subiste no descenderás, sino que ciertamente morirás.’" Entonces Elías se fue. Y cuando los mensajeros regresaron al rey, éste les preguntó: —¿Por qué habéis regresado? Ellos le respondieron: —Un hombre vino a nuestro encuentro y nos dijo: "Id, regresad al rey que os envió y decidle que así ha dicho Jehovah: ‘¿Acaso no hay Dios en Israel, para que tú mandes a consultar a Baal-zebub, dios de Ecrón? Por tanto, de la cama a la cual subiste no descenderás, sino que ciertamente morirás.’" Entonces él les preguntó: —¿Qué aspecto tenía aquel hombre que vino a vuestro encuentro y os dijo estas palabras? Ellos le respondieron: —Era un hombre velludo, que tenía ceñido un cinto de cuero a la cintura. Entonces dijo: —El es Elías el tisbita. Entonces Ocozías envió a Elías un jefe de cincuenta con sus cincuenta hombres. Este fue a él, y he aquí que él estaba sentado en la cumbre del monte, y le dijo: —Oh hombre de Dios, el rey ha dicho: "¡Desciende!" Elías respondió y dijo al jefe de cincuenta: —Si yo soy hombre de Dios, que descienda fuego del cielo y te consuma a ti con tus cincuenta. Entonces descendió fuego del cielo y lo consumió a él con sus cincuenta. El rey volvió a enviarle otro jefe de cincuenta con sus cincuenta, y éste le habló diciendo: —Oh hombre de Dios, el rey ha dicho así: "¡Desciende pronto!" Elías respondió y les dijo: —Si yo soy hombre de Dios, que descienda fuego del cielo y te consuma a ti con tus cincuenta. Entonces descendió del cielo fuego de Dios y lo consumió a él con sus cincuenta. Volvió a enviar un tercer jefe de cincuenta con sus cincuenta. Aquel tercer jefe de cincuenta subió, y al llegar se hincó de rodillas ante Elías y le rogó diciendo: —¡Oh hombre de Dios, te ruego que sea de valor a tus ojos mi vida y la vida de estos cincuenta siervos tuyos! He aquí, ha descendido fuego del cielo y ha consumido a los dos primeros jefes de cincuenta con sus cincuenta. ¡Sea ahora mi vida de valor a tus ojos! Entonces el ángel de Jehovah dijo a Elías: —Desciende con él; no le tengas miedo. Elías se levantó, fue con él al rey y le dijo: —Así ha dicho Jehovah: "Por cuanto enviaste mensajeros a consultar a Baal-zebub, dios de Ecrón (¿acaso no hay Dios en Israel para consultar su palabra?), por tanto, de la cama a la cual subiste no descenderás, sino que ciertamente morirás." Y Ocozías murió, conforme a la palabra de Jehovah que Elías había hablado. En su lugar comenzó a reinar Joram, en el segundo año de Joram hijo de Josafat, rey de Judá, porque Ocozías no tenía hijo. Las demás cosas que hizo Ocozías, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Aconteció que cuando Jehovah iba a arrebatar a Elías al cielo en un torbellino, Elías venía de Gilgal con Eliseo. Y Elías dijo a Eliseo: —Por favor, quédate aquí, porque Jehovah me ha enviado a Betel. Eliseo dijo: —¡Vive Jehovah, y vive tu alma, que no te dejaré! Entonces descendieron a Betel. Y los hijos de los profetas que estaban en Betel salieron al encuentro de Eliseo, y le preguntaron: —¿Sabes que hoy Jehovah arrebatará a tu señor por encima de tu cabeza? El respondió: —Sí, yo lo sé. Callad. Elías le volvió a decir: —Eliseo, por favor, quédate aquí, porque Jehovah me ha enviado a Jericó. Y él dijo: —¡Vive Jehovah, y vive tu alma, que no te dejaré! Y fueron a Jericó. Entonces los hijos de los profetas que estaban en Jericó se acercaron a Eliseo y le preguntaron: —¿Sabes que hoy Jehovah arrebatará a tu señor por encima de tu cabeza? Y él respondió: —Sí, yo lo sé. Callad. Luego le dijo Elías: —Por favor, quédate aquí, porque Jehovah me ha enviado al Jordán. Y él dijo: —¡Vive Jehovah, y vive tu alma, que no te dejaré! Fueron, pues, los dos. Y llegaron cincuenta hombres de los hijos de los profetas y se pararon al frente, a lo lejos. También ellos dos se pararon junto al Jordán. Entonces Elías tomó su manto, lo dobló y golpeó las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado; y ambos pasaron en seco. Y sucedió que cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: —Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea arrebatado de tu lado. Eliseo dijo: —Te ruego que pase a mí una doble porción de tu espíritu. El dijo: —Has pedido algo difícil. Si me ves cuando sea arrebatado de tu lado, te será concedido; si no, no. Aconteció que mientras ellos iban y conversaban, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego los separó a los dos, y Elías subió al cielo en un torbellino. Eliseo, al verlo, gritó: —¡Padre mío, padre mío! ¡Carro de Israel, y sus jinetes! Nunca más le vio. Y agarrando sus ropas, las rasgó en dos partes. Entonces Eliseo recogió el manto de Elías, que se le había caído, y regresó. Luego, deteniéndose a la orilla del Jordán, tomó el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas y dijo: —¿Dónde está Jehovah, el Dios de Elías? Y cuando él también golpeó las aguas, éstas se apartaron a uno y a otro lado; y Eliseo cruzó. Lo vieron los hijos de los profetas que estaban en Jericó, al otro lado, y dijeron: —¡El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo! Entonces fueron hacia él, se postraron ante él en tierra, y le dijeron: —He aquí, con tus siervos hay cincuenta hombres valerosos. Que vayan ellos y busquen a tu señor; no sea que el Espíritu de Jehovah lo haya levantado y lo haya arrojado en alguna montaña o en algún valle. El dijo: —No los mandéis. Ellos insistieron hasta que sintiéndose él avergonzado, dijo: —Enviadlos. Entonces enviaron a cincuenta hombres, los cuales lo buscaron durante tres días, pero no lo hallaron. Cuando volvieron a él, que se había quedado en Jericó, les dijo: —¿No os dije que no fueseis? Entonces los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: —He aquí, el lugar de esta ciudad es bueno, como lo ve mi señor; pero las aguas son malas, y la tierra es estéril. Entonces él dijo: —Traedme una vasija nueva y poned en ella sal. Se la trajeron. Y salió al manantial de las aguas, echó dentro la sal y dijo: —Así ha dicho Jehovah: "Yo saneo estas aguas, y no habrá en ellas más muerte ni esterilidad." Y así fueron saneadas las aguas hasta el día de hoy, conforme a las palabras que Eliseo pronunció. Después fue de allí a Betel; y cuando subía por el camino, salieron unos muchachos de la ciudad y se burlaban de él diciéndole: —¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo! Volviéndose hacia atrás, los vio y los maldijo en el nombre de Jehovah. Entonces salieron dos osas del bosque y despedazaron a cuarenta y dos de aquellos niños. De allí fue al monte Carmelo, y de allí volvió a Samaria. Joram hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, en el año 18 de Josafat, rey de Judá; y reinó 12 años. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, aunque no como su padre y su madre, porque quitó la piedra ritual de Baal que había hecho su padre. Sin embargo, persistió en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos. Mesa, rey de Moab, que era ganadero, pagaba al rey de Israel como tributo 100.000 corderos, más la lana de otros 100.000 carneros. Pero sucedió que cuando murió Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel. Entonces el rey Joram salió de Samaria y pasó revista a todo Israel. También fue y envió a decir a Josafat, rey de Judá: —El rey de Moab se ha rebelado contra mí. ¿Irás conmigo a la guerra contra Moab? El respondió: —Sí, iré. Yo soy como tú eres; mi pueblo es como tu pueblo, y mis caballos son como tus caballos. —Y añadió—: ¿Por qué camino iremos? Joram respondió: —Por el camino del desierto de Edom. Partieron, pues, el rey de Israel, el rey de Judá y el rey de Edom, y dieron un rodeo de siete días, hasta que les faltó agua para el ejército y para los animales que les acompañaban. Entonces el rey de Israel dijo: —¡Ay! ¡Jehovah ha traído a estos tres reyes para entregarlos en mano de los moabitas! Y Josafat preguntó: —¿No hay aquí algún profeta de Jehovah, para que consultemos a Jehovah por medio de él? Uno de los servidores del rey de Israel respondió diciendo: —Aquí está Eliseo hijo de Safat, el que solía verter agua en las manos de Elías. Y Josafat dijo: —La palabra de Jehovah está con él. El rey de Israel, Josafat y el rey de Edom fueron a él, y Eliseo dijo al rey de Israel: —¿Qué tengo yo que ver contigo? ¡Vete a los profetas de tu padre y a los profetas de tu madre! Pero el rey de Israel le respondió: —No, porque Jehovah ha convocado a estos tres reyes para entregarlos en mano de los moabitas. Entonces Eliseo dijo: —¡Vive Jehovah de los Ejércitos, a quien sirvo, que si yo no tuviese respeto por Josafat, rey de Judá, no te atendería ni te miraría. Pero ahora, traedme un músico. Sucedió que mientras el músico tañía, la mano de Jehovah vino sobre Eliseo, y éste dijo: —Así ha dicho Jehovah: "Haced varios diques en este valle. Porque así ha dicho Jehovah: No veréis viento ni lluvia, pero este valle se llenará de agua; y beberéis vosotros, vuestros animales y vuestro ganado." Esto es poca cosa a los ojos de Jehovah; él también entregará a los moabitas en vuestra mano. Y destruiréis toda ciudad fortificada y toda ciudad importante. Derribaréis todos los árboles buenos, cegaréis todos los manantiales de agua y arruinaréis con piedras todo campo fértil. Aconteció que por la mañana, a la hora en que se suele presentar la ofrenda vegetal, he aquí que llegaron las aguas por el camino de Edom, y la tierra se llenó de agua. Cuando todos los de Moab oyeron que los reyes subían para combatir contra ellos, convocaron a todos, desde los que apenas podían ceñirse las armas en adelante, y se situaron en la frontera. Cuando se levantaron temprano por la mañana y el sol resplandeció sobre las aguas, los de Moab vieron desde lejos las aguas rojas como sangre. Entonces dijeron: —Esto es sangre. Sin duda, los reyes han peleado entre sí, y cada uno ha dado muerte a su compañero. ¡Ahora pues, Moab, al botín! Pero cuando llegaron al campamento de Israel, se levantaron los israelitas y atacaron a los de Moab, los cuales huyeron ante ellos. E invadieron el país, matando a los de Moab y desolando las ciudades. Cada uno echó su piedra en todas las tierras fértiles, y las llenaron. También cegaron todos los manantiales de agua y derribaron todos los árboles buenos, hasta que sólo Quir-jaréset quedó con sus piedras, pero los que tiraban la honda la rodearon y la atacaron. Cuando el rey de Moab vio que la batalla se le hacía demasiado difícil, tomó consigo a 700 hombres que sacaban espada, para irrumpir contra el rey de Edom; pero no pudieron. Entonces él tomó a su hijo primogénito, el que había de reinar en su lugar, y lo ofreció en holocausto sobre el muro. Y hubo gran ira contra los israelitas, quienes se retiraron de allí y regresaron a su tierra. Entonces una mujer, que fuera esposa de uno de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo diciendo: —Tu siervo, mi marido, ha muerto. Tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehovah, pero el acreedor ha venido para llevarse a mis dos hijos como esclavos suyos. Y Eliseo le preguntó: —¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa. Ella respondió: —Tu sierva no tiene ninguna cosa en casa, excepto un frasco de aceite. El le dijo: —Vé y pide prestadas vasijas de fuera, de todas tus vecinas, vasijas vacías; no pidas pocas. Luego entra, cierra la puerta detrás de ti y de tus hijos, y vierte el aceite en todas esas vasijas. Y cuando una esté llena, ponla aparte. Ella se apartó de él y cerró la puerta detrás de sí y de sus hijos. Ellos le traían las vasijas, y ella vertía el aceite. Y sucedió que cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: —Tráeme otra vasija. Y le respondió: —No hay más vasijas. Entonces el aceite cesó. Luego ella fue y se lo contó al hombre de Dios, quien dijo: —Anda, vende el aceite y paga tu deuda, y tú y tus hijos vivid de lo que quede. Aconteció que cierto día pasaba Eliseo por Sunem. Y había allí una mujer importante, quien le invitó insistentemente a comer. Y sucedía que cada vez que él pasaba, entraba allí a comer. Entonces ella dijo a su marido: —He aquí, yo sé que este hombre que siempre pasa por nuestra casa es un santo hombre de Dios. Hagamos un pequeño cuarto en la azotea, y pongamos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara para él, a fin de que cuando venga a nosotros, pueda quedarse allí. Aconteció que cierto día él llegó por allí, subió al cuarto y se acostó allí. Entonces dijo a Guejazi, su criado: —Llama a esta sunamita. Cuando la llamó, ella se presentó delante de él; y Eliseo dijo a Guejazi: —Dile: "He aquí, tú te has preocupado de nosotros con todo este cuidado. ¿Qué se puede hacer por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al jefe del ejército?" Pero ella respondió: —Yo habito en medio de mi pueblo. Eliseo preguntó: —¿Qué, pues, haremos por ella? Y Guejazi respondió: —A la verdad, ella no tiene hijos, y su marido es viejo. Entonces Eliseo dijo: —Llámala. El la llamó, y ella se detuvo a la puerta. Entonces él dijo: —El año que viene, por este tiempo, tú abrazarás un hijo. Ella dijo: —¡No, señor mío, hombre de Dios! ¡No engañes a tu sierva! Pero la mujer concibió y dio a luz un hijo al año siguiente, por el tiempo que Eliseo le había dicho. Cuando el niño creció, sucedió cierto día que fue a donde estaban su padre y los segadores. Y dijo a su padre: —¡Mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a su criado: —Llévalo a su madre. Lo tomó y lo llevó a su madre. El niño estuvo recostado sobre las rodillas de ella hasta el mediodía; luego murió. Entonces ella subió, lo acostó sobre la cama del hombre de Dios, cerró la puerta y salió. Después llamó a su marido y le dijo: —Te ruego que me mandes uno de los criados y una de las asnas, para que yo corra hacia el hombre de Dios y regrese. El preguntó: —¿Para qué vas a verle hoy? No es luna nueva ni sábado. Y ella respondió: —Paz. Después hizo aparejar el asna y dijo a su criado: —Toma la rienda y anda. No te detengas por mí en el viaje, a menos que yo te lo diga. Ella se marchó y llegó a donde estaba el hombre de Dios, en el monte Carmelo. Y sucedió que cuando el hombre de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Guejazi: —He allí la sunamita. Ahora, por favor, corre a su encuentro y pregúntale: "¿Te va bien? ¿Le va bien a tu marido? ¿Le va bien a tu hijo?" Y ella respondió: —Bien. Cuando ella llegó al monte, al hombre de Dios, se asió de sus pies. Guejazi se acercó para apartarla, pero el hombre de Dios le dijo: —Déjala, porque su alma está en amargura. Jehovah me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado. Ella dijo: —¿Acaso pedí yo un hijo a mi señor? ¿No te dije que no me llenaras de falsas esperanzas? Entonces él dijo a Guejazi: —Ciñe tus lomos, toma mi bastón en tu mano y anda. Si encuentras a alguien, no le saludes. Si alguien te saluda, no le respondas. Y pon mi bastón sobre la cara del niño. La madre del niño dijo: —¡Vive Jehovah, y vive tu alma, que no me apartaré de ti! Entonces él se levantó y la siguió. Guejazi se adelantó a ellos y puso el bastón sobre la cara del niño. Pero éste no habló ni reaccionó, de modo que Guejazi volvió al encuentro de Eliseo y le dijo: —El niño no se ha despertado. Cuando Eliseo llegó a la casa, he aquí que el niño estaba muerto, tendido sobre su cama. Entonces entró, cerró la puerta detrás de ellos dos, y oró a Jehovah. Después subió y se echó sobre el niño, su boca sobre su boca, sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre sus manos. Así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en calor. Luego se volvió y se paseaba por la casa de un lado a otro. Después subió y se tendió sobre el niño, y el niño estornudó siete veces. Luego el niño abrió sus ojos. Entonces Eliseo llamó a Guejazi y le dijo: —Llama a esta sunamita. El la llamó, y cuando ella entró, Eliseo le dijo: —Toma a tu hijo. Cuando ella entró, se echó a los pies de él, y se postró en tierra. Después tomó a su hijo y salió. Eliseo regresó a Gilgal, cuando había hambre en el país. Los hijos de los profetas estaban sentados delante de él. Entonces dijo a su criado: —Pon la olla grande y prepara un guiso para los hijos de los profetas. Uno de ellos salió al campo para recoger hierbas, y halló una vid silvestre. Tomó de ella calabazas silvestres llenando su falda; y cuando regresó, las cortó en tajadas echándolas en la olla del guiso, aunque no sabía qué eran. Luego lo sirvieron para que comieran los hombres. Pero sucedió que cuando comían del guiso, ellos gritaron diciendo: —¡Oh hombre de Dios, hay muerte en la olla! Y no lo pudieron comer. Entonces Eliseo dijo: —Traed harina. La esparció en la olla y dijo: —Sirve a la gente para que coman. Y ya no hubo nada malo en la olla. Entonces vino un hombre de Baal-salisa, trayendo en su alforja alimentos de primicias para el hombre de Dios: veinte panes de cebada y espigas de grano nuevo. Y Eliseo dijo: —Da a la gente para que coma. Y su criado respondió: —¿Cómo voy a poner esto delante de 100 hombres? Pero él volvió a decir: —Da a la gente para que coma, porque así ha dicho Jehovah: "Comerán, y sobrará." Entonces él lo puso delante de ellos. Y comieron, y sobró, conforme a la palabra de Jehovah. Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era un hombre muy importante delante de su señor y tenido en gran estima, porque por medio de él Jehovah había librado a Siria. El hombre era un guerrero valiente, pero leproso. Los sirios habían salido en incursiones y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la esposa de Naamán. Ella dijo a su señora: —¡Ojalá mi señor se presentase al profeta que está en Samaria! Pues él lo sanaría de su lepra. Naamán entró y habló a su señor, diciendo: —Así y así ha dicho la muchacha que es de la tierra de Israel. El rey de Siria le dijo: —Anda, vé, y yo enviaré una carta al rey de Israel. Partió, pues, llevando consigo 10 talentos de plata, 6.000 siclos de oro y 10 vestidos nuevos. También llevó la carta para el rey de Israel, la cual decía así: Ahora, cuando esta carta llegue a ti, sabrás que yo te he enviado a mi servidor Naamán, para que lo sanes de su lepra. Y sucedió que cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y dijo: —¿Acaso soy yo Dios, para dar la muerte o dar la vida, y para que éste me envíe un hombre, a fin de que yo lo sane de su lepra? ¡Considerad, pues, y ved cómo él busca ocasión contra mí! Pero sucedió que cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, envió a decir al rey: "¿Por qué has rasgado tus vestiduras? ¡Que venga a mí, y sabrá que hay profeta en Israel!" Entonces Naamán llegó con sus caballos y su carro, y se detuvo ante la puerta de la casa de Eliseo. Y Eliseo le envió un mensajero que le dijo: —Vé, lávate siete veces en el Jordán, y tu carne te será restaurada, y serás limpio. Naamán se enfureció y se fue diciendo: —He aquí, yo pensaba que seguramente él saldría, que puesto de pie invocaría el nombre de Jehovah su Dios, y que moviendo su mano sobre el lugar, sanaría la parte leprosa. ¿No son los ríos de Damasco, el Abana y el Farfar, mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podría yo lavarme en ellos y ser limpio? Y dando la vuelta, se iba enojado. Pero sus siervos se acercaron a él y le hablaron diciendo: —Padre mío, si el profeta te hubiera mandado alguna cosa grande, ¿no la habrías hecho? Con mayor razón si él te dice: "Lávate y serás limpio." Entonces él descendió y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne se volvió como la carne de un niño pequeño, y quedó limpio. Luego Naamán volvió al hombre de Dios, él con toda su comitiva. Llegó y se detuvo delante de él, y dijo: —¡He aquí, yo reconozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel! Ahora pues, acepta, por favor, un presente de parte de tu siervo. Pero Eliseo dijo: —¡Vive Jehovah, a quien sirvo, que no aceptaré nada! Naamán le insistió para que lo aceptase, pero él rehusó. Entonces Naamán dijo: —Si no, por favor, sea dada a tu siervo una carga de esta tierra, que pueda ser llevada por un par de mulas; porque de aquí en adelante tu siervo no ofrecerá holocausto ni sacrificio a otros dioses, sino sólo a Jehovah. Pero Jehovah perdone esto a tu siervo: Cuando mi señor entre en el templo de Rimón para adorar allí, y él se apoye en mi brazo y yo me incline en el templo de Rimón (cuando yo tenga que inclinarme en el templo de Rimón), que Jehovah perdone esto a tu siervo. Y le dijo: —Vé en paz. Cuando Naamán se alejó de él y había recorrido cierta distancia, Guejazi, criado de Eliseo, el hombre de Dios, pensó: "He aquí que mi señor ha eximido a este sirio Naamán y no ha tomado de su mano las cosas que él trajo. ¡Vive Jehovah, que ciertamente correré tras él y conseguiré de él alguna cosa!" Guejazi siguió a Naamán; y cuando Naamán vio que venía corriendo tras él, se bajó del carro para recibirle y le preguntó: —¿Está todo bien? Y él respondió: —Sí, pero mi señor me envía a decir: "He aquí, en este momento han llegado a mí dos jóvenes de los hijos de los profetas, de la región montañosa de Efraín. Te ruego que des para ellos un talento de plata y dos vestidos nuevos." Entonces Naamán dijo: —Dígnate aceptar dos talentos. El le insistió y ató en dos bolsas dos talentos y dos vestidos nuevos. Y los entregó a dos de sus criados para que los llevasen delante de él. Cuando llegaron a la colina, él los tomó de sus manos y los guardó en casa. Luego despidió a los hombres, y se fueron. Entonces él entró y se puso de pie delante de su señor. Y Eliseo le preguntó: —¿De dónde vienes, Guejazi? Y él respondió: —Tu siervo no ha ido a ninguna parte. Entonces Eliseo le dijo: —¿No estuvo allí mi corazón cuando el hombre volvió de su carro a tu encuentro? ¿Es ésta la ocasión de aceptar dinero o de aceptar ropa, olivares, viñas, ovejas, vacas, siervos y siervas? Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tus descendientes, para siempre. Entonces salió de su presencia leproso, blanco como la nieve. Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: —He aquí que el lugar en que habitamos contigo es demasiado estrecho para nosotros. Permite que vayamos al Jordán, que tomemos de allí cada uno un tronco y que nos hagamos allí un lugar donde podamos habitar. El dijo: —Id. Luego uno dijo: —Por favor, dígnate venir con tus siervos. Y él respondió: —Yo iré. Entonces fue con ellos; y cuando llegaron al Jordán, cortaron los árboles. Pero sucedió que cuando uno de ellos estaba derribando un tronco, se le cayó el hierro del hacha al agua, y dio voces diciendo: —¡Ay, señor mío! ¡Era prestada! El hombre de Dios preguntó: —¿Dónde cayó? Le mostró el lugar. Y él cortó un palo, lo echó allí e hizo flotar el hierro. Entonces dijo: —Tómalo. Y él extendió la mano y lo tomó. El rey de Siria estaba en guerra con Israel, y tomó consejo con sus servidores, diciendo: —En tal y tal lugar estará mi campamento. Pero el hombre de Dios mandó a decir al rey de Israel: "Guárdate de pasar por tal lugar, porque los sirios van a descender allí." Y el rey de Israel enviaba gente al lugar que el hombre de Dios le indicaba y advertía, de modo que tomaba precauciones allí, no una ni dos veces. Entonces el corazón del rey de Siria se turbó por esto, y llamando a sus servidores les preguntó: —¿No me declararéis vosotros quién de los nuestros está de parte del rey de Israel? Entonces respondió uno de sus servidores: —Ninguno, oh mi señor el rey; sino que el profeta Eliseo, que está en Israel, le declara al rey de Israel las palabras que hablas en tu dormitorio. Entonces él dijo: —Id, mirad dónde está, y yo enviaré a capturarlo. Le informaron diciendo: —He aquí, está en Dotán. Y el rey envió allá gente de a caballo, carros y un gran ejército, los cuales llegaron de noche y rodearon la ciudad. Cuando el que servía al hombre de Dios madrugó para partir y salió, he aquí que un ejército tenía cercada la ciudad con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: —¡Ay, señor mío! ¿Qué haremos? El le respondió: —No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Entonces Eliseo oró diciendo: —Te ruego, oh Jehovah, que abras sus ojos para que vea. Jehovah abrió los ojos del criado, y éste miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo y carros de fuego, alrededor de Eliseo. Y cuando los sirios descendieron hacia él, Eliseo oró a Jehovah y dijo: —Te ruego que hieras a esta gente con ceguera. Y los hirió con ceguera, conforme a la palabra de Eliseo. Luego Eliseo les dijo: —Este no es el camino, ni ésta es la ciudad. Seguidme, y yo os guiaré a donde está el hombre que buscáis. Entonces los guió a Samaria. Y sucedió que cuando llegaron a Samaria, Eliseo dijo: —Oh Jehovah, abre los ojos de éstos para que vean. Jehovah abrió sus ojos, y miraron; y he aquí que se hallaban en medio de Samaria. Cuando el rey de Israel los vio, preguntó a Eliseo: —¿Los mato, padre mío? ¿Los mato? El le respondió: —No los mates. ¿Matarías a los que tomas cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua para que coman y beban, y se vuelvan a su señor. Entonces les hizo un gran banquete. Y cuando habían comido y bebido, los dejó ir; y se volvieron a su señor. Y las bandas armadas de Siria no volvieron a hacer incursiones en la tierra de Israel. Aconteció después de esto que Ben-hadad, rey de Siria, reunió todo su ejército, y subió y sitió a Samaria. Y he aquí que mientras la tenían sitiada, había mucha hambre en Samaria, tanto que la cabeza de un asno era vendida por 80 siclos de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de paloma por 5 siclos de plata. Sucedió que cuando el rey de Israel pasaba por el muro, una mujer gritó diciéndole: —¡Socórreme, oh mi señor el rey! El dijo: —Si no te socorre Jehovah, ¿de dónde te he de socorrer yo? ¿De la era, o del lagar? —El rey añadió—: ¿Qué quieres? Ella respondió: —Esta mujer me dijo: "Entrega tu hijo para que lo comamos hoy, y mañana comeremos el mío." Cocimos, pues, a mi hijo y lo comimos. Al día siguiente yo le dije a ella: "Entrega tu hijo para que lo comamos." Pero ella ha escondido a su hijo. Sucedió que cuando el rey oyó las palabras de la mujer, rasgó sus vestiduras y pasaba así por el muro. Entonces el pueblo miró, y he aquí que debajo llevaba cilicio sobre su cuerpo. Luego dijo: —¡Así me haga Dios y aun me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Safat queda hoy en su lugar! Eliseo estaba sentado en su casa, y los ancianos estaban sentados con él, cuando el rey envió a uno de sus hombres. Pero antes que el mensajero llegase a él, Eliseo dijo a los ancianos: —¿Veis cómo este hijo de homicida envía para que me quiten la cabeza? Mirad, pues, y cuando llegue el mensajero, cerrad la puerta e impedidle la entrada. ¿No se oye tras él el ruido de los pasos de su señor? Mientras él estaba hablando con ellos, he aquí que el mensajero descendía hacia él y dijo: "¡Ciertamente este mal proviene de Jehovah! ¿Qué puedo aún esperar de Jehovah?" Entonces Eliseo dijo: —Oíd la palabra de Jehovah: Así ha dicho Jehovah: "Mañana a estas horas, en la puerta de Samaria, se venderá una medida de harina refinada por un siclo, y dos medidas de cebada por un siclo." El comandante, en cuyo brazo se apoyaba el rey, respondió al hombre de Dios y dijo: —He aquí, aun cuando Jehovah hiciese ventanas en los cielos, ¿sería esto posible? Y él dijo: —¡He aquí que tú lo verás con tus ojos, pero no comerás de ello! Había cuatro hombres leprosos a la entrada de la puerta de la ciudad, los cuales se dijeron unos a otros: —¿Para qué nos quedamos aquí hasta morir? Si decimos: "Entremos en la ciudad," el hambre está en la ciudad, y moriremos allí; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Ahora pues, vayamos y pasemos al campamento de los sirios. Si nos conceden la vida, viviremos; y si nos matan, moriremos. Al anochecer se levantaron para ir al campamento de los sirios. Y cuando llegaron a un extremo del campamento de los sirios, he aquí que no había nadie allí. Porque el Señor había hecho que en el campamento de los sirios se oyera el estruendo de carros, el estruendo de caballos y el estruendo de un gran ejército, y se dijeron unos a otros: "He aquí, el rey de Israel ha contratado contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios para que vengan contra nosotros." Así que se habían levantado y huido al anochecer dejando sus tiendas, sus caballos, sus asnos y el campamento intacto. Y habían huido para salvar sus vidas. Cuando estos leprosos llegaron al extremo del campamento, entraron en una tienda, comieron y bebieron y tomaron de allí plata, oro y ropa; y fueron y los escondieron. Luego regresaron y entraron en otra tienda; también de allí tomaron, y fueron y lo escondieron. Luego se dijeron unos a otros: —No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, y nosotros estamos callados. Si esperamos hasta la luz de la mañana, nos alcanzará la maldad. Ahora pues, vayamos, entremos y demos la noticia a la casa del rey. Entonces fueron y dieron voces a los porteros de la ciudad, y les informaron diciendo: —Fuimos al campamento de los sirios, y he aquí que no había nadie, ni la voz de nadie, sino sólo caballos y asnos atados; y las tiendas estaban intactas. Los porteros lo proclamaron y lo anunciaron dentro de la casa del rey. Entonces el rey se levantó de noche y dijo a sus servidores: —Yo os diré lo que nos han hecho los sirios: Ellos saben que tenemos hambre y han salido de sus tiendas para esconderse en el campo diciendo: "Cuando salgan de la ciudad, los prenderemos vivos y entraremos en la ciudad." Entonces intervino uno de sus servidores y dijo: —Que se tomen cinco de los caballos que han quedado en la ciudad (a los que quedan les sucederá como a toda la multitud de Israel que ha quedado en ella; les sucederá como a toda la multitud de Israel que ya ha perecido), y mandemos a ver. Tomaron, pues, dos carros tirados por caballos; y el rey envió mensajeros tras el ejército de los sirios, diciéndoles: —Id y ved. Fueron tras ellos hasta el Jordán, y he aquí que todo el camino estaba lleno de prendas de vestir y equipo que los sirios habían arrojado en su apresuramiento. Los mensajeros volvieron e informaron al rey. Entonces el pueblo salió y saqueó el campamento de los sirios. Y sucedió que se vendía una medida de harina refinada por un siclo, y dos medidas de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehovah. El rey puso a cargo de la puerta de la ciudad a aquel comandante en cuyo brazo se apoyaba. Pero el pueblo lo atropelló junto a la puerta; y murió, conforme a lo que había dicho el hombre de Dios cuando el rey fue a él. Sucedió, pues, tal como el hombre de Dios había hablado al rey, diciendo: "Mañana a estas horas, en la puerta de Samaria, se venderán dos medidas de cebada por un siclo y una medida de harina refinada por un siclo." Aquel comandante había respondido al hombre de Dios y había dicho: "He aquí, aun cuando Jehovah hiciese ventanas en los cielos, ¿sería esto posible?" Y Eliseo le había dicho: "¡He aquí que tú lo verás con tus ojos, pero no comerás de ello!" Y así le ocurrió, porque el pueblo lo atropelló junto a la puerta, y murió. Eliseo habló a aquella mujer a cuyo hijo había hecho revivir, diciendo: —Levántate tú con toda tu familia y vé a residir donde puedas, pues Jehovah ha llamado al hambre, y vendrá sobre la tierra durante siete años. Entonces la mujer se levantó e hizo como le dijo el hombre de Dios. Ella con su familia partió y se fue a residir en la tierra de los filisteos durante siete años. Y sucedió que cuando pasaron los siete años, la mujer volvió de la tierra de los filisteos y fue a clamar al rey por su casa y por su campo. El rey estaba hablando con Guejazi, el criado del hombre de Dios, y le decía: —Cuéntame, por favor, todas las grandes cosas que ha hecho Eliseo. Y sucedió que mientras él contaba al rey cómo había hecho revivir a un muerto, he aquí la mujer, a cuyo hijo había hecho revivir, vino para clamar al rey por su casa y por su campo. Entonces Guejazi dijo: —¡Oh mi señor el rey! ¡Esta es la mujer, y éste es su hijo a quien Eliseo hizo revivir! El rey preguntó a la mujer, y ella se lo contó. Entonces el rey le asignó un funcionario, diciendo: —Haz que le sean devueltas todas las cosas que eran suyas, y todos los productos del campo, desde el día que dejó el país, hasta ahora. Después Eliseo fue a Damasco, y como Ben-hadad, rey de Siria, estaba enfermo, le informaron diciendo: —El hombre de Dios ha venido aquí. Entonces el rey dijo a Hazael: —Toma contigo un presente y vé al encuentro del hombre de Dios; consulta a Jehovah por medio de él y pregunta: "¿Sanaré de esta enfermedad?" Hazael tomó consigo un presente de todo lo mejor de Damasco, cuarenta camellos cargados, y fue a su encuentro. Cuando llegó, se detuvo delante de él y dijo: —Ben-hadad, tu hijo, rey de Siria, me ha enviado para preguntarte: "¿Sanaré de esta enfermedad?" Eliseo le respondió: —Vé y dile: "¡Ciertamente sanarás!" Pero Jehovah me ha mostrado que de cierto morirá. Entonces el hombre de Dios se puso de pie y miró fijamente a Hazael, hasta avergonzarlo. Y el hombre de Dios lloró. Hazael le preguntó: —¿Por qué llora mi señor? El respondió: —Porque sé el mal que harás a los hijos de Israel. Prenderás fuego a sus fortificaciones, matarás a espada a sus jóvenes, estrellarás a sus niños y abrirás el vientre a sus mujeres encintas. Hazael dijo: —¿Qué es tu siervo sino un perro, para que haga semejante cosa? Entonces Eliseo respondió: —Jehovah me ha mostrado que tú serás rey de Siria. Hazael se alejó de Eliseo y regresó a su señor, quien le preguntó: —¿Qué te ha dicho Eliseo? El respondió: —Me dijo que ciertamente sanarás. Pero al día siguiente tomó un paño, lo empapó en agua y lo extendió sobre la cara de Ben-hadad; y éste murió. Y Hazael reinó en su lugar. En el quinto año de Joram hijo de Acab, rey de Israel, y siendo Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de Josafat, rey de Judá. Tenía 32 años cuando comenzó a reinar, y reinó 8 años en Jerusalén. El anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab, porque tenía por mujer a una hija de Acab. E hizo lo malo ante los ojos de Jehovah. Sin embargo, Jehovah no quiso destruir a Judá, por amor a su siervo David. Porque había prometido darle una lámpara a él, y a sus hijos, continuamente. En sus días Edom se rebeló contra el dominio de Judá, y constituyeron un rey sobre ellos. Entonces Joram fue a Zaír con todos sus carros. Y sucedió que, levantándose de noche, atacó a los edomitas que les habían cercado a él y a los jefes de los carros; pero el pueblo huyó a sus moradas. Así se rebeló Edom contra el dominio de Judá, hasta el día de hoy. Por aquel tiempo, también Libna se rebeló contra su dominio. Los demás hechos de Joram y todas las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Joram reposó con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. Y su hijo Ocozías reinó en su lugar. En el año 12 de Joram hijo de Acab, rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías hijo de Joram, rey de Judá. Ocozías tenía 22 años cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. El nombre de su madre era Atalía hija de Omri, rey de Israel. El anduvo en el camino de la casa de Acab. E hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, como la casa de Acab, porque había emparentado con la casa de Acab. Ocozías, con Joram hijo de Acab, fue a la guerra contra Hazael, rey de Siria, en Ramot de Galaad. Los sirios hirieron a Joram, y el rey Joram volvió a Jezreel para curarse de las heridas que le habían ocasionado los sirios en Ramot, cuando combatía contra Hazael, rey de Siria. Entonces Ocozías hijo de Joram, rey de Judá, descendió a Jezreel para ver a Joram hijo de Acab, porque éste estaba enfermo. Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas y le dijo: —Cíñete los lomos, toma este frasco de aceite en tu mano, y vé a Ramot de Galaad. Cuando llegues allá, verás allí a Jehú hijo de Josafat, hijo de Nimsi. Entra, haz que se levante de entre sus compañeros y llévalo a una habitación interior. Luego toma el frasco de aceite y derrámalo sobre su cabeza diciendo: "Así ha dicho Jehovah: ‘Yo te he ungido rey de Israel.’" Luego abre la puerta y escápate. ¡No esperes! Aquel joven, el criado del profeta, fue a Ramot de Galaad. Entonces entró, y he aquí que los jefes del ejército estaban sentados. Y dijo: —Jefe, tengo un mensaje para ti. Jehú preguntó: —¿Para cuál de todos nosotros? Y él respondió: —Para ti, jefe. Jehú se levantó y entró en la casa, y el joven derramó el aceite sobre su cabeza y le dijo: —Así ha dicho Jehovah Dios de Israel: "Yo te he ungido rey del pueblo de Jehovah, de Israel. Tú herirás a los de la casa de Acab, tu señor, para que yo vengue la sangre de mis siervos los profetas y la sangre de todos los siervos de Jehovah derramada por mano de Jezabel. Toda la casa de Acab perecerá; exterminaré a todo varón de Acab en Israel, tanto a los esclavos como a los libres. Yo haré a su casa como a la casa de Jeroboam hijo de Nabat y a la casa de Baasa hijo de Ajías. Y a Jezabel la comerán los perros en la parcela de Jezreel. No habrá quien le dé sepultura." En seguida abrió la puerta y huyó. Después Jehú salió a donde estaban los servidores de su señor, y le preguntaron: —¿Todo va bien? ¿Para qué vino a ti ese loco? Y él les dijo: —Vosotros conocéis a ese hombre y sus palabras. Ellos dijeron: —¡Mentira! ¡Decláranoslo, por favor! Y él dijo: —Así y así me habló diciendo: "Así ha dicho Jehovah: ‘Yo te he ungido rey de Israel.’" Entonces tomaron rápidamente cada uno su manto y lo tendieron debajo de Jehú sobre las gradas desnudas. Luego tocaron la corneta y proclamaron: —¡Jehú reina! Así conspiró Jehú hijo de Josafat, hijo de Nimsi, contra Joram. Joram había estado guardando Ramot de Galaad con todo Israel, por causa de Hazael, rey de Siria. Pero el rey Joram había regresado a Jezreel para curarse de las heridas que le habían ocasionado los sirios cuando combatía contra Hazael, rey de Siria. Entonces Jehú dijo: —Si es vuestro deseo, que nadie se escape de la ciudad para ir a dar las noticias en Jezreel. Luego Jehú mismo cabalgó y fue a Jezreel, porque Joram estaba allí, en cama. También Ocozías, rey de Judá, había descendido para ver a Joram. Entonces el centinela que estaba apostado en la torre de Jezreel vio al grupo de gente de Jehú que venía, y dijo: —¡Veo un grupo de gente! Joram dijo: —Toma un jinete y envíalo a su encuentro, y que les pregunte: "¿Hay paz?" Fue el jinete a caballo a su encuentro, y le dijo: —Así ha dicho el rey: "¿Hay paz?" Y Jehú respondió: —¿Qué te importa a ti la paz? ¡Vuélvete conmigo! Entonces el centinela informó diciendo: —¡El mensajero llegó hasta ellos, pero no regresa! Envió otro jinete a caballo, el cual llegó hasta ellos y dijo: —Así ha dicho el rey: "¿Hay paz?" Y Jehú respondió: —¿Qué te importa a ti la paz? ¡Vuélvete conmigo! También el centinela informó diciendo: —¡Ese llegó hasta ellos, pero no regresa! Y la manera de conducir del que viene es como la de Jehú hijo de Nimsi, porque conduce como un loco. Entonces Joram dijo: —¡Unce el carro! Cuando unció su carro, Joram rey de Israel y Ocozías rey de Judá, cada uno en su carro, salieron al encuentro de Jehú, y lo encontraron en la parcela de Nabot de Jezreel. Y cuando Joram vio a Jehú, le preguntó: —¿Hay paz, Jehú? Y él respondió: —¿Cómo va a haber paz, mientras continúen las fornicaciones y las muchas hechicerías de tu madre Jezabel? Entonces Joram, volviendo las riendas, huyó diciendo a Ocozías: —¡Traición, Ocozías! Pero Jehú puso la flecha en su arco e hirió a Joram por la espalda. La flecha le atravesó el corazón, y él cayó sobre sus rodillas en su carro. Luego Jehú dijo a Bidcar, uno de sus comandantes: —¡Tómalo y arrójalo en la parcela del campo de Nabot de Jezreel! Acuérdate que cuando tú y yo íbamos juntos cabalgando detrás de su padre Acab, Jehovah pronunció contra él esta sentencia: "Ciertamente vi ayer la sangre de Nabot y la sangre de sus hijos, dice Jehovah. Y tengo que darte la retribución en esta parcela, dice Jehovah." Ahora pues, tómalo y arrójalo en la parcela, conforme a la palabra de Jehovah. Al ver esto Ocozías, rey de Judá, huyó por el camino de Bet-hagan, y Jehú lo persiguió diciendo: —¡Matad también a ése! Y le hirieron en el carro en la cuesta de Gur, junto a Ibleam; pero huyó a Meguido, donde murió. Entonces sus servidores le llevaron a Jerusalén en un carro, y le dieron sepultura con sus padres en su sepulcro en la Ciudad de David. En el año 11 de Joram hijo de Acab había comenzado a reinar Ocozías sobre Judá. Jehú fue después a Jezreel. Y cuando lo oyó Jezabel, se pintó los ojos, arregló su cabello y miró por la ventana. Cuando Jehú entraba por la puerta de la ciudad, ella dijo: —¿Cómo le va a Zimri, asesino de su señor? Jehú levantó la cara hacia la ventana y dijo: —¿Quién está conmigo? ¿Quién? Miraron hacia él dos o tres funcionarios, y él les dijo: —¡Echadla abajo! La echaron, y parte de su sangre salpicó la pared y los caballos, los cuales la atropellaron. Luego entró, y después que comió y bebió, dijo: —Ocupaos de esa maldita y sepultadla, pues es hija de rey. Pero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más que el cráneo, los pies y las palmas de las manos. Volvieron y se lo informaron. Y él dijo: —¡Esta es la palabra que Jehovah habló por medio de su siervo Elías el tisbita, diciendo: "En la parcela de Jezreel, los perros comerán la carne de Jezabel; y el cadáver de Jezabel será como estiércol sobre la superficie del campo en la parcela de Jezreel, de modo que nadie pueda decir: ‘Esta es Jezabel.’" Acab tenía setenta hijos en Samaria. Y Jehú escribió cartas y las envió a Samaria a los principales de la ciudad, a los ancianos y a los tutores de los hijos de Acab, diciendo: Ahora, cuando esta carta llegue a vosotros, puesto que tenéis con vosotros a los hijos de vuestro señor, y tenéis con vosotros los carros, los caballos, una ciudad fortificada y las armas, mirad cuál es el mejor y más apto de los hijos de vuestro señor, y ponedlo en el trono de su padre, y combatid por la casa de vuestro señor. Pero ellos tuvieron mucho temor y se dijeron: "He aquí que dos reyes no pudieron resistirle; ¿cómo podremos resistir nosotros?" Entonces el administrador del palacio, el alcalde de la ciudad, los ancianos y los tutores enviaron a decir a Jehú: "Nosotros somos tus siervos y haremos todo lo que nos digas. No pondremos a ninguno como rey; haz lo que te parezca bien." Entonces les escribió una segunda carta diciendo: Si estáis de mi parte y obedecéis mi voz, tomad las cabezas de los hijos varones de vuestro señor y venid a mí mañana a estas horas, a Jezreel. Los hijos del rey, setenta hijos varones, estaban allí con los principales de la ciudad que los criaban. Y sucedió que cuando les llegó la carta, tomaron a los hijos del rey y degollaron a los setenta hijos varones. Luego pusieron sus cabezas en canastas y las enviaron a Jehú, a Jezreel. Entonces llegó el mensajero y le informó diciendo: —Han traído las cabezas de los hijos del rey. Y él dijo: —Ponedlas en dos montones a la entrada de la puerta de la ciudad, hasta mañana. Cuando llegó la mañana, Jehú salió, se puso de pie y dijo a todo el pueblo: —Vosotros sois inocentes. He aquí, yo soy el que ha conspirado contra mi señor y lo he matado. Pero, ¿quién ha matado a todos éstos? Sabed, por tanto, que de la palabra de Jehovah, de lo que ha hablado Jehovah contra la casa de Acab, nada caerá a tierra; y que Jehovah ha hecho lo que había dicho por medio de su siervo Elías. Así Jehú mató a todos los que habían quedado de la casa de Acab en Jezreel, a todos sus principales, a sus amigos íntimos y a sus sacerdotes, hasta no dejarle ningún sobreviviente. Jehú partió y se dirigió a Samaria, y en el camino llegó a Bet-equed de los pastores. Y Jehú encontró allí a los hermanos de Ocozías, rey de Judá, y les preguntó: —¿Quiénes sois vosotros? Ellos respondieron: —Somos hermanos de Ocozías y hemos descendido para saludar a los hijos del rey y a los hijos de la reina madre. Entonces él dijo: —¡Prendedlos vivos! Y después que los prendieron vivos, degollaron junto al pozo de Bet-equed a cuarenta y dos hombres, sin dejar con vida a ninguno de ellos. Jehú partió de allí y encontró a Jonadab hijo de Recab, que venía a su encuentro. Y después de saludarle, le preguntó: —¿Es recto tu corazón, como mi corazón es recto con tu corazón? Jonadab respondió: —Sí, lo es. Entonces Jehú dijo: —Si lo es, ¡dame la mano! Y le dio la mano. Luego le hizo subir con él al carro, y dijo: —Ven conmigo y verás mi celo por Jehovah. Y le hizo subir a su carro. Entonces, cuando Jehú llegó a Samaria, mató a todos los de Acab que habían quedado allí, hasta exterminarlos, conforme a la palabra que Jehovah había hablado a Elías. Entonces Jehú reunió a todo el pueblo y les dijo: —Acab sirvió poco a Baal; Jehú le servirá mucho. Ahora pues, convocadme a todos los profetas de Baal, a todos sus siervos y a todos sus sacerdotes, sin que falte ni uno; porque voy a ofrecer un gran sacrificio a Baal. Cualquiera que falte no vivirá. Jehú hacía esto con astucia, para destruir a los que rendían culto a Baal. Entonces dijo Jehú: —¡Consagrad una asamblea festiva para Baal! Y ellos la convocaron. Entonces Jehú envió mensajeros por todo Israel, y todos los siervos de Baal llegaron, sin que nadie dejase de venir. Y entraron en el templo de Baal, el cual se llenó de extremo a extremo. Entonces Jehú dijo al que estaba a cargo del vestuario: —Saca vestiduras para todos los siervos de Baal. Y él sacó las vestimentas para ellos. Luego entró Jehú con Jonadab hijo de Recab en el templo de Baal, y dijo a los siervos de Baal: —Buscad y ved que no haya aquí entre vosotros ninguno de los siervos de Jehovah, sino sólo los siervos de Baal. Cuando entraron para ofrecer los sacrificios y los holocaustos, Jehú colocó afuera ochenta hombres diciéndoles: —¡Cualquiera que deje escapar a alguno de los hombres que yo he puesto en vuestras manos, su vida responderá por la de él! Y sucedió que cuando ellos acabaron de hacer el holocausto, Jehú dijo a los de su escolta y a los comandantes: —¡Entrad y matadlos; que no salga ninguno! Los de la escolta y los comandantes los mataron a filo de espada y los echaron fuera. Avanzaron hasta el interior del templo de Baal, sacaron el árbol ritual del templo de Baal y lo quemaron. Destrozaron la piedra ritual de Baal, destrozaron el templo y lo convirtieron en letrina hasta el día de hoy. Así Jehú erradicó a Baal de Israel. Con todo eso, Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel. Jehú no se apartó de ir en pos de los becerros de oro que estaban en Betel y en Dan. Entonces Jehovah dijo a Jehú: —Porque has actuado bien haciendo lo recto ante mis ojos y has hecho a la casa de Acab conforme a todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos se sentarán en el trono de Israel hasta la cuarta generación. Pero Jehú no se cuidó de andar con todo su corazón en la ley de Jehovah Dios de Israel, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, quien hizo pecar a Israel. En aquellos días Jehovah comenzó a reducir a Israel. Hazael los derrotó en todo el territorio de Israel, desde el Jordán al oriente, en todas las tierras de Galaad, Gad, Rubén y Manasés; y desde Aroer, que está junto al río Arnón, hasta Galaad y Basán. Los demás hechos de Jehú, todas las cosas que hizo y todo su poderío, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Jehú reposó con sus padres, y lo sepultaron en Samaria. Y su hijo Joacaz reinó en su lugar. El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en Samaria fue de 28 años. Cuando Atalía, madre de Ocozías, vio que su hijo había muerto, se levantó y exterminó a toda la descendencia real. Pero Josabet, hija del rey Joram y hermana de Ocozías, tomó a Joás hijo de Ocozías, lo sacó a escondidas de entre los hijos del rey a quienes estaban dando muerte, y puso a él y a su nodriza en un dormitorio. Así lo escondió de Atalía, y no fue muerto. Y estuvo escondido con ella en la casa de Jehovah seis años. Entre tanto, Atalía reinaba en el país. Al séptimo año, Joyada trajo a los jefes de centenas de los careos y de los de la escolta real, y los llevó con él a la casa de Jehovah. Entonces hizo un convenio con ellos, les hizo prestar juramento en la casa de Jehovah y les mostró al hijo del rey. Y les mandó diciendo: —Esto es lo que habéis de hacer: Una tercera parte de vosotros, los que entráis de turno el sábado, tendréis la guardia de la casa del rey. Otra tercera parte estará junto a la puerta Sur, y la otra tercera parte estará en la puerta detrás de la escolta real. Así guardaréis el palacio por turno. Y dos partes de vosotros, todos los que salís de turno el sábado, tendréis la guardia de la casa de Jehovah junto al rey. Formaréis un círculo alrededor del rey, cada uno con sus armas en su mano. Cualquiera que se meta en las filas morirá. Estaréis con el rey cuando salga y cuando entre. Los jefes de centenas hicieron conforme a todo lo que había mandado el sacerdote Joyada. Tomaron cada uno a sus hombres, a los que habían de entrar el sábado y a los que habían de salir el sábado, y fueron al sacerdote Joyada. El sacerdote dio a los jefes de centenas las lanzas y los escudos que habían sido del rey David, y que estaban en la casa de Jehovah. Entonces los de la escolta real se apostaron, cada uno con sus armas en su mano, desde el lado sur del templo hasta el lado norte del templo, entre el altar y el templo, alrededor del rey. Luego Joyada sacó al hijo del rey, le puso la corona y le dio el testimonio; y le proclamaron rey. Lo ungieron y le aplaudieron diciendo: —¡Viva el rey! Cuando Atalía oyó el bullicio de la escolta y de la gente, se acercó a la gente en la casa de Jehovah. Y cuando miró, he aquí que el rey estaba de pie junto a la columna, según la costumbre. Los magistrados y los que tocaban las trompetas estaban junto al rey. Todo el pueblo de la tierra se regocijaba y tocaba las trompetas. Entonces Atalía rasgó sus vestidos y gritó: —¡Conspiración! ¡Conspiración! Luego el sacerdote Joyada dio orden a los jefes de centenas que estaban al mando del ejército, y les dijo: —¡Sacadla de entre las filas; y al que la siga, matadle a espada! Porque el sacerdote había dicho que no la matasen en la casa de Jehovah. Entonces le echaron mano, y cuando ella llegó a la casa del rey, por el camino de la entrada de los caballos, allí fue muerta. Joyada hizo un pacto entre Jehovah, el rey y el pueblo, de que serían el pueblo de Jehovah. También hizo pacto entre el rey y el pueblo. Después todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y lo destruyeron. Rompieron por completo sus altares y sus imágenes, y delante de los altares mataron a Matán, sacerdote de Baal. Luego el sacerdote designó oficiales para la casa de Jehovah. Después tomó a los jefes de centenas, a los careos, a los de la escolta real y a todo el pueblo de la tierra; e hicieron descender al rey desde la casa de Jehovah. Entraron en la casa del rey por el camino de la puerta de los de la escolta real. Entonces el rey se sentó en el trono real. Todo el pueblo de la tierra se regocijó, y la ciudad estaba en calma, después que a Atalía le habían dado muerte a espada en la casa del rey. Joás tenía 7 años cuando comenzó a reinar. Joás comenzó a reinar en el séptimo año de Jehú, y reinó 40 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Sibia, de Beerseba. Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, todo el tiempo en que le instruyó el sacerdote Joyada. Sin embargo, los lugares altos no fueron quitados, y el pueblo aún ofrecía sacrificios y quemaba incienso en los lugares altos. Entonces Joás dijo a los sacerdotes: —Todo el dinero de las cosas consagradas que se trae a la casa de Jehovah, tanto el dinero estipulado a cada hombre (el dinero del rescate de las personas) como todo el dinero que cada uno traiga voluntariamente a la casa de Jehovah, tómenlo para sí los sacerdotes, cada uno de parte de su administrador, y reparen ellos las grietas del templo donde éstas se encuentren. Pero sucedió que hasta el año 23 del rey Joás, los sacerdotes aún no habían reparado las grietas del templo. Entonces el rey Joás llamó al sacerdote Joyada y a los demás sacerdotes, y les dijo: —¿Por qué no reparáis las grietas del templo? Ahora pues, no toméis el dinero de vuestros administradores, sino dadlo para reparar las grietas del templo. Los sacerdotes consintieron en no tomar dinero del pueblo, ni reparar las grietas del templo. El sacerdote Joyada tomó un cofre, le hizo una abertura en la tapa y lo puso junto al altar, a la derecha, según uno entra en la casa de Jehovah. Los sacerdotes que guardaban la puerta depositaban en él todo el dinero que era llevado a la casa de Jehovah. Y sucedía que cuando veían que había mucho dinero en el cofre, el escriba del rey y el sumo sacerdote iban y contaban el dinero que se hallaba en la casa de Jehovah, y lo guardaban en bolsas. Entregaban el dinero contado en manos de los que hacían la obra, los que estaban encargados de la casa de Jehovah; y ellos lo gastaban en pagar a los carpinteros y a los constructores que reparaban la casa de Jehovah, a los albañiles y a los canteros, y para la compra de madera y piedra labrada, a fin de reparar las grietas de la casa de Jehovah, y para todo lo que se gastaba en la reparación del templo. Pero con el dinero que se llevaba a la casa de Jehovah no hacían tazas de plata, ni despabiladeras, ni tazones, ni trompetas, ni ningún otro objeto de oro ni de plata para la casa de Jehovah, porque lo daban a los que hacían la obra y con él reparaban la casa de Jehovah. Tampoco se pedían cuentas a los hombres en cuyas manos era entregado el dinero para darlo a los que hacían la obra, pues ellos actuaban con honestidad. El dinero del sacrificio por la culpa y el dinero del sacrificio por el pecado no era traído a la casa de Jehovah, porque era para los sacerdotes. Por aquel entonces subió Hazael, rey de Siria, combatió contra Gat y la tomó. Luego Hazael decidió subir contra Jerusalén. Y Joás, rey de Judá, tomó todas las cosas sagradas que habían consagrado Josafat, Joram y Ocozías sus padres, reyes de Judá, las que él mismo había consagrado y todo el oro que se halló en los tesoros de la casa de Jehovah y de la casa del rey, y las envió a Hazael, rey de Siria. Así se alejó éste de Jerusalén. Los demás hechos de Joás y todas las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Sus servidores se levantaron, hicieron una conspiración y mataron a Joás en Bet-milo, en el camino que desciende a Sila. Sus servidores Josacar hijo de Simeat y Jozabad hijo de Somer lo hirieron, y murió. Luego lo sepultaron con sus padres en la Ciudad de David. Y su hijo Amasías reinó en su lugar. En el año 23 de Joás hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz hijo de Jehú sobre Israel en Samaria, y reinó 17 años. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah y siguió tras los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel; no se apartó de ellos. Por eso se encendió el furor de Jehovah contra Israel, y los entregó en mano de Hazael, rey de Siria, y en mano de Ben-hadad hijo de Hazael, por mucho tiempo. Pero Joacaz imploró el favor de Jehovah, y Jehovah le escuchó, porque vio la opresión de Israel, pues el rey de Siria los oprimía. Entonces Jehovah dio un libertador a Israel, y salieron del dominio de los sirios. Así habitaron los hijos de Israel en sus moradas, como antes. Sin embargo, no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, quien hizo pecar a Israel; y anduvieron en ellos. También el árbol ritual de Asera seguía en pie en Samaria. No le había quedado gente a Joacaz, salvo 50 jinetes, 10 carros y 10.000 hombres de infantería. Porque el rey de Siria los había destruido y los había dejado como polvo de la trilla. Los demás hechos de Joacaz, todas las cosas que hizo y su poderío, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Joacaz reposó con sus padres, y lo sepultaron en Samaria. Y su hijo Joás reinó en su lugar. En el año 37 de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar Joás hijo de Joacaz sobre Israel en Samaria, y reinó 16 años. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah. No se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel, sino que anduvo en ellos. Los demás hechos de Joás, todas las cosas que hizo y el poderío con que luchó contra Amasías, rey de Judá, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Joás reposó con sus padres, y Jeroboam se sentó en su trono. Y Joás fue sepultado en Samaria, con los reyes de Israel. Eliseo se enfermó de la enfermedad de la que moriría. Entonces Joás, rey de Israel, descendió a él y llorando en su presencia, dijo: —¡Padre mío, padre mío! ¡Carro de Israel, y sus jinetes! Eliseo le dijo: —Toma un arco y flechas. El tomó un arco y flechas, y Eliseo dijo al rey de Israel: —Pon tu mano sobre el arco. Cuando puso su mano, Eliseo puso sus manos sobre las manos del rey. Luego dijo: —Abre la ventana que da al oriente. El la abrió, y Eliseo dijo: —¡Tira! Y él tiró. Entonces Eliseo dijo: —¡Flecha de victoria de Jehovah! ¡Flecha de victoria contra Siria! Porque derrotarás a Siria en Afec, hasta acabar con ella. Volvió a decir: —Toma las flechas. Las tomó, y Eliseo dijo al rey de Israel: —¡Golpea la tierra! El golpeó la tierra tres veces y se detuvo. Entonces el hombre de Dios se enojó contra él y dijo: —De haber golpeado cinco o seis veces, entonces habrías derrotado a Siria hasta acabar con ella. Pero ahora la derrotarás sólo tres veces. Murió Eliseo, y lo sepultaron. Al año siguiente llegaron al país unas bandas armadas de los moabitas. Y aconteció que mientras algunos sepultaban a un hombre, he aquí que vieron una banda armada y arrojaron al muerto dentro del sepulcro de Eliseo. Y cuando el muerto cayó y tocó los restos de Eliseo, aquél revivió y se puso de pie. Hazael, rey de Siria, oprimió a los israelitas todos los días de Joacaz. Pero Jehovah fue generoso con ellos y les mostró misericordia. Se volvió hacia ellos a causa de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob, y no quiso destruirlos ni echarlos de su presencia hasta ahora. Después murió Hazael, rey de Siria, y su hijo Ben-hadad reinó en su lugar. Entonces Joás hijo de Joacaz volvió a tomar de mano de Ben-hadad hijo de Hazael las ciudades que éste había tomado en la guerra, de mano de su padre Joacaz. Tres veces lo derrotó Joás y recuperó las ciudades de Israel. En el segundo año de Joás hijo de Joacaz, rey de Israel, comenzó a reinar Amasías hijo de Joás, rey de Judá. Tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reinó 29 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Joadán, de Jerusalén. El hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, aunque no como su padre David. Hizo conforme a todas las cosas que había hecho su padre Joás. Sin embargo, los lugares altos no fueron quitados, y el pueblo aún ofrecía sacrificios y quemaba incienso en los lugares altos. Sucedió que cuando el reino se consolidó en su mano, mató a sus servidores que habían herido de muerte al rey, su padre. Pero no dio muerte a los hijos de los que le habían dado muerte, conforme a lo que está escrito en el libro de la Ley de Moisés, donde Jehovah mandó diciendo: Los padres no serán muertos por culpa de los hijos, ni los hijos serán muertos por culpa de los padres; sino que cada cual será muerto por su propio pecado. El derrotó a 10.000 edomitas en el valle de la Sal. También tomó Sela por medio de la guerra y la llamó Jocteel, hasta el día de hoy. Por aquel entonces Amasías envió mensajeros a Joás hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: "¡Ven, y veámonos las caras!" Y Joás, rey de Israel, mandó a decir a Amasías, rey de Judá: "El cardo que está en el Líbano mandó a decir al cedro que está en el Líbano: ‘Da tu hija a mi hijo por mujer.’ Entonces pasó una fiera salvaje del Líbano y pisoteó el cardo. Ciertamente has derrotado a Edom, y tu corazón se ha envanecido. Disfruta de tu gloria, pero quédate en tu casa. ¿Por qué provocas un mal en que puedas caer tú y Judá contigo?" Pero Amasías no quiso escuchar. Entonces Joás, rey de Israel, subió; y se enfrentaron él y Amasías, rey de Judá, en Bet-semes, que pertenece a Judá. Los de Judá fueron derrotados ante Israel y huyeron, cada uno a su morada. Entonces Joás, rey de Israel, prendió en Bet-semes a Amasías, rey de Judá e hijo de Joás, hijo de Ocozías; y vino a Jerusalén. Y abrió una brecha en el muro de Jerusalén, desde la puerta de Efraín hasta la puerta de la Esquina, 400 codos. Luego tomó todo el oro, la plata y todos los utensilios que se hallaban en la casa de Jehovah y en los tesoros de la casa del rey. También tomó rehenes y regresó a Samaria. Los demás hechos de Joás, las cosas que hizo, su poderío y cómo luchó contra Amasías, rey de Judá, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Joás reposó con sus padres y fue sepultado en Samaria, con los reyes de Israel. Y su hijo Jeroboam reinó en su lugar. Amasías hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás hijo de Joacaz, rey de Israel. Los demás hechos de Amasías, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Hicieron una conspiración contra él en Jerusalén. Huyó a Laquis, pero enviaron gente tras él a Laquis, y lo mataron allí. Después lo llevaron sobre caballos, y fue sepultado en Jerusalén con sus padres, en la Ciudad de David. Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Azarías, que tenía 16 años de edad, y lo proclamaron rey en lugar de su padre Amasías. El reedificó Eilat y la restituyó a Judá, después que el rey reposó con sus padres. En el año 15 de Amasías hijo de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar en Samaria Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel, y reinó 41 años. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, y no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel. El restauró las fronteras de Israel, desde Lebo-hamat hasta el mar del Arabá, conforme a la palabra que Jehovah Dios de Israel había hablado por medio de su siervo, el profeta Jonás hijo de Amitai, de Gat-jefer. Porque Jehovah vio la aflicción de Israel que era muy amarga, y que no había nadie, ni esclavo ni libre, que diese ayuda a Israel. Jehovah no había determinado borrar el nombre de Israel de debajo del cielo; por eso los libró por medio de Jeroboam hijo de Joás. Los demás hechos de Jeroboam, todas las cosas que hizo, el poderío con que combatió y cómo restituyó Damasco y Hamat a Israel, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Jeroboam reposó con sus padres, con los reyes de Israel. Y su hijo Zacarías reinó en su lugar. En el año 27 de Jeroboam, rey de Israel, comenzó a reinar Azarías hijo de Amasías, rey de Judá. Tenía 16 años cuando comenzó a reinar, y reinó 52 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Jecolía, de Jerusalén. El hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, conforme a todas las cosas que había hecho su padre Amasías. Sin embargo, los lugares altos no fueron quitados, y el pueblo aún ofrecía sacrificios y quemaba incienso en los lugares altos. Jehovah hirió al rey, y quedó leproso hasta el día de su muerte, habitando aislado en una casa. Jotam, hijo del rey, tenía a su cargo la casa del rey y gobernaba al pueblo de la tierra. Los demás hechos de Azarías y todas las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Azarías reposó con sus padres, y lo sepultaron con sus padres en la Ciudad de David. Y su hijo Jotam reinó en su lugar. En el año 38 de Azarías, rey de Judá, Zacarías hijo de Jeroboam reinó sobre Israel en Samaria seis meses. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, como habían hecho sus padres. No se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel. Entonces Salum hijo de Jabes conspiró contra él, lo hirió en presencia del pueblo y lo mató; y reinó en su lugar. Los demás hechos de Zacarías, he aquí que están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. Esta fue la palabra que Jehovah había hablado a Jehú, diciendo: "Tus hijos se sentarán en el trono de Israel hasta la cuarta generación." Y fue así. Salum hijo de Jabes comenzó a reinar en el año 39 de Azarías, rey de Judá. Y reinó en Samaria un mes. Entonces Menajem hijo de Gadi subió de Tirsa y fue a Samaria, e hirió a Salum hijo de Jabes en Samaria; lo mató y reinó en su lugar. Los demás hechos de Salum y la conspiración que hizo, he aquí que están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. Por aquel entonces Menajem atacó Tifsaj y a todos los que estaban en ella y en sus territorios, desde Tirsa. La atacó porque no le habían abierto las puertas, y abrió el vientre a todas sus mujeres encintas. En el año 39 de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar Menajem hijo de Gadi sobre Israel, y reinó 10 años en Samaria. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah. En todos sus días no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel. Entonces Tiglat-pileser, rey de Asiria, vino contra el país, y Menajem dio a Tiglat-pileser 1.000 talentos de plata para que le ayudara a consolidar el reino en su mano. Menajem exigió el dinero a Israel, es decir, a todos los pudientes, 50 siclos de plata a cada uno, para dárselo al rey de Asiria. Así que el rey de Asiria regresó y no se detuvo allí en el país. Los demás hechos de Menajem y todas las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Menajem reposó con sus padres, y su hijo Pecaías reinó en su lugar. En el año 50 de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar Pecaías hijo de Menajem sobre Israel en Samaria, y reinó dos años. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah. No se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel. Contra él conspiró Pécaj hijo de Remalías, que era un comandante suyo; e hirió a Pecaías en Samaria, en la ciudadela de la casa del rey, junto con Argob y Arié. Con él iban cincuenta hombres de los hijos de Galaad. Le dio muerte y reinó en su lugar. Los demás hechos de Pecaías, y todas las cosas que hizo, he aquí que están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. En el año 52 de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar Pécaj hijo de Remalías sobre Israel en Samaria, y reinó 20 años. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah. No se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel. En los días de Pécaj, rey de Israel, vino Tiglat-pileser, rey de Asiria, y tomó gente de Ijón, Abel-bet-maaca, Janóaj, Quedes, Hazor, Galaad, Galilea y de toda la tierra de Neftalí; y la llevó cautiva a Asiria. Oseas hijo de Ela hizo una conspiración contra Pécaj hijo de Remalías, y lo hirió y le dio muerte. Y reinó en su lugar en el año 20 de Jotam hijo de Azarías. Los demás hechos de Pécaj, y todas las cosas que hizo, he aquí que están escritos en las crónicas de los reyes de Israel. En el segundo año de Pécaj hijo de Remalías, rey de Israel, comenzó a reinar Jotam hijo de Azarías, rey de Judá. Tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reinó 16 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Jerusa hija de Sadoc. El hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, conforme a todas las cosas que había hecho su padre Azarías. Sin embargo, los lugares altos no fueron quitados, y el pueblo aún ofrecía sacrificios y quemaba incienso en los lugares altos. El edificó la puerta superior de la casa de Jehovah. Los demás hechos de Jotam, y todas las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? En aquel tiempo Jehovah comenzó a enviar contra Judá a Rezín, rey de Siria, y a Pécaj hijo de Remalías. Jotam reposó con sus padres y fue sepultado con ellos en la Ciudad de David, su padre. Y su hijo Acaz reinó en su lugar. En el año 17 de Pécaj hijo de Remalías, comenzó a reinar Acaz hijo de Jotam, rey de Judá. Acaz tenía 20 años cuando comenzó a reinar, y reinó 16 años en Jerusalén. El no hizo lo recto ante los ojos de Jehovah su Dios, en contraste con su padre David. Anduvo en el camino de los reyes de Israel, y aun hizo pasar por fuego a su hijo, conforme a las prácticas abominables de las naciones que Jehovah había echado de delante de los hijos de Israel. Asimismo, ofreció sacrificios y quemó incienso en los lugares altos, sobre las colinas y debajo de todo árbol frondoso. Entonces Rezín, rey de Siria, y Pécaj hijo de Remalías, rey de Israel, subieron a Jerusalén para hacer la guerra. Sitiaron a Acaz, pero no pudieron vencerle. En aquel tiempo Rezín, rey de Siria, recuperó Eilat para Siria, y echó de Eilat a los judíos. Después los edomitas fueron a Eilat y habitaron allí hasta el día de hoy. Entonces Acaz envió mensajeros a Tiglat-pileser, rey de Asiria, para decirle: "Yo soy tu siervo y tu hijo. Sube y defiéndeme de mano del rey de Siria y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí." Acaz tomó la plata y el oro que se hallaban en la casa de Jehovah y en los tesoros de la casa del rey, y envió al rey de Asiria un presente. El rey de Asiria le atendió; subió el rey de Asiria contra Damasco, la tomó y llevó cautivos a sus habitantes a Quir. Y también mató a Rezín. El rey Acaz fue a Damasco, al encuentro de Tiglat-pileser, rey de Asiria. Y cuando vio el altar que estaba en Damasco, el rey Acaz envió al sacerdote Urías el diseño y el modelo del altar, conforme a toda su construcción. El sacerdote Urías construyó el altar de acuerdo con todo lo que el rey Acaz había enviado de Damasco. Así lo hizo el sacerdote Urías antes que el rey Acaz volviera de Damasco. Cuando el rey volvió de Damasco y vio el altar, el rey se acercó a él y ofreció sobre él un holocausto. Quemó su holocausto y su ofrenda vegetal, derramó su libación y esparció la sangre de sus sacrificios de paz sobre el altar. El altar de bronce que estaba delante de Jehovah, él lo quitó de delante del templo, de entre su altar y la casa de Jehovah, y lo puso en el lado norte de su altar. Luego el rey Acaz dio orden al sacerdote Urías, diciendo: "En el altar grande quema el holocausto de la mañana y la ofrenda vegetal de la tarde, así como el holocausto del rey y su ofrenda, el holocausto de todo el pueblo de la tierra y su ofrenda y su libación. Esparce sobre él toda la sangre del holocausto y toda la sangre del sacrificio. Pero el altar de bronce será mío, para que yo determine." Y el sacerdote Urías hizo conforme a todas las cosas que le ordenó el rey Acaz. El rey Acaz también desmontó los marcos de las bases de las pilas móviles y quitó de encima de ellas las pilas. También bajó la fuente de encima de los bueyes de bronce que estaban debajo de ella, y la puso sobre el pavimento de piedra. Asimismo, a causa del rey de Asiria, quitó de la casa de Jehovah el dosel para el sábado que habían hecho en la casa y el pasadizo exterior del rey. Los demás hechos de Acaz, las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Acaz reposó con sus padres y fue sepultado con ellos en la Ciudad de David. Y su hijo Ezequías reinó en su lugar. En el año 12 de Acaz, rey de Judá, comenzó a reinar Oseas hijo de Ela sobre Israel en Samaria, y reinó El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, aunque no como los reyes de Israel que habían reinado antes de él. Salmanazar, rey de Asiria, subió contra él, y Oseas fue hecho su siervo y le pagaba tributo. Pero el rey de Asiria descubrió que Oseas conspiraba, porque éste había enviado mensajeros a So, rey de Egipto, y porque no había pagado el tributo anual al rey de Asiria. Por ello el rey de Asiria lo detuvo y le metió preso en una cárcel. Después el rey de Asiria invadió todo el país. Subió contra Samaria y la sitió durante tres años. En el noveno año de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria, llevó cautivos a los israelitas a Asiria y los estableció en Halaj y en el Habor, río de Gozán, y en las ciudades de los medos. Esto aconteció porque los hijos de Israel pecaron contra Jehovah su Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto, del poder del faraón, rey de Egipto, y porque veneraron a otros dioses. También anduvieron según las prácticas de las naciones que Jehovah había echado de delante de los hijos de Israel, y en las que establecieron los reyes de Israel. años.Los hijos de Israel hicieron secretamente cosas no rectas contra Jehovah su Dios; se edificaron lugares altos en todas sus ciudades, desde las torres de los centinelas hasta las ciudades fortificadas. Se erigieron piedras rituales y árboles rituales de Asera sobre toda colina alta y debajo de todo árbol frondoso. Quemaron allí incienso en todos los lugares altos, así como las naciones que Jehovah había desterrado de delante de ellos. Hicieron cosas malas provocando a ira a Jehovah, pues rindieron culto a los ídolos, acerca de los cuales Jehovah les había dicho: "Vosotros no haréis tal cosa." Jehovah advertía a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: "Volveos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos y mis estatutos, conforme a toda la ley que mandé a vuestros padres y que os envié por medio de mis siervos los profetas." Pero ellos no obedecieron, sino que endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehovah su Dios. También desecharon sus leyes y el pacto que él había hecho con sus padres, y sus amonestaciones con que los había amonestado. Fueron tras la vanidad y se hicieron vanos. Imitaban a las naciones que estaban a su alrededor, de las cuales Jehovah les había mandado no actuar como ellas. Abandonaron todos los mandamientos de Jehovah su Dios, se hicieron dos becerros de fundición y un árbol ritual de Asera, se postraron ante todo el ejército de los cielos y sirvieron a Baal. Hicieron pasar por fuego a sus hijos y a sus hijas, practicaron los encantamientos y las adivinaciones, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehovah, provocándole a ira. Por tanto, Jehovah se enojó en gran manera contra Israel, y los quitó de su presencia. No quedó sino sólo la tribu de Judá. Pero tampoco Judá guardó los mandamientos de Jehovah su Dios, sino que anduvieron en las prácticas que Israel había establecido. Jehovah desechó a toda la descendencia de Israel. Los afligió y los entregó en mano de saqueadores, hasta echarlos de su presencia. Cuando arrancó a Israel de la casa de David, proclamaron rey a Jeroboam hijo de Nabat; pero Jeroboam apartó a Israel de seguir a Jehovah y les hizo cometer un gran pecado. Los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados que cometió Jeroboam, sin apartarse de ellos, hasta que Jehovah quitó a Israel de su presencia, como lo había dicho por medio de todos sus siervos los profetas. E Israel fue llevado cautivo de su tierra a Asiria, hasta el día de hoy. El rey de Asiria trajo gentes de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim; y las estableció en las ciudades de Samaria en lugar de los hijos de Israel. Ellas tomaron posesión de Samaria y habitaron en sus ciudades. Y aconteció, cuando comenzaron a habitar allí, que como no reverenciaban a Jehovah, envió Jehovah contra ellas leones que las mataban. Entonces ellas enviaron a decir al rey de Asiria: "Las gentes que tú trajiste cautivas y estableciste en las ciudades de Samaria no conocen la costumbre del dios del país, y él ha enviado leones contra ellas. Y he aquí que las matan, porque no conocen la costumbre del dios del país." El rey de Asiria mandó decir: "Llevad allí a uno de los sacerdotes que trajisteis cautivos de allá. Que vaya y habite allí, y que les enseñe la costumbre del dios del país." Entonces fue uno de los sacerdotes que habían sido llevados cautivos de Samaria y habitó en Betel. El les enseñó cómo debían reverenciar a Jehovah. Pero cada pueblo seguía haciendo sus propios dioses y los ponía en los santuarios de los lugares altos que habían hecho los de Samaria. Cada pueblo hizo así en la ciudad donde habitaba. Los hombres de Babilonia hicieron una imagen de Sucot-benot; los de Cuta hicieron una imagen de Nergal; los de Hamat hicieron una imagen de Asima; los aveos hicieron imágenes de Nibjaz y de Tartac; y los de Sefarvaim quemaban a sus hijos en el fuego en honor de Adramelec y Anamelec, dioses de Sefarvaim. También temían a Jehovah e hicieron para sí, de entre ellos mismos, sacerdotes de los lugares altos, que oficiaban por ellos en los santuarios de los lugares altos. Temían a Jehovah, pero servían a sus dioses, según las prácticas de los pueblos de donde habían sido trasladados. Hasta el día de hoy persisten en sus prácticas antiguas: No temen a Jehovah; no actúan conforme a sus estatutos ni a sus decretos, ni conforme a la ley y los mandamientos que Jehovah mandó a los hijos de Jacob, a quien puso por nombre Israel, y con quienes Jehovah hizo un pacto y les mandó diciendo: "No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni los serviréis, ni les ofreceréis sacrificio. Más bien, a Jehovah, que os sacó de la tierra de Egipto con gran poder y con brazo extendido, a él temeréis, a él adoraréis y a él ofreceréis sacrificios. Cuidaréis siempre de poner por obra los estatutos, los decretos, la ley y los mandamientos que escribió para vosotros; y no temeréis a otros dioses. No olvidaréis el pacto que hice con vosotros ni temeréis a otros dioses. Sólo temed a Jehovah vuestro Dios, y él os librará de mano de todos vuestros enemigos." Pero ellos no escucharon; antes bien, hicieron según su antigua costumbre. Así aquellos pueblos temían a Jehovah, y al mismo tiempo rendían culto a sus imágenes. Lo mismo hicieron sus hijos y los hijos de sus hijos; como hicieron sus padres, así hacen ellos hasta el día de hoy. Aconteció que en el tercer año de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías hijo de Acaz, rey de Judá. Tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reinó 29 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Abi hija de Zacarías. El hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, conforme a todas las cosas que había hecho su padre David. Quitó los lugares altos, rompió las piedras rituales, cortó los árboles rituales de Asera e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta aquel entonces los hijos de Israel le quemaban incienso. Y la llamó Nejustán. Ezequías puso su esperanza en Jehovah Dios de Israel. Ni antes ni después de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá, porque fue fiel a Jehovah y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehovah había mandado a Moisés. Jehovah estaba con él, y tuvo éxito en todas las cosas que emprendió. Se rebeló contra el rey de Asiria y dejó de servirle. Derrotó a los filisteos hasta Gaza y sus territorios, desde las torres de los centinelas hasta la ciudad fortificada. Aconteció en el cuarto año del rey Ezequías, que era el séptimo año de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, que Salmanazar, rey de Asiria, subió contra Samaria y la sitió. La tomaron al cabo de tres años; es decir, Samaria fue tomada en el sexto año de Ezequías, que era el noveno año de Oseas, rey de Israel. El rey de Asiria llevó cautivos a los israelitas a Asiria y los puso en Halaj y en el Habor, río de Gozán, y en las ciudades de los medos; por cuanto no obedecieron la voz de Jehovah su Dios, sino que quebrantaron su pacto. No escucharon ni pusieron por obra todas las cosas que había mandado Moisés, siervo de Jehovah. En el año 14 del rey Ezequías subió Senaquerib, rey de Asiria, contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó. Entonces Ezequías, rey de Judá, envió a decir al rey de Asiria, en Laquis: "Yo he fallado. Apártate de mí, y pagaré lo que me impongas." El rey de Asiria impuso a Ezequías, rey de Judá, 300 talentos de plata y 30 talentos de oro. Entonces le dio Ezequías toda la plata que se hallaba en la casa de Jehovah y en los tesoros de la casa del rey. En aquel tiempo Ezequías desmanteló las puertas del templo de Jehovah y sus marcos, que el mismo Ezequías, rey de Judá, había recubierto de oro, y se los dio al rey de Asiria. Después el rey de Asiria envió al Tartán, al Rabsaris y al Rabsaces, con un poderoso ejército, desde Laquis al rey Ezequías, en Jerusalén. Subieron y llegaron a Jerusalén. Y habiendo subido y llegado, se detuvieron junto al acueducto del estanque de arriba, que está en el camino del Campo del Lavador. Luego llamaron al rey, y salieron hacia ellos Eliaquim hijo de Hilquías, el administrador del palacio; Sebna, el escriba; y Jóaj hijo de Asaf, el cronista. Entonces les dijo el Rabsaces: —Decid a Ezequías que así ha dicho el gran rey, el rey de Asiria: "¿Qué confianza es esa en que confías? Tú has dicho tener plan y poderío para la guerra, pero sólo son palabras de labios. Pero ahora, ¿en quién confías para que te hayas rebelado contra mí? He aquí que ahora tú confías en Egipto, en ese bastón de caña cascada, que a cualquiera que se apoye sobre ella, le entrará por la mano y se la atravesará. Así es el faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él. Pero si me decís: ‘Confiamos en Jehovah nuestro Dios’, ¿no es éste aquel cuyos lugares altos y cuyos altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: ‘Delante de este altar adoraréis en Jerusalén’?" Ahora pues, comprométete con mi señor, el rey de Asiria, y yo te daré 2.000 caballos, si acaso tú puedes proveer quienes cabalguen sobre ellos. ¿Cómo podrás resistir a un oficial de uno de los más insignificantes servidores de mi señor, confiando en Egipto por carros y jinetes? Y ahora, ¿acaso he subido contra este lugar para destruirlo sin que haya intervenido Jehovah? Jehovah me ha dicho: "Sube contra esa tierra y destrúyela." Entonces Eliaquim hijo de Hilquías, Sebna y Jóaj dijeron al Rabsaces: —Por favor, habla a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos. No hables con nosotros en hebreo, a oídos del pueblo que está sobre la muralla. Pero el Rabsaces les dijo: —¿Acaso me ha enviado mi señor para decir estas palabras sólo a tu señor y a ti? ¿No les concierne también a los hombres que están sobre la muralla, quienes, como vosotros, han de comer sus propios excrementos y beber su propia orina? Entonces el Rabsaces se puso de pie, gritó a gran voz en hebreo y habló diciendo: —¡Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria! Así ha dicho el rey: "No os engañe Ezequías, porque él no os podrá librar de mi mano. Tampoco os haga confiar Ezequías en Jehovah, diciendo: ‘Ciertamente Jehovah nos librará, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria.’" ¡No escuchéis a Ezequías! Porque así ha dicho el rey de Asiria: "Haced la paz conmigo y rendíos a mí. Y comerá cada uno de su vid y de su higuera, y beberá cada uno de las aguas de su pozo, hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de aceite de olivo y de miel. Así viviréis y no moriréis. No escuchéis a Ezequías, porque os engaña diciendo: ‘Jehovah nos librará.’ ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones libró su tierra de la mano del rey de Asiria? ¿Dónde están los dioses de Hamat y de Arfad? ¿Dónde están los dioses de Sefarvaim, de Hena y de Ivá? ¿Acaso libraron éstos a Samaria de mi mano? ¿Cuáles de entre todos los dioses de estas tierras libraron sus tierras de mi mano, para que Jehovah libre a Jerusalén de mi mano?" Pero el pueblo calló y no le respondió ni una palabra, porque había una orden del rey que decía: "No le respondáis." Entonces Eliaquim hijo de Hilquías, el administrador del palacio; Sebna, el escriba; y Jóaj hijo de Asaf, el cronista, fueron a Ezequías con sus vestiduras rasgadas, y le declararon las palabras del Rabsaces. Aconteció que cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestiduras, y cubierto de cilicio entró en la casa de Jehovah. Luego envió, cubiertos de cilicio, a Eliaquim el administrador del palacio, a Sebna el escriba y a los ancianos de los sacerdotes a donde estaba el profeta Isaías hijo de Amoz. Y le dijeron: —Así ha dicho Ezequías: "Este día es día de angustia, de reprensión y de vergüenza; porque los hijos están a punto de nacer, pero no hay fuerzas para dar a luz. Quizás Jehovah tu Dios habrá escuchado todas las palabras del Rabsaces, al cual ha enviado su señor, el rey de Asiria, para afrentar al Dios vivo; y le reprenderá a causa de las palabras que Jehovah tu Dios ha escuchado. Eleva, pues, una oración por el remanente que aún queda." Fueron, pues, a Isaías los servidores del rey Ezequías, e Isaías les dijo: —Así diréis a vuestro señor: "Así ha dicho Jehovah: ‘No temas por las palabras que has oído, con las que me han injuriado los criados del rey de Asiria. He aquí, yo pondré en él un espíritu, y oirá un rumor y se volverá a su tierra. Y haré que en su tierra caiga a espada.’" Cuando el Rabsaces oyó que el rey de Asiria había partido de Laquis, regresó y halló al rey combatiendo contra Libna. Luego el rey oyó hablar acerca de Tirhaca, rey de Etiopía: "He aquí que él ha salido para combatir contra ti." Entonces volvió a enviar mensajeros a Ezequías, diciendo: "Así diréis a Ezequías, rey de Judá: ‘No te engañe tu dios, en quien tú confías, al decirte que Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí, tú has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todos los países, destruyéndolos por completo. ¿Y serás librado tú? ¿Acaso los dioses de las naciones, que mis padres destruyeron, libraron a Gozán, a Harán, a Resef y a los hijos de Edén que estaban en Telasar? ¿Dónde están el rey de Hamat, el rey de Arfad y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Ivá?’" Entonces Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros, y la leyó. Luego Ezequías subió a la casa de Jehovah, y la extendió delante de Jehovah. Y Ezequías oró delante de Jehovah y dijo: "Oh Jehovah Dios de Israel, que tienes tu trono entre los querubines: Sólo tú eres el Dios de todos los reinos de la tierra; tú has hecho los cielos y la tierra. Inclina, oh Jehovah, tu oído y escucha; abre, oh Jehovah, tus ojos y mira. Escucha las palabras que Senaquerib ha mandado decir para afrentar al Dios vivo. Es verdad, oh Jehovah, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras, y que han entregado al fuego sus dioses y los destruyeron; porque éstos no eran dioses, sino obra de manos de hombre, de madera y de piedra. Ahora pues, oh Jehovah, Dios nuestro, por favor, sálvanos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú, oh Jehovah, eres Dios." Entonces Isaías hijo de Amoz mandó a decir a Ezequías: "Así ha dicho Jehovah Dios de Israel: ‘He escuchado lo que me has pedido en oración acerca de Senaquerib, rey de Asiria. Esta es la palabra que Jehovah ha hablado acerca de él: "‘La virgen hija de Sion te menosprecia; hace burla de ti. Mueve su cabeza a tus espaldas la hija de Jerusalén. ¿A quién has afrentado e injuriado? ¿Contra quién has levantado la voz y alzado tus ojos con altivez? ¡Contra el Santo de Israel! "‘Por medio de tus mensajeros has afrentado al Señor y has dicho: Con la multitud de mis carros yo ascendí a las cumbres de los montes, a las regiones más remotas del Líbano. Corté sus más altos cedros y sus cipreses escogidos. Llegué hasta su morada más lejana, al bosque más exuberante. Yo cavé y bebí aguas extranjeras, y con las plantas de mis pies hice secar todas las corrientes de Egipto. "‘¿Acaso no lo has oído? Hace mucho tiempo que lo determiné; desde los días de la antigüedad lo dispuse. Y ahora he hecho que suceda, para hacer de las ciudades fortificadas montones de ruinas. Y sus habitantes, sin poder hacer nada, son aterrorizados y avergonzados. Son como la planta del campo o el verdor del pasto, como la hierba de los terrados que es quemada antes de madurar. "‘Yo conozco tu sentarte, tu salir y tu entrar, y también tu furor contra mí. Porque te has enfurecido contra mí y tu arrogancia ha subido a mis oídos, pondré mi gancho en tu nariz y mi freno en tus labios. Y te haré regresar por el camino por donde has venido.’ "Y esto te servirá de señal, oh Ezequías: Este año comeréis de lo que brote de por sí, y el segundo año de lo que crezca de aquello. Pero en el tercer año sembrad y segad; plantad viñas y comed de su fruto. Y los sobrevivientes de la casa de Judá, los que habrán quedado, volverán a echar raíces por debajo y a dar fruto por arriba. Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sion los sobrevivientes. ¡El celo de Jehovah de los Ejércitos hará esto! "Por tanto, así ha dicho Jehovah acerca del rey de Asiria: ‘No entrará en esta ciudad; no tirará en ella ni una sola flecha. No vendrá frente a ella con escudo, ni construirá contra ella terraplén. Por el camino por donde vino, por él se volverá; y no entrará en esta ciudad, dice Jehovah. Pues defenderé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a mi siervo David.’" Aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehovah e hirió a 185.000 en el campamento de los asirios. Se levantaron por la mañana, y he aquí que todos ellos eran cadáveres. Entonces Senaquerib, rey de Asiria, partió y regresó, y permaneció en Nínive. Pero sucedió que mientras adoraba en el templo de Nisroc, su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer lo mataron a espada y huyeron a la tierra de Ararat. Y su hijo Esarjadón reinó en su lugar. En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Entonces el profeta Isaías hijo de Amoz fue a él y le dijo: —Así ha dicho Jehovah: "Pon en orden tu casa, porque vas a morir y no vivirás." Entonces él volvió su cara hacia la pared y oró a Jehovah diciendo: —Oh Jehovah, acuérdate, por favor, de que he andado delante de ti en verdad y con corazón íntegro, y que he hecho lo bueno ante tus ojos. Ezequías lloró con gran llanto. Y sucedió que antes que Isaías saliese del patio central, le vino la palabra de Jehovah, diciendo: —Vuelve y di a Ezequías, el soberano de mi pueblo: "Así ha dicho Jehovah, Dios de tu padre David: ‘He oído tu oración y he visto tus lágrimas. He aquí, te voy a sanar; al tercer día subirás a la casa de Jehovah. Añadiré quince años a tus días, y libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria. Defenderé esta ciudad por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David.’" Entonces Isaías dijo: —Tomad pasta de higos… La tomaron y la pusieron sobre la llaga; luego sanó. Entonces Ezequías preguntó a Isaías: —¿Cuál será la señal de que Jehovah me sanará y de que subiré a la casa de Jehovah al tercer día? E Isaías respondió: —Esta señal tendrás de parte de Jehovah, de que él hará esto que ha dicho: ¿Puede avanzar la sombra diez gradas o retroceder diez gradas? Ezequías respondió: —Es cosa fácil que la sombra avance diez gradas; pero no que retroceda diez gradas. Entonces el profeta Isaías invocó a Jehovah, y él hizo que la sombra retrocediese diez gradas, por las gradas que había avanzado en la gradería de Acaz. En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un presente a Ezequías, porque había oído que Ezequías había estado enfermo. Ezequías se alegró por ellos y les mostró toda la casa de sus tesoros: la plata, el oro, los perfumes y los ungüentos finos, su armería y todo lo que había en sus depósitos. No hubo cosa que Ezequías no les mostrase en su casa y en todos sus dominios. Entonces el profeta Isaías fue al rey Ezequías y le preguntó: —¿Qué dijeron aquellos hombres, y de dónde vinieron a ti? Ezequías respondió: —Han venido de un país lejano, de Babilonia. El preguntó: —¿Qué han visto en tu casa? Y Ezequías respondió: —Han visto todo lo que hay en mi casa; nada hay en mis depósitos que no les haya mostrado. Entonces Isaías dijo a Ezequías: —Escucha la palabra de Jehovah: "He aquí, vienen días en que todo lo que hay en tu casa, lo que tus padres han atesorado hasta el día de hoy, será llevado a Babilonia. No quedará nada, ha dicho Jehovah. Y de tus hijos que procederán de ti, que tú habrás engendrado, tomarán para que sean eunucos en el palacio del rey de Babilonia." Ezequías dijo a Isaías: —La palabra de Jehovah que has hablado es buena. Porque pensó: "¿No habrá paz y estabilidad en mis días?" Los demás hechos de Ezequías y todo su poderío, cómo construyó el estanque y el acueducto, e introdujo las aguas en la ciudad, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Ezequías reposó con sus padres, y su hijo Manasés reinó en su lugar. Manasés tenía 12 años cuando comenzó a reinar, y reinó 55 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Hefsiba. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, conforme a las prácticas abominables de las naciones que Jehovah había echado de delante de los hijos de Israel. Volvió a edificar los lugares altos que su padre Ezequías había destruido. Erigió altares a Baal e hizo un árbol ritual de Asera, como había hecho Acab, rey de Israel. Se postró ante todo el ejército de los cielos y les rindió culto. También edificó altares en la casa de Jehovah, de la cual Jehovah había dicho: "En Jerusalén pondré mi nombre." Edificó altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehovah. Hizo pasar por fuego a su hijo, practicó la magia y la adivinación, evocó a los muertos y practicó el espiritismo. Abundó en hacer lo malo ante los ojos de Jehovah, provocándole a ira. Puso la imagen tallada de Asera que había hecho, en la casa de la cual Jehovah había dicho a David y a su hijo Salomón: "En esta casa y en Jerusalén, que he elegido entre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre. No volveré a desplazar los pies de Israel de la tierra que he dado a sus padres, con tal de que procuren hacer conforme a todas las cosas que les he mandado, y conforme a toda la ley que les mandó mi siervo Moisés." Pero ellos no escucharon, y Manasés hizo que se desviaran, e hicieron lo malo, más que las naciones que Jehovah había destruido ante los hijos de Israel. Entonces Jehovah habló por medio de sus siervos los profetas, diciendo: "Por cuanto Manasés, rey de Judá, ha hecho estas abominaciones y ha hecho más mal que todo el que hicieron los amorreos que le precedieron, y ha hecho también pecar a Judá con sus ídolos, por tanto, así ha dicho Jehovah Dios de Israel: ‘He aquí, yo traigo tal mal sobre Jerusalén y sobre Judá, que al que lo oiga le retiñirán ambos oídos. Extenderé sobre Jerusalén el cordel de Samaria y la plomada de la casa de Acab, y limpiaré a Jerusalén como cuando se limpia un plato; se limpia y luego se lo pone boca abajo. Desampararé al remanente de mi heredad y lo entregaré en mano de sus enemigos, y serán presa y despojo para todos sus enemigos. Porque han hecho lo malo ante mis ojos y me han provocado a ira desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy.’" Aparte de esto, Manasés derramó muchísima sangre inocente, hasta llenar Jerusalén de un extremo a otro, además de su pecado con el que hizo pecar a Judá, para que hiciese lo malo ante los ojos de Jehovah. Los demás hechos de Manasés, todas las cosas que hizo y el pecado que cometió, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Manasés reposó con sus padres y fue sepultado en el jardín de su casa, en el jardín de Uza. Y su hijo Amón reinó en su lugar. Amón tenía 22 años cuando comenzó a reinar, y reinó 2 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Mesulemet hija de Haruz, de Jotba. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, como había hecho su padre Manasés. Anduvo en todo el camino en el que había andado su padre, rindió culto a los ídolos a los que su padre había rendido culto, y se postró ante ellos. Abandonó a Jehovah, el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehovah. Los servidores de Amón conspiraron contra él y mataron al rey en su casa. Pero el pueblo de la tierra mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón. Luego, en su lugar, el pueblo de la tierra proclamó rey a su hijo Josías. Los demás hechos de Amón, las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Fue sepultado en su sepulcro, en el jardín de Uza. Y su hijo Josías reinó en su lugar. Josías tenía 8 años cuando comenzó a reinar, y reinó 31 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Yedida hija de Adaías, de Boscat. El hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, y anduvo en todo el camino de su padre David, sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. Sucedió que en el año 18 del rey Josías el rey envió a Safán hijo de Azalías, hijo del escriba Mesulam, a la casa de Jehovah, diciendo: —Vé al sumo sacerdote Hilquías y dile que vacíe el dinero que ha sido traído a la casa de Jehovah y que los guardias de la puerta han recogido del pueblo. Que lo entreguen en manos de los que hacen la obra, los que están encargados de la casa de Jehovah, para que lo entreguen a los que hacen la obra en la casa de Jehovah, con el propósito de reparar las grietas de la casa (es decir, a los carpinteros, a los constructores y a los albañiles), a fin de comprar madera y piedra labrada para reparar la casa. Pero que no se les pida cuenta del dinero cuyo manejo se les confía, porque ellos proceden con fidelidad. Entonces el sumo sacerdote Hilquías dijo al escriba Safán: —He hallado el libro de la Ley en la casa de Jehovah. E Hilquías entregó el libro a Safán, y éste lo leyó. Entonces el escriba Safán fue al rey y le dio informes diciendo: —Tus siervos han vaciado el dinero que se halló en el templo, y lo han entregado en manos de los que hacen la obra, los que están encargados de la casa de Jehovah. —Asimismo, el escriba Safán declaró al rey diciendo—: El sacerdote Hilquías me ha dado un libro. Y Safán lo leyó en presencia del rey. Y sucedió que cuando el rey escuchó las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestiduras. Luego el rey mandó al sacerdote Hilquías, a Ajicam hijo de Safán, a Acbor hijo de Micaías, al escriba Safán y a Asaías, el siervo del rey, diciendo: —Id y consultad a Jehovah por mí, por el pueblo y por todo Judá, respecto a las palabras del libro que ha sido hallado. Porque grande es la ira de Jehovah que se ha encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no han obedecido los mandamientos de este libro de hacer conforme a todo lo que ha sido escrito acerca de nosotros. Entonces el sacerdote Hilquías, Ajicam, Acbor, Safán y Asaías fueron a la profetisa Hulda, esposa de Salum hijo de Ticva, hijo de Jarjas, guarda de las vestiduras, la cual vivía en el Segundo Barrio de Jerusalén; y hablaron con ella. Y ella les dijo: —Así ha dicho Jehovah Dios de Israel: "Decid al hombre que os ha enviado a mí, que así ha dicho Jehovah: ‘He aquí yo traeré el mal sobre este lugar y sobre sus habitantes, es decir, todas las palabras del libro que el rey de Judá ha leído. Porque me han abandonado y han quemado incienso a otros dioses, provocándome a ira con todas las obras de sus manos. Por eso se ha encendido mi ira contra este lugar, y no será apagada.’" Así diréis al rey de Judá que os ha enviado para consultar a Jehovah: "Así ha dicho Jehovah Dios de Israel con respecto a las palabras que has escuchado: ‘Por cuanto tu corazón se ha conmovido y te has humillado delante de Jehovah cuando escuchaste lo que he pronunciado contra este lugar y contra sus habitantes (que vendrían a ser objeto de horror y maldición), y por cuanto rasgaste tus vestiduras y lloraste en mi presencia, yo también te he escuchado, dice Jehovah. Por tanto, he aquí que yo te reuniré con tus padres, y serás reunido en tu sepulcro en paz. Tus ojos no verán todo el mal que traeré sobre este lugar.’" Y ellos dieron la respuesta al rey. Entonces el rey mandó reunir con él a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. Luego el rey subió a la casa de Jehovah, y con él todos los hombres de Judá, todos los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el menor hasta el mayor. Y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehovah. El rey se puso de pie junto a la columna e hizo pacto delante de Jehovah, de andar en pos de Jehovah y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos con todo el corazón y con toda el alma, para cumplir las palabras de este pacto escritas en este libro. Entonces todo el pueblo se puso de pie a favor del pacto. Entonces el rey mandó al sumo sacerdote Hilquías, a los sacerdotes de segundo orden y a los guardias de la puerta, que sacasen del santuario de Jehovah todos los objetos que habían sido hechos para Baal, para Asera y para todo el ejército de los cielos. Los quemó fuera de Jerusalén en los campos del Quedrón, e hizo llevar sus cenizas a Betel. Quitó a los sacerdotes idólatras que los reyes de Judá habían puesto para que quemasen incienso en los lugares altos de las ciudades de Judá y en los alrededores de Jerusalén; también a los que quemaban incienso a Baal, al sol, a la luna, a los signos del zodíaco y a todo el ejército de los cielos. También sacó de la casa de Jehovah el árbol ritual de Asera, fuera de Jerusalén, al arroyo de Quedrón; y lo quemó en el arroyo de Quedrón. Lo redujo a polvo y arrojó su polvo sobre el sepulcro de los hijos del pueblo. Y destruyó las habitaciones de los varones consagrados a la prostitución ritual, las cuales estaban en la casa de Jehovah, donde las mujeres hacían tejidos para Asera. Hizo venir a todos los sacerdotes de las ciudades de Judá y profanó los lugares altos donde los sacerdotes quemaban incienso, desde Geba hasta Beerseba. Destruyó los altares de las puertas que estaban a la entrada de la puerta de Josué, gobernador de la ciudad, los cuales estaban a la izquierda, según uno entra por la puerta de la ciudad. Sin embargo, los sacerdotes de los lugares altos no subían al altar de Jehovah en Jerusalén; sólo comían panes sin levadura entre sus hermanos. También profanó el Tófet, que estaba en el valle del hijo de Hinom, para que ninguno pasase por fuego a su hijo o a su hija en honor a Moloc. Y quitó de la entrada de la casa de Jehovah los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol. Estaban junto a la cámara del funcionario Natán-melec, que estaba en las dependencias. Y quemó en el fuego los carros del sol. También demolió los altares que los reyes de Judá habían hecho, que estaban en la azotea de la Sala de Acaz, y los altares que Manasés había hecho en los dos atrios de la casa de Jehovah. Los destrozó allí y arrojó su polvo en el arroyo de Quedrón. Profanó los lugares altos que estaban al este de Jerusalén, al sur del monte de la Destrucción, los cuales había edificado Salomón, rey de Israel, para Astarte, ídolo detestable de los sidonios; para Quemós, ídolo detestable de Moab; y para Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón. Destrozó las piedras rituales, cortó los árboles rituales de Asera y llenó sus lugares con huesos humanos. También destruyó el altar que había en Betel y el lugar alto que había hecho Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel; destruyó ese altar y el lugar alto. Quemó el lugar alto y lo convirtió en polvo, y quemó el árbol ritual de Asera. Y al volverse Josías, vio los sepulcros que estaban allí en el monte. Entonces mandó sacar los huesos de los sepulcros y los quemó sobre el altar para profanarlo, conforme a la palabra de Jehovah que había proclamado el hombre de Dios que había anunciado estas cosas. Después preguntó: —¿Qué es aquel monumento que veo? Y los hombres de la ciudad le respondieron: —Es el sepulcro del hombre de Dios que vino de Judá y anunció estas cosas que tú has hecho contra el altar de Betel. Entonces dijo: —Dejadlo. Nadie mueva sus restos. Así fueron preservados sus restos junto con los restos del profeta que vino de Samaria. Josías también quitó todos los santuarios de los lugares altos que estaban en las ciudades de Samaria, que habían hecho los reyes de Israel, provocando a ira a Jehovah. Hizo con ellos conforme a todo lo que había hecho en Betel. Además, mató sobre los altares a todos los sacerdotes de los lugares altos que estaban allí, y sobre ellos quemó huesos humanos. Después regresó a Jerusalén. Entonces el rey mandó a todo el pueblo, diciendo: —Celebrad la Pascua a Jehovah vuestro Dios, conforme a lo que está escrito en este libro del pacto. En verdad, no había sido celebrada una Pascua como ésta desde el tiempo de los jueces que gobernaron a Israel, ni en todo el tiempo de los reyes de Israel y de los reyes de Judá. Esta Pascua a Jehovah fue celebrada en Jerusalén en el año 18 del rey Josías. Asimismo, Josías eliminó a los que evocaban a los muertos y a los espiritistas, los ídolos domésticos, los ídolos repugnantes y todos los ídolos detestables que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalén, para cumplir las palabras de la ley que estaban escritas en el libro que el sacerdote Hilquías había hallado en la casa de Jehovah. No hubo un rey antes de él que se volviera como él a Jehovah con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni tampoco se levantó otro igual después de él. Con todo eso, Jehovah no desistió del ardor de su gran ira, ya que su ira se había encendido contra Judá, por todas las cosas con que Manasés le había provocado. Entonces dijo Jehovah: "También quitaré de mi presencia a Judá, como quité a Israel. Desecharé esta ciudad que escogí, a Jerusalén, y la casa de la cual había dicho: ‘Allí estará mi nombre.’" Los demás hechos de Josías y todas las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? En sus días el faraón Necao, rey de Egipto, subió contra el rey de Asiria, junto al río Eufrates. El rey Josías fue a su encuentro, pero cuando el faraón le vio, le dio muerte en Meguido. Sus servidores lo pusieron en un carro y lo llevaron muerto de Meguido a Jerusalén, y lo sepultaron en su sepulcro. Luego el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y le ungieron y le proclamaron rey en lugar de su padre. Joacaz tenía 23 años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. El nombre de su madre era Hamutal hija de Jeremías, de Libna. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, conforme a todas las cosas que habían hecho sus padres. El faraón Necao lo encarceló en Ribla, en la tierra de Hamat, para que no reinara en Jerusalén; e impuso sobre el país una multa de 100 talentos de plata y un talento de oro. El faraón Necao proclamó rey a Eliaquim hijo de Josías en lugar de Josías su padre, pero le cambió su nombre por el de Joacim. Y tomó a Joacaz y lo llevó a Egipto, donde murió. Joacim pagó al faraón la plata y el oro, pero tuvo que imponer un impuesto al país para dar el dinero conforme al mandato del faraón. Exigió la plata y el oro al pueblo de la tierra, a cada uno según la estimación de su patrimonio, para darlo al faraón Necao. Joacim tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reinó 11 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Zebuda hija de Pedaías, de Ruma. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, conforme a todas las cosas que habían hecho sus padres. En sus días subió Nabucodonosor, rey de Babilonia, y Joacim fue su vasallo durante tres años. Luego cambió de parecer y se rebeló contra él. Entonces Jehovah envió contra él tropas de los caldeos, de los sirios, de los moabitas y de los amonitas; y las envió contra Judá para destruirla, conforme a la palabra que Jehovah había hablado por medio de sus siervos los profetas. Ciertamente esto vino contra Judá por mandato de Jehovah, para quitarla de su presencia por los pecados de Manasés, por todo lo que él había hecho, así como por la sangre inocente que había derramado; pues había llenado Jerusalén de sangre inocente. Por eso Jehovah no estuvo dispuesto a perdonar. Los demás hechos de Joacim y todas las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Joacim reposó con sus padres, y su hijo Joaquín reinó en su lugar. El rey de Egipto no volvió a salir de su tierra, porque el rey de Babilonia había tomado todo lo que era del rey de Egipto, desde el arroyo de Egipto hasta el río Eufrates. Joaquín tenía 18 años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. El nombre de su madre era Nejusta hija de Elnatán, de Jerusalén. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, conforme a todas las cosas que había hecho su padre. En aquel tiempo los servidores de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén; y la ciudad fue sitiada. También Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino contra la ciudad, cuando sus servidores la tenían sitiada. Entonces Joaquín, rey de Judá, se entregó al rey de Babilonia, él con su madre, sus servidores, sus oficiales y sus funcionarios. El rey de Babilonia lo apresó en el octavo año de su reinado. Luego sacó de allí todos los tesoros de la casa de Jehovah y los tesoros de la casa del rey. Rompió en pedazos todos los utensilios de oro que había hecho Salomón, rey de Israel, para la casa de Jehovah, como Jehovah había dicho. Y llevó en cautiverio a toda Jerusalén: a todos los magistrados, a todos los guerreros valientes (un total de 10.000 cautivos), y a todos los herreros y artesanos. No quedó nadie, excepto la gente más pobre del pueblo de la tierra. También llevó cautivos a Babilonia a Joaquín, a la madre del rey, a las mujeres del rey, a los funcionarios del rey y a los poderosos del país; los llevó cautivos de Jerusalén a Babilonia. El rey de Babilonia llevó cautivos a Babilonia a todos los hombres de guerra, que eran 7.000, a los artesanos, y herreros, que eran 1.000, y a todos los valientes ejercitados para la guerra. El rey de Babilonia proclamó rey en lugar de Joaquín a su tío Matanías, y cambió su nombre por el de Sedequías. Sedequías tenía 21 años cuando comenzó a reinar, y reinó 11 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Hamutal hija de Jeremías, de Libna. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, conforme a todo lo que había hecho Joacim. Ciertamente el furor de Jehovah estaba contra Jerusalén y Judá, hasta que los echó de su presencia. Entonces Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia. Y aconteció el 10 del mes décimo del noveno año de su reinado que Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén. Luego acamparon contra ella y construyeron muros de asedio contra ella en derredor. La ciudad estuvo sitiada hasta el año 11 del rey Sedequías. En el noveno día del mes cuarto prevaleció el hambre en la ciudad, y no había alimentos para el pueblo de la tierra. Entonces se abrió una brecha en la ciudad, y huyeron de noche el rey y todos los hombres de guerra por el camino de la puerta que estaba entre los dos muros, junto al jardín del rey, mientras los caldeos estaban junto y alrededor de la ciudad. Se dirigieron hacia el Arabá, pero el ejército de los caldeos persiguió al rey y lo alcanzó en las llanuras de Jericó; y todo su ejército fue dispersado de su lado. Entonces prendieron al rey y lo llevaron ante el rey de Babilonia, en Ribla, y éste pronunció sentencia contra aquél. Degollaron a los hijos de Sedequías en su presencia. Y a Sedequías le sacó los ojos, le aprisionó con cadenas de bronce y lo hizo llevar a Babilonia. El séptimo día del mes quinto del año 19 de Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, servidor del rey de Babilonia. Incendió la casa de Jehovah, la casa del rey y todas las casas de Jerusalén; incendió todo edificio grande. Todo el ejército de los caldeos que estaba con el capitán de la guardia demolió los muros alrededor de Jerusalén. Nabuzaradán, capitán de la guardia, hizo llevar cautivo al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de la gente. Sin embargo, el capitán de la guardia hizo quedar una parte de la gente más pobre de la tierra, como viñadores y labradores. Los caldeos destrozaron las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehovah, así como las bases de las pilas móviles y la fuente de bronce que estaban en la casa de Jehovah; y se llevaron el bronce a Babilonia. También se llevaron las ollas, las palas, las despabiladeras, los cucharones y todos los utensilios de bronce con que servían. El capitán de la guardia se llevó también los incensarios y los tazones para la aspersión, tanto los de oro como los de plata. En cuanto a las dos columnas, la fuente y las bases de las pilas móviles que Salomón había hecho para la casa de Jehovah, no hubo manera de pesar el bronce de todos estos objetos. La altura de cada columna era de 18 codos. Encima tenían un capitel de bronce de 3 codos de alto y alrededor, sobre el capitel, había una red y granadas, todo de bronce. La segunda columna tenía una labor igual, con la red. El capitán de la guardia tomó también a Seraías, el sacerdote principal; a Sofonías, el segundo sacerdote; y a tres guardias de la puerta. Y de la ciudad tomó a un funcionario que estaba encargado de los hombres de guerra; a cinco hombres de los más íntimos del rey que se hallaban en la ciudad y al escriba principal de la milicia, quien reclutaba al pueblo de la tierra, y a sesenta hombres del pueblo de la tierra que se hallaban en la ciudad. Nabuzaradán, capitán de la guardia, los tomó y los llevó ante el rey de Babilonia, en Ribla. El rey de Babilonia los hirió y los mató en Ribla, en la tierra de Hamat. Así fue llevado cautivo Judá lejos de su tierra. Sobre la gente que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dejado en la tierra de Judá, el rey puso a Gedalías hijo de Ajicam, hijo de Safán. Todos los jefes de los soldados, ellos y sus hombres (Ismael hijo de Netanías, Johanán hijo de Carea, Seraías hijo de Tanjumet, de Netofa, y Jazanías hijo de cierto hombre de Maaca) se enteraron de que el rey de Babilonia había puesto por gobernador a Gedalías. Ellos y sus hombres fueron a él en Mizpa. Entonces Gedalías les juró a ellos y a sus hombres, diciéndoles: "No tengáis temor a los servidores de los caldeos. Habitad en la tierra y servid al rey de Babilonia, y os irá bien." Pero aconteció en el mes séptimo que Ismael hijo de Netanías, hijo de Elisama, de la descendencia real, fue con diez hombres, e hirieron y dieron muerte a Gedalías y a los judíos y caldeos que estaban con él en Mizpa. Entonces todo el pueblo se levantó, desde el menor hasta el mayor, con los jefes de los soldados, y se fueron a Egipto, porque tenían temor a los caldeos. Aconteció el 27 del mes duodécimo del año 37 de la cautividad de Joaquín, rey de Judá, que Evil-merodac, rey de Babilonia, en el primer año de su reinado, indultó a Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de la cárcel. Habló con Joaquín amigablemente y puso su sitial más alto que los sitiales de los reyes que estaban con él en Babilonia. Cambió su ropa de prisión, y Joaquín comía en la presencia del rey siempre, todos los días de su vida. En cuanto a su ración, le fue dada una ración continua de parte del rey, cada cosa en su día, todos los días de su vida. Adán, Set, Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec, Noé, Sem, Cam y Jafet. Los hijos de Jafet fueron: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mesec y Tiras. Los hijos de Gomer fueron: Asquenaz, Rifat y Togarma. Los hijos de Javán fueron: Elisa, Tarsis, Quitim y Rodanim. Los hijos de Cam fueron: Cus, Mizraim, Fut y Canaán. Los hijos de Cus fueron: Seba, Havila, Sabta, Raama y Sabteca. Los hijos de Raama fueron Seba y Dedán. Cus engendró a Nimrod, quien comenzó a ser poderoso en la tierra. Mizraim engendró a los ludeos, a los anameos, a los lehabitas, a los naftujitas, a los patruseos, a los caslujitas (de los cuales salieron los filisteos) y a los caftoreos. Canaán engendró a Sidón su primogénito y a Het, al jebuseo, al amorreo, al gergeseo, al heveo, al araqueo, al sineo, al arvadeo, al zemareo y al hamateo. Los hijos de Sem fueron: Elam, Asur, Arfaxad, Lud, Aram, Uz, Hul, Geter y Mesec. Arfaxad engendró a Sélaj, y Sélaj engendró a Heber. A Heber le nacieron dos hijos: El nombre del primero fue Peleg, porque en sus días fue dividida la tierra. El nombre de su hermano fue Joctán. Joctán engendró a Almodad, a Selef, a Hazar-mávet, a Jéraj, a Adoram, a Uzal, a Dicla, a Ebal, a Abimael, a Seba, a Ofir, a Havila y a Jobab. Todos éstos fueron hijos de Joctán. Sem, Arfaxad, Sélaj, Heber, Peleg, Reu, Serug, Nacor, Taré y Abram, el cual es Abraham. Los hijos de Abraham fueron Isaac e Ismael. Estos son sus descendientes: El primogénito de Ismael fue Nebayot. Después nacieron Quedar, Adbeel, Mibsam, Misma, Duma, Masá, Hadad, Tema, Jetur, Nafis y Quedema. Estos fueron los hijos de Ismael. Los hijos que Quetura, concubina de Abraham, dio a luz fueron: Zimrán, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. Los hijos de Jocsán fueron Seba y Dedán. Los hijos de Madián fueron: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Eldaa. Todos éstos fueron hijos de Quetura. Abraham engendró a Isaac. Los hijos de Isaac fueron Esaú e Israel. Los hijos de Esaú fueron: Elifaz, Reuel, Jeús, Jalam y Coré. Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Zefo, Gatam, Quenaz, Timna y Amalec. Los hijos de Reuel fueron: Najat, Zéraj, Sama y Miza. Los hijos de Seír fueron: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná, Disón, Ezer y Disán. Los hijos de Lotán fueron Hori y Homam. Timna fue hermana de Lotán. Los hijos de Sobal fueron: Alván, Manajat, Ebal, Sefo y Onam. Los hijos de Zibeón fueron Ayías y Aná. Disón fue hijo de Aná. Y los hijos de Disón fueron: Hamrán, Esbán, Itrán y Querán. Los hijos de Ezer fueron: Bilhán, Zaaván y Acán. Los hijos de Disán fueron Uz y Arán. Estos fueron los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que hubiese rey de los hijos de Israel: Bela hijo de Beor. El nombre de su ciudad fue Dinaba. Murió Bela, y reinó en su lugar Jobab hijo de Zéraj, de Bosra. Murió Jobab, y reinó en su lugar Husam, de la tierra de los temanitas. Murió Husam, y reinó en su lugar Hadad hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab. El nombre de su ciudad fue Avit. Murió Hadad, y reinó en su lugar Samla, de Masreca. Murió Samla, y reinó en su lugar Saúl, de Rejobot, que está junto al Río. Murió Saúl, y reinó en su lugar Baal-janán hijo de Acbor. Murió Baal-janán, y reinó en su lugar Hadad. El nombre de su ciudad fue Pau. El nombre de su mujer fue Mehetabel, hija de Matred, hija de Mezaab. Y murió Hadad. Los jefes de Edom fueron: los jefes Timna, Alva, Jetet, Oholibama, Ela, Pinón, Quenaz, Temán, Mibzar, Magdiel e Iram. Estos fueron los jefes de Edom. Estos fueron los hijos de Israel: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Dan, José, Benjamín, Neftalí, Gad y Aser. Los hijos de Judá fueron: Er, Onán y Sela. Estos tres le nacieron de Batsúa, la cananea. Y Er, primogénito de Judá, era malo ante los ojos de Jehovah, y él le quitó la vida. Y Tamar su nuera le dio a luz a Fares y a Zéraj. Todos los hijos de Judá fueron cinco. Los hijos de Fares fueron Hesrón y Hamul. Los hijos de Zéraj fueron: Zimri, Eitán, Hemán, Calcol y Darda; cinco en total. Hijo de Carmi fue Acar, el que ocasionó destrucción a Israel, porque transgredió con respecto al anatema. Azarías fue hijo de Eitán. Los hijos que le nacieron a Hesrón fueron: Jerameel, Ram y Caleb. Ram engendró a Aminadab, y Aminadab engendró a Najsón, jefe de los hijos de Judá. Najsón engendró a Salmón, y Salmón engendró a Boaz. Boaz engendró a Obed, y Obed engendró a Isaí. Isaí engendró a Eliab su primogénito, a Aminadab el segundo, a Simea el tercero, a Natanael el cuarto, a Radai el quinto, a Ozem el sexto, y a David el séptimo. Sarvia y Abigaíl fueron las hermanas de ellos. Los hijos de Sarvia fueron tres: Abisai, Joab y Asael. Abigaíl dio a luz a Amasa, y el padre de Amasa fue Jeter el ismaelita. Caleb hijo de Hesrón engendró a Jeriot, de su mujer Azuba. Y éstos fueron hijos de ella: Jeser, Sobab y Ardón. Murió Azuba, y Caleb tomó por mujer a Efrata, la cual dio a luz a Hur. Hur engendró a Uri, y Uri engendró a Bezaleel. Después Hesrón se unió a una hija de Maquir, padre de Galaad. La tomó teniendo él sesenta años, y ella le dio a luz a Segub. Segub engendró a Jaír, el cual tuvo veintitrés aldeas en la tierra de Galaad. (Gesur y Aram les tomaron las aldeas de Jaír y también Quenat con sus aldeas, sesenta ciudades.) Todos éstos fueron hijos de Maquir, padre de Galaad. Después que murió Hesrón en Caleb-efrata, Abía, mujer de Hesrón, le dio a luz a Azur, padre de Tecoa. Los hijos de Jerameel, primogénito de Hesrón, fueron: Ram el primogénito, Buna, Orén, Ozem y Ajías. Jerameel tuvo otra mujer cuyo nombre era Atara, que fue madre de Onam. Los hijos de Ram, primogénito de Jerameel, fueron: Maaz, Jamín y Equer. Los hijos de Onam fueron Samai y Jada. Los hijos de Samai fueron Nadab y Abisur. El nombre de la mujer de Abisur fue Abijaíl, la cual le dio a luz a Ajbán y a Molid. Los hijos de Nadab fueron Seled y Apaim. Y Seled murió sin hijos. Isi fue hijo de Apaim. Sesán fue hijo de Isi. Ajlai fue hijo de Sesán. Los hijos de Jada, hermano de Samai, fueron Jeter y Jonatán. Y Jeter murió sin hijos. Los hijos de Jonatán fueron Pelet y Zaza. Estos fueron los hijos de Jerameel. Sesán no tuvo hijos, sino hijas. Sesán tenía un siervo egipcio llamado Jarja. Y Sesán dio a su hija por mujer a su siervo Jarja, y ella le dio a luz a Atai. Atai engendró a Natán, Natán engendró a Zabad, Zabad engendró a Eflal, Eflal engendró a Obed, Obed engendró a Jehú, Jehú engendró a Azarías, Azarías engendró a Heles, Heles engendró a Elasa, Elasa engendró a Sismai, Sismai engendró a Salum, Salum engendró a Jecamías, Jecamías engendró a Elisama. Los hijos de Caleb, hermano de Jerameel, fueron: Mesa su primogénito, que fue padre de Zif, y Maresa su hijo fue padre de Hebrón. Los hijos de Hebrón fueron: Coré, Tapúaj, Requem y Sema. Sema engendró a Rajam, padre de Jorcoam, y Requem engendró a Samai. Maón fue hijo de Samai, y Maón fue padre de Betsur. Efa, concubina de Caleb, dio a luz a Harán, a Mosa y a Gazez. Harán engendró a Gazez. Los hijos de Jahdai fueron: Regem, Jotam, Gesán, Pelet, Efa y Saaf. Maaca, concubina de Caleb, dio a luz a Seber y a Tirjana. También dio a luz a Saaf, padre de Madmana, y a Seva, padre de Macbena y padre de Gibea. Y Acsa fue hija de Caleb. Estos fueron los hijos de Caleb. Los hijos de Hur, primogénito de Efrata, fueron: Sobal, padre de Quiriat-jearim; Salma, padre de Belén; y Haref, padre de Bet-gader. Los hijos de Sobal, padre de Quiriat-jearim, fueron: Haroé, la mitad de los manajetitas y los clanes de Quiriat-jearim, que fueron: los jatiritas, los futitas, los sumatitas y los misraítas. Y de éstos salieron los zoraítas y los estaolitas. Los hijos de Salma fueron: Belén, los netofatitas, Atrot-bet-joab y la mitad de los manajetitas, los zoraítas. Las familias de los escribas que moraban en Jabes fueron: los tirateos, los simateos y los sucateos. Estos son los queneos que descienden de Hamat, padre de la casa de Recab. Estos fueron los hijos de David que le nacieron en Hebrón: El primogénito fue Amnón, de Ajinoam, de Jezreel. El segundo fue Daniel, de Abigaíl, de Carmel. El tercero fue Absalón, hijo de Maaca hija de Talmai, rey de Gesur. El cuarto fue Adonías, hijo de Haguit. El quinto fue Sefatías, de Abital. El sexto fue Itream, de Egla su mujer. Estos seis le nacieron en Hebrón, donde reinó siete años y seis meses. En Jerusalén reinó 33 años. Estos cuatro le nacieron en Jerusalén, de Betsabé hija de Amiel: Samúa Sobab, Natán y Salomón. También Ibjar, Elisúa, Elifelet, Noga, Néfeg, Jafía, Elisama, Eliada y Elifelet: nueve. Todos éstos fueron los hijos de David, sin contar los hijos de las concubinas. Tamar fue hermana de ellos. Hijo de Salomón fue Roboam, cuyo hijo fue Abías, cuyo hijo fue Asa, cuyo hijo fue Josafat, cuyo hijo fue Joram, cuyo hijo fue Ocozías, cuyo hijo fue Joás, cuyo hijo fue Amasías, cuyo hijo fue Azarías, cuyo hijo fue Jotam, cuyo hijo fue Acaz, cuyo hijo fue Ezequías, cuyo hijo fue Manasés, cuyo hijo fue Amón, cuyo hijo fue Josías. Los hijos de Josías fueron: Johanán el primogénito, el segundo Joacim, el tercero Sedequías, el cuarto Salum. Los hijos de Joacim fueron su hijo Joaquín y su hijo Sedequías. Los hijos de Joaquín el cautivo fueron: Salatiel su hijo, Malquiram, Pedaías, Senazar, Jecamías, Hosama y Nedabías. Los hijos de Pedaías fueron Zorobabel y Simei. Los hijos de Zorobabel fueron Mesulam y Ananías, y la hermana de éstos fue Selomit. También estos cinco: Hasuba, Ohel, Berequías, Hasadías y Jusab-jésed. Los hijos de Ananías fueron Pelatías y Jesaías, cuyo hijo fue Refaías, cuyo hijo fue Arnán, cuyo hijo fue Abdías, cuyo hijo fue Secanías. Los hijos de Secanías fueron: Semaías y sus hijos Hatús, Igal, Barías, Nearías y Safat; seis. Los hijos de Nearías fueron tres: Elioenai, Ezequías y Azricam. Los hijos de Elioenai fueron siete: Hodavías, Eliasib, Pelaías, Acub, Johanán, Dalaías y Anani. Los hijos de Judá fueron: Fares, Hesrón, Carmi, Hur y Sobal. Reayías hijo de Sobal engendró a Yajat. Yajat engendró a Ajumai y a Lahad. Estos son los clanes de los zoratitas. Estos fueron los hijos de Etam: Jezreel, Isma e Ibdas. El nombre de su hermana fue Hazlelponi. Penuel fue padre de Gedor, y Ezer fue padre de Husa. Estos fueron los hijos de Hur, primogénito de Efrata, padre de Belén. Asur, padre de Tecoa, tuvo dos mujeres: Hela y Naara. Naara le dio a luz a Ajuzam, a Hefer, a Temeni y a Ajastari. Estos fueron los hijos de Naara. Los hijos de Hela fueron: Zeret, Zojar y Etnán. Cos engendró a Anub, a Zobeba y a los clanes de Ajarjel hijo de Harum. Jabes fue más ilustre que sus hermanos. Su madre le llamó Jabes, diciendo: "Porque lo di a luz con dolor." Y Jabes invocó al Dios de Israel diciendo: "¡Oh, si realmente me dieras bendición y ensancharas mi territorio, y tu mano estuviera conmigo y me libraras del mal, de modo que no tuviese dolor!" Y Dios le concedió lo que pidió. Quelub, hermano de Suja, engendró a Mejir, el cual fue padre de Estón. Y Estón engendró a Bet-rafa, a Paséaj y a Tejina, padre de la ciudad de Najas. Estos son los hombres de Reca. Los hijos de Quenaz fueron Otoniel y Seraías. Los hijos de Otoniel: Hatat y Meonotai, el cual engendró a Ofra. Y Seraías engendró a Joab, padre de los del valle de Jarasim, porque fueron artesanos. Los hijos de Caleb hijo de Jefone fueron: Ir, Ela y Naam. Y el hijo de Ela fue Quenaz. Los hijos de Jehalelel fueron: Zif, Zifa, Tiria y Asarel. Los hijos de Esdras fueron: Jeter, Mered, Efer y Jalón. Ella dio a luz a María, a Samai y a Isbaj, padre de Estemoa. Y éstos son los hijos de Bitia, hija del faraón, a la cual Mered tomó por mujer. Su mujer judía dio a luz a Jared padre de Gedor, a Heber padre de Soco y a Jecutiel padre de Zanóaj. Y los hijos de la mujer de Hodías, hermana de Najam, fueron Abi-queila el garmita y Estemoa el macateo. Los hijos de Simón fueron: Amnón, Rina, Ben-janán y Tilón. Y los hijos de Isi fueron Zojet y Ben-zojet. Los hijos de Sela hijo de Judá fueron: Er padre de Leca, Laada padre de Maresa, las familias de los que trabajan el lino en Bet-asbea, Joquim, los hombres de Cozeba, Joás y Saraf, quienes dominaron en Moab, y volvieron a Belén. Y los registros son antiguos. Estos eran alfareros y habitaban en Netaím y Gedera. Allí habitaban cerca del rey, ocupados en su servicio. Los hijos de Simeón fueron: Nemuel, Jamín, Jarib, Zéraj y Saúl; Salum su hijo, Mibsam su hijo y Misma su hijo. Los hijos de Misma fueron Hamuel su hijo, Zacur su hijo y Simei su hijo. Los hijos de Simei fueron dieciséis, y sus hijas fueron seis. Pero sus hermanos no tuvieron muchos hijos, ni se multiplicaron en todo su clan, como los hijos de Judá. Ellos habitaron en Beerseba, Molada, Hazar-sual, Bilha, Ezem, Tolad, Betuel, Horma, Siclag, Bet-marcabot, Hazar-susim, Bet-birai, y Saaraim. Estas fueron sus ciudades hasta el reinado de David. Y sus aldeas fueron: Etam, Ayin, Rimón, Toquén y Asán, cinco ciudades; más todas las aldeas que estaban alrededor de estas ciudades, hasta Baal. Esta fue el área que habitaron, y ésta fue su genealogía: Mesobad, Jamlec, Josías hijo de Amasías, Joel y Jehú hijo de Josibías, hijo de Seraías, hijo de Asiel. También Elioenai, Jacoba, Jesojaías, Asaías, Adiel, Jesimiel, Benaías y Ziza hijo de Sifi, hijo de Alón, hijo de Jedaías, hijo de Simri, hijo de Semaías. Estos mencionados por nombre fueron los principales entre sus clanes, y sus casas paternas se multiplicaron muchísimo. Ellos llegaron hasta la entrada de Gedor, hasta el oriente del valle, buscando pastos para sus ganados. Encontraron ricos y buenos pastos y tierra extensa, reposada y tranquila que antes había sido habitada por los camitas. Estos inscritos por nombre vinieron en los días de Ezequías, rey de Judá, atacaron sus moradas y a los meunitas que se hallaban allí, y los destruyeron hasta el día de hoy. Y habitaron en lugar de ellos, porque allí había pastos para sus ganados. Asimismo, 500 hombres de ellos, de los hijos de Simeón, fueron al monte de Seír bajo el mando de Pelatías, Nearías, Refaías y Uziel, hijos de Isi. Derrotaron a los sobrevivientes de Amalec que habían escapado, y han habitado allí hasta el día de hoy. Los hijos de Rubén, primogénito de Israel (pues él era el primogénito; pero cuando profanó el lecho de su padre, su derecho de primogenitura fue dado a los hijos de José hijo de Israel, de modo que no fue registrado como primogénito; y aunque Judá llegó a ser el más fuerte entre sus hermanos y de él procede un príncipe, el derecho de primogenitura fue de José), los hijos de Rubén, primogénito de Israel, fueron: Hanoc, Falú, Hesrón y Carmi. Los hijos de Joel fueron: Semaías su hijo, Gog su hijo, Simei su hijo, Micaías su hijo, Reayías su hijo, Baal su hijo, Beera su hijo, el cual fue llevado cautivo por Tiglat-pileser, rey de Asiria. El era un principal de los rubenitas. Sus hermanos según sus clanes, cuando fueron registrados en sus genealogías, fueron: Jeiel el jefe, Zacarías y Bela hijo de Azaz, hijo de Sema, hijo de Joel. Y él habitó en Aroer hasta Nebo y Baal-maón. También habitó hacia el oriente hasta la entrada del desierto desde el río Eufrates, porque sus ganados se habían multiplicado en la tierra de Galaad. En los días de Saúl hicieron guerra contra los hagrienos, los cuales cayeron en sus manos. Y habitaron en sus moradas en toda la región oriental de Galaad. Los hijos de Gad habitaron frente a ellos, en la tierra de Basán, hasta Salca. Joel fue el jefe; el segundo Safán, luego Jaanai, después Safat, en Basán. Sus hermanos, según sus casas paternas, fueron siete: Micael, Mesulam, Seba, Jorai, Jaacán, Zía y Heber. Estos fueron los hijos de Abijail hijo de Huri, hijo de Jaroa, hijo de Galaad, hijo de Micael, hijo de Jesisai, hijo de Jahdo, hijo de Buz. Aji hijo de Abdiel, hijo de Guni, fue jefe de sus casas paternas. Ellos habitaron en Galaad, en Basán, en sus aldeas y en todos los campos de alrededor de Sarón, hasta sus confines. Todos éstos fueron registrados según sus genealogías en los días de Jotam rey de Judá, y en los días de Jeroboam rey de Israel. Los hijos de Rubén, los de Gad y los de la media tribu de Manasés, hombres valientes, hombres que llevaban escudo y espada, que manejaban el arco y que eran aptos para la guerra, sumaban 44.760 hombres que salían a la batalla. Tuvieron guerra contra los hagrienos, Jetur, Nafis y Nodab; y encontraron ayuda contra ellos. Los hagrienos y todos los que estaban con ellos fueron entregados en su mano, porque aquéllos invocaron a Dios en la batalla, y él les concedió su petición, porque confiaron en él. Tomaron sus ganados: 50.000 camellos, 250.000 ovejas y 2.000 asnos; también 100.000 hombres. Ciertamente muchos cayeron muertos, porque la guerra era de Dios. Y habitaron en el lugar de aquéllos hasta el cautiverio. Los hijos de la media tribu de Manasés, que eran numerosos, habitaron en la tierra desde Basán hasta Baal-hermón y Senir, es decir, el monte Hermón. Estos fueron los jefes de sus casas paternas: Efer, Isi, Eliel, Azriel, Jeremías, Hodavías y Jahdiel; hombres valerosos, hombres de renombre y jefes de sus casas paternas. Pero fueron infieles al Dios de sus padres y se prostituyeron tras los dioses de los pueblos de la tierra, a los cuales Dios había destruido delante de ellos. Por eso el Dios de Israel incitó el espíritu de Pul rey de Asiria, es decir, el espíritu de Tiglat-pileser rey de Asiria, el cual deportó a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés y los llevó a Halaj, a Habor, a Hara y al río Gozán, hasta el día de hoy. Los hijos de Leví fueron: Gersón, Cohat y Merari. Los hijos de Cohat fueron: Amram, Izjar, Hebrón y Uziel. Los hijos de Amram fueron: Aarón, Moisés y María. Los hijos de Aarón fueron: Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar. Eleazar engendró a Fineas, Fineas engendró a Abisúa, Abisúa engendró a Buqui, Buqui engendró a Uzi, Uzi engendró a Zerajías, Zerajías engendró a Merayot, Merayot engendró a Amarías, Amarías engendró a Ajitob, Ajitob engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Ajimaas, Ajimaas engendró a Azarías, Azarías engendró a Johanán, Johanán engendró a Azarías, quien ejerció el sacerdocio en el templo que Salomón edificó en Jerusalén. Azarías engendró a Amarías. Amarías engendró a Ajitob, Ajitob engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Salum, Salum engendró a Hilquías, Hilquías engendró a Azarías, Azarías engendró a Seraías, Seraías engendró a Josadac. Josadac fue al cautiverio cuando Jehovah llevó cautivos a Judá y a Jerusalén, por medio de Nabucodonosor. Los hijos de Leví fueron Gersón, Cohat y Merari. Estos son los nombres de los hijos de Gersón: Libni y Simei. Los hijos de Cohat fueron: Amram, Izjar, Hebrón y Uziel. Los hijos de Merari fueron Majli y Musi. Estos son los clanes de Leví según sus casas paternas: De Gersón, Libni su hijo, Yajat su hijo, Zima su hijo, Jóaj su hijo, Ido su hijo, Zéraj su hijo, Jeatrai su hijo. Los hijos de Cohat: Aminadab su hijo, Coré su hijo, Asir su hijo, Elcana su hijo, Ebiasaf su hijo, Asir su hijo. Tajat su hijo, Uriel su hijo, Uzías su hijo, Saúl su hijo. Los hijos de Elcana fueron Amasai y Ajimot; Elcana su hijo, Zofai su hijo, Najat su hijo, Eliab su hijo, Jerojam su hijo, Elcana su hijo. Los hijos de Samuel fueron Joel el primogénito y Abías el segundo. Los hijos de Merari fueron Majli, Libni su hijo, Simei su hijo, Uza su hijo, Simea su hijo, Haguías su hijo, Asaías su hijo. Estos son los que David estableció sobre el servicio del canto en la casa de Jehovah después que el arca había reposado allí. Y servían en el canto delante de la tienda del tabernáculo de reunión, hasta que Salomón edificó la casa de Jehovah en Jerusalén, y ejercían su servicio según los deberes establecidos para ellos. Estos y sus hijos son los que ejercían su servicio. Entre los hijos de Cohat: el cantor Hemán hijo de Joel, hijo de Samuel, hijo de Elcana, hijo de Jerojam, hijo de Eliel, hijo de Tóaj, hijo de Zuf, hijo de Elcana, hijo de Majat, hijo de Amasai, hijo de Elcana, hijo de Joel, hijo de Azarías, hijo de Sofonías, hijo de Tajat, hijo de Asir, hijo de Ebiasaf, hijo de Coré, hijo de Izjar, hijo de Cohat, hijo de Leví, hijo de Israel. Su hermano Asaf estaba a su mano derecha. Asaf era hijo de Berequías, hijo de Simea, hijo de Micael, hijo de Baasías, hijo de Malquías, hijo de Etni, hijo de Zéraj, hijo de Adaías, hijo de Eitán, hijo de Zima, hijo de Simei, hijo de Yajat, hijo de Gersón, hijo de Leví. Sus hermanos, los hijos de Merari, estaban a su mano izquierda: Eitán hijo de Quisi, hijo de Abdi, hijo de Maluc, hijo de Hasabías, hijo de Amasías, hijo de Hilquías, hijo de Amsi, hijo de Bani, hijo de Semer, hijo de Majli, hijo de Musi, hijo de Merari, hijo de Leví. Y sus hermanos, los levitas, fueron asignados a todo el servicio del tabernáculo de la casa de Dios. Aarón y sus hijos quemaban ofrendas sobre el altar del holocausto y sobre el altar del incienso, para toda la obra del lugar santísimo y para hacer expiación por Israel, conforme a todo lo que había mandado Moisés, siervo de Dios. Estos son los hijos de Aarón: Eleazar su hijo, Fineas su hijo, Abisúa su hijo, Buqui su hijo, Uzi su hijo, Zerajías su hijo, Merayot su hijo, Amarías su hijo, Ajitob su hijo, Sadoc su hijo, Ajimaas su hijo. Estos son sus lugares de residencia según sus campamentos en su territorio. A los hijos de Aarón, del clan de los cohatitas, porque a ellos les tocó la primera suerte, les dieron Hebrón, en la tierra de Judá, con sus campos de alrededor. Pero dieron la campiña de la ciudad con sus aldeas a Caleb hijo de Jefone. A los hijos de Aarón les dieron las ciudades de refugio: Hebrón, Libna con sus campos de alrededor, Jatir, Estemoa con sus campos de alrededor, Hilén con sus campos de alrededor, Debir con sus campos de alrededor, Asán con sus campos de alrededor y Bet-semes con sus campos de alrededor. De la tribu de Benjamín les dieron Geba con sus campos de alrededor, Alémet con sus campos de alrededor y Anatot con sus campos de alrededor. Todas sus ciudades fueron trece, repartidas según sus clanes. A los hijos de Cohat que quedaban, les dieron por sorteo diez ciudades de la media tribu de Manasés. A los hijos de Gersón, según sus clanes, les dieron trece ciudades de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la tribu de Manasés, en Basán. A los hijos de Merari, según sus clanes, les dieron por sorteo doce ciudades de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón. Así los hijos de Israel dieron a los levitas las ciudades con sus campos alrededor. Les dieron por sorteo estas ciudades (a las cuales llamaron según sus nombres) de la tribu de los hijos de Judá, de la tribu de los hijos de Simeón y de la tribu de los hijos de Benjamín. A otros clanes de los hijos de Cohat, les dieron ciudades en el territorio de la tribu de Efraín. Les dieron estas ciudades de refugio: Siquem con sus campos de alrededor en la región montañosa de Efraín, Gezer con sus campos de alrededor, Jocmeam con sus campos de alrededor, Bet-jorón con sus campos de alrededor, Ajalón con sus campos de alrededor y Gat-rimón con sus campos de alrededor. De la media tribu de Manasés dieron Aner con sus campos de alrededor y Bilam con sus campos de alrededor, para los hijos de Cohat que habían quedado. A los hijos de Gersón, uno de los clanes, les dieron de la media tribu de Manasés: Golán en Basán con sus campos de alrededor y Astarot con sus campos de alrededor. De la tribu de Isacar: Quedes con sus campos de alrededor, Daberat con sus campos de alrededor, Ramot con sus campos de alrededor y Anem con sus campos de alrededor. De la tribu de Aser: Miseal con sus campos de alrededor, Abdón con sus campos de alrededor, Hucoc con sus campos de alrededor, y Rejob con sus campos de alrededor. Y de la tribu de Neftalí: Quedes en Galilea con sus campos de alrededor, Hamón con sus campos de alrededor y Quiriataim con sus campos de alrededor. A los hijos de Merari que habían quedado, les dieron de la tribu de Zabulón: Rimón con sus campos de alrededor y Tabor con sus campos de alrededor. Del otro lado del Jordán, frente a Jericó al oriente del Jordán, de la tribu de Rubén: Beser en el desierto con sus campos de alrededor, Jahaz con sus campos de alrededor, Quedemot con sus campos de alrededor y Mefaat con sus campos de alrededor. Y de la tribu de Gad: Ramot en Galaad con sus campos de alrededor, Majanaim con sus campos de alrededor, Hesbón con sus campos de alrededor y Jazer con sus campos de alrededor. Los hijos de Isacar fueron cuatro: Tola, Fúa, Jasub y Simrón. Los hijos de Tola fueron: Uzi, Refaías, Jeriel, Jajmai, Jibsam y Samuel, jefes de sus casas paternas. De los clanes de Tola fueron contados, según sus generaciones, en el tiempo de David, 22.600 hombres valientes. Los hijos de Uzi fueron: Israjías y los hijos de Israjías que fueron Micael, Abdías, Joel e Isías, cinco jefes en total. Con ellos había 36.000 hombres de guerra según sus clanes y sus casas paternas, porque tuvieron muchas mujeres e hijos. Y sus hermanos, según todos los clanes de Isacar contados en sus registros genealógicos, eran 87.000 hombres valientes. Los hijos de Benjamín fueron tres: Bela, Bequer y Yediael. Los hijos de Bela fueron: Ezbón, Uzi, Uziel, Jerimot e Iri; cinco jefes de casas paternas, hombres valientes; y en sus registros genealógicos fueron contados 22.034. Los hijos de Bequer fueron: Zemira, Joás, Eliezer, Elioenai, Omri, Jerimot, Abías, Anatot y Alémet. Todos éstos fueron hijos de Bequer. Contados en sus registros genealógicos, según sus generaciones, los que eran jefes de sus casas paternas fueron 20.200 hombres valientes. Bilhán fue hijo de Yediael. Y los hijos de Bilhán fueron: Jeús, Benjamín, Ehud, Quenaana, Zetán, Tarsis y Ajisajar. Todos éstos fueron hijos de Yediael, jefes de casas paternas: 17.200 hombres valientes que salían para combatir en la guerra. Supim y Hupim fueron hijos de Ir. Husim fue hijo de Ajer. Los hijos de Neftalí fueron: Yajzeel, Guni, Jezer y Salum, hijos de Bilha. Los hijos de Manasés fueron: Asriel, al cual dio a luz su concubina siria. Ella también dio a luz a Maquir, padre de Galaad. Maquir tomó mujer para Hupim y Supim. Su hermana se llamaba Maaca. El nombre del segundo era Zelofejad, quien sólo tuvo hijas. Maaca, mujer de Maquir, dio a luz otro hijo y lo llamó Peres. El nombre de su hermano fue Seres, cuyos hijos fueron Ulam y Requem. Hijo de Ulam fue Bedán. Estos fueron hijos de Galaad hijo de Maquir, hijo de Manasés. Su hermana Hamolequet dio a luz a Isjod, a Abiezer y a Majla. Los hijos de Semida fueron: Ajián, Siquem, Licji y Aniam. Los hijos de Efraín fueron: Sutélaj, Bequer su hijo, Tajat su hijo, Elada su hijo, Tajat su hijo, Zabad su hijo, Sutélaj su hijo, Ezer y Elad. Pero los hombres de Gat, naturales de aquella tierra, los mataron, porque bajaron para quitarles sus ganados. Entonces su padre Efraín hizo duelo durante muchos días, y sus hermanos fueron a consolarlo. Después se unió a su mujer, y ella concibió y dio a luz un hijo, al cual le puso por nombre Bería, porque había estado en aflicción en su casa. Su hija fue Seera, la cual edificó Bet-jorón Baja y Alta, y Uzen-seera. Réfaj fue su hijo, Resef su hijo, Télaj su hijo, Taján su hijo, Ladán su hijo, Amihud su hijo, Elisama su hijo, Nun su hijo y Josué su hijo. Su posesión y sus lugares de residencia fueron Betel con sus aldeas, Naarán hacia el este, y Gezer con sus aldeas hacia el oeste. Asimismo, Siquem con sus aldeas, hasta Gaza con sus aldeas. Y junto al territorio de los hijos de Manasés, Bet-seán con sus aldeas, Taanac con sus aldeas, Meguido con sus aldeas y Dor con sus aldeas. En estos lugares habitaron los hijos de José hijo de Israel. Los hijos de Aser fueron: Imna, Isva, Isvi, Bería y su hermana Séraj. Los hijos de Bería fueron Heber y Malquiel, el cual fue padre de Birzavit. Heber engendró a Jaflet, a Semer, a Hotam y a Súa, la hermana de ellos. Los hijos de Jaflet fueron: Pasac, Bimhal y Asvat; éstos fueron hijos de Jaflet. Los hijos de Semer fueron: Aji, Rohga, Juba y Aram. Los hijos de su hermano Helem fueron: Zófaj, Imna, Seles y Amal. Los hijos de Zófaj fueron: Súa, Harnefer, Sual, Beri, Imra, Beser, Hod, Sama, Silsa, Jeter y Beera. Los hijos de Jeter fueron: Jefone, Pispa y Ara. Los hijos de Ula fueron: Araj, Haniel y Rizia. Todos éstos fueron hijos de Aser, jefes de casas paternas, escogidos y valerosos soldados, jefes de príncipes. Y contados en sus registros genealógicos, para el servicio en la batalla, fueron 26.000 hombres. Benjamín engendró a Bela su primogénito, a Asbel el segundo, a Ajara el tercero, a Noja el cuarto y a Rafa el quinto. Los hijos de Bela fueron: Adar, Gera, Abihud, Abisúa, Naamán, Ajóaj, Gera, Sefufán y Huram. Estos son los hijos de Ehud (éstos fueron jefes de casas paternas que habitaron en Geba y fueron llevados cautivos a Manajat): Naamán, Ajías y Gera. Este los condujo cautivos y engendró a Uza y a Ajihud. Sajaraim engendró hijos en los campos de Moab, después que repudió a Husim y a Baara, que eran sus mujeres. De Hodes su mujer engendró a Jobab, a Sibia, a Mesa, a Malcam, a Jeuz, a Saquías y a Mirma. Estos fueron sus hijos, jefes de casas paternas. También de Husim engendró a Abitob y a Elpaal. Los hijos de Elpaal fueron: Heber, Misam, Semed (el cual edificó Ono y Lod con sus aldeas), Bería y Sema, que fueron jefes de las casas paternas de los habitantes de Ajalón, y echaron a los habitantes de Gat. Ajío, Sasac, Jeremot, Zebadías, Arad, Ader, Micael, Ispa y Yoja fueron hijos de Bería. Zebadías, Mesulam, Hizqui, Heber, Ismerai, Jeslías y Jobab fueron hijos de Elpaal. Jaquim, Zicri, Zabdi, Elioenai, Ziletai, Eliel, Adaías, Beraías y Simrat fueron hijos de Simei. Ispán, Heber, Eliel, Abdón, Zicri, Hanán, Ananías, Elam, Anatotías, Ifdaías y Penuel fueron hijos de Sasac. Samserai, Sejarías, Atalías, Jaresías, Elías y Zicri fueron hijos de Jerojam. Estos fueron jefes de las casas paternas, según sus generaciones, y estos jefes habitaron en Jerusalén. Y en Gabaón habitaba el padre de Gabaón. El nombre de su mujer era Maaca. Su hijo primogénito fue Abdón; luego nacieron Zur, Quis, Baal, Nadab, Gedor, Ajío, Zacarías y Miclot, quien engendró a Simea. Ellos también habitaban en Jerusalén con sus hermanos, frente a ellos. Ner engendró a Quis, y Quis engendró a Saúl. Saúl engendró a Jonatán, a Malquisúa, a Abinadab y a Es-baal. Merib-baal fue hijo de Jonatán; y Merib-baal engendró a Micaías. Los hijos de Micaías fueron: Pitón, Melec, Tarea y Acaz. Acaz engendró a Joada; y Joada engendró a Alémet, a Azmávet y a Zimri. Zimri engendró a Mosa. Mosa engendró a Bina, cuyo hijo fue Rafa, cuyo hijo fue Elasa, cuyo hijo fue Azel. Los hijos de Azel fueron seis, cuyos nombres fueron: Azricam, Bocru, Ismael, Searías, Abdías y Hanán; todos éstos fueron hijos de Azel. Los hijos de Esec, su hermano, fueron: Ulam su primogénito, Jeús el segundo y Elifelet el tercero. Los hijos de Ulam fueron hombres valientes, que manejaban el arco, los cuales tuvieron muchos hijos y nietos, 150 en total. Todos éstos fueron de los hijos de Benjamín. Todo Israel fue registrado según las genealogías. He aquí que están inscritos en el libro de los reyes de Israel. Los de Judá fueron llevados cautivos a Babilonia por su infidelidad. Los primeros que volvieron a habitar en sus propiedades, en sus ciudades, fueron los israelitas, los sacerdotes, los levitas y los servidores del templo. En Jerusalén se establecieron algunos de los hijos de Judá, de los hijos de Benjamín, y de los hijos de Efraín y de Manasés: Utai hijo de Amihud, hijo de Omri, hijo de Imri, hijo de Bani, de los hijos de Fares, hijo de Judá. De los silonitas, Asaías el primogénito y sus hijos. De los hijos de Zéraj, Jeuel y sus hermanos; fueron 690. De los hijos de Benjamín: Salú hijo de Mesulam, hijo de Hodavías, hijo de Hasenúa; Ibneías hijo de Jerojam; Ela hijo de Uzi, hijo de Micri; Mesulam hijo de Sefatías, hijo de Reuel, hijo de Ibnías; y sus hermanos, según sus generaciones; fueron 956. Todos estos hombres fueron jefes de familia en sus casas paternas. De los sacerdotes: Jedaías, Joyarib, Jaquín; Azarías hijo de Hilquías, hijo de Mesulam, hijo de Sadoc, hijo de Merayot, hijo de Ajitob, principal de la casa de Dios; Adaías hijo de Jerojam, hijo de Pasjur, hijo de Malquías; Masai hijo de Adiel, hijo de Jazera, hijo de Mesulam, hijo de Mesilemit, hijo de Imer; y sus hermanos, jefes de sus casas paternas; fueron 1.760, hombres de valor para la obra del servicio de la casa de Dios. De los levitas: Semaías hijo de Hasub, hijo de Azricam, hijo de Hasabías, de los hijos de Merari; Bacbacar, Heres, Galal; Matanías hijo de Micaías, hijo de Zicri, hijo de Asaf; Abdías hijo de Semaías, hijo de Galal, hijo de Jedutún; Berequías hijo de Asa, hijo de Elcana, el cual habitó en las aldeas de los netofatitas. Y los porteros fueron: Salum, Acub, Talmón, Ajimán y sus hermanos. Salum era el jefe. Hasta ahora están estos porteros de los campamentos de los hijos de Leví en la puerta del rey, que está al este. Salum hijo de Coré, hijo de Ebiasaf, hijo de Coré; y sus hermanos los coreítas, de su casa paterna, estuvieron a cargo de la obra del servicio, guardando las puertas del tabernáculo, así como sus padres guardaron la entrada del campamento de Jehovah. Fineas hijo de Eleazar fue previamente el principal de ellos, y Jehovah estaba con él. Zacarías hijo de Meselemías era portero a la entrada del tabernáculo de reunión. Todos estos escogidos para ser guardias de las puertas eran 212 cuando fueron contados en sus aldeas, según sus registros genealógicos. A ellos los instalaron en sus funciones David y Samuel el vidente. Así ellos y sus hijos fueron porteros por turno en la casa de Jehovah, es decir, en la casa del tabernáculo. Los porteros estaban en los cuatro puntos cardinales: en el este, en el oeste, en el norte y en el sur. Sus hermanos que estaban en sus aldeas venían de tiempo en tiempo, para estar con éstos durante siete días. Pero los cuatro jefes de los porteros, que eran levitas, estaban en puestos de confianza, a cargo de las cámaras y de los tesoros de la casa de Dios. Estos pasaban la noche alrededor de la casa de Dios, porque estaban encargados de guardarla y de abrirla cada mañana. Algunos de ellos estaban encargados de los utensilios para el culto, los cuales eran contados cuando los guardaban y contados cuando los sacaban. Otros habían sido encargados de los utensilios, de todos los utensilios del santuario, de la harina, del vino, del aceite, del incienso y de las especias aromáticas. Algunos de los hijos de los sacerdotes preparaban la mezcla de las especias aromáticas. Matatías, uno de los levitas, primogénito de Salum el coreíta, estaba encargado de las cosas que se preparaban en la sartén. Algunos de los hijos de Cohat y de sus hermanos estaban encargados del pan de la presentación, el cual ponían en orden cada sábado. Y los que eran cantores, jefes de casas paternas de los levitas, estaban en las cámaras, exentos de otros servicios; porque de día y de noche estaban en este quehacer. Estos eran jefes de casas paternas de los levitas, según sus generaciones. Estos jefes habitaban en Jerusalén. En Gabaón habitaba Jeiel, padre de Gabaón. El nombre de su mujer era Maaca. Su hijo primogénito fue Abdón; luego nacieron Zur, Quis, Baal, Ner, Nadab, Gedor, Ajío, Zacarías y Miclot. Miclot engendró a Simeam. Ellos también habitaban en Jerusalén con sus hermanos, frente a ellos. Ner engendró a Quis, y Quis engendró a Saúl. Saúl engendró a Jonatán, a Malquisúa, a Abinadab y a Es-baal. Merib-baal fue hijo de Jonatán. Y Merib-baal engendró a Micaías. Los hijos de Micaías fueron: Pitón, Melec, Tarea y Acaz. Acaz engendró a Joada; Joada engendró a Alémet, a Azmávet y a Zimri. Zimri engendró a Mosa; Mosa engendró a Bina, cuyo hijo fue Refaías, cuyo hijo fue Elasa, cuyo hijo fue Azel. Los hijos de Azel fueron seis, cuyos nombres son: Azricam, Bocru, Ismael, Searías, Abdías y Hanán. Estos fueron los hijos de Azel. Los filisteos combatieron contra Israel, y los hombres de Israel huyeron delante de los filisteos y cayeron muertos en el monte Gilboa. Los filisteos persiguieron de cerca a Saúl y a sus hijos; y mataron a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl. La batalla arreció contra Saúl, y los que tiran con el arco lo encontraron; y fue herido gravemente por los arqueros. Entonces Saúl dijo a su escudero: "Saca tu espada y atraviésame con ella, no sea que vengan esos incircuncisos y hagan mofa de mí." Pero su escudero no quiso, porque tenía mucho miedo. Entonces Saúl tomó la espada y se dejó caer sobre ella. Al ver su escudero que Saúl estaba muerto, él también se dejó caer sobre su espada y murió. Así murió Saúl, y sus tres hijos y todos los de su casa murieron junto con él. Y al ver todos los hombres de Israel que estaban en el valle que los de Israel habían huido, y que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron sus ciudades y huyeron. Entonces los filisteos fueron y habitaron en ellas. Aconteció que al día siguiente, cuando los filisteos fueron para despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus hijos caídos en el monte Gilboa. Le despojaron, tomaron su cabeza y sus armas, y enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos para dar la buena noticia a sus ídolos y al pueblo. Después pusieron sus armas en el templo de sus dioses, y clavaron su cabeza en el templo de Dagón. Cuando todos los de Jabes, en Galaad, oyeron todo lo que los filisteos habían hecho con Saúl, todos los hombres valientes se levantaron y tomaron el cadáver de Saúl y los cadáveres de sus hijos, y los llevaron a Jabes. Enterraron sus restos debajo de la encina en Jabes y ayunaron siete días. Así murió Saúl por la infidelidad que cometió contra Jehovah, respecto a la palabra de Jehovah, la cual no guardó, y porque consultó a quien evoca a los muertos pidiendo consejo, en lugar de pedir consejo a Jehovah. Por esta causa él le hizo morir y transfirió el reino a David hijo de Isaí. Entonces todos los de Israel acudieron a David, en Hebrón, y le dijeron: "He aquí, nosotros somos hueso tuyo y carne tuya. En tiempos pasados, cuando Saúl aún reinaba, tú eras quien sacaba y hacía volver a Israel. Y Jehovah tu Dios te dijo: ‘Tú pastorearás a mi pueblo Israel, y serás el soberano de mi pueblo Israel.’" Fueron, pues, todos los ancianos de Israel al rey, en Hebrón. Y David hizo un pacto con ellos en Hebrón, delante de Jehovah. Entonces ungieron a David como rey sobre Israel, conforme a la palabra de Jehovah por medio de Samuel. Entonces David, con todo Israel, fue a Jerusalén, la cual es Jebús, donde estaban los jebuseos, habitantes de aquella tierra. Y los habitantes de Jebús dijeron a David: "Tú no entrarás acá." Sin embargo, David tomó la fortaleza de Sion, que es la Ciudad de David. Y dijo David: "El que ataque primero a los jebuseos será cabeza y jefe." Entonces Joab, hijo de Sarvia, subió primero y fue hecho jefe. David habitó en la fortaleza, y por eso la llamaron la Ciudad de David. El edificó la ciudad alrededor, desde Milo hasta los alrededores. Y Joab restauró el resto de la ciudad. David iba engrandeciéndose más y más, y Jehovah de los Ejércitos estaba con él. Estos son los principales de los valientes que tenía David, los que junto con todo Israel le dieron apoyo en su reinado, para hacerle rey, conforme a la palabra de Jehovah respecto a Israel. Esta es la lista de los valientes que tenía David: Jasobeam hijo de Hacmoni era jefe de los treinta. El blandió su lanza contra 300, y los mató de una sola vez. Después de él estaba Eleazar hijo de Dodo, el ajojita. El era uno de los tres valientes, que estaba con David en Pas-damim cuando los filisteos se reunieron allí para la batalla. Había una parcela de tierra llena de cebada. El pueblo había huido ante los filisteos, pero él se puso firme en medio de la parcela y la defendió, derrotando a los filisteos. Y Jehovah les dio una gran victoria. Tres de los treinta principales descendieron hasta la peña donde estaba David, en la cueva de Adulam, mientras el ejército de los filisteos acampaba en el valle de Refaím. David estaba entonces en la fortaleza, y un destacamento de los filisteos estaba en Belén. Entonces David sintió un vivo deseo y dijo: "¡Quién me diera de beber agua de la cisterna de Belén, que está junto a la puerta!" Entonces los tres irrumpieron en el campamento de los filisteos y sacaron agua de la cisterna de Belén, que estaba junto a la puerta. Se la llevaron y la presentaron a David. Pero David no la quiso beber, sino que la derramó como una libación a Jehovah, diciendo: "¡Lejos esté de mí, oh Dios mío, el hacer esto! ¿He de beber yo la sangre de estos hombres que fueron con riesgo de sus vidas? Porque la han traído con riesgo de sus vidas." Y no quiso beberla. Estas cosas hicieron los tres valientes. Abisai, hermano de Joab, era el jefe de los treinta. El blandió su lanza contra 300 y los mató, y tuvo renombre junto con los tres. Entre los treinta, él era el más respetado y fue su jefe; pero no fue incluido entre los tres. Benaías hijo de Joyada era hijo de un hombre valeroso de Cabseel, de grandes hazañas. El mató a los dos héroes de Moab. El descendió y mató un león dentro de una cisterna, un día de nieve. El también mató a un egipcio, hombre de 5 codos de estatura. El egipcio tenía en su mano una lanza como un rodillo de telar, y Benaías salió a su encuentro con un palo, pero arrebató la lanza de la mano del egipcio y lo mató con su propia lanza. Estas cosas hizo Benaías hijo de Joyada y tuvo renombre junto con los tres valientes. He aquí que era el más respetado de los treinta, pero no llegó a estar entre los tres. David lo puso al frente de su guardia personal. Y los valientes eran: Asael, hermano de Joab; Eljanán hijo de Dodo, de Belén; Samot el harorita; Heles el pelonita; Ira hijo de Iques, de Tecoa; Abiezer, de Anatot; Sibecai, de Husa; Ilai el ajojita; Maharai, de Netofa; Heled hijo de Baaná, de Netofa; Itai hijo de Ribai, de Gabaa de los hijos de Benjamín; Benaías, de Piratón; Hurai, de los arroyos de Gaas; Abiel, de Arabá; Azmávet el barjumita; Eliaba, de Saalbín; los hijos de Hasem el gizonita; Jonatán hijo de Sage el hararita; Ajiam hijo de Sacar el hararita; Elifal hijo de Ur; Hefer el mequeratita; Ajías el pelonita; Hezro, de Carmel; Naarai hijo de Ezbai; Joel, hermano de Natán; Mibjar hijo de Hagrai; Selec el amonita; Najarai, de Beerot, escudero de Joab, hijo de Sarvia; Ira, de Jatir; Gareb, de Jatir; Urías el heteo; Zabad hijo de Ajlai; Adina hijo de Siza el rubenita, jefe de los rubenitas, y treinta con él; Hanán, hijo de Maaca; Josafat el mitnita; Uzías, de Astarot; Sama y Jeiel, hijos de Hotam, de Aroer; Yediael hijo de Simri y su hermano Yoja el tizita; Eliel, de Majanaim; Jeribai y Josavías, hijos de Elnaam; Itma el moabita; Eliel, Obed y Jaasiel el mesobaíta. Estos son los que fueron hasta David en Siclag, cuando él estaba exiliado por causa de Saúl hijo de Quis. Ellos estaban entre los valientes que le ayudaron en la batalla. Estaban armados con arcos y usaban tanto la mano derecha como la izquierda para tirar piedras con la honda y flechas con el arco. De los hermanos de Saúl, de Benjamín: El jefe Ajiezer y Joás, hijos de Semaa, de Gabaa; Jeziel y Pelet, hijos de Azmávet; Beraca y Jehú el anatotita; Ismaías, de Gabaón, valiente entre los treinta y jefe de los treinta; Jeremías, Yajaziel, Johanán; Jozabad, de Gedera; Eluzai, Jerimot, Bealías, Semarías, Sefatías el harifita, Elcana, Isías, Azareel, Joezer y Jasobeam, coreítas; Joela y Zebadías, hijos de Jerojam, de Gedor. También de los de Gad se pasaron a David en la fortaleza en el desierto algunos guerreros valientes, hombres entrenados para la batalla, que manejaban el escudo y la lanza. Sus caras eran como caras de leones, y eran veloces como las gacelas sobre las montañas. Ellos eran: Ezer el jefe, Abdías el segundo, Eliab el tercero, Mismana el cuarto, Jeremías el quinto, Atai el sexto, Eliel el séptimo, Johanán el octavo, Elzabad el noveno, Jeremías el décimo, y Macbanai el undécimo. Estos fueron jefes del ejército de los hijos de Gad. El menor podía hacer frente a cien hombres; y el mayor, a mil. Estos fueron los que cruzaron el Jordán en el mes primero, cuando se había desbordado sobre todas sus riberas; e hicieron huir a todos los de los valles al oriente y al occidente. Asimismo, algunos de los hijos de Benjamín y de Judá fueron a David, a la fortaleza. David salió a recibirles y les habló diciendo: —Si habéis venido a mí con actitud pacífica y para ayudarme, estoy listo para tener alianza con vosotros. Pero si es para traicionarme a favor de mis enemigos, estando mis manos libres de violencia, que el Dios de nuestros padres lo vea y lo demande. Entonces el Espíritu invistió a Amasai, jefe de los treinta, quien dijo: —¡Por ti, oh David, y contigo, oh hijo de Isaí! ¡Paz! ¡Paz contigo, y paz con los que te ayudan, porque tu Dios también te ayuda! David los aceptó y los puso entre los jefes de la tropa. También algunos de Manasés se pasaron a David, cuando éste fue con los filisteos a la batalla contra Saúl. (Pero no les ayudaron, porque por consejo, los gobernantes de los filisteos lo despidieron, diciendo: "¡Con nuestras cabezas se pasará a su señor Saúl!") Así que, al volver a Siclag, se pasaron a él de los de Manasés: Adnaj, Jozabad, Yediael, Micael, Jozabad, Elihú y Ziletai, jefes de millares de Manasés. Estos vinieron en ayuda de David contra la banda armada, porque todos eran hombres valientes. Y llegaron a ser jefes del ejército. Porque día tras día llegaban a David para ayudarle, hasta que se hizo un gran ejército, como un ejército de Dios. Estos son los totales de los hombres listos para la guerra, que fueron a David, en Hebrón, para transferirle el reino de Saúl, conforme a la palabra de Jehovah: De los hijos de Judá, 6.800 hombres listos para la guerra, los cuales portaban escudo y lanza. De los hijos de Simeón, 7.100 hombres valientes para la guerra. De los hijos de Leví, 4.600. Asimismo, Joyada, jefe de los descendientes de Aarón, y con él, 3.700. También Sadoc, un joven valiente, con 22 jefes de su casa paterna. De los hijos de Benjamín, hermanos de Saúl, 3.000, pues hasta aquel tiempo la mayor parte de ellos guardaban fidelidad a la casa de Saúl. De los hijos de Efraín, 20.800 hombres valientes e ilustres en sus casas paternas. De la media tribu de Manasés, 18.000, que fueron designados por nombre para ir a proclamar rey a David. De los hijos de Isacar, 200 expertos en entender los tiempos, que sabían lo que Israel debía hacer y cuyas órdenes seguían todos sus hermanos. De Zabulón, 50.000 hombres aptos para la guerra, listos para la batalla con todo tipo de armas de guerra, dispuestos a prestar ayuda a David con todo el corazón. De Neftalí, 1.000 principales, y con ellos 37.000 con escudo y lanza. De Dan, 28.600 hombres dispuestos para la batalla. De Aser, 40.000 hombres aptos para la guerra, dispuestos para la batalla. Del otro lado del Jordán, de Rubén, de Gad y de la media tribu de Manasés, 120.000 hombres armados con todo tipo de armas de guerra. Todos estos hombres de guerra, listos para la batalla, fueron a Hebrón con corazón sincero para proclamar a David rey sobre todo Israel. Todos los demás de Israel participaban también del mismo sentir para proclamar rey a David. Y estuvieron allí con David tres días comiendo y bebiendo, porque sus hermanos habían provisto para ellos. También los que les eran vecinos, hasta Isacar, Zabulón y Neftalí, llevaron alimentos en asnos, camellos, mulos y bueyes, provisiones de harina, tortas de higos, tortas de pasas, vino, aceite, vacas y ovejas en abundancia, porque había alegría en Israel. Entonces David consultó con los jefes de millares y de centenas y con todos los oficiales. Y dijo David a toda la congregación de Israel: "Si os parece bien y si es la voluntad de Jehovah nuestro Dios, enviemos mensajeros a todas partes, para llamar a nuestros hermanos que han quedado en todas las tierras de Israel y con ellos a los sacerdotes y levitas que están en sus ciudades y campos de alrededor, para que se reúnan con nosotros, y traigamos hasta nosotros el arca de nuestro Dios, porque en el tiempo de Saúl no le consultamos." Toda la congregación dijo que se hiciese así, porque el asunto pareció bien a todo el pueblo. Entonces David reunió a todo Israel, desde Sijor en Egipto hasta Lebo-hamat, para traer de Quiriat-jearim el arca de Dios. David subió con todo Israel a Baala, es decir, a Quiriat-jearim, que pertenece a Judá, para subir desde allí el arca de Dios, Jehovah, que tiene su trono entre los querubines, sobre la cual es invocado su nombre. Luego colocaron el arca de Dios sobre una carreta nueva, y se la llevaron de la casa de Abinadab. Uza y Ajío guiaban la carreta. David y todo Israel se regocijaban delante de Dios, con todas sus fuerzas, con canciones, arpas, liras, panderetas, címbalos y trompetas. Cuando llegaron a la era de Quidón, Uza extendió su mano al arca para sujetarla, porque los bueyes tropezaron. Entonces el furor de Jehovah se encendió contra Uza, y lo hirió porque había extendido su mano al arca. Y murió allí, delante de Dios. David se disgustó porque Jehovah había irrumpido contra Uza, y llamó aquel lugar Perez-uza, hasta el día de hoy. Aquel día David tuvo temor de Dios y dijo: "¿Cómo he de traer a mí el arca de Dios?" No llevó, pues, David el arca consigo, a la Ciudad de David. Más bien, la desvió a la casa de Obed-edom el geteo. El arca de Dios quedó con la familia de Obed-edom, en su casa, durante tres meses. Y Jehovah bendijo a la familia de Obed-edom y todo lo que tenía. Entonces Hiram, rey de Tiro, envió mensajeros a David; también madera de cedro, albañiles y carpinteros para edificarle una casa. Entonces David comprendió que Jehovah le había confirmado como rey sobre Israel y que había enaltecido su reino por amor a su pueblo Israel. Entonces David tomó más mujeres en Jerusalén y engendró más hijos e hijas. Estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, Ibjar, Elisúa, Elpelet, Noga, Néfeg, Jafía, Elisama, Beeliada y Elifelet. Cuando los filisteos oyeron que David había sido ungido rey sobre todo Israel, subieron todos los filisteos en busca de David. Cuando David oyó esto, salió contra ellos. Los filisteos llegaron y se extendieron por el valle de Refaím. Entonces David consultó a Dios diciendo: —¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehovah le respondió: —Sube, porque los entregaré en tu mano. Subieron a Baal-perazim, y allí los derrotó David. Entonces dijo David: —¡Dios ha irrumpido contra mis enemigos por mi mano, como irrumpen las aguas! Por eso llamaron el nombre de aquel lugar Baal-perazim. Los filisteos abandonaron allí sus dioses, y David ordenó que fuesen quemados. Los filisteos volvieron a extenderse por el valle. Entonces David volvió a consultar a Dios, y Dios le dijo: —No subas tras ellos, sino rodéalos y alcánzalos frente a los árboles de bálsamo. Y sucederá que cuando escuches el sonido de una marcha en las copas de los árboles, sal a la batalla; porque Dios saldrá delante de ti para derrotar al ejército de los filisteos. David hizo como Dios le había mandado, y derrotaron al ejército de los filisteos desde Gabaón hasta Gezer. La fama de David se divulgó por todos los países. Y Jehovah hizo que todas las naciones temieran a David. David construyó casas para sí en la Ciudad de David, y edificó un lugar para el arca de Dios y le levantó una tienda. Entonces dijo David: "El arca de Dios no debe ser traída sino por los levitas, porque a ellos ha elegido Jehovah para que lleven el arca de Jehovah y le sirvan perpetuamente." David congregó a todo Israel en Jerusalén para hacer subir el arca de Jehovah al lugar que había preparado para ella. David reunió también a los hijos de Aarón y a los levitas: De los hijos de Cohat el principal era Uriel, y sus hermanos eran 120. De los hijos de Merari, el principal era Asaías, y sus hermanos, 220. De los hijos de Gersón, el principal era Joel, y sus hermanos, 130. De los hijos de Elizafán, el principal era Semaías, y sus hermanos, 200. De los hijos de Hebrón, el principal era Eliel, y sus hermanos, 80. De los hijos de Uziel, el principal era Aminadab, y sus hermanos, 112. Entonces David llamó a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, y a los levitas Uriel, Asaías, Joel, Semaías, Eliel y Aminadab, y les dijo: "Vosotros que sois los jefes de las casas paternas de los levitas, purificaos junto con vuestros hermanos, y haced subir el arca de Jehovah Dios de Israel al lugar que le he preparado. Porque por no haber estado vosotros la primera vez, Jehovah nuestro Dios irrumpió contra nosotros; pues no le consultamos de acuerdo con lo establecido." Los sacerdotes y los levitas se purificaron para traer el arca de Jehovah Dios de Israel. Y los hijos de los levitas trajeron el arca de Dios sobre sus hombros, puesta en las varas, como había mandado Moisés, conforme a la palabra de Jehovah. Asimismo, David dijo a los principales de los levitas que designaran de sus hermanos a cantores, con instrumentos musicales: liras, arpas y címbalos resonantes, y que levantasen la voz con alegría. Entonces los levitas nombraron a Hemán hijo de Joel; y de sus hermanos a Asaf hijo de Berequías; y de los hijos de Merari, sus hermanos, a Eitán hijo de Cusaías. Con ellos estaban sus hermanos, de segundo orden: los porteros Zacarías, Jaaziel, Semiramot, Yejiel, Uni, Eliab, Benaías, Maasías, Matatías, Elifelehu, Micnías, Obed-edom y Jeiel. Los músicos Hemán, Asaf y Eitán hacían sonar címbalos de bronce. Zacarías, Jaaziel, Semiramot, Yejiel, Uni, Eliab, Maasías y Benaías tocaban liras sobre Alamot. Matatías, Elifelehu, Micnías, Obed-edom, Jeiel y Azazías tocaban arpas sobre Seminit, para dirigir. Quenanías, jefe de los levitas, daba instrucciones en el canto, porque era entendido en ello. Berequías y Elcana eran guardianes del arca. Los sacerdotes Sebanías, Josafat, Natanael, Amasai, Zacarías, Benaías y Eliezer tocaban las trompetas delante del arca de Dios. Obed-edom y Yejías eran también guardianes del arca. Entonces David, los ancianos de Israel y los jefes de los millares fueron para hacer subir con regocijo el arca del pacto de Jehovah desde la casa de Obed-edom. Y sucedió que cuando Dios ayudó a los levitas que llevaban el arca del pacto de Jehovah, ellos sacrificaron siete toros y siete carneros. David estaba vestido con una túnica de lino fino, así como todos los levitas que llevaban el arca, los cantores y Quenanías, el director del canto de los cantores. David llevaba también un efod de lino sobre sí. De esta manera, todo Israel subía el arca del pacto de Jehovah, con gritos de júbilo y con sonido de corneta, con trompetas, con címbalos resonantes, con liras y con arpas. Y sucedió que cuando el arca del pacto de Jehovah llegó a la Ciudad de David, Mical hija de Saúl miró por la ventana; y al ver al rey David bailando y regocijándose, lo menospreció en su corazón. Así trajeron el arca de Dios y la colocaron en medio de la tienda que David había erigido para ella. Luego ofrecieron holocaustos y sacrificios de paz delante de Dios. Cuando David acabó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de paz, bendijo al pueblo en el nombre de Jehovah. Entonces repartió a todos los de Israel, tanto a hombres como a mujeres, a cada uno una torta de pan, una de dátiles y una de pasas. También puso delante del arca de Jehovah a servidores de entre los levitas para que invocasen, dieran gracias y alabasen a Jehovah Dios de Israel: Asaf era el jefe; el segundo después de él era Zacarías; y luego Jeiel, Semiramot, Yejiel, Matatías, Eliab, Benaías, Obed-edom y Jeiel, con instrumentos, arpas y liras. Asaf tocaba los címbalos resonantes. También los sacerdotes Benaías y Yajaziel tocaban continuamente las trompetas delante del arca del pacto de Dios. Aquel mismo día, por primera vez, David ordenó cantar este salmo de acción de gracias a Jehovah, por medio de Asaf y sus hermanos: ¡Dad gracias a Jehovah! ¡Invocad su nombre! Dad a conocer entre los pueblos sus hazañas. Cantadle, cantadle salmos; hablad de todas sus maravillas. Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan a Jehovah. Buscad a Jehovah y su poder; buscad continuamente su rostro. Acordaos de las maravillas que ha hecho, de sus prodigios y de los juicios de su boca, oh vosotros, descendientes de Israel, su siervo; hijos de Jacob, sus escogidos. El es Jehovah, nuestro Dios; en toda la tierra están sus juicios. Acordaos para siempre de su pacto—de la palabra que mandó para mil generaciones—, el cual hizo con Abraham, y de su juramento a Isaac. El lo confirmó a Jacob por estatuto, como pacto sempiterno a Israel, diciendo: "A ti daré la tierra de Canaán, como la porción que poseeréis." Cuando eran pocos en número, muy pocos y forasteros en ella; cuando andaban de nación en nación y de un reino a otro pueblo, no permitió que nadie los oprimiese; más bien, por causa de ellos castigó a reyes. Dijo: "¡No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas!" ¡Cantad a Jehovah, toda la tierra! Anunciad de día en día su salvación. Contad entre las naciones su gloria, entre todos los pueblos sus maravillas; porque grande es Jehovah, y digno de suprema alabanza. El es temible sobre todos los dioses; porque todos los dioses de los pueblos son ídolos, pero Jehovah hizo los cielos. Gloria y esplendor hay delante de él; poder y alegría hay en su morada. Dad a Jehovah, oh familias de pueblos, dad a Jehovah la gloria y el poder. Dad a Jehovah la gloria debida a su nombre; traed ofrendas y venid ante su presencia; adorad a Jehovah en la hermosura de la santidad; tiemble ante su presencia toda la tierra. Ciertamente ha afirmado el mundo, y no será movido. ¡Alégrense los cielos, y gócese la tierra! Que digan entre las naciones: "¡Jehovah reina!" ¡Ruja el mar y su plenitud! ¡Regocíjese el campo, y todo lo que hay en él! Entonces cantarán con júbilo los árboles del bosque delante de Jehovah, porque él viene para juzgar la tierra. ¡Alabad a Jehovah, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia! Y decid: "¡Sálvanos, oh Dios de nuestra salvación! Reúnenos y líbranos de las naciones, para que confesemos tu santo nombre, para que nos gloriemos en tus alabanzas." ¡Bendito sea Jehovah Dios de Israel, desde la eternidad hasta la eternidad! Y todo el pueblo dijo: "¡Amén!" Y alabó a Jehovah. David dejó allí, delante del arca del pacto de Jehovah, a Asaf y a sus hermanos, para que sirviesen continuamente delante del arca, e hicieran cada cosa en su día; también a Obed-edom y a sus sesenta y ocho hermanos. Y puso como porteros a Obed-edom hijo de Jedutún y a Hosa. Asimismo, puso al sacerdote Sadoc y a sus hermanos los sacerdotes delante del tabernáculo de Jehovah que estaba en el lugar alto de Gabaón, para que ofrecieran holocaustos a Jehovah continuamente en el altar del holocausto, al amanecer y al atardecer, conforme a todo lo que está escrito en la ley de Jehovah que él mandó a Israel. Con ellos estaban Hemán, Jedutún y otros escogidos que fueron designados por nombre, para alabar a Jehovah, porque para siempre es su misericordia. Con ellos estaban Hemán y Jedutún con trompetas, címbalos resonantes y otros instrumentos para el canto de Dios. Y los hijos de Jedutún fueron designados para la puerta. Después todo el pueblo se fue, cada uno a su casa, y David se volvió para bendecir su casa. Aconteció que cuando David ya habitaba en su casa, David dijo al profeta Natán: —He aquí, yo habito en una casa de cedro, mientras que el arca del pacto de Jehovah está bajo una tienda. Y Natán dijo a David: —Haz todo lo que hay en tu corazón, porque Dios está contigo. Pero aconteció que aquella noche vino la palabra de Dios a Natán, diciendo: "Vé y di a mi siervo David que así ha dicho Jehovah: ‘No serás tú el que me edifique una casa en la que yo habite.’ Ciertamente no he habitado en una casa desde el día en que hice subir a Israel, hasta el día de hoy. Más bien, he estado de tienda en tienda, y de tabernáculo en tabernáculo. Dondequiera que he peregrinado con todo Israel, ¿acaso he dicho una palabra a alguno de los jueces de Israel, al que comisioné para apacentar a mi pueblo, preguntando: ‘¿Por qué no me habéis edificado una casa de cedro?’ "Ahora pues, dirás a mi siervo David que así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: ‘Yo te tomé del prado, de detrás del rebaño, para que fueras el soberano de mi pueblo Israel. He estado contigo por dondequiera que has andado. He eliminado a todos tus enemigos de tu presencia, y haré que tu nombre sea como el nombre de los grandes de la tierra. Asimismo, dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que habite en su lugar sin que sea molestado más, ni los inicuos vuelvan a consumirlo como al comienzo, desde los días en que constituí jueces sobre mi pueblo Israel. Y yo doblegaré a todos tus enemigos. "‘Además, te declaro que Jehovah te edificará casa a ti. Sucederá que cuando se cumplan tus días para que vayas a estar con tus padres, yo levantaré después de ti a un descendiente tuyo, que será uno de tus hijos, y afirmaré su reino. El me edificará una casa, y yo estableceré su trono para siempre. Yo seré para él, padre; y él será para mí, hijo. Y no quitaré de él mi misericordia, como la quité de aquel que te antecedió. Lo estableceré en mi casa y en mi reino para siempre, y su trono será estable para siempre." Natán habló a David conforme a todas estas palabras y conforme a toda esta visión. Entonces entró el rey David, se sentó delante de Jehovah y dijo: "Oh Jehovah Dios, ¿quién soy yo, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí? Y esto te ha parecido poco, oh Dios, pues has hablado del futuro de la casa de tu siervo, y me has mirado a mí como a uno de los hombres más excelsos, oh Jehovah Dios. ¿Qué más puede añadir David ante ti, por haber honrado a tu siervo? Pues tú conoces a tu siervo, oh Jehovah. A favor de tu siervo y conforme a tu corazón, has realizado toda esta gran cosa para dar a conocer todas estas grandezas. Oh Jehovah, no hay nadie como tú, ni hay Dios aparte de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos. "¿Y qué otra nación hay en la tierra como tu pueblo Israel, al cual Dios fue para rescatarlo como pueblo para sí, a fin de darte renombre mediante hechos grandes y temibles, al expulsar las naciones ante tu pueblo que rescataste de Egipto? Has puesto a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre; y tú, oh Jehovah, has venido a ser su Dios. "Ahora pues, oh Jehovah, sea firme para siempre la palabra que has hablado acerca de tu siervo y de su casa, y haz tal como has dicho. Sea firme y engrandecido tu nombre para siempre, a fin de que se diga: ‘Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel, es Dios de Israel.’ Que la casa de tu siervo David sea estable delante de ti; porque tú, oh Dios mío, has revelado al oído de tu siervo que le has de edificar casa. Por esto, tu siervo ha hallado valor para orar en tu presencia. Ahora pues, oh Jehovah, tú eres Dios, y has prometido este bien a tu siervo. Y ahora, ten a bien bendecir a la casa de tu siervo, a fin de que permanezca para siempre delante de ti. Porque tú, oh Jehovah, la has bendecido, y será bendita para siempre." Aconteció después de esto que David derrotó a los filisteos y los sometió. Entonces tomó Gat y sus aldeas de mano de los filisteos. También derrotó a los moabitas, y los moabitas fueron hechos siervos de David y le llevaban tributo. También derrotó David a Hadad-ezer, rey de Soba, en Hamat, cuando éste iba a establecer su dominio hasta el río Eufrates. David le capturó 1.000 carros, 7.000 hombres de a caballo y 20.000 hombres de infantería. Y desjarretó David todos los caballos de los carros, pero dejó de ellos los de 100 carros. Los sirios de Damasco fueron para ayudar a Hadad-ezer, rey de Soba; y David hirió a 22.000 hombres de los sirios. Después David instaló puestos militares entre los sirios de Damasco. Así llegaron los sirios a ser siervos de David y le llevaban tributo. Y Jehovah daba la victoria a David por dondequiera que iba. David tomó los escudos de oro que llevaban los servidores de Hadad-ezer y los trajo a Jerusalén. Asimismo, David tomó gran cantidad de bronce de Tibjat y de Cun, ciudades de Hadad-ezer, con que Salomón hizo la fuente de bronce, las columnas y los utensilios de bronce. Cuando Tou, rey de Hamat, oyó que David había derrotado a todo el ejército de Hadad-ezer, rey de Soba, envió a su hijo Adoram al rey David para saludarlo y felicitarlo por haber combatido contra Hadad-ezer y por haberlo derrotado, porque Tou estaba en guerra con Hadad-ezer. Le envió toda clase de objetos de oro, de plata y de bronce, que el rey David también consagró a Jehovah, junto con la plata y el oro que había tomado de todas las naciones: de Edom, de Moab, de los hijos de Amón, de los filisteos y de Amalec. También Abisai, hijo de Sarvia, derrotó a 18.000 hombres de Edom en el Valle de la Sal. El instaló puestos militares en Edom, y todos los edomitas llegaron a ser siervos de David. Y Jehovah daba la victoria a David por dondequiera que iba. David reinaba sobre todo Israel y practicaba el derecho y la justicia con todo su pueblo. Joab, hijo de Sarvia, estaba al mando del ejército. Josafat hijo de Ajilud era el cronista. Sadoc hijo de Ajitob y Abimelec hijo de Abiatar eran los sacerdotes; Savsa era el escriba; Benaías hijo de Joyada estaba al mando de los quereteos y de los peleteos. Y los hijos de David eran los primeros al lado del rey. Aconteció después de esto que murió Najas, rey de los hijos de Amón, y su hijo reinó en su lugar.talentos de plata para tomar a sueldo carros y jinetes de Siria mesopotámica y de los sirios de Maaca y de Soba. Entonces David pensó: "Mostraré bondad a Hanún hijo de Najas, porque su padre mostró bondad conmigo." David envió mensajeros para darle el pésame por la muerte de su padre. Pero cuando los servidores de David llegaron a la tierra de los hijos de Amón, para dar el pésame a Hanún, los jefes de los hijos de Amón dijeron a Hanún: "¿Te parece que David está honrando a tu padre, porque te ha enviado personas que te den el pésame? ¿No habrán venido a ti sus servidores para reconocer, explorar y espiar el país?" Entonces Hanún tomó a los servidores de David, les rapó, cortó sus vestidos por la mitad, hasta el trasero, y los despidió. Fueron e informaron a David acerca de aquellos hombres, y él envió a encontrarles, porque los hombres estaban sumamente avergonzados. El rey mandó que les dijeran: "Permaneced en Jericó hasta que os crezca la barba, y entonces volved." Al ver los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, Hanún y los hijos de Amón enviaron Alquilaron 32.000 carros y al rey de Maaca con su pueblo, los cuales vinieron y acamparon frente a Medeba. Los hijos de Amón se reunieron desde sus ciudades y fueron a la batalla. Cuando David oyó esto, envió a Joab con todo el ejército de los valientes. Los hijos de Amón salieron y dispusieron la batalla a la entrada de la ciudad. Y los reyes que habían venido estaban aparte, en el campo. Al ver Joab que el frente de batalla estaba delante y detrás de él, eligió a algunos de entre todos los escogidos de Israel y los dispuso para enfrentar a los sirios. Puso al resto de la gente bajo el mando de su hermano Abisai, y se dispusieron para enfrentar a los hijos de Amón. Y Joab dijo: "Si los sirios son más fuertes que yo, tú me darás auxilio; pero si los hijos de Amón son más fuertes que tú, yo te auxiliaré. Esfuérzate, y luchemos valientemente por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios; y que Jehovah haga lo que le parezca bien." Entonces se acercó Joab, con la gente que estaba con él, para combatir contra los sirios; pero éstos huyeron ante él. Al ver que los sirios habían huido, los hijos de Amón también huyeron ante su hermano Abisai y entraron en la ciudad. Entonces Joab volvió a Jerusalén. Los sirios, al verse derrotados por Israel, enviaron mensajeros y trajeron a los sirios que estaban al otro lado del Río, al frente de los cuales estaba Sofac, jefe del ejército de Hadad-ezer. Cuando se le informó a David, éste reunió a todo Israel; y cruzando el Jordán, fue hacia ellos y dispuso sus escuadrones contra ellos. David dispuso la batalla para enfrentarse con los sirios, y éstos combatieron contra él. Pero los sirios huyeron ante Israel, y David mató de los sirios a 7.000 hombres de los carros y a 40.000 hombres de infantería. También mató a Sofac, jefe del ejército. Al ver los servidores de Hadad-ezer que habían sido derrotados por Israel, hicieron la paz con David y le sirvieron. Y los sirios no quisieron volver a socorrer a los hijos de Amón. Aconteció al año siguiente, en el tiempo en que los reyes suelen salir a la guerra, que Joab condujo las fuerzas del ejército, destruyó la tierra de los hijos de Amón y fue a sitiar Rabá. Pero David se había quedado en Jerusalén. Joab atacó Rabá, y la destruyó. Entonces David tomó la corona de la cabeza de su rey, y halló que pesaba un talento de oro y tenía piedras preciosas. Y fue puesta sobre la cabeza de David. También sacó mucho botín de la ciudad. A la gente que estaba en ella la sacó y la puso a trabajar con sierras, trillos de hierro y hachas. Lo mismo hizo David con todas las ciudades de los hijos de Amón. Luego David regresó con todo el pueblo a Jerusalén. Aconteció después de esto que hubo en Gezer otra batalla contra los filisteos. Entonces Sibecai, de Husa, mató a Sipai, uno de los descendientes de los refaítas. Y ellos fueron sometidos. Hubo otra batalla contra los filisteos. Entonces Eljanán hijo de Jaír mató a Lajmi, hermano de Goliat el geteo, el asta de cuya lanza era como un rodillo de telar. Y hubo otra batalla en Gat, donde había un hombre de gran estatura, el cual tenía seis dedos en cada mano y seis dedos en cada pie, veinticuatro en total. El también era un descendiente de Harafa. El desafió a Israel, pero lo mató Jonatán hijo de Simea, hermano de David. Estos eran descendientes de Harafa en Gat, y cayeron por mano de David y por mano de sus servidores. Satanás se levantó contra Israel e incitó a David a que hiciese un censo de Israel. David dijo a Joab y a los jefes del ejército: —Id, contad a los de Israel desde Beerseba hasta Dan, y traedme el número de ellos para que yo lo sepa. Pero Joab respondió: —¡Que Jehovah añada a su pueblo cien veces más! Oh rey y señor mío, ¿no son todos siervos de mi señor? ¿Para qué procura mi señor hacer esto? ¿Por qué ha de ser motivo de culpabilidad para Israel? Pero la palabra del rey prevaleció contra Joab. Entonces salió Joab y recorrió todo Israel, y regresó a Jerusalén. Luego Joab dio a David el resultado del censo del pueblo: Todos los hombres de Israel que sacaban espada eran 1.100.000. (Los hombres de Judá que sacaban espada eran 470.000.) Joab no incluyó entre éstos a los levitas ni a los hijos de Benjamín, porque el mandato del rey era detestable a Joab. Este mandato también era malo a los ojos de Dios, quien hirió a Israel. Y David dijo a Dios: —He pecado gravemente al haber hecho esto. Pero ahora, quita, por favor, el pecado de tu siervo, porque he actuado muy neciamente. Entonces Jehovah habló a Gad, vidente de David, diciendo: —Vé y di a David que así ha dicho Jehovah: "Tres cosas te propongo; escoge para ti una de ellas, y yo te la haré." Entonces Gad fue a David y le dijo: —Así ha dicho Jehovah: "Elige para ti tres años de hambre; o ser derrotado durante tres meses ante tus adversarios y que la espada de tus enemigos te alcance; o tres días la espada de Jehovah, es decir, que haya epidemia en el país y el ángel de Jehovah cause destrucción en todo el territorio de Israel." Ahora pues, mira qué he de responder al que me ha enviado. Entonces David dijo a Gad: —Estoy muy angustiado. Por favor, caiga yo en mano de Jehovah, porque grande en extremo es su misericordia. Y no caiga yo en mano de los hombres. Así que Jehovah envió una epidemia a Israel, y cayeron 70.000 hombres de Israel. Dios envió un ángel a Jerusalén para destruirla. Pero cuando iba a destruirla, Jehovah miró y cambió de parecer acerca de aquel mal. Y dijo al ángel que destruía: —¡Basta ya! ¡Detén tu mano! El ángel de Jehovah estaba junto a la era de Ornán el jebuseo. Entonces David alzó sus ojos y vio al ángel de Jehovah que estaba entre el cielo y la tierra, con una espada desenvainada en su mano, extendida sobre Jerusalén. David y los ancianos se postraron sobre sus rostros, cubiertos de cilicio. Y David dijo a Dios: —¿No soy yo el que hizo contar al pueblo? Yo soy el que ha pecado, y en verdad he actuado mal. Pero estas ovejas, ¿qué han hecho? Oh Jehovah, Dios mío, por favor, sea tu mano contra mí y contra mi casa paterna, pero no haya epidemia en tu pueblo. Entonces el ángel de Jehovah ordenó a Gad decir a David que subiera y erigiera un altar a Jehovah en la era de Ornán el jebuseo. David subió, conforme a la palabra que Gad le había hablado en nombre de Jehovah. Ornán se volvió y vio al ángel, y sus cuatro hijos que estaban con él se escondieron. Ornán estaba trillando trigo. Cuando David llegó hasta Ornán, éste miró y vio a David, y saliendo de la era se postró ante David con el rostro en tierra. Entonces David dijo a Ornán: —Dame el lugar de la era para que edifique en él un altar a Jehovah. Dámelo por su justo precio, a fin de que cese la epidemia en el pueblo. Ornán respondió a David: —Tómalo para ti, y haga mi señor el rey lo que le parezca bien. Mira, yo doy los bueyes para el holocausto, los trillos para leña y el trigo para la ofrenda vegetal. Todo lo doy. Pero el rey David respondió a Ornán: —No, sino que por su justo precio lo compraré; porque no tomaré para Jehovah lo que es tuyo, ni ofreceré un holocausto que no me cueste nada. Entonces David dio a Ornán por el lugar el peso de 600 siclos de oro. David edificó allí un altar a Jehovah, y ofreció holocaustos y sacrificios de paz. E invocó a Jehovah, y él le respondió con fuego desde los cielos sobre el altar del holocausto. Jehovah habló al ángel, y éste volvió su espada a la vaina. En aquel tiempo, al ver David que Jehovah le había oído en la era de Ornán el jebuseo, ofreció sacrificios allí. Por aquel entonces, el tabernáculo de Jehovah que Moisés había hecho en el desierto y el altar del holocausto estaban en el lugar alto de Gabaón. David no pudo ir delante de él para consultar a Dios, porque estaba espantado a causa de la espada del ángel de Jehovah. Entonces David dijo: "Aquí estará la casa de Jehovah Dios, y aquí estará el altar del holocausto para Israel." Después David mandó que se reuniesen los extranjeros que habitaban en la tierra de Israel, y designó canteros que labrasen piedras para edificar la casa de Dios. También preparó David una gran cantidad de hierro para los clavos de las hojas de las puertas y para las junturas, y bronce en tal cantidad que no se podía pesar. La madera de cedro era incalculable, porque los sidonios y los tirios habían llevado a David gran cantidad de madera de cedro. Entonces dijo David: "Mi hijo Salomón es joven e inmaduro, y la casa que se ha de edificar a Jehovah ha de ser grande y sublime, para renombre y gloria en todos los países. Yo, pues, haré los preparativos para él." Y antes de su muerte David hizo muchísimos preparativos. Entonces David llamó a su hijo Salomón y le mandó que edificase una casa a Jehovah Dios de Israel. David dijo a Salomón: "Hijo mío, he tenido en mi corazón el anhelo de edificar una casa al nombre de Jehovah mi Dios; pero vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: ‘Tú has derramado mucha sangre y has llevado a cabo grandes guerras. No edificarás una casa a mi nombre, porque has derramado delante de mí mucha sangre en la tierra. Pero he aquí, te nacerá un hijo que será un hombre pacífico, y yo le daré reposo de todos sus enemigos de alrededor. Ciertamente su nombre será Salomón, y en sus días yo daré paz y tranquilidad a Israel. El edificará una casa a mi nombre. El será para mí, hijo; y yo seré para él, padre. Y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre.’ "Ahora pues, hijo mío, Jehovah sea contigo. Sé prosperado y edifica la casa de Jehovah tu Dios, como él ha hablado de ti. Que Jehovah te dé inteligencia y entendimiento, para que cuando te comisione sobre Israel guardes la ley de Jehovah tu Dios. Entonces serás prosperado, si cuidas de poner por obra las leyes y los decretos que Jehovah mandó a Moisés para Israel. Esfuérzate, pues, y sé valiente. ¡No temas ni desmayes! He aquí que con grandes esfuerzos he provisto para la casa de Jehovah 100.000 talentos de oro y 1.000.000 de talentos de plata. El bronce y el hierro no pueden ser calculados por su cantidad. También he preparado madera y piedra, a lo cual tú añadirás. Tienes contigo muchos obreros: canteros, albañiles, carpinteros y hombres expertos en toda obra. El oro, la plata, el bronce y el hierro son incalculables. ¡Levántate y actúa! Y que Jehovah sea contigo." Asimismo, David mandó a todos los principales de Israel que diesen ayuda a su hijo Salomón. Y dijo: "¿No está con vosotros Jehovah vuestro Dios? ¿No os ha dado paz por todas partes? Ciertamente él ha entregado en mi mano a los habitantes del país, y la tierra ha sido sometida delante de Jehovah y delante de su pueblo. Dedicad, pues, vuestro corazón y vuestra alma a buscar a Jehovah vuestro Dios. Levantaos y edificad el santuario de Jehovah Dios, para traer el arca del pacto de Jehovah y los utensilios sagrados de Dios a la casa que ha de ser edificada al nombre de Jehovah." Siendo David anciano y lleno de años, proclamó a su hijo Salomón rey sobre Israel. Reunió a todos los principales de Israel, a los sacerdotes y a los levitas. Fueron contados los levitas de 30 años para arriba, y su número, contados uno por uno, fue de 38.000 hombres. Entonces dijo David: "De éstos, 24.000 serán para supervisar la obra de la casa de Jehovah, 6.000 para ser oficiales y jueces, y 4.000 para ser porteros. Otros 4.000 han de alabar a Jehovah con los instrumentos que he hecho para rendir alabanza." David los distribuyó en grupos, de acuerdo a los hijos de Leví: Gersón, Cohat y Merari. De los gersonitas, Ladán y Simei. Los hijos de Ladán fueron tres: Yejiel fue el jefe, y después Zetam y Joel. Los hijos de Simei fueron tres: Selomit, Haziel y Harán. Estos fueron los jefes de las casas paternas de Ladán. Los hijos de Simei fueron: Yajat, Ziza, Jeús y Bería. Estos cuatro fueron los hijos de Simei. Yajat fue el primero, y Ziza el segundo. Pero Jeús y Bería no tuvieron muchos hijos, por lo cual fueron considerados como una casa paterna con una sola función. Los hijos de Cohat fueron cuatro: Amram, Izjar, Hebrón y Uziel. Los hijos de Amrán fueron Aarón y Moisés. Aarón fue separado para ser dedicado para siempre, él y sus hijos, a las cosas más sagradas, para que ofrecieran incienso delante de Jehovah y para que le sirviesen y bendijesen en su nombre para siempre. Los hijos de Moisés, hombre de Dios, fueron contados entre la tribu de Leví. Los hijos de Moisés fueron Gersón y Eliezer. Sebuel hijo de Gersón fue el jefe. Rejabías hijo de Eliezer fue el jefe. Eliezer no tuvo otros hijos, pero los hijos de Rejabías fueron muy numerosos. Selomit hijo de Izjar fue el jefe. Los hijos de Hebrón fueron: Jerías el primero, Amarías el segundo, Yajaziel el tercero y Jecamán el cuarto. Los hijos de Uziel fueron Micaías el primero e Isías el segundo. Los hijos de Merari fueron Majli y Musi. Los hijos de Majli fueron Eleazar y Quis. Eleazar murió sin tener hijos, sino sólo hijas; y los hijos de Quis, sus primos, las tomaron por mujeres. Los hijos de Musi fueron tres: Majli, Eder y Jeremot. Estos fueron los hijos de Leví según sus casas paternas; todos jefes de casas paternas, según fueron contados, en la lista de nombres, uno por uno. Desde los 20 años para arriba, llevaban a cabo la obra del servicio de la casa de Jehovah. David dijo: "Jehovah Dios de Israel ha dado reposo a su pueblo y habitará en Jerusalén para siempre. Y también los levitas no tendrán que transportar el tabernáculo ni ninguno de sus utensilios para su servicio." Así que, conforme a las últimas palabras de David, los hijos de Leví fueron contados, de 20 años para arriba. Ciertamente su deber es estar al lado de los hijos de Aarón, para servir en la casa de Jehovah, en los atrios y en las cámaras, en la purificación de toda cosa consagrada y en lo que se debe hacer en el servicio de la casa de Dios. Ellos disponen los panes de la presentación, la harina fina para la ofrenda vegetal, las galletas sin levadura, lo que se prepara en la sartén, lo que se mezcla y toda medida de capacidad y de longitud. Ejercen su servicio cada amanecer, y asimismo al atardecer, para dar gracias y alabar a Jehovah, y para ofrecer todos los holocaustos a Jehovah los sábados, las lunas nuevas y las demás festividades, continuamente delante de Jehovah, en el número necesario y de acuerdo con lo que ha sido establecido para ellos. Así tienen a su cargo el cuidado del tabernáculo de reunión, el cuidado del santuario y el cuidado de sus hermanos, los hijos de Aarón, en el servicio de la casa de Jehovah. Estos son los grupos de los hijos de Aarón. Los hijos de Aarón fueron: Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar. Nadab y Abihú murieron antes que su padre, y no tuvieron hijos. Y Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio. David, con Sadoc de los hijos de Eleazar y con Ajimelec de los hijos de Itamar, los organizó según sus funciones en su servicio. Los hijos de Eleazar resultaron ser más numerosos que los de Itamar en cuanto a hombres principales, por lo que los organizaron así: De los hijos de Eleazar había dieciséis jefes de casas paternas, y de los hijos de Itamar había ocho, según sus casas paternas. Los organizaron por sorteo, tanto a los unos como a los otros, pues había oficiales del santuario y oficiales de la casa de Dios entre los hijos de Eleazar y entre los hijos de Itamar. El escriba Semeías hijo de Natanael, de los levitas, los inscribió en presencia del rey, de los magistrados, del sacerdote Sadoc, de Ajimelec hijo de Abiatar y de los jefes de las casas paternas de los sacerdotes y de los levitas. Designaron por sorteo una casa paterna para Eleazar y otra para Itamar. La primera suerte tocó a Joyarib, la segunda a Jedaías, la tercera a Harim, la cuarta a Seorim, la quinta a Malquías, la sexta a Mijamín, la séptima a Cos, la octava a Abías, la novena a Jesúa, la décima a Secanías, la undécima a Eliasib, la duodécima a Jaquim, la decimotercera a Hupa, la decimocuarta a Jesebeab, la decimoquinta a Bilga, la decimosexta a Imer, la decimoséptima a Hezir, la decimoctava a Afses, la decimonovena a Petajías, la vigésima a Ezequiel, la vigesimoprimera a Jaquín, la vigesimosegunda a Gamul, la vigesimotercera a Delaías, la vigesimocuarta a Maazías. Estos fueron distribuidos para el servicio al entrar en la casa de Jehovah, conforme a lo establecido para ellos por medio de su padre Aarón, de la manera que le había mandado Jehovah Dios de Israel. De los hijos de Leví que quedaron, fueron designados: Subael de los hijos de Amram y Jehedías de los hijos de Subael. De Rejabías: Isías era el jefe de los hijos de Rejabías. De los hijos de Izjar, Selomot. De los hijos de Selomot, Yajat. De los hijos de Hebrón: Jerías el primero, Amarías el segundo, Yajaziel el tercero y Jecamán el cuarto. De los hijos de Uziel, Micaías. De los hijos de Micaías, Samir. El hermano de Micaías fue Isías; y de los hijos de Isías, Zacarías. Los hijos de Merari fueron Majli y Musi; y de los hijos de Jaazías, Beno. De los hijos de Merari, a través de Jaazías, Beno, Soham, Zacur e Ibri. De Majli, Eleazar, el cual no tuvo hijos. De Quis, el hijo de Quis fue Jerameel. Los hijos de Musi fueron: Majli, Eder y Jerimot. Estos fueron los hijos de los levitas, conforme a sus casas paternas. Estos también participaron en el sorteo, como sus hermanos los hijos de Aarón, tanto los jefes de casas paternas como el menor de sus hermanos, en presencia del rey David, de Sadoc, de Ajimelec y de los jefes de las casas paternas de los sacerdotes y de los levitas. Asimismo, David y los jefes del ejército apartaron para el servicio a algunos de los hijos de Asaf, de Hemán y de Jedutún, quienes profetizaban con arpas, liras y címbalos. La lista de ellos, de los hombres que realizaban su servicio fue: De los hijos de Asaf: Zacur, José, Netanías y Asarela. Los hijos de Asaf estaban bajo la dirección de Asaf, quien profetizaba bajo la dirección del rey. De Jedutún, los hijos de Jedutún: Gedalías, Zeri, Jesaías, Simei, Hasabías y Matatías; seis en total. Ellos estaban bajo la dirección de su padre Jedutún, quien profetizaba acompañado de arpa para dar gracias y alabar a Jehovah. De Hemán, los hijos de Hemán: Buquías, Matanías, Uziel, Subael, Jeremot, Ananías, Hanani, Eliata, Gidalti, Romamti-ezer, Josbecasa, Maloti, Hotir y Majaziot. Todos éstos eran hijos de Hemán, vidente del rey, y tenían palabras de Dios, para ensalzar su poder. Dios dio a Hemán catorce hijos y tres hijas. Todos éstos, bajo la dirección de su padre, estaban dedicados a la música en la casa de Jehovah con címbalos, liras y arpas, para el servicio de la casa de Dios. Y Asaf, Jedutún y Hemán estaban bajo la dirección del rey. El número de ellos y de sus hermanos, expertos en la música dedicada a Jehovah, todos maestros, era de 288. Echaron suertes para establecer los turnos del servicio, participando tanto el pequeño como el grande, lo mismo el maestro que el alumno. La primera suerte tocó a José, de los de Asaf. La segunda, a Gedalías, que con sus hermanos y sus hijos eran doce. La tercera, a Zacur, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La cuarta, a Izri, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La quinta, a Netanías, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La sexta, a Buquías, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La séptima, a Jesarela, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La octava, a Jesaías, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La novena a Matanías, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La décima, a Simei, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La undécima, a Azareel, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La duodécima, a Hasabías, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La decimotercera, a Subael, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La decimocuarta, a Matatías, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La decimoquinta, a Jeremot, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La decimosexta, a Ananías, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La decimoséptima, a Josbecasa, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La decimoctava, a Hanani, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La decimonovena, a Maloti, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La vigésima, a Eliata, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La vigesimoprimera, a Hotir, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La vigesimosegunda, a Gidalti, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La vigesimotercera, a Majaziot, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La vigesimocuarta, a Romamti-ezer, que con sus hijos y sus hermanos eran doce. La distribución de los porteros fue así: De los coreítas, Meselemías hijo de Coré, de los hijos de Asaf. Los hijos de Meselemías fueron: Zacarías el primogénito, Yediael el segundo, Zebadías el tercero, Jatniel el cuarto, Elam el quinto, Johanán el sexto, Elioenai el séptimo. Los hijos de Obed-edom fueron: Semaías el primogénito, Jozabad el segundo, Jóaj el tercero, Sacar el cuarto, Natanael el quinto, Amiel el sexto, Isacar el séptimo, Peultai el octavo; porque Dios había bendecido a Obed-edom. También a su hijo Semaías le nacieron hijos que gobernaban en sus casas paternas, porque eran hombres valientes. Los hijos de Semaías fueron: Otni, Rafael, Obed, Elzabad y sus hermanos, hombres valerosos, Elihú y Samaquías. Todos éstos fueron de los hijos de Obed-edom. Ellos, con sus hijos y sus hermanos, hombres robustos y fuertes para el servicio, fueron sesenta y dos de Obed-edom. Los hijos de Meselemías y sus parientes fueron dieciocho hombres valerosos. Los hijos de Hosa, de los hijos de Merari, fueron: Simri el primero (aunque no era el primogénito, su padre lo designó el primero), Hilquías el segundo, Tebalías el tercero y Zacarías el cuarto. Todos los hijos y hermanos de Hosa fueron trece. Estos grupos de porteros, a través de sus hombres principales, tenían los deberes, igual que sus hermanos, de servir en la casa de Jehovah. Echaron suertes para cada puerta, participando tanto el pequeño como el grande, según sus casas paternas. La suerte para la del oriente tocó a Selemías. También incluyeron en el sorteo a su hijo Zacarías, consejero entendido, y le tocó la del norte. A Obed-edom le tocó la del sur, y a sus hijos les tocó la casa de las provisiones. A Supim y a Hosa les tocó la del occidente con la puerta de Salequet, en la calzada que sube. Una guardia estaba frente a la otra guardia: Al oriente había seis levitas, al norte había cuatro por día, al sur había cuatro por día, en la casa de las provisiones se turnaban de dos en dos, en el atrio del occidente había cuatro en la avenida y dos en el atrio mismo. Esta es la distribución de los porteros, descendientes de Coré y de Merari. De los levitas, Ajías estaba encargado de los tesoros de la casa de Dios y de los tesoros de las cosas sagradas. De los hijos de Ladán, de los hijos de los gersonitas a través de Ladán: El jefe de las casas paternas de Ladán el gersonita era Yejiel. Los hijos de Yejiel, Zetam y su hermano Joel, estaban encargados de los tesoros de la casa de Jehovah. De los amramitas, de los izjaritas, de los hebronitas y de los uzielitas, Sebuel hijo de Gersón, hijo de Moisés, era jefe sobre los tesoros. Y sus hermanos, a través de Eliezer: su hijo Rejabías, cuyo hijo fue Jesaías, cuyo hijo fue Joram, cuyo hijo fue Zicri, cuyo hijo fue Selomot. Este Selomot y sus hermanos estaban encargados de todos los tesoros de las cosas sagradas que habían consagrado el rey David, los jefes de las casas paternas, los jefes de millares y de centenas y los jefes del ejército. Las habían consagrado de las batallas y del botín, para mantener la casa de Jehovah. Asimismo, todo lo que habían consagrado el vidente Samuel, Saúl hijo de Quis, Abner hijo de Ner y Joab, hijo de Sarvia, y todo lo que cualquiera consagraba estaba bajo la administración de Selomot y de sus hermanos. De los izjaritas, Quenaanías y sus hijos estaban encargados de la administración externa. Eran oficiales y jueces en Israel. De los hebronitas, Hasabías y sus hermanos, 1.700 hombres de valor, estaban encargados de la administración de Israel en la región occidental del Jordán, en toda la obra de Jehovah y en el servicio del rey. En cuanto a los hebronitas, Jerías era el jefe de los hebronitas, distribuidos según sus clanes y casas paternas. En el año 40 del reinado de David se buscaron, y se hallaron entre ellos hombres valerosos en Jazer de Galaad. Y sus hermanos, hombres de valor, sumaban 2.700 jefes de casas paternas, a los cuales el rey David constituyó sobre los rubenitas, los gaditas y sobre la media tribu de Manasés, tanto para los asuntos de Dios como para los asuntos del rey. Esta es la lista de los hijos de Israel, los jefes de casas paternas, los jefes de millares y de centenas, y sus oficiales que servían al rey en todo lo concerniente a las divisiones del ejército, que entraban y salían cada mes, durante todos los meses del año. Cada división tenía 24.000 hombres. Al frente de la primera división, para el primer mes estaba Jasobeam hijo de Zabdiel. Su división tenía El era de los hijos de Fares y estaba al frente de todos los jefes del ejército para el primer mes. Al frente de la división del segundo mes estaba Dodai el ajojita, y un jefe en su división era Miclot. Su división tenía 24.000 hombres. El tercer jefe del ejército, para el tercer mes, era Benaías, hijo del sumo sacerdote Joyada. Su división tenía 24.000 hombres. Este Benaías era uno de los treinta valientes, y estaba al mando de los treinta. En su división estaba su hijo Amisabad. El cuarto, para el cuarto mes, era Asael, hermano de Joab. Y después de él estaba su hijo Zebadías. Su división tenía 24.000 hombres. El quinto, para el quinto mes, era el jefe Samot el izrajita. Su división tenía 24.000 hombres. El sexto, para el sexto mes, era Ira hijo de Iques, de Tecoa. Su división tenía 24.000 hombres. El séptimo, para el séptimo mes, era Heles el pelonita, de los hijos de Efraín. Su división tenía 24.000 hombres. El octavo, para el octavo mes, era Sibecai, de Husa, de los zerajitas. Su división tenía 24.000 hombres. El noveno, para el noveno mes, era Abiezer, de Anatot, de los de Benjamín. Su división tenía 24.000 hombres. El décimo, para el décimo mes, era Maharai, de Netofa, de los zerajitas. Su división tenía 24.000 hombres. El undécimo, para el undécimo mes, era Benaías, de Piratón, de los hijos de Efraín. Su división tenía El duodécimo, para el duodécimo mes, era Heldai, de Netofa, de Otoniel. Su división tenía 24.000 hombres. Asimismo, al frente de las tribus de Israel estaban: de los rubenitas, el jefe Eliezer hijo de Zicri; de los simeonitas, Sefatías hijo de Maaca; de los levitas, Hasabías hijo de Quemuel; de los aaronitas, Sadoc; de Judá, Elihú, uno de los hermanos de David; de Isacar, Omri hijo de Micael; de Zabulón, Ismaías hijo de Abdías; de Neftalí, Jerimot hijo de Azriel; de los hijos de Efraín, Oseas hijo de Azazías; de la media tribu de Manasés, Joel hijo de Pedaías; de la otra media tribu de Manasés en Galaad, Ido hijo de Zacarías; de Benjamín, Jaaziel hijo de Abner; de Dan, Azareel hijo de Jerojam. Estos fueron los jefes de las tribus de Israel. David no tomó el número de los de 20 años para abajo, porque Jehovah había prometido que él había de multiplicar a Israel como las estrellas del cielo. hombres.hombres.Joab, hijo de Sarvia, había comenzado a contar, pero no acabó, pues por esto vino la ira sobre Israel. Y el número no fue registrado en el libro de las crónicas del rey David. Azmávet hijo de Adiel era el encargado de los tesoros reales. Jonatán hijo de Uzías, de los almacenes en el campo, en las ciudades, en las aldeas y en las torres. Ezri hijo de Quelub, de los que trabajaban en el cultivo de las tierras. Simei, de Ramá, de las viñas. Zabdías el sifmita, del producto de las viñas para las bodegas. Baal-janán, de Gedera, de los olivares y de los sicómoros que había en la Sefela. Joás, de los almacenes de aceite. Sitrai, de Sarón, del ganado vacuno que pastaba en Sarón. Safat hijo de Adlai, del ganado vacuno que estaba en los valles. Obil el ismaelita, de los camellos. Jehedías, de Meronot, de los asnos. Y Jaziz el hagrieno, de los rebaños de ovejas. Todos éstos eran los encargados del patrimonio del rey David. Jonatán, tío de David, era consejero, hombre prudente y escriba; él y Yejiel hijo de Hacmoni asistían a los hijos del rey. Ajitofel era consejero del rey. Husai el arquita era amigo del rey. Después de Ajitofel estaban Joyada hijo de Benaías y Abiatar. Y Joab era el jefe del ejército del rey. David reunió en Jerusalén a todos los jefes de Israel: los jefes de las tribus, los jefes de las divisiones que servían al rey, los jefes de millares y los jefes de centenas, los jefes de todo el patrimonio, del ganado del rey y de sus hijos, con los funcionarios, los hombres valerosos y todos los guerreros valientes. Y poniéndose de pie, David dijo: "Oídme, hermanos míos y pueblo mío: Yo tenía en mi corazón el anhelo de edificar una casa para que reposara el arca del pacto de Jehovah y para estrado de los pies de nuestro Dios. Yo hice los preparativos para edificar, pero Dios me dijo: ‘No edificarás una casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra y has derramado mucha sangre.’ No obstante, Jehovah Dios de Israel me eligió de entre toda la familia de mi padre para que fuese rey de Israel para siempre, porque escogió a Judá como caudillo. De la tribu de Judá escogió a la casa de mi padre, y entre los hijos de mi padre se complació en mí para constituirme rey sobre todo Israel. Y de todos mis hijos (porque Jehovah me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón, para que se sentara en el trono del reino de Jehovah sobre Israel. El me ha dicho: ‘Tu hijo Salomón, él edificará mi casa y mis atrios; porque a él he escogido como mi hijo, y yo seré padre para él. Asimismo, yo confirmaré su reino para siempre, si se esfuerza en poner por obra mis mandamientos y mis decretos, como en este día.’ "Ahora pues, ante los ojos de todo Israel, la congregación de Jehovah, y a oídos de nuestro Dios, guardad y escudriñad todos los mandamientos de Jehovah vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra y para que la dejéis por heredad a vuestros hijos después de vosotros, para siempre. "Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre y sírvele con un corazón íntegro y con ánimo voluntario; porque Jehovah escudriña todos los corazones y entiende toda la intención de los pensamientos. Si tú le buscas, él se dejará hallar; pero si le abandonas, él te desechará para siempre. Mira ahora, porque Jehovah te ha elegido para que edifiques una casa para ser santuario. ¡Esfuérzate y actúa!" Entonces David entregó a su hijo Salomón el diseño del pórtico, de sus edificios, de sus almacenes, de sus salas superiores, de sus cámaras interiores y del lugar del propiciatorio. También entregó el diseño de todo lo que tenía en mente para los atrios de la casa de Jehovah, para todas las cámaras de alrededor, para los tesoros de la casa de Dios, para los almacenes de las cosas sagradas, para los grupos de los sacerdotes y de los levitas, para toda la obra del servicio en la casa de Jehovah y para todos los utensilios del servicio de la casa de Jehovah. Para las cosas de oro, también entregó la debida cantidad de oro para todos los utensilios de cada servicio, y para todos los utensilios de plata, la debida cantidad para todos los utensilios de cada servicio. Entregó la debida cantidad de oro para los candelabros de oro y sus lámparas de oro: la debida cantidad para cada candelabro con sus lámparas. De igual manera dio para los candelabros de plata: la debida cantidad para cada candelabro y sus lámparas, de acuerdo con la función de cada candelabro. También entregó la debida cantidad de oro para cada una de las mesas para la presentación de los panes, y la plata para las mesas de plata. También entregó oro puro para los tenedores, los tazones de la aspersión y las vasijas. Para las tazas de oro, la debida cantidad de oro para cada taza; y para las tazas de plata, la debida cantidad para cada taza. Además, entregó la debida cantidad de oro refinado para el altar del incienso, para el diseño de la carreta y para los querubines de oro que extienden sus alas y cubren el arca del pacto de Jehovah. "Todo esto," dijo David, "está por escrito, porque la mano de Jehovah está sobre mí, y él me ha hecho entender todos los detalles del diseño." Además, David dijo a su hijo Salomón: "Esfuérzate, sé valiente y actúa. No temas ni desmayes, porque Jehovah Dios, mi Dios, estará contigo. No te abandonará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehovah. He aquí que los grupos de los sacerdotes y de los levitas para todo el servicio de la casa de Dios estarán contigo en toda la obra. Asimismo, todos los voluntarios y expertos en toda clase de artesanía, los jefes y todo el pueblo estarán totalmente a tus órdenes." Después el rey David dijo a toda la congregación: "Sólo a mi hijo Salomón ha elegido Dios. El es joven e inmaduro, y la obra es grande; porque el templo no será para hombre sino para Jehovah Dios. Con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios: oro para las cosas de oro, plata para las cosas de plata, bronce para las cosas de bronce, hierro para las cosas de hierro, madera para las cosas de madera, piedras de ónice y de engaste, piedras de turquesa y de diversos colores; toda clase de piedras preciosas y piedras de mármol en abundancia. Además, en mi anhelo por la casa de mi Dios, doy mi tesoro personal de oro y de plata para la casa de mi Dios, además de todo lo que he preparado para el edificio del santuario; a saber: 3.000 talentos de oro, oro de Ofir, y 7.000 talentos de plata refinada para recubrir las paredes de los edificios: oro para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata; para toda la obra de mano de los artífices. Y ahora, ¿quién de vosotros se consagrará hoy a Jehovah, haciendo una ofrenda voluntaria?" Entonces los jefes de las casas paternas, los jefes de las tribus de Israel, los jefes de millares y de centenas, y los encargados de las obras del rey hicieron ofrendas voluntarias. Y dieron para el servicio de la casa de Dios 5.000 talentos y 10.000 dracmas de oro, 10.000 talentos de plata, 18.000 talentos de bronce y 100.000 talentos de hierro. Todo el que tenía piedras preciosas las entregó en manos de Yejiel el gersonita, para el tesoro de la casa de Jehovah. Y el pueblo se regocijó por haber contribuido con ofrendas voluntarias, porque con un corazón íntegro habían hecho a Jehovah ofrendas voluntarias. Y el rey David se alegró muchísimo. David bendijo a Jehovah a la vista de toda la congregación. Y dijo David: "¡Bendito seas tú, oh Jehovah Dios de Israel, nuestro Padre desde la eternidad y hasta la eternidad! Tuyos son, oh Jehovah, la grandeza, el poder, la gloria, el esplendor y la majestad; porque tuyas son todas las cosas que están en los cielos y en la tierra. Tuyo es el reino, oh Jehovah, y tú te enalteces como cabeza sobre todo. Las riquezas y la honra provienen de ti. Tú lo gobiernas todo; en tu mano están la fuerza y el poder, y en tu mano está la facultad de engrandecer y de fortalecer a todos. Y ahora, oh Dios nuestro, nosotros te damos gracias y alabamos tu glorioso nombre. Porque, ¿quién soy yo, y qué es mi pueblo, para que podamos ofrecer espontáneamente cosas como éstas, siendo todo tuyo, y que de lo que hemos recibido de tu mano, te damos? Somos forasteros y advenedizos delante de ti, así como todos nuestros padres. Nuestros días son como una sombra sobre la tierra, y sin esperanza. Oh Jehovah, Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar una casa a tu santo nombre, de tu mano proviene y todo es tuyo. Yo sé, oh Dios mío, que tú pruebas el corazón y que te agrada la rectitud. Por eso, con rectitud de corazón te he ofrecido voluntariamente todo esto. Y ahora he visto con alegría que tu pueblo que se encuentra aquí ha dado para ti espontáneamente. Oh Jehovah, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, nuestros padres, preserva esto para siempre, formando el pensamiento del corazón de tu pueblo, y predispón su corazón hacia ti. Asimismo, da a mi hijo Salomón un corazón íntegro, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus leyes, a fin de que haga todas las cosas y edifique el templo para el cual yo he hecho preparativos." David dijo después a toda la congregación: "¡Bendecid, por favor, a Jehovah, vuestro Dios!" Entonces toda la congregación bendijo a Jehovah, el Dios de sus padres. Luego se inclinaron y se postraron delante de Jehovah y delante del rey. Al día siguiente hicieron sacrificios a Jehovah y ofrecieron holocaustos a Jehovah: 1.000 toros, 1.000 carneros, 1.000 corderos, con sus libaciones, y muchos sacrificios por todo Israel. Aquel día comieron y bebieron con gran gozo delante de Jehovah, y por segunda vez proclamaron rey a Salomón hijo de David, y lo ungieron ante Jehovah como el soberano. Y ungieron a Sadoc como sacerdote. Así se sentó Salomón como rey en el trono de Jehovah, en lugar de su padre David, y fue prosperado. Todo Israel le rindió obediencia. Todos los principales, los valientes y todos los hijos del rey David se sometieron a la autoridad del rey Salomón. Y Jehovah engrandeció a Salomón hasta lo sumo ante la vista de todo Israel, y le dio un esplendor real, como ningún otro rey lo tuvo antes de él en Israel. Así David hijo de Isaí reinó sobre todo Israel. El tiempo que reinó sobre Israel fue de 40 años. En Hebrón reinó 7 años, y en Jerusalén reinó 33 años. Murió en buena vejez y lleno de años, de riquezas y de gloria. Y su hijo Salomón reinó en su lugar. Los hechos del rey David, los primeros y los últimos, he aquí que están escritos en el libro del vidente Samuel, en el libro del profeta Natán y en el libro del vidente Gad, con todo lo relativo a su reinado, a su poder y a las circunstancias por las cuales pasaron él, Israel y todos los reinos de aquellas tierras. Salomón hijo de David se afianzó en su reino. Jehovah su Dios estaba con él y le engrandeció sobremanera. Entonces Salomón habló a todo Israel: a los jefes de millares y de centenas, a los jueces y a todos los dirigentes de todo Israel, jefes de las casas paternas. Salomón, y toda la congregación con él, fue al lugar alto que había en Gabaón; porque allí se encontraba el tabernáculo de reunión de Dios que Moisés, siervo de Jehovah, había hecho en el desierto. (Aunque David había subido el arca de Dios desde Quiriat-jearim al lugar que le había preparado, porque le había erigido una tienda en Jerusalén.) Y el altar de bronce que había hecho Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, estaba allí delante del tabernáculo de Jehovah. Y Salomón y la congregación fueron a consultarle. Salomón fue allí, ante Jehovah, al altar de bronce que estaba en el tabernáculo de reunión, y ofreció sobre él 1.000 holocaustos. Aquella noche Dios se apareció a Salomón y le dijo: —Pide lo que quieras que yo te dé. Y Salomón respondió a Dios: —Tú has mostrado gran misericordia a mi padre David, y a mí me has constituido rey en su lugar. Ahora, oh Jehovah Dios, sea confirmada tu palabra dada a mi padre David, porque tú me has constituido rey sobre un pueblo tan numeroso como el polvo de la tierra. Ahora pues, dame sabiduría y conocimiento, para que yo pueda salir y entrar delante de este pueblo. Porque, ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande? Entonces Dios dijo a Salomón: —Porque esto ha estado en tu corazón, y no has pedido riquezas, ni posesiones, ni gloria, ni la vida de los que te aborrecen, ni tampoco has pedido muchos años, sino que has pedido para ti sabiduría y conocimiento para gobernar a mi pueblo sobre el cual te he constituido rey, te son dados sabiduría y conocimiento. Pero también te daré riquezas, posesiones y gloria tales como nunca sucedió con los reyes que fueron antes de ti, ni sucederá así después de ti. Salomón volvió a Jerusalén desde el lugar alto que estaba en Gabaón, de delante del tabernáculo de reunión, y comenzó a reinar sobre Israel. Salomón también acumuló carros y jinetes. Tenía 1.400 carros y 12.000 jinetes, que puso en las ciudades de los carros y en Jerusalén junto al rey. El rey hizo que la plata y el oro fueran tan comunes en Jerusalén como las piedras, y que el cedro fuera tan abundante como los sicómoros que hay en la Sefela. Los caballos de Salomón provenían de Egipto y de Coa. Los mercaderes del rey los adquirían en Coa al contado. Cada carro que importaban de Egipto costaba 600 siclos de plata; y cada caballo, 150 siclos. Y así los exportaban por medio de ellos, a todos los reyes de los heteos y a los reyes de Siria. Salomón se propuso construir una casa al nombre de Jehovah, y una casa real para sí. Entonces reclutó a 70.000 cargadores, a 80.000 canteros en la región montañosa, y a 3.600 supervisores. Salomón también envió a decir a Hiram, rey de Tiro: Haz conmigo como hiciste con mi padre David al enviarle cedro, para que edificara para sí una casa en que habitar. He aquí, yo voy a construir una casa al nombre de Jehovah mi Dios, a fin de consagrársela para quemar incienso aromático delante de él, para la presentación continua de los panes, y para los holocaustos de la mañana, de la tarde, de los sábados, de las lunas nuevas y de las fiestas solemnes de Jehovah nuestro Dios, lo que a Israel le corresponde ofrecer perpetuamente. La casa que voy a construir será grande, porque nuestro Dios es más grande que todos los dioses. Pero, ¿quién ha de ser capaz de construirle una casa, siendo que los cielos y los cielos de los cielos no le pueden contener? ¿Quién, pues, soy yo para que le construya una casa, aunque sea sólo para quemar incienso delante de él? Ahora pues, envíame un hombre hábil para trabajar en oro, en plata, en bronce, en hierro, en púrpura, en carmesí y en material azul, y que sea experto en tallados, para trabajar junto con los que están conmigo en Judá y en Jerusalén, a quienes ha preparado mi padre David. Envíame también del Líbano madera de cedro, de ciprés y de sándalo; porque yo sé que tus siervos saben cortar los árboles del Líbano. He aquí que mis siervos estarán con los tuyos para que me preparen mucha madera, porque el templo que voy a edificar ha de ser grande y maravilloso. He aquí que para tus siervos que cortan y labran la madera, yo doy 20.000 coros de trigo para el sustento, 20.000 coros de cebada, 20.000 batos de vino y 20.000 batos de aceite. Hiram, rey de Tiro, respondió con una carta que envió a Salomón: ¡Porque Jehovah ama a su pueblo, te ha hecho rey sobre ellos! E Hiram añadió: ¡Bendito sea Jehovah Dios de Israel, que hizo los cielos y la tierra y que dio al rey David un hijo sabio que conoce la cordura y el entendimiento, y que ha de edificar una casa para Jehovah y una casa real para sí. Yo, pues, te envío a Hiram-abi, un hombre hábil y entendido. El es hijo de una mujer de las hijas de Dan, y su padre es un hombre de Tiro. El sabe trabajar en oro, en plata, en bronce, en hierro, en piedra, en madera, en púrpura, en material azul, en lino fino y en carmesí. También sabe hacer todo tipo de tallados y todos los diseños que se le asignen. El estará con tus expertos y con los de mi señor David, tu padre. Ahora pues, envíe mi señor a sus siervos el trigo, la cebada, el aceite y el vino que ha prometido. Nosotros cortaremos en el Líbano toda la madera que necesites, y te la llevaremos por mar en balsas hasta Jope; y tú la subirás a Jerusalén. Salomón hizo un censo de todos los hombres extranjeros que estaban en la tierra de Israel, después del censo que había hecho su padre, y se halló que eran 153.600. De ellos designó a 70.000 cargadores, a 80.000 canteros en la región montañosa, y a 3.600 supervisores que hiciesen trabajar a la gente. Salomón comenzó a edificar la casa de Jehovah en Jerusalén, en el monte Moriah, donde él se había aparecido a su padre David, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán el jebuseo. Comenzó a edificar en el segundo día del mes segundo del cuarto año de su reinado. Estas son las medidas (de acuerdo con el patrón de medida) que Salomón determinó para construir la casa de Dios: Era de 60 codos de largo y de 20 codos de ancho. El pórtico, que estaba en la parte frontal del templo, tenía 20 codos de largo, como el ancho del edificio, y 120 codos de alto. Y lo revistió por dentro de oro puro. Cubrió la sala mayor con madera de ciprés; la recubrió de oro de buena calidad, y encima grabó figuras de palmeras y cadenas. También revistió la sala con piedras preciosas para ornamento. Y el oro era oro de Parvaim. Así que recubrió de oro la sala, las vigas, los umbrales, sus paredes y sus puertas. Y talló querubines sobre las paredes. Hizo también la sala del lugar santísimo; era de 20 codos de largo, según el ancho del frente del edificio, y de 20 codos de ancho. Luego la recubrió con unos 600 talentos de oro de buena calidad. Los clavos pesaban 50 siclos de oro. También recubrió de oro las salas superiores. Hizo también en la sala del lugar santísimo, dos querubines, obra de escultura, a los cuales recubrió de oro. Las alas de los querubines eran de 20 codos de largo. El ala del uno tenía 5 codos y llegaba hasta una pared de la sala; y la otra ala, de 5 codos, tocaba el ala del otro querubín. El ala del otro querubín, de 5 codos, también llegaba hasta la pared de la sala; y la otra ala, de 5 codos, tocaba el ala del otro querubín. Las alas de estos querubines estaban extendidas en un espacio de 20 codos. Ellos estaban de pie, con sus rostros hacia el centro de la sala. Hizo también el velo de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino fino; y en el mismo hizo bordar querubines. Hizo también delante del templo dos columnas de 35 codos de alto, las cuales tenían encima capiteles de 5 codos. E hizo cadenillas, a manera de collares, y las puso en la parte superior de las columnas. Hizo cien granadas y las puso en las cadenillas. Luego erigió las columnas delante del templo, una al sur y otra al norte. A la del sur llamó Jaquín, y a la del norte llamó Boaz. Hizo también un altar de bronce de 20 codos de largo, 20 codos de ancho y 10 codos de alto. Hizo también la fuente de bronce fundido que tenía 10 codos de borde a borde. Era circular y tenía 5 codos de alto, y una circunferencia de 30 codos. Había un motivo de bueyes debajo y alrededor del borde, diez por cada codo, dispuestos en dos hileras de bueyes alrededor de la fuente, los cuales habían sido fundidos en una sola pieza con ella. Estaba asentada sobre doce bueyes: tres miraban al norte, tres al oeste, tres al sur y tres al este. La fuente estaba sobre ellos, y todas sus partes traseras daban hacia el lado interior. La fuente tenía un palmo menor de espesor; su borde era como el borde de un cáliz o de una flor de lirio. Tenía una capacidad de 3.000 batos. Hizo también diez pilas y puso cinco de ellas al sur y cinco al norte, para que lavasen en ellas las cosas para el holocausto y las enjuagasen en ellas. Y la fuente era para que los sacerdotes se lavaran en ella. Hizo también diez candelabros de oro, de acuerdo con lo establecido para ellos, y los puso en el templo, cinco al sur y cinco al norte. Hizo también diez mesas y las puso en el templo, cinco al sur y cinco al norte. Hizo también cien tazones de oro para la aspersión. Hizo también el atrio de los sacerdotes, el gran atrio y las puertas del atrio, y revistió de bronce sus puertas. Colocó la fuente en el lado sur, hacia el sureste. Hiram hizo también las ollas, las palas y los tazones para la aspersión. Así terminó Hiram de hacer la obra que hizo para el rey Salomón en la casa de Dios: las dos columnas, los tazones de los capiteles que estaban en la parte superior de las dos columnas; y las dos redes que cubrían los tazones de los capiteles que estaban en la parte superior de las columnas; las 400 granadas para las dos redes (dos hileras de granadas para cada red) para cubrir los dos tazones de los capiteles que estaban en la parte superior de las columnas; las diez bases y las diez pilas sobre las bases; la fuente con los doce bueyes debajo de ella; las ollas, las palas y los tenedores. Todos los utensilios Hiram-abi los hizo de bronce bruñido al rey Salomón, para la casa de Jehovah. El rey los hizo fundir en la llanura del Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y Saretán. Salomón hizo todos estos utensilios en tal cantidad que el peso del bronce no pudo ser determinado. Salomón también hizo todos los utensilios de la casa de Dios: el altar de oro, las mesas sobre las cuales estaba el pan de la Presencia, y los candelabros con sus lámparas de oro fino, para que fuesen encendidos delante del santuario interior, conforme a lo establecido. Las flores, las lámparas y las tenazas fueron hechas de oro purísimo. Asimismo, las despabiladeras, los tazones para la aspersión, las cucharas y los incensarios eran de oro fino. También eran de oro los goznes de las puertas del templo, tanto los de las puertas interiores del lugar santísimo, como los de las puertas de la sala del templo. Así se terminó toda la obra que Salomón hizo para la casa de Jehovah. Luego Salomón hizo traer las cosas que su padre David había consagrado, y puso la plata, el oro y todos los utensilios en los tesoros de la casa de Dios. Entonces Salomón congregó en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los jefes de las casas paternas de los hijos de Israel, para hacer subir el arca del pacto de Jehovah desde la Ciudad de David, que es Sion. Y se congregaron ante el rey todos los hombres de Israel en la fiesta del mes séptimo. Fueron todos los ancianos de Israel, y los levitas tomaron el arca. Luego subieron el arca, el tabernáculo de reunión y todos los utensilios sagrados que estaban en el tabernáculo; los sacerdotes levitas los subieron. El rey Salomón y toda la congregación de Israel, que se había reunido junto a él delante del arca, sacrificaban tantas ovejas y vacas que por su gran cantidad no se podían contar ni numerar. Entonces los sacerdotes introdujeron el arca del pacto de Jehovah en su lugar, en el santuario interior del templo, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines. Los querubines extendían las alas sobre el lugar del arca, de modo que los querubines cubrían el arca y sus varas por encima. Las varas eran tan largas que los extremos de las varas se podían ver desde el lugar santo, ante el santuario interior; pero no se podían ver desde afuera. Y allí han quedado hasta el día de hoy. Ninguna cosa había en el arca, excepto las dos tablas que Moisés había puesto en Horeb, donde Jehovah hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto. Y sucedió que cuando los sacerdotes salieron del santuario (porque todos los sacerdotes que se hallaban presentes se habían santificado, sin distinción de sus grupos); cuando todos los músicos levitas (Asaf, Hemán y Jedutún, con sus hijos y sus hermanos) vestidos de lino fino y portando címbalos, liras y arpas, estaban de pie al este del altar, y con ellos 120 sacerdotes que tocaban las trompetas; cuando los que tocaban las trompetas y los que cantaban hicieron oír su voz al unísono alabando y dando gracias a Jehovah; cuando elevaron la voz junto con las trompetas, los címbalos y otros instrumentos de música; y cuando alababan a Jehovah diciendo: "Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia," entonces la casa se llenó con una nube, la casa de Jehovah. Y los sacerdotes no pudieron continuar sirviendo por causa de la nube, porque la gloria de Jehovah había llenado la casa de Dios. Entonces Salomón dijo: "Jehovah ha dicho que él habita en la densa oscuridad. Y yo te he edificado una casa sublime, una morada donde habites para siempre." El rey se volvió y bendijo a toda la congregación de Israel. Y toda la congregación de Israel estaba de pie. Entonces dijo: "¡Bendito sea Jehovah Dios de Israel, quien con su mano ha cumplido lo que con su boca prometió a mi padre David, diciendo: ‘Desde el día en que saqué a mi pueblo de la tierra de Egipto, no había elegido ninguna ciudad de todas las tribus de Israel para edificar una casa donde estuviese mi nombre, ni había elegido un hombre que fuese el soberano sobre mi pueblo Israel. Pero elegí Jerusalén para que allí estuviera mi nombre, y elegí a David para que estuviese al frente de mi pueblo Israel.’ "Estuvo en el corazón de mi padre David el anhelo de edificar una casa al nombre de Jehovah Dios de Israel. Pero Jehovah dijo a mi padre David: ‘Por cuanto ha estado en tu corazón el anhelo de edificar una casa a mi nombre, has hecho bien al tener esto en tu corazón. Sin embargo, tú no edificarás la casa, sino tu hijo que te nacerá, él edificará la casa a mi nombre.’ "Jehovah ha cumplido su promesa que había hecho, y yo me he levantado en lugar de mi padre David. Me he sentado en el trono de Israel, como Jehovah había prometido, y he edificado la casa al nombre de Jehovah Dios de Israel. Y he puesto allí el arca, en la cual está el pacto de Jehovah que él hizo con los hijos de Israel." Entonces Salomón se puso de pie delante del altar de Jehovah, frente a toda la congregación de Israel, y extendió sus manos. (Pues Salomón había mandado hacer una plataforma de bronce de 5 codos de largo, 5 codos de ancho y 3 codos de alto, y la había puesto en medio del atrio. Se puso de pie sobre ella, e hincando sus rodillas ante toda la congregación de Israel, extendió las manos al cielo.) Y dijo: "¡Oh Jehovah Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni en el cielo ni en la tierra! Tú guardas el pacto y la misericordia para con tus siervos que caminan delante de ti con todo su corazón. Tú has cumplido con tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste. Con tu boca lo prometiste, y con tu mano lo has cumplido, como sucede en este día. Ahora pues, oh Jehovah Dios de Israel, cumple con tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste diciendo: ‘No te faltará delante de mí un hombre que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino para andar en mi ley, como tú has andado delante de mí.’ Ahora pues, oh Jehovah Dios de Israel, sea confirmada tu palabra que hablaste a tu siervo David. "Pero, ¿es verdad que Dios ha de habitar con los hombres sobre la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener. ¡Cuánto menos este templo que he edificado! Sin embargo, oh Jehovah, Dios mío, vuélvete hacia la oración y la plegaria de tu siervo, para oír el clamor y la oración que tu siervo hace delante de ti. Estén abiertos tus ojos de día y de noche hacia este templo, hacia el lugar del cual has dicho que allí estaría tu nombre, para escuchar la oración que tu siervo haga hacia este lugar. Escucha las plegarias de tu siervo y de tu pueblo Israel, cuando oren hacia este lugar. Escucha tú desde el lugar de tu morada, desde los cielos; escucha tú y perdona. "Si alguna persona peca contra su prójimo, y éste le toma juramento al hacerle jurar, y él entra bajo juramento ante tu altar en este templo, entonces escucha tú desde los cielos y actúa. Juzga a tus siervos dando la paga al injusto, haciendo recaer su conducta sobre su cabeza y justificando al justo, dándole conforme a su justicia. "Si tu pueblo Israel es derrotado delante del enemigo por haber pecado contra ti, y ellos se vuelven y confiesan tu nombre, y oran y suplican ante ti en este templo, entonces escucha tú desde los cielos, perdona el pecado de tu pueblo Israel y hazles volver a la tierra que diste a ellos y a sus padres. "Cuando los cielos estén cerrados y no haya lluvia, por haber ellos pecado contra ti; si oran hacia este lugar, confiesan tu nombre y se vuelven de su pecado cuando tú los aflijas, entonces escucha tú en los cielos y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel. Sí, enséñales el buen camino por el que deben andar y dales lluvia sobre tu tierra, la cual has dado a tu pueblo por heredad. "Cuando en la tierra haya hambre; cuando haya peste; cuando haya tizón, añublo, langosta o pulgón, o cuando sus enemigos lo asedien en la tierra de sus ciudades (cualquiera que sea la plaga o la enfermedad), cualquiera que sea la oración o la plegaria que haga algún hombre o todo tu pueblo Israel (cada uno reconociendo su plaga y su dolor, y extendiendo sus manos hacia este templo), entonces escucha tú desde los cielos, el lugar de tu morada, y perdona. Da a cada uno conforme a todos sus caminos, pues conoces su corazón (porque sólo tú conoces el corazón del hombre); a fin de que te teman para andar en tus caminos todos los días que vivan sobre la superficie de la tierra que tú has dado a nuestros padres. "Asimismo, cuando el extranjero que no sea de tu pueblo Israel venga de una tierra lejana a causa de tu gran nombre, de tu poderosa mano y de tu brazo extendido, y venga a orar hacia este templo, entonces escucha tú desde los cielos, el lugar de tu morada. Haz conforme a todo aquello por lo cual el extranjero clame a ti, a fin de que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, te teman como tu pueblo Israel y sepan que este templo que he edificado es llamado por tu nombre. "Si tu pueblo sale a la batalla contra sus enemigos por el camino que los envíes, y ellos oran a ti en dirección a esta ciudad que tú has elegido y a la casa que he edificado a tu nombre, entonces escucha desde los cielos su oración y su plegaria, y ampara su causa. "Si pecan contra ti (pues no hay hombre que no peque), y te enojas contra ellos y los entregas ante el enemigo, y éstos los llevan como cautivos suyos a tierra lejana o cercana; si ellos vuelven en sí en la tierra a donde hayan sido llevados cautivos, y se vuelven y te suplican en la tierra de su cautividad, diciendo: ‘Hemos pecado; hemos hecho iniquidad; hemos actuado impíamente’; si en la tierra de su cautividad, adonde los hayan llevado cautivos, ellos se vuelven a ti con todo su corazón y con toda su alma, y oran en dirección a la tierra que diste a sus padres, a la ciudad que has elegido y al templo que he edificado a tu nombre, entonces escucha desde los cielos, el lugar de tu morada, su oración y sus plegarias, y ampara su causa. Perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti. "Ahora pues, oh Dios mío, por favor, estén abiertos tus ojos y atentos tus oídos a la oración hecha en este lugar. Y ahora, levántate, oh Jehovah Dios; ven al lugar de tu reposo, tú y el arca de tu poder. Tus sacerdotes, oh Jehovah Dios, sean revestidos de salvación, y tus fieles regocíjense en el bien. Oh Jehovah Dios, no rechaces a tu ungido. Acuérdate de tu misericordia para con tu siervo David." Cuando Salomón terminó de orar, descendió fuego del cielo y consumió el holocausto y los sacrificios, y la gloria de Jehovah llenó el templo. Los sacerdotes no pudieron entrar en la casa de Jehovah, porque la gloria de Jehovah había llenado la casa de Jehovah. Todos los hijos de Israel vieron descender el fuego y la gloria de Jehovah sobre el templo, y se postraron con el rostro en tierra sobre el pavimento. Y adoraron y dieron gracias a Jehovah diciendo: "Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia." Entonces el rey y todo el pueblo ofrecieron sacrificios delante de Jehovah. El rey Salomón ofreció en sacrificio 22.000 toros y 120.000 ovejas. Así el rey y todo el pueblo dedicaron la casa de Dios. Los sacerdotes estaban de pie en sus puestos de servicio, y los levitas tenían los instrumentos de música de Jehovah, que el rey David hiciera para dar gracias a Jehovah, "porque para siempre es su misericordia," cuando David alababa con ellos. Los sacerdotes tocaban trompetas frente a ellos, y todo Israel estaba de pie. Entonces Salomón consagró la parte central del atrio que estaba delante de la casa de Jehovah, pues allí ofreció los holocaustos y los sebos de los sacrificios de paz. Porque el altar de bronce que Salomón había hecho no podía contener los holocaustos, las ofrendas vegetales y los sebos. En aquella ocasión Salomón y todo Israel con él, una gran congregación desde Lebo-hamat hasta el arroyo de Egipto, hicieron fiesta durante siete días. Y al octavo día hicieron una asamblea festiva, porque habían celebrado la dedicación del altar en siete días; y celebraron la fiesta durante siete días. El día 23 del mes séptimo, envió al pueblo a sus moradas, alegres y con el corazón gozoso por la bondad que Jehovah había hecho a David, a Salomón y a su pueblo Israel. Salomón acabó la casa de Jehovah y la casa del rey, y todo lo que Salomón se había propuesto en su corazón hacer en la casa de Jehovah y en su propia casa resultó bien. Entonces Jehovah se apareció a Salomón de noche y le dijo: "Yo he escuchado tu oración y he elegido para mí este lugar como casa para los sacrificios. Si cierro los cielos de modo que no haya lluvia, o si mando la langosta para que devore la tierra, o si envío peste a mi pueblo; si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, si oran y buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra. "Ahora mis ojos estarán abiertos y mis oídos atentos a la oración hecha en este lugar. Ahora he elegido y he santificado esta casa para que esté allí mi nombre para siempre. Mis ojos y mi corazón estarán allí todos los días. Y en cuanto a ti, si andas delante de mí como anduvo tu padre David, haciendo todas las cosas que te he mandado y guardando mis leyes y mis decretos, entonces estableceré el trono de tu reino como prometí a tu padre David, diciendo: ‘No te faltará un hombre que gobierne en Israel.’ Pero si vosotros os volvéis y abandonáis mis estatutos y mis mandamientos que he puesto delante de vosotros, y os vais y servís a otros dioses y los adoráis, entonces os arrancaré de mi suelo que os he dado. Y esta casa que he santificado a mi nombre, la apartaré de mi presencia, y la convertiré en refrán y escarnio entre todos los pueblos. En cuanto a esta casa que es sublime, todo el que pase por ella se asombrará y preguntará: ‘¿Por qué ha hecho así Jehovah a esta tierra y a esta casa?’ Y responderán: ‘Porque abandonaron a Jehovah, Dios de sus padres, que los sacó de la tierra de Egipto, y se aferraron a adorar y servir a otros dioses. Por eso él ha traído sobre ellos todo este mal.’" Aconteció al cabo de veinte años, durante los cuales Salomón había edificado la casa de Jehovah y su propia casa, que Salomón reedificó las ciudades que le había dado Hiram, y estableció allí a los hijos de Israel. Después Salomón fue a Hamat de Soba y se apoderó de ella. También reedificó Tadmor en el desierto, y todas las ciudades almacenes que había edificado en Hamat. Después reedificó Bet-jorón Alta y Bet-jorón Baja, ciudades fortificadas con murallas, puertas y cerrojos; Baalat y todas las ciudades almacenes que tenía Salomón, todas las ciudades para los carros y las ciudades para los jinetes; todo lo que Salomón se propuso edificar en Jerusalén, en el Líbano y en toda la tierra bajo su dominio. A todo el pueblo que había quedado de los heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos (que no eran de Israel, sino sus descendientes que habían quedado después de ellos en la tierra, a quienes los hijos de Israel no destruyeron), Salomón los sometió a tributo laboral, hasta el día de hoy. Pero a ninguno de los hijos de Israel sometió a servidumbre para sus obras; porque ellos eran hombres de guerra, jefes de sus comandantes, jefes de sus carros y sus jinetes. Estos jefes de los oficiales que tenía el rey Salomón eran 250, los cuales mandaban sobre aquella gente. Salomón también trasladó a la hija del faraón de la Ciudad de David a la casa que le había edificado, porque dijo: "Ninguna mujer mía ha de vivir en la casa de David, rey de Israel, pues aquellas habitaciones donde ha entrado el arca de Jehovah son sagradas." Entonces Salomón ofreció holocaustos a Jehovah sobre el altar de Jehovah que había edificado delante del pórtico, para que se ofreciese cada cosa en su día, conforme al mandamiento de Moisés, en los sábados, en las lunas nuevas y en las tres festividades anuales: en la fiesta de los Panes sin Levadura, en la fiesta de Pentecostés y en la fiesta de los Tabernáculos. También constituyó los grupos de los sacerdotes en sus oficios, conforme a lo establecido por su padre David. Constituyó a los levitas según sus turnos, para alabar y servir frente a los sacerdotes, haciendo cada cosa en su día. Lo mismo a los porteros según sus grupos, en cada puerta, porque así lo había mandado David, hombre de Dios. No se apartaron del mandato del rey con relación a los sacerdotes y a los levitas en ningún asunto, incluyendo el de los tesoros. Así fue ejecutada toda la obra de Salomón desde el día en que fueron puestos los cimientos de la casa de Jehovah, hasta acabarla. Así quedó terminada la casa de Jehovah. Entonces Salomón fue a Ezión-geber y a Eilat, a orillas del mar, en la tierra de Edom. E Hiram le envió, por medio de sus servidores, barcos y siervos conocedores del mar. Estos fueron con los siervos de Salomón a Ofir y tomaron de allí 450 talentos de oro, y los llevaron al rey Salomón. La reina de Saba oyó de la fama de Salomón y vino a Jerusalén con un gran séquito, con camellos cargados de especias aromáticas, oro en abundancia y piedras preciosas, para probar a Salomón con preguntas difíciles. Cuando vino a Salomón, habló con él de todo lo que tenía en su corazón. Y Salomón respondió a todas sus preguntas; ninguna cosa hubo tan difícil que Salomón no le pudiese responder. La reina de Saba vio la sabiduría de Salomón, la casa que había edificado, los manjares de su mesa, las sillas de sus servidores, la presentación y las vestiduras de sus siervos, sus coperos y sus vestiduras, y los holocaustos que él ofrecía en la casa de Jehovah; y se quedó sin aliento. Entonces dijo al rey: "¡Era verdad lo que había oído en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría! Yo no creía sus palabras, hasta que vine, y mis ojos lo han visto. Y he aquí que no se me había contado ni la mitad de la grandeza de tu sabiduría. Tú superas la fama que yo había oído. ¡Dichosos tus hombres, y dichosos estos servidores tuyos que continuamente están de pie delante de ti y escuchan tu sabiduría! ¡Bendito sea Jehovah tu Dios, que se agradó de ti para ponerte en su trono como rey para Jehovah tu Dios! Porque tu Dios ama a Israel para hacerlo firme para siempre, te ha constituido como su rey, a fin de que practiques el derecho y la justicia." Entonces ella dio al rey 120 talentos de oro, una gran cantidad de especias aromáticas y piedras preciosas. Nunca hubo especias aromáticas como las que la reina de Saba dio al rey Salomón. También los siervos de Hiram y los siervos de Salomón, que traían oro de Ofir, trajeron madera de sándalo y piedras preciosas. Y el rey hizo con la madera de sándalo graderías para la casa de Jehovah y para la casa del rey, además de arpas y liras para los músicos. Nunca antes en la tierra de Judá se habían visto cosas semejantes. El rey Salomón dio a la reina de Saba todo lo que ella quiso pedirle, más de lo que ella había llevado al rey. Entonces ella se volvió y regresó a su tierra, con sus servidores. El peso del oro que le venía a Salomón cada año era de 666 talentos de oro, aparte del de los mercaderes y de los comerciantes importadores. También todos los reyes de Arabia y los gobernadores del país traían oro y plata a Salomón. El rey Salomón hizo 200 escudos grandes de oro trabajado. En cada escudo empleó 600 siclos de oro trabajado. También hizo otros 300 escudos pequeños de oro trabajado. En cada escudo empleó 300 siclos de oro. Y el rey los puso en la Casa del Bosque del Líbano. El rey también hizo un gran trono de marfil, y lo recubrió de oro puro. El trono tenía seis gradas y un estrado recubierto de oro fijado al trono. A ambos lados, junto al asiento, tenía soportes para los brazos, y junto a los brazos había dos leones de pie. Había también allí doce leones de pie, uno a cada lado de las seis gradas. Jamás se hizo algo semejante para ningún reino. Todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y toda la vajilla de la Casa del Bosque del Líbano era de oro fino. En los días de Salomón la plata no era estimada para nada. Porque los barcos del rey iban a Tarsis con los siervos de Hiram; y una vez cada tres años venían los barcos de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales. El rey Salomón superaba a todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabiduría. Y todos los reyes de la tierra procuraban estar en la presencia de Salomón para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón. Año tras año cada uno de ellos le llevaba su presente: objetos de plata, objetos de oro, vestiduras, armas, perfumes, caballos y mulos. Salomón tenía 4.000 establos para los caballos y los carros. También tenía 12.000 jinetes, a los cuales puso en las ciudades de los carros, y en Jerusalén junto al rey. El gobernaba sobre todos los reyes, desde el Río hasta la tierra de los filisteos y hasta la frontera con Egipto. El rey hizo que la plata fuera tan común en Jerusalén como las piedras, y que el cedro fuera tan abundante como los sicómoros que hay en la Sefela. También importaban caballos para Salomón, de Egipto y de todos los países. Los demás hechos de Salomón, los primeros y los últimos, ¿no están escritos en las palabras del profeta Natán, en la profecía de Ajías de Silo y en las visiones del vidente Ido acerca de Jeroboam hijo de Nabat? Salomón reinó 40 años en Jerusalén sobre todo Israel. Salomón reposó con sus padres, y lo sepultaron en la Ciudad de David, su padre. Y su hijo Roboam reinó en su lugar. Entonces Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había ido a Siquem para proclamarle rey. Y sucedió que cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat (quien estaba en Egipto, adonde había huido a causa del rey Salomón), Jeroboam volvió de Egipto. Entonces mandaron a llamarle, y Jeroboam vino con todo Israel, y hablaron a Roboam diciendo: —Tu padre agravó nuestro yugo; pero ahora, alivia tú el duro trabajo y el pesado yugo que tu padre puso sobre nosotros, y te serviremos. El les dijo: —Volved a mí dentro de tres días. El pueblo se fue. Entonces el rey Roboam consultó a los ancianos que habían servido a su padre Salomón, cuando aún vivía, y les preguntó: —¿Cómo aconsejáis vosotros que yo responda a este pueblo? Y ellos le respondieron diciendo: —Si tratas bien a este pueblo, y les aceptas y les hablas buenas palabras, ellos serán tus siervos para siempre. Pero él dejó de lado el consejo que le habían dado los ancianos, y consultó a los jóvenes que se habían criado con él y que estaban a su servicio. Les preguntó: —¿Qué aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo que me ha hablado diciendo: "Alivia el yugo que tu padre puso sobre nosotros"? Entonces los jóvenes que se habían criado con él le contestaron diciendo: —Así responderás al pueblo que ha hablado contigo, diciendo: "Tu padre hizo pesado nuestro yugo; pero tú, hazlo más liviano sobre nosotros"; así les dirás: "Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre. Ahora bien, mi padre cargó sobre vosotros un pesado yugo; pero yo añadiré a vuestro yugo. Mi padre os castigó con látigos; pero yo, con escorpiones." Al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam, como el rey había hablado diciendo: "Volved a mí al tercer día." Entonces el rey les respondió con dureza. El rey Roboam dejó de lado el consejo de los ancianos, y les habló siguiendo el consejo de los jóvenes, diciendo: —Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo. Mi padre os castigó con látigos, pero yo, con escorpiones. El rey no hizo caso del pueblo, porque esto estaba dispuesto de parte de Dios, para que Jehovah cumpliera la palabra que había hablado a Jeroboam hijo de Nabat, por medio de Ajías de Silo. Y viendo todo Israel que el rey no les había hecho caso, el pueblo respondió al rey diciendo: —¿Qué parte tenemos nosotros con David? ¡No tenemos herencia en el hijo de Isaí! ¡Israel, cada uno a su morada! ¡Mira ahora por tu propia casa, oh David! Entonces todo Israel se fue a sus moradas, pero Roboam reinó sobre los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá. Después el rey Roboam envió a Adoniram, que estaba a cargo del tributo laboral; pero los hijos de Israel lo apedrearon, y murió. Entonces el rey Roboam se apresuró a subir en un carro para huir a Jerusalén. Así se rebeló Israel contra la casa de David, hasta el día de hoy. Entonces Roboam llegó a Jerusalén y reunió a los de la casa de Judá y de Benjamín, 180.000 guerreros escogidos, a fin de combatir contra Israel y devolver el reino a Roboam. Pero la palabra de Jehovah vino a Semaías, hombre de Dios, diciendo: "Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a todos los israelitas que están en Judá y Benjamín, diciendo que así ha dicho Jehovah: ‘No subáis ni combatáis contra vuestros hermanos. Volveos cada uno a su casa, porque de parte mía ha sucedido esto.’" Ellos escucharon las palabras de Jehovah y desistieron de ir contra Jeroboam. Roboam habitó en Jerusalén y reedificó ciudades para la defensa de Judá. Reedificó Belén, Etam, Tecoa, Betsur, Soco, Adulam, Gat, Maresa, Zif, Adoraim, Laquis, Azeca, Zora, Ajalón y Hebrón, ciudades fortificadas en Judá y en Benjamín. También reforzó las fortificaciones y puso en ellas comandantes, provisiones, aceite y vino. Proveyó escudos y lanzas a todas las ciudades, y las fortificó en gran manera. Así Judá y Benjamín le estaban sujetos. Los sacerdotes y los levitas que estaban en todo Israel se pasaron a Roboam desde todo su territorio. Los levitas abandonaban sus campos y sus posesiones, y se iban a Judá y a Jerusalén, porque Jeroboam y sus hijos los habían excluido de servir a Jehovah como sacerdotes. Más bien, estableció sus propios sacerdotes para los lugares altos, para los demonios y para los becerros que había hecho. Tras ellos llegaron también personas de todas las tribus de Israel, que habían decidido en su corazón buscar a Jehovah Dios de Israel. Ellos fueron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehovah, Dios de sus padres. Así fortalecieron el reino de Judá y apoyaron a Roboam hijo de Salomón durante tres años, porque tres años anduvieron en los caminos de David y de Salomón. Roboam tomó por mujer a Majalat hija de Jerimot, hijo de David, y de Abihaíl hija de Eliab, hijo de Isaí, la cual le dio a luz estos hijos: Jeús, Semarías y Zaham. Después de ella tomó a Maaca hija de Absalón, la cual le dio a luz a Abías, a Atai, a Ziza y a Selomit. Roboam amaba a Maaca hija de Absalón más que a todas sus otras mujeres y concubinas; pues él tomó dieciocho mujeres y sesenta concubinas, y engendró veintiocho hijos y sesenta hijas. Roboam puso a Abías, hijo de Maaca, como jefe y príncipe entre sus hermanos, a fin de proclamarle rey. Pero con prudencia dispersó al resto de sus hijos por todas las tierras de Judá y de Benjamín, y por todas las ciudades fortificadas, dándoles abundantes provisiones. Y les buscó muchas mujeres. Cuando se consolidó y se fortaleció el reino de Roboam, éste abandonó la ley de Jehovah, y todo Israel con él. Y sucedió que en el quinto año del rey Roboam, por cuanto se habían rebelado contra Jehovah, subió Sisac, rey de Egipto, contra Jerusalén, con 1.200 carros, 60.000 jinetes y gente innumerable que venía con él de Egipto: libios, suquienos y etíopes. Tomó las ciudades fortificadas de Judá y llegó hasta Jerusalén. Entonces el profeta Semaías fue a Roboam y a los gobernadores de Judá, que estaban reunidos en Jerusalén por causa de Sisac, y les dijo: —Así ha dicho Jehovah: "Vosotros me habéis abandonado; por tanto, yo también os he abandonado en mano de Sisac." Los jefes de Israel y el rey se humillaron y dijeron: —Justo es Jehovah. Cuando Jehovah vio que se habían humillado, vino la palabra de Jehovah a Semaías, diciendo: —Se han humillado; no los destruiré. Les daré alguna liberación, y mi ira no se derramará sobre Jerusalén por medio de Sisac. No obstante, serán sus siervos, para que sepan distinguir entre servirme a mí y servir a los reinos de otras tierras. Entonces Sisac, rey de Egipto, subió contra Jerusalén y tomó los tesoros de la casa de Jehovah y los tesoros de la casa del rey; todo lo tomó. También tomó los escudos de oro que había hecho Salomón. En lugar de ellos, el rey Roboam hizo escudos de bronce y los entregó a la custodia de los jefes de la escolta, que guardaban la entrada de la casa del rey. Y sucedía que cuantas veces el rey entraba en la casa de Jehovah, los de la escolta venían y los llevaban, y después los volvían a poner en la cámara de los de la escolta. Como Roboam se había humillado, la ira de Jehovah se apartó de él para no destruirlo del todo. Además, en Judá las cosas marchaban bien. El rey Roboam se hizo fuerte en Jerusalén y reinó. Roboam tenía 41 años cuando comenzó a reinar, y reinó 17 años en Jerusalén, la ciudad que Jehovah había elegido de entre todas las tribus de Israel para poner allí su nombre. El nombre de su madre era Naama la amonita. Roboam hizo lo malo, porque no dispuso su corazón para buscar a Jehovah. Los hechos de Roboam, los primeros y los últimos, ¿no están escritos en las crónicas del profeta Semaías y del vidente Ido acerca del registro familiar? Hubo guerra constante entre Roboam y Jeroboam. Roboam reposó con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David. Y su hijo Abías reinó en su lugar. En el año 18 del rey Jeroboam comenzó a reinar Abías sobre Judá, y reinó tres años en Jerusalén. El nombre de su madre era Maaca hija de Uriel, de Gabaa. Hubo guerra entre Abías y Jeroboam. Abías dispuso la batalla con un ejército de 400.000 hombres de guerra escogidos. Jeroboam preparó la batalla contra él con 800.000 hombres escogidos y valientes. Abías se levantó sobre el monte Zemaraim, que está en la región montañosa de Efraín, y dijo: "Oídme, Jeroboam y todo Israel: ¿No sabéis vosotros que Jehovah Dios de Israel dio a David el reinado sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos, mediante un pacto de sal? Pero Jeroboam hijo de Nabat, servidor de Salomón hijo de David, se levantó y se rebeló contra su señor. Con él se agruparon hombres ociosos y perversos, que pudieron más que Roboam hijo de Salomón, pues Roboam era joven e inmaduro de corazón, y no se mantuvo fuerte ante ellos. Y ahora vosotros tratáis de resistir al reinado de Jehovah que está en manos de los hijos de David, porque sois muchos y tenéis con vosotros los becerros de oro que Jeroboam os hizo como dioses. ¿No habéis excluido a los sacerdotes de Jehovah, los hijos de Aarón, y a los levitas, y os habéis hecho sacerdotes a la manera de los pueblos de otras tierras? Cualquiera que venga a consagrarse con un becerro y siete carneros se convierte en sacerdote de lo que no es Dios. Pero en cuanto a nosotros, Jehovah es nuestro Dios, y no le hemos abandonado. Los sacerdotes que sirven a Jehovah son los hijos de Aarón, y los levitas están en la obra. Ellos ofrecen a Jehovah los holocaustos cada mañana y cada tarde, queman el incienso aromático, hacen la presentación del pan sobre la mesa limpia y encienden el candelabro de oro con sus lámparas, para que ardan cada noche. Nosotros guardamos la ordenanza de Jehovah nuestro Dios, pero vosotros le habéis abandonado. He aquí que Dios está con nosotros, a la cabeza, y sus sacerdotes tienen las trompetas de estrépito para tocar contra vosotros. ¡Oh hijos de Israel, no luchéis contra Jehovah, Dios de vuestros padres; porque no os irá bien!" Pero Jeroboam puso una emboscada a fin de alcanzarlos por la retaguardia, de manera que estaban frente a Judá, pero tenían la emboscada a espaldas de ellos. Judá se volvió, y he aquí que tenían la batalla por delante y por detrás. Entonces clamaron a Jehovah, y los sacerdotes tocaron las trompetas. Los hombres de Judá gritaron con estruendo; y sucedió que mientras gritaban los hombres de Judá, Dios desbarató a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías y de Judá. Los hijos de Israel huyeron delante de Judá, y Dios los entregó en su mano. Abías y su gente les ocasionaron una gran derrota, y de Israel cayeron muertos 500.000 hombres escogidos. Así fueron humillados los hijos de Israel en aquel tiempo, pero los hijos de Judá se hicieron fuertes, porque se apoyaban en Jehovah, Dios de sus padres. Abías persiguió a Jeroboam y le tomó las ciudades de Betel con sus aldeas, Jesana con sus aldeas y Efrón con sus aldeas. Jeroboam no recuperó su poderío en los días de Abías. Después Jehovah lo hirió, y murió. Pero Abías se hizo fuerte. Tomó para sí catorce mujeres, y engendró veintidós hijos y dieciséis hijas. Los demás hechos de Abías, sus caminos y sus palabras están escritos en la historia del profeta Ido. Abías reposó con sus padres, y lo sepultaron en la Ciudad de David. Y su hijo Asa reinó en su lugar, en cuyos días la tierra tuvo tranquilidad durante diez años. Asa hizo lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehovah su Dios. Quitó los altares de culto extraño y los lugares altos, rompió las piedras rituales y quebró los árboles rituales de Asera. Mandó a los de Judá que buscaran a Jehovah, Dios de sus padres, y que pusieran por obra la ley y los mandamientos. Quitó los lugares altos y los altares de incienso de todas las ciudades de Judá. El reino estuvo en calma bajo él, y edificó ciudades fortificadas en Judá, porque había tranquilidad en la tierra. En aquellos años no había guerra contra él, porque Jehovah le había dado reposo. Por tanto, dijo a Judá: "Edifiquemos estas ciudades y rodeémoslas de murallas, torres, puertas y cerrojos, mientras la tierra esté ante nosotros, porque hemos buscado a Jehovah nuestro Dios. Le hemos buscado, y él nos ha dado reposo por todas partes." Entonces edificaron y fueron prosperados. Asa tuvo un ejército de 300.000 de Judá, que llevaba escudos grandes y lanzas; también tuvo 280.000 de Benjamín, quienes llevaban escudos pequeños y disparaban con el arco. Todos eran hombres valientes. Zéraj el etíope salió contra ellos con un ejército de 1.000.000 de hombres y 300 carros, y llegó hasta Maresa. Asa salió contra él, y dispusieron la batalla en el valle de Sefata, junto a Maresa. Asa invocó a Jehovah su Dios, diciendo: "¡Oh Jehovah, no hay otro como tú para ayudar tanto al poderoso como al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Jehovah, Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos y en tu nombre vamos contra esta multitud. ¡Oh Jehovah, tú eres nuestro Dios; no prevalezca contra ti el hombre!" Entonces Jehovah desbarató a los etíopes delante de Asa y de Judá, y los etíopes huyeron. Asa y la gente que estaba con él los persiguieron hasta Gerar. Cayeron tantos de los etíopes que no quedaron sobrevivientes de ellos, porque fueron destrozados delante de Jehovah y de su ejército, y les tomaron un gran botín. Atacaron también todas las ciudades de los alrededores de Gerar, porque el terror de Jehovah había caído sobre éstas. Saquearon todas las ciudades, porque en ellas había mucho botín. Asimismo, cayeron sobre las tiendas de los que tenían ganado, y se llevaron muchas ovejas y camellos. Luego volvieron a Jerusalén. Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Azarías hijo de Oded, quien salió al encuentro de Asa y le dijo: "Oídme, Asa y todo Judá y Benjamín: Jehovah estará con vosotros cuando vosotros estéis con él. Si le buscáis, él se dejará hallar; pero si le abandonáis, él os abandonará. Por mucho tiempo ha estado Israel sin el Dios verdadero, sin sacerdote que les enseñase, y sin ley. Pero cuando en su tribulación se volvieron a Jehovah Dios de Israel y le buscaron, él se dejó hallar por ellos. En aquellos tiempos no había paz ni para el que salía, ni para el que entraba, porque había muchas aflicciones sobre todos los habitantes de los países. Una nación era destruida por otra nación, y una ciudad por otra ciudad, porque Dios los turbaba con toda clase de calamidades. Pero vosotros, esforzaos; no desfallezcan vuestras manos, porque vuestra obra tiene recompensa." Cuando Asa oyó estas palabras y la profecía del profeta Oded, tomó ánimo y quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Judá y de Benjamín, así como de las ciudades que él había tomado en la región montañosa de Efraín. También reparó el altar de Jehovah que estaba delante del pórtico de la casa de Jehovah. Después reunió a todo Judá y Benjamín, y a los que residían con ellos de Efraín, Manasés y Simeón; pues muchos de Israel se habían pasado a él, al ver que Jehovah su Dios estaba con él. Se reunieron, pues, en Jerusalén en el mes tercero del año 15 del reinado de Asa. Aquel día ofrecieron como sacrificio a Jehovah, del botín que habían traído, 700 vacas y 7.000 ovejas. Luego hicieron un pacto prometiendo que buscarían a Jehovah, Dios de sus padres, con todo su corazón y con toda su alma; y que todo el que no buscase a Jehovah Dios de Israel muriese, fuera grande o pequeño, hombre o mujer. Y lo juraron a Jehovah en voz alta y con júbilo, al son de trompetas y de cornetas. Todos los de Judá se alegraron por dicho juramento, porque juraron con todo su corazón. Así buscaron a Jehovah con toda su voluntad, y él se dejó hallar por ellos. Y Jehovah les dio reposo por todas partes. También depuso a Maaca, madre del rey Asa, de ser reina madre, porque ella había hecho una monstruosa imagen de Asera. Asa destruyó la monstruosa imagen, la desmenuzó y la quemó junto al arroyo de Quedrón. Aunque no quitó de Israel los lugares altos, sin embargo, el corazón de Asa fue íntegro todos sus días. El introdujo en la casa de Dios lo que había consagrado su padre y lo que él mismo había consagrado: plata, oro y utensilios. No hubo guerra hasta el año 35 del reinado de Asa. Pero en el año 36 del reinado de Asa, Baasa rey de Israel subió contra Judá y estaba reedificando Ramá para no dejar que ninguno tuviera acceso a Asa, rey de Judá. Entonces Asa sacó plata y oro de los tesoros de la casa de Jehovah y de la casa del rey, y los envió a Ben-hadad, rey de Siria, que habitaba en Damasco, diciendo: "Haya alianza entre tú y yo, como la había entre mi padre y tu padre. He aquí, yo te envío plata y oro; vé y anula tu alianza con Baasa, rey de Israel, para que él se retire de mí." Ben-hadad consintió con el rey Asa. Envió contra las ciudades de Israel a los jefes de sus ejércitos, y atacaron Ijón, Dan, Abel-maim y todas las ciudades almacenes de Neftalí. Cuando Baasa oyó esto, dejó de reedificar Ramá e hizo cesar su obra. Entonces el rey Asa trajo a todo Judá, y se llevaron las piedras y la madera de Ramá, con que Baasa edificaba. Y con ellas reedificó Geba y Mizpa. En aquel tiempo el vidente Hanani fue a Asa, rey de Judá, y le dijo: "Por haberte apoyado en el rey de Siria y no haberte apoyado en Jehovah tu Dios, por eso el ejército del rey de Siria se ha escapado de tu mano. ¿No eran los etíopes y los libios un ejército numerosísimo, con muchos carros y jinetes? Con todo, porque te apoyaste en Jehovah, él los entregó en tu mano. Porque los ojos de Jehovah recorren toda la tierra para fortalecer a los que tienen un corazón íntegro para con él. Locamente has actuado en esto, y de ahora en adelante habrá guerras contra ti." Asa se enojó contra el vidente y lo puso en la cárcel, porque se encolerizó contra él por esto. En aquel tiempo también maltrató a algunos del pueblo. He aquí que los hechos de Asa, los primeros y los últimos, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. En el año 39 de su reinado Asa se enfermó de los pies. Su enfermedad fue muy grave; pero aun en su enfermedad no consultó a Jehovah, sino a los médicos. Asa reposó con sus padres y murió en el año 41 de su reinado, y lo sepultaron en el sepulcro que él había cavado para sí en la Ciudad de David. Lo recostaron en un féretro, el cual llenaron de especias aromáticas y de todo tipo de ungüentos y mezclas de ungüentos, e hicieron una gran hoguera en su honor. En lugar de Asa reinó su hijo Josafat, quien se hizo fuerte contra Israel. Puso tropas en todas las ciudades fortificadas de Judá, y puso destacamentos en la tierra de Judá y en las ciudades de Efraín que su padre Asa había tomado. Jehovah estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de su padre David, y no acudió a los Baales. Más bien, buscó al Dios de su padre, andando según sus mandamientos y no según las obras de Israel. Por eso Jehovah afirmó el reino en su mano. Todo Judá daba presentes a Josafat, y él tuvo riquezas y gloria en abundancia. Elevó su corazón hacia los caminos de Jehovah, y quitó otra vez de Judá los lugares altos y los árboles rituales de Asera. En el tercer año de su reinado envió a sus magistrados—Benjail, Abdías, Zacarías, Natanael y Micaías—, para que enseñasen en las ciudades de Judá. Y con ellos, a los levitas Semaías, Netanías, Zebadías, Asael, Semiramot, Jonatán, Adonías, Tobías y Tob-adonías; y con los levitas, a los sacerdotes Elisama y Joram. Ellos enseñaron en Judá, llevando consigo el libro de la Ley de Jehovah. E hicieron una gira por todas las ciudades de Judá, instruyendo al pueblo. El temor de Jehovah cayó sobre todos los reinos de las tierras que estaban alrededor de Judá, y no hicieron guerra contra Josafat. Algunos de los filisteos traían a Josafat presentes y tributos de plata. También los árabes le llevaban ganado: 7.700 carneros y 7.700 machos cabríos. Josafat se fue engrandeciendo más y más, y edificó en Judá fortalezas y ciudades almacenes. Tenía muchas provisiones en las ciudades de Judá. El tenía en Jerusalén guerreros y hombres valientes. Esta era la lista de ellos, según sus casas paternas: Los jefes de millares de Judá: el jefe Adnas, y con él, 300.000 hombres valientes. A su lado, el jefe Johanán, y con él, 280.000. A su lado, Amasías hijo de Zicri, que se había ofrecido voluntariamente a Jehovah, y con él, 200.000 hombres valientes. Los de Benjamín: Eliada, un hombre valiente, y con él, 200.000 hombres armados de arco y escudo. A su lado, Jozabad, y con él, 180.000 hombres listos para la guerra. Estos eran servidores del rey, sin contar los que el rey había puesto en las ciudades fortificadas, por todo Judá. Josafat tenía riquezas y gloria en abundancia, y emparentó con Acab. Después de algunos años descendió a Samaria para visitar a Acab, por lo que Acab mató muchas ovejas y vacas para él y para la gente que estaba con él. Y le persuadió a que subiese con él a Ramot de Galaad. Acab, rey de Israel, preguntó a Josafat, rey de Judá: —¿Irás conmigo a Ramot de Galaad? Y él le respondió: —Yo soy como eres tú, y mi pueblo como tu pueblo. Iremos contigo a la guerra. Además, Josafat dijo al rey de Israel: —Por favor, consulta hoy la palabra de Jehovah. Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, a 400 hombres, y les preguntó: —¿Iremos a la guerra contra Ramot de Galaad, o desistiré? Ellos respondieron: —Sube, porque Dios la entregará en mano del rey. Entonces preguntó Josafat: —¿No hay aquí todavía algún profeta de Jehovah, para que consultemos por medio de él? El rey de Israel respondió a Josafat: —Todavía hay un hombre por medio del cual podríamos consultar a Jehovah; pero yo le aborrezco, porque no me profetiza el bien, sino el mal, todos sus días. Es Micaías hijo de Imla. Josafat respondió: —No hable así el rey. Entonces el rey de Israel llamó a un funcionario y le dijo: —Trae pronto a Micaías hijo de Imla. El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, vestidos con sus vestiduras reales, estaban sentados, cada uno en su trono, en la era a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos. Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro y decía: —Así ha dicho Jehovah: "¡Con éstos embestirás a los sirios, hasta acabar con ellos!" Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: —Sube a Ramot de Galaad y triunfa, porque Jehovah la entregará en mano del rey. El mensajero que había ido a llamar a Micaías le habló diciendo: —He aquí, las palabras de los profetas unánimemente anuncian el bien al rey. Sea, pues, tu palabra como la de uno de ellos, y anuncia el bien. Pero Micaías respondió: —¡Vive Jehovah, que lo que mi Dios me diga, eso hablaré! Llegó al rey, y el rey le preguntó: —Micaías, ¿iremos a la guerra contra Ramot de Galaad, o desistiré? El respondió: —Subid y triunfad, porque serán entregados en vuestra mano. El rey le dijo: —¿Cuántas veces tengo que hacerte jurar que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehovah? Entonces respondió: —He visto a todo Israel dispersado por los montes como ovejas que no tienen pastor. Y Jehovah dijo: "Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz." Entonces el rey de Israel dijo a Josafat: —¿No te dije que no profetizaría acerca de mí el bien, sino el mal? Luego dijo Micaías: —Escuchad, pues, la palabra de Jehovah: Yo he visto a Jehovah sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba de pie a su derecha y a su izquierda. Entonces Jehovah preguntó: "¿Quién inducirá a Acab, rey de Israel, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?" Y uno respondía de una manera, y otro respondía de otra manera. Entonces salió un espíritu, se puso delante de Jehovah y dijo: "Yo le induciré." Jehovah le preguntó: "¿De qué manera?" Y él respondió: "Saldré y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas." Y Jehovah dijo: "Tú lo inducirás, y también prevalecerás. Sal y hazlo así." Ahora pues, he aquí que Jehovah ha puesto un espíritu de mentira en la boca de estos tus profetas, porque Jehovah ha decretado el mal con respecto a ti. Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla, diciéndole: —¿Por qué camino se apartó de mí el Espíritu de Jehovah, para hablarte a ti? Y Micaías respondió: —¡He aquí, tú lo verás aquel día, cuando te metas de cuarto en cuarto para esconderte! Entonces dijo el rey de Israel: —Tomad a Micaías y hacedlo volver a Amón, alcalde de la ciudad, y a Joás, hijo del rey. Y diles: "El rey ha dicho así: ‘Poned a éste en la cárcel y mantenedle con una escasa ración de pan y de agua, hasta que yo vuelva en paz.’" Y Micaías dijo: —Si logras volver en paz, Jehovah no ha hablado por medio de mí. —Y añadió—: ¡Oídlo, pueblos todos! El rey de Israel subió con Josafat, rey de Judá, a Ramot de Galaad. El rey de Israel dijo a Josafat: —Yo me disfrazaré y entraré en la batalla; pero tú, vístete con tus vestiduras. Entonces el rey de Israel se disfrazó, y entraron en la batalla. Ahora bien, el rey de Siria había mandado a los jefes de los carros que tenía, diciendo: "No luchéis contra chico ni contra grande, sino sólo contra el rey de Israel." Y sucedió que cuando los jefes de los carros vieron a Josafat, dijeron: —¡Este es el rey de Israel! Entonces se dirigieron hacia él para atacarle; pero Josafat gritó, y Jehovah le ayudó. Dios los desvió de él. Y sucedió que al ver los jefes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron de él. Entonces un hombre tiró con su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura y la coraza. Y él dijo al que guiaba el carro: —¡Da la vuelta y sácame de la batalla, porque he sido herido! La batalla arreció aquel día, y el rey de Israel fue sostenido en pie en el carro, frente a los sirios, hasta el atardecer. Y murió al ponerse el sol. Josafat, rey de Judá, volvió en paz a su casa en Jerusalén. Pero el vidente Jehú hijo de Hanani le salió al encuentro y dijo al rey Josafat: —¿Das ayuda al impío y amas a los que aborrecen a Jehovah? Por esto, la ira de Jehovah será contra ti. Sin embargo, se han hallado en ti cosas buenas, porque has eliminado del país los árboles rituales de Asera y has dispuesto tu corazón para buscar a Dios. Josafat habitaba en Jerusalén, pero volvió a salir entre el pueblo desde Beerseba hasta la región montañosa de Efraín, y los hacía volver a Jehovah, Dios de sus padres. También estableció jueces en la tierra, de ciudad en ciudad, en todas las ciudades fortificadas de Judá. Y dijo a los jueces: "Mirad lo que hacéis, porque no juzgáis en lugar del hombre, sino en lugar de Jehovah, quien estará con vosotros en materia de juicio. Ahora pues, que el temor de Jehovah esté en vosotros. Actuad cuidadosamente, porque con Jehovah nuestro Dios no hay maldad, ni distinción de personas, ni aceptación de soborno." Josafat también estableció en Jerusalén a algunos de los levitas, de los sacerdotes y de los jefes de las casas paternas, para la administración de la justicia de Jehovah y para los pleitos de los habitantes de Jerusalén. Y les mandó diciendo: "Habréis de proceder con temor de Jehovah, con fidelidad y con corazón íntegro. En cualquier pleito que traigan a vosotros vuestros hermanos que habitan en sus ciudades (sean delitos de sangre o cuestiones de instrucción, mandamientos, leyes o decretos), habéis de advertirles a fin de que no pequen contra Jehovah y que no haya ira contra vosotros y contra vuestros hermanos. Al obrar de este modo, no tendréis culpabilidad. He aquí que el sumo sacerdote Amarías será quien os presida en cualquier asunto de Jehovah. Zebadías hijo de Ismael, dirigente de la tribu de Judá, os presidirá en cualquier asunto del rey. Los levitas también actuarán delante de vosotros como oficiales. Esforzaos y actuad, y Jehovah esté con el bueno." Aconteció después de esto que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos algunos de los amonitas, salieron a la guerra contra Josafat. Entonces fueron e informaron a Josafat diciendo: "Una gran multitud viene contra ti de la otra orilla del mar, de Edom. Y he aquí que están en Hazezón-tamar, que es En-guedi." Josafat tuvo temor, se propuso consultar a Jehovah e hizo pregonar ayuno en todo Judá. Se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehovah, y de todas las ciudades de Judá vinieron para buscar a Jehovah. Entonces Josafat se puso de pie ante la congregación de Judá y de Jerusalén, en la casa de Jehovah, delante del atrio nuevo, y dijo: "Oh Jehovah, Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, que gobiernas en todos los reinos de las naciones y que tienes en tu mano fuerza y poder, de modo que nadie te pueda resistir? ¿No fuiste tú, oh Dios nuestro, el que echaste a los habitantes de esta tierra de la presencia de tu pueblo Israel y la diste a la descendencia de tu amigo Abraham para siempre? Ellos han habitado en ella y han edificado allí un santuario a tu nombre, diciendo: ‘Si el mal viniese sobre nosotros (espada de juicio, peste o hambre), nos presentaremos delante de este templo y delante de ti, porque tu nombre está en este templo. A ti clamaremos en nuestra tribulación, y tú nos escucharás y librarás.’ "Ahora pues, he aquí que los hijos de Amón, los de Moab y los de la región montañosa de Seír (la tierra de los cuales no quisiste que Israel atravesase cuando venía de la tierra de Egipto, por lo que se apartaron de ellos y no los destruyeron); he aquí que ahora ellos nos pagan viniendo a expulsarnos de la heredad que tú nos has dado en posesión. Oh Dios nuestro, ¿no los juzgarás tú? Porque nosotros no disponemos de fuerzas contra esta multitud tan grande que viene contra nosotros. No sabemos qué hacer, pero en ti ponemos nuestros ojos." Todo Judá estaba de pie delante de Jehovah, con sus pequeños, sus mujeres y sus hijos. También estaba allí Yajaziel hijo de Zacarías, hijo de Benaías, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita de los hijos de Asaf, sobre el cual vino el Espíritu de Jehovah en medio de la congregación, y dijo: "Oíd, todo Judá y habitantes de Jerusalén, y tú, oh rey Josafat, así os ha dicho Jehovah: ‘No temáis ni desmayéis delante de esta multitud tan grande, porque la batalla no será vuestra, sino de Dios. Descended mañana contra ellos. He aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los encontraréis en el extremo del valle, frente al desierto de Jeruel. En esta ocasión, vosotros no tendréis que luchar. Deteneos, estaos quietos y ved la victoria que Jehovah logrará para vosotros. ¡Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis! ¡Salid mañana a su encuentro, y Jehovah estará con vosotros!’" Entonces Josafat inclinó su rostro a tierra. Del mismo modo, todo Judá y los habitantes de Jerusalén se postraron delante de Jehovah, y adoraron a Jehovah. Luego se levantaron los levitas de los hijos de Cohat y de los hijos de Coré, para alabar con fuerte y alta voz a Jehovah Dios de Israel. Se levantaron muy de mañana y salieron hacia el desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat se puso de pie y dijo: "Oídme, Judá y habitantes de Jerusalén: ¡Creed en Jehovah vuestro Dios, y estaréis seguros! ¡Creed a sus profetas y seréis prosperados!" Después de consultar con el pueblo, designó a algunos de ellos para que cantasen a Jehovah y le alabasen en la hermosura de la santidad, mientras iban delante del ejército, diciendo: "¡Alabad a Jehovah, porque para siempre es su misericordia!" Cuando comenzaron el canto y la alabanza, Jehovah puso emboscadas contra los hijos de Amón, los de Moab y los de la región montañosa de Seír que habían venido contra Judá, y fueron derrotados. Los hijos de Amón y de Moab se levantaron contra los de la región montañosa de Seír, para destruirlos por completo y aniquilarlos. Cuando habían acabado con los de la región montañosa de Seír, cada cual contribuyó a la destrucción de su campañero. Cuando los de Judá llegaron a cierta altura que domina el desierto, miraron hacia la multitud; y he aquí que ellos yacían muertos en tierra. Ninguno había escapado. Entonces Josafat y su gente fueron para despojarlos, y entre los cadáveres hallaron muchas riquezas, tanto vestidos como objetos preciosos, los que arrebataron para sí en tal cantidad que les era imposible llevar. Tres días duró el despojo, porque era mucho. Al cuarto día se congregaron en el valle de Berajá. Allí bendijeron a Jehovah; por eso llamaron el nombre de aquel lugar valle de Berajá, hasta hoy. Todos los hombres de Judá y de Jerusalén, con Josafat a la cabeza, partieron gozosos para regresar a Jerusalén; porque Jehovah les había dado gozo sobre sus enemigos. Llegaron a Jerusalén, a la casa de Jehovah, con liras, arpas y trompetas. Y cuando oyeron que Jehovah había combatido contra los enemigos de Israel, el temor de Dios cayó sobre todos los reinos de aquellas tierras. Entonces el reino de Josafat tuvo tranquilidad, porque su Dios le dio reposo por todas partes. Así reinó Josafat sobre Judá. Tenía 35 años cuando comenzó a reinar, y reinó 25 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Azuba hija de Silji. El anduvo en el camino de su padre Asa, sin apartarse de él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehovah. Sin embargo, los lugares altos no fueron quitados, pues el pueblo aún no había dispuesto su corazón hacia el Dios de sus padres. Los demás hechos de Josafat, los primeros y los últimos, he aquí que están escritos en las crónicas de Jehú hijo de Hanani, las cuales fueron incluidas en el libro de los reyes de Israel. Pasadas estas cosas Josafat, rey de Judá, se asoció con Ocozías, rey de Israel, quien era dado a la impiedad. Josafat lo hizo su socio para hacer barcos que fueran a Tarsis, y construyeron barcos en Ezión-geber. Entonces Eliezer hijo de Dodava, de Maresa, profetizó contra Josafat diciendo: "Porque te has asociado con Ocozías, Jehovah destruirá tus obras." Y los barcos se destrozaron y no pudieron ir a Tarsis. Josafat reposó con sus padres y fue sepultado con ellos en la Ciudad de David. Y su hijo Joram reinó en su lugar. Joram tenía estos hermanos, hijos de Josafat: Azarías, Yejiel, Zacarías, Azariahu, Micael y Sefatías. Todos éstos eran hijos de Josafat, rey de Judá. Su padre les había dado muchos regalos de plata, oro y cosas preciosas, junto con ciudades fortificadas en Judá; pero a Joram le había dado el reino, porque él era el primogénito. Joram ascendió al trono de su padre, y después que se hizo fuerte, mató a espada a todos sus hermanos y también a algunos de los jefes de Israel. Joram tenía 32 años cuando comenzó a reinar, y reinó 8 años en Jerusalén. El anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab, porque tenía por mujer a una hija de Acab. E hizo lo malo ante los ojos de Jehovah. Sin embargo, Jehovah no quiso destruir la casa de David, a causa del pacto que había hecho con David. Porque había prometido darle una lámpara a él, y a sus hijos, continuamente. En sus días Edom se rebeló contra el dominio de Judá, y constituyeron un rey sobre ellos. Entonces Joram fue con sus oficiales y todos sus carros con él. Y sucedió que levantándose de noche, atacó a los edomitas que les habían cercado a él y a los jefes de los carros. Así se rebeló Edom contra el dominio de Judá, hasta el día de hoy. Por aquel tiempo, también Libna se rebeló contra su dominio, porque él había abandonado a Jehovah, Dios de sus padres. Además, edificó lugares altos en los montes de Judá e hizo que los habitantes de Jerusalén se prostituyeran; y a lo mismo empujó a Judá. Entonces le llegó una carta del profeta Elías que decía: Así ha dicho Jehovah, Dios de tu padre David: "Por cuanto no has andado en los caminos de tu padre Josafat, ni en los caminos de Asa, rey de Judá, sino que has andado en los caminos de los reyes de Israel y has hecho que Judá y los habitantes de Jerusalén se prostituyan, como se ha prostituido la casa de Acab, y además has asesinado a tus hermanos, a la familia de tu padre, los cuales eran mejores que tú, he aquí que por eso Jehovah traerá una gran plaga sobre tu pueblo, sobre tus hijos, sobre tus mujeres y sobre todos tus bienes. Y a ti te herirá con muchas enfermedades. Una enfermedad de los intestinos ocasionará que éstos se te salgan a causa de la enfermedad, día tras día." Jehovah despertó contra Joram el espíritu de los filisteos y de los árabes que estaban al lado de los etíopes, y subieron contra Judá y la invadieron. Luego tomaron todos los bienes que hallaron en el palacio real, y también a sus hijos y a sus mujeres. No le quedó más hijo que Ocozías, el menor de sus hijos. Después de todo esto Jehovah lo hirió con una enfermedad incurable en sus intestinos. Y sucedió que con el transcurso de los días, al final de dos años, se le salieron los intestinos a causa de su enfermedad, y murió con graves dolores. Su pueblo no hizo una hoguera por él, como la habían hecho por sus padres. Tenía 32 años cuando comenzó a reinar, y reinó 8 años en Jerusalén; y se fue sin ser deseado. Lo sepultaron en la Ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes. Los habitantes de Jerusalén proclamaron rey en su lugar a Ocozías, su hijo menor, porque una banda armada que había venido con los árabes al campamento había matado a todos los mayores. Por eso asumió el reinado Ocozías hijo de Joram, rey de Judá. Ocozías tenía 22 años cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. El nombre de su madre era Atalía hija de Omri. El anduvo en los caminos de la casa de Acab, porque su madre le aconsejaba a que actuase impíamente. E hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, como la casa de Acab; porque después de la muerte de su padre, ellos le aconsejaban para su perdición. También siguió sus consejos y con Joram hijo de Acab, rey de Israel, fue a la guerra contra Hazael, rey de Siria, en Ramot de Galaad. Los sirios hirieron a Joram, y éste volvió a Jezreel para curarse de las heridas que le habían ocasionado en Ramot cuando combatía contra Hazael, rey de Siria. Entonces Ocozías hijo de Joram, rey de Judá, descendió a Jezreel para ver a Joram hijo de Acab, porque éste estaba enfermo. La caída de Ocozías, al visitar a Joram, ocurrió de parte de Dios, pues cuando llegó, salió con Joram contra Jehú hijo de Nimsi, al cual Jehovah había ungido para que exterminase a la casa de Acab. Y sucedió que cuando Jehú ejecutaba juicio contra la casa de Acab, encontró a los jefes de Judá y a los hijos de los hermanos de Ocozías, que servían a Ocozías, y los mató. Después mandó buscar a Ocozías, y lo capturaron en Samaria, donde se había escondido; lo llevaron a Jehú y lo mataron. Y le dieron sepultura, porque dijeron: "Era hijo de Josafat, quien buscó a Jehovah con todo su corazón." No quedó nadie de la casa de Ocozías para retener el poder del reino. Cuando Atalía, madre de Ocozías, vio que su hijo había muerto, se levantó y exterminó a toda la descendencia real de la casa de Judá. Pero Josabet, hija del rey, tomó a Joás hijo de Ocozías, lo sacó a escondidas de entre los hijos del rey a quienes estaban dando muerte, y puso a él y a su nodriza en un dormitorio. Josabet, hija del rey Joram y mujer del sacerdote Joyada (siendo ella hermana de Ocozías), lo escondió de Atalía, para que no lo matara. Y estuvo escondido con ellos en la casa de Dios seis años. Entre tanto, Atalía reinaba en el país. Al séptimo año, Joyada cobró ánimo y trajo, para hacer un convenio con él, a jefes de centenas: Azarías hijo de Jerojam, Ismael hijo de Johanán, Azarías hijo de Obed, Maasías hijo de Adaías y Elisafat hijo de Zicri. Ellos recorrieron Judá y reunieron a los levitas de todas las ciudades de Judá y a los jefes de las casas paternas de Israel, y fueron a Jerusalén. Entonces toda la congregación hizo un convenio con el rey en la casa de Dios, y Joyada les dijo: —He aquí el hijo del rey, el cual reinará, como Jehovah ha prometido acerca de los hijos de David. Esto es lo que habéis de hacer: Una tercera parte de vosotros, los sacerdotes y los levitas que entráis de turno el sábado, estaréis de porteros. Otra tercera parte estará en la casa del rey, y la otra tercera parte estará en la puerta del Cimiento. Todo el pueblo estará en los atrios de la casa de Jehovah, pero nadie entrará en la casa de Jehovah, excepto los sacerdotes y los levitas que sirven. Estos podrán entrar, porque están consagrados; y todo el pueblo guardará la ordenanza de Jehovah. Entonces los levitas formarán un círculo alrededor del rey, cada uno con sus armas en su mano. Cualquiera que entre en el templo morirá. Estaréis con el rey cuando entre y cuando salga. Los levitas y todo Judá hicieron conforme a todo lo que había mandado el sacerdote Joyada. Tomaron cada uno a sus hombres, a los que habían de entrar el sábado y a los que habían de salir el sábado, porque el sacerdote Joyada no dio licencia a los grupos. El sacerdote Joyada dio a los jefes de centenas las lanzas y los escudos pequeños y grandes que habían sido del rey David, y que estaban en la casa de Dios. Luego puso a toda la gente en su lugar, cada uno con su lanza en la mano, desde el lado sur del templo hasta el lado norte del templo, entre el altar y el templo, alrededor del rey. Luego sacaron al hijo del rey, le pusieron la corona, le dieron el testimonio y le proclamaron rey. Joyada y sus hijos lo ungieron diciendo: —¡Viva el rey! Cuando Atalía oyó el bullicio de la gente que corría y loaba al rey, se acercó a la gente en la casa de Jehovah. Y cuando miró, he aquí que el rey estaba de pie junto a su columna, a la entrada. Los magistrados y los que tocaban las trompetas estaban junto al rey. Todo el pueblo de la tierra se regocijaba y tocaba las trompetas, y los cantores dirigían la alabanza con instrumentos musicales. Entonces Atalía rasgó sus vestidos y gritó: —¡Conspiración! ¡Conspiración! Luego el sacerdote Joyada sacó a los jefes de centenas que estaban al mando del ejército, y les dijo: —¡Sacadla de entre las filas; y el que la siga sea muerto a espada! Porque el sacerdote había dicho que no la matasen en la casa de Jehovah. Entonces le echaron mano, y cuando ella llegó a la entrada de la puerta de los Caballos de la casa del rey, allí la mataron. Joyada hizo un pacto entre él, todo el pueblo y el rey, de que serían el pueblo de Jehovah. Después todo el pueblo entró en el templo de Baal, y lo destruyeron. Rompieron sus altares y sus imágenes, y delante de los altares mataron a Matán, sacerdote de Baal. Luego Joyada designó oficiales para la casa de Jehovah, a cargo de los sacerdotes levitas, a quienes David había organizado para estar a cargo de la casa de Jehovah, a fin de ofrecer los holocaustos de Jehovah, como está escrito en la ley de Moisés, con alegría y canto, conforme a lo establecido por David. También puso porteros junto a las puertas de la casa de Jehovah, para que no entrase ninguna persona impura por cualquier razón. Después tomó a los jefes de centenas, a los poderosos, a los que gobernaban el pueblo y a todo el pueblo de la tierra; e hizo descender al rey desde la casa de Jehovah. Entraron en la casa del rey por la puerta superior, e hicieron que el rey se sentase en el trono del reino. Todo el pueblo de la tierra se regocijó, y la ciudad estaba en calma, después que a Atalía le habían dado muerte a espada. Joás tenía 7 años cuando comenzó a reinar, y reinó 40 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Sibia, de Beerseba. Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, todo el tiempo del sacerdote Joyada. Joyada tomó para el rey dos mujeres, y éste engendró hijos e hijas. Aconteció después de esto que Joás decidió reparar la casa de Jehovah. Entonces reunió a los sacerdotes y a los levitas, y les dijo: —Recorred las ciudades de Judá y reunid de todo Israel el dinero para reparar de año en año la casa de vuestro Dios. Poned diligencia en este asunto. Pero los levitas no pusieron diligencia. Entonces el rey llamó a Joyada, el sumo sacerdote, y le dijo: —¿Por qué no has requerido de los levitas que traigan de Judá y de Jerusalén la contribución que Moisés, siervo de Jehovah, y la congregación de Israel establecieron para el tabernáculo del testimonio? Pues los hijos de la malvada Atalía habían arruinado la casa de Dios, y también habían empleado para los Baales todas las cosas sagradas de la casa de Jehovah. Entonces el rey dijo que hiciesen un cofre, que pusieron fuera, junto a la puerta de la casa de Jehovah. Luego hicieron pregonar en Judá y en Jerusalén que trajesen a Jehovah la contribución que Moisés, siervo de Dios, había establecido para Israel en el desierto. Entonces se regocijaron todos los jefes y todo el pueblo, y traían sus contribuciones y las echaban en el cofre, hasta llenarlo. Y sucedía que cuando llegaba el tiempo para llevar el cofre al oficial del rey por medio de los levitas, y cuando veían que había mucho dinero, el escriba del rey y el oficial del sumo sacerdote iban y vaciaban el cofre, y lo tomaban y lo volvían a poner en su lugar. Así lo hacían a diario, y recogían mucho dinero. Luego el rey y Joyada lo entregaban a los que hacían la obra de reparación de la casa de Jehovah. Así contrataban canteros y carpinteros para que restauraran la casa de Jehovah; igualmente trabajadores en hierro y en bronce, para que reparasen la casa de Jehovah. Los obreros trabajaban, y la obra de restauración progresó en sus manos. Restauraron la casa de Dios a su primer estado y la reforzaron. Cuando acabaron, llevaron al rey y a Joyada lo que quedó del dinero, y con él hicieron utensilios para la casa de Jehovah: utensilios para el servicio y para ofrecer holocaustos, cucharas y utensilios de oro y de plata. Continuamente ofrecían holocaustos en la casa de Jehovah, todos los días de Joyada. Entonces Joyada envejeció y murió lleno de años. Tenía 130 años cuando murió, y lo sepultaron en la Ciudad de David, junto con los reyes, porque había hecho bien en Israel para con Dios y su casa. Después de la muerte de Joyada vinieron los jefes de Judá y se postraron ante el rey, y el rey los escuchó. Entonces abandonaron la casa de Jehovah, Dios de sus padres, y rindieron culto a los árboles rituales de Asera y a los ídolos. Y la ira de Dios vino contra Judá y contra Jerusalén, a causa de esta culpa suya. Sin embargo, les envió profetas para que los hiciesen volver a Jehovah; y éstos les amonestaron, pero ellos no escucharon. Entonces el Espíritu de Dios invistió a Zacarías, hijo del sacerdote Joyada, quien se puso de pie donde estaba más alto que el pueblo y les dijo: —Así ha dicho Dios: "¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehovah? No prosperaréis; porque por haber abandonado a Jehovah, él también os abandonará." Pero ellos conspiraron contra él, y por mandato del rey lo apedrearon en el atrio de la casa de Jehovah. El rey Joás no se acordó de la bondad que Joyada, padre de Zacarías, había mostrado con él. Más bien, mató a su hijo, quien dijo al morir: "¡Jehovah lo vea y lo demande!" Aconteció que al año siguiente subió contra él el ejército de Siria. Vinieron a Judá y a Jerusalén, destruyeron de entre la población a todos los magistrados del pueblo y enviaron todo su botín al rey en Damasco. Aunque el ejército de Siria había venido con poca gente, Jehovah entregó en su mano un ejército muy numeroso, porque habían abandonado a Jehovah, Dios de sus padres. Así ejecutaron juicio contra Joás. Cuando los sirios se alejaron de él, lo dejaron gravemente enfermo. Después conspiraron contra él sus servidores, a causa de la sangre del hijo del sacerdote Joyada. Lo hirieron de muerte en su cama, y murió. Y lo sepultaron en la Ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes. Los que conspiraron contra él fueron Zabad, hijo de Simeat la amonita, y Jozabad, hijo de Simrit la moabita. Lo referente a sus hijos, a las muchas profecías acerca de él y a la restauración de la casa de Jehovah, he aquí que está escrito en la historia del libro de los reyes. Y su hijo Amasías reinó en su lugar. Amasías tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reinó 29 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Joadán, de Jerusalén. El hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, aunque no con un corazón íntegro. Sucedió que cuando el reino se consolidó con él, mató a sus servidores que habían herido de muerte al rey, su padre. Pero no dio muerte a los hijos de ellos, conforme a lo que está escrito en la Ley, en el libro de Moisés, donde Jehovah mandó diciendo: Los padres no morirán por culpa de los hijos, ni los hijos morirán por culpa de los padres; sino que cada cual morirá por su propio pecado. Después Amasías reunió a los de Judá y los organizó por todo Judá y Benjamín, de acuerdo con sus casas paternas, bajo jefes de millares y de centenas. Luego contó a los de 20 años para arriba y halló que eran 300.000 escogidos para ir a la guerra, los cuales portaban lanza y escudo. Además, tomó a sueldo a 100.000 hombres valientes de Israel, por 100 talentos de plata. Entonces un hombre de Dios fue a él y dijo: —Oh rey, que no vaya contigo el ejército de Israel; porque Jehovah no está con Israel ni con ninguno de los hijos de Efraín. Aunque tú fueras y te esforzaras en la batalla, Dios te haría fracasar delante del enemigo. Porque en Dios hay poder para ayudar o para hacer fracasar. Amasías preguntó al hombre de Dios: —¿Qué será, pues, de los 100 talentos de plata que he dado al ejército de Israel? El hombre de Dios respondió: —Jehovah puede darte mucho más que eso. Entonces Amasías apartó las tropas que habían venido a él de Efraín, para que se fuesen a sus casas. Ellos se enojaron muchísimo contra Judá y se volvieron a sus casas enfurecidos. Pero Amasías se esforzó y guió a su pueblo; fue al valle de la Sal y mató a 10.000 de los hijos de Seír. Los hijos de Judá tomaron vivos a otros 10.000, que llevaron a la cumbre de un peñasco y de allí los despeñaron, y todos se hicieron pedazos. Pero las tropas que Amasías había despedido para que no fuesen con él a la batalla, saquearon las ciudades de Judá desde Samaria hasta Bet-jorón, mataron a 3.000 de ellos y se llevaron mucho despojo. Pero sucedió que después que Amasías vino de la matanza de los edomitas, trajo consigo los dioses de los hijos de Seír y los puso como dioses para sí, y se inclinó ante ellos y les quemó incienso. Entonces el furor de Jehovah se encendió contra Amasías, y le envió un profeta que le dijo: —¿Por qué has acudido a los dioses de ese pueblo, que no pudieron librar a su pueblo de tu mano? Y sucedió que cuando el profeta le habló estas cosas, él le respondió: —¿Te hemos puesto a ti por consejero del rey? ¡Cállate! ¿Por qué te han de matar? Entonces el profeta concluyó diciendo: —Yo sé que Dios ha decidido destruirte, porque has hecho esto y no has escuchado mi consejo. Después de haber tomado consejo Amasías, rey de Judá, mandó a decir a Joás hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel: "¡Ven, y veámonos las caras!" Y Joás, rey de Israel, mandó a decir a Amasías, rey de Judá: "El cardo que está en el Líbano mandó a decir al cedro que está en el Líbano: ‘Da tu hija a mi hijo por mujer.’ Entonces pasó una fiera salvaje del Líbano y pisoteó el cardo. Tú dices: ‘He aquí, he derrotado a Edom’, y tu corazón se ha envanecido, y te glorías. Ahora pues, quédate en tu casa. ¿Por qué provocas un mal, en que puedas caer tú y Judá contigo?" Pero Amasías no quiso escuchar, porque esto estaba determinado por Dios, quien los quería entregar en mano de sus enemigos, porque habían acudido a los dioses de Edom. Entonces Joás, rey de Israel, subió; y se enfrentaron él y Amasías, rey de Judá, en Bet-semes, que pertenece a Judá. Los de Judá fueron derrotados ante Israel y huyeron, cada uno a su morada. Entonces Joás, rey de Israel, prendió en Bet-semes a Amasías, rey de Judá e hijo de Joás, hijo de Ocozías; y lo llevó a Jerusalén. Y abrió una brecha en el muro de Jerusalén, desde la puerta de Efraín hasta la puerta de la Esquina, 400 codos. Luego tomó todo el oro, la plata y todos los utensilios que se hallaban en la casa de Dios con Obed-edom, y los tesoros de la casa del rey. También tomó rehenes y regresó a Samaria. Amasías hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás hijo de Joacaz, rey de Israel. Los demás hechos de Amasías, los primeros y los últimos, ¿no están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel? Desde el tiempo en que Amasías se apartó de Jehovah, hicieron una conspiración contra él en Jerusalén. El huyó a Laquis, pero enviaron gente tras él a Laquis, y lo mataron allí. Después lo llevaron sobre caballos y lo sepultaron con sus padres, en la Ciudad de David. Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Uzías, que tenía 16 años de edad, y lo proclamaron rey en lugar de su padre Amasías. El reedificó Eilat y la restituyó a Judá, después que el rey reposó con sus padres. Uzías tenía 16 años cuando comenzó a reinar, y reinó 52 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Jecolía, de Jerusalén. El hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, conforme a todas las cosas que había hecho su padre Amasías. Se propuso buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en las visiones de Dios; y en el tiempo en que buscó a Jehovah, Dios le prosperó. Salió y combatió contra los filisteos, y abrió brecha en el muro de Gat, en el muro de Yabne y en el muro de Asdod. Edificó ciudades en la zona de Asdod y entre los filisteos. Dios le ayudó contra los filisteos, contra los árabes que habitaban en Gur-baal y contra los meunitas. Los amonitas dieron tributo a Uzías, y su nombre se difundió hasta la entrada de Egipto, porque se había hecho poderoso en extremo. Uzías también edificó torres en Jerusalén, junto a la puerta de la Esquina, junto a la puerta del Valle y junto al ángulo, y las fortificó. También edificó torres en el desierto y cavó muchos pozos, porque tenía mucho ganado, tanto en la Sefela como en la costa. Tuvo también agricultores y viñadores en la región montañosa y en los campos fértiles, porque era amante de la agricultura. Uzías mantuvo un ejército entrenado para la batalla, que salía a la campaña por divisiones, conforme al número de su lista hecha por el escriba Jeiel y por el oficial Maasías, bajo la dirección de Ananías, uno de los funcionarios del rey. El número total de los jefes de las casas paternas al frente de los guerreros valientes era de 2.600. Bajo su mando estaba un ejército de 307.500 guerreros, una fuerza poderosa para ayudar al rey contra los enemigos. Uzías preparó para todo el ejército escudos, lanzas, cascos, cotas de malla, arcos y piedras para las hondas. En Jerusalén hizo máquinas, ingeniosamente diseñadas por técnicos, para que estuviesen en las torres y en las esquinas, a fin de lanzar dardos y grandes piedras. Su fama se difundió muy lejos, porque halló ayuda de manera sorprendente, hasta que se hizo fuerte. Cuando Uzías se hizo fuerte, su corazón se enalteció hasta corromperse. El actuó con infidelidad contra Jehovah su Dios y entró en la casa de Jehovah para quemar incienso en el altar del incienso. El sacerdote Azarías entró tras él, y ochenta sacerdotes de Jehovah con él, hombres valientes. Estos se pusieron contra el rey Uzías y le dijeron: —¡No te corresponde a ti, oh Uzías, quemar incienso a Jehovah, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que han sido consagrados para ello! ¡Sal del santuario, porque has actuado mal! ¡Esto no te servirá de gloria delante de Jehovah Dios! Pero Uzías, quien tenía en su mano un incensario para quemar incienso, se llenó de ira. Y al airarse contra los sacerdotes, brotó lepra en su frente, en presencia de los sacerdotes, en la casa de Jehovah, junto al altar del incienso. El sumo sacerdote Azarías y todos los sacerdotes lo vieron, y he aquí que él tenía leprosa la frente. Entonces le hicieron salir aprisa de allí. El mismo se apresuró a salir, porque Jehovah lo había herido. El rey Uzías quedó leproso hasta el día de su muerte. Siendo leproso habitó aislado en una casa, porque había sido excluido de la casa de Jehovah. Su hijo Jotam tenía a su cargo la casa del rey y gobernaba al pueblo de la tierra. Los demás hechos de Uzías, los primeros y los últimos, los ha escrito el profeta Isaías hijo de Amoz. Uzías reposó con sus padres, y lo sepultaron con sus padres en el campo de sepultura de los reyes, aunque dijeron: "El es leproso." Y su hijo Jotam reinó en su lugar. Jotam tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reinó 16 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Jerusa hija de Sadoc. El hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, conforme a todas las cosas que había hecho su padre Uzías, salvo que no entró en el templo de Jehovah. Sin embargo, el pueblo continuaba corrompiéndose. Jotam edificó la puerta superior de la casa de Jehovah e hizo muchas edificaciones en la muralla del Ofel. Edificó ciudades en la región montañosa de Judá, y fortalezas y torres en los bosques. También hizo guerra contra el rey de los hijos de Amón, a los cuales venció. Aquel año los hijos de Amón le dieron 100 talentos de plata, 10.000 coros de trigo y 10.000 coros de cebada. Esto mismo le dieron los hijos de Amón el segundo y el tercer año. Jotam se hizo fuerte, porque dispuso sus caminos delante de Jehovah su Dios. Los demás hechos de Jotam, todas sus guerras y sus actividades, he aquí que están escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá. Tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reinó 16 años en Jerusalén. Jotam reposó con sus padres, y lo sepultaron en la Ciudad de David. Y su hijo Acaz reinó en su lugar. Acaz tenía 20 años cuando comenzó a reinar, y reinó 16 años en Jerusalén. El no hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, en contraste con su padre David. Anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y aun hizo de metal fundido imágenes de los Baales. Quemó incienso en el valle de Ben-hinom e hizo pasar por fuego a sus hijos, conforme a las prácticas abominables de las naciones que Jehovah había echado de delante de los hijos de Israel. Asimismo, ofreció sacrificios y quemó incienso en los lugares altos, sobre las colinas y debajo de todo árbol frondoso. Entonces Jehovah su Dios lo entregó en mano del rey de Siria; ellos lo derrotaron y le tomaron muchos cautivos, a los cuales llevaron a Damasco. También fue entregado en mano del rey de Israel, el cual le ocasionó una gran derrota. Pécaj hijo de Remalías mató en Judá a 120.000 en un solo día, todos hombres valientes, porque habían abandonado a Jehovah, Dios de sus padres. También Zicri, un hombre poderoso de Efraín, mató a Maasías, hijo del rey, a Azricam, encargado del palacio, y a Elcana que era segundo después del rey. Los hijos de Israel también tomaron cautivos a 200.000 de sus hermanos: mujeres, hijos e hijas. Además, tomaron de ellos un gran botín y se lo llevaron a Samaria. Había allí un profeta de Jehovah que se llamaba Oded, el cual salió al encuentro del ejército, cuando llegaba a Samaria, y les dijo: —He aquí, fue debido a que Jehovah, Dios de vuestros padres, estaba airado contra Judá, que la entregó en vuestra mano. Pero vosotros los habéis matado con tal saña que ha llegado hasta el cielo. Y ahora habéis determinado someter a los hijos de Judá y de Jerusalén como vuestros siervos y siervas. ¿No sois vosotros los verdaderos culpables ante Jehovah vuestro Dios? Ahora pues, escuchadme y haced volver a los cautivos que habéis tomado de vuestros hermanos, porque el furor de la ira de Jehovah está sobre vosotros. Entonces se levantaron contra los que venían de la guerra algunos hombres de los jefes de los hijos de Efraín (Azarías hijo de Johanán, Berequías hijo de Mesilemot, Ezequías hijo de Salum y Amasa hijo de Hadlai), y les dijeron: —No traigáis acá a los cautivos, porque esto nos hará culpables delante de Jehovah. Vosotros tratáis de añadir sobre nuestros pecados y sobre nuestra culpa, a pesar de que ya es grande nuestra culpa y de que el furor de su ira está sobre Israel. Entonces el ejército abandonó a los cautivos y el botín delante de los jefes y de toda la congregación. Unos hombres que fueron designados por nombre se levantaron, tomaron a los cautivos y vistieron del botín a todos los que entre ellos estaban desnudos. Los vistieron, los calzaron y les dieron de comer y de beber. Los ungieron, condujeron en asnos a todos los débiles, y los llevaron hasta Jericó, la ciudad de las palmeras, junto a sus hermanos. Después regresaron a Samaria. En aquel tiempo el rey Acaz envió a pedir ayuda al rey de Asiria, porque otra vez habían venido los edomitas y habían atacado a los de Judá, llevándose cautivos. Asimismo, los filisteos habían hecho una incursión en las ciudades de la Sefela y del Néguev de Judá, y habían tomado Bet-semes, Ajalón, Gederot, Soco con sus aldeas, Timna con sus aldeas y Gimzo con sus aldeas; y habitaron en ellas. Ciertamente Jehovah humilló a Judá por causa de Acaz, rey de Judá, porque él había permitido la corrupción en Judá y había actuado gravemente contra Jehovah. Tiglat-pileser, rey de Asiria, vino a él, pero lo redujo a estrechez en lugar de fortalecerlo. A pesar de que Acaz había despojado la casa de Jehovah, la casa del rey y las casas de los gobernadores, para darlo al rey de Asiria, éste no le prestó ayuda. En el tiempo de su aflicción el rey Acaz persistió en su infidelidad a Jehovah, porque ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que le habían derrotado. Y dijo: "Puesto que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo también les ofreceré sacrificios, para que me ayuden a mí." Pero ellos fueron los que lo hicieron fracasar a él y a todo Israel. Además de esto, Acaz recogió los utensilios de la casa de Dios. Destrozó los utensilios de la casa de Dios, y cerró las puertas de la casa de Jehovah. Se hizo altares en todos los rincones de Jerusalén. E hizo lugares altos en todas las ciudades de Judá, para quemar incienso a otros dioses, provocando a ira a Jehovah, Dios de sus padres. Los demás hechos de Acaz, todos su caminos, los primeros y los últimos, he aquí que están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. Acaz reposó con sus padres, y lo sepultaron en la ciudad de Jerusalén, pero no lo pusieron en los sepulcros de los reyes de Israel. Y su hijo Ezequías reinó en su lugar. Ezequías comenzó a reinar cuando tenía 25 años, y reinó 29 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Abía hija de Zacarías. El hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, conforme a todas las cosas que había hecho su padre David. En el mes primero del primer año de su reinado, abrió las puertas de la casa de Jehovah y las reparó. Hizo venir a los sacerdotes y a los levitas, los reunió en la plaza oriental y les dijo: —Oídme, oh levitas: Purificaos ahora, y purificad luego la casa de Jehovah, Dios de vuestros padres, sacando del santuario la inmundicia. Porque nuestros padres han sido infieles y han hecho lo malo ante los ojos de Jehovah, nuestro Dios. Ellos le han abandonado, han apartado sus rostros del tabernáculo de Jehovah, y le han vuelto las espaldas. Incluso han cerrado las puertas del pórtico y han apagado las lámparas. No han quemado incienso ni han ofrecido holocaustos en el santuario al Dios de Israel. Por eso la ira de Jehovah ha venido sobre Judá y Jerusalén, y los ha entregado a turbación, horror y escarnio, como lo veis con vuestros propios ojos. He aquí que por esto nuestros padres han caído a espada, y nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres están cautivos. Ahora pues, yo he decidido hacer un pacto con Jehovah Dios de Israel, para que aparte de nosotros el furor de su ira. Ahora pues, hijos míos, no seáis negligentes, porque Jehovah os ha escogido a fin de que estéis delante de él y le sirváis, para que seáis sus servidores y le queméis incienso." Entonces se levantaron los levitas Majat hijo de Amasai y Joel hijo de Azarías, de los hijos de Cohat; Quis hijo de Abdi y Azarías hijo de Jehalelel, de los hijos de Merari; Jóaj hijo de Zima y Edén hijo de Jóaj, de los hijos de Gersón; Simri y Jeiel, de los hijos de Elizafán; Zacarías y Matanías, de los hijos de Asaf; Yejiel y Simi, de los hijos de Hemán: Semaías y Uziel, de los hijos de Jedutún. Estos reunieron a sus hermanos, se purificaron y entraron para limpiar la casa de Jehovah, conforme al mandato del rey, basado en la palabra de Jehovah. Los sacerdotes entraron en la parte interior de la casa de Jehovah para limpiarla. Sacaron al atrio de la casa de Jehovah toda la inmundicia que hallaron en el templo de Jehovah, y los levitas la tomaron para sacarla fuera, al arroyo de Quedrón. Comenzaron a purificarlo el primero del mes primero. El octavo día del mismo mes entraron en el pórtico de Jehovah y purificaron la casa de Jehovah en ocho días. Y acabaron el día 16 del mes primero. Luego pasaron adentro, ante el rey Ezequías, y le dijeron: —Ya hemos limpiado toda la casa de Jehovah, el altar del holocausto y todos sus utensilios; igualmente, la mesa de la presentación y todos sus utensilios. Asimismo, hemos preparado y consagrado todos los utensilios que en su infidelidad había puesto de lado el rey Acaz mientras reinaba. He aquí, ellos están delante del altar de Jehovah. El rey Ezequías se levantó muy de mañana, reunió a los dirigentes de la ciudad y subió a la casa de Jehovah. Llevaron siete toros, siete carneros, siete corderos y siete machos cabríos para hacer un sacrificio por el pecado a favor del reino, del santuario y de Judá. Y mandó a los sacerdotes hijos de Aarón que los ofreciesen como holocausto sobre el altar de Jehovah. Entonces mataron los toros, y los sacerdotes tomaron la sangre y la esparcieron sobre el altar. Mataron luego los carneros y esparcieron la sangre sobre el altar. Asimismo, mataron los corderos y esparcieron la sangre sobre el altar. Después hicieron acercar ante el rey y la multitud los machos cabríos de la ofrenda por el pecado, y pusieron sus manos sobre ellos. Entonces los sacerdotes los degollaron y con su sangre hicieron un sacrificio por el pecado en el altar, para hacer expiación por todo Israel. Porque el rey había ordenado el holocausto y el sacrificio por el pecado, por todo Israel. También puso a los levitas en la casa de Jehovah, con címbalos, liras y arpas, conforme al mandato de David, de Gad, vidente del rey, y del profeta Natán; porque éste fue el mandamiento de Jehovah por medio de sus profetas. Así que los levitas estuvieron de pie con los instrumentos de David, y los sacerdotes con las trompetas. Entonces Ezequías mandó que se ofreciera el holocausto sobre el altar. Y cuando el holocausto empezó a ser ofrecido, comenzó el canto a Jehovah con las trompetas y los instrumentos de David, rey de Israel. Toda la congregación adoraba mientras resonaba el canto y sonaban las trompetas, todo hasta acabarse el holocausto. Cuando acabaron de ofrecer el holocausto, el rey y todos los que estaban con él se arrodillaron y adoraron. Entonces el rey Ezequías y los dirigentes mandaron a los levitas que alabasen a Jehovah con las palabras de David y del vidente Asaf. Y ellos alabaron con grande gozo, y se inclinaron y adoraron. Luego Ezequías tomó la palabra y dijo: —Ahora vosotros os habéis consagrado a Jehovah. Acercaos y presentad sacrificios y ofrendas de acción de gracias en la casa de Jehovah. Entonces la multitud presentó sacrificios y ofrendas de acción de gracias, y todos los de corazón generoso ofrecieron holocaustos. El número de los holocaustos que trajo la asamblea fue de 70 toros, 100 carneros y 200 corderos; todos éstos fueron para el holocausto a Jehovah. Las ofrendas consagradas fueron de 600 toros y 3.000 ovejas. Sin embargo, los sacerdotes eran pocos y no bastaban para desollar todos los holocaustos, de modo que sus hermanos los levitas les ayudaron, hasta que acabaron la obra y hasta que los sacerdotes se purificaron. Porque los levitas habían sido más concienzudos que los sacerdotes en purificarse. Así, pues, hubo una gran cantidad de holocaustos, con los sebos de los sacrificios de paz y con las libaciones de cada holocausto. Así quedó restablecido el servicio de la casa de Jehovah. Ezequías y todo el pueblo se alegraron por lo que Dios había realizado a favor del pueblo, porque la cosa se había hecho con rapidez. Ezequías envió mensajeros por todo Israel y Judá, y también escribió cartas a los de Efraín y Manasés para que acudieran a Jerusalén, a la casa de Jehovah, para celebrar la Pascua de Jehovah Dios de Israel. El rey había tomado el acuerdo, junto con sus magistrados y con toda la congregación en Jerusalén, de celebrar la Pascua en el mes segundo. No la habían podido celebrar a su debido tiempo, porque los sacerdotes no se habían purificado en número suficiente, ni el pueblo se había reunido en Jerusalén. Esto les pareció bien al rey y a toda la asamblea, y determinaron pasar una proclama por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan, para que acudieran a celebrar la Pascua a Jehovah Dios de Israel, en Jerusalén. Porque hacía mucho tiempo que no la habían celebrado según estaba escrito. Fueron, pues, los mensajeros por todo Israel y Judá, con cartas de parte del rey y de sus magistrados, como el rey lo había mandado, que decían: Oh hijos de Israel, volveos a Jehovah, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, para que él se vuelva a los que han escapado y sobrevivido de mano de los reyes de Asiria. No seáis como vuestros padres y como vuestros hermanos, que actuaron con infidelidad a Jehovah, Dios de sus padres, por lo cual él los entregó a la desolación, como vosotros veis. Ahora pues, no endurezcáis vuestra cerviz como vuestros padres. Someteos a Jehovah, y venid a su santuario que él ha santificado para siempre. Servid a Jehovah vuestro Dios, y el furor de su ira se apartará de vosotros. Porque si os volvéis a Jehovah, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia delante de quienes los llevaron cautivos, y volverán a esta tierra. Porque Jehovah vuestro Dios es clemente y misericordioso, y si vosotros os volvéis a él, no esconderá de vosotros su rostro. Los mensajeros pasaron de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y de Manasés, y hasta Zabulón; pero se reían de ellos y los ridiculizaban. Solamente algunos hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón se humillaron y fueron a Jerusalén. También en Judá se manifestó la mano de Dios, dándoles un solo corazón para cumplir el mandato del rey y de los magistrados, conforme a las palabras de Jehovah. En el mes segundo se reunió en Jerusalén mucha gente, una gran congregación, para celebrar la fiesta de los panes sin levadura. Luego se levantaron y quitaron los altares que había en Jerusalén. También quitaron los altares de incienso, y los echaron al arroyo de Quedrón. Entonces sacrificaron la víctima de la Pascua el 14 del mes segundo. Los sacerdotes y los levitas estaban avergonzados y se purificaron, y llevaron holocaustos a la casa de Jehovah. Tomaron su respectivo lugar conforme a lo establecido en la ley de Moisés, hombre de Dios, y los sacerdotes esparcían la sangre que recibían de mano de los levitas. Puesto que había muchos en la congregación que no estaban purificados, los levitas estuvieron a cargo del sacrificio de las víctimas de la Pascua, por todos los que no se habían purificado, a fin de consagrarlas a Jehovah. La mayoría de la gente, muchos de Efraín, de Manasés, de Isacar y de Zabulón, no se había purificado; pero comieron la víctima de la Pascua, aunque no de acuerdo con lo prescrito. Pero Ezequías oró por ellos diciendo: "Jehovah, que es bueno, perdone a todo aquel que ha preparado su corazón para buscar a Dios, a Jehovah, Dios de sus padres, aunque no sea de acuerdo con la purificación ritual." Y Jehovah escuchó a Ezequías y sanó al pueblo. Así los hijos de Israel que se hallaban en Jerusalén celebraron la fiesta de los Panes sin Levadura, durante siete días, con gran gozo. Los levitas y los sacerdotes alababan a Jehovah día tras día, cantando a Jehovah con instrumentos resonantes. Ezequías habló al corazón de todos los levitas que demostraban tener buen conocimiento de Jehovah, y durante siete días comieron la porción asignada, ofreciendo sacrificios de paz y dando gracias a Jehovah, Dios de sus padres. Entonces toda la congregación determinó que se celebrase otros siete días. Y celebraron otros siete días con alegría. Porque Ezequías, rey de Judá, había dado para la congregación 1.000 toros y 7.000 ovejas; y también los magistrados habían dado para la congregación 1.000 toros y 10.000 ovejas, y muchos sacerdotes ya se habían purificado. Toda la congregación de Judá se regocijó, como también los sacerdotes, los levitas y toda la congregación que había venido de Israel. Asimismo los forasteros que habían venido de la tierra de Israel y los que habitaban en Judá. Hubo gran alegría en Jerusalén, porque no había habido cosa semejante en Jerusalén desde los días de Salomón hijo de David, rey de Israel. Después los sacerdotes y los levitas se levantaron y bendijeron al pueblo. Y su voz fue oída, y su oración llegó a su santa morada, al mismo cielo. Cuando se acabó todo esto, todos los de Israel que habían estado presentes fueron por las ciudades de Judá; rompieron las piedras rituales, cortaron los árboles rituales de Asera y derribaron los lugares altos y los altares en todo Judá y Benjamín, y también en Efraín y Manasés, hasta acabar con ellos. Después todos los hijos de Israel regresaron a sus ciudades, cada uno a su posesión. Ezequías constituyó los grupos de los sacerdotes y de los levitas, conforme a sus grupos, y cada uno según su oficio (tanto los sacerdotes como los levitas), para los holocaustos y los sacrificios de paz; a fin de que sirviesen, diesen gracias y alabasen en las puertas de la morada de Jehovah. El rey contribuyó con una parte de su patrimonio para los holocaustos: para los holocaustos de la mañana y de la tarde, y para los holocaustos de los sábados, de las lunas nuevas y de las fiestas solemnes, como está escrito en la ley de Jehovah. También mandó al pueblo que habitaba en Jerusalén que diesen a los sacerdotes y a los levitas la porción que les correspondía, para que se mantuviesen dedicados a la ley de Jehovah. Cuando fue divulgada esta orden, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino nuevo, aceite, miel y de todos los frutos de la tierra. Asimismo, trajeron en abundancia los diezmos de todas las cosas. También los hijos de Israel y de Judá que habitaban en las ciudades de Judá trajeron los diezmos de las vacas y de las ovejas, y los diezmos de las cosas consagradas a Jehovah su Dios, y lo acumularon en montones. Comenzaron a hacer aquellos montones en el mes tercero, y acabaron en el mes séptimo. Ezequías y los magistrados fueron a ver los montones, y bendijeron a Jehovah y a su pueblo Israel. Ezequías preguntó a los sacerdotes y a los levitas acerca de los montones. Y Azarías, sumo sacerdote de la casa de Sadoc, le respondió: "Desde que comenzaron a traer la ofrenda a la casa de Jehovah, hemos comido y nos hemos saciado, y ha sobrado mucho. Porque Jehovah ha bendecido a su pueblo, y ha sobrado esta gran cantidad." Entonces Ezequías mandó que preparasen unas cámaras en la casa de Jehovah. Las prepararon y pusieron fielmente en ellas las ofrendas, los diezmos y las cosas consagradas. A cargo de ello estaban el oficial Conanías, levita, y su hermano Simei, segundo en rango. Yejiel, Azazías, Najat, Asael, Jerimot, Jozabad, Eliel, Ismaquías, Majat y Benaías eran supervisores bajo el mando de Conanías y de su hermano Simei, por disposición del rey Ezequías y de Azarías, director de la casa de Dios. El levita Coré hijo de Imna, guardia de la puerta oriental, estaba encargado de las ofrendas voluntarias hechas a Dios, de la distribución de las contribuciones a Jehovah y de las cosas más sagradas. Bajo su mando estaban Edén, Miniamín, Jesúa, Semaías, Amarías y Secanías en las ciudades de los sacerdotes encargados de distribuir con fidelidad a sus hermanos sus porciones, conforme a sus grupos, desde el mayor hasta el menor; a los varones, de acuerdo con sus genealogías, de tres años para arriba, todos los que entraban en la casa de Jehovah, para realizar su tarea diaria, según su servicio, en sus deberes y de acuerdo con sus grupos. Lo mismo a los sacerdotes inscritos en las genealogías, según sus casas paternas, y a los levitas de 20 años para arriba, conforme a sus deberes y a sus grupos. Ellos estaban inscritos en el registro con todos sus bebés, sus mujeres, sus hijos e hijas, de toda la asamblea, porque con fidelidad se consagraban a las cosas sagradas. Además, para los hijos de Aarón, los sacerdotes, que estaban en los campos alrededor de sus ciudades, había hombres designados por nombre en cada una de las ciudades, para que dieran porciones a cada varón entre los sacerdotes y a todos los levitas registrados en las genealogías. De esta manera hizo Ezequías en todo Judá. El hizo lo bueno, lo recto y lo verdadero delante de Jehovah su Dios. El buscó a su Dios en toda obra que emprendió en el servicio de la casa de Dios y en la ley y los mandamientos. Lo hizo de todo corazón y fue prosperado. Después de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib, rey de Asiria; e invadió Judá y acampó contra las ciudades fortificadas, con la intención de conquistarlas. Al ver que había venido Senaquerib y que su propósito era combatir contra Jerusalén, Ezequías tomó consejo con sus generales y sus valientes para cegar los manantiales de aguas que estaban fuera de la ciudad; y ellos le apoyaron. Se reunió mucha gente, y cegaron todos los manantiales y el arroyo que corría a través del territorio, diciendo: "¿Por qué han de hallar tanta agua los reyes de Asiria, cuando vengan?" Ezequías se animó y reconstruyó toda la muralla que tenía brechas, y sobre ella levantó torres y edificó por fuera otra muralla. Fortificó el Milo en la Ciudad de David, e hizo muchas lanzas y muchos escudos. También designó comandantes de guerra sobre el pueblo; y los hizo reunir ante él en la plaza de la puerta de la ciudad, y les habló al corazón diciendo: "Esforzaos y sed valientes; no temáis ni desmayéis ante el rey de Asiria, ni ante toda la multitud que viene con él; porque más poderoso es el que está con nosotros que el que está con él. Con él está un brazo de carne; pero con nosotros está Jehovah, nuestro Dios, para ayudarnos y para llevar a cabo nuestras batallas." Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías, rey de Judá. Después de esto Senaquerib, rey de Asiria, que estaba sitiando Laquis con todas sus fuerzas, envió sus servidores a Jerusalén para decir a Ezequías, rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusalén: "Así ha dicho Senaquerib, rey de Asiria: ¿En qué confiáis vosotros que permanecéis sitiados en Jerusalén? ¿No os engaña Ezequías, para entregaros a morir de hambre y de sed, diciendo: ‘Jehovah nuestro Dios nos librará de mano del rey de Asiria’? ¿No es éste aquel cuyos lugares altos y cuyos altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: ‘Delante de un solo altar adoraréis, y sobre él quemaréis incienso’? ¿No sabéis lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de aquellas tierras? ¿Pudieron los dioses de las naciones de aquellas tierras librar sus tierras de mi mano? ¿Cuál de todos los dioses de aquellas naciones que mis padres destruyeron por completo pudo salvar a su pueblo de mi mano, para que vuestro dios pueda libraros de mi mano? Ahora pues, ¡no os engañe Ezequías, ni os haga errar de esta manera! ¡No le creáis! Porque ningún dios de ninguna nación ni reino ha podido librar a su pueblo de mi mano ni de la mano de mis padres. ¡Cuánto menos vuestro dios os podrá librar de mi mano!" Estas y otras cosas hablaron sus servidores contra Jehovah Dios y contra su siervo Ezequías. Además, escribió cartas en las que afrentaba a Jehovah Dios de Israel, y hablaba contra él diciendo: "Como los dioses de las naciones de otras tierras no pudieron librar a sus pueblos de mi mano, tampoco el dios de Ezequías librará a su pueblo de mi mano." Entonces gritaron a gran voz en hebreo al pueblo de Jerusalén que estaba sobre la muralla, para atemorizarlos e infundirles miedo, a fin de poder tomar la ciudad. Hablaron del Dios de Jerusalén como de los dioses de los pueblos de la tierra, que son obra de manos de hombres. Entonces el rey Ezequías y el profeta Isaías hijo de Amoz oraron acerca de esto y clamaron a los cielos. Y Jehovah envió un ángel, el cual hirió a todos los guerreros esforzados, a los oficiales y a los jefes en el campamento del rey de Asiria. Senaquerib se volvió a su tierra con el rostro avergonzado. Y cuando entró en el templo de su dios, algunos de sus propios hijos lo mataron allí a espada. Así libró Jehovah a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de mano de Senaquerib, rey de Asiria, y de mano de todos. Y les dio reposo en derredor. Muchos traían a Jerusalén ofrendas para Jehovah, y preciosos regalos para Ezequías, rey de Judá. Y después de esto fue engrandecido ante todas las naciones. En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte y oró a Jehovah. El le respondió y le dio una señal milagrosa. Pero Ezequías no correspondió al bien que le había sido hecho; antes bien, se enalteció su corazón, y el furor de Dios vino contra él, contra Judá y contra Jerusalén. Pero después que se enalteció su corazón, Ezequías se humilló, junto con los habitantes de Jerusalén; y el furor de Jehovah dejó de venir sobre ellos en los días de Ezequías. Ezequías tuvo muchísimas riquezas y gloria. Adquirió tesoros de plata y oro, piedras preciosas, especias aromáticas, escudos y toda clase de objetos valiosos. También tuvo depósitos para los productos del grano, del vino nuevo y del aceite, establos para toda clase de ganado y rediles para los rebaños. Adquirió ciudades, rebaños de ovejas y vacas en gran abundancia, porque Dios le dio muchísimas posesiones. El mismo Ezequías cegó la salida de las aguas de Guijón Alto, y las condujo directamente hacia abajo, hacia el oeste, a la Ciudad de David. Ezequías tuvo éxito en todo lo que hizo, excepto en el asunto de los intermediarios de los jefes de Babilonia, que fueron enviados a él para investigar el prodigio que había acontecido en el país. Dios lo abandonó para probarlo, a fin de conocer todo lo que estaba en su corazón. Los demás hechos de Ezequías y sus obras piadosas, he aquí que están escritos en la visión del profeta Isaías hijo de Amoz y en el libro de los reyes de Judá y de Israel. Ezequías reposó con sus padres, y lo sepultaron en la subida de los sepulcros de los hijos de David. Todo Judá y los habitantes de Jerusalén le honraron en su muerte. Y su hijo Manasés reinó en su lugar. Manasés tenía 12 años cuando comenzó a reinar, y reinó 55 años en Jerusalén. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, conforme a las prácticas abominables de las naciones que Jehovah había echado de delante de los hijos de Israel. Volvió a edificar los lugares altos que su padre Ezequías había destruido. Erigió altares a los Baales, hizo árboles rituales de Asera, y se postró ante todo el ejército de los cielos y les rindió culto. También edificó altares en la casa de Jehovah, de la cual Jehovah había dicho: "En Jerusalén estará mi nombre para siempre." Edificó altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehovah. Hizo pasar por fuego a sus hijos en el valle de Ben-hinom; practicó la magia, la adivinación y la hechicería; evocó a los muertos y practicó el espiritismo. Abundó en hacer lo malo ante los ojos de Jehovah, provocándole a ira. La imagen tallada del ídolo que había hecho, él la puso en la casa de Dios, de la cual Dios había dicho a David y a su hijo Salomón: "En esta casa y en Jerusalén, que he elegido entre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre. No volveré a quitar los pies de Israel de la tierra que yo he establecido para vuestros padres, con tal de que procuren hacer todas las cosas que les he mandado: toda la ley, los estatutos y los decretos, dados por medio de Moisés." Manasés hizo que Judá y los habitantes de Jerusalén se desviaran; e hicieron lo malo, más que las naciones que Jehovah había destruido ante los hijos de Israel. Jehovah habló a Manasés y a su pueblo, pero no escucharon. Por ello Jehovah trajo contra ellos a los jefes del ejército del rey de Asiria, quienes aprisionaron con ganchos a Manasés, y lo llevaron a Babilonia atado con cadenas de bronce. Sin embargo, cuando fue puesto en angustia, imploró el favor de Jehovah su Dios y se humilló mucho delante del Dios de sus padres. El oró a Dios, quien aceptó su oración y escuchó su súplica, y lo hizo volver a Jerusalén y a su reino. Entonces Manasés reconoció que Jehovah es Dios. Después de esto edificó la muralla exterior de la Ciudad de David, al oeste de Guijón, en el valle, hasta la entrada de la puerta del Pescado, y cercó el Ofel, elevándola mucho. También puso oficiales del ejército en todas las ciudades fortificadas de Judá. Quitó de la casa de Jehovah los dioses extraños y el ídolo, asimismo todos los altares que había edificado en el monte de la casa de Jehovah y en Jerusalén; y los echó fuera de la ciudad. Luego restauró el altar de Jehovah, y sobre él ofreció sacrificios de paz y de acción de gracias, y mandó a los de Judá que sirviesen a Jehovah Dios de Israel. Sin embargo, el pueblo seguía ofreciendo sacrificios en los lugares altos, aunque sólo a Jehovah su Dios. Los demás hechos de Manasés, su oración a su Dios y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de Jehovah Dios de Israel, he aquí que están escritos en las crónicas de los reyes de Israel. Asimismo, su oración y cómo fue escuchado, todo su pecado e infidelidad, los sitios donde edificó lugares altos y puso árboles rituales de Asera e imágenes, antes de que se humillase, he aquí que están escritos en las crónicas de los videntes. Manasés reposó con sus padres, y lo sepultaron en su casa. Y su hijo Amón reinó en su lugar. Amón tenía 22 años cuando comenzó a reinar, y reinó 2 años en Jerusalén. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, como había hecho su padre Manasés. Amón ofrecía sacrificios y rendía culto a todos los ídolos que había hecho su padre Manasés. Pero nunca se humilló delante de Jehovah, como se humilló su padre. Al contrario, Amón añadió más a su culpa. Sus servidores conspiraron contra él y lo mataron en su casa. Pero el pueblo de la tierra mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón. Luego, en su lugar, el pueblo de la tierra proclamó rey a su hijo Josías. Josías tenía 8 años cuando comenzó a reinar, y reinó 31 años en Jerusalén. El hizo lo recto ante los ojos de Jehovah, y anduvo en los caminos de su padre David, sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. A los ocho años de su reinado, siendo aún muchacho, comenzó a buscar al Dios de su padre David. Y a los doce años comenzó a limpiar Judá y Jerusalén de los lugares altos, de los árboles rituales de Asera, de las imágenes talladas y de las imágenes de fundición. Delante de él derribaron los altares de los Baales; destrozó los altares de incienso que estaban puestos encima y quebró los árboles rituales de Asera. Redujo a polvo las imágenes talladas y las imágenes de fundición, y esparció el polvo sobre los sepulcros de los que les habían ofrecido sacrificios. Quemó sobre sus altares los huesos de los sacerdotes, y limpió a Judá y a Jerusalén. Lo mismo hizo en las ciudades de Manasés, Efraín, Simeón y hasta en Neftalí y en sus ruinas alrededor. Derribó, pues, los altares y quebró los árboles rituales de Asera y los ídolos hasta hacerlos polvo, y destrozó los altares de incienso en toda la tierra de Israel. Después regresó a Jerusalén. En el año 18 de su reinado, cuando acabó de purificar la tierra y el templo, envió a Safán hijo de Azalías, a Maasías el alcalde de la ciudad y al cronista Jóaj hijo de Joacaz, para que reparasen la casa de Jehovah su Dios. Estos fueron al sumo sacerdote Hilquías y le dieron el dinero que había sido traído a la casa de Dios, dinero que los levitas que guardaban la puerta habían recogido de los de Manasés y Efraín, y de todo el remanente de Israel, de todo Judá y de Benjamín y de los habitantes de Jerusalén. Ellos lo entregaron en manos de los que hacían la obra, los que estaban encargados de la casa de Jehovah; y éstos lo entregaron a los que hacían la obra y trabajaban en la casa de Jehovah, para reparar y restaurar la casa. Lo entregaron a los carpinteros y constructores, a fin de comprar piedra labrada y madera para las uniones, y para poner vigas a los edificios que los reyes de Judá habían dejado arruinar. Estos hombres procedían con fidelidad en la obra. Los que estaban encargados de ellos para dirigirlos eran Yajat y Abdías, levitas de los hijos de Merari, y Zacarías y Mesulam, de los hijos de Cohat, y todos los levitas expertos en los instrumentos de música. También estaban encargados de los cargadores y dirigían a todos los que se ocupaban en diversos aspectos de la obra. Entre los levitas también había escribas, oficiales y porteros. Al sacar el dinero que había sido traído a la casa de Jehovah, el sacerdote Hilquías halló el libro de la Ley de Jehovah, dada por medio de Moisés. Entonces Hilquías habló al escriba Safán diciendo: —He hallado el libro de la Ley en la casa de Jehovah. E Hilquías entregó el libro a Safán. Entonces Safán llevó el libro al rey, y además le dio informes diciendo: —Tus siervos han cumplido todo lo que les fue encargado. Ellos han vaciado el dinero que se halló en la casa de Jehovah, y lo han entregado en manos de los que están encargados, en manos de los que hacen la obra. —Asimismo, el escriba Safán declaró al rey diciendo—: El sacerdote Hilquías me ha dado un libro. Safán leyó en él delante del rey. Y sucedió que cuando el rey escuchó las palabras de la Ley, rasgó sus vestiduras. Luego el rey mandó a Hilquías, a Ajicam hijo de Safán, a Abdón hijo de Micaías, al escriba Safán y a Asaías el siervo del rey, diciendo: —Id y consultad a Jehovah por mí y por los sobrevivientes de Israel y de Judá, respecto a las palabras del libro que ha sido hallado. Porque grande es la ira de Jehovah que ha sido derramada sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no guardaron el mandamiento de Jehovah de hacer conforme a todo lo que está escrito en este libro. Entonces Hilquías y los hombres del rey fueron a la profetisa Hulda, esposa de Salum hijo de Ticva, hijo de Jarjas, guarda de las vestiduras, la cual vivía en el Segundo Barrio de Jerusalén; y hablaron con ella de este asunto. Y ella les dijo: —Así ha dicho Jehovah Dios de Israel: "Decid al hombre que os ha enviado a mí, que así ha dicho Jehovah: ‘He aquí yo traeré el mal sobre este lugar y sobre sus habitantes, es decir, todas las maldiciones que están escritas en el libro que han leído delante del rey de Judá. Porque me han abandonado y han quemado incienso a otros dioses, provocándome a ira con todas las obras de sus manos. Por eso se derramará mi ira sobre este lugar, y no será apagada.’" Así diréis al rey de Judá que os ha enviado para consultar a Jehovah: "Así ha dicho Jehovah Dios de Israel con respecto a las palabras que has escuchado: ‘Por cuanto tu corazón se ha enternecido y te has humillado delante de Dios, cuando escuchaste sus palabras contra este lugar y contra sus habitantes; por cuanto te humillaste delante de mí y rasgaste tus vestiduras y lloraste en mi presencia, yo también te he escuchado, dice Jehovah. He aquí que yo te reuniré con tus padres, y serás reunido en tu sepulcro en paz. Tus ojos no verán todo el mal que traeré sobre este lugar y sobre sus habitantes.’" Y ellos dieron la respuesta al rey. Entonces el rey mandó reunir a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. Luego el rey subió a la casa de Jehovah con todos los hombres de Judá, los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde el más grande hasta el más pequeño. Y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehovah. El rey se puso de pie en su lugar e hizo pacto delante de Jehovah, de andar en pos de Jehovah y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos con todo su corazón y con toda su alma; para poner por obra las palabras del pacto escritas en este libro. Entonces hizo que se comprometieran todos los que estaban en Jerusalén y en Benjamín. Y los habitantes de Jerusalén hicieron conforme al pacto de Dios, el Dios de sus padres. Después Josías quitó todas las abominaciones de todas las tierras que tenían los hijos de Israel, e hizo que todos los que se hallaban en Israel sirvieran a Jehovah su Dios. No se apartaron de ir en pos de Jehovah, el Dios de sus padres, todo el tiempo que Josías vivió. Josías celebró la Pascua de Jehovah en Jerusalén. Sacrificaron la víctima de la Pascua el 14 del mes primero, y él puso a los sacerdotes en sus cargos y los alentó al servicio de la casa de Jehovah.Crónicas 36 Dijo a los levitas que enseñaban a todo Israel y que estaban consagrados a Jehovah: "Poned el arca sagrada en el templo que edificó Salomón hijo de David, rey de Israel, para que no tengáis que llevarla más sobre los hombros. Ahora serviréis a Jehovah, vuestro Dios, y a su pueblo Israel. Preparaos según vuestras casas paternas y por vuestros grupos, conforme a lo prescrito por David, rey de Israel, y por el documento de su hijo Salomón. Permaneced en el santuario según la distribución de las casas paternas de vuestros hermanos los hijos del pueblo, y del grupo de las casas paternas de los levitas. Sacrificad la víctima de la Pascua, purificaos y preparadla para vuestros hermanos, a fin de que hagan conforme a la palabra de Jehovah, dada por medio de Moisés." Luego el rey Josías dio a los hijos del pueblo para los sacrificios de la Pascua, para todos los que se hallaban presentes, rebaños de corderos y cabritos en número de 30.000, y 3.000 cabezas de ganado vacuno. Esto procedía del patrimonio del rey. También sus magistrados dieron con liberalidad al pueblo, a los sacerdotes y a los levitas. Hilquías, Zacarías y Yejiel, oficiales de la casa de Dios, dieron a los sacerdotes 2.600 ovejas y 300 cabezas de ganado vacuno para los sacrificios de la Pascua. Y Conanías, Semaías y Natanael, sus hermanos, y Hasabías, Jeiel y Josabad, jefes de los levitas, dieron a los levitas 5.000 ovejas y 500 cabezas de ganado vacuno para los sacrificios de la Pascua. Preparado así el servicio, los sacerdotes se colocaron de pie en sus puestos, y los levitas según sus grupos, conforme al mandato del rey. Entonces sacrificaron la víctima de la Pascua; y los levitas la desollaban, mientras los sacerdotes esparcían la sangre recibida de mano de ellos. Luego quitaron el holocausto para darlo a las divisiones, según las casas paternas de los hijos del pueblo, para que lo ofreciesen a Jehovah según está escrito en el libro de Moisés. Lo mismo hicieron con las cabezas de ganado vacuno. Asaron al fuego la carne de la víctima de la Pascua, según lo establecido; pero lo que había sido santificado lo cocieron en ollas, calderos y sartenes, y lo llevaron rápidamente a todos los hijos del pueblo. Después prepararon para sí y para los sacerdotes, porque los sacerdotes hijos de Aarón estuvieron ocupados hasta la noche en ofrecer los holocaustos y los sebos. Por eso los levitas prepararon para ellos mismos y para los sacerdotes hijos de Aarón. También los cantores, hijos de Asaf, estaban en su puesto conforme al mandato de David, de Asaf, de Hemán y de Jedutún, vidente del rey. También los porteros estaban en cada puerta. No era necesario que se apartasen de su servicio, porque sus hermanos los levitas preparaban para ellos. Así fue organizado aquel día todo el servicio de Jehovah, para hacer el sacrificio de la Pascua y para ofrecer los holocaustos sobre el altar de Jehovah, conforme al mandato del rey Josías. En aquel tiempo los hijos de Israel que se hallaban presentes celebraron el sacrificio de la Pascua y la fiesta de los Panes sin Levadura, durante siete días. No había sido celebrada en Israel una Pascua como ésta desde el tiempo del profeta Samuel, ni ninguno de los reyes de Israel celebró una Pascua como la que celebró Josías, con los sacerdotes, los levitas y todo Judá e Israel que se hallaron allí, junto con los habitantes de Jerusalén. Esta Pascua fue celebrada en el año 18 del reinado de Josías. Después de todas estas cosas, cuando Josías había reparado el templo, Necao, rey de Egipto, subió a combatir en Carquemis, junto al Eufrates, y Josías le salió al encuentro. Necao le envió mensajeros diciendo: "¿Qué tenemos tú y yo, oh rey de Judá? Yo no he venido ahora contra ti, sino contra el pueblo que me hace la guerra. Dios me ha dicho que me apresure. Por tu bien, deja de resistir a Dios, porque él está conmigo; no sea que él te destruya." Pero Josías no se apartó de él; se disfrazó para combatir contra él, y no hizo caso a las palabras de Necao, que en realidad procedían de la boca de Dios. Josías fue para combatir en el valle de Meguido, pero los arqueros tiraron contra el rey Josías. Entonces el rey dijo a sus servidores: "¡Retiradme, porque estoy gravemente herido!" Sus servidores lo retiraron del carro y lo pusieron en otro carro que él tenía. Lo llevaron a Jerusalén, pero murió; y lo sepultaron en los sepulcros de sus padres. Todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por Josías. Jeremías compuso un lamento por Josías, y todos los cantores, hombres y mujeres, mencionan a Josías en sus lamentaciones, hasta el día de hoy, pues lo pusieron como un precepto en Israel. He aquí que está escrito entre las lamentaciones. Los demás hechos de Josías y sus obras piadosas conforme a lo escrito en la ley de Jehovah, sus hechos, los primeros y los últimos, he aquí que están escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá. Luego el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y le proclamó rey en Jerusalén, en lugar de su padre. Joacaz tenía 23 años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. Pero el rey de Egipto lo depuso en Jerusalén, e impuso al país una multa de 100 talentos de plata y un talento de oro. El rey de Egipto proclamó a Eliaquim, hermano de Joacaz, rey sobre Judá y Jerusalén, pero le cambió su nombre por el de Joacim. Y a Joacaz, su hermano, Necao lo tomó y lo llevó a Egipto. Joacim tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reinó 11 años en Jerusalén. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah su Dios. Entonces Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra él y lo ató con cadenas de bronce para llevarlo a Babilonia. Nabucodonosor también llevó a Babilonia algunos utensilios de la casa de Jehovah, y los puso en su palacio en Babilonia. Los demás hechos de Joacim, las abominaciones que hizo y lo que se halló en su contra, he aquí que están escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá. Y su hijo Joaquín reinó en su lugar. Joaquín tenía 18 años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalén. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, y al año siguiente el rey Nabucodonosor mandó llevarle a Babilonia, junto con los utensilios preciosos de la casa de Jehovah. En lugar de él proclamó rey sobre Judá y Jerusalén a Sedequías, hermano de su padre. Sedequías tenía 21 años cuando comenzó a reinar, y reinó 11 años en Jerusalén. El hizo lo malo ante los ojos de Jehovah, su Dios, y no se humilló delante del profeta Jeremías que le hablaba por mandato de Jehovah. Asimismo, se rebeló contra el rey Nabucodonosor, quien le había hecho jurar por Dios. Endureció su cerviz y obstinó su corazón para no volver a Jehovah Dios de Israel. También todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, siguiendo todas las abominaciones de las naciones y contaminando la casa de Jehovah, que él había santificado en Jerusalén. Jehovah, Dios de sus padres, les envió sus mensajeros persistentemente, porque tenía misericordia de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaban de los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y hacían escarnio de sus profetas, hasta que la ira de Jehovah estalló contra su pueblo, y ya no hubo remedio. Así trajo contra ellos al rey de los caldeos, quien mató a espada a sus jóvenes en su mismo santuario, sin perdonar la vida de los jóvenes ni de las jóvenes, de los ancianos ni de los decrépitos. A todos los entregó en su mano. Asimismo, todos los utensilios de la casa de Dios, grandes y pequeños, los tesoros de la casa de Jehovah y los tesoros del rey y de sus magistrados, todo lo llevó a Babilonia. Luego incendiaron la casa de Dios y derribaron la muralla de Jerusalén. Incendiaron todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. A los sobrevivientes de la espada, los llevó cautivos a Babilonia, y fueron hechos esclavos del rey y de sus hijos hasta el establecimiento del reino de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehovah por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubiera disfrutado de su reposo. Todo el tiempo de su desolación reposó, hasta que se cumplieron los setenta años. En el primer año de Ciro, rey de Persia, y para que se cumpliese la palabra de Jehovah por boca de Jeremías, Jehovah despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, quien hizo pregonar por todo su reino, oralmente y por escrito, diciendo: Así ha dicho Ciro, rey de Persia: "Jehovah, Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha comisionado para que le edifique un templo en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, que Jehovah su Dios sea con él, y suba." En el primer año de Ciro, rey de Persia, y para que se cumpliese la palabra de Jehovah por boca de Jeremías, Jehovah despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, quien hizo pregonar por todo su reino, oralmente y por escrito, diciendo: Así ha dicho Ciro, rey de Persia: "Jehovah, Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha comisionado para que le edifique un templo en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, que su Dios sea con él, y suba a Jerusalén, que está en Judá, y edifique la casa de Jehovah Dios de Israel; él es el Dios que está en Jerusalén. Y a todo el que quede, en cualquier lugar donde habite, ayúdenle los hombres de su lugar con plata, oro, bienes y ganado, con ofrendas voluntarias, para la casa de Dios que está en Jerusalén." Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, los sacerdotes y los levitas, todos aquellos cuyo espíritu Dios despertó para subir a edificar la casa de Jehovah que está en Jerusalén. Todos los que estaban en los alrededores les ayudaron con objetos de plata y de oro, con bienes, ganado y objetos preciosos, además de todas las ofrendas voluntarias. También el rey Ciro sacó los utensilios que eran de la casa de Jehovah y que Nabucodonosor había sacado de Jerusalén y puesto en el templo de sus dioses. Ciro, rey de Persia, los sacó por medio del tesorero Mitrídates, el cual se los dio contados a Sesbasar, dirigente de Judá. Esta es la lista de ellos: 30 tazones de oro, 1.000 tazones de plata, 29 cuchillos, más 30 tazas de oro, 410 tazas idénticas de plata y otros 1.000 utensilios. Todos los utensilios de oro y de plata eran 5.400. Sesbasar los llevó todos cuando los del cautiverio regresaron de Babilonia a Jerusalén. Estos son los hombres de la provincia que regresaron de la cautividad, a quienes Nabucodonosor, rey de Babilonia, había llevado cautivos a Babilonia. Ellos volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad; vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Seraías, Reelaías, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvai, Rejum y Baaná. Lista de los hombres del pueblo de Israel: Los hijos de Paros eran 2.172. Los hijos de Sefatías, 372. Los hijos de Araj, 775. Los hijos de Pajat-moab, por el lado de los hijos de Jesúa y Joab, 2.812. Los hijos de Elam, 1.254. Los hijos de Zatu, 945. Los hijos de Zacai, 760. Los hijos de Bani, 642. Los hijos de Bebai, 623. Los hijos de Azgad, 1.222. Los hijos de Adonicam, 666. Los hijos de Bigvai, 2.056. Los hijos de Adín, 454. Los hijos de Ater, por el lado de Ezequías, 98. Los hijos de Bezai, 323. Los hijos de Jora, 112. Los hijos de Hasum, 223. Los hijos de Gibar, 95. Los hijos de Belén, 123. Los hombres de Netofa, 56. Los hombres de Anatot, 128. Los hijos de Azmávet, 42. Los hijos de Quiriat-jearim, de Cafira y de Beerot, 743. Los hijos de Ramá y de Geba, 621. Los hombres de Micmas, 122. Los hombres de Betel y de Hai, 223. Los hijos de Nebo, 52. Los hijos de Magbis, 156. Los hijos del otro Elam, 1.254. Los hijos de Harim, 320. Los hijos de Lod, de Hadid y de Ono, 725. Los hijos de Jericó, 345. Los hijos de Senaa, 3.630. Los sacerdotes: Los hijos de Jedaías, de la casa de Jesúa, 973. Los hijos de Imer, 1.052. Los hijos de Pasjur, 1.247. Los hijos de Harim, 1.017. Los levitas: Los hijos de Jesúa y de Cadmiel, por el lado de los hijos de Hodavías, 74. Los cantores, hijos de Asaf, 128. Los hijos de los porteros: los hijos de Salum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita y los hijos de Sobai, 139 en total. Los servidores del templo: Los hijos de Zija, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot, los hijos de Queros, los hijos de Siaha, los hijos de Padón, los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Acub, los hijos de Hagab, los hijos de Salmai, los hijos de Hanán, los hijos de Gidel, los hijos de Gajar, los hijos de Reayías, los hijos de Rezín, los hijos de Necoda, los hijos de Gazam, los hijos de Uza, los hijos de Paséaj, los hijos de Besai, los hijos de Asena, los hijos de Meunim, los hijos de los Nefusim, los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harjur, los hijos de Bazlut, los hijos de Mejida, los hijos de Harsa, los hijos de Barcos, los hijos de Sísara, los hijos de Tema, los hijos de Nezíaj, los hijos de Hatifa. Los hijos de los siervos de Salomón: Los hijos de Sotai, los hijos de Soféret, los hijos de Peruda, los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Gidel, los hijos de Sefatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poquéret-hazebaim y los hijos de Ami. Todos los servidores del templo y los hijos de los siervos de Salomón eran 392. Estos son los que regresaron de Tel-mélaj, de Tel-jarsa, de Querub, de Adón y de Imer, los cuales no pudieron demostrar su casa paterna ni su linaje, si eran de Israel: Los hijos de Delaías, los hijos de Tobías y los hijos de Necoda, 652. De los hijos de los sacerdotes: Los hijos de Habaías, los hijos de Cos y los hijos de Barzilai, quien había tomado por mujer a una de las hijas de Barzilai el galadita, y fue llamado según el nombre de ellas. Estos buscaron sus documentos genealógicos, pero no los hallaron; y fueron excluidos del sacerdocio. El gobernador les dijo que no comiesen de las cosas más sagradas hasta que hubiese sacerdote para usar el Urim y Tumim. Toda la congregación en conjunto era de 42.360, sin contar sus siervos y sus siervas, que eran 7.337. Ellos tenían 200 cantores, hombres y mujeres. Sus caballos eran 736, sus mulos 245, sus camellos 435 y sus asnos 6.720. Algunos de los jefes de las casas paternas, cuando llegaron a la casa de Jehovah que estaba en Jerusalén, hicieron ofrendas voluntarias para la casa de Dios, para levantarla en su mismo sitio. Según sus recursos dieron para el fondo de la obra 61.000 dracmas de oro, 5.000 minas de plata y 100 túnicas sacerdotales. Los sacerdotes, los levitas, algunos del pueblo, los cantores, los porteros y los servidores del templo habitaron en sus ciudades; y todo Israel en sus ciudades. Cuando llegó el mes séptimo, y los hijos de Israel ya estaban en las ciudades, el pueblo se reunió como un solo hombre en Jerusalén. Entonces se levantó Jesúa hijo de Josadac, con sus hermanos los sacerdotes y con Zorobabel hijo de Salatiel y sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, a fin de ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés, hombre de Dios. Construyeron el altar sobre su base, aunque tenían miedo de los pueblos de estas tierras. Sobre él ofrecieron holocaustos a Jehovah, los holocaustos tanto de la mañana como de la tarde. Después celebraron la fiesta de los Tabernáculos, como está escrito. Asimismo, ofrecieron diariamente el número de holocaustos de acuerdo a lo establecido, cada cosa en su día. Y después de esto ofrecieron el holocausto continuo, los sacrificios de las lunas nuevas, los de todas las fiestas consagradas a Jehovah, y los de todo aquel que hiciera una ofrenda voluntaria a Jehovah. Desde el primer día del mes séptimo comenzaron a ofrecer holocaustos a Jehovah, aunque aún no se habían colocado los cimientos del templo de Jehovah. Entonces dieron dinero a los canteros y a los carpinteros, así como alimentos, bebida y aceite a los de Sidón y de Tiro, para que trajesen madera de cedro desde el Líbano por mar a Jope, conforme a la autorización que les había dado Ciro, rey de Persia. En el mes segundo del segundo año de su llegada a la casa de Dios en Jerusalén, comenzaron a edificar Zorobabel hijo de Salatiel y Jesúa hijo de Josadac, con el resto de sus hermanos los sacerdotes y con los levitas y todos los que habían venido de la cautividad a Jerusalén. Y pusieron al frente de la obra de la casa de Jehovah a los levitas de 20 años para arriba. También Jesúa y sus hijos y sus hermanos, y Cadmiel y sus hijos, los hijos de Hodavías, se pusieron a supervisar, como un solo hombre, a los que hacían la obra de la casa de Dios. Igualmente los hijos de Henadad y los hijos de éstos, y sus hermanos los levitas. Mientras los constructores del templo de Jehovah colocaban los cimientos, se pusieron de pie los sacerdotes, con sus vestiduras y con trompetas, y los levitas hijos de Asaf portando címbalos, para alabar a Jehovah según las instrucciones de David, rey de Israel. Cantaban alabando y dando gracias a Jehovah. Y decían: "¡Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel!" Todo el pueblo gritaba con gran júbilo, alabando a Jehovah, porque eran colocados los cimientos de la casa de Jehovah. Pero muchos de los sacerdotes, de los levitas, de los jefes de casas paternas y de los ancianos que habían visto el primer templo lloraban en alta voz cuando ante sus ojos eran puestos los cimientos de este templo, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría. Y por causa del griterío, el pueblo no podía distinguir la voz de los gritos de alegría de la voz del llanto del pueblo; pues el pueblo gritaba con gran júbilo, y el bullicio se oía desde lejos. Cuando los enemigos de Judá y de Benjamín oyeron que los que habían venido de la cautividad edificaban un templo a Jehovah Dios de Israel, se acercaron a Zorobabel y a los jefes de las casas paternas, y les dijeron: —Permitidnos edificar con vosotros; porque como vosotros, buscamos a vuestro Dios, y a él hemos ofrecido sacrificios desde los días de Esarjadón, rey de Asiria, que nos trajo aquí. Pero Zorobabel, Jesúa y los demás jefes de las casas paternas de Israel les dijeron: —No nos conviene edificar con vosotros una casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos a Jehovah Dios de Israel, como nos lo mandó el rey Ciro, rey de Persia. Entonces el pueblo de la tierra desmoralizaba al pueblo de Judá y lo amedrentaba, para que no edificara. Contrataron consejeros contra ellos para frustrar su propósito durante todo el tiempo de Ciro rey de Persia, y hasta el reinado de Darío rey de Persia. Y en el reinado de Asuero, al comienzo de su reinado, escribieron una acusación contra los habitantes de Judá y de Jerusalén. En los días de Artajerjes escribieron Bislam, Mitrídates, Tabeel y sus demás compañeros a Artajerjes, rey de Persia. El documento estaba escrito en escritura aramea, y traducido al arameo. El comandante Rejum y el escriba Simsai escribieron una carta contra Jerusalén al rey Artajerjes, de esta manera. Entonces escribieron el comandante Rejum, el escriba Simsai y sus demás compañeros: los jueces, los oficiales, los funcionarios persas, los de Erec, de Babilonia, de Susa (esto es, los elamitas), y del resto de las naciones que el grande y glorioso Asnapar llevó cautivos y los hizo habitar en la ciudad de Samaria y en otras de la región de Más Allá del Río. Esta es la copia de la carta que le enviaron: Al rey Artajerjes, de tus siervos, la gente de Más Allá del Río. Ahora, sepa el rey que los judíos que han venido de ti a nosotros, han llegado a Jerusalén y están reedificando la ciudad rebelde y perversa. Están restaurando los muros y reparando los cimientos. Sepa ahora el rey que si esa ciudad es reedificada y los muros son restaurados, ellos no pagarán tributos ni impuestos ni rentas, y el tesoro real será perjudicado. Y puesto que somos mantenidos por el palacio, no nos parece correcto ver la deshonra del rey. Por eso hemos enviado para hacerlo saber al rey, a fin de que se investigue en el libro de las memorias de tus padres. Hallarás en el libro de las memorias y sabrás que esa ciudad es una ciudad rebelde y perjudicial a los reyes y a las provincias, y que desde tiempos antiguos han surgido en ella sediciones; por lo que esa ciudad fue destruida. Nosotros hacemos saber al rey que si esa ciudad es reedificada y los muros son restaurados, entonces la región de Más Allá del Río no será tuya. El rey envió esta respuesta: Al comandante Rejum, al escriba Simsai y a sus demás compañeros que habitan en Samaria y en el resto de los lugares de Más Allá del Río: Paz. Ahora, el documento que nos enviasteis fue leído claramente en mi presencia. También he dado órdenes, y se ha investigado y encontrado que esa ciudad desde tiempos antiguos se levanta contra los reyes, que en ella se fomenta la rebelión y la sedición, que en Jerusalén hubo reyes fuertes que dominaban toda la región de Más Allá del Río y que se les pagaban tributos, impuestos y rentas. Ahora pues, dad órdenes para que cesen esos hombres y que no sea reedificada esa ciudad, hasta que yo lo ordene. Tened cuidado de no actuar con negligencia al respecto. ¿Por qué se ha de incrementar el daño en perjuicio de los reyes? Cuando la copia del documento del rey Artajerjes fue leída delante de Rejum, del escriba Simsai y de sus compañeros, fueron apresuradamente a Jerusalén, a los judíos, y con poder y fuerza les hicieron cesar. Entonces cesó la obra de la casa de Dios que estaba en Jerusalén. Y cesó hasta el segundo año del reinado de Darío, rey de Persia. Los profetas Hageo y Zacarías hijo de Ido profetizaron a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén, en el nombre del Dios de Israel, que estaba sobre ellos. Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Salatiel y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a reedificar la casa de Dios en Jerusalén, y con ellos estaban los profetas de Dios que les apoyaban. En aquel tiempo vinieron a ellos Tatnai, gobernador de Más Allá del Río, y Setar-boznai, con sus compañeros, y les dijeron así: "¿Quién os ha dado orden para reedificar este templo y para restaurar estos muros?" También les preguntaron: "¿Cuáles son los nombres de los hombres que construyen este edificio?" Pero el ojo de su Dios velaba sobre los ancianos de los judíos, y no les hicieron cesar hasta que el informe llegara ante Darío, y respondieran con un documento al respecto. Copia de la carta al rey Darío que enviaron Tatnai, gobernador de Más Allá del Río, Setar-boznai y sus compañeros, los oficiales de Más Allá del Río. Le enviaron un informe que estaba escrito de esta manera: Al rey Darío: ¡Toda paz! Sepa el rey que fuimos a la provincia de Judá, a la casa del gran Dios, que está siendo edificada con bloques de piedra. Las vigas están siendo puestas sobre las paredes; la obra se hace con diligencia y prospera en sus manos. Entonces preguntamos a los ancianos diciéndoles de esta manera: "¿Quién os ha dado orden para reedificar este templo y para restaurar estos muros?" También les preguntamos sus nombres para hacértelo saber, para escribirte los nombres de los que están al frente de ellos. Nos dieron respuesta diciendo: "Nosotros somos siervos del Dios de los cielos y de la tierra, y reedificamos el templo que había sido construido hace muchos años, el cual fue construido y terminado por un gran rey de Israel. Pero por cuanto nuestros padres provocaron a ira al Dios de los cielos, él los entregó en mano de Nabucodonosor el caldeo, rey de Babilonia, quien destruyó este templo y llevó cautivo al pueblo a Babilonia. No obstante, en el primer año de Ciro, rey de Babilonia, el rey Ciro dio una orden para que esta casa de Dios fuese reedificada. También los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalén y los había llevado al templo de Babilonia, el rey Ciro los sacó del templo de Babilonia, y fueron entregados a un hombre llamado Sesbasar, a quien había puesto como gobernador. El le dijo: ‘Toma estos utensilios, vé y deposítalos en el templo que está en Jerusalén, y que la casa de Dios sea reedificada en su lugar.’ Entonces aquel Sesbasar vino a Jerusalén y reparó los cimientos de la casa de Dios. Desde entonces hasta ahora se está edificando, pero aún no se ha terminado." Ahora pues, si al rey le parece bien, investíguese en la casa de los archivos del rey que está allí en Babilonia, si es verdad que el rey Ciro dio el decreto para reedificar esta casa de Dios en Jerusalén, y mándenos a decir la decisión del rey al respecto. Entonces el rey Darío dio una orden, y buscaron en la casa de los archivos donde se depositaban los tesoros, allí en Babilonia. Y en Acmeta, en la fortaleza que está en la provincia de Media, fue hallado un rollo en el cual estaba escrito esto: Memoria: En el primer año del rey Ciro, el rey Ciro dio un decreto acerca de la casa de Dios que está en Jerusalén: "Que la casa sea edificada como un lugar en el cual se ofrezcan sacrificios, y que sean colocados sus cimientos. Será de 60 codos de alto y de 60 codos de ancho. Tendrá tres hileras de bloques de piedra y una hilera de vigas nuevas, y el gasto será pagado por la casa del rey. También los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalén y los había llevado a Babilonia, serán devueltos e irán a su lugar, en el templo que está en Jerusalén, y serán depositados en la casa de Dios." Ahora pues, Tatnai, gobernador de Más Allá del Río, Setar-boznai y vuestros compañeros, los oficiales que estáis en la región de Más Allá del Río, apartaos de allí. Dejad la obra de esta casa de Dios a cargo del gobernador de los judíos y de los ancianos de los judíos, para que reedifiquen esta casa de Dios en su lugar. Por mí es dada la orden de lo que habéis de hacer con esos ancianos de los judíos, para construir esta casa de Dios: Los gastos de aquellos hombres sean puntualmente pagados de los recursos del rey, de los tributos de Más Allá del Río, para que no cese la obra. Se les dará cada día, sin falta, lo que sea necesario: novillos, carneros y corderos para los holocaustos al Dios de los cielos, trigo, sal, vino y aceite, conforme a lo que digan los sacerdotes que están en Jerusalén, para que ofrezcan sacrificios de grato olor al Dios de los cielos y oren por la vida del rey y de sus hijos. También he dado órdenes que a cualquiera que altere este decreto le sea arrancada una viga de su casa, y él sea clavado, empalado en ella, y que por ello su casa sea convertida en un montón de escombros. Que el Dios que hizo habitar allí su nombre derribe a todo rey o pueblo que extienda su mano para alterarlo o destruir esa casa de Dios que está en Jerusalén. Yo, Darío, doy este decreto. Sea llevado a cabo con diligencia. Entonces Tatnai, gobernador de Más Allá del Río, Setar-boznai y sus compañeros actuaron con diligencia, conforme había mandado el rey Darío. Los ancianos de los judíos continuaron edificando y progresando de acuerdo con la profecía del profeta Hageo y la de Zacarías hijo de Ido. Así edificaron y terminaron por mandato del Dios de Israel y por mandato de Ciro, de Darío y de Artajerjes, reyes de Persia. Y este templo fue terminado el tercer día del mes de Adar del sexto año del reinado del rey Darío. Los hijos de Israel, los sacerdotes, los levitas y los demás que habían vuelto del cautiverio celebraron con regocijo la dedicación de esta casa de Dios. Para la dedicación de esta casa de Dios ofrecieron 100 toros, 200 carneros, 400 corderos; y como sacrificios por el pecado de todo Israel, 12 machos cabríos, conforme al número de las tribus de Israel. Luego establecieron a los sacerdotes en sus funciones, y a los levitas en sus divisiones, para el servicio del Dios que está en Jerusalén, conforme a lo escrito en el libro de Moisés. Los que habían regresado del cautiverio celebraron la Pascua el 14 del mes primero. Puesto que los sacerdotes y los levitas se habían purificado a una, todos estaban purificados. Entonces sacrificaron la víctima de la Pascua por todos los que habían regresado del cautiverio, por sus hermanos los sacerdotes y por sí mismos. Los hijos de Israel que habían vuelto del cautiverio y todos los que se habían adherido a ellos, apartándose de la inmundicia de las naciones de la tierra, para buscar a Jehovah Dios de Israel, comieron y celebraron con regocijo durante siete días la fiesta de los Panes sin Levadura, porque Jehovah les había dado alegría y había predispuesto hacia ellos el corazón del rey de Asiria, para fortalecer sus manos en la obra de la casa de Dios, el Dios de Israel. Pasadas estas cosas, en el reinado de Artajerjes, rey de Persia, Esdras—hijo de Seraías, hijo de Azarías, hijo de Hilquías, hijo de Salum, hijo de Sadoc, hijo de Ajitob, hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Merayot, hijo de Zeraías, hijo de Uzi, hijo de Buqui, hijo de Abisúa, hijo de Fineas, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, el primer sacerdote—, este Esdras, quien era escriba versado en la ley de Moisés, que Jehovah Dios había dado, subió de Babilonia. El rey le concedió todo lo que pidió, pues la mano de Jehovah su Dios estaba con él. En el séptimo año del rey Artajerjes, también subieron a Jerusalén algunos de los hijos de Israel y algunos de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros y servidores del templo. Llegó a Jerusalén en el mes quinto del séptimo año del rey. El primer día del mes primero había iniciado el viaje de retorno de Babilonia, y el primer día del mes quinto llegó a Jerusalén, pues la bondadosa mano de su Dios estaba con él. Porque Esdras había preparado su corazón para escudriñar la ley de Jehovah y para cumplirla, a fin de enseñar a Israel los estatutos y los decretos. Esta es la copia del documento que el rey Artajerjes dio al sacerdote y escriba Esdras, escriba versado en los asuntos de los mandamientos de Jehovah y en sus estatutos para Israel: Artajerjes, rey de reyes, al sacerdote Esdras, escriba de la ley del Dios de los cielos: Completa paz. Ahora, he dado órdenes que cualquiera que en mi reino pertenezca al pueblo de Israel, a sus sacerdotes y a sus levitas, y que quiera ir contigo a Jerusalén, que vaya. Porque eres enviado de parte del rey y de sus siete consejeros para inspeccionar Judá y Jerusalén, conforme a la ley de tu Dios, que está en tus manos, y para llevar la plata y el oro que el rey y sus consejeros presentan como ofrenda voluntaria al Dios de Israel, cuya morada está en Jerusalén. Y asimismo, llevarás toda la plata y el oro que consigas en toda la provincia de Babilonia, con las ofrendas voluntarias del pueblo y de los sacerdotes que voluntariamente ofrezcan para la casa de su Dios que está en Jerusalén. Por consiguiente, con este dinero comprarás con diligencia toros, carneros, corderos, con sus ofrendas vegetales y sus libaciones, y los ofrecerás sobre el altar de la casa de vuestro Dios que está en Jerusalén. Con el resto de la plata y del oro, haced lo que tú y tus hermanos creáis conveniente hacer, conforme a la voluntad de vuestro Dios. También los utensilios que te son entregados para el servicio de la casa de tu Dios, los restituirás ante Dios en Jerusalén. Y lo demás que se requiera para la casa de tu Dios, y que te corresponda dar, dalo de la casa de los tesoros del rey. Yo, el rey Artajerjes, he dado órdenes a todos los tesoreros que están en la región de Más Allá del Río que todo lo que os pida el sacerdote Esdras, escriba de la ley del Dios de los cielos, se le conceda de inmediato: hasta 100 talentos de plata, 100 coros de trigo, 100 batos de vino, 100 batos de aceite, y sal sin medida. Todo lo que ha sido ordenado por el Dios de los cielos sea hecho diligentemente para la casa del Dios de los cielos; pues, ¿por qué habría de ser su ira contra el reino del rey y de sus hijos? Además, os hacemos saber que nadie está autorizado a imponerles tributo, ni impuesto ni renta a ninguno de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros o servidores del templo, ni a otros siervos de esta casa de Dios. Y tú, Esdras, conforme a la sabiduría que tienes de parte de tu Dios, designa magistrados y jueces que administren justicia a todo el pueblo que está en la región de Más Allá del Río, a todos los que conocen las leyes de tu Dios. Y a los que no las conocen, se las enseñaréis. Cualquiera que no cumpla la ley de tu Dios y la ley del rey sea diligentemente sentenciado a muerte, o a destierro, o a confiscación de propiedades, o a prisión. ¡Bendito sea Jehovah Dios de nuestros padres, que puso tal cosa en el corazón del rey, para honrar la casa de Jehovah que está en Jerusalén! Pues él inclinó hacia mí su favor delante del rey, de sus consejeros y de todos los poderosos gobernadores del rey. Así me fortalecí, pues la mano de Jehovah mi Dios estaba conmigo, y reuní a los principales de Israel para que partieran conmigo. Estos son los jefes de las casas paternas y el registro de aquellos que vinieron conmigo de Babilonia, cuando reinaba el rey Artajerjes: De los hijos de Fineas, Gersón; de los hijos de Itamar, Daniel; de los hijos de David, Hatús de los hijos de Secanías; de los hijos de Paros, Zacarías, y con él fueron inscritos 150 hombres. De los hijos de Pajat-moab, Elioenai hijo de Zeraías, y con él, 200 hombres. De los hijos de Zatu, Secanías hijo de Jahaziel, y con él, 300 hombres. De los hijos de Adín, Ebed hijo de Jonatán, y con él, 50 hombres. De los hijos de Elam, Jesaías hijo de Atalías, y con él, 70 hombres. De los hijos de Sefatías, Zebadías hijo de Micael, y con él, 80 hombres. De los hijos de Joab, Obadías hijo de Yejiel, y con él, 218 hombres. De los hijos de Bani, Selomit hijo de Josifías, y con él, 160 hombres. De los hijos de Bebai, Zacarías hijo de Bebai, y con él, 28 hombres. De los hijos de Azgad, Johanán hijo de Hacatán, y con él, 110 hombres. De los hijos de Adonicam, los últimos, éstos cuyos nombres son: Elifelet, Jeiel y Semaías, y con ellos, De los hijos de Bigvai, Utai y Zabud, y con ellos, 70 hombres. Los reuní junto al río que pasa por Ahava, y acampamos allí tres días. Busqué entre el pueblo y entre los sacerdotes, pero no hallé allí a ninguno de los hijos de Leví. Entonces mandé buscar a Eliezer, a Ariel, a Semaías, a Elnatán, a Jarib, a Elnatán, a Natán, a Zacarías y a Mesulam, hombres principales, junto con Joyarib y Elnatán, que eran maestros. Los envié a Ido, jefe en la localidad de Casifia, y puse en sus bocas las palabras que habían de hablar a Ido y a sus hermanos, los servidores del templo que estaban en la localidad de Casifia, para que nos trajesen ayudantes para la casa de nuestro Dios. Puesto que la bondadosa mano de nuestro Dios estaba con nosotros, ellos nos trajeron un hombre entendido de los descendientes de Majli hijo de Leví, hijo de Israel, es decir, a Serebías, que con sus hijos y sus hermanos eran 18 personas. También a Hasabías y con él a Jesaías, de los hijos de Merari, que con sus hermanos y sus hijos eran personas.De los servidores del templo, a quienes David y los magistrados habían puesto para el servicio de los levitas, consiguieron 220 servidores del templo, todos los cuales fueron inscritos por nombre. Entonces proclamé un ayuno allí junto al río Ahava a fin de humillarnos en la presencia de nuestro Dios y pedirle un buen viaje para nosotros, para nuestros niños y para todas nuestras posesiones. Pues tuve vergüenza de pedir al rey una tropa de soldados y jinetes que nos defendiesen del enemigo en el camino, porque habíamos hablado al rey diciendo: "La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan, pero su poder y su furor están sobre todos los que le abandonan." Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios acerca de esto; y él nos fue propicio. Luego aparté a doce de los principales sacerdotes: Serebías, Hasabías y diez de sus hermanos con ellos. Les pesé la plata, el oro y los utensilios, la ofrenda que para la casa de nuestro Dios habían ofrecido el rey, sus consejeros, sus magistrados y todos los que se encontraban de Israel. Entregué en sus manos 650 talentos de plata, 100 talentos de plata en utensilios y 100 talentos de oro. Además, había veinte tazones de oro, de 1.000 dracmas, y dos vasos de bronce bruñido muy bueno, apreciados como de oro. Entonces les dije: "Vosotros estáis consagrados a Jehovah, y los utensilios son sagrados. La plata y el oro son una ofrenda voluntaria para Jehovah, Dios de vuestros padres. Velad y guardadlos hasta que los peséis en Jerusalén, en las cámaras de la casa de Jehovah, delante de los principales de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de las casas paternas de Israel." Así, pues, los sacerdotes y los levitas recibieron la plata, el oro y los utensilios que habían sido pesados, para llevarlos a Jerusalén, a la casa de nuestro Dios. Y el 12 del mes primero partimos del río Ahava, para ir a Jerusalén. Y la mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros, y nos libró de mano del enemigo y de los asaltantes en el camino. Llegamos a Jerusalén y descansamos allí tres días. Al cuarto día fueron pesados, en la casa de nuestro Dios, la plata, el oro y los utensilios, y entregados a Meremot hijo del sacerdote Urías. Con él estaba Eleazar hijo de Fineas, y con ellos los levitas Josabad hijo de Jesúa y Noadías hijo de Binúi. En aquella ocasión todo fue contado y pesado, y se registró el peso total. Al llegar del cautiverio, los que habían estado cautivos ofrecieron holocaustos al Dios de Israel: 12 toros por todo Israel, 96 carneros, 77 corderos, 12 machos cabríos para sacrificio por el pecado; todo ello como holocausto a Jehovah. Luego entregaron los decretos del rey a los sátrapas del rey y a los gobernadores de Más Allá del Río, los cuales prestaron apoyo al pueblo y a la casa de Dios. Acabadas estas cosas, se acercaron a mí los magistrados y dijeron: "El pueblo de Israel, los sacerdotes y los levitas no se han separado de los pueblos de las tierras en cuanto a las abominaciones de los cananeos, los heteos, los ferezeos, los jebuseos, los amonitas, los moabitas, los egipcios y los amorreos. Porque de las hijas de éstos han tomado mujeres para sí y para sus hijos, y han mezclado la simiente santa con la de los pueblos de la tierra. Y los magistrados y los oficiales han sido los primeros en incurrir en esta infidelidad." Al oír esto, rasgué mi vestidura y mi manto, me arranqué los pelos de mi cabeza y de mi barba, y me senté consternado. Luego se reunieron junto a mí todos los que temían la palabra del Dios de Israel, a causa de la infidelidad de los del cautiverio; pero yo quedé sentado y consternado hasta el sacrificio de la tarde. A la hora del sacrificio de la tarde me levanté de mi aflicción, y con mi vestidura y mi manto rasgados me postré de rodillas, extendí mis manos a Jehovah mi Dios, y dije: "Dios mío, estoy avergonzado y afrentado como para levantar mi cara a ti, oh Dios mío; porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestras cabezas, y nuestra culpa ha crecido hasta los cielos. Desde los días de nuestros padres hasta el día de hoy hemos tenido gran culpabilidad, y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados en mano de los reyes de otras tierras, a la espada, al cautiverio, al saqueo y a una vergüenza total, como en este día. Y ahora, por un breve momento, se ha mostrado la misericordia de Jehovah nuestro Dios al dejarnos sobrevivientes libres y al darnos un punto de apoyo en su lugar santo, para que nuestro Dios alumbre nuestros ojos, y nos revitalice un poco en medio de nuestra servidumbre. Porque hemos sido siervos, pero nuestro Dios no nos desamparó en nuestra servidumbre, sino que inclinó sobre nosotros su misericordia ante los reyes de Persia, revitalizándonos para levantar la casa de nuestro Dios y restaurar sus ruinas, y dándonos protección en Judá y en Jerusalén. "Pero ahora, oh Dios nuestro, ¿qué diremos después de esto? Porque hemos abandonado tus mandamientos que mandaste por medio de tus siervos los profetas, diciendo: ‘La tierra a la cual vais para tomarla en posesión es una tierra inmunda a causa de la inmundicia de los pueblos de aquellas tierras, que por sus abominaciones la han llenado de su inmundicia de un extremo a otro. Ahora pues, no daréis vuestras hijas a sus hijos, ni tomaréis sus hijas para vuestros hijos. No procuraréis jamás la paz ni el bienestar de ellos, para que seáis fortalecidos y comáis del bien de la tierra, a fin de que la dejéis como heredad a vuestros hijos para siempre.’ "Pero después de todo lo que nos ha sobrevenido por nuestras malas obras y por nuestra gran culpa, a pesar de que tú, oh Dios nuestro, nos has castigado menos de lo que merecía nuestra iniquidad y nos has dado un grupo de sobrevivientes como éste, ¿hemos de volver a traspasar tus mandamientos y a emparentar con los pueblos que cometen estas abominaciones? ¿No te indignarás contra nosotros hasta consumirnos, de modo que no quede un remanente ni sobrevivientes? Oh Jehovah Dios de Israel, tú eres justo, pues hemos quedado sobrevivientes como en este día. Henos aquí delante de ti, a pesar de nuestra culpa; porque nadie puede permanecer en tu presencia, a causa de esto." Mientras Esdras oraba y hacía confesión llorando y postrándose ante la casa de Dios, se juntó a él una multitud muy grande de Israel: hombres, mujeres y niños; y el pueblo lloraba amargamente. Entonces intervino Secanías hijo de Yejiel, de los descendientes de Elam, y dijo a Esdras: —Nosotros hemos actuado con infidelidad contra nuestro Dios, pues hemos tomado mujeres extranjeras de los pueblos de la tierra. Pero a pesar de esto, aún hay esperanza para Israel. Ahora pues, hagamos un pacto con nuestro Dios: Despediremos a todas las mujeres y a los hijos nacidos de ellas, según el consejo de mi señor y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios. Hágase conforme a la ley. Levántate, porque es tu responsabilidad. Nosotros estamos contigo; esfuérzate y actúa. Esdras se levantó e hizo jurar a los principales sacerdotes, a los levitas y a todo Israel, que harían conforme a este consejo. Y ellos lo juraron. Luego Esdras se retiró de delante de la casa de Dios y entró en la cámara de Johanán hijo de Eliasib. Allí fue, pero no comió pan ni bebió agua, porque hizo duelo por esta gran infidelidad de los del cautiverio. Entonces hicieron pregonar en Judá y en Jerusalén, a todos los que habían vuelto del cautiverio, para que se reuniesen en Jerusalén, y que al que no viniese dentro de tres días, conforme al acuerdo de los magistrados y de los ancianos, se le confiscarían todos sus bienes, y sería separado de la asamblea de los que habían vuelto del cautiverio. Así que todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalén en el plazo de tres días, el Entonces se levantó el sacerdote Esdras y les dijo: —Vosotros habéis actuado con infidelidad, porque tomasteis mujeres extranjeras, añadiendo así a la culpa de Israel. Ahora pues, haced confesión a Jehovah, Dios de vuestros padres. Cumplid su voluntad, y apartaos de los pueblos de la tierra y de las mujeres extranjeras. Entonces toda la congregación respondió y dijo en voz alta: —Sí, haremos conforme a tu palabra. Pero el pueblo es numeroso, y el tiempo es lluvioso; no tenemos fuerzas para permanecer afuera. Además, no es una tarea de un día ni de dos, porque somos muchos los que hemos transgredido en este asunto. Que se queden nuestros magistrados en lugar de toda la congregación, y que todos aquellos en nuestras ciudades que han tomado mujeres extranjeras vengan en tiempos determinados, y junto con ellos los ancianos y los jueces de cada ciudad, hasta que se haya apartado de nosotros el furor de la ira de nuestro Dios por este asunto. Sólo Jonatán hijo de Asael y Jaazías hijo de Ticva, apoyados por Mesulam y Sabetai el levita, se opusieron a esto. Así lo hicieron los que habían sido cautivos. Fueron apartados el sacerdote Esdras y algunos hombres, jefes de sus casas paternas, todos ellos designados por nombre. Y se sentaron el primer día del mes décimo para investigar el asunto. Y el primer día del mes primero concluyeron la investigación de todos aquellos que habían tomado mujeres extranjeras. De los hijos de los sacerdotes que habían tomado mujeres extranjeras fueron hallados los siguientes: de los hijos de Jesúa hijo de Josadac y de sus hermanos: Maasías, Eliezar, Jarib y Gedalías. Ellos se comprometieron a despedir a sus mujeres, y su ofrenda por la culpa fue de un carnero del rebaño, por su delito. del mes noveno. Y todo el pueblo se sentó en el área abierta de la casa de Dios, temblando por motivo de aquel asunto y a causa de la lluvia.De los hijos de Imer: Hanani y Zebadías. De los hijos de Harim: Maasías, Elías, Semaías, Yejiel y Uzías. De los hijos de Pasjur: Elioenai, Maasías, Ismael, Natanael, Jozabad y Elasa. De los levitas: Jozabad, Simei, Quelaías (éste es Quelita), Petaías, Judá y Eliezer. De los cantores: Eliasib. De los porteros: Salum, Telem y Uri. Asimismo de Israel: De los hijos de Paros: Ramías, Jezías, Malquías, Mijamín, Eleazar, Malquías y Benaías. De los hijos de Elam: Matanías, Zacarías, Yejiel, Abdi, Jeremot y Elías. De los hijos de Zatu: Elioenai, Eliasib, Matanías, Jeremot, Zabad y Aziza. De los hijos de Bebai: Johanán, Hanaías, Zabai y Atlai. De los hijos de Bani: Mesulam, Maluc, Adaías, Jasub, Seal y Ramot. De los hijos de Pajat-moab: Adna, Quelal, Benaías, Maasías, Matanías, Bezaleel, Binúi y Manasés. De los hijos de Harim: Eliezer, Isías, Malquías, Semaías, Simeón, Benjamín, Maluc y Semarías. De los hijos de Hasum: Matenai, Matata, Zabad, Elifelet, Jeremai, Manasés y Simei. De los hijos de Bani: Madai, Amram, Uel, Benaías, Bedías, Queluhi, Vanías, Meremot, Eliasib, Matanías, Matenai, Jaasai, Bani, Binúi, Simei, Selemías, Natán, Adaías, Macnadebai, Sasai, Sarai, Azareel, Selemías, Semarías, Salum, Amarías y José. De los hijos de Nebo: Jeiel, Matatías, Zabad, Zebina, Jadai, Joel y Benaías. Todos estos habían tomado mujeres extranjeras, y algunos tenían mujeres que les habían dado hijos. Las palabras de Nehemías hijo de Hacalías: Sucedió en el mes de Quislev del año 20, estando yo en Susa la capital, que Hanani, uno de mis hermanos, llegó de Judá, con algunos hombres. Les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Ellos me dijeron: "El remanente, los que han quedado de la cautividad allí en la provincia, está en gran dificultad y afrenta. La muralla de Jerusalén está derribada, y sus puertas quemadas a fuego." Cuando escuché estas palabras, me senté, lloré e hice duelo por algunos días. Ayuné y oré delante del Dios de los cielos, y dije: "Oh Jehovah, Dios de los cielos, Dios grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia para con los que le aman y guardan sus mandamientos: Por favor, estén atentos tus oídos y abiertos tus ojos para escuchar la oración de tu siervo, que yo hago ahora delante de ti, de día y de noche, por los hijos de Israel, tus siervos. Confieso los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti. Sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. Hemos actuado muy inicuamente contra ti y no hemos guardado los mandamientos, las leyes y los decretos que mandaste a tu siervo Moisés. Acuérdate, por favor, de la palabra que mandaste a tu siervo Moisés, diciendo: ‘Si sois infieles, yo os esparciré entre los pueblos. Pero si os volvéis a mí, guardáis mis mandamientos y los ponéis por obra, aunque vuestros desterrados estén en el extremo de los cielos, de allí los reuniré y los traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.’ Ellos son tus siervos y tu pueblo, a quienes redimiste con tu gran poder y con tu poderosa mano. Oh Jehovah, por favor, esté atento tu oído a la oración de tu siervo y a la oración de tus siervos que quieren reverenciar tu nombre. Prospera, por favor, a tu siervo hoy, y concédele gracia ante aquel hombre." Entonces yo servía de copero al rey. Sucedió en el mes de Nisán, en el año 20 del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y se lo di al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, el rey me preguntó: —¿Por qué está triste tu rostro, ya que tú no estás enfermo? Esto no es otra cosa que quebranto de corazón. Entonces tuve muchísimo temor. Y respondí al rey: —Viva el rey para siempre. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad donde están los sepulcros de mis padres está destruida, y sus puertas están consumidas por el fuego? El rey me preguntó: —¿Qué es lo que pides? Entonces oré al Dios de los cielos y respondí al rey: —Si le agrada al rey y si tu servidor es acepto delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la reedifique. Entonces el rey (y la reina estaba sentada junto a él) me preguntó: —¿Hasta cuándo durará tu viaje, y cuándo volverás? Le agradó al rey enviarme, y le señalé un plazo. Además dije al rey: —Si al rey le agrada, séanme dadas cartas para los gobernadores de la región de Más Allá del Río, para que me dejen pasar hasta que yo llegue a Judá; y otra carta para Asaf, guarda de los bosques del rey, para que me dé madera para poner vigas a las puertas de la ciudadela del templo, para la muralla de la ciudad y para la casa donde yo estaré. El rey me lo concedió, pues la bondadosa mano de Dios estaba conmigo. Entonces fui a los gobernadores de Más Allá del Río, y les entregué las cartas del rey. El rey había enviado conmigo jefes del ejército y jinetes. Pero cuando lo oyeron Sanbalat el horonita y Tobías el siervo amonita, se disgustaron en extremo de que alguien viniese para procurar el bien de los hijos de Israel. Llegué, pues, a Jerusalén; y después de estar allí tres días, me levanté de noche, yo y unos cuantos hombres conmigo, sin declarar a nadie lo que mi Dios había puesto en mi corazón que hiciese por Jerusalén. No llevé conmigo animales, excepto aquel en que yo cabalgaba. Salí de noche por la puerta del Valle hacia el manantial del Dragón y la puerta del Muladar, y examiné los muros de Jerusalén, que estaban derribados, y sus puertas, que estaban consumidas por el fuego. Luego pasé hacia la puerta de la Fuente y el estanque del Rey, pero no había lugar por donde pasase el animal en que cabalgaba. Subí de noche por el arroyo y examiné la muralla. Y de nuevo entré por la puerta del Valle, y regresé. Los oficiales no sabían a dónde me había ido, ni qué había hecho, pues hasta entonces yo no lo había declarado a los judíos, ni a los sacerdotes, ni a los nobles, ni a los oficiales, ni a los demás que habían de hacer la obra. Luego les dije: —Vosotros veis el mal estado en que nos encontramos: Jerusalén está destruida, y sus puertas están consumidas por el fuego. ¡Venid, reedifiquemos la muralla de Jerusalén, y no seamos más una afrenta! Les declaré cómo la mano de mi Dios estaba conmigo para bien, y también las palabras que el rey me había dicho. Y ellos dijeron: —¡Levantémonos y edifiquemos! Entonces esforzaron sus manos para bien. Pero cuando lo oyeron Sanbalat el horonita, Tobías el siervo amonita y Gesem el árabe, se burlaron de nosotros y nos menospreciaron. Preguntaron: —¿Qué es esto que estáis haciendo? ¿Os rebeláis contra el rey? Les respondí diciendo: —El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y reedificaremos. Pero vosotros no tenéis ni parte, ni derecho, ni memoria en Jerusalén. Se levantó el sumo sacerdote Eliasib con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas. Ellos la dedicaron y colocaron sus puertas. Dedicaron la muralla hasta la torre de la Centena y hasta la torre de Hananeel. A su lado edificaron los hombres de Jericó, y a su lado edificó Zacur hijo de Imri. Los hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado. Le pusieron sus vigas y colocaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos. A su lado restauró Meremot hijo de Urías, hijo de Cos. A su lado restauró Mesulam hijo de Berequías, hijo de Mesezabeel. A su lado restauró Sadoc hijo de Baaná. A su lado restauraron los de Tecoa, aunque sus hombres importantes no se presentaron para participar en el servicio de su Señor. La puerta Antigua fue restaurada por Joyada hijo de Paséaj y Mesulam hijo de Besodías. Ellos le pusieron sus vigas y colocaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos. A su lado restauraron Melatías de Gabaón y Jadón de Meronot, con los hombres de Gabaón y de Mizpa, que estaban bajo el dominio del gobernador de Más Allá del Río. A su lado restauró Uziel hijo de Harhaías, de los plateros. A su lado restauró Ananías, uno de los perfumistas, y dejaron restaurada Jerusalén hasta el muro ancho. A su lado restauró Refaías hijo de Hur, jefe de la mitad del distrito de Jerusalén. A su lado restauró Jedaías hijo de Harumaf, delante de su casa. A su lado restauró Hatús hijo de Hasabnías. Malquías hijo de Harim y Hasub hijo de Pajat-moab restauraron otro tramo, y también la torre de los Hornos. A su lado restauró Salum hijo de Halojes, jefe de la mitad del distrito de Jerusalén, acompañado de sus hijas. La puerta del Valle la restauró Hanún, con los habitantes de Zanóaj. Ellos la reedificaron y colocaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos, y 1.000 codos de la muralla, hasta la puerta del Muladar. La puerta del Muladar la restauró Malquías hijo de Recab, jefe del distrito de Bet-haquérem. El reedificó y colocó sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos. La puerta del Manantial la restauró Salum hijo de Coljoze, jefe del distrito de Mizpa. El la reedificó, la proveyó de cubierta y colocó sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos; también el muro del estanque de Siloé, hacia el jardín del Rey y hasta las escalinatas que descienden de la Ciudad de David. Después de él restauró Nehemías hijo de Azbuc, jefe de la mitad del distrito de Betsur, hasta frente a los sepulcros de David, hasta el estanque artificial y hasta la casa de los Valientes. Después de él restauraron los levitas: Rejum hijo de Bani. A su lado restauró Asabías, jefe de la mitad del distrito de Queila, a nombre de su distrito. Después de él restauraron sus hermanos: Bavai hijo de Henadad, jefe de la mitad del distrito de Queila. A su lado Ezer hijo de Jesúa, jefe de Mizpa, restauró otro tramo frente a la cuesta de la armería de la esquina. Después de él Baruc hijo de Zacai restauró con gran entusiasmo otro tramo, desde la esquina hasta la puerta de la casa del sumo sacerdote Eliasib. Después de él Meremot hijo de Urías, hijo de Cos, restauró otro tramo, desde la entrada de la casa de Eliasib hasta el extremo de la casa de Eliasib. Después de él restauraron los sacerdotes procedentes de la llanura. Después de ellos restauraron Benjamín y Hasub, frente a su casa. Después de ellos restauró Azarías hijo de Maasías, hijo de Ananías, cerca de su casa. Después de él Binúi hijo de Henadad restauró otro tramo, desde la casa de Azarías hasta el ángulo y hasta la esquina. Después de él Palal hijo de Uzai restauró frente a la esquina y la torre alta que sobresale de la casa del rey y que está junto al patio de la guardia. Después de él restauró Pedaías hijo de Paros, con los servidores del templo que vivían en el Ofel, hasta el frente de la puerta de las Aguas, al oriente, y hasta la torre que sobresalía. Después de él los de Tecoa restauraron otro tramo, frente a la torre grande que sobresale, hasta el muro del Ofel. Desde la puerta de los Caballos los sacerdotes restauraron, cada uno frente a su casa. Después de ellos restauró Sadoc hijo de Imer frente a su casa. Después de él restauró Semaías hijo de Secanías, guardia de la puerta oriental. Después de él restauraron otro tramo Ananías hijo de Selemías y Hanún, el sexto hijo de Salaf. Después de ellos Mesulam hijo de Berequías restauró frente a su almacén. Después de él Malquías, uno de los plateros, restauró hasta la casa de los servidores del templo y de los comerciantes, frente a la puerta de la Inspección y hasta la sala alta de la esquina. Y los fundidores y los comerciantes restauraron entre la sala alta de la esquina y la puerta de las Ovejas. Sucedió que cuando Sanbalat oyó que nosotros edificábamos la muralla, se enfureció y se encolerizó muchísimo, e hizo burla de los judíos. Entonces habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: —¿Qué hacen estos miserables judíos? ¿La han de dejar restaurada para sí? ¿Han de volver a ofrecer sacrificios? ¿Han de acabar en un día? ¿Han de hacer revivir las piedras de entre los montones de escombros, estando éstas quemadas? Junto a él estaba Tobías el amonita, quien dijo: —Lo que ellos edifican, si sube una zorra, derribará su muro de piedra. ¡Escucha, oh Dios nuestro, porque somos objeto de desprecio! Devuelve su afrenta sobre sus cabezas, y entrégalos como presa en una tierra de cautividad. No cubras su iniquidad, ni su pecado sea borrado de delante de ti, porque provocaron a los que edificaban. Así reedificamos la muralla, y fueron unidos todos los tramos de la muralla hasta la mitad de su altura; porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar. Pero sucedió que cuando Sanbalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los de Asdod oyeron que proseguía la reconstrucción de los muros de Jerusalén y que las brechas habían comenzado a ser cerradas, se encolerizaron mucho. Conspiraron todos juntos para venir a combatir contra Jerusalén y causarle daño. Entonces oramos a nuestro Dios, y a causa de ellos pusimos guardia contra ellos de día y de noche. Pero los de Judá dijeron: —Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado, y los escombros son muchos. Nosotros no podremos reedificar la muralla. Y nuestros enemigos dijeron: —Que no sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos y los matemos, y hagamos cesar la obra. Pero sucedió que cuando vinieron los judíos que habitaban cerca de ellos, nos dijeron diez veces: "De todos los lugares a donde os volváis, vendrán contra nosotros." Entonces distribuí al pueblo por familias, detrás de la muralla en sus partes más bajas y en sus partes desprotegidas, con sus espadas, sus lanzas y sus arcos. Después que inspeccioné, me levanté y dije a los principales, a los oficiales y al resto del pueblo: —¡No temáis delante de ellos! Acordaos del Señor grande y temible, y combatid por vuestros hermanos, por vuestros hijos, por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas. Sucedió que cuando nuestros enemigos oyeron que nos habíamos enterado y que Dios había desbaratado su plan, volvimos todos al muro, cada uno a su trabajo. Pero desde aquel día la mitad de mis hombres trabajaba en la obra, y la otra mitad empuñaba las lanzas, los escudos, los arcos y las corazas. Y los oficiales estaban detrás de toda la casa de Judá. Tanto los que reedificaban el muro como los que llevaban cargas estaban armados; con una mano trabajaban en la obra y con la otra empuñaban la jabalina. Los que edificaban llevaban cada uno su espada ceñida al cinto; así edificaban. Y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí. Entonces dije a los principales, a los oficiales y al resto del pueblo: —La obra es grande y amplia, y nosotros estamos distanciados en la muralla, lejos los unos de los otros. En el lugar donde oigáis el sonido de la corneta, allí reuníos con nosotros. Y nuestro Dios combatirá por nosotros. Así trabajábamos nosotros en la obra, y la mitad de ellos empuñaban las lanzas, desde la aurora hasta la aparición de las estrellas. En aquel tiempo también dije al pueblo: —Cada uno quédese con su criado a pasar la noche dentro de Jerusalén, de modo que nos sirvan de noche como centinelas, y de día como obreros. Ni yo, ni mis compañeros, ni mis hombres, ni la guardia que me acompañaba, ninguno de nosotros nos quitamos nuestra ropa; y cada uno tenía su jabalina a su derecha. Entonces hubo un gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judíos. Unos decían: —Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas somos muchos, y necesitamos grano para comer y vivir. Otros decían: —Por causa del hambre hemos empeñado nuestras tierras, nuestras viñas y nuestras casas para comprar grano. Y otros decían: —Hemos tomado prestado dinero para el tributo del rey, empeñando nuestras tierras y viñas. Y ahora, a pesar de ser nuestra carne como la de nuestros hermanos y nuestros hijos como sus hijos, he aquí que nosotros estamos sometiendo a nuestros hijos y a nuestras hijas a ser esclavos. Algunas de nuestras hijas han sido sometidas a servidumbre, y no tenemos posibilidad de rescatarlas; porque nuestras tierras y viñas están en poder de otros. Yo me enojé muchísimo cuando escuché su clamor y estas palabras. Lo medité y reprendí a los principales y a los magistrados, diciéndoles: —Practicáis la usura, cada uno contra su hermano. Luego congregué contra ellos una gran asamblea, y les dije: —Nosotros, conforme a nuestras posibilidades, hemos rescatado a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a los gentiles. Pero vosotros, ¡hasta vendéis a vuestros hermanos, para que ellos vuelvan a ser vendidos a nosotros! Ellos callaron, pues no supieron qué responder. Y yo dije: —No está bien lo que hacéis. ¿No debéis andar en el temor de nuestro Dios, para no ser motivo de afrenta ante las naciones que son nuestras enemigas? También yo, mis hermanos y mis criados les hemos prestado dinero y granos. Renunciemos, por favor, a esta usura. Por favor, restituidles en este día sus tierras, sus viñas, sus olivares y sus casas, y renunciad a la usura que les demandáis por el dinero, por el grano, por el vino y por el aceite. Ellos respondieron: —Se lo restituiremos y nada les demandaremos. Haremos como tú dices. Entonces convoqué a los sacerdotes y les hice jurar que harían conforme a esta promesa. Además, sacudí mi ropa y dije: —Así sacuda Dios de su casa y de su propiedad a todo hombre que no cumpla esta promesa, y que se quede sacudido y vacío. Y toda la congregación respondió: —¡Amén! Alabaron a Jehovah, y el pueblo hizo conforme a esta promesa. Además, desde el día en que el rey me comisionó para que fuese gobernador de ellos en la tierra de Judá, desde el año 20 del rey Artajerjes hasta el año 32, es decir, 12 años, ni yo ni mis compañeros comimos del pan del gobernador. Los gobernadores que me antecedieron pusieron un pesado yugo sobre el pueblo, y de ellos tomaron También participé en la obra de restauración de esta muralla. No compré campos, y todos mis criados estaban juntos allí en la obra. Además, participaban de mi mesa 150 hombres de los judíos y de los magistrados, aparte de los que venían a nosotros de los pueblos que estaban en nuestros alrededores. Lo que se preparaba para cada día era un toro y seis ovejas escogidas. También se preparaban aves para mí; y cada diez días, odres de vino en abundancia. No obstante, nunca exigí el pan del gobernador, porque la servidumbre de este pueblo era pesada. ¡Acuérdate de mí para bien, oh Dios mío, de todo lo que he hecho por este pueblo! Sucedió que habiendo oído Sanbalat, Tobías, Gesem el árabe y los demás enemigos nuestros que yo había reedificado la muralla y que no quedaban más brechas en ella (aunque hasta aquel tiempo no había colocado las hojas de las puertas), Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: "Ven y reunámonos en alguna de las aldeas, en el valle de Ono." Pero ellos habían pensado hacerme daño. Entonces les envié mensajeros diciendo: "Estoy realizando una gran obra. No puedo ir, porque cesaría el trabajo si yo lo abandonase para ir a vosotros." Cuatro veces me enviaron mensajeros con respecto al mismo asunto, y yo les respondí de la misma manera. Entonces Sanbalat envió a su criado para decirme lo mismo por quinta vez, trayendo en su mano una carta abierta en la cual estaba escrito: Se ha oído entre los pueblos, y Gesem lo dice, que tú y los judíos pensáis rebelaros, y que por eso tú reedificas la muralla. Según estos rumores, tú has llegado a ser su rey, y has puesto profetas que te proclamen en Jerusalén diciendo: "¡Hay rey en Judá!" Ahora bien, tales palabras han de ser oídas por el rey. Ven, por tanto, y tomemos consejo juntos. Entonces envié a decirle: "No han sucedido esas cosas que tú dices, sino que tú las inventas en tu corazón." Porque todos ellos nos intimidaban pensando: "Se debilitarán sus manos en la obra, y no será llevada a cabo." ¡Pero, oh Dios, fortalece mis manos! Después fui a la casa de Semaías hijo de Delaías, hijo de Mehetabel, porque él estaba encerrado allí. Y me dijo: —Reunámonos en la casa de Dios, dentro del templo, y cerremos las puertas del templo, porque vendrán para matarte. ¡Sí, a la noche vendrán para matarte! Entonces respondí: —¿Un hombre como yo ha de huir? ¿Quién siendo como yo entraría en el templo para salvar su vida? ¡No entraré! Así entendí que Dios no lo había enviado, sino que decía aquella profecía contra mí porque Tobías y Sanbalat le habían contratado. El fue contratado para que yo fuera intimidado e hiciese eso, y así pecara, de modo que les sirviese de mal nombre para desacreditarme. ¡Acuérdate, oh Dios mío, de Tobías y de Sanbalat, conforme a estas obras suyas, y también de la profetisa Noadía y de los otros profetas que trataban de intimidarme! La muralla fue terminada el 25 del mes de Elul, en cincuenta y dos días. Y sucedió que cuando nuestros enemigos oyeron esto, y lo vieron todos los pueblos de nuestros alrededores, se sintieron muy humillados ante sus propios ojos y se dieron cuenta de que esta obra había sido llevada a cabo por nuestro Dios. Asimismo, en aquellos días iban muchas cartas de los principales de Judá a Tobías, y las de Tobías venían a ellos. Porque muchos en Judá estaban asociados con él, ya que era yerno de Secanías hijo de Ara, y su hijo Johanán había tomado por mujer a la hija de Mesulam, hijo de Berequías. Ellos contaban delante de mí las buenas obras de él, y le referían mis palabras. Y Tobías enviaba cartas para intimidarme. Sucedió que después que la muralla fue reedificada, coloqué las puertas, y fueron asignados porteros, cantores y levitas. Luego puse a cargo de Jerusalén a mi hermano Hanani y a Ananías, jefe de la fortaleza, por ser éste un hombre de verdad y temeroso de Dios más que muchos. Les dije: "No sean abiertas las puertas de Jerusalén sino hasta que caliente el sol. Y mientras los porteros estén en sus puestos, cerrad las puertas y atrancadlas. Colocad los guardias de los habitantes de Jerusalén, unos en su puesto de guardia, y otros frente a su casa." La ciudad era espaciosa y grande, pero había poca gente dentro de ella, y las casas no estaban reconstruidas. Entonces mi Dios puso en mi corazón que reuniese a los principales, a los magistrados y al pueblo, para que fuesen registrados según su linaje. Así hallé el libro del registro de los que habían subido la primera vez, y encontré escrito en él lo siguiente: "Estos son los hombres de la provincia que regresaron de la cautividad, a quienes Nabucodonosor, rey de Babilonia, había llevado cautivos. Ellos volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad. Vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Azarías, Raamías, Najamani, Mardoqueo, Bilsán, Misperet, Bigvai, Nejum y Baaná. "Lista de los hombres del pueblo de Israel: Los hijos de Paros eran 2.172. Los hijos de Sefatías, 372. Los hijos de Araj, 652. Los hijos de Pajat-moab, por el lado de los hijos de Jesúa y Joab, 2.818. Los hijos de Elam, 1.254. Los hijos de Zatu, 845. Los hijos de Zacai, 760. Los hijos de Binúi, 648. Los hijos de Bebai, 628. Los hijos de Azgad, 2.322. Los hijos de Adonicam, 667. Los hijos de Bigvai, 2.067. Los hijos de Adín, 655. Los hijos de Ater, por el lado de Ezequías, 98. Los hijos de Hasum, 328. Los hijos de Bezai, 324. Los hijos de Harif, 112. "Los hijos de Gabaón, 95. Los hombres de Belén y de Netofa, 188. Los hombres de Anatot, 128. Los hombres de Bet-azmávet, 42. Los hombres de Quiriat-jearim, de Cafira y de Beerot, 743. Los hombres de Ramá y de Geba, 621. Los hombres de Micmas, 122. Los hombres de Betel y de Hai, 123. Los hombres del otro Nebo, 52. Los hijos del otro Elam, 1.254. Los hijos de Harim, 320. Los hijos de Jericó, 345. Los hijos de Lod, de Hadid y de Ono, 721. Los hijos de Senaa, 3.930. "Los sacerdotes: Los hijos de Jedaías, de la casa de Jesúa, 973. Los hijos de Imer, 1.052. Los hijos de Pasjur, 1.247. Los hijos de Harim, 1.017. "Los levitas: Los hijos de Jesúa, por el lado de Cadmiel, de los hijos de Hodavías, 74. Los cantores, hijos de Asaf, 148. Los porteros: Los hijos de Salum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita y los hijos de Sobai, 138. "Los servidores del templo: Los hijos de Zija, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot, los hijos de Queros, los hijos de Siaha, los hijos de Padón, los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Salmai, los hijos de Hanán, los hijos de Gidel, los hijos de Gajar, los hijos de Reayías, los hijos de Rezín, los hijos de Necoda, los hijos de Gazam, los hijos de Uza, los hijos de Paséaj, los hijos de Besai, los hijos de Meunim, los hijos de Nefusim, los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harjur, los hijos de Bazlit, los hijos de Mejida, los hijos de Harsa, los hijos de Barcos, los hijos de Sísara, los hijos de Tema, los hijos de Nezíaj, los hijos de Hatifa. "Los hijos de los siervos de Salomón: Los hijos de Sotai, los hijos de Soféret, los hijos de Perida, los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Gidel, los hijos de Sefatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poquéret-hazebaim, los hijos de Amón. "Todos los servidores del templo y los hijos de los siervos de Salomón eran 392. "Estos son los que regresaron de Tel-mélaj, de Tel-jarsa, de Querub, de Adón y de Imer, los cuales no pudieron demostrar su casa paterna ni su linaje, si eran de Israel: Los hijos de Delaías, los hijos de Tobías y los hijos de Necoda, 642. "De los sacerdotes: Los hijos de Habaías, los hijos de Cos y los hijos de Barzilai, quien había tomado por mujer a una de las hijas de Barzilai el galadita, y fue llamado según el nombre de ellas. Estos buscaron sus documentos genealógicos, pero no los hallaron; y fueron excluidos del sacerdocio. El gobernador les dijo que no comiesen de las cosas más sagradas hasta que hubiese sacerdote para usar el Urim y Tumim. "Toda la congregación en conjunto era de 42.360, sin contar sus siervos y sus siervas, que eran 7.337. Ellos tenían 245 cantores, hombres y mujeres. Sus caballos eran 736, sus mulos 245, sus camellos 435 y sus asnos 6.720. "Algunos de los jefes de las casas paternas dieron para la obra. El gobernador dio para el fondo 1.000 dracmas de oro, 50 tazones y 530 vestiduras sacerdotales. Los jefes de las casas paternas dieron para el fondo de la obra 20.000 dracmas de oro y 2.200 minas de plata. Lo que dio el resto del pueblo fue 20.000 dracmas de oro, 2.000 minas de plata y 67 túnicas sacerdotales. "Los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, algunos del pueblo, los servidores del templo y todo Israel habitaron en sus ciudades." Cuando llegó el mes séptimo, los hijos de Israel ya estaban en sus ciudades. Entonces todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que está frente a la puerta de las Aguas. Y dijeron al escriba Esdras que trajese el libro de la Ley de Moisés, que Jehovah había dado a Israel. El primer día del mes séptimo, el sacerdote Esdras trajo la Ley ante la congregación de hombres y mujeres, y de todo el que era apto para entender lo que oía. Y leyó el libro desde el alba hasta el medio día, frente a la plaza que está ante la puerta de las Aguas, en presencia de hombres, de mujeres y de cuantos podían entender. Y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la Ley. El escriba Esdras estaba sobre una plataforma de madera que habían hecho para ello. Junto a él, a su derecha, estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilquías y Maasías; y a su izquierda estaban Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo, porque él estaba más alto que todo el pueblo. Y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie. Entonces Esdras bendijo a Jehovah, el gran Dios; y todo el pueblo, alzando las manos, respondió: —¡Amén! ¡Amén! Luego se inclinaron y adoraron a Jehovah con el rostro a tierra. Entonces los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Quelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaías explicaban la Ley al pueblo, mientras el pueblo permanecía de pie en su lugar. Ellos leían en el libro de la Ley de Dios, explicando y aclarando el sentido, de modo que entendiesen la lectura. Nehemías, que era el gobernador, el sacerdote y escriba Esdras y los levitas que enseñaban al pueblo decían a todo el pueblo: —¡Este es un día santo para Jehovah vuestro Dios! No os entristezcáis ni lloréis. Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley. Luego les dijo: —Id, comed ricos manjares, bebed bebidas dulces y enviad porciones a los que no tienen nada preparado, porque éste es un día santo para nuestro Señor. No os entristezcáis, porque el gozo de Jehovah es vuestra fortaleza. Los levitas hacían que todo el pueblo guardara silencio, y decían: —Callad, porque el día es santo; no os entristezcáis. Así todo el pueblo se fue a comer y a beber, a enviar porciones y a regocijarse con gran alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado. El segundo día se reunieron con el escriba Esdras los jefes de las casas paternas de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas, para profundizar las palabras de la Ley. Y hallaron escrito en la Ley, que Jehovah había mandado por medio de Moisés, que los hijos de Israel debían habitar en cabañas en la fiesta del mes séptimo. Entonces informaron y mandaron pregonar en todas sus ciudades y en Jerusalén, diciendo: —¡Salid al monte y traed ramas de olivo, ramas de olivo silvestre, ramas de mirto, ramas de palmeras y ramas de árboles frondosos, para hacer cabañas, como está escrito! Entonces el pueblo salió y las trajo. Cada persona hizo cabañas para sí sobre su azotea, en sus patios, en los atrios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas y en la plaza de la puerta de Efraín. Toda la congregación que había vuelto de la cautividad hizo cabañas y habitó en ellas, porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, los hijos de Israel no habían hecho tal cosa. Había una alegría muy grande. Esdras leía día tras día en el libro de la Ley de Dios, desde el primero hasta el último día. Durante siete días celebraron la fiesta, y al octavo día hubo una asamblea festiva, conforme a lo establecido. El día 24 del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, vestidos de cilicio y polvo sobre ellos. Los del linaje de Israel ya se habían apartado de todos los extranjeros; y estando de pie, confesaban sus pecados y la iniquidad de sus padres. Puestos de pie en su lugar, leyeron en el libro de la Ley de Jehovah su Dios durante una cuarta parte del día. Durante otra cuarta parte del día confesaron sus pecados y adoraron a Jehovah su Dios. Entonces, sobre la plataforma de los levitas se pusieron de pie Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani y Quenani, e invocaron en voz alta a Jehovah su Dios. Los levitas Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías dijeron: "¡Levantaos, bendecid a Jehovah vuestro Dios, desde la eternidad hasta la eternidad!" "Bendigan tu nombre glorioso, y sea exaltado más que toda bendición y alabanza. "Tú eres Jehovah; tú hiciste los cielos, los cielos de los cielos y todo su ejército, la tierra y todo lo que hay en ella, los mares y todo lo que en ellos hay. Tú sostienes con vida a todos; los ejércitos de los cielos te adoran. "Tú eres, oh Jehovah, el Dios que escogiste a Abram. Lo sacaste de Ur de los caldeos y le pusiste por nombre Abraham. Hallaste fiel su corazón delante de ti, e hiciste un pacto con él para darle la tierra de los cananeos, de los heteos, de los amorreos, de los ferezeos, de los jebuseos y de los gergeseos, a fin de darla a su descendencia. Y cumpliste tu palabra, porque tú eres justo. "Miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y escuchaste su clamor junto al mar Rojo. Hiciste señales y prodigios contra el faraón, contra todos sus servidores y contra todo el pueblo de su tierra. Porque sabías que contra ellos habían actuado con soberbia, y te hiciste un gran nombre, como en el día de hoy. "Dividiste ante ellos el mar, de modo que pasaron en seco por medio de él. Pero a sus perseguidores echaste en las profundidades, como una piedra en las poderosas aguas. Los guiaste de día con una columna de nube, y de noche con una columna de fuego, para alumbrarles el camino por donde habían de ir. "Descendiste sobre el monte Sinaí y les hablaste desde el cielo. Les diste decretos rectos, instrucciones fieles, leyes y mandamientos buenos. Les hiciste conocer tu santo sábado y les prescribiste mandamientos, leyes e instrucciones por medio de tu siervo Moisés. "Cuando tuvieron hambre, les diste pan del cielo; y cuando tuvieron sed, les sacaste agua de la peña. Les prometiste que entrarían para tomar posesión de la tierra por la cual alzaste tu mano jurando que les darías. Pero ellos y nuestros padres actuaron con soberbia; endurecieron su cerviz y no escucharon tus mandamientos. No quisieron escuchar, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho entre ellos. Más bien, endurecieron su cerviz y designaron un jefe para regresar a su esclavitud en Egipto. Pero tú que eres un Dios perdonador, clemente y compasivo, tardo para la ira y grande en misericordia, no los abandonaste. "Aun cuando se hicieron un becerro de fundición, cuando dijeron: ‘Este es tu dios que te hizo subir de Egipto’, y cometieron grandes abominaciones, tú por tu gran misericordia no los abandonaste en el desierto. La columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino; ni la columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir. Diste tu buen Espíritu para enseñarles. No retiraste de su boca tu maná, y les diste agua para su sed. Los sustentaste durante cuarenta años en el desierto; nada les faltó. Sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies. "Les entregaste reinos y pueblos, y se los distribuiste por fronteras. Así llegaron a tomar posesión de la tierra de Sejón, es decir, la tierra del rey de Hesbón, y de la tierra de Og, rey de Basán. Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los llevaste a la tierra que habías prometido a sus padres que entrarían para tomarla en posesión. Sus hijos entraron y tomaron posesión de la tierra. Delante de ellos sometiste a los cananeos, los habitantes de dicha tierra, y los entregaste en su mano, con sus reyes y los pueblos de la tierra, para que hiciesen con ellos según su voluntad. Tomaron ciudades fortificadas y una tierra fértil. Heredaron casas llenas de todo bien, cisternas cavadas, viñas, olivares y muchísimos árboles de fruto comestible. Comieron y se saciaron; engordaron y se deleitaron en tu gran bondad. "Pero fueron desobedientes y se rebelaron contra ti; echaron tu ley a sus espaldas. Mataron a tus profetas que testificaban contra ellos para hacerlos volver a ti, y cometieron grandes abominaciones. Los entregaste en mano de sus enemigos, los cuales los afligieron. Pero clamaron a ti en el tiempo de su tribulación, y tú los escuchaste desde los cielos. Por tu gran misericordia les diste libertadores que los librasen de mano de sus enemigos. Pero apenas obtenían comodidad, volvían a hacer lo malo delante de ti, por lo cual los abandonabas en mano de sus enemigos, que se enseñoreaban de ellos. Pero volvieron a clamar a ti, y tú les escuchaste desde los cielos y los libraste muchas veces por tu misericordia. Les amonestaste para hacerlos volver a tu ley, pero ellos actuaron con soberbia y no escucharon tus mandamientos. Pecaron contra tus decretos, los cuales, el hombre que los cumpla, por ellos vivirá. Dieron las espaldas en rebeldía, endurecieron su cerviz y no escucharon. "Por muchos años te mostraste paciente y les amonestaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no escucharon. Por eso les entregaste en mano de los pueblos de la tierra. Pero por tu gran misericordia no los consumiste ni los abandonaste, porque tú eres un Dios clemente y misericordioso. "Ahora pues, oh Dios nuestro, Dios grande, fuerte y temible, que guardas el pacto y la misericordia, no sea tenida como poca cosa delante de ti toda la angustia que nos ha alcanzado: a nuestros reyes, a nuestros magistrados, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta el día de hoy. Sin embargo, tú eres justo en todo lo que nos ha sobrevenido. Porque has actuado con verdad, pero nosotros hemos hecho lo malo. Nuestros reyes, nuestros magistrados, nuestros sacerdotes y nuestros padres no pusieron por obra tu ley. No atendieron a tus mandamientos ni a tus advertencias con que les advertiste. Ellos, en su reino, en la abundancia que les diste y en la tierra extensa y fértil que entregaste ante ellos, no te sirvieron ni se volvieron de sus malas obras. "He aquí que hoy nosotros somos esclavos. En cuanto a la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen de su fruto y de su bien, he aquí que en ella somos esclavos. El fruto de ella se multiplica para los reyes que a causa de nuestros pecados nos has impuesto. Ellos se enseñorean de nuestros cuerpos y de nuestros ganados, conforme a su voluntad; y estamos en gran angustia." A causa de todo esto, nosotros hemos hecho un firme compromiso, y lo escribimos. Y fue firmado por nuestros magistrados, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes. Los que lo firmaron fueron: el gobernador Nehemías hijo de Hacalías, Sedequías, Seraías, Azarías, Jeremías, Pasjur, Amarías, Malquías, Hatús, Sebanías, Maluc, Harim, Meremot, Abdías, Daniel, Ginetón, Baruc, Mesulam, Abías, Mijamín, Maazías, Bilgai y Semaías. Estos eran los sacerdotes. Los levitas: Jesúa hijo de Azanías, Binúi de los hijos de Henadad, Cadmiel y sus hermanos Sebanías, Hovías, Quelita, Pelaías, Hanán, Micaías, Rejob, Hasabías, Zacur, Serebías, Sebanías, Hodías, Bani y Beninu. Los jefes del pueblo: Paros, Pajat-moab, Elam, Zatu, Bani, Buni, Azgad, Bebai, Adonías, Bigvai, Adín, Ater, Ezequías, Azur, Hodías, Hasum, Bezai, Harif, Anatot, Nebai, Magpías, Mesulam, Hezir, Mesezabeel, Sadoc, Jadúa, Pelatías, Hanán, Anaías, Oseas, Ananías, Hasub, Halojes, Pilja, Sobec, Rejum, Hasabna, Maasías; también Ajías, Hanán, Anán, Maluc, Harim y Baaná. El resto del pueblo, los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los servidores del templo y todos los que se habían apartado de los gentiles y se habían adherido a la ley de Dios, con sus mujeres, sus hijos y sus hijas—todos los que podían comprender y discernir—, se adhirieron a sus hermanos, sus dirigentes, y se comprometieron bajo imprecación y juramento: A andar en la ley de Dios, la cual fue dada por medio de Moisés, siervo de Dios. A guardar y cumplir todos los mandamientos de Jehovah nuestro Señor, sus decretos y sus leyes. A no dar nuestras hijas a los gentiles, ni a tomar sus hijas para nuestros hijos. A que si los pueblos de la tierra trajesen a vender mercancías y comestibles en día de sábado, nada tomaríamos de ellos en sábado ni en día santo. A dejar de cultivar nuestra tierra en el séptimo año y a perdonar toda deuda. Nos impusimos la obligación de contribuir con la tercera parte de un siclo al año para la obra de la casa de nuestro Dios: para el pan de la presentación y la ofrenda vegetal continua; para el holocausto continuo y el de los sábados, lunas nuevas y fiestas solemnes; para las ofrendas santas y los sacrificios por el pecado, a fin de hacer expiación por Israel y por toda la obra de la casa de nuestro Dios. También hicimos un sorteo entre los sacerdotes, los levitas y el pueblo, con respecto a la ofrenda de leña, para traerla a la casa de nuestro Dios, según nuestras casas paternas, en los tiempos determinados cada año, para hacerla arder sobre el altar de Jehovah nuestro Dios, como está escrito en la ley. Nos comprometimos a traer cada año a la casa de Jehovah las primicias de nuestra tierra y las primicias del fruto de todo árbol, así como los primogénitos de nuestros hijos y de nuestros ganados, como está escrito en la ley; y a traer a la casa de nuestro Dios, a los sacerdotes que allí sirven, los primerizos de nuestras vacas y de nuestras ovejas. Llevaremos a los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro Dios, las primicias de nuestras masas, de nuestras ofrendas, del fruto de todo árbol, del vino y del aceite. Llevaremos el diezmo de nuestra tierra a los levitas, porque ellos, los levitas, reciben el diezmo de nuestras labores en todas las ciudades. Un sacerdote hijo de Aarón estará con los levitas cuando éstos reciban el diezmo, y los levitas llevarán la décima parte del diezmo a la casa de nuestro Dios, a las cámaras del tesoro. A esas cámaras llevarán los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino nuevo y del aceite. Allí estarán los utensilios del santuario, los sacerdotes que sirven, los porteros y los cantores. Nos comprometimos a no abandonar la casa de nuestro Dios. Los principales del pueblo se establecieron en Jerusalén. Pero el resto del pueblo hizo un sorteo para que uno de cada diez habitase en Jerusalén, la ciudad santa, y los nueve restantes en las otras ciudades. El pueblo bendijo a todas las personas que se ofrecieron voluntariamente para habitar en Jerusalén. Estos eran los jefes de la provincia que habitaron en Jerusalén (en las ciudades de Judá habitaba cada uno en su propiedad, en sus ciudades, tanto los israelitas como los sacerdotes, los levitas, los servidores del templo y los hijos de los siervos de Salomón; algunos de los hijos de Judá y de los hijos de Benjamín habitaban en Jerusalén): De los hijos de Judá: Ataías hijo de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Mahalaleel, de los hijos de Fares; y Maasías hijo de Baruc, hijo de Coljoze, hijo de Hazaías, hijo de Adaías, hijo de Joyarib, hijo de Zacarías, hijo de Siloni. Todos los hijos de Fares que habitaban en Jerusalén eran 468 hombres valerosos. Y éstos eran los hijos de Benjamín: Salú hijo de Mesulam, hijo de Joed, hijo de Pedaías, hijo de Colaías, hijo de Maasías, hijo de Itiel, hijo de Jesaías; y después de él, Gabai y Salai: 928. Joel hijo de Zicri era supervisor de ellos, y Judá hijo de Hasenúa era el segundo en el mando en la ciudad. De los sacerdotes: Jedaías hijo de Joyarib, Jaquín, Seraías hijo de Hilquías, hijo de Mesulam, hijo de Sadoc, hijo de Merayot, hijo de Ajitob, principal de la casa de Dios, y sus hermanos que hacían la obra del templo: 822. Adaías hijo de Jerojam, hijo de Pelalías, hijo de Amsi, hijo de Zacarías, hijo de Pasjur, hijo de Malquías, y sus hermanos, jefes de casas paternas: 242. Amasai hijo de Azareel, hijo de Ajzai, hijo de Mesilemot, hijo de Imer, y sus hermanos, guerreros valientes, eran 128, de los cuales era supervisor Zabdiel hijo de Gedolim. De los levitas: Semaías hijo de Hasub, hijo de Azricam, hijo de Hasabías, hijo de Buni; Sabetai, Jozabad, de los jefes de los levitas, encargados de la obra exterior de la casa de Dios; Matanías hijo de Micaías, hijo de Zabdi, hijo de Asaf, el director que empezaba la acción de gracias al tiempo de la oración; Bacbuquías, el segundo de sus hermanos, y Abda hijo de Samúa, hijo de Galal, hijo de Jedutún. Todos los levitas en la ciudad santa eran 284. Los porteros: Acub, Talmón y sus hermanos, los que hacían guardia en las puertas: 172. El resto de Israel, de los sacerdotes y de los levitas estaban en todas las ciudades de Judá, cada uno en su propiedad. Pero los servidores del templo habitaban en el Ofel, bajo el mando de Zija y de Guspa. El supervisor de los levitas en Jerusalén era Uzi hijo de Bani, hijo de Hasabías, hijo de Matanías, hijo de Micaías, de los hijos de Asaf, cantores que estaban al frente de la obra de la casa de Dios. Porque había un mandato del rey acerca de ellos y un reglamento acerca de los cantores, determinando las cosas para cada día. Petanías hijo de Mesezabel, de los hijos de Zéraj hijo de Judá, estaba al servicio del rey para todos los asuntos del pueblo. En cuanto a las aldeas con sus campos, algunos de los hijos de Judá habitaron en Quiriat-arba y sus aldeas, en Dibón y sus aldeas, en Cabseel y sus aldeas, en Jesúa, en Molada, en Bet-pélet, en Hazar-sual, en Beerseba y sus aldeas, en Siclag, en Mecona y sus aldeas, en En-rimón, en Zora, en Jarmut, en Zanóaj y en Adulam y sus aldeas, en Laquis y sus campos, en Azeca y sus aldeas. Ellos habitaron desde Beerseba hasta el valle de Hinom. Los hijos de Benjamín habitaron desde Geba, en Micmas, Haía, Betel y sus aldeas, Anatot, Nob, Ananías, Hazor, Ramá, Gitaim, Hadid, Seboím, Nebalat, Lod y Ono, en el valle de Jarasim. Algunos grupos de los levitas habitaron en Judá y en Benjamín. Estos son los sacerdotes y los levitas que volvieron con Zorobabel hijo de Salatiel y con Jesúa: Seraías, Jeremías, Esdras, Amarías, Maluc, Hatús, Secanías, Rejum, Meremot, Ido, Ginetón, Abías, Mijamín, Maadías, Bilga, Semaías, Joyarib, Jedaías, Salú, Amoc, Hilquías y Jedaías. Estos eran los jefes de los sacerdotes y sus hermanos en los días de Jesúa. Los levitas: Jesúa, Binúi, Cadmiel, Serebías, Judá y Matanías, quien juntamente con sus hermanos estaba a cargo de los salmos de acción de gracias. Bacbuquías y Uni, sus hermanos, estaban frente a ellos en el servicio. Jesúa engendró a Joyaquim; Joyaquim engendró a Eliasib; Eliasib engrendró a Joyada; Joyada engendró a Jonatán, y Jonatán engendró a Jadúa. En los días de Joyaquim, los sacerdotes jefes de casas paternas fueron: Meraías, de la casa paterna de Seraías; Ananías, de la de Jeremías; Mesulam, de la de Esdras; Johanán, de la de Amarías; Jonatán, de la de Melicú; José, de la de Sebanías; Adna, de la de Harim; Helcai, de la de Merayot; Zacarías, de la de Ido; Mesulam, de la de Ginetón; Zicri, de la de Abías; de la de Miniamín; Piltai, de la de Moadías; Samúa, de la de Bilga; Jonatán, de la de Semaías; Matenai, de la de Joyarib; Uzi, de la de Jedaías; Calai, de la de Salai; Heber, de la de Amoc, Hasabías, de la de Hilquías; y Natanael, de la de Jedaías. Los jefes de las casas paternas de los levitas y de los sacerdotes, en los días de Eliasib, de Joyada, de Johanán y de Jadúa, fueron inscritos hasta el reinado de Darío el persa. Los hijos de Leví, jefes de casas paternas, también fueron inscritos en el libro de las crónicas, hasta los días de Johanán hijo de Eliasib. Los jefes de los levitas eran Hasabías, Serebías y Jesúa hijo de Cadmiel, y sus hermanos que se colocaban frente a ellos, un grupo frente a otro, para la alabanza y la acción de gracias, conforme al mandato de David, hombre de Dios. Matanías, Bacbuquías, Obadías, Mesulam, Talmón y Acub eran los porteros que montaban guardia en los almacenes junto a las puertas. Ellos sirvieron en los días de Joyacim hijo de Jesúa, hijo de Josadac, y en los días del gobernador Nehemías y del sacerdote y escriba Esdras. Para la dedicación de la muralla de Jerusalén buscaron a los levitas de todos sus lugares, a fin de traerlos a Jerusalén para celebrar la dedicación y la fiesta con alabanzas y cánticos, con címbalos, liras y arpas. También fueron reunidos los hijos de los cantores de la región de alrededor de Jerusalén, de las aldeas de los de Netofa, de Bet-gilgal y de los campos de Geba y de Azmávet; porque los cantores se habían edificado aldeas alrededor de Jerusalén. Los sacerdotes y los levitas se purificaron y purificaron al pueblo, las puertas y la muralla. Después hice subir a los principales de Judá sobre la muralla y puse dos grandes coros de acción de gracias. El primero iba sobre la muralla hacia el sur, hacia la puerta del Muladar. Tras ellos iban Osaías y la mitad de los principales de Judá, con Azarías, Esdras, Mesulam, Judá, Benjamín, Semaías y Jeremías. Algunos de los hijos de los sacerdotes que llevaban las trompetas—Zacarías hijo de Jonatán, hijo de Semaías, hijo de Matanías, hijo de Micaías, hijo de Zacur, hijo de Asaf— y sus compañeros Semaías, Azareel, Milalai, Gilalai, Maai, Natanael, Judá y Hanani iban con los instrumentos musicales de David, hombre de Dios. Y el escriba Esdras iba delante de ellos. A la puerta de la Fuente subieron directamente por las escalinatas de la Ciudad de David, por la cuesta de la muralla, pasando la casa de David hasta la puerta de las Aguas, al oriente. El segundo coro de acción de gracias iba hacia el norte. Tras él iba yo con la mitad del pueblo, sobre la muralla, pasando por la torre de los Hornos hasta el muro ancho, y pasando por la puerta de Efraín hasta la puerta Antigua, la puerta del Pescado, la torre de Hananeel, la torre de Hamat y la puerta de las Ovejas, y se detuvieron en la puerta de la Guardia. Después los dos coros se detuvieron en la casa de Dios; y yo, y la mitad de los dirigentes conmigo, y los sacerdotes Eliaquim, Maaseías, Miniamín, Micaías, Elioenai, Zacarías y Ananías, con trompetas. Lo mismo Maaseías, Semaías, Eleazar, Uzi, Johanán, Malquías, Elam y Ezer. Los cantores entonaban su canto, bajo la dirección de Izrajías. Aquel día ofrecieron muchos sacrificios y se regocijaron, porque Dios les había dado gran alegría. También se regocijaron las mujeres y los niños, y el regocijo de Jerusalén se oía desde lejos. Aquel día fueron puestos hombres a cargo de las cámaras de los tesoros, de las ofrendas, de las primicias y de los diezmos, para juntar en ellas de los campos de las ciudades las porciones legales para los sacerdotes y los levitas; porque era grande el gozo de Judá con respecto a los sacerdotes y a los levitas que realizaban el servicio. Así cumplieron la ordenanza de su Dios y la ordenanza de la purificación. También los cantores y los porteros hicieron conforme al mandato de David y de su hijo Salomón. Porque desde el tiempo de David y de Asaf, desde tiempos antiguos, había directores de los cantores para cantar alabanzas y salmos de acción de gracias a Dios. En los días de Zorobabel y en los días de Nehemías, todo Israel daba a los cantores y a los porteros las porciones correspondientes, cada cosa en su día. Ellos consagraban sus porciones para los levitas, y los levitas consagraban la porción para los hijos de Aarón. Aquel día se leyó en el libro de Moisés a oídos del pueblo, y se halló escrito en él: No entrará jamás el amonita, ni el moabita en la congregación de Dios, porque no salieron a recibir a los hijos de Israel con pan y agua, sino que él contrató contra ellos a Balaam, para que los maldijese. Pero nuestro Dios convirtió la maldición en bendición. Y sucedió que cuando escucharon la Ley, excluyeron de Israel a todos los extranjeros. Antes de esto, el sacerdote Eliasib, siendo encargado de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías y le había preparado una gran cámara en la que antes guardaban las ofrendas vegetales, el incienso, los utensilios, el diezmo del grano, del vino nuevo y del aceite—que estaban asignados a los levitas, a los cantores y a los porteros— y la ofrenda para los sacerdotes. Pero cuando sucedió todo esto, yo no estaba en Jerusalén, pues en el año 32 de Artajerjes, rey de Babilonia, volví al rey. Pero después de un tiempo pedí permiso de él, y cuando llegué a Jerusalén, comprendí el mal que había hecho Eliasib en atención a Tobías, preparándole una cámara en los atrios de la casa de Dios. Esto me desagradó muchísimo y arrojé fuera de la cámara todos los enseres de la casa de Tobías. Luego ordené que limpiaran las cámaras e hice volver allí los enseres de la casa de Dios, con las ofrendas vegetales y el incienso. Asimismo, me informé de que no habían sido dadas sus porciones a los levitas, por lo que los levitas y los cantores que hacían el servicio habían huido, cada uno a su campo. Reprendí a los dirigentes diciendo: "¿Por qué está abandonada la casa de Dios?" Entonces los reuní y los puse en sus puestos; y todo Judá trajo a los almacenes el diezmo del grano, del vino y del aceite. Puse a cargo de los almacenes al sacerdote Selemías, al escriba Sadoc y a Pedaías, uno de los levitas. Al servicio de ellos estaba Hanán hijo de Zacur, hijo de Matanías; pues ellos eran tenidos por fieles. Ellos estaban a cargo del reparto a sus hermanos. ¡Acuérdate de mí, oh Dios mío, con respecto a esto, y no borres las bondades que hice por la casa de mi Dios y por sus servicios! En aquellos días vi en Judá a algunos que en sábado pisaban los lagares, acarreaban gavillas, las cargaban sobre asnos, y también vino, uvas, higos y toda clase de cargas, y los llevaban a Jerusalén en día de sábado. Les amonesté acerca del día en que vendían las provisiones. Y la gente de Tiro que habitaba allí traía pescado y toda mercancía, y vendía en sábado a los habitantes de Judá en Jerusalén. También reprendí a los principales de Judá diciéndoles: "¿Por qué hacéis vosotros esta cosa mala, profanando así el sábado? ¿No hicieron esto vuestros padres, y nuestro Dios trajo sobre nosotros y sobre esta ciudad toda esta desgracia? ¡Vosotros estáis añadiendo ira sobre Israel, al profanar el sábado!" Sucedió, pues, que cuando oscurecía a las puertas de Jerusalén antes del sábado, ordené que fueran cerradas las puertas y que no las abriesen hasta después del sábado. Puse en las puertas a algunos de mis criados, para que no dejasen meter cargas el día de sábado. Los comerciantes y los vendedores de toda clase de mercancía permanecieron durante la noche fuera de Jerusalén una o dos veces, por lo que les amonesté diciendo: "¿Por qué permanecéis durante la noche frente al muro? ¡Si lo hacéis otra vez os echaré mano!" Desde entonces no vinieron en el sábado. Luego mandé a los levitas que se purificasen y fuesen a guardar las puertas, para santificar el día de sábado. También por esto acuérdate de mí, oh Dios mío, y perdóname según la grandeza de tu misericordia. Asimismo, en aquellos días vi a judíos que habían tomado mujeres de Asdod, de Amón y de Moab. La mitad de sus hijos hablaban el idioma de Asdod; no sabían hablar el hebreo, sino el idioma de uno o de otro pueblo. Reñí con ellos, los maldije, golpeé a algunos de ellos, les arranqué los pelos y les hice jurar por Dios, diciendo: "¡No daréis vuestras hijas a sus hijos, ni desposaréis sus hijas con vuestros hijos ni con vosotros! ¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Entre las muchas naciones no hubo rey como él, amado por su Dios y a quien Dios le había constituido rey de todo Israel. Con todo, incluso a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras. ¿Habremos, pues, de escucharos y cometer toda esta gran maldad de actuar con infidelidad contra nuestro Dios, tomando mujeres extranjeras?" Uno de los hijos de Joyada, hijo del sumo sacerdote Eliasib, era yerno de Sanbalat el horonita; por lo que lo ahuyenté de mi lado. ¡Acuérdate de ellos, oh Dios mío, porque han contaminado el sacerdocio y el pacto de los sacerdotes y de los levitas! Los purifiqué, pues, de todo lo extranjero y asigné deberes a los sacerdotes y a los levitas, cada uno en su tarea. Dispuse lo necesario para la ofrenda de leña en los tiempos señalados y para las primicias. ¡Acuérdate de mí, oh Dios mío, para bien! Esto aconteció en los días de Asuero (el Asuero que reinó desde la India hasta Etiopía, sobre 127 provincias). En aquellos días, cuando el rey Asuero se había sentado en su trono real que estaba en Susa, la capital, en el tercer año de su reinado, hizo un banquete para todos sus magistrados y servidores. Los jefes del ejército de Persia y de Media, los nobles y los magistrados de las provincias estaban ante él, mientras les mostraba por muchos días (180 días) la gloriosa riqueza de su reino y el costoso esplendor de su grandeza. Una vez cumplidos estos días, el rey hizo un banquete durante siete días para todo el pueblo que se hallaba en Susa, la capital, desde el mayor hasta el menor, en el patio de los jardines del palacio real. Había lienzos de lino blanco y azul, sujetos por cordones de lino y de púrpura a anillos de plata y a columnas de mármol. Los divanes de oro y de plata estaban sobre un pavimento de alabastro, de mármol, de madreperla y de ónice. Y conforme a la generosidad del rey, daban a beber mucho vino real en vasos de oro, vasos diferentes unos de otros. La bebida era, de acuerdo con lo establecido, sin ninguna obligación; porque el rey había mandado a todos los mayordomos de su casa que se hiciese conforme al gusto de cada uno. También la reina Vasti hizo un banquete para las mujeres en el palacio real del rey Asuero. En el séptimo día, estando el corazón del rey alegre a causa del vino, mandó a Mehumán, a Bizta, a Harbona, a Bigta, a Abagta, a Zetar y a Carcas (los siete eunucos que servían personalmente al rey Asuero), que trajesen a la presencia del rey a la reina Vasti, con su corona real, para mostrar su belleza a los pueblos y a los gobernantes; porque ella era de hermosa apariencia. Pero la reina Vasti rehusó comparecer, a pesar de la orden del rey enviada por medio de los eunucos. El rey se indignó muchísimo, y se encendió en él su ira. Entonces el rey, como era la costumbre del rey con los que conocían la ley y el derecho, preguntó a los sabios conocedores de los tiempos (hizo que se acercaran a él Carsena, Setar, Admata, Tarsis, Meres, Marsena, y Memucán, siete magistrados de Persia y de Media que tenían acceso al rey y que ocupaban los primeros puestos en el reino): —Según la ley, ¿qué se ha de hacer con la reina Vasti, por no haber cumplido la orden del rey Asuero, dada por medio de los eunucos? Entonces Memucán dijo ante el rey y los magistrados: —La reina Vasti ha actuado mal, no solamente contra el rey, sino también contra todos los magistrados y contra todos los pueblos que están en todas las provincias del rey Asuero. Porque la palabra de la reina llegará a todas las mujeres y les hará mirar con menosprecio a sus maridos, diciendo: "El rey Asuero ordenó traer a su presencia a la reina Vasti, pero ella no fue." Y desde este día las damas de Persia y de Media que hayan oído las palabras de la reina dirán lo mismo a todos los magistrados del rey, y habrá mucho menosprecio e indignación. Si al rey le parece bien, salga de su presencia un decreto real que sea escrito entre las leyes de Persia y de Media, de modo que no sea abrogado: que Vasti no venga más a la presencia del rey Asuero, y que el rey dé su dignidad real a otra mejor que ella. La sentencia que promulgue el rey será oída en todo su reino, inmenso como es; y todas las mujeres honrarán a sus maridos, desde el mayor hasta el menor. Este consejo pareció bien al rey y a los magistrados, y el rey hizo conforme al dicho de Memucán. Entonces envió cartas a todas las provincias del rey, a cada provincia conforme a su sistema de escritura y a cada pueblo en su idioma. El expresó, en el idioma de cada pueblo, que todo hombre fuese señor en su casa. Después de estas cosas, y una vez apaciguada la ira del rey Asuero, él se acordó de Vasti, de lo que ella había hecho y de lo que se había decidido con respecto a ella. Entonces dijeron los jóvenes que servían al rey: "Búsquense para el rey jóvenes vírgenes de hermosa apariencia. Nombre el rey oficiales en todas las provincias de su reino, para que reúnan en Susa, la capital, a todas las jóvenes vírgenes de hermosa apariencia, en el harén que está bajo el cuidado de Hegai, eunuco del rey y guardián de las mujeres; y provéase su tratamiento cosmético. La joven que agrade a los ojos del rey, reine en lugar de Vasti." Este consejo agradó al rey, y así lo hizo. En Susa, la capital, había un judío llamado Mardoqueo hijo de Jaír, hijo de Simei, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, que había sido llevado cautivo de Jerusalén junto con los cautivos llevados con Joaquín, rey de Judá, a quien Nabucodonosor, rey de Babilonia, llevó cautivo. Este había criado a Hadasa (que es Ester), hija de su tío, porque ella no tenía padre ni madre. La joven era de bella figura y de hermosa apariencia. Cuando murieron su padre y su madre, Mardoqueo la tomó como hija suya. Sucedió que al ser oídas la palabra y la disposición del rey, y al ser reunidas muchas jóvenes en Susa, la capital, bajo el cuidado de Hegai, también Ester fue llevada a la casa del rey, bajo el cuidado de Hegai, guardián de las mujeres. La joven agradó a sus ojos y obtuvo gracia delante de él, por lo que ordenó que se le administrasen de inmediato su tratamiento cosmético y su dieta, y que se le asignasen siete jóvenes escogidas de la casa del rey. Y la trasladó con ellas a la mejor sección del harén. Ester no declaró cuál era su pueblo ni su parentela, pues Mardoqueo le había mandado que no lo dijese. Y cada día Mardoqueo se paseaba frente al patio del harén para informarse de cómo le iba a Ester y de qué le acontecía. Cuando llegaba el turno a cada una de las jóvenes para venir al rey Asuero, después de haber estado doce meses sujetas a lo establecido para las mujeres (porque así se cumplía su tratamiento cosmético, es decir, seis meses con aceite de mirra y seis meses con perfumes y ungüentos para mujeres), así es como la joven venía al rey. Todo lo que ella pidiese se le daba para llevarlo consigo del harén a la casa del rey. Ella iba al anochecer, y a la mañana siguiente volvía al segundo harén bajo el cuidado de Saasgaz, eunuco del rey, guardián de las concubinas. No volvía a ir al rey, salvo si el rey la deseaba, y era llamada por nombre. Cuando a Ester hija de Abijail, tío de Mardoqueo, a la que éste había tomado como hija, le llegó el turno para ir al rey, ninguna cosa pidió aparte de lo que dispuso Hegai, eunuco del rey, guardián de las mujeres. Así Ester obtenía gracia ante los ojos de todos los que la veían. Ester fue llevada al rey Asuero, a su palacio real en el mes décimo, el mes de Tebet, del séptimo año de su reinado. El rey amó a Ester más que a todas las mujeres, y ella halló gracia y favor delante de él, más que todas las demás jóvenes vírgenes. El puso la corona real sobre su cabeza y la proclamó reina en lugar de Vasti. Entonces el rey ofreció un gran banquete (el banquete de Ester) a todos sus oficiales y servidores. También hizo reducción de impuestos a las provincias y dio obsequios, conforme a la facultad del rey. Mardoqueo estaba sentado junto a la puerta real cuando las jóvenes vírgenes eran reunidas por segunda vez. De acuerdo con lo que Mardoqueo le había mandado, Ester no había declarado cuál era su parentela ni su pueblo. Ester hizo según las instrucciones de Mardoqueo, como cuando estaba bajo su protección. En aquellos días, estando Mardoqueo sentado junto a la puerta real, Bigtán y Teres, dos eunucos del rey, guardias de la puerta, se enojaron y conspiraron para quitar la vida al rey Asuero. Este hecho llegó al conocimiento de Mardoqueo, quien lo declaró a la reina Ester, y ella se lo dijo al rey en nombre de Mardoqueo. El hecho fue investigado y hallado cierto, por lo que ambos fueron colgados en una horca. Esto fue escrito en el libro de las crónicas, en presencia del rey. Después de estas cosas, el rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Hamedata, el agageo. Lo enalteció y puso su sitial más alto que el de todos los magistrados que estaban con él. Todos los servidores del rey que estaban a la puerta real se arrodillaban y rendían homenaje a Amán, porque así había mandado el rey con respecto a él. Pero Mardoqueo no se arrodillaba ni le rendía homenaje. Entonces los servidores del rey que estaban a la puerta real preguntaron a Mardoqueo: "¿Por qué desobedeces la orden del rey?" Y aconteció que como le hablaban día tras día de esta manera y él no les hacía caso, lo denunciaron ante Amán para ver si las palabras de Mardoqueo se mantendrían firmes; porque él les había declarado que era judío. Cuando Amán vio que Mardoqueo no se arrodillaba ni le rendía homenaje, Amán se llenó de ira. Pero tuvo como poca cosa echar mano sólo sobre Mardoqueo, pues ya le habían declarado cuál era el pueblo de Mardoqueo. Amán procuró destruir a todos los judíos, el pueblo de Mardoqueo, que estaban en todo el reino de Asuero. En el mes primero, que es el mes de Nisán, del año 12 del rey Asuero, fue realizado delante de Amán un pur, es decir, un sorteo, para elegir un día y un mes. Y salió el mes duodécimo, que es el mes de Adar. Luego Amán dijo al rey Asuero: —Hay un pueblo disperso y diseminado entre los pueblos en todas las provincias de tu reino, cuyas leyes son diferentes de las de cualquier pueblo. Ellos no observan las leyes del rey, y el rey no tiene ventaja en dejarlos vivir. Si al rey le parece bien, decrétese por escrito que se los destruya, y yo pesaré en manos de los administradores de las obras públicas 10.000 talentos de plata, que serán traídos a los tesoros del rey. Entonces el rey se quitó el anillo de su mano y se lo dio a Amán hijo de Hamedata, el agageo, enemigo de los judíos. Y el rey dijo a Amán: —La plata sea para ti, y también el pueblo, para que hagas con él lo que te parezca bien. Entonces fueron llamados los escribas del rey, el día 13 del mes primero, y conforme a todo lo que mandó Amán se escribió a los sátrapas del rey, a los gobernadores de cada provincia y a los magistrados de cada pueblo. A cada provincia se escribió según su escritura, y a cada pueblo en su idioma. Se escribió en nombre del rey Asuero y se selló con el anillo real. Y las cartas fueron enviadas por medio de mensajeros, a todas las provincias del rey, para destruir, matar y exterminar a todos los judíos, desde los jóvenes hasta los ancianos, los niños y las mujeres, en un solo día, el 13 del mes duodécimo, que es el mes de Adar, y para tomar botín de ellos. Una copia del documento debía ser promulgada como ley en cada provincia y debía ser proclamada a todos los pueblos, a fin de que estuviesen preparados para aquel día. Los mensajeros salieron apresurados por mandato del rey. El decreto fue promulgado en Susa, la capital. Luego el rey y Amán se sentaron a beber, pero la ciudad de Susa estaba consternada. Mardoqueo supo todo lo que se había hecho. Entonces Mardoqueo rasgó sus vestiduras, se vistió de cilicio y de ceniza, y se fue por la ciudad gritando con fuerza y amargura. Así llegó hasta la puerta real, pues no estaba permitido pasar por la puerta real vestido de cilicio. Y en cada provincia y lugar a donde llegaba la orden del rey y su decreto, los judíos tenían gran duelo, ayuno, llanto y lamentación; cilicio y ceniza eran la cama de muchos. Las jóvenes de Ester y sus eunucos fueron y se lo contaron, y la reina se estremeció muchísimo. Ella envió ropa para vestir a Mardoqueo y quitarle de encima el cilicio; pero él no la aceptó. Entonces Ester llamó a Hatac, uno de los eunucos que el rey había puesto al servicio de ella, y lo envió a Mardoqueo para saber qué sucedía y por qué. Hatac salió y fue a Mardoqueo, a la plaza de la ciudad que estaba frente a la puerta real. Y Mardoqueo le reveló todo lo que le había acontecido, y la cantidad exacta de plata que Amán había dicho que pesaría para los tesoros del rey a costa de los judíos, con tal de destruirlos. También le dio una copia del documento del decreto que había sido promulgado en Susa para que los judíos fuesen exterminados, a fin de que se la mostrase a Ester, le informase y le encargara que fuese al rey para suplicarle e interceder ante él por su pueblo. Hatac regresó e informó a Ester de las palabras de Mardoqueo. Entonces Ester habló a Hatac y le mandó que dijera a Mardoqueo: "Todos los servidores del rey y el pueblo de las provincias del reino saben que para cualquier hombre o mujer que vaya al rey en el patio interior, sin ser llamado, hay una sola sentencia: Ha de morir, excepto aquel a quien el rey le extienda el cetro de oro, para que viva. Y yo no he sido llamada para ir a la presencia del rey en estos treinta días." Cuando dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester, Mardoqueo mandó que respondiesen a Ester: "No te hagas la ilusión de que porque estás en el palacio del rey, serás la única de todos los judíos que ha de escapar. Si te quedas callada en este tiempo, el alivio y la liberación de los judíos surgirán de otro lugar; pero tú y la casa de tu padre pereceréis. ¡Y quién sabe si para un tiempo como éste has llegado al reino!" Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: "Vé, reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí. No comáis ni bebáis en tres días, ni de noche ni de día. Yo también ayunaré con mis damas e iré así al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca." Entonces Mardoqueo se fue e hizo conforme a todo lo que Ester le mandó. Aconteció al tercer día que Ester se vistió con su vestido real y se puso de pie en el patio interior de la casa del rey, frente a la sala real. El rey estaba sentado en su trono real en la sala real, ante la puerta de la sala. Y sucedió que cuando el rey vio a la reina Ester, de pie en el patio, ella obtuvo gracia ante sus ojos. El rey extendió hacia Ester el cetro de oro que tenía en su mano, y Ester se acercó y tocó la punta del cetro. Entonces el rey le preguntó: —¿Qué tienes, oh reina Ester? ¿Cuál es tu petición? ¡Hasta la mitad del reino te será dada! Ester respondió: —Si al rey le parece bien, venga hoy el rey con Amán al banquete que le he preparado. Y el rey dijo: —¡Daos prisa y llamad a Amán para hacer lo que ha dicho Ester! Fueron, pues, el rey y Amán al banquete que Ester había preparado. Y mientras bebían el vino, el rey preguntó a Ester: —¿Cuál es tu petición? Te será dada. ¿Qué es lo que solicitas? ¡Hasta la mitad del reino te será concedida! Entonces Ester respondió y dijo: —Mi petición y solicitud es ésta: Si he hallado gracia ante los ojos del rey, y si al rey le parece bien conceder mi petición y hacer lo que solicito, que venga el rey con Amán al banquete que les he de hacer; y mañana haré conforme a la palabra del rey. Aquel día Amán salió alegre y contento de corazón. Pero cuando Amán vio a Mardoqueo en la puerta real, y que no se levantaba ni temblaba delante de él, se llenó de ira contra Mardoqueo. Sin embargo, Amán se contuvo y se fue a su casa. Entonces envió llamar a sus amigos y a Zeres, su mujer. Y Amán empezó a referirles la gloria de sus riquezas, la multitud de sus hijos, todo con que le había engrandecido el rey, y cómo le había enaltecido sobre los magistrados y los servidores del rey. Y Amán añadió: —También la reina Ester a ninguno hizo que viniera con el rey al banquete que dio, sino sólo a mí. Además, para mañana yo seré su invitado junto con el rey. Pero todo esto de nada me sirve cada vez que veo al judío Mardoqueo sentado junto a la puerta real. Entonces Zeres, su mujer, y todos sus amigos le dijeron: —Que se haga una horca de 50 codos de alto, y por la mañana dile al rey que cuelguen en ella a Mardoqueo. Y entra alegre con el rey al banquete. La idea agradó a Amán, e hizo preparar la horca. Aquella noche se le fue el sueño al rey, y pidió que le trajesen el libro de las memorias, las crónicas, y fueron leídas delante del rey. Y se halló escrito en él que Mardoqueo había declarado contra Bigtán y Teres, dos eunucos del rey, guardias de la puerta, que habían conspirado para quitar la vida al rey Asuero. Luego el rey preguntó: —¿Qué honra o qué distinción se le hizo a Mardoqueo por esto? Y los servidores que servían al rey le respondieron: —Nada se ha hecho por él. Entonces preguntó el rey: —¿Quién está en el patio? Amán había entrado al patio exterior del palacio real para pedir al rey que hiciese colgar a Mardoqueo en la horca que tenía preparada para él. Y los servidores del rey le respondieron: —He aquí, Amán está en el patio. Y el rey dijo: —Que entre. Amán entró, y el rey le preguntó: —¿Qué se hará al hombre a quien el rey desea honrar? Amán pensó en su corazón: "¿A quién más deseará honrar el rey, sino a mí?" Entonces Amán respondió al rey: —Para el hombre a quien el rey desea honrar, que traigan la vestidura real con que se haya vestido el rey y el caballo en que haya cabalgado el rey, y pónganle una corona real sobre su cabeza. Que entreguen la vestidura y el caballo por medio de alguno de los oficiales más nobles del rey, y que vistan a aquel hombre a quien el rey desea honrar. Haz que lo paseen a caballo por la plaza de la ciudad y proclamen delante de él: "¡Así se hace con el hombre a quien el rey desea honrar!" Entonces el rey dijo a Amán: —¡Date prisa, toma la vestidura y el caballo, como has dicho, y haz eso con el judío Mardoqueo que se sienta junto a la puerta real. No omitas nada de todo lo que has dicho. Entonces Amán tomó la vestidura y el caballo, vistió a Mardoqueo y lo paseó a caballo por la plaza de la ciudad, proclamando delante de él: —¡Así se hace con el hombre a quien el rey desea honrar! Luego Mardoqueo volvió a la puerta real, y Amán se apresuró a su casa, apesadumbrado y con la cabeza cubierta. Amán contó a Zeres, su mujer, y a todos sus amigos todo lo que le había acontecido. Entonces, sus sabios y su mujer le dijeron: —Si Mardoqueo, delante de quien has comenzado a caer, es de la descendencia de los judíos, no lo vencerás. ¡De hecho caerás delante de él! Aún estaban ellos hablando con él cuando llegaron los eunucos del rey, y se apresuraron a llevar a Amán al banquete que Ester había preparado. Fueron, pues, el rey y Amán a comer con la reina Ester. También este segundo día, mientras bebían el vino, el rey preguntó a Ester: —Oh reina Ester, ¿cuál es tu petición? Te será dada. ¿Qué es lo que solicitas? ¡Hasta la mitad del reino te será concedida! Entonces la reina Ester respondió y dijo: —¡Oh rey, si he hallado gracia ante tus ojos, y si al rey le parece bien, que me sea concedida mi vida por mi petición y mi pueblo por mi solicitud! Porque yo y mi pueblo hemos sido vendidos para ser destruidos, muertos y exterminados. Si hubiéramos sido vendidos para ser esclavos y esclavas, yo habría callado; pues tal desgracia no justificaría la molestia al rey… El rey Asuero preguntó a la reina Ester: —¿Quién es ése, y dónde está el que ha concebido hacer tal cosa? Y Ester respondió: —¡El enemigo y adversario es este malvado Amán! Entonces Amán se llenó de terror en la presencia del rey y de la reina. El rey se levantó enfurecido, y dejando de beber vino se fue al jardín del palacio. Y Amán se quedó de pie, rogando a la reina Ester por su vida; porque vio que el mal ya estaba decidido para él, de parte del rey. Cuando el rey regresó del jardín del palacio a la sala donde estaban bebiendo vino, Amán había caído sobre el diván en que estaba Ester. Entonces el rey le dijo: —¿También ha de violar a la reina, estando yo en la casa? En cuanto salió la palabra de la boca del rey, le cubrieron la cara a Amán. Entonces Harbona, uno de los eunucos al servicio del rey, dijo: —He aquí, hay una horca de 50 codos de alto, que Amán ha hecho en su casa para Mardoqueo, quien había hablado bien acerca del rey. Entonces el rey dijo: —¡Colgadlo en ella! Así colgaron a Amán en la horca que él había preparado para Mardoqueo. Y se apaciguó la ira del rey. Ese mismo día el rey Asuero dio a la reina Ester la casa de Amán, el enemigo de los judíos. También Mardoqueo vino a la presencia del rey, porque Ester le declaró lo que él era de ella. El rey se quitó su anillo que había vuelto a tomar de Amán, y se lo dio a Mardoqueo. Y Ester puso a Mardoqueo a cargo de la casa de Amán. Ester volvió a hablar en presencia del rey. Se echó a sus pies llorando, y le imploró que evitase la desgracia concebida por Amán el agageo y el plan que había ideado contra los judíos. El rey extendió hacia Ester el cetro de oro, y ella se levantó y se puso de pie delante del rey. Entonces dijo: —Si al rey le parece bien, si he hallado gracia delante de él, si el asunto le parece correcto al rey y yo soy agradable a sus ojos, que se escriba para revocar las cartas maquinadas por Amán hijo de Hamedata, el agageo, que escribió para destruir a los judíos que están en todas las provincias del rey. Porque, ¿cómo podría yo soportar y ver el mal que alcanzaría a mi pueblo? ¿Cómo podría yo soportar y ver la destrucción de mi gente? Entonces el rey Asuero respondió a la reina Ester y al judío Mardoqueo: —He aquí, he dado a Ester la casa de Amán, y a él lo han colgado en la horca, porque extendió su mano contra los judíos. Vosotros, pues, escribid en nombre del rey acerca de los judíos como os parezca bien, y selladlo con el anillo real. Porque el documento que se escribe en el nombre del rey y se sella con el anillo del rey es irrevocable. En aquel momento fueron llamados los escribas del rey, el día 23 del mes tercero, que es el mes de Siván. Y conforme a todo lo que Mardoqueo mandó, se escribió a los judíos, a los sátrapas, a los gobernadores y a los magistrados de las provincias, que desde la India hasta Etiopía eran 127 provincias. A cada provincia se escribió según su escritura, y a cada pueblo en su idioma. También a los judíos se les escribió según su escritura y en su idioma. Mardoqueo escribió las cartas en el nombre del rey Asuero, las selló con el anillo del rey y las envió por medio de mensajeros a caballo, que cabalgaban los veloces corceles de las caballerizas reales. En ellas el rey facultaba a los judíos que estaban en cada una de las ciudades, a que se reuniesen y estuviesen a la defensiva, para destruir, matar y exterminar a todo ejército de pueblo o provincia que los asediase, incluyendo a los niños y a las mujeres, y para tomar botín de ellos en todas las provincias del rey Asuero, en un solo día: el día 13 del mes duodécimo, que es el mes de Adar. Una copia del documento debía ser promulgada como ley en cada provincia, y debía ser proclamada a todos los pueblos, a fin de que los judíos estuviesen preparados para aquel día y tomasen venganza de sus enemigos. Los mensajeros que cabalgaban los veloces corceles reales partieron apresurados e impulsados por la orden del rey. El decreto fue promulgado en Susa, la capital. Mardoqueo salió de la presencia del rey con una vestidura real azul y blanca, una gran corona de oro y un manto de lino fino y púrpura. Y la ciudad de Susa gritaba de gozo y alegría. Los judíos tuvieron esplendor y alegría, regocijo y honra. En cada provincia y en cada ciudad, dondequiera que llegaba la palabra del rey y su decreto, los judíos tenían alegría y regocijo, banquete y día de fiesta. Muchos de los pueblos de la tierra declaraban ser judíos, porque el miedo a los judíos había caído sobre ellos. El día 13 del mes duodécimo, que es el mes de Adar, cuando habían de ser ejecutados la palabra del rey y su decreto, el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban ganar poder sobre ellos, ocurrió todo lo contrario. Porque fueron los judíos los que ganaron poder sobre los que les aborrecían. Los judíos se congregaron en sus ciudades en todas las provincias del rey Asuero, para echar mano sobre los que habían procurado su mal. Nadie les pudo resistir, porque en todos los pueblos había caído el miedo a ellos. Todos los magistrados de las provincias, los sátrapas, los gobernadores y los encargados de las obras del rey enaltecían a los judíos, porque el miedo a Mardoqueo había caído sobre ellos. Pues Mardoqueo era grande en el palacio real; su fama se difundía por todas las provincias, y se iba engrandeciendo más y más. Los judíos dieron a sus enemigos un golpe de espada con matanza y destrucción, e hicieron con sus enemigos lo que quisieron. En Susa, la capital, los judíos mataron y destruyeron a 500 hombres. Entonces mataron a Parsandata, Dalfón, Aspata, Porata, Adalías, Aridata, Parmasta, Arisai, Aridai y Vaizata, los diez hijos de Amán hijo de Hamedata, el enemigo de los judíos. Pero no echaron mano a sus despojos. El mismo día llegó al rey el número de los muertos en Susa, la capital. Y el rey dijo a la reina Ester: —Si en Susa, la capital, los judíos han matado y destruido a 500 hombres y a los diez hijos de Amán, ¿qué habrán hecho en las otras provincias del rey? ¿Cuál es, pues, tu petición? Te será dada. ¿Qué más solicitas? Y será hecho. Y Ester respondió: —Si al rey le parece bien, concédase también mañana a los judíos en Susa, para que hagan conforme a lo decretado para hoy, y que cuelguen en la horca a los diez hijos de Amán. El rey mandó que se hiciera así. El decreto se promulgó en Susa, y colgaron a los diez hijos de Amán. Entonces los judíos que estaban en Susa se congregaron también el día 14 del mes de Adar, y mataron en Susa a 300 hombres. Pero no echaron mano a sus despojos. También el resto de los judíos que estaban en las provincias del reino se congregó para defenderse y así descansar de sus enemigos, y mataron a 75.000 de los que les aborrecían. Pero no echaron mano a sus despojos. Esto ocurrió el día 13 del mes de Adar. Y el día 14 del mismo mes reposaron y lo hicieron día de banquete y de regocijo. Pero los judíos que estaban en Susa se congregaron el 13 y también el 14 del mismo mes, y el 15 del mes reposaron y lo hicieron día de banquete y de regocijo. Por eso los judíos que viven a campo abierto en las aldeas sin muros, hacen del 14 del mes de Adar un día de alegría, de banquete y de fiesta, y para enviar porciones, cada uno a su vecino. Mardoqueo escribió estas cosas y envió cartas a todos los judíos que estaban en todas las provincias del rey Asuero, cercanas y lejanas, ordenándoles que celebraran cada año los días 14 y 15 del mes de Adar; porque en estos días los judíos tuvieron reposo de sus enemigos. El mes que de tristeza se cambió en alegría, y de duelo en día de fiesta, se les ordenó que lo celebrasen con días de banquete y de regocijo, y para enviar porciones, cada uno a su vecino, y regalos a los necesitados. Los judíos aceptaron hacer lo que habían comenzado a celebrar y lo que les escribió Mardoqueo, porque Amán hijo de Hamedata, el agageo, enemigo de todos los judíos, había planeado el exterminio de los judíos y había realizado un pur, es decir, un sorteo para confundirlos y acabar con ellos. Pero cuando Ester fue a la presencia del rey, éste declaró por escrito que el perverso plan que concibió contra los judíos recayera sobre su cabeza. Y colgaron a él y a sus hijos en la horca. Por esto llamaron a estos días Purim, debido a la palabra pur. Entonces, por todas las palabras de este documento, por lo que ellos habían visto al respecto y por lo que les había sucedido, los judíos establecieron y se comprometieron a aceptar para ellos mismos, para sus descendientes y para todos los que se hubiesen adherido a ellos, la obligación de no dejar de celebrar estos dos días, según está escrito al respecto, en su respectiva fecha, cada año. Y estos días son recordados y celebrados de generación en generación en todas las familias, provincias y ciudades. Estos días de Purim no dejarán de celebrarse entre los judíos, ni su memoria cesará entre sus descendientes. La reina Ester hija de Abijail, junto con el judío Mardoqueo, suscribió con plena autoridad confirmando esta segunda carta acerca de Purim. Mardoqueo envió cartas a todos los judíos, a las 127 provincias del reino de Asuero, con palabras de paz y verdad, para instituir estos días de Purim en sus fechas señaladas, tal como el judío Mardoqueo y la reina Ester habían establecido para ellos, tal como lo habían aceptado para ellos mismos y para sus descendientes, con respecto a sus ayunos y a su clamor. El mandato de Ester confirmó estas cosas acerca de Purim, y fue escrito en un libro. El rey Asuero impuso tributo sobre la tierra y las costas del mar. Todos los hechos de su autoridad y de su poder, y el acta de la grandeza de Mardoqueo, a la que le elevó el rey, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Media y de Persia? Porque el judío Mardoqueo fue el segundo después del rey Asuero. El fue grande entre los judíos y querido por la mayoría de sus hermanos. Procuraba el bienestar de su pueblo y promovía la paz entre todos los de su linaje. Hubo un hombre en la tierra de Uz, que se llamaba Job. Aquel hombre era íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Le nacieron siete hijos y tres hijas. Poseía 7.000 ovejas, 3.000 camellos, 500 yuntas de bueyes, 500 asnos y muchísimos siervos. Y aquel hombre era el más grande de todos los orientales. Sus hijos iban y celebraban un banquete en la casa de cada uno, en su día, y mandaban a llamar a sus tres hermanas, para que comiesen y bebiesen con ellos. Y cuando habían transcurrido los días de banquete, sucedía que Job mandaba a llamarlos y los purificaba. Levantándose muy de mañana, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Pues decía Job: "Quizás mis hijos habrán pecado y habrán maldecido a Dios en sus corazones." De esta manera hacía continuamente. Aconteció cierto día que vinieron los hijos de Dios para presentarse ante Jehovah, y entre ellos vino también Satanás. Y Jehovah preguntó a Satanás: —¿De dónde vienes? Satanás respondió a Jehovah diciendo: —De recorrer la tierra y de andar por ella. Y Jehovah preguntó a Satanás: —¿No te has fijado en mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra: un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Y Satanás respondió a Jehovah diciendo: —¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿Acaso no le has protegido a él, a su familia y a todo lo que tiene? El trabajo de sus manos has bendecido, y sus posesiones se han aumentado en la tierra. Pero extiende, por favor, tu mano y toca todo lo que tiene, ¡y verás si no te maldice en tu misma cara! Y Jehovah respondió a Satanás: —He aquí, todo lo que él tiene está en tu poder. Solamente no extiendas tu mano contra él. Entonces Satanás salió de la presencia de Jehovah. Aconteció cierto día, cuando sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa de su hermano, el primogénito, que un mensajero llegó a Job y le dijo: —Estando los bueyes arando, y las asnas paciendo cerca de ellos, cayeron de sorpresa los sabeos y se los llevaron. Y a los criados mataron a filo de espada. Sólo yo escapé para darte la noticia. Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro y le dijo: —¡Fuego de Dios cayó del cielo, y quemó las ovejas y consumió a los criados! Sólo yo escapé para darte la noticia. Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro y le dijo: —Los caldeos formaron tres escuadrones, arremetieron contra los camellos y se los llevaron. Y mataron a los criados a filo de espada. Sólo yo escapé para darte la noticia. Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro y le dijo: —Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa de su hermano, el primogénito. Y he aquí que un fuerte viento vino del otro lado del desierto y golpeó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron. Sólo yo escapé para darte la noticia. Entonces Job se levantó, rasgó su manto y se rapó la cabeza; se postró a tierra y adoró. Y dijo: —Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehovah dio, y Jehovah quitó. ¡Sea bendito el nombre de Jehovah! En todo esto Job no pecó ni atribuyó a Dios despropósito alguno. Aconteció cierto día que vinieron los hijos de Dios para presentarse ante Jehovah, y entre ellos vino también Satanás, para presentarse ante Jehovah. Jehovah preguntó a Satanás: —¿De dónde vienes? Y Satanás respondió a Jehovah: —De recorrer la tierra y de andar por ella. Jehovah preguntó a Satanás: —¿No te has fijado en mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra: un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal; y que todavía se aferra a su integridad a pesar de que tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin motivo? Y Satanás respondió a Jehovah diciendo: —¡Piel por piel! Todo lo que el hombre tiene lo dará por su vida. Pero extiende, pues, tu mano y toca sus huesos y su carne, y verás si no te maldice en tu misma cara. Y Jehovah respondió a Satanás: —He aquí, él está en tu poder; pero respeta su vida. Entonces Satanás salió de la presencia de Jehovah e hirió a Job con unas llagas malignas, desde la planta de sus pies hasta su coronilla. Tomaba un pedazo de tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en medio de las cenizas. Entonces su mujer le dijo: —¿Todavía te aferras a tu integridad? ¡Maldice a Dios, y muérete! Pero él le respondió: —¡Has hablado como hablaría cualquiera de las mujeres insensatas! Recibimos el bien de parte de Dios, ¿y no recibiremos también el mal? En todo esto Job no pecó con sus labios. Entonces tres amigos de Job—Elifaz el temanita, Bildad el sujita y Zofar el namatita— se enteraron de todo el mal que le había sobrevenido y vinieron, cada uno de su lugar. Convinieron juntos en ir a él para expresarle su condolencia y para consolarle. Y cuando alzaron los ojos desde lejos y no le pudieron reconocer, alzaron su voz y lloraron. Cada uno rasgó su manto, y esparcieron polvo hacia el cielo, sobre sus cabezas. Luego se sentaron en tierra con él por siete días y siete noches. Y ninguno de ellos le decía una sola palabra, porque veían que el dolor era muy grande. Después de esto Job abrió su boca y maldijo su día. Tomó Job la palabra y dijo: —Perezca el día en que nací, y la noche en que se dijo: "¡Un varón ha sido concebido!" Sea aquel día tinieblas. Dios no pregunte por él desde arriba, ni resplandezca la claridad sobre él. Reclámenlo para sí las tinieblas y la densa oscuridad; repose sobre él una nube, y cáusele terror el oscurecimiento del día. Apodérese de aquella noche la oscuridad. No sea contada junto con los días del año ni aparezca en el cómputo de los meses. ¡He aquí, sea aquella noche estéril; no penetren en ella los gritos de júbilo! Maldíganla los que maldicen el día, los que se aprestan a instigar al Leviatán. Oscurézcanse sus estrellas matutinas. Espere la luz, pero no le llegue, ni vea los destellos de la aurora; porque no cerró las puertas de la matriz, para esconder de mis ojos el sufrimiento. ¿Por qué no morí en las entrañas, o expiré al salir del vientre? ¿Por qué me recibieron las rodillas? ¿Para qué los pechos que mamé? Pues ahora yacería y estaría en quietud. Dormiría y tendría reposo junto con los reyes y los consejeros de la tierra, que reedificaron ruinas para sí; o con los príncipes que poseían el oro y que llenaban de plata sus casas. ¡Oh! ¿Por qué no fui escondido como un abortivo, como las criaturas que nunca vieron la luz? Allí los impíos dejan de perturbar; allí descansan los de agotadas fuerzas. Los prisioneros están juntos en descanso y no escuchan la voz del capataz. Tanto el pequeño como el grande están allí; y el esclavo, ya libre de su amo. ¿Para qué darle luz al que sufre, y vida a los de alma amargada; a los que esperan la muerte, y no llega, aunque la busquen más que a tesoros enterrados; a los que se alegran ante el gozo y se regocijan cuando hallan el sepulcro; al hombre cuyo camino está escondido, y a quien Dios ha cercado? Porque antes de mi pan viene mi suspiro, y mis gemidos corren como el agua. El miedo que presentía me ha sobrevenido; lo que me daba terror me ha acontecido. No tengo tranquilidad; no tengo quietud; no tengo sosiego; más bien, me viene la desesperación. Entonces intervino Elifaz el temanita y dijo: —Si alguien intentara hablarte, ¿te impacientarías? Pero, ¿quién podrá reprimir las palabras? He aquí, tú instruías a muchos y afirmabas las manos debilitadas. Tus palabras levantaban al que tropezaba; y fortalecías las rodillas que se doblaban. Pero ahora te sucede a ti y te impacientas; ha llegado a ti, y te turbas. ¿Acaso tu confianza no es tu devoción; y la integridad de tus caminos, tu esperanza? Recuerda, por favor, ¿quién ha perecido por ser inocente? ¿Dónde han sido destruidos los rectos? Como he visto, los que aran iniquidad y siembran sufrimiento cosechan lo mismo. Perecen por el aliento de Dios, y por el soplo de su ira son consumidos. El rugido del león, el gruñido del cachorro, y los dientes de los leoncillos son quebrantados. El león perece por falta de presa, y los hijos de la leona se dispersan. Un mensaje me ha sido traído en secreto, y mi oído ha percibido un susurro de ello: En medio de los inquietantes pensamientos de las visiones nocturnas, cuando el sueño profundo cae sobre los hombres, me sobrevinieron espanto y estremecimiento que aterraron todos mis huesos. Entonces un fantasma pasó frente a mí, e hizo que se erizara el vello de mi cuerpo. Se detuvo, pero yo no reconocí su semblante. Ante mis ojos había una imagen, y oí una voz apacible: "¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más puro que su Hacedor? Si Dios no se fía ni de sus siervos y aun en sus ángeles halla errores, ¡cuánto más los que habitan en casas de barro, cuyos fundamentos están en el polvo, serán aplastados más pronto que la polilla! De la mañana a la tarde son triturados; sin que nadie los considere, se pierden para siempre. ¿Acaso no serán arrancadas las cuerdas de sus tiendas? En ellas mueren, pero sin sabiduría." ¡Clama, pues! ¿Habrá quien te responda? ¿A cuál de los santos acudirás? Porque la angustia mata al necio, y el apasionamiento hace morir al simple. Yo he visto al necio que echaba raíces y al instante maldije su morada. Sus hijos están lejos de toda salvación; en la puerta de la ciudad serán aplastados, y no habrá quien los libre. Lo que ellos cosechen lo comerá el hambriento, y aun de las espinas lo tomará. Y los sedientos absorberán sus riquezas. Ciertamente la aflicción no sale del polvo, ni el sufrimiento brota de la tierra. Pero el hombre nace para el sufrimiento, así como las chispas vuelan hacia arriba. Pero yo, en cambio, apelaría a Dios y a la Divinidad confiaría mi causa. El hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas que no se pueden enumerar. El da la lluvia sobre la faz de la tierra y envía las aguas sobre la faz de los campos. El pone en alto a los humillados, y los enlutados logran gran liberación. El frustra los planes de los astutos, para que sus manos no logren su propósito. El atrapa a los sabios en sus argucias, y el designio de los sagaces es trastornado. De día se encuentran con las tinieblas, y a mediodía andan a tientas como de noche. El libra al desolado de la boca de ellos, y al pobre de la mano del fuerte. Así habrá esperanza para el necesitado, y la perversidad cerrará su boca. ¡He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios disciplina! No menosprecies la corrección del Todopoderoso. Porque él hace doler, pero también venda; él golpea, pero sus manos sanan. En seis tribulaciones te librará; y en siete no te tocará el mal. En el hambre te redimirá de la muerte; y en la guerra, del poder de la espada. Serás escondido del azote de la lengua, y no temerás cuando venga la destrucción. De la destrucción y del hambre te reirás, y no temerás las fieras de la tierra. Pues aun con las piedras del campo tendrás alianza, y los animales del campo tendrán paz contigo. Sabrás que tu tienda está en paz; revisarás tu morada, y nada echarás de menos. Sabrás que tu descendencia es mucha, que tu prole es como la hierba de la tierra. Irás a la tumba lleno de vigor, cual gavilla de trigo que se recoge a su tiempo. Esto es lo que hemos investigado, y así es. Escúchalo tú y conócelo para tu bien. Entonces respondió Job y dijo: —¡Oh, si pudieran pesar mi angustia, y pusiesen igualmente mi ruina en la balanza! Ciertamente ahora pesarían más que la arena de los mares. Por eso mis palabras han sido apresuradas; porque las flechas del Todopoderoso están en mí, y mi espíritu bebe su veneno. Me combaten los terrores de parte de Dios. ¿Acaso rebuzna el asno montés junto a la hierba? ¿Acaso muge el buey junto a su forraje? ¿Se comerá lo insípido sin sal? ¿Habrá gusto en la baba de la malva? Mi alma rehúsa tocarlos, pero ellos están como mi repugnante comida. ¡Quién hiciera que se cumpliese mi petición, y que Dios me concediese mi anhelo; que Dios se dignara aplastarme; que soltara su mano y acabara conmigo! Aun esto sería mi consuelo, y saltaría de gozo en medio de mi dolor sin tregua: el que no he negado las palabras del Santo. ¿Qué fuerza tengo para esperar aún? ¿Qué meta tengo para alargar mi vida? ¿Acaso mi fuerza es como la fuerza de las piedras? ¿Acaso mi cuerpo es de bronce? Ciertamente no tengo ayuda en mí mismo, y los recursos han sido alejados de mí. Un desesperado debe contar con la lealtad de su amigo, aunque abandone el temor del Todopoderoso. Pero mis hermanos me han decepcionado como un torrente; han pasado como la corriente de los arroyos, que son turbios por causa del deshielo, y en ellos desaparece la nieve. En el tiempo del calor son silenciados, y al calentarse desaparecen de su lugar. Las caravanas se apartan de su ruta; desaparecen en el vacío y perecen. Las caravanas de Temán ponen su mira en ellos; en ellos esperan los viajeros de Saba. Pero son confundidos por haber confiado; cuando llegan a ellos, quedan defraudados. Ciertamente, ahora habéis llegado a ser así; habéis visto el horror y tenéis miedo. ¿Acaso yo os he dicho: "Traedme algo," o: "De vuestros recursos ofreced algo en mi favor," o: "Libradme de la mano del enemigo," o: "Rescatadme de la mano de los violentos"? Enseñádmelo, y yo me callaré; hacedme entender en qué he errado. ¡Cuán fuertes son las palabras de rectitud! Pero vosotros, ¿qué es lo que pretendéis reprender? ¿Pensáis reprender las palabras y los dichos de un desesperado, como si fueran viento? Vosotros seríais capaces de rifar a un huérfano y de especular sobre vuestro amigo. Ahora pues, dignaos prestarme atención, pues ciertamente no mentiré ante vuestra cara. Por favor, desistid, y que no haya iniquidad. Sí, desistid, pues está en juego mi reivindicación. ¿Acaso hay iniquidad en mi lengua? ¿Acaso mi paladar no puede discernir las calamidades? ¿Acaso no es una milicia lo que tiene el hombre en la tierra? ¿No son sus días como los días de un asalariado? Como el esclavo que anhela la sombra, o como el asalariado que espera su paga, así he tenido que heredar meses de futilidad, y me han sido asignadas noches de sufrimiento. Si estoy acostado, digo: "¿Cuándo me levantaré?" Y por la noche me colmo de inquietudes hasta el alba. Mi carne se ha vestido de gusanos y de costras de tierra; mi piel resquebrajada se deshace. Mis días son más veloces que la lanzadera del tejedor y se acaban sin que haya esperanza. Acuérdate de que mi vida es un soplo; mis ojos no volverán a ver el bien. El ojo del que me ve no me verá más. Tu ojo se fijará en mí, y yo ya no estaré. Como la nube se deshace y se desvanece, así el que desciende al Seol no volverá a subir. No volverá más a su casa, ni su lugar lo volverá a reconocer. Por tanto, yo no refrenaré mi boca. Hablaré en la angustia de mi espíritu; me quejaré en la amargura de mi alma. ¿Acaso soy yo el mar o el monstruo marino, para que me pongas bajo guardia? Cuando digo: "Mi cama me consolará, mi lecho aliviará mis quejas," entonces me aterras con sueños y me turbas con visiones. Y así mi alma prefiere la asfixia y la muerte, antes que estos mis huesos. ¡Me deshago! No he de vivir para siempre. ¡Déjame, pues mis días son vanidad! ¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas y para que te preocupes de él; para que lo visites cada mañana, y para que a cada instante lo pongas a prueba? ¿Hasta cuándo no dejarás de observarme, ni me soltarás para que siquiera trague mi saliva? Si he pecado, ¿qué daño te hago a ti, oh Vigilante de los hombres? ¿Por qué me pones como tu blanco, y que yo sea una carga para mí mismo? ¿O por qué no perdonas mi rebelión y quitas mi iniquidad? Pues ahora yaceré en el polvo, y si con diligencia me buscas, ya no estaré. Entonces intervino Bildad el sujita y dijo: —¿Hasta cuándo hablarás tales cosas, y las palabras de tu boca serán viento impetuoso? ¿Acaso pervertirá Dios el derecho? ¿El Todopoderoso pervertirá la justicia? Si tus hijos pecaron contra él, él los entregó en mano de su transgresión. Si con diligencia buscaras a Dios e imploraras la gracia del Todopoderoso, si fueras limpio y recto, ciertamente ahora él velaría por ti y te restauraría la morada que en justicia mereces. Aunque tu comienzo haya sido insignificante, tu porvenir se engrandecerá en gran manera. Pues indaga, por favor, en las generaciones del pasado; investiga lo que sus padres han descubierto. Pues nosotros somos tan sólo de ayer y nada sabemos; nuestros días sobre la tierra son una sombra. ¿No te enseñarán ellos y te hablarán, y de su corazón sacarán palabras? ¿Crece el papiro donde no hay pantano? ¿Crece el junco sin agua? Y estando aún en su tallo, sin ser cortado, se seca antes que toda hierba. Así son las sendas de todos los que se olvidan de Dios, y la esperanza del impío perecerá. El objeto de su confianza es como tul de verano y aquello en que confía es como tela de araña: Si se apoya sobre su tela, no le sostendrá; si se agarra de ella, no le resistirá. Así es él: Lleno de savia delante del sol, sus retoños sobresalen del huerto. Sus raíces se entretejen sobre un montón de piedras, y vive entre los pedregales. Si alguien intenta arrancarlo de su lugar, éste le niega diciendo: "¡Nunca te he visto!" He aquí, así es el gozo de su camino, y otros brotarán del polvo. He aquí, Dios no rechaza al íntegro ni sostiene la mano de los malhechores. Aún llenará tu boca de risa, y tus labios con grito de júbilo. Los que te aborrecen se vestirán de vergüenza, y la morada de los impíos desaparecerá. Entonces respondió Job y dijo: —Ciertamente yo sé que es así. ¿Y cómo se ha de justificar un hombre ante Dios? Si uno quisiera contender con él, no le podría responder una cosa entre mil. El es sabio de corazón y poderoso en fuerza. ¿Quién se ha endurecido contra él y ha quedado ileso? El arranca las montañas de su lugar, y ellas no saben que en su furor las trastorna. El sacude la tierra de su lugar y estremece sus columnas. El manda al sol, y éste no brilla; y pone un sello a las estrellas. Por sí solo extiende los cielos y camina sobre las ondas del mar. El hizo la Osa Mayor, el Orión, las Pléyades y las constelaciones del sur. El hace cosas tan grandes que son inescrutables, y maravillas que no se pueden enumerar. Si él cruza junto a mí, yo no le veo; él pasa sin que yo lo comprenda. Si él arrebata, ¿quién lo hará desistir? ¿Quién le dirá: "¿Qué haces?" Dios no detendrá su ira; bajo él se postran los que ayudan a Rahab. ¿Cómo, pues, podré responderle? ¿Podré yo escoger mis palabras para con él? Aun siendo justo, no podría responder; más bien, pediría clemencia en mi causa. Si yo le invocara y él me respondiese, yo no podría creer que escuchara mi voz. Porque me aplasta con tormenta, y aumenta mis heridas sin causa. No me deja cobrar aliento, sino que me colma de amarguras. Si se trata de fuerzas, ¡he aquí que es poderoso! Si se trata de juicio, ¿quién le convocará? Si me declaro justo, mi boca me condena; si íntegro, él me declara culpable. ¿Soy íntegro? Ni yo mismo me conozco. ¡Desprecio mi vida! Da lo mismo, por lo cual digo: "Al íntegro y al impío, él los consume. Si el azote mata de repente, él se ríe de la desesperación de los inocentes. La tierra es entregada en manos de los impíos, y él cubre el rostro de sus jueces. Si no es él, entonces, ¿quién es? Mis días son más veloces que un corredor; huyen sin lograr ver el bien. Pasan como embarcaciones de junco, como un águila que se lanza sobre su comida." Si digo: "Olvidaré mi queja; cambiaré mi semblante y estaré alegre," entonces me turban todos mis dolores; sé que no me tendrás por inocente. Yo he sido declarado culpable; entonces, ¿para qué fatigarme en vano? Aunque me bañe con jabón y limpie mis manos con lejía, aun así me hundirás en el hoyo, y me abominarán mis vestiduras. Porque él no es hombre como yo para que le responda, y para que juntos vengamos a juicio. No hay entre nosotros un árbitro que ponga su mano sobre ambos. ¡Que quite de sobre mí su vara, y que no me espante su terror! Entonces yo hablaré y no le temeré; de otro modo, yo no soy dueño de mí mismo. Mi alma está hastiada de mi vida. Daré rienda suelta a mi queja; hablaré en la amargura de mi alma. Diré a Dios: No me condenes; hazme entender por qué contiendes conmigo. ¿Te parece bueno oprimir y desechar la obra de tus manos, mientras resplandeces sobre el consejo de los impíos? ¿Acaso tus ojos son humanos? ¿Acaso ves como ve un hombre? ¿Son tus días como los días de un hombre; o tus años, como los días de un mortal, para que indagues mi iniquidad e inquieras por mi pecado? Tú sabes que yo no soy culpable, y que no hay quien libre de tu mano. Tus manos me formaron y me hicieron, ¿y después, cambiando, me destruyes? Acuérdate, por favor, de que tú me formaste como al barro, y que me harás volver al polvo. ¿Acaso no me derramaste como a la leche, y me cuajaste como al queso? De piel y de carne me vestiste, y me entretejiste con huesos y tendones. Vida y misericordia me concediste, y tu cuidado guardó mi espíritu. Estas cosas tenías escondidas en tu corazón; yo sé que esto estaba en tu mente. Si peco, entonces me vigilas, y no me declaras inocente de mi iniquidad. Si soy culpable, ¡ay de mí! Pero aun siendo justo, no levanto mi cabeza, pues estoy harto de ignominia y de ver mi aflicción. Si me levanto, me cazas como a león, y vuelves a mostrar en mí tus proezas. Traes de nuevo tus testigos contra mí, y aumentas contra mí tu ira con tropas de relevo en mi contra. ¿Por qué, pues, me sacaste de la matriz? Hubiera yo expirado, y ningún ojo me habría visto. Habría sido como si nunca hubiera existido, conducido desde el vientre hasta la tumba. ¿Acaso no son pocos los días de mi existencia? Apártate de mí, de modo que me aliente un poco, antes que me vaya, para no volver, a la tierra de oscuridad y de tinieblas: tierra lóbrega como la oscuridad, de densas tinieblas y desorden, donde lo que brilla es como oscuridad. Entonces intervino Zofar el namatita y dijo: —¿No ha de tener respuesta tal abundancia de palabras? ¿Habrá de salir justificado el charlatán? ¿Harán callar a los hombres tus jactancias? ¿Harás escarnio, sin que haya quien te afrente? Tú dices: "Mi doctrina es pura, y yo soy limpio ante tus ojos." Pero, ¡quién diera que Dios hablara y abriera sus labios para contigo! El te revelaría los secretos de la sabiduría, porque la sagacidad es de doble valor. Así conocerías que Dios, en tu favor, ha pasado por alto parte de tu iniquidad. ¿Alcanzarás tú las cosas profundas de Dios? ¿Alcanzarás el propósito del Todopoderoso? Es más alto que los cielos; ¿qué puedes tú hacer? Es más profundo que el Seol; ¿qué puedes tú saber? Su dimensión es más extensa que la tierra y más ancha que el mar. Si Dios pasa y aprisiona, o si congrega, ¿quién le puede detener? Ya que él conoce a los hombres vanos, ¿no examinará la iniquidad cuando la vea? El hombre de cabeza hueca se hará inteligente cuando un borriquillo de asno montés nazca humano. Si tú predispones tu corazón y extiendes a él tus manos (si hay injusticia en tus manos, aléjala de ti, y no cobijes la maldad en tu morada), entonces levantarás tu cara libre de mancha y estarás firmemente fundado, y no temerás. Pues así te olvidarás de tu sufrimiento; como aguas que ya pasaron lo recordarás. Tu existencia será más resplandeciente que el mediodía; aun la oscuridad te será como la alborada. Estarás confiado, porque hay esperanza; explorarás alrededor y te acostarás seguro. Te recostarás, y no habrá quien te espante; muchos implorarán tu favor. Pero los ojos de los malos serán consumidos; no habrá para ellos escapatoria, y su esperanza será el último suspiro. Entonces respondió Job y dijo: —Ciertamente vosotros sois el pueblo, y con vosotros morirá la sabiduría. Pero yo también, como vosotros, tengo entendimiento; en nada soy inferior a vosotros. ¿Quién no sabe tales cosas? Soy alguien que para su amigo es motivo de risa, uno que clamó a Dios, y se le respondió, un justo e íntegro que es motivo de risa. Según la evaluación de quien no se duele, él es una tea despreciada; pero estuvo lista para los pies que resbalan. Las moradas de los destructores prosperan, y los que provocan a Dios están seguros en aquello que la mano de Dios les ha traído. En efecto, pregunta, por favor, a los cuadrúpedos, y te enseñarán; a las aves del cielo, y te informarán. O habla a la tierra, y te enseñará; y los peces del mar te lo contarán. ¿Cuál de todos ellos no sabe que la mano de Jehovah ha hecho esto? En sus manos está la vida de todo viviente y el hálito de todo mortal. ¿No distingue el oído las palabras, y el paladar prueba la comida? En los ancianitos hay sabiduría; y en la mucha edad, entendimiento. Con Dios están la sabiduría y el poder; suyo es el consejo y el entendimiento. Si él destruye, no será edificado de nuevo. Si él cierra ante el hombre, no habrá quien le abra. Si él detiene las aguas, se secan; y si las deja ir, trastornan la tierra. Con él están el poderío y la victoria; suyo es el que yerra y el que hace errar. A los consejeros despoja de consejo y entontece a los jueces. El suelta las ataduras que imponen los reyes, y ata con una cuerda sus cinturas. Hace ir descalzos a los sacerdotes, y arruina a los poderosos. Quita la palabra a los tenidos por fieles, y a los ancianos priva de discernimiento. Derrama menosprecio sobre los nobles, y afloja el cinturón de los fuertes. Descubre las profundidades de las tinieblas y saca a la luz la densa oscuridad. Lleva las naciones al apogeo y luego las destruye; él expande a los pueblos y los abandona. Priva de reflexión a los jefes del pueblo de la tierra, y les hace errar sin rumbo en el vacío. No teniendo luz van palpando las tinieblas, y los hace tambalear como borrachos. He aquí que todo esto han visto mis ojos; mis oídos lo han escuchado y entendido. Como vosotros lo sabéis, yo también lo sé; en nada soy menos que vosotros. Sin embargo, yo hablaré al Todopoderoso, pues quiero argumentar con Dios. En cuanto a vosotros, lo recubrís todo con mentira; todos vosotros sois médicos inútiles. ¡Oh que callarais del todo! Ello os sería contado por sabiduría. Escuchad, pues, mi razonamiento y estad atentos a los argumentos de mis labios. ¿A favor de Dios hablaréis perversidad? ¿A favor de él hablaréis engaño? ¿Habréis de mostrar por él parcialidad? ¿Contenderéis a favor de Dios? ¿Os irá bien cuando él os escudriñe? ¿Acaso os burlaréis de él como quien se burla de un hombre? Ciertamente él os reprobará, si en secreto mostráis parcialidad. ¿No os espantará su majestad, y caerá sobre vosotros su pavor? Vuestras máximas son proverbios de polvo, y vuestras defensas son defensas de barro. Callad delante de mí, y yo hablaré, me pase lo que me pase. ¿Por qué he de arrancar mi carne con mis propios dientes? ¿O he de exponer mi vida en mi mano? He aquí, aunque él me mate, en él he de esperar. Ciertamente defenderé ante su presencia mis caminos. Esto también me será salvación, porque un impío no iría a su presencia. Oíd con atención mi discurso; oíd con vuestros oídos mi declaración. He aquí que yo he preparado mi causa, y sé que seré declarado justo. ¿Quién es el que ha de contender conmigo? Pues si ahora yo callara, expiraría. Sólo dos cosas no hagas conmigo; entonces no me esconderé de tu rostro: Aparta de mí tu mano, y no me espante tu terror. Llama, entonces, y yo responderé; o yo hablaré, y tú me responderás: ¿Cuántas son mis faltas o mis pecados? Hazme entender mi rebelión y mi pecado. ¿Por qué escondes tu rostro, y me consideras tu enemigo? ¿Aterras a una hoja que es arrebatada? ¿Has de perseguir a una paja seca? Pues escribes contra mí cosas amargas, y me haces sufrir por los pecados de mi juventud. Pones mis pies en el cepo y vigilas todas mis sendas; imprimes marcas en las plantas de mis pies. Así el hombre se gasta como un odre, como un vestido comido por la polilla. El hombre, nacido de mujer, es corto de días y lleno de tensiones. Brota como una flor y se marchita; huye como una sombra y no se detiene. ¿Sobre uno así abres tus ojos, y lo traes a juicio contigo? ¿Quién puede sacar lo limpio de lo impuro? ¡Nadie! Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses depende de ti. Tú le has fijado sus límites, los cuales no podrá traspasar. Aparta de él tu mirada, y que descanse hasta que, cual un jornalero, haya disfrutado su día. Porque para el árbol hay esperanza; si es cortado, se renovará, y su retoño no dejará de ser. Aunque su raíz se envejece en la tierra y su tronco muere en el suelo, al percibir el agua reverdecerá y echará ramas como planta. Pero el hombre muere y desaparece; el hombre expira, ¿y dónde estará? Se agotan las aguas de un lago, y un río mengua y se seca; así yace el hombre y no se vuelve a levantar. Hasta que no haya más cielos, no lo despertarán, ni lo levantarán de su sueño. ¡Cómo quisiera que me escondieses en el Seol, que me encubrieses hasta que se apaciguara tu furor y que fijases un plazo para acordarte de mí! Si el hombre muere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi milicia esperaré hasta que llegue mi relevo. Entonces llamarás, y yo te responderé. Añorarás la obra de tus manos. Porque ahora me cuentas los pasos, y no das tregua a mi pecado. Mi transgresión tienes sellada en una bolsa y recubres mi iniquidad. Sin embargo, la montaña cae y se deshace, y la peña es removida de su lugar. Las aguas desgastan las piedras, y su crecida arrastra el polvo de la tierra; así haces perecer la esperanza del hombre. Para siempre prevaleces contra él, hasta que se va; desfiguras su rostro y lo despides. Si sus hijos alcanzan honra, él no lo sabrá. Y si llegan a ser empequeñecidos, él no lo comprenderá. Su cuerpo le da sólo dolores, y su alma hace duelo por él. Entonces intervino Elifaz el temanita y dijo: —¿Ha de responder el sabio con vano conocimiento? ¿Ha de llenar su vientre de viento oriental? ¿Ha de argüir con expresiones inútiles y con palabras sin provecho? Ciertamente tú anulas la devoción y menoscabas la meditación delante de Dios. Porque tu iniquidad instruye a tu boca, y adoptas el lenguaje de los astutos. Tu boca te condena, no yo; y tus labios testifican contra ti. ¿Fuiste tú el primer hombre que nació? ¿Naciste antes que las colinas? ¿Has escuchado el secreto de Dios, para que tú solo te apropies de la sabiduría? ¿Qué sabes tú que no sepamos nosotros? ¿Qué entendimiento tienes que nosotros no tengamos? También entre nosotros hay hombres canosos, hombres muy ancianos, mayores en años que tu padre. ¿En tan poco tienes el consuelo de Dios y la palabra que se te dice con ternura? ¿Por qué te arrebata tu corazón, y por qué guiñan tus ojos, para que vuelvas tu espíritu contra Dios y dejes salir tales palabras de tu boca? ¿Qué es el hombre para considerarse limpio; y el nacido de mujer, para que se considere justo? Si Dios no se fía ni de sus santos, ni aun los cielos son puros ante sus ojos, ¿cuánto menos el abominable y corrupto, el hombre que bebe como agua la iniquidad? Escúchame; yo te informaré y te contaré lo que he visto; lo que los sabios nos han revelado sin encubrir nada de lo de sus padres. Sólo a ellos les fue dada la tierra, y ningún extraño pasó por en medio de ellos. El impío se retuerce de dolor todos los días, y un cierto número de años han sido reservados para el tirano. Voces de espanto resuenan en sus oídos; y aun en la paz vendrá su destructor. El no cree que ha de volver de las tinieblas, y que está destinado para la espada. Va errante en pos del pan, diciendo: "¿Dónde estará?" Sabe que el día de las tinieblas le está listo, a la mano. Le aterran la tristeza y la aflicción; lo abruman como un rey listo para el ataque. Porque ha extendido su mano contra Dios, y se ha comportado con soberbia contra el Todopoderoso. Porque embiste contra él con cuello erguido, con el doble saliente de su escudo. Aunque su cara se cubra de gordura y le crezcan pliegues de grasa en las caderas, habitará en ciudades desoladas, en casas donde nadie vive y que están destinadas a ser escombros. No se enriquecerá, ni le durarán sus bienes; tampoco extenderá su patrimonio sobre la tierra. No escapará de las tinieblas. La llama secará sus ramas, y por el soplo de su boca desaparecerá. No confíe en la vanidad, engañándose a sí mismo, pues vanidad será su recompensa. Ella se cumplirá antes de su tiempo, y su copa no estará frondosa. Como la vid dejará caer sus uvas agraces y arrojará sus flores como el olivo. Porque la compañía de los impíos es estéril, y el fuego consumirá las moradas del soborno. Conciben afanes y dan a luz iniquidad; sus entrañas preparan el engaño. Entonces respondió Job y dijo: —He oído muchas cosas como éstas; consoladores gravosos sois todos vosotros. ¿Habrá fin para las palabras vacías? ¿Qué te incita a responder? Yo también podría hablar como vosotros. Si vuestra alma estuviera en lugar de mi alma, yo también podría componer discursos contra vosotros, y por vosotros sacudiría mi cabeza. Os alentaría con mi boca, y el movimiento de mis labios traería alivio. Pero si hablo, mi dolor no tiene alivio; y si dejo de hablar, ¿qué se ha de ir de mí? Pero ahora Dios me tiene agobiado. Ha desolado toda mi compañía, y me ha llenado de arrugas. Mi debilidad responde en mi propia cara; ha venido a ser testigo y se ha levantado contra mí. Su furor me ha despedazado, pues me aborrece; contra mí hace crujir sus dientes. Mi adversario aguza su mirada contra mí. Contra mí han abierto su boca; con afrenta han golpeado mis mejillas. A una se han juntado contra mí. Dios me ha entregado a los perversos; me ha empujado a las manos de los impíos. Yo estaba tranquilo, pero él me sacudió; me tomó por el cuello y me despedazó. El me ha puesto por blanco suyo; sus arqueros me han rodeado. Atraviesa mis riñones sin compasión y derrama por tierra mi hiel. Abre en mí brecha tras brecha; contra mí arremete como un guerrero. He cosido cilicio sobre mi piel y he hundido mi fuerza en el polvo. Mi rostro está enrojecido con el llanto, y sobre mis párpados hay densa oscuridad, a pesar de no haber violencia en mis manos y de ser pura mi oración. ¡Oh tierra, no encubras mi sangre! ¡Que no haya lugar para mi clamor! He aquí que también ahora mi testigo está en los cielos; en las alturas está mi defensor. Mis amigos me escarnecen; mis ojos derraman lágrimas ante Dios. ¡Oh, si alguien llevara la causa de un hombre ante Dios como entre el hombre y su prójimo! Porque los pocos años se van, y yo iré por el camino sin retorno. Mi espíritu está atribulado; mis días se extinguen. El sepulcro está preparado para mí. No hay conmigo sino burladores, y mis ojos contemplan su hostilidad. Por favor, deposita contigo una fianza para mí. ¿Quién me estrechará la mano? Porque has cerrado su corazón al entendimiento; por tanto, no los enalteces. Los que por recompensa denuncian a sus amigos, aun los ojos de sus hijos desfallecerán. El me ha expuesto como refrán a los pueblos; ante ellos soy uno a quien escupen en la cara. Mis ojos se han debilitado por la angustia; todos mis miembros son como una sombra. Los rectos se asombrarán de esto, y el inocente se levantará contra el impío. Pero el justo se aferrará a su camino, y el limpio de manos aumentará sus fuerzas. No obstante, volved todos vosotros; venid, por favor. Pero entre vosotros no hallaré ningún sabio. Han pasado mis días; se han deshecho mis planes. ¡Aun los deseos de mi corazón! Ellos convierten la noche en día: "La luz está cerca de las tinieblas." Aunque espere, el Seol será mi casa; tenderé mi cama en las tinieblas. A la fosa digo: "Tú eres mi padre," y a los gusanos: "Mi madre y mi hermana." ¿Dónde está, entonces, mi esperanza? Y mi bien, ¿quién lo verá? Descenderán al poder del Seol, pues juntos bajaremos hasta el polvo. Entonces intervino Bildad el sujita y dijo: —¿Cuándo pondréis fin a las palabras? Entended primero, y después hablaremos. ¿Por qué somos tenidos por animales y por torpes ante vuestros ojos? ¡Oh, el que despedaza su alma con su furor! ¿Será abandonada la tierra por tu causa? ¿Será removida la peña de su lugar? Ciertamente se extingue la luz de los impíos, y no resplandece la lumbre de su fuego. La luz se oscurece en su morada, y se apaga la lámpara que está sobre él. Los pasos de su vigor son estrechados; su propio plan lo hace caer. Porque por sus propios pies es echado en la red, y deambula en la maraña. Una trampa lo atrapa por el talón; el enredo se apodera de él. Para él está escondida una cuerda en el suelo; para él hay un lazo en el sendero. Por todas partes lo sobrecogen los terrores, y le persiguen pisando sus talones. En su riqueza está hambriento, y a su lado está lista la desgracia. Carcome parte de su piel; el primogénito de la muerte devora sus miembros. Es arrancado de su morada, objeto de su confianza, y es conducido ante el rey de los espantos. El fuego habita en su tienda; el azufre es esparcido sobre su morada. Por abajo se secan sus raíces, y por arriba se marchitan sus ramas. Su memoria perece en la tierra, y no tiene nombre en las calles. Lo empujan de la luz a las tinieblas; lo echan fuera del mundo. No tendrá prole ni descendiente en su pueblo, ni sobreviviente en sus moradas. Los que vengan del oeste se horrorizarán de su día, y los que vengan del este serán sobrecogidos por el espanto. Tales son las moradas del impío, y tal será el lugar del que no conoce a Dios. Entonces respondió Job y dijo: —¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma y me trituraréis con palabras? Ya me habéis injuriado diez veces. ¿No os avergonzáis de haberme atacado? Si en verdad he errado, conmigo permanecerá mi error. Pero si en realidad vosotros os jactáis contra mí, y contra mí usáis mi oprobio como argumento, sabed, pues, que Dios me ha agraviado y me ha envuelto en su red. su oración. He aquí, aunque grito: "¡Violencia!," no soy oído; doy voces, y no hay justicia. El ha cercado mi camino, para que yo no pase; sobre mis senderos ha puesto tinieblas. Me ha desvestido de mi gloria, y ha quitado la corona de mi cabeza. Por todos lados me despedaza, y me marcho; ha arrancado mi esperanza como a un árbol. Hace que su furor se inflame contra mí y me considera como a uno de sus adversarios. A una vienen sus tropas; allanan su camino contra mí, y ponen sitio alrededor de mi morada. Hizo que mis hermanos se alejaran de mí; mis amigos se apartaron por completo. Mis parientes me han fallado; mis conocidos me han olvidado. Los que habitan en mi casa y mis criadas me consideran un extraño; he llegado a ser un extranjero ante sus ojos. Llamo a mi siervo, y no responde; con mi propia boca le tengo que rogar. Mi aliento ha venido a ser repulsivo a mi mujer, y apesto aun ante mis propios hijos. Aun los niños me desprecian; si me levanto, hablan contra mí. Todos mis amigos íntimos me abominan; aquellos a quienes amo se han vuelto contra mí. Mis huesos se pegan a mi piel y a mi carne; he escapado apenas con la piel de mis dientes. ¡Compadeceos vosotros de mí! ¡Compadeceos de mí, oh amigos míos! Porque la mano de Dios me ha tocado. ¿Por qué me perseguís, como lo hace Dios? ¿No os satisfacéis con mi carne? ¡Oh, que mis palabras fuesen escritas! ¡Oh, que fuesen grabadas en un libro! ¡Que con cincel de hierro y de plomo fuesen cinceladas en la roca para siempre! Pero yo sé que mi Redentor vive, y que al final se levantará sobre el polvo. Y después que hayan deshecho esta mi piel, ¡en mi carne he de ver a Dios, a quien yo mismo he de ver! Lo verán mis ojos, y no los de otro. Mi corazón se consume dentro de mí. Si decís: "¿Cómo lo acosaremos?," y "La raíz del asunto se halla en él," temed por vosotros ante la espada. Porque la espada representa la ira contra las iniquidades, para que sepáis que hay un juicio. Entonces intervino Zofar el namatita y dijo: —Es que mis inquietantes pensamientos me hacen responder, y a causa de ello estoy dolorido. He oído una reprensión que me afrenta, y mi espíritu comprensivo me mueve a responder. ¿Acaso sabes esto, que desde la antigüedad, desde que fue puesto el hombre sobre la tierra, el júbilo de los malvados es breve, y la alegría del impío dura sólo por un momento? Aunque su altivez suba hasta el cielo, y su cabeza alcance a las nubes, como su propio excremento, perecerá para siempre, y los que lo vean dirán: "¿Dónde está él?" Como un sueño se esfumará y no será hallado; se disipará como una visión nocturna. El ojo que lo veía no lo verá más, ni su lugar lo volverá a contemplar. Sus hijos pedirán favores a los pobres, y sus manos devolverán su riqueza. Sus huesos, aún llenos de vigor juvenil, yacerán con él en el polvo. Aunque el mal sea dulce en su boca, y lo esconda debajo de su lengua, aunque lo guarde y no lo deje ir, sino que lo retenga en su paladar, con todo su comida se descompondrá en sus entrañas; veneno de áspides habrá dentro de él. Devoró riquezas, pero las vomitará; Dios las sacará de su vientre. Chupará veneno de áspides; lo matará la lengua de la víbora. No verá los arroyos, los ríos fluyendo miel y leche. Devolverá el fruto de su labor sin haberlo tragado; no gozará de la utilidad de sus negocios. Porque oprimió y desamparó a los pobres, y despojó casas que no había edificado. Porque no conoció sosiego en su interior, no se salvará ni con su más preciado tesoro. Nada quedó que no comiese; por eso no durará su prosperidad. En la plenitud de su opulencia tendrá estrechez; toda la fuerza de la miseria caerá sobre él. Cuando se ponga a llenar su estómago, Dios enviará sobre él el ardor de su ira; hará llover sobre él el fuego de su furor. Huirá de las armas de hierro, pero una flecha de bronce lo atravesará. Saldrá una flecha por su espalda; y la punta resplandeciente, por su hiel. Los horrores vendrán sobre él. Todas las tinieblas le están reservadas, como si fueran su tesoro. Un fuego no atizado lo devorará, y serán quebrantados los que hayan quedado en su morada. Los cielos revelarán su iniquidad, y la tierra se levantará contra él. El producto de su casa será llevado por los torrentes en el día de su furor. Esta es la porción de parte de Dios para el hombre impío, la heredad que por su palabra le ha asignado Dios. Entonces respondió Job y dijo: —Escuchad atentamente mis palabras; sea esto vuestra consolación. Soportadme, y yo hablaré; y después que yo haya hablado, burlaos. ¿Acaso me quejo ante algún hombre? ¿Por qué no se ha de impacientar mi espíritu? Volved la cara hacia mí y horrorizaos; poned la mano sobre la boca. Aun cuando recuerdo, me espanto; y el estremecimiento se apodera de mi carne. ¿Por qué viven los impíos y se envejecen, y además crecen en riquezas? Sus descendientes se establecen delante de ellos; sus vástagos permanecen ante sus ojos. Sus casas están libres de temor, y sobre ellos no está el azote de Dios. Su toro fecunda sin fallar; sus vacas paren y no pierden crías. Sus pequeños salen como si fueran manada; sus niños van danzando. Cantan al son del tamboril y del arpa; se regocijan al son de la flauta. Pasan sus días en la prosperidad, y con tranquilidad descienden al Seol. Luego dicen a Dios: "¡Apártate de nosotros! No queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿De qué nos aprovechará que oremos ante él?" He aquí que la prosperidad de ellos no está en sus propias manos. ¡Lejos esté de mí el consejo de los impíos! ¿Cuántas veces es apagada la lámpara de los impíos, o viene sobre ellos la calamidad, o Dios en su ira les reparte destrucción? Son como la paja ante el viento, o como el tamo que arrebata el huracán. ¿Acumulará Dios castigo para sus hijos? ¡Séale dada a él retribución, para que aprenda! ¡Que sus propios ojos vean su ruina, y beba de la ira del Todopoderoso! Porque, ¿qué deleite tendrá él en su familia, después de morir, cuando el número de sus meses ha llegado a su fin? ¿Acaso se le enseñará sabiduría a Dios, siendo que él es quien juzga aun a los que están en lo alto? Uno muere en pleno vigor, estando del todo próspero y tranquilo, con sus lomos llenos de gordura y sus huesos empapados de tuétano. Y otro muere con el alma amargada, sin haber comido jamás con gusto. Pero ambos yacen en el polvo, y los gusanos los cubren. He aquí, yo conozco vuestros pensamientos y las intrigas que hacéis contra mí. Porque decís: "¿Dónde está la casa del noble? ¿Dónde está la morada que cobijaba a los impíos?" ¿No habéis preguntado a los que pasan por el camino? ¿No habéis reconocido sus indicaciones de que el malo es preservado en el día de la calamidad, y que serán conducidos en el día de la ira? ¿Quién le denuncia su camino ante su misma cara? ¿Quién le da su merecido por lo que ha hecho? Pero él será conducido al sepulcro, y sobre su túmulo se hará vigilancia. Los terrones del valle le serán dulces; detrás de él será arrastrado todo hombre, y delante de él los habrá innumerables. ¿Cómo, pues, me consoláis con palabras huecas? De vuestras respuestas sólo queda el engaño. Entonces intervino Elifaz el temanita y dijo: —¿Puede el hombre fuerte traer provecho a Dios? ¿Puede el hombre inteligente serle de provecho? ¿Le deleita al Todopoderoso el que tú seas justo? ¿Gana algo con que tú hagas perfectos tus caminos? ¿Es por tu piedad que él te reprende o acude contigo a juicio? ¿Acaso no será grande tu maldad, y sin fin tus iniquidades? Sin razón, tomabas prenda de tus hermanos, y despojabas de sus ropas a los desnudos. No dabas de beber agua al cansado, y al hambriento le privabas de pan. Como un hombre poderoso a quien le pertenece la tierra y un enaltecido que habita en ella, despedías a las viudas con las manos vacías y quebrantabas los brazos de los huérfanos. Por eso hay trampas alrededor de ti, y te turba el terror repentino, o las tinieblas, de modo que no veas y te cubra la abundancia de aguas. ¿Acaso no está Dios en lo alto de los cielos? ¡Observa la totalidad de las estrellas! ¡Cuán altas están! Sin embargo, tú dices: "¿Qué sabe Dios? ¿Podrá juzgar a través de la densa oscuridad? Las nubes le son un velo, y no puede ver, mientras se pasea por la bóveda del cielo." ¿Persistirás tú en el viejo camino que han transitado los hombres inicuos, los cuales fueron arrebatados antes de tiempo, y cuyos fundamentos fueron arrasados por un río? Ellos decían a Dios: "Apártate de nosotros." Y: "¿Qué puede hacernos el Todopoderoso?’ Aunque él haya llenado sus casas de bienes, ¡lejos esté de mí el consejo de los impíos! Los justos lo verán y se gozarán; el inocente se burlará de ellos, diciendo: "De veras han sido destruidos nuestros adversarios, y el fuego ha devorado lo que quedó de ellos." Trata, pues, de llevarte bien con Dios; reconcíliate, y por ello te vendrá prosperidad. Toma, pues, de su boca la instrucción y pon sus dichos en tu corazón. Si te vuelves al Todopoderoso, serás edificado. Si alejas de tu morada la maldad, y pones sobre el polvo el oro, el oro de Ofir, como si fuera piedras del arroyo, y si el Todopoderoso es tu oro y tu plata más escogida, entonces te deleitarás en el Todopoderoso y podrás alzar tu cara hacia Dios. Orarás a él, y él te escuchará; y podrás pagar tus votos. Decidirás algo, y se te realizará; la luz resplandecerá sobre tus caminos. Cuando sean abatidos, tú dirás: "Sean enaltecidos." Y Dios salvará al humilde de ojos. Librará al inocente; escapará por causa de la limpieza de tus manos. Entonces respondió Job y dijo: —Hoy también es amarga mi queja; su mano se ha hecho pesada sobre mi gemido. ¡Oh, si yo pudiera saber dónde hallar a Dios! Entonces iría hasta su morada. Expondría delante de él mi causa, y llenaría mi boca de argumentos. Yo sabría las palabras que él me respondería; y entendería lo que él me dijera. ¿Contendería conmigo con la grandeza de su fuerza? No; más bien, él me prestaría atención. Allí el justo podría argüir con él, y yo me libraría para siempre de mi Juez. Si voy al oriente, él no está allí; y si voy al occidente, no lo percibo. Cuando él actúa en el norte, no lo diviso; se vuelve al sur, pero no lo veo. Sin embargo, él conoce el camino en que ando; cuando él me haya probado, saldré como oro. Mis pies han seguido fielmente sus huellas; he guardado su camino y no me he apartado. No me he apartado del mandamiento de sus labios; en mi seno he guardado los dichos de su boca. Pero él es Unico; ¿quién le hará desistir? Lo que su alma desea, él lo hace. Ciertamente él completará lo que ha determinado acerca de mí, y tiene en mente muchas cosas semejantes. Por lo cual yo me turbo en su presencia; lo considero, y tengo miedo de él. Pero Dios ha debilitado mi valor; el Todopoderoso me ha aterrado. Sin embargo, no he sido silenciado por las tinieblas, ni porque me haya cubierto la oscuridad. ¿Por qué no han sido fijados los tiempos de parte del Todopoderoso? ¿Por qué los que le conocen no vislumbran sus días? Hay quienes remueven los linderos, roban rebaños y los apacientan. Se llevan el asno de los huérfanos y toman en prenda el buey de la viuda. A los necesitados desvían del camino. A una se esconden todos los pobres de la tierra. He aquí, como asnos monteses en el desierto, salen a su trabajo en busca de una presa; el Arabá les da el sustento para sus pequeños. Siegan en el campo su forraje y rebuscan en la viña del impío. Pasan la noche desnudos, sin ropa, y no tienen cubierta en el frío. Se mojan con los aguaceros de los montes, y a falta de refugio se abrazan a las rocas. Hay quienes arrancan del pecho a los huérfanos, y toman en prenda al bebé de los pobres. De modo que andan desnudos, sin vestido; y hambrientos, recolectan gavillas. Entre sus muros exprimen el aceite; pisan uvas en lagares, pero siguen sedientos. Desde la ciudad gimen los moribundos, y clama el alma de los heridos de muerte. Pero Dios no atiende Ellos están entre aquellos que se rebelan contra la luz, que no reconocen los caminos de Dios, ni permanecen en sus sendas. De madrugada se levanta el asesino, mata al pobre y necesitado, y de noche actúa como ladrón. El ojo del adúltero aguarda el anochecer diciendo: "Nadie me verá," y pone un velo sobre su cara. En la oscuridad minan las casas; de día se encierran, pues no conocen la luz. Ciertamente el amanecer es para ellos densa oscuridad, porque conocen los terrores de la densa oscuridad. Son veloces sobre la superficie de las aguas; la porción de ellos será maldita en la tierra. No volverán por el camino de las viñas. Como la sequía y el calor arrebatan las aguas de la nieve, el Seol arrebata a los que han pecado. El vientre materno se olvidará de él; los gusanos saborearán su dulzura, hasta que nadie lo recuerde; como árbol será quebrantada la iniquidad. Porque aflige a la estéril, que no da a luz; y a la viuda nunca hace el bien. A los fuertes arrastra con su poder; se levanta y no cree ni en su propia vida. Dios deja que se sientan seguros y que en ello se apoyen, pero sus ojos están sobre los caminos de ellos. Son ensalzados por un poco, pero desaparecen. Son abatidos y recolectados como malvas. Se marchitan como la cabeza de las espigas. Si no es así, ¿quién podrá desmentirme y reducir a la nada mi argumento? Entonces intervino Bildad el sujita y dijo: —El dominio y el terror son de Dios; él hace la paz en sus alturas. ¿Tienen número sus tropas? ¿Sobre quién no se levanta su luz? ¿Cómo puede el hombre ser justo ante Dios? ¿Cómo será limpio el que nace de mujer? Si ni la misma luna le resplandece ni aun las estrellas son puras ante sus ojos, ¡cuánto menos el hombre, que es una larva; el ser humano, que es un gusano! Entonces respondió Job y dijo: —¿En qué has ayudado al que no tiene poder o librado al brazo que no tiene fuerza? ¿Qué has aconsejado al que no tiene sabiduría? ¿Qué sano conocimiento has enseñado en plenitud? ¿Con la ayuda de quién has pronunciado palabras, y de quién es el espíritu que habla en ti? Tiemblan las sombras de los muertos, debajo de las aguas y de los que las habitan. El Seol está desnudo delante de Dios, y el Abadón no tiene cubierta. El despliega el norte sobre el vacío y suspende la tierra sobre la nada. El encierra las aguas en sus nubes, y las nubes no se rompen a causa de ellas. El cubre la faz de la luna llena, y sobre ella extiende una nube. El trazó el horizonte sobre la faz de las aguas, hasta el límite de la luz con las tinieblas. Las columnas de los cielos se estremecen y están atónitas ante su reprensión. El aquietó el mar con su poder, y con su entendimiento aniquiló a Rahab. Con su soplo despejó los cielos, y su mano atravesó a la serpiente furtiva. He aquí, éstos son tan sólo los bordes de sus caminos. ¡Cuán leve murmullo hemos oído de él! Pero el trueno de su poderío, ¿quién lo podrá comprender? Job continuó su discurso y dijo: —¡Vive Dios, quien ha quitado mi derecho; y el Todopoderoso, que ha amargado mi alma, que mientras haya aliento en mí y el hálito de Dios esté en mi nariz, mis labios no hablarán perversidad, ni mi lengua proferirá engaño! ¡Lejos esté de mí el daros la razón! Hasta que muera, no renunciaré a mi integridad. Me he aferrado a mi rectitud y no la cederé. No me reprochará mi corazón mientras viva. Sea como el impío mi enemigo, y como el inicuo el que se levanta contra mí. Porque, ¿qué esperanza tiene el impío, por mucho que gane, si Dios le despoja de su vida? ¿Escuchará Dios su clamor, cuando le sobrevenga la calamidad? ¿Se deleitará en el Todopoderoso? ¿Invocará a Dios en todo tiempo? Yo os enseñaré acerca del poder de Dios; no ocultaré lo que concierne al Todopoderoso. Si todos vosotros lo habéis visto, ¿por qué os hacéis tan vanos? Esta es la porción de parte de Dios para el hombre impío, la heredad que los tiranos recibirán de parte del Todopoderoso: Aunque sus hijos se hayan multiplicado, serán para la espada; y sus vástagos no se saciarán de pan. Sus sobrevivientes serán sepultados por la plaga, y sus viudas no llorarán. Si amontona plata como polvo, y si prepara ropa como barro, él la preparará, pero el justo se vestirá con ella, y el inocente repartirá la plata. Como la araña edifica él su casa, como la cabaña que hace un guardián. Se acostará rico, pero dejará de serlo; abrirá sus ojos, y todo habrá desaparecido. Los terrores lo alcanzarán como aguas; el huracán lo arrebatará de noche. El viento oriental lo levantará, y se irá; así lo arrancará de su lugar. Dios descargará contra él y no tendrá compasión, y él se esforzará para escapar de su poder. Contra él batirá las manos, y silbará contra él desde su lugar. Ciertamente la plata tiene su mina, y el oro un lugar donde lo refinan; el hierro se extrae del polvo, y el cobre es fundido de la piedra. El hombre pone fin a la oscuridad, y examina en los lugares más recónditos las piedras de la oscuridad y de las tinieblas. Abre socavones en las minas, lejos de las poblaciones, olvidados por el pie del ser humano; allí se descuelgan y se balancean. La tierra, de la cual proviene el pan, pero cuyo interior se transforma como con fuego, es el lugar cuyas piedras son de zafiro y cuyo polvo es de oro. Es una senda que el ave de rapiña no conoce, ni jamás ha mirado el ojo del halcón. Nunca la han pisoteado fieras arrogantes, ni por ella caminó el león. El hombre extiende su mano hacia el pedernal, y trastorna de raíz las montañas. Abre canales en las rocas, y sus ojos ven todo lo preciado. Detiene los ríos en sus fuentes, y hace que lo secreto salga a la luz. Pero, ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar del entendimiento? El hombre no conoce el valor de ella; no se halla en la tierra de los vivientes. El océano dice: "Ella no está en mí." El mar dice: "Tampoco está conmigo." Por ella no se dará oro fino, ni por su precio se pesará plata. No se puede pagar por ella con oro de Ofir, ni con ónice precioso, ni con zafiro. Ni el oro ni el cristal son comparables a ella; no será dada a cambio de objetos de oro fino. El coral y el cristal de roca, ni mencionarlos; pues el valor de la sabiduría es mayor que el de las perlas. No será comparado con ella el topacio de Etiopía, ni se puede pagar por ella con oro fino. ¿De dónde, pues, proviene la sabiduría? ¿Dónde está el lugar del entendimiento? Está encubierto a los ojos de todo ser viviente; les está oculto a todas las aves del cielo. El Abadón y la Muerte dicen: "Su fama hemos oído con nuestros oídos." Sólo Dios entiende el camino de ella; él conoce su lugar. Porque él contempla los confines de la tierra y ve debajo de todos los cielos. Cuando él le dio peso al viento y determinó la medida de las aguas, cuando le dio estatuto a la lluvia y camino a relámpagos y truenos, entonces él la vio y la declaró; la estableció y también la escudriñó. Y dijo al hombre: "Ciertamente el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal es el entendimiento." Job continuó su discurso y dijo: —¡Quién me concediese ser como en los meses pasados, como en los días cuando Dios me guardaba! Entonces él hacía resplandecer su lámpara sobre mi cabeza, y a su luz yo caminaba en la oscuridad. Así fue en los días de mi vigor, cuando la amistad íntima de Dios estaba sobre mi morada; cuando el Todopoderoso aún estaba conmigo, y mis hijos estaban alrededor de mí; cuando mis pasos se bañaban en leche, y la roca me vertía corrientes de aceite. Entonces yo iba al tribunal de la ciudad, y alistaba mi asiento en la plaza. Los jóvenes me veían y se hacían a un lado; los ancianos se levantaban y permanecían de pie. Los magistrados detenían sus palabras, y ponían la mano sobre sus bocas. La voz de los nobles se apagaba, y su lengua se pegaba a su paladar. Cuando los oídos me oían, me llamaban: "¡Dichoso!" Cuando los ojos me veían, daban testimonio en mi favor. Porque yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que no tenía quien le ayudara. La bendición del moribundo caía sobre mí, y yo daba alegría al corazón de la viuda. Yo me vestía de rectitud, y ella me vestía a mí; como manto y turbante era mi justicia. Yo era ojos para el ciego; y pies para el cojo. Era un padre para los necesitados, e investigaba la causa que no conocía. Yo rompía las quijadas del inicuo, y de sus dientes arrancaba la presa. Yo me decía: "En mi nido expiraré, y multiplicaré mis días como la arena." Mi raíz alcanzaba hasta las aguas, y de noche el rocío se posaba en mis ramas. Mi honra se mantenía nueva en mí, y mi arco se renovaba en mi mano. Ellos me escuchaban y esperaban; ante mi consejo guardaban silencio. Después de mi palabra no volvían a hablar, y mi discurso destilaba sobre ellos. Me esperaban como a la lluvia, y abrían su boca como a la lluvia tardía. Cuando me reía con ellos, ¡no lo creían! No dejaban decaer la luz de mi rostro. Yo escogía el camino para ellos, y me sentaba como su jefe. Yo vivía como un rey que está en medio de sus tropas, como el que consuela a los que están de duelo. Pero ahora se ríen de mí los que son en edad más jóvenes que yo, aquellos a cuyos padres yo habría desdeñado poner junto con los perros de mi rebaño. ¿Para qué habría necesitado yo la fuerza de sus manos, si su vigor se había ido de ellos? Por la miseria y el hambre están anémicos; roen la tierra reseca, la tierra arruinada y desolada. Recogen malvas entre los arbustos y la raíz de la retama para calentarse. Están expulsados de la comunidad, y gritan contra ellos como a ladrones. Habitan en los barrancos de los arroyos, en los huecos de la tierra y de las peñas. Chillan entre los arbustos y se apiñan debajo de los espinos. ¡Insensatos! ¡También gente sin nombre, echados a golpes de la tierra! Pero ahora he llegado a ser su canción; soy el tema de su habladuría. Me abominan y se alejan de mí; no se refrenan de escupir mi cara. Porque Dios ha aflojado la cuerda de mi arco y me ha afligido, ellos se han desenfrenado en mi presencia. A la derecha se levanta la chusma; empujan mis pies y preparan contra mí sus destructivos caminos. Arruinan mi senda; se aprovechan de mi destrucción. No hay quien los detenga. Entran como por amplia brecha, y dan vueltas en medio de la devastación. Los terrores se han vuelto contra mí; mi honor es perseguido como por el viento, y ha pasado como la nube mi prosperidad. Ahora mi alma se derrama en mí; los días de la aflicción se han apoderado de mí. La noche me taladra los huesos, y los que me corroen no reposan. Con gran fuerza es desfigurada mi vestidura; me aprieta como el cuello de mi túnica. Tú me has arrojado en el lodo, y he llegado a ser como el polvo y la ceniza. Clamo a ti, y tú no me respondes; me presento, y tú no me atiendes. Te has vuelto cruel para conmigo; con el poder de tu mano me persigues. Me levantas, me haces cabalgar sobre el viento, y luego me deshaces en la tormenta. Porque sé que me conduces a la muerte, a la casa destinada para todos los vivientes. Sin embargo, ¿no extenderá su mano el que está en la ruina? ¿No clamará a él en su infortunio? ¿No he llorado por aquel cuya vida es difícil? ¿No ha tenido mi alma compasión por el necesitado? Cuando esperaba el bien, me vino el mal; cuando aguardaba la luz, vino la oscuridad. Mis entrañas hierven y no tienen sosiego; los días de mi aflicción me han alcanzado. Ando enlutado y sin consuelo; me levanto en la asamblea y clamo. He llegado a ser hermano de los chacales y compañero de las avestruces. Mi piel ennegrecida se me cae, y mis huesos arden de calor. Mi arpa ha llegado a ser para el duelo, y mi flauta para la voz de los que lloran. He hecho un pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, hubiera podido fijar la mirada en una virgen? ¿Cuál sería entonces la porción que Dios me daría desde arriba, la heredad que da el Todopoderoso desde lo alto? ¿Acaso no habrá desgracia para el maligno e infortunio para los que obran iniquidad? ¿Acaso no ve él mis caminos y cuenta todos mis pasos? Si he andado con la vanidad y mi pie se ha apresurado al engaño, entonces que Dios me pese en la balanza de justicia, y conozca así mi integridad. Si mi paso se apartó del camino y mi corazón se fue en pos de mis ojos, o si alguna mancha se pegó a mis manos, entonces que otro coma lo que yo siembre, y sea desarraigado lo que plante. Si mi corazón ha sido seducido con respecto a una mujer, y si he acechado a la puerta de mi prójimo, entonces que muela para otro mi mujer, y sean otros los que se inclinen sobre ella. Porque aquello sería una infamia y un delito digno de castigo. Sería un fuego que devorase hasta la completa destrucción, y desarraigaría toda mi producción. Si he menospreciado el derecho de mi siervo o de mi sierva, cuando tuvieron litigio conmigo, ¿qué haré cuando Dios se levante? ¿Qué le responderé cuando me pida cuentas? El que me hizo a mí en el vientre, ¿no lo hizo también a él? ¿No nos formó uno mismo en la matriz? Si he estorbado los anhelos de los pobres y he hecho desfallecer los ojos de la viuda, si he comido mi bocado yo solo y no ha comido de él también el huérfano (aunque desde mi juventud yo lo crié como un padre y desde mi nacimiento la guié), si he visto a alguien perecer por falta de vestido o que el necesitado carezca de abrigo, si no me bendijeron sus lomos ni se abrigó con el vellón de mis ovejas, si he alzado mi mano contra el huérfano cuando me vi apoyado en el tribunal, entonces desgájese del hombro mi brazo, y sepárese mi brazo de mi antebrazo. Porque he temido el castigo de Dios, contra cuya majestad yo no podría actuar. Si puse al oro como objeto de mi confianza y al oro fino dije: "Tú eres mi seguridad," si me he alegrado porque era grande mi riqueza o porque mi mano haya logrado tanto, si he mirado al sol cuando resplandece y a la luna desplazándose en su esplendor, si en secreto fue seducido mi corazón y mi boca les envió un beso con la mano, esto también habría sido un delito digno de castigo; porque habría negado al Dios de lo alto. Si me he alegrado por el infortunio del que me aborrece, o me regocijé cuando le alcanzó el mal (yo no he entregado mi boca al pecado pidiendo su vida con imprecación), si los hombres de mi morada no decían: "¿Quién podrá hallar a alguien que no se haya saciado con su carne?" (el forastero no pasaba la noche en la calle, pues yo abría mis puertas al caminante), si cual Adán he encubierto mis transgresiones escondiendo en mi seno mi iniquidad (pues estaba alarmado de la gran multitud y me atemorizaba el desprecio de las familias, de modo que callé y no salí a mi puerta…) ¡Oh, si yo tuviera quién me oyese! He aquí mi firma. ¡Que el Todopoderoso me responda! ¡Que mi adversario escriba un acta contra mí! Ciertamente yo la llevaría sobre el hombro, y me la ceñiría cual corona. Yo le rendiría cuentas de todos mis pasos; como un príncipe me acercaría a él. Si mi tierra clama contra mí y junto con ella lloran sus surcos, si he comido de su fuerza sin pagarlo o he hecho expirar a sus dueños, entonces que me broten cardos en lugar de trigo y cizaña en lugar de cebada. Terminaron las palabras de Job. Estos tres hombres cesaron de responder a Job, porque él era justo ante sus propios ojos. Entonces se encendió contra Job la ira de Elihú hijo de Beraquel el buzita, de la familia de Ram. Se encendió su ira contra Job, por cuanto se justificaba más a sí mismo que a Dios. Igualmente, se encendió su ira contra los tres amigos, porque no hallaban qué responder, aunque habían condenado a Job. Elihú había esperado para hablar a Job, porque ellos eran mayores que él en edad. Pero al ver Elihú que no había respuesta en la boca de aquellos tres hombres, se encendió en ira. Entonces intervino Elihú hijo de Beraquel el buzita y dijo: —Yo soy menor en años, y vosotros sois ancianos; por eso tuve miedo y temí declararos mi opinión. Pensé que hablarían los días, y los muchos años darían a conocer sabiduría. No obstante, es el espíritu en el hombre, el soplo del Todopoderoso, que le hace entender. No son los mayores los sabios, ni los viejos los que disciernen lo justo. Por eso digo: Escuchadme, yo también expresaré mi parecer. He aquí, he esperado vuestras palabras; he escuchado vuestras razones, mientras rebuscabais qué decir. Yo os he prestado atención, pero he aquí que ninguno de vosotros ha logrado reprobar a Job o responder a sus dichos. No sea que digáis: "Hemos hallado la sabiduría; Dios lo refutará, no el hombre." El no dirigió sus palabras a mí, ni yo le responderé con vuestros dichos. Se desconcertaron; no volvieron a responder; se les fueron los razonamientos. ¿He de esperar porque ellos no hablan, porque pararon y no respondieron más? Yo también responderé mi parte; yo también expresaré mi parecer. Porque estoy lleno de palabras, y me impulsa mi espíritu dentro de mí. He aquí que mi interior es como vino sin respiradero, y como odres nuevos va a reventar. Hablaré, pues, y hallaré desahogo; abriré mis labios y responderé. Yo no haré distinción de personas, a ningún hombre adularé. Porque nunca he sabido adular; mi Hacedor me llevaría en breve. No obstante, oh Job, escucha, por favor, mis razones; atiende a todas mis palabras. He aquí, yo abro mi boca; mi lengua habla en mi paladar. Mis dichos declaran mi rectitud de corazón; lo que mis labios saben lo dicen con sinceridad. El Espíritu de Dios me hizo; el aliento del Todopoderoso me da vida. Si acaso puedes, respóndeme. Alístate y preséntate ante mí. He aquí que yo estoy, como tú, ante Dios; yo también fui formado de barro. He aquí, mi terror no te ha de espantar, ni mi mano pesará demasiado sobre ti. En verdad, tú hablaste a oídos míos; yo oí el sonido de tus palabras: "Yo soy limpio y sin transgresión; soy inocente, y no hay maldad en mí. He aquí, Dios halla pretextos contra mí y me considera su enemigo. Puso mis pies en el cepo y vigila todas mis sendas." He aquí yo te respondo que en esto no tienes razón, porque Dios es más grande que el hombre. ¿Por qué contiendes contra él, siendo que él no da cuenta de ninguna de sus palabras? Porque Dios habla de una manera, y de otra, pero nadie lo nota. Habla por sueños, en visión nocturna, cuando el sopor cae sobre los hombres, cuando uno se adormece sobre la cama. Entonces abre el oído de los hombres y sella la instrucción para ellos, para apartar al hombre de lo que hace, para destruir la arrogancia del varón, para librar su alma de la fosa y su vida de ser traspasada por la lanza. El es reprendido con dolor sobre su lecho, y con constante dolor en sus huesos. Hacen que su vida aborrezca el alimento; y su alma, su comida favorita. Su carne se consume hasta dejar de ser vista, y aparecen sus huesos que no se veían. Su alma se acerca a la fosa, y su vida a los que causan la muerte. Oh, si hubiese a su lado un ángel, un intercesor, uno entre mil, para declarar al hombre lo que le es recto, y que al ser favorecido por la gracia, dijese: "Líbralo de descender a la fosa, pues le he hallado rescate." Entonces su carne volvería a ser más tierna que en su adolescencia, y volvería a los días de su juventud. Oraría a Dios, y le sería favorable. Vería su rostro con gritos de júbilo, y Dios restituiría al hombre su justicia. Cantaría entre los hombres diciendo: "Yo había pecado y pervertido lo recto, y no me fue retribuido. El libró mi alma de pasar a la fosa, y mi vida verá la luz." He aquí, Dios hace todas estas cosas con el hombre, dos y tres veces, para restaurar su alma de la fosa y para iluminarlo con la luz de la vida. Atiende, oh Job; escúchame. Calla, y yo hablaré. Si tienes palabras, respóndeme. Habla, porque yo quiero justificarte. Y si no, escúchame. Calla, y yo te enseñaré sabiduría. Elihú continuó diciendo: —Oíd, oh sabios, mis palabras; vosotros, los que sabéis, atendedme. Porque el oído distingue las palabras, y el paladar prueba la comida. Escojamos lo que es correcto; conozcamos entre nosotros lo bueno. Pues Job ha dicho: "Yo soy justo, pero Dios me ha quitado mi derecho. ¿He de mentir respecto a mi derecho? Mi herida es incurable a pesar de que no hubo transgresión." ¿Qué hombre hay como Job, que bebe el escarnio como agua, que va en compañía con los que obran iniquidad, y anda con los hombres impíos? Pues ha dicho: "El hombre no sacará provecho de estar de acuerdo con Dios." Por tanto, oídme, hombres entendidos. ¡Lejos esté de Dios la impiedad, y del Todopoderoso la iniquidad! Porque él retribuye al hombre de acuerdo con sus obras, y hace que cada uno halle lo que corresponde a sus caminos. Realmente, Dios no hará injusticia; el Todopoderoso no pervertirá el derecho. ¿Quién le ha puesto a cargo de su tierra? ¿Quién le ha encomendado el mundo entero? Si él se propusiera en su corazón y retirara su espíritu y su aliento, toda carne perecería juntamente, y el hombre volvería al polvo. Si has entendido, oye esto; escucha la voz de mis palabras: ¿Acaso gobernará el que aborrece el derecho? ¿Condenarás al Justo y Poderoso? El es el que dice al rey: "¡Perverso!" o a los nobles: "¡Impíos!" El no hace distinción de los príncipes, ni favorece al rico ante el pobre, pues todos son obra de sus manos. En un momento morirán, a medianoche. La gente será sacudida y pasará; los poderosos serán eliminados, y no por mano. Porque los ojos de Dios están sobre los caminos del hombre; él puede ver todos sus pasos. No hay tinieblas ni oscuridad para que allí se puedan esconder los que hacen iniquidad. Pues Dios no impone plazo al hombre para que vaya a juicio ante él. El quebranta a los fuertes sin consulta, y en lugar de ellos establece a otros. Por cuanto conoce los hechos de ellos; en una noche los trastorna, y son aplastados. Por sus maldades los castiga en un lugar donde lo vean. Porque dejaron de seguirle, y no consideraron ninguno de sus caminos, haciendo que el clamor del pobre llegase ante él, y que él oyera el clamor de los afligidos. Si él calla, ¿quién le inculpará? Si esconde su rostro, ¿quién lo contemplará? El está igualmente sobre pueblos e individuos, para evitar que reine el hombre impío y que ponga trampas al pueblo. Porque, ¿quién ha dicho a Dios: "Ya he llevado mi castigo; no volveré a ofender. Enséñame tú lo que yo no puedo ver; y si hice maldad, no lo volveré a hacer"? ¿Acaso ha de retribuir según tus condiciones, porque tú rechazas las suyas? Pues tú eres quien escoge, y no yo; habla entonces lo que sabes. Los hombres entendidos y el varón sabio que me escucha me lo dirán: "Job no habla sabiamente; sus palabras no son con entendimiento." ¡Oh, que Job fuera examinado a fondo, pues responde como los hombres inicuos! Porque a su pecado añade la rebelión; aplaude en medio de nosotros y multiplica sus palabras contra Dios. Elihú continuó diciendo: —¿Piensas que es correcto que digas: "Soy más justo que Dios"? Porque has dicho: "¿Qué te importa a ti la ventaja que yo saque de mi pecado?" Yo te responderé con argumentos, a ti y a tus amigos contigo: Mira los cielos y observa; contempla las nubes, las cuales están más altas que tú. Si pecas, ¿qué logras tú contra él? Si tus rebeliones se multiplican, ¿qué le podrás hacer a él? Si eres justo, ¿qué le darás a él? ¿O qué recibirá él de tu mano? Tu impiedad es para un hombre como tú, y tu justicia para el ser humano. Claman a causa de la mucha opresión; gritan a causa del poderío de los grandes. Sin embargo, nadie pregunta: "¿Dónde está Dios, mi Hacedor, que da canciones en la noche, que nos enseña por medio de los animales de la tierra, y que nos hace sabios mediante las aves de los cielos?" Allí claman, pero él no responde, a causa de la soberbia de los malos. Ciertamente Dios no escucha la falsedad; el Todopoderoso ni la mira. ¡Cuánto menos cuando dices que aunque no lo veas, tu causa está delante de él, y que a él tú esperas! Ahora bien, porque su ira no ha castigado, ni ha considerado de veras la rebelión, vanamente ha abierto Job su boca, y sin conocimiento multiplica palabras. Y Elihú siguió diciendo: —Espérame un poco, y te informaré, pues aún tengo palabras a favor de Dios. Desde lejos traeré mi saber, y atribuiré justicia a mi Hacedor. Pues ciertamente mis palabras no son mentira; contigo está alguien que es completo en conocimiento. He aquí que Dios es poderoso, pero no desprecia a nadie. Es poderoso en la fuerza del entendimiento. No otorga vida al impío, pero a los afligidos concede justicia. No aparta sus ojos de los justos; los hace sentar en tronos junto con los reyes para siempre, y los enaltece. Aunque estén presos con grilletes y atrapados con cuerdas de aflicción, él les declara lo que han hecho, y sus transgresiones, pues ellos mismos se enaltecieron. El abre el oído de ellos a la corrección y manda que se vuelvan de la iniquidad. Si ellos escuchan y le sirven, acabarán sus días con bienestar y sus años con prosperidad. Pero si no escuchan, serán traspasados por la lanza y perecerán en su ignorancia. Pues los impíos de corazón acumulan ira; no clamarán cuando él los ate. Ellos mismos morirán en la juventud, y acabarán sus vidas entre los pervertidos. El libra al afligido en su aflicción; en medio de la opresión abre sus oídos. También te induce a salir de las fauces de la tribulación a un lugar espacioso, libre de restricciones, al solaz de tu mesa llena de abundancia. Pero a ti, por estar lleno del juicio que merece el impío, el juicio y la justicia te echarán mano. Por lo cual teme, no sea que te tiente la abundancia, ni el mucho soborno te desvíe. En la desgracia no te ayudará tu clamor, ni todos tus esfuerzos. No anheles la noche, cuando los pueblos se desvanecen en su lugar. Cuídate de no volver a la iniquidad, porque eso escogiste más que la aflicción. He aquí que Dios es exaltado en su poder. ¿Quién hay que enseñe como él? ¿Quién le ha prescrito su camino? ¿Quién le dirá: "Has hecho maldad"? Acuérdate de engrandecer su obra, de la cual cantan los hombres. Todos los hombres la han visto; el ser humano la mira de lejos. He aquí que Dios es tan sublime, que nosotros no le podemos conocer. Es inescrutable el número de sus años. El atrae las gotas del agua y a la lluvia convierte en vapor, el cual destilan las nubes y chorrean en abundancia sobre los hombres. ¿Quién podrá comprender de veras el despliegue de las nubes, y el tronar de su bóveda? He aquí que sobre ella despliega su luz, y cubre las profundidades del mar. Pues por medio de ellos gobierna a los pueblos y da comida en abundancia. Con sus manos cubre el rayo y le manda dar en su blanco. Su trueno anuncia su presencia; ciertamente tiene celo contra la iniquidad. También por esto tiembla mi corazón y salta fuera de su lugar. Oíd atentamente el estruendo de su voz, el retumbo que sale de su boca. Debajo de todos los cielos lo desencadena y su relámpago cubre los confines de la tierra. Después de él ruge el trueno; truena con su majestuosa voz. Cuando se oye su sonido, él no lo detiene. Dios truena maravillosamente con su voz; hace grandes cosas que no las podemos comprender. Pues a la nieve dice: "¡Desciende a la tierra!"; y a la lluvia y al aguacero: "¡Sed impetuosos, oh lluvia y aguaceros!" Pone su sello en la mano de todo hombre, para que todos los hombres reconozcan la obra suya. La fiera entra en su escondrijo y permanece en su guarida. El huracán viene de su cámara; y el frío, de los vientos del norte. Por el soplo de Dios se forma el hielo, y se solidifica la extensión de las aguas. El también recarga las nubes de humedad, y la nube dispersa sus relámpagos. Por su designio las hace girar alrededor, para que realicen todo lo que les ordene sobre la faz de su mundo habitado. Unas veces como azote, otras veces por causa de su tierra y otras veces por misericordia él las hace aparecer. Presta atención a esto, oh Job; detente y reflexiona en las obras maravillosas de Dios. ¿Sabes tú cómo las pone Dios y hace aparecer su nube luminosa? ¿Sabes tú cómo flotan las nubes, las maravillas de aquel que es perfecto en conocimiento? Tú, cuyas ropas quedan calientes cuando la tierra es silenciada a causa del viento del sur, ¿has extendido con él la bóveda celeste, firme cual espejo de metal laminado? Muéstranos qué le hemos de decir, pues no podemos organizar nuestras ideas a causa de las tinieblas. ¿Habrá que informarle que yo he de hablar? ¿Se le ha de referir lo que diga el hombre? Y ahora, nadie puede mirar el sol que resplandece entre las nubes, cuando pasa el viento y las despeja. Del norte viene un dorado esplendor; alrededor de Dios hay una temible majestad. El Todopoderoso, a quien no podemos alcanzar, es sublime en poder y en justicia. Es grande en rectitud; no oprime. Por tanto, le temen los hombres. El no mira a ninguno de los que se creen sabios. Entonces Jehovah respondió a Job desde un torbellino y dijo: —¿Quién es ese que oscurece el consejo con palabras sin conocimiento? Cíñete, pues, los lomos como un hombre; yo te preguntaré, y tú me lo harás saber: ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes entendimiento. ¿Quién determinó sus medidas? Porque tú lo debes saber. ¿O quién extendió sobre ella un cordel? ¿Sobre qué están afirmados sus cimientos? ¿O quién puso su piedra angular, cuando aclamaban juntas las estrellas del alba, y gritaban de júbilo todos los hijos de Dios? ¿Quién contuvo mediante compuertas el mar, cuando irrumpiendo salió del vientre; cuando le puse las nubes por vestido y la oscuridad como pañal? Yo establecí sobre él un límite y le puse cerrojos y puertas. Le dije: "Hasta aquí llegarás y no seguirás adelante. Aquí cesará la soberbia de tus olas." ¿Alguna vez en tu vida diste órdenes a la mañana? ¿Has mostrado a la aurora su lugar, para que al tomar por los extremos la tierra, sean sacudidos de ella los impíos? Ella se transforma cual la arcilla en el molde, y se presenta como una vestidura. Entonces la luz es quitada a los impíos, y es quebrantado el brazo enaltecido. ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar? ¿Has andado escudriñando el abismo? ¿Te han sido reveladas las puertas de la muerte? ¿Has visto las puertas de la densa oscuridad? ¿Has reflexionado acerca de la amplitud de la tierra? ¡Decláralo, si sabes todo esto! ¿Dónde está el camino hacia la morada de la luz? ¿Y dónde está el lugar de las tinieblas, para que las repliegues a su territorio y para que disciernas el camino a su morada? Tú lo debes saber, porque entonces ya habías nacido, y es muy grande el número de tus días. ¿Has entrado en los depósitos de la nieve, o has visto los depósitos del granizo que tengo reservados para el tiempo de la angustia, para el día de la batalla y de la guerra? ¿Dónde está el camino por el cual se distribuye la luz, y se desplaza sobre la tierra el viento oriental? ¿Quién abre cauce al aluvión, y camino a relámpagos y truenos, haciendo llover sobre la tierra sin hombres, sobre el desierto donde no hay un ser humano; para saciar la tierra arruinada y desolada, y para hacer brotar la hierba? ¿Acaso la lluvia tiene un padre? ¿O quién engendró las gotas del rocío? ¿Del vientre de quién salió el hielo? A la escarcha del cielo, ¿quién la dio a luz? Las aguas se congelan como piedra, y se endurece la superficie del océano. ¿Podrás unir con cadenas a las Pléyades o aflojar las cuerdas de Orión? ¿Harás salir las constelaciones en su respectivo tiempo? ¿Guiarás a la Osa Mayor junto con sus hijos? ¿Conoces las leyes de los cielos? ¿Podrás establecer su dominio en la tierra? ¿Alzarás a las nubes tu voz para que te cubra abundancia de aguas? ¿Enviarás los relámpagos, de modo que vayan y te digan: "¡Aquí nos tienes!"? ¿Quién puso sabiduría en el ibis? ¿Quién dio inteligencia al gallo? ¿Quién puede contar las nubes con sabiduría? ¿Quién puede hacer que se inclinen las tinajas de los cielos, cuando el polvo se endurece como sólido y los terrones se pegan unos con otros? ¿Cazarás presa para la leona? ¿Saciarás el apetito de sus cachorros cuando se recuestan en sus guaridas y se quedan en la espesura, en sus escondrijos? ¿Quién prepara al cuervo su comida cuando sus polluelos claman a Dios y andan errantes por falta de alimento? ¿Conoces tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿Has observado el parto de las gacelas? ¿Has contado los meses que cumplen? ¿Conoces el tiempo cuando han de parir? Se encorvan, expulsan sus crías y luego se libran de sus dolores. Sus hijos se fortalecen y crecen en campo abierto; luego se van y no vuelven más a ellas. ¿Quién dejó libre al asno montés? ¿Quién soltó las ataduras del onagro? Yo puse el Arabá como su casa, y las tierras saladas como su morada. Se burla del bullicio de la ciudad; no escucha los gritos del arriero. Explora los montes tras su pasto, y busca todo lo que es verde. ¿Consentirá en servirte el toro salvaje y pasar la noche junto a tu pesebre? ¿Atarás al toro salvaje con coyundas para el surco? ¿Rastrillará los valles tras de ti? ¿Confiarás en él, por ser grande su fuerza, y descargarás sobre él el peso de tu labor? ¿Crees que él ha de regresar para recoger el grano de tu era? Se agitan alegremente las alas del avestruz; ¿pero acaso sus alas y su plumaje son los de la cigüeña? Porque ella abandona sus huevos en la tierra, y sobre el polvo los deja calentarse. Y se olvida que un pie los puede aplastar o que los animales del campo los pueden pisotear. Trata con dureza a sus hijos, como si no fueran suyos, sin temor de que su trabajo haya sido en vano. Es que Dios le hizo olvidar la sabiduría y no le repartió inteligencia. Pero cuando levanta las alas para correr, se ríe del caballo y del jinete. ¿Diste bravura al caballo? ¿Engalanaste de crines su cuello? ¿Lo harás brincar como a una langosta? El resoplido de su nariz es temible. Escarba en el valle y se regocija con fuerza; sale al encuentro de las armas. Se ríe del miedo y no se espanta; no vuelve atrás ante la espada. Sobre él resuenan la aljaba, la hoja de la lanza y la jabalina. Con estrépito y furor devora la distancia y no se detiene aunque suene la corneta. Relincha cada vez que suena la corneta, y desde lejos olfatea la batalla, la voz tronadora de los oficiales y el grito de guerra. ¿Es por tu inteligencia que el halcón emprende el vuelo y extiende sus alas hacia el sur? ¿Es por tu mandato que el águila se eleva y pone en lo alto su nido? En las peñas habita y pernocta en la cumbre de la peña, en lugar inaccesible. Desde allí acecha la presa; sus ojos la observan de muy lejos. Luego sus polluelos chupan la sangre. Donde haya cadáveres, allí estará ella. Jehovah continuó y dijo a Job: —¿Desistirá el que contiende con el Todopoderoso? El que argumenta con Dios, que responda a esto. Entonces Job respondió a Jehovah y dijo: —He aquí que yo soy insignificante. ¿Qué te he de responder? Pongo mi mano sobre mi boca. Una vez hablé y no volveré a responder; aun dos veces, pero no continuaré. Entonces Jehovah respondió a Job desde el torbellino y dijo: —Cíñete, pues, los lomos como un hombre; yo te preguntaré, y tú me lo harás saber: ¿Acaso invalidarás mi juicio? ¿Me condenarás a mí para justificarte tú? ¿Tienes tú un brazo como el de Dios? ¿Y truenas con una voz como la de él? Adórnate, pues, de majestad y alteza; vístete de gloria y esplendor. Difunde la indignación de tu furor; mira a todo soberbio y humíllalo. Mira a todo soberbio y somételo; pisotea a los impíos en su sitio. Entiérralos juntos en el polvo; encierra sus rostros en lugares ocultos. Entonces yo también reconoceré que tu mano derecha te dará la victoria. He allí el Behemot, al cual yo hice junto contigo. Come hierba como el buey. He aquí que su fuerza está en sus lomos y su vigor en los músculos de su vientre. Pone su cola tensa como un cedro, y los nervios de sus muslos están entretejidos. Sus huesos son como tubos de bronce, y su osamenta como barras de hierro. Es una obra maestra de Dios. Sólo su Hacedor le puede acercar su espada. Pues los montes producen hierba para él, donde retozan todos los animales del campo. Se recuesta debajo del loto en lo oculto del cañaveral y del pantano. Las plantas de loto lo cubren con su sombra; lo rodean los sauces del arroyo. He aquí que cuando el río se desborda, él no se apresura a escapar. Estará confiado aunque todo el Jordán se arroje contra su boca. ¿Lo atrapan cuando está vigilando? ¿Le perforan la nariz con garfios? ¿Sacarás tú al Leviatán con anzuelo? ¿Sujetarás con una cuerda su lengua? ¿Pondrás soga de juncos en sus narices? ¿Horadarás con gancho su quijada? ¿Acaso te colmará de ruegos? ¿Te hablará con palabras sumisas? ¿Hará un trato contigo, para que lo tomes por siervo perpetuo? ¿Jugarás con él como con un pájaro? ¿Lo atarás para tus niñas? ¿Negociarán por él los grupos de pescadores? ¿Se lo repartirán entre sí los mercaderes? ¿Podrás llenar de arpones su piel o su cabeza con lanza de pescar? Pon sobre él tu mano: Te acordarás de la batalla, ¡y nunca volverás a hacerlo! He aquí que toda esperanza del hombre se frustra, porque ante su solo aspecto uno cae hacia atrás. Nadie hay tan osado que lo despierte. ¿Quién podrá presentarse delante de él? ¿Quién me ha dado primero para que yo le restituya? ¡Todo lo que hay debajo del cielo, mío es! No guardaré silencio acerca de sus miembros, ni de sus proezas, ni de su gallarda figura. ¿Quién podrá levantar la superficie de su vestidura? ¿Quién se acercará a él con su doble coraza? ¿Quién abrirá sus fauces? Hay terror alrededor de sus dientes. Su espalda está recubierta de hileras de escamas herméticamente unidas entre sí. La una se junta con la otra, de modo que ni el aire puede pasar entre ellas. Pegadas están unas con otras; están trabadas entre sí y no se podrán separar. Sus estornudos lanzan destellos de luz; sus ojos son como los párpados del alba. De su boca salen llamaradas; escapan chispas de fuego. De sus narices sale humo, como de olla que hierve al fuego. Su aliento enciende los carbones, y de su boca salen llamaradas. Su poderío reside en su cuello; ante su presencia surge el desaliento. Los pliegues de su carne son apretados; son sólidos e inamovibles. Su corazón es sólido como una roca, sólido como la piedra inferior de un molino. Cuando él se levanta, los poderosos sienten pavor y retroceden ante el quebrantamiento. La espada que lo alcanza no lo afecta; tampoco la lanza, ni el dardo, ni la jabalina. Al hierro estima como paja, y a la madera como a la corrosión del cobre. Las flechas no le hacen huir; las piedras de la honda le son como rastrojo. Al garrote considera hojarasca; se ríe del blandir de la jabalina. Por debajo tiene escamas puntiagudas; deja huellas como un trillo sobre el lodo. Hace hervir el abismo como caldera y convierte el mar en una olla de ungüentos. Tras de sí hace resplandecer un sendero; como si el océano tuviera blanca cabellera. No existe sobre la tierra algo semejante; está hecho exento de temor. Menosprecia todo lo que es alto; es el rey de todas las fieras arrogantes. Entonces Job respondió a Jehovah y dijo: —Reconozco que tú todo lo puedes, y que no hay plan que te sea irrealizable. "¿Quién es ese que encubre el consejo, con palabras sin entendimiento?" Ciertamente dije cosas que no entendía, cosas demasiado maravillosas para mí, las cuales jamás podré comprender. Escucha, por favor, y hablaré: "Yo te preguntaré, y tú me lo harás saber." De oídas había oído de ti, pero ahora mis ojos te ven. Por tanto, me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza. Y aconteció, después que Jehovah habló estas palabras a Job, que Jehovah dijo a Elifaz el temanita: —Mi ira se ha encendido contra ti y tus dos compañeros, porque no habéis hablado lo recto acerca de mí, como mi siervo Job. Ahora pues, tomad para vosotros siete toros y siete carneros, id a mi siervo Job y ofreced holocausto por vosotros. Entonces mi siervo Job orará por vosotros, porque a él atenderé para no trataros con afrenta. Porque no habéis hablado lo recto acerca de mí, como mi siervo Job. Entonces fueron Elifaz el temanita, Bildad el sujita y Zofar el namatita, e hicieron como Jehovah les había dicho. Y Jehovah atendió a Job. Jehovah restauró a Job, cuando él oraba por sus amigos, y aumentó Jehovah al doble todo lo que había pertenecido a Job. Entonces vinieron a él todos sus hermanos, todas sus hermanas y todos los que le habían conocido antes, y comieron con él en su casa. Se compadecieron de él y lo consolaron por todo aquel mal que Jehovah había traído sobre él. Cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un pendiente de oro. Jehovah bendijo los últimos días de Job más que los primeros, y llegó a tener 14.000 ovejas, 6.000 camellos, 1.000 yuntas de bueyes y 1.000 asnos. Tuvo también siete hijos y tres hijas. A la primera le puso por nombre Jemima; el nombre de la segunda era Quesia, y el nombre de la tercera, Queren-hapuj. No había en toda la tierra mujeres tan hermosas como las hijas de Job, y su padre les dio herencia entre sus hermanos. Después de esto, Job vivió 140 años y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta cuatro generaciones. Y murió Job anciano y lleno de años. Bienaventurado el hombre que no anda según el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los burladores. Más bien, en la ley de Jehovah está su delicia, y en ella medita de día y de noche. Será como un árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo y cuya hoja no cae. Todo lo que hace prosperará. No sucede así con los impíos, que son como el tamo que arrebata el viento. Por tanto, no se levantarán los impíos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehovah conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos perecerá. ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos traman cosas vanas? Se presentan los reyes de la tierra, y los gobernantes consultan unidos contra Jehovah y su ungido, diciendo: "¡Rompamos sus ataduras! ¡Echemos de nosotros sus cuerdas!" El que habita en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. Entonces les hablará en su ira y los turbará en su furor: "¡Yo he instalado a mi rey en Sion, mi monte santo!" Yo declararé el decreto: Jehovah me ha dicho: "Tú eres mi hijo; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por heredad las naciones, y por posesión tuya los confines de la tierra. Tú los quebrantarás con vara de hierro; como a vasija de alfarero los desmenuzarás." Y ahora, oh reyes, sed sabios; aceptad la corrección, oh gobernantes de la tierra. Servid a Jehovah con temor y alegraos con temblor. Besad al hijo, no sea que se enoje y perdáis el camino; pues se enciende de pronto su ira. ¡Bienaventurados todos los que en él se refugian! (Salmo de David compuesto cuando huía de su hijo Absalón) ¡Oh Jehovah, cuánto se han multiplicado mis enemigos! Muchos son los que se levantan contra mí. Muchos dicen acerca de mí: "¡Dios no lo librará!" (Selah) Pero tú, oh Jehovah, eres escudo alrededor de mí; eres mi gloria y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé a Jehovah, y él me respondió desde su santo monte. (Selah) Yo me acosté y dormí. Desperté, porque Jehovah me sostuvo. No temeré a las decenas de millares del pueblo que han puesto sitio contra mí. ¡Levántate, oh Jehovah! ¡Sálvame, Dios mío! Porque a todos mis enemigos has golpeado en la mejilla, y has quebrantado los dientes de los impíos. De Jehovah viene la salvación. ¡Sobre tu pueblo sea tu bendición! (Selah) (Al músico principal. Con Neguinot. Salmo de David) ¡Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia! Tú que en la angustia ensanchaste mi camino, ten misericordia de mí y oye mi oración. Oh hijos del hombre, ¿hasta cuándo convertiréis mi honra en infamia, amaréis la vanidad y buscaréis el engaño? (Selah) Sabed que Jehovah ha apartado al piadoso para sí; Jehovah oirá cuando yo clame a él. Temblad y no pequéis. Reflexionad en vuestro corazón sobre vuestra cama y estad en silencio. (Selah) Ofreced sacrificios de justicia y confiad en Jehovah. Muchos dicen: "¿Quién nos mostrará el bien?" Haz brillar sobre nosotros, oh Jehovah, la luz de tu rostro. Tú has dado tal alegría a mi corazón que sobrepasa a la alegría que ellos tienen con motivo de su siega y de su vendimia. En paz me acostaré y dormiré; porque sólo tú, oh Jehovah, me haces vivir seguro. (Al músico principal. Para Nejilot. Salmo de David) Escucha, oh Jehovah, mis palabras; considera mi suspiro. Atiende a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Oh Jehovah, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré ante ti y esperaré. Porque tú no eres un Dios que se complace en la perversidad; la maldad no habitará junto a ti. Los arrogantes no se presentarán ante tus ojos; aborreces a los que obran iniquidad. Destruirás a los que hablan mentira; al hombre sanguinario y engañador abomina Jehovah. Pero yo, por la abundancia de tu gracia, entraré en tu casa y en tu temor me postraré hacia tu santo templo. Guíame, oh Jehovah, en tu justicia, a causa de mis enemigos. Endereza tu camino delante de mí. Porque no hay sinceridad en su boca; sus entrañas están llenas de destrucción. Su garganta es un sepulcro abierto, y con su lengua hablan lisonjas. Decláralos culpables, oh Dios; caigan por sus propios consejos. Echalos por la multitud de sus rebeliones, porque se rebelaron contra ti. Se alegrarán todos los que confían en ti; para siempre gritarán de júbilo, pues tú los proteges. Los que aman tu nombre se regocijarán en ti, porque tú, oh Jehovah, bendecirás al justo; como un escudo lo rodearás con tu favor. (Al músico principal. Con Neguinot. Sobre Seminit. Salmo de David) Oh Jehovah, no me reprendas en tu furor, ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehovah, porque desfallezco. Sáname, oh Jehovah, porque mis huesos están abatidos. También mi alma está muy turbada; y tú, oh Jehovah, ¿hasta cuándo? Vuelve, oh Jehovah; libra mi alma. Sálvame por tu misericordia, porque en la muerte no hay memoria de ti; ¿quién te alabará en el Seol? Me he agotado de tanto gemir. Toda la noche inundo mi cama y con mis lágrimas empapo mi lecho. Mis ojos están debilitados por el pesar; se han envejecido a causa de todos mis adversarios. Apartaos de mí, todos los que obráis iniquidad, porque Jehovah ha oído la voz de mi llanto. ¡Jehovah ha escuchado mi ruego! ¡Jehovah ha aceptado mi oración! Todos mis enemigos se avergonzarán y se aterrarán. Retrocederán y de repente serán avergonzados. (Sigayón de David, que cantó a Jehovah con respecto a las palabras de Cus el benjaminita) Oh Jehovah, Dios mío, en ti me he refugiado. Sálvame de todos los que me persiguen y líbrame. No sea que arrebaten mi alma como el león que despedaza, sin que haya quien libre. Oh Jehovah, Dios mío, si yo he hecho esto, si hay en mis manos iniquidad, si recompensé mal al que estaba en paz conmigo, si despojé sin razón a mi adversario, entonces persiga el enemigo a mi alma, y que la alcance; pise en tierra mi vida, y mi honor eche por tierra. (Selah) ¡Levántate, oh Jehovah, con tu furor! Alzate contra la ira de mis angustiadores, y despierta el juicio que has ordenado para mí. Entonces te rodeará la congregación de los pueblos, y hacia ella vuélvete en lo alto. Jehovah juzgará a los pueblos; júzgame, oh Jehovah, de acuerdo con mi justicia y mi integridad. Acábese ya la maldad de los impíos, y establece al justo; pues el Dios justo pone a prueba los corazones y las conciencias. Mi escudo está en Dios, quien salva a los de recto corazón. Dios es el que juzga al justo; es un Dios que emite sentencia cada día. Si el impío no se arrepiente, afilará su espada; ha dispuesto su arco y lo ha preparado. También ha alistado para sí armas de muerte y ha hecho incendiarias sus flechas. He aquí que gesta maldad, concibe afanes y da a luz mentira. Cava un pozo y lo ahonda; pero en la fosa que hace caerá. Su afán se volverá contra su propia cabeza; y la violencia que ha practicado recaerá sobre su coronilla. Pero yo alabaré a Jehovah por su justicia, y cantaré al nombre de Jehovah el Altísimo. (Al músico principal. Sobre Guitit. Salmo de David) Oh Jehovah, Señor nuestro, ¡cuán grande es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos. De la boca de los pequeños y de los que todavía maman has establecido la alabanza frente a tus adversarios, para hacer callar al enemigo y al vengativo. Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has formado, digo: ¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes; y el hijo de hombre, para que lo visites? Lo has hecho un poco menor que los ángeles y le has coronado de gloria y de honra. Le has hecho señorear sobre las obras de tus manos; todo lo has puesto debajo de sus pies: ovejas y vacas, todo ello, y también los animales del campo, las aves de los cielos y los peces del mar: todo cuanto pasa por los senderos del mar. Oh Jehovah, Señor nuestro, ¡cuán grande es tu nombre en toda la tierra! (Al músico principal. Sobre Mut-laben. Salmo de David) Te alabaré, oh Jehovah, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré a tu nombre, oh Altísimo. Cuando mis enemigos volvieron atrás, cayeron y perecieron ante ti. Porque has defendido mi juicio y mi causa; te has sentado en el trono del Juez de justicia: Reprendiste a las naciones; destruiste a los impíos; el nombre de ellos has borrado para siempre. El enemigo ha sucumbido para siempre; sus ciudades has destruido; con ellas pereció su recuerdo. Pero Jehovah permanecerá para siempre; ha dispuesto su trono para juicio. El juzgará al mundo con justicia; hará juicio a los pueblos con rectitud. Jehovah será un alto refugio para el oprimido, un refugio en los tiempos de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre; pues tú, oh Jehovah, no abandonaste a los que te buscaron. Cantad a Jehovah, que habita en Sion; contad en los pueblos sus hechos. Porque el Vengador de la sangre se acordó de ellos; no se olvidó del clamor de los pobres. Ten compasión de mí, oh Jehovah. Mira la aflicción que me han causado los que me aborrecen; tú, que me levantas de las puertas de la muerte, para que cuente todas tus alabanzas en las puertas de la hija de Sion y me goce en tu salvación. Las naciones se hundieron en la fosa que hicieron; en la red que escondieron fue atrapado su pie. Jehovah se dio a conocer por el juicio que hizo; los impíos fueron atrapados en la obra de sus propias manos. (Higayón, Selah) Los impíos serán trasladados al Seol, todas las naciones que se olvidan de Dios. Porque el necesitado no será olvidado para siempre, ni la esperanza de los pobres perecerá eternamente. ¡Levántate, oh Jehovah! ¡Que no prevalezca el hombre! Sean juzgadas las naciones delante de ti. Infúndeles pánico. Que sepan las naciones que no son más que hombres. (Selah) Oh Jehovah, ¿por qué te mantienes lejos, y te escondes en los tiempos de angustia? Con arrogancia el impío persigue al pobre. ¡Sean atrapados en los artificios que han maquinado! Porque el impío se gloría del apetito de su alma y el codicioso maldice y desprecia a Jehovah. El impío, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no está Dios en ninguno de sus pensamientos. En todo tiempo son torcidos sus caminos; tus juicios están muy por encima de su vista, y a todos sus adversarios desprecia. Dice en su corazón: "No seré movido; de generación en generación nunca estaré en infortunio." Su boca está llena de maldición, engaño y fraude; debajo de su lengua hay vejación e iniquidad. Pone emboscadas a las aldeas; en los escondrijos mata a los inocentes; sus ojos vigilan a los desdichados. Acecha desde un escondite, como el león desde la espesura. Acecha para arrebatar al pobre; arrebata al pobre atrayéndolo a su red. Se agacha, lo aplasta; y en sus fuertes garras caen los desdichados. Dice en su corazón: "Dios se ha olvidado. Ha ocultado su rostro; nunca lo verá." ¡Levántate, oh Jehovah Dios; alza tu mano! No te olvides de los pobres. ¿Por qué desprecia el impío a Dios? En su corazón piensa que tú no lo llamarás a cuenta. Ciertamente tú ves la vejación y la provocación; las miras para dar la recompensa. A tus manos se acoge el desdichado; tú eres el amparo del huérfano. Quebranta el brazo del impío y del malo; castígalos por su perversidad, hasta que desistan de ella. ¡Jehovah es Rey para siempre! De su tierra desaparecerán las naciones. El deseo de los humildes escuchas, oh Jehovah; tú dispones sus corazones y tienes atento tu oído, para juzgar al huérfano y al oprimido, a fin de que el hombre de la tierra no vuelva más a hacer violencia. (Al músico principal. Salmo de David) En Jehovah me he refugiado. ¿Por qué, pues, decís a mi alma: "Escapa cual pájaro al monte"? Pues he aquí, los impíos han preparado su arco y han colocado las flechas en la cuerda, para atravesar en oculto a los rectos de corazón. Si son destruidos los fundamentos, ¿qué podrá hacer el justo? Jehovah está en su santo templo; Jehovah tiene su trono en los cielos. Sus ojos ven; su vista examina a los hijos del hombre. Jehovah prueba al justo, pero su alma aborrece al impío y al que ama la violencia. Sobre los impíos hará llover brasas; fuego, azufre y vientos huracanados serán la porción de la copa de ellos. Porque Jehovah es justo y ama la justicia; los rectos contemplarán su rostro. (Al músico principal. Sobre Seminit. Salmo de David) Salva, oh Jehovah, porque se han acabado los piadosos. Han desaparecido los fieles de entre los hijos del hombre. Cada uno habla falsedad con su prójimo, con labios lisonjeros; hablan con doblez de corazón. Jehovah destruirá todos los labios lisonjeros, la lengua que habla grandezas. Dijeron: "Por nuestra lengua prevaleceremos. Si nuestros labios están a nuestro favor, ¿quién más se hará nuestro señor?" Dice Jehovah: "Por la opresión de los pobres, por el gemido de los necesitados me levantaré ahora. Los pondré a salvo del que se ensaña contra ellos." Las palabras de Jehovah son palabras puras, como plata purificada en horno de tierra, siete veces refinada. Tú, oh Jehovah, los guardarás. Guárdalos para siempre de esta generación. Los impíos andan alrededor, pero tú desprecias a los hijos del hombre. (Al músico principal. Salmo de David) ¿Hasta cuándo, oh Jehovah? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo tendré conflicto en mi alma, y todo el día angustia en mi corazón? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? ¡Mira; respóndeme, oh Jehovah, Dios mío! Alumbra mis ojos para que no duerma de muerte. No sea que mi enemigo diga: "¡Lo vencí!" Mis enemigos se alegrarán, si yo resbalo. Pero yo confío en tu misericordia; mi corazón se alegra en tu salvación. Cantaré a Jehovah, porque me ha colmado de bien. (Al músico principal. Salmo de David) Dijo el necio en su corazón: "No hay Dios." Se han corrompido; han hecho cosas abominables. No hay quien haga el bien. Jehovah miró desde los cielos sobre los hijos del hombre para ver si había algún sensato que buscara a Dios. Pero todos se habían desviado; a una se habían corrompido. No había quien hiciera el bien; no había ni siquiera uno. ¿Acaso todos los que obran iniquidad no saben que comen a mi pueblo como si fuera pan, y que a Jehovah no invocan? Allí temblarán de espanto, porque Dios está con la generación de los justos. Del consejo del pobre os habéis mofado, pero Jehovah es su refugio. ¡Quién hiciera que de Sion viniese la salvación de Israel! Cuando Jehovah restaure de la cautividad a su pueblo, se gozará Jacob; se alegrará Israel. (Salmo de David) Oh Jehovah, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién residirá en tu santo monte? El que anda en integridad y hace justicia, el que habla verdad en su corazón, el que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni hace agravio a su vecino; aquel ante cuyos ojos es menospreciado el vil, pero que honra a los que temen a Jehovah; aquel que a pesar de haber jurado en perjuicio suyo, no por eso cambia; aquel que no presta su dinero con usura ni contra el inocente acepta soborno. ¡El que hace estas cosas no será movido jamás! (Mictam de David) Guárdame, oh Dios, porque en ti me he refugiado. Oh alma mía, dijiste a Jehovah: "¡Tú eres el Señor! Para mí no hay bien aparte de ti. Para con los santos que están en la tierra, y para con los íntegros, es toda mi complacencia." Se multiplicarán los dolores de quienes se apresuran tras otro dios. Yo no ofreceré sus libaciones de sangre, ni con mis labios mencionaré sus nombres. Oh Jehovah, porción de mi herencia, y mi copa, ¡tú sustentas mi destino! Los linderos me han tocado en lugar placentero; es hermosa la heredad que me ha tocado. Bendeciré a Jehovah, que me aconseja; aun en las noches me corrige mi conciencia. A Jehovah he puesto siempre delante de mí; porque está a mi mano derecha, no seré movido. Por tanto, se alegró mi corazón, y se gozó mi lengua. También mi cuerpo descansará en seguridad. Pues no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida. En tu presencia hay plenitud de gozo, delicias en tu diestra para siempre. (Oración de David) Escucha, oh Jehovah, una causa justa; atiende a mi clamor. Presta oído a mi oración que es de labios sin engaño. Proceda de tu presencia mi vindicación; vean tus ojos la rectitud. Tú has examinado mi corazón; me has visitado de noche. Me has probado y nada infame has hallado, porque me he propuesto que mi boca no se exceda. En cuanto a las obras de los hombres, por la palabra de tus labios me he guardado de las sendas de los violentos. Mis pasos se han mantenido en tus caminos, para que mis pies no resbalen. Yo te invoco, porque tú oirás, oh Dios. Inclina a mí tu oído; escucha mi palabra. Muestra tus maravillosos actos de misericordia, tú que a los que confían libras con tu diestra de los que se levantan contra ti. Guárdame como a la niña de tu ojo; escóndeme bajo la sombra de tus alas de la vista de los impíos que me oprimen, y de mis enemigos mortales que me rodean. Ellos están protegidos con su propio sebo; con su boca hablan con soberbia. Han rodeado nuestros pasos; sobre nosotros ponen sus ojos para echarnos por tierra. Se parecen al león que anhela la presa, o al cachorro de león que se agacha en secreto. ¡Levántate, oh Jehovah! ¡Hazle frente! ¡Somételo! Con tu espada libra mi alma de los impíos. Oh Jehovah, líbrame con tu mano de los hombres, de los hombres de este mundo, cuya parte está en esta vida; cuyos vientres llenas con tus tesoros, cuyos hijos se sacian y aun dejan para sus pequeños. En cuanto a mí, en justicia veré tu rostro; quedaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza. (Al músico principal. De David, siervo de Jehovah, quien dirigió a Jehovah las palabras de este cántico, el día que Jehovah le libró de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl. El dijo:) Te amo, oh Jehovah, fuerza mía. Jehovah es mi roca, mi fortaleza y mi libertador. Mi Dios es mi peña; en él me refugiaré. El es mi escudo, el poder de mi liberación y mi baluarte. Invocaré a Jehovah, quien es digno de ser alabado, y seré librado de mis enemigos. Me rodearon los dolores de la muerte, y los torrentes de la perversidad me atemorizaron. Me rodearon las ligaduras del Seol; me confrontaron los lazos de la muerte. En mi angustia invoqué a Jehovah y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. La tierra se estremeció y tembló; se conmovieron los cimientos de las montañas. Se estremecieron, porque él se airó. Humo subió de su nariz; de su boca salió fuego consumidor, y carbones encendidos saltaban de él. Inclinó los cielos y descendió; una densa oscuridad había debajo de sus pies. Cabalgó sobre un querubín y voló; se remontó sobre las alas del viento. Puso tinieblas alrededor de sí como su morada secreta; su cubierta es oscuridad de aguas y densas nubes. Por el resplandor de su presencia fueron atravesadas las nubes, por el granizo y los carbones de fuego. Jehovah tronó en los cielos; el Altísimo dio su voz: granizo y carbones de fuego. Envió sus flechas y los dispersó; arrojó relámpagos y los desconcertó. A tu reprensión, oh Jehovah, por el soplo del aliento de tu nariz, se hicieron visibles los lechos de las aguas, y se descubrieron los cimientos del mundo. Envió desde lo alto y me tomó; me sacó de las aguas caudalosas. Me libró de mi poderoso enemigo y de los que me aborrecían, pues eran más fuertes que yo. Se enfrentaron a mí el día de mi desgracia, pero Jehovah fue mi apoyo. El me sacó a un lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí. Jehovah me ha pagado conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado. Porque he guardado los caminos de Jehovah, y no me he apartado impíamente de mi Dios. Porque delante de mí han estado todos sus juicios, y no he apartado de mí sus estatutos. Fui íntegro para con él, y me guardé de mi maldad. Por tanto, Jehovah me ha recompensado conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos ante sus ojos. Con el misericordioso te muestras misericordioso, e íntegro con el hombre íntegro. Con el limpio te muestras limpio, y eres sagaz con el perverso. Salvas al pueblo humilde, y humillas los ojos altivos. Ciertamente haces que mi lámpara alumbre. Jehovah, mi Dios, ilumina mis tinieblas. Contigo desbarataré ejércitos; con mi Dios saltaré murallas. Perfecto es el camino de Dios; probada es la palabra de Jehovah. El es escudo a todos los que en él se refugian. Porque, ¿quién es Dios fuera de Jehovah? ¿Quién es Roca aparte de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de vigor, y hace perfecto mi camino. Hace que mis pies sean ágiles como los del venado, y me mantiene firme sobre mis alturas. Adiestra mis manos para la batalla; así mis brazos pueden tensar el arco de bronce. Me has dado el escudo de tu salvación; tu mano derecha me ha sustentado, y tu condescendencia me ha engrandecido. Tú has ensanchado mis pasos debajo de mí, para que no tiemblen mis tobillos. Perseguí a mis enemigos y los alcancé; no volví sino hasta acabarlos. Los golpeé, y no pudieron levantarse; cayeron debajo de mis pies. Me ceñiste de poder para la batalla; doblegaste a mis enemigos debajo de mí. Hiciste que mis enemigos me dieran las espaldas, y destruí a los que me aborrecían. Clamaron, pero no hubo quien los salvase. Clamaron a Jehovah, pero él no les respondió. Los desmenucé como polvo ante el viento; los deshice como lodo de la calle. Tú me libraste de las contiendas del pueblo, y me pusiste como jefe de las naciones. Aun los pueblos que yo no conocía me sirvieron. Apenas oían de mí, me rendían obediencia. Los hijos de los extranjeros me adulaban. Los hijos de los extranjeros se desvanecían y salían temblando de sus escondrijos. ¡Viva Jehovah! ¡Bendita sea mi Roca! Sea ensalzado el Dios de mi salvación, el Dios que ejecuta mi venganza; sujeta a los pueblos debajo de mí y me libra de mis enemigos. Tú me has enaltecido sobre mis adversarios, y me has librado del hombre violento. Por eso te confesaré entre las naciones, oh Jehovah, y cantaré salmos a tu nombre. El engrandece las victorias de su rey y muestra misericordia a su ungido: a David y a sus descendientes, para siempre. (Al músico principal. Salmo de David) Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día comunica su mensaje al otro día, y una noche a la otra declara sabiduría. No es un lenguaje de palabras, ni se escucha su voz; pero por toda la tierra salió su voz y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso un tabernáculo para el sol; y éste, como un novio que sale de su dosel, se alegra como un valiente que emprende la carrera. En un extremo del cielo está su salida, y en el otro está su punto de retorno. ¡Nada hay que se esconda de su calor! La ley de Jehovah es perfecta; restaura el alma. El testimonio de Jehovah es fiel; hace sabio al ingenuo. Los preceptos de Jehovah son rectos; alegran el corazón. El mandamiento de Jehovah es puro; alumbra los ojos. El temor de Jehovah es limpio; permanece para siempre. Los juicios de Jehovah son verdad; son todos justos. Son más deseables que el oro, más que mucho oro fino. Son más dulces que la miel que destila del panal. Además, con ellos es amonestado tu siervo; en guardarlos hay grande galardón. ¿Quién entenderá los errores? ¡Líbrame de los que me son ocultos! Asimismo, guarda a tu siervo de los arrogantes, que ellos no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro y limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehovah, Roca mía y Redentor mío. (Al músico principal. Salmo de David) Jehovah te responda en el día de angustia; el nombre del Dios de Jacob te defienda. El te envíe ayuda desde su santuario, y te sostenga desde Sion. Tenga él memoria de tus ofrendas y acepte tu holocausto. (Selah) El te dé conforme a tu corazón, y cumpla todos tus planes. Nosotros nos alegraremos por tu salvación, y en el nombre de nuestro Dios alzaremos bandera. Cumpla Jehovah todos tus anhelos. Ahora reconozco que Jehovah da la victoria a su ungido; le responderá desde su santo cielo con la fuerza liberadora de su diestra. Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; pero nosotros confiamos en el nombre de Jehovah nuestro Dios. Ellos se doblegan y caen, pero nosotros nos levantamos y estamos firmes. ¡Salva, oh Jehovah! ¡Que el Rey nos oiga el día en que le invoquemos! (Al músico principal. Salmo de David) ¡Oh Jehovah, el rey se alegra en tu poder! ¡Cuánto se goza en tu salvación! Le has concedido el deseo de su corazón, y no le has negado la petición de sus labios. (Selah) Le has salido al encuentro con las mejores bendiciones; corona de oro fino has puesto sobre su cabeza. Te pidió vida, y se la concediste; vida extensa, eternamente y para siempre. Gloria grande halla en tu liberación; honra y esplendor has puesto sobre él. Porque le has dado bendiciones para siempre, y le has colmado con la alegría de tu rostro. Por eso el rey confía en Jehovah; por la misericordia del Altísimo no será removido. Tu mano alcanzará a todos tus enemigos; tu diestra alcanzará a los que te aborrecen. Los pondrás como horno de fuego en el tiempo en que te presentes. Jehovah los destruirá en su furor, y el fuego los consumirá. Destruirás el fruto de ellos en la tierra; sus descendientes, de entre los hijos del hombre. Porque se volvieron contra ti para hacerte daño; idearon maquinaciones, pero no prevalecerán. En la cuerda de tu arco alistarás las flechas contra sus caras; ciertamente les harás volver las espaldas. ¡Enaltécete, oh Jehovah, con tu poder! Cantaremos y alabaremos tu poderío. (Al músico principal. Sobre Ayélet ha-sájar. Salmo de David) ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; clamo de noche, y no hay sosiego para mí. Pero tú eres santo. ¡Tú, que habitas entre las alabanzas de Israel! Nuestros padres esperaron en ti: Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti y fueron librados; confiaron en ti y no fueron defraudados. Pero yo soy un gusano y no un hombre, objeto de la afrenta de los hombres y despreciado del pueblo. Todos los que me ven se burlan de mí. Estiran los labios y mueven la cabeza diciendo: "En Jehovah confió; que él lo rescate. Que lo libre, ya que de él se agradó." Pero tú eres el que me sacó del vientre; me has hecho estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde la matriz; desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca, y no hay quien ayude. Muchos toros me han rodeado; fuertes toros de Basán me han cercado. Contra mí abrieron sus bocas, como león voraz y rugiente. Soy derramado como el agua; todos mis huesos se han desarticulado. Mi corazón está como cera y se ha derretido en medio de mis entrañas. Mi vigor se ha secado como un tiesto, y mi lengua se ha pegado a mi paladar. Me has puesto en el polvo de la muerte. Los perros me han rodeado; me ha cercado una pandilla de malhechores, y horadaron mis manos y mis pies. Puedo contar todos mis huesos; ellos me miran y me observan. Reparten entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echan suertes. Pero tú, oh Jehovah, no te alejes. Fortaleza mía, apresúrate para ayudarme. Libra mi alma de la espada; libra mi única vida de las garras de los perros. Sálvame de la boca del león y de los cuernos de los toros salvajes. ¡Me has respondido! Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré. Los que teméis a Jehovah, alabadle; glorificadle, todos los descendientes de Jacob. Temedle vosotros, todos los descendientes de Israel. Porque no despreció ni desdeñó la aflicción del afligido, ni de él escondió el rostro. Más bien, le oyó cuando clamó a él. Tuya es mi alabanza en la gran congregación. Mis votos pagaré delante de los que le temen. Los pobres comerán y serán saciados. Alabarán a Jehovah los que le buscan. ¡Que viva vuestro corazón para siempre! Ellos se acordarán y volverán a Jehovah de todos los confines de la tierra. Delante de ti se postrarán todas las familias de las naciones. Porque de Jehovah es el reino, y él se enseñoreará de las naciones. Ciertamente ante él se postrarán todos los ricos de la tierra. Se doblegarán ante él todos los que descienden al polvo, los que no pueden conservar la vida a su propia alma. La posteridad le servirá; esto le será referido al Señor por generaciones. Vendrán y anunciarán su justicia a un pueblo que ha de nacer: "¡El hizo esto!" (Salmo de David) Jehovah es mi pastor; nada me faltará. En prados de tiernos pastos me hace descansar. Junto a aguas tranquilas me conduce. Confortará mi alma y me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Preparas mesa delante de mí en presencia de mis adversarios. Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehovah moraré por días sin fin. (Salmo de David) De Jehovah es la tierra y su plenitud, el mundo y los que lo habitan. Porque él la fundó sobre los mares y la afirmó sobre los ríos. ¿Quién subirá al monte de Jehovah? ¿Quién permanecerá en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón, que no ha elevado su alma a la vanidad ni ha jurado con engaño. El recibirá la bendición de Jehovah, y la justicia del Dios de su salvación. Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. (Selah) ¡Levantad, oh puertas, vuestras cabezas! Levantaos, oh puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? ¡Jehovah, el fuerte y poderoso! ¡Jehovah, el poderoso en la batalla! ¡Levantad, oh puertas, vuestras cabezas! Levantaos, oh puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? ¡Jehovah de los Ejércitos! ¡El es el Rey de gloria! (Selah) (Salmo de David) A ti, oh Jehovah, levantaré mi alma. ¡Dios mío, en ti confío! No sea yo avergonzado. No triunfen sobre mí mis enemigos. Ciertamente ninguno de los que confían en ti será avergonzado. Serán avergonzados los que se rebelan sin causa. Muéstrame, oh Jehovah, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación. En ti he esperado todo el día. Acuérdate, oh Jehovah, de tu compasión y de tu misericordia, que son perpetuas. No te acuerdes de los pecados de mi juventud ni de mis rebeliones. Conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Jehovah. Bueno y recto es Jehovah; por eso él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes en la justicia y enseñará a los humildes su camino. Todas las sendas de Jehovah son misericordia y verdad para con los que guardan su pacto y sus testimonios. Por amor de tu nombre, oh Jehovah, perdona también mi iniquidad, porque es grande. ¿Qué hombre es el que teme a Jehovah? El le enseñará el camino que ha de escoger. Su alma reposará en bienestar, y sus descendientes heredarán la tierra. El secreto de Jehovah es para los que le temen; a ellos hará conocer su pacto. Mis ojos están siempre puestos en Jehovah, porque él sacará mis pies de la red. Mírame y ten misericordia de mí, porque estoy solitario y afligido. Las angustias de mi corazón se han aumentado; sácame de mis congojas. Mira mi aflicción y mis afanes; perdona todos mis pecados. Mira cómo se han multiplicado mis enemigos, y con odio violento me aborrecen. Guarda mi alma y líbrame; no sea yo avergonzado, porque en ti me he refugiado. La integridad y la rectitud me guarden, porque en ti he esperado. Redime, oh Dios, a Israel de todas sus angustias. (Salmo de David) Hazme justicia, oh Jehovah, porque yo en mi integridad he andado. Asimismo, he confiado en Jehovah; no vacilaré. Examíname, oh Jehovah, y pruébame. Purifica mi conciencia y mi corazón; porque tu misericordia está delante de mis ojos, y camino en tu verdad. No me he sentado con los hombres falsos ni tengo tratos con los hipócritas. Aborrezco la reunión de los malhechores; nunca me he sentado con los impíos. Lavaré mis manos en inocencia, e iré alrededor de tu altar, oh Jehovah, para proclamar con voz de agradecimiento y contar todas tus maravillas. Oh Jehovah, he amado la habitación de tu casa, el lugar de la morada de tu gloria. No recojas mi alma junto con los pecadores, ni mi vida con los hombres sanguinarios, en cuyas manos hay infamia, y cuya mano derecha está llena de soborno. Pero yo andaré en mi integridad; redímeme y ten misericordia de mí. Mis pies se han afirmado en suelo llano; en las congregaciones te bendeciré, oh Jehovah. (Salmo de David) Jehovah es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehovah es la fortaleza de mi vida; ¿de quién me he de atemorizar? Cuando se acercaron a mí los malhechores, mis adversarios y mis enemigos, para devorar mis carnes, tropezaron y cayeron. Aunque acampe un ejército contra mí, mi corazón no temerá. Aunque contra mí se levante guerra, aun así estaré confiado. Una cosa he pedido a Jehovah; ésta buscaré: que more yo en la casa de Jehovah todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehovah, y para inquirir en su templo. Porque en su enramada me esconderá en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su tabernáculo; me pondrá en alto sobre una roca. Ahora levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, y en su tabernáculo ofreceré sacrificios de júbilo. Cantaré y entonaré salmos a Jehovah. Escucha, oh Jehovah, mi voz con que clamo a ti. Ten misericordia de mí y respóndeme. Mi corazón ha dicho: "Buscad su rostro." ¡Tu rostro buscaré, oh Jehovah! No escondas de mí tu rostro; no apartes con ira a tu siervo. Tú has sido mi ayuda; no me dejes ni me desampares, oh Dios de mi salvación. Aunque mi padre y mi madre me dejen, con todo, Jehovah me recogerá. Enséñame, oh Jehovah, tu camino; guíame por sendas de rectitud a causa de los que me son contrarios. No me entregues a la voluntad de mis adversarios, porque contra mí se han levantado testigos falsos que respiran violencia. ¡Oh, si yo no creyese que he de ver la bondad de Jehovah en la tierra de los vivientes! Espera en Jehovah. Esfuérzate, y aliéntese tu corazón. ¡Sí, espera en Jehovah! (Salmo de David) A ti clamaré, oh Jehovah; Roca mía, no te hagas sordo para conmigo. No suceda que por quedarte en silencio ante mí, yo llegue a ser semejante a los que descienden a la fosa. Escucha la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu lugar santísimo. No me arrastres junto con los impíos, con los que hacen iniquidad, los cuales hablan de paz a su prójimo, pero la maldad está en su corazón. Dales conforme a sus hechos y conforme a la maldad de sus actos. Dales conforme a la obra de sus manos. ¡Dales su recompensa! Porque no atendieron a los hechos de Jehovah, ni a la obra de sus manos, él los derribará y no los volverá a edificar. Bendito sea Jehovah, que oyó la voz de mis ruegos. Jehovah es mi fuerza y mi escudo; en él esperó mi corazón. Fui ayudado, y se gozó mi corazón; con mi canción le alabaré. Jehovah es la fuerza de su pueblo, la fortaleza de salvación para su ungido. Salva a tu pueblo y bendice a tu heredad; pastoréalos y enaltécelos para siempre. (Salmo de David) Dad a Jehovah, oh hijos de los fuertes; dad a Jehovah la gloria y el poder. Dad a Jehovah la gloria debida a su nombre. Adorad a Jehovah en la hermosura de la santidad. Voz de Jehovah sobre las aguas: ¡Truena el Dios de gloria! ¡Es Jehovah sobre las caudalosas aguas! Voz de Jehovah con poder; voz de Jehovah con gloria. Voz de Jehovah que quiebra los cedros; Jehovah despedaza los cedros del Líbano. Los hace saltar como terneros; al Líbano y al Sirión hizo saltar como crías de toros salvajes. Voz de Jehovah que aviva las llamas de fuego. Voz de Jehovah que estremece al desierto. Jehovah estremece al desierto de Cades. La voz de Jehovah estremece las encinas y desnuda los bosques. Y en su templo todos los suyos proclaman su gloria. Jehovah se sentó ante el diluvio; Jehovah se sentó como rey para siempre. Jehovah dará fortaleza a su pueblo; Jehovah bendecirá a su pueblo con paz. (Salmo. Cántico para la dedicación del templo. De David) Te glorificaré, oh Jehovah, porque me has levantado y no has dejado que mis enemigos se alegren de mí. Oh Jehovah, Dios mío, a ti clamé, y me sanaste. Oh Jehovah, tú has hecho subir mi alma del Seol; me has dado vida para que no descienda a la fosa. Cantad a Jehovah, vosotros sus fieles; celebrad la memoria de su santidad. Porque su ira dura sólo un momento, pero su favor dura toda la vida. Por la noche dura el llanto, pero al amanecer vendrá la alegría. Yo dije en medio de mi tranquilidad: "No seré movido jamás." Tú, oh Jehovah, por tu buena voluntad estableciste mi monte con poder. Pero escondiste tu rostro, y quedé turbado. A ti, oh Jehovah, invocaré; al Señor suplicaré: "¿Qué provecho hay en mi muerte, cuando descienda a la sepultura? ¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad? Escucha, oh Jehovah, y ten misericordia de mí; Jehovah, sé tú mi ayudador." Has convertido mi lamento en una danza; quitaste mi vestido de luto y me ceñiste de alegría. Por eso mi alma te cantará y no callará. Oh Jehovah, Dios mío, te alabaré para siempre. (Al músico principal. Salmo de David) En ti, oh Jehovah, me he refugiado; no sea yo avergonzado jamás. Líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído; líbrame pronto. Sé tú mi roca fuerte, mi fortaleza para salvarme. Porque tú eres mi roca y mi fortaleza, por amor de tu nombre me guiarás y me encaminarás. Sácame de la red que han escondido para mí, porque tú eres mi fortaleza. En tus manos encomiendo mi espíritu; tú me has redimido, oh Jehovah, Dios de verdad. Aborrezco a los que esperan en los ídolos vanos, pero yo en Jehovah he confiado. Me gozaré y alegraré en tu misericordia, porque has visto mi aflicción. Has conocido mi alma en las angustias y no me entregaste en mano del enemigo. Hiciste que mis pies se posasen en lugar espacioso. Ten misericordia de mí, oh Jehovah, porque estoy en angustia. Mis ojos, mi alma y mis entrañas se han debilitado por el pesar. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar. Mi fuerza me falla a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han debilitado. Para todos mis enemigos he sido objeto de oprobio. He sido objeto de horror para mis vecinos, y de miedo para mis conocidos. Los que me veían huían de mí. He sido olvidado en sus corazones como un muerto; he venido a ser como un objeto inútil. Porque he oído la calumnia de muchos; el terror está por todas partes, mientras traman unidos contra mí, y planean quitarme la vida. Pero yo he confiado en ti, oh Jehovah. He dicho: "Tú eres mi Dios; en tus manos están mis tiempos." Líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores. Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame por tu misericordia. Oh Jehovah, no sea yo avergonzado, ya que te he invocado. Sean avergonzados los impíos; desciendan en silencio al Seol. Enmudezcan los labios mentirosos que hablan insolencias contra el justo, con soberbia y desprecio. ¡Cuán grande es la bondad que has guardado para los que te temen, que has obrado para los que en ti se refugian contra los hijos del hombre. En el refugio de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre. En un tabernáculo los guardarás de las contiendas de la lengua. ¡Bendito sea Jehovah! Porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fortificada. En mi apresuramiento yo dije: "¡Cortado soy de tu presencia!" Pero cuando clamé a ti, oíste la voz de mis ruegos. Amad a Jehovah, todos vosotros sus santos. A los fieles guarda Jehovah, pero retribuye en abundancia al que actúa con soberbia. Esforzaos, todos vosotros los que esperáis en Jehovah, y tome aliento vuestro corazón. (Salmo de David. Masquil) Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y ha sido cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehovah no atribuye iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir, todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; mi vigor se convirtió en sequedades de verano. (Selah) Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: "Confesaré mis rebeliones a Jehovah." Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Selah) Por eso orará a ti todo fiel en el tiempo en que puedas ser hallado. Ciertamente en la inundación las caudalosas aguas no llegarán a él. Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia y con cánticos de liberación me rodearás. (Selah) "Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar. Sobre ti fijaré mis ojos. No seáis sin entendimiento, como el caballo, o como el mulo, cuya boca ha de ser frenada con rienda y freno; de otro modo, no se acercan a ti." Muchos dolores tendrá el impío; pero la misericordia cercará al que espera en Jehovah. Oh justos, alegraos en Jehovah y gozaos; cantad con júbilo, todos los rectos de corazón. Alegraos, oh justos, en Jehovah; a los rectos es hermosa la alabanza. Dad gracias a Jehovah con lira; cantadle con arpa de diez cuerdas. Cantadle un cántico nuevo; hacedlo bien, tocando con júbilo. Porque recta es la palabra de Jehovah, y toda su obra ha sido hecha con verdad. El ama la justicia y el derecho; de la misericordia de Jehovah está llena la tierra. Por la palabra de Jehovah fueron hechos los cielos; todo el ejército de ellos fue hecho por el soplo de su boca. El junta como un montón las aguas de los mares, y guarda en depósitos los océanos. Tema a Jehovah toda la tierra; témanle todos los habitantes del mundo. Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió. Jehovah hace nulo el consejo de las naciones, y frustra las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Jehovah permanecerá para siempre, y los pensamientos de su corazón, por todas las generaciones. ¡Bienaventurada la nación de la cual Jehovah es Dios, el pueblo al cual escogió como posesión suya! Jehovah ve desde los cielos; mira a todos los hijos del hombre. Desde el lugar de su morada observa a todos los habitantes de la tierra. El que formó el corazón de todos ellos comprende todas sus obras. El rey no es librado por la multitud del ejército; el valiente no escapa por su mucha fuerza. Vano es el caballo para la victoria, y a pesar de su gran fuerza, no podrá librar. El ojo de Jehovah está sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus almas de la muerte y para darles vida en tiempos de hambre. Nuestra alma espera en Jehovah: El es nuestra ayuda y nuestro escudo. Por eso, nuestro corazón se alegra en él, porque en su santo nombre hemos confiado. Sea tu misericordia, oh Jehovah, sobre nosotros, según lo esperamos de ti. (Salmo de David, cuando cambió su conducta ante Abimelec, y éste lo echó, y él se fue) Bendeciré a Jehovah en todo tiempo; su alabanza estará siempre en mi boca. En Jehovah se gloriará mi alma; lo oirán los mansos y se alegrarán. Engrandeced a Jehovah conmigo; ensalcemos juntos su nombre. Yo busqué a Jehovah, y él me oyó, y de todos mis temores me libró. Los que a él miran son iluminados; sus rostros no serán avergonzados. Este pobre clamó, y Jehovah le escuchó y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehovah acampa en derredor de los que le temen, y los libra. Probad y ved que Jehovah es bueno. ¡Bienaventurado el hombre que se refugia en él! Temed a Jehovah, vosotros sus santos, porque nada falta a los que le temen. Los leones tienen necesidades y sufren hambre, pero los que buscan a Jehovah no tendrán falta de ningún bien. Venid, oh hijos, escuchadme; el temor de Jehovah os enseñaré: ¿Quién es el hombre que desea vida? ¿Quién anhela años para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela. Los ojos de Jehovah están sobre los justos; sus oídos están atentos a su clamor. El rostro de Jehovah está contra los que hacen mal, para cortar de la tierra su memoria. Clamaron los justos, y Jehovah los oyó; los libró de todas sus angustias. Cercano está Jehovah a los quebrantados de corazón; él salvará a los contritos de espíritu. Muchos son los males del justo, pero de todos ellos lo librará Jehovah. El guardará todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado. Al impío le matará la maldad, y los que aborrecen al justo serán desolados. Jehovah redimirá el alma de sus siervos. No serán desolados cuantos confían en él. (Salmo de David) Contiende, oh Jehovah, con los que contienden contra mí; combate a los que me combaten. Echa mano de escudo y defensa; levántate en mi ayuda. Saca lanza y jabalina al encuentro de mis perseguidores. Di a mi alma: "Yo soy tu salvación." Sean avergonzados y afrentados los que buscan mi vida; vuelvan atrás y sean humillados los que planean hacerme daño. Sean como el tamo ante el viento, y acóselos el ángel de Jehovah. Sea su camino tenebroso y resbaladizo, y persígalos el ángel de Jehovah. Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; sin causa pusieron trampa para mi vida. Alcáncele la destrucción que no imagina, y préndale la red que él mismo escondió. Caiga él en aquella destrucción. Entonces mi alma se gozará en Jehovah, y se alegrará en su salvación. Todos mis huesos dirán: "Oh Jehovah, ¿quién hay como tú? Libras al pobre del más fuerte que él; al pobre y necesitado, del que lo despoja." Se han levantado testigos falsos, y me interrogan de lo que no sé. Me han pagado mal por bien. ¡Desolación para mi alma! Sin embargo, cuando se enfermaron, yo me vestí de aflicción. Me afligí a mí mismo con ayuno, y mi oración se volvía a mi seno. Como por mi compañero, como por mi hermano actuaba; como el que hace luto por una madre, enlutado me humillaba. Pero cuando yo tropecé, ellos se alegraron y se reunieron. Se reunieron contra mí los calumniadores, sin que yo lo supiera. Me despedazaban y no cesaban. Con impiedad se dedicaron al escarnio; crujieron sus dientes contra mí. Oh Señor, ¿hasta cuándo consentirás esto? Rescata de sus destrucciones mi alma; libra mi única vida de los leones. Te confesaré en la gran congregación; te alabaré en medio de un pueblo numeroso. No se alegren de mí los que sin razón son mis enemigos, ni guiñen el ojo los que me aborrecen sin causa. Porque no hablan paz, y contra los mansos de la tierra traman engaños. Ensanchan contra mí sus bocas, diciendo: "¡Ajá, ajá, nuestros ojos lo han visto!" Tú lo has visto. Oh Jehovah, no calles; oh Señor, no te alejes de mí. Despierta y levántate para hacer justicia a mi causa, Dios mío y Señor mío. Oh Jehovah, Dios mío, hazme justicia conforme a tu rectitud. Que no se alegren de mí, ni digan en su corazón: "¡Ajá, esto es lo que queríamos!" Ni digan: "¡Lo hemos devorado!" Sean avergonzados y humillados a una los que se alegran de mi mal. Vístanse de vergüenza y confusión los que se engrandecen contra mí. Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y digan siempre: "¡Sea ensalzado Jehovah, que se complace en el bienestar de su siervo!" Mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza, todo el día. (Al músico principal. Salmo de David, siervo de Dios) La transgresión habla al impío dentro de su corazón; no hay temor de Dios delante de sus ojos. Por eso se lisonjea en sus propios ojos, hasta que su iniquidad sea aborrecimiento. Las palabras de su boca son maldad y engaño; ha dejado de ser sensato y de hacer el bien. Sobre su cama piensa iniquidad; está en un camino que no es bueno y no desprecia el mal. Oh Jehovah, hasta los cielos alcanza tu misericordia; y hasta las nubes, tu fidelidad. Tu justicia es como las montañas de Dios; y tus juicios, como el gran océano. Oh Jehovah, que conservas al hombre y al animal, ¡cuán preciosa es, oh Dios, tu bondad! Por eso los hijos del hombre se refugian bajo la sombra de tus alas. Se sacian de la abundancia de tu casa; les das a beber del torrente de tus delicias. Ciertamente contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz. Extiende tu bondad a los que te conocen, y tu justicia a los rectos de corazón. Que no venga contra mí el pie de la soberbia, ni me mueva la mano de los impíos. Entonces caerán los que obran iniquidad; serán derribados y no podrán levantarse. (Salmo de David) No te impacientes a causa de los malhechores, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como la hierba pronto se secan, y se marchitan como el pasto verde. Confía en Jehovah y haz el bien. Habita en la tierra y apaciéntate de la fidelidad. Deléitate en Jehovah, y él te concederá los anhelos de tu corazón. Encomienda a Jehovah tu camino; confía en él, y él hará. El exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Calla delante de Jehovah, y espera en él. No te alteres con motivo de los que prosperan en su camino, por el hombre que hace maldades. Deja la ira y abandona el enojo; de ninguna manera te apasiones por hacer lo malo. Porque los malhechores serán destruidos, pero los que esperan en Jehovah heredarán la tierra. Dentro de poco no quedará el impío. Contemplarás su lugar, y no aparecerá. Pero los mansos heredarán la tierra y se deleitarán por la abundancia de paz. El impío maquina contra el justo y cruje sus dientes contra él. El Señor se reirá de él, porque ve que viene su día. Los impíos desenvainan la espada y entesan el arco para derribar al pobre y al necesitado, para matar a los de recto proceder. Pero la espada de ellos entrará en su propio corazón, y su arco será roto. Mejor es lo poco del justo que las riquezas de muchos impíos. Porque los brazos de los impíos serán quebrados; pero es Jehovah quien sostiene al justo. Jehovah conoce los días de los íntegros, y la heredad de ellos será para siempre. No serán avergonzados en el tiempo malo; en los días de hambre serán saciados. Pero los impíos perecerán, y los enemigos de Jehovah serán consumidos como el sebo de los carneros; se disiparán como el humo. El impío toma prestado y no paga, pero el justo tiene compasión y da. Los que él bendiga heredarán la tierra, y los que él maldiga serán eliminados. Por Jehovah son afirmados los pasos del hombre, y él se complacerá en su camino. Si cae, no quedará postrado, porque Jehovah sostiene su mano. Yo he sido joven y he envejecido; pero no he visto a un justo desamparado, ni a sus descendientes mendigando pan. En todo tiempo tiene compasión y presta, y su descendencia es para bendición. Apártate del mal y haz el bien, y vivirás para siempre. Porque Jehovah ama la rectitud y no desampara a sus fieles. Para siempre serán guardados, pero la descendencia de los impíos será exterminada. Los justos heredarán la tierra y vivirán para siempre sobre ella. La boca del justo expresará sabiduría, y su lengua proferirá juicio. La ley de su Dios está en su corazón; por eso sus pasos no vacilarán. El impío acecha al justo y procura matarlo. Jehovah no lo dejará caer en su mano, ni dejará que lo condenen cuando sea juzgado. Espera en Jehovah y guarda su camino. El te exaltará para heredar la tierra, y cuando los impíos sean destruidos, tú lo verás. Yo he visto al impío enaltecido, que se levantaba como un cedro del Líbano. Pero pasó y ya no apareció. Lo busqué, y no fue hallado. Considera al íntegro y mira al justo; que la posteridad de ese hombre es paz. Pero los transgresores serán todos juntos destruidos; la posteridad de los impíos será eliminada. La salvación de los justos proviene de Jehovah; él es su fortaleza en el tiempo de angustia. Jehovah les ayudará y los librará; les librará de los impíos y los salvará, porque en él se han refugiado. (Salmo de David. Para conmemorar) Oh Jehovah, no me reprendas en tu furor, ni me castigues en tu ira. Porque tus flechas han penetrado en mí, y sobre mí ha descendido tu mano. No hay parte sana en mi cuerpo a causa de tu ira; no hay paz en mis huesos a causa de mi pecado. Porque mis iniquidades han sobrepasado mi cabeza; como carga pesada me agobian. Hieden y supuran mis heridas a causa de mi locura. Estoy encorvado y abatido en gran manera; ando enlutado todo el día. Porque mis espaldas están inflamadas, y no hay parte sana en mi cuerpo. Estoy debilitado y totalmente molido; gimo a causa de la conmoción de mi corazón. Oh Señor, delante de ti están todos mis deseos, y mi gemido no te es oculto. Mi corazón palpita fuertemente, y mi vigor me ha abandonado. Aun la luz de mis ojos ya no está conmigo. Mis amigos y compañeros se han apartado de mi plaga; mis parientes se han mantenido alejados. Los que buscaban mi vida armaron trampas, y los que procuraban mi mal profirieron amenazas. Maquinaban fraudes todo el día. Pero yo, como si fuera sordo, no escuchaba, y era como un mudo que no abre la boca. Actué como un hombre que no oye, y en cuya boca no hay amonestación. Pues en ti, oh Jehovah, he esperado; tú responderás, oh Jehovah, Dios mío. Porque dije: "No sea que se alegren de mí, y cuando resbale mi pie, se enaltezcan sobre mí." Porque yo estoy a punto de caer, y mi dolor está delante de mí continuamente. Por eso confesaré mi iniquidad; me acongojaré por mi pecado. Porque mis enemigos están vivos y fuertes; se han aumentado los que me aborrecen sin motivo. Los que pagan mal por bien me son hostiles, por seguir yo lo bueno. No me desampares, oh Jehovah. Dios mío, no te alejes de mí; apresúrate a socorrerme, oh Señor, salvación mía. (Al músico principal. A Jedutún. Salmo de David) Yo dije: "Cuidaré mis caminos para no pecar con mi lengua. Guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío esté frente a mí." Enmudecí, quedé en silencio; me callé aun respecto de lo bueno, pero mi dolor se agravó. Mi corazón se enardeció dentro de mí; fuego se encendió en mi suspirar, y así hablé con mi lengua: Hazme saber, oh Jehovah, mi final, y cuál sea la medida de mis días. Sepa yo cuán pasajero soy. He aquí, has hecho que mis días sean breves; mi existencia es como nada delante de ti. De veras, sólo vanidad es todo hombre en su gloria. (Selah) En la oscuridad deambula el hombre; de veras, en vano se inquieta por acumular, y no sabe quién lo recogerá. Ahora, oh Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti. Líbrame de todas mis rebeliones; no me pongas por burla del insensato. Enmudecí; no abrí mi boca, porque tú eres quien lo hizo. Aparta de mí tu plaga; por el movimiento de tu mano soy consumido. Con castigos por el pecado corriges al hombre, y deshaces como polilla su hermosura. Ciertamente vanidad es todo hombre. (Selah) Escucha mi oración, oh Jehovah; oye mi clamor y no calles ante mis lágrimas. Porque forastero soy para ti, un advenedizo, como todos mis padres. Aparta de mí tu mirada, de modo que me alegre antes que me vaya y deje de ser. (Al músico principal. Salmo de David) Pacientemente esperé a Jehovah, y él se inclinó a mí y oyó mi clamor. Y me hizo subir del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso. Puso mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos. Puso en mi boca un cántico nuevo, una alabanza a nuestro Dios. Muchos verán esto y temerán, y confiarán en Jehovah. Bienaventurado el hombre que pone su confianza en Jehovah, y no vuelve la mirada a los soberbios, ni a los que se enredan con la falsedad. Oh Jehovah, Dios mío, tú has multiplicado tus maravillas y tus pensamientos para con nosotros. No hay nadie comparable a ti. Si intentara referirme y hablar de ellos, serían demasiados como para ser contados. El sacrificio y la ofrenda no te agradan; tú has abierto mis oídos. Holocaustos y sacrificios por el pecado no has pedido. Entonces dije: "He aquí, yo vengo. En el rollo de pergamino está escrito acerca de mí: ‘El hacer tu voluntad, oh Dios mío, me ha agradado; y tu ley está en medio de mi corazón.’" He anunciado justicia en la gran congregación; he aquí, no he detenido mis labios. Oh Jehovah, tú lo sabes. No he encubierto tu justicia dentro de mi corazón; he proclamado tu fidelidad y tu salvación. No he ocultado tu misericordia ni tu verdad en la gran congregación. Tú, oh Jehovah, no detengas de mí tu compasión; que tu misericordia y tu verdad me guarden siempre. Porque me han rodeado males incontables; me han alcanzado mis iniquidades, y no puedo levantar la vista. Son más numerosos que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me ha fallado. ¡Ten a bien, oh Jehovah, librarme! ¡Oh Jehovah, apresúrate a socorrerme! Sean avergonzados y humillados a una los que buscan mi vida para cortarla. Vuelvan atrás y sean confundidos los que desean mi mal. Sean desolados a causa de su vergüenza los que dicen: "¡Ajá, ajá!" Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan. Digan siempre los que aman tu salvación: "¡Jehovah sea engrandecido!" Aunque yo sea pobre y necesitado, Jehovah pensará en mí. Tú eres mi ayuda y mi libertador; ¡Oh Dios mío, no te tardes! (Al músico principal. Salmo de David) ¡Bienaventurado el que se preocupa del pobre! En el día malo lo librará Jehovah. Jehovah lo guardará y le dará vida, para que sea feliz en la tierra. No lo entregará a la voluntad de sus enemigos. Jehovah lo sustentará en el lecho de dolor. En su enfermedad, tú transformarás su postración. Yo dije: "Oh Jehovah, ten misericordia de mí; sana mi alma, porque contra ti he pecado." Mis enemigos hablan mal de mí y preguntan: "¿Cuándo se morirá, y perecerá su nombre?" Si alguien viene a verme, habla mentira. Su corazón acumula iniquidad para sí, y saliendo afuera, lo divulga. Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen; contra mí traman el mal. "Algo abominable se ha derramado sobre él. El que cayó en la cama no se volverá a levantar." Aun mi amigo íntimo, en quien yo confiaba y quien comía de mi pan, ha levantado contra mí el talón. Pero tú, oh Jehovah, ten misericordia de mí; haz que me levante, y les daré su merecido. En esto conoceré que de mí te has agradado: en que mi enemigo no cante victoria sobre mí. En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, y me haces estar delante de ti para siempre. ¡Bendito sea Jehovah Dios de Israel, desde la eternidad hasta la eternidad! Amén y amén. (Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré) Como ansía el venado las corrientes de las aguas, así te ansía a ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo iré para presentarme delante de Dios? Mis lágrimas han sido mi alimento día y noche, mientras me dicen todos los días: "¿Dónde está tu Dios?" Recuerdo estas cosas y derramo mi alma dentro de mí: cuando pasaba con la muchedumbre, guiándolos hasta la casa de Dios, con voz de alegría y de acción de gracias de la multitud en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera a Dios, porque aún le he de alabar. ¡El es la salvación de mi ser, y mi Dios! Mi alma está abatida dentro de mí. Por esto me acordaré de ti en la tierra del Jordán y del Hermón, en el monte de Mizar. Un abismo llama a otro por la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. De día, mandará Jehovah su misericordia; y de noche, su canción estará conmigo, la oración al Dios de mi vida. Diré a Dios: "Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué he de andar enlutado por la opresión del enemigo?" Mientras mis huesos se quebrantan, mis enemigos me afrentan diciéndome cada día: "¿Dónde está tu Dios?" ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera a Dios, porque aún le he de alabar. ¡El es la salvación de mi ser, y mi Dios! Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa. Líbrame de una nación impía, del hombre de engaño e iniquidad. Siendo tú el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado? ¿Por qué he de andar enlutado por la opresión del enemigo? Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán. Ellas me conducirán a tu monte santo y a tus moradas. Llegaré hasta el altar de Dios, a Dios, mi alegría y mi gozo. Te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera a Dios, porque aún le he de alabar. ¡El es la salvación de mi ser, y mi Dios! (Al músico principal. De los hijos de Coré. Masquil) Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído; nuestros padres nos han contado de la obra que hiciste en sus días, en tiempos antiguos. Con tu mano echaste a las naciones para plantarlos a ellos; abatiste a los pueblos y los arrojaste. No se apoderaron de la tierra por su espada, ni su brazo los libró; sino tu diestra, tu brazo, y la luz de tu rostro; porque tú los favorecías. Tú, oh Dios, eres mi Rey; manda liberación a Jacob. Por medio de ti embestiremos a nuestros enemigos; en tu nombre pisotearemos a los que se nos oponen. No confiaré en mi arco, ni mi espada me librará; pues tú nos libras de nuestros enemigos y avergüenzas a los que nos aborrecen. En Dios nos gloriaremos todo el tiempo, y alabaremos su nombre para siempre. (Selah) Sin embargo, nos has desechado y nos has confundido; ya no sales con nuestros ejércitos. Nos has hecho retroceder ante el enemigo, y los que nos aborrecen nos han saqueado. Nos has puesto como ovejas para el consumo, y nos has esparcido entre las naciones. Has vendido de balde a tu pueblo, y ningún provecho has ganado con su precio. Nos has puesto como afrenta ante nuestros vecinos, por burla y ridículo ante los que están a nuestro alrededor. Nos has puesto como refrán en medio de las naciones, y como objeto de burla en medio de los pueblos. Cada día mi confusión está delante de mí, y mi cara se cubre de vergüenza, por la voz del que injuria y deshonra, por causa del enemigo y del vengativo. Todo esto nos ha venido, pero no nos hemos olvidado de ti, ni hemos faltado a tu pacto. No se ha vuelto atrás nuestro corazón, ni tampoco nuestros pasos se han apartado de tu camino, para que nos abatas en el lugar de los chacales y nos cubras con densa oscuridad. Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro Dios o alzado nuestras manos a un dios extraño, ¿no averiguaría esto Dios, quien conoce los secretos del corazón? Más bien, por tu causa nos matan cada día; somos tratados como ovejas para el matadero. Despierta; ¿por qué duermes, oh Señor? Despierta; no nos abandones para siempre. ¿Por qué escondes tu rostro y te olvidas de nuestra aflicción y opresión? Nuestra alma está agobiada hasta el polvo; nuestro vientre está pegado a la tierra. Levántate, socórrenos y redímenos por tu misericordia. (Al músico principal. Sobre Sosanim. Para los hijos de Coré. Masquil. Canción de amor) Mi corazón rebosa de palabras buenas; dedico al rey mi canto. Mi lengua es como pluma de un veloz escriba. Tú eres el más hermoso de los hijos del hombre; la gracia se ha derramado en tus labios. Por eso Dios te ha bendecido para siempre. Ciñe tu espada sobre tu muslo, oh valiente, en tu gloria y majestad. En tu majestad cabalga y triunfa por causa de la verdad, de la humildad y de la justicia. Tu mano derecha te mostrará cosas asombrosas. Pueblos caerán debajo de ti; tus flechas agudas penetrarán en el corazón de los enemigos del rey. Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de tu reino. Has amado la justicia y aborrecido la injusticia; por eso te ha ungido Dios, el Dios tuyo, con aceite de gozo, más que a tus compañeros. Mirra, áloe y casia exhalan todas tus vestiduras; en palacios de marfil te han recreado los instrumentos de cuerda. Hijas de reyes hay en tu corte de honor; la reina está de pie a tu derecha con oro de Ofir. Oye, hija, y mira; inclina tu oído: Olvida tu pueblo y la casa de tu padre. El rey desea tu hermosura; inclínate hacia él, porque él es tu señor. Las hijas de Tiro vienen con presentes, y los ricos del pueblo imploran tu favor. Toda gloriosa está la hija del rey; de perlas engastadas en oro es su vestido. Con vestido bordado será llevada ante el rey. Vírgenes irán detrás de ella; sus compañeras serán traídas a ti. Serán traídas con alegría y con gozo, y entrarán en el palacio del rey. En lugar de tus padres estarán tus hijos, a quienes harás príncipes en toda la tierra. Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones, por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre. (Al músico principal. De los hijos de Coré. Sobre Alamot. Cántico) Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por eso no temeremos aunque la tierra tiemble, aunque los montes se derrumben en el corazón del mar, aunque sus aguas rujan y echen espuma, y se estremezcan los montes por su braveza. (Selah) Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario, morada del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será movida. Dios la ayudará al clarear la mañana. Las naciones se conmocionan, se tambalean los reinos. El emite su voz, y se derrite la tierra. Jehovah de los Ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. (Selah) Venid y ved los hechos de Jehovah, quien ha causado desolaciones en la tierra. Hasta los confines de la tierra hace cesar las guerras; quiebra el arco, rompe la lanza y quema los carros en el fuego. "Estad quietos y reconoced que yo soy Dios. Exaltado he de ser entre las naciones; exaltado seré en la tierra." Jehovah de los Ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. (Selah) (Al músico principal. De los hijos de Coré. Salmo) ¡Pueblos todos, aplaudid! ¡Aclamad a Dios con voz de júbilo! Porque Jehovah, el Altísimo, es temible, gran Rey sobre toda la tierra. El someterá los pueblos a nosotros, las naciones debajo de nuestros pies. Porque él ha elegido nuestra heredad, el orgullo de Jacob, al cual amó. (Selah) Subió Dios en medio de aclamación; Jehovah, con sonido de corneta. ¡Cantad a Dios, cantad! ¡Cantad a nuestro Rey, cantad! Porque Dios es el Rey de toda la tierra, cantad con entendimiento. ¡Dios reina sobre las naciones! ¡Dios se ha sentado sobre su santo trono! Se han reunido los gobernantes de los pueblos con el pueblo del Dios de Abraham, porque de Dios son las defensas de la tierra. ¡El es muy enaltecido! (Cántico. Salmo de los hijos de Coré) ¡Grande es Jehovah y digno de suprema alabanza, en la ciudad de nuestro Dios, en el monte de su santuario! ¡Qué hermosa altura! El gozo de toda la tierra es el monte Sion por el lado norte, la ciudad del Gran Rey. Dios es conocido por refugio en sus palacios. Porque, he aquí, los reyes se han aliado; han avanzado juntos. Pero viéndola así, se quedaron atónitos; se turbaron y se dieron prisa a huir. Allí se apoderó de ellos el estremecimiento; tuvieron dolor como de mujer que da a luz. Con el viento del oriente rompes las naves de Tarsis. Como lo oímos, así lo hemos visto en la ciudad de Jehovah de los Ejércitos, la ciudad de nuestro Dios: Dios la afirmará para siempre. (Selah) Oh Dios, hemos pensado en tu misericordia, en medio de tu templo. Conforme a tu nombre, oh Dios, así es tu alabanza hasta los confines de la tierra. Tu diestra está llena de justicia. Se alegrará el monte Sion; las hijas de Judá se regocijarán a causa de tus juicios. Id alrededor de Sion y rodeadla; contad sus torres. Observad detenidamente su muro exterior; examinad sus palacios, para que lo contéis a la generación venidera. Porque Dios es nuestro Dios eternamente y para siempre; por siempre nos guiará. (Al músico principal. Salmo para los hijos de Coré) Oíd esto, todos los pueblos; escuchad, todos los habitantes del mundo, tanto la gente común como la gente notable, el rico juntamente con el pobre: Mi boca hablará sabiduría; y el pensamiento de mi corazón, inteligencia. Inclinaré a los proverbios mi oído; expresaré con el arpa mi enigma. ¿Por qué habré de temer en los días de la adversidad, cuando me rodee la iniquidad de mis opresores? Los que confían en sus posesiones y se jactan de la abundancia de sus riquezas, ninguno de ellos puede redimir a su hermano, ni pagar a Dios por su rescate. La redención de su vida es muy costosa; se ha de abandonar para siempre el intento de vivir eternamente y jamás ver corrupción. Cuando él los mira, los sabios mueren; contempla al necio y al torpe, y ellos perecen y dejan a otros sus riquezas. De los que llaman sus tierras con sus nombres, sus tumbas son sus casas para siempre, y sus moradas de generación en generación. Pero el hombre no permanecerá en sus riquezas; más bien, es semejante a los animales que perecen. Este camino suyo es necedad. No obstante, sus seguidores se complacen en sus dichos. (Selah) Como ovejas que fueron apartadas para el Seol, los pastorea la muerte; los rectos se enseñorearán de ellos. Al amanecer se desvanecerá su buen aspecto, y el Seol será su morada. Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque me llevará consigo. (Selah) No temas cuando alguno se enriquece, cuando aumenta la gloria de su casa. Porque al morir no llevará nada, ni descenderá tras él su gloria. Aunque su alma lo bendiga mientras vive, y reconozcan que ella le prospera, entrará en la generación de sus padres, y nunca más verá la luz. El hombre que vive con honores, pero sin entendimiento, es semejante a los animales que perecen. (Salmo de Asaf) Jehovah, el Dios de dioses, ha hablado; ha convocado a la tierra desde donde sale el sol hasta donde se pone. Desde Sion, perfección de la hermosura, Dios ha resplandecido. Nuestro Dios viene y no callará. Fuego consumidor le precede, y alrededor de él hay gran tormenta. Convoca a los cielos en lo alto; y a la tierra, para juzgar a su pueblo. "Reunidme a mis fieles, los que han hecho conmigo pacto mediante sacrificio." Los cielos proclamarán su justicia, porque Dios es el Juez. (Selah) "Escucha, oh pueblo mío, y hablaré; testificaré contra ti, oh Israel. Yo soy Dios, el Dios tuyo. No te reprocharé con respecto a tus sacrificios, ni por tus holocaustos, que siempre están delante de mí. No tomaré toros de tu casa, ni machos cabríos de tus rediles; porque míos son todos los animales del bosque, los millares del ganado en mis montes. Conozco todas las aves de las alturas, y las criaturas del campo son mías. Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti, porque mío es el mundo y su plenitud. ¿He de comer la carne de los toros? ¿He de beber la sangre de los machos cabríos? ¡Sacrifica a Dios acciones de gracias! ¡Paga tus votos al Altísimo! Invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me glorificarás." Pero al impío Dios le dijo: "¿Por qué tienes tú que recitar mis leyes y mencionar mi pacto con tu boca? Tú detestas la instrucción y echas a tus espaldas mis palabras. Si ves a un ladrón, te complaces con él, y tu parte está con los adúlteros. Con maldad das rienda suelta a tu boca, y tu lengua urde engaño. Tomas asiento y hablas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre arrojas infamia. Estas cosas has hecho, y yo he callado. Ciertamente pensabas que yo sería como tú, pero yo te reprenderé y las pondré ante tus ojos. "Entended pues esto, los que os olvidáis de Dios; no sea que yo os arrebate sin que nadie os libre. El que ofrece sacrificio de acción de gracias me glorificará, y al que ordena su camino le mostraré la salvación de Dios." (Al músico principal. Salmo de David, cuando el profeta Natán fue a él, después que David tuvo relaciones con Betsabé) Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia. Por tu abundante compasión, borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado y he hecho lo malo ante tus ojos. Seas tú reconocido justo en tu palabra y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he nacido, y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú quieres la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Quita mi pecado con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, y se regocijarán estos huesos que has quebrantado. Esconde tu rostro de mis pecados y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón puro y renueva un espíritu firme dentro de mí. No me eches de tu presencia, ni quites de mí tu Santo Espíritu. Devuélveme el gozo de tu salvación, y un espíritu generoso me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación, y con regocijo cantará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios, y proclamará mi boca tu alabanza. Porque no quieres sacrificio; y si doy holocausto, no lo aceptas. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado. Al corazón contrito y humillado no desprecias tú, oh Dios. Haz bien a Sion, con tu benevolencia; edifica los muros de Jerusalén. Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada. Entonces se ofrecerán becerros sobre tu altar. (Al músico principal. Masquil de David cuando Doeg el edomita fue y le informó a Saúl diciendo: "David ha ido a la casa de Abimelec.") ¿Por qué te jactas, oh poderoso, de la maldad contra el piadoso? Todo el día tu lengua maquina agravios; como navaja afilada produce engaño. Has amado el mal más que el bien; la mentira, más que el hablar justicia. (Selah) Has amado toda palabra perversa, oh lengua engañosa. Por eso Dios te derribará para siempre; te aplastará y te arrancará de tu morada. El te desarraigará de la tierra de los vivientes. (Selah) Los justos lo verán y temerán. Se reirán de él diciendo: "¡Ved al hombre que no puso a Dios como su fortaleza, sino que confió en sus muchas riquezas y se refugió en su maldad!" Pero yo seré como un olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Jehovah confiaré eternamente y para siempre. Por siempre te daré gracias por lo que has hecho. En presencia de tus fieles esperaré en tu nombre, porque es bueno. (Al músico principal. Sobre Majalat. Masquil de David) Dijo el necio en su corazón: "No hay Dios." Se han corrompido y han hecho abominable maldad. No hay quien haga el bien. Dios miró desde los cielos sobre los hijos del hombre, para ver si había algún sensato que buscara a Dios. Pero cada uno se había descarriado; a una se habían corrompido. No había quien hiciera el bien; no había ni siquiera uno. ¿Acaso los que obran iniquidad no saben que comen a mi pueblo como si fuera pan, y que a Dios no invocan? Allí donde no hubo nada que temer, temieron grandemente; porque Dios esparció los huesos de los blasfemos. Los avergonzaste, porque Dios los rechazó. ¡Quién hiciera que de Sion viniese la salvación de Israel! Cuando Dios restaure de la cautividad a su pueblo, se gozará Jacob; se alegrará Israel. (Al músico principal. Con Neguinot. Masquil de David, cuando fueron los de Zif y dijeron a Saúl: "¿Acaso no está David escondido entre nosotros?") Oh Dios, sálvame por tu nombre y defiéndeme con tu poder. Oh Dios, escucha mi oración; atiende las palabras de mi boca. Porque los extraños se han levantado contra mí, y los violentos buscan mi vida. No toman en cuenta a Dios. (Selah) He aquí, Dios es quien me ayuda; el Señor está con los que sostienen mi vida. El hará volver el mal contra mis enemigos. ¡Destrúyelos por tu verdad! Te ofreceré sacrificios voluntarios. Daré gracias a tu nombre, oh Jehovah, porque es bueno; porque me has librado de toda angustia. Mis ojos han visto la derrota de mis enemigos. (Al músico principal. Con Neguinot. Masquil de David) Atiende, oh Dios, mi oración; no te escondas ante mi súplica. Escúchame y respóndeme. En mi pensar estoy deprimido y turbado por la voz del enemigo, por la presión de los impíos que me inculpan de iniquidad y me odian con furor. Mi corazón se estremece dentro de mí; terrores de muerte me han caído encima. Temor y temblor me han sobrevenido, y me cubre el espanto. Dije: ¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría y hallaría reposo. Ciertamente huiría lejos y pasaría las noches en el desierto. (Selah) Me apresuraría a buscar refugio del viento tempestuoso, de la tempestad. Destrúyelos, oh Señor, y confunde sus lenguas; porque violencia y rencilla he visto en la ciudad. Día y noche hacen rondas sobre sus muros, y la maldad y el abuso están adentro. Agravio hay en medio de ella; el fraude y el engaño no se apartan de sus plazas. Si un enemigo me hubiera afrentado, yo lo habría soportado. Si el que me aborrece se hubiera levantado contra mí, yo me habría ocultado de él. Pero fuiste tú, un hombre igual a mí, mi compañero, mi íntimo amigo; que juntos compartíamos dulcemente los secretos, y con afecto nos paseábamos en la casa de Dios. Que la muerte los sorprenda y desciendan vivos al Seol. Porque el mal está en sus moradas, instalado en medio de ellos. No obstante, yo clamaré a Dios, y Jehovah me salvará. Al anochecer, al amanecer y al mediodía oraré y clamaré; y él oirá mi voz. Ha rescatado en paz mi alma de la guerra que han desatado en contra de mí, aunque son muchos los que han estado contra mí. Dios oirá, y luego los humillará: ¡El, que permanece desde la antigüedad! (Selah) Porque no cambian de actitud ni temen a Dios. Más bien, aquél extiende sus manos contra sus propios aliados, y viola su pacto. Ellos ablandan su boca más que mantequilla, pero en su corazón hay contienda. Suavizan sus palabras más que el aceite, pero son como espadas desenvainadas. Echa tu carga sobre Jehovah, y él te sostendrá. Jamás dejará caído al justo. Tú, oh Dios, harás descender a aquéllos al pozo de la destrucción. Los hombres sanguinarios y engañadores no llegarán a la mitad de sus días, pero yo confiaré en ti. (Al músico principal. Sobre "La paloma silenciosa de la lejanía". Mictam de David compuesto cuando los filisteos lo apresaron en Gat) Ten misericordia de mí, oh Dios, porque me pisotea el hombre; me oprime combatiéndome todo el día. Todo el día me pisotean mis enemigos, porque muchos son los que me combaten con altanería. El día en que tengo temor, yo en ti confío. En Dios, cuya palabra alabo, en Dios he confiado. ¡No temeré lo que me pueda hacer ningún mortal! Todo el día pervierten mis palabras; contra mí son todos sus pensamientos, para mal. Ellos conspiran; se ocultan. Observan atentamente mis pasos en acecho de mi vida. ¿Escaparán ellos por su iniquidad? ¡Oh Dios, derriba los pueblos con tu furor! Mis andanzas tú has contado: Pon mis lágrimas ante ti. ¿Acaso no están escritas en tu libro? El día que yo clame a ti, mis enemigos retrocederán. Esto sé: que Dios está a mi lado. En Dios, cuya palabra alabo, en Jehovah, cuya palabra alabo, en Dios he confiado. No temeré lo que me pueda hacer el hombre. Sobre mí, oh Dios, están tus votos; te pagaré sacrificios de acción de gracias. Porque has librado mi vida de la muerte y mis pies de la caída, para que ande delante de Dios en la luz de la vida. (Al músico principal. Sobre "No destruyas". Mictam de David compuesto cuando huyó de Saúl a la cueva) Ten misericordia de mí, oh Dios; ten misericordia de mí, porque en ti ha confiado mi alma. En la sombra de tus alas me ampararé, hasta que pasen las calamidades. Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece. El enviará desde los cielos y me librará de la infamia del que me oprime. (Selah) ¡Dios enviará su misericordia y su verdad! Mi vida está entre leones; estoy tendido entre hombres que devoran. Sus dientes son lanzas y flechas, y su lengua es como espada afilada. ¡Seas exaltado sobre los cielos, oh Dios; y sobre toda la tierra, tu gloria! Una red han tendido ante mis pasos para doblegar mi alma. Una fosa han cavado delante de mí, y en medio de ella han caído ellos mismos. (Selah) Mi corazón está firme, oh Dios; está firme mi corazón. Cantaré y entonaré salmos. ¡Despierta, oh alma mía! ¡Despertad, oh arpa y lira! Despertaré al alba. Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; a ti cantaré salmos entre las naciones. Porque grande, hasta los cielos, es tu misericordia; y hasta las nubes, tu verdad. ¡Seas exaltado sobre los cielos, oh Dios; y sobre toda la tierra, tu gloria! (Al músico principal. Sobre "No destruyas". Mictam de David) Oh magistrados, ¿en verdad pronunciáis justicia? ¿Juzgáis rectamente a los hijos del hombre? Más bien, con el corazón obráis iniquidad en la tierra y a la violencia abrís camino con vuestras manos. Los impíos se alienaron desde la matriz; se descarriaron desde el vientre, hablando mentira. Tienen veneno como veneno de serpiente; son como una cobra sorda que tapa sus oídos y no oye la voz de los encantadores, aun del más experto encantador. Oh Dios, rompe sus dientes en sus bocas; quiebra, oh Jehovah, los colmillos de los leones. Escúrranse como aguas que se pierden; que cuando apunten con sus flechas, éstas queden despuntadas. Pasen como la babosa que se deshace; y como un abortivo de mujer, no vean el sol. Antes que sus espinos produzcan espinas, con su ira los arrebatará cual vendaval. El justo se alegrará cuando vea la venganza, y lavará sus pies en la sangre del impío. Entonces dirá el hombre: "Ciertamente el justo tiene frutos; ciertamente hay un Dios que juzga la tierra." (Al músico principal. Sobre "No destruyas". Mictam de David, compuesto cuando Saúl mandó que ellos acecharan la casa para matarlo) Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío; ponme a salvo de los que se levantan contra mí. Líbrame de los que hacen iniquidad; sálvame de los hombres sanguinarios. Porque he aquí, acechan mi vida; los prepotentes me atacan, no por transgresión o por pecado mío, oh Jehovah. Sin que yo sea culpable, corren y se preparan. Despierta para venir a mi encuentro y mira. Tú, oh Jehovah Dios de los Ejércitos, Dios de Israel, despierta para castigar a todas las naciones. No tengas misericordia de ningún inicuo traidor. (Selah) Vuelven al anochecer, aúllan como perros y rodean la ciudad. He aquí, profieren con sus bocas; espadas hay en sus labios. Porque dicen: "¿Quién oye?" Pero tú, oh Jehovah, te reirás de ellos; te burlarás de todas las naciones. Fortaleza mía, en ti esperaré; porque Dios es mi alto refugio. Mi Dios misericordioso me saldrá al encuentro. Dios me hará ver mi deseo cumplido en mis enemigos. No los mates, para que mi pueblo no se olvide. Hazles andar errantes, por tu poder. Abátelos, oh Jehovah, escudo nuestro. Por el pecado de sus bocas, por la palabra de sus labios sean presos; por su soberbia, por la maldición y por la mentira que profieren. Acábalos con furor; acábalos de modo que dejen de existir. Que se sepa que Dios domina en Jacob, hasta los confines de la tierra. (Selah) ¡Que vuelvan al anochecer y aúllen como perros! ¡Que rodeen la ciudad! Ellos andan errantes para hallar qué comer; y al no saciarse, se quejan. Pero yo cantaré a tu poder y alabaré de mañana tu misericordia; porque fuiste para mí un alto refugio y un amparo en el día de mi angustia. Fortaleza mía, a ti cantaré salmos; porque Dios es mi alto refugio, el Dios que tiene misericordia de mí. (Al músico principal. Sobre "La Rosa del Testimonio". Mictam de David, para ser enseñado. Compuesto cuando provocó la confrontación con Siria mesopotámica y Siria de Soba, y Joab volvió y derrotó a 12.000 de Edom en el valle de la Sal) Oh Dios, tú nos has desechado; has roto nuestras defensas. Te has airado. ¡Vuelve a nosotros! Hiciste temblar la tierra; la has agrietado. Restaura sus fallas, porque se desmorona. Has hecho ver duras cosas a tu pueblo; nos has hecho beber vino de aturdimiento. Has dado bandera a los que te temen, para que alcancen seguridad ante el arco. (Selah) Salva con tu diestra y respóndenos, de modo que sean librados tus amados. Dios ha hablado en su santuario: "¡Cómo me regocijo! Repartiré Siquem y mediré el valle de Sucot. Mío es Galaad, y mío es Manasés. Efraín es la fortaleza de mi cabeza; Judá es mi cetro. Moab es la vasija en que me lavo; sobre Edom echaré mis sandalias, y sobre Filistea lanzaré mi grito de victoria." ¿Quién me guiará a la ciudad fortificada? ¿Quién me conducirá hasta Edom? ¿No serás tú, oh Dios, que nos habías desechado, y que ya no sales, oh Dios, con nuestros ejércitos? Danos socorro ante el enemigo, pues vana es la liberación que da el hombre. Con Dios haremos proezas, y él aplastará a nuestros enemigos. (Al músico principal. Con Neguinot. Salmo de David) Escucha, oh Dios, mi clamor; atiende a mi oración. Desde el extremo de la tierra clamaré a ti cuando mi corazón desmaye. Llévame a la roca que es más alta que yo. Porque tú me has sido refugio y torre fortificada delante del enemigo. Que yo habite en tu tabernáculo para siempre, y me refugie al amparo de tus alas. (Selah) Pues tú, oh Dios, has oído mis votos; has dado heredad a los que temen tu nombre. Días sobre días añadirás al rey; sus años serán como generación tras generación. Estará para siempre delante de Dios; designa la misericordia y la verdad para que lo guarden. Entonces cantaré salmos a tu nombre para siempre, para pagar mis votos día tras día. (Al músico principal. A Jedutún. Salmo de David) Sólo en Dios reposa mi alma; de él proviene mi salvación. Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi refugio; no seré grandemente movido. ¿Hasta cuándo os ensañaréis contra un hombre? ¿Lo destrozaréis todos vosotros como a una pared inclinada o una cerca derribada? Solamente consultan cómo derribarlo de su eminencia. Se complacen con la mentira. Con sus bocas bendicen, pero en su interior maldicen. (Selah) Oh alma mía, reposa sólo en Dios, porque de él es mi esperanza. Sólo él es mi roca y mi salvación; es mi alto refugio; no seré movido. Dios es mi salvación y mi gloria; en Dios está la roca de mi fortaleza y mi refugio. Oh pueblos, esperad en él en todo tiempo; derramad delante de él vuestro corazón, porque Dios es nuestro refugio. (Selah) Por cierto, vanidad son los hombres comunes; mentira son los hombres notables. Si se los pesa a todos juntos en balanza, serán menos que un soplo. No confiéis en la opresión, ni os envanezcáis con la rapiña. Aunque se incremente la riqueza, no pongáis en ella el corazón. Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: que en Dios hay fortaleza. También en ti, oh Señor, hay misericordia; pues tú pagas a cada uno según su obra. (Salmo de David, compuesto cuando estaba en el desierto de Judá) ¡Oh Dios, tú eres mi Dios! Con diligencia te he buscado; mi alma tiene sed de ti. Mi cuerpo te anhela en tierra árida y sedienta, carente de agua. Te he contemplado en el santuario, para admirar tu poder y tu gloria. Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán. Por eso te bendeciré en mi vida, y en tu nombre alzaré mis manos. Como de sebo y de gordura se saciará mi alma; mi boca te alabará con labios de júbilo. Cuando en mi cama me acuerdo de ti, medito en ti en las vigilias de la noche. Porque tú eres mi socorro, bajo la sombra de tus alas cantaré de gozo. Mi vida está apegada a ti; tu mano derecha me sostiene. Los que buscan mi alma para destruirla caerán en las profundidades de la tierra. Los destruirán a filo de espada, y serán la porción de las zorras. Pero el rey se alegrará en Dios. Será alabado cualquiera que jura por él, pero será cerrada la boca de los que hablan mentira. (Al músico principal. Salmo de David) Escucha, oh Dios, mi voz en mi oración; guarda mi vida del miedo al enemigo. Escóndeme del consejo secreto de los malhechores, del tumulto de los que obran iniquidad. Ellos afilan sus lenguas como espadas, y disponen palabras amargas como flechas, para tirarlas a escondidas contra el inocente. De repente tiran contra él, y no temen. Se alientan unos a otros en perverso designio, y planean esconder trampas. Dicen: "¿Quién nos ha de ver?" Traman maldad, hacen un minucioso complot, hasta el íntimo pensamiento de cada uno de ellos y lo profundo del corazón. Pero Dios los herirá con sus propias flechas. De repente les sobrevendrán sus heridas. Los hará caer por sus propias lenguas; todos los que los vean moverán la cabeza. Todos los hombres temerán; anunciarán la obra de Dios y entenderán sus hechos. El justo se alegrará en Jehovah y confiará en él. Se gloriarán todos los rectos de corazón. (Al músico principal. Salmo. Cántico de David) En Sion, oh Dios, te corresponde la alabanza; a ti serán pagados los votos. Tú oyes la oración; a ti acudirá todo ser. Las palabras de iniquidad prevalecen contra mí, pero tú perdonarás nuestras rebeliones. Bienaventurado el hombre que tú escoges y haces que se acerque a ti, para que habite en tus atrios. Seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo. Con hechos tremendos nos responderás en justicia, oh Dios de nuestra salvación, esperanza de todos los confines de la tierra y de todos los mares más distantes. Tú eres el que afirmas las montañas con poder, ceñido de poderío. Tú eres el que sosiegas el estruendo de los mares, el estruendo de las olas y el tumulto de los pueblos. Por eso los habitantes de los confines de la tierra tienen temor de tus maravillas. Tú haces cantar de júbilo a las salidas de la mañana y de la noche. Visitas la tierra y la riegas; en gran manera la enriqueces. El río de Dios está lleno de aguas. Produces los trigales, porque así lo has preparado. Haces que se empapen sus surcos y allanas sus crestas. Disuelves los terrones con aguaceros y bendices sus brotes. Coronas el año con tus bondades, y tus recorridos fluyen abundancia. Los pastizales del desierto fluyen abundancia, y las colinas se ciñen de alegría. Los prados se visten de rebaños y los valles se cubren de grano. Gritan de júbilo y cantan. (Al músico principal. Cántico y salmo) ¡Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra! Cantad a la gloria de su nombre; dadle la gloria en la alabanza. Decid a Dios: "¡Cuán admirables son tus obras! Por tu gran poder se someterán a ti tus enemigos. ¡Toda la tierra te adorará y cantará a ti! ¡Cantarán a tu nombre!" (Selah) Venid y ved los actos de Dios, admirable en sus hechos para con los hijos del hombre. El convirtió el mar en tierra seca, y por el río pasaron a pie. ¡Regocijémonos en él! Se enseñorea con su poder para siempre; sus ojos observan a las naciones para que los rebeldes no se enaltezcan contra él. (Selah) ¡Bendecid, oh pueblos, a nuestro Dios! Haced que se escuche la voz de su alabanza. El es quien preservó la vida a nuestra alma y no permitió que resbalasen nuestros pies. Tú nos has probado, oh Dios; nos has purificado como se prueba la plata. Nos metiste en la red, y pusiste apretura sobre nuestros lomos. Hiciste que los hombres cabalgaran encima de nuestras cabezas. Pasamos por el fuego y por el agua, pero luego nos sacaste a abundancia. Entraré en tu templo con holocaustos; te pagaré mis votos que pronunciaron mis labios y que mi boca prometió cuando yo estaba angustiado. Te ofreceré holocaustos de animales engordados, con incienso de carneros. Sacrificaré toros y machos cabríos. (Selah) Venid; oíd, todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho por mi vida. A él invoqué con mi boca y con mi lengua lo ensalcé. Si en mi corazón yo hubiese consentido la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. ¡Pero de veras Dios me ha escuchado! El atendió a la voz de mi oración. ¡Bendito sea Dios, que no echó de sí mi oración ni de mí su misericordia! (Al músico principal. Con Neguinot. Salmo y cántico) Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga. Haga resplandecer su rostro sobre nosotros; (Selah) para que sea reconocido en la tierra tu camino, y en todas las naciones tu salvación. ¡Los pueblos te alaben, oh Dios! ¡Todos los pueblos te alaben! Alégrense y gócense las naciones, porque tú juzgarás a los pueblos con equidad y guiarás a las naciones de la tierra. (Selah) ¡Los pueblos te alaben, oh Dios! ¡Todos los pueblos te alaben! La tierra dará su fruto; nos bendecirá Dios, el Dios nuestro. Dios nos bendiga, y témanlo todos los confines de la tierra. (Al músico principal. Salmo de David. Cántico) Dios se levantará, y se dispersarán sus enemigos; huirán de su presencia los que le aborrecen. Como se disipa el humo, así los disiparás. Como se derrite la cera ante el fuego, así perecerán los impíos delante de Dios. Pero los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios y saltarán de alegría. ¡Cantad a Dios! ¡Cantad salmos a su nombre! ¡Preparad camino al que cabalga sobre las nubes! Jehovah es su nombre. ¡Alegraos delante de él! Padre de los huérfanos y juez de las viudas es Dios en su santa morada. Es el Dios que hace habitar en familia a los solitarios y saca a los cautivos a prosperidad, pero los rebeldes habitan en sequedales. Oh Dios, cuando saliste delante de tu pueblo, cuando marchaste por el desierto, (Selah) la tierra tembló; también los cielos gotearon ante Dios. Aquel Sinaí tembló delante de Dios, del Dios de Israel. Abundante lluvia esparciste, oh Dios; a tu posesión exhausta reanimaste. Tu rebaño ha habitado en ella. Por tu bondad, oh Dios, has provisto para el pobre. El Señor da la palabra, y una gran hueste de mujeres anuncia la buena nueva: "¡Huyen, huyen los reyes de los ejércitos!" Y en casa las mujeres reparten el botín. Aunque os recostabais entre los rediles, las alas de la paloma se cubrieron de plata, y sus plumas con la amarillez del oro. Cuando el Todopoderoso esparció allí a los reyes, el monte Salmón se cubrió de nieve. ¡Monte de Dios es el monte de Basán! ¡Alto es el monte de Basán! Oh montes de elevados picachos, ¿por qué miráis con hostilidad al monte que Dios ha deseado como morada? Ciertamente Jehovah habitará allí para siempre. Los carros de Dios son miríadas de miríadas, y millares de millares. ¡Entre ellos el Señor viene del Sinaí al santuario! Subiste a lo alto, tomaste cautivos. Tomaste tributos de los hombres, aun de los rebeldes, para que allí habitase Jehovah Dios. ¡Bendito sea el Señor! Día tras día lleva nuestras cargas el Dios de nuestra salvación. (Selah) Nuestro Dios es Dios de salvación; de Jehovah el Señor es el librar de la muerte. Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos; la cabelluda coronilla del que camina en sus pecados. El Señor dijo: "De Basán los haré volver; los haré volver de lo profundo del mar, para que laves tus pies en sangre, y también la lengua de tus perros en la de tus enemigos. ¡Ved las marchas triunfales de Dios, las marchas triunfales de mi Dios y Rey, en el santuario! Los cantores van delante, los músicos detrás, y en medio van las jóvenes tocando tamboriles. ¡Bendecid a Dios en la congregación! ¡Bendecid al Señor, vosotros de la estirpe de Israel! Allí está Benjamín, el más joven, dirigiéndoles. Allí están los jefes de Judá con su multitud, los jefes de Zabulón y los jefes de Neftalí. Tu Dios ha ordenado tu fuerza. ¡Confirma, oh Dios, lo que has hecho en nosotros! Por causa de tu templo en Jerusalén, los reyes te traerán obsequios. Reprende a la fiera del cañaveral, a la manada de toros con los becerros de los pueblos. Atropella a los que persiguen la plata. Dispersa a los pueblos que se complacen en las batallas. Vendrán dignatarios de Egipto; Etiopía extenderá sus manos hacia Dios. Reinos de la tierra, cantad a Dios; ¡cantad al Señor! (Selah) Cantad al que cabalga en los cielos, los cielos milenarios; él emitirá su voz, su poderosa voz. ¡Reconoced el poderío de Dios! Sobre Israel sea su magnificencia, y su poder en los cielos. Temible eres, oh Dios, en tu santuario. El Dios de Israel es quien da poder y vigor a su pueblo. ¡Bendito sea Dios! (Al músico principal. Sobre Sosanim. Salmo de David) ¡Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta mi alma! Estoy hundido en el lodo profundo, donde no hay suelo firme. He llegado a las profundidades de las aguas, y la corriente me ha arrastrado. Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido. Mis ojos han desfallecido esperando a mi Dios. Los que me aborrecen sin causa se han aumentado; son más que los cabellos de mi cabeza. Se han fortalecido mis enemigos que me destruyen sin razón. ¡He tenido que devolver lo que no había robado! Oh Dios, tú conoces mi insensatez; mis pecados no te son ocultos. No sean avergonzados por mi culpa los que esperan en ti, oh Señor Jehovah de los Ejércitos. No sean confundidos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel. Por tu causa he sufrido afrenta; confusión ha cubierto mi cara. He venido a ser extraño a mis hermanos, y extranjero para los hijos de mi madre. Pues el celo por tu casa me ha consumido, y las afrentas de los que te afrentan han caído sobre mí. Me afligí a mí mismo con ayuno; también esto me ha servido de afrenta. Además, me puse cilicio como vestido y llegué a servirles de refrán. Hablaban contra mí los que se sentaban en el tribunal, y los borrachos cantaban canciones contra mí. Sin embargo, oh Jehovah, yo dirigía a ti mi oración en el tiempo de tu buena voluntad. Oh Dios, respóndeme por tu gran bondad, por la verdad de tu salvación. Sácame del lodo; no sea yo sumergido. Sea yo librado de los que me aborrecen, y de las profundidades de las aguas. No me arrastre la corriente de las aguas; no me trague el abismo, ni la fosa cierre su boca sobre mí. Escúchame, oh Jehovah, porque buena es tu misericordia. Mírame conforme a tu inmensa compasión. No escondas tu rostro de tu siervo, porque estoy angustiado; apresúrate a escucharme. Acércate a mi alma y redímela; líbrame a causa de mis enemigos. Tú conoces mi afrenta, mi confusión y mi oprobio. Delante de ti están todos mis enemigos. La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé que alguien se compadeciera de mí, y no hubo quién. Busqué consoladores y no hallé ninguno. Además, me dieron hiel en lugar de alimento, y para mi sed me dieron de beber vinagre. Séales una trampa la mesa que tienen delante; lo que es para bien, séales tropiezo. Oscurézcanse sus ojos para no ver, y haz que siempre tambaleen sus lomos. Derrama tu ira sobre ellos, y el furor de tu enojo los alcance. Quede desolada su casa, y en sus tiendas no haya morador. Porque persiguieron a quien tú heriste, y comentan el dolor de los que tú llagaste. Añade maldad sobre su maldad, y no entren en tu justicia. Sean borrados del libro de los vivientes, y no sean contados con los justos. Yo estoy afligido y dolorido. Tu liberación, oh Dios, me ponga en alto. Alabaré con cánticos el nombre de Dios; lo exaltaré con acciones de gracias. Esto agradará a Jehovah más que sacrificios de toros o de novillos que echan cuernos y pezuñas. Lo ven los humildes y se alegran. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón. Porque Jehovah escucha a los necesitados; y no menosprecia a sus prisioneros. Alábenle los cielos y la tierra, los mares y todo lo que se mueve en ellos. Porque Dios salvará a Sion y reedificará las ciudades de Judá. Habitarán allí y la poseerán. Los descendientes de sus siervos la heredarán, y los que aman su nombre habitarán en ella. (Al músico principal. Salmo de David. Para conmemorar) ¡Ten a bien, oh Dios, librarme! ¡Oh Jehovah, apresúrate a socorrerme! Sean avergonzados y humillados los que buscan mi vida. Vuelvan atrás y sean confundidos los que desean mi mal. Vuelvan a causa de su vergüenza los que dicen: "¡Ajá, ajá!" Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan. Digan siempre los que aman tu salvación: "¡Dios sea engrandecido!" Aunque yo sea pobre y necesitado, ¡apresúrate y ven a mí, oh Dios! Tú eres mi ayuda y mi libertador. ¡Oh Jehovah, no te tardes! En ti, oh Jehovah, me he refugiado; no sea yo avergonzado jamás. Socórreme y líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído y sálvame. Sé tú mi roca fuerte a donde recurra yo continuamente. Has mandado que yo sea librado, porque tú eres mi roca y mi fortaleza. Oh Dios mío, líbrame de la mano de los impíos, de la mano de los perversos y opresores. Porque tú, oh Señor Jehovah, eres mi esperanza, mi seguridad desde mi juventud. Por ti he sido sustentado desde el vientre; tú eres quien me sacó del seno de mi madre. Siempre será tuya mi alabanza. Para muchos he sido objeto de asombro, pero tú eres mi fuerte refugio. Esté llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día. No me deseches en el tiempo de la vejez; no me desampares cuando mi fuerza se acabe. Porque mis enemigos han hablado contra mí, y los que acechan mi vida consultan unidos diciendo: "Dios lo ha abandonado. Perseguidlo y capturadlo, porque no hay quien lo libre." Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, apresúrate a socorrerme. Sean avergonzados y desfallezcan los adversarios de mi alma. Sean cubiertos de vergüenza y de confusión los que buscan mi mal. Pero yo siempre esperaré; te alabaré más y más. Mi boca proclamará tu justicia y tu salvación, todo el día, aunque no sepa enumerarlas. Celebraré los poderosos actos del Señor Jehovah; haré memoria de tu justicia, que es sólo tuya. Oh Dios, tú me has enseñado desde mi juventud; hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y en las canas, no me desampares, oh Dios, hasta que proclame a la posteridad las proezas de tu brazo, tu poderío a todos los que han de venir, y tu justicia, oh Dios, hasta lo sumo. Porque has hecho grandes cosas. ¡Oh Dios, quién como tú! Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida, y de nuevo me levantarás desde los abismos de la tierra. Aumentarás mi grandeza y me volverás a consolar. Asimismo, oh Dios mío, te alabaré con la lira. Tu verdad cantaré con el arpa, oh Santo de Israel. Mis labios se alegrarán, cuando yo te cante salmos; aun mi alma, a la cual has redimido. También mi lengua hablará de tu justicia todo el día, porque fueron avergonzados y confundidos los que procuraban mi mal. (A Salomón) Oh Dios, da tus juicios al rey, y tu justicia al hijo del rey. El juzgará a tu pueblo con justicia, y a tus pobres con rectitud. Los montes producirán paz para el pueblo; y las colinas, justicia. Juzgará a los pobres del pueblo; salvará a los hijos del necesitado y quebrantará al opresor. Durará con el sol y la luna, generación tras generación. Descenderá como lluvia sobre la hierba cortada, como los aguaceros que humedecen la tierra. En sus días florecerá el justo; habrá abundancia de paz, hasta que no haya más luna. Dominará de mar a mar, y desde el Río hasta los confines de la tierra. Delante de él se postrarán los habitantes del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las costas del mar le traerán presentes; los reyes de Saba y de Seba le presentarán tributo. Ante él se arrodillarán todos los reyes, y le servirán todas las naciones. Librará al necesitado que suplica, y al pobre que no tiene quien le socorra. Tendrá piedad del pobre y del necesitado, y salvará las vidas de los necesitados. De la opresión y de la violencia redimirá sus vidas; la sangre de ellos será preciosa a sus ojos. Vivirá, y se le dará el oro de Saba. Se orará por él continuamente; todo el día se le bendecirá. Haya abundancia de grano en la tierra; sea copioso en las cumbres de los montes. Su fruto brotará como el Líbano, y surgirá como la hierba de la tierra. Para siempre será su nombre; será perpetuado mientras dure el sol. En él serán benditas todas las naciones, y lo llamarán bienaventurado. ¡Bendito sea Jehovah Dios, Dios de Israel! Sólo él hace maravillas. ¡Bendito sea para siempre su nombre glorioso! Toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y amén. Aquí terminan las oraciones de David hijo de Isaí. (Salmo de Asaf) ¡Ciertamente bueno es Dios para con Israel, para con los limpios de corazón! En cuanto a mí, por poco se deslizaron mis pies; casi resbalaron mis pasos, porque tuve envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de los impíos. Pues no hay para ellos dolores de muerte; más bien, es robusto su cuerpo. No sufren las congojas humanas, ni son afligidos como otros hombres. Por eso la soberbia los ciñe cual collar, y los cubre un vestido de violencia. Sus ojos se les salen de gordura; logran con creces los antojos de su corazón. Se mofan y hablan con maldad; desde lo alto planean la opresión. Dirigen contra el cielo su boca, y sus lenguas recorren la tierra. Por eso mi pueblo va hacia ellos, y beben de lleno sus palabras. Ellos dicen: "¿Cómo sabrá Dios?" o "¿Habrá conocimiento en el Altísimo?" He aquí, estos impíos siempre están tranquilos, y aumentan sus riquezas. ¡Ciertamente en vano he mantenido puro mi corazón y he lavado mis manos en inocencia! Pues he sido azotado todo el día, empezando mi castigo por las mañanas. Si yo dijera: "Hablaré como ellos," he aquí que traicionaría a la generación de tus hijos. Pensé para entender esto; ha sido duro trabajo ante mis ojos, hasta que, venido al santuario de Dios, comprendí el destino final de ellos: Ciertamente los has puesto en deslizaderos, y los harás caer en la decepción. ¡Cómo han sido desolados de repente! Se acabaron; fueron consumidos por el terror. Como al despertar del sueño, así, Señor, al levantarte, despreciarás sus apariencias. De veras se amargaba mi corazón, y en mi interior sentía punzadas. Pues yo era ignorante y no entendía; yo era como un animal delante de ti. Con todo, yo siempre estuve contigo. Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos? Aparte de ti nada deseo en la tierra. Mi cuerpo y mi corazón desfallecen; pero la roca de mi corazón y mi porción es Dios, para siempre. Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; pues tú destruirás a todo aquel que se prostituye apartándose de ti. En cuanto a mí, la cercanía de Dios constituye el bien. En el Señor Jehovah he puesto mi refugio para contar todas tus obras. (Masquil de Asaf) ¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre? ¿Por qué humea tu furor contra las ovejas de tu prado? Acuérdate de tu congregación que adquiriste en tiempos antiguos, y redimiste para que sea la tribu de tu heredad: este monte Sion en el cual has habitado. Dirige tus pasos hacia las ruinas perpetuas; todo lo ha destruido el enemigo en el santuario. Tus adversarios han rugido en medio de tu santuario, y han puesto sus estandartes por señal. Fueron semejantes a los que levantan el hacha contra el tupido bosque. Ahora, con hachas y barras han destruido todas tus entalladuras. Han prendido fuego a tu santuario; han profanado el tabernáculo de tu nombre, echándolo a tierra. Dijeron en su corazón: "¡Destruyámoslos de una vez!" Han quemado todos los lugares de culto a Dios en el país. Ya no distinguimos nuestras señales; ya no hay profeta, ni con nosotros hay quien sepa hasta cuándo… ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos ha de afrentar el adversario? ¿Ha de ultrajar el enemigo tu nombre perpetuamente? ¿Por qué retraes tu mano, y retienes tu diestra en tu seno? Sin embargo, Dios es mi Rey desde los tiempos antiguos. El es quien obra salvación en medio de la tierra. Tú con tu poder dividiste el mar; rompiste sobre las aguas las cabezas de los monstruos acuáticos. Tú machacaste las cabezas del Leviatán, y lo diste por comida a los moradores del desierto. Tú abriste el manantial y el arroyo; tú secaste los ríos inagotables. Tuyo es el día, tuya es también la noche; tú estableciste la luna y el sol. Tú fijaste todas las fronteras de la tierra. El verano y el invierno, tú los formaste. Acuérdate de que el enemigo ha injuriado a Jehovah; un pueblo vil ha blasfemado tu nombre. No entregues a las fieras la vida de tu tórtola; no olvides para siempre la congregación de tus pobres. Mira el pacto; porque los tenebrosos lugares de la tierra están llenos de moradas de violencia. No vuelva avergonzado el oprimido; alaben tu nombre el pobre y el necesitado. Levántate, oh Dios; defiende tu causa. Acuérdate de cómo te injuria el vil todo el día. No olvides el vocerío de tus enemigos; constantemente sube el tumulto de los que se levantan contra ti. (Al músico principal. Sobre "No destruyas". Salmo de Asaf. Cántico) ¡Gracias te damos, oh Dios; damos gracias! Porque cercano está tu nombre; se cuenta de tus maravillas. "Cuando yo establezca el tiempo, juzgaré con rectitud. Cuando se derrita la tierra con todos sus habitantes, yo mismo sostendré sus columnas. (Selah) Dije a los jactanciosos: ‘No os jactéis.’ Y a los impíos: ‘No os enorgullezcáis. No levantéis en alto vuestra frente, ni habléis con el cuello erguido.’" Porque ni del oriente, ni del occidente, ni del desierto viene el enaltecimiento. Pues Dios es el Juez: A éste abate y a aquél exalta. Ciertamente la copa está en la mano de Jehovah, con vino espumante mezclado con especias. Cuando él la vacíe, todos los impíos de la tierra beberán de ella hasta la última gota. Pero yo siempre anunciaré y cantaré salmos al Dios de Jacob. El quebrantará todo el poderío de los impíos; pero el poderío del justo será exaltado. (Al músico principal. Con Neguinot. Salmo de Asaf. Cántico) Dios es conocido en Judá; grande es su nombre en Israel. En Salem está su enramada, y en Sion su habitación. Allí quebró las ráfagas del arco, el escudo, la espada y el arma de guerra. (Selah) ¡Esplendoroso eres tú, majestuoso más que las montañas eternas! Los hombres de gran valentía fueron despojados y duermen su sueño; ninguno de los hombres de guerra pudo usar sus manos. A tu reprensión, oh Dios de Jacob, fueron paralizados el carro y el caballo. Temible eres tú; ¿quién podrá permanecer en tu presencia cuando se desate tu ira? Desde los cielos hiciste oír el juicio. La tierra tuvo temor y calló cuando te levantaste, oh Dios, para juzgar, cuando te levantaste para librar a todos los mansos de la tierra. (Selah) Ciertamente la ira del hombre te traerá reconocimiento, y te ceñirás con los sobrevivientes de las iras. Haced votos y pagadlos a Jehovah, vuestro Dios; todos los que están alrededor traerán obsequios al Temible. El humillará el espíritu de los príncipes; ¡temible es a los reyes de la tierra! (Al músico principal. Para Jedutún. Salmo de Asaf) Mi voz elevo a Dios y clamo; mi voz elevo a Dios, y él me escucha. A Dios busco en el día de mi angustia. Sin cesar extiendo a él mis manos en la noche; mi alma rehúsa el consuelo. Me acuerdo de Dios y gimo; medito, y mi espíritu desfallece. (Selah) Tú retienes los párpados de mis ojos; estoy turbado y no puedo hablar. Considero los días de antaño, los años antiguos. Recuerdo mi canto en la noche. Medito en mi corazón, y mi espíritu investiga. ¿Acaso nos desechará el Señor para siempre? ¿Ya no volverá a ser propicio? ¿Se ha agotado para siempre su misericordia? ¿Se han acabado sus promesas por generación y generación? ¿Se ha olvidado de ser clemente? ¿En su ira ha cerrado su compasión? (Selah) Y pienso: Mi tristeza es que haya cambio en la diestra del Altísimo. Me acuerdo de las obras de Jehovah; sí, me acuerdo de tus maravillas del pasado. Medito en todos tus hechos, y reflexiono en tus actos. Oh Dios, santo es tu camino. ¿Qué Dios es grande como nuestro Dios? Tú eres un Dios que hace maravillas; has hecho conocer tu poder entre los pueblos. Con tu brazo has redimido a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José. (Selah) Las aguas te vieron, oh Dios; las aguas te vieron y temblaron. Se estremecieron los abismos. Los nubarrones vertieron sus aguas; tronaron las nubes; también se desplazaron tus rayos. El tronar de tu voz estaba en el torbellino; los relámpagos alumbraron al mundo; la tierra se estremeció y tembló. Tu camino estaba en el mar, y tu sendero en las caudalosas aguas. Pero tus huellas nadie las pudo conocer. Como a un rebaño has conducido a tu pueblo por medio de Moisés y de Aarón. (Masquil de Asaf) Escucha, oh pueblo mío, mi ley; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. Abriré mi boca en parábolas; evocaré las cosas escondidas del pasado, las cuales hemos oído y entendido, porque nos las contaron nuestros padres. No las encubriremos a sus hijos. A la generación venidera contaremos las alabanzas de Jehovah, y de su poder y de las maravillas que hizo. El estableció su testimonio en Jacob y puso la ley en Israel. Mandó a nuestros padres que lo hicieran conocer a sus hijos, para que lo supiese la generación venidera y sus hijos que nacieran, para que los que surgiesen lo contaran a sus hijos, para que pusiesen en Dios su confianza y no se olvidaran de las obras de Dios, a fin de que guardasen sus mandamientos; para que no fuesen como sus padres: una generación porfiada y rebelde, una generación que no dispuso su corazón, ni su espíritu fue fiel para con Dios. Los hijos de Efraín, armados con excelentes arcos, volvieron las espaldas en el día de la batalla. No guardaron el pacto de Dios y rehusaron andar en su ley. Más bien, se olvidaron de sus obras, de las maravillas que les había mostrado. Delante de sus padres Dios hizo maravillas en la tierra de Egipto, en los campos de Tanis. Dividió el mar y los hizo pasar; hizo que las aguas se detuvieran como en un dique. De día los condujo con una nube, toda la noche con resplandor de fuego. Partió las peñas en el desierto, y les dio a beber del gran abismo. Sacó corrientes de la peña e hizo descender aguas como ríos. A pesar de esto, volvieron a pecar contra él; se rebelaron contra el Altísimo en el desierto. Probaron a Dios en su corazón, pidiendo comida a su antojo. Y hablaron contra Dios diciendo: "¿Podrá preparar una mesa en el desierto? He aquí que golpeó la peña, y fluyeron aguas; y corrieron arroyos en torrentes. Pero, ¿podrá también dar pan? ¿Podrá proveer carne para su pueblo?" Jehovah lo oyó y se indignó; fuego se encendió contra Jacob, y la ira descendió contra Israel. Porque no creyeron a Dios, ni confiaron en su liberación, a pesar de que mandó a las nubes de arriba, y abrió las puertas de los cielos; a pesar de que hizo llover sobre ellos maná para comer, y les dio trigo del cielo. Pan de fuertes comió el hombre; les envió comida hasta saciarles. Levantó en el cielo el viento del oriente, y trajo el viento del sur con su poder. Así hizo llover sobre ellos carne como polvo, aves aladas como la arena del mar. Las hizo caer en medio del campamento, alrededor de sus tiendas. Comieron hasta hartarse; les dio satisfacción a su apetito. Pero cuando no habían colmado su apetito, estando la comida aún en sus bocas, descendió sobre ellos la ira de Dios, y mató a los más distinguidos de ellos; derribó a los escogidos de Israel. Con todo, siguieron pecando y no dieron crédito a sus maravillas. Por eso los consumió en la vanidad, y consumió sus años con pánico. Cuando los hacía morir, entonces buscaban a Dios, y solícitos volvían a acercarse a él. Se acordaron de que Dios es su Roca; de que el Dios Altísimo es su Redentor. Pero le halagaban con la boca, y con su lengua le mentían. Pues sus corazones no eran firmes para con él, ni eran fieles con su pacto. Con todo, él perdonaba misericordioso la maldad y no los destruía. En muchas ocasiones apartó su ira y no despertó todo su enojo. Se acordó de que ellos eran carne, un soplo que va y no vuelve. ¡Cuántas veces lo amargaron en el desierto; lo entristecieron en la sequedad! Volvían a probar a Dios, e irritaban al Santo de Israel. No se acordaron de su mano en el día que los redimió del adversario, cuando impuso en Egipto sus señales y sus maravillas en los campos de Tanis. Convirtió en sangre sus canales; también sus corrientes, para que no bebiesen. Envió contra ellos enjambres de moscas que los devoraban, y ranas que los infestaban. También entregó sus productos a la oruga, y el fruto de sus labores a la langosta. Sus viñas destruyó con granizo y sus higuerales con aluvión. Entregó los animales al granizo, y sus ganados a los rayos. Envió sobre ellos el furor de su ira, enojo, indignación y angustia, como delegación de mensajeros destructores. Dio vía libre a su furor; no eximió sus almas de la muerte; sus vidas entregó a la epidemia. Hirió a todos los primogénitos de Egipto, primicias del vigor de las tiendas de Cam. Pero hizo que su pueblo partiera cual manada y los llevó por el desierto cual rebaño. Los guió con seguridad, para que no tuvieran miedo; y el mar cubrió a sus enemigos. Después los trajo al territorio de su santuario; a este monte que adquirió con su diestra. Arrojó a las naciones de delante de ellos, les repartió a cordel la heredad, e hizo habitar en sus tiendas a las tribus de Israel. Pero pusieron a prueba al Dios Altísimo y lo amargaron, y no guardaron sus testimonios. Más bien, se volvieron atrás y se rebelaron como sus padres. Se desviaron como arco engañoso. Lo airaron con sus lugares altos, y con sus imágenes le provocaron a celos. Dios lo oyó y se encendió en ira; en gran manera rechazó a Israel. Abandonó el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres. Entregó su poderío a la cautividad; y su gloria, en manos del enemigo. También entregó su pueblo a la espada; se airó contra su posesión. El fuego devoró a sus jóvenes; sus vírgenes no fueron alabadas. Sus sacerdotes cayeron a espada, y sus viudas no hicieron lamentación. Entonces se despertó el Señor, a la manera del que duerme, como un guerrero que grita excitado por el vino. E hirió a sus enemigos haciéndolos retroceder, y los puso como afrenta perpetua. Desechó la tienda de José; no escogió a la tribu de Efraín. Más bien, escogió a la tribu de Judá; el monte Sion, al cual amó. Allí edificó su santuario como las alturas; como la tierra, a la cual cimentó para siempre. Eligió a su siervo David; lo tomó de los rediles de las ovejas. Lo trajo de detrás de las ovejas recién paridas, para que apacentase a su pueblo Jacob, a Israel su heredad. Los apacentó con íntegro corazón; los pastoreó con la pericia de sus manos. (Salmo de Asaf) Oh Dios, los gentiles han venido a tu heredad. Han contaminado tu santo templo, y a Jerusalén han reducido a montones de escombros. Han dado los cuerpos de tus siervos como comida a las aves de los cielos; han dado la carne de tus fieles a los animales de la tierra. Derramaron como agua su sangre en los alrededores de Jerusalén; no hubo quien los enterrase. Somos una afrenta para nuestros vecinos, burla y ridículo ante los que están a nuestro alrededor. ¿Hasta cuándo, oh Jehovah? ¿Has de estar airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo? Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen y sobre los reinos que no invocan tu nombre. Porque han devorado a Jacob, y han desolado su morada. No recuerdes contra nosotros los pecados de nuestros antepasados. Salgan pronto a encontrarnos tus misericordias, porque estamos muy abatidos. Ayúdanos, oh Dios, salvación nuestra, por causa de la gloria de tu nombre. Líbranos y expía nuestros pecados por amor de tu nombre. ¿Por qué han de decir los gentiles: "¿Dónde está su Dios?" Sea dada a conocer a las naciones y ante nuestros ojos la venganza de la sangre de tus siervos, que ha sido derramada. Llegue a tu presencia el gemido de los presos. Conforme a la grandeza de tu brazo, preserva a los sentenciados a muerte. Devuelve a nuestros vecinos siete veces en sus caras, la infamia con que te han deshonrado, oh Jehovah. Entonces nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu prado, te confesaremos para siempre; por generación y generación contaremos de tus alabanzas. (Al músico principal. Sobre Sosanim. Testimonio. Salmo de Asaf) ¡Oh Pastor de Israel, escucha, tú que conduces a José como a un rebaño! ¡Tú, que estás entre los querubines, resplandece delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés! Despierta tu poderío y ven para salvarnos. Oh Dios, ¡restáuranos! Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Jehovah Dios de los Ejércitos, ¿hasta cuándo has de mostrar tu indignación contra la oración de tu pueblo? Nos has dado a comer pan de lágrimas. Nos has dado a beber lágrimas en abundancia. Nos has puesto por escarnio a nuestros vecinos; nuestros enemigos se mofan de nosotros. Oh Dios de los Ejércitos, ¡restáuranos! Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Trajiste una vid de Egipto; echaste a las naciones y la plantaste. Limpiaste el lugar delante de ella. Hiciste que echara raíz, y llenó la tierra. Los montes fueron cubiertos por su sombra, y sus ramas llegaron a ser como cedros de Dios. Extendió sus ramas hasta el mar, y hasta el Río sus renuevos. ¿Por qué has roto sus cercas de modo que la vendimien todos los que pasan por el camino? El jabalí salvaje la devasta; las criaturas del campo se alimentan de ella. Oh Dios de los Ejércitos, vuelve, por favor; mira desde el cielo, considera y visita esta viña. Su cepa que plantó tu diestra—el hijo que fortaleciste para ti—, está quemada con fuego; la han cortado. ¡Perezcan por la reprensión de tu rostro! Sea tu mano sobre el hombre de tu diestra, sobre el hijo del hombre que fortaleciste para ti mismo. Así no nos apartaremos de ti; nos darás vida, e invocaremos tu nombre. Oh Jehovah Dios de los Ejércitos, ¡restáuranos! Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. (Al músico principal. Sobre Guitit. Salmo de Asaf) ¡Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra! Aclamad con júbilo al Dios de Jacob. Entonad himnos y tocad el tamboril, la suave lira y el arpa. Tocad la corneta en luna nueva; en luna llena, por nuestra solemnidad. Porque estatuto es de Israel, ordenanza del Dios de Jacob. En José lo instituyó por testimonio, cuando salió contra la tierra de Egipto. Escuché un idioma que no conocía: "Aparté su hombro de debajo de la carga; sus manos fueron apartadas del peso de los cestos. Clamaste en la calamidad, y yo te libré. Te respondí en lo oculto del trueno. Te probé junto a las aguas de Meriba. (Selah) "Escucha, oh pueblo mío, y testificaré contra ti. ¡Oh Israel, si me oyeras…! No haya dios extraño en medio de ti, ni te postres ante dios extranjero. Yo soy Jehovah tu Dios, que te hice venir de la tierra de Egipto. Abre bien tu boca, y la llenaré. "Pero mi pueblo no escuchó mi voz; Israel no me quiso a mí. Por eso los entregué a la dureza de su corazón, y caminaron según sus propios consejos. ¡Oh, si mi pueblo me hubiera escuchado; si Israel hubiera andado en mis caminos…! En un instante habría yo sometido a sus enemigos, y habría vuelto mi mano contra sus adversarios. Los que aborrecen a Jehovah se le habrían sometido, y su castigo habría sido eterno. Los habría sustentado con la suculencia del trigo; con miel de la roca te habría saciado." (Salmo de Asaf) Dios está de pie en la asamblea divina; en medio de los dioses ejerce el juicio: "¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente y entre los impíos haréis distinción de personas? (Selah) Rescatad al necesitado y al huérfano; haced justicia al pobre y al indigente. Librad al necesitado y al menesteroso; libradlo de la mano de los impíos. "Ellos no saben ni entienden; andan en tinieblas. ¡Todos los cimientos de la tierra son conmovidos! Yo os dije: ‘Vosotros sois dioses; todos vosotros sois hijos del Altísimo.’ Sin embargo, como un hombre moriréis y caeréis como cualquiera de los gobernantes." ¡Levántate, oh Dios; juzga la tierra, porque tú poseerás todas las naciones! (Cántico. Salmo de Asaf) Oh Dios, no guardes silencio. No calles, oh Dios, ni permanezcas inmóvil. Porque he aquí que rugen tus enemigos, y los que te aborrecen han levantado la cabeza. Contra tu pueblo han consultado astutamente; han entrado en consejo contra tus protegidos. Han dicho: "Venid y destruyámoslos, de modo que dejen de ser una nación y no haya más memoria del nombre de Israel." Han conspirado juntos, de común acuerdo; han hecho pacto contra ti. Las tiendas de Edom, los ismaelitas, Moab, los hagrienos, Biblos, Amón, Amalec, los filisteos con los habitantes de Tiro. También los asirios se han juntado con ellos y sirven de brazo a los hijos de Lot. (Selah) Hazlos como a Madián; como a Sísara y a Jabín, en el arroyo de Quisón. Perecieron en Endor, y fueron hechos abono para el suelo. Pon a sus nobles como a Oreb y a Zeeb; a todos sus príncipes, como a Zébaj y a Zalmuna. Porque han dicho: "Heredemos nosotros los prados de Dios." Oh Dios mío, hazlos como remolino de hojas, como paja ante el viento, como fuego que quema el bosque, como llama que abrasa las montañas. Persíguelos con tu tempestad; aterrorízalos con tu huracán. Llena sus caras de vergüenza; y que busquen tu nombre, oh Jehovah. Sean confundidos y turbados para siempre; sean afrentados y perezcan. Conozcan que tu nombre es Jehovah. ¡Tú solo eres Altísimo sobre toda la tierra! (Al músico principal. Sobre Guitit. Para los hijos de Coré. Salmo) ¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehovah de los Ejércitos! Mi alma anhela y aun desea ardientemente los atrios de Jehovah. Mi corazón y mi carne cantan con gozo al Dios vivo. Hasta el pajarito halla una casa, y la golondrina un nido para sí, donde poner sus polluelos cerca de tus altares, oh Jehovah de los Ejércitos, ¡Rey mío y Dios mío! ¡Bienaventurados los que habitan en tu casa! Continuamente te alabarán. (Selah) ¡Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, y en cuyo corazón están tus caminos! Cuando pasan por el valle de lágrimas, lo convierten en manantial. También la lluvia temprana lo cubre de bendición. Irán de poder en poder, y verán a Dios en Sion. Oh Jehovah Dios de los Ejércitos, oye mi oración. Escucha, oh Dios de Jacob. (Selah) Mira, oh Dios, escudo nuestro; pon tu vista en el rostro de tu ungido. Porque mejor es un día en tus atrios, que mil fuera de ellos. Prefiero estar en el umbral de la casa de mi Dios, que habitar en moradas de impiedad. Porque sol y escudo es Jehovah Dios; gracia y gloria dará Jehovah. No privará del bien a los que andan en integridad. Oh Jehovah de los Ejércitos, ¡bienaventurado el hombre que confía en ti! (Al músico principal. Para los hijos de Coré. Salmo) Oh Jehovah, has sido propicio a tu tierra, has restaurado a Jacob de la cautividad. Has perdonado la iniquidad de tu pueblo; has cubierto todos sus pecados. (Selah) Has dejado todo tu enojo; has desistido del ardor de tu ira. Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación; haz cesar tu ira contra nosotros. ¿Estarás airado con nosotros para siempre? ¿Extenderás tu ira de generación en generación? ¿No volverás a darnos vida, de modo que tu pueblo se alegre en ti? Muéstranos, oh Jehovah, tu misericordia, y concédenos tu salvación. Escucharé lo que hable el Dios Jehovah; pues él hablará paz a su pueblo y a sus fieles, para que no se vuelvan a la locura. Ciertamente cercana está su salvación para los que le temen, para que habite la gloria en nuestra tierra. La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos. Asimismo, Jehovah dará el bien, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia irá delante de él, y hará de sus pasos un camino. (Oración de David) Inclina, oh Jehovah, tu oído y escúchame; porque soy pobre y necesitado. Guarda mi alma, porque soy piadoso; salva tú, oh Dios mío, a tu siervo que en ti confía. Ten misericordia de mí, oh Jehovah, porque a ti clamo todo el día. Alegra el alma de tu siervo, porque a ti, oh Señor, levanto mi alma, porque tú, oh Señor, eres bueno y perdonador, grande en misericordia para con los que te invocan. Escucha, oh Jehovah, mi oración; atiende a la voz de mis súplicas. En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes. Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses, ni hay nada que iguale tus obras. Vendrán todas las naciones que hiciste y adorarán, oh Señor, delante de ti. Glorificarán tu nombre, porque tú eres grande y hacedor de maravillas. ¡Sólo tú eres Dios! Enséñame, oh Jehovah, tu camino, y yo caminaré en tu verdad. Concentra mi corazón para que tema tu nombre. Te alabaré, oh Jehovah, Dios mío, con todo mi corazón; glorificaré tu nombre para siempre. Porque tu misericordia es grande para conmigo; tú has librado mi alma de las profundidades del Seol. Oh Dios, los arrogantes se han levantado contra mí, y una congregación de violentos busca mi vida, y a ti no te toman en cuenta. Pero tú, oh Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad, mírame y ten misericordia de mí. Da tú fuerzas a tu siervo; guarda al hijo de tu sierva. Haz conmigo señal para bien; véanla los que me aborrecen y sean avergonzados, porque tú, oh Jehovah, me ayudaste y me consolaste. (A los hijos de Coré. Salmo. Cántico) Su cimiento está sobre montes de santidad; Jehovah ama las puertas de Sion más que a todas las moradas de Jacob. ¡Cosas gloriosas se cuentan de ti, oh ciudad de Dios! (Selah) "Yo inscribiré a Rahab y a Babilonia entre los que me conocen. He aquí Filistea, Tiro y Etiopía. Este nació allí." De Sion se dirá: "Este y aquél han nacido en ella." El mismo Altísimo le dará estabilidad. Jehovah dirá, al inscribir a los pueblos: "Este nació allí." (Selah) Y tanto los que cantan como los que danzan dirán: "¡Todas mis fuentes están en ti!" (Cántico. Salmo de los hijos de Coré. Al músico principal. Sobre Majalat. Para ser cantado. Masquil de Hemán el ezraíta) Oh Jehovah, Dios de mi salvación, día y noche clamo delante de ti. Llegue mi oración a tu presencia; inclina tu oído a mi clamor, porque mi alma está harta de males, y mi vida se ha acercado al Seol. Soy contado con los que descienden a la fosa; soy como un hombre sin fuerzas. Estoy libre entre los muertos, como los cadáveres que yacen en la tumba, de quienes ya no te acuerdas, y que han sido arrebatados de tu mano. Me has puesto en la honda fosa, en lugares tenebrosos, en lugares profundos. Sobre mí reposa tu ira; me has afligido con todas tus olas. (Selah) Has alejado de mí a mis conocidos; me has puesto como abominación para ellos. Estoy encerrado; no puedo salir. Mis ojos se enfermaron a causa de mi aflicción. Cada día te he invocado, oh Jehovah; a ti he extendido mis manos. ¿Acaso harás milagros para los muertos? ¿Se levantarán los muertos para alabarte? (Selah) ¿Se contará en el sepulcro acerca de tu misericordia, o de tu verdad en el Abadón? ¿Será conocida en las tinieblas tu maravilla, y tu justicia en la tierra del olvido? Pero a ti he invocado, oh Jehovah; de mañana sale a tu encuentro mi oración. ¿Por qué desechas mi alma, oh Jehovah? ¿Por qué escondes de mí tu rostro? Yo estoy pobre y abatido; desde mi infancia he cargado tus terrores. ¡Ya no puedo más! Sobre mí ha pasado tu ira; tus terrores me han destruido. De continuo me han rodeado como inundación, y al mismo tiempo me han cercado. Has alejado de mí a mis amigos y compañeros; sólo las tinieblas son mi compañía. (Masquil de Eitán el ezraíta) Perpetuamente cantaré las misericordias de Jehovah; con mi boca daré a conocer tu fidelidad de generación en generación. Diré: Para siempre será edificada la misericordia; en los mismos cielos establecerás tu fidelidad. "Yo hice un pacto con mi escogido; juré a mi siervo David, diciendo: ‘Para siempre confirmaré tu descendencia y edificaré tu trono por todas las generaciones.’" (Selah) Los cielos celebrarán, oh Jehovah, tus maravillas; y tu fidelidad, en la congregación de los santos. Porque, ¿quién en las nubes se comparará con Jehovah? ¿Quién será semejante a Jehovah entre los hijos de los poderosos? Dios es temible en la gran asamblea de los santos; formidable sobre todos cuantos están a su alrededor. Oh Jehovah Dios de los Ejércitos, ¿quién como tú? ¡Poderoso eres, oh Jehovah! Tu fidelidad te rodea. Tú tienes dominio sobre la braveza del mar; cuando sus olas se levantan, tú las sosiegas. Tú quebrantaste a Rahab como a un cadáver; con el brazo de tu poder esparciste a tus enemigos. Tuyos son los cielos, tuya es también la tierra; el mundo y su plenitud, tú los fundaste. Al norte y al sur, tú los creaste; el Tabor y el Hermón cantarán a tu nombre. Tuyo es el brazo poderoso; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra. La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono; la misericordia y la verdad van delante de tu rostro. ¡Bienaventurado el pueblo que conoce el grito de júbilo! Andarán a la luz de tu rostro, oh Jehovah. En tu nombre se alegrarán todo el día, y en tu justicia serán enaltecidos. Porque tú eres la gloria de su poder, y por tu buena voluntad exaltarás nuestro poderío. ¡Jehovah es nuestro escudo! ¡Nuestro Rey es el Santo de Israel! Antaño hablaste en visión a tus piadosos y les dijiste: "Yo he puesto el socorro sobre un valiente; he enaltecido a uno escogido de mi pueblo. Hallé a mi siervo David y lo ungí con mi aceite santo. Mi mano estará firme con él; también mi brazo lo fortalecerá. No lo doblegará el enemigo; ningún hijo de iniquidad lo quebrantará. Pero yo quebrantaré delante de él a sus enemigos, y heriré a los que le aborrecen. Mi fidelidad y mi misericordia estarán con él; en mi nombre será enaltecido su poderío. Asimismo, pondré su mano sobre el mar, y su mano derecha sobre los ríos. El me dirá: ‘Tú eres mi padre; eres mi Dios y la roca de mi salvación.’ Yo también le pondré por primogénito, más alto que los reyes de la tierra. Para siempre le confirmaré mi misericordia, y mi pacto será firme para con él. Estableceré su linaje para siempre, y su trono como los días de los cielos. Si sus hijos dejan mi ley y no caminan en mis juicios, si profanan mis estatutos y no guardan mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades. Pero no retiraré de él mi misericordia, ni falsearé mi fidelidad. No profanaré mi pacto, ni cambiaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David: Su descendencia será para siempre; y su trono, delante de mí, como el sol. Será como la luna, que permanece firme para siempre, un fiel testigo en medio de las nubes." (Selah) Pero tú has desechado y menospreciado a tu ungido; te has airado contra él. Tú has rechazado el pacto de tu siervo, y su diadema has profanado hasta el suelo. Has roto todos sus vallados y has convertido en ruinas sus fortalezas. Lo saquean todos los que pasan por el camino; es objeto de afrenta a sus vecinos. Has enaltecido la mano derecha de sus enemigos, y has alegrado a todos sus adversarios. Asimismo, has hecho volver atrás su espada y no lo levantaste en la batalla. Has hecho cesar el cetro de su esplendor, y has echado su trono por tierra. Has acortado los días de su juventud, y le has cubierto de afrenta. (Selah) ¿Hasta cuándo, oh Jehovah? ¿Te esconderás para siempre? ¿Arderá tu ira como el fuego? Recuerda, por favor, cuán pasajero soy. ¿Por qué habrás creado en vano a todos los hijos del hombre? ¿Qué hombre vivirá y no verá la muerte? ¿Librarás su vida del poder del Seol? (Selah) Señor, ¿dónde están tus antiguas misericordias que por tu fidelidad juraste a David? Señor, acuérdate del oprobio de tus siervos, el de muchos pueblos que llevo en mi seno. Porque tus enemigos, oh Jehovah, han deshonrado, han deshonrado los pasos de tu ungido. ¡Bendito sea Jehovah para siempre! Amén y amén. (Oración de Moisés, hombre de Dios) Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde la eternidad hasta la eternidad, tú eres Dios. Haces que el hombre vuelva al polvo. Dices: "¡Retornad, oh hijos del hombre!" Pues mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó. Son como una de las vigilias de la noche. Los arrasas; son como un sueño: En la mañana son como la hierba que crece; en la mañana brota y crece, y al atardecer se marchita y se seca. Porque con tu furor somos consumidos, y con tu ira somos turbados. Has puesto nuestras maldades delante de ti; nuestros secretos están ante la luz de tu rostro. Pues todos nuestros días pasan a causa de tu ira; acabamos nuestros años como un suspiro. Los días de nuestra vida son setenta años; y en los más robustos, ochenta años. La mayor parte de ellos es duro trabajo y vanidad; pronto pasan, y volamos. ¿Quién conoce el poder de tu ira y de tu indignación, como debes ser temido? Enséñanos a contar nuestros días, de tal manera que traigamos al corazón sabiduría. ¡Vuelve, oh Jehovah! ¿Hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. Por la mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días. Alégranos conforme a los días de nuestra aflicción, y a los años en que hemos visto el mal. Sea manifestada tu obra a tus siervos, y tu esplendor sobre sus hijos. Sea sobre nosotros la gracia de Jehovah nuestro Dios. La obra de nuestras manos confirma entre nosotros; sí, confirma la obra de nuestras manos. El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Todopoderoso. Diré yo a Jehovah: "¡Refugio mío y castillo mío, mi Dios en quien confío!" Porque él te librará de la trampa del cazador y de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas te refugiarás; escudo y defensa es su verdad. No tendrás temor de espanto nocturno, ni de flecha que vuele de día, ni de peste que ande en la oscuridad, ni de plaga que en pleno día destruya. Caerán a tu lado mil y diez mil a tu mano derecha, pero a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos. Porque a Jehovah, que es mi refugio, al Altísimo, has puesto como tu morada, no te sobrevendrá mal, ni la plaga se acercará a tu tienda. Pues a sus ángeles dará órdenes acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos. En sus manos te llevarán, de modo que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y la cobra pisarás; hollarás al leoncillo y a la serpiente. "Porque en mí ha puesto su amor, yo lo libraré; lo pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. El me invocará, y yo le responderé; con él estaré en la angustia. Lo libraré y lo glorificaré; lo saciaré de larga vida y le mostraré mi salvación." (Salmo. Cántico para el día de sábado) Bueno es alabar a Jehovah, cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo. Bueno es anunciar por la mañana tu misericordia y tu verdad en las noches, con el arpa de diez cuerdas y la lira, con el tono suave del arpa. Ciertamente me has alegrado, oh Jehovah, con tus hechos, grito de gozo por las obras de tus manos. ¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehovah! Muy profundos son tus pensamientos. El hombre necio no sabe, y el insensato no entiende esto: que los impíos brotan como la hierba, y que todos los que hacen iniquidad florecen para ser destruidos para siempre. Pero tú, oh Jehovah, para siempre eres el Altísimo. Porque he aquí tus enemigos, oh Jehovah; porque he aquí, tus enemigos perecerán. Serán dispersados todos los que hacen iniquidad. Pero tú enaltecerás mi poder como el de un toro salvaje, y sobre mí verterás aceite fresco. Mis ojos mirarán sobre mis enemigos; mis oídos oirán de los malhechores que se levantaron contra mí. El justo florecerá como la palmera; crecerá alto como el cedro en el Líbano. Plantados estarán en la casa de Jehovah; florecerán en los atrios de nuestro Dios. Aun en la vejez fructificarán. Estarán llenos de savia y frondosos, para anunciar que Jehovah, mi roca, es recto, y que en él no hay injusticia. ¡Jehovah reina! Se ha vestido de magnificencia. Jehovah se ha vestido de poder y se ha ceñido. También afirmó el mundo, y no se moverá. Firme es tu trono desde la antigüedad; tú eres desde la eternidad. Alzaron los ríos, oh Jehovah, alzaron los ríos su sonido; alzaron los ríos su estruendo. Jehovah en las alturas es más poderoso que el estruendo de muchas aguas, más que las recias olas del mar. Tus testimonios son muy firmes. La santidad adorna tu casa, oh Jehovah, a través de los años. Oh Jehovah, Dios de las venganzas, oh Dios de las venganzas, ¡manifiéstate! ¡Exáltate, oh Juez de la tierra! Da su recompensa a los soberbios. ¿Hasta cuándo los impíos, hasta cuándo, oh Jehovah, se regocijarán los impíos? Vocean, hablan insolencias y se confabulan los que hacen iniquidad. A tu pueblo, oh Jehovah, quebrantan; a tu heredad afligen. A la viuda y al forastero matan; a los huérfanos asesinan. Han dicho: "No lo verá Jehovah, ni entenderá el Dios de Jacob." Entended, torpes del pueblo; vosotros, necios, ¿cuándo seréis entendidos? El que puso el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá? El que disciplina a las naciones, ¿no reprenderá? ¿No sabrá el que enseña al hombre el saber? Jehovah conoce los pensamientos de los hombres, que son vanidad. Bienaventurado el hombre a quien tú, oh Jehovah, disciplinas y lo instruyes sobre la base de tu ley, para darle tranquilidad en los días de la desgracia; en tanto que para los impíos se cava una fosa. Porque Jehovah no abandonará a su pueblo, ni desamparará a su heredad. Más bien, el derecho volverá a la justicia, y en pos de ella irán todos los rectos de corazón. ¿Quién se levantará por mí contra los malhechores? ¿Quién estará por mí contra los que hacen iniquidad? Si Jehovah no me ayudara, pronto mi alma moraría en el silencio. Cuando yo decía: "Mi pie resbala," tu misericordia, oh Jehovah, me sustentaba. En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma. ¿Se aliará contigo el trono de maldad, el que por decreto instituye el abuso? Conspiran contra la vida del justo y condenan la sangre inocente. Pero Jehovah ha sido mi refugio; mi Dios ha sido la roca de mi confianza. El hará volver sobre ellos su iniquidad, y los destruirá a causa de su maldad. Jehovah, nuestro Dios, los destruirá. ¡Venid, cantemos con gozo a Jehovah! Aclamemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Acerquémonos ante su presencia con acción de gracias; aclamémosle con salmos. Porque Jehovah es Dios grande, Rey grande sobre todos los dioses. En su mano están las profundidades de la tierra; suyas son las alturas de los montes. Suyo es el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca. ¡Venid, adoremos y postrémonos! Arrodillémonos delante de Jehovah, nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; nosotros somos el pueblo de su prado, y las ovejas de su mano. Si oís hoy su voz, "no endurezcáis vuestros corazones como en Meriba; como el día de Masá, en el desierto, donde vuestros padres me pusieron a prueba; me probaron y vieron mis obras: Cuarenta años estuve disgustado con aquella generación y dije: ‘Este pueblo se desvía en su corazón y no ha conocido mis caminos.’ Por eso juré en mi ira: ‘¡Jamás entrarán en mi reposo!’" ¡Cantad a Jehovah un cántico nuevo! ¡Cantad a Jehovah, toda la tierra! Cantad a Jehovah; bendecid su nombre. Anunciad de día en día su salvación. Contad entre las naciones su gloria, entre todos los pueblos sus maravillas; porque grande es Jehovah, y digno de suprema alabanza. El es temible sobre todos los dioses; porque todos los dioses de los pueblos son ídolos, pero Jehovah hizo los cielos. Gloria y esplendor hay delante de él; poder y hermosura hay en su santuario. Dad a Jehovah, oh familias de pueblos, dad a Jehovah la gloria y el poder. Dad a Jehovah la gloria debida a su nombre; traed ofrendas y venid a sus atrios; adorad a Jehovah en la hermosura de la santidad; tiemble ante su presencia toda la tierra. Decid entre las naciones: "¡Jehovah reina! Ciertamente ha afirmado el mundo, y no será movido. Juzgará a los pueblos con rectitud." ¡Alégrense los cielos, y gócese la tierra! ¡Ruja el mar y su plenitud! ¡Regocíjese el campo, y todo lo que hay en él! Entonces cantarán con júbilo todos los árboles del bosque delante de Jehovah, pues él viene. Porque él viene para juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia y a los pueblos con su verdad. ¡Jehovah reina! ¡Regocíjese la tierra! ¡Alégrense las muchas costas! Nube y oscuridad hay alrededor de él; la justicia y el derecho son el fundamento de su trono. El fuego avanza delante de él y abrasa a sus enemigos en derredor. Sus relámpagos alumbran el mundo; la tierra mira y se estremece. Delante de Jehovah los montes se derriten como cera, delante del Señor de toda la tierra. Los cielos anuncian su justicia, y todos los pueblos ven su gloria. Avergüéncense todos los que sirven a imágenes de talla, los que se glorían en los ídolos. ¡Todos los dioses póstrense ante él! Sion escuchó y se alegró; las hijas de Judá se regocijarán a causa de tus juicios, oh Jehovah. Porque tú, oh Jehovah, eres supremo sobre toda la tierra; eres muy enaltecido sobre todos los dioses. Los que amáis a Jehovah, aborreced el mal. El guarda la vida de sus fieles; los libra de manos de los impíos. La luz está sembrada para el justo, la alegría para los rectos de corazón. Alegraos, oh justos, en Jehovah; celebrad la memoria de su santidad. (Salmo) ¡Cantad a Jehovah un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas! Victoria le ha dado su diestra y su santo brazo. Jehovah ha dado a conocer su victoria; ante los ojos de las naciones ha manifestado su justicia. Se ha acordado de su misericordia y de su fidelidad para con la casa de Israel. Todos los confines de la tierra han visto la victoria de nuestro Dios. ¡Cantad alegres a Jehovah, toda la tierra! Prorrumpid, estallad de gozo y cantad salmos. Cantad salmos a Jehovah con la lira; con lira y melodía de himnos. Aclamad con trompetas y sonido de corneta delante del Rey Jehovah. Ruja el mar y su plenitud, el mundo y los que lo habitan. Aplaudan los ríos; regocíjense todos los montes delante de Jehovah, porque viene para juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud. ¡Jehovah reina, tiemblan los pueblos! El tiene su trono entre los querubines; la tierra se estremece. Jehovah es grande en Sion; es alto sobre todos los pueblos. Alaben su nombre grande y temible. ¡El es santo! Oh poderoso Rey que amas el derecho, tú has establecido la rectitud; tú ejerces en Jacob el derecho y la justicia. ¡Exaltad a Jehovah, nuestro Dios! Postraos ante el estrado de sus pies, porque él es santo. Moisés y Aarón estaban entre sus sacerdotes; Samuel estaba entre los que invocaban su nombre. Invocaban a Jehovah, y él les respondía. En columna de nube hablaba con ellos; y ellos guardaban sus testimonios y el estatuto que les había dado. Oh Jehovah, Dios nuestro, tú les respondías; tú les fuiste un Dios perdonador y castigador de sus malas obras. ¡Exaltad a Jehovah nuestro Dios! Postraos ante su santo monte, porque santo es Jehovah, nuestro Dios. (Salmo de acción de gracias) ¡Cantad alegres a Jehovah, habitantes de toda la tierra! Servid a Jehovah con alegría; venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que Jehovah es Dios; él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos. Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. Dadle gracias; bendecid su nombre, porque Jehovah es bueno. Para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones. (Salmo de David) De la misericordia y el derecho cantaré; a ti cantaré salmos, oh Jehovah. Daré atención al camino de la integridad. ¿Cuándo vendrás a mí? En integridad de corazón andaré en medio de mi casa. No pondré delante de mis ojos cosa indigna; aborrezco la obra de los que se desvían. Esta no se me pegará. El corazón perverso será apartado de mí; no reconoceré al malo. Al que solapadamente difama a su prójimo, a ése yo lo silenciaré; no soportaré al de ojos altaneros y de corazón arrogante. Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que habiten conmigo. El que anda en camino de integridad, ése me servirá. No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentira no se afirmará delante de mis ojos. Por las mañanas cortaré de la tierra a todos los impíos, para extirpar de la ciudad de Jehovah a todos los que obran iniquidad. (Oración de un afligido, cuando desmaya y derrama su lamento delante de Jehovah) Oh Jehovah, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor. No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; inclina a mí tu oído. En el día en que te invoque, apresúrate a responderme. Porque mis días se han disipado como humo; mis huesos arden como un brasero. Mi corazón ha sido herido y se ha secado como la hierba, por lo cual me olvidé de comer mi pan. Por la voz de mi gemido, mis huesos se han pegado a mi carne. Soy semejante al búho del desierto; soy como la lechuza de los sequedales. Estoy insomne; soy como un pájaro solitario sobre el tejado. Todo el día me afrentan mis enemigos; los que me escarnecen se han conjurado contra mí. Por eso he comido ceniza como pan, y mi bebida mezclo con llanto, a causa de tu enojo y de tu ira. Porque me levantaste y me arrojaste, mis días son como la sombra que se va. Me he secado como la hierba. Pero tú, oh Jehovah, permanecerás para siempre, y tu memoria de generación en generación. Levántate, ten misericordia de Sion, porque ha llegado el tiempo de tener compasión de ella. Tus siervos aman sus piedras, y de su polvo tienen compasión. Entonces las naciones temerán el nombre de Jehovah, y todos los reyes de la tierra temerán tu gloria. Por cuanto Jehovah habrá edificado a Sion, será visto en su gloria. Habrá considerado la oración de los despojados, y no habrá desechado el ruego de ellos. Sea escrito esto para la generación venidera, y un pueblo que será creado alabará a Jehovah. Porque miró desde lo alto de su santuario, Jehovah miró desde los cielos a la tierra, para oír el gemido de los presos, para librar a los sentenciados a muerte, para contar en Sion del nombre de Jehovah, y de su alabanza en Jerusalén, cuando los pueblos y reinos se congreguen en uno para servir a Jehovah. Debilitó mi fuerza en el camino y acortó mis días. Dije: "Dios mío, no me lleves en la mitad de mis días. ¡Tus años duran por generación y generación! Tú fundaste la tierra en la antigüedad; los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permanecerás. Todos ellos se envejecerán como un vestido; como a ropa los cambiarás, y pasarán. Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán. Los hijos de tus siervos habitarán seguros, y su descendencia estará firme delante de ti." (De David) Bendice, oh alma mía, a Jehovah. Bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, oh alma mía, a Jehovah, y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias, el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y de misericordia; el que sacia con bien tus anhelos, de modo que te rejuvenezcas como el águila. Jehovah es quien hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia. Sus caminos dio a conocer a Moisés; y a los hijos de Israel, sus obras. Compasivo y clemente es Jehovah, lento para la ira y grande en misericordia. No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Pues como la altura de los cielos sobre la tierra, así ha engrandecido su misericordia sobre los que le temen. Tan lejos como está el oriente del occidente, así hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, así se compadece Jehovah de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo. El hombre, como la hierba son sus días: Florece como la flor del campo que cuando pasa el viento, perece; y su lugar no la vuelve a conocer. Pero la misericordia de Jehovah es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen; y su justicia sobre los hijos de sus hijos, sobre los que guardan su pacto y se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra. Jehovah estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todo. Bendecid a Jehovah, vosotros sus poderosos ángeles que ejecutáis su palabra obedeciendo la voz de su palabra. Bendecid a Jehovah, vosotros todos sus ejércitos, servidores suyos que hacéis su voluntad. Bendecid a Jehovah, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su señorío. ¡Bendice, alma mía, a Jehovah! ¡Bendice, alma mía, a Jehovah! Jehovah, Dios mío, ¡qué grande eres! Te has vestido de gloria y de esplendor. Tú eres el que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una tienda, que construye sus altas moradas sobre las aguas, que hace de las nubes su carroza, que anda sobre las alas del viento, que hace a los vientos sus mensajeros, y a las llamas de fuego sus servidores. El fundó la tierra sobre sus cimientos; no será jamás removida. Con el océano como con vestido la cubriste; sobre las montañas estaban las aguas. A tu reprensión huyeron; se apresuraron al sonido de tu trueno. Subieron las montañas; descendieron los valles al lugar que tú estableciste para ellos. Les pusiste un límite, el cual no traspasarán, ni volverán a cubrir la tierra. Tú eres el que vierte los manantiales en los arroyos; corren entre las colinas. Dan de beber a todos los animales del campo; los asnos monteses mitigan su sed. Junto a ellos habitan las aves del cielo, y trinan entre las ramas. Tú das de beber a las montañas desde tus altas moradas; del fruto de tus obras se sacia la tierra. Haces producir el pasto para los animales y la vegetación para el servicio del hombre, a fin de sacar de la tierra el alimento: el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace lucir su rostro, y el pan que sustenta el corazón del hombre. Se llenan de savia los árboles de Jehovah; los cedros del Líbano, que él plantó. Allí anidan las aves; en sus copas hace su nido la cigüeña. Los montes altos son para las cabras monteses; las peñas, para las madrigueras de los conejos. Tú eres el que hizo la luna para las estaciones; el sol conoce su ocaso. Pones las tinieblas, y es de noche; en ella corretean todos los animales silvestres. Los leones rugen por la presa y reclaman a Dios su comida. Sale el sol; se recogen y se echan en sus cuevas. Sale el hombre a su labor, y a su labranza hasta el anochecer. ¡Cuán numerosas son tus obras, oh Jehovah! A todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. Este es el mar grande y ancho, en el cual hay peces sin número, animales grandes y pequeños. Sobre él van los navíos; allí está el Leviatán que hiciste para que jugase en él. Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. Tú les das, y ellos recogen; abres tu mano, y se sacian del bien. Escondes tu rostro, y se desvanecen; les quitas el aliento, y dejan de ser. Así vuelven a ser polvo. Envías tu hálito, y son creados; y renuevas la superficie de la tierra. ¡Sea la gloria de Jehovah para siempre! Alégrese Jehovah en sus obras. El mira la tierra, y ella tiembla; toca las montañas, y humean. Cantaré a Jehovah en mi vida; a mi Dios cantaré salmos mientras viva. Que mi meditación le sea grata, y que yo me alegre en Jehovah. Sean exterminados de la tierra los pecadores, y los impíos dejen de ser. ¡Bendice, oh alma mía, a Jehovah! ¡Aleluya! ¡Dad gracias a Jehovah! ¡Invocad su nombre! Dad a conocer entre los pueblos sus hazañas. Cantadle, cantadle salmos; hablad de todas sus maravillas. Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan a Jehovah. Buscad a Jehovah y su poder; buscad continuamente su rostro. Acordaos de las maravillas que ha hecho, de sus prodigios y de los juicios de su boca, oh vosotros, descendientes de Abraham, su siervo; hijos de Jacob, sus escogidos. El es Jehovah, nuestro Dios; en toda la tierra están sus juicios. Se acordó para siempre de su pacto—de la palabra que mandó para mil generaciones—, el cual hizo con Abraham; y de su juramento a Isaac. Lo confirmó a Jacob por estatuto, como pacto sempiterno a Israel, diciendo: "A ti daré la tierra de Canaán; como la porción que poseeréis." Cuando eran pocos en número, muy pocos y forasteros en ella; cuando andaban de nación en nación, y de un reino a otro pueblo, no permitió que nadie los oprimiese; más bien, por causa de ellos castigó a reyes. Dijo: "¡No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas!" Cuando trajo hambre sobre la tierra y cortó todo el sustento de pan, ya había enviado delante de ellos a un hombre, a José, que fue vendido como esclavo. Afligieron con grilletes sus pies, y a su cuello pusieron cadena de hierro, hasta que se cumplió su palabra, y el dicho de Jehovah lo aprobó. Entonces el rey mandó que lo soltaran; el soberano de los pueblos lo desató. Lo puso como señor de su casa y como gobernador de toda su posesión, para que disciplinara a su gusto a los grandes y a sus ancianos enseñara sabiduría. Después entró Israel en Egipto, y Jacob fue extranjero en la tierra de Cam. Dios hizo que su pueblo fuera muy fecundo, y lo hizo más fuerte que sus enemigos. Cambió el corazón de éstos, para que aborreciesen a su pueblo, para que contra sus siervos actuaran con engaño. Envió a su siervo Moisés, y a Aarón, al cual escogió. Puso en ellos las palabras de sus señales, y sus prodigios en la tierra de Cam. Envió tinieblas y trajo oscuridad, pero no guardaron sus palabras. Convirtió sus aguas en sangre y mató sus peces. Su tierra produjo ranas hasta en las habitaciones de sus reyes. Habló, y llegaron enjambres de moscas y piojos en todo su territorio. Convirtió sus lluvias en granizo y en llamas de fuego, en su tierra. Dañó sus viñas y sus higueras y quebró los árboles de su territorio. Habló, y vinieron langostas, y pulgón sin número. Comieron toda la hierba de su país y devoraron el pasto de su tierra. Golpeó, además, a todos los primogénitos de su país, las primicias de todo su vigor. Los sacó con plata y oro; no hubo entre sus tribus enfermo. Egipto se alegró de que salieran, porque su terror había caído sobre ellos. Extendió una nube por cortina, y fuego para alumbrar de noche. Pidieron, e hizo venir codornices, y los sació con pan del cielo. Abrió la peña, y fluyeron aguas; corrieron por los sequedales como río. Porque se acordó de su santa promesa dada a su siervo Abraham. Así sacó a su pueblo con gozo; con júbilo sacó a sus escogidos. Les dio las tierras de las naciones, y heredaron el fruto de las labores de ellas, para que guardasen sus estatutos y observasen sus leyes. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Alabad a Jehovah, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia! ¿Quién declarará las proezas de Jehovah? ¿Quién hará oír todas sus alabanzas? Bienaventurados los que guardan el derecho, los que en todo tiempo hacen justicia. Acuérdate de mí, oh Jehovah, según tu benevolencia para con tu pueblo. Visítame con tu salvación, para que vea el bien de tus escogidos, para que me alegre con la alegría de tu pueblo, para que me gloríe con tu heredad. Hemos pecado como nuestros padres; hemos hecho iniquidad; hemos actuado impíamente. Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas; no se acordaron de tus innumerables hechos de misericordia, sino que se rebelaron junto al mar, el mar Rojo. Sin embargo, los libró por amor de su nombre, para dar a conocer su poder. Reprendió al mar Rojo y lo secó; los hizo ir por los abismos, como por un desierto. Los libró del enemigo; los rescató de mano del adversario. Las aguas cubrieron a sus enemigos; no quedó uno solo de ellos. Entonces creyeron en sus palabras y cantaron su alabanza. Pero pronto se olvidaron de sus obras y no esperaron su consejo. Ardieron de apetito en el desierto y probaron a Dios en la soledad. El les dio lo que pidieron, pero envió a sus almas debilidad. Después tuvieron celos de Moisés en el campamento, y de Aarón, el consagrado de Jehovah. La tierra se abrió y tragó a Datán, y cubrió al grupo de Abiram. El fuego se encendió contra su grupo; la llama devoró a los impíos. En Horeb hicieron un becerro y se postraron ante una imagen de fundición. Así cambiaron su gloria por la de un toro que come hierba. Olvidaron al Dios de su salvación que había hecho grandezas en Egipto, maravillas en la tierra de Cam, cosas formidables junto al mar Rojo. El dijo que los hubiese destruido, de no haberse interpuesto Moisés, su escogido, ante él en la brecha, a fin de aplacar su ira, para que no los destruyera. Sin embargo, aborrecieron la tierra deseable, y no creyeron en su palabra. Más bien, murmuraron en sus tiendas y no escucharon la voz de Jehovah. Por tanto, alzó su mano contra ellos para postrarlos en el desierto, para dispersar a sus descendientes entre las naciones y esparcirlos por las tierras. Cuando se adhirieron al Baal de Peor, comieron de los sacrificios de los muertos. Provocaron a Dios con sus obras, y se desató entre ellos la mortandad. Entonces se levantó Fineas y ejecutó juicio, y se detuvo la mortandad. Aquello le fue contado por justicia, de generación en generación y para siempre. También le indignaron en las aguas de Meriba, y por causa de ellos le fue mal a Moisés; porque hicieron que su espíritu se amargara, y él habló precipitadamente con sus labios. Tampoco destruyeron a los pueblos, como Jehovah les había dicho. Más bien, se mezclaron con gentiles, y aprendieron sus obras. Sirvieron a sus ídolos, los cuales llegaron a ser una trampa. Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios; derramaron la sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, que sacrificaron a los ídolos de Canaán. La tierra fue profanada con los hechos de sangre. Así se contaminaron con sus obras y se prostituyeron con sus hechos. Por tanto, la ira de Jehovah se encendió contra su pueblo, y abominó su heredad. Los entregó en poder de las naciones, y los que los aborrecían se enseñorearon de ellos. Sus enemigos los oprimieron, y fueron quebrantados debajo de su mano. Muchas veces los libró, pero ellos se rebelaron contra su consejo y fueron humillados a causa de su iniquidad. Con todo, él los vio cuando estaban en angustia, y oyó su clamor. Se acordó de su pacto con ellos, y se compadeció conforme a su gran compasión. Asimismo, hizo que tuviesen misericordia de ellos todos los que los tenían cautivos. ¡Sálvanos, oh Jehovah, Dios nuestro! Reúnenos de entre las naciones, pa