EN el principio creó Dios los cielos y la tierra.
La tierra empero estaba sin forma y vacía; y yacían tinieblas sobre la haz del abismo; y el Espíritu de Dios cobijaba la haz de las aguas.
Y dijo Dios: Haya luz, y hubo luz.
Y vió Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.
Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y hubo tarde y hubo mañana el día primero.
Y dijo Dios: Haya una expansión en medio de las aguas, que separe las aguas de las aguas.
E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que están debajo de la expansión de las aguas que están sobre la expansión, y fué así.
Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y hubo tarde y hubo mañana el día segundo.
Y dijo Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un mismo lugar, y aparezca lo seco; y fué así.
Y llamó Dios a lo seco Tierra, y al conjunto de las aguas llamó Mares; y vió Dios que era bueno.
Y dijo Dios: Produzca la tierra hierba, planta que dé simiente, árbol de fruto que produzca fruto según su género, cuya simiente esté en él, sobre la tierra; y fué así;
porque brotó la tierra hierba, planta que da simiente según su género, y árbol que produce fruto, cuya simiente está en él, según su género; y vió Dios que era bueno.
Y hubo tarde y hubo mañana el día tercero.
Y dijo Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos, para separar el día de la noche; y sean para señales, y para estaciones, y para días y años;
Y sean para lumbreras en la expansión de los cielos, para alumbrar sobre la tierra: y fué así;
porque hizo Dios dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día, y la lumbrera menor para regir la noche; hizo también las estrellas;
y las estableció Dios en la expansión de los cielos, para alumbrar sobre la tierra,
y para regir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas; y vió Dios que era bueno.
Y hubo tarde y hubo mañana el día cuarto.
Y dijo Dios: Produzcan las aguas en grande abundancia enjambres de almas vivientes; y vuelen las aves sobre la tierra en la abierta expansión de los cielos.
Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y toda alma viviente que se mueve; los cuales las aguas produjeron abundantemente, según su género; y toda ave alada según su género; y vió Dios que era bueno.
Y los bendijo Dios, diciendo: Sed fecundos y multiplicaos y henchid las aguas en los mares; y multiplíquense las aves sobre la tierra.
Y hubo tarde y hubo mañana el día quinto.
Y dijo Dios: Produzca la tierra almas vivientes según su género, bestias y reptiles y fieras de la tierra según su género; y fué así;
porque hizo Dios la fiera de la tierra según su género, y la bestia según su género, y todo reptil del suelo según su género; y vió Dios que era bueno.
Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tengan ellos dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo, y sobre las bestias, y sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra.
De manera que creó Dios al hombre a su imagen, a la imagen de Dios le creó; varón y hembra los creó.
Y los bendijo Dios; y les dijo Dios: Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sojuzgadla; y tened dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo, y sobre todos los animales que se mueven sobre la tierra.
Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da simiente, que está sobre la haz de toda la tierra, y todo árbol que tiene en sí fruto de árbol que da simiente: esto os servirá de alimento.
Y a todo animal de la tierra, y a toda ave de los cielos, y a todo reptil que se arrastra sobre la tierra, que tiene en sí alma viviente, les he dado toda planta verde para alimento; y fué así.
Y vió Dios todo lo que había hecho; y he aquí que era muy bueno. Y hubo tarde y hubo mañana el día sexto.
ASÍ fueron acabados los cielos y la tierra, con todo el ejército de ellos.
Y el día séptimo había acabado Dios su obra que hizo; y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho.
Y bendijo Dios el séptimo día y lo santificó, porque en él descansó Dios de toda la obra que había creado y hecho.
Estas son las generaciones de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, en el día que Jehová Dios hizo tierra y cielos.
Y ningún arbusto del campo se hallaba aún en la tierra, y ninguna planta del campo había nacido todavía, (porque Jehová Dios no había hecho llover sobre la tierra), y no había hombre que labrase el suelo;
mas una neblina subía de la tierra, que regaba toda la faz del suelo.
Y Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en sus narices aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente.
Y Jehová Dios había plantado un jardín en Edén, a la parte del oriente, y uso allí al hombre que formó.
Y Jehová Dios había hecho nacer del suelo toda suerte de árboles gratos a la vista y buenos para comer, y el árbol de vida que estaba en medio del jardín, y el árbol del conocimiento de bien y del mal.
Y un río salía de Edén que regaba el jardín; y de allí se dividía, y se repartía en cuatro brazos.
Era el nombre del primero Pisón el cual da vuelta a toda la tierra de Havila, donde hay oro;
y el oro de aquella tierra es bueno; allí hay también bedelio y piedra de ónice.
Y el nombre del río segundo es Gihón, que da vuelta a toda la tierra de Cus.
Y el nombre del río tercero es Tigris, el cual corre enfrente de Asiria. Y el río cuarto es el Eufrates.
Tomó pues Jehová Dios al hombre, y le puso en el jardín de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
Y Jehová Dios mandó al hombre, diciendo: De todo árbol del jardín podrás libremente comer;
mas del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás; porque en el día que comieres de él, de seguro morirás.
Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea para él.
Porque Jehová Dios había formado de la tierra todo animal de campo, y toda ave de los cielos, y los había traído al hombre para ver cómo los llamaría; y todo lo que el hombre llamaba sucesivamente a cada alma viviente, tal fué su nombre.
Y así el hombre había puesto nombres a todas las bestias, y a las aves del cielo, y a todos los anímales del campo; mas para el hombre no fué hallada ayuda que le fuera idónea.
Por tanto Jehová Dios hizo caer profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió: y tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.
Y de la costilla que Jehová Dios había tomado del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.
Entonces dijo el hombre: Esta vez, hueso es de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Hembra, porque del hombre fué ella tomada.
Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, y quedará unido a su mujer, y serán una misma carne.
Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.
EMPERO la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que Jehová Dios había hecho; y dijo a la mujer: ¿Conque ha dicho Dios: No comeréis de ningún árbol del jardín?
Y respondió la mujer a la serpiente: Del fruto de los árboles del jardín bien podemos comer:
mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comeréis de él, ni lo tocaréis, no sea que muráis.
Entonces dijo la serpiente a la mujer: De seguro que no moriréis;
antes bien, sabe Dios que en el día que comiereis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal.
Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era una delicia para los ojos, y árbol deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto, y comió; y dió también a su marido, cuando con ella estaba, y él comió.
Y fueron abiertos los ojos de entrambos, y conocieron que estaban desnudos: y cosieron hojas de higuera, e hicieron para sí ceñidores que los cubriesen.
Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el jardín al fresco del día; y escondiéronse el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios, entre los árboles del jardín.
Entonces Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás?
Y él respondió: Oí tu voz en el jardín, y tuve miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.
Y él dijo: ¿Quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual te mandé que no comieses?
Y dijo el hombre: La mujer que pusiste aquí conmigo me dió del árbol, y comí.
Y dijo Jehová Dios a la mujer: ¿Qué es esto que has hecho? Y respondió la mujer: La serpiente me engañó, y comí.
Entonces dijo Jehová Dios a la serpiente: Por cuanto has hecho esto, maldita seas más que toda bestia, y más que todo animal del campo; sobre tu vientre andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; ésta te quebrará la cabeza, y tú le quebrarás el calcañar.
A la mujer dijo: Haré que sean muchos los trabajos de tus preñeces; con dolor parirás los hijos; y a tu marido estará sujeta tu voluntad, y él será tu señor.
Y a Adam dijo: Por cuanto escuchaste la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé, diciendo, No comerás de él; maldita sea la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida,
y te producirá espinos y abrojos, y comerás de las plantas del campo.
Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra de donde fuiste tomado; porque polvo eres, y al polvo tornarás.
Y llamó el hombre a su mujer «Eva, porque ella había de ser madre de todos los vivientes.
E hizo Jehová Dios para Adam y para su mujer túnicas de pieles, y los vistió.
Y dijo Jehová Dios: He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal; ahora pues, no sea que extienda la mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre:
Por tanto le echó Jehová Dios del jardín de Edén, para que labrase la tierra de donde fué tomado.
De modo que arrojó al hombre, y colocó al frente del jardín de Edén los querubines y una espada de fuego que daba vueltas por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.
Y EL hombre conoció a Eva su mujer; la cual concibió y dió a luz a Caín, y dijo: He adquirido hombre con ayuda de Jehová.
Y la segunda vez, dió a luz a su hermano Abel. Y fué Abel pastor de ovejas; mas Caín fué labrador del suelo.
Y aconteció que andando el tiempo, trajo Caín de los frutos de la tierra una ofrenda a Jehová.
Y Abel también la trajo de los primogénitos de sus ovejas y de los sebos de ellas. Y Jehová miró a Abel y su ofrenda;
mas a Caín y su ofrenda no miró; y ensañóse Caín en gran manera, y decayó su semblante.
Y dijo Jehová a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?
Si bien hicieres, ¿no serás acepto? mas si no hicieres bien, el pecado yace a la puerta. Y a ti estará sujeta su voluntad, y tú serás su señor.
Y se lo dijo Caín a su hermano Abel; y aconteció, que al estar ellos en el campo, se levantó Caín contra Abel su hermano, y le mató.
Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé; ¿soy yo acaso guarda de mi hermano?
Y dijo Jehová: ¿Qué has hecho? la voz de la derramada sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.
Y ahora, maldito eres de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la derramada sangre de tu hermano.
Cuando labrares el suelo, no. volverá más a darte su fuerza; fugitivo y errante serás en la tierra.
Y dijo Caín a Jehová: Demasiado grande es mi iniquidad para ser perdonada.
¡He aquí que me arrojas hoy de sobre la faz de la tierra, y de tu presencia me esconderé; y seré fugitivo y errante en la tierra; y va a suceder que cualquiera que me hallare me matará.
Y le dijo Jehová: Por lo mismo, cualquiera que matare a Caín, con los siete tantos se tomará en él la venganza. Jehová pues puso una señal a Caín, para que no le matara cualquiera que le hallase.
Y salió Caín de la presencia de Jehová, y establecióse en la tierra de Nod, al oriente de Edén.
Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y parió a Enoc. Y estaba él edificando una ciudad, y llamó la ciudad según el nombre de su hijo, Enoc.
Y le nació a Enoc, Irad; e Irad a engendró a Mehujael; y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec.
Y Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de la una fué Ada, y el nombre de la segunda Zilla.
Y Ada parió a Jabal, el cual fué padre de los que habitan en tiendas y tienen posesiones de ganado.
Y el nombre de su hermano fué Jubal, el cual fué padre de todos los que manejan el arpa y la flauta.
Y en cuanto a Zilla, ella también parió a Tubal-caín, fabricante de todo instrumento cortante de cobre y de hierro. Y la hermana de Tubal-caín fué Naama.
Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zilla, oíd mi voz; mujeres de Lamec, prestad oído a mi dicho; que un hombre he matado por haberme herido, y un mancebo, por haberme pegado.
Pues si siete veces ha de ser vengado Caín, Lamec lo será setenta veces siete!
Y Adam conoció a su mujer otra vez; y ella parió un hijo, y le puso el nombre de Set; porque Dios (así decía ella) me ha substituído otra simiente en lugar de Abel, a quien mató Caín.
Y a Set también le nació un hijo, a quien llamó Enós. Entonces comenzó la usanza de llamarse del nombre de Jehová.
ESTE es el libro de las generaciones de Adam. El día en que creó Dios a Adam, a la semejanza de Dios le hizo;
varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó su nombre Adam, el día en que fueron creados.
Y vivió Adam ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y le puso por nombre Set.
Y fueron los días de Adam, después de haber engendrado a Set, ochocientos años; y engendró hijos e hijas.
Y fueron todos los días que vivió Adam novecientos treinta años, y murió.
Y vivió Set ciento y cinco años, y engendró a Enós.
Y vivió Set, después de haber engendrado a Enós, ochocientos y siete años; y engendró hijos e hijas.
Y fueron todos los días de Set novecientos doce años, y murió.
Y vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán.
Y vivió Enós, después de haber engendrado a Cainán, ochocientos quince años; y engendró hijos e hijas.
Y fueron todos los días de Enós novecientos y cinco años, y murió.
Y vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalalel.
Y vivió Camán, después de haber engendrado a Mahalalel, ochocientos cuarenta años; y engendró hijos e hijas.
Y fueron todos los días de Cainán novecientos diez años, y murió.
Y vivió Mahalalel sesenta y cinco años, y engendró a Jared.
Y vivió Mahalalel, después de haber engendrado a Jared, ochocientos treinta años; y engendró hijos e hijas.
Y fueron todos los días de Mahalalel ochocientos noventa y cinco años, y murió.
Y vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc.
Y vivió Jared, después de haber engendrado a Enoc, ochocientos años; y engendró hijos e hijas.
Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años, y murió.
Y vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalem.
Y anduvo Enoc con Dios, después de haber engendrado a Matusalem, trescientos años; y engendró hijos e hijas.
Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años.
Y anduvo Enoc con Dios, y no fué hallado, porque le tomó Dios consigo.
Y vivió Matusalem ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec.
Y vivió Matusalem, después de haber engendrado a Lamec, setecientos ochenta y dos años; y engendró hijos e hijas.
Y fueron todos los días de Matusalem novecientos sesenta y nueve años, y murió.
Y vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo,
y le nombró Noé, diciendo: Éste nos ha de consolar respecto de nuestra labor y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová ha maldecido.
Y vivió Lamec, después de haber engendrado a Noé, quinientos noventa y cinco años; y engendró hijos e hijas.
Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años, y murió.
Y era Noé de edad de quinientos años; y engendró Noé a Sem, a Cam y a Jafet.
Y ACONTECIÓ cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas,
que viendo los hijos de Dios que eran hermosas las hijas de los hombres, se tomaron mujeres de entre todas aquellas que escogieron.
Y dijo Jehová: Mi Espíritu no contenderá para siempre con el hombre en su error; él es carne; sin embargo sus días serán ciento veinte años.
Los Nefilim estaban en la tierra en aquellos días; y también después de que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos, éstos vinieron a ser los poderosos que hubo en los tiempos antiguos, varones de renombre.
Y vió Jehová que era mucha la maldad del hombre en la tierra, y que toda imaginación de los pensamientos de su corazón era solamente mala todos los días.
Y pesóle a Jehová el haber hecho al hombre en la tierra, y afligióse en su corazón.
Y dijo Jehová: Raeré al hombre que he creado de sobre la faz de la tierra; desde el hombre hasta la bestia, hasta el reptil, y hasta el ave de los cielos, porque me pesa el haberlos hecho.
Mas Noé halló gracia en ojos de Jehová.
Estas son las generaciones de Noé: Noé era varón justo y perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios.
Y engendró Noé tres hijos: Sem, Cam y Jafet.
Y habíase corrompido la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.
Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.
Y dijo Dios a Noé: El fin de toda carne ha llegado delante de mí; porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos, y he aquí que voy a destruirlos juntamente con la tierra.
Haz para ti un arca de madera de ciprés; harás aposentos en el arca, y la calafatearás por dentro y por fuera con brea.
Y de esta manera la harás: trescientos codos la longitud del arca, cincuenta codos su anchura, y treinta codos su altura.
Harás claraboya al arca, y la acabarás a un codo de la parte alta; y la puerta del arca pondrás en su costado; la harás con pisos bajo, segundo y tercero.
Pues yo, he aquí que yo voy a traer un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir de debajo del cielo toda carne que tiene en sí aliento de vida; todo lo que está en la tierra, morirá.
Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, y tus hijos, y tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo.
Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada case traerás dentro del arca para conservarles la vida contigo; macho y hembra serán:
del ave según su género, de la bestia según su género, de todo reptil de la tierra según su genero; dos de cada clase vendrán a ti, para conservarles la vida.
Y toma para ti de todo alimento que se come, y te lo allegarás, para que os sirva de alimento a ti y a ellos.
Y lo, hizo Noé; según todo lo que Dios le mandó, así lo hizo.
Y DIJO Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca, porque te he visto a ti justo delante de mí en esta generación.
De todos los animales limpios tomarás de siete en siete, el macho con su hembra; y de todo animal que no es limpio, dos, el macho con su hembra.
Asimismo de las aves del cielo, de siete en siete, macho y hembra; para conservar simiente sobre la faz de toda la tierra.
Porque de aquí a siete días yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches, y raeré todo ser viviente que he hecho de sobre la faz de la tierra.
E hizo Noé conforme a todo lo que le había mandado Jehová.
Y era Noé de edad de seiscientos años cuando el diluvio de aguas vino sobre la tierra.
Y entró Noé en el arca, y con él sus hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos, a causa de las aguas del diluvio:
de los animales limpios, y de los animales que no eran limpios, de las aves, y de todo lo que se mueve sobre la tierra,
de dos en dos vinieron a Noé en al arca, macho y hembra, según lo que había mandado Dios a Noé.
Y aconteció que a los siete días las aguas del diluvio fueron sobre la tierra.
A los seiscientos años de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diez y siete días del mes, en ese mismo día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las ventanas de los cielos fueron abiertas;
y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.
En aquel mismo día entró Noé, con Sem, Cam y Jafet, hijos de Noé, y con ellos la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos, en el arca.
Ellos, con toda fiera según su género, y toda bestia según su género, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra, según su género, y toda ave según su género, todo pájaro de toda especie.
Así vinieron a Noé en el arca, de dos en dos, de toda carne que tiene en sí aliento de vida.
Y los que entraron, macho y hembra entraron de toda carne, según lo que le mandó Dios; y Jehová le encerró.
Y fué el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y crecieron las aguas, y alzaron el arca, la cual fué levantada de sobre la tierra.
Y prevalecieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y andaba el arca sobre la haz de las aguas.
Y las aguas prevalecieron desmesuradamente sobre la tierra, y fueron cubiertas todas las altas montañas que había debajo de todo el cielo.
Quince codos sobre ellas prevalecieron las aguas, y fueron cubiertas las montañas.
Y murió toda carne que se movía sobre la tierra, así de ave como de bestia, y de fiera, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra; y todo hombre.
Todo lo que tenía en sus narices soplo de aliento de vida, de cuanto había en la tierra seca, murió.
Y fué raído todo ser viviente que había sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, hasta el reptil y hasta el ave de los cielos; y así fueron raídos de la tierra; y fueron dejados solamente Noé y los que con él estaban en el arca.
Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días.
Y ACORDÓSE Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y bajaron las aguas.
Y cerráronse las fuentes del abismo y las ventanas de los cielos, y fueron detenidas las lluvias del cielo.
Y volvieron las aguas de sobre la tierra, retirándose de continuo; y fueron disminuídas las aguas al fin de los ciento y cincuenta días.
Y posó el arca en el mes séptimo, a los diez y siete días del mes, sobre las montañas de Ararat.
Y las aguas siguieron disminuyendo hasta el mes décimo. En el décimo, el primer día del mes, fueron vistas las cumbres de las montañas.
Y sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana que había hecho en el arca,
y envió un cuervo, el cual siguió yendo y volviendo hasta que se secaron las aguas de sobre la tierra.
Envió también de sí una paloma, para ver si se habían retirado las aguas de sobre la faz de la tierra.
Mas no halló la paloma descanso para la planta de su pie; y volvió a él al arca, porque las aguas cubrían la faz de toda la. tierra; Noé pues alargó la mano, y tomándola, la metió consigo en el arca.
Y aguardó todavía otros siete días, y volvió a enviar la paloma del arca.
Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde, y he aquí que traía una hoja fresca de olivo en el pico. Así entendió Noé que se habían retirado las aguas de sobre la tierra.
Y aguardó todavía otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió más a él.
Y sucedió que en el año seiscientos y uno de Noé, en el mes primero, al primero del mes, se habían secado las aguas de sobre la tierra. Y quitando Noé la cubierta del arca, miró, y he aquí que estaba seca la haz de la tierra.
Y en el mes segundo, a los veinte y siete días del mes, estaba ya seca la tierra.
Y habló Dios a Noé, diciendo:
Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo.
Y todos los animales de toda carne que están contigo, de aves, de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, harás salir contigo, para que se reproduzcan abundantemente en la tierra, y sean fecundos y se multipliquen sobre la tierra.
De manera que salió Noé, y con él sus hijos y su mujer y las mujeres de sus hijos;
salió también del arca todo animal, todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra, según sus familias.
Entonces edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio, y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos sobre el altar.
Y olió Jehová el olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque la imaginación del corazón del hombre es mala desde su niñez; ni volveré más a herir todo viviente, como acabo de hacerlo.
Mientras dure la tierra, siembra y siega, frío y calor, verano e invierno, y día y noche nunca. cesarán de ser.
Y BENDIJO Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra;
y sea el temor y el pavor de vosotros sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, y sobre todo lo que se arrastra sobre el suelo, y sobre todo pez del mar: en vuestra mano son entregados.
Todo lo que se mueve y vive, os servirá de alimento; así como las verdes plantas, os lo doy todo.
Pero de la carne con su vida, que es su sangre, no comeréis.
Y ciertamente pediré cuenta de vuestra sangre, la sangre de vuestras vidas: de mano de todo animal pediré cuenta de ella, y de mano de hombre; de mano de cada hermano del hombre pediré cuenta de la vida del hombre.
El que derramare la sangre del hombre, por el hombre será derramada su sangre; porque a la imagen de Dios hizo Jehová al hombre.
Mas vosotros, sed fecundos y multiplicaos; reproducíos abundantemente en la tierra y multiplicaos en ella.
Y habló Dios a Noé, y a sus hijos juntamente con él, diciendo:
En cuanto a mí, he aquí que establezco mi pacto con vosotros, y con vuestra descendencia después de vosotros;
y con toda alma viviente que está con vosotros, ave, bestia, y todo animal de la tierra junto con vosotros; desde todo lo que sale del arca, hasta todo animal de la tierra.
Voy pues a establecer mi pacto con vosotros, de que no exterminaré más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.
Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que hago entre mí y vosotros, y toda alma viviente que hay con vosotros, para generaciones perpetuas:
Mi arco he puesto en la nube, y será por señal de pacto entre mí y la tierra.
Y será que cuando yo traiga una nube sobre la tierra, será visto el arco en la nube;
y me acordaré de mi pacto que establezco entre mí y vosotros, y toda alma viviente de toda carne; y las aguas no volverán más a ser diluvio para destruir toda carne.
Estará pues el arco en la nube, y yo lo miraré, para recordar el pacto perpetuo entre Dios y toda alma viviente de toda carne que hay sobre la tierra.
Dijo pues Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne que está sobre la tierra.
Y los hijos de Noé, que salieron del arca, fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam es padre de Canaán.
Estos tres fueron hijos de Noé, y de estos fué poblada toda la tierra.
Y comenzó Noé a ser labrador del suelo, y plantó una viña.
Y bebió del vino y embriagóse, quedando descubierto en medio de su tienda.
Y Cam, padre de Canaán, vió la desnudez de su padre, y lo contó a sus dos hermanos que afuera estaban.
Entonces Sem y Jafet tomaron un manto, y poniéndolo sobre el hombro de entrambos, anduvieron hacia atrás y cubrieron la desnudez de su padre; teniendo vuelto el rostro, de manera que no vieron la desnudez de su padre.
Y despertó Noé de su vino, y supo lo que había hecho con él su hijo menor
y dijo: ¡Maldito sea Canaán! siervo de siervos será a sus hermanos.
Dijo también: ¡Bendito sea Jehová, el Dios de Sem! y será Canaán siervo de ellos.
Dará Dios ensanche a Jafet, y habitará en las tiendas de Sem; y será Canaán siervo de ellos.
Y vivió Noé, después del diluvio, trescientos y cincuenta años.
Y fueron todos los días de Noé novecientos cincuenta años, y murió.
ESTAS pues son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet; y les nacieron hijos después del diluvio.
Los hijos de Jafet fueron Gomer, y Magog, y Madai, y Javán, y Tubal, y Mesec, y Tiras.
Y los hijos de Gomer: Askenaz, y Rifat, y Togarma.
Y los hijos de Javán: Elisa, y Tarsis, Kitim, y Dodanim.
De éstos fueron pobladas las costas de las naciones, en sus tierras, cada una según su lengua, conforme a sus familias, en sus naciones.
Y los hijos de Cam: Cus, y Mizraim, y Put, y Canaán.
Y los hijos de Cus: Seba, Havila y Sabta, Raama y Sabteca. Y los hijos de Raama: Sabá, y Dedán.
Cus engendró también a Nimrod; éste fué el primero que se hizo poderoso en la tierra.
Él era poderoso cazador delante de Jehová; por lo cual se suele decir: Como Nimrod, poderoso cazador delante de Jehová.
Y fué el principio de su reino Babilonia, y Erec, y Acad, y Calne, en la tierra de Sinar.
De esta tierra salió Asur, y edificó a Nínive, y a Rehobot-ir, y a Calé,
y a Resén, entre Nínive y Calé (lo cual es la gran ciudad).
Y Mizraim engendró a Ludim, y a Anamim, y a Lehabim, y a Naftuhim,
y a Patrusim, y a Casluhim (de donde salieron los Filisteos), y a Caftorim.
Y Canaán engendró a Sidón, su primogénito, y a Het,
y al Jebuseo, y al Amorreo, y al Gergeseo,
y al Heveo, y al Araceo, y al Sineo,
y al Arvadeo, y al Zemareo, y al Hamoteo; y después fueron diseminadas las familias de los Cananeos.
Y eran los límites de los Cananeos desde Sidón, como quien va a Gerar, hasta Gaza; como quien va a Sodoma, y Gomorra, y Adma, y Zeboim, hasta Lasa.
Estos fueron los hijos de Cam, según sus familias, según sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones.
Y le nacieron hijos también a Sem, padre de todos los hijos de Heber, y hermano mayor de Jafet.
Los hijos de Sem fueron Elam, y Asur, y Arfaxad, y Lud, y Aram.
Y los hijos de Aram, Uz, y Hul, y Geter, y Mas.
Y Arfaxad engendró a Selah, y Selah engendró a Heber.
Y a Heber le nacieron dos hijos; el nombre del uno fué Peleg, porque en sus días fué dividida la tierra; y el nombre de su hermano, Joctán.
Y Joctán engendró a Almodad, y a Selef, y a Hazarmávet, y a Jerah,
y a Hadoram, y a Uzal, y a Dikla,
y a Obal, y a Abimael, y a Sabá,
y a Ofir, y a Havila, y a Jobab; todos estos fueron hijos de Joctán.
Y fué la morada de ellos desde Mesa, como quien va a Sefar, monte de la parte del oriente.
Estos fueron los hijos de Sem, según sus familias, según sus lenguas, en sus tierras, conforme a sus naciones.
Estas pues son las familias de los hijos de Noé, según sus linajes, en sus naciones; y de éstos fueron diseminadas las naciones después del diluvio.
Y ERA toda la tierra de una lengua de unas mismas palabras.
Y aconteció que, como los hombres seguían moviendo sus campamentos hacia el oriente, hallaron una llanura en tierra de Sinar, y se establecieron allí.
Y dijeron uno al otro: ¡Vamos! hagamos ladrillos, y cozámoslos bien. Y sirvióles el ladrillo de piedra, y el betún les sirvió de argamasa,
y dijeron: ¡Vamos! edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue a los cielos, y hagámonos un nombre para que no seamos dispersados sobre la faz de toda la tierra.
Y Jehová descendió para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.
Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y una misma lengua tienen todos ellos; y esto es lo que han comenzado a hacer; ahora pues nada les será estorbado de cuanto intentan hacer.
¡Vamos, descendamos, y confundamos allí mismo su lengua, de manera que no entienda uno el habla del otro!
Y así Jehová los dispersó desde allí sobre la faz de toda la tierra; y cesaron de edificar la ciudad.
Por tanto se le dió el nombre de Babel; porque allí confundió Jehová la lengua de toda la tierra; y de allí los dispersó Jehová sobre la faz de toda la tierra.
Estas son las generaciones de Sem: Sem era de edad de cien años cuando engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio.
Y vivió Sem, después de haber engendrado a Arfaxad, quinientos años; y engendró hijos e hijas.
Y Arfaxad vivió treinta y cinco años, y engendró a Selah:
Y vivió Arfaxad, después de haber engendrado a Selah, cuatrocientos y tres años; y engendró hijos e hijas.
Y Selah vivió treinta años, y engendró a Heber.
Y vivió Selah, después de haber engendrado a Heber, cuatrocientos y tres años; y engendró hijos e hijas.
Y vivió Heber treinta y cuatro años, y engendró a Peleg.
Y vivió Heber, después de haber engendrado a Peleg, cuatrocientos treinta años; y engendró hijos e hijas.
Y vivió Peleg treinta años, y engendró a Reú.
Y vivió Peleg, después de haber engendrado a Reú, doscientos y nueve años; y engendró hijos e hijas.
Y vivió Reú treinta y dos años, y engendró a Serug.
Y vivió Reú, después de haber engendrado a Serug, doscientos y siete años; y engendró hijos e hijas.
Y vivió Serug treinta años, y engendró a Nacor.
Y vivió Serug, después de haber engendrado a Nacor, doscientos años; y engendró hijos e hijas.
Y vivió Nacor veinte y nueve años, y engendró a Taré.
Y vivió Nacor, después de haber engendrado a Taré, ciento diez y nueve años; y engendró hijos e hijas.
Y vivió Taré setenta años; y engendró a Abram, a Nacor y a Harán.
Estas pues son las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, a Nacor y a Harán; y Harán engendró a Lot.
Y murió Harán, antes de su padre Taré, en la tierra de su nacimiento, en Ur de los Caldeos.
Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres: el nombre de la mujer de Abram era Sarai; y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, el padre de Milca y padre de Isca.
Mas Sarai era estéril, no tenía hijo.
Y Taré tomó a Abram su hijo, y a Lot, hijo de Harán, el hijo de su hijo, y a Sarai, su nuera, mujer de Abram su hijo; y salieron juntos de Ur de los Caldeos, para ir a la tierra de Canaán. Y llegaron a Carán, y habitaron allí.
Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y Taré murió en Carán.
Y HABÍA dicho Jehová a Abram: Véte de tu tierra, y del lugar de tu nacimiento, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré.
Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre; y tú serás una bendición.
Y bendeciré a los que te bendijeren, y al que te maldijere yo le maldeciré; y serán bendecidas en ti todas las familias de la tierra.
Y partió Abram como le había dicho Jehová; y Lot fué con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Carán.
Abram pues tomó a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, con todos los bienes que ellos habían allegado y las almas que habían adquirido en Carán; y salieron para ir a la tierra de Canaán; y llegaron a la tierra de Canaán.
Y Abram pasó por la tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encinar de Moré. Y el Cananeo estaba entonces en la tierra.
Y Jehová apareció a Abram, y le dijo: A tu simiente daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová que le había aparecido.
Y se fué de allí a la montaña que está al oriente de Betel, donde plantó sus tiendas; teniendo a Betel al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová.
Abram levantó el campamento, y siguió levantándolo por jornadas, caminando hacia el Mediodía.
Mas hubo hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto, para habitar temporalmente allí; porque era rigurosa el hambre en la tierra.
Y fué así que como estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, yo sé que eres mujer de hermoso parecer;
y acontecerá que te verán los Egipcios, y dirán: Esta es su mujer; y a mí me matarán, mas a ti te conservarán la vida.
Ruégote digas que eres mi hermana, a fin de que me vaya bien por tu causa; así vivirá mi alma por razón de ti.
Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los Egipcios vieron la mujer, que era muy hermosa.
Viéronla también los príncipes de Faraón, y se la alabaron a Faraón; y fué llevada la mujer a casa de Faraón;
el cual trató bien a Abram por causa de ella; y éste tuvo rebaños y vacadas, y asnos, y siervos, y siervas, y asnas, y camellos.
Mas Jehová hirió a Faraón con grandes plagas, a él y a su casa, por causa de Sarai mujer de Abram.
Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?
¿Por qué dijiste: Mi hermana es? de manera que la tomé por mujer. Ahora pues, he ahí a tu mujer; tómala y anda.
Y Faraón dió orden a su gente acerca de él; y le despidieron, acompañándole a él y a su mujer, con todo lo que tenía.
ABRAM pues subió de Egipto, él y su mujer, con todo lo que tenía, y Lot con él, a la tierra del Mediodía.
Y Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro.
Y anduvo por sus jornadas desde el Mediodía hasta Betel, hasta el lugar donde estaba su tienda al principio, entre Betel y Hai;
al lugar del altar que hizo allí anteriormente; e invocó allí Abram el nombre de Jehová.
Y Lot también, que iba con Abram, tenía rebaños, y vacadas, y tiendas.
Y la tierra no podía sostenerlos, de manera que habitasen juntos, porque era mucha su hacienda, de modo que no podían habitar juntos.
Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot: y el Cananeo y el Perezeo habitaban entonces en aquella tierra.
Y dijo Abram a Lot: No haya, te ruego, contienda entre mí y ti, ni entre mis pastores y tus pastores; porque hermanos somos.
¿No está toda la tierra delante de ti? Sepárate pues de mí; si tú tomares a la izquierda, yo tomaré a la derecha; y si tú tomares a la derecha, yo tomaré a la izquierda.
Lot entonces alzó los ojos, y vió la Vega del Jordán, que toda ella era de regadío, hasta llegar a Zoar, (antes que destruyese Jehová a Sodoma y Gomorra), como el jardín de Jehová, como la tierra de Egipto.
Entonces Lot eligió para sí toda la Vega del Jordán, y movió Lot su campamento hacia el oriente; de manera que se separaron el uno del otro.
Abram habitó en la tierra de Canaán; mas Lot habitó entre las ciudades de la Vega, y siguió moviendo sus tiendas hasta llegar a Sodoma.
Empero los hombres de Sodoma eran malos y pecadores en gran manera contra Jehová.
Y Jehová dijo a Abram, después de separarse Lot de él: Alza los ojos, y mira desde el lugar donde estás, hacia el norte, y hacia el sur, y hacia el oriente, y hacia el occidente;
porque toda la tierra que ves, te la daré a ti y a tu simiente, para siempre.
Y haré que tu simiente sea como el polvo de la tierra; de modo que si alguien pudiera contar el polvo de la tierra, también tu simiente será contada.
Levántate, anda por la tierra, a lo largo y a lo ancho de ella; porque a ti te la daré.
Y Abram movió sus tiendas, y fué y establecióse en el encinar de Mamré, que está junto a Hebrón; y edificó allí altar a Jehová.
Y ACONTECIÓ en los días de Amrafel, rey de Sinar, Arioc, rey de Elasar, Kedorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de Naciones,
que éstos hicieron guerra contra Bera, rey de Sodoma, y contra Birsa, rey de Gomorra, Sinab, rey de Adma y Semeber, rey de Zeboim, y el rey de Bela (la cual es Zoar).
Todos estos coligáronse en el Valle de Sidim (que es el Mar Salado).
Doce años habían servido a Kedorlaomer, mas al año décimotercero se rebelaron;
y en el año décimocuarto vino Kedorlaomer, y los reyes que con él estaban, e hirieron a los Refaítas en Astarot-carnaim, y a los Zuzitas en Ham, y a los Emitas en Savé-kiryataim,
y a los Horeos en su serranía de Seir, hasta El-parán, que está junto al desierto.
Luego volvieron, y vinieron a Enmispat (que es Cades), e hirieron todo el país de los Amalecitas, y también a los Amorreos que habitaban en Hazazón-tamar.
Entonces salieron el rey de Sodoma, y el rey de Gomorra, y el rey de Adma, y el rey de Zeboim, y el rey de Bela (la cual es Zoar), y ordenaron batalla contra ellos en el Valle de Sidim;
contra Kedorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de Naciones, y Amrafel, rey de Sinar, y Arioc, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco.
Mas el Valle de Sidim estaba lleno de pozos de betún; y huyeron los reyes de Sodoma y Gomorra, y cayeron allí; y el resto huyó a la montaña.
Entonces tomaron todos los bienes de Sodoma y Gomorra, y toda su vitualla, y se fueron.
Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, y sus bienes (porque él habitaba en Sodoma), y se fueron.
Y vino uno que escapó, y avisó a Abram el Hebreo, el cual habitaba en el encinar de Mamré amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, que eran aliados de Abram.
Y como oyese Abram que su hermano había sido hecho cautivo, sacó sus siervos amaestrados, nacidos en su casa, trescientos diez y ocho, y persiguiólos hasta Dan.
Y se repartieron contra ellos de noche, él y sus siervos, e hiriéronlos y los persiguió hasta Hoba, que está a la izquierda de Damasco.
Y volvió a traer todos los bienes; asimismo volvió a traer a su hermano Lot y sus bienes; y también a las mujeres y al pueblo.
Y salió el rey de Sodoma a recibirle, después que volvió del destrozo de Kedorlaomer y los reyes que con él estaban, al Valle de Savé (que es el Valle del Rey).
Y Melquisedec, rey de Salem, el cual era sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino;
y le bendijo, diciendo: ¡Bendita sea Abram del Dios altísimo, poseedor de los cielos y de la tierra!
¡y bendito sea el Dios altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano! Y dióle Abram el diezmo de todo.
Dijo entonces el rey de Sodoma a Abram: Dame las personas, y toma los bienes para ti.
Mas Abram dijo al rey de Sodoma: He levantado mi mano a Jehová, Dios altísimo, poseedor de los cielos y de la tierra,
jurando que desde un hilo hasta la correa de un zapato, nada tomaré de lo que es tuyo; para que nunca digas: Yo enriquecí a Abram;
salvo solamente lo que han comido los mozos, y la porción de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamré; éstos tomarán su porción.
DESPUÉS de estas cosas Abram tuvo en visión una revelación de Jehová, que decía: No temas Abram; yo soy tu escudo, tu galardón sobremanera grande.
Y dijo Abram: Jehová, Señor, qué me darás a mí, cuando ando sin hijo, y el heredero de mi casa es este damasceno Eliezer?
Dijo además Abram: He aquí, no me has dado descendencia, y he aquí que un siervo mío me va a heredar.
Mas he aquí que tuvo otra revelación de Jehová, que decía: No te heredará éste, mas uno que ha de salir de tus entrañas te heredará.
Y le sacó fuera, y dijo: Mira hacia los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar; y le dijo: ¡Así será tu simiente!
Y "Abram creyó a Jehová, el cual se lo imputó a justicia.
Díjole además: Yo soy Jehová que te hice salir de Ur de los Caldeos, a fin de darte esta tierra para heredarla.
Él entonces dijo: Jehová, Señor, ¿en qué conoceré que la he de heredar?
Y le respondió: Tráeme una novilla de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, y una tórtola y un palomino.
Y él le trajo todos estos, y los partió por la mitad, y puso cada mitad en frente de la otra: mas no partió las aves.
Y cuando bajaban las aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, las ahuyentaba Abram.
Y estando el sol para ponerse, cayó sobre Abram un sueño profundo, y he aquí que un terror de grande oscuridad cayó sobre él.
Y dijo Dios a Abram: Sabe con toda seguridad que tu simiente será extranjera en tierra ajena, donde los reducirán a servidumbre y los oprimirán hasta cuatrocientos años.
Mas sabe también que a la nación que hubieren servido yo la juzgaré; y después de esto saldrán ellos con grande riqueza.
Y tú irás a tus padres en paz, y serás enterrado en buena vejez;
mas al cuarto siglo ellos volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la iniquidad de los Amorreos.
Y sucedió que, puesto ya el sol, hubo densas tinieblas, y he aquí un horno que humeaba, y una antorcha de fuego que pasaba entre los animales divididos.
En aquel día hizo Jehová pacto con Abram, diciendo: A tu simiente he dado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates:
los Cineos, y los Cenizeos, y los Cadmoneos,
y los Heteos, y los Perezeos, y los Refaítas,
y los Amorreos, y los Cananeos, y los Gergeseos y los Jebuseos.
PERO Sarai, mujer de Abram, no le daba hijos; mas teniendo una sierva egipcia, que se llamaba Agar,
dijo, Sarai a Abram: He aquí, Jehová me ha estorbado el tener hijos: ruégote pues te llegues a mi sierva; quizás podré tener hijos por medio de ella. Y escuchó Abram la voz de Sarai.
Entonces Saraí, mujer de Abram, tomó a Agar la Egipcia, su sierva, al cabo de diez años que habitaba Abram en la tierra de Canaán, y dióla a Abram su marido por mujer.
Y llegóse él a Agar, la cual concibió; mas luego que vió que había concebido, fué despreciada su señora en sus ojos.
Y Sarai dijo a Abram: Mi agravio recaiga sobre ti; yo puse mi sierva en tu seno, mas viendo ella que ha concebido, soy despreciada en sus ojos. Juzgue Jehová entre mí y ti.
Dijo pues Abram a Sarai: He aquí, tu sierva está en tu mano; haz con ella como bien te pareciere. Y maltratóla Sarai; y Agar huyó de su presencia.
Y hallóla el Ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, la fuente que está en el camino de Shur;
y dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes? ¿y a dónde vas? Y ella respondió: De la presencia de Sarai, mi señora, voy huyendo.
Y el Ángel de Jehová le dijo: Vuelve a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano.
Díjole más el Ángel de Jehová: Multiplicaré de tal manera tu simiente, que no podrá ser contada a causa de su muchedumbre.
Díjole además el Ángel de Jehová: He aquí que tú has concebido, y parirás un hijo, y le darás el nombre de Ismael; porque Jehová ha oído tu aflicción.
Y será hombre indómito; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él; y en presencia de todos sus hermanos habitará.
Y llamó a Jehová que con ella hablaba, Tú-Dios-me-ves; pues dijo: ¿He visto aquí yo también las espaldas de Aquel que me ve?
Por tanto se llamó aquel pozo Pozo-del-Viviente-que-me-ve: he aquí que está entre Cades y Bered.
Y parió Agar un hijo a Abram; y llamó Abram a su hijo que Agar había parido, Ismael.
Y era Abram de edad de ochenta y seis años cuando Agar parió a Ismael a Abram.
PERO siendo Abram de edad de noventa y nueve años, Jehová apareció a Abram, y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto.
Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré sobremanera.
Y Abram cayó sobre su rostro mientras Dios hablaba con él; y le decía:
En cuanto a mí, he aquí, mi pacto es contigo, y serás padre de una multitud de naciones.
Y no serás llamado más Abram, sino que Abraham será tu nombre; porque te he constituído padre de una multitud de naciones.
Y te haré acrecentar sobremanera, y haré que naciones desciendan de ti; y reyes saldrán de ti.
Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu simiente después de ti en sus generaciones sucesivas, por pacto eterno, de ser yo tu Dios, y el de tu simiente después de ti.
Y te daré a ti, y a tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, a saber, toda la tierra de Canaán, por posesión para siempre; y seré el Dios de ellos.
Dijo Dios además a Abraham: Y en cuanto a ti, guardarás mi pacto tú, y tu simiente después de ti durante sus generaciones.
Este es mi pacto que habéis de guardar entre mí y vosotros y tu simiente después de ti: que sea circuncidado cada varón de entre vosotros.
Circuncidaréis pues la carne de vuestro prepucio; y será esto pos señal del pacto entre mí y vosotros.
Y a los ocho días será circuncidado de entre vosotros cada varón en vuestras generaciones, el nacido en tu casa, y el comprado con dinero de cualquier hijo de tierra extraña, que no fuere de tu simiente.
Indispensablemente será circuncidado el nacido en tu casa y el comprado con tu dinero; así estará mi pacto en vuestra misma carne como pacto sempiterno.
Mas en cuanto al varón incircunciso, que no tuviere circuncidada la carne de su prepucio, el alma aquella será cortada de entre su pueblo; ha quebrantado mi pacto.
Y dijo Dios a Abraham: Tocante a Sarai tu mujer, no la llamarás más Sarai, sino que Sara será su nombre.
Y yo la bendeciré, y de ella también te daré hijo; sí, yo la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos procederán de ella.
Entonces Abraham cayó sobre su rostro y rióse, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿y Sara, mujer de noventa años, ha de parir?
Y Abraham dijo a Dios: ¡Ojalá que Ismael viva delante de ti!
Y Dios respondió: Sin embargo, de cierto Sara tu mujer te parirá hijo, y le darás el nombre de Isaac; y estableceré mi pacto con él por pacto eterno, y con su simiente después de él.
Tocante a Ismael también te he oído. He aquí que le he bendecido, y le haré fecundo, y le multiplicaré sobremanera; doce príncipes engendrará, y haré de él una nación grande.
Pero en cuanto a mi pacto, lo estableceré con Isaac, que Sara te parirá al tiempo señalado, el año que viene.
Y al acabar de hablar con él, subió Dios de cerca de Abraham.
¡Entonces Abraham tomó a Ismael, su hijo, y a todos los siervos nacidos en su casa, y a todos los comprados con su dinero, a todo varón de entre las personas de la casa de Abraham, y circuncidó la carne de su prepucio en aquel mismo día, luego que hubo acabado Dios de hablar con él.
Y Abraham era de noventa y nueve años cuando fué circuncidado en la carne de su prepucio.
E Ismael, su hijo, era de trece años cuando fué circuncidado en la carne de su prepucio.
En aquel mismo día fué circuncidado Abraham con Ismael su hijo:
y todos los varones de su casa, ora nacidos en su casa, ora comprados con dinero de cualquier hijo de tierra extraña, fueron circuncidados juntamente con él.
Y JEHOVÁ apareció a Abraham en el encinar de Mamré, estando él sentado a la puerta de su tienda, durante el calor del día.
Porque alzando los ojos miró, y he aquí que tres varones estaban en pie cerca de él; y cuando los vió, corrió a recibirlos, desde la puerta de su tienda, e inclinóse a tierra,
y dijo: Señor mío, si es así que he hallado gracia en tus ojos, te ruego no pases de largo a tu siervo.
Tráigase, con tu permiso, un poco de agua, y lavaos los pies, y reclinaos debajo del árbol.
Y traeré un bocado de pan, y sustentaréis vuestro corazón; y después pasaréis adelante; por cuanto habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y dijeron: Hazlo así, conforme has dicho.
Abraham pues fué presuroso a la tienda a Sara, y dijo: Toma presto tres medidas de flor de harina, amasa y haz tortas.
Luego corrió Abraham a la vacada, y tomó un becerro tierno y bueno, y diólo a un mozo, y él apresuróse para aderezarle.
Entonces Abraham tomó requesones y leche y el becerro que había aderezado, y los puso delante de ellos; y él se quedó en pie junto a ellos debajo del árbol; y comieron.
Entonces le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: He aquí está en la tienda.
Y él dijo: Sin falta yo volveré a ti, el año entrante, y he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara estaba escuchando a la puerta de la tienda, que estaba tras de él.
Mas Abraham y Sara eran ancianos, entrados en días; y había cesado en Sara la costumbre de las mujeres.
Rióse pues Sara consigo misma, diciendo: ¿Después de envejecida he de tener placer, siendo viejo mi señor también?
Y dijo Jehová a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: ¿Será cierto que yo he de parir, ahora que he envejecido?
¿Hay cosa alguna demasiado difícil para Jehová? Al plazo fijo volveré a ti, el año entrante, y Sara tendrá un hijo.
Y negó Sara, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Pero él dijo: No es así, sino que te reíste.
Y levantáronse de allí los varones y tendieron la vista hacia Sodoma; y Abraham iba con ellos, para despedirlos.
Entonces Jehová dijo consigo mismo: ¿He de ocultar a Abraham lo que voy a hacer,
ya que Abraham ciertamente vendrá a ser una nación grande y fuerte, y que han de ser bendecidas en él todas las naciones de la tierra?
Porque yo le he conocido a fin de que mande a sus hijos y a su casa después de sí, de modo que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio; para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha prometido acerca de él.
Dijo es Jehová: Por cuanto el 'clamor de Sodoma y Gomorra es mucho, y su pecado muy grave,
descenderé y veré si han hecho enteramente según el clamor suyo que llega hasta mí; y si no, lo he de saber.
Los varones entonces volvieron de allí sus rostros, y caminaron hacia Sodoma; mas Abraham se quedó todavía en pie delante de Jehová.
Y acercándose Abraham, le dijo: ¿Es así que tú vas a destruir al justo con el inicuo?
Quizás habrá cincuenta justos en medio de la ciudad; ¿es así que tú destruirás y no perdonarás el lugar amor de los cincuenta justos que hubiere dentro de él?
¡Lejos sea de ti el obrar de esta manera, que hagas morir al justo con el inicuo, y que el justo sea tratado como el inicuo! ¡Lejos sea esto de ti! ¿El Juez de toda la tierra no ha de hacer justicia?
Dijo pues Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos en medio de la ciudad, perdonaré a todo el lugar por amor de ellos.
Y respondió Abraham: He aquí, con tu permiso, he tenido el atrevimiento de hablar al Señor, yo que soy polvo y ceniza:
quizá faltarán de los cincuenta justos cinco; ¿destruirás por diferencia de cinco a toda la ciudad? Y respondió: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.
Y tornó aun a hablar con él, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor de los cuarenta.
Entonces dijo: Yo te ruego no se encienda la ira del Señor, y hablaré: Quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta.
Y dijo: He aquí, he tenido el atrevimiento de hablar al Señor: quizá se hallarán allí veinte. Y respondió: No la destruiré por amor de los veinte.
Y dijo: Yo te ruego no se encienda la ira del Señor, y hablaré solamente esta vez: Quizá se hallarán allí diez. Y respondió: No la destruiré por amor de los diez.
Y Jehová siguió su camino, luego que acabó de hablar con Abraham: y Abraham se volvió a su lugar.
LLEGARON pues los dos ángeles a Sodoma, por la tarde; y Lot estaba sentado en la puerta de Sodoma. Y Lot, luego que los vió, se levantó a recibirlos, e inclinóse rostro a tierra;
y dijo: He aquí, señores míos, os ruego que os desviéis y entréis en casa de vuestro siervo, y posad, y lavaos los pies; y de madrugada os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Mas ellos dijeron: No, sino que en la plaza posaremos.
E instóles mucho, de manera que tomaron con él, y entraron en su casa. Y él les hizo banquete, y coció panes ázimos; y comieron.
Mas antes que se acostasen, los hombres de la ciudad, los hombres de Sodoma, cercaron la casa al rededor, así los mozos como los viejos, todo el pueblo de cabo a cabo.
Y dieron voces a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácanoslos, y los conoceremos.
Entonces salió a ellos Lot, a la entrada, y cerró la puerta tras sí, y dijo:
Os ruego, hermanos míos, no hagáis esta maldad.
He aquí tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, si os place, y haréis con ellas como bien os pareciere; con tal que no hagáis nada a estos varones; por cuanto han entrado bajo la sombra de mi techo.
Mas ellos dijeron: ¡Quita allá! Dijeron también: ¡Este tal vino a morar como extranjero, y quiere hacerse juez! Ahora pues te haremos más mal a ti que a ellos. Y arrojáronse sobre el hombre, sobre Lot, con gran violencia, y acercáronse para romper la puerta.
Entonces los varones alargaron la mano, y metieron a Lot consigo dentro de la casa, y cerraron la puerta.
Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa los hirieron con ceguera, desde el menor hasta el mayor: y ellos se cansaban buscando inútilmente la puerta.
Y dijeron los varones a Lot: ¿A quién más tienes aquí? Yernos, y tus hijos, y tus hijas, y cuanto tienes en la ciudad, sácalo del lugar;
porque vamos a destruir este lugar, por cuanto se ha hecho grande su clamor delante de Jehová; y Jehová nos ha enviado a destruirlo.
Lot pues salió y habló con sus yernos, que habían tomado sus hijas, y dijo: ¡Levantaos, salid de este lugar; que Jehová va a destruir esta ciudad! Mas era como quien se burla, en el parecer de sus yernos.
Y al rayar el alba, los ángeles apremiaban a Lot, diciendo: ¡Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que se hallan aquí, no sea que tú también perezcas en el castigo de la ciudad!
Mas él se tardaba; por lo cual trabaron los varones de su mano, y de la mano de su mujer, y de la mano de sus dos hijas, en la clemencia de Jehová para con él, y le sacaron, y le dejaron fuera de la ciudad.
Y sucedió que como los hubiesen sacado fuera, le dijo: ¡Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni te pares en toda la Vega; escapa a la montaña, no sea que perezcas!
Pero Lot les dijo: No, yo te ruego, señor mío.
He aquí tu siervo ha hallado gracia en tus ojos, y has engrandecido tu misericordia de que has usado conmigo en salvar mi vida; mas yo no puedo escapar a la montaña, no sea que me alcance el mal, y muera.
Mira, te ruego, que aquella ciudad está cerca para huir allá, y es pequeña; con permiso tuyo escaparé allá, (¿no es ella pequeña?) y vivirá mi alma.
Y le respondió: Mira que admito tu ruego sobre esto también, no destruyendo la ciudad por la cual has hablado.
Date prisa, escapa allá; que nada podré hacer, hasta que llegues allá. Por tanto fué llamada aquella ciudad Zoar.
Y el sol había ya salido sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar.
Entonces Jehová llovió sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos;
y destruyó aquellas ciudades, y toda la Vega, y todos los habitantes de las ciudades, y todos los productos de la tierra.
Mas la mujer de Lot miró de tras él hacia atrás; y se convirtió en pilar de sal.
Y por la mañana, madrugando Abraham, se fué al lugar donde había estado en pie delante de Jehová;
y tendió la vista sobre la haz de Sodoma y Gomorra, y sobre la haz de toda la tierra de la Vega, y al mirar, he aquí que el humo de aquella tierra subía como el humo de un horno.
Así aconteció que al destruir Dios las ciudades de la Vega, se acordó Dios de Abraham, y envió a Lot de en medio de la ruina, cuando destruyó las ciudades donde Lot habitaba.
Y subió Lot de Zoar y habitó en la montaña, él y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedarse en Zoar; habitaron pues en una cueva, él y sus dos hijas.
Y dijo la mayor a la menor: Nuestro padre es viejo, y no hay en la tierra hombre que se llegue a nosotras, como es la costumbre de toda la tierra;
ven, hagamos beber vino a nuestro padre, y nos acostaremos con él; así conservaremos de nuestro padre descendencia.
E hicieron beber vino a su padre aquella noche; y entró la mayor y acostóse con su padre. Y él no supo cuando ella se acostó ni cuando se levantó.
Y aconteció al día siguiente, que dijo la mayor a la menor: He aquí, yo me, acosté anoche con mi padre; hagámosle beber vino esta noche también y entra tú, acuéstate con él; así conservaremos de nuestro padre descendencia.
E hicieron beber vino a su padre aquella noche también; y levantóse la menor, y acostóse con él. Y él no supo cuando ella se acostó, ni cuando se levantó.
De esta suerte las dos hijas de Lot concibieron de su padre.
Y parió la mayor un hijo, y llamóle Moab: él es padre de los Moabitas, que subsisten hasta hoy.
Y la menor también parió un hijo, y llamóle Ben-ammí: él es padre de los hijos de Ammón, que subsisten hasta hoy.
Y DE allí partió Abraham para la tierra del Mediodía, y habitó entre Cades y Shur, morando temporalmente en Gerar.
Y decía Abraham de Sara su mujer: Mi hermana es; por lo cual Abimelec, rey de Gerar, envió y tomó a Sara.
Mas vino Dios a Abimelec, en sueños de la noche, y le dijo: ¡He aquí, muerto eres, por causa de la mujer que has tomado, porque es casada con marido!
Pero Abimelec no se había llegado a ella; dijo pues: Señor, ¿también a una nación justa matarás?
¿No me dijo él mismo: Mi hermana es; y ella, pues también ella dijo: Es mi hermano? Con sencillez de mi corazón, y con inocencia de mis manos, he hecho esto.
Y díjole Dios en sueños: Sí, yo sé que con sencillez de tu corazón has hecho esto; y también te detuve yo de pecar contra mí; por eso no te permití tocarla.
Ahora pues, devuelve la mujer de este hombre; porque es profeta, y orará por ti, para que vivas; mas si no la devolvieres, sabe que de seguro morirás tú, y todo lo tuyo.
Y por la mañana, madrugando Abimelec, llamó a todos sus siervos, y refirió en sus oídos todas estas palabras. Y los hombres temieron mucho.
Entonces llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué has hecho con nosotros? ¿y en qué he pecado contra ti, para que hayas traído sobre mí y sobre mi reino un tan gran pecado? Acciones que no debieran hacerse has hecho tú conmigo.
Dijo además Abimelec a Abraham: ¿Qué has visto, para que hicieras esto?
Y respondió Abraham: Porque dije entre mí: Seguramente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer.
Mas también en verdad ella es mi hermana; hija es de mi padre, aunque no hija de mi madre; y vino a ser mi mujer.
Y sucedió que como me hiciese vagar Dios de la casa de mi padre, le dije a ella: Esta es la merced que me has de hacer. En todo lugar adonde llegaremos, dirás de mí: Mi hermano es.
Por lo cual Abimelec tomó ovejas, y vacas, y siervos, y siervas, y se los dió a Abraham; y le devolvió a Sara su mujer.
Y le dijo Abimelec: He aquí, mi tierra está delante de ti; en donde tuvieres a bien, habita.
Y a Sara dijo: He aquí, he dado mil siclos de plata a tu hermano: considera que esto te servirá de reparación por todo lo acontecido, y para con todos los hombres; así ella quedó vindicada.
Entonces oró Abraham a Dios, y sanó Dios a Abimelec, y a su mujer, y a sus criadas, de manera que tuviesen hijos.
Porque Jehová había cerrado toda matriz de la casa de Abimelec, por motivo de Sara, mujer de Abraham.
Y JEHOVÁ visitó a Sara según había dicho, e hizo Jehová para con Sara conforme había prometido;
pues concibió y parió Sara un hijo a Abraham en su vejez, al plazo fijo que le había dicho Dios.
Y Abraham llamó a su hijo que le había nacido, a quien Sara le parió, Isaac.
Y circuncidó Abraham a Isaac su hijo a los ocho días, como le había mandado Dios.
Y Abraham era de edad de cien años cuando nació Isaac su hijo.
Y dijo Sara: Reír me ha hecho Dios; y cualquiera que lo oyere se reirá conmigo.
Dijo también: ¿Quién hubiera dicho a Abraham que Sara amamantaría hijos? pues que le he parido un hijo en su vejez.
Y creció el niño y fué destetado; e hizo Abraham un gran banquete el día que fué destetado Isaac.
Mas Sara vió al hijo de Agar la Egipcia, el cual ésta había parido a Abraham, que se burlaba.
Por tanto ella dijo a Abraham: Echa fuera a esta sierva y a su hijo; porque no heredará el hijo de esta sierva con mi hijo, con Isaac.
Y este dicho pareció muy gravoso a Abraham con motivo de su hijo.
Pero dijo Dios a Abraham: No te parezca esto gravoso a causa del muchacho y a causa de tu sierva; en todo lo que dijere Sara, oye su voz; porque en Isaac será llamada tu simiente.
Y también del hijo de la sierva haré una nación, por cuanto es simiente tuya.
A la mañana, pues, madrugó Abraham, y tomó pan y un odre de agua, y lo dió a Agar, poniéndolo sobre su hombro; dióle también el niño, y la despidió; y ella anduvo vagando en el desierto de Beer-seba.
Y acabóse el agua del odre; y ella echó al niño debajo de uno de los arbustos,
y fué y sentóse en frente, a distancia de un tiro de arco; porque decía: No vea yo la muerte del niño. Así pues se sentó en frente, y alzó su voz y lloró.
Mas Dios oyó la voz del muchacho; y el Ángel de Dios llamó a Agar, desde los cielos, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está.
Levántate, alza al niño, y sostenle con tu mano, porque yo haré de él una gran nación.
Y abrió Dios los ojos de ella de manera que vió un pozo de agua; y fué y llenó el odre de agua, y dió de beber al niño.
Y fué Dios con el niño; y éste se hizo hombre, y habitó en el desierto, y vino a ser tirador de arco.
Habitó pues en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto.
Y aconteció en aquel tiempo que Abimelec con Picol capitán de su ejército habló a Abraham, diciendo: Dios es contigo en todo lo que haces.
Ahora pues, júrame por Dios, aquí mismo, que no te portarás falsamente conmigo, ni con mi hijo, ni con mi posteridad; sino que conforme a la bondad que yo he usado contigo, así lo harás tú conmigo, y con la tierra en donde has habitado.
Y respondió Abraham: Sí, juraré.
Entonces Abraham reprendió a Abimelec con motivo de un pozo de agua que a viva fuerza le habían quitado los siervos de Abimelec.
Y respondió Abimelec: No sé quien haya hecho esto, ni tú me lo hiciste presente, ni siquiera he oído hablar de ello hasta ahora.
Tomó pues Abraham ovejas y vacas, y se las dió a Abimelec; e hicieron los dos un pacto.
Y Abraham puso aparte siete corderas del rebaño.
Dijo entonces Abimelec a Abraham: ¿Qué significan estas siete corderas que has apartado?
Y él respondió: Que estas siete corderas has de tomar de mi mano, para que me sirvan de testimonio de que yo cavé este pozo.
Por lo cual se llamó aquel lugar Beer-seba, porque allí juraron los dos.
Hicieron pues un pacto en Beer-seba; y levantóse Abimelec, con Picol capitán de su ejército, y se volvieron a la tierra de los Filisteos.
Y plantó Abraham un bosque en Beer-seba; e invocó el nombre de Jehová, el Dios eterno.
Y habitó Abraham como extranjero en la tierra de los Filisteos muchos días.
Y ACONTECIÓ, después de estas cosas, que aprobó Dios a Abraham, y le dijo: ¡Abraham! Y él respondió: Heme aquí.
Y dijo: Toma a tu hijo, a Isaac, tu hijo único, a quién amas, y véte a tierra de Moría, y ofrécele allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
Y por la mañana, madrugando Abraham, aparejó su asno, y tomó dos mozos suyos consigo, y a Isaac su hijo, y partió leña para el holocausto, y levantóse, y fué al lugar que le había dicho Dios.
Al tercer día Abraham alzó los ojos y vió el lugar de lejos.
Dijo entonces Abraham a los mozos: Esperad aquí con el asno, mientras yo y el muchacho vamos allá; y adoraremos, y volveremos a vosotros.
Luego tomó Abraham la leña del holocausto, y púsola sobre Isaac su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y caminaron los dos juntos.
Entonces Isaac habló a Abraham su padre, diciendo: ¡Padre mío! Y él respondió: Heme aquí, hijo mío. Y dijo: He aquí el fuego y la leña, mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?
Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío; y siguieron andando los dos juntos.
Y cuando hubieron llegado al lugar que le dijo Dios, Abraham edificó allí un altar, y puso en orden la leña, y ató a Isaac su hijo, y púsole sobre el altar, encima de la leña.
Luego extendió Abraham la mano y tomó el cuchillo, para degollar a su hijo.
Entonces el Ángel de Jehová le llamó desde los cielos, y le dijo: ¡Abraham! ¡Abraham! Y él respondió: Heme aquí.
Y dijo: No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; pues ahora conozco que tú temes a Dios, ya que no me has negado a tu hijo, tu hijo único.
Entonces Abraham alzando los ojos, miró, y he aquí un carnero, más allá de él, enredado por las astas en un matorral, y fué Abraham y tomó el carnero, y ofrecióle en holocausto en lugar de su hijo.
Y Abraham dió a aquel lugar el nombre de Jehová-yireh; de donde suele decirse hoy en día: En el monte de Jehová se hará provisión.
Y el Ángel de Jehová llamó a Abraham segunda vez desde los cielos,
y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has negado a tu hijo, tu hijo único,
que bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como las arenas a la orilla del mar; y tu simiente poseerá la puerta de sus enemigos;
y serán bendecidas en tu simiente todas las naciones de la tierra; por cuanto has obedecido mi voz.
Y volvióse Abraham a sus mozos; y levantándose caminaron juntos hasta Beer-seba; y habitó Abraham en Beer-seba.
Y sucedió después de estas cosas, que fué dada noticia a Abraham, diciendo: He aquí que Milca también ha parido hijos a Nacor tu hermano:
a Hus su primogénito, y a Buz su hermano, y a Kemuel, padre de Aram,
a Kesed también, y a Hazo, y a Pildas, y a Jidlaf, y a Betuel.
Y Betuel engendró a Rebeca. Estos ocho parió Milca a Nacor, hermano de Abraham.
Y su concubina, llamada Reúma, también le parió a Tebáh, y a Gaham, y a Tahás y a Maaca.
Y FUÉ la vida de Sara ciento veinte y siete años; tantos fueron los años de la vida de Sara.
Y murió Sara en Kiryat-arba (que es Hebrón), en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer el duelo de Sara y a llorarla.
Levantóse entonces Abraham de la presencia de su muerto, y habló con los hijos de Het, diciendo:
Peregrino soy y extranjero en medio de vosotros; dadme una posesión de sepultura entre vosotros, y sepultaré mi muerto, ocultándolo así de mi vista.
Y los hijos de Het respondieron a Abraham, diciéndole:
Óyenos, señor mío: Gran príncipe eres tú en medio de nosotros; en lo más selecto de nuestras sepulturas entierra tu muerto; ninguno de nosotros te negará su sepultura, para que no entierres tu muerto.
Entonces levantóse Abraham, e inclinóse ante el pueblo del país, ante los hijos de Het;
y habló con ellos, diciendo: Si es vuestra voluntad que sepulte mi muerto, ocultándolo así de mi vista, escuchadme, e intervenid por mí con Efrón, hijo de Zohar,
para que me dé la cueva de Macpela que él posee, la cual está al extremo de su campo: por su completo valor me la dará, para posesión de sepultura en medio de vosotros.
Y Efrón estaba sentado entre los hijos de Het: y respondió Efrón heteo a Abraham, en presencia de los hijos de Het, de todos los que entraban por la puerta de la ciudad, diciendo:
No, señor mío; óyeme: el campo te lo doy, y la cueva que está en él te la doy; en presencia de los hijos de mi pueblo te la doy: entierra tu muerto.
Abraham se inclinó de nuevo ante el pueblo del país,
y habló con Efrón en presencia de todo el pueblo del país, diciendo: ¡Ojalá que tan sólo me escucharas! te doy el valor del campo; admítelo de mí, y enterraré allí mi muerto.
Entonces respondió Efrón a Abraham, diciéndole:
Señor mío, óyeme: El terreno vale cuatrocientos siclos de plata: ¿qué es esto entre mí y ti? entierra pues tu muerto.
De manera que convino Abraham con Efrón, y Abraham le pesó a Efrón el dinero que había dicho, en presencia de los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata, moneda corriente entre mercaderes.
Y así el campo de Efrón, que estaba en Macpela, que está en frente de Mamré, el campo y la cueva que hay en él, con todos los árboles que había en el campo, los que había en todos sus contornos al rededor, quedaron asegurados
para Abraham, como. posesión suya, delante de los hijos de Het, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad.
Y después de esto Abraham sepultó a Sara su mujer en la cueva del campo de Macpela, delante de Mamré, (que es Hebrón), en la tierra de Canaán.
De suerte que el campo, y la cueva que hay en él, quedaron asegurados para Abraham, como posesión de sepultura, de parte de los hijos de Het.
Y ABRAHAM era ya viejo, entrado en días; y Jehová había bendecido a Abraham en todo.
Y dijo Abraham a su siervo, el anciano de su casa, el cual gobernaba todo lo que tenía: Ruégote pongas tu mano debajo de mi muslo,
y te juramentaré por Jehová, Dios del cielo y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos entre quienes habito;
sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás de allí mujer para mi hijo Isaac.
Y le dijo el siervo: Tal vez no querrá la mujer seguirme a esta tierra; ¿haré en tal caso que vuelva tu hijo a la tierra de donde saliste?
Y le respondió Abraham: ¡Guárdate de hacer volver a mi hijo allá!
Jehová, el Dios del cielo, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi nacimiento, y que me habló y me juró, diciendo: A tu simiente daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, de modo que puedas tomar de allí mujer para mi hijo.
Y si la mujer no quisiere seguirte, entonces estarás libre de este mi juramento, con tal que no hagas volver a mi hijo allá.
Y puso el siervo su mano debajo del muslo de Abraham, su señor, y juróle sobre este asunto.
Entonces tomó el siervo diez camellos, de los camellos de su señor, y fué, llevando consigo de lo mejor de todos los bienes de su señor. Levantóse pues, y fué a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor.
E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto al pozo de las aguas, a la hora de la tarde, cuando salen las mozas a sacar agua.
Y dijo: Jehová, Dios de mi señor Abraham, ruégote me depares buen encuentro hoy, y que uses de benevolencia para con mi señor Abraham.
Heme aquí en pie junto a la fuente de las aguas, y las hijas de los hombres de la ciudad están saliendo a sacar agua;
suceda pues que la joven a quien yo dijere: Abaja, te ruego, tu cántaro para que yo beba; y ella respondiere: Bebe tú, y también a tus camellos daré de beber; sea ésta la que designaste para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que has usado de benevolencia para con mi señor.
Y fué así que antes que acabase de hablar, he aquí a Rebeca que salía con su cántaro al hombro; la misma que había nacido a Betuel, hijo de Milca, mujer de Nacor, hermano de Abraham.
Y la joven era de muy hermoso parecer, virgen, a la que no había conocido varón; y bajó a la fuente, y llenó su cántaro, y subía,
cuando corrió el siervo a su encuentro, y dijo: Ruégote me des a beber un poco de agua de tu cántaro.
Y ella respondió: Bebe, señor mío: y dióse prisa a bajar el cántaro sobre su mano, y dióle de beber.
Y luego que acabó de darle de beber, ella dijo: También sacaré para tus camellos, hasta que acaben de beber.
Y vaciando prestamente su cántaro en la pila, corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos.
Y el hombre fijando en ella la vista, callaba, por saber si Jehová había prosperado su camino o no.
Y sucedió que como acabasen los camellos de beber, tomó el hombre un pendiente de oro, de medio siclo de peso, y dos brazaletes para poner sobre sus manos, del peso de diez siclos de oro.
Y dijo: ¿De quién eres hija? Dime, te ruego, si hay en casa de tu padre lugar donde podamos posar.
Y ella le respondió: Hija soy de Betuel, hijo de Milca, que parió ella a Nacor.
Le dijo además: También tenemos paja, y asimismo forraje en abundancia, y lugar donde posar.
Entonces postróse el hombre, y adoró a Jehová;
y dijo: ¡Bendito sea Jehová, el Dios de mi señor Abraham, que no ha apartado su benevolencia y su fidelidad de mi señor! estando yo en el camino, guióme Jehová a la casa de los hermanos de mi señor.
Y corrió la joven, y contó en casa de su madre estas cosas.
Y tenía Rebeca un hermano que se llamaba Labán. Corrió entonces Labán a donde estaba el hombre, afuera, junto a la fuente.
Y sucedió que como viese el pendiente, y los brazaletes en las manos de su hermana, y como oyese las palabras de Rebeca su hermana, que decía: Así me habló el hombre; vino al hombre; y he aquí que éste estaba junto a los camellos, cerca de la fuente.
Y le dijo: ¡Entra, bendito de Jehová! ¿por qué te quedas afuera? pues tengo preparada la casa, y el lugar para los camellos.
Vino entonces el hombre a la casa, y descinchó los camellos. Entretanto le dió Labán paja y forraje para los camellos, y agua para lavarse los pies, y los pies de los hombres que con él venían.
Y le sirvieron de comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho el asunto que me trae. A lo que respondió Labán: Habla.
Dijo pues: Siervo de Abraham soy.
Y Jehová ha bendecido mucho a mi señor, de modo que él se ha engrandecido; porque le ha dado rebaños, y vacadas, y plata, y oro, y siervos, y siervas, y camellos y asnos.
Y Sara, mujer de mi señor, parió hijo a mi señor, después de envejecida, a quien él ha dado todo cuanto tiene.
Y juramentóme mi señor, diciendo: No tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos en cuya tierra habito;
sino que irás a casa de mi padre y a mi parentela, y tomarás de allí mujer para mi hijo.
Y yo dije a mi señor: Tal vez no querrá la mujer seguirme.
Mas él respondió: Jehová, delante de quien yo ando, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino, a fin de que tomes mujer para mi hijo de mi parentela y de la casa de mi padre.
Cuando hayas ido a mi parentela, entonces estarás libre de mi juramento; porque si no te la dieren, quedarás libre de mi juramento.
Llegué pues hoy a la fuente, y dije: Jehová, Dios de mi señor Abraham, si es así que prosperas mi camino por donde ando,
heme aquí junto a la fuente de las aguas; suceda pues que la doncella que saliere a sacar agua, a quien yo dijere: Déjame beber, te suplico, un poco de agua de tu cántaro;
y me respondiere: Bebe tú, y también para tus camellos sacaré, sea esta la mujer que Jehová ha designado para el hijo de mi señor.
Y aun no acababa de hablar en mi corazón, cuando he aquí a Rebeca, que salía con su cántaro sobre el hombro; y bajó a la fuente, y sacó agua. Y yo le dije: Ruégote me dés de beber.
Entonces ella apresuróse a bajar su cántaro de sobre sí, diciendo: Bebe, y también a tus camellos daré de beber. Bebí pues, y también a los camellos dió ella de beber.
Y le pregunté, diciendo: ¿De quién eres hija? Y me respondió: Hija de Betuel, hijo de Nacor, a quien Milca le parió. Entonces le puse este pendiente en la nariz, y los brazaletes en las manos;
e incliné la cabeza y adoré a Jehová, y bendije a Jehová, el Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino recto, a tomar la hija del hermano de mi señor, para su hijo.
Ahora pues, si queréis usar de benevolencia y lealtad con mi señor, declarádmelo; y si no, declarádmelo; para que me vuelva a la derecha o a la izquierda.
¡Entonces respondieron Labán y Betuel, diciendo: De Jehová procede esto; nosotros no podemos decirte mal ni bien.
He aquí a Rebeca delante de ti, tómala y véte, y sea ella mujer del hijo de tu señor, como lo tiene ordenado Jehová.
Y fué así que como oyese el siervo de Abraham sus palabras, postróse en tierra ante Jehová.
Y sacó el siervo alhajas de plata y alhajas de oro y vestidos, y diólos a Rebeca; dió también cosas preciosas a su hermano y a su madre.
Y comieron y bebieron él y los hombres que con él venían, y pasaron allí la noche. Y cuando se levantaron por la mañana, él dijo: Enviadme a mi señor.
A lo cual respondieron el hermano de ella. y su madre: Quédese la muchacha con nosotros algunos días, a lo menos diez, y después irá.
Mas él les respondió: No me detengáis, ya que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme, para que vaya a mi señor.
Entonces dijeron: Llamemos a la muchacha, e inquiramos de su boca.
Llamaron pues a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este hombre? Y ella respondió: Sí, iré.
De suerte que enviaron a Rebeca su hermana y su nodriza, y al siervo de Abraham y sus hombres.
Y bendijeron a Rebeca, diciéndole: ¡Tú, hermana nuestra, seas madre de miles de millares; y posea tu descendencia la puerta de sus enemigos!
Entonces levantóse Rebeca con sus doncellas, y, montadas sobre los camellos, siguieron al hombre. De manera que tomó el siervo a Rebeca, y se fué.
E Isaac volvía de dar un paseo del pozo del Viviente-que-me-ve: pues habitaba en la tierra del Mediodía;
y había salido Isaac al campo a meditar a la hora de la tarde, cuando alzando los ojos miró, y he aquí que venían los camellos.
Alzó también Rebeca los ojos y vió a Isaac, y bajóse del camello;
porque había preguntado al siervo: ¿Quién es aquel hombre que viene andando por el campo a nuestro encuentro? y habíale contestado el siervo: Aquél es mi señor. Ella pues tomó su velo, y cubrióse.
Y contó el siervo a Isaac todo lo que había hecho.
Y trájola Isaac a la tienda de su madre, y tomó a Rebeca; y ella fué su mujer, y él la amó. Así consolóse Isaac después de la muerte de su madre.
PERO Abraham había tomado otra mujer, llamada Cetura.
Esta le había parido a Zimram, y a Jocsán, y a Medán, y a Madián, y a Isbac, y a Suah.
Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán. Y los hijos de Dedán fueron Asurim y Letusim y Leumim.
Y los hijos de Madián: Efa y Efer, y Enoc y Abida y Eldaa. Todos estos eran hijos de Cetura.
Y dió Abraham todo cuanto tenía a Isaac;
mas a los hijos de las concubinas que tenía Abraham, les dió Abraham donativos; y, viviendo aún él, los envió lejos de Isaac hacia el oriente, a tierra del Oriente.
Y estos fueron los días de los años de la vida que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años.
Y expiró Abraham y murió en buena vejez, anciano y saciado de días; y fué agregado a su pueblo.
Y sepultáronle Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en el campo de Efrón, hijo de Zohar Heteo, que está en frente de Mamré;
campo que había comprado Abraham a los hijos de Het. Allí fué sepultado Abraham, con Sara su mujer.
Y sucedió, después de la muerte de Abraham, que bendijo Dios a Isaac su hijo; y habitaba junto al pozo del Viviente-que-me-ve.
Y estas son las generaciones de Ismael, hijo de Abraham, que Agar la Egipcia, sierva de Sara, le parió a Abraham.
Estos pues son los nombres de los hijos de Ismael, por sus nombres, según sus generaciones: El primogénito de Ismael, Nebayot; Cedar también, y Adbeel, y Mibsam,
y Misma, y Duma, y Massa,
y Hadar, y Tema, Jetur, Nafís, y Cedma.
Estos son los hijos de Ismael, y estos sus nombres, por sus villas y por sus aduares; doce príncipes conforme a sus pueblos.
Y estos fueron los años de la vida de Ismael, ciento treinta y siete años; y expiró y murió, y fué agregado a su pueblo.
Y habitaban sus descendientes desde Havila hasta Shur, que hace frente a Egipto, como quien va hacia la Asiria. En presencia de todos sus hermanos habitó Ismael.
Y estas son las generaciones de Isaac, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac.
Y cuando era Isaac de edad de cuarenta años, tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel siro, de Padán-aram, hermana de Labán siro.
E Isaac rogó a Jehová por su mujer, porque era estéril; y fuéle propicio Jehová, de modo que Rebeca su mujer concibió.
Y luchaban los hijos dentro de ella; por lo cual decía: Si así había de ser, ¿por qué deseaba yo esto? Y fué a consultar a Jehová.
Y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán separados desde tus entrañas; y el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo; y el mayor servirá al menor.
Y se le cumplieron los días en que había de parir; y he aquí mellizos en su seno.
Y salió el primero, rojo, todo él como manta de pelo; y le llamaron Esaú.
Y después salió su hermano, y tenía la mano asida al calcañar de Esaú; por lo cual le llamaron Jacob.E Isaac era de edad de sesenta años cuando Rebeca los dió a luz.
Y crecieron los muchachos; y Esaú se hizo hombre diestro en la caza, hombre del campo; mas Jacob era hombre sencillo, que permanecía en las tiendas.
Y amaba Isaac a Esaú, porque comía de su caza; pero Rebeca amaba a Jacob.
Y un día guisaba Jacob un potaje, cuando Esaú llegó del campo; y estaba rendido de cansancio.
Y dijo Esaú a Jacob: Ruégote me dejes comer de este potaje rojo, porque estoy rendido de cansancio. Por esto fué llamado Edom.
Mas Jacob respondió: Véndeme hoy tu primogenitura.
Y dijo Esaú: He aquí, yo me estoy muriendo, ¿para qué pues me ha de servir la primogenitura?
Dijo entonces Jacob: Júramelo hoy. Y él se lo juró, vendiendo su primogenitura a Jacob.
Entonces Jacob dió a Esaú pan y guisado de lentejas. Y él comió, y bebió, y levantóse, y fuése. Así despreció Esaú la primogenitura.
Y HUBO hambre en la tierra, además de la primera hambre que acaeció en días de Abraham. Se fué pues Isaac a Abimelec, rey de los Filisteos, a Gerar.
Y le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; quédate en la tierra que yo te diré;
habita temporalmente en esta tierra, y estaré yo contigo y te bendeciré; porque a ti y a tu simiente daré todas estas tierras, y estableceré contigo el juramento que juré a Abraham tu padre;
y multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y daré a tu simiente todas estas tierras; y serán bendecidas en tu simiente todas las naciones de la tierra;
por cuanto obedeció Abraham mi voz, y guardó mis preceptos, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.
Habitó pues Isaac en Gerar.
Y preguntaron los hombres del lugar acerca de su mujer. Y él respondió: Mi hermana es; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; no sea que me maten (decía él) los hombres el lugar con motivo de Rebeca; pues era de hermoso parecer.
Mas aconteció que, como se le prolongasen allí los días, asomándose Abimelec, rey de los Filisteos, a una ventana, miró, y he aquí que Isaac jugueteaba con Rebeca su mujer.
Y llamando Abimelec a Isaac, le dijo: ¡He aquí, ciertamente ella es tu mujer! ¿cómo pues dijiste tú: Es mi hermana? Y le respondió Isaac: Porque dije: No sea que yo muera por causa de ella.
Entonces dijo Abimelec: ¿Qué es esto que has hecho con nosotros? ¡Cuán fácilmente alguno del pueblo hubiera podido acostarse con tu mujer! y así nos hubieras hecho incurrir en delito.
Por lo cual mandó Abimelec a todo su pueblo, diciendo: El que tocare a este hombre, o a su mujer, de cierto morirá.
Y sembró Isaac en aquella. tierra, y recogió aquel año ciento por uno; porque le bendijo Jehová.
Y engrandecióse el hombre, y siguió engrandeciéndose, hasta que vino a ser muy grande;
porque tenía posesiones de rebaños y posesiones de vacadas y gran servidumbre. Y le tuvieron envidia los Filisteos;
de modo que todos los pozos que habían cavado los siervos de su padre, los cegaron los Filisteos, llenándolos de tierra.
Dijo entonces Abimelec a Isaac: Retírate de nosotros, porque eres mucho más fuerte que nosotros.
Isaac pues se fué de allí, y acampó en el Valle de Gerar, y habitó allí.
Y volvió Isaac a cavar los pozos de agua que habían cavado en los días de Abraham su padre, y que los Filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham; y dióles nombre conforme a los nombres que les había puesto su padre.
Y cavaron los siervos de Isaac en el valle, y hallaron allí un pozo de aguas vivas.
Y contendieron los pastores de Gerar con los pastores de Isaac, diciendo: ¡Nuestras son las aguas! Y nombró el pozo Esec, porque riñeron con él.
Y cavaron otro pozo; y contendieron también sobre él; por lo cual le puso el nombre de Sitna.
Y levantando el campamento de allí cavó otro pozo; y no contendieron sobre él; por tanto lo nombró Rehobot, diciendo: Porque ahora Jehová nos ha dado ensanche, y medraremos en la tierra.
Y subió de allí a Beer-seba.
Y le apareció Jehová aquella noche, y dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque contigo soy yo, y te bendeciré, y multiplicaré tu simiente por causa de Abraham mi siervo.
E Isaac edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí sus tiendas; y los siervos de Isaac cavaron allí un pozo.
Entonces Abimelec fué a él desde Gerar, con Ahuzat su amigo, y Picol capitán de su ejército.
Y les dijo Isaac: ¿Por qué venís a mí, vosotros que me odiáis, y me habéis echado de entre vosotros?
Y ellos respondieron: Claramente hemos visto que Jehová es contigo; y dijimos: Haya pues juramento entre nosotros, es decir, entre nosotros y tú, y hagamos un pacto contigo,
de que no nos harás ningún mal, así como nosotros no te hemos tocado y hemos hecho contigo solamente lo bueno, y te enviamos en paz. Tú eres ahora el bendito de Jehová.
Y él les hizo un banquete, y comieron y bebieron;
y por la mañana madrugaron, y juraron el uno al otro. Así los despidió Isaac, y se separaron de él en paz.
Y aconteció en aquel mismo día, que vinieron los siervos de Isaac, y le dieron noticia del pozo que habían acabado de cavar, diciéndole: Hemos hallado agua.
Y llamólo Seba: por eso el nombre de aquella ciudad es Beer-seba hasta el día de hoy.
Y siendo Esaú de cuarenta años, tomó por mujer a Judit, hija de Beeri heteo, y también a Basemat, hija de Elón heteo;
las cuales fueron una amargura de espíritu a Isaac y Rebeca.
Y ACONTECIÓ que cuando Isaac era viejo, y se le habían ofuscado los ojos de modo que ya no veía, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: ¡Hijo mío! y él respondió: Heme aquí.
Y dijo: He aquí, yo soy ya viejo, y no sé el día de mi muerte.
Ahora pues toma tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo, y caza para mí alguna cosa,
y hazme manjares sabrosos, como me gustan, y tráemelos, para que yo coma y mi alma te bendiga antes que yo muera.
Y Rebeca, estaba escuchando mientras hablaba Isaac con Esaú su hijo. Y se fué Esaú al campo a cazar al o para traérselo.
Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí, he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo:
Tráeme caza, y hazme manjares sabrosos, para que yo coma y te bendiga delante de Jehová, antes de mi muerte.
Ahora bien, hijo mío, oye mi voz, conforme a lo que te voy a mandar.
Ruégote que vayas al rebaño, y me traigas de allí dos cabritos buenos; y yo haré de ellos manjares sabrosos para tu padre, como a él le gustan;
y los llevarás a tu padre, para que coma y te bendiga a ti antes de su muerte.
Pero Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí que Esaú mi hermano es hombre velludo, y yo, hombre de piel lisa.
Quizá me palpará mi padre, y seré en su concepto como quien se burla de él; así traeré sobre mí maldición, y no bendición.
Y le dijo su madre: Sobre mí recaiga tu maldición, hijo mío; oye tan lo mi voz, y anda, tráemelos.
Fué pues Jacob, y los trajo a su madre; e hizo su madre manjares sabrosos, como le gustaban a su padre.
Entonces Rebeca tomó ropas de Esaú, su hijo mayor, las más preciosas, que tenía consigo en la casa, y con ellas vistió a Jacob, su hijo menor.
Y las pieles de los cabritos se las puso sobre las manos, y sobre la parte lisa de su cerviz.
Luego puso los manjares sabrosos y el pan que había aparejado, en manos de Jacob su hijo,
el cual fué a su padre, y dijo: ¡Padre mío! y él respondió: Heme aquí: ¿quién eres, hijo mío?
Y dijo Jacob a su padre: Soy Esaú, tu primogénito; he hecho como me dijiste; levántate, te ruego, siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma.
Entonces dijo Isaac a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios me deparó buen encuentro.
Dijo además Isaac a Jacob: Llégate acá, y te palparé, para saber si eres en realidad mi hijo Esaú, o no.
Llegóse por tanto Jacob a su padre Isaac, el cual le palpó, y dijo: La voz es voz de Jacob, pero las manos, manos de Esaú.
Y no acertó a conocerle, porque sus manos estaban vellosas, como las manos de Esaú su hermano; y así le bendijo.
Empero le dijo: ¿Eres tú en realidad mi hijo Esaú? Y él respondió: Lo soy.
Dijo por tanto: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que le bendiga mi alma. Y él se la acercó, y comió; y le trajo vino, y bebió.
Entonces le dijo Isaac su padre: Acércate y bésame, hijo mío.
Acercóse pues y le besó: y él olió el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: y, ¡Mira, el olor de mi hijo es como el olor de un campo que Jehová ha bendecido!
¡Déte Dios del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, con abundancia de trigo y de vino!
¡Sírvante pueblos, y póstrense delante de ti naciones: seas señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu madre! ¡Los que te maldijeren sean malditos, y benditos los que te bendijeren!
Y aconteció que apenas acababa Isaac de bendecir a Jacob, y no bien hubo salido Jacob de la presencia de Isaac su padre, cuando Esaú su hermano llegó de su caza.
E hizo él también manjares sabrosos y los trajo a su padre, y dijo a su padre: ¡Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga su alma!
Pero Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él contestó: Soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.
Entonces estremecióse Isaac con grande estremecimiento hasta lo sumo, y dijo: ¿Quién es pues aquel que tomó caza, y me la trajo, y yo he comido de todo antes de que tú vinieses, y también le he bendecido? ¡y será bendito!
Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con clamor grande y sobremanera amargo, y dijo a su padre: ¡Bendíceme a mí, a mí también, oh padre mío!
Mas él respondió: Vino tu hermano con dolo, y tomó tú bendición.
Entonces él dijo: ¿No se le nombró bien Jacob? pues me ha suplantado estas dos veces: tomó mi primogenitura, y he aquí, ¡ahora me ha quitado mi bendición! Y dijo: ¿No has reservado una bendición para mí?
Mas Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí, por señor tuyo le he puesto, y le he dado por siervos a todos sus hermanos: de trigo también y de vino le he surtido; y por ti ¿qué podré hacer ahora, hijo mío?
Entonces dijo Esaú a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? ¡Bendíceme a mí, a mí también, oh padre mío! Y levantó Esaú la voz y lloró.
Respondió entonces Isaac su padre, y dijo: He aquí, provista de las grosuras de la tierra será tu habitación, y del rocío del cielo desde arriba;
y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; mas será que, conforme te vayas libertando, sacudirás su yugo de sobre tu cerviz.
Y Esaú aborreció a Jacob por motivo de la bendición con que le había bendecido su padre; y decía Esaú en su corazón: Se acercan ya los días del duelo por mi padre; entonces mataré a Jacob mi hermano.
Y fueron contadas a Rebeca las palabras de Esaú, su hijo mayor; por lo cual envió y llamó a Jacob, su hijo menor, y le dijo: He aquí que tu hermano Esaú va a vengarse de ti, matándote.
Ahora pues, hijo mío, oye mi voz, y levántate y huye a casa de Labán, mi hermano, a Carán;
y estáte con él algunos días, hasta que calme la cólera de tu hermano;
hasta que la ira de tu hermano se aparte de ti, y él se olvide de lo que le has hecho: yo enviaré entonces, y te traeré de allá. ¿Por qué he de quedar sin hijos, privándoseme de ambos de vosotros en un mismo día?
Dijo pues Rebeca a Isaac: Fastidiada de la vida estoy con motivo de las hijas de Het: si Jacob toma mujer de las hijas de Het, tales como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿de qué me servirá ya la vida?
LLAMÓ entonces Isaac a Jacob, y le bendijo, y le mandó, diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán.
Levántate, vé a Padán-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y tómate de allá mujer, de las hijas de Labán, hermano de tu madre.
Y el Dios Todopoderoso te bendiga, y te haga acrecentar, y te multiplique, de manera que vengas a ser congregación de pueblos;
y te dé la bendición de Abraham a ti y a tu simiente contigo; para que poseas la tierra de tus peregrinaciones, que Dios ha dado a Abraham.
De esta suerte envió Isaac a Jacob; y éste partió para Padán-aram, a casa de Labán, hijo de Betuel siro, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esaú.
Y como viese Esaú que Isaac había bendecido a Jacob, y le había enviado a Padán-aram, a fin de que tomase allí mujer para sí, y que cuando le bendijo le había mandado, diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán;
y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padán-aram;
viendo pues Esaú que eran malas las hijas de Canaán a los ojos de Isaac su padre,
fué Esaú a Ismael, y tomóse por mujer a Mahalat, hija de Ismael, hijo de Abraham, la hermana de Nabayot; además de las mujeres que ya tenía.
Jacob pues salió de Beer-seba, y fué hacia Carán.
Y dió con cierto lugar, e hizo noche allí, porque ya se había puesto el sol. Y tomó una de las piedras del lugar, y se la puso por cabecera, y acostóse en aquel lugar.
Y soñó: y he aquí una escalera cuya base estaba en la tierra, y su cima tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y bajaban por ella:
y he aquí, Jehová estaba en lo más alto de ella, y dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado, te la daré a ti y a tu simiente.
Y será tu simiente como el polvo de la tierra; y te extenderás hacia el occidente, y hacia el oriente, y hacia el aquilón, y hacia el mediodía; y en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra.
Y he aquí que yo seré contigo, y te guardaré dondequiera que anduvieres, y te haré volver a esta tierra; porque no te dejaré hasta tanto que haya cumplido lo que he prometido acerca de ti.
Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: ¡Verdaderamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía!
Y, lleno de asombro, dijo: ¡Cuán pavoroso es este lugar! no es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo.
Y por la mañana, madrugando Jacob, tomó la piedra que había puesto por cabecera, y alzóla por pilar, y derramó aceite sobre ella.
Y dió a aquel lugar el nombre de Bet-El; bien que Luz era el nombre de la ciudad anteriormente.
Y Jacob hizo voto, diciendo: Si estuviere Dios conmigo, y me guardare en este camino en que ando, y me diere pan que comer y ropa que vestir,
de modo que yo vuelva en paz a la casa de mi padre, entonces Jehová será mi Dios;
y esta piedra que he alzado por pilar será Casa de Dios; y de todo lo que me dieres, sin falta la décima parte a ti te la daré.
JACOB entonces prosiguió con presteza su viaje, y fué a tierra de los hijos de Oriente.
Y miró, y vió un pozo en el campo, y he aquí tres rebaños de ovejas que yacían junto a él; pues de aquel pozo abrevaban los rebaños; y una piedra grande estaba sobre la boca del pozo.
Porque allí se reunían todos los rebaños; y revolvían los pastores la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevaban el ganado; y volvían a poner las piedra sobre la boca del pozo, en su lugar.
Y les dijo Jacob: Hermanos míos, ¿de dónde sois? y ellos contestaron: De Carán somos.
Y él les dijo: ¿Conocéis a Labán hijo de Nacor? Y respondieron: Le conocemos.
Y les dijo: ¿Está bueno? Y dijeron: Bueno está; y he aquí a Raquel su hija que viene con el ganado.
Entonces él dijo: He aquí, aun resta mucho del día, no es hora de recoger el ganado; abrevad las ovejas, e idlas a apacentar.
Mas ellos respondieron: No podemos, hasta tanto que se junten todos los rebaños; entonces revuelven los pastores la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevamos el ganado.
Todavía estaba él hablando con ellos, cuando Raquel llegó con el ganado de su padre; pues era ella la pastora.
Y sucedió que, como viese Jacob a Raquel hija de Labán, el hermano de su madre, y al ganado de Labán, hermano de su madre, llegóse Jacob y revolvió la piedra de sobre la boca del pozo y abrevó el ganado de Labán, hermano de su madre.
Y besó Jacob a Raquel; y alzó su voz y lloró.
Y manifestó Jacob a Raquel que era hermano de su padre, y que era hijo de Rebeca. Entonces ella corrió, y lo contó a su padre.
Y aconteció que cuando Labán oyó las nuevas de Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirle, y le abrazó y besóle, y trájole a su casa; y él contó a Labán todas estas cosas.
Y Labán le dijo: ¡Ciertamente mi hueso y mi carne eres! Y estuvo con él por espacio de un mes.
Entonces dijo Labán a Jacob: ¿Por cuanto eres mi hermano, me servirás de balde? declárame cuál ha de ser tu salario.
Y tenía Labán dos hijas; el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel.
Y los ojos de Lea eran tiernos; mas era Raquel de bella figura y de hermoso semblante.
Y Jacob amaba a Raquel; de manera que dijo: Te serviré siete años por Raquel, tu hija menor.
A lo cual respondió Labán: Mejor es que te la dé a ti, que no que se la dé a otro: quédate conmigo.
Y así Jacob sirvió por Raquel siete años; y pareciéronle como unos cuantos días, por el amor que le tenía.
Entonces dijo Jacob a Labán; Dame mi mujer, que se han cumplido los días, y me llegaré a ella.
Labán pues juntó a todos los hombres del lugar, e hizo un banquete.
Mas aconteció que por la noche tomó a Lea su hija y se la trajo; y él se llegó a ella.
Y a su hija Lea dió Labán su sierva Zilpa por sierva suya.
Y aconteció que por la mañana, ¡he aquí que era Lea! Y él dijo a Labán: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿No te serví por Raquel? ¿por qué pues me has engañado?
Y respondió Labán: No se hace así en nuestra tierra, que se dé la menor antes que la mayor.
Cumple la semana de ésta, y te daremos también la otra, por el servicio que harás todavía siete años más.
Jacob pues lo hizo así; y habiéndole cumplido la semana a Lea, Labán le dió por mujer a. su hija Raquel.
Y a su hija Raquel dió Labán su sierva Bilha, por sierva suya.
Así llegóse Jacob a Raquel también; y también amó a Raquel más que a Lea; y sirvió a Labán todavía siete años más.
Y viendo Jehová que Lea era odiada, abrió su matriz; más Raquel era estéril.
Y concibió Lea y parió un hijo; y le llamó Rubén, pues decía: Porque Jehová ha mirado mi aflicción: por tanto, ahora me amará mi marido.
Y concibió otra vez y parió un hijo, y dijo: Por cuanto Jehová oyó que yo era odiada, me ha dado éste también; y le llamó Simeón.
Y concibió otra vez y parió un hijo; y dijo: Ahora esta vez quedará mi marido unido conmigo; porque le he parido tres hijos: por tanto fué llamado Leví.
Y volvió a concebir, y parió un hijo, y dijo: Esta vez alabaré a Jehová: por tanto le puso el nombre de Judá; y dejó de parir.
Y CUANDO Raquel vió que no daba hijos a Jacob, tuvo Raquel envidia de su hermana; y dijo a Jacob: ¡Dame hijos; que si no, me muero!
Entonces se encendió la ira de Jacob contra Raquel, y dijo: ¿Soy yo acaso en lugar de Dios, que te ha negado el fruto del seno?
Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; llégate a ella, y parirá sobre mis rodillas: y así yo también tendré hijos por medio de ella.
Le dió pues a Bilha su sierva por mujer; y llegóse a ella Jacob.
Y concibió Bilha, y parió a Jacob un hijo.
Y dijo Raquel: ¡Juzgóme Dios, y también ha oído mi voz y me ha dado a mí un hijo! por tanto le llamó Dan.
Y Bilha sierva de Raquel concibió otra vez y parió su segundo hijo a Jacob.
Y dijo Raquel: ¡Con grandes luchas he luchado con mi hermana y he prevalecido! y le nombró Neftalí.
Mas cuando Lea vió que había dejado de parir, tomó a Zilpa, su sierva, y la dió a Jacob por mujer.
Y parió Zilpa sierva de Lea un hijo a Jacob.
Y dijo Lea: ¡Con buena ventura! y le puso el nombre de Gad.
Y parió Zilpa sierva de Lea, su segundo hijo a Jacob.
Y dijo Lea: ¡En mi dicha! porque me llamarán dichosa las doncellas: por tanto le llamó Aser.
Y fué Rubén, en tiempo de la cosecha de los trigos, y halló mandrágoras en el campo, y las trajo a su madre Lea. Entonces dijo Raquel a Lea: Ruégote me des de las mandrágoras de tu hijo.
Mas ella le respondió: ¿Es tan poca cosa el haberte tú llevado mi marido, que quieras llevarte también las mandrágoras de mi hijo? Dijo Raquel: Por tanto se acostará contigo esta noche, a trueque de las mandrágoras de tu hijo.
Y cuando Jacob volvió del campo a la tarde, salióle al encuentro Lea, y le dijo: Conmigo has de estar esta noche; que a buen seguro te he alquilado con las mandrágoras de mi hijo. Y acostóse con ella aquella noche.
Y oyó Dios a Lea; de modo que concibió y parió a Jacob su quinto lujo.
Y dijo Lea: Me ha dado Dios mi recompensa, porque dí mi sierva a mi marido: y le llamó Isacar.
Y Lea concibió otra vez, y parió su sexto hijo a Jacob.
Y dijo Lea: Dios me ha dado una buena dote; esta vez habitará conmigo mi marido, ya que le he parido seis hijos: y le nombró Zabulón.
Después parió una hija, y la llamó Dina.
Y acordóse Dios de Raquel, y oyóla Dios, y abrió su matriz;
de manera que concibió y parió un hijo; y dijo: ¡Quitado ha Dios mi oprobio!
Y le puso el nombre de José diciendo: Jehová me va a dar otro hijo por añadidura.
Y aconteció que cuando Raquel hubo parido a José, Jacob dijo a Labán: Despáchame, e iré a mi lugar y a mi tierra.
Dame mis mujeres y mis hijos, por quienes te he servido, para que me vaya; pues tú sabes cuál es el servicio con que te he servido.
Mas Labán le respondió: ¡Ojalá que yo halle gracia en tus ojos! He observado cuidadosamente que Jehová me ha bendecido por tu causa.
Dijo más: Indícame tu salario, y te lo daré.
Y él contestó: Tú sabes cómo te he servido, y lo que ha venido a ser tu ganado conmigo;
que poca cosa era lo que tenías antes de mi venida, y de repente se ha hecho una multitud; pues te ha bendecido Jehová con mi manejo: y ahora, ¿cuándo he de trabajar también por mi propia casa?
Y le dijo Labán: ¿Qué te daré? Y respondió Jacob: No me des nada; mas si hicieres esto conmigo, volveré a apacentar y a cuidar tu ganado.
Pasaré por todo tu ganado hoy, apartando de allí toda res salpicada y manchada; o sea, toda res negra entre las ovejas, y la manchada y salpicada entre las cabras; y de éstas será mi salario en adelante.
Así responderá por mí mi integridad en lo venidero, cuando vinieres para ocuparte de mi salario, que tendrás delante de tu mismo rostro: todo lo que no sea salpicado y manchado entre las cabras, y negro entre las ovejas, téngase por robado si fuere hallado conmigo.
Entonces dijo Labán: ¡Convenido! ¡ojalá sea conforme a tu dicho!
Apartó pues Labán en aquel mismo día los machos cabríos listados y manchados, y todas las cabras salpicadas y manchadas, (todo lo que tenía algo de blanco en él), y todo lo negro entre las ovejas; y lo dió en manos de sus hijos.
E interpuso jornada de tres días entre sí y Jacob; y Jacob quedó apacentando lo restante del ganado de Labán.
Entonces Jacob tomó para sí varas de álamo y de avellano y de plátano oriental, y descortezó en ellas listas blancas, haciendo descubrir así lo blanco que había en las varas;
y puso las varas que había descortezado en las canales delante del ganado, en los abrevaderos, donde solían las reses venir a beber; y ellas se ponían en celo cuando venían a beber.
De suerte: que se ponían en celo las reses delante de las varas, y parían las reses crías listadas, salpicadas y manchadas.
Y estos corderitos los apartaba Jacob, y dirigió la vista del ganado hacia lo listado; y todo lo negro entre el ganado de Labán: y puso los rebaños de él mismo aparte, y no los puso con el ganado de Labán.
Y era así que cada vez que andaba en celo el ganado robusto, puso Jacob las varas delante de los ojos del ganado en las pilas, para hacerlos recalentar entre las varas.
Mas siempre que era débil el ganado, no las ponía: con lo cual vino a ser lo débil para Labán, y lo robusto para Jacob.
De esta suerte el hombre medró repentinamente de un modo extraordinario; y tuvo muchos rebaños, y siervas, y siervos, y camellos y asnos.
PERO Jacob oyó las palabras de los hijos de Labán, que decían: Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre, y de lo que es de nuestro padre se ha hecho toda esta grandeza.
Miró también Jacob el rostro de Labán, y he aquí que no era para con él como antes.
Además Jehová dijo a Jacob: Vuelve a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo seré contigo.
Por tanto Jacob envió y llamó a Raquel y a Lea al campo, donde tenía su ganado, y les dijo:
Estoy viendo el rostro de vuestro padre, que no es conmigo como antes; mas el Dios de mis padres ha sido conmigo.
Y vosotras sabéis que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre;
Mas vuestro padre se ha burlado de mí, y ha cambiado mi salario diez veces; pero no le permitió Dios hacerme mal.
Si él decía así: Los salpicados serán tu salario, entonces parían todas las reses salpicados. Y si decía así: Los listados serán tu salario, entonces todas las reses parían listados.
De suerte que Dios ha quitado el ganado de vuestro padre, y me lo ha dado.
Pues sucedió que al tiempo que andaba en celo el ganado, alcé mis ojos y vi en sueños que, he aquí, los machos que cubrían las hembras eran listados, salpicados y abigarrados.
Y me dijo el Ángel de Dios en sueños: ¡Jacob! y respondíle: Heme aquí.
Y dijo él: Alza los ojos, y verás que todos los machos que cubren las hembras, son listados, salpicados y abigarrados: porque yo he visto todo lo que Labán te está haciendo.
Yo soy el Dios de Bet-el, donde ungiste el pilar, y donde me hiciste voto. Ahora pues, levántate, sal de esta tierra, y vuelve a la tierra de tu nacimiento.
A lo que respondieron Raquel y Lea, y le dijeron: ¿Acaso nos queda todavía a nosotras parte ni herencia en la casa de nuestro padre?
¿No le somos reputadas por extrañas? porque nos vendió, y hase comido por completo nuestro precio.
De manera que toda la riqueza que ha quitado Dios a nuestro padre, de nosotras es y de nuestros hijos. Ahora pues, haz cuanto te ha dicho Dios.
Entonces Jacob se levantó, y haciendo subir a sus hijos y sus mujeres sobre los camellos,
puso en camino todo su ganado, y toda su hacienda que había allegado, el ganado de su ganancia que había adquirido en Padán-aram, para irse a Isaac su padre, en la tierra de Canaán.
Mas Labán había ido a esquilar sus ovejas; y Raquel hurtó los ídolos domésticos que tenía su padre.
Y Jacob se alejó de Labán siro secretamente; pues no le avisó que se huía.
De esta suerte huyó Jacob con todo lo que era suyo, y pasó el río Eufrates, y puso su rostro hacia la serranía de Galaad.
Y fué dado aviso a Labán al tercer día, que había huído Jacob.
Por lo cual tomó sus hermanos consigo, y siguió a su alcance jornada de siete días, y le alcanzó en la serranía de Galaad.
Pero Dios vino a Labán siro en sueños de noche, y le dijo: ¡Guárdate de hablar con Jacob bien ni mal!
Alcanzó pues Labán a Jacob; y Jacob había ya fijado sus tiendas en el monte; y Labán fijó sus tiendas en el mismo monte de Galaad.
Y dijo Labán a Jacob: ¿Qué maldad has cometido, para que huyeses de mí secretamente, y llevases a mis hijas como cautivadas a espada?
¿Por qué encubriste tu fuga, y te escapaste de mí secretamente, y no me avisaste para que te enviase con festejos y con canciones, con tamboriles y con arpas;
y ni siquiera me permitiste besar a mis hijos y -a mis hijas? Ahora pues te has portado neciamente haciendo esto.
Está al alcance de mi mano el haceros mal; pero el Dios de vuestro padre me habló anoche, diciendo: ¡Guárdate de hablar con Jacob bien o mal!
Mas ya que tenías que irte, por lo mucho que anhelabas la casa de tu padre, ¿por qué hurtaste mis dioses?
Entonces contestó Jacob, y dijo a Labán: Me huí secretamente porque tuve miedo; pues pensaba que tú me quitarías por fuerza tus hijas.
Mas aquel con quien halles tus dioses, ¡que no viva! Delante de nuestros hermanos reconoce qué tengo de lo tuyo, y llévatelo. (Porque Jacob no sabía que Raquel los había hurtado.)
Entró por tanto Labán en la tienda de Jacob, y en la tienda de Lea, y en la tienda de las dos siervas, mas no los halló; y saliendo de la tienda de Lea, entró en la tienda de Raquel.
Mas Raquel ya había tomado los ídolos y los había metido debajo de los aparejos del camello, y habíase sentado encima de ellos. Labán pues tentó toda la tienda, mas no los halló.
Y ella dijo a su padre: No se enoje mi señor de que no pueda levantarme delante de ti; porque estoy con la costumbre de las mujeres. De suerte que él buscó, mas no halló los ídolos.
Entonces airóse Jacob, y altercó con Labán; y respondió Jacob y dijo a Labán: ¿Cuál es mi transgresión, y cuál mi pecado, para que siguieses así acaloradamente en pos de mí?
Ya que has tentado todos mis efectos, ¿qué has hallado de los efectos de tu casa? Ponlo aquí delante de mis hermanos y tus hermanos, y juzguen ellos entre nosotros dos.
Estos veinte años que te he servido, tus ovejas y tus cabras no han perdido sus crías, y los carneros de tus rebaños no me los he comido.
Lo despedazado por fieras no lo traje a ti; yo llevé la culpa: de ni mano lo exigías, ya me fuese robado de día, ya robado de noche.
De esta suerte lo pasaba yo; de día me consumía el calor, y el hielo de noche: y el sueño se huía de mis ojos,
Así lo he pasado por veinte años en tu casa; te serví catorce años por tus dos hijas, y seis años por tu ganado; y tú has cambiado mi salario diez veces.
Si no hubiese sido conmigo el Dios de mi padre, el Dios de Abraham y el Temor de Isaac, seguramente me enviarías ahora con las manos vacías. Dios ha visto mi aflicción, y la fatiga de mis manos; y él te reprendió anoche.
Entonces contestó Labán y dijo a Jacob: Estas hijas son hijas mías; y estos hijos, hijos míos; los rebaños, rebaños míos; y todo lo que tú estás viendo, mío es. ¿Y qué puedo hacer hoy a estas mis hijas, o a sus hijos que ellas han parido?
Ahora bien, ven, hagamos un pacto, yo y tú, que sirva de testimonio entre mí y ti.
Jacob entonces tomó una piedra, y levantóla por pilar.
Y dijo Jacob a sus hermanos: Recoged piedras; tomaron pues piedras e hicieron un majano; y comieron allí sobre aquel majano.
Y lo llamó Labán Jegar-sahaduta, (mas Jacob lo llamó Gal-ed).
Y dijo Labán: Este majano es testigo entre mí y ti, hoy. Por tanto fué llamado Gal-ed,
y Mizpa, porque dijo también: ¡Atalaye Jehová entre mí y ti, cuando estemos ausentes el uno del otro!
Si oprimieres a mis hijas, o si tomares otras mujeres además de mis hijas, nadie está con nosotros; pero mira, Dios es testigo entre mí y ti.
Dijo más Labán a Jacob: He aquí este majano, y he aquí este pilar, que he colocado entre mí y ti,
testigo sea este majano, y testigo este pilar, de que yo no pasaré este majano hacia ti, y de que tú no pasarás este majano y este pilar hacia mí, para mal.
¡Los dioses de Abraham, y los dioses de Nacor juzguen entre nosotros! dioses también del padre de ellos. Mas Jacob juró por el Temor de su padre Isaac.
Y ofreció Jacob sacrificios en él monte, y llamó a sus hermanos para que comiesen pan. Así pues comieron pan, y pasaron la noche en el monte;
y por la mañana madrugó Labán, y besó a sus hijos y a sus hijas, y los bendijo; luego se puso en camino, y volvióse Labán a su lugar.
MAS Jacob siguió su camino; y salieron a recibirle ángeles de Dios.
Y dijo Jacob al verlos: Campamento de Dios es éste: y llamó aquel lugar Mahanaim.
Entonces Jacob envió mensajeros delante de sí a Esaú, su hermano, a tierra de Seir, país de Edom;
Y mandóles diciendo: De esta manera diréis a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he estado, y he permanecido allí hasta ahora;
y tengo bueyes, y asnos, y rebaños, y siervos y siervas; y he enviado a avisar a mi señor, para hallar gracia en sus ojos.
Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Llegamos a tu hermano Esaú, y también él viene a tu encuentro, y cuatrocientos hombres con él.
Jacob pues temió mucho, y angustióse; y dividió el pueblo que tenía, y los rebaños, y las vacadas, y los camellos, en dos campamentos;
pues decía: Si viene Esaú al un campamento, y lo hiere, el campamento que queda escapará.
Entonces dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová: tú que me dijiste: Vuelve a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien;
indigno soy de todas las mercedes y de toda la fidelidad de que has usado para con tu siervo: porque con mi báculo pasé este Jordán, y ahora he venido a ser dos campamentos.
¡Líbrame, te ruego, de mano de mi hermano, de mano de Esaú; porque le temo, no sea que venga y me hiera, degollando la madre sobre los hijos!
Y tú mismo dijiste: Ciertamente yo te haré bien, y pondré tu simiente como las arenas del mar, que no pueden ser contadas a causa de la muchedumbre.
Y pasó allí la noche: y tomó de lo que le venía a la mano un presente para Esaú su hermano:
Doscientas cabras y veinte machos de cabrío; doscientas ovejas y veinte carneros;
treinta camellas paridas con sus crías: cuarenta vacas y diez toros; veinte asnas y diez pollinos.
Y los entregó en manos de sus siervos, cada manada aparte, y dijo a sus siervos: Pasad delante de mí, y dejaréis un buen espacio entre manada y manada.
Y mandó al primero, diciendo: Cuando te encontrare Esaú mi hermano, y te preguntare, diciendo: ¿De quién eres? ¿y a dónde vas? ¿y de quién son estos que van delante de ti?
entonces le dirás: De tu siervo Jacob; un presente es, enviado a mi señor Esaú; y he aquí que él también viene tras de nosotros.
Y mandó al segundo también, y también al tercero, y asimismo a todos los que iban tras las manadas, diciendo: En estos mismos términos hablaréis a Esaú cuando le encontrareis.
Y diréis también: He aquí, tu siervo Jacob viene en pos de nosotros. Porque decía: Aplacaré su ira con el presente que va delante de mí; después de esto veré su rostro; quizás me mirará benignamente.
Pasó pues el presente delante de él; mas él mismo se quedó aquella noche en el campamento.
Y levantóse durante la noche, y tomó a sus dos mujeres, y a sus dos siervas, y a sus once hijos, y los hizo pasar el vado del Jaboc.
Tomólos pues, y los hizo pasar el torrente, e hizo pasar también todo lo que tenía.
Y quedóse Jacob solo, y luchó un hombre con él hasta el romper del alba.
Y cuando éste vió que no podía con él, tocó la coyuntura del muslo de Jacob; y descoyuntóse la coyuntura de Jacob entretanto que luchaba con él.
Y dijo: ¡Suéltame, que ya raya el alba! Mas le contestó Jacob: No te soltaré hasta que me hayas bendecido.
Y el otro le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.
Le dijo pues: No serás llamado más Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios, y con los hombres, y has prevalecido.
Entonces le preguntó Jacob, diciendo: Ruégote a ti me declares cuál es tu nombre. Mas él respondió: Por qué preguntas por mi nombre? Y le bendijo allí.
Y Jacob nombró aquel lugar Peni-El; porque he visto a Dios, (así decía), cara a cara, y fué librada mi vida.
Y salióle el sol cuando él pasaba por Penuel; y cojeaba del muslo.
Por tanto no comen los hijos de Israel del tendón de la cadera, que está en la coyuntura del muslo, hasta el día de hoy; por cuanto aquel hombre tocó la coyuntura del muslo de Jacob, en el tendón de la cadera.
ENTONCES Jacob alzó los ojos, y vió que, he aquí Esaú venía, y con él cuatrocientos hombres. Repartió pues los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas.
Y puso las siervas con sus niños, los primeros, y a Lea con sus niños los segundos, y a Raquel con José los postreros.
Pero él mismo pasó delante de ellos, e inclinóse a tierra siete veces, hasta que hubo llegado a su hermano.
Esaú empero corrió a recibirle, y abrazóle, y echóse sobre su cuello y le besó; y lloraron.
Y como alzase Esaú los ojos, vió las mujeres y los niños, y dijo: ¿Quiénes son estos que vienen contigo? Y él respondió: Son los niños con que Dios ha hecho merced a tu siervo.
Entonces se acercaron las siervas, ellas y sus niños, y se postraron.
Luego se acercó también Lea con sus niños, y se postraron; y después se acercaron José y Raquel, y se postraron.
Dijo Esaú además: ¿Qué propones con toda esta muchedumbre de ganado que acabo de encontrar? A lo que respondió Jacob: Es para hallar gracia en los ojos de mi señor.
Mas Esaú dijo: Tengo bastante, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo.
Pero Jacob le dijo: No sea así, te lo ruego, si he hallado gracia en tus ojos; sino que has de recibir un presente de mi mano, por lo mismo que he visto tu rostro, como quien ve el rostro de Dios, y tú te complaciste en mí.
Ruégote aceptes el regalo que te he traído; porque Dios me ha hecho merced, y porque tengo de todo. Instóle pues, y lo aceptó.
Luego dijo Esaú: Emprendamos marcha y vayamos juntos, y yo iré delante de ti.
Mas él respondió: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo que mirar por las ovejas y vacas preñadas: y si las apresuran un solo día, morirá todo el ganado.
Pase pues mi señor delante de su siervo, y yo guiaré lentamente, al paso que pide la hacienda que llevo delante, y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor en Seir.
Dijo entonces Esaú: Permite que ponga a tu servicio parte de la gente que está conmigo. Mas dijo Jacob: ¿Para qué esto? ¡Halle yo gracia en los ojos de mi señor!
De manera que se volvió Esaú en ese mismo día, y tomó su camino para Seir.
Jacob empero movió su campamento a Sucot, donde edificó para sí una casa, y para su ganado hizo barracas. Por tanto fué llamado aquel lugar Sucot.
Así vino Jacob en paz a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán, a su regreso de Padán-aram; y acampó enfrente de la ciudad.
Y compró la parte del campo donde había fijado sus tiendas, de mano de los hijos de Hamor, padre de Siquem, en cien kesitas;
y erigió allí un altar, y llamólo El-Elohé-Israel.
MAS salió Dina hija de Lea, la cual ésta había parido a Jacob, a ver las hijas de aquella tierra.
Y la vió Siquem, hijo de Hamor heveo, príncipe de la tierra; y la tomó y acostóse con ella, haciéndole violencia.
Y unióse su alma a Dina hija de Jacob, y amó á la joven, y habló cariñosamente a la joven.
Entonces Siquem habló a su padre Hamor, diciendo: Consígueme esta niña por mujer.
Y Jacob oyó decir que él había violado a su hija Dina: mas sus hijos estaban con el ganado en el campo; callóse pues Jacob hasta que ellos vinieron.
Entonces Hamor, padre de Siquem, salió a donde estaba Jacob para tratar con él.
Y los hijos de Jacob vinieron del campo luego que lo supieron; y se resintieron los hombres, y enardecióse mucho su enojo, porque se había cometido villanía en Israel, acostándose con la hija de Jacob; cosa que no se debía hacer.
Habló pues Hamor con ellos, diciendo: El alma de Siquem mi hijo está unida a vuestra hija; ruégoos se la deis por mujer;
Y emparentad con nosotros; nos daréis a nosotros vuestras hijas, y os daremos a vosotros nuestras hijas.
Así habitaréis con nosotros, y la tierra estará ante vosotros; habitad, pues, y traficad y tened posesiones en ella.
Siquem también dijo al padre y a los hermanos de ella: ¡Halle yo gracia en vuestros ojos! y lo que me dijereis yo lo daré.
Cargad sobre mí sin tasa, dote y dones, que yo daré cuanto me dijereis; con tal que me deis la joven por mujer.
Entonces respondieron los hijos de Jacob a Siquem y a Hamor su padre, y les hablaron con disimulo, por cuanto había violado a Dina su hermana.
Les dijeron pues: No podemos hacer esto, el dar nuestra hermana a un hombre incircunciso; porque sería una deshonra para nosotros.
Tan sólo con esta condición podremos complaceros, a saber, si consentís en ser como nosotros, circuncidando todo varón de entre vosotros.
Entonces os daremos a vosotros nuestras hijas, y tomaremos vuestras hijas para nosotros; y habitaremos con vosotros, y seremos un mismo pueblo.
Mas si no quisiereis escucharnos para ser circuncidados, tomaremos a nuestra hija, y nos iremos.
Y sus palabras gustaron a Hamor y a Siquem, hijo de Hamor;
y no dilató el joven en hacer aquello, porque se deleitaba en la hija de Jacob: y él era el más distinguido de toda la casa de su padre.
Fueron entonces Hamor y Siquem su hijo a la puerta de su ciudad, y hablaron con los hombres de su ciudad, diciendo:
Estos hombres son pacíficos para con nosotros; habiten por tanto en la tierra, y trafiquen en ella; he aquí que la tierra es bastante ancha para ellos: nosotros tomaremos a sus hijas por mujeres, y les daremos a ellos nuestras hijas.
Empero solamente con esta condición querrán los hombres complacernos en habitar con nosotros, para ser un mismo pueblo, a saber, que sea circuncidado todo varón de entre nosotros, así como ellos son circuncidados.
¿No serán nuestros sus ganados y sus riquezas y todas sus bestias? Tan sólo consintamos con ellos, y habitarán con nosotros.
Y obedecieron a Hamor y a Siquem su hijo todos los que salían por la puerta de su ciudad; de modo que se circuncidaron todos los varones, todos los que salían por la puerta de su ciudad.
Y aconteció que al tercer día, cuando estaban doloridos, dos de los hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, y entraron en la ciudad confiadamente, y mataron a todo varón.
A Hamor también y a Siquem su hijo, mataron a filo de espada; y tomaron a Dina de casa de Siquem, y salieron.
Entonces los hijos de Jacob vinieron sobre los muertos, y saquearon la ciudad; por cuanto habían violado a su hermana.
Tomaron sus rebaños y sus vacadas, y sus asnos; tanto lo que había en la ciudad como lo que había en el campo,
con todos sus haberes; y llevaron cautivos a todos sus niños y sus mujeres; saqueando todo cuanto había en casa.
Dijo entonces Jacob a Simeón y Leví: Me habéis turbado, haciéndome odioso para con los moradores de este tierra, para con los Cananeos y los Perezeos; y teniendo yo poca gente, se juntarán contra mí y me herirán; y seré destruído, yo y mi casa.
Mas ellos le respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana como a una ramera?
EMPERO Dios dijo a Jacob: Levántate, sube a Bet-el, y habita allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de la presencia de Esaú tu hermano.
Entonces dijo Jacob a su familia, y a todos los que con él estaban: Apartad los dioses extraños que están en medio de vosotros, y purificaos, y mudad vuestros vestidos;
y nos levantaremos, y subiremos a Bet-el, y haré allí un altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino por donde he andado.
Y ellos dieron a Jacob todos los dioses extraños que tenían en su poder, y los zarcillos que traían en las orejas; y los escondió Jacob debajo de un roble que estaba cerca de Siquem.
En seguida, levantó su campamento: y sobrevino un grandísimo terror a las ciudades de en derredor de ellos, de manera que no persiguieron a los hijos de Jacob.
Jacob pues vino a Luz, que está en la tierra de Canaán (la cual es Bet-el), él y todo el pueblo que estaba con él.
Y edificó allí un altar, y llamó el lugar El-bet-el; porque Dios se le había manifestado allí, cuando iba huyendo de Esaú su hermano.
Y murió Débora, nodriza de Rebeca, y fué enterrada al pie de la colina de Bet-el, debajo de una encina; la cual fué llamada Encina del llanto.
Y Dios apareció otra vez a Jacob después que volvió de Padán-aram, y le bendijo.
Y díjole Dios: Tu nombre ha sido Jacob; pero ya no serás llamado Jacob, sino que Israel será tu nombre: y púsole el nombre de Israel.
Además le dijo Dios: Yo soy el Dios Omnipotente; sé fecundo y multiplícate; una nación y una congregación de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos.
Y la tierra que he dado a Abraham y a Isaac, a ti te la daré; también a tu simiente después de ti daré la tierra.
Y subió Dios de cerca de él, en el lugar donde había hablado con él.
Entonces levantó Jacob un monumento en el lugar donde Dios había hablado con él; monumento de piedra; y derramó sobre él una libación, y vertió sobre él aceite.
Y Jacob dió al lugar donde Dios había hablado con él, el nombre de Bet-el.
Y alzó su campamento de Bet-el, y cuando le faltaba todavía algún trecho para llegar a Efrata, parió Raquel; y tuvo duro trabajo en el parto.
Y aconteció en lo más duro del parto, que le dijo la partera: No temas, porque ahora vas a tener otro hijo.
Y acaeció que al salírsele el alma (pues murió), le nombró Ben-oní; mas su padre le llamó Ben-jamín.
De manera que murió Raquel, y fué enterrada en el camino de Efrata (la cual es Bet-lehem).
Y levantó Jacob un monumento sobre su sepultura; el cual es el monumento de la sepultura de Raquel, que permanece hasta el día de hoy.
E Israel alzó el campamento, y fijó sus tiendas más allá de la torre de Eder.
Y aconteció que mientras habitaba Israel en aquella tierra, Rubén fué y acostóse con Bilha, concubina de su padre: y lo supo Israel. Eran pues doce los hijos de Israel.
Los hijos de Lea: Rubén, el primogénito de Jacob, y Simeón, y Leví, y Judá, e Isacar, y Zabulón.
Los hijos de Raquel: José y Ben-jamín.
Y los hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan y Neftalí,
y los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Éstos son los hijos de Jacob, que le nacieron en Padán-aram.
Y vino Jacob a Isaac su padre, en Mamré, ciudad de Arba (que es Hebrón) donde habían morado como extranjeros Abraham e Isaac.
Y fueron los días de Isaac ciento y ochenta años.
Y expiró Isaac y murió, y fué agregado a su pueblo, viejo y harto de días; y le sepultaron sus hijos Esaú y Jacob.
Y ESTAS son las generaciones de Esaú (el cual es Edom):
Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán; a saber, Ada hija de Elón heteo, y Aholibama hija de Aná, hija de Zibeón heveo.
Tomó también a Basemat hija de Ismael, hermana de Nabayot.
Y Ada parió Elifaz a Esaú; y Basemat parió a Reuel.
Y Aholibama parió a Jeús y a Jalam y a Coré. Éstos fueron los hijos de Esaú, que le nacieron en la tierra de Canaán.
Y tomó Esaú a sus mujeres, y a sus hijos, y a sus hijas, y a todas las almas de su casa, y su ganado y todas sus bestias, con todos sus haberes que había adquirido en la tierra de Canaán, y fuése a otra tierra a causa de Jacob su hermano.
Porque la hacienda de ellos era demasiado grande para que habitasen juntos; pues la tierra de sus peregrinaciones no podía sostenerlos, por ser muchos sus ganados.
Así pues habitó Esaú en la serranía de Seir. Esaú es Edom.
Y estas son las generaciones de Esaú, padre de los Edomitas, en la serranía de Seir.
Estos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Ada, mujer de Esaú; y Reuel, hijo de Basemat, mujer de Esaú.
Y eran los hijos de Elifaz, Temán, Omar, Zefo, Gatam y Kenaz.
Y Timna era concubina de Elifaz hijo de Esaú, la cual le parió a Amalec. Estos son los hijos de Ada, mujer de Esaú.
Y estos son los hijos de Reuel: Nahat, Zera, Sama y Miza: éstos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú.
Y estos son los hijos de Aholibama, hija de Aná, hija de Zibeón, mujer de Esaú, que ella le parió a Esaú: Jeús Jalam y Coré.
Estos son los caudillos de los hijos de Esaú: Los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú: El caudillo Temán, el caudillo Omar, el caudillo Zefo, el caudillo Kenaz,
el caudillo Coré, el caudillo Gatam, el caudillo Amalec; éstos son los caudillos que descendieron de Elifaz, en la tierra de Edom: éstos son los hijos de Ada.
Y estos son los hijos de Reuel, hijo de Esaú: El caudillo Nahat, el caudillo Zera, el caudillo Sama, el caudillo Miza; éstos son los caudillos que descendieron de Reuel, en la tierra de Edom: éstos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú.
Estos son los hijos de Aholibama, mujer de Esaú: El caudillo Jeús, el caudillo Jaalam, el caudillo Coré: éstos son los caudillos que descendieron de Aholibama hija de Aná, mujer de Esaú.
Estos son los hijos de Esaú, y éstos sus caudillos: el cual es Edom.
Estos son los hijos de Seir horeo, que antes habitaban en aquella tierra: Lotán, y Sobal, y Zibeón, y Aná,
y Disón, y Ezer, y Disán. Éstos son los caudillos de los Horeos, hijos de Seir, en la tierra de Edom.
Y eran los hijos de Lotán, Hori y Hemán; y la hermana de Lotán era Timna.
Y estos son los hijos de Sobal: Alván, y Manahat, y Ebal, y Sefo, y Onam.
Y estos son los hijos de Zibeón: Aya y Aná. Éste es el mismo Aná que halló mulos en el desierto, cuando apacentaba los asnos de Zibeón su padre.
Y estos son los hijos de Aná: Disón, y Aholibama, hija de Aná.
Y estos son los hijos de Disón: Hemdán, y Esbán, e Itrán, y Kerán.
Estos son los hijos de Ezer: Bilhán y Zaaván y Acán.
Estos son los hijos de Disán: Hus y Arán.
Estos son los caudillos horeos: El caudillo Lotán, el caudillo Sobal, el caudillo Zibeón, el caudillo Aná,
el caudillo Disón, el caudillo Ezer, el caudillo Disán. Éstos son los caudillos horeos, según sus capitanías, en la tierra de Seir.
Y estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que reinase ningún rey de los hijos e Israel.
Reinó pues en Edom Bela, hijo de Beor; y el nombre de su ciudad fué Dinaba.
Y murió Bela, y reinó en su lugar Jobab, hijo de Zerah, de Bosra.
Y murió Jobab, y reinó en su lugar Husam, de la tierra de los temanitas.
Y murió Husam, y reinó en su lugar Hadad, hijo de Badad, el mismo que hirió a Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad fué Avit.
Y murió Hadad, y reinó en su lugar Samla, de Masreca.
Y murió Samla, y reinó en su lugar Saúl, de Rehobot del Río.
Y murió Saúl, y reinó en su lugar Baal-hanán, hijo de Acbor.
Y murió Baal-hanán hijo de Acbor, y reinó en su lugar Hadar; y el nombre de su ciudad fué Pau, y el nombre de su mujer Mehetabel, hija de Matred, hija de Me-zahab.
Estos pues son los nombres de los caudillos que descendieron de Esaú, según sus familias, según sus lugares, por sus nombres: El caudillo Timna, el caudillo Alva, el caudillo Jetet,
el caudillo Aholibama, el caudillo Ela, el caudillo Pinón,
el caudillo Kenaz, el caudillo Temán, el caudillo Mibzar,
el caudillo Magdiel, el caudillo Iram. Éstos fueron los caudillos de Edom, según sus habitaciones, en la tierra de su posesión. - Este es Esaú, padre de los Idumeos.
Y HABITÓ Jacob en la tierra de las peregrinaciones de su padre, en la tierra de Canaán.
Estas son las generaciones de Jacob. José, siendo de edad de diez y siete años, estaba apacentando el ganado con sus hermanos; y estaba, como muchacho, con los hijos de Bilha y los hijos de Zilpa, mujeres de su padre: y llevó José noticia de la mala conducta de ellos a su padre.
Y amaba Israel a José más que a todos sus hermanos, por ser el hijo de su vejez; y le hizo una túnica talar de diversos colores.
Viendo pues sus hermanos que le amaba su padre más que a todos ellos, le odiaban, y no podían hablarle pacíficamente.
Y José soñó un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos por esto le odiaron más todavía:
Pues les dijo: Oíd, os ruego, este sueño que he soñado:
He aquí, estábamos atando gavillas en el campo; y he aquí que se levantó mi gavilla, y también se quedó derecha, mientras que vuestras gavillas poniéndosele al rededor, se inclinaban ante mi gavilla.
Y le dijeron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros? ¿o te enseñorearás tú de nosotros? Y le aborrecieron todavía más a causa de sus sueños y sus palabras.
Y soñó aún otro sueño, y contólo a sus hermanos, diciendo: He aquí, he soñado otro sueño más; y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.
Contólo también a su padre y a sus hermanos; pero le reprendió su padre, y le dijo: ¿Qué sueño es este que has soñado? ¿Hemos en verdad de venir, yo y tu madre y tus hermanos, a postramos a tierra delante de ti?
Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba el caso.
Y habiendo ido sus hermanos a apacentar el ganado de su padre, en Siquem,
Israel dijo a José: ¿No están apacentando tus hermanos en Siquem? Ven, y te enviaré a ellos. Y le respondió: Heme aquí.
Y él dijo: Ruégote vayas y veas cómo estan tus hermanos, y cómo se halla el ganado; y tráeme la respuesta. Así le envió desde el valle de Hebrón, y él fué a Siquem.
Y hallóle un hombre, y he aquí que andaba errante por el campo; y le preguntó aquel hombre, diciendo: ¿Qué estás buscando?
Y contestó: A mis hermanos estoy buscando; ruégote me digas dónde están apacentando.
Y dijo el hombre: Se han ido de aquí, porque les oí decir: Vamos a Dotán. José pues fué tras sus hermanos, y los halló en Dotán.
Mas ellos le vieron a lo lejos, y antes que llegara a ellos, conspiraron contra él para hacerle morir;
diciendo el uno al otro: ¡Mirad, ahí viene ese soñador!
Ahora pues, venid, matémosle, y echémosle en una de estas cisternas; y diremos que alguna bestia feroz le ha devorado; entonces veremos en qué vendrán a parar sus sueños.
Mas cuando oyó esto Rubén, le libró de sus manos, diciendo: No le matemos.
Les dijo además Rubén: No derraméis sangre; echadle en esta cisterna que está en el desierto, mas no pongáis la mano sobre él; esto decía por librarle de su mano, a fin de hacerle volver a su padre.
Así sucedió que como llegase José a sus hermanos, le despojaron de su túnica, la túnica de diversos colores que traía puesta;
y cogiéndole le echaron en la cisterna. Mas la cisterna estaba vacía, no tenía agua.
En seguida se sentaron a comer pan: mas levantando los ojos, miraron, y he aquí una caravana de Ismaelitas, que venían de Galaad; y sus camellos traían especias y bálsamos y resinas, que llevaban a Egipto:
Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿De qué nos aprovecha matar a nuestro hermano, y encubrir su sangre?
Venid y vendámosle a estos Ismaelitas; mas no pongamos nosotros mano sobre él: porque es nuestro hermano, nuestra misma carne. Y convinieron con él sus hermanos;
de manera que mientras pasaban los mercaderes Mádianitas, ellos sacaron a José alzándole de la cisterna; y vendieron a José a los Ismaelitas, por veinte piezas de plata: y llevaron a José a Egipto.
Y cuando volvió Rubén a la cisterna, he aquí que José no estaba en la cisterna; y él rasgó sus vestidos;
y volviéndose a sus hermanos, les dijo: ¡El niño no parece! y yo, ¿a dónde iré yo?
Mas ellos tomaron la túnica de José, y degollando. un macho de cabrío, tiñeron la túnica en la sangre.
Entonces enviando, hicieron llevar la túnica de diversos colores a su padre, diciendo: Esta hemos hallado; reconoce pues, y ve si es la túnica de tu hijo o no.
Y él la reconoció, y dijo: ¡La túnica de mi hijo es; alguna bestia feroz le habrá devorado! ¡sin duda ha sido despedazado José!
Y rasgó Jacob sus vestidos, y puso saco sobre sus lomos, y lamentóse a causa de su hijo muchos días.
Y levantáronse todos sus hijos y todas sus hijas para consolarle; mas él no quiso ser consolado, diciendo: ¡Porque descenderé a mi hijo lamentándome hasta la sepultura! De este modo le lloraba su padre.
Entretanto los Madianitas le vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.
HABÍA ya acontecido en este tiempo, que separándose Judá de sus hermanos, trabó amistad con cierto adullamita que se llamaba Hira.
Y vió allí Judá la hija de un hombre cananeo, llamado Sua, y tomóla por mujer, y llegóse a ella.
Y concibió y parió un hijo; y él le nombró Er.
Y concibió otra vez, y parió un hijo, y llamóle Onán.
Y volvió aún a concebir, y parió un hijo, y le llamó Sela: y estaba Judá en Kizib cuando ella parió.
Y Judá tomó mujer para Er su primogénito, la cual se llamaba Tamar.
Mas Er, el primogénito de Judá, era malo a los ojos de Jehová, y Jehová le mató.
Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y cumple con ella el deber de levirato, levantando linaje a tu hermano.
Sabía pues Onán que no había de ser suyo el linaje; y fué así que siempre que se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar linaje a su hermano.
Y era malo a los ojos de Jehová lo que él hacía, de modo que le mató a él también.
Dijo entonces Judá a Tamar su nuera: Quédate viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque decía: No suceda que muera él también, como sus hermanos. Se fué pues Tamar, y habitó en casa de su padre.
Pasaron empero muchos días; y había ya muerto la hija de Sua, mujer de Judá, y habíase consolado Judá; y subía a ver los esquiladores de sus ovejas, él y su amigo Hira adullamita, a Timnat,
cuando fué dado aviso a Tamar, diciendo: Mira que tu suegro sube a Timnat, al esquileo de sus ovejas.
Entonces ella quitó de sobre sí los vestidos de su viudez, y cubrióse de un velo, y tapándose bien se sentó a la entrada de Enaim, que estaba en el camino de Timnat: porque veía que Sela era ya hombre, y ella no le había sido dada por mujer.
Y como la viese Judá, la tuvo por ramera, porque se cubrió el rostro.
Llegóse entonces a ella, al lado del camino, y dijo: ¡Ea pues, ruégote me dejes llegar a ti! porque no sabía que era ella su nuera. Mas ella dijo: ¿Qué me darás por llegarte a mí?
A lo que respondió: Yo te enviaré del rebaño un cabrito de las cabras. Ella dijo: ¿Me darás alguna prenda, hasta que me lo mandes?
Y él respondió: ¿Qué prenda te daré? Y ella dijo: Tu sello, tu cordoncillo y el báculo que traes en la mano. Él pues se los dió, y se llegó a ella; y ella concibió de él.
Y levantándose ella, se fué, y quitó el velo de sobre sí, y vistióse los vestidos de su viudez.
Y envió Judá el cabrito de las cabras por mano de su amigo, el adullamita, para recobrar la prenda de mano de la mujer: mas él no la halló.
Y preguntó a los hombres de aquel lugar, diciendo: ¿Dónde está la prostituta de Enaim, que se sentaba junto al camino? Mas ellos dijeron: No ha estado aquí ninguna prostituta.
De manera que él volvió a Judá, y dijo: No la hallé; y también los hombres de aquel lugar decían: No ha habido aquí ninguna prostituta.
Entonces dijo Judá: Tómeselo para sí, para que no seamos avergonzados. He aquí, yo envié este cabrito, y tú no la hallaste.
Mas sucedió que como a los tres meses fué dado aviso a Judá, diciendo: Tu nuera Tamar ha estado fornicando, y he aquí también que está preñada de sus fornicaciones. Y dijo Judá: ¡Sacadla, para que sea quemada!
Ella pues fué sacada; mas envió a decir a su suegro: Del varón cuyas son estas cosas yo estoy preñada. Dijo más: Ruégote que reconozcas y veas de quién sean estas cosas, el sello, los cordoncillos y el bastón.
Y reconociólas Judá, y dijo: Más justa es ella que yo; por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y no la volvió a conocer más.
Y aconteció que al tiempo de parir, he aquí que había mellizos en su seno.
Y sucedió que cuando paría, el uno sacó la mano; y tomándola la partera, le ató un hilo de grana, diciendo: Éste salió primero.
Mas aconteció, como él retirase la mano, que salió su hermano. Y ella dijo: ¿Cómo te rompiste paso? ¡sobre ti sea esta rotura! Fué llamado pues Farés.
Y después salió su hermano, el que tenía en la mano el hilo de grana: y fué llamado Zara.
JOSÉ pues fué llevado a Egipto; y Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, le compró de mano de los Ismaelitas que le habían llevado allá.
Mas Jehová era con José, de modo que fué hombre próspero; y estaba en casa de su señor el egipcio.
Y su señor vió que Jehová era con él, y que todo cuanto él hacía, Jehová lo prosperaba en su mano.
Por eso José halló gracia en sus ojos, y era su administrador; pues él le encargó el gobierno de su casa, y cuanto tenia lo puso en su mano.
Y aconteció que desde el tiempo en que le dió cargo de su casa, y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del Egipcio por causa de José: de manera que la bendición de Jehová estaba en todo lo que él tenía, tanto en casa como en el campo.
De esta suerte deja todo lo suyo en mano de José: y no se entendía de cosa alguna, sino del pan que comía. Y era José de bella figura y de hermoso semblante.
Y aconteció, después de estas cosas, que la mujer de su señor puso los ojos en José, y dijo: ¡Acuéstate conmigo!
Mas él rehusó, y dijo a la mujer de su señor: He aquí, mi señor no se entiende conmigo acerca de lo que está en casa, y todo lo que tiene lo ha puesto en mi mano.
Ninguno hay en esta casa más grande que yo, y él no me ha reservado cosa alguna, sino a ti sola, por cuanto eres su mujer: ¿cómo pues he de hacer esta gran maldad, y pecar contra Dios?
Y sucedió, mientras ella hablaba a José todos los días, y mientras él no le escuchaba para acostarse a su lado, ni para estar con ella,
que cierto día en que él entró en casa para hacer su oficio, no había ninguno de los hombres de la casa allí dentro.
Ella pues le cogió de su vestido, diciendo: ¡Acuéstate conmigo! Mas él dejó su vestido en mano de ella, y huyó, saliéndose fuera.
Y sucedió, cuando ella vió que le había dejado su vestido en la mano, y había huído fuera,
que llamó a los hombres de su casa y les dijo: Ya veis que nos ha traído un hebreo para que se riese de nosotros: vino a mí para acostarse conmigo, y yo clamé a grandes voces;
y fué así que él, como oyese que levantaba mi voz y clamaba, dejó su vestido a mi lado, y huyó, saliéndose fuera.
Y ella guardó el vestido de él junto a sí hasta que su señor volvió a su casa.
Y le habló a él en los mismos términos, diciendo: Vino a mí el siervo hebreo que nos trajiste, para juguetear conmigo.
Y fué así que cuando yo alcé mi voz y grité, él dejó su vestido a mi lado, y huyó fuera.
Y aconteció que cuando oyó su señor las palabras que su mujer le hablaba, diciendo: De esta manera me hizo tu siervo; encendióse su ira:
y tomó su señor a José, y le echó en la cárcel, lugar donde se encerraban los presos del rey; y él se quedó allí en la cárcel.
Mas Jehová era con José, y le extendió su misericordia, y dióle gracia en los ojos del alcaide de la cárcel;
de manera que el alcaide de la cárcel puso en mano de José todos los presos que había en la cárcel; y todo lo que hacían allí, él era quien lo hacía.
No miraba el alcaide de la cárcel por cosa alguna que estaba en su mano; porque Jehová era con José, y lo que él hacía Jehová lo prosperaba.
Y ACONTECIÓ, después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y su panadero delinquieron contra su señor, el rey de Egipto.
Y se enojó Faraón contra sus dos ministros, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos;
y los metió en prisión, en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso.
Y el capitán de la guardia dió a José el cargo de ellos, y él los servía; y estuvieron algún tiempo en prisión.
Y el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban presos en la cárcel, soñaron sueños ambos a dos, cada uno su sueño en una misma noche, y cada cual conforme a la interpretación de su sueño.
Y José vino a ellos por la mañana, y los miró, y he aquí que estaban perturbados.
Preguntó pues a los ministros de Faraón que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué causa están hoy tristes vuestros semblantes?
Y le respondieron: Hemos soñado sueños, y no hay quien los interprete. Les respondió pues José: ¿No son de Dios las interpretaciones? ruégoos me los contéis.
Entonces el jefe de los coperos le contó su sueño, diciendo: Estando yo en mi sueño, he aquí una vid delante de mí:
y en la vid tres sarmientos; y ella como que retoñó, salió su flor, y sus racimos produjeron uvas maduras.
Y yo tenía la copa de Faraón en mi mano, y tomé las uvas y las exprimí en la copa de Faraón, y dí la copa en mano de Faraón.
Entonces le dijo José: Esta es su interpretación: Los tres racimos tres días son.
Dentro de tres días levantará Faraón tu cabeza, y te restituirá a tu puesto, y darás la copa de Faraón en su mano, como solías hacer antes cuando eras su copero.
Mas ojalá me tengas presente en tu memoria cuando te fuere bien: y ruégote que uses de misericordia conmigo, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa.
Porque ciertamente fuí robado de la tierra de los Hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pongan en este calabozo.
Viendo pues el jefe de los panaderos que era buena la interpretación, dijo a José: También yo estaba en mi sueño; y he aquí tres canastos de pan blanco sobre mi cabeza.
Y en el canasto de encima había de toda especie de manjares para Faraón, obra de panadero; y las aves los comían del canasto que estaba encima de mi cabeza.
Y respondió José, diciendo: Esta es su interpretación: Los tres canastos tres días son.
Dentro de tres días levantará Faraón tu cabeza de sobre ti, y te colgará en un madero; y comerán las aves tus carnes de sobre ti.
Y fué así que al tercer día acaeció el cumpleaños de Faraón, en el cual hizo un banquete para todos sus siervos; y levantó de entre sus siervos la cabeza del jefe de los coperos y la del jefe de los panaderos;
e hizo volver al jefe de los coperos a su oficio de copero, y dió la copa en mano de Faraón;
mas al jefe de los panaderos le colgó en un madero, como les había interpretado José.
Pero el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él.
MAS al cabo de dos años cumplidos, aconteció que Faraón tuvo un sueño: y he aquí que estaba junto al río.
Y subían del río siete vacas hermosas de parecer y gruesas de carnes, y pacían en el carrizal.
Mas he aquí otras siete vacas que subían del río tras ellas, feas de parecer y enjutas de carne, y se pusieron junto a aquellas primeras vacas a la orilla del río.
Y las vacas feas de parecer y enjutas de carne devoraron a las siete vacas hermosas de parecer y gordas: y despertó Faraón.
Durmióse de nuevo y soñó segunda vez: y he aquí siete espigas que subían en una misma caña, gruesas y buenas.
Mas he aquí siete espigas delgadas y abrasadas del solano, que crecían después de ellas;
y las espigas delgadas se tragaron a las siete espigas gruesas y llenas. Y despertó Faraón, y he aquí que era un sueño.
Y aconteció que a la mañana fué perturbado su espíritu; y envió a llamar a todos los magos de Egipto y a todos sus sabios; y contóles Faraón su sueño; mas no hubo quien se lo interpretase a Faraón.
Entonces habló el príncipe de los coperos a Faraón, diciendo: De mis pecados me acuerdo hoy.
Faraón estalló en ira contra sus siervos, y me echó en prisión en la casa del capitán de la guardia, a mí y al jefe de los panaderos.
Y soñamos sueños en una misma noche, yo y él; soñamos cada uno conforme a la interpretación de su sueño.
Y había allí con nosotros un mozo hebreo, siervo del capitán de la guardia, a quien se lo contamos; y él nos interpretó nuestros sueños; interpretó a cada uno conforme a su sueño;
y sucedió que según nos había interpretado, así fué: a mí me hizo volver a mi puesto, e hizo colgar al otro.
Faraón por tanto envió y llamó a José; y le hicieron salir corriendo del calabozo; y se afeitó, y mudóse la ropa, y vino a Faraón.
Y dijo Faraón a José: He soñado un sueño, y no hay quien me lo interprete; mas he oído decir de ti que cuando oyes un sueño, lo puedes interpretar.
José empero respondió a Faraón: No está en mí; Dios dará una respuesta de paz a Faraón.
Dijo entonces Faraón a José: En mi sueño, heme allí en pie a la orilla del río,
y he aquí que del río subían siete vacas gruesas de carnes y hermosas de forma, que pacían en el carrizal.
Mas he aquí otras siete vacas que subían después de ellas, delgadas, y muy feas de traza y enjutas de carne; nunca he visto otras iguales a ellas en fealdad, en toda la tierra de Egipto.
Y las vacas enjutas y feas devoraron a las siete primeras vacas gordas.
Y cuando hubieron entrado en sus entrañas, no podía saberse que hubieran entrado en ellas; pues su aspecto era feo como de primero. Y desperté.
Veía de nuevo en mi sueño, y he aquí siete espigas que subían en una misma caña, gruesas y buenas.
Mas he aquí siete espigas vacías, marchitas y abrasadas del solano, que crecían después de ellas:
y se tragaron las siete espigas delgadas a las siete espigas buenas; y helo dicho a los magos, mas no hay quien me lo declare.
Entonces dijo José a Faraón: El sueño de Faraón es uno mismo: lo que Dios va a hacer, lo manifiesta a Faraón.
Las siete vacas hermosas siete años son, y las siete espigas hermosas siete años son: el sueño es uno mismo.
Asimismo las siete vacas enjutas y feas, que subían después de ellas, siete años son, y también las siete espigas secas, abrasadas del solano; serán siete años de hambre.
Esto es lo que dije a Faraón: lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón.
He aquí que vienen siete años de grande abundancia en toda la tierra de Egipto;
mas van a presentarse después de ellos siete años de hambre, tales que será olvidada toda aquella abundancia en la tierra de Egipto; y el hambre acabará con la tierra.
Y no podrá ser conocida aquella abundancia en la tierra, por razón del hambre que habrá después, porque será gravísima.
Y en cuanto al suceder el sueño a Faraón dos veces, fué porque es cosa establecida de parte de Dios, y Dios se apresura a hacerla.
Ahora pues provéase Faraón de un hombre entendido y sabio, y póngale sobre la tierra de Egipto.
Hágalo así Faraón, y nombre intendentes sobre la tierra, que quinten la tierra de Egipto durante los siete años de abundancia;
y junten toda la provisión de aquellos años buenos que vienen, y almacenen trigo bajo la mano de Faraón, como abastecimiento en las ciudades, y lo guarden.
Y esta provisión estará en depósito para la tierra cuando vengan los siete años de hambre que ha de haber en la tierra de Egipto: así no será asolada la tierra con el hambre.
Y el consejo pareció bueno a Faraón y a todos sus siervos.
Y dijo Faraón a sus siervos: ¿Hallaremos acaso otro como éste, hombre en quien está el espíritu de Dios?
Faraón pues dijo a José: Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú.
Tú estarás sobre mi casa, y a tu mandato obedecerá todo mi pueblo; tan sólo en el trono seré yo más grande que tú.
Dijo además Faraón a José: He aquí, te he puesto sobre toda la tierra de Egipto.
Faraón entonces quitóse de la mano su anillo de sellar, y lo puso en la mano de José; y le vistió con vestiduras de lino fino blanco, y púsole una cadena de oro al rededor del cuello;
y le hizo subir en la segunda carroza que tenía; y pregonaban delante de él: ¡Doblad la rodilla! poniéndole así sobre toda la tierra de Egipto.
Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti no levantará hombre mano ni pie en toda la tierra de Egipto.
Y Faraón le puso a José el nombre de Zafenat-panea, y dióle por mujer a Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On. Y salió José por la tierra de Egipto.
Y José era de edad de treinta años cuando se presentó delante de Faraón rey de Egipto. Así salió José de la presencia de Faraón, y recorrió toda la tierra de Egipto.
Y produjo la tierra en los siete años de abundancia, a manos llenas.
Y recogió José todos los víveres de los siete años buenos que hubo en la tierra de Egipto: y depositó los víveres en las ciudades; las mieses del campo que estaba al rededor de cada ciudad las depositó dentro de la misma.
Y así almacenó José trigo como las arenas del mar, mucho, muchísimo, hasta tal punto que dejó de contarse; porque no tenía número.
Y antes que viniesen los años de hambre, le nacieron a José dos hijos, que le parió Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On.
Y llamó José al primogénito Manasés, porque (decía él) Dios me ha hecho olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre.
Y nombró al segundo Efraim, diciendo: Porque Dios me ha hecho acrecentar en la tierra de mi aflicción.
Acabáronse pues los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto,
y comenzaron a venir los siete años de hambre, como había dicho José: y hubo hambre en todos los países; mas en toda la tierra de Egipto había pan.
Y cuando padecía hambre toda la tierra de Egipto, clamó el pueblo a Faraón por pan; y dijo Faraón a todos los Egipcios: Id a José; todo lo que él os dijere, hacedlo.
De manera que hubo hambre sobre toda la haz de la tierra; y abrió José todos los depósitos, y vendió a los Egipcios; porque arreciaba el hambre en toda la tierra de Egipto.
Y de toda la tierra fueron a Egipto para comprar grano de José; porque arreciaba el hambre en toda la tierra.
Y VIENDO Jacob que había grano en Egipto, dijo Jacob a sus hijos: ¿Por qué os miráis el uno al otro?
Y dijo: He aquí he oído decir que hay grano en Egipto; bajad allá, y comprad para nosotros de allí, para que vivamos y no muramos.
Bajaron pues diez de los hermanos de José a comprar trigo en Egipto.
Mas a Benjamín, hermano de José, no le envió Jacob con sus hermanos, porque decía: No sea que le suceda alguna desgracia.
De esta suerte vinieron los hijos de Israel a comprar, en medio de los que venían; porque había hambre en la tierra de Canaán.
Y era José el gobernador de la tierra; era él quien vendía el grano a todo el pueblo de la tierra. Vinieron pues los hermanos de José, y se le postraron rostro a tierra.
Y cuando vió José a sus hermanos, los conoció, mas se hizo extraño para con ellos, y les habló con dureza, diciéndoles: ¿De dónde habéis venido? Y ellos respondieron: De la tierra de Canaán, a comprar alimentos.
De modo que conoció José a sus hermanos, mas ellos no le conocieron a él.
Y acordóse José de los sueños que había soñado acerca de ellos, y les dijo: ¡Espías sois; para ver lo indefenso de la tierra habéis venido!
Y le respondieron: No, señor mío, sino que tus siervos han venido a comprar alimentos.
Todos nosotros somos hijos de un solo varón; hombres de bien somos; tus siervos no son espías.
Mas él les dijo: No, sino para vez lo indefenso de la tierra habéis venido.
Entonces ellos dijeron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un mismo varón en la tierra de. Canaán; y he aquí, el menor está con nuestro padre hoy, y el otro ya no existe.
Mas José les respondió: Eso es lo que os he dicho al afirmar que sois espías.
En esto seréis probados: ¡Por vida de Faraón, que no saldréis de aquí, sin que venga acá vuestro hermano menor!
Enviad a uno de vosotros que traiga a vuestro hermano, y vosotros quedaréis presos; así serán comprobadas vuestras palabras, si hay verdad en vosotros; y si no, ¡por vida de Faraón! que sois espías.
Y los puso a todos juntos en la cárcel tres días.
Pero al tercer día les dijo José: Haced esto y viviréis; pues temo a Dios.
Si sois hombres de bien, quédese uno de vuestros hermanos preso en la casa de vuestra prisión; mas vosotros, id, llevad el grano para el hambre de vuestras casas,
y traedme a vuestro hermano menor; así serán comprobadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así.
Y decían el uno al otro: Verdaderamente somos dignos de castigo en cuanto a nuestro hermano; porque vimos la angustia de su alma, cuando nos rogaba tuviésemos piedad de él, y no le escuchamos; por tanto a nosotros nos ha sobrevenido este trance angustioso.
Entonces les respondió Ruben, diciendo: ¿No os decía yo así: No pequéis contra el niño; y no me escuchasteis? ipor tanto ya veis que también su sangre nos es demandada!
Y ellos no sabían que les escuchaba José; porque había intérprete entre ellos.
Y él retiróse de ellos, y lloró: después volvió a ellos, les habló; y tomando de entre ellos a Simeón, le ató delante de sus ojos.
Entonces mandó José que llenasen sus costales de trigo y devolviesen el dinero de cada uno, poniéndolo en su saco, y que les diesen provisiones para el camino: y fué hecho con ellos así.
Ellos pues cargaron el grano sobre sus asnos, y se fueron de allí.
Mas al abrir uno de ellos su saco para dar un pienso a su asno en la posada, vió su dinero; porque, he aquí, estaba en la boca de su costal.
Y dijo a sus hermanos: ¡Devuelto es mi dinero; y también vedlo en mi saco! Y se les saltaba el corazón; y temblaron, diciéndose unos a otros: ¡Qué es esto que Dios ha hecho con nosotros!
Y venidos a Jacob su padre en la tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había acaecido, diciendo:
Hablónos el hombre, señor de aquella tierra, con dureza, y nos tuvo por hombres que espiaban el país.
Mas nosotros le dijimos: Hombres de bien somos, no somos espías.
Doce hermanos somos, hijos de nuestro padre; el uno ya no existe, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán.
Y nos dijo aquel hombre, el señor de la tierra: En esto sabré que sois hombres de bien: De vuestros hermanos dejaréis uno conmigo, y tomaréis trigo para el hambre de vuestras casas, y os iréis;
y traedme a vuestro hermano menor: así sabré que no sois espías, sino que: sois hombres de bien: os daré entonces a vuestro hermano, y traficaréis en la tierra.
Y sucedió que al vaciar sus sacos, ¡he aquí que en el saco de cada uno estaba el atado de su dinero! y cuando ellos y su padre vieron los atados de su dinero, tuvieron temor.
Y les dijo su padre Jacob: Vosotros me habéis privado de mis hijos: ¡José no parece, y Simeón no parece, y queréis llevar a Benjamín! ¡todas estas cosas me están en contra!
Entonces Rubén habló a su padre, diciendo: A dos de mis hijos harás morir, si no te le trajere. Entrégale en mi mano, y yo le haré volver a ti.
Mas él respondió: No irá mi hijo con vosotros; pues su hermano es muerto, y él solo me ha quedado; y le va a suceder alguna desgracia en el camino por donde vais: así haréis descender mis canas con dolor a la sepultura.
MAS el hambre era insoportable en la tierra.
Sucedió pues que cuando acabaron de comer el grano que habían traído de Egipto, su padre les dijo: Volved, compradnos un poco de alimento.
Entonces le respondió Judá, diciendo: Solemnemente nos protestó aquel hombre, diciendo: No veréis mi rostro, sin que venga vuestro hermano con vosotros.
Si es de tu agrado enviar a nuestro hermano con nosotros, descenderemos, y te compraremos alimentos;
mas si tú no quieres enviarle, no descenderemos; porque aquel hombre nos dijo: No veréis mi rostro, sin que venga vuestro hermano con vosotros.
A lo cual dijo Israel: ¿Por qué me hicisteis este mal, de decir al hombre que teníais todavía otro hermano?
Y le contestaron: Con mucha particularidad nos preguntó el hombre acerca de nosotros y de nuestra parentela, diciendo: ¿Vive todavía vuestro padre? ¿Tenéis otro hermano? Y le declaramos conforme a estas palabras: ¿De dónde habíamos de saber que iba a decir: Haced venir a vuestro hermano?
Entonces dijo Judá a su padre: Envía al mozo conmigo; así nos levantaremos e iremos, para que vivamos y no muramos, tanto nosotros como tú y nuestras familias.
Yo responderé de él; de mi mano le demandarás: si yo no te le volviere a traer, y le pusiere delante de ti, ¡lleve yo la culpa por siempre para contigo!
Que si no nos hubiéramos tardado, ya habríamos vuelto dos veces.
Les dijo entonces Israel su padre: Ya que ha de ser así, haced esto: Tomad de lo mejor del país en vuestras vasijas, y llevad a aquel hombre un presente: un poco de bálsamo, un poco de miel, de especias, de mirra, de nueces y almendras.
Y tomad doble cantidad de dinero en vuestra mano; también el dinero devuelto en la boca de vuestros costales volvedlo a llevar en vuestra mano: quizás fué yerro.
Y tomad a vuestro hermano, y levantaos, volveos a aquel hombre;
¡y el Dios Todopoderoso os conceda misericordia delante de aquel hombre, para que os devuelva al otro hermano vuestro, y a Benjamín! ¡Y en cuanto a mí, si he de ser privado de mis hijos, privado seré!
Tomaron pues los hombres aquel presente; y doble cantidad de dinero tomaron en su mano, y a Benjamín; luego se levantaron y descendieron a Egipto, y se presentaron delante de José.
Y cuando vió José a Benjamín con ellos, dijo al mayordomo de su casa: Lleva esos hombres a casa, y degüella animales, y adereza; porque estos hombres comerán conmigo al mediodía.
E hizo el hombre como le había mandado José; y los llevó a casa de José.
Y los hombres se sobrecogieron de temor cuando se vieron conducidos a casa de José; y decían: Por motivo del dinero que fué devuelto en nuestros costales la vez primera, somos traídos acá, para entrar en pleito con nosotros, y arrojarse sobre nosotros, y tomarnos como siervos, a nosotros y a nuestros asnos.
Acercáronse pues al mayordomo de la casa de José, y hablaron con él en la puerta de la casa,
diciendo: Óyeme, señor mío. Nosotros descendimos por cierto la primera vez a comprar alimentos;
mas sucedió que cuando llegamos a la posada, abrimos nuestros costales, y he aquí el dinero de cada uno en la boca de su costal; nuestro dinero en su peso cabal; y lo hemos vuelto a traer en nuestra mano;
también otro dinero hemos traído en nuestra mano para comprar alimentos. No sabemos quién haya puesto nuestro dinero en nuestros costales.
Él entonces les respondió: ¡Paz a vosotros; no temáis! vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os ha dado un tesoro escondido en vuestros costales; yo recibí vuestro dinero. Y sacóles a Simeón.
Entonces el hombre hizo entrar a los hombres en casa de José, y dióles agua, y se lavaron los pies; dió también pienso a sus asnos.
Y tuvieron listo el presente para cuando viniese José al mediodía; porque supieron que allí habían de comer pan.
Y cuando vino José a casa, le trajeron dentro de la casa el presente que habían traído consigo; y postráronse delante de él en tierra.
Y él les preguntó por su salud, y dijo: ¿Está bueno vuestro padre, el anciano de quien me hablasteis? ¿vive todavía?
Y ellos respondieron: Está bueno tu siervo nuestro padre, vive todavía; e inclinaron la cabeza y se postraron.
Él entonces alzó los ojos, y vió a Benjamín, hermano suyo, hijo de su madre, y dijo: ¿Es éste vuestro hermano menor de quien me hablasteis? Y dijo: ¡Dios te sea propicio, hijo mío!
Y dióse prisa José, porque se le encendían las entrañas a causa de su hermano; y buscó lugar donde llorar; y entró en su aposento, y lloró allí.
Luego lavóse el rostro y salió; y se contuvo, y dijo: Servid la comida.
Y sirviéronla, para él aparte, y para ellos aparte, y para los Egipcios que comían con él aparte; pues los Egipcios no pueden comer con los Hebreos; porque cosa abominable es esta para los Egipcios.
Y se vieron sentados delante de él el mayor según su mayoría, y el menor según su minoría; y los hombres se miraban los unos a los otros con asombro.
Y tomó José de delante de sí porciones para ellos; mas la porción de Benjamín excedía a las porciones de cualquiera de ellos en los cinco tantos. Y bebieron y alegráronse con él.
EN seguida, mandó José al mayordomo de su casa, diciendo: Llena de provisiones los costales de estos hombres, cuanto puedan llevar; y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal.
Y pon mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, juntamente con el dinero de su grano. Y él hizo conforme a la palabra que José había hablado.
Y. luego que despuntó el alba, los hombres fueron despachados, ellos y sus asnos.
Ya habían salido de la ciudad, mas no se habían alejado, cuando José dijo al mayordomo de su casa: ¡Levántate, sigue a esos hombres! y cuando los alcanzares, les dirás: ¿Por qué habéis vuelto mal por bien?
¿No es esta copa en la que bebe mi señor, y por medio de la cual él suele adivinar? Habéis hecho mal en lo que hicisteis.
Y él, luego que los alcanzó, les dio estas mismas palabras.
A lo cual ellos le contestaron: ¿Por qué dice mi señor tales palabras? ¡No permita Dios que hagan tus siervos semejante cosa!
He aquí, el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales volvimos a traértelo desde la tierra de Canaán; ¿cómo pues habíamos de hurtar de casa de tu señor plata ni oro?
Aquel de tus siervos con quien fuere hallada, que muera, y también nosotros seremos siervos de mi señor.
Y él respondió: Sea ahora conforme a vuestras palabras: aquel con quien fuere hallada será mi siervo; mas vosotros quedaréis disculpados.
Ellos entonces se dieron prisa para bajar cada uno su costal en tierra; abrió también cada cual su costal.
Y él registró, principiando con el mayor, y acabando con el menor: y fué hallada la copa en el costal de Benjamín.
Entonces ellos rasgaron sus vestidos, y cargando cada uno su asno, volviéronse a la ciudad.
Así vino Judá con sus hermanos a casa de José (pues éste estaba allí todavía), y cayeron a tierra en su presencia.
Y les dijo José: ¿Qué. acción es esta que habéis hecho? ¿No sabíais que un hombre como yo puede ciertamente adivinar?
A lo cual respondió Judá: ¿Que diremos a mi señor? ¿qué hablaremos, o cómo nos justificaremos? Dios ha puesto en descubierto la iniquidad de tus siervos. ¡Henos aquí, siervos de mi señor, así nosotros como aquel en cuyo poder fué hallada la copa!
Mas él respondió: ¡No permita Dios que yo tal haga! El hombre en cuyo poder fué hallada la copa, ese, será mi siervo; mas en cuanto a vosotros, subid en paz a casa de vuestro padre.
Entonces Judá se llegó a él, y dijo: Óyeme, señor mío: ruégote que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor, y no se encienda tu ira contra tu siervo; porque tú eres como Faraón mismo.
Mi señor preguntó a sus siervos, diciendo: ¿Tenéis padre, o hermano?
Y nosotros respondimos a mi señor: Tenemos padre, anciano ya, y un niño de su vejez, el menor de todos; y su hermano murió, y él fué dejado el único de su madre, y su padre le ama.
Y tú dijiste a tus siervos: Traédmele, para que ponga mis ojos sobre él.
Y nosotros dijimos a mi señor: No puede el mozo dejar a su padre; porque si le dejare, su padre morirá.
Mas tú dijiste a tus siervos: Si no descendiere vuestro hermano menor con vosotros, no volveréis más a ver mi rostro.
Aconteció pues que cuando hubimos subido a donde está tu siervo, mi padre, le hicimos presente las palabras de mi señor.
Y cuando dijo nuestro padre: Volved, compradnos un poco de alimento;
nosotros le respondimos: No podemos descender allá; si estuviere nuestro hermano menor con nosotros, en tal caso descenderemos; porque no podremos ver el rostro de aquel hombre sin que vaya con nosotros nuestro hermano menor.
Entonces nos dijo tu siervo mi padre: Vosotros sabéis que dos hijos me parió mi mujer.
Y el uno salió de mi presencia, y yo dije: ¡Sin duda ha sido despedazado! y no le he visto hasta ahora.
Y vosotros queréis llevar a este también de mi presencia, y le va a suceder alguna desgracia: así haréis descender mis canas con dolor a la sepultura.
Ahora pues, cuando yo llegare a tu siervo mi padre, y el mozo no estuviere con nosotros (siendo así que su vida está ligada a la vida de él),
sucederá que al ver que el mozo no parece, morirá; y así tus siervos harán descender las canas de tu siervo nuestro padre con dolor a la sepultura.
Porque tu siervo salió fiador por el mozo para con mi padre, diciendo: Si no te le volviere a traer, entonces llevaré yo la culpa para con mi padre perpetuamente.
Ahora pues, ruégote que tu siervo quede en lugar del mozo, por siervo de mi señor, de modo que pueda el mozo volver con sus hermanos.
Porque ¿cómo podré yo volver a mi padre, sin estar el mozo conmigo? No, no sea que yo vea el mal que ha de sobrevenir a mi padre.
JOSÉ entonces, no pudiendo contenerse delante de todos los que al rededor de él se juntaban, exclamó: ¡Haced que salgan todos de mi presencia! Y no se quedó ninguno con José cuando él se dió a conocer a sus hermanos.
Entonces lloró en alta voz; y oyéronlo los Egipcios, y oyólo la casa de Faraón.
Y dijo José a sus hermanos: ¡Yo soy José! ¿Vive mi padre todavía? Mas sus hermanos no podían responderle, porque estaban turbados delante de él.
Dijo entonces José a sus hermanos: Ruégoos os acerquéis a mí. Y ellos se le acercaron. Y les dijo: Yo soy José, vuestro hermano, a quien vendisteis para Egipto.
Ahora pues, no os aflijáis, ni os enojéis contra vosotros mismos por haberme vendido acá; que para preservar vida me envió Dios delante de vosotros;
porque ya ha dos años que el hambre está en la tierra, y aun restan cinco años en que no habrá ni siembra ni siega.
Envióme pues Dios delante de vosotros para aseguraros posteridad en la tierra, y para daros vida por medio de gran salvamento.
Así que ya no fuisteis vosotros quienes me enviasteis acá, sino Dios; y él me ha puesto por padre a Faraón, y por señor de toda su casa, y por gobernador de toda la tierra de Egipto.
Daos prisa en ir a mi padre, y decidle: Así dice tu hijo José: Me ha puesto Dios por señor de todo el Egipto; ven a mí, no te tardes:
y habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, y tus rebaños, y tus vacadas, y todo cuanto tienes.
Y yo te sustentaré allí (que todavía restan cinco años de hambre), ni sea que perezcas de pobreza, tú y tu casa y todo lo tuyo.
Y he aquí que vuestros ojos ven, y también los ojos de mi hermano Benjamín, que es mi misma boca la que os habla.
Y haced saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, con todo lo que habéis visto; apresuraos pues para traer a mi padre acá.
Cayó entonces sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró; Benjámín también lloró sobre su cuello.
Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos: y después de esto sus hermanos hablaron con él.
Y la nueva fué oída en casa de Faraón, diciendo: ¡Han venido los hermanos de José! y el suceso pareció bien a Faraón y a sus siervos.
Y dijo Faraón a José: Di a tus hermanos: Haced esto: Cargad vuestras bestias y andad; id a tierra de Canaán,
y tomad a vuestro padre y a vuestras familias, y venid a mí; que yo os daré lo mejor de la tierra de Egipto, y comeréis de la grosura de la tierra.
Puesto que has sido mandado, haced esto: Tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y para vuestras mujeres; traed también a vuestro padre y venid.
Y no se os dé nada de vuestros ajuares; porque lo mejor de toda la tierra de Egipto es vuestro.
Y los hijos de Israel lo hicieron así; y José les dió carros por mandato de Faraón; dióles también provisión para el camino.
A cada uno de ellos dió mudas de vestidos; mas a Benjamín le dió trescientas monedas de plata y cinco mudas de vestidos.
Y a su padre envió lo siguiente: Diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo y pan y otros alimentos para su padre en el camino.
De esta suerte despachó a sus hermanos, y ellos se fueron; y él les dijo: No riñáis por el camino.
Ellos pues subieron de Egipto, y vinieron a la tierra de Canaán, a su padre Jacob.
Y le dieron las nuevas, diciendo: ¡José vive aún! ¡y él es gobernador de toda la tierra de Egipto! Mas permaneció frío su corazón, porque no les creía.
En seguida le refirieron todas las palabras que José les había hablado; y cuando vió los carros que José había enviado para llevarle, revivió el espíritu de Jacob su padre.
Entonces dijo Israel: ¡Basta! ¡José mi hijo vive todavía; yo iré y le veré antes de morir!
E ISRAEL se puso en camino, con todo lo que era suyo, y vino a Beer-seba, donde ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.
Y habló Dios a Israel en visiones de la noche, diciendo: ¡Jacob! ¡Jacob! Y él respondió: Heme aquí.
Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre: no temas descender a Egipto; porque allí haré de ti una nación grande.
Yo descenderé contigo a Egipto, y yo sin falta te haré subir también; y José pondrá su mano sobre tus ojos.
Levantóse entonces Jacob de Beer-seba; y tomaron los hijos de Israel a Jacob su padre, ya sus niños y a sus mujeres, en los carros que había enviado Faraón para llevarle.
Tomaron también sus rebaños, y los bienes que habían adquirido en la tierra de Canaán; y vinieron a Egipto, Jacob y toda su descendencia con él:
sus hijos y los hijos de sus hijos con él, sus hijas y las hijas de sus hijos, y todo su linaje; todos los trajo Jacob consigo a Egipto.
Estos pues son los nombres de los hijos de Israel que fueron a Egipto, Jacob y sus hijos, a saber: El primogénito de Jacob, Rubén.
Y los hijos de Rubén: Enoc, y Fallú y Hezrón, y Carmi.
Y los hijos de Simeón: Jemuel, y Jamín, y Ohad, y Jaquín, y Zohar, y Saúl, hijo de la Cananea.
Y los hijos de Leví: Gersón, Cohat y Merari.
Y los hijos de Judá: Er, y Onán, y Sela, y Farés, y Zara; pero habían muerto ya Er y Onán en la tierra de Canaán. Y eran los hijos de Farés, Hezrón, y Hamul.
Y los hijos de Isacar: Tola, y Pua, y Job, y Simrón.
Y los hijos de Zabulón: Sered y Elón y Jahleel.
Estos son los hijos de Lea, los cuales ella parió a Jacob en Padánaram, y además Dina su hija: todas las almas de sus hijos y de sus hijas fueron treinta y tres.
Y los hijos de Gad: Zifión y Hagui, Suni y Ezbón, Eri y Arodi y Areli.
Y los hijos de Aser: Jimna, e Isua, e Isui, y Bería, y Sera, hermana de ellos. Y los hijos de Bería: Heber y Malquiel.
Éstos son los hijos de Zilpa, la cual Labán dió a su hija Lea, y ella parió éstos a Jacob: diez y seis almas.
Y los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín.
Y le habían nacido a José en la tierra de Egipto Manasés y Efraim, los que le parió Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On.
Y los hijos de Benjamín; Bela y Bequer y Asbel, Gera y Naamán, Ehi y Ros, Mupim y Hupim y Ard.
Éstos son los hijos de Raquel, que nacieron a Jacob: todas las almas fueron catorce.
Y los hijos de Dan: Husim.
Y los hijos de Neftalí: Jahzeel, y Guní, y Jezer, y Silem.
Éstos son los hijos de Bilha, la cual Labán dió a su hija Raquel, y ella parió éstos a Jacob: todas las almas, siete.
Todas las almas pertenecientes a Jacob, que vinieron a Egipto, procedentes de sus lomos, sin contar las mujeres de los hijos de Jacob, todas las almas eran sesenta y seis.
Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, fueron dos almas. Todas las almas de la casa de Jacob, que vinieron a Egipto, fueron setenta.
Y Jacob envió a Judá delante de sí a José, para que se encaminara delante de él a Gosén; y ellos vinieron a la tierra de Gosén.
Unció pues José su carro, y subió a recibir a Israel su padre en Gosén: y se le presentó, y cayó sobre su cuello, y lloró sobre su cuello repetidas veces.
Y dijo Israel a José: ¡Muera yo ahora, ya que he visto tu rostro; pues que tú vives aún!
Y dijo José a sus hermanos y a la casa de su padre: Yo subiré, y daré parte a Faraón, diciendo: Mis hermanos y la casa de mi padre, que estaban en la tierra de Canaán, han venido a mí.
Y los hombres son pastores de ovejas, pues siempre han sido ganaderos; y han traído sus rebaños y sus vacadas y todo lo que tienen.
Y será que cuando os llamare Faraón y os dijere: ¿Cuál es vuestro oficio?
responderéis: Ganaderos han sido tus siervos desde nuestra mocedad hasta ahora, tanto nosotros como nuestros padres: para que podáis habitar en la tierra de Gosén; porque la mayor abominación a los Egipcios es todo pastor de ovejas.
VINO pues José, y dió parte a Faraón, diciéndole: Mi padre y mis hermanos, con sus rebaños, y sus vacadas, y todo lo que poseen, han venido de la tierra de Canaán, y he aquí que están en la tierra de Gosén.
Y de la totalidad de sus hermanos tomó cinco hombres, a quienes presentó delante de Faraón.
Y dijo Faraón a sus hermanos: ¿Cuál es vuestro oficio? Y ellos respondieron a Faraón: Pastores de ovejas son tus siervos, tanto nosotros como nuestros padres.
Dijeron además: Para habitar temporalmente en está tierra hemos venido; porque no hay pastos para los rebaños que tienen tus siervos; porque el hambre es rigurosa en la tierra de Canaán: ahora pues, te rogamos permitas que habiten tus siervos en la tierra de Gosén.
Faraón entonces habló a José, diciendo: Tu padre y tus hermanos han venido a ti:
la tierra de Egipto está delante de ti; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén: y si conoces que hay entre ellos hombres hábiles, ponlos por mayorales de mi ganado.
José trajo también a su padre Jacob y presentóle delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón.
Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida?
Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento y treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han alcanzado a los días de los años de la vida de mis padres, en los días de su peregrinación.
De nuevo Jacob bendijo a Faraón, y salió de la presencia de Faraón.
Y estableció José a su padre y a sus hermanos, y les dió posesiones en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramesés, como había mandado Faraón.
Y José alimentaba a su padre y a sus hermanos y toda la casa de su padre con pan, según el censo de las familias.
Y no había pan en todo el país, porque arreciaba mucho el hambre; y desfallecía la tierra de Egipto, y asimismo la tierra de Canaán, a causa del hambre.
Y recogió José todo el dinero que se hallaba en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, por el grano que iban comprando; y metió José el dinero en la casa de Faraón.
Y acabado que fué el dinero de la tierra de Egipto y de la tierra de Canaán, vinieron todos los Egipcios a José, diciendo: Danos pan; pues ¿por qué hemos de morir en tu misma presencia, por haberse acabado el dinero?
Dijo entonces José: Entregad vuestro ganado, y os lo daré por vuestro ganado, si se ha acabado el dinero.
Ellos por tanto trajeron su ganado a José; y José les dió pan por sus caballos, y por sus rebaños, y por sus vacadas, y por sus asnos; de manera que los proveyó de pan por todos sus ganados aquel año.
Y terminado aquel año, vinieron a él el año siguiente, y le decían No encubriremos de mi señor que se ha gastado el dinero, y los ganados pertenecen ya a mi señor; nada nos queda a vista de mi señor sino nuestros cuerpos y nuestra tierra.
¿Por qué hemos de perecer ante tus mismos ojos, así nosotros como nuestra tierra? Cómpranos a nosotros y a nuestra tierra, por pan; y nosotros y nuestra tierra serviremos a Faraón; y danos simiente; así viviremos y no moriremos, y la tierra no quedará desolada.
De esta suerte adquirió José todas las tierras de Egipto para Faraón; porque vendieron los Egipcios cada cual su campo, a causa de haber prevalecido sobre ellos el hambre; de manera que la tierra vino a ser de Faraón.
Y al pueblo hizo pasar a las ciudades, del un confín de Egipto hasta el otro confín.
Solamente las tierras de los sacerdotes no adquirió; porque los sacerdotes tenían ración prescrita de parte de Faraón, y comían la ración prescrita que les daba Faraón; por eso no vendieron sus tierras.
Dijo entonces José al pueblo: He aquí, os he comprado hoy, a vosotros y vuestras tierras, para Faraón. He ahí simiente para vosotros; sembrad pues la tierra;
y será que en la siega, daréis la quinta parte a Faraón, y las otras cuatro partes serán vuestras, para sembrar los campos, y para vuestra manutención y la de los que están en vuestras casas, y como alimento para vuestros niños.
A lo cual ellos dijeron: ¡La vida nos has dado; hallemos gracia en los ojos de mi señor; y seremos siervos de Faraón!
Y lo impuso José por estatuto hasta este día sobre la tierra de Egipto: Para Faraón la quinta parte; salvo solamente las tierras de los sacerdotes; estas no vinieron a ser de Faraón.
Israel pues habitó en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tuvieron posesiones en ella, y fueron fecundos y se multiplicaron mucho.
Y Jacob vivió en la tierra de Egipto diez y siete años; y fueron los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años.
Se acercaron entonces los días en que Israel había de morir; por lo cual llamó a José, y le dijo: Si es que he hallado gracia en tus ojos, ruégote que pongas tu mano debajo de mi muslo, y uses conmigo de misericordia y verdad. Ruégote no me sepultes en Egipto;
mas cuando yaciere con mis padres, tú me llevarás de Egipto; y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y el respondió: Yo haré conforme a tu dicho.
Mas él dijo: ¡Júramelo! Y se lo juró. Entonces adoró Israel inclinándose sobre la cabecera de su cama.
Y ACONTECIÓ, después de estas cosas, que le fué dicho a José: He aquí tu padre está enfermo; y él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraim.
Y fué dado aviso a Jacob, diciendo: He aquí a tu hijo José que viene a verte. Esforzóse pues Israel, y se sentó sobre la cama.
Entonces dijo Jacob a José: El Dios Omnipotente me apareció en Luz, en la tierra de Canaán, y me bendijo,
y díjome: He aquí que yo te haré acrecentar, y te multiplicaré, y te constituiré en congregación de pueblos; y daré esta tierra a tu simiente después de ti por posesión para siempre.
Ahora pues tus dos hijos, Efraim y Manasés, que te nacieron, en la tierra de Egipto antes que yo viniese a ti a Egipto, serán míos; como Rubén y Simeón, míos serán.
Mas tus hijos que hayas engendrado después de ellos, serán tuyos; serán llamados del nombre de sus hermanos en su herencia.
En cuanto a mí, cuando hube venido de Padán, se me murió Raquel en la tierra de Canaán, por el camino, faltando todavía algún trecho para llegar a Efrata; y la enterré allí en el camino de Efrata (la cual es Bet-lehem.)
Alcanzó a ver entonces a los hijos de José, y le dijo: ¿Quiénes son éstos?
Y respondió José a su padre: Son mis hijos que me ha dado Dios en este lugar. Y él dijo: Tráemelos, para que los bendiga.
Empero los ojos de Jacob estaban ofuscados por la vejez; ya no podía ver. José pues los hizo llegar a él, y él los besó y los abrazó.
Entonces dijo Israel a José: No pensaba ver ni aun tu rostro, y he aquí que Dios me ha hecho ver también tu descendencia.
Luego los sacó José de entre las rodillas de Jacob, e inclinóse a tierra delante de su rostro:
pues José había tomado los dos, a Efraim en su mano derecha, hacia la izquierda de Israel, a Manasés en su izquierda, hacia la derecha de Israel, y de este modo los había acercado a él.
Entonces extendió Israel su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraim, que era el menor, y su izquierda la puso sobre la cabeza de Manasés, guiando adrede las manos; pues Manasés era el primogénito.
Y bendijo a José, diciendo: ¡El Dios delante de quien anduvieron mis padres, Abraham e Isaac; el Dios que ha sido el Pastor mío desde que existo hasta el día de hoy;
el Ángel que me rescató de todo mal, bendiga a estos muchachos; y sean llamados de mi nombre, y del nombre de mis padres, Abraham e Isaac; y multiplíquense abundantemente en la tierra.
Mas como viese José que su padre tenía la mano derecha puesta sobre la cabeza de Efraim, parecióle mal, y asió la mano de su padre para traspasarla de la cabeza de Efraim a la cabeza de Manasés.
Y decía José a su padre: No así, padre mío, puesto que éste es el primogénito; pon tu derecha sobre su cabeza.
Pero rehusó su padre, diciendo: Lo sé, hijo mío, lo sé; éste también vendrá a ser pueblo, y él también será grande; y sin embargo su hermano menor será más grande que él; y su linaje vendrá a ser una multitud de naciones.
Y los bendijo en aquel día, diciendo: En tu nombre bendecirá Israel, diciendo: ¡Haga Dios que seas como Efraim y como Manases! De esta suerte puso a Efraim antes de Manasés.
Israel dijo además a José: He aquí, yo me muero; mas será Dios con vosotros, y os hará volver Dios a la tierra de vuestros padres.
Y yo te doy a ti una porción más que a tus hermanos, la que tomé de mano del Amorreo con mi espada y con mi arco.
ENTONCES llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os haré conocer las cosas que os han de suceder en los días venideros:
Juntaos y oíd, oh hijos de Jacob, y escuchad a Israel vuestro padre.
¡Rubén, tú eres mi primogénito; mi vigor, y el principio de mi fuerza; el preeminente en dignidad, el preeminente en poder!
Bullente como agua, no serás el preeminente; por cuanto subiste a la cama de tu padre: entonces la profanaste. ¡A mi lecho subió!
Simeón y Leví hermanos son: armas de violencia son sus convenios.
¡En su consejo no entres, oh alma mía, ni con su asamblea te juntes, honra mía! porque en su saña mataron hombres, y en su voluntariedad desjarretaron bueyes.
¡Maldita su ira, porque fué violenta, y su furor, porque fué cruel! Los dividiré en Jacob, y los esparciré en Israel.
Judá, a ti te alabarán tus hermanos: tu mano descansará en la cerviz de tus enemigos; ante ti se inclinarán los hijos de tu padre.
Cachorro de león es Judá; de la presa, hijo mío, te levantaste. Se encorvó y echóse cual león, y como leona, ¿quién le despertará?
No se apartará de Judá el cetro, ni la vara de gobernador de entre sus pies, hasta que venga el Pacificador: y a Él será tributada la obediencia de las naciones.
Atando a la vid su pollino, y a la parra el hijo de su asna, lavará en vino sus vestidos, y en sangre de uvas sus ropas.
Están encendidos sus ojos con el vino, y sus dientes, blancos con la leche.
Zabulón habitará a la ribera del mar, y se ocupará do arriban los navíos; y su costado estará hacia Sidón.
Isacar es un asno fuerte, que se recuesta entre las majadas:
y como viese que era bueno el descansadero, y que la tierra era amena, ofreció su hombro para cargar, y vino a sujetarse a tributo servil.
Dan juzgará a sus pueblos como cualquiera de las tribus de Israel.
Será Dan serpiente junto al camino, víbora junto a la senda, que muerde los talones del caballo, de modo que cae su jinete hacia atrás.
¡Tu salvación he esperado, oh Jehová!
Gad, tropas le acosarán; mas él acosará su retaguardia.
De Aser vendrá su pan aceitoso; y él dará regalos dignos de un rey.
Neftalí es una gacela suelta; él proferirá dichos elegantes.
Ramo fructífero es José, ramo fructífero cerca de una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro,
Aunque le amargaron la vida, y le asaetearon, y le persiguieron los diestros flecheros,
sin embargo permaneció su arco en fortaleza, y fueron robustecidos los brazos de sus manos por las manos del poderoso Dios de Jacob, por el nombre del Pastor y la Piedra de Israel,
por el Dios de tu padre, que te ayudará, y por el Omnipotente, que te bendecirá con las bendiciones de los cielos arriba, con las bendiciones de los hondos manantiales que abajo yacen, con las bendiciones de los pechos y del seno;
con las bendiciones de tu padre que superan a las bendiciones de las montañas antiquísimas, los codiciados tesoros de los collados eternos: ¡vengan éstas sobre la cabeza de José, y sobre la coronilla del nazareo, separado de entre sus hermanos!
Benjamín, cual lobo, arrebatará: por la mañana comerá la presa, y a la tarde repartirá los despojos.
Todas estas son las tribus de Israel, doce en número, y esto fué lo que les dijo su padre cuando los bendijo: a cada una la bendijo conforme a su propia bendición.
Y les dió orden, diciéndoles: Yo voy a ser agregado a mi pueblo; sepultadme con mis padres, en la cueva que está en el campo de Efrón heteo,
en la cueva que está en el campo de Macpela, que está en frente de Mamré, en la tierra de Canaán; campo que compró Abraham de Efrón heteo, para posesión de sepultura.
Allí enterraron a Abraham y a Sara su mujer, allí enterraron a Isaac y a Rebeca su mujer, y allí enterré yo a Lea:
el campo con la cueva que en él está, comprado de los hijos de Het.
Y cuando hubo acabado Jacob de ordenar esto a sus hijos, recogió los pies en la cama, y expiró, y fué agregado a su pueblo.
ENTONCES cayó José sobre el rostro de su padre, y lloró sobre él, y besóle.
Y mandó José a sus siervos, los médicos, que embalsamasen a su padre; y embalsamaron los médicos a Israel.
Y cumplieron con él cuarenta días; porque así solían cumplirse los días del embalsamamiento; y le lloraron los Egipcios setenta días.
Y cuando hubieron pasado los días del llanto por él, habló José a la casa de Faraón, diciendo: Si es que he hallado gracia en vuestros ojos, os ruego que habléis en oídos de Faraón, y le digáis:
Mi padre me juramentó, diciendo: He aquí, yo me muero; en la sepultura que abrí para mí, en la tierra de Canaán, allí me has de enterrar. Ahora pues, permite que suba, y sepulte a mi padre; y volveré.
Y respondió Faraón: Sube, y sepulta a tu padre, como él te juramentó.
José pues subió para enterrar a su padre; y subieron con él todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa, y todos los ancianos de la tierra de Egipto;
y toda la casa de José, con sus hermanos, y la casa de su padre: solamente sus familias, y los rebaños, y las vacadas, dejaron en la tierra de Gosén.
Subieron también con él carros y gente de a caballo; y era el cortejo muy grande.
Y llegado que hubieron a la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, allí le hicieron el duelo con grande y muy dolorosa lamentación; pues hizo José por su padre duelo de siete días.
Y cuando vieron los Cananeos, habitantes de la tierra, el llanto en la era de Atad, decían: Llanto muy doloroso es este de los Egipcios; por tanto se le puso el nombre de Abel-mizraim, que está de la otra parte del Jordán.
Así sus hijos hicieron con él según les había mandado;
pues le llevaron sus hijos a la tierra de Canaán, y le sepultaron en la cueva del campo de Macpela, campo que compró Abraham para posesión de sepultura de Efrón heteo, en frente de Mamré.
Y después de haber sepultado a su padre, volvióse José a Egipto, él y sus hermanos, y todos los que habían subido con él al entierro de su padre.
Mas viendo los hermanos de José que era muerto su padre, decían entre sí: Quizás nos aborrecerá José, y nos devolverá con creces todo el mal que nosotros le hicimos.
De suerte que enviaron mensajeros a José, que dijesen: Tu padre mandó, antes de su muerte, diciendo:
Así diréis a José: Perdona, a mi ruego, el delito de tus hermanos y su pecado; porque se portaron mal contigo. Ahora pues perdona, te rogamos, el delito de los siervos del Dios de tu padre. Y lloraba José mientras hablaban con él.
Vinieron también sus hermanos, y cayeron delante de su rostro, y decían: ¡Henos aquí, siervos tuyos!
Pero José les dijo: No temáis; ¿pues estoy yo acaso en lugar de Dios?
Vosotros es cierto os propusisteis contra mí el mal; pero Dios lo propuso para bien, a fin de hacer lo que hoy se ve, a saber, conservar la vida de mucha gente.
Ahora pues, no temáis; yo os sustentaré a vosotros y a vuestras familias. Así los consoló, hablándoles cariñosamente.
José pues habitó en Egipto, él y la casa de su padre. Y vivió José ciento y diez años.
Y José vió los hijos de Efraim hasta la tercera generación; también los hijos de Maquir, el hijo de Manases, fueron criados sobre las rodillas de José.
Y José dijo a sus hermanos: Yo me muero; mas Dios de seguro os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que tiene jurada a Abraham, a Isaac y a Jacob.
Y José juramentó a los hijos de Israel, diciendo: De seguro os visitará Dios, y haréis llevar mis huesos de aquí.
Murió pues, José de edad de ciento y diez años; y le embalsamaron, y le tuvieron depositado en un ataúd en Egipto.
ESTOS pues son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto; con Jacob entraron, cada uno con su familia:
Rubén, Simeón, Leví y Judá;
Isacar, Zabulón y Benjamín;
Dan y Neftalí, Gad y Aser.
Y todas las almas, las que salieron de los lomos de Jacob, fueron setenta almas: y José estaba ya en Egipto.
Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación.
Y los hijos de Israel fueron fecundos, y se reprodujeron abundantemente, y multiplicáronse, y se hicieron muy fuertes; y la tierra fué llena de ellos.
¶Pero levantóse sobre Egipto un nuevo rey, que no conocía a José;
el cual dijo a su pueblo: He aquí que el pueblo de los hijos de Israel va haciéndose mayor y más fuerte que nosotros.
Vamos pues, portémonos astutamente con él, no sea que siga multiplicándose, y suceda que en ocurriendo guerra, se úna él también a nuestros enemigos, y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra.
Por lo cual pusieron sobre ellos comisarios de tributos serviles, a fin de oprimirlos con sus cargas: y edificaron ciudades de depósitos para Faraón, a saber, Pitom y Ramesés.
Empero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban, y tanto más rápidamente crecían; de manera que ellos estaban hastiados de los hijos de Israel.
Y los Egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con rigor;
y les amargaron la vida con dura servidumbre, en hacer argamasa con barro y con ladrillos; y con toda suerte de labores del campo: todo el servicio con que se servían de ellos, era con rigor.
¶Entonces habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas (de las cuales la una se llamaba Sifra, y la otra se llamaba Pua),
y les dijo: Cuando asistiereis a las hebreas en sus partos, averiguaréis el sexo del niño; si fuere hijo, le mataréis; mas si fuere hija, vivirá.
Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que dejaron vivir a los niños.
Por lo cual llamó el rey de Egipto a las parteras, y les dijo: ¿Por qué hacéis esto, y conserváis la vida a los niños?
Y las parteras respondieron a Faraón: Porque las hebreas no son como las egipcias, sino que son robustas, y antes que lleguen a ellas las parteras, ya han dado a luz.
Dios pues hizo bien a las parteras; y multiplicóse el pueblo y se hizo muy fuerte.
Y aconteció que por cuanto temieron las parteras a Dios, él les hizo casas.
Entonces mandó Faraón a todo su pueblo, diciendo: Todo hijo que naciere le echaréis al río; mas a toda hija guardaréis la vida.
Y CIERTO hombre de la casa de Leví había ido y tomado por mujer a una hija de Leví.
Y concibió la mujer y parió un hijo; y como viese que era hermoso, le tuvo escondido tres meses.
Pero no pudiendo ocultarle por más tiempo, tomó para él una arquilla de juncos, y calafateóla con betún y con brea; y colocando en ella al niño, la puso en un carrizal, a la ribera del río.
Y su hermana se apostó de lejos, para saber lo que le sucedería.
¶Entonces descendió la hija de Faraón para bañarse junto al río; y mientras que sus doncellas se paseaban por la ribera del río, ella vió la arquilla en el carrizal; y envió una criada suya para que se la trajera.
Y cuando la abrió, vió al niño: ¡y he aquí que el niñito lloraba! Y tuvo compasión de él, y dijo: Uno de los niños hebreos es éste.
Entonces dijo su hermana a la hija de Faraón: ¿Quieres que yo vaya y te llame una nodriza de entre las hebreas, que te críe este niño?
Y la hija de Faraón le contestó: Sí, anda. Fué pues la doncella y llamó a la madre del niño.
Y la hija de Faraón le dijo: Lleva a este niño, y críamele, y yo te daré tu salarlo. Con lo cual la mujer tomó al niño y le crió.
Y cuando el niño fué grande, le trajo a la hija de Faraón; y él vino a ser hijo suyo; y ella le llamó Moisés; pues decía: Porque de las aguas le saqué.
¶Y aconteció en aquellos días, que siendo Moisés ya hombre, salió a donde estaban sus hermanos, y consideraba sus cargas: y vió a un egipcio hiriendo a un hebreo, uno de sus hermanos.
Entonces miró Moisés a todas partes, y viendo que no parecía nadie, hirió al egipcio, y escondióle en la arena.
Y cuando salió al día siguiente, he aquí dos hebreos que estaban peleando. Dijo entonces a aquel que hacía el agravio: ¿Por qué hieres a tu hermano?
A lo que respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Acaso piensas matarme a mí como mataste al egipcio? Por esto Moisés tuvo miedo, y dijo: ¡Indudablemente se ha divulgado esto!
Y cuando Faraón lo supo, procuró matar a Moisés; pero Moisés huyó de la presencia de Faraón, y habitó en la tierra de Madián; y llegado que hubo, se sentó junto a un pozo.
Y el sacerdote de Madián tenía siete hijas, las cuales vinieron y sacaron agua y llenaron las pilas, para abrevar las ovejas de su padre.
Mas vinieron los pastores y echáronlas de allí. Entonces levantándose Moisés, prestóles ayuda, y abrevó sus ovejas.
¶Y cuando volvieron a Ragüel su padre, éste les dijo: ¿Por qué causa habéis venido hoy tan temprano?
Y respondieron: Un egipcio nos libró de mano de los pastores, y además, aun sacó agua para nosotras, y abrevó las ovejas.
El pues preguntó a sus hijas: ¿Y dónde está? ¿por qué habéis dejado a ese hombre? Llamadle para que coma pan.
Y convino Moisés en quedarse con aquel hombre; y él dió a Moisés su hija Zípora por mujer;
la cual le parió un hijo, y él le llamó Gersom, porque dijo: Extranjero he sido en tierra extraña.
¶Y aconteció que, pasados muchos días, murió el rey de Egipto: entre tanto los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre; y clamaron, y subió a Dios su clamor, a causa de su servidumbre.
Y oyó Dios los gemidos de ellos; y acordóse Dios de su pacto con Abraham, con Isaac y con Jacob.
Y miró Dios a los hijos de Israel; y conociólos Dios por pueblo suyo.
Y APACENTANDO Moisés las ovejas de Jetro, su suegro, sacerdote de Madián, guió el rebaño a lo interior del desierto, y vino a Horeb, el Monte de Dios.
Y apareciósele el Ángel de Jehová en una llama de fuego, en medio de una zarza; pues él miró, y he aquí una zarza que ardía en fuego, y la zarza no se consumía.
Por lo cual dijo Moisés: Ahora pues me desviaré para contemplar este gran espectáculo, y ver por qué causa no se consume la zarza.
Y viendo Jehová que se desviaba para mirar, le llamó Dios de en medio de la zarza, diciendo: ¡Moisés! ¡Moisés! Y él respondió: Heme aquí.
Y Dios le dijo: No te llegues acá; quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás, tierra santa es.
Díjole además: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces cubrióse Moisés el rostro, porque tuvo temor de mirar a Dios.
Dijo también Jehová: He visto, he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus exactores; porque conozco sus dolores;
y he descendido para libertarle de la mano de los Egipcios, y para hacerle subir de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa; tierra que mana leche y miel; al lugar del Cananeo, y del Heteo, y del Amorreo, y del Perezeo, y del Heveo, y del Jebuseo.
Y ahora, he aquí que el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí, y también he visto la opresión con que los Egipcios los oprimen.
Ahora pues ven, y te enviaré a Faraón, para que saques mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto.
Moisés empero respondió a Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya a Faraón, y para que saque a los hijos de Israel de Egipto?
Y dijo Dios: Vé, porque yo estaré contigo; y esto te será la señal de que yo te he enviado: Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto, serviréis a Dios en este monte.
¶Pero Moisés respondió a Dios: He aquí, yo iré a los hijos de Israel y les diré: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros; y cuando me preguntaren: ¿Cuál es su nombre? ¿que les responderé?
Y dijo Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Dijo además: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros.
Y volvió Dios a decir a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: JEHOVÁ, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, y este es mi memorial de siglo en siglo.
Vé y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me ha aparecido, diciendo: Ciertamente yo os he visitado, y he visto cuanto os hacen en Egipto.
Por lo cual he dicho: Os sacaré de la opresión de Egipto, a la tierra del Cananeo, y del Heteo, y del Amorreo, y del Perezeo, y del Heveo, y del Jebuseo; tierra que mana leche y miel.
Y ellos oirán tu voz. Irás entonces tú, con los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová, el Dios de los Hebreos, ha venido a encontrarse con nosotros: ahora pues permite que vayamos camino de tres días en el desierto, para ofrecer sacrificios a Jehová nuestro Dios.
Y yo sé que no os dejará ir el rey de Egipto, si no fuere compelido por mano fuerte.
Empero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas, que voy a hacer en medio de él; y después de esto él mismo os enviará.
Y daré a este pueblo favor en los ojos de los Egipcios, y sucederá que cuando partiereis, no iréis con las manos vacías.
Al contrario, pedirá cada mujer a su vecina y a la que mora en su casa, alhajas de plata y alhajas de oro, y vestidos; y los pondréis sobre vuestros hijos, y sobre vuestras hijas; y despojaréis a los Egipcios.
ENTONCES respondió Moisés y dijo: Mas, he aquí, ellos no me creerán ni escucharán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová.
Y Jehová le dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara.
Y le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra; y convirtióse en una serpiente; y huyó Moisés de delante de ella.
Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano y tómala por la cola (y él extendiendo la mano, asió de ella, y volvió otra vez a ser vara en su mano),
para que así crean ellos que te ha aparecido Jehová, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Jehová entonces volvió a decirle: Mete la mano en tu seno. Y metiendo él la mano en su seno, la volvió a sacar; y he aquí que su mano estaba leprosa, blanca como la nieve.
En seguida le dijo: Vuelve a meter la mano en tu seno. Él pues volvió a meter la mano en su seno; y al sacarla, hela aquí vuelta como lo demás de su carne.
Así será, continuó Dios diciendo, que si no te oyeren, ni dieren oídos a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera señal.
Y será que si no quisieren creer tampoco a estas dos señales, y no escucharen tu voz, tomarás de las aguas del río, y las derramarás en tierra seca; y serán agua al tomarlas del río, mas vendrán a ser sangre en tierra seca.
¶Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ah Señor! nunca he sido hombre elocuente, ni en tiempo pasado, ni desde que hablaste con tu siervo; sino que soy torpe de boca y torpe de lengua.
A lo cual le dijo Jehová: ¿Quién dió boca al hombre? ¿o quién le hace mudo o sordo, dotado de vista o ciego? ¿acaso no soy yo, Jehová?
Ahora pues, vé, que yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que has de decir.
Mas él respondió: ¡Ah Señor! envía, te ruego, por mano de aquel que has de enviar.
Entonces se encendió la ira de Jehová contra Moisés, y le dijo: ¿No es Aarón levita, hermano tuyo? Yo sé que él puede hablar bien; además, he aquí que sale a recibirte, y al verte, se regocijará en su corazón.
Tú pues le hablarás a él, y pondrás las palabras en su boca; y yo estaré con tu boca y con su boca, y os enseñaré lo que habéis de hacer.
De manera que él hablará por ti al pueblo; y sucederá que él te será a ti en lugar de boca, y tú le serás la él en lugar de Dios.
También tomarás esta vara en tu mano, porque con ella has de hacer las señales.
¶Moisés entonces fué, y volvió a Jetro su suegro, y le dijo: Iré, si te parece, y volveré a mis hermanos que están en Egipto, y veré si viven todavía. Y dijo Jetro a Moisés: Véte en paz.
Jehová también había dicho a Moisés en Madián: Anda, vuelve a Egipto; que ya han muerto todos los hombres que buscaban tu vida.
Tomó pues Moisés a su mujer y a sus hijos, y los hizo cabalgar sobre asno, y volvióse a la tierra de Egipto. Tomó también Moisés la vara de Dios en su mano.
Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hubieres vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas estas maravillas que he puesto en tu mano: yo empero endureceré su corazón, y él no dejará ir al pueblo.
Y dirás a Faraón: Así dice Jehová: Israel es mi hijo, mi primogénito;
y ya te he dicho: Deja ir a mi hijo para que me sirva; y tú rehusas dejarle ir: he aquí que voy a matar a tu hijo, tu primogénito.
¶Y aconteció en el camino, en una posada, que Jehová le salió al encuentro, y procuró matarle.
Tomando entonces Zípora un pedernal afilado, cortó el prepucio a su hijo, y lo arrojó a sus pies, diciendo: Ciertamente me eres un esposo sangriento.
Y Jehová le soltó: entonces fué cuando ella dijo: Esposo sangriento; con motivo de la circuncisión.
¶Y Jehová dijo a Aarón: Vé al desierto al encuentro de Moisés. Y él fué, y encontróle en el Monte de Dios, y le besó.
Y Moisés hizo presente a Aarón todas las palabras que Jehová le había enviado a decir, y todas las señales que le había mandado hacer.
Entonces fueron Moisés y Aarón, y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel;
y les refirió Aarón todas las palabras que había dicho Jehová a Moisés, e hizo las señales a vista del pueblo.
Y creyó el pueblo; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había mirado su aflicción, inclinaron la cabeza y adoraron.
DESPUÉS de esto entraron Moisés y Aarón, y dijeron a Faraón: Así dice Jehová, el Dios de Israel: Deja ir a mi pueblo, para que ellos me celebren una fiesta solemne en el desierto.
Mas respondió Faraón: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? No conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel.
Y ellos dijeron: El Dios de los Hebreos ha venido a encontrarse con nosotros: permite pues que vayamos camino de tres días en el desierto, y ofrezcamos sacrificios a Jehová, nuestro Dios; no sea que venga sobre nosotros con peste o con espada.
Mas el rey de Egipto les respondió: ¿Por qué, oh Moisés y Aarón, hacéis desistir al pueblo de su obra? ¡id a vuestras cargas!
Dijo también Faraón: He aquí que el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros los hacéis descansar de sus cargas.
¶Por lo cual mandó Faraón en aquel tiempo a los sobrestantes del pueblo y a los capataces, diciendo:
No volváis a dar paja al pueblo como antes, para hacer ladrillos; vayan ellos y recojan para sí la paja.
Esto no obstante, les seguiréis imponiendo la misma cuenta de ladrillos que hacían antes; nada rebajaréis de ella; pues están ociosos; por eso claman, diciendo: ¡Vayamos a ofrecer sacrificios a nuestro Dios!
Recárguese el trabajo sobre los hombres, para que se ocupen en él, y no hagan caso de palabras mentirosas.
¶Salieron entonces los sobrestantes del pueblo y los capataces; y hablaron al pueblo, diciendo: Esto dice Faraón: No os daré paja;
id vosotros mismos a coger la paja en dondequiera que la halléis; pero no se rebajará nada de vuestro trabajo.
Entonces esparcióse el pueblo por toda la tierra de Egipto a buscar rastrojo en lugar de paja.
Y los sobrestantes los apremiaban, diciendo: ¡Acabad vuestra obra, la tarea de cada día en su día, como cuando había paja!
Y los capataces de los hijos de Israel, a quienes los sobrestantes de Faraón habían puesto sobre ellos, eran apaleados, diciéndoseles: ¿Por qué no habéis acabado vuestra tarea de ladrillos como antes, ni ayer ni hoy?
Entonces entraron los capataces de los hijos de Israel, y clamaron a Faraón, diciendo: ¿Por qué tratas así a tus siervos?
No se da a tus siervos paja, y con todo nos dicen: ¡Haced ladrillos! Y he aquí, tus siervos son apaleados; pero la culpa la tiene tu mismo pueblo.
Mas él respondió: Estáis ociosos, sí, ociosos; por eso seguís diciendo: ¡Vayamos a ofrecer sacrificios a Jehová!
Ahora pues trabajad; que no se os dará paja; mas habéis de entregar la cuenta de los ladrillos.
¶Con lo cual se vieron los capataces de los hijos de Israel en aflicción, cuando les fué dicho: No rebajaréis nada de vuestros ladrillos de día en día.
Y encontrándose con Moisés y Aarón, que les estaban esperando cuando salieron de la presencia de Faraón,
les dijeron: ¡Jehová os mire, y juzgue, porque nos habéis hecho odiosos a Faraón y a sus siervos, con el fin de poner espada en mano de ellos para matarnos!
Entonces volvióse Moisés a Jehová y dijo: Señor, ¿por qué has hecho mal a este pueblo? ¿a qué intento me has enviado?
pues desde que vine a Faraón para hablarle en tu nombre, él ha hecho más mal a este pueblo; y tú de ninguna manera has librado a tu pueblo.
JEHOVÁ empero respondió a Moisés: Ahora verás lo que voy a hacer a Faraón; porque forzado por mano potente, él mismo os enviará, y compelido por mano fuerte, os echará de su tierra.
¶Y habló Dios a Moisés y le dijo: Yo soy JEHOVÁ;
y yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso; mas en la manifestación de mi nombre JEHOVÁ, no me dí a conocer a ellos.
Y también establecí mi pacto con ellos, para darles la tierra de Canaán, la tierra de sus peregrinaciones, donde habían morado como extranjeros.
Y además, he oído el gemido de los hijos de Israel, a quienes los Egipcios retienen en servidumbre; y tengo en memoria mi pacto.
Por tanto, di a los hijos de Israel: Yo soy Jehová, y os sacaré de debajo de las cargas de los Egipcios, y os libertaré de la servidumbre de ellos, y os redimiré con brazo extendido y con juicios grandes.
Y os tomaré por pueblo mío, y yo seré vuestro Dios; y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os saco de bajo la opresión de los Egipcios.
Os traeré también a la tierra acerca de la cual alcé mi mano jurando dársela a Abraham, a Isaac y a Jacob; y os la daré a vosotros en posesión. Yo Jehová.
Habló pues Moisés de esta manera a los hijos de Israel; mas ellos no escucharon a Moisés, por impaciencia de espíritu, y a causa de la dura servidumbre.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Entra, habla a Faraón, rey de Egipto, para que envíe a los hijos de Israel de su tierra.
Mas respondió Moisés en la presencia de Jehová, diciendo: He aquí que los hijos de Israel no me oyen; ¿cómo pues me oirá Faraón, a mí que soy de labios incircuncisos?
¶Entonces habló Jehová a Moisés y a Aarón, y dióles orden de ir a los hijos de Israel, y a Faraón rey de Egipto, para sacar a los hijos de Israel de la tierra de Egipto.
¶Estos son las cabezas de sus casas paternas: Los hijos de Rubén, el primogénito de Israel: Enoc y Fallú y Hezrón y Carmí; estas son las parentelas de Rubén.
Y los hijos de Simeón: Jemuel y Jamín y Ohad y Jaquín y Zohar, y Saúl, hijo de la Cananea: estas son las parentelas de Simeón.
Y estos son los nombres de los hijos de Leví por sus linajes; Gersón y Coat y Merari. Y los años de la vida de Leví fueron ciento treinta y siete años.
Los hijos de Gersón: Libni y Seimei, por sus parentelas.
Y los hijos de Coat: Amram e Izar y Hebrón y Uziel. Y los años de la vida de Coat fueron ciento treinta y tres años.
Y los hijos de Merari: Mahali y Musi. Estas son las parentelas de los Levitas, por sus linajes.
Y Amram tomó por mujer a Jocabed, su tía paterna; y ella le parió a Aarón y a Moisés. Y los años de la vida de Amram fueron ciento treinta y siete años.
Y los hijos de Izar fueron Coré y Nefeg y Zicri.
Y los hijos de Uziel: Misael y Elzafán y Sitri.
Y Aarón tomó por mujer a Elisabet, hija de Aminadab, hermana de Naasón; y ella le parió a Nadab y a Abiú, a Eleazar y a Itamar.
Y los hijos de Coré: Asir y Elcana y Abiasaf: estas son las parentelas de los Coritas.
Y Eleazar, hijo de Aarón, tomó por mujer a una de las hijas de Futiel: y ella le parió a Finees. Éstos son las cabezas de las casas paternas de los Levitas, por sus parentelas.
Estos pues son aquel Aarón y aquel Moisés a los cuales dijo Jehová: Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, por sus escuadrones.
Éstos son los que hablaron a Faraón rey de Egipto, para sacar a los hijos de Israel de Egipto. Éstos son aquel Moisés y aquel Aarón.
Esto pues fué así en el día en que Jehová habló a Moisés en la tierra de Egipto.
¶Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Yo soy Jehová; di a Faraón rey de Egipto todo lo que yo te digo.
Mas respondió Moisés en presencia de Jehová: He aquí, yo soy de labios incircuncisos; ¿cómo pues me ha de escuchar Faraón?
JEHOVÁ pues dijo a Moisés: Mira que te he constituído dios para Faraón, y Aarón tu hermano será tu profeta.
Tú le dirás a éste todo lo que yo te mandare, y Aarón tu hermano lo dirá a Faraón, a fin de que envíe de su tierra a los hijos de Israel.
Mas yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré mis señales y mis maravillas en la tierra de Egipto;
porque no os escuchará Faraón, y pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con juicios grandes.
Y conocerán los Egipcios que yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto, y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos.
E hiciéronlo así Moisés y Aarón: como se los había mandado Jehová, así lo hicieron.
Y Moisés era de edad de ochenta años, y Aarón de ochenta y tres años, cuando hablaron a Faraón.
¶Y habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo:
Cuando os hablare Faraón y dijere: Mostrad algún milagro de vuestra parte, entonces dirás a Aarón: Toma tu vara, y échala delante de Faraón, y volveráse culebra.
Moisés y Aarón fueron pues a Faraón, e hicieron así como había mandado Jehová; porque Aarón echó en tierra su vara delante de Faraón y delante de sus siervos, la cual se convirtió en culebra.
Entonces Faraón también llamó a los sabios y a los hechiceros; y ellos también, los magos egipcios, hicieron del mismo modo con sus encantamientos;
pues echaron ellos cada cual su vara, las cuales se convirtieron en culebras: mas la vara de Aarón se tragó las varas de ellos.
Pero endurecióse el corazón de Faraón, de manera que no les escuchó; como lo había dicho Jehová.
Entonces Jehová dijo a Moisés: El corazón de Faraón está obstinado; él rehusa enviar a mi pueblo.
Vé pues a Faraón por la mañana; he aquí que él saldrá á las aguas, y tú le esperarás junto a la ribera del río, y tomarás en tu mano la vara que se volvió culebra.
Y le dirás: Jehová, el Dios de los Hebreos, me ha enviado a ti para decirte: Deja ir a mi pueblo, a fin de que ellos me sirvan en el desierto; y he aquí que tú no has escuchado hasta ahora.
Así dice Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: He aquí que con la vara que tengo en la mano voy a herir las aguas que están en el río, y se convertirán en sangre.
Y los peces que están en el río morirán, y apestará el río, de modo que los Egipcios tendrán asco de beber las aguas del río.
¶Entonces Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus corrientes, sobre sus ríos, y sobre sus lagunas, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre; y habrá sangre en toda la tierra de Egipto, así en las vasijas de madera como en las de piedra.
E hicieron Moisés y Aarón como les había mandado Jehová; pues levantó Aarón la vara, e hirió las aguas que había en el río, a vista de Faraón y a vista de sus siervos; y se convirtieron todas las aguas del río en sangre.
Y los peces que había en el río murieron; y apestó el río, y no podían los Egipcios beber de las aguas del río; de manera que hubo sangre en toda la tierra de Egipto.
E hicieron de la misma manera los magos de Egipto con sus encantamientos; y endurecióse el corazón de Faraón, de modo que no les escuchó; como lo había dicho Jehová.
Y apartando Faraón el rostro, se volvió a su casa; mas ni aun en esto puso su corazón.
Y todos los Egipcios cavaron al rededor del río, para hallar agua que beber; porque no podían beber de las del río.
Y cumpliéronse siete días después que Jehová hirió el río.
DIJO entonces, Jehová a Moisés: Entra a donde está Faraón y dile: Así dice Jehová: Deja ir a mi pueblo, para que ellos me sirvan.
Y si tú rehusas dejarle ir, he aquí que voy a herir todos tus términos con ranas.
Porque el río producirá ranas en abundancia tal, que subirán y entrarán en tu casa, y en tu cámara de dormir, y sobre tu cama, y en casa de tus siervos, y entre tu pueblo, y en tus hornos, y en tus artesas:
de suerte que sobre ti, y sobre tu pueblo, y sobre tus siervos, subirán ranas.
¶Y dijo Jehová a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu mano, con tu vara, sobre las corrientes, sobre los ríos y sobre las lagunas para hacer subir ranas sobre la tierra de Egipto.
Y Aarón extendió la mano sobre las aguas de Egipto; y subieron las ranas y cubrieron la tierra de Egipto.
Y los magos hicieron lo mismo con sus encantamientos, haciendo subir ranas sobre la tierra de Egipto.
Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y dijo: Suplicad a Jehová que aparte las ranas de mí y de mi pueblo; y yo enviaré el pueblo para que, ofrezca sacrificio a Jehová.
Y dijo Moisés a Faraón: Determina tú mismo para cuándo he de rogar por ti, y por tus siervos, y por tu pueblo, a fin de que las ranas sean quitadas de ti y de tus casas, y queden solamente en el río.
Y él contestó: Para mañana. A lo cual respondió Moisés: Será conforme a tu palabra, para que sepas que no hay otro como Jehová nuestro Dios.
Y las ranas se apartarán de ti, y de tus casas, y de tus siervos, y de tu pueblo, y solamente en el río quedarán.
Moisés y Aarón pues salieron de la presencia de Faraón; y clamó Moisés a Jehová tocante a las ranas, conforme a la palabra que había empeñado a Faraón.
E hizo Jehová conforme a la palabra de Moisés; manera que murieron las ranas de en medio de las casas, y de los cortijos, y de los campos.
Y las juntaron en montones; y apestó la tierra.
Mas cuando Faraón vió que había respiro, hizo obstinado su corazón, y no les escuchó; como lo había dicho Jehová.
¶Entonces Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu vara y hiere el polvo de la tierra, para que se vuelva piojos por toda la tierra de Egipto.
Y ellos lo hicieron así: pues extendió Aarón la mano, con su vara, e hirió el polvo de la tierra; el cual se volvió piojos en hombres y en bestias; todo el polvo de la tierra se convirtió en piojos, en todo el país de Egipto.
E hicieron de la misma manera los magos, con sus encantamientos, para sacar piojos; mas no pudieron. Había pues piojos en los hombres y en las bestias.
Entonces dijeron los magos a Faraón: Dedo de Dios es éste. Mas endurecióse el corazón de Faraón, y no les escuchó; como lo había dicho Jehová.
¶Y Jehová dijo a Moisés: Levántate muy de mañana, y ponte delante de Faraón; he aquí que él saldrá a las aguas, y tú le dirás: Así dice Jehová: Deja ir a mi pueblo, para que ellos me sirvan.
Porque si tú no dejas ir a mi pueblo, he aquí que voy a enviar sobre ti, y sobre tus siervos, y sobre tu pueblo, y en tus casas, el tábano; y se llenarán las casas de los Egipcios de tábanos, y también la tierra donde ellos estuvieren.
Y haré distinción en ese día de la tierra de Gosén, en donde mi pueblo está, para que no haya allí tábanos; a fin de que tú sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra:
pues yo pondré separación entre mi pueblo y tu pueblo. Mañana será esta señal.
Y Jehová lo hizo así; porque entraron tábanos molestísimos en la casa de Faraón, y en las casas de sus siervos; y en toda la tierra de Egipto se iba desolando el país, a causa de los tábanos.
Entonces llamó Faraón a Moisés y a Aarón, y les dijo: Id, ofreced sacrificios a vuestro Dios dentro del país.
Pero Moisés respondió: No conviene que lo hagamos así; porque la abominación de los Egipcios es lo que hemos de sacrificar a Jehová nuestro Dios. He aquí, si sacrificáramos la abominación de los Egipcios ante sus mismos ojos, ¿no nos apedrearían?
Iremos camino de tres días en el desierto, y así ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, según él nos mandare.
A lo que dijo Faraón: Yo os enviaré, y ofreceréis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto; con tal de que no vayáis muy lejos: rogad por mí.
Entonces dijo Moisés: he aquí que voy a salir de tu presencia, y suplicaré a Jehová, y el tábano se alejará de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo, mañana; mas no vuelva Faraón a obrar con engaño, no dejando ir al pueblo para que ofrezca sacrificios a Jehová.
Y Moisés salió de la presencia de Faraón, y suplicó a Jehová.
E hizo Jehová conforme a la palabra de Moisés; pues quitó de Faraón los tábanos, y de sus siervos y de su pueblo; no quedó ni uno.
Faraón empero hizo obstinado su corazón esta vez también, y no dejó ir al pueblo.
ENTONCES Jehová dijo a Moisés: Entra a donde está Faraón y dile: Así dice Jehová, el Dios de los Hebreos: Deja ir a mi pueblo, para que ellos me sirvan.
Porque si aún rehusas dejarles ir, y todavía los detienes con violencia,
he aquí, la mano de Jehová descargará sobre tu ganado que está en el campo, sobre tus caballos, sobre tus asnos, sobre tus camellos, sobre tus vacadas, y sobre tus rebaños, con peste gravísima.
Y hará Jehová distinción entre el ganado de Israel y el ganado de los Egipcios, de modo que no morirá nada de todo lo que sea de los hijos de Israel.
Y Jehová señaló plazo, diciendo: Mañana Jehová hará esto en la tierra.
E hizo Jehová aquello al día siguiente, de manera que murió todo el ganado de los Egipcios; mas del ganado de los hijos de Israel no murió ni uno solo.
Y envió Faraón a ver; y he aquí que no había muerto del ganado de Israel ni siquiera uno. Pero obstinóse el corazón de Faraón, y no dejó ir al pueblo.
¶Entonces Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Coge puñados de ceniza de horno, y espárzala Moisés hacia el cielo, a vista de Faraón;
y se convertirá en polvo menudo en toda la tierra de Egipto; de lo cual resultarán tumores apostemados, así en los hombres como en las bestias, por toda la tierra de Egipto.
Y ellos tomaron ceniza de horno, y poniéndose Moisés delante de Faraón, esparcióla hacia el cielo; y hubo tumores apostemados así en los hombres como en las bestias.
Y no podían los magos presentarse delante de Moisés a causa de los tumores; porque los tumores estaban en los magos y en todos los Egipcios.
Mas Jehová endureció el corazón de Faraón, de modo que no les escuchó: como Jehová lo había dicho a Moisés.
¶Dijo entonces Jehová a Moisés: Levántate muy de mañana, y ponte delante de Faraón, y dile: Así dice Jehová, el Dios de los Hebreos: Deja ir a mi pueblo, para que ellos me sirvan.
Porque en esta ocasión voy a enviar todas mis plagas sobre tu corazón, y sobre tus siervos, y sobre tu pueblo, para que sepas que ninguno hay como yo en toda la tierra.
Que ahora, si yo hubiera extendido mi mano para herirte a ti y a tu pueblo con peste, ya habrías desaparecido de la tierra.
Empero yo te he mantenido en pie para esto mismo, para hacerte ver mi poder, y para que sea celebrado mi nombre en toda la tierra.
¿Te ensoberbeces todavía contra mi pueblo para no dejarle ir?
Pues he aquí que el día de mañana, como a estas horas, haré llover granizo de tal manera grave, que nunca habrá habido otro como éste en Egipto, desde el día que se fundó hasta el presente.
Ahora pues, envía y haz que se ponga a cubierto tu ganado, y todo lo que tienes en el campo; porque sobre todos los hombres y animales que fueren hallados en el campo, y que no estuvieren recogidos bajo techumbre, caerá el granizo, y morirán.
Aquel de entre los siervos de Faraón que temió la palabra de Jehová, hizo que sus siervos y su ganado huyesen a las casas;
mas aquel que no hizo caso de la palabra de Jehová, dejó a sus siervos y su ganado en el campo.
¶Y dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya granizo en toda la tierra de Egipto, sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre toda clase de plantas en la tierra de Egipto.
Extendió pues Moisés su vara hacia el cielo, y Jehová envió truenos y granizo, y el fuego descargó sobre tierra; y Jehová hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto.
De suerte que hubo granizo, y fuego fulgurando en medio del granizo, sobremanera grave, cual nunca había habido en toda la tierra de Egipto desde que fué nación.
Y el granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo cuanto había en el campo, desde el hombre hasta la bestia; el granizo hirió también toda planta del campo, y quebró todo árbol del campo.
Solamente en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo.
¶Entonces Faraón envió y llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; Jehová es el justo, y yo y mi pueblo somos los inicuos.
Suplicad a Jehová; porque ya ha habido lo bastante de grandes truenos y granizo; y yo os dejaré ir, y no os detendréis más.
Le dijo pues Moisés: Cuando yo saliere de la ciudad, extenderé mis manos hacia Jehová, y los truenos cesarán, y no habrá más granizo: para que sepas que de Jehová es la tierra.
Mas en cuanto a ti y a tus siervos, yo ya sé que no temeréis todavía delante del Dios Jehová.
¶Y el lino y la cebada fueron heridos; porque la cebada estaba en espiga, y el lino en flor.
Mas el trigo y la espelta no fueron heridos, porque eran tardíos.
Moisés entonces salió de la presencia de Faraón, afuera de la ciudad, y extendió las manos hacia Jehová; con lo cual cesaron los truenos y el granizo, y la lluvia no se derramó más sobre la tierra.
Pero cuando vió Faraón que había cesado la lluvia, y el granizo, y los truenos, volvió a pecar, e hizo obstinado su corazón, así él como sus siervos.
De manera que se endureció el corazón de Faraón, y no dejó ir a los hijos de Israel; como Jehová lo había dicho por conducto de Moisés.
ENTONCES Jehová dijo a Moisés: Entra a donde está Faraón, porque yo he hecho obstinado su corazón y el corazón de sus siervos, para manifestar estas mis señales en medio de ellos;
y para que puedas contar en oídos de tu hijo, y del hijo de tu hijo, cómo yo hice maravillas en Egipto, y las señales que obré en él; a fin de que vosotros sepáis que yo soy Jehová.
¶Por lo cual entraron Moisés y Aarón a donde estaba Faraón, y le dijeron: Así dice Jehová, el Dios de los Hebreos: ¿Hasta cuándo rehusarás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo, para que ellos me sirvan.
Que si tú rehusas aún dejar ir a mi pueblo, he aquí, que mañana traeré langostas dentro de tus términos,
las cuales cubrirán la faz de la tierra, de manera que no podrá verse la tierra; y comerán el residuo de lo que escapó, lo que os fué dejado del granizo; y comerán todo árbol que crece para vosotros en el campo.
Y llenarán tus casas, y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los Egipcios, cual nunca vieron tus padres, ni los padres de tus padres, desde el día que ellos estuvieron sobre la tierra hasta el día de hoy. Volvióse entonces, y salió de la presencia de Faraón.
¶Y los siervos de Faraón le dijeron: ¿Hasta cuándo ha de sernos este hombre un lazo? deja que vayan esos hombres y sirvan a Jehová su Dios. ¿Acaso no sabes tú todavía que Egipto está ya destruído?
Hicieron volver pues a Moisés y Aarón a la presencia de Faraón; el cual les dijo: Id, servid a Jehová vuestro Dios. ¿Mas quién y quién son los que han de ir?
A lo que respondió Moisés: Con nuestros jóvenes y con nuestros ancianos iremos; con nuestros hijos y con nuestras hijas, con nuestros rebaños y con nuestras vacadas iremos; porque hemos de celebrar una fiesta solemne a Jehová.
Entonces él les contestó: ¡Así sea Jehová con vosotros como yo os envíe juntamente con vuestras familias! ¡Miradlo bien, porque el mal está delante de vosotros!
No será así; id vosotros, los hombres, y servid a Jehová; pues esto pedisteis. Y fueron echados de la presencia de Faraón.
¶Jehová entonces dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para traer la langosta; y suba sobre la tierra de Egipto, y coma toda planta de la tierra; todo lo que dejó el granizo.
Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de Egipto; y Jehová trajo un viento oriental sobre el país, todo aquel día y toda aquella noche. Y cuando vino la mañana, el viento oriental trajo la langosta.
Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y posó en todos los términos de Egipto, excesivamente grave: antes de ella nunca hubo langosta como ésta, ni después de ella jamás habrá otra igual;
pues cubrió la haz de toda la tierra, de modo que la tierra fué obscurecida; y comió toda planta de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo: por manera que no quedó nada verde en árbol ni en planta del campo, en toda la tierra de Egipto.
Entonces apresuróse Faraón a llamar a Moisés y a Aarón, y dijo: ¡He pecado contra Jehová vuestro Dios, y contra vosotros!
Ahora pues, perdonad mi pecado solamente esta vez, y suplicad a Jehová vuestro Dios que al menos aparte de mí esta muerte.
Él por tanto salió de la presencia de Faraón, y oró a Jehová.
Entonces Jehová hizo tornar un viento occidental muy fuerte, que alzando la langosta, la echó en el Mar Rojo; y no quedó ni una langosta en todos los términos de Egipto.
Mas Jehová endureció el corazón de Faraón, de modo que no dejó ir a los hijos de Israel.
¶Dijo entonces Jehová a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, tinieblas tales que puedan palparse.
Moisés pues extendió la mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas en toda la tierra de Egipto, por tres días.
Y no se vieron los unos a los otros, ni nadie se levantó de su puesto durante tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones.
Entonces Faraón llamó a Moisés, y dijo: Id, servid a Jehová; queden solamente vuestros rebaños y vuestras vacadas; vuestras familias también irán con vosotros.
Pero Moisés respondió: También nos has de dar sacrificios y holocaustos, para que los ofrezcamos a Jehová nuestro Dios.
De manera que nuestro ganado también ha de ir con nosotros; no quedará ni una pesuña; porque de ellos hemos de tomar para rendir culto a Jehová nuestro Dios; y no sabemos con lo que hemos de rendir el culto a Jehová hasta que lleguemos allá.
Mas Jehová endureció el corazón de Faraón, de modo que no quiso dejarlos ir;
antes le dijo Faraón: ¡Quítate de mi presencia! ¡guárdate de volver a ver mi rostro; porque en el día que vieres mi rostro, morirás!
A lo cual respondió Moisés: Muy bien lo has dicho: no volveré yo a ver tu rostro.
(EMPERO Jehová había dicho a Moisés: Todavía tengo de enviar una plaga más sobre Faraón y sobre los Egipcios; después de lo cual él mismo os enviará de aquí: cuando os enviare, del todo y con violencia os arrojará de aquí.
Di en oídos del pueblo que cada hombre pida a su vecino, y cada mujer a su vecina, alhajas de plata y alhajas de oro.
Y Jehová dió al pueblo gracia en los ojos de los Egipcios; y también el varón Moisés era muy grande en la tierra de Egipto, a los ojos de los siervos de Faraón y a los ojos del pueblo.)
Por lo cual Moisés dijo a Faraón: Así dice Jehová: Como a la media noche voy a salir por en medio de Egipto;
y morirá todo primogénito en la tierra de Egipto; desde el primogénito de Faraón que se sienta sobre su trono, hasta el primogénito de la esclava que está detrás del molino; y todo primogénito de las bestias.
Y habrá grande alarido en toda la tierra de Egipto, cual nunca ha habido, y cual nunca más habrá.
Mas ni un perro moverá su lengua contra ninguno de los hijos de Israel, ni contra hombre ni contra bestia; para que sepáis que Jehová hace distinción entre los Egipcios e Israel.
Y descenderán a mí todos estos tus siervos, y se postrarán delante de mí, diciendo: Sal tú, con todo el pueblo que te sigue: y después de esto saldré. En seguida salió de la presencia de Faraón, ardiendo en ira.
¶Jehová pues había dicho a Moisés: No os escuchará Faraón, a fin de que se multipliquen mis maravillas en la tierra de Egipto.
Y Moisés y Aarón habían hecho todas estas maravillas delante de Faraón; mas Jehová endureció el corazón de Faraón, de modo que no dejó ir de su tierra a los hijos de Israel.
JEHOVÁ habló a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:
Este mes os será el principio de los meses; os será el primero de los meses del año.
Hablad a toda la Congregación de Israel, diciendo: El día diez de este mes, tomará para sí cada cual un cordero, conforme a sus casas paternas, un cordero por cada familia.
Y si la familia fuere tan pequeña que no baste a comer un cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa le tomarán, conforme al número de las almas; cada uno a razón de su comer, así echaréis la cuenta sobre el cordero.
Vuestro cordero será sin tacha, macho del primer año, de las ovejas o de las cabras le tomaréis.
Y le guardaréis hasta el día catorce de este mes; entonces le degollará toda la Congregación de Israel, a la caída de la tarde.
Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes de la puerta y en el dintel de las casas en que le han de comer.
Y comerán la carne en aquella misma noche; asada al fuego, con panes ázimos, y con hierbas amargas la comerán.
No comeréis de ella cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; tanto la cabeza del cordero como las piernas y las entrañas.
Y no dejaréis que sobre nada de él hasta la mañana; y lo que sobrare de él hasta la mañana, a fuego lo quemaréis.
¶De esta manera, pues, le comeréis: Ceñidos vuestros lomos, y con el calzado en vuestros pies, y el báculo en vuestra mano; y le comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová.
Porque yo pasaré por la tierra de Egipto esta noche, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de hombre como de bestia; y en todos los dioses de Egipto ejecutaré juicios. Yo Jehová.
Y la sangre os servirá de señal en las casas en donde estuviereis; y yo veré la sangre, y os pasaré por alto, de modo que no habrá entre vosotros plaga destructora, cuando yo hiera la tierra de Egipto.
¶Y tendréis este día por memorial, y lo celebraréis como fiesta solemne a Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo celebraréis esta fiesta.
Siete días comeréis panes ázimos. Ciertamente en el día primero apartaréis de vuestras casas la levadura; pues cualquiera que comiere pan fermentado desde el día primero hasta el día séptimo, aquella alma será cortada de en medio de Israel.
En el día primero tendréis santa convocación, asimismo en el día séptimo tendréis santa convocación; ninguna clase de obra se ha de hacer en ellos, excepto que aderecéis lo que cada persona hubiere de comer; solamente esto podrá ser hecho por vosotros.
Guardaréis pues la Fiesta de los Ázimos; porque en este mismo día saqué yo vuestros ejércitos de la tierra de Egipto; y observaréis este día durante vuestras generaciones por estatuto perpetuo.
En el mes primero comeréis panes ázimos desde los catorce días del mes por la tarde, hasta el día veintiuno del mes por la tarde.
Por espacio de siete días no ha de hallarse levadura en vuestras casas; pues que todo aquel que comiere cosa leudada, la tal persona será cortada de en medio de la Congregación de Israel, ora sea extranjero ora de vuestra misma nación.
Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes ázimos.
¶Entonces llamó Moisés a todos los ancianos de Israel y les dijo: Sacad del rebaño y tomaos corderos según vuestras familias, y sacrificad la pascua.
Y tomaréis un manojo de hisopo, y lo mojaréis en la sangre que habréis recogido en un tazón, y heriréis el dintel y los dos postes de la puerta con la sangre que estará en el tazón: y no salga ninguno de vosotros de la puerta de su casa hasta la mañana.
Y cuando pasare Jehová hiriendo a los Egipcios, verá la sangre en el dintel y en los dos postes de la puerta; y Jehová pasará por alto aquella puerta, y no permitirá que el destructor éntre en vuestras casas para herir.
Habéis pues de guardar este rito por estatuto para vosotros y para vuestros hijos perpetuamente.
Y será que cuando hubiereis llegado a la tierra que os dará Jehová, como él ha prometido, observaréis este culto.
Y será que cuando os preguntaren vuestros hijos. ¿Qué dais a entender con este culto?
responderéis: Sacrificio de la Pascua es a Jehová, el cual pasó por alto las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando iba hiriendo a los Egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo inclinó la cabeza y adoró.
Fueron pues los hijos de Israel y lo hicieron así: como lo había mandado Jehová a Moisés y a Aarón, así lo hicieron.
¶Y aconteció que a la media noche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono, hasta el primogénito del cautivo que estaba en el calabozo; y todo primogénito de bestia.
Entonces se levantó Faraón de noche, él y todos sus siervos y todos los Egipcios; y hubo grande alarido en Egipto; porque no había casa donde no hubiese algún muerto.
Y llamó a Moisés y a Aarón de noche, y dijo: ¡Levantaos, salid de en medio de mi pueblo, así vosotros como los hijos de Israel, y andad, servid a Jehová como habéis dicho!
Tomad también vuestros rebaños y vuestras vacadas, como dijisteis, y andad; ¡y bendecidme también a mí!
Y los Egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa para enviarlos del país; pues decían: ¡Todos nosotros somos muertos!
Y alzó el pueblo su masa antes que fermentase, envueltas sus artesas en su ropa sobre sus hombros.
Y los hijos de Israel hicieron según la palabra de Moisés; pues pidieron a los Egipcios alhajas de plata y alhajas de oro, y vestidos.
Y Jehová dió al pueblo gracia en los ojos de los Egipcios, de manera que les dieron cuanto pedían; y así ellos despojaron a los Egipcios.
¶Y los hijos de Israel partieron de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar las familias.
Y también subió con ellos una multitud mixta, juntamente con rebaños y vacadas; muchísimo ganado.
Y de la masa que habían sacado de Egipto, cocieron tortas ázimas; porque no estaba fermentada, por cuanto, siendo echados de Egipto, no habían podido detenerse; ni habían hecho provisión alguna para su viaje.
¶Y la vida de peregrinación de los hijos de Israel que habían habitado en Egipto, fué de cuatrocientos y treinta años.
Y aconteció que al fin de los cuatrocientos y treinta años, aun en aquel mismo día aconteció que salieron de la tierra de Egipto todos los ejércitos de Jehová.
Noche de solemne observancia a Jehová es ésta, por haberlos sacado él de la tierra de Egipto: esta es aquella noche de Jehová, de solemne observancia para todos los hijos de Israel durante sus generaciones.
Y dijo Jehová a Moisés y a Aarón: Este es el reglamento de la Pascua: Ningún hijo de tierra extraña comerá de ella;
mas a todo siervo de cualquier hombre, comprado por dinero, primero le circuncidarás, y entonces comerá de ella.
El transeunte y el siervo asalariado no comerán de ella.
En una misma casa se ha de comer: no sacaréis de esta carne fuera de la casa, ni quebraréis hueso suyo:
Toda la Congregación la celebrará.
Y cuando habitare contigo algún extranjero que quisiere celebrar la Pascua a Jehová, sea circuncidado todo varón de entre los suyos, y entonces se llegará para celebrarla; y será como uno de vuestra nación; porque ningún incircunciso comerá de ella.
Una misma ley habrá para los de vuestra raza y para el extranjero que habita en medio de vosotros.
¶Y lo hicieron así todos los hijos de Israel: según había mandado Jehová a Moisés y a Aarón, así lo hicieron.
Y aconteció que en aquel mismo día sacó Jehová a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, por sus escuadrones.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Santifícame todo primogénito; todo primer nacido entre los hijos de Israel, tanto de hombres como de animales, mío es.
¶Y Moisés dijo al pueblo: Acordaos de este día en el cual salisteis de Egipto, de la casa de servidumbre; porque con poder de mano os sacó Jehová de aquí; por tanto no comeréis en él pan fermentado.
Hoy mismo estáis para salir en el mes de Abib.
Y será que cuando te hubiere llevado Jehová a la tierra del Cananeo, y del Heteo, y del Amorreo, y del Heveo, y del Jebuseo, respecto de la cual juró a Abraham que te la daría, tierra que mana leche y miel, celebrarás este culto en este mes.
Siete días comerás panes ázimos, y en el día séptimo habrá fiesta solemne a Jehová.
Se comerán panes ázimos por siete días; no se verá junto a ti pan fermentado, ni será vista contigo levadura en todos tus términos.
Y en aquel día contarás el suceso a tu hijo, diciendo: Es a causa de lo que hizo conmigo Jehová cuando salí de Egipto.
Y te será como señal sobre tu mano, y como recuerdo entre tus ojos, para que esté la ley de Jehová en tu boca: porque con mano fuerte te hizo salir Jehová de Egipto.
Guardarás pues este reglamento, en su plazo fijo, de año en año.
¶Y será así, que cuando te haya conducido Jehová a la tierra del Cananeo, como lo tiene jurado a ti y a tus padres, y te la haya dado,
apartarás para Jehová todos los primer nacidos; también todos los primerizos que tuvieres, nacidos de tus animales, siendo machos, serán para Jehová:
pero todo primerizo de asno lo redimirás con un cordero; y si no le redimieres, quebrarás su cerviz: mas todo primogénito de hombre, de entre tus hijos, redimirás.
Y será que cuando te preguntare tu hijo el día de mañana, diciendo: ¿Qué es ésto? le dirás: Con poder de mano Jehová nos sacó de Egipto, de la casa de servidumbre.
Y aconteció que cuando Faraón se negó obstinadamente a dejarnos ir, Jehová mató a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito del hombre hasta el primogénito de la bestia; por lo mismo yo sacrifico a Jehová todo primer nacido, siendo macho, mas a todo primogénito de mis hijos redimo.
Así será como señal sobre tu mano, y como frontales entre tus ojos; porque con poder de mano Jehová nos sacó de Egipto.
Y sucedió que cuando Faraón hubo enviado al pueblo, no le condujo Dios por el camino de la tierra de los Filisteos, porque estaba cerca; pues dijo Dios: No sea que se arrepienta el pueblo al ver la guerra, y se vuelva a Egipto;
sino que hizo Dios que el pueblo diese vuelta por el camino del desierto del Mar Rojo. Y los hijos de Israel subieron en buen orden de la tierra de Egipto.
Y tomó Moisés los huesos de José, el cual había juramentado rigurosamente a los hijos de Israel, diciendo: Indudablemente os visitará Dios; y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros.
Y levantaron el campamento de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto.
Y Jehová iba al frente de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos en el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles; a fin de que anduviesen de día y de noche.
Nunca se apartó la columna de nube de día, ni la columna de fuego de noche, de delante del pueblo.
Y HABLO Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel para que vuelvan y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar, enfrente de Baal-zefón; delante de él acamparéis, junto al mar.
Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Vagan perplejos dentro del país; los tiene encerrados el desierto.
Y yo endureceré el corazón de Faraón, de manera que los persiga; y me glorificaré en Faraón y en todo su ejército: y sabrán los Egipcios que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así.
En efecto fué dado aviso al rey de Egipto que había huido el pueblo; y mudóse el corazón de Faraón y de sus siervos acerca del pueblo, de modo que decían: ¿Qué despropósito es éste que hemos hecho dejando ir a Israel, para que dejase de servirnos?
Entonces Faraón unció sus carros de guerra, y tomó consigo a su pueblo.
Tomó también seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, con capitanes sobre todos ellos.
Y Jehová endureció el corazón de Faraón rey de Egipto, de modo que persiguió a los hijos de Israel; y los hijos de Israel salieron con mano alzada.
De manera que los Egipcios siguieron al alcance de ellos, es a saber, todos los caballos y carros de Faraón, y su gente de a caballo, y su ejército; y los alcanzaron acampados junto al mar, cerca de Pi-hahirot, frente a Baal-zefón.
Y cuando Faraón se iba acercando, los hijos de Israel alzaron los ojos, y ¡he aquí a los Egipcios que venían marchando en pos de ellos! Y temieron mucho, y clamaron los hijos de Israel a Jehová.
Y decían a Moisés: ¿Acaso por no haber sepulturas en Egipto nos trajiste acá para morir en el desierto? ¿Por qué has hecho esto con nosotros, sacándonos de Egipto?
¿No es esto mismo lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos, para que sirvamos a los Egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los Egipcios que morir en el desierto.
Entonces dijo Moisés al pueblo: No temáis; estad firmes, y veréis la salvación que Jehová obrará por vosotros hoy; porque en cuanto a los Egipcios que hoy habéis visto, nunca mas para siempre los volveréis a ver.
Jehová peleará por vosotros, y vosotros guardaréis silencio.
¶Y dijo Jehová a Moisés: ¿Por qué sigues clamando a mí? ¡manda a los hijos de Israel que marchen!
Mas tú, alza tu vara y extiende la mano sobre el mar, y divídelo en dos, para que vayan los hijos de Israel por en medio del mar en seco.
Y yo, he aquí que yo endureceré el corazón de los Egipcios para que entren en pos de ellos, y me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, y en sus carros y en su gente de a caballo:
Y conocerán los Egipcios que yo soy Jehová, cuando me haya glorificado en Faraón, y en sus carros y en su gente de a caballo.
¶Y el Ángel de Jehová que iba delante del ejército de Israel, se apartó de allí y fué en pos de ellos; apartóse también la columna de nube de delante de ellos, y púsose tras de ellos.
De manera que se colocó entre el ejército de los Egipcios y el ejército de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, mas brillaba de noche para éste, de modo que no se acercaron los unos a los otros en toda la noche.
¶Extendió pues Moisés la mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por un viento oriental muy fuerte que sopló toda aquella noche; de modo que se tornó el mar en seco, y fueron divididas las aguas.
Y los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco: y les eran las aguas como un muro a su diestra y a su siniestra.
Y siguieron los Egipcios a su alcance; y entraron en pos de ellos todos los caballos de Faraón, sus carros y su gente de a caballo hasta la mitad del mar.
Mas aconteció, a la vela de la mañana, que dirigió Jehová una mirada hacia el ejército de los Egipcios, de en medio de la columna de fuego y de nube, y puso en consternación al ejército de los Egipcios.
Quitó también las ruedas de los carros, de manera que los dirigían con suma dificultad. Entonces dijeron los Egipcios: ¡Huyamos de la presencia de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los Egipcios!
¶Dijo entonces Jehová a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que vuelvan las aguas sobre los Egipcios, sobre sus carros y sobre su gente de a caballo.
Extendió pues Moisés la mano sobre el mar, y al despuntar la mañana volvióse el mar a su dominio perpetuo; y los Egipcios huyeron, pero por doquiera daban con él: así arrolló Jehová a los Egipcios en medio del mar.
Pues volviéronse las aguas y cubrieron los carros y la gente de a caballo de todo el ejército de Faraón, que habían entrado tras de ellos en el mar; de modo que no quedó de ellos ni siquiera uno.
Mas los hijos de Israel anduvieron en seco por en medio del mar, teniendo las aguas por muro a su diestra y a su siniestra.
De esta manera salvó Jehová en aquel día a Israel de mano de los Egipcios; y vió Israel a los Egipcios muertos sobre la orilla del mar.
Israel pues vió la obra prodigiosa que hizo Jehová contra los Egipcios; y temió el pueblo a Jehová; y creyeron en Jehová y en Moisés su siervo.
ENTONCES Moisés y los hijos de Israel rompieron a cantar este cántico a Jehová: y hablaron, diciendo: ¡Cantaré a Jehová, porque se ha ensalzado soberanamente; al caballo y a su jinete ha arrojado en la mar!
Mi fuerza y mi canción es Yah, y él ha sido mi salvación: éste es mi Dios, y le celebraré; Dios de mi padre, y le ensalzaré.
¡Jehová es Varón de guerra; Jehová es su nombre!
¡los carros de Faraón y su ejército él ha arrojado en la mar: y sus escogidos capitanes fueron hundidos en el Mar Rojo!
¡Los abismos los cubren; descendieron a las profundidades, como una piedra!
¡Tu diestra, oh Jehová, se ha hecho gloriosa en potencia; tu diestra, oh Jehová, ha destrozado al enemigo!
Y en la grandeza de tu majestad has derribado a tus contrarios; enviaste tu ardiente ira; consumiólos como hojarasca.
Asimismo al soplo de tus narices se amontonaron las aguas; detuviéronse las corrientes en montón; cuajáronse los abismos en el corazón del mar!
Dijo el enemigo: ¡Perseguiré, alcanzaré, repartiré despojos, henchiré de ellos mi alma; desenvainaré mi espada, apoderarse ha de ellos mi mano!
Tú empero soplaste con tu viento; cubriólos el mar: ¡hundiéronse como plomo en las poderosas aguas!
¿Quién como tú entre los dioses, oh Jehová? ¿quién como tú, glorioso en santidad, pavoroso en alabanzas, hacedor de maravillas?
¡Extendiste tu diestra; tragólos la tierra!
Conduces en tu misericordia a este pueblo que redimiste, con tu poder le conduces a la morada de tu santidad.
Oyeron los pueblos; temblarán; ¡dolores se apoderaron de los habitantes de Palestina!
Entonces fueron turbados los caudillos de Edom; los valientes de Moab, estremecimiento se apoderará de ellos: derretirse han todos los moradores de Canaán.
Caerán sobre ellos terror y pavor; por la grandeza de tu brazo quedarán silenciosos como una piedra, hasta qué pase tu pueblo, oh Jehová, hasta que pase este pueblo que tú acabas de adquirir.
Los harás entrar y los plantarás en el monte de tu herencia; lugar que preparaste para tu misma habitación, oh Jehová; Santuario, Señor, que establecieron tus manos.
¡Jehová reinará para siempre jamás!
¶Porque los caballos de Faraón y sus carros y su gente de a caballo entraron en la mar, y Jehová hizo volver sobre ellos las aguas del mar; pero los hijos de Israel anduvieron en seco por en medio del mar.
¶Y María, la profetisa, hermana de Aaron, tomó un pandero en su mano, y salieron todas las mujeres en pos de ella, con panderos y con danzas.
Y María les respondía a ellas: ¡Cantad a Jehová, porque se ha ensalzado soberanamente, al caballo y a su jinete ha arrojado en la mar!
Y Moisés condujo a los hijos de Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días en el desierto sin encontrar agua.
Luego vinieron a Mara; mas no pudieron beber de las aguas, porque eran amargas; por tanto le pusieron al lugar el nombre de Mara.
Y murmuró el pueblo contra Moisés, diciendo: ¿Qué hemos de beber?
Mas él clamó a Jehová, y mostróle Jehová un árbol, el que echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí Dios impuso a Israel estatutos y leyes, y allí le probó;
y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo que es recto a sus ojos, y prestares oídos a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, entonces no enviaré sobre ti ninguna enfermedad de las que envié sobre los Egipcios; porque yo soy Jehová tu Sanador.
¶Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de agua v setenta palmas; y acamparon allí junto a las aguas.
Y LEVANTANDO el campamento de Elim, vino toda la Congregación de los hijos de Israel al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del mes segundo después de haber salido ellos de la tierra de Egipto.
Y murmuró toda la Congregación de los hijos de Israel contra Moisés y Aarón en el desierto;
y les decían los hijos de Israel: ¡Ojalá hubiéramos muerto a manos de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, y cuando comíamos pan hasta la saciedad! porque nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta Asamblea.
¶Y dijo Jehová a Moisés: He aquí que haré llover sobre vosotros pan desde el cielo; y saldrá el pueblo y recogerá diariamente la porción de un día; para que yo le pruebe, si quiere andar en mi ley o no.
Y será que en el día sexto prepararán lo que vuelvan a traer, que será el doble de lo que suelen recoger cada día.
Y Moisés y Aarón dijeron a todos los hijos de Israel: A la tarde conoceréis que Jehová es quien os sacó de la tierra de Egipto;
y por la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él oye vuestras murmuraciones contra Jehová: pues en cuanto a nosotros, ¿qué somos, para que murmuréis contra nosotros?
Dijo además Moisés: Esto sucederá cuando a la tarde Jehová os diere a comer carne, y por la mañana, pan hasta la saciedad; porque oye Jehová vuestras murmuraciones con que murmuráis contra él: ¿y qué somos nosotros? vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová.
Dijo entonces Moisés a Aarón: Di a toda la Congregación de los hijos de Israel: Acercaos a la presencia de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones.
Y sucedió, luego que hubo hablado Aarón a toda la Congregación de los hijos de Israel, que volvieron el rostro hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová que apareció en la nube.
¶Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo:
Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: A la caída de la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan; y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Dios.
Y sucedió que a la tarde subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana había una capa de rocío al rededor del campamento.
Y cuando se evaporó la capa de rocío, he aquí sobre la haz del desierto una cosa menuda y redonda, menuda como la escarcha, sobre la tierra.
Y al verla los hijos de Israel, decían el uno al otro: ¿Qué es esto? pues no sabían qué cosa era. Entonces les dijo Moisés: Este es el pan que Jehová os da a comer.
Este es el reglamento que ha prescrito Jehová: Recoged de ello cada hombre según lo que pueda comer, un omer por cabeza, conforme al número de vuestras personas; lo tomaréis cada uno para los que están en su tienda.
Y lo hicieron así los hijos de Israel; pues tomaron unos más, otros menos.
Y cuando lo midieron en el omer, nada tenía demás el que recogió mucho, y al que recogió poco nada le faltaba; cada uno había recogido según lo que podía comer.
Les dijo también Moisés: Nadie deje de ello hasta la mañana.
Mas no escucharon a Moisés; pues algunos dejaron de ello hasta la mañana, y crió gusanos y hedió. Y airóse contra ellos Moisés.
De esta manera lo recogían todas las mañanas, cada uno según lo que podía comer; mas en calentando el sol lo sobrante se derretía.
Y sucedió que el día sexto recogieron doble cantidad de pan, dos omeres para cada persona. Entonces todos los príncipes de la Congregación vinieron y se lo avisaron a Moisés.
Y él les respondió: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es descanso solemne, descanso santo, consagrado a Jehová; lo que hubiereis de asar, asadlo, y lo que hubiereis de cocer, cocedlo; y al comer de ello, todo lo que sobrare ponedlo aparte para vosotros, guardándolo hasta la mañana.
Y ellos lo pusieron aparte hasta la mañana, como sé lo había mandado Moisés; y no hedió, ni hubo en él gusano.
Dijo entonces Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es el Sábado de Jehová; hoy no lo hallaréis en el campo.
Seis días lo recogeréis, mas en el séptimo día es el Descanso; no habrá maná en él.
Pero aconteció en el día séptimo que salieron algunos del pueblo para recogerlo, y no hallaron.
Dijo pues Jehová a Moisés: ¿Hasta cuándo rehusaréis guardar mis mandamientos y mis leyes?
He aquí, Jehová os ha dado el día del descanso, por tanto en el sexto día os da el pan de dos días. Estése cada hombre en su estancia; no salga nadie de su lugar en el día séptimo.
Descansó pues el pueblo en el día séptimo.
¶Y la casa de Israel lo nombró Maná; y era como granos de cilantro, blanco; y su sabor era como de hojuelas con miel.
¶Dijo también Moisés: Esto es lo que ha mandado Jehová: Llenad un omer de él, y guárdese para vuestras generaciones venideras, a fin de que vean el pan que os dí a comer en el desierto, cuando os saqué de la tierra de Egipto.
Dijo pues Moisés a Aarón: Toma una vasija y echa en ella un omer lleno de maná, y ponlo delante de Jehová, a fin de guardarlo para vuestras generaciones venideras.
Según mandó Jehová a Moisés, así en efecto lo puso Aarón delante del Testimonio para guardarlo.
Y los hijos de Israel comieron el maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que entraron en los confines de la tierra de Canaán.
El omer es la décima parte del efa.
Y HABIENDO partido del desierto de Sin toda la Congregación de los hijos de Israel, haciendo sus jornadas según mandaba Jehová, acamparon en Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese.
Por lo cual el pueblo altercó con Moisés, diciendo: ¡Danos agua que beber! Y les dijo Moisés: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿por qué tentáis a Jehová?
Allí pues el pueblo padeció sed por falta de agua, y murmuró el pueblo contra Moisés, y decía: ¿Por qué nos habéis hecho subir de Egipto, para matarnos de sed, a nosotros, y a nuestros hijos, y a nuestro ganado?
Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué he de hacer con este pueblo? falta poco ya para que me apedree.
Y dijo Jehová a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y la vara con que heriste el río la tomarás en tu mano, y anda.
He aquí que yo estaré enfrente de ti allí, sobre la peña en Horeb; y herirás la peña, y saldrán de ella aguas para que beba el pueblo. Y Moisés lo hizo así a los ojos de los ancianos de Israel.
Y dióse a aquel lugar el nombre de Masa, y de Meriba, por razón de la altercación de los hijos de Israel, y por haber ellos tentado a Jehová, diciendo: ¿Está Jehová en medio de nosotros, o no?
¶Vino entonces Amalec y peleó contra Israel en Refidim.
Y Moisés dijo a Josué: Escoge hombres para nosotros, y sal a pelear contra Amalec. Mañana yo estaré en pie sobre la cima del collado, con la vara de Dios en mi mano.
E hizo Josué como le había dicho Moisés, y peleó contra Amalec. Entretanto Moisés y Aarón y Hur subieron a la cima del collado.
Y aconteció que mientras Moisés tenía alzada la mano, vencía Israel; mas siempre que bajaba la mano, vencía Amalec.
Pero las manos de Moisés se cansaron; por lo cual tomaron una piedra y se la pusieron debajo, sentándose él sobre ella, en tanto que Aarón y Hur le sostenían las manos, el uno de una parte y el otro de la otra; de esta suerte estuvieron firmes sus manos hasta ponerse el sol.
Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.
Entonces dijo Jehová a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y ponlo en conocimiento de Josué: Yo raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.
Y edificó Moisés un altar, y le puso por nombre Jehová-nissi.
Y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levanta contra el trono de Yah, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.
Y JETRO sacerdote de Madián, suegro de Moisés, oyó decir todo lo que había hecho Dios por Moisés y por Israel su pueblo, y cómo Jehová había sacado a Israel de Egipto.
Por lo cual tomó Jetro suegro de Moisés, a Zípora mujer de Moisés (después de haber sido enviada a su padre),
y a sus dos hijos (de los cuales el uno se llamaba Gersom, pues dijo Moisés: Extranjero he sido en tierra extraña;
y el otro se llamaba Eliezer, porque dijo: El Dios de mi padre acudió en mi auxilio, y me libró de la espada de Faraón):
vino pues Jetro suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de éste, a Moisés en el desierto, donde había acampado junto al Monte de Dios.
Y envió a decir a Moisés: Yo, tu suegro Jetro, vengo a ti; y traigo a tu mujer y a tus dos hijos con ella.
Moisés pues salió a recibir a su suegro, e inclinóse ante él y le besó. Y se preguntaron el uno al otro por su salud; y entraron en la tienda.
Y contó Moisés a su suegro todo lo que Jehová había hecho a Faraón y a los Egipcios, por amor de Israel; y todos los trabajos que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehová.
Y regocijóse Jetro por todo el bien que Jehová había hecho a Israel, a quien libró de mano de los Egipcios.
Y dijo Jetro: ¡Bendito sea Jehová, que os ha librado de mano de los Egipcios y de mano de Faraón, libertando al pueblo de la opresión de los Egipcios!
Ahora acabo de conocer que Jehová es más grande que todos los dioses: pues en aquello mismo en que los adversarios se mostraron altivos, él fué más alto que ellos.
Entonces Jetro suegro de Moisés tomó holocaustos y sacrificios para Dios; y Aarón y todos los ancianos de Israel vinieron a comer pan con el suegro de Moisés delante de Dios.
¶Y aconteció al día siguiente, que Moisés se sentó para juzgar al pueblo; y el pueblo permaneció al rededor de Moisés desde la mañana hasta la tarde.
Y cuando vió el suegro de Moisés todo lo que él hacía para con el pueblo, le dijo: ¿Qué es esto que haces con el pueblo? ¿por qué te estás sentado, tú solo, y todo el pueblo permanece en derredor tuyo desde la mañana hasta la tarde?
Y dijo Moisés a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios.
Cuando tienen algún pleito, vienen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro; y les doy a conocer los estatutos de Dios y sus leyes.
Entonces el suegro de Moisés le dijo: No es bueno lo que haces.
Sin duda alguna desfallecerás, y no solo tú, sino este pueblo que contigo está; porque esto es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo.
Ahora pues, oye mi voz; yo te aconsejaré, y será Dios contigo. Se tú el representante del pueblo delante de Dios, para que traigas las causas a Dios.
Tú les enseñarás, pues, los estatutos y las leyes, y les darás a conocer el camino en que deban andar y la obra que deban hacer.
Pero buscarás de entre el pueblo hombres hábiles, temerosos de Dios, hombres de verdad, que aborrezcan la avaricia, a quienes pongas sobre ellos, por jefes de miles, jefes de cientos, jefes de cincuentenas y jefes de decenas.
Y ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo: y será que toda causa grande la traerán a ti, mas toda causa pequeña la juzgarán ellos mismos. Así se aliviará el peso de sobre ti, pues ellos lo llevarán contigo.
Si hicieres esto, y Dios así te mandare, entonces podrás aguantar, y también todo este pueblo irá a su lugar en paz.
Y escuchó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que le había dicho;
pues escogió Moisés hombres hábiles de entre todo Israel, y los puso por cabezas del pueblo, por jefes de miles, jefes de centenas, jefes de cincuentenas y jefes de decenas;
y éstos juzgaban al pueblo en todo tiempo; el asunto difícil lo llevaban a Moisés; mas todo asunto pequeño lo juzgaban ellos mismos.
Y despidió Moisés a su suegro, el cual se fué a su tierra.
A PRINCIPIOS del tercer mes después de haber salido los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en ese mismo día llegaron al desierto de Sinaí.
Habiendo pues levantado el campamento de Refidim, vinieron al desierto de Sinaí, y acamparon en el desierto: de suerte que Israel acampó allí delante del monte.
Y Moisés subió a donde estaba Dios; y llamóle Jehová desde el monte, y le dijo: Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel:
Vosotros habéis visto lo que hice a los Egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas y os he traído a mí mismo.
Ahora pues, si escuchareis atentamente mi voz y guardareis mi pacto, me seréis un tesoro especial, tomado de entre todos los pueblos; pues que mía es toda la tierra:
y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y una nación santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.
¶Vino pues Moisés y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso delante de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado decir.
Entonces todo el pueblo respondió a una, diciendo: ¡Nosotros haremos todo cuanto ha dicho Jehová! Y Moisés trajo a Jehová la respuesta del pueblo.
¶Entonces Jehová dijo a Moisés: He aquí que yo vendré a ti en una nube espesa, a fin de que oiga el pueblo mientras yo hablo contigo, y que también te crea para siempre. Y refirió Moisés a Jehová las palabras del pueblo.
Y Jehová dijo a Moisés: Vuelve al pueblo y santifícalos hoy y mañana; y laven ellos sus vestidos;
y estén apercibidos para el día tercero; porque al tercer día descenderá Jehová, a vista de todo el pueblo, sobre el monte Sinaí.
Y señalarás límites al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos de subir al monte, y aun de tocar a sus términos. Todo aquel que tocare al monte será muerto irremisiblemente.
No tocará mano al tal, mas sea apedreado o asaeteado; ya sea bestia, ya sea hombre, no vivirá. Solamente en el caso de prolongarse mucho el sonido de la bocina, subirán al monte.
Moisés entonces bajó del monte al pueblo y santificó al pueblo; y ellos lavaron sus vestidos.
Y dijo Moisés al pueblo: Estad apercibidos para el tercer día; no os lleguéis a mujer.
¶Y aconteció que el día tercero, al despuntar la mañana, hubo truenos y relámpagos y nube densísima sobre el monte, y un sonido de trompeta sobremanera fuerte. Y temblaba todo el pueblo que estaba en el campamento.
Entonces Moisés sacó al pueblo del campamento para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte.
Y el monte Sinaí estaba humeando todo él, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y subía su humo como humo de un horno; y todo el monte temblaba en gran manera.
Y el sonido de la trompeta siguió aumentándose y esforzándose en gran manera: Moisés hablaba y Dios le respondía en voz.
¶Había pues descendido Jehová sobre el monte Sinaí, a la cumbre del monte; y Jehová llamó a Moisés a la cumbre del monte; y subió Moisés.
Y Jehová dijó a Moisés: Desciende, amonesta al pueblo, no sea que traspasen los límites a fin de llegarse a Jehová, para ver, y caigan muchos de ellos.
Y también los sacerdotes, que tienen acceso a Jehová, santifíquense, no sea que Jehová haga estrago en medio de ellos.
Pero Moisés respondió a Jehová: El pueblo no podrá subir al monte Sinaí; porque tú nos amonestaste, diciendo: Señala términos al monte y santifícalo.
Mas Jehová le dijo: ¡Anda, desciende! Y subirás tú y Aarón contigo: pero los sacerdotes y el pueblo no traspasen los límites para subir a donde está Jehová, no sea que haga estrago en medio de ellos.
Moisés pues descendió al pueblo, y se lo dijo.
Y HABLÓ Dios todas estas palabras, diciendo:
¶Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.
¶No tendrás otros dioses delante de mí.
¶No harás para ti escultura, ni semejanza alguna de lo que esté arriba en el cielo, ni de lo que esté abajo en la tierra, ni de lo que esté en las aguas, debajo de la tierra:
no te inclinarás a ellas ni les darás culto; porque yo soy Jehová tu Dios; Dios celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación de los que me odian,
y que uso de misericordia hasta con la milésima generación de aquellos que me aman y guardan mis mandamientos.
¶No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque Jehová no tendrá por inocente al que tomare su nombre en vano.
¶Acuérdate del día del Descanso para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra;
mas el día séptimo es día de descanso, consagrado a Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu bestia, ni el extranjero que habita dentro de tus puertas:
porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todo cuanto en ellos hay, y descansó en el séptimo; por tanto Jehová bendijo el día del Descanso y lo santificó.
¶Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.
¶No matarás.
¶No cometerás adulterio.
¶No hurtarás.
¶No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
¶No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer del tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo.
¶Y todo el pueblo estaba observando los truenos, y las llamas, y el sonido de la trompeta, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron y pusiéronse de lejos;
y dijeron a Moisés: ¡Habla tú con nosotros, que nosotros oiremos; mas no hable Dios con nosotros, no sea que muramos!
Y respondió Moisés al pueblo: No temáis; porque para probaros ha venido Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, a fin de que no pequéis.
Mas el pueblo se mantuvo a lo lejos; y Moisés se llegó a las densas tinieblas en donde estaba Dios.
Y dijo Jehová a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que yo mismo he hablado con vosotros desde el cielo.
No hagáis a ningún otro conmigo: dioses de plata o dioses de oro no los haréis para vosotros.
Altar de tierra me harás, oh Israel, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas pacíficas, tus ovejas y tus vacas. En todo lugar donde yo hiciere recordar mi nombre, vendré a ti y te bendeciré.
Y si quisieres hacerme altar de piedra, no lo edificarás de piedra labrada; porque con alzar tu herramienta sobre él, ya lo has profanado.
Y no subirás por gradas a mi altar, para que no se descubra allí tu desnudez.
Y ESTAS son las leyes que pondrás delante de ellos:
Cuando comprares un siervo hebreo, seis años te servirá, mas al séptimo saldrá libre, de balde.
Si hubiere entrado solo, solo saldrá; si marido de mujer, saldrá su mujer con él.
Si su amo le hubiere dado mujer, y ella le hubiere parido hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo.
Mas si el siervo persistiese en decir: Amo a mi señor, y a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre;
entonces su amo le hará llegar a Dios, y arrimándole a la puerta, o al poste de ella, su amo le horadará la oreja con una lesna; y él será siervo suyo para siempre.
¶Cuando alguno vendiere su hija por sierva, ella no saldrá como salen los siervos.
Si no agradare a su señor después que la haya desposado consigo, permitirá que sea redimida: no podrá venderla a gente de tierra extraña, después de haberla engañado.
Si la hubiere desposado con su hijo, hará con ella conforme a lo usual con las hijas.
Si tomare para sí otra mujer, no le disminuirá nada de su comida, ni de su vestido, ni de su derecho matrimonial.
Mas si no quisiere hacer con ella estas tres cosas, entonces ella saldrá de balde, sin rescate.
¶El que hiriere a un hombre de modo que muera, será muerto irremisiblemente.
Mas cuando no le armare asechanzas, sino que Dios le hiciere caer en su mano, en tal caso yo te señalaré lugar adonde habrá de huir.
Empero cuando alguno obrare con malicia contra su prójimo, matándole alevosamente, de mi mismo altar le quitarás para que muera.
¶El que pegare a su padre o a su madre, será muerto irremisiblemente.
¶El que hurtare una persona y la vendiere, o aun si fuere hallada en su poder, será muerto irremisiblemente.
El que maldijere a su padre o a su madre, será muerto irremisiblemente.
¶Cuando riñeren dos hombres, y el uno hiriere al otro con piedra, o con el puño, y éste no muriere, pero cayere en cama;
si se levantare y anduviere fuera sobre su báculo, será libre aquel que le hirió; le pagará empero el tiempo perdido, y hará que le curen completamente.
¶Cuando alguno hiriere a su siervo o a su sierva con palo, de modo que muera bajo su mano, el muerto será vengado irremisiblemente.
Mas si durare un día o dos, no será vengado, por cuanto era su dinero.
¶Cuando riñeren hombres y uno de ellos diere un golpe a mujer preñada, de modo que aborte, sin que suceda daño, será ciertamente multado conforme a lo que impusiere el marido de la mujer, lo cual pagará según determinen los jueces.
Mas si resultase daño, darás vida por vida,
ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,
quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.
¶Si alguno hiriere el ojo de su siervo o el ojo de su sierva, y lo destruyere, le dejará ir libre a causa de su ojo.
Asimismo, si hiciere saltar un diente a su siervo o un diente a su sierva, le dejará ir libre a causa de su diente.
¶Cuando un buey acorneare a hombre o a mujer, de modo que muera, será apedreado irremisiblemente aquel buey, y no será comida su carne; mas el dueño del buey quedará absuelto.
Pero si el buey hubiere sido acorneador anteriormente, y se le hubiere notificado al dueño, y él no le hubiere encerrado, de modo que matare a hombre o a mujer, el buey será apedreado, mas el dueño también será muerto.
Si le fuere impuesto rescate, pagará por la redención de su vida conforme a todo lo que le fuere impuesto.
Sea que haya acorneado a hijo, sea que haya acorneado a hija, conforme a esta sentencia se hará con él.
Si el buey acorneare a un siervo o a una sierva, el dueño pagará treinta siclos de plata al amo de ellos, y el buey será apedreado.
¶Cuando alguno destapare un pozo, o cuando alguno cavare un pozo y no lo tapare, si cayere en él algún buey o asno,
el dueño del pozo hará restitución; pagará dinero al dueño de ellos; y el animal muerto será suyo.
¶Si el buey de alguno hiriere al buey de otro, de modo que muera, venderán el buey vivo y dividirán el dinero entre los dos, y también partirán el buey muerto.
Mas si fué notorio que el buey era acorneador anteriormente, y su dueño no le encerró, sin falta hará la restitución, buey por buey; y el animal muerto será suyo.
SI alguno hurtare buey u oveja, y los matare o los vendiere, cinco bueyes restituirá por un buey, y cuatro ovejas por una oveja.
Si un ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido de modo que muera, el que le hirió no será reo de homicidio.
Mas si el sol hubiere salido sobre él, será reo de homicidio; porque el ladrón debiera haber hecho restitución. Si no tuviere con que hacerla, sea vendido por su hurto.
Si lo que hurtó fuere hallado vivo en su poder, sea buey o asno u oveja, con el doble hará restitución.
¶Cuando alguno hiciere pacer en campo o viña, soltando su bestia de modo que pazca en campo ajeno, de lo mejor de su propio campo, o de lo mejor de su propia viña, hará restitución.
¶Cuando rompiere un fuego, el cual hallando espinas tomare incremento, de modo que se consumieren las hacinas, o las mieses, o el campo, aquel que encendió el fuego deberá sin falta hacer restitución.
¶Cuando un hombre diere a su prójimo dinero o alhaja a guardar, y fuere hurtado de la casa del tal hombre, si se hallare al ladrón, restituirá el doble.
Si el ladrón no fuere hallado, el dueño de la casa será presentado ante Dios para jurar si ha metido mano en los efectos de su prójimo, o no.
En todo asunto de mal proceder, respecto de buey, o asno, u oveja, o ropa, o cualquiera cosa perdida de que alguno dijere: Esto es mío; ante Dios vendrá la causa de entrambos; y aquel que Dios condenare hará restitución con el doble a su prójimo.
¶Cuando alguno diere a su prójimo asno, o buey, u oveja, o cualquier otro animal a guardar, y éste muriere, o fuere estropeado, o fuere arrebatado, sin que nadie lo viese;
se interpondrá juramento de Jehová entre los dos, de que el depositario no ha extendido su mano contra la hacienda de su prójimo; y este juramento lo aceptará el dueño; y no se hará restitución.
Mas si de cualquiera manera él lo hubiere hurtado, hará restitución a su dueño.
Si hubiere sido destrozado por fieras, tráigalo en testimonio; por lo que ha sido destrozado, no se hará restitución.
¶Asimismo cuando alguno pidiere bestia prestada a su prójimo, y ésta se estropeare, o muriere, no estando presente el dueño, deberá de todas maneras hacer restitución.
Si estuviere presente su dueño, no se hará restitución; si fuere alquilada, la pérdida va inclusa en su alquiler.
¶Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y se acostare cosa ella, pagará indispensablemente la dote para que sea mujer propia suya.
Mas si el padre rehusare absolutamente dársela, él le pagará el dinero que corresponde a la dote de las vírgenes.
¶A la hechicera no le permitirás vivir.
¶Todo aquel que se ayuntare con bestia, será muerto irremisiblemente.
¶Aquel que ofreciere sacrificio a dios alguno, excepto tan solo a Jehová, será enteramente destruído.
¶No maltratarás al extranjero, ni le oprimirás; porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
¶A ninguna viuda ni huérfano habéis de afligir.
Si de cualquiera manera los afligiereis, y ellos clamaren a mí yo ciertamente oiré su clamor;
y encenderáse mi ira, y os mataré a espada; y vuestras mujeres serán viudas, y huérfanos vuestros hijos.
¶Si prestares dinero al pobre de entre mi pueblo que habita contigo, no serás con él como usurero, no exigirás de él usura.
Si por cualquiera causa tomares en prenda el vestido de tu prójimo, se lo devolverás al ponerse el sol;
porque ese es su único abrigo; es su vestido para cubrir sus carnes; ¿en qué habrá de dormir? pues acontecerá que si clamare a mí, yo oiré, porque soy misericordioso.
¶No injuriarás a Dios, ni maldecirás al príncipe de tu pueblo.
¶No tardarás en hacer la ofrenda de tus cosechas y de tus licores. Me darás el primogénito de tus hijos.
De igual manera harás con tus vacadas y con tus rebaños. Siete días estará la cría con su madre, mas al octavo día me la darás.
¶Y habéis de serme hombres santos: por lo mismo no comeréis la carne destrozada por las fieras en el campo; a los perros la echaréis.
NO propalarás rumor falso, ni te concertarás con los hombres malos, para hacerte testigo malicioso.
¶No seguirás la muchedumbre para hacer mal; ni darás testimonio en una causa inclinándote al parecer de los grandes, para pervertir la justicia;
ni tampoco favorecerás al pobre en su causa.
¶Cuando encontrares el buey de tu enemigo, o su asno, extraviado, sin falta se lo harás volver.
Si vieres caído debajo de su carga el asno del que te aborrece, y quisieres negarte a descargarle, indispensablemente tú le descargarás, juntamente con el dueño.
¶No pervertirás el derecho de tu gente pobre en su pleito.
De asunto mentiroso te alejarás, y no matarás al inocente y al justo; porque yo no justificaré al malo.
Y al juzgar, no admitirás regalos; porque el regalo obceca el juicio más despejado, y pervierte las palabras aun de los justos.
¶No oprimirás al extranjero; porque vosotros sabéis lo que es el corazón del extranjero; pues extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
¶Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto;
mas el séptimo la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo; y lo que ellos dejaren, lo comerá la bestia del campo. De igual manera harás con tu viña y tu olivar.
¶Seis días trabajarás en tus quehaceres, mas el séptimo descansarás, para que descansen tu buey y tu asno, y respiren el hijo de tu sierva y el extranjero.
Y respecto a todo lo que os he dicho, seréis avisados: asimismo del nombre de otros dioses no haréis memoria, ni siquiera sea oído de vuestra boca.
¶Tres veces al año me celebraréis fiesta solemne:
La fiesta de los Ázimos guardarás; siete días comerás panes ázimos, conformé te tengo mandado, al tiempo señalado, en el mes de Abib; porque en él salisteis de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías:
también la fiesta de la Siega de los primeros frutos de tus labores, de aquello que hubieres sembrado en el campo: y la fiesta de la Cosecha, al fin del año, cuando hayas cosechado el producto de tus labores del campo.
Tres veces al año, pues, se presentarán todos tus varones delante de Jehová, el Señor.
¶No ofrecerás la sangre de mi sacrificio pascual Junto a pan fermentado; ni se dejará sin quemar el sebo de mi sacrificio hasta la mañana.
¶Los primeros frutos de tu tierra harás entrar en la Casa de Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su misma madre.
¶He aquí yo envío mi Ángel delante de tu rostro, para guardarte en el camino, y para introducirte en el lugar que te tengo preparado.
Guárdate a causa de él, y escucha su voz; no le seas rebelde; pues no sufrirá vuestras transgresiones, porque mi Nombre está en él.
Pero si oyeres atentamente su voz e hicieres todo lo que yo te mandare, entonces yo seré el enemigo de tus enemigos, y el adversario de tus adversarios.
Porque irá mi Ángel delante de tu faz, y te llevará al Amorreo, y al Heteo, y al Perezeo, y al Cananeo, y al Heveo, y al Jebuseo; y yo los destruiré.
No te postrarás ante sus dioses, ni les darás culto; y no harás conforme a sus obras; al contrario, destruirás completamente los dioses de ellos, y desmenuzarás sus columnas.
Mas serviréis a Jehová, el Dios vuestro, y él bendecirá tu pan y tus aguas; quitaré también las enfermedades de en medio de ti;
y no habrá hembra que aborte ni que sea estéril en tu tierra; y haré que se cumpla el número de tus días.
Enviaré mi terror delante de ti, y llenaré de consternación a todos los pueblos contra quienes has de ir; y haré que todos tus enemigos te vuelvan las espaldas.
Enviaré también el avispón delante de ti, que eche de tu presencia al Heteo, al Cananeo y al Heveo.
No los echaré de delante de ti en un solo año, porque no quede la tierra desierta, y se multipliquen contra ti las fieras del campo.
Poco a poco iré echándolos de delante de ti, hasta que te aumentes y puedas tomar la tierra en posesión.
Y fijaré tus confines desde el Mar Rojo hasta el Mar de los Filisteos, y desde el desierto de Arabia hasta el río Eufrates; porque entregaré en tu mano a los habitantes de la tierra, para que los arrojes de delante de ti.
No hagas pacto con ellos, ni con sus dioses.
Ellos no han de habitar en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra mí, sirviendo a sus dioses; porque esto sería causa de tu ruina.
Y DIJO Dios a Moisés: Sube a donde está Jehová, tú con Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y adoraréis desde lejos.
Y Moisés solo se llegará a Jehová: mas no se llegarán los otros, ni tampoco subirá el pueblo con él.
¶Entonces vino Moisés y refirió al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas sus leyes. Y respondió todo el pueblo a una voz: ¡Nosotros haremos todo cuanto Jehová ha dicho!
Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová en un libro; y levantándose muy de mañana, edificó un altar al pie del monte, y doce pilares correspondientes a las doce tribus de Israel.
Luego envió mancebos de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y sacrificaron ofrendas pacíficas de novillos a Jehová.
Y Moisés tomó la mitad de la sangre y la puso en tazones, y la otra mitad la roció sobre el altar.
Entonces tomó el Libro del Pacto, y lo leyó en alta voz a oídos del pueblo; y ellos respondieron: ¡Nosotros haremos todo cuanto ha dicho Jehová, y seremos obedientes!
Tomó pues Moisés la sangre y la roció sobre el pueblo, diciendo: ¡He aquí la sangre del pacto que ha hecho Jehová con vosotros, acerca de todas estas cosas!
¶Subió entonces Moisés con Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel:
y vieron al Dios de Israel; y debajo de sus pies había como una obra de pavimento de zafiros, que era como el cielo mismo en claridad.
Mas no extendió la mano sobre los nobles de Israel; los cuales miraron a Dios, y comieron y bebieron.
¶Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a donde yo estoy, sobre el monte, y espera allí para que te dé unas tablas de piedra, con la ley y el mandamiento que tengo escritos en ellas, para que los enseñes al pueblo.
Por lo cual se levantó Moisés, con su ayudante Josué, y subió Moisés al Monte de Dios,
habiendo dicho a los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros. Y he aquí Aarón y Hur están con vosotros; quienquiera que tuviere alguna cuestión, acuda a ellos.
De manera que Moisés subió al monte, y la nube cubrió el monte.
Y la gloria de Jehová hizo mansión sobre el monte Sinaí; y la nube lo cubrió por seis días. Y al séptimo día Dios llamó a Moisés de en medio de la nube.
Y era la apariencia de la gloria de Jehová como un fuego devorador sobre la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel.
Entonces Moisés entró en medio de la nube, y subió al monte. Y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.
Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel para que me traigan una ofrenda; de todo hombre cuyo corazón le mueva a liberalidad, tomaréis mi ofrenda.
Y ésta es la ofrenda que tomaréis de ellos: Oro, y plata, y bronce,
e hilo de jacinto y púrpura, y escarlata y lino fino blanco, y pelos de cabra,
y pieles de carnero teñidas de rojo, y pieles de foca, y madera de acacia;
aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción, y para el incienso aromático;
piedras de ónice, y piedras de engaste para el Efod y para el Pectoral.
Y me harán un Santuario, para que yo habite en medio de ellos.
Conforme a todo lo que yo te muestro, a saber, el diseño de la Habitación y el diseño de todos sus utensilios, así lo harás.
¶Harán pues un Arca de madera de acacia; de dos codos y medio será su longitud, y de codo y medio su anchura, y de codo y medio su altura:
y la cubrirás de oro puro; por dentro y por fuera la cubrirás; y harás encima de ella una cornisa en derredor:
y fundirás para ella cuatro argollas de oro, y las pondrás en sus cuatro pies; es decir, dos argollas al un costado de ella, y dos argollas al otro costado de ella.
Harás también varas de madera de acacia y las cubrirás de oro;
y pasarás las varas por las argollas, a los dos costados del Arca, para llevar el Arca con ellas.
Dentro de las argollas del Arca han de permanecer las varas; no se quitarán de allí.
Y pondrás dentro del Arca las tablas del Testimonio que yo te voy a dar.
¶Harás también un Propiciatorio de oro puro; de dos codos y medio será su longitud, y de codo y medio su anchura.
Y harás dos querubines de oro, labrados a martillo, en los dos extremos del Propiciatorio.
Pues harás un querubín en un extremo y el otro querubín en el otro extremo; procediendo del mismo Propiciatorio harás los querubines en sus dos extremidades.
Y los querubines estarán con las alas extendidas hacia arriba, haciendo sombra con sus alas al Propiciatorio, y vueltas sus caras la una a la otra: hacia el Propiciatorio estarán mirando las caras de los querubines.
Y colocarás el Propiciatorio sobre el Arca, por la parte de encima; y dentro del Arca pondrás las tablas del Testimonio que yo te voy a dar.
Y allí tendré entrevistas contigo a tiempos señalados, y hablaré contigo desde encima del Propiciatorio, de en medio de los dos querubines (que estarán sobre el Arca del Testimonio), respecto de todo lo que te ordenare en cuanto a los hijos de Israel.
¶También harás una Mesa de madera de acacia; de dos codos será su longitud, y de un codo su anchura, y de codo y medio su altura;
y la cubrirás de oro puro, y le harás una cornisa de oro en derredor.
Le harás también un borde del ancho de una mano, en torno suyo, y harás una cornisa de oro al rededor de su borde.
Le harás también cuatro argollas de oro, y pondrás las argollas en las cuatro esquinas que corresponden a sus cuatro pies:
cerca del borde estarán las argollas, por donde han de pasar las varas, a fin de llevar la mesa.
Y harás las varas de madera de acacia, y las cubrirás de oro; y con ellas será llevada la mesa.
Y harás sus platos, y sus cucharas, y sus copas, y sus tazas con que se han de hacer las libaciones; de oro puro los harás.
Y sobre la mesa pondrás el Pan de la Proposición delante de mí perpetuamente.
¶Harás también un Candelabro de oro puro; labrado a martillo harás el candelabro; su tronco y sus brazos, sus copas, sus globitos y sus flores serán de lo mismo.
Y habrá seis brazos saliendo de sus dos lados; tres brazos del candelabro de un lado de él, y tres brazos del candelabro del otro lado de él:
y tendrá en cada brazo una serie de tres copas en forma de flores de almendro, cada una con un globito y una flor; y tres copas en forma de almendro en el otro brazo, cada una con un globito y una flor: de igual suerte sucederá con los seis brazos que salen del candelabro.
Mas en el tronco del candelabro habrá una serie de cuatro copas en forma de flores de almendro, con sus globitos y sus flores.
De manera que habrá un globito debajo de dos de los brazos que salen del tronco, y un globito debajo de otros dos de los brazos que salen de él, y un globito debajo de los dos brazos restantes que salen de él; conforme al número de los seis brazos que salen del candelabro.
Sus globitos y sus brazos serán parte de él mismo; todo ello será una sola pieza labrada a martillo, de oro puro.
Harás también sus siete lámparas; para que cuando enciendan sus lámparas, puedan alumbrar hacia la parte de enfrente del candelabro.
Sus despabiladeras y sus platillos serán de oro puro.
De un talento de oro puro se ha de hacer, con todos estos utensilios.
Y mira que los hagas según el diseño de ellos que te ha sido mostrado en el monte.
Y HARÁS la Habitación de diez cortinas de torzal de lino fino blanco, e hilo de jacinto y púrpura y escarlata, con querubines; de labor primorosa las harás.
La longitud de una cortina será de veinte y ocho codos, y el ancho de la misma cortina, de cuatro codos; una misma medida tendrán todas las cortinas.
Cinco de estas cortinas estarán unidas entre sí, y las otras cinco cortinas unidas entre sí.
Y harás presillas de jacinto en el borde de la primera gran cortina, en el extremo donde se hace el enlazamiento; y así harás en el borde de la segunda gran cortina, en el extremo donde se hace el enlazamiento.
Cincuenta presillas harás a la primera cortina, y cincuenta presillas en el extremo de la segunda cortina donde se hace el enlazamiento; las presillas estarán contrapuestas las unas a las otras.
Asimismo harás cincuenta corchetes de oro, para que puedas enlazar las dos grandes cortinas entre sí por medio de los corchetes, a fin de que venga a formarse una sola Habitación.
Harás también cortinas de pelo de cabras para el Tabernáculo, que estará encima de la Habitación; once cortinas harás de esta clase.
La longitud de una cortina será de treinta codos, y la anchura de la misma cortina, de cuatro codos: una misma medida tendrán las once cortinas.
De las cuales unirás cinco cortinas unas con otras, y las otras seis cortinas unas con otras; y doblarás la sexta cortina al frente, por delante del Tabernáculo.
Y harás cincuenta presillas en el borde de la una gran cortina, en el extremo donde se hace el enlazamiento; y cincuenta presillas en el borde de la segunda gran cortina, donde se hace el enlazamiento.
Y harás cincuenta corchetes de bronce, y engancharás los corchetes en las presillas, para que se enlace el Tabernáculo y venga a ser uno solo.
Y la parte colgante, la que sobrare de las cortinas del Tabernáculo, es decir, la mitad de la cortina sobrante, la dejarás colgar a espaldas del Tabernáculo.
Asimismo un codo por este lado, y otro codo por aquel lado, de lo sobrante en lo largo de las cortinas del Tabernáculo, quedará colgando a los dos lados de la Habitación, de esta parte y de aquella, para cubrirla.
Harás también para el Tabernáculo otra cubierta, de pieles de carnero teñidas de rojo; y otra cubierta, de pieles de foca, por encima de ella.
¶Y harás para la Habitación tablones de madera de acacia, que se coloquen verticalmente.
De diez codos será la longitud de un tablón, y de codo y medio la anchura del mismo tablón.
Dos espigas tendrá cada tablón, unidas la una con la otra. De igual suerte harás con todos los tablones de la Habitación.
Y harás los tablones de la Habitación así: Veinte tablones para el costado meridional, hacia el sur;
y harás cuarenta basas de plata para poner debajo de los veinte tablones; dos basas debajo de cada tablón, correspondientes a sus dos espigas, y dos basas debajo de otro tablón, correspondientes a sus dos espigas.
Y para el costado segundo de la Habitación, hacia la parte del norte, veinte tablones;
con sus cuarenta basas de plata, dos basas para poner debajo de un tablón, y dos basas debajo de otro tablón.
Y para la parte posterior de la Habitación, hacia el occidente, harás seis tablones;
y otros dos tablones harás para las dos esquinas de la Habitación, a la parte posterior,
de modo que puedan unirse con el tablón correspondiente por la parte inferior, y trabarse perfectamente hasta arriba, cada uno por medio de un gozne; así será con entrambos: para las dos esquinas serán.
De manera que habrá ocho tablones, con sus basas de plata, es decir, diez y seis basas; dos basas debajo de un tablón, y dos basas debajo de otro tablón.
Harás también cinco travesaños de madera de acacia, para los tablones del un costado de la Habitación,
y cinco travesaños para los tablones del otro costado de la Habitación, y cinco travesaños para los tablones del lado de la Habitación a la parte posterior, hacia el occidente.
Y el travesaño de en medio, pasará por el centro de los tablones de un extremo hasta el otro.
Y cubrirás los tablones de oro; y harás sus argollas de oro, por donde han de pasar los travesaños; y cubrirás los travesaños de oro.
Y levantarás la Habitación conforme al plan de ella que te ha sido mostrado en el monte.
¶Y harás un velo de hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y torzal de lino fino blanco, con querubines; de labor primorosa lo harás.
Y lo pondrás sobre cuatro columnas de acacia, cubiertas de oro, con sus ganchos de oro; asentadas las columnas sobre cuatro basas de plata.
Y colocarás el velo debajo de los corchetes; y traerás allí, adentro del velo, el Arca del Testimonio, y el velo hará separación para vosotros entre el Lugar Santo y el Lugar Santísimo.
Y pondrás el Propiciatorio sobre el Arca del Testimonio, en el Lugar Santísimo.
Y asentarás la mesa fuera del velo, y el candelabro en frente de la mesa, al costado meridional de la Habitación; poniendo la mesa al costado del norte.
¶Y harás una cortina para la puerta del Tabernáculo, de hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y torzal de lino fino blanco, de obra recamada.
Y harás para la cortina cinco columnas de acacia, y las cubrirás de oro; y sus ganchos serán de oro; y fundirás para ellas cinco basas de bronce.
HARÁS también de madera de acacia el Altar del holocausto, de cinco codos de largo, y de cinco codos de ancho, (el altar será cuadrado), y de tres codos de altura.
Y harás sus cuernos a sus cuatro esquinas; procedentes de él mismo serán los cuernos, y los cubrirás de bronce.
Y harás sus calderos para recoger sus cenizas, y sus palas, y sus tazones, y sus garfios y sus braseros; todos sus utensilios los harás de bronce.
Y le harás un enrejado de bronce, hecho a manera de red; y harás sobre la red cuatro argollas de bronce a sus cuatro extremos.
Y lo pondrás debajo del cerco del altar, por el lado de abajo, de modo que llegue la red hasta la mitad del altar.
Y harás varas para el altar, varas de madera de acacia, y las cubrirás de bronce.
Y las varas serán pasadas por las argollas; y estarán las varas a los dos costados del altar, cuando fuere llevado.
Hueco, de tablas, lo harás: conforme a lo que te ha sido mostrado en el monte, así lo han de hacer.
¶Harás también el atrio de la Habitación así: Al lado meridional, hacia el sur, habrá colgaduras para el atrio, de torzal de lino fino blanco, de cien codos de largo, para el un costado;
y sus columnas serán veinte, y las basas para ellas veinte, de bronce; mas los ganchos para las columnas y las varas conexivas serán de plata.
Y de la misma suerte para el costado del norte, en su longitud, habrá colgaduras de cien codos de largo, y sus columnas, veinte; y las basas para ellas, veinte, de bronce; mas los ganchos de las columnas y sus varas conexivas serán de plata.
Y para el ancho del atrio, por el lado del occidente, habrá colgaduras de cincuenta codos; sus columnas serán diez, y las basas para ellas, diez.
Y en el ancho del atrio por el lado del oriente, hacia donde nace el sol, habrá cincuenta codos:
pues serán de quince codos las colgaduras para un lado de la puerta; sus columnas serán tres, y las basas para ellas, tres:
y para el otro lado, quince codos de colgaduras; sus columnas serán tres, y las basas para ellas, tres.
Mas para la puerta del atrio habrá una cortina de veinte codos, de hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y torzal de lino fino blanco, de labor recamada; sus columnas serán cuatro, y las basas para ellas, cuatro.
Todas las columnas para el atrio alrededor serán unidas con varas conexivas de plata; y sus ganchos serán de plata, mas sus basas de bronce.
La longitud del atrio será de cien codos, y la anchura, de cincuenta por doquiera; y su altura, de cinco codos; de torzal de lino fino blanco serán las cortinas, y las basas de sus columnas, de bronce.
Todos los utensilios de la Habitación, en todo su servicio exterior, y todas sus estacas, con todas las estacas del atrio, serán de bronce.
¶Asimismo mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite de olivas puro, batido, para el alumbrado, para que ardan las lámparas perpetuamente.
En el Tabernáculo de Reunión, fuera del velo que oculta el Arca del Testimonio, lo han de aderezar Aarón y sus hijos, para que arda delante de Jehová desde la tarde hasta la mañana; por estatuto perpetuo durante sus generaciones, a favor de los hijos de Israel.
Y HARÁS que se presente delante de ti Aarón tu hermano (y sus hijos juntamente con él), tomado de entre los hijos de Israel, para que él sea constituído mi Sacerdote; a saber, Aarón, con Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar, hijos de Aarón.
Y harás vestiduras santas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura.
Hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, para que hagan las vestiduras de Aarón, para santificarle, para que él sea mi Sacerdote.
¶Y estas son las vestiduras que le han de hacer: El Pectoral, y el Efod, y la Túnica tejida a forma de cuadros, la Mitra y el Cinturón. Harán también vestiduras santas para Aarón tu hermano y para sus hijos, a fin de que ejerzan el sacerdocio delante de mí.
Y para estas cosas tomarán el oro, y el hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y el torzal de lino fino blanco.
¶Y harán el efod de oro, e hilo de jacinto y púrpura y escarlata y torzal de lino fino blanco; de labor primorosa.
Tendrá dos hombreras que se junten a los extremos de él, para que con ellas se enlace en uno.
Y el cinto de labor primorosa, que estará sobre él para ceñirlo, será de semejante labor y de lo mismo, es decir, de oro, e hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y torzal de lino fino blanco.
Y tomarás dos piedras de ónice y grabarás sobre ellas los nombres de los hijos de Israel;
seis de sus nombres estarán en una piedra, y los seis nombres restantes en la otra piedra, colocados en el orden de su nacimiento;
de obra de grabador en piedra, con grabadoras como de sello, harás grabar aquellas dos piedras; conforme a los nombres de los hijos de Israel: guarnecidas de engastes de oro las harás.
Y pondrás aquellas dos piedras sobre las hombreras del efod, como piedras de recuerdo a favor de los hijos de Israel; para que lleve Aarón los nombres de ellos delante de Jehová, sobre sus dos hombros, por memorial.
Harás pues los engastes de oro;
y harás dos cadenillas de oro puro; a manera de trenzas las harás, de hechura ensortijada; y fijarás las cadenillas ensortijadas en los engastes.
¶Y harás el Pectoral de Juicio de labor primorosa; al estilo de la obra del efod lo harás; de oro, e hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y torzal de lino fino blanco lo harás.
Cuadrado será y doblado; de un palmo será su longitud, y de un palmo su anchura;
y lo engastarás con engastes de pedrería, es a saber, cuatro órdenes de piedras. Una hilera será un sardio, un topacio y un carbunclo; esta será la hilera primera.
Y la hilera segunda, una esmeralda, un zafiro y una sardónica.
Y la hilera tercera, un jacinto, un ágata y una ametista.
Y la hilera cuarta, un berilo, un ónice y un jaspe. Estarán guarnecidas de oro en sus engastes.
Y las piedras estarán arregladas conforme a los nombres de los hijos de Israel; doce, según los nombres de ellos; con grabaduras como de sello, cada una con su nombre; serán correspondientes a las doce tribus.
Harás también sobre el pectoral cadenillas, a manera de trenzas, de hechura ensortijada, de oro puro.
Y harás sobre el pectoral dos anillos de oro, y pondrás los dos anillos a los dos extremos superiores del pectoral;
y fijarás las dos cadenillas de oro ensortijadas a los dos anillos, en los extremos del pectoral:
y los otros dos extremos de las dos cadenillas ensortijadas los pondrás sobre los dos engastes, y los fijarás sobre las hombreras del efod, por su parte delantera.
Y harás otros dos anillos de oro y los pondrás sobre los dos extremos inferiores del pectoral, en el borde que está hacia el revés del efod, por el lado de adentro.
También harás dos anillos de oro y los fijarás sobre las dos hombreras del efod, hacia abajo, por la parte delantera de ellas, cerca de su enlace, por encima del cinto del efod de labor primorosa.
Y atarán el pectoral por medio de sus anillos a los anillos del efod, con un cordón de jacinto, para que permanezca sobre el cinto del efod de labor primorosa; y no se ha de separar el pectoral del efod.
Así llevará Aarón las nombres de los hijos de Israel, en el pectoral de juicio, sobre su corazón; siempre que entre en el Santuario los llevará, por memorial delante de Jehová perpetuamente.
Y pondrás dentro del pectoral de juicio el Urim y el Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón siempre que entre a la presencia de Jehová; y para que lleve Aarón la causa de los hijos de Israel sobre su corazón delante de Jehová perpetuamente.
¶Y harás el manto del efod todo de jacinto.
Y habrá una abertura para la cabeza en medio de él; y la abertura tendrá una orla en su derredor, de obra tejida, a la manera del cuello de un coselete, para que no se rompa.
Y harás sobre el ribete inferior de él granadas de jacinto y púrpura y escarlata, sobre su ribete inferior, a la redonda, con campanillas de oro en medio de ellas, todo en derredor;
de manera que haya una campanilla de oro y una granada, una campanilla de oro y una granada, sobre el ribete inferior del manto, en torno de él.
Y estará sobre Aarón siempre que ministre; pues ha de oírse su sonido cuando entra adentro del Santuario a la presencia de Jehová, y cuando sale, para que no muera.
¶Y harás una lámina de oro puro, e inscribirás en ella, con grabaduras como de sello, SANTIDAD A JEHOVÁ.
Y la pondrás sobre un listón de jacinto; y estará sobre la mitra, por la parte de enfrente: delante de la mitra estará.
Estará pues sobre la frente de Aarón, para que lleve Aarón la iniquidad de las cosas santas que santificaren los hijos de Israel, en todas sus santas dádivas; y estará sobre su frente perpetuamente, para que ellos sean aceptos delante de Jehová.
¶Y tejerás la túnica a forma de cuadros, de lino fino blanco; harás la mitra también de lino fino blanco, pero el cinturón lo harás de labor recamada.
¶Asimismo para los hijos de Aarón harás túnicas; les harás también cinturones; y harás tiaras para ellos, honra y para hermosura.
Y harás vestir con estas cosas a Aarón tu hermano y a sus hijos; y los ungirás, los consagrarás, y los santificaras, para que sean mis sacerdotes.
Harás también para ellos calzoncillos de lino blanco, para cubrir su desnudez; alcanzarán desde los lomos hasta los muslos.
Y los llevarán Aarón y sus hijos, siempre que entren en el Tabernáculo de Reunión, o cuando se lleguen al altar para ministrar en el Santuario, para que no lleven iniquidad y así mueran: estatuto perpetuo será para él y para su descendencia después de él.
Y ESTO es lo que harás con ellos para santificarlos, a fin de que sean mis sacerdotes: Tomarás un novillo joven, y dos carneros sin tacha,
y panes ázimos, y tortas sin levadura mezcladas con aceite, y hojaldres sin levadura untados de aceite; de flor de harina de trigo los harás.
Y los pondrás en un canasto, y los presentarás en el canasto, juntamente con el novillo y los dos carneros.
Y harás que se presenten Aarón y sus hijos a la entrada del Tabernáculo de Reunión, y los lavarás con agua.
Luego tomarás las vestiduras, y vestirás a Aarón la túnica, y el manto del efod, y el efod, y el pectoral, y le ceñirás con el cinto del efod de labor primorosa.
Y pondrás la mitra sobre su cabeza, y pondrás la diadema santa sobre la mitra.
Entonces tomarás el aceite de la unción y se lo derramarás sobre la cabeza, ungiéndole así.
En seguida harás que se presenten sus hijos, y los harás vestir las túnicas.
Y ceñirás con los cinturones a Aarón y a sus hijos, y les atarás las tiaras alrededor de la cabeza; y tendrán el sacerdocio por fuero perpetuo. Así consagrarás a Aarón y a sus hijos.
¶Entonces presentarás el novillo delante del Tabernáculo de Reunión, y Aarón y sus hijos pondrán las manos sobre la cabeza del novillo.
Luego degollarás el novillo delante de Jehová, a la puerta del Tabernáculo de Reunión.
Y tomarás de la sangre del novillo y la pondrás sobre los cuernos del altar con tu dedo, y toda la demás sangre la derramarás al pie del altar.
Y tomarás todo el sebo que cubre los intestinos, y los lóbulos del hígado, y los dos riñones, con el sebo que está sobre ellos, y los harás consumir sobre el altar:
mas la carne del novillo, con su cuero y su estiércol, a fuego los quemarás fuera del campamento; es ofrenda por el pecado.
Entonces tomarás uno de los carneros, y Aarón y sus hijos pondrán las manos sobre la cabeza del carnero.
Luego degollarás el carnero, y tomarás de su sangre y la rociarás sobre el altar en derredor.
En seguida cortarás el carnero en sus debidos trozos, y habiendo lavado sus intestinos y sus piernas, los pondrás sobre sus trozos y sobre su cabeza;
y quemarás así todo el carnero en el altar; holocausto es a Jehová; es olor grato, ofrenda encendida a Jehová.
¶Entonces tomarás el segundo carnero, y Aarón y sus hijos pondrán las manos sobre la cabeza del carnero.
Luego degollarás el carnero, y tomarás de su sangre y la pondrás sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón y sobre el lóbulo de la oreja derecha de sus hijos, y sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho; y rociarás la sangre restante sobre el altar en derredor.
En seguida tomarás de la sangre que estará sobre el altar, y del aceite de la unción, y lo rociarás sobre Aarón y sobre sus vestiduras, y sobre sus hijos y sobre las vestiduras de sus hijos juntamente con él; así serán santificados él y sus vestiduras, y sus hijos y las vestiduras de sus hijos juntamente con él.
Y tomarás del carnero el sebo, y la cola grasosa, y el sebo que cubre los intestinos, y los lóbulos del hígado, y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y la pierna derecha, porque es carnero de consagraciones,
y un bollo de pan, y una torta de pan de aceite, y un hojaldre del canasto de los ázimos que estará delante de Jehová;
y pondrás el todo sobre las manos de Aarón, y sobre las manos de sus hijos; y los mecerás por ofrenda mecida delante de Jehová.
Después lo tomarás de sus manos y lo quemarás en el altar, encima del holocausto, como olor grato a Jehová; ofrenda encendida es a Jehová.
Y tomarás el pecho del carnero de las consagraciones que es de Aarón, y lo mecerás por ofrenda mecida delante de Jehová; y será porción tuya.
Y santificarás el pecho de la ofrenda mecida, y la pierna de la ofrenda alzada (lo que fué mecido y lo que fué alzado) del carnero de las consagraciones que es de Aarón y que es de sus hijos;
y serán de Aarón y de sus hijos, como porción legal perpetua, de parte de los hijos de Israel; porque es ofrenda alzada, y continuará siendo ofrenda alzada de parte de los hijos de Israel, tomada de sus sacrificios pacíficos; ofrenda alzada suya a Jehová.
Y las vestiduras santas que son de Aarón serán para sus hijos después de él, para ser ungidos en ellas, y para ser consagrados en ellas.
Por siete días las vestirá aquel de sus hijos que ha de ser sumo sacerdote después de él, el cual ha de entrar dentro del Tabernáculo de Reunión, para ministrar en el Santuario.
¶Entonces tomarás el carnero de las consagraciones, y cocerás su carne en lugar sagrado;
y Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero y el pan que estará en el canasto, a la puerta del Tabernáculo de Reunión.
Comerán pues de aquellas cosas con que fué hecha la expiación, para que sean consagrados, y para que sean santificados; pero ningún extraño ha de comer de ellas, porque son santas.
Y si sobrare algo de aquella carne de las consagraciones, o de aquel pan, hasta la mañana, quemarás a fuego lo que sobrare; no ha de comerse, porque es santo.
Harás pues con Aarón y con sus hijos de esta manera, según todo lo que te he mandado; por siete días los consagrarás.
Y ofrecerás de día en día un novillo como ofrenda por el pecado, para expiación; y purificarás del pecado al altar al hacer la expiación por él; luego lo ungirás para santificarlo.
Por siete días harás la expiación del altar, y lo santificarás, y será el altar cosa sacratísima; todo lo que tocare al altar será santificado.
¶Y esto es lo que ha de ofrecerse sobre el altar: Dos corderos del primer año cada día continuamente.
Un cordero ofrecerás por la mañana, y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde.
Y con un cordero ofrecerás la décima parte de un efa de flor de harina mezclada con la cuarta parte de un hin de aceite batido; y para libación, la cuarta parte de un hin de vino.
Y ofrecerás el otro cordero a la caída de la tarde, y harás con él conforme a la ofrenda vegetal de la mañana y conforme a su libación, como olor grato, ofrenda encendida a Jehová.
Este será el holocausto perpetuo durante vuestras generaciones, el cual será ofrecido a la entrada del Tabernáculo de Reunión, en presencia de Jehová; donde a tiempos señalados tendré entrevistas con vosotros, para hablar contigo allí.
Porque allí me reuniré yo por cita con los hijos de Israel: y ese lugar será santificado con mi gloria.
Por lo cual santificaré el Tabernáculo de Reunión y el altar; también a Aarón y a sus hijos los santificaré para que sean mis sacerdotes.
Y yo habitaré en medio de los hijos de Israel, y seré el Dios de ellos:
y ellos conocerán que yo soy Jehová su Dios que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo, Jehová su Dios.
HARÁS también un Altar para quemar el incienso; de madera de acacia lo harás.
De un codo será su longitud, y de un codo su anchura: (cuadrado será); y de dos codos su altura; procedentes de él mismo serán sus cuernos.
Y lo cubrirás de oro puro, así su superficie como sus costados en derredor, y sus cuernos; y le harás una cornisa de oro en derredor.
Además le harás dos argollas de oro debajo de su cornisa; las harás en sus dos esquinas, en ambos costados suyos; y servirán para pasar por ellas las varas, a fin de llevarlo con ellas.
Y harás las varas de madera de acacia, y las cubrirás de oro.
Y colocarás el altar delante del velo que oculta el Arca del Testimonio, delante del Propiciatorio que está encima del Arca del Testimonio, donde yo tendré entrevistas contigo a tiempos señalados.
Y Aarón quemará sobre el altar incienso aromático todas las mañanas; cuando aderezare las lámparas, lo quemará.
Y al encender Aarón las lámparas a la caída de la tarde, lo quemará; incienso perpetuo es delante de Jehová, durante vuestras generaciones.
No ofreceréis sobre él incienso extraño, ni holocausto, ni ofrenda vegetal; ni tampoco derramaréis libación sobre él.
Y Aarón hará expiación sobre los cuernos de este altar una vez al año con la sangre de la ofrenda por el pecado, la del Día de las Expiaciones. Una vez cada año hará expiación sobre él, durante vuestras generaciones; es cosa sacratísima a Jehová.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Cuando formares el censo de los hijos de Israel, de aquellos que han de ser empadronados, entonces cada uno de ellos pagará el rescate de su vida a Jehová cuando fueren empadronados, para que no haya plaga entre ellos al contarlos.
Esto es lo que ha de dar todo aquel que fuere incluído entre los empadronados: la mitad de un siclo, conforme al ciclo del Santuario (veinte geras son un siclo); medio siclo por ofrenda a Jehová.
Todo aquel que fuere incluído entre los empadronados, de edad de veinte años arriba, pagará la ofrende a Jehová.
El rico no aumentará ni el pobre disminuirá del medio siclo, al dar la ofrenda a Jehová para rescatar su vida.
Y tomarás el dinero de los rescates de parte de los hijos de Israel, y lo emplearás en el servicio del Tabernáculo de Reunión; y será a los hijos de Israel por memorial delante de Jehová para rescatar sus vidas.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Harás también, para lavatorio, una Fuente de bronce, con su base de bronce; y la pondrás entre el Tabernáculo de Reunión y el altar; y echarás agua en ella;
para que sacando agua de ella Aarón y sus hijos, se laven los manos y los pies.
Siempre que entren en el Tabernáculo de Reunión, se han de lavar con agua, para que no mueran; o siempre que se acerquen al altar para ministrar, quemando las ofrendas encendidas de Jehová.
Se lavarán pues las manos y los pies, para que no mueran; y les será esto un estatuto perpetuo a él y a su descendencia durante sus generaciones.
¶Jehová habló además a Moisés, diciendo:
Tómate también de las especias más excelentes, de mirra pura quinientos siclos, y de canela aromática la mitad de esto, es decir, doscientos cincuenta, y de caña aromática doscientos cincuenta,
y de casia quinientos, según el siclo del Santuario; y de aceite de olivas un hin:
y harás de estas cosas el Aceite de la Santa Unción; ungüento oloroso compuesto según el arte de perfumista; aceite de la unción santa será.
Y ungirás con él el Tabernáculo de Reunión, y el Arca del Testimonio,
y la mesa con todos sus utensilios, y el candelabro con todos sus utensilios, y el altar del incienso,
y el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la fuente con su base.
Así los santificarás, y serán cosas sacratísimas: todo lo que las tocare será santificado.
Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los santificarás, para que sean mis sacerdotes.
Y a los hijos de Israel les mandarás, diciendo: Este será mi aceite de la unción santa durante vuestras generaciones.
Sobre carne de un hombre cualquiera no debe derramarse, ni conforme a su composición habéis de hacer otro semejante: santo es, y lo tendréis por santo.
Cualquiera persona que compusiere otro semejante, o que pusiere de éste sobre persona extraña al sacerdocio, será cortada de entre su pueblo.
¶Jehová dijo además a Moisés: Tómate estas especias aromáticas: estacte y ónice y gálbano, especias aromáticas con olíbano puro; de cada una igual peso;
y harás de esto el Incienso Oloroso, según el arte de perfumista, sazonado con sal, puro y santo.
Y molerás parte de él muy fino, y presentarás de ello delante del Arca del Testimonio, dentro del Tabernáculo de Reunión, donde yo tendré entrevistas contigo a tiempos señalados: cosa sacratísima os ha de ser.
Y conforme a la composición de este incienso que vas a hacer, no habéis de hacer otro alguno para vuestro uso; antes lo tendréis por cosa santa a Jehová.
Cualquiera persona que hiciere otro semejante, para recrearse con su olor, será cortada de entre su pueblo.
Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo:
Mira que yo he llamado por nombre a Bezalel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá;
y le he llenado del Espíritu de Dios, en cuanto a sabiduría e inteligencia y ciencia, para toda clase de obra;
para inventar diseños, para trabajar en oro y en plata y en cobre;
y para grabar piedras de engaste, y para entallar maderas, y para trabajar en cualquiera clase de obra.
Y yo, he aquí que yo he designado juntamente con él a Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y en el corazón de todos los inteligentes de corazón he puesto sabiduría, para que hagan todo lo que te tengo mandado:
a saber, el Tabernáculo de Reunión; y el Arca del Testimonio; y el Propiciatorio que estará sobre ella; y todos los utensilios del Tabernáculo;
y la mesa con sus utensilios; y el candelabro puro, con todos sus utensilios; y el altar del incienso;
y el altar del holocausto, con todos sus utensilios; y la fuente con su base;
y los paños bordados; y las vestiduras santas de Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para las funciones sacerdotales;
y el aceite de la unción; y el incienso aromático para el Santuario; conforme a todo lo que te tengo mandado lo han de hacer.
¶Jehová habló también a Moisés, diciendo:
Y tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Indispensablemente guardaréis mis días de descanso; porque esto es una señal entre mí y vosotros, durante vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico.
Habéis pues de guardar el día de descanso, porque santo es para vosotros; el que lo profanare será muerto irremisiblemente: pues que en cuanto a todo aquel que hiciere trabajo alguno en él, la tal persona será cortada de entre su pueblo.
Seis días se trabajará; mas el día séptimo será descanso solemnísimo, día consagrado a Jehová: todo aquel que hiciere obra alguna en el día de descanso, será muerto irremisiblemente.
Por tanto los hijos de Israel guardarán el día de descanso, observando el descanso durante sus generaciones, por pacto perpetuo.
Entre mí y los hijos de Israel esta será señal perpetua; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra; mas en el séptimo día descansó y reposó.
¶Y dió a Moisés, al acabar de hablar con él en el monte Sinaí, las dos Tablas del Testimonio; tablas de piedra, escritas con el dedo de Dios.
MAS como viese el pueblo que Moisés tardaba mucho en bajar del monte, reunióse el pueblo al rededor de Aarón, y le dijeron: ¡Levántate y haznos dioses que vayan delante de nosotros; que en cuanto a este Moisés, el varón que nos hizo subir de la tierra de Egipto, no sabemos qué se haya hecho de él!
Y díjoles Aarón: Quitad los pendientes que hay en las orejas de vuestras mujeres y de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.
Quitó pues todo el pueblo los pendientes de oro que tenían en las orejas, y los llevaron a Aarón.
Y él, tomándolos de mano de ellos, hizo del oro un becerro de fundición, y acabó de formarlo con un buril: y ellos dijeron: ¡Estos son tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto!
Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; e hizo pregonar Aarón, diciendo: ¡Mañana será fiesta solemne a Jehová!
Por lo cual madrugaron al día siguiente, y ofrecieron holocaustos y presentaron sacrificios. Luego sentóse el pueblo a comer y a beber, y levantóse a juguetear.
¶Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: ¡Anda, baja; porque se ha corrompido tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto!
Se han apartado presto del camino que yo les había prescrito; se han hecho un becerro de fundición, y se han postrado ante él, y le han ofrecido sacrificios, y de él han dicho: ¡Estos son tus dioses, oh Israel, que te han hecho subir de la tierra de Egipto!
Jehová dijo también a Moisés: Yo he observado a este pueblo, y he aquí que es pueblo de dura cerviz.
Y ahora, déjame, para que se encienda mi ira contra él y los consuma; y yo haré de ti una nación grande.
¶Entonces Moisés suplicó a Jehová su Dios, diciendo: ¿Para qué, oh Jehová, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza y con mano poderosa?
¿Por qué han de hablar los Egipcios, diciendo: Con malicia los sacó para matarlos en las montañas, y para destruirlos de sobre la faz de la tierra? ¡Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal pensado contra tu pueblo!
Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, siervos tuyos, a quienes por ti mismo juraste, y les dijiste: Multiplicaré vuestra simiente como las estrellas del cielo; y toda esta tierra que os tengo prometida, la daré a vuestra simiente, y ellos la heredarán para siempre.
Y arrepintióse Jehová del mal que pensaba hacer a su pueblo.
¶En seguida Moisés volvió el rostro y bajó del monte, con las dos tablas del Testimonio en su mano; tablas escritas por ambos lados; de esta y de esotra parte estaban escritas.
Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios, grabada sobre las tablas.
Y cuando Josué oyó la voz del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: ¡Gritos de guerra hay en el campamento!
A lo que él respondió: No son gritos de vencedores, ni son gritos de vencidos; voces de los que cantan son las que yo estoy oyendo.
Y fué así que cuando se acercó al campamento, y vió el becerro y las danzas, se encendió la ira de Moisés en términos que arrojó de su mano las tablas, y quebrólas al pie del monte.
Luego tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, el cual esparció sobre la superficie de las aguas, e hizo que los hijos de Israel lo bebiesen.
¶Entonces Moisés dijo a Aarón: ¿Qué te hizo este pueblo para que hayas traído sobre él tan gran pecado?
A lo cual respondió Aarón: No se encienda la ira de mi señor. Tú conoces a este pueblo, y sabes que es propenso al mal.
Ellos pues me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; que en cuanto a este Moisés, el varón que nos hizo subir de la tierra de Egipto, no sabemos qué se haya hecho de él.
Y yo les dije: Cuantos tuvieren oro, quítenselo. Y ellos me lo dieron a mí; y lo eché en el fuego, y salió este becerro.
¶Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, (pues Aarón les había dado rienda suelta, para que fuesen una irrisión en medio de sus contrarios),
se puso Moisés a la puerta del campamento, y clamó: ¡Quienquiera que sea de parte de Jehová, venga a mí! Y se le reunieron todos los hijos de Leví.
Él entonces les dijo: Así dice Jehová, el Dios de Israel: Ponga cada cual su espada sobre el muslo, y pasad, y volved a pasar de puerta a puerta por entre el campamento, y matad, aunque sea cada uno a su hermano, y cada uno a su amigo, y cada uno a su pariente cercano.
Y lo hicieron así los hijos de Leví, conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.
Porque les había dicho Moisés: Consagraos hoy a Jehová, aunque sea cada cual en su mismo hijo, o en su hermano; para que él os dé hoy su bendición.
¶Y aconteció al día siguiente que dijo Moisés al pueblo: ¡Vosotros habéis cometido un gran pecado! Ahora pues yo subiré a donde está Jehová; quizás podré conseguir la remisión de vuestro pecado.
¶Volvió entonces Moisés a Jehová y dijo: ¡Ah Señor! este pueblo ha cometido un pecado enorme, haciéndose dioses de oro!
Y ahora, si perdonares su pecado--; ¡mas si no, bórrame a mí, te lo ruego, de tu libro que has escrito!
Pero Jehová respondió a Moisés: Al que haya pecado contra mí, a éste borraré de mi libro.
Y ahora vé, conduce a este pueblo al lugar que te he dicho. He aquí que mi Ángel irá delante de tu faz; mas en el día de mi visitación, visitaré sobre ellos su pecado.
En efecto hirió Jehová al pueblo porque habían hecho el becerro que hizo Aarón.
DIJO pues Jehová a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que hiciste subir de Egipto, a la tierra de que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu simiente se la daré:
y enviaré delante de ti mi Ángel, y echaré al Cananeo, al Amorreo, y al Heteo, y al Perezeo, al Heveo y al Jebuseo;
(tierra que mana leche y miel); pues yo no iré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz; no sea que te consuma en el camino.
Y cuando el pueblo oyó esta mala nueva, prorrumpió en llanto, y ninguno se vistió sus atavíos.
Jehová también había dicho a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros sois un pueblo de dura cerviz; si por un momento me presentara en medio de ti, te consumiría. Ahora pues quita tus atavíos de sobre ti, para que yo sepa lo que tenga de hacer contigo.
Por lo cual los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb en adelante.
¶(Y solía Moisés tomar la Tienda y plantarla fuera del campamento, lejos del campamento; y llamólo Tabernáculo de Reunión. Y sucedía que todo aquel que tenía por qué acudir a Jehová, salía al Tabernáculo de Reunión, que estaba fuera del campamento.
Y era costumbre, siempre que salía Moisés hacia el Tabernáculo, que se levantara todo el pueblo, y estuviera en pie cada cual a la puerta de su tienda, y miraran todos tras Moisés hasta que hubiera entrado en el Tabernáculo.
Y sucedía que cuando entraba Moisés en el Tabernáculo, bajaba la columna de nube y permanecía a la puerta del Tabernáculo, mientras tanto que Jehová hablaba con Moisés.
Y todo el pueblo veía la columna de nube permanecer a la puerta del Tabernáculo; por lo cual se levantaba todo el pueblo, y se postraba cada cual junto a la puerta de su tienda.
Y Jehová hablaba con Moisés cara a cara, cual suele hablar un hombre con su amigo. Luego Moisés volvía al campamento; pero su ayudante, Josué hijo de Nun, un mancebo, no se retiraba de en medio del Tabernáculo.)
¶Moisés pues respondió a Jehová: Mira, tú me dices: Lleva a este pueblo; y no me has hecho saber quién es aquel que vas a enviar conmigo; y con todo me has dicho: Te he conocido por nombre, y también tú has hallado gracia en mis ojos.
Ahora pues, si es así que he hallado gracia en tus ojos, ruégote me hagas conocer tu camino, para que yo te conozca, a fin de que halle gracia en tus ojos: y considera que esta nación es pueblo tuyo.
A lo cual él respondió: Mi presencia irá contigo, y yo te daré descanso.
Entonces Moisés le dijo: Si tu presencia no ha de ir con nosotros, no nos hagas subir de aquí.
Pues ¿en que podrá ahora conocerse que hemos hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo? ¿Acaso no es en que tú andes con nosotros, para que seamos distinguidos, yo y tu pueblo, de todos los demás pueblos que están sobre la faz de la tierra?
Entonces Jehová respondió a Moisés: Yo haré esto también que has pedido; puesto que tú has hallado gracia en mis ojos, y yo te he conocido por nombre.
¶Dijo entonces Moisés: ¡Ruégote me permitas ver tu gloria!
Y él le contestó: Yo haré que pase toda mi benignidad ante tu vista, y proclamaré el NOMBRE de Jehová delante de ti; y haré merced a quien yo quisiere hacer merced, y usaré de misericordia con quien yo quisiere usar de misericordia.
Dijo además: Tú no podrás ver mi rostro; porque el hombre no puede verme y vivir.
Le dijo empero Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y allí tú estarás sobre la peña;
y será que mientras va pasando mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano, hasta que yo haya pasado;
luego apartaré mi mano, para que veas mis espaldas; mas mi rostro no será visto.
Y DIJO Jehová a Moisés: Lábrate dos tablas de piedra, como las primeras, y yo escribiré sobre aquellas tablas las palabras que había sobre las tablas primeras que quebraste;
y está prevenido para mañana; y por la mañana subirás al monte Sinaí, y te presentarás delante de mí allí sobre la cumbre del monte.
Mas no suba nadie contigo, ni sea visto hombre alguno en todo el monte; ni aun los rebaños y las vacadas pazcan delante del monte.
¶Él por tanto labró dos tablas de piedra como las primeras. Y por la mañana madrugó Moisés y subió al monte Sinaí, como se lo había mandado Jehová, llevando en su mano las dos tablas de piedra.
Y Jehová descendió en la nube y se estuvo con él allí, y proclamó el NOMBRE de Jehová.
Pasó pues Jehová por delante de él, proclamando: ¡Jehová, Jehová, Dios compasivo y clemente, lento en iras y grande en misericordia y en fidelidad;
que usa de misericordia hasta la milésima generación; que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al rebelde; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos, y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y hasta la cuarta generación!
¶Entonces apresuróse Moisés, e inclinó a tierra su cabeza, y adoró:
y dijo: ¡Si yo he hallado gracia en tus ojos, oh Señor, vaya, te lo ruego, mi Señor en medio de nosotros, aunque somos un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tennos por herencia tuya!
Y él respondió: He aquí, yo renuevo el pacto: delante de todo tu pueblo haré maravillas, cuales nunca se han hecho en toda la tierra, ni en ninguna de las naciones; y verá todo el pueblo en medio de quien estás, la obra de Jehová: porque es cosa tremenda la que voy a hacer por medio de ti.
¶Observa pues, oh Israel, para tu provecho, lo que te mando hoy. He aquí que voy a echar de delante de ti al Amorreo, y al Cananeo, y al Heteo, y al Perezeo, y al Heveo y al Jebuseo.
Guárdate de hacer pacto con los moradores de la tierra adonde vas a entrar, para que no sean ellos un lazo en medio de ti:
antes bien, derribaréis sus altares, y romperéis sus estatuas, y cortaréis sus Asheras.
Porque no has de postrarte ante ningún otro dios; puesto que Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.
Guárdate, no sea que hagas pacto con los habitantes de aquella tierra; porque ellos fornicarán en pos de sus dioses, y ofrecerán sacrificios a sus dioses; y te convidarán a ti, y tú comerás de sus sacrificios;
y tomarás de sus hijas para tus hijos; y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán que tus hijos también forniquen tras los dioses de ellas.
¶Dioses de fundición no harás para ti.
¶Guardarás la fiesta de los Ázimos; siete días comerás panes ázimos como te he mandado, en su tiempo señalado, en el mes de Abib; porque en el mes de Abib salisteis de Egipto.
¶Todo primer nacido entre tus hijos es mío; asimismo todo primerizo de tu ganado, que fuere macho, sea de vaca o de oveja.
Mas el primerizo de asno redimirás con oveja; y si no le redimieres, quebrarás su cerviz. Todo primogénito de tus hijos redimirás. Y ninguno ha de presentarse delante de mí con las manos vacías.
¶Seis días trabajarás, mas en el séptimo descansarás; en el tiempo de arar así como en el de segar, descansarás.
¶Celebrarás también la fiesta de las Semanas; la de los primeros frutos de la siega de tus trigos. Asimismo la fiesta de la Cosecha de tus frutos, al fin del año.
¶Tres veces al año, pues, se presentarán todos tus varones delante de Jehová, el Señor, el Dios de Israel.
Porque yo arrojaré las naciones de delante de ti, y ensancharé tus términos; y nadie deseará invadir tu tierra entre tanto que subas a presentarte delante de Jehová tu Dios tres veces al año.
¶No sacrificarás la sangre de mi sacrificio pascual junto a pan fermentado; ni se dejará hasta la mañana ninguna parte del sacrificio de la fiesta de la Pascua.
¶Lo más precioso de los primeros frutos de tu tierra traerás a la Casa de Jehová tu Dios. ¶No cocerás el cabrito en la leche de su misma madre.
¶Y dijo Jehová a Moisés: Escríbete estas palabras; porque según el tenor de estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel.
Y Moisés estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. Y Jehová escribió sobre las tablas las palabras del pacto, los Diez Mandamientos.
Y sucedió que cuando bajó Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del Testimonio, (las que estaban en mano de Moisés al bajar del monte), no sabía Moisés que la tez de su rostro despedía rayos de luz, con motivo de haber hablado con Él.
Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí que la tez de su rostro despedía rayos de luz: por lo cual temían acercarse a él.
Moisés pues los llamó a sí; y se volvieron a él Aarón y todos los príncipes de la Congregación, y Moisés habló con ellos.
Y después de esto se acercaron todos los hijos de Israel; y él les prescribió todo lo que Jehová le había dicho en el monte Sinaí.
Y hasta que Moisés hubo acabado de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro.
Y siempre que entraba Moisés en el Tabernáculo, delante de la presencia de Jehová, para hablar con Él, se quitaba el velo hasta tanto que salía: y al salir, refería a los hijos de Israel lo que Él le mandaba.
Y por cuanto los hijos de Israel miraban el rostro de Moisés, y veían que la tez de su rostro despedía rayos de luz, volvió Moisés a poner el velo sobre su rostro hasta que entraba otra vez a hablar con Él.
Y CUANDO Moisés hubo convocado a toda la Congregación de los hijos de Israel, les dijo: Tales son las cosas que Jehová os ha mandado hacer.
Seis días se trabajará, mas en el día séptimo tendréis descanso santo, descanso solemne a Jehová; todo aquel que hiciere en él obra alguna será muerto.
En todas vuestras habitaciones no encenderéis fuego en el día de descanso.
¶Y Moisés habló a toda la Congregación de los hijos de Israel y dijo:
Esto es lo que ha mandado Jehová, diciendo: Tomad de entre vosotros una ofrenda para Jehová; todo aquel que es de corazón espontáneo, traerá la ofrenda para Jehová; a saber, oro, y plata, y bronce,
e hilo de jacinto, púrpura y escarlata, y lino fino blanco, y pelos de cabra,
y pieles de carnero teñidas de rojo, y pieles de foca, y maderas de acacia,
y aceite para el alumbrado, y especias para el aceite de la unción, y para el incienso aromático.
y piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.
Y todo sabio de corazón que hubiere entre vosotros vendrá, y ellos fabricarán todo cuanto ha mandado Jehová;
a saber, la Habitación, su Tabernáculo y su cubierta, sus corchetes y sus tablones, sus travesaños, sus columnas y sus basas;
el Arca y sus varas, el Propiciatorio y el velo de la cortina;
la mesa y sus varas, y todos sus utensilios, y el pan de proposición,
y el candelabro para el alumbrado, y sus utensilios, y sus lámparas, y el aceite del alumbrado;
y el altar del incienso y sus varas; y el aceite de la unción y el incienso aromático; y la cortina de la entrada, para la entrada de la Habitación;
el altar del holocausto, y el enrejado de bronce que tiene; sus varas y todos sus utensilios; la fuente y su base;
las colgaduras del atrio, y sus columnas, y sus basas; y la cortina de la puerta del atrio;
las estacas de la Habitación, y las estacas del atrio, y sus cuerdas;
los paños bordados destinados a hacer el servicio en el Santuario; las vestiduras santas para Aarón el sumo sacerdote, y las vestiduras de sus hijos; para que puedan desempeñar las funciones sacerdotales.
¶Entonces toda la Congregación de los hijos de Israel salió de la presencia de Moisés;
y volvieron, (es decir, toda persona a quien su corazón le impulsó, y todo aquel cuyo espíritu le movió a liberalidad), trayendo la ofrenda de Jehová, para la obra del Tabernáculo de Reunión, y para todo su servicio, y para las vestiduras santas.
Vinieron pues así hombres como mujeres, cuantos tuvieron corazón espontáneo, trayendo broches, y pendientes, y anillos, y collares de cuentas, en fin, toda suerte de alhajas de oro; es decir, toda persona que presentó ofrenda de oro a Jehová.
Y toda persona en cuyo poder se halló hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y lino fino blanco, y pelos de cabra, y pieles de carnero teñidas de rojo, y pieles de foca, los trajeron.
Todos los que querían presentar ofrenda de plata y de bronce, trajeron la ofrenda a Jehová. Asimismo todo hombre en cuyo poder se hallaban maderas de acacia para toda la obra del servicio, las trajo.
También toda mujer sabia de corazón hilaba con sus manos, y trajo lo que había hilado, de hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y lino fino blanco.
Todas las mujeres también cuyo corazón las impulsó en sabiduría, hilaron pelos de cabra.
Los príncipes también trajeron piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral;
y especias, y aceite para el alumbrado, y para el aceite de la unción, y para el incienso aromático.
Así trajeron los hijos de Israel una ofrenda voluntaria a Jehová, es decir, todo hombre y toda mujer cuyo corazón los impulsó a que trajesen algo para toda la obra que Jehová, por conducto de Moisés, había mandado hacer.
¶Dijo entonces Moisés a los hijos de Israel: Ved que Jehová ha llamado por nombre a Bezalel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá,
y le ha llenado del Espíritu de Dios, en lo relativo a sabiduría, e inteligencia y ciencia, y toda suerte de obra;
y para inventar diseños, y para trabajar en oro y en plata y en bronce,
y en labrar piedras para engastes, y para entallar maderas; para trabajar en toda suerte de obra ingeniosa;
y ha puesto en su corazón capacidad para enseñar; tanto a él como a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan;
a los cuales él ha llenado de sabiduría de corazón para hacer toda suerte de obra; de grabador, y de inventor, y de recamador en jacinto y púrpura y escarlata y en lino fino blanco, y de tejedor; para toda suerte de obra, y para inventar diseños primorosos.
Y BEZALEL y Aholiab y todos los sabios de corazón, en quienes Jehová ha puesto sabiduría y entendimiento para saber hacer toda la obra para el servicio del Santuario, lo harán todo, conforme a cuanto ha mandado Jehová.
¶Entonces Moisés llamó a Bezalel y a Aholiab y a todos los inteligentes de corazón, aquellos en cuyos corazones Jehová había puesto sabiduría; todo aquel cuyo corazón le impulsó a que se llegase a la obra para hacerla;
y ellos tomaron de delante de Moisés todas las ofrendas que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del Santuario, a fin de hacerla. Y siguieron trayendo ofrendas voluntarias de mañana en mañana.
Por tanto todos los expertos que hacían toda la obra del Santuario, dejando cada cual la obra que estaba haciendo, vinieron
y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo necesario para el desempeño de la obra que Jehová ha mandado hacer.
Entonces Moisés dió orden, y pregonaron por el campamento, diciendo: ¡Ni hombre ni mujer prepare más material para las ofrendas del Santuario! De manera que se le impidió al pueblo el traer más:
pues ya había materiales suficientes para hacer toda la obra, y sobraba.
¶Entonces todos los sabios de corazón de entre los que hacían la obra, construyeron la Habitación, de diez cortinas; las cuales hicieron de torzal de lino fino blanco, e hilo de jacinto y púrpura y escarlata, con querubines de labor primorosa.
La longitud de cada cortina era de veinte y ocho codos, y la anchura de cada cortina de cuatro codos; una misma medida tenían todas las cortinas.
Y Bezalel unió cinco de las cortinas entre sí, y las otras cinco cortinas también las unió entre sí.
É hizo presillas de jacinto sobre el borde de la primera gran cortina, en el extremo donde se hacía el enlazamiento; las hizo también sobre el borde de la segunda gran cortina, en el extremo donde se hacía el enlazamiento.
Cincuenta presillas hizo en el extremo de la primera cortina, y cincuenta presillas hizo en el extremo de la segunda cortina, donde se hacía el enlazamiento; las presillas estaban contrapuestas unas a otras.
Hizo también cincuenta corchetes de oro, y enlazó las cortinas la una con la otra, por medio de los corchetes; de modo que vino a ser una sola Habitación.
¶Asimismo hizo cortinas de pelo de cabras para el Tabernáculo, que estaba encima de la Habitación; once cortinas hizo para este efecto.
La longitud de una cortina era de treinta codos, y de cuatro codos era la anchura de la misma cortina: una misma medida tenían las once cortinas.
Y juntó cinco de las cortinas entre sí, y seis de las cortinas entre sí.
É hizo cincuenta presillas sobre el borde de la primera gran cortina, en el extremo donde se hacía el enlazamiento; y cincuenta presillas hizo sobre el borde de la segunda gran cortina, en el extremo donde se hacía el enlazamiento.
É hizo cincuenta corchetes de bronce para enlazar el Tabernáculo, para que fuese uno mismo.
Hizo además para el Tabernáculo una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, y otra cubierta por encima de ésta, de pieles de foca.
¶Hizo también para la Habitación tablones de madera de acacia que se colocasen verticalmente:
de diez codos era la longitud de un tablón, y de codo y medio la anchura del mismo tablón.
Dos espigas tenía cada tablón, unidas la una con la otra; así hizo con todos los tablones de la Habitación.
E hizo los tablones para la Habitación de esta manera: veinte tablones para el costado meridional, hacia el sur;
e hizo cuarenta basas de plata para poner debajo de los veinte tablones; dos basas debajo de un tablón, correspondientes a sus dos espigas; y dos basas debajo de otro tablón, correspondientes a sus dos espigas.
Y para el segundo costado de la Habitación, hacia el lado del norte, hizo otros veinte tablones,
con sus cuarenta basas de plata; dos basas para poner debajo de un tablón, y dos basas debajo de otro tablón.
Y para la parte posterior de la Habitación, hacia el occidente, hizo seis tablones:
y otros dos tablones hizo para las esquinas de la Habitación, a la parte posterior;
los cuales estaban unidos con el tablón correspondiente por la parte de abajo, y estaban perfectamente trabados hasta arriba, cada uno por medio de un gozne: así hizo con entrambos, a las dos esquinas.
De manera que eran ocho los tablones, con sus basas de plata; es decir, diez y seis basas, dos basas debajo de cada tablón.
Hizo también travesaños de madera de acacia; cinco para los tablones de un costado de la Habitación,
y cinco travesaños para los tablones del otro costado de la Habitación; y cinco travesaños para los tablones de la Habitación a la parte posterior, hacia el occidente.
E hizo que el travesaño de en medio pasase por el centro de los tablones, de un extremo hasta el otro.
Y cubrió los tablones de oro; e hizo las argollas de oro, por donde habían de pasar los travesaños: y cubrió los travesaños de oro.
¶Hizo también el velo, de hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y torzal de lino fino blanco: de labor primorosa lo hizo, con querubines.
E hizo para el velo cuatro columnas de acacia, y las cubrió de oro; sus ganchos eran también de oro: y fundió para ellas cuatro basas de plata.
¶Asimismo hizo la cortina para la entrada del Tabernáculo, de hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y torzal de lino fino blanco; obra de recamador;
e hizo sus cinco columnas y sus ganchos; y revistió sus capiteles y sus varas conexivas de oro; mas sus cinco basas las hizo de bronce.
BEZALEL hizo también el Arca, de madera de acacia: de dos codos y medio era su longitud, y de codo y medio su anchura, y de codo y medio su altura.
Y la cubrió de oro puro, por dentro y por fuera; e hizo para ella una cornisa de oro al rededor.
Y fundió para ella cuatro argollas de oro para colocarlas a sus cuatro esquinas; es decir, dos argollas al un costado, y dos argollas al otro costado.
E hizo varas de madera de acacia, y las cubrió de oro.
Y pasó las varas por las argollas a los costados del Arca, para llevar el Arca.
¶Hizo asimismo el Propiciatorio, de oro puro: de dos codos y medio era su longitud, y de codo y medio su anchura.
Hizo además dos querubines de oro; labrados a martillo los hizo, a los dos extremos del Propiciatorio;
un querubín por este extremo, y el otro querubín por aquel extremo; procedentes del Propiciatorio mismo hizo los querubines, a los dos extremos de él.
Y estaban los querubines con las alas extendidas hacia arriba haciendo sombra con sus alas por encima del Propiciatorio, y teniendo las caras vueltas la una a la otra; hacia el Propiciatorio estaban dirigidas las caras de los querubines.
¶Asimismo hizo la mesa, de madera de acacia: de dos codos era la longitud de ella, y de un codo su anchura, y de codo y medio su altura.
Y la cubrió de oro puro; y le hizo una cornisa de oro al rededor:
le hizo también un borde a la redonda, del ancho de una mano; y le hizo al borde una cornisa al rededor.
Y fundió para ella cuatro argollas de oro, y puso las argollas de oro a las cuatro esquinas que corresponden a sus cuatro pies.
Cerca del borde estaban las argollas, por donde habían de pasar las varas, a fin de llevar la mesa.
Hizo también de madera de acacia las varas para llevar la mesa, y las cubrió de oro.
Asimismo hizo de oro puro los utensilios que habían de estar sobre la mesa; sus platos y sus cucharas, y sus tazas, y sus copas con que se habían de hacer las libaciones.
¶Hizo también el candelabro, de oro puro; labrado a martillo hizo el candelabro; su tronco y sus brazos, sus copas y sus globitos y sus flores eran de lo mismo.
Y tenía seis brazos que salían de sus dos lados; tres brazos del candelabro de un lado de él, y tres brazos del candelabro del otro lado de él:
tres copas sucesivas, en forma de flores de almendro, en un brazo, cada una con un globito y una flor; y tres copas sucesivas, en forma de flores de almendro, en otro brazo, cada una con un globito y una flor; de igual modo sucedió con los seis brazos que salían del candelabro.
Mas en el tronco del candelabro había cuatro copas sucesivas, en forma de flores de almendro, con sus globitos y sus flores.
De manera que había un globito debajo de dos de los brazos que salían del tronco, y un globito debajo de otros dos de los brazos que salían de él, y un globito debajo de los otros dos de los brazos que salían de él; conforme a los seis brazos que salían de él.
Sus globitos y sus brazos eran de lo mismo, todo ello era una pieza labrada a martillo, de oro puro.
E hizo sus siete lámparas, y sus despabiladeras, y sus platillos, de oro puro.
De un talento de oro puro lo hizo, con todos sus utensilios.
¶Hizo también, de madera de acacia, el altar del incienso: de un codo era su longitud, y de un codo su anchura, cuadrado era; y de dos codos su altura: procedentes del mismo eran los cuernos.
Y lo cubrió de oro puro, así su superficie como sus lados al rededor, y sus cuernos; le hizo también una cornisa de oro al rededor.
Y dos argollas de oro le hizo por debajo de la cornisa, a sus dos esquinas, en ambos costados suyos, por donde habían de pasar las varas, a fin de llevarlo con ellas.
E hizo las varas de madera de acacia, y las cubrió de oro.
¶Hizo también el aceite santo de la unción, y el incienso puro de especias aromáticas, según el arte de perfumista.
E HIZO, de madera de acacia, el altar del holocausto; de cinco codos era su longitud, y de cinco codos su anchura, cuadrado; y de tres codos su altura.
Hizo también los cuernos de éste a sus cuatro esquinas; procedentes de él mismo eran los cuernos; y cubriólo de bronce.
Asimismo hizo todos los utensilios del altar: las calderas y las palas y los tazones, los garfios y los braseros; todos sus utensilios los hizo de bronce.
Hizo también para el altar un enrejado de bronce, hecho a manera de red, debajo del cerco del altar, por el lado de abajo, el cual llegaba hasta la mitad del altar.
Y fundió cuatro argollas para los cuatro extremos del enrejado de bronce, por donde habían de pasar las varas.
Hizo también las varas de madera de acacia, y las cubrió de bronce.
Y pasó las varas por las argollas, a los costados del altar, para llevarlo con ellas: hueco, de tablas, hizo el altar.
¶Hizo también la fuente de bronce, con su base de bronce, fabricándola de los espejos de las mujeres de la milicia sagrada, que asistían a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
¶Hizo también el atrio así: Por el costado meridional, hacia el sur, hizo para el atrio colgaduras de torzal de lino fino blanco, de cien codos;
sus columnas eran veinte, y sus basas veinte, de bronce; mas los ganchos de las columnas, y sus varas conexivas eran de plata.
Asimismo por el costado del norte, cien codos; sus columnas eran veinte, y sus basas veinte, de bronce; mas los ganchos de las columnas, y sus varas conexivas eran de plata.
Y al lado del oeste, colgaduras de cincuenta codos; sus columnas eran diez, y diez sus basas; los ganchos de las columnas y las varas conexivas eran de plata.
Y del lado del este, hacia donde nace el sol, había cincuenta codos.
Había colgaduras de quince codos al un lado de la puerta, sus columnas eran tres, y tres sus basas:
de igual manera para el otro lado: de esta y de aquella parte de la puerta del atrio, había colgaduras de quince codos; sus columnas eran tres y tres sus basas.
Todas las colgaduras del atrio a la redonda, eran de torzal de lino fino blanco;
y las basas para las columnas eran de bronce; mas los ganchos de las columnas y las varas conexivas, de plata; también el revestimiento de sus capiteles era de plata; y las varas conexivas de todas las columnas del atrio eran de plata.
Y la cortina de la puerta del atrio era de obra de recamador, de hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y torzal de lino fino blanco; y era de veinte codos su longitud, y su altura (correspondiente a su anchura) era de cinco codos; lo mismo que las colgaduras del atrio.
Sus columnas eran cuatro, y sus basas cuatro, de bronce; mas sus ganchos eran de plata; también el revestimiento de sus capiteles y sus varas conexivas eran de plata.
Y todas las estacas del Tabernáculo, y del atrio al rededor, eran de bronce.
Este es el inventarlo de los efectos de la Habitación, de la Habitación del Arca del Testimonio, que fueron enumerados por orden de Moisés, (para el servicio de los Levitas), por mano de Itamar, hijo de Aarón, sumo sacerdote.
Y Bezalel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todo cuanto Jehová había mandado a Moisés;
y con él Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; grabador y diseñador y recamador en jacinto y púrpura y escarlata, y en lino fino blanco.
¶Todo el oro empleado en la obra, en toda la fábrica del Santuario, (es decir, el oro de la ofrenda) fué veintinueve talentos, y setecientos treinta siclos, según el siclo del Santuario.
Y la plata de los de la Congregación que fueron empadronados, fué cien talentos, y mil setecientos setenta y cinco siclos, según el siclo del Santuario;
a razón de un beka por cabeza, es decir, la mitad de un siclo, según el siclo del Santuario, por cada uno incluído entre los empadronados, de edad de veinte años arriba, de los seiscientos y tres mil quinientos y cincuenta hombres.
Y sirvieron los cien talentos de plata para fundir las basas del Santuario, y las basas para las columnas del velo, es decir, cien basas de los cien talentos, un talento para cada basa.
Y de los mil setecientos setenta y cinco siclos sobrantes, hizo ganchos para las columnas, y revistió sus capiteles; y unió las columnas con las varas conexivas.
Y el bronce de la ofrenda fué setenta talentos, y dos mil cuatrocientos siclos;
de los cuales hizo las basas para la entrada del Tabernáculo de Reunión, y el altar de bronce, y el enrejado de bronce que tenía, con todos los utensilios del altar,
y las basas del atrio al rededor, y las basas para la puerta del atrio, y todas las estacas de la Habitación, y todas las estacas del atrio alrededor.
Y DEL hilo de jacinto y púrpura y escarlata, hicieron los paños bordados destinados para hacer servicio en el Santuario; e hicieron las vestiduras santas que eran de Aarón; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Hizo también el efod, de oro, de hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y de lino fino blanco.
Pues batieron a martillo láminas delgadas de oro, y las cortaron en hilos, para entretejerlos con el hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y el lino fino blanco; labor primorosa.
Le hicieron también hombreras que se juntaban; a sus dos extremos se hizo el enlazamiento.
Y el cinto de labor primorosa, que estaba sobre él para ceñirlo, era de lo mismo y de semejante labor; de oro e hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y torzal de lino fino blanco; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Labraron también las dos piedras de ónice, guarnecidas de engastes de oro, grabadas con grabaduras como de sello, conforme a los nombres de los hijos de Israel;
y las puso sobre las hombreras del efod, por piedras de recuerdo a favor de los hijos de Israel; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Hizo también el pectoral, de labor primorosa, al estilo de la obra del efod, de oro, de hilo de jacinto y púrpura y escarlata, y de torzal de lino fino blanco.
Era cuadrado; hicieron doble el pectoral; de un palmo era su longitud, y de un palmo su anchura, estando doblado.
Y engastaron en él cuatro órdenes de piedras. Una hilera era un sardio, un topacio y un carbunclo; ésta fué la hilera primera.
Y la hilera segunda, una esmeralda, un zafiro y una sardónica.
Y la hilera tercera, un jacinto, un ágata y una ametista.
Y la hilera cuarta, un berilo, un ónice y un jaspe; cercadas todas y guarnecidas de oro en sus engastes.
Y las piedras eran doce, conforme a los nombres de los hijos de Israel, según los nombres de ellos, con grabaduras como de sello, cada una según su nombre, correspondientes a las doce tribus.
E hicieron sobre el pectoral cadenillas de oro puro, a manera de trenzas, de hechura ensortijada.
E hicieron dos engastes de oro y dos anillos de oro; y fijaron los dos anillos a los dos extremos superiores del pectoral.
Fijaron también las dos cadenillas de oro ensortijadas a los dos anillos, en los extremos del pectoral.
Y los otros dos extremos de las dos cadenillas ensortijadas los fijaron a los dos engastes, los cuales fijaron sobre las hombreras del efod, por su parte delantera.
Hicieron también otros dos anillos de oro, que pusieron en los dos extremos inferiores del pectoral, sobre el borde que está hacia el revés del efod, por el lado de adentro.
E hicieron dos anillos de oro, que fijaron sobre las dos hombreras del efod, hacia abajo, por su parte delantera, cerca de su enlace, por encima del cinto del efod de labor primorosa.
Y ataron el pectoral, por medio de sus anillos, a los anillos del efod, con un cordón de jacinto, para que permaneciese sobre el cinto del efod de labor primorosa, y para que no se soltase el pectoral del efod; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Hizo también el manto del efod, de obra de tejedor, todo de jacinto;
y la abertura del manto estaba en medio de él, como el cuello de un coselete, con una orla al rededor de la abertura, para que no se rompiese.
Hicieron también sobre el ribete inferior del manto granadas de hilo de jacinto y púrpura y escarlata, torcido.
E hicieron campanillas de oro puro, y colocaron las campanillas entre las granadas sobre el ribete inferior del manto a la redonda, entre las granadas:
una campanilla y una granada, una campanilla y una granada, sobre el ribete inferior del manto en derredor, para ministrar en él; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Hicieron también las túnicas de lino fino blanco, de obra de tejedor, para Aarón y sus hijos.
Y la mitra de lino fino blanco, y las tiaras hermosas de lino fino blanco, y los calzoncillos de lino, hechos de torzal de lino fino blanco;
y el cinturón de torzal de lino fino blanco, y de hilo de jacinto y púrpura y escarlata, de labor recamada; como Jehová había mandado a Moisés.
¶E hicieron la lámina de la diadema santa, de oro puro, e inscribieron en ella un rótulo, con grabaduras como de sello, SANTIDAD A JEHOVÁ.
Y fijaron en ella un listón de jacinto para asegurarla sobre la mitra, por la parte de arriba; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Así fué acabada toda la obra de la Habitación del Tabernáculo de Reunión; pues hicieron los hijos de Israel conforme a todo lo que había mandado Jehová a Moisés; así lo hicieron.
¶Entonces trajeron a Moisés la Habitación, el Tabernáculo y todos sus utensilios; sus corchetes y sus tablones, sus travesaños y sus columnas y sus basas;
y la cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, y la cubierta de pieles de foca; y el velo de la cortina;
el Arca del Testimonió y sus varas, y el Propiciatorio;
la mesa con todos sus utensilios, y el pan de la proposición;
el candelabro puro, sus lámparas, (las lámparas que habían de aderezarse), y todos sus utensilios, y el aceite del alumbrado;
y el altar de oro, y el aceite de la unción, y el incienso de las especias aromáticas; y la cortina para la entrada del Tabernáculo;
el altar de bronce, y el enrejado de bronce que tenía, sus varas y todos sus utensilios; la fuente con su base;
las colgaduras del atrio, con sus columnas, y las basas de éstas, y la cortina para la puerta del atrio, sus cuerdas, y sus estacas; en fin, todos los utensilios para el servicio de la Habitación, para el Tabernáculo de Reunión;
los paños bordados para servicio en el Santuario, y las vestiduras santas para Aarón, sumo sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para ejercer el sacerdocio.
Conforme a todo lo que había mandado Jehová a Moisés, así hicieron los hijos de Israel toda la obra.
Y vió Moisés toda la obra; y he aquí que la habían acabado de hacer; como había mandado Jehová, así la habían hecho; y los bendijo Moisés.
ENTONCES Jehová habló a Moisés, diciendo:
En el mes primero, al primero del mes, erigirás la Habitación, el Tabernáculo de Reunión.
Y pondrás allí el Arca del Testimonio, y con el velo ocultarás el Arca.
Luego meterás la mesa, y arreglarás sobre ella los órdenes de pan; meterás también el candelabro, y encenderás sus lámparas;
y colocarás el altar de oro para el incienso enfrente del Arca del Testimonio; y pondrás la cortina a la entrada del Tabernáculo.
Y colocarás el altar del holocausto delante de la entrada de la Habitación, es decir, del Tabernáculo de Reunión.
Y colocarás la fuente entre el Tabernáculo de Reunión y el altar, y echarás agua en ella.
Luego pondrás el atrio al rededor del Tabernáculo, y colocarás la cortina a la puerta del atrio.
¶Entonces tomarás el aceite de la unción, y ungirás la Habitación y todo lo que hubiere en ella; así la santificarás con todos sus utensilios, para que sean santos.
Ungirás también el altar del holocausto, con todos sus utensilios; así santificarás el altar, para que sea el altar cosa santísima.
Asimismo ungirás la fuente y su base; y así la santificarás.
En seguida harás que se presenten Aarón y sus hijos a la entrada del Tabernáculo de Reunión, y los lavarás con agua.
Luego vestirás a Aarón con las vestiduras santas, y le ungirás, y le santificarás, para que sea mi sacerdote.
Después harás que sus hijos se presenten, y les vestirás las túnicas;
y los ungirás, como ungiste a su padre, para que sean mis sacerdotes; así ha de hacerse, para que su unción les sea por señal de un sacerdocio perdurable, durante sus generaciones.
Y lo hizo así Moisés: conforme a todo lo que Jehová le había mandado, así lo hizo.
¶Aconteció pues, en el mes primero del segundo año, al primero del mes, que fué erigida la Habitación.
Y Moisés erigió la Habitación, y colocó sus basas, y puso sus tablones, y metió sus travesaños, y levantó sus columnas.
Luego extendió el Tabernáculo por encima de la Habitación, y puso la cubierta del Tabernáculo encima de éste, por la parte de arriba; como Jehová había mandado a Moisés.
¶En seguida tomó las Tablas del Testimonio y las puso dentro del Arca, y puso las varas al Arca, y colocó el Propiciatorio por la parte de arriba.
Luego metió el Arca dentro de la Habitación, y puso en su lugar el velo de la cortina, y ocultó el Arca del Testimonio; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Luego colocó la mesa dentro del Tabernáculo de Reunión, al costado septentrional de la Habitación, fuera del velo.
Y arregló sobre ella los órdenes de pan delante de Jehová; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Luego puso el candelabro dentro del Tabernáculo de Reunión, frente a la mesa, al costado meridional de la Habitación;
y encendió las lámparas delante de Jehová; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Luego puso el altar de oro dentro del Tabernáculo de Reunión, delante del velo;
y quemó sobre él incienso de especias aromáticas; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Luego puso en su lugar la cortina de la entrada de la Habitación.
Asimismo puso el altar del holocausto a la entrada de la Habitación, es decir, del Tabernáculo de Reunión; y ofreció sobre él el holocausto y la ofrenda vegetal; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Luego puso la fuente entre el Tabernáculo de Reunión y el altar, y echó allí agua para lavar.
Y sacando agua de ella, Moisés y Aarón y los hijos de éste se lavaron las manos y los pies:
siempre que entraban en el Tabernáculo de Reunión, y siempre que se acercaban al altar, se lavaban; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Finalmente, erigió el atrio al rededor de la Habitación y del altar; y colocó en su lugar la cortina de la puerta del atrio. De esta suerte acabó Moisés la obra.
¶Entonces la nube cubrió el Tabernáculo de Reunión, y la gloria de Jehová llenó la Habitación.
Y no pudo Moisés entrar en el Tabernáculo de Reunión, porque la nube descansaba sobre éste, y la gloria de Jehová llenaba la Habitación.
¶Y cuando se alzaba la nube de encima de la Habitación, los hijos de Israel levantaban el campamento en todas sus jornadas.
Pero si no se alzaba la nube, entonces no levantaban el campamento hasta el día en que ella se alzaba.
Porque la nube de Jehová permanecía sobre la Habitación de día, y de noche había fuego en la nube, a la vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.
Y LLAMANDO Jehová a Moisés, le habló desde el Tabernáculo de Reunión, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de vosotros quisiere presentar oblación a Jehová, si fuere ésta de ganado, traerá su oblación de la vacada o del rebaño.
¶Si fuere su oblación holocausto tomado de la vacada, presentará a este efecto un macho sin tacha: a la entrada del Tabernáculo de Reunión lo presentará; para que sea acepto en favor suyo delante de Jehová.
Luego pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto; y será acepto en favor suyo, para hacer expiación por él.
En seguida será degollado el novillo delante de Jehová: y los hijos de Aarón, los sacerdotes, presentarán la sangre, y rociarán la sangre en derredor sobre el altar que está a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
Luego será desollado el holocausto, y se le cortará en sus piezas apropiadas.
Entonces los hijos de Aarón, los sacerdotes, dispondrán el fuego sobre el altar, y arreglarán la leña sobre el fuego.
Luego los hijos de Aarón, los sacerdotes, pondrán en orden las piezas, juntamente con la cabeza y el sebo, sobre la leña que habrá sobre el fuego que está encima del altar;
y, después de lavados en agua los intestinos y las piernas, el sacerdote hará consumir el todo sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato a Jehová.
¶Y si fuere su oblación holocausto del rebaño, es decir, de las ovejas o de las cabras, presentará a este efecto un macho sin tacha;
el cual será degollado al lado septentrional del altar, delante de Jehová: y los hijos de Aarón, los sacerdotes, rociarán su sangre sobre el altar en derredor.
En seguida se le cortará en sus piezas apropiadas, con su cabeza y su sebo. El sacerdote entonces los pondrá en orden sobre la leña que habrá sobre el fuego, que está encima del altar;
y, después de lavados en agua los intestinos y las piernas, el sacerdote presentará el todo, y lo hará consumir sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato a Jehová.
¶Mas si su oblación fuere de aves para holocausto a Jehová, presentará su oblación de tórtolas o de palominos:
y el sacerdote la traerá al altar; y de una uñada le cortará la cabeza, la cual hará consumir sobre el altar, después de exprimida la sangre sobre las paredes del altar.
Luego le quitará el buche, con la suciedad que contenga, y lo echará al lado oriental del altar, en el lugar de las cenizas.
En seguida la partirá por entre las alas, mas no la dividirá del todo; y el sacerdote la hará consumir sobre el altar, encima de la leña que estará sobre el fuego: holocausto es, ofrenda encendida de olor grato a Jehová.
Y CUANDO alguno quisiere presentar a Jehová oblación de ofrenda vegetal, de flor de harina será su oblación. Y derramará aceite sobre ella, y pondrá sobre ella olíbano:
y la traerá a uno de los sacerdotes, hijos de Aarón; el cual tomará de ello su puño lleno de la flor de harina, y del aceite de la oblación, con todo su olíbano; y el sacerdote hará consumir esto por memorial sobre el altar; ofrenda encendida es, de olor grato a Jehová.
Y lo que sobrare de la ofrenda vegetal será de Aarón y sus hijos; es cosa sacratísima de las ofrendas encendidas de Jehová.
¶Y si quisieres presentar oblación de ofrenda vegetal de lo cocido en horno, será de tortas ázimas de flor de harina mezclada con aceite, o de hojaldres ázimos untados con aceite.
¶Y si fuere tu oblación ofrenda vegetal de lo cocido en sartén, será de flor de harina, sin levadura, mezclada con aceite;
la cual harás pedazos, y derramarás sobre ella aceite: ofrenda vegetal es.
¶Y si fuere tu oblación ofrenda vegetal de lo cocido en cazuela, será hecha de flor de harina con aceite.
Y traerás a Jehová la ofrenda vegetal que sea hecha de estas cosas; la cual será presentada al sacerdote, y él la acercará al altar.
Y tomará el sacerdote de la ofrenda vegetal su memorial, y lo hará consumir sobre el altar; ofrenda encendida de olor grato a Jehová.
Y lo restante de la ofrenda vegetal será de Aarón y de sus hijos; es cosa sacratísima de las ofrendas encendidas de Jehová.
¶Ninguna ofrenda vegetal que presentareis a Jehová será preparada con levadura; porque no haréis consumir ninguna cosa hecha con levadura, ni con miel, por ofrenda. encendida a Jehová.
Como oblación de los primeros frutos, presentaréis tales ofrendas a Jehová; pero no han de ponerse sobre el altar como olor grato.
¶Y sazonarás con sal toda oblación de tus ofrendas vegetales; y nunca dejarás que falte de tus ofrendas vegetales la sal del pacto de tu Dios. Con toda oblación tuya presentarás sal.
¶Y si presentares a Jehová ofrenda vegetal de primicias, presentarás espigas tostadas a fuego, espigas nuevas machacadas, por ofrenda vegetal de primicias.
Y echarás sobre ellas aceite, y pondrás sobre ellas olíbano: ofrenda vegetal es.
Y el sacerdote hará consumir, como memorial de ella, parte de su grano machacado y de su aceite, además de todo su olíbano: es ofrenda encendida a Jehová.
Y SI fuere su oblación sacrificio de paces, si la presentare de la vacada, sea macho o hembra, la presentará sin tacha delante de Jehová.
Y pondrá la mano sobre la cabeza de su oblación, la cual será degollada a la entrada del Tabernáculo de Reunión: y los hijos de Aarón, los sacerdotes, rociarán la sangre sobre el altar en derredor.
Luego presentarán del sacrificio de paces, por ofrenda encendida a Jehová, el sebo que cubre los intestinos, es decir, todo el sebo que está sobre los intestinos,
y los dos riñones, con el sebo que hubiere sobre ellos, el que cubre los lomos, y el redaño de sobre el hígado; lo quitará juntamente con los riñones:
y los hijos de Aarón harán consumir esto en el altar, sobre el holocausto, que hubiere sobre la leña que está encima del fuego; es ofrenda encendida de olor grato a Jehová.
¶Y si su oblación de sacrificio de paces a Jehová fuere del rebaño, sea macho o hembra, la presentará sin tacha.
Si presentare un cordero por oblación suya, él la presentará delante de Jehová;
y pondrá la mano sobre la cabeza de su oblación, la cual será degollada delante del Tabernáculo de Reunión: y los hijos de Aarón rociarán la sangre sobre el altar al rededor.
Y se presentará en el altar, por ofrenda encendida a Jehová, el sebo del sacrificio de paces, con la cola grasosa entera, la cual se quitará a raíz del espinazo, y el sebo que cubre los intestinos, es decir, todo el sebo que está sobre los intestinos,
y los dos riñones, y el sebo que hubiere sobre ellos, el que cubre los lomos, y el redaño de sobre el hígado; lo quitará juntamente con los riñones;
y el sacerdote hará consumir esto sobre el altar; es pábulo de la ofrenda encendida de Jehová.
¶Y si fuere su oblación de las cabras, él la presentará delante de Jehová.
Luego poniendo su mano sobre la cabeza de ella, será degollada delante del Tabernáculo de Reunión: y los hijos de Aarón rociarán sangre sobre el altar al rededor.
Después se presentará de ella su oblación, por ofrenda encendida a Jehová, a saber, el sebo que cubre los intestinos, es decir, todo el sebo que está sobre los intestinos,
y los dos riñones, con el sebo que hubiere sobre ellos, el que cubre los lomos, y el redaño de sobre el hígado; lo quitará juntamente con los riñones:
y el sacerdote hará consumir esto sobre el altar; es pábulo de la ofrenda encendida, de olor grato. Todo el sebo es para Jehová:
Estatuto perpetuo será durante vuestras generaciones, en todas vuestras moradas, que no habéis de comer ni sebo ni sangre.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno pecare por ignorancia contra cualquiera de los mandamientos de Jehová relativos a cosas que no deben hacerse, haciendo cualquiera de aquellas cosas;
si fuere el ungido sumo sacerdote quien así pecare, trayendo culpa sobre el pueblo, presentará a Jehová por el pecado que ha cometido, un novillo joven, sin tacha, como ofrenda por el pecado.
Y traerá el novillo a la entrada del Tabernáculo de Reunión, delante de Jehová, y pondrá su mano sobre la cabeza del novillo; y será degollado el novillo delante de Jehová.
Luego el ungido sacerdote tomará de la sangre del novillo, y la llevará adentro del Tabernáculo de Reunión;
y mojando el sacerdote su dedo en la sangre, rociará de aquella sangre siete veces delante de Jehová, enfrente del velo del Santuario.
El sacerdote pondrá también de aquella sangre sobre los cuernos del altar del incienso aromático, delante de Jehová; es decir, del altar que está dentro del Tabernáculo de Reunión; y toda la demás sangre del novillo la derramará al pie del altar del holocausto, que está a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
Y quitará todo el sebo del novillo de la ofrenda por el pecado, el sebo que cubre los intestinos, es decir, todo el sebo que hubiere sobre los intestinos,
con los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, el que cubre los lomos, y el redaño de sobre el hígado; lo quitará juntamente con los riñones,
de la manera que se quita el del novillo del sacrificio de las paces; y el sacerdote hará consumir esto sobre el altar del holocausto.
Mas el cuero del novillo y toda su carne, además de su cabeza y sus piernas, con sus intestinos y su estiércol,
es decir, todo el novillo, lo sacará fuera del campamento a un lugar limpio, donde se derraman las cenizas, y allí lo quemará a fuego sobre la leña: en donde se echan las cenizas será quemado.
¶Y si toda la Congregación de Israel pecare por ignorancia, y la cosa fuere encubierta al conocimiento de la Asamblea, de modo que obrare contra cualquiera de los mandamientos de Jehová relativos a cosas que no deben hacerse, y así se hiciere culpable;
cuando llegare a conocerse el pecado que ha cometido, presentará la Asamblea un novillo joven, como ofrenda por el pecado, y le traerán delante del Tabernáculo de Reunión.
Y los ancianos de la Congregación pondrán sus manos sobre la cabeza del novillo, delante de Jehová; y será degollado el novillo delante de Jehová.
Entonces el ungido sacerdote traerá de la sangre del novillo adentro del Tabernáculo de Reunión;
y mojando el sacerdote su dedo en aquella sangre, la rociará siete veces delante de Jehová enfrente del velo.
Pondrá también de la sangre sobre los cuernos del altar que está delante de Jehová, el altar que está dentro del Tabernáculo de Reunión; y toda la demás sangre la derramará al pie del altar del holocausto, que está a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
Le quitará entonces todo su sebo, y lo hará consumir sobre el altar.
Así se hará con el novillo: de la manera que se hizo con el novillo de la ofrenda por el pecado, así se hará con él. De este modo el sacerdote hará expiación por ellos; y su pecado les será perdonado.
Después sacará el novillo fuera del campamento, y lo quemará, como quemó el novillo primero: ofrenda es por el pecado de toda la Asamblea.
¶Cuando un príncipe pecare por ignorancia, obrando contra cualquiera de los mandamientos de Jehová su Dios relativos a cosas que no deben hacerse, y así se hiciere culpable,
si se le hiciere conocer el pecado que ha cometido, traerá como ofrenda suya un macho cabrío sin tacha.
Y pondrá su mano sobre la cabeza del macho cabrío, el cual será degollado en el lugar donde se degüella el holocausto, delante de Jehová: es ofrenda por el pecado.
Entonces el sacerdote con su dedo tomará de la sangre de la ofrenda por el pecado, y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto; y la sangre restante la derramará al pie del altar del holocausto;
mas todo el sebo lo hará consumir en el altar, del mismo modo que el sebo del sacrificio de las paces. Así el sacerdote hará expiación por él con motivo de su pecado; y le será perdonado.
¶Y si alguna persona del pueblo pecare por ignorancia, obrando contra cualquiera de los mandamientos de Jehová relativos a cosas que no deben hacerse, y así se hiciere culpable,
si se le diere a conocer el pecado que ha cometido, traerá por su oblación una cabra, hembra sin tacha, con motivo del pecado que ha cometido.
Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda por el pecado; y será degollada la ofrenda por el pecado en el lugar donde se degüella el holocausto.
Entonces el sacerdote con su dedo tomará de la sangre de ella, y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto: y toda la sangre restante la derramará al pie del altar.
Luego se le quitará todo el sebo, de la manera que se quita el del sacrificio de las paces; y el sacerdote lo hará consumir en el altar, como olor grato a Jehová. Así el sacerdote hará expiación por el que pecó; y le será perdonado.
¶Y si trajere cordero como ofrenda por el pecado, hembra sin tacha habrá de traer.
Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda por el pecado, la cual será degollada, como ofrenda por el pecado, en el lugar donde se degüella el holocausto.
Entonces el sacerdote con su dedo tomará de la sangre de la ofrenda por el pecado, y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y toda la sangre restante la derramará al pie del altar.
Luego se le quitará todo el sebo, de la manera que se quita el sebo del sacrificio del cordero de las paces: y el sacerdote lo hará consumir en el altar, junto con las otras ofrendas encendidas de Jehová. Así el sacerdote hará expiación por el que pecó, con motivo del pecado que ha cometido; y le será perdonado.
Y CUANDO alguno pecare en esto: porque habiendo oído la voz de la imprecación, siendo él testigo respecto de algo que hubiere visto o que supiere, y con todo no lo manifestare, él llevará su iniquidad;
o si alguno tocare cualquiera cosa inmunda, ora sea cuerpo muerto de fiera inmunda, o cuerpo muerto de bestia inmunda, o cuerpo muerto de reptil inmundo, aun cuando el caso le fuere encubierto, él sin embargo es inmundo y es culpable;
o cuando alguno haya tocado inmundicia de hombre, de cualquiera clase de inmundicia suya con que se pueda contaminar, aunque esto le fuere encubierto, cuando llegue a saberlo, se tendrá por culpable;
o cuando alguno jurare inconsideradamente con sus labios hacer mal o hacer bien, respecto de cualquiera de aquellas cosas en que suelen los hombres hablar inconsideradamente con juramento; aunque le fuere encubierto, cuando llegue a saberlo, se tendrá por culpable en cuanto a cualquiera de estas cosas:
y será, que siendo culpable respecto de cualquiera de aquellas cosas, confesará contra sí aquello en que ha pecado,
y traerá a Jehová, como ofrenda suya por la culpa, por el pecado que ha cometido, una hembra de los rebaños, sea cordera o cabrita, como ofrenda por el pecado; y el sacerdote hará expiación por él con motivo de su pecado.
¶Y si sus recursos no alcanzaren lo suficiente para traer una cordera, traiga entonces a Jehová, como su ofrenda por la culpa, por aquello en que ha pecado, dos tórtolas o dos palominos, el uno para ofrenda por el pecado y el otro para holocausto.
Los traerá pues al sacerdote, quien presentará primero el que es para ofrenda por el pecado; y de una uñada le cortará la cabeza por la parte delantera del cuello, mas no la separará del todo.
Y rociará de la sangre de la ofrenda por el pecado sobre las paredes del altar; y lo restante de la sangre la exprimirá al pie del altar: es ofrenda por el pecado.
Y ofrecerá el segundo en holocausto, conforme al reglamento. Así hará el sacerdote expiación por él con motivo del pecado que cometió; y le será perdonado.
¶Mas si sus recursos no alcanzaren lo suficiente para traer dos tórtolas o dos palominos, traiga entonces el que ha pecado, como oblación suya, la décima parte de un efa de flor de harina para ofrenda por el pecado; no le pondrá aceite, ni echará sobre ella olíbano; porque es ofrenda por el pecado.
La traerá pues al sacerdote; y el sacerdote tomará de ella su puño lleno, como memorial de ella, lo cual hará consumir en el altar, encima de las demás ofrendas encendidas de Jehová: es ofrenda por el pecado.
Así el sacerdote hará expiación por el que pecó, en cuanto al pecado que cometió, en cualquiera de aquellas cosas; y le será perdonado. Y lo sobrante será para el sacerdote, lo mismo que la ofrenda vegetal.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Cuando alguno cometiere prevaricación contra Jehová, defraudando por ignorancia algo de las cosas santas de Jehová, traerá a Jehová, como su ofrenda por la culpa, un carnero sin tacha del rebano, del valor de dos siclos, según tu valuación, conforme al siclo del Santuario, para ofrenda por la culpa.
Y hará restitución de aquello que ha defraudado de la cosa santa, añadiendo su quinta parte sobre ello, y lo dará al sacerdote; y el sacerdote hará expiación por él con el carnero de la ofrenda por la culpa; y le será perdonado.
¶En fin, siempre que haya persona que pecare, obrando contra cualquiera de los mandamientos de Jehová relativos a cosas que no deben hacerse, aun cuando no lo supiere, será culpable y llevará su iniquidad.
Por lo cual traerá al sacerdote un carnero de los rebaños sin tacha, conforme a tu valuación, para ofrenda por la culpa; y el sacerdote hará expiación por él, con motivo del yerro que ha cometido por ignorancia, sin saberlo él; y le será perdonado.
Ofrenda por la culpa es; indudablemente él ha faltado a su deber para con Jehová.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Cuando alguno pecare, cometiendo prevaricación contra Jehová, mintiendo a su prójimo en cuanto a un depósito, o un convenio, o algún robo fraudulento; o cuando hubiere usado de extorsión para con su prójimo;
o hubiere encontrado lo perdido y mintiere respecto de ello, jurando en falso, en cualesquiera de aquellas cosas en que suelen los hombres pecar;
será entonces, cuando así pecare, que siendo culpable, devolverá lo que robó fraudulentamente, o lo que ganó con extorsión, o el depósito que le fué encomendado, o la cosa perdida que encontró,
o todo aquello de que juró en falso, haciendo la restitución íntegramente, y añadiendo su quinta parte sobre ello; a su dueño se lo dará en el día de su ofrenda por la culpa.
Además, traerá a Jehová, como su ofrenda por la culpa, un carnero sin tacha del rebaño, conforme a tu valuación, y lo dará al sacerdote como ofrenda por la culpa.
Y el sacerdote hará expiación por él delante de Jehová; y le será perdonado su pecado en cuanto a cualquiera de todas aquellas cosas que hubiere hecho, faltando en ello a su deber.
Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Manda a Aarón y a sus hijos, diciendo: Esta es la ley del holocausto: El holocausto estará sobre el combustible, encima del altar, toda la noche hasta la mañana; el fuego del altar ha de mantenerse ardiendo en éste.
Y el sacerdote se vestirá su ropa de lino blanco, también sus calzoncillos de lino blanco vestirá sobre su carne. Luego alzará las cenizas a que el fuego habrá reducido el holocausto sobre el altar, y las pondrá a un lado del altar.
En seguida se quitará aquellos vestidos, y se pondrá otros vestidos, y sacará las cenizas fuera del campamento a un lugar limpio.
El fuego empero sobre el altar arderá en éste; no se apagará, sino que el sacerdote quemará leña sobre él todas las mañanas, y pondrá en orden sobre él el holocausto, y hará consumir sobre él el sebo de las ofrendas pacíficas:
el fuego ha de arder perpetuamente sobre el altar; nunca se apagará.
¶Y esta es la ley de la ofrenda vegetal: La presentará uno de los hijos de Aarón delante de Jehová, enfrente del altar.
Y tomará de ella un puñado de la flor de harina de la ofrenda vegetal y de su aceite, con todo su olíbano que estará sobre la ofrenda vegetal; y hará consumir esto sobre el altar, como memorial de ella, de olor grato a Jehová.
Y lo sobrante de ella lo comerán Aarón y sus hijos; sin levadura será comido en lugar sagrado; dentro del atrio del Tabernáculo de Reunión lo han de comer.
No será cocido con levadura: se lo he dado a ellos como porción suya, de mis ofrendas encendidas; cosa sacratísima es, como lo es la ofrenda por el pecado, y como lo es la ofrenda por la culpa.
Todos los varones de los hijos de Aarón comerán de ello, como porción legal suya para siempre, durante vuestras generaciones, de las ofrendas encendidas de Jehová; todo cuanto las tocare será santificado.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Esta será la oblación de Aarón y de sus hijos, que ellos presentarán a Jehová desde el día en que él fuere ungido: la décima parte de un efa de flor de harina, como ofrenda vegetal perpetua, la mitad por la mañana y la otra mitad por la tarde.
En sartén será preparada con aceite; bien frita la traerás; como las preparaciones cocidas de la ofrenda vegetal; en pedazos la presentarás por olor grato a Jehová.
Y el sacerdote que de entre sus hijos fuere ungido en su lugar, habrá de ofrecerla: por estatuto perpetuo de Jehová será totalmente quemada.
Asimismo toda ofrenda vegetal de sacerdote será totalmente quemada; no será comida.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Esta es la ley de la ofrenda por el pecado: En el lugar donde se degüella el holocausto será degollada la ofrenda por el pecado, delante de Jehová: cosa sacratísima es.
El sacerdote que hiciere la ofrenda por el pecado la comerá; en lugar sagrado la comerá, dentro del atrio del Tabernáculo de Reunión.
Todo lo que tocare su carne será santificado; y cuando saltare de su sangre sobre algún vestido, lavarás aquello en que hubiere saltado, en lugar sagrado.
Y la vasija de barro en que fuere cocida será quebrada; y si fuere cocida en vasija de cobre, ésta será fregada y enjuagada con agua.
Todo varón de entre los sacerdotes podrá comer de ella; cosa sacratísima es.
Mas ninguna ofrenda por el pecado, de la cual fuere traída parte de su sangre dentro del Tabernáculo de Reunión para hacer expiación en el Santuario, será comida; a fuego será quemada.
Y ESTA es la ley de la ofrenda por la culpa; cosa sacratísima es:
En el lugar donde degüellan el holocausto, degollarán la ofrenda por la culpa; y su sangre será rociada sobre el altar en derredor.
Y de ella se presentará todo el sebo, la cola grasosa y el sebo que cubre los intestinos,
y los dos riñones y el sebo que está sobre ellos, el que cubre los lomos, y el redaño que está sobre el hígado; lo quitará juntamente con los dos riñones;
y el sacerdote harálo consumir sobre el altar, como ofrenda encendida a Jehová; es ofrenda por la culpa.
Todo varón de entre los sacerdotes podrá comer de ella; en lugar sagrado será comida: cosa sacratísima es.
Como es la ofrenda por el pecado, así también es la ofrenda por la culpa; las dos tienen una misma ley: será del sacerdote que hace la expiación con ella.
Y en cuanto al sacerdote que presentare el holocausto de cualquiera persona, el cuero del holocausto será del sacerdote que lo hubiere presentado.
También toda ofrenda vegetal que fuere cocida en horno, y toda aquella que fuere aderezada en cazuela, o en sartén, será del sacerdote que la presentare.
Mas toda ofrenda vegetal mezclada con aceite, o seca, será para todos los hijos de Aarón indistintamente; para los unos lo mismo que para los otros.
¶Y esta es la ley del sacrificio de las paces que se presentare a Jehová:
Si se presentare en acción de gracias, presentará con el sacrificio de acción de gracias tortas sin levadura mezcladas con aceite, y hojaldres sin levadura untados de aceite, y flor de harina frita en forma de tortas mezcladas con aceite.
Con tortas de pan fermentado presentará su oblación, además de su sacrificio de paces en acción de gracias.
Y presentará de ello una de cada oblación, por ofrenda alzada a Jehová; lo restante será del sacerdote que rociare la sangre de los sacrificios pacíficos.
Y la carne de su sacrificio pacífico en acción de gracias será comida en el día de su oblación; no quedará nada de ella hasta la mañana.
Pero si su oblación fuere en cumplimiento de un voto, u ofrenda voluntaria, podrá comerse el día en que él presentare su sacrificio, y también al día siguiente podrá comerse lo que de ella sobrare.
Mas si sobrare de la carne de su sacrificio hasta el día tercero, será quemada a fuego.
Y si se comiere parte alguna de la carne de su sacrificio de paces en el día tercero, la oblación no será acepta; no será imputada a favor de aquel que la presentó; antes por inmundicia será reputada; y la persona que la hubiere comido llevará su iniquidad.
¶Asimismo la carne que tocare cualquiera cosa inmunda no será comida; a fuego será quemada. Mas en cuanto a la carne no contaminada, toda persona limpia podrá comer de ella.
Pero la persona que comiere carne del sacrificio de las paces que se ha presentado a Jehová, teniendo sobre sí su inmundicia, será cortada la tal persona de entre su pueblo.
Y la persona que habiendo tocado cualquiera cosa inmunda, como inmundicia de hombre, o bestia inmunda, o inmundicia de cualquiera cosa detestable, y luego comiere de la carne del sacrificio de las paces que ha sido presentada a Jehová, será cortada la tal persona de entre su pueblo.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: No comeréis sebo de vaca ni de oveja ni de cabra.
Si bien el sebo de animal mortecino, o del desgarrado por fieras, podrá servir para cualquier oficio, pero de ninguna manera lo habéis de comer.
Porque todo aquel que comiere sebo de aquellos animales de los cuales se presentan ofrendas encendidas a Jehová, la persona que lo comiere será cortada de entre su pueblo.
¶Ni tampoco comeréis sangre en todas vuestras habitaciones, sea de aves o de reses.
Toda persona que comiere cualquiera clase de sangre, la tal persona será cortada de entre su pueblo.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: El que presentare a Jehová su sacrificio de paces, traerá a Jehová su oblación tomada de su sacrificio de paces.
Sus mismas manos han de traer las ofrendas encendidas de Jehová; el sebo a más del pecho traerá a este efecto; para que el pecho sea mecido como ofrenda mecida delante de Jehová.
Y el sacerdote hará consumir el sebo del sacrificio; mas el pecho será para Aarón y para sus hijos.
Daréis también al sacerdote, como ofrenda alzada, la pierna derecha de vuestros sacrificios pacíficos.
Aquel de los hijos de Aarón que presentare la sangre de las ofrendas pacíficas y el sebo, tendrá la pierna derecha como porción suya:
porque yo he tomado de los hijos de Israel, de sus ofrendas pacíficas, el pecho mecido y la pierna alzada, y se los he dado al sacerdote Aarón y a sus hijos como porción legal suya para siempre, de parte de los hijos de Israel.
Esto es lo que corresponde a la unción de Aarón y a la unción de sus hijos, de las ofrendas encendidas de Jehová, desde el día en que los hizo presentar a Jehová, para constituirlos sacerdotes;
lo cual mandó Jehová que se les diese de parte de los hijos de Israel, en el día que fueron ungidos, como porción legal suya para siempre, durante sus generaciones.
¶Tal es la ley del holocausto, y de la ofrenda vegetal, y de la ofrenda por el pecado, y de la ofrenda por la culpa, y de las consagraciones, y de los sacrificios pacíficos;
la cual Jehová prescribió a Moisés en el monte Sinaí, el día en que mandó a los hijos de Israel que presentasen sus oblaciones a Jehová, en el desierto de Sinaí.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Toma a Aarón y a sus hijos con él, juntamente con las vestiduras, y el aceite de la unción, y el novillo de la ofrenda por el pecado, y los dos carneros, y el canasto de los ázimos;
y reune toda la Congregación a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
É hizo Moisés como le había mandado Jehová; y reunióse la Congregación a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
¶Entonces Moisés dijo a la Congregación: Esto es lo que Jehová ha mandado hacer.
Luego hizo Moisés que se presentasen Aarón y sus hijos, y los lavó con agua.
En seguida le puso a Aarón la túnica, y le ciñó con el cinturón; y le vistió el manto del efod, y le puso encima el efod; y ciñéndole con el cinto del efod de labor primorosa, se lo aseguró con éste.
Luego puso sobre él el pectoral, y puso dentro del pectoral el Urim y el Tumim.
Después puso la mitra sobre su cabeza, y puso sobre la mitra, al frente de ella, la lámina de oro, la diadema santa; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Entonces Moisés tomó el aceite de la unción y ungió la Habitación, con todas las cosas que había en ella, y las santificó;
y roció de él sobre el altar siete veces, ungiendo así el altar con todos sus utensilios; ungió también la fuente y su base, para santificarlos.
Entonces derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, ungiéndole así, para santificarle.
En seguida Moisés hizo que se presentasen los hijos de Aarón, y les vistió las túnicas, y les ciñó los cinturones, y les ató las tiaras al rededor de la cabeza: como Jehová había mandado a Moisés.
Después hizo llegar el novillo de la ofrenda por el pecado; y Aarón y sus hijos pusieron las manos sobre la cabeza del novillo de la ofrenda por el pecado.
Luego fué degollado; y tomando Moisés la sangre, la puso con su dedo sobre los cuernos del altar al rededor, limpiando así del pecado el altar; y la demás sangre la derramó al pie del altar; de esta manera lo santificó, haciendo la expiación por él.
Tomando entonces todo el sebo que estaba sobre los intestinos, y el redaño de sobre el hígado, y los dos riñones con el sebo de ellos, los hizo consumir Moisés sobre el altar.
Mas el novillo, con su cuero y su carne y su estiércol, lo quemó a fuego fuera del campamento; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Después hizo llegar el carnero del holocausto; y Aarón y sus hijos pusieron las manos sobre la cabeza del carnero.
En seguida fué degollado; y roció Moisés la sangre sobre el altar en derredor.
Luego cortaron el carnero en sus trozos apropiados, y lo hizo consumir Moisés; la cabeza, con los trozos y el sebo;
mas se lavaron primero los intestinos y las piernas con agua; así Moisés hizo consumir todo el carnero sobre el altar; era holocausto, de olor grato; era ofrenda encendida a Jehová; como Jehová había mandado a Moisés.
En seguida hizo llegar el segundo carnero, el carnero de las consagraciones; y Aarón y sus hijos pusieron las manos sobre la cabeza del carnero.
Luego fué degollado; y tomó Moisés de la sangre, y la puso sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, y sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho.
¶Hizo entonces que se presentasen los hijos de Aarón; y les puso Moisés de aquella sangre sobre el lóbulo de la oreja derecha, y sobre el dedo pulgar de la mano derecha, y sobre el dedo pulgar del pie derecho; luego roció Moisés la sangre sobre el altar en derredor.
Después tomó el sebo, y la cola grasosa, y todo el sebo que estaba sobre los intestinos, y el redaño de sobre el hígado, y los dos riñones, y el sebo de ellos, y la pierna derecha;
y del canasto de los ázimos que había puesto delante de Jehová, tomó una torta de pan ázimo, y una torta de pan de aceite, y un hojaldre, y los puso sobre los sebos y sobre la pierna derecha;
entonces lo puso todo en las manos de Aarón y en las manos de sus hijos, y los hizo mecerlo por ofrenda mecida delante de Jehová.
Luego Moisés los tomó de sus manos; y los hizo consumir Moisés en el altar, encima del holocausto: era sacrificio de consagraciones, de olor grato; era ofrenda encendida a Jehová.
En seguida Moisés tomó el pecho y lo hizo mecer por ofrenda mecida delante de Jehová; fué esta la porción del carnero de las consagraciones que tocaba a Moisés; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Entonces Moisés tomó del aceite de la unción, y de la sangre que había puesto sobre el altar, y roció sobre Aarón y sobre sus vestiduras, y sobre sus hijos y sobre las vestiduras de sus hijos juntamente con él; así santificó a Aarón y sus vestiduras, y a sus hijos y a las vestiduras de sus hijos juntamente con él.
Y dijo Moisés a Aarón y a sus hijos: Coced la carne a la entrada del Tabernáculo de Reunión, y allí mismo comedla, con el pan que está en el canasto de las consagraciones; según he mandado, diciendo: Aarón y sus hijos la comerán.
Mas lo restante de aquella carne y de aquel pan lo quemaréis a fuego.
Y de la entrada del Tabernáculo de Reunión no saldréis por siete días; hasta el día que se cumplieren los días de vuestra consagración; porque siete días durará el rito de vuestra consagración.
De acuerdo con lo que se ha hecho hoy, ha mandado Jehová que se haga los demás días, para hacer expiación por vosotros.
Y a la entrada del Tabernáculo de Reunión os quedaréis día y noche; por siete días habéis de guardar el precepto de Jehová, para que no muráis; porque así fuí mandado.
E hicieron Aarón y sus hijos todo cuanto había mandado Jehová por conducto de Moisés.
Y ACONTECIÓ en el día octavo que llamó Moisés a Aarón y a sus hijos, juntamente con los ancianos de Israel;
y dijo a Aarón: Toma para ti un becerro de la vacada, para ofrenda por el pecado, y un carnero para holocausto, ambos sin tacha; y los presentarás delante de Jehová.
Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Tomad un macho cabrío para ofrenda por el pecado; y un becerro y un cordero, ambos de edad de un año, y sin tacha, para holocausto;
y un novillo y un carnero para ofrendas pacíficas, para sacrificarlos delante de Jehová; y una ofrenda vegetal mezclada con aceite; porque hoy Jehová se aparece a vosotros.
¶Entonces ellos trajeron delante del Tabernáculo de Reunión lo que había mandado Moisés; y presentóse allí toda la Congregación, y estuvo en pie delante de Jehová.
Y dijo Moisés: Esto es lo que ha mandado Jehová; hacedlo, y se os aparecerá la gloria de Jehová.
Dijo pues Moisés a Aarón: Llégate al altar, y ofrece tu ofrenda por el pecado, y tu holocausto, y haz la expiación por ti mismo y por el pueblo; luego ofrece la oblación del pueblo, y haz expiación por ellos; como ha mandado Jehová.
¶Llegóse pues Aarón al altar, y degolló el becerro de la ofrenda por el pecado, que era para él.
Y los hijos de Aarón le presentaron la sangre; y él, mojando el dedo en la sangre, la puso sobre los cuernos del altar; y la sangre restante la derramó al pie del altar;
y el sebo y los riñones y el redaño de sobre el hígado, de la ofrenda por el pecado, los hizo consumir en el altar; como había mandado Jehová a Moisés:
mas la carne y el cuero los quemó fuera del campamento.
Luego degolló el holocausto; y los hijos de Aarón le entregaron la sangre, y él la derramó sobre el altar en derredor.
Después le trajeron el holocausto, pieza por pieza, juntamente con la cabeza; y él los hizo consumir sobre el altar.
Y lavados los intestinos y las piernas, hizo consumir estos también encima del holocausto, sobre el altar.
En seguida presentó la oblación del pueblo; y tomando el macho cabrío de la ofrenda por el pecado que era para el pueblo, lo degolló, y ofreciólo por el pecado lo mismo que el primero.
Presentó entonces el holocausto, y ofreciólo conforme al reglamento.
Después presentó la ofrenda vegetal; y tomando un puño lleno de ella, lo hizo consumir sobre el altar, además del holocausto de la mañana.
En seguida degolló el novillo y el carnero, sacrificio de ofrendas pacíficas que era para el pueblo: y los hijos de Aarón le entregaron la sangre, y él la roció sobre el altar en derredor.
Le llevaron también los sebos del novillo y del carnero, y la cola grasosa de éste, y el sebo que cubre los intestinos, juntamente con los riñones y el redaño de sobre el hígado;
y pusieron los sebos sobre los pechos de los animales; y él hizo consumir los sebos en el altar;
mas los pechos, y la pierna derecha, los meció Aarón por ofrenda mecida delante de Jehová; como Moisés había mandado.
Entonces Aarón alzó las manos hacia el pueblo y los bendijo; en seguida descendió del altar donde había ofrecido la ofrenda por el pecado y el holocausto y las ofrendas pacíficas.
Y Moisés y Aarón entraron en el Tabernáculo de Reunión; después salieron y bendijeron al pueblo. Y apareció la gloria de Jehová a todo el pueblo;
y de la presencia de Jehová salió fuego que consumió de sobre el altar el holocausto y los sebos. Y como lo viese todo el pueblo, levantaron el grito, y cayeron sobre sus rostros.
EMPERO Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada cual su incensario, y echando en ellos fuego, pusieron sobre él incienso, y ofrecieron ante la presencia de Jehová un fuego extraño, que a ellos no les había mandado hacer.
Y de la presencia de Jehová salió fuego que los devoró; y murieron delante de Jehová.
Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto mismo es lo que habló Jehová, diciendo: He de ser santificado por los que se me acercan, y delante de todo el pueblo seré tenido en honra. Y Aarón enmudeció.
Llamó entonces Moisés a Misael y Elzafán, hijos de Uziel, tío de Aarón, y les dijo: Acercaos, y alzando a vuestros hermanos de delante del Santuario, sacadlos fuera del campamento.
Ellos pues se acercaron, y alzándolos como estaban, con sus túnicas puestas, los sacaron fuera del campamento, como había mandado Moisés.
Dijo también Moisés a Aarón y a sus hijos, Eleazar e Itamar: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestras vestiduras, no sea que muráis, y estalle la ira contra toda la Congregación: mas vuestros hermanos y toda la casa de Israel lamenten el incendio que ha hecho Jehová.
Y no salgáis de la entrada del Tabernáculo de Reunión, no sea que muráis; porque el aceite de la unción de Jehová está sobre vosotros. Y ellos hicieron conforme a la palabra de Moisés.
¶Entonces Jehová habló a Aarón, diciendo:
Ni tú ni tus hijos contigo habéis de beber vino ni licor fermentado cuando hubiereis de entrar en el Tabernáculo de Reunión, no sea que muráis: estatuto perpetuo es este durante vuestras generaciones;
a fin de que podáis hacer diferencia entre lo sagrado y lo profano, y entre lo inmundo y lo puro;
y para que enseñéis a los hijos de Israel todos los estatutos que les ha hablado Jehová por conducto de Moisés.
¶Y Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar e Itamar, los hijos que le quedaban: Tomad la ofrenda vegetal que sobra de las ofrendas encendidas de Jehová, y comedla sin levadura junto al altar; porque es cosa sacratísima:
la comeréis pues en lugar sagrado, por ser porción legal tuya, y porción legal de tus hijos, de las ofrendas encendidas de Jehová: porque así me fué mandado.
Y el pecho de la ofrenda mecida y la pierna de la ofrenda alzada, los comeréis en lugar limpio, tú y tus hijos y tus hijas contigo; porque como porción legal tuya, y porción legal de tus hijos, os han sido dados de los sacrificios pacíficos de los hijos de Israel.
Ellos traerán la pierna de la ofrenda alzada y el pecho de la ofrenda mecida, además de las ofrendas encendidas de los sebos, para hacerlos mecer por ofrenda mecida delante de Jehová; luego serán para ti, y para tus hijos contigo, porción legal perpetua; según ha mandado Jehová.
¶Moisés empero buscó con empeño el macho cabrío de la ofrenda por el pecado, y he aquí que había sido quemado: y estalló en ira contra Eleazar e Itamar, los hijos de Aarón que le quedaban, diciendo:
¿Por qué no comisteis la ofrenda por el pecado en lugar sagrado? porque cosa sacratísima es, y os ha sido dada para llevar la iniquidad de la Congregación, para hacer expiación por ellos delante de Jehová.
He aquí, no fué metida su sangre dentro del Santuario; debíais haberla comido sin falta en lugar sagrado, según os mandé.
Entonces Aarón respondió a Moisés: He aquí que ellos han presentado hoy su ofrenda por el pecado y su holocausto delante de Jehová; ¡y a mí me han sucedido tales cosas! si pues yo hubiera comido la ofrenda por el pecado hoy, ¿hubiera acaso sido acepto a Jehová?
Y cuando Moisés oyó esto, se dió por satisfecho.
Y HABLÓ Jehová a Moisés y a Aarón y les dijo:
Hablad a los hijos de Israel, diciendo: Estos son los animales que podréis comer, de entre todos los animales que hay sobre la tierra:
Todo aquel que es de pezuña (que tiene dividida la pata en dos uñas) y que rumia, entre los animales, ese podréis comer.
Estos empero no comeréis entre los que rumian, o entre aquellos que tienen la uña partida: El camello, pues aunque rumia, no tiene la pata dividida en dos uñas: será inmundo para vosotros.
Y el damán, porque rumia, mas no tiene la pata dividida: será inmundo para vosotros.
Y la liebre; porque rumia, mas no tiene la pata dividida; será inmunda para vosotros.
Y el cerdo; pues aunque es de pezuña, teniendo la pata dividida en dos uñas, no rumia: será inmundo para vosotros.
De la carne de ellos no comeréis, y sus cuerpos muertos no tocaréis; os serán inmundos.
¶Estos podréis comer entre los animales que viven en las aguas: Todo lo que tiene aletas y escamas, en las aguas de los mares y de los ríos, eso podréis comer;
mas todo lo que no tiene aletas y escamas, en los mares y en los ríos, de todo lo que se mueve en las aguas, y de todos los animales que habitan en las aguas, os será detestable,
y continuará siendo detestable para vosotros: de sus carnes no comeréis, y sus cuerpos muertos tendréis por detestables.
Todo animal en las aguas que no tiene aletas y escamas detestable os será.
¶Entre las aves tendréis a las siguientes por detestables; no se comerán; os serán detestables: el águila, el quebrantahuesos, y el águila marina;
y el milano, y el halcón, según sus especies;
y todo cuervo según sus especies;
y el avestruz, y la lechuza, y la gaviota, y el gavilán, según sus especies;
y el cuervo marino, el somorgujo, y el buho,
y el cisne, y el pelícano, y el buitre,
y la cigüeña, y la garza, según sus especies; y la abubilla, y el murciélago.
¶Todo insecto alado que anda sobre cuatro pies, os será detestable.
No obstante estos podréis comer de todos los insectos alados que andan sobre cuatro pies, a saber, los que tienen dos piernas largas además de sus cuatro pies, para saltar con ellas sobre la tierra;
de ellos podréis comer éstos: la langosta arbeh según su especie,y la salom según su especie, y la hargol según su especie, y la hagab según su especie.
Todo otro insecto alado que tiene cuatro pies, os será detestable.
¶Por medio de estos animales, pues, seréis contaminados; todo aquel que tocare sus cuerpos muertos quedará inmundo hasta la tarde;
y todo aquel que alzare algo de sus cuerpos muertos lavará sus vestidos, y quedará inmundo hasta la tarde.
Asimismo los cuerpos muertos de todos los animales de pezuña que no tienen dividida la pata en dos uñas, o que no rumian, inmundos serán para vosotros; todo aquel que los tocare quedará inmundo.
Y todas los animales que andan sobre sus garras, entre cuantos andan sobre cuatro pies, os serán inmundos; todo aquel que tocare sus cuerpos muertos quedará inmundo hasta la tarde:
y el que hubiere sacado el cuerpo muerto de ellos, lavará sus vestidos, y quedará inmundo hasta la tarde: inmundos serán para vosotros.
¶Asimismo estos os serán inmundos entre los que andan arrastrándose sobre el suelo: La comadreja, y el ratón, y la tortuga, según sus especies;
y el erizo, y el cocodrilo, y el lagarto, y la lagartija, y el camaleón.
Estos os serán inmundos de entre todos los que se arrastran; todo aquel que los tocare, después de muertos, quedará inmundo hasta la tarde.
Y todo aquello sobre que cayere algo de ellos, después de muertos, quedará inmundo; ora sea cualquiera clase de utensilios de madera, ora sean vestidos, o pieles, o sacos, o en fin, cualquier instrumento con que se hace oficio alguno: en agua será metido, y estará inmundo hasta la tarde: después quedará limpio.
¶Asimismo en cuanto a toda vasija de barro en que cayere cualquiera parte de ellos, todo lo que hubiere dentro de ellas quedará inmundo, y la vasija misma quebraréis.
Todo alimento que es lícito comer sobre el cual viniere agua de las tales vasijas, quedará inmundo; y toda bebida que es lícito beber, que estuviere en cualquiera de las tales vasijas, quedará inmunda.
Y todo aquello sobre que cayere algo de sus cuerpos muertos, quedará inmundo; sea horno o fogón para ollas, será derribado: inmundos son para vosotros, e inmundos os quedarán.
Empero una fuente o una cisterna, siendo recopilación de aguas, quedará limpia; mas lo que hubiere tocado los cuerpos muertos de estos animales, quedará inmundo.
¶De igual manera cuando cayere algo de sus cuerpos muertos sobre cualquiera clase de semilla de sembradura, que haya de sembrarse, quedará limpia.
Mas si se hubiere mojado la semilla, y cayere algo de sus cuerpos muertos sobre ella, inmunda os será.
¶Y cuando muriere algún animal de aquellos que os es lícito comer, el que tocare su cuerpo muerto quedará inmundo hasta la tarde;
y el que comiere de su cuerpo muerto, lavará sus vestidos, y quedará inmundo hasta la tarde. Asimismo aquel que sacare su cuerpo muerto, lavará sus vestidos, y quedará inmundo hasta la tarde.
¶Todo reptil que anda arrastrándose sobre la tierra os será detestable; no se comerá.
Todo lo que anda sobre su vientre, y todo lo que anda sobre cuatro patas, o que tuviere muchos pies, entre todos los reptiles que andan arrastrándose sobre la tierra, no lo comeréis, porque os será detestable.
No hagáis detestables vuestras personas con ninguna clase de reptil, que anda arrastrándose, ni os hagáis inmundos con ellos, de modo que seáis contaminados por medio de ellos:
porque yo soy Jehová vuestro Dios; por lo mismo os santificaréis, y seréis hombres santos, porque yo soy santo; y no habéis de contaminaros con ninguna clase de reptil que anda arrastrándose sobre la tierra.
Porque yo soy Jehová que os hago subir de la tierra de Egipto, a fin de hacerme el Dios de vosotros; habéis pues de ser santos, porque yo soy santo.
¶Esta es la ley respecto de las bestias, y de las aves, y de todo animal que se mueve en las aguas, y de todo animal que anda arrastrándose sobre la tierra;
para que hagáis distinción entre lo inmundo y lo limpio, y entre el animal que se puede comer, y el animal que no se puede comer.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel, y diles: La mujer, cuando hubiere concebido y dado a luz un hijo varón, quedará inmunda siete días: conforme a los días de la impureza por su enfermedad mensual, quedará inmunda.
Y al octavo día será circuncidado el niño en la carne de su prepucio:
mas ella permanecerá treinta y tres días purificándose de sus sangres. Ninguna cosa santa debe ella tocar, ni ha de ir al Santuario, hasta cumplirse los días de su purificación.
Mas si hubiere dado a luz hembra, quedará inmunda por dos semanas, conforme a los días de su impureza, y permanecerá sesenta y seis días purificándose de sus sangres.
Y al cumplirse los días de su purificación, por hijo o por hija, traerá un cordero del primer año para holocausto, y un palomino o una tórtola para ofrenda por el pecado, a la entrada del Tabernáculo de Reunión, al sacerdote,
el cual los presentará delante de Jehová, haciendo expiación por ella y purificándola del flujo de su sangre. Esta es la ley respecto de la que hubiere dado a luz varón o hembra.
¶Mas si sus recursos no alcanzaren lo suficiente para traer el cordero, tome dos tórtolas o dos palominos, el uno para holocausto y el otro para ofrenda por el pecado; y el sacerdote hará expiación por ella, y así quedará limpia.
Y HABLÓ Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo:
Cuando algún hombre tuviere en la piel de su carne hinchazón, escama o mancha lustrosa, que hubiere venido a ser llaga de lepra en la piel de su carne, será llevado a Aarón, sumo sacerdote, o a uno de sus hijos, los sacerdotes:
y el sacerdote mirará la llaga que hubiere en la piel de su carne; y si el pelo en la parte llagada se hubiere vuelto blanco, y pareciere la llaga estar más hundida que la piel de su carne, llaga de lepra es: y cuando mirare el sacerdote al hombre, le declarará inmundo.
¶Mas si la mancha lustrosa fuere blanca en la piel de su carne, y pareciere no estar más hundida que la piel, ni el pelo se hubiese vuelto blanco, el sacerdote hará encerrar al llagado por siete días.
Y le mirará el sacerdote al día séptimo, y si viere que a su parecer la llaga se ha detenido, y no ha cundido la llaga en la piel, el sacerdote le hará encerrar otros siete días.
Y le mirará el sacerdote al cumplirse el segundo plazo de siete días; y si viere que la llaga ha palidecido, y que no ha cundido en la piel, el sacerdote le declarará limpio; es escama: lavará pues sus vestidos, y quedará limpio.
¶Mas si indudablemente la escama estuviere cundiendo en la piel, después que él hubiese sido visto del sacerdote para limpiarle, será visto otra vez del sacerdote.
Y si al mirarle el sacerdote, viere que la escama ha cundido en la piel, el sacerdote le declarará inmundo: lepra es.
¶Cuando hubiere llaga de lepra en algún hombre, éste será llevado al sacerdote;
y el sacerdote le mirará, y si viere que hay hinchazón blanca en la piel, la cual ha mudado en blanco el color del pelo, y que hay un encrudecimiento de carne viva en la hinchazón;
es lepra inveterada en la piel de su carne: y el sacerdote le declarará inmundo; no le hará encerrar, porque él es inmundo.
Empero si hubiere cundido mucho la lepra supuesta en la piel, de modo que la lepra cubriere toda la piel del llagado desde la cabeza hasta los pies, en todo lo que alcanzaren a ver los ojos del sacerdote;
entonces le mirará el sacerdote, y si viere que la lepra supuesta ha en efecto cubierto toda su carne, declarará limpio al llagado: hase vuelto todo blanco; él es limpio.
Mas en cualquier día que se viere en él carne viva, quedará inmundo;
y cuando viere el sacerdote la carne viva, le declarará inmundo; la carne viva es inmunda: lepra es.
O si mudare la carne viva y se volviere blanca, él se llegará al sacerdote;
y si, al mirarle el sacerdote, viere que se ha vuelto blanca la llaga supuesta, el sacerdote declarará limpio al llagado; él es limpio.
¶Asimismo cuando hubiere en la piel de la carne de alguno una úlcera, la cual hubiere sanado,
y sucediere en el lugar de la úlcera una hinchazón blanca, o una mancha lustrosa, rojiza blanca, entonces ésta será vista del sacerdote.
Y si al mirarla el sacerdote, viere que parece estar mas deprimida que la piel, y su pelo se ha vuelto blanco, entonces el sacerdote declarará al hombre inmundo: llaga de lepra es; ha brotado en la úlcera.
Mas si al mirarla el sacerdote, viere que no hay en ella pelo blanco, ni está más deprimida que la piel, y ha palidecido, el sacerdote encerrará al llagado siete días.
Y si cundiere mucho en la piel, el sacerdote le declarará inmundo; llaga es.
Pero si la mancha lustrosa se detuviere en su lugar, y no hubiere cundido, es cicatriz de la úlcera; y el sacerdote le declarará limpio.
¶O cuando hubiere en la piel de la carne quemadura de fuego, y sucediere una revivificación de la quemadura en forma de mancha lustrosa, rojiza blanca, o solo blanca;
la mirará el sacerdote; y si viere que el pelo se ha vuelto blanco en la mancha lustrosa, y ella pareciere estar más hundida que la piel, es lepra; ha brotado en la quemadura; el sacerdote le declarará inmundo; llaga de lepra es.
Pero si al mirarla el sacerdote, viere que no hay en la mancha lustrosa pelo blanco, ni está más deprimida que la piel y ha palidecido, el sacerdote hará encerrar al hombre siete días.
Luego le mirará el sacerdote en el día séptimo; y si la mancha hubiere cundido en la piel, el sacerdote le declarará inmundo: llaga de lepra es.
Pero si la mancha lustrosa se detuviere en su lugar, y no hubiere cundido en la piel, mas hubiere palidecido, hinchazón de quemadura es, y el sacerdote le declarará limpio; porque es cicatriz de la quemadura.
¶Asimismo cuando algún hombre o mujer tuviere llaga en la cabeza o en la barba,
el sacerdote mirará la llaga, y si viere que al parecer está más hundida que la piel, y que hay en ella pelo amarillento adelgazado, el sacerdote le declarará inmundo, es tiña; lepra es de la cabeza o de la barba.
Mas si mirare el sacerdote la llaga de la tiña, y viere que al parecer no está más hundida que la piel, aunque no hubiere en ella pelo negro, el sacerdote hará encerrar al llagado de la tiña siete días.
Luego mirará el sacerdote al llagado en el día séptimo; y si viere que no ha cundido la tiña, ni hay en ella pelo amarillento, ni parece la tiña estar más hundida que la piel,
se le rasurará, mas no se rasurará el lugar de la tiña; y el sacerdote hará encerrar al que tiene la tiña otros siete días.
Luego mirará el sacerdote la tiña en el séptimo día; y si viere que no ha cundido la tiña en la piel, ni parece estar más hundida que la piel, el sacerdote le declarará limpio: lavará pues sus vestidos, y quedará limpio.
Pero si la tiña cundiere mucho en la piel, después de la purificación del llagado,
le mirará el sacerdote; y si viere que en efecto ha cundido la tiña en la piel, el sacerdote no buscará el pelo amarillento; aquella persona es inmunda.
Pero si a su parecer la tiña se ha detenido, y ha nacido en ella pelo negro, ha sanado de la tiña el llagado: es limpio, y el sacerdote le declarará limpio.
¶Asimismo cuando algún hombre o mujer tuviere en la piel de su carne manchas lustrosas, manchas lustrosas blancas,
le mirará el sacerdote: y si viere que las manchas lustrosas en la piel de su carne son de color blanquizco, albarazo es que ha brotado en la piel; el hombre es limpio.
¶Asimismo cuando a alguno se le cayere el cabello, calvo es, pero limpio.
Y si de la parte delantera de la cabeza se le cayere el cabello, es calvo por delante, pero limpio
Mas cuando en la calva, por detrás o por delante, hubiere llaga rojiza blanca, es lepra que va brotando en la calva, ya sea por detrás, ya por delante.
Le mirará pues el sacerdote, y si viere que la hinchazón de la llaga es rojiza blanca en la parte calva, ya sea por detrás ya por delante, como la apariencia de lepra en la piel de su carne,
el hombre es leproso; inmundo es: el sacerdote ciertamente le declarará inmundo: en su cabeza está la llaga.
¶Y en cuanto al hombre leproso que tuviere la llaga, sus vestidos han de quedar rasgados, y su cabeza ha de estar descubierta, y él se tapará la boca, y clamará de continuo: ¡Inmundo! ¡inmundo!
Todo el tiempo que tuviere la llaga, quedará inmundo; inmundo es: habitará solo; fuera del campamento será su morada.
¶Asimismo cuando hubiere en algún vestido llaga de lepra, sea en vestido de lana o en vestido de lino,
(ora esté en la urdimbre ora en la trama, de lino o de lana), o en piel, o en cualquiera obra de pieles;
entonces si la llaga es verdosa o rojiza en el vestido, o en la piel, (ora esté en la urdimbre ora en la trama), o en cualquier ajuar de pieles, llaga de lepra es, y será mostrada alsacerdote.
El sacerdote pues mirará la llaga, y hará encerrar la cosa llagada por siete días.
Y mirará la cosa llagada al séptimo día; y si hubiere cundido la llaga en el vestido, (ora sea en la urdimbre ora en la trama), o en piel, o en cualquiera obra que se hace de pieles, lepra roedora es la tal llaga: el objeto es inmundo.
Por lo cual él quemará el vestido, (ya esté llagado en la urdimbre ya en la trama, de lana o de lino), o cualquier ajuar de piel en que estuviere la llaga; porque lepra roedora es: será quemado a fuego.
Mas si al mirarla el sacerdote, viere que no ha cundido la llaga en el vestido (ni en la urdimbre ni en la trama), o en cualquier ajuar de pieles;
entonces mandará el sacerdote lavar aquello en que estuviere la llaga, y lo hará encerrar otros siete días.
Luego mirará el sacerdote la cosa llagada, después que fuere lavada; y si viere que la llaga no ha mudado de aspecto, aunque no haya cundido la llaga, inmunda es; la quemarás a fuego; es una corrosión; ora sea que lo raído del género esté por su derecho o esté por su revés.
Mas si al mirarla el sacerdote viere que ha palidecido la parte llagada, después que fuere lavada, entonces la rasgará del vestido, o de la piel, o de la urdimbre o de la trama.
Pero si volviere a aparecer en aquel vestido (ora en la urdimbre ora en la trama), o en cualquier ajuar de pieles, es llaga que vuelve a brotar; quemarás a fuego aquello en que estuviere la tal lepra.
Mas el vestido (llagado en la urdimbre o en la trama) o cualquier ajuar de pieles, que lavares y se le quitare la llaga, se lavará segunda vez y quedará limpio.
¶Esta es la ley de la lepra del vestido, de lana o de lino, (ora sea de la urdimbre ora de la trama), o de cualquier ajuar de pieles; para declararlo limpio, o para declararlo inmundo.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Esta será la ley tocante al leproso, en el día de su purificación: Será llevado al sacerdote.
Por lo cual el sacerdote saldrá fuera del campamento; y si al mirarle el sacerdote, viere que la llaga de la lepra está ya sana en el leproso,
mandará el sacerdote que se tomen para aquel que se va a purificar dos avecillas limpias, vivas, con madera de cedro y lana escarlata e hisopo.
Luego el sacerdote mandará degollar una de las avecillas en una vasija de barro sobre aguas corrientes.
En cuanto a la avecilla viva, la tomará juntamente con la madera de cedro y la lana escarlata y el hisopo, y mojándolos, juntamente con la avecilla viva, en la sangre de la avecilla degollada sobre las aguas corrientes,
rociará sobre aquel que se va a purificar de la lepra, siete veces, purificándole así: luego soltará la avecilla viva sobre la haz del campo.
Entonces aquel que se purifica lavará sus vestidos, y se raerá todo el pelo, y se lavará con agua, y quedará limpio: y después de esto podrá entrar en el campamento; mas habitará fuera de su tienda siete días.
¶Y sucederá que al séptimo día volverá a raerse todo el pelo, así de su cabeza como de su barba y las cejas; en fin, raerá todo su pelo; luego lavará sus vestidos; lavará también sus carnes con agua, y quedará limpio.
Y el día octavo tomará dos corderos sin tacha, y una cordera del primer año sin tacha, y una ofrenda vegetal de tres décimas de un efa de flor de harina mezclada con aceite, y un log de aceite.
Entonces el sacerdote que le purifica, hará que el hombre que se está purificando se presente, juntamente con aquellas cosas, delante de Jehová, a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
Luego tomará el sacerdote uno de los corderos y le presentará como ofrenda por la culpa, juntamente con el log de aceite; y los mecerá por ofrenda mecida delante de Jehová.
En seguida será degollado el cordero en el lugar donde se degüella la ofrenda por el pecado y el holocausto, en lugar sagrado; porque así como la ofrenda por el pecado es del sacerdote, también lo es la ofrenda por la culpa; cosa sacratísima es.
Después el sacerdote tomará de la sangre de la ofrenda por la culpa, y la pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha de aquel que se purifica, y sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho.
¶Entonces tomará el sacerdote parte del log de aceite y lo derramará sobre la palma de su mano izquierda:
y mojará el sacerdote el dedo índice derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda, y con su dedo rociará del aceite siete veces delante de Jehová.
Y de lo que sobrare del aceite que tiene en su mano, pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, y sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho, encima de la sangre de la ofrenda por el pecado.
Y lo restante del aceite que hubiere en la mano del sacerdote, lo pondrá sobre la cabeza de aquel que se purifica; y el sacerdote hará expiación por él delante de Jehová.
¶Entonces el sacerdote sacrificará la ofrenda por el pecado, y hará expiación por aquel que se purifica de su inmundicia; y después degollarán el holocausto.
Y el sacerdote ofrecerá el holocausto y la ofrenda vegetal sobre el altar: así el sacerdote hará expiación por él; y quedará limpio.
¶Mas si fuere pobre, y sus recursos no alcanzaren a tanto, tome un cordero para ofrenda por la culpa, como ofrenda mecida, para hacer expiación por él, y la décima parte de un efa de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal, y un log de aceite,
y dos tórtolas o dos palominos, tales a cuales sus recursos alcanzaren; y servirá el uno para ofrenda por el pecado y el otro para holocausto:
las cuales ofrendas llevará, al octavo día de su purificación, al sacerdote, a la entrada del Tabernáculo de Reunión, delante de Jehová.
Entonces el sacerdote tomará el cordero de la ofrenda por la culpa y el log de aceite, y los mecerá el sacerdote por ofrenda mecida delante de Jehová.
Luego degollarán el cordero de la ofrenda por la culpa; y tomará el sacerdote de la sangre de la ofrenda por la culpa, y la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha de aquel que se purifica, y sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho.
Y el sacerdote derramará parte del aceite sobre la palma de su mano izquierda;
y con el dedo índice derecho el sacerdote rociará del aceite que tiene en su mano izquierda siete veces delante de Jehová.
Entonces el sacerdote pondrá del aceite que tiene en su mano sobre el lóbulo de la oreja derecha de aquel que se purifica, y sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho; encima del lugar donde se puso la sangre de la ofrenda por la culpa.
Y lo restante del aceite que hubiere en la mano del sacerdote, lo pondrá sobre la cabeza de aquel que se purifica: haciendo así expiación por él delante de Jehová.
¶En seguida ofrecerá una de las tórtolas, o de los palominos, ofrendas a que alcanzaren sus recursos;
(sí, a que alcanzaren sus recursos), la una para ofrenda por el pecado, y la otra para holocausto, además de la ofrenda vegetal. Así el sacerdote hará expiación por aquel que se purifica, delante de Jehová.
Esta es la ley en cuanto al que tiene llaga de lepra, cuyos recursos no alcanzan a más para su purificación.
¶Y habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo:
Cuando hubiereis entrado en la tierra de Canaán, que os daré a poseer, y yo pusiere llaga de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión;
entonces vendrá aquel de quien fuere la casa, y dará aviso al sacerdote, diciendo: Me parece que hay como llaga de lepra en mi casa.
Por lo cual mandará el sacerdote que vacíen la casa antes de que el sacerdote entre a examinar la llaga, para que todo lo que hubiere en la casa no quede contaminado; y después de esto entrará el sacerdote a verla.
Luego mirará la llaga; y si viere que la llaga está en las paredes de la casa, en forma de depresiones verdosas y rojizas, que parecen estar mas hundidas que lo restante de la pared;
el sacerdote saldrá fuera de la casa hasta la entrada de ella; y hará cerrar la casa por siete días.
Y volverá el sacerdote al día séptimo y mirará; y si viere que ha cundido la lepra en las paredes de la casa,
el sacerdote mandará arrancar las piedras en que estuviere la llaga y arrojarlas fuera de la ciudad en lugar inmundo.
Luego hará raspar la casa por dentro todo en derredor; y el polvo que hubieren quitado raspando, lo echarán fuera de la ciudad en lugar inmundo.
Tomarán entonces otras piedras y las volverán a poner en lugar de aquellas piedras, y tomarán otra mezcla y revocarán la casa.
Mas si volviere la llaga a brotar en la casa, después de arrancarse las piedras, y después de rasparse la casa, y después de revocarla,
entonces entrará el sacerdote, y la mirará; y si viere que la llaga ha cundido en la casa, es lepra inveterada en la casa; ésta es inmunda.
Por lo cual derribarán aquella casa; y sus piedras y sus maderas y todo el escombro de la casa, lo sacarán fuera de la ciudad, a lugar inmundo.
Y cualquiera que entrare en aquella casa todo el tiempo que estuviere cerrada, quedará inmundo hasta la tarde.
Asimismo el que se acostare en aquella casa lavará sus vestidos; también el que comiere en aquella casa lavará sus vestidos.
Empero si al entrar el sacerdote viere que no ha cundido la plaga en la casa, después de revocada, el sacerdote declarará limpia la casa, porque ha sanado de la llaga.
¶Entonces para limpiar la casa, tomará dos avecillas, y madera de cedro, y lana escarlata, e hisopo;
y degollará una de las avecillas en una vasija de barro, sobre aguas corrientes.
Luego tomará la madera de cedro y el hisopo y la lana escarlata, juntamente con la avecilla viva, y los mojará en la sangre de la avecilla degollada y en las aguas corrientes; y rociará la casa siete veces.
Así limpiará la casa con la sangre de la avecilla, y con las aguas corrientes, y con la avecilla viva, y con la madera de cedro, y con el hisopo y con la lana escarlata.
Luego soltará la avecilla viva fuera de la ciudad, sobre la haz del campo. Así hará expiación por la casa, la cual quedará limpia.
¶Esta es la ley acerca de toda suerte de lepra, y de toda suerte de tiña,
y de la lepra del vestido, y de la de las casas;
y de las hinchazones, y de las escamas, y de las manchas relucientes;
para indicar cuando alguna cosa es inmunda y cuando es limpia. Esta es la ley respecto de la lepra.
Y HABLÓ Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo:
Hablad a los hijos de Israel y decidles: Cualquier hombre que tuviere flujo de su carne, a causa de su flujo estará inmundo.
Y lo mismo será su inmundicia a causa de su flujo, ya sea que su carne mane a causa de su flujo, ya sea que esté obstruída su carne a causa de su flujo: de cualquier modo, su inmundicia es.
Toda cama sobre la cual se acostare el que padece flujo, quedará inmunda; y cada mueble en que se sentare, quedará inmundo.
Y cualquiera persona que tocare su cama lavará sus vestidos, y a sí misma se lavará con agua, y quedará inmunda hasta la tarde.
Además el que se sentare sobre el mueble en que se haya sentado el que padece flujo, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y quedará inmundo hasta la tarde.
También el que tocare la carne de aquel que padece el flujo, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y quedará inmundo hasta la tarde.
Y si el que tiene el flujo escupiere en persona limpia, ésta lavará sus vestidos, y a sí misma se lavará con agua, y quedará inmunda hasta la tarde.
Y cualquiera montura en que cabalgare el que padece flujo, quedará inmunda.
Y toda persona que tocare cualquiera cosa que hubiere estado debajo de él, quedará inmunda hasta la tarde. Así también el que llevare aquellas cosas, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y quedará inmundo hasta la tarde.
Y todo aquel a quien tocare el que padece flujo, sin haberse lavado bien las manos con agua, él también lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y quedará inmundo hasta la tarde.
Y la vasija de barro que hubiere tocado el que padece flujo, será quebrada, y todo utensilio de madera será enjuagado bien con agua.
¶Y cuando el que padece flujo sanare de su flujo, ha de contar siete días para su purificación; y lavará sus vestidos, lavará también sus carnes en aguas corrientes, y quedará limpio.
Entonces al octavo día tomará para sí dos tórtolas, o dos palominos, y se presentará delante de Jehová a la entrada del Tabernáculo de Reunión, y dará las aves al sacerdote:
y el sacerdote las ofrecerá, la una para ofrenda por el pecado y la otra para holocausto; y así el sacerdote hará expiación por él delante de Jehová, a causa de su flujo.
¶El hombre, siempre que saliere de él emisión involuntaria de simiente, lavará con agua toda su carne, y quedará inmundo hasta la tarde.
También toda ropa y toda piel sobre la cual estuviere la emisión de simiente, será lavada con agua, y quedará inmunda hasta la tarde.
La mujer también con quien se acostare el hombre que tuviere la emisión de simiente, una y otro sé lavarán con agua y quedarán inmundos hasta, la tarde.
¶Asimismo la mujer cuando tuviere flujo, siendo de sangre el flujo de su carne, por espacio de siete días estará en su impureza, y todo aquel que la tocare quedará inmundo hasta la tarde.
Aquello también en que ella se acostare durante su impureza, quedará inmundo; y todo aquello en que se sentare quedará inmundo.
También todo aquel que tocare su cama, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y quedará inmundo hasta la tarde.
Además todo aquel que tocare cualquier mueble en que ella se haya sentado, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y quedará inmundo hasta la tarde.
Y si alguna cosa estuviere sobre la cama, o sobre el mueble donde ella se haya sentado, cualquiera que la tocare quedará inmundo hasta la tarde.
Y si de manera alguna se acostare varón con ella, y viniere sobre él la inmundicia de ella, quedará inmundo siete días; y toda cama en que él se acostare quedará inmunda.
¶Asimismo cuando una mujer padeciere flujo de su sangre por muchos días fuera del tiempo de su impureza acostumbrada, o cuando tuviere flujo más allá del tiempo de su impureza; todo el tiempo del flujo de su inmundicia le será como los días de su impureza: ella quedará inmunda.
Cualquiera cama en que se acostare todo el tiempo de su flujo, le será como la cama de su impureza; y todo mueble en que se sentare quedará inmundo, lo mismo que en la inmundicia de su impureza acostumbrada.
También cualquiera que tocare aquellas cosas, quedará inmundo, y lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y quedará inmundo hasta la tarde.
Y cuando ella sanare de su flujo, contará para sí siete días, después de los cuales quedará limpia.
Y al octavo día tomará para sí dos tórtolas o dos palominos, y los traerá al sacerdote, a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
Y el sacerdote ofrecerá el uno para ofrenda por el pecado y el otro para holocausto; y así el sacerdote hará expiación por ella delante de Jehová, a causa de su flujo de sangre.
¶De esta manera separaréis a los hijos de Israel de sus inmundicias, para que no mueran por sus inmundicias cuando contaminen mi Habitación que está en medio de ellos.
Esta es la ley respecto del que padece flujo, y de aquel de quien sale emisión de simiente, de tal modo que se contamine con ella;
también de la mujer que está enferma de su impureza: es decir, de aquel que padece flujo, sea varón o sea hembra; y de aquel que se acostare con mujer inmunda.
Y HABLÓ Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, (los cuales se acercaron ante la presencia de Jehová, y por eso murieron),
y dijo Jehová a Moisés: Manda a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el Santuario, del velo adentro, delante del Propiciatorio que está sobre el Arca, no sea que muera: porque yo apareceré en la nube encima del Propiciatorio.
Con estas prevenciones pues ha de entrar dentro del Santuario: Con un novillo joven para ofrenda por el pecado, y un carnero para holocausto.
Se vestirá la santa túnica de lino blanco, y los calzoncillos de lino blanco estarán sobre sus carnes, y se ceñirá el cinturón de lino blanco; y la mitra de lino blanco traerá envuelta al rededor de su cabeza. Estas son las vestiduras más santas; lavará pues sus carnes con agua, y así se las vestirá.
Y tomará, de parte de la Congregación de los hijos de Israel, dos machos cabríos para ofrenda por el pecado, y un carnero para holocausto.
Entonces Aarón presentará el novillo de la ofrenda por el pecado, que es para él; y hará expiación por sí mismo, y por su casa.
Luego tomará los dos machos cabríos y los hará colocar delante de Jehová, a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
Y Aarón echará suertes sobre los dos machos cabríos, la una suerte para Jehová y la otra para Azazel.
Entonces presentará Aarón el macho cabrío sobre el cual cayó la suerte para Jehová, y le ofrecerá como ofrenda por el pecado:
pero el macho cabrío sobre el cual cayó la suerte para Azazel, será colocado vivo delante de Jehová, apara hacer expiación por medio de él, enviándole a Azazel en el desierto.
¶Aarón entonces presentará el novillo de la ofrenda por el pecado, que es para él, y hará expiación por sí mismo y por su casa, degollando el novillo de la ofrenda por el pecado que es para él.
Luego tomará un incensario lleno de brasas de fuego de sobre el altar que está delante de Jehová; tomará también sus dos puños llenos de incienso aromático, bien molido, y lo traerá adentro del velo;
y pondrá el incienso sobre el fuego, delante de Jehová, para que la nube del incienso cubra el Propiciatorio que está sobre el Arca del Testimonio, para que él no muera.
En seguida tomará de la sangre del novillo y rociará con su dedo sobre la superficie del Propiciatorio, a la parte del oriente; y delante del Propiciatorio rociará siete veces de aquella sangre con su dedo.
¶Después degollará el macho cabrío de la ofrenda por el pecado, que es para el pueblo; y traerá su sangre adentro del velo, y hará con su sangre lo mismo que hizo con la sangre del novillo, rociándola sobre el Propiciatorio y delante del Propiciatorio.
Así hará expiación por el Santuario, a causa de las inmundicias de los hijos de Israel y de sus transgresiones, con motivo de todos sus pecados. Y del mismo modo hará con el Tabernáculo de Reunión, que reside con ellos, en medio de sus inmundicias.
Y no ha de haber hombre alguno en el Tabernáculo de Reunión cuando él entrare para hacer expiación dentro del Santuario, hasta que salga: así hará expiación por sí mismo y por su casa, y por toda la Asamblea de Israel.
¶Luego saldrá al altar que está delante de Jehová, y hará expiación por él. A este efecto, tomará de la sangre del novillo y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los cuernos del altar al rededor.
También rociará de la sangre sobre él siete veces; así lo purificará y lo santificará, a causa de las inmundicias de los hijos de Israel.
¶Y cuando hubiere acabado de hacer expiación por el Santuario, y por el Tabernáculo de Reunión, y por el altar, hará presentar el macho cabrío vivo.
Y pondrá Aarón entrambas manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, y todas sus transgresiones, a causa de todos sus pecados, cargándolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y le enviará al desierto por mano de un hombre idóneo.
Y el macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y así el hombre dejará ir al macho cabrío por el desierto.
¶Mientras tanto entrará Aarón en el Tabernáculo de Reunión, y quitándose las vestiduras de lino blanco con que se vistió al entrar en el Santuario, las dejará allí.
Luego lavará su carne con agua en lugar sagrado, y volverá a ponerse sus vestidos; saldrá entonces y ofrecerá su holocausto y el holocausto del pueblo, haciendo la expiación por sí mismo y por el pueblo.
Y hará consumir sobre el altar el sebo de la ofrenda por el pecado.
¶Y aquel que hubiere soltado el macho cabrío de Azazel lavará sus vestidos, y lavará sus carnes con agua; y después de esto podrá entrar en el campamento.
Mas en cuanto al novillo de la ofrenda por el pecado y al macho cabrío de la ofrenda por el pecado, cuya sangre fué traída dentro del Santuario para hacer expiación, los sacarán fuera del campamento, y quemarán a fuego sus pieles y su carne y su estiércol.
Y el que los quemare lavará sus vestidos, lavará también sus carnes con agua, y después de esto podrá entrar en el campamento.
¶Y esto os será estatuto perpetuo: En el mes séptimo, el día décimo del mes, afligiréis vuestras almas, y ningún trabajo haréis, ni los que son de vuestra raza, ni el extranjero que mora en medio de vosotros.
Porque en este día se ha de hacer expiación por vosotros para purificaros; y de todos vuestros pecados quedaréis limpios delante de Jehová.
Descanso solemnísimo os será, en el cual habéis de afligir vuestras almas: estatuto perpetuo es.
Y el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser sumo sacerdote en lugar de su padre, hará la expiación, y se vestirá las vestiduras de lino blanco, las vestiduras más santas:
y hará expiación por el santo Santuario; por el Tabernáculo de Reunión también y por el altar hará expiación; asimismo por los sacerdotes, y por todo el pueblo de la Congregación hará expiación.
Y esto os será estatuto perpetuo, para hacer expiación por los hijos de Israel, a causa de todos sus pecados, una vez al año. E hizo Aarón según había mandado Jehová a Moisés.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a Aarón y a sus hijos y a todos los hijos de Israel, y diles: Esto es lo que Jehová ha mandado, diciendo:
Cualquier hombre de la casa de Israel que degollare vaca u oveja o cabra dentro del campamento, o que las degollare fuera del campamento,
y no las trajere a la entrada del Tabernáculo de Reunión, para presentar la oblación de Jehová delante de la Habitación de Jehová, sangre le será imputada al tal hombre; ha derramado sangre ilícitamente, y aquel hombre será cortado de en medio de su pueblo:
se ordena esto a fin de que los hijos de Israel traigan sus sacrificios que sacrifican sobre la haz del campo, y los presenten a Jehová, a la entrada del Tabernáculo de Reunión, al sacerdote, y los ofrezcan como sacrificios pacíficos a Jehová.
El sacerdote pues rociará la sangre sobre el altar de Jehová, a la entrada del Tabernáculo de Reunión, y hará consumir los sebos por olor grato a Jehová:
a fin de que ellos no ofrezcan más sus sacrificios a los demonios tras los cuales siguen idolatrando. Estatuto perpetuo les será esto durante sus generaciones.
Y les dirás: Cualquier hombre de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran en medio de vosotros, que ofreciere holocausto o sacrificio,
y no lo trajere a la entrada del Tabernáculo de Reunión para sacrificarlo a Jehová, será cortado el tal hombre de entre su pueblo.
¶Asimismo respecto de cualquier hombre de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran en medio de vosotros, que comiere cualquiera clase de sangre, yo pondré mi rostro contra aquella persona que comiere sangre, y la cortaré de en medio de su pueblo:
porque la vida de la carne en la sangre está, la cual os he dado para hacer expiación en el altar por vuestras almas; porque la sangre, en virtud de ser la vida, es la que hace expiación.
Por lo mismo he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de entre vosotros ha de comer sangre; ni tampoco el extranjero que mora en medio de vosotros ha de comer sangre.
¶Asimismo cualquier hombre de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran en medio de ellos, que cogiere caza de animal o de ave que es lícito comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra.
Porque es la vida de toda carne; su sangre lo mismo es que su vida. Por tanto he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne; porque la vida de toda carne es su sangre; todo aquel que la comiere será destruído.
¶También todo aquel que comiere cosa mortecina, o despedazada por fieras, sea de los de vuestra nación o de los extranjeros, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y quedará inmundo hasta la tarde; después estará limpio.
Mas si no los lavare, ni lavare su carne, llevará su iniquidad.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: Yo soy Jehová vuestro Dios.
No hagáis como hacen en la tierra de Egipto, en donde habéis morado; ni hagáis como hacen en la tierra de Canaán, adonde yo os llevo; ni andéis en las costumbres de ellas.
Al contrario, cumpliréis mis leyes y guardaréis mis estatutos, andando en ellos. Yo Jehová vuestro Dios.
Por tanto guardaréis mis estatutos y mis preceptos; en los cuales vivirá el hombre que los hiciere. Yo Jehová.
¶No se llegue ninguno de vosotros a cualquiera que sea su pariente cercano, para descubrir su desnudez. Yo Jehová.
¶La desnudez de tu padre, es a saber, la desnudez de tu madre, no descubrirás; tu madre es: no descubrirás la desnudez de ella.
¶La desnudez de la mujer de tu padre no descubrirás; la desnudez de tu padre es.
¶La desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre, nacida en casa o fuera de ella, la desnudez de ésta no descubrirás.
¶La desnudez de la hija de tu hijo o de la hija de tu hija, la desnudez de éstas no descubrirás: porque la de ellas es tu misma desnudez.
¶La desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada de tu padre, (tu hermana es), la desnudez de ella no descubrirás.
¶La desnudez de la hermana de tu padre no descubrirás; parienta cercana de tu padre es.
¶La desnudez de la hermana de tu madre no descubrirás; porque parienta cercana de tu madre es.
¶La desnudez del hermano de tu padre no descubrirás; a la mujer de él no te llegarás; tu tía es.
¶La desnudez de tu nuera no descubrirás; mujer de tu hijo es; la desnudez de ella no descubrirás.
¶La desnudez de la mujer de tu hermano no descubrirás; la desnudez de tu hermano es.
¶La desnudez de una mujer y de su hija no descubrirás; ni tomarás la hija de su hijo ni la hija de su hija, para descubrir su desnudez; parientas cercanas de ella son: maldad execrable es.
¶Ni tampoco tomarás una mujer juntamente con su hermana, para que le sea rival, descubriendo tú la desnudez de ésta además de la de aquélla, durante su vida.
¶Ni tampoco te llegarás a una mujer en la impureza de su inmundicia mensual, para descubrir la desnudez de ella.
¶Ni tendrás ayuntamiento carnal con la mujer de tu prójimo, contaminándote con ella.
¶Y no darás de tu simiente, haciéndola pasar a Moloc; ni profanarás así el nombre de tu Dios. Yo Jehová.
¶Ni con varón te acostarás del modo que uno se acuesta con mujer; es abominación.
¶Ni con ninguna bestia te ayuntarás, contaminándote con ella; es profanación detestable. Ni la mujer se pondrá delante de bestia para ayuntarse con ella: es una prostitución nefanda.
¶No os contaminéis con ninguna de estas abominaciones; porque por medio de todas ellas se han contaminado las naciones que voy a echar de delante de vosotros;
de tal modo que se ha contaminado la tierra; por lo cual yo visito su iniquidad sobre ella, y la tierra misma vomita a sus habitantes.
Vosotros pues guardaréis mis estatutos y mis leyes; y no habéis de hacer ninguna de estas abominaciones, ni los de vuestra raza, ni los extranjeros que moran entre vosotros;
(porque todas estas abominaciones cometen los hombres de aquella tierra, los que la ocupan antes de vosotros; y es contaminada la tierra);
no sea que la tierra os vomite a vosotros, cuando la hubiereis contaminado, como vomita a las naciones que la ocupan antes de vosotros:
porque todo aquel que cometiere cualquiera de estas abominaciones, sí, las personas que tal hicieren, serán cortadas de en medio de su pueblo.
Guardad pues mi precepto, no siguiendo ninguna de estas costumbres abominables que se han practicado antes de vosotros, ni os contaminéis con ellas. Yo Jehová vuestro Dios.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a toda la Congregación de los hijos de Israel y diles: Seréis santos; porque yo, Jehová vuestro Dios, soy santo.
¶Temeréis cada cual a su madre y a su padre; y guardaréis mis días de descanso. Yo Jehová vuestro Dios.
¶No os volváis a los ídolos, ni os hagáis dioses de fundición. Yo Jehová vuestro Dios.
¶Y cuando presentareis sacrificio de ofrenda pacífica a Jehová, hacedlo de tal modo que me seáis aceptos.
En el mismo día que hagáis el sacrificio se ha de comer, y al día siguiente; y lo que sobrare hasta el día tercero será quemado a fuego.
Y si de manera alguna se comiere en el día tercero, será una abominación; la ofrenda no será acepta;
mas antes, aquel que la haya comido llevará su iniquidad; porque ha profanado cosa santa de Jehová: será cortada la tal persona de entre su pueblo.
¶Y cuando segareis las mieses de vuestra tierra, no acabarás, oh Israel, de segar los rincones de tu campo, ni espigarás tu tierra segada;
ni tampoco rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.
¶No hurtaréis, ni tampoco engañaréis ni mentiréis los unos a los otros.
¶No jurarás en falso por mi nombre, ni profanarás el nombre de tu Dios. Yo Jehová.
¶No usarás de extorsión para con tu prójimo, ni le robarás. El salario del jornalero no ha de quedar en tu poder toda la noche hasta la mañana.
¶No maldecirás al sordo, ni pondrás tropiezo delante del ciego; sino que temerás a tu Dios. Yo Jehová.
¶No hagas injusticia en el juicio; ni aceptarás la persona del pobre, ni honrarás la cara del grande: con justicia juzgarás a tu prójimo.
¶No andarás como chismoso entre tu pueblo: no conspirarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová.
¶No odiarás a tu hermano en tu corazón; ciertamente reprenderás a tu prójimo, para que no lleves pecado por su causa.
¶No te vengarás, ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo; sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.
¶Guardaréis mis estatutos. Tocante a tu ganado, no harás ayuntar dos animales de especies distintas: no sembrarás tu campo con mezcla de dos clases de semillas: vestido tejido con mezcla de dos materiales distintos, no te lo pondrás.
¶Además, si un hombre tuviere ayuntamiento carnal con una mujer, siendo ella sierva desposada con marido, sin que haya sido rescatada, ni se le haya dado libertad; serán castigados entrambos, mas no morirán; porque ella no era libre:
y él traerá a Jehová su ofrenda por la culpa, a la entrada del Tabernáculo de Reunión, es a saber, un carnero como ofrenda por la culpa:
y con el carnero de la ofrenda por la culpa el sacerdote hará expiación por él delante de Jehová, a causa del pecado que ha cometido, y se le perdonará el pecado que ha cometido.
¶Y cuando entrareis en la tierra de promisión, y hubiereis plantado todo género de árboles frutales, reputaréis su fruto como incircunciso: por tres años os será como incircunciso; no se comerá.
Y el año cuarto todo su fruto será santo, para acciones de gracias a Jehová.
Mas en el año quinto comeréis de su fruto; y serán en adelante para daros su producto. Yo Jehová vuestro Dios.
¶No comáis nada con la sangre. No practiquéis adivinación, ni observéis agüeros.
No raeréis los bordes de vuestra cabellera para darle forma redonda; ni destruiréis los bordes de vuestra barba.
¶Ni tampoco haréis sajaduras en vuestra carne, a causa de muerto; ni imprimáis en vuestra carne dibujo alguno hecho a punzón. Yo Jehová.
¶No profanarás a tu hija, haciendo que ella se prostituya; no sea que la tierra se entregue a la fornicación, y se llene la tierra de lascivia execrable.
¶Guardad mis días del descanso y tened en reverencia mi Santuario. Yo Jehová.
¶No os volváis a los nigrománticos, ni a los adivinos; no acudáis a ellos, para contaminaros con ellos. Yo Jehová vuestro Dios.
¶Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y a tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.
¶Y cuando morare algún extranjero con vosotros, en vuestra tierra, no le maltratéis.
Como uno de vuestra misma nación os ha de ser el extranjero que morare con vosotros, y le amarás como a ti mismo: porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.
¶No hagáis injusticia en materia de derecho, ni en medida de longitud o de peso, ni en medida de capacidad.
Balanzas justas, pesas justas, hin justo y efa justo habéis de tener. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto.
Guardaréis pues todos mis estatutos y todas mis leyes, para cumplirlos. Yo Jehová.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Dirás asimismo a los hijos de Israel: Cualquiera persona de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran en medio de Israel, que diere de su simiente a Moloc, será muerto irremisiblemente; el pueblo de la tierra le matará a pedradas;
también yo mismo pondré mi rostro contra el tal hombre para cortarle de entre su pueblo, por haber dado de su simiente a Moloc; por cuanto ha contaminado mi Santuario y ha profanado mi santo nombre.
Y si el pueblo de la tierra de manera alguna apartare sus ojos de aquel hombre cuando diere de su simiente a Moloc, para no hacerle morir,
yo mismo pondré mi rostro contra aquel hombre y contra su familia, y le cortaré de entre su pueblo, tanto a él como a todos los que han ido idolatrando tras él, fornicando en pos de Moloc.
Asimismo la persona que se volviere a los nigrománticos y a los adivinos, para ir fornicando en pos de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y la cortaré de en medio de su pueblo.
Santificaos pues y sed santos; porque yo soy Jehová vuestro Dios:
por eso guardaréis mis estatutos y los cumpliréis. Yo Jehová que os santifico.
¶Cualquier hombre pues que maldijere a su padre o a su madre será muerto irremisiblemente; ha maldecido a su padre o a su madre; recaiga su sangre sobre él.
Asimismo respecto del hombre que cometiere adulterio con la mujer de otro, repito, de aquel que cometiere adulterio con la mujer de su prójimo; serán muertos irremisiblemente tanto el adúltero como la adúltera.
Asimismo respecto del hombre que se acostare con la mujer de su padre: la desnudez de su padre ha descubierto; uno y otra serán muertos irremisiblemente; recaiga su sangre sobre ellos.
Asimismo respecto del hombre que se acostare con su nuera; ambos a dos serán muertos: detestable profanación han cometido; recaiga su sangre sobre ellos.
Asimismo respecto del hombre que se acostare con varón, como uno se acuesta con mujer; ambos a dos han cometido abominación: serán muertos irremisiblemente: recaiga su sangre sobre ellos.
Asimismo si un hombre tomare una mujer y la madre de ella, es maldad execrable; a fuego se quemará tanto a él como a ellas; para que no haya tan execrable maldad en medio de vosotros.
Asimismo el hombre que se ayuntare con bestia, será muerto irremisiblemente; mataréis también a la bestia.
Y si una mujer se llegare a cualquiera bestia para ayuntarse con ella, matarás a la mujer y a la bestia: serán muertos irremisiblemente; recaiga su sangre sobre ellos.
Y si un hombre tomare a su hermana, hija de su padre o hija de su madre, y viere él la desnudez de ella, y ella viere la desnudez de él, es cosa vergonzosa; serán destruídos a ojos de los hijos de su pueblo: la desnudez de su hermana ha descubierto; llevará su iniquidad.
Asimismo el hombre que se acostare con mujer enferma de su costumbre, y descubriere la desnudez de ella, ha desnudado la fuente de ella, ella también ha descubierto la fuente de su sangre; serán cortados ambos a dos de entre su pueblo.
Ni tampoco descubrirás la desnudez de la hermana de tu madre, ni de la hermana de tu padre; porque el que tal hiciere ha desnudado a su parienta cercana; ambos llevarán su iniquidad.
Asimismo el que se acostare con la mujer de su tío, la desnudez de su tío ha descubierto; ambos llevarán su pecado; sin hijos morirán.
Asimismo si alguno tomare la mujer de su hermano, es inmundicia: ha descubierto la desnudez de su hermano; sin hijos quedarán.
¶Guardad pues todos mis estatutos y todas mis leyes, y cumplidlos, no sea que os vomite la tierra adonde os llevo para habitar en ella.
No habéis de andar pues en las costumbres de las naciones que voy a echar de delante de vosotros; porque todas estas maldades han hecho ellos, por lo cual yo los tengo en abominación.
A vosotros empero os he dicho: Poseeréis la tierra de ellos, la que os voy a dar para que la heredéis, tierra que mana leche y miel. Yo soy Jehová vuestro Dios, que os he separado de los demás pueblos.
Vosotros pues habéis de hacer distinción entre los animales limpios y los inmundos, y entre las aves inmundas y las limpias: y no hagáis abominables vuestras personas, ni con animales, ni con aves, ni con ninguna cosa que anda arrastrándose sobre el suelo; las cuales yo he separado de vosotros como inmundas.
Vosotros por tanto habéis de serme santos, porque yo, Jehová, soy santo; y os he separado de entre las naciones para que seáis míos.
Por tanto, el hombre o la mujer en quien haya espíritu pitónico, o que sea adivino, serán muertos irremisiblemente; los matarán a pedradas: recaiga su sangre sobre ellos.
Y DIJO Jehová a Moisés: Habla a los sacerdotes, hijos de Aarón, y diles: Ninguno de vosotros ha de contaminarse a causa de muerto entre su pueblo,
salvo por algún pariente muy cercano, como su madre, o su padre, o su hijo, o su hija, o su hermano:
también por una hermana suya, virgen, que viva muy cerca de él, que no haya sido casada, podrá contaminarse.
Siendo hombre principal entre su pueblo no se ha de contaminar, haciéndose profano.
Los sacerdotes no han de hacer calva en su cabeza, ni se raerán los bordes de la barba, ni han de hacer sajaduras en su carne.
Santos han de ser a su Dios, y no han de profanar el nombre de su Dios; porque ellos son los que presentan las ofrendas encendidas de Jehová, el pan de su Dios; por esto han de ser santos.
No tomarán mujer que sea ramera, o violada; ni tampoco han de tomar mujer repudiada de su marido; porque el sacerdote es santo a su Dios.
Le santificarás, pues, oh Israel, por lo mismo que él es quien presenta el pan de tu Dios: por tanto le tendrás por santo; porque santo soy yo, Jehová, que os santifico.
Por lo cual si la hija de un sacerdote se profanare, cometiendo fornicación, ella profana a su padre: a fuego será quemada.
¶Y el que es sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza ha sido derramado el aceite de la unción, y que ha sido consagrado para vestir las vestimentas más santas, no se ha de desgreñar la cabeza, ni rasgará sus ropas;
ni entrará a donde hubiere cuerpo muerto de nadie: ni aun por su padre ni por su madre se ha de contaminar;
ni del Santuario saldrá en su duelo; no sea que profane el Santuario de su Dios; por lo mismo que la consagración del aceite de la unción de su Dios está sobre él. Yo Jehová.
Y ha de tomar mujer que sea virgen.
Viuda o repudiada, violada o ramera, a las tales no ha de tomar; sino una virgen de entre su pueblo tomará por mujer suya:
ni profanará su simiente entre su pueblo; porque yo soy Jehová que le santifico.
¶Asimismo habló Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a Aarón y dile: Cualquier hombre de tu descendencia, durante sus generaciones, que tuviere algún defecto, no se ha de llegar para presentar el pan de su Dios;
porque ningún hombre en quien hubiere defecto se ha de llegar a mi altar: ni el hombre ciego, o cojo, o que tuviere nariz aplastada o cosa supérflua,
ni hombre que tuviere pie quebrado o mano quebrada,
ni que fuere jorobado, o enano, o que tuviere tacha en el ojo, o que fuere sarnoso o escorbútico o eunuco.
Ningún hombre pues de la estirpe de Aarón el sacerdote que tuviere defecto, se llegará para presentar las ofrendas encendidas de Jehová: tiene defecto; no se llegará a presentar el pan de su Dios.
Este no obstante, comerá del pan de su Dios, así de las cosas muy santas como de las santas;
sólo que no ha de entrar a donde está el velo, ni se llegará al altar, (por lo mismo que hay defecto en él), no sea que profane mis cosas santas; porque yo soy Jehová que los santifico.
Y díjolo Moisés a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Di a Aarón y a sus hijos que se recaten respecto de las cosas santas de los hijos de Israel, y no profanen mi santo nombre en las cosas que ellos me santifiquen. Yo Jehová.
Diles: Durante vuestras generaciones, cualquier hombre de toda vuestra descendencia que estando inmundo se acercare a las cosas santas que los hijos de Israel santificaren a Jehová, la tal persona será cortada de delante de mí. Yo Jehová.
Cualquier hombre de la estirpe de Aarón que fuere leproso, o tuviese flujo, no ha de comer de las cosas santas, hasta tanto que esté limpio. Asimismo el que tocare cualquiera cosa que sea inmunda por causa de muerto, u hombre que tuviere emisión de simiente;
o el hombre que tocare algún reptil con que se pueda contaminar, u hombre con quien se pueda contaminar por cualquiera inmundicia suya;
la persona que tal tocare, quedará inmunda hasta la tarde, y no comerá de las cosas santas hasta que haya lavado su carne con agua:
y cuando se hubiere puesto el sol, él estará limpio; y después podrá comer de las cosas santas, porque son su alimento.
Cosa mortecina, o despedazada por fieras, no ha de comer, contaminándose con ella. Yo Jehová.
¶Ellos pues guardarán mi precepto, no sea que lleven pecado con ese motivo, y mueran por ello, si lo profanaren. Yo Jehová que los santifico.
Mas ningún extraño comerá de cosa santa; ningún huésped del sacerdote ni jornalero suyo comerá de cosa santa.
Pero cuando el sacerdote comprare un hombre con su dinero, éste podrá comer de ella; también los siervos nacidos en su casa comerán de su pan.
¶Asimismo cuando una hija de sacerdote se casare con hombre extraño, no podrá comer de las ofrendas alzadas de las cosas santas.
Mas si la hija del sacerdote fuere viuda o repudiada, sin tener hijo, y hubiere vuelto a la casa de su padre, entonces, lo mismo que en su mocedad, podrá comer del pan de su padre; pero ningún extraño al sacerdocio comerá de él.
Y si alguna persona comiere de cosa santa por yerro, añadirá su quinta parte sobre ella, y la dará al sacerdote, juntamente con la cosa santa.
Ellos pues no han de profanar las cosas santas de los hijos de Israel, que éstos ofrendaren a Jehová;
ni cargarán sobre sí la iniquidad que trae culpa, al comer de sus cosas santas: porque yo soy Jehová que los santifico.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel y diles: Cualquier hombre de la casa de Israel, o de los extranjeros residentes en Israel, que quisiere presentar su oblación, por cualquier voto suyo, o por cualquiera ofrenda voluntaria suya, de las que suelen presentar a Jehová como holocausto,
a fin de que sea acepto por vosotros habrá de ser macho sin tacha, ora sea de la vacada, ora de las ovejas o de las cabras.
No podréis presentar ninguna cosa que tuviere defecto; porque no será acepto de vosotros.
¶Asimismo en cuanto a cualquier hombre que quisiere presentar sacrificio de paces a Jehová, por cumplir un voto o por ofrenda voluntaria, ya sea de la vacada ya del rebaño, ha de ser perfecto para que sea acepto; ningún defecto ha de haber en él.
Ciego, o estropeado, o herido, o llagado, o sarnoso, o roñoso no habéis de presentar ante Jehová; ni habéis de poner ofrendas encendidas de los tales sobre el altar de Jehová.
Ganado vacuno u ovejuno que tuviere algo supérfluo, o falto en sus partes, puedes hacer de ello ofrenda voluntaria; mas para voto no será acepto.
Animal castrado, que haya sido comprimido, o majado, o quebrado, cortado no lo habéis de presentar a Jehová; ni haréis así en vuestra tierra.
Ni aun de mano de hijo de tierra extraña habéis de sufrir que se presente el pan de vuestro Dios de ninguno de estos; porque tienen en sí su fealdad; hay defecto en ellos; no se os serán aceptos.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Cuando hubiere nacido ternero, o cordero, o cabrito, estará siete días con la madre; mas desde el día octavo en adelante, será acepto para oblación de ofrenda encendida a Jehová.
Pero sea vaca u oveja, no podréis degollar a ella y a su hijo en un mismo día.
¶Y cuando quisiereis ofrecer sacrificio de acción de gracias a Jehová, lo habéis de sacrificar de tal modo que os sea acepto.
En ese mismo día ha de ser comido; no dejaréis nada de él hasta la mañana. Yo Jehová.
¶Vosotros pues habéis de guardar mis mandamientos y cumplirlos. Yo Jehová.
Y no profanéis mi santo nombre; antes bien, yo he de ser santificado en medio de los hijos de Israel. Yo Jehová que os santifico,
y que os he sacado de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Yo Jehová.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: En cuanto a las fiestas solemnes de Jehová, las cuales habéis de proclamar como santas convocaciones, estas serán mis fiestas solemnes:
Seis días se trabajará; mas en el día séptimo habrá un descanso solemnísimo, convocación santa; ningún trabajo haréis en él; descanso consagrado a Jehová será en todas vuestras habitaciones.
¶Estas son las fiestas solemnes de Jehová, las santas convocaciones que habréis de proclamar en sus tiempos señalados:
En el mes primero, el día catorce del mes, a la caída de la tarde, se celebrará la Pascua a Jehová.
El día quince de ese mes se celebrará a Jehová la fiesta de los Ázimos: siete días comeréis panes ázimos.
En el día primero tendréis santa convocación; ningún trabajo servil habréis de hacer.
Y presentaréis ofrendas encendidas a Jehová por siete días. En el día séptimo habrá otra santa convocación; ningún trabajo servil habréis de hacer.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra que os voy a dar, y segareis la mies de ella, traeréis una gavilla, por primicias de vuestra siega, al sacerdote;
el cual mecerá la gavilla delante de Jehová, para que sea acepta a favor vuestro; el día siguiente al sábado de la Pascua, la mecerá el sacerdote.
Y en el día que meciereis la gavilla, sacrificaréis un cordero del primer año, sin tacha, en holocausto a Jehová.
Y su ofrenda vegetal serán dos décimas de un efa de flor de harina mezclada con aceite; ofrenda encendida a Jehová, de olor grato; y su libación será de vino, la cuarta parte de un hin.
Y no habéis de comer pan, ni grano tostado, ni espigas nuevas, hasta este mismo día; hasta que hubiereis traído la oblación de vuestro Dios: estatuto perpetuo será durante vuestras generaciones, en todas vuestras moradas.
¶Y os contaréis siete semanas (semanas cumplidas serán), desde el día siguiente al sábado de la Pascua, día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida,
hasta el día siguiente al séptimo sábado; contaréis cincuenta días; entonces presentaréis ofrenda vegetal nueva a Jehová.
De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida: de dos décimas de un efa de flor de harina, cada uno, serán; con levadura serán cocidos, por primicias a Jehová.
Y juntamente con el pan presentaréis siete corderos del primer año, sin tacha, y un novillo joven y dos carneros; serán holocausto a Jehová, con sus ofrendas vegetales y sus libaciones; ofrenda encendida de olor grato a Jehová.
Ofreceréis también un macho cabrío como ofrenda por el pecado, y dos corderos del primer año para sacrificio de paces;
los cuales mecerá el sacerdote con el pan de las primicias, por ofrenda mecida, delante de Jehová, juntamente con los dos corderos: los panes serán santos a Jehová para uso del sacerdote.
Y convocaréis la Asamblea en este mismo día; convocación santa os será; ningún trabajo servil habréis de hacer: estatuto perpetuo será en todas vuestras habitaciones, durante vuestras generaciones.
Y cuando segareis las mieses de vuestra tierra, no acabarás de segar los rincones de tu campo, ni espigarás tu tierra segada: para el pobre y para el extranjero dejarás lo que quedare. Yo Jehová vuestro Dios.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, al primero del mes, tendréis descanso solemne, conmemoración celebrada a son de trompetas, convocación santa:
ningún trabajo servil habréis de hacer; y presentaréis ofrenda encendida a Jehová.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Ciertamente el día décimo de este séptimo mes será Día de Expiación; convocación santa os será; y afligiréis vuestras almas, y presentaréis ofrenda encendida a Jehová.
Y no habréis de hacer ninguna clase de obra en este día especial; porque es día de expiaciones, para hacer expiación por vosotros delante de Jehová vuestro Dios.
Por tanto toda persona que no se afligiere en este día especial, será cortada de entre su pueblo.
Y toda persona que hiciere cualquiera clase de obra en este día especial, yo cortaré a la tal persona de entre su pueblo.
Ninguna clase de obra, pues, habéis de hacer: estatuto perpetuo será durante vuestras generaciones, en todas vuestras moradas.
Sábado de descanso solemne os será, en el cual afligiréis vuestras almas. A los nueve del mes, por la tarde, principiaréis: de tarde a tarde guardaréis vuestro descanso.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel, y diles: El día quince de este mes séptimo se celebrará a Jehová la fiesta de las Enramadas, que durará siete días.
En el día primero habrá convocación santa; ningún trabajo servil habréis de hacer.
Siete días presentaréis ofrendas encendidas a Jehová: y en el día octavo tendréis otra convocación santa a Jehová, y presentaréis ofrendas encendidas a Jehová: la asamblea más solemne es; ningún trabajo servil habréis de hacer.
¶Estas son las fiestas solemnes de Jehová, las cuales proclamaréis por santas convocaciones, para presentar a Jehová ofrendas encendidas, holocaustos y ofrendas vegetales, sacrificios y libaciones; cada cosa en su propio día;
además de los sábados de Jehová y además de vuestros dones, además de todos vuestros votos y además de todas vuestras ofrendas voluntarias que diereis a Jehová.
¶Ciertamente el día quince de este mes séptimo, cuando hubiereis recogido el producto de la tierra, celebraréis a Jehová fiesta que dure siete días. En el primer día habrá descanso solemne, y en el día octavo, otro descanso solemne.
Y tomaréis para vosotros en el día primero frutas de árboles hermosos, ramos de palmas, y ramos de árboles frondosos, y sauces de los arroyos; y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios por espacio de siete días.
Y lo celebraréis como fiesta solemne a Jehová siete días en cada año; estatuto perpetuo será durante vuestras generaciones; en el mes séptimo celebraréis esta fiesta.
Bajo enramadas habitaréis por siete días; todo aquel que sea del linaje de Israel habitará bajo enramadas;
para que vuestras generaciones venideras sepan que bajo enramadas hice yo habitar a los hijos de Israel, cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.
Y Moisés declaró a los hijos de Israel lo concerniente a las fiestas solemnes de Jehová.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Manda a los hijos de Israel que te traigan aceite de olivas puro, batido, para el alumbrado; a fin de hacer arder las lámparas de continuo.
Afuera del velo del Arca del Testimonio, en el Tabernáculo de Reunión, Aarón las aderezará para que ardan desde la tarde hasta la mañana, delante de Jehová de continuo: estatuto perpetuo será durante vuestras generaciones.
Sobre el candelabro puro aderezarán siempre las lámparas delante de Jehová.
¶Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce tortas; de dos décimas de un efa será cada torta;
y las colocarás superpuestas en dos órdenes, seis en cada orden, sobre la mesa pura delante de Jehová.
Y pondrás sobre cada orden olíbano puro, para que éste sea por memorial del pan: ofrenda encendida será a Jehová.
De sábado en sábado se pondrá en orden el pan delante de Jehová continuamente, de parte de los hijos de Israel, por pacto perpetuo.
Y será para Aarón y sus hijos, los cuales lo comerán en lugar sagrado; porque es cosa sacratísima para él, de las ofrendas encendidas de Jehová, por estatuto perpetuo.
¶Y el hijo de una mujer israelita, que era hijo de un egipcio, salió en medio de los hijos de Israel; y pelearon en medio del campamento el hijo de la israelita y un hombre de Israel.
Y el hijo de la israelita blasfemó EL NOMBRE, y prorrumpió en maldiciones. Y le condujeron a Moisés. El nombre de su madre era Selomit, hija de Debri, de la tribu de Dan.
Y le pusieron en prisión hasta que el juicio les fuese declarado por boca de Jehová.
Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo:
Saca al maldiciente fuera del campamento, y todos los que le oyeron pongan las manos sobre su cabeza, y apedréele toda la Congregación.
¶Y hablarás a los hijos de Israel; diciendo: Cualquier hombre que maldijere a su Dios, llevará su pecado.
Y aquel que blasfemare el nombre de Jehová será muerto irremisiblemente: sin falta toda la Congregación le apedreará: sea extranjero o sea de vuestra raza, cuando blasfemare EL NOMBRE, será muerto.
¶Asimismo cualquiera que hiriere mortalmente a persona alguna, será muerto irremisiblemente.
Y aquel que hiriere mortalmente una bestia hará restitución por ella, bestia por bestia.
También cuando alguno causare lesión a su prójimo, según hizo él, así le será hecho:
golpe por golpe, ojo por ojo, diente por diente; de conformidad con la lesión que causare a otro, así será hecho con él mismo.
De manera que el que matare una bestia hará restitución; mas el que matare a un hombre, será muerto.
Una misma ley tendréis tanto para el extranjero como para los de vuestra raza; porque yo soy Jehová vuestro Dios.
¶Moisés pues habló a los hijos de Israel, y sacaron al maldiciente fuera del campamento, y le mataron a pedradas. Así hicieron los hijos de Israel como había mandado Jehová a Moisés.
Y HABLÓ Jehová a Moisés en el monte Sinaí, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando entrareis en la tierra que voy a daros, la tierra también guardará descanso consagrado a Jehová.
Seis años sembrarás tu campo, y seis años podarás tu viña y recogerás su producto;
mas en el año séptimo la tierra tendrá descanso solemnísimo, descanso consagrado a Jehová: no sembrarás tu campo, ni podarás tu viña.
Lo que de suyo naciere de tu siega anterior, no lo segarás; y las uvas de tu viña desatendida no vendimiarás; año de descanso solemne será para la tierra.
Y servirá el fruto espontáneo del descanso de la tierra como alimento para vosotros; así para ti como para tu siervo, y para tu sierva, y para tu jornalero, y para el extranjero que habita contigo;
y también para tus bestias, y para los animales que hubiere en tu tierra, servirá todo aquel producto de ella como alimento.
¶Además, te contarás siete semanas de años, siete veces siete años; de modo que el espacio de las siete semanas de años ha de serte cuarenta y nueve años.
Entonces harás que la trompeta sonora recorra el país, en el mes séptimo, a los diez del mes; en el Día de Expiación haréis que la trompeta recorra toda vuestra tierra.
Santificaréis pues el año quincuagésimo, y proclamaréis en la tierra libertad a todos sus habitantes: jubileo os será, y os volveréis cada uno a su posesión; y cada cual tomará a su parentela.
Jubileo pues os será el año quincuagésimo: no sembraréis la tierra, ni segaréis lo que de suyo naciere de ella, ni vendimiarás tu viña desatendida;
porque es el jubileo; santo os será: comeréis el producto de la tierra del campo mismo.
¶En este año del jubileo volveréis cada cual a su posesión.
Por tanto si vendieres algo a tu prójimo, o comprares algo de mano de tu prójimo, no os oprimáis los unos a los otros.
Conforme al número de los años después del jubileo, lo comprarás de tu prójimo; y conforme al número de los años de cosecha, él te lo venderá.
Según que sean muchos los años, aumentarás su precio; y según que sean pocos los años, disminuirás de su precio; porque cierto número de cosechas es lo que él te vende.
No os oprimáis, pues, los unos a los otros, sino temed a vuestro Dios; porque yo soy Jehová vuestro Dios.
¶Por lo mismo cumpliréis mis estatutos, y guardaréis mis leyes para cumplirlas; así habitaréis seguros en la tierra;
y la tierra dará su fruto, y comeréis hasta la saciedad; y habitaréis seguros en ella.
Y si dijereis: ¿Qué comeremos en el año séptimo, visto que no hemos de sembrar, ni hemos de recoger nuestros productos?
entonces sabed que yo mandaré mi bendición sobre vosotros en el año sexto, de modo que la tierra produzca fruto suficiente para tres años;
y sembraréis en el año octavo, y seguiréis comiendo los frutos añejos hasta el año noveno; es decir, hasta que venga el producto del octavo, seguiréis comiendo de lo añejo.
¶La tierra pues no podrá venderse en perpetuidad; porque mía es la tierra; pues que vosotros sois extranjeros y transeuntes para conmigo.
Y en toda la tierra de vuestra posesión concederéis redención a la tierra.
Cuando se empobreciere tu hermano, y vendiere algo de su posesión, vendrá su redentor, el pariente suyo más cercano, y redimirá lo que hubiere vendido su hermano.
Y si el hombre no tuviere redentor, pero su propia mano adquiriere medios, y hallare lo suficiente para rescatarlo,
haga entonces el cómputo de los años después de su venta, y devuelva lo sobrante al hombre a quien lo vendió; y así vuelva él a su posesión.
Pero si no hallare su mano lo suficiente para hacérsele devolver, lo vendido quedará en poder del que lo compró hasta el año del jubileo; y en el jubileo saldrá de su poder, y así el otro volverá a su posesión.
¶Mas cuando un hombre vendiere casa de habitación en ciudad murada, durará su derecho de redención hasta cumplirse un año después de vendida: todo un año durará su derecho de redención.
Y si no fuere redimida dentro del espacio de un año entero, la casa que estuviere en ciudad murada quedará establecida para siempre como propiedad de aquel que la compró, durante sus generaciones: no saldrá de su poder en el jubileo.
Pero las casas de las aldeas que no tienen muros a su rededor, serán reputadas como las de los campos del país: quedará siempre vigente su derecho de redención; y en el año del jubileo saldrán de suyo.
¶Empero en cuanto a las ciudades de los Levitas, siempre podrán los Levitas redimir las casas de las ciudades de su posesión.
Asimismo será con lo que deba redimir cualquiera de los Levitas; pues la casa vendida, con la ciudad de su posesión, saldrá del poder del comprador en el jubileo: porque las casas de las ciudades de los Levitas son su posesión en medio de los hijos de Israel.
También los campos de los ejidos de las ciudades de ellos, no podrán venderse, porque son posesión perpetua para ellos.
¶Y cuando empobreciere tu hermano y decayere a tu lado, tú le apoyarás, (aunque fuere extranjero o transeunte), para que pueda restablecerse junto a ti.
No tomarás de él usura ni ganancia (teniendo temor a tu Dios), para que pueda restablecerse tu hermano junto a ti.
Tu dinero no le darás a usura, ni le darás a ganancia tu vitualla.
Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para daros la tierra de Canaán, a fin de ser vuestro Dios.
¶Asimismo cuando empobreciere tu hermano junto a ti y se te vendiere, no le harás servir como esclavo:
estará contigo como jornalero y como transeunte; hasta el año del jubileo te servirá.
Entonces saldrá de tu poder, él y sus hijos juntamente con él, y volverá a su parentela; volverá también a la posesión de sus padres.
Porque ellos son mis siervos, los cuales yo saqué de la tierra de Egipto; no podrán venderse como esclavos.
No te enseñorees de él con rigor, sino que tendrás temor a tu Dios.
Empero los siervos y las siervas que hayas de tener en perpetuidad, serán de las naciones que están en derredor vuestro; de ellos podréis adquirir siervos y siervas.
También de los hijos de los transeuntes que moran en medio de vosotros; de estos podréis comprarlos, y de sus familias que hay entre vosotros, los que de ellos han nacido en vuestra tierra. De los tales será vuestra posesión;
y los dejaréis por herencia para vuestros hijos después de vosotros, como posesión hereditaria: para siempre podréis tener a los tales por siervos. Empero de vuestros hermanos, los hijos de Israel, no os enseñoreéis el uno del otro con rigor.
¶Y cuando la mano del extranjero, o del transeunte que mora en medio de ti, adquiriere riquezas, y mientras tanto empobreciere tu hermano junto a él, y se vendiere al extranjero que mora contigo, o a algún descendiente de la familia del extranjero;
después de vendido le quedará el derecho de redención: uno de sus hermanos deberá redimirle;
o si no, su tío, o el hijo de su tío debe redimirle; o algún pariente cercano suyo, de su linaje, debe redimirle; o si su propia mano hubiere adquirido medios, redímase a sí mismo.
Y hará el cómputo con aquel que le compró, desde el año en que se vendió a él hasta el año del jubileo; y será dividido el dinero de su venta según el número de los años que resulte; y se hará con él conforme al tiempo de un criado asalariado.
Si aun le quedaren muchos años, en proporción de ellos, devolverá el precio de su redención del dinero con que fué comprado.
Y si poco le quedare de los años hasta el año del jubileo, así se le hará el cómputo; en proporción de los años que le quedaren, se devolverá el precio de su redención.
Como quien está a jornal de año en año, así estará con él; no permitas que éste se enseñoree de él con rigor delante de tus ojos.
Empero si no fuere redimido por ninguno de entre aquellos, entonces saldrá de por sí en el año del jubileo, él, y sus hijos juntamente con él.
Porque mis siervos son los hijos de Israel, siervos míos son, a quienes yo saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.
NO hagáis para vosotros ídolos ni esculturas, ni os levantéis estatua, ni coloquéis piedra pintada en vuestra tierra, para postraros delante de ellas; porque yo soy Jehová vuestro Dios.
¶Guardad mis días de descanso, y tened en reverencia mi Santuario. Yo Jehová.
¶Si anduviereis en mis estatutos y guardareis mis mandamientos para hacerlos,
yo os daré las lluvias a sus tiempos, para que la tierra dé su producto, y el árbol del campo dé su fruto.
Y la trilla de vuestras mieses alcanzará a la vendimia, y la vendimia alcanzará a la siembra; y comeréis vuestro pan en abundancia, y habitaréis seguros en vuestra tierra.
Porque yo estableceré la paz en vuestra tierra, y os acostaréis sin que nadie os espante: también haré desaparecer de vuestra tierra las bestias feroces, y la espada no pasará por vuestra tierra.
Y perseguiréis a vuestros enemigos, los cuales caerán a cuchillo delante de vosotros;
de tal modo que cinco de vosotros pongan en fuga a ciento, y ciento de vosotros persigan a diez mil; y vuestros enemigos caerán a filo de espada delante de vosotros.
Y volveré mi rostro hacia vosotros, y os haré fecundos, y os multiplicaré, y estableceré mi pacto con vosotros.
Y comeréis los frutos añejos, de mucho tiempo atrás, y al fin sacaréis fuera los añejos a causa de la abundancia de los nuevos.
Y colocaré mi habitación en medio de vosotros, y no os abominará mi alma.
También yo andaré en medio de vosotros, y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
Yo soy Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de los Egipcios para que no fueseis siervos de ellos; y rompí las coyundas de vuestro yugo, y os hice andar con cabeza levantada.
¶Pero si no quisiereis oírme, ni cumplir todos estos mandamientos;
y si rechazareis con desprecio mis estatutos, y vuestra alma detestare mis leyes, de modo que no cumpliereis todos mis mandamientos, mas rompiereis mi pacto;
yo también haré esto con vosotros: Traeré sobre vosotros el terror, la tisis y la calentura, que os consuman los ojos y os hagan desfallecer el alma: y sembraréis en balde vuestra semilla, porque el fruto se lo comerán vuestros enemigos.
Y pondré mi rostro contra vosotros, de modo que seréis heridos delante de vuestros enemigos, y os dominarán los que os aborrecen, y huiréis sin que nadie os persiga.
¶Y si ni aun con ésto quisiereis oírme, volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados.
Y quebrantaré el orgullo de vuestro poderío; y pondré vuestros cielos como hierro y vuestra tierra como bronce;
y se gastará inútilmente vuestro esfuerzo; pues no dará vuestra tierra su producto, ni el árbol del campo dará su fruto.
Y si anduviereis en oposición conmigo y no me obedeciereis, yo traeré sobre vosotros siete veces más plagas conforme a vuestros pecados:
y enviaré sobre vosotros las fieras del campo, que os priven de hijos, y que destruyan vuestras bestias, y a vosotros os reduzcan a pocos, y hagan solitarios vuestros caminos.
¶Y si aun con ésto no quisiereis corregiros para volveros a mí, sino que anduviereis en oposición conmigo,
yo también andaré en oposición con vosotros, y os castigaré yo también siete veces por vuestros pecados.
Y traeré sobre vosotros la espada que ejecute la venganza de mi pacto quebrantado; y os recogeréis dentro de vuestras ciudades; mas enviaré la peste en medio de vosotros; y seréis entregados en mano de vuestros enemigos.
Cuando yo os hubiere quebrado el báculo del pan, diez mujeres cocerán vuestro pan en un solo horno, y os devolverán vuestro pan por peso; y comeréis, mas no os saciaréis.
¶Y si ni aun con ésto quisiereis obedecerme, sino que siguiereis andando en oposición conmigo,
entonces yo seguiré andando en oposición con vosotros en ardiente indignación, y os castigaré yo también siete veces por vuestros pecados.
Y comeréis las carnes de vuestros hijos, las carnes también de vuestras hijas comeréis.
Y destruiré vuestros altos, y talaré vuestras imágenes del sol, y echaré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos; y mi alma os detestará.
Y reduciré vuestras ciudades a soledad, y haré solitarios vuestros santuarios, y no me será grato el olor de vuestros sacrificios.
Reduciré la tierra también a desolación, de modo que se pasmen de ella vuestros mismos enemigos que en ella habiten:
y a vosotros os esparciré entre las naciones, y sacaré espada en pos de vosotros; y vuestra tierra será una desolación, y vuestras ciudades serán una soledad.
Entonces gozará la tierra sus días de descanso, todos los días de su desolación, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos: la tierra descansará entonces, y gozará sus días de descanso.
Todo el tiempo de su desolación descansará, lo que no descansó en vuestros sábados cuando habitasteis en ella.
Y en cuanto a los que quedaren de vosotros, infundiré timidez en sus corazones en la tierra de sus enemigos, de modo que los ponga en fuga el ruido de una hoja que vuele; y huirán como quien huye de la espada, y caerán sin que nadie los persiga.
Y tropezarán los unos contra los otros, como si huyeran delante de la espada, aunque nadie los persiga; y no podréis hacer hincapié delante de vuestros enemigos.
Y pereceréis en medio de las naciones, y os consumirá la tierra de vuestros enemigos.
Y los que quedaren de vosotros, desfallecerán en su iniquidad en las tierras de vuestros enemigos; y también en las iniquidades de sus padres desfallecerán juntamente con ellos.
¶Empero ellos confesarán sus iniquidades, y las iniquidades de sus padres, y su prevaricación que cometieron contra mí; y confesarán también que por cuanto anduvieron en oposición conmigo,
yo también tuve que andar en oposición con ellos, y los traje a la tierra de sus enemigos. Si entonces se doblegare su corazón incircunciso, y aceptaren el castigo de su iniquidad,
yo entonces me acordaré de mi pacto con Jacob; y también de mi pacto con Isaac, y asimismo de mi pacto con Abraham me acordaré; y me acordaré de la tierra.
Porque la tierra habrá quedado desocupada de ellos, y habrá gozado sus días de descanso, mientras estaba en desolación sin ellos; y ellos habrán aceptado el castigo de su iniquidad, el cual yo les impuse por cuanto, sí, por cuanto rechazaron con desprecio mis leyes, y su alma detestó mis estatutos.
Mas ni aun por todo esto, estando ellos en la tierra de sus enemigos, los habré desechado, ni los habré detestado, de manera. que los destruyera, anulando mi pacto con ellos; por cuanto soy Jehová su Dios;
sino que me acordaré a favor de ellos del pacto de sus antepasados, a quienes saqué de la tierra de Egipto, a vista de las naciones, para ser su Dios. Yo Jehová.
¶Estos son los estatutos, y los juicios, y las leyes que estableció Jehová entre sí y los hijos de Israel en el monte Sinaí, por conducto de Moisés.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno hiciere un voto especial, prometiendo dar, según tu avalúo, personas a Jehová;
si tu avalúo fuere respecto de varón, desde la edad de veinte años hasta la edad de sesenta años, tu valuación será de cincuenta siclos de plata, según el ciclo del Santuario.
Mas si fuere respecto de hembra, será tu valuación de treinta siclos.
Y si fuere la persona de edad de cinco años hasta la edad de veinte años, será tu avalúo, de varón veinte siclos, y de hembra, diez siclos.
Y si fuere de la edad de un mes hasta la edad de cinco años, será tu avalúo, de varón cinco siclos de plata; y de hembra será tu avalúo tres siclos de plata.
Y si fuere de edad de sesenta años arriba, si fuere varón, será tu valuación quince siclos, y de hembra, diez siclos.
Pero si fuere demasiado pobre para pagar tu valuación, se le hará presentar delante del sacerdote, y el sacerdote le apreciará; a razón de lo que pudieren alcanzar los recursos del votante, le tasará el sacerdote.
¶Y si fuere alguna bestia doméstica de las cuales se pueda presentar oblación a Jehová, todo lo que de las tales se diere a Jehová será santo:
no se mudará ni se trocará, ni bueno por malo, ni malo por bueno; y si de manera alguna se trocare una bestia por otra, entonces tanto ella como su trueque quedarán santos.
Mas si fuere cualquiera bestia inmunda de las cuales no se pueda presentar oblación a Jehová, se hará presentar la bestia delante del sacerdote;
y la avaluará el sacerdote, sea buena o mala; según tu avalúo (es decir, del sacerdote) así quedará.
Y si el votante quisiere redimirla, añada la quinta parte de ella sobre tu valuación.
¶Asimismo cuando alguno santificare su casa, para que sea santa a Jehová, la avaluará el sacerdote, sea buena o mala; conforme la avaluare el sacerdote, así quedará.
Y si el que la santificó quisiere redimir su casa, añada la quinta parte del dinero de tu valuación sobre ella, y será suya.
Y si santificare alguna parte del campo de su posesión a Jehová, será tu avalúo a razón de la simiente de su sembradura: la sembradura de un homer de cebada, se tasará en cincuenta siclos de plata.
Si desde el año mismo del jubileo santificare su campo, conforme a tu valuación quedará.
Mas si santificare su campo después del jubileo, el sacerdote hará el cómputo del dinero a razón de los años que quedaren hasta el año del jubileo; y se rebajará de tu avalúo la parte correspondiente.
Mas si el que santificó el campo quisiere redimirlo, añada la quinta parte del dinero de tu valuación sobre ella, y se quedará para él.
Pero si no quisiere redimir el campo, o si el sacerdote hubiere vendido el campo a otro hombre, él no podrá redimirlo más;
sino que el campo, cuando saliere en el jubileo, será santo a Jehová, como campo apartado irrevocablemente para Jehová; la posesión de él será del sacerdote.
Si alguno santificare a Jehová campo que compró, que no fuere del campo de su posesión propia,
el sacerdote le hará el cómputo del importe de tu valuación hasta el año del jubileo; y él pagará tu avalúo ese mimo día, como cosa santa a Jehová.
En el año del jubileo volverá el campo a aquel de quien el lo hubiere comprado, al mismo a quien pertenece la posesión de la tierra.
Y todas tus valuaciones serán en siclos del Santuario; veinte geras son un siclo.
¶Esto empero, los primogénitos de los animales que por primogenitura son de Jehová, nadie los podrá santificar; sea ganado vacuno o sea ovejuno, son ya de Jehová.
Y si fuere bestia doméstica inmunda, y él la quisiere redimir según tu avalúo, añada la quinta parte sobre ese valor; mas si no se redimiere, sea vendida conforme a tu valuación.
¶Esto empero también, ninguna cosa dedicada, que alguno apartare irrevocablemente para Jehová, de todo lo que fuere suyo propio, ora sea hombre, ora bestia o campo de su posesión, no podrá venderse ni redimirse: toda cosa apartada irrevocablemente es sacratísima a Jehová.
Cualquier ser humano que fuere apartado irrevocablemente, no podrá ser redimido; será muerto irremisiblemente.
¶Todo el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, ya es de Jehová; ya es santo a Jehová.
Y si alguno quisiere redimir cualquiera parte de su diezmo, añada su quinta parte sobre ella.
Asimismo respecto de todo el diezmo de la vacada o del rebaño; de todo lo que pasare bajo la vara, al contarlos, cada décimo animal será santo a Jehová.
No se ha de mirar si es bueno o malo, ni se ha de trocar; y si de manera alguna se trocare, tanto él como su trueque serán santos: no podrán redimirse.
¶Estos son los mandamientos que prescribió Jehová a Moisés, para los hijos de Israel, en el monte Sinaí.
Y El día primero del mes segundo, en el segundo año de haber salido los hijos de Israel de la tierra de Egipto, estando ellos en el desierto de Sinaí, Jehová habló a Moisés en el Tabernáculo de Reunión, diciendo:
Formad el censo de toda la Congregación de los hijos de Israel, por sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres; es decir, de todos los varones por sus cabezas;
de edad de veinte años arriba; todos los que pueden salir a la guerra en Israel: tú y Aarón los contaréis por sus escuadrones.
Y habrá con vosotros un hombre de cada tribu, siendo cada uno cabeza de las casas paternas de su tribu.
Y estos son los nombres de los varones que estarán con vosotros: De Rubén; Elizur hijo de Sedeur;
de Simeón, Selumiel hijo de Zurisadai;
de Judá, Naasón hijo de Aminadab;
de Isacar, Natanael hijo de Zuar;
de Zabulón, Eliab hijo de Helón;
de los hijos de José: de Efraim, Elisama hijo de Amiud; de Manasés, Gamaliel hijo de Pedazur;
de Benjamín, Abidán hijo de Gedeoni;
de Dan, Ahiezer hijo de Amisadai;
de Aser, Pagiel hijo de Ocrán;
de Gad, Eliasaf hijo de Deuel;
de Neftalí, Ahira hijo de Enán.
Estos fueron los designados de entre la Congregación, príncipes de las tribus de sus padres, cabezas de los millares de Israel.
¶Entonces Moisés y Aarón tomaron a estos hombres que habían sido designados por nombre,
y reunieron a toda la Congregación el día primero del mes segundo: y los varones de ella fueron inscritos en genealogías, según sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres, de edad de veinte años arriba, por sus cabezas.
De la manera que había mandado Jehová a Moisés, así los contó éste en el desierto de Sinaí.
¶Y los hijos de Rubén, el primogénito de Israel, sus linajes, por sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres, por sus cabezas, todos los varones de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
los alistados de ellos, de la tribu de Rubén, fueron cuarenta y seis mil quinientos.
¶De los hijos de Simeón, sus linajes, por sus parentelas, por sus casas paternas, los alistados de él, conforme a la cuenta de los nombres, por sus cabezas, todos los varones de edad de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
los alistados de ellos, de la tribu de Simeón, fueron cincuenta y nueve mil trescientos.
¶De los hijos de Gad, sus linajes, por sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres, de edad de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
los alistados de ellos, de la tribu de Gad, fueron cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta.
¶De los hijos de Judá, sus linajes, por sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres, de edad de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
los alistados de ellos, de la tribu de Judá, fueron setenta y cuatro mil seiscientos.
¶De los hijos de Isacar, sus linajes, por sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres, de edad de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
los alistados de ellos, de la tribu de Isacar, fueron cincuenta y cuatro mil cuatrocientos.
¶De los hijos de Zabulón, sus linajes, por sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres, de edad de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
los alistados de ellos, de la tribu de Zabulón, fueron cincuenta y siete mil cuatrocientos.
¶De los hijos de José: a saber, de los hijos de Efraim, sus linajes, por sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres, de edad de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
los alistados de ellos, de la tribu de Efraim, fueron cuarenta mil quinientos.
¶De los hijos de Manasés, sus linajes, por sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres, de edad de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
los alistados de ellos, de la tribu de Manasés, fueron treinta y dos mil doscientos.
¶De los hijos de Benjamín, sus linajes, por sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres, de edad de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
los alistados de ellos, de la tribu de Benjamín, fueron treinta y cinco mil cuatrocientos.
¶De los hijos de Dan, sus linajes, por sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres, de edad de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
los alistados de ellos, de la tribu de Dan, fueron sesenta y dos mil setecientos.
¶De los hijos de Aser, sus linajes, por sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres, de edad de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
los alistados de ellos, de la tribu de Aser, fueron cuarenta y un mil quinientos.
¶De los hijos de Neftalí, sus linajes, por sus parentelas, por sus casas paternas, conforme a la cuenta de los nombres, de edad de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
los alistados de ellos, de la tribu de Neftalí, fueron cincuenta y tres mil cuatrocientos.
¶Estos pues son los que fueron contados, a quienes contaron Moisés y Aarón, con los doce príncipes de Israel: cada uno era príncipe de las casas paternas de su tribu.
Y fueron todos los alistados de los hijos de Israel, según sus casas paternas, de edad de veinte años arriba, todos los que en Israel podían salir a la guerra:
es decir, todos los alistados fueron seiscientos y tres mil quinientos cincuenta.
¶Mas los Levitas, según la tribu de sus padres, no fueron alistados entre ellos;
porque Jehová habló a Moisés, diciendo:
Empero no alistarás la tribu de Leví, y no formarás su censo entre los demás hijos de Israel;
sino que encargarás a los Levitas la guarda de la Habitación del Testimonio, con todos sus utensilios, y todo lo que le pertenece: ellos llevarán la Habitación y todos sus utensilios, y ministrarán acerca de ella; y acamparán al rededor de la Habitación.
Y cuando la Habitación haya de removerse, los Levitas la desarmarán; y cuando se asiente la Habitación, los Levitas la armarán; y el extraño que se acercare será muerto.
Y los hijos de Israel acamparán cada cual en su propio campamento, y cada uno junto a su propia bandera, según sus escuadrones:
mas los Levitas acamparán en derredor de la Habitación del Testimonio, para que no haya explosión de ira contra la Congregación de los hijos de Israel; de modo que los Levitas tendrán el cargo de guardar la Habitación del Testimonio.
Y lo hicieron así los hijos de Israel: conforme a todo lo que había mandado Jehová a Moisés, así lo hicieron.
Y HABLÓ Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo:
Los hijos de Israel acamparán cada cual junto a su propia bandera, bajo el estandarte de las casas paternas de su misma tribu; dando frente al Tabernáculo de Reunión, acamparán en su derredor.
Y los acampados de la parte del oriente, hacia donde se levanta el sol, serán los de la bandera del campamento de Judá, repartidos según sus escuadrones; siendo el príncipe de los hijos de Judá, Naasón hijo de Aminadab;
y su escuadrón, los alistados de ellos, fueron setenta y cuatro mil seiscientos.
Y los acampados junto a él serán los de la tribu de Isacar; siendo el príncipe de los hijos de Isacar, Natanael hijo de Zuar;
y su escuadrón, los alistados de éste, fueron cincuenta y cuatro mil cuatrocientos.
Luego la tribu de Zabulón, siendo el príncipe de los hijos de Zabulón, Eliab hijo de Helón;
y su escuadrón, los alistados de éste, fueron cincuenta y siete mil cuatrocientos.
Todos los alistados del campamento de Judá fueron ciento ochenta y seis mil cuatrocientos, repartidos según sus escuadrones: éstos se pondrán en marcha los primeros.
¶Los de la bandera del campamento de Rubén estarán al mediodía, repartidos según sus escuadrones, siendo el príncipe de los hijos de Rubén, Elizur hijo de Sedeur;
y su escuadrón, es decir, los alistados de éste, fueron cuarenta y seis mil quinientos.
Y los acampados junto a él serán los de la tribu de Simeón, siendo el príncipe de las hijos de Simeón, Selumiel hijo de Zurisadai;
y su escuadrón, es decir, los alistados de ellos, fueron cincuenta y nueve mil trescientos.
Luego la tribu de Gad, siendo el príncipe de los hijos de Gad, Eliasaf hijo de Reuel;
y su escuadrón, es decir, los alistados de ellos, fueron cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta.
Y todos los alistados del campamento de Rubén fueron ciento cincuenta y un mil cuatrocientos cincuenta, repartidos según sus escuadrones: y ellos se pondrán en marcha los segundos.
¶En seguida se pondrá en marcha el Tabernáculo de Reunión, con el campamento de los Levitas, en medio de los demás campamentos: conforme acampen, así se pondrán en marcha; cada uno en su propio lugar, junto a su bandera.
¶Los de la bandera del campamento de Efraim, repartidos según sus escuadrones, estarán al occidente, siendo el príncipe de los hijos de Efraim, Elisama hijo de Amiud;
Y su escuadrón, es decir, los alistados de ellos, fueron cuarenta mil quinientos.
Y junto a él estará la tribu de Manasés, siendo el príncipe de los hijos de Manasés, Gamaliel hijo de Pedazur;
y su escuadrón, es decir, los alistados de ellos, fueron treinta y dos mil doscientos.
Luego la tribu de Benjamín, siendo el príncipe de los hijos de Benjamín, Abidán hijo de Gedeoni;
y su escuadrón, es decir, los alistados de ellos, fueron treinta y cinco mil cuatrocientos.
Todos los alistados del campamento de Efraim fueron ciento y ocho mil y ciento, repartidos según sus escuadrones: y ellos se pondrán en marcha los terceros.
¶Los de la bandera del campamento de Dan estarán al aquilón, repartidos según sus escuadrones, siendo el príncipe de los hijos de Dan, Ahiezer hijo de Amisadai;
y su escuadrón, es decir, los alistados de ellos, fueron sesenta y dos mil setecientos.
Y los acampados junto a él serán lo de la tribu de Aser, siendo el príncipe de los hijos de Aser, Pagiel hijo de Ocrán;
y su escuadrón, es decir, los alistados de ellos, fueron cuarenta y un mil quinientos.
Luego la tribu de Neftalí, siendo el príncipe de los hijos de Neftalí, Ahira hijo de Enán;
y su escuadrón, es decir, los alistados de ellos, fueron cincuenta y tres mil cuatrocientos.
Todos los alistados del campamento de Dan fueron ciento cincuenta y siete mil seiscientos. Ellos se pondrán en marcha los postreros, conforme a sus banderas respectivas.
¶Estos fueron los alistados de los hijos de Israel, por sus casas paternas: todos los alistados de los campamentos, repartidos según sus escuadrones, fueron seiscientos y tres mil quinientos cincuenta.
Mas los Levitas no fueron alistados entre los demás hijos de Israel, como Jehová había mandado a Moisés.
¶E hicieron los hijos de Israel conforme a todo lo que Jehová había mandado a Moisés; de manera que acamparon junto a sus banderas respectivas; y así emprendieron la marcha cada cual conforme a sus parentelas, según sus casas paternas.
Y ESTAS fueron las generaciones de Aarón y de Moisés, en el día que Jehová habló con Moisés en el monte Sinaí:
estos pues son los nombres de los hijos de Aarón: Nadab, el primogénito, y Abiú, Eleazar e Itamar.
Estos son los nombres de los hijos de Aarón, los sacerdotes que fueron ungidos, a quienes Jehová hizo consagrar para que ministrasen como sacerdotes.
Pero Nadab y Abiú murieron delante de Jehová, cuando ofrecieron un fuego extraño ante la presencia de Jehová en el desierto de Sinaí; y no tuvieron hijos: y Eleazar e Itamar ministraron como sacerdotes delante de Aarón su padre.
¶Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
Haz que se presente la tribu de Leví, y ponla delante de Aarón el sumo sacerdote, para que le asistan.
Y se ocuparán en el servicio de él, y en el servicio de toda la Congregación, delante del Tabernáculo de Reunión, haciendo en lugar de ella el servicio de la Habitación.
Y tendrán la custodia de todos los utensilios del Tabernáculo de Reunión, y se ocuparán en el servicio de los hijos de Israel, haciendo en lugar de ellos el servicio de la Habitación.
Harás pues donación de los Levitas a Aarón y a sus hijos; ellos le son enteramente cedidos de entre los hijos de Israel.
Mas encargarás a Aarón y a sus hijos que ellos solos se ocupen en su sacerdocio; y el extraño que se acercare será muerto.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Y en cuanto a mí, he aquí que he tomado a los Levitas de en medio de los hijos de Israel, en lugar de todos los primogénitos (los que abren la matriz) de entre los hijos de Israel; y serán míos los Levitas.
Porque todos los primogénitos son míos: pues en el día que herí a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, santifiqué para mí todos los primogénitos de Israel, así de hombres como de bestias; míos serán. Yo Jehová.
¶Y Jehová habló a Moisés en el desierto de Sinaí, diciendo:
Cuenta los hijos de Leví por sus casas paternas, por sus parentelas: contarás a todos los varones de edad de un mes arriba.
Moisés pues los contó por orden de Jehová, como le fué mandado.
Y estos fueron los hijos de Leví por sus nombres: Gersón y Coat y Merari.
Y estos son los nombres de los hijos de Gersón, por sus parentelas: Libni y Simei.
Y los hijos de Coat, por sus parentelas, Amram e Izhar, Hebrón y Uziel.
Y los hijos de Merari por sus parentelas, Mahali y Musi. Estas son las parentelas de los Levitas por sus casas paternas.
¶De Gersón fué la parentela de los Libnitas, y la parentela de los Simeítas. Estas son las parentelas de los Gersonitas.
Los contados de ellos, conforme a la cuenta de todos los varones, de edad de un mes arriba, los contados de ellos fueron siete mil y quinientos.
Las parentelas de los Gersonitas acamparán detrás de la Habitación, a la parte del oeste.
Y el príncipe de la casa paterna de los Gersonitas será Eliasaf hijo de Lael.
Y el cargo de los hijos de Gersón, en cuanto al Tabernáculo de Reunión, será la Habitación y el Tabernáculo, su cubierta y la cortina de la entrada del Tabernáculo de Reunión,
y las colgaduras del atrio, y la cortina de la entrada del atrio que está al rededor de la Habitación y del altar, juntamente con las cuerdas del Tabernáculo para todo su servicio.
¶Y de Coat fué la parentela de los Amramitas y la parentela de los Izharitas, y la parentela de los Hebronitas, y la parentela de los Uzielitas. Estas son las parentelas de los Coatitas.
Por la cuenta de todos los varones, de edad de un mes arriba, fueron ocho mil y seiscientos; los cuales tenían a su cargo la guarda del Santuario.
Las parentelas de los hijos de Coat acamparán al costado de la Habitación, a la parte del mediodía.
Y el príncipe de la casa paterna de las parentela de los Coatitas será Elizafán hijo de Uziel.
Y el cargo de ellos será el Arca, y la mesa, y el candelabro, y los dos altares, y los utensilios del Santuario, (con los cuales ministran los sacerdotes), y la cortina, y todo lo perteneciente al servicio del Santuario.
Y el principal de los príncipes de los Levitas será Eleazar hijo de Aarón el sumo sacerdote, el cual tendrá la superintendencia de los que hacen la guardia del Santuario.
¶De Merari fué la parentela de los Mahalitas, y la parentela de los Musitas: estas son las parentelas de Merari.
Y los contados de ellos, conforme a la cuenta de todos los varones, de edad de un mes arriba, fueron seis mil doscientos.
Y el príncipe de la casa paterna de las parentelas de Merari será Zuriel hijo de Abihail. Estos acamparán al costado de la Habitación a la parte del aquilón.
Y el cargo especial de los hijos de Merari será los tablones de la Habitación, sus travesaños, y sus columnas, y sus basas, y todos sus enseres, con todo lo perteneciente a su servicio,
y las columnas de al rededor del atrio, y sus basas, y sus estacas, y sus cuerdas.
¶Y los acampados al frente de la Habitación, a la parte del oriente, delante del Tabernáculo de Reunión, hacia donde se levanta el sol, serán Moisés y Aarón y los hijos de éste; los cuales harán la guardia del Santuario, para cumplir con la obligación de los hijos de Israel; y el extraño que se acercare será muerto.
¶Todos los contados de los Levitas, que por orden de Jehová contaron Moisés y Aarón, por sus parentelas, todos los varones de un mes arriba, fueron veinte y dos mil.
¶Entonces Jehová dijo a Moisés: Cuenta todos los varones primogénitos de los hijos de Israel, de edad de un mes arriba, y forma el censo de sus nombres.
Pues tomarás para mí los Levitas, (yo Jehová), en lugar de todos los primogénitos de entre los hijos de Israel; y tomarás los ganados de los Levitas en lugar de todos los primogénitos de entre los ganados de los hijos de Israel.
Moisés pues contó, como había mandado Jehová, todos los primogénitos de los hijos de Israel.
Y eran todos los varones primogénitos, por la cuenta de los nombres, de edad de un mes arriba, según los contados de ellos, veinte y dos mil doscientos setenta y tres.
¶Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo:
Toma los Levitas en lugar de todos los primogénitos de entre los hijos de Israel; y los ganados de los Levitas en lugar de los primogénitos de sus ganados; y los Levitas serán míos. Yo Jehová.
Y respecto de los doscientos setenta y tres que han de ser redimidos, es decir, los que de entre los primogénitos de Israel exceden del número de los Levitas;
tomarás cinco siclos de cada uno, por cabeza; según el siclo del Santuario los tomarás; (veinte geras son un siclo);
y darás a Aarón y a sus hijos el dinero con que han de ser redimidos los que exceden del número de ellos.
Moisés pues tomó el dinero de los rescates, de los que resultaron demás de los redimidos por los Levitas;
de parte de los primogénitos de los hijos de Israel tomó el dinero, mil trescientos sesenta y cinco siclos, en siclos del Santuario.
Y Moisés dió el dinero de los que fueron redimidos a Aarón y a sus hijos, por orden de Jehová; como había mandado Jehová a Moisés.
Y JEHOVÁ habló a Moisés y a Aarón, diciendo:
Formad el censo de los hijos de Coat, de entre los hijos de Leví, por sus parentelas, por sus casas paternas,
de edad de treinta años arriba, hasta la edad de cincuenta años, todos los que entran en la milicia sagrada para servir en lo relativo al Tabernáculo de Reunión.
Este será el oficio de los hijos de Coat acerca del Tabernáculo de Reunión, a saber, lo relativo a las cosas más santas.
¶Siempre que se hubiere de levantar el campamento, entrará Aarón con sus hijos, y bajarán el velo de separación, y cubrirán con él el Arca del Testimonio.
Luego pondrán sobre éste una cubierta de pieles de foca, y extenderán por encima de ella un paño todo de jacinto; y colocarán sus varas.
¶Y sobre la mesa de la proposición extenderán un paño de jacinto, y pondrán sobre éste los platos, y las cucharas, y los tazones, y las tazas para hacer las libaciones; y el pan continuo estará sobre él.
Luego extenderán sobre ellos un paño de escarlata; y cubrirán éste con una cubierta de pieles de foca; y colocarán sus varas.
¶Y tomarán un paño de jacinto, y cubrirán el candelabro del alumbrado, juntamente con las lámparas, y sus despabiladeras, y sus platillos, y todos sus vasos para el aceite, con que le sirven.
Y lo pondrán, con todos sus utensilios, dentro de una cubierta de pieles de foca; y lo pondrán sobre las parihuelas.
¶Asimismo sobre el altar de oro extenderán un paño de jacinto, y cubrirán éste con una cubierta de pieles de foca; y colocarán sus varas.
¶Y tomarán todos los utensilios del ministerio, con los cuales se hace el servicio en el Santuario, y los pondrán en un paño de jacinto, y los cubrirán con una cubierta de pieles de foca; y los pondrán sobre las parihuelas.
¶Y quitarán las cenizas del altar del holocausto, y extenderán sobre él un paño de púrpura;
y pondrán sobre éste todos los utensilios del altar con los cuales le sirven, a saber, los braseros, y los garfios, y las palas, y los tazones, en fin, todos los utensilios del altar; y extenderán sobre él una cubierta de pieles de foca; y colocarán sus varas.
¶Y cuando Aarón y sus hijos hubieren acabado de cubrir el Santuario y todos los enseres del Santuario, siempre que hubiere de levantarse el campamento, entonces, después de esto, se llegarán los hijos de Coat para alzarlos: mas no tocarán al Santuario, no sea que mueran. Estos objetos constituirán la carga de los hijos de Coat en cuanto al Tabernáculo de Reunión.
¶Y el cargo especial de Eleazar hijo de Aarón el sacerdote, será el aceite para el alumbrado, y el incienso aromático, y la ofrenda vegetal continua, y el aceite de la unción; a más de la superintendencia de toda la Habitación y de todo lo que está en ella; el Santuario con sus enseres.
¶Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo:
No hagáis que el linaje de las parentelas de los Coatitas sea cortado de en medio de los demás Levitas.
Haced pues así con ellos, para que vivan y no mueran, cuando se lleguen a las cosas santísimas: Aarón y sus hijos vendrán y señalarán a cada cual su propio oficio y su propia carga.
Pero ellos no han de entrar para ver las cosas santas, ni aun por un momento, no sea que mueran.
¶Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
Forma también el censo de los hijos de Gersón, por sus casas paternas, por sus parentelas;
de edad de treinta años arriba, hasta la edad de cincuenta años los contarás; todos los que entran para tomar parte en la milicia sagrada, para hacer el servicio del Tabernáculo de Reunión.
Este es el servicio de las parentelas de los Gersonitas, así para servir como para llevar cargas:
a saber, llevarán las cortinas de la Habitación, y el Tabernáculo de Reunión, su cubierta, y la cubierta de pieles de foca que está encima de ésta, y la cortina para la entrada del Tabernáculo de Reunión,
y las colgaduras del atrio, y la cortina para la entrada de la puerta del atrio que está al rededor de la Habitación y del altar; y sus cuerdas, y todos los utensilios de su servicio, y todo lo que se debe hacer con ellos; y en esto servirán.
A las órdenes de Aarón y de sus hijos estará todo el servicio de los hijos de los Gersonitas, relativo a toda su carga y a todo su servicio: y vosotros les señalaréis lo que es de su obligación, todo lo que han de llevar.
Este es el servicio de las parentelas de los hijos de los Gersonitas, en cuanto al Tabernáculo de Reunión: y el cargo de ellos estará bajo la dirección de Itamar hijo de Aarón el sacerdote.
¶Contarás también a los hijos de Merari por sus parentelas, por sus casas paternas;
de edad de treinta años arriba, hasta la edad de cincuenta años, los contarás; todos los que entran en la milicia sagrada, para hacer el servicio del Tabernáculo de Reunión.
Y esto será lo que es de su obligación llevar, tocante a todo su servicio acerca del Tabernáculo de Reunión, a saber: los tablones de la Habitación, y sus travesaños, sus columnas, y sus basas,
y las columnas del atrio a su rededor, y sus basas, y sus estacas, y sus cuerdas con todos sus utensilios, y con todo lo concerniente a su servicio: y les designarás por nombre los enseres que es de su obligación llevar.
Este es el oficio de las parentelas de los hijos de Merari, conforme a todo su servicio acerca del Tabernáculo de Reunión, bajo la dirección de Itamar hijo de Aarón el sacerdote.
¶Asimismo Moisés y Aarón y los príncipes de la Congregación contaron a los hijos de los Coatitas, por sus parentelas y por sus casas paternas,
de edad de treinta años arriba, hasta la edad de cincuenta años, todos los que entraban en la milicia sagrada para servir en lo relativo al Tabernáculo de Reunión.
Y fueron los contados de ellos, por sus parentelas, dos mil setecientos cincuenta.
Estos son los contados de las parentelas de los Coatitas, los que servían en lo relativo al Tabernáculo de Reunión, a quienes contaron Moisés y Aarón, conforme a la orden de Jehová por conducto de Moisés.
¶Y los contados de los hijos de Gersón, por sus parentelas y por sus casas paternas,
de edad de treinta años arriba, hasta la edad de cincuenta años, todos los que entraban en la milicia sagrada para servir en lo relativo al Tabernáculo de Reunión;
los contados de ellos, por sus parentelas, por sus casas paternas, fueron dos mil seiscientos treinta.
Estos son los contados de las parentelas de los hijos de Gersón, todos los que servían en cuanto al Tabernáculo de Reunión, a quienes contaron Moisés y Aarón, por orden de Jehová.
¶Y los contados de las parentelas de los hijos de Merari, por sus parentelas, por sus casas paternas,
de edad de treinta años arriba, hasta la edad de cincuenta años, todos los que entraban en la milicia sagrada para servir en lo relativo al Tabernáculo de Reunión;
los contados de ellos, por sus parentelas, fueron tres mil doscientos.
Estos son los contados de las parentelas de los hijos de Merari, a quienes contaron Moisés y Aarón, por orden de Jehová, por conducto de Moisés.
¶Todos los contados de los Levitas, a quienes contaron Moisés y Aarón y los príncipes de Israel, por sus parentelas y por sus casas paternas,
de edad de treinta años arriba, hasta la edad de cincuenta años, todos los que entraban para hacer la obra del servicio y la obra de llevar cargas, en lo relativo al Tabernáculo de Reunión,
es decir, los contados de ellos fueron ocho mil quinientos ochenta.
Conforme a la orden de Jehová, por conducto de Moisés, se le asignó a cada uno su oficio y a cada uno su carga. Así fueron contados por él, del modo que Jehová había mandado a Moisés.
Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo:
Manda a los hijos de Israel que echen fuera del campamento a todo leproso, y a todo aquel que padece flujo, así como a todo contaminado por causa de muerto;
echadlos, tanto a hombres como a mujeres; a las afueras del campamento los echaréis; para que no contaminen los campamentos de aquellos en medio de quienes yo habito.
Y los hijos de Israel lo hicieron así, echándolos a las afueras del campamento: según Jehová había mandado a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel.
¶Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
Di a los hijos de Israel: Cuando algún hombre o mujer cometiere cualquier pecado de los que suelen cometer los hombres, prevaricando contra Jehová, se tendrá por culpable la tal persona;
y confesará contra sí el pecado que hubiere cometido, y restituirá íntegramente aquello en que haya delinquido, añadiendo la quinta parte sobre ello; y lo dará a aquel contra quien ha cometido la culpa.
Mas, muerto el hombre agraviado, si no le quedare pariente cercano a quien restituirse aquello en que ha delinquido el otro, la restitución por la culpa que debiera hacerse a Jehová, será hecha al sacerdote; además del carnero de las expiaciones con que se ha de hacer la expiación por el culpable.
También toda ofrenda alzada de todas las cosas santificadas de los hijos de Israel, que ellos presentaren al sacerdote, será suya.
Asimismo las cosas santificadas de cualquiera persona serán de él: lo que cualquiera persona diere al sacerdote, será suyo.
Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando la mujer de un hombre se desviare, portándose deslealmente para con él,
y otro hombre tuviere ayuntamiento carnal con ella, y esto fuere encubierto al conocimiento de su marido, y la cosa quedare oculta, (porque cuando se amancilló no hubo testigo contra ella, ni fué sorprendida en el acto;)
sin embargo cuando viniere espíritu de celos sobre él, de modo que tenga celos de su mujer, siendo ella amancillada; o viniere espíritu de celos sobre él, de modo que tenga celos de su mujer, aunque ella no fuere amancillada;
entonces aquel hombre llevará su mujer al sacerdote; y llevará por ella, como oblación suya, la décima parte de un efa de harina de cebada; no derramará sobre ella aceite, ni pondrá sobre ella olíbano; porque es ofrenda vegetal de celos, ofrenda vegetal de recordación, que renueva la memoria del pecado.
Entonces el sacerdote presentará la mujer, y la hará estar en pie delante de Jehová.
Luego tomará el sacerdote agua santa en una vasija de barro, y del polvo que hubiere en el suelo de la Habitación tomará el sacerdote, y lo echará en el agua.
El sacerdote pues hará que la mujer esté en pie delante de Jehová, y soltará la cabellera de la mujer, y pondrá en sus manos la ofrenda vegetal de recordación, que es ofrenda vegetal de celos: entretanto estarán en la mano del sacerdote las aguas amargas que acarrean maldición.
En seguida el sacerdote la juramentará, y dirá a la mujer: Si no se ha acostado contigo otro varón, y si no te has desviado a inmundicia con uno que no es tu marido, entonces queda ilesa de estas aguas amargas que acarrean maldición.
Mas si es verdad que te has desviado con alguno que no es tu marido, y te has amancillado, acostándose contigo algún hombre fuera de tu marido,
(entonces el sacerdote juramentará a la mujer con juramento de maldición, y le dirá el sacerdote): ¡Jehová te ponga a ti por maldición y por imprecación en medio del pueblo, haciendo Jehová que se te caiga el muslo y que se hinche tu vientre;
y entren en tus entrañas estas aguas que acarrean maldición, y hagan hinchar tu vientre y caer tu muslo! Y dirá la mujer: ¡Amén¡ ¡amén!
Entonces el sacerdote escribirá estas maldiciones en un libro, y las borrará con las aguas.
Y hará que beba la mujer las aguas amargas que acarrean maldición; y entrarán en ella las aguas que acarrean maldición, para convertirse en amargas.
En seguida el sacerdote tomará de mano de la mujer la ofrenda vegetal de celos, y mecerá la ofrenda vegetal delante de Jehová, y la presentará delante del altar.
Entonces tomará el sacerdote un puñado de la ofrenda vegetal, por memorial de ella, y lo hará consumir en el altar; y después de esto hará que la mujer beba aquellas aguas.
La hará pues beber las aguas; y sucederá que si ella fuere amancillada, y se hubiere portado deslealmente con su marido, en tal caso entrarán en ella las aguas que acarrean maldición para convertirse en amargas; y se le hinchará el vientre y caerá su muslo; y será aquella mujer una execración en medio de su pueblo.
Pero si la mujer no fuere amancillada, sino pura, quedará ilesa y tendrá hijos.
¶Esta es la ley de los celos, cuando una mujer se desviare con hombre que no es su marido, y así fuere amancillada;
o cuando viniere sobre un hombre espíritu de celos, de modo que tenga celos de su mujer; entonces él la hará estar en pie delante de Jehová, y el sacerdote hará con ella conforme a toda esta ley.
Y el marido será libre de iniquidad; pero la mujer pecadora llevará su iniquidad.
Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando algún hombre o mujer hiciere un voto especial, voto de nazareo, dedicándose a Jehová;
se abstendrá de vino y de licor fermentado; ni tampoco beberá vinagre de vino, ni vinagre de licor fermentado; ni tomará ninguna bebida hecha de uvas, ni comerá uvas frescas ni pasas.
En todos los días de su nazareato no comerá de ninguna cosa que produce la vid, desde los granillos hasta el hollejo.
Todo el tiempo que durare su voto de nazareato, no pasará navaja por su cabeza; hasta cumplirse los días por los cuales se hubiere separado para Jehová, quedará santo, y dejará crecer las guedejas de su cabellera.
En todos los días de su separación no entrará donde hubiere cuerpo muerto.
Ni aun por su padre, ni por su madre, ni por su hermano, ni por su hermana se ha de contaminar, cuando ellos murieren; porque la consagración de su Dios está sobre su cabeza.
Todo el tiempo de su nazareato él será santo a Jehová.
Y si alguno muriere junto a él muy de repente, de modo que se contamine la cabeza de su nazareato, raerá su cabeza el día en que se purificare; en el día séptimo la raerá.
Y en el día octavo traerá dos tórtolas o dos palominos al sacerdote, a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
Y el sacerdote ofrecerá el uno como ofrenda por el pecado, y el otro como holocausto; así se hará expiación por él, de lo que ha pecado con motivo del muerto; y él volverá a santificar su cabeza en aquel mismo día.
Y consagrará de nuevo a Jehová los días de su nazareato, y traerá un cordero del primer año para ofrenda por la culpa; y los primeros días serán nulos, porque fué contaminado su nazareato.
¶Y esta es la ley respecto del nazareo, cuando se cumplieren los días de su nazareato: Será conducido a la entrada del Tabernáculo de Reunión;
y presentará como su oblación a Jehová un cordero del primer año, sin tacha, para holocausto, y una cordera del primer año, sin tacha, para ofrenda por el pecado, y un carnero sin tacha para sacrificio de las paces;
y un canasto de panes ázimos, tortas de flor de harina mezclada con aceite, y hojaldres sin levadura untados de aceite, juntamente con la ofrenda vegetal de ellos y sus libaciones.
Y los presentará el sacerdote delante de Jehová, y ofrecerá su ofrenda por el pecado y su holocausto:
asimismo ofrecerá el carnero como sacrificio de paces a Jehová, juntamente con el canasto de los panes ázimos; el sacerdote ofrecerá también la ofrenda vegetal de ellos y su libación.
Luego el nazareo raerá la cabeza de su nazareato, a la entrada del Tabernáculo de Reunión; y tomará el pelo de la cabeza de su nazareato y lo pondrá sobre el fuego que está debajo del sacrificio de las paces.
Entonces el sacerdote tomará la espaldilla cocida del carnero, y del canasto tomará una torta sin levadura y un hojaldre sin levadura, y los pondrá en las manos del nazareo, después que se hubiere raído la cabeza de su nazareato;
y los mecerá el sacerdote por ofrenda mecida delante de Jehová; (cosa santa es para el sacerdote, a más del pecho mecido y la espaldilla alzada); y después de esto podrá el nazareo beber vino.
¶Esta es la ley respecto de aquel que ha hecho voto de nazareo, y de su oblación a Jehová con motivo de su nazareato, a más de lo que alcanzaren sus recursos: al tenor de su voto que ha hecho, así ha de hacer, además de lo que exige la ley de su nazareato.
Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: De esta manera habéis de bendecir a los hijos de Israel; les diréis:
¡Jehová te bendiga, y te guarde!
¡Haga Jehová resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti compasión!
¡Alce Jehová su rostro sobre ti, y te conceda la paz!
Así ellos pondrán mi Nombre subre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.
Y ACONTECIÓ en el día que Moisés hubo acabado de erigir la Habitación, y la hubo ungido y santificado con todos sus enseres, y hubo ungido y santificado el altar con todos sus utensilios,
que presentaron entonces sus ofrendas los príncipes de Israel, las cabezas de las casas paternas: ellos eran los príncipes de las tribus, los mismos que estaban encargados del alistamiento.
Trajeron pues delante de Jehová, como oblación suya, seis carros cubiertos y doce bueyes; un carro de parte de cada dos príncipes, y un buey de parte de cada uno de ellos; y los presentaron delante de la Habitación.
Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Recíbelo de ellos, y sea para hacer el servicio del Tabernáculo de Reunión; y lo darás a los Levitas, a cada cual según su servicio.
Entonces Moisés recibió los carros y los bueyes, y los dió a los Levitas.
Dió dos carros con cuatro bueyes a los hijos de Gersón, según su servicio;
y cuatro carros con ocho bueyes dió a los hijos de Merari, según el servicio de ellos, bajo la dirección de Itamar hijo del sacerdote Aarón.
Pero a los hijos de Coat no les dió ninguno, porque el servicio de las cosas más santas tocaba a ellos; sobre sus hombros las habían de llevar.
¶Los príncipes también presentaron sus ofrendas para la dedicación del altar, el día en que fué ungido, presentando los príncipes sus oblaciones delante del altar;
pues que Jehová había dicho a Moisés: Presenten ellos mismos sus oblaciones, cada príncipe en su día, para la dedicación del altar.
¶Y el que presentó su oblación el primer día fué Naasón hijo de Aminadab, de la tribu de Judá.
Y era su oblación una fuente de plata, siendo su peso ciento treinta siclos, un tazón de plata de setenta siclos, según el ciclo del Santuario; ambos llenos de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal;
una cuchara de diez siclos de oro, llena de incienso;
un novillo joven, un carnero, un cordero del primer año, para holocausto;
un macho cabrío para ofrenda por el pecado;
y para sacrificio de paces, dos novillos, cinco corderos, cinco machos cabríos, y cinco corderos del primer año. Tal fué la oblación de Naasón hijo de Aminadab.
¶El día segundo presentó su ofrenda Natanael hijo de Zuar, príncipe de Isacar.
Él presentó como oblación suya una fuente de plata, siendo su peso ciento treinta siclos, un tazón de plata de setenta siclos, según el ciclo del Santuario; ambos llenos de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal;
una cuchara de diez siclos de oro, llena de incienso;
un novillo joven, un carnero, un cordero del primer año para holocausto;
un macho cabrío para ofrenda por el pecado;
y para sacrificio de paces, dos novillos, cinco carneros, cinco machos cabríos, y cinco corderos del primer año. Tal fué la oblación de Natanael hijo de Zuar.
¶El día tercero presentó su ofrenda el príncipe de los hijos de Zabulón, Eliab hijo de Helón.
Era su oblación una fuente de plata, siendo su peso ciento treinta siclos, un tazón de plata de setenta siclos, según el siclo del Santuario; ambos llenos de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal;
una cuchara de diez siclos de oro, llena de incienso;
un novillo joven, un carnero, un cordero del primer año, para holocausto;
un macho cabrío para ofrenda por el pecado;
y para sacrificio de paces, dos novillos, cinco carneros, cinco machos cabríos, y cinco corderos del primer año. Tal fué la oblación de Eliab hijo de Helón.
¶El día cuarto presentó su ofrenda el príncipe de los hijos de Rubén, Elizur hijo de Sedeur.
Era su oblación una fuente de plata, siendo su peso ciento treinta siclos, un tazón de plata de setenta siclos, según el siclo del Santuario; ambos llenos de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal;
una cuchara de diez siclos de oro llena de incienso;
un novillo joven, un carnero, un cordero del primer año, para holocausto;
un macho cabrío para ofrenda por el pecado;
y para sacrificio de paces, dos novillos, cinco carneros, cinco machos cabríos, y cinco corderos del primer año. Tal fué la oblación de Elizur hijo de Sedeur.
¶El día quinto presentó su ofrenda el príncipe de los hijos de Simeón, Selumiel hijo de Zurisadai.
Era su oblación una fuente de plata, siendo su peso ciento treinta siclos, un tazón de plata de setenta siclos, según el siclo del Santuario; ambos llenos de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal;
una cuchara de diez siclos de oro; llena de incienso;
un novillo joven, un carnero, un cordero del primer año, para holocausto;
un macho cabrío para ofrenda por el pecado;
y para sacrificio de paces, dos novillos, cinco carneros, cinco machos cabríos; y cinco corderos del primer año. Tal fué la oblación de Selumiel hijo de Zurisadai.
¶El día sexto presentó su ofrenda el príncipe de los hijos de Gad, Eliasaf hijo de Deuel.
Era su oblación una fuente de plata, siendo su peso ciento y treinta siclos, un tazón de plata de setenta siclos, según el siclo del Santuario, ambos llenos de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal;
una cuchara de diez siclos de oro, llena de incienso;
un novillo joven, un carnero, un cordero del primer año, para holocausto;
un macho cabrío para ofrenda por el pecado;
y para sacrificio de paces, dos novillos,cinco carneros, cinco machos cabríos, y cinco corderos del primer año. Tal fué la oblación de Eliasaf hijo de Deuel.
¶El día séptimo presentó su ofrenda el príncipe de los hijos de Efraim, Elisama hijo de Amiud.
Era su oblación una fuente de plata, siendo su peso ciento treinta siclos, un tazón de plata, de setenta siclos, según el siclo del Santuario, ambos llenos de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal;
una cuchara de diez siclos de oro, llena de incienso;
un novillo joven, un carnero, un cordero del primer año, para holocausto;
un macho cabrío para ofrenda por el pecado;
y para sacrificio de paces, dos novillos, cinco carneros, cinco machos cabríos, y cinco corderos del primer año. Tal fué la oblación de Elisama hijo de Amiud.
¶El día octavo presentó su ofrenda el príncipe de los hijos de Manasés, Gamaliel hijo de Pedazur.
Era su oblación una fuente de plata, siendo su peso ciento treinta siclos, un tazón de plata de setenta siclos, según el siclo del Santuario, ambos llenos de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal;
una cuchara de diez siclos de oro, llena de incienso;
un novillo joven, un carnero, un cordero del primer año, para holocausto;
un macho cabrío para ofrenda por el pecado;
y para sacrificio de paces, dos novillos, cinco carneros, cinco machos cabríos, y cinco corderos del primer año. Tal fué la oblación de Gamaliel hijo de Pedazur.
¶El día noveno presentó su ofrenda el príncipe de los hijos de Benjamín, Abidán hijo de Gedeoni.
Era su oblación una fuente de plata, siendo su peso ciento treinta siclos, un tazón de plata de setenta siclos, según el siclo del Santuario, ambos llenos de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal;
una cuchara de diez siclos de oro, llena de incienso;
un novillo joven, un carnero, un cordero del primer año, para holocausto;
un macho cabrío para ofrenda por el pecado;
y para sacrificio de paces, dos novillos, cinco carneros, cinco machos cabríos, y cinco corderos del primer año. Tal fué la oblación de Abidán hijo de Gedeoni.
¶El día décimo presentó su ofrenda el príncipe de los hijos de Dan, Ahiezer hijo de Amisadai
Era su oblación una fuente de plata, siendo su peso ciento treinta siclos, un tazón de plata de setenta siclos, según el ciclo del Santuario, ambos llenos de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal;
una cuchara de diez siclos de oro, llena de incienso;
un novillo joven, un carnero, un cordero del primer año, para holocausto;
un macho cabrío por ofrenda por el pecado;
y para sacrificio de paces, dos novillos, cinco carneros, cinco machos cabríos, y cinco corderos del primer año. Tal fué la oblación de Ahiezer hijo de Amisadai.
¶El día undécimo presentó su ofrenda el príncipe de los hijos de Aser, Pagiel hijo de Ocrán.
Era su oblación una fuente de plata, siendo su peso ciento treinta siclos, un tazón de plata de setenta ciclos, según el ciclo del Santuario, ambos llenos de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal;
una cuchara de diez siclos de oro, llena de incienso;
un novillo joven, un carnero, un cordero del primer año, para holocausto;
un macho cabrío para ofrenda por el pecado;
y para sacrificio de paces, dos novillos, cinco carneros, cinco machos cabríos, y cinco corderos del primer año. Tal fué la oblación de Pagiel hijo de Ocrán.
¶El día duodécimo presentó su ofrenda el príncipe de los hijos de Neftalí, Ahira hijo de Enán.
Era su oblación una fuente de plata, siendo su peso ciento treinta siclos, un tazón de plata de setenta siclos, según el ciclo del Santuario, ambos llenos de flor de harina mezclada con aceite, para ofrenda vegetal;
una cuchara de diez siclos de oro, llena de incienso;
un novillo joven, un carnero, un cordero del primer año, para holocausto;
un macho cabrío para ofrenda por el pecado;
y para sacrificio de paces, dos novillos, cinco carneros, cinco machos cabríos, y cinco corderos del primer año. Tal fué la oblación de Ahira hijo de Enán.
¶Esta fué la ofrenda para la dedicación del altar, el día en que fué ungido, ofrenda hecha de parte de los príncipes de Israel: Doce fuentes de plata, doce tazones de plata, doce cucharas de oro;
ciento y treinta siclos fué el peso de cada fuente de plata, y setenta el de cada tazón: toda la plata de estos vasos fué dos mil cuatrocientos siclos, según el siclo del Santuario:
doce cucharas de oro llenas de incienso; de diez siclos cada cuchara, según el ciclo del Santuario: todo el oro de las cucharas fué ciento veinte siclos:
todos los novillos para holocaustos fueron doce; doce los carneros, doce los corderos del primer año, con sus ofrendas vegetales, y doce los machos cabríos para ofrenda por el pecado:
y todos los novillos de los sacrificios pacíficos fueron veinte y cuatro novillos, sesenta los carneros, sesenta los machos cabríos, sesenta los corderos del primer año. Tal fué la oblación para la dedicación del altar, después que fué ungido.
¶Y cuando Moisés entró en el Tabernáculo para hablar con el Señor, oyó una Voz que le hablaba desde encima del Propiciatorio, que estaba sobre el Arca del Testimonio, de entre los dos querubines; la cual Voz hablaba con él.
HABLÓ pues Jehová con Moisés, diciendo:
Habla a Aarón y dile: Cuando encendieres las lámparas, han de alumbrar las siete lámparas hacia la parte de enfrente del candelabro.
Y Aarón lo hizo así; encendió las lámparas de modo que alumbrasen hacia la parte de enfrente del candelabro, como Jehová había mandado a Moisés.
Y esta era la hechura del candelabro: De oro labrado a martillo; así su tronco como sus flores, todo era labrado a martillo: conforme al diseño que Jehová había mostrado a Moisés, así fué hecho el candelabro.
Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Toma a los Levitas de en medio de los hijos de Israel y purifícalos.
Y de esta manera harás con ellos para purificarlos: Rocía sobre ellos el agua de la ofrenda por el pecado; y hagan ellos pasar navaja por toda su carne, y laven sus vestidos, y purifíquense.
Luego tomarán un novillo joven, con su ofrenda vegetal de flor de harina mezclada con aceite; tú también tomarás otro novillo joven para ofrenda por el pecado;
y harás que los Levitas se presenten delante del Tabernáculo de Reunión, y reunirás a toda la Congregación de los hijos de Israel.
Luego harás que los Levitas se presenten delante de Jehová, e impondrán los hijos de Israel sus manos sobre los Levitas;
y Aarón ofrecerá los Levitas por ofrenda mecida delante de Jehová, de parte de los hijos de Israel; para que hagan el servicio de Jehová.
Entonces los Levitas pondrán sus manos sobre la cabeza de los novillos; y ofrecerás el uno como ofrenda por el pecado, y el otro como holocausto a Jehová, para hacer expiación por los Levitas.
En seguida harás que los Levitas estén en pie delante de Aarón y sus hijos, y los ofrecerás por ofrenda mecida a Jehová.
De este modo separarás a los Levitas de en medio de los hijos de Israel; y serán míos los Levitas.
Y después de esto entrarán los Levitas para hacer el servicio del Tabernáculo de Reunión: los purificarás pues, y me los ofrecerás a mí como ofrenda mecida.
Porque me son enteramente cedidos a mí de en medio de los hijos de Israel; en lugar de todos los que abren la matriz, los primogénitos de todos los hijos de Israel, los he tomado para mí.
Porque míos son todos los primogénitos de entre los hijos de Israel así de hombres como de animales; el día en que herí a todo primogénito en la tierra de Egipto, los santifiqué para mí.
Pero yo he tomado a los Levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel.
Y he dado los Levitas enteramente a Aarón y sus hijos, de en medio de los hijos de Israel, para hacer el servicio de los hijos de Israel con respecto al Tabernáculo de Reunión, y para poner a cubierto a los hijos de Israel, para que no haya plaga en medio de los hijos de Israel, llegándose los hijos de Israel al Santuario.
Y Moisés y Aarón y toda la Congregación de los hijos de Israel lo hicieron así con los Levitas: conforme a todo lo que Jehová había mandado a Moisés, respecto de los Levitas, así hicieron con ellos los hijos de Israel.
Pues en efecto, los Levitas se limpiaron del pecado, y lavaron sus vestidos; y Aarón los ofreció por ofrenda mecida delante de Jehová; e hizo Aarón expiación por ellos, para purificarlos.
Y después de esto entraron los Levitas a hacer su servicio con respecto al Tabernáculo de Reunión, en presencia de Aarón y sus hijos: conforme había mandado Jehová a Moisés acerca de los Levitas, así hicieron con ellos.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Esto es lo que toca a los Levitas: De edad de veinte y cinco años arriba entrará el levita para tomar parte en la milicia sagrada; en el servicio del Tabernáculo de Reunión:
y de edad de cincuenta años cesará de la milicia sagrada de este servicio, y no servirá más en ella.
Asistirá en verdad a sus hermanos en lo relativo al Tabernáculo de Reunión, haciendo la guardia de él; pero no harán el servicio. Así harás con los Levitas en cuanto a las cosas que son de su obligación.
Y HABLÓ Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el mes primero del segundo año de haber salido los hijos de Israel de la tierra de Egipto, diciendo:
Celebren los hijos de Israel la Pascua en su tiempo señalado.
En el día catorce de este mes, a la caída de la tarde, la celebrarán en su tiempo señalado; conforme a todos sus reglamentos y conforme a todas sus observancias la celebraréis.
Y habló Moisés a los hijos de Israel para que celebrasen la Pascua.
Celebraron pues la Pascua en el mes primero, en el día catorce del mes, a la caída de la tarde, en el desierto de Sinaí: conforme a todo lo que había mandado Jehová a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel.
¶Mas hubo algunos hombres que estaban inmundos a causa de un cadáver, de modo que no podían celebrar la Pascua en aquel día. Por lo cual se presentaron delante de Moisés y Aarón en aquel día,
y les dijeron aquellos hombres: Nosotros estamos inmundos a causa de un cadáver, ¿por qué hemos de ser impedidos de modo que no presentemos la oblación de Jehová en su tiempo señalado, entre los demás hijos de Israel?
Y les respondió Moisés: Esperad, para que yo sepa lo que ordenare Jehová acerca de vosotros.
¶Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: Cualquier hombre de vosotros, o de vuestras generaciones, que estuviere inmundo a causa de un cadáver, o se hallare en algún viaje lejano, sin embargo de esto celebrará la Pascua a Jehová.
En el mes segundo, el día catorce del mes, a la caída de la tarde, los tales la celebrarán; con panes ázimos y con yerbas amargas la comerán.
Nada dejarán de ella hasta la mañana, ni quebrarán hueso de ella; conforme a todo el reglamento de la Pascua la han de celebrar.
Mas el hombre que estuviere limpio, y no estuviere de camino, y sin embargo dejare de celebrar la Pascua, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo; porque no presentó la oblación de Jehová en su tiempo señalado: aquel hombre llevará su pecado.
Y cuando morare entre vosotros algún extranjero que quisiere celebrar la Pascua a Jehová, conforme al reglamento de la Pascua y conforme a su ordenanza, así la celebrará. Tendréis un mismo reglamento, tanto para el extranjero como para los de vuestra nación.
¶Y en el día en que se erigió la Habitación, la nube cubrió la Habitación por encima del Tabernáculo del Testimonio; y al anochecer, permanecía sobre la Habitación como si fuese la apariencia de fuego, hasta la mañana.
Así era de continuo; la nube la cubría de día, y la apariencia de fuego de noche.
Y siempre que se alzaba la nube de sobre el Tabernáculo, los hijos de Israel levantaban en seguida el campamento; y en el sitio donde se detenía la nube, allí mismo acampaban los hijos de Israel.
Por orden de Jehová se ponían en marcha, y por orden de Jehová acampaban: y todo el tiempo que permanecía la nube sobre la Habitación, ellos continuaban acampados.
Y cuando la nube se detenía sobre la Habitación muchos días, los hijos de Israel guardaban lo dispuesto por Jehová, y no se movían.
Mas también había veces en que permanecía la nube muy pocos días sobre la Habitación. Por orden de Jehová acampaban, y por orden de Jehová levantaban el campamento.
También había veces en que sólo se detenía la nube desde la tarde hasta la mañana; mas cuando se alzaba la nube por la mañana, ellos se ponían en marcha. Ora de día, ora de noche que se alzase, en el acto ellos levantaban el campamento.
Ora fuese dos días, ora un mes o un año que se detuviese la nube sobre la Habitación, permaneciendo sobre ella, continuaban acampados los hijos de Israel y no se movían; mas al alzarse ella, se ponían en marcha.
Por orden de Jehová acampaban, y por orden de Jehová levantaban el campamento; guardando lo dispuesto por Jehová, según la orden de Jehová, por conducto de Moisés.
Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo:
Hazte dos trompetas de plata; batidas a martillo las harás; y te servirán para convocar la Congregación, y para hacer levantar el campamento.
Cuando pues las tocaren ambas a dos, se reunirá a ti toda la Congregación a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
Mas si tocaren una sola, se reunirán a ti los príncipes, las cabezas de los millares de Israel.
Y cuando tocareis alarma, se pondrán en marcha los campamentos que están acampados a la parte del oriente.
Y cuando tocareis alarma la segunda vez, se pondrán en marcha los campamentos que están acampados a la parte del mediodía: tocarán alarma para la partida de los distintos campamentos.
Pero cuando se hubiere de convocar la Asamblea, tocaréis, mas no tocaréis alarma.
Y los hijos de Aarón, los sacerdotes, tocarán las trompetas; y esto os será estatuto perpetuo durante vuestras generaciones.
¶Asimismo cuando saliereis a campaña en vuestra tierra contra el adversario que os oprima, haréis tocar alarma con las trompetas; y vendréis en memoria delante de Jehová vuestro Dios, y seréis salvados de vuestros enemigos.
También en los días de vuestra alegría, y en vuestras fiestas solemnes, y al principio de vuestros meses, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos y sobre los sacrificios de vuestras ofrendas pacíficas; y esto os servirá de recuerdo delante d Jehová vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios.
Y aconteció que en el año segundo, en el mes segundo, a los veinte del mes, se alzó la nube de encima de la Habitación del Testimonio.
Entonces los hijos de Israel se pusieron en marcha, conforme a sus jornadas, del desierto de Sinaí; y vino 1a nube a posar en el desierto de Parán.
Así los hijos de Israel comenzaron sus jornadas, conforme a la orden de Jehová, por conducto de Moisés.
¶Y emprendió la marcha primero la bandera del campamento de los hijos de Judá, repartido según sus escuadrones; y sobre su escuadrón estaba Naasón hijo de Aminadab.
Y sobre el escuadrón de la tribu de los hijos de Isacar estaba Natanael hijo de Zuar.
Y sobre el escuadrón de la tribu de los hijos de Zabulón estaba Eliab hijo de Helón.
¶Entretanto fué desarmada la Habitación; y emprendieron la marcha los hijos de Gersón y los hijos de Merari, cargando con la Habitación.
¶Luego emprendió la marcha la bandera del campamento de Rubén, repartido según sus escuadrones: y sobre su escuadrón estaba Elizur hijo de Sedeur.
Y sobre el escuadrón de la tribu de los hijos de Simeón estaba Selumiel hijo de Zurisadai.
Y sobre el escuadrón de la tribu de los hijos de Gad estaba Eliasaf hijo de Deuel.
¶Luego emprendieron la marcha los Coatitas, cargando con las cosas más santas; y los otros levantaban la Habitación en tanto que ellos llegaban.
¶En seguida emprendió la marcha la bandera del campamento de los hijos de Efraim, repartido según sus escuadrones: y sobre su escuadrón estaba Elisama hijo de Amiud.
Y sobre el escuadrón de la tribu de los hijos de Manasés estaba Gamaliel hijo de Pedazur.
Y sobre el escuadrón de la tribu de los hijos de Benjamín estaba Abidán hijo de Gedeoni.
¶Después emprendió la marcha la bandera del campamento de los hijos de Dan, (retaguardia de todos los campamentos), repartido según sus escuadrones: y sobre su escuadrón estaba Ahiezer hijo de Amisadai.
Y sobre el escuadrón de la tribu de los hijos de Aser estaba Pagiel hijo de Ocrán.
Y sobre el escuadrón de la tribu de los hijos de Neftalí estaba Ahira hijo de Enán.
De esta manera se ordenaron las partidas de los hijos de Israel, por sus escuadrones: así emprendieron la marcha.
¶Entonces dijo Moisés á Hobab, hijo de Raguel madianita, suegro de Moisés: Estamos de partida para el lugar del cual Jehová ha dicho: Yo os lo daré. Ven con nosotros y te haremos bien; porque Jehová ha prometido el bien a Israel.
Mas él le respondió: No iré; sino que volveré a mi tierra y al lugar de mi nacimiento.
A lo cual dijo Moisés: Ruégote que no nos dejes; porque tu conoces los sitios en donde debemos acampar en el desierto, y podrás sernos en lugar de ojos.
Y será, si tú vinieres can nosotros, sí, ciertamente será, que el mismo bien que Jehová hiciere con nosotros, lo haremos nosotros contigo.
¶De manera que partieron del Monte de Jehová, y prosiguieron una jornada de tres días; y el Arca del Pacto de Jehová iba delante de ellos durante la jornada de tres días, para buscarles lugar donde descansasen.
Y la nube de Jehová permanecía sobre ellos de día, siempre que partieron del campamento.
Y fué así que al partir el Arca, decía Moisés: ¡Levántate, oh Jehová, y sean disipados tus enemigos, y huyan delante de ti los que te aborrecen!
Y cuando ella asentaba, decía: ¡Vuélvete, oh Jehová, a los millares de los millares de Israel!
MAS sucedió que murmuró el pueblo, hablando perversamente en oídos de Jehová; lo cual oyó Jehová, y encendióse su ira; de modo que ardió en medio de ellos el fuego de Jehová, y devoraba por todo el campamento.
Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés oró a Jehová, y el fuego se a apagó.
Y se le dió a aquel lugar el nombre de Tabera, porque había ardido entre ellos el fuego de Jehová.
¶Y la chusma que de Egipto venía en medio del pueblo, se dejó llevar de una codicia vehementísima; y también los hijos de Israel tornaron y lloraron, diciendo: ¿Quién nos dará a comer carne?
¡Nos acordamos del pescado que en Egipto comíamos de balde, de los cohombros, y de los melones, y de los puerros, y de las cebollas, y de los ajos!
¡Mas ahora, nuestra alma se seca; que no hay nada ante nuestra vista, sino este maná!
Es de saber que el maná semejaba la semilla de cilantro, y su color era como el color de bedelio.
El pueblo pasaba en derredor, y lo recogía: y lo pulverizaban en molinos, o lo machacaban en morteros; y lo cocían en ollas, o hacían de él tortas: y era su sabor como el sabor de bollos dulces hechos con aceite.
Y de noche, cuando descendía el rocío sobre el campamento, descendía el maná juntamente con él.
¶Y oyó Moisés al pueblo, cómo familias enteras lloraban, cada cual a la entrada de su tienda; y encendióse la ira de Jehová en gran manera; y también a Moisés le pareció cosa intolerable.
Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has tratado tan mal a tu siervo? ¿y por qué he hallado tan poca gracia en tus ojos que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí?
¿Acaso he concebido yo a todo este pueblo, y le he dado yo a luz, para que tú me digas: Llévalos en tu seno, como suele llevar la nodriza al niño de pecho, a la tierra que prometí con juramento a sus padres?
¿De dónde conseguiré carne para dar a toda esta gente que está llorando al rededor de mí, diciendo: ¡Danos carne que comamos!
No soy capaz, yo solo, de llevar a toda esta gente; porque es demasiado pesada la carga para mí.
Y si tú lo haces así conmigo, ¡mátame de una vez, te lo ruego, si he hallado gracia en tus ojos, y no vea yo más mi desdicha!
¶Y Jehová respondió a Moisés: Reúneme setenta hombres de los ancianos de Israel, de los que tú sabes que son ancianos del pueblo y magistrados suyos; y los traerás al Tabernáculo de Reunión, y los harás estar en pie allí contigo.
Y yo descenderé y hablaré contigo allí; y tomaré del Espíritu que está sobre ti, y lo pondré sobre ellos; para que ellos lleven juntamente contigo la carga del pueblo, y no la lleves tú solo.
Y dirás al pueblo: Santificaos para el día de mañana, y comeréis carne; ya que habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ¿Quién nos dará a comer carne? ¡que mejor nos iba en Egipto! Jehová pues os dará carne para que comáis.
No por un día la comeréis, ni por dos días, ni por cinco días, ni por diez días, ni por veinte días;
sino por todo un mes, hasta que os salga por las narices y os cause asco; por cuanto habéis tratado con desprecio a Jehová que está en medio de vosotros; y habéis llorado delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos de Egipto?
Pero Moisés respondió: Seiscientos mil hombres de a pie son el pueblo en medio de quien estoy; y sin embargo tú dices: ¡Yo les daré carne para que coman por todo un mes!
¿Por ventura se han de degollar para ellos rebaños y vacadas, para que les baste? ¿o se juntarán todos los peces del mar para ellos, para que les baste?
Y Jehová respondió a Moisés: ¿Hase acortado la mano de Jehová? Ahora verás tú si mi palabra se cumple o no.
¶Moisés pues salió, y refirió al pueblo las palabras de Jehová; y reunió setenta hombres de los ancianos del pueblo, y los hizo estar en pie al rededor del Tabernáculo.
Entonces Jehová descendió en la nube y habló con él; y tomó del Espíritu que estaba sobre él y lo puso sobre los setenta ancianos; y aconteció que como descansase sobre ellos el Espíritu, profetizaron; mas no volvieron a hacerlo.
Pero se habían quedado dos de aquellos hombres en el campamento, siendo el nombre del uno Eldad y el nombre del segundo Medad; y descansó sobre ellos el Espíritu (pues fueron contados entre los inscritos, mas no habían salido al Tabernáculo), y ellos profetizaron en medio del campamento.
Corrió por tanto un mancebo, y lo hizo presente a Moisés, diciendo: ¡Eldad y Medad están profetizando en medio del campamento!
Y respondió Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés, uno de sus mancebos escogidos, y dijo: ¡Señor mío Moisés, hazles callar!
Pero Moisés le respondió: ¿Eres celoso por mi causa? antes bien ¡ojalá que todo el pueblo de Jehová fuesen profetas, y que pusiera Jehová su Espíritu sobre ellos!
Y recogióse Moisés al campamento, él y los ancianos de Israel.
¶Entonces salió un viento de parte de Jehová, que arrebató codornices desde el Mar Rojo, y las dejó caer sobre el campamento, como espacio de un día de camino de ésta parte, y como espacio de un día de camino de aquélla parte del campamento; y volaban como a dos codos de altura sobre la superficie de la tierra.
Y el pueblo estuvo levantado todo aquel día, y toda aquella noche, y todo el día siguiente, y recogieron codornices: el que menos, recogió diez homeres; y las tendieron a secar, cada cual para sí, en los alrededores del campamento.
Empero la carne estaba todavía entre sus dientes, aún no habían acabado de mascarla, cuando se encendió la ira de Jehová contra el pueblo, y Jehová hirió al pueblo con una plaga sobremanera grande.
Y fué llamado aquel lugar Kibrot-hataava; porque allí enterraron al pueblo codicioso.
Y de Kibrot-hataava caminaron a Hazerot; y se quedaron en Hazerot.
Y HABLARON María y Aarón contra Moisés, con motivo de la mujer cusita que él se había tomado; pues que se había tomado una mujer cusita.
Y dijeron: ¿Acaso tan sólo por Moisés ha hablado Jehová? ¿no ha hablado también por nosotros? Y oyólo Jehová.
(Y aquel varón Moisés era muy manso, más manso que ningún hombre de cuantos había sobre la faz de la tierra.)
Y al momento habló Jehová a Moisés y a Aarón y a María, diciendo: ¡Salid vosotros al Tabernáculo de Reunión! y salieron ellos tres.
Entonces descendió Jehová en la columna de nube, y púsose a la entrada del Tabernáculo de Reunión; y llamó a Aarón y a María, y ellos dos se presentaron.
Él entonces les dijo: Escuchad mis palabras: Si hubiese profeta tal como vosotros, yo Jehová me daría a conocer a él en visión, o en sueños le hablaría.
No es así mi siervo Moisés, el cual es fiel en toda mi casa.
Boca a boca hablaré con él; manifiestamente, y no por medio de símiles; y mirará la semejanza de Jehová. ¿Por qué pues no temisteis hablar contra mi siervo Moisés?
Y enardecióse la ira de Jehová contra ellos; y se fué.
Y la nube se apartó de sobre el Tabernáculo; y ¡he aquí que María era leprosa, blanca como la nieve! Y Aarón volvió el rostro hacia María, y ¡he aquí que era leprosa!
Entonces Aarón dijo a Moisés: ¡Ah, señor mío! ¡Ruégote no nos imputes este pecado; porque hemos obrado insensatamente y hemos pecado!
¡Ruégote no sea ella como un muerto, como un aborto, que al salir del seno de su madre, tiene ya consumida la mitad de su carne!
Moisés pues clamó a Jehová, diciendo: ¡Ruégote, oh Dios! ¡sánala, te lo ruego!
¶Mas Jehová respondió a Moisés: Si su padre le hubiera apenas escupido en la cara, ¿no se avergonzaría ella por siete días? Sea excluída del campamento por siete días, y después sea recogida.
María pues fué excluída del campamento por siete días; y el pueblo no siguió la marcha hasta que fué recogida María.
Y después de esto, el pueblo emprendió la marcha desde Hazerot; y acamparon en el desierto de Parán.
ENTONCES habló Jehová a Moisés, diciendo:
Envía hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual voy a dar a los hijos de Israel; un hombre de cada una de las tribus de sus padres enviaréis, siendo cada uno príncipe en ellas.
Moisés pues los envió desde el desierto de Parán, por mandamiento de Jehová: todos ellos eran hombres principales de los hijos de Israel.
Y estos son sus nombres: De la tribu de Rubén, Samua hijo de Zacur.
De la tribu de Simeón, Safat hijo de Hori.
De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone.
De la tribu de Isacar, Igal hijo de José.
De la tribu de Efraim, Oseas hijo de Nun.
De la tribu de Benjamín, Palti hijo de Rafú.
De la tribu de Zabulón, Gadiel hijo de Sodi.
De la tribu de José, es decir, de Manasés, Gadi hijo de Susi.
De la tribu de Dan, Amiel hijo de Gemali.
De la tribu de Aser, Setur hijo de Micael.
De la tribu de Neftalí, Nahabi hijo de Vapsi.
De la tribu de Gad, Geuel hijo de Maqui.
Estos son los nombres de los varones que envió Moisés a reconocer la tierra: y Moisés puso a Oseas hijo de Nun el nombre de Josué.
Los envió pues Moisés a reconocer la tierra de Canaán, y les dijo: Subid por acá a la tierra del Mediodía; luego subiréis a la serranía.
Y ved la tierra, qué tal es; y el pueblo que habita en ella, si es fuerte o débil, si es poco o mucho;
y qué tal es la tierra en donde habitan, si es buena o mala; y qué tales las ciudades en que habitan, si viven en campamentos o en plazas fuertes;
y qué tal es el terreno, si es feraz o es estéril; y si hay allí leña o no. Esforzaos pues; y traednos de los frutos de la tierra. El tiempo era la sazón de las primeras uvas.
¶Ellos entonces subieron y reconocieron la tierra, desde el desierto de Zin hasta Rehob, a la entrada de Hamat.
Pues que subieron por la tierra del Mediodía, y llegaron a Hebrón, endonde estaban Ahimán, Sesai y Talmai, hijos de Anac. (Hebrón fué edificada siete años antes de Zoán en Egipto.)
Y llegaron al Valle de Escol; y cortaron de allí un sarmiento con un racimo de uvas: y lo llevaron en un palo entre dos; trajeron también de las granadas y de los higos.
Aquel sitio fué llamado Valle de Escol, a causa del racimo que cortaron de allí los hijos de Israel.
¶Y volvieron de la exploración de la tierra al cabo de cuarenta días.
Y anduvieron, y vinieron a Moisés y a Aarón y a toda la Congregación de los hijos de Israel, al desierto de Parán, es decir, a Cades; y les trajeran respuesta, a ellos y a toda la Congregación; y les mostraron el fruto de la tierra.
Y le contaron a Moisés, diciendo: Llegamos a la tierra adonde nos enviaste, la cual ciertamente mana leche y miel; y este es el fruto de ella.
Empero es fuerte el pueblo que habita en aquella tierra; y las ciudades están fortificadas y son muy grandes. Y también a los hijos de Anac hemos visto allí.
Los Amalecitas habitan en la tierra del Mediodía; y el Heteo y el Jebuseo y el Amorreo habitan en la Serranía; y el Cananeo habita a lo largo del Mar Grande y en las riberas del Jordán.
¶Y Caleb acalló al pueblo que murmuraba contra Moisés; y les dijo: ¡Subamos de una vez, y tomemos posesión de ella; porque muy bien podemos conquistarla!
Pero los hombres que habían subido con él respondieron: No podremos subir contra esta gente, porque es más fuerte que nosotros.
Y trajeron a los hijos de Israel noticia infamatoria contra la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde hemos pasado para explorarla es tierra que consume a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en ella son hombres de grande estatura.
También vimos allí a los gigantes, hijos de Anac, de la raza de los gigantes: y éramos nosotros a nuestros propios ojos como langostas; y así también éramos a los ojos de ellos.
ENTONCES toda la Congregación alzó la voz y gritó; y lloró el pueblo aquella noche.
Y murmuraron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les decía toda la Congregación: ¡Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto! u ¡ojalá hubiéramos muerto en este desierto!
Y ¿a qué intento nos introduce Jehová en esta tierra, para que caigamos a espada, y para que nuestras mujeres y nuestros hijos vengan a ser una presa? ¿No nos sería mejor volver a Egipto?
En efecto, dijéronse unos a otros: ¡Constituyámonos un capitán, y volvámonos a Egipto!
Moisés y Aarón cayeron entonces sobre sus rostros delante de toda la Asamblea de la Congregación de los hijos de Israel.
Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los exploradores de la tierra, rasgaron sus vestidos;
y hablaron a toda la Congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde hemos pasado para explorarla es una tierra buena en gran manera:
si Jehová se complace en nosotros, nos llevará a la tierra aquella y nos la dará; tierra que mana leche y miel.
Empero no os rebeléis contra Jehová, ni temáis al pueblo de esa tierra, porque no son más que pan para nosotros: su amparo se ha apartado de ellos, mientras que Jehová es con nosotros; no los temáis.
Mas toda la Congregación trató de matarlos a pedradas; y la gloria de Jehová apareció en el Tabernáculo de Reunión, a vista de todos los hijos de Israel.
¶Jehová dijo entonces a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de tratar este pueblo con desprecio? ¿y hasta cuándo no creerán en mí, a pesar de todas las señales que he hecho en medio de él?
Los heriré con peste y los desheredaré, y haré de ti una nación más grande y más fuerte que ellos.
Pero Moisés respondió a Jehová: Entonces lo oirán los Egipcios, de en medio de quienes hiciste subir con tu poder a este pueblo;
y se lo dirán a los habitantes de esta tierra: porque ellos han oído decir que tú, oh Jehová, estás en medio de este pueblo; y que tú, oh Jehová, te dejas ver de él cara a cara; y que tu nube permanece sobre ellos; y que en una columna de nube vas delante de ellos de día, y de noche en una columna de fuego.
Si pues tú dieres muerte a este pueblo, como a un solo hombre, las naciones que han oído tu fama hablarán, diciendo:
Porque Jehová no era poderoso para introducir a este pueblo en la tierra que les había prometido con juramento, por eso los destruyó en el desierto.
Ahora pues sea grande, te lo ruego, el poder de mi Señor, conforme a lo que has hablado, diciendo;
Jehová es lento en iras y grande en misericordia; que perdona la iniquidad y la transgresión, bien que de ningún modo tendrá por inocente al rebelde; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y hasta la cuarta generación.
Ruégote perdones la iniquidad de este pueblo según es grande tu misericordia, y según has sido indulgente para con este pueblo desde Egipto hasta aquí.
Y respondió Jehová: Yo he perdonado conforme a tu palabra:
empero tan ciertamente como yo vivo, y como toda la tierra ha de llenarse de mi gloria:
por cuanto todos aquellos hombres que han visto mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, no obstante de esto me han tentado estas diez veces, y no han obedecido mi voz,
de seguro que ninguno de ellos verá la tierra que prometí con juramento a sus padres; ni ninguno de los que me han tratado con desprecio la verá.
Mas a mi siervo Caleb, por cuanto hubo otro espíritu en él, de modo que siguió cumplidamente en pos de mí, yo le introduciré a él en la tierra adonde ha ido, y su descendencia la heredará.
Ya pues que los Amalecitas y los Cananeos habitan en el valle, mudad de rumbo mañana, y emprended viaje para el desierto, camino del Mar Rojo.
¶Jehová habló además a Moisés y Aarón, diciendo:
¿Hasta cuándo tengo de sufrir a esta Congregación perversa, que sigue murmurando contra mí? Yo he oído las murmuraciones que los hijos de Israel profieren contra mí.
Diles: ¡Vivo yo! dice Jehová, que conforme hablasteis en mis oídos, asimismo os voy a hacer.
En este desierto caerán vuestros cadáveres; y todos vosotros que fuisteis alistados, según el total del censo hecho de vosotros, de edad de veinte años arriba, los cuales habéis murmurado contra mí,
ciertamente que no entraréis en la tierra respecto de la cual alcé mi mano jurando haceros habitar en ella; salvo Caleb hijo de Jefone y Josué hijo de Nun.
Mas en cuanto a vuestros pequeñitos, de los cuales dijisteis que iban a ser una presa, a éstos introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros habéis rechazado con desprecio.
En cuanto a vosotros, pues, vuestros cadáveres caerán en este desierto;
y vuestros hijos andarán errantes por el desierto cuarenta años, y llevarán la pena de vuestras iniquidades hasta que acaben de caer vuestros cadáveres en el desierto.
Según el número de los días que explorasteis la tierra, es decir, cuarenta días, (por cada día un año), así llevaréis la pena de vuestras iniquidades cuarenta años, y conoceréis mi desagrado.
Yo Jehová he hablado: ¡Juro que haré esto a esta perversa Congregación, que se ha levantado contra mí! en este desierto se irán consumiendo, y en él morirán.
¶Y los hombres que Moisés había enviado a reconocer la tierra, y que al volver hicieron murmurar a toda la Congregación contra él, trayendo noticia infamatoria contra la tierra,
aquellos hombres que trajeron la noticia infamatoria murieron de plaga delante de Jehová.
Mas Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone quedaron con vida; los únicos de entre aquellos hombres que habían ido a explorar la tierra.
¶Y cuando Moisés refirió todas estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo hizo grande lamentación.
Y por la mañana madrugaron y subieron a lo alto de la serranía, diciendo: ¡Henos aquí! subiremos pues al lugar de que habló Jehová; porque hemos pecado.
Pero les dijo Moisés: ¿A qué fin traspasáis el mandamiento de Jehová, visto que no puede saliros bien?
No subáis, pues Jehová no está en medio de vosotros; para que no seáis heridos delante de vuestros enemigos.
Porque los Amalecitas y los Cananeos están allá en frente de vosotros, y caeréis a cuchillo; por cuanto os habéis vuelto de en pos de Jehová, y Jehová no estará con vosotros.
Sin embargo ellos tuvieron la presunción de subir a lo alto de la serranía; mas el Arca del Pacto de Jehová y Moisés no salieron del campamento.
Y descendieron los Amalecitas y los Cananeos que habitaban en aquella serranía, y los hirieron y los acuchillaron hasta Horma.
Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra de vuestras habitaciones, que os voy a dar,
y ofreciereis a Jehová ofrenda encendida de la vacada o del rebaño; sea holocausto u otro sacrificio en cumplimiento de voto, o como ofrenda voluntaria, o sea en vuestras fiestas solemnes, para hacer olor grato a Jehová;
el que presentare su oblación traerá a Jehová, como ofrenda vegetal, la décima parte de un efa de flor de harina mezclada con la cuarta parte de un hin de aceite;
y para libación, la cuarta parte de un hin de vino: ofrecerás esto además del holocausto o del sacrificio, pasa cada cordero.
Y para un carnero ofrecerás como ofrenda vegetal, dos décimas de un efa de flor de harina mezclada con la tercera parte de un hin de aceite;
y para libación, la tercera parte de un hin de vino; ofrecerás esto por olor grato a Jehová.
Y cuando ofrecieres un novillo por holocausto u otro sacrificio en cumplimiento de voto, o por ofrenda pacífica a Jehová,
se presentará además del novillo, como ofrenda vegetal, tres décimas de un efa de flor de harina mezclada con la mitad de un hin de aceite;
y presentarás como libación la mitad de un hin de vino: ofrenda encendida de olor grato a Jehová.
Así se ha de hacer con un novillo, o con un carnero, o con cada res, sea de las ovejas o de las cabras.
Conforme al número que vais a ofrecer, así haréis con cada uno según el número de ellos.
¶Toda persona de vuestra nación lo hará así, al presentar ofrenda encendida de olor grato a Jehová.
Y cuando habitare con vosotros algún extranjero, o cualquier otro que estuviere en medio de vosotros, durante vuestras generaciones, que quisiere hacer ofrenda encendida de olor grato a Jehová, del mismo modo que hacéis vosotros, hará él.
Un mismo estatuto habrá para vosotros, los que sois de la Congregación, y para el extranjero que morare entre vosotros; estatuto perpetuo es para todas vuestras generaciones: Como sois vosotros, así será el extranjero delante de Jehová.
Una misma ley y un mismo reglamento habrá para vosotros y para el extranjero que habitare con vosotros.
¶Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra adonde os llevo,
entonces ha de ser que al comer del pan del país, ofreceréis una ofrenda alzada a Jehová.
De lo primero de vuestra harina ofreceréis una torta por ofrenda alzada: como la ofrenda alzada de la era, así habéis de ofrecer ésta.
De lo primero de vuestras harinas presentaréis a Jehová ofrenda alzada durante vuestras generaciones.
¶Y cuando pecareis por ignorancia, y dejareis de cumplir cualquiera de estos mandamientos que ha dicho Jehová a Moisés;
es decir, todo lo que os ha mandado Jehová por conducto de Moisés, desde el día en que Jehová os dió mandamiento, y lo que en adelante mandare a vuestras generaciones venideras;
entonces será que si fuese cometido algún pecado por ignorancia, sin saberlo la Congregación, ofrecerá toda la Congregación un novillo joven por holocausto de olor grato a Jehová, con su ofrenda vegetal y su libación, conforme al reglamento, y un macho cabrío para ofrenda por el pecado.
Y el sacerdote hará expiación por toda la Congregación de los hijos de Israel; y les será perdonado; porque fué pecado de ignorancia, y por su error habrán traído su oblación, ofrenda encendida a Jehová, y su ofrenda por el pecado delante de Jehová.
Así será perdonado a toda la Congregación de los hijos de Israel, y al extranjero que morare en medio de vosotros, cuando por parte de toda la Congregación el pecado fuere cometido por ignorancia.
¶Y si algún individuo pecare por ignorancia, traerá una cabra del primer año como ofrenda por el pecado;
y el sacerdote hará expiación por la persona que pecare por ignorancia, cuando realmente pecare por ignorancia delante de Jehová, haciendo así expiación por ella, y le será perdonado.
Una misma ley tendréis para el natural entre los hijos de Israel, y para el extranjero que habita en medio de vosotros, en cuanto a aquel que pecare por ignorancia.
Empero la persona que obrare con mano alzada, sea de los de vuestra nación, o sea de los extranjeros, ese tal es blasfemador de Jehová; y la tal persona será cortada de en medio de su pueblo.
Por cuanto ha tratado con desprecio la palabra de Jehová y ha quebrantado su mandamiento, será enteramente cortada aquella persona: recaiga su iniquidad sobre ella.
¶Y mientras estaban los hijos de Israel en el desierto, hallaron un hombre que estaba recogiendo leña en día de sábado.
Y los que le hallaron recogiendo leña le presentaron ante Moisés y Aarón y toda la Congregación.
Y le pusieron en prisión, porque no se había declarado qué habían de hacer con él.
Entonces Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente será muerto el hombre; mátele a pedradas toda la Congregación, fuera del campamento.
Y toda la Congregación le sacó fuera del campamento, y le apedrearon de modo que murió; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles que se hagan flecos en los bordes de sus vestidos, durante sus generaciones; y que pongan sobre el fleco de cada borde un cordón de jacinto.
Esto pues os será para fleco, a fin de que al mirarlo os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, y los cumpláis; y que no vayáis tras las codicias de vuestros corazones, y de vuestros ojos; en pos de los cuales soléis andar idolatrando:
a fin de que os acordéis de mí, y cumpláis todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro Dios.
Yo soy Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para ser el Dios vuestro. Yo Jehová vuestro Dios.
MAS Coré hijo de Izar, hijo de Coat, hijo de Leví, con Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, hijos de Rubén, tomaron gente,
y levantáronse en presencia de Moisés y Aarón, con doscientos cincuenta hombres de los hijos de Israel, príncipes de la Congregación, personas escogidas de la Asamblea, varones de renombre;
y juntándose contra Moisés y Aarón, les dijeron: ¡Mucho os arrogáis, ya que toda la Congregación, cada individuo de ella, es santo, y Jehová está en medio de ellos! ¿por qué pues os ensalzáis sobre la Asamblea de Jehová?
Y cuando Moisés lo oyó, cayó sobre su rostro.
Y habló a Coré y a todo su séquito, diciendo: Esperad hasta mañana; entonces Jehová mismo hará saber quién sea suyo, y quién sea el santo, y a quién él quiera dar entrada a sí; pues al que escogiere, a éste hará llegar a sí.
Haced esto: Tomad incensarios, Coré y todos los de su séquito,
y echad fuego en ellos, y poned sobre ellos incienso delante de Jehová, mañana: y será que el hombre a quien Jehová escogiere, éste será el santo. ¡Os arrogáis mucho, oh hijos de Leví!
¶Moisés dijo además a Coré: Oíd, os ruego, hijos de Leví:
¿Os parece acaso poca cosa el que el Dios de Israel os haya separado de entre la Congregación de Israel, a fin de haceros llegar a sí, para hacer el servicio de la Habitación de Jehová, y para estar delante de la Congregación, ministrando por ellos;
y el que a ti, Coré, y a todos tus hermanos, los hijos de Leví contigo, os haya hecho acercar a sí, para que pretendáis al sacerdocio también?
Por eso es que tú, y todo tu séquito os habéis juntado contra Jehová; pues Aarón, ¿qué es, para que murmuréis contra él?
¶En seguida, envió Moisés a llamar a Datán y a Abiram, hijos de Eliab; mas ellos respondieron: ¡No iremos!
¿Por ventura te parece poca cosa el que nos hayas hecho subir de una tierra que mana leche y miel, para hacernos morir en este desierto, para que quieras también hacerte señor absoluto de nosotros?
Ni tampoco nos has traído a una tierra que mana leche y miel; ni nos has dado posesiones de campos y de viñas. ¿Acaso quieres sacar los ojos a estos hombres? ¡No iremos!
¶Entonces se le encendió la ira a Moisés en gran manera, y dijo a Jehová: ¡No mires su ofrenda! Yo no he tomado ni un asno suyo, y no he hecho mal a ninguno de ellos.
Luego dijo Moisés a Coré: Presentaos tú y todo tu séquito delante de Jehová; es decir, tú y ellos y Aarón, mañana.
Y tomad cada cual su incensario, y poned incienso en ellos; y traed delante de Jehová cada uno su incensario, doscientos cincuenta incensarios; tú también y Aarón, traed cada cual su incensario.
En efecto, tomaron cada uno su incensario, y echaron en ellos fuego, y pusieron sobre ellos incienso, y estuvieron en pie a la entrada del Tabernáculo de Reunión, juntamente con Moisés y Aarón.
Y Coré juntó contra ellos toda la Congregación, a la entrada del Tabernáculo de Reunión. Entonces apareció la gloria de Jehová a toda la Congregación.
¶Y Jehová habló a Moisés y Aarón, diciendo:
¡Separaos de en medio de esta Congregación, para que yo los consuma en un momento!
Mas ellos cayeron sobre sus rostros, y dijeron: Oh Dios, el Dios de los espíritus de toda carne, ¿ha de ser que pecando un solo hombre, tú estalles en ira contra toda la Congregación?
¶Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo:
Habla a la Congregación y diles: ¡Retiraos de en derredor de las habitaciones de Coré, Datán y Abiram!
Levantóse pues Moisés y fué hacia Datán y Abiram; y en pos de él siguieron los ancianos de Israel.
Y habló Moisés a la Congregación, diciendo: Ruégoos que os alejéis de las tiendas de esos malos hombres, y no toquéis ninguna cosa de lo suyo, para que no seáis arrebatados con ellos en todos sus pecados.
Ellos pues se retiraron de las habitaciones de Coré, Datán y Abiram, por todos lados; y Datán y Abiram salieron y estuvieron en pie a la entrada de sus tiendas, con sus mujeres y sus hijos y sus pequeñuelos.
Entonces dijo Moisés: En esto conoceréis que Jehová me ha enviado a hacer todas estas obras, y que no las he inventado de mi propio corazón.
Si de la muerte común de todos los hombres murieren éstos, y si con la visitación común de todos los hombres fuere visitado sobre ellos su pecado, no me ha enviado Jehová.
Empero si Jehová hiciere una cosa nueva, de modo que la tierra abriere con violencia su boca y los tragare a ellos con todo lo que les pertenece, y descendieren vivos al abismo, entonces entenderéis que estos hombres han tratado con desprecio a Jehová.
¶Y aconteció que como acabase de hablar todas estas palabras, partióse el suelo que estaba debajo de ellos;
y la tierra abriendo su boca, tragólos a ellos con sus familias, y a todos los hombres que eran de la facción de Coré, con todos sus haberes:
y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al abismo; y cubriólos la tierra. Así perecieron de en medio de Israel.
Y todo Israel, es decir, los que estaban en derredor de ellos, huyeron al grito de ellos; porque decían: ¡No sea que la tierra nos trague a nosotros también!
Y de la presencia de Jehová salió fuego que devoró a los doscientos cincuenta hombres que presentaron el incienso.
¶Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo:
Habla a Eleazar hijo de Aarón, el sumo sacerdote, para que recoja los incensarios de en medio del incendio, y esparza allá el fuego; porque son santos.
En cuanto a los incensarios de aquellos pecadores contra sus mismas almas, háganse de ellos láminas extendidas, para cubierta del altar, (porque los han presentado delante de Jehová, por tanto son santificados), para que sirvan de escarmiento a los hijos de Israel.
Tomó pues el sacerdote Eleazar los incensarios de bronce que habían presentado los que fueron quemados, y los extendieron a martillo para cubierta del altar;
como memorial a los hijos de Israel, a fin de que ningún hombre extraño, que no sea del linaje de Aarón, se acerque para quemar incienso delante de Jehová; a fin de que no sea como Coré y su séquito: como había dicho Jehová, por conducto de Moisés.
¶Mas aconteció que al día siguiente toda la Congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: ¡Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová!
Y sucedió que como iba juntándose la Congregación contra Moisés y Aarón, volvieron el rostro hacia el Tabernáculo de Reunión; y, he aquí, la nube lo había cubierto, y apareció la gloria de Jehová.
Y acudieron Moisés y Aarón al frente del Tabernáculo.
Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo:
¡Retiraos de en medio de esta Congregación, para que yo la consuma en un momento! Mas ellos cayeron sobre sus rostros.
Luego dijo Moisés a Aarón ¡Toma tu incensario, y echa en él fuego de encima del altar, y pon incienso, y vé prontamente a la Congregación, y ponlos a cubierto; porque de la presencia de Jehová ha salido explosión de ira; ha comenzado ya la mortandad!
Tomólo entonces Aarón, como Moisés le había dicho, y corrió en medio de la Asamblea: y, he aquí, la mortandad había en efecto comenzado entre el pueblo: y echó incienso, y puso a cubierto al pueblo.
Pues se colocó entre los muertos y los vivos; y así se detuvo la mortandad.
Y fueron los muertos por la plaga catorce mil setecientos; sin contar los que murieron por el asunto de Coré.
Y Aarón se volvió a Moisés, a la entrada del Tabernáculo de Reunión, cuando se hubo detenido la mortandad.
ENTONCES Jehová habló a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel, y toma de parte de cada uno de los jefes de ellos una vara de casa paterna; las tomarás de todos los príncipes de las casas paternas de su tribu; es decir, doce varas: escribirás el nombre de cada uno en su propia vara.
Y escribirás el nombre de Aarón sobre la vara de Leví; porque habrá una sola vara por cada cabeza de las casas paternas de su tribu.
Y las depositarás en el Tabernáculo de Reunión, delante del Arca del Testimonio, donde yo suelo tener entrevistas con vosotros a tiempos señalados.
Y sucederá que la vara del hombre a quien yo escogiere, florecerá; así me libraré de las murmuraciones de los hijos de Israel, con que ellos murmuran de vosotros.
Habló pues Moisés a los hijos de Israel; y todos sus príncipes le dieron varas, una por cada príncipe, conforme a las casas paternas de sus tribus, es decir, doce varas: y la vara de Aarón estaba en medio de las varas de ellos.
Y Moisés depositó las varas delante de Jehová en el Tabernáculo del Testimonio.
Y sucedió que al día siguiente entró Moisés en el Tabernáculo del Testimonio; y he aquí que había florecido la vara de Aarón, la de la casa de Leví; y echando botones, había brotado flores y producido almendras.
Y Moisés sacó todas las varas de delante de Jehová a todos los hijos de Israel; y ellos las miraron, y cada príncipe tomó su propia vara.
Entonces dijo Jehová a Moisés: Vuelve a poner la vara de Aarón delante del Arca del Testimonio, para guardarla como señal contra los hijos de rebelión; así concluirás con sus murmuraciones contra mí, para que no mueran.
Y Moisés lo hizo así: conforme a todo lo que le había mandado Jehová, así lo hizo.
¶Entonces hablaron los hijos de Israel a Moisés, diciendo: ¡He aquí que perecemos; perdidos somos; todos nosotros somos perdidos!
¡Cualquiera que de manera alguna se acercare a la Habitación de Jehová, muere! ¿Acaso hemos de perecer completamente?
Y JEHOVÁ dijo a Aarón: Tú y tus hijos, y la casa de tu padre contigo, cargaréis con la iniquidad de las cosas santas; y tú y tus hijos contigo cargaréis con la iniquidad de vuestro sacerdocio.
Y también a tus hermanos de la tribu de Leví, la tribu de tu padre, los harás acercar a ti, y ellos se te unirán, y te asistirán; mas tú y tus hijos contigo estaréis delante del Tabernáculo del Testimonio.
Y ellos estarán a tus órdenes, y se ocuparán en la custodia de todo el Tabernáculo; solamente que no se lleguen a los utensilios santos, ni al altar; no sea que mueran, nosolo ellos sino también vosotros.
Pero se unirán con vosotros, y se ocuparán en la custodia del Tabernáculo de Reunión, en lo relativo a todo el servicio del Tabernáculo; y ningún extraño se llegará a vosotros.
Mas vosotros solos tendréis a vuestro cargo el Santuario y el altar, para que no haya más explosión de ira contra los hijos de Israel.
Porque he aquí que yo he tomado a vuestros hermanos, los Levitas, de entre los hijos de Israel; os son una donación, dados a Jehová, para hacer el servicio del Tabernáculo de Reunión.
Pero tú y tus hijos juntamente contigo os encargaréis de vuestro sacerdocio en todo lo concerniente al altar y a lo que está adentro del velo, y en esto serviréis. Como servicio donado os he dado vuestro sacerdocio; y el extraño que se acercare será muerto.
Jehová dijo también a Aarón: He aquí que yo te he dado cargo de mis ofrendas alzadas, es decir, de todas las cosas santificadas de los hijos de Israel; a ti las he dado, como propias de la unción que has recibido, y a tus hijos, como porción legal vuestra para siempre.
Esto pues será tuyo de las cosas sacratísimas y de las ofrendas encendidas: todas las oblaciones de los hijos de Israel, de todas sus ofrendas vegetales, y de todas sus ofrendas por el pecado, y de todas sus ofrendas por la culpa, que ellos me devolvieren, serán cosa sacratísima para ti y para tus hijos.
En lugar muy sagrado lo comeréis: todo varón podrá comerlo; cesa santa será para ti.
Esto también será tuyo: Las ofrendas alzadas que ellos presenten, a más de todas las ofrendas mecidas de los hijos de Israel: a ti las he dado, y a tus hijos y a tus hijas contigo, como porción legal para siempre: toda persona limpia en tu casa podrá comer de ellas.
Todo lo mejor del aceite, y todo lo mejor del vino y del trigo, las primicias de todas estas cosas que ellos dieren a Jehová, a ti las he dado.
Los primeros frutos maduros de todo lo que hay en tu tierra, que ellos trajeren a Jehová, tuyos serán: toda persona limpia en tu casa podrá comer de ellos.
Toda cosa apartada irrevocablemente para Jehová en Israel, será tuya.
Todos los primer nacidos de toda carne que se pueda presentar a Jehová, así de hombres como de bestias, tuyos serán; pero ciertamente redimirás a los primer nacidos de hombres; también los primer nacidos de bestias inmundas redimirás.
Los que hayan de redimirse de aquéllos, los redimirás desde la edad de un mes, conforme a tu estimación, por cinco siclos de plata, según el siclo del Santuario; que son veinte geras.
Mas los primerizos del ganado vacuno, o de las ovejas, o de las cabras, no podrás redimir; santos son; la sangre de ellos has de rociar sobre mi altar, y harás consumir sus sebos como ofrendas encendidas de olor grato a Jehová:
pero sus carnes serán tuyas, así como el pecho de la ofrenda mecida y la pierna derecha, tuyas serán.
Toda ofrenda alzada de las cosas santas que los hijos de Israel ofrecieren a Jehová, las he dado a ti, y a tus hijos y a tus hijas contigo, como porción legal para siempre: pacto de sal es para siempre delante de Jehová, para ti y para tu simiente contigo.
Jehová dijo además a Aarón: En la tierra de ellos tú no tendrás herencia alguna, ni habrá porción para ti entre ellos; yo soy tu porción y tu herencia en medio de los hijos de Israel.
¶Y he aquí que he dado a los hijos de Leví todo el diezmo en Israel, por herencia suya, en recompensa del servicio que ellos hacen, es decir, del servicio del Tabernáculo de Reunión.
Y los hijos de Israel no se acercarán más al Tabernáculo de Reunión para que no lleven pecado y así mueran;
sino que solos los Levitas harán el servicio del Tabernáculo de Reunión, y ellos llevarán su iniquidad: estatuto perpetuo es durante vuestras generaciones; y en medio de los hijos de Israel no tendrán ellos herencia.
Porque los diezmos de los hijos de Israel, que ellos han de ofrecer como ofrenda alzada a Jehová, yo se los he dado a los Levitas por herencia suya; por lo mismo he dicho respecto de ellos: No tendrán herencia en medio de los hijos de Israel.
¶Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
Habla también a los Levitas, y diles: Cuando recibiereis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de parte de ellos por herencia vuestra, ofreceréis de ellos, como ofrenda alzada a Jehová, el diezmo del diezmo;
y os será reputado como ofrenda alzada vuestra, así como lo son el grano de la era y el producto del lagar.
Así vosotros también ofreceréis la ofrenda alzada de Jehová, de todos vuestros diezmos que recibiereis de los hijos de Israel; y de ellos daréis la ofrenda alzada de Jehová a Aarón el sacerdote.
De todos vuestros dones recibidos ofreceréis todas las ofrendas alzadas de Jehová; es decir, de todo lo mejor de ellos ofreceréis su parte consagrada, tomada de ellos.
Les dirás también: Cuando hubiereis ofrecido lo mejor de ellos, entonces lo restante será reputado a vosotros, los Levitas, como producto de la era y como producto del lagar.
Y comeréis de ello en cualquier lugar, vosotros y vuestras familias; porque es vuestro sueldo, en recompensa de vuestro servicio en cuanto al Tabernáculo de Reunión.
Y no llevaréis pecado por esto cuando hubiereis ofrendado lo mejor de ellos. Y no profanaréis las cosas santificadas de los hijos de Israel, no sea que muráis.
Y JEHOVÁ habló a Moisés y a Aarón, diciendo:
Este es estatuto de ley que ha prescrito Jehová, diciendo: Di a los hijos de Israel que te traigan una novilla perfectamente roja, que no tenga defecto, sobre la cual nunca se haya puesto yugo;
y la daréis al sacerdote Eleazar, el cual la sacará fuera del campamento, y será degollada en su presencia.
Luego el sacerdote Eleazar tomará de la sangre de ella con el dedo, y rociará de esa sangre hacia el frente del Tabernáculo de Reunión siete veces.
En seguida será quemada a vista de él la novilla: su cuero y sus carnes y su sangre, a más de su estiércol, serán quemados.
Luego el sacerdote tomará madera de cedro e hisopo y lana escarlata, y los echará en medio de la quema de la novilla.
Entonces el sacerdote lavará sus vestidos, lavará también su carne con agua, y después entrará en el campamento: pero el sacerdote quedará inmundo hasta la tarde.
Asimismo aquel que la hubiere quemado lavará sus vestidos en agua, y lavará su carne con agua, y quedará inmundo hasta la tarde.
En seguida un hombre limpio recogerá las cenizas de la novilla, y las depositará fuera del campamento en un lugar limpio; y serán guardadas para la Congregación de los hijos de Israel, a fin de preparar aguas para la impureza: es ofrenda por el pecado.
Y el que recoge las cenizas de la novilla lavará sus vestidos, y quedará inmundo hasta la tarde. Y esto les será a los hijos de Israel, y al extranjero que habitare en medio de ellos, un estatuto perpetuo.
¶El que tocare cadáver humano, quedará inmundo siete días.
El tal se purificará del pecado con aquellas cenizas el día tercero, y el día séptimo estará limpio. Mas si no se purificare en el día tercero, entonces en el día séptimo no estará limpio.
Todo aquel que habiendo tocado cadáver humano, no se limpiare del pecado, ha contaminado la Habitación de Jehová; la tal persona será cortada de en medio de Israel. Por lo mismo que las aguas para la impureza no fueron rociadas sobre él, inmundo está; permanece todavía en su inmundicia.
¶Esta es la ley: Cuando un hombre muriere en una tienda, todos los que entraren en la tienda, y todos los que estuvieren en la tienda, quedarán inmundos siete días.
Y toda vasija abierta, que no tuviere tapadera bien ajustada, estará inmunda.
Asimismo todo aquel que sobre la haz del campo tocare algún muerto a espada, o algún difunto, o hueso humano, o una sepultura, quedará inmundo siete días.
¶Y para la persona inmunda, tomarán de las cenizas de la quema de aquella ofrenda por el pecado, y sobre ella echarán aguas corrientes, en una vasija;
y un hombre limpio tomará un hisopo, y mojándolo en el agua, la rociará sobre la tienda, y sobre todos sus muebles, y sobre todas las personas que estuvieren allí; y sobre aquel que hubiere tocado el hueso, o al hombre muerto, o al difunto, o la sepultura.
Rociará pues el limpio al inmundo con aquellas aguas en el día tercero, y en el día séptimo: y cuando se hubiere limpiado del pecado en el día séptimo, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y estará limpio a la tarde.
Y el hombre que, estando inmundo, no se purificare del pecado, aquella persona será cortada de en medio de la Asamblea; porque ha contaminado el Santuario de Jehová: las aguas para la inmundicia no fueron rociadas sobre él; por tanto él queda inmundo.
Y esto les será estatuto perpetuo. Aquel también que rociare las aguas para la inmundicia lavará sus vestidos; asimismo el que tocare las aguas para la inmundicia, quedará inmundo hasta la tarde.
Y todo lo que el inmundo tocare quedará inmundo; y la persona que tocare esto, quedará inmunda hasta la tarde.
Y VINO toda la Congregación de los hijos de Israel al desierto de Zin, en el mes primero; y el pueblo hizo mansión en Cades; y allí murió María, y fué allí sepultada.
Y no hubo agua para la Congregación; por lo cual ellos se juntaron contra Moisés y Aarón.
Y contendió el pueblo con Moisés, y hablaron, diciendo: ¡Ojalá hubiéramos perecido cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehová!
¿Y a qué intento habéis traído la Asamblea de Jehová a este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestros ganados?
¿Y por qué nos hicisteis subir de Egipto, para traernos a este lugar detestable? ¡No es lugar de sementeras, ni de higueras, ni de viñas, ni de granados; y ni aun hay agua para beber!
Entonces se retiraron Moisés y Aarón de delante de la Asamblea a la entrada del Tabernáculo de Reunión, y cayeron sobre sus rostros; y la gloria de Jehová se les apareció.
¶Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
Toma la vara, y reune la Congregación, tú y Aarón tu hermano; y hablad a la peña, a vista de ellos, y ella dará sus aguas; así les sacarás agua de la peña, y darás de beber a la Congregación y a sus ganados.
Tomó pues Moisés la vara de delante de Jehová, como él se lo había mandado.
Y reuniendo Moisés y Aarón a toda la Asamblea enfrente de la peña, Moisés les dijo: ¡Oíd, rebeldes! ¿de esta peña hemos de sacaros aguas?
Entonces alzó Moisés la mano, e hirió la peña con su vara dos veces: y salieron aguas abundantes; y bebió la Congregación y sus ganados.
Jehová empero dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creisteis en mí para santificarme en presencia de los hijos de Israel, por tanto vosotros no introduciréis esta Congregación en la tierra que yo les he dado.
Estas son aquellas aguas de Meriba, donde contendieron los hijos de Israel con Jehová; y él vindicó su santidad en ellos.
¶Y Moisés envió mensajeros desde Cades al rey de Edom, diciendo: Así dice tu hermano Israel: Tú sabes todos los trabajos que nos han sobrevenido;
cómo descendieron nuestros padres a Egipto, y habitamos en Egipto mucho tiempo: y nos maltrataron los Egipcios a nosotros y a nuestros padres.
Mas cuando clamamos a Jehová, él oyó nuestra voz, y envió un Angel que nos sacó de Egipto; y henos aquí en Cades, ciudad al extremo de tu territorio.
Permite que pasemos por tu tierra: no pasaremos por los campos ni por las viñas, y no beberemos del agua de los pozos. Por el camino real nos iremos, sin apartarnos a la derecha ni a la izquierda, hasta que hayamos pasado tu territorio.
Pero Edom le contestó: ¡No pases por mi país, no sea que yo salga a recibirte con espada!
Mas los hijos de Israel le respondieron: Por la calzada subiremos; y si bebiéremos de tus aguas, yo y mi ganado, te pagaré el valor de ellas: solamente pasaré a pie sin más ni más.
Pero él dijo: No pasarás. Y salió Edom a encontrarle con mucha gente, y con mano fuerte.
Así Edom rehusó permitir a Israel pasar por su territorio: Israel por tanto se apartó de él.
¶Entonces levantaron el campamento de Cades, y vino toda la Congregación de los hijos de Israel al monte Hor.
Y Jehová habló a Moisés y a Aarón en el monte Hor, junto a los confines de la tierra de Edom, diciendo:
Aarón será agregado a su pueblo aquí, porque no podrá entrar en la tierra que he dado a los hijos de Israel; por cuanto fuisteis rebeldes a mis órdenes junto a las aguas de Meriba.
Toma a Aarón y a Eleazar su hijo, y hazlos subir a este monte Hor.
Luego despojarás a Aarón de sus vestiduras sacerdotales, y se las vestirás a Eleazar su hijo; y Aarón será agregado a su pueblo y morirá allí.
Moisés pues hizo como le había mandado Jehová, y ellos tres subieron al monte Hor, a vista de toda la Congregación.
Y Moisés despojó a Aarón de sus vestiduras sacerdotales, y se las vistió a Eleazar su hijo; y murió Aarón allí, en la cumbre del monte; luego Moisés y Eleazar descendieron del monte.
Y cuando vió toda la Congregación que había muerto Aarón, toda la casa de Israel lloró a Aarón por espacio de treinta días.
Y CUANDO el Cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el país del mediodía, oyó decir que Israel iba llegando por el camino de Atarim, peleó contra Israel, y se llevó cautivos algunos de ellos.
Entonces Israel hizo voto a Jehová, diciendo: Si en verdad entregares esta gente en mi mano, destruiré completamente sus ciudades.
Y oyó Jehová la voz de Israel, y entregó al Cananeo en sus manos; e Israel destruyó completamente a ellos y a sus ciudades; y fué llamado aquel lugar Horma.
¶Y levantaron el campamento del monte Hor, tomando el camino del Mar Rojo, para dar la vuelta a la tierra de Edom. E impacientóse el alma del pueblo a causa del camino.
Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés, diciendo: ¿Por qué nos habéis hecho subir de Egipto para morir en el desierto? que no hay pan, y no hay agua; ¡y nuestra alma tiene ya aborrecido este pan detestable!
Por lo cual Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, las cuales mordían al pueblo; y murió mucha gente de Israel.
Entonces acudió el pueblo a Moisés, diciendo: ¡Hemos pecado, pues que hemos hablado contra Jehová y contra ti! ruega a Jehová para que quite de nosotros las serpientes. Moisés pues rogó por el pueblo.
Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla en un palo alto; y sucederá que toda persona mordida, cuando la mirare, vivirá.
Hizo pues Moisés una serpiente de bronce, y la puso sobre un palo alto; y sucedió que cuando una serpiente había mordido a alguno entonces miraba a la serpiente de bronce y vivía.
¶Y levantaron el campamento de allí los hijos de Israel, y volvieron a acampar en Obot.
Y levantaron el campamento de Obot, y volvieron a acampar en Iyé-abarim, en el desierto que está frente a Moab, de la parte donde se levanta el sol.
De allí levantaron el campamento, y volvieron a acampar en el valle de Zared.
De allí levantaron el campamento, y volvieron a acampar más allá del torrente Arnón, (sitio que está en el desierto), el cual sale de los términos del Amorreo: porque el Arnón es el término de Moab, entre los Moabitas y los Amorreos.
Por tanto se dice en el Libro de las Guerras de Jehová: Vaheb en Sufa, y los valles del Arnón;
y el declive de los valles que se extiende al asiento de Ar, y recuesta sobre el borde de Moab.
Y de allí caminaron a Beer. Este fué aquel pozo del cual Jehová dijo a Moisés: Junta al pueblo para que yo le dé agua.
Entonces Israel rompió a cantar este cántico: ¡Sube, oh pozo! ¡entonadle la canción!
pozo que cavaron los príncipes; lo ahondaron los nobles del pueblo con sus báculos, por orden del legislador. ¶Y del desierto caminaron a Matana;
y de Matana, a Nahaliel; y de Nahaliel a Bamot;
y de Bamot al valle que está en el país de Moab, por la cumbre del Pisga que mira hacia Jesimón.
¶Entonces Israel envió mensajeros a Sehón, rey de los Amorreos, diciendo:
Quiero pasar por tu tierra. No nos apartaremos del camino a los campos ni a las viñas, ni beberemos agua de ningún pozo: por el camino real iremos hasta que hayamos pasado tus términos.
Mas no quiso Sehón permitir que Israel pasase por su territorio; antes bien, reuniendo Sehón a todo su pueblo, salió al desierto al encuentro de Israel; y vino hasta Jahaz, donde peleó contra Israel.
Mas Israel le hirió a filo de espada, y posesionóse de su tierra, desde el Arnón hasta el Jaboe, es decir, hasta los hijos de Ammón; porque era fuerte la frontera de los hijos de Ammón.
Y tomó Israel todas estas ciudades; y habitó Israel en todas las ciudades de los Amorreos, en Hesbón y en todas sus aldeas.
Porque Hesbón era la ciudad de Sehón, rey amorreo, el cual había peleado contra el anterior rey de Moab, y había quitado de su mano toda su tierra hasta el Arnón.
Por tanto dicen los cancionistas: Venid a Hesbón; edifíquese y establézcase la ciudad de Sehón.
Porque salió fuego de Hesbón, y una llama de la plaza fuerte de Sehón, que ha devorado a Ar de Moab, a los señores de las alturas del Arnón.
¡Ay de tí, Moab! eres destruído, oh pueblo de Cemos, el cual entregó sus hijos a la fuga, y sus hijas al cautiverio, en mano de Sehón, rey amorreo.
Hémoslos asaeteado; Hesbón ha sido destruído hasta Dibón, y hémosle asolado hasta Nofa; asolamiento que alcanza hasta Medeba.
Así vino a habitar Israel en la tierra de los Amorreos.
¶Entonces Moisés envió a reconocer a Jazer; y tomaron sus aldeas, y desposeyeron a los Amorreos que allí había.
Luego volvieron, y subieron por el camino del Basán. Y salió Og, rey del Basán, a encontrarlos en batalla, él y todo su pueblo, en Edrei.
Mas Jehová dijo a Moisés: No le tengas miedo; porque a él y a todo su pueblo y su tierra los he entregado en tu mano. Y harás con él como hiciste con Sehón, rey amorreo, que habitaba en Hesbón.
En efecto, hiriéronlo a él y a sus hijos y a todo su pueblo, hasta no quedar de él quien escapase; y tomaron posesión de su tierra.
ENTONCES levantaron el campamento los hijos de Israel, y volvieron a acampar en los llanos de Moab, de este lado del Jordán, frente a Jericó.
Y Balac hijo de Zipor vió todo lo que había hecho Israel al Amorreo;
y atemorizóse Moab en gran manera a causa del pueblo, porque era mucho; y Moab estaba perturbado con motivo de los hijos de Israel.
Entonces dijo Moab a los ancianos de Madián: Ahora esta multitud lamerá cuanto está en derredor nuestro, cual lame el buey la grama del campo. Y Balac hijo de Zipor era rey de Moab a la sazón.
Envió pues mensajeros a Balaam hijo de Beor, hasta Petor, (que está sobre el río Eufrates), hasta la tierra de los hijos de su pueblo, para llamarle, diciendo: He aquí un pueblo que acaba de salir de Egipto; he aquí que cubre la haz de la tierra; y están asentados enfrente de mí.
Ahora pues, ruégote vengas y me maldigas a esta gente, porque es demasiado fuerte para mí; quizás así prevaleceré, y podremos batirla, y lograré arrojarla del país: porque sé que aquel que tú bendijeres es bendito, y aquel que tú maldijeres es maldito.
¶Fueron pues los ancianos de Moab y los ancianos de Madián, con las recompensas de la adivinación en su mano; y llegando a donde estaba Balaam, le refirieron las palabras de Balac.
Y él les dijo: Pasad la noche aquí, y os traeré respuesta según me hablare Jehová. Quedáronse pues los príncipes con Balaam.
Entonces vino Dios a Balaam, y le dijo: ¿Quiénes son estos hombres que están contigo?
Y Balaam respondió a Dios: Balac hijo de Zipor, rey de Moab, ha enviado a decirme:
He aquí un pueblo salido de Egipto, y que cubre la haz de la tierra. Ahora pues ven, maldícemele; quizás podré así pelear contra él y arrojarle del país.
Y dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos; no has de maldecir al pueblo, porque es bendito.
Levantóse pues Balaam por la mañana, y dijo a los príncipes de Balac: Id a vuestra tierra; porque Jehová rehusa permitirme ir con vosotros.
Y levantándose los príncipes de Moab, volvieron a Balac, y le dijeron: rehusó Balaam venir con nosotros.
¶Entonces Balac tornó a enviar otros príncipes a Balaam, en mayor número y más distinguidos que aquellos;
los cuales llegado que hubieron, le dijeron: Así dice Balac hijo de Zipor: Ruégote no permitas que ninguna cosa te estorbe de venir a mí;
porque te honraré con muy grandes honores, y todo lo que me dijeres lo haré. Ahora pues ruégote que vengas y me maldigas a esta gente.
Pero Balaam respondió y dijo a los siervos de Balac: Aun cuando Balac me diere su casa llena de plata y de oro, no podré traspasar la palabra de Jehová mi Dios, para hacer cosa alguna, ni chica ni grande.
Ahora pues, ruégoos os quedéis aquí, vosotros también, esta noche, para que yo sepa qué más me dice Jehová.
¶Y vino Dios de noche a Balaam, y le dijo: Si a llamarte han venido aquellos hombres, levántate, vé con ellos; mas solamente lo que yo te dijere has de hacer.
Levantóse pues Balaam por la mañana, y aparejó su asna, y fué con los príncipes de Moab.
Pero encendióse la ira de Dios por cuanto él se iba; y colocóse el Ángel de Jehová en el camino para oponérsele. Y él iba montado sobre su asna, y dos mozos suyos le acompañaban.
Y el asna vió al Ángel de Jehová puesto de pie en mitad del camino, con su espada desenvainada en la mano; por lo cual desvióse el asna del camino, y, se iba por el campo. Y Balaam dió de palos al asna para hacerla volver al camino.
Entonces el Ángel se puso en una senda angosta entre las viñas, con una pared de un lado y otra pared del otro.
Y cuando el asna vió al Ángel de Jehová, apretóse contra la pared, y apretó el pie de Balaam contra la pared; y él volvió a darle de palos.
Y el Ángel de Jehová pasó adelante otra vez aún, y se puso en un lugar tan estrecho que no había espacio para ladearse ni a la derecha ni a la izquierda.
Y como viese el asna al Ángel de Jehová, cayó en tierra debajo de Balaam. Encendióse entonces la ira de Balaam, e hirió al asna con su báculo.
En esto abrió Dios la boca del asna, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho, para que me dieses de palos estas tres veces?
Y Balaam respondió al asna: Porque has querido hacer burla de mí. ¡Ojalá hubiera en mi mano alguna espada, que ahora mismo te mataría!
Preguntó pues el asna a Balaam: ¿Acaso no soy yo tu asna, en que has cabalgado desde que soy tuya hasta ahora? ¿He solido por ventura hacer contigo de esta manera? Y él respondió: No.
Entonces Jehová quitó el velo de los ojos de Balaam, de modo que vió al Ángel de Jehová puesto de pie en mitad del camino, con su espada desenvainada en la mano; e inclinó la cabeza y postróse sobre su rostro.
Y le dijo el Ángel: ¿Por qué has dado de palos a tu asna estas tres veces? He aquí que yo había salido para ponerme en contra de ti, porque tu camino es perverso delante de mí;
pero me vió el asna y desvióse de mi presencia estas tres veces. Si ella no se hubiera desviado de mi presencia, cierto que yo te hubiera matado, y a ella dejara con vida.
Y respondió Balaam: Yo he pecado: golpeé la bestia porque no sabía que tú te habías apostado contra mí en el camino. Mas ahora si te parece mal, yo me volveré.
Pero el Ángel de Jehová dijo a Balaam: Vé con los hombres; sin embargo no has de hablar otra cosa sino lo que yo te dijere. Fué pues Balaam con los príncipes de Balac.
¶Y cuando Balac oyó decir que venía Balaam, salióle a recibir en Irmoab, situada en el término del Arnón, que estaba en lo más remoto de su territorio.
Y dijo Balac a Balaam: ¿Acaso no envié a ti con urgencia para llamarte? ¿Por qué pues no viniste a mí? ¿No es cierto que yo puedo honrarte?
Y respondió Balaam a Balac: He aquí, he venido a ti; ¿acaso podré yo ahora decir algo? La palabra que pusiere Dios en mi boca esa tengo de hablar.
¶Y fué Balaam con Balac, y vinieron a Kiryat-huzot.
Entonces sacrificó Balac novillos y ovejas; y envió a convidar a Balaam y a los príncipes que estaban con él.
Y aconteció que al otro día, tomando Balac a Balaam, hízole subir a Bamot-baal, de donde divisó la totalidad del pueblo.
ENTONCES dijo Balaam a Balac: Edifícame aquí siete altares, y tenme prevenidos aquí siete novillos y siete carneros.
E hizo Balac como había dicho Balaam; y ofrecieron Balac y Balaam un novillo y un carnero sobre cada altar.
Luego Balaam dijo a Balac: Ponte junto a tu holocausto, en tanto que yo me vaya; por si acaso Jehová viniere a mi encuentro: y cualquiera cosa que él me revelare, te lo avisaré. Se fué pues al páramo.
Y vino Jehová a encontrar a Balaam, y éste le dijo: Los siete altares ya los he arreglado, y he ofrecido un novillo y un carnero en cada altar.
Y Jehová puso palabra en boca de Balaam, y dijo: Vuelve a Balac, y así le hablarás.
¶En efecto volvió a él, y he aquí que estaba colocado junto a su holocausto, él con todos los príncipes de Moab.
Entonces Balaam entonó su canción, y dijo: Desde Aram me ha traído Balac, el rey de Moab, desde las montañas de Oriente, diciendo: ¡Ven, maldíceme a Jacob, y, ven, derrama tus imprecaciones sobre Israel!
¿Cómo maldeciré a quien no ha maldecido Dios? ¿y cómo derramaré imprecaciones donde no las ha derramado Jehová?
Que desde la cúspide de las peñas le veo, y desde las alturas le estoy contemplando: he aquí que este pueblo habitará solo, y entre las demás naciones no será contado.
¿Quién computó jamás el polvo de Jacob, ni siquiera el número de la cuarta parte de Israel? ¡Muera yo de la muerte de los justos, y sea mi postrimería como la suya!
Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué has hecho por mí? ¡Para maldecir a mis enemigos te llamé, y he aquí que tú les has colmado de bendiciones!
Mas él respondió, diciendo: ¿Acaso no tengo que poner cuidado en no hablar sino lo que Jehová pusiere en mi boca?
¶Balac pues le dijo: Ruégote que vengas conmigo a otro sitio, desde donde podrás ver al pueblo; no verás sino el cabo de él, que no le verás todo; y maldícemele desde allí.
Le llevó entonces al campo de los Atalayas, a la cumbre del Pisga; y edificó allí siete altares, y ofreció un novillo y un carnero sobre cada altar.
Y él dijo a Balac: Ponte aquí junto a tu holocausto, mientras yo procure encontrarme con El allá.
Y vino Dios a encontrar a Balaam, y poniendo palabra en su boca, dijo: Vuelve a Balac, y así le dirás.
Volvió pues a él; y he aquí que estaba colocado junto a su holocausto, y los príncipes de Moab con él. Y le dijo Balac: ¿Qué te ha dicho Jehová?
Entonces él entonó su canción, y dijo: ¡Levántate, Balac, y oye; préstame atención, oh hijo de Zipor!
Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de Adam, para que mude de propósito. ¿Ha dicho él, y acaso no lo hará? ¿o ha hablado, y dejará de cumplir su palabra?
He aquí que yo he recibido comisión para bendecir; sí, él ha bendecido, y no podré yo revocarlo.
Él no ha reparado la iniquidad en Jacob, y no ha mirado la perversidad en Israel. Jehová su Dios está con él; y en medio de él suenan vítores de rey.
Es Dios quien le saca de Egipto; tiene Israel como la fortaleza del uro.
Que no hay hechizo contra Jacob, ni hay adivinación contra Israel. A su tiempo será dicho de Jacob y de Israel: ¡Mirad lo que ha hecho Dios!
He aquí que el pueblo como leona se levantará, y cual león se ensalzará en poder: no se acostará hasta que comiere de la presa, y bebiere de la sangre de los degollados.
Entonces dijo Balac a Balaam: ¡Ni le maldigas, ni tampoco le bendigas!
Pero Balaam respondió y dijo a Balac: ¿No te hablé yo diciendo: Todo cuanto hablare Jehová eso tengo de hacer?
¶Dijo entonces Balac a Balaam: Ven pues, que te llevaré a otro sitio, por si acaso pluguiere a Dios me le maldigas desde allí.
Balac entonces llevó a Balaam a la cumbre de Peor, que domina la extensión de Jesimón.
Y dijo Balaam a Balac: Edifícame aquí siete altares, y tenme prevenidos aquí siete novillos y siete carneros.
E hizo Balac según le había dicho Balaam, y ofreció un novillo y un carnero sobre cada altar.
EMPERO como hubiese ya visto Balaam que era del agrado de Jehová bendecir a Israel, no se fué, como las otras veces, a buscar maleficios, sino que fijó su rostro, mirando hacia el desierto.
Luego alzó Balaam los ojos, y vió a Israel acampado conforme a sus tribus; y estuvo sobre él el Espíritu de Dios;
entonó pues su canción, y dijo: Dice Balaam hijo de Beor, y dice el varón cuyos ojos están abiertos,
dice el que oye los dichos de Dios, aquel que ve visión del Todopoderoso, caído en éxtasis, y que tiene quitado el velo de los ojos:
¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus moradas, oh Israel!
Como los valles, están extendidas, como las huertas junto al río; como lináloes que ha plantado Jehová, como los cedros junto a las aguas.
El agua fluye perennemente de sus arcaduces; su simiente será sembrada en muchas aguas; también su Rey se ensalzará más que Agag, y será encumbrado su reino.
Es Dios quien le saca de Egipto; tiene Israel fuerzas como de uro: devorará las naciones, sus adversarios, y les desmenuzará los huesos, y con sus saetas los atravesará.
Se agachó, se acostó como león, y cual leona; ¿quién osará despertarle? ¡Sean benditos los que te bendicen, y malditos los que te maldicen!
¶Encendióse entonces la ira de Balac contra Balaam; y batiendo las manos, dijo Balac a Balaam: ¡Para maldecir a mis enemigos te llamé, y he aquí que tú los has colmado de bendiciones estas tres veces!
Huye pues ahora a tu lugar: yo pensaba promoverte a grandes honores, mas he aquí que Jehová te ha retraído del honor.
Entonces Balaam respondió a Balac: ¿Por ventura no hablé a tus mensajeros también, a quienes enviaste a mí, diciendo:
Aun cuando Balac me diere su casa llena de plata y de oro, no podré traspasar la palabra de Jehová, para hacer de mi propio arbitrio cosa buena ni mala; sino que lo que hablare Jehová eso tengo que decir?
Y ahora, he aquí, ya me voy a mi pueblo; ven pues, que te avisaré lo que este pueblo hará a tu pueblo en los días venideros.
Luego entonó su canción, y dijo: Dice Balaam hijo de Beor, y dice el varón cuyos ojos están abiertos,
dice el que oye los dichos de Dios, y entiende la ciencia del Altísimo, aquel que ve visión del Todopoderoso, caído en éxtasis, y que tiene quitado el velo de los ojos:
¡Le estoy viendo, mas no es de ahora, le estoy mirando, mas no en tiempos cercanos: de Jacob ha salido una ESTRELLA, y de Israel se ha levantado un CETRO, que hiere los costados de Moab, y destruye a todos los hijos de tumulto!
Y Edom se ha hecho posesión suya, sí, Seir se ha hecho posesión de sus enemigos; en tanto que Israel hace proezas.
Pues que ya domina UNO del linaje de Jacob, el cual ha hecho destruir los restos de Ir-moab.
¶Luego mirando a Amalec, entonó su canción, y dijo: ¡La primera de las naciones era Amalec, mas su fin será eterna perdición!
¶Mirando entonces al Cineo, entonó su canción, y dijo: Fuerte es tu morada, y colocado en la peña está tu nido;
sin embargo el Cineo se irá consumiendo, hasta tanto que Asur te lleve cautivo.
¶Volvió a entonar su canción, y dijo: ¡Ay! ¿quién podrá vivir cuando Dios hiciere esto?
pues vendrán galeras de las costas de Kitim, que afligirán a Asur, afligirán también a Heber; pero él asimismo vendrá a perdición!
¶En seguida, levantóse Balaam y se fué, y volvió a su lugar; y Balac también se fué por su camino.
Y MIENTRAS habitaba Israel en Sitim, comenzó el pueblo a cometer fornicación con las hijas de Moab.
Porque éstas convidaron al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y comió el pueblo, y postróse ante los dioses de ellas.
Por manera que Israel entregóse a Baal-peor; y encendióse la ira de Jehová contra Israel.
Y Jehová dijo a Moisés: Toma a todos los jefes del pueblo, y ahórcalos delante del sol, en desagravio a Jehová, para que la ardiente ira de Jehová se aparte de Israel.
También Moisés dijo a los jueces de Israel: Matad vosotros cada cual a aquellos de los suyos que se han entregado a Baal-peor.
En esto, he aquí un hombre de los hijos de Israel el cual venía trayendo a sus hermanos una mujer madianita, a vista de Moisés y a vista de toda la Congregación de los hijos de Israel, estando ellos llorando a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
Y como viese esto Finees, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, levantóse de en medio de la Congregación, y tomando una lanza en la mano,
entró en el pabellón de lascivia tras el hombre de Israel, y atravesó a entrambos, al hombre de Israel y a la mujer, cosiéndole a él al vientre de ella: con lo cual se detuvo la plaga que asolaba a los hijos de Israel.
Y fueron los muertos en aquella plaga veinte y cuatro mil personas.
¶Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo:
Finees, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha hecho volver mi ardiente indignación de en contra de los hijos de Israel, por cuanto ardió en celo por mi causa en medio de ellos, de manera que yo no acabé con los hijos de Israel en el ardor de mis celos.
Por tanto diles; He aquí que yo le doy a él mi pacto de paz;
el cual será para él, y para sus descendientes después de él, pacto de sacerdocio perdurable; por cuanto él fué celoso por su Dios, y puso a cubierto a los hijos de Israel.
Y el israelita que fué muerto, el que fué muerto con la madianita, era llamado Zimri, hijo de Salú, príncipe de una casa paterna de los Simeonitas.
Y el nombre de la mujer madianita que fué muerta, era Cozbi, hija de Zur; el cual era jefe de pueblos, príncipe de una casa paterna en Madián.
¶Entonces habló Jehová a Moisés, diciendo:
Hostilizad a los Madianitas, y heridlos;
porque ellos os hostilizan con sus ardides, con los cuales os engañaron en el asunto de Baal-peor, y en el asunto de Cozbi, hija del príncipe de Madián, hermana de ellos, la cual fué muerta en el día de la plaga ocurrida con motivo de Baal-peor.
Y ACONTECIÓ, después de aquella plaga, que habló Jehová a Moisés y a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, diciendo:
Tomad el censo de toda la Congregación de los hijos de Israel, de edad de veinte años arriba, por sus casas paternas; todos los que pueden salir a la guerra en Israel.
Entonces Moisés y Eleazar, el sumo sacerdote, hablaron con ellos, en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó, diciendo:
Contad al pueblo salido de la tierra de Egipto, de edad de veinte años arriba, como ha mandado Jehová a Moisés y a los hijos de Israel.
¶Rubén, primogénito de Israel: los hijos de Rubén: De Enoc, la parentela de los Enoquitas; de Fallú, la parentela de los Falluítas;
de Hesrón, la parentela de los Hesronitas; de Carmi, la parentela de los Carmitas.
Estas son las parentelas de los Rubenitas; y los alistados de ellos fueron cuarenta y tres mil setecientos treinta.
Y los hijos de Fallú, Eliab.
Y los hijos de Eliab, Nemuel, y Datán y Abiram. Estos fueron aquel Datán y aquel Abiram, hombres escogidos de la Congregación, que contendieron contra Moisés y Aarón, en la facción de Coré, cuando ellos contendieron contra Jehová;
y la tierra abrió su boca, y los tragó a ellos y a Coré, criando murieron los de aquella facción, al mismo tiempo que devoró el fuego a doscientos cincuenta hombres, los cuales fueron hechos escarmiento.
Mas los hijos de Coré no murieron.
¶Los hijos de Simeón, por sus parentelas: De Nemuel, la parentela de los Nemuelitas; de Jaquín, la parentela de los Jaquinitas;
de Zera, la parentela de los Zeraítas; de Saúl, la parentela de los Saulitas.
Estas son las parentelas de los Simeonitas, veinte y dos mil doscientos.
¶Los hijos de Gad, por sus parentelas: De Zefón, la parentela de los Zefonitas; de Hagui, la parentela de los Haguitas; de Suni, la parentela de los Sunitas;
de Ozni, la parentela de los Oznitas; de Eri, la parentela de los Eritas;
de Arod, la parentela de los Aroditas; de Areli, la parentela de los Arelitas.
Estas son las parentelas de los hijos de Gad, conforme a los alistados de ellos, cuarenta mil quinientos.
¶Los hijos de Judá: Er y Onán; pero murieron Er y Onán en la tierra de Canaán.
De modo que fueron los hijos de Judá, por sus parentelas: De Sela, la parentela de los Selanitas; de Farés, la párentela de los Faresitas; de Zara, la parentela de los Zaritas.
Y fueron los hijos de Farés: De Hezrón, la parentela de los Hezronitas; de Hamuel, la parentela de los Hamuelitas.
Estas son las parentelas de Judá, conforme a los alistados de ellos, setenta y seis mil quinientos.
¶Los hijos de Isacar, por sus parentelas: De Tola, la parentela de los Tolaítas; de Pua, la parentela de los Punitas;
de Jasub, la parentela de los Jasubitas; de Simrón, la parentela de los Simronitas.
Estas son las parentelas de Isacar, conforme a los alistados de ellos, sesenta y cuatro mil trescientos.
¶Los hijos de Zabulón, por sus parentelas: De Sered, la parentela de los Sereditas; de Elón, la parentela de los Elonitas; de Jahleel, la parentela de los Jahleelitas.
Estas son las parentelas de los Zabulonitas, conforme a los alistados de ellos, sesenta mil quinientos.
¶Los hijos de José, por sus parentelas: Manasés y Efraim.
Los hijos de Manasés: De Maquir, la familia de los Maquiritas. Y Maquir engendró a Galaad: De Galaad, la familia de los Galaaditas.
Estos son los hijos de Galaad: De Jezer, la parentela de los Jezeritas; de Helec, la parentela de los Helecitas;
y de Asriel, la parentela de los Asrielitas; y de Siquem, la parentela de los Siquemitas;
y de Semida, la parentela de los Semidaítas; y de Hefer, la parentela de los Heferitas.
Pero Zelofehad, hijo de Hefer, no tuvo hijos sino hijas; y los nombres de las hijas de Zelofehad fueron Maala y Noa, Hogla, Milca y Tirsa.
Estas son las parentelas de Manasés; y fueron los alistados de ellos cincuenta y dos mil setecientos.
¶Estos son los hijos de Efraim, por sus parentelas: De Sutela, la parentela de los Sutelaítas; de Bequer, la parentela de los Bequeritas; de Tahán, la parentela de los Tahanitas.
Estos también son de Sutela: De Erán, la parentela de los Eranitas.
Estas son las parentelas de los hijos de Efraim, conforme a los alistados de ellos, treinta y dos mil quinientos. Éstos son los hijos de José, por sus parentelas.
¶Los hijos de Benjamín, por sus parentelas: De Bela, la parentela de los Belaítas; de Asbel, la parentela de los Asbelitas; de Ahiram, la parentela de los Ahiramitas;
de Sufam, la parentela de los Sufamitas; de Hufam, la parentela de los Hufamitas.
Y los hijos de Bela fueron Ard y Naamán: De Ard, la parentela de los Arditas; de Naamán, la parentela de los Naamanitas.
Éstos son los hijos de Benjamín, por sus parentelas; y los alistados de ellos fueron cuarenta y cinco mil seiscientos.
¶Estos son los hijos de Dan, por sus parentelas: De Suham, la parentela de los Suhamitas. Estas son las parentelas de Dan, por sus parentelas.
Todas las parentelas de los Suhamitas, conforme a los alistados de ellos, ascendieron a sesenta y cuatro mil cuatrocientos hombres.
¶Los hijos de Aser, por sus parentelas: De Imna, la parentela de los Imnitas; de Isvi, la parentela de los Isvitas; de Bería, la parentela de los Beritas.
De los hijos de Bería: De Heber, la parentela de los Heberitas; de Malquiel, la parentela de los Malquielitas:
y el nombre de la hija de Aser fué Sera.
Estas son las parentela de los hijos de Aser, conforme a los alistados de ellos, es a saber, cincuenta y tres mil cuatrocientos hombres.
¶Los hijos de Neftalí, por sus parentelas: De Jahziel, la parentela de los Jahzielitas; de Guni, la parentela de los Gunitas;
de Jezer, la parentela de los Jezeritas; de Silem, la parentela de los Silemitas.
Estas son las parentelas de Neftalí, por sus parentelas; y los alistados de ellos fueron cuarenta y cinco mil cuatrocientos.
Estos fueron los alistados de los hijos de Israel, seiscientos y un mil setecientos treinta.
¶Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
Entre éstos será repartida la tierra por herencia, según este censo de los nombres.
A la tribu grande darás mayor herencia, y a la pequeña darás menos herencia: a cada una, a proporción de los alistados de ella, se le dará su herencia.
Pero por suerte será repartida la tierra; conforme a los nombres de las tribus de sus padres, la han de heredar.
Por la decisión de la suerte será repartida a cada tribu su herencia, según sea grande o pequeña.
¶Estos también son los contados de Leví, por sus parentelas: De Gersón, la familia de los Gersonitas; de Coat, la familia de los Coatitas; de Merarí, la familia de los Meraritas.
Estas son las parentelas de los Levitas: La parentela de los Libnitas; la parentela de los Hebronitas; la parentela de los Mahlitas; la parentela de los Musitas; la parentela de los Coritas. Y Coat engendró a Amram.
Y el nombre de la mujer de Amram fué Jocabed, hija de Leví, que le nació a Leví en Egipto. Y ella de Amram parió a Aarón, a Moisés y a María, hermana de ellos.
Y a Aarón le nacieron Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar.
Pero murieron Nadab y Abiú cuando ofrecieron un fuego extraño ante la presencia de Jehová.
Y fueron los contados de los Levitas veinte y tres mil, es decir, todos los varones de un mes arriba; porque no fueron contados entre los demás hijos de Israel; pues que no se les había de dar herencia entre los hijos de Israel.
¶Éstos fueron pues los contados por Moisés y Eleazar, el sumo sacerdote, los cuales contaron a los hijos de Israel en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó.
Y entre todos estos no había hombre alguno de los contados anteriormente por Moisés y el sacerdote Aarón, quienes contaron a los hijos de Israel en el desierto de Sinaí:
porque acerca de ellos había dicho Jehová: Morirán irremisiblemente en el desierto. En efecto, no quedó ni uno de ellos, salvo Caleb hijo de Jefone, y Josué hijo de Nun.
ENTONCES se acercaron las hijas de Zelofehad, hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de Manasés, hijo de José; (y estos fueron los nombres de sus hijas: Maala y Noa, y Hogla y Milca y Tirsa);
y se presentaron delante de Moisés y de Eleazar el sacerdote, y delante de todos los príncipes de toda la Congregación, a la entrada del Tabernáculo de Reunión, diciendo:
Nuestro padre murió en el desierto; y él no estuvo en el motín de los que se juntaron contra Jehová, en el séquito de Coré; sino que murió en su propio pecado, y no tuvo hijos varones.
¿Por qué ha de ser borrado el nombre de nuestro padre de en medio de su parentela, por no haber tenido hijo varón? Danos a nosotras herencia entre los hermanos de nuestro padre.
Y Moisés presentó la causa de ellas delante de Jehová.
¶Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo:
Dicen bien las hijas de Zelofehad; ciertamente les darás posesión de herencia en medio de los hermanos de su padre, haciendo pasar la herencia de su padre a ellas.
Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Siempre que alguno muriere sin tener hijo varón, haréis pasar su herencia a su hija.
Y si no tuviere hija, daréis su herencia a sus hermanos.
Y si no tuviere hermanos, daréis su herencia a los hermanos de su padre.
Y si su padre no tuviere hermanos, daréis su herencia al más cercano pariente suyo, uno de su linaje, y éste la poseerá. Y será esto un principio de derecho; como ha mandado Jehová a Moisés.
¶Y dijo Jehová a Moisés: Sube a este monte Abarim, y mira la tierra que he dado a los hijos de Israel;
y cuando la hayas visto, tú también serás agregado a tu pueblo, como fué agregado Aarón tu hermano;
por cuanto fuisteis rebeldes a mis órdenes en el desierto de Zin, en aquella contienda de la Congregación, no santificándome delante de los ojos de ellos, en el asunto de las aguas. Estas son las aguas de Meriba-cades, en el desierto de Zin.
¶Entonces Moisés habló a Jehová, diciendo:
Nombre Jehová, el Dios de los espíritus de toda carne, un hombre que esté sobre la Congregación,
que salga delante de ellos, y que entre delante de ellos, y que los haga a ellos salir y entrar; para que no sea la Congregación de Jehová como ovejas que no tienen pastor.
Por lo cual Jehová dijo a Moisés: Toma contigo a Josué hijo de Nun, hombre en quien está el Espíritu, y pon tu mano sobre él.
Luego le presentarás delante de Eleazar sumo sacerdote, y delante de toda la Congregación, y le darás el cargo delante de ellos.
Y pondrás parte de tu honra sobre él, a fin de que le obedezca toda la Congregación de los hijos de Israel.
Y él se presentará delante de Eleazar el sacerdote, quien inquirirá por él, por medio del Urim, delante de Jehová. Por su respuesta ha de salir, y por su respuesta ha de entrar, así él como todos los hijos de Israel juntamente con él; es decir, toda la Congregación.
E hizo Moisés como le había mandado Jehová; pues tomó a Josué y le presentó delante de Eleazar el sacerdote, y delante de toda la Congregación;
y puso sobre él sus manos, y le dió el cargo; como había ordenado Jehová por conducto de Moisés.
Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo:
Manda a los hijos de Israel, y diles: Cuidaréis de presentar mis oblaciones en sus tiempos señalados, el pábulo de mis ofrendas encendidas, de olor grato.
Y les dirás: Estas son las ofrendas encendidas que presentaréis a Jehová: Dos corderos del primer año, sin tacha, día por día, como holocausto perpetuo.
Un cordero ofrecerás por la mañana, y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde,
con la décima parte de un efa de flor de harina, mezclada con la cuarta parte de un hin de aceite batido, por ofrenda vegetal.
Es holocausto continuo, que fué ordenado en el monte Sinaí, por sacrificio de olor grato, ofrenda encendida a Jehová.
Y su libación, será la cuarta parte de un hin de vino, por cada cordero. En el recinto del Santuario harás derramar libaciones de licor fermentado a Jehová.
Y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde: conforme a la ofrenda vegetal de la mañana, y conforme a su libación, has de ofrecer éste; ofrenda encendida de olor grato a Jehová.
¶Asimismo en el día del sábado ofreceréis dos corderos sin tacha del primer año, con dos décimas partes de un efa de flor de harina mezclada con aceite, por ofrenda vegetal, juntamente con su libación.
Este será el holocausto de cada sábado, además del holocausto continuo y su libación.
¶Asimismo al principio de vuestros meses presentaréis en holocausto a Jehová dos novillos jóvenes y un carnero, con siete corderos del primer año, sin tacha;
y tres décimas de un efa de flor de harina mezclada con aceite, como ofrenda vegetal, por cada novillo; y dos décimas de flor de harina mezclada con aceite, como ofrenda vegetal, por el carnero;
y una décima de flor de harina mezclada con aceite, como ofrenda vegetal, por cada cordero; holocausto es de olor grato, ofrenda encendida a Jehová.
Y sus libaciones serán la mitad de un hin de vino por cada novillo, y la tercera parte de un hin por el carnero, y la cuarta parte de un hin por cada cordero. Esto será el holocausto de cada nueva luna en su mes, por todos los meses del año:
presentaréis también a Jehová un macho cabrío para ofrenda por el pecado. Se ofrecerá esto además del holocausto continuo y su libación.
¶Asimismo en el mes primero; a los catorce días del mes, se celebrará la Pascua a Jehová.
Y en el día quince de este mes habrá una fiesta solemne: por siete días habéis de comer panes ázimos.
En el día primero tendréis una convocación santa; ningún trabajo servil habéis de hacer.
Y presentaréis por ofrenda encendida, en holocausto a Jehová, dos novillos jóvenes y un carnero y siete corderos del primer año, (sin tacha serán),
con sus ofrendas vegetales de flor de harina mezclada con aceite. Tres décimas de un efa ofreceréis por cada novillo, y dos décimas por el carnero,
y una décima ofrecerás por cada uno de los siete corderos:
también un macho cabrío como ofrenda por el pecado, para hacer expiación por vosotros.
Ofreceréis éstos, además del holocausto de la mañana, que es el holocausto continuo.
Del mismo modo lo ofreceréis diariamente durante siete días; pábulo es de las ofrendas encendidas, de olor grato a Jehová: se ha de ofrecer esto además del holocausto continuo y su libación.
Y en el día séptimo tendréis otra convocación santa; ningún trabajo servil habéis de hacer.
¶Asimismo en el día de los primeros frutos, cuando ofrecéis ofrenda vegetal nueva a Jehová, en vuestra fiesta de las Semanas, tendréis una convocación santa; ningún trabajo servil haréis.
Y presentaréis en olor grato a Jehová dos novillos jóvenes, un carnero, y siete corderos del primer año;
con sus ofrendas vegetales de flor de harina mezclada con aceite: tres décimas de un efa por cada novillo, dos décimas por el carnero,
y una décima por cada uno de los siete corderos:
un macho cabrío también para hacer expiación por vosotros;
además del holocausto continuo y su ofrenda vegetal, los habéis de ofrecer, (sin tacha serán), con sus libaciones.
ASIMISMO en el mes séptimo, al primero del mes, tendréis una convocación santa; ningún trabajo servil haréis; os será día de tocar trompetas.
Y ofreceréis en holocausto de olor grato a Jehová, un novillo joven, un carnero, siete corderos del primer año, sin tacha,
con sus ofrendas vegetales de flor de harina mezclada con aceite: tres décimas de un efa por el novillo, dos décimas por el carnero,
y una décima por cada uno de los siete corderos:
y un macho cabrío como ofrenda por el pecado, para hacer expiación por vosotros:
además del holocausto de la nueva luna y su ofrenda vegetal, y el holocausto continuo y su ofrenda vegetal; juntamente con sus libaciones, conforme al reglamento de ellas; por sacrificio de olor grato, ofrenda encendida a Jehová.
¶Asimismo el diez de este mes séptimo tendréis una convocación santa, y afligiréis vuestras almas; ninguna clase de trabajo haréis.
Y presentaréis en holocausto a Jehová, como sacrificio de olor grato, un novillo joven, un carnero, siete corderos del primer año, (sin tacha serán),
y la ofrenda vegetal de ellos, de flor de harina mezclada con aceite: tres décimas de un efa por el novillo, dos décimas por el carnero,
y una décima por cada uno de los siete corderos:
un macho cabrío también como ofrenda por el pecado; además de la ofrenda por el pecado del Día de Expiación, y el holocausto continuo y su ofrenda vegetal, y las libaciones de ellos.
¶Asimismo el día quince del mes séptimo tendréis una convocación santa; ningún trabajo servil haréis; y guardaréis una fiesta solemne a Jehová por siete días.
Y presentaréis en holocausto, como ofrenda encendida de olor grato a Jehová, trece novillos jóvenes, dos carneros, catorce corderos del primer año, (sin tacha serán),
y la ofrenda vegetal de ellos de flor de harina mezclada con aceite: tres décimas de un efa por cada uno de los trece novillos, dos décimas por cada uno de los dos carneros,
y una décima por cada uno de los catorce corderos:
y un macho de cabrío como ofrenda por el pecado; además del holocausto continuo, y su ofrenda vegetal y su libación.
¶Y en el día segundo ofreceréis doce novillos jóvenes, dos carneros, catorce corderos del primer año, sin tacha;
y la ofrenda vegetal de ellos y sus libaciones, serán correspondientes a los novillos, a los carneros y a los corderos, según el número de ellos, conforme al reglamento:
y un macho cabrío como ofrenda por el pecado; además del holocausto continuo y su ofrenda vegetal y sus libaciones.
¶Y en el día tercero ofreceréis once novillos, dos carneros, catorce corderos del primer año, sin tacha;
y la ofrenda vegetal de ellos y sus libaciones serán correspondientes a los novillos, a los carneros y a los corderos, según el número de ellos, conforme al reglamento:
y un macho cabrío como ofrenda por el pecado; además del holocausto continuo, y su ofrenda vegetal y su libación.
¶Y en el día cuarto ofreceréis diez novillos, dos carneros, catorce corderos del primer año, sin tacha;
y la ofrenda vegetal de ellos y sus libaciones serán correspondientes a los novillos, a los carneros, y a los corderos, según el número de ellos, conforme al reglamento:
y un macho cabrío como ofrenda por el pecado; además del holocausto continuo, su ofrenda vegetal y su libación.
¶Y en el día quinto ofreceréis nueve novillos, dos carneros, catorce corderos del primer año, sin tacha;
y la ofrenda vegetal de ellos y sus libaciones serán correspondientes a los novillos, a los carneros y a los corderos, según el número de ellos, conforme al reglamento:
y un macho cabrío como ofrenda por el pecado; además del holocausto continuo, su ofrenda vegetal y su libación.
¶Y en el día sexto ofreceréis ocho novillos, dos carneros, catorce corderos del primer año, sin tacha;
y la ofrenda vegetal de ellos y sus libaciones serán correspondientes a los novillos, a los carneros y a los corderos, según el número de ellos, conforme al reglamento:
y un macho cabrío como ofrenda por el pecado; además del holocausto continuo, su ofrenda vegetal y sus libaciones.
¶Y en el día séptimo ofreceréis siete novillos, dos carneros, catorce corderos del primer año, sin tacha;
y la ofrenda vegetal de ellos y sus libaciones serán correspondientes a los novillos, a los carneros y a los corderos, según el número de ellos, conforme al reglamento:
y un macho cabrío como ofrenda por el pecado; además del holocausto continuo, su ofrenda vegetal y su libación.
¶En el día octavo tendréis la asamblea más solemne; ningún trabajo servil haréis.
Y presentaréis en holocausto, como ofrenda encendida de olor grato a Jehová, un novillo, un carnero, siete corderos del primer año, sin tacha;
la ofrenda vegetal de ellos y sus libaciones serán correspondientes al novillo, al carnero y a los corderos, según el número de ellos, conforme al reglamento:
y un macho de cabrío como ofrenda por el pecado; además del holocausto continuo y su ofrenda vegetal y su libación.
¶Estos sacrificios ofreceréis a Jehová en vuestras fiestas solemnes; además de vuestros votos y vuestras ofrendas voluntarias, constando de vuestros holocaustos, vuestras ofrendas vegetales y vuestras libaciones, y de vuestros sacrificios pacíficos.
Y Moisés lo refirió a los hijos de Israel, conforme a todo lo que Jehová había mandado a Moisés.
Y MOISÉS habló a las cabezas de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado:
Cuando un hombre hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento para obligar su alma con algún entredicho, no ha de violar su palabra, antes hará conforme a todo lo que saliere de sus labios.
Empero la mujer, cuando hiciere voto a Jehová, o se obligare con entredicho en casa de su padre, en su mocedad,
si su padre oyere su voto, o el entredicho con que ha obligado su alma, y su padre guardare silencio, subsistirán todos sus votos; y todo entredicho con que ha obligado su alma subsistirá.
Mas si su padre se lo vedare en el día que oyere hablar de ello, ninguno de sus votos ni de sus entredichos con que ha obligado su alma subsistirá; y Jehová se lo perdonará, por cuanto su padre se lo ha vedado.
Y si ella se casare mientras tuviere sobre sí sus votos, o alguna inconsiderada promesa de sus labios con que ha obligado su alma,
y lo oyere su marido, y guardare silencio en el día que lo oyere, entonces subsistirán sus votos; y sus entredichos con que ha obligado su alma subsistirán.
Mas si en el día que lo oyere su marido se lo vedare, quedará derogado su voto que ella tiene sobre sí y la inconsiderada promesa de sus labios con que ha obligado su alma; y Jehová se lo perdonará.
Empero el voto de viuda, o de repudiada, cualquiera que sea, con que haya obligado su alma, subsistirá contra ella.
Y si hubiere hecho voto en casa de su marido, o hubiere obligado su alma con entredicho, por juramento,
y lo oyó su marido y guardó silencio, y no se lo vedó; entonces subsistirán todos sus votos; y cualquier entredicho con que obligó su alma subsistirá.
Mas si su marido lo derogó terminantemente en el día que oyó hablar de ello, ninguna cosa salida de los labios de ella respecto de sus votos, o respecto de obligar su alma, subsistirá: su marido los ha derogado, y Jehová se lo perdonará.
Todo voto, o todo entredicho que se impusiere con juramento, para afligir su alma, su marido lo puede confirmar, o su marido lo puede anular.
Mas si su marido guardare entero silencio de día en día, entonces él mismo confirma todos sus votos o todos sus entredichos que estuvieren sobre ella: los ha confirmado por lo mismo que guardó silencio en el día que oyó hablar de ellos.
Y si de cualquiera manera él los derogare después de haberlos oído callando, él llevará la iniquidad de ella.
Estos son los estatutos que mandó Jehová a Moisés, que deben regir entre el hombre y su mujer, y entre el padre y su hija, estando ésta todavía en su mocedad, en casa de su padre.
Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo:
Venga a los hijos de Israel de los Madianitas; después de esto serás agregado a tu pueblo.
Moisés pues habló al pueblo, diciendo: Armaos algunos de vosotros para la guerra, y vayan contra Madián, para ejecutar la venganza de Jehová contra Madián.
Mil hombres de cada tribu, de entre todas las tribus de Israel, enviaréis a la guerra.
Y fueron escogidos de entre los millares de Israel, mil por cada tribu, doce mil armados para la guerra.
De manera que los envió Moisés a la guerra, mil de cada tribu; enviólos a la guerra, a ellos y a Finees, hijo de Eleazar sumo sacerdote, llevando él en su mano los instrumentos santos, y las trompetas para tocar alarma.
E hicieron la guerra contra Madián, como había mandado Jehová a Moisés; y mataron a todos los varones.
Mataron también a los reyes de Madián, a más de los hombres suyos que mataron; a saber, Evi, y Requem, y Zur, y Hur, y Reba, cinco reyes de Madián: a Balaam también, hijo de Beor, le pasaron a cuchillo.
Pero los hijos de Israel tomaron cautivas a las mujeres de Madián y sus niños: hicieron presa también de todas sus bestias, y de todas sus posesiones de ganado, con todos sus haberes.
Asimismo quemaron a fuego todas las ciudades en que habitaban, y todos sus aduares.
Tomaron pues todo el despojo, y toda la presa así de personas como de bestias.
Y trajeron los cautivos y la presa y el despojo a Moisés y a Eleazar el sacerdote, y a la Congregación de los hijos de Israel, al campamento, en los llanos de Moab, que están junto al Jordán, frente a Jericó.
¶Entonces Moisés, y Eleazar el sacerdote, y todos los príncipes de la Congregación salieron a recibirlos, a las afueras del campamento.
Y Moisés estalló en indignación contra los oficiales del ejército, los jefes de miles y los jefes de cientos que volvían del servicio de la guerra.
Y les dijo Moisés: ¿Habéis guardado la vida a todas las mujeres?
He aquí que ellas, por consejo de Balaam, fueron motivo para que los hijos de Israel se apartaran traidoramente de Jehová, en el asunto de Baal-peor; de modo que hubo plaga entre la Congregación de Jehová.
Ahora pues, matad a todo varón entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido ayuntamiento de varón;
pero a todas las niñas que no han conocido ayuntamiento de varón las guardaréis vivas para vosotros.
Y quedaos vosotros fuera del campamento por siete días: todos los que hubiereis matado persona, y todos los que hubiereis tocado algún muerto, os limpiaréis del pecado en el día tercero, y en el día séptimo, así vosotros como vuestras cautivas.
Asimismo todo vestido, y todo ajuar de pieles, y toda obra de pelos de cabra, y todo utensilio de madera, los limpiaréis del pecado para vuestro uso.
¶Y dijo el sacerdote Eleazar a los hombres del ejército que habían ido a la guerra: Este es el mandamiento de la ley que Jehová ha mandado a Moisés.
Ciertamente el oro, y la plata, y el bronce, y el hierro, y el estaño, y el plomo,
en fin, toda cosa que aguanta el fuego, la haréis pasar por el fuego, y así quedará limpia, con tal que sea purificada con las aguas para la impureza; mas todo lo que no aguanta el fuego, lo haréis pasar por agua.
También lavaréis vuestros vestidos en el día séptimo, y así quedaréis limpios; y después de esto podréis entrar en el campamento.
¶Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
Haz el inventario de la presa, de lo que se ha cogido, así de personas como de bestias, tú con Eleazar el sacerdote y las cabezas de las casas paternas de la Congregación.
Y partirás la presa por mitad entre los que hicieron la guerra, saliendo a campaña, y toda la Congregación.
Y de parte de los hombres de guerra que salieron a campaña, tomarás para Jehová un tributo, es decir, un individuo de cada quinientos, así de personas como de ganado vacuno y de asnos y de ganado menor;
de la mitad que a ellos toca lo tomarás, y lo darás a Eleazar el sacerdote, como ofrenda a Jehová.
Y de la mitad perteneciente a los hijos de Israel, tomarás, cual se presentare, uno de cada cincuenta; así de personas como de ganado vacuno y de asnos y de ganado menor, en fin, de todas las bestias; y lo darás a los Levitas, los que hacen la guardia de la Habitación de Jehová.
¶Y Moisés y Eleazar el sacerdote hicieron como Jehová había mandado a Moisés.
Y era la presa (además del botín que había saqueado para sí la gente del ejército), de ganado menor, setecientos setenta y cinco mil;
y de ganado vacuno, setenta y dos mil;
y de asnos, sesenta y un mil;
y de personas, de las mujeres que no habían conocido ayuntamiento de varón; todas las personas fueron treinta y dos mil.
Y la mitad que fué la porción de los que habían salido a campaña, llegaba al número de trescientos treinta y siete mil quinientos, de ganado menor;
de los cuales el tributo para Jehová era, de ganado menor, seiscientos setenta y cinco:
y de ganado vacuno, treinta y seis mil; de los cuales el tributo para Jehová era setenta y dos:
y de asnos, treinta mil quinientos, de los cuales el tributo para Jehová era sesenta y uno:
y de personas, diez y seis mil; de las cuales el tributo para Jehová era treinta y dos personas.
Y dió Moisés el tributo de la ofrenda de Jehová a Eleazar el sacerdote; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Y de la mitad perteneciente a los hijos de Israel, la cual Moisés había apartado, quitándola de los hombres que hicieron la guerra;
(la mitad que correspondía a la Congregación, era, de ganado menor, trescientos treinta y siete mil quinientos,
y de ganado vacuno, treinta y seis mil,
y de asnos, treinta mil quinientos,
y de personas, diez y seis mil);
de la mitad pues que era de los hijos de Israel tomó uno de cada cincuenta, según se presentaba, así de las personas como de las bestias; y los dió a los Levitas, que hacían la guardia de la Habitación de Jehová; como Jehová había mandado a Moisés.
¶Entonces se llegaron a Moisés los oficiales, que habían tenido el mando de los millares del ejército, los jefes de miles y los jefes de cientos;
y dijeron a Moisés: Tus siervos han tomado la cuenta de los hombres de guerra que estaban a nuestras órdenes, y no falta ni uno de nosotros.
Por lo cual presentamos como oblación a Jehová, cada uno de lo que ha cogido en alhajas de oro, como cadenillas para los tobillos y brazaletes, anillos, pendientes y collares de cuentas, por la protección de nuestras vidas delante de Jehová.
Y Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron de ellos el oro, constando todo él de alhajas labradas.
Y todo el oro de la ofrenda alzada que presentaron a Jehová fué diez y seis mil setecientos cincuenta siclos, de parte de los jefes de miles y de los jefes de cientos;
porque los hombres de guerra habían saqueado cada cual para sí.
Moisés y Eleazar pues recibieron el oro de los jefes de miles y de los de cientos, y lo metieron dentro del Tabernáculo de Reunión, por memorial de los hijos de Israel delante de Jehová.
MAS los hijos de Rubén y los hijos de Gad tenían inmensa muchedumbre de ganado; y al mirar la tierra de Jazer y la tierra de Galaad, vieron que el lugar era lugar a propósito para ganado.
Entonces vinieron los hijos de Gad y los hijos de Rubén, y hablaron con Moisés, y con el sacerdote Eleazar, y con los príncipes de la Congregación, diciendo:
Atarot, y Dibón, y Jazer, y Nimra, y Hesbón, y Eleale, y Sebam, y Nebo, y Beón,
la tierra que hirió Jehová delante de la Congregación de Israel, es tierra propia para ganado, y tus siervos tienen ganado.
Dijeron pues: Si hemos hallado gracia en tus ojos, dése esta tierra a tus siervos por posesión suya, y no nos hagas pasar el Jordán.
¶Entonces Moisés respondió a los hijos de Gad y a los hijos de Rubén: ¿Por ventura vuestros hermanos irán a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí?
¿Y por qué queréis desalentar el corazón de los hijos de Israel, para que no pasen adelante a la tierra que les ha dado Jehová?
Así hicieron vuestros padres cuando los envié desde Cades-barnea para reconocer la tierra;
pues subieron hasta el Valle de Escol y reconocieron la tierra; y luego hicieron desalentar el corazón de los hijos de Israel, para que no entrasen en la tierra que les había dado Jehová,
y encendióse la ira de Jehová en aquel día, y juró diciendo:
De seguro que aquellos hombres que subieron de Egipto, de edad de veinte años arriba, no verán la tierra que prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob; porque no me han seguido cumplidamente;
salvo Caleb, hijo de Jefone cenizeo, y Josué hijo de Nun; porque ellos han seguido cumplidamente a Jehová.
Por tanto se encendió la ira de Jehová contra Israel, de modo que los hizo andar errantes por el desierto cuarenta años, hasta que fuese acabada aquella generación que había hecho este mal a los ojos de Jehová.
Y ahora, he aquí que vosotros os habéis levantado en lugar de vuestros padres, una prole de hombres pecadores, para aumentar todavía más el ardor de la ira de Jehová contra Israel.
Porque si os volviereis de en pos de él, él volverá a dejar otra vez a los hijos de Israel en el desierto; y así vosotros seréis la perdición de todo este pueblo.
¶Entonces ellos se acercaron a él, y le dijeron: Edificaremos aquí rediles para nuestro ganado, y ciudades para nuestras familias;
pero nosotros nos armaremos para marchar al frente de los hijos de Israel, hasta que los hayamos introducido en su lugar; en el entretanto habitarán nuestras familias en las ciudades fortificadas, a causa de los moradores del país.
No nos volveremos a nuestras casas hasta que los demás hijos de Israel tengan en posesión cada uno su propia herencia.
Porque nosotros no tendremos herencia con ellos de la otra parte del Jordán y más allá; pues que nos ha tocado ya nuestra herencia de ésta parte del Jordán, hacia donde nace el sol.
¶Entonces les dijo Moisés: Si hiciereis esto, si os armareis para marchar delante de Jehová a la guerra,
y todo hombre armado de vosotros pasare el Jordán delante de Jehová hasta que él haya desposeído a sus enemigos delante de sí,
y la tierra esté sojuzgada delante de Jehová, entonces después de esto podréis volver, y seréis sin culpa para con Jehová y para con Israel; y será esta tierra posesión vuestra delante de Jehová.
Mas si no lo hiciereis así, he aquí que habréis pecado contra Jehová; y tened por cierto que vuestro pecado os alcanzará.
Edificaos pues ciudades para vuestras familias y rediles para vuestros rebaños; y haced lo que ha proferido vuestra boca.
¶Y respondieron los hijos de Gad y los hijos de Rubén a Moisés, diciendo: Tus siervos harán del modo que mi señor nos manda.
Nuestros niños, nuestras mujeres, nuestro ganado y todas nuestras bestias se quedarán ahí en las ciudades de Galaad;
mas tus siervos, todos los hombres armados del ejército, pasarán delante de Jehová a la guerra, conforme a lo que dice mi señor.
¶Moisés pues mandó acerca de ellos a Eleazar el sumo sacerdote, y a Josué hijo de Nun, y a las cabezas de las casas paternas de las tribus de los hijos de Israel;
y les dijo Moisés: Si los hijos de Gad y los hijos de Rubén pasaren con vosotros el Jordán, todos los armados para la guerra, delante de Jehová, hasta que esté sojuzgada la tierra delante de vosotros, les daréis la tierra de Galaad por posesión suya.
Mas si no pasaren armados con vosotros, habrán de tomar posesión en medio de vosotros en la tierra de Canaán
A lo que respondieron los hijos de Gad y los hijos de Rubén, diciendo: Según lo que ha dicho Jehová respecto de tus siervos, asimismo haremos.
Pasaremos armados delante de Jehová a la tierra de Canaán, y quedará para nosotros la posesión de nuestra herencia de este lado del Jordán.
¶De manera que Moisés dió a los hijos de Gad, y a los hijos Rubén, y a la media tribu de Manasés, hijo de José, el reino de Sehón, rey amorreo, y el reino de Og, rey de Basán, la tierra conforme a las ciudades de ella dentro de sus términos, es decir, las ciudades del país todo en derredor.
Entonces los hijos de Gad reedificaron a Dibón, y a Atarot, y a Aroer,
y a Atarot-sofán, y a Jazer y Jogbeha,
y a Bet-nimra y a Bet-harán, ciudades fortificadas; hicieron también rediles para los rebaños.
Asimismo los hijos de Rubén reedificaron a Hesbón, y a Eleale, y a Kiryataim,
y a Nebo, y a Baalmeón, (mudados los nombres), y a Sibma; y pusieron nuevos nombres a las ciudades que reedificaron.
Fueron también los hijos de Maquir, hijo de Manasés, a la tierra de Galaad, y la tomaron, y desposeyeron a los Amorreos que habitaban en ella.
Y Moisés dió la tierra de Galaad a Maquir, hijo de Manasés, el cual habitó en ella.
Asimismo Jaír hijo de Manasés fué y tomó las villas de aquellas gentes, y las llamó Villas de Jaír.
Noba también fué y tomó a Kenat con sus aldeas, y la llamó Noba, según su mismo nombre.
ESTAS son las jornadas de los hijos de Israel, que salieron de Egipto por sus escuadrones, bajo la mano de Moisés y Aarón.
Y escribió Moisés las partidas de ellos conforme a sus jornadas, por orden de Jehová; siendo estas sus jornadas, conforme a sus partidas:
¶Levantaron pues el campamento de Ramesés, en el mes primero, el día quince del mes primero: al otro día de la Pascua salieron los hijos de Israel con mano alzada, a vista de todos los Egipcios,
mientras que los Egipcios estaban enterrando a los que Jehová había muerto de entre ellos, es decir, todos los primogénitos; también en todos los dioses de ellos Jehová había ejecutado juicios.
Los hijos de Israel pues levantaron el campamento de Ramesés, y acamparon en Sucot.
Y levantaron el campamento de Sucot, y acampara en Etam, que está en el confín del desierto.
Y levantaron el campamento de Etam, y dieron una vuelta hacia Pi-hahirot, que está en frente de Baal-zefón, y acamparon delante de Migdol.
Y levantaron el campamento de delante de Pi-hahirot, y pasaron por en medio del mar al desierto; y anduvieron camino de tres días en el desierto de Etam, y acamparon en Mara.
Y levantaron el campamento de Mara, y vinieron a Elim; y en Elim había doce fuentes de agua y setenta palmas; y acamparon allí.
Y levantaron el campamento de Elim, y acamparon junto al Mar Rojo.
Y levantaron el campamento del Mar Rojo, y acamparon en el desierto de Sin.
Y levantaron el campamento del desierto de Sin, y acamparon en Dofca.
Y levantaron el campamento de Dofca, y acamparon en Alús.
Y levantaron el campamento de Alús, y acamparon en Refidim, donde no había agua para que bebiese el pueblo.
Y levantaron el campamento de Refidim, y acamparon en el desierta de Sinaí.
Y levantaron el campamento de Sinaí, y acamparon en Kibrot-hataava.
Y levantaron el campamento de Kibrot-hataava, y acamparon en Hazerot.
Y levantaron el campamento de Hazerot, y acamparon en Ritma.
Y levantaron el campamento de Ritma, y acamparon en Rimón-farés.
Y levantaron el campamento de Rimón-farés, y acamparon en Libna
Y levantaron el campamento de Libna, y acamparon en Rissa.
Y levantaron el campamento de Rissa, y acamparon en Ceelata.
Y levantaron el campamento de Ceelata, y acamparon en el monte Sefer.
Y levantaron el campamento del monte Sefer, y acamparon en Harada.
Y levantaron el campamento de Harada, y acamparon en Maquelot.
Y levantaron el campamento de Maquelot, y acamparon en Tahat.
Y levantaron el campamento de Tahat, y acamparon en Taré.
Y levantaron el campamento de Taré, y acamparon en Mitca.
Y levantaron el campamento de Mitca, y acamparon en Asmona.
Y levantaron el campamento de Asmona, y acamparon en Moserot.
Y levantaron el campamento de Moserot, y acamparon en Bené-yaacán.
Y levantaron el campamento de Bené-yaacán, y acamparon en Hor-Haguidgad
Y levantaron el campamento de Hor-Haguidgad, y acamparon en Jotebata.
Y levantaron el campamento del Jotebata, y acamparon en Abrona.
Y levantaron el campamento de Abrona, y acamparon en Ezión-geber.
Y levantaron el campamento de Ezión-geber, y acamparon en el desierto de Zin, que es Cades.
Y levantaron el campamento de Cades, y acamparon en el monte Hor, en los confines de la tierra de Edom.
Y subió el sacerdote Aarón al monte Hor, por orden de Jehová, y murió allí, a los cuarenta años de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mes quinto, el día primero del mes.
Y era Aarón de edad de ciento veinte y tres años cuando murió en el monte Hor.
Y entonces fué cuando el Cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el Mediodía, en la tierra de Canaán, oyó hablar de la venida de los hijos de Israel.
¶Y levantaron el campamento del monte Hor, y acamparon en Zalmona.
Y levantaron el campamento de Zalmona, y acamparon en Punón.
Y levantaron el campamento de Punón, y acamparon en Obot.
Y levantaron el campamento de Obot, y acamparon en Iyé-abarim, en los confines de Moab.
Y levantaron el campamento de Iyim, y acamparon en Dibón-gad.
Y levantaron el campamento de Dibón-gad, y acamparon en Almón-diblataim.
Y levantaron el campamento de Almón-diblataim, y acamparon en las montañas de Abarim, frente a Nebo.
Y levantaron el campamento de las montañas de Abarim, y acamparon en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó.
Acamparon pues junto al Jordán, desde Bet-jesimón hasta Abel-sitim, en los llanos de Moab.
¶Y Jehová habló a Moisés en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hubiereis pasado el Jordán, a la tierra del Cananeo,
entonces desposeeréis a todos los habitantes de la tierra de delante de vosotros, y destruiréis todas sus piedras pintadas; y todas sus imágenes fundidas destruiréis; y arruinaréis todos sus altos.
Y tomaréis posesión de la tierra y habitaréis en ella, porque a vosotros os he dado la tierra para poseerla.
Y os repartiréis la tierra en herencia por sorteo, entre vuestras parentelas; a las más numerosas daréis mayor extensión, por herencia suya, y a las poco numerosas daréis menos, por herencia suya; dondequiera que cayere a cada una la suerte, allí mismo estará su posesión; con arreglo a las tribus de vuestros padres, os repartiréis la herencia.
Empero si no desposeyereis a los habitantes de la tierra de delante de vosotros, entonces sucederá que aquellos que dejareis de ellos os serán como aguijones en vuestros ojos, y como espinas en vuestros costados; y os serán por adversarios en la tierra en donde habitáis.
Y acontecerá que conforme yo pensaba hacer con ellos, asimismo haré con vosotros.
Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo:
Manda a los hijos de Israel y les dirás: Cuando entrareis en la tierra de Canaán, (ésta es la tierra que se os dará en herencia por sorteo, es decir, la tierra de Canaán conforme a sus términos),
entonces vuestro término meridional se extenderá desde el desierto de Zin a lo largo del costado de Edom; pues que vuestro término meridional comenzará desde el extremo del Mar Salado, de la parte del oriente;
y vuestro término torcerá al sur de la subida de Acrabim, y pasará adelante hasta Zin, y llegarán sus extremos al sur de Cades-barnea; de allí subirá a Hazaradar, y pasará adelante hasta Azmón,
y torcerá el término desde Azmón hacia el arroyo de Egipto, y llegarán sus extremos al Mar Grande.
Y vuestro término occidental será el Mar Grande, y su territorio adyacente. Este será vuestro término occidental.
Y este será vuestro término septentrional: Desde el Mar Grande trazaréis la línea hasta el monte Hor del Norte.
Desde el monte Hor la trazaréis hasta la entrada de Hamat; y será el curso del término hacia Zedad;
y seguirá el término hasta Zifrón; y llegarán sus extremos a Hazar-enán. Este será vuestro término septentrional.
Y os señalaréis el término de la parte del oriente así: Desde Hazar-enán a Sefam;
y descenderá el término desde Safam a Ribla, al oriente de Ayin, y descenderá el término y tocará sobre el costado del Mar de Cineret, de la parte del oriente;
luego descenderá el término al Jordán; y llegarán sus extremos al Mar Salado. Esta será vuestra tierra, por sus términos al contorno.
¶Y mandó Moisés a los hijos de Israel, diciendo: Esta es la tierra que se os repartirá en herencia por sorteo, la cual mandó Jehová dar a las nueve tribus y a la media tribu de Manasés:
porque ya recibieron la suya la tribu de los hijos de Rubén, por sus casas paternas, y la tribu de los hijos de Gad, por sus casas paternas; también la otra media tribu de Manasés ha recibido su herencia:
estas dos tribus y la media tribu ya han recibido su herencia de esta parte del Jordán, frente a Jericó, de la parte del oriente, hacia donde se levanta el sol.
¶Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
Estos son los nombres de los varones que os repartirán la herencia de la tierra: Eleazar el sumo sacerdote y Josué hijo de Nun.
Tomaréis también un príncipe de cada tribu para repartir la herencia de la tierra.
Y estos son los nombres de los varones: De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone.
Y de la tribu de los hijos de Simeón, Semuel hijo de Amiud.
De la tribu de Benjamín, Elidad hijo de Cislón.
Y de la tribu de los hijos de Dan, el príncipe Buqui, hijo de Jogli.
De los hijos de José, de la tribu de los hijos de Manasés, el príncipe Haniel, hijo de Efod;
y de la tribu de los hijos de Efraim, el príncipe Kemuel, hijo de Siftán.
Y de la tribu de los hijos de Zabulón, el príncipe Elisafán, hijo de Parnah.
Y de la tribu de los hijos de Isacar, el príncipe Paltiel, hijo de Azán.
Y de la tribu de los hijos de Aser, el príncipe Ahiud, hijo de Selomi.
Y de la tribu de los hijos de Neftalí, el príncipe Pedael, hijo de Amiud.
Estos son a los que mandó Jehová, que repartieran la herencia a los hijos de Israel en la tierra de Canaán.
Y JEHOVÁ habló a Moisés en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó, diciendo:
Manda a los hijos de Israel que de la herencia de su propia porción den a los Levitas ciudades en qué habitar; también los ejidos de aquellas ciudades, al rededor de ellas, daréis a los Levitas.
Serán las ciudades para que habiten en ellas, y sus ejidos serán para sus bestias, y para sus propiedades, y para todos sus animales.
Y los ejidos de las ciudades que daréis a los Levitas se extenderán desde el muro de la ciudad para afuera mil codos en derredor.
Luego mediréis fuera de la ciudad, al lado del oriente, dos mil codos, y al lado del sur dos mil codos, y al lado del occidente dos mil codos, y al lado del norte dos mil codos; y la ciudad estará en medio. Esto deben tener por los ejidos de las ciudades.
Y las ciudades que daréis a los Levitas serán las seis ciudades de refugio, las cuales señalaréis para que huya allá el homicida involuntario; y además de éstas daréis cuarenta y dos ciudades.
Todas la ciudades que habéis de dar a los Levitas serán cuarenta y ocho ciudades; las daréis con sus ejidos.
Y las ciudades que daréis a los Levitas de la posesión de los demás hijos de Israel, las tomaréis en mayor número de las tribus que tienen muchas, y las tomaréis en menor número de las que tienen pocas: cada tribu a proporción de su herencia que ellas hayan de heredar, dará de sus ciudades a los Levitas.
¶Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hubiereis pasado el Jordán a la tierra de Canaán,
os designaréis ciudades convenientes que sean ciudades de refugio para vosotros; para que huya allá el homicida que quitare la vida por yerro.
Tendréis pues ciudades de refugio contra el vengador de la sangre, para que no muera el homicida antes que se presente delante de la Congregación para ser juzgado.
De las ciudades pues que habéis de dar, seis en número os serán ciudades de refugio.
Tres de las ciudades señalaréis de ésta parte del Jordán, y tres de las ciudades señalaréis en la tierra de Canaán; ciudades de refugio os serán.
Así para los hijos de Israel como para el extranjero y para el transeunte en medio de ellos, estas ciudades servirán de asilo, para que huya allá cualquiera persona que quitare la vida por yerro.
¶Empero si hubiere herido a su prójimo con instrumento de hierro de modo que muera, homicida es; el homicida será muerto irremisiblemente.
Y si le hubiere herido tirándole una piedra, por la cual uno pueda morir, y en efecto muriere, homicida es; el homicida será muerto irremisiblemente.
O si le hubiere herido con instrumento manual de palo, por el cual uno pueda morir, y en efecto muriere, homicida es; el homicida será muerto irremisiblemente.
El mismo vengador de la sangre dará muerte al homicida; dondequiera que le encontrare, le dará muerte.
También si con odio le hubiere empujado, o hubiere echado algo sobre él, de modo que muera,
será muerto irremisiblemente aquel que le dió el golpe; homicida es; el vengador de la sangre, al encontrarle, hará morir al homicida.
Mas si por accidente, sin enemistad, le hubiere empujado, o echado sin intento sobre cualquiera cosa;
o si, sin verle, hubiere dejado caer sobre él cualquiera piedra, de cuyo golpe uno pueda morir, y en efecto muriere, sin que fuese enemigo suyo y sin procurar su daño;
entonces la Congregación juzgará entre el que le mató y el vengador de la sangre, de acuerdo con estos estatutos.
Y la Congregación librará al homicida involuntario de mano del vengador de la sangre, y la Congregación le hará volver a su ciudad de refugio, adonde haya huído; y habitará en ella hasta la muerte del sumo sacerdote que fué ungido con el aceite santo.
Mas si por cualquiera causa el homicida saliere fuera del recinto de su ciudad de refugio adonde haya huído,
y el vengador de la sangre le hallare fuera del recinto de su ciudad de refugio, y el vengador de la sangre matare al homicida, no incurrirá en delito de sangre;
porque el homicida debía permanecer en su ciudad de refugio hasta la muerte del sumo sacerdote; mas después de la muerte del sumo sacerdote, podrá volver el homicida a la tierra de su posesión.
Y serán estos ejemplos por principios de derecho para vuestras generaciones venideras, en todas vuestras moradas.
¶Siempre que alguna persona quitare a otro la vida, por el testimonio de testigos el homicida será muerto; pero un solo testigo no podrá deponer contra ninguno de modo que le haga morir.
Y no aceptaréis rescate por la vida del homicida que es digno de muerte; sino que será muerto irremisiblemente.
Ni tampoco aceptaréis rescate por aquel que ha huído a su ciudad de refugio, para que vuelva a vivir en su país, hasta que muera el sumo sacerdote.
No amancilléis pues la tierra en donde moráis: porque es la sangre lo que más amancilla la tierra; y no se puede hacer expiación por la tierra para limpiarla de la sangre que se ha derramado en ella, sino con la sangre de aquel que la derramó.
Por lo cual no contaminéis la tierra en donde moráis, en medio de la cual yo también habito, porque yo, Jehová, habito en medio de los hijos de Israel.
Y SE acercaron las cabezas de las casas paternas de la parentela de los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las parentelas de los hijos de José, y hablaron delante de Moisés y delante de los príncipes las cabezas de las casas paternas de los hijos de Israel,
y dijeron: Jehová mandó a mi señor que por sorteo se diese la tierra en herencia a los hijos de Israel; también fué mandado por Jehová a mi señor que se diese la herencia de nuestro hermano Zelofehad a las hijas de éste.
Mas puede ser que ellas se casen con algunos de los hijos de las otras tribus de los hijos de Israel; y así la herencia de ellas será quitada de la herencia de nuestros padres, y agregada a la herencia de la tribu de la cual ellas hayan venido a ser, y será quitada de la suerte de nuestra herencia.
Y cuando suceda el jubileo de los hijos do Israel, la herencia de ellas será agregada a la herencia de la tribu de la cual ellas entonces serán, y la herencia de ellas será quitada de la herencia de la tribu de nuestros padres.
¶Entonces Moisés mandó a los hijos de Israel, por orden de Jehová, diciendo: La tribu de los hijos de José dice bien.
Esto es lo que manda Jehová respecto de las hijas de Zelofehad, diciendo: Cásense como bien les pareciere, con tal que se casen dentro de la familia de la tribu de su padre;
para que no ande rodando la herencia de los hijos de Israel de tribu en tribu; sino que los hijos de Israel se adhieran cada uno a la herencia de la tribu de sus padres.
Asimismo toda hija que tenga herencia en cualquier tribu de los hijos de Israel, debe casarse dentro de familia de la tribu de su padre; a fin de que los hijos de Israel sigan poseyendo cada uno la herencia de sus padres.
Así no andará rodando la herencia de a tribu en otra, sino que las tribus de los hijos de Israel se adherirán cada una a su propia herencia.
Conforme había mandado Jehová a Moisés, así hicieron las hijas de Zelofehad;
pues que Maala, Tirsa, Hogla, Milca y Noa, las hijas de Zelofehad, se casaron con los hijos de sus tíos paternos:
se casaron en familias de los hijos de Manasés, hijo de José; y quedó la herencia de ellas con la tribu de la familia de su padre.
¶Estos son los mandamientos y las leyes que prescribió Jehová, por conducto de Moisés, a los hijos de Israel, en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó.
ESTAS son las palabras que habló Moisés a todo Israel de este lado del Jordán, en el desierto, en el Arabá, al extremo opuesto al Mar Rojo, entre Parán, y Tofel, y Labán, y Hazerot, y Di-zahab.
Once días de viaje hay de Horeb, camino de la serranía de Seir, hasta Cades-barnea.
Y aconteció a fines de los cuarenta años, en el mes undécimo, el primero del mes, que habló Moisés á los hijos de Israel conforme a todo lo que le había mandado Jehová acerca de ellos;
después que hubo herido a Sehón, rey amorreo, que habitaba en Hesbón, y a Og, rey de Basán, que habitaba en Asterot, en Edrei.
De este lado del Jordán, pues, en la tierra de Moab, encargóse Moisés de explicar esta ley, diciendo:
Jehová, nuestro Dios, nos habló en Horeb, diciendo: Bastante tiempo habéis permanecido en este monte:
volveos, y alzad el campamento, y marchad a la serranía de los Amorreos y a todos los lugares vecinos, situados en el Arabá, en la Serranía, en la Sefela, en el Mediodía, y en la ribera del mar, tierra del Cananeo; y al Líbano, hasta el gran río, el río Eufrates.
Ved que pongo delante de vosotros la tierra; entrad, poseed la tierra que juró Jehová a vuestros padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob, que se la daría a ellos y a su descendencia después de ellos.
¶Y os hablé en aquel tiempo, diciendo: No puedo yo solo llevar la carga de vosotros.
Jehová vuestro Dios os ha hecho muy numerosos; y heos aquí el día de hoy como las estrellas del cielo en multitud.
¡Jehová el Dios de vuestros padres, os haga mil veces más numerosos de lo que sois y os bendiga, según os ha prometido!
Mas ¿cómo he de sobrellevar yo solo vuestra molestia y vuestra carga y vuestra contención?
Dadme de vuestra parte hombres sabios y entendidos y conocidos de vuestras tribus, a quienes yo ponga por caudillos vuestros.
Y me respondisteis: Bueno será que hagamos lo que has dicho.
Tomé pues las cabezas de vuestras tribus, hombres sabios y conocidos, y los puse por caudillos vuestros, jefes de miles, jefes de centenas, jefes de cincuentenas, y jefes de decenas, y por magistrados de vuestras tribus.
Y mandé a estos vuestros jueces, en ese tiempo, diciendo: Oíd los pleitos entre vuestros hermanos, y juzgad con justicia entre cada uno y su hermano, a su vecino extranjero.
No hagáis acepción de personas en el juicio; al pequeño oiréis lo mismo que al grande: no habéis de temer el rostro del hombre, porque el juicio es de Dios; y la causa que fuere demasiado difícil para vosotros, la traeréis a mí, y yo la oiré.
Y os mandé en ese tiempo todas las cosas que habíais de hacer.
¶Levantamos el campamento, pues, de Horeb, y anduvimos por todo aquel desierto grande y terrible que visteis en el camino de la serranía de los Amorreos, como nos mandaba Jehová nuestro Dios; y así llegamos a Cades-barnea.
Entonces os dije: Habéis llegado a la serranía de los Amorreos, que Jehová nuestro Dios nos va a dar.
Mira, oh Israel, que Jehová tu Dios pone delante de tu rostro la tierra: sube, toma posesión, como te ha dicho Jehová, el Dios de tus padres; no temas, ni te amedrentes.
¶Con lo cual os acercasteis a mí, todos vosotros, y dijisteis: Enviemos hombres delante de nosotros, que nos exploren la tierra, y nos vuelvan a traer razón del camino por donde hemos de subir, y de las ciudades adonde hemos de llegar.
Y me pareció acertado el consejo; por lo cual tomé de entre vosotros doce hombres, un hombre de cada tribu;
los cuales volvieron el rostro y subieron a la Serranía, y llegaron hasta el torrente de Escol, espiando la tierra.
Y tomaron de las frutas del país en su mano, y bajando de allí, nos las trajeron; también nos trajeron respuesta, diciendo: Buena es la tierra que Jehová nuestro Dios nos da.
Pero no quisisteis subir; antes os rebelasteis contra el mandamiento de Jehová vuestro Dios,
y murmurasteis en vuestras tiendas, y dijisteis: Por habernos aborrecido Jehová, nos sacó de la tierra de Egipto, a fin de entregarnos en mano de los Amorreos, para destruirnos.
¿A dónde hemos de subir? Nuestros hermanos nos han hecho desmayar el corazón, diciendo: El pueblo es más grande y más alto que nosotros; las ciudades grandes e inexpugnables, amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de los Anaceos.
Entonces yo os dije: No os aterréis, ni tengáis miedo de ellos.
Jehová vuestro Dios es el que va delante de vosotros; él peleará por vosotros, en conformidad con todo lo que hizo por vosotros en Egipto, ante vuestros mismos ojos;
y también en el desierto, donde habéis visto cómo Jehová vuestro Dios os llevó, cual lleva un hombre a su propio hijo, en todo el camino que anduvisteis hasta vuestra llegada a este lugar.
Pero en este asunto no fuisteis fieles a Jehová vuestro Dios,
que iba delante de vosotros en el camino, a reconoceros lugar donde hubieseis de acampar, en una columna de fuego de noche, para haceros ver el camino por donde hubieseis de andar, y en una nube de día.
Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, e indignóse, y juró, diciendo:
No verá ni uno solo de los hombres de esta mala generación, la buena tierra que juré dar a vuestros padres;
excepto Caleb, hijo de Jefone; él la verá, y le daré la tierra que ha pisado, a él y a sus hijos; por cuanto ha seguido cumplidamente a Jehová:
(pues también contra mí airóse Jehová, por vuestra causa, y dijo: Ni tú tampoco entrarás allá);
y Josué, hijo de Nun, que está en pie delante de ti, él entrará allá. Anímale, porque él la dará en herencia a Israel.
Y vuestros niños, de quienes dijisteis que iban a ser una presa, y vuestros hijitos que no conocen en el día ni bien ni mal, ellos entrarán allá; porque a ellos la daré, y ellos la tomarán en posesión.
Vosotros empero, volveos y emprended la marcha para el desierto, camino del Mar Rojo.
¶Entonces respondiéndome dijisteis: Hemos pecado contra Jehová; nosotros ciertamente subiremos y pelearemos, conforme a todo lo que Jehová nuestro Dios nos tiene mandado. Y os ceñisteis cada cual sus armas de guerra, y os aprontasteis para subir temerariamente a la Serranía.
Mas Jehová me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis, que yo no estoy en medio de vosotros; no suceda que seáis heridos delante de vuestros enemigos.
Y yo os hablé, pero no escuchasteis, sino que os rebelasteis contra el mandamiento de Jehová, y, llenos de presunción, subisteis a la Serranía.
Entonces los Amorreos, que habitan en aquella serranía, salieron a encontraros; y os persiguieron, como suelen hacer las abejas, y os derrotaron en Seir, hasta Horma.
Después os volvisteis y llorasteis delante de Jehová; pero Jehová no oyó vuestra voz, ni os prestó oídos.
Y habitasteis en Cades muchos días, según el número de los días que habitasteis allí.
VOLVIMOS entonces el rostro, y emprendimos marcha para el desierto, camino del Mar Rojo, como me había mandado Jehová. Y dimos la vuelta a la serranía de Seir muchos días.
Mas cumplidos los cuarenta años, me dijo Jehová:
Bastante habéis ido rodeando esta serranía; volveos hacia el norte;
y manda al pueblo, diciendo: Vosotros vais a pasar por el territorio de vuestros hermanos, los hijos de Esaú, que habitan en Seir; y ellos tendrán recelo de vosotros; guardaos pues mucho.
No contendáis con ellos; que no os daré de la tierra de ellos ni siquiera la huella de un pie; porque herencia es de Esaú, a quien he dado la serranía de Seir.
Las vituallas compraréis de ellos por dinero para que comáis, y también el agua compraréis de ellos por dinero para que bebáis.
Porque Jehová tu Dios te ha bendecido, oh Israel, en toda obra de tus manos: pues él se ha hecho cargo de tu viaje por este gran desierto; estos cuarenta años Jehová tu Dios ha estado contigo, y ninguna cosa te ha hecho falta.
Así pasamos de largo a nuestros hermanos, los hijos de Esaú, que habitan en Seir, por el camino del Arabá, desde Elat y desde Ezión-geber. ¶Entonces cambiamos de rumbo, y pasamos adelante, camino del desierto de Moab.
Y me dijo Jehová: No hostilicéis a los Moabitas, ni contendáis con ellos en guerra; que no os daré en la tierra de ellos posesión alguna; porque a los hijos de Lot he dado Ar por posesión suya.
(Los Emitas antes habitaban allí; pueblo grande y numeroso, y de alta talla como los Anaceos.
Por gigantes fueron reputados también ellos, así como los Anaceos; pero los Moabitas los llaman Emitas.
También en Seir habitaban los Horeos de antaño; mas los hijos de Esaú los desposeyeron, y los destruyeron delante de sí, y habitaron en su lugar; así como hizo Israel con su herencia, que Jehová les dió.)
Ahora pues levantaos, y pasad el torrente de Zared. Y en efecto, pasamos el torrente de Zared.
Y el tiempo que ocupamos desde Cades-barnea hasta que pasamos el torrente de Zared, fué treinta ocho años, hasta que toda aquella generación de hombres de guerra fué consumida de en medio del campamento, según les había jurado Jehová.
Además, la mano de Jehová fué contra ellos, para exterminarlos de en medio del campamento, hasta que hubiese acabado con ellos.
¶Y sucedió que cuando ya hubieron acabado de morir todos aquellos hombres de guerra de entre el pueblo,
me habló Jehová, diciendo:
Vas a pasar hoy por el territorio de Moab, junto a Ar,
y llegarás frente a los hijos de Ammón. No los hostilicéis, ni contendáis con ellos; porque no os daré en la tierra de los hijos de Ammón posesión alguna; pues que a los hijos de Lot la he dado en posesión.
(Tierra de gigantes fué reputada también ésta. De antaño los Refaítas habitaban en ella, y los Ammonitas los llaman Zomzomeos;
pueblo grande y numeroso, y de alta talla como los Anaceos; pero Jehová los destruyó delante de ellos, de manera que los desposeyeron, y habitaron en su lugar.
Del mismo modo que hizo Jehová a favor de los hijos de Esaú que habitan en Seir; pues destruyó a los Horeos delante de ellos, de manera que los desposeyeron, y habitan en su lugar hasta el día de hoy.
Como sucedió también a los Aveos que habitaban en aldeas hasta Gaza, a quienes los Caftoreos, procedentes de Caftor, los destruyeron, y habitaron en su lugar.)
¶Levantaos pues, alzad el campamento, y pasad el torrente de Arnón. Mira, oh Israel, que he puesto en tu mano a Sehón amorreo, rey de Hesbón, a él y su tierra: comienza a desposeerle, y contiende con él en batalla.
Hoy comenzaré a imponer el miedo de ti y tu terror sobre los pueblos que están debajo de todos los cielos, los cuales oirán tu fama, y temblarán, y se angustiarán, a causa de ti.
Envié pues mensajeros desde el desierto de Quedemot a Sehón, rey de Hesbón, con palabras de paz, diciendo:
Quiero pasar por tu tierra; tan sólo por el camino andaré, sin apartarme a diestra ni a siniestra.
Las vituallas me las venderás por dinero para que coma, y el agua me la darás por dinero para que beba; solamente quiero pasar a pie:
(como hicieron conmigo los hijos de Esaú, que habitan en Seir, y los Moabitas que habitan en Ar), hasta que haya pasado por el jordán a la tierra que Jehová nuestro Dios nos va a dar.
Mas no quiso Sehón, rey de Hesbón, dejarnos pasar junto a sí, porque Jehová tu Dios endureció su espíritu e hizo obstinado su corazón, para entregarle en tu mano, como se ve el día de hoy.
¶Entonces me dijo Jehová: Mira que he comenzado a poner delante de tí a Sehón y su tierra; comienza pues a desposeerle, para posesionarte de su tierra.
En efecto, salió Sehón a nuestro encuentro, él y todo su pueblo, a librar batalla en Jahaz.
Y entrególe Jehová nuestro Dios delante de nosotros; y le herimos a él y a sus hijos y a todo su pueblo.
Y tomamos todas sus ciudades en aquel tiempo, y destruímos totalmente en cada ciudad hombres, mujeres y niños; no dejamos quien escapase:
solamente las bestias tomamos por despojo, con el botín de las ciudades que habíamos tomado.
Desde Aroer, que está sobre la ribera del torrente de Arnón, y la ciudad que está en medio del valle adyacente, hasta Galaad; no hubo ciudad amurallada que fuese demasiado fuerte para nosotros; todas ellas las entregó Jehová nuestro Dios delante de nosotros:
tan solo a la tierra de los hijos de Ammón no te acercaste, ni a banda alguna del torrente de Jaboc; ni a las ciudades de la serranía, ni a ninguna parte que Jehová nuestro Dios nos tenía vedada.
LUEGO volvimos el rostro, y subimos por el camino del Basán. Y salió Og, rey de Basán, a nuestro encuentro, él y todo su pueblo, a librar batalla en Edrei.
Y me dijo Jehová: No tengas temor de él, porque en tu mano le he entregado, tanto a él como a su pueblo y su tierra. Y harás con él como hiciste con Sehón, rey amorreo, que habitaba en Hesbón.
De manera que Jehová nuestro Dios entregó en vuestra mano también a Og, rey de Basán, y a todo su pueblo; y le herimos hasta no quedar de los suyos quien escapase.
Y tomamos todas sus ciudades en aquel tiempo; no hubo plaza fuerte que no les quitásemos; sesenta ciudades, toda la región de Argob, reino de Og en Basán.
Todas estas eran ciudades fortificadas, de muros altos, con puertas y barras; sin contar muchísimas ciudades sin muros.
Y las destruímos totalmente, lo mismo que habíamos hecho con Sehón, rey de Hesbón, destruyendo completamente en cada ciudad hombres, mujeres y niños.
Mas todas las bestias, con el despojo de las ciudades, saqueamos para nosotros.
Y así en aquel tiempo arrancamos del poder de los dos reyes amorreos, la tierra que está de esta parte del Jordán, desde el torrente de Arnón hasta el monte Hermón:
(los Sidonios llaman al Hermón Sirión, pero los Amorreos lo llaman Senir);
todas las ciudades de la Mesa, y todo Galaad, y todo Basán, hasta Salca y Edrei, ciudades de Og en Basán.
Porque solamente Og, rey de Basán, quedaba del resto de los gigantes. He aquí su cama, cama de hierro, ¿no está todavía en Rabbá de los Ammonitas? de nueve codos es su longitud, y de cuatro codos su anchura, según el codo de un hombre.
¶Así pues nos posesionamos de esta tierra en aquel tiempo: desde Aroer, situada sobre el torrente de Arnón, con la mitad de la serranía de Galaad, y sus ciudades, lo dí a los Rubenitas y los Gaditas;
mas el resto de Galaad, con todo el Basán, reino de Og, lo dí a la media tribu de Manasés; es decir, toda la región de Argob con todo el Basán. (Esta fué llamada tierra de gigantes.
Jaír, hijo de Manasés, tomó toda la región de Argob, hasta el confín de los Gesureos y los Maacateos, y los llamó de su mismo nombre, Basán de las Villas de Jaír; nombre que dura hasta el día de hoy.)
Dí pues a Maquir el resto de Galaad.
Porque a los Rubenitas y a los Gaditas, ya había dado desde Galaad hasta el torrente de Arnón, con la mitad del valle adyacente, hasta el torrente de Jaboc, linde de los hijos de Ammón;
el Arabá también, y el Jordán con su comarca adyacente, de la parte del oriente, desde el Mar de Cineret, hasta el Mar del Arabá, el Mar Salado, debajo de las vertientes del Pisga.
¶Y os mandé en aquel tiempo, (a los de dichas tribus), diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado esta tierra para poseerla: expeditos pues, todos los hombres valerosos habéis de pasar delante de vuestros hermanos, los hijos de Israel.
Vuestras mujeres y vuestros niños y vuestro ganado, (pues sé que tenéis mucho ganado), quedarán en vuestras ciudades que os he dado,
hasta que Jehová haya dado descanso a vuestros hermanos, así como a vosotros, de modo que posean también ellos la tierra que Jehová vuestro Dios les va a dar, al otro lado del Jordán; entonces se volverá cada uno de vosotros a su propia herencia que os he dado.
A Josué también mandé en aquel tiempo, diciendo: Tus ojos han visto todo lo que acaba de hacer Jehová tu Dios a estos dos reyes; así hará Jehová con todos los reinos adonde vas a pasar.
No los temáis, porque Jehová vuestro Dios es el que pelea por vosotros.
¶Y yo supliqué a Jehová en aquel tiempo, diciendo:
Jehová, Señor, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza y tu mano poderosa; pues ¿qué Dios hay en el cielo o en la tierra, que pueda hacer conforme a tus obras, y conforme a tus hechos estupendos?
¡Ruégote me permitas pasar y ver aquella buena tierra que está más allá del Jordán, aquella serranía hermosa y el Líbano!
Mas Jehová estaba enojado contra mí por causa vuestra, de manera que no me escuchó. Me dijo pues Jehová: ¡Basta, no vuelvas a hablarme sobre este asunto!
Sube a la cumbre del Pisga, y alza tus ojos hacia el occidente, y hacia el aquilón, y hacia el mediodía, y hacia el oriente, y mira con tus ojos; pues no podrás pasar este Jordán.
Manda empero a Josué, y fortalécele, y anímale; porque él ha de pasar al frente de este pueblo, y él los hará poseer la tierra que tú verás.
Y nos quedamos en el valle, frente a Bet-peor.
AHORA pues, oh Israel, escucha los estatutos y las leyes que os enseño, a fin de observarlos; para que viváis, y entréis a heredar la tierra que Jehová vuestro Dios os da.
No añadiréis a la palabra que os prescribo, ni quitaréis nada de ella; para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que os ordeno.
Vuestros mismos ojos han visto lo que hizo Jehová con motivo de Baal-peor; pues que a todos los hombres que siguieron a Baal-peor, los ha destruído Jehová vuestro Dios de en medio de vosotros;
mas vosotros que os adheristeis a Jehová vuestro Dios, estáis todos vivos hoy.
Ved que os enseño estatutos y leyes, así como me mandó Jehová mi Dios, para que los practiquéis en medio de la tierra adonde vais para poseerla.
Los guardaréis pues para cumplirlos; porque en esto consistirá vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a la vista de las naciones; las cuales oirán hablar de todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido es esta gran nación.
¿Porque qué nación hay tan grande, que tenga dioses tan cercanos a sí, como lo está Jehová nuestro Dios, siempre que nosotros le invoquemos?
¿Y qué nación tan grande, que tenga estatutos y leyes tan justos, como toda esta ley que os pongo delante hoy?
Esto empero, que te guardes a ti mismo, oh Israel, y que guardes tu alma mucho, no sea que te olvides del las cosas que han visto tus mismos ojos, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, hazlas saber a tus hijos, y a los hijos de tus hijos:
especialmente aquello del día en que te presentaste delante de Jehová tu Dios en Horeb, habiéndome dicho Jehová: Júntame al pueblo para que yo le haga oír mis palabras, las que aprenderán, para que me teman todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñen a sus hijos.
Os acercasteis, pues, y estuvisteis al pie del monte; y el monte se abrasaba en fuego hasta el centro de los cielos, en medio de oscuridad, y nube, y densas tinieblas.
Y habló Jehová con vosotros de en medio del fuego; una Voz que hablaba oísteis, mas no visteis figura alguna; tan sólo una voz fué oída.
Y él mismo os anunció su pacto, el cual os mandó observar, es a saber, los Diez mandamientos; y los escribió sobre dos tablas de piedra.
¶Y Jehová me mandó en ese tiempo que os enseñase estatutos y leyes, para que los practicaseis en la tierra adonde vais a pasar para heredarla.
Guardad pues escrupulosamente vuestras almas; porque no visteis figura alguna el día que habló Jehová con vosotros en Horeb, de en medio del fuego;
no sea que os corrompáis, y hagáis para vosotros escultura a semejanza de cualquiera figura, forma de hombre o de mujer;
o forma de bestia alguna que haya en la tierra; forma de ave alguna que vuele por el aire;
forma de reptil alguno que se arrastre sobre el suelo; forma de pez alguno que nade en las aguas debajo de la tierra:
o no sea que alces los ojos a los cielos, y veas el sol, y la luna, y las estrellas, con todo el ejército de los cielos, y seas impulsado a postrarte ante ellos y darles culto; cosas que Jehová tu Dios ha dado como porción suya a todas las naciones debajo de todos los cielos.
A vosotros empero os ha tomado Jehová, y os ha sacado de aquel horno de hierro, Egipto, para que seáis su pueblo de herencia, como hoy se ve.
¶Y Jehová se enojó contra mí por causa vuestra, y juró que yo no había de pasar el Jordán, ni de entrar en aquella buena tierra que Jehová tu Dios te va a dar en posesión.
Por lo cual he de morir en esta tierra; yo no puedo pasar el Jordán. Vosotros empero lo pasaréis, y heredaréis aquella buena tierra.
Guardaos pues, no sea que olvidéis el pacto de Jehová vuestro Dios, que él tiene hecho con vosotros, y os hagáis escultura alguna, a semejanza de cualquiera cosa que te ha vedado Jehová tu Dios.
Porque Jehová tu Dios es un fuego devorador, Dios celoso es.
¶Cuando hubiereis engendrado hijos e hijos de hijos, y hubiereis estado largo tiempo en la tierra, y os corrompiereis, e hiciereis esculturas a semejanza de cualquiera cosa, haciendo lo que es malo a los ojos de Jehová vuestro Dios, para provocarle a ira,
pongo hoy por testigos contra vosotros a los cielos y a la tierra, de que infaliblemente pereceréis en breve de sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para poseerla; no prolongaréis los días en ella, sino que seréis del todo destruídos.
Y os esparcirá Jehová entre las naciones, y quedaréis pocos en número entre las naciones adonde os llevará Jehová.
Y serviréis allí a dioses que son obra de manos de hombres, dioses de palo y de piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.
¶Empero buscarás de allí, oh Israel, a Jehová tu Dios, y le hallarás, si acudieres a él con todo tu corazón, y con toda tu alma.
Cuando te vieres en angustia, y te sobrevinieren todas estas cosas en los días venideros, entonces te has de volver a Jehová tu Dios, y escucharás su voz;
que Dios misericordioso es Jehová tu Dios, no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto de tus padres, el cual les tiene jurado.
¶Pues infórmate, si quieres, de los primeros tiempos, que eran antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra, y desde un cabo de los cielos hasta el otro cabo de los cielos, si alguna vez ha habido cosa parecida a esta gran cosa, o si se ha oído hablar de otra parecida a ésta.
¿Pueblo alguno por ventura ha oído jamás la voz de Dios hablando de en medio del fuego, como tú la oíste, y ha vivido?
¿O ha intentado dios alguno ir a tomar para sí una nación de en medio de otra nación, con pruebas, con señales, y con maravillas, y con guerra, y con mano fuerte, y con brazo extendido, y con terrores estupendos, como todo lo que Jehová tu Dios hizo por ti en Egipto, ante tus mismos ojos?
A ti te fué mostrado esto, para que supieses que Jehová solo es Dios; ningún otro hay fuera de él.
Desde los cielos te hizo oír su voz, para corregirte; y sobre la tierra te hizo ver su gran fuego, y sus palabras has oído de en medio del fuego.
También por cuanto amó a tus padres, por tanto escogió su simiente después de ellos, y te sacó de Egipto con su presencia, con gran poder;
para desposeer delante de ti naciones más grandes y más fuertes que tú, a fin de hacerte entrar y darte en herencia la tierra de ellos, como hoy se ve.
Entiende esto pues hoy, y recapacítalo en tu corazón, que sólo Jehová es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra; no hay otro alguno.
Por tanto guarda sus estatutos y sus mandamientos, que yo te ordeno hoy, para que te vaya bien a ti, y a tus hijos después de ti; y para que se te prolonguen los días sobre la tierra que Jehová tu Dios te da, para siempre.
¶(Entonces Moisés hizo separar tres ciudades de éste lado del Jordán, hacia el nacimiento del sol,
para que huyera allí el homicida que matare a su prójimo sin intento, y que no le odiaba antes, y para que huyendo a una de dichas ciudades, viva;
a saber, Bezer en el desierto, en la tierra de la Mesa, para los Rubenitas; y Ramot en Galaad para los Gaditas; y Golán, en el Basán, para Manasés.)
¶Esta es pues la ley que Moisés puso delante de los hijos de Israel.
Estos son los testimonios y los estatutos y las leyes que habló Moisés a los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto;
de ésta parte del Jordán, en el valle frente a Bet-peor, en la tierra de Sehón, rey amorreo, que habitaba en Hesbón; a quien hirieron Moisés y los hijos de Israel, después que hubieron salido de Egipto.
Y se posesionaron de su tierra, y de la tierra de Og, rey de Basán, (dos reyes de los Amorreos que había de ésta parte del Jordán, hacia donde nace el sol),
desde Aroer, que está sobre la ribera del torrente de Arnón, hasta el monte Siyón, (el cual es Hermón);
y todo el Arabá, más acá del Jordán, hacia el oriente, y hasta el Mar del Arabá, al pie de las vertientes del Pisga.
Y LLAMÓ Moisés a todo Israel, y les dijo: Oye, oh Israel, los estatutos y las leyes que hablo en vuestros oídos hoy, a fin de que los aprendáis y los guardéis para cumplirlos.
Jehová nuestro Dios hizo un pacto con nosotros en Horeb.
No con nuestros padres hizo este pacto, sino con nosotros, con todos nosotros que estamos aquí mismo hoy vivos.
Cara a cara habló Jehová con vosotros en el monte, de en medio del fuego;
(yo mediaba entre vosotros y Jehová en ese tiempo, para poneros delante la palabra de Jehová; porque temisteis a causa del fuego, y no subisteis al monte), y dijo así:
¶Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.
¶No tendrás otros dioses delante de mí.
No harás para ti escultura, ni semejanza alguna de lo que esté arriba en el cielo, ni de lo que esté abajo en la tierra, ni de lo que esté en las aguas debajo de la tierra:
no te inclinarás a ellas, ni les darás culto; porque yo soy Jehová tu Dios; Dios celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación de los que me odian,
y que uso de misericordia hasta con la milésima generación de los que me aman y guardan mis mandamientos.
No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano, porque no tendrá Jehová por inocente al que tomare su nombre en vano.
Guardarás el día del Descanso para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado.
Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;
mas el día séptimo es día de descanso, consagrado a Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguna bestia tuya, ni el extranjero que habita dentro de tus puertas; para que pueda descansar tu siervo y tu sierva así como tú.
Y acuérdate que tú también fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allí con mano fuerte, y con brazo extendido; por tanto Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día del Descanso.
Honra a tu padre y a tu madre, como te ha mandado Jehová tu Dios, para que se prolonguen tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.
No matarás.
Ni cometerás adulterio.
Ni hurtarás.
Ni hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
Ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo.
¶Estas palabras habló Jehová a toda vuestra Asamblea en el monte, desde en medio del fuego, de la nube, y de las densas tinieblas, con gran voz; y no añadió más. Y las escribió sobre dos tablas de piedra, y me las dió.
Y aconteció que cuando vosotros oísteis la voz de en medio de las tinieblas, en tanto que el monte se abrasaba en fuego, os acercasteis a mí, todas las cabezas de las tribus, con vuestros ancianos,
y me dijisteis: He aquí, Jehová nuestro Dios nos ha hecho ver su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego. Hoy hemos visto que Dios habla con el hombre, y éste vive.
Ahora bien, ¿por qué hemos de morir? pues nos consumirá este gran fuego. Si volvemos a oír la voz de Jehová nuestro Dios alguna vez más, entonces moriremos.
¿Porque quién hay de toda carne que haya oído la voz del Dios vivo hablando de en medio del fuego, como nosotros, y haya vivido?
Llégate tú, y oye todo lo que dijere Jehová nuestro Dios; luego tú hablarás con nosotros todo lo que te dijere Jehová nuestro Dios; así nosotros lo oiremos y cumpliremos.
¶Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras cuando hablasteis conmigo; y dijo Jehová: He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han dicho; bien han hablado cuanto te han dicho.
¡Oh si permaneciera con ellos este sentir suyo, a fin de que me teman, y guarden todos mis mandamientos en todo tiempo, para que les vaya bien a ellos y a sus hijos para siempre!
Anda, diles: Volveos a vuestras tiendas.
Mas en cuanto a ti, quédate aquí conmigo, y yo te declarare todos los mandamientos, los estatutos y las leyes que les has de enseñar, para que los practiquen en la tierra que les voy a dar a poseer.
Poned cuidado pues en hacer según os ha mandado Jehová vuestro Dios; no volveréis a diestra ni siniestra.
En todo el camino que os ha prescrito Jehová vuestro Dios, andaréis, a fin de que viváis, y os vaya bien, prolonguéis los días en la tierra que vais a heredar.
ESTE es pues el mandamiento, estos los estatutos y las leyes que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra adonde pasáis para heredarla;
a fin de que temas, oh Israel, a Jehová tu Dios, de modo que guardes todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te ordeno, tú, y tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida; a fin de que se te prolonguen los días.
Oye pues, oh Israel, y guarda estas cosas para hacerlas, a fin de que te vaya bien, y te multipliques mucho, como te ha prometido Jehová, el Dios de tus padres, en la tierra que mana leche y miel.
¶Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová, uno solo es.
Y amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Y estas palabras que te ordeno hoy, han de permanecer sobre tu corazón;
y las inculcarás a tus hijos, y hablarás de ellas sentado en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y al levantarte;
y las atarás por señal en tu mano, y estarán por frontales entre tus ojos;
y las escribirás sobre los postes de tu casa y en tus puertas.
¶Y será que cuando te haya introducido Jehová tu Dios en la tierra que juró a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob, que te daría, provista de ciudades grandes y buenas, que tú no edificaste,
y de casas llenas de toda suerte de cosas buenas, que tú no llenaste; y de cisternas cavadas que tú no cavaste, y de viñas y olivares que tú no plantaste; y cuando comieres y te saciares,
cuídate entonces, no sea que te olvides de Jehová que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.
A Jehová tu Dios temerás, y a él servirás, y por su nombre solamente jurarás.
No vayas en pos de otros dioses, de los dioses de las naciones que están al rededor de ti;
porque Jehová tu Dios, que habita en medio de ti, es un Dios celoso; no sea que se encienda su ira contra ti, y te destruya de sobre la faz de la tierra.
No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como le tentasteis en Masa.
Guardad escrupulosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios, y sus estatutos que él te ha prescrito, oh Israel.
Y harás lo que es recto y bueno a los ojos de Jehová, para que te vaya bien, y para que entres y poseas aquella buena tierra que Jehová prometió con juramento a tus padres;
y para que él arroje a todos tus enemigos de delante de ti, como Jehová te ha prometido.
¶Cuando te preguntare tu hijo, el día de mañana, diciendo: ¿Qué significan los testimonios y los estatutos y las leyes que os ordenó Jehová nuestro Dios?
entonces responderás a tu hijo: Siervos éramos de Faraón en Egipto, y sacónos Jehová de Egipto con mano fuerte.
Y Jehová descargó señales y maravillas grandes y destructoras sobre Egipto, sobre Faraón y sobre toda su casa, delante de nuestros ojos:
mas a nosotros nos sacó de allí, para traernos acá, a fin de darnos esta tierra que había prometido con juramento a nuestros padres.
Y nos mandó Jehová que cumpliésemos todos estos estatutos, temiendo a Jehová nuestro Dios, para bien nuestro, todos los días, para que él nos dé vida, como sucede el día de hoy.
Entonces tendremos justicia, cuando cuidemos de cumplir todo este mandamiento en presencia de Jehová nuestro Dios, como él nos lo tiene mandado.
CUANDO te hubiere introducido Jehová en la tierra adonde vas para poseerla, y hubiere echado muchas naciones de delante de ti, al Heteo, al Gergeseo, al Amorreo, al Cananeo, al Perezeo, al Heveo y al Jebuseo, siete naciones más grandes y más fuertes que tú;
y cuando Jehová tu Dios las hubiere entregado delante de ti y tú las hubieres herido, las destruirás del todo; no harás con ellas pacto alguno, ni les tendrás piedad.
Y no contraerás matrimonios con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás su hija para tu hijo;
porque apartarán a tus hijos de en pos de mí, para que sirvan a otros dioses; y así se encenderá la ira de Jehová contra ti, y te destruirá muy en breve.
Antes, de esta manera habéis de hacer con ellos: sus altares derribaréis, y sus estatuas quebraréis, y sus Asheras cortaréis, y sus esculturas quemaréis a fuego.
Porque pueblo santo eres para Jehová tu Dios; a ti te escogió Jehová tu Dios, para que le seas un pueblo de exclusiva posesión, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra.
No por ser vosotros más numerosos que todos los pueblos, os ha amado Jehová y os ha escogido; (porque vosotros erais el más pequeño de todos los pueblos);
sino por el amor de Jehová hacia vosotros, y por guardar el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó Jehová con mano fuerte, y os redimió de la casa de servidumbre, librándoos de mano de Faraón, rey de Egipto.
Sabe pues, oh Israel, que Jehová tu Dios es el Dios verdadero, el Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia para con los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones;
pero a los que le odian les da la recompensa en su misma cara para destruirlos: no tardará con aquel que le odia, en su misma cara le dará la recompensa.
Guarda pues el mandamiento y los estatutos y las leyes que yo te prescribo hoy, para ponerlos por obra.
¶Y será que a causa de haber escuchado estas leyes, y de haberlas guardado y cumplido, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres.
Y te amará, y te bendecirá, y te multiplicará; pues bendecirá el fruto de tu seno, y el fruto de tu tierra, tu trigo, y tu vino, y tu aceite, y el aumento de tus vacadas, y las crías de tus rebaños, sobre la tierra que juró a tus padres que te daría.
Bendito serás más que todos los pueblos: no habrá varón ni hembra estéril en medio de ti, ni habrá tal entre tus bestias.
Y apartará Jehová de ti toda dolencia, y todas las enfermedades malignas de Egipto, que tú conoces; no las pondrá sobre ti, sino que las cargará sobre todos tus enemigos.
Así has de destruir a todas las naciones que Jehová tu Dios te va a entregar; no las perdonará tu ojo, para que no sirvas a sus dioses; pues esto te sería causa de ruina.
¶Si acaso dices en tu corazón: Más numerosas son estas naciones que yo, ¿cómo podré desposeerlas?
no tendrás temor de ellas, sino que te acordarás bien de lo que hizo Jehová tu Dios a Faraón y a todo Egipto;
de las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales, y de las maravillas, y de la mano fuerte y del brazo extendido con que te sacó Jehová tu Dios. Del mismo modo hará Jehová tu Dios con todos los pueblos por cuya causa tienes temor.
Además, Jehová enviará el avispón entre ellos, hasta que perezcan los que quedaren y se hubieren escondido de ti.
No te espantes de ellos; porque Jehová tu Dios está en medio de ti, Dios grande y terrible.
Y Jehová tu Dios quitará estas naciones de delante de ti poco a poco: no te será permitido acabar con ellas de una vez, no sea que se multipliquen sobre ti las fieras del campo.
Esto no obstante, Jehová tu Dios las entregará delante de ti, y las llenará de grande consternación, hasta que sean destruídas.
Entregará también sus reyes en tu mano, y destruirás su nombre de debajo de los cielos: no podrá parar hombre alguno delante de ti, hasta que los hayas destruído.
Las esculturas de sus dioses quemarás a fuego: no codiciarás la plata y el oro que hubiere sobre ellas, ni lo tomarás para ti, no sea que te sirva de lazo; porque esto es una abominación para Jehová tu Dios.
No traigas pues la cosa abominable a tu casa, no sea que tú vengas a ser anatema así como ella: del todo la detestarás, y del todo la abominarás; porque es anatema.
CUIDARÉIS de cumplir todo el mandamiento que yo os ordeno hoy, a fin de que viváis y os multipliquéis, y entréis a poseer la tierra que prometió Jehová con juramento a vuestros padres.
Y te acordarás de todo el camino por donde te hizo andar Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto a fin de humillarte y de probarte, para saber lo que había en tu corazón y si guardarías sus mandamientos o no.
Por esto te afligió y te dejó padecer hambre; y entonces te dió a comer el maná, que tú no habías conocido, ni lo conocieron tus padres; para hacerte saber que no de pan solo vive el hombre, sino que el hombre vive de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Tu vestido no se ha envejecido sobre ti, y tu pie no se te ha hinchado en estos cuarenta años.
Y debes recapacitar en tu corazón que como un hombre corrige a su hijo, así Jehová tu Dios te corrige a ti;
para que guardes los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole a él.
Porque Jehová tu Dios te trae a una tierra buena, tierra de arroyos de aguas, de fuentes y hondos manantiales que salen por los valles y por las montañas;
tierra de trigo, y de cebada, y de la vid, y de la higuera, y del granado; tierra de aceite y de miel;
tierra en donde no con escasez comerás el pan; puesto que nada te faltará en ella; tierra cuyas piedras son hierro, y de cuyas montañas podrás extraer el cobre.
Y siempre que comieres y te saciares, bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que él te ha dado.
Cuídate, no sea que te olvides de Jehová tu Dios, y así dejes de observar sus mandamientos y sus leyes y sus estatutos que yo te ordeno hoy.
No suceda nunca, cuando hayas comido y te hayas saciado, cuando hayas edificado para ti casas buenas, y habitado en ellas,
y cuando tus vacadas y tus rebaños se hayan multiplicado, y tu plata y tu oro abunden, y todo lo que tuvieres sea ya mucho,
que entonces se ensalce tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre:--
el cual te condujo por aquel desierto tan grande y tan espantoso, de serpientes ardientes y escorpiones, y de sequía, en donde no hay aguas; el cual sacó para ti aguas de la roca durísima;
el cual te dió a comer el maná en el desierto, que no conocieron tus padres, a fin de humillarte, y a fin de probarte, para hacerte bien en tu porvenir;--
de manera que digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me ha procurado esta riqueza.
Antes bien, te acordarás de Jehová tu Dios; porque él es quien te da poder para adquirir riquezas, a fin de cumplir el pacto que juró a tus padres, como se ve el día de hoy.
¶Empero será, si tú de cualquiera manera te olvidares de Jehová tu Dios, y anduvieres en pos de otros dioses, y les dieres culto, y te postrares delante de ellos, os protesto el día de hoy que de seguro pereceréis.
Lo mismo que las naciones que Jehová va a destruir delante de vosotros, así pereceréis vosotros también, por no haber escuchado la voz de Jehová vuestro Dios.
OYE, oh Israel: Tu vas a pasar hoy el Jordán, para ir a desposeer naciones más grandes y más fuertes que tú, con ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo;
un pueblo grande y de alta talla, los hijos de los Anaceos, que tú conoces, y de quienes has oído decir: ¿Quién puede quedar en pie delante de los hijos de Anac?
Sabe pues el día de hoy, que Jehová tu Dios es el que va a pasar delante de ti, cual fuego devorador; él los destruirá, y él los doblegará delante de ti, para que los puedas desposeer y exterminar en breve, según te ha prometido Jehová.
No has de hablar en tu corazón, después de que Jehová los haya echado de tu presencia, diciendo: Por mi justicia Jehová me ha traído a poseer esta tierra; siendo así que por la maldad de aquellas naciones Jehová las desposee delante de ti.
No por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón, vas a poseer la tierra de ellos; sino por la maldad de estas naciones Jehová tu Dios las va a desposeer delante de ti, y para cumplir la promesa que juró Jehová a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob.
Sabe pues, que no por tu justicia Jehová tu Dios te va a dar esta buena tierra para que la poseas; porque eres un pueblo de dura cerviz.
¶Acuérdate, jamás se te olvide, de cómo provocaste a Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto hasta vuestra llegada a este lugar, habéis sido rebeldes para con Jehová.
Aun en Horeb provocasteis a Jehová, de manera que se indignó Jehová contra vosotros, hasta querer destruiros.
Cuando yo había subido al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehová había hecho con vosotros, estuve en el monte cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua;
y dióme Jehová las dos tablas de piedra, escritas con el dedo de Dios. Y sobre ellas había él escrito conforme a todas las palabras que Jehová os habló en el monte, de en medio del fuego, en el día de la Asamblea.
Y sucedió que al fin de los cuarenta días y cuarenta noches, me dió Jehová las dos tablas de piedra, las tablas del pacto.
Y me dijo Jehová: Levántate, baja presto de aquí; porque se ha corrompido tu pueblo que tú sacaste de Egipto; se han apartado presto del camino que yo les prescribí; se han hecho una imagen fundida.
Además me habló Jehová, diciendo: He visto este pueblo, y he aquí que es un pueblo de dura cerviz.
Déjame, para que los destruya, y borre su nombre de debajo del cielo; y haré de ti una nación más fuerte y mayor que ellos.
¶Volví pues el rostro, y bajé del monte (abrasándose el monte en fuego), con las dos tablas del pacto en mis manos.
Y miré, y he aquí que en efecto habían pecado contra Jehová vuestro Dios; os habíais hecho un becerro fundido; os habíais apartado presto del camino que os prescribió Jehová.
Entonces agarré las dos tablas, y las arrojé de mis manos, y quebrélas delante de vuestros ojos.
Y caí postrado delante de Jehová, como antes, cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua, a causa del gran pecado que habíais cometido, haciendo lo que es malo a los ojos de Jehová, provocando así su ira;
porque temía con motivo de la ira y de la ardiente indignación con que se había enojado Jehová contra vosotros, hasta querer destruiros. Mas oyóme Jehová esta vez también.
Asimismo contra Aarón airóse Jehová mucho, hasta querer destruirle; e intercedí en aquel tiempo por Aarón también.
Luego tomé vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, y lo quemé a fuego, y lo desmenucé, moliéndolo bien, hasta dejarlo fino como polvo; y eché su polvo en el arroyo que bajaba del monte.
¶En Tabera también, y en Masa, y en Kibrot-hataava, seguisteis provocando a Jehová.
Y cuando os envió Jehová desde Cades-barnea, diciendo: Subid, poseed la tierra que os he dado, os rebelasteis contra el mandamiento de Jehová vuestro Dios, y no le creisteis, ni escuchasteis su voz.
Rebeldes habéis sido para con Jehová desde el día en que os conocí.
¶Por manera que caí postrado delante de Jehová los cuarenta días y cuarenta noches que estuve postrado; porque había dicho Jehová que os iba a destruir.
E intercedí con Jehová, diciendo: ¡Jehová, Señor, no destruyas a tu pueblo y tu herencia que tú redimiste con tu grandeza, y sacaste de Egipto con tu mano fuerte!
Acuérdate de tus siervos, de Abraham, de Isaac, y de Jacob. No mires la dureza de este pueblo, ni su maldad, ni su pecado;
no sea que digan los de la tierra de donde nos sacaste: Porque Jehová no pudo hacerlos entrar en la tierra que les había prometido, y por su odio hacia ellos, los sacó para hacerlos morir en el desierto.
Mas ellos son tu pueblo, y tu herencia, que tú sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido.
EN aquel tiempo me dijo Jehová: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a donde estoy yo en el monte; hazte también un Arca de madera;
y yo escribiré en las tablas las palabras que había sobre las tablas primeras que quebraste; y las pondrás en el Arca.
Hice pues un Arca de madera de acacia, y labré dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en mi mano.
Y él escribió sobre las tablas, conforme a la escritura primera, los Diez Mandamientos, que Jehová os había hablado en el monte, desde en medio del fuego, el día de la Asamblea; y Jehová me las entregó.
Luego volví el rostro y descendí del monte, y puse las tablas en el Arca que había hecho, en donde están; como me mandó Jehová.
¶(Después los hijos de Israel se pusieron en marcha desde Beerot-bené-jaacán hasta Mosera. Allí murió Aarón, y allí fué enterrado; y Eleazar su hijo fué constituído sumo sacerdote en lugar suyo.
Y de allí siguieron la marcha hasta Gudgoda, y de Gudgoda hasta Jot-bata, tierra de arroyos de aguas.)
¶En aquel tiempo Jehová separó la tribu de Leví, para que llevase el Arca del Pacto de Jehová, para que estuviese en presencia de Jehová a ministrar delante de él, y para bendecir en su nombre, hasta el día de hoy.
Por esto no tiene Leví parte ni herencia con sus hermanos; Jehová es su herencia, como se lo prometió Jehová tu Dios.
¶Y me quedé en el monte según el número de los primeros días, cuarenta días y cuarenta noches: y también esta vez me oyó Jehová; y Jehová no quiso más destruirte,
sino que me dijo Jehová: Levántate, anda, para emprender la marcha delante del pueblo, para que vayan ellos y posean la tierra que juré a sus padres que les daría.
¶Y ahora, oh Israel, ¿qué es lo que Jehová tu Dios pide de ti, sino solamente que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que le ames, y que sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma;
y que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos que te prescribo hoy, para provecho tuyo?
He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos, y los cielos de los cielos, la tierra y cuanto hay en ella.
Empero Jehová tuvo afecto a tus padres, para amarlos, y escogió su simiente después de ellos, a saber, vosotros, de entre todas las naciones, como hoy se ve.
Circuncidad pues vuestros corazones, y no endurezcáis más vuestra cerviz;
porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores; Dios grande, y poderoso, y terrible, que no hace acepción de personas ni toma regalos;
que hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al extranjero, dándole pan y vestido.
Habéis pues de amar al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
A Jehová tu Dios temerás, a él servirás, a él te adherirás, y solamente en su nombre jurarás.
Él es tu alabanza y él es tu Dios, el cual ha hecho por ti aquellas grandezas y aquellas obras terribles que han visto tus ojos.
Con setenta personas tus padres descendieron a Egipto, y ahora Jehová tu Dios te ha hecho como las estrellas del cielo en multitud.
AMARÁS pues a Jehová tu Dios, y guardarás su precepto, y sus estatutos, y sus leyes y sus mandamientos, en todo tiempo.
Y considerad hoy (porque no se lo digo a vuestros hijos que no los han conocido y que no los han visto) los castigos de Jehová tu Dios, su grandeza, su mano fuerte, y su brazo extendido,
y sus señales, y las obras que hizo en medio de Egipto, a Faraón, rey de Egipto, y a toda su tierra;
y lo que hizo al ejército de Egipto, y a sus caballos y a sus carros, como hizo rodar las aguas del Mar Rojo sobre sus cabezas, cuando siguieron en vuestro alcance; de modo que Jehová los destruyó, postrando a Egipto hasta el día de hoy:
y lo que hizo con vosotros en el desierto hasta que llegasteis a este lugar;
y lo que hizo a Datán y Abiram, hijos de Eliab, hijo de Rubén, cómo la tierra abrió con violencia su boca y los tragó a ellos y a sus familias, y sus tiendas, con toda cosa viviente que les pertenecía en medio de todo Israel:
porque vuestros ojos han visto todas las obras grandiosas que ha hecho Jehová.
Guardad pues todo este mandamiento que yo os ordeno hoy, para que seáis fuertes, y entréis y poseáis la tierra adonde vais a pasar para tomar posesión de ella;
y a fin de que prolonguéis vuestros días sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que se la daría a ellos y a su simiente; tierra que mana leche y miel.
¶Porque la tierra en que entras no es como la tierra de Egipto, de la cual acabas de salir, en donde sembrabas tu simiente, y la regabas con el pie, como una huerta de hortalizas;
sino que la tierra adonde vas a pasar para tomar posesión de ella, es tierra de montañas y de valles, que es regada con las lluvias del cielo;
tierra de la cual Jehová tu Dios tiene especial cuidado; los ojos de Jehová tu Dios están siempre sobre ella, desde el principio hasta el fin del año.
¶Y sucederá que, si oyereis atentamente mis mandamientos que os ordeno hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma,
yo os daré la lluvia de vuestra tierra en su tiempo, la temprana y la tardía, para que cojais vuestro trigo y vuestro vino y vuestro aceite.
Asimismo daré hierba en vuestros campos para vuestras bestias; de modo que comeréis y os saciaréis.
Guardaos bien, no sea que se engañe vuestro corazón, y os apartéis de mí para servir a otros dioses y adorarlos,
y se encienda la ira de Jehová contra vosotros, de modo que cierre los cielos para que no haya lluvia, y la tierra no dé su producto, y perezcáis pronto de sobre la buena tierra que Jehová os da.
¶Por tanto, pondréis estas mis palabras sobre vuestro corazón, y sobre vuestra alma, y los ataréis por señal sobre vuestra mano, y estarán por frontales entre vuestros ojos.
Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, y cuando andes por el camino, y al acostarte, y al levantarte;
y las escribirás sobre los postes de tu casa y en tus puertas;
para que sean muchos tus días y los días de tus hijos sobre la tierra que juró Jehová a tus padres que les daría, como los días del cielo sobre la tierra.
¶Porque si guardareis escrupulosamente todo este mandamiento que os ordeno, para cumplirlo, amando a Jehová vuestro Dios, y andando en todos sus caminos, y adhiriéndoos a él,
Jehová desposeerá a todas estas naciones delante de vosotros, de modo que os posesionéis de naciones más grandes y más fuertes que vosotros.
Todo lugar donde pisare la planta de vuestro pie, será vuestro. Desde el desierto y el Líbano, desde el río, el río Eufrates, y hasta el Mar Occidental, serán vuestros confines.
No podrá parar hombre alguno delante de vosotros; Jehová vuestro Dios pondrá el miedo de vosotros y vuestro terror sobre la haz de toda la tierra que pisareis, conforme os lo tiene prometido.
¶Mirad que pongo delante de vosotros hoy la bendición y la maldición:
la bendición, si obedeciereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que os ordeno hoy;
y la maldición, si no obedeciereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, sino que os apartareis del camino que os ordeno hoy, andando en pos de otros dioses que no conocisteis.
Y será que cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra adonde vas para heredarla, pondrás la bendición sobre el monte Gerizim, y la maldición sobre el monte Ebal.
¿No están éstos más allá del Jordán, hacia donde se pone el sol, en la tierra del Cananeo que habita en el Arabá, enfrente de Gilgal, junto al encinar de More?
Porque estáis para pasar el Jordán a fin de tomar posesión de la tierra que Jehová vuestro Dios os da, y la poseeréis, y habitaréis en ella;
por lo mismo pondréis cuidado en cumplir todos los estatutos y las leyes que hoy os pongo delante.
ESTOS son los estatutos y las leyes que guardaréis a fin de cumplirlos, en la tierra que Jehová, el Dios de vuestros padres, os habrá dado a poseer, todos los días que viviereis sobre la tierra:
Destruiréis completamente los lugares en que las naciones que habéis de desposeer han servido a sus dioses, sobre los montes altos y sobre las colinas, y debajo de todo árbol frondoso.
Derribaréis también sus altares, y haréis pedazos sus columnas, y quemaréis a fuego sus Asheras, y cortaréis las esculturas de sus dioses; y haréis perecer sus nombres de aquel lugar.
¶No habéis de servir a Jehová vuestro Dios de esta manera;
sino que al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus para poner allí su nombre, es decir, a su habitación, acudiréis, yendo allí,
y llevando allí vuestros holocaustos y vuestros sacrificios, y vuestros diezmos, y las ofrendas alzadas de vuestra mano, y vuestros votos, y vuestras ofrendas voluntarias, y los primerizos de vuestras vacadas y de vuestros rebaños;
y los comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios; y os regocijaréis vosotros y vuestras familias en toda empresa de vuestra mano, en que os habrá bendecido Jehová vuestro Dios.
¶No habéis de hacer según todo lo que nosotros hacemos aquí el día de hoy, cada cual todo lo que sea recto a sus propios ojos;
pues hasta ahora no habéis llegado al descanso y a la herencia que Jehová tu Dios te da.
Mas cuando paséis el Jordán, y habitéis en la tierra que Jehová vuestro Dios os hace heredar; y cuando él os haya dado descanso de todos vuestros enemigos al rededor, de modo que habitéis seguros;
entonces habrá cierto lugar que Jehová vuestro Dios escogerá para hacer habitar en él su Nombre; allí llevaréis todo lo que yo os mando, vuestros holocaustos, y vuestros sacrificios, y vuestros diezmos, y las ofrendas alzadas de vuestras manos, y todo lo más escogido de los votos que hubiereis prometido a Jehová;
y os regocijaréis allí delante de Jehová vuestro Dios, vosotros, y vuestros hijos, y vuestras hijas, y vuestros siervos, y vuestras siervas, y el levita que habita dentro de vuestras puertas; pues él no tiene parte ni herencia entre vosotros.
¶Guárdate de ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que vieres conveniente para esto;
sino que en el lugar que escogiere Jehová en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando.
Esto no obstante, según todo el deseo de tu alma podrás degollar animales y comer su carne en todas tus ciudades, conforme a la bendición de Jehová tu Dios que él te hubiere dado; el inmundo lo mismo que el limpio podrá comerla, del mismo modo que la de la gacela y del ciervo;
tan sólo que no comas la sangre; sobre la tierra la derramarás como agua.
¶No podrás comer dentro de tus puertas el diezmo de tu trigo y de tu vino y de tu aceite, ni los primerizos de tus vacadas y de tus rebaños, ni ninguno de los votos que hubieres prometido, ni tus ofrendas voluntarias, ni las ofrendas alzadas de tu mano;
sino que delante de Jehová tu Dios los comerás en el lugar que escogiere Jehová tu Dios, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el levita que mora dentro de tus puertas; y te regocijarás delante de Jehová tu Dios, en toda empresa de tus manos.
Guárdate de desamparar al levita mientras vivieres sobre la tierra.
¶Cuando Jehová tu Dios ensanchare tus términos, según te tiene prometido, y tú dijeres: Voy a comer carne, porque mi alma tiene gana de comer carne; según todo el deseo de tu alma bien podrás comer carne.
Si estuviere lejos de ti el lugar que escogiere Jehová tu Dios para poner allí su nombre, entonces podrás degollar de tu vacada y de tu rebaño que te diere Jehová tu Dios, de acuerdo con lo que te tengo mandado, y comerás dentro de tus puertas según todo el deseo de tu alma.
Lo mismo que se come de la gacela y del ciervo, podrás comer de ella; el inmundo y el limpio igualmente podrán comerla:
solamente que te guardes escrupulosamente de comer la sangre; porque la sangre es la vida, y no comerás la vida juntamente con la carne.
No la comerás; sobre la tierra la derramarás como agua.
No la comerás, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, cuando hicieres lo que es recto a los ojos de Jehová.
Empero las cosas santificadas que tuvieres y tus votos los tomarás, e irás al lugar que escogiere Jehová,
y ofrecerás tus holocaustos (la sangre juntamente con la carne) sobre el altar de Jehová tu Dios; también la sangre de tus demás sacrificios será derramada sobre el altar de Jehová tu Dios; pero tú comerás la carne.
Guarda pues, y obedece todo lo que te mando, a fin de que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre, cuando hicieres lo que es bueno y recto a los ojos de Jehová tu Dios.
¶Y Cuando Jehová tu Dios hubiere exterminado delante de ti las naciones adonde vas a fin de desposeerlas, y las hubieres en efecto desposeído, y habitares en su tierra,
ten cuidado que no caigas en un lazo, siguiendo en pos de ellas, aun después de destruídas delante de ti; y que no inquieras respecto de sus dioses, diciendo: ¿Cómo servían estas naciones a sus dioses? pues así haré yo también.
No lo harás así con Jehová tu Dios; porque toda suerte de abominaciones, las cuales aborrece Jehová, han hecho ellos en culto a sus dioses; pues hasta a sus mismos hijos y sus hijas suelen ellos quemar en fuego a sus dioses.
Cuidarás de hacer todo cuanto te mando; no añadirás a ello, ni quitarás de ello.
SI se levantare de en medio de ti profeta, o soñador de sueños, que te propusiere una señal o maravilla,
y en efecto sucediere la señal o la maravilla de que te haya hablado, diciendo: Vamos en pos de otros dioses, (que nunca conociste) y sirvámoslos;
no escucharás las palabras del tal profeta, o del tal soñador de sueños; porque os prueba Jehová vuestro Dios, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma.
En pos de Jehová vuestro Dios habéis de andar, y a él habéis de temer, y sus mandamientos habéis de guardar, y su voz habéis de escuchar, y a él habéis de servir, y a él os habéis de adherir.
El tal profeta pues, o el tal soñador de sueños, será muerto, por cuanto ha aconsejado apostasía contra Jehová vuestro Dios, que os sacó de Egipto y que os redimió de la casa de servidumbre, para desviarte del camino en que Jehová tu Dios ha mandado que anduvieses; así extirparás el mal de en medio de ti.
¶Si te incitare en secreto tu hermano, el hijo de tu madre, o tu hijo, o tu hija, o la mujer de tu seno, o tu amigo que es para ti como tu misma alma, diciendo: Vamos y sirvamos a otros dioses (que no conociste, ni tú ni tus padres),
los de las naciones que están al rededor de ti, ora cerca de ti, ora lejos de ti, del un cabo de la tierra al otro cabo de la tierra;
no condesciendas con él, ni le escuches; ni tampoco le perdone tu ojo, ni le tengas piedad, ni le protejas;
sino que irremisiblemente le matarás, tu mano será la primera que se levante contra él para hacerle morir, y la mano de todo el pueblo después.
Y le apedrearás para que muera, por lo mismo que procuraba apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.
Y todo Israel oirá y temerá, y no volverá más a hacer semejante maldad en medio de ti.
¶Si oyeres decir de cualquiera de las ciudades que Jehová tu Dios te da para habitar allí,
que han salido hombres, hijos de Belial, de en medio de ti, y han descarriado a los habitantes de su ciudad, diciendo: Vamos y sirvamos a otros dioses (que nunca conociste),
inquirirás y averiguarás, y preguntarás bien; y he aquí, si resulta ser verdad y cosa comprobada que esta abominación ha sido hecha en medio de ti,
herirás irremisiblemente a los habitantes de aquella ciudad a filo de espada, destruyéndola completamente, con todo lo que hubiere en ella, y hasta las bestias destruirás a filo de espada.
Luego juntarás todos sus despojos en medio de su plaza, y quemarás totalmente la ciudad con todos sus despojos, en desagravio a Jehová tu Dios, y quedará hecho un montón de escombros para siempre; no será edificada jamás;
(y ten cuidado que no se pegue a tu mano nada del anatema), para que vuelva Jehová del ardor de su ira, y te conceda mercedes, y tenga de ti compasión, y te multiplique, como juró a tus padres;
siempre que obedecieres la voz de Jehová tu Dios, guardando todos sus mandamientos que te ordeno hoy, y haciendo lo que es recto a los ojos de Jehová tu Dios.
HIJOS sois de Jehová vuestro Dios; no os sajaréis, ni os haréis calvez entre los ojos a causa de muerto;
porque eres un pueblo santo a Jehová tu Dios; pues a ti te escogió Jehová para que le seas un pueblo de exclusiva posesión, más que todas las naciones que hay sobre la faz de la tierra.
¶No comerás ninguna cosa abominable.
Estos son los animales que podréis comer: El buey, la oveja, la cabra,
el ciervo, la gacela, el gamo, la cabra montés, el pygargo, el antílope, la gamuza;
en fin, todo animal de pesuña (que tiene la pata dividida en dos uñas), que rumia entre los animales, ese podréis comer.
Estos empero no comeréis entre los que rumian, o entre los que tienen la uña partida: El camello, y la liebre, y el damán; pues aunque son rumiantes, no tienen la pata dividida en dos; inmundos serán para vosotros:
asimismo el cerdo, pues aunque tiene la pata hendida, no rumia; inmundo será para vosotros; de la carne de ellos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos.
¶Estos podréis comer de todos los animales que viven en las aguas: Todo lo que tiene aletas y escamas podréis comer;
mas todo lo que no tiene aletas y escamas, no lo comeréis; inmundo será para vosotros.
¶Toda ave limpia podréis comer:
mas éstas son de las que no comeréis: El águila, el quebranta-huesos, y el águila marina,
y el azor, y el halcón, y el milano, según sus especies;
y todo cuervo según su especie;
y el avestruz, y la lechuza, y la gaviota, y el gavilán, según sus especies;
y el cuervo marino, y el buho, y, el cisne,
y el pelícano, y el buitre, y el somorgujo,
y la cigüeña, y la garza, según sus especies; y la abubilla, y el murciélago.
¶También todo insecto alado será inmundo para vosotros; no le comeréis.
Toda ave limpia podréis comer.
No comeréis ninguna cosa mortecina; al extranjero que habitare dentro de tus puertas la podréis dar, y él la comerá; o la podréis vender a uno de tierra extraña; porque eres tú un pueblo santo a Jehová tu Dios. No guisarás el cabrito en la leche de su misma madre.
¶Diezmarás escrupulosamente todo el producto de tu simiente, lo que rinde tu campo, año por año;
y comerás delante de Jehová tu Dios, en el lugar que él escogiere par hacer habitar allí su nombre, el diezmo de tu trigo, y de tu vino, y de tu aceite, y los primerizos de tus vacadas y de tus rebaños, a fin de que aprendas a temer a Jehová tu Dios para siempre.
Mas si el camino fuere demasiado largo para ti, de manera que no pudieres llevarlo, por estar demasiado lejos de ti el lugar que escogiere Jehová tu Dios para poner allí su nombre, cuando Jehová tu Dios te haya bendecido,
lo convertirás en dinero, y atando el dinero en tu mano, irás al lugar que escogiere Jehová tu Dios,
y gastarás ese dinero en cuanto apeteciere tu alma; en vaca, o en oveja, o en vino, o en licor fermentado, o en cualquiera cosa que pidiere tu alma y los comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te regocijarás, tú y tu casa:
y al levita que habitare dentro de tus puertas: no le desampararás, porque no tiene parte ni herencia contigo.
¶Al fin de cada tercer año, sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo depositarás dentro de tus puertas;
para que venga el levita, que no tiene parte ni herencia contigo, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que habitan dentro de tus puertas, y coman y se sacien; para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tu mano que hicieres.
AL cabo de cada siete años harás remisión de deudas.
Y esta será la manera de la remisión: Todo acreedor remitirá lo que hubiere prestado a su prójimo; no lo exigirá de su prójimo, o de su hermano, por haberse pregonado la remisión de Jehová.
De uno de tierra extraña podrás exigirlo; mas lo que tuviere tu hermano de lo tuyo, se lo remitirá tu mano.
Bien que no debe de haber en medio de ti menesteroso alguno, (porque Jehová te bendecirá abundantemente en la tierra que Jehová tu Dios te da en herencia para que la poseas),
con tal de que oigas atentamente la voz de Jehová tu Dios, cuidando de cumplir todo este mandamiento que yo te prescribo hoy.
Porque Jehová tu Dios te bendecirá como te tiene prometido, y tú prestarás a muchas naciones, mas no pedirás prestado; y tendrás dominio sobre muchas naciones, mas ellas no tendrán dominio sobre ti.
¶Cuando hubiere en medio de ti menesteroso de tus hermanos, en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre;
sino que indispensablemente le abrirás tu mano, y sin falta le prestarás lo suficiente para la necesidad que padeciere.
Ten cuidado que no haya en tu corazón el depravado pensamiento de decir: Se va acercando el año séptimo, el de la remisión; y tu ojo sea malo para con tu hermano menesteroso, de modo que no le des, y él clame contra ti a Jehová; pues será pecado en ti.
Ciertamente le darás, y no debe dolerte el corazón cuando le dieres; porque a causa de esto te bendecirá Jehová tu Dios en toda tu obra y en todo aquello en que pusieres tu mano.
Porque nunca dejará de haber menesterosos en la tierra; por lo mismo yo te mando, diciendo: Irremisiblemente has de abrir la mano a tu hermano, es decir, a tu pobre y a tu menesteroso en tu tierra.
¶Cuando fuere vendido a ti tu hermano, hebreo o hebrea, y te hubiere servido seis años, en el séptimo le enviarás de ti libre.
Y cuando le enviares de ti libre, no le enviarás con las manos vacías;
sino que le cargarás liberalmente con el producto de tu rebaño, y de tu era, y de tu lagar: de aquello en que te haya bendecido Jehová tu Dios, le darás.
Y acuérdate de que tú fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te redimió; por tanto te mando esto hoy.
Mas sucederá que si él te dijere: No saldré de tu servicio; por cuanto te ama a ti y a tu casa, porque le va bien contigo;
entonces tomarás una lesna, y le horadarás la oreja contra la puerta de tu casa; y él será tu siervo para siempre. Y también con tu sierva harás del mismo modo.
No ha de ser gravoso a tus ojos cuando le enviares de ti libre; pues que te ha servido seis años al doble del valor de un jornalero; y así te bendecirá Jehová tu Dios en todo lo que hicieres.
¶Todo primerizo, siendo macho, que naciere en tu vacada y en tu rebaño, le santificarás a Jehová tu Dios; no trabajarás con el primer nacido de tu vaca, ni esquilarás el primer nacido de tus ovejas:
delante de Jehová tu Dios los comerás de año en año, en el lugar que escogiese Jehová, tú y tu casa.
Mas si hubiere en él algún defecto, ora fuere cojo o ciego, ora tuviere cualquier otro defecto grave, no lo sacrificarás a Jehová tu Dios;
dentro de tus puertas lo comerás; el inmundo y el limpio comerán juntamente de él, así como de la gacela y del ciervo.
Solamente que no comerás de su sangre; sobre la tierra la derramarás como agua.
OBSERVARÁS el mes de Abib, y celebrarás la Pascua a Jehová tu Dios (porque en el mes de Abib Jehová tu Dios te sacó de Egipto), de noche.
Y sacrificarás la pascua a Jehová tu Dios, juntamente con ofrendas de ganados menores y mayores, en el lugar que escogiere Jehová para hacer habitar allí su nombre.
No comerás con ella pan fermentado: por siete días comerás con ella panes ázimos, (pan de aflicción, porque con huída precipitada saliste de Egipto), para que te acuerdes del día que saliste de la tierra de Egipto, todos los días de tu vida.
Y no se dejará ver levadura contigo en todos tus términos por siete días; y de la carne que sacrificares por la tarde del día primero, no quedará nada hasta la mañana.
No podrás sacrificar la pascua en cualquiera de las ciudades que Jehová tu Dios te da;
sino que en el lugar que escogiere Jehová tu Dios para hacer habitar allí su nombre, allí has de sacrificar la pascua por la tarde, al ponerse el sol, al tiempo en que saliste de Egipto.
Y la asarás, y la comerás en el lugar que escogiere Jehová tu Dios; luego, por la mañana, podrás volver otra vez a tus moradas.
Seis días comerás panes ázimos, y en el día séptimo habrá asamblea solemne a Jehová tu Dios; ningún trabajo harás en él.
¶Después contarás para ti siete semanas; desde cuando empieces a meter la hoz en la mies, principiarás a contar las semanas.
Entonces celebrarás la fiesta de las Semanas a Jehová tu Dios, con generosas ofrendas voluntarias de tu mano; las cuales darás conforme te haya bendecido Jehová tu Dios.
Y te regocijarás delante de Jehová tu Dios, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el levita que reside dentro de tus puertas, juntamente con el extranjero y el huérfano y la viuda que habitan en medio de ti, en el lugar que escogiere Jehová tu Dios, para hacer que habite allí su nombre.
Y acuérdate de que tú fuiste siervo en Egipto; por tanto guardarás y cumplirás estos estatutos.
¶La fiesta de las Enramadas celebrarás por siete días, cuando hayas acabado la cosecha de tu era y de tu lagar.
Y te regocijarás en tu fiesta, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el levita y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que habitan dentro de tus puertas.
Siete días celebrarás fiesta solemne a Jehová tu Dios, en el lugar que escogiere Jehová; porque Jehová tu Dios te bendecirá en todos tus productos, y en toda la obra de tus manos; por tanto estarás ciertamente alegre.
¶Tres veces en el año se presentarán todos tus varones delante de Jehová tu Dios en el lugar que escogiere: En la fiesta de los Ázimos, en la fiesta de las Semanas, y en la fiesta de las Enramadas: y no se presentarán delante de Jehová con las manos vacías;
cada uno traerá según su mano pudiere dar, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te haya dado.
¶Jueces y magistrados pondrás para ti en todas tus ciudades que Jehová tu Dios te da, en tus tribus; los cuales juzgarán al pueblo con justo juicio.
No torcerás el derecho, no harás acepción de personas, ni admitirás los regalos; que el regalo ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos.
Seguirás la justicia más exacta, para que vivas y poseas la tierra que Jehová tu Dios te da.
¶No plantarás para ti Ashera de ninguna clase de árbol junto al altar de Jehová tu Dios, que harás para ti,
ni te levantarás estatua: cosas que aborrece Jehová tu Dios.
NO ofrecerás en sacrificio a Jehová tu Dios animal vacuno u ovejuno que tenga tacha o cualquier defecto; porque abominación es eso para Jehová tu Dios.
¶Cuando se hallare en medio de ti, en cualquiera de las ciudades que Jehová tu Dios te da, hombre o mujer que haya hecho lo que es malo a los ojos de Jehová tu Dios, traspasando su pacto,
y que haya ido y servido a otros dioses, postrándose delante de ellos, o delante del sol, o de la luna, o del ejército de los cielos, (lo cual yo no he mandado);
y te fuere denunciado, o hubieres oído hablar de ello; y he aquí, cuando hayas indagado bien, resulte que es verdad y hecho comprobado que esta abominación se ha cometido en Israel;
entonces sacarás a tus puertas al tal hombre o a la tal mujer que hubiere hecho esta cosa mala, sí, al tal hombre o mujer los sacarás, y los apedrearás para que mueran.
Por el testimonio de dos testigos, o de tres testigos, morirá el que es digno de muerte; no debe nadie morir por el testimonio de un solo testigo.
La mano de los testigos será la primera contra él para hacerle morir, y la mano de todo el pueblo después: así extirparás el mal de en medio de ti.
¶Cuando te fuere demasiado difícil algún asunto de juicio, entre sangre y sangre, entre pleito y pleito, entre golpe y golpe, cosas de controversia en tus puertas, entonces te levantarás y subirás al lugar que escogiere Jehová tu Dios,
y te llegarás a los sacerdotes levitas, y al juez que hubiere en aquellos días, y los consultarás; y ellos te declararán la sentencia del juicio:
y harás conforme al tenor de la sentencia que te anuncian desde aquel lugar que escogiere Jehová: pondrás buen cuidado en hacer conforme á todo lo que te enseñaren.
Según el tenor de la ley que ellos te enseñaren, y según el juicio que te dijeren, así has de hacer; no te apartarás de la palabra que te declararen, ni a la diestra ni a la siniestra.
Y el hombre que obrare con soberbia, no escuchando al sacerdote que estuviere en pie para ministrar allí a Jehová tu Dios, ni al juez, morirá el tal hombre: así extirparás el mal de en medio de Israel.
Y todo el pueblo oirá y temerá, y no se portará más con soberbia.
Cuando hubieres llegado a la tierra que Jehová tu Dios te da, y la tuvieres en posesión, y habitares en ella, y dijeres: Yo quiero poner sobre mí un rey, como todas las naciones que están en mis alrededores;
indispensablemente pondrás sobre ti por rey a aquel que escogiere Jehová tu Dios: a uno de en medio de tus hermanos pondrás por rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre de tierra extraña, que no fuere hermano tuyo.
Tu rey, empero, no ha de multiplicar para sí caballos, ni hará volver el pueblo a Egipto para hacer que abunden los caballos; por cuanto Jehová os ha dicho: Nunca más habéis de volver por este camino.
Ni tampoco ha de multiplicar para sí mujeres, porque no se aparte de mí su corazón; ni ha de aumentar para sí plata ni oro en sumo grado.
Y será que cuando se sentare sobre el trono de su reino, escribirá para sí una copia de esta ley en un libro, del ejemplar que estuviere delante de los sacerdotes levitas;
la cual permanecerá con él, para que lea en ella todos los días de su vida, a fin de que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y de estos estatutos, para ponerlos por obra;
de manera que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte de lo mandado a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, así él como sus hijos en medio de Israel.
LOS sacerdotes levitas, con toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni herencia con Israel; comerán de las ofrendas encendidas de Jehová y de la herencia de él.
Por eso no tendrán herencia entre sus hermanos; Jehová es su herencia, como se lo tiene dicho.
¶Este pues será el derecho de los sacerdotes de parte del pueblo, de parte de los que ofrecen un sacrificio, sea de ganados mayores o menores, a saber: Se dará al sacerdote la espaldilla, y las dos quijadas, y el cuajar.
Le darás también las primicias de tu trigo, de tu vino y de tu aceite, con las primicias del esquileo de tus ovejas.
Porque a él ha escogido Jehová tu Dios de entre tus tribus, para estar en pie a ministrar en el nombre de Jehová; a él y a sus hijos para siempre.
¶Y cuando saliere un levita de alguna de tus ciudades de entre todo Israel, donde hubiere habitado, y viniere con todo el deseo de su alma al lugar que escogiere Jehová;
entonces ministrará en el nombre de Jehová su Dios, como cualquiera de sus hermanos, los levitas, que están allí en pie delante de Jehová.
Iguales porciones comerán todos ellos, además de lo que obtenga de la venta de sus bienes patrimoniales.
¶Cuando entrares en la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones.
No se halle entre los tuyos quien haga pasar a su hijo o su hija por el fuego, ni quien practique la adivinación, ni quien observe agüeros, ni encantador, ni hechicero,
ni sortílego, ni quien pregunte a espíritu pitónico, ni mágico, ni quien consulte a los muertos.
Porque todo aquel que hace estas cosas abominable es a Jehová tu Dios; y por motivo de estas abominaciones Jehová tu Dios los va a desposeer delante de ti.
Perfecto serás para con Jehová tu Dios.
Porque estas naciones que vas a desposeer acostumbran escuchar a los observadores de agüeros, y a los adivinos; mas en cuanto a ti, Jehová tu Dios no te ha permitido hacer esto.
¶Jehová tu Dios levantará para ti un Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, semejante a mí; a él oiréis:
de acuerdo con todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb, en el día de la Asamblea, diciendo: No oiga yo otra vez la voz de Jehová mi Dios, ni vea más este gran fuego, no sea que muera.
A lo cual me dijo Jehová: Acertaron bien en lo que han dicho.
Profeta les he de levantar, de en medio de sus hermanos, semejante a ti; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo cuanto yo le mandare.
Y sucederá que el hombre que no obedeciere a mis palabras que hablare en mi nombre, yo mismo le pediré cuenta de ello.
Pero el profeta que tuviere la presunción de hablar en mi nombre palabra que yo no le haya mandado decir, o que hablare en nombre de otros dioses, el tal profeta morirá.
Y si preguntares en tu corazón: ¿Cómo podremos conocer la palabra que no ha hablado Jehová?
cuando hablare un profeta en nombre de Jehová, y no sucediere la cosa, ni se verificare, esto es lo que no ha hablado Jehová: con presunción lo ha hablado el tal profeta; no tengas temor de él.
CUANDO Jehová tu Dios haya exterminado las naciones, cuya tierra Jehová tu Dios te da, y las hubieres desposeído, y habitares en sus ciudades y en sus casas,
separarás para ti tres ciudades en medio de la tierra que Jehová tu Dios te da a poseer;
te prepararás el camino, y dividirás en tres partes el territorio de tu país que te hace heredar Jehová tu Dios; las cuales ciudades serán para que se refugie allí todo homicida involuntario.
Y este es el caso del homicida que podrá huirse allí, y vivir: Aquel que hiriere a su prójimo impensadamente, y sin tenerle enemistad anteriormente;
como cuando uno sale con su compañero al bosque, a cortar leña, y al dar su mano el golpe con el hacha para cortar el árbol, se le salta el hacha del mango y da en su compañero, de modo que muera: este tal huirá a cualquiera de aquellas ciudades y vivirá;
no sea que el vengador de la sangre persiga al homicida, mientras esté enardecido su corazón, y le alcance, por ser largo el camino, y le quite la vida no siendo él digno de muerte, por cuanto no le odiaba anteriormente.
Por lo cual yo te mando, diciendo: Separarás para ti tres ciudades.
Y cuando Jehová tu Dios ensanchare tus términos, como tiene jurado a tus padres, y te diere toda la tierra que prometió dar a tus padres,
(con tal que guardes todos estos mandamientos que yo te ordeno hoy, para cumplirlos, amando a Jehová tu Dios, y andando en sus caminos todos los días), entonces añadirás para ti otras tres ciudades, además de estas tres;
para que no se derrame la sangre inocente en la tierra que Jehová tu Dios te da por herencia tuya, y así haya sobre ti delito de sangre.
Empero cuando hubiere hombre que aborrezca a su prójimo, y le ponga asechanzas, y se levante contra él, y le hiera mortalmente, de modo que muera, y huya a una de aquellas ciudades;
en tal caso, los ancianos de su ciudad enviarán y le tomarán de allí, y le entregarán en manos del vengador de la sangre para que muera.
Tu ojo no tendrá compasión de él: así limpiarás de Israel la sangre inocente, para que te vaya bien.
¶No removerás las lindes de tu prójimo, que pusieron los de antiguo tiempo, en la herencia que has de poseer, en la tierra que Jehová tu Dios te da en posesión.
¶No basta que un solo testigo se levante contra ninguno para hacerle condenar, por cualquier delito, o por cualquier pecado, en cualquiera clase de pecados que cometiere: por el testimonio de dos testigos, o por el testimonio de tres testigos, ha de constar el asunto.
¶Cuando se levantare un testigo malicioso contra alguien para testificar contra él algún delito,
entonces los dos hombres que tuvieren el pleito comparecerán delante de Jehová, es decir, ante los sacerdotes y los jueces que hubiere en aquellos días;
y los jueces inquirirán bien, y he aquí si resulta que es testigo falso aquel testigo, y que ha atestiguado mentira contra su hermano,
harás con él lo mismo que él pensaba hacer contra su hermano: así extirparás el mal de en medio de ti.
Y los demás oirán, y temerán, y no volverán a hacer semejante maldad en medio de ti.
No le compadecerá tu ojo: exíjase vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.
CUANDO salieres a la guerra contra tus enemigos, y vieres caballos y carros, y gente mas numerosa que tú, no has de temerlos; porque Jehová tu Dios es contigo, el mismo que te hizo subir de la tierra de Egipto.
Y será que cuando os acerquéis para trabar batalla, se llegará el sacerdote y hablará al pueblo,
y le dirá: Oye, oh Israel: vosotros os acercáis hoy para pelear contra vuestros enemigos. No desmaye vuestro corazón; no temáis, ni os alarméis, ni os acobardéis a causa de ellos;
porque Jehová vuestro Dios es el que os acompaña para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros.
En seguida, hablarán los oficiales al pueblo, diciendo: ¿Quién es el hombre que ha edificado casa nueva, y no la ha estrenado? Váyase y vuelva a su casa; no sea que muera en la batalla, y otro hombre la estrene.
¿Y quién es el hombre que ha plantado una viña, y no ha gozado todavía de su primer fruto? Váyase y vuelva a su casa; no sea que muera en la batalla, y otro hombre goce su primer fruto.
¿Y quién es el hombre que se ha desposado con mujer, y no la ha tomado? Váyase y vuelva a su casa; no sea que muera en la batalla, y otro hombre la tome.
Y tornarán los oficiales a hablar al pueblo, diciendo: ¿Quién es el hombre miedoso y de corazón apocado? Váyase y vuelva a su casa, no sea que el corazón de sus hermanos desmaye así como el corazón suyo.
Y será que cuando acaben los oficiales de hablar al pueblo, los jefes de las tropas tomarán el mando al frente del pueblo.
¶Cuando te acercares a alguna ciudad para pelear contra ella, le ofrecerás la paz.
Y sucederá que si te respondiere pacíficamente, y te abriere sus puertas, todo el pueblo que se hallare dentro será tributario tuyo y te servirá.
Mas si no quisiere tener paz contigo, sino que te hiciere guerra, entonces le pondrás sitio;
y al entregarla Jehová tu Dios en tu mano, herirás a todo varón de aquella ciudad a filo de espada:
pero las mujeres y los niños, y las bestias, con todo lo que hubiere dentro de la ciudad, todo el despojo de ella, lo saquearás para ti; y comerás del despojo de tus enemigos que te haya entregado Jehová tu Dios.
Así harás con todas las ciudades que estén muy lejos de ti, que no sean de las ciudades de estas naciones.
Mas de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da en herencia, no dejarás persona con vida:
sino que sin falta los destruirás totalmente, a saber, al Heteo, al Amorreo, al Cananeo, y al Perezeo, al Heveo, y al Jebuseo, como te ha mandado Jehová tu Dios:
a fin de que no os enseñen a hacer conforme a todas las abominaciones que ellos practican con sus dioses, de manera que pequéis contra Jehová vuestro Dios.
¶Cuando sitiares alguna ciudad por muchos días, peleando contra ella para tomarla, no destruirás sus árboles, alzando contra ellos el hacha: porque de ellos podrás comer; por tanto no los cortarás, (porque el hombre ha menester el árbol del campo), para servirte de ellos en el sitio.
Solamente los árboles que tú sabes que no son árboles de comer, estos podrás destruir cortándolos para construir baluartes contra la ciudad que te hace guerra, hasta que la derribes.
CUANDO alguno fuere hallado muerto, echado en el campo, en la tierra que Jehová tu Dios te da a poseer, y no se supiere quien le haya muerto,
entonces saldrán tus ancianos y tus jueces, y medirán la distancia de las ciudades que estén al rededor del muerto;
y será que la ciudad más cercana al muerto, es decir, los ancianos de la ciudad, tomarán una novilla, con la cual no se ha trabajado, y que no haya llevado yugo;
y los ancianos de aquella ciudad llevarán la novilla a un valle escabroso, que no se cultiva y que no se siembra, y quebrarán la cerviz a la novilla allí en aquel valle.
Luego se acercarán los sacerdotes, los hijos de Leví, (porque a éstos ha escogido Jehová tu Dios para ministrar delante de él, y para bendecir en el nombre de Jehová, y de cuya boca ha de estar pendiente toda controversia y toda cuestión de agravio);
y todos los ancianos de aquella ciudad, los más cercanos al muerto, se lavarán las manos sobre la novilla que fué descervigada en el valle;
y responderán, diciendo: Nuestras manos no derramaron esta sangre, y nuestros ojos no la vieron derramar.
¡Perdona, oh Jehová, a tu pueblo Israel, que redimiste, y no pongas la sangre inocente a cargo de tu pueblo Israel! Así le será perdonada aquella sangre,
y limpiarás la sangre inocente de en medio de ti, cuando hicieres lo que es recto a los ojos de Jehová.
¶Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y Jehová los entregare en tu mano, y llevares de ellos cautivos,
y vieres entre los cautivos alguna mujer hermosa, y te prendares de ella de manera que quisieras tomarla por mujer tuya,
la introducirás en tu casa, y ella raerá su cabeza y se cortará las uñas,
y quitará de sobre sí el vestido de su cautiverio, y se quedará en tu casa, llorando a su padre y a su madre por todo un mes; y después de esto podrás llegarte a ella y ser marido suyo, y ella será tu mujer.
Mas acontecerá que si no te complacieres en ella, la dejarás ir según su propia voluntad: pues de ninguna manera podrás venderla por dinero, ni la oprimirás como esclava, después de haberla humillado.
¶Cuando un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la otra odiada, y ellas le hubieren parido hijos, así la amada como la odiada, siendo primogénito el hijo de la odiada;
entonces será que en el día que hiciere heredar a sus hijos lo que tuviere, no podrá constituir primogénito al hijo de la amada con preferencia del de la odiada, el verdadero primogénito;
sino que reconocerá al primogénito, hijo de la odiada, dándole una porción doble de todo lo que posea; porque él es el principio de su vigor; a él pues pertenece el derecho de primogenitura.
¶Cuando algún hombre tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no quisiere escuchar la voz de su padre o la voz de su madre, y que aunque le castiguen no les obedeciere;
su padre y su madre echarán mano de él, y le sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta de su lugar,
y dirán a los ancianos de su ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no quiere obedecer nuestra voz; glotón es y bebedor.
Y todos los hombres de su ciudad le apedrearán hasta que muera: así extirparás el mal de en medio de ti; y todo Israel oirá y temerá.
¶Asimismo cuando algún hombre hubiere incurrido en sentencia de muerte, y en efecto haya sido muerto, y le colgares en un madero,
su cadáver no pasará la noche en el madero; antes le enterrarás sin falta en ese mismo día: porque maldito de Dios es el colgado en un madero; y no has de contaminar la tierra que Jehová tu Dios te da en posesión.
SI vieres extraviado el buey de tu hermano, o su oveja, no te apartarás de ellos con disimulo; sin falta los harás volver a tu hermano.
Y si tu hermano no fuere vecino tuyo, o tú no le conocieres, los recogerás dentro de tu casa, y estarán contigo hasta que los busque tu hermano, y se los devolverás.
Así también harás con su asno, y así harás con su vestido, y así harás con toda cosa perdida de tu hermano, que el hubiere perdido y tú hubieres hallado; no podrás disimularlo.
Si vieres el asno de tu hermano o su buey caídos en el camino, no te apartarás de ellos con disimulo; indispensablemente le ayudarás a levantarlos.
¶No vestirá la mujer traje de hombre, ni vestirá el hombre ropa de mujer; porque todo aquel que hace esto es abominación a Jehová tu Dios.
¶Cuando se encontrare algún nido de pájaro delante de ti en el camino, en cualquier árbol, o sobre la tierra, con polluelos o huevos, estando la madre echada sobre los polluelos o los huevos, no tomarás la madre juntamente con los hijos:
sin falta soltarás la madre, pero podrás tomar los hijos para ti; para que te vaya bien, y para que prolongues tus días.
¶Cuando edificares casa nueva, harás pretil a tu terrado, para que no traigas delito de sangre sobre tu casa, si de allí cayere alguno.
No sembrarás tu viña con diversas especies de semillas; no sea que se te pierda todo el fruto, así la semilla como el producto de la viña.
No ararás con buey y asno juntos.
No vestirás tela tejida con mezcla, como de lana y de lino juntos.
Te harás flecos sobre los cuatro bordes del manto con que te cubres.
¶Si un hombre tomare mujer, y después de que se haya llegado a ella, la aborreciere,
y le imputare acciones vergonzosas, y propalare contra ella mala fama, diciendo: Tomé a esta mujer, mas al acercarme a ella no hallé en ella señales de virginidad;
el padre y la madre de la joven tomarán y sacarán las señales de la virginidad de la joven delante de los ancianos de la ciudad, sentados en la puerta;
y dirá el padre de la joven a los ancianos: He dado mi hija a este hombre por mujer; mas él la aborrece,
y he aquí que le ha imputado acciones vergonzosas, diciendo: No hallé en tu hija señales de virginidad; y éstas son las señales de la virginidad de mi hija: y extenderán la ropa nupcial delante de los ancianos de la ciudad.
Entonces tomarán los ancianos de aquella ciudad al tal hombre, y le castigarán;
y le multarán en cien siclos de plata, los que darán al padre de la joven, por cuanto propaló mala fama contra una virgen de Israel; y ella será su mujer: no podrá él despedirla en todos sus días.
Mas si esto fuere verdad, y no se hallaren señales de virginidad a favor de la joven,
sacarán la joven a la puerta de la casa de su padre, y los hombres de su ciudad la apedrearán para que muera; porque cometió vileza en Israel, fornicando en casa de su padre: así exterminarás el mal de en medio de ti.
¶Cuando fuere hallado un hombre acostado con una mujer casada con marido, entrambos morirán; el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también: así exterminarás el mal de en medio de Israel.
Si alguna joven, virgen, fuere desposada con un hombre, y alguien la hallare dentro de la ciudad y se acostare con ella;
sacaréis a entrambos a la puerta de aquella ciudad, y los apedrearéis para que mueran; a la joven, porque no dió voces, estando en la ciudad, y al hombre, por cuanto humilló a la mujer de su prójimo: así exterminarás el mal de en medio de ti.
Mas si el hombre hallare a la joven desposada en el campo, y le hiciere fuerza aquel hombre, acostándose con ella, entonces morirá sólo el hombre que se acostó con ella;
mas a la joven no le harás nada; no hay en la joven ningún pecado digno de muerte; pues como cuando alguno se levanta contra su prójimo y le mata, así es este caso;
porque en el campo la halló, y dió voces la joven desposada, mas no hubo quien la librase.
¶Cuando hallare un hombre a una joven virgen, que no fuere desposada, y echándole mano, se acostare con ella, y fueren descubiertos;
el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta siclos de plata, y ella será su mujer, por haberla humillado; no podrá despedirla en todos sus días.
¶Ninguno tomará la mujer de su padre, ni profanará el lecho de su padre.
NO entrará en la Congregación de Jehová eunuco, ni aquel que tuviere cortado su miembro viril.
No entrará bastardo en la Congregación de Jehová; hasta la décima generación no entrará en la Congregación de Jehová.
No entrará ammonita ni moabíta en la Congregación de Jehová, ni hasta la décima generación de ellos; no entrarán en la Congregación de Jehová para siempre:
por cuanto no os salieron a recibir con pan y con agua en el camino, cuando salisteis de Egipto; y porque alquilaron contra ti a Balaam, hijo de Beor, de Petor en Mesopotamia, para maldecirte.
Mas no quiso Jehová tu Dios escuchar a Balaam; antes, Jehová tu Dios te convirtió la maldición en bendición; porque te amaba Jehová tu Dios.
No tendrás consorcio con ellos, procurando su paz y su prosperidad en todos tus días para siempre.
¶No abominarás al idumeo, porque es tu hermano. No abominarás al egipcio, porque extranjero fuiste en su tierra.
Los hijos que nacieren de ellos en la tercera generación podrán entrar en la Congregación de Jehová.
¶Cuando salieres a campaña contra tus enemigos, te guardarás de toda cosa mala.
Cuando hubiere en medio de ti alguno que estuviere inmundo por razón de alguna cosa acaecida de noche, saldrá fuera del campamento, no entrará en el campamento:
mas será que al declinar la tarde, se lavará con agua, y cuando se hubiere puesto el sol, entrará en el campamento.
¶Además, tendrás cierto lugar fuera del real, adonde salgas afuera:
tendrás también una estaca entre tus armas; y será que cuando te sentares fuera, cavarás con ella, y tornando hacia atrás, cubrirás tu excremento.
Porque Jehová tu Dios anda en medio de tu campamento, para librarte, y para entregar tus enemigos delante de ti; por lo mismo tu campamento ha de ser santo; no sea que él vea en medio de ti cosas vergonzosas, y se aparte de ti.
¶No entregarás a su amo el siervo que huyendo de él, se refugiare contigo.
Contigo habitará, en medio de ti, en cualquier lugar que eligiere, en alguna de tus ciudades, donde a bien tuviere: no le oprimirás.
¶No ha de haber prostituta de entre las hijas de Israel; ni habrá sodomita de entre los hijos de Israel.
No traerás la paga de ramera, ni el precio de tal perro, a la Casa de Jehová tu Dios, por ningún voto; porque una y otro son abominación a Jehová tu Dios.
¶No exigirás de tu hermano usura de plata, ni usura de comestibles, ni usura de ninguna otra cosa de que suelen exigir usura.
De uno de tierra extraña podrás exigirla, mas no la exigirás de tu hermano; para que te bendiga Jehová tu Dios en toda empresa de tu mano, en la tierra adonde vas para tomar posesión de ella.
¶Cuando hicieres algún voto a Jehová tu Dios, no dilates en pagarlo; porque sin falta te lo reclamará Jehová tu Dios, y sería pecado en ti.
Empero si te abstuvieres de hacer votos, esto no será en ti pecado.
Mas lo que hubiere salido de tus labios, lo guardarás y cumplirás, conforme prometiste a Jehová tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca.
¶Cuando entrares en la viña de tu prójimo, podrás comer uvas a tu gusto, hasta saciarte; mas no las pondrás en tu canasto.
Cuando entrares en la mies de tu prójimo, podrás arrancar las espigas con tu mano; mas no moverás la hoz contra la mies de tu prójimo.
CUANDO alguno tomare mujer, casándose con ella, sucederá que si ella no hallare favor en sus ojos, por haber él hallado en ella alguna cosa torpe, le podrá escribir carta de repudio, y poniendo ésta en mano de ella, despedirla de su casa.
Y salida de su casa, ella podrá ir y ser de otro marido.
Mas si la aborreciere el segundo marido, y le escribiere carta de repudio, y poniéndola en mano de ella, la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el segundo marido que la hubiere tomado por mujer;
su primer marido que la había despedido no podrá volver a tomarla para que sea mujer suya, después de haberse ella amancillado; porque abominación es esto para Jehová: no hagas pecar pues a la tierra que Jehová tu Dios te da por herencia.
¶Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a campaña, ni se hará cargo de ningún negocio semejante; libre quedará para estarse en su casa por un año, para que alegre a la mujer que ha tomado.
¶No se ha de tomar en prenda muela de molino, ni la de abajo, ni la de arriba; porque es tomar en prenda la vida del hombre;
¶Cuando se hallare hombre que hubiere hurtado a uno de sus hermanos los hijos de Israel, y le hubiere esclavizado, o le hubiere vendido, morirá el tal ladrón: así extirparás el mal de en medio de ti.
¶En cuanto a la plaga de la lepra, pon cuidado en guardar escrupulosamente todo lo que te enseñaren los sacerdotes levitas, y en obrar conforme a ello: según yo les he mandado, así cuidarás de hacer.
Acuérdate de lo que hizo Jehová tu Dios a María en el camino, cuando salisteis de Egipto.
¶Cuando entregares a tu prójimo alguna cosa prestada, no entrarás en su casa para tomar su prenda.
Afuera quedarás en tanto que el hombre a quien has prestado te saque la prenda fuera.
Y si el hombre fuere pobre, no te acostarás reteniendo aún su prenda;
sin falta le devolverás la prenda al ponerse el sol, para que se acueste en su ropa, y te bendiga; y te será justicia delante de Jehová tu Dios.
¶No oprimirás al jornalero pobre y menesteroso, ora sea de tus hermanos, ora de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus puertas.
En su día le darás su salario; y el sol no ha de ponerse sobre éste en tu poder; porque él es pobre, y tiene puesto su corazón en ello; no sea que clame contra ti a Jehová; pues será pecado en ti.
¶No han de morir los padres por los hijos, ni los hijos han de morir por los padres, sino que cada hombre morirá por su propio pecado.
¶No torcerás el derecho del extranjero o del huérfano; ni tomarás en prenda la ropa de la viuda.
Y te acordarás que tú fuiste siervo en Egipto, y que Jehová tu Dios te redimió de allí; por tanto te mando que hagas esto.
¶Cuando segares tus mieses en tu campo, y olvidares alguna gavilla en el campo, no volverás atrás a cogerla; será para el extranjero, para el huérfano, y para la viuda; para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos.
Cuando vareares tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti; lo que quedare será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda.
Cuando vendimiares tu viña, no rebuscarás tras de ti; lo que quedare será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda:
y acuérdate que fuiste siervo en la tierra de Egipto; por tanto te mando que hagas esto.
CUANDO hubiere pleito entre dos o más hombres, y acudieren al tribunal, para que los jueces les juzguen, éstos justificarán al justo, y condenarán al delincuente.
Y será que si fuere el delincuente digno de ser azotado, el juez le hará echar en tierra, y en su presencia le hará azotar según su delito, por cuenta.
Cuarenta azotes le podrá dar, mas no excederá de ello; no sea que si excediere, dándole muchos azotes sobre éstos, tu hermano se haga vil a tus ojos.
¶No pondrás bozal al buey que trilla.
¶Si dos hermanos habitaren juntos, y muriere uno de ellos sin tener hijo, no se casará la mujer del difunto fuera de la familia, con un hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por mujer suya cumpliendo con ella el deber de levirato.
Y será que el primogénito que ella pariere sucederá en el nombre de su hermano, el difunto; para que no sea borrado de Israel su nombre.
Mas si el hombre no quisiere tomar a su cuñada, subirá su cuñada a la puerta de la ciudad, a los ancianos, y dirá: Rehusa mi cuñado hacer perpetuar el nombre de su hermano en Israel; no quiere cumplir conmigo el deber de levirato.
Entonces le llamarán los ancianos de su ciudad, y le hablarán; y si persistiere en ello, diciendo: No quiero tomarla;
su cuñada se acercará a él, en presencia de los ancianos, y le quitará el calzado del pie, y le escupirá en la cara, y responderá, diciendo: ¡Así y así se ha de hacer al hombre que no quiere edificar la casa de su hermano!
Y se le dará este nombre en Israel: La casa del descalzado.
¶Si dos hombres riñeren juntos, peleando el uno con el otro, y se llegare la mujer de uno de ellos para librar a su marido de la mano de aquel que le hiere, y alargando la mano le asiere de las partes vergonzosas;
le cortarás a ella la mano; tu ojo no le tendrá piedad.
¶No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica.
No tendrás en tu casa medida grande y medida chica.
Pesa exacta y justa tendrás; medida cumplida y justa tendrás; para que se prolonguen tus días en la tierra que Jehová tu Dios te da.
Porque abominación a Jehová tu Dios es todo aquel que hace tales cosas, y todo aquel que hace injusticias.
¶Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto,
de cómo te salió al encuentro en el camino, y acuchilló a los rezagados entre los tuyos, todos los débiles que se atrasaban, estando tú fatigado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios.
Por tanto sucederá que cuando Jehová tu Dios te diere descanso de todos tus enemigos en derredor, en la tierra que Jehová tu Dios te da por herencia, para que la tengas en posesión, borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo. No lo olvides.
Y SERÁ, que cuando hubieres entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da por herencia, y la poseyeres y habitares en ella,
que tomarás de las primicias de todos los frutos del suelo, que recogieres de la tierra que Jehová tu Dios te da, y las pondrás en un canasto, e irás al lugar que escogiere Jehová tu Dios, para hacer habitar allí su nombre;
y te llegarás al sumo sacerdote que hubiere en aquellos días, y le dirás: Yo declaro hoy a Jehová tu Dios, que he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos daría.
Entonces tomará el sacerdote el canasto de tu mano, y lo pondrá delante del altar de Jehová tu Dios.
En seguida responderás, y dirás en presencia de Jehová tu Dios: Un siro a punto de perecer fué mi padre; el cual, con muy pocos hombres, bajó a Egipto para morar allí temporalmente, y allí vino a ser una nación grande, fuerte y numerosa.
Mas nos maltrataron los Egipcios, y nos oprimieron, y nos impusieron dura servidumbre.
Entonces clamamos a Jehová, el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y miró nuestra aflicción y nuestro trabajo y nuestra opresión;
y sacónos Jehová de Egipto con mano poderosa, y con brazo extendido, y con terrores estupendos, y con señales, y con maravillas;
y nos ha traído a este lugar, y nos ha dado esta tierra, tierra que mana leche y miel.
Y ahora, he aquí que traigo las primicias de los frutos del suelo que tú me has dado, oh Jehová. Y las pondrás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante de Jehová tu Dios;
y te regocijarás en todo el bien que Jehová tu Dios te hubiere dado a ti y a tu casa, así tú, como el levita y el extranjero que moran en medio de ti.
¶Cuando hubieres acabado de diezmar el total de tus productos en el año tercero, el año del diezmo, entonces lo darás al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, para que coman dentro de tus puertas, y se sacien;
y dirás delante de Jehová tu Dios: He sacado de mi casa todas las cosas santificadas, y también las he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni los he olvidado.
No he comido de ellas en mi luto, ni he gastado de ellas en inmundicias, ni he dado de ellas para usos funerales. He obedecido la voz de Jehová mi Dios, y he hecho según todo lo que me has mandado.
Mira desde la morada de tu santidad, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel y al suelo que nos has dado, como juraste a nuestros padres, ¡tierra que mana leche y miel!
¶El día de hoy Jehová tu Dios te manda que cumplas estos estatutos y juicios: los guardarás, pues, y cumplirás con todo tu corazón y con toda tu alma.
Has declarado solemnemente hoy que Jehová es Dios tuyo, y que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos y sus mandamientos y sus leyes, y que escucharás su voz.
Y Jehová ha declarado solemnemente hoy que tú eres pueblo suyo de exclusiva posesión, como te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos,
a fin de que él te ensalce sobre todas las naciones que ha hecho, para alabanza y para renombre y para gloria; y a fin de que tú seas un pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho.
Y MOISÉS, con los ancianos de Israel, mandó al pueblo, diciendo: Guardad todo el mandamiento que os prescribo hoy.
Y será, oh Israel, que cuando hubieres pasado el Jordán a la tierra que Jehová tu Dios te da, levantarás piedras grandes y las revocarás con cal;
y escribirás sobre ellas todas las palabras de esta ley; cuando hayas pasado el Jordán a fin de entrar en la tierra que Jehová tu Dios te da, tierra que mana leche y miel, según te ha prometido Jehová el Dios de tus padres.
Será pues que cuando hubieres pasado el Jordán levantaréis estas piedras, como os mando hoy, en el monte Ebal, y las revocaréis con cal.
Y edificarás allí un altar a Jehová tu Dios, altar de piedras; no alzarás sobre ellas instrumento de hierro.
De piedras enteras edificarás aquel altar de Jehová tu Dios; y ofrecerás sobre él holocaustos á Jehová tu Dios,
y sacrificarás ofrendas pacíficas; y comerás allí, y te regocijarás delante de Jehová tu Dios.
Y escribirás sobre aquellas piedras todas las palabras de esta ley, inscribiéndolas bien.
¶Y Moisés, con los sacerdotes levitas, habló a todo Israel, diciendo: ¡Guarda silencio y escucha, oh Israel! Hoy has venido a ser pueblo de Jehová tu Dios.
Obedece pues la voz de Jehová tu Dios, y cumple sus mandamientos y sus estatutos que te prescribo hoy.
¶Moisés pues mandó al pueblo en aquel día, diciendo:
Estos estarán sobre el monte Gerizim, para bendecir al pueblo, cuando hayáis pasado el Jordán; a saber, Simeón, y Leví, y Judá, e Isacar, y José, y Benjamín.
Y estos estarán sobre el monte Ebal, para maldecir: Rubén, Gad y Aser, y Zabulón, Dan y Neftalí.
Entonces los levitas tomarán la palabra, y dirán a todos los hombres de Israel, con voz levantada:
¡Maldito el hombre que hiciere escultura, o imagen de fundición, cosa abominable a Jehová, obra de mano de artífice, y la pusiere en lugar secreto! Y responderá todo el puebla y dirá: ¡Amén!
¡Maldito aquel que tratare con desprecio a su padre, o a su madre! Y dirá todo el pueblo: ¡Amén!
¡Maldito aquel que removiere las lindes de su prójimo! Y dirá todo el pueblo: ¡Amén!
¡Maldito aquel que hiciere errar al ciego en el camino! Y dirá todo el pueblo: ¡Amén!
¡Maldito aquel que torciere el derecho del extranjero, del huérfano, y de la viuda! Y dirá todo el pueblo: ¡Amén!
¡Maldito aquel que se acostare con la mujer de su padre, porque ha profanado el lecho de su padre! Y dirá todo el pueblo: ¡Amén!
¡Maldito aquel que se echare con cualquiera bestia! Y dirá todo el pueblo: ¡Amén!
¡Maldito aquel que se acostare con su hermana, hija de su padre, o hija de su madre! Y dirá todo el pueblo: ¡Amén!
¡Maldito aquel que se acostare con su suegra! Y dirá todo el pueblo: ¡Amén!
¡Maldito aquel que matare ocultamente a su prójimo! Y dirá todo el pueblo: ¡Amén!
¡Maldito aquel que tomare dádiva para quitar la vida, derramando la sangre inocente! Y dirá todo el pueblo: ¡Amén!
¡Maldito aquel que no perseverare en las palabras de esta ley para darles cumplimiento! Y dirá todo el pueblo: ¡Amén!
Y SERÁ que si escuchares atentamente la voz de Jehová tu Dios, para poner cuidado en hacer todos sus mandamientos que te prescribo hoy, Jehová tu Dios te ensalzará sobre todas las naciones de la tierra.
Y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones, cuando obedecieres la voz de Jehová tu Dios:
Bendito serás en la ciudad, y bendito serás en el campo.
Bendito será el fruto de tu seno, y el fruto de tu tierra, y el fruto de tus bestias, y el aumento de tus vacadas, y las crías de tus rebaños.
Benditos serán tu canasto y tu artesa.
Bendito serás en tu entrada, y bendito serás en tu salida.
Hará Jehová que tus enemigos, los que se levantan contra ti, sean heridos delante de ti. Por un solo camino saldrán contra ti, mas por siete caminos huirán delante de ti.
Mandará Jehová sobre ti su bendición en tu granero y en todas las empresas de tu mano; pues que te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da.
Jehová te establecerá por pueblo santo suyo, como te tiene jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios y anduvieres en sus caminos;
por manera que verán todos los pueblos de la tierra que tú eres llamado del nombre de Jehová, y te temerán.
Y Jehová te hará sobreabundar, para bien tuyo, en el fruto de tu seno, y en el fruto de tus bestias, y en el fruto de tu suelo, sobre la tierra que Jehová juró a tus padres que te daría.
Abrirá Jehová para ti su buen tesoro, los cielos, para dar la lluvia de tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda empresa de tu mano; de modo que prestarás a muchas naciones, mas tú no tomarás prestado.
Y te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo; cuando escuchares los mandamientos de Jehová tu Dios que yo te prescribo hoy, para guardarlos y cumplirlos,
y no te apartares de ninguna de las cosas que te prescribo hoy, ni a diestra ni a siniestra, andando en pos de otros dioses para servirlos.
¶Mas será, si no obedecieres la voz de Jehová tu Dios, para poner cuidado en hacer todos sus mandamientos y sus estatutos que te prescribo hoy, que vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones:
Maldito serás en la ciudad, y maldito serás en el campo.
Malditos serán tu canasto y tu artesa.
Maldito será el fruto de tu seno, y el fruto de tu tierra, y el aumento de tus vacadas, y las crías de tus rebaños.
Maldito serás en tu entrada, y maldito serás en tu salida.
Enviará Jehová sobre ti maldición, y consternación, y reprensión, en toda empresa de tu mano que tratares de hacer, hasta que seas destruído, y hasta que perezcas en breve, a causa de la maldad de tus obras, por las cuales me habrás dejado.
Hará Jehová que se te pegue la peste, hasta acabar contigo de sobre la tierra adonde vas para poseerla.
Te herirá Jehová de tisis, y de calentura, y de ardor, y de fiebre; y de sequía, y de tizón, y de añublo; y éstos te perseguirán hasta que perezcas.
Y tus cielos que están sobre tu cabeza serán como de bronce, y tu tierra que está debajo de ti, como de hierro.
En vez de la lluvia de tu tierra, Jehová te dará polvo y ceniza; desde los cielos descenderán sobre ti hasta que seas destruído.
Hará Jehová que seas herido delante de tus enemigos. Por un solo camino saldrás contra ellos, mas por siete caminos huirás delante de ellos; y estarás sujeto a maltratamiento en todos los reinos de la tierra.
Y servirán tus cadáveres de pasto a todas las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y no habrá quien las espante.
Jehová te herirá con la úlcera de Egipto, y con tumores, y con sarna, y con comezón, de que no podrás ser curado.
Jehová te herirá con locura, y con ceguera, y con asombro de corazón;
por manera que palparás al medio día como palpa un ciego en las tinieblas; y no serás prosperado en tus caminos, sino que serás solamente oprimido y robado todos los días; y no habrá quien te salve.
¶Con mujer te desposarás, mas otro hombre se acostará con ella; casa edificarás, mas no habitarás en ella; viña plantarás, mas no la vendimiarás.
Tu buey será degollado delante de tus ojos, mas tú no comerás de él; tu asno será arrebatado en tu misma presencia, y no te lo devolverán; tus rebaños serán entregados a tus enemigos, sin que tengas quien los libre.
Tus hijos y tus hijas serán dados a otro pueblo, y tus ojos mirarán y desfallecerán por ellos todo el día, sin que tu mano pueda hacer nada.
El fruto de tu tierra y todas tus labores, lo comerá un pueblo que tú no conoces; y nunca serás sino oprimido y quebrantado todos los días;
de manera que estarás frenético a causa de lo que verás con tus mismos ojos.
Te herirá Jehová con úlcera maligna en las rodillas y en las piernas, de que no podrás ser curado; y aun desde la planta de tu pie hasta tu mollera.
Jehová te hará ir a ti y al rey que habrás puesto sobre ti, a nación que no has conocido, ni tú ni tus padres; y allá servirás a otros dioses, de palo y de piedra.
Y tú vendrás a ser un espanto y un proverbio y un ludibrio entre todos los pueblos adonde te llevare Jehová.
¶Mucha simiente sacarás al campo, mas poco recogerás; porque lo devorará la langosta.
Viñas plantarás y labrarás, mas no beberás vino ni cogerás uvas; porque lo comerá el gusano.
Olivos tendrás en todos tus términos, mas no te ungirás con aceite; porque abortará tu olivo.
Hijos e hijas engendrarás, mas no serán para ti; porque irán en cautiverio.
Todos tus árboles y el fruto de tu tierra lo consumirá la langosta.
El extranjero que habitare en medio de ti se elevará sobre ti más y más alto, en tanto que tú descenderás más y más abajo.
Él te prestará a ti, mas tú no le prestarás a él; él será cabeza, y tú serás cola.
De esta manera vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán, hasta que seas destruído; por cuanto no habrás obedecido la voz de Jehová tu Dios, guardando sus mandamientos y sus estatutos que él te prescribió;
y ellas se quedarán en ti, por señal y por maravilla, y asimismo en tu descendencia, para siempre.
Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con regocijo de corazón cuando abundaba todo,
por lo mismo, a tus enemigos, que Jehová enviará contra ti, les servirás en hambre, y en sed, y en desnudez, y en necesidad de todo; y ellos cargarán un yugo de hierro sobre tu cerviz, hasta que te hayan destruído.
Traerá Jehová sobre ti una nación de lejos, desde los cabos de la tierra, a la manera que vuela el águila; nación cuya lengua no entiendes;
nación fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, y del niño no tendrá compasión;
y ella comerá el fruto de tu ganado, y el fruto de tu tierra, hasta que seas destruído; porque no te dejará trigo, ni vino, ni aceite, ni el aumento de tus vacadas, ni las crías de tu rebaño, hasta que te haya destruído.
Te sitiará en todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y encastillados en que confiabas, en toda la extensión de tu tierra; sí, te sitiará en todas tus ciudades, en toda tu tierra que te habrá dado Jehová tu Dios.
Y comerás el fruto de tu seno, la carne de tus hijos y de tus hijas que te hubiere dado Jehová tu Dios, en la premura y en la estrechez con que te estrecharán tus enemigos.
El hombre tierno y muy delicado, en medio de ti, su ojo será demasiado avariento para con su hermano, y para con la mujer de su seno, y para con el resto de sus hijos que hubiere perdonado,
para dar a cualquiera de ellos de la carne de sus hijos que él comerá, por no haberle quedado nada en la premura y en la estrechez con que te apremiarán tus enemigos dentro de todas tus ciudades.
La mujer tierna y delicada en medio de ti, que nunca probó a asentar en tierra la planta de su pie, de pura delicadeza y ternura, su ojo será avariento para con el marido de su seno, y para con su hijo y su hija,
así respecto de su niño recién nacido como respecto de sus demás hijos que hubiere parido; porque ella sola los comerá ocultamente, en la falta de todo, en la premura y en la estrechez con que te estrecharán tus enemigos dentro de tus ciudades.
¶Si no guardares para cumplirlas todas las palabras de esta ley, las que están escritas en este libro, para que temas este nombre glorioso y pavoroso, JEHOVÁ TU DIOS,
hará Jehová que sean maravillosas tus plagas y las plagas de tu linaje, plagas grandes y duraderas, y enfermedades malignas y duraderas.
Y volverá a traer sobre ti todas las dolencias de Egipto, de que una vez temiste, y ellas se te pegarán.
También todas las enfermedades y todas las plagas que no están escritas en este Libro de la Ley, las traerá Jehová sobre ti, hasta que seas destruído.
Y quedaréis muy pocos en número, después de haber sido vosotros como las estrellas del cielo en muchedumbre; por cuanto tú no obedeciste la voz de Jehová tu Dios.
Y será que así como se regocijaba Jehová sobre vosotros para haceros bien y para multiplicaros, así se regocijará Jehová sobre vosotros para haceros perecer y para destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra adonde vais para poseerla:
y te esparcirá Jehová entre todos los pueblos, de un cabo de la tierra hasta el otro cabo de la tierra; y servirás allí a otros dioses que no has conocido, ni tú ni tus padres, dioses de palo y de piedra.
Y entre aquellas naciones no tendrás reposo, ni habrá descanso para la planta detu pie; pues allí te dará Jehová corazón tembloroso, y desfallecimiento de ojos, y languidez de espíritu.
Y tu vida estará en tu vista como colgada de un hilo; pues te espantarás de noche y de día y nunca tendrás seguridad de tu vida.
Por la mañana dirás: ¡Ojalá que fuera la tarde! y por la tarde dirás: ¡Ojalá que fuera la mañana! por el susto de tu corazón con que te asustarás y a causa de lo que con tus mismos ojos verás.
Y Jehová te hará volver a Egipto en navíos, por el camino del cual te dijo: No volverás más a verlo; y allí os ofreceréis en venta a vuestros enemigos, por esclavos y por esclavas; y no habrá quien os compre.
ESTAS son las palabras del pacto que Jehová mandó a Moisés que celebrase con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además del pacto que celebró con ellos en Horeb.
Llamó pues Moisés a todo Israel, y les dijo: Vosotros habéis visto todo lo que hizo Jehová delante de vuestros ojos en la tierra de Egipto, a Faraón, y a todos sus siervos, y a toda su tierra;
las grandes pruebas que han visto vuestros ojos, las señales y aquellas maravillas estupendas:
pero hasta el día de hoy no os ha dado Jehová corazón que entienda, ni ojos que vean, ni oídos que oigan.
Y yo os he conducido cuarenta años por el desierto; no han envejecido los vestidos sobre vosotros, ni se ha gastado el calzado sobre tu pie.
No habéis comido pan, ni habéis bebido vino ni licor fermentado; para que supieseis que yo soy Jehová vuestro Dios.
Y cuando llegasteis a este lugar, salió Sehón rey de Hesbón, y Og rey de Basán, a vuestro encuentro, para hacernos guerra;
a los cuales herimos; y apoderándonos de su tierra, la dimos por herencia a los Rubenitas y a los Gaditas y a la media tribu de Manasés.
Guardad pues las palabras de este pacto y cumplidlas, para que prosperéis en todo lo que hiciereis.
¶Estáis hoy todos vosotros en presencia de Jehová vuestro Dios, las cabezas de vuestras tribus, vuestros ancianos, y vuestros magistrados, con todos los hombres de Israel,
vuestros niños, vuestras mujeres y el extranjero que está en medio de vuestro campamento, desde tu leñador hasta tu aguador;
para que entres en el pacto de Jehová tu Dios y en el juramento que Jehová tu Dios celebra hoy contigo,
a fin de confirmarte hoy por pueblo suyo, y para que él sea tu Dios, como te ha prometido, y como él ha jurado a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob.
Y no solamente con vosotros hago este pacto y este juramento;
sino con aquel que está aquí con nosotros hoy delante de Jehová vuestro Dios, y también con aquel que no está aquí hoy con nosotros;
(porque vosotros sabéis cómo habitamos en la tierra de Egipto, y cómo hemos pasado por en medio de las naciones por donde habéis pasado;
y habéis visto las abominaciones de ellas, y sus ídolos, palo y piedra, plata y oro, que había entre ellos);
no sea que haya en medio de vosotros hombre, o mujer, o familia, o tribu, cuyo corazón se aparte hoy de Jehová su Dios, para ir a servir a los dioses de estas naciones; no sea que haya en medio de vosotros raíz que produzca hiel y ajenjo;
y suceda que al oír las palabras de este juramento de maldición, él se bendiga en su corazón, diciendo: Yo tendré paz aunque ande en la dureza de mi corazón; a fin de que con la saciedad quite la sed.
No querrá Jehová perdonarle; sino que entonces humearán la ira de Jehová y sus celos contra el tal hombre, y vendrán a asentarse sobre él todas las maldiciones escritas en este libro; y Jehová raerá su nombre de debajo del cielo;
y Jehová le apartará para calamidad de entre todas las tribus de Israel, conforme a todas las maldiciones del pacto escrito en este Libro de la Ley.
De manera que dirán las generaciones venideras de vuestros hijos que se levanten después de vosotros, y el extranjero que viniere de tierras lejanas, cuando vieren las plagas de aquella tierra, y las enfermedades de que le habrá herido Jehová;
(siendo toda su tierra azufre y sal e incendio, tierra que no se siembra, y que nada produce, ni crece en ella hierba alguna, como sucedió en la ruina de Sodoma y Gomorra, Adma y Zeboim, las cuales destruyó Jehová en su ira y en su ardiente indignación) ;
más aún, todas las naciones dirán: ¿Por qué ha hecho Jehová así a esta tierra? ¿qué quiere decir el calor de esta ira tan grande?
Y se les responderá: Porque dejaron el pacto de Jehová, el Dios de sus padres, que él celebró con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto;
y fueron y sirvieron a otros dioses, postrándose delante de ellos; dioses que no conocieron, y que él no les había dado como porción suya.
Por tanto se encendió la ira de Jehová contra aquella tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro;
y con ira, con ardor y con grande indignación Jehová los ha desarraigado de su propia tierra, y los ha arrojado a tierra ajena, como hoy se ve.
Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que pongamos por obra todas las palabras de esta ley.
Y SUCEDERÁ, cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición, que acabo de poner delante de ti, y las recapacitares en tu corazón entre todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios;
y te volvieres a Jehová tu Dios, y obedecieres su voz, conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma,
que entonces Jehová hará tornar tu cautiverio, y se compadecerá de ti, y volverá a recogerte de todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios.
Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, desde allí te recogerá Jehová tu Dios, y desde allí te tomará;
y te traerá Jehová tu Dios a la tierra que poseyeron tus padres, y tú la poseerás; y él te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres.
Y Jehová tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tu simiente, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.
Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre los que te aborrecen, los cuales te han perseguido.
Y así tú te volverás, y obedecerás la voz de Jehová, y cumplirás todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy.
Y Jehová tu Dios te hará abundar en toda obra de tu mano, en el fruto de tu seno, y en el fruto de tus bestias, y en el fruto de tu tierra, para bien tuyo; porque volverá Jehová a regocijarse sobre ti, para hacerte bien, como se regocijaba sobre tus padres;
cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, guardando sus mandamientos y sus estatutos, que están escritos en este Libro de la Ley; cuando te hayas vuelto a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.
¶Porque este mandamiento, que te ordeno hoy, no es demasiado difícil para ti, ni está lejos:
no está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá, y nos hará oírlo, para que lo cumplamos?
Ni está más allá del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros la mar, y nos lo traerá, y nos hará oírlo, para que lo cumplamos?
sino que la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la pongas por obra.
¶Mira que pongo delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;
por cuanto te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y guardando sus mandamientos y sus estatutos y sus leyes, para que vivas y te multipliques, y para que Jehová tu Dios te bendiga en la tierra adonde vas para poseerla.
Mas si se apartare tu corazón, de modo que no quieras escuchar, y te dejares extraviar, de modo que te postres ante otros dioses y les sirvas;
yo os protesto el día de hoy que de seguro pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella.
Hoy mismo llamo por testigos contra vosotros a los cielos y a la tierra, de que pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge pues la vida, para que vivas tú y tu simiente.
Te encargo, oh Israel, que ames a Jehová tu Dios, que obedezcas su voz y que te adhieras a él, (porque él es tu vida y la longitud de tus días), a fin de que habites en la tierra que juró Jehová a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob, que les había de dar.
FUÉ pues Moisés y habló estas palabras a todo Israel.
Y les dijo: Soy de edad de ciento y veinte años este día; no puedo salir ni entrar más; y Jehová me ha dicho: Tú no pasarás este Jordán.
Jehová tu Dios pasará delante de ti; él destruirá estas naciones ante tu vista, y tú las desposeerás. Josué también pasará delante de ti, como lo ha dicho Jehová:
y hará Jehová con ellas como hizo con Sehón y Og, reyes de los Amorreos, y con su tierra, a quienes destruyó.
Así pues los entregará Jehová delante de vosotros, para que hagáis con ellos conforme a todo este mandato que os he impuesto.
Esforzaos y tened buen ánimo; no temáis ni os aterréis delante de ellos; porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará ni te desamparará.
¶En seguida, Moisés llamó a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y ten buen ánimo; porque tú entrarás con este pueblo en la tierra que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar.
También Jehová es el que va delante de ti; él será contigo; no te dejará ni te desamparará; no temas pues, ni te amedrentes.
¶Y escribió Moisés esta ley, y dióla a los sacerdotes, hijos de Leví, que llevaban el Arca del Pacto de Jehová, y a todos los ancianos de Israel.
Y les mandó Moisés, diciendo: Al fin de cada siete años, en el tiempo señalado del año de remisión, en la fiesta de las Enramadas,
cuando viniere todo Israel a presentarse delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel, a oídos de ellos.
Congregarás el pueblo, los hombres, y las mujeres, y los niños, y el extranjero que habita dentro de tus puertas, para que oigan y aprendan, y así teman a Jehová vuestro Dios, y guarden las palabras de esta ley para cumplirlas;
y para que los hijos de ellos, que no tuvieron conocimiento de estas cosas, oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán para tomar posesión de ella.
¶Dijo también Jehová a Moisés: He aquí, se acercan los días en que has de morir: llama a Josué, y presentaos en el Tabernáculo de Reunión, para que yo le imponga mis cargos. Fueron pues Moisés y Josué, y se presentaron en el Tabernáculo de Reunión.
Entonces apareció Jehová en el Tabernáculo, en la columna de nube; y se puso la columna de nube sobre la puerta del Tabernáculo.
Y dijo Jehová a Moisés: He aquí que vas a yacer con tus padres; y se levantará este pueblo, y fornicará en pos de los dioses extraños, los de la tierra en medio de la cual él está para entrar; y me dejará, y quebrantará mi pacto que hice con él.
Por lo cual se encenderá mi ira contra él en aquel día, y le dejaré, y esconderé mi rostro de él; de manera que será consumido, y le alcanzarán muchos males y angustias. Y él dirá en aquel día: ¿No es por cuanto no está mi Dios en medio de mí, que me han alcanzado estos males?
Pues yo indudablemente habré escondido mi rostro en aquel día, por motivo de todas las maldades que él habrá hecho, por haberse vuelto a otros dioses.
Y ahora, escribíos este cántico, y enséñalo tú a los hijos de Israel, poniéndolo en su boca; para que este cántico me sirva de testimonio contra los hijos de Israel.
Porque cuando a este pueblo le hubiere introducido yo en la tierra que he prometido con juramento a sus padres, tierra que mana leche y miel, y él hubiere comido, y se hubiere saciado y engordado, se volverá a otros dioses y les servirá, y me tratará con desprecio, y quebrantará mi pacto.
Sucederá pues, cuando le hubieren alcanzado muchos males y angustias, que este cántico responderá como testigo en su misma cara, porque no será olvidado de la boca de su descendencia. Porque yo conozco su pensamiento que va tramando hoy, antes que le haya introducido en la tierra que le tengo jurada.
¶Moisés pues, escribió este cántico en aquel mismo día, y lo enseñó a los hijos de Israel.
Y Dios impuso sus cargos a Josué hijo de Nun, y le dijo: Esfuérzate y ten buen ánimo, porque tú conducirás a Israel a la tierra que les tengo jurada; y yo seré contigo.
¶Y aconteció que como acabase Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta que las hubo concluído,
mandó Moisés a los levitas, portadores del arca del pacto de Jehová, diciendo:
Tomad este Libro de la Ley, y ponedlo al lado del Arca del Pacto de Jehová vuestro Dios, para que quede allí por testimonio contra ti, oh Israel.
Porque conozco tu rebelión y tu dura cerviz: he aquí, estando yo todavía vivo en medio de vosotros, rebeldes habéis sido para con Jehová; ¿cuánto más pues lo seréis después de mi muerte?
Congregadme todos los ancianos de vuestras tribus, y vuestros magistrados, para que recite a sus oídos estas palabras, y ponga a los cielos y a la tierra por testigos contra ellos.
Porque yo sé que después de mi muerte os corromperéis totalmente, y os apartaréis del camino que os he prescrito, y así os sobrevendrá el mal en los días venideros, cuando hayáis hecho lo que es malo a los ojos de Jehová, provocándole a ira con las obras de vuestras manos.
Moisés pues recitó a oídos de toda la Congregación de Israel las palabras de este cántico hasta concluirlas.
¡ESCUCHAD, oh cielos, hablaré; y oiga la tierra los dichos de mi boca!
Descenderá, como lluvia, mi doctrina; destilará, como el rocío, mi discurso; como llovizna sobre la hierba, y como los aguaceros sobre la grama.
Porque el nombre de Jehová proclamaré ¡atribuíd la grandeza a nuestro Dios!
Él es la Roca; perfecta es su obra; porque todos sus caminos son justicia: Dios de verdad y sin iniquidad, él es justo y recto.
De hacer mal, a él no se le puede tachar; de sus hijos solamente es la mancha; ¡generación perversa y torcida!
¿Para con Jehová os portáis así, oh pueblo necio y no sabio? ¿No es él tu padre que te adquirió? cierto que él te hizo y te estableció.
Recuerda los días de la antigüedad; pensad en los años de muchas generaciones: pregunta a tu padre, que él te anunciará, a tus ancianos, y ellos te dirán,
que en repartiendo el Altísimo herencia a las naciones, cuando hizo separarse a los hijos de Adam, iba fijando los límites de los pueblos conforme al número de los hijos de Israel.
Porque la porción de Jehová es su pueblo; Jacob es su posesión especial.
Le halla en una tierra desierta, entre la desolación de una horrorosa soledad; le tiende en derredor su protección, le instruye, le guarda como a la niña de su mismo ojo.
Como el águila despierta su nidada, revolotea sobre sus polluelos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus fuertes plumas;
así Jehová solo le conducía, y no había con Él ningún dios extraño.
Le hacía cabalgar sobre las alturas de la tierra, y comió el pueblo los frutos del campo; también él le hizo chupar miel de la peña, y aceite de la roca durísima;
manteca de vacas y leche de ovejas, con lo más pingüe de corderos cebados; carneros también de la casta del Basán, y machos de cabrío, con lo más escogido del trigo: y de la sangre de uvas solías beber vino.
Mas engordóse Jesurún, y dió coces; (engordástete, engrosástete, cubrístete de gordura) ; entonces desechó a Dios su Hacedor, y menospreció la Roca de su salvación.
Le movían a celos con dioses extraños, con sus abominaciones le provocaban a ira.
Sacrificaban a los demonios, y no a Dios, a dioses que no conocieron; a nuevos dioses, recién venidos: no los temieron vuestros padres.
De la Roca que te engendró no haces caso, y te has olvidado del Dios que te dió el ser.
Y Jehová lo vió, y los trató con desprecio, porque le habían provocado sus hijos y sus hijas.
Y dijo: Yo esconderé mi rostro de ellos; veré cual será su postrimería; porque generación muy perversa es, son hijos en quienes no hay fe.
Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios, me provocaron a ira con sus ídolos: y yo los moveré a celos con lo que no es pueblo, con nación necia los provocaré a ira.
Porque se ha encendido un fuego en mi ira que arderá hasta lo más hondo del infierno; y consumirá la tierra y sus productos, y abrasará los cimientos de los montes.
Juntaré sobre ellos males; mis saetas agotaré en ellos:
consumidos serán de hambre, devorados también de ardientes calenturas, y de amarga pestilencia; y dientes de bestias enviaré sobre ellos, con veneno de serpientes del polvo.
Por fuera desolará la espada, y dentro de las cámaras, el espanto: así el mancebo como la doncella perecerán, el niño de pecho como el hombre cano.
Dije que los echaría lejos, que haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos;
si no fuera que temo la ira del enemigo; no sea que lo entiendan mal sus adversarios; no sea que digan: Nuestra mano es alta, y no es Jehová quien ha hecho todo esto.
Porque son una nación sin prudencia, y no hay en ellos entendimiento.
¡Oh si fueran sabios, si consideraran esto, si entendieran su postrimería!
¡Cómo perseguiría uno a mil, y dos pondrían en fuga a diez mil, si su Roca no los hubiera vendido, y Jehová no los hubiera entregado!
Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca; y nuestros enemigos sean de ello los jueces.
Porque de vid de Sodoma es la vid de ellos, y tomada de los campos de Gomorra: sus uvas son uvas de hiel; amargos son los racimos que tienen.
Veneno de serpientes es su vino, y ponzoña cruel de áspides.
¿Acaso no tengo yo esto guardado conmigo, sellado entre mis tesoros?
Mía es la venganza y la retribución; al debido tiempo resbalará su pie; porque se acerca el día de su calamidad, y se apresuran los males preparados para ellos.
Porque Jehová juzgará a su pueblo; y de sus siervos se dolerá, cuando viere que se les ha ido el auxilio, sin quedarles cosa preciosa ni vil.
Y dirá: ¿Dónde están sus dioses, la roca en que confiaban;
los que comían los sebos de sus sacrificios, y bebían el vino de sus libaciones? ¡Que se levanten ellos y os ayuden, y extiendan sobre vosotros su protección!
Ved ahora que yo, yo solo soy, y no hay dioses conmigo; yo hago morir, y hago vivir, yo hiero, y yo curo; y no hay quien libre de mi mano.
Porque alzo al cielo mi mano, y digo: ¡Yo vivo eternamente!
Cuando afilare mi luciente espada, y mi mano empuñare el juicio, retribuiré la venganza a mis adversarios, y a los que me odian daré la recompensa.
Embriagaré de sangre mis saetas, y mi espada comerá carne; embriagarélas con la sangre de muertos y de cautivos, de la cabeza de los caudillos del enemigo.
¡Regocijaos, oh naciones, con su pueblo, porque vengará la sangre de sus siervos, y retribuirá la venganza a sus adversarios; mas perdonará a su tierra, a su pueblo!
¶De manera que vino Moisés, y recitó todas las palabras de este cántico a oídos del pueblo, él y Josué hijo de Nun.
Y cuando Moisés hubo acabado de recitar todas estas palabras a todo Israel,
les dijo: Fijad vuestro corazón en todas estas palabras que testifico contra vosotros hoy; para que las encarguéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley.
Porque esta no es una cosa inútil de vuestra parte, sino que es vuestra misma vida; y por medio de esto prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella.
¶Y Jehová habló a Moisés en aquel día, diciendo:
Sube a esta serranía de Abarim, al monte Nebo, situado en la tierra de Moab, que está frente a Jericó; y mira la tierra de Canaán, que voy a dar a los hijos de Israel para que la posean;
y muere en el monte adonde subes, y sé agregado a tu pueblo; así como murió Aarón tu hermano en el monte Hor, y fué agregado a su pueblo:
por cuanto prevaricasteis contra mí en medio de los hijos de Israel, junto a las aguas de Meriba-cades, en el desierto de Zin; puesto que no me santificasteis en medio de los hijos de Israel.
Porque podrás mirar la tierra desde lejos, mas no podrás pasar allí, al país que voy a dar a los hijos de Israel.
Y ESTA es la bendición con que Moisés, varón de Dios, bendijo a los hijos de Israel, antes de su muerte.
Y dijo: Jehová vino de Sinaí, y desde Seir levantóse como el sol para ellos: resplandeció desde el monte Parán, y vino de en medio de diez millares de santos ángeles: a su diestra traía una ley de fuego para ellos.
Ciertamente él ha amado a nuestras tribus; todos sus santos están en tu mano; y ellos se sentaron a tus pies; cada uno recibió tus palabras.
(La ley que nos encargó Moisés herencia es de la congregación de Jacob.)
Y Él era Rey en Jesurún cuando se juntaron las cabezas del pueblo, reunidas en uno las tribus de Israel.
¡Viva Rubén, y no muera; aunque sean pocos sus hombres!
Y esta es la bendición de Judá; y dijo: ¡Oiga Jehová la voz de Judá, y hazle venir a su pueblo; basten para él sus mismas manos, y sé tú su auxilio contra sus adversarios!
Y de Leví dijo: Tu Tumim y tu Urim sean para tu siervo favorecido, a quien probaste en Masa, con quien contendiste junto a las aguas de Meriba;
el cual dijo de su padre y de su madre: No los he visto: ni a sus hermanos conoció, y de sus mismos hijos no hizo caso: porque guardaron tus dichos, y sobre tu pacto vigilaron.
Ellos pues enseñarán tus juicios a Jacob, y tu ley a Israel; pondrán incienso delante de ti, y holocaustos sobre tu altar.
¡Bendice, oh Jehová, su sustancia y mira propicio la obra de sus manos; destroza los lomos de los que se alzan contra él, y de los que le aborrecen, para que no se levanten más!
De Benjamín dijo: El amado de Jehová habitará junto a Él; Dios le dará su protección todo el día, y entre sus hombros él habitará.
Y de José dijo: Bendecida de Jehová sea su tierra, en los más preciosos dones de los cielos, en el rocío y en los hondos manantiales que abajo yacen;
y en los más preciosos productos del sol, y en los más preciosos frutos de las lunas variantes;
y en lo más rico de las montañas sempiternas, y en los más preciosos tesoros de los collados eternos;
y en las cosas más preciosas de la tierra y su plenitud: en fin, el favor de Aquel que habitó en la zarza venga sobre la cabeza de José, y sobre la coronilla del nazareo, el separado de entre sus hermanos.
Como el primogénito de su toro, sea la gloria de él, y sus astas, como astas de uro: con ellas empujará a una las naciones hasta los fines de la tierra: y ellos son los diez millares de Efraín, y ellos son los millares de Manasés.
Y de Zabulón dijo: Regocíjate, oh Zabulón, en tus salidas marítimas, mas tú, Isacar, en tus tiendas.
Llamarán las tribus a la montaña: allí ofrecerán sacrificios de justicia; porque chuparán la abundancia de los mares, y los tesoros que esconden las arenas.
Y de Gad dijo: ¡Bendito aquel que ensancha a Gad! Como leona se acostó, y desgarró a una el brazo con la mollera.
Y proveyó la primera parte para sí; porque allí le fué guardada la porción solicitada del legislador; y marchó al frente del pueblo: las justicias de Jehová ejecutó, y sus juicios para con Israel.
Y de Dan dijo: Dan es cachorro de león, que salta desde el Basán.
Y de Neftalí dijo: ¡Oh Neftalí, saciado de favores, y colmado de la bendición de Jehová, posee tú el mar y el sur!
Y de Aser dijo: ¡Bendecido con hijos sea Aser, sea él el favorecido de sus hermanos, y bañe en aceite su pie!
De hierro y de bronce sea su calzado, y según tus días, serán tus fuerzas.
Ninguno hay como el Dios de Jesurún, el que viene cabalgando sobre los cielos en tu auxilio, y en su majestad sobre las nubes.
Tu refugio es el Dios de los siglos, y por debajo tienes los brazos sempiternos: y él mismo echa delante de ti el enemigo, y dice: ¡Destruye!
Mas Israel habita confiado; la fuente de Jacob habitará sola, en una tierra de trigo y de vino; tus cielos también destilarán el rocío.
¡Dichoso eres, oh Israel! ¡quién como tú, oh pueblo salvado en Jehová, el escudo de tu auxilio, que también es la espada de tu grandeza! Más tus enemigos despavoridos te dirán lisonjas serviles. mientras que tú andarás triunfante sobre sus alturas.
MOISÉS pues subió de los llanos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga que está frente a Jericó; y Jehová le hizo ver toda la tierra, desde Galaad hasta Dan,
y todo Neftalí, y la tierra de Efraim y de Manasés, y toda la tierra de Judá, hasta el Mar del Oeste;
y el Mediodía, y la Vega, y el Valle de Jericó, Ciudad de las Palmas, hasta Zoar.
Y le dijo Jehová: Ésta es la tierra de que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu simiente la daré: te he permitido verla con tus ojos, mas no puedes pasar allá.
¶Así Moisés, siervo de Jehová, murió allí en la tierra de Moab, por orden de Jehová;
y él le enterró en un valle en la tierra de Moab, frente a Bet-peor; y no ha sabido hombre alguno el lugar de su sepultura hasta el día de hoy.
Y era Moisés de edad de ciento y veinte años cuando murió; su vista no fué ofuscada, ni se había debilitado su vigor.
¶Y los hijos de Israel lloraron a Moisés en los llanos de Moab, treinta días; y así se cumplieron los días del lloro en el duelo por Moisés.
¶Y Josué, hijo de Nun, fué lleno de espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él: y le obedecieron los hijos de Israel, e hicieron como Jehová había mandado a Moisés.
Mas no se ha levantado todavía profeta en Israel semejante a Moisés, a quien conociera Jehová cara a cara;
en cuanto a todas las señales y maravillas que Jehová le envió a hacer en la tierra de Egipto, contra Faraón, y contra sus siervos, y contra toda su tierra;
ni en cuanto a toda aquella mano poderosa, ni aquellos terrores estupendos que obró Moisés en presencia de todo Israel.
Y ACONTECIÓ que después de la muerte de Moisés, siervo de Jehová, habló Jehová a Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés, diciendo:
Moisés mi siervo ha muerto; ahora pues levántate, pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que doy a los hijos de Israel.
Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie, a vosotros lo he dado, como dije a Moisés.
Desde el desierto y este Líbano hasta el río grande, el río Eufrates, toda la tierra de los Heteos, y hasta el Mar Grande, donde se pone el sol, serán vuestros términos.
No podrá nadie parar delante de ti en todos los días de tu vida; como yo fuí con Moisés así seré contigo; no te dejaré ni te desampararé.
Ten fortaleza y buen ánimo; porque tú harás que este pueblo herede la tierra que juré a sus padres que les daría;
con tal que tengas fortaleza y seas muy animoso para cuidar de hacer conforme a la ley que te prescribió mi siervo Moisés: no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que tengas buen éxito dondequiera que vayas.
No se aparte de tu boca este Libro de la Ley; antes medita en ella de día y de noche, para que cuides de obrar de acuerdo con todo aquello que está en el escrito: porque entonces harás próspero tu camino, y entonces tendrás buen éxito.
¿No te lo he mandado yo? Ten fortaleza pues y buen ánimo; no temas ni te amedrentes; porque Jehová tu Dios es contigo dondequiera que vayas.
¶Entonces mandó Josué a los magistrados del pueblo, diciendo:
Pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo, diciendo: Preveníos de raciones; porque dentro de tres días habéis de pasar este Jordán, para ir a tomar posesión de la tierra que Jehová vuestro Dios os da a poseer.
¶Y a los Rubenitas y a los Gaditas y a la media tribu de Manasés, habló Josué, diciendo:
Acordaos de lo que os mandó Moisés, siervo de Jehová, diciendo: Jehová vuestro Dios os ha concedido descanso a vosotros, y os ha dado esta tierra.
Vuestras mujeres y vuestros hijos y vuestro ganado se quedarán en la tierra que os dio Moisés de esta parte del Jordán; mas vosotros, todos los guerreros esforzados, pasaréis armados al frente de vuestros hermanos y los ayudaréis,
hasta tanto que Jehová conceda descanso a vuestros hermanos, así como a vosotros, y posean ellos también la tierra que Jehová vuestro Dios les ha de dar; entonces os volveréis a la tierra de vuestra posesión y la poseeréis; la misma que os dió Moisés, siervo de Jehová, de esta parte del Jordán, hacia donde nace el sol.
¶Y ellos respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todo cuanto tú nos mandares; y a dondequiera que nos enviares, iremos.
De la misma manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; con tal que Jehová tu Dios sea contigo como fué con Moisés.
Todo aquel que se rebelare contra tus órdenes, y no oyere tus palabras, conforme a todo lo que tú le mandares, que muera; con tal que tengas fortaleza y buen ánimo.
ENTRETANTO Josué hijo de Nun había enviado secretamente desde Sitim dos hombres, espías, diciendo: Andad, reconoced la tierra, y particularmente a Jericó. Ellos partieron pues, y entraron en case de cierta mujer ramera, llamada Rahab, y posaron allí.
Y fué dado aviso al rey de Jericó, diciendo: He aquí que esta noche entraron acá unos hombres de los hijos de Israel, para explorar la tierra.
Por lo cual el rey de Jericó envió a decir a Rahab: Saca fuera a los hombres que han venido a ti, los mismos que entraron en tu casa; porque han venido a explorar toda la tierra.
Mas la mujer ya había tomado a los dos hombres y los había escondido. Ella pues respondió: Verdad es que vinieron a mí aquellos hombres, mas yo no sabía de dónde eran.
Y aconteció que cuando iban a cerrar la puerta, siendo ya obscuro, los hombres salieron; no sé a dónde se hayan ido aquellos hombres. Seguid prestamente en pos de ellos, que los alcanzaréis.
Mas ella los había hecho subir al terrado, y los había escondido entre los tallos de lino que tenía puestos en orden sobre el terrado.
Los hombres pues siguieron en su alcance, camino del Jordán, hasta los vados del río: y luego que los que los perseguían hubieron salido, se cerraron las puertas.
¶Y antes que los hombres se hubiesen acostado, ella subió a donde ellos estaban, sobre el terrado,
y les dijo: Yo sé que Jehová os ha dado esta tierra, y que el terror de vuestro nombre ha caído sobre nosotros, y que ya han desmayado todos los habitantes del país a causa de vosotros.
Porque hemos oído decir cómo Jehová secó las aguas del Mar Rojo delante de vosotros, cuando salisteis de Egipto; y lo que hicisteis a los dos reyes de los Amorreos, que estaban de la otra parte del Jordán, a Sehón y a Og, a quienes destruisteis completamente.
Y como lo hubimos oído, se nos derritió el corazón y no ha quedado ya aliento en hombre alguno a causa de vosotros; porque Jehová vuestro Dios, él solo es Dios arriba en el cielo, y abajo sobre la tierra.
Ahora pues, ruégoos me juréis por Jehová que del modo que yo he usado de misericordia para con vosotros, así vosotros también usaréis de misericordia para con la casa de mi padre, y me daréis una contraseña segura;
y que salvaréis la vida a mi padre, y a mi madre, y a mis hermanos, y a mis hermanas, y a todo lo que es suyo, librando nuestras almas de la muerte.
A lo cual le dijeron los hombres: Nuestra vida responderá de la vuestra, con tal que nada digáis de este asunto nuestro. Y será que cuando nos entregare Jehová la tierra, usaremos contigo de misericordia y de fidelidad.
¶Ella pues los descolgó con una cuerda por la ventana abajo, (porque su casa estaba en el muro de la ciudad, y ella vivía en el muro),
diciéndoles: ¡Marchaos a la montaña, no sea que os alcancen los que iban en seguimiento vuestro; y os esconderéis allí tres días, hasta que hayan vuelto los perseguidores, y después seguiréis vuestro camino.
Y los hombres le dijeron: Sin culpa seremos en lo tocante a este tu juramento con que nos has juramentado.
He aquí que cuando entremos en la tierra, atarás este cordón de hilo escarlata para contraseña en la ventana por donde nos descolgaste; y reunirás contigo dentro de la casa a tu padre, y a tu madre, y a tus hermanos, y en fin a toda la casa de tu padre.
Y será así, que la sangre de todo aquel que saliere de las puertas de tu casa afuera, será sobre su propia cabeza, y nosotros seremos sin culpa; pero en cuanto a todo aquel que estuviere contigo dentro de la casa, su sangre recaerá sobre nuestra cabeza, si mano alguna le tocare.
Mas si divulgares este asunto nuestro, quedaremos desobligados de este tu juramento con que nos has juramentado.
A lo cual ella respondió: Conforme a vuestras palabras, así sea. De esta manera los despidió, y se fueron; y ella ató el cordón de escarlata a la ventana.
¶Ellos pues caminaron y fueron a la montaña, y se estuvieron allí tres días, hasta que hubiesen vuelto los perseguidores. Y buscáronlos los perseguidores en todo el camino, mas no los hallaron.
Entonces se volvieron los dos hombres; pues bajando de la montaña, pasaron el río y vinieron a Josué hijo de Nun, y le refirieron todo lo que les había acaecido.
Y dijeron a Josué: ¡Cierto que ha dado Jehová en nuestra mano toda esta tierra, porque todos los moradores de la tierra desmayan a causa de nosotros!
POR la mañana pues madrugó Josué, y levantando el campamento desde Sitim, vinieron al Jordán, él y todos los hijos de Israel; e hicieron estancia allí antes de pasar el río.
Y aconteció que al fin de tres días, los magistrados pasaron por en medio del campamento,
y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando viereis el Arca del Pacto de Jehová vuestro Dios, y a los sacerdotes levitas que la van llevando, entonces os levantaréis de vuestro puesto e iréis en pos de ella.
Pero dejaréis un buen espacio entre vosotros y ella, como de dos mil codos medidos; no os acerquéis a ella, para que podáis saber el camino por donde habéis de ir; pues no habéis pasado antes por este camino.
Y dijo Josué al pueblo: ¡Santificaos, que mañana Jehová hará maravillas en medio de vosotros!
¶Entonces habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Alzad el Arca del Pacto, y pasad delante del pueblo. Ellos pues alzaron el Arca del Pacto, y caminaron delante del pueblo.
Y dijo Jehová a Josué: Hoy comenzaré a engrandecerte a los ojos de todo Israel, para que sepan ellos que a la manera que yo fuí con Moisés, así seré contigo.
Y tú mandarás a los sacerdotes portadores del Arca del Pacto, diciendo: Cuando lleguéis a la orilla de las aguas del Jordán, en el mismo Jordán habéis de deteneros.
Y Josué dijo a los hijos de Israel: Llegaos acá y escuchad las palabras de Jehová vuestro Dios.
Y les dijo Josué: En esto conocenéis que el Dios vivo está en medio de vosotros, y que infaliblemente desposeerá de delante de vosotros al Cananeo, y al Heteo, y al Heveo, y al Perezeo, y al Gergeseo, y al Amorreo y al Jebuseo.
He aquí que el Arca del Pacto del Señor de toda la tierra va a pasar delante de vosotros en medio del Jordán.
Ahora pues tomaos doce hombres de las tribus de Israel, un hombre de cada tribu;
y sucederá que cuando las plantas de los pies de los sacerdotes portadores del Arca de Jehová, Señor de toda la tierra, descansaren en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán serán cortadas, es decir, las aguas que vienen bajando de arriba; y se elevarán en un montón.
¶Aconteció pues que al partir de sus tiendas el pueblo para pasar el Jordán, andando los sacerdotes portadores del Arca del Pacto delante del pueblo,
luego que llegaron los portadores del Arca hasta el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el Arca se mojaron a la orilla de las aguas, (y el Jordán llena completamente todos sus bordes todo el tiempo de la siega),
se detuvieron las aguas que venían bajando de la parte de arriba, y se elevaron en un montón, muy lejos de ellos, junto a Adam, ciudad que está al lado de Sartán; en tanto que las aguas que iban bajando al Mar del Arabá, el Mar Salado, acabáronse, siendo cortadas; y el pueblo pasó frente a Jericó.
Mas los sacerdotes que llevaban el Arca del Pacto de Jehová, se mantuvieron firmes en seco, en medio del Jordán, mientras todo Israel iba pasando en seco, hasta que toda la nación acabó de pasar el Jordán.
Y SUCEDIÓ cuando toda la nación hubo acabado de pasar el Jordán, que Jehová habló a Josué, diciendo:
Tomaos de entre el pueblo doce hombres, uno de cada tribu,
y mandadles, diciendo: Alzad de aquí, de en medio del Jordán, del lugar donde se han mantenido firmes los pies de los sacerdotes, doce piedras; y las pasaréis con vosotros y las asentaréis en el alojamiento en donde habéis de posar esta noche.
¶Llamó pues Josué a los doce hombres que tenía prevenidos de entre los hijos de Israel, uno de cada tribu;
y les dijo Josué: Pasad delante del Arca de Jehová vuestro Dios, al centro del Jordán, y alce cada uno de vosotros una piedra sobre su hombro, según el número de las tribus de los hijos de Israel;
para que sea esta una señal en medio de vosotros; y cuando preguntaren vuestros hijos el día de mañana, diciendo: ¿Qué significan estas piedras?
les responderéis: Que fueron cortadas en dos las aguas del Jordán, delante del Arca del Pacto de Jehová: cuando pasó el Jordán, fueron cortadas en dos las aguas del Jordán. De manera que estas piedras servirán de memorial a los hijos de Israel para siempre.
Y los hijos de Israel lo hicieron así, según había mandado Josué; pues tomaron doce piedras de en medio del Jordán, (como Jehová lo había mandado a Josué), conforme al número de las tribus de los hijos de Israel; y pasáronlas consigo al alojamiento, y las asentaron allí.
Y Josué hizo levantar otras doce piedras en medio del Jordán, donde habían estado los pies de los sacerdotes que llevaban el Arca del Pacto; las cuales están allí hasta el día de hoy.
Y los sacerdotes que llevaban el Arca se detuvieron en medio del Jordán hasta que se hubo concluído de hacer todo lo que Jehová había mandado a Josué que dijese al pueblo, conforme a todo lo que Moisés había mandado a Josué. Y el pueblo dióse prisa a pasar el río.
Y sucedió que como acabase de pasar todo el pueblo, pasó también el Arca de Jehová juntamente con los sacerdotes, a vista del pueblo.
Asimismo los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés pasaron armados al frente de los hijos de Israel, según les había mandado Moisés:
como cuarenta mil, expeditos para la guerra, pasaron delante de Jehová a la batalla, a los llanos de Jericó.
¶En aquel día Jehová engrandeció a Josué a los ojos de todo Israel, de manera que le temieron a él, como habían temido a Moisés, todos los días de su vida.
¶Jehová habló entonces a Josué, diciendo:
Manda a los sacerdotes portadores del Arca del Testimonio, que suban del Jordán.
Mandó pues Josué a los sacerdotes, diciendo: ¡Subid del Jordán!
Y aconteció que cuando los sacerdotes portadores del Arca del Pacto de Jehová, subieron de en medio del Jordán, y las plantas de los pies de los sacerdotes hubieron salido a tierra seca, volviéronse las aguas del Jordán a su lugar, y corrieron como antes, llenando completamente todos sus bordes.
¶Y subió el pueblo del Jordán el décimo del mes primero, y acamparon en Gilgal, que está al extremo oriental de los llanos de Jericó.
Y aquellas doce piedras que habían tomado del Jordán, las levantó Josué como monumento en Gilgal.
Y habló a los hijos de Israel, diciendo: Cuando vuestros hijos preguntaren a sus padres el día de mañana, diciendo: ¿Qué piedras son éstas?
enseñaréis a vuestros hijos, diciendo: En seco pasó Israel este Jordán.
Porque Jehová vuestro Dios acaba de secar las aguas del Jordán delante de vosotros, hasta haber vosotros pasado; de la manera que hizo Jehová con el Mar Rojo, al cual secó delante de nosotros, hasta que hubimos pasado;
para que conozcan todos los pueblos de la tierra que la mano de Jehová es poderosa; a fin de que teman a Jehová vuestro Dios para siempre.
Y ACONTECIÓ que cuando todos los reyes de los Amorreos que estaban de esta parte del Jordán, hacia el occidente, y todos los reyes de los Cananeos que estaban junto al mar, oyeron decir que había secado Jehová las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado, derritióse de temor su corazón, y ya no quedó en ellos aliento, a causa de los hijos de Israel.
¶En aquel tiempo dijo Jehová a Josué: Hazte cuchillos de pedernal, y vuelve otra vez a circuncidar a los hijos de Israel.
Hizóse pues Josué cuchillos de pedernal, y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot.
Y esta fué la causa porque los hubo de circuncidar Josué: Todo el pueblo que había salido de Egipto, es decir, los varones, todos los hombres de guerra, murieron en el desierto por el camino, después que salieron de Egipto.
Empero todos los del pueblo que salieron habían sido ya circuncidados; mas todos los del pueblo que nacieron en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto, no habían sido circuncidados.
Porque los hijos de Israel anduvieron cuarenta años por el desierto, hasta que fué consumida toda la nación, es decir, los hombres de guerra, que habían salido de Egipto; por cuanto no obedecieron la voz de Jehová; a quienes Jehová juró que no les dejaría ver la tierra respecto de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría; tierra que mana leche y miel.
Mas a los hijos de ellos, que él había levantado en su lugar, a éstos circuncidó Josué, porque eran incircuncisos; pues no los habían circuncidado por el camino.
Y aconteció que cuando se hubo acabado de circuncidar a toda la nación, se quedaron en su lugar, dentro del campamento, hasta que sanaron.
Dijo entonces Jehová a Josué: Hoy he hecho rodar de sobre vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual se ha llamado aquel lugar Gilgal hasta el día de hoy.
¶Acamparon pues los hijos de Israel en Gilgal; y celebraron la Pascua el día catorce del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó.
Y comieron del producto de la tierra el día siguiente a la Pascua: panes ázimos y espigas tostadas comieron en aquel mismo día.
Y cesó el maná al día siguiente, después de haber ellos comido del producto de la tierra; y nunca más tuvieron los hijos de Israel el maná, sino que comieron los frutos de la tierra de Canaán aquel año.
¶Y aconteció que estando Josué cerca de Jericó, alzó los ojos, y miró; y he aquí un hombre que estaba en pie frente a él, con su espada desenvainada en la mano. Josué entonces fué a él y le dijo: ¿Eres tú de los nuestros, o de nuestros enemigos?
Y él respondió: Ninguno de los dos, sino que soy el Príncipe del ejército de Jehová; ahora acabo de llegar. Entonces Josué cayó en tierra sobre su rostro, y adoró. Y díjole: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?
Y el Príncipe del ejército de Jehová dijo a Josué: Quítate el calzado de los pies, porque el lugar donde tú estás, es santo. Y Josué lo hizo así.
(MAS Jericó estaba cerrada, y bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie salía, ni nadie entraba.)
Entonces dijo Jehová a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, todos ellos guerreros esforzados.
Daréis pues la vuelta a la ciudad, todos los hombres de guerra, rodeando la ciudad una sola vez: y seguirás haciendo esto seis días.
Y siete sacerdotes llevarán siete trompetas de jubileo delante del Arca. Mas en el día séptimo daréis la vuelta a la ciudad siete veces, tocando los sacerdotes las trompetas.
Y acontecerá que cuando se prolongare mucho el sonido del cuerno de jubileo, y cuando oyereis el sonido de la trompeta, entonces gritará todo el pueblo con grande algazara; y el muro de la ciudad caerá a plomo, y subirá el pueblo cada uno en derechura de sí.
Llamando pues Josué hijo de Nun a los sacerdotes, les dijo: Alzad el Arca del Pacto, y siete sacerdotes lleven siete trompetas de jubileo delante del Arca de Jehová.
Dijo también al pueblo: Pasad adelante y dad la vuelta a la ciudad; y los hombres armados pasarán delante del Arca de Jehová.
¶Y aconteció que cuando Josué lo hubo dicho al pueblo, los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas de jubileo delante de Jehová, pasaron adelante, tocando las trompetas; y el Arca del Pacto de Jehová seguía tras de ellos.
Mas los hombres armados iban al frente de los sacerdotes que tocaban las trompetas; y el grueso del pueblo iba tras el Arca; andando los sacerdotes y tocando las trompetas.
Y Josué había mandado al pueblo, diciendo: No gritaréis, ni dejaréis oír vuestra voz, ni saldrá de vuestra boca palabra alguna, hasta el día que yo os diga: ¡Gritad! entonces gritaréis.
De esta manera hizo que el Arca de Jehová diese la vuelta a la ciudad, rodeándola una sola vez; luego volvieron al campamento, y pasaron la noche en el campamento.
¶Y por la mañana madrugó Josué, y alzaron los sacerdotes el Arca de Jehová.
Entonces los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas de jubileo al frente del Arca de Jehová, emprendieron la marcha, andando y tocando las trompetas; en tanto que los hombres armados iban delante de ellos, y el grueso del pueblo seguía tras el Arca de Jehová; andando los sacerdotes y tocando las trompetas.
Asimismo dieron la vuelta a la ciudad el segundo día una sola vez, y se volvieron al campamento. De esta manera hicieron seis días.
Mas sucedió que el día séptimo madrugaron, al despuntar el alba, dieron la vuelta a la ciudad, de la misma manera, siete veces; sólo en aquel día dieron la vuelta a la ciudad siete veces.
Y aconteció que a la séptima vez tocaron los sacerdotes las trompetas, y dijo Josué al pueblo: ¡Gritad, pues Jehová os ha dado la ciudad!
Y será la ciudad anatema; ella, con cuanto en ella hubiere, apartada será para Jehová; solamente Rahab la ramera vivirá, ella y todos los que estuvieren con ella en casa; por cuanto escondió a los emisarios que enviamos.
Empero guardaos escrupulosamente del anatema, no sea que os hagáis a vosotros mismos anatema, apropiándoos cosa alguna del anatema; pues así haréis anatema al campamento de Israel, y lo perturbaréis.
Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, consagrados son a Jehová; al tesoro de Jehová han de ingresar.
¶Entonces el pueblo levantó el grito, cuando los sacerdotes tocaron las trompetas; pues sucedió que cuando el pueblo oyó el sonido de la trompeta, el pueblo levantó el grito con grande algazara; y cayó el muro a plomo, y subió el pueblo a la ciudad, cada uno en derechura de sí, y tomaron la ciudad.
Y destruyeron totalmente a filo de espada cuanto había en la ciudad, hombres y mujeres, mozos y viejos, y hasta los bueyes y las ovejas y los asnos.
Empero Josué había dicho a aquellos dos hombres que reconocieron el país: Entrad en casa de la ramera, y sacad de allí a la mujer y a todo cuanto sea de ella, conforme le jurasteis.
Entraron pues los mancebos, los espías, y sacaron a Rahab, y a su padre, y a su madre, y a sus hermanos, y a cuanto era suyo; sacaron también a todos sus parientes; y los dejaron en salvo fuera del campamento de Israel.
Y quemaron a fuego la ciudad con cuanto en ella había; sólo que la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, los pusieron en el tesoro de la Casa de Jehová.
Mas a Rahab la ramera y a la casa de su padre y a cuantos eran de ella, les conservó la vida Josué, (y ella habita en medio de Israel hasta el día de hoy), por cuanto había escondido a los emisarios que envió Josué para espiar a Jericó.
¶Y en aquel tiempo hizo Josué una solemne imprecación, diciendo: ¡Maldito delante de Jehová sea el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó! ¡en su primogénito eche los cimientos de ella, y en su hijo menor asiente sus puertas!
¶Así era Jehová con Josué, y la fama de él se divulgó por toda aquella tierra.
PERO los hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema; porque Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zara de la tribu de Judá, tomó del anatema; por lo cual se encendió la ira de Jehová contra los hijos de Israel.
¶Josué entonces envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Bet-aven, al oriente de Bet-el, y les habló, diciendo: Subid y reconoced el país. Subieron pues los hombres y reconocieron a Hai:
y volvieron a Josué y le dijeron: No suba todo el pueblo, sino que suban como dos o tres mil hombres, y hieran a Hai. No fatigues a todo el pueblo, marchando allá, porque ellos son pocos.
De manera que del pueblo subieron allí como tres mil hombres; mas huyeron delante de los hijos de Hai.
Y los hombres de Hai hirieron de ellos como treinta y seis hombres; porque los persiguieron desde delante de la puerta hasta Sebarim, y los hirieron en la bajada de la cuesta: por lo cual derritióse el corazón del pueblo y vino a ser como agua.
¶Entonces Josué rasgó sus vestidos, y cayó postrado en tierra sobre su rostro delante del Arca de Jehová hasta la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas.
Y dijo Josué: ¡Ay, Señor, Jehová! ¿por qué has hecho que pase este pueblo el Jordán, para entregarnos en mano de los Amorreos, para destruirnos? y ¡ojalá hubiéramos sido contentos en quedarnos de la otra parte del Jordán!
¡Ah Señor! ¿qué podré decir, después que Israel haya vuelto las espaldas delante de sus enemigos?
Porque lo oirán los Cananeos, y todos los demás habitantes del país, y nos cercarán en derredor, y cortarán nuestro nombre de sobre la tierra; entonces tú ¿qué harás por tu gran nombre?
¶Jehová empero respondió a Josué: ¡Levántate! ¿por qué estás así postrado sobre tu rostro?
Israel ha pecado, y también ha traspasado mi pacto que les prescribí, y también han tomado del anatema, y también han hurtado, y también han mentido, y también lo han puesto entre sus efectos.
Por lo mismo no podrán los hijos de Israel hacer frente a sus enemigos, sino que continuarán volviendo las espaldas delante de sus enemigos; porque han venido a ser anatema. Yo no tornaré más a estar con vosotros, a menos que destruyáis el anatema de en medio de vosotros.
Levántate, santifica al pueblo y dile: Santificaos para mañana; porque así dice Jehová, el Dios de Israel: ¡Anatema hay en medio de ti, oh Israel! no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta tanto que destruyas totalmente el anatema de en medio de ti.
Acercaos pues por la mañana por vuestras tribus; y será que la tribu que tomare Jehová se acercará por sus parentelas; y la parentela que tomare Jehová se acercará por sus casas; y la casa que tomare Jehová se acercará por sus individuos.
Y será que aquel que fuere tomado con el anatema será quemado a fuego, él con todo lo suyo; por cuanto ha traspasado el pacto de Jehová, y porque ha cometido villanía en Israel.
¶Por la mañana pues madrugó Josué, e hizo acercar a Israel por sus tribus; y fué tomada la tribu de Judá.
E hizo acercar la familia de Judá, y tomó Dios la parentela de los zareos. E hizo acercar la parentela de los zareos por sus individuos, y fué tomado Zabdi.
Luego hizo acercar la casa de éste por sus individuos, y fué tomado Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zara, de la tribu de Judá.
Entonces dijo Josué a Acán: Hijo mío, ruégote des gloria a Jehová el Dios de Israel, y haz confesión a él; y manifiéstame, te lo ruego, qué has hecho: no lo encubras de mí.
Y Acán respondió a Josué, diciendo: En verdad yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel; y así y así he hecho.
Pues ví entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y una barra de oro, del peso de cincuenta siclos; y los codicié, y los tomé: y he aquí que están escondidos en la tierra en medio de mi tienda; y el dinero debajo del manto.
¶Josué pues envió mensajeros que fueron corriendo a la tienda; y he allí el manto escondido dentro de la tienda, y el dinero debajo de él.
Y tomáronlos de en medio de la tienda, y los trajeron a Josué y a todos los hijos de Israel; y los extendieron delante de Jehová.
Entonces Josué y todo Israel con él tomaron a Acán hijo de Zara, y la plata y el manto y la barra de oro, juntamente con sus hijos y sus hijas, y sus bueyes y sus asnos, y sus ovejas y su tienda, y todo lo que era suyo; y los hicieron subir al Valle de Acor.
Y le dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? ¡Jehová te turbará a ti en este día! Y todo Israel le mató a pedradas; y a él y a los suyos los quemaron a fuego después de apedreados.
Y levantaron sobre él un gran montón de piedras que dura hasta hoy. Así tornóse Jehová del ardor de su ira. Por tanto se ha llamado aquel lugar, Valle de Acor hasta el día de hoy.
ENTONCES dijo Jehová a Josué: No temas ni te aterres: toma contigo toda la gente de guerra, y levántate, sube a Hai. Mira que yo he entregado en tu mano al rey de Hai, con su pueblo y su ciudad y su tierra.
Y harás con Hai y con su rey, según hiciste a Jericó y a su rey; solamente que sus despojos y sus bestias los apresaréis para vosotros. Pon una emboscada contra la ciudad, detrás de ella.
¶Levantóse pues Josué, con toda la gente de guerra, para subir contra Hai. Y escogió Josué treinta mil hombres, guerreros esforzados, y los despachó de noche;
y les mandó, diciendo: Mirad que os pongáis en emboscada contra la ciudad, por detrás de ella: no os alejéis mucho de la ciudad; y estaréis todos apercibidos.
Entretanto yo con toda la gente que está conmigo, nos acercaremos a la ciudad: y acontecerá que cuando salieren a nuestro encuentro, como la vez primera, nosotros huiremos delante de ellos.
Porque saldrán tras nosotros, hasta que los hayamos sacado lejos de la ciudad; pues dirán: ¡Huyen de nosotros como la vez primera! por eso huiremos delante de ellos.
Entonces vosotros os levantaréis de la emboscada, y os apoderaréis de la ciudad; porque habrála entregado Jehová vuestro Dios en vuestra mano.
Y sucederá que cuando os apoderareis de la ciudad, pondréis fuego a la ciudad: como mandó Jehová, así habéis de hacer. Ved que os lo he mandado yo.
De esta suerte Josué los despachó, y fueron al lugar de la emboscada y se apostaron entre Bet-el y Hai, al occidente de Hai; mas Josué se quedó aquella noche en medio de la gente.
¶Y por la mañana madrugó Josué y pasó revista a la gente; luego subió él, y los ancianos de Israel, al frente del pueblo, contra Hai.
De manera que toda la gente de guerra que estaba con él subió, y se acercó, presentándose delante de la ciudad, y acamparon al norte de Hai; mas había un valle entre ellos y Hai.
Y Josué tomó como cinco mil hombres y los puso en emboscada entre Bet-el y Hai, al occidente de la ciudad.
Así pues fué dispuesto el pueblo; es decir, todo el ejército que estaba al norte de la ciudad, y la emboscada que estaba al occidente de la ciudad. Mas avanzó Josué durante la noche hasta la mitad del valle.
¶Y aconteció que cuando vió esto el rey de Hai, él y su pueblo se apresuraron y madrugaron; y los hombres de la ciudad salieron al encuentro de Israel en batalla, a una señal convenida, enfrente del Arabá: mas no sabía él que tenía una emboscada detrás de la ciudad.
Y Josué y todo Israel se hicieron los vencidos delante de ellos, huyendo camino del desierto.
Y fué convocado todo el pueblo que había dentro de Hai para perseguirlos; y siguiendo al alcance de Josué, fueron sacados lejos de la ciudad.
Y no quedó hombre en Hai, ni en Bet-el, que no hubiese salido en pos de Israel: y dejaron abierta la ciudad, en tanto que ellos persiguieron a Israel.
¶Entonces Jehová dijo a Josué: Extiende hacia Hai la lanza que tienes en la mano; porque yo la daré en tu mano. Josué pues extendió hacia la ciudad la lanza que tenía en su mano.
Con lo cual los de la emboscada se levantaron prestamente de su lugar, y corrieron luego que él extendió la mano; y entraron en la ciudad y la tomaron; y diéronse prisa a poner fuego a la ciudad.
Y los hombres de Hai volvieron el rostro hacia atrás, y al mirar, he aquí que el humo de la ciudad iba subiendo al cielo; y ellos no tuvieron parte alguna a donde huir, ni por un lado ni por otro; pues la gente de Israel que había huído hacia el desierto volvía ya sobre sus perseguidores.
Porque luego que Josué y todo Israel vieron que la emboscada había tomado la ciudad, y que iba subiendo el humo de la ciudad, volvieron, e hirieron a los hombres de Hai;
en tanto que los otros salieron de la ciudad al encuentro de éstos; de manera que con respecto a Israel, los de Hai estaban de por medio, teniendo a los unos de un lado y a los otros del otro; los cuales los hirieron hasta no quedarles quien huyese ni quien escapase.
Y prendieron vivo al rey de Hai, y le trajeron a Josué.
Y cuando Israel hubo acabado de matar a todos los habitantes de Hai, en el campo y en el desierto, adonde éstos los habían perseguido, y cuando hubieron caído a filo de espada todos ellos hasta acabarse, sucedió que todo Israel volvió contra Hai, e hirióla a filo de espada.
Y fueron todos los que cayeron en aquel día, entre hombres y mujeres, doce mil, todos ellos gente de Hai.
Porque Josué no retrajo su mano que había extendido con la lanza, hasta que hubo destruído completamente a todos los habitantes de Hai.
Israel empero apresó para sí las bestias y los despojos de la ciudad; según la palabra que Jehová había prescrito a Josué.
De manera que Josué quemó a Hai y la redujo a un montón de escombros para siempre, convirtiéndola en una desolación hasta el día de hoy.
Y al rey de Hai le colgó en un madero hasta la tarde. Mas cuando se puso el sol, Josué dió orden, y bajaron su cadáver del madero, y le echaron a la entrada de la ciudad, y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que dura hasta hoy.
¶Entonces edificó Josué un altar a Jehová el Dios de Israel, en el monte Ebal,
como Moisés, siervo de Jehová, había mandado a los hijos de Israel, conforme a lo escrito en el Libro de la Ley de Moisés, altar de piedras enteras, sobre las que nadie había alzado herramienta; y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, y sacrificaron ofrendas pacíficas.
Y Josué escribió allí sobre aquellas piedras una copia de la ley de Moisés, la cual escribió en presencia de los hijos de Israel.
Y todo Israel, así sus ancianos como sus magistrados y sus jueces, estaban en pie, al uno y al otro lado del Arca, en presencia de los sacerdotes levitas que llevaban el Arca del Pacto de Jehová; así los extranjeros como los de su misma nación, la mitad de ellos frente al monte Gerizim, y la otra mitad frente al monte Ebal; de la manera que Moisés, siervo de Jehová, había mandado que bendijesen desde un principio al pueblo de Israel.
Y después de esto leyó en alta voz todas las palabras de aquella ley, la bendición y la maldición, conforme a todo lo escrito en el Libro de la Ley.
No hubo palabra de cuanto había mandado Moisés que no leyese Josué delante de toda la Congregación de Israel, juntamente con las mujeres y los niños, y el extranjero que habitaba en medio de ellos.
Y ACONTECIÓ que cuando oyeron estas cosas todos los reyes que estaban de esta parte del Jordán, en la Serranía y en la Sefela y en todas las costas del Mar Grande, enfrente del Líbano, a saber, el Heteo, y el Amorreo, el Cananeo, el Perezeo, el Heveo, y el Jebuseo;
ellos se juntaron para hacer guerra contra Josué y contra Israel, de común acuerdo.
¶Pero cuando los habitantes de Gabaón oyeron decir lo que había hecho Josué a Jericó y a Hai,
ellos al contrario se valieron de astucia; pues fueron y fingieron ser embajadores; llevando sobre sus asnos costales gastados, y cueros de vino viejos, rotos y atados:
y poniendo sobre sus pies calzado viejo y remendado, y trayendo sobre sí vestidos viejos: y todo el pan de su provisión estaba seco y mohoso.
De esta suerte vinieron a Josué, a su campamento en Gilgal; y dijéronle a él y a los hombres de Israel: De una tierra lejana hemos venido; ahora pues celebrad pacto con nosotros.
Pero los hombres de Israel respondieron a aquellos Heveos: Quizás vosotros habitáis en medio de nosotros; ¿cómo pues celebraremos pacto con vosotros?
Y ellos respondieron a Josué: Tus siervos somos. Y les dijo Josué: ¿Quiénes sois, y de dónde venís?
A lo que ellos respondieron: De una tierra muy lejana han venido tus siervos, a causa del nombre de Jehová tu Dios. Porque oímos su fama, y todo lo que hizo en Egipto,
y todo lo que hizo a los dos reyes de los Amorreos que estaban al otro lado del Jordán, Sehón rey de Hesbón, y Og rey de Basán, que habitaba en Astarot.
Por lo cual nuestros ancianos y todos los moradores de nuestra tierra nos hablaron, diciendo: Tomad en vuestra mano provisiones para el camino, e id al encuentro de ellos, y decidles: Siervos vuestros somos: ahora pues celebrad pacto con nosotros.
Este nuestro pan para nuestra provisión, caliente lo tomamos de nuestras casas en el día que salimos para venir a vosotros; mas ahora, he aquí, está seco y mohoso:
y estos cueros de vino los llenamos nuevos; mas helos aquí rotos; también estos nuestros vestidos y nuestro calzado están ya gastados por lo muy largo del camino.
Y los hombres tomaron de sus provisiones, mas no pidieron consejo a la boca de Jehová.
Y así Josué hizo paz con ellos, y celebró pacto con ellos, concediéndoles la vida: y se lo juraron los príncipes de la Congregación.
¶Mas aconteció que al cabo de tres días después de haber celebrado con ellos el pacto, oyeron decir que eran vecinos suyos, y que habitaban en medio de ellos.
En efecto, levantaron el campamento los hijos de Israel, y al día tercero llegaron a las ciudades de ellos: y sus ciudades eran Gabaón, Cafira, Beerot y Kiryat-jearim.
Y no los hirieron los hijos de Israel, porque los príncipes de la Congregación les habían jurado por Jehová, el Dios de Israel: y toda la congregación murmuró contra los príncipes.
Pero todos los príncipes dijeron a toda la Congregación: Nosotros les hemos jurado por Jehová, el Dios de Israel; por lo cual no podemos tocarlos.
Haremos esto con ellos, y les concederemos la vida; para que no venga ira sobre nosotros, con motivo del juramento que les hemos hecho.
Dijeron pues de ellos los príncipes: Dejadlos vivir. Y fueron constituídos leñadores y aguadores para toda la Congregación, concediéndoseles la vida, según les habían prometido los príncipes.
Josué entonces los llamó, y les habló así: ¿Por qué nos habéis engañado, diciendo: Nosotros vivimos muy lejos de vosotros, siendo así que habitáis en medio de nosotros?
Ahora pues, malditos sois; y nunca dejará de haber de vosotros siervos, así leñadores como aguadores para la Casa de mi Dios.
Y ellos respondieron a Josué, diciendo: Lo hicimos así porque fuéles dado a tus siervos aviso seguro de cómo Jehová vuestro Dios había mandado a su siervo Moisés que os diese toda la tierra, y que destruyese a todos los habitantes del país delante de vosotros: de manera que temimos mucho por nuestras vidas, con motivo de vosotros; y por tanto hemos hecho esto.
Y ahora, henos aquí en tu mano; como bueno y recto te pareciere hacer con nosotros, hazlo así.
Y en efecto él lo hizo así con ellos; pues los libró de mano de los hijos de Israel, de modo que no los mataron;
pero los constituyó Josué en aquel día leñadores y aguadores para el servicio de la Congregación y del altar de Jehová, hasta el día de hoy, en el lugar que él hubiere de escoger.
ACONTECIÓ también que cuando Adoni-zedec, rey de Jerusalem, oyó que Josué había tomado a Hai y la había destruído completamente, haciendo con Hai y su rey como había hecho con Jericó y su rey, y que los habitantes de Gabaón habían hecho paz con Israel y estaban ya en medio de ellos,
él y su pueblo temieron mucho; porque Gabaón era una ciudad grande, como una de las ciudades reales, y porque era más grande que Hai y todos sus hombres eran aguerridos.
Por lo cual Adoni-zedec rey de Jerusalem envió a Horam rey de Hebrón, y a Piream rey de Jarmut, y a Jafía rey de Laquís, y a Debir rey de Eglón, diciendo:
Subid acá y ayudadme, para que podamos herir a Gabaón; porque ha hecho paz con Josué y con los hijos de Israel.
Juntáronse pues, y subieron estos cinco reyes de los Amorreos, a saber, el rey de Jerusalem, el rey de Hebrón, el rey de Jarmut, el rey de Laquís, y el rey de Eglón, ellos con todos sus ejércitos, y asentaron campamento contra Gabaón y pelearon contra ella.
Entonces enviaron los hombres de Gabaón a Josué, a su campamento en Gilgal, diciendo: No aflojes la mano para con tus siervos; sube a nosotros presto, y danos socorro y ayúdanos; porque se han juntado contra nosotros todos los reyes de los Amorreos que habitan en la Serranía.
¶Josué pues subió de Gilgal, él y toda la gente de guerra con él, y todos los guerreros esforzados.
Y dijo Jehová a Josué: No tengas temor de ellos, porque en tu mano los he entregado; no podrá parar hombre de ellos delante de tu rostro.
Y vino Josué sobre ellos de repente; habiendo subido toda la noche desde Gilgal.
Y Jehová los llenó de consternación delante de Israel, de modo que los hirió con grande estrago en Gabaón, y los persiguió camino de la subida de Bet-horón, y los hirió hasta Azeca y hasta Maceda.
Y sucedió que como ellos iban huyendo delante de Israel, en la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó sobre ellos piedras grandes desde el cielo, hasta que llegaron a Azeca, de manera que murieron; fueron más los muertos por las piedras de granizo, que aquellos que los hijos de Israel mataron a espada.
¶Entonces habló Josué a Jehová en el día en que Jehová entregó a los Amorreos delante de los hijos de Israel, y dijo a vista de Israel: ¡Sol, detente en Gabaón, y tú, oh Luna, en el Valle de Ayalón!
Y se detuvo el sol, y la luna se paró, hasta que la nación se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está esto escrito en el libro de Jaser? Paróse pues el sol en medio del cielo, y no se apresuró a bajar como por espacio de un día entero.
Y nunca hubo otro día semejante, ni antes ni después de él, atendiendo Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel.
Entonces volvió Josué, y todo Israel con él, a su campamento en Gilgal.
¶Mas aquellos cinco reyes habían huído, y se habían escondido en una cueva en Maceda.
Y fué dado aviso a Josué, diciendo: Han sido hallados los cinco reyes, escondidos en una cueva en Maceda.
Y dijo Josué: Haced rodar grandes piedras a la boca de la cueva, y colocad hombres junto a ella, que guarden a los reyes;
mas vosotros no os detengáis; seguid al alcance de vuestros enemigos, y exterminad hasta el último de ellos; no dejéis que entren en sus ciudades, ya que los ha entregado Jehová vuestro Dios en vuestra mano.
Y aconteció cuando Josué y los hijos de Israel hubieron acabado de herirlos con muy grande estrago, hasta que fueron destruídos, y los restos de ellos que se escaparon hubieron entrado en las ciudades fortificadas,
que todo el pueblo volvió en salvo a Josué a su campamento, en Maceda: no hubo quien moviese su lengua contra ninguno de los hijos de Israel.
¶Entonces dijo Josué: Abrid la boca de la cueva, y sacadme de allí a esos cinco reyes.
Y lo hicieron así, sacándole de la cueva a los cinco reyes, a saber, al rey de Jerusalem, al rey de Hebrón, al rey de Jarmut, al rey de Laquís y al rey de Eglón.
Y aconteció que cuando hubieron sacado a aquellos cinco reyes a donde estaba Josué, llamó Josué a todos los hombres de Israel, y dijo a los jefes de los hombres de guerra que iban con él: Acercaos y poned vuestros pies sobre los cuellos de estos reyes. Ellos entonces acercándose, pusieron sus pies sobre los cuellos de ellos.
Y les dijo Josué: No temáis ni os aterréis; tened fortaleza y buen ánimo; porque así hará Jehová con todos vuestros enemigos, contra quienes habréis de pelear.
Y después de esto, Josué los hirió y los mató, y los hizo colgar en cinco maderos; y quedaron colgados en aquellos maderos hasta la tarde.
Mas sucedió que a la hora de ponerse el sol, mandándolo Josué, los bajaron de los maderos, y los echaron en la cueva en donde se habían escondido; y pusieron grandes piedras a la boca de la cueva, las cuales permanecen hasta el día de hoy.
¶Y Josué tomó a Maceda en aquel día, e hirióla a filo de espada, juntamente con su rey; destruyólos completamente, con todas las almas que había en ella, no dejó quien escapase; e hizo con el rey de Maceda como lo había hecho con el rey de Jericó.
¶Entonces pasó Josué, y todo Israel con él, de Maceda a Libna, y peleó contra Libna.
Y Jehová la entregó a ella también y a su rey en mano de Israel; el cual la hirió a filo de espada, con todas las almas que había en ella; no dejó en ella quien escapase; e hizo con su rey como lo había hecho con el rey de Jericó.
¶En seguida pasó Josué, y todo Israel con él, de Libna a Laquís, y le puso cerco, y peleó contra ella.
Y Jehová entregó a Laquís en mano de Israel, de modo que la tomó al segundo día, e hirióla a filo de espada, con todas las almas que había en ella, conforme a todo lo que había hecho con Libna.
¶Entonces subió Horam, rey de Gezer, para ayudar a Laquís; y le hirió Josué a él y su gente, hasta no dejarle quien escapase.
¶Luego pasó Josué, y todo Israel con él, de Laquís a Eglón, y la sitiaron, y pelearon contra ella.
Y la tomaron en aquel día, y la hirieron a filo de espada; y a todas las almas que había en ella las destruyó completamente en ese mismo día, conforme a todo lo que había hecho con Laquís.
¶Entonces subió Josué, y todo Israel con él, de Eglón a Hebrón, y pelearon contra ella.
Y tomáronla, y la hirieron filo de espada, con su rey y con todas sus ciudades, y todas las almas que había en ella: no dejó quien escapase, conforme a todo lo que había hecho con Eglón; pues la destruyó por completo, con todas las almas que había en ella.
¶En seguida volvió Josué, y todo Israel con él, a Debir, y combatióla;
y tomóla con su rey y todas sus ciudades; y las hirieron a filo de espada, destruyendo completamente todas las almas que en ella había; no dejó quien escapase; como había hecho con Hebrón, así lo hizo con Debir y su rey; como lo había hecho también con Libna y su rey.
¶De esta manera hirió Josué todo el país: la Serranía, y el Mediodía, y la Sefela, y las vertientes, con todos sus reyes; no dejó quien escapase, sino que a todo lo que respiraba lo destruyó por completo; como lo había mandado Jehová, el Dios de Israel.
Porque Josué los hirió desde Cades-barnea hasta Gaza, con todo el país de Gosén, y hasta Gabaón.
De manera que a todos estos reyes con sus tierras Josué los tomó de una vez; porque Jehová, el Dios de Israel, peleaba por Israel.
Entonces volvió Josué, y todo Israel con él, a su campamento en Gilgal.
Y ACONTECIÓ que Jabín rey de Hazor, cuando oyó todo esto, envió mensajeros a Jobab rey de Madón, y al rey de Simrón, y al rey de Acsaf,
y a los reyes que eran de la parte del norte, en la Serranía, y en el Arabá al sur de Cineret, y en la Sefela, y en las Alturas de Dor, de la parte del oeste;
al Cananeo, así del este como del oeste, y al Amorreo, y al Heteo, y al Perezeo, y al Jebuseo que habitaba en la Serranía, y al Heveo, al pie del Hermón, en la tierra de Mizpa.
Éstos pues salieron, y todos sus ejércitos con ellos, mucha gente, como las arenas que están a la ribera del mar en multitud, con muchísimos caballos y carros de guerra.
Así se reunieron por convenio todos estos reyes; y fueron y acamparon juntos cerca de las aguas de Merom, para pelear contra Israel.
¶Entonces Jehová dijo a Josué: No tengas temor a causa de ellos, porque mañana, como a estas horas, yo entregaré a todos ellos muertos delante de Israel; a sus caballos desjarretarás, y sus carros quemarás a fuego.
Y Josué y toda la gente de guerra con él vinieron sobre ellos de improviso junto a las aguas de Merom, y arremetieron contra ellos.
Y Jehová los entregó en manos de Israel, de manera que los hirieron y los persiguieron hasta la gran Sidón, y hasta Misrefot-mayim, y hasta el Valle de Mizpa, hacia el oriente; hiriéndolos hasta no dejar de ellos quien escapase.
E hizo con ellos Josué según le había mandado Jehová: desjarretó sus caballos y sus carros quemó a fuego.
¶Y volvióse Josué en aquel tiempo, y tomó Hazor; y a su rey lo pasó a cuchillo; porque Hazor había sido antes cabeza de todos aquellos reinos.
E hirieron a filo de espada todas las almas que en ella había, destruyéndolas por completo; no quedó ninguno que respirase; y a Hazor la quemó a fuego.
Asimismo tomó Josué todas las ciudades de aquellos reyes y a todos los reyes de ellas, y los hirió a filo de espada; y los destruyó completamente, como lo había mandado Moisés, siervo de Jehová.
Pero todas las ciudades que quedaban en su entereza, no las quemó Israel; salvo Hazor solamente, la cual quemó Josué.
Y todos los despojos de aquellas ciudades y las bestias se los apresaron los hijos de Israel; mas a todos los hombres hirieron a filo de espada, hasta que los hubieron destruído; no dejaron ninguno que respirase.
Como había mandado Jehová a Moisés su siervo, así lo mandó Moisés a Josué, y así lo hizo Josué; no se apartó en nada de todo cuanto Jehová había mandado a Moisés.
¶Tomó pues Josué toda la tierra, la Serranía, y todo el Mediodía, y toda la tierra de Gosén, y la Sefela, y el Arabá, y la serranía de Israel con su tierra baja:
desde el monte Halac, que sube hacia Seir, y hasta Baal-gad, en el Valle del Líbano, al pie del monte Hermón: tomó también a todos sus reyes, y los hirió y mató.
Muchos días estuvo Josué haciendo la guerra contra todos estos reyes.
No hubo ciudad que hiciese paz con los hijos de Israel, salvo los Heveos que habitaban en Gabaón; a todas las demás las tomaron en guerra.
Pues era propósito de Jehová endurecer el corazón de ellos, para que marchasen al encuentro de Israel en batalla; a fin de destruirlos completamente; para que no se tuviese de ellos compasión, sino antes, para que se les destruyese por completo; como Jehová lo había mandado a Moisés.
¶Y en aquel mismo tiempo vino Josué y exterminó a los Anaceos, de la Serranía, de Hebrón, de Debir, de Anab, y de toda la serranía de Judá y de toda la serranía de Israel; Josué los destruyó completamente, juntamente con sus ciudades.
No quedaron Anaceos en la tierra de los hijos de Israel: solamente en Gaza, en Gat y en Asdod quedaron algunos.
¶Así pues tomó Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y dióla Josué en herencia a Israel, conforme a sus repartimientos, según sus tribus. Y la tierra descansó de la guerra.
ESTOS son pues los reyes de la tierra a quienes hirieron los hijos de Israel, y de cuya tierra se apoderaron, de la otra parte del Jordán, hacia donde nace el Sol, desde el torrente de Arnón hasta el monte Hermón, y todo el Arabá a la banda oriental del Jordán:
Sehón rey de los Amorreos, que habitaba en Hesbón, dominando desde Aroer, que está sobre la ribera del torrente de Arnón y la ciudad que está en medio del valle adyacente, y la mitad de Galaad, hasta el torrente Jaboc, término de los hijos de Ammón;
y en el Arabá hasta el Mar de Cineret, de la parte del oriente; y hasta el Mar de Arabá, el Mar Salado, a la parte del oriente, camino de Bet-jesimot; y a la parte del sur, debajo de las vertientes del Pisga:
también el territorio de Og rey de Basán, que era del resto de los gigantes, el cual habitaba en Astarot y en Edrei,
y reinaba en el monte Hermón, y en Salca, y en todo el Basán, hasta los términos del Gesureo y del Maacateo, y la mitad de Galaad, confín de Sehón rey de Hesbón.
Moisés, siervo de Jehová, y los hijos de Israel los hirieron; y Moisés, siervo de Jehová, dió la tierra de ellos en posesión de los Rubenitas, y a los Gaditas, y a la media tribu de Manasés.
¶Y estos son los reyes de la tierra a quienes hirieron Josué y los hijos de Israel, de esta parte del Jordán, hacia el occidente, desde Baal-gad, en el valle del Líbano, y hasta el monte Halac, que sube hacia Seir; y Josué dió la tierra de ellos en posesión a las tribus de Israel, conforme a sus repartimientos:
en la Serranía, y en la Sefela, y en el Arabá, y en las vertientes, y en el desierto, y en el Mediodía; el Heteo, el Amorreo y el Cananeo, el Perezeo, el Heveo y el Jebuseo:
El rey de Jericó uno; el rey de Hai, que estaba junto a Bet-el, otro;
el rey de Jerusalem, otro; el rey de Hebrón, otro;
el rey de Jarmut, otro; el rey de Laquís, otro;
el rey de Eglón, otro; el rey de Gezer, otro;
el rey de Debir, otro; el rey de Geder, otro;
el rey de Horma, otro; el rey de Arad, otro:
el rey de Libna, otro; el rey de Adullam, otro;
el rey de Maceda, otro; el rey de Bet-el, otro;
el rey de Tapúa, otro; el rey de Hefer, otro;
el rey de Afec, otro; el rey de Lasarón, otro;
el rey de Madón, otro; el rey de Hazor, otro;
el rey de Simrón-merón, otro; el rey de Acsaf, otro;
el rey de Taanac, otro; el rey de Meguido, otro;
el rey de Cades, otro; el rey de Jocneam del Carmelo, otro;
el rey de Dor, en las Alturas de Dor, otro; el rey de Naciones en Gilgal, otro;
el rey de Tirsa, otro: siendo todos los reyes treinta y uno.
Y CUANDO Josué era ya viejo, avanzado en días, Jehová le dijo: Tú eres viejo, avanzado en días, y queda todavía muchísima tierra por poseer.
Esta es la tierra que aún queda: Todo el territorio de los Filisteos, y todos los Gesureos,
desde el río Sihor que está frente a Egipto, hasta el término septentrional de Ecrón, (la cual se reputa por tierra de los Cananeos), los cinco príncipes de los Filisteos, el Gazeo, el Asdodeo, el Ascaloneo, el Geteo, el Ecroneo; también los Aveos,
de la parte del Mediodía; toda la tierra de los Cananeos, y Mehara que pertenece a los Sidonios, hasta Afec, y hasta el término de los Amorreos;
y la tierra de los Gibalitas, y todo el Líbano de la parte donde nace el sol, desde Baal-gad al pie del monte Hermón, hasta la entrada de Hamat;
y todos los moradores de la Serranía desde el Líbano hasta Misrefot-mayim, es decir, todos los Sidonios: a éstos yo los desposeeré delante de los hijos de Israel; solamente que tú los repartas por suerte a Israel para herencia suya, como yo te lo he mandado.
Ahora pues, divide esta tierra en herencia a las nueve tribus y a la mitad de la tribu de Manasés.
¶Con la otra mitad los Rubenitas y los Gaditas obtuvieron ya su herencia, la que les dió Moisés al otro lado del Jordán, de la parte del oriente, según se la dió Moisés, siervo de Jehová;
desde Aroer, que está sobre la ribera del torrente de Arnón, y la ciudad que está en medio del valle adyacente, y toda la Mesa de Medeba, hasta Dibón,
y todas las ciudades de Sehón rey amorreo que reinó en Hesbón, hasta el término de los hijos de Ammón;
y Galaad, con el territorio de los Gesureos y los Maacateos, y todo el monte Hermón, y todo el Basán, hasta Salca;
todo el reino de Og en el Basán, el cual reinó en Astarot y en Edrei (el cual había quedado del resto de los gigantes); a los cuales Moisés hirió, y los desposeyó.
Esto no obstante, los hijos de Israel no desposeyeron a los Gesureos, ni a los Maacateos; sino que los Gesureos y los Maacateos han seguido habitando en medio de los hijos de Israel hasta el día de hoy.
Mas a la tribu de Leví no le dió herencia; las ofrendas encendidas de Jehová, el Dios de Israel, son su herencia, como él se lo había prometido.
¶Por manera que Moisés dió herencia a la tribu de los hijos de Rubén, según sus parentelas.
Y fué señalado el territorio de ellos desde Aroer, que está sobre la ribera del torrente Arnón y la ciudad que está en medio del valle adyacente, y abarcaba toda la Mesa contigua a Medeba;
Hesbón con todas sus ciudades que están en la Mesa; Dibón y Bamot-baal, y Bet-baal-meón,
y Jahaza, y Quedemot, y Mefaat,
y Kiryataim, y Sibma, y Zaret-sahar, en el monte de El Valle;
y Bet-peor, con las vertientes del Pisga, y Bet-jesimot,
y todas las ciudades de la Mesa, y todo el reino de Sehón rey amorreo que reinaba en Hesbón, a quien Moisés hirió, juntamente con los príncipes de Madián, Evi, Requem, y Zur, y Hur, y Reba, príncipes de Sehón, que habitaban en aquella tierra.
A Balaam también, hijo de Beor, el adivino, los hijos de Israel le mataron a espada, con los otros que hirieron.
Y el Jordán, con su territorio adyacente, era el término occidental de los hijos de Rubén. Tal fué la herencia de los hijos de Rubén, según sus parentelas; las ciudades con sus aldeas.
¶Moisés también dió herencia a la tribu de Gad, a los hijos de Gad conforme a sus parentelas.
Y fué el territorio de ellos Jazer con todas las ciudades de Galaad, y la mitad de la tierra de los hijos de Ammón, hasta Aroer, que está frente a Rabbá;
y desde Hesbón hasta Ramot-mizpa, y Betonim; y desde Mahanaim hasta el borde de Debir;
y en el valle, Bet-haram, y Bet-nimra, y Sucot, y Zafón, el resto del reino de Sehón rey de Hesbón, el Jordán con el territorio adyacente, hasta el borde del Mar de Cineret, por el otro lado del Jordán, hacia el oriente.
Ésta fué la herencia de los hijos de Gad, por sus parentelas: las ciudades con sus aldeas.
¶Asimismo Moisés dió herencia a la media tribu de Manasés; la cual era de la media tribu de los hijos de Manasés por sus parentelas.
Y partía su término desde Mahanaim, y abarcaba todo el Basán, todo el reino de Og rey de Basán, y todas las Villas de Jaír, situadas en el Basán, sesenta ciudades.
Éstas, con la mitad de Galaad, juntamente con Astarot y Edrei, ciudades del reino de Og en el Basán, pertenecían a los hijos de Maquir hijo de Manasés, es decir, a la mitad de los hijos de Maquir, por sus parentelas.
¶Éstos son los países que repartió Moisés por posesión en los llanos de Moab, al otro lado del Jordán, al oriente de Jericó.
Mas a la tribu de Leví no le dió Moisés herencia; Jehová, el Dios de Israel, él es la herencia de ellos, según les había prometido.
Y LOS siguientes son los países de que tomaron posesión los hijos de Israel en la tierra de Canaán; los que les repartieron por herencia Eleazar el sumo sacerdote, y Josué hijo de Nun, y las cabezas de las casas paternas de las tribus de los hijos de Israel.
Por suerte se les repartió la herencia (como había mandado Jehová por conducto de Moisés) a las nueve tribus y a la media tribu.
Porque Moisés había ya dado herencia a las dos tribus y a la otra media tribu, al otro lado del Jordán: mas a los Levitas no les dió herencia en medio de ellos.
Pues que los hijos de José constituyeron dos tribus, Manasés y Efraim; por lo cual no dieron parte a los Levitas en la tierra, sino ciudades en que habitasen, con los ejidos de ellas para sus ganados, y para sus demás posesiones.
De la manera que había mandado Jehová a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel; y repartieron la tierra.
¶Entonces los hijos de Judá se acercaron a Josué en Gilgal; y le dijo Caleb, hijo de Jefone cenizeo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés varón de Dios, acerca de mí y de ti en Cades-barnea.
De edad de cuarenta años era yo cuando Moisés, siervo de Jehová, me envió desde Cades-barnea a explorar la tierra; y le traje respuesta, conforme la tenía en mi corazón.
Mas mis hermanos que habían ido conmigo hicieron desmayar el corazón del pueblo; pero yo seguí cumplidamente a Jehová mi Dios.
Y juró Moisés en aquel día, diciendo: ¡Ciertamente la tierra en que ha pisado tu pie ha de ser herencia tuya y de tus hijos para siempre! por cuanto has seguido cumplidamente a Jehová mi Dios.
Y ahora, he aquí que Jehová me ha dado vida, como prometió, estos cuarenta y cinco años, desde que Jehová dijo esta palabra a Moisés, cuando andaba Israel por el desierto; y ahora, he aquí que actualmente soy de edad de ochenta y cinco años.
Todavía estoy tan fuerte el día de hoy, como estaba en aquel día en que Moisés me envió: cual era mi fuerza entonces, así es mi fuerza ahora para la guerra, tanto para salir como para entrar.
Ahora bien, dame esta montaña de la cual habló Jehová en aquel día. Porque tú oíste decir en aquel día, que los Anaceos estaban allí, con ciudades grandes e inexpugnables. Jehová tal vez estará conmigo, de manera que yo pueda desposeerlos, como dijo Jehová.
Entonces le bendijo Josué; y dió Hebrón a Caleb hijo de Jefone, por posesión suya.
Por tanto Hebrón vino a ser la herencia de Caleb, hijo de Jefone cenizeo, hasta este día; por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová el Dios de Israel.
Mas el nombre de Hebrón en tiempo pasado había sido Kiryat-arba; el cual Arba fué el gran hombre entre los Anaceos. Entonces la tierra descansó de la guerra.
Y ALCANZABA la suerte de los hijos de la tribu de Judá, conforme a sus parentelas, hasta el confín de Edom; teniendo el desierto de Zin al sur, como extremo del término meridional.
Y partía su término, por el lado del sur, desde el extremo del Mar Salado, desde la bahía que mira hacia el sur;
y salía al lado meridional de la subida de Acrabim, y pasaba por Zin, y subía al sur de Cades-barnea, y pasaba por Hezrón, y subía a Adar, y daba vuelta a Carcaa:
luego pasaba por Asmona, y salía al torrente de Egipto; llegando los extremos del término al Mar Grande. Éste será vuestro término meridional.
¶Y el término oriental fué el Mar Salado, hasta la desembocadura del Jordán. ¶Y del lado del norte, el término partía desde la bahía del mar, junto a la desembocadura del Jordán,
Y subía la línea a Bet-hogla, y pasaba al norte de Bet-arabá; luego subía la línea a la piedra de Bohán hijo de Rubén.
Entonces subía la línea a Debir desde el Valle de Acor, y por el norte torcía hacia Gilgal, que está delante de la subida de Adumim, que está por él lado meridional del torrente; y pasaba la línea por las aguas de En-semes; y llegaban sus extremos a En-rogel.
Luego subía la línea al Valle del hijo de Hinom, al lado meridional del Jebuseo, (el cual es Jerusalem.) Entonces subía la línea a la cumbre del monte que está delante del Valle de Hinom por el lado del oeste, que está al extremo del Valle de Refaim, por el lado del norte.
Y se trazó la línea desde la cumbre del monte a la fuente de las aguas de Neftoa, y salía a las ciudades del monte de Efrón: y la línea seguía adelante a Baalá (la cual es Kiryat-jearim.)
Entonces la línea daba la vuelta desde Baalá hacia el oeste, al monte Seir, y pasaba por el lado del monte Jearim (el cual es Kesalón), por el lado del norte, y bajaba a Bet-semes, y pasaba a Timna.
Después partía la línea por el lado de Efrón hacia el norte, y se trazaba la línea hasta Sicrón, y pasaba al monte de Baalá, y salía a Jabneel; llegando los extremos de la línea al Mar Grande.
Y el término occidental llegaba al Mar Grande con su territorio adyacente. Éste fué el término de los hijos de Judá a la redonda, conforme a sus parentelas.
¶Y a Caleb hijo de Jefone se le dió, por mandato de Jehová a Josué, como su porción en medio de los hijos de Judá, a Kiryat-arba; el cual Arba era padre de Anac; (la cual es Hebrón.)
Caleb pues arrojó de allí a los tres hijos de Anac, Sesai, Ahimán y Talmai, hijos de Anac.
Y de allí subió contra los habitantes de Debir: pero el nombre de Debir antes había sido Kiryat-séfer.
Entonces dijo Caleb: Al que hiriere a Kiryat-séfer y la tomase, le daré por mujer a mi hija Acsa.
Y la tomó Otniel hijo de Cenez, hermano de Caleb; y él le dió por mujer a su hija Acsa.
Y aconteció que como ya se iba con él, ella le incitó a que pidiese a su padre un campo; y ella misma se apeó del asno. Por lo cual le dijo Caleb: ¿Qué tienes?
Y respondió: Dame una bendición; ya que me has dado tierra de sequedal, dame también manantiales de agua. Y él le dió los manantiales de arriba, y los manantiales de abajo.
Ésta es la herencia de la tribu de los hijos de Judá, conforme a sus parentelas.
¶Y las ciudades de la totalidad de la tribu de los hijos de Judá fueron las siguientes: Hacia el territorio de Edom, por el lado del sur, Cabzeel, y Eder, y Jagur;
y Cina, y Dimona, y Adada;
y Cades, y Hazor, e Itnán;
y Zif, y Telem, y Bealot;
y Hazor-hadata, y Keriyot-hesrón (la cual es Hazor),
Amam, y Sema, y Molada,
y Hazar-gada, y Hesmón, y Bet-pelet,
y Hazar-sual, y Beer-seba, y Bizjo-teya,
Baalá, e Iyim, y Ezem,
y Eltolad, y Cesil, y Horma,
y Siclag, y Madmana, y Sansana,
y Lebaot, y Silhim, y Ayin, y Rimón: todas las ciudades, veinte y nueve, con sus aldeas.
En la Sefela: Estaol, y Zora, y Asena,
y Zanoa, y En-ganim, Tapúa y Enam,
Jarmut y Adullam, Soco y Azeca,
y Saaraim, y Aditaim, y Gedera, y Gederotaim: catorce ciudades con sus aldeas.
Zenán, y Hadasa, y Migdal-gad,
y Dilán, y Mizpa, y Jocteel,
Laquís, y Bozcat, y Eglón,
y Cabón, y Lahmam, y Kitlís,
y Gederot, Bet-dagón, y Naama, y Maceda: diez y seis ciudades con sus aldeas.
Libna, y Eter, y Asán,
y Jefté, y Asena, y Nezib,
y Ceila, y Aczib, y Maresa: nueve ciudades con sus aldeas.
Ecrón y sus villas, y sus aldeas;
desde Ecrón hasta el Mar Grande, todo lo que yace junto a Asdod con sus aldeas;
Asdod con sus villas y sus aldeas; Gaza con sus villas y sus aldeas, hasta el torrente de Egipto, y el Mar Grande con su territorio adyacente.
Y en la Serranía., Samir, y Jatir, y Soco,
y Dana, y Kiryat-sana (que es Debir),
y Anab, y Estemoa, y Anim,
y Gosén, y Holón, y Gilo: once ciudades con sus aldeas.
Arab, y Duma, y Esán,
e Ianum, y Bet-tapúa, y Afeca,
y Humata, y Kiryat-arba (que es Hebrón), y Sior: nueve ciudades con sus aldeas.
Maón, Carmelo, y Zif, y Juta,
y Jezreel, y Jocdeam, y Zanoa,
Caín, Gabaa, y Timna: diez ciudades con sus aldeas.
Halhul, Bet-sur, y Gedor,
y Meara, y Bet-anot, y Eltecón: seis ciudades con sus aldeas.
Kiryat-baal (que es Kiryat-jearim), y Rabbá; dos ciudades con sus aldeas.
En el desierto: Bet-arabá, Midín, y Secaca,
y Nibsán, y la ciudad de la Sal, y En-gadí: seis ciudades con sus aldeas.
Mas en cuanto a los Jebuseos, que habitaban en Jerusalem, no pudieron los hijos de Judá desposeerlos; sino que han habitado los Jebuseos con los hijos de Judá en Jerusalem hasta el día de hoy.
Y LA línea de la suerte de los hijos de José partía desde el Jordán, cerca de Jericó; junto a las aguas de Jericó por la parte del oriente, y pasaba al desierto que sube de Jericó por la Serranía hasta Bet-el;
y seguía adelante de Bet-el a Luz, y pasaba a lo largo del confín de los Arquitas hasta Atarot.
Luego bajaba hacia el occidente hasta el confín de los Jaflateos, hasta el confín de Bet-horón de abajo, y hasta Gezer, llegando sus extremos al Mar Grande.
Y tomaron su herencia los hijos de José, Manasés y Efraim.
¶Y este era el territorio de los hijos de Efraim por sus parentelas: La línea de su herencia por el lado del este alcanzaba desde Atarot-adar hasta Bet-horón de arriba;
y pasaba adelante la línea, hacia el oeste, a Micmetat, por el lado del norte. Luego la línea torcía hacia el este hasta Taanat-silo, y pasándola, por la parte del este, llegaba hasta Janoa.
Después bajaba de Janoa a Atarot y a Naarat, y tocaba en Jericó, y salía al Jordán.
De Tapúa pasaba la línea hacia el oeste al torrente de Caná, llegando sus extremos al Mar Grande. Ésta es la herencia de la tribu de los hijos de Efraim por sus parentelas.
Mas había ciudades por separado de los hijos de Efraim en medio de la herencia de los hijos de Manasés; cada ciudad con sus aldeas.
Empero no desposeyeron a los Cananeos que habitaban en Gezer, sino que los Cananeos han habitado en medio de Efraim hasta este día; mas fueron puestos bajo tributo servil.
LUEGO vino la suerte de la mitad de la tribu de Manasés, por ser él el primogénito de José. Respecto a Maquir primogénito de Manasés, padre de Galaad, por cuanto era varón de guerra, ya había obtenido a Galaad y el Basán.
Era pues esta suerte para los hijos restantes de Manasés, por sus parentelas: para los hijos de Abiezer, y para los hijos de Helec, y para los hijos de Asriel, y para los hijos de Siquem, y para los hijos de Hefer, y para los hijos de Semida: éstos fueron los hijos varones de la casa de Manasés hijo de José, por sus parentelas.
Mas Zelofehad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, no tuvo hijos sino hijas; y estos son los nombres de sus hijas: Mahla, Noa, Hogla, Milca, y Tirsa.
Éstas pues se presentaron delante de Eleazar el sumo sacerdote, y delante de Josué hijo de Nun, y delante de los príncipes, diciendo: Jehová mandó a Moisés que se nos diese herencia en medio de nuestros hermanos. Josué pues les dió por mandato de Jehová, herencia entre los hermanos de su padre.
Por manera que cayeron a Manasés diez porciones, además de las tierras de Galaad y de Basán, que están de la otra parte del Jordán;
porque aquellas hijas de Manasés obtuvieron herencia entre sus hijos; y la tierra de Galaad quedó para los demás hijos de Manasés.
Y el término de Manasés alcanzaba desde Aser a Micmetat, que está frente a Siquem; y seguía la línea por el lado derecho hasta los habitantes de En-tapúa.
De Manasés era la región de Tapúa, mas Tapúa misma, situada en el territorio de Manasés, era de los hijos de Efraim.
Luego bajaba la línea al torrente de Caná, al lado meridional del torrente: estas ciudades fueron de Efraim, aunque estaban en medio de las ciudades de Manasés. Y el territorio de Manasés caía al norte del torrente; y llegaban sus extremos al Mar Grande.
Por el lado del sur, era de Efraim, y por el lado del norte, de Manasés. El mar también era su término; y tocaban estas dos tribus con Aser por el norte, y con Isacar por el este.
Además Manasés tenía en Isacar y en Aser, a Bet-sean con sus aldeas, y a Ibleam con sus aldeas, y a los habitantes de Dor con sus aldeas, y a los habitantes de En-dor con sus aldeas, y a los habitantes de Taanac con sus aldeas, y a los habitantes de Meguido con sus aldeas; tres regiones altas.
Mas los hijos de Manasés no pudieron desposeer a los habitantes de aquellas ciudades: sino que convino el Cananeo en habitar con ellos en aquella tierra.
Pero sucedió que cuando ganaron fuerza los hijos de Israel, pusieron a los Cananeos bajo tributo servil; mas no los desposeyeron totalmente.
¶Los hijos de José hablaron entonces a Josué, diciendo: ¿Por qué me has dado a mí por herencia una sola suerte y una sola porción, siendo así que soy un pueblo grande, por cuanto hasta aquí me ha bendecido Jehová?
Mas Josué les contestó: Si eres un pueblo grande, sube al país del bosque, y haz desmontes para ti allá en la tierra de los Perezeos y de los Refaítas, ya que es estrecha para ti la serranía de Efraim.
Pero los hijos de José le respondieron: No basta para nosotros la serranía, y todos los Cananeos que habitan en las tierras de los valles tienen carros de hierro; tanto los de Bet-sean y sus aldeas, como los que están en el Valle de Jezreel.
Entonces habló Josué a la casa de José, a Efraim y a Manasés, diciendo: Pueblo grande eres y tienes gran poder. No has de tener una sola suerte;
porque la serranía será tuya. Aunque es bosque, tú la desmontarás, y tuya será en toda su extensión; porque desposeerás al Cananeo, aunque tenga carros de hierro y aunque sea fuerte.
ENTONCES toda la Congregación de los hijos de Israel se reunió en Silo, y establecieron allí el Tabernáculo de Reunión; puesto que la tierra estaba ya sujeta delante de ellos.
Mas aún quedaban de los hijos de Israel siete tribus a quienes no se había repartido todavía su herencia.
Dijo pues Josué a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo os mostraréis negligentes para ir a poseer la tierra que os ha dado Jehová, el Dios de vuestros padres?
Nombraos tres hombres de cada tribu, a quienes yo envíe, para que se levanten y recorran la tierra, y la delineen conforme a sus herencias respectivas, y vengan otra vez a mí.
La dividirán pues en siete partes: Judá se quedará en su territorio de la parte del sur; y la casa de José se quedará en su territorio hacia el norte;
mas vosotros delinearéis lo restante de la tierra en siete partes, y me traeréis acá el plano de ella, para que yo os eche las suertes aquí delante de Jehová nuestro Dios.
Siete partes serán; porque no ha de haber entre vosotros porción alguna para los Levitas; puesto que el sacerdocio de Jehová es la herencia de ellos. Gad también, y Rubén y la media tribu de Manasés ya han recibido su herencia de la otra parte del Jordán, hacia el oriente, la cual les dió Moisés, siervo de Jehová.
¶Aquellos hombres pues se levantaron y partieron. Y Josué mandó a los que iban a delinear la tierra, diciendo: Id y recorred la tierra, y delineadla, y volved a mí, para que aquí mismo yo os eche las suertes delante de Jehová en Silo.
Los hombres pues partieron, y recorrieron la tierra, y la delinearon en un libro, con arreglo a las ciudades, en siete partes, y volvieron otra vez a Josué, a su campamento en Silo.
Entonces Josué les echó suertes en Silo, delante de Jehová; y allí Josué dividió la tierra a los hijos de Israel, conforme a sus divisiones.
¶Y sacóse primero la suerte de la tribu de los hijos de Benjamín, por sus parentelas: y salió el territorio de su suerte entre los hijos de Judá y los hijos de José.
Y por el lado del norte su línea partía desde el Jordán; pues subía la línea por el costado septentrional de Jericó; luego subía por la Serranía hacia el oeste, y llegaban sus extremos al desierto de Bet-aven.
Y de allí la línea pasaba a Luz, por el costado meridional de Luz (que es Bet-el); luego descendía la línea a Atarot-adar, situada sobre el monte que está al sur de Bet-horón de abajo.
Y trazóse la línea de allí, dando una vuelta hacia el oeste, al sur del monte que está delante de Bet-horón, por la parte del sur; y llegaban sus extremos a Kiryat-baal (la cual es Kiryat-jearim), ciudad de los hijos de Judá. Éste era el costado occidental.
Y el costado meridional comenzaba desde el extremo de Kiryat-jearim; y partiendo la línea hacia el oeste, seguía hasta la fuente de las aguas de Neftoa.
Luego descendía la línea al extremo del monte que está enfrente del Valle del hijo de Hinom, que cae al norte en el Valle de Refaim. En seguida bajaba al Valle de Hinom, al costado meridional de los Jebuseos, y descendía a En-rogel.
Luego se trazó hacia el norte, y seguía a En-semes; luego seguía a Gelilot, que está frente a la subida de Adumim, y descendía a la piedra de Bohán hijo de Rubén,
y pasaba adelante por el costado septentrional, al frente del Arabá; luego bajaba al Arabá.
Y pasaba adelante la línea al costado septentrional de Bet-hogla, y llegaban los extremos de la línea a la bahía septentrional del Mar Salado, al extremo meridional del Jordán. Éste era el término del sur.
Y el Jordán servía de término por el costado oriental. Ésta es la posesión de los hijos de Benjamín, por sus términos a la redonda, según sus parentelas.
¶Y eran las ciudades de la tribu de los hijos de Benjamín, conforme a sus parentelas: Jericó, y Bet-hogla, y el Valle de Casís,
y Bet-arabá, y Zemaraim, y Bet-el,
y Avim, y Pará, y Ofra,
y Kefar-haammoni y Ofni, y Geba: doce ciudades con sus aldeas:
Gabaón, y Ramá, y Beerot,
y Mizpa, Cefira, y Moza,
y Requem, e Irpeel, y Taralá,
y Zela, Elef, y Jebús (la cual es Jerusalem), Gibeat, Y Kiryat: catorce ciudades con sus aldeas. Ésta es la herencia de los hijos de Benjamín, por sus parentelas.
Y SALIÓ la suerte segunda por Simeón, por la tribu de los hijos de Simeón, conforme a sus parentelas: y estaba su herencia en medio de la herencia de los hijos de Judá.
Obtuvieron pues por su herencia a Beer-seba, o Seba, y Molanda,
y la Villa de Sual, y Bala, y Ezem,
y Eltolad, y Betul, y Horma,
y Siclag, y Bet-marcabot, y la Villa de Susa,
y Bet-lebaot, y Saruhén: trece ciudades con sus aldeas:
Ayin, Rimón, y Eter, y Asán: cuatro ciudades con sus aldeas;
y todas las aldeas que estaban a la redonda de estas ciudades, hasta Balaat-beer, que es Ramá-del-Sur. Ésta es la herencia de la tribu de los hijos de Simeón, por sus parentelas.
De entre la porción de los hijos de Judá fué tomada la herencia de los hijos de Simeón; porque la porción de los hijos de Judá era demasiado grande para ellos; por tanto obtuvieron herencia los hijos de Simeón en medio de la herencia de ellos.
¶Y sacóse la suerte tercera para los hijos de Zabulón por sus parentelas, y la línea de su herencia alcanzaba hasta Sarid;
luego subía su línea hacia el oeste, a Maralá, y tocaba en Dabéset; tocaba también en el torrente que pasa en frente de Jocneam:
luego, dando la vuelta por Sarid al este, hacia donde nace el sol, hasta el confín de Kislot-tabor, salía a Deberat, y subía a Jafía.
Luego de allí pasaba adelante hacia el oriente a Gat-hefer, y a Et-cazín; y salía a Rimón, la cual se extiende a Nea;
a la que daba vuelta la línea, por la parte del norte, siguiendo hasta Hanatón: y alcanzaba sus extremos al Valle de Jefté-el:
incluyendo también a Catat, y a Nahalal, y a Simrón, y a Idala, y a Betlehem: doce ciudades con sus aldeas.
Ésta es la herencia de los hijos de Zabulón, conforme a sus parentelas; estas ciudades con sus aldeas.
¶La cuarta suerte salió por Isacar, por los hijos de Isacar conforme a sus parentelas.
Y era este su territorio: Jezreel, y Kesulot, y Sunem,
y Hafaraim, y Shión, y Anaharat,
Rabit, y Cisión, y Ebez,
y Remet, y En-ganin, y En-hada, y Bet-pazez;
y tocando la línea en Tabor y Sahazima y Bet-semes, los extremos de su territorio alcanzaban al Jordán: diez y seis ciudades con sus aldeas.
Ésta es la herencia de la tribu de los hijos de Isacar, conforme a sus parentelas; las ciudades con sus aldeas.
¶Y salió la quinta suerte por la tribu de los hijos de Aser, conforme a sus parentelas.
Y era este su territorio: Helcat, y Halí, y Betén, y Acsaf,
y Alamelec, y Amad, y Misal; y tocando la línea en el Carmelo, junto al Mar Grande, y en Sihor-libnat,
y torciendo hacia donde nace el sol hasta Bet-dagón, tocaba en Zabulón, y en el Valle de Jefté-el, por la parte del norte, y en Bet-emec, y Neiel; y salía a Cabul, a la mano izquierda,
y a Hebrón, y a Rehob, y a Hamón, y a Caná, hasta llegar a la gran Sidón.
Y la línea torcía hacia Ramá, y hacia la plaza fuerte de Tiro: luego la línea torcía hacia Hosa; y alcanzaban sus extremos al Mar Grande, en el distrito de Aczib;
y Uma y Afec y Rehob: veinte y dos ciudades con sus aldeas.
Ésta es la herencia de la tribu de los hijos de Aser, conforme a sus parentelas; estas ciudades con sus aldeas.
¶Por los hijos de Neftalí salió la sexta suerte; por los hijos de Neftalí conforme a sus parentelas.
Y era su territorio desde Helef, desde el encinal de Zaananim, y Adami-neceb, y Jabneel, hasta Lacum, y llegaban sus extremos al Jordán.
Luego torcía la línea hacia el oeste hasta Aznot-tabor, y pasando adelante de allí a Hucoca, tocaba en Zabulón, por el lado del sur, y tocaba en Aser por el lado del oeste, y en Judá del Jordán, de la parte donde nace el sol.
Y las ciudades fortificadas eran Sidim, Ser, y Hamat, Racat, y Cineret,
y Adama, y Ramá, y Hazor,
y Cades, y Edrei, y En-hazor,
y Jirón, y Migdal-el, y Horem, y Betanat, y Bet-semes: diez y nueve ciudades con sus aldeas.
Ésta es la herencia de la tribu de los hijos de Neftalí, conforme a sus parentelas; las ciudades con sus aldeas.
¶Por la tribu de los hijos de Dan, conforme a sus parentelas, salió la séptima suerte.
Y era este el territorio de su herencia: Zora, y Estaol, Ir-semes,
y Saalabin, y Ayalón, e Itla,
Elón, y Timna, y Ecrón,
y Elteque, y Gibetón, y Baalat,
y Jehud, y Bené-berac, y Gat-rimón,
y Me-jarcón, y Racón, con el territorio de enfrente de Joppe.
Mas el territorio de los hijos de Dan salió más allá de éstas; porque subieron los hijos de Dan, y pelearon contra Lesem, y la tomaron, y la hirieron a filo de espada, y la tomaron en posesión, y habitaron allí; y llamaron a Lesem, Dan, según el nombre de Dan su padre.
Ésta es la herencia de la tribu de los hijos de Dan, conforme a sus parentelas; estas ciudades con sus aldeas.
¶Y cuando hubieron acabado de repartir la tierra en herencias, por sus términos, los hijos de Israel dieron herencia a Josué hijo de Nun, en medio de ellos:
por mandato de Jehová le dieron la ciudad que él había solicitado, a saber, Timnat-sera, en la serranía de Efraim; y él reedificó la ciudad, y habitó allí.
Éstas son pues las herencias que Eleazar el sumo sacerdote, y Josué hijo de Nun, y las cabezas de las casas paternas de las tribus de los hijos de Israel repartieron en herencia por sorteo, en Silo, delante de Jehová, a la entrada del Tabernáculo de Reunión. Así pues acabaron de repartir la tierra.
Y JEHOVÁ habló a Josué, diciendo:
Habla a los hijos de Israel, diciendo: Señalad para vosotros las ciudades de refugio, de que os hablé por conducto de Moisés;
para que huya allá el homicida que quitare la vida por yerro, y no a sabiendas; y ellas os servirán de refugio contra el vengador de la sangre.
El tal pues huirá a cualquiera de estas ciudades, y se presentará a la entrada de la puerta de la ciudad, y declarará en oídos de los ancianos de aquella ciudad su causa; y ellos le acogerán a sí dentro de la ciudad, y le darán lugar para que habite en medio de ellos.
Y cuando siguiere el vengador de la sangre tras él, no han de entregar al homicida en su mano; porque no a sabiendas mató a su prójimo, y no le odiaba antes.
Y habitará en aquella ciudad hasta que compareciere en juicio delante de la Congregación, y hasta la muerte del sumo sacerdote que hubiere en aquellos días. Entonces podrá el homicida volver otra vez a su ciudad, y a su casa; a la ciudad de donde huyó.
¶Apartaron pues a Cades en Galilea, en la serranía de Neftalí; y a Siquem en la serranía de Efraim; y a Kiryat-arba (la cual es Hebrón), en la serranía de Judá.
Y de la otra parte del Jordán, al oriente de Jericó, señalaron a Bezer en el desierto, en la Mesa, de la tribu de Rubén; y a Ramot en Galaad, de la tribu de Gad; y a Golán en el Basán, de la tribu de Manasés.
Éstas fueron las ciudades señaladas para todos los hijos de Israel, y para el extranjero que habita en medio de ellos, para que huyera allá todo aquel que quitare la vida por yerro; a fin de que no muriera por mano del vengador de la sangre, sin que compareciese en juicio delante de la Congregación.
Y LAS cabezas de las casas paternas de los Levitas se acercaron a Eleazar, sumo sacerdote, y a Josué hijo de Nun, y a las cabezas de las casas paternas de las tribus de los hijos de Israel,
y hablaron con ellos en Silo, en la tierra de Canaán, diciendo: Jehová mandó por conducto de Moisés, que se nos diesen a nosotros ciudades donde habitásemos, con sus ejidos para nuestras bestias.
Entonces los hijos de Israel, de sus propias herencias, dieron a los Levitas, por mandato de Jehová, las siguientes ciudades con sus ejidos:
Salió pues la suerte primera por las parentelas de los Coatitas: y los hijos de Aarón el sacerdote (que eran de los Levitas), obtuvieron por suerte, de parte de la tribu de Judá, y de la tribu de Simeón, y de la tribu de Benjamín, trece ciudades.
Y los restantes de los hijos de Coat obtuvieron por suerte de parte de las parentelas de la tribu de Efraim, y de la tribu de Dan, y de la mitad de la tribu de Manasés, diez ciudades.
Y los hijos de Gersón obtuvieron por suerte de parte de las parentelas de la tribu de Isacar, y de la tribu de Aser, y de la tribu de Neftalí, y de la otra mitad de la tribu de Manasés, en el Basán, trece ciudades.
Los hijos de Merari, según sus parentelas obtuvieron de parte de la tribu de Rubén, y de la tribu de Gad, y de la tribu de Zabulón, doce ciudades.
Los hijos de Israel pues dieron a los Levitas estas ciudades con sus ejidos, por suerte, como había mandado Jehová por conducto de Moisés.
¶De la tribu de los hijos de Judá y de la tribu de los hijos de Simeón, les dieron pues estas ciudades que van expresadas por nombre;
las cuales obtuvieron los hijos de Aarón (que eran de las familias de los Coatitas, los cuales eran de los hijos de Leví); porque de ellos era la primera suerte.
Les dieron pues a Kiryat-arba, (el cual Arba era padre de los Anaceos), la cual es Hebrón, situada en la serranía de Judá; juntamente con sus ejidos en derredor de ella.
Mas los campos de la ciudad, con sus aldeas, los dieron a Caleb, hijo de Jefone, para herencia suya.
Por manera que dieron a los hijos de Aarón el sacerdote las siguientes: Hebrón con sus ejidos, ciudad de refugio para los homicidas, y Libna con sus ejidos,
y Jatir con sus ejidos, y Estemoa con sus ejidos,
y Holón con sus ejidos, y Debir con sus ejidos,
y Ayin con sus ejidos, y Juta con sus ejidos, y Bet-semes con sus ejidos: nueve ciudades de entre aquellas dos tribus.
Y de la tribu de Benjamín, a Gabaón con sus ejidos, y Geba con sus ejidos,
y Anatot con sus ejidos, y Almón con sus ejidos: cuatro ciudades.
Todas las ciudades de los hijos de Aarón, los sacerdotes, eran trece ciudades con sus ejidos.
¶Mas en cuanto a las demás parentelas de los hijos de Coat, los Levitas que sobraron de los hijos de Coat, ellos obtuvieron por suerte ciudades de parte de la tribu de Efraim.
Porque les dieron a Siquem, ciudad de refugio para los homicidas, con sus ejidos, en la serranía de Efraim, y Gezer con sus ejidos,
y Kibzaim con sus ejidos, y Bethorón con sus ejidos: cuatro ciudades.
Y de parte de la tribu de Dan, a Elteque con sus ejidos, Gibetón con sus ejidos,
Ayalón con sus ejidos, Gat-rimón con sus ejidos: cuatro ciudades.
Y de parte de la media tribu de Manasés, Taanac con sus ejidos, y Gat-rimón con sus ejidos: dos ciudades.
Todas las ciudades diez, con sus ejidos, para las parentelas restantes de los hijos de Coat.
¶Y a los hijos de Gersón (que eran de las familias de los Levitas), les dieron de la otra media tribu de Manasés, a Golán, ciudad de refugio para los homicidas, en el Basán, con sus ejidos, y Beestera con sus ejidos: dos ciudades.
Y de la tribu de Isacar, Cesión con sus ejidos, y Daberat con sus ejidos,
Jarmut con sus ejidos, En-ganín con sus ejidos: cuatro ciudades.
Y de la tribu de Aser, Misal con sus ejidos, Abdón con sus ejidos,
Helcat con sus ejidos, y Rehob con sus ejidos: cuatro ciudades.
Y de la tribu de Neftalí, Cades en Galilea, ciudad de refugio para los homicidas, con sus ejidos, y Hamot-dor con sus ejidos, y a Cartán con sus ejidos: tres ciudades.
Todas las ciudades de los Gersonitas, según las parentelas de ellos, fueron trece ciudades con sus ejidos.
¶Y a las parentelas de los hijos de Merari, los restantes de los Levitas, les dieron de la tribu de Zabulón, Jocneam con sus ejidos, y Carta con sus ejidos,
Dimna con sus ejidos, Nahalal con sus ejidos: cuatro ciudades.
(Y de la tribu de Rubén, Bezer con sus ejidos, y Jahaz con sus ejidos,
Quedemot con sus ejidos, y Mefaat con sus ejidos: cuatro ciudades.)
De la tribu de Gad, la ciudad de refugio para los homicidas, Ramot en Galaad con sus ejidos, y Mahanaim con sus ejidos,
Hesbón con sus ejidos, y Jazer con sus ejidos: todas las ciudades fueron cuatro.
Todas estas ciudades fueron de los hijos de Merari, según sus parentelas, las restantes de las parentelas de los Levitas; y fué su suerte doce ciudades.
Todas las ciudades de los Levitas, de en medio de la posesión de los demás hijos de Israel, fueron cuarenta y ocho ciudades con sus ejidos.
Y estas ciudades tenían cada una sus ejidos en derredor: así fué con todas estas ciudades.
¶De esta suerte Jehová dió a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres; y ellos tomaron posesión de ella, y habitaron en ella.
Y Jehová les dió descanso en derredor, conforme a todo lo que había prometido con juramento a sus padres; pues no pudo parar delante de ellos ninguno de todos sus enemigos; Jehová entregó en mano de ellos a todos sus enemigos.
No faltó ni una palabra siquiera de toda aquella buena promesa que había hecho Jehová a la casa de Israel; todo sucedió.
ENTONCES llamó Josué a los Rubenitas y a los Gaditas y a la media tribu de Manasés,
y les dijo: Vosotros habéis guardado todo lo que os mandó Moisés, el siervo de Jehová; asimismo habéis obedecido mi voz en todo lo que os he mandado yo.
No habéis dejado a vuestros hermanos en estos muchos días hasta hoy, sino que habéis guardado escrupulosamente el mandamiento de Jehová vuestro Dios.
Ahora pues, ya que Jehová vuestro Dios ha dado descanso a vuestros hermanos, como les prometió, volveos, e id a vuestras moradas, a la tierra de vuestra posesión, que os dió Moisés, siervo de Jehová, de la otra parte del Jordán.
Solamente os encargo que os guardéis mucho a fin de cumplir el mandamiento y la ley que os ordenó Moisés, siervo de Jehová; amando a Jehová vuestro Dios, y andando en todos sus caminos, y guardando sus mandamientos, y adhiriéndoos a él, y sirviéndole de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma.
Entonces los bendijo Josué, y los despidió, y ellos se fueron a sus moradas.
¶A una mitad de la tribu de Manasés le había dado Moisés herencia en Basán; mas a la otra mitad se la dió Josué con sus hermanos de esta parte del Jordán, hacia el occidente. Y también cuando Josué envió a aquellos a sus moradas, los bendijo,
y les habló, diciendo: Volveos con grandes caudales a vuestras moradas, y con muchísimo ganado; con plata, y con oro, y con bronce, y con hierro, y con muchísima ropa: repartid pues con vuestros hermanos los despojos de vuestros enemigos.
Entonces los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés se volvieron, separándose de los hijos de Israel desde Silo, que está en la tierra de Canaán, para irse a la tierra de Galaad, la tierra de su posesión, de la cual ya habían tomado posesión, por mandato de Jehová por conducto de Moisés.
¶Mas cuando hubieron llegado a las cercanías del Jordán que estaban en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés edificaron allí un altar, junto al Jordán, altar de aspecto imponente.
Y los hijos de Israel oyeron decir: He aquí que los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés han edificado un altar en la frontera de la tierra de Canaán, en las cercanías del Jordán, de la banda que es de los hijos de Israel.
Y cuando lo oyeron los hijos de Israel, toda la Congregación de los hijos de Israel reunióse en Silo, para subir contra ellos en guerra.
Mas los hijos de Israel enviaron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés en la tierra de Galaad, a Finees hijo del sumo sacerdote Eleazar;
y con él diez príncipes, habiendo un príncipe de casa paterna por cada una de las tribus de Israel; y eran todos ellos cabezas de las casas paternas de su tribu, entre los millares de Israel.
Los cuales fueron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, en la tierra de Galaad, y hablaron con ellos, diciendo:
Así dice toda la Congregación de Jehová: ¿Qué traición es esta que habéis cometido contra el Dios de Israel, para apartaros el día de hoy de en pos de Jehová, edificándoos altar, para rebelaros hoy contra Jehová?
¿Acaso nos ha sido pequeña en demasía la iniquidad de Baal-peor de la cual no nos hemos purificado hasta el día de hoy, aunque hubo estrago en la Congregación de Jehová,
para que vosotros también os volváis hoy de en pos de Jehová? Y así, rebelándoos vosotros hoy contra Jehová, va a suceder que mañana él estallará en ira contra toda la Congregación de Israel.
En hora buena pues, si es inmunda la tierra de vuestra posesión, pasaos a la tierra de la posesión de Jehová, donde está de asiento el Tabernáculo de Jehová, y tomad posesión en medio de nosotros; mas no os rebeléis contra Jehová, ni os rebeléis contra nosotros, edificándoos otro altar, además del altar de Jehová nuestro Dios.
¿No cometió Acán hijo de Zara prevaricación en el anatema, y sobre toda la Congregación de Israel hubo explosión de ira? y aquel hombre no pereció solo en su iniquidad.
¶Entonces respondieron los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés, y hablaron así con las cabezas de los millares de Israel:
El Dios de dioses, Jehová, el Dios de dioses, Jehová, él sabe, e Israel, él también sabrá: si ha sido con rebelión, o si con traición contra Jehová (no nos perdonéis hoy),
que nos pusimos a edificar altar, para apartarnos de en pos de Jehová; o si ha sido para ofrecer sobre él holocaustos u ofrendas vegetales, o si para ofrecer sobre él sacrificios pacíficos, Jehová mismo nos pida cuenta de ello:
y si al contrario no fué por recelo de aquello mismo, que hicimos esto, diciendo: Tal vez el día de mañana vuestros hijos hablarán a nuestros hijos, diciendo : ¿Qué tenéis vosotros que ver con Jehová, el Dios de Israel?
porque Jehová mismo ha puesto el Jordán como línea divisoria entre nosotros y vosotros, oh hijos de Rubén e hijos de Gad; vosotros no tenéis parte alguna en Jehová: y así vuestros hijos podrían hacer que nuestros hijos dejasen de temer a Jehová.
Por lo cual dijimos: Obremos, si os parece, en defensa propia, edificando un altar, no para holocaustos, ni para sacrificios,
sino en testimonio entre nosotros y vosotros, y entre nuestros descendientes después de nosotros, para que podamos practicar el culto de Jehová delante de él, con nuestros holocaustos, y con nuestros sacrificios, y con nuestras ofrendas pacíficas; y así no podrán decir vuestros hijos el día de mañana a nuestros hijos: No tenéis parte en Jehová.
Por tanto dijimos: Sea pues así que cuando el día de mañana dijeren esto a nosotros, o a nuestros descendientes, podamos contestar: Pues ved la copia del altar de Jehová que hicieron nuestros padres, no para holocaustos, ni para sacrificios, sino en testimonio entre nosotros y vosotros.
¡Nunca permita Dios que nos rebelemos contra Jehová, ni que nos apartemos hoy de en pos de Jehová, edificando altar para holocaustos, para ofrendas vegetales, ni para sacrificios, además del altar de Jehová nuestro Dios que está delante de su Tabernáculo!
¶Y cuando el sacerdote Finees, y los príncipes de la Congregación, es a saber, las cabezas de los millares de Israel que estaban con él, oyeron las razones que decían los hijos de Rubén y los hijos de Gad y los hijos de Manasés, se dieron por satisfechos;
y Finees hijo del sumo sacerdote Eleazar dijo a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a los hijos de Manasés: Hoy sabemos que Jehová está en medio de nosotros, puesto que no habéis cometido tal traición contra Jehová. Ahora pues habéis librado a los hijos de Israel de mano de Jehová.
¶Entonces Finees, hijo del sacerdote Eleazar, y los príncipes se volvieron de los hijos de Rubén y los hijos de Gad, desde la tierra de Galaad a la tierra de Canaán, a los hijos de Israel, y les trajeron respuesta.
Y los hijos de Israel se dieron por satisfechos; y bendijeron a Dios los hijos de Israel, y no trataron más de subir contra ellos en guerra, para asolar la tierra en donde habitaban los hijos de Rubén y los hijos de Gad.
Y los hijos de Rubén y los hijos de Gad llamaron aquel altar Ed, diciendo: Porque testimonio es entre nosotros de que Jehová solo es Dios.
Y ACONTECIÓ después de muchos días, cuando Jehová había dado a Israel descanso de todos sus enemigos al rededor, y Josué era ya viejo, avanzado en días,
que llamó Josué a todo Israel, es decir, a sus ancianos, y a sus jefes, y a sus jueces, y a sus magistrados, y les dijo: Yo ya soy viejo, avanzado en días:
y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho a todas estas naciones por vuestra causa; porque Jehová vuestro Dios es el que ha peleado por vosotros.
He aquí que os he repartido por suerte las que quedan de estas naciones, por herencia a vuestras tribus, desde el Jordán (inclusas todas las naciones que yo he destruído) hasta el Mar Grande, donde se pone el sol.
Y Jehová vuestro Dios, él mismo las arrojará de delante de vosotros, y las desposeerá delante de vuestra vista, y vosotros poseeréis la tierra de ellas, según os lo tiene prometido Jehová vuestro Dios.
Esforzaos pues mucho para guardar y cumplir todo lo escrito en el Libro de la Ley de Moisés, sin desviaros de ello ni a la derecha ni a la izquierda;
para que nada tengáis que hacer con estas naciones que quedan entre vosotros; ni tampoco hagáis mención del nombre de sus dioses, ni juréis por ellos, ni les sirváis, ni os postréis ante ellos;
sino que a Jehová vuestro Dios os adheriréis, como habéis hecho hasta este día.
Porque Jehová ha desposeído delante de vosotros a naciones grandes y fuertes; mas en cuanto a vosotros, ninguno ha podido mantenerse en pie delante de vosotros hasta el día de hoy.
Uno solo de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es el que pelea por vosotros, según os prometió.
Guardad pues escrupulosamente vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios.
Porque si de cualquiera manera os apartareis, y os adhiriereis al resto de estas naciones, que quedan entre vosotros, y contrajereis matrimonios con ellas, y os llegareis a ellas y ellas a vosotros,
sabed certísimamente que Jehová vuestro Dios no volverá más a desposeer estas naciones delante de vosotros; sino que ellas os serán como lazos y trampas, como azotes en vuestros costados y espinas en vuestros ojos, hasta que perezcáis de sobre esta buena tierra que os ha dado Jehová vuestro Dios.
¶Y he aquí que este día yo sigo el camino de toda la tierra: sabed pues con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que ni una sola ha faltado de todas las cosas buenas que Jehová vuestro Dios ha hablado acerca de vosotros; todas se os han verificado: no ha faltado de ellas ni siquiera una.
Por tanto sucederá que, conforme os han sobrevenido todas las cosas buenas que ha hablado Jehová vuestro Dios respecto de vosotros, así también Jehová vuestro Dios traerá sobre vosotros todas las cosas malas, hasta que os destruya de sobre esta buena tierra que os ha dado Jehová vuestro Dios.
Cuando hubiereis traspasado el pacto de Jehová vuestro Dios, que él os ha prescrito, y hubiereis ido y servido a otros dioses, y os hubiereis postrado ante ellos, entonces se encenderá la ira de Jehová contra vosotros, y pereceréis en breve de sobre esta buena tierra que él os ha dado.
Y JOSUÉ congregó todas las tribus de Israel en Siquem; pues que llamó a los ancianos de Israel y a sus jefes, y a sus jueces, y a sus magistrados, los cuales se presentaron delante de Dios.
Entonces dijo Josué a todo el pueblo: Así dice Jehová, el Dios de Israel: En los tiempos antiguos, vuestros padres habitaban al otro lado del río Eufrates, es a saber, Taré, padre de Abraham y padre de Nacor; y servían a otros dioses.
Pero yo tomé a vuestro padre Abraham de más allá del río, y le hice andar por toda la tierra de Canaán; y aumenté su simiente, y le dí a Isaac.
Y a Isaac le dí a Jacob y a Esaú. Y a Esaú le dí la serranía de Seir para que la heredase; mas Jacob y sus hijos bajaron a Egipto.
Y envié a Moisés y a Aarón, y herí a Egipto con plagas, conforme a lo que hice en medio de él, y después de esto os saqué de allí.
Saqué pues a vuestros padres de Egipto, y llegasteis al mar; y siguieron los Egipcios al alcance de vuestros padres, con carros y con gente de a caballo, hasta el Mar Rojo.
Mas los hijos de Israel clamaron a Jehová; el cual puso tinieblas entre vosotros y los Egipcios, y trajo sobre ellos el mar, que los cubrió: y vieron vuestros ojos lo que hice en Egipto. Y habitasteis en el desierto muchos días.
Después os traje a la tierra de los Amorreos que habitaban al otro lado del Jordán, y ellos pelearon contra vosotros. Y los entregué en vuestra mano, y tomasteis posesión de su tierra: así los destruí de delante de vosotros.
Entonces se levantó Balac hijo de Zipor, rey de Moab, y peleó contra Israel; y envió y llamó a Balaam, hijo de Beor, para que os maldijese.
Mas yo no quise escuchar a Balaam; por manera que él mismo hubo de bendeciros repetidamente; y así os libré de su mano.
Luego pasasteis el Jordán, y llegasteis a Jericó: y pelearon contra vosotros los vecinos de Jericó; los Amorreos también, y los Perezeos, y los Cananeos, y los Heteos, y los Gergeseos, los Heveos y los Jebuseos; mas yo los entregué en vuestra mano.
Envié también delante de vosotros el avispón, que los arrojó de delante de vosotros, es a saber, a los dos reyes de los Amorreos; mas no con tu espada, ni con tu arco.
De esta suerte os dí tierras que no trabajasteis en desmontarlas, y ciudades que no edificasteis, y vosotros habitáis en ellas; de viñas también y de olivares que no plantasteis, estáis comiendo.
Ahora pues temed a Jehová, y servidle a él con sinceridad y en verdad; y desechad a los dioses que sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto, y servid a Jehová.
Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién debáis servir, si a los dioses que sirvieron vuestros padres que habitaban más allá del río, o a los dioses de los Amorreos en cuya tierra habitáis: que en cuanto a mí y a mi casa, nosotros serviremos a Jehová.
Entonces respondió el pueblo y dijo: ¡Nunca permita Dios que dejemos a Jehová para servir a otros dioses!
porque Jehová nuestro Dios es el que nos hizo subir a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, y que hizo delante de nuestra vista aquellas grandes señales, y nos ha guardado en todo el camino por donde hemos andado, y en medio de todos los pueblos por entre los cuales hemos pasado:
también ha arrojado Jehová a todos aquellos pueblos (es decir, a los Amorreos que habitaban en esta tierra) de delante de nosotros. Por tanto nosotros también serviremos a Jehová; porque él es nuestro Dios.
Mas Josué respondió al pueblo: No podréis servir a Jehová; porque es Dios santo; Dios celoso es; no sufrirá vuestras transgresiones y vuestros pecados.
Cuando hubiereis dejado a Jehová y servido a dioses extraños, él se volverá y os hará mal, y acabará con vosotros, después de haberos hecho bien.
El pueblo empero contestó a Josué : No, sino que a Jehová serviremos.
Dijo entonces Josué al pueblo: ¿Testigos sois contra vosotros mismos de que os habéis escogido a Jehová para servirle? Y ellos respondieron: Testigos somos.
Ahora por tanto, dijo Josué, desechad los dioses extraños que están en medio de vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová, el Dios de Israel.
Y dijo el pueblo a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y escucharemos su voz.
Josué por tanto celebró un pacto con el pueblo en aquel día, y le impuso estatutos y leyes en Siquem.
Y escribió Josué estas cosas en el Libro de la Ley de Dios; y tomó una gran piedra, y levantóla allí debajo de la encina que estaba en el recinto del Santuario de Jehová.
Entonces dijo Josué a todo el pueblo: He aquí que esta piedra estará entre nosotros por testigo, porque ella ha oído todas las palabras que Jehová os ha hablado; quede pues aquí por testigo contra vosotros, no sea que reneguéis de vuestro Dios.
Luego envió Josué al pueblo cada uno a su herencia.
¶Y aconteció después de estas cosas que murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, de edad de ciento y diez años.
Y le enterraron en el recinto de su propia herencia, en Timnat-sera, que está en la serranía en Efraim, al norte del monte Gaás.
E Israel sirvió a Jehová todos los días de Josué, y todos los días de los ancianos que sobrevivieron a Josué, y que conocieron todas las obras que Jehová había hecho para con Israel.
¶Y los huesos de José, que los hijos de Israel habían traído de Egipto, los enterraron en Siquem, en la porción del campo que Jacob compró de los hijos de Hamor, padre de Siquem, en cien kesitas, y así quedaron en posesión de los hijos de José.
Eleazar también, hijo de Aarón, murió; y le enterraron en el collado de Finees su hijo, que le fué dado en la serranía de Efraim.
Y ACONTECIÓ después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel preguntaron a Jehová, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá el primero contra el Cananeo, para hacerle guerra?
Y respondió Jehová: Judá subirá; he aquí que yo he entregado la tierra en su mano.
Entonces dijo Judá a Simeón su hermano: Sube conmigo a la tierra de mi herencia, para que peleemos contra el Cananeo, y yo también iré contigo a la tierra de tu herencia. Y fué con él Simeón.
Subió pues Judá, y Jehová entregó al Cananeo y al Perezeo en mano de ellos; e hirieron de ellos en Bezec diez mil hombres.
Y encontraron en Bezec a Adoni-bezec, y pelearon contra él; e hirieron al Cananeo y al Perezeo.
Mas huyó Adoni-bezec; y siguiendo en su alcance le prendieron; y le cortaron los dedos pulgares de las manos y de los pies.
Entonces dijo Adoni-bezec: Setenta reyes, que tenían cortados los dedos pulgares de las manos y de los pies, han recogido las migajas debajo de mi mesa: según yo he hecho asimismo me ha recompensado Dios. Y le llevaron a Jerusalem, donde murió.
Pues habían ya peleado los hijos de Judá contra Jerusalem y la habían tomado: y la hirieron a filo de espada, y pusieron fuego a la ciudad.
¶Después de esto, los hijos de Judá descendieron de allí a pelear contra el Cananeo que habitaba en la Serranía, y en el Mediodía, y en la Sefela.
Judá marchó también contra el Cananeo que habitaba en Hebrón, (el nombre de Hebrón antes había sido Kiryat-arba), e hirió a Sesai, y a Ahimán, y a Talmai.
De allí marchó contra los habitantes de Debir; (mas el nombre de Debir antes había sido Kiryat-sefer.)
Entonces dijo Caleb: Al que hiriere a Kiryat-sefer y la tomare, le daré a Acsa mi hija por mujer.
Y la tomó Otniel hijo de Cenez, hermano menor de Caleb; y éste le dió a Acsa su hija por mujer.
Y aconteció que como ya se iba con él, ella le incitó a que pidiese a su padre un campo; y ella misma se apeó de su asno. Y le dijo Caleb: ¿Qué tienes?
Y le respondió: Dame una bendición; ya que me has dado tierra de sequedal, dame también manantiales de aguas. Y Caleb le dió los manantiales de arriba y los manantiales de abajo.
¶Entonces los hijos del Cineo, suegro de Moisés, subieron juntamente con los hijos de Judá, desde la Ciudad de las Palmas al desierto de Judá, que está al sur de Arad; y así fueron y habitaron con el pueblo de Israel.
¶Judá también fué con Simeón su hermano, e hirieron al Cananeo que habitaba en Sefat, a la que destruyeron completamente; y fué llamada aquella ciudad Horma.
Judá tomó también a Gaza con su territorio, y a Ascalón con su territorio, y a Ecrón con su territorio.
Y era Jehová con Judá, de modo que se posesionó de la serranía: mas no tuvo ánimo para desposeer a los habitantes de los valles, porque tenían carros de hierro.
¶Y le dieron a Caleb la ciudad de Hebrón, como le había prometido Moisés; y él expulsó de allí a los tres hijos de Anac.
¶Mas a los Jebuseos que habitaban en Jerusalem no los desposeyeron los hijos de Benjamín, sino que habitan los Jebuseos con los hijos de Benjamín en Jerusalem hasta el día de hoy.
¶Y en cuanto a los de la casa de José, ellos también subieron contra Bet-el, y era Jehová con ellos.
Y envió la casa de José hombres para reconocer a Bet-el; (pero el nombre de la ciudad antes había sido Luz.)
Y los sitiadores vieron a un hombre que salía de la ciudad, y le dijeron: Muéstranos, te rogamos, por donde entrar en la ciudad, y usaremos de misericordia contigo.
Con lo cual él les mostró por donde entrar en la ciudad: e hirieron la ciudad a filo de espada; mas a aquel hombre con toda su familia le dejaron ir.
Y el hombre fué a tierra de los Heteos, donde edificó una ciudad, y llamóla Luz; el cual es su nombre hasta el día de hoy.
¶Asimismo Manasés no desposeyó a los habitantes de Bet-sean y sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los habitantes de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los habitantes de Meguido y sus aldeas; sino que el Cananeo convino en habitar con ellos en aquella tierra.
Pero sucedió que cuando Israel se hizo fuerte, puso al Cananeo bajo tributo servil; mas no le desposeyó del todo.
Ni Efraim tampoco desposeyó al Cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el Cananeo en medio de ellos en Gezer.
Zabulón no desposeyó a los habitantes de Kitrón, ni a los habitantes de Nahalol; sino que el Cananeo habitó en medio de ellos, y vino a ser tributario.
Aser no desposeyó a los habitantes de Acco, ni a los habitantes de Sidón, ni de Ahlab, ni de Aczib, ni de Helba, ni de Afec, ni de Rehob;
sino que habitaron los hijos de Aser en medio de los Cananeos, habitantes de aquella tierra; porque no los desposeyeron.
Neftalí no desposeyó a los habitantes de Bet-semes, ni a los habitantes de Bet-anat; sino que habitó en medio de los Cananeos, habitantes de aquella tierra: pero los habitantes de Bet-semes y de Bet-anat vinieron a ser tributarios de él.
Y los Amorreos estrecharon a los hijos de Dan entre las montañas, pues que no les permitían bajar a los valles.
Mas convino el Amorreo en habitar con ellos en el monte de Heres, en Ayalón, y en Saalbim, y cuando cobró fuerza la mano de la casa de José, los Amorreos vinieron a ser tributarios.
Y el territorio del Amorreo se extendía desde la subida de Acrabim, desde Petra, para arriba.
EL Ángel de Jehová subió entonces de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os hice subir de Egipto, y os traje a la tierra que tenía jurada a vuestros padres y dije: No quebrantaré mi pacto con vosotros.
Mas vosotros, de vuestra parte, no habéis de celebrar pacto con los habitantes de esta tierra; antes derribaréis sus altares. Pero no habéis obedecido a mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto?
Por tanto yo también he dicho: No los echaré más de delante de vosotros, sino que os serán adversarios, y sus dioses serán causa de vuestra ruina.
Y sucedió que como el Ángel de Jehová acabase de decir estas cosas a todos los hijos de Israel, todo el pueblo alzó la voz y lloró.
Y llamaron aquel lugar Boquim: y ofrecieron sacrificios allí a Jehová.
¶Y cuando Josué hubo despedido al pueblo, los hijos de Israel se fueron cada cual a su herencia para tomar posesión de la tierra.
Y el pueblo sirvió a Jehová todos los días de Josué, y todos los días de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las obras grandiosas que Jehová había hecho por Israel.
Murió pues Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, de edad de ciento y diez años;
y le enterraron en el recinto de su propia herencia, en Timnat-heres, en la serranía de Efraim, al norte del monte Gaás.
Y toda aquella generación también fué agregada a sus padres: mas levantóse otra generación después de ellos que no conocía a Jehová, ni las obras que él había hecho por Israel.
¶Entonces los hijos de Israel hicieron lo que era malo a los ojos de Jehová, y sirvieron a los Baales:
así dejaron a Jehová, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y anduvieron en pos de otros dioses, de los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, y se postraron ante ellos; y provocaron a ira a Jehová.
Dejaron pues a Jehová, y sirvieron a Baal y a Astarot.
Por eso se encendió la ira de Jehová contra Israel; y los entregó en mano de robadores que los saquearon, y los vendió en mano de sus enemigos de al derredor; de manera que no pudieron ya parar delante de sus enemigos.
Por dondequiera que salían, la mano de Jehová estaba contra ellos para mal; conforme les había dicho Jehová, y conforme se lo había jurado Jehová: de modo que se vieron en muy grande estrecho.
¶Entonces Jehová levantaba jueces que los salvaban de mano de los que los saqueaban.
Mas ni aun a sus jueces escuchaban, sino que idolatraban en pos de otros dioses, y se postraban ante ellos; se apartaron muy en breve del camino en que anduvieron sus padres, los cuales obedecían los mandamientos de Jehová; ellos empero no lo hicieron así.
Pues cuando Jehová les levantaba jueces, era Jehová con el juez, y los salvaba de mano de sus enemigos, todos los días de aquel juez; porque Jehová se compadecía de sus gemidos a causa de los que los oprimían y hostigaban.
Pero sucedía que al morir el juez, se volvían atrás y se corrompían más que sus padres, andando en pos de otros dioses para servirles y para postrarse delante de ellos: no se apartaban de estas sus malas obras, ni de este su perverso camino.
Por lo cual se encendió la ira de Jehová contra Israel, y dijo: Por cuanto esta nación traspasa mi pacto que prescribí a sus padres, y no escuchan mi voz,
yo también no volveré más a desposeer de delante de ellos a hombre alguno de aquellas naciones que dejó Josué cuando murió,
a fin de probar por medio de ellas a Israel, y saber si guardarán o no el camino de Jehová, para andar en él, como lo guardaban sus padres.
Por lo mismo Jehová dejó a aquellas naciones, sin desposeerlas de una vez; ni tampoco las entregó en mano de Josué.
ESTAS son pues las naciones que Jehová dejó para probar por medio de ellas a Israel, es decir, a cuantos de él no habían conocido todas las guerras de Canaán;
al menos para que las generaciones venideras de los hijos de Israel tuviesen experiencia de ella, para que se les enseñara la guerra; siquiera a aquellos que antes no tenían experiencia de ella:
los cinco príncipes de los Filisteos, y todos los Cananeos y los Sidonios y los Heveos que habitan en la serranía del Líbano, desde el monte Baal-hermón hasta la entrada de Hamat.
Y servían éstos para probar a Israel por medio de ellos, a fin de saber si obedecería los mandamientos de Jehová que él había prescrito a sus padres por conducto de Moisés.
Así los hijos de Israel habitaban en medio de los Cananeos, los Heteos, y los Amorreos, y los Perezeos, y los Heveos, y los Jebuseos;
y tomaron las hijas de ellos por mujeres suyas, y dieron sus hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus dioses.
¶Y los hijos de Israel hicieron lo que era malo a los ojos de Jehová, y, olvidados de Jehová su Dios, sirvieron a los Baales y a las Asheras.
Por tanto se encendió la ira de Jehová contra Israel; y los vendió en mano de Cusán-risataim, rey de Mesopotamia; y sirvieron los hijos de Israel a Cusán-risataim ocho años.
Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová, y Jehová levantó un salvador para los hijos de Israel que los salvó, a saber, Otniel hijo de Cenez, hermano menor de Caleb.
Pues estuvo sobre él el Espíritu de Jehová, y juzgó a Israel: y salió a la guerra; y Jehová entregó en su mano a Cusán-risataim, rey de Siria, y prevaleció su mano contra Cusán-risataim.
Y tuvo la tierra descanso cuarenta años. Y murió Otniel hijo de Cenez.
¶Entonces volvieron los hijos de Israel a hacer lo que era malo a los ojos de Jehová; y Jehová fortaleció a Eglón rey de Moab contra Israel, por cuanto hacían lo que era malo a los ojos de Jehová.
Y juntando consigo a los hijos de Amón y a Amalec, Eglón se puso en marcha, e hirió a Israel, y apoderóse de la Ciudad de las Palmas.
Y los hijos de Israel sirvieron a Eglón, rey de Moab, diez y ocho años.
Mas cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, él les levantó por salvador a Aod, hijo de Gera, benjamita, hombre zurdo; por mano de quien enviaron los hijos de Israel un presente a Eglón rey de Moab.
E hizo Aod para sí una daga que tenía dos filos, de un codo de largo, y ciñósela debajo de su ropa, sobre el muslo derecho.
Trajo pues el presente a Eglón, rey de Moab: y Eglón era un hombre muy grueso.
Y aconteció, como acabase de ofrecer el presente, que despidió la gente que había traído el presente;
mas él se volvió desde Pesilim, que estaba junto a Gilgal; y dijo: Tengo un mensaje secreto para ti, oh rey. Y éste dijo: ¡Guarda silencio! Y salieron de su presencia todos los que con él estaban.
Entonces Aod llegóse a él; y estaba sentado en la cámara alta de verano que tenía para sí solo. Y le dijo Aod: Tengo un mensaje de Dios para ti. Levantóse pues Eglón de la silla.
En esto alargó Aod la mano izquierda, y tomó la daga de sobre su muslo derecho, y se la clavó en el vientre:
y entró también la empuñadura, tras la hoja, y cerróse la grosura sobre la hoja, de modo que no pudo sacarse la daga de su vientre; y salió la punta por la horcajadura.
En seguida, salió Aod por la galería, cerrando las puertas de la cámara alta tras sí, y las aseguró con el cerrojo.
Y salido él, vinieron los siervos del rey; mas viendo que, he aquí, las puertas de la cámara alta estaban cerradas con cerrojo, dijeron: Seguramente él se cubre los pies en la cámara de verano.
Esperaron pues hasta avergonzarse; mas, he aquí, él no abrió las puertas de la cámara alta; por lo cual tomaron una llave y abrieron; ¡y he aquí a su señor caído en el suelo, muerto!
Aod empero huyó mientras ellos tardaban, y pasó más allá de Pesilim, y escapóse a Seirata.
Y sucedió que a su llegada, tocó la trompeta en la serranía de Efraim; y los hijos de Israel descendieron con él de la serranía: y él iba al frente de ellos.
Y les dijo: ¡Seguidme, que Jehová ha entregado a vuestros enemigos, los Moabitas, en vuestra mano! En efecto, descendieron en pos de él, y tomaron los vados del Jordán delante de Moab, y no permitieron que hombre alguno pasase.
De esta suerte hirieron de Moab en aquel tiempo como diez mil hombres, todos robustos, y todos hombres esforzados: no escapó hombre.
Así fué humillado Moab en aquel día bajo la mano de Israel: y la tierra tuvo descanso ochenta años.
Y después de él fué Samgar, hijo de Anat; el cual hirió de los Filisteos seiscientos hombres con un aguijón de bueyes; y él también salvó a Israel.
MAS los hijos de Israel tornaron a hacer lo que era malo a los ojos de Jehová, después de la muerte de Aod;
y los vendió Jehová en mano de Jabín, rey de Canaán, que reinaba en Hazor, siendo el jefe de su ejército Sísara, el cual habitaba en Haroset de las Naciones.
Y clamaron los hijos de Israel a Jehová; porque tenía Jabín novecientos carros de hierro, y había oprimido a los hijos de Israel con violencia durante veinte años.
¶Y Débora, profetisa, mujer de Lapidot, juzgaba a Israel en aquel tiempo.
Y daba sus audiencias bajo el palmar de Débora, entre Ramá y Bet-el, en la serranía de Efraim; y los hijos de Israel acudían a ella a juicio.
Y ella envió a llamar a Barac hijo de Abinoam, desde Cades-neftalí, y le dijo: ¿No ha mandado Jehová, el Dios de Israel, diciendo: Anda y avanza hacia el monte Tabor, tomando contigo diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón?
Yo también atraeré hacia ti, al torrente de Cisón, a Sísara, jefe del ejército de Jabín, con sus carros y con su multitud, y le entregaré en tu mano.
Mas Barac le contestó: Si tú fueres conmigo, iré; pero si no fueres conmigo, no iré.
A lo que ella dijo: De seguro iré yo contigo; mas no será tuya la gloria de la jornada que vas a emprender; porque en mano de una mujer venderá Jehová a Sísara. Levantóse pues Débora y fué con Barac a Cades de Galilea.
¶Entonces Barac convocó a Zabulón y a Neftalí en Cades; y subieron en pos de diez mil hombres; subió también con él Débora.
Es de saber que Heber cineo se había separado de los demás cineos, es decir, de los hijos de Hobab, cuñado de Moisés, y había plantado sus tiendas hasta llegar al encinal de Zaanaim, que está junto a Cades.
Y avisaron a Sísara que Barac hijo de Abinoam había subido al monte Tabor.
Por lo cual Sísara juntó todos sus carros, novecientos carros de hierro, con toda la gente que tenía, desde Haroset de las Naciones al torrente de Cisón.
Entonces dijo Débora a Barac: ¡Levántate, que este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tu mano! ¿No ha salido ya Jehová delante de ti? Barac pues bajó del monte Tabor, y diez mil hombres en pos de él.
Y Jehová desbarató a Sísara delante de Barac, con todos sus carros y todo su ejército, a filo de espada; y Sísara, bajándose de su carro, huyó a pie.
Mas Barac siguió el alcance de los carros y del ejército hasta Haroset de las Naciones; y cayó todo el ejército de Sísara a filo de espada, hasta no quedar ni uno.
¶Sísara empero huyó a pie a la tienda de Jael, mujer de Heber cineo: porque había paz entre Jabín rey de Hazor y la casa de Heber cineo.
Entonces salió Jael al encuentro de Sísara, y le dijo: ¡Entra, señor mío, entra aquí; no tengas temor! Volvióse pues a donde ella estaba, dentro de la tienda; y ella le tapó con una colcha.
Y él le dijo: Ruégote me des de beber un poco de agua, que tengo sed. Ella pues, abriendo un cuero de leche, le dió de beber, y le volvió a tapar.
Entonces él le dijo: Ponte a la puerta de la tienda; y será que si alguno viniere y te preguntare, diciendo: ¿Hay aquí alguien? le responderás: Nadie.
Entonces Jael, mujer de Heber, cogió un clavo de la tienda, y tomando en su mano un martillo, llegóse a él calladamente, y se lo clavó por las sienes, y lo hincó en tierra; porque él había caído en un profundo sueño, pues estaba fatigado; y así murió.
En esto, he aquí a Barac que venía en seguimiento de Sisara; salió entonces Jael a recibirle, y le dijo: Ven, y te mostraré al hombre que estás buscando; entró pues a donde ella estaba, ¡y he aquí a Sísara tendido muerto, con el clavo atravesado por las sienes!
¶Así Dios en aquel día humilló a Jabín, rey de Canaán, ante los hijos de Israel,
Y la mano de los hijos de Israel se hizo más y más dura contra Jabín rey de Canaán, hasta que acabaron de destruir a Jabín rey de Canaán.
EN aquel día cantó Débora, con Barac hijo de Abinoam, diciendo:
¡Por haber tomado el mando los caudillos en Israel, por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo, bendecid a Jehová!
¡Oíd, reyes; prestad atención, oh príncipes; que yo a Jehová, sí, yo le cantaré; cantaré alabanzas a Jehová, el Dios de Israel!
Jehová, cuando tú saliste de Seir, cuando marchaste del campo de Edom, la tierra se estremeció, también los cielos gotearon, también las nubes gotearon aguas.
¡Temblaron las montañas a la presencia de Jehová, aquel Sinaí mismo, a la presencia de Jehová, el Dios de Israel!
En los días de Samgar hijo de Anat, en los días de Jael, estuvieron desiertos los caminos; los viandantes por veredas torcidas caminaron.
Estuvieron desiertos los distritos rurales en Israel, estuvieron desiertos, hasta que yo, Débora, me levanté, hasta que me levanté por madre en Israel.
Escogían obstinadamente nuevos dioses; entonces hubo guerra hasta las puertas de las ciudades. ¿Veíase por ventura escudo o lanza entre cuarenta mil de Israel?
Mi corazón está por los jefes de Israel, y por los que se ofrecieron voluntariamente del pueblo: ¡bendecid a Jehová!
Los que cabalgáis en asnas blancas, los que os sentáis sobre alfombras, y los que andáis seguros por el camino, ¡cantad!
Lejos del estruendo de los arqueros, en medio de las pilas de aguas, allí recuenten los beneficios de Jehová, los beneficios hechos a los distritos rurales en Israel: ¡ahora baja libremente a las puertas el pueblo de Jehová!
¡Despierta, despierta, Débora! ¡despierta, despierta, entona el cántico! ¡Levántate, Barac, llévate tus cautivos, oh hijo de Abinoam!
¡Ahora desciende, oh resto del pueblo, contra los ilustres! ¡Jehová, desciende tú conmigo contra los poderosos!
De Efraim vienen los radicados en la serranía de Amalec: tras de ti, Efraim, viene Benjamín entre tus tropas. De Maquir bajan jefes, y de Zabulón los que manejan vara de magistrado.
Caudillos también en Isacar bajan con Débora, sí, Isacar viene en apoyo de Barac: al valle se arrojan en seguimiento de él. Junto a los arroyos de Rubén hubo grandes determinaciones de corazón.
¿Por qué pues te sentaste entre los rediles, para escuchar los balidos de los rebaños? Junto a los arroyos de Rubén hubo grandes deliberaciones de corazón.
Mientras tanto Galaad permanecía de la otra parte del Jordán; y Dan ¿por qué quería demorarse en los navíos? Aser se sentaba a la ribera del mar y en sus puertos se quedaba tranquilo.
¡Zabulón es gente que despreció su vida hasta la muerte, y también Neftalí, sobre las alturas del campo!
Vinieron reyes, pelearon; pelearon entonces los reyes de Canaán en Taanac, junto a las aguas de Meguido; mas no se llevaron ganancia de plata.
¡Desde los cielos, pelearon! ¡los astros, desde sus órbitas, pelearon contra Sísara!
¡El torrente de Cisón se los llevó, ese torrente antiguo, el torrente de Cisón! ¡Huella, oh alma mía, a los poderosos!
¡Entonces daban martillazos las uñas de los caballos, a causa de la impetuosa huída, huída de sus valientes!
¡Maldecid a Meroz, dice el Ángel de Jehová, maldecid amargamente a los habitantes de ella; porque no acudieron en ayuda de Jehová, en ayuda de Jehová contra los poderosos!
¡Bendita sobre todas las mujeres sea Jael mujer de Heber cineo, sobre las mujeres, moradoras en tiendas, sea ella bendita!
Agua pide él, leche le da ella; en plato regio le presenta requesones.
Tiende la mano izquierda al clavo, y su mano derecha al martillo de obreros, y amartilla a Sísara, le golpea la cabeza; ¡májasela, y atraviésale las sienes!
A los pies de ella se encorva, cae, yace tendido; encórvase a los pies de ella, cae: donde se encorva, allí mismo cae muerto.
Desde la ventana tiende una mujer la vista, y clama; clama la madre de Sísara desde las celosías: ¿Por qué se tarda su carro en venir? ¿por qué se atrasan las pisadas de sus caballos?
Las más sabias de sus damas le contestan, mas bien, ella vuelve a dar a sí misma la respuesta:
¿No van hallando despojos? ¿no los van repartiendo? una moza, dos mozas a cada hombre; despojo de diversos colores para Sísara, despojo de diversos colores recamado; de diversos colores, dos veces recamado; ¡digno despojo para mi cuello!
¡Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová! ¡Mas los que te aman sean como el sol cuando sale en su fuerza!¶ Y la tierra descansó cuarenta años.
ENTONCES los hijos de Israel hicieron lo que era malo a los ojos de Jehová, y entrególos Jehová en mano de Madián por siete años.
Y prevaleció la mano de Madián contra Israel, de suerte que por causa de los Madianitas los hijos de Israel prepararon para sí las guaridas que se hallan entre las montañas, y las cuevas, y los lugares fuertes.
Pues sucedía que cuando los hijos de Israel habían hecho la siembra, subían los Madianitas y los Amalecitas y los hijos de Oriente; sí, subían contra ellos,
y plantando sus campamentos en medio de ellos, destruían los productos de la tierra hasta llegar a Gaza: y no le dejaban a Israel cosa alguna, ni oveja, ni buey, ni asno.
Porque subían con sus ganados y sus tiendas, entrando en el país como langostas en multitud; pues que de ellos y de sus camellos no había número: y entraban en la tierra para destruirla.
Israel pues fué muy debilitado e causa de Madián; y clamaron los hijos de Israel a Jehová.
¶Y aconteció cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová a causa de Madián,
que Jehová envió un profeta a los hijos de Israel, que les dijo: Así dice Jehová, el Dios de Israel: Yo os hice subir de Egipto, sacándoos de la casa de servidumbre;
y os libré de mano de los Egipcios; y de mano de todos los que os afligieron, y los expulsé de delante de vosotros; y os dí la tierra de ellos;
y os decía: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los Amorreos en cuya tierra habitáis: pero no habéis obedecido a mi voz.
¶Vino también el Ángel de Jehová y sentóse debajo de un roble que había en Ofra, que era de Joás abiezerita: y Gedeón su hijo estaba desgranando el trigo en el lagar, para esconderlo de los Madianitas.
Y el Ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: ¡Jehová es contigo, varón esforzado y valeroso!
Pero Gedeón contestó: ¡Ah, señor mío! si Jehová es con nosotros, entonces ¿cómo es que nos ha sobrevenido todo esto? ¿y en dónde están todas sus maravillas que nos han contado nuestros padres, diciendo: ¿No nos hizo subir Jehová de Egipto? Mas ahora Jehová nos ha desechado, y nos ha entregado en mano de Madián.
Entonces Jehová volviéndose hacia él, dijo: Anda con esta tu fuerza, y tú salvarás a Israel de mano de Madián: ¿no te he enviado yo?
Mas él le contestó: ¡Ah, Señor! ¿con qué he de salvar yo a Israel? He aquí que mi parentela es la más pobre en Manasés, y yo soy el menor de la casa de mi padre.
Y díjole Jehová: Ciertamente yo seré contigo; por tanto tú herirás a Madián como a un solo hombre.
Entonces él le dijo: Ruégote, si he hallado gracia en tus ojos, que me des una señal de que eres tú mismo quien hablas conmigo.
No te vayas de aquí, te ruego, hasta que yo vuelva a ti y saque mi ofrenda, y la ponga delante de ti. A lo cual respondió: Yo me sentaré aquí hasta que tú vuelvas.
Gedeón pues se fué y aderezó un cabrito de las cabras, y de un efa de flor de harina coció ázimos; luego puso la carne en un canasto, y puso el caldo en una olla, y sacándolo, se lo presentó debajo del roble.
Entonces el Ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los ázimos, y ponlos sobre esta peña, y derrama el caldo sobre ellos. Y él lo hizo así.
En seguida el Ángel de Jehová extendió la punta del báculo que tenía en la mano, y tocó la carne y los ázimos; y subió fuego de la roca, que consumió la carne y los ázimos: y el Ángel de Jehová desapareció de su vista.
Así vió Gedeón que era el Ángel de Jehová; y dijo Gedeón: ¡Ay de mí, Señor Jehová, porque he visto el Ángel de Jehová cara a cara!
Mas Jehová le dijo: ¡Paz sea contigo! no tengas temor; no morirás.
¶Y Gedeón edificó allí un altar a Jehová, y llamólo Jehová-salom; el cual permanece hasta el día de hoy en Ofra de los Abiezeritas.
Pues aconteció en aquella misma noche que le dijo Jehová: Toma un toro del ganado que tiene tu padre, es decir, el toro segundo de siete años y derribarás el altar de Baal que tiene tu padre, y cortarás la Ashera que está junto a él;
y edificarás en debida forma otro altar a Jehová tu Dios sobre la cumbre de este peñasco; luego tomarás aquel segundo toro, y le ofrecerás en holocausto con la madera de la Ashera que habrás cortado.
Tomó pues Gedeón diez hombres de sus siervos, e hizo lo que le había dicho Jehová. Mas fué así que como tuviese demasiado temor a la casa de su padre y a los hombres de la ciudad para hacerlo de día, lo hizo de noche.
Y por la mañana cuando madrugaron los hombres de la ciudad, he aquí que el altar de Baal estaba derribado, y la Ashera que había junto a él estaba cortada, y el segundo toro había sido ofrecido en holocausto sobre el nuevo altar que se había edificado.
Entonces se decían unos a otros: ¿Quién ha cometido esta acción? Y preguntando e inquiriendo, se les dijo: Gedeón hijo de Joás ha cometido esta acción.
Por lo cual los hombres de la ciudad dijeron a Joás: Saca a tu hijo, para que muera; porque ha derribado el altar de Baal, y porque ha cortado la Ashera que estaba junto a él.
Mas Joás respondió a todos los que se juntaban al rededor de él: ¿Queréis vosotros contender por Baal, o queréis ayudarle? Aquel que quisiere contender por él, que muera, mientras es de mañana todavía. Si es un dios contienda él por sí mismo; por cuanto alguno ha derribado su altar.
Por esto Gedeón fué apellidado en aquel día Jerobaal, por decir: Contienda con él Baal, por cuanto ha derribado su altar.
¶Entretanto todo Madián y Amalec, con los hijos de Oriente, se habían juntado en uno, y pasando adelante acamparon en el Valle de Jezreel.
Entonces el Espíritu de Jehová revistió a Gedeón, el cual tocó la trompeta, y se juntaron los Abiezeritas en pos de él.
Y envió mensajeros por todo Manasés; y ellos también se juntaron en pos de él. Asimismo envió mensajeros por Aser y Zabulón y Neftalí; los cuales también subieron a encontrarlos.
¶Entonces dijo Gedeón a Dios: Si has de salvar por mi mano a Israel, conforme has dicho,
he aquí que voy a poner este vellocino de lana en la era de trillar: si pues el rocío estuviere sobre el vellocino solo, y todo el suelo permaneciere seco, entonces sabré que salvarás por mi mano a Israel, conforme has dicho.
Y fué así; pues cuando se levantó al otro día, apretó el vellocino, y exprimió del vellocino el rocío, un tazón lleno de agua.
Dijo Gedeón otra vez a Dios: No se encienda tu ira contra mí, y hablaré solamente una ves más. Ruégote me permitas hacer la prueba solamente esta vez, por medio del vellocino. Ruégote quede seco el vellocino, en tanto que en todo el suelo haya rocío.
Y lo hizo Dios así aquella noche; porque permaneció seco el vellocino solo, mientras que en toda la tierra hubo rocío.
ENTONCES madrugando Jerobaal (el cual es Gedeón) y toda la gente que había con él, asentaron campamento junto a la fuente de Harod; y tenía el campamento de Madián hacia el norte, más allá del collado de Moré, en el valle.
¶Dijo empero Jehová a Gedeón: La gente que tienes contigo es demasiado numerosa para que yo entregue a Madián en mano de ellos, no sea que Israel se gloríe contra mí, diciendo: ¡Mi misma mano me ha salvado!
Pregona pues en oídos del pueblo, diciendo: ¡Quienquiera que sea miedoso y tembloroso, vuélvase, y torne atrás desde el monte de Galaad! Y se volvieron de la gente veinte y dos mil; y le quedaron diez mil.
Entonces dijo Jehová a Gedeón: Aún es mucha la gente; hazlos bajar al agua y te los probaré allí; y será que de quien yo te dijere: Vaya éste contigo, él irá contigo; mas todo aquel de quien te dijere: Éste no ha de ir, el tal no irá.
Hizo pues que la gente bajase al agua; y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere el agua con la lengua, como lame el perro, le pondrás aparte; asimismo a todo aquel que se postrare sobre las rodillas para beber.
Y el número de los que lamieron, llevando el agua con la mano a la boca, fué de trescientos hombres; mas todo el resto del pueblo postróse sobre las rodillas para beber agua.
Y dijo Jehová a Gedeón: Por medio de los trescientos hombres que lamieron el agua, yo os salvaré, entregando a Madián en tu mano: vuelva pues toda la demás gente cada cual a su lugar.
Tomó entonces aquella gente la vitualla en su mano con sus trompetas: y a todos los demás hombres de Israel enviólos Gedeón cada uno a su estancia; pero a aquellos trescientos hombres los retuvo consigo: y el campamento de Madián estaba debajo de él, en el valle.
¶Y aconteció en aquella noche que le dijo Jehová: ¡Levántate, desciende contra ese campamento, porque lo he entregado en tu mano!
Mas si temes descender, baja tú y tu mozo Pura al campamento,
para que oigas lo que dicen; y después de esto serán fortalecidas tus manos para descender contra el campamento. Bajaron pues él y su mozo Pura, al extremo de la gente armada que había en el campamento.
Y Madián y Amalec, con todos los hijos de Oriente, estaban tendidos por el valle, siendo como langostas en muchedumbre; y de sus camellos no había número, pues eran como las arenas que están a la ribera del mar en multitud.
Y cuando llegó Gedeón, he aquí que cierto hombre estaba contando a su compañero un sueño, y decía: He aquí que acabo de soñar un sueño; a saber, que veía una torta de pan de cebada que venía rodando por el campamento de Madián, y llegaba a las tiendas, y las hería, de manera que caían; y las volcaba de arriba abajo; y así cayeron las tiendas.
Y contestó su compañero, diciendo: No es ésta otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás, hombre israelita, en cuya mano Dios ha entregado a Madián, con todo el campamento.
¶Y aconteció que como oyese Gedeón el relato del sueño con su interpretación, adoró a Jehová, y volvió al campamento de Israel, diciendo: ¡Levantaos, que Jehová ha entregado en vuestra mano el campamento de Madián!
Y repartió los trescientos hombres en tres compañías, poniendo trompetas en manos de todos ellos, y cántaros vacíos, con teas encendidas dentro de los cántaros:
y les dijo: Aprended de mí, y así haced vosotros. He aquí pues, cuando yo llegue al extremo del campamento, suceda entonces que según yo hiciere, así haréis vosotros.
Cuando tocare la trompeta, yo y todos los que están conmigo, entonces vosotros también tocaréis las trompetas, puestos al rededor de todo el campamento, y gritaréis: ¡Por Jehová y por Gedeón!
¶Vino pues Gedeón, y los cien hombres que consigo tenía, al extremo del campamento, al principio de la vela de la media noche, apenas hubieron renovado las centinelas; y tocaron las trompetas, y rompieron los cántaros que traían en la mano.
Entonces las tres compañías tocaron las trompetas, y rompieron los cántaros: luego con la mano izquierda asieron las teas encendidas, y con la derecha las trompetas que tocaban, y gritaron: ¡La espada de Jehová y de Gedeón!
Y se quedaron en pie, cada uno en su puesto a la redonda del campamento: entonces todo el ejército echó a correr, gritando y huyendo.
Pues cuando tocaron las trescientas trompetas, Jehová puso la espada de cada cual contra su compañero, y esto por todo el campamento. Y huyó el ejército hasta Bet-sita de Cerera y hasta el borde de Abel-mehola, cerca de Tabata.
¶Y fueron convocados los hombres de Israel, de Neftalí y de Aser y de todo Manasés, y persiguieron a Madián.
Gedeón envió mensajeros también por toda la serranía de Efraim, diciendo: ¡Bajad al encuentro de los Madianitas, y tomad delante de ellos los vados de las aguas, hasta Bet-bara, y el Jordán! Juntáronse pues todos los hombres de Efraim, y tomaron las aguas hasta Bet-bara, y el Jordán.
Y prendieron a los dos príncipes de Madián, Oreb y Zeeb: y mataron a Oreb sobre la peña de Oreb, y a Zeeb le mataron en el lagar de Zeeb; y siguieron en perseguimiento de Madián; mas las cabezas de Oreb y Zeeb trajéronlas a Gedeón de la otra parte del Jordán.
ENTONCES los hombres de Efraim le dijeron a Gedeón: ¿Qué es esto que has hecho con nosotros, de no llamarnos cuando fuiste a campaña contra Madián? Y le regañaron con aspereza.
Mas él les dijo: ¿Pues qué he hecho yo en comparación de vosotros? ¿Acaso no son mejores las rebuscas de Efraim que la vendimia de Abiezer?
En mano de vosotros Dios ha entregado a los príncipes de Madián, Oreb y Zeeb; ¿qué pues he podido hacer yo en comparación de vosotros? Entonces templóse su ira contra él, cuando dijo esto.
¶Entretanto Gedeón había llegado al Jordán, y lo había pasado, él y los trescientos hombres que tenía consigo; cansados, pero siguiendo el alcance de los fugitivos.
Y dijo a los hombres de Sucot: Dadme, os ruego, panes para la gente que me sigue, porque están cansados, y estoy persiguiendo a Zeba y Zalmuna, reyes de Madián.
Pero los principales de Sucot le contestaron: ¿Acaso los puños de Zeba y Zalmuna están ya en tu mano, para que demos pan a tu tropa?
A lo que repuso Gedeón: Por tanto cuando entregare Jehová a Zeba y a Zalmuna en mi mano, trillaré vuestras carnes con espinos y abrojos del desierto.
Subió pues de allí a Penuel, y a los de ella habló de la misma manera: mas los hombres de Penuel le respondieron del mismo modo que los hombres de Sucot.
Por lo cual habló a los hombres de Penuel también, diciendo: Cuando yo volviere en paz, derribaré esta torre.
¶Mas Zeba y Zalmuna estaban en Carcor, y su ejército con ellos, como quince mil hombres, todos los que quedaron de todo aquel ejército de los hijos de Oriente; porque cayeron ciento veinte mil hombres que sacaban espada.
Subió pues Gedeón por la vía de los que habitan en tiendas, al oriente de Noba y Jogbea, e hirió al campamento; porque el campamento estaba sin recelo.
Y huyeron Zeba y Zalmuna: mas él, siguiendo en su alcance, prendió a los dos reyes de Madián, Zeba y Zalmuna; pues había aterrado a todo el campamento.
¶En seguida Gedeón hijo de Joás volvió de aquella batalla, antes de levantarse el sol.
Y prendió a un mozo de los hombres de Sucot, y le pidió informes; el cual le dió por escrito los nombres de los principales de Sucot, y los ancianos de ella, setenta y siete personas.
Llegando pues Gedeón a los hombres de Sucot, les dijo: ¡He ahí a Zeba y Zalmuna! de quienes me zaheristeis, diciendo: ¿Acaso los puños de Zeba y Zalmuna están ya en tu mano, para que demos pan a tus hombres cansados?
Tomó entonces a los ancianos de la ciudad, y espinos y abrojos del desierto, y con éstos enseñó a los hombres de Sucot:
derribó también la torre de Penuel, y mató a los hombres de la ciudad.
¶Dijo entonces Gedeón a Zeba y a Zalmuna: ¿Qué manera de hombres eran aquellos que matasteis en Tabor? Y contestaron: Como tú, así eran ellos; cada uno semejaba los hijos de un rey.
Y él respondió: ¡Mis hermanos eran, los hijos de mi misma madre! ¡Vive Jehová, que si les hubierais guardado la vida, no os matara yo!
Luego dijo a Jeter su primogénito: ¡Levántate, mátalos! Pero el muchacho no sacó la espada; pues tuvo temor, porque era aún muchacho.
Entonces dijeron Zeba y Zalmuna: Levántate tú, y arrójate sobre nosotros; porque como es el hombre, así es su fuerza. Levantóse pues Gedeón, y mató a Zeba y a Zalmuna; y tomó las media-lunas que traían al cuello de sus camellos.
¶Entonces los hombres de Israel dijeron a Gedeón: Reina sobre nosotros, así tú, como tu hijo, y el hijo de tu hijo; porque nos has salvado de mano de Madián.
Pero Gedeón les respondió: No reinaré yo sobre vosotros, ni reinará mi hijo sobre vosotros: Jehová reinará sobre vosotros.
Les dijo empero Gedeón: Voy a haceros una petición, y es que me deis cada cual un zarcillo de su despojo; (pues los vencidos traían zarcillos de oro por ser Ismaelitas.)
Y ellos contestaron: De muy buena gana te lo daremos. Tendieron pues un manto, y echaron allí cada cual un zarcillo de su despojo.
Y fué el peso de los zarcillos de oro que él había pedido, mil setecientos siclos de oro; sin contar las media-lunas, y los pendientes, y los vestidos de púrpura que había sobre los reyes de Madián: y sin contar los collares que tenían al cuello de sus camellos.
Y de ello hizo Gedeón un efod, y lo puso en su ciudad, en Ofra: y todo Israel idolatraba, acudiendo allí, tras de ese efod: lo cual vino a ser causa de ruina a Gedeón y a su casa.
Así fué humillado Madián delante de los hijos de Israel, y no volvió más a levantar cabeza. Y tuvo la tierra descanso cuarenta años en los días de Gedeón.
¶Y Jerobaal hijo de Joás fué y habitó en su propia casa.
Y tuvo Gedeón setenta hijos, salidos de sus lomos; porque tenía muchas mujeres.
Y también su concubina, que estaba en Siquem, le parió un hijo, y él le puso por nombre Abimelec.
Y murió Gedeón hijo de Joás en buena vejez, y fué enterrado en la sepultura de Joás su padre, en Ofra de los Abiezeritas.
¶Mas aconteció, luego que hubo muerto Gedeón, que tornaron los hijos de Israel y fornicaron tras los Baales; pues pusieron a Baal-berit por dios suyo;
y no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios, el cual los había librado de mano de todos sus enemigos de al rededor;
ni tampoco usaron de agradecimiento para con la casa de Jerobaal, es decir, de Gedeón, conforme a todos los beneficios que él había hecho a Israel.
PORQUE Abimelec hijo de Jerobaal fué a Siquem, a los hermanos de su madre, y conferenció con ellos, y con toda la parentela de la casa del padre de su madre, diciendo:
Ruégoos digáis en oídos de todos los vecinos de Siquem: ¿Qué os conviene más, el que reinen sobre vosotros setenta hombres, hijos todos ellos de Jerobaal, o que reine sobre vosotros un solo hombre? acordaos también de que yo soy vuestro hueso y vuestra carne.
Refirieron pues los hermanos de su madre todas estas palabras acerca de él en oídos de todos los vecinos de Siquem: y se inclinó el corazón de ellos a seguir a Abimelec; porque decían: Nuestro hermano es.
Y de la casa de Baal-berit le dieron setenta siclos de plata, con los cuales Abimelec tomó a sueldo hombres ociosos y disolutos; los cuales le siguieron.
Luego fué a casa de su padre, en Ofra, y mató a sus hermanos, los hijos de Jerobaal, setenta personas, sobre una misma piedra: mas quedó Joatam, el hijo menor de Jerobaal, porque se escondió.
¶Entonces se reunieron todos los vecinos de Siquem, y todos los de la Casa-fuerte, y fueron e hicieron rey a Abimelec, junto a la encina del pilar que había en Siquem.
Y habiéndoselo dicho a Joatam, éste se fué y púsose sobre la cumbre del monte Gerizim; y alzando la voz, clamó, y les dijo: Oídme, señores de Siquem, para que os oiga Dios.
Una vez los árboles fueron a ungir rey sobre sí; y dijeron al olivo: Reina tú sobre nosotros.
Mas el olivo les contestó: ¿Tengo acaso de dejar mi grosura, con la cual en mí se honra a Dios y a los hombres, por ir a ondular sobre los árboles?
Entonces dijeron los árboles a la higuera: Ven tú, reina sobre nosotros.
Mas la higuera les respondió: ¿Tengo acaso de dejar mi dulzura y mi buen producto, por ir a ondular sobre los árboles?
Dijeron luego los árboles a la vid: Ven tú, reina sobre nosotros.
Mas la vid les respondió: ¿Acaso tengo de dejar mi vino que alegra a Dios y a los hombres, por ir a ondular sobre los árboles?
Entonces dijeron todos los árboles a la cambronera: Ven tú, reina sobre nosotros.
Mas la cambronera respondió así a los árboles: Si de buena fe vosotros vais a ungirme a mí por rey sobre vosotros, venid, refugiaos bajo mi sombra; y si no, salga de la cambronera fuego que devore los cedros del Líbano.
Ahora pues, si de buena fe y con integridad habéis obrado en hacer rey a Abimelec; y si habéis hecho lo bueno para con Jerobaal, y para con su casa; y si conforme al merecimiento de sus manos os habéis portado con él;
(porque peleó mi padre por vosotros, y expuso su vida a los mayores peligros, y os libró de mano de Madián;
y vosotros os habéis levantado hoy contra la casa de mi padre, y habéis muerto a sus hijos, setenta personas, sobre una misma piedra, y habéis puesto a Abimelec, el hijo de una esclava suya, por rey sobre los vecinos de Siquem, por cuanto es vuestro hermano) ;
si pues de buena fe y con integridad habéis obrado para con Jerobaal y para con su casa en este día, entonces alegraos en Abimelec, y alégrese también él en vosotros.
Pero si no, salga de Abimelec fuego que devore a los vecinos de Siquem y de la Casa-fuerte; y salga fuego de los vecinos de Siquem y de la Casa-fuerte, que devore a Abimelec.
Luego huyó Joatam, y fugándose, se fué a Beer, y habitó allí, por temor de Abimelec su hermano.
¶Abimelec pues fué príncipe sobre Israel por tres años.
Entonces envió Dios un espíritu maligno entre Abimelec y los vecinos de Siquem, de modo que los vecinos de Siquem se portaron pérfidamente con Abimelec;
para que la violencia hecha a los setenta hijos de Jerobaal viniese, y para que su sangre cayese sobre Abimelec su hermano, que los mató; y también sobre los vecinos de Siquem, los cuales fortalecieron sus manos para matar a sus hermanos.
Por lo cual los vecinos de Siquem le pusieron emboscadas sobre las cimas de las montañas, que robaban a cuantos pasaban por aquel camino junto a ellos; de lo cual fué dado aviso a Abimelec.
¶Entonces vino Gaal hijo de Ebed, con sus hermanos, pasando por Siquem; y los vecinos de Siquem pusieron su confianza en él,
y salieron a los campos, y vendimiaron sus viñas, y pisaron las uvas, e hicieron fiestas; y entraron en casa de su dios, comiendo, y bebiendo, y maldiciendo a Abimelec.
Y dijo Gaal hijo de Ebed: ¿Quién es Abimelec, y quiénes los siquemitas, para que nosotros le obedezcamos a él? ¿No es hijo de Jerobaal, y no es Zebul su comisionado? Servid antes a hombres descendientes de Hamor, el padre de Siquem: ¿por qué pues le hemos de servir nosotros a él?
Y ojalá este pueblo estuviera bajo mi mano, que entonces yo removiera a Abimelec. Y envió a decir a Abimelec: ¡Aumenta tu ejército y sal!
Y cuando Zebul, comandante de la ciudad, oyó las palabras de Gaal hijo de Ebed, encendióse su ira.
Por lo cual envió mensajeros a Abimelec encubiertamente, diciendo: He aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a Siquem, y helos aquí incitando la ciudad contra ti.
Ahora pues, levántate de noche, tú y la gente que contigo tienes, y pon emboscadas en el campo;
y será que por la mañana, como al tiempo de levantarse el sol, madrugarás, y desplegarás tus tropas contra la ciudad: y he aquí que él y la gente que está con él saldrán a ti; y entonces podrás hacer con él según la facultad de tu mano.
¶Abimelec pues, con toda la gente que le acompañaba, levantóse de noche, y puso emboscadas contra Siquem, en cuatro compañías.
Entonces salió Gaal hijo de Ebed, y colocóse a la entrada de la puerta de la ciudad; Abimelec también levantóse de la emboscada y la gente que consigo tenía.
Entonces viendo Gaal la gente, dijo a Zebul: ¡He aquí gente que baja de las cumbres de las montañas! Pero Zebul le contestó: Tú ves la sombra de los montes, la cual te parece hombres.
Pero Gaal volvió a hablar, diciendo: ¡Mira la gente que viene bajando desde lo más alto de la tierra! y una compañía sigue por la vía del encinar de Meonenim.
Entonces le dijo Zebul: ¿Dónde pues está tu boca, con que dijiste: Quién es Abimelec, para que nosotros le sirvamos? ¿No es ésta la gente que despreciaste? Ruégote que salgas ahora y pelees contra ella.
Salió pues Gaal, a vista de los vecinos de Siquem, y peleó contra Abimelec.
Y persiguióle Abimelec, (porque huyó delante de él); y cayeron muchos traspasados hasta la entrada de la puerta.
Mas se quedó Abimelec en Aruma; y Zebul expulsó a Gaal y a sus hermanos para que no morasen en Siquem.
¶Y aconteció al otro día que salió la gente al campo; y avisaron de ello a Abimelec.
Mas él había tomado su gente, y los había dividido en tres compañías, y había puesto emboscadas en el campo. Y cuando vió que, he aquí, la gente salía de la ciudad, se levantó contra ellos, y los hirió.
En seguida Abimelec y los de la compañía que con él estaba se lanzaron con ímpetu, e hicieron parada a la entrada de la puerta de la ciudad, en tanto que las otras dos compañías se arrojaron sobre todos los que estaban en el campo, y los mataron.
Y Abimelec peleó contra la ciudad todo aquel día, y tomó la ciudad, y mató la gente que había en ella; luego derribó la ciudad, y sembróla de sal.
¶Mas cuando todos los hombres de la torre de Siquem lo supieron, entraron en la fortaleza de la casa del dios Berit.
Y fué dado aviso a Abimelec cómo se habían reunido allí todos los hombres de la torre de Siquem.
Por lo cual subió Abimelec al monte Salmón, él y toda la gente que con él había; y tomando Abimelec un hacha en su mano, cortó una rama de los árboles, y alzándola, se la echó al hombro; y dijo a la gente que le acompañaba: Lo que me habéis visto hacer, apresuraos a hacerlo como yo.
En efecto, cortó también toda la gente sendas ramas, y siguiendo tras Abimelec, las colocaron junto a la Casa-alta, y con ellas pegaron fuego a la Casa-alta; por manera que murió también toda la gente de la torre de Siquem; como mil hombres y mujeres.
¶Entonces marchó Abimelec a Tebes, y acampó contra Tebes, y la tomó.
Mas había una torre fuerte en medio de la ciudad, adonde se refugiaron todos los hombres y las mujeres, es decir, todos los vecinos de la ciudad; y cerrándola sobre sí, se subieron al terrado de la torre.
Vino pues Abimelec contra la torre y la embistió, y llegóse hasta la puerta de la torre para pegarle fuego
En esto, cierta mujer arrojó una piedra superior de molino, sobre la cabeza de Abimelec, y quebróle los cascos.
Entonces él llamó apresuradamente al mancebo su paje de armas, y le dijo: Saca tu espada y mátame, porque no digan de mí: Una mujer le mató. Traspasóle pues el mancebo, de modo que murió.
Y como viesen los hombres de Israel que era muerto Abimelec, se fueron cada cual a su lugar.
De este modo hizo Dios la retribución de la maldad que Abimelec había hecho a su padre, en matar a sus setenta hermanos;
también toda la maldad de los hombres de Siquem la hizo Dios volver sobre su misma cabeza; de manera que vino sobre ellos la maldición de Joatam hijo de Jerobaal
LEVANTÓSE después de Abimelec, para salvar a Israel, Tola, hijo de Púa, hijo de Dodo, varón de Isacar; el cual habitó en Samir, en la serranía de Efraim.
Y juzgó a Israel veinte y tres años. Y murió, y fué enterrado en Samir.
¶Y levantóse después de él, Jaír galaadita; el cual juzgó a Israel veinte y dos años.
Y tenía treinta hijos, que cabalgaban en treinta pollinos; y tenían treinta ciudades, que se llaman Villas de Jaír hasta el día de hoy; las cuales están en la tierra de Galaad.
Y murió Jaír, y fué enterrado en Camón.
Entonces tornaron los hijos de Israel a hacer lo que era malo a los ojos de Jehová; y sirvieron a los Baales y a Astarot, y a los dioses de los Siros, y a los dioses de los Sidonios, y a los dioses de Moab, y a los dioses de los hijos de Ammón, y a los dioses de los Filisteos; y dejaron a Jehová y no le sirvieron.
Encendióse pues la ira de Jehová contra Israel, y él los vendió en mano de los Filisteos y en mano de los hijos de Ammón;
los cuales quebrantaron y oprimieron a los hijos de Israel aquel año. Diez y ocho años habían oprimido a los hijos de Israel que estaban de la otra parte del Jordán, en la tierra del Amorreo, que está en Galaad:
pero entonces los hijos de Ammón pasaron el Jordán para pelear también contra Judá, y contra Benjamín, y contra la casa de Efraim: e Israel se vió en muy grande estrecho.
¶Clamaron pues los hijos de Israel a Jehová, diciendo: ¡Hemos pecado contra ti, porque hemos dejado a nuestro Dios, y también porque hemos servido a los Baales!
Mas Jehová respondió a los hijos de Israel: ¿No os libré yo de los Egipcios, y de los Amorreos, y de los hijos de Ammón, y de los Filisteos?
Y cuando los Sidonios, y los Amalecitas, y los Maonitas os oprimieron, y clamasteis a mi, yo os salvé de sus manos.
Con todo esto vosotros me habéis dejado y habéis servido a otros dioses; por tanto no os volveré más a salvar.
¡Andad y clamad a los dioses que os habéis escogido! ¡que os salven ellos en el tiempo de vuestra angustia!
Mas los hijos de Israel respondieron a Jehová: ¡Hemos pecado! ¡haz con nosotros según todo lo que fuere bueno a tus ojos, con tal que nos libres, te rogamos, en este día!
Y apartaron los dioses extraños de en medio de sí, y sirvieron a Jehová: y su alma fué afligida a causa de la desdicha de Israel.
¶Entretanto fueron convocados los hijos de Ammón y acamparon en Galaad; juntáronse también los hijos de Israel y acamparon en Mizpa de Galaad.
Y decía el pueblo, es decir, los príncipes de Galaad, unos a otros: ¿Quién es el hombre que comenzará a pelear contra los hijos de Ammón? el mismo será caudillo de todos los moradores de Galaad.
Y JEFTÉ galaadita había llegado a ser un guerrero esforzado, mas era hijo de una ramera; y Galaad había engendrado a Jefté.
La mujer de Galaad también le había dado hijos; pero cuando crecieron los hijos de su mujer, expulsaron a Jefté, diciéndole: Tú no tendrás herencia en casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer.
Huyó pues Jefté de la presencia de sus hermanos y habitó en la tierra de Tob; donde se allegaron a Jefté hombres ociosos, que salían con él en sus correrías.
¶Mas, andando el tiempo, aconteció que los hijos de Ammón hicieron guerra contra Israel.
Y sucedió luego que los hijos de Ammón hicieron guerra contra Israel, que los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de Tob.
Y decían a Jefté: Ven y hazte jefe nuestro, para que peleemos contra los hijos de Ammón.
Jefté empero contestó a los ancianos de Galaad: ¿No me habéis odiado vosotros, y me expulsasteis de la casa de mi padre? ¿por qué pues venís a mí cuando os veis en apuro?
Entonces los ancianos de Galaad dijeron a Jefté: Por lo mismo tornamos a ti ahora, para que vayas con nosotros y pelees contra los hijos de Ammón: y serás nuestro caudillo, es decir, de todos los moradores de Galaad.
Dijo pues Jefté a los ancianos de Galaad: Si me hacéis volver para pelear contra los hijos de Ammón, y Jehová me los entregare, ¿he de ser yo vuestro caudillo?
Y los ancianos respondieron a Jefté: Sea Jehová el Oidor entre nosotros; pues juramos que conforme a tu dicho, así mismo ha de ser.
Por manera que fué Jefté con los ancianos de Galaad; y púsole el pueblo por su caudillo y jefe. Y profirió Jefté todas sus promesas delante de Jehová en Mizpa.
¶Luego envió Jefté mensajeros al rey de los hijos de Ammón, diciendo: ¿Qué tienes tú que ver conmigo, para que hayas venido a pelear contra mí en mi tierra?
Y replicó el rey de los hijos de Ammón a los mensajeros de Jefté: Por cuanto Israel se apoderó de mi tierra cuando subió de Egipto, desde el Arnón hasta el Jabboc y hasta el Jordán. Ahora pues devuelve esas tierras pacíficamente.
Entonces Jefté volvió aún a enviar mensajeros al rey de los hijos de Ammón,
y le dijo: Así dice Jefté: Nunca se apoderó Israel de la tierra de Moab, ni de la tierra de los hijos de Ammón.
Porque cuando subió de Egipto, anduvo Israel por el desierto hasta el Mar Rojo, y llegó al fin a Cades.
Entonces envió Israel mensajeros al rey de Edom, diciendo: Ruégote me permitas pasar por tu tierra: mas no consintió el rey de Edom. De la misma suerte también envió al rey de Moab; mas él no quiso: de modo que se quedó Israel en Cades.
Después anduvo por el desierto, y dió la vuelta a la tierra de Edom y a la tierra de Moab, y vino por el lado oriental de la tierra de Moab, y asentó campamento al otro lado del Arnón: mas no entró en los confines de Moab; porque el Arnón era el término de Moab.
Entonces Israel envió mensajeros a Sehón, rey amorreo, que reinaba en Hesbón; y le dijo Israel: Ruégote me permitas pasar por tu tierra hasta mi lugar.
Pero Sehón no se fió de Israel para dejarle pasar por su territorio; antes reunió Sehón todo su pueblo, y acampó en Jahaz, y peleó contra Israel.
Y Jehová, el Dios de Israel, entregó a Sehón y a todo su pueblo en mano de Israel, quien los hirió; y posesionóse Israel de toda la tierra de los Amorreos que habitaban en aquel país.
De esta suerte se posesionaron de todo el territorio de los Amorreos desde el Arnón hasta el Jabboc, y desde el desierto hasta el Jordán.
Ahora pues, Jehová el Dios de Israel desposeyó a los Amorreos de su tierra delante de su pueblo Israel, ¿y tú por ventura la has de poseer?
¿No es cierto que lo que te hiciere poseer Cemos tu dios, lo seguirás poseyendo? Así pues, todo aquello de que Jehová nuestro Dios haya desposeído a nuestros adversarios, delante de nosotros, nosotros continuaremos poseyendo.
Y ahora ¿tienes tú acaso más derecho que Balac hijo de Zipor, rey de Moab? ¿Contendió él jamás con Israel, o peleó alguna vez contra él?
Mientras tanto ha habitado Israel en Hesbón y sus aldeas, y en Aroer y sus aldeas, y en todas las ciudades que hay a las riberas del Arnón, por espacio de trescientos años; ¿y por qué no las habéis recobrado en ese tiempo?
Yo pues no he pecado contra ti, mas tú me haces a mí agravio, peleando contra mí. ¡Jehová, el Juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Ammón!
Mas no escuchó el rey de los hijos de Ammón las razones de Jefté, que éste le había enviado a decir.
Y estuvo sobre Jefté el Espíritu de Jehová; pasó pues por Galaad, y por Manasés; pasó también a Mizpa de Galaad, y desde Mizpa de Galaad pasó adelante contra los hijos de Ammón.
Y profirió Jefté un voto a Jehová, y dijo: Si tú de seguro entregares a los hijos de Ammón en mi mano,
entonces será que lo que primero saliere por las puertas de mi casa, a encontrarme cuando volviere en paz de los hijos de Ammón, será para Jehová, y lo ofreceré en holocausto.
¶Jefté pues pasó adelante hasta los hijos de Ammón, para pelear contra ellos; y entrególos Jehová en su mano.
Y los hirió desde Aroer hasta llegar a Minit, inclusas veinte ciudades, y hasta Abel-queramin, con muy gran destrozo: de esta manera fueron humillados los hijos de Ammón delante de los hijos de Israel.
¶Entonces vino Jefté a Mizpa, a su casa: ¡y he aquí a su hija, que salía a recibirle con panderos y con danzas! y ella era la sola, única hija suya; además de ella no tenía ni hijo ni hija.
Y fué así que como él la viese, rasgó sus vestidos, y le dijo: ¡Ay de mí, hija mía! me has abatido por completo; y tú has venido a ser del número de los que me tienen turbado; porque he abierto mi boca a Jehová, y no podré volver atrás.
A lo cual le respondió su hija: Padre mío, puesto que has abierto tu boca a Jehová, haz conmigo conforme a lo que profirió tu boca; ya que Jehová te ha vengado de tus enemigos, los hijos de Ammón.
Dijo además a su padre: Hágase conmigo esto: Déjame por dos meses, para que yo vaya y me humille sobre las montañas, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras.
Y él dijo: Vé. La despidió pues por dos meses; y ella fué con sus compañeras, y lloró su virginidad sobre las montañas.
Y sucedió que al fin de los dos meses, ella volvió a su padre, el cual cumplió con ella el voto que había hecho: y ella nunca conoció varón. Y se hizo costumbre en Israel
que de año en año iban las hijas de Israel a celebrar a la hija de Jefté galaadita, cuatro días en el año.
ENTRE tanto habían sido convocados los hombres de Efraim, y pasando hacia el norte, dijeron a Jefté: ¿Por qué pasaste adelante a hacer la guerra contra los hijos de Ammón, sin llamamos a nosotros para ir contigo? ¡a tu casa quemaremos sobre ti con fuego!
Mas Jefté les respondió: Estábamos en ardua contienda, yo y mi pueblo, con los hijos de Ammón; y clamé a vosotros, mas no me librasteis de su mano.
Como viese pues que no ibais a ayudarme, tomé mi vida en mi mano, y pasé adelante contra los hijos de Ammón, y Jehová los entregó en mi mano. ¿Por qué pues habéis subido vosotros contra mí el día de hoy para pelear conmigo?
Entonces Jefté reunió a todos los hombres de Galaad, y peleó contra Efraim. Y los hombres de Galaad hirieron a Efraim, por cuanto éstos decían: Fugitivos de Efraim sois, vosotros los Galaaditas, entre Efraim y Manasés.
Y los Galaaditas se apoderaron de los pasos del Jordán delante de Efraim; y fué así que cuando decían los fugitivos de Efraim: Quiero pasar; le preguntaban los hombres de Galaad: ¿Eres tú efrateo? y respondiendo él: No;
le decían entonces: Di pues: Shibólet; y él decía: Sibólet; porque no acertaba a pronunciarlo correctamente. Entonces echaban mano de él y le degollaban junto a los pasos del Jordán: y cayeron de Efraim en aquel tiempo cuarenta y dos mil hombres.
Y Jefté juzgó a Israel seis años. Entonces murió Jefté galaadita y fué enterrado entre las ciudades de Galaad.
Y después de él, juzgó a Israel Ibzán de Bet-lehem;
el cual tuvo treinta hijos; a treinta hijas también envió a casar fuera; en tanto que a treinta hijas trajo de fuera para sus hijos: y él juzgó a Israel siete años.
Y murió Ibzán, y fué enterrado en Bet-lehem.
Y después de él juzgó a Israel Elón zabulonita; el cual juzgó a Israel diez años.
Y murió Elón zabulonita, y fué enterrado en Ayalón, en la tierra de Zabulón.
¶Y después de él, juzgó a Israel Abdón, hijo de Hillel piratonita;
el cual tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, que cabalgaban en setenta pollinos: y juzgó a Israel ocho años.
Y murió Abdón, hijo de Hillel piratonita, y fué enterrado en Piratón, en la tierra de Efraim, en la serranía de los Amalecitas.
MAS los hijos de Israel volvieron a hacer lo que era malo a los ojos de Jehová, el cual los entregó en mano de los Filisteos cuarenta años.
¶Había entonces un hombre de Zora, de la familia de los Danitas, llamado Manoa; y su mujer era estéril, que nunca había tenido hijo.
Y apareció el Ángel de Jehová a la mujer, y le dijo: He aquí que eres estéril y nunca has tenido hijo; mas concebirás y darás a luz un hijo.
Y ahora ruégote que te guardes de beber vino y licor fermentado, y de comer cosa inmunda;
pues he aquí que concebirás y darás a luz un hijo; y navaja no ha de pasar nunca por su cabeza; porque el niño ha de ser nazareo, separado para Dios, desde su nacimiento: y él comenzará a librar a Israel de mano de los Filisteos.
¶Y fué la mujer y habló a su marido, diciendo: Un varón de Dios vino a mí; y era su aspecto como aspecto de Ángel de Dios, asombroso en gran manera: mas no le pregunté de dónde era, ni él me dijo su nombre.
Me dijo empero: He aquí que concebirás y darás a luz un hijo. Ahora pues, no bebas vino, ni licor fermentado, ni comas de ninguna cosa inmunda; porque el niño será nazareo, separado para Dios, desde su nacimiento hasta el día de su muerte.
¶Y Manoa rogó a Jehová, diciendo: Óyeme, Señor: yo te ruego que el varón de Dios que enviaste venga otra vez más a nosotros, y nos enseñe lo que hemos de hacer con el niño que ha de nacer.
Y escuchó Dios la voz de Manoa, y vino el Ángel de Dios otra vez a la mujer, estando ella sentada en el campo; pero Manoa su marido no estaba con ella.
Apresuróse pues la mujer, y corrió y avisó a su marido, diciéndole: ¡He aquí, se me ha aparecido el varón que vino a mí el otro día!
Entonces Manoa se levantó, y fué tras su mujer, y vino al varón, y le dijo: ¿Eres tú el hombre que hablaste con esta mujer? Y contestó: Yo soy.
Y dijo Manoa: Y bien, cuando se verifiquen tus palabras, ¿cuál ha de ser el régimen del muchacho y lo que se le ha de hacer?
Y contestó el Ángel de Jehová a Manoa: De todo lo que dije a la mujer, guárdese ella.
De todo lo que produce la vinosa vid, no debe ella comer, ni tampoco ha de beber vino ni licor fermentado; y ninguna cosa inmunda ha de comer: todo cuanto yo le mandé, debe ella guardarlo.
Entonces Manoa dijo al Ángel: Ruégote nos permitas detenerte, para que aderecemos y pongamos delante de ti un cabrito de las cabras.
Mas el Ángel de Jehová dijo a Manoa: Aun cuando me detengas, no comeré de tu alimento; y si es que quieres aparejar holocausto, a Jehová lo has de ofrecer: pues no sabía Manoa que era Ángel de Jehová.
Luego dijo Manoa al Ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para que en cumpliéndose tus palabras te honremos?
Mas el Ángel de Jehová le contestó: ¿Por qué preguntas por mi nombre, siendo como es maravilloso?
Tomó pues Manoa un cabrito de las cabras, con la ofrenda vegetal correspondiente, y ofreciólo a Jehová sobre la peña. Y el Ángel obró maravillosamente, en tanto que Manoa y su mujer le miraban.
Porque sucedió que como iba subiendo la llama de sobre el altar hacia el cielo, subió también el Ángel de Jehová con la llama del altar: y como lo viesen Manoa y su mujer, cayeron a tierra sobre sus rostros.
Y no volvió más el Ángel de Jehová a mostrarse a Manoa o a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el Ángel de Jehová.
Por lo cual Manoa dijo a su mujer: De seguro que moriremos, porque hemos visto a Dios.
Pero su mujer le respondió: Si se complaciera Jehová en matarnos, no hubiera aceptado de nuestras manos holocausto y ofrenda vegetal; y no nos hubiera mostrado todas estas cosas; ni en este tiempo nos hubiera anunciado cosas semejantes.
Y dió a luz la mujer un hijo, y le llamó Samsón. Y se hizo hombre el niño, y le bendijo Jehová.
Y comenzó el Espíritu de Jehová a impulsarle en Mahané-dan, entre Zora y Estaol.
ENTONCES descendió Samsón a Timna: y en Timna vió una mujer de las hijas de los Filisteos;
y subió y se lo declaró a su padre y a su madre, diciendo: A una mujer he visto en Timna, de las hijas de los Filisteos; ahora pues tomádmela por mujer.
Entonces le dijo su padre con su madre: ¿No hay por ventura una mujer entre las hijas de tus hermanos, ni entre todo mi pueblo, para que tú vayas a tomar mujer de los incircuncisos Filisteos? Y respondió Samsón a su padre: Tómame a esta misma, porque ella es perfecta en mis ojos.
Pero su padre y su madre no entendían que de Jehová procedía esto, por cuanto buscaba ocasión contra los Filisteos; pues por aquel tiempo los Filisteos señoreaban sobre Israel.
¶Samsón pues descendió con su padre y su madre a Timna; y como hubiesen llegado cerca de las viñas de Timna, he aquí un leoncillo que veenía rugiendo a su encuentro.
Entonces le arrebató el Espíritu de Jehová, de modo que desgarró al león como hubiera desgarrado un cabrito; y nada tenía en su mano: pero no dijo a su padre ni a su madre lo que había hecho.
Descendió pues, y habló con la mujer; y era ella perfecta en los ojos de Samsón.
¶Y volviendo después de algún tiempo para tomarla, se apartó del camino para ver el cuerpo del león: y he aquí una colmena de abejas dentro del cuerpo del león, y miel.
Y apoderándose de ella, la tomó en sus manos, y siguió andando y comiendo hasta que alcanzó a su padre y su madre, a quienes dió de ella; y ellos comieron: pero no les dijo que del cuerpo del león él había arrancado aquella miel.
Descendió pues su padre a donde estaba la mujer, y Samsón hizo allí un banquete; porque así lo solían hacer los jóvenes.
Y aconteció que cuando le hubieron visto, trajeron treinta compañeros para que estuviesen con él:
a los cuales les dijo Samsón: Voy a proponeros un enigma; si de manera alguna me lo declarareis dentro de los siete días del banquete, descubriendo el sentido, entonces yo os daré treinta camisas y treinta mudas de vestidos.
Mas si no pudiereis declarármelo, entonces vosotros me daréis a mí las treinta camisas y las treinta mudas de vestidos. A lo que ellos respondieron: Propón tu enigma, para que lo oigamos.
Les dijo pues así: Del devorador salió comida, y del fiero salió dulzura. Y no pudieron declararle el enigma en tres días.
Así sucedió que al séptimo día dijeron a la mujer de Samsón: Engaña a tu marido, para que nos declare el enigma; de otra manera te quemaremos a ti y a la casa de tu padre a fuego. ¿Para robarnos nos habéis convidado? ¿No es así?
Por otra parte, la mujer de Samsón lloraba delante de él, y le decía: Solamente me odias, y no me amas; has propuesto un enigma a los hijos de mi pueblo, y no me lo has declarado a mí. A lo que él le contestó: He aquí que a mi padre y a mi madre no se lo he declarado, ¿y acaso he de declarártelo a ti?
De esta suerte ella lloraba delante de él los siete días que duró su banquete. Mas aconteció que al séptimo día él se lo declaró, porque le acosaba; y ella declaró el enigma a los hijos de su pueblo.
Por lo cual los hombres de la ciudad le dijeron al séptimo día, antes de ponerse él sol: ¿Qué cosa más dulce que la miel? ¿ni quién más fiero que el león? Pero les respondió: Si no hubierais arado con mi novilla, no habríais descubierto mi enigma.
Entonces le arrebató el Espíritu de Jehová, de manera que descendió a Ascalón, e hirió de ellos treinta hombres, y quitándoles los despojos, dió las mudas de ropa a los que habían declarado el enigma: luego, encendido en cólera, subió a casa de su padre.
Pero la mujer de Samsón fué dada al compañero de éste, a quien había tratado como su amigo.
Y PASADO algún tiempo, aconteció que en los días de la siega de los trigos, Samsón visitó a su mujer, llevando consigo un cabrito de las cabras; y dijo: Entraré a donde está mi mujer, dentro del aposento; mas el padre de ella no le permitió entrar.
Y dijo su padre: Yo pensaba con plena seguridad que tú la habías del todo aborrecido; por tanto se la dí a tu compañero. ¿Acaso su hermana menor no es más hermosa que ella? Sea ella pues tuya, en lugar de la otra.
Entonces les dijo Samsón: Seré yo en esta vez más inocente que los Filisteos, aun cuando les haga un agravio.
Fué pues Samsón, y cogió trescientos chacales, y tomando teas, los juntó cola con cola, y puso una tea entre cada dos colas;
luego, pegando fuego a las teas, soltó los chacales por entre las mieses de los Filisteos; y así consumió las hacinas y las mieses por segar, juntamente con las viñas y los olivares.
Entonces dijeron los Filisteos: ¿Quién ha hecho esto? y se les contestó: Samsón, yerno del Timnateo; por cuanto éste ha tomado su mujer y la ha dado a su compañero. Subieron pues los Filisteos, y quemaron a fuego tanto a ella como a su padre.
Por lo cual les dijo Samsón: Ya que habéis hecho un crimen como éste, juro que tomaré venganza de vosotros; hecho lo cual, desistiré.
Hiriólos pues, dejándolos tendidos pierna sobre muslo, con destrozo grande; luego descendió y habitó en una hendidura del peñón de Etam.
¶Entonces subieron los Filisteos y acamparon en Judá, y desplegaron en Lehí.
Y les dijeron los hombres de Judá: ¿Por qué habéis subido contra nosotros? A lo que respondieron: Para atar a Samsón hemos subido, a fin de hacer con él según él ha hecho con nosotros.
Por lo cual descendieron tres mil hombres de Judá a la hendidura del peñón de Etam, y dijeron a Samsón: ¿Acaso tú no sabes que los Filisteos señorean sobre nosotros? ¿qué pues es esto que has hecho? Y él les contestó: Según ellos hicieron conmigo, así he hecho yo con ellos.
Y le dijeron: Hemos descendido para amarrarte, a fin de entregarte en mano de los Filisteos. Entonces les dijo Samsón: Juradme que no me acometeréis vosotros mismos.
Y ellos le hablaron, diciendo: No hay que temer; pues tan sólo te ataremos y te entregaremos en mano de ellos, pero de ninguna manera te mataremos nosotros. Le ataron pues con dos sogas nuevas, y le hicieron subir del peñón.
Él iba llegando a Lehí, cuando los Filisteos alzaron el grito, corriendo a su encuentro. Y arrebatóle el Espíritu de Jehová, de modo que las sogas que estaban sobre sus brazos vinieron a ser como el lino que ha sido quemado del fuego; así se deshicieron las ligaduras de sobre sus manos.
Y hallando una quijada de asno fresca aún, alargó la mano y la cogió, e hirió con ella a mil hombres.
Entonces cantó Samsón: ¡Con la quijada de un asno, montones sobre montones; con la quijada de un asno he matado mil hombres!
Y aconteció que como acabase de cantar estas palabras, arrojó la quijada de su mano; y llamó aquel sitio Colina de Lehí.
Mas tuvo una grandísima sed, y clamó a Jehová, diciendo: Tú has dado por mano de tu siervo esta tan grande salvación, ¿y ahora acaso tengo que morir de sed, o caer en mano de estos incircuncisos?
Entonces abrió Dios una cuenca que hay en Lehí, y salieron de allí aguas: y cuando hubo bebido, le volvió su espíritu, y Samsón revivió. Por tanto fué llamada aquella fuente, Fuente del Clamante; la cual permanece en Lehí hasta este día.
Y Samsón juzgó a Israel en los días de los Filisteos veinte años.
ENTONCES Samsón fué a Gaza, y vió allí a una mujer ramera, y llegóse a ella.
Y avisaron a los de Gaza, diciendo: Samsón ha venido acá. Con lo cual ellos cercaron la casa, y le pusieron a Samsón celada toda aquella noche, a la puerta de la ciudad; y se estuvieron callados toda la noche, diciendo: Esperemos hasta la luz del alba., entonces le mataremos.
Samsón empero permaneció acostado hasta la media noche; luego se levantó a media noche, y agarrando las hojas de la puerta de la ciudad y sus dos postes, los arrancó juntamente con la barra, y echándoselos a cuestas, los subió a la cumbre de un monte que está al frente de Hebrón.
¶Sucedió también, después de esto, que amó a cierta mujer en el Valle de Sorec, la cual se llamaba Delila.
Subieron pues a donde estaba ella los príncipes de los Filisteos, y le dijeron: Engáñale, para que veas en que consiste su gran fuerza, y de qué manera podremos prevalecer contra él, a fin de amarrarle, para poderle sujetar; y nosotros te daremos cada uno mil y cien siclos de plata.
Por lo cual Delila dijo a Samsón: Ruégote me declares en qué consiste tu fuerza tan grande; y de qué manera podrás ser amarrado, para poderte sujetar.
Y le respondió Samsón: Si me ataren con siete cuerdas de arco frescas, que aún no se hayan secado, seré débil y vendré a ser como cualquiera de los hombres.
Entonces los príncipes de los Filisteos le trajeron siete cuerdas de arco frescas, que nunca se habían secado, y ella le amarró con ellas.
Y tenía de emboscada gente sentada en la alcoba. Le dijo pues: ¡Samsón, los Filisteos te acometen! Y él rompió las cuerdas, como quien rompe un hilo de estopa cuando siente el fuego: de manera que no fué descubierto el secreto de su poder.
¶Entonces Delila dijo a Samsón: He aquí que me has engañado y me has dicho mentiras: ahora bien, ruégote me declares con qué podrás ser atado.
A lo cual le contestó: Si me ataren fuertemente con sogas nuevas, con las que nunca se haya hecho uso alguno, entonces seré débil y vendré a ser como cualquiera de los hombres.
Tomó pues Delila sogas nuevas, y le ató con ellas; y le dijo: ¡Samsón, los Filisteos te acometen! En efecto, los de la emboscada estaban sentados en la alcoba. Mas éldestrozó las sogas de sobre sus brazos como un hilo.
¶Por lo cual Delila dijo a Samsón: Hasta aquí me has engañado y me has dicho mentiras; declárame con qué podrás ser atado. Y él le dijo: Si me tejieres las siete trenzas de mi cabeza con la trama de la tela.
Ella pues las aseguró con la estaca, y le dijo: ¡Samsón, los Filisteos te acometen! Y él, despertando de su sueño, arrancó la estaca del telar juntamente con la trama de la tela.
¶Ella entonces le dijo: ¿Cómo sigues diciendo: Yo te amo, cuando tu corazón no está conmigo? estas tres veces te has burlado de mí, y no me has declarado en qué consiste tu fuerza tan grande.
Y aconteció que como ella le acosaba con sus palabras todos los días y le apremiaba, por fin se impacientó su alma hasta desear morir;
por lo cual le descubrió todo su corazón; y le dijo: Navaja no ha pasado nunca por mi cabeza; pues Nazareo de Dios he sido desde mi nacimiento. Si yo fuere rapado, entonces se apartará de mí mi fuerza y me debilitaré, y vendré a ser como todos los hombres.
Y cuando Delila vió que le había descubierto todo su corazón, envió y llamó a los príncipes de los Filisteos, diciendo: Subid esta sola vez, porque me ha descubierto todo su corazón. Subieron pues los príncipes de los Filisteos a donde ella estaba, llevando el dinero en su mano.
Por lo cual ella le hizo dormir sobre sus rodillas; luego llamó hombres, que tenía listos, y rapó las siete trenzas de su cabeza; y ella misma comenzó a sujetarle; y su fuerza se apartó de él.
Ella entonces le dijo: ¡Samsón, los Filisteos te acometen! Y él, despertando de su sueño, dijo: Saldré como las demás veces, y sacudiré mis vínculos: mas no sabía que Jehová se había apartado de él.
Le prendieron pues los Filisteos, y le sacaron los ojos, y le hicieron descender a Gaza, donde le sujetaron con grillos de bronce; y tuvo que moler en la casa de los encarcelados.
Sin embargo comenzó el cabello de su cabeza a crecer después que fué rapado.
¶Y los príncipes de los Filisteos se reunieron para ofrecer un gran sacrificio a Dagón, su dios, y para hacer alegrías; pues decían: ¡Nuestro dios ha entregado en nuestras manos a Samsón, nuestro enemigo!
Y cuando le vió el pueblo, alabó a su dios; porque decían: ¡Nuestro dios ha entregado en nuestras manos a nuestro enemigo, el asolador de nuestro país, que mató a muchos de nosotros!
Y aconteció que cuando tuvieron alegre el corazón, dijeron: Llamad a Samsón, para que él nos divierta. Llamaron pues de la cárcel a Samsón, el cual jugó delante de ellos; y le colocaron en medio de las columnas.
Entonces dijo Samsón al muchacho que le tenía de la mano: Déjame descansar, y permíteme palpar las columnas sobre las cuales se sustenta la casa, para que me recueste sobre ellas.
Y la casa estaba llena de hombres y mujeres; hallábanse allí también todos los príncipes de los Filisteos; y sobre las azoteas había como tres mil hombres y mujeres, que miraban en tanto que Samsón los divertía.
Clamó entonces Samsón a Jehová, y dijo: ¡Jehová, Señor, acuérdate de mí, yo te ruego, y dame esfuerzo, ruégote, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez me vengue de los Filisteos por mis dos ojos!
En seguida Samsón se abrazó de las dos columnas de en medio, sobre las cuales se sustentaba la casa, apoyándose sobre ellas, de la una con su mano derecha, y de la otra con la izquierda.
Entonces dijo Samsón: ¡Muera yo con los Filisteos! e inclinándose con fuerza, cayó la casa sobre los príncipes de los Filisteos, y sobre todo el pueblo que estaba dentro: de modo que fueron más los que mató muriendo, que los que había muerto en su vida.
Y descendieron sus hermanos con toda la casa de su padre, y alzándole, le subieron y enterraron entre Zora y Estaol, en la sepultura de Manoa su padre. Y había él juzgado a Israel veinte años.
HUBO también por aquellos tiempos un hombre de la serranía de Efraim que se llamaba Micaya;
el cual dijo a su madre: Los mil y cien siclos de plata que te fueron quitados, y por los que tú pronunciaste imprecación, y de que hablaste también en mis oídos, he aquí que aquel dinero está en mi poder; yo lo tomé. Y le dijo su madre: ¡Bendito de Jehová sea mi hijo!
Él pues devolvió los mil y cien siclos de plata a su madre. Y dijo su madre: Yo de mi parte he solemnemente consagrado este dinero a Jehová, por mi hijo, para hacer una imagen de escultura y otra de fundición: ahora pues te lo devuelvo a ti.
Sin embargo él devolvió el dinero a su madre. Tomando entonces su madre doscientos siclos de plata, los dió al fundidor; el cual hizo de ellos una imagen de escultura y otra de fundición; las cuales estaban en casa de Micaya.
Por manera que este hombre Mica tuvo una casa de dioses; pues hizo un efod e ídolos domésticos, y consagró a uno de sus hijos para que fuese su sacerdote.
En aquellos días no había rey en Israel; cada cual hacía lo que era recto a sus propios ojos.
¶Hubo también un joven de Bet-lehem de Judá, de la familia de Judá, mas él era levita, y habitaba como forastero allí.
Y este hombre partió de aquella ciudad, de Bet-lehem de Judá, para morar dondequiera que hallase lugar; y prosiguiendo su viaje, llegó a la serranía de Efraim, a casa de Mica.
Y Mica le dijo: ¿De dónde vienes? Y él le contestó: Levita soy, de Bet-lehem de Judá, y voy de camino a fin de morar dondequiera que hallare lugar.
Díjole pues Mica: Quédate conmigo, y séme padre y sacerdote, y yo te daré diez siclos de plata al año, y el ordinario de vestidos, y tu vitualla. Con lo cual el levita entró.
Y convino el levita en habitar con aquel hombre: y el joven le era como uno de sus hijos.
Y Mica consagró al levita; de manera que el joven vino a ser su sacerdote, y permaneció en casa de Mica.
Entonces dijo Mica: Ahora yo sé que Jehová me bendecirá, ya que tengo un levita por sacerdote.
EN aquellos días no había rey en Israel: y por aquel tiempo la tribu de los Danitas buscaba para sí posesión donde habitar; porque no le había caído hasta aquel día, entre los demás hijos de Israel, una posesión suficiente.
Enviaron pues los hijos de Dan cinco hombres de su familia, de la totalidad de ellos, hombres valerosos, de Zora y Estaol, para explorar la tierra y para reconocerla, diciéndoles: Andad, reconoced la tierra. Llegaron pues a la serranía de Efraim, a casa de Mica, y posaron allí.
Ellos estaban cerca de la casa de Mica, y conocieron la voz del joven levita: por lo cual desviándose hacia allá, le dijeron: ¿Quién te trajo acá? ¿y qué haces en este lugar? ¿y qué tienes aquí?
Y él les contestó: De esta y de esotra manera hace Mica conmigo, y me tiene a sueldo para que sea su sacerdote.
Le dijeron pues: Rogámoste inquieras de Dios, para que sepamos si ha de ser próspero el camino en que andamos.
Y el sacerdote les respondió: Id en paz; delante de Jehová está el camino por donde andáis.
¶Anduvieron pues aquellos cinco hombres, y llegaron a Laís, y vieron la gente que había en medio de ella, como habitaban sin recelo, a manera de los Sidonios, descansados y confiados; porque no había en aquella tierra quien tuviese autoridad para hacerlos avergonzar por cualquiera cosa; y estaban lejos de los Sidonios, y no tenían trato con nadie.
Regresaron pues a sus hermanos en Zora y Estaol. Y les preguntaron sus hermanos: ¿Qué hay?
A lo que respondieron: Levantaos, y subamos contra ellos; pues hemos visto la tierra, y he aquí que es muy buena; ¿y vosotros estáis desidiosos? No seáis perezosos para poneros en camino, a fin de entrar y tomar posesión de aquella tierra.
A vuestra ida, llegaréis a una gente segura; y la tierra es de amplias dimensiones; levantaos, porque Dios la ha entregado en vuestras manos; lugar donde no falta cosa alguna que haya en la tierra.
¶Partieron pues de allí seiscientos hombres de la familia de los Danitas, desde Zora y Estaol, ceñidos de armas de guerra.
Y subieron y asentaron campamento en Kiryat-jearim, en Judá: por lo cual se ha llamado aquel lugar Mahané-dan, hasta el día de hoy: he aquí que está a espaldas de Kiryat-jearim.
Y de allí pasaron adelante a la serranía de Efraim, y llegaron a casa de Mica.
Entonces tomaron la palabra aquellos cinco hombres que habían ido a explorar la tierra de Laís, y dijeron a sus hermanos: ¿Sabéis acaso que hay en aquellas casas un efod, e ídolos domésticos, y una imagen de escultura y otra de fundición? Ahora pues, considerad lo que debáis hacer.
Por lo cual se desviaron hacia allá, y llegaron a la vivienda del joven levita, en casa de Mica, y le preguntaron por su salud.
Entre tanto los seiscientos hombres que había de los hijos de Dan, ceñidos de sus armas de guerra, se colocaron a la entrada de la puerta.
Entonces subieron los cinco hombres que habían ido a explorar la tierra, y entrando allá dentro, tomaron la imagen de escultura y el efod, con los ídolos domésticos y la imagen de fundición, mientras el sacerdote estaba a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres ceñidos de las armas de guerra.
Aquellos hombres pues entraron en la casa de Mica, y tomaron la imagen de escultura, el efod, y los ídolos domésticos, y la imagen de fundición. Entonces les dijo el sacerdote: ¿Qué vais a hacer?
Mas ellos le dijeron: ¡Calla! pon la mano sobre tu boca, y vente con nosotros, y sénos a nosotros padre y sacerdote. ¿Cuál te es mejor, ser sacerdote para la casa de un solo hombre, o ser sacerdote para una tribu y una parentela en Israel?
Entonces alegróse el corazón del sacerdote, y él mismo tomó el efod y los ídolos domésticos y la imagen de escultura, y entró en medio de la gente armada.
Luego ellos volvieron el rostro y se fueron; poniendo las familias y el ganado y el bagaje en frente de ellos.
¶Ya se habían alejado de la casa de Mica, cuando los hombres que estaban en las casas vecinas a la casa de Mica fueron convocados, y siguieron tras los hijos de Dan;
y dieron voces a los hijos de Dan. Pero éstos, volviendo el rostro, dijeron a Mica: ¿Qué tienes, que has juntado gente?
Y él contestó: Habéis tomado mis dioses, que yo me hice, y al sacerdote, y os habéis marchado, y ¿qué más me queda ya? ¿A qué propósito, pues, me decís: qué tienes?
Mas los hijos de Dan le respondieron: No dejes oír tu voz entre nosotros, no sea que os acometan hombres airados, y pierdas tu vida y la vida de los de tu familia.
Con lo cual los hijos de Dan prosiguieron su camino; pues vió Mica que eran más fuertes que él; por manera que volvió el rostro, y regresó a su casa.
¶Ellos pues tomaron lo que había hecho Mica, juntamente con el sacerdote que tenía, y se fueron contra Laís; contra un pueblo descansado y seguro; y los hirieron a filo de espada, y pusieron a fuego la ciudad.
Y no había quien la librase, porque estaba lejos de Sidón, y no tenían trato con nadie: y ella estaba situada en el valle que se extiende hacia Bet-rehob. Y reedificaron la ciudad, y habitaron en ella.
Y llamaron la ciudad Dan, del nombre de Dan, el padre de ellos, que nació a Israel: pero Laís era el nombre de la ciudad anteriormente.
Y los hijos de Dan levantaron para sí la imagen de escultura: y Jonatán, hijo de Gersom, hijo de Moisés, él y sus hijos fueron sacerdotes para la tribu de los Danitas hasta el día del cautiverio del país.
De esta suerte levantaron para sí la imagen de Mica, que él había hecho, todo el tiempo que estuvo la Casa de Dios en Silo.
ACONTECIÓ también en los días que no había rey en Israel, que hubo cierto levita que habitaba como forastero en lo más adentro de la serranía de Efraim, el cual había tomado para sí una concubina de Bet-lehem de Judá.
Pero cometió adulterio contra él su concubina, y dejándole se fué a casa de su padre, en Bet-lehem de Judá, y se estuvo allí el espacio de cuatro meses.
Entonces su marido se levantó y fué en pos de ella, a hablarle cariñosamente, con el fin de hacerla volver; y tenía consigo un mozo suyo, y un par de asnos: y ella acogiéndole, le hizo entrar en casa de su padre. Y cuando le vió el padre de la joven, le recibió gozoso.
E instóle su suegro, el padre de la joven, de manera que se quedó con él tres días: y comieron y bebieron y se alojaron allí.
¶Y sucedió que al cuarto día, madrugaron muy de mañana; y levantóse el levita para marchar. Pero el padre de la joven dijo a su yerno: Sustenta tu corazón con un bocado de pan, y después partiréis.
Se sentaron pues, y comieron los dos juntos, y bebieron. Entonces dijo el padre de la joven al hombre: Ruégote consientas en pasar aquí la noche, y dejes que se alegre tu corazón.
Con todo el hombre se levantó para caminar; mas porfió con él su suegro, de modo que volvió a pasar allí la noche.
Empero cuando se levantó muy de mañana al día quinto para ponerse en camino, le dijo el padre de la joven: Sustenta, te lo ruego, tu corazón, y espera hasta que se entre más el día: y comieron los dos.
Por fin, el hombre se puso en pie para irse, él con su concubina y su mozo. Entonces le dijo su suegro, el padre de la joven: Mira, te ruego, que se va haciendo tarde; ruégoos que paséis la noche; he aquí, ya se acaba el día; pasa aquí la noche, y alégrese tu corazón; y mañana emprenderéis muy temprano vuestro viaje, para que vuelvas a tu casa.
Pero no quiso el hombre pasar más allí la noche; por manera que se levantó, y poniéndose en camino, llegó hasta en frente de Jebus (la cual es Jerusalem), teniendo consigo un par de asnos aparejados; también iba con él su concubina.
Ellos estaban ya junto a Jebus, cuando se les iba acabando el día; por lo cual el mozo dijo a su amo: Ven, te ruego, y desviémonos hacia aquella ciudad de los Jebuseos, para alojarnos en ella.
Pero su amo le contestó: No nos desviaremos a una ciudad de gente extraña, que no es de los hijos de Israel, sino que pasaremos adelante a Gabaa.
Dijo pues a su mozo: Ven, lleguémonos a uno de aquellos lugares, y pasaremos la noche en Gabaa, o en Ramá.
Pasaron pues, y caminaron adelante; y se les puso el sol junto a Gabaa, que era de Benjamín.
Por lo cual se desviaron hacia allá, para pasar la noche en Gabaa: y entrando, se sentaron en la plaza de la ciudad; porque no hubo persona que los acogiese en su casa para pasar la noche.
Mas he aquí un anciano que volvía de su trabajo del campo, al anochecer; el cual hombre era natural de la serranía de Efraim, y moraba como forastero en Gabaa; pero los hombres del lugar eran benjamitas.
Y levantando los ojos, vió al viandante en la plaza de la ciudad; y le dijo el anciano: ¿A dónde vas, y de dónde vienes?
A lo que respondió: De paso estamos de Bet-lehem de Judá a lo más adentro de la serranía de Efraim, de donde soy: y me fuí a Bet-lehem de Judá; mas ahora voy a la Casa de Jehová; y no hay hombre que me acoja en su casa.
Sin embargo hay paja y forraje para nuestros asnos, así como pan y vino para mí y para tu sierva, y para el mozo que va con tus siervos; no nos hace falta ninguna cosa.
Dijo entonces el anciano: ¡Paz sea contigo! como quiera que sea, deja de mi cuenta todas tus necesidades; tan sólo que no pases la noche en la calle.
Le trajo pues a su casa, y mezcló el pienso para los asnos; luego ellos se lavaron los pies, y comieron y bebieron.
¶Ellos iban ya alegrando sus corazones, cuando, he aquí, unos hombres de la ciudad, hijos de Belial, rodearon la casa, golpeando a la puerta; y hablaron al anciano, dueño de la casa, diciendo: ¡Saca fuera al hombre que vino a tu casa, y le conoceremos!
Salió pues a ellos el dueño de la casa, y les dijo: No, hermanos míos, no hagáis esta maldad, os lo ruego; ya que vino este hombre a mi casa, no hagáis esta cosa nefanda.
He aquí a mi hija, virgen, y la concubina de él; a éstas os sacaré, si os place, y humilladlas, haciendo con ellas como bien os pareciere; mas no hagáis a este hombre cosa tan nefanda.
Pero no quisieron los hombres escucharle; con lo cual asiendo aquel hombre a su concubina, la hizo salir a ellos; los cuales la conocieron, y se saciaron en ella toda aquella noche hasta la mañana; y la soltaron al romper el alba.
Entonces vino la mujer, al rayar la mañana, y dejóse caer a la puerta de la casa del hombre en donde estaba su señor, hasta que aclaró el día.
¶Y por la mañana se levantó su señor, y abrió las puertas de la casa, y salía para seguir su viaje, cuando he aquí a la mujer, su concubina, caída a la puerta de la casa, con las manos sobre el umbral.
Y él le dijo: ¡Levántate, y vámonos! Mas no hubo quien respondiese. Entonces la cargó sobre el asno, y levantándose el hombre, se fué a su lugar.
Y al entrar en su casa, cogió un cuchillo, y echando mano de su concubina, la dividió, según sus huesos, en doce trozos, y la envió por todo el territorio de Israel.
Y aconteció que cuantos lo vieron decían: ¡Nunca se ha hecho, ni jamás se ha visto cosa semejante, desde el día en que los hijos de Israel subieron de Egipto, hasta el día de hoy! ¡Consideradlo bien, tomad consejo, y hablad!
ENTONCES salieron todos los hijos de Israel, y la Congregación fué reunida como un solo hombre, desde Dan hasta Beer-seba, juntamente con la tierra de Galaad, a Jehová en Mizpa de Benjamín.
De manera que se presentaron los jefes de todo el pueblo, de todas las tribus de Israel, en la Asamblea del pueblo de Dios, que constaba de cuatrocientos mil hombres de a pie, que sacaban espada.
Y los hijos de Benjamín oyeron decir que habían subido los hijos de Israel a Mizpa. ¶Dijeron pues los hijos de Israel: ¿Decid cómo fué hecha esta maldad?
Respondió entonces el levita, marido de la mujer que había sido muerta, y dijo: A Gabaa; que es de Benjamín, llegué yo con mi concubina, para pasar la noche.
Mas levantándose contra mí los vecinos de Gabaa, cercaron la casa contra mí de noche: a mí intentaron matarme, y a mi concubina la humillaron, de modo que murió.
Por tanto eché mano de mi concubina, y la corté en trozos, y la envié por todo el país de la herencia de Israel; por cuanto se había cometido lascivia execrable y villanía en Israel.
He aquí que todos vosotros sois hijos de Israel; dad aquí vuestro parecer y consejo.
¶Levantóse pues todo el pueblo como un solo hombre, diciendo: No volverá ninguno de nosotros a su morada, ni tornará nadie a su casa.
Al contrario, esto es ahora lo que vamos a hacer a Gabaa: Contra ella subiremos por sorteo;
y tomaremos diez hombres de ciento, de entre todas las tribus de Israel, y ciento de mil, y mil de diez mil, para traer víveres al pueblo, para que en viniendo contra Gabaa de Benjamín, se les haga conforme a toda la villanía que se ha cometido en Israel.
De esta suerte estaban reunidos todos los hombres de Israel, contra la ciudad, vinculados como un solo hombre.
¶Entonces las tribus de Israel enviaron hombres por todas las parentelas de Benjamín, diciendo: ¿Qué maldad es esta que se ha cometido entre vosotros?
Ahora pues, entregad a aquellos hombres, aquellos hijos de Belial, que están en Gabaa, para que los hagamos morir; y para que se extirpe la maldad de en medio de Israel. Mas no quisieron los hijos de Benjamín escuchar la voz de sus hermanos, los hijos de Israel;
antes bien los hijos de Benjamín de las demás ciudades se reunieron en Gabaa, para salir en guerra contra los hijos de Israel.
Y pasaron revista a los hijos de Benjamín en aquel día, de las demás ciudades, y eran veinte y seis mil hombres que sacaban espada, sin contar los habitantes de Gabaa; de los cuales pasaron revista setecientos hombres escogidos.
Entre toda esta gente había setecientos hombres escogidos, zurdos; todos éstos tiraban piedras con la honda a un cabello sin errar el tiro.
Pasaron revista también a los hijos de Israel, fuera de Benjamín, y ascendieron a cuatrocientos mil hombres que sacaban espada: todos éstos eran hombres aguerridos.
¶Entonces se levantaron y subieron a Bet-el, para consultar a Dios. Y dijeron los hijos de Israel: ¿Quién de nosotros subirá el primero para pelear contra los hijos de Benjamín? Y respondió Jehová: Judá subirá el primero.
Levantáronse pues los hijos de Israel por la mañana y acamparon contra Gabaa.
Así salieron los hombres de Israel en guerra contra Benjamín; y se pusieron los hombres de Israel contra ellos en orden de batalla junto a Gabaa.
Mas los hombres de Benjamín salieron de la ciudad, y destruyeron de los Israelitas en aquel día veinte y dos mil hombres, derribándolos por tierra.
Reanimóse empero la gente de los hombres de Israel, y volviéronse a poner en orden de batalla en el mismo sitio donde se habían ordenado el primer día.
Porque habían subido los hijos de Israel, y llorado delante de Jehová hasta la tarde; y consultaron a Jehová, diciendo: ¿Debo volver a acercarme en batalla contra los hijos de Benjamín mi hermano? Y respondió Jehová: Subid contra él.
Por lo cual se acercaron los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín el día segundo.
Y salió Benjamín al encuentro de ellos desde Gabaa, en aquel segundo día; y destruyeron otra vez de los hijos de Israel diez y ocho mil, derribándolos por tierra: todos éstos sacaban espada.
¶Entonces subieron todos los hijos de Israel, es decir toda la gente de guerra, y vinieron a Bet-el, y lloraron, y se sentaron allí delante de Jehová; y ayunaron en aquel día hasta la tarde; y ofrecieron holocaustos, y ofrendas pacíficas delante de Jehová.
Y consultaron los hijos de Israel a Jehová, (pues estaba allí el Arca del pacto de Dios en aquellos días,
y Finees hijo de Eleazar, hijo de Aarón, ministraba delante de él en aquellos días), diciendo: ¿Tornaré otra vez a salir en batalla contra los hijos de Benjamín mi hermano, o desistiré? Y respondió Jehová: Sube, que mañana le entregaré en tu mano.
Pusieron pues los Israelitas emboscadas contra Gabaa, al rededor de ella.
Y subieron los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín el día tercero, y se pusieron en orden contra Gabaa, como las otras veces.
Entonces salieron los hijos de Benjamín contra el pueblo, y, alejados ya de la ciudad, comenzaron a herir algunos del pueblo, matándolos, como las veces pasadas, en las calzadas, (de las cuales la una sube a Bet-el, y la otra a Gabaa-del-campo), como treinta hombres de los Israelitas;
pues decían los hijos de Benjamín; ¡Son batidos delante de nosotros como la vez primera! en tanto que decían los hijos de Israel: ¡Huyamos, y arranquémoslos de la ciudad a las calzadas!
Entonces todos los hombres de Israel se levantaron de su puesto, y se pusieron en orden en Baal-tamar. También los Israelitas de la emboscada se lanzaron desde su lugar, es a saber, desde la cueva de Gabaa.
Y vinieron contra Gabaa diez mil hombres escogidos de todo Israel, y la batalla arreciaba: mas ellos no sabían que ya les alcanzaba el mal.
Y Jehová hirió a Benjamín delante de Israel, de modo que los hijos de Israel destruyeron de Benjamín en aquel día veinte y cinco mil, y cien hombres: todos éstos sacaban espada.
¶Se vieron pues los hijos de Benjamín batidos; porque los hijos de Israel habían cedido el campo a Benjamín, por lo mismo que se fiaban de la emboscada que habían puesto contra Gabaa.
Entonces la emboscada dióse prisa para arrojarse sobre Gabaa; avanzóse pues la emboscada e hirió toda la ciudad a filo de espada.
Y había un convenio entre los hijos de Israel y la emboscada, que ésta hiciese subir una gran humareda desde la ciudad.
Cuando pues los hombres de Israel tornaron las espaldas en la batalla, y Benjamín hubo comenzado a herirlos, matando de los hombres de Israel como treinta hombres, (pues decían: Seguramente son batidos por completo delante de nosotros, como en la primera batalla),
entonces mismo comenzó a elevarse desde la ciudad la columna de humo; de manera que cuando los Benjamitas miraron hacia atrás, ¡he aquí que toda la ciudad subía en humo al cielo!
También los hombres de Israel volvieron sobre sus pasos; de modo que se llenaron de consternación los hombres de Benjamín, porque vieron que ya les había alcanzado el mal.
Entonces volvieron las espaldas delante de los hombres de Israel, huyendo hacia el camino del desierto: mas la batalla los sobrecogió: asimismo a los que salían de las ciudades los destruyeron cogidos en medio de los dos.
De esta suerte cercaron en derredor a los Benjamitas, y los persiguieron, y con facilidad los hollaron hasta en frente de Gabaa, de la parte donde nace el sol.
Así cayeron de Benjamín diez ocho mil hombres: todos ellos hombres valerosos.
Y los demás volvieron el rostro, y huyeron hacia el desierto, al peñón de Rimón. Mas sus adversarios rebuscaron de ellos por las calzadas otros cinco mil hombres; y siguieron ardorosos en alcance de ellos hasta Guidom; e hirieron de ellos todavía dos mil hombres más.
Por manera que ascendieron los caídos de Benjamín a veinte y cinco mil hombres que sacaban espada, en aquel día: todos ellos hombres valerosos.
Sin embargo cuando volvieron el rostro, lograron escaparse al desierto, al peñón de Rimón, seiscientos hombres: y habitaron en el peñón de Rimón cuatro meses.
En seguida los hombres de Israel tornaron sobre los hijos de Benjamín, y los hirieron a filo de espada, así la gente de cada ciudad, como las bestias, y todo lo que encontraron: también a todas las ciudades que encontraron les pegaron fuego.
PERO los hombres de Israel habían jurado en Mizpa, diciendo: Ninguno de nosotros dará su hija a benjamita por mujer.
Vino pues el pueblo a Bet-el, y sentóse allí hasta la tarde delante de Dios; y alzaron la voz, y lloraron con grande lamentación;
y decían: ¿Por qué, oh Jehová, Dios de Israel, ha acontecido esto en Israel, que se eche menos hoy una tribu en Israel?
Y aconteció que al día siguiente levantándose el pueblo, edificaron allí un altar, y ofrecieron holocaustos y ofrendas pacíficas.
¶Entonces dijeron los hijos de Israel: ¿Quién hay de entre todas las tribus de Israel, que no haya subido en la Asamblea a Jehová? porque habíase hecho un gran juramento contra aquel que no subiere a Jehová en Mizpa, diciendo: ¡Que muera irremisiblemente!
Y se dolieron los hijos de Israel por Benjamín su hermano, diciendo: ¡Es cortada hoy una tribu de Israel!
¿Qué hemos de hacer a fin de conseguir mujeres para los que han quedado, puesto que nosotros hemos jurado por Jehová no darles de nuestras hijas por mujeres?
Decían pues: ¿Quién hay de entre todas las tribus de Israel que no haya subido a Jehová en Mizpa? Y he aquí que no había venido al campamento, a la Asamblea, hombre alguno de parte de Jabés-galaad.
Porque pasaron revista a la gente, y he aquí que no hubo allí hombre alguno de los habitantes de Jabés-galaad.
Por lo cual la Congregación envió allá doce mil hombres de los más valientes, y les mandó, diciendo: Andad y herid a los habitantes de Jabés-galaad a filo de espada, con las mujeres y los niños.
Esto pues es lo que habéis de hacer: Destruiréis completamente a todo varón, y también a toda mujer que haya tenido conocimiento carnal de varón.
Y hallaron de los habitantes de Jabés-galaad cuatrocientas jóvenes, vírgenes que no tenían conocimiento carnal de varón; y las trajeron al campamento en Silo, que está en la tierra de Canaán.
¶Entonces toda la Congregación envió comisionados que tratasen con los hijos de Benjamín que estaban en el peñón de Rimón, y les proclamasen la paz.
Volvieron pues los Benjamitas en aquel tiempo, y se les dieron las mujeres a quienes habían perdonado la vida de entre las mujeres de Jabés-galaad; mas no hallaron así suficientes para ellos.
Y el pueblo estaba pesaroso a causa de Benjamín, por cuanto había abierto Jehová una brecha en las tribus de Israel.
¶Decían pues los ancianos de la Congregación: ¿Qué haremos a fin de conseguir mujeres para los que restan? porque las mujeres han sido extirpadas de la tribu de Benjamín.
Y dijeron: Ha de haber herencia para los que han escapado de Benjamín, para que no sea borrada una tribu de en medio de Israel.
Nosotros empero no podemos darles mujeres de nuestras hijas: por cuanto habían jurado los hijos de Israel, diciendo: ¡Maldito aquel que diere mujer a benjamita!
Entonces se les dijo: He aquí, viene la fiesta de Jehová en Silo, que se hace de año en año, en un sitio que cae al norte de Bet-el, por la parte oriental de la calzada que sube de Bet-el a Siquem, y al sur de Lebona.
Por lo cual mandaron a los hijos de Benjamín, diciendo: Andad y poneos de emboscada en las viñas;
y estad alerta; y he aquí que cuando salieren las hijas de Silo a bailar en coros, entonces salid de las viñas, y coged cada cual su mujer de las hijas de Silo, y llevadlas a tierra de Benjamín.
Y será que cuando vinieren a nosotros los padres de ellas, o sus hermanos, para demandárnoslas en juicio, les diremos: Hacednos la merced de concederlas a nosotros; pues que no tomamos para cada cual su mujer en la guerra: pues no se las disteis vosotros, para que ahora tuvieseis pecado.
Y lo hicieron así los hijos de Benjamín, llevándose mujeres, según el número de ellos, de entre las danzantes que arrebataron. Luego se fueron, y volvieron a su propia herencia, y reedificaron las ciudades, y habitaron en ellas.
Fuéronse también de allí los hijos de Israel en aquel tiempo, cada uno a su tribu y a su parentela, partiendo de allí cada uno a su herencia.
En aquellos días no había rey en Israel; cada cual hacía lo que era recto a sus propios ojos.
Y ACONTECIÓ en los días en que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra; y fué un hombre de Bet-lehem de Judá a habitar temporalmente en el país de Moab, él y su mujer y sus dos hijos.
Y era el nombre de aquel hombre Elimelec, y el nombre de su mujer, Noemí, y los nombres de sus dos hijos, Mahalón y Quelión, efrateos de Bet-lehem de Judá. Llegaron pues al país de Moab, y se quedaron allí.
Y murió Elimelec, marido de Noemí, y fué dejada ella con sus dos hijos;
los cuales tomaron para sí mujeres moabitas, siendo el nombre de la una Orpa, y el nombre de la otra Rut; y habitaron allí como diez años.
Después murieron entrambos, Mahalón y Quelión; y la mujer quedó desamparada de sus dos hijos y de su marido.
¶Entonces ella se levantó, con sus nueras, para volverse del país de Moab; porque oyó decir en el país de Moab cómo había visitado Jehová a su pueblo, dándoles pan.
Salió pues del lugar donde había estado, y sus dos nueras con ella; e iban andando en el camino para volver a la tierra de Judá.
Dijo entonces Noemí a sus dos nueras: Andad, volveos cada cual a casa de su madre: ¡use Jehová de misericordia para con vosotras, conforme la habéis usado vosotras para con los muertos y conmigo!
¡Concédaos Jehová que halléis descanso cada cual en casa del marido suyo! Luego las besó; y ellas levantaron la voz y lloraron.
Y le decían: No, sino que nosotras volveremos contigo a tu pueblo.
Mas Noemí dijo: Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿tengo por ventura más hijos en mis entrañas que puedan ser vuestros maridos?
¡Volveos, hijas mías, idos! que yo ya soy muy vieja para tener marido; y aun cuando dijere: Tengo esperanza; también si fuere esta noche casada, y asimismo diere a luz hijos,
¿esperaríais por su causa hasta que creciesen? ¿os abstendríais por su causa de tener marido? No hijas mías; pues por vuestra causa mucho me duele que haya salido contra mí la mano de Jehová.
Y alzaron ellas la voz y lloraron otra vez; y Orpa besó a su suegra, mas Rut estrechóse con ella.
Entonces dijo Noemí: He aquí que ya se ha vuelto tu cuñada a su pueblo y a sus dioses; vuelve tú en pos de tu cuñada.
A lo cual le dijo Rut: No te empeñes conmigo para que te deje, ni que me vuelva de en pos de ti: porque a dondequiera que tú fueres, iré yo; y en donde morares, moraré yo; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios:
en donde tú murieres, moriré yo, y allí seré enterrada; así me haga Jehová, y más aún, si la muerte misma separe entre mí y ti.
¶Y como viese Noemí que estaba resuelta a ir con ella, desistió de decirle más:
de manera que anduvieron las dos hasta que llegaron a Bet-lehem. Y aconteció que a su entrada en Bet-lehem, se puso en conmoción toda la villa a causa de ellas; y decían las mujeres: ¿Será ésta Noemí?
Pero ella les contestó: No me digáis Noemí; llamadme antes Mara, porque muy amargamente se ha portado el Todopoderoso conmigo.
Yo llena salí, y con manos vacías me ha hecho volver Jehová. ¿Por qué pues me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha pasado sentencia contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?
¶De esta suerte volvió Noemí, y Rut la moabita, su nuera, con ella, cuando ella volvió del país de Moab: y llegaron a Bet-lehem a principios de la siega de las cebadas.
Y TENÍA Noemí un amigo de su marido, hombre poderoso en riquezas, de la familia de Elimelec, que se llamaba Booz.
Y dijo Rut la moabita a Noemí: Me iré, si te parece, al campo, y recogeré espigas en pos de cualquiera en cuyos ojos yo hallare gracia. Y ella dijo: Anda, hija mía.
Fuése pues, y llegando, espigó en el campo tras los segadores; y dió por casualidad con la parte del campo que pertenecía a Booz, que era de la familia de Elimelec.
Y he aquí que Booz vino de Bet-lehem; y dijo a los segadores: ¡Jehová sea con vosotros! y ellos le respondieron: ¡Bendígate Jehová!
Entonces dijo Booz al criado suyo que era el sobrestante de los segadores: ¿De quién es aquella joven?
Y respondió el criado, sobrestante de los segadores, y dijo: Es la joven moabita que volvió con Noemí del país de Moab:
y ella me dijo: Espigaré, con tu permiso, y recogeré entre las gavillas, en pos de los segadores. De manera que ella vino, y se ha quedado desde por la mañana, hasta ahora, salvo un momento que se sentó en la casa.
Entonces Booz dijo a Rut: ¿No oyes, hija mía? No vayas a espigar a otro campo, ni tampoco pases de aquí; porque así quedarás en estrecha compañía con mis criadas.
Fija tus ojos en el campo donde ellas segaren, y anda en pos de ellas: ¿no he mandado yo a los criados que no te toquen? Y cuando tuvieres sed, véte a las vasijas y bebe del agua que han sacado los criados.
Ella entonces cayó sobre su rostro, postrándose en tierra, y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos, para que hagas caso de mí, extranjera como soy?
Mas Booz le respondió, diciendo: Muy por menudo se me ha referido cuanto has hecho para con tu suegra, después de la muerte de tu marido; y cómo has dejado a tu padre y a tu madre y la tierra de tu nacimiento, y has venido a un pueblo que nunca conociste antes.
¡Recompense Jehová tu obra; y tengas un cumplido galardón de parte de Jehová, el Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a poner tu confianza!
A lo que ella respondió: ¡Halle yo gracia en tus ojos, señor mío! porque me has consolado, y porque has hablado cariñosamente a tu sierva; aunque yo no sea como una de estas tus siervas.
También a la hora de comer le dijo Booz: Llégate acá, y come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Ella pues se sentó al lado de los segadores; y él mismo le alcanzó el grano tostado; y ella comió y se sació, y le sobró.
Y cuando se hubo levantado para espigar, mandó Booz a sus criados, diciendo: Hasta en medio de las gavillas podrá ella recoger espigas; y no la habéis de avergonzar.
Y también sacaréis parte de las gavillas de propósito para ella, y lo dejaréis para que ella lo recoja; y no la regañéis.
¶Ella pues estuvo espigando en el campo hasta la tarde; y desgranó lo que había cogido, que fué como un efa de cebada.
Luego cargando con ello, se fué a la ciudad; y vió su suegra lo que había cogido. Entonces ella sacó y le dió lo que le había sobrado después de saciada.
Y le dijo su suegra: ¿Dónde has espigado hoy, y en qué parte has trabajado? ¡Sea el que hizo caso de ti bendito! Ella pues manifestó a su suegra con quién había trabajado, diciendo: El hombre con quien he trabajado hoy se llama Booz.
Entonces dijo Noemí a su nuera: ¡Bendito sea él de Jehová! porque nunca ha desistido de su benevolencia para con los vivos, ni para con los muertos. Le dijo además Noemí: Pariente cercano nuestro es ese hombre; uno de nuestros redentores es.
Y dijo Rut la moabita: Sabe también que me dijo: Con mis criadas has de quedar en estrecha compañía hasta que hayan acabado de segar todas mis mieses.
Y Noemí dijo a Rut su nuera: Bueno será, hija mía, que salgas con las criadas de él, para que no te maltraten en el campo de otro.
Ella pues tuvo estrecha compañía con las criadas de Booz, para espigar, hasta acabarse la siega de las cebadas y la siega de los trigos; mas habitaba con su suegra.
ENTONCES le dijo Noemí, su suegra: Hija mía, ¿no he de buscar lugar de descanso para ti, donde te vaya bien?
Ahora pues, aquel Booz, con cuyas criadas tú has estado, ¿no es amigo nuestro? He aquí que avienta la era de las cebadas esta noche.
Lávate pues, y úngete, y ponte tus mejores ropas, y baja a la era; mas no te des a conocer al hombre hasta que haya acabado de comer y beber.
Entonces será que al acostarse él, tú notarás bien el lugar donde se acostare; luego irás, y alzando la cubierta de sus pies, te acostarás allí, para que él te diga lo que has de hacer.
Y ella le respondió: Todo cuanto me dices, yo lo haré.
¶Bajó pues a la era, e hizo conforme a todo lo que le había mandado su suegra.
Y cuando Booz hubo comido y bebido, y estuvo contento su corazón, se fué a acostar al extremo del montón del trigo; entonces ella llegóse calladamente, y alzando la cubierta de sus pies, se acostó allí.
Y aconteció que a la media noche, tuvo un susto el hombre; e inclinándose hacia adelante, ¡he aquí una mujer acostada a sus pies!
Dijo pues: ¿Tú quién eres? Y ella contestó: Soy Rut, tu sierva; extiende tu ala sobre tu sierva, porque redentor mío eres.
A lo que dijo él: ¡Bendita seas de Jehová, hija mía! has hecho que tu postrera bondad sea mayor que la primera, en no andar tras los jóvenes, sean pobres o ricos.
Ahora pues, hija mía, no temas; que cuanto me dices yo lo haré por ti: porque sabe toda la puerta de mi pueblo que eres mujer de acendrada virtud.
Mas ahora, aunque es cierto que soy redentor tuyo, sin embargo hay otro redentor más cercano que yo.
Pasa tranquila la noche, y será que por la mañana si él quiere redimirte, sea en hora buena; que redima él: mas si él no quisiere redimirte, entonces te redimiré yo; ¡vive Jehová! Acuéstate hasta por la mañana.
¶Ella pues se acostó a sus pies hasta por la mañana: luego se levantó antes de poder distinguir un hombre a otro; porque él dijo: No se sepa que vino mujer a la era.
Dijo también: Da acá el manto que traes sobre ti, y tenlo bien. Y ella lo tuvo bien, en tanto que él midió allí seis medidas de cebada: luego las puso sobre ella, y se fué a la ciudad.
Ella también fué a su suegra; la cual dijo: ¿Qué hay, hija mía? y ella le contó todo lo que le había hecho aquel hombre.
Dijo también: Estas seis medidas de cebada me ha dado, porque me dijo: No vuelvas con las manos vacías a tu suegra.
Y ésta dijo: Siéntate tranquila, hija mía, hasta que sepas como caerá la cosa; porque no descansará ese hombre hasta que haya acabado el asunto hoy.
BOOZ pues subió a la puerta de la ciudad y se sentó allí: y he aquí al redentor de quien había hablado Booz, el cual iba pasando. Y él le dijo: Vuelve para acá; siéntate aquí, fulano. Y él volvió, y se sentó allí.
Tomó también diez hombres de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí; y ellos se sentaron.
Entonces dijo al redentor: La porción del campo que era de nuestro hermano Elimelec la vende Noemí, la misma que acaba de volver del país de Moab;
y yo pensaba avisarte de ello, diciendo: Adquiérela delante de los que están aquí sentados, y delante de los ancianos de mi pueblo. Si tú quieres redimir, redime; mas si no quieres redimir, házmelo presente a mí, para que yo lo sepa; que no hay fuera de ti quien redima, y yo soy después de ti. Y él respondió: Yo redimiré.
Le dijo entonces Booz: En cualquier día que adquieras el campo de mano de Noemí, también de Rut la moabita, mujer del difunto, lo habrás de adquirir, para perpetuar el nombre del difunto sobre su herencia.
A lo cual le respondió el redentor: Pues yo no podré redimirlo para mí, no sea que dañe mi propia herencia. Redime tú para ti lo que yo debiera redimir; porque no puedo redimirlo.
Y era ésta la usanza de antiguo tiempo en Israel, en cuanto a redenciones y en cuanto a cambios, que para confirmar cualquier negocio, el uno se quitaba el calzado y lo daba al otro: y esto servía de testimonio en Israel.
Dijo pues aquel redentor a Booz: Adquiérelo tú para ti; y quitóse el calzado.
Dijo entonces Booz a los ancianos y a todo el pueblo: Testigos sois el día de hoy de que yo he adquirido todo lo que era de Elimelec, y todo lo que era de Quelión y Mahalón, de mano de Noemí;
y también a Rut la moabita, mujer de Mahalón, he adquirido, para que sea mi mujer, a fin de perpetuar el nombre del difunto sobre su herencia, para que no sea cortado el nombre del difunto de entre sus hermanos, ni de la puerta de su lugar: testigos sois vosotros el día de hoy.
Y respondió todo el pueblo que estaba en la puerta, juntamente con los ancianos: Testigos somos. ¡Jehová te conceda que la mujer que va a entrar en tu casa, sea como Raquel y como Lea, las cuales dos mujeres edificaron la casa de Israel; de modo que te hagas fuerte en Efrata, y tu nombre sea famoso en Bet-lehem:
y venga a ser tu casa como la casa de Farés, que Tamar le parió a Judá, de la descendencia que te diere Jehová de esta joven!
¶Así pues Booz tomó a Rut, y ella fué su mujer, y él llegóse a ella, y Jehová le concedió que concibiese, de modo que dió a luz un hijo.
Entonces decían las mujeres a Noemí: ¡Bendito sea Jehová, que no ha permitido que te falte redentor el día de hoy! ¡Sea pues su nombre famoso en Israel;
y séate por restaurador del alma, y por sustentador de tu vejez! porque tu nuera, que te ama, le ha dado a luz; y ella te vale más que siete hijos.
Y Noemí tomó al niño, y le puso en su regazo, y se constituyó nodriza suya.
Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: ¡Le ha nacido un hijo a Noemí! por lo cual le dieron el nombre de Obed: él fué padre de Isaí, el padre de David.
¶Estas pues son las generaciones de Farés: Farés engendró a Hezrón,
y Hezrón engendró a Ram, y Ram engendró a Aminadab,
y Aminadab engendró a Naasón, y Naasón engendró a Salmón.
y Salmón engendró a Booz, y Booz engendró a Obed,
y Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David.
HABÍA cierto hombre de Ramataim-zofim, de la serranía de Efraim, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Elíú, hijo de Tohú, hijo de Zuf, efrateo.
Y tenía dos mujeres; la una se llamaba Ana, y la otra se llamaba Penina; y Penina tenía hijos, mas Ana no tenía hijos.
¶Y subía este hombre desde su ciudad de año en año, para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los Ejércitos en Silo: y estaban allí los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová.
Y siempre que llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina, su mujer, y a todos sus hijos y sus hijas, porciones del sacrificio;
pero a Ana le daba una porción doble, porque amaba a Ana; no obstante que Jehová le había negado hijos.
Por otra parte también su rival la provocaba con porfía, a fin de exasperarla; por cuanto Jehová le había negado hijos.
Y así sucedía de año en año: siempre que ella subía a la Casa de Jehová, la otra la provocaba así; de manera que lloraba y no comía.
Entonces le decía Elcana su marido: Ana, ¿por qué lloras? ¿y por qué no comes? ¿y por qué se aflige tu corazón? ¿Acaso no te soy yo mejor que diez hijos?
¶Ana pues levantóse un día en Silo, después de haber ellos comido y bebido; y mientras que Elí, sacerdote de Jehová, estaba sentado sobre una silla, junto a una jamba de la puerta del Templo de Jehová,
ella, con amargura de su alma, se puso a suplicar a Jehová; y lloraba con efusión.
E hizo un voto, diciendo: Jehová de los Ejércitos, si te dignares mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo le daré a Jehová todos los días de su vida; y navaja no pasará jamás por su cabeza.
Sucedió empero que como ella persistiese largo tiempo en orar delante de Jehová, Elí le estaba mirando la boca.
Pues Ana hablaba dentro de su corazón; se movían tan sólo sus labios, mas no se oía su voz; por lo cual Elí la tuvo por ebria.
Díjole pues Elí: ¿Hasta cuándo seguirás en tu borrachera? ¡aleja de ti tu vino!
Mas Ana le repuso, diciendo: No, señor mío; mujer angustiada de espíritu soy; no he bebido ni vino ni licor fermentado, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.
No tengas a tu sierva por hija de Belial; porque de la abundancia de mis quejas y de mis vejaciones he hablado hasta ahora.
Entonces respondió Elí y dijo: Véte en paz; y el Dios de Israel te conceda la merced que le has pedido.
A lo cual ella respondió: ¡Halle tu sierva gracia en tus ojos! y la mujer se fué por su camino, y comió, y su cara ya no era como antes.
¶Y por la mañana madrugaron y adoraron delante de Jehová; luego regresaron y vinieron a su casa en Ramá. Y llegóse Elcana a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella.
Sucedió pues que andando los días, Ana concibió y dió a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto le pedí a Jehová.
¶Y otra vez aquel hombre Elcana subió con toda su familia, para ofrecer a Jehová el sacrificio anual, y pagar su voto.
Mas Ana no subió; pues dijo a su marido: Esperaré hasta que fuere destetado el niño; entonces yo misma le llevaré para que se presente ante Jehová, y permanezca allí para siempre.
Y le respondió Elcana su marido: Haz lo que bien te pareciere; quédate hasta que le hayas destetado; con tal que cumpla Jehová su promesa. Se quedó pues la mujer, y crió a su hijo hasta que le hubo destetado.
Entonces, después que le hubo destetado, le hizo subir consigo, llevando también tres novillos, y un efa de flor de harina, y un cuero de vino; y le trajo a la Casa de Jehová en Silo: y el niño era de tierna edad.
Luego degollaron un novillo, y trajeron el niño a Elí.
Y ella dijo: ¡Óyeme, señor mío! ¡Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo junto a ti en este lugar, suplicando a Jehová.
Por este niño rogaba, y Jehová me ha otorgado la merced que le pedí.
Por lo mismo yo también le doy prestado a Jehová; todos los días que viviere, prestado será a Jehová. Y Samuel adoró allí a Jehová.
ENTONCES Ana oró, y dijo: ¡Alégrase mi corazón en Jehová; mi cuerno se ha ensalzado en Jehová! ¡hase ensanchado mi boca sobre mis enemigos, por cuanto me regocijo en tu salvación!
No hay santo como Jehová; porque no hay Dios fuera de ti, ni hay Roca como nuestro Dios.
No habléis tanto ni tan orgullosamente; no salga la impudencia de vuestra boca: que Jehová es Dios de conocimientos, y por él son pesadas las acciones,
El arco de los poderosos se ha hecho pedazos, mas los caídos se han ceñido de poder;
los hartos se han alquilado por pan, en tanto que los hambrientos descansan de su trabajo: aun la estéril ha dado a luz siete, y la que abundaba en hijos languidece.
Jehová mata, y él da vida; hace bajar al sepulcro, y hace subir.
Jehová empobrece, y él da riquezas; él abate, y también ensalza.
Levanta del polvo al desvalido, del muladar ensalza al menesteroso, para hacerlos sentar entre los príncipes, y los hará heredar un trono de gloria: porque de Jehová son las basas de la tierra, y él ha asentado el mundo sobre ellas.
Él guardará los pies de sus santos; mas los impíos enmudecerán en tinieblas; que por fuerza propia no prevalecerá ninguno.
¡Jehová, --serán desbaratados los que contiendan con él! desde los cielos tronará sobre ellos. Jehová juzgará los fines de la tierra; dará también fortaleza a su Rey, y ensalzará el cuerno de su Ungido.
¶Elcana pues volvió a Ramá, a su casa; mas el niño se quedó ministrando a Jehová en presencia del sumo sacerdote Elí.
¶Y los hijos de Elí eran hijos de Belial; no conocían a Jehová.
Y era la usanza de los sacerdotes para con el pueblo, que siempre que alguno hacía sacrificio, se llegaba el mozo del sacerdote, mientras se cocían las carnes, teniendo en la mano un garfio de tres dientes;
y dando un golpe con él en la cazuela, o en la olla, o en la caldera, o en el caldero, todo cuanto sacaba el garfio, lo tomaba el sacerdote para sí. De esta manera hacían ellos con todo Israel, es decir, con los que venían allí a Silo.
También aun antes de quemarse el sebo, venía el mozo del sacerdote, y decía al hombre que ofrecía el sacrificio: ¡Da carne que asar para el sacerdote; pues no tomará de ti carne cocida, sino cruda!
Y cuando el hombre le respondía: Quémese primero el sebo, y luego toma para ti cuanto desee tu alma; él decía: No, sino que ahora mismo me la darás; que si no, yo la tomaré por fuerza.
De esta suerte se hizo muy grande el pecado de aquellos mancebos delante de Jehová; porque los hombres tenían aborrecidas las ofrendas de Jehová.
¶Samuel empero ministraba delante de Jehová, siendo aún niño, ceñido de un efod de lino.
También su madre le hacía un manto pequeño, y se lo traía de año en año, siempre que subía con su marido a ofrecer el sacrificio anual.
Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: ¡Déte Jehová hijos de esta mujer, en lugar del préstamo que ella ha prestado a Jehová! Y ellos se volvieron a su lugar.
Y fué así que Jehová visitó a Ana, de manera que ella concibió y parió tres hijos y dos hijas: mas el niño Samuel crecía cerca de Jehová.
¶Elí empero era muy viejo; y oía hablar de todo lo que hacían sus hijos para con todo Israel, y cómo se acostaban con las mujeres de la milicia sagrada, que asistían a la entrada del Tabernáculo de Reunión.
Y él les decía: ¿Por qué hacéis tales cosas? pues estoy oyendo hablar de vuestras malas acciones por parte de todo este pueblo.
No, hijos míos, que no es buena la fama que estoy oyendo; hacéis delinquir al pueblo de Jehová.
Si pecare un hombre contra otro, Dios le juzgará; pero si contra Jehová pecare el hombre, ¿quién hará intercesión por él? Mas ellos no quisieron escuchar la voz de su padre; porque Jehová había resuelto matarlos.
Mientras tanto el niño Samuel iba creciendo; y fué acepto así para con Jehová como para con los hombres.
¶Vino entonces un hombre de Dios a Elí, y le dijo: Así dice Jehová: ¿Reveléme yo manifiestamente a la casa de tu padre, cuando los hijos de Israel estaban en Egipto, sujetos a la casa de Faraón?
¿y le escogí yo de entre todas las tribus de Israel, para ser mi sacerdote, para llegarse a mi altar, y para quemar el incienso, y para vestir efod en mi presencia? ¿y dí a la casa de tu padre todas las ofrendas encendidas de los hijos de Israel?
¿Por qué pues habéis pisoteado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo he mandado presentar en mi Habitación? ¿y por qué has honrado tú a tus hijos antes que a mí, para engordaros con lo más pingüe de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?
Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice así: Dije en verdad que tu casa, y la casa de tu padre andaría delante de mi rostro para siempre. Mas ahora, dice Jehová, ¡lejos sea esto de mí! porque a los que me honran yo los honraré, mas los que me desprecian serán tenidos en poco!
He aquí que vienen días en que cortaré tu brazo, y el brazo de la casa de tu padre, para que no quede anciano en tu casa.
Y verás un rival en mi Habitación, en lo tocante a todo el bien que hiciere Dios para con Israel; y no habrá anciano en tu casa perpetuamente.
Y el hombre de los tuyos que yo no cortare de junto a mi altar, será para consumir tus ojos, y para hacer desfallecer tu alma; y todo el aumento de tu casa morirá en la flor de su edad.
Y esto te servirá de señal, lo cual va a suceder a tus dos hijos, Ofni y Finees: En un mismo día morirán entrambos.
Yo empero levantaré para mí un sacerdote fiel, el cual hará conforme a todo lo que tengo ideado en mi corazón y en mi alma; y voy a edificarle casa segura, para que él ande delante de mi Ungido para siempre.
Y sucederá que el que hubiere quedado de tu casa vendrá, y se postrará delante de él, para obtener una monedilla de plata y una torta de pan, diciendo: Ruégote me agregues a uno de los empleos sacerdotales, para que coma un bocado de pan.
ENTRETANTO el joven Samuel ministraba delante de Jehová, en presencia de Elí: y la revelación de Jehová era rara en aquellos días; las visiones no eran nada comunes.
Y aconteció por este tiempo, estando Elí acostado en su lugar, (cuando habían comenzado ya a ofuscarse sus ojos, de modo que no podía ver),
y no habiéndose apagado aún la lámpara de Dios, y estando Samuel acostado en el Templo de Jehová, en el cual estaba el Arca de Dios;
que Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.
Corrió pues a Elí, diciendo: Heme aquí, que me llamaste. Mas él respondió: No te llamé; vuelve, acuéstate. Fué pues, y se acostó.
Y volvió Jehová a llamar otra vez: ¡Samuel! Levantóse pues Samuel y fué a Elí, diciendo: Heme aquí, que me llamaste. Mas él respondió: No te llamé, hijo mío; vuelve, acuéstate.
Samuel empero no conocía aún a Jehová, pues todavía no se le había revelado la palabra de Jehová.
Y volvió Jehová a llamar a Samuel por tercera vez. Él pues se levantó y fué a Elí, y le dijo: Heme aquí, porque tú me has llamado. Elí entendió entonces que Jehová llamaba al muchacho.
Por lo cual Elí dijo a Samuel: Anda, acuéstate; y será que si volviere a llamarte, dirás: Habla, Jehová, que tu siervo escucha. Samuel por tanto fué y se acostó en su lugar.
Entonces vino Jehová, y se detuvo, y llamó como las otras veces: ¡Samuel! ¡Samuel! Y respondió Samuel: Habla, que tu siervo escucha.
¶Y dijo Jehová a Samuel: He aquí que voy a hacer una cosa en Israel, tal que a cualquiera que la oyere le retiñirán entrambos oídos.
En aquel día cumpliré para con Elí todo cuanto he dicho respecto de su casa; comenzaré y acabaré.
Pues yo le he dicho que castigaré a su casa perpetuamente, con motivo de la iniquidad de que él tenía conocimiento, cuando sus hijos iban atrayendo sobre sí maldición, y él no los refrenó.
Y por tanto he jurado acerca de la casa de Elí, que nunca jamás será espiada la iniquidad de la casa de Elí, ni con sacrificios ni con ofrendas vegetales.
¶Y Samuel se quedó acostado hasta la mañana; luego abrió las puertas de la Casa de Jehová: mas Samuel temía referir la visión a Elí.
Elí pues llamó a Samuel y le dijo: ¡Hijo mío, Samuel! A lo que él respondió: Heme aquí
Y dijo: ¿Qué es lo que Él te ha dicho? ruégote no me lo encubras. ¡Así haga Dios contigo, y más aún, si encubrieres de mí una palabra siquiera de cuanto él te ha dicho!
Con esto Samuel se lo refirió, palabra por palabra, y no le encubrió nada de ello. Entonces él respondió: ¡Jehová es; haga lo que fuere bueno a sus ojos!
¶Y Samuel se hizo hombre; y Jehová era con él, y no dejó caer a tierra ninguna de todas sus palabras.
Por donde conoció todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, que Samuel era establecido por profeta de Jehová.
Y volvió a aparecer Jehová en Silo; porque Jehová se descubrió a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.
Y LA palabra de Samuel era acreditada para con todo Israel. ¶Y salió Israel al encuentro de los Filisteos en guerra, y acamparon en Ebén-ezer; y los Filisteos acamparon en Afec.
Y los Filisteos ordenaron la batalla contra Israel; y trabándose la pelea, fué batido Israel delante de los Filisteos; los cuales mataron de las tropas en el campo como cuatro mil hombres.
Y vuelto que hubo el pueblo al real, decían los ancianos de Israel: ¿Por qué causa nos ha herido Jehová hoy delante de los Filisteos? Tráigasenos desde Silo el Arca del Pacto de Jehová, para que viniendo ésta en medio de nosotros, nos salve de mano de nuestros enemigos.
El pueblo pues envió a Silo, y trajeron de allí el Arca del Pacto de Jehová de los Ejércitos que habita entre los querubines; y estaban allí los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, con el Arca del Pacto de Dios.
Y aconteció luego que entró en el campamento el Arca del Pacto de Jehová, que todo Israel alzó el grito con algazara grande, de modo que la tierra se conmovió.
Y cuando oyeron los Filisteos el estruendo de aquella algazara, decían: ¿Qué estruendo de grande algazara es este que se oye en el campamento de los Hebreos? Y supieron que el Arca de Jehová había venido al real.
Por lo cual tuvieron temor los Filisteos, y dijeron: ¡Ha venido Dios al campamento! Dijeron además: ¡Ay de nosotros! porque nunca ha habido semejante cosa antes.
¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de mano de estos poderosos dioses? Éstos son aquellos dioses que hirieron a Egipto con toda suerte de plagas en el desierto.
¡Esforzaos y sed hombres, oh Filisteos; no sea que vosotros seáis siervos de los Hebreos, como ellos lo han sido a vosotros: sed hombres, pues, y pelead!
En efecto pelearon los Filisteos; y fué batido Israel; y huyeron cada cual a su estancia: y fué hecho muy grande estrago; porque cayeron de Israel treinta mil hombres de a pie.
Y el Arca de Dios fué tomada; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, fueron muertos.
¶Y corrió un hombre de Benjamín desde el ejército, y llegó a Silo aquel mismo día, rasgados sus vestidos, y echada tierra sobre su cabeza.
Llegó pues, y he aquí que Elí estaba sentado sobre una silla al lado del camino, atalayando; porque temblaba su corazón por el Arca de Dios. Y cuando aquel hombre vino a dar las nuevas en la ciudad, toda la ciudad dió gritos.
Al oír pues Elí el estruendo de aquella gritería, preguntó: ¿Qué voz de tumulto es ésa? Entonces el hombre dióse prisa y vino, y se lo dijo a Elí.
Elí era de edad de noventa y ocho años, y sus ojos estaban ya fijos, de modo que no podía ver.
Y dijo el hombre a Elí: Yo soy aquel que vino del ejército, y del ejército huí yo hoy. Y él le dijo: ¿Qué ha habido, hijo mío?
Y respondió aquel que traía la nueva, diciendo: Huyó Israel delante de los Filisteos; y también fué hecho grande estrago entre el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos; y el Arca de Dios ha sido tomada.
Y sucedió que como hiciese mención del Arca de Dios, cayó Elí de sobre la silla hacia atrás, a un lado de la puerta de la ciudad, y se le quebró la cerviz, y murió; porque era hombre viejo, y pesado: y había juzgado a Israel cuarenta años.
¶Su nuera también, mujer de Finees, estaba encinta; cercana al parto: y como oyese ella la nueva de haber sido tomada el Arca de Dios, y de la muerte de su suegro y de su marido, encorvóse y parió; porque sus dolores le acometieron de repente.
Y estando ella para morir, le decían las mujeres que estaban al rededor de ella: ¡No temas; porque has dado a luz un hijo! Mas ella no respondió, ni puso su corazón en ello.
Y nombró al niño Icabod, diciendo: ¡Llevada en cautiverio es la gloria de Israel! por haber sido tomada el Arca de Dios, y a causa de su suegro y de su marido.
Dijo pues: ¡Llevada en cautiverio es la gloria de Israel! por haber sido tomada el Arca de Dios.
MAS los Filisteos, habiendo tomado el Arca de Dios, la llevaron de Ebén-ezer a Asdod.
Tomando, pues los Filisteos el Arca de Dios, la metieron en la casa de Dagón, y la colocaron junto a Dagón.
Mas cuando madrugaron los de Asdod al día siguiente, ¡he aquí a Dagón caído sobre su rostro en tierra delante del Arca de Jehová! Y tomaron a Dagón, y le volvieron otra vez a su lugar.
Y levantándose muy de mañana al día siguiente, ¡he aquí a Dagón, caído otra vez en tierra sobre su rostro delante del Arca de Jehová! y la cabeza de Dagón, y las dos palmas de sus manos, yacían cortadas sobre el umbral de la puerta; solamente la parte que tenía de pez le quedaba.
Por lo cual los sacerdotes de Dagón, así como todos los que entran en casa de Dagón, no asientan el pie sobre el umbral de la puerta de Dagón en Asdod, hasta el día de hoy.
¶Agravóse también la mano de Jehová sobre los de Asdod, y los asoló; y los hirió con tumores, en Asdod y sus términos.
Y cuando vieron los hombres de Asdod que era así, decían: ¡No quede entre nosotros el Arca del Dios de Israel; porque su mano es dura sobre nosotros y sobre Dagón nuestro dios!
Enviaron pues y reunieron a sí todos los príncipes de los Filisteos, y decían: ¿Qué haremos del Arca del Dios de Israel? Y ellos respondieron: Llévese el Arca del Dios de Israel en torno hasta Gat. Llevaron pues el Arca del Dios de Israel en torno hasta allá.
Y aconteció que después que la hubieron llevado allá en torno, la mano de Jehová descargóse sobre la ciudad, causando muy grande consternación; pues hirió a los hombres de la ciudad, chicos y grandes: y les brotaron tumores.
¶Por fin enviaron el Arca de Dios a Ecrón. Mas aconteció que apenas llegó el Arca de Dios a Ecrón, los Ecronitas dieron gritos, diciendo: ¡Han traído en torno hasta nosotros el Arca del Dios de Israel, para matarnos a nosotros y a nuestro pueblo!
Enviaron de nuevo a reunir a todos los príncipes de los Filisteos; los cuales dijeron: Enviad el Arca del Dios de Israel, y vuélvase a su lugar, para que no nos mate a nosotros y a nuestro pueblo: porque había causado mortal consternación en toda la ciudad: la mano de Jehová se había agravado allí mucho.
Y los hombres que no murieron, fueron heridos con tumores; y el clamor de la ciudad subió al cielo.
Y ESTUVO el Arca de Jehová en el país de los Filisteos siete meses.
Entonces llamaron los Filisteos a los sacerdotes y a los adivinos, diciendo: ¿Qué haremos del Arca de Jehová? Decidnos con qué la hemos de enviar a su lugar.
A lo que ellos respondieron: Si enviareis el Arca del Dios de Israel, no la enviéis sin nada más; sino que ciertamente debéis pagarle a ese Dios una ofrenda por la culpa; entonces sanaréis, y se os manifestará por qué causa no se ha apartado su mano de vosotros.
Y ellos preguntaron: ¿Cuál es la ofrenda por la culpa que debemos pagarle? Y respondieron: Conforme al número de los príncipes de los Filisteos, cinco tumores de oro y cinco ratones de oro; porque una misma plaga ha tocado a todos vosotros y a vuestros príncipes.
Por tanto haréis figuras de vuestros tumores y figuras de los ratones, que han asolado vuestra tierra; así daréis gloria al Dios de Israel; quizás aliviará su mano de sobre vosotros, y de sobre vuestros dioses, y de sobre vuestra tierra.
¿Por qué pues queréis endurecer vuestro corazón, como los Egipcios y Faraón endurecieron su corazón? ¿No fué así que cuando Él hubo hecho maravillas en ellos, soltaron al pueblo, de manera que se fueron?
Ahora pues, haced un carro nuevo, y tomando dos vacas recién paridas, sobre las cuales nunca se haya puesto yugo, uncid las vacas al carro, y haced volver sus ternerillos de en pos de ellas a casa.
Entonces tomaréis el Arca de Jehová, y la pondréis sobre el carro; y las joyas de oro que le pagaréis como ofrenda por la culpa, las pondréis en una cajita al lado de ella; luego la dejaréis que se vaya.
Y estaréis a la mira: si, por el camino de su propio territorio, subiere a Bet-semes, entonces él nos ha hecho este gran mal; mas sino, sabremos que no es su mano la que nos ha herido; es un acaso que nos ha sucedido.
¶Y aquellos hombres lo hicieron así; pues tomaron dos vacas recién paridas, y las uncieron al carro, y encerraron sus ternerillos en casa;
y pusieron el Arca de Jehová sobre el carro, y la cajita con los ratones de oro y las figuras de los tumores.
Las vacas entonces tomando la vía recta por el camino de Bet-semes, seguían un mismo camino, andando y mugiendo; mas sin apartarse a diestra ni a siniestra: y los príncipes de los Filisteos siguieron tras ellas hasta el confín de Bet-semes.
Los Bet-semitas empero estaban segando los trigos en el valle; y alzando los ojos, vieron el Arca, y se alegraron de verla.
Y el carro vino al campo de Josué bet-semita, y se detuvo allí, donde había una gran piedra. Ellos entonces partieron las maderas del carro, y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehová.
Porque los levitas bajaron el Arca de Jehová, y la cajita que estaba con ella, que tenía dentro las joyas de oro; y la pusieron sobre aquella gran piedra: y los hombres de Bet-semes ofrecieron holocaustos y otros sacrificios a Jehová en aquel día.
Entonces los cinco príncipes de los Filisteos, cuando hubieron visto esto, volviéronse a Ecrón el mismo día.
¶Y estos fueron los tumores de oro que pagaron los Filisteos a Jehová, como ofrenda por la culpa: De parte de Asdod, uno; de parte de Gaza, uno; de parte de Ascalón, uno; de parte de Gat, uno; de parte de Ecrón, uno.
También los ratones de oro eran conforme al número de todas las ciudades de los Filisteos, que pertenecían a los cinco príncipes, desde las ciudades fortificadas hasta las aldeas de la gente campestre; y alcanzando el recinto que ocupaban hasta la piedra grande sobre la cual asentaron el Arca de Jehová (la cual piedra permanece hasta este día), en el campo de Josué bet-semita.
¶Mas hizo Dios estrago entre los hombres de Bet-semes, porque miraron dentro del Arca de Jehová; por lo cual hirió del pueblo setenta hombres y cincuenta mil hombres. Y prorrumpió el pueblo en llanto, porque Jehová había causado entre el pueblo gran mortandad.
Por lo cual decían los hombres de Bet-semes: ¿Quién es capaz de estar en pie delante de Jehová, este Dios tan santo? ¿y a quién subirá desde nosotros?
Y enviaron mensajeros a los habitantes de Kiryat-jearim, diciendo: Los Filisteos han devuelto el Arca de Jehová; bajad, y hacedla subir a vosotros.
VINIERON pues los hombres de Kiryat-jearim, y llevaron el Arca de Jehová; y la trajeron a casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar, su hijo, para que guardase el Arca de Jehová.
¶Y fué así que habían pasado ya muchos días desde el día en que se estableció el Arca en Kiryat-jearim (pues llegaron a ser veinte años); y toda la casa de Israel se lamentaba, suspirando en pos de Jehová.
Habló entonces Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón vais a volver a Jehová, quitad los dioses extraños de en medio de vosotros, con las Astartes, y fijad vuestro corazón en Jehová, y servidle a él sólo; así él os librará de mano de los Filisteos.
Los hijos de Israel pues desecharon a los Baales, y a las Astartes, y sirvieron a solo Jehová.
¶Y dijo Samuel: Congregadme a todo Israel, en Mizpa de Benjamín, y yo oraré a Jehová por vosotros.
Congregáronse pues en Mizpa; y sacaron agua, y la derramaron delante de Jehová; y ayunaron aquel día, y allí decían: ¡Hemos pecado contra Jehová! Y Samuel comenzó a juzgar a los hijos de Israel en Mizpa.
¶Mas oyendo los Filisteos que los hijos de Israel se habían congregado en Mizpa, los príncipes de los Filisteos subieron contra Israel. Y cuando lo supieron los hijos de Israel, tuvieron temor a causa de los Filisteos.
Dijeron entonces los hijos de Israel a Samuel: No ceses de clamar a Jehová nuestro Dios por nosotros, para que nos salve de mano de los Filisteos.
Y Samuel tomó un corderito de leche, y le ofreció entero en holocausto a Jehová; y clamó Samuel a Jehová por Israel; y respondióle Jehová.
Pues aconteció que mientras Samuel estaba ofreciendo el holocausto, los Filisteos se acercaron para pelear contra Israel; mas Jehová tronó aquel día con estruendo espantoso contra los Filisteos, y púsolos en confusión; y fueron heridos delante de Israel.
Y los hombres de Israel saliendo de Mizpa, persiguieron a los Filisteos, y los fueron acuchillando hasta más abajo de Bet-car.
Entonces Samuel tomó una piedra, y la colocó entre Mizpa y Sen; y le dió el nombre de Ebén-ezer, diciendo: ¡Hasta aquí nos ha ayudado Jehová!
¶De esta suerte fueron humillados los Filisteos, y por entonces no volvieron más a entrar en el territorio de Israel: y la mano de Jehová fué contra los Filisteos todos los días de Samuel.
Y fueron restituídas a Israel las ciudades que los Filisteos le habían quitado, desde Ecrón hasta Gat; Israel libró también los términos de aquellas ciudades de mano de los Filisteos. Y había paz entre Israel y los Amorreos.
Y Samuel juzgó a los hijos de Israel todos los días de su vida.
Y de año en año daba la vuelta por Bet-el, y Gilgal, y Mizpa; y juzgaba a Israel en todos estos lugares; y su regreso era a Ramá, porque allí tenía su casa; allí también juzgaba a Israel: y edificó allí un altar a Jehová.
- - -
MAS aconteció que cuando Samuel era ya viejo, puso a sus hijos por jueces de Israel.
Y fué el nombre del primogénito Joel, y el nombre del segundo Abías; los cuales eran jueces en Beer-seba.
Pero los hijos de Samuel no anduvieron en los caminos de él, sino que declinaron tras el interés, y admitieron los regalos, y pervirtieron el derecho.
Por lo cual se reunieron todos los ancianos de Israel; y llegándose a Samuel en Ramá,
le dijeron: He aquí que tú eres ya viejo, y tus hijos no andan en tus caminos. Ahora pues, pon sobre nosotros un rey que nos juzgue, como es usanza de todas las naciones.
Pero disgustóle a Samuel la propuesta, cuando le dijeron: Danos un rey que nos juzgue; y oró Samuel a Jehová.
Y Jehová respondió a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo cuanto te dijeren; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que yo no reine sobre ellos.
Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los hice subir de Egipto hasta este día, dejándome a mí y sirviendo a otros dioses, así también van haciendo contigo.
Ahora pues, oye su voz; esto no obstante, protesta solemnemente contra ellos, y pon delante de ellos lo que será el uso del rey que va a reinar sobre ellos.
¶Samuel pues refirió al pueblo que le había pedido un rey, todas las palabras de Jehová;
y les dijo: Este será el uso del rey que va a reinar sobre vosotros: A vuestros hijos los tomará, y los pondrá en sus carros de guerra y en su caballería, y correrán delante de sus carros;
y los constituirá jefes de miles, y jefes de cincuentenas; los pondrá también a arar sus tierras, y a segar sus campos, y a hacer sus instrumentos de guerra, y los pertrechos de sus carros.
Además, de entre vuestras hijas tomará para perfumistas, y para cocineras, y para panaderas.
Asimismo vuestros campos y vuestras viñas y vuestros olivares, los mejores de ellos, él los tomará para dárselos a sus siervos.
Y diezmará vuestra simiente y el producto de vuestras viñas, para darlo a sus camareros y a sus siervos.
Tomará también a vuestros siervos, y a vuestras siervas, y a los más escogidos de vuestros mancebos, y a vuestros asnos, y los ocupará en sus labores.
Diezmará vuestro ganado: en fin, vosotros seréis siervos suyos.
Y clamaréis en aquel día a causa de vuestro rey que os habéis escogido; y Jehová no os responderá en aquel día.
¶El pueblo empero rehusó escuchar la voz de Samuel, y dijeron: No, sino que ha de haber rey sobre nosotros;
para que seamos nosotros también como todas las demás naciones; y para que nos juzgue nuestro rey, y salga al frente de nosotros para pelear nuestras batallas.
Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y refiriólas en oídos de Jehová.
Y Jehová dijo a Samuel: Escucha su voz, y constitúyeles un rey. Y Samuel dijo a los hombres de Israel: Id cada cual a su ciudad.
HABÍA entonces un hombre de Benjamín, que se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, benjamita, hombre esforzado y valeroso;
el cual tenía un hijo que se llamaba Saúl, mancebo gallardo y hermoso: no había entre los hijos de Israel hombre de mejor presencia que él: desde los hombros arriba descollaba sobre todo el pueblo.
Y habíanse perdido unas asnas de Cis padre de Saúl; por lo cual Cis dijo a Saúl su hijo: Ruégote tomes contigo uno de los mozos, y te levantes, y busques las asnas.
Atravesaron pues la serranía de Efraim, y pasaron por el país de Saalim, mas no las hallaron. En seguida pasaron por el país de Saalim; y no parecieron. Luego pasaron por el país de los Benjamitas, mas no las encontraron.
Ellos habían ya entrado en el país de Zuf, cuando Saúl dijo al mozo suyo que le acompañaba: Ven y volvámonos, no sea que mi padre, dejado el cuidado de las asnas, se afane por nosotros.
Entonces él le dijo: Mira, te ruego; hay un varón de Dios en esta ciudad, que es un hombre insigne; todo cuanto él dice, se verifica sin falta. Ahora pues, vamos allá; quizá él nos dirá el camino por donde debemos andar.
Entonces dijo Saúl a su mozo: Y bien, supuesto que nos vayamos, ¿qué llevaremos a ese hombre? porque ya se ha acabado el pan que había en nuestras alforjas, y no tenemos regalo alguno que llevar al varón de Dios: ¿qué tenemos?
Y volvió el mozo a contestar a Saúl, diciendo: He aquí que me hallo con la cuarta parte de un siclo de plata; eso pues daré al varón de Dios para que él nos indique nuestro camino.
(Antiguamente en Israel cuando iban los hombres a consultar a Dios decían así: Venid y vayamos al vidente; porque al profeta de hoy, se le llamaba anteriormente el vidente.)
Dijo entonces Saúl al mozo suyo: Dices bien; anda, vamos. Fueron pues a la ciudad, donde vivía el varón de Dios.
Iban ellos subiendo la cuesta hacia la ciudad, cuando se encontraron con unas muchachas que salían a sacar agua, y les dijeron: ¿Está aquí el vidente?
Y ellas les contestaron, diciendo: Sí, está; hele allí enfrente de ti. Apresuraos ahora mismo; porque vino hoy a la ciudad; por cuanto hay un sacrificio hoy para el pueblo en el alto.
Luego que entréis en la ciudad, al momento le encontraréis, antes que suba al alto para comer; pues no comerá la gente hasta que él haya venido; porque él suele bendecir el sacrificio, y después de esto comen los convidados. Subid pues ahora; que hoy mismo le habéis de encontrar.
En efecto, subieron a la ciudad. Estaban ellos ya para entrar en la ciudad, cuando he aquí a Samuel mismo que les salió al paso, de subida para el alto.
¶Es de saber que Jehová había avisado a Samuel un día antes de la llegada de Saúl, diciendo:
Como a estas horas el día de mañana te enviaré un hombre del país de Benjamín, a quien ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y él salvará a mi pueblo de mano de los Filisteos; porque he mirado propicio a mi pueblo, por cuanto ha llegado a mí su clamor.
Samuel pues miró a Saúl, y al preguntar él, Jehová le respondió: ¡He aquí al hombre de quien te hablé! éste ha de regir a mi pueblo.
Saúl entonces se acercó a Samuel, dentro de la puerta de la ciudad, y le dijo: Ruégote me indiques dónde está la casa del vidente.
Y Samuel respondió a Saúl, diciendo: Yo soy el vidente; sube delante de mí al alto, porque los dos comeréis conmigo hoy, y por la mañana te despediré; también todo lo que tienes en el corazón te lo diré.
Mas en cuanto a las asnas que se te perdieron tres días ha, no tengas cuidado por ellas, que ya son halladas; ¿y para quién es la dignidad más codiciada en Israel? ¿no es para ti y para toda la casa de tu padre?
A lo que respondió Saúl: ¿No soy yo benjamita, de la más pequeña de las tribus de Israel? ¿y no es mi familia la menos importante de todas las familias de las parentelas de Benjamín? ¿por qué pues me dices a mí semejante cosa?
¶En seguida Samuel, tomando consigo a Saúl y al mozo suyo, los trajo a la sala, y dióles lugar a la cabecera de los convidados; los cuales eran como treinta hombres.
Entonces dijo Samuel al cocinero: Da acá la porción que te dí, de la cual te dije: Pon ésta aparte, junto a ti.
Cogió pues el cocinero la pierna, con lo que había sobre ella, y la puso delante de Saúl; y Samuel dijo: He aquí lo que tenía reservado; ponlo delante de ti, y come; pues hasta esta ocasión fué guardado para ti, cuando dije: He convidado gente. Y comió Saúl con Samuel aquel día.
Luego bajaron del alto a la ciudad; y conferenció Samuel con Saúl en el terrado.
¶Y al otro día madrugaron; pues aconteció que como iba subiendo el alba, Samuel llamó a Saúl que había dormido sobre el terrado, diciendo: ¡Levántate, para que te despache! Saúl pues se levantó, y salieron fuera los dos, él y Samuel.
Ellos iban bajando por el extremo de la ciudad, cuando Samuel dijo a Saúl: Di al mozo que pase delante de nosotros (y él pasó adelante); mas tú, le dijo, deténte por ahora, para que te haga oír una revelación que tengo de Dios.
TOMÓ entonces Samuel una redoma de aceite, y derramólo sobre la cabeza de Saúl, y besándole, dijo: ¿No es por cuanto Jehová te ha ungido por príncipe sobre su herencia?
Cuando te hayas separado hoy de mí, encontrarás dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en la frontera de Benjamín, en Selsa, los cuales te dirán: Ya son halladas las asnas que fuiste a buscar; y he aquí que tu padre desechado ya el cuidado que tenía por las asnas, se afana por vosotros, diciendo: ¿Qué haré acerca de mi hijo?
Y pasando de allí adelante, llegarás a la encina de Tabor, donde te encontrarán tres hombres que van subiendo a Dios, en Bet-el, el uno llevando tres cabritos, y el otro llevando tres tortas de pan, y el tercero llevando un cuero de vino.
Y ellos te saludarán, y te darán dos panes, los cuales recibirás de su mano.
Después de esto, llegarás a Gabaa de Dios, donde hay una guarnición de Filisteos; y sucederá que luego que llegares allá a la ciudad, encontrarás una compañía de profetas bajando del alto, precedidos de salterio, y tambor y flauta y arpa, y ellos profetizando.
Entonces se apoderará de ti el Espíritu de Jehová, de manera que tú profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre.
Y sea, cuando te hayan sucedido estas señales, que hagas lo que se te ofreciere, porque Dios es contigo.
También descenderás delante de mí a Gilgal; pues he aquí que yo descenderé a ti para ofrecer holocaustos y sacrificar ofrendas pacíficas: siete días me aguardarás, hasta que yo vaya a ti, y te enseñe lo que debas hacer.
¶En efecto, sucedió que al volver él las espaldas para irse de la presencia de Samuel, le mudó Dios el corazón en otro; y le acontecieron todas estas señales en aquel mismo día.
Y cuando llegaron allá a Gabaa, he aquí una compañía de profetas que venía a su encuentro: entonces el Espíritu de Dios apoderóse de él, de manera que profetizó en medio de ellos.
Y acaeció que cuando todos los que le conocían antes vieron que, he aquí, él andaba profetizando en medio de los profetas, la gente decía el uno al otro: ¿Qué es esto que le ha sucedido al hijo de Cis? ¿Saúl también se halla entre los profetas?
Y respondió uno de los de allí, y dijo: ¿Y quién es su padre? Por lo cual pasó en refrán: ¿Saúl también se halla entre los profetas?
¶Y cuando hubo acabado de profetizar, vino al alto de Gabaa.
Y el tío de Saúl les preguntó a él y a su criado: ¿A dónde habéis ido? A lo cual él respondió: Fuimos a buscar las asnas; y cuando vimos que no parecían, acudimos a Samuel.
Dijo entonces el tío de Saúl: Ruégote me digas lo que os ha dicho Samuel.
Y respondió Saúl a su tío: Nos dijo expresamente que habían sido halladas las asnas; pero del asunto del reino, no le manifestó lo que le había dicho Samuel.
¶Entonces convocó Samuel al pueblo delante de Jehová en Mizpa.
Y dijo a los hijos de Israel: Así dice Jehová el Dios de Israel: Yo hice subir a Israel de Egipto, y os libré de mano de los Egipcios, y de mano de todos los reinos que os han oprimido.
Mas vosotros el día de hoy habéis desechado a vuestro Dios, que os salva de todas vuestras calamidades y de vuestras tribulaciones; pues que le habéis dicho: No, sino que has de poner sobre nosotros un rey. Ahora bien, presentaos delante de Jehová por vuestras tribus, y por vuestros millares.
Entonces haciendo Samuel que se llegasen todas las tribus de Israel, fué tomada la tribu de Benjamín
Luego hizo llegar la tribu de Benjamín por sus parentelas, y fué tomada la parentela de Matri; luego fué tomado Saúl, el hijo de Cis: y le buscaron, mas no fué hallado.
Por lo cual preguntaron otra vez a Jehová: ¿Ha venido aún ese hombre? Y respondió Jehová: Hele allí escondido entre el bagaje.
Entonces corrieron, y le trajeron de allí; y al presentarse en medio del pueblo, descollaba entre todo el pueblo de los hombros arriba.
Entonces dijo Samuel a todo el pueblo: ¿Habéis mirado al que Jehová ha escogido, y visto que no hay ninguno semejante a él entre todo el pueblo? Y gritó todo el pueblo, diciendo: ¡Viva el rey!
¶En seguida recitó Samuel al pueblo la ordenanza del reino, y escribióla en un libro, y la depositó en el Tabernáculo, delante de Jehová; luego envió Samuel a todo el pueblo cada uno a su casa.
Y también Saúl se fué a su casa en Gabaa; y fueron con él una compañía de hombres cuyos corazones Dios había tocado.
Pero algunos hijos de Belial decían: ¿Cómo nos ha de salvar éste? Y le tenían en desprecio, y no le trajeron presente: mas él disimuló, haciendo como que nada oía.
EMPERO subió Nahás ammonita, y asentó campamento contra Jabés-galaad. Entonces todos los hombres de Jabés dijeron a Nahás: Celebra pacto con nosotros, y te serviremos.
Y les dijo Nahás ammonita: Con esta condición celebraré pacto con vosotros; a saber, conque se os saque a todos el ojo derecho, para que yo lo ponga por vituperio contra todo Israel.
A lo que le respondieron los ancianos de Jabés: Concédenos el plazo de siete días, hasta que enviemos mensajeros por todos los términos de Israel; y si no hay quien nos salve, entonces saldremos a ti.
Vinieron pues los mensajeros a Gabaa de Saúl; y cuando hubieron referido estas palabras en oídos del pueblo, alzó todo el pueblo la voz y lloró.
Mas he aquí a Saúl que venía del campo tras los bueyes. Y dijo Saúl: ¿Qué tiene el pueblo que llora? y le refirieron las palabras de los hombres de Jabés.
Entonces el Espíritu de Dios arrebató a Saúl, luego que oyó aquellas palabras; y se enardeció su ira en gran manera.
Y tomando un par de bueyes, los hizo trozos, los cuales envió por todos los términos de Israel por manos de mensajeros, diciendo: ¡Así será hecho con los bueyes del que no salga en pos de Saúl, y en pos de Samuel! Y cayó pavor de Jehová sobre el pueblo, de manera que salieron como un solo hombre.
Y les pasó revista en Bezec; y fueron los hijos de Israel trescientos mil hombres, y los hombres de Judá treinta mil.
Entonces respondieron a los mensajeros que habían venido: Así diréis a los hombres de Jabés-galaad: Mañana, al calentar el sol, tendréis socorro. Fueron pues los mensajeros y se lo dijeron a los hombres de Jabés; y ellos se alegraron.
Y los hombres de Jabés respondieron a Nahás: Mañana saldremos a vosotros, para que hagáis con nosotros todo lo que bien os pareciere.
Y aconteció al día siguiente que Saúl dispuso el pueblo en tres cuerpos de ejército, los cuales entraron en medio del campamento enemigo a la vela de la mañana, e hirieron a los Ammonitas hasta el calor del día: y el resto fué disperso, de tal modo que no quedaron de ellos dos juntos.
¶Entonces dijo el pueblo a Samuel: ¿Quién fué que decía: ha de reinar Saúl sobre nosotros? ¡Dad acá a esos hombres, para que los hagamos morir!
Saúl empero dijo: No será muerto hombre alguno hoy, porque hoy ha obrado Jehová salvación en Israel.
¶Entonces dijo Samuel al pueblo: Venid, y vayamos a Gilgal, para que allí constituyamos de nuevo el reino.
Fué pues todo el pueblo a Gilgal, e hicieron rey a Saúl delante de Jehová allí en Gilgal; y allí ofrecieron sacrificios de ofrendas pacíficas delante de Jehová: y Saúl y todos los hombres de Israel se regocijaron allí en gran manera.
ENTONCES dijo Samuel a todo Israel: He aquí que he escuchado vuestra voz, conforme a todo lo que me dijisteis, y he constituído sobre vosotros un rey.
Y ahora, he aquí al rey que va al frente de vosotros. Mas yo ya soy viejo y cano; y en cuanto a mis hijos, he aquí que están con vosotros; y yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta este día.
Heme aquí; testificad contra mí delante de Jehová y delante de su ungido, o cúyo buey he tomado, o cúyo asno he tomado, o a quién he hecho extorsión, o a quién he oprimido, o de cúya mano he admitido un regalo para cegar mis ojos con él; y se lo devolveré.
A lo cual ellos respondieron: No nos has hecho extorsión, ni nos has oprimido, ni has admitido nada de mano de nadie.
Entonces él les dijo: ¿Testigo es Jehová contra vosotros, y testigo es su ungido el día de hoy, de que no habéis hallado nada en mi mano? Y ellos contestaron: Testigo es.
¶Luego dijo Samuel al pueblo: Jehová es quien comisionó a Moisés y Aarón, y quien hizo subir a vuestros padres de la tierra de Egipto.
Pues bien, presentaos ahora para que yo os arguya delante de Jehová, de todos los beneficios que Jehová ha hecho para con vosotros, y para con vuestros padres.
Después que hubo bajado Jacob a Egipto, cuando clamaron vuestros padres a Jehová, envió Jehová a Moisés y a Aarón, los cuales sacaron a vuestros padres de Egipto, y los hicieron habitar en este lugar.
Mas ellos olvidaron a Jehová su Dios, y él los vendió en mano de Sísara, jefe de la hueste de Hazor, y en mano de los Filisteos, y en mano del rey de Moab; los cuales pelearon contra ellos.
Entonces clamaron a Jehová, diciendo: ¡Hemos pecado, porque hemos dejado a Jehová, y hemos servido a los Baales y a las Astartes! Ahora pues, líbranos de nuestros enemigos y te serviremos a ti.
Envió pues Jehová a Jerobaal, y a Bedán, y a Jefté, y a Samuel, y os libró de mano de vuestros enemigos en derredor; y habitasteis con seguridad.
Empero cuando visteis que Nahás, rey de los hijos de Ammón, venía contra vosotros, me dijisteis: No, sino que ha de reinar sobre nosotros un rey; siendo así que Jehová vuestro Dios era vuestro rey.
Ahora pues, ¡he ahí al rey que habéis escogido y a quien habéis pedido! pues he aquí que Jehová ha puesto sobre vosotros un rey.
Si vosotros temiereis a Jehová, y le sirviereis, y escuchareis su voz, y no os rebelareis contra el mandamiento de Jehová, y permaneciereis, así vosotros como el rey que reina sobre vosotros, siguiendo en pos de Jehová vuestro Dios, bien:
mas si no oyereis la voz de Jehová, sino que os rebelareis contra el mandamiento de Jehová, entonces la mano de Jehová estará contra vosotros, como estuvo contra vuestros padres.
También ahora mismo presentaos y ved este prodigio que Jehová va a hacer delante de vuestros ojos.
¿No es la siega de los trigos hoy? pues yo clamaré a Jehová, y él dará truenos y lluvias; por donde sepáis y veáis que es grande a los ojos de Jehová el pecado que habéis cometido, pidiendo para vosotros un rey.
Clamó pues Samuel a Jehová; y Jehová dió truenos y lluvias en aquel día; con lo cual todo el pueblo temió en gran manera a Jehová y a Samuel.
¶Y dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega a Jehová tu Dios por tus siervos para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido esta maldad de pedir para nosotros un rey.
Samuel entonces respondió al pueblo: No temáis: vosotros es verdad que habéis hecho toda esta maldad; esto no obstante, no os apartéis de en pos de Jehová, sino servid a Jehová de todo vuestro corazón.
No os apartéis pues; porque entonces seguiríais tras de vanidades que ni os pueden aprovechar, ni os pueden librar; porque nada son.
Porque Jehová, a causa de su gran nombre, no desamparará a su pueblo; ya que quiso Jehová haceros pueblo suyo.
Y en cuanto a mí, nunca permita Dios que yo peque contra Jehová en cesar de rogar por vosotros; antes bien yo os dirigiré por el camino bueno y recto:
con tal que temáis a Jehová, y le sirváis con sinceridad, de todo vuestro corazón, pues ¡ved cuán grandes cosas él ha hecho por vosotros!
Mas si persistiereis en hacer el mal, así vosotros como vuestro rey pereceréis.
DE edad de [treinta] años era Saúl cuando comenzó a reinar; y cuando hubo reinado dos años sobre Israel,
escogió Saúl para sí tres mil hombres de Israel; de los cuales dos mil estaban con Saúl en Micmás y en el cerro de Bet-el, y mil estaban con Jonatán en Gabaa de Benjamín; mas en cuanto a lo restante del pueblo, Saúl los había enviado cada cual a su casa.
Y Jonatán había herido la guarnición de los Filisteos que había en Geba; y oyeron de ello los Filisteos. Entonces Saúl tocó la trompeta por todo el país, diciendo: ¡Oigan los Hebreos!
En efecto todo Israel oyó decir: Saúl ha herido la guarnición de los Filisteos, y también Israel ha venido a ser odioso a los Filisteos: por lo cual fué convocado el pueblo tras Saúl en Gilgal.
Los Filisteos también se juntaron para pelear contra Israel, a saber, treinta mil carros, y seis mil de gente de a caballo, y pueblo como las arenas que están a la orilla del mar en multitud: los cuales subieron, y asentaron campamento en Micmás, al oriente de Bet-aven.
Y los hombres de Israel se vieron en apuro; porque el pueblo estaba agobiado de terror, en grado que se escondía el pueblo en cuevas, y en espinares, y entre peñascos, y en lugares fuertes, y en cisternas.
Hubo también hebreos que pasaron el Jordán a la tierra de Gad, y de Galaad. Saúl empero permanecía todavía en Gilgal; mas todo el pueblo le seguía tembloroso.
¶Y Saúl esperó los siete días del plazo que había puesto Samuel; mas Samuel no vino a Gilgal; entretanto se iba dispersando el pueblo de en derredor de él.
Entonces dijo Saúl: Traedme el holocausto y las ofrendas pacíficas; y él mismo ofreció el holocausto.
Mas aconteció que como acabase de ofrecer el holocausto, ¡he aquí a Samuel que venía! y salió Saúl a su encuentro para saludarle.
Mas Samuel le dijo: ¿Qué has hecho? A lo que respondió Saúl: Cuando ví que se dispersaba la gente de en derredor mío, y que tú no venías dentro de los días del plazo, y que los Filisteos estaban reunidos en Micmás,
dije: Ahora descenderán los Filisteos contra mí a Gilgal, y yo todavía no he suplicado el favor de Jehová; por tanto me hice fuerza, y ofrecí el holocausto.
Y Samuel respondió a Saúl: Te has portado neciamente; no has aguardado el mandamiento de Jehová tu Dios que él te impuso; pues que ahora Jehová hubiera establecido tu reino sobre Israel para siempre.
Ahora empero no permanecerá en pie tu reino. Jehová ha buscado para sí un hombre conforme a su corazón, a quien Jehová ha nombrado príncipe sobre su pueblo; por cuanto tú no has guardado lo que él te mandó.
Luego levantóse Samuel y subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín. Saúl entonces pasó revista a la gente que se hallaba con él, que era como seiscientos hombres.
¶Y Saúl y Jonatán su hijo, y la gente que se hallaba con ellos, estaban de asiento en Gabaa de Benjamín, mientras que los Filisteos tenían asentado su campamento en Micmás.
Y los merodeadores salieron del campamento de los Filisteos en tres compañías; dirigiéndose una compañía por el camino de Ofra, hacia la tierra de Saúl,
y dirigiéndose otra compañía por el camino de Bet-horón, en tanto que la otra compañía se dirigía por el camino de la frontera, que domina el Valle de Zeboim, mirando hacia el desierto.
¶Y no se hallaba herrero en toda la tierra de Israel; porque decían los Filisteos: No suceda que los Hebreos se hagan espadas o lanzas.
Por eso bajaban todos los Israelitas a donde había Filisteos para aguzar su reja, y su azadón, y su hacha, y su pico,
cuando se embotaron los picos, y los azadones, y las horquillas, y las hachas; y para componer los aguijones.
Y así sucedió que en el día de batalla no se hallaba espada ni lanza en mano de ninguno de los de la gente que acompañaba a Saúl y a Jonatán; mas se hallaba en mano de Saúl y de Jonatán su hijo.
Y la guarnición de los Filisteos había avanzado hasta el desfiladero de Micmás.
ACONTECIÓ pues, cierto día, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su paje de armas: Ven, pasémonos a la guarnición de los Filisteos, que está por aquel lado del valle: pero no dió parte de esto a su padre.
Y Saúl estaba acampado al extremo de Gabaa, debajo del peñón de Rimmón que está en Migrón; y la gente que tenía consigo era como seiscientos hombres.
Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí (sacerdote de Jehová en Silo), vestía el Efod: y la gente no sabía que Jonatán se había ido.
Y entre los desfiladeros por donde procuraba Jonatán pasar a la guarnición de los Filisteos, había un pico rocalloso de ésta parte, yotro pico rocalloso de aquélla parte; siendo el nombre del uno Boses, y el nombre del otro Sené.
El un pico formaba una peña escarpada de la parte del norte, frente a Micmás y el otro de la parte del sur, frente a Gabaa.
Dijo pues Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos, quizá obrará Jehová juntamente con nosotros; porque para con Jehová no hay estorbo en salvar por muchos o por pocos.
A lo que respondió su paje de armas: Haz cuanto tuvieres en tu corazón; vuelve a dondequiera; pues he aquí que yo estoy contigo, conforme a tu corazón.
Dijo entonces Jonatán: He aquí, vamos a pasar a aquellos hombres y nos mostraremos a ellos.
Si nos dijeren así: Estaos quietos hasta que nosotros lleguemos a vosotros; nos quedaremos en nuestro lugar sin subir a ellos.
Pero si dijeren así: Subid a donde estamos nosotros; entonces subiremos; que Jehová los ha entregado en nuestra mano: esto pues nos servirá de señal.
En efecto se mostraron los dos a la guarnición de los Filisteos. Y dijeron los Filisteos: ¡He allí a aquellos hebreos que salen de las cavernas donde se habían escondido!
Y los hombres de la guarnición respondieron a Jonatán y a su escudero, diciendo: ¡Subid a donde estamos nosotros, y os mostraremos una cosa! Dijo pues Jonatán a su paje de armas: ¡Sube en pos de mí, que los ha entregado Jehová en manos de Israel!
Y trepó Jonatán sobre sus manos y sus pies, y su paje de armas tras él. Y cayeron delante de Jonatán; y su paje de armas mataba en pos de él.
Y fué aquella primera matanza que hicieron Jonatán y su paje de armas, cosa de veinte hombres, en el espacio como de una media yugada.
Y hubo temblor en el campamento, en el campo y entre toda la gente; y la guarnición y los merodeadores también temblaron; la tierra también se sacudió; de modo que vino a ser un temblor muy grande.
¶Entonces miraron los centinelas de Saúl en Gabaa de Benjamín, y he aquí que la multitud se iba disolviendo, y se iba de continuo dispersando.
Por lo cual dijo Saúl al pueblo que estaba con él: Pasad revista, y ved quién ha salido de entre nosotros. Pasaron revista pues, y he aquí que faltaban Jonatán y su paje de armas.
Luego dijo Saúl a Ahías: Trae aquí el Arca de Dios: porque el Arca de Dios estaba en aquel tiempo allí con los hijos de Israel.
Y aconteció que mientras hablaba Saúl con el sacerdote, el tumulto que había en el campamento de los Filisteos siguió aumentándose más y más; por lo cual Saúl dijo al sacerdote: Retira tu mano.
En seguida se convocaron Saúl y la gente que le acompañaba, y fueron al combate: y he aquí que la espada de cada cual estaba contra su compañero, causando una confusión excesivamente grande.
Entonces los Hebreos que antes habían estado de parte de los Filisteos, los cuales habían subido con ellos al campamento de en derredor, ellos también vinieron a juntarse con los de Israel que estaban con Saúl y Jonatán.
Asimismo todos los hombres de Israel que se habían escondido en la serranía de Efraim, luego que oyeron decir que los Filisteos habían huído, siguieron ellos también su alcance en la batalla.
Así Jehová salvó en aquel día a Israel; y la batalla pasó a Bet-aven.
¶Empero los hombres de Israel estaban acongojados aquel día; porque Saúl había obligado al pueblo con juramento, diciendo: ¡Maldito aquel que gustare alimento hasta la tarde; para que yo tome venganza de mis enemigos! por lo cual no probó bocado ni uno del pueblo.
Mas al entrar todo el pueblo en un bosque, había miel sobre la faz del campo.
Vino pues la gente al bosque, y he aquí que chorreaba la miel; pero no hubo quien llegase la mano a la boca; porque el pueblo temía el juramento.
Mas Jonatán no había oído cuando su padre juramentó al pueblo; por lo cual extendió la punta de una vara que tenía en la mano, y la metió en un panal de miel, y se llegó la mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos.
Entonces respondió uno del pueblo, y dijo: Tu padre juramentó estrechamente al pueblo, diciendo: ¡Maldito aquel que comiere pan hoy! Y ya estaba exhausto el pueblo.
A lo que respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. ¡Ved, os ruego cómo se me han aclarado los ojos, por cuanto he gustado un poco de esta miel!
¿Cuánto más si el pueblo hubiera hoy comido libremente del despojo de sus enemigos, que han encontrado? pues ¿no se hubiera hecho ya mucho mayor estrago entre los Filisteos?
¶E hirieron a los Filisteos en aquel día desde Micmás a Ayalón: pero estaba el pueblo sumamente cansado.
Y arrojóse el pueblo sobre la presa, y agarrando ovejas y bueyes y carneros, degollaron sobre el suelo; y comió el pueblo con sangre.
Entonces avisaron a Saúl, diciendo: He aquí que el pueblo peca contra Jehová, comiendo con sangre. Y él respondió: ¡Prevaricáis! rodadme acá ahora una piedra grande.
Dijo también Saúl: Dispersaos entre el pueblo y decidles: Traedme a mí cada uno su buey, y cada uno su oveja, y degolladlos aquí, para que comáis; y no pequéis contra Jehová, comiendo con sangre. Y el pueblo trajo consigo cada cual su buey aquella noche, y los degollaron allí.
Y edificó Saúl un altar a Jehová: aquel fué el primer altar que edificó a Jehová.
¶Entonces dijo Saúl: ¡Descendamos en pos de los Filisteos de noche, y despojémoslos hasta la luz de la mañana, y no dejemos de ellos ni siquiera uno! A lo que ellos respondieron: Haz todo cuanto a bien tuvieres. Pero dijo el sacerdote: Acerquémonos aquí a Dios.
Preguntó pues Saúl a Dios: ¿Descenderé contra los Filisteos? ¿los entregarás en mano de Israel? Mas no le respondió aquel día.
Entonces dijo Saúl; Llegaos acá todos los principales del pueblo; y considerad y ved en qué ha consistido este pecado hoy;
pues ¡vive Jehová, el Salvador de Israel, que aunque fuere en Jonatán mi hijo, de seguro morirá! Mas no hubo entre todo el pueblo quien le respondiese.
Él pues dijo a todo Israel: Vosotros estaos del un lado, y yo y Jonatán mi hijo estaremos del otro lado. Y dijo el pueblo a Saúl: Haz lo que bien te pareciere.
Entonces dijo Saúl a Jehová, el Dios de Israel: Da suerte cabal: y fueron tomados Jonatán y Saúl, mientras que el pueblo salió libre.
Luego dijo Saúl: Echad suertes entre mí y Jonatán mi hijo: y fué tomado Jonatán.
Entonces dijo Saúl a Jonatán: Manifiéstame lo que has hecho. Y se lo manifestó Jonatán, diciendo: Apenas gusté con la punta de la vara que había en mi mano, un poco de miel: ¡y he aquí, yo he de morir!
Y respondió Saúl: ¡Así me haga Dios, y más aún; que de seguro morirás, Jonatán!
El pueblo empero dijo a Saúl: ¿Conque Jonatán ha de morir, el que ha obrado esta tan grande salvación en Israel? ¡No lo permita Dios! ¡Vive Jehová, que no caerá a tierra ni un cabello de su cabeza, pues con Dios ha obrado hoy! Rescató pues el pueblo a Jonatán, de manera que no murió.
En seguida volvió Saúl de en pos de los Filisteos; y los Filiseos se fueron a su lugar.
¶Así pues Saúl recibió el reino sobre Israel; y peleó contra todos sus enemigos en derredor suyo; contra los Moabitas, y contra los hijos de Ammón, y contra los Idumeos, y contra los reyes de Soba, y contra los Filisteos: y a dondequiera que se volvía, les causó estrago:
pues se hizo un ejército, e hirió también a los Amalecitas; y libró a Israel de mano de los que le despojaban.
¶Y los hijos de Saúl eran Jonatán, e Isuí, y Melquisúa; y eran los nombres de sus dos hijas, el nombre de la mayor, Merab, y el nombre de la menor, Micol.
Y la mujer de Saúl se llamaba Ahinoam, hija de Ahimaaz; y el nombre del jefe del ejército era Abner, hijo de Ner, tío de Saúl.
Porque Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, eran hijos de Abiel.
Y hubo guerra cruda contra los Filisteos todos los días de Saúl: y siempre que veía Saúl algún hombre poderoso, o algún hombre valiente, le tomaba consigo.
Y DIJO Samuel a Saúl: A mí me envió Jehová para ungirte rey sobre su pueblo, sobre Israel. Ahora pues, escucha la voz de las palabras de Jehová.
Así dice Jehová de los Ejércitos: Me he hecho cargo de lo que hizo Amalec para con Israel, de cómo se le opuso en el camino, cuando subía de Egipto.
Ahora pues, anda y hiere a Amalec; y destruíd completamente todo lo suyo, sin tenerle compasión alguna; antes harás morir hombres y mujeres, niños y mamantes, vacas y ovejas, camellos y asnos.
¶Saúl convocó entonces al pueblo, y les pasó revista en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá.
Y llegando Saúl a la ciudad de Amalec, contendió con ellos en el valle.
Y dijo Saúl a los Cineos: ¡Idos, retiraos, bajad de entre los Amalecitas, no sea que os destruya juntamente con ellos! porque vosotros usasteis de benevolencia para con todos los hijos de Israel cuando subieron de Egipto. Retiráronse pues los Cineos de en medio de los Amalecitas.
Entonces hirió Saúl a Amalec desde Havia hasta llegar a Shur, que está en la frontera de Egipto.
Y tomó vivo a Agag, rey de Amalec; mas a todo el pueblo destruyó completamente a filo de espada.
Pero Saúl y el pueblo tuvieron lástima de Agag, y de lo mejor de las ovejas y de los bueyes, y de los animales engordados, y de los corderos, en fin, de todo lo bueno, y no quisieron destruirlo completamente; mas en cuanto a todo lo vil y lo despreciable, eso lo destruyeron por completo.
¶Entonces tuvo Samuel una revelación de Jehová, que decía: Pésame de haber hecho rey a Saúl; porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras.
Y encendióse la indignación de Samuel; y clamó a Jehová toda aquella noche.
Y por la mañana madrugó Samuel para ir a recibir a Saúl. Mas le dieron aviso a Samuel, diciendo: Vino Saúl al Carmelo, y he aquí que ha levantado para sí un monumento; luego dió la vuelta y pasó adelante, y descendió a Gilgal.
Por fin llegó Samuel a donde estaba Saúl; y le dijo Saúl: ¡Bendito eres de Jehová; he cumplido lo mandado por Jehová!
A lo cual contestó Samuel: Pues ¿qué balidos de ovejas son estos que resuenan en mis oídos, y el mugido de bueyes que estoy escuchando?
Dijo entonces Saúl: De los Amalecitas los han traído; pues tuvo el pueblo lástima de lo mejor de las ovejas, y de los bueyes, reservándolos a fin de ofrecerlos en sacrificio a Jehová tu Dios: pero lo restante lo destruimos completamente.
¶Entonces dijo Samuel a Saúl: Detente, para que te anuncie lo que me dijo Jehová esta noche. Y él le respondió: Habla.
Samuel pues le dijo: ¿No eras pequeño en tus propios ojos cuando fuiste constituído cabeza de las tribus de Israel, y te ungió Jehová por rey sobre Israel?
Y Jehová te envió a una jornada, diciendo: Anda, destruye completamente a aquellos pecadores, los Amalecitas, y pelea contra ellos hasta acabarlos.
¿Por qué pues no has obedecido a la voz de Jehová, sino que te abalanzaste al despojo, y has hecho lo que es malo a los ojos de Jehová?
Mas Saúl respondió a Samuel: Antes bien, he obedecido a la voz de Jehová, y he acabado la jornada a que me envió Jehová, y he traído a Agag, rey de Amalec, y a los Amalecitas he destruído completamente.
Pero el pueblo tomó del despojo ovejas y bueyes, las primicias del anatema, para sacrificarlos a Jehová tu Dios en Gilgal.
Y respondió Samuel: ¿Acaso tiene Jehová tanta complacencia en holocaustos y sacrificios, como en el obedecer la voz de Jehová? He aquí, el obedecer mejor es que sacrificios, y el escuchar que el sebo de los carneros.
Porque la rebeldía es como el pecado de sortilegio, y la obstinación, como la idolatría y el culto de imágenes. ¡Por cuanto tú has desechado la palabra de Jehová, él también te ha desechado a ti, para que no seas rey!
¶Entonces dijo Saúl a Samuel: He pecado, traspasando el mandamiento de Jehová y tus palabras; porque temí al pueblo y obedecí la voz de ellos.
Ahora pues, ruégote perdones mi pecado, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová.
Pero Samuel dijo a Saúl: ¡No volveré contigo; porque tú has desechado la palabra de Jehová, y a ti te ha desechado Jehová para que no seas rey sobre Israel!
Y volviéndose Samuel para irse, asió Saúl de la falda de su manto, la cual rasgóse.
Dijo entonces Samuel: ¡Rasgado ha Jehová de ti el reino de Israel el día de hoy, y lo ha dado a un prójimo tuyo que es mejor que tú!
Además también, la Gloria de Israel no mentirá, ni mudará de propósito: porque no es hombre para que cambie de ánimo.
A lo que dijo Saúl: Yo he pecado: ahora empero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo, y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios.
Con esto, volvió Samuel en pos de Saúl; y adoró Saúl a Jehová.
¶Luego dijo Samuel: Traedme a Agag, rey de Amalec. Y vino a él Agag alegremente; y dijo Agag: ¡De seguro pasó ya la amargura de la muerte!
Entonces dijo Samuel: ¡Así como tu espada ha privado a las mujeres de hijos, quede sin hijo tu madre también entre las mujeres! Y Samuel hizo trozos a Agag delante de Jehová en Gilgal.
En seguida Samuel se fué a Ramá; y Saúl subió a su casa en Gabaa de Saúl.
Y Samuel no volvió a ver más a Saúl, hasta el día de su muerte; Samuel empero lamentaba a Saúl, y Jehová se arrepintió de haber constituído a Saúl rey sobre Israel.
ENTONCES dijo Jehová a Samuel; ¿Hasta cuándo estarás lamentando a Saúl, ya que yo le he desechado para que no sea rey sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y anda, que yo te enviaré a Isaí bet-lehemita; porque de entre sus hijos me he provisto de rey.
Y respondió Samuel: ¿Cómo podré ir? pues lo oirá Saúl, y me matará. Y dijo Jehová: Tomarás contigo una novilla de la vacada, y dirás: Para ofrecer sacrificio a Jehová he venido.
Y convidarás a Isaí al sacrificio; y yo te haré saber lo que has de hacer, para que me unjas a aquel que yo te dijere.
¶Hizo pues Samuel lo que le había dicho Jehová, y fué a Bet-lehem. Y saliéronle a recibir los ancianos de la ciudad temblorosos; y le dijeron: ¿Es pacífica tu venida?
Y él contestó: Pacífica; para ofrecer sacrificio a Jehová he venido: santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Santificó también a Isaí con sus hijos, y los convidó al sacrificio.
¶Y aconteció que cuando ellos llegaron, miró a Eliab, y dijo: ¡Seguramente delante de Jehová está su ungido!
Más Jehová dijo a Samuel: No mires a su buen parecer, ni a lo elevado de su estatura; porque le he rechazado: porque no lo que mira el hombre es lo importante; porque el hombre mira a los ojos, mas Jehová mira al corazón.
¶Luego llamó Isaí a Abinadab, y le hizo pasar delante de Samuel; el cual respondió: Ni a éste tampoco ha escogido Jehová.
Entonces Isaí hizo pasar a Samma; mas él dijo: Ni a este tampoco ha escogido Jehová.
En fin, Isaí hizo pasar a sus siete hijos delante de Samuel; mas respondió Samuel a Isaí: No ha escogido Jehová a ninguno de éstos.
Luego preguntó Samuel a Isaí: ¿Han acabado de pasar los jóvenes? Y él respondió: Aún queda el menor; y he aquí que está apacentando las ovejas. Dijo entonces Samuel a Isaí: Envía a traerle; porque no nos pondremos a la mesa hasta que él haya venido acá.
Envió pues y le hizo venir. Y era rubio, de hermosa presencia y de gallardo aspecto. Dijo entonces Jehová: ¡Levántate, úngele; que éste es!
Y Samuel tomó el cuerno de aceite, y le ungió en medio de sus hermanos: y apoderóse el Espíritu de Jehová de David desde aquel día en adelante. Luego Samuel se levantó y fué a Ramá.
¶Empero el Espíritu de Jehová se había apartado de Saúl, y le aterraba un espíritu malo de parte de Jehová.
Entonces los siervos de Saúl le dijeron: He aquí que un espíritu malo de parte de Dios te aterra,
hable siquiera la palabra nuestro señor, (tus siervos esperan tus órdenes), y ellos buscarán un hombre que sepa tocar el arpa; así sucederá que siempre que te acometa el espíritu malo de parte de Dios, él tañerá con su mano y tú estarás bien.
Y dijo Saúl a sus siervos: Pues proveedme de un hombre que sepa tañer bien, y traédmele.
Entonces respondió uno de los mancebos y dijo: He aquí, he visto a un hijo de Isaí bet-lehemita, que es hábil en tañer, y poderoso en valor, y hombre de guerra, y entendido en negocios, y de varonil hermosura, y Jehová es con él.
Por lo cual despachó Saúl mensajeros a Isaí, y le dijo: Envíame a David, tu hijo, el que está con las ovejas.
Tomó pues Isaí un asno cargado de pan, y un cuero de vino, y un cabrito de las cabras, y se los envió a Saúl, por mano de su hijo David.
De manera que vino David a Saúl, y se presentó delante de él; el cual le amó mucho, en grado que David vino a ser su paje de armas.
Y envió Saúl a decir a Isaí: Ruégote se quede David en mi presencia, porque ha hallado gracia en mis ojos.
Y sucedió, siempre que el espíritu malo de parte de Dios estaba sobre Saúl, que tomaba David el arpa y tañía con su mano; con lo cual Saúl obtenía alivio y estaba bien, y se apartaba de él el espíritu malo.
Y JUNTARON los Filisteos sus ejércitos para la guerra, y se reunieron en Soco, que pertenece a Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-dammim.
Entonces Saúl y los hombres de Israel se reunieron, y acamparon en el Valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla frente a los Filisteos.
Los Filisteos pues estaban sobre un monte de esta parte, e Israel estaba sobre un monte de aquella parte, y el valle mediaba entre ellos.
Y salió un campeón del ejército de los Filisteos, llamado Goliat, natural de Gat; cuya estatura era de seis codos y un palmo.
Y tenía un yelmo de bronce sobre la cabeza, e iba vestido de una loriga escamada, siendo el peso de la loriga cinco mil siclos de bronce.
Y traía grebas de bronce sobre las piernas, y un venablo de bronce entre los hombros.
Y el astil de su lanza era como enjullo de tejedor; y la punta de su lanza pesaba seiscientos siclos de hierro; y su escudero iba delante de él.
Y detúvose, y clamó a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué queréis salir a ordenar batalla? ¿acaso no soy yo filisteo y vosotros siervos de Saúl? Escogeos un hombre, y descienda él a mí.
Si pudiere pelear conmigo y matarme, entonces nosotros seremos vuestros siervos; pero si yo pudiere más que él y le matare, entonces vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis.
Dijo además el filisteo: ¡Yo desafío a los escuadrones de Israel el día de hoy! dadme un hombre, para que peleemos los dos.
Y cuando oyó Saúl, y todo Israel, las palabras de aquel filisteo, se llenaron de consternación, y tuvieron mucho miedo.
¶Y era David hijo de aquel efrateo de Bet-lehem de Judá, que se llamaba Isaí, el cual tenía ocho hijos; y aquel hombre, en tiempo de Saúl, era viejo, de edad provecta entre los hombres.
Y habíanse ido los tres hijos mayores de Isaí; pues seguían a Saúl en la guerra. Y sus tres hijos que habían ido a la guerra se llamaban Eliab, el primogénito, y el segundo, Abinadab, y el tercero, Samma:
y David era el menor. De manera que los tres mayores seguían a Saúl;
mas David se había ya ido y vuelto de junto a Saúl, para apacentar el rebaño de su padre en Bet-lehem.
¶Entretanto se acercaba aquel filisteo de mañana y de tarde, y se presentó en actitud de reto por espacio de cuarenta días.
Dijo entonces Isaí a David su hijo: Ruégote que tomes para tus hermanos un efa de este grano tostado, y estos diez panes, y corras al campamento a ver a tus hermanos.
Y estos diez quesos los llevarás al jefe de su mil; y mira por la salud de tus hermanos, y toma alguna prenda de ellos.
Y Saúl y ellos, con todos los hombres de Israel, estaban en el Valle de Ela, peleando contra los Filisteos.
¶Por la mañana, pues, David madrugó, (dejando el rebaño con quien lo guardase), y poniéndose en pie, se fué como Isaí le había mandado; y llegó al atrincheramiento a tiempo que el ejército iba saliendo en orden de batalla y levantaba el grito de combate.
Y ya estaban en orden de batalla Israel y los Filisteos, ejército contra ejército,
cuando David, arrojando el equipaje de sobre sí, dejándolo en mano del guarda de los equipajes, corrió al ejército, y llegando, saludó a sus hermanos.
Y estaba aún hablando con ellos, cuando he aquí aquel campeón que venía subiendo contra ellos, el Filisteo de Gat, llamado Goliat, que salía de las filas de los Filisteos; y habló conforme a las mismas palabras de antes: y oyólas David.
Y todos los hombres de Israel, cuando vieron a aquel hombre, huyeron de delante de él, y temieron en gran manera.
Y decían entre sí los hombres de Israel: ¿Habéis visto a ese hombre que viene subiendo acá? ¡pues sube para desafiar a Israel: y será que al hombre que le matare le enriquecerá el rey con grandes riquezas, y le dará su hija por mujer, y a la casa de su padre la hará libre de impuestos en Israel!
¶Entonces habló David a los hombres que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué se ha de hacer al hombre que matare a aquel filisteo, y quitare este oprobio de Israel? porque ¿quién es este filisteo incircunciso para que afrente las huestes del Dios vivo?
Y le respondió el pueblo conforme a aquellas mismas palabras, diciendo: Así se hará al hombre que le matare.
Y escuchaba Eliab, su hermano mayor, en tanto que él hablaba con aquellos hombres; y encendióse la ira de Eliab contra David; y le dijo ¿Para qué has descendido acá? y ¿con quién dejaste aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia, y la malicia de tu corazón; pues para ver la batalla has venido.
A lo cual respondió David: ¿Qué he hecho yo ahora? ¿acaso he hecho más que hablar?
Apartóse pues de su lado hacia otro, y preguntó del mismo modo; y el pueblo le volvió respuesta como de primero.
Y fueron oídas las palabras que habló David, y refiriéronlas delante de Saúl, el cual le hizo llamar.
Entonces dijo David a Saúl: No se desmaye el corazón de nadie a causa de él; tu siervo irá y peleará con aquel filisteo.
Mas Saúl dijo a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo para pelear con él; porque eres un mocito y el es un hombre de guerra desde su mocedad.
Dijo entonces David a Saúl: Cuando tu siervo apacentaba el rebaño de su padre, siempre que se llegaba un león, o un oso, y arrebataba alguna res de la manada,
yo salía en pos de él, y le hería, y se la quitaba de su boca; y cuando se levantaba contra mí, le asía de la quijada, y le hería, y le mataba.
Fuese león, fuese oso, tu siervo le hería; y será aquel filisteo incircunciso como uno de ellos, porque ha afrentado los escuadrones del Dios vivo.
Dijo además David: ¡Jehová que me libró de las garras del león, y de las garras del oso, él también me librará de la mano de ese filisteo! Dijo pues Saúl a David: ¡Anda, y Jehová sea contigo!
¶Luego Saúl armó a David con su armadura, y le puso un yelmo de bronce sobre la cabeza, y vistióle su loriga.
Y ciñóse David la espada de Saúl sobre sus armas, y probó a andar; porque no tenía experiencia de aquellas armas. Entonces dijo David a Saúl: No puedo andar con esto, porque no lo tengo experimentado: por lo cual las depuso David de sobre sí.
En seguida tomando su cayado en la mano, escogióse cinco piedras lisas del arroyo, las que metió en la bolsa, o zurrón de pastor que traía; y llevando su honda en la mano, fué acercándose al filisteo.
¶Venía también el filisteo acercándose más y más a David; y su escudero iba delante de él.
Pero cuando el filisteo miró, y vió a David, le tuvo en desprecio; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso aspecto.
Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo acaso algún perro, para que tú vengas contra mí con palos? Y el filisteo maldijo a David por sus dioses.
Dijo además el filisteo a David: ¡Ven acá, y daré tus carnes a las aves del cielo, y a las bestias del campo!
¶David entonces respondió al filisteo: ¡Tú vienes contra mí con espada, y con lanza, y con venablo: yo empero voy contra ti en el nombre de Jehová de los Ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado!
Hoy te entregará Jehová en mi mano, y te heriré, y quitaré tu cabeza de sobre ti; y daré los cadáveres del ejército de los Filisteos en este mismo día a las aves del cielo, y a las fieras de la tierra; para que sepa toda la tierra que hay Dios en Israel;
y para que sepa toda esta asamblea, que no por espada, ni por lanza, salva Jehová: ¡porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestra mano!
¶Y fué así que cuando se levantó el filisteo y echó a andar, acercándose al encuentro de David, apresuróse David, y corrió hacia las filas enemigas, al encuentro del filisteo:
Y metiendo David la mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y tiróla con la honda, e hirió al filisteo en la frente, y quedó hincada la piedra en su frente; y él cayó sobre su rostro en tierra.
De esta suerte David prevaleció sobre el filisteo con una honda y con una piedra, e hirió al filisteo y le mató: mas no había espada en manos de David.
Por lo cual corrió David, y poniéndose sobre el filisteo, cogió su misma espada, y sacándola de la vaina, le acabó de matar, cortándole con ella la cabeza. Y como viesen los Filisteos que era muerto su héroe, huyeron.
Entonces se levantaron los hombres de Israel y de Judá, y alzando el grito, persiguieron a los Filisteos hasta llegar a Gat, y a las puertas de Ecrón; y cayeron traspasados los Filisteos por todo el camino de Saaraim, y hasta Gat y Ecrón.
Y volviendo los hijos de Israel del perseguimiento de los Filisteos, despojaron el campamento de ellos.
Y tomó David la cabeza del filisteo, y la trajo hasta Jerusalem; mas sus armas las puso en su tienda.
¶Y cuando Saúl vió a David salir al encuentro del filisteo, dijo a Abner, jefe del ejército: ¿Hijo de quién es este mozo, Abner? A lo que respondió Abner: Por vida tuya, oh rey, que no lo sé.
Y dijo el rey: Pregunta cúyo hijo es el muchacho.
Y cuando volvió David del destrozo de los Filisteos, le tomó Abner, y le trajo a la presencia de Saúl, con la cabeza del filisteo en su mano.
Y le preguntó Saúl: ¿Hijo de quién eres, oh joven? Y respondió David: Hijo soy de tu siervo Isaí bet-lehemita.
Y ACONTECIÓ que como él acabase de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con el alma de David; y le amó Jonatán como a su misma alma
Y tomóle Saúl en aquel día, y no le permitió volver más a casa de su padre.
E hizo Jonatán pacto de amistad con David; porque le amaba como a su misma alma.
Y quitóse Jonatán el manto que vestía, y lo dió a David, con sus ropas, hasta su espada, y su arco, y su tahalí.
Y salía David a dondequiera que le enviaba Saúl, y se manejaba con prudencia, en grado que le puso Saúl sobre hombres de guerra; y fué acepto a los ojos de todo el pueblo, y también a los ojos de los siervos de Saúl.
¶Mas aconteció que cuando regresaron, al volver David del destrozo de los Filisteos, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel, cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con regocijos, y con triángulos.
Y las mujeres que hacían alegrías se respondían en coro unas a otras, cantando: ¡Hirió Saúl sus miles, mas David, sus diez miles!
E indignóse Saúl en gran manera; y este dicho le disgustó; y dijo: ¡Han atribuído a David los diez miles, y a mí me han atribuído los miles: ya no le falta más que el reino!
Y comenzó Saúl a mirar de reojo a David desde aquel día en adelante.
Aconteció pues al otro día que le acometió a Saúl el espíritu malo de parte de Dios; y él hablaba frenéticamente en medio de su casa; y David estaba tañendo con su mano como de costumbre; y tenía Saúl una lanza en la mano.
Y arrojó Saúl la lanza, diciendo entre sí: Clavaré a David a la pared. Mas evadióse David, huyendo de su presencia dos veces.
¶Y temía Saúl a causa de David; porque era Jehová con él, mas de Saúl se había apartado.
Por eso Saúl le apartó de su persona, y le hizo jefe de mil hombres, y él salía y entraba delante del pueblo.
Mas David se manejaba en todas sus cosas con prudencia, y Jehová era con él.
Y vió Saúl que se conducía con gran prudencia; por lo cual se recataba de él.
Pero todo Israel y Judá amaban a David, porque salía y entraba delante de ellos.
¶Entonces dijo Saúl a David: Mira a Merab, mi hija mayor; a ella te daré por mujer, con tal que me seas valiente, y pelees las batallas de Jehová. Saúl empero decía para consigo: No sea mi mano contra él, sino sea contra él la mano de los Filisteos.
Y respondió David a Saúl: ¿Quién soy yo, o cuál es mi vida, o la familia de mi padre en Israel, para que yo sea yerno del rey?
Mas aconteció que al tiempo que Merab hija de Saúl se había de dar a David, fué dada a Adriel meholatita por mujer.
Pero Micol, hija segunda de Saúl, amaba a David; y se lo dijeron a Saúl; lo cual le pareció muy de propósito.
Y dijo Saúl: Se la daré, para que le sirva de lazo, y para que sea contra él la mano de los Filisteos. Por lo cual dijo Saúl a David: En la segunda, serás mi yerno hoy.
Entonces mandó Saúl a sus siervos, diciendo: Hablad con David recatadamente, diciendo: He aquí que se complace en ti el rey, y todos sus siervos te aman; ahora pues sé tú yerno del rey.
Y hablaron los siervos de Saúl al oído de David estas palabras. A lo cual respondió David: ¿Acaso es cosa liviana en vuestro parecer ser yerno del rey, mayormente siendo yo un hombre pobre, y de ninguna estimación?
Y los siervos de Saúl se lo refirieron, diciendo: Conforme a estas Palabras habló David.
¶Entonces dijo Saúl: Así diréis a David: No desea el rey dote alguna, sino cien prepucios de Filisteos, para vengarse de los enemigos del rey. Mas Saúl pensaba hacer caer a David por mano de los Filisteos.
Sus siervos pues refirieron a David estas palabras; con lo cual pareció a David cosa muy acertada ser yerno del rey. Por tanto, como no se había cumplido aún el plazo señalado,
levantóse David y marchó, él con sus hombres, e hirió de los Filisteos doscientos hombres; y trajo David sus prepucios, y los entregó en cumplido número al rey, para ser yerno del rey. Y él le dió a Micol su hija por mujer.
Y vió Saúl y conoció que Jehová era con David; y Micol su hija le amaba.
Por este motivo Saúl se recelaba todavía más a causa de David; y Saúl vino a ser enemigo de David todos los días.
¶Entonces salieron a campaña los príncipes de los Filisteos. Y fué así que siempre que ellos salían, David se manejaba con más prudencia que todos los siervos de Saúl; por lo cual se hizo de mucha estimación su nombre.
ENTONCES habló Saúl con Jonatán, su hijo, y con todos sus siervos, de hacer morir a David. Mas Jonatán hijo de Saúl se deleitaba mucho en David:
por lo cual Jonatán avisó a David, diciendo: Saúl mi padre procura matarte. Ahora pues, ruégote que te guardes por la mañana, y quédate en un lugar oculto, y escóndete.
Entretanto yo saldré, y me pondré junto a mi padre en el campo donde tú estuvieres; y yo mismo hablaré de ti con mi padre, y veré lo que haya; de lo cual te avisaré.
¶Jonatán pues habló bien de David a Saúl su padre, y le dijo: No peque el rey contra su siervo, contra David, porque él no ha pecado contra ti; y porque, al contrario, sus obras han sido muy buenas para contigo.
Tomó además la vida en su mano, y mató a aquel filisteo, obrando Jehová así grande salvación para todo Israel. Tú mismo lo viste, y te regocijaste: ¿porqué pues quieres pecar contra la sangre inocente, matando a David sin motivo?
Y escuchó Saúl la voz de Jonatán; de manera que juró Saúl, diciendo: ¡Vive Jehová que no será muerto!
Llamó pues Jonatán a David, y le declaró Jonatán todas estas cosas; y Jonatán trajo a David a Saúl; y él estuvo en su presencia como antes.
¶Mas hubo guerra de nuevo; y saliendo David, peleó contra los Filisteos, hiriéndolos con gran destrozo; y ellos huyeron delante de él.
Pero estuvo sobre Saúl el espíritu malo de parte de Jehová, estando él sentado en su casa, con su lanza en la mano, mientras David tañía con su mano.
Y procuró Saúl clavar con la lanza a David en la pared; mas él deslizóse de la presencia de Saúl, el cual dió con la lanza en la pared, en tanto que David huyó, y salvóse aquella noche.
¶Y envió Saúl mensajeros a casa de David, para vigilarle, y para matarle por la mañana. Entonces Micol, su mujer, avisó a David, diciendo: ¡Si no librares tu vida esta noche, por la mañana serás muerto!
Y Micol descolgó a David por una ventana; y él se fué, y huyó, y se escapó.
Luego tomó Micol el ídolo doméstico que tenía, y lo metió en la cama, y le puso a la cabecera una almohada de pelos de cabra, y lo tapó con la ropa de la cama.
Y cuando envió Saúl los mensajeros para prender a David, ella les dijo: Está enfermo.
Por lo cual Saúl envió los mensajeros para que viesen a David, diciendo: Hacédmele subir acá en su misma cama, para que le mate.
Entraron pues los mensajeros, y ¡he aquí el ídolo doméstico en la cama, con la almohada de pelos de cabra a la cabecera!
Dijo entonces Saúl a Micol: ¿Por qué me has engañado así, y dejaste ir a mi enemigo, de manera que se ha escapado? Y Micol respondió a Saúl: Él me dijo: Déjame ir; ¿por qué te he de matar?
David pues huyó, escapándose, y vino a Samuel en Ramá, y le dijo todo lo que Saúl había hecho con él. Entonces se fueron, él y Samuel, y habitaron en Nayot.
¶Y avisaron a Saúl, diciendo: He aquí que David está en Nayot en Ramá.
Entonces Saúl envió mensajeros para prender a David. Mas como ellos viesen la compañía de profetas que estaban profetizando, y a Samuel en pie que los presidía, estuvo sobre los mensajeros de Saúl el Espíritu de Dios, de manera que ellos también profetizaron.
De lo cual avisaron a Saúl; y envió otros mensajeros, los cuales también profetizaron. Entonces tornó Saúl a enviar mensajeros la tercera vez; y profetizaron ellos también.
Por fin él mismo fué a Ramá; y llegado que hubo al pozo grande que había en Secú, preguntó, diciendo: ¿En dónde están Samuel y David? Y se le respondió: He aquí que están en Nayot en Ramá.
Y él fué allá a Nayot en Ramá; mas estuvo también sobre él el Espíritu de Dios, de manera que siguió adelante, andando y profetizando, hasta que llegó a Nayot en Ramá.
Luego despojóse él también de sus vestidos, y profetizó él también delante de Samuel; y cayó desnudo; quedando tendido en tierra todo aquel día, y toda aquella. noche. De donde suelen decir: ¿Saúl también se halla entre los profetas?
ENTRETANTO David huyó de Nayot en Ramá, y llegando, dijo en presencia de Jonatán: ¿Qué he hecho? ¿cuál es mi iniquidad y cuál mi pecado, delante de tu padre, para que siga buscando mi vida?
Y él le respondió: ¡No lo permita Dios! ¡No morirás! He aquí que no hará mi padre cosa chica ni grande, sin descubrírmela a mí. Y ¿por qué habría de encubrir mi padre este asunto de mí? Esto no es así.
David empero volvió a jurárselo y dijo: Muy bien sabe tu padre que yo he hallado gracia en tus ojos, y ha dicho consigo mismo: Nada sepa Jonatán de esto, no sea que se aflija; pero indudablemente, ¡por vida de Jehová, y por la vida tuya, que no hay más de un paso entre mí y la muerte!
Dijo entonces Jonatán a David: Cualquiera cosa que tú me indicares, yo la haré por ti.
Luego dijo David a Jonatán: Mañana será nueva luna, y yo debiera sin falta sentarme a comer con el rey: esto no obstante, tú me dejarás ir, me esconderé en el campo hasta la tarde del día tercero.
Si me echare menos tu padre, entonces dirás: David me pidió con instancia que le permitiera correr a Betlehem, su ciudad; porque se celebra allí el sacrificio anual para toda la familia.
Si dijere así: Bien está; habrá paz para tu siervo: mas si se encendiere en ira, entonces sabe tú que el mal está determinado de parte de él.
Tú empero harás merced para con tu siervo; porque has hecho entrar a tu siervo en pacto de Jehová contigo: y si hubiere en mí iniquidad, mátame tú mismo; ¿pues para qué me has de traer a tu padre?
A lo cual respondió Jonatán: ¡Nunca te suceda tal! pues ¡Dios me pida cuenta de ello, si yo de cualquiera manera llegare a saber que el mal estuviera determinado de parte de mi padre, para traerlo sobre ti, y no te lo avisare!
¶Entonces dijo David a Jonatán: ¿Quién me lo avisará? o ¿qué si tu padre te respondiere con aspereza?
Y respondió Jonatán a David: Ven, y salgamos al campo. Salieron pues los dos al campo.
Luego dijo Jonatán a David: ¡Jehová, el Dios de Israel sea testigo! Cuando yo haya probado a mi padre, como a estas horas mañana, o el día tercero, y he aquí, resultare lo bueno para David, si entonces yo no enviare a ti y te informare de ello,
¡así haga Jehová a Jonatán, y más aún! Al contrario, si mi padre tuviere a bien traer el mal sobre ti, entonces te lo descubriré, y te enviaré, para que vayas en paz. ¡Y sea Jehová contigo, como ha sido con mi padre!
Y nunca suceda, si yo viviere aún, que dejares de usar para conmigo de la misericordia de Jehová, de modo que yo no muera;
¡ni tampoco privarás a mi casa de tu favor para siempre; ni aun cuando Jehová haya cortado a los enemigos de David uno por uno de sobre la haz de la tierra!
De modo que pactó Jonatán con la casa de David, diciendo: ¡Y Jehová lo demande de mano de los enemigos de David!
Y Jonatán hizo jurar a David otra vez más, por lo mucho que le amaba; porque le amaba como a su misma alma.
¶Entonces le dijo Jonatán: Mañana es nueva luna, y serás echado menos, porque estará vacío tu asiento.
Mas habiendo tardado tres días, bajarás prestamente y vendrás al sitio donde te escondiste en el día de este mismo asunto, y te sentarás junto al peñón de Ezel.
Y yo tiraré tres flechas al lado de él, como si tirase al blanco.
Y he aquí que enviaré al muchacho, diciéndole: Vé, halla las flechas. Si dijere al muchacho terminantemente: ¡Mira las flechas más acá de ti, cógelas! entonces vendrás; porque estás seguro, y no hay nada; ¡vive Jehová!
Mas si dijere al muchacho de esta manera: Mira las flechas más allá de ti; entonces anda, porque te ha enviado Jehová.
Empero en cuanto al asunto de que hemos tratado, yo y tú, he aquí que Jehová está entre mí y ti para siempre.
¶¡Escondióse pues David en el campo. Y cuando vino la luna nueva, sentóse el rey a comer.
Estaba pues el rey sentado en su asiento, como de costumbre, en el asiento junto a la pared. Entonces Jonatán se puso en pie, en tanto que Abner se sentó al lado de Saúl: mas quedaba vacío el puesto de David.
Sin embargo Saúl no dijo nada aquel día; porque decía entre sí: Será un accidente; no estará limpio; de seguro no estará limpio.
Mas aconteció a la mañana, el día segundo de la nueva luna, que permaneciendo aún vacío el puesto de David, dijo Saúl a Jonatán su hijo: ¿Por qué no ha venido el hijo de Isaí a comer, ni ayer, ni hoy?
Y respondió Jonatán a Saúl: Con instancia me pidió David que le dejara ir a Bet-lehem,
diciendo: Ruégote me permitas ir: porque en aquella ciudad tenemos un sacrificio para la familia; y mi mismo hermano me ha mandado estar presente. Ahora pues, si he hallado gracia en tus ojos, ruégote me dejes ir, para que vea a mis hermanos. Por este motivo no ha venido á la mesa del rey.
¶Entonces se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le dijo: ¡Ah! hombre perverso y rebelde! ¿no sé yo acaso, como has escogido al hijo de Isaí para afrenta tuya, y para oprobio del pudor de tu madre?
Porque todos los días que viviere el hijo de Isaí sobre la tierra, no serás estable tú, ni tu reino. Ahora pues, envía, y tráemele; porque es digno de muerte.
Entonces Jonatán respondió a Saúl su padre, y le dijo: ¿Por qué ha de morir? ¿qué ha hecho?
Mas Saúl arrojó la lanza contra él para matarle; de donde entendió Jonatán que era cosa resuelta por su padre hacer morir a David.
Y levantóse Jonatán de la mesa ardiendo en ira, y no comió pan aquel segundo día de la luna, porque estaba pesaroso a causa de David, y porque su mismo padre le había. afrentado.
¶Y aconteció que a la mañana, salió Jonatán al campo, al tiempo aplazado con David; y un muchachito iba con él.
Entonces dijo al muchacho: Corre, busca las flechas que voy a tirar. El muchacho corrió, y Jonatán tiró una flecha de modo que pasara más allá de él.
Y llegado que hubo el muchacho, al lugar de la flecha que había tirado Jonatán, dió voces Jonatán tras el muchacho, diciendo: ¿No está la flecha más allá de ti?
Gritó otra vez Jonatán tras el muchacho: ¡Ligero, date prisa, no te pares! Recogió pues el muchacho de Jonatán las flechas, y vino a su señor.
Mas el muchacho nada entendía; solamente Jonatán y David entendían el asunto.
En seguida Jonatán dió sus armas al muchacho que consigo tenía, diciéndole: Véte, llévalas a la ciudad.
Fuése pues el muchacho; y David, levantándose de la parte meridional del peñón, cayó sobre su faz a tierra, postrándose tres veces; y ellos se besaron el uno al otro, y lloraron el uno sobre el otro, hasta que David lloró vehementemente.
Y dijo Jonatán a David: Véte en paz, ya que los dos nos hemos jurado en nombre de Jehová, diciendo: ¡Estese Jehová entre mí y ti, y entre mi simiente y tu simiente para siempre!
ENTONCES vino David a Nob, a Ahimelec sumo sacerdote: mas Ahimelec recibió a David con sobresalto, y le dijo: ¿Por qué estás solo, y no vienen tus hombres contigo?
Y respondió David a Ahimelec sacerdote: El rey me dió cierta comisión, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna del asunto a que te envío y que te he encomendado. Por eso he indicado a mis soldados que me esperen en tal y tal parte.
Ahora pues, ¿qué tienes en tu mano? Da acá cinco panes en mi mano, o cualquiera cosa que se hallare.
Entonces el sacerdote respondió a David, diciendo: No tengo pan común en mi poder, mas hay pan santo; --con tal que se hayan guardado los jóvenes a lo menos de mujeres.
Y respondió David al sacerdote, y le dijo: Por cierto que las mujeres han estado lejos de nosotros ayer y anteayer, desde cuando salí; y los vasos de los jóvenes han quedado santos; y este pan en cierto modo es común; mayormente que hoy mismo habrá otro santo en los vasos.
Y así le dió el sacerdote pan santo; pues no había allí otro pan, sino tan sólo panes de la proposición, los cuales se habían quitado de la presencia de Jehová, para volver a poner pan caliente en el día de quitarse los otros.
¶Mas estaba allí aquel mismo día un hombre de los siervos de Saúl, detenido delante de Jehová, cuyo nombre era Doeg, idumeo, jefe de los pastores que tenía Saúl.
Dijo además David a Ahimelec ¿Y no tienes aquí en tu poder alguna lanza o espada? que ni mi espada, ni otra arma alguna he traído conmigo, por cuanto era urgente la orden del rey.
Y dijo el sacerdote: He aquí la espada de Goliat el filisteo, a quien tú mataste en el Valle de Ela, envuelta en un paño, detrás del efod. Si quieres tomar ésa, tómala, que aquí no hay otra sino ésta. Y respondió David: Ninguna hay como ésta; dámela.
¶Levantóse pues David, y huyó aquel día a causa de Saúl, y fué a Aquís, rey de Gat.
Entonces los siervos de Aquís le dijeron: ¿No es éste David, el rey de la tierra? ¿no fué de éste mismo de quien se respondían en coros los unos a los otros, cantando: Hirió Saúl sus miles, mas David sus diez miles?
Y David guardó en su corazón estas palabras, y temió mucho a causa de Aquís, rey de Gat.
Por lo cual disfrazó su juicio delante de ellos, y fingióse loco entre sus manos, y borrajeaba las hojas de la puerta, y dejó correr la saliva por sus barbas.
Entonces dijo Aquís a sus siervos: Ya veis que el hombre es un loco rematado; ¿por qué le habéis traído a mí?
¿Acaso me faltan locos, que habéis traído éste para que haga locuras delante de mi? ¿Por ventura había de entrar éste en mi casa?
FUÉ pues David de allí, y refugióse en la cueva de Adullam; y cuando oyeron esto sus hermanos y toda la casa de su padre, descendieron a él allí.
También se le allegaron todos los oprimidos, y todos tos que tenían deudas, y todos los de espíritu descontento; y él vino a ser capitán de ellos; de modo que llegó a haber con él como cuatrocientos hombres.
Y David se fué de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de Moab: Ruégote que mi padre y mi madre salgan del monte, para estar con vosotros, hasta que yo sepa lo que Dios va a hacer de mí.
Y los presentó delante del rey de Moab; y ellos se quedaron con él todo el tiempo que estuvo David en el lugar fuerte.
¶Y dijo el profeta Gad a David: No te quedes más en este lugar fuerte; anda, y véte a la tierra de Judá. Partió pues David, y fué al bosque de Heret.
Y oyó Saúl que habían sido descubiertos David y los hombres que le acompañaban. Y Saúl estaba sentado en Gabaa, debajo de un tamarindo, sobre un alto, con su lanza en la mano, y todos sus siervos estaban al rededor de él.
Entonces dijo Saúl a sus siervos que estaban de pie al rededor de él: ¡Escuchad, os ruego, hijos de Benjamín! ¿Os dará el hijo de Isaí a todos vosotros también campos y viñas? ¿Os constituirá a todos vosotros jefes de miles, y jefes de cientos,
para que conspiréis todos vosotros contra mí, y no haya quien me descubra cómo mi propio hijo ha pactado con el hijo de Isaí; y no haya entre vosotros quien se compadezca de mí, y me descubra cómo mi mismo hijo ha incitado a mi siervo contra mí, para que me ponga asechanzas, como parece el día de hoy?
Entonces respondió Doeg idumeo (el cual estaba puesto sobre los siervos de Saúl), diciendo: Yo ví al hijo de Isaí que vino a Nob, a Ahimelec hijo de Ahitob,
el cual consultó a Dios por él, le dió también provisiones, y le dió además la espada de Goliat el filisteo.
¶Con lo cual el rey envió a llamar a Ahimelec hijo de Ahitob el sacerdote, y a toda la casa de su padre, los sacerdotes que había en Nob; los cuales vinieron al rey.
Entonces dijo Saúl: ¡Oye, hijo de Ahitob! A lo que él respondió: Heme aquí, señor mío.
Y díjole Saúl: ¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí; puesto que le has dado pan y espada, y consultaste a Dios por él, para que se sublevase contra mí, para ponerme asechanzas, como parece el día de hoy?
Mas Ahimelec respondió al rey, diciendo: ¿Y quién entre todos los siervos del rey es como David, hombre de tu confianza y yerno del rey, que tiene entrada en tu consejo privado, y es ilustre en tu casa?
¿Acaso pues comencé yo hoy a consultar por él a Dios? ¡Lejos sea de mí! No impute el rey a su siervo cosa mala, ni a toda la casa de mi padre; porque no sabía tu siervo de todo esto cosa alguna, chica ni grande.
A lo cual respondió el rey: De seguro morirás, Ahimelec, tú y toda la casa de tu padre.
Entonces dijo el rey a los guardas que estaban al rededor de él: ¡Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová! porque su mano también es con David; y porque sabían que él huía, y no me lo denunciaron. Mas no quisieron los siervos del rey extender la mano para acometer a los sacerdotes de Jehová.
Luego dijo el rey a Doeg : Vuelve tú y arremete contra los sacerdotes. Volvió pues Doeg idumeo y acometió a los sacerdotes; y mató en aquel día ochenta y cinco hombres que vestían efod de lino.
En seguida hirió a Nob, ciudad de los sacerdotes, a filo de espada; a hombres y mujeres, a muchachos y niños de pecho, bueyes y asnos, y ovejas, a todos los mató a filo de espada.
Empero se puso en salvo un hijo de Ahimelec hijo de Ahitob, que se llamaba Abiatar, el cual huyó en seguimiento de David.
Y Abiatar dió parte a David de cómo Saúl había hecho matar a los sacerdotes de Jehová.
Y David respondió a Abiatar: Ya sabía yo aquel día en que estaba allí Doeg idumeo, que sin duda él lo denunciaría a Saúl. Yo he sido causa de la muerte de todas las personas de la casa de tu padre.
Quédate conmigo; no tengas temor: que quien buscare mi vida, buscará tu vida: mas conmigo estarás en resguardo.
Y FUÉ dado aviso a David, diciendo: He aquí que los Filisteos están peleando contra Ceila y saqueando las eras.
Entonces David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré y heriré a estos Filisteos? Y Jehová respondió a David: Vé y hiere a los Filisteos, y salva a Ceila.
Mas los hombres de David le decían: Ya ves que estamos con miedo aquí en Judá, ¿cuánto más si fuéramos a Ceila a pelear contra las tropas de los Filisteos?
Por lo cual David consultó a Jehová otra vez más. Y respondió Jehová, diciendo: Levántate, desciende a Ceila; porque yo entregaré a los Filisteos en tu mano.
De manera que David fué con sus hombres a Ceila; y peleó contra los Filisteos, y llevóse sus ganados; y a ellos los hirió con gran destrozo: así salvó David a los habitantes de Ceila.
¶Y fué así que al escaparse Abiatar hijo de Ahimelec a donde estaba David, en Ceila, había llevado en su mano el Efod.
Y fué dado aviso a Saúl de que David había ido a Ceila. Entonces dijo Saúl: Le ha desamparado Dios, entregándole en mi mano; ya que él mismo se ha encerrado, entrando en una ciudad de puertas y barras.
Por lo cual Saúl llamó a campaña a todo el pueblo, para descender a Ceila, a fin de sitiar a David y sus hombres.
Mas David llegó a saber que Saúl tramaba el mal contra él, y dijo al sacerdote Abiatar: Trae el Efod.
¶Entonces dijo David: Jehová, Dios de Israel, tiene tu siervo inteligencia cierta de que Saúl procura venir a Ceila, para destruir la ciudad por mi causa.
¿Me entregarán los vecinos de Ceila en su mano? ¿Descenderá Saúl conforme ha oído decir tu siervo? Jehová, Dios de Israel, ruégote lo manifiestes a tu siervo. Y respondió Jehová: Sí, descenderá.
Preguntó entonces David: ¿Me entregarán los vecinos de Ceila a mí y a mis hombres en mano de Saúl? A lo cual le respondió Jehová: Sí, os entregarán.
Levantóse pues David con su gente, que eran como seiscientos hombres, y salieron de Ceila, y fueron a dondequiera que pudieron irse. Y fué dado aviso a Saúl de que David se había escapado de Ceila; por lo cual desistió de salir.
David pues se quedó en el desierto, en lugares fuertes, y habitaba en un monte en el desierto de Zif: entre tanto le buscaba Saúl todos los días; mas no le entregó Dios en su mano.
¶Y vió David que había salido Saúl en busca de su vida. Estaba David a la sazón en el desierto de Zif, en un bosque espeso.
Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl, y fué a David dentro del bosque, y fortaleció sus manos en Dios.
Y le dijo: No temas; porque no te hallará la mano de Saúl mi padre. Tú pues reinarás sobre Israel, y yo seré el segundo, después de ti; y también mi padre Saúl lo sabe así.
E hicieron los dos un pacto delante de Jehová: y se quedó David en el bosque, mas Jonatán se fué a su casa.
¶Entonces subieron los Zifeos a donde estaba Saúl, en Gabaa, y le dijeron: ¿No se esconde David entre nosotros, en los lugares fuertes de lo más enmarañado del collado de Haquila, que está a la derecha de Jesimón?
Ahora pues conforme a todo el deseo de tu alma, oh rey, desciende presto, y de nuestra parte será entregarle en manos del rey.
A lo que respondió Saúl: ¡Benditos seais de Jehová! porque os habéis compadecido de mí.
Ruégoos vayáis, y os cercioréis todavía más, y conoced y ved su lugar, donde suele tener su asiento, y averiguad quién le haya visto allí; porque se me ha dicho que se maneja con muy grande astucia.
Ved pues, e informaos de todos los escondrijos donde él acostumbra ocultarse, y volved a traerme la certeza: luego yo iré con vosotros; y será que si estuviere en la tierra, le buscaré con empeño entre todos los millares de Judá.
Y ellos levantándose, fueron a Zif, delante de Saúl. Y David con sus hombres estaba en el desierto de Maón, en el Arabá, a la derecha de Jesimón.
Luego partió Saúl con sus hombres para buscarle; de lo cual avisado David, descendió al peñón, y se quedó en el desierto de Maón. Y cuando lo supo Saúl, siguió en pos de David dentro del desierto de Maón.
E iba Saúl por un lado del monte, y David con sus hombres por el otro lado: y David se fugó con zozobra, huyendo a causa de Saúl; pues Saúl y sus hombres iban cercando a David y sus hombres para apresarlos.
En esto vino un mensajero a Saúl, diciendo: ¡Anda ligero, que los Filisteos han hecho una irrupción en la tierra!
Por lo cual volvióse Saúl del perseguimiento de David, y fué al encuentro de los Filisteos: por tanto fué llamado aquel sitio: Peñón de Escapadas.
En seguida David subió de allí, y establecióse entre los lugares fuertes de Engadí.
MAS aconteció que cuando Saúl se volvió del perseguimiento de los Filisteos, le dieron aviso, diciendo: He aquí que David está en el desierto de Engadí.
Tomó pues Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel, y fué en busca de David y sus hombres, sobre las escarpadas peñas de las cabras monteses.
Y llegó a unas majadas de ovejas en el camino; y había allí una cueva adonde entró Saúl para cubrir sus pies: mas David y sus hombres estaban sentados en los costados de la cueva.
Entonces los hombres de David le decían: ¡He aquí el día de que te dijo Jehová: he aquí que voy a entregar a tu enemigo en tu mano, para que hagas con él como bien te pareciere! Levantóse entonces David, y cortó cautelosamente la falda del manto que Saúl traía puesto.
Mas aconteció que después de esto el corazón de David le remordió, por haber cortado a Saúl la falda de su manto:
y dijo a sus hombres: ¡Nunca permita Jehová que yo tal haga contra mi señor, el ungido de Jehová, a saber, que extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová!
Y contuvo David a sus hombres con estas palabras, y no les permitió levantarse contra Saúl; de modo que Saúl se levantó de la cueva, y siguió su camino.
¶Después de esto levantóse también David, y saliendo de la cueva, dió voces trás Saúl, diciendo: ¡Señor mío, oh rey ! Y mirando Saúl trás de sí, David inclinó la cabeza, rostro por tierra, y le hizo reverencia.
En seguida dijo David a Saúl: ¿Por qué escuchas palabras mentirosas de hombres, que dicen: He aquí que David procura hacerte mal?
He aquí, en este mismo día están viendo tus ojos como te entregó Jehová hoy en mi mano, dentro de la cueva; y algunos me dijeron que te matase; pero mi ojo compadecióse de ti, y dije: No extenderé mi mano contra mi señor; porque es el ungido de Jehová.
Y, padre mío, mira, sí, mira la falda de tu manto en mi mano; que en cortarte yo la falda de tu manto, sin matarte, bien puedes saber y ver que no hay en mi mano maldad ni transgresión alguna; y que no he pecado contra ti, aunque tú estás cazando mi vida para quitármela.
¡Juzgue Jehová entre mí y ti, y Jehová me vengue de ti! mas mi mano no estará contra ti.
Como dice el refrán de los antiguos: De los malos procede la maldad: mi mano pues no estará contra ti.
¿Tras de quién ha salido el rey de Israel? ¿tras de quién vas en perseguimiento? ¡Tras de un perro muerto; tras de una pulga!
Sea pues Jehová el juez; y juzgue entre mí y ti; y vea, y defienda mi causa, y me haga justicia, librándome de tu mano!
¶Y fué así que como acabase David de hablar a Saúl estas palabras, le dijo Saúl: ¿Es ésta tu voz, hijo mío, David? Y alzó Saúl su voz y lloró.
Dijo también a David: Más justo eres tú que yo; porque tú me has recompensado con el bien, en tanto que yo te he recompensado con el mal.
Y tú has puesto de manifiesto el día de hoy cómo has obrado bien conmigo; pues cuando me entregó Jehová en tu mano, no me mataste.
Porque cuando un hombre halla desprevenido a su enemigo, ¿le dejará seguir su camino sano y salvo? Por lo mismo Jehová te galardone con bien por aquello de este día que has hecho conmigo.
Y ahora yo ya sé que seguramente tú has de reinar, y que será estable en tu mano el reino de Israel.
Ahora pues, júrame por Jehová, que no cortarás mi simiente después de mí, y que no destruirás mi nombre de la casa de mi padre.
Y David se lo juró a Saúl; con lo cual Saúl fué a su casa; mas David y sus hombres se subieron al lugar fuerte.
Y MURIÓ Samuel; y reunióse todo Israel, y le hicieron lamentación, y le enterraron en su casa, en Ramá. Después de esto David se levantó, y fuese al desierto de Parán.
¶Y había un hombre en Maón, que tenía su hacienda en el Carmelo, el cual hombre era muy rico; pues tenía tres mil ovejas y mil cabras; y a la sazón estaba esquilando sus ovejas en el Carmelo.
Y el hombre se llamaba Nabal, y su mujer se llamaba Abigail; y era la mujer de despejada inteligencia y de bella figura; mas el hombre era áspero y de malas acciones: y era del linaje de Caleb.
Oyó pues David en el desierto que esquilaba Nabal sus ovejas:
por lo cual envió David diez mozos; y dijo David a los mozos: Subid al Carmelo, y llegaos a Nabal, y saludadle en mi nombre.
Y así le diréis: ¡Vive largos años! y ¡paz a ti, y paz a tu casa, y paz a cuanto tienes!
Ahora pues he oído decir que haces el esquileo de tus ovejas. Ahora bien, cuando tus pastores estaban con nosotros, no les tratamos mal, y ellos no echaron menos cosa alguna todo el tiempo que estuvieron en el Carmelo.
Pregunta a tus mozos, que ellos te dirán lo mismo; hallen pues mis mozos favor en tus ojos; porque en buen día hemos venido: ruégote que des lo que te viniere a la mano a tus siervos y a tu hijo David.
Llegaron pues los mozos de David, y hablaron a Nabal según el tenor de todas estas palabras, en el nombre de David, y se detuvieron.
Entonces respondió Nabal a los siervos de David, y dijo: ¿Quién es David, y quién el hijo de Isaí? En el día son muchos los siervos que se van dispersos, fugándose cada cual de la presencia de su señor.
¿He de tomar pues mi pan y mi agua y mis animales que he degollado para mis esquiladores, y darlo a unos hombres que yo no sé de dónde sean?
Tornaron pues los mozos de David a su camino, y volvieron, y vinieron, y le informaron de todas estas palabras.
Entonces dijo David a sus hombres: ¡Ceñid cada uno su espada! Y se ciñeron cada uno su espada, ciñéndose también David su espada: y subieron tras David como cuatrocientos hombres, quedándose doscientos con el bagaje.
¶Mas uno de los mozos lo refirió a Abigail, mujer de Nabal, diciendo: He aquí que David envió mensajeros desde el desierto a saludar a nuestro señor; mas él se precipitó sobre ellos como ave de rapiña.
Y aquellos hombres eran muy buenos para con nosotros, y no fuimos maltratados, ni echamos de menos cosa alguna en todo el tiempo que anduvimos con ellos, mientras estuvimos en el campo.
Muro eran para nuestra protección, tanto de noche como de día, todo el tiempo de nuestra estancia con ellos, apacentando el ganado.
Ahora pues considera y ve lo que has de hacer; que ya se ha determinado el mal contra nuestro señor y contra toda su casa; porque él es tan hijo de Belial que nadie le puede hablar.
¶Apresuróse pues Abigail, y tomó doscientos panes, y dos cueros de vino, y cinco ovejas aderezadas, y cinco seahs de grano tostado, y cien racimos de uvas pasas, y doscientos panes de higos; y poniéndolos sobre asnos,
dijo a sus mozos: Pasad delante de mí, y he aquí que yo voy tras vosotros: mas a su marido Nabal no le dijo nada.
Y como ella iba cabalgando sobre un asno y estaba bajando encubierta por el monte, he aquí a David y sus hombres que venían descendiendo por otra cuesta a su encuentro; y ella dió de improviso con ellos.
Y David decía para consigo: Ciertamente en balde he guardado todo lo que éste tenía en el desierto, de modo que no se echó de menos cosa alguna de lo suyo; y él me ha devuelto mal por bien.
¡Así haga Dios para con los enemigos de David, y más aún, si yo dejare sobrar de cuanto es de él, hasta la luz de la mañana, siquiera un perro!
Y cuando Abigail vió a David, dióse prisa para bajar de su asno, y cayó delante de David, sobre su cara, postrándose a tierra.
Y, caída a sus pies, dijo: ¡Sobre mí, sobre mí, señor mío, sea esta iniquidad! Permite, te lo ruego, que hable tu sierva en tus oídos, en tanto que escuches las palabras de tu sierva.
Ruégote que mi señor no haga caso de Nabal, ese hombre de Belial porque conforme a su nombre así es. Insensato es su nombre, y la insensatez esta con él: mas yo tu sierva no ví a los mozos de mi señor, que tú enviaste.
Y ahora, señor mío, por vida de Jehová, y por la vida de tu alma, ya que Jehová te ha estorbado el venir con derramamiento de sangre, y el salvarte por tu propia mano; ahora pues, digo, ¡sean como Nabal tus enemigos y los que procuran el mal de mi señor!
Y ahora, este regalo que ha traído tu sierva a mi señor, sea dado a los mancebos que siguen al mando de mi señor.
Perdona, yo te ruego, la transgresión de tu sierva; que a buen seguro va a hacer Jehová para mi señor una casa duradera; porque las batallas de Jehová las pelea mi señor, y la iniquidad nunca se hallará en ti en todos tus días.
Esto no obstante, se ha levantado un hombre que te persigue y que busca tu vida: mas será la vida de mi señor atada en un mismo haz de vida con Jehová tu Dios: pero las vidas de tus enemigos él mismo las arrojará de sí, como de en medio de una honda.
Y sucederá que cuando haya hecho Jehová para con mi señor conforme a todo lo bueno que tiene prometido acerca de ti, y te haya puesto por príncipe sobre Israel;
no será esto por tropiezo y por escrúpulo de conciencia a mi señor, ni el haber derramado sangre en balde, ni el haberse salvado mi señor a sí mismo. Mas cuando Jehová hiciere bien a mi señor, entonces acuérdate de tu sierva.
¶Dijo entonces David a Abigail: ¡Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, que te ha enviado hoy a encontrarme!
¡y bendita sea tu discreción, y bendita seas tú misma, que me has estorbado hoy el venir con derramamiento de sangre, y el salvarme con mi misma mano!
que a buen seguro (¡vive Jehová, el Dios de Israel, que me ha detenido de hacerte mal a ti!), que si tú no te hubieras apresurado a venir a encontrarme, no hubiera quedado a Nabal, a la luz de la mañana, ni siquiera un perro!
Entonces recibió David de mano de Abigail lo que ella le había traído; y le dijo: Sube en paz a tu casa: mira que he admitido tu ruego, y he aceptado tu persona.
¶En seguida Abigail volvió a Nabal; y he aquí que tenía un banquete en su casa como banquete de rey. Y el corazón de Nabal estaba alegre dentro de él; y él estaba muy borracho: por lo cual ella no le dijo palabra, ni poco ni mucho, hasta por la mañana.
Pero a la mañana, cuando Nabal se había repuesto del vino, su mujer le informó de estas cosas; y murió su corazón dentro de él, y él se volvió como una piedra.
Y sucedió que, como a los diez días, Jehová hirió a Nabal de manera que murió.
Y cuando oyó David que había muerto Nabal, dijo: ¡Bendito sea Jehová que tomó a su cargo el vengarme del ultraje que recibí de mano de Nabal; y que ha impedido el que su siervo haga mal! pero la maldad de Nabal Jehová la ha hecho volver sobre su misma cabeza. Entonces envió David a tratar con Abigail de tomársela por mujer.
Vinieron pues los siervos de David a Abigail la carmelita, y hablaron con ella, diciendo: David nos ha enviado a ti para tomarte por mujer suya.
Con lo cual ella se levantó, e inclinóse rostro a tierra, y dijo: ¡He aquí a tu sierva, sirvienta para lavar los pies de los siervos de mi señor!
Luego dióse prisa, y levantóse Abigail, y cabalgó sobre un asno, con cinco criadas suyas que seguían a sus órdenes, y fué tras los mensajeros de David, y fué su mujer.
David había tomado también a Ahinoam de Jezreel; de manera que ambas fueron mujeres suyas.
Saúl empero había dado a Micol su hija, mujer de David, a Paltí hijo de Laís, que era de Gallim.
Y VINIERON los Zifeos a Saúl, en Gabaa, diciendo: ¿No se esconde David en la colina de Haquila, al frente de Jesimón?
Levantóse pues Saúl y descendió al desierto de Zif, y con él tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif.
Y acampó Saúl en la colina de Haquila, que está al frente de Jesimón, junto al camino. Mas David habitaba en el desierto; y entendió que Saúl le había seguido dentro del desierto;
por lo cual David envió espías y acabó de cerciorarse de que había venido Saúl con toda seguridad.
Levantóse pues David y llegóse al sitio donde estaba Saúl acampado: y vió David el lugar donde Saúl estaba acostado, juntamente con Abner hijo de Ner, jefe de sus tropas; pues Saúl estaba acostado dentro de la trinchera, y el pueblo estaba acampado al rededor de él.
Luego tomó David la palabra, y habló a Ahimelec heteo, y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab, diciendo: ¿Quién descenderá conmigo a donde está Saúl, dentro del campamento? Y respondió Abisai: Yo descenderé contigo.
Fueron pues David y Abisai a aquella gente de noche; y he aquí a Saúl acostado, dormido, dentro de la trinchera, con su lanza hincada en tierra, junto a su cabecera; en tanto que Abner y el pueblo estaban acostados al rededor de él.
¶Entonces dijo Abisai a David: ¡Dios ha entregado el día de hoy a tu enemigo en tu mano! ahora pues, ruégote me permitas, con esta lanza, coserle con la tierra solamente una vez, y no le daré segundo golpe.
Pero David contestó a Abisai: No le destruyas; porque ¿quién extendió jamás su mano contra el ungido de Jehová, que fuese inocente?
Dijo más David: ¡Vive Jehová! que ora Jehová le herirá, o bien, le vendrá su día de morir, o descenderá a la batalla, y así perecerá.
¡No permita nunca Jehová que yo extienda mi mano contra el ungido de Jehová! Pero toma ahora, te ruego, la lanza que está a su cabecera, y el jarro de agua, y vámonos.
Tomó pues David la lanza y el jarro de agua que estaban a la cabecera de Saúl, y ellos se fueron: y no hubo quien lo viese, ni quien lo supiese, ni quien despertase; sino que todos dormían; puesto que un profundo sueño de parte de Jehová había caído sobre ellos.
David entonces pasó a la parte opuesta, y se puso sobre la cima de un monte, de lejos, habiendo bastante espacio entre ellos;
y clamó David al pueblo, y a Abner hijo de Ner, diciendo: ¿No respondes, Abner? A lo que respondió Abner y dijo: ¿Quién eres tú que gritas al rey?
Y dijo David a Abner: ¿No eres tú un gran hombre? ¿y quién hay como tú en Israel? ¿Por qué pues no has guardado a tu señor el rey? Porque llegó hasta allá uno de mi pueblo para destruir al rey, tu señor.
No es bueno esto que has hecho. ¡Vive Jehová! que dignos sois de muerte, porque no habéis guardado a vuestro señor, el ungido de Jehová. Ahora pues ved dónde está la lanza del rey, y el jarro de agua que estaba a su cabecera.
Y conoció Saúl la voz de David, y dijo: ¿Es ésta tu voz, hijo mío, David? Y respondió David: Mi voz es, señor mío, ¡oh rey!
Dijo también: ¿Por qué sigue mi señor en persecución de su siervo? ¿pues qué he hecho, o qué maldad hay en mi mano?
Ahora pues, oiga mi señor el rey las razones de su siervo. Si Jehová te ha incitado contra mí, acepte él una ofrenda; mas si son hijos de hombres, ¡malditos sean delante de Jehová! porque ellos me han expatriado el día de hoy, para que no tenga parte en la herencia de Jehová, diciendo: ¡Véte, sirve a otros dioses!
Ahora bien, no caiga mi sangre a tierra, desechada de la presencia de Jehová; porque ha salido el rey de Israel a buscar una pulga; como quien persigue una perdiz en las montañas.
A lo cual respondió Saúl: ¡Yo he pecado! Vuelve, hijo mío, David; que ya no más te haré mal; por lo mismo que fué preciosa mi vida en tus ojos hoy. He aquí que yo he obrado locamente y he errado muy gravemente.
Entonces respondió David, diciendo: He ahí la lanza del rey; pase pues alguno de los mancebos, y la tome.
Y Jehová devolverá a cada cual su justicia y su lealtad: porque te entregó Jehová hoy en mi mano, pero yo no quise extender mi mano contra el ungido de Jehová.
Y, he aquí, del modo que fué preciosa tu vida hoy a mis ojos, así sea preciosa mi vida a los ojos de Jehová; y ¡él me libre de toda adversidad!
Entonces dijo Saúl a David: ¡Bendito seas, hijo mío, David! ¡no sólo emprenderás cosas grandes, sino que también les darás cumplido fin! Con esto David se fué por su camino, y Saúl volvióse a su lugar.
DIJO entonces David consigo mismo: Ahora bien, yo voy a perecer algún día por mano de Saúl. No me queda otro partido mejor que escaparme del todo a tierra de los Filisteos: para que Saúl se desespere respecto de mí, y no me busque más en todos los términos de Israel: así escaparé de su mano.
Por lo cual levantándose David, pasó, él y seiscientos hombres que tenía consigo, a Aquís hijo de Maoc, rey de Gat.
Y habitó David con Aquís en Gat, él y sus hombres, cada uno con su familia; David también tenía consigo a sus dos mujeres, Ahinoam la jezreelita, y Abigail, mujer de Nabal, la carmelita.
Y fué dado aviso a Saúl de que se había refugiado David en Gat; de manera que no volvió más a buscarle.
¶Entonces dijo David a Aquís: Ruégote, si he hallado gracia en tus ojos, que se me dé algún lugar en una de las ciudades del campo, para que habite yo allí; pues ¿por qué ha de habitar tu siervo en la ciudad real contigo?
De modo que Aquís le dio en aquel día Siclag; por lo cual Siclag pertenece a los reyes de Judá hasta el día de hoy.
Y el espacio de tiempo que habitó David en el país de los Filisteos fue un año y cuatro meses.
¶Y subió David, con sus hombres, e hicieron incursiones entre los Gesureos, o los Girzitas, o los Amalecitas; porque estas naciones de largo tiempo habitaban en aquella tierra, como quien va a Shur, y a la tierra de Egipto.
Y solía David herir el país, sin perdonar la vida a hombre, ni a mujer; y tomaba ovejas, y vacas, y asnos, y camellos, y vestidos: y al volver, se venía a Aquís.
Y cuando le preguntaba Aquís: ¿No habéis hecho alguna correría hoy? le respondía David: Sí, sobre el mediodía de Judá, o sobre el mediodía de los de Jerameel, o sobre el mediodía de los Cineos.
Mas ni a hombre ni a mujer les perdonaba David la vida, para traer noticias a Gat; diciendo: No sea que lo denuncien contra nosotros, y digan: Así ha hecho David; y esto mismo ha sido su costumbre todo el tiempo que habita en el país de los Filisteos:
Y Aquís creyó a David, y decía: Él se ha hecho completamente odioso a su pueblo de Israel; y así se ha constituído siervo mío para siempre.
Y ACONTECIÓ por aquellos días que reunieron los Filisteos sus ejércitos en guerra, para pelear contra Israel. Entonces dijo Aquís a David: Ten bien entendido que has de salir conmigo a campaña, tú y tus hombres.
Y David respondió a Aquís: Por lo mismo tú sabrás lo que puede hacer tu siervo. Y dijo Aquís a David: Por tanto te voy a constituir guarda de mi cabeza para siempre.
¶Y Samuel era ya muerto, y todo Israel le había hecho lamentación; y le habían enterrado en Ramá, es decir, en su propia ciudad; y Saúl había extirpado del país los nigromantes y los adivinos.
Habíanse reunido pues los Filisteos, y llegándose, acamparon en Sunem; asimismo Saúl había reunido a todo Israel, los cuales acamparon en Gilboa.
Mas cuando vió Saúl el campamento de los Filisteos, temió, y amedrentóse su corazón en gran manera.
Y Saúl consultó a Jehová; mas Jehová no le respondió, ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas.
Entonces dijo Saúl a sus siervos: Buscadme una mujer que tenga espíritu pitónico, para que yo vaya a ella, e inquiera por medio de ella. Y le dijeron sus siervos: He aquí que hay en Endor una mujer que tiene espíritu pitónico.
¶Por lo cual Saúl se disfrazó, poniéndose vestidos ajenos; y partió, él y dos hombres que le acompañaban, y fueron a aquella mujer de noche; y le dijo Saúl: Ruégote adivines por medio del espíritu pitónico, y me hagas subir a aquel que yo te dijere.
Mas la mujer le contestó: He aquí tú sabes lo que ha hecho Saúl, cómo ha hecho cortar de la tierra a los nigromantes y los adivinos: ¿por qué pues quieres poner trampa a mi vida. para hacerme morir?
Entonces le juró Saúl por Jehová, diciendo: ¡Vive Jehová! que no te sucederá mal alguno por esto.
Le preguntó pues la mujer: ¿A quién te haré subir? Y él respondió: Hazme subir a Samuel.
Mas cuando la mujer vió a Samuel, gritó en alta voz. Y dijo la mujer a Saúl: ¿Por qué me has engañado? Pues tú eres Saúl.
A lo que respondió el rey: No temas: pues ¿qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: ¡dioses veo que suben de la tierra!
Y preguntóle: ¿Cuál es su forma? Y respondió la mujer: Un anciano sube, y está envuelto en un manto. Y conoció Saúl que era Samuel; por lo cual inclinóse rostro a tierra, y le hizo reverencia.
Entonces dijo Samuel a Saúl: ¿Por qué has turbado mi reposo, haciéndome subir? Y respondió Saúl: Me veo en grande estrecho; porque los Filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y ya no me responde más, ni por medio de profetas, ni por sueños; por tanto te he hecho llamar, para que me hagas saber lo que debo hacer.
Samuel empero le respondió: ¿Y por qué me preguntas a mí, siendo así que Jehová se ha apartado de ti, y se ha hecho adversario tuyo?
Pues ha hecho Jehová, en desagravio suyo, conforme a lo que habló por conducto mío; porque ha arrancado Jehová el reino de tu mano, y lo ha dado a tu prójimo, a David.
Por cuanto no obedeciste a la voz de Jehová, y no ejecutaste su ardiente ira contra Amalec, por eso te ha hecho Jehová esto hoy.
Además, Jehová entregará a Israel también, juntamente contigo, en mano de los Filisteos; y mañana tú y tus hijos estaréis conmigo; y Jehová entregará también el ejército de Israel en mano de los Filisteos.
Entonces, al punto, cayó Saúl cuan largo era, a tierra, y tuvo gran temor por las palabras de Samuel, y no le quedaba esfuerzo alguno; porque no había comido nada en todo el día y toda la noche.
¶Y la mujer vino a Saúl, y viendo que estaba en gran manera turbado, le dijo: He aquí que tu sierva ha escuchado tu voz, y he puesto mi vida en mi mano, y he obedecido tus palabras que me hablaste;
ahora pues ruégote que escuches tú también la voz de tu sierva, y me permitas poner delante de ti un bocado de pan, para que comas y tengas fuerzas para seguir tu camino.
Pero él se negó, diciendo: No comeré. Mas porfiaron con él sus siervos juntamente con la mujer, de manera que escuchó su voz, y levantóse de la tierra, y sentóse sobre la cama.
Y tenía la mujer en casa un ternero cebado; y apresuróse a degollarle; luego tomó harina, y amasóla, y coció de ella panes ázimos;
Y lo presentó delante de Saúl y de sus siervos, y ellos comieron; después de lo cual se levantaron, y caminaron aquella noche.
ENTRE tanto los Filisteos habían reunido todos sus ejércitos en Afec; mas Israel estaba acampado junto a la fuente que había en Jezreel.
Y los príncipes de los Filisteos iban pasando adelante por cientos, y por miles; y David con sus hombres iban pasando entre los postreros con Aquís.
Entonces decían los príncipes de los Filisteos; ¿Quiénes son estos hebreos? Y respondió Aquís a los príncipes de los Filisteos: ¿No es éste David, siervo de Saúl rey de Israel, que ha estado conmigo estos días, o estos años, y no he hallado en él cosa que culpar desde el día en que se pasó a mí, hasta el día de hoy?
Mas enojáronse con él los príncipes de los Filisteos: y le decían los príncipes de los Filisteos: Haz volver a ese hombre, para que torne al lugar que tú le has señalado, y no baje con nosotros a la guerra; no sea que se nos vuelva adversario en la batalla; pues ¿con qué querrá éste reconciliarse con su señor? ¿no será con las cabezas de estos hombres?
¿No es éste David, de quien respondían en corros, cantando: Hirió Saúl sus miles, mas David, sus diez miles?
¶Entonces Aquís llamó a David, y le dijo: ¡Vive Jehová! que recto eres, y bueno ha sido en mis ojos tu salir y entrar conmigo en el ejército; pues no he hallado en ti cosa mala desde el día que viniste a mí hasta hoy: esto no obstante, no eres acepto a los ojos de los príncipes.
Ahora pues, vuélvete, y vé en paz, para que no hagas lo que sea malo a los ojos de los príncipes de los Filisteos.
Mas David respondió a Aquís: Pues ¿qué he hecho, y qué has hallado en tu siervo desde el día que me presenté delante de ti hasta hoy, para que yo no vaya a pelear contra los enemigos de mi señor el rey?
Entonces respondió Aquís, y dijo a David: Yo sé que eres bueno en mis ojos como un ángel de Dios; esto no obstante, los príncipes de los Filisteos ya han dicho: No subirá con nosotros a la batalla.
Ahora pues, levántate muy de mañana, tú y los siervos de tu señor que vinieron contigo; y luego que os levantéis de mañana y se os haga luz, poneos en camino.
De manera que madrugó David, él y sus hombres, para marchar por la mañana, a fin de volver a tierra de los Filisteos; mas los Filisteos subieron a Jezreel.
Y FUÉ así que cuando David y sus hombres llegaron a Siclag, al tercer día, supieron que los Amalecitas habían hecho una incursión contra el Mediodía, y contra Siclag: en efecto, habían herido a Siclag, y la habían quemado a fuego:
habían cautivado también a las mujeres que había en ella, sin dejar persona alguna chica ni grande; no mataron a nadie, sino que se los llevaron a todos, y siguieron su camino.
Llegaron pues David y sus hombres a la ciudad, y ¡he aquí que estaba quemada a fuego, y sus mujeres, y sus hijos, y sus hijas, habían sido llevados cautivos!
Entonces David y la gente que había con él alzaron la voz, y lloraron hasta que no les quedaron fuerzas para llorar.
También las dos mujeres de David habían sido cautivadas, a saber, Ahinoam la jezreelita, y Abigail, mujer de Nabal, carmelita.
Y David se vió en muy grande estrecho; porque trataba el pueblo de apedrearle; por cuanto estaba amargo el espíritu de la gente, cada cual a causa de sus hijos y de sus hijas: mas fortalecióse David en Jehová su Dios.
¶Entonces dijo David a Abiatar sacerdote, hijo de Ahimelec: Ruégote me traigas el Efod; y Abiatar trajo a David el Efod.
Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Seguiré tras de estos merodeadores? ¿podré alcanzarlos? Y le respondió: Persigue, que sin falta los alcanzarás, y con seguridad recobrarás la presa.
Partió pues David, él y los seiscientos hombres que había con él, y llegaron al torrente de Besor, donde se detuvieron los que hubieron de dejarse.
Mas siguió el alcance David, él y cuatrocientos hombres; pues se detuvieron doscientos hombres que estaban demasiado cansados para pasar el torrente de Besor.
Y hallaron un egipcio en el campo, a quien trajeron a David. Y le dieron pan, y comió; y le hicieron beber agua.
Le dieron también un pedazo de un pan de higos secos, y dos racimos de uvas pasas. Y cuando hubo comido, le volvió el espíritu: pues no había comido pan, ni bebido agua, en tres días y tres noches.
¶Entonces dijo David: Tú ¿de quién eres? y ¿de dónde vienes? Y él contestó: Soy un mozo egipcio, siervo de un amalecita; y me abandonó mi amo, por estar yo enfermo, tres días ha.
Hicimos una incursión contra el sur de los Kereteos, y sobre el territorio de Judá, y sobre el mediodía de Caleb; y a Siclag la quemamos a fuego.
Le dijo pues David: ¿Podrás conducirme a donde están aquellos merodeadores? Y él respondió: Júrame por Dios que no me matarás, y que no me entregarás en mano de mi amo, y yo te conduciré a esa gente.
En efecto le condujo allá: y he aquí que estaban derramados sobre la superficie de toda aquella tierra, comiendo, bebiendo y haciendo fiesta, por todo aquel gran botín que habían tomado de la tierra de los Filisteos, y de la tierra de Judá.
Y los hirió David desde el crepúsculo de la mañana, hasta la tarde del día siguiente; de manera que no escapó de ellos hombre, salvo cuatrocientos mancebos que cabalgaban sobre camellos, y así se fugaron.
Y recobró David todo lo que habían tomado los Amalecitas; asimismo a sus dos mujeres libertó David.
No les faltó cosa alguna, chica ni grande, ni hijos, ni hijas, ni despojos, ni nada de cuanto les habían quitado; David lo volvió a traer todo.
Además tomó David todos los rebaños y las vacadas de ellos, los cuales llevaron delante del ganado recobrado, y decían: Ésta es presa de David.
¶Llegó entonces David a los doscientos hombres que habían estado demasiado cansados para seguir a David, y a quienes habían dejado junto al torrente de Besor; y ellos salieron a recibir a David, y a recibir al pueblo que le acompañaba. Y como llegase David a la gente, les saludó.
Entonces respondieron todos los malos y perversos de entre los hombres que habían acompañado a David; y dijeron: Por cuanto no fueron con nosotros, no les daremos nada de la presa que recobramos, sino tan solo a cada hombre su mujer y sus hijos, para que se los lleven, y se vayan.
Pero dijo David: No habéis de hacer así, hermanos míos, de lo que Jehová nos ha dado, guardándonos a nosotros también, y entregando en nuestra mano a aquellos merodeadores que venían contra nosotros.
Y ¿quién os escuchará en esta propuesta? antes bien, conforme a la porción del que bajó al combate, así ha de ser la porción del que se quedó con el bagaje; compartan de un mismo modo.
Y fué así desde aquel día en adelante, que lo puso David por estatuto y por fuero en Israel, el cual dura hasta el día de hoy.
¶Y cuando llegó David a Siclag, envió de la presa a los ancianos de Judá, amigos suyos, diciendo: ¡He aquí un regalo para vosotros, del despojo de los enemigos de Jehová!
Para los que había en Bet-el, y para los de Ramot-del-mediodía, y para los de Jatir,
y para los de Aroer, y para los de Sifmot, y para los de Estemoa,
y para los de Racal, y para los de las ciudades de los de Jerameel, y para los de las ciudades de los Cineos,
y para los de Horma, y para los de Cor-asán, y para los de Atac,
y para los de Hebrón, y para todos los lugares que David y sus hombres solían frecuentar.
ENTRETANTO los Filisteos habían peleado contra Israel; y los hombres de Israel huyeron de delante de los Filisteos, y cayeron muertos en el monte de Gilboa.
Y los Filisteos siguieron ardorosos en perseguimiento de Saúl y de sus hijos; y mataron los Filisteos a Jonatán, y a Abinadab, y a Melquisúa, hijos de Saúl.
Y arreció el combate en derredor de Saúl, y le alcanzaron los flecheros, y fué sumamente angustiado por los flecheros.
Entonces dijo Saúl a su paje de armas: Saca tu espada, y traspásame con ella; no sea que vengan estos incircuncisos, y me traspasen, y sacien su venganza en mí. Mas no quiso su paje de armas, porque tuvo gran temor: por lo cual tomó Saúl su espada, y cayó sobre ella.
Y cuando vió su paje de armas que era muerto Saúl, cayó también sobre su espada, y murió con él.
Así murieron en aquel día Saúl, y sus tres hijos, y su paje de armas, y todos sus hombres, juntos.
¶Y cuando los hombres de Israel que estaban de la otra parte del valle, y que estaban de la otra parte del Jordán, vieron que habían huído los hombres de Israel, y que eran muertos Saúl y sus hijos, dejaron las ciudades y huyeron; y vinieron los Filisteos y habitaron en ellas.
¶Y aconteció al otro día que vinieron los Filisteos para despojar los muertos; y hallaron a Saúl y a sus tres hijos tendidos en el monte de Gilboa.
Y le cortaron la cabeza, y le despojaron de sus armas; y las enviaron en derredor por el país de los Filisteos, para que se publicara la nueva en las casas de sus ídolos, y entre su pueblo.
Y pusieron sus armas en la casa de Astarot, mas su cadáver lo enclavaron en el muro de Betsán.
Pero cuando los habitantes de Jabés-galaad oyeron lo que los Filisteos habían hecho a Saúl,
todos los hombres valientes se levantaron y caminaron toda aquella noche, y quitaron el cadáver de Saúl, y los cadáveres de sus hijos, del muro de Betsán; y vinieron a Jabés, y los quemaron allí.
Y tomaron sus huesos y los sepultaron debajo de un tamarindo que había en Jabés; y ayunaron siete días.
Y ACONTECIÓ después de la muerte de Saúl, cuando David hubo regresado del destrozo de los Amalecitas, y cuando había estado David dos días en Siclag;
al día tercero acaeció que, he aquí, un hombre vino del campamento de los de Saúl, rasgados sus vestidos y con tierra sobre su cabeza. Y fué así que al llegarse a David, postróse en tierra e hizo reverencia.
Y David le dijo: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Del campamento de Israel me he escapado.
Y le preguntó David: ¿Qué ha habido? ruégote me lo declares. A lo que él respondió: Huyó el pueblo del campo de batalla, y también muchos del pueblo han caído y son muertos; y también Saúl y Jonatán su hijo murieron.
Dijo entonces David al mancebo que le daba los informes: ¿Cómo has sabido que han muerto Saúl y Jonatán su hijo?
Y respondió el mancebo que le traía las nuevas: Por una casualidad me hallé en el monte de Gilboa; y he aquí a Saúl recostado sobre su lanza, y, he aquí, los carros y la gente de a caballo le iban alcanzando.
Entonces mirando él hacia atrás, me vió, y me llamó. Y respondíle: Heme aquí.
Y me preguntó: ¿Quién eres tú? Y le dije: Amalecita soy.
Luego me dijo: Ruégote te pongas sobre mí y me mates; porque se ha apoderado de mí mortal angustia, por cuanto mi vida está aún toda en mí.
Púseme pues sobre él y le maté; porque conocía que no podía vivir, después de caído. Y tomé la diadema que tenía sobre su cabeza, y el brazalete que tenía en su brazo, y los he traído acá a mi señor.
Entonces asiendo David de sus vestidos, los rasgó; e hicieron lo mismo todos los hombres que con él estaban.
Y plañeron y lloraron, y ayunaron hasta la tarde, por Saúl, y por Jonatán su hijo, y por el pueblo de Jehová, y por la casa de Israel; porque habían caído a cuchillo.
¶David preguntó de nuevo a aquel mancebo que le había traído la noticia: ¿De dónde eres? Y él respondió: Soy hijo de un extranjero, amalecita.
Y díjole David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para destruir al ungido de Jehová?
Llamó entonces David a uno de los mancebos, y le dijo: ¡Llégate, arremete contra él! (y él le hirió de suerte que murió),
diciéndole David: Tu sangre recaiga sobre tu propia cabeza; porque tu misma boca ha dado testimonio contra ti, diciendo: ¡Yo maté al ungido de Jehová!
¶Entonces David lamentó con esta endecha la muerte de Saúl y de Jonatán su hijo;
y llamóla: Del Arco; cántico para enseñar a los hijos de Judá: he aquí está escrito en el Libro de Jaser:
¡Ay de la gloria de Israel, traspasada, oh Gilboa, sobre tus alturas! ¡Cómo han caído los poderosos!
No lo anunciéis en Gat, ni deis la nueva por las calles de Ascalón; no sea que se alegren las hijas de los Filisteos, no sea que se regocijen las hijas de los incircuncisos.
¡Montañas de Gilboa, nunca haya rocío, ni nunca lluvia sobre vosotras, ni campos de ofrendas! porque allí fué vilmente desechado el escudo de los héroes, el escudo de Saúl, cual si no fuera ungido con aceite.
De la sangre de los traspasados, de la gordura de los poderosos, el arco de Jonatán nunca volvió atrás, ni la espada de Saúl jamás tornó en balde.
¡Saúl y Jonatán, oh cuán amables y cuán hermosos eran en su vida, y en su muerte no fueron divididos! ¡Más ligeros eran que águilas, más fuertes que leones!
Hijas de Israel, llorad a Saúl, el cual os vestía de escarlata, con lujo; el cual engalanaba con adornos de oro vuestro ropaje.
¡Cómo han caído los poderosos en medio de la batalla! ¡Ay de Jonatán, traspasado, oh Gilboa, sobre tus alturas!
¡Angustiado estoy por ti, oh hermano mío, Jonatán! muy dulce has sido para conmigo; maravilloso fué tu amor hacia mí, sobrepujando al amor de las mujeres.
¡Cómo han caído los poderosos, y perecido las armas de guerra!
Y ACONTECIÓ después de esto que consultó David a Jehová, diciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Y respondióle Jehová: Sube. Y preguntó David: ¿A dónde subiré? Y él le dijo: A Hebrón.
De manera que David subió allí, y también sus dos mujeres, Ahinoam la jezreelita, y Abigail, mujer de Nabal carmelita.
Asimismo a los hombres que tenía los hizo subir David, cada uno con su familia; y habitaron en las ciudades de Hebrón.
Entonces vinieron los hombres de Judá, y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá. ¶Y dieron aviso a David, diciendo: Los hombres de Jabés-galaad son los que dieron sepultura a Saúl.
Por lo cual envió David mensajeros a los hombres de Jabés-galaad, y les dijo: ¡Benditos seáis vosotros de Jehová! por cuanto habéis hecho esta obra piadosa para con Saúl, señor vuestro, dándole sepultura.
Ahora pues, ¡use Jehová para con vosotros de misericordia y de fidelidad! y yo también os recompensaré esta buena acción, por cuanto habéis hecho esto.
Y ahora sean esforzadas vuestras manos, y sed hombres valientes; pues que ha muerto ya Saúl vuestro señor, y también la casa de Judá me ha ungido a mí por rey sobre ellos.
¶Pero Abner, hijo de Ner, jefe del ejército que tuvo Saúl, tomó a Is-boset hijo de Saúl, y le hizo pasar a Mahanaim;
y allí le hizo rey sobre Galaad, y sobre los Asureos, y sobre Jezreel, y sobre Efraim, y sobre Benjamín, en fin, sobre todo Israel:
(era Is-boset hijo de Saúl de cuarenta años cuando comenzó a reinar sobre Israel; y dos años reinó pacíficamente): empero la casa de Judá siguió a David.
Y el tiempo que reinó David en Hebrón sobre la casa de Judá, fué siete años y seis meses.
¶Y Abner hijo de Ner, con los siervos de Is-boset hijo de Saúl, salió de Mahanaim para Gabaón.
Salieron también Joab, hijo de Sarvia, y los siervos de David; y los dos partidos se encontraron junto al estanque de Gabaón; y se sentaron allí, éstos de un lado del estanque, y aquéllos del otro lado.
Dijo entonces Abner a Joab: Levántense, si te place, los jóvenes, y jueguen las armas delante de nosotros. A lo que repuso Joab: Que se levanten.
Levantáronse pues y pasaron en igual número, doce que eran benjamitas de la parte de Is-boset hijo de Saúl, y doce de los siervos de David.
Y echaron mano cada uno de la cabeza de su contrario, y metieron cada cual su espada por el costado de su contrario; de manera que cayeron todos juntos: de donde fué llamado aquel sitio Helcat-hazurim; el cual está en Gabaón.
Y hubo una batalla muy reñida en aquel día; y fueron batidos Abner y los hombres de Israel delante de los siervos de David.
¶Y estaban allí los tres hijos de Sarvia, Joab y Abisai y Asael; el cual Asael era ligero de pies como una gacela del campo.
Y siguió Asael tras Abner; no se desviaba ni a diestra ni a siniestra, siguiendo tras Abner.
Volvió entonces Abner la cara hacia atrás, y dijo: ¿Eres tú Asael? Y él respondió: Sí, soy.
Y le dijo Abner: Desvíate hacia la diestra o hacia la siniestra, y echa mano de alguno de los mancebos, y toma para ti sus despojos. Pero no quiso Asael volverse de en pos de él.
Abner pues volvió a decirle a Asael otra vez: Apártate de en pos de mí; ¿por qué he de derribarte en tierra? ¿cómo podría yo entonces alzar mi rostro delante de Joab tu hermano?
Mas él rehusó desviarse; por lo cual le hirió Abner con el regatón de la lanza, en el vientre; y le salió la lanza por la espalda, y él cayó allí, y allí mismo murió. Y sucedió que todos los que llegaban al sitio donde Asael había caído y muerto, se detuvieron.
Mas Joab y Abisai siguieron al alcance de Abner; y púsoseles el sol cuando llegaron al collado de Amá, que está delante de Gíah, en el camino del desierto de Gabaón.
Y se reunieron los hijos de Benjamín en pos de Abner, y se formaron en una sola tropa; e hicieron alto en la cima de cierto collado.
Entonces Abner dió voces a Joab, y le dijo: ¿Ha de devorar la espada para siempre? ¿no sabes tú que habrá amargura a la postre? ¿Hasta cuándo, pues, tardarás en decir al pueblo que se vuelva de perseguir a sus hermanos?
A lo cual repuso Joab: ¡Vive Dios! que si tú mismo no lo hubieras propuesto, desde esta mañana hubiérase ido el pueblo, y no hubiera perseguido cada cual a su hermano.
Luego Joab tocó la trompeta, y se detuvo todo el pueblo, y no persiguió más a Israel, ni pelearon más, por entonces.
En seguida Abner y sus hombres anduvieron por el Arabá toda aquella noche, y pasando el Jordán, caminaron por todo el Bitrón, y así llegaron a Mahanaim.
Joab también volvió del perseguimiento de Abner; y cuando se hubo reunido toda su gente, echaron menos de los siervos de David diez y nueve personas además de Asael.
Pero los siervos de David habían herido a muchos de los de Benjamín y de entre los hombres de Abner; trescientos sesenta hombres murieron.
Y llevando a Asael, le enterraron en el sepulcro de su padre, que estaba en Bet-lehem. Luego caminaron Joab y sus hombres toda aquella noche; y amanecióles en Hebrón.
MAS se hizo larga la guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; David empero se hacía más y más fuerte, y la casa de Saúl se hacía más y más débil.
¶Y le nacieron a David hijos en Hebrón. Y era su primogénito Amnón, de Ahinoam jezreelita;
y su segundo, Quileab, de Abigail, mujer de Nabal carmelita; y el tercero, Absalom hijo de Maaca, hija de Talmai rey de Gesur;
y el cuarto, Adonías hijo de Haguit; y el quinto, Sefatías hijo de Abital;
y el sexto, Itream, de Egla, mujer de David. Éstos nacieron a David en Hebrón.
¶Y fué así que mientras duraba la guerra entre la casa de Saúl y la casa de David, Abner se esforzaba por la casa de Saúl.
Pero Saúl había tenido una concubina que se llamaba Rizpa, hija de Aya: y dijo Is-boset a Abner: ¿Por qué te has llegado a la concubina de mi padre?
Y encendióse mucho la ira de Abner, con motivo de las palabras de Is-boset; y le dijo: ¿Soy yo acaso un vil perro del partido de Judá? Hasta el día de hoy sigo haciendo favor a la casa de Saúl tu padre, a sus hermanos, y a sus amigos, de manera que no te he entregado en mano de David; ¿y con todo esto me echas en cara hoy una culpa relativa a mujeres?
¡Así haga Dios con Abner, y más aún, si conforme a lo que tiene jurado Jehová a David, yo no haga para con él;
haciendo traspasar el reino de la casa de Saúl, y estableciendo el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Beer-seba!
Y él no pudo responder a Abner, por el temor que le tenía.
¶Abner pues, de su parte, envió mensajeros a David, diciendo: ¿De quién es la tierra? Decía también: Celebra conmigo tu pacto, y he aquí que mi mano estará contigo para hacer que se vuelva a ti todo Israel.
Y él respondió: Bueno, yo celebraré pacto contigo. Esto no obstante, una cosa te exijo, y es, que no verás mi rostro, sin que traigas primero a Micol hija de Saúl, cuando vinieres a ver mi rostro.
¶Entonces David envió mensajeros a Is-boset hijo de Saúl, diciendo: Restitúyeme mi mujer Micol, a quien desposé conmigo por cien prepucios de Filisteos.
Por la cual envió Is-boset y quitósela a su marido, Paltiel hijo de Laís.
Y fué con ella su marido, andando y llorando en pos de ella, hasta Bahurim. Entonces le dijo Abner: ¡Anda, vuélvete! Y él se volvió.
¶Y tuvo Abner comunicación con los ancianos de Israel, diciendo: Hace ya tiempo que vosotros deseabais tener a David por rey sobre vosotros.
Ahora pues, hacedlo así; porque Jehová ha hablado acerca de David, diciendo: Por mano de mi siervo David salvaré a mi pueblo Israel de mano de los Filisteos, y de mano de todos sus enemigos.
Y habló también Abner en oídos de Benjamín; y también fué Abner a hablar en oídos de David, en Hebrón, todo lo que era bueno al parecer de Israel y al parecer de toda la casa de Benjamín.
Vino pues Abner a David, en Hebrón, y con él veinte hombres; y David hizo un banquete a Abner y a los hombres que le acompañaban.
Y dijo Abner a David: Me levantaré e iré, y reuniré a mi señor el rey a todo Israel, para que hagan pacto contigo, y puedas reinar sobre cuanto desee tu alma. Luego David despidió a Abner, y él se fué en paz.
¶En esto, he aquí a los siervos de David y a Joab, que llegaban de una correría, trayendo consigo grandes despojos. Pero Abner no estaba con David en Hebrón, porque éste le había ya despedido, y él se había ido en paz.
Y cuando entraron Joab y toda la tropa que con él estaba, le dieron aviso, diciendo: Vino Abner hijo de Ner al rey, y él le ha despedido, de modo que se ha ido en paz.
Entonces entró Joab a donde estaba el rey, y dijo: ¿Qué has hecho? He aquí que Abner vino a ti: ¿por qué le enviaste, de modo que se ha ido en salvo?
¿No conoces tú todavía a Abner hijo de Ner, ni sabes que para engañarte vino, y para conocer tu salida y tu entrada, y para informarse de cuanto haces?
Luego salió Joab de la presencia de David, y envió mensajeros tras Abner; los cuales le hicieron volver desde el pozo de Sira: mas David nada sabía de ello.
Volvió pues Abner a Hebrón; y Joab le llamó aparte en medio de la puerta para hablar con él privadamente: e hirióle allí en el vientre, de modo que murió, por la sangre de Asael su hermano.
¶Y después, cuando lo supo David, dijo: ¡Yo y mi reino para siempre somos inocentes, delante de Jehová, de la sangre de Abner hijo de Ner!
¡Caiga cual torbellino sobre la cabeza de Joab, y sobre toda la casa de su padre! ¡y nunca deje de haber en la casa de Joab quien padezca flujo, ni leproso, ni quien se sostenga sobre muleta, ni quien caiga por espada, ni a quien le falte pan!
Así Joab y Abisai su hermano mataron a Abner, por haber éste muerto a Asael su hermano en Gabaón, en la batalla.
¶Entonces dijo David a Joab y a todo el pueblo que había con él: ¡Rasgaos los vestidos, y ceñíos de saco, y haced duelo delante de Abner! Y el rey David iba en pos de las andas.
De esta suerte enterraron a Abner en Hebrón; y el rey levantó la voz, y lloró junto al sepulcro de Abner; lloró asimismo todo el pueblo.
Y endechó el rey a Abner, diciendo: ¿Había de morir Abner cual muere un insensato?
Tus manos no estaban atadas, ni tus pies estaban apresados en grillos. Antes, como quien cae delante de los hijos de iniquidad, así caíste tú. En seguida todo el pueblo volvió a llorar sobre él.
Entonces vino todo el pueblo para hacer que David comiese pan, siendo aún de día; mas juró David, diciendo: ¡Así haga Dios conmigo, y más aún, si antes de ponerse el sol probare yo pan, u otra cosa alguna!
Y todo el pueblo reparó en ello, y le agradó; como en verdad todo cuanto hacía el rey daba gusto a todo el pueblo.
De donde conoció todo el pueblo y todo Israel en aquel día, que no fué del rey el hacer morir a Abner hijo de Ner.
Y dijo el rey a sus siervos: ¿No sabéis que un príncipe y un gran hombre ha caído hoy en Israel?
Y yo el día de hoy soy débil, aunque ungido rey; y estos hombres, los hijos de Sarvia, son demasiado duros para mí. ¡Recompense Jehová al que hace mal, conforme a su maldad!
Y CUANDO el hijo de Saúl oyó decir que había sido muerto Abner en Hebrón, se debilitaron sus manos, y todo Israel quedó turbado.
Y había dos hombres, capitanes de tropa guerrillera, de la parte del hijo de Saúl, de los cuales el primero se llamaba Baana, y el segundo, Recab, hijos de Rimón beerotita, de los hijos de Benjamín: porque Beerot también era contada como ciudad de Benjamín:
pues que los beerotitas habían huído a Gitaim, y se han quedado allí como forasteros hasta el día de hoy.
¶Y Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. De cinco años era cuando vino de Jezreel la infausta noticia de Saúl y de Jonatán; y su ama le alzó en brazos, y echó a huir; mas sucedió que como ella huía con sobresalto, él cayó, y quedó cojo. Y era su nombre Mefiboset.
¶Fueron pues aquellos hijos de Rimón beerotita, Recab y Baana, y en lo más caluroso del día entraron en casa de Is-boset, durmiendo éste la siesta sobre su cama, al medio día.
Allí pues entraron ellos, hasta la mitad de la casa, como que llevaban trigos; y le hirieron en el vientre; mas Recab y Baana su hermano se escaparon
Porque entraron en la casa, y él estaba tendido sobre su cama, en su cámara de dormir, y le hirieron, y le mataron, y le quitaron la cabeza; luego tomaron su cabeza y anduvieron, camino del Arabá, toda aquella noche.
Y trajeron la cabeza de Is-boset a David, en Hebrón, y dijeron al rey: ¡He aquí la cabeza de Is-boset hijo de Saúl tu enemigo, que buscaba tu vida! Ya ha dado Jehová a mi señor el rey venganzas el día de hoy contra Saúl y contra su linaje.
David empero respondió a Recab y a Baana su hermano, hijos de Rimón beerotita, y les dijo: ¡Vive Jehová! que ha redimido mi alma de toda adversidad,
que cuando uno me avisó, diciendo: ¡He aquí, ha muerto Saúl! (y él era en su propio concepto como portador de buenas nuevas), eché mano de él y le maté en Siclag; el cual esperaba que yo le había de dar el premio de buenas nuevas.
¡Cuanto más, cuando unos hombres malvados han muerto a un hombre justo en su misma casa, sobre su cama! Ahora pues, ¿no he de demandar su sangre de vuestras manos, y quitaros de la tierra?
Entonces David dió orden a sus mancebos, los cuales los mataron; y cortándoles las manos y los pies, los colgaron junto al estanque en Hebrón; mas la cabeza de Is-boset la tomaron y la enterraron en el sepulcro de Abner en Hebrón.
ENTONCES vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón, y le hablaron, diciendo: ¡He aquí que hueso tuyo y carne tuya somos nosotros!
También en tiempo pasado, cuando Saúl era rey sobre nosotros, fuiste tú el que sacabas a campaña, y volviste a traer a Israel. Además te ha dicho Jehová: Tú pastorearás a mi pueblo Israel, y tú serás el caudillo de Israel.
Vinieron pues todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David celebró pacto con ellos en Hebrón, delante de Jehová; y ellos ungieron a David por rey sobre Israel.
De edad de treinta años era David cuando comenzó a reinar, y cuarenta años reinó.
En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses; y en Jerusalem reinó treinta y tres años sobre todo Israel y Judá.
¶Entonces marchó el rey con sus hombres a Jerusalem, contra los Jebuseos, que habitaban en aquella tierra; los cuales hablaron a David, diciendo: ¡Tú no entrarás acá sino cuando quitares a los ciegos y los cojos! (a quienes pusieron en contra suya): queriendo decir: ¡David no podrá entrar acá!
Esto no obstante, apoderóse David de la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David.
Porque dijo David en aquel día: Premiado será cualquiera que hiriere al Jebuseo, y penetrando dentro de la zanja, quitare a los cojos y ciegos, aborrecidos del alma de David; por cuanto los mismos cojos y ciegos seguían diciendo: ¡Él no podrá entrar acá dentro!
Y habitó David en la fortaleza, y llamóla ciudad de David; y edificóla David al rededor, desde la fortaleza de Millo, ciudad adentro.
Así siguió David haciéndose más y más grande; porque Jehová el Dios de los Ejércitos era con él.
¶Entonces Hiram rey de Tiro envió embajadores a David, con madera de cedro y carpinteros y albañiles; los cuales edificaron una casa para David.
De esta suerte conoció David que Jehová le había confirmado por rey sobre Israel, y que había elevado su reino, por amor de su pueblo Israel.
Y tomóse David más concubinas y mujeres que eran de Jerusalem, después que vino de Hebrón; y le nacieron a David más hijos e hijas.
Estos pues son los nombres de los que le nacieron en Jerusalem: Samúa, y Sobab, y Natán, y Salomón,
E Ibhar, y Elisúa, y Nefeg, y Jafía,
y Elisama, y Eliada, y Elifelet.
¶Mas cuando oyeron los Filisteos que habían ungido a David por rey sobre Israel, todos los Filisteos subieron en busca de David. Y cuando lo supo David, descendió al lugar fuerte.
Entonces vinieron los Filisteos y desplegaron en el Valle de Refaim.
Y consultó David a Jehová, diciendo: ¿Subiré contra los Filisteos? ¿los entregarás tú en mi mano? Y Jehová respondió a David: Sube, que de seguro entregaré a los Filisteos en tu mano.
David pues fué a Baal-perazim; y los hirió allí David, en grado tal que decía: ¡Ha estallado Jehová contra mis enemigos, delante de mí, como una irrupción de aguas! Por lo cual fué llamado aquel lugar Baal-perazim.
Y los Filisteos dejaron allí sus ídolos; y David y sus hombres los quitaron de allí.
¶Y tornaron otra vez los Filisteos a subir contra David, y desplegaron en el Valle de Refaim.
Y consultó David a Jehová; el cual respondió: No subas; antes darás la vuelta por detrás de ellos, y los acometerás enfrente de los morales.
Y sucederá que cuando oyeres el sonido como de marcha por las copas de los morales, te darás prisa, porque entonces mismo sale Jehová delante de ti para herir el ejército de los Filisteos.
David pues lo hizo así, conforme se lo había mandado Jehová; e hirió a los Filisteos desde Geba hasta llegar a Gezer.
Y VOLVIÓ David a congregar a todos los escogidos de Israel, treinta mil.
Entonces levantándose David, se puso en marcha, y todo el pueblo que consigo tenía, desde Baale-judá, para hacer subir de allí el Arca de Dios, la cual es llamada del NOMBRE, nombre de Jehová de los Ejércitos, que habita entre los querubines.
Y colocaron el Arca de Dios sobre un carro nuevo, y la llevaron de casa de Abinadab, que estaba en el collado; y Uza y Ahío, hijos de Abinadab, dirigían el carro nuevo.
Tomaron pues el carro de la casa de Abinadab, que estaba en el collado, junto con el Arca de Dios; y Ahío iba delante del Arca.
Y David y toda la casa de Israel hacían alegrías delante de Jehová, con toda suerte de instrumentos de música, de madera de abeto, es a saber, con arpas, y con salterios, y con panderos, y con sistros, y con címbalos.
Mas cuando llegaron a la era de Nacón, extendió Uza la mano al Arca de Dios y asió de ella; porque se desmandaron los bueyes.
Y encendióse la ira de Jehová contra Uza, y le hirió allí Dios por su temeridad, de modo que murió allí junto al Arca de Dios.
Y David tuvo desagrado, por cuanto Jehová había estallado en ira contra Uza; y llamó aquel sitio Pérez-uza; nombre que lleva hasta el día de hoy.
Y David tuvo temor de Jehová en aquel día, y dijo: ¿Cómo podrá venir a mí el Arca de Dios?
Y no quiso David hacer traer a sí el Arca de Jehová, a la ciudad de David; sino que desviándose del camino, la llevó David a casa de Obed-edom geteo.
Y el Arca de Jehová se quedó en casa de Obed-edom geteo tres meses; y Jehová bendijo a Obed-edom y a toda su casa.
¶Y fué dado aviso al rey David, diciendo: Ha bendecido Jehová a la casa de Obed-edom y a todo cuanto tiene, a causa del Arca de Dios. Entonces fué David, y subió el Arca de Dios desde la casa de Obed-edom a la ciudad de David con regocijo.
Y fué así que cuando los portadores del Arca de Jehová hubieron andado seis pasos, David sacrificó novillos y carneros engordados.
Y David danzaba con todas sus fuerzas delante de Jehová: y estaba David ceñido de un efod de lino fino blanco.
De esta suerte David y toda la casa de Israel condujeron el Arca de Jehová con aclamaciones y con sonido de trompeta.
Mas sucedió que cuando el Arca de Dios iba entrando en la ciudad de David, Micol hija de Saúl tendió la vista desde una ventana, y vió al rey David que daba brincos y danzaba delante de Jehová; y desprecióle en su corazón.
¶Metieron pues el Arca de Jehová, y la colocaron en su lugar, en medio del Tabernáculo que le había tendido David. Luego ofreció David holocaustos delante de Jehová, y sacrificios pacíficos.
Y cuando David hubo acabado de ofrecer los holocaustos y los sacrificios pacíficos, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová de los Ejércitos.
En seguida repartió entre todo el pueblo, a cada uno de la muchedumbre de Israel, a los hombres y a las mujeres, a cada cual una torta de pan, y un pedazo de carne, y un pan de pasas: con esto se fué todo el pueblo, cada cual a su casa.
David también volvió para bendecir a su casa. ¶Entonces salió Micol hija de Saúl al encuentro de David, y le dijo: ¡Cuán glorioso ha sido hoy el rey de Israel, el cual se desnudó hoy a vista de las siervas de sus siervos, al modo que se desnuda desvergonzadamente cualquier majadero!
Mas David respondió a Micol: Fué delante de Jehová, el cual me escogió a mí en preferencia de tu padre y de toda su casa, para constituirme caudillo del pueblo de Jehová, de su pueblo Israel. Por lo cual yo haré alegrías delante de Jehová.
Y me haré todavía más vil que esto; y seré despreciable a mis propios ojos: mas de las siervas que has dicho, de ellas seré tenido en honra.
Y Micol hija de Saúl no tuvo hijo hasta el día de su muerte.
Y ACONTECIÓ un día cuando el rey moraba ya en su casa, y Jehová le había dado descanso de todos sus enemigos en derredor,
que dijo el rey a Natán profeta: Mira, te ruego, que yo habito en casa de cedro, mientras que el Arca de Dios queda aún entre cortinas.
Entonces Natán respondió al rey: Anda, haz todo cuanto está en tu corazón; porque Jehová es contigo.
Mas aconteció que aquella misma noche tuvo Natán revelación de Jehová, que decía:
Anda, y di a mi siervo David: Así dice Jehová: ¿Tú quieres edificarme una Casa en que yo habite;
bien que no he habitado en Casa alguna desde el día que hice subir a los hijos de Israel de Egipto hasta el día de hoy, sino que continúo andando de acá para allá en Tabernáculo y en Habitación portátil?
En todos los lugares donde he andado en medio de todos los hijos de Israel, ¿hablé una palabra siquiera a cualquier hombre de las tribus de Israel, de los que he mandado pastorear a mi pueblo de Israel, diciendo ¿Por qué no me habéis edificado una Casa de cedro?
Ahora pues, de esta manera hablarás a mi siervo David: Así dice Jehová de los Ejércitos: Yo te quité del aprisco, de seguir en pos de las ovejas, para que seas caudillo de mi pueblo Israel;
y he sido contigo dondequiera que has andado, y he cortado a todos tus enemigos de delante de ti; y voy a hacerte un gran nombre, como nombre de los grandes que ha habido en la tierra.
Y señalaré un lugar para mi pueblo Israel, y le plantaré, y él habitará en su propio asiento, y no será inquietado más, ni volverán más los hijos de iniquidad a oprimirle, como fué al principio,
y desde el día en que constituí jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Además, te hace saber Jehová que él va a hacerte a ti una casa.
Cuando se te cumplieren los días, y tú yacieres con tus padres, levantaré tu linaje en pos de ti, el cual ha de salir de tus entrañas, y haré estable su reino.
Él edificará Casa para mi nombre; y yo estableceré el trono de su reino para siempre.
Yo seré su Padre y él será mi hijo; al que, cuando cometiere iniquidad, le reprenderé con vara de hombres, y con azotes de hijos de Adam;
empero no se apartará mi favor de él como lo aparté a Saúl, a quien quité de delante de ti.
Y tu casa y tu reino serán eternamente estables delante de ti: tu trono será inmoble para siempre.
Según el tenor de todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David.
¶Entonces el rey David fué y se sentó delante de Jehová, y dijo: ¿Quién soy yo, oh Señor, Jehová, y cuál es mi casa, para que me hayas elevado hasta tal punto?
Y aun esto fué poco a tus ojos, Jehová Señor; pues que has hablado de la casa de tu siervo hasta en tiempos muy remotos; y ¿es ésta la usanza del hombre, oh Señor Jehová?
¿Y qué más podrá decirte David? pues tú conoces a tu siervo, Jehová Señor.
Por causa de tu promesa, y conforme a tu mismo corazón, has obrado toda esta grandeza, haciéndola conocer a tu siervo.
Por tanto, tú eres grande, oh Jehová Dios; porque ninguno hay semejante a ti, ni hay Dios alguno fuera de ti; conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos.
¿Y quién hay semejante a tu pueblo Israel, única nación en la tierra a quien fué la Divinidad a redimir, para serle pueblo suyo propio, y para ganarse renombre, y para hacer grandezas a favor vuestro, oh Israelitas, y obras espantosas, oh Jehová, por tu tierra; por amor a tu pueblo a quien redimiste de Egipto para ti mismo, a pesar de las naciones y sus dioses?
Y constituiste a tu pueblo Israel pueblo tuyo para siempre; y tú, oh Jehová, te hiciste el Dios de ellos.
Ahora pues, oh Jehová Dios, haz que sea para siempre firme la promesa que has hecho respecto de tu siervo, y respecto de su casa; y haz según has prometido.
Y sea engrandecido tu nombre para siempre, al decirse: ¡Jehová de los Ejércitos es el Dios de Israel, y la casa de tu siervo David sea estable delante de tu rostro!
Porque tú, oh Jehová de los Ejércitos, el Dios de Israel, has revelado esto a tu siervo, diciendo: Voy a edificar una casa para ti; por tanto tu siervo ha hallado en su corazón osadía para ofrecerte esta oración.
Y ahora, oh Jehová Señor, tú solo eres Dios, y tus palabras serán firmes; y tú has prometido a tu siervo este bien.
Ahora pues sea de tu agrado bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca siempre delante de ti; porque tú, oh Jehová Dios, lo has prometido; y con tu bendición será bendecida la casa de tu siervo para siempre.
Y ACONTECIÓ después de esto, que hirió David a los Filisteos y los sujetó; y David tomó a Mete-gha-amma de mano de los Filisteos.
Hirió también a los Moabitas; y los midió con cordel, haciéndolos acostarse por tierra; y midió dos cordeles para hacerlos morir, y un cordel entero para darles vida. Así los Moabitas vinieron a ser siervos de David, y trajeron presentes.
David hirió también a Hadadezer hijo de Rehob, rey de Soba, al ir éste para recobrar su dominio junto al río Eufrates.
Y David le tomó prisioneros mil y setecientas gentes de a caballo, y veinte mil hombres de a pie; y desjarretó David todos los tiros de carro, mas reservó de ellos para cien carros.
¶Entonces los Siros de Damasco acudieron en ayuda de Hadadezer rey de Soba; e hirió David de los Siros veinte y dos mil hombres.
Y puso David guarniciones en Siria de Damasco; y los Siros vinieron a ser siervos de David, y trajeron presentes. Y Jehová hizo triunfar a David dondequiera que iba.
Y tomó David los escudos de oro que traían los siervos de Hadadezer, y los llevó a Jerusalem.
También de Beta y de Berotai, ciudades de Hadadezer, tomó el rey David muchísima cantidad de bronce.
¶Y cuando Toi rey de Hamat oyó decir que David había destrozado todo el ejército de Hadadezer,
Toi envió a Joram su hijo al rey David, para saludarle y para bendecirle, con motivo de haber peleado contra Hadadezer y destrozádole; porque mucha guerra había tenido Toi con Hadadezer: y Joram trajo consigo vasos de plata y vasos de oro y vasos de bronce.
Éstos también consagró el rey David a Jehová, además de la plata y el oro que había consagrado de todas las naciones que había subyugado;
de la Siria, y de Moab, y de los hijos de Ammón, y de los Filisteos, y de Amalec, y de los despojos de Hadadezer hijo de Rehob, rey de Soba.
Y David ganó para sí nombradía cuando volvió del destrozo que hizo de los Siros en el Valle de la Sal, de diez y ocho mil hombres.
Y puso guarniciones en Edom; por todo el Edom puso guarniciones; y todos los Idumeos vinieron a ser siervos de David. Así Jehová daba victoria a David dondequiera que iba.
¶De esta suerte reinó David sobre todo Israel: y era David ejecutor de justicia y de juicio para todo su pueblo.
Y Joab hijo de Sarvia estaba sobre el ejército; y Josafat hijo de Ahilud era cronista;
y Sadoc hijo de Ahitob y Ahimelec hijo de Abiatar, eran sumos sacerdotes; y Seraya era secretario;
y Benaya hijo de Joiada mandaba a los Kereteos y los Peleteos, y los hijos de David eran ministros principales.
Y DIJO David: ¿Habrá quedado todavía alguno de la casa de Saúl, a quien yo pueda hacer merced por amor de Jonatán?
Y había un siervo de la casa de Saúl que se llamaba Siba, a quién llamaron ante David. Y le dijo el rey: ¿Eres tú Siba? A lo que respondió: Ese soy yo, siervo tuyo.
Dijo pues el rey: ¿Queda todavía persona de la casa de Saúl, para que yo le haga grande merced? Y Siba respondió al rey: Todavía queda un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.
Y preguntóle el rey: ¿En dónde está? Y dijo Siba al rey: He aquí que está en casa de Maquir hijo de Amiel, de Lo-debar.
¶Envió pues el rey David y le trajo de casa de Maquir hijo de Amiel, de Lo-debar.
Vino entonces Mefiboset hijo de Jonatán, hijo de Saúl, a David, y cayó sobre su faz, y le hizo reverencia. Y dijo David: ¡Mefiboset! Y él respondió: He aquí a tu siervo.
Y le dijo David: No temas; porque ciertamente te he de hacer merced, por amor de Jonatán tu padre; también te restituiré todas las tierras de Saúl tu padre; y comerás pan siempre a mi mesa.
Entonces él se postró y dijo: ¿Qué es tu siervo, para que vuelvas tu rostro hacia un perro muerto cual soy yo?
En seguida, llamando el rey a Siba, siervo de Saúl, le dijo: Todo cuanto era de Saúl y de toda su casa lo he dado al hijo de tu señor.
Y labrarás para él los terrenos, tú y tus hijos y tus siervos; y traerás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan que comer; esto no obstante, Mefiboset hijo de tu señor, comerá pan siempre a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos.
Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que mi señor el rey ha mandado a tu siervo, así hará tu siervo. En cuanto a Mefiboset, repitió David, él comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey.
Y tenía Mefiboset un hijo jovencito, que se llamaba Mica: y todos los que moraban en la casa de Siba eran siervos de Mefiboset.
De esta suerte Mefiboset permaneció habitando en Jerusalem, porque comía siempre a la mesa del rey; y era cojo de ambos pies.
Y DESPUÉS de estas cosas aconteció que murió el rey de los hijos de Ammón, y Hanún su hijo reinó en su lugar.
Entonces dijo David: Usaré de benevolencia con Hanún hijo de Nahás, según su padre uso de benevolencia conmigo. Envió pues David por mano de sus siervos a consolarle de la muerte de su padre; y llegaron los siervos de David a tierra de los hijos de Ammón.
Entonces dijeron los príncipes de los hijos de Ammón a Hanún su señor: ¿Te parece que David quiere honrar a tu padre, por cuanto te ha enviado consoladores? ¿No es más bien para examinar la ciudad y para explorarla, a fin de derribarla para lo que ha enviado David sus siervos a ti?
Por lo cual, tomando Hanún a los siervos de David, rapóles la mitad de la barba, y cortóles los vestidos por en medio, hasta las nalgas, y los despachó así.
Y habiendo sido esto avisado a David, envió a encontrarlos; porque los hombres estaban sumamente avergonzados. Les dijo pues el rey: Deteneos en Jericó hasta que os crezca la barba, y después volveréis.
¶Vieron pues los hijos de Ammón que se habían hecho odiosos a David; por lo cual enviaron los hijos de Ammón y tomaron a sueldo de los Siros de Bet-rehob y de los Siros de Soba, veinte mil hombres de a pie; y del rey de Maaca mil hombres, y de los hombres de Tob, doce mil.
Y cuando lo supo David, envió a Joab con todo el ejército de los hombres valientes.
Entonces salieron los hijos de Ammón y ordenaron batalla a la entrada de la puerta: y los Siros de Soba y de Rehob, y los hombres de Tob y de Maaca estaban aparte en el campo.
Mas como viese Joab que se le presentaba la batalla de frente y por las espaldas, escogió de entre todos los escogidos de Israel los más valientes, y los puso en orden de batalla contra los Siros;
y entregó el resto del pueblo en mano de Abisai su hermano, el cual los puso en orden contra los hijos de Ammón.
Y dijo Joab: Si pudieren los Siros más que yo, tú me ayudarás; y si los hijos de Ammón pudieren más que tú, yo acudiré y te ayudaré a ti.
¡Ten fortaleza, y esforcémonos por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le pareciere!
Pero al acercarse Joab y la gente que con él estaba a la batalla contra los Siros, éstos huyeron delante de él.
Y cuando vieron los hijos de Ammón que habían huído los Siros, huyeron ellos también delante de Abisai, y entraron en la ciudad. Volvió pues Joab de en contra de los hijos de Ammón y vino a Jerusalem.
¶Mas viendo los Siros que habían sido batidos delante de los hijos de Israel, volvieron a reunirse.
Y envió Hadadezer y trajo los Siros de más allá del río Eufrates, los cuales vinieron a Elam, con Sobac, jefe de las tropas de Hadadezer, al frente de ellos.
De lo cual avisado David, reunió a todo Israel y, pasando el Jordán, fué a Elam; donde los Siros ordenaron batalla contra David y pelearon con él.
Y huyeron los Siros delante de Israel; y David mató de los Siros la gente de setecientos carros de guerra, y cuarenta mil hombres de a caballo; también a Sobac, jefe del ejército, le hirió de modo que murió allí.
Y cuando vieron aquellos reyes, vasallos de Hadadezer, que habían sido batidos delante de Israel, hicieron paz con Israel y le sirvieron; y temieron los Siros ayudar más a los hijos de Ammón.
Y ACONTECIÓ en la primavera del año, al tiempo que los reyes suelen salir a la guerra, que David envió a Joab y con él a sus siervos y a todo Israel, los cuales devastaron el país de los hijos de Ammón, y sitiaron a Rabbá; mas David se quedó en Jerusalem.
Y aconteció un día, a la hora de la tarde, que David se levantó de su cama, y se paseaba sobre el terrado de la casa del rey. Y desde encima del terrado vió a una mujer que se estaba bañando; y la mujer era sumamente hermosa.
Y enviando David a informarse de la mujer, uno le dijo: ¿No es ésta Bat-seba hija de Eliam, mujer de Urías heteo?
Entonces David envió mensajeros y la tomó; y ella vino a él, y él se acostó con ella, (la cual se estaba purificando de su inmundicia); luego ella volvióse a su casa.
Y concibió la mujer; y envió la mujer y avisó a David, diciendo: ¡He concebido!
David entonces envió a Joab, diciendo: Envíame a Urías heteo; y Joab le envió a David.
Y cuando Urías vino a él, preguntóle David por la salud de Joab y por la salud de la. gente, y cómo prosperaba la guerra.
En seguida David dijo a Urías: Baja a tu casa y lava tus pies. Y salió Urías de la casa del rey; y salió tras él una porción de la comida del rey.
Pero Urías se acostó a la entrada de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no bajó a su casa.
De lo cual avisaron a David, diciendo: No ha descendido Urías a su casa. David entonces dijo a Urías: ¿No acabas de llegar de viaje? ¿por qué pues no descendiste a tu casa?
Y Urías respondió a David: El Arca, e Israel y Judá están debajo de enramadas; y mi señor Joab, con los siervos de mi señor, están acampados al raso; ¿y por ventura había yo de irme a mi casa, para comer, y beber, y acostarme con mi mujer? ¡Por tu vida, y por la vida de tu alma, que no haré tal cosa!
¶Dijo entonces David a Urías: Quédate aquí hoy también, y mañana te despacharé. Urías pues se quedó en Jerusalem aquel día y el día siguiente:
y le convidó David a comer y beber con él; y le hizo emborrachar; mas a la noche él salió para acostarse en su cama con los siervos de su señor; y no descendió a su casa.
Y fué así que a la mañana David escribió una carta a Joab, y enviósela por mano de Urías.
Y escribió en aquella carta, diciendo: Poned a Urías al frente, en lo más recio del combate, y retiraos de en pos de él, para que sea herido y muera.
De esta suerte sucedió que mientras Joab sitiaba la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes.
Y los hombres de la ciudad hicieron una salida, y pelearon contra Joab; y cayeron del pueblo algunos de los siervos de David, y murió también Urías heteo.
¶Luego envió Joab e informó a David de todos los detalles del combate.
Y mandó al mensajero, diciendo: Cuando acabares de referir al rey todos los detalles del combate,
ha de ser que si subiere en punto la ira del rey, y te dijere: ¿Por qué os acercasteis tanto a la ciudad para combatirla? ¿No supisteis que os tirarían desde encima del muro?
¿Quién mató a Abimelec hijo de Jerobaal? ¿No fué una mujer que arrojó sobre él una piedra superior de molino desde encima del muro, de modo que murió en Tebez? ¿Por qué os acercasteis tanto al muro? tú entonces le dirás: También tu siervo Urías heteo es muerto.
Fué pues el mensajero, y llegado que hubo, avisó a David de todo aquello a que le envió Joab:
y dijo el mensajero a David: Aquellos hombres prevalecieron sobre nosotros, saliendo al campo contra nosotros; mas los arrollamos hasta la entrada de la puerta.
Pero tiraron los flecheros desde encima del muro, y murieron algunos de los siervos del rey; y también tu siervo Urías heteo murió.
Entonces David dijo al mensajero: Así dirás a Joab: No te desalientes por este suceso; porque a este y a esotro devore la espada. Haz más fuerte tu combate contra la ciudad hasta derribarla: y tú mismo, le dijo al mensajero, le has de alentar.
¶Y al oír la mujer de Urías que era muerto Urías su marido prorrumpió en lamentos sobre su señor.
Mas cuando hubo pasado el luto, envió David y la recogió en su casa; y ella fué su mujer, y parióle un hijo. Empero esto que había hecho David fué malo a los ojos de Jehová.
JEHOVÁ pues envió a Natán a David; el cual se llegó a él y le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico y el otro pobre.
El rico tenía ovejas y ganado vacuno en grande abundancia;
y el pobre nada tenía sino una corderita pequeña, que él había comprado y había criado, y la cual había crecido con él y con sus hijos, todos juntos: de su bocado de pan comía, y de su copa bebía, y en su seno dormía; y le era como una hija suya.
Mas vino un caminante al hombre rico; y él no quiso tomar cosa alguna de sus rebaños o sus vacadas y aderezarla para el viandante que le había venido; sino que tomó la corderita de aquel hombre pobre, y la hizo aderezar para el hombre que había venido a él.
Entonces se encendió la ira de David contra aquel hombre en gran manera, y dijo a Natán: ¡Vive Jehová, que es digno de muerte el hombre que ha hecho esto!
y volverá a pagar la cordera con los cuatro tantos; por cuanto ha hecho esto, y porque no tuvo piedad.
¶¡Dijo entonces Natán a David: ¡Tú eres aquel hombre! Así dice Jehová, el Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl,
y te dí la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor las he dado en tu seno; además te dí la casa de Israel y de Judá; y si esto te pareciera poco, te hubiera dado de añadidura tales y tales cosas.
¿Por qué pues has despreciado el mandamiento de Jehová, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡A Urías heteo has muerto a cuchillo, y a su mujer has tomado por mujer tuya, matándole a él con la espada de los hijos de Ammón!
Ahora pues, la espada nunca se apartará de tu casa; por lo mismo que tú me has despreciado, y has tomado la mujer de Urías heteo para que sea tu mujer.
Así dice Jehová: He aquí que yo levantaré el mal contra ti de en medio de tu misma familia: y tomaré tus mujeres ante tu misma vista, y las daré a tu prójimo, el cual se acostará con tus mujeres a vista de este sol.
Porque tú lo has hecho en secreto, mas yo voy a hacer esta cosa delante de todo Israel, y delante del sol.
¶Dijo entonces David a Natán: ¡He pecado contra Jehová! Y Natán respondió a David: También Jehová ha dejado pasar tu pecado; no morirás.
Sin embargo, puesto que con este hecho has dado a los enemigos de Jehová sobrada ocasión de blasfemar, te digo también que el niño que te ha nacido morirá irremisiblemente.
¶Natán en seguida se fué a su casa; y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había parido a David, de modo que enfermó de muerte.
Entonces David se puso a rogar a Dios por el niño; y observó riguroso ayuno, y entraba y pasaba las noches acostado en tierra.
Y los ancianos de su casa se pusieron en derredor de él, para alzarle de la tierra; mas él no quiso, ni comió pan con ellos.
Y aconteció que al séptimo día murió el niño: y los siervos de David temieron avisarle que había muerto el niño, porque decían: He aquí que le hablábamos estando el niño todavía vivo, y no escuchó nuestra voz; ¿cómo pues le hemos de decir que ha muerto el niño? puede ser que le cause algún daño.
Pero David advirtió que sus siervos se estaban hablando al oído, de donde entendió David que era muerto el niño. Con lo cual David dijo a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y ellos respondieron: Ha muerto.
Entonces David se levantó de tierra y lavóse, y se ungió, y mudó sus vestidos, y fué a la Casa de Jehová, y adoró. En seguida volvió a su casa, y cuando pidió, le sirvieron la comida, y comió.
Por lo cual le decían sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? ¡Por causa del niño, estando aún vivo, ayunabas y llorabas; mas luego que murió el niño te levantaste y comiste pan!
A lo que él respondió: Por el niño, mientras vivía, yo ayunaba y lloraba, pues decía: ¿Quién sabe si Jehová no tendrá piedad de mí, de modo que viva el niño?
Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré acaso hacerle volver otra vez? Yo iré a él, mas él no volverá a mí.
¶Y consoló David a Bat-seba su mujer, y llegóse a ella, y acostóse con ella; y ella le parió un hijo; y él le puso el nombre de Salomón; y Jehová le amó.
Y envió por conducto del profeta Natán y le puso el nombre de Jedidía, por causa de Jehová.
Entretanto Joab había peleado contra Rabbá de los hijos de Ammón, y había tomado la ciudad real.
Entonces Joab envió mensajeros á David, diciendo: He peleado contra Rabbá, y he tomado la ciudad de las aguas.
Ahora pues junta el resto del pueblo, y asienta campamento contra la ciudad, y tómala; no sea que yo tome la ciudad, y sea llamada de mi nombre.
Por lo cual David juntó todo el pueblo y fué a Rabbá, y peleó contra ella, y la tomó.
Y quitó la corona de Malcam de sobre su cabeza, siendo su peso un talento de oro, y tenía una piedra de gran valor: la cual fué puesta en la cabeza de David. Y sacó David de la ciudad muy grandes despojos
Sacó también el pueblo que halló en ella, y los hizo poner a las sierras y a los trillos, y a las hachas de hierro; los hizo pasar también por los hornos de ladrillos; y así lo fué haciendo con todas las ciudades de los hijos de Ammón. En seguida volvió David con toda la gente de guerra a Jerusalem.
Y ACONTECIÓ después de estas cosas que, teniendo Absalom hijo de David una hermana hermosa, llamada Tamar, enamoróse de ella Amnón hijo de David.
Y se vió Amnón en apuros, hasta ponerse enfermo, a causa de su hermana Tamar; porque como era virgen, le parecía a Amnón que sería árdua empresa hacerle cosa alguna.
Mas tenía Amnón un amigo que se llamaba Jonadab hijo de Simea, hermano de David; y era Jonadab un hombre muy astuto.
Éste pues le dijo: ¿Por qué tú, siendo hijo del rey, vas macilento de día en día? ¿no quieres decírmelo? Y Amnón le respondió: Estoy enamorado de Tamar, hermana de mi hermano Absalom.
Le dijo entonces Jonadab: Acuéstate en tu cama y finge que estás enfermo; y cuando viniere tu padre a verte, le dirás: Ruégote que venga mi hermana Tamar y me haga comer pan, aderezando la comida ante mi vista, a fin de que yo la vea y coma de su misma mano.
¶Con lo cual acostóse Amnón, y se fingió enfermo; y cuando vino su padre a verle, Amnón dijo al rey: Ruégote que venga mi hermana Tamar, y me haga dos hojuelas, para que las pueda comer de mano de ella.
David entonces envió a casa, a decir a Tamar: Ruégote que vayas a casa de tu hermano Amnón y le adereces algo de comer.
Por lo cual Tamar fué a casa de su hermano Amnón, el cual estaba acostado; y tomando ella la pasta, amasóla, e hizo hojuelas delante de su vista, y coció las hojuelas.
En seguida tomó la sartén y vaciólas en su presencia; mas él rehusó comer. Entonces Amnón dijo: ¡Echad de mi presencia a todos! y salieron todos de su presencia.
Luego dijo Amnón a Tamar: Trae la comida a la alcoba, para que yo la coma de tu mano. Tomó entonces Tamar las hojuelas que había hecho, y las trajo a su hermano Amnón dentro de la alcoba,
y se las presentó para que comiese. Pero él echó mano de ella, y le dijo: ¡Ven, acuéstate conmigo, hermana mía!
Mas ella le dijo: ¡No, hermano mío; no me humilles! porque no se debe hacer así en Israel. No cometas esta villanía;
pues yo, ¿a dónde llevaré yo mi deshonra? mientras que tú serás como uno de los insensatos en Israel. Ahora pues yo te ruego que hables al rey; que el no me negará a ti.
Mas él no quiso escuchar su voz, sino que, pudiendo más que ella, le hizo violencia, y acostóse con ella.
Aborrecióla entonces Amnón de muy grande aborrecimiento, tal que el odio con que la odiaba excedía al amor con que la había amado. Le dijo pues Amnón: ¡Levántate, véte!
Mas ella le respondió: No hay por qué; mayor es este mal de echarme fuera, que el otro que me has hecho. Pero él no quiso escucharla,
sino que llamando a un mozo que le servía, le dijo: ¡Échame a ésta afuera de mi presencia, y atranca la puerta tras ella!
Y Tamar traía sobre sí una ropa talar de diversos colores; que tales mantos vestían las hijas vírgenes del rey. En efecto, el sirviente de Amnón la echó fuera, y atrancó la puerta tras ella.
Entonces Tamar puso ceniza sobre su cabeza, y rasgó la ropa talar de diversos colores que traía sobre sí, y puesta la mano sobre su cabeza, se fué, andando y gritando.
Y su hermano Absalom le dijo: ¿Tu hermano Amnón ha estado contigo? Pues por ahora calla, hermana mía; que tu hermano es; no hagas caso de esto. Y Tamar se quedó desolada en casa de su hermano Absalom.
Y cuando el rey David oyó todas estas cosas, fué sumamente indignado.
Absalom empero no hablaba palabra con Amnón, ni mala ni buena; porque Absalom aborrecía a Amnón, porque había humillado a su hermana Tamar.
¶Y aconteció que a los dos años cumplidos, Absalom hacía el esquileo de sus ovejas en Baal-hazor, que está junto a Efraim; y Absalom convidó a todos los hijos del rey.
Vino también Absalom al rey, y le dijo: He aquí que tu siervo hace el esquileo de sus ovejas; ruégote que el rey y sus siervos vayan con tu siervo.
Y respondió el rey a Absalom: No, hijo mío, no vayamos todos, por no serte una carga pesada. Y porfió con él; mas él no quiso ir; pero le bendijo.
Dijo entonces Absalom: Pues si no, ruégote que vaya con nosotros mi hermano Amnón. A lo cual le respondió el rey: ¿Para qué ha de ir él contigo?
Instóle empero Absalom, de modo que envió a Amnón con él, y también a todos los hijos del rey.
Y Absalom dió orden a sus mozos, diciendo: Ruégoos advirtáis cuando el corazón de Amnón esté alegre con el vino; y al deciros yo: ¡Herid a Amnón! entonces matadle; no temáis; ¿no soy yo quién os lo ha mandado? ¡Tened fortaleza y sed hombres valientes!
En efecto, los siervos de Absalom hicieron a Amnón, conforme se lo había mandado Absalom: con lo cual se levantaron todos los hijos del rey, y subiendo cada cual en su mulo, huyeron.
Y aconteció que estando ellos en el camino, llegó a David un rumor que decía: ¡Absalom ha muerto a todos los hijos del rey, y no ha quedado de ellos ni siquiera uno!
Entonces el rey se levantó, y rasgó sus vestidos, y acostóse en tierra: y todos sus siervos se pusieron en derredor, rasgados sus vestidos.
Tomó entonces la palabra Jonadab hijo de Simea, hermano de David, y dijo: No diga mi señor que todos los jóvenes, los hijos del rey, son muertos; pues que Amnón solo es muerto; porque por orden de Absalom ha sido determinado esto desde el día que forzó a su hermana Tamar.
Ahora pues no haga caso mi señor el rey de esta noticia, que dice que todos los hijos del rey son muertos; puesto que Amnón solo es muerto.
¶Entretanto se fugó Absalom. Alzando entonces los ojos el mancebo que estaba de atalaya, miró, y he aquí mucha gente que venía por un camino a sus espaldas, en la falda de la montaña.
Entonces Jonadab dijo al rey: ¡He aquí que los hijos del rey han llegado; como dijo tu siervo, así ha resultado!
Y aconteció que como él acabase de hablar, he aquí a los hijos del rey, que acababan de llegar. Y alzando la voz, lloraron; y el rey también y todos sus siervos lloraron con llanto muy grande.
¶Absalom empero huyó y se fué a Talmai hijo de Amihud, rey de Gesur. Y David se lamentaba por su hijo todos los días.
De manera que Absalom huyó, y fué a Gesur, y estuvo allá tres años:
y el alma del rey David anhelaba salir a reunirse con Absalom; pues ya se había consolado respecto de Amnón, visto que era muerto.
Y SUPO Joab hijo de Sarvia que el corazón del rey estaba inclinado hacia Absalom.
Envió pues Joab a Tecoa, y trajo de allí una mujer sabia, y le dijo: Ruégote que finjas estar de duelo y que vistas traje de luto, y no te unjas de aceite, sino que aparentes ser una mujer que ya ha mucho que está de duelo por un difunto.
En seguida irás al rey, y le hablarás de esta manera. Y Joab puso las palabras en su boca.
Y cuando aquella mujer de Tecoa habló al rey, cayó en tierra sobre su rostro, haciendo reverencia, y dijo ¡Socorro, oh rey!
¶Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Y ella respondió: A la verdad que soy una mujer viuda, pues que se me ha muerto mi marido.
Y tenía tu sierva dos hijos, los cuales riñeron en el campo, y no habiendo quien los despartiese, el uno hirió al otro y le mató.
Y he aquí que toda la parentela se ha levantado contra tu sierva, diciendo: ¡Da acá al que hirió a su hermano, para que le matemos por la vida de su hermano a quien mató; y destruiremos también al heredero! Así van a apagar mi ascua que me ha quedado, sin dejar a mi marido nombre ni reliquia sobre la faz de la tierra.
¶Y el rey respondió a la mujer: Véte a tu casa, que yo daré orden acerca de ti.
Entonces la mujer de Tecoa respondió al rey: ¡Sobre mí, señor mío, oh rey, sea la iniquidad, y sobre la casa de mi padre; mas el rey y su trono sean sin culpa!
Y le dijo el rey: A cualquiera que te dijere cosa alguna, tráele a mí, y no volverá más a tocarte.
A lo que dijo ella: Ruégote se acuerde el rey de Jehová su Dios, para estorbar que haga más estrago el vengador de la sangre; no sea que se destruya a mi hijo. Dijo entonces el rey: ¡Vive Jehová, que ni un cabello de tu hijo caerá a tierra!
Con lo cual dijo la mujer: Sea permitido que hable tu sierva a mi señor el rey siquiera una palabra. Y dijo el rey: Habla.
Dijo pues la mujer: ¿Y por qué has imaginado tal cosa contra el pueblo de Dios? pues que hablando el rey de esta manera, se hace como culpable, por cuanto el rey no hace volver a su propio desterrado.
Que irremisiblemente hemos de morir, y somos como agua derramada sobre la tierra, la cual no puede ser recogida; y Dios no quiere quitar la vida, sino antes busca arbitrios para que el desterrado no permanezca alejado de él.
Y ahora que he venido a hablar al rey mi señor esta palabra, es que el pueblo me ha atemorizado; de manera que dijo tu sierva: Hablaré pues al rey; quizás hará el rey conforme a la palabra de su sierva,
ya que oye el rey para librar a su sierva de mano del hombre que está para raerme a mí y a mi hijo juntamente de la herencia de Dios.
Dijo entonces tu sierva: Ruégote que la respuesta de mi señor el rey sea tranquilizadora; puesto que como un ángel de Dios, así es mi señor el rey para entenderse en lo bueno y lo malo. ¡Y Jehová tu Dios sea contigo!
¶Entonces respondió el rey, y dijo a la mujer: Ruégote que no me encubras una cosa que voy a preguntarte. A lo que dijo la mujer: Ruégote que hable mi señor el rey.
Dijo pues el rey: ¿Está contigo la mano de Joab en todo esto? Y respondiendo la mujer, le dijo: ¡Vive tu alma! oh rey, señor mío, que ninguno puede apartarse a la derecha ni a la izquierda de todo cuanto ha dicho mi señor el rey; porque tu siervo Joab, él mismo me dió orden, y él mismo puso en boca de tu sierva todas estas palabras.
Para trocar la apariencia de la cosa hizo tu siervo Joab esto; y mi señor es sabio, conforme a la sabiduría de un ángel de Dios, para entender todo lo que se hace en la tierra.
¶Entonces dijo el rey a Joab: He aquí pues, ya que he hecho esto, anda y haz volver al joven Absalom.
Con lo cual cayó Joab en tierra sobre su rostro, e hizo reverencia, y bendijo al rey; y dijo Joab: ¡Hoy sabe tu siervo que ha hallado gracia en tus ojos, oh rey, señor mío; por lo mismo que ha otorgado el rey la petición de su siervo!
Levantándose entonces Joab, fué a Gesur, y trajo a Absalom a Jerusalem.
Mas dijo el rey: ¡Vuelva él y vaya a su casa; pues no ha de ver mi rostro! De manera que se volvió Absalom, y fué a su casa, sin ver la cara del rey.
¶Mas en todo Israel no había otro como Absalom, hombre hermoso y muy de alabar; desde la planta de su pie hasta la coronilla de su cabeza no había en él defecto alguno.
Y cuando se cortaba el cabello, (pues era así que al cabo de cada año lo cortaba, porque le era muy pesado, y por eso lo cortaba), solía pesar el cabello de su cabeza, que alcanzaba a doscientos siclos del peso real.
Y le nacieron a Absalom tres hijos y una hija, la cual se llamaba Tamar; y era mujer de hermoso parecer.
¶Y Absalom habitó en Jerusalem dos años enteros sin ver la cara del rey.
Entonces Absalom mandó llamar a Joab para enviarle al rey; mas no quiso ir a él. Y mandóle llamar aún la segunda vez; mas no quiso ir.
Dijo por tanto a sus siervos: Ved, el campo de Joab está junto al mío, y tiene allí cebadas. Andad y pegadle fuego. En efecto, los siervos de Absalom pegaron fuego al campo.
Joab entonces se levantó y fué a Absalom en su casa, y le dijo: ¿Por qué han pegado fuego tus siervos a mi campo?
Y respondió Absalom a Joab: He aquí que envié a ti, diciendo: Ven acá, para que te envíe al rey, con el fin de decirle: ¿A qué propósito he venido de Gesur? bueno me fuera estar todavía allí. Ahora pues, vea yo la cara del rey; y si hay en mí iniquidad, ¡quíteme él la vida!
De manera que Joab fué al rey, y se lo dijo. Entonces David llamó a Absalom, el cual vino al rey, y postróse a tierra sobre su rostro delante de él; y el rey besó a Absalom.
Y SUCEDIÓ después de esto, que Absalom se proveyó de una carroza y caballos, y de cincuenta hombres que corriesen delante de él.
También se levantaba Absalom de madrugada, y se colocaba a un lado del camino de la puerta; y era así que cuando alguno que tenía un pleito venía al rey para pedir justicia, Absalom le llamaba a sí, y le decía: ¿De qué ciudad eres tú? y contestando él: De una de las tribus de Israel es tu siervo;
le respondía Absalom: Mira que tu causa es buena y justa; pero no hay quien te oiga de parte del rey.
Decía además Absalom: ¡Ojalá fuera yo juez en la tierra, para que ante mí compareciese todo hombre que tuviere algún pleito, u otra causa; que yo le haría justicia!
Sucedía también que cuando se acercaba alguno para hacerle reverencia, alargaba él la mano, y asiéndole, le besaba.
Y de este modo hacía Absalom con todo Israel que venía a pedir justicia al rey: con lo cual Absalom robó el corazón de los hombres de Israel.
¶Así fué que al fin de cuarenta años, Absalom dijo al rey: Me iré, con permiso tuyo, y pagaré en Hebrón mi voto que tengo hecho a Jehová.
Porque tu siervo hizo un voto, mientras yo estaba en Gesur, en Siria, diciendo: Si en verdad Jehová me hiciere volver a Jerusalem, entonces serviré a Jehová.
Y le dijo el rey: Véte en paz. Levantóse pues, y fué a Hebrón.
Absalom empero había enviado correos por todas las tribus de Israel, diciendo: Luego que oyeseis el sonido de la trompeta, decid: ¡Reina Absalom en Hebrón!
Y con Absalom fueron de Jerusalem doscientos hombres, que habían sido convidados; mas iban con sencillez, sin saber nada.
Asimismo Absalom envió y llamó a Ahitofel gilonita, consejero de David, desde su ciudad de Gilo, en tanto que él ofrecía los sacrificios. Y era fuerte la conspiración, porque iba creciendo por instantes el pueblo que seguía a Absalom.
¶Entonces vino a David un mensajero que le dijo: ¡El corazón de los hombres de Israel se va en pos de Absalom!
Y dijo David a todos sus siervos que estaban con él en Jerusalem: ¡Levantaos y huyamos! que de otra suerte no podremos escapar de Absalom. ¡Partid al instante, no sea que apresurándose, nos alcance, y traiga el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad a filo de espada!
A lo cual los siervos del rey le respondieron: He aquí a tus siervos listos para hacer todo cuanto dispusiere mi señor el rey.
Salió pues el rey, y toda su casa en pos de él: mas el rey dejó diez concubinas para guardar la casa.
Así pues salió el rey, y toda la gente en pos de él; e hicieron alto en un sitio llamado la Casa Remota.
Y todos sus siervos iban pasando a su lado; y todos los Kereteos, y todos los Peleteos, y todos los Geteos, (seiscientos hombres que a sus órdenes vinieron de Gat), iban delante del rey.
Entonces dijo el rey a Itai geteo: ¿Por qué vas tú también con nosotros? Vuelve, y quédate con el nuevo rey; porque extranjero eres, y desterrado también de tu lugar.
Ayer llegaste, ¿y hoy por ventura he de hacerte ir vagando con nosotros, yo que voy a dondequiera que pueda? Vuelve pues, y haz volver a tus hermanos: ¡contigo permanezcan la misericordia y la verdad!
Mas Itai respondió al rey, diciendo: ¡Vive Jehová, y vive mi señor el rey, que dondequiera que estuviere mi señor el rey, ora para muerte, ora para vida, allí también estará tu siervo!
Dijo entonces David a Itai: Anda pues, y pasa adelante. E Itai geteo pasó adelante con todos sus hombres, y toda la familia que le acompañaba.
Y todo el país lloraba a grandes voces en tanto que toda la gente pasaba. Y mientras tanto que el rey iba pasando el torrente Cedrón, y toda la gente pasaba adelante por el camino del desierto,
he aquí a Sadoc también, y a todos los levitas con él, que traían el Arca del Pacto de Dios. Y asentaron el Arca de Dios (Abiatar también subía con ellos) hasta que toda la gente acabó de salir de la ciudad.
Entonces el rey dijo a Sadoc: Vuelve a llevar el Arca de Dios a la ciudad; si yo hallare gracia en los ojos de Jehová, él me hará volver, y me permitirá verla a ella y su Habitación.
Mas si así dijere: No hallo agrado en ti; ¡heme aquí, haga él de mí como bien le pareciere!
¶Dijo además el rey a Sadoc sacerdote: ¿No eres tú vidente? Vuelve pues a la ciudad en paz, y vuestros dos hijos con vosotros, Ahimaaz tu hijo, y Jonatán hijo de Abiatar.
Mira que yo me detendré en los llanos del desierto, hasta tanto que venga alguna razón de vuestra parte que me avise.
Sadoc pues y Abiatar volvieron a llevar a Jerusalem el Arca de Dios; y se quedaron allí.
¶Entretanto David subía la cuesta del Monte de los Olivos, y subía llorando, cubierta la cabeza y andando descalzo. Asimismo toda la gente que iba con él, se cubría cada cual la cabeza; ellos también subían, y subían llorando.
¶Y alguno avisó a David, diciendo: ¡Ahitofel se cuenta entre los conspiradores que están con Absalom! A lo que dijo David: ¡Ruégote, oh Jehová, que vuelvas en insensatez el consejo de Ahitofel!
Y aconteció que estando David para llegar a la cumbre del monte, donde solía adorar a Dios, he aquí a Cusai arquita que venía a su encuentro, rasgados los vestidos y con tierra sobre su cabeza.
Y le dijo David: Si tú pasares adelante conmigo, me serás una carga;
mas si volvieres a la ciudad y dijeres a Absalom: ¡Siervo tuyo, oh rey, voy a ser yo! ¡siervo de tu padre he sido en tiempo pasado, mas ahora seré tu siervo! entonces me podrás frustrar el consejo de Ahitofel.
¿No tienes allí contigo a los sacerdotes Sadoc y Abiatar? Por tanto ha de ser que todo lo que puedas oír, procedente de la casa del rey, se lo comunicarás a los sacerdotes Sadoc y Abiatar.
He aquí que ellos tienen allí a sus dos hijos, Ahimaaz hijo de Sadoc, y Jonatán hijo de Abiatar, por conducto de quienes me enviaréis todo lo que pudiereis saber.
Y así Cusai, amigo de David, vino a la ciudad al tiempo mismo que Absalom llegaba a Jerusalem.
Y CUANDO David hubo pasado un poco más allá de la cumbre del monte, he aquí a Siba, siervo de Mefiboset, que venía a su encuentro con un par de asnos aparejados, y sobre ellos doscientos panes, y cien hilos de pasas, y cien panes de higos secos y un cuero de vino.
Y el rey dijo a Siba: ¿Qué quieres con estas cosas? Y respondió Siba: Los asnos son para que monte la familia del rey, y el pan y los higos secos para que coman los mancebos, y el vino para que beban los que se cansaren en el desierto.
Entonces preguntó el rey: ¿Y dónde está el hijo de tu señor? Y Siba respondió al rey: He aquí él se ha quedado en Jerusalem; porque ha dicho: ¡Hoy mismo me va a devolver la casa de Israel el reino de mi padre!
Dijo pues el rey a Siba: ¡He aquí que tuyo es todo lo que pertenece a Mefiboset! Y respondió Siba: ¡Me inclino ante ti! ¡halle yo gracia en tus ojos, señor mío, oh rey!
¶Y como el rey iba llegando a Ba-hurim, he aquí que de allí venía saliendo un hombre de la parentela de Saúl, cuyo nombre era Simei, hijo de Gera; salía, y en tanto que salía, echaba maldiciones.
Y tiraba piedras contra David, y contra todos los siervos del rey David, mientras toda la gente, con todos los hombres valerosos, iban marchando en filas a su mano derecha y a su izquierda.
Y de esta manera decía Simei en sus maldiciones: ¡Afuera! ¡afuera! ¡oh hombre sanguinario y hombre de Belial!
Jehová ha hecho tomar sobre ti toda la derramada sangre de la casa de Saúl, en cuyo lugar has reinado; y ha dado Jehová el reino en mano de Absalom tu hijo; y ¡héte aquí prendido en tus maldades; porque hombre sanguinario eres!
¶Entonces Abisai hijo de Sarvia dijo al rey: ¿Por qué ha de seguir este perro muerto maldiciendo a mi señor el rey? ¡Pasaré, con tu venia, y le quitaré la cabeza!
Mas el rey respondió: ¿Qué tengo yo que ver con vosotros, hijos de Servia? que siga él maldiciendo, ya que Jehová le ha dicho: ¡Maldice a David! ¿quién pues le dirá: por qué haces esto?
Y dijo David a Abisai y a todos sus siervos: He aquí que mi mismo hijo, que salió de mis entrañas, va buscando mi vida; ¿pues qué mucho que lo haga así ahora este benjamita? Déjale que siga maldiciendo; porque se lo ha dicho Jehová.
Puede ser que mire Jehová el agravio que se me hace, y que me devuelva Jehová el bien en lugar de sus maldiciones de hoy.
De manera que David y sus hombres siguieron por su camino; y Simei continuó andando por la falda del monte que hacía frente al rey; y al andar, maldecía, y tiraba piedras hacia él, y esparcía polvo.
Por fin, el rey y toda la gente que le acompañaba llegaron a Bahurim fatigados, y descansaron allí.
¶Entretanto Absalom y toda su gente, los hombres de Israel, habían llegado a Jerusalem, y Ahitofel con él.
Y fué así que cuando Cusai arquita, amigo de David, llegó a Absalom, dijo Cusai a Absalom: ¡Viva el rey! ¡viva el rey!
Mas Absalom respondió a Cusai: ¿Es este tu cariño para con tu amigo? ¿Por qué no acompañaste a tu amigo?
Cusai entonces dijo a Absalom: No, sino que a quien haya escogido Jehová, y esta gente, y todos los hombres de Israel, de él seré, y con él me quedaré.
Y tornó a decir: ¿A quién he de servir? ¿no ha de ser en presencia del hijo? Pues bien, a la manera que he servido en presencia del padre, así serviré en tu presencia.
¶Dijo entonces Absalom a Ahitofel: Dad vuestro consejo sobre lo que debemos hacer.
Y Ahitofel respondió a Absalom: Llégate a las concubinas de tu padre, las cuales él ha dejado para cuidar de la casa; y oirá todo Israel que eres odioso a tu padre; con lo cual se harán fuertes las manos de todos los tuyos.
En efecto, extendieron para Absalom un pabellón sobre el terrado; y Absalom se llegó a las concubinas de su padre, a la vista de todo Israel.
Es de saber que el consejo de Ahitofel que él daba en aquellos días, era estimado como si un hombre consultase el oráculo de Dios: así era, tanto con David como con Absalom, todo lo que aconsejaba Ahitofel.
ENTONCES dijo Ahitofel a Absalom: Permite que escoja doce mil hombres, y me levantaré y seguiré tras David esta misma noche;
y vendré sobre él mientras esté cansado y débil de manos; y le infundiré miedo; de modo que huirá toda la gente que le acompaña; y heriré al rey solo.
Así volveré a traer a ti todo el pueblo. Cuando volvieren todos, menos aquel hombre que tú estás buscando, todo el pueblo estará en paz.
Y era acertado este consejo al parecer de Absalom, y al parecer de todos los ancianos de Israel.
¶Esto no obstante, Absalom dijo: Quiero que se llame asimismo a Cusai arquita, para que oigamos lo que dice el también.
Y cuando vino Cusai a Absalom, le habló Absalom, diciendo: De esta manera ha hablado Ahitofel; ¿seguiremos su consejo? si no, habla tú.
Entonces Cusai respondió a Absalom: No es bueno el consejo que ha dado Ahitofel esta vez.
Dijo también Cusai: Tú conoces a tu padre y a sus hombres, y sabes que son valerosos; y están amargos en espíritu, como una osa en el campo a quien le han robado sus cachorros. También tu padre es hombre aguerrido, y no pasará la noche entre el pueblo.
He aquí que ahora mismo estará escondido en algún hoyo, o en algún otro lugar; y va a suceder que al caer algunos de entre ellos, al principio de la refriega, quienquiera que lo oyere dirá: ¡Se hace estrago entre la gente que sigue a Absalom!
Entonces aun aquel que es valiente, y cuyo espíritu es como corazón de león, va a desmayar completamente; porque sabedor es todo Israel de que tu padre es hombre esforzado, y que son valientes los que con él están.
Por lo cual yo aconsejo que se reúna en derredor de ti todo Israel, desde Dan hasta Beer-seba, como las arenas que están a la ribera del mar en multitud; y que tú en persona vayas al combate.
De esta suerte vendremos sobre él en algún lugar, dondequiera que fuere hallado, y nos dejaremos caer sobre él a la manera que cae el rocío sobre el suelo; y no dejaremos que quede de él, ni de todos los hombres que con él estuvieren, ni uno.
Y si se hubiere recogido dentro de alguna ciudad, todo Israel traerá sogas a aquella ciudad, y la arrastraremos al torrente vecino, hasta que no se halle allí ni siquiera una piedrezuela.
¶A lo cual dijeron Absalom y todos los hombres de Israel: Mejor es el consejo de Cusai arquita que el consejo de Ahitofel: (porque Jehová había determinado frustrar el acertado consejo de Ahitofel, a fin de traer Jehová el mal sobre Absalom).
¶Dijo entonces Cusai a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: Así y así ha aconsejado Ahitofel a Absalom y a los ancianos de Israel; y así y así les he aconsejado yo.
Ahora pues enviad presto y avisad a David, diciendo: No te detengas esta noche en los llanos del desierto, sino que debes sin falta pasar el Jordán; no suceda que sea destruído el rey, con toda la gente que le acompaña.
Es de saber que Jonatán y Ahimaaz se quedaban junto a En-rógel; porque no podían dejarse ver entrar en la ciudad; por lo cual una criada fué y se lo dijo; y ellos se iban ya para dar aviso a David.
Con todo, los vió un muchacho, el cual dió parte de ello a Absalom. Los dos empero caminaron aprisa, y entraron en casa de cierto hombre en Bahurim, el cual tenía un pozo en su patio, adonde ellos descendieron.
Luego tomó la mujer la cubierta y la tendió sobre la boca del pozo; y extendió encima de ella trigo machacado; de modo que no fué conocida la cosa.
En esto llegaron los siervos de Absalom a donde estaba la mujer, dentro de la casa, y dijeron: ¿En dónde están Ahimaaz y Jonatán? Y la mujer les respondió: Han pasado el arroyo de las aguas. Ellos pues los buscaron; mas no hallándolos, se volvieron a Jerusalem.
¶Y sucedió que idos éstos, los otros subieron del pozo, y fueron y avisaron al rey David; y dijeron a David: ¡Levantaos, y a toda prisa pasad las aguas; porque así y así ha dado consejo contra vosotros Ahitofel!
Levantóse pues David, y toda la gente que le acompañaba, y pasaron el Jordán: al aclararse el día no quedó ni uno que no hubiese pasado el Jordán.
¶Mas Ahitofel, visto que no se había seguido su consejo, aparejó su asno, y subiendo en él, se fué a su casa, a su ciudad; y dispuso su casa, y se ahorcó, y murió, y fué enterrado en el sepulcro de su padre.
¶Entretanto David había venido a Mahanaim; Absalom también pasó el Jordán, él y todos los hombres de Israel con él.
Y Absalom puso a Amasa sobre el ejército en lugar de Joab; el cual Amasa era hijo de un hombre llamado ltra, israelita, que se llegó a Abigail hija de Nahás, hermana de Sarvia, madre de Joab.
Y acamparon Israel y Absalom en la tierra de Galaad.
¶Y había acontecido que al llegar David a Mahanaim, Sobi hijo de Nahás, de Rabbá de los hijos de Ammón, y Maquir hijo de Amiel, de Lo-debar, y Barzillai galaadita, de Rogelim,
trajeron camas, y tazones, y vasijas de barro, y trigo, y cebada, y flor de harina, y grano tostado, y habas, y lentejas, y garbanzos tostados;
y miel, y requesones, y ovejas, y quesos de vacas; y los presentaron a David y a la gente que con él estaba, para que comiesen; porque decían: La gente estará hambrienta, y cansada, y sedienta en el desierto.
ENTONCES David pasó revista a la gente que tenía consigo; y puso sobre ella jefes de miles y jefes de cientos.
Luego envió David las tropas a la guerra, un tercio bajo la mano de Joab, y otro tercio bajo la mano de Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab, y otro tercio bajo la mano de Itai geteo. Y dijo el rey a las tropas: Seguramente que yo también saldré con vosotros.
Mas la gente le respondió: No saldrás; porque aun cuando nosotros huyéramos vergonzosamente, no harán caso de nosotros; y si muriere la mitad de nosotros, no harán caso de nosotros: porque tú eres ahora igual a diez mil de nosotros. Ahora pues más vale que tú te quedes aquí, para socorrernos desde la ciudad.
Y respondió el rey: Yo haré lo que sea bueno en vuestro parecer. Entonces se puso el rey a un lado de la puerta, en tanto que toda la gente iba saliendo por cientos y por miles.
Y mandó el rey a Joab y a Abisai y a Itai, diciendo: ¡Tratad con indulgencia, por mi causa, al joven Absalom! Y todo el pueblo oyó cuando el rey mandó a todos los jefes acerca de Absalom.
De esta suerte salió la gente al campo contra Israel; y libróse la batalla en el bosque de Efraim.
Y allí fué herida la gente de Israel delante de los siervos de David; y se hizo allí una muy grande mortandad en aquel día, de veinte mil hombres.
Porque la batalla se extendió allí sobre la superficie de todo el país; y el bosque mató más gente en aquel día que la que devoró la espada.
Por fin encontróse Absalom con los siervos de David. Y Absalom iba montado en un mulo; y pasando el mulo por debajo del ramaje de un gran roble, se le prendió fuertemente la cabeza en el roble; y él quedó suspendido entre el cielo y la tierra; y el mulo que tenía debajo de sí, pasó adelante.
Y le vió cierto hombre, el cual dió parte de ello a Joab, diciendo: ¡He aquí que acabo de ver a Absalom colgado en un roble!
Entonces dijo Joab al hombre que le dió la noticia: Y bien, ya que le viste, ¿por qué no le heriste allí mismo, echándole a tierra? y de mi obligación hubiera sido darte diez siclos de plata y un tahalí.
Mas aquel hombre contestó a Joab: Aunque se pesaran en mi mano mil siclos de plata, no extendería mi mano contra el hijo del rey; porque, oyéndolo nosotros, os mandó el rey a ti y a Abisai y a Itai, diciendo: ¡Guardaos, quienquiera que sea, respecto del joven Absalom!
De otra suerte yo hubiera hecho traición contra mi vida; porque ninguna cosa se le puede esconder al rey; y tú mismo te me hubieras puesto en contra.
A lo cual respondió Joab: No puedo detenerme aquí contigo. De manera que, tomando tres dardos en su mano, los clavó en el corazón de Absalom, estando éste aún vivo en medio del roble.
Entonces se le pusieron en derredor los diez jóvenes, escuderos de Joab, e hirieron a Absalom y le acabaron de matar.
En seguida Joab tocó la trompeta, y volvió la gente del perseguimiento de Israel; pues que Joab detuvo al pueblo.
Luego tomando a Absalom, le echaron dentro de un gran hoyo en el bosque, y levantaron sobre él un grandísimo montón de piedras: mientras tanto, todo Israel huyó cada cual a su estancia.
¶Y había Absalom durante su vida tomado en mano y erigido para sí la columna que está en el Valle del Rey; porque decía: No tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre. Por eso llamó la columna de su mismo nombre; la cual se llama Monumento de Absalom hasta el día de hoy.
¶Entonces Ahimaaz hijo de Sadoc dijo a Joab: Correré, con tu venia, y llevaré al rey las buenas nuevas de cómo le ha hecho justicia Jehová, librándole de mano de sus enemigos.
Pero Joab le contestó: Tú no podrás ser portador de buenas nuevas hoy, bien que llevarás buenas nuevas otro día; mas hoy no podrás llevar noticias buenas, por cuanto es muerto el hijo del rey.
En seguida dijo Joab al Cusita: Anda, avisa al rey de lo que has visto. Por lo cual inclinóse el Cusita a Joab, y corrió.
Entonces Ahimaaz hijo de Sadoc tornó a decir a Joab: Como quiera que sea, correré yo también, con tu venia, tras el Cusita. A lo que le dijo Joab: ¿Para qué has de correr tú, hijo mío? pues no vas a recibir premio de buenas nuevas.
Como quiera que sea, respondió, correré. Entonces Joab le dijo: Corre. Corrió pues Ahimaaz, camino del Valle del Jordán, y adelantóse al Cusita.
¶Y David estaba sentado entre las dos puertas; y el atalaya fué al techo de la puerta, sobre el muro, y alzando los ojos, miró, y he aquí un hombre que venía corriendo solo.
Entonces clamó el atalaya y se lo avisó al rey. A lo cual el rey respondió: Si está solo, habrá noticias en su boca. Mientras tanto él seguía caminando y acercándose.
En esto divisó el atalaya otro hombre que venía corriendo; y clamó el atalaya al portero, diciendo: ¡He aquí que viene otro hombre corriendo solo! Y dijo el rey: Éste también es portador de noticias.
Dijo de nuevo el atalaya: Estoy observando que el correr del primero semeja el correr de Ahimaaz hijo de Sadoc. Y respondió el rey: Hombre bueno es, y con buenas nuevas debe venir.
Entonces clamó Ahimaaz de lejos, y dijo al rey: ¡Bien está! En seguida postróse en tierra ante el rey, sobre su rostro, diciendo: ¡Bendito sea Jehová tu Dios, que ha entregado a los hombres que alzaron su mano contra mi señor el rey!
Y preguntó el rey: ¿Le va bien al joven Absalom? A esto repuso Ahimaaz: Yo ví un gran tropel de gente cuando envió Joab al siervo del rey y a mí, siervo tuyo; mas no supe qué era.
Dijo pues el rey: Ponte a un lado y estáte en pie aquí. Y él se puso a un lado, y se quedó allí en pie.
Entretanto, he aquí al Cusita que acababa de llegar; y dijo el Cusita: ¡Buenas nuevas, oh rey, señor mío! porque Jehová te ha hecho justicia hoy, librándote de mano de todos los que se habían levantado contra ti.
Dijo entonces el rey al Cusita: ¿Le va bien al joven Absalom? A lo cual contestó el Cusita: ¡Sean como aquel joven los enemigos de mi señor el rey, con todos los que se levantan contra ti para hacerte mal!
Entonces el rey fué profundamente conmovido, y se subió a la cámara que estaba sobre la puerta, y allí lloraba; y decía así en tanto que se iba: ¡Hijo mío, Absalom! ¡hijo mío, hijo mío, Absalom ¡quién me diera que hubiera yo muerto en lugar de ti, oh Absalom, hijo mío, hijo mío!
Y AVISARON a Joab, diciendo: ¡He aquí que el rey está llorando y lamentándose a causa de Absalom!
Y fué el caso que la victoria en aquel día se trocó en duelo para con todo el pueblo; porque el pueblo oyó decir en aquel día: ¡Acongojado está el rey por su hijo!
Por lo cual el pueblo se entró en la ciudad a hurtadillas en aquel día; lo mismo que suele entrar a hurtadillas la gente avergonzada cuando huye en la batalla.
Mientras tanto el rey se cubría la cara, y clamaba el rey a grandes voces: ¡Hijo mío, Absalom! ¡oh Absalom, hijo mío, hijo mío!
¶Entonces Joab llegóse al rey, dentro de la casa, y le dijo: ¡Has hecho avergonzar el rostro de todos tus siervos, los cuales hoy han salvado tu vida, y la vida de tus hijos y de tus hijas, y la vida dé tus mujeres y la vida de tus concubinas,
amando a los que te aborrecen, y aborreciendo a los que te aman! Porque has puesto de manifiesto hoy que nada te son a ti ni príncipes, ni siervos; pues que ya yo sé que si Absalom viviera, y nosotros todos estuviéramos muertos hoy ¡entonces eso te agradara bien!
Ahora pues, levántate y sal fuera, y habla cariñosamente a tus siervos; ¡porque juro por Jehová que si no salieres, no quedará hombre contigo esta noche! y esto te sería peor que todo el mal que te ha sobrevenido desde tu mocedad hasta ahora.
Con esto se levantó el rey, y se sentó a la puerta; y avisaron a todo el pueblo, diciendo: He aquí que el rey está sentado a la puerta. Y vino todo el pueblo delante del rey. ¶Israel empero había huído cada cual a su estancia.
Y todo el pueblo estaba en contienda por entre todas las tribus de Israel, diciendo: El rey nos libró de mano de nuestros enemigos, y él nos salvó de mano de los Filisteos; mas ahora se ha huído del país con motivo de Absalom.
Y Absalom a quien ungimos por rey sobre nosotros, ha muerto en la batalla. Ahora pues, ¿por qué estáis callados respecto de hacer volver al rey?
¶Por tanto el rey David envió a Sadoc y a Abiatar, los sumos sacerdotes, diciendo: Hablad con los ancianos de Judá, diciendo: ¿Por qué sois vosotros los postreros en hacer volver al rey a su casa? pues que la palabra de todo Israel viene llegando al rey, para hacerle volver a su casa.
Mis hermanos sois vosotros; mi hueso y mi carne sois: ¿por qué pues sois los postreros en hacer volver al rey?
También decid a Amasa: ¿No eres tú mi hueso y mi carne? ¡Así haga conmigo Dios, y más aún, si no has de ser jefe del ejército en mi presencia perpetuamente, en lugar de Joab!
E inclinó hacia sí el corazón de todos los hombres de Judá, como de un solo hombre: y enviaron al rey, diciendo: Vuelve tú y todos tus siervos.
Por manera que volvió el rey, y vino al Jordán; y Judá fué hasta Gilgal para ir a recibir al rey, a fin de hacer pasar al rey el Jordán.
¶Entonces Simei hijo de Gera, benjamita, que era de Bahurim, se dió prisa, y descendió con los hombres de Judá al encuentro del rey David;
y trajo consigo mil hombres de Benjamín. Siba también, siervo de la casa de Saúl,vino y trajo consigo sus quince hijos y sus veinte siervos; y pasaron el Jordán en presencia del rey.
Cruzó también una barca para pasar la familia del rey, y hacer lo que a éste le pareciera bien. Entonces Simei hijo de Gera cayó delante del rey, luego que atravesó el Jordán,
y dijo al rey: ¡No me impute mi señor iniquidad, y no se acuerde de lo que hice perversamente en el día que mi señor el rey salió de Jerusalem, para que el rey haga caso de ello!
Porque sabe tu siervo que yo he pecado; por eso, he aquí que he venido hoy, el primero de toda la casa de José, para descender a recibir a mi señor el rey.
Pero Abisai hijo de Sarvia le respondió, diciendo: ¿No ha de ser muerto Simei, por cuanto ha maldecido al ungido de Jehová?
Entonces contestó David: ¿Qué tengo yo que ver con vosotros, hijos de Sarvia, para que os pongáis hoy por adversarios míos? ¿Acaso ha de morir hombre alguno hoy en Israel? ¿pues no acabo de saber que hoy mismo soy hecho rey sobre Israel?
Y dijo el rey a Simei: ¡No morirás! y se lo juró el rey.
¶También Mefiboset hijo de Saúl descendió a recibir al rey; y no se había curado los pies, ni compuesto la barba, ni se había hecho lavar sus ropas, desde el día que salió el rey hasta el día que volvió en paz.
Y aconteció que cuando vino con los de Jerusalem para recibir al rey, éste le dijo: ¿Por qué no fuiste conmigo, Mefiboset?
Y él respondió: ¡Oh rey, señor mío! mi siervo me engañó; porque dijo tu siervo: Me aparejaré el asno, y subiré en él, para que vaya con el rey: por cuanto tu siervo es cojo.
Además, ha calumniado a tu siervo delante de mi señor el rey: mas mi señor el rey es como un ángel de Dios: haz pues lo que sea bueno a tus ojos.
Porque aun cuando todos los de la casa de mi padre no éramos sino dignos de muerte para con mi señor el rey, sin embargo pusiste a tu siervo entre los que comen a tu mesa: ¿qué derecho pues me queda todavía para reclamar más de parte del rey?
A lo cual le contestó el rey: ¿Por qué hablas más de tus asuntos? he dicho ya que tú y Siba dividáis las tierras.
Entonces dijo Mefiboset al rey: Y aun tómeselas él todas, ya que ha vuelto mi señor el rey en paz a su casa
¶También Barzillai galaadita descendió desde Rogelim, y pasó el Jordán con el rey, para acompañarle más allá del Jordán.
Y era Barzillai muy anciano, de edad de ochenta años; y había proveído al rey de sustento el tiempo que pasó en Mahanaim; porque era hombre muy rico.
Entonces dijo el rey a Barzillai: Pasa adelante conmigo, y te sustentaré conmigo en Jerusalem.
Pero Barzillai respondió al rey: ¿Cuántos serán ya los días de los años de mi vida, para que yo suba con el rey a Jerusalem?
De edad de ochenta años soy el día de hoy: ¿podré acaso distinguir más entre lo bueno y lo malo? ¿o podrá tu siervo gustar ya lo que come y lo que bebe? ¿o puedo más oír la voz de cantores y de cantoras? ¿Para qué pues ha de ser tu siervo una carga a mi señor el rey?
Un corto trecho más allá del Jordán pasará tu siervo con el rey; ¿y por qué quiere el rey recompensarme con un galardón tan grande?
Ruégote permitas que se vuelva tu siervo, para que muera en mi propia ciudad, junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. Empero he ahí a tu siervo Camaam; pase él con mi señor el rey, y haz con él lo que bien te parezca.
A lo que respondió el rey: Camaam pasará adelante conmigo, y yo haré con él lo que bien te pareciere a ti; y todo lo que quisieres encargarme yo lo haré por ti.
Por manera que todo el pueblo pasó el Jordán; el rey también pasó: entonces besó el rey a Barzillai y le bendijo; y éste volvió a su lugar.
¶Entonces el rey pasó adelante a Gilgal, y Camaam pasó adelante con él; y todo el pueblo de Judá acompañaba al rey, y también la mitad del pueblo de Israel.
En esto, he aquí a todos los hombres de Israel que venían al rey; y dijeron al rey: ¿Por qué tan a hurtadillas te han tomado nuestros hermanos, los hombres de Judá, para hacer pasar el Jordán al rey y a su casa, y a todos los hombres de David con él?
Entonces respondieron todos los hombres de Judá a los hombres de Israel: Por lo mismo que el rey es pariente cercano nuestro; ¿por qué pues habéis de irritaros por eso? ¿Por ventura nosotros hemos comido algo a costa del rey? ¿o nos ha hecho él algún regalo?
Y respondieron los hombres de Israel a los hombres de Judá; diciendo: ¡Diez partes tenemos nosotros en el rey, y también más derecho tenemos nosotros en David que vosotros! ¿Por qué pues nos habéis despreciado? y en efecto, ¿no fué nuestra palabra la primera para hacer volver a nuestro rey? Y era más duro el hablar de los hombres de Judá que el hablar de los hombres de Israel.
Y POR casualidad se encontraba allí un hombre de Belial, que se llamaba Seba, hijo de Bicri, benjamita; el cual tocó trompeta, y dijo: ¡No tenemos parte en David, ni hay herencia para nosotros en el hijo de Isaí! ¡Cada hombre a su estancia, oh Israel!
En efecto, todos los hombres de Israel subieron de en pos de David, siguiendo a Seba hijo de Bicri. Pero los hombres de Judá se adhirieron a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalem.
¶Y cuando llegó David a su casa en Jerusalem, tomó el rey a las diez concubinas que había dejado para cuidar de la casa, y las puso en reclusión, y las sustentó; pero no se llegó más a ellas; y permanecieron encerradas hasta el día de su muerte, en viudez perpetua.
¶Entonces dijo el rey a Amasa: Convócame a los hombres de Judá dentro de tres días; tú también estarás presente aquí
Fuése pues Amasa para convocar a Judá; pero se tardó más del plazo que se le había fijado.
Por lo cual dijo David a Abisai: Ahora Seba hijo de Bicri va a hacernos más mal que Absalom. Toma tú los siervos de tu señor, y sigue tras él, no sea que halle para sí ciudades fortificadas, y se nos escape.
Y salieron en pos de él los hombres de Joab, y los Kereteos y los Peleteos, con todos los hombres valientes, saliendo de Jerusalem para ir en persecución de Seba hijo de Bicri.
Ellos estaban junto a la piedra grande que había en Gabaón, cuando se les presentó Amasa, que venía al encuentro de ellos. Y Joab tenía ceñida su ropa, su vestido de ordinario, y sobre ella el cinto de una espada que traía ajustada a sus lomos, en su vaina; y mientras él avanzaba, ella se le cayó.
Entonces dijo Joab a Amasa: ¿Te va bien, hermano mío? Y Joab con la mano derecha asió de la barba de Amasa, para besarle.
Y Amasa no se guardó de la espada que se hallaba en la mano izquierda de Joab; por manera que éste le hirió con ella en el vientre, derramando sus entrañas en tierra; y no le repitió el golpe; y él murió. Mas Joab y Abisai su hermano siguieron tras de Seba hijo de Bicri.
Y uno de los mancebos de Joab se puso junto al herido, y decía: ¡Quienquiera que favorezca a Joab, y quienquiera que sea por David, siga tras de Joab!
Mientras tanto Amasa se estaba revolcando en su sangre, en la mitad de la calzada. Mas como viese aquel hombre que se paraba todo el pueblo, trasladó a Amasa de la calzada al campo, y echó sobre él una ropa, luego que advirtió cómo cada uno que llegaba junto a él se detenía.
Mas cuando fué apartado de la calzada, toda la gente pasó adelante en pos de Joab, siguiendo en persecución de Seba hijo de Bicri.
¶Y Joab recorrió todas las tribus de Israel hasta Abel-bet-maaca, y el territorio de todos los Beritas; los cuales se reunieron, y fueron también ellos en pos de él.
Luego pues que llegaron, sitiaron a Seba en Abel-bet-maaca, y levantaron terraplenes contra la ciudad; de manera que quedó puesta en cerco; y toda la gente que había con Joab estaba batiendo el muro para derribarlo.
Entonces clamó una mujer sabia desde la ciudad: ¡Oíd! ¡oíd! ¡Ruégoos digáis a Joab que venga acá, para que yo hable con él!
Y habiéndosele acercado éste, le preguntó la mujer: ¿Eres tú Joab? Y él contestó: Sí, soy. Entonces ella le dijo: Oye las razones de tu sierva. A lo que dijo él: Escuchando estoy.
Luego habló ella, diciendo: Ciertamente desde un principio debiera haberse dicho: A lo menos se ha de preguntar a los de Abel; y así se hubiera acabado ya el asunto.
Yo soy de las pacíficas y fieles en Israel; y tú procuras destruir una ciudad y una madre en Israel: ¿por qué quieres devorar la herencia de Jehová?
Y contestó Joab: ¡Lejos, muy lejos sea esto de mí, que yo devore o que yo destruya!
El caso no es así; sino que un hombre de la serranía de Efraim (Seba hijo de Bicri es su nombre), ha levantado la mano contra el rey, contra David. Entregadme a éste solamente, y yo me retiraré de la ciudad. Y dijo la mujer a Joab: He aquí que su cabeza te será echada desde el muro.
La mujer pues en su sabiduría fué a todo el pueblo; y ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri, y se la echaron a Joab; el cual tocó la trompeta; y las tropas se dispersaron de en contra de la ciudad, yéndose cada hombre a su estancia; mas Joab volvióse a Jerusalem, al rey.
Y Joab estaba sobre todo el ejército de Israel; y Benaya hijo de Joiada, sobre los Kereteos y los Peleteos;
y Adoram sobre los tributos; y Josafat hijo de Ahilud era cronista;
y Seba, secretario; y Sadoc y Abiatar, sumos sacerdotes;
y también Ira jaireo era ministro principal de David.
Y HUBO en los días de David hambre durante tres años seguidos; por lo cual David buscó la faz de Jehová. Y dijo Jehová: Es por causa de Saúl y su casa sanguinaria; por cuanto él mató a los Gabaonitas.
Entonces el rey llamó a los Gabaonitas, y les dijo; (es de saber que los Gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino un resto de los Amorreos; pero los hijos de Israel les habían jurado la paz; y con todo, procuró Saúl matarlos en su celo por los hijos de Israel y Judá):
dijo pues David a los Gabaonitas: ¿Qué he de haceros, y con qué debo hacer reparación, para que bendigáis la herencia de Jehová?
Y los Gabaonitas le contestaron: No tenemos cuestión de plata y oro con Saúl y su casa; ni tenemos cuestión con otro hombre alguno en Israel, para hacerle morir. Y él les dijo: Cuanto me dijereis yo lo haré por vosotros.
Ellos dijeron entonces al rey: De aquel hombre que acababa con nosotros, y que maquinaba contra nosotros, para que fuésemos destruídos, de manera que no quedásemos en todos los términos de Israel,
dénsenos siete hombres de sus hijos, para que los colguemos ante Jehová en Gabaa de Saúl, el electo de Jehová. Y dijo el rey: Yo los daré.
Y el rey tuvo compasión de Mefiboset hijo de Jonatán, hijo de Saúl, en atención al juramento de Jehová que había entre ellos, es decir, entre David y Jonatán hijo de Saúl.
Mas el rey tomó a los dos hijos de Rizpa, hija de Aya, que ella parió a Saúl, a saber, Armoni y Mefiboset, y los cinco hijos de Micol, hija de Saúl, que ella parió a Adriel, hijo de Barzillai meholatita;
y los entregó en mano de los Gabaonitas, los cuales los ahorcaron en el monte delante de Jehová; y cayeron los siete juntos; y fueron muertos en los primeros días de la siega, al comenzarse la siega de las cebadas.
Entonces Rizpa hija de Aya tomó un vestido de cilicio, y lo tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que las aguas se derramaron sobre ellos desde los cielos; y no permitió que ave del cielo posase sobre ellos de día, ni fiera del campo de noche.
Y fué dado aviso a David de lo que había hecho Rizpa hija de Aya, concubina de Saúl.
Entonces fué David y tomó los huesos de Saúl, y los huesos de Jonatán su hijo, de los vecinos de Jabés-galaad, que los habían quitado furtivamente de la plaza de Bet-sán, donde los habían colgado los Filisteos, en el día que los Filisteos mataron a Saúl en Gilboa:
y llevó de allí los huesos de Saúl, y los huesos de Jonatán su hijo; y recogiendo los huesos de los ahorcados,
los enterraron con los huesos de Saúl y de Jonatán su hijo, en la tierra de Benjamín, en Zelá, en el sepulcro de Cis su padre; e hicieron todo lo que había mandado el rey. Y Dios fué propicio a la tierra después de esto.
Y los Filisteos tuvieron guerra otra vez contra Israel; y descendió David, y sus siervos con él, y pelearon contra los Filisteos; y se cansó David.
En esto, Isbi-benob, que era de los hijos del gigante Rafá, el peso de cuya lanza fué trescientos siclos de bronce, y que se había ceñido una espada nueva, se propuso matar a David.
Empero le ayudó Abisai hijo de Sarvia, de manera que hirió al filisteo y le mató. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: ¡No saldrás más con nosotros a la guerra, no sea que apagues la antorcha de Israel!
¶Y aconteció después de esto, que hubo en Gob otra batalla contra los Filisteos. Entonces Sibecai husatita hirió a Saf, que era de los hijos del gigante Rafá.
¶Y hubo además otra batalla en Gob contra los Filisteos; y Elhanán hijo de Jaaré-oregim, bet-lehemita, hirió a Goliat geteo; el asta de cuya lanza era como un enjullo de tejedor.
¶Y hubo aún una batalla en Gat, donde había un hombre de tamaño colosal, que tenía en cada mano seis dedos, y en cada pie seis dedos; entre todos veinte y cuatro en número: él asimismo era hijo del gigante Rafá.
Éste también denostó a Israel; pero le hirió Jonatán hijo de Simea, hermano de David.
Éstos cuatro habían nacido al gigante Rafá en Gat, y cayeron por mano de David y sus siervos.
Y HABLO David a Jehová las palabras de este cántico, el día en que le hubo librado Jehová de mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl.
Y dijo: ¡Jehová es mi Roca, y mi fortaleza, y mi libertador; mío es!
Dios es mi Roca, en él confiaré; mi escudo y el cuerno de mi salvación, mi torre alta y mi refugio. ¡Salvador mío, de la violencia tú me salvarás!
A Jehová, digno de toda alabanza, clamaré, y así seré salvado de mis enemigos.
Porque me cercaron ondas de muerte, torrentes de iniquidad me atemorizaron;
ligaduras del sepulcro me rodearon, se me pusieron delante lazos de muerte.
Viéndomeen grande estrecho, seguí clamando a Jehová, sí, seguí clamando a mi Dios; y él oyó desde su templo mi voz, y mi clamor penetró en sus oídos.
Entonces sacudióse la tierra y temblaba; los cimientos de los cielos se iban conmoviendo y se sacudieron, porque él se indignó.
Subió humo en su ira, y fuego procedente de su boca devoraba: ascuas se encendieron de él.
E inclinó los cielos y descendió, y había tinieblas espesas debajo de sus pies.
Montó también sobre un querubín, y voló, y fué visto sobre las alas del viento.
Y puso tinieblas por pabellones en torno de sí; colección de aguas, densas nubes del cielo.
Por el resplandor de su presencia se encendieron ascuas de fuego.
Tronó desde los cielos Jehová, y el Altísimo hizo resonar su voz;
disparó también sus saetas contra mis enemigos, y desbaratólos; echó relámpagos, y los puso en consternación.
Entonces aparecieron las canales del mar, fueron hechos patentes los cimientos del mundo, por la reprensión de Jehová, por el soplo del resuello de su ira.
Envía desde lo alto, tómame, sácame de grandes aguas;
me libra de mi enemigo poderoso, de los que me aborrecen; porque más fuertes son que yo.
Ellos me acometen en el día de mi calamidad; pero Jehová es mi sostén.
Me sacó también a campo ancho, me sigue librando, por cuanto se complace en mí.
Jehová me premiará conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos me recompensará;
porque he guardado los caminos de Jehová, y no me he separado impíamente de mi Dios.
Pues que todos sus preceptos los tengo puestos delante de mí, y en cuanto a sus estatutos, no me he apartado de ellos:
antes he sido recto para con él, y me he guardado de mi iniquidad.
Por lo cual me ha recompensado Jehová conforme a mi justicia, conforme a mi limpieza delante de su vista.
Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, con el hombre recto te mostrarás recto;
con el puro te mostrarás puro, mas con el perverso te mostrarás desabrido.
Y salvarás al pueblo humilde; pero tus ojos están puestos sobre los altivos para abatirlos.
Porque tú eres mi antorcha, oh Jehová, y Jehová alumbrará mis tinieblas.
Porque contigo embestiré ejércitos, y en mi Dios asaltaré muros.
En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová: escudo es a todos los que confían en él.
Porque ¿quién es Dios sino solo Jehová? ¿ni quién es una Roca sino solo nuestro Dios?
el Dios que es mi fortaleza inexpugnable, y despeja perfectamente mi camino;
que pone mis pies como los de gacelas, y me hace estar firme sobre mis alturas;
que adiestra mis manos para la guerra, de manera que se dobla el arco de bronce con mis brazos.
Tú también me has dado el escudo de tu salvación, y tu diestra me ha sustentado, y tu mansedumbre me ha engrandecido.
Ensanchas mis pasos debajo de mí, para que no resbalen mis pies.
Perseguiré a mis enemigos y los destruiré, y no volveré atrás hasta acabarlos.
Sí, acabaré con ellos, y los estrellaré, de modo que no se levanten; antes bien, ya han caído debajo de mis pies.
Pues que tú me has ceñido de fortaleza para la pelea; sigues humillando a mis contrarios debajo de mí;
y has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas, para que yo tale a los que me aborrecen.
Miraban en derredor, mas no hubo quién los salvase; a Jehová, pero no les respondió.
Yo pues los molía como polvo de la tierra; cual barro de las calles los hollaba y los aplastaba.
Me has librado también de las contiendas de mi pueblo; me continúas preservando, para hacerme cabeza de las naciones: pueblos que nunca conocí me servirán.
Los hombres extraños me dirán lisonjas serviles; al oír de mí, me obedecerán.
Los hombres extraños se secarán de temor, y saldrán temblando de sus encerramientos.
¡Jehová vive, y bendita sea mi Roca, y ensalzado sea Dios, la Roca de mi salvación!
el Dios que venga mis agravios, y sujeta pueblos debajo de mí;
el que también me saca de entre mis enemigos; pues tú me ensalzas sobre los que se levantan contra mí: ¡del hombre violento me has librado!
Por tanto yo te daré gracias, oh Jehová, entre las naciones, y cantaré alabanzas a tu nombre;
¡al nombre de aquel que salva maravillosamente a su rey, y usa de misericordia para con su ungido, para con David y su simiente para siempre!
ESTAS son las postreras palabras de David: Dice David hijo de Isaí, y dice el varón levantado en alto, el ungido del Dios de Jacob, el dulce salmista de Israel:
El Espíritu de Jehová habló por mí, y su palabra estuvo en mi lengua.
Dijo el Dios de Israel, me habló la Roca de Israel, diciendo: El que gobierna entre los hombres debe ser justo, gobernando en el temor de Dios.
Así será como la luz de la mañana cuando se levanta el sol; de una mañana sin nubes, cuando por el brillo tras la lluvia, crece la hierba de la tierra.
Es verdad que no así ha cumplido mi casa para con Dios: él empero ha hecho conmigo un pacto eterno, bien arreglado en todo y seguro; el cual es toda mi salvación y todo mi placer: ¿pues no lo hará florecer?
Pero en cuanto a los impíos, todos ellos serán desechados como espinos, los cuales no podrán tomarse con la mano;
y aquel que quisiere tocarlos, ármese de hierro, y de un asta de lanza; ¡y a fuego serán del todo consumidos en su mismo lugar!
Estos son los nombres de los héroes que tenía David: Yosev-basévet tahquemonita, el principal de los capitanes; el mismo era Edino eznita: se arrojó sobre ochocientos hombres que mató de una vez.
¶Y después de éste fué Eleazar hijo de Dodo, hijo de Ahohi, uno de los tres grandes héroes que había con David cuando desafiaron a los Filisteos, que estaban reunidos allí para batalla, y se habían alejado los hombres de Israel.
Él entonces se puso en pie, e hirió a los Filisteos hasta que se le cansó la mano, y quedó su mano pegada con la espada: y obró Jehová gran salvación aquel día; y el pueblo volvió en pos de él tan sólo para tomar los despojos.
¶Después de éste fué Samma hijo de Agé, ararita. Pues se habían reunido los Filisteos en un solo cuerpo, y había allí un pedazo de terreno lleno de lentejas; y el pueblo huyó delante de los Filisteos.
Entonces él se plantó en mitad de aquel campo, y lo defendió, e hirió a los Filisteos; y obró Jehová gran salvación.
¶Y descendieron tres de los treinta capitanes, y vinieron a David en tiempo de la siega, a la cueva de Adullam; y la tropa de los Filisteos estaba acampada en el Valle de Refaim.
Y David estaba a la sazón en el lugar fuerte, y una guarnición de los Filisteos ocupaba entonces a Bet-lehem.
Y suspiró David y dijo: ¡Quién me diera a beber de las aguas del pozo de Bet-lehem, que está junto a la puerta!
Con lo cual aquellos tres héroes se abrieron paso por en medio del ejército de los Filisteos, y sacando agua del pozo de Bet-lehem, que estaba junto a la puerta, trajéronla a David. Mas él no quiso beberla, sino que la derramó por libación a Jehová,
diciendo: ¡Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo tal haga! ¿No es ésta la sangre misma de los hombres que fueron por ella a riesgo de su vida? Por tanto no quiso beberla. Tales cosas hicieron estos tres héroes.
¶Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, era jefe de los tres; y él blandió su lanza contra trescientos que mató; y tuvo nombre entre los tres.
De los tres ¿no era él el más distinguido? por lo cual fué hecho su jefe; mas a los tres no alcanzó en proezas.
¶Y Benaya hijo de Joiada, (varón insigne), grande en hazañas, de Cabzel: él mató a dos campeones de Moab, fieros como leones; descendió también y mató un león en medio de un hoyo en un día de nieve.
Además hirió a un egipcio, varón de fuerza admirable: y tenía el egipcio en su mano una lanza; mas bajó contra él el otro con un báculo, y arrancando la lanza de mano del egipcio, le mató con su misma lanza.
Estas cosas hizo Benaya hijo de Joiada, y tuvo nombre entre los tres héroes.
Más distinguido era que los treinta, pero a los tres no alcanzó: y le puso David sobre su consejo privado.
¶Asael hermano de Joab era de los treinta; Elhanán hijo de Dodo, de Bet-lehem;
Samma harodita; Elica harodita;
Helez paletita; Ira hijo de Iques, tecoíta;
Abiezer anatotita; Mebunai husatita;
Zalmón ahohita; Maharai netofatita,
Heleb hijo de Baana, netofatita; Itai hijo de Ribai, de Gabaa, de los hijos de Benjamín;
Benaya piratonita; Hidai, de los Valles de Gaás;
Abí-albón arbatita; Azmávet barhumita;
Eliahba saalbonita, Bené-jasén, Jonatán;
Samma ararita; Ahiam hijo de Sarar, ararita;
Elifalet hijo de Ahasbai, hijo del Maacateo; Eliam hijo de Ahitofel, gilonita;
Hezrai carmelita; Paarai arbita;
Igal hijo de Natán, de Soba; Bani gadita;
Selec ammonita, y Naharai beerotita, pajes de armas de Joab hijo de Sarvia;
Ira itrita; Jareb itrita;
Urías heteo: todos ellos eran treinta y siete.
Y OTRA vez se encendió la ira de Jehová contra Israel. Porque había incitado a David contra ellos, con decirle: ¡Anda, toma la cuenta de Israel y de Judá!
Por lo cual dijo el rey a Joab, jefe del ejército que tenía: Quiero que recorras todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beer-seba, y hagas alistamiento del pueblo, para que yo sepa el número de la gente de guerra.
Entonces dijo Joab al rey: Pues añada Jehová tu Dios al pueblo cien tantos de lo que son, y los ojos de mi señor el rey lo vean; mas ¿por qué se complace mi señor el rey en esta cosa?
Sin embargo la palabra del rey prevaleció contra Joab y los príncipes del ejército; por manera que salieron Joab y los príncipes del ejército de la presencia del rey, para alistar el pueblo de Israel.
Pasaron pues el Jordán, y acamparon en Aroer, a la derecha de la ciudad que está en medio del Valle de Gad, y llegaron hasta Jazer.
Luego fueron a Galaad y a Tahtimhodsi, y llegaron a Dan-yaán, y a los alrededores de Sidón.
Vinieron en seguida a la plaza fuerte de Tiro, con todas las ciudades de los Heveos y los Cananeos; y salieron al Mediodía de Judá, en Beer-seba.
De suerte que recorrieron todo el país y volvieron, al fin de nueve meses y veinte días, a Jerusalem.
Y Joab dió al rey la suma del censo del pueblo: y fueron los de Israel ochocientos mil hombres valientes que sacaban espada, y los de Judá, quinientos mil hombres.
¶Mas el corazón de David le remordió después que hubo contado el pueblo. Y dijo David a Jehová: ¡He pecado gravemente en lo que acabo de hacer! ahora pues, oh Jehová, yo te ruego perdones la iniquidad de tu siervo; porque he obrado muy insensatamente.
Y cuando se levantó David por la mañana, Gad profeta, vidente de David, tuvo revelación de Jehová, que decía:
Vé y di a David: Así dice Jehová: Tres cosas voy a proponerte; escoge para ti una de ellas, para que yo te la otorgue.
Entonces vino Gad a David, y se lo propuso, diciendo: ¿Quieres que vengan sobre ti siete años de hambre en tu tierra? ¿o sea que por tres meses huyas delante de tus adversarios, en tanto que ellos te persigan? ¿o sea que haya tres días de peste en tu tierra? Ahora bien, considera y ve qué respuesta he de llevar al que me envió.
David entonces respondió a Gad: Me veo en muy grande estrecho. ¡Ruégote caigamos en manos de Jehová; porque grandes son sus compasiones; mas no caiga yo en mano de los hombres!
¶Por lo cual Jehová envió la peste en medio de Israel, desde aquella mañana hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beer-seba, setenta mil hombres.
Luego extendió el ángel su mano hacia Jerusalem para destruirla; pero Jehová se dolió del mal, y dijo al ángel que destruía al pueblo: ¡Basta; detén ahora tu mano! Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Arauna jebuseo.
Y David, cuando vió al ángel que hería al pueblo, habló a Jehová, y dijo: ¡He aquí que yo he pecado, y yo he obrado perversamente! mas estas ovejas, ¿qué han hecho? ¡Yo te ruego que sea tu mano contra mí y contra la casa de mi padre!
¶Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, levanta un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo.
Subió pues David, conforme al dicho de Gad, según había mandado Jehová.
Entonces tendiendo Arauna la vista, vió al rey y a sus siervos que venían hacia él; con lo cual salió Arauna, y postróse delante del rey, rostro a tierra.
Y dijo Arauna: ¿Por qué viene el rey mi señor a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, a fin de edificar allí un altar a Jehová, y hacer que se detenga la plaga que asuela al pueblo.
Dijo entonces Arauna al rey: Tome el rey mi señor, y ofrezca lo que sea bueno en su vista. Mira, aquí hay bueyes para el holocausto, y los trillos y demás aparejos de los bueyes para leña.
Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Arauna dijo además al rey: ¡Jehová tu Dios te sea propicio!
Pero el rey respondió a Arauna: No, sino que ciertamente por precio te lo he de comprar; pues que no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos sin costo. Por manera que David compró la era y los bueyes en cincuenta siclos de plata.
Entonces David edificó allí un altar a Jehová, y ofreció holocaustos y ofrendas pacíficas; con lo cual Jehová fué propicio a la tierra; y fué detenida la mortandad entre Israel.
Y CUANDO el rey David era viejo, avanzado en días, le cubrieron de vestidos, mas no entraba en calor.
Por lo cual le dijeron sus siervos: Búsquese para mi señor el rey una joven, virgen, y estése ella delante del rey, y séale por compañera, y acuéstese en tu seno, para que consiga calor mi señor el rey.
En efecto, buscaron una joven hermosa entre todos los términos de Israel; y hallaron a Abisag sunamita, y la trajeron al rey.
Y la joven era en extremo hermosa, y le era al rey como compañera, y le asistía; pero el rey nunca la conoció.
¶Entonces Adonías hijo de Haguit se ensalzó, diciendo: ¡Yo seré rey! Proveyóse pues de carroza, y de gente de a caballo, y de cincuenta hombres que corriesen delante de él.
Y su padre nunca le había disgustado en todos sus días, diciéndole: ¿Por qué has hecho así y así? Y él también era de muy hermosa presencia; y su madre le había dado a luz después de Absalom.
Y tuvo conferencias con Joab hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar; y ellos siguiendo a Adonías, le ayudaron.
Mas el sacerdote Sadoc, y Benaya hijo de Joiada, y Natán profeta, y Simei, y Rei, y los valientes que tenía David, no estaban por Adonías.
Y Adonías sacrificó ovejas, y novillos, y animales engordados, junto a la peña de Zohelet, que está al lado de En-rogel, y convidó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los hombres de Judá, siervos del rey.
Mas a Natán profeta, y a Benaya hijo de Joiada, y a los héroes, y a Salomón su hermano, no los convidó.
¶Entonces Natán habló a Batseba, madre de Salomón, diciendo: ¿Acaso tú no has oído decir que reina Adonías, hijo de Haguit? y nuestro señor David no lo sabe.
Ahora pues, ven, permíteme que te aconseje, para que puedas salvar tu vida y la vida de tu hijo Salomón.
Anda, entra a donde está el rey David, y dile así: ¿No es cierto que tú, señor mío, oh rey, juraste a tu sierva, diciendo: Ciertamente Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará sobre mi trono? ¿por qué pues reina Adonías?
He aquí que mientras tú estarás aún hablando allí con el rey, yo entraré tras de ti, y acabaré de confirmar tus palabras.
Entró pues Batseba a donde estaba el rey, dentro de la alcoba; pues que el rey era muy viejo; y Abisag la sunamita asistía al rey.
Entonces Batseba inclinó la cabeza, y postróse ante el rey. Y le dijo el rey: ¿Qué tienes?
Y ella respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: De seguro que Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará sobre mi trono.
Mas ahora, he aquí que Adonías reina; y hasta ahora, señor mío, oh rey, tú no lo has sabido.
Y él ha sacrificado novillos y animales engordados y ovejas en abundancia, y ha convidado a todos los hijos del rey, y al sacerdote Abiatar, y a Joab, jefe del ejército; pero a Salomón tu siervo no le convidó.
Y tú, señor mío, oh rey, los ojos de todo Israel están puestos en ti, para que les hagas saber quién ha de sentarse sobre el trono de mi señor el rey después de él.
De otra suerte va a acontecer, cuando yaciere el rey mi señor con sus padres, que seremos reputados criminales, yo y Salomón mi hijo.
¶Y he aquí que ella estaba todavía hablando con el rey, cuando Natán profeta entró.
Y avisaron al rey, diciendo: Ahí está Natán profeta. Y como él entrase en la presencia del rey, postróse a tierra sobre su rostro delante del rey.
Entonces dijo Natán: Señor mío, oh rey, ¿acaso has dicho tú: Adonías ha de reinar después de mí, y él se sentará sobre mi trono?
Porque ha descendido hoy, y ha sacrificado novillos y animales engordados y ovejas en abundancia; y ha convidado a todos los hijos del rey, y a los capitanes del ejército, y a Abiatar sacerdote; y he aquí que están comiendo y bebiendo delante de él; y dicen: ¡Viva el rey Adonías!
Pero a mí, a mí tu siervo, y al sacerdote Sadoc, y a Benaya hijo de Joiada, y a Salomón tu siervo, a nosotros no nos ha convidado.
¿Será que esto ha sido hecho de parte de nuestro señor el rey, sin que avisases a tus siervos quién ha de sentarse sobre el trono de mi señor el rey después de él?
Entonces respondió el rey David, diciendo: Llamadme a Batseba; y ella entró a la presencia del rey, y estuvo de pie ante el rey.
Y juró el rey, diciendo: ¡Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda adversidad;
que así como te he jurado por Jehová el Dios de Israel, diciendo: Ciertamente Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará sobre mi trono en mi lugar; ¡así mismo lo voy a hacer hoy!
Con lo cual Batseba inclinóse, rostro a tierra, postrándose delante del rey, y dijo: ¡Viva mi señor, el rey David, para siempre!
Entonces dijo el rey David: Llamadme a Sadoc sacerdote, y a Natán profeta, y a Benaya hijo de Joiada: y ellos entraron delante del rey.
Y les dijo el rey: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y haced montar a Salomón mi hijo sobre la mula que es mía propia, y le haréis bajar a Gihón;
y allí el sacerdote Sadoc y el profeta Natán le ungirán por rey sobre Israel; y tocaréis trompeta, y diréis: ¡Viva el rey Salomón!
En seguida subiréis en pos de él; y él vendrá y se sentará sobre mi trono, y reinará en mi lugar; porque a él le he designado para que sea príncipe sobre Israel y Judá.
Entonces Benaya hijo de Joiada respondió al rey, diciendo: ¡Amén! ¡diga así también Jehová, el Dios de mi señor el rey!
¡Así como ha sido Jehová con mi señor el rey, así sea con Salomón; y engrandezca su trono más que el trono de mi señor el rey David!
¶En seguida descendieron Sadoc sacerdote, y Natán profeta, y Benaya hijo de Joiada, y los Kereteos, y los Peleteos, e hicieron cabalgar a Salomón sobre la mula propia del rey David, y le condujeron a Gihón.
Y el sacerdote Sadoc había tomado del Tabernáculo un cuerno de aceite, con el que ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y clamó todo el pueblo: ¡Viva el rey Salomón!
Luego subió todo el pueblo en pos de el, y el pueblo iba tocando flautas, y haciendo grandes regocijos, de modo que se hendía la tierra con la algazara de ellos.
¶Y oyólo Adonías y todos los convidados que con él estaban, cuando habían ya acabado de comer. Y como oyese Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por que motivo se hace este estruendo de la ciudad en alboroto?
Aun estaba él hablando, cuando he aquí a Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar, que acababa de llegar. Entonces dijo Adonías: ¡Entra, porque hombre valiente eres, y traes buenas nuevas!
Pero Jonatán respondió y dijo a Adonías: Al contrario, nuestro señor, el rey David, acaba de hacer rey a Salomón;
pues que el rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc y al profeta Natán, y a Benaya hijo de Joiada, y a los Kereteos, y a los Peleteos; los cuales le hicieron montar en la mula propia del rey;
y Sadoc el sacerdote y Natán el profeta le han ungido por rey en Gihón; y de allí han subido con regocijos, de modo que se ha puesto en conmoción la ciudad: este es el estruendo que habéis oído.
Y también Salomón se ha sentado sobre el trono del reino.
Además cuando entraron los siervos del rey para bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: ¡Haga Dios que sea el nombre de Salomón mejor que tu nombre, y engrandezca su trono más que tu trono! se ha inclinado el rey sobre su cama.
Y más aún; de esta manera ha dicho el rey mismo: ¡Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente sobre mi trono, viéndolo mis ojos!
¶Entonces ellos temblaron, y levantándose todos los convidados que estaban con Adonías, se fueron cada cual por su camino.
Adonías también temía a causa de Salomón; y levantándose, fué y se asió de los cuernos del altar.
Y fué dado aviso a Salomón, diciendo: He aquí que Adonías teme al rey Salomón; y he aquí que se ha asido de los cuernos del altar, y dice: ¡Júreme hoy el rey Salomón que no ha de morir a espada su siervo!
A lo cual el rey Salomón respondió: Si él se mostrare hombre de bien, no caerá a tierra ni un cabello suyo; pero si se hallare maldad en él, morirá.
Y enviando el rey Salomón, le hicieron bajar de junto al altar; y él vino, y postróse delante del rey Salomón. Y le dijo Salomón: Véte a tu casa.
EMPERO se acercaban ya los días en que había de morir David; por lo cual dio encargo a Salomón su hijo, diciendo:
Yo sigo el camino de toda la tierra; ten fortaleza pues, y muéstrate hombre.
Guarda también el precepto de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y cumpliendo sus estatutos, sus mandamientos, y sus leyes, y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés; a fin de que te vaya bien en todo lo que hicieres, y a dondequiera que vuelvas la cara;
y para que Jehová confirme la palabra que ha hablado acerca de mí, diciendo: Si tus hijos pusieren cuidado en su camino, para andar fielmente delante de mí, con todo su corazón y con toda su alma, juro, diciendo: ¡Nunca te faltará hombre que se siente sobre el trono de Israel!
¶Y tú también sabes lo que me ha hecho Joab, hijo de Sarvia, y lo que hizo a dos jefes del ejército de Israel, es decir, a Abner hijo de Ner, y a Amasa hijo de Jeter, a quienes él mató, derramando sangre de guerra en tiempo de paz, y poniendo sangre de guerra en el talabarte que traía sobre sus lomos, y en los zapatos que tenía en sus pies.
Harás pues con él conforme a tu sabiduría; mas no permitas que desciendan sus canas en paz a la sepultura.
¶Para con los hijos de Barzillai galaadita empero, usarás de benevolencia, y serán ellos de los que coman a tu mesa; porque de esta suerte ellos se llegaron a mí, cuando iba huyendo de Absalom tu hermano.
¶Y he aquí tienes contigo a Semei hijo de Gera, benjamita, de Bahurim, el cual me maldijo con horrible maldición en el día que fuí a Mahanaim. Sin embargo él descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová, diciendo: No te haré morir a espada.
Ahora empero no le tengas tú por inocente; porque hombre sabio eres, y sabes lo que debes hacer con él; harás pues que desciendan sus canas con sangre a la sepultura.
¶En fin, David yació con sus padres, y fué enterrado en la ciudad de David.
Y el tiempo que reinó David sobre Israel fué cuarenta años: en Hebrón reinó siete años, y en Jerusalem reinó treinta y tres años.
Y Salomón se sentó sobre el trono de David su padre, y se estableció firmemente su reino.
¶Entonces Adonías hijo de Haguit fué a Batseba madre de Salomón. Y ella le dijo: ¿Es pacífica tu venida? Y él respondió: Pacífica es.
Y dijo: Tengo una cosa que decirte. Y ella respondió: Habla.
Entonces él dijo: Tú sabes que mío era el reino, y que sobre mí tenía todo Israel puesta la mirada, para que yo reinara. Pero fué trastrocado el reino, y vino a ser de mi hermano; porque por parte de Jehová era suyo.
Ahora bien, voy a hacerte una petición; no me hagas volver avergonzado el rostro. Ella de nuevo le dijo: Habla.
Él pues dijo: Ruégote que hables al rey Salomón, (porque él no te hará volver desairado el rostro), para que me dé a Abisag la sunamita por mujer.
A lo que dijo Batseba: Bueno, yo hablaré por ti al rey.
Con lo cual entró Batseba a donde estaba el rey Salomón, para hablar con él a favor de Adonías. Y levantóse el rey a recibirla, y se inclinó ante ella: luego se sentó en su trono, e hizo poner una silla para la madre del rey; y ella se sentó a su derecha.
Entonces ella dijo: Vengo a hacerte una pequeña petición; no me hagas volver avergonzado el rostro. A lo que le dijo el rey: Pide, madre mía, que no te haré volver avergonzado el rostro.
Y dijo ella: Pues dése Abisag la sunamita por mujer a Adonías tu hermano.
Empero el rey Salomón respondió y dijo a su madre: ¿Y a qué propósito pides a Abisag la sunamita para Adonías? Pide antes para él el reino; puesto que es mi hermano, mayor que yo, sí, para él, y para el sacerdote Abiatar, y para Joab hijo de Sarvia.
Entonces el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: ¡Así haga conmigo Dios, y más aún, si no es verdad que Adonías ha hablado esto en contra de su misma vida!
Ahora pues, ¡vive Jehová! que me ha constituído rey, y que me ha hecho sentar sobre el trono de David mi padre, y que me ha fundado casa, como lo ha prometido, que hoy mismo será muerto Adonías.
Envió pues el rey Salomón por mano de Benaya hijo de Joiada, el cual le acometió de suerte que murió.
¶Y al sumo sacerdote Abiatar le dijo el rey: Retírate a Anatot, a tus campos; porque eres digno de muerte; pero en este día no te haré morir, por cuanto llevaste el Arca de Jehová, el Señor, delante de David mi padre, y porque tú padeciste en todo lo que padeció mi padre.
Por manera que Salomón expulsó a Abiatar, para que no fuese sacerdote de Jehová; cumpliendo así la palabra que Jehová habló acerca de la casa de Elí en Silo.
¶Y llegó a Joab noticia de esto: pues que Joab se había desviado, yendo tras de Adonías; bien que no se había desviado, yendo tras de Absalom: por lo cual Joab huyó al Tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar.
Y fué dado aviso al rey Salomón, diciendo: Joab ha huído al Tabernáculo de Jehová; y he aquí que está al lado del altar: y envió Salomón a Benaya hijo de Joiada, diciendo: Anda, arremete contra él.
Llegóse pues Benaya al Tabernáculo de Jehová, y dijo: Así dice el rey: ¡Sal de aquí! Mas él respondió: No, sino que aquí mismo moriré. Y Benaya trajo respuesta al rey, diciendo: Así ha dicho Joab, y así me ha respondido.
Entonces le dijo el rey: Haz como él mismo ha dicho, y arrójate sobre él, y entiérrale; para que quites de sobre mí, y de sobre la casa de mi padre, la sangre inocente que ha derramado Joab.
Así Jehová hará volver su sangre sobre su misma cabeza; puesto que acometió a dos hombres más justos y mejores que él, y los mató a espada; sin que mi padre David lo supiese: a saber, a Abner hijo de Ner, jefe del ejército de Israel, y a Amasa hijo de Jeter, jefe del ejército de Judá.
¡Vuelva pues la derramada sangre de ellos sobre la cabeza de Joab, y sobre la cabeza de su linaje para siempre; mas sobre David, y sobre su linaje, y sobre su casa, y sobre su trono, haya paz para siempre de parte de Jehová!
Subió pues Benaya hijo de Joiada, y le acometió, y le mató; y fué enterrado en su misma casa, en el desierto.
Y el rey puso a Benaya hijo de Joiada, en su lugar, sobre el ejército; y a Sadoc sacerdote le puso el rey en el puesto de Abiatar.
¶Entonces el rey envió y llamó a Simei, y le dijo: Edifícate una casa en Jerusalem y habita en ella, y no salgas de allí a ninguna parte;
porque en el día que salieres, y pasares el torrente Cedrón, sabe con seguridad que morirás sin remedio: tu sangre recaerá sobre tu misma cabeza.
Y Simei respondió al rey: Justa es la orden; conforme ha dicho mi señor el rey, asimismo lo hará tu siervo. Y habitó Simei en Jerusalem muchos días.
Pero aconteció al fin de tres años que se fugaron dos siervos de Simei, yéndose a Aquís hijo de Maaca, rey de Gat. Y le avisaron a Simei, diciendo: He aquí que tus siervos están en Gat.
Entonces se levantó Simei, y aparejó su asno, y fué a Gat, a Aquís, en demanda de sus siervos: de manera que Simei se fué y trajo a sus siervos de Gat.
Y dieron parte a Salomón de como había ido Simei de Jerusalem a Gat, y regresado.
Por lo cual envió el rey y llamó a Simei, y le dijo: ¿No te juramenté yo por Jehová, y te protesté, diciendo: En el día que salieres, y anduvieres a cualquiera parte, sabe con seguridad que morirás sin remedio? y tú mismo me respondiste: Justa es la orden; obedezco.
¿Por qué pues no has guardado el juramento de Jehová, y el mandamiento que yo te impuse?
Dijo además el rey a Simei: Tú sabes toda la maldad, (conociéndolo tu mismo corazón), que hiciste para con David mi padre. Jehová pues hace volver tu maldad sobre tu propia cabeza;
mas el rey Salomón será bendito, y el trono de David será establecido delante de Jehová para siempre.
Entonces el rey mandó a Benaya hijo de Joiada, el cual salió y acometióle de suerte que murió. Y así el reino fué afirmado en mano de Salomón.
ENTONCES Salomón contrajo afinidad con Faraón rey de Egipto; pues tomó por mujer a la hija de Faraón y la trajo a la ciudad de David, mientras acababa de edificar su propia casa, y la Casa de Jehová, y el muro de Jerusalem en derredor.
El pueblo empero continuaba sacrificando en los altos; porque no se había edificado Casa al nombre de Jehová hasta aquellos días.
Y Salomón amaba a Jehová, andando en los estatutos de David su padre; solo que continuaba sacrificando y quemando incienso en los altos.
¶Y el rey fue a Gabaón para ofrecer sacrificios allí; porque era éste el alto más principal: mil holocaustos ofreció Salomón sobre aquel altar.
En Gabaón Jehová apareció a Salomón en sueños de la noche; y le dijo Dios: Pide lo que te he de dar.
A lo que respondió Salomón: Tú has hecho para con tu siervo David, mi padre, gran merced, así como él anduvo delante de tu rostro con fidelidad y en justicia, y en rectitud de corazón para contigo; y le has guardado esta gran merced de darle un hijo que se siente sobre su trono, como parece hoy.
Ahora pues, oh Jehová, Dios mío, tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre; y yo soy un niño pequeño, y no sé cómo me debo conducir.
Y con todo tu siervo está en medio de tu pueblo que has escogido, pueblo grande, que no se puede numerar ni contar por la muchedumbre de él.
Da pues a tu siervo un corazón inteligente, para juzgar a tu pueblo, para poder distinguir entre el bien y el mal; porque ¿quién es capaz de juzgar este tu pueblo tan grande?
Y esta petición agradó al Señor, por haber pedido Salomón semejante cosa.
De manera, que le dijo Dios: Por cuanto has pedido esto, y no pediste para ti mismo larga vida, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la muerte de tus enemigos; sino que has pedido para ti mismo inteligencia para entender juicio;
he aquí que hago según tu palabra; he aquí que te doy un corazón tan sabio y entendido, que no haya habido otro como tú antes de ti, ni después de ti se levantará tu igual.
Y además, lo que no pediste te lo doy, así riqueza como gloria, tales, que no haya entre los reyes ninguno como tú en todos tus días.
Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis leyes, así como anduvo David tu padre, entonces prolongaré tus días.
Y despertó Salomón; y he aquí que era un sueño. En seguida regresó a Jerusalem, y se presentó delante del Arca del Pacto del Señor; y ofreció holocaustos, y sacrificó ofrendas pacíficas; e hizo banquete para todos sus siervos.
¶Vinieron entonces al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él.
Y dijo la una mujer: ¡Óyeme, señor mío! Yo y esta mujer habitamos en una misma casa; y dí a luz un niño, con ella en la casa.
Y aconteció que al tercer día después de mi parto, esta mujer también dió a luz: y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba con nosotras en casa, sino que tan sólo nosotras dos estábamos en la casa.
Y murió el niño de esta mujer una noche, por haberse ella recostado sobre él.
Por lo cual se levantó ella a media noche, y quitó mi niño de junto a mi lado, estando dormida tu sierva, y se le puso en su mismo seno, en tanto que a su hijo muerto le puso en mi seno.
Y cuando me levanté por la mañana a dar el pecho a mi hijo, ¡he aquí que estaba muerto! Mas cuando yo le consideré bien, por la mañana, he aquí que no era mi hijo que yo había dado a luz.
A lo que respondió la otra mujer: ¡No, sino que mi hijo es el vivo, y tu hijo el muerto! mientras que aquélla decía: ¡No, sino que tu hijo es el muerto, y mi hijo el vivo! De esta suerte, pues, altercaban ellas delante del rey.
Entonces dijo el rey: Ésta dice: Mi hijo es el vivo, y tu hijo el muerto; y aquélla dice: No, sino que tu hijo es el muerto, y mi hijo el vivo.
Con lo cual dijo el rey: Traedme una espada: y trajeron la espada delante del rey.
Luego dijo el rey: Partid al niño vivo en dos, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra.
En esto la mujer cuyo era el niño vivo, habló al rey, (porque ardían sus entrañas a causa de su hijo), y dijo: ¡Óyeme, señor mío! ¡Dadle a ella el niño vivo, y de ninguna manera le matéis! en tanto que aquella decía: ¡No ha de ser ni mío ni tuyo; sino partidle!
Entonces respondió el rey y dijo: ¡Dad a aquélla el niño vivo! que de ninguna manera le habéis de matar; ella es su madre.
Y oyó todo Israel el fallo que había dado el rey; y temieron todos delante de él: porque vieron que había en él sabiduría de Dios, para administrar justicia.
ASÍ pues Salomón era rey sobre todo Israel.
Y estos fueron los príncipes que tenía: Azarías, hijo del sacerdote Sadoc,
Elihoref y Ahías, hijos de Sisa, secretarios; Josafat, hijo de Ahilud, cronista;
y Benaya hijo de Joiada, al mando del ejército; y Sadoc y Abiatar, sumos sacerdotes.
Y Azarías hijo de Natán, estaba sobre los superintendentes; y Zabud hijo de Natán, ministro principal y amigo del rey;
y Ahisar, mayordomo de palacio; y Adoniram hijo de Abda, estaba sobre los tributos.
¶Y tenía Salomón doce superintendentes sobre todo Israel, los cuales proveían a la subsistencia del rey y su casa: un mes al año tocaba a cada cual proveer a su subsistencia.
Y estos son los nombres de ellos: Ben-hur, superintendente en la serranía de Efraim;
Ben-dequer, en Macaz y en Saal-bim, y Bet-semes y Elón-bet-hanán:
Ben-hessed, en Arubot; de él era Soco y toda la tierra de Hefer;
Ben-abinadab, en toda la región alta de Dor; cuya mujer era Tafat hija de Salomón;
Baana hijo de Ahilud, en Taanac y Meguido, y en todo Bet-sean, que está al lado de Zaretán, más abajo de Jezreel, desde Bet-sean hasta Abel-mehola, y hasta más allá de Jocneam:
Ben-geber, en Ramot-galaad; de él eran las Villas de Jaír hijo de Manasés, que están situadas en Galaad; de él también era la región de Argob, que está en el Basán, sesenta ciudades grandes, con muros, y con cerrojos de bronce:
Ahinadab hijo de Iddo, en Mahanaim:
Ahimaaz, en Neftalí; éste también tomó por mujer a Basemat hija de Salomón;
Baana hijo de Husai, en Aser y en Alot;
Josafat hijo de Parúa, en Isacar:
Simei hijo de Ela, en Benjamín:
Geber hijo de Uri, en la tierra de Galaad, país de Sehón rey amorreo, y de Og rey del Basán; además de un superintendente que había ya en aquella tierra.
Mientras tanto Judá e Israel eran muchos, como las arenas que están junto al mar en multitud, comiendo, y bebiendo, y alegrándose.
¶Y Salomón señoreaba todos los reinos desde el río Eufrates hasta la tierra de los Filisteos, y hasta el confín de Egipto; y ellos traían presentes, y servían a Salomón todos los días de su vida.
¶Y era la provisión para la mesa de Salomón cada día, treinta coros de flor de harina, y sesenta coros de harina;
diez bueyes cebados, y veinte bueyes de pasto, y cien ovejas; sin contar los corzos y gacelas y ciervos, y las aves engordadas.
Porque él señoreaba toda la región de esta parte del río Eufrates, desde Tifsa hasta Gaza, sobre todos los reyes de esta parte del río; y tenía paz por todos lados en derredor suyo.
Y así los de Judá e Israel habitaban seguros, cada cual bajo su parra y bajo su higuera, desde Dan hasta Beer-seba, todos los días de Salomón.
¶Y tenía Salomón cuarenta mil pesebres de caballos para sus carros de guerra, y doce mil caballos de montar.
Y aquellos superintendentes proveían de mantenimiento al rey Salomón, y a todos los que tenían entrada a la mesa del rey Salomón, cada cual en su mes: no dejaban que faltase cosa alguna.
Cebada también y paja para los caballos y para los corceles, hacían llevar a cualquier lugar donde él estuviese, cada uno conforme a su obligación.
¶Y Dios dió a Salomón sabiduría e inteligencia sobremanera grande, juntamente con grandeza de corazón vasta como la arena que está a la ribera del mar.
De modo que superaba la sabiduría de Salomón a la sabiduría de todos los hijos de Oriente, y a toda la sabiduría de los Egipcios.
En fin, era él el más sabio de todos los hombres: más que Etán el ezrahita, y Hemán, y Calcol, y Darda, hijos de Machol: y divulgóse su fama en todas las naciones de alrededor.
Y habló Salomón tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil y cinco.
Trató también de los árboles, desde el cedro que está en el Líbano hasta el hisopo que brota de la pared: disertó asimismo de las bestias, y de las aves, y de los reptiles, y de los peces.
Y vinieron de todos los pueblos para oír la sabiduría de Salomón, de parte de todos los reyes de la tierra que habían oído la fama de su sabiduría.
HIRAM también, rey de Tiro, envió sus siervos a Salomón, cuando supo que le habían ungido por rey en lugar de su padre: porque Hiram había sido siempre afecto a David.
Asimismo Salomón envió a decir a Hiram:
Tú sabes que David mi padre no pudo edificar Casa al Nombre de Jehová su Dios, con motivo de las guerras de que le cercaron sus enemigos; hasta que se los puso Jehová debajo de las plantas de sus pies.
Mas ahora me ha dado reposo Jehová mi Dios por todos lados, de manera que no hay adversario, ni mal encuentro.
Por lo cual, he aquí que yo me propongo edificar Casa al Nombre de Jehová mi Dios, conforme lo había ordenado Jehová a David mi padre, diciendo: Tu hijo que yo pondré en tu lugar sobre tu trono, él edificará Casa a mi Nombre.
Ahora pues, manda que se me corten cedros en el Líbano; y mis siervos estarán con tus siervos; y yo te daré el alquiler de tus siervos, conforme a todo lo que tú dijeres: porque tú sabes que no hay entre nosotros ninguno que sepa labrar las maderas como los Sidonios.
¶Y aconteció que cuando Hiram oyó estas palabras de Salomón, regocijóse en gran manera, y dijo: ¡Bendito sea Jehová el día de hoy, el cual ha dado a David un hijo sabio, por rey sobre este tan gran pueblo!
Envió pues Hiram a decir a Salomón: He escuchado lo que has enviado a decirme; yo haré todo tu placer en lo relativo a maderas de cedro, y maderas de abeto.
Mis siervos las bajarán desde el Líbano al mar; y yo las formaré en balsas para conducirlas por mar al lugar que tú me enviares a decir, y haré desatarlas allí; y tú te las llevarás. Por otra parte tú harás mi placer, suministrando el alimento de mi familia.
Y así Hiram daba a Salomón maderas de cedro, y maderas de abeto, cuantas éste quería:
en tanto que Salomón daba a Hiram veinte mil coros de trigo, para el sustento de su familia, y veinte coros de aceite batido. Esto daba Salomón a Hiram año tras año.
¶De suerte que Jehová dió a Salomón sabiduría, como se lo había prometido; y había paz entre Hiram y Salomón; e hicieron los dos un pacto.
E hizo el rey Salomón una leva entre todo Israel; y la leva fué de treinta mil hombres:
de los cuales enviaba al Líbano diez mil cada mes, por turno; un mes estaban en el Líbano, y dos meses en sus casas: y Adoniram estaba sobre la leva.
Tenía Salomón además setenta mil hombres que llevaban cargas, y ochenta mil canteros en las montañas;
fuera de los jefes, los sobrestantes de Salomón, que estaban encargados de la obra, en número de tres mil y trescientos; los cuales dirigían la gente que hacía la obra.
Y por orden del rey se cortaban piedras grandes, piedras costosas, para poner los cimientos de la Casa con piedras cuadradas;
las cuales labraron los maestros de Salomón, y los maestros de Hiram, con los Giblaitas. De esta suerte preparaban las maderas y las piedras para edificar la Casa.
Y ACONTECIÓ que en el año cuatrocientos ochenta después que salieron los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el año cuarto del reinado de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, se puso Salomón a edificar la Casa de Jehová.
Y la Casa que edificaba el rey Salomón para Jehová tenía sesenta codos de largo, y veinte codos de ancho, y treinta codos de alto.
Y el Pórtico al frente del Templo de la Casa tenía veinte codos de largo, correspondiente al ancho de la Casa; y de diez codos era su anchura, al frente de la Casa.
E hizo para la Casa ventanas, cerradas con celosías.
Y edificó contra la pared de la Casa tres pisos de galerías en derredor, junto a las paredes de la Casa en derredor, así del Templo como del Oráculo; en los cuales hizo cámaras laterales al rededor.
El piso de abajo tenía cinco codos de ancho; y el de en medio, seis codos de ancho; y el tercero, siete codos de ancho: porque habíanse hecho rebajos en las paredes de la Casa en derredor, por el lado de afuera, para que las vigas no trabasen en las paredes mismas de la Casa.
Y la Casa, en su construcción, fué edificada de piedras labradas ya en las canterías; de manera que ni martillos, ni hachas, ni ningún instrumento de hierro se dejó oír en la Casa, mientras se estaba edificando.
La entrada a la cámara lateral de en medio, del piso bajo, estaba al costado derecho de la Casa; y por una escalera de caracol se subía al piso de en medio, y del de en medio, al piso tercero.
De esta suerte edificó Salomón la Casa, y la acabó; y techó la Casa de cedro, con hileras de vigas.
Y edificó los pisos de galerías contra toda la pared de la Casa; de cinco codos era la altura de ellos; los cuales se trababan con la Casa por medio de maderas de cedro.
¶Entonces Salomón tuvo revelación de Jehová, que decía:
En cuanto a esta Casa que estás edificando, si tú anduvieres en mis estatutos, y cumplieres mis leyes, y obedecieres todos mis mandamientos, andando en ellos, entonces yo cumpliré contigo mi promesa que hablé a David tu padre;
y habitaré en medio de los hijos de Israel, y nunca dejaré a mi pueblo Israel.
¶Salomón pues edificó la Casa, y la acabó.
Y construyó las paredes de la Casa por el lado de adentro con tablas de cedro: desde el suelo de la Casa hasta donde las paredes tocaban con el techo, las cubrió por dentro con maderas; asimismo cubrió el suelo de la Casa con maderas de abeto.
Y construyó los veinte codos de la parte posterior de la Casa con tablas de cedro, desde el suelo hasta la cima de las paredes; es decir, la construyó así por el lado de adentro, para el Oráculo, el Lugar Santísimo.
Y la Casa, es decir, el Templo en frente del Oráculo, tenía cuarenta codos de largo.
Y el cedro, por el lado de adentro de la Casa, esta esculpido de coloquíntidas y flores abiertas: el todo estaba cubierto de cedro; no se dejaba ver piedra alguna.
De esta manera aparejó Salomón el Oráculo, en lo más adentro de la Casa, para poner allí el Arca del Pacto de Jehová.
Y el interior del Oráculo tenía veinte codos de largo, y veinte codos de ancho, y veinte codos de alto: lo cual se cubrió todo en derredor de oro preciosísimo. Asimismo cubrió de oro el altar de cedro.
De esta manera cubrió Salomón la Casa, de la parte de adentro, con oro preciosísimo. E hizo pasar cadenas de oro al frente del Oráculo; el cual también cubrió de oro.
Por manera que cubrió de oro toda la Casa, hasta acabarse toda la Casa: y todo el altar que estaba delante del Oráculo lo cubrió de oro.
¶E hizo dentro del Oráculo dos querubines de madera de olivo, de diez codos de altura cada uno.
Y de cinco codos era la una ala del primer querubín, y de cinco codos la otra ala del querubín: diez codos había desde la punta de la una ala hasta la punta de la otra ala.
Asimismo de diez codos era el segundo querubín: una misma medida, y un mismo talle tenían los dos querubines:
La altura del un querubín era de diez codos: así también era el otro querubín.
Y colocó a los querubines en medio de la Casa de adentro. Y los querubines tenían extendidas las alas, de manera que tocaba el ala del uno con la una pared, y el ala del segundo querubín tocaba con la otra pared; en tanto que las otras dos alas llegaban a la mitad de la Casa, tocándose ala con ala.
Y cubrió de oro los querubines.
Y esculpió todas las paredes de la Casa en derredor con figuras entalladas de querubines, y de palmas, y de flores abiertas, así por dentro como por fuera del Oráculo.
También el piso de la Casa lo cubrió de oro, así por dentro como por fuera del Oráculo.
Y para la entrada del Oráculo hizo puertas de madera de olivo: las pilastras para los postes de las puertas eran en tamaño la quinta parte de la pared.
También las dos puertas eran de madera de olivo; y esculpió sobre ellas entalladuras de querubines, y de palmas, y de flores abiertas, y las cubrió de oro; batiendo el oro para ajustarlo sobre los querubines, y sobre las palmas.
Hizo también para la entrada del Templo postes de madera de olivo, del tamaño de una cuarta parte de la pared,
con dos puertas de madera de abeto; de dos hojas la una puerta, que cerraban sobre sí; y de dos hojas la otra puerta, que cerraban sobre sí.
Y esculpió sobre ello querubines, y palmas, y flores abiertas; y lo cubrió de oro, ajustado sobre las entalladuras.
¶Y edificó el atrio de adentro de tres órdenes de piedras labradas, y un orden de vigas de cedro.
¶En el año cuarto del reinado de Salomón, fueron echados los cimientos de la Casa de Jehová, en el mes de Zif;
y en el año undécimo, en el mes de Bul, es decir, el mes octavo, fué acabada la Casa; en todas sus partes, y de acuerdo con todo su diseño. Por manera que la acabó de edificar en siete años.
MAS su propia casa la edificó Salomón en trece años; y acabó toda su casa.
Porque edificó primero la Casa del Bosque del Líbano, (cuya longitud era de cien codos, y su anchura de cincuenta codos, y su altura de treinta codos,) sobre cuatro hileras de columnas de cedro, con vigas de cedro por encima de las columnas.
Y le puso techumbre de cedro por encima de las vigas que estaban sobre las columnas, cuarenta y cinco en número; quince vigas en cada serie.
Por manera que había vistas en tres series, desde esta hasta aquella parte, tres veces repetidas.
Y todas las entradas, con los postes de las puertas, estaban en ángulo recto con las vistas, y en frente de sí, por esta y por aquella parte, tres veces repetidas.
¶Hizo también el Pórtico de las Columnas; cincuenta codos era su longitud, y treinta codos su anchura; y el pórtico estaba al frente de aquellas primeras columnas, con sus columnas, y su umbral, al frente de ellas.
Hizo asimismo el Pórtico del Trono, donde él había de juzgar, llamado también, el Pórtico del juicio; y cubrió las paredes de cedro desde el suelo hasta el techo.
Luego siguió su casa propia, donde él había de habitar, con otro atrio más adentro del Pórtico y era de hechura semejante. Salomón hizo además una casa para la hija de Faraón (a quien había tomado por mujer), al estilo de aquel pórtico.
¶Todos estos edificios eran de piedras costosas, de piedras labradas según medidas fijas, aserradas con sierras, así por dentro como por fuera; y desde los cimientos hasta lo más alto de las paredes: y así por fuera hasta el atrio grande.
Asimismo los cimientos eran de piedras costosas, piedras grandes; piedras de diez codos, y piedras de ocho codos.
Y por encima de éstas había piedras costosas labradas según medidas fijas, y madera de cedro.
También el atrio grande tenía en derredor suyo tres órdenes de piedras labradas, y un orden de vigas de cedro: así como lo tenía el atrio interior de la Casa de Jehová, y el Pórtico de la Casa.
¶Y envió el rey Salomón é hizo venir a Hiram, desde Tiro.
Hijo era éste de una mujer viuda, de la tribu de Neftalí; mas su padre era un hombre de Tiro, trabajador en cobre; el cual Hiram fué lleno de sabiduría, e inteligencia, y ciencia, para hacer cualquiera clase de obra en bronce. Éste pues vino al rey Salomón e hizo toda su obra.
Porque formó las dos columnas de bronce; diez y ocho codos fué la altura de cada columna, y un cordel de doce codos medía la circunferencia de cualquiera de las dos columnas.
Hizo también dos capiteles para colocar sobre los remates de las dos columnas, de bronce fundido; cinco codos era la altura del un capitel, y cinco codos la altura del otro capitel.
Hizo también mallas de obra entretejida, y trenzas de obra de cadenillas, para los capiteles que estaban sobre los remates de las columnas; siete para el primer capitel, y siete para el segundo capitel.
¶De esta manera pues hizo las columnas; y había dos órdenes de granadas en derredor, por encima de cada malla que cubría los capiteles que había sobre el remate de las columnas; y de igual manera las hizo para el segundo capitel.
Y los capiteles que estaban sobre el remate de las columnas, fueron hechos de una labor de azucenas; estaban junto al pórtico, y eran de cuatro codos.
Y los capiteles sobre las dos columnas estaban también encima de la protuberancia globular que estaba detrás de las mallas, y en contacto con ella: y las doscientas granadas, en dos órdenes, circundaban ésta en el segundo capitel, así como en el primero.
Y levantó las columnas junto al pórtico del Templo. Y al levantar la columna derecha, le puso el nombre de Jaquín; y al levantar la columna izquierda, le puso el nombre de Boaz.
Y había sobre el remate de las columnas una labor de azucenas: así quedó concluída la obra de las dos columnas.
¶Hizo también un mar, de bronce fundido, que tenía diez codos de diámetro, del un borde al otro borde; perfectamente redondo; y de cinco codos era su altura; en tanto que un cordón de treinta codos medía la circunferencia en derredor.
Y había coloquíntidas por debajo de su borde, que le daban la vuelta todo al rededor; diez en cada codo, cercando el mar á la redonda; dos órdenes de coloquíntidas, fundidas cuando él fué fundido.
Asentado estaba sobre doce bueyes; de los cuales tres tenían las caras hacia el norte, y tres las caras hacia el occidente, y tres las caras hacia el sur, y tres las caras hacia el oriente: y el mar estaba superpuesto, encima de ellos; mas las partes traseras de todos ellos estaban hacia adentro.
Y el grueso del mar era de un palmo, y su labio era labrado como el labio de un cáliz, como una flor de azucena: dos mil batos cabían en él.
¶Hizo asimismo diez basas de bronce; cuatro codos era el largo de cada basa, y cuatro codos su ancho, y tres codos su altura.
Y esta fué la hechura de las basas: Tenían entrepaños, y los entrepaños estaban por en medio de las junturas de los ángulos;
y sobre los entrepaños que había por en medio de las junturas, había leones, y bueyes, y querubines; y más arriba de las junturas había un pedestal por el lado de encima: y por debajo de los leones y de los bueyes había guirnaldas, de obra festoneada.
Y cada basa tenía cuatro ruedas de bronce, con sus ejes de bronce; y sus cuatro cantos tenían apoyos: para estar por debajo de cada fuente fueron fundidos los apoyos; y por fuera de cada uno había guirnaldas.
Mas la boca de ella estaba dentro de un capitel que tenía un codo de altura, y cuya boca era redonda, conforme a la obra del pedestal, codo y medio en derredor; y también sobre la boca de la base había grabaduras; mas sus entrepaños estaban en cuadro, no eran redondos.
Y las cuatro ruedas estaban por debajo de los entrepaños, y los ejes de las ruedas estaban en la basa misma; y la altura de cada rueda era de codo y medio.
Y la hechura de las ruedas era conforme a la obra de la rueda de un carro de guerra; sus ejes, y sus llantas, y sus rayos, y sus cubos, todo era de fundición.
Había pues cuatro apoyos a los cuatros ángulos de cada basa; de la basa misma eran los apoyos.
Y en lo alto de cada basa había un cerco en derredor de medio codo de altura; y por encima de la basa estaban sus apoyos; y los entrepaños de la basa eran de ella misma.
Y se esculpieron sobre las planchas de sus apoyos, y sobre sus entrepaños, querubines, leones y palmas, conforme al campo abierto que ofrecía cada uno, con guirnaldas en derredor.
De esta manera pues se hicieron las diez basas; todas ellas eran de una misma fundición, y una misma medida, y una misma forma.
¶Luego hizo diez fuentes de bronce; cuarenta batos cabían en cada fuente: de cuatro codos en diámetro era cada fuente. Y asentó una fuente por encima de cada una de las diez basas.
Y colocó las basas, cinco al lado derecho de la Casa, y cinco al lado izquierdo de la Casa: en tanto que colocó el mar al lado derecho de la Casa, hacia el oriente, haciendo frente al sur.
¶También hizo Hiram las calderas, y las palas, y los tazones. Así acabó de hacer Hiram toda la obra que hacía para el rey Salomón, para la Casa de Jehová:
Las dos columnas, y los dos globos de los capiteles que estaban sobre el remate de las columnas; las dos mallas que cubrían los dos globos de los capiteles que había sobre el remate de las columnas;
y las cuatrocientas granadas para las dos mallas; dos órdenes de granadas para cada malla, para cubrir los dos globos de los capiteles que había encima de las columnas;
también las diez basas, y las diez fuentes de por encima de las basas;
y un mar de bronce, con los doce bueyes debajo del mar;
y las calderas, y las palas, y los tazones. Y todos estos utensilios que hizo Hiram para el rey Salomón, para la Casa de Jehová, eran de bronce bruñido.
En los alrededores del Jordán, los fundió el rey, en la tierra arcillosa que hay entre Succot y Zaretán.
Y Salomón cesó de pesar todos los utensilios, por ser en extremo numerosos: nunca fué investigado el peso del bronce.
¶De suerte que Salomón acabó de hacer todo el ajuar que era de la Casa de Jehová: el altar de oro, y la mesa de oro sobre la cual se había de poner el pan de la proposición;
y los candelabros, cinco a la derecha, y cinco a la izquierda, en frente del Oráculo, de oro preciosísimo; y las flores, y las lámparas, y las tenazas, de oro;
y los tazones, y las despabiladeras, y las tazas, y las cucharas, y los incensarios, de oro preciosísimo: y los goznes, así para las puertas de la Casa de adentro, es decir, del Lugar Santísimo, como para las puertas de la Casa, es decir, del Templo, eran de oro.
Así fué concluída toda la obra que hizo el rey Salomón para la Casa de Jehová. Y trajo Salomón las cosas consagradas por David su padre, la plata, y el oro, y los utensilios, y las depositó en las tesorerías de la Casa de Jehová.
ENTONCES Salomón hizo congregar a todos los ancianos de Israel, y a todas las cabezas de las tribus, los principales de los padres de los hijos de Israel, junto al rey Salomón en Jerusalem, para hacer subir el Arca del Pacto de Jehová, desde la ciudad de David, la cual es Sión.
Concurrieron pues al rey Salomón todos los varones de Israel en la fiesta de las Enramadas, en el mes de Etanim, que es el mes séptimo.
Por manera que vinieron todos los ancianos de Israel; y los sacerdotes alzaron el Arca;
e hicieron subir el Arca de Jehová, juntamente con el Tabernáculo de Reunión, y todos los utensilios sagrados que había dentro del Tabernáculo; los cuales llevaban los sacerdotes levitas.
Entonces el rey Salomón y toda la Congregación de Israel, que se había reunido a él, estaban con él delante del Arca sacrificando ovejas y novillos que no podían ser contados ni numerados por la muchedumbre de ellos.
Y metieron los sacerdotes el Arca del Pacto de Jehová en su lugar, dentro del Oráculo de la Casa, en el Lugar Santísimo, debajo de las alas de los querubines.
Porque los querubines tenían extendidas las alas sobre el lugar del Arca, y hacían sombra los querubines por encima del Arca y sus varas.
Pues eran tan largas las varas, que se dejaban ver los extremos de las varas desde el Lugar Santo, enfrente del Oráculo; pero no se dejaban ver desde más afuera: y están allí hasta el día de hoy.
Nada había dentro del Arca sino solamente las dos tablas de piedra que colocó allí Moisés en Horeb, cuando Jehová hizo pacto con Israel, al salir ellos de la tierra de Egipto.
Y sucedió que cuando los sacerdotes hubieron salido del Santuario, la nube llenó la Casa de Jehová:
y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, a causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la Casa de Jehová.
¶Entonces dijo Salomón: Jehová ha dicho que moraría en las tinieblas espesas.
Yo con empeño he edificado Casa de habitación para ti, morada estable donde hagas mansión por los siglos venideros.
¶En seguida, volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la Asamblea de Israel; y toda la Asamblea de Israel estaba de pie.
Entonces él dijo: ¡Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, el cual prometió con su boca a David mi padre, (y con su mano lo ha cumplido), diciendo:
Desde el día que saqué de Egipto a mi pueblo Israel, no escogí ciudad de entre las tribus de Israel para edificar allí Casa en donde estuviese mi Nombre; pero ahora he escogido a David, para que sea sobre mi pueblo Israel.
Y David mi padre tenía en su corazón el propósito de edificar Casa al Nombre de Jehová, el Dios de Israel.
Jehová empero dijo a David mi padre: Por cuanto hubo en tu corazón propósito de edificar Casa a mi Nombre, bien has hecho en tener el tal propósito en tu corazón.
Esto no obstante, no edificarás tú la Casa, sino que un hijo tuyo que saldrá de tus lomos, él edificará la Casa a mi Nombre.
Y Jehová ha cumplido la palabra que habló; pues me he levantado yo en el lugar de David mi padre, y heme sentado sobre el trono de Israel, conforme se lo prometió Jehová, y he edificado la Casa al Nombre de Jehová, el Dios de Israel;
y he puesto allí el lugar para el Arca, que contiene el Pacto de Jehová, que él celebró con nuestros padres al sacarlos de la tierra de Egipto.
¶Entonces Salomón se puso delante del altar de Jehová, frente a toda la Asamblea de Israel, y extendiendo las manos hacia el cielo,
dijo: Jehová, Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti, ni arriba en el cielo, ni abajo sobre la tierra, que guardas el pacto y la misericordia para con tus siervos que andan delante de ti con todo su corazón;
que has guardado para con tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste; porque con tu boca se lo prometiste, y con tu mano lo has cumplido, como hoy se ve.
Ahora pues, oh Jehová, el Dios de Israel, guarda para con tu siervo David mi padre, lo que has prometido, diciendo: Nunca te faltará varón delante de mí que se siente sobre el trono de Israel; con tal empero que se cuiden tus hijos de su camino, para andar delante de mí, como tú has andado delante de mí.
Ahora pues, oh Dios de Israel, sea estable, te lo ruego, tu palabra que hablaste a David mi padre.
¶Empero ¿habitará verdaderamente Dios sobre la tierra? He aquí que los cielos y los cielos de los cielos no te pueden abarcar, ¿cuánto menos esta Casa que yo acabo de edificar?
Con todo vuelve tu rostro a la oración de tu siervo y a su súplica, oh Jehová, Dios mío, para escuchar el clamor y la oración que tu siervo hace delante de tu rostro hoy;
para que estén tus ojos abiertos, mirando hacia esta Casa de noche y de día; es decir, hacia este lugar del cual has dicho: Estará allí mi Nombre; para escuchar la oración que hace tu siervo en este lugar.
Oye pues la súplica de tu siervo y de tu pueblo Israel, cuando oraren en este lugar: sí, oye tú desde el lugar de tu morada, el cielo; y cuando oyes, perdona.
¶Cuando alguno pecare contra su prójimo, y se le impusiere juramento, haciéndole jurar, de modo que venga y jure delante de tu altar en esta Casa,
oye tú desde el cielo, y haz lo que convenga, y juzga a tus siervos, condenando al inicuo, y trayendo su camino sobre su misma cabeza; en tanto que justifiques al justo, premiándole conforme a su justicia.
¶Cuando fuere batido tu pueblo Israel delante del enemigo, por cuanto hayan pecado contra ti, y ellos se volvieren a ti, y confesaren tu Nombre, y oraren, y te pidieren misericordia en esta Casa,
oye tú desde el cielo, y perdona el pecado de tu pueblo Israel, y hazlos volver a la tierra que diste a sus padres.
¶Cuando fuere cerrado el cielo, de manera que no haya lluvia, por cuanto ellos hayan pecado contra ti; si oraren hacia este lugar, y confesaren tu Nombre, y de su pecado se convirtieren, cuando tú los afligieres,
oye tú en el cielo, y perdona el pecado de tus siervos, y de tu pueblo Israel, cuando les hayas enseñado el camino bueno en que deben andar; y envía lluvia sobre tu tierra que has dado a tu pueblo por herencia suya.
¶Cualquiera hambre que hubiere en la tierra, cualquier peste que hubiere; o cuando hubiere tizón, añublo, langosta u oruga; o cuando los tuvieren sitiados sus enemigos en las ciudades de su tierra; cualquiera plaga, cualquiera enfermedad que hubiere;
entonces al hacerse cualquiera oración y cualquiera súplica por parte de cualquier hombre, o de todo tu pueblo Israel, cuando llegare a conocer cada cual la plaga de su mismo corazón, y extendieren sus manos hacia esta Casa,
oye tú en el cielo, asiento permanente de tu morada, y perdona, y haz lo que convenga, y retorna a cada cual conforme a todos sus caminos, (cuyo corazón tú lo conoces; porque tú, tú solo conoces el corazón de todos los hijos de los hombres);
para que te teman todos los días que vivieren sobre el suelo que diste a sus padres.
¶Asimismo respecto del extranjero, que no es de tu pueblo Israel, mas que viniere de tierras lejanas a causa de tu nombre;
(porque ellos oirán hablar de tu gran nombre, y de tu poderosa mano, y de tu brazo extendido), cuando viniere y orare en esta Casa,
oye tú desde el cielo, asiento permanente de tu morada, y haz conforme a todo lo que te pidiere aquel extranjero; a fin de que todos los pueblos de la tierra conozcan tu Nombre; para que ellos también te teman así como tu pueblo Israel; y para que sepan que esta Casa que he edificado es llamada de tu Nombre.
¶Cuando saliere tu pueblo a campaña contra sus enemigos, doquiera que tú los enviares, y oraren a Jehová, mirando hacia la ciudad que tú has escogido, y la Casa que yo he edificado a tu Nombre,
oye tú desde el cielo su oración y su plegarla; y mantén su causa.
¶Cuando pecaren contra ti (pues no hay hombre que no peque), y tú te airares contra ellos, y los entregares en poder de sus enemigos, de modo que éstos los llevaren cautivos a la tierra del enemigo, sea lejos o cerca;
si ellos entonces lo recapacitaren en su corazón, en la tierra donde estuvieren cautivos, y se convirtieren, y te pidieren misericordia en la tierra de los que los hubieren cautivado, diciendo: ¡Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho maldad!
y se volvieren a ti con todo su corazón, y con toda su alma, en la tierra de sus enemigos que los hubieren cautivado, y oraren a ti, mirando hacia su tierra que diste a sus padres, y a la ciudad que has escogido, y a la Casa que he edificado para tu Nombre,
entonces desde el cielo, asiento de tu habitación, oye tú su oración y su súplica, y defiende su causa,
y perdona a tu pueblo en lo que hubieren pecado contra ti, y todas sus transgresiones con que se hubieren rebelado contra ti, y haz que hallen misericordia delante de los que los hubieren llevado cautivos, de modo que éstos tengan compasión de ellos.
Porque ellos son tu pueblo y tu herencia, que tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.
¶Estén pues tus ojos atentos a la súplica de tu siervo, y a la súplica de tu pueblo Israel, para escucharles en toda ocasión que clamaren a ti:
porque tú los hiciste separar para ti mismo, como herencia tuya, de entre todos los pueblos de la tierra; como prometiste por conducto de Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, oh Jehová, Señor nuestro.
¶Y aconteció que como acabase Salomón de ofrecer a Jehová toda esta oración y esta súplica, se levantó de delante del altar de Jehová, de estar postrado de rodillas, con sus manos extendidas hacia el cielo;
y poniéndose en pie, bendijo a toda la Asamblea de Israel, con voz levantada, diciendo:
¡Bendito sea Jehová que ha dado descanso a su pueblo Israel, conforme a todo lo que había prometido! no ha faltado ni siquiera una palabra de toda aquella buena promesa que prometió por conducto de Moisés su siervo.
Sea Jehová nuestro Dios con nosotros así como fué con nuestros padres, (no nos deje, ni nos deseche),
para que incline nuestro corazón hacia sí, a fin de que andemos en todos sus caminos, y para que guardemos sus mandamientos, y sus estatutos, y sus leyes, que prescribió a nuestros padres.
Y estas mis palabras, con que he orado delante de Jehová, estén presentes día y noche, ante Jehová nuestro Dios, para que mantenga la causa de su siervo, y la causa de su pueblo Israel, según hubiere menester de día en día:
a fin de que sepan todos los pueblos de la tierra que Jehová solo es Dios: no hay ningún otro.
Sea pues perfecto vuestro corazón para con Jehová vuestro Dios, para seguir andando en sus estatutos, y guardando sus mandamientos, como sucede el día de hoy.
¶En seguida el rey y todo Israel con él ofrecieron sacrificios delante de Jehová.
Y ofreció Salomón en sacrificios pacíficos, que sacrificó a Jehová, veinte y dos mil víctimas de ganado mayor, y ciento veinte mil ovejas: de esta manera el rey y todos los hijos de Israel dedicaron la Casa de Jehová.
En aquel día el rey consagró el medio del atrio, la parte que estaba delante de la Casa de Jehová, para que se ofreciesen allí los holocaustos, y las ofrendas vegetales, y los sebos de los sacrificios pacíficos: porque el altar de bronce que estaba delante de Jehová, era demasiado pequeño para que cupiesen en él los holocaustos, y las ofrendas vegetales, y los sebos de los sacrificios pacíficos.
En ese tiempo, pues, Salomón y todo Israel con él, congregación inmensa que venía desde la entrada de Hamat hasta el Arroyo de Egipto, celebraron la fiesta delante de Jehová nuestro Dios por siete días, y otros siete días, esto es, catorce días.
Y al octavo día despidió el rey al pueblo; los cuales bendijeron al rey, y se fueron a sus moradas gozosos y alegres de corazón por todos los beneficios que había hecho Jehová a David su siervo, y a Israel su pueblo.
Y ACONTECIÓ que cuando Salomón hubo acabado de edificar la Casa de Jehová, y la casa del rey, y cuando se hubo cumplido todo aquello que Salomón deseaba hacer;
Jehová apareció a Salomón segunda vez, como le había aparecido en Gabaón;
y le dijo Jehová: He oído tu oración y tu súplica que has ofrecido delante de mí. Yo he santificado esta Casa que tú has edificado, poniendo allí mi Nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán allí de continuo.
Y en cuanto a ti, si anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, con integridad de corazón y con rectitud, haciendo conforme a todo lo que te tengo mandado, y si guardares mis estatutos y mis leyes,
yo estableceré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, según prometí a David tu padre, diciendo: Nunca te faltará varón que se siente sobre el trono de Israel.
Empero si obstinadamente os volviereis, vosotros y vuestros hijos, de en pos de mí, y no guardareis mis mandamientos y mis estatutos, que tengo puestos delante de vosotros, y os fuereis y sirviereis a otros dioses, y os postrareis delante de ellos;
entonces yo cortaré a Israel de sobre la faz del suelo que les he dado: y esta Casa que he santificado para mi Nombre, la echaré fuera de mi vista; e Israel vendrá a ser un proverbio y un refrán entre todos los pueblos:
y aunque esta Casa sea tan excelsa, todo aquel que pasare junto a ella se pasmará, y silbará; y dirán las gentes: ¿por qué ha hecho Jehová de esta manera a esta tierra y a esta Casa?
Y se les contestará: Porque dejaron a Jehová su Dios, que sacó a sus padres de la tierra de Egipto, y echaron mano de otros dioses, y se postraron ante ellos, y les dieron culto; por esto ha traído Jehová sobre ellos todo este mal.
¶Y aconteció al fin de los veinte años que estaba edificando Salomón las dos casas, la Casa de Jehová, y la casa del rey,
para las cuales el rey de Tiro le había suministrado a Salomón maderas de cedro, y maderas de abeto, y oro, a medida de todo su deseo, que el rey Salomón dio a Hiram veinte ciudades en la tierra de Galilea.
Y salió Hiram de Tiro para ver las ciudades que le había dado Salomón; y no le gustaron.
Y dijo: ¿Qué ciudades son éstas que me has dado, hermano mío? Y las apellidó, Tierra de Cabul; nombre que llevan hasta el día de hoy.
E Hiram había dado a Salomón ciento veinte talentos de oro.
¶Y esta fue la causa de la leva que hizo el rey Salomón: para edificar la Casa de Jehová, y su propia casa, y la fortaleza de Millo, y el muro de Jerusalem, y a Hazor, y a Meguido, y a Gezer.
Faraón rey de Egipto, había subido y tomado a Gezer, y la había quemado a fuego, matando a los cananeos que habitaban en la ciudad; y se la había dado como dote a su hija, la mujer de Salomón.
Salomón pues edificó a Gezer, y a Bet-horón de abajo,
y a Baalat, y a Tadmor en el desierto, en el país;
y todas las ciudades de municiones que tenía Salomón, y las ciudades de los carros de guerra, y las ciudades de la gente de a caballo: en fin, todo cuanto quiso edificar Salomón en Jerusalem, y en el Líbano, y en toda la tierra de su dominio.
En cuanto a toda la gente que habían quedado de los Amorreos, de los Heteos, de los Perezeos, de los Heveos, de los Jebuseos, que no eran de los hijos de Israel,
de sus hijos que quedaron en la tierra después de ellos, a quienes los hijos de Israel no pudieron destruir enteramente, de éstos hizo Salomón la leva para los trabajos serviles hasta el día de hoy.
Pero de los hijos de Israel no sujetó Salomón a servidumbre a ninguno, sino que ellos eran los hombres de guerra, y sus siervos domésticos, y sus príncipes, y sus capitanes, y los comandantes de sus carros y de su caballería.
Y estos fueron los principales sobrestantes que presidían la obra de Salomón, a saber, quinientos cincuenta, los cuales gobernaban a la gente que hacía la obra.
¶La hija de Faraón empero subió desde la ciudad de David a su propia casa, que Salomón le había edificado: en seguida edificó éste la fortaleza de Millo.
Y tres veces al año ofrecía Salomón holocaustos y ofrendas pacíficas sobre el altar que había edificado para Jehová, y quemaba incienso sobre aquel que estaba delante de Jehová. Así pues fué acabada la Casa de Jehová.
¶Una flota también hizo el rey Salomón en Ezión-geber, que está junto a Elot, sobre la ribera del Mar Rojo, en la tierra de Edom.
Y en los buques envió Hiram a sus siervos, marineros y conocedores del mar, juntamente con los siervos de Salomón.
Y ellos fueron a Ofir; y tomando de allí cuatrocientos y veinte talentos de oro, lo trajeron al rey Salomón.
Y CUANDO la reina de Sabá oyó la fama de Salomón con relación al nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles.
Ella vino pues a Jerusalem con séquito muy grande, con camellos que traían especias aromáticas, y oro muchísimo, y piedras preciosas. De manera que ella vino a Salomón, y trató con él de todo lo que había en su corazón.
Y le respondió Salomón a todas sus preguntas: no hubo cosa escondida al rey, ni cosa a la cual no le respondiese.
Y cuando hubo visto la reina de Sabá toda la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado,
y la provisión de su mesa, y cómo se sentaban sus siervos, y la asistencia de sus ministros y sus trajes, y sus coperos, y la subida por donde él pasaba a la Casa de Jehová, no quedó en ella más aliento;
y dijo al rey Salomón: ¡Verdad fué lo que oí decir en mi tierra respecto de tus hechos, y de tu sabiduría!
mas yo no creía lo dicho hasta tanto que yo misma he venido, y lo han visto mis ojos; ¡y he aquí que no se me había contado ni siquiera la mitad! exceden tu sabiduría y tu prosperidad a la fama que yo había oído.
¡Dichosos tus hombres, dichosos estos tus siervos, los cuales asisten de continuo en tu presencia, y oyen tu sabiduría!
¡Bendito sea Jehová tu Dios, el cual se ha complacido en ti para ponerte sobre el trono de Israel! En el amor perdurable de Jehová hacia Israel, él te ha constituído rey, para ejecutar juicio y justicia.
¶Y ella dió al rey ciento y veinte talentos de oro, y especias aromáticas en muy grande abundancia, y piedras preciosas: nunca más vino tanta abundancia de especias aromáticas como las que la reina de Sabá dió al rey Salomón.
Y también la flota de Hiram que traía oro de Ofir, trajo también de Ofir muy grande acopio de madera de sándalo, y de piedras preciosas.
E hizo el rey de la madera de sándalo balaustradas para la Casa de Jehová, y para la casa del rey; hizo arpas también y salterios para los cantores: nunca más vino semejante madera de sándalo, ni se ha visto hasta el día de hoy.
Por otra parte el rey Salomón dió a la reina de Sabá todo cuanto ella quiso, y cuanto pidió; fuera de lo que Salomón le había dado de su real munificencia. Se volvió pues, y se fué a su tierra, ella y sus siervos.
¶Y el peso del oro que venia a Salomón cada año era de seiscientos sesenta y seis talentos de oro;
sin contar lo que le venía de los mercaderes, y del comercio de los traficantes, y de todos los reyes auxiliares, y de los gobernadores de los países vecinos.
Hizo también el rey Salomón doscientos paveses de oro batido; seiscientos siclos de oro empleó en cada pavés:
asimismo trescientos escudos de oro batido; tres minas de oro empleó en cada escudo: y púsolos el rey en la Casa del Bosque del Líbano.
Hizo también el rey un gran trono de marfil, y lo guarneció de oro acrisolado.
Seis gradas tenía el trono; y había un cielo redondo al trono, por el lado de atrás: tenía también brazos por uno y por otro lado del lugar del asiento; y había dos leones, de pie, junto a los brazos.
Asimismo doce leones estaban de pie allí sobre las seis gradas, a uno y otro lado. Nunca fué hecho otro semejante en ninguno de los reinos.
Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro; asimismo toda la vajilla de la Casa del Bosque del Líbano era de oro preciosísimo, nada era de plata; en tiempo de Salomón no era ésta estimada gran cosa.
Porque tenía el rey una flota de Tarsis, la cual salía a la mar con la flota de Hiram: una vez en cada tres años la flota de Tarsis venía, trayendo oro, y plata, marfil, y monos, y pavos reales.
¶Así el rey Salomón excedía a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría.
Y toda la tierra procuraba ver el rostro de Salomón, para oír su sabiduría que había puesto Dios en su corazón;
y traían cada cual su presente, alhajas de plata y alhajas de oro, vestidos, y armas, y especias aromáticas, caballos, y mulos; un tanto de año en año.
Y juntó Salomón carros de guerra, y gente de a caballo; de modo que tenía mil y cuatrocientos carros, y doce mil jinetes; a los cuales dispuso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem.
E hizo el rey que la plata fuese en Jerusalem como las piedras; y en cuanto a los cedros, los puso como los cabrahigos que se hallan en la Sefela, por su abundancia.
Y la saca de caballos (la cual corría por cuenta de Salomón), se hacía de Egipto, y por medio de la junta de los comerciantes del rey: los sacaba la junta a precios fijos.
Pues un carro se hacía subir y salía de Egipto por seiscientos siclos de plata, y un caballo por ciento cincuenta. Así también para todos los reyes de los Heteos y para los reyes de la Siria eran sacados por su medio.
EMPERO el rey Salomón amaba a muchas mujeres extranjeras, juntamente con la hija de Faraón; moabitas, ammonitas, idumeas, sidonias y heteas;
de las naciones de que había dicho Jehová a los hijos de Israel: No habéis de llegaros a ellas, ni ellas se han de llegar a vosotros; porque indudablemente apartarán de mí vuestro corazón para seguir tras los dioses de ellas: con éstas pues Salomón se estrechó en lazos de amor.
Y tuvo setecientas mujeres, princesas, y trescientas concubinas; y sus mujeres hicieron extraviar su corazón.
Pues sucedió cuando Salomón era ya viejo, que sus mujeres hicieron extraviar su corazón, yendo en pos de otros dioses; y no era su corazón perfecto con Jehová su Dios, como lo fué el corazón de David su padre.
Porque anduvo Salomón en pos de Astoret, diosa de los Sidonios, y de Milcom, ídolo detestable de los Ammonitas.
E hizo Salomón lo que era malo a los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente en pos de Jehová como David su padre.
¶Entonces comenzó Salomón a edificar altos para Cemos, ídolo detestable de Moab, en el monte que está frente a Jerusalem; y para Moloc, ídolo detestable de los hijos de Ammón.
Y lo mismo hizo para todas sus mujeres de tierra extraña; las cuales quemaban incienso, y ofrecían sacrificios a sus propios dioses.
Con lo cual se indignó Jehová contra Salomón, puesto que su corazón se había apartado de Jehová el Dios de Israel, que le había aparecido dos veces,
y le había mandado acerca de esta misma cosa, que no anduviese en pos de otros dioses: mas él no guardó lo que le había mandado Jehová.
Por tanto Jehová dijo a Salomón: Por cuanto esto ha sido hecho por ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te había ordenado, sin falta rasgaré el reino, quitándotelo a ti, y lo daré a un siervo tuyo;
sólo que en tus días no haré esto, por causa de David mi siervo; sino que de mano de tu hijo lo voy a rasgar.
Esto empero, no le arrebataré el reino todo; una tribu le voy a dar a tu hijo, por amor de David mi siervo, y por amor de Jerusalem que yo he escogido.
¶Suscitó pues Jehová un adversario a Salomón, a saber, Hadad idumeo: era de simiente real en Edom.
Porque había acontecido que estando David en Edom, cuando subió Joab, jefe del ejército, para enterrar los muertos, (después de haber herido a todos los varones de Edom;
porque seis meses permaneció allí Joab con todo Israel, hasta que hubo acabado de destruir a todos los varones de Edom);
que huyó Hadad, y con él unos hombres idumeos de entre los siervos de su padre, para irse a Egipto; siendo Hadad niño de corta edad.
Ellos pues se levantaron, y desde Madián vinieron a Parán. Luego tomando consigo algunos hombres de Parán, se fueron a Egipto, a Faraón rey de Egipto; quien le dió casa, y le señaló manutención, y le dió tierras.
Y Hadad halló gracia en ojos de Faraón; tanto, que le dió por mujer la hermana de su misma mujer, la hermana de Tafnés la reina.
Y la hermana de Tafnés le parió a Genubat, hijo suyo, a quién destetó Tafnés dentro de la casa de Faraón; y permaneció Genubat en la casa de Faraón, en medio de los hijos de Faraón.
Pero cuando oyó Hadad en Egipto que David yacía con sus padres, y que era muerto Joab, jefe del ejército, Hadad dijo a Faraón: Déjame ir, para que vaya a mi tierra.
Mas Faraón le respondió: ¿Pues qué te falta conmigo, que, he aquí, procures irte a tu tierra? A lo que contestó: Nada me falta; empero de todos modos déjame ir.
¶También le suscitó Dios otro adversario, a saber, Rezón hijo de Eliada, que se había huído de Hadadezer, rey de Soba, señor suyo.
Y juntando consigo unos hombres, vino a ser capitán de una tropa guerrillera, cuando David mató a los de Soba: y se fueron a Damasco, y habitaron allí, apoderándose del reino de Damasco.
Éste se hizo adversario de Israel todos los días de Salomón, además del mal que hizo Hadad; pues Rezón aborreció a Israel, y reinó sobre la Siria.
¶También Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, (cuya madre se llamaba Serúa, mujer viuda), siervo de Salomón, levantó la mano contra el rey.
Y fué esta la causa porque levantó la mano contra el rey: Salomón estaba edificando la fortaleza de Millo, y cerraba la hondonada de la ciudad de David su padre.
Y este hombre Jeroboam era esforzado y valeroso; por lo cual viendo Salomón que el mancebo era hábil en los negocios, le puso sobre todos los trabajos de la casa de José.
Sucedió empero por aquel tiempo que Jeroboam iba saliendo de Jerusalem, cuando le encontró en el camino el profeta Ahías silonita; y había estrenado éste una capa nueva, y ellos dos estaban solos en el campo.
Cogiendo entonces Ahías la capa nueva que traía puesta, la rasgó en doce partes;
y dijo a Jeroboam: Toma para ti diez partes; que así dice Jehová el Dios de Israel: He aquí que voy a rasgar el reino de mano de Salomón, y te daré a ti las diez tribus;
(mas la otra tribu quedará para él, por amor de mi siervo David, y por amor de Jerusalem, la ciudad que yo he escogido de entre todas las tribus de Israel);
por cuanto me han dejado a mí, y han adorado a Astoret, diosa de los Sidonios, y a Cemos, dios de Moab, y a Milcom, dios de los hijos de Ammón; y no han andado en mis caminos para hacer lo que es recto a mis ojos (es decir, mis estatutos y mis leyes) como David su padre.
Mas no quitaré nada del reino de su misma mano, porque le he constituído príncipe todos los días de su vida, por amor de David mi siervo, a quien escogí, porque guardó mis mandamientos y mis estatutos;
sino que quitaré el reino de mano de su hijo, y te lo daré a ti, es a saber; diez tribus;
mas a su hijo le daré una tribu, para que mi siervo David tenga una lámpara todos los días delante de mí en Jerusalem, la ciudad que he escogido para poner allí mi Nombre.
Yo pues te tomaré a ti, y reinarás sobre todo lo que deseare tu alma, porque serás rey sobre Israel.
Y sucederá que si obedecieres todo cuanto te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo que es recto a mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como lo hizo David mi siervo, entonces yo seré contigo, y edificaré para ti casa segura, como la edifiqué para David; y a Israel te lo daré a ti.
Yo pues afligiré la simiente de David por esta causa, pero no para siempre.
¶Por tanto procuraba Salomón dar muerte a Jeroboam: por lo cual Jeroboam se levantó, y huyó a Egipto, a Sisac, rey de Egipto; y permaneció en Egipto hasta la muerte de Salomón.
Y las demás cosas de Salomón, y todo lo que hizo, y su sabiduría, ¿no está escrito todo en el libro de las crónicas de Salomón?
Y el tiempo que reinó Salomón en Jerusalem, sobre todo Israel, fué cuarenta años.
Y yació Salomón con sus padres, y fué enterrado en la ciudad de David su padre; y reinó Roboam su hijo en su lugar.
ROBOAM pues fué a Siquem; porque a Siquem había concurrido todo Israel para hacerle rey.
Aconteció también que como oyese la nueva Jeroboam hijo de Nabat, (porque estaba todavía en Egipto, adonde había huído de la presencia del rey Salomón, y habitaba Jeroboam en Egipto;
mas de allí le habían enviado a llamar), vino Jeroboam y toda la Asamblea de Israel, y hablaron con Roboam, diciendo:
Tu padre hizo muy pesado nuestro yugo; ahora pues aligera tú algún tanto la dura servidumbre de tu padre, y el yugo pesado que nos impuso; y nosotros te serviremos.
A lo cual él les dijo: Id, y de aquí a tres días volved a mí. Y se fué el pueblo.
Entretanto consultó el rey Roboam con los ancianos que habían asistido en presencia de Salomón su padre, durante su vida, diciendo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que se dé respuesta a este pueblo?
Y ellos le dijeron: Si tú el día de hoy te hicieres siervo de este pueblo y le sirvieres, y le respondieres y hablares palabras amables, ellos serán siervos tuyos para siempre.
Pero él desechó el consejo que los ancianos le dieron, y consultó con los jóvenes que se habían criado con él, los que asistían en su presencia;
diciéndoles: ¿Qué aconsejáis vosotros que demos por respuesta a este pueblo que me habla, diciendo: Aligera algún tanto el yugo que nos impuso tu padre?
Y le respondieron los jóvenes que se habían criado con él, diciendo: Así dirás a este pueblo que te habló, diciendo: Tu padre hizo pesado nuestro yugo; mas tú, aligera algún tanto su yugo; así les hablarás: Mi dedo meñique más grueso es que los lomos de mi padre.
Ahora pues, os impuso mi padre un yugo pesado, pero yo añadiré todavía más a vuestro yugo; mi padre os castigó con látigos, yo empero os castigaré con escorpiones.
¶Volvieron entonces Jeroboam y todo el pueblo a Roboam al día tercero, como les había ordenado el rey, diciendo: Volved a mí al tercer día.
Y el rey contestó al pueblo con dureza; porque desechó el consejo que los ancianos le habían dado;
y les respondió de acuerdo con el consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pero yo añadiré todavía más a vuestro yugo; mi padre os castigó con látigos, ya empero os castigaré con escorpiones.
Por manera que no escuchó el rey al pueblo; porque ello era de parte de Jehová, para verificar así su palabra que había dicho por conducto de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.
Entonces como viese todo el pueblo que no les escuchaba el rey, el pueblo dió respuesta al rey, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros en David? ¡y ninguna herencia tenemos ya en el hijo de Isaí! ¡A tus tiendas, oh Israel! ¡Ahora pues, David, mira por tu casa! E Israel se fué a sus tiendas.
Pero en cuanto a los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá, Roboam quedó reinando sobre ellos.
Entonces Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tributos; mas todo Israel le mató a pedradas. Por lo cual el rey Roboam se dió prisa a montar en su carro, para huir a Jerusalem.
De esta manera rebelóse Israel contra la casa de David hasta el día de hoy.
¶Aconteció pues que cuando supo todo Israel que había vuelto Jeroboam, enviaron a llamarle a la Congregación: y le constituyeron a él rey sobre todo Israel: no hubo quien siguiese la casa de David sino tan sólo la tribu de Judá.
Y cuando llegó Roboam a Jerusalem, hizo convocar a toda la casa de Judá y la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil hombres escogidos, guerreros, para pelear contra la casa de Israel, a fin de hacer volver el reino a Roboam hijo de Salomón.
Entonces Semaya, varón de Dios, tuvo revelación de Dios, que decía:
Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y a lo restante del pueblo, diciendo:
Así dice Jehová: No subáis, ni peleéis contra vuestros hermanos, los hijos de Israel. Volveos cada cual a su casa; porque de mi parte ha sido hecho esto. Y ellos obedecieron la palabra de Jehová, y tornaron y se fueron otra vez a sus casas, conforme al mandato de Jehová.
¶Jeroboam entonces edificó a Siquem, en la serranía de Efraim, y habitó en ella; y de allí salió, y edificó a Penuel.
Y Jeroboam decía en su corazón: Ahora va a volver el reino a la casa de David.
Si este pueblo subiere a ofrecer sus sacrificios en la Casa de Jehová en Jerusalem, el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá; de modo que me matarán a mí, y se tornarán a Roboam, rey de Judá.
Por lo cual tomó consejo el rey, e hizo dos becerros de oro, y dijo a los Israelitas: Os es por demás subir a Jerusalem; ¡he aquí tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto!
Y puso el uno en Bet-el, y al otro le colocó en Dan.
Y esto vino a ser pecado gravísimo; pues que para adorar ante cualquiera de los dos, el pueblo iba hasta Dan.
Entonces Jeroboam hizo las casas de los altos, y constituyó sacerdotes de entre la generalidad del pueblo, que no eran de los hijos de Leví.
Asimismo hizo Jeroboam una fiesta solemne en el mes octavo, a los once días del mes, semejante a la fiesta solemne que había en Judá; y él mismo sacrificó en el altar. Hizo así en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho: y estableció en Bet-el los sacerdotes de los altos, a quienes él mismo había constituído.
¶Y Jeroboam subió al altar que había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, mes que él había ideado de su propio corazón: porque ordenó una fiesta solemne para los hijos de Israel, y subió al altar para quemar el incienso.
MAS he aquí un varón de Dios que por revelación de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar, para quemar el incienso,
él clamó contra el altar, por revelación de Jehová, diciendo: ¡Oh altar, altar! así dice Jehová: He aquí que un hijo ha de nacer a la casa de David, del nombre de Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los altos que queman incienso sobre ti; y huesos de hombres serán quemados sobre ti.
Y dió en aquel día una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová mismo ha dicho esto: he aquí que el altar será hecho pedazos, y se derramarán las cenizas que están sobre él.
Y aconteció que como el rey oyese el oráculo que el varón de Dios proclamó contra el altar en Bet-el, alargó Jeroboam la mano de junto al altar, diciendo: ¡Prendedle! Mas se le secó la mano que había extendido contra él; de modo que no pudo hacerla volver a sí;
el altar también fué hecho pedazos, y se derramaron las cenizas del altar; conforme a la señal que había dado el varón de Dios por revelación de Jehová.
Entonces respondió el rey al varón de Dios: Ruégote supliques el favor de Jehová tu Dios, y ora por mí, para que se me restituya mi mano. Aquel varón de Dios pues suplicó el favor de Jehová, y la mano del rey le fué restituída, y quedó como antes estaba.
¶Entonces dijo el rey al varón de Dios: Ven a casa conmigo, y toma un refresco, y yo te daré un regalo.
Mas el varón de Dios respondió al rey: Aun cuando me dieres la mitad de tu casa, no iría contigo; ni comería pan, ni bebería agua en este lugar.
Porque así me fué mandado por revelación de Jehová, diciendo: No comerás pan, ni beberás agua allí, ni volverás por el camino que fuiste.
De manera que se fué por distinto camino, y no volvió por el camino por donde había ido a Bet-el.
¶Mas había un profeta anciano que habitaba en Bet-el; y vino un hijo suyo, y le contó todo lo que había hecho el varón de Dios aquel día en Bet-el; refirieron también a su padre las palabras que había dicho al rey.
Entonces les dijo su padre: ¿Cuál es el camino por donde se fué? pues que sus hijos habían visto el camino que tomó el varón de Dios que había venido de Judá.
Luego dijo a sus hijos: Aparejadme el asno. Le aparejaron pues el asno, y él montó sobre él,
y siguió tras el varón de Dios, y le halló sentado debajo de un roble, y le dijo: ¿Eres tú el varón de Dios que viniste de Judá? Y él contestó: Sí, soy.
Entonces él le dijo: Vente conmigo a casa, y come pan.
Mas él contestó: No puedo volver contigo, ni entrar contigo en tu casa; ni comeré pan ni beberé contigo agua en este lugar;
porque me fué mandado por revelación de Jehová, diciendo: No comerás pan, ni beberás agua allí; ni volverás a venir por el camino por donde hubieres ido.
Entonces el otro le dijo: Yo también soy profeta así como tú; y un ángel me habló por revelación de Jehová, diciendo: Hazle volver contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua: empero le mintió.
Así pues se volvió con él, y comió pan en su casa, y bebió agua.
Y estando ellos aun sentados a la mesa, tuvo revelación de Jehová el profeta que le había hecho volver;
y clamó, diciendo al varón de Dios que había venido de Judá: Así dice Jehová: Por cuanto has sido desobediente a la orden de Jehová, y no has guardado el mandato que te impuso Jehová tu Dios,
sino que has vuelto atrás, y has comido pan y bebido agua en este lugar, de que él te dijo: No comerás pan, ni beberás agua allí; no llegará tu cadáver al sepulcro de tus padres.
Aconteció pues, después que hubo comido pan, y después que hubo bebido, que el otro aparejó para él el asno, es decir, para el profeta que él había hecho volver:
y éste se fué; mas un león le halló en el camino, y le mató. Y quedó su cadáver tendido en el camino, y el asno estaba junto a él; el león también se estaba junto al cadáver.
Y he aquí que unos hombres que iban pasando vieron el cadáver tendido en el camino, y el león que estaba junto al cadáver: y fueron, y lo contaron en la ciudad donde aquel profeta anciano habitaba.
Y cuando lo oyó el profeta que le había hecho volver del camino, dijo: Es aquel varón de Dios que fué desobediente al mandato de Jehová; por lo cual le entregó al león, que le ha despedazado y le ha muerto, conforme a la palabra que Jehová le había dicho.
Y habló a sus hijos, diciendo: Aparejadme el asno; y ellos se lo aparejaron;
y él se fue, y halló el cadáver del otro tendido en el camino, y el asno y el león que estaban junto al cadáver; el león no se había comido el cadáver, ni había despedazado al asno.
Entonces alzando aquel profeta el cadáver del varón de Dios, lo puso sobre el asno, y lo volvió a llevar: y vino a la ciudad el profeta anciano, para endecharle, y para enterrarle.
Y depositó el cadáver en su propio sepulcro; y ellos le endecharon, diciendo: ¡Ay, hermano mío!
Y sucedió que después que le hubo sepultado, mandó a sus hijos, diciendo: Cuando yo muera, sepultadme en el sepulcro en que el varón de Dios está sepultado; junto a los huesos de él haced descansar mis huesos:
porque indudablemente se cumplirá la palabra que él proclamó, por revelación de Jehová, contra el altar que está en Bet-el, y contra todas las casas de los altos que están en las ciudades de Samaria.
¶Después de este suceso no se volvió Jeroboam de su mal camino, sino que tornó a hacer de entre la generalidad del pueblo sacerdotes de los altos: a cualquiera que quería, le consagraba para que fuese uno de los sacerdotes de los altos.
Y esto vino a ser el pecado de la casa de Jeroboam; para hacerla desaparecer, y para destruirla de sobre la faz de la tierra.
EN aquel tiempo cayó enfermo Abías, hijo de Jeroboam.
Y dijo Jeroboam a su mujer: Levántate, te ruego, y disfrázate, para que no se sepa que eres mujer de Jeroboam, y vé a Silo; he aquí que allí está Ahías profeta, el mismo que dijo de mí que yo había de reinar sobre este pueblo.
Toma pues en tu mano diez panes, y algunas tortas, y una botella de miel, y vé a él; que él te dirá lo que ha de ser del niño.
Y lo hizo así la mujer de Jeroboam; pues se levantó, y fue a Silo, y llegó a casa de Ahías. Y Ahías no podía ya ver, porque se le habían fijado los ojos a causa de su vejez.
Mas Jehová había dicho a Ahías: He aquí que la mujer de Jeroboam viene para inquirir cierta cosa de ti en cuanto a su hijo; porque está enfermo: así y así le hablarás; porque será que cuando venga, fingirá que es otra persona.
Aconteció pues que como oyese Ahías el sonido de sus pies cuando ella llegaba a la puerta, dijo: ¡Entra, mujer de Jeroboam! ¿para qué finges ser otra? pues yo te soy enviado con un recado duro.
Anda, di a Jeroboam: Así dice Jehová, el Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te puse por príncipe sobre mi pueblo Israel,
rasgando el reino, y quitándolo de la casa de David; y con todo tú no has sido como mi siervo David, que guardó mis mandamientos, y me siguió con todo su corazón, haciendo solamente lo que era recto a mis ojos;
sino que has hecho peor que todos los que han sido antes de ti, y has ido y has hecho para ti otros dioses, e imágenes de fundición, para provocarme a ira, y a mí me has echado tras de tus espaldas;
por tanto, he aquí que voy a traer el mal sobre la casa de Jeroboam; y destruiré de la casa de Jeroboam hasta los perros, tanto lo precioso como lo vil en Israel; y barreré la posteridad de la casa de Jeroboam, como se barre el estiércol, hasta no dejar nada.
Al que de Jeroboam muriere en la ciudad, le comerán los perros, y al que muriere en el campo, le comerán las aves del cielo; porque Jehová lo ha dicho así.
Tú pues, levántate, véte a tu casa; y al entrar tus pies en la ciudad, morirá el niño.
Y le lamentará todo Israel, y le darán sepultura porque éste solo de los de Jeroboam tendrá sepultura; por cuanto en él ha sido hallada alguna cosa buena para con Jehová, el Dios de Israel, en la casa de Jeroboam.
Y Jehová hará levantar para sí un rey sobre Israel que destruirá la casa de Jeroboam en aquel día: ¡y qué si ahora mismo suceda!
Más aún, Jehová batirá a Israel, como se bate una caña en el agua; y desarraigará a Israel de esta buena tierra que dió a sus padres; y los esparcirá más allá del río Eufrates; por cuanto hicieron sus Asheras, provocando así a Jehová.
Y abandonará a Israel a causa de los pecados de Jeroboam, quien mismo pecó, e hizo pecar a Israel.
¶En efecto, se levantó la mujer de Jeroboam, y se fué y entró en Tirsa; y al entrar ella por el umbral de la casa, el niño murió.
Y le dieron sepultura, y lamentóle todo Israel; conforme al dicho que habló Jehová por conducto de su siervo Ahías profeta.
Y las demás cosas de Jeroboam, qué guerras hizo, y cómo reinó, he aquí que están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.
Y el tiempo que reinó Jeroboam fue veinte y dos años. Y yació con sus padres, y reinó Nadab su hijo en su lugar.
¶Roboam pues, hijo de Salomón, reinó en Judá. De cuarenta y un años era Roboam cuando comenzó a reinar, y diez y siete años reinó en Jerusalem, la ciudad que había escogido Jehová de entre todas las tribus de Israel, para poner allí su Nombre; y el nombre de su madre fué Naama, ammonita.
E hizo Judá lo que era malo a los ojos de Jehová, y le provocaron a celos sobre todo lo que habían hecho sus padres, con los pecados que cometieron.
Porque edificaron para sí, ellos también, casas de los altos, y columnas y Asheras, encima de todo collado elevado, y debajo de todo árbol frondoso.
Y asimismo hubo sodomitas en el país: hicieron según todas las abominaciones de las naciones que desposeyó Jehová delante de los hijos de Israel.
Y aconteció en el año quinto del rey Roboam, que Sisac rey de Egipto subió contra Jerusalem;
y tomó los tesoros de la Casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey, en fin, lo tomó todo: tomó también todos los escudos de oro que había hecho Salomón.
E hizo el rey Roboam en lugar de ellos escudos de bronce, y los depositó en manos de los capitanes de la guardia real, que guardaban la puerta de la casa del rey.
Y fué así que cuando iba el rey a la Casa de Jehová, los de la guardia los llevaban; y los volvían a traer a la cámara de la guardia.
Y las demás cosas de Roboam, con todo lo que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
Y hubo guerra continua entre Roboam y Jeroboam.
Y yació Roboam con sus padres, y fué enterrado con sus padres en la ciudad de David; y el nombre de su madre fue Naama ammonita; y reinó Abiam su hijo en su lugar.
EN el año diez y ocho, pues, del rey Jeroboam hijo de Nabat, comenzó a reinar Abiam sobre Judá.
Tres años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Maaca, hija de Abisalom.
Y anduvo en todos los pecados de su padre, que éste había cometido antes de él; y no fué perfecto su corazón para con Jehová su Dios, como el corazón de David su padre.
Sin embargo, por amor de David le dió Jehová su Dios una lámpara en Jerusalem, haciendo elevar a su hijo después de él, y dejando aún en pie a Jerusalem:
por cuanto había hecho David lo que era recto a los ojos de Jehová, sin apartarse en nada de lo que le había mandado, todos sus días, salvo en lo tocante a Urías heteo.
Y hubo guerra entre la casa de Roboam y Jeroboam todos los días de su vida.
Y las demás cosas de Abiam, con todo lo que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Hubo guerra, pues, entre Abiam y Jeroboam:
Y yació Abiam con sus padres, y le enterraron en la ciudad de David, y reinó Asa su hijo en su lugar.
¶En el año veinte, pues, de Jeroboam, rey de Israel, comenzó a reinar Asa sobre Judá,
y cuarenta y un años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Maaca, hija de Abisalom.
E hizo Asa lo que era recto a los ojos de Jehová, como David su padre;
porque extirpó a los sodomitas del país, y quitó todos los ídolos que habían hecho sus padres:
y aun a Maaca, madre suya, la depuso de la dignidad de reina madre, por cuanto ella había hecho para la Ashera un ídolo horroroso. Pero Asa cortó en pedazos el ídolo horroroso, y lo quemó en el valle del Cedrón.
Sin embargo, los altos no fueron quitados; empero el corazón de Asa fué perfecto para con Jehová todos sus días.
E hizo traer a la Casa de Jehová las cosas consagradas por su padre, y las cosas consagradas por él mismo, plata, y oro, y vasos.
¶Y hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel todos sus días.
Y subió Baasa rey de Israel contra Judá, y fortificó a Ramá de Benjamín, para no permitir que nadie saliese ni entrase a Asa rey de Judá.
Entonces Asa tomó toda la plata y el oro que quedaban en los tesoros de la Casa de Jehová, y en los tesoros de la casa del rey, y los entregó en manos de sus siervos, y los envió el rey Asa a Ben-hadad hijo de Tabrimón, hijo de Hezión, rey de Siria, que residía en Damasco, diciendo:
Haya pacto entre mí y ti, como hubo entre mi padre y tu padre. He aquí, te he enviado un regalo de plata y oro; anda pues, rompe tu pacto con Baasa rey de Israel, para que él se retire de mí.
Y condescendió Ben-hadad con Asa, y envió los capitanes de las fuerzas que tenía contra las ciudades de Israel, e hirió a Ijón, y a Dan, y a Abel-bet-maaca, y a toda la región de Cineret, además de todo el país de Neftalí.
Y sucedió que como lo oyese Baasa, cesó de edificar a Ramá, y se estuvo en Tirsa.
Entonces el rey Asa hizo convocar por bando a toda Judá, ninguno quedó exento; y se llevaron de Ramá las piedras y las maderas con que edificaba Baasa; y con ellas fortificó el rey Asa a Geba de Benjamín y a Mizpa.
Y todas las demás cosas de Asa, con todo su poder, y todo lo que hizo, y las ciudades que edificó, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Empero en el tiempo de su vejez se enfermó de los pies.
Y yació Asa con sus padres, y fué enterrado con sus padres en la ciudad de David su padre, y reinó Josafat su hijo en su lugar.
¶Y Nadab hijo de Jeroboam comenzó a reinar sobre Israel en el año segundo de Asa rey de Judá, y reinó sobre Israel dos años.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, andando en el camino de su padre y en su pecado con que hizo pecar a Israel.
Y conspiró contra él Baasa hijo de Ahías, de la casa de Isacar; y le hirió Baasa en Gibetón que era de los Filisteos, mientras Nadab y todo Israel estaban sitiando a Gibetón;
y le mató Baasa en el año tercero de Asa rey de Judá, y reinó en su lugar.
Y sucedió que cuando llegó a reinar, hirió a todos los de la casa de Jeroboam; no dejó a Jeroboam ninguno que respirase, hasta destruirle, conforme a la palabra que habló Jehová por conducto de su siervo Ahías silonita:
con motivo de los pecados que cometió, y con que hizo pecar a Israel, y por su provocación con que provocó a Jehová el Dios de Israel.
Y las demás cosas de Nadab, con todo lo que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Y hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel todos sus días.
¶En el año tercero de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Baasa hijo de Ahías sobre todo Israel en Tirsa; y reinó veinte y cuatro años.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, andando en el camino de Jeroboam, y en su pecado con que hizo pecar a Israel.
Y JEHÚ hijo de Hanani tuvo revelación de Jehová contra Baasa, que decía así:
Por cuanto yo te elevé desde el polvo, y te puse por príncipe sobre mi pueblo Israel, y tú has andado en el camino de Jeroboam, y has hecho pecar a mi pueblo Israel, para provocarme a ira con sus pecados;
he aquí que voy a consumir la posteridad de Baasa, y la posteridad de su casa; y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat.
Al que de Baasa muriere en la ciudad, le comerán los perros, y a aquel de los suyos que muriere en el campo, le comerán las aves del cielo.
Y las demás cosas de Baasa, con lo que hizo, y su poder, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Y yació Baasa con sus padres, y fué sepultado en Tirsa; y reinó Ela su hijo en su lugar.
Y también por medio del profeta Jehú hijo de Hanani fué hecha revelación de Jehová contra Baasa y contra su casa; tanto por toda la maldad que había hecho a los ojos de Jehová, para provocarle a ira con la obra de sus manos, haciéndose semejante a la casa de Jeroboam, como también porque le había muerto.
En el año veinte y seis de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Ela hijo de Baasa sobre Israel en Tirsa, y reinó dos años.
Y conspiró contra él su siervo Zimri, capitán de la mitad de sus carros: pues estando él en Tirsa, bebiendo y emborrachándose en casa de Arsa, que era mayordomo de palacio en Tirsa,
vino Zimri, y le hirió y le dió muerte, en el año veinte y siete de Asa rey de Judá, y reinó en su lugar.
Y aconteció al reinar él, que luego que se sentó sobre el trono, hirió a toda la casa de Baasa; no le dejó ni siquiera un muchachito, ni tampoco parientes cercanos, ni amigos.
De esta suerte destruyó Zimri a toda la casa de Baasa, según la palabra que Jehová había hablado contra Baasa por conducto de Jehú profeta;
a causa de todos los pecados de Baasa, y de los pecados de Ela su hijo, que ellos habían cometido, y que hicieron cometer a Israel, provocando a ira a Jehová el Dios de Israel con sus vanidades.
Y las demás cosas de Ela, con todo lo que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
¶En el año veinte y siete de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Zimri, y reinó siete días en Tirsa. La gente de guerra empero estaba sitiando a Gibetón, que pertenecía a los Filisteos.
Mas cuando la gente sitiadora oyó decir: Zimri ha hecho conspiración, y también ha muerto al rey, todo Israel en aquel mismo día hizo rey sobre Israel a Omri, jefe del ejército, en medio del campamento.
Luego subió Omri, y todo Israel con él, desde Gibetón, y cercaron a Tirsa.
Y aconteció que como viese Zimri que había sido tomada la ciudad, entró en el palacio de la casa del rey, e incendió sobre sí la casa del rey, y así murió;
a causa de los pecados que había cometido, haciendo lo que fué malo a los ojos de Jehová, y andando en el camino de Jeroboam, y en el pecado que cometió, haciendo pecar a Israel.
Y las demás cosas de Zimri, y la conspiración que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
¶Entonces fué dividido el pueblo de Israel en dos facciones; la una mitad del pueblo siguió a Tibni hijo de Ginat, para hacerle rey a él; y la otra mitad siguió a Omri.
Pero pudo más la gente que siguió a Omri; que la gente que siguió a Tibni hijo de Ginat; de manera que murió Tibni, y Omri reinó.
En el año treinta y uno de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Omri sobre Israel, y reinó doce años: en Tirsa reinó seis años.
Compró entonces el monte de Samaria a Semer, por dos talentos de plata, y edificó en el monte; y llamó el nombre de la ciudad que edificó, según el nombre de Semer, dueño del monte, Samaria.
E hizo Omri lo que era malo a los ojos de Jehová, y sobrepujó en maldad a todos los que habían sido antes de él.
Porque anduvo en todos los caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en su pecado con que hizo pecar a Israel, para provocar a ira a Jehová el Dios de Israel con sus vanidades.
Y las demás cosas que hizo Omri, y las proezas que ejecutó, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Y yació Omri con sus padres, y fué enterrado en Samaria, y reinó Acab su hijo en su lugar.
Acab pues, hijo de Omri, comenzó a reinar sobre Israel en el año treinta y ocho de Asa rey de Judá; y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veinte y dos años.
Y Acab hijo de Omri hizo lo que era malo a los ojos de Jehová más que todos los que habían sido antes de él.
Porque aconteció, como si fuese cosa liviana andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal, rey de los Sidonios, y fué y sirvió a Baal, y le adoró.
Y edificó un altar a Baal en la casa de Baal que él había edificado en Samaria.
Acab hizo también la Ashera en Samaria; Acab hizo más para provocar a ira a Jehová el Dios de Israel, que todos los reyes de Israel que habían sido antes de él.
¶En sus días Hiel bet-elita reedificó a Jericó: en Abiram su primogénito echó los cimientos de ella, y en Segub su hijo menor, hizo levantar las puertas; conforme a la palabra que habló Jehová por conducto de Josué hijo de Nun.
ENTONCES Elías tesbita, que era de los habitantes de Galaad, dijo a Acab: ¡Vive Jehová, el Dios de Israel, delante de quien yo estoy en pie, cual siervo suyo, que no habrá en estos años ni rocío ni lluvia, sino conforme a mi palabra!
Y tuvo revelación de Jehová, que decía:
Véte de aquí, y vuelve hacia el oriente, y escóndete junto al arroyo de Carit, que está enfrente del Jordán.
Y será que del arroyo beberás; mas he mandado a los cuervos que te provean allí de sustento.
Él pues partió, e hizo conforme a la orden del Señor; porque se fué y habitó junto al arroyo de Carit, que estaba enfrente del Jordán:
y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y del arroyo bebía.
Aconteció empero que andando el tiempo, secóse el arroyo; por no haber habido lluvia en el país.
¶Tuvo entonces revelación de Jehová, que decía:
Levántate, véte a Sarepta, que pertenece a Sidón, y habita allí: he aquí que yo he mandado a una mujer viuda de por allí que te sustente.
Levantóse pues y se fué a Sarepta; y al llegar a la entrada de la ciudad, he aquí que allí estaba una mujer viuda que iba recogiendo palitos; y él la llamó, diciendo: Ruégote me traigas un poco de agua en una vasija, para que beba.
Y yendo ella a traérsela, él volvió a llamarla, diciendo: Ruégote me traigas un bocado de pan en tu mano.
A lo que ella respondió: ¡Vive Jehová tu Dios! que no tengo ni siquiera una torta, sino tan sólo un puñado de harina en la orza, y un poco de aceite en la alcuza; y he aquí que estoy recogiendo dos palitos para ir y aderezarlo para mí y mi hijo, para que comamos, y después muramos.
Entonces le dijo Elías: No temas; véte y haz como has dicho; pero haz de ello para mí primero una torta pequeña, y tráemela acá fuera; y para ti y para tu hijo harás después.
Porque así dice Jehová, el Dios de Israel: La orza de harina no vendrá a menos, ni menguará la alcuza de aceite, hasta el día que Jehová diere lluvia sobre la tierra.
Y ella fué, e hizo conforme a la palabra de Elías; y comieron ella y él y el hijo, muchos días.
Pues que la orza de harina no vino a menos, ni menguó la alcuza de aceite, conforme a la palabra que habló Jehová por conducto de Elías.
¶Mas aconteció después de estas cosas, que enfermó el hijo de aquella mujer, dueña de la casa; y fué su enfermedad tan grave, que no quedó en él resuello.
Entonces ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo que ver contigo, oh varón de Dios? ¿has venido a mí para renovar la memoria de mi pecado, y para hacer morir a mi hijo?
Y él le dijo: Dame tu hijo; y tomándole del regazo de ella, le subió a la cámara alta donde él habitaba, y le acostó sobre su propia cama;
y clamó a Jehová, diciendo: ¡Oh Jehová, Dios mío! ¿has hecho mal también a la viuda con quien estoy hospedado, haciendo morir a su hijo?
Y se midió sobre el niño tres veces; y clamó a Jehová, diciendo: ¡Oh Jehová, ruégote hagas volver a entrar en él el alma de este niño!
Y oyó Jehová la voz de Elías, y volvió el alma del niño a entrar en él; y él resucitó.
Entonces Elías tomó al niño, y bajóle desde la cámara alta a dentro de la casa, y le entregó a su madre; y le dijo Elías: ¡He aquí que tu hijo vive!
Y la mujer respondió a Elías: ¡Ahora con esto acabo de conocer que tú eres varón de Dios, y que en tu boca la palabra de Jehová es la verdad!
Y SUCEDIÓ que pasados ya muchos días, en el año tercero tuvo Elías revelación de Jehová, que decía: Anda, muéstrate a Acab, porque voy a dar lluvia sobre la tierra.
Partió pues Elías para mostrarse a Acab. Y el hambre era grave en Samaria.
Llamó entonces Acab a Abdías, que era mayordomo de palacio; (el cual Abdías era en gran manera temeroso de Jehová;
pues había acontecido, cuando Jezabel iba extirpando a los profetas de Jehová, que Abdías tomó a cien profetas, y los escondió, cincuenta en una cueva, y cincuenta en otra; y los sustentó con pan y agua);
y dijo Acab a Abdías: Anda por la tierra a todas las fuentes de aguas, y a todos los arroyos; quizás hallaremos pastos con que guardemos la vida a los caballos y los mulos, para que no nos quedemos privados de bestias.
Repartieron pues entre sí la tierra para recorrerla: Acab fué solo por un camino, y Abdías fué solo por otro camino.
Estando pues Abdías en el camino, he aquí a Elías que venía a su encuentro. Y él le conoció, y cayó sobre su rostro y le dijo: ¿Eres tú mi señor Elías?
Y él le respondió: Sí, soy. Anda, di a tu señor: Aquí está Elías.
A lo que el otro respondió: ¿En qué he pecado, para que tú quieras entregar a tu siervo en mano de Acab, para que me mate?
¡Vive Jehová tu Dios! que no hay nación o reino adonde no haya enviado mi señor a buscarte; y cuando decían: No está; exigía juramento a aquel reino, o a aquella nación, de que no te podían hallar.
¡Y ahora tú dices: Anda, di a tu señor: Aquí está Elías!
Va pues a suceder que cuando yo te haya dejado, el Espíritu de Jehová te llevará a donde yo no sepa; de manera que yendo yo a decírselo a Acab, y no pudiéndote él hallar, me matará: bien que yo tu siervo temo a Jehová desde mi mocedad.
¿Acaso nunca le fué contado a mi señor lo que hizo tu siervo cuando Jezabel mataba a los profetas de Jehová; cómo escondí de los profetas de Jehová cien hombres, cincuenta en una cueva, y cincuenta en otra, y los sustenté con pan y agua?
Y ahora tú me dices: Anda, di a tu señor: Aquí está Elías: y él me matará.
Pero respondió Elías: ¡Vive Jehová de los Ejércitos, delante de quien yo estoy en pie, cual siervo suyo, que hoy mismo tengo de mostrármele!
¶Partió pues Abdías para encontrar a Acab, y se lo dijo; con lo cual fué Acab a encontrarse con Elías.
Y sucedió, luego que Acab vió a Elías, que le dijo Acab: ¿Estás tú aquí, perturbador de Israel?
A lo que respondió: No he perturbado yo a Israel, sino tú y la casa de tu padre, por haber dejado los mandamientos de Jehová, y haber seguido a los Baales.
Ahora bien, envía y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo; también a los profetas de Baal, cuatrocientos cincuenta, y a los profetas de la Ashera, cuatrocientos; los cuales comen a la mesa de Jezabel.
Por lo cual envió Acab a todos los hijos de Israel, y congregó a los profetas en el monte Carmelo.
¶Entonces acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo vacilaréis entre dos opiniones? si Jehová es Dios, seguidle; mas si lo es Baal, entonces seguidle a él. Mas el pueblo no le respondió palabra.
Entonces dijo Elías al pueblo: Yo, yo solo quedo como profeta de Jehová; mas los profetas de Baal son cuatrocientos y cincuenta hombres.
Dénsenos pues dos novillos; y escojan ellos para sí un novillo, y cortándole en trozos, pónganle sobre la leña; mas no le pongan fuego: y yo aderezaré el otro novillo, y le colocaré sobre la leña, mas no le pondré fuego.
Invocad luego el nombre de vuestro dios, y yo invocaré el nombre de Jehová; y sea que el dios que responda por medio de fuego, él sea tenido por Dios. A lo cual respondió todo el pueblo: ¡Bien dicho!
En seguida dijo Elías a los profetas de Baal: Escoged para vosotros un novillo, y aderezadle primero; porque vosotros sois los mas; e invocad el nombre de vuestro dios; mas no le pongáis fuego al sacrificio.
Ellos pues tomaron el novillo que se les había dado, y le aderezaron; e invocaron el nombre de Baal desde por la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Oh Baal, óyenos! pero no hubo voz, ni quien respondiese: y ellos saltaban junto al altar que habían hecho.
Y aconteció que al medio día se burlaba de ellos Elías, diciendo: ¡Gritad más recio! ya que es dios; porque estará meditando, o quizás se habrá retirado, o bien estará de viaje; ¡o tal vez duerme, y habrá que despertarle!
En efecto, ellos gritaban a grandes voces, y sajábanse, según su costumbre, con cuchillos y lancetas, hasta chorrear la sangre sobre ellos.
Y aconteció, pasado ya el mediodía, que ellos siguieron profetizando hasta la hora de ofrecerse la oblación de la tarde: mas no hubo voz, ni quien respondiese, ni quien les prestase atención.
¶Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí: y se le acercó todo el pueblo. En seguida compuso el altar de Jehová que estaba derribado.
Pues que tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, el cual tuvo revelación de Jehová, que decía: Israel será tu nombre;
con aquellas piedras edificó altar en el nombre de Jehová, e hizo al rededor del altar una zanja, donde pudiesen caber como dos seahs de semilla.
Luego puso en orden la leña, y cortando en trozos el novillo, le puso encima de la leña. Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña.
Y dijo: Hacedlo por segunda vez; y lo hicieron por segunda vez. Y dijo: Hacedlo por tercera vez; y lo hicieron por tercera vez;
de suerte que corría el agua al rededor del altar; y también la zanja quedó llena de agua.
¶Y aconteció que al tiempo de ofrecerse la oblación de la tarde, el profeta Elías se llegó al altar, y dijo: ¡Oh Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, hoy mismo sea conocido que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo; y que por orden tuya he hecho todas estas cosas!
¡Respóndeme, oh Jehová, respóndeme: para que conozca este pueblo que tú, Jehová, eres el Dios verdadero; y sea conocido que has hecho volver el corazón de ellos!
Entonces cayó el fuego de Jehová, y consumió el holocausto, y la leña, y las piedras, y el polvo; y lamió el agua que había en la zanja.
Y lo vió todo el pueblo: por lo cual cayeron sobre sus rostros, diciendo: ¡Jehová, solo Dios! ¡Jehová, solo Dios!
Y díjoles Elías: Prended a los profetas de Baal; no se escape ni uno de ellos. Y ellos los prendieron: y bajándolos Elías al torrente de Cisón, los degolló allí.
¶Entonces dijo Elías a Acab: ¡Sube, come y bebe; porque hay sonido de abundancia de lluvia!
Subió pues Acab para comer y beber. Entretanto Elías había subido a la cumbre del Carmelo; y postrándose en tierra, puso su rostro entre sus rodillas.
Y dijo a su criado: Ruégote que subas y mires hacia el mar. En efecto, él subió, y miró; y dijo: No hay nada. Y le dijo: Vuelve hasta siete veces.
Y aconteció que a la séptima vez, dijo: He aquí una nubecilla pequeña, como la palma de la mano de un hombre, que va subiendo de la mar. Entonces él le dijo: Sube presto, di a Acab: Unce tu carro, y desciende; para que no te ataje la lluvia.
Y sucedió que en el entretanto los cielos se obscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y montando Acab en su carro, fué a Jezreel.
Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, de modo que ciñéndose los lomos, corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.
Y ACAB refirió a Jezabel todo cuanto había hecho Elías, y todos los pormenores de cómo había pasado a cuchillo a todos los profetas de Baal.
Por lo cual envió Jezabel un mensajero a Elías, diciendo: ¡Así hagan conmigo los dioses, y más aún, si mañana, como a estas horas, no pongo yo tu vida como la vida de cualquiera de ellos!
Y él, cuando vió esto, se levantó y fuése, huyendo por su vida; y llegado que hubo a Beerseba, que pertenece a Judá, dejó allí a su criado;
mas él mismo caminó, desierto adentro, la jornada de un día: y llegado, sentóse debajo de un arbusto, y pidió para sí la muerte, diciendo: ¡Ya basta, oh Jehová, quítame la vida; porque no soy yo mejor que mis padres!
Y acostóse, y se quedó dormido debajo de un arbusto. Y he aquí que un ángel le tocó, y le dijo: ¡Levántate, come!
Y él mirando, vió a su cabecera una torta cocida al rescoldo, y un jarro de agua; y comió, y bebió, y volvió a acostarse.
Y volvió el ángel de Jehová segunda vez, y le tocó, diciendo: ¡Levántate, come! porque el viaje es demasiado largo para ti.
Levantóse pues, y comió, y bebió; y caminó en la virtud de aquella comida cuarenta días y cuarenta noches, hasta Horeb, el Monte de Dios.
¶Y llegado que hubo allá, entró en una cueva, en donde pasó la noche. Y he aquí que tuvo revelación de Jehová, que le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?
Y él respondió: Muy celoso he sido por causa de Jehová, el Dios de los Ejércitos; porque los hijos de Israel han desechado tu pacto, y han derribado tus altares, y han muerto a cuchillo a tus profetas; ¡y he quedado yo, yo solo; y buscan mi vida para quitármela!
Entonces él le dijo: Sal fuera, y ponte de pie en el monte delante de Jehová. Y he aquí que Jehová iba pasando; pues un viento grande e impetuoso rompía los montes, y hacía pedazos las peñas delante de Jehová; mas Jehová no estaba en el viento: y después del viento hubo un terremoto; más Jehová no estaba en el terremoto:
y después del terremoto, un fuego; mas Jehová no estaba en el fuego: y después del fuego, una voz callada y suave.
Y aconteció que luego que la oyó Elías, tapóse el rostro con su manto, y salió, y se puso de pie a la entrada de la cueva. Y, he aquí que le vino una voz que dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?
A lo que dijo él: Muy celoso he sido por causa de Jehová, el Dios de los Ejércitos; porque los hijos de Israel han desechado tu pacto, han derribado tus altares, y han muerto a cuchillo a tus profetas; ¡y he quedado yo, yo solo; y buscan mi vida para quitármela!
¶Entonces le dijo Jehová: Anda por tu camino al desierto de Damasco; y cuando llegues allá, unge a Hazael por rey de la Siria;
también a Jehú hijo de Namsi le ungirás por rey de Israel; y ungirás a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, por profeta en tu lugar.
Y sucederá que al que escapare de la espada de Hazael, le matará Jehú; y al que escapare de la espada de Jehú, Eliseo le matará.
Mas yo me reservaré en Israel siete mil; el total de rodillas que no se han doblado ante Baal, y todas las bocas que no le han besado.
¶Él pues se fué de allí, y halló a Eliseo, el cual estaba arando; doce yuntas de bueyes iban delante de él, y él seguía con la duodécima. Y pasando Elías junto a él, le echó su manto encima.
Con lo cual, dejando él los bueyes, corrió tras de Elías, y le dijo: ¡Permite que yo bese a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré! Mas él le respondió: Anda, vuelve; ¿qué te he hecho yo?
Volvió pues de en pos de él, y tomando una yunta de bueyes, los degolló, y con los instrumentos de los bueyes coció la carne de ellos, y la dió a la gente, y ellos comieron; luego se levantó, y fué tras de Elías y le asistía.
Y BEN-HADAD, rey de Siria, juntó todas sus fuerzas, teniendo consigo treinta y dos reyes, y caballería y carros de guerra, y subió y puso sitio a Samaria, y peleó contra ella.
Y envió mensajeros a Acab, rey de Israel, dentro de la ciudad, y le dijo: Así dice Ben-hadad:
Tu plata y tu oro es mío; también tus mujeres y tus hijos, los más hermosos de ellos, míos son.
A lo que respondió el rey de Israel y dijo: Conforme a tu dicho, señor mío, oh rey, tuyo soy yo y cuanto tengo.
Y volviendo otra vez los mensajeros, dijeron: Ben-hadad manda decirte: Es cierto que envié a ti, diciendo: Tu plata y tu oro, también tus mujeres y tus hijos me los has de dar:
mañana empero, como a estas horas, enviaré mis siervos a ti, y ellos registrarán tu casa y la casa de tus siervos; y sucederá que todo lo que sea más grato a tu vista lo tomarán con su mano, y se lo llevarán.
Entonces llamó el rey a todos los ancianos del país, y les dijo: Ruégoos consideréis y veáis como éste anda buscando agravios; porque envió a mí por mis mujeres, y por mis hijos, y por mi plata y por mi oro, y yo nada le he negado.
Y le dijeron todos los ancianos y todo el pueblo: No le escuches, ni lo consientas.
Él pues contestó a los mensajeros de Ben-hadad: Decid a mi señor el rey: Todo lo que enviaste a decir a tu siervo la vez primera, yo lo haré; pero esto no lo puedo hacer. Se fueron entonces los mensajeros y le trajeron esta respuesta.
Con lo cual Ben-hadad le envió a decir: ¡Así hagan conmigo los dioses, y más aún, si el polvo de Samaria ha de bastar para llenar los puños de toda la gente que me sigue!
A lo que respondió el rey de Israel, diciendo: Decidle: No se alabe el que se ciñe las armas, como el que se las desciñe.
Y luego que oyó Ben-hadad esta respuesta, estando bebiendo, él y los reyes, en los pabellones, dijo a sus siervos: ¡Poneos en orden! y se pusieron en orden contra la ciudad.
En esto, he aquí un profeta que se llegó a Acab, rey de Israel, y le dijo: Así dice Jehová: ¿Has visto tú aquella inmensa multitud? Pues he aquí que yo voy a darla en tu mano, hoy mismo; y sabrás que yo soy Jehová.
Y dijo Acab: ¿Por medio de quién? Y él respondió: Así dice Jehová: Por medio de los mancebos de los príncipes de las provincias. Entonces preguntó Acab: ¿Quién comenzará la batalla? Y respondió: Tú.
¶Pasó revista entonces a los mancebos de los príncipes de las provincias, y fueron doscientos treinta y dos; y tras de ellos pasó revista a toda la gente, es decir, a todos los hijos de Israel, siete mil.
E hicieron una salida al mediodía; y Ben-hadad estaba bebiendo y embriagándose en los pabellones, él y los reyes, los treinta y dos reyes que le ayudaban.
Y los mancebos de los príncipes de las provincias salieron los primeros. Envió entonces Ben-hadad a saber; y le avisaron, diciendo: Unos hombres acaban de salir de Samaria.
Y él dijo: Si en paz han salido, cogedlos vivos; o si en guerra han salido, vivos los habéis de coger.
Salieron de la ciudad pues, los mancebos de los príncipes de las provincias, y el ejército que los seguía;
e hirieron cada uno su hombre; y huyeron los Siros, y persiguiólos Israel; y escapóse Ben-hadad rey de Siria en un caballo, con alguna caballería.
Y salió el rey de Israel, e hirió a los caballos y los carros, haciendo en los Siros grande estrago.
¶De nuevo se llegó el profeta al rey de Israel, y le dijo: Anda, fortalécete; y considera y ve lo que has de hacer; porque a la vuelta del año el rey de Siria va a subir contra ti.
¶En efecto, los siervos del rey de la Siria le dijeron: Dioses de la serranía son los dioses de ellos; por eso han podido más que nosotros: mas peleemos contra ellos en tierra llana, y de seguro que podremos más que ellos.
Y esto es lo que has de hacer: Quita a los reyes cada uno de su puesto, y pon prefectos en lugar de ellos;
y numera para ti otro ejército como el ejército que acabas de perder, caballo por caballo, y carro por carro: y pelearemos contra ellos en tierra llana; y de seguro que podremos más que ellos. Él pues escuchó su voz y lo hizo así.
Y aconteció, a la vuelta del año, que Ben-hadad pasó revista a los Siros, y subió a Afec para pelear contra Israel.
Los hijos de Israel también pasaron revista, y provistos de raciones, marcharon al encuentro de ellos; y acamparon los hijos de Israel al frente de ellos, como dos rebañuelos de cabras; mas los Siros llenaban el país.
Llegándose entonces el varón de Dios, dijo al rey de Israel: Así dice Jehová: Por cuanto dicen los Siros: Dios de la serranía es Jehová, mas no es Dios de los valles, por lo mismo entregaré toda esta inmensa multitud en tu mano; y conoceréis que yo soy Jehová.
¶Y acamparon los unos al frente de los otros por espacio de siete días; y aconteció que al séptimo día se libró la batalla; y los hijos de Israel hirieron de los Siros en un día cien mil hombres de a pie.
Y huyeron los restos a Afec, dentro de la ciudad, donde cayó el muro sobre veinte y siete mil hombres de los que habían quedado: Ben-hadad también huyó, y entrando en la ciudad, se escondió en un aposento que estaba dentro de otro aposento.
Entonces le dijeron sus siervos: He aquí tenemos entendido de los reyes de la casa de Israel, que son reyes benignos. Rogámoste pues que nos pongamos sacos sobre los lomos, y sogas al cuello, y salgamos al rey de Israel; acaso te perdonará la vida.
En efecto, se ciñeron sacos sobre los lomos, y se pusieron sogas al cuello, y presentándose así al rey de Israel, dijeron: Tu siervo Ben-hadad dice: ¡Ruégote me perdones la vida! A lo que respondió: ¿Acaso vive todavía? hermano mío es.
Y los hombres lo tomaron por de buen agüero, y se apresuraron a cerciorarse de si eso fué dicho de propósito. Dijeron pues: ¡Tu hermano Ben-hadad! Y él dijo: Id, traedle. Ben-hadad pues salió a él; y él le hizo subir consigo en el carro.
Entonces Ben-hadad le dijo: Las ciudades que quitó mi padre a tu padre, te las restituiré; y tú harás para ti en Damasco calles de casas derribadas, lo mismo que hizo mi padre en Samaria. Y yo, respondió Acab, con este pacto te enviaré libre. Hizo pues pacto con él, y le dejó ir.
¶Dijo entonces uno de los hijos de los profetas a su compañero: Por mandato de Jehová, yo te ruego que me hieras. Mas se negó aquel hombre a herirle.
Y él le dijo: Por cuanto no obedeciste la voz de Jehová, luego que te apartes de mí te herirá a ti un león. Y apartándose de él, le halló un león y le hirió.
En seguida halló a otro hombre, y le dijo: Ruégote que me hieras: y le hirió el hombre, hiriéndole y estropeándole.
Se fué pues el profeta, y se puso junto al camino, a esperar al rey, disfrazado con una venda sobre los ojos.
Y cuando el rey iba pasando, él dió voces al rey, y le dijo: Tu siervo salió a pelear en medio de la batalla: y he aquí que desviándose un hombre hacia mí, me trajo un prisionero, diciendo: Guarda a este hombre: si de cualquiera manera llegare a escaparse, tu vida responderá por su vida, o pagarás un talento de plata.
Y aconteció que estando tu siervo ocupado en esta y en esotra parte, he aquí que el prisionero no parecía. A lo que le dijo el rey de Israel: Tal es tu sentencia; tú mismo lo has decidido.
Entonces él quitó apresuradamente la venda de sus ojos; y conoció el rey de Israel que era uno de los profetas.
Y éste le dijo: Así dice Jehová: Por cuanto dejaste salir de tu mano al hombre que yo había señalado para total destrucción, responderá tu vida por su vida, y tu pueblo por su pueblo.
Por lo cual se fué el rey de Israel a su casa adusto y enojado; y así entró en Samaria.
Y DESPUÉS de estas cosas aconteció, que, teniendo Nabot jezreelita una viña que estaba en Jezreel, junto al palacio de Acab, rey de Samaria,
Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña, para que la tenga por huerta de hortalizas; porque está muy junto a mi casa; y yo te daré en lugar de ella otra viña mejor que ella; o si prefieres, te daré en dinero el valor de ella.
Nabot empero respondió a Acab: ¡Nunca permita Jehová que yo te dé la herencia de mis padres!
De modo que Acab volvió a su casa adusto y enojado, a causa de la respuesta que le había dado Nabot jezreelita, diciendo: No te daré la herencia de mis padres. Con lo cual se echó sobre su cama, y apartó su rostro, y no comió nada.
Por tanto vino a él Jezabel su mujer, y le dijo: ¿Cómo es esto, que tu espíritu está tan triste, y que no comes nada?
Y él le respondió: Porque hablé con Nabot jezreelita, diciéndole: Dame tu viña por dinero, o si más te gusta, te daré otra viña en lugar de ella: y él contestó: No te daré mi viña.
Entonces le dijo Jezabel su mujer: ¿Acaso tú ahora reinas sobre Israel? ¡Levántate, come pan, y alégrese tu corazón; que yo te daré la viña de Nabot jezreelita!
Ella pues escribió cartas en nombre de Acab, y las selló con su sello, y envió las cartas a los ancianos y a los nobles que había en su ciudad, los cuales habitaban allí juntamente con Nabot.
Y escribió en las cartas, diciendo: Proclamad un ayuno, y poned a Nabot entre los principales del pueblo;
y haced que se sienten dos hombres, hijos de Belial, enfrente de él, y testifiquen ellos contra él, diciendo: ¡Tú has renegado de Dios y del rey! Luego sacadle, y apedreadle, para que muera.
Y los hombres de su ciudad, los ancianos y los nobles que habitaban en su ciudad, hicieron según lo que Jezabel les había enviado a decir, conforme a lo escrito en las cartas que ella les había remitido:
pues proclamaron un ayuno, y pusieron a Nabot entre los principales del pueblo;
luego entraron dos hombres, hijos de Belial, los cuales se sentaron enfrente de él; y testificaron aquellos hombres de Belial contra Nabot, delante del pueblo, diciendo: ¡Nabot ha renegado de Dios y del rey! y sacándole fuera de la ciudad, le apedrearon de modo que murió.
Entonces enviaron a Jezabel, diciendo: Ha sido apedreado Nabot, y es muerto.
Y sucedió que cuando oyó Jezabel que había sido apedreado Nabot y que era muerto, Jezabel dijo a Acab: ¡Levántate, toma posesión de la viña de Nabot jezreelita, el cual se negó a dártela por dinero; que ya no vive Nabot, sino que es muerto!
Y fué así, que como oyese Acab que era muerto Nabot, se levantó Acab, para descender a la viña de Nabot jezreelita, a tomar posesión de ella.
¶Entonces Elías tesbita tuvo revelación de Jehová, que decía:
Levántate, desciende al encuentro de Acab rey de Israel, que está en Samaria; he aquí que está en la viña de Nabot, adonde ha descendido para tomar posesión de ella:
y le hablarás, diciendo: Así dice Jehová: ¿Has matado, y también has tomado posesión? Luego le hablarás, diciendo: Así dice Jehová: ¡En el mismo sitio donde lamieron los perros la sangre de Nabot, perros lamerán tu sangre, la tuya misma!
Y Acab respondió a Elías: ¿Me has hallado, oh enemigo mío? A lo que dijo: Sí, te he hallado; por cuanto te has vendido para hacer maldad delante de Jehová.
He aquí, dice Jehová, que voy a traer sobre ti el mal; y consumiré tu posteridad, y destruiré de Acab hasta los perros, así lo precioso como lo vil en Israel.
Y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías; por la provocación con que me has provocado a ira, y has hecho pecar a Israel.
Asimismo también en cuanto a Jezabel, ha hablado Jehová, diciendo: ¡Los perros comerán a Jezabel junto a la barbacana de Jezreel!
¡Al que de Acab muriere en la ciudad, le comerán los perros, y al suyo que muriere en el campo, le comerán las aves del cielo!
(A la verdad ninguno hubo como Acab, el cual se vendió para hacer maldad delante de Jehová; a quien le incitó Jezabel su mujer.
Pues obró muy abominablemente, siguiendo en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los Amorreos, a quienes Jehová desposeyó delante de los hijos de Israel.)
Y sucedió que cuando oyó Acab estas palabras, rasgó sus vestidos, y puso saco sobre su carne, y ayunó, y se acostó en cilicio, y andaba callado.
Entonces Elías tesbita tuvo revelación de Jehová, diciendo:
¿Has visto cómo se humilla Acab delante de mí? por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré este mal en sus días: en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.
Y PASARON tres años sin guerra entre la Siria e Israel.
Mas aconteció que en el año tercero Josafat rey de Judá descendió a visitar al rey de Israel.
Dijo entonces el rey de Israel a sus siervos: ¿No sabéis que es nuestra Ramot-galaad; y con todo estamos callados, y no la quitamos de mano del rey de la Siria?
Y dijo a Josafat: ¿Quieres ir conmigo a la guerra contra Ramot-galaad? Y respondió Josafat al rey de Israel: Lo mismo soy yo que tú, lo mismo mi pueblo que tu pueblo, lo mismo mis caballos que tus caballos.
Empero dijo Josafat al rey de Israel: Ruégote consultes hoy el oráculo de Jehová.
Juntó pues el rey de Israel a los profetas de Baal, como cuatrocientos hombres, y les dijo: ¿Subiré a la guerra contra Ramot-galaad, o desistiré? A lo que dijeron ellos: Sube; que la entregará el Señor en mano del rey.
Dijo entonces Josafat: ¿No habrá aquí además algún profeta de Jehová, para que consultemos por medio de él?
Y respondió el rey de Israel a Josafat: Todavía hay un hombre por medio de quien pudiéramos consultar a Jehová; pero yo le aborrezco, porque nunca profetiza acerca de mí cosa buena, sino siempre mala; es a saber, Micaya hijo de Imla. A lo cual respondió Josafat: No hable el rey así.
¶Entonces el rey de Israel, llamando a cierto camarero, dijo: Trae presto a Micaya hijo de Imla.
Es de saber que el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada cual sobre su trono, vestidos de sus ropas reales, en una plazuela contigua a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas estaban profetizando delante de ellos.
Y Sedequías hijo de Canaana se había hecho cuernos de hierro, y decía: Así dice Jehová: ¡Con éstos voltearás a los Siros hasta acabar con ellos!
Y todos los profetas estaban profetizando de la misma manera, diciendo: ¡Sube a Ramot-galaad, y tendrás feliz suceso; porque Jehová la entregará en manos del rey!
¶Y el mensajero que había ido a llamar a Micaya, le habló, diciendo: He aquí que los dichos de los profetas con una sola boca anuncian un buen suceso al rey; ruégote pues que sea tu dicho como el dicho de uno de ellos, y que hables lo que es bueno.
Pero respondió Micaya: ¡Vive Jehová, que lo que me dijere Jehová eso mismo tengo de hablar!
Vino pues al rey; y el rey le dijo: Micaya, ¿debemos ir a pelear contra Ramot-galaad, o debemos desistir? Y él le dijo irónicamente: ¡Sube, y tendrás feliz suceso; porque la entregará Jehová en mano del rey!
Entonces le dijo el rey: ¿Hasta cuántas veces tengo de juramentarte que no me digas sino la pura verdad en el nombre de Jehová?
Él entonces contestó: Yo ví a todo Israel disperso por las montañas, como ovejas que no tienen pastor; y dijo Jehová: Éstos no tienen señor; vuelvan ellos cada cual a su casa en paz.
Dijo pues el rey de Israel a Josafat: ¿No te decía yo que éste nunca profetiza acerca de mí cosa buena, sino siempre mala?
Con lo cual dijo Micaya: Por lo mismo, oye tú el oráculo de Jehová: Yo ví a Jehová sentado sobre su trono, y a todos los ejércitos celestiales que estaban al rededor de él, a su diestra y a su siniestra.
Y dijo Jehová: ¿Quién engañará a Acab, para que suba y caiga en Ramot-galaad? Y dijo uno de esta manera, y otro dijo de esotra manera.
Al fin salió un espíritu particular, que presentándose delante de Jehová, dijo: ¡Yo le engañaré! Y le dijo Jehová: ¿De qué modo?
Y respondió: Saldré, y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le engañarás, y también lograrás el intento. Sal, y hazlo así.
Ahora pues, he aquí que Jehová ha puesto un espíritu de mentira en boca de todos estos tus profetas; porque Jehová mismo ha hablado el mal acerca de ti.
Acercóse entonces Sedequías hijo de Canaana, y dándole a Micaya un bofetón, le dijo: ¿Por dónde pasó el Espíritu de Jehová de mí, para hablar contigo?
Y respondió Micaya: He aquí tú lo verás en aquel día en que vayas de aposento en aposento, escondiéndote.
Dijo entonces el rey de Israel al camarero: Toma a Micaya, y vuelve a llevarle a Amón comandante de la ciudad, y a Joás hijo del rey, y diles:
Así dice el rey: Poned a éste en la cárcel, y dadle de comer pan de aflicción, y agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz.
A lo que dijo Micaya: ¡Si de manera alguna tú volvieres en paz, no ha hablado Jehová por mí! Dijo además: ¡Oídlo todos los pueblos!
¶En seguida el rey de Israel y Josafat rey de Judá subieron a Ramot-galaad.
Y dijo el rey de Israel a Josafat: Me conviene a mí disfrazarme y entrar así en la batalla; mas tú, ponte tus ropas reales. En efecto, se disfrazó el rey de Israel, y así entró en la batalla.
Y había mandado el rey de Siria a los treinta y dos capitanes de los carros que tenía, diciendo: No peleéis contra ninguno, chico ni grande, sino tan sólo contra el rey de Israel.
Sucedió pues que cuando vieron los capitanes de los carros a Josafat, dijeron: Seguramente éste es el rey de Israel; y se volvieron para pelear contra él; por lo cual Josafat clamó a gritos.
Y sucedió que al ver los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, se tornaron de en pos de él.
Pero cierto hombre tiró con el arco al acaso, e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura; por lo cual dijo al carretero: ¡Vuelve las riendas y sácame del ejercito; porque estoy gravemente herido!
Y arreció el combate en aquel día; por lo cual el rey fué sostenido en su carro, enfrente de los Siros; y murió por la tarde; y corrió la sangre de su herida por el fondo del carro.
Y al ponerse el sol, pasó pregón por entre el ejército, diciendo: ¡Cada cual a su ciudad, y cada cual a su tierra!
Así pues murió el rey, y fué llevado a Samaria; y sepultaron al rey en Samaria.
Y lavaron el carro junto al estanque de Samaria; y lamieron los perros su sangre, (también las rameras se bañaban allí); conforme a la palabra que Jehová había hablado.
Y las demás cosas de Acab, y todo lo que hizo, y la casa de marfil que edificó, y todas las ciudades que reedificó; ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Yació pues Acab con sus padres; y reinó Ocozías su hijo en su lugar.
¶Y Josafat hijo de Asa comenzó a reinar sobre Judá en el año cuarto de Acab rey de Israel.
Era Josafat de edad de treinta y cinco años cuando entró a reinar, y veinte y cinco años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Azuba, hija de Silhi.
Y anduvo en todo el camino de Asa su padre, nunca se apartó de él, haciendo lo que era recto a los ojos de Jehová. Esto no obstante, los altos no fueron quitados; aún seguía el pueblo sacrificando y quemando incienso en los altos.
Y Josafat hizo la paz con el rey de Israel.
Y las demás cosas de Josafat, y las proezas que hizo, y cómo guerreó, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
Y exterminó del país el resto de los sodomitas que habían quedado en los días de Asa su padre.
No había rey en Edom; un designado hacía las veces de rey.
Josafat hizo naves de Tarsis, para que fuesen a Ofir por oro; mas no fueron, porque las naves naufragaron en Ezión-geber.
Entonces dijo Ocozías hijo de Acab a Josafat: Vayan mis siervos con tus siervos en las naves; mas no quiso Josafat.
Y yació Josafat con sus padres, y fué enterrado con sus padres en la ciudad de David su padre; y Joram su hijo reinó en su lugar.
¶Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, en el año diez y siete de Josafat rey de Judá y reinó sobre Israel dos años.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, andando en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, el cual hizo pecar a Israel;
porque sirvió a Baal, y le adoró, y provocó a ira a Jehová, el Dios de Israel, conforme a todo lo que había, hecho su padre.
Y DESPUÉS de la muerte de Acab, rebelóse Moab contra Israel.
¶Sucedió también que cayó Ocozías por una ventana balaustrada de su cámara alta que tenía en Samaria, y enfermó. Por lo cual envió mensajeros, y les dijo: Id, consultad a Baal-zebub, dios de Ecrón, si acaso sanaré de esta enfermedad.
Entonces el ángel de Jehová dijo a Elías tesbita: Levántate, sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y les dirás: ¿Será que por no haber Dios en Israel, vosotros vayáis a consultar a Baal-zebub, dios de Ecrón?
Pues por esto, así dice Jehová: Decidle: De la cama adonde has subido, no descenderás, sino que de seguro morirás. Luego se fué Elías.
Volviéronse pues los mensajeros al rey; y él les dijo: ¿Cómo es esto que os habéis vuelto atrás?
Y le contestaron: Un hombre vino a encontramos, y nos dijo: Andad, volved al rey que os envió, y decidle: Así dice Jehová: ¿Será que por no haber Dios en Israel, tú envías a consultar a Baal-zebub; dios de Ecrón? Por tanto de la cama adonde has subido no descenderás, sino que de seguro morirás.
Y él les preguntó: ¿Cuál fue la traza del hombre que subió a encontraros y os habló estas palabras?
Y ellos le respondieron: Un varón con vestido de pelo, y que traía un cinto de cuero ceñido a sus lomos. Entonces él dijo: Elías tesbita es.
Por lo cual envió el rey un capitán de cincuenta hombres con sus cincuenta; el cual subió a donde él estaba; pues he aquí que estaba sentado sobre la cumbre de un monte; y le dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho: Desciende.
Pero respondió Elías y dijo al capitán de cincuenta: Y bien, si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo que te consuma a ti y a tus cincuenta. En efecto, descendió fuego del cielo y le consumió a él y a sus cincuenta.
Y el rey volvió a enviar a él otro capitán de cincuenta hombres con sus cincuenta; el cual respondiendo le dijo: Varón de Dios, así ha dicho el rey: Desciende presto.
Y respondiendo Elías, les dijo: Si varón de Dios soy, descienda fuego del cielo que te consuma a ti y a tus cincuenta. Y descendió el fuego de Dios desde el cielo, y le consumió a él y a sus cincuenta.
Entonces el rey volvió a enviar un tercer capitán de cincuenta hombres con sus cincuenta. Mas subió el tercer capitán de cincuenta, y llegado que hubo, hincóse de rodillas ante Elías, y rogóle les tuviese piedad, diciéndole: ¡Oh varón de Dios, ruégote que mi vida, y la vida de estos tus cincuenta siervos, sea preciosa en tu vista!
¡He aquí que bajó fuego del cielo y consumió a los dos primeros capitanes de cincuenta, con sus cincuenta; sea pues ahora preciosa mi vida en tu vista!
¶Entonces el ángel de Jehová dijo a Elías: Baja con él; no tengas temor a causa de él. Levantóse pues, y fué con él al rey:
Y le dijo: Así dice Jehová: Por cuanto has enviado mensajeros para consultar a Baal-zebub, dios de Ecrón, (como si no hubiese Dios en Israel), para inquirir de su oráculo, por tanto de la cama adonde has subido no descenderás, sino que de seguro morirás.
En efecto murió, conforme a la palabra de Jehová que habló Elías; y reinó Joram, hermano suyo, en su lugar, en el año segundo de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá; porque no tenía hijo.
Y las demás cosas que hizo Ocozías ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Y ACONTECIÓ que cuando Jehová iba a hacer que Elías subiese en un torbellino al cielo, partió Elías con Eliseo desde Gilgal.
Entonces dijo Elías a Eliseo: Ruégote te quedes aquí; porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Mas Eliseo le respondió: ¡Por vida de Jehová, y por vida tuya, que no te dejaré! Bajaron pues a Bet-el.
Y los hijos de los profetas que había en Bet-el salieron a recibir a Eliseo, y le dijeron: ¿Acaso sabes que hoy mismo Jehová va a quitar a tu señor de sobre ti? A lo que dijo: Yo también lo sé; ¡callad!
Le dijo de nuevo Elías: Eliseo, ruégote te quedes aquí, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Mas él dijo: ¡Por vida de Jehová, y por vida tuya, que no te dejaré! De modo que fueron a Jericó.
Entonces los hijos de los profetas que había en Jericó se llegaron a Eliseo, y le dijeron: ¿Acaso sabes que hoy mismo Jehová va a quitar a tu señor de sobre ti? Y respondió: Yo también lo sé; ¡callad!
Elías le dijo otra vez: Ruégote te quedes aquí; porque Jehová me ha enviado al Jordán. Pero él le respondió: ¡Por vida de Jehová, y por vida tuya, que no te dejaré! Siguieron andando pues los dos.
Entonces cincuenta hombres de los hijos de los profetas fueron y se pararon enfrente, a lo lejos; y ellos dos se detuvieron junto al Jordán.
Luego tomó Elías su manto, y doblándolo, hirió las aguas; las cuales se dividieron en dos, a uno y otro lado; y pasaron entrambos en seco.
Y aconteció que cuando hubieron pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que he de hacer por ti, antes que sea quitado de contigo. Entonces dijo Eliseo: Ruégote que tenga yo, cual hijo tuyo, una porción doble de tu espíritu.
A lo que respondió: Cosa bien difícil has pedido; esto no obstante, si me vieres cuando fuere quitado de ti, te sucederá así; mas si no, no sucederá.
Y aconteció que mientras ellos seguían andando y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego, que los separaron al uno del otro; y subió Elías en un torbellino al cielo.
Y Eliseo le vió, y clamó repetidamente: ¡Padre mío! ¡padre mío! ¡carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vió. Trabando pues de sus vestidos, los rasgó en dos partes.
Alzó entonces el manto de Elías que se le había caído, y tornando atrás se detuvo junto a la ribera del Jordán.
Luego tomó el manto de Elías que se le había caído, e hirió con él las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios dé Elías? De modo que él también hirió las aguas; y se dividieron en dos, a uno y otro lado; y pasó Eliseo.
Y cuando vieron esto los hijos de los profetas que estaban junto a Jericó, frente a él, decían: ¡El espíritu de Elías descansa sobre Eliseo! Por lo cual fueron a recibirle, y se postraron a tierra ante él.
Y dijeron: He aquí que hay entre tus siervos cincuenta hombres fuertes; rogámoste pues que vayan y busquen a tu señor; no sea que le haya alzado el Espíritu de Jehová, y le haya arrojado sobre algún monte, o en algún valle. Mas él dijo: No enviéis.
Y porfiaron con él hasta que se avergonzó; dijo entonces: Enviad. Enviaron pues a los cincuenta hombres; los cuales buscaron tres días, mas no le hallaron.
Y cuando se volvieron a él (pues se había quedado en Jericó), les dijo: ¿No os dije yo: No vayáis?
¶Y dijeron los vecinos de la ciudad a Eliseo: He aquí que la situación de la ciudad es hermosa, como mi señor lo ve: pero las aguas son malas, y la tierra aborta sus frutos.
Entonces él dijo: Traedme una vasija nueva, y echad en ella sal. Y se la trajeron.
Y salió al manantial de las aguas, y echó allí la sal, diciendo: Así dice Jehová: ¡Yo he sanado estas aguas! ¡no haya más de aquí en adelante muerte ni aborto de frutos!
Y quedaron sanas aquellas aguas hasta el día de hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo.
¶Después salió Eliseo de allí a Bet-el; y en tanto que iba por el camino cuesta arriba, unos mozuelos salieron de la ciudad, y se mofaron de él, diciéndole: ¡Sube, calvo! ¡sube, calvo!
Entonces volviéndose hacia atrás, los miró, y los maldijo en el nombre de Jehová: y salieron dos osas del bosque, que despedazaron de ellos cuarenta y dos muchachos.
Y se fué de allí al monte Carmelo; y de allí regresó a Samaria.
Y JORAM hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel, en Samaria, en el año diez y ocho de Josafat rey de Judá; y reinó doce años.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová; mas no como su padre y su madre: porque quitó las estatuas de Baal que había hecho su padre;
bien que se adhirió a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat que hizo pecar a Israel: nunca se apartó de ellos.
¶Y Mesa, rey de Moab, era ganadero, y pagaba de tributo al rey de Israel cien mil corderos, y cien mil carneros, con la lana;
pero sucedió que, muerto Acab, rebelóse el rey de Moab contra el rey de Israel.
Y el rey Joram salió de Samaria en aquel tiempo y pasó revista a todo Israel.
Y partiendo, envió a decir a Josafat rey de Judá: El rey de Moab se ha rebelado contra mí; subirás tú conmigo a la guerra contra Moab? Y respondió: Sí, subiré; lo mismo soy yo que tú, lo mismo mi pueblo que tu pueblo, lo mismo mis caballos que tus caballos.
Y preguntó: ¿Por cuál camino subiremos? Y contestó Joram: Por el camino del desierto de Edom.
Partieron pues el rey de Israel y el rey de Judá, juntamente con el rey de Edom; y dieron una vuelta, jornada de siete días; y no había agua para el ejército y para las bestias que iban con ellos.
Entonces dijo el rey de Israel: ¡Ay de nosotros! porque Jehová ha convocado a estos tres reyes para entregarlos en mano de Moab!
Entonces preguntó Josafat: ¿No habrá aquí algún profeta de Jehová, por medio de quien podamos consultar a Jehová? Y respondió uno de los siervos del rey de Israel, diciendo: Aquí está Eliseo hijo de Safat, que echaba agua sobre las manos de Elías.
Y dijo Josafat: El tiene oráculo de Jehová. Descendieron pues a donde él estaba el rey de Israel y Josafat y el rey de Edom.
Entonces dijo Eliseo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo que ver contigo? ¡Véte a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre! Y le dijo el rey de Israel: ¡No tal; porque Jehová ha convocado a estos tres reyes para entregarlos en manos del rey de Moab!
Entonces dijo Eliseo: ¡Vive Jehová de los Ejércitos, delante de quien yo estoy en pie, cual siervo suyo, que si yo no tuviera respeto a la persona de Josafat rey de Judá, no miraría hacia ti, ni te viera!
Ahora pues, traedme un tañedor. Y fué así que mientras tocaba el tañedor, estuvo sobre el profeta la mano de Jehová.
Y dijo: Así dice Jehová: Haced en este valle fosos y más fosos;
porque así dice Jehová: No veréis viento, ni veréis lluvia; y sin embargo este valle se llenará de aguas, y beberéis vosotros, y vuestros ganados, y vuestras bestias.
Y aun esto es cosa liviana a los ojos de Jehová; porque entregará a Moab en vuestra mano:
y heriréis a filo de espada todas las plazas fuertes, y todas las ciudades hermosas; también tumbaréis todo árbol bueno, y cegaréis todos los manantiales de aguas; y a todo campo fértil lo arruinaréis con piedras.
¶Y aconteció que por la mañana, al tiempo de ofrecerse la oblación matutina, ¡he aquí las aguas que venían por el camino de Edom! y llenóse el país de aguas.
Y cuando todos los Moabitas oyeron que subían los reyes a pelear contra ellos, fueron convocados todos los que eran capaces de tomar armas, y para arriba, y se pusieron a esperarlos en la frontera.
Y cuando se levantaron por la mañana, luego que el sol derramó sus rayos sobre las aguas, vieron los Moabitas al frente de sí las aguas rojas como sangre;
y decían: ¡Esta es sangre! ¡seguramente han peleado entre sí los reyes, y han herido cada cual a su compañero! ¡Ahora pues a la presa, oh Moab!
Mas como llegasen al campamento de Israel, los Israelitas se pusieron en pie, e hirieron a los Moabitas, los cuales huyeron delante de ellos: y entraron tierra adentro, hiriendo a los Moabitas.
Y seguían derribando las ciudades, y sobre todo campo fértil echaban cada cual su piedra, llenándolo así de ellas; y cegaban todos los manantiales de agua, y tumbaban todo árbol bueno; hasta tanto que en Kir-hare-set no dejaron más que las piedras de ella; bien que los honderos la rodearon, e hiriéronla.
Y cuando vió el rey de Moab que la batalla era demasiado recia para él, tomó consigo setecientos hombres que sacaban espada, para abrirse paso al rey de Edom; mas no pudo.
Por lo cual tomó a su hijo, el primogénito, que debía de reinar en su lugar, y le ofreció en holocausto sobre el muro. Y hubo grande indignación contra Israel: y éstos levantaron el campamento de en contra de él, y se volvieron a su país.
Y CIERTA mujer de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido es muerto, (y sabes que tu siervo era temeroso de Jehová); y el acreedor ha venido con el fin de llevarse mis dos hijos por siervos.
Entonces le dijo Eliseo: ¿Qué podré yo hacer por ti? Dime ¿qué tienes en casa? Y ella respondió: Nada tiene tu sierva en casa sino una botija de aceite.
Y él dijo: Vé, pide prestadas, para tu uso, vasijas de afuera, de parte de todas tus vecinas, vasijas vacías; no dejes que sean pocas.
Luego vendrás, y cerrarás la puerta sobre ti y tus hijos, y vaciarás el aceite en todas aquellas vasijas; y en llenándose, las pondrás aparte.
Ella pues se retiró de él, y cerró la puerta sobre sí y sus hijos; ellos le llegaban las vasijas, y ella las iba llenando.
Y aconteció que estando ya todas llenas, dijo a su hijo: Alcánzame otra vasija más. Y él le respondió: No hay más vasija. Entonces se detuvo el aceite.
Luego ella fué, y se lo dijo al varón de Dios. Y él respondió: Vé, vende el aceite, y paga tus deudas; y tú y tus hijos viviréis de lo sobrante.
¶Y aconteció que un día pasó Eliseo hasta Sunem, donde había una mujer principal; y ella le hizo instancias para que comiese pan. Y sucedió después, siempre que pasaba, que se desviaba hacia allá para comer pan.
Por lo cual ella dijo a su marido: He aquí, ya entiendo que éste que pasa de continuo cerca de nosotros es un santo varón de Dios.
Ruégote pues que hagamos un cuartito en lo alto, sobre la pared de la casa; y pongamos para él allí una cama, y una mesa, y una silla, y un candelero; y será que siempre que venga a nosotros, se recogerá en él.
Aconteció pues cierto día, que llegó allá, y recogiéndose en el cuarto, acostóse allí.
Luego dijo a Giezi, su criado: Llama a esta sunamita. Él pues la llamó; y ella se presentó delante de él.
Entonces Eliseo le dijo a él: Quiero que le digas de mi parte: He aquí, te has afanado por nosotros con todo este esmero; ¿qué hay pues que hacer por ti? ¿Has menester que yo hable por ti al rey, o al jefe del ejército? A lo cual ella respondió: En medio de mi propio pueblo yo habito.
Entonces él dijo: ¿Que hay que hacer pues por ella? Y dijo Giezi: A la verdad que ella no tiene hijo, y su marido es ya viejo.
Él dijo pues: Llámala; y habiéndola llamado, ella se detuvo en la puerta.
Y él le dijo: A este tiempo el año que viene tú abrazarás un hijo. Mas ella respondió: No, señor mío, varón de Dios, no digas mentira a tu sierva.
En efecto, concibió la mujer y parió un hijo a ese tiempo, el año siguiente, como le había dicho Eliseo.
¶Y era ya bastante grande el niño, cuando sucedió un día que salió a su padre, a donde estaban los segadores.
Y dijo a su padre: ¡Mi cabeza! ¡mi cabeza! Y él dijo al mozo: Álzale, llévale a su madre.
Alzóle pues, y le trajo a su madre; y él estuvo sentado sobre sus rodillas hasta el mediodía, cuando murió.
Entonces ella subió, y le acostó sobre la cama del varón de Dios; luego cerró sobre él la puerta, y salió.
En seguida clamó a su marido, diciendo: Ruégote que me mandes uno de los mozos, y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios; y luego volveré.
Mas él dijo: ¿Por qué vas a verle hoy? no es nueva luna, ni es sábado. Pero ella respondió: Estará bien.
Hizo pues aparejar el asna, y dijo al mozo: ¡Arrea, y anda! no me detengas en el tránsito, sino cuando yo te lo diga.
¶Caminó pues, y vino al varón de Dios en el monte Carmelo. Mas cuando el varón de Dios la vió desde lejos, dijo a Giezi su criado: ¡He allí a esa Sunamita!
Ruégote que vayas corriendo a recibirla, y le dirás: ¿Te va bien a ti? ¿le va bien a tu marido? ¿le va bien al niño? Y ella contestó: ¡Bien!
Pero luego que llegó al varón de Dios en el monte Carmelo, ella le trabó de los pies. Entonces llegóse Giezi para echarla; mas díjole el varón de Dios: ¡Suéltala! porque su alma está acongojada dentro de ella, y Jehová me tiene encubierta la causa, y no me la ha revelado.
Entonces ella dijo: ¿Acaso pedí yo un hijo a mi señor? ¿No te dije: No me engañes?
Con lo cual él dijo a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi báculo en tu mano, y véte. Si alguno te encontrare, no le saludes; y si alguno te saludare, no le respondas: y pondrás mi báculo sobre el rostro del niño.
Empero la madre del niño le dijo: ¡Vive Jehová, y vive tu alma, que no me apartaré de ti! Levantóse pues, y la siguió.
Mas Giezi pasó delante de ellos, y puso el báculo sobre el rostro del muchacho; pero no hubo voz, ni quien diese atención; por lo cual tornó a encontrarle, y se lo avisó, diciendo: ¡No ha despertado el niño!
Llegó entonces Eliseo a la casa, y ¡he aquí al niño muerto, tendido sobre su misma cama!
Y entrado que hubo, cerró la puerta sobre ellos dos, y oró a Jehová.
Subió después encima de la cama, y acostóse sobre el niño, y puso su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre sus manos, y tendióse así sobre él: y calentóse la carne del niño.
Luego volvió y anduvo por la casa, para acá y para allá. Subió entonces, y tendióse sobre él: y estornudó el muchacho siete veces; y abrió el muchacho los ojos.
Llamando pues Eliseo a Giezi le dijo: Llama a esta Sunamita. Y habiéndola llamado, ella vino a él; y dijo Eliseo: ¡Alza a tu hijo!
Entonces ella entró dentro, y cayó a sus pies, postrándose en tierra; luego alzó a su hijo y salió.
¶Y Eliseo se volvió a Gilgal. Había entonces hambre en el país; y estando los hijos de los profetas sentados delante de él, dijo a su criado: Pon la olla grande, y cuece potaje para los hijos de los profetas.
Salió entonces alguno al campo para coger verduras; y hallando una vid silvestre, cogió de ella calabazas silvestres, cuantas cupiesen en la doblez de su ropa: y vino, y rajándolas, las echó en la olla del potaje; pues no sabían lo que eran.
Sirvieron pues a los hombres para que comiesen; pero sucedió que mientras comían del potaje, todos ellos alzaron el grito, diciendo: ¡Hay muerte en la olla, oh varón de Dios! Y no lo pudieron comer.
Mas él dijo: Traed harina: y la echó en la olla. Entonces dijo: Sirve a la gente para que coma; y no hubo ya mal en la olla.
¶Y llegó un hombre de Baal-salisa que trajo al varón de Dios panes de primicias, (veinte panes de cebada, con espigas de trigo nuevo), en su alforja. Y él dijo: Dáselo a la gente, para que coma.
Mas respondió su asistente: ¡Qué! ¿tengo de poner esto delante de cien hombres? A lo que dijo Eliseo: Dáselo a la gente para que coma; porque así dice Jehová: Comerán, y les sobrará.
Él pues lo puso delante de ellos, y comieron; y les sobró, conforme a la palabra de Jehová.
Y NAAMÁN, jefe del ejército del rey de Siria, era un grande hombre para con su señor, y en alta estimación; pues que por su medio Jehová había salvado la Siria; y este hombre era guerrero esforzado; mas era leproso.
Y los Siros habían salido en guerrillas, y habían traído cautiva de la tierra de Israel una jovencita, la cual asistía á la mujer de Naamán.
Y dijo un día a su señora: ¡Ojalá que mi amo se presentara delante del profeta que hay en Samaria! pues él le sanaría de su lepra.
Y entró alguno y se lo avisó a su señor, diciendo: Así y así ha dicho la muchacha que vino de la tierra de Israel.
Y dijo el rey de Siria: ¡Ea, anda! que yo enviaré una carta al rey de Israel. Partió pues Naamán, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil siclos de oro, y diez mudas de vestidos.
Y llevó la carta al rey de Israel; la cual decía así: Ahora pues, cuando llegare a ti esta carta, sabrás que, he aquí, yo he enviado a ti a Naamán, siervo mío, para que tú le sanes de su lepra.
Y sucedió que como el rey de Israel leyese la carta, rasgó sus vestidos, diciendo: ¿Soy yo acaso Dios, que hace morir y que da vida, para que éste envíe a mí, a fin de que yo sane a un hombre de su lepra? Empero ruegoos tan sólo que consideréis y veáis cómo éste anda buscando pretextos contra mí.
¶Mas aconteció que cuando Eliseo, el varón de Dios, supo que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió al rey, diciendo: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Ruégote venga él a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.
Naamán pues vino con sus caballos, y con su carro de guerra, y paróse a la puerta de la casa de Eliseo.
Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Anda, lávate siete veces en el Jordán, y se volverá sana tu carne, y serás limpio.
Mas Naamán estalló en ira, y se fué, diciendo: ¡He aquí que yo pensaba que seguramente él hubiera salido a recibirme, y que, puesto de pie, hubiera invocado el nombre de Jehová su Dios; y que pasando su mano sobre la parte llagada, sanaría la lepra!
Por ventura Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podré lavarme en ellos y ser limpio? Por lo cual volvió su rostro y se fué, ardiendo en ira.
¶Entonces se llegaron a él sus siervos, y hablaron con él, diciendo: Padre mío, si el profeta te hubiera mandado hacer alguna gran cosa, ¿no deberías hacerla? ¿Cuánto más pues cuando te dice: Lávate, y quedarás limpio?
Con lo cual él descendió, y bañóse en el Jordán siete veces, conforme al dicho del varón de Dios, y se volvió su carne como la carne de un niño pequeño, y quedó limpio.
Entonces volviéndose con toda su comitiva al varón de Dios, entró, y se presentó delante de él, y dijo: He aquí, yo ya conozco que no hay Dios en toda la tierra sino sólo en Israel. Ahora pues acepta, te lo ruego, un regalo de parte de tu siervo.
Mas él respondió: ¡Vive Jehová, delante de quien yo estoy en pie, que no lo admitiré! Y el otro porfió con él para que lo aceptara; mas él rehusó.
Luego dijo Naamán: Pues si no, ruégote que de la tierra de Israel se dé a tu siervo lo que puedan cargar un par de mulos; porque tu siervo de aquí en adelante no ofrecerá holocausto ni sacrificio a otro dios sino sólo a Jehová.
En esto, sin embargo, perdone Jehová a tu siervo: que cuando éntre mi señor a la casa de Rimón, para adorar allí, y él se apoye en mi mano, y yo tenga que inclinarme así en casa de Rimón, cuando yo me incline en casa de Rimón, perdone Jehová a tu siervo de esto.
Y él le dijo: Véte en paz. Fuése pues de él algún trecho.
¶Entonces Giezi, criado de Eliseo varón de Dios, dijo para consigo. He aquí que mi amo ha perdonado á este siro Naamán, en no admitir de su mano lo que le había traído. ¡Vive Jehová! que correré yo tras él, y tomaré de él alguna cosa.
Giezi pues fue en seguimiento de Naamán. Y cuando Naamán le vió corriendo en su alcance, bajóse de su carro para ir á recibirle, diciendo ¿Va todo bien?
Y él respondió: Bien va. Mi amo me ha enviado a decir: He aquí que ahora mismo acaban de llegar de la serranía de Efraim dos jóvenes, de los hijos de los profetas; ruégote les des a ellos un talento de plata, y dos mudas de vestidos.
Dijo empero Naamán: Consiente y toma dos talentos. Y le instó, y amarró dos talentos de plata en dos talegas, con dos mudas de vestidos; y diólo a dos mozos suyos para que lo llevasen delante de él.
Mas cuando llegó a la colina, él lo tomó de mano de ellos, y lo guardó en casa; luego despachó a los hombres, y ellos se fueron.
Entonces él entró, y se estuvo en pie junto á su amo. Y le dijo Eliseo: ¿De dónde vienes? A lo que respondió: No ha ido tu siervo a ninguna parte.
Mas él le dijo: ¿No iba mi corazón contigo cuando el hombre volvió atrás, saltando de su carro para recibirte? ¿Es tiempo éste por ventura de recibir dinero, y de recibir ropas, y olivares, y viñas, y ovejas, y bueyes, y siervos, y siervas?
Por lo tanto la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu linaje para siempre. Y salió de su presencia leproso, blanco como la nieve.
Y LOS hijos de los profetas dijeron a Eliseo: He aquí que el lugar donde nos sentamos delante de ti, es muy estrecho para nosotros.
Vayamos, si te parece, al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagámonos allí un local donde habitemos. Y él respondió: ¡Id!
Mas uno de ellos le dijo: Ruégote consientas y vengas con tus siervos. A lo que dijo: Yo iré.
Fuése pues con ellos; y llegado que hubieron al Jordán, cortaron la madera.
Pero aconteció que mientras uno de ellos cortaba un árbol, el hierro se le cayó al agua; y él clamó, diciendo: ¡Ay, señor mío, y era cosa prestada!
Y dijo el varón de Dios: ¿A dónde cayó? Y habiéndosele enseñado el lugar, cortó un palo, y lo echó allí; y nadó el hierro.
Y dijo: Tómalo: y él alargando la mano, lo tomó.
¶Y el rey de Siria estaba en guerra contra Israel; y consultó con sus siervos, diciendo: En tal y tal parte voy a poner mi campamento.
Entonces vino el varón de Dios al rey de Israel, diciendo: Guárdate de pasar por tal parte; que por allí mismo van a bajar los Siros.
Envió pues el rey de Israel al lugar que le había indicado el varón de Dios, y de que le había amonestado; y se resguardó allí no una vez, ni dos.
Y estaba muy turbado el corazón del rey de Siria con motivo de esto; y llamando a sus siervos, les dijo: ¿No queréis decirme quién de nosotros es por el rey de Israel?
Dijo entonces uno de sus siervos: Ninguno, oh rey, señor mío; sino que Eliseo, el profeta que hay en Israel, declara al rey de Israel las palabras que tú dices en tu cámara de dormir.
Por lo cual él dijo: Id y averiguad en dónde está, y enviaré a prenderle. Y le avisaron, diciendo: He aquí, está en Dotán.
El pues envió allí caballos y carros de guerra, y un ejército formidable; los cuales vinieron de noche y cercaron la ciudad
Y cuando se levantó muy de mañana el criado del varón de Dios, y hubo salido fuera, he aquí el ejército que cercaba la ciudad en derredor, con los caballos y los carros. Entonces le dijo su criado: ¡Ay, señor mío! ¿qué hemos de hacer?
Pero él respondió: No tengas temor; porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.
Y oró Eliseo, diciendo: ¡Jehová, ruégote le abras los ojos, para que pueda ver! Y Jehová abrió los ojos del mozo, y vió; ¡y he aquí que el cerro estaba lleno de caballos y carros de fuego en derredor de Eliseo!
Y cuando los Siros bajaron contra él, Eliseo oró a Jehová, y dijo: ¡Ruégote que hieras esta gente con ceguera! En efecto, Jehová los hirió con ceguera, conforme al dicho de Eliseo.
Entonces les dijo Eliseo: No es este el camino, ni es esta la ciudad. Seguidme, y yo os llevaré al hombre que buscáis. Y los llevó a Samaria.
Y aconteció que cuando llegaron a Samaria, Eliseo dijo: ¡Jehová, abre los ojos de estos hombres para que vean! Jehová pues abrió sus ojos, y vieron; ¡y he aquí que estaban en medio de Samaria!
Entonces el rey de Israel, luego que los vió, dijo a Eliseo: ¿Los heriré, los heriré, padre mío?
Mas él dijo: No los hieras; ¿herirás tú acaso lo que has cautivado con tu arco y con tu espada? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman y beban, y se vayan a su señor.
El pues les hizo una gran comida; y comieron y bebieron; luego los dejó ir, y se fueron a su señor. Y por entonces las guerrillas de los Siros no volvieron más a entrar en el país de Israel.
¶Y sucedió después de esto que Ben-hadad, rey de Siria, juntó todo su ejército, y subió y puso sitio a Samaria.
Y el hambre vino a ser gravísima en Samaria; porque he aquí que la sitiaron hasta que se vendía una cabeza de asno en ochenta siclos de plata, y la cuarta parte de un cabo del garbanzo estiércol de paloma, en cinco siclos de plata.
Y aconteció que un día el rey de Israel iba pasando sobre el muro, cuando una mujer clamó a él, diciendo: ¡Socorro, oh rey, señor mío!
A lo que dijo él: Cuando no te socorra Jehová, ¿de dónde te he de socorrer yo? ¿de la era, o del lagar?
Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Y ella contestó: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo para que le comamos hoy, y mañana comeremos a mi hijo.
Cocimos pues a mi hijo, y le comimos; mas cuando yo le dije a ella al otro día: Da acá a tu hijo, para que le comamos, ella escondió a su hijo.
Y sucedió que cuando oyó el rey las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestidos; y como iba pasando sobre el muro, vió el pueblo que, he aquí, traía saco interiormente sobre sus carnes.
Dijo entonces el rey: ¡Así haga Dios conmigo, y más aún, si quedare la cabeza de Eliseo hijo de Safat sobre él hoy!
Entretanto Eliseo estaba sentado en su casa, y los ancianos de la ciudad estaban sentados con él; y envió el rey un hombre a este efecto. Mas antes que llegara el enviado a donde él estaba, dijo Eliseo a los ancianos: ¡Ved cómo ha enviado aquel hijo de homicida a quitarme la cabeza! Mirad que cuando llegue el enviado, le cerréis la puerta, y le rechacéis con la puerta misma; ¿acaso no se oye en pos de él el sonido de los pies de su señor?
Aun hablaba él con ellos, cuando, he aquí, acabó de llegar el enviado a donde él estaba, y el rey en pos de él; quien dijo: He aquí que esta calamidad es de parte de Jehová; ¿para qué tengo de esperar a Jehová más?
A LO que respondió Eliseo: ¡Oíd el oráculo de Jehová! Así dice Jehová: Como a estas horas el día de mañana, el seah de flor de harina se venderá por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo, en la puerta de Samaria.
Entonces el capitán sobre cuya mano el rey se apoyaba, contestó al varón de Dios, y dijo: He aquí, aun cuando hiciera Jehová compuertas en el cielo, ¿acaso pudiera suceder esto? Y le respondió: He aquí que tú lo verás con tus ojos, más no comerás de ello.
¶Había pues cuatro hombres leprosos a la entrada de la puerta de la ciudad, los cuales dijeron unos a otros: ¿Qué hacemos sentados aquí hasta que muramos?
Si dijéremos: Entremos en la ciudad, el hambre está dentro de la ciudad, y moriremos allí: y si nos sentamos aquí, moriremos también: ahora pues, pasémonos al campamento de los Siros: si ellos nos concedieren la vida, viviremos; y si nos hicieren morir, tan sólo moriremos.
Levantáronse pues en el crepúsculo vespertino, para irse al campamento de los Siros; y al llegar a un extremo del campamento de los Siros, ¡he aquí que no había allí ninguno!
Porque el Señor había hecho que el ejército de los Siros oyese estruendo de carros, y estruendo de caballos, es decir, el estruendo de un gran ejército; de modo que decían el uno al otro: ¡He aquí que el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los Heteos y a los reyes de los Egipcios, para que vengan contra nosotros!
Por lo cual se levantaron y echaron a huir en el crepúsculo vespertino, abandonando sus tiendas y sus caballos y sus asnos, en fin, el campamento tal cual estaba, y huyeron por sus vidas.
Llegaron pues aquellos leprosos al extremo del campamento, y entraron en una tienda, y comieron y bebieron; y llevaron de allí plata y oro y vestidos; y se fueron y lo escondieron. En seguida tornaron, y entrando en otra tienda, llevaron de allí también; y se fueron y lo escondieron.
Entonces decían el uno al otro: No es bueno lo que hacemos. Este día es día de albricias; si pues guardamos silencio y esperamos hasta la luz de la mañana, entonces nuestra iniquidad nos alcanzará. Venid pues, vamos a dar parte de ello en casa del rey.
En efecto, se fueron, y llamando al portero de la ciudad, les avisaron a él y a los demás, diciendo: Acabamos de ir al campamento de los Siros; y he aquí que no había allí nadie, ni voz de persona alguna, sino los caballos atados, y los asnos atados, y las tiendas lo mismo que estaban antes.
Entonces él llamó a los porteros; y éstos avisaron a la casa del rey adentro.
Levantóse luego el rey, de noche, y dijo a sus siervos: Yo os diré lo que nos han hecho los Siros. Ellos saben que estamos hambrientos; por lo cual han salido del campamento para esconderse en el campo, diciendo: Cuando salgan de la ciudad, los prenderemos vivos, y entraremos en la ciudad.
¶Entonces respondió uno de sus siervos, diciendo: Tómense, si bien te parece, cinco de los caballos restantes que han quedado en la ciudad, (he aquí que ellos son como toda la multitud de Israel que ha quedado en ella; he aquí que ellos son como toda la multitud de Israel, la cual está ya acabada), y enviemos, y veremos.
Y tomaron dos carros con caballos, y envió el rey en seguimiento del ejército de los Siros, diciendo: Id y ved.
Los siguieron pues hasta el Jordán; y he aquí que todo el camino estaba lleno de vestidos y de enseres, que los Siros habían desechado en la fuga precipitada. Y volvieron los enviados y se lo avisaron al rey.
Entonces salió el pueblo, y saqueó el campamento de los Siros: y así fué que en efecto se vendió un seah de flor de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová.
Y el rey dió a aquel capitán en cuyo brazo él se apoyaba cargo de la puerta; y atropellóle el pueblo en la puerta, de modo que murió; conforme había dicho el varón de Dios que habló cuando bajó el rey a donde él estaba.
Porque cuando el varón de Dios habló al rey, diciendo: dos seahs de cebada por un siclo, y un seah de flor de harina por un siclo, habrá mañana, como a estas horas, en la puerta de Samaria,
aquel capitán respondió al varón de Dios, diciendo: He aquí, aun cuando Jehová hiciese compuertas en el cielo, ¿acaso pudiera suceder esto? y él le respondió: He aquí que tú lo verás con tus ojos, mas de ello no comerás.
Y así mismo le acaeció; porque el pueblo le atropelló en la puerta de manera que murió.
Y ELISEO avisó a la mujer cuyo hijo él había resucitado, diciendo: Levántate y véte, tú y tu casa, a habitar temporalmente en dondequiera que puedas; porque Jehová ha llamado el hambre; la cual también vendrá sobre el país por siete años.
Levantóse entonces la mujer, e hizo conforme al dicho del varón de Dios; pues se fué, ella y su casa, y habitó en el país de los Filisteos siete años.
Y aconteció que al fin de los siete años, volvió la mujer del país de los Filisteos; y salió a reclamar ante el rey su casa y su campo.
Y el rey estaba hablando con Giezi, criado del varón de Dios, y le había dicho: Ruégote me refieras todas las maravillas que ha hecho Eliseo.
Y él le estaba contando al rey de cómo había resucitado a un muerto, cuando he aquí a la mujer misma, cuyo hijo el profeta había resucitado, la cual venía a reclamar ante el rey su casa y su campo. Con lo cual dijo Giezi: ¡Oh rey, señor mío, ésta es la mujer, y éste su hijo a quien resucitó Eliseo!
En seguida le preguntó el rey a la mujer, y ella se lo contó. Entonces el rey le señaló cierto camarero, diciendo a éste: Haz que se le restituya todo lo suyo, con todos los frutos de su campo, desde el día que dejó el país hasta ahora.
¶Y fué Eliseo a Damasco; y Ben-hadad rey de Siria estaba enfermo. Y le fué dado aviso, diciendo: Acaba de llegar acá el varón de Dios.
Entonces dijo el rey a Hazael: Toma contigo un regalo, y véte a recibir al varón de Dios, y consulta a Jehová por medio de él, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad?
Fué pues Hazael a recibirle, llevando consigo, por regalo, de todo lo más precioso de Damasco, la carga de cuarenta camellos: y vino y se presentó delante de él, diciendo: Tu hijo Ben-hadad, rey de Siria, me ha enviado a ti a preguntar: ¿Sanaré de esta enfermedad?
A lo que le dijo Eliseo: Véte, dile: De ella podrás ciertamente sanar; y sin embargo me ha revelado Jehová que él ciertamente morirá.
Luego fijó su semblante contemplándole, y se mantuvo así hasta que el otro se llenó de confusión: también lloró el varón de Dios.
Por lo cual le dijo Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque yo sé el mal que tú vas a hacer a los hijos de Israel: sus plazas fuertes entregarás a las llamas, y sus mancebos matarás a cuchillo, y estrellarás sus pequeñitos, y rajarás sus mujeres preñadas.
A lo cual respondió Hazael: Pues ¿quién es tu siervo, perro como soy, para que él haga esta cosa tan grande? Entonces le dijo Eliseo: Jehová me ha hecho verte a ti rey de Siria.
Él pues partió de Eliseo y volvió a su señor; el cual le preguntó: ¿Qué te ha dicho Eliseo? Y él contestó: Me ha dicho que ciertamente sanarás.
Mas aconteció que al otro día tomó un paño, y mojándolo en agua, lo tendió sobre el rostro del rey, de manera que murió; y reinó Hazael en su lugar.
¶Y en el año quinto de Joram hijo de Acab, rey de Israel, y siendo Josafat aún rey de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de Josafat, rey de Judá.
De edad de treinta y dos años era cuando entró a reinar, y ocho años reinó en Jerusalem.
Y anduvo en los caminos de los reyes de Israel, conforme a lo que hacía la casa de Acab; porque la hija de Acab era su mujer; hizo pues lo que era malo a los ojos de Jehová.
Pero Jehová no quiso destruir a Judá, por causa de David su siervo, según le había prometido que le daría siempre una lámpara a él y a sus hijos.
En sus días rebelóse Edom, saliendo de bajo el dominio dé Judá; y constituyeron los Idumeos sobre sí un rey.
Joram pues pasó a Zair, y todos los carros de guerra con él: Y sucedió que levantándose de noche, hirió a los Idumeos, que le habían cercado a él y a los capitanes de los carros; de modo que huyó la gente a sus estancias.
Con todo rebelóse Edom, y salió de bajo el dominio de Judá hasta el día de hoy. Entonces rebelóse la ciudad de Libna al mismo tiempo.
Y las demás cosas de Joram, y todo lo que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
Y yació Joram con sus padres, y fué enterrado con sus padres en la ciudad de David; y reinó Ocozías su hijo en su lugar.
¶En el año doce de Joram hijo de Acab, rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías hijo de Joram, rey de Judá.
De edad de veinte y dos años era Ocozías cuando entró a reinar, y un año reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Atalia, hija de la casa de Omri rey de Israel.
Y anduvo en el camino de la casa de Acab, e hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, como la casa de Acab; porque era yerno de la casa de Acab.
Y fué con Joram hijo de Acab a la guerra contra Hazael rey de Siria, en Ramot-galaad, donde los Siros hirieron a Joram.
Por lo cual volvió el rey Joram para curarse en Jezreel de las heridas que le habían hecho los Siros en Ramá, cuando peleaba contra Hazael rey de Siria: y Ocozías hijo de Joram, rey de Judá, descendió a visitar a Joram hijo de Acab, en Jezreel, porque estaba allí enfermo.
ENTONCES el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas, y le dijo: Ciñe tus lomos, y tomando esta redoma de aceite en tu mano, anda a Ramot-galaad;
y llegado que hubieres allá, buscarás a Jehú hijo de Josafat, hijo de Namsi; y llegándote a él, harás que se levante de en medio de sus hermanos, y le llevarás a una cámara de adentro:
en seguida tomarás la redoma de aceite, y la derramarás sobre su cabeza, diciendo: Así dice Jehová: Yo te he ungido por rey de Israel. Luego abrirás la puerta y huirás; no esperes más.
Se fué pues el joven, criado del profeta, a Ramot-galaad;
y llegado que hubo, he aquí que los capitanes del ejército estaban sentados juntos; y él dijo: ¡Tengo un recado para ti, capitán! Y dijo Jehú: ¿Para cuál de todos nosotros? Y él respondió: ¡Para ti, oh capitán!
Jehú pues se puso en pie, y entró dentro de la casa; y el otro derramó el aceite sobre su cabeza, y le dijo: Así dice Jehová, el Dios de Israel: Yo te he ungido por rey sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel.
Y herirás la casa de Acab tu señor, para que yo vengue la derramada sangre de mis siervos los profetas, y la derramada sangre de todos los siervos de Jehová, a mano de Jezabel.
Y perecerá toda la casa de Acab; y destruiré de Acab hasta los perros; tanto lo precioso como lo vil en Israel.
Y pondré la casa de Acab como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías.
Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Jezreel, sin que haya quien la entierre. Luego abrió la puerta y echó a huir.
¶Entonces Jehú salió a donde estaban los siervos de su señor; y uno le dijo: ¿Va todo bien? ¿Para qué vino a ti aquel loco? Y él le dijo: Vosotros conocéis al hombre y su recado sabéis.
A lo que dijeron ellos: ¡Mentira! Rogámoste nos lo digas. Y él respondió: Tal y tal cosa me habló, diciendo: Así dice Jehová: Yo te he ungido por rey de Israel.
Entonces ellos se dieron prisa, y tomando cada uno su vestido, los pusieron debajo de él, sobre el armazón de la escalera; y tocaron trompeta, diciendo: ¡Jehú es rey!
De este modo conspiró Jehú hijo de Josafat, hijo de Namsi, contra Joram. (Es de saber que Joram estaba sitiando a Ramot-galaad, él y todo Israel, a causa de Hazael rey de Siria;
y había vuelto el rey Joram para curarse en Jezreel de las heridas que le habían hecho los Siros, cuando estaba peleando contra Hazael rey de Siria.) Entonces dijo Jehú: Si es vuestro parecer, no salga ninguno, huyendo de la ciudad, para dar las nuevas en Jezreel.
Montó luego Jehú en su carro de guerra, y dirigióse a Jezreel; porque Joram estaba en cama allí; y Ocozías rey de Judá había descendido a visitar a Joram.
En esto, el atalaya que estaba sobre la torre en Jezreel, vió la comitiva de Jehú que venía; y dijo: ¡Estoy viendo un tropel de gente! Entonces dijo Joram: Toma un jinete y envía a encontrarlos, y pregunta: ¿Hay paz?
Fué pues un soldado, a caballo, a encontrarle; y dijo: Así dice el rey: ¿Hay paz? Y respondió Jehú: ¿Que tienes tú que ver con la paz? vuelve en pos de mí. De lo cual el atalaya dió aviso, diciendo: Llegó el mensajero hasta ellos, mas no vuelve.
De nuevo envió otro de a caballo; el cual en llegando a ellos, dijo: Así dice el rey: ¿Hay paz? A lo que dijo Jehú: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? vuelve en pos de mí.
Luego avisó el atalaya, diciendo: Llegó hasta ellos, mas no vuelve: y el arrear se parece al de Jehú, hijo de Namsi, porque arrea los caballos como un loco.
Entonces dijo Joram: ¡Únzase el carro! Uncieron pues su carro; y salieron Joram rey de Israel y Ocozías rey de Judá, cada cual en su carro, dirigiéndose al encuentro de Jehú; y en efecto le encontraron en la porción del campo de Nabot jezreelita.
Y aconteció que cuando Joram vió a Jehú, le dijo: ¿Hay paz, Jehú? A lo que él respondió: ¿Qué paz, mientras duren las fornicaciones de Jezabel, tu madre, y sus muchas hechicerías?
Entonces volvió Joram las riendas, y echó a huir, diciendo a Ocozías: ¡Traición, Ocozías!
En esto Jehú entesó su arco cuanto pudo, e hirió a Joram por entre las espaldas, de modo que le atravesó la flecha el corazón; y él cayó en su carro.
Entonces dijo Jehú a Bidcar, capitán suyo: Álzale y échale en la porción del campo que era de Nabot jezreelita; pues acuérdate de que cuando yo y tú íbamos juntos en un carro siguiendo a Acab su padre, Jehová le impuso esta carga profética:
Por cierto, dice Jehová, yo ví ayer la derramada sangre de Nabot y la de sus hijos; y te lo voy a recompensar en este mismo terreno, dice Jehová. Ahora pues, álzale y échale en este terreno, conforme a la palabra de Jehová.
¶Entonces Ocozías rey de Judá, al ver esto, echó a huir por el camino de la Casa del Huerto; mas siguió tras él Jehú, exclamando: ¡También a éste heridle en el carro! lo cual hicieron en la subida de Gur, que está junto a Jibleam; y huyó a Meguido, y murió allí.
Y le llevaron sus siervos en un carro a Jerusalem, y le enterraron en su sepulcro, junto con sus padres, en la ciudad de David.
Y en el año undécimo de Joram hijo de Acab había comenzado a reinar Ocozías sobre Judá.
¶Entró pues Jehú en Jezreel. Y cuando oyó Jezabel lo sucedido, se pintó los ojos con antimonio, y adornando su cabeza, se puso a mirar desde una ventana.
Y como Jehú venía entrando por la puerta, ella dijo: ¿Lo pasó bien Zimri, que mató a su señor?
Mas él, alzando la cara hacia la ventana, dijo: ¿Quién hay de mi parte; quién? Y se le asomaron dos o tres camareros.
Y él dijo: ¡Echadla abajo! y la echaron; y su sangre salpico en la pared y en los caballos: y él mismo la holló.
Luego entró en la casa, y comió y bebió; después dijo: Ruégoos miréis por aquella maldita, y dadle sepultura; que al fin es hija de rey.
Fueron pues a enterrarla; pero no hallaron de ella más que la calavera y los pies y las palmas de las manos.
Volvieron pues, y se lo avisaron. Y él respondió: Oráculo de Jehová es este, que él habló por conducto de su siervo Elías tesbita, diciendo: ¡En el campo de Jezreel los perros comerán las carnes de Jezabel!
Y será el cadáver de Jezabel como estiércol sobre la haz del campo, en la porción de Jezreel; de suerte que nadie podrá decir: ¡Esta es Jezabel!
Y ACAB tenía setenta hijos en Samaria. Jehú pues escribió cartas, y las envió a Samaria, a los príncipes de Jezreel, a los ancianos, y a los ayos de los hijos de Acab, diciendo:
Ahora bien, cuando os llegue esta carta, ya que con vosotros están los hijos de vuestro señor, y tenéis carros de guerra, y caballos, y ciudad fuerte, y armas;
escoged el mejor y más aparente de los hijos de vuestro señor, y ponedle sobre el trono de su padre, y pelead por la casa de vuestro señor.
Mas ellos tuvieron grandísimo temor, y dijeron: He aquí que dos reyes no han podido parar delante de él, ¿cómo pues podremos resistirle nosotros?
Por lo cual el mayordomo de palacio y los magistrados de la ciudad, con los ancianos y los ayos, enviaron a decir a Jehú: Siervos tuyos somos, y todo lo que mandares haremos; no queremos hacer rey a ninguno; haz lo que bien te pareciere.
Él entonces volvió a escribir carta la segunda vez, diciendo: Si sois míos y a mi voz seréis obedientes, tomad las cabezas de aquellas personas, los hijos de vuestro señor, y venid a mí, como a estas horas el día de mañana, en Jezreel. Y los hijos del rey, en número de setenta personas, estaban con los grandes de la ciudad, que los criaban.
Aconteció pues que así como les llegó la carta, tomaron a los hijos del rey, y los degollaron, en número de setenta personas, y pusieron sus cabezas en canastos, y las enviaron a Jezreel.
Y llegado el mensajero, se lo avisó a Jehú, diciendo: Han traído las cabezas de los hijos del rey. Y él respondió: Ponedlas en dos montones a la entrada de la puerta de la ciudad, hasta la mañana.
Y sucedió que por la mañana salió, y puesto en pie allí, dijo a todo el pueblo: Vosotros sois justos; he aquí que yo conspiré contra mi señor, y le maté, pero ¿quién mató a todos estos?
Sabed pues que no caerá a tierra nada de la palabra de Jehová, que él habló contra la casa de Acab; pues que Jehová ha hecho lo que habló por conducto de su siervo Elías.
Entonces Jehú hirió a todos los que habían quedado de la casa de Acab en Jezreel, inclusos todos sus grandes, y sus amigos familiares, y sus ministros principales, hasta no dejarle ninguno que escapase.
¶En seguida se levantó y partió, yendo a Samaria. Mas estando en el camino, junto a una casa de esquileo de pastores,
Jehú se encontró con los hermanos de Ocozías rey de Judá, y les dijo: ¿Vosotros quiénes sois? Y ellos respondieron: Hermanos de Ocozías somos, y vamos bajando a saludar a los hijos del rey y a los hijos de la reina madre.
Entonces él dijo: ¡Prendedlos vivos! En efecto, los prendieron vivos, y los degollaron junto a la cisterna de la casa de esquileo, en número de cuarenta y dos personas, sin dejar ninguno de ellos.
¶Y pasando de allí adelante, halló a Jonadab hijo de Recab, que venía al encuentro de él; y le saludó, y dijo: ¿Es tu corazón recto, como mi corazón lo es para con tu corazón? Y respondió Jonadab: ¡Lo es, y lo es! ¡dame tu mano! Él pues le dió la mano, y le subió consigo en el carro.
Entonces Jehú le dijo: Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová. De manera que le hicieron caminar con él en su carro.
Y Jehú, luego que vino a Samaria, hirió a todos los que habían quedado a Acab en Samaria, hasta exterminarle; conforme a la palabra que Jehová habló a Elías.
¶Entonces Jehú congregó a todo el pueblo, y les dijo: Acab sirvió a Baal un poco; Jehú le va a servir mucho.
Ahora bien, convocadme a todos los profetas de Baal, a todos sus adoradores, y a todos sus sacerdotes; no falte ni uno; porque tengo de ofrecer un gran sacrificio a Baal; quien quiera que faltare no vivirá. Pero Jehú lo hacía así con disimulo, y a fin de hacer perecer a todos los adoradores de Baal.
Dijo pues Jehú: Proclamad una asamblea solemnísima para Baal. Y la proclamaron.
Entonces Jehú envió aviso por todo Israel; y vinieron todos los adoradores de Baal, no quedó uno que no viniese; y entraron en la casa de Baal; y fué llena la casa de Baal de cabo a cabo.
Dijo entonces al que estaba sobre el guardarropa: Sacad vestiduras para todos los adoradores de Baal. Y él les sacó las vestiduras.
Luego entró Jehú, con Jonadab hijo de Recab, en la casa de Baal, y dijo a los adoradores de Baal: Buscad y ved que no haya aquí con vosotros ninguno de los siervos de Jehová, sino tan sólo los adoradores de Baal.
Y en tanto que éstos entraron dentro para ofrecer los sacrificios y los holocaustos, Jehú colocó a su servicio, de la parte de afuera, ochenta hombres; y les dijo: ¡Cualquiera que permitiere que escape uno solo de los hombres que tengo entregados en vuestra mano, su vida responderá por la vida de él!
Y aconteció que luego que acabóse de ofrecer el holocausto, dijo Jehú a la guardia real y a los capitanes: ¡Entrad, heridlos! ¡no dejéis salir a ninguno! Hiriéronlos pues a filo de espada; y los de la guardia real y los capitanes echaron fuera los cadáveres, los cuales llegaron hasta la ciudadela de la casa de Baal.
Después sacaron de la casa de Baal las estatuas, y las quemaron;
y derribaron la estatua de Baal; derribaron también la casa de Baal, y la convirtieron en letrinas, hasta el día de hoy.
De esta suerte Jehú extirpó a Baal del país de Israel.
Mas en cuanto a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel, no se apartó Jehú de en pos de ellos; es decir, los becerros de oro que había en Bet-el y en Dan.
¶Entonces dijo Jehová a Jehú: Por cuanto has obrado bien en hacer lo que es recto a mis ojos para con la casa de Acab, conforme a todo lo que tenía en mi corazón, hijos tuyos hasta la cuarta generación se sentarán en tu lugar sobre el trono de Israel.
Pero Jehú no se cuidó de andar en la ley de Jehová, el Dios de Israel, con todo su corazón; no se apartó de los pecados de Jeroboam, el que hizo pecar a Israel.
¶En aquellos días comenzó Jehová a destrozar a Israel; pues que los hirió Hazael en todas las comarcas de Israel,
desde el Jordán hacia la parte donde nace el sol; todo el país de Galaad, los Gaditas y los Rubenitas, y los de Manasés; y desde Aroer que está situada sobre el torrente del Arnón, tanto Galaad como el Basán.
¶Y las demás cosas de Jehú, y todo lo que hizo y todas sus proezas, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
En fin, yació Jehú con sus padres, y le enterraron en Samaria; y reinó Joacaz su hijo en su lugar.
Y los días que Jehú reinó sobre Israel en Samaria fueron veinte y ocho años.
ENTONCES Atalia, madre de Ocozías, viendo que era muerto su hijo, levantóse y destruyó a toda la estirpe real.
Josaba empero, hija del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó a Joás hijo de Ocozías, quitándole furtivamente de en medio de los hijos del rey que hubieron de ser muertos, a él y a su nodriza, estando en el aposento de dormir; y así le escondieron de la vista de Atalia; de modo que no fué muerto.
Y estuvo con ella en la casa de Jehová escondido, por seis años: entretanto Atalia reinaba sobre el país.
¶Pero en el año séptimo, el sacerdote Joiada envió y tomó a los capitanes de cientos, y de los Cariteos, y de la guardia real, y los hizo venir a sí, dentro de la Casa de Jehová: y entró en un pacto con ellos, y los juramentó en la Casa de Jehová; luego les mostró al hijo del rey.
Y les mandó, diciendo: Esto es lo que habéis de hacer: De vosotros que entráis de guardia el sábado, la tercera parte guardará la casa del rey;
y otra tercera parte se apostará a la puerta de Sur; y la otra tercera parte, a la puerta detrás de la guardia real; así haréis la guardia del palacio, ahuyentando a todo intruso.
Y de vosotros que debéis salir de guardia el sábado, dos partes harán la guardia de la Casa de Jehová, junto al rey:
y cercaréis al rey en derredor, cada uno con las armas en su mano; y cualquiera que entrare dentro de las filas, será muerto: y estad vosotros con el rey cuando saliere y cuando entrare.
Y los capitanes de cientos lo hicieron así, conforme a todo lo que había mandado Joiada el sumo sacerdote; pues tomaron cada uno sus hombres, así los que entraban de guardia el sábado, como los que salían el sábado; los cuales entraban a donde estaba el sacerdote Joiada.
Entonces el sacerdote dió a los capitanes de cientos las lanzas y los escudos que habían sido del rey David, que se guardaban en la Casa de Jehová.
Luego se colocó la guardia real, cada uno con sus armas en la mano, desde el costado derecho de la Casa, hasta el costado izquierdo, mirando hacia el altar y la Casa, junto al rey y en derredor suyo.
Joiada sacó entonces al hijo del rey, y puso sobre él la diadema real, y entrególe el libro del testimonio. Así le hicieron rey, ungiéndole; y dieron palmadas, y dijeron: ¡Viva el rey!
¶Y oyendo Atalia el estruendo de la guardia real y del pueblo, llegóse al pueblo en la Casa de Jehová;
y mirando, he aquí al rey que estaba de pie sobre el tablado, según la costumbre, y a los capitanes y los trompetas juntó al rey; en tanto que el pueblo del país hacía alegrías y tocaba trompetas. Entonces rasgó Atalia sus vestidos, y gritó: ¡Traición! ¡traición!
En esto, mandó el sacerdote Joiada a los capitanes de cientos que tenían el mando de la tropa, diciendo: ¡Dejadla salir por entre las filas; y al que la siguiere, matadle a cuchillo! porque había dicho el sacerdote: ¡No sea muerta en la Casa de Jehová!
Le dieron pues espacio, y ella misma salió por el camino por donde entran los caballos en la casa del rey; y fué muerta allí.
¶Entonces Joiada hizo un pacto entre Jehová de una parte y el rey y el pueblo de la otra, de que ellos serían pueblo de Jehová; hizo pacto también entre el rey y el pueblo.
En seguida entró todo el pueblo del país en la casa de Baal, y la derribaron; sus altares también y sus imágenes los hicieron menudos trozos; y a Mattán, sacerdote de Baal, le mataron delante de los altares. Y el sacerdote nombró superintendentes sobre la Casa de Jehová.
Luego tomó a los capitanes de cientos, y a los Cariteos, y a la guardia real, y a todo el pueblo del país, y bajaron al rey de la Casa de Jehová; y vinieron, por el camino de la puerta de la guardia real, a la casa del rey; y él se sentó sobre el trono de los reyes.
Así estuvo gozoso todo el pueblo del país; y la ciudad quedó tranquila, después que a Atalia le hubieron dado muerte a filo de espada, junto a la casa del rey.
¶De edad de siete años era Joás cuando entró a reinar.
EN el año séptimo de Jehú comenzó a reinar Joás, y cuarenta años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Sibia de Beer-seba.
E hizo Joás lo que era recto a los ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigía el sacerdote Joiada;
sólo que los altos no fueron quitados: siguió el pueblo aún sacrificando y quemando incienso en los altos.
¶Y dijo Joás a los sacerdotes: Todo el dinero de las cosas santificadas, que fuere traído a la Casa de Jehová, y el dinero de cada uno que pasare entre los empadronados, el dinero de las vidas, según su valuación; y todo el dinero que a cualquiera le viniere en voluntad traer a la Casa de Jehová,
tómenlo los sacerdotes, cada uno de parte de sus conocidos; y hagan reparar las quiebras de la Casa de Jehová, dondequiera que se hallare quiebra alguna.
¶Mas aconteció que hasta el año veinte y tres del rey Joás, los sacerdotes no habían reparado las quiebras de la Casa.
Por lo cual el rey Joás llamó al sacerdote Joiada, y a los demás sacerdotes, y les dijo: ¿Por qué no reparáis las quiebras de la Casa? Ahora pues, no recibáis más dinero de vuestros conocidos, sino entregadlo para reparar las quiebras de la Casa.
Consintieron entonces los sacerdotes en que ni recibirían más dinero del pueblo, ni tampoco repararían las quiebras de la Casa.
Mas el sacerdote Joiada tomó un arca, y abrió un agujero en la tapa de ella; y la colocó junto al altar, a la mano derecha de cualquiera que entraba en la Casa de Jehová; y los sacerdotes que guardaban la puerta echaban allí todo el dinero que ingresaba en la Casa de Jehová.
Y sucedió que cuando veían que había mucho dinero en el arca, subía el secretario del rey, con el sumo sacerdote, y ataban en talegas, después de contado, el dinero que fué hallado en la Casa de Jehová.
Y entregaban el dinero por peso en mano de los que hacían la obra, los cuales estaban encargados de la Casa de Jehová; y ellos lo expendían en pagar los carpinteros y los maestros que trabajaban en la Casa de Jehová;
Y en pagar los albañiles y los canteros, y en comprar maderas y piedras labradas, para reparar las quiebras de la Casa de Jehová, y en todo lo que se iba gastando en los reparos de la Casa.
Mas de aquel dinero que ingresaba en la Casa de Jehová, no hicieron para la Casa de Jehová tazas de plata, ni despabiladeras, ni tazones, ni trompetas, ni ningún utensilio de oro, ni ningún utensilio de plata;
sino que siguieron pagando a los que hacían la obra; y ellos repararon con ello la Casa de Jehová.
Y no entraban en cuentas con los hombres a quienes se daba el dinero, para dárselo a los que hacían la obra; porque ellos obraban con fidelidad.
El dinero de las ofrendas por la culpa, y de las ofrendas por el pecado, no ingresaba en la Casa de Jehová; de los sacerdotes era.
¶Entonces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Gat, y tomóla: en seguida Hazael fijó su rostro para subir contra Jerusalem.
Con lo cual Joás rey de Judá tomó todas las cosas santificadas, que habían santificado Josafat y Joram y Ocozías, padres suyos, reyes de Judá, y las santificadas por él mismo, juntamente con el oro que fué hallado en los tesoros de la Casa de Jehová, y en la casa del rey, y enviólo a Hazael rey de Siria; de modo que él se retiró de Jerusalem.
Y las demás cosas de Joás, y todo lo que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
Y se levantaron sus siervos, y entrando en conspiración, hirieron a Joás en Bet-millo, en el camino que baja a Sila;
porque Josacar hijo de Simeat, y Jozabad hijo de Somer, siervos suyos, le hirieron de modo que murió; y se le enterró con sus padres en la ciudad de David; y reinó Amasías su hijo en su lugar.
EN el año veinte y tres de Joás hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz hijo de Jehú sobre Israel en Samaria; y reinó diez y siete años.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, siguiendo los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el cual hizo pecar a Israel; nunca se apartó de ellos.
Con lo cual se encendió la ira de Jehová contra Israel, y los entregó seguidamente en mano de Hazael rey de Siria, y en mano de Ben-hadad hijo de Hazael.
Mas Joacaz suplicó el favor de Jehová; (y le oyó Jehová, porque vió la opresión de Israel con que los oprimía el rey de Siria.
Y Jehová dió a Israel un salvador, de modo que salieron de bajo el dominio de la Siria, y habitaron los hijos de Israel en sus estancias como antes:
empero no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, el cual hizo pecar a Israel; en ellos anduvieron; y también la Ashera quedó en pie en Samaria:)
porque Hazael no había dejado a Joacaz más gente que cincuenta de a caballo, con diez carros de guerra, y diez mil hombres de a pie: pues que los había destruído el rey de Siria, y los había puesto como el polvo cuando se trilla.
Y las demás cosas de Joacaz, y todo lo que hizo, y sus hazañas, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Y yació Joacaz con sus padres, y le sepultaron en Samaria; y reinó Joás su hijo en su lugar.
¶En el año treinta y siete de Joás rey de Judá, comenzó a reinar Joás hijo de Joacaz, sobre Israel, en Samaria; y reinó diez y seis años.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová; no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel: en ellos anduvo.
Y las demás cosas de Joás, y todo lo que hizo, y su esfuerzo con que peleó contra Amasías, rey de Judá, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Y yació Joás con sus padres, y sentóse Jeroboam sobre su trono: y fué sepultado Joás en Samaria con los reyes de Israel.
¶Mas estando Eliseo enfermo de aquella enfermedad suya de la cual había de morir, le fué a ver Joás rey de Israel; y lloró sobre su rostro, y decía: ¡Padre mío! ¡padre mío! ¡carro de Israel y su gente de a caballo!
Entonces le dijo Eliseo: Trae un arco y flechas; y habiéndosele traído arco y flechas,
Eliseo dijo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco; y él la puso. Luego colocó Eliseo sus manos sobre las manos del rey;
y le dijo: Abre la ventana que mira hacia el oriente; y él la abrió. Entonces dijo Eliseo: ¡Tira! y habiendo él tirado, dijo Eliseo: ¡Saeta de victoria por parte de Jehová; sí, saeta de victoria sobre los Siros! porque herirás a los Siros en Afec hasta acabarlos.
De nuevo le dijo: Toma las saetas; y él las tomó. Luego dijo Eliseo al rey de Israel: ¡Hiere la tierra! y él la hirió tres veces, y se detuvo.
Y estalló en ira contra él el varón de Dios, diciendo: ¡Deberías haberla herido cinco o seis veces: entonces hubieras herido a los Siros hasta acabarlos! ahora empero tres veces, no más, herirás la Siria.
¶Murió pues Eliseo, y le sepultaron. Y al entrar el año siguiente, las guerrillas de Moab hacían incursiones en el país.
Y aconteció que mientras algunas personas estaban enterrando a un hombre, he aquí que vieron una guerrilla; con lo cual echaron al hombre dentro del sepulcro de Eliseo; y el hombre fué rodando hasta tocar con los huesos de Eliseo, cuando revivió y se levantó sobre sus pies.
¶Y Hazael rey de la Siria había oprimido a Israel todos los días de Joacaz.
Pero les tuvo misericordia Jehová, y compadecióse de ellos, y volvió hacia ellos su rostro, a causa de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob; y no quiso destruirlos, ni desecharlos de su presencia, hasta entonces.
Y murió Hazael rey de Siria, y reinó Ben-hadad su hijo en su lugar.
Entonces Joás hijo de Joacaz, volvió a quitar de mano de Ben-hadad hijo de Hazael las ciudades que éste había quitado en guerra de mano de Joacaz su padre; tres veces le batió Joás, y recobró las ciudades de Israel.
EN el año segundo de Joás hijo de Joacaz, rey de Israel, comenzó a reinar Amasías hijo de Joás, rey de Judá.
De edad de veinte y cinco años era al entrar a reinar, y veinte y nueve años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Joadán, de Jerusalem.
E hizo lo que era recto a los ojos de Jehová, no empero como David su padre: conforme a todo lo que había hecho su padre Joás, así hizo él.
Ni tampoco fueron quitados los altos; todavía el pueblo siguió sacrificando y quemando incienso en los altos.
Y sucedió, luego que se afirmó el reino en su mano, que mató a los siervos suyos que habían muerto al rey su padre.
Pero a los hijos de los homicidas no los hizo morir; conforme a lo escrito en el Libro de la Ley de Moisés, donde mandó Jehová, diciendo: No han de morir los padres por los hijos, ni los hijos han de morir por los padres; sino que cada cual morirá por su propio pecado.
Hirió de los Idumeos en el Valle de la Sal diez mil hombres, y apoderóse de Petra en guerra; y llamóla Jocteel; nombre que dura hasta el día de hoy.
¶Entonces envió Amasías mensajeros a Joás hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: ¡Ven, veámonos las caras!
Pero Joás rey de Israel envió a Amasías rey de Judá, diciendo: Un cardo que creció en el Líbano envió a un cedro que había en el Líbano, diciendo: Da tu hija a mi hijo por mujer; y una fiera que había en el Líbano pasó, y pisoteó el cardo.
Has batido, es cierto, a Edom, y se te ha elevado el corazón; gloríate de esto, y estáte en tu casa; pues ¿por qué quieres ponerte en contienda con la calamidad, para que te pierdas tú, y Judá contigo?
Mas no quiso escuchar Amasías; por lo cual subió Joás rey de Israel; y se vieron las caras, él y Amasías rey de Judá, en Bet-semes, que pertenece a Judá.
Y fué batido Judá delante de Israel; de modo que huyeron cada cual a su casa.
Y Joás rey de Israel prendió a Amasías rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Ocozías, en Bet-semes; luego fué a Jerusalem, y derribó el muro de Jerusalem, desde la puerta de Efraim hasta la puerta de la Esquina, cuatro- cientos codos.
Y tomó todo el oro y la plata, y todos los vasos que fueron hallados en la Casa de Jehová, y en los tesoros de la casa del rey; tomó rehenes también, y volvióse a Samaria.
Y las demás cosas que hizo Joás, y sus hazañas, y cómo peleó contra Amasías rey de Judá, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Yació pues Joás con sus padres, y fué sepultado en Samaria con los reyes de Israel, y reinó Jeroboam su hijo en su lugar.
¶Y Amasías hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás hijo de Joacáz, rey de Israel.
Y las demás cosas de Amasías ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
E hicieron conspiración contra él en Jerusalem; por lo cual huyó a Laquís; mas enviaron en seguimiento de él hasta Laquís, y le dieron muerte allí:
y le trajeron sobre caballos a Jerusalem; y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David.
¶Entonces tomó todo el pueblo de Judá a Azarías, que tenía diez y seis años de edad, y le hicieron rey en lugar de su padre Amasías.
Él edificó a Elat, y la restituyó a Judá, después de yacer el rey Amasías con sus padres.
¶En el año quince de Amasías hijo de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel, en Samaria; y reinó cuarenta y un años.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová; no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel.
Él restableció los límites antiguos de Israel, desde la entrada de Hamat hasta el Mar del Arabá; conforme a la palabra de Jehová, el Dios de Israel, la que él habló por conducto de su siervo Jonás el profeta, hijo de Amitai, que era de Gat-hefer.
Porque vió Jehová que la aflicción de Israel era amarga en extremo; pues no le quedaba cosa, ni preciosa ni vil; y no había quien ayudase a Israel:
y Jehová no había dicho que raería el nombre de Israel de debajo del cielo; por lo cual salvólos por mano de Jeroboam, hijo de Joás.
Y las demás cosas de Jeroboam, y todo lo que hizo, y el esfuerzo con que peleó, y cómo recobró a Damasco y a Hamat (que habían sido de Judá) para Israel, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
En fin, yació Jeroboam con sus padres, los reyes de Israel; y reinó Zacarías su hijo en su lugar.
EN el año veinte y siete de Jeroboam, rey de Israel, comenzó a reinar Azarías hijo de Amasías, rey de Judá.
De diez y seis años era cuando entró a reinar, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Jecolía, de Jerusalem.
E hizo lo que era recto a los ojos de Jehová, conforme a todo lo que había hecho Amasías su padre.
Pero los altos no fueron quitados; el pueblo todavía siguió sacrificando y quemando incienso en los altos.
Y Jehová hirió al rey, de manera que fué leproso hasta el día de su muerte, y habitaba en una enfermería; mientras tanto Joatam, hijo del rey, tenía el cargo del palacio, juzgando al pueblo de la tierra.
Y las demás cosas de Azarías, y todo lo que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
Yació pues Azarías con sus padres, en la ciudad de David, y reinó Joatam su hijo en su lugar.
¶En el año treinta y ocho de Azarías rey de Judá, Zacarías hijo de Jeroboam comenzó a reinar sobre Israel en Samaria; y reinó seis meses.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, conforme a lo que habían hecho sus padres; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel.
Entonces conspiró contra él Sallum hijo de Jabés, y le hirió en presencia del pueblo, y le mató, y reinó en su lugar.
Y las demás cosas de Zacarías, he aquí que están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.
Tal era la palabra que Jehová habló respecto de Jehú, diciendo: Hijos tuyos hasta la cuarta generación se sentarán en tu lugar sobre el trono de Israel; y así sucedió.
¶Sallum hijo de Jabés comenzó a reinar en el año treinta y nueve de Uzías rey de Judá, y reinó el espacio de un mes en Samaria.
Y subió Menahén hijo de Gadi, desde Tirsa, y vino a Samaria, e hirió a Sallum hijo de Jabés, en Samaria, y matóle, y reinó en su jugar.
Las demás cosas de Sallum, y la conspiración que tramó, he aquí que están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.
Entonces hirió Menahén a Tipsa, y a todos los que había en ella, y a todo su territorio desde Tirsa; por cuanto no le habían abierto las puertas; por tanto la hirió; y a todas las mujeres preñadas que había en ella las hizo rajar.
¶En el año treinta y nueve de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar Manahén hijo de Gadi, sobre Israel; y reinó diez años en Samaria.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová; no se apartó en todos sus días de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel.
Vino Pul rey de Asiria contra la tierra; y Manahén dió a Pul mil talentos de plata para que su mano estuviese con él, a fin de afianzar el reino en su poder.
Y exigió Manahén aquel dinero de Israel, es decir, de todos los poderosos en riquezas, para dárselo al rey de Asiria; cincuenta ciclos de plata de cada uno: por lo cual el rey de Asiria se volvió, y no se detuvo allí en el país.
Las demás cosas de Manahén, y todo lo que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Y yació Manahén con sus padres, y reinó Pecaya, su hijo, en su lugar.
¶En el año cincuenta de Azarías rey de Judá, Pecaya hijo de Manahén comenzó a reinar sobre Israel, en Samaria; y reinó dos años.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel.
Y conspiró contra él Peca hijo de Remalías, capitán suyo, y le hirió en Samaria, en la fortaleza de la casa del rey, con ayuda de Argob y Aryé; y con él había cincuenta hombres de los hijos de Galaad; y le dió muerte, y reinó en su lugar.
Y las demás cosas de Pecaya, y todo lo que hizo, he aquí que están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.
¶En el año cincuenta y dos de Amasías, rey de Judá, comenzó a reinar Peca hijo de Remalías, sobre Israel en Samaria; y reinó veinte años.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel.
En los días de Peca rey de Israel, vino Tiglat-pilneser rey de Asiria, y tomó a Ijón, y a Abel-bet-maaca, y a Janoa, y a Cades, y a Hazor, y a Galaad, y a Galilea, y a toda la tierra de Neftalí; y deportó los habitantes a Asiria.
Y Oseas hijo de Ela, tramó una conspiración contra Peca hijo de Remalías, y le hirió, y le mató, y reinó en su lugar, en el año veinte de Joatam, hijo de Uzías.
Y las demás cosas de Peca, y todo lo que hizo, he aquí que están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.
¶En el año segundo de Peca hijo de Remalías, rey de Israel, comenzó a reinar Joatam hijo de Uzías, rey de Judá.
De edad de veinte y cinco años era cuando entró a reinar, y diez y seis años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Jerusa, hija de Sadoc.
E hizo lo que era recto a los ojos de Jehová: conforme a todo lo que había hecho Uzías su padre, así hizo él.
Pero los altos no fueron quitados; el pueblo aún siguió sacrificando y quemando incienso en los altos. Él edificó la puerta superior de la Casa de Jehová.
Y las demás cosas de Joatam, y todo lo que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
En aquellos días comenzó Jehová a enviar contra Judá a Resín rey de Siria, y a Peca hijo de Remalías.
Y yació Joatam con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre, y Acaz su hijo reinó en su lugar.
EN el año diez y siete de Peca hijo de Remalías, comenzó a reinar Acaz hijo de Joatam, rey de Judá.
De edad de veinte años era Acaz cuando entró a reinar, y diez y seis años reinó en Jerusalem; y no hizo lo que era recto a los ojos de Jehová su Dios, como lo hizo David su padre;
sino que anduvo en el camino de los reyes de Israel; y además, a su mismo hijo le hizo pasar por el fuego, conforme a las abominaciones de las naciones que desposeyó Jehová delante de los hijos de Israel.
Sacrificó también y quemó incienso en los altos, y sobre las colinas, y debajo de todo árbol frondoso.
Entonces Resín rey de Siria, y Peca hijo de Remalías, rey de Israel, subieron contra Jerusalem en guerra, y pusieron sitio a Acaz; mas no pudieron vencerle.
¶En aquel tiempo Resín rey de la Siria restituyó Elat a la Siria, y expulsó a los judíos de Elat; y los Siros vinieron a Elat, y han habitado allí hasta este día.
¶Entonces envió Acaz mensajeros a Tiglat-pilneser rey de Asiria, diciendo: Tu siervo soy, e hijo tuyo. Sube acá y sálvame de mano del rey de Siria y de mano del rey de Israel, los cuales se han levantado contra mí.
Y tomando Acaz la plata y el oro que se hallaban en la Casa de Jehová y en los tesoros de la casa real, lo envió como presente al rey de Asiria.
Y escuchóle el rey de Asiria; de manera que el rey de Asiria subió contra Damasco y apoderóse de ella, y deportó la gente de ella a Kir; y a Resín le dió muerte.
Fué pues el rey Acaz hasta Damasco para recibir a Tiglat-pilneser rey de Asiria; y allí vió el altar que había en Damasco. Y el rey Acaz envió al sumo sacerdote Urías el plan de aquel altar y su diseño, conforme a toda su hechura.
Entonces el sacerdote Urías edificó un altar conforme a todo lo que, desde Damasco, le había enviado a decir el rey Acaz; e hizo Urías el altar, para cuando el rey Acaz volviese de Damasco.
Y cuando el rey volvió de Damasco, el rey inspeccionó el altar; y llegándose el rey al altar, sacrificó sobre él.
Y quemó su holocausto y su ofrenda vegetal, y derramó su libación, y roció la sangre de sus ofrendas pacíficas sobre aquel altar.
Mas en cuanto al altar de bronce que estaba delante de Jehová, lo trajo de delante de la Casa, de entre el altar suyo propio y la Casa de Jehová, y lo colocó al lado de su altar, hacia el norte.
Entonces el rey Acaz mandó al sacerdote Urías, diciendo: Sobre el altar grande harás quemar el holocausto de la mañana, y la oblación de la tarde; también el holocausto del rey, y su ofrenda vegetal; asimismo los holocaustos de todo el pueblo de la tierra, y las ofrendas vegetales de ellos, y sus libaciones; y toda la sangre de los holocaustos, y toda la sangre de los demás sacrificios, la derramarás sobre él: mas el altar de bronce será mío, para consultar a Dios.
¶Y el sacerdote Urías hizo según todo lo que le había mandado el rey Acaz.
Y el rey Acaz cortó los entrepaños de las basas, y quitó de sobre ellas las fuentes; y bajó el mar de sobre los bueyes de bronce que había debajo de él, y lo asentó sobre un pavimento de piedras.
Asimismo el dosel para el día del sábado, que habían edificado en la Casa, juntamente con la entrada exterior para el rey, los pasó adentro a la Casa de Jehová, por causa del rey de Asiria.
Y las demás cosas que hizo Acaz ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
Y yació Acaz con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David, y Ezequías su hijo reinó en su lugar.
EN el año doce de Acaz rey de Judá, Oseas hijo de Ela comenzó a reinar sobre Israel, en Samaria; y reinó nueve años.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová; mas no como los reyes de Israel que habían sido antes de él.
Contra él subió Salmanasar rey de Asiria; y Oseas se hizo siervo suyo, y le pagó tributo.
Pero el rey de Asiria descubrió que Oseas tramaba una conspiración; porque había enviado embajadores a So rey de Egipto, y no le envió tributo al rey de Asiria, como solía hacer de año en año. Por lo cual el rey de Asiria le privó de libertad, y le encerró en una cárcel.
Porque pasando el rey de Asiria por todo el país, subió contra Samaria, y la tuvo sitiada tres años.
En el año noveno de Oseas el rey de Asiria tomó a Samaria, y a Israel lo deportó a Asiria; y los estableció en Halah, y en Habor, junto al río Gozán; y en las ciudades de los Medos.
¶Y sucedió así, por cuanto los hijos de Israel habían pecado contra Jehová su Dios, que los hizo subir de la tierra de Egipto, de bajo la mano de Faraón rey de Egipto: pues habían temido a otros dioses,
y andado en los estatutos de las naciones que Jehová desposeyó delante de los hijos de Israel, y en aquellos que habían hecho los reyes de Israel.
Además, los hijos de Israel hicieron disimuladamente cosas que no eran rectas delante de Jehová su Dios; pues edificaron para sí altos en todas sus ciudades, desde las torres de atalayas hasta las ciudades fortalecidas.
Y erigían para sí estatuas y Asheras sobre todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso;
y quemaron incienso allí en todos los altos, a la manera de las naciones que Jehová había quitado de delante de ellos; e hicieron cosas malas, provocando a ira a Jehová.
Y rindieron culto a ídolos; de los cuales les había dicho Jehová: ¡No habéis de hacer esto!
Y Jehová había testificado contra Israel y contra Judá, por medio de todos sus profetas y de todos los videntes, diciendo: ¡Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis estatutos, conforme a toda la ley que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas.
Mas ellos no quisieron escuchar, sino antes endurecieron su cerviz como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios;
y desecharon sus estatutos, y su pacto que había hecho con sus padres, y sus testimonios que él les había prescrito; y anduvieron tras la vanidad y se hicieron vanos; siguiendo en pos de las naciones que estaban en derredor de ellos; respecto de quienes les había mandado Jehová que no hiciesen a la manera de ellas.
En fin, abandonaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, e hicieron para sí imágenes de fundición, los dos becerros; hicieron además Asheras, y se postraron ante todo el ejército del cielo, y sirvieron a Baal.
También hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por el fuego; y practicaron la adivinación, y usaron de agüeros, y se vendieron a hacer lo que era malo a los ojos de Jehová, para provocarle a ira.
Por lo cual airóse Jehová mucho contra Israel, y quitólos de delante de su presencia: no quedó sino solamente la tribu de Judá.
Mas ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová su Dios; sino que anduvieron en los estatutos de Israel, que ellos habían hecho.
¶Por manera que desechó Jehová a toda la simiente de Israel, y afligiólos, y entrególos en mano de quienes los saqueaban; hasta que acabase de arrojarlos de su presencia.
Porque rasgó a Israel, quitándole de la casa de David; y ellos constituyeron rey a Jeroboam hijo de Nabat; y Jeroboam obligó a Israel a separarse de Jehová, y los hizo cometer un gran pecado.
Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam, que éste cometió; nunca se apartaron de ellos;
hasta tanto que Jehová quitó de su presencia a Israel, como habló por todos sus siervos los profetas. De esta manera Israel fué deportado de su tierra a la Asiria, hasta este día.
¶Entonces el rey de Asiria trajo gentes de Babilonia, y de Cuta, y de Ava, y de Hamat, y de Sefarvaim, y las estableció en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel: ellos pues poseyeron a Samaria y habitaron en las ciudades de ella.
Mas aconteció que cuando comenzaron a habitar allí, como no temiesen a Jehová, envió Jehová leones entre ellos, que los iban matando.
Por lo cual aquellas gentes enviaron a decir así al rey de Asiria: Las gentes que traspasaste y estableciste en las ciudades de Samaria, no entienden el uso del dios del país, y él ha enviado entre ellos leones que, he aquí, las están matando, por no entender ellos el uso del dios del país.
Entonces mandó el rey de Asiria, diciendo: Llevad allá uno de los sacerdotes que transportasteis de allí, para que vaya y habite allí, y les enseñe el uso del dios del país.
Vino pues uno de los sacerdotes que habían transportado de Samaria, y habitó en Bet-el, y les enseñó cómo habían de temer a Jehová.
Esto no obstante, ellos continuaban haciendo cada nación su propio dios; y los pusieron en las casas de los altos que los Samaritanos habían edificado, cada nación en las ciudades en donde habitaban.
Los hombres de Babilonia hicieron a Succot-benot; y los hombres de Cuta hicieron a Nergal; y los hombres de Hamat hicieron a Asima;
y los Aveos hicieron a Nibcaz y a Tartac; y los Sefarvitas continuaban quemando a sus hijos en el fuego a Adramelec y a Anamelec, dioses de Sefarvaim.
Y así temían a Jehová, y de la generalidad de ellos mismos hacían para sí sacerdotes de los altos; los cuales ofrecían sacrificios por ellos en las casas de los altos.
Temían a Jehová, mas servían a sus propios dioses, conforme a la costumbre de las naciones de donde ellos habían sido transportados.
Hasta este mismo día ellos continúan haciendo conforme a sus antiguas costumbres. No temen ellos a Jehová ni obran conforme a sus propios estatutos y sus propias costumbres, ni tampoco siguen la ley y el mandamiento que prescribió Jehová a los hijos de Jacob (a quien le puso el nombre de Israel),
y con quienes había hecho un pacto, y les había mandado, diciendo: No temáis a otros dioses, ni os postréis ante ellos, ni los sirváis, ni les ofrezcáis sacrificios;
sino que a Jehová, que os hizo subir de la tierra de Egipto con poder grande y con brazo extendido, a él habéis de temer, y a él adorar, y a él ofrecer sacrificios;
y los estatutos, y los juicios, y la ley, y el mandamiento que él os dió por escrito, cuidaréis de cumplirlos todos los días; y no habéis de temer a otros dioses.
Y el pacto que hice con vosotros no lo habéis de olvidar, ni temeréis a otros dioses:
sino que a Jehová vuestro Dios habéis de temer; y él os librará de mano de todos vuestros enemigos.
Empero ellos no escucharon; sino que conforme a su antigua costumbre están haciendo todavía.
Así pues continúan estas naciones temiendo a Jehová, y a sus propias esculturas continúan dando culto: sus hijos también hacen lo mismo, y los hijos de sus hijos: conforme hicieron sus padres, ellos siguen haciendo hasta el día de hoy.
Y ACONTECIÓ que en el año tercero de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías hijo de Acaz, rey de Judá.
De edad de veinte años era cuando entró a reinar, y veinte y nueve años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Abí, hija de Zacarías.
E hizo lo que era recto a los ojos de Jehová, conforme a todo lo que había hecho David su padre.
Quitó los altos, y quebró las estatuas, y cortó la Ashera y rompió a martillazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés; porque hasta aquellos días seguían los hijos de Israel quemándole incienso; y lo apellidó Nehustán.
En Jehová, el Dios de Israel, confió; y después de él no hubo otro como él entre todos los reyes de Judá, ni tampoco lo hubo entre los que habían sido antes de él.
Porque adhirióse a Jehová; nunca se apartó de en pos de él, sino que guardó sus mandamientos que había prescrito Jehová a Moisés.
Jehová también era con él; a dondequiera que salía, tuvo buen suceso: rebelóse también contra el rey de Asiria, y no le sirvió.
Hirió a los Filisteos hasta Gaza y las comarcas de ella; talándolo todo, desde las torres de los atalayas hasta las ciudades fortalecidas.
¶Y sucedió en el año cuarto del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, que subió Salmanasar rey de Asiria contra Samaria, y le puso cerco.
Y la tomaron al fin de tres años: en el año sexto de Ezequías, que era el año noveno de Oseas rey de Israel, fué tomada Samaria.
Y el rey de Asiria deportó los Israelitas a la Asiria, y los colocó en Halah, y en Habor, junto al río Gozán y en las ciudades de los Medos;
por cuanto no obedecieron la voz de Jehová su Dios, sino que traspasaron su pacto, es decir, todo lo que había mandado a Moisés, siervo de Jehová; pues no quisieron escucharlo, ni practicarlo.
¶En el año decimocuarto del rey Ezequías, subió Senaquerib rey de Asiria contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y apoderóse de ellas.
Entonces envió Ezequías rey de Judá al rey de Asiria, a Laquís, diciendo: Yo he pecado; retírate de mí: lo que me impusieres lo pagaré. Y el rey de Asiria impuso a Ezequías rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro.
Y le dió Ezequías todo el dinero que fué hallado en la Casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real.
En aquel tiempo cortó Ezequías el oro de las puertas del templo de Jehová, y de las columnas que había cubierto el mismo Ezequías rey de Judá, y diólo al rey de Asiria.
¶Entonces el rey de Asiria envió a Tartán y a Rab-sarís y a Rabsaces, desde Laquís a Ezequías, con grande ejército hasta Jerusalem; los cuales subieron y se llegaron a Jerusalem. Subieron pues y se llegaron, e hicieron alto junto al acueducto del estanque superior, que está junto a la calzada del Campo del Batanero.
Entonces llamando ellos al rey, salió a tratar con ellos Eliaquim hijo de Helcías, mayordomo de palacio, con Sebna, secretario, y Joah hijo de Asaf, cronista.
Y les dijo Rabsaces: Ruégoos digáis a Ezequías: Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ¿Qué confianza es ésta en que tú te apoyas?
Tú dices (empero son palabras vanas): Tengo consejo y esfuerzo para la guerra. Ahora pues, ¿en quién confías para que te rebeles contra mí?
Ahora bien, he aquí que confías en este báculo de caña cascada, es decir, en Egipto, en quien si alguno se apoyare, le entrará en la mano y se la traspasará. Tal es Faraón rey de Egipto para todos los que confían en él.
Y aun cuando me digáis: En Jehová, el Dios nuestro, confiamos, ¿no es el mismo cuyos altos y cuyos altares ha quitado Ezequías, diciendo a Judá y a Jerusalem: Delante de este altar, en Jerusalem, habéis de adorar?
Ahora pues, yo te ruego que canjees garantías con mi señor, el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si de tu parte puedes poner jinetes sobre ellos.
¿Cómo entonces podrás hacer volver el rostro de un solo prefecto de los menores de los siervos de mi señor, poniendo tu confianza en Egipto para proveerte de carros y caballería?
¿Acaso he subido yo ahora sin Jehová contra este lugar, para destruirlo? Jehová mismo me ha dicho: Sube contra esta tierra y destrúyela.
¶Dijo entonces Eliaquim hijo de Helcías, con Sebna y Joah, a Rabsaces: Ruégote hables con tus siervos en siriaco, que nosotros lo entendemos; y no nos hables en judaico, a comprensión de la gente que está sobre el muro.
Mas Rabsaces les respondió: ¿Por ventura me ha enviado mi señor a tu señor y a ti, para decir estas palabras? ¿No me ha enviado también a los hombres que están sentados sobre el muro, expuestos como están a comer su mismo estiércol y a beber sus orines con vosotros?
Entonces Rabsaces se puso en pie y clamó con voz grande en lengua judaica; y habló, diciendo: ¡Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria!
Así dice el rey: No os engañe Ezequías; porque no podrá él libraros de mano del rey.
Ni tampoco os haga confiar Ezequías en Jehová, diciendo: De seguro que Jehová nos librará, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria.
No escuchéis a Ezequías; porque así dice el rey de Asiria: Haced paz conmigo, y salid a mí; y comed cada cual de su vid y cada cual de su higuera, y bebed cada cual de las aguas de su cisterna;
hasta que yo venga, y os lleve a otra tierra parecida a la vuestra, tierra de trigo y de vino, tierra de pan llevar y de viñas, tierra de olivos aceitunos y de miel; con lo cual viviréis y no moriréis. No escuchéis pues a Ezequías, porque quiere alucinaros, diciendo: ¡Jehová nos librará!
¿Acaso los dioses de las naciones han librado en manera alguna cada cual a su tierra de mano del rey de Asiria?
¿Dónde están los dioses de Hamat, y de Arfad? ¿Dónde los dioses de Sefarvaim, de Hena, y de Iva? ¿Cuándo a Samaria libraron de mi mano los dioses suyos?
¿Quiénes entre todos los dioses de los países son los que han librado sus tierras de mi mano, para que pueda Jehová librar a Jerusalem de mi mano?
Mas el pueblo permaneció callado y no le respondió palabra; porque ello era mandamiento del rey, diciendo: No le respondáis.
¶Entonces Eliaquim hijo de Helcías, mayordomo de palacio, y Sebna secretario, y Joah hijo de Asaf, cronista, volvieron a Ezequías, rasgados sus vestidos, y le refirieron las palabras de Rabsaces.
Y ACONTECIÓ que como le oyese el rey Ezequías, rasgó sus vestidos, y cubriéndose de saco, entró en la Casa de Jehová.
Envió también a Eliaquim, mayordomo de palacio, y a Sebna, secretario, y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de saco, a Isaías profeta, hijo de Amoz.
Y ellos le dijeron: Así dice Ezequías: Día de angustia y de reconvención y de ultraje es este día; porque han llegado los hijos al punto de nacer, mas la que pare no tiene fuerzas.
Quizá oirá Jehová tu Dios todas las palabras de Rabsaces, a quien su amo, el rey de Asiria, ha enviado para vituperar al Dios vivo; y reprenderá las palabras que ha oído Jehová tu Dios: haz pues oración a favor del resto que aún nos queda.
Fueron pues los siervos del rey Ezequías a Isaías.
E Isaías les respondió: Así diréis a vuestro señor: Así dice Jehová: No temas a causa de las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.
He aquí que yo pondré otro espíritu en él, y oirá un rumor, y se volverá a su tierra; y haré que caiga a espada en su propia tierra.
¶Volvió pues Rabsaces, y halló al rey de Asiria peleando contra Libna: porque supo que se había retirado de Laquís.
Mas cuando Senaquerib oyó decir de Tirhaca rey de Etiopía: He aquí que ha salido para hacer guerra contra ti; volvió a enviar mensajeros a Ezequías, diciendo:
Así hablaréis a Ezequías rey de Judá, diciendo: No te engañe tu Dios en quien confías, diciendo: Jerusalem no será entregada en mano del rey de Asiria.
He aquí que tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas completamente; ¿y acaso tú serás librado?
¿Por ventura los dioses de las naciones a quienes destruyeron mis padres las libraron a ellas; como Gozán y Harán y Rezef y los hijos de Edén, que habitaban en Telassar?
¿Dónde están el rey de Hamat y el rey de Arfad y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena, y de Iva?
¶Y Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros, y la leyó; luego subió a la Casa de Jehová, y la extendió Ezequías delante de Jehová.
Y oró Ezequías delante de Jehová, y dijo: ¡Oh Jehová, el Dios de Israel, que habitas entre los querubines! ¡tú solo eres el Dios de todos los reinos de la tierra: tú hiciste los cielos y la tierra!
Inclina, oh Jehová, tu oído y oye; abre, oh Jehová, tus ojos y ve; y atiende a las palabras de Senaquerib, el cual ha enviado a vituperar al Dios vivo.
Verdaderamente, oh Jehová, los reyes de Asiria han asolado las naciones y sus tierras;
y han echado sus dioses en el fuego; porque ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, palo y piedra; y por eso los pudieron destruir.
Ahora pues, ¡oh Jehová, Dios nuestro, sálvanos, te lo ruego, de su mano; y conozcan todos los reinos de la tierra que tú eres Jehová Dios, y tú solo!
¶Entonces Isaías hijo de Amoz envió a Ezequías, diciendo: Así dice Jehová, el Dios de Israel: Lo que me pediste en oración acerca de Senaquerib rey de Asiria, lo he oído.
Este es pues el oráculo que ha pronunciado Jehová acerca de él: ¡La virgen, hija de Sión, te desprecia, te escarnece! ¡tras de ti menea su cabeza la hija de Jerusalem!
¿A quién has vituperado y blasfemado? ¿y contra quién has alzado la voz y levantado en alto tus ojos? ¡contra el Santo de Israel!
Por mano de tus mensajeros has vituperado al Señor, y has dicho: ¡Con la multitud de mis carros yo he subido a las alturas de las montañas, a lo más inaccesible del Líbano: cortaré pues sus altos cedros, y los más escogidos de sus abetos; alojaréme en sus más elevadas cumbres, el bosque de sus feraces campos!
¡Yo he cavado y bebido las aguas extrañas; y secaré con las plantas de mis pies todos los ríos de Egipto!
¿Acaso nunca has oído tú, orgulloso rey, que de luengos tiempos lo hice yo; que de los días de la antigüedad lo tengo yo ideado? ahora empero lo he hecho suceder; y tú serás para hacer desolaciones, tornando ciudades fortificadas en montones de escombros.
Por tanto sus habitantes se hallaban de corto poder; fueron acobardados y confundidos; vinieron a ser como la hierba del campo, y la verdura de legumbres, como hierba de los terrados, y como el trigo marchitado antes de su madurez.
Empero yo he conocido tu sentarte, y tu salida, y tu entrada, y tu rabia contra mí.
A causa de tu rabia contra mí, y por cuanto tu soberbia ha subido y entrado en mis oídos, yo pondré mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios; y te haré volver por el camino por donde viniste.
Y esto, oh Ezequías, te servirá de señal: Comed en este año lo sembrado de suyo, también en el segundo lo que de ello naciere; mas en el año tercero, sembrad y segad; plantad viñas también y comed su fruto.
Y volverá lo que ha escapado de la casa de Judá, un resto pequeño, a echar raíces hacia abajo, y llevará fruto hacia arriba.
Porque de Jerusalem saldrá un resto, y del monte de Sión algunos que se salven. El celo de Jehová de los Ejércitos hará esto.
¶Por tanto, así dice Jehová respecto del rey de Asiria: No vendrá a esta ciudad, ni disparará aquí flecha, ni presentará delante de ella escudo, ni levantará terraplén contra ella.
Por el camino que vino, por el mismo se volverá; y a esta ciudad nunca llegará, dice Jehová.
Porque yo amparare a esta ciudad para salvarla, por mi propia causa, y por amor de David, mi siervo.
¶Y aconteció que en aquella misma noche salió un ángel de Jehová, e hirió en el campamento de los Asirios ciento ochenta y cinco mil hombres: y cuando se levantaron por la mañana los que sobrevivieron, ¡he aquí que todos ellos eran cuerpos muertos!
Entonces Senaquerib rey de Asiria levantó el campamento, y se fué, y volvió a su tierra, y habitó en Nínive.
Y aconteció que estando él adorando en la casa de Nisroc, dios suyo, Adramelec y Sarezer, sus mismos hijos, le hirieron a espada; y escaparon al país de Armenia: y reinó Esar-hadón, hijo suyo, en su lugar.
EN aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a verle el profeta Isaías hijo de Amoz; y le dijo: Así dice Jehová: Dispón tu casa; porque morirás y no vivirás.
Entonces él volvió su cara hacia la pared, y oró a Jehová, diciendo:
¡Oh, Jehová! ¡acuérdate, te lo suplico, de cómo he andado delante de tu rostro fielmente, y con corazón sincero, y he hecho lo que es bueno ante tu vista! Y lloró Ezequías con llanto grande.
¶Y aconteció que antes que Isaías hubiese salido a la mitad del patio, tuvo revelación de Jehová, que decía:
Vuelve, y di a Ezequías, caudillo de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: He oído tu oración, he visto tus lágrimas; he aquí que te voy a sanar: al tercer día subirás a la Casa de Jehová.
Y añadiré a tus días quince años; y de la mano del rey de Asiria te libraré a ti, y a esta ciudad; pues yo ampararé esta ciudad a causa de mí mismo, y por amor de David mi siervo.
Y dijo Isaías: Traed una masa de higos secos. Y la trajeron y pusieron sobre la úlcera; y Ezequías sanó.
Y Ezequías había dicho a Isaías: ¿Qué señal me darás de que Jehová me va a sanar, y de que al tercer día subiré á la Casa de Jehová?
A lo que dijo Isaías: Esto te será señal de parte de Jehová, de que Jehová cumplirá la palabra que ha dicho: Ha bajado ya la sombra diez grados en este reloj de sol; ¿quieres que vuelva atrás diez grados?
Y respondió Ezequías: Cosa es de poca monta que la sombra decline diez grados; no, quiero antes que vuelva la sombra hacia atrás diez grados.
Entonces el profeta Isaías clamó a Jehová, el cual hizo que la sombra volviese atrás diez grados, por los grados que ya había bajado en el reloj de sol de Acaz.
¶En aquel tiempo Berodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un presente a Ezequías; porque supo que Ezequías había estado enfermo.
Y Ezequías prestó oído a los mensajeros, y les mostró toda la casa de sus tesoros, plata, y oro, y especias, y aceite oloroso, y el almacén de sus armas; en fin, todo lo que se hallaba entre sus tesoros: no hubo nada en su casa y en todo su dominio, que no se lo mostrase Ezequías.
Entonces vino el profeta Isaías al rey Ezequías, y le dijo: ¿Qué te han dicho esos hombres? ¿y de dónde han venido a ti? Y respondió Ezequías: De una tierra lejana han venido, es a saber, de Babilonia.
De nuevo le dijo: ¿Qué han visto en tu casa? A lo que dijo Ezequías: Todo cuanto hay en mi casa lo han visto; no hay cosa entre mis tesoros que no les haya mostrado.
Entonces Isaías dijo a Ezequías: Oye el oráculo de Jehová:
He aquí que vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa; y cuanto han atesorado tus padres hasta este día, será llevado a Babilonia, sin que quede nada, dice Jehová.
Y de tus hijos que procedieren de ti, a quienes tú engendrares, algunos serán llevados, que serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia.
Y Ezequías respondió a Isaías: Buena es la palabra de Jehová que tú has hablado. Dijo también: ¿No es así, si hay paz y seguridad en mis días?
Y las demás cosas de Ezequías, y todo su poder, y cómo hizo el estanque y el acueducto con que introdujo agua en la ciudad, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
Y yació Ezequías con sus padres, y Manasés su hijo reinó en su lugar.
DE edad de doce años era Manasés cuando entró a reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Hefzi-ba.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las naciones que desposeyó Jehová delante de los hijos de Israel.
Porque volvió a edificar los altos que Ezequías su padre había destruído; y levantó altares para Baal, e hizo una Ashera, como había hecho Acab rey de Israel; y postróse ante todo el ejército del cielo, y les rindió culto.
Edificó también altares dentro de la Casa de Jehová, de la cual había dicho Jehová: En Jerusalem pondré mi Nombre:
y edificó altares a todo el ejército del cielo en ambos atrios de la Casa de Jehová:
e hizo pasar a su mismo hijo por el fuego; y observaba los agüeros, y practicaba la adivinación, y tuvo trato con espíritu pitónico, y con los mágicos; e hizo mucha maldad a los ojos de Jehová, para provocarle a ira.
También la escultura de la Ashera que había hecho, la colocó en la Casa de la cual había dicho Jehová a David y a Salomón su hijo: En esta Casa, y en Jerusalem que yo he escogido entre todas las tribus de Israel, pondré mi Nombre para siempre;
y no volveré más a permitir que el pie de Israel se mueva del suelo que he dado a sus padres; con tal que cuiden de hacer conforme a todo lo que les tengo mandado, y a toda aquella ley que les prescribió mi siervo Moisés.
Mas ellos no escucharon; y Manasés les incitó a que hiciesen peor que las naciones que destruyó Jehová delante de los hijos de Israel.
¶Entonces habló Jehová por sus siervos los profetas, diciendo:
Por cuanto Manasés rey de Judá ha cometido estas abominaciones, haciendo peor que todo lo que hicieron los Amorreos que fueron antes de él; y ha hecho pecar a Judá también con sus ídolos;
por tanto, así dice Jehová el Dios de Israel: He aquí que voy a traer el mal sobre Jerusalem y Judá, tal que a cualquiera que lo oyere le retiñan ambos oídos.
Porque extenderé sobre Jerusalem el cordel de Samaria, y la plomada de la casa de Acab, y limpiaré a Jerusalem como suele uno limpiar una escudilla; la limpia, y la vuelve boca abajo.
Y desecharé los restos de mi herencia, y los entregaré en mano de sus enemigos; y serán presa y despojo para todos sus enemigos:
por cuanto han hecho lo que es malo a mis ojos, y han seguido provocándome a ira desde aquel día en que salieron sus padres de Egipto, hasta el día de hoy.
Además de esto, Manasés derramó la sangre inocente en grande abundancia, hasta llenar a Jerusalem de cabo a cabo; fuera de su pecado con que hizo pecar a Judá, haciendo lo que era malo a los ojos de Jehová.
Y las demás cosas de Manasés, y todo lo que hizo, y su pecado que cometió, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
En fin, yació Manasés con sus padres y fué enterrado en el jardín de su propia casa, el jardín de Uza; y Amón su hijo reinó en su lugar.
¶De edad de veinte y dos años era Amón cuando entró a reinar, y doce años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Mesulemet hija de Haruz, de Jotba.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, como lo había hecho Manasés su padre;
y anduvo en todo el camino en que anduvo su padre; pues sirvió a los ídolos que había servido su padre, y postróse ante ellos:
y abandonó a Jehová, el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehová.
Y conspiraron los siervos de Amón contra él, y mataron al rey en su propia casa.
Pero el pueblo del país mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón; y el pueblo del país hizo rey a Josías su hijo en su lugar.
Y las demás cosas que hizo Amón ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
Y fué sepultado en el sepulcro, en el jardín de Uza; y reinó Josías su hijo en su lugar.
DE edad de ocho años era Josías cuando entró a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Jedida hija de Adaya, de Boscat.
E hizo lo que era recto a los ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda.
¶Y aconteció que en el año diez y ocho del rey Josías, el rey envió a Safán hijo de Azalía, hijo de Mesullam, secretario, a la Casa de Jehová, diciendo:
Véte a Helcías sumo sacerdote, y díle que haga la suma del dinero que ha ingresado en la Casa de Jehová, que los porteros han recogido del pueblo;
y lo entreguen en mano de los sobrestantes que hacen la obra en la Casa de Jehová, y ellos lo darán a los que trabajan en la obra que haya que hacer en la Casa de Jehová, para que reparen las quiebras de la Casa:
es decir, a los carpinteros, y a los edificadores, y a los albañiles; y para que compren maderas y piedras labradas; a fin de hacer las reparaciones de la Casa.
Empero no se les ha de pedir cuenta del dinero que se da en su poder; porque ellos obran con fidelidad.
¶Entonces dijo Helcías sumo sacerdote, a Safán, secretario: He hallado un ejemplar del Libro de la Ley en la Casa de Jehová. Y Helcías dió el libro a Safán, el cual lo leyó.
Entonces Safán, secretario, volvió al rey, y le trajo razón, diciendo: Tus siervos han sacado el dinero que se halló en la Casa, y lo han entregado en mano de los sobrestantes que hacen la obra de la Casa de Jehová.
Luego el secretario Safán avisó al rey, diciendo: El sacerdote Helcías me ha dado un libro. Y leyólo Safán delante del rey.
Y sucedió que como oyese el rey las palabras del Libro de la Ley, rasgó sus vestidos.
Y el rey mandó al sacerdote Helcías, y a Ahicam hijo de Safán, y a Acbor hijo de Micaya, y a Safán secretario, y a Asaya siervo del rey, diciendo:
Id, consultad a Jehová por mí, y por el pueblo, y por todo Judá, con motivo de las palabras de este libro que ha sido hallado; porque grande es la ira de Jehová que se ha encendido contra nosotros; por cuanto nuestros padres no han escuchado las palabras de este libro, para hacer conforme a todo lo que nos estaba prescrito.
¶Entonces Helcías sacerdote, y Ahicam, y Acbor, y Safán, y Asaya fueron a Hulda profetisa, mujer de Sallum hijo de Ticva, hijo de Carcás, jefe del guardarropa, la cual habitaba en Jerusalem, en la ciudad segunda, y hablaron con ella.
Y ella les respondió: Así dice Jehová, el Dios de Israel: Decid al varón que os ha enviado a mí:
Así dice Jehová: He aquí que voy a traer el mal sobre este lugar, y sobre sus habitantes, a saber, todas las palabras del libro que acaba de leer el rey de Judá;
por cuanto me han dejado, y han quemado incienso a otros dioses, provocándome a ira con todas las obras de sus manos; de modo que ya arde mi ira contra este lugar, y no se apagará.
Empero en cuanto al rey de Judá que os ha enviado a consultar a Jehová, así le diréis: Así dice Jehová, el Dios de Israel; tocante a las palabras que has oído,
por cuanto fué tierno tu corazón, y te humillaste delante de Jehová, cuando oíste lo que yo he pronunciado contra este lugar, y contra sus habitantes, a saber, que vendrían a ser un asombro y una maldición; y has rasgado tus vestidos, y has llorado delante de mí; por lo mismo te he oído, dice Jehová.
Por lo cual te voy a recoger a tus padres, y serás recogido a tu sepulcro en paz, y no verán tus ojos todo el mal que voy a traer sobre este lugar. Y ellos llevaron al rey esta respuesta.
ENTONCES el rey expidió orden, y se juntaron a él todos los ancianos de Judá, y de Jerusalem.
Y subió el rey a la Casa de Jehová, y todos los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalem con él, y los sacerdotes, y los profetas, y todo el pueblo, chicos y grandes; y se leyeron, a oídos de ellos, todas las palabras del Libro del Pacto, que fué hallado en la Casa de Jehová.
En seguida el rey se puso de pie sobre el tablado, y renovó el pacto delante de Jehová; de que andarían en pos de Jehová, y que guardarían sus mandamientos, y sus testimonios, y sus estatutos con todo el corazón, y con toda el alma, y que cumplirían las palabras de este pacto, escritas en aquel libro: y todo el pueblo entró en el pacto.
Entonces el rey mandó a Helcías sumo sacerdote, y a los sacerdotes de segundo orden y a los porteros, que sacasen del Templo de Jehová todos los utensilios hechos para el culto de Baal, y para la Ashera, y para todo el ejército del cielo; y los quemaron fuera de Jerusalem, en los campos del Cedrón; y llevaron sus cenizas a Bet-el.
Y quitó a los kemarim que los reyes de Judá habían constituído para quemar incienso en los altos de las ciudades de Judá, y en los alrededores de Jerusalem; también a los que quemaron incienso a Baal, y al sol, y a la luna, y a las doce constelaciones, y a todo el ejército del cielo.
Y sacó a la Ashera de la Casa de Jehová, fuera de Jerusalem, al valle del Cedrón, y la quemó en el valle del Cedrón, y la molió a golpes, hasta reducirla a polvo; y arrojó su polvo sobre las sepulturas de la gente del pueblo.
Derribó también las moradas de los sodomitas que estaban en la Casa de Jehová, en donde las mujeres tejían pabellones para la Ashera.
Y trajo a todos los sacerdotes desde las ciudades de Judá; y profanó los altos en donde los sacerdotes quemaban incienso, desde Geba hasta Beer-seba. Y derribó los altos de las puertas, el que estaba a la entrada de la puerta de Josué, gobernador de la ciudad, y el que estaba a la izquierda del que entra por la puerta principal de la ciudad.
Empero los sacerdotes de los altos no podían subir al altar de Jerusalem; si bien comían de los panes ázimos en medio de sus hermanos.
Asimismo profanó a Tofet, situado en el Valle del Hijo de Hinom, para que nadie hiciese pasar a su hijo o su hija por el fuego a Moloc.
Asimismo los caballos que los reyes de Judá habían dado al sol, los quitó de la entrada de la Casa de Jehová, de junto al aposento del eunuco Natán-melec, que estaba en los Parvarim: y quemó a fuego los carros del sol.
Los altares también que estaban sobre el terrado de la cámara alta de Acaz, los que hicieron los reyes de Judá, y los altares que hizo Manasés en los dos atrios de la Casa de Jehová, los derribó el rey, y los arrojó de allí, e hizo echar su polvo en el torrente Cedrón.
Asimismo los altos que había frente a Jerusalem, que estaban a la derecha del monte de Corrupción, los que edificó Salomón rey de Israel para Astarot, ídolo detestable de los Sidonios, y para Cemos, ídolo detestable de Moab, y para Milcam, ídolo abominable de los hijos de Ammón, a todos los profanó el rey.
E hizo pedazos las estatuas, y cortó las Asheras; y llenó aquellos sitios de huesos humanos.
¶A más de esto, aquel altar en Bet-el y el alto que hizo Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel, así el altar como el alto los destruyó; pues quemó el alto, y molió a golpes el altar hasta reducirlo a polvo, y quemó la Ashera.
Entonces volviendo Josías el rostro echó de ver los sepulcros que había allí en el cerro, y envió y sacó los huesos de los sepulcros, y los quemó sobre el altar; y así los profanó, conforme a la palabra de Jehová que había proclamado aquel varón de Dios que anunció estas cosas.
Entonces dijo el rey: ¿Qué monumento es aquel que veo allá? Y le respondieron los hombres de la ciudad: El sepulcro es del varón de Dios que vino de Judá, y proclamó contra el altar de Bet-el estas cosas que tú acabas de hacer.
Él entonces dijo: ¡Dejadle; que nadie moleste sus huesos! De suerte que escaparon sus huesos, juntamente con los huesos del profeta que había venido de Samaria.
Asimismo todas las casas de los altos que había en las ciudades de Samaria, que habían hecho los reyes de Israel para provocar a ira a Jehová, las quitó Josías; e hizo con ellas conforme a todo lo que había hecho en Bet-el.
Sacrificó también a todos los sacerdotes de los altos que halló allí, sobre sus mismos altares; y quemó sobre ellos huesos humanos; y volvióse a Jerusalem.
Entonces mandó el rey a todo el pueblo, diciendo: Celebrad la Pascua a Jehová vuestro Dios, conforme a lo que está escrito en este Libro del Pacto.
Cierto que nunca fué celebrada Pascua como ésta desde los días de los jueces que juzgaron a Israel, ni en todos los días de los reyes de Israel, ni de los reyes de Judá:
mas en el año décimo octavo del rey Josías fué celebrada esta Pascua a Jehová en Jerusalem.
¶En fin, a los nigrománticos, y a los mágicos, y a los dioses familiares, y los ídolos, y todas las abominaciones que pudieron verse en la tierra de Judá y en Jerusalem, los extirpó Josías; a fin de dar efecto a las palabras de la ley, escritas en el libro que había hallado el sacerdote Helcías en la Casa de Jehová.
Y nunca hubo antes de él rey alguno como él que tornóse a Jehová con todo su corazón y con toda su alma y con todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él se ha levantado otro como él.
Sin embargo de esto, no volvió Jehová del ardor de su grande ira con que su ira ya ardía contra Judá, a causa de todas las provocaciones con que Manasés le había provocado.
Por lo cual dijo Jehová: A Judá también voy a quitar de mi presencia, como he quitado a Israel; y rechazaré con desprecio a esta ciudad, Jerusalem, que yo había escogido, y la Casa de que había dicho: Estará allí mi Nombre.
Y las demás cosas de Josías, y todo lo que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
¶En sus días subió Faraón Necao, rey de Egipto, contra el rey de Asiria, junto al río Eufrates; y marchó el rey Josías a su encuentro; el cual le mató en Meguido, cuando le vió.
Y sus siervos le llevaron moribundo, en un carro, desde Meguido, y le trajeron a Jerusalem, y le enterraron en su propio sepulcro. Entonces el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y le ungieron, y le hicieron rey en lugar de su padre.
¶De edad de veinte y tres años era Joacaz cuando entró a reinar, y tres meses reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Hamutal hija de Jeremías, de Libna.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, conforme a todo lo que habían hecho sus padres.
Y Faraón Necao le puso en prisiones en Ribla, en tierra de Hamat, para que no reinase en Jerusalem. E impuso al país una multa de cien talentos de plata y un talento de oro.
Y Faraón Necao hizo rey a Eliaquim hijo de Josías, en lugar de Josías su padre; y mudó su nombre en el de Joaquim. Mas a Joacaz se lo llevó: y fué a Egipto, y murió allí.
Entonces Joaquim dió la plata y el oro a Faraón; mas impuso al país una contribución personal para pagar el dinero, según el mandato de Faraón; exigió la plata y el oro del pueblo del país, de cada uno conforme a su valuación, para darlo a Faraón Necao.
¶De edad de veinte y cinco años era Joaquim cuando entró a reinar, y once años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Zebuda hija de Pedaya, de Ruma.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, conforme a todo lo que habían hecho sus padres.
EN sus días subió Nabucodonosor, rey de Babilonia, y Joaquim fué siervo suyo por tres años; después de lo cual se volvió y rebelóse contra él.
Y envió Jehová contra él tropas de los Caldeos, y tropas de los Siros, y tropas de los Moabitas, y tropas de los hijos de Ammón; las cuales él envió contra Judá para destruirle, conforme a la palabra de Jehová, que había hablado por conducto de sus siervos los profetas.
Ciertamente por orden de Jehová sucedió esto contra Judá, para quitarle de su presencia, por causa de los pecados de Manasés, según todo lo que había hecho;
y también por la sangre inocente que derramó; pues que llenó a Jerusalem de sangre inocente, la cual Jehová no quiso perdonar.
Y las demás cosas de Joaquim, con todo lo que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
Y yació Joaquim con sus padres, y reinó Joaquín su hijo en su lugar.
Y el rey de Egipto no volvió más a salir de su tierra; porque el rey de Babilonia tomó todo lo que había sido del rey de Egipto, desde el torrente de Egipto hasta el río Eufrates.
¶De edad de diez y ocho años era Joaquín cuando entró a reinar, y tres meses reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Nehusta hija de Elnatán, de Jerusalem.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, conforme a todo lo que había hecho su padre.
En ese tiempo los siervos de Nabucodonosor rey de Babilonia subieron a Jerusalem; y la ciudad fué sitiada.
Vino también el mismo Nabucodonosor rey de Babilonia a la ciudad, mientras sus siervos la tenían cercada.
Entonces Joaquín rey de Judá salió al rey de Babilonia, él, y su madre, y sus siervos, y sus príncipes, y sus eunucos: de modo que le tomó el rey de Babilonia en el año octavo del reinado de éste.
Y sacó de allí todos los tesoros de la Casa de Jehová, y los tesoros de la casa real; y cortó en pedazos todas las alhajas de oro que había hecho Salomón rey de Israel para el Templo de Jehová; como lo había dicho Jehová.
Y llevó en cautiverio a toda Jerusalem, y a todos los príncipes, y a todos los hombres esforzados; diez mil fueron los cautivos, inclusos todos los artesanos y los herreros; no quedó ninguno, a excepción de los más pobres del pueblo del país.
Por manera que llevó cautivo a Babilonia a Joaquín, y a la madre del rey, y a las mujeres del rey, y a sus eunucos, y a la gente válida del país; a todos los llevó en cautiverio de Jerusalem a Babilonia.
Además, a todos los hombres de guerra, en número de siete mil, y a los artesanos y herreros, mil, todos ellos hombres esforzados, hechos a la guerra, el rey de Babilonia los llevó cautivos a Babilonia.
Y en lugar de Joaquín, el rey de Babilonia hizo rey a Natanías, tío suyo, y mudóle el nombre en el de Sedequías.
¶De edad de veinte y un años era Sedequías cuando entró a reinar, y once años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Hamutal hija de Jeremías, de Libna.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, conforme a todo lo que había hecho Joaquim:
porque a causa de la ira de Jehová esto sucedió en Jerusalem y en Judá, hasta que los acabase de arrojar de su presencia. Rebelóse también Sedequías contra el rey de Babilonia.
ACONTECIÓ pues que en el año noveno de su reinado, en el mes décimo, a los diez del mes, vino el rey de Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalem, y asentó campamento contra ella; y edificaron torres contra ella al rededor:
de modo que la ciudad fué sitiada hasta el año undécimo del rey Sedequías.
Y al día nueve del mes cuarto, cuando prevalecía ya el hambre en la ciudad en términos que no hubo pan para el pueblo de la tierra;
se efectuó una brecha en la ciudad; y todos los hombres de guerra huyeron de noche, por la vía secreta de la puerta, entre los dos muros, que había cerca del jardín del rey, mientras que los Caldeos tenían la ciudad cercada en derredor; y se fué el rey camino del Arabá.
Empero el ejército de los Caldeos siguió tras el rey; y le alcanzaron en los llanos de Jericó, estando todo su ejército disperso de al rededor de él.
Así prendieron al rey, y le llevaron al rey de Babilonia en Ribla; donde pronunciaron sentencia contra él.
Y a los hijos de Sedequías los degollaron ante su misma vista; luego le sacaron los ojos a Sedequías, y le sujetaron con grillos de bronce, y le llevaron a Babilonia.
¶En el mes quinto, al séptimo del mes (era el año diez y nueve del rey Nabucodonosor rey de Babilonia), Nabuzaradán, capitán de la guardia real y siervo del rey de Babilonia, llegó a Jerusalem.
Y quemó la Casa de Jehová y la casa del rey; también quemó a fuego todas las casas de Jerusalem, y todos los palacios.
Y todo el ejército de los Caldeos que acompañaba al capitán de la guardia, derribó los muros de Jerusalem al rededor.
Y al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, y los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia, con lo que quedaba de la gente común, los llevó en cautiverio Nabuzaradán, capitán de la guardia.
Sin embargo, de los más pobres del país el capitán de la guardia dejó algunos para que fuesen viñadores y labradores.
¶Asimismo las columnas de bronce que había en la Casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce que había en la Casa de Jehová, los hicieron pedazos los Caldeos, y llevaron el bronce de ellos a Babilonia.
Tomaron también los calderos, y las paletas, y las despabiladeras, y las cucharas, y todos los instrumentos de bronce con que se ministraba,
y los incensarios, y los tazones; lo que era de oro, en oro, y lo que era de plata, en plata: se lo llevó todo el capitán de la guardia.
En cuanto a las dos columnas, el un mar y las basas que había hecho Salomón para la Casa de Jehová, no hubo medio de pesar el bronce de todos estos enseres.
De diez y ocho codos era la altura de una columna; y había sobre ella un capitel de bronce, siendo la altura del capitel tres codos, con una obra de malla y granadas sobre el capitel en su derredor: todo era de bronce. E iguales dimensiones tenía la segunda columna, con su obra de malla.
¶Y el capitán de la guardia tomó a Seraya, primer sacerdote, y a Sofonías, segundo sacerdote, y a tres de los porteros;
y de los de la ciudad tomó a cierto oficial que tenía a su cargo los hombres de guerra, y cinco hombres de los que veían el rostro del rey, los cuales se hallaban en la ciudad, y al secretario del jefe del ejército, el que hacía las levas de la gente del país, con sesenta hombres del pueblo del país, que fueron hallados en la ciudad;
a éstos pues los tomó Nabuzaradán capitán de la guardia, y los llevó al rey de Babilonia en Ribla.
Y los hirió el rey de Babilonia, y les dió muerte en Ribla, en la tierra de Hamat. Así Judá fué llevado en cautiverio de sobre su propio suelo.
Mas en cuanto al pueblo que se quedó en la tierra de Judá, a quienes había dejado Nabucodonosor rey de Babilonia, nombró sobre ellos a Gedelías hijo de Ahicam, hijo de Safán.
¶Y cuando todos los capitanes de las tropas oyeron decir, ellos y sus hombres, que el rey de Babilonia había nombrado gobernador a Gedelías, vinieron a Gedelías en Mizpa; a saber, Ismael hijo de Netanías, y Johanán hijo de Carea, y Seraya hijo de Tanhumet, netofatita, y Jaazanías hijo del Maacateo; ellos y sus hombres.
Y Gedelías les hizo juramento, a ellos y a sus hombres, y les dijo: No tengáis temor de ser siervos de los Caldeos; habitad en la tierra, y servid al rey de Babilonia, y os irá bien.
Pero aconteció que en el mes séptimo, vino Ismael hijo de Netanías, hijo de Elisama, de estirpe real, y diez hombres, con él, e hirió a Gedelías y le mató; mató asimismo a los Judíos y a los Caldeos que estaban con él en Mizpa.
Entonces se levantó todo el pueblo, así chicos como grandes, y los capitanes de las tropas, y se fueron a Egipto; porque temieron a causa de los Caldeos.
¶Y aconteció que en el año treinta y siete del cautiverio de Joaquín rey de Judá, en el mes doce, a los veinte y siete días del mes, Evil-merodac rey de Babilonia, en el año que entró a reinar, elevó la cabeza de Joaquín rey de Judá, sacándole de la cárcel;
y habló con él cariñosamente, y puso su trono más alto que los tronos de los otros reyes que tenía consigo en Babilonia.
Y mudóle su traje de cárcel; y Joaquín comía pan en su presencia siempre, todos los días de su vida.
Y en cuanto a su manutención, le fué dada de parte del rey una manutención continua, a razón de un tanto por día, todos los días de su vida.
ADAM, Set, Enos,
Cainán, Mahalalel, Jared,
Enoc, Matusalem, Lamec,
Noé, Sem, Cam, y Jafet.
¶Los hijos de Jafet: Gomer, y Magog, y Madai, y Javán; y Tubal, y Mesec, y Tiras.
Y los hijos de Gomer: Askenaz, y Rifat, y Togarma.
Y los hijos de Javán: Elisa y Tarsis, Kitim y Dodanim.
¶Y los hijos de Cam: Cus y Mizraim, Put y Canaán.
Y los hijos de Cus: Seba, Havila, y Sabta, y Raama, y Sabteca. Y los hijos de Raama: Sabá y Dedán.
Y Cus engendró a Nimrod; él fué el primero que se hizo poderoso en la tierra.
Y Mizraim engendró a Ludim, y a Anamim, y a Lehabim, y a Naftuhim,
y a Patrusim, y a Casluhim, (de donde salieron los Filisteos), y a Caftorim.
Y Canaán engendró a Sidón, su primogénito, y a Het,
y al Jebuseo, y al Amorreo, y al Gergeseo,
y al Heveo, y al Arqueo, y al Sineo,
y al Arvadeo, y al Zemareo, y al Hamoteo.
¶Y los hijos de Sem: Elam, y Asur, y Arfaxad, y Lud, y Aram, y Uz, y Hul, y Geter, y Mesec.
Y Arfaxad engendró a Selah, y Selah engendró a Heber.
Y a Heber le nacieron dos hijos; el nombre del uno era Peleg, porque en sus días fué dividida la tierra; y el nombre de su hermano, Joctán.
Y Joctán engendró a Almodad, y a Selef, y a Hazazmávet, y a Jerah;
y a Hadoram, y a Uzal, y a Dicla;
y a Ebal, y a Abimael, y a Sabá;
y a Ofir, y a Havila, y a Jobab: todos estos fueron hijos de Joctán.
¶Sem, Arfaxad, Selah;
Heber, Peleg, Reú;
Serug, Nacor, Taré;
Abram, que es Abraham.
Y los hijos de Abraham: Isaac e Ismael.
Y estos son sus descendientes: ¶El primogénito de Ismael, Nebayot; luego Cedar, y Adbeel, y Mibsam;
Misma, y Duma, Massa, y Hadad, y Tema;
Jetur, Nafís y Cedma. Éstos son los hijos de Ismael.
¶Y los hijos de Cetura, concubina de Abraham: Ésta dió a luz a Zimrán, y a Jocsán, y a Medán, y a Madián, y a Jisbac, y a Suah. Y los hijos de Jocsán: Sabá y Dedán.
Y los hijos de Madián: Efa, y Efer, y Enoc, y Abida, y Eldaa: Todos éstos son hijos de Cetura.
¶Abraham engendró también a Isaac. Los hijos de Isaac: Esaú e Israel.
Los hijos de Esaú: Elifaz, Reuel, y Jeús, y Jalam, y Coré.
Los hijos de Elifaz: Temán y Omar, Zefi y Gatam, Kenaz y Timna y Amalec.
Y los hijos de Reuel: Nahat, Zera, Sama y Miza.
¶Y los hijos de Seir: Lotán, y Sobal, y Zibeón, y Aná, y Disón, y Eser, y Disán.
Y los hijos de Lotán: Hori y Homam; y la hermana de Lotán fué Timna.
Los hijos de Sobal: Alyán y Manahat y Ebal, Sefi y Onam. Y los hijos de Zibeón: Aya y Aná.
Los hijos de Aná: Disón. Y los hijos de Disón: Hamram, y Esbán, e Itrán, y Kerán.
Y los hijos de Eser: Bilhán y Zaaván y Jaacán. Y los hijos de Disán: Rus y Arán.
¶Estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom antes que reinase rey de los hijos de Israel: Bela hijo de Beor; y el nombre de su ciudad fué Dinhaba.
Y murió Bela, y reinó en su lugar Jobab hijo de Zera, de Bozra.
Y murió Jobab, y reinó en su lugar Husam, de la tierra de los Temaneos.
Y murió Husam, y reinó en su lugar Hadad hijo de Bedad, quien hirió a Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad fué Avit.
Y murió Hadad, y reinó en su lugar Samla, de Masreca.
Y murió Samla, y reinó en su lugar Saúl, de Rehobot del Río.
Y murió Saúl, y reinó en su lugar Baal-hanán hijo de Acbor.
Y murió Baal-hanán, y reinó en su lugar Hadad; y el nombre de su ciudad fué Paí; y el nombre de su mujer Mehetabel, hija de Matred, hija de Mezahab.
Y murió también Hadad. ¶Y estos son los caudillos de Edom: El caudillo Timna, el caudillo Alva, el caudillo Jetet,
el caudillo Aholibama, el caudillo Ela, el caudillo Pinón,
el caudillo Kenaz, el caudillo Temán, el caudillo Mibzar,
el caudillo Magdiel, el caudillo Iram. Éstos fueron los caudillos de Edom.
ESTOS son los hijos de Israel: Rubén, Simeón, Leví, y Judá, Isacar y Zabulón,
Dan, José y Benjamín, Neftalí, Gad y Aser.
¶Los hijos de Judá: Er y Onán y Sela; tres que le nacieron de la hija de Súa, la Cananea. Mas Er, primogénito de Judá, era malo a los ojos de Jehová, por tanto le quitó la vida.
Y Tamar, nuera suya, le parió a Farés y a Zara. Todos los hijos de Judá fueron cinco.
¶Y los hijos de Farés: Hezrón y Hamul.
¶Y los hijos de Zara: Zimri, y Etán, y Hemán, y Calcol, y Dara; todos ellos cinco.
Y los hijos de Carmi: Acar, el perturbador de Israel; el mismo que cometió prevaricación en cuanto al anatema.
Y el hijo de Etán, Azarías.
¶Y los hijos de Hezrón, que le nacieron: Jerameel, y Ram, y Celubai.
Y Ram engendró a Aminadab, y Aminadab engendró a Naasón, príncipe de los hijos de Judá.
Y Naasón engendró a Salma; y Salma engendró a Booz;
y Booz engendró a Obed, y Obed engendró a Isaí.
E Isaí engendró a Eliab, su primogénito, y a Abinadab el segundo, y a Simea, el tercero,
a Natanael, el cuarto, a Radai, el quinto,
a Ozem, el sexto, a David, el séptimo:
y las hermanas de ellos fueron Sarvia y Abigail. Y los hijos de Sarvia fueron tres: Abisai, y Joab, y Asael.
Y Abigail dió a luz a Amasa; y el padre de Amasa fué Jeter, ismaelita.
¶Y Caleb hijo de Hezrón engendró hijos en Azuba, mujer suya, llamada también Beriot; y estos fueron los hijos de ella: Jeser y Sobab y Ardón.
Y muerta Azuba, tomó Caleb por mujer a Efrata, la cual le parió a Hur.
Y Hur engendró a Uri, y Uri engendró a Bezalel.
¶Y después llegóse Hezrón a una hija de Maquir, padre de Galaad; y la tomó por mujer siendo él de edad de sesenta años; y ella le parió a Segub.
Y Segub engendró a Jaír, quien tuvo veinte y tres ciudades en la tierra de Galaad.
Porque quitó a Gesur y a Aram, las villas de Jaír, juntamente con Kenat y sus aldeas; sesenta ciudades. Todas éstas eran de los hijos de Maquir, padre de Galaad.
Y después de muerto Hezrón en Caleb-efrata, Abía, mujer de Hezrón, le parió a Asur, padre de Tecoa.
¶Y los hijos de Jerameel, primogénito de Hezrón, fueron Ram, el primogénito; luego Buni, y Orem, y Ozem, y Ahías.
Y tuvo Jerameel otra mujer, que se llamaba Atara; ella fué madre de Onam.
Y los hijos de Ram, primogénito de Jerameel: Maaz y Jamín y Equer.
Y los hijos de Onam fueron Samai y Jada. Y los hijos de Samai fueron Nadab y Abisur.
Y el nombre de la mujer de Abisur fué Abihaíl; y ella le parió a Ahbán y a Molid.
Y los hijos de Nadab: Seled y Apaim. Y murió Seled sin hijos.
Y los hijos de Apaim: Isi. Y los hijos de Isi: Sesán. Y los hijos de Sesán: Ahlai.
Y los hijos de Jada, hermano de Samai: Jeter y Jonatán. Y murió Jeter sin hijos.
Y los hijos de Jonatán: Pelet y Zaza. Éstos fueron los hijos de Jerameel.
¶Y Sesán no tuvo hijos, sino hijas: mas tenía Sesán un siervo egipcio que se llamaba Jarha.
Y dio Sesán una hija suya a Jarha, su siervo, por mujer; y ella le parió a Atai.
Y Atai engendró a Natán; y Natán engendró a Zabad.
Y Zabad engendró a Eflal; y Eflal engendró a Obed.
Y Obed engendró a Jehú; y Jehú engendró a Azarías.
Y Azarías engendró a Helez; y Helez engendró a Elasa.
Y Elasa engendró a Sismai; y Sismai engendró a Sallum.
Y Sallum engendró a Jecamías; y Jecamías engendró a Elisama.
¶Y los hijos de Caleb, hermano de Jerameel: Mesa, su primogénito; él fué padre de Zif, y de los hijos de Maresa, padre de Hebrón.
Y los hijos de Hebrón: Coré y Tapúa, y Requem, y Sema.
Y Sema engendró a Raham, padre de Jorqueam; y Requem engendró a Samai.
Y el hijo de Samai fué Maón; y Maón fué padre de Bet-sur.
Y Efa, concubina de Caleb, dio a luz a Carán y a Moza, y Gasez; y Carán engendró a Gasez.
Y los hijos de Jahdai fueron Regem, y Jotam, y Gesam, y Pelet, y Efa, y Saaf.
Maaca, concubina de Caleb, dio a luz a Seber y Tirhana.
Dió a luz también a Saaf, padre de Madmana, y a Sevat padre de Macbena y padre de Giba; y la hija de Caleb fué Acsa.
¶Estos fueron los hijos de Caleb, hijo de Hur, primogénito de Efrata: Sobal, padre de Kiryat-jearim;
Salma padre de Bet-lehem; Haref, padre de Bet-gader.
Y Sobal, padre de Kiryat-jearim tuvo hijos, a saber, Haroé, y Hazihammenuhot.
Y las familias de Kiryat-jearim: Los Itreos, y los Puteos, y los Sumateos, y los Misraítas; de ellos salieron los Zoratitas y los Estaolitas.
Los hijos de Salma: Bet-lehem, y Netofati, Atarot-bet-Joab, y Hazihammanahti, zorita.
Y las familias de los escribas que habitaban en Jabes, fueron los Tirateos, los Simateos, y los Sucateos. Estos son los Cineos, que descendieron de Hamat, padre de la casa de Recab.
Y ESTOS son los hijos de David que le nacieron en Hebrón: El primogénito Amnón, de Ahinoam jezreelita; el segundo, Daniel, de Abigail carmelita;
el tercero, Absalom, hijo de Maaca, hija de Talmai rey de Gesur; el cuarto Adonías hijo de Haguit;
el quinto, Sefatías, de Abital; el sexto, Itream, de Egla, mujer suya.
Éstos seis le nacieron en Hebrón, donde reinó siete años y seis meses: y treinta y tres años reinó en Jerusalem.
¶Y éstos le nacieron en Jerusalem: Simea, y Sobab, y Natán, y Salomón, cuatro, de Batsúa, hija de Amiel:
también Ibhar, y Elisama, y Elifelet,
y Noga, y Nefeg, y Jafía,
y Elisama, y Eliada, y Elifelet, nueve.
Todos éstos fueron hijos de David, sin contar los hijos de las concubinas: y Tamar fué hermana de ellos.
¶Y el hijo de Salomón fué Roboam: Abías su hijo, Asa su hijo, Josafat su hijo;
Joram su hijo, Ocozías su hijo, Joás su hijo;
Amasías su hijo, Azarías su hijo, Joatam su hijo;
Acaz su hijo, Ezequías su hijo, Manasés su hijo;
Amón su hijo, Josías su hijo.
Y los hijos de Josías: El primogénito Johanán, el segundo Joaquim, el tercero Sedequías, el cuarto Sallum.
Y los hijos de Joaquim: Jeconías su hijo, y Sedequías su hijo.
¶Y los hijos de Jeconías, el cautivo: Selatiel su hijo;
y de él Malquiram, y Pedaya, y Senazar, Jecamías, Hosama, y Nedabías.
Y los hijos de Pedaya: Zorobabel y Simei. Y los hijos de Zorobabel: Mesullam y Hananías; y Selomit, hermana de ellos.
Hasuba también, y Ohel, y Berequías, y Hasadías, y Jusab-hesed, cinco.
Y los hijos de Hananías: Pelatías, y Jesaías; los hijos de Refaías, los hijos de Arnán, los hijos de Obdías, los hijos de Secanías.
Y el hijo de Secanías: Semaya; y los hijos de Semaya fueron Hatus, e Igal, y Barías, y Nearías, y Safat, seis.
Y los hijos de Nearías: Elioenai y Ezequías y Azricam, tres.
Y los hijos de Elioenai fueron Hodavía, y Eliasib, y Pelaya, y Acub, y Johanán, y Delaya, y Anani, siete.
Y LOS hijos de Judá: Farés, Hezrón y Carmi, y Hur, y Sobal.
Y Reaya, hijo de Sobal, engendró a Jahat; y Jahat engendró a Ahumai, y a Lahad. Estas son las familias de los Zoratitas.
¶Estos fueron hijos del padre de Etam: Jezreel, e Isma, e Ibdas; y el nombre de su hermana fué Haze-lelponí:
y Penuel, padre de Gedor, y Ezer, padre de Husa. Éstos son los hijos de Hur, primogénito de Efrata, padre de Bet-lehem.
Y Asur, padre de Tecoa, tuvo dos mujeres, a saber, Hela y Naara.
Y Naara le parió a Ahuzam, y a Hefer, y a Temeni, y a Haahastari. Éstos fueron los hijos de Naara.
Y los hijos de Hela fueron Zeret, e Izhar, y Etnán.
Y Coz engendró a Anub, y a Zobeba, y las familias de Aharhel, hijo de Harum.
¶Y era Jabés más ilustre que sus hermanos; empero su madre le apellidó Jabés, diciendo: Porque le dí a luz con dolor.
Y clamó Jabés al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh si me colmares de bendiciones, y ensanchares mi término, y que tu mano esté conmigo, y que me guardes del mal, para que no me cause dolor! Y le otorgó Dios lo que le había pedido.
¶Y Celub, hermano de Suha, engendró a Mehir; él fué padre de Estón.
Y Estón engendró a Bet-rafá, y a Pasea, y Tehina, padre de la ciudad de Nahás. Estos son los hombres de Reca.
¶Y los hijos de Kenaz: Otniel y Seraya. Y el hijo de Otniel: Hatat.
Y Meonotai engendró a Ofra; y Seraya engendró a Joab, padre del Valle de los Artesanos; porque artesanos fueron.
¶Y los hijos de Caleb hijo de Jefone: Iru, Ela, y Naam. Y el hijo de Ela: Uquenaz.
¶Y los hijos de Jehalelel: Zif y Zifa, Tirías y Asarel.
¶Y los hijos de Ezra: Jeter, y Mered, y Efer, y Jalón. Y la mujer de Mered concibió y dió a luz a María, y a Samai, y a Isbah, padre de Estemoa:
su mujer Hayhudiya también dió a luz a Jered, padre de Gedor, y a Heber, padre de Soco, y a Jecutiel, padre de Zanoa. Y éstos fueron los hijos de Bitia, hija de Faraón, que había tomado Mered por mujer.
Y los hijos de la mujer de Hodías, hermana de Naham, fueron el padre de Ceila garmita, y de Estemoa maacatita.
¶Y los hijos de Simón: Amnón, y Rina, Ben-hanán y Tilón. Y los hijos de Isi: Zohet, y Ben-zohet.
¶Y los hijos de Sela, hijo de Judá: Er, padre de Leca, y Laada, padre de Maresa, y las familias de los que trabajan en lino fino, de la casa de Asbea;
Joquim también, y los hombres de Cozeba, y Joás, y Seraf, los cuales dominaron en Moab, y Jasubi-lehem. Y estas son cosas antiguas.
Ellos eran alfareros, y habitaban en medio de plantíos y cercados; a causa del rey, y para hacer su obra, ellos habitaban allí.
¶Los hijos de Simeón: Nemuel, y Jamín, Jarib, Zera, Saúl.
Sallum su hijo, Mibsam su hijo, Misma su hijo.
Y los hijos de Misma: Hamuel su hijo, Zacur su hijo, Simei su hijo.
Y Simei tuvo diez y seis hijos, y seis hijas. Pero los hermanos de él no tuvieron muchos hijos, ni se multiplicaron todas sus familias como los hijos de Judá.
Y habitaron en Beerseba, y en Molada, y en Hazar-sual,
y en Bilha, y en Ezem, y en Tolad,
y en Betuel, y en Horma, y en Siclag,
y en Bet-marcabot, y en Hazarsusim, y en Bet-biri, y en Saaraim; éstas fueron sus ciudades hasta el reinado de David.
Y sus aldeas fueron Etam, y Ain, Rimón, y Toquén, y Asán; cinco ciudades;
con todas sus aldeas que están en torno de aquellas ciudades, hasta Baal. Estas son sus moradas; y su genealogía es conforme a ellas.
Y Mesobab, y Jamlec, y Josa, hijo de Amasías,
y Joel, y Jehú, hijo de Josibías, hijo de Seraya, hijo de Asiel;
y Elioenai, y Jaacoba, y Jesohaya, y Asaya, y Adiel, y Jesimiel, y Benaya;
Y Ziza, hijo de Sifi, hijo de Allón, hijo de Jedaya, hijo de Simri, hijo de Semaya.
¶Estos que van expresados por sus nombres fueron príncipes en sus familias, y sus casas paternas aumentaron rápidamente hasta ser una multitud.
Y fueron a la entrada de Gedor, hasta el oriente del Valle, buscando pastos para sus ganados.
Y hallaron pastos suculentos y buenos, y una tierra espaciosa y reposada y segura; que hijos de Cam eran los que habitaban allí antes.
Y llegaron éstos que van escritos por nombre, en días de Ezequías, rey de Judá, e hirieron las tiendas de ellos, y a los Meunitas que se hallaban allí; y los destruyeron totalmente hasta el día de hoy, y habitaron en su lugar: por cuanto había allí pastos para sus ganados.
¶Asimismo algunos de ellos, es decir, quinientos hombres de los hijos de Simeón, se fueron a la serranía de Seir, bajo el mando de Pelatías, y Nearías, y Refaías, y Uziel, hijos de Isi;
e hirieron al resto de los Amalecitas, que había escapado; y ellos habitan allí hasta el día de hoy.
Y LOS hijos de Rubén, primogénito de Israel; (que él era el primogénito, mas cuando profanó la cama de su padre, fué dada su primogenitura a los hijos de José, hijo de Israel, de manera que no es de inscribirse su genealogía con arreglo a la primogenitura.
Pues Judá superó a sus hermanos, y el príncipe descendió de él; bien que la primogenitura fué dada a José:)
los hijos de Rubén, pues, el primogénito de Israel, fueron Enoc, y Fallu, y Hezrón, y Carmi.
Los hijos de Joel: Semaya su hijo, Gog su hijo, Simei su hijo,
Mica su hijo, Reaya su hijo, Baal su hijo,
Beera su hijo, a quien deportó Tiglat-pilneser rey de Asiria. Él era príncipe de los Rubenitas.
¶Y los hermanos de él, por sus familias, en su genealogía, conforme a sus generaciones: El principal, Jeiel, y Zacarías,
y Bela hijo de Azaz, hijo de Sema, hijo de Joel; el cual habitaba en Aroer, y llegó hasta Nebo y Baal-meón.
Y hacia el oriente habitó hasta la entrada del desierto, de la parte del río Eufrates; porque era mucho su ganado en la tierra de Galaad.
Y en los días de Saúl hicieron guerra contra los Agarenos, los cuales cayeron por su mano; y ellos habitaron en sus tiendas sobre toda la haz del país al oriente de Galaad.
¶Y los hijos de Gad habitaron al frente de ellos en la tierra del Basán, hasta Salca.
Joel el principal, y Safán el segundo, y Janai, y Safat, en el Basán;
y sus hermanos, los de su casa paterna, son Micael, y Mesullam, y Sabá, y Joaai y Jacán, y Zía, y Heber, siete.
Estos fueron los hijos de Abihaíl, hijo de Huri, hijo de Jaroa, hijo de Galaad, hijo de Micael, hijo de Jesisai, hijo de Jahdo, hijo de Buz.
Ahi hijo de Abdiel, hijo de Guni, fué cabeza de su casa paterna.
Y habitaron en el Galaad, en el Basán, y sus aldeas, y en todos los ejidos de Sarón, hasta las salidas de ellos.
Todos ellos fueron inscritos por sus genealogías, en los días de Joatam rey de Judá, y en los días de Jeroboam rey de Israel.
¶Los hijos de Rubén y los Gaditas y la media tribu de Manasés, constando de hombres valerosos, hombres que traían escudo y espada, y que manejaban el arco, y eran diestros en la guerra, fueron cuarenta y cuatro mil setecientos y sesenta, que salían a campaña.
Estos hicieron guerra contra los Agarenos, y Jetur, y Nafís, y Nodab;
Y fueron ayudados contra ellos; de modo que los Agarenos y todos los que con ellos había, fueron entregados en su mano; porque clamaron a Dios en la batalla, y él les favoreció, por cuanto confiaban en él.
Y apresaron sus ganados: de sus camellos tomaron cincuenta mil, de ovejas doscientas cincuenta mil, y de asnos dos mil; y cautivaron cien mil personas.
Porque cayeron muchos muertos; pues de Dios era la guerra: y habitaron en su lugar hasta la deportación a Asiria.
¶Y los hijos de la media tribu de Manasés habitaron en esa tierra; y se multiplicaron allí, desde el Basán hasta Baal-hermón y Senir y el monte Hermón.
Y estos fueron las cabezas de sus casas paternas: es a saber, Efer, e Isi, y Eliel, y Azriel, y Jeremías, y Hodavías, y Jahdiel, guerreros esforzados, hombres de nombradía, cabezas de sus casas paternas.
Pero ellos se portaron pérfidamente contra el Dios de sus padres, y se fueron idolatrando en pos de los dioses de los pueblos de aquella tierra, a quienes Jehová había destruído delante de ellos.
Por lo cual el Dios de Israel excitó el espíritu de Pul rey de Asiria, y el espíritu de Tiglat-pilneser rey de Asiria; y éste deportó a los Rubenitas, y a los Gaditas, y a la media tribu de Manasés, llevándolos a Halah, y a Habor, y a Hara, y al río Gozán, hasta el día de hoy.
LOS hijos de Leví: Gersón, Coat y Merari.
¶Y los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel:
Y los hijos de Amram: Aarón, Moisés y María. Y los hijos de Aarón: Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar.
Eleazar engendró a Finees; y Finees engendró a Abisúa;
y Abisúa engendró a Buki; y Buki engendró a Uzi;
y Uzi engendró a Zeraías; y Zeraías engendró a Meraiot;
Meraiot engendró a Amarías; y Amarías engendró a Ahitob;
y Ahitob engendró a Sadoc; y Sadoc engendró a Ahimaaz;
y Ahimaaz engendró a Azarías, y Azarías engendró a Johanán;
y Johanán engendró a Azarías, el cual era sumo sacerdote en la Casa que edificó Salomón en Jerusalem.
Y engendró Azarías a Amarías; y Amarías engendró a Ahitob;
y Ahitob engendró a Sadoc; y Sadoc engendró a Sallum;
y Sallum engendró a Helcías, y Helcías engendró a Azarías;
y Azarías engendró a Seraya, y Seraya engendró a Josadac;
y Josadac fué en cautiverio, cuando deportó Jehová a Judá y a Jerusalem, por mano de Nabucodonosor.
¶Los hijos de Leví, pues, fueron: Gersom, Coat y Merari.
Y estos son los nombres de los hijos de Gersom: Libni y Simei.
Y los hijos de Coat: Amram, e Izhar, y Hebrón, y Uziel.
Y los hijos de Merari: Mahli y Musi. Estas pues son las familias de los Levitas, conforme a sus casas paternas.
¶Los hijos de Gersom: Libni su hijo, Jahat su hijo, Zimna su hijo,
Joah su hijo, Iddo su hijo, Zara su hijo, Jeatrai su hijo.
¶Los hijos de Coat: Aminadab su hijo, Coré su hijo, Asir su hijo,
Elcana su hijo, Ebiasaf su hijo, Asir su hijo,
Tahat su hijo, Uriel su hijo, Uzías su hijo, y Saúl su hijo.
Y los hijos de Elcana: Amasai y Ahimot,
y Elcana. Los hijos de Elcana: Zofar su hijo, y Nahat su hijo,
Eliab su hijo, Jeroham su hijo, Elcana su hijo, [Samuel su hijo.]
Y los hijos de Samuel: El primogénito, Vasni, luego Abías.
¶Los hijos de Merari: Mahli, Libni su hijo, Simei su hijo, Uza su hijo,
Simea su hijo. Hagía su hijo, Asaya su hijo.
¶Y los siguientes fueron los que puso David sobre los repartimientos del canto, en la Casa de Jehová, desde que descansó el Arca;
y ministraban delante de la Habitación del Tabernáculo de Reunión con cantares, hasta que edificó Salomón la Casa de Jehová en Jerusalem; luego permanecieron encargados de su servicio como de costumbre.
Y estos son los que así permanecieron, con sus hijos: De los hijos de los Coatitas, Hemán, el cantor, hijo de Joel, hijo de Samuel,
hijo de Elcana, hijo de Jeroham. hijo de Eliel, hijo de Toah,
hijo de Zuf, hijo de Elcana, hijo de Mahat, hijo de Amasai,
hijo de Elcana, hijo de Joel, hijo de Azarías, hijo de Sofonías,
hijo de Tahat, hijo de Asir, hijo de Ebiasaf, hijo de Coré,
hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, hijo de Israel.
¶Y su hermano Asaf, que asistía a su mano derecha: Asaf hijo de Berequías, hijo de Simeas,
hijo de Micael, hijo de Baaseya, hijo de Malquías,
hijo de Etni, hijo de Zara, hijo de Adaya,
hijo de Etán, hijo de Zima, hijo de Simei,
hijo de Jahat, hijo de Gersom, hijo de Leví.
¶Y los hijos de Merari, los hermanos de ellos, estaban a la izquierda, a saber: Etán hijo de Quisi, hijo de Abdi, hijo de Malluc,
hijo de Hasabías, hijo de Amasías, hijo de Helcías,
hijo de Amzi, hijo de Bani, hijo de Semer,
hijo de Mahli hijo de Musi, hijo de Merari, hijo de Leví.
Y sus hermanos, los levitas, fueron constituídos para todo el servicio de la Habitación, la Casa de Dios.
¶Aarón empero, y sus hijos, ministraban en el altar del holocausto, y en el altar del incienso, ocupándose en toda la obra de las cosas sacratísimas, y haciendo la expiación por todo Israel; conforme a todo lo que mandó Moisés, siervo de Dios.
Y estos son los hijos de Aarón: Eleazar su hijo, Finees su hijo, Abisúa su hijo,
Buki su hijo, Uzi su hijo, Zeraías su hijo,
Meraiot su hijo, Amarías su hijo, Ahitob su hijo.
Sadoc su hijo, Ahimaaz su hijo.
¶Y estas son sus habitaciones según sus ciudades amuralladas, en su territorio: A los hijos de Aarón, de la familia de los Coatitas, porque de ellos era la primera suerte:
a éstos, pues, les dieron Hebrón en la tierra de Judá, con sus ejidos al rededor de ella;
pero los campos de la ciudad, y sus aldeas; los dieron a Caleb, hijo de Jefone.
A los hijos de Aarón, pues, les dieron Hebrón, una de las ciudades de refugio, y Libna con sus ejidos, y Jatir, y Estemoa con sus ejidos,
e Hilén con sus ejidos, y Debiz con sus ejidos,
y Asán con sus ejidos, y Betsemes con sus ejidos.
Y de la tribu de Benjamín, Geba con sus ejidos, y Alemet con sus ejidos, y Anatot con sus ejidos. Todas las ciudades de ellos fueron trece ciudades, repartidas entre sus familias.
¶Y a los demás hijos de Coat, que quedaron de esa familia de la tribu, les dieron por suerte, de Efraim y de la mitad de Manasés, diez ciudades.
¶Y a los hijos de Gersom, según sus familias, de la tribu de Isacar, y de la tribu de Aser, y de la tribu de Neftalí, y de la tribu de Manasés en el Basán, les dieron trece ciudades.
¶Y a los hijos de Merari, según sus familias, de la tribu de Rubén, y de la tribu de Gad, y de la tribu de Zabulón, les dieron por suerte, doce ciudades.
¶De modo que los hijos de Israel dieron a los Levitas ciertas ciudades con sus ejidos.
Pues dieron por suerte de la tribu de los hijos de Judá, y de la tribu de los hijos de Simeón, y de la tribu de los hijos de Benjamín, aquellas ciudades que van expresadas por sus nombres.
Y las demás familias de los hijos de Coat obtuvieron las ciudades de su territorio de parte de los hijos de Efraim;
pues éstos les dieron Siquem, una de las ciudades de refugio, con sus ejidos, en la serranía de Efraim, y Gezer con sus ejidos,
y Jocmeam con sus ejidos, y Bethorón con sus ejidos,
y Ayalón con sus ejidos, y Gatrimón con sus ejidos.
Y de parte de la media tribu de Manasés, Aner con sus ejidos, y Bileam con sus ejidos; para la familia de los demás hijos de Coat.
¶A los hijos de Gersom les dieron de la familia de la otra media tribu de Manasés, Golán, en el Basán, con sus ejidos, y Astarot con sus ejidos.
Y de la tribu de Isacar, Cades con sus ejidos, y Daberat con sus ejidos,
y Ramot con sus ejidos, y Anem con sus ejidos.
Y de la tribu de Aser, Masal con sus ejidos, y Abdón con sus ejidos,
y Hucoc con sus ejidos, y Rehob con sus ejidos.
Y de la tribu de Neftalí, Cades-neftalí, en la Galilea, con sus ejidos, y Hamón con sus ejidos, y Kiryataim con sus ejidos.
¶A los hijos de Merari, que quedaban de los Levitas, les dieron, de la tribu de Zabulón, Rimono con sus ejidos, y Tabor con sus ejidos;
y de la otra parte del Jordán, frente a Jericó, al oriente del Jordán, de la tribu de Rubén, Bezer en el desierto con sus ejidos, y Jaza con sus ejidos,
y Quedemot con sus ejidos, y Mefaat con sus ejidos;
y de la tribu de Gad, Ramot en Galaad con sus ejidos, y Mahanaim con sus ejidos,
y Hesbón con sus ejidos, y Jazer con sus ejidos.
Y DE los hijos de Isacar: Tola y Púa, Jasub y Simrón, cuatro.
Y de los hijos de Tola: Uzi, y Refaya, y Jeriel, y Jahmai, y Jibsam, y Samuel, cabezas de sus casas paternas, es decir de Tola: guerreros esforzados según sus linajes: siendo su número en los días de David veinte y dos mil seiscientos.
Y los hijos de Uzi: Izrahías. Y los hijos de Izrahías: Micael, Obadías, Joel e Isías, cinco pues, hombres principales todos ellos.
Y además de ellos, según sus linajes, conforme a sus casas paternas, había tropas del ejército, hábiles para la guerra, treinta y seis mil; porque tuvieron muchas mujeres e hijos.
Y sus hermanos de todas las familias de Isacar, guerreros esforzados, fueron ochenta y siete mil; inscritos en genealogía todos ellos.
¶Los hijos de Benjamín: Bela y Bequer y Jediael, tres.
Y de los hijos de Bela: Esbón, Uzi, Uziel, Jerimot e Iri, cinco; cabezas de casas paternas, guerreros esforzados; y su registro de familia alcanzó a veinte y dos mil treinta y cuatro.
Y los hijos de Bequer: Zemira, y Joás, y Eliezer, y Elioenai, y Omri y Jeremot, y Abías, y Anatot, y Alamet; todos éstos fueron hijos de Bequer.
Y su registro de familia, según sus linajes, las cabezas de casas paternas, guerreros esforzados, alcanzó a veinte mil doscientos.
Y los hijos de Jediael: Bilhán. Y los hijos de Bilhán: Jehús, y Benjamín, y Aod, y Canaana, y Zetán, y Tarsis, y Ahisahar:
todos éstos los hijos de Jediael, contados por las cabezas de sus casas paternas, guerreros esforzados, fueron diez y siete mil doscientos, que salían con el ejército, hábiles para la guerra.
Suppim también, y Huppim, hijos de Ir; y los Husim, hijos de Aher.
¶Y los hijos de Neftalí: Jahziel, y Guni, y Jezer, y Sallum; hijos de Bilha.
¶Y los hijos de Manasés: Asriel, a quien su concubina, la Sira, dió a luz: (dió a luz a Maquir, padre de Galaad:
y Maquir tomó por mujer una hermana de Hupim y Supim; la cual hermana se llamaba Maaca); y el nombre de otro segundo fué Zelofehad: y Zelofehad tuvo hijas.
Y Maaca, mujer de Maquir, dió a luz un hijo, y llamó su nombre Peres, y el nombre de su hermano fué Seres; y sus hijos fueron Ulam y Requem.
Y los hijos de Ulam: Bedán. Estos fueron hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés.
Y su hermana Hamolequet dio a luz a Ishod, a Abiezer y a Mahla
Y los hijos de Semida fueron Ahián, y Siquem, y Likhi y Aníam.
¶Y los hijos de Efraim: Sutela, y Bered su hijo, Tahat su hijo, y Elada su hijo, y Tahat su hijo,
y Zabad su hijo, y Sutela su hijo, Ezer también y Elad; a quienes mataron los hombres de Gat, naturales de aquella tierra; porque habían bajado allá para quitarles sus ganados.
Y lamentólos su padre Efraim muchos días, y vinieron sus hermanos a consolarle.
Después llegóse a su mujer, y ella concibió, y le parió un hijo, y llamó su nombre Berías, porque la calamidad había estado en su casa.
Y su hija fué Seera, la cual edificó a Bet-horón, la de abajo y la de arriba; edificó también a Uzen-seera.
Y Refa fué su hijo, y también Resef; y Tela su hijo, y Tahán su hijo,
Ladán su hijo, Amihud su hijo, Elisama su hijo,
Nun su hijo, Josué su hijo.
¶Y las posesiones de ellos y sus habitaciones fueron Bet-el con sus aldeas; y al oriente Naarán, y al occidente Gezer con sus villas, y Siquem con sus villas, hasta Gaza y sus aldeas,
y junto a los linderos de los hijos de Manasés, Bet-seán con sus aldeas, Taanac con sus aldeas, Meguido con sus aldeas, Dor con sus aldeas: en estas habitaron los hijos de José, hijo de Israel.
¶Los hijos de Aser; Imna, e Isva, e Isvi, y Berías, y Sera, hermana de ellos.
Y los hijos de Berías: Heber, y Malquiel; éste fué padre de Birzavit.
Y Heber engendró a Jaflet, y a Somer, y a Jotam, y a Súa, hermana de ellos.
Y los hijos de Jaflet: Pasac, y Bimhal, y Asvat. Éstos fueron los hijos de Jaflet.
Y los hijos de Somer: Ahi, Rohga, Jehuba, y Aram.
Y los hijos de Helem, su hermano: Zofa, e Imna, y Seles, y Amal.
Los hijos de Zofa: Suah, y Harnefer, y Sual, y Beri, e Imra,
Bezer, y Hod, y Samna, Silsa, e Itrán, y Beera.
Y los hijos de Jeter: Jefone, y Pispa, y Ara.
Y los hijos de Ulla: Arah, y Haniel, y Rizía.
Todos éstos fueron hijos de Aser, cabezas de casas paternas, hombres escogidos, guerreros esforzados, hombres principales de los príncipes; y al inscribirlos en los registros de familia, para el ejército y para la guerra, el número de ellos ascendió a veinte y seis mil hombres.
Y BENJAMÍN engendró a Bela, su primogénito, a Asbel, el segundo, y a Aharah el tercero,
a Noha el cuarto, a Rafá el quinto.
Y Bela tuvo hijos, a saber, Adar, y Gera, y Abihud,
y Abisúa, y Naamán,y Ahoa,
y Gera, y Sefufán, y Huram.
Y éstos fueron los hijos de Ehud: éstos eran cabezas de casas paternas de los habitantes de Geba, y los transportaron a Manahat:
es a saber, Naamán y Ahías y Gera; éste los hizo transportar: y engendró a Uza y a Ahihud.
Y Saaraim engendró hijos en el país de Moab, después de haber repudiado a Husim y a Baara, mujeres suyas.
Y engendró de Hodes su mujer a Jobab y a Sibia, y a Mesa, y a Malcam,
y a Jeuz, y a Sahías, y a Mirma: éstos fueron sus hijos, cabezas de casas paternas.
Y de Husim engendró a Abitob, y a Elpaal.
¶Y los hijos de Elpaal: Heber, y Misam, y Semed (éste edificó a Ono y Lod, con sus villas),
y Berías y Sema. Éstos fueron cabezas de casas paternas de los habitantes de Ayalón (éstos pusieron en fuga a los habitantes de Gat),
y Ahío, Sasac y Jeremot,
y Zebadías, y Arad, y Adar,
y Micael, e Ispa, y Joha; hijos de Berías.
Y Zebadías, y Mesullam, y Ezequías, y Heber,
e Ismerai, e Izlía, y Jobab; hijos de Elpaal.
Y Jaquim, y Zicri, y Zabdi,
y Elienal, y Zilletai, y Eliel,
y Adaya, y Beraya, y Simrat; hijos de Simei.
E Ispán, y Heber, y Eliel,
y Abdón, y Zicri, y Hanán,
y Hananías, y Elam, y Anatotías,
e Ifdaya, y Penuel; hijos de Sasac.
Y Samserai, y Seharía, y Atalia,
y Jaaresías, y Elía, y Zicri; hijos de Jeroham.
Éstos fueron cabezas de casas paternas, según sus linajes, hombres principales. Estos habitaron en Jerusalem.
¶Y en Gabaón habitaron Jeiel, padre de Gabaón (cuya mujer se llamaba Maaca),
y Abdón, su hijo primogénito, y Sur, y Cis, y Baal, y Nadab,
y Gedor, y Ahío, y Zequer.
Y Miclot engendró a Simea. Y éstos también habitaron en Jerusalem con sus hermanos, al frente de sus hermanos.
¶Y Ner engendró a Cis, y Cis engendró a Saúl, y Saúl engendró a Jonatán, y a Melqui-súa, y a Abinadab, y a Es-baal.
Y los hijos de Jonatán: Merib-baal; y Merib-baal engendró a Mica.
Y los hijos de Mica: Pitón, y Melec, y Tarea, y Acaz.
Y Acaz engendró a Joada, y Joada engendró a Alemet, y a Azmávet, y a Zimri. Y Zimri engendró a Moza.
Y Moza engendró a Binea. Rafá su hijo. Elasa su hijo, Azel su hijo.
Y Azel tuvo seis hijos; y éstos son los nombres de ellos: Azricam, Bocru, e Ismael, y Searías, y Obadías, y Hanán; todos éstos los hijos de Azel.
Y los hijos de Esec, su hermano, fueron Ulam, su primogénito, Jeús el segundo, y Elifelet el tercero.
Y eran los hijos de Ulam guerreros esforzados, que manejaban el arco, y tenían muchos hijos y nietos; es a saber, ciento cincuenta. Todos éstos eran hijos de Benjamín.
DE manera que todo Israel había sido inscrito en sus genealogías; y he aquí que estaban escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá, cuando fueron transportados a Babilonia a causa de sus transgresiones.
¶Empero los primeros habitantes que volvieron a entrar en sus posesiones, en sus ciudades, constaron de Israelitas, de sacerdotes, de levitas y de netineos.
Y en Jerusalem habitaron de los hijos de Judá, y de los hijos de Benjamín, y de los hijos de Efraim y Manasés,
Utai, hijo de Amihud, hijo de Omri, hijo de Imri, hijo de Bani, de los hijos de Farés, hijo de Judá.
Y de los Silonitas, Asaya, el primogénito, con sus hijos.
Y de los hijos de Zara, Jeuel y los demás hermanos de ellos, seiscientos noventa.
Y de los hijos de Benjamín: Sallu, hijo de Mesullam, hijo de Hodavías, hijo de Asenúa,
e Ibnías, hijo de Jeroham, y Ela, hijo de Uzi, hijo de Micri, y Mesullam hijo de Sefatías, hijo de Reuel, hijo de Ibnía,
con sus hermanos, según sus linajes, novecientos cincuenta y seis. Todos estos hombres fueron cabezas de casas paternas, en sus casas paternas respectivas.
¶Y de los sacerdotes: Jedaya, y Joiarib, y Jaquín,
y Azarías hijo de Helcías, hijo de Mesullam, hijo de Sadoc, hijo de Meraiot, hijo de Ahitob, príncipe de la Casa de Dios.
Y Adaya hijo de Jeroham, hijo de Pasur, hijo de Malquías, y Masai hijo de Adiel, hijo de Jazera, hijo de Mesullam, hijo de Mesilemit, hijo de Imer;
y los hermanos de ellos, cabezas de sus casas paternas, mil setecientos y sesenta, hombres esforzados y hábiles para la obra del servicio de la Casa de Dios.
¶Y de los Levitas: Semaya hijo de Hasub, hijo de Azricam, hijo de Hasabías, de los hijos de Merari:
y Bacbacar, Heres y Galal, y Matanías hijo de Mica, hijo de Zicri, hijo de Asaf:
y Obadías hijo de Semaya, hijo de Galal, hijo de Jedutún, y Berequías hijo de Asa, hijo de Elcana, que habitó en las aldeas de los Netofatitas.
¶Y los porteros: Sallum, y Acub, y Talmón, y Ahimán, y sus hermanos; siendo Sallum el jefe;
los cuales hasta ahora asisten en la puerta del rey, a la parte del oriente: ellos son los porteros para las compañías de los hijos de Leví.
Y Sallum hijo de Coré, hijo de Abiasaf, hijo de Coré, con sus hermanos, los Coritas de su casa paterna, estaban sobre la obra del servicio, guardas de las puertas del Tabernáculo; asimismo los padres de ellos, estando sobre el campamento de Jehová, habían sido guardas de la entrada de él;
y Finees hijo de Eleazar era príncipe de ellos de antiguo tiempo, siendo Jehová con él.
Zacarías hijo de Meselemías era portero de la entrada del Tabernáculo de Reunión.
Todos éstos, escogidos para porteros de las entradas, eran doscientos doce. Fueron inscritos en las genealogías por sus aldeas; los mismos que David y Samuel el vidente habían constituído en sus encargos.
Así ellos como sus hijos tenían el cargo de las puertas de la Casa de Jehová, la Casa del Tabernáculo, como guardas.
Hacia los cuatro vientos solían estar los porteros; hacia el oriente, hacia el occidente, hacia el norte, y hacia el sur.
Y sus hermanos, en sus aldeas, tenían la obligación de venir de tiempo en tiempo, por siete días, para estar con ellos.
Porque estos cuatro porteros principales, que eran levitas, estaban encargados de vigilar sobre las cámaras, y sobre los tesoros de la Casa de Dios.
Y al rededor de la Casa de Dios habían de alojarse; porque a su cargo estaba la custodia de ella; y estaban encargados de abrirla todas las mañanas.
Y algunos de ellos tenían cargo de los instrumentos del ministerio; porque por cuenta los metían, y por cuenta los sacaban.
Y otros de ellos estaban designados para mirar por el mueblaje, y por toda la vajilla del Santuario; y por la harina, y el vino, y el aceite, y el incienso, y las especias.
Pero algunos de los hijos de los sacerdotes preparaban la confección de las especias.
Y Matatías, uno de los Levitas, que era el primogénito de Sallum corita, tenía a su cargo lo que se preparaba en la sartén.
Y de los hijos de los Coatitas, algunos de los hermanos de ellos tenían a su cargo los panes de la proposición, para prepararlos todos los sábados.
Pero aquellos que eran cantores, cabezas de las casas paternas de los Levitas, se quedaban en las cámaras, exentos de servicio, para que de día y de noche se ocupasen en su propio ministerio.
Éstos eran cabezas de las casas paternas de los Levitas, siendo cabezas de sus distintos linajes: éstos habitaban en Jerusalem.
¶En Gabaón pues habitó el padre de Gabaón, Jehiel, y su mujer se llamaba Maaca.
Y su hijo primogénito fué Abdón, luego Zur, y Cis, y Baal, y Ner, y Nadab,
y Gedor, y Ahío, Zacarías, y Miclot.
Y Miclot engendró a Simeam. Y estos habitaron también en Jerusalem con sus hermanos, al frente de sus hermanos.
¶Y Ner engendró a Cis, y Cis engendró a Saúl, y Saúl engendró a Jonatán, y a Melquisúa, y a Abinadab, y a Es-baal.
Y el hijo de Jonatán fué Merib-baal; y Merib-baal engendró a Mica.
Y los hijos de Mica: Pitón, y Melec, y Tarea, y Acaz.
Y Acaz engendró a Jara; y Jara engendró a Alemet, y a Azmávet, y a Zimri. Y Zimri engendró a Moza;
y Moza engendró a Binea: y Refaya fué su hijo, Elasa su hijo, Azel su hijo.
Y Azel tuvo seis hijos; y estos fueron sus nombres: Azricam, Bocru, e Ismael, y Searya, y Obadías, y Hanán. Éstos fueron los hijos de Azel.
Y LOS Filisteos pelearon contra Israel; y huyeron los hombres de Israel delante de los Filisteos, y cayeron traspasados en el monte Gilboa.
Y los Filisteos siguieron ardorosos tras de Saúl y sus hijos; y los Filisteos hirieron a Jonatán, y a Abinadab, y a Melquisúa, hijos de Saúl.
Y arreció el combate en derredor de Saúl, y le descubrieron los flecheros; y fué angustiado por los flecheros.
Entonces dijo Saúl a su paje de armas: Saca tu espada, y traspásame con ella; no sea que vengan estos incircuncisos, y sacien su venganza en mí. Mas no quiso su paje de arias; porque tuvo gran temor: por lo cual tomó Saúl su espada, y cayó sobre ella.
Y cuando su escudero vió que era muerto Saúl, cayó él también sobre su espada, y murió.
Así murió Saúl; y sus tres hijos; y toda su casa murió juntamente con él.
Y cuando todos los hombres de Israel que estaban en el valle del Jordán, vieron que los suyos habían huido, y que habían muerto Saúl y sus hijos, ellos también abandonaron sus ciudades y huyeron; y vinieron los Filisteos y habitaron en ellas.
Y aconteció que a la mañana, cuando vinieron los Filisteos para despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus hijos tendidos en el monte Gilboa.
Y le despojaron, y quitando su cabeza y sus armas, las enviaron en derredor por el país de los Filisteos, para que se publicara la nueva a sus ídolos y a su pueblo.
Y colocaron las armas de él en la casa de sus dioses, y clavaron su cabeza en la casa de Dagón.
Pero cuando oyeron todos los habitantes de Jabés-galaad lo que los Filisteos habían hecho a Saúl,
se levantaron todos los hombres valientes, y quitaron el cadáver de Saúl, y los cadáveres de sus hijos, y los llevaron a Jabés; donde los quemaron, y enterraron sus huesos debajo de un roble, en Jabés, y ayunaron siete días.
Así murió Saúl por su prevaricación que había cometido contra Jehová, en cuanto al mandamiento de Jehová que no guardó; y por haber ido en demanda de un espíritu pitónico, para consultarle,
y no consultó a Jehová: por lo cual éste le mató, y traspasó el reino a David, hijo de Isaí.
Y CONGREGÓSE todo Israel en torno de David, en Hebrón, diciendo: ¡He aquí que hueso tuyo y carne tuya somos!
También en tiempo pasado, cuando Saúl era rey, tú sacabas a campaña a Israel y le volvías a traer; y te decía Jehová tu Dios: Tú pastorearás a mi pueblo Israel, y tú serás el caudillo de mi pueblo Israel.
Así pues vinieron todos los ancianos de Israel al rey, a Hebrón; y el rey David hizo pacto con ellos en Hebrón delante de Jehová; y ellos ungieron a David por rey sobre Israel, conforme a la palabra de Jehová por conducto de Samuel.
¶En seguida fué David con todo Israel a Jerusalem (la cual es Jebus), en donde aún residían los Jebuseos, antiguos habitantes de aquella tierra.
Y decían los habitantes de Jebus a David: ¡Tú no podrás entrar acá! Esto no obstante, David tomó la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David:
porque dijo David: Cualquiera que hiriere primero al Jebuseo, será hecho jefe y capitán. Y trepó Joab hijo de Sarvia el primero, y quedó hecho jefe.
Y habitó David en la fortaleza; por esto la llamaron ciudad de David.
Y edificó la ciudad en derredor, desde la fortaleza de Millo, hasta adonde alcanzaba el distrito circunvecino; y Joab restauró el resto de la ciudad.
Así siguió David haciéndose más y más grande; porque Jehová de los Ejércitos era con él.
¶Y éstos fueron los principales de los héroes que tenía David; los cuales se esforzaron con él en cuanto al reino, juntamente con todo Israel, para hacerle rey; conforme a la palabra de Jehová respecto de Israel.
Este es pues el número de los héroes que tenía David: Jasobeam hijo de Hacmoni, príncipe de los capitanes, que alzó su lanza contra trescientos que mató de una sola vez.
¶Y después de él fué Eleazar hijo de Dodo, ahohíta; que era uno de los tres héroes.
Este estaba con David en Pasdamim, en donde los Filisteos estaban reunidos para la batalla; y había allí un pedazo de terreno lleno de cebada; y el pueblo huyó delante de los Filisteos.
Entonces ellos se plantaron en mitad de aquel campo, lo defendieron, e hirieron a los Filisteos; y salvólos Jehová con grande salvación.
¶Y descendieron tres de los treinta jefes a la peña, a David, que estaba en la cueva de Adullam, estando el ejército de los Filisteos acampado en el Valle de Refaim.
Y David estaba a la sazón en el lugar fuerte, y una guarnición de los Filisteos ocupaba entonces a Bet-lehem.
Y suspiró David, y dijo: ¡Quién me diera a beber de las aguas del pozo de Bet-lehem, que está junto a la puerta!
Con lo cual aquellos tres se abrieron paso por en medio del ejército de los Filisteos, y sacaron agua del pozo de Bet-lehem, que estaba junto a la puerta, y tomándola, la trajeron a David. Mas no quiso David beberla, sino que la derramó como libación a Jehová;
diciendo: ¡No permita mi Dios que yo tal haga! ¿No es ésta la sangre misma de estos hombres? ¿He de beber acaso sus vidas? pues con riesgo de sus vidas la trajeron. Por tanto no quiso beberla. Tales cosas hicieron estos tres héroes.
¶Y Abisai, hermano de Joab, era jefe de los tres; el cual blandió su lanza contra trescientos que mató, y tuvo nombre entre los tres.
De los tres, él era más distinguido que dos de ellos, y fue hecho su jefe; mas no alcanzó a los tres en proezas.
¶Y Benaya hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en hazañas, de Cabzeel: éste mató a dos campeones de Moab, fieros como leones; descendió también y mató un león, en medio de un hoyo, en un día de nieve.
Hirió además a un egipcio, hombre de tamaño colosal, de cinco codos de altura; y en mano del egipcio había una lanza, como enjullo de tejedor; mas descendió contra él con un báculo, y arrebatando la lanza de la mano del egipcio, le mató con su misma lanza.
Estas cosas hizo Benaya hijo de Joiada, y tuvo nombre entre los tres héroes.
He aquí que era más distinguido que los treinta, pero a los tres no alcanzó; y le puso David sobre su consejo privado.
¶Y los héroes de los ejércitos eran: Asael hermano de Joab; Elhanán hijo de Dodo, de Bet-lehem;
Samot arorita; Helez pelonita;
Ira hijo de Iques, tecoíta; Abiezer anatotita;
Sibecai husatita; Ilaí ahoíta;
Maharai netofatita; Heled hijo de Baana, netofatita;
Itai hijo de Ribai de Gabaa, de los hijos de Benjamín; Benaya piratonita;
Hurai de los Valles de Gaás; Abiel arbatita;
Asmávet baharumita; Eliaba saalbonita;
Bené-hasem gizonita; Jonatán hijo de Sagé, ararita;
Ahiam hijo de Sacar, ararita; Elifal hijo de Ur;
Hefer mequeratita; Ahía pelonita;
Hezro carmelita; Naarai hijo de Ezbai;
Joel hermano de Natán; Mibhar hijo de Hagrai;
Zelec ammonita; Naarai berotita, paje de armas de Joab hijo de Sarvia;
Ira itrita; Gareb itrita;
Urías heteo; Zabad hijo de Ahlai;
Adina hijo de Siza, rubenita, jefe de los Rubenitas, y con él treinta hombres;
Hanán hijo de Maaca, y Josafat mitnita;
Uzías asteratita. Sama y Jeiel hijos de Hotam, aroerita;
Jediael, hijo de Simri, y Joha su hermano, tizita;
Eliel mahavita, y Jeribai y Josavía, hijos de Elnaán, e Itma moabita;
Eliel, y Obed, y Jasael, de Mezobaya.
Y ESTOS son los que vinieron a David en Siclag, mientras todavía se encerraba por causa de Saúl hijo de Cis; los cuales también se contaban entre los héroes que le ayudaron en la guerra.
Manejaban el arco, y usaban así de la diestra como de la siniestra en tirar piedras con la honda, y saetas con el arco; eran de los hermanos de Saúl, benjamitas.
El jefe era Ahiezer, luego Joás, hijos de Semaa gabaatita; y Jeziel y Pelet hijos de Azmávet; y Beraca, y Jehú anatotita;
e Ismaías gabaonita, héroe entre los treinta, y más que los treinta; y Jeremías, y Jahaziel, y Johanán, y Jozabad gederatita;
Eluzai, y Jerimot, y Bealías, y Semarías, y Sefatías harufita;
Elcana, e Isías, y Azarel, y Joezer, y Jasobeam, coritas;
y Joela y Zebadías, hijos de Jeroham, de Gedor.
¶Había también, de los Gaditas, guerreros esforzados, que se separaron de Saúl para unirse con David, en el lugar fuerte del desierto, hombres del ejército, hábiles para la guerra, que manejaban escudo y lanza; y sus rostros eran como rostros de leones, y eran ligeros como los corzos sobre las montañas.
Eser era el jefe de ellos, Obadías el segundo, Eliab el tercero,
Mismana el cuarto, Jeremías el quinto,
Atai el sexto, Eliel el séptimo;
Johanán el octavo, Elzabad el nono;
Jeremías el décimo, Macbanai el undécimo.
Éstos eran de los hijos de Gad, jefes del ejército; el menor de ellos era sobre cien hombres, y el mayor, sobre mil.
Éstos fueron aquellos que atravesaron el Jordán en el mes primero, cuando éste había llenado completamente todos sus bordes; y pusieron en fuga a todos los de los valles, tanto hacia el oriente como hacia el occidente.
¶Algunos también de los hijos de Benjamín y de Judá vinieron al lugar fuerte, a David.
Y salió David al encuentro de ellos, y tomando la palabra, les dijo: Si con intento pacífico habéis venido a mí para ayudarme, mi corazón se estrechará en vínculos de unión con vosotros; pero si es para hacerme traición, entregándome a mis adversarios, sin haber maldad en mis manos, ¡véalo el Dios de nuestros padres, y lo reprenda!
Entonces el Espíritu revistió a Amasai, jefe de los treinta, el cual respondió: ¡Tuyos somos, oh David, y contigo estamos, hijo de Isaí! ¡Paz, paz a ti, y paz a tus ayudadores; porque tu Dios te ayuda! Entonces David los recibió, y los puso entre los jefes de su tropa.
¶Algunos también de Manasés desertaron de las banderas de Saúl para unirse con David, cuando éste vino con los Filisteos a la batalla contra Saúl: bien que no les ayudó; porque, habido consejo, los príncipes de los Filisteos le despacharon, diciendo: Con nuestras cabezas desertará a las filas de Saúl, señor suyo.
Como iba a Siclag, pues, de los hijos de Manasés desertaron a sus banderas Adna, y Jozabad, y Jediael, y Micael, y Jozabad, y Eliú, y Zilletai, jefes de los miles que eran de Manasés:
y ellos ayudaron a David contra la tropa de los merodeadores; porque eran guerreros esforzados todos ellos, y fueron constituídos capitanes del ejército.
Pues en aquel tiempo las gentes venían todos los días a David para ayudarle; hasta que el campamento vino a ser grande, como campamento de Dios.
¶Y estos son los números de los escuadrones de dos expeditos para la guerra, que vinieron a David en Hebrón, para hacer pasar a él el reino de Saúl, conforme al mandamiento de Jehová.
De los hijos de Judá, que traían escudo y lanza, seis mil ochocientos, expeditos para la guerra.
De los hijos de Simeón, hombres fuertes y valerosos para la guerra, siete mil y ciento.
De los hijos de Leví, cuatro mil y seiscientos.
Y Joiada era jefe de la casa de Aarón, y con él había tres mil setecientos;
Sadoc también, mancebo fuerte y valeroso; y de su casa paterna veinte y dos capitanes.
Y de los hijos de Benjamín, hermanos de Saúl, tres mil; porque hasta entonces los más de ellos habían guardado fidelidad a la casa de Saúl
Y de los hijos de Efraim veinte mil y ochocientos, guerreros esforzados, famosos en sus casas paternas.
Y de la media tribu de Manasés diez y ocho mil, que fueron designados por nombre para venir y hacer rey a David.
Y de los hijos de Isacar, hombres conocedores de los tiempos, para saber aconsejar lo que debía Israel hacer: sus jefes doscientos, y todos sus hermanos estaban a sus órdenes.
De Zabulón, hombres que podían salir a campaña en orden de batalla, provistos de todos los pertrechos de guerra, cincuenta mil, dispuestos a entrar en batalla sin doblez de corazón.
Y de Neftalí, mil capitanes, y con ellos treinta y siete mil hombres con escudo y lanza.
Y de los Danitas, hombres que podían ponerse en orden de batalla, veinte y ocho mil seiscientos.
Y de Aser, hombres que podían salir a campaña en orden de batalla, cuarenta mil.
Y de la otra parte del Jordán, de los Rubenitas y los Gaditas y la media tribu de Manasés, provistos de toda suerte de pertrechos de guerra para la batalla, ciento veinte mil.
¶Todos estos hombres de guerra, formados en orden de batalla, vinieron con entero corazón a Hebrón, para hacer a David rey sobre todo Israel; y también todo el resto de Israel era de un mismo corazón para hacer rey a David.
Y se estuvieron allí con David tres días, comiendo y bebiendo; porque sus hermanos habían provisto lo necesario para ellos.
Y además, los que eran vecinos a ellos, hasta Isacar y Zabulón y Neftalí, trajeron pan en asnos, y en camellos, y en mulos, y en bueyes, juntamente con vitualla de harina, y panes de higos, y pasas, y vino, y aceite, y reses mayores y menores, en abundancia; porque había gozo en Israel.
Y CONSULTÓ David con los jefes de miles y de cientos, y con todos los caudillos:
y dijo David a toda la Asamblea de Israel: Si bien os parece a vosotros, y si es de Jehová nuestro Dios, enviemos por todas partes a llamar a nuestros hermanos que quedan en todas las tierras de Israel, y además de ellos, a los sacerdotes y los levitas que están en las ciudades, y en sus ejidos, para que se reunan con nosotros:
y traigamos en torno hasta nosotros el Arca de nuestro Dios; porque no acudimos a ella en los días de Saúl.
Y toda la Asamblea dijo que lo harían así; porque era acertada la propuesta en el concepto de todo el pueblo.
¶Entonces David hizo congregar a todo Israel desde Sihor, torrente de Egipto, hasta la entrada de Hamat, para traer el Arca de Dios desde Kiryat-jearim.
Subió pues David, con todo Israel, a Baala, es decir, a Kiryat-jearim, que pertenece a Judá, para subir de allí el Arca del Dios de Israel, que habita entre los querubines; la cual es llamada del NOMBRE.
Y llevaron el Arca de Dios, montada sobre un carro nuevo, sacándola de casa de Abinadab; y Uza y Ahío guiaban el carro.
Y David y todo Israel hacían alegrías delante de Dios con todas sus fuerzas, con canciones, y con arpas, y con salterios, y con panderos, y con címbalos, y con trompetas.
Mas cuando llegaron a la era de Quidón, extendió Uza la mano para asir del Arca; porque se desmandaban los bueyes.
Y encendióse la ira de Jehová contra Uza, y le hirió, por haber extendido su mano al Arca; y murió allí delante de Dios
Y David tuvo desagrado, por cuanto Jehová había estallado en ira contra Uza; y llamó aquel sitio Pérez-uza; nombre que lleva hasta hoy.
Y David tuvo temor de Dios en aquel día, y dijo: ¿Cómo traeré a mí el Arca de Dios?
Por lo cual David no hizo traer a sí el Arca de Dios, a la ciudad; sino que, desviándose del camino, la llevó a casa de Obed-edom geteo.
Y el Arca de Dios se quedó con la familia de Obed-edom, en su casa, por tres meses. Y bendijo Jehová a la familia de Obed-edom y a todo cuanto tenía.
E HIRAM, rey de Tiro, envió embajadores a David, con maderas de cedro y albañiles y carpinteros, para edificarle una casa.
Y entendió David que Jehová le había establecido por rey sobre Israel (porque fué levantado en alto su reino), por amor de Israel su pueblo.
¶Y tomó David más mujeres en Jerusalem, y engendró David más hijos e hijas.
Estos pues son los nombres de los hijos que tuvo en Jerusalem: Samúa y Sobab, Natán y Salomón;
Ibhar, y Elisúa, y Elpelet;
Noga, y Nefeg, y Jafía;
y Elisama, y Beeliada, y Elifelet.
¶Y cuando oyeron los Filisteos que David había sido ungido rey sobre todo Israel, todos los Filisteos subieron en busca de David. Y cuando lo supo David, salió delante de ellos.
Llegaron pues los Filisteos, y desplegaron en el Valle de Refaim.
Entonces David consultó a Dios, diciendo: ¿Subiré contra los Filisteos? ¿los entregarás tú en mi mano? Y Jehová le respondió: Sube, que los entregaré en tu mano.
Subieron pues a Baal-perazim, y David los hirió allí. Y dijo David: ¡Dios ha desbaratado a mis enemigos, por mi mano, como una irrupción de aguas! por lo cual llamaron a aquel lugar Baal-perazim.
Y dejaron allí sus dioses; y David dió orden, y fueron quemados a fuego.
¶Y otra vez más vinieron los Filisteos, y desplegaron en el valle.
Y David volvió a consultar a Dios; y Dios le contestó: No subas tras de ellos; da una vuelta, retirándote de ellos, para acometerlos enfrente de los morales.
Y será que cuando oyeres un sonido como de marcha, por las copas de los morales, entonces mismo saldrás a la batalla, porque ya habrá salido Dios delante de ti para herir el ejército de los Filisteos.
Y David lo hizo así, como le había mandado Dios; e hirieron al ejército de los Filisteos desde Gabaón hasta Gezer.
Y extendióse la fama de David por todas aquellas tierras; e impuso Jehová el temor de David sobre todas aquellas naciones.
Y EL rey hizo para sí casas en la ciudad de David; y preparó un lugar para el Arca de Dios, tendiendo para ella un Tabernáculo.
Entonces dijo David: No debieran llevar el Arca de Dios otros que no sean levitas; porque a ellos escogió Jehová para llevar el Arca de Dios, y para ministrar ante él perpetuamente.
Por tanto congregó David a todo Israel en Jerusalem para subir el Arca de Jehová al lugar que le tenía preparado.
David reunió también a los hijos de Aarón y a los levitas, a saber;
De los hijos de Coat, Uriel el principal, y sus hermanos ciento veinte;
de los hijos de Merari, Asaya el principal, y sus hermanos doscientos veinte;
de los hijos de Gersom, Joel el principal, y sus hermanos ciento treinta;
de los hijos de Elizafán, Semaya el principal, y sus hermanos doscientos;
de los hijos de Hebrón, Eliel el principal, y sus hermanos ochenta;
de los hijos de Uziel, Aminadab el principal, y sus hermanos ciento doce.
Entonces llamó David a Sadoc y a Abiatar, sumos sacerdotes, y a los levitas Uriel, Asaya, y Joel, Semaya, y Eliel, y Aminadab;
y les dijo: Vosotros sois las cabezas de las casas paternas de los Levitas: santificaos, vosotros y vuestros hermanos, para que subáis el Arca de Jehová, el Dios de Israel, al lugar que le tengo preparado;
porque por no haberla llevado vosotros desde un principio, Jehová nuestro Dios estalló en ira contra nosotros; porque no le buscábamos conforme al orden prescrito.
¶Los sacerdotes pues y los levitas se santificaron, para subir allá el Arca de Jehová, el Dios de Israel.
Y los hijos de los levitas llevaron el Arca de Dios, según lo había prescrito Moisés, conforme a la palabra de Dios; es decir, sobre sus hombros, por medio de las varas puestas encima de ellos.
¶Y dijo David a los príncipes de los levitas, que designasen de entre sus hermanos los cantores, con instrumentos de música; es decir, salterios, y arpas, y címbalos; para que hiciesen resonancia, en tanto que alzaban la voz con júbilo.
Entonces los levitas designaron a Hemán hijo de Joel; y de sus hermanos, a Asaf hijo de Berequías; y de los hijos de Merari, hermanos suyos, a Etán hijo de Cusaías;
y con ellos a sus hermanos de segundo orden, a saber: Zacarías, y Ben, y Jaazael, y Semiramot, y Jehiel, y Uni, y Eliab, y Benaya, y Maasías, y Matitías, y Elifelehu, y Micnías, y Obed-edom, y Jeiel, que eran los porteros.
Y los cantores, Hemán, Asaf y Etán, fueron constituídos con címbalos de bronce para hacer resonancia.
Y Zacarías, y Aziel, y Semiramot, y Jehiel, y Uni, y Eliab, y Maasías, y Benaya, con salterios sobre Alamot.
Y Matitías, y Elifelehu, y Micnías, y Obed-edom, y Jeiel, y Azazías, con arpas sobre el Seminit, para dirigir el canto.
Y Kenanías era el principal de los levitas en el canto: él era quien dirigía el canto, por ser hábil.
Y Berequías y Elcana eran porteros para el Arca.
Y Sebanías y Josafat, y Natanael, y Amasías, y Zacarías, y Benaya, y Eliezer, sacerdotes, tocaban las trompetas delante del Arca de Dios. Y Obed-edom y Jehías eran también porteros para el Arca.
¶De esta suerte David, y los ancianos de Israel, y los jefes de miles, fueron a traer el Arca del Pacto de Jehová, desde la casa de Obed-edom, con regocijos.
Y aconteció que ayudando Dios a los levitas, portadores del Arca del Pacto de Jehová sacrificaron siete novillos y siete carneros.
Y David iba ceñido de una ropa talar de lino fino, y de igual manera todos los levitas, portadores del Arca, y los cantores, y Kenanías que dirigía el cantó entre los cantores. Y tenía David sobre sí un efod de lino.
¶De esta manera todo Israel subía el Arca del Pacto de Jehová con algazara, y con voz de bocinas, y con trompetas, y con címbalos; haciendo resonancia con salterios y con arpas.
Mas en tanto que el Arca del Pacto de Jehová iba llegando a la ciudad de David, Micol hija de Saúl, asomándose a una ventana, vió al rey David danzando y haciendo alegrías; y desprecióle en su corazón.
TRAJERON pues el Arca de Dios, y la asentaron en medio del Tabernáculo que David había tendido para ella; y ofrecieron holocaustos y ofrendas pacíficas delante de Dios.
Y cuando hubo acabado de ofrecer David los holocaustos y los sacrificios pacíficos, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová.
Y repartió entre toda la gente de Israel, así hombres como mujeres, a cada uno una torta de pan y un trozo de carne y un pan de pasas.
¶Y constituyó de entre los levitas quienes ministrasen delante del Arca de Jehová, e hiciesen recordación, y alabasen y loasen a Jehová, el Dios de Israel;
es a saber, a Asaf el principal, y después de él, a Zacarías, y a Jeiel, y a Simiramot, y a Jehiel, y a Matitías, y a Eliab, y a Benaya, y a Obed-edom, y a Jeiel, con salterios y arpas; y Asaf con címbalos, para hacer resonancia;
en tanto que Benaya y Jahaziel, sacerdotes, estaban con trompetas continuamente delante del Arca del Pacto de Jehová.
¶Entonces, en aquel día, David principió a tributar alabanzas a Jehová por mano de Asaf y sus hermanos:
¡Alabad a Jehová, invocad su nombre, haced conocer entre las naciones sus hazañas!
¡Cantadle a él, tañedle salmos; hablad de todas sus maravillas!
¡Gloriaos en su santo Nombre; regocíjese el corazón de los que buscan a Jehová!
¡Acudid a Jehová, y a su fortaleza; buscad de continuo su presencia!
¡Acordaos de las maravillas que él ha hecho, de sus prodigios y de los juicios de su boca,
oh simiente de Israel su siervo, oh hijos de Jacob, sus escogidos!
Él es Jehová, el Dios nuestro; en toda la tierra se manifiestan sus juicios.
Acordaos para siempre de su pacto, de la promesa que ordenó para mil generaciones;
pacto que hizo con Abraham, y de su juramento a Isaac,
que estableció a Jacob como estatuto, y a Israel como pacto eterno;
diciendo: A ti te daré la tierra de Canaán, la suerte de vuestra herencia;
cuando erais hombres pocos en número, muy pocos, y extranjeros en ella.
Y cuando anduvieron de nación en nación, y de un reino a otro pueblo,
no permitió que hombre alguno les hiciese agravio, y por su causa reprendió a reyes, diciendo:
¡No toquéis a mis ungidos, y a mis profetas no hagáis mal!
¡Cantad a Jehová, oh habitadores de toda la tierra; anunciad de día en día. su salvación!
¡Contad entre las naciones su gloria, entre todos los pueblos sus maravillas!
Porque grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado; y él es digno de ser temido sobre todos los dioses.
Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos; pero Jehová hizo los cielos.
Honra y majestad están delante de él, fortaleza y alegría, en su morada.
¡Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, tributad a Jehová la gloria y la fortaleza!
¡Tributad a Jehová la gloria debida a su nombre; traed ofrendas, y entrad en su presencia! ¡adorad a Jehová en la hermosura de la santidad!
¡Temblad delante de él, moradores de toda la tierra! el mundo también será hecho estable, para que nunca sea removido.
¡Regocíjense los cielos, y alégrese la tierra! Decid entre las naciones: ¡Jehová reina!
¡Brame la mar, y cuanto hay en ella; alégrese el campo, y todo lo que está en él!
entonces cantarán de gozo los árboles de la selva delante de Jehová; porque viene a juzgar la tierra.
¡Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia!
Y decid: ¡Sálvanos, oh Dios de nuestra salvación, y recógenos, y líbranos de entre las naciones, para que demos gracias a tu santo nombre. y nos gloriemos en tus alabanzas!
¡Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, desde la eternidad, y hasta la eternidad! Y todo el pueblo dijo: ¡Amén! y alabó a Jehová.
¶Entonces dejó David allí, delante del Arca del Pacto de Jehová, a Asaf y sus hermanos, para que ministrasen de continuo delante del Arca, según pidiere la obra de cada día en su día:
a Obed-edom también y los hermanos de ellos, hasta en número de sesenta y ocho; y a Obed-edom hijo de Jedutún, y a Hosa, para porteros:
y a Sadoc el sacerdote, y sus hermanos, los sacerdotes, delante de la Habitación de Jehová, en el alto que había en Gabaón,
para que ofreciesen holocaustos a Jehová sobre el altar del holocausto continuamente, por la mañana y por la tarde, y en toda ocasión prescrita en la ley de Jehová, que él había impuesto a Israel:
y con ellos a Hemán y a Jedutún, y al resto de los escogidos que habían sido designados por sus nombres, para alabar a Jehová, porque para siempre es su misericordia:
y con ellos a Hemán y a Jedutúm con trompetas y címbalos para hacer resonancia, y con otros instrumentos para los cánticos de Dios: y a los hijos de Jedutún para estar a la puerta.
En seguida, se fué todo el pueblo cada cual a su casa; David también se volvió para bendecir a su casa.
Y ACONTECIÓ un día, cuando el rey ya moraba en su casa, que dijo David a Natán profeta: He aquí, yo estoy habitando en casa de cedro, mientras que el Arca del Pacto de Jehová habita debajo de cortinas.
Y Natán dijo a David: Haz cuanto esté en tu corazón, porque Dios es contigo.
Pero sucedió en aquella misma noche que tuvo Natán revelación de Jehová, que decía:
Anda, y di a mi siervo David: Así dice Jehová: Tú no me edificarás Casa en que yo habite;
ya que no he habitado en casa alguna desde el día que hice subir de Egipto a los hijos de Israel hasta el día de hoy; sino que he ido de Tabernáculo en Tabernáculo, y de una Habitación portátil en otra.
En todos los lugares donde he andado de una a otra parte entre todo Israel, ¿hablé una palabra siquiera a cualesquiera de los jueces de Israel a quienes he mandado pastorear a mi pueblo, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado una Casa de cedro?
Ahora pues, así dirás a mi siervo David: Así dice Jehová de los Ejércitos: Yo te tomé del aprisco, de seguir tras las ovejas, para que fueses caudillo de mi pueblo Israel;
y he sido contigo dondequiera que has andado, y he cortado a todos tus enemigos de delante de ti; y voy a hacerte nombre, como nombre de los grandes que ha habido en la tierra.
También, señalaré lugar para mi pueblo Israel, y le plantaré, para que habite en su propio asiento, y no sea más inquietado, ni vuelvan más los hijos de iniquidad a vejarle, como fué al principio,
y desde los días en que constituí jueces sobre mi pueblo Israel; y humillaré a todos tus enemigos. Además, te hago saber que Jehová va a edificarte a ti una casa.
Pues será así que cuando se te cumplieren los días para que vayas a tus padres, haré levantar tu linaje en pos de ti, que será de tus hijos, y haré estable su reino.
Él me edificará Casa; y yo estableceré su trono para siempre.
Yo seré su padre, y él será mi hijo; y mi favor no se lo quitaré a él, como se lo quité a aquél que fué antes de ti.
Yo pues le estableceré en mi Casa y en mi reino eternamente, y su trono será inmoble para siempre.
Según el tenor de todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán con David.
¶Entonces fué el rey David, y se sentó delante de Jehová, y dijo: ¿Quién soy yo, oh Jehová Dios, y cuál es mi casa, para que me hayas elevado hasta tal punto?
Y aun esto fué poco en tus ojos, oh Dios; pues que has hablado de la casa de tu siervo hasta en tiempos muy remotos; y me has mirado cual si hubiera sido hombre de encumbrada condición, oh Jehová Dios.
¿Qué más podrá decirte David respecto de la honra hecha a tu siervo? pues tú conoces a tu siervo.
Oh Jehová, por amor de tu siervo, y movido de tu propia voluntad, has obrado toda esta grandeza, para dar a conocer todas estas cosas tan grandes,
Oh Jehová, no hay ninguno semejante a ti, ni hay Dios alguno fuera de ti; conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos.
¿Y quién hay semejante a tu pueblo Israel, única nación en la tierra a quien fué Dios a redimir, para serle pueblo suyo propio; para ganarte renombre, por hazañas grandes y terribles, arrojando naciones enteras de delante de tu pueblo, que redimiste de Egipto?
Y a tu pueblo Israel le has constituído pueblo tuyo para siempre; y tú, oh Jehová, te has hecho el Dios de ellos.
Ahora pues, oh Jehová, sea firme para siempre la promesa que has hecho respecto de tu siervo, y respecto de su casa; y haz según has prometido.
Sí, sea firme; y sea tu nombre para siempre engrandecido, al decir: ¡Jehová de los Ejércitos es el Dios de Israel, y es un Dios para Israel! ¡y la casa de tu siervo David sea estable delante de tu rostro!
Porque tú, oh Dios mío, has revelado a tu siervo que vas a edificarle una casa; por tanto tu siervo ha hallado osadía para orar así delante de ti.
Y ahora, oh Jehová, tú solo eres Dios; y tú has hablado respecto de tu siervo este bien.
Ahora pues ha sido de tu agrado bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca siempre delante de tu rostro: ¡porque tú, oh Jehová, la has bendecido, y bendita será para siempre!
Y ACONTECIÓ después de esto, que hirió David a los Filisteos y los sojuzgó, y quitó a Gat y sus aldeas de mano de los Filisteos.
Hirió también a Moab; y los Moabitas vinieron a ser siervos de David, y le trajeron presentes.
E hirió David a Hadarezer rey de Soba, en Hamat, yendo éste a establecer su dominio junto al río Eufrates.
Y le quitó David mil carros de guerra, y siete mil gentes de a caballo, y veinte mil hombres de a pie; y desjarretó David todos los tiros de carro, dejando de ellos para cien carros.
¶Entonces vinieron los Siros de Damasco, para ayudar a Hadarezer rey de Soba; e hirió David de los Siros veinte y dos mil hombres.
Y puso David guarniciones en Siria de Damasco; y los Siros vinieron a ser siervos de David, y le trajeron presentes: y Jehová daba victoria a David dondequiera que iba.
¶Y tomó David los escudos de oro que traían los siervos de Hadarezer, y los llevó a Jerusalem.
Y de Tibha y de Cun, ciudades de Hadarezer, tomó David muchísima cantidad de bronce; de la que hizo Salomón el mar de bronce, y las columnas, y todos los utensilios de bronce.
¶Y cuando oyó Tou rey de Hamat que había destrozado David a todo el ejército de Hadarezer rey de Soba,
envió a Hadoram su hijo al rey David para saludarle, y para bendecirle con motivo de haber peleado contra Hadarezer y destrozádole; porque mucha guerra había tenido Tou con Hadarezer; y trajo Hadoram toda suerte de alhajas de oro y de plata y de bronce.
Estos también consagró el rey David a Jehová, además de la plata y el oro que se había traído de todas las naciones;--de Edom, y de Moab, y de los hijos de Ammón, y de los Filisteos, y de los Amalecitas.
¶Abisai también, hijo de Sarvia, hirió de los Idumeos en el Valle de la Sal diez y ocho mil.
Y puso David guarniciones en Edom; y todos los Idumeos vinieron a ser siervos de David; así daba Jehová victoria a David dondequiera que iba.
¶De esta suerte reinó David sobre todo Israel, y era ejecutor de juicio y justicia para todo su pueblo.
Y Joab hijo de Sarvia estaba sobre el ejército; y Josafat hijo de Ahilud era cronista;
y Sadoc hijo de Ahitob, y Abimelec hijo de Abiatar, sumos sacerdotes; y Savsa era secretario;
y Benaya hijo de Joiada mandaba a los Kereteos y a los Peleteos; y los hijos de David, los mayores, estaban al lado del rey.
Y ACONTECIÓ, después de estas cosas, que murió Nahás, rey de los hijos de Ammón, y reinó su hijo en su lugar.
Entonces dijo David: Usaré de benevolencia con Hanún hijo de Nahás, porque su padre usó de benevolencia conmigo. Envió pues David embajadores para consolarle de la muerte de su padre; y llegaron los siervos de David a tierra de los hijos de Ammón, a Hanún, para consolarle.
Entonces dijeron los príncipes de los hijos de Ammón a Hanún: ¿Te parece que David quiere honrar a tu padre, por cuanto te ha enviado consoladores? ¿No es más bien para examinar, y reconocer, y explorar el país, que han venido sus siervos a ti?
Por lo cual, tomando Hanún a los siervos de David, los rapó, y cortóles los vestidos por en medio, hasta las caderas, y los despachó así.
Y algunos fueron y avisaron a David respecto de los hombres; y él envió a encontrarlos; porque estaban los hombres sumamente avergonzados. Les dijo pues el rey: Deteneos en Jericó hasta que os crezca la barba, y después volveréis.
¶Vieron pues los hijos de Ammón que se habían hecho odiosos a David; por lo cual Hanún y los hijos de Ammón enviaron mil talentos de plata para tomar a sueldo carros de guerra y caballería de Mesopotamia, y de Siria de Maaca, y de Soba.
En efecto, se tomaron a sueldo treinta y dos mil guerreros con carros, y al rey de Maaca con su pueblo; los cuales vinieron y acamparon al frente de Medeba; los hijos de Ammón también se congregaron desde sus ciudades, y vinieron a la guerra.
¶Y cuando lo supo David, envió a Joab y todo el ejército de los hombres valientes.
Entonces salieron los hijos de Ammón, y ordenaron la batalla a la puerta de la ciudad; pero los reyes que habían venido se quedaron aparte en el campo.
Viendo pues Joab que se le presentaba la batalla de frente y por la espalda, escogió de entre todos los escogidos de Israel los más valientes, y los ordenó contra los Siros;
y dió el resto del pueblo en mano de Abisai su hermano; los cuales se ordenaron contra los hijos de Ammón.
Y dijo Joab: Si pudieren los Siros más que yo, tú me ayudarás; pero si los hijos de Ammón pudieren más que tú, yo te ayudaré a ti.
¡Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios! ¡y haga Jehová lo que sea bueno en su vista!
Mas al acercarse Joab y el pueblo que con él estaba a la batalla contra los Siros, éstos huyeron delante de él.
Y cuando vieron los hijos de Ammón que habían huído los Siros, huyeron ellos también delante de Abisai su hermano, y entraron en la ciudad. Entonces Joab se volvió a Jerusalem.
¶Mas viendo los Siros que habían sido batidos delante de Israel, enviaron embajadores, y trajeron a los Siros de más allá del río Eufrates; y Sofac, jefe de las tropas de Hadarezer, iba al frente de ellos.
De lo cual avisado David, reunió a todo Israel, y pasando el Jordán, llegóse a ellos, y ordenó batalla contra ellos. Y cuando David hubo ordenado la batalla contra los Siros, ellos pelearon contra él.
Pero huyeron los Siros delante de Israel; y David mató de los Siros siete mil guerreros en carros, y cuarenta mil hombres de a pie, y dió muerte a Sofac jefe del ejército.
Y cuando vieron los Siros de Hadarezer, que habían sido batidos delante de Israel, hicieron paz con David y le sirvieron; y no quisieron los Siros ayudar más a los hijos de Ammón.
Y ACONTECIÓ que en la primavera del año, cuando suelen salir los reyes a campaña, sacó Joab la fuerza del ejército, y asoló el país de los hijos de Ammón; y llegándose, puso sitio a Rabbá; mas David se quedó en Jerusalem. Joab pues hirió a Rabbá y destruyóla.
Y tomó David la corona de Malcam de encima de su cabeza, y halló que pesaba un talento de oro; y tenía una piedra de gran valor, la cual fué puesta sobre la cabeza de David. Y sacó David de la ciudad muchísimos despojos.
Sacó también el pueblo que halló en ella, y los cortó con sierras, y con trillos de hierro, y con hachas: así hizo David con todas las ciudades de los hijos de Ammón. Luego volvió David con toda su gente a Jerusalem.
¶Y aconteció después de esto, que suscitóse guerra en Gezer contra los Filisteos; en la cual Sibecai husatita hirió a Sipai, de los hijos del gigante Rafá: y ellos fueron humillados.
¶Y otra vez hubo guerra contra los Filisteos; y Elhanán hijo de Jaír hirió a Lahmi, hermano de Goliat geteo; el asta de cuya lanza era como un enjullo de tejedor.
¶Y hubo otra vez guerra en Gat, donde había un hombre de tamaño colosal; que tenía seis dedos en cada mano, y seis en cada pie; veinte y cuatro entre todos. Y él también había nacido al gigante Rafá.
Y cuando denostó a Israel, le hirió Jonatán hijo de Simea, hermano de David.
Éstos habían nacido al gigante Rafá en Gat; y cayeron por mano de David, y por mano de sus siervos.
ENTONCES se levantó Satanás contra Israel, e incitó a David a que numerase a Israel.
Dijo pues David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, contad a Israel, desde Beer-seba hasta Dan; y traedme la suma de ellos, para que yo la sepa.
Entonces dijo Joab: Añada Jehová a su pueblo cien tantos de lo que son; ¿y acaso no serán, oh rey, señor mío, todos ellos los siervos de mi señor? ¿Para qué pues se empeña mi señor en exigir esto? ¿por qué ha de hacerse esto un delito para Israel?
Sin embargo la palabra del rey pudo más que Joab; de manera que salió Joab y recorrió todo Israel, y volvió a Jerusalem.
Y Joab dio la suma del censo del pueblo a David; y era todo Israel mil millares y cien mil hombres que sacaban espada; y de Judá había cuatrocientos y setenta mil hombres que sacaban espada.
Mas a Leví y a Benjamín no contó entre ellos; porque le era detestable a Joab la orden del rey.
A Dios también le desagradó esto; por lo cual hirió a Israel.
¶Entonces dijo David a Dios: ¡Yo he pecado gravemente en hacer esto; ahora pues perdona, te lo ruego, la iniquidad de tu siervo; porque he obrado muy insensatamente!
Y habló Jehová a Gad, vidente de David, diciendo:
Vé y habla a David, diciendo: Así dice Jehová: Tres cosas voy a proponerte; escoje para ti una de ellas, para que yo te haga así.
Entonces vino Gad a David, y le dijo: Así dice Jehová: Toma para ti cual más te convenga:
O tres años de hambre; o que por tres meses seas destruído delante de tus adversarios, en tanto que la espada de tus enemigos te vaya alcanzando; o que por tres días la espada de Jehová, es decir, la peste, ande por la tierra, y un ángel de Jehová haga estragos en todos los términos de Israel. Ahora bien, considera qué respuesta he de llevar al que me envió.
¶Y David dijo a Gad: Me veo en grande estrecho. ¡Caiga pues yo en manos de Jehová, porque muy grandes son sus compasiones; pero no caiga en mano de los hombres!
Por lo cual envió Jehová la peste en medio de Israel; y cayeron de Israel setenta mil hombres.
Y Dios envió un ángel contra Jerusalem para destruirla; mas como la iba a destruir, miró Jehová, y dolióse del mal, y dijo al ángel destruidor: ¡Basta; detén ahora tu mano! Y el ángel de Jehová se paró cerca de la era de Ornán jebuseo.
¶Entonces David alzó los ojos y vio al ángel de Jehová que estaba entre la tierra y el cielo, con una espada desenvainada en su mano, extendida sobre Jerusalem; y cayó David, juntamente con los ancianos, cubiertos de saco, sobre sus rostros.
Y dijo David a Dios: ¿No fuí yo quien mandó que se numerase el pueblo? Yo soy quien pecó, y yo he hecho muy inicuamente; mas estas ovejas ¿qué han hecho? Oh Jehová, Dios mío, ruégote que sea tu mano contra mí y contra la casa de mi padre; mas no contra tu pueblo, para que haya plaga entre ellos.
¶Entonces el ángel de Jehová mandó a Gad que dijera a David que subiese y levantase altar a Jehová en la era de Ornán jebuseo.
Subió pues David, según la palabra que Gad le había hablado en nombre de Jehová.
Entretanto Ornán, que estaba trillando el trigo, volviéndose vió al ángel; y él con cuatro hijos suyos se escondieron.
Y como iba llegando David a donde estaba Ornán, miró Ornán, y viendo a David, salió de la era, y postróse ante David, rostro a tierra.
Entonces dijo David a Ornán: Dame el recinto de la era para que edifique en él un altar a Jehová (por su pleno valor me la darás), para que se detenga la plaga que asuela al pueblo.
Entonces dijo Ornán a David: ¡Tómatela; y haga mi señor el rey lo que sea bueno en su vista! Mira que te doy los bueyes para holocaustos, y los trillos para leña, y el trigo para ofrenda vegetal; todo te lo doy.
Mas el rey David le contestó a Ornán: No, sino que ciertamente lo compraré por su pleno valor; porque no tomaré lo que es tuyo pará Jehová, ni sacrificaré holocaustos sin costo.
David pues dio a Ornán por el sitio seiscientos siclos de oro, por peso.
Entonces edificó David allí un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas pacíficas, e invocó a Jehová; el cual respondió con fuego, enviado desde el cielo sobre el altar del holocausto.
Entonces Jehová mandó al ángel; y éste volvió su espada a la vaina.
¶En aquel tiempo, cuando vio David que Jehová le había respondido en la era de Ornán jebuseo, ofreció allí sacrificios.
Pues la Habitación de Jehová y el altar del holocausto que había hecho Moisés en el desierto, estaban a la sazón en el alto, en Gabaón,
mas no pudo David presentarse delante de él para acudir a Dios, porque estaba aterrado a causa de la espada del ángel de Jehová.
ENTONCES dijo David: ¡Aquí mismo ha de colocarse la Casa de Jehová Dios, y aquí el altar de holocaustos para Israel!
¶David pues mandó que se congregasen los extranjeros que había en la tierra de Israel; y señaló canteros para que labrasen piedras de cantería para edificar la Casa de Dios.
Y preparó David hierro en abundancia para clavar las hojas de las puertas, y para las trabazones; y bronce en abundancia sin peso;
y madera de cedro sin cuento; porque los Sidonios y los Tiros trajeron madera de cedro en abundancia para David.
¶Y dijo David: Salomón mi hijo es aún muchacho y de tierna edad, y la Casa que ha de edificarse para Jehová, ha de ser grande sobre toda ponderación, para renombre, y para gloria entre todas las tierras; yo haré por ella, permitiéndolo el Señor, las prevenciones necesarias. David pues hizo abundante provisión antes de su muerte.
¶Y llamando a Salomón su hijo, le mandó que edificase Casa para Jehová, el Dios de Israel.
Y David dijo a Salomón: Hijo mío, en cuanto a mí, tenía en mi corazón el propósito de edificar Casa al Nombre de Jehová mi Dios.
Pero tuve revelación de Jehová, que decía: Tú has derramado mucha sangre, y has hecho grandes guerras; tú no edificarás Casa a mi Nombre, porque has derramado mucha sangre en tierra delante de mi vista.
Mas he aquí que ha de nacerte un hijo, el cual será hombre de descanso; pues yo le daré descanso de todos sus enemigos en derredor; porque Salomón será su nombre, y paz y sosiego daré a Israel en sus días.
Él edificará Casa a mi Nombre; también él será mi hijo, y yo seré su Padre; y estableceré el trono de su reino sobre Israel para siempre.
Ahora pues, hijo mío, sea Jehová contigo, para que prosperes y edifiques la Casa de Jehová tu Dios, según él ha prometido acerca de ti.
Déte tan sólo Jehová cordura y entendimiento, para que, habiéndote él nombrado rey sobre Israel, guardes la ley de Jehová tu Dios.
Entonces prosperarás, si cuidares de cumplir los estatutos y las leyes que Jehová ordenó a Moisés respecto de Israel. ¡Ten fortaleza y buen ánimo! ¡no temas, ni te amedrentes!
He aquí que en mi aflicción yo he preparado esto para la Casa de Jehová: De oro, cien mil talentos, y de plata, mil millares de talentos; y de cobre y de hierro, sin peso; porque hay en abundancia. Maderas también y piedras he preparado; a lo cual tú podrás añadir.
Y tienes abundancia de obreros, así canteros como albañiles y carpinteros, y toda clase de hombres expertos para toda suerte de obra.
El oro, y la plata, y el bronce, y el hierro no tienen número que lo exprese; ¡levántate pues, y pón manos a la obra, y sea Jehová contigo!
¶Entonces mandó David a todos los príncipes de Israel que ayudasen a Salomón su hijo, diciendo:
¿No está con vosotros Jehová vuestro Dios? ¿y no os ha dado descanso por todos lados? porque él ha entregado en mi mano los habitantes de esta tierra; y la tierra está ya sojuzgada delante de Jehová y delante de su pueblo.
Ahora bien, aplicad vuestro corazón y vuestra alma a buscar a Jehová vuestro Dios: levantaos pues y edificad el Santuario del Dios Jehová; para que el Arca del Pacto de Jehová, y los utensilios del Santuario de Dios, se trasladen a la Casa que ha de edificarse al Nombre de Jehová.
DAVID pues era viejo y saciado de días; y constituyó a Salomón su hijo rey de Israel.
Reunió también a todos los príncipes de Israel y los sacerdotes y los Levitas.
Y los Levitas fueron contados de treinta años arriba; y fué su número, según sus cabezas de casas paternas, por sus individuos, treinta y ocho mil.
Y de éstos había veinte y cuatro mil para dirigir la obra de la Casa de Jehová; y para magistrados y jueces, seis mil;
y cuatro mil para porteros, y cuatro mil para cantar alabanzas a Jehová, con los instrumentos que yo he hecho, dijo David, para tributar alabanzas.
¶Y David los repartió en clases, según los hijos de Leví, Gersón, Coat y Merari.
¶De los Gersonitas, Ladán y Simei.
Los hijos de Ladán: el jefe, Jehiel, y Zetán y Joel; tres.
Los hijos de Simei: Zelomit y Haziel y Harán; tres. Éstos fueron las cabezas de las casas paternas de Ladán.
Y los hijos de Simei: Jahat, Zina, y Jeús, y Berías. Éstos fueron los hijos de Simei; cuatro.
Y Jahat era el jefe, y Sisa el segundo; mas Jeús y Berías no tuvieron muchos hijos; por lo cual constituyeron una casa paterna con una sola numeración.
¶Los hijos de Coat: Amram e Izhar, Hebrón y Uziel; cuatro.
Los hijos de Amram: Aarón y Moisés. Y fué separado Aarón para santificarle al ministerio de las cosas sacratísimas, él y sus hijos para siempre; para ofrecer incienso delante de Jehová, y ministrar ante él, y bendecir en su nombre, para siempre.
En cuanto a Moisés, varón de Dios, sus hijos fueron llamados del nombre de la tribu de Leví.
Los hijos de Moisés fueron Gersom y Eliezer.
Los hijos de Gersom: Sebuel el jefe.
Y los hijos de Eliezer: Rehabías el jefe. Y no tenía Eliezer otros hijos; mas los hijos de Rehabías fueron muchísimos.
Los hijos de Izhar: Selomit el jefe.
Los hijos de Hebrón: Jería el jefe, Amarías el segundo, Jahaziel el tercero, y Jecamaam el cuarto.
Los hijos de Uziel: Mica el jefe, e Isías el segundo.
¶Y los hijos de Merari: Mahli y Musi. Los hijos de Mahli: Eleazar y Cis.
Y murió Eleazar: y no tuvo hijos, sino solamente hijas, a quienes tomaron por mujeres los hijos de Cis, primos hermanos suyos.
Los hijos de Musi: Mahli y Eder y Jeremot; tres.
¶Estos pues fueron los hijos de Leví, conforme a sus casas paternas, es decir, las cabezas de las casas paternas, según el censo de ellos, por la cuenta de los nombres, por sus cabezas; los cuales hacían la obra del ministerio de la Casa de Jehová, de veinte años arriba.
Porque David había dicho: Jehová, el Dios de Israel, ha dado descanso a su pueblo, y desde ahora habitará en Jerusalem para siempre.
Y también de los levitas dijo: No habrán de llevar más la Habitación, con todos los utensilios de su ministerio.
Por tanto, por últimas disposiciones de David, se tomó el censo de los hijos de Leví de veinte años arriba;
porque su oficio era estar a las órdenes de los hijos de Aarón, para el ministerio de la Casa de Jehová, teniendo a su cargo los atrios y las cámaras, y la purificación de las cosas santificadas; en fin, para la obra del ministerio de la Casa de Dios;
asimismo para la preparación de los panes de la proposición, y la flor de harina para las ofrendas vegetales, y para los hojaldres sin levadura, y para lo cocido en sartén, y para lo frito; y para toda suerte de medida, así de capacidad como de longitud;
y para asistir todas las mañanas, a dar gracias y tributar alabanzas a Jehová, y asimismo por la tarde;
y para ayudar en todo ofrecimiento de holocaustos a Jehová, en los sábados, y en los novilunios, y en las fiestas solemnes, según su número, y de acuerdo con su rito especial, continuamente delante de Jehová.
Y ellos tendrán la custodia del Tabernáculo de Reunión, y la custodia del recinto sagrado, y estarán a las órdenes de sus hermanos los hijos de Aarón, en el ministerio de la Casa de Jehová.
LAS clases pues de los hijos de Aarón son estas: Los hijos de Aarón: Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar.
Pero Nadab y Abiú murieron antes que su padre, y no tuvieron hijos; y tuvieron el sacerdocio Eleazar e Itamar.
Y David, con Sadoc, de los hijos de Eleazar, y Ahimelec, de los hijos de Itamar, repartiólos según sus oficios, en su ministerio respectivo.
Y resultó que los hijos de Eleazar eran más numerosos respecto de varones principales que los hijos de Itamar; por lo cual los repartieron así: De los hijos de Eleazar diez y seis cabezas de casas paternas; y de los hijos de Itamar, por casas paternas, ocho.
Y los repartieron por suertes, los unos con los otros; porque había príncipes del Santuario y príncipes de la Casa de Dios, tanto de los hijos de Eleazar como de los hijos de Itamar.
Y Semaya hijo de Natanael, escriba, uno de los levitas, inscribiólos en presencia del rey, y de los príncipes, y de Sadoc sumo sacerdote, y de Ahimelec hijo de Abiatar, y de las cabezas de las casas paternas, así de los sacerdotes como de los levitas; sacando una casa paterna para Eleazar, y sacando de igual manera otra para Itamar.
¶Salió pues la primera suerte para Joiarib; para Jedaya la segunda;
para Harim la tercera; para Seorim la cuarta;
para Malquías la quinta; para Mijamín la sexta;
para Haccoz la séptima; para Abías la octava;
para Jesúa la nona; para Secanías la décima;
para Eliasib la undécima; para Jaquim la duodécima;
para Hupa la décimatercera; para Jesebeab la décimacuarta;
para Bilga la décimaquinta; para Imer la décimasexta;
para Hezir la décimaséptima; para Hapizez la décimaoctava;
para Petaya la décimanona; para Ezequiel la vigésima;
para Jaquín la vigésimaprima; para Gamul la vigésimasegunda;
para Delaya la vigésimatercera; para Maazías la vigésimacuarta.
Este fué el nombramiento de ellos en su ministerio respectivo, para que entrasen en la Casa de Jehová según les fué prescrito por conducto de Aarón su padre; según le había mandado Jehová, el Dios de Israel.
¶Y de los hijos restantes de Leví, había los siguientes: De los hijos de Amram: Subael. De los hijos de Subael: Jehedías.
En cuanto a Rehabías, Isías era jefe de los hijos de Rehabías.
De los Izharitas lo era Selomot; de los hijos de Selomot, Jahat.
De los hijos de Hebrón, lo era Jerías; Amarías el segundo, Jahaziel el tercero; Jecamaam el cuarto.
De los hijos de Uziel lo era Mica; de los hijos de Mica, Samir.
El hermano de Mica, fué Isías; de los hijos de Isías, Zacarías era jefe.
¶Los hijos de Merari fueron Mahli y Musi; los hijos de Jaazfas, Beno.
Los hijos de Merari por Jaazías: Beno, y Soham, y Zacur, e Ibri.
De Mahli, Eleazar, que no tuvo hijos.
De Cis: de los hijos de Cis era jefe Jerameel.
Y los hijos de Musi: Mahli y Eder y Jerimot. ¶Éstos fueron los hijos de los Levitas, según sus casas paternas.
Y también éstos echaron suertes de la misma manera que sus hermanos, los hijos de Aarón, en presencia del rey David, y de Sadoc, y de Ahimelec, y de las cabezas de las casas paternas, así de los sacerdotes como de los levitas; repartiendo las casas paternas de los principales, lo mismo que de los menores de sus hermanos.
ASIMISMO David y los jefes del ejército separaron para el culto, algunos de los hijos de Asaf y de Hemán y de Jedutún, para que profetizasen con arpas, con salterios y con címbalos; y el número de ellos, es decir, de los hombres que hacían esta obra, conforme a su servicio, era:
¶De los hijos de Asaf, Zacur y José y Netanías y Asarela, hijos de Asaf, bajo la dirección de Asaf, que profetizaba bajo la dirección del rey.
¶De Jedutún: los hijos de Jedutún, Gedalías, y Zeri, e Isaías, Hasabías y Matatías, y Simei, seis, bajo la dirección de su padre Jedutún, que profetizaba con arpa, tributando acciones de gracias, y cantando alabanzas a Jehová.
¶De Hemán: los hijos de Hemán, Bukías, Matanías, Uziel, Sebuel, y Jerimot, Hananías, Hanani, Eliata, Gidalti, Romamti-ezer, Josbecasa, Malloti, Hotir y Mahaziot.
Todos éstos fueron hijos de Hemán, vidente del rey en las cosas de Dios, para ensalzar su poder. Y Dios había dado a Hemán catorce hijos y tres hijas.
Todos éstos estaban bajo la dirección de su padre en el canto de la Casa de Jehová, con címbalos y salterios y arpas, para el ministerio de la Casa de Dios; y bajo la dirección del rey estaban Asaf y Jedutún y Hemán.
¶Y el número de ellos, con sus hermanos, los que eran instruídos en el canto de Jehová, todos los inteligentes en él, fueron de doscientos ochenta y ocho.
Y echaron suertes para determinar sus encargos respectivos, así pequeños como grandes; así los maestros como los discípulos.
¶Salió pues la primera suerte de Asaf para José: la segunda para Gedalías; él con sus hermanos e hijos fueron doce:
la tercera para Zacur, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la cuarta para Izri, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la quinta para Netanías, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la sexta para Bukías, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la séptima para Jesarela, con sus hijos y sus hermanos, doce
la octava para Isaías, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la nona para Matanías, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la décima para Simei, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la undécima para Azariel, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la duodécima para Hasabías, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la décimatercia para Subael, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la décimacuarta para Matitías, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la décimaquinta para Jeremot, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la décimasexta para Hananías, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la décimaséptima para Josbecasa, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la décimaoctava para Hanani, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la décimanona para Malloti, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la vigésima para Eliata, con sus hijos y sus hermanos, doce
la vigésimaprima para Hotir, con sus hijos y sus hermanos, doce
la vigesimasegunda para Gidalti, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la vigésimatercera para Mahaziot, con sus hijos y sus hermanos, doce:
la vigésimacuarta para Romamti-ezer, con sus hijos y sus hermanos, doce.
Y DAVID separó para las clases de los porteros, de los Coritas, a Meselemías hijo de Coré, de los hijos de Asaf.
Y Meselemías tuvo los hijos siguientes: Zacarías el primogénito, Jediael el segundo, Zebadías el tercero, Jatniel el cuarto;
Elam el quinto, Johanán el sexto, Elioenai el séptimo.
Obed-edom también tuvo hijos: Semaya el primogénito, Jozabad el segundo, Joah el tercero, Sacar el cuarto, Nataniel el quinto;
Amiel el sexto, Isacar el séptimo, Peulletai el octavo; porque le había bendecido Dios.
Y a Semaya su hijo le nacieron hijos, que eran gobernantes para la casa de su padre; porque eran hombres esforzados y valerosos.
Los hijos de Semaya: Otni, y Rafael, y Obed, y Elzabad; sus hermanos, hombres valerosos, Eliú y Samaquías.
Todos éstos eran de los hijos de Obed-edom; ellos y sus hijos y sus hermanos eran hombres valerosos y esforzados para el ministerio; sesenta y dos de los hijos de Obed-edom.
Y Meselemías tuvo hijos y hermanos, hombres valerosos, diez y ocho.
¶Y Hosa, de los hijos de Merari, tuvo hijos: Simri el jefe, (porque aunque no era el primogénito, su padre le puso por jefe) ;
Helcías el segundo, Tebalías el tercero, Zacarías el cuarto; todos los hijos y los hermanos de Hosa fueron trece.
¶Estas clases de los porteros, según sus hombres principales, tenían el encargo, lo mismo que sus hermanos, de ministrar en la Casa de Jehová.
Y echaron suertes, los pequeños así como los grandes, según sus casas paternas, para cada una de las puertas.
Y cayó la suerte para la puerta oriental a Selemías. Y para Zacarías su hijo, consejero discreto, echaron suertes; y salió su suerte al norte.
Asimismo para Obed-edom, al sur; y para sus hijos, la casa de los almacenes.
Para Supim y para Hosa, al occidente, juntamente con la puerta de Sallequet, en la calzada de la subida; guardia contra guardia.
Al oriente había seis levitas; al norte, de día había cuatro; al sur, de día cuatro; y para los almacenes, de dos en dos.
Para el Parbar, de la parte del occidente, había cuatro para la calzada, y dos para el Parbar.
Tales fueron las clases de los porteros, de los hijos de los Coritas y de los hijos de Merari.
¶Y de los Levitas, Ahías tenía el cargo de los tesoros de la Casa de Dios, y los tesoros de las cosas santificadas.
Los hijos de Ladán, es decir, los hijos de los Gersonitas de Ladán, las cabezas de las casas paternas de Ladán gersonita, fueron los Jehielitas.
Los hijos de Jehieli, Zetam y Joel su hermano, tuvieron cargo de los tesoros de la Casa de Jehová;
y algunos de los Amramitas, de los Izharitas, de los Hebronitas, y de los Uzielitas.
Y Sebuel hijo de Gersom, hijo de Moisés, era tesorero mayor.
Y sus hermanos, de la casa de Eliezer, fueron Rehabías, hijo de aquél, e Isaías su hijo, y Joram su hijo, y Zicri su hijo, y Selomit su hijo.
Este Selomit y sus hermanos tenían el cargo de todos los tesoros de las cosas santificadas, que habían santificado David el rey, y los hombres principales de las casas paternas, y los de los jefes de miles y de cientos, y los demás oficiales del ejército;
las cuales éstos habían consagrado de las batallas y de los despojos, para la conservación de la Casa de Jehová.
Asimismo todo lo que habían consagrado el vidente Samuel, y Saúl hijo de Cis, y Abner hijo de Ner, y Joab hijo de Sarvia: en fin, todo lo que cualquiera persona había consagrado, estaba al cargo de Selomit y sus hermanos.
¶De los Izharitas, Kenanías y sus hijos miraban por los negocios exteriores del gobierno de Israel, como magistrados y jueces.
De los Hebronitas, Hasabías y sus hermanos, hombres esforzados, mil setecientos en número, estaban encargados de la inspección de Israel, de esta parte del Jordán, hacia el occidente; así en todos los asuntos de Jehová, como en el servicio del rey.
De los Hebronitas, Jerías era jefe; es decir, de los Hebronitas por sus linajes, según sus casas paternas. En el año cuarenta del reinado de David éstos fueron buscados; y hallaron de ellos hombres esforzados y valerosos en Jazer de Galaad.
Y los hermanos de aquél, hombres valerosos, dos mil setecientos, hombres principales de sus casas paternas; a los cuales constituyó el rey David sobre los Rubenitas, y los Gaditas, y la media tribu de Manasés, en todo asunto de Dios y en todo asunto del rey.
Y ESTOS son los hijos de Israel, según el número de ellos, bajo las cabezas de las casas paternas, y los jefes de miles y de cientos, con sus oficiales que servían al rey en todo asunto de las divisiones, los cuales entraban y salían cada mes en todos los meses del año; veinte y cuatro mil en cada división.
¶Sobre la división primera, correspondiente al primer mes, Jasobeam hijo de Zabdiel: en su división había veinte y cuatro mil.
Él era de los hijos de Farés, cabeza de todos los jefes de los ejércitos el primer mes.
Y sobre la división del segundo mes, Dodai ahohita, y de su división Miclot también era jefe; y en su división había veinte y cuatro mil.
¶Y el tercer jefe del ejército, correspondiente al tercer mes, era Benaya hijo de Joiada, primer ministro de estado, y en su división, veinte y cuatro mil.
Éste es aquel Benaya que fué héroe entre los treinta, y estaba sobre los treinta; y en su división estaba Amizabad su hijo.
El cuarto, correspondiente al cuarto mes, era Asael hermano de Joab, y Zebadías su hijo después de él; y en su división, veinte y cuatro mil.
El quinto, correspondiente al quinto mes, era el jefe Samhut izraíta; y en su división, veinte y cuatro mil.
El sexto, correspondiente al sexto mes, era Ira hijo de Iques tecoíta; y en su división, veinte y cuatro mil.
El séptimo, correspondiente al séptimo mes, era Helez pelonita, de los hijos de Efraim; y en su división, veinte y cuatro mil.
El octavo, correspondiente al octavo mes, era Sibecai husatita, de los Zarhitas; y en su división, veinte y cuatro mil.
El noveno, correspondiente al mes noveno, era Abiezer anatotita, de los Benjamitas; y en su división, veinte y cuatro mil.
El décimo, correspondiente al mes décimo, era Maharai netofatita, de los Zarhitas; y en su división, veinte y cuatro mil.
El undécimo, correspondiente al mes undécimo, era Benaya piratonita, de los hijos de Efraim; y en su división, veinte y cuatro mil.
El duodécimo, correspondiente al mes duodécimo, era Heldai netofatita, de Otniel; y en su división, veinte y cuatro mil.
¶Además de esto, estaban sobre las tribus de Israel: de los Rubenitas, el caudillo Eliezer hijo de Zicri: de los Simeonitas, Sefatías hijo de Maaca
de Leví, Hasabías hijo de Kemuel: de la casa de Aarón, Sadoc:
de Judá, Eliú, uno de los hermanos de David: de Isacar, Omri hijo de Micael:
de Zabulón, Ismaías hijo de Obadías: de Neftalí, Jerimot hijo de Azriel:
de los hijos de Efraim, Oseas hijo de Azarías: de la media tribu de Manasés, Joel hijo de Pedaya:
de la otra media tribu de Manasés en Galaad, Iddo hijo de Zacarías: de Benjamín, Jaasiel hijo de Abner:
de Dan, Azarel hijo de Jeroham. ¶Éstos eran los príncipes de las tribus de Israel.
Mas no formó David el censo de ellos de veinte años para abajo, porque había dicho Jehová que multiplicaría a Israel como las estrellas del cielo.
Joab hijo de Sarvia comenzó a numerarlos, mas no acabó, pues hubo por eso explosión de ira contra Israel; ni fué puesto el número en el registro, en las crónicas del rey David.
¶Y Asmávet hijo de Abdiel tenía cargo de los tesoros del rey; pero de los almacenes en el campo y en las ciudades y en las aldeas, y en los castillos, lo tenía Jonatán hijo de Uzías;
y de los que hacían la obra del campo en el cultivo de las tierras, Ezri hijo de Kelub;
y de las viñas, Simei ramatita; y del producto de las viñas para las bodegas del vino, Zabdi sifmita;
y de los olivares y de los sicomorales que había en la Sefela, Baal-hanán gederita; y de los depósitos de aceite, Joás;
y de las vacadas que pastaban en Sarón, Sitrai saronita; y de las vacadas en los valles, Safat hijo de Adlai;
y de los camellos, Obil ismaelita; y de las asnas, Jedías meronotita;
y de los rebaños, Jaziz agareno. Todos éstos eran administradores de la hacienda particular del rey David.
¶Y Jonatán, tío de David, era consejero, hombre de entendimiento y secretario; y Jehiel hijo de Hacmoni, estaba de ayo con los hijos del rey:
y Ahitofel era consejero del rey; y Husai arquita era amigo del rey.
Y después de Ahitoel seguían Joiada hijo de Benaya, y Abiatar; y el jefe del ejército del rey era Joab.
ENTONCES David reunió a todos los príncipes de Israel, y a los jefes de las tribus, y a los jefes de las divisiones que servían al rey en su turno, y a los jefes de miles y a los jefes de cientos, y a los administradores de la hacienda y del ganado del rey y de sus hijos, juntamente con los camareros, y los hombres valientes, y todos los guerreros esforzados, en Jerusalem.
Levantóse entonces el rey David, y sosteniéndose sobre sus pies, dijo, Oídme, hermanos míos, y pueblo mío. Yo tenía en mi corazón propósito de edificar Casa que fuese lugar de descanso para el Arca del Pacto de Jehová, y estrado de los pies de nuestro Dios; y había ya aprestado lo necesario para edificarla.
Pero Dios me dijo: Tú no edificarás la Casa a mi Nombre, porque has sido hombre de guerra y has derramado mucha sangre.
Sin embargo me escogió Jehová, el Dios de Israel, de entre toda la casa de mi padre, para que yo fuese rey de Israel perpetuamente. Porque a Judá escogió para ser el caudillo; y entre la familia de Judá escogió la casa de mi padre; y de entre los hijos de mi padre, tuvo complacencia en mí para hacerme rey sobre todo Israel.
Y de entre todos mis hijos (pues muchos hijos me ha dado Jehová), escogió a Salomón mi hijo para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel.
Y él me dijo: Salomón tu hijo edificará mi Casa y mis atrios; porque a él he escogido por hijo mío, y yo seré su padre.
Y estableceré su reino para siempre; con tal que se esfuerce para cumplir mis mandamientos y mis leyes como sucede el día de hoy.
Ahora pues, en presencia de todo Israel, la Asamblea de Jehová, y a oídos de nuestro Dios, os amonesto que guardéis y estudiéis todos los mandamientos de Jehová vuestro Dios; para que poseáis esta buena tierra, y la dejéis en herencia perpetua a vuestros hijos después de vosotros.
Y tú, Salomón, hijo mío, conoce al Dios de tu padre, y sírvele con sincero corazón, y con espíritu voluntario; porque Jehová escudriña todos los corazones, y entiende todas las imaginaciones de los pensamientos: ¡si le buscares, será hallado de ti; mas si le dejares, él te desechará para siempre!
Mira ahora que Jehová te ha escogido a fin de edificar Casa para el Santuario; ¡esfuérzate pues, y manos a la obra!
¶Dió entonces David a Salomón su hijo el diseño del Pórtico del Templo, y de sus edificios, y de sus tesorerías, y de sus cámaras altas, y de sus cámaras interiores, y de la Casa del Propiciatorio;
asimismo el diseño de todo lo que tenía ideado, por el Espíritu, respecto de los atrios de la Casa de Jehová, y de todas las cámaras al rededor, y de las tesorerías de la Casa de Dios, y de las tesorerías de las cosas santificadas;
asimismo respecto de las clases de los sacerdotes y de los levitas, y de toda la obra del ministerio de la Casa de Jehová, y de todos los instrumentos del ministerio de la Casa de Jehová;
le dió de oro por peso para las cosas de oro, para cada uno de los utensilios de toda clase de servicio; de plata por peso para todos los utensilios de plata, para cada uno de los utensilios de toda clase de servicio:
por peso también para los candelabros de oro, y para sus lámparas de oro; por peso para cada candelabro de por sí, y para sus lámparas; y para los candelabros de plata, por peso para cada candelabro y sus lámparas, conforme al servicio de cada candelabro en particular.
Asimismo le dió de oro por peso, para las mesas de la proposición, para cada mesa de por sí; la plata también para las mesas de plata.
Asimismo para los tenedores, y para los tazones, y para las copas de oro puro; y para las tazas de oro, dió por peso, para cada taza de por sí; y asimismo para las tazas de plata, por peso, para cada taza de por sí.
Y para el altar del incienso, dió oro acrisolado por peso: oro también para el diseño de la carroza, es decir, de los querubines, que extendían las alas y cubrían por encima el Arca del Pacto de Jehová.
Todo esto, (dijo David,) lo tengo en escrito por la mano de Jehová sobre mí; él me hizo entender todas las obras del diseño.
¶En fin, dijo David a Salomón su hijo: ¡Ten confianza y buen ánimo; y manos a la obra! no temas, ni desmayes, porque el Dios Jehová, Dios mío, es contigo; no te dejará, ni te desamparará, hasta que se acabe toda la obra para el servicio de la Casa de Jehová.
Y he aquí que tienes las clases de los sacerdotes y de los levitas para todo el servicio de la Casa de Dios; y en todo género de obra tienes contigo toda clase de hombres voluntarios, dotados de sabiduría, para toda forma de servicio; y los príncipes y el pueblo estarán enteramente a tu mandato.
ENTONCES dijo el rey David a toda la Asamblea: Salomón mi hijo, a quien solo ha escogido Dios, es todavía joven y sin experiencia, y la obra es grande; porque el palacio no es para hombre, sino para Jehová Dios.
Y yo con todas mis fuerzas he hecho los preparativos para la Casa de mi Dios: oro para las cosas de oro, y plata para las de plata, bronce para las de bronce, y hierro para las de hierro, y madera para las de madera; piedras oniquinas también, y piedras de engastes; piedras pintadas y variegadas, y toda suerte de piedras preciosas, y piedra de mármol blanco en abundancia.
A más de esto, por cuanto tengo puesto mi afecto en la Casa de mi Dios, el tesoro propio mío que tengo de oro y de plata, lo he dado a la Casa de mi Dios, además de todo lo que he preparado para la Casa del Santuario;
a saber, tres mil talentos de oro, del oro de Ofir, y siete mil talentos de plata acrisolada, para cubrir las paredes de los edificios;
de oro para las cosas de oro, y de plata para las de plata, y para toda clase de obra que ha de hacerse por manos de los artífices; y ahora ¿quién es aquel que quiere ofrecer espontáneamente, consagrando sus dádivas hoy a Jehová?
¶Entonces ofrecieron espontáneamente los jefes de las casas paternas, y los príncipes de las tribus de Israel, y los jefes de miles y de cientos, con los administradores de la hacienda del rey;
y dieron para la obra de la Casa de Dios, cinco mil talentos de oro, con diez mil dáricos, y diez mil talentos de plata, y diez y ocho mil talentos de bronce, y cien mil talentos de hierro.
Además, los con quienes se hallaban piedras preciosas, las dieron para el tesoro de la Casa de Jehová, en mano de Jehiel gersonita.
Y regocijóse el pueblo por haber ofrecido espontáneamente; porque de sincero corazón habían ofrecido voluntariamente a Jehová; y también el rey David alegróse con grande alegría.
¶Luego David bendijo a Jehová en presencia de toda la Asamblea; y dijo David: ¡Bendito eres, oh Jehová, Dios de nuestro padre Israel, desde la eternidad y hasta la eternidad!
¡Tuya, oh Jehová, es la grandeza, y el poder, y la gloria, y la victoria, y la majestad; porque todo cuanto existe en el cielo y en la tierra tuyo es! ¡Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú te ensalzas como cabeza sobre todas las cosas!
La riqueza también y la honra de ti proceden, y tú lo gobiernas todo; y en tu mano está el poder y la fortaleza, y en tu mano está el hacer grande y el dar poder a todos.
Ahora pues, oh Dios nuestro, nosotros te tributamos alabanzas, y celebramos tu Nombre glorioso.
Pues ¿quién soy yo, y quién mi pueblo, para que seamos capaces de ofrecerte espontáneamente nuestras dádivas de esta manera? Porque todo lo que hay, de ti es; y de lo tuyo propio nosotros te hemos dado.
Porque extranjeros somos delante de ti, y transeuntes, lo mismo que todos nuestros padres: como una sombra son nuestros días sobre la tierra, y no admiten espera.
Oh Jehová, Dios nuestro, todo este grande acopio que nosotros hemos aparejado, a fin de edificarte una Casa, para tu santo Nombre, es de tu mano, y es todo tuyo.
Yo sabía también, Dios mío, que tú pruebas los corazones, y te complaces en la rectitud: yo pues en la rectitud de mi corazón te he ofrecido voluntariamente todo esto; y ahora veo con regocijo a tu pueblo, los que se hallan aquí, ofrecerte espontáneamente sus dones.
Oh Jehová, Dios de nuestros padres, de Abraham, de Isaac, y de Israel, conserva esto perpetuamente en la imaginación de los pensamientos del corazón de tu pueblo; y haz que sea estable su corazón para contigo.
Da también a Salomón mi hijo un corazón sincero, para que guarde tus mandamientos, y tus testimonios, y tus estatutos, a fin de que lo cumpla todo, y edifique el palacio, para el cual yo he hecho apresto.
¶David dijo entonces a toda la Asamblea: ¡Bendecid a Jehová vuestro Dios! Y toda la Asamblea bendijo a Jehová, el Dios de sus padres; e inclinando la cabeza, se postraron delante de Jehová, y delante del rey.
Entonces sacrificaron a Jehová sacrificios, y ofrecieron holocaustos a Jehová, al día siguiente, en número de mil novillos, y mil carneros, y mil corderos, con sus libaciones; es decir, sacrificios en abundancia para todo Israel.
Y comieron y bebieron delante de Jehová en aquel día con grande gozo y por segunda vez constituyeron rey a Salomón hijo de David, ungiéndole delante de Jehová por caudillo, y a Sadoc por sumo sacerdote.
¶De modo que Salomón se sentó sobre el trono de Jehová, como rey, en lugar de su padre David, y prosperó; y le obedeció todo Israel.
Asimismo todos los príncipes, y los valientes, y también todos los hijos del rey David, prestaron homenaje al rey Salomón.
Y Jehová engrandeció a Salomón en extremo a los ojos de todo Israel; y puso sobre él tal majestad real cual nunca había habido sobre ningún rey de Israel antes de él.
¶David pues, el hijo de Isaí, reinó sobre todo Israel.
Y fueron los días que reinó sobre Israel cuarenta años: en Hebrón reinó siete años, y en Jerusalem reinó treinta y tres.
Y murió en buena vejez, saciado de días, y de riquezas, y de gloria; y reinó Salomón su hijo en su lugar.
Y las cosas del rey David, las primeras y las postreras, he aquí que están escritas en la historia del vidente Samuel, y en la historia de Natán profeta, y en la historia de Gad vidente;
juntamente con todo lo relativo a su reinado, y sus hazañas, y los tiempos que pasaron sobre él, y sobre todo Israel, y sobre todos los reinos de las tierras vecinas.
SALOMÓN pues, el hijo de David, fué afirmado en su reino, y Jehová su Dios era con él, y le engrandeció sobremanera.
Entonces habló Salomón a todo Israel, a los jefes de miles y de cientos, y a los jueces, y a todos los príncipes de todo Israel, cabezas de las casas paternas;
y Salomón y toda la Asamblea con él fueron al alto que había en Gabaón; porque allí estaba el Tabernáculo de Reunión de Dios, que Moisés, siervo de Jehová, había hecho en el desierto.
En cuanto al Arca de Dios, David la había llevado de Kiryat-jearim al lugar que le había preparado David; porque le había tendido otro Tabernáculo en Jerusalem.
Mas el altar de bronce que había hecho Bezalel hijo de Uri, hijo de Hur, quedaba allí, delante de la Habitación de Jehová, al cual altar se llegaron Salomón y la Asamblea para consultar a Dios.
Subió pues Salomón allá, delante de Jehová, al altar de bronce el cual estaba junto al Tabernáculo de Reunión; y ofreció sobre él mil holocaustos.
¶En aquella misma noche apareció Dios a Salomón, y le dijo: Pídeme lo que quieras que te conceda.
Entonces dijo Salomón a Dios: Tú has usado de grande misericordia para con David mi padre, y a mí me has hecho rey en su lugar.
Ahora pues, oh Jehová Dios, sea firme tu promesa para con David mi padre; porque tú me has hecho rey sobre un pueblo numeroso como el polvo de la tierra.
Dame ahora sabiduría y ciencia, para que yo pueda salir y entrar delante de este pueblo; porque ¿quién podrá juzgar este tu pueblo tan grande?
¶Y Jehová respondió a Salomón: Por cuanto hubo este pensamiento en tu corazón, y no has pedido riquezas, hacienda, ni honra, ni la vida de tus enemigos; ni tampoco has pedido larga vida, sino que has pedido para ti mismo sabiduría y ciencia, para que puedas juzgar a mi pueblo, sobre el cual te he hecho rey;
sabiduría y ciencia te son dadas; también te daré riquezas y hacienda y gloria cuales nunca ha tenido ninguno de los reyes que han sido antes de ti; ni después de ti las tendrá así ninguno.
¶En seguida Salomón regresó a Jerusalem de su ida al alto que había en Gabaón, de delante del Tabernáculo de Reunión; y reinó sobre Israel.
Y Salomón juntó carros de guerra y gente de a caballo, hasta que vino a tener mil cuatrocientos carros, y doce mil jinetes; y los acuarteló en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem.
Y el rey hizo que fuese la plata y el oro en Jerusalem como las piedras; e hizo que fuesen los cedros abundantes como los sicómoros en la Sefela.
Y la saca de caballos (la cual corría por cuenta de Salomón), se hacía de Egipto, y por medio de la junta de los comerciantes del rey: la junta los tomaba a precios fijos.
Pues hacían subir y sacaban de Egipto un carro por seiscientos siclos de plata, y un caballo por ciento cincuenta. Así también para todos los reyes de los Heteos y los reyes de Siria eran sacados por su medio.
Y PROPUSO Salomón edificar una Casa al Nombre de Jehová, y una casa real para sí.
Entonces numeró Salomón setenta mil peones de carga, y ochenta mil hombres para labrar piedras y maderas en las montañas; y por sobrestantes sobre ellos, tres mil seiscientos.
¶Envió también Salomón a Huram rey de Tiro, diciendo: Del mismo modo que hiciste con David mi padre, enviándole maderas de cedro para edificar una casa en que habitase, quiero que hagas así conmigo.
He aquí que voy a edificar una Casa al Nombre de Jehová mi Dios, para consagrársela, a fin de quemar delante de él incienso aromático, y para el pan de la proposición perpetua, y los holocaustos de la mañana y de la tarde; y para los holocaustos de los sábados, y de los novilunios, y de las fiestas solemnes de Jehová nuestro Dios. Para siempre es esto de obligación a Israel.
Y la Casa que voy a edificar es grande; porque grande es nuestro Dios sobre todos los dioses.
Mas ¿quién es capaz de edificarle Casa, cuando los cielos y los cielos de los cielos no le pueden abarcar? Yo pues ¿quién soy para que le edifique Casa, sino tan sólo para quemar incienso delante de él?
Ahora pues, envíame un hombre inteligente para trabajar en oro, y en plata, y en cobre, y en hierro, y en púrpura y carmesí y jacinto; y que sepa entallar toda suerte de entalladura; hombre que esté con los peritos que tengo conmigo en Judá y en Jerusalem, de los cuales ya se había provisto David mi padre.
Envíame también maderas de cedro, de abetos y de sándalo, desde el Líbano; porque yo sé que tus siervos saben labrar maderas en el Líbano: y he aquí que mis siervos estarán con tus siervos:
es decir, para aparejar maderas en abundancia; porque la Casa que voy a edificar será maravillosamente grande.
Y he aquí que yo doy para tus siervos, los cortadores que labran la madera, veinte mil coros de trigo limpio, y veinte mil coros de cebada, y veinte mil batos de vino, y veinte mil batos de aceite.
¶Y Huram rey de Tiro respondió por escrito, y se lo remitió a Salomón, a este efecto: Por el amor que tiene Jehová hacia su pueblo, te ha hecho rey sobre ellos.
Dijo además Huram: ¡Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, que hizo los cielos y la tierra, el cual ha dado al rey David un hijo sabio, entendido, juicioso e inteligente, que va a edificar una Casa para Jehová, y una casa real para sí.
Ahora pues, te he enviado un hombre perito, dotado de inteligencia, a saber, Huram, arquitecto mío;
hijo de una mujer de las hijas de Dan, siendo su padre un hombre tirio; el cual sabe trabajar en oro y en plata, en bronce, en hierro, en piedra y en madera; en púrpura, en jacinto y en lino fino, y en carmesí; y que sabe entallar cualquiera entalladura, e inventar cualquier diseño; a quien se puede poner entre tus peritos y los peritos de mi señor David, tu padre.
Ahora pues, el trigo, y la cebada, y el aceite y el vino, que ha dicho mi señor, lo enviará a sus siervos;
y de nuestra parte, cortaremos maderas del Líbano, cuantas hubieres menester, y te las conduciremos en balsas, por mar, hasta Joppe; y de allí, tú las harás llevar a Jerusalem.
¶Y Salomón numeró todos los extranjeros que había en el país de Israel, después de la numeración que había hecho David su padre; y se hallaron ciento cincuenta y tres mil seiscientos.
E hizo de ellos setenta mil peones de carga, y ochenta mil que labrasen piedras y maderas en las montañas; y tres mil seiscientos sobrestantes para dirigir los trabajos de la gente.
ENTONCES principió Salomón a edificar la Casa de Jehová en Jerusalem, en el monte Moría, donde apareció el Ángel a David su padre; en el sitio donde David había hecho los preparativos, en la era de Ornán jebuseo.
Y comenzó a edificar el día dos del mes segundo, del cuarto año de su reinado.
Y estas son las dimensiones que fueron prescritas a Salomón, para edificar la Casa de Dios: la longitud en codos, por la medida antigua, sesenta codos, y la anchura veinte codos;
y el Pórtico que estaba delante de la Casa (siendo la longitud correspondiente al ancho de la Casa) veinte codos, y su altura ciento y veinte; y lo cubrió por dentro de oro puro.
También a la Casa mayor la revistió interiormente de madera de abeto, la cual cubrió de oro fino, haciendo sobre ella en obra de realce palmas y cadenas.
Revistió también la Casa de piedras costosas para adorno suyo; y el oro era oro de Parvaim.
Y cubrió la Casa, las vigas, los umbrales, y sus paredes, y sus puertas, de oro; y esculpió querubines sobre las paredes.
¶Y construyó la Casa del Lugar Santísimo, siendo su longitud (correspondiente al ancho de la Casa) veinte codos, y su anchura veinte codos; y lo revistió de oro puro, del peso de seiscientos talentos.
Y el peso de los clavos fué cincuenta siclos de oro: cubrió también los pisos altos de oro.
¶E hizo dentro de la Casa del Lugar Santísimo dos querubines, de obra esculpida, y los cubrió de oro.
Y las alas de los querubines tenían veinte codos de largo; el ala del primero era de cinco codos, que tocaba a la pared de la Casa; y la otra ala de cinco codos, que tocaba al ala del otro querubín.
Y el ala del otro querubín era de cinco codos, que tocaba a la pared de la Casa; y la otra ala de cinco codos, que se juntaba al ala del primer querubín.
Las alas de estos querubines se extendían veinte codos; y ellos estaban de pie, con sus caras vueltas hacia adentro.
¶Hizo también el velo, de hilo de jacinto y púrpura y carmesí y lino fino blanco; e hizo querubines sobre él, en obra de realce.
¶Hizo también delante de la Casa dos columnas, que tenían treinta y cinco codos de alto, y el capitel que estaba en el remate de cada cual, cinco codos.
Hizo asimismo cadenas, como hizo en el Oráculo, y las puso sobre los remates de las columnas; e hizo cien granadas, las que puso en las cadenas.
Y levantó las columnas al frente del Templo, la una a la mano derecha, y la otra a la izquierda; y llamó la de la derecha Jaquín, y la de la izquierda Boaz.
HIZO también un altar de bronce veinte codos era de largo, y veinte codos de ancho, y diez codos de alto.
¶E hizo un mar de bronce fundido, que tenía diez codos de diámetro, del un borde al otro borde, perfectamente redondo, y cinco codos de alto; y un cordón de treinta codos le daba la vuelta en derredor.
Y había unas semejanzas de bueyes, por debajo del borde, enteramente al rededor, dando la vuelta de él, diez al codo: dos órdenes había de bueyes fundidos cuando él fué fundido.
Asentado estaba sobre doce bueyes; de los cuales tres tenían las caras hacia el norte, y tres las caras hacia el occidente, y tres las caras hacia el sur, y tres las caras hacia el oriente; y el mar estaba sobrepuesto, encima de ellos; y las partes traseras de todos ellos estaban hacia adentro.
Y su grueso era de un palmo; y su borde fué labrado como el borde de un cáliz, como una flor de azucena: y llenándolo hasta arriba, tres mil batos podían caber en él.
Hizo también diez fuentes de bronce; de las cuales colocó cinco a la mano derecha y cinco a la izquierda, para lavarse en ellas; lo que tenía que ver con la obra del holocausto se limpiaba en ellas; mas el mar era para lavarse en él los sacerdotes.
Hizo también los diez candelabros de oro, según lo prescrito respecto de ellos; y los colocó en el Templo, cinco del lado derecho, y cinco del izquierdo.
E hizo diez mesas, y las colocó en el Templo, cinco a la mano derecha, y cinco a la izquierda. Hizo también cien tazones de oro.
Hizo además el atrio de los sacerdotes, y el atrio grande, con las puertas del atrio; y cubrió las puertas de ambos de bronce.
Y colocó el mar del lado derecho, hacia el oriente, haciendo frente al sur.
Hizo Huram además las calderas y las palas, y los tazones. ¶Así Huram concluyó la obra que hacía para el rey Salomón en la Casa de Dios:
las dos columnas, y los globos y los dos capiteles que había sobre el remate de las columnas; y las dos mallas que cubrían los dos globos de los capiteles que había sobre el remate de las columnas;
y las cuatrocientas granadas de las mallas, dos órdenes de granadas para cada malla, para cubrir los dos globos de los capiteles, que había sobre las columnas.
Hizo también las diez basas, y las diez fuentes, para poner sobre las basas;
un mar, y los doce bueyes que había debajo de él.
Y las calderas, y las palas, y los garfios, con todos sus enseres, Huram, arquitecto suyo, hizo al rey Salomón, para la Casa de Jehová, de bronce bruñido.
En los alrededores del Jordán los fundió el rey; en la tierra arcillosa que hay entre Sucot y Zereda.
¶Salomón pues hizo todos estos enseres en muy grande abundancia, tal que nunca fué investigado el peso del bronce.
E hizo Salomón de oro preciosísimo todos los utensilios que eran de la Casa de Dios, así el altar de oro, como las mesas en que se había de poner el pan de la proposición,
y los candelabros con sus lámparas, para arder, conforme al reglamento, al frente del Oráculo de oro preciosísimo;
asimismo las flores y las lámparas y las tenazas hizo de oro, del mejor oro:
y las despabiladeras, y los tazones, y las cucharas, y los incensarios, de oro preciosísimo; y en cuanto a la entrada de la Casa, sus puertas interiores, que daban al Lugar Santísimo, con las puertas de la Casa del Templo, eran de oro.
ASI fueron acabadas todas las cosas que hizo Salomón para la Casa de Jehová. Y trajo Salomón todas las cosas que había dedicado David su padre; y puso la plata y el oro, y todos los utensilios en los tesoros de la Casa de Dios.
¶Entonces Salomón convocó a todos los ancianos de Israel, y a todas las cabezas de las tribus, los príncipes de las casas paternas de los hijos de Israel, en Jerusalem, para subir el Arca del Pacto de Jehová desde la Ciudad de David, la cual es Sión.
Y se reunieron junto al rey todos los hombres de Israel, en la fiesta que cae en el mes séptimo.
Y llegándose todos los ancianos de Israel, los levitas alzaron el Arca;
y subieron el Arca, juntamente con el Tabernáculo de Reunión, y todos los utensilios del Santuario que había en el Tabernáculo; es decir, los sacerdotes levitas los subieron.
Y el rey Salomón, con toda la Congregación de Israel que se le había reunido, estaban delante del Arca, ofreciendo ovejas y novillos, que no podían ser contados ni numerados por la muchedumbre de ellos.
Y los sacerdotes introdujeron el Arca del Pacto de Jehová en su lugar, en el Oráculo de la Casa, en el Lugar Santísimo, debajo de las alas de los querubines.
Porque los querubines tenían las alas extendidas sobre el lugar del Arca, y hacían sombra por encima del Arca y sus varas.
Pues eran tan largas las varas que se dejaban ver los extremos de las varas, extendiéndose desde el Arca, enfrente del Oráculo; pero no se dejaban ver desde más afuera: y allí están hasta el día de hoy.
Nada había en el Arca sino solamente las dos tablas que allí había colocado Moisés en Horeb, donde Jehová hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto.
¶Y aconteció que al salir los sacerdotes del Santuario, (porque todos los sacerdotes que estaban presentes se habían santificado, ni había para qué observar las clases;
también los levitas cantores, es a saber, Asaf, Hemán y Jedutún, con sus hijos y hermanos, todos ellos vestidos de lino fino blanco, con címbalos y salterios, y arpas, estaban de pie al oriente del altar, y con ellos hasta ciento y veinte sacerdotes, que tocaban trompetas),
aconteció pues, cuando estaban unánimes los trompetas y los cantores para hacer resonar un solo sonido, alabando y dando gracias a Jehová, que, como iban alzando la voz con las trompetas y con los címbalos y otros instrumentos de música, en medio de su alabar a Jehová, diciendo: Porque es bueno, porque para siempre es su misericordia, entonces mismo la Casa se llenó de una nube, es decir, la Casa de Jehová;
y no podían los sacerdotes permanecer para ministrar, a causa de la nube; porque la gloria de Jehová había henchido la Casa de Jehová.
ENTONCES dijo Salomón: Jehová ha dicho que moraría entre las tinieblas espesas.
Y yo te he edificado Casa de habitación, es decir, una morada estable donde hagas mansión por los siglos venideros.
¶En seguida, volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la Asamblea de Israel, estando toda la Asamblea de Israel de pie;
y dijo: ¡Bendito sea Jehová, el Dios de Israel! el cual prometió con su boca a David mi padre (y con su mano lo ha cumplido), diciendo:
Desde el día que saqué a mi pueblo de la tierra de Egipto, no escogí ciudad entre todas las tribus de Israel, para edificarme Casa donde estuviese mi Nombre; ni elegí varón que fuese caudillo de mi pueblo Israel;
mas ahora sí, he escogido a Jerusalem, para que esté mi Nombre allí, y he elegido a David para que sea sobre mi pueblo Israel.
Y David mi padre tenía en su corazón propósito de edificar Casa al Nombre de Jehová, el Dios de Israel.
Jehová empero dijo a David mi padre: Por cuanto hubo en tu corazón propósito de edificar Casa a mi Nombre, bien has hecho en tener el tal propósito en tu corazón.
Esto no obstante, tú no edificarás la Casa, sino que un hijo tuyo que saldrá de tus entrañas, él edificará la Casa a mi Nombre.
De manera que ha cumplido Jehová la palabra que habló; y me he levantado yo en lugar de David mi padre, y heme sentado sobre el trono de Israel, conforme se lo prometió Jehová; y he edificado Casa al Nombre de Jehová, el Dios de Israel;
y he puesto allí el Arca que contiene el Pacto de Jehová, que él celebró con los hijos de Israel.
¶Entonces Salomón se puso delante del altar de Jehová, frente a toda la Asamblea de Israel, y extendió las manos;
(porque había hecho Salomón un estrado de bronce, que tenía cinco codos de largo, y cinco codos de ancho, y tres codos de alto; y lo había colocado en medio del atrio, y se había puesto sobre él; e hincándose de rodillas frente a toda la Asamblea de Israel, extendió sus manos hacia el cielo);
y dijo: Jehová, Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti en el cielo ni en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia para con tus siervos, los que caminan delante de ti con todo su corazón;
que has guardado para con tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste; porque con tu boca lo prometiste, y con tu mano lo has cumplido, como hoy se ve.
Ahora pues, oh Jehová, Dios de Israel, guarda para con tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste, diciendo: Nunca te faltará varón delante de mí que se siente sobre el trono de Israel; esto empero, con tal que tus hijos se cuiden de su camino para andar en mi ley, como tú has andado delante de mí.
Ahora pues, oh Jehová, Dios de Israel, sea estable tu palabra que hablaste a tu siervo David.
¶Pero ¿es verdaderamente así que Dios habitará con el hombre sobre la tierra? He aquí que los cielos y los cielos de los cielos no te pueden abarcar, ¿cuánto menos esta Casa que yo he edificado?
Con todo, vuelve tu rostro a la oración de tu siervo y a su súplica, oh Jehová, Dios mío, para que oigas el clamor y la oración que tu siervo presenta delante de tu rostro;
de modo que estén tus ojos abiertos, mirando hacia ésta Casa de día y de noche, es decir, hacia este lugar del cual has dicho que pondrás allí tu Nombre; para escuchar la oración que hace tu siervo en este lugar.
Oye pues la súplica de tu siervo y de tu pueblo Israel, que ellos presentaren en este lugar: sí, oye tú desde el lugar de tu morada, el cielo, y cuando oyes, perdona.
¶Si pecare alguno contra su prójimo, y se le impusiere juramento, haciéndole jurar, de modo que venga y jure delante de tu altar en esta Casa,
oye tú desde el cielo, y haz lo que convenga, y juzga a tus siervos, haciendo la retribución al inicuo trayendo su camino sobre su misma cabeza; en tanto que justifiques al justo, premiándole conforme a su justicia.
¶Si fuere batido tu pueblo Israel delante del enemigo, por cuanto hayan pecado contra ti, y ellos volvieren y confesaren tu nombre, y oraren, y pidieren misericordia delante de tu rostro en esta Casa,
oye tú desde el cielo, y perdona el pecado de tu pueblo Israel, y hazlos volver al suelo que diste a ellos y a sus padres.
¶Cuando fueren cerrados los cielos, de manera que no haya lluvia, porque ellos hayan pecado contra ti; si oraren hacia este lugar, y confesaren tu nombre, y de su pecado se convirtieren, cuando tú los afligieres,
oye tú en el cielo, y perdona el pecado de tus siervos, y de tu pueblo Israel, cuando les hayas enseñado el buen camino en que deben andar, y envía lluvia sobre la tierra que has dado a tu pueblo por herencia suya.
Cualquier hambre que hubiere en la tierra, cualquiera peste que hubiere; o cuando hubiere tizón, o añublo, langosta u oruga; o cuando les tuvieren sitiados sus enemigos en las ciudades de su tierra; cualquiera plaga, cualquiera enfermedad que hubiere,
entonces, al hacerse cualquiera oración y cualquiera súplica, por parte de cualquier hombre, o de todo tu pueblo Israel, cuando llegare a conocer cada cual su propia llaga, y su propia dolor, y extendiere sus manos hacia esta Casa,
oye tú desde el cielo, asiento permanente de tu morada, y perdona, y retorna a cada cual conforme a todos sus caminos; (cuyo corazón tú lo conoces; porque tú, tú solo conoces el corazón de los hijos de los hombres);
para que te teman, andando en tus caminos todos los días que vivieren sobre la faz del suelo que diste a nuestros padres.
¶Asimismo respecto del extranjero, que no es de tu pueblo Israel, mas que viniere de tierras lejanas a causa de tu gran nombre, y de tu mano poderosa, y de tu brazo extendido, cuando vinieren y oraren en esta Casa,
oye tú desde el cielo, asiento permanente de tu morada, y haz conforme a todo lo que te pidiere aquel extranjero; a fin de que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre; para que ellos también te teman así como tu pueblo Israel; y para que sepan que por tu nombre es llamada esta Casa que he edificado.
¶Cuando saliere tu pueblo a campaña contra sus enemigos, doquiera que tú le enviares, y oraren a ti, mirando hacia esta ciudad que tú has escogido, y la Casa que he edificado a tu Nombre,
oye tú desde el cielo su oración y su plegaria, y mantén su causa.
¶Cuando pecaren contra ti (porque no hay hombre que no peque), y tú te airares contra ellos, y los entregares en poder de sus enemigos, de modo que éstos los llevaren cautivos a tierra cercana o lejana;
si ellos entonces lo recapacitaren en su corazón, en la tierra en donde estuvieren cautivos, y se convirtieren, y te pidieren misericordia en la tierra de su cautiverio, diciendo: ¡Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho maldad!
y se volvieren a ti con todo su corazón, y con toda su alma en la tierra de su cautiverio, adonde los hubieren llevado cautivos, y oraren, mirando hacia la tierra que diste a sus padres, y hacia la ciudad que has escogido, y hacia la Casa que he edificado a tu Nombre,
entonces desde el cielo, el asiento permanente de tu morada, oye tú su oración y sus súplicas, y mantén su causa, y perdona a tu pueblo en lo que hubiere pecado contra ti.
¶Ahora pues, Dios mío, ruégote estén tus ojos abiertos, y tus oídos atentos a la oración que se haga en este lugar.
Y ahora, levántate, oh Jehová Dios, al lugar de tu reposo, tú y el Arca de tu poder; tus sacerdotes, oh Jehová Dios, vístanse de salvación, y tus piadosos siervos se regocijen en tu bondad!
¡Oh Dios, Jehová, no hagas volver avergonzado el rostro de tu ungido; acuérdate de las misericordias pactadas con David tu siervo!
Y CUANDO Salomón hubo acabado de orar, el fuego descendió dei cielo, y consumió el holocausto y los sacrificios; y la gloria de Jehová llenó la Casa.
Y no podían los sacerdotes entrar en la Casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había henchido la Casa de Jehová.
Y todos los hijos de Israel estaban mirando cuando descendió el fuego, y la gloria de Jehová descansó sobre la Casa; y se postraron rostro a tierra; sobre el pavimento enlosado, y adoraron, dando gracias a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia.
En seguida el rey con todo el pueblo ofrecieron sacrificios delante de Jehová.
Y sacrificó el rey Salomón sacrificio de veinte y dos mil novillos, y de ciento y veinte mil ovejas. Y así el rey con todo el pueblo dedicaron la Casa de Dios.
Y los sacerdotes estaban desempeñando sus ministerios respectivos; y los levitas también con los instrumentos de música Jehová, que el rey David había hecho para alabar a Jehová, porque para siempre es su misericordia, cuando David ofrecía alabanzas por medio de ellos; y los sacerdotes que tocaban las trompetas estaban al frente de ellos; y todo Israel estaba en pie.
¶Y Salomón santificó el medio del atrio, que estaba delante de la Casa de Jehová; porque ofreció allí los holocaustos, y los sebos de los sacrificios pacíficos; pues no era suficiente el altar de bronce que había hecho Salomón, para que cupiesen en él los holocaustos, y las ofrendas vegetales, y los sebos.
Y en aquel tiempo, Salomón y todo Israel con él, asamblea numerosísima, reunida desde la entrada de Hamat hasta el torrente de Egipto, celebraron la fiesta por siete días.
Y el día octavo tuvieron la asamblea más solemne; porque celebraron la dedicación del altar por siete días, y la fiesta por siete días más.
Y al día veinte y tres del mes séptimo Salomón envió al pueblo a sus estancias, alegres y gozosos de corazón por todos los beneficios que había hecho Jehová a David, y a Salomón, y a su pueblo Israel.
¶Así acabó Salomón la Casa de Jehová, y la casa del rey: y todo lo que Salomón en su corazón se había propuesto hacer en la Casa de Jehová y en su propia casa, tuvo éxito feliz.
¶Jehová apareció entonces a Salomón de noche, y le dijo: He oído tu oración, y me he escogido este lugar como Casa de sacrificio.
Si yo cerrare los cielos, de modo que no haya lluvia, o si mandare la langosta que consuma la tierra, o si enviare peste entre mi pueblo;
si entonces se humillare mi pueblo, que es llamado de mi nombre, y oraren y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos, yo también oiré desde el cielo, y perdonaré su pecado, y sanaré su tierra.
Ahora pues mis ojos estarán abiertos, y mis oídos atentos a la oración que se me haga en este lugar;
porque ahora he escogido y santificado esta Casa, para que esté mi Nombre en ella perpetuamente; y estarán mis ojos y mi corazón allí todos los días.
Y en cuanto a ti, si anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, haciendo conforme a todo lo que te he mandado, y si guardares mis estatutos y mis leyes;
yo haré estable el trono de tu reino, según pacté con David tu padre, diciendo: Nunca jamás te faltará hombre que rija a Israel.
Pero si vosotros os apartareis, y dejareis mis estatutos y mis mandamientos que os he puesto delante, y fuereis y sirviereis a otros dioses, postrándoos delante de ellos,
yo os arrancaré de sobre mi tierra que os he dado; y esta Casa que he santificado para mi Nombre, la echaré de mi presencia, y la pondré por refrán y por irrisión entre todos los pueblos.
Y esta Casa que es tan excelsa, vendrá a ser el espanto de todo aquel que pasare cerca de ella; de modo que dirán: ¿Por que ha hecho Jehová así con esta tierra y con esta Casa?
Y se les responderá: Porque dejaron a Jehová, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y echaron mano a otros dioses, y se postraron ante ellos, y les sirvieron : por tanto él ha traído sobre ellos todo este mal.
Y ACONTECIÓ al fin de veinte años, cuando Salomón hubo acabado de edificar la Casa de Jehová, y la casa suya propia,
que Salomón volvió a edificar las ciudades que Huram le había dado a Salomón; e hizo habitar allí a los hijos de Israel.
¶Y Salomón fué a Hamat-soba, y apoderóse de ella.
Y edificó a Tadmor en el desierto de Siria, juntamente con todas las ciudades de municiones que edificó en Hamat.
Edificó también a Bet-horón de arriba, y Bet-horón de abajo, ciudades fortificadas, de muros, puertas y barras;
a Baalat también, con todas las ciudades de municiones que tenía Salomón, y todas las ciudades de los carros de guerra, y las ciudades de la caballería; con todo lo que por gusto suyo edificó Salomón en Jerusalem, y en el Líbano, y en toda la tierra de su dominio.
¶En cuanto a toda la gente que había quedado de los Heteos, y los Amorreos, y los Perezeos, y los Heveos, y los Jebuseos, los cuales no eran de Israel:
de sus hijos, los que fueron dejados después de ellos en la tierra, a quienes no habían exterminado los hijos de Israel, de ellos hizo Salomón una leva para los trabajos forzosos, hasta el día de hoy.
Pero de ningunos de los hijos de Israel hizo Salomón siervos para su obra; sino que eran hombres de guerra, y los jefes de sus capitanes, y los jefes de sus carros, y sus jinetes.
Y estos fueron los principales de los sobrestantes que tenía Salomón, a saber, doscientos y cincuenta, los cuales gobernaban a aquella gente.
¶En cuanto a la hija de Faraón, Salomón la hizo subir de la ciudad de David a la casa que había edificado para ella; porque decía: No ha de habitar mi mujer en la casa de David, rey de Israel; porque sagrados son aquellos lugares adonde ha entrado el Arca de Jehová.
¶Entonces ofreció Salomón holocaustos a Jehová sobre el altar de Jehová que él había edificado en frente del pórtico,
conforme al rito de cada día en su día, haciendo las ofrendas según el mandamiento de Moisés, en los sábados, y en los novilunios, y en las fiestas solemnes, tres veces al año; a saber, en la fiesta de los Ázimos, y en la fiesta de las Semanas, y en la fiesta de las Enramadas.
Estableció también, conforme a la ordenanza de David su padre, las clases de los sacerdotes, en sus distintos ministerios, y de los levitas en sus encargos respectivos, para cantar alabanzas, y para ministrar delante de los sacerdotes, según el rito de cada día en su día; y los porteros en sus clases, a cada puerta: porque así fue el mandamiento de David, varón de Dios.
Y no se apartaron del mandamiento del rey tocante a los sacerdotes y a los levitas, en ningún punto, ni en lo relativo a la custodia de los tesoros.
Y fué prosperada toda la obra de Salomón, desde el día en que echaron los cimientos de la Casa de Jehová hasta acabarla. Así fué acabada la Casa de Jehová.
¶Entonces Salomón fue a Ezión-geber y a Elot, a orillas del Mar Rojo, en la tierra de Edom.
Porque Huram le había enviado allí navíos, por mano de sus siervos, los cuales siervos tenían conocimiento del mar; y fueron con los siervos de Salomón a Ofir, y tomando de allí cuatrocientos cincuenta talentos de oro, los trajeron al rey Salomón.
Y CUANDO la reina de Sabá oyó la fama de Salomón, vino a Jerusalem para probar a Salomón con preguntas difíciles: con séquito muy grande vino, y con camellos que traían especias aromáticas y oro en abundancia, y piedras preciosas; y llegada que fué a la presencia de Salomón, conferenció con él sobre todo lo que había en su corazón.
Y Salomón contestó a todas sus preguntas; y no había cosa alguna escondida a Salomón que no se la declarase.
Y cuando la reina de Sabá hubo visto la sabiduría de Salomón, y la Casa que había edificado,
y la provisión de su mesa, y cómo se sentaban a ella sus siervos, y la asistencia de sus ministros y los trajes de ellos, y sus coperos y los trajes de ellos, y la subida por donde pasaba a la Casa de Jehová, no quedó en ella más aliento.
Y dijo al rey: ¡Verdad fué lo que oí decir en mi tierra respecto de tus hechos y de tu sabiduría!
Yo empero no creía lo que se decía, hasta que yo misma he venido y lo han visto mis propios ojos: y he aquí, no se me había contado ni aun la mitad de la grandeza de tu sabiduría: tú excedes a la fama que yo había oído.
¡Dichosos tus hombres! ¡dichosos estos tus siervos, los cuales asisten en tu presencia de continuo y oyen tu sabiduría!
¡Sea Jehová tu Dios bendito, el cual tuvo complacencia en ti para ponerte sobre su trono como rey, cual teniente de Jehová tu Dios! En el amor que tu Dios tiene hacia Israel, para confirmarle como pueblo suyo para siempre, él te ha hecho rey sobre ellos, para ejecutar juicio y justicia.
¶Y ella dió al rey ciento veinte talentos de oro, y especias aromáticas en muy grande abundancia, y piedras preciosas: y nunca más hubo tales especias aromáticas como las que la reina de Sabá dió al rey Salomón.
También los siervos de Huram y los siervos de Salomón, que traían oro de Ofir, trajeron madera de sándalo y piedras preciosas.
E hizo el rey de la madera de sándalo balaustradas para la Casa de Jehová y para la casa real, y arpas y salterios para los cantores: y nunca se había visto antes madera semejante en tierra de Judá.
Y el rey Salomón dió a la reina de Sabá todo cuanto ella quiso y cuanto pidió, además del equivalente de lo que ella trajo al rey. Se volvió pues, y se fué a su tierra, ella y sus siervos.
¶Y el peso del oro que venía a Salomón cada año era de seiscientos sesenta y seis talentos de oro;
fuera de lo que traían los mercaderes y los traficantes. Y todos los reyes de Arabia, y los gobernadores de los países vecinos, traían oro y plata a Salomón.
E hizo el rey Salomón doscientos paveses de oro batido; seiscientos siclos de oro batido puso en cada pavés.
Asimismo trescientos escudos de oro batido; trescientos siclos de oro puso a cada escudo: y los colocó el rey en la Casa del Bosque del Líbano.
Hizo también el rey un gran trono de marfil, y lo guarneció de oro puro.
Y había seis gradas al trono, y una tarima de oro, afianzadas al trono: había también brazos de ésta y de aquélla parte del lugar del asiento, y dos leones, de pie, junto a los brazos:
Asimismo doce leones estaban de pie allí sobre las seis gradas, de ésta y de aquélla parte. Nunca fué hecho otro semejante en ningún reino.
Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro; y toda la vajilla de la Casa del Bosque del Líbano era de oro preciosísimo. No era la plata de ningún aprecio en los días de Salomón.
Porque el rey tenía naves que iban a Tarsis con los siervos de Huram; una vez en tres años solían volver las naves de Tarsis, trayendo oro y plata, colmillos de elefantes, y monos, y pavos reales.
¶Así el rey Salomón fué más grande que todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría.
Y todos los reyes de la tierra procuraban ver el rostro de Salomón, para oír su sabiduría que había puesto Dios en su corazón
y traían cada cual su presente, alhajas de plata y alhajas de oro y ropas, armas y especias aromáticas, caballos y mulos, de año en año.
¶Y tuvo Salomón cuatro mil pesebres para caballos y carros de guerra, y doce mil jinetes; a los cuales dispuso en las ciudades de los carros y con el rey en Jerusalem.
Y señoreaba Salomón sobre todos los reyes desde el río Eufrates hasta la tierra de los Filisteos, y hasta el confín de Egipto.
E hizo el rey que fuese la plata en Jerusalem como las piedras; y en cuanto a los cedros, los puso como los cabrahigos que se hallan en la Sefela por su abundancia.
Y sacaban caballos para Salomón de Egipto y de todos los países.
¶Y las demás cosas de Salomón, así las primeras como las postreras, ¿no están escritas en la Historia de Natán profeta, y en las Profecías de Ahías silonita, y en las Visiones de Iddo vidente contra Jeroboam hijo de Nabat?
Y Salomón reinó en Jerusalem sobre todo Israel cuarenta años.
Y yació Salomón con sus padres, y le sepultaron en la ciudad de David su padre; y Roboam su hijo reinó en su lugar.
ENTONCES fue Roboam a Siquem; porque a Siquem había concurrido todo Israel para hacerle rey.
Aconteció también que como oyese la nueva Jeroboam hijo de Nabat (el cual estaba en Egipto, adonde había huido de la presencia del rey Salomón), volvió Jeroboam de Egipto;
también ellos le habían enviado a llamar. De manera que vino Jeroboam con todo Israel, y hablaron con Roboam, diciendo:
Tu padre hizo pesado nuestro yugo; ahora pues aligera algún tanto la dura servidumbre de tu padre, y su yugo pesado que nos impuso, y nosotros te serviremos.
A lo cual él les contestó: Esperad aún tres días, y luego volved a mí. Y el pueblo se fué.
Entretanto consultó el rey Roboam con los ancianos, que habían asistido en presencia de Salomón, durante su vida, diciendo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que demos respuesta a este pueblo?
Y ellos le hablaron, diciendo: Si tú te hicieres complaciente para con este pueblo, y les dieres gusto, y les hablares palabras amables, ellos serán siervos tuyos para siempre.
Pero él desechó el consejo que los ancianos le dieron, y consultó con los jóvenes, que se habían criado con él, y le asistían:
y les dijo: ¿Qué aconsejáis vosotros que demos por respuesta a este pueblo, que me ha hablado, diciendo: Aligera algún tanto el yugo que nos impuso tu padre?
Y le contestaron los jóvenes que se habían criado con él, diciendo: Así dirás al pueblo que te habló, diciendo: Tu padre hizo pesado nuestro yugo, tú pues aligéralo algún tanto, así les dirás: Mi dedo meñique más grueso es que los lomos de mi padre.
Ahora pues, mi padre os impuso un yugo pesado, pero yo añadiré todavía más sobre vuestro yugo; mi padre os castigó con látigos, yo empero os castigaré con escorpiones.
¶Volvieron entonces Jeroboam con todo el pueblo a Roboam al tercer día, como les había mandado el rey, diciendo: Volved a mí al tercer día.
Y el rey les contestó con dureza; porque desechó el rey Roboam el consejo de los ancianos;
y les habló de acuerdo con el consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pero yo añadiré todavía mas sobre él; mi padre os castigó con látigos, yo empero os castigaré con escorpiones.
Por manera que no escuchó al pueblo, porque este giro de cosas era de Dios, para que verificase Jehová su palabra, que había dicho por conducto de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.
Y cuando vió todo Israel que el rey no les escuchaba, el pueblo dió respuesta al rey, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros en David? ¡y ninguna herencia tenemos en el hijo de Isaí! ¡Cada uno a vuestras estancias, oh Israel! ¡Ahora pues, David, mira por tu casa! En efecto todo Israel se fué a sus estancias.
Pero en cuanto a todos los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá, Roboam quedó reinando sobre ellos.
Entonces el rey Roboam envió a Hadoram, que estaba sobre los tributos: más los hijos de Israel le mataron a pedradas. Por lo cual el rey Roboam se dio prisa a montar en su carro, para huir a Jerusalem.
De esta manera rebelóse Israel contra la casa de David hasta el día de hoy.
Y CUANDO llegó Roboam a Jerusalem, reunió la casa de Judá y de Benjamín, ciento ochenta mil hombres, guerreros escogidos, para pelear contra Israel, a fin de hacer volver el reino a Roboam.
Entonces Semaya, varón de Dios, tuvo revelación de Jehová, que decía:
Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a todo Israel que habita en Judá y Benjamín, diciendo:
Así dice Jehová: No subáis, ni peleéis contra vuestros hermanos; volveos cada cual a su casa; porque de mi parte ha sido hecho esto. Y ellos obedecieron las palabras de Jehová, y desistieron de marchar contra Jeroboam.
Y habitó Roboam en Jerusalem, y edificó ciudades de defensa en Judá.
Pues edificó a Bet-lehem, y a Etam, y a Tecoa,
y a Bet-sur, y a Soco, y a Adullam,
y a Gat, y a Maresa, y a Zif,
y a Adoraim, y a Laquís, y a Azeca,
y a Zora, y a Ayalón, y a Hebrón, situadas en Judá y en Benjamín; ciudades fortificadas.
Y reparó las fortalezas, y puso en ellas caudillos y almacenes de víveres, de aceite y de vino.
Y en cada una de las ciudades depositó escudos y lanzas; y las hizo sumamente fuertes; teniendo de su parte a Judá y a Benjamín.
Y los sacerdotes y los levitas en todo Israel, de todos los términos de ellos, se pusieron de su parte;
porque los levitas abandonaron sus ejidos, y sus demás posesiones, yéndose a Judá y a Jerusalem; porque Jeroboam y sus hijos los desecharon para que no ejerciesen las funciones sacerdotales para Jehová;
estableciendo para sí sacerdotes de los altos, y de los demonios, y de los becerros que él había hecho.
Y tras ellos, los que de entre todas las tribus de Israel pusieron sus corazones a buscar a Jehová, el Dios de Israel, vinieron a Jerusalem para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres:
y éstos reforzaron el reino de Judá, haciendo fuerte a Roboam hijo de Salomón, por tres años: pues que anduvieron en el camino de David y de Salomón por tres años.
¶Y tomó Roboam por mujer a Mahalat, hija de Jerimot hijo de David, y de Abihail, hija de Eliab hijo de Isaí;
y ésta le dio a luz hijos; a saber, Jeús y Semarías y Zaham.
Y después tomó a Maaca, hija de Absalom; y ella le parió a Abías, y a Atai, y a Ziza, y a Selomit.
Y amaba Roboam a Maaca hija de Absalom más que a todas sus mujeres y sus concubinas; pues tenía diez y ocho mujeres y sesenta concubinas; y engendró veinte y ocho hijos, y sesenta hijas.
Y Roboam constituyó a Abías hijo de Maaca cabeza y jefe de sus hermanos, con el fin de hacerle rey a él.
Por lo cual obró con previsión, y repartió a todos sus demás hijos por toda la tierra de Judá y de Benjamín, en todas las ciudades fortificadas; y les proporcionó una vida regalada, y les procuró una multitud de mujeres.
MAS aconteció cuando era estable el reino de Roboam, y cuando él se hubo hecho fuerte, que abandonó la ley de Jehová, y todo Israel con él.
Y sucedió en el año quinto del rey Roboam, que subió Sisac rey de Egipto, contra Jerusalem, por haberse ellos rebelado contra Jehová,
con mil doscientos carros de guerra, y con sesenta mil jinetes: y no hubo número a la gente que vino con él de Egipto: Libios, Suquitas y Etíopes.
Y habiendo tomado las ciudades fortificadas de Judá, llegó hasta Jerusalem.
¶Entonces Semaya vino a Roboam y a los príncipes de Judá, que se habían recogido dentro de Jerusalem a causa de Sisac, y les dijo: Así dice Jehová: Vosotros me habéis dejado, y yo también os dejo a vosotros en mano de Sisac.
Por lo cual se humillaron los príncipes de Israel juntamente con el rey; y decían: ¡Justo es Jehová!
Y cuando vió Jehová que se habían humillado, tuvo Semaya revelación de Jehová, que decía: Ellos se han humillado; no los destruiré, sino que les concederé que se escapen algunos pocos; y no derramaré mi ardiente indignación sobre Jerusalem por mano de Sisac.
Esto no obstante, serán hechos siervos suyos, para que conozcan lo que es mi servicio, y el servicio de los reinos de los países.
¶Subió pues Sisac rey de Egipto contra Jerusalem, y tomó los tesoros de la Casa de Jehová y los tesoros de la casa real; lo tomó todo. Llevóse también los escudos de oro que había hecho Salomón;
en lugar de los cuales, hizo el rey Roboam escudos de bronce, y los entregó en mano de los jefes de la guardia real, los cuales guardaban la entrada de la casa del rey.
Y sucedió cada vez que iba el rey a la Casa de Jehová, que la guardia real los llevaba, y los volvían a traer a la cámara de la guardia.
Y cuando él se humilló, se apartó de él la ira de Jehová, de manera que no le destruyó del todo; en Judá también fueron halladas algunas cosas buenas.
¶El rey Roboam pues fortalecióse en Jerusalem, y siguió reinando: porque Roboam era de edad de cuarenta y un años cuando entró a reinar, y diez y siete años reinó en Jerusalem, ciudad que había escogido Jehová de entre todas las tribus de Israel para poner allí su Nombre; y su madre se llamaba Naama, ammonita.
E hizo lo que era malo; porque no dispuso su corazón para buscar a Jehová.
Y las demás cosas de Roboam, las primeras y las postreras, ¿no están escritas en la Historia de Semaya el profeta, y la de Iddo el vidente, sobre las tablas genealógicas? Y las guerras de Roboam y de Jeroboam eran continuas.
Y yació Roboam con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David; y reinó Abías su hijo en su lugar.
EN el año diez y ocho del rey Jeroboam, comenzó a reinar Abías sobre Judá.
Tres años reinó en Jerusalem: y el nombre de su madre fué Micaya hija de Uriel, de Gabaa. Y hubo guerra entre Abías y Jeroboam.
Y Abías trabó la batalla con un ejército de guerreros valientes, que constaba de cuatrocientos mil hombres escogidos; y Jeroboam ordenó la batalla contra él con ochocientos mil hombres escogidos, fuertes y valerosos.
¶Entonces Abías se puso en pie, encima del monte Zemaraim, que está en la serranía de Efraim, y dijo: ¡Oídme, Jeroboam, y todo Israel!
¿No debéis vosotros saber cómo Jehová, el Dios de Israel, dió a David el reino sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos, por pacto de sal?
Y con todo levantóse Jeroboam hijo de Nabat, siervo de Salomón hijo de David, y rebelóse contra su señor.
Y se reunieron en derredor de él unos hombres ociosos, hijos de Belial, los cuales se hicieron fuertes contra Roboam hijo de Salomón, cuando Roboam era joven, y tímido de corazón, y no podía hacer frente a ellos.
Y ahora vosotros estáis pensando hacer resistencia al reino de Jehová, que está en mano de los hijos de David; y vosotros sois una inmensa multitud de gente; y tenéis de vuestra parte los becerros de oro que hizo Jeroboam por vuestros dioses.
¿No habéis desechado a los sacerdotes de Jehová, los hijos de Aarón, con los levitas; y os habéis hecho sacerdotes a la manera de los pueblos de los demás países, de modo que cualquiera que venga a consagrarse con un novillo joven y siete carneros, el tal sea hecho sacerdote de los que no son dioses?
Pero en cuanto a nosotros, Jehová es nuestro Dios; pues nosotros no le hemos dejado; y los sacerdotes que ministran delante de Jehová son los hijos de Aarón; y los levitas asisten en su obra apropiada.
Y ellos ofrecen a Jehová holocaustos todas las mañanas y todas las tardes, y queman especias aromáticas; y ponen en orden el pan de la proposición sobre la mesa purísima, y también el candelabro de oro con sus lámparas, para que ardan cada tarde; porque nosotros guardamos el precepto de Jehová nuestro Dios: vosotros empero le habéis dejado.
Y he aquí que al frente de nosotros, está el mismo Dios, y sus sacerdotes con las trompetas resonantes, para tocar alarma contra vosotros. ¡Oh hijos de Israel, no queráis pelear contra Jehová, el Dios de vuestros padres, porque no podréis salir con bien!
¶Entretanto Jeroboam hizo que alguna tropa diese sigilosamente la vuelta para ir por detrás de ellos; de modo que el ejército estaba por delante de Judá, y la emboscada a sus espaldas.
Y cuando Judá volvió la cara, he aquí que tenía la batalla de frente y por las espaldas; y clamaron a Jehová, y los sacerdotes tocaban las trompetas.
En seguida los hombres de Judá alzaron el grito; y aconteció que cuando los hombres de Judá alzaron el grito, Dios desbarató a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías y de Judá.
Y huyeron los hijos de Israel delante de Judá; y los entregó Dios en mano de ellos.
Y Abías y su pueblo los hirieron con grande mortandad; de modo que de parte de Israel cayeron traspasados quinientos mil hombres escogidos.
Así fueron humillados los hijos de Israel en aquel tiempo; y prevalecieron los hijos de Judá, por cuanto se habían apoyado en Jehová, el Dios de sus padres.
Y Abías persiguió a Jeroboam, y quitóle algunas ciudades, como Bet-el con sus aldeas, y Jesana con sus aldeas, y Efrón con sus aldeas.
Y Jeroboam no volvió a cobrar fuerzas en los días de Abías; y le hirió Dios de modo que murió.
Pero Abías se hizo fuerte; y tomó para sí catorce mujeres, y engendró veinte y dos hijos y diez y seis hijas.
Las demás cosas de Abías, así sus hechos como sus dichos, están escritos en el Comentario de Iddo profeta.
YACIÓ pues Abías con sus padres, y le sepultaron en la ciudad de David; y Asa su hijo reinó en su lugar. En sus días la tierra tuvo descanso diez años.
E hizo Asa lo que era bueno y recto a los ojos de Jehová su Dios;
porque quitó los altares extraños, y las casas de los altos, e hizo pedazos las columnas, y cortó las Asheras;
y mandó a Judá que buscase a Jehová, el Dios de sus padres, y que observase la ley y los mandamientos.
Quitó también de todas las ciudades de Judá las casas de los altos, y las imágenes del sol; y el reino estaba tranquilo delante de él.
Y edificó ciudades fortificadas en Judá; porque la tierra descansaba, no habiendo guerra contra él por aquellos años; porque Jehová le había dado reposo.
Por lo cual él dijo a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y pongamos en derredor de ellas muros, con torres, puertas y cerrojos, mientras la tierra esté sosegada delante de nosotros; porque hemos buscado a Jehová nuestro Dios; sí, le hemos buscado, y él nos ha dado descanso en derredor nuestro. En efecto edificaron y prosperaron.
Y tenía Asa un ejército de trescientos mil hombres de Judá que llevaban paveses y lanzas; y doscientos y ochenta mil de Benjamín, que llevaban escudos, y tiraban con arco; todos éstos fueron guerreros esforzados.
¶Y salió contra ellos Zera cusita, con un ejército de mil millares, y con trescientos carros de guerra; y llegó hasta Maresa.
Y salió Asa contra él; y los dos se pusieron en orden de batalla en el Valle de Sefata, junto a Maresa.
Entonces Asa clamó a Jehová su Dios, y dijo: ¡Oh Jehová, para contigo no hay diferencia alguna entre ayudar a los fuertes o a los de ningún poder! ¡Ayúdanos, oh Jehová, Dios nuestro, porque nos apoyamos en ti, y en tu nombre salimos contra esta multitud de gente! ¡Oh Jehová, tu eres nuestro Dios! ¡no prevalezca contra ti el hombre mortal!
¶En efecto Jehová destrozó a los Cusitas delante de Asa y de Judá; y huyeron los Cusitas.
Y Asa y la gente que con él estaba, los persiguieron hasta Gerar; y cayeron de los Cusitas tantos que no les quedó aliento para rehacerse; porque fueron destrozados delante de Jehová y delante de su ejército. Y se llevaron muy grandes despojos.
E hirieron todas las ciudades de en derredor de Gerar; porque el terror de Jehová estaba sobre ellas; y saquearon todas las ciudades; porque había en ellas un gran despojo.
Y también dieron sobre los aduares de aquellos que tenían posesiones de ganado, y se llevaron multitud de ovejas y de camellos; y se volvieron a Jerusalem.
ESTUVO entonces sobre Azarías hijo de Oded el Espíritu de Dios;
de manera que salió al encuentro de Asa, y le dijo: ¡Oídme, Asa, y vosotros todos, hombres de Judá y de Benjamín! Jehová está con vosotros mientras estéis con él; y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él os dejará.
Ya ha mucho tiempo que Israel ha estado sin Dios verdadero, y sin sacerdote que enseñe, y sin ley.
Mas cuando en su angustia se volvió a Jehová el Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos.
Y en aquellos días no había seguridad para aquel que salía, ni para aquel que entraba; sino quebrantos grandes sobre todos los habitantes de estos países.
Y se estrellaba nación contra nación, y ciudad contra ciudad; porque Dios los conturbaba con toda suerte de adversidad.
¡Vosotros pues, esforzaos, y no sean débiles vuestras manos! porque vuestra obra será premiada.
¶Y cuando Asa oyó estas palabras y la profecía de Oded profeta, animóse, y quitó las abominaciones de todo el país de Judá y Benjamín, y de las ciudades que había tomado en la serranía de Efraim. Renovó también el altar de Jehová, que estaba delante del Pórtico de Jehová.
En seguida congregó a todo Judá y Benjamín, y con ellos los forasteros de Efraim, y de Manasés, y de Simeón: porque se pasaron a él muchos de los Israelitas, luego que vieron que estaba Jehová su Dios con él.
¶De manera que fueron congregados en Jerusalem en el mes tercero del año quince del reinado de Asa.
Y ofrecieron sacrificios a Jehová en aquel día, de los despojos que habían traído, setecientos novillos y siete mil ovejas.
Entraron también en pacto que buscarían a Jehová, el Dios de sus padres, con todo su corazón y con toda su alma;
y que todo aquel que no buscara a Jehová el Dios de Israel, hubiese de morir, ora fuese chico o grande, ora varón o mujer.
Y prestaron juramento a Jehová con grande estruendo, y con vivas, y con trompetas, y con bocinas.
Y regocijóse todo Judá con motivo de aquel juramento, porque de todo su corazón habían jurado a Dios, y de toda su voluntad le habían buscado, y él fue hallado de ellos; y Jehová les dió descanso en derredor suyo.
Y aun a Maaca, madre del rey Asa, él la depuso para que no fuese reina madre; por cuanto había hecho para la Ashera un ídolo horroroso. Y Asa cortó el ídolo horroroso y lo hizo añicos, y lo quemó en el valle del Cedrón.
No obstante los altos no fueron quitados de en medio de Israel; mas el corazón de Asa fue perfecto todos sus días.
Y metió en la Casa de Dios las cosas santificadas por su padre y las santificadas por él mismo, plata y oro y alhajas.
Y no hubo más guerra hasta el año treinta y cinco del reinado de Asa.
EN el año treinta y seis del reinado de Asa, subió Baasa rey de Israel contra Judá, y fortificó a Ramá de Benjamín; para no permitir que nadie saliese ni entrase de los adictos a Asa rey de Judá.
Entonces sacando Asa la plata y el oro de los tesoros de la Casa de Jehová y de la casa real, lo envió a Ben-hadad rey de Siria, que habitaba en Damasco, diciendo:
Haya un pacto entre mí y ti, como lo hubo entre mi padre y tu padre. He aquí, te he enviado plata y oro; ven, rompe tu pacto con Baasa, rey de Israel, para que se retire de mí.
Y Ben-hadad convino con el rey Asa, y envió los jefes de sus tropas contra las ciudades de Israel; y ellos hirieron a Ijón, y a Dan, y a Abelmaim, y a todas las ciudades de municiones de Neftalí.
Y aconteció, luego que Baasa lo supo, que desistió de edificar a Ramá, cesando de su obra.
Entonces el rey Asa tomó consigo a todo Judá: y se llevaron de Ramá las piedras y las maderas con que edificaba Baasa; y con ellas edificó a Geba y a Mizpa.
¶En aquel tiempo Hanani vidente vino a Asa rey de Judá, y le dijo: Por cuanto te has apoyado en el rey de Siria, y no té apoyaste en Jehová, el ejército del rey de Siria se ha escapado de tu mano.
Los Cusitas y los Libios ¿no eran un ejército inmenso, con carros y caballería numerosísimos? y sin embargo por haberte tú apoyado en Jehová, él los entregó en tu mano.
Porque los ojos de Jehová recorren toda la tierra, para que él se muestre fuerte en pro de aquellos cuyos corazones son perfectos para con él. Tú te has portado insensatamente en esto; de aquí pues en adelante tendrás guerras.
Y airóse Asa contra el vidente y le echó en una cárcel; porque estaba enojado con él a causa de esto: y Asa maltrató a varios del pueblo en ese tiempo.
Y he aquí que los hechos de Asa, así los primeros como los postreros, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel.
¶Y en el año treinta y nueve de su reinado, enfermó Asa de los pies, hasta que su enfermedad fue gravísima: sin embargo, en su enfermedad no acudió a Jehová sino a los médicos.
En fin, yació Asa con sus padres; y murió en el año cuarenta y uno de su reinado;
y le sepultaron en una de sus propias sepulturas, que él había hecho labrar para sí en la ciudad de David; y le acostaron en una cama que estaba llena de especias aromáticas, y de diferentes géneros de ungüentos confeccionados por obra de los perfumistas; e hicieron por él una quema muy imponente.
Y JOSAFAT su hijo reinó en su lugar, y se hizo fuerte contra Israel.
Pues puso una fuerza armada en todas las ciudades fortificadas de Judá, y estableció guarniciones en la tierra de Judá, y en las ciudades de Efraim que Asa su padre había tomado.
Y Jehová era con Josafat; por cuanto andaba en los primeros caminos de David su padre, y no acudió a los Baales;
sino antes buscaba al Dios de su padre y andaba en sus mandamientos; y no seguía los hechos de Israel.
Por lo cual Jehová afirmó el reino en su mano; y todo Judá ofrecía presentes a Josafat; y tuvo riquezas y honores en abundancia;
y fue alentado su corazón en los caminos de Jehová; y también quitó los altos y las Asheras de en medio de Judá.
¶Y en el año tercero de su reinado, envió sus príncipes, es decir, a Benhayil, y a Obadías, y a Zacarías, y a Natanael, y a Micaya, para enseñar en las ciudades de Judá;
y con ellos los levitas Semaías, y Netanías, Zebedías, y Asael, y Simiramot, y Jonatán, y Adonías, y Tobías y Tobadonías, levitas; y con ellos Elisama y Joram, sacerdotes;
los cuales enseñaron en Judá, llevando consigo el Libro de la Ley de Jehová; y recorrieron todas las ciudades de Judá, enseñando al pueblo.
Y estuvo el pavor de Jehová sobre todos los reinos de las tierras de al derredor de Judá, de manera que no movieron guerra alguna contra Josafat.
También de parte de los Filisteos traían presentes a Josafat, y plata, como tributo. Asimismo los Árabes le traían de ganado menor siete mil setecientos carneros, y siete mil setecientos machos cabríos.
¶De esta suerte Josafat se hacía más y más grande, hasta lo sumo; y edificó en Judá castillos y ciudades de municiones.
Y tenía muchas obras en las ciudades de Judá, y hombres aguerridos, fuertes y valerosos, en Jerusalem.
Y esta es la numeración de ellos, por sus casas paternas: De Judá, los jefes de los millares eran, el príncipe Adna, y con él trescientos mil hombres fuertes y valerosos.
Y a éste seguía el príncipe Johanán; y con él doscientos ochenta mil.
Y a éste seguía Amasías, hijo de Zicri, que se había ofrecido espontáneamente a Jehová; y con él doscientos mil guerreros esforzados.
Y de Benjamín, Eliada, hombre fuerte y valeroso, y con él doscientos mil que manejaban arco y escudo.
Y a éste seguía Jozabad; y con él ciento y ochenta mil, ceñidos para la guerra.
Estos príncipes fueron los que asistían al rey, fuera de los que había puesto el rey de guarnición en las ciudades fortificadas de todo Judá.
Y CUANDO Josafat tenía riquezas y honores en abundancia, trabó parentesco con Acab.
Y al cabo de algunos años descendió a visitar a Acab, en Samaria; y Acab sacrificó multitud de ovejas y de bueyes para él, y para la gente que con él estaba; y le instó a que subiese con él a Ramot-galaad.
Dijo pues Acab rey de Israel a Josafat rey de Judá: ¿Irás tú conmigo a Ramot-galaad? Y él le contestó: Lo mismo soy yo que tú, y lo mismo mi pueblo que tu pueblo: contigo pues iremos a la guerra.
Empero dijo Josafat al rey de Israel: Ruégote consultemos hoy el oráculo de Jehová.
Juntó pues el rey de Israel a los profetas de Baal, cuatrocientos hombres, y les dijo: ¿Subiremos a la guerra contra Ramot-galaad, o desistiré? Y ellos contestaron: Sube, que Dios la entregará en manos del rey.
Josafat empero dijo: ¿No habrá aquí además algún profeta de Jehová, para que consultemos por medio de él?
Y el rey de Israel respondió a Josafat: Todavía hay un hombre por medio de quien podremos consultar a Jehová; pero yo le aborrezco, porque nunca profetiza de mí cosa buena, sino siempre cosas malas; ése es Micaya hijo de Imla. A lo que respondió Josafat: No hable el rey así.
¶Entonces el rey de Israel, llamando a cierto camarero, le dijo: Trae presto a Micaya hijo de Imla.
Es de saber que el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados, cada cual en su trono, vestidos de ropas reales; y estaban sentados en una plazuela a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas estaban profetizando delante de ellos.
Y Sedequías hijo de Canaana se había hecho unos cuernos de hierro, y decía: Así dice Jehová: Con éstos acornearás a los Siros hasta acabar con ellos.
Y todos los profetas estaban profetizando de la misma manera, diciendo: ¡Sube a Ramot-galaad, y tendrás feliz suceso; porque la entregará Jehová en mano del rey!
¶Y el mensajero que había ido a llamar a Micaya, habló con él, diciendo: He aquí que los dichos de los profetas, con una sola boca, anunian un buen suceso al rey; ruégote que sea tu dicho como el de uno de ellos, y que hables lo que es bueno.
Pero respondió Micaya: ¡Vive Jehová! que lo que me dijere mi Dios, eso mismo tengo de hablar.
Vino pues al rey; y el rey le preguntó así: Micaya, ¿Subiremos a la guerra contra Ramot-galaad, o desistiré? Y él respondió irónicamente: ¡Subid, y tendréis buen éxito; porque los Sirios serán entregados en vuestra mano!
Entonces le dijo el rey: ¿Hasta cuántas veces tengo de juramentarte que no me digas sino la pura verdad en el nombre de Jehová?
A lo cual él contestó: Yo veía a todo Israel disperso sobre las montañas, como ovejas que no tienen pastor; y dijo Jehová: Estos no tienen señor; vuelvan ellos cada cual a su casa en paz.
Dijo pues el rey de Israel a Josafat: ¿No te dije yo que éste nunca profetiza lo bueno acerca de mí, sino lo malo?
Con lo cual dijo Micaya: Por lo mismo, oíd el oráculo de Jehová: Yo veía a Jehová sentado sobre su trono, y a todos los ejércitos celestiales que estaban a su derecha y a su izquierda.
Y dijo Jehová: ¿Quién engañará a Acab rey de Israel, para que suba y caiga en Ramot-galaad? Y respondió éste diciendo de esta manera, y aquél, diciendo de esotra manera.
Por fin, salió un espíritu particular, que presentándose delante de Jehová, dijo: ¡Yo le engañaré! Y le dijo Jehová: ¿De qué modo?
Y él respondió: Saldré y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él respondió: Le engañarás, y también lograrás el intento. Sal y hazlo así.
Ahora pues, he aquí que Jehová ha puesto un espíritu de mentira en la boca de todos estos tus profetas; porque Jehová mismo ha hablado el mal acerca de ti.
Acercóse entonces Sedequías hijo de Canaana, y dándole a Micaya una bofetada, le dijo: ¿Por dónde pasó el Espíritu de Jehová de mí, para hablar contigo?
Y respondió Micaya : He aquí, tú lo verás en aquel día que vayas de cámara en cámara para esconderte.
Entonces dijo el rey de Israel: Tomad a Micaya, y volvedle a llevar a Amón comandante de la ciudad, y a Joás hijo del rey;
y decidles: Así dice el rey: Poned a éste en la cárcel, y alimentadle con pan de aflicción, y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz.
A lo que dijo Micaya: Si de manera alguna tú volvieres en paz, no ha hablado Jehová por mí. Dijo además: ¡Oídlo, todos los pueblos!
¶En seguida el rey de Israel y Josafat rey de Judá subieron a Ramot-galaad.
Y dijo el rey de Israel a Josafat: Me conviene a mí disfrazarme, y entrar así en la batalla; mas tú, ponte tus ropas reales. En efecto, se disfrazó el rey de Israel, y entraron ambos en la batalla.
Y había mandado el rey de Siria a los capitanes de sus carros, diciendo: No peleéis contra chico ni grande, sino tan sólo contra el rey de Israel.
Sucedió pues que cuando vieron los capitanes de los carros a Josafat, dijeron: El rey de Israel es; por lo cual se volvieron para pelear contra él. Y Josafat alzó el grito; y Jehová le ayudó; y Dios los movió a que le dejasen.
Pues aconteció que al ver los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, se tornaron de en pos de él.
Pero cierto hombre tiró con el arco al acaso, e hirió al rey de Israel por entre las coyunturas de la malla; por lo cual él dijo al carrero: Vuelve las riendas y sácame del ejército, porque estoy gravemente herido.
Mas arreció el combate en aquel día; por lo cual el rey de Israel se esforzaba para mantenerse en pie en su carro enfrente de los Siros hasta la tarde; y murió al tiempo de ponerse el sol.
Y VOLVIÓ Josafat rey de Judá a su casa, en Jerusalem, en paz.
Entonces salió a encontrarle Jehú vidente, hijo de Hanani, y dijo al rey Josafat: ¿Debes tú ayudar a los malos, y amar a los que aborrecen a Jehová? Por esto pues la ira de la presencia de Jehová está sobre ti.
Esto no obstante, cosas buenas son halladas en ti, por cuanto has quitado de la tierra las Asheras, y has preparado tu corazón para buscar a Jehová.
¶Y habitó Josafat en Jerusalem: y volvió a salir entre el pueblo desde Beer-seba hasta la serranía de Efraim; y los hizo volver a Jehová, el Dios de sus padres.
Y estableció jueces en la tierra, en todas las ciudades fortificadas de Judá, yendo de ciudad en ciudad;
y dijo a los jueces: Mirad lo que hacéis; porque no juzgáis por parte de un hombre, sino por parte de Jehová, el cual es con vosotros en el asunto de juicio.
Ahora pues, permanezca sobre vosotros el temor de Jehová: tened cuidado y hacedlo así; porque para con Jehová nuestro Dios no hay maldad, ni acepción de personas, ni admisión de cohechos.
Asimismo en Jerusalem constituyó Josafat a ciertos individuos de los levitas, y de los sacerdotes, y de las cabezas de las casas paternas de Israel, para ocuparse en el juicio de Jehová, y en los pleitos (después que hubieron regresado a Jerusalem);
y les mandó, diciendo: De esta manera habéis de hacer, en el temor de Jehová, con fidelidad y con corazón perfecto.
Y todo pleito que viniere ante vos otros por parte de vuestros hermanos que habitan en sus ciudades, en cuestión de homicidio, y en cuestión de ley y de mandamiento, y de estatutos y juicios, los habéis de amonestar, a fin de que no se hagan culpables para con Jehová, y así estalle la ira contra vosotros y contra vuestros hermanos: haciendo así, no seréis culpables.
Y he aquí que Amarías, sumo sacerdote, está sobre vosotros para todos los asuntos de Jehová: y Zebadías, hijo de Ismael, príncipe de la casa de Judá, para todos los asuntos del rey. También los magistrados levitas están delante de vosotros. ¡Esforzaos para hacerlo así; y sea Jehová con los buenos!
Y ACONTECIÓ después de esto, que los hijos de Moab y los hijos de Ammón, y con ellos gente de los Ammonitas, vinieron contra Josafat, para hacerle guerra.
Llegaron pues algunos que avisaron a Josafat, diciendo: ¡Viene contra ti una gran muchedumbre de gentes de más allá del Mar Salado y de la Siria; y he aquí que están en Hazazón-tamar! (la cual es En-gadí.)
Entonces Josafat tuvo temor; y puso su rostro a buscar a Jehová; y proclamó ayuno para todo Judá.
Por lo cual se juntaron los de Judá para buscar socorro de Jehová; asimismo de todas las ciudades de Judá vinieron para buscar a Jehová.
¶Entonces Josafat se puso en pie en medio de la Asamblea de Judá y de Jerusalem, en la Casa de Jehová, delante del atrio nuevo;
y dijo: Jehová, Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en el cielo? ¿y no gobiernas tú en todos los reinos de las naciones? En tu mano pues hay poder y fortaleza, y no hay quien te pueda resistir.
¿No desposeíste tú mismo, oh Dios nuestro, a los habitantes de esta tierra, delante de tu pueblo Israel; y se la diste a la posteridad de tu amigo Abraham para siempre?
Sí, y ellos han habitado en ella, te han edificado en ella un Santuario, para tu Nombre, diciendo:
Si viniere sobre nosotros mal alguno, ora sea espada de castigo, o peste, o hambre, nos presentaremos delante de esta Casa, y delante de tu rostro (porque tu Nombre está en esta Casa), y clamaremos a ti de en medio de nuestra angustia; y tu oirás y nos salvarás.
Y ahora, he aquí que los hijos de Ammón, con Moab y los del monte Seir, cuya tierra no permitiste que Israel la invadiese cuando venía de la tierra de Egipto, sino que se apartó de ellos, y no los destruyó;
digo, he aquí ¡qué recompensa nos hacen, viniendo para echarnos de tu posesión, que tú mismo nos diste a poseer!
Dios nuestro, ¿no los juzgarás tú? pues nosotros no tenemos poder alguno contra esta gran muchedumbre que viene contra nosotros; y no sabemos qué hacer: mas nuestros ojos están puestos en ti.
Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños, sus mujeres y sus hijos.
¶Entonces sobre Jahaziel hijo de Zacarías, hijo de Benaya, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita de los hijos de Asaf, estuvo el Espíritu de Jehová, en medio de la Asamblea;
el cual dijo: ¡Atended, oh Judá, y vosotros los habitantes de Jerusalem, y tú, el rey Josafat! Así os dice Jehová: No temáis vosotros, y no os acobardéis delante de esta tan grande muchedumbre de gentes; porque no es de vosotros la batalla, sino de Dios.
Bajad contra ellos mañana; he aquí que estarán subiendo la cuesta de Sis; y los encontraréis en el extremo del valle, enfrente del desierto de Jeruel.
No toca a vosotros pelear en este combate; ¡apostaos, estad quedos, y ved la salvación de Jehová, obrada por vosotros, oh Judá y Jerusalem! ¡No temáis, ni os acobardéis! Salid mañana al encuentro de ellos; y Jehová estará con vosotros.
¶Entonces Josafat inclinó su rostro a tierra; y todo Judá y los habitantes de Jerusalem cayeron delante de Jehová, tributando adoración a Jehová.
En seguida se pusieron en pie los levitas, de los hijos de los Coatitas, y de los hijos de los Coritas, para bendecir a Jehová, el Dios de Israel, con muy alta voz.
Y por la mañana madrugaron y salieron al desierto de Tecoa. Y en tanto que iban saliendo al combate, Josafat se levantó, y dijo: ¡Oídme, oh Judá y vosotros los habitantes de Jerusalem! ¡Creed en Jehová vuestro Dios, así estaréis firmes; creed en sus profetas, así prosperaréis!
Y habiendo consultado con el pueblo, señaló personas que cantasen a Jehová, y que alabasen la hermosura de la santidad, mientras salían al frente de los hombres armados, y que dijesen: ¡Alabad a Jehová, porque para siempre es su misericordia!
Y al tiempo que comenzaron a cantar y a tributar alabanzas, Jehová puso emboscadas contra los hijos de Ammón, y de Moab, y del monte Seir, los cuales venían contra Judá; y fueron batidos.
Porque se levantaron los hijos de Ammón y Moab contra los habitantes del monte Seir, para destruirlos completamente y para asolarlos; y como acabasen con los habitantes de Seir, ellos mismos ayudaron a destruirse los unos a los otros.
De modo que cuando vino Judá a la atalaya del desierto, miró hacia aquella multitud, y ¡helos allí, cuerpos muertos, tendidos por tierra! que ninguno había escapado.
Y cuando se llegaron Josafat y su pueblo, para coger los despojos de ellos, hallaron entre ellos en abundancia así riquezas, como vestidos, y alhajas preciosas, que despojaron cada cual para sí, hasta no poderlos llevar; y estuvieron tres días recogiendo el despojo; porque era mucho.
Y al día cuarto congregáronse en el Valle de Beraca; porque allí bendijeron a Jehová; por tanto se ha llamado aquel lugar Valle de Beraca, hasta el día de hoy.
Tornaron entonces todos los hombres de Judá y de Jerusalem, con Josafat al frente de ellos, a Jerusalem, con regocijo; porque Jehová los había hechoregocijar sobre sus enemigos.
Y vinieron a Jerusalem, a la Casa de Jehová, con salterios y con arpas y con trompetas.
Y estuvo el pavor de Dios sobre todos los reinos de las tierras comarcanas, cuando supieron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel.
Así el reino de Josafat tuvo tranquilidad; porque su Dios le había dado descanso por todos lados.
¶Reinó pues Josafat sobre Judá. De edad de treinta y cinco años era cuando comenzó a reinar, y veinte y cinco años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Azuba hija de Silhi.
Y anduvo en el camino de su padre Asa, sin apartarse de él, haciendo lo que era recto a los ojos de Jehová.
Esto no obstante, los altos no fueron quitados; pues que el pueblo todavía no había puesto su corazón en el Dios de sus padres.
Y el resto de las cosas de Josafat, así las primeras como las postreras, he aquí que están escritas en la historia de Jehú hijo de Hanani; la cual fué inserta en el libro de los reyes de Israel.
¶Entonces, pasadas aquellas cosas, Josafat rey de Judá se unió con Ocozías rey de Israel; el cual obraba malísimamente.
Y unióse con él para construir naves que fuesen a Tarsis; y construyeron las naves en Ezión-geber.
Entonces profetizó Eliezer hijo de Dodava, de Maresa, contra Josafat, diciendo: Por cuanto te has unido con Ocozías, ya ha roto Jehová tus obras. En efecto, naufragaron los navíos, de modo que no pudieron ir a Tarsis.
Y YACIÓ Josafat con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David; y Joram su hijo reinó en su lugar.
Y tuvo éste por hermanos, hijos de Josafat, a Azarías, y a Jehiel, y a Zacarías, y a Azarías, y a Micael, y a Sefatías; todos éstos fueron hijos de Josafat rey de Israel;
a quienes había dado su padre grandes dádivas de plata y de oro, y de cosas preciosas, con ciudades fortificadas en Judá: mas el reino se lo había dado a Joram, por cuanto era su primogénito.
Joram pues fué elevado al reino de su padre; mas cuando se hubo afirmado en él, pasó a cuchillo a todos sus hermanos, y también a algunos de los príncipes de Israel.
De edad de treinta y dos años era Joram cuando entró a reinar, y reinó ocho años en Jerusalem.
Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, según hacía la casa de Acab; porque tenía por mujer a una hija de Acab; obró pues lo que era malo a los ojos de Jehová.
Pero Jehová no quiso destruir la casa de David, a causa del pacto que tenía hecho con David, y de conformidad con su promesa que le daría una lámpara, a él y a sus hijos, en todo tiempo.
En sus días rebelóse Edom, y salió de bajo la mano de Judá, haciendo para sí un rey.
Entonces pasó allá Joram con sus capitanes; y todos sus carros iban con él. Y fué así que levantóse de noche e hirió a los Idumeos que le tenían cercado a él, y a los capitanes de sus carros.
Con todo rebelóse Edom, y salió de bajo la mano de Judá hasta el día de hoy. Entonces rebelóse la ciudad de Libna al mismo tiempo, y salió de bajo su mano; por cuanto él había dejado a Jehová, el Dios de sus padres.
Además de esto, Joram construyó altos en las montañas de Judá, e hizo fornicar a los habitantes de Jerusalem; y a ello obligó a Judá.
¶Y le vino un escrito del profeta Elías, que decía: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Por cuanto no has andado en los caminos de tu padre Josafat, ni en los caminos de Asa rey de Judá,
sino que has andado en el camino de los reyes de Israel, y has hecho fornicar a Judá, y a los habitantes de Jerusalem, del mismo modo que la casa de Acab ha hecho fornicar a su pueblo; y también por cuanto has degollado a tus hermanos, la familia de tu padre, los cuales eran mejores que tú;
he aquí que Jehová está para herir con golpe terrible a tu pueblo, y a tus hijos, y a tus mujeres, y a todas tus posesiones:
y tú mismo tendrás grandes enfermedades, con dolencia de las entrañas, en grado que salgan tus entrañas a causa de la enfermedad, que durará año tras año.
¶En efecto, incitó Jehová contra Joram el espíritu de los Filisteos y de los Árabes que habitan junto a los Cusitas;
los cuales subieron contra Judá, y se forzaron entrada en él, y se llevaron todas las riquezas que hallaron en la casa del rey, y a sus hijos y a sus mujeres; y no le dejaron hijo alguno, sino a Joacaz, su hijo menor.
Y después de todo esto le hirió Jehová en sus entrañas con una enfermedad incurable.
Y aconteció, andando días y viniendo días, que al fin de dos años se le salieron las entrañas a causa de su enfermedad, y murió de dolencias malignas; y el pueblo no hizo por él quema de aromas, como las quemas de sus padres.
De edad de treinta y dos años era cuando entró a reinar, y ocho años reinó en Jerusalem; y se fué sin que nadie desease detenerle. Y le sepultaron en la ciudad de David; mas no en los sepulcros de los reyes.
ENTONCES los habitantes de Jerusalem hicieron rey en su lugar a Ocozías su hijo menor; porque a todos los mayores los había muerto la guerrilla que había venido con los Árabes al campamento; de suerte que reinó Ocozías hijo de Joram rey de Judá.
De edad de cuarenta y dos años era Ocozías cuando entró a reinar, y reinó un año en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Atalia, hija de la casa de Omri.
Él también anduvo en los caminos de la casa de Acab; porque su misma madre fué su consejero para obrar inicuamente.
Hizo pues lo que era malo a los ojos de Jehová, a la manera de los de la casa de Acab; porque después de la muerte de su padre, ellos se hicieron consejeros suyos para su perdición.
Porque andando en el consejo de ellos, fué con Joram hijo de Acab rey de Israel a la guerra contra Hazael rey de Siria, en Ramot-galaad; donde los Siros hirieron a Joram.
Y volvió éste para curarse en Jezreel, a causa de las heridas que le habían hecho en Ramá, peleando contra Hazael rey de Siria. Y Azarías hijo de Joram, rey de Judá, descendió a visitar a Joram hijo de Acab, en Jezreel; porque estaba allí enfermo.
Y por disposición de Dios era la destrucción de Ocozías, por haber él ido a ver a Joram; pues cuando hubo venido, salió con Joram contra Jehú hijo de Namsi, a quien Jehová había ungido para exterminar la casa de Acab.
Y aconteció mientras Jehú ejecutaba juicio contra la casa de Acab, que se encontró con los príncipes de Judá y los hijos de los hermanos de Ocozías, que asistían a Ocozías; y los mató.
Entonces él buscó a Ocozías, y le prendieron (pues se estaba escondiendo en Samaria), y le trajeron a Jehú; y habiéndole dado muerte, le enterraron; pues decían: Hijo de Josafat es, el cual buscaba a Jehová con toda su corazón. Y no quedó de la casa de Ocozías ninguno que tuviese capacidad para reinar.
¶Entonces Atalia, madre de Ocozías, viendo que era muerto su hijo, se levantó, y destruyó toda la estirpe real de la casa de Judá.
Pero Josabet, hija del rey, tomó a Joás hijo de Ocozías, hurtándole de entre los demás hijos del rey que fueron muertos, y le puso, juntamente con su nodriza, en una cámara de dormir. De suerte que Josabet hija del rey Joram, mujer de Joiada sumo sacerdote, la cual era hermana de Ocozías, le escondió de la vista de Atalia, de modo que no le dió muerte.
Y estuvo con ellas en la Casa de Dios, escondido, por seis años: mientras tanto Atalia reinaba sobre el país.
MAS en el año séptimo, Joiada se hizo fuerte, y entró en pacto con los capitanes de cientos, a saber, Azarías hijo de Joram, e Ismael hijo de Jeohanán, y Azarías hijo de Obed, y Maasías hijo de Adaya, y Elisafat hijo de Zicri;
y ellos, rodeando el país de Judá, juntaron a los levitas de todas las ciudades de Judá, y a las cabezas de las casas paternas de Israel; y ellos vinieron a Jerusalem.
Y toda la Asamblea hizo pacto con el rey en la Casa de Dios; y Joiada les dijo: ¡He aquí al hijo del rey! él ha de reinar, como Jehová lo ha dicho acerca de los hijos de David.
Esto pues es lo que habéis de hacer: La tercera parte de vosotros, los sacerdotes y los levitas, que entráis de guardia el sábado, se apostarán como porteros en las varias entradas;
y otra tercera parte, en la casa del rey; y otra tercera parte, en la puerta del Cimiento; y todo el pueblo estará en los atrios de la Casa de Jehová.
Y no entrará nadie en la Casa de Jehová sino los sacerdotes, y aquellos de los levitas que estén ministrando; ellos podrán entrar, porque son santos; mas todo el pueblo guardará el precepto de Jehová.
Los levitas empero cercarán al rey en derredor, cada uno con sus armas en la mano, y cualquiera que entrare en la Casa de Jehová será muerto; ellos pues acompañarán al rey cuando entrare y cuando saliere.
E hicieron los levitas y todo Judá conforme a todo lo que había mandado Joiada el sacerdote; pues tomaron cada uno sus hombres, así los que entraban en servicio el sábado, como los que salían el sábado: porque el sacerdote Joiada no había despedido las clases.
Entonces el sacerdote Joiada dió a los capitanes de cientos las lanzas y los escudos y los paveses que habían sido del rey David, los cuales se guardaban en la Casa de Dios.
Luego colocó a todo el pueblo, cada uno con sus armas en la mano, desde el costado derecho de la Casa hasta el costado izquierdo de la Casa, vueltas las caras hacia el altar y la Casa; junto al rey y en derredor suyo.
Sacaron entonces al hijo del rey, y le pusieron la diadema real, y le entregaron el libro del testimonio. Así le hicieron rey; y le ungieron Joiada y sus hijos, gritando el pueblo: ¡Viva el rey!
¶Y oyendo Atalia el estruendo de la gente que corría y que alababa al rey, ella vino al pueblo en la Casa de Jehová;
y mirando, he aquí al rey que estaba de pie sobre su estrado, a la entrada, y a los capitanes y los trompeteros junto al rey; en tanto que todo el pueblo del país hacía alegrías y tocaban trompetas. Los cantores también estaban allí, que con instrumentos de música dirigían las canciones de alabanza. Entonces Atalía rasgó sus vestidos, y gritó: ¡Traición! ¡traición!
¶En esto, el sacerdote Joiada hizo que saliesen los capitanes de cientos, que tenían el mando de la tropa, y les dijo: ¡Dejadla salir por entre las filas, y el que siguiere en pos de ella sea muerto a cuchillo! porque había dicho el sacerdote: ¡No la matéis en la Casa de Jehová!
Por lo cual le dieron espacio, y ella misma salió a la entrada de la puerta de los caballos, que conduce a la casa del rey; y allí le dieron muerte.
¶Entonces Joiada hizo un pacto entre sí, de una parte, y el rey y todo el pueblo de otra, de que ellos serían el pueblo de Jehová.
En seguida entró todo el pueblo en la casa de Baal, y la derribaron; e hicieron pedazos sus altares y sus imágenes; y a Matán sacerdote de Baal, le mataron delante de los altares.
Entonces puso Joiada la superintendencia de la Casa de Jehová en mano de los sacerdotes y de los levitas, que David había distribuído en la Casa de Jehová, para que se ofrecieran los holocaustos de Jehová, conforme a lo escrito en la ley de Moisés, con regocijo y con cánticos, según la disposición de David.
Apostó también los porteros junto a las puertas de la Casa de Jehová, para que no entrase ninguno que fuese inmundo por cualquiera causa.
Luego tomó consigo a los capitanes de cientos, y a los nobles, y a los gobernantes del pueblo, y a todo el pueblo de la tierra, y bajaron al rey de la Casa de Jehová, y fueron por en medio de la puerta excelsa a la casa del rey, e hicieron sentar al rey sobre el trono del reino.
¶Así estuvo gozoso todo el pueblo de la tierra, y la ciudad quedó tranquila, después que hubieron dado muerte a Atalia a filo de espada.
DE edad de siete años era Joás cuando entró a reinar, y reinó cuarenta años en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Sibia, de Beer-seba.
E hizo Joás lo que era recto a los ojos de Jehová todos los días de Joiada el sacerdote.
Y Joiada le tomó dos mujeres; y él engendró hijos e hijas.
¶Y aconteció después de esto que Joás tuvo voluntad de restaurar la Casa de Jehová.
Por lo cual juntó los sacerdotes y los levitas, y les dijo: Salid a las ciudades de Judá, y colectad de todo Israel dinero para reparar la Casa de vuestro Dios, de año en año; y poned diligencia en el asunto. Pero los levitas no pusieron diligencia.
Entonces llamó el rey a Joiada, el sumo sacerdote, y le dijo: ¿Por qué no has exigido que los levitas traigan de Judá y de Jerusalem la contribución de Moisés siervo de Jehová, que él impuso a la Asamblea de Israel, para el Tabernáculo de Reunión?
Porque los hijos de Atalia, aquella mujer inicua, habían hecho roturas en la Casa de Dios; y también habían gastado en los Baales todas las cosas santificadas de la Casa de Jehová.
Entonces mandó el rey, e hicieron un arca y la pusieron en la puerta de la Casa de Jehová, a la parte de afuera;
e hicieron pregonar en Judá y en Jerusalem que se trajese a Jehová la contribución de Moisés siervo de Dios, la que impuso a Israel en el desierto.
Y todos los príncipes y todo el pueblo se alegraron; y la trajeron y echaron en el arca hasta llenarla.
Y fué así que a su tiempo el arca era llevada al despacho del rey, por mano de los levitas; y sucedía esto siempre que viesen que había allí mucho dinero: entonces venía el secretario del rey con el comisario del sumo sacerdote, y vaciaban el arca; luego la alzaban y la volvían a su lugar. Así lo hacían de día en día, y recogían dinero en abundancia.
Y el rey y Joiada lo dieron a los que hacían la obra del servicio de la Casa de Jehová; los cuales tomaron a sueldo canteros y artífices para restaurar la Casa de Jehová; y también a los que trabajaban en hierro y bronce, para que reforzasen la Casa de Jehová.
Trabajaron pues los que hacían la obra; y por su mano fueron compuestas las quiebras del edificio; y así restituyeron la Casa de Dios a su antiguo estado, y la hicieron fuerte.
Y cuando la hubieron acabado, trajeron delante del rey y de Joiada lo que quedaba del dinero; de lo cual hicieron utensilios para la Casa de Jehová, utensilios del ministerio, y para los sacrificios, y cucharas, y vasos de oro y de plata. Y se ofrecían holocaustos en la Casa de Jehová continuamente todos los días de Joiada.
¶Pero Joiada envejecióse, y era saciado de días, y murió: de edad de ciento y treinta años era cuando murió.
Y le sepultaron en la ciudad de David, con los reyes; por cuanto había hecho cosas buenas en Israel, y también para con Dios y su Casa.
¶Y después de la muerte de Joiada vinieron los príncipes de Judá y se postraron delante del rey. Entonces el rey condescendió con ellos;
y dejaron la Casa de Jehová, el Dios de sus padres, y sirvieron a las Asheras y a los ídolos; y estalló la ira de Dios contra Judá y Jerusalem por causa de este pecado suyo.
Y les envió Jehová profetas para hacerlos volver a él; los cuales testificaron contra ellos; mas no les dieron oído.
Entonces el Espíritu de Dios revistió a Zacarías hijo de Joiada, el sacerdote; el cual poniéndose en pie, dónde estaba más alto que el pueblo, les dijo: Así dice Dios: ¿Por qué quebrantáis el mandamiento de Jehová? No podéis prosperar; pues por cuanto habéis dejado a Jehová, él también os ha dejado a vosotros.
Y ellos conspiraron contra él, y le mataron a pedradas, por mandato del rey, en el atrio de la Casa de Jehová.
Así el rey Joás no se acordó de la benevolencia que Joiada su padre había usado para con él, sino que mató a su hijo; el cual dijo al morir: ¡Véalo Jehová, y pida cuenta de ello!
¶Aconteció en efecto a la vuelta del año, que subió contra él el ejército de los Siros, y entraron en Judá y Jerusalem; y destruyeron de entre el pueblo a todos los príncipes del pueblo; y enviaron todos sus despojos al rey de Damasco.
Pues con poca gente vino el ejército de los Siros, mas Jehová entregó en su mano un ejército muy grande; por cuanto habían ellos dejado a Jehová, el Dios de sus padres. Así ejecutaron juicios contra Joás.
Y cuando se habían ido, dejándole en grandes dolencias, conspiraron contra él sus mismos siervos, con motivo de la derramada sangre de los hijos del sacerdote Joiada, y le mataron sobre su cama (pues así murió), y le sepultaron en la ciudad de David; mas no le sepultaron en los sepulcros de los reyes.
Y estos fueron los que conspiraron contra él: Zabad hijo de Simeat, ammonita, y Jozabad hijo de Simrit, moabita.
Y lo relativo a sus hijos, y la grandeza de la carga profética dicha contra él, y la restauración de la Casa de Dios, he aquí que están escritas en el Comentario sobre el libro de los reyes: y reinó Amasías su hijo en su lugar.
DE edad de veinte y cinco años comenzó a reinar Amasías, y reinó veinte y nueve años en Jerusalem; y el nombre de su madre fue Joadán, de Jerusalem.
E hizo lo que era recto a los ojos de Jehová, mas no con corazón perfecto.
Y sucedió, luego que el reino vino a ser estable en su mano, que mató a sus siervos, los que habían herido al rey su padre
mas no dió muerte a los hijos de ellos; porque hizo conforme a lo escrito en la ley, en el Libro de Moisés; lo cual había prescrito Jehová, diciendo: No han de morir los padres por los hijos, ni los hijos han de morir por los padres; sino que cada hombre morirá por su propio pecado.
¶Entonces Amasías congregó a Judá, y los dispuso conforme a las casas paternas, bajo el mando de jefes de miles y de jefes de cientos; es decir, a los de todo Judá y de Benjamín; y alistándolos, de edad de veinte años arriba, halló que eran trescientos mil hombres escogidos, hábiles para la guerra, que manejaban lanza y escudo.
Y tomó a sueldo del reino de Israel cien mil hombres, guerreros esforzados, por cien talentos de plata.
Entonces vino a él un varón de Dios, que le decía: Oh rey, no permitas que salga contigo el ejército de Israel, porque Jehová no está con Israel, es decir, con todos los hijos de Efraim.
Que si no, vé y hazte fuerte para la guerra; mas Dios te hará caer delante del enemigo; porque Dios tiene poder para ayudar o para derribar.
Dijo entonces Amasías al varón de Dios: ¿Y qué haremos por los cien talentos que he dado a la tropa de Israel? A lo que dijo el varón de Dios: Tiene Jehová poder para darte mucho más que eso.
Por lo cual Amasías separó la tropa que le había venido de Efraim, para que se volviese a su lugar. Pero encendióse mucho la ira de ellos contra Judá; y volvieron a su lugar ardiendo en ira.
¶En seguida Amasías alentóse, y poniéndose al frente de su gente, fue al Valle de la Sal, e hirió de los hijos de Seir diez mil hombres.
Y a otros diez mil los tomaron vivos los hijos de Judá, y llevándolos a la cumbre de la peña, los echaron abajo desde la cumbre de la peña; y todos ellos fueron hechos pedazos.
Pero los de la tropa que Amasías había hecho volver, para que no fuesen con él a la guerra, se arrojaron sobre las ciudades de Judá, desde Samaria hasta Bet-horón, e hirieron de ellos tres mil hombres, y se llevaron muy grandes despojos.
¶Y aconteció que, después de volver Amasías del destrozo de los Idumeos, trajo consigo los dioses de los hijos de Seir, y púsolos por dioses suyos, y postróse delante de ellos, y quemóles incienso.
Por tanto se encendió la ira de Jehová contra Amasías, y le envió un profeta que le dijo: ¿Porqué has acudido a los dioses de aquella gente; los cuales a su mismo pueblo no le han podido librar de tu mano?
Pero sucedió que, mientras le hablaba, Amasias le respondió: ¿Acaso te hemos constituído a ti consejero del rey? Desiste; ¿por qué te habrán de matar? En efecto desistió el profeta; mas le dijo: Ya sé que Dios ha determinado destruirte, por cuanto has hecho esto, y no has escuchado mi consejo.
¶Entonces Amasías rey de Judá tomó consejo, y envió mensajeros a Joás hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: ¡Ven, veámonos las caras!
Pero Joás rey de Israel envió a decir a Amasías rey de Judá : El cardo que estaba en el Líbano envió recado al cedro que estaba en el Líbano, diciendo: Da tu hija a mi hijo por mujer; y una fiera que estaba en el Líbano pasó, y pisoteó al cardo.
Tú dices: He aquí que he batido a Edom; y con esto tu corazón se ensalza para que te jactes. Ahora bien, estáte en tu casa; ¿porqué quieres ponerte en contienda con la calamidad, para que te pierdas tú, y Judá contigo?
Mas no quiso escuchar Amasías; porque era esto de Dios, para entregarlos en mano de sus enemigos, por cuanto habían acudido a los dioses de Edom.
Por lo cual salió Joás rey de Israel: y se vieron las caras, él y Amasías rey de Judá, en Bet-semes, que pertenecía a Judá.
Y fue batido Judá delante de Israel; de modo que huyeron cada cual a su estancia.
Y Joás rey de Israel prendió a Amasías rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Joacaz, en Bet-semes, y le trajo a Jerusalem: y derribó el muro de Jerusalem desde la puerta de Efraim hasta la puerta de la Esquina, cuatrocientos codos.
Y tomó todo el oro y la plata, y todos los vasos que se hallaban con Obed-edom en la Casa de Dios, y los tesoros de la casa del rey; tomó rehenes también, y volvióse a Samaria.
Y Amasías hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás hijo de Joacaz, rey de Israel.
Y las demás cosas de Amasías, así las primeras como las postreras, he aquí que están escritas en el libro de los reyes de Judá.
¶Y después del tiempo que se apartó Amasías de en pos de Jehová, hicieron conspiración contra él en Jerusalem; por lo cual huyó a Laquís; mas enviaron en seguimiento de él hasta Laquís, y allí le dieron muerte:
y le llevaron en caballos, y le sepultaron con sus padres en la ciudad capital de Judá.
ENTONCES tomó todo el pueblo de Judá a Uzías, que era de edad de diez y seis años, y le hicieron rey en lugar de su padre Amasías.
El edificó a Elot, y la restituyo a Judá, después de yacer el rey Amasías con sus padres.
De edad de diez y seis años era Uzías cuando entró a reinar, y reinó cincuenta y dos años en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Jecolía, de Jerusalem.
E hizo lo que era recto a los ojos de Jehová, conforme a todo lo que había hecho Amasías su padre.
Pues se esmeró en buscar a Dios durante los días de Zacarías, el cual era entendido en visiones de Dios; y en los días que buscaba a Jehová, Dios le prosperaba.
Porque salió a campaña, y peleó contra los Filisteos, y derribó el muro de Gat, y el muro de Jabnia, y el muro de Asdod; y edificó ciudades en el territorio de Asdod, y entre los Filisteos.
Y ayudóle Dios contra los Filisteos, y contra los Árabes que habitaban en Gur-baal, y contra los Meunitas.
También los Ammonitas trajeron presentes a Uzías; y divulgóse su nombre hasta la entrada de Egipto; porque se había hecho sobremanera fuerte.
Además, Uzías edificó torres en Jerusalem sobre la puerta de la Esquina, y sobre la puerta del Valle, y en el ángulo entrante del muro; y las hizo fuertes.
Edificó también torres en el desierto, y abrió a pico muchas cisternas; porque tenía grandes posesiones de ganado, así en la Sefela como en la mesa de Judá; tenía también labradores y viñadores en las montañas, y en el Carmelo de Judá; porque era aficionado a la agricultura.
¶Tenía Uzías además un ejército que hacía la guerra, y salía a campaña por sus escuadrones, conforme al número del censo de ellos (hecho por mano de Jeiel secretario, y de Maasías magistrado civil), bajo el mando de Hananías, uno de los príncipes del rey.
El número total de las cabezas de las casas paternas, hombres fuertes y valerosos, era dos mil seiscientos.
Y bajo el mando de ellos había un ejército disciplinado de trescientos y siete mil quinientos hombres, que hacían la guerra con gran poder, para ayudar al rey contra el enemigo.
Y proveyóles Uzías, es decir a todo aquel ejército, de escudos y lanzas, y de yelmos y de corazas, y de arcos, y de hondas para tirar piedras.
Hizo también en Jerusalem máquinas, invenciones de hombres ingeniosos, para estar sobre las torres y sobre los baluartes, para arrojar saetas y piedras grandes: y extendióse su fama lejos, porque fué ayudado maravillosamente, hasta que se hizo fuerte.
¶Mas siendo ya fuerte, enaltecióse su corazón para destrucción suya; pues prevaricó contra Jehová su Dios, entrando en el Templo de Jehová, para quemar incienso sobre el altar de incienso.
Y entró tras de él Azarías el sumo sacerdote, y con él ochenta sacerdotes de Jehová, hombres valientes;
los cuales se pusieron contra el rey Uzías y le dijeron: ¡No te toca a ti, Uzías, quemar incienso a Jehová! sino a los sacerdotes, los hijos de Aarón, los cuales son consagrados para quemar el incienso. ¡Sal del Santuario! porque has prevaricado contra Jehová, y no será esto para honra tuya por parte de Jehová Dios.
Entonces Uzías se enfureció, teniendo en la mano el incensario para ofrecer el incienso. Y estando él así enfurecido contra los sacerdotes, brotóle la lepra en su frente, delante de los sacerdotes, en la Casa de Jehová, en frente del altar de incienso.
Y le miró Azarías el sumo sacerdote, con todos los sacerdotes, y he aquí que estaba herido de lepra en su frente; y le echaron de allí a toda prisa; también él mismo apresuróse a salir, por cuanto le había herido Jehová.
Y el rey Uzías fué leproso hasta el día de su muerte, y habitó en una enfermería de leprosos; por lo cual fué separado de la Casa de Jehová, y Joatam su hijo tuvo cargo de la casa del rey, juzgando al pueblo de la tierra.
Y las demás cosas de Uzías, así primeras como postreras, las escribió Isaías profeta, hijo de Amoz.
Y yació Uzías con sus padres, y le sepultaron con sus padres en un campo de sepultura que pertenecía a los reyes de Judá, porque decían: Leproso es; y Joatam su hijo reinó en su lugar.
DE edad de veinte y cinco años era Joatam cuando entró a reinar, y diez y seis años reinó en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Jerusa hija de Sadoc.
E hizo lo que era recto a los ojos de Jehová, conforme a todo lo que había hecho su padre Uzías; bien que no entró sacrílegamente en el Templo de Jehová. Esto no obstante, el pueblo siguió aún corrompiéndose.
Edificó él la puerta Excelsa de la Casa de Jehová; asimismo sobre el muro de la colina de Ofel edificó mucho.
Edificó ciudades también en la serranía de Judá; y en los bosques edificó castillos y torres.
Y tuvo guerra con el rey de los hijos de Ammón, y los venció; y los hijos de Ammón le dieron aquel año cien talentos de plata, y diez mil coros de trigo, y otros diez mil de cebada. Esto le trajeron los hijos de Ammón el año segundo también, y el tercero.
De manera que Joatam se hizo fuerte, por cuanto ordenó sus caminos delante de Jehová su Dios.
Las demás cosas de Joatam, y todas sus guerras y sus empresas, he aquí que están escritas en el libro de los reyes de Israel y de Judá.
De edad de veinte y cinco años era cuando entró a reinar, y reinó diez y seis años en Jerusalem.
Y yació Joatam con sus padres, y le sepultaron en la ciudad de David; y reinó Acaz su hijo en su lugar.
DE edad de veinte años era Acaz cuando entró a reinar, y reinó diez y seis años en Jerusalem; pero no hizo lo que era recto a los ojos de Jehová como David su padre;
sino que anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y también hizo imágenes de fundición para los Baales.
Y quemó incienso en el Valle del Hijo de Hinom, y consumió a sus mismos hijos en el fuego, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehová había desposeído delante de los hijos de Israel.
Sacrificó también y quemó incienso en los altos y sobre los collados y debajo de todo árbol frondoso.
Por lo cual le entregó Jehová su Dios en mano del rey de los Siros, los cuales le batieron, y tomaron de los suyos una multitud de cautivos, y los llevaron a Damasco. Y fué entregado también en mano del rey de Israel, el cual le hirió con grande estrago.
Porque Peca hijo de Remalías mató en Judá a ciento y veinte mil en un solo día, todos ellos hombres valientes; por cuanto habían dejado a Jehová el Dios de sus padres.
Y Zicri, hombre poderoso de Efraim, mató a Maasías, hijo del rey, y a Azricam, mayordomo de palacio, y a Elcana, que era el segundo después del rey.
Y los hijos de Israel llevaron cautivos de sus hermanos doscientos mil, entre mujeres e hijos e hijas; y también les quitaron mucho despojo; y llevaron el despojo a Samaria.
¶Pero había allí un profeta de Jehová, del nombre de Oded, el cual salió al frente del ejército que llegaba ya a Samaria, y les dijo: He aquí que en la ira de Jehová el Dios de vuestros padres contra Judá, él los ha entregado en vuestra mano; y vosotros los habéis matado con una furia que ha llegado hasta el cielo.
Y ahora estáis pensando sujetar a los hijos de Judá y de Jerusalem, como siervos y siervas vuestros. Pero ¿no hay ciertamente de vuestra parte delitos cometidos contra Jehová vuestro Dios?
Ahora pues oídme, y dejad volver a los cautivos que habéis tomado, que son de vuestros hermanos; porque la ira de Jehová ya arde contra vosotros.
¶Entonces algunos hombres de los príncipes de Efraim, Azarías hijo de Johanán, Berequías hijo de Mesillemot, y Ezequías hijo de Sallum, y Amasa hijo de Hadlai, se levantaron contra los que venían de la guerra;
y les dijeron: ¡No habéis de traer esos cautivos acá! porque a más del delito contra Jehová que está ya sobre nosotros, estáis pensando aumentar todavía más nuestros pecados y nuestros delitos; porque grande es nuestro delito, y ya arde la ira contra Israel.
¶Entonces los hombres armados dejaron los cautivos y el despojo delante de los príncipes y de toda la Asamblea.
Levantándose pues los hombres que habían sido designados por nombre, tomaron los cautivos, y del despojo vistieron a todos los desnudos entre ellos; y habiéndolos vestido y calzado, les dieron de comer y de beber, y los ungieron; y condujeron en asnos a todos los débiles, y los trajeron a Jericó, ciudad de las Palmas, junto a sus hermanos; luego ellos se volvieron a Samaria.
¶En aquel tiempo el rey Acaz envió a los reyes de Asiria para que le ayudasen.
Porque los Idumeos habían venido otra vez y hecho estragos en Judá, y llevado cautivos.
También los Filisteos habían atacado las ciudades de la Sefela, y del Mediodía de Judá, y habían tomado a Bet-semes, y a Ayalon, y a Gederot, y a Soco con sus aldeas, y a Timna con sus aldeas, y a Gimzo con sus aldeas; y habitaron en ellas.
Porque Jehová había humillado a Judá por causa de Acaz rey de Israel, el cual había dado rienda suelta a Judá; y se había portado muy traidoramente para con Jehová.
En efecto, acudió a él Tiglat-pilneser rey de Asiria; pero le puso en estrechez más bien que fortalecerle.
Pues aunque Acaz había despojado la Casa de Jehová de sus tesoros, y la casa del rey, juntamente con las de sus príncipes, y los había dado al rey de Asiria, éste no le ayudó.
Pero en el tiempo de su mayor apuro se portó más y más traidoramente contra Jehová este mismo rey Acaz:
porque ofreció sacrificios a los dioses de los Damascenos que le habían batido; pues decía: Por cuanto los dioses de los reyes de Siria les ayudan a ellos, yo también les ofreceré sacrificios para que me ayuden a mí: mas ellos fueron su ruina y la de todo Israel.
A más de esto, Acaz hizo recoger todos los utensilios de la Casa de Dios, y cortó en pedazos todos los utensilios de la Casa de Dios; y cerró las puertas de la Casa de Jehová; e hizo para sí altares en todas las esquinas de Jerusalem.
Asimismo en todas y cada una de las ciudades de Judá, construyó altos para quemar incienso a otros dioses, y para provocar a ira a Jehová, el Dios de sus padres.
Y las demás de sus cosas y todos sus caminos perversos, tanto los primeros como los postreros, he aquí que están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel.
Y yació Acaz con sus padres, y le sepultaron dentro de la ciudad, en Jerusalem; pues no le dieron entrada en los sepulcros de los reyes de Israel: y Ezequías su hijo reinó en su lugar.
EZEQUÍAS comenzó a reinar siendo de edad de veinte y cinco años, y reinó veinte y nueve años en Jerusalem; y el nombre de su madre fué Abía, hija de Zacarías.
E hizo lo que era recto a los ojos de Jehová, conforme a todo lo que había hecho David su padre.
Él, en el año primero de su reinado, en el mes primero, abrió las puertas de la Casa de Jehová, y las reparó.
Y trayendo a los sacerdotes y los levitas, los reunió en la plaza oriental,
y les dijo: ¡Oídme, levitas! Santificaos ahora, y santificad la Casa de Jehová, el Dios de vuestros padres; y sacad del Santuario la inmundicia.
Porque nuestros padres prevaricaron e hicieron lo que era malo a los ojos de Jehová nuestro Dios; pues le dejaron, y apartando sus rostros de la Habitación de Jehová, le volvieron las espaldas;
y cerraron las puertas del Pórtico del Templo, y apagaron las lámparas, y no quemaron incienso ni ofrecieron holocausto en el Santuario al Dios de Israel.
Por lo cual la ira de Jehová estalló contra Judá y Jerusalem, y él los ha abandonado al maltratamiento, a la desolación y al ludibrio, como lo estáis viendo con vuestros ojos.
Pues he aquí que nuestros padres han caído a espada, y nuestros hijos y nuestras hijas y nuestras mujeres están en cautiverio a causa de esto.
Ahora pues tengo en mi corazón propósito de hacer un pacto con Jehová, el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira.
Hijos míos, no seáis ahora negligentes; porque a vosotros dos ha escogido Jehová para estar en pie delante de él, sirviéndole, y para que seáis sus ministros, y le queméis incienso.
¶Entonces se levantaron los levitas, Machat hijo de Amasai, y Joel hijo de Azarías, de entre los hijos de los Coatitas; y de entre los hijos de Merari, Cis hijo de Abdi, y Azarías hijo de Jehaleleel; y de entre los Gersonitas, Joah hijo de Zima, y Edén hijo de Joah;
y de entre los hijos de Elizafán, Simri y Jeiel; y de entre los hijos de Asaf, Zacarías y Matanías;
y de entre los hijos de Hemán, Jehiel y Simei; y de entre los hijos de Jedutún, Semaya y Uziel:
los cuales reunieron a sus hermanos, y se santificaron, y entraron en el Templo, conforme al mandamiento del rey, por orden de Jehová, para limpiar la Casa de Jehová.
Entraron pues los sacerdotes a lo más adentro de la Casa de Jehová para limpiarla; y toda la inmundicia que hallaron en el Templo de Jehová la sacaron al atrio de la Casa de Jehová; y allí la tomaron los levitas para sacarla fuera al torrente de Cedrón.
Comenzaron pues a purificarlo el primer día del mes primero, y el día octavo del mes llegaron al Pórtico de Jehová; luego purificaron la Casa de Jehová por ocho días más; de suerte que acabaron en el día diez y seis del mes primero.
¶Entonces entraron a donde estaba el rey Ezequías, y dijeron: Hemos limpiado toda la Casa de Jehová, y el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la mesa de la proposición con todos sus utensilios.
Y todos los vasos que había desechado el rey Acaz durante su reinado, en su prevaricación, los hemos preparado y santificado, y he aquí que están delante del altar de Jehová.
¶Levantóse entonces el rey Ezequías muy de mañana y reunió los príncipes de la ciudad, y subió a la Casa de Jehová.
Y trajeron siete novillos, y siete carneros, y siete corderos, con siete machos cabríos como ofrenda por el pecado, a favor del reino, y a favor del Santuario, y a favor de todo Judá; y mandó a los sacerdotes, los hijos de Aarón, ofrecerlos sobre el altar de Jehová.
Degollaron pues los novillos; y los sacerdotes tomaron la sangre y la rociaron sobre el altar; luego degollaron los carneros, y rociaron la sangre de ellos sobre el altar; en seguida degollaron los corderos, y rociaron su sangre sobre el altar.
Después hicieron acercar los machos cabríos de la ofrenda por el pecado, delante del rey y de la Asamblea; los cuales pusieron las manos sobre ellos.
Entonces los degollaron los sacerdotes, y ofrecieron su sangre sobre el altar como ofrenda por el pecado, para hacer expiación por todo Israel: porque dijo el rey que el holocausto y la ofrenda por el pecado habían de ser para todo Israel.
En seguida colocó a los levitas en la Casa de Jehová con címbalos y con salterios y con arpas, de conformidad con la ordenanza de David, y de Gad vidente del rey, y de Natán profeta; pues de Jehová fué ese mandamiento, por mano de sus profetas.
¶Y cuando se hubieron colocado los levitas con los instrumentos de David y los sacerdotes con las trompetas,
mandó Ezequías ofrecer el holocausto sobre el altar. Y al tiempo que comenzó el holocausto, comenzó también el cántico de Jehová, con acompañamiento de trompetas y de los instrumentos de David rey de Israel.
Mientras tanto toda la Asamblea estaba adorando, y los cantores cantando, y los trompetas tocando. Todo esto duró hasta acabarse el holocausto.
Y cuando se acabó de ofrecer el holocausto, el rey y todos los que estaban presentes con él hincáronse de rodillas y se postraron.
Entonces el rey Ezequías y los príncipes mandaron a los levitas que cantasen alabanzas a Jehová, con las palabras de David y de Asaf vidente: y cantaron alabanzas con grande regocijo; luego ellos inclinaron la cabeza y se postraron.
¶En seguida tomó Ezequías la palabra, y dijo: Ahora, ya que os habéis consagrado a Jehová, acercaos y traed sacrificios y ofrendas en acciones de gracias a la Casa de Jehová. En efecto, la Asamblea trajo sacrificios y ofrendas en acciones de gracias; y todos los de corazón espontáneo trajeron holocaustos.
Y fué el número de los holocaustos que trajo la Asamblea, setenta novillos, cien carneros, y doscientos corderos: para holocaustos a Jehová eran todos éstos.
Y las demás cosas santificadas fueron seiscientos novillos y tres mil ovejas.
Pero los sacerdotes eran muy pocos, de modo que no bastaban para desollar todos los holocaustos; por lo cual les ayudaron sus hermanos los levitas, hasta acabar la obra, y hasta que se hubieron santificado los otros sacerdotes; porque eran los levitas mas rectos de corazón para santificarse que los sacerdotes.
Y hubo holocaustos también en abundancia, con los sebos de las ofrendas pacíficas, y libaciones para cada holocausto. Así quedó restablecido el culto de la Casa de Jehová.
Y regocijóse Ezequías con todo el pueblo, por cuanto Dios había preparado al pueblo: porque la cosa fué hecha de improviso.
ENTONCES envió Ezequías por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraim y Manasés, convidándoles a que viniesen a la Casa de Jehová en Jerusalem, para celebrar la Pascua a Jehová, el Dios de Israel.
Porque el rey y los príncipes y toda la Asamblea reunida en Jerusalem, habían tomado el acuerdo de celebrar la Pascua en el mes segundo;
pues no pudieron celebrarla en aquel tiempo, por cuanto los sacerdotes no se habían santificado en número suficiente, ni el pueblo se había congregado en Jerusalem.
Y el propósito pareció acertado al rey y a toda la Asamblea;
de manera que determinaron hacer correr la voz por todo Israel, desde Beer-seba hasta Dan, para que viniesen a celebrar la Pascua a Jehová, el Dios de Israel en Jerusalem; porque hacía mucho tiempo que no la habían celebrado según estaba escrito.
Fueron pues los correos, con cartas del rey y de sus príncipes, por todo Israel y Judá, y según orden del rey; las cuales cartas decían así: ¡Oh Israel, volveos a Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, para que él se vuelva a los que os han quedado, escapados aún de la mano de los reyes de Asiria!
Y no seáis como vuestros padres y como vuestros hermanos, que se portaron traidoramente para con Jehová, el Dios de sus padres; de manera que él los ha entregado a la desolación, como vosotros lo veis.
Ahora pues, no endurezcáis vosotros la cerviz como vuestros padres; dad la mano a Jehová, y venid a su Santuario, que él ha santificado para siempre; y servid a Jehová vuestro Dios, para que se aparte de vosotros el ardor de su ira.
Porque si os volviereis a Jehová, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia en presencia de los que los cautivaron, y volverán a esta tierra; pues clemente y compasivo es Jehová vuestro Dios, y no os apartará su rostro, si os volviereis a él.
¶En efecto, los correos pasaban de ciudad en ciudad, por las tierras de Efraim y de Manasés, y hasta Zabulón; mas aquellas gentes se reían de ellos y les escarnecían.
Esto no obstante, algunos de Aser y de Manasés y de Zabulón se humillaron y vinieron a Jerusalem.
También en Judá estuvo la mano de Dios para darles un solo corazón, para que cumpliesen el mandato del rey y de los príncipes, por orden de Jehová.
De modo que se reunió en Jerusalem mucha gente para celebrar la fiesta de los Ázimos, en el mes segundo; una Asamblea sobre manera grande.
Entonces se levantaron, y quitaron los altares que había en Jerusalem; quitaron también todos los altares de incienso, y los echaron abajo al torrente de Cedrón.
En seguida sacrificaron la pascua, a los catorce días del mes segundo; y los sacerdotes y los levitas, avergonzados, se santificaron, y trajeron holocaustos a la Casa de Jehová.
Y ocuparon sus puestos según su uso, conforme a la ley de Moisés, varón de Dios; y los sacerdotes rociaron la sangre que recibieron de mano de los levitas.
Porque hubo muchos de la Asamblea que no se habían santificado; por lo cual los levitas fueron encargados del degüello de los corderos pascuales para todos los que no estaban limpios, a fin de santificarlos a Jehová.
Porque una gran multitud de gentes que vinieron de Efraim y Manasés, de Isacar y Zabulón, aunque no se habían purificado, comieron de la pascua, contrario a lo que está escrito. Ezequías empero oró por ellos, diciendo: ¡El bondadoso Jehová, conceda perdón a todo aquel
que tiene puesto su corazón en buscar al Dios Jehová, el Dios de sus padres; aunque no se haya purificado según la purificación del Santuario!
Y oyó Jehová a Ezequías, y sanó al pueblo.
¶Así los hijos de Israel que se hallaban en Jerusalem celebraron la fiesta de los Azimos por siete días con grande regocijo; y los levitas y los sacerdotes alabaron a Jehová de día en día, cantando con instrumentos resonantes a Jehová.
Y Ezequías habló cariñosamente a todos los levitas que tenían buena inteligencia en las cosas de Jehová. Comieron pues de las ofrendas de la fiesta durante los siete días, sacrificando sacrificios de ofrendas pacíficas, y haciendo acciones de gracias a Jehová, el Dios de sus padres.
Entonces toda la Asamblea tomó el acuerdo de celebrar la fiesta por siete días más; y en efecto la celebraron por otros siete días con alborozo.
Porque Ezequías rey de Judá presentó a toda la Asamblea mil novillos, y siete mil ovejas; también los príncipes presentaron a la Asamblea mil novillos y diez mil ovejas; y ya se habían santificado gran número de sacerdotes.
Alegróse pues toda la Asamblea de Judá, juntamente con los sacerdotes y los levitas, y asimismo toda la Asamblea que había venido de Israel, y los extranjeros que vinieron de la tierra de Israel y los que habitaban en Judá.
De manera que hubo gran gozo en Jerusalem; porque desde los días de Salomón hijo de David, rey de Israel, no había habido cosa parecida en Jerusalem.
Por fin, los sacerdotes se pusieron en pie y bendijeron al pueblo; y su voz fué oída de Dios, y entró su oración en el cielo, santa morada suya.
ENTONCES, acabadas todas estas cosas, salió todo Israel, los que se hallaban allí presentes, a las ciudades de Judá; y quebraron las Columnas, y cortaron las Asheras, y derribaron los altos y los altares por todo Judá y Benjamín, en Efraim también y Manasés, hasta acabar con ellos. Luego volvieron los hijos de Israel cada cual a su posesión, en sus ciudades.
Y restableció Ezequías las clases de los sacerdotes y de los levitas (conforme a sus clases respectivas), y designó a cada uno, así de los sacerdotes como de los levitas, su propio oficio, a saber, para ofrecer holocaustos y sacrificios pacíficos, para el ministerio, y para dar gracias, y para cantar alabanzas dentro de las puertas de los atrios de Jehová.
Además, señaló cierta porción de la propiedad del rey para ofrecer los holocaustos de la mañana y de la tarde; y para los holocaustos de los sábados, y de los novilunios, y de las fiestas solemnes, conforme a lo escrito en la ley de Jehová.
Dijo también al pueblo que habitaba en Jerusalem, que trajesen la porción de los sacerdotes y de los levitas, a fin de que ellos cobrasen ánimo en la ley de Jehová.
Y luego que se difundió el mandato, los hijos de Israel trajeron en abundancia las primicias de trigo, y de vino, y de aceite, y de miel, y de todos los productos del campo; trajeron también el diezmo de todas estas cosas en abundancia.
Asimismo respecto de los hijos de Israel y de Judá, los que habitaban en las ciudades de Judá, ellos también trajeron el diezmo de las reses mayores y menores, y los diezmos de las cosas santificadas, las que de suyo están santificadas a Jehová su Dios; y las pusieron en montones.
En el mes tercero comenzaron a formar aquellos montones y en el mes séptimo los acabaron.
Entonces vinieron Ezequías y los príncipes a mirar los montones; y bendijeron a Jehová y a su pueblo Israel.
Y preguntó Ezequías a los sacerdotes y los levitas acerca de los montones.
A lo cual respondió Azarías, sumo sacerdote, de la casa de Sadoc, y dijo: Desde que se comenzaron a traer las ofrendas a la Casa de Jehová, ha habido bastante para comer, y para saciarnos, y para que sobre muchísimo; porque Jehová ha bendecido a su pueblo: y lo sobrante es esta gran cantidad.
¶Entonces mandó Ezequías que se preparasen cámaras en la Casa de Jehová; y las prepararon.
Y metieron allí las ofrendas y los diezmos y las cosas santificadas, fielmente; y sobre ello era director Conanías levita, y Simei su hermano era segundo.
Y Jehiel, y Azazías, y Nahat, y Asael, y Jerimot, y Josabad, y Eliel, e Ismaquías y Mahat, y Benaya eran inspectores bajo el mando de Conanías y de Simei su hermano, por nombramiento del rey Ezequías y de Azarías, príncipe de la Casa de Dios.
¶Y Coré levita, hijo de Imna, portero de la puerta oriental, tenía cargo de las ofrendas voluntarias hechas a Dios, para repartir las ofrendas de Jehová, y las cosas santísimas.
Y bajo sus órdenes estaban Edén, y Minyamín, y Jesúa, y Semaya, y Amarías, y Secanías, en las ciudades de los sacerdotes, para repartir fielmente a sus hermanos, según sus clases, así al mayor como al menor,
(sin contar los inscritos en las genealogías de varones, de edad de tres años arriba), a todos los que entraban para hacer oficio en la Casa de Jehová; la porción de cada día en su día, por su servicio en sus encargos respectivos, según sus clases;
asimismo a los sacerdotes inscritos en las genealogías, conforme a sus casas paternas, y a los levitas de veinte años arriba, en sus distintos encargos, por sus clases;
y también a los inscritos en las genealogías, de todos sus niños, y sus mujeres, y sus hijos, y sus hijas, por entre toda la Asamblea: porque en su fidelidad se consagraban a las cosas del Santuario.
Asimismo de los hijos de Aarón, los sacerdotes, que vivían en los campos, en los ejidos de sus ciudades, había hombres designados por nombre, en cada una de las ciudades, para dar sus porciones a todos los varones de entre los sacerdotes, y a todos los inscritos en las genealogías de entre los levitas.
¶De esta manera, pues, hizo Ezequías en todo Judá; y obró lo bueno y lo recto y lo verdadero en presencia de Jehová su Dios.
En toda obra que emprendió en lo relativo al servicio de la Casa de Dios, y en cuanto a la ley y los mandamientos, para buscar a su Dios, obró con todo su corazón, y prosperó.
DESPUÉS de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib, rey de Asiria, y entró en Judá, y acampó contra las ciudades fortificadas, y pensaba tomarlas por asalto.
Y cuando vió Ezequías que había venido Senaquerib, y que su rostro estaba puesto para hacer guerra contra Jerusalem;
consultó con sus príncipes y sus más valientes hombres, respecto de cegar los manantiales de aguas que había fuera de la ciudad; y ellos le apoyaron.
Juntóse pues mucha gente; y cegaron todas las fuentes, y el torrente de Cedrón que corría abundante por en medio de la tierra, diciendo: ¿Por qué han de venir los reyes de Asiria y hallar mucha agua?
Y cobró ánimo, y edificó todo el muro que estaba derribado, e hizo elevar más las torres; y por fuera edificó otro muro, e hizo fuerte la fortaleza de la ciudad de David; y fabricó armas arrojadizas y escudos en abundancia.
Puso también jefes militares sobre el pueblo, y los reunió junto a sí en la plaza de la puerta de la ciudad, y hablóles cariñosamente, diciendo:
¡Esforzaos y alentaos; no temáis, ni os acobardéis a causa del rey de Asiria, ni a causa de todo la muchedumbre de gentes que consigo trae, porque hay más con nosotros que con el!
¡Con él está un brazo de carne; pero con nosotros está Jehová nuestro Dios, para ayudarnos, y para pelear nuestras batallas! Y el pueblo apoyóse en las palabras de Ezequías rey de Judá.
¶Después de esto, Senaquerib rey de Asiria envió sus siervos a Jerusalem (estando él mismo sitiando a Laquís y todo su mando con él), contra Ezequías rey de Judá y contra todo Judá que estaba reunido en Jerusalem, diciendo:
Así dice Senaquerib rey de Asiria: ¿En qué estáis confiados, para que os quedéis dentro de las fortificaciones en Jerusalem?
¿No es que os alucina Ezequías, para entregaros a morir de hambre y de sed, diciendo: Jehová nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria?
¿No es este Ezequías el mismo que ha quitado los altos y los altares de Jehová, y ha mandado a Judá y Jerusalem, diciendo: Delante de un solo altar habéis de adorar, y sobre él habéis de quemar incienso?
¿Acaso no habéis oído lo que hemos hecho yo y mis padres a todos los pueblos de las otras tierras? ¿Por ventura los dioses de las naciones de aquellos países han podido en manera alguna librar a sus países de mi mano?
¿Quién de entre los dioses de aquellas naciones que mis padres han destruído completamente pudo librar a su pueblo de mi mano, para que pueda el Dios vuestro libraros a vosotros de mi mano?
Ahora pues, no os engañe Ezequías, ni os tenga alucinados así, ni le creáis vosotros; porque ningún dios de ninguna nación ni reino ha podido librar a su pueblo de mi mano, ni de mano de mis padres: ¡cuánto menos podrán vuestros dioses libraros a vosotros de mi mano!
¶Y sus siervos hablaron todavía más contra Jehová, el Dios verdadero, y contra Ezequías su siervo.
Escribió también cartas para vituperar a Jehová, el Dios de Israel, y para hablar contra él, diciendo: ¡Como los dioses de las naciones de las otras tierras, que no han librado a su pueblo de mi mano, así tampoco el Dios de Ezequías librará a su pueblo de mi mano!
Clamaron además a gran voz, en lengua judaica, contra el pueblo de Jerusalem, que estaba sobre el muro, para atemorizarlos y para desalentarlos, para poder así tomar la ciudad.
Y hablaron del Dios de Jerusalem, como de los dioses de los pueblos de la tierra; ¡obra de manos de hombres!
¶Entonces el rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amoz, oraron a causa de esto, clamando al cielo.
Y envió Jehová un ángel que destruyó a todos los hombres fuertes y valerosos, con los príncipes y los capitanes, en el campamento del rey de Asiria; y él volvió con rostro avergonzado a su propia tierra; donde habiendo entrado en casa de su dios, allí mismo los hijos de sus propias entrañas le hicieron caer a cuchillo.
Así salvó Jehová a Ezequías y a los habitantes de Jerusalem de mano de Senaquerib rey de Asiria, y de mano de todo enemigo, y los protegió por todos lados.
Y eran muchos los que traían ofrendas a Jehová, a Jerusalem, y cosas preciosas a Ezequías rey de Judá; porque él fue ensalzado a los ojos de todas las naciones después de esto.
¶En aquellos días Ezequías enfermó de muerte; mas oró a Jehová, el cual habló con él, y le dió una señal maravillosa.
Pero Ezequías no correspondió al bien que se le había hecho; pues se ensoberbeció su corazón; y así estalló la ira contra él, y contra Judá y Jerusalem.
Empero humillóse Ezequías, con motivo de la soberbia de su corazón, él y los habitantes de Jerusalem; de modo que no acabó de estallar la ira de Jehová en los días de Ezequías.
¶Y tuvo Ezequías riquezas y honores en grande abundancia; y se hizo tesoros de plata, y de oro, y de piedras costosas, y acopio de especias y de escudos, y de toda suerte de alhajas preciosas.
Tenía también almacenes para el producto del trigo, y del vino, y del aceite; y pesebres para bestias de todas clases, y majadas para los rebaños.
Además, construyó para sí ciudades; y tenía posesiones de rebaños y de vacadas en abundancia: porque Dios le había dado muchísima hacienda.
Y este Ezequías cegó la salida superior de las aguas de Gihón, y las encaminó, por debajo de tierra, de la parte occidental del valle, a la ciudad de David: y Ezequías prosperó en todas sus empresas.
¶Sin embargo, en el asunto de los embajadores de los príncipes de Babilonia, que le fueron enviados para investigar la señal maravillosa que fue hecha en el país, Dios le dejó para probarle, para ver todo lo que había en su corazón.
¶Las demás cosas de Ezequías y su vida piadosa, he aquí que están escritas en la Visión de Isaías profeta, hijo de Amoz, y en el libro de los reyes de Judá y de Israel.
En fin, yació Ezequías con sus padres, y le sepultaron en lo más insigne de los sepulcros de los hijos de David; y todo Judá y los habitantes de Jerusalem le hicieron honra en su muerte: y reinó Manasés su hijo en su lugar.
DE edad de doce años era Manasés cuando entró a reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalem.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las naciones que había desposeído Jehová delante de los hijos de Israel.
Pues volvió a edificar los altos que había demolido Ezequías su padre, y levantó altares a los Baales, e hizo Asheras, y adoró a todo el ejército e los cielos, y dióles culto.
Edificó también altares en la Casa de Jehová, de la cual había dicho Jehová: En Jerusalem estará mi Nombre para siempre.
Asimismo edificó altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la Casa de Jehová.
Él también hizo pasar a sus hijos por el fuego en el Valle del Hijo de Hinom, y era observador de agüeros, y practicaba adivinación, y ejercitaba la hechicería, y tuvo trato con espíritu pitónico, y con los mágicos; e hizo mucha maldad a los ojos de Jehová, para provocarle a ira.
A más de esto, puso la escultura de la semejanza detestable que había hecho, en la Casa de Dios, de la cual había dicho Dios a David y a Salomón su hijo: En esta Casa y en Jerusalem que he escogido de entre todas las tribus de Israel, pondré mi Nombre para siempre.
Y no dejaré quitar más el pie de Israel de sobre el suelo que señalé a vuestros padres; con tal empero que guarden para cumplirlo todo lo que les he mandado, y toda la ley, y los estatutos, y los preceptos que les he dado por conducto de Moisés.
Y Manasés hizo extraviar a Judá y a los habitantes de Jerusalem, de tal modo que obraron más mal que las naciones que había destruído Jehová delante de los hijos de Israel.
¶Y habló Jehová a Manasés y a su pueblo; pero no hicieron caso.
Por lo cual trajo Jehová contra ellos los príncipes del ejército del rey de Asiria, los cuales tomaron cautivo a Manasés con argollas, y le ataron con grillos, y le hicieron ir a Babilonia.
Mas cuando se vió en angustia, suplicó el favor de Jehová su Dios, y humillóse mucho en presencia del Dios de sus padres,
y le oraba; el cual le fué propicio, y oyó su oración y le hizo volver a Jerusalem, a su reino. Entonces conoció Manasés que Jehová solo era Dios.
¶Y después de esto edificó un muro exterior a la ciudad de David, al occidente de Gihón, en el valle, hasta la entrada de la puerta del Pescado; y cercó la colina de Ofel, y elevó el muro a grande altura; y puso jefes del ejército en todas las plazas fuertes de Judá.
Quitó también de la Casa de Jehová los dioses extraños, y la semejanza detestable; y asimismo todos los altares que había edificado en el monte de la Casa de Jehová, y en Jerusalem; y los arrojó fuera de la ciudad.
Y reedificó el altar de Jehová, y ofreció sobre él sacrificios de ofrendas pacíficas, y de acciones de gracias; y mandó a Judá que rindiese culto a Jehová, el Dios de Israel.
Sin embargo el pueblo continuaba aún ofreciendo sacrificios en los altos, bien que sólo a Jehová su Dios.
Y las demás cosas de Manasés y su oración a Dios, y las palabras de los videntes que le hablaron en el nombre de Jehová, el Dios de Israel, he aquí que están escritas en las actas de los reyes de Israel.
Y su oración, y cómo fue oído, y todo su pecado, y su prevaricación, y los lugares donde edificó altos, y donde estableció Asheras y esculturas, antes que fuese humillado, he aquí que está escrito en la historia de los videntes.
Y yació Manasés con sus padres, y le sepultaron en su propia casa; y reinó Amón su hijo en su lugar.
¶De edad de veinte y dos años era Amón cuando entró a reinar, y dos años reinó en Jerusalem.
E hizo lo que era malo a los ojos de Jehová, conforme a lo que había hecho Manasés su padre: porque Amón ofreció sacrificio a todas las esculturas que había hecho Manasés su padre, y les rindió culto;
pero no se humilló delante de Jehová como Manasés su padre se había humillado; antes bien este Amón se hizo más y más culpable.
Y sus siervos conspiraron contra él, y le dieron muerte en su misma casa.
Pero el pueblo de la tierra mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón; y el pueblo de la tierra hizo rey a Josías su hijo en su lugar.
DE edad de ocho años era Josías cuando entró a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalem.
E hizo lo que era recto a los ojos de Jehová, andando en los caminos de David su padre, sin apartarse a diestra ni a siniestra.
Porque en el año octavo de su reinado, siendo todavía joven, comenzó a buscar al Dios de David su padre; y en el año doce comenzó a limpiar a Judá y a Jerusalem de los altos, y de las Asheras, y de las esculturas, y de las imágenes de fundición.
Pues derribaron en su presencia los altares de los Baales, y cortaron las imágenes del sol, puestas en alto encima de ellos: y quebró las Asheras, y las esculturas, y las imágenes de fundición, reduciéndolas a polvo, y esparciólo sobre las sepulturas de los que les habían ofrecido sacrificios.
Huesos también de los sacerdotes falsos quemó sobre sus mismos altares. Así limpió Josías a Judá y a Jerusalem.
E hizo otro tanto en las ciudades de Manasés, y de Efraim, y de Simeón, y hasta Neftalí; en medio de sus desolaciones en derredor:
pues derribó los altares, y rompió a martillazos las Asheras y las estatuas, hasta reducirlas a polvo, y cortó todas las imágenes del sol en toda la tierra de Israel; y volvióse a Jerusalem.
¶Entonces en el año diez y ocho de su reinado, después de purificar la tierra y la Casa de Jehová, Josías envió a Safán hijo de Azalías, y a Maasías comandante de la ciudad, y a Joah hijo de Joacaz, cronista, para que reparasen la Casa de Jehová su Dios;
los cuales fueron a Helcías, sumo sacerdote, y entregaron el dinero que se había traído a la Casa de Dios, el que los levitas porteros habían recogido de mano de los de Manasés y de Efraim y de todo el residuo de Israel, así como de todo Judá y Benjamín, y de los habitantes de Jerusalem.
Y los encargados de la Casa de Jehová lo dieron a los que hacían la obra; y los que hacían la obra en la Casa de Jehová lo emplearon en componer y en fortalecer la Casa;
pues lo dieron a los carpinteros y a los albañiles para comprar piedra de cantería, y maderos para las trabazones, y vigas para las casas que habían destruído los reyes de Judá.
Y los hombres procedían con fidelidad en la obra; y eran sobrestantes de ellos Jahat y Obadías, levitas de los hijos de Merari, y Zacarías y Mesullam, de los hijos de los Coatitas, para dirigir la obra, y otros de los Levitas; todos ellos hábiles en tañer instrumentos de música.
Estaban también sobre los peones de carga, y eran directores de todos los que hacían la obra, en cualquiera clase de oficio. De los levitas había también escribas y magistrados y porteros.
¶Y mientras sacaban el dinero que había ingresado en la Casa de Jehová, halló Helcías sacerdote el Libro de la Ley de Jehová, escrito por mano de Moisés.
Y respondiendo Helcías, dijo a Safán secretario: Acabo de hallar el Libro de la Ley en la Casa de Jehová. Y Helcías dió el libro a Safán.
Entonces Safán llevó el libro al rey; y también le trajo palabra, diciendo: Todo lo que les fué encomendado a tus siervos, ellos lo están haciendo.
Pues han vaciado el dinero que fué hallado en la Casa de Jehová, y lo han dado en mano de los encargados de la Casa, y de aquellos que hacen la obra.
Además, Safán secretario dió parte al rey, diciendo: Helcías el sacerdote me ha entregado un libro. Luego Safán leyó en él delante del rey.
Y aconteció que cuando el rey hubo oído las palabras de la ley, rasgó sus vestiduras.
Entonces el rey mandó a Helcías, y a Ahicam hijo de Safán, y a Abdón hijo de Mica, y a Safán secretario, y a Asaya, siervo del rey, diciendo:
¡Id, consultad a Jehová por mí, y por el resto de Israel y de Judá, respecto de las palabras del libro que has hallado! porque grande es la ardiente indignación de Jehová que se ha derramado contra nosotros; por cuanto nuestros padres no han guardado las palabras de Jehová, para hacer conforme a todo lo escrito en este libro.
Entonces fueron Helcías y los demás enviados del rey, a Hulda, profetisa, mujer de Sallum, hijo de Tocat, hijo de Hasra guardarropa, la cual habitaba en Jerusalem, en la ciudad segunda, y le hablaron en aquellos términos.
Y ella les respondió: Así dice Jehová, el Dios de Israel: Di al hombre que os ha enviado a mí:
Así dice Jehová: He aquí que voy a traer el mal sobre este lugar y sobre sus habitantes, es decir todas las maldiciones escritas en el libro que han leído delante del rey de Judá:
por cuanto me han dejado, y han quemado incienso a otros dioses, provocándome a ira con todas las obras de sus manos; por tanto se ha derramado mi ira sobre este lugar, la cual no se apagará.
Al rey de Judá, empero, que os ha enviado a consultar a Jehová, así le diréis: Así dice Jehová, el Dios de Israel, respecto de las palabras que has oído:
Por cuanto fué tierno tu corazón, y te humillaste delante de Dios, cuando oíste sus palabras dichas contra este lugar y contra sus habitantes; y te humillaste ante mí, y rasgaste tus vestidos, y lloraste delante de mí; por tanto yo también te he oído a ti, dice Jehová.
He aquí, te agregaré a tus padres, y serás recogido a tu sepulcro en paz, y no verán tus ojos todo el mal que voy a traer sobre este lugar y sobre sus moradores. Ellos pues volvieron a llevar esta respuesta al rey.
¶Entonces envió el rey, y reunió a todos los ancianos de Judá y de Jerusalem.
Y subió el rey a la Casa de Jehová, y con él todos los hombres de Judá y los moradores de Jerusalem, y los sacerdotes, y los levitas, y todo el pueblo desde el mayor hasta el menor; y él leyó a oídos de ellos todas las palabras del Libro del Pacto, que fué hallado en la Casa de Jehová.
Y puesto en pie en su lugar, el rey hizo pacto delante de Jehová, de que andarían en pos de Jehová, y que guardarían sus mandamientos y sus testimonios y sus estatutos con todo su corazón y con toda su alma. cumpliendo las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro.
E hizo el rey que todos los que se hallaban en Jerusalem y en Benjamín confirmasen el pacto. Y los habitantes de Jerusalem hicieron conforme al pacto de Dios, el Dios de sus padres.
Luego quitó Josías todas las abominaciones de todas las tierras que pertenecían a los hijos de Israel; e hizo que todos los que se hallaban en Jerusalem sirviesen, sí, que sirviesen a Jehová su Dios. Y en todos los días de él no se apartaron de en pos de Jehová, el Dios de sus padres.
ENTONCES celebró Josías la Pascua a Jehová en Jerusalem: y sacrificaron la pascua el día catorce del mes primero.
Y el rey estableció los sacerdotes en sus empleos, y los animó en el servicio de la Casa de Jehová.
Dijo también a los levitas, institutores de todo Israel, los que habían sido devotos a Jehová: Volved a poner el Arca santa en la Casa que edificó Salomón hijo de David, rey de Israel; no habéis de llevarla más al hombro; servid ahora a Jehová vuestro Dios y a su pueblo Israel.
Apercibíos conforme a vuestras casas paternas, en vuestras clases, según lo escrito por David rey de Israel, y lo escrito por Salomón su hijo.
Y colocaos en el Santuario según las divisiones de las casas paternas de vuestros hermanos, los hijos del pueblo, y conforme a la repartición de las casas paternas de los levitas.
Y sacrificad la pascua, y santificaos, y preparadla para vuestros hermanos; a fin de hacer conforme a la palabra de Jehová, dada por conducto de Moisés.
¶Y ofrendó Josías para los hijos del pueblo, de ganado menor, así corderos como cabritos, todos ellos por víctimas pascuales para todos los que se hallaban presentes, hasta en número de treinta mil; y de ganado mayor, tres mil; éstos eran de la hacienda particular del rey.
Sus príncipes también ofrendaron víctimas, como ofrendas voluntarias, así para el pueblo como para los sacerdotes y para los levitas. Asimismo Helcias y Zacarías y Jehiel, príncipes de la Casa de Dios, dieron a los sacerdotes para víctimas pascuales, dos mil y seiscientos corderos; y de ganado mayor, dieron trescientos.
Conanías también con Semaya y Natanael, hermanos suyos, y Hasabías, y Jeiel, y Jozabad, príncipes de los levitas, ofrendaron para los levitas, para víctimas pascuales, cinco mil corderos; y de ganado mayor, ofrendaron quinientos.
¶De esta suerte fué preparado el servicio; y los sacerdotes estaban en sus puestos, y los levitas en sus clases respectivas, conforme al mandato del rey.
Luego degollaron los levitas los corderos pascuales; y los sacerdotes rocuaron la sangre que recibieron de ellos, en tanto que los demás levitas desollaban.
Y apartaron el holocausto para poder dar los corderos pascuales a los hijos del pueblo, conforme a las divisiones de las casas paternas; y a fin de presentarlos a Jehová, conforme a lo escrito en el Libro de Moisés. Y lo mismo hicieron con el ganado mayor.
Y asaron la pascua al fuego conforme al reglamento; mas las cosas santas las cocieron en ollas, y en calderos, y en cazuelas; y las repartieron en el acto entre todos los hijos del pueblo.
Y después aparejaron para sí y para los sacerdotes; porque los sacerdotes, los hijos de Aarón, estaban ocupados en ofrecer el holocausto y los sebos, hasta la noche; por lo cual los levitas prepararon la comida para sí y para los sacerdotes, los hijos de Aarón.
Asimismo los cantores, los hijos de Asaf, estaban en su puesto, conforme al mandamiento de David, y de Asaf, y de Hemán, y de Jedutún, vidente del rey: también los porteros estaban de guardia de puerta en puerta: no tenían por qué retirarse de su servicio, porque sus hermanos los levitas preparaban para ellos.
¶De esta manera se hicieron todos los preparativos para el culto de Jehová en aquel día, así para celebrar la Pascua como para ofrecer los holocaustos sobre el altar de Jehová, conforme al mandato del rey Josías.
Y los hijos de Israel también, cuantos se hallaban allí, celebraron la Pascua en ese tiempo y la fiesta de los Ázimos por siete días.
Y nunca fué celebrada una Pascua como ésta en Israel desde los días de Samuel el profeta; ni ningún rey de Israel jamás celebró Pascua como la que celebró Josías, con los sacerdotes y los levitas, y todo Judá, con los que se hallaban presentes de Israel, y los habitantes de Jerusalem.
En el año diez y ocho del reinado de Josías fué celebrada esta Pascua.
¶Después de todo esto, cuando Josías había ya restaurado la Casa de Jehová, Necao rey de Egipto subió para pelear contra Carquemís, junto a Eufrates; y salió Josías a su encuentro.
Pero Necao le envió mensajeros diciendo: ¿Qué tengo yo que ver contigo, rey de Judá? No vengo contra ti el día de hoy, sino contra la casa con quien tengo guerra; y Dios me ha mandado que me apresure. Déjate de luchar con Dios, el cual es conmigo: no sea que te destruya.
Pero Josías no quiso apartar su rostro de él, sino antes se disfrazó para darle batalla, no escuchando las razones de Necao, que eran de boca de Dios; y trabó batalla en el Valle de Meguido.
Y los flecheros asaetearon al rey Josías, de manera que dijo el rey a sus siervos: ¡Sacadme de aquí, porque estoy gravemente herido!
Sus siervos pues le sacaron de su carro de guerra, y le hicieron montar en otro carro segundo que tenía, y le llevaron a Jerusalem. Así murió Josías, y fué sepultado en los sepulcros de sus padres. Y todo Judá y Jerusalem hicieron el duelo por Josías.
Jeremías también lamentó la muerte de Josías: y todos los cantores y las cantoras en sus lamentaciones hablan de Josías hasta el día de hoy; y estableciéronlo como costumbre en Israel: y he aquí que están escritas en las Lamentaciones.
Y las demás cosas de Josías, y su vida piadosa, conforme a lo escrito en la ley de Jehová,
y sus acciones así primeras como postreras, he aquí que están escritas en el libro de los reyes de Israel y de Judá.,
ENTONCES el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y le hicieron rey en lugar de su padre, en Jerusalem.
De edad de veinte y tres años era Joacaz cuando entró a reinar, y tres meses reinó en Jerusalem.
Y el rey de Egipto le depuso en Jerusalem, y multó el país en cien talentos de plata y un talento de oro.
Y a su hermano Eliaquim el rey de Egipto le hizo rey sobre Judá y Jerusalem; y mudó su nombre en Joaquim; y a Joacaz su hermano le tomó Necao y le llevó a Egipto.
¶De edad de veinte y cinco años era Joaquim cuando entró a reinar, y once años reinó en Jerusalem; e hizo lo que era malo a los ojos de Jehová su Dios.
Contra éste subió Nabucodonosor rey de Babilonia, y le puso en grillos para hacerle ir a Babilonia.
Y Nabucodonosor llevó a Babilonia parte de los vasos de la Casa de Jehová, y los depositó en su templo en Babilonia.
Y las demás cosas de Joaquim, y las abominaciones que hizo, y la rebelión que fué hallada en él, he aquí que están escritas en el libro de los reyes de Israel y de Judá; y reinó Joaquín su hijo en su lugar.
¶De edad de ocho años era Joaquín cuando entró a reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalem; e hizo lo que era malo a los ojos de Jehová.
Y a la primavera del año envió el rey Nabucodonosor, y le llevó a Babilonia, con los vasos más preciosos de la Casa de Jehová; y a Sedequías su hermano le hizo rey en su lugar sobre Judá y Jerusalem.
¶De edad de veinte y un años era Sedequías cuando entró a reinar, y once años reinó en Jerusalem;
e hizo lo que era malo a los ojos de Jehová su Dios; y no se humilló ante Jeremías el profeta que le hablaba por orden de Jehová.
Y también contra el rey Nabucodonosor se rebeló, el cual le había hecho jurar por Dios; pero él endureció su cerviz, y obstinó su corazón para no volverse a Jehová, el Dios de Israel.
Asimismo todos los príncipes de los sacerdotes y el pueblo se portaron muy deslealmente contra Dios, obrando según las abominaciones de los paganos; y contaminaron la Casa de Jehová, la cual él había santificado para sí en Jerusalem.
Por lo cual Jehová, el Dios de sus padres, envióles amonestaciones por mano de sus mensajeros, madrugando para enviárselas; porque tuvo compasión de su pueblo y de su morada.
Mas ellos se mofaban de los mensajeros de Dios, y despreciaban las palabras de él, y hacían escarnio de sus profetas, en grado que subió de punto la ardiente indignación de Jehová contra su pueblo, hasta no haber remedio.
Por lo cual él trajo contra ellos al rey de los Caldeos, que mató a espada sus guerreros escogidos en la Casa de su Santuario; y no tuvo compasión del mancebo ni de la virgen, del anciano ni de la cabeza cana; a todos los entregó Dios en su mano.
¶Y todos los vasos de la Casa de Dios, así grandes como pequeños, con los tesoros de la Casa de Jehová, y los tesoros del rey y de sus príncipes, lo hizo llevar todo a Babilonia.
Incendiaron también la Casa de Dios, y derribaron el muro de Jerusalem; y quemaron a fuego todos sus palacios, y destruyeron todos sus muebles más preciosos.
Y a los que escaparon de la espada, los llevó a Babilonia, en donde fueron siervos de él y de sus hijos hasta que tuvo el dominio el reino de los Persas:
para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías; hasta que la tierra hubo gozado de sus sábados; pues todos los días de su desolación descansó, hasta cumplirse setenta años.
¶Pero en el año primero de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová, que había hablado por boca de Jeremías, Jehová movió el espíritu de Ciro rey de Persia; y éste hizo pasar pregón por todo su reino, y también lo puso por escrito, diciendo:
Así dice Ciro rey de Persia: Todos los reinos de la tierra me los ha dado Jehová, el Dios del cielo; y me ha encargado que le edifique Casa en Jerusalem, que está en Judá. Quienquiera pues que haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, para que suba allá.
EN el año primero de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová, que había hablado por boca de Jeremías, Jehová movió el espíritu de Ciro rey de Persia; y éste hizo pasar pregón por todo su reino, y lo puso también por escrito, diciendo:
Así dice Ciro rey de Persia: Todos los reinos de la tierra me los ha dado Jehová, el Dios del cielo; y él me ha encargado que le edifique Casa en Jerusalem, que está en Judá.
Quienquiera que haya entre vosotros de todo su pueblo, sea su Dios con él, para que suba a Jerusalem, que está en Judá, y edifique la Casa de Jehová, el Dios de Israel; el cual es el Dios que está en Jerusalem.
Y a todo aquel que hubiere quedado de esta raza en todos los lugares donde haya habitado, que le ayuden los vecinos de su lugar con plata, y con oro, y con bienes, y con bestias, además de ofrendas voluntarias para la Casa de Dios que está en Jerusalem.
¶Entonces se levantaron las cabezas de las casas paternas de Judá y Benjamín, con los sacerdotes y los levitas, con todos aquellos cuyo espíritu había movido Dios a subir y edificar la Casa de Jehová que está en Jerusalem.
Y todos los que estaban en sus alrededores les ayudaron con vasos de plata, con oro, con bienes, y con bestias, y con otras cosas preciosas; a más de todo lo que se dió como ofrendas voluntarias a Dios.
¶También el rey Ciro hizo sacar los vasos de la Casa de Jehová que Nabucodonosor había sacado de Jerusalem, y las había depositado en la casa de sus dioses:
los hizo sacar pues Ciro rey de Persia, por mano de Mitrídates tesorero, y los dió por cuenta a Sesbasar, príncipe de Judá.
Y esta es la cuenta de ellos: Treinta tazones de degüello, de oro; mil tazones de degüello, de plata; veinte y nueve cuchillos de degüello;
treinta tazas de oro; tazas de plata de segundo orden, cuatrocientas y diez; y otros vasos, mil.
Todos los vasos de oro y de plata fueron cinco mil cuatrocientos. Todos éstos hizo llevar Sesbasar con los del cautiverio, que fueron llevados de Babilonia a Jerusalem.
ESTOS pues son los hijos de la provincia que subieron, de los cautivos de la deportación, a quienes Nabucodonosor rey de Babilonia había deportado a Babilonia, y que se volvieron a Jerusalem y a Judá, cada uno a su ciudad;
los cuales vinieron con Zorobabel: Jesúa, Nehemías, Seraya, Reelaya, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvai, Rehum, Baana. El número de los hombres del pueblo de Israel fué este:
Los hijos de Parós, dos mil ciento setenta y dos.
Los hijos de Sefatías, trescientos setenta y dos.
Los hijos de Arah, setecientos setenta y cinco.
Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesúa y de Joab, dos mil ochocientos doce.
Los hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.
Los hijos de Zatu, novecientos cuarenta y cinco.
Los hijos de Zacai, setecientos sesenta.
Los hijos de Bani, seiscientos cuarenta y dos.
Los hijos de Bebai, seiscientos veinte y tres.
Los hijos de Azgad, mil doscientos veinte y dos.
Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis.
Los hijos de Bigvai, dos mil cincuenta y seis.
Los hijos de Adín, cuatrocientos cincuenta y cuatro.
Los hijos de Ater de Ezequías, noventa y ocho.
Los hijos de Bezai, trescientos veinte y tres.
Los hijos de Jora, ciento doce.
Los hijos de Hasum, doscientos veinte y tres.
Los hijos de Gibar, noventa y cinco.
Los hijos de Bet-lehem, ciento veinte y tres.
Los hombres de Netofa, cincuenta y seis.
Los hombres de Anatot, ciento veinte y ocho.
Los hijos de Azmávet, cuarenta y dos.
Los hijos de Kiryat-jearim, Cafira y Beerot, setecientos cuarenta y tres.
Los hijos de Ramá y de Geba, seiscientos veinte y uno.
Los hombres de Micmás, ciento veinte y dos.
Los hombres de Bet-el y Hai, doscientos veinte y tres.
Los hijos de Nebo, cincuenta y dos.
Los hijos de Magbís, ciento cincuenta y seis.
Los hijos del otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.
Los hijos de Harim, trescientos veinte.
Los hijos de Lod, de Hadid y de Ono, setecientos veinte y cinco.
Los hijos de Jericó, trescientos cuarenta y cinco.
Los hijos de Senaa, tres mil seiscientos treinta.
¶Sacerdotes: Los hijos de Jedaya, de la casa de Jesúa, novecientos setenta y tres.
Los hijos de Imer, mil cincuenta y dos.
Los hijos de Pasur, mil doscientos cuarenta y siete.
Los hijos de Harim, mil diez y siete.
¶Levitas: Los hijos de Jesúa y de Cadmiel, de los hijos de Hodavías, setenta y cuatro.
¶Cantores: Los hijos de Asaf, ciento veinte y ocho.
¶Los hijos de los porteros: Los hijos de Sallum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai; entre todos ciento treinta y nueve.
¶Los netineos: Los hijos de Ziha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot;
los hijos de Kerós, los hijos de Siaha, los hijos de Padón;
los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Acub;
los hijos de Hagab, los hijos de Salmai, los hijos de Hanán;
los hijos de Gidel, los hijos de Gahar, los hijos de Reaya;
los hijos de Rezín, los hijos de Necoda, los hijos de Gazam;
los hijos de Uza, los hijos de Pasea, los hijos de Besai;
los hijos de Asena, los hijos de Meunim, los hijos de Nefusim;
los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harhur;
los hijos de Bazlut, los hijos de Mehida, los hijos de Harsa;
los hijos de Barcos, los hijos de Sísara, los hijos de Tema;
los hijos de Neziá, los hijos de Hatifa.
Los hijos de los siervos de Salomón, fueron: Los hijos de Sotai, los hijos de Soferet, los hijos de Peruda;
los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Gidel;
los hijos de Sefatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poquéret-hazebaim, los hijos de Ami.
Todos los netineos y los hijos de los siervos de Salomón fueron trescientos noventa y dos.
¶Y estos son los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Adan, e Imer, mas no podían poner en manifiesto sus casas paternas, ni su estirpe, si eran de Israel o no:
Los hijos de Delaya, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos cincuenta y dos.
¶Asimismo de los hijos de los sacerdotes: Los hijos de Hobai, los hijos de Haccoz, los hijos de Barzillai; hombre que se había tomado mujer entre las hijas de Barzillai galaadita, y se llamó del nombre de ellas.
Éstos buscaron sus escrituras de genealogía, mas no pudieron ser halladas; por tanto, cual inmundos, fueron excluídos del sacerdocio.
Y les dijo el gobernador, que no comiesen de las cosas santísimas hasta que se levantase sacerdote de los de Urim y Tumim.
Toda la Congregación junta fué cuarenta y dos mil trescientos sesenta;
sin contar los siervos de ellos y sus siervas; los cuales alcanzaban a siete mil trescientos treinta y siete. Tenían también doscientos cantores y cantoras.
Sus caballos eran setecientos treinta y seis; sus mulos, doscientos cuarenta y cinco;
sus camellos, cuatrocientos treinta y cinco; y los asnos, seis mil setecientos y veinte.
¶Y de las cabezas de las casas paternas hubo algunos que cuando vinieron a la Casa de Jehová, que estaba en Jerusalem, ofrendaron espontáneamente para la Casa de Dios, para volver a ponerla en pie sobre su antiguo asiento:
conforme a sus facultades contribuyeron a la tesorería de la obra sesenta y un mil dáricos de oro, y cinco mil minas de plata, y cien vestidos sacerdotales.
¶Y los sacerdotes, y los levitas, y algunos del pueblo, y los cantores y los porteros y los netineos habitaron en las ciudades de ellos; y todo Israel en sus ciudades.
Y LLEGADO que hubo el mes séptimo, establecidos ya los hijos de Israel en sus ciudades, congregóse el pueblo como un solo hombre en Jerusalem.
Entonces se levantó Jesúa hijo de Josadac, con sus hermanos, los sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Sealtiel, y sus hermanos, y reedificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, conforme a lo escrito en la ley de Moisés, varón de Dios.
Y colocaron el altar del holocausto sobre su antigua base; porque estaban con temor a causa de las gentes de los países vecinos; y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, holocaustos por la mañana y por la tarde.
Celebraron también la fiesta de las Enramadas, conforme a lo escrito; y ofrecieron los holocaustos de día en día, en debido número, conforme al reglamento; la ofrenda de cada día en su día.
Y después de esto, seguían ofreciendo el holocausto continuo, y el de los novilunios, y de todas las fiestas solemnes de Jehová que habían sido santificadas; y también de todo aquel que ofreció espontáneamente ofrenda voluntaria a Jehová.
Desde el día primero del mes séptimo comenzaron a ofrecer holocausto a Jehová; aunque el Templo de Jehová no estaba fundado todavía.
Y dieron dinero a los canteros y los artífices; y también comida y bebida y aceite a los de Sidón y de Tiro, para que trajesen maderas de cedro desde el Líbano por mar a Joppe, conforme al permiso que tenían de Ciro rey de Persia.
¶Entonces en el año segundo de haber ellos venido a la Casa de Jehová en Jerusalem, en el mes segundo, comenzaron a edificar Zorobabel hijo de Sealtiel y Jesúa hijo de Josadac y el resto de sus hermanos, los sacerdotes y los levitas, y todos los que habían vuelto del cautiverio a Jerusalem; y constituyeron a los levitas, de veinte años arriba, para que dirigiesen la obra de la Casa de Jehová.
Por lo cual se levantaron Jesúa con sus hijos y sus hermanos, y Cadmiel con sus hijos, de los hijos de Judá, como un solo hombre, para dirigir a los que hacían la obra de la Casa de Dios; y los hijos de Henadad, con los hijos de ellos y sus hermanos, levitas:
y cuando los edificadores echaron los cimientos del Templo de Jehová, pusieron a los sacerdotes, revestidos de sus vestimentas, con trompetas, y a los levitas, hijos de Asaf, con címbalos, para alabar a Jehová, según los repartimientos del canto, hechos por David rey de Israel.
Y cantaron a coros, alabando y tributando acciones de gracias a Jehová, diciendo: Porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia hacia Israel. Entonces todo el pueblo gritó con grande algazara, alabando a Jehová con motivo de haberse echado los cimientos de la Casa de Jehová.
Pero muchos de los sacerdotes y de los levitas, y de las cabezas de las casas paternas, hombres ancianos que habían visto la Casa primera, al echarse los cimientos de esta Casa ante sus ojos, lloraban en alta voz; y otros muchos alzaban la voz con gritos de alegría.
De manera que no podía el pueblo distinguir entre la voz de los gritos de alegría y la voz del lloro del pueblo; porque el pueblo gritaba a voz en cuello; y el estruendo fué oído de lejos.
OYERON entonces los adversarios de Judá y Benjamín que los hijos de la cautividad estaban reedificando el Templo para Jehová, el Dios de Israel.
Y se llegaron a Zorobabel y a las cabezas de las casas paternas, y les decían: Dejad que nosotros edifiquemos con vosotros; pues lo mismo que vosotros, nosotros buscamos a vuestro Dios; y a él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-hadón rey de Asiria, que nos trajo acá.
Pero Zorobabel y Jesúa y las demás cabezas de las casas paternas de Israel les respondieron: Nada tenéis vosotros que ver con nosotros en el asunto de edificar Casa para el Dios nuestro; sino que nosotros solos la edificaremos para Jehová, el Dios de Israel; como nos lo tiene mandado el rey Ciro rey de Persia.
Por lo cual el pueblo de la tierra debilitaba las manos del pueblo de Judá y los aterraba, para que dejasen de edificar:
tomaron también a sueldo contra ellos consejeros del rey, para frustrar su designio, todos los días de Ciro rey de Persia, y hasta el reinado de Darío rey de Persia.
Y en el reinado de Asuero, al principio de su reinado, escribieron carta de acusación contra los habitantes de Judá y Jerusalem.
¶Asimismo en días de Artajerjes escribieron Bislam, Mitrídates, Tabeel y los demás de sus compañeros, a Artajerjes rey de Persia, y la escritura de la carta fué escrita en letra siriaca, y su contenido en lengua siriaca.
Rehum canciller y Simsai secretario escribieron carta contra Jerusalem al rey Artajerjes, que decía así:
En tal fecha, Rehum canciller, y Simsai secretario, y los demás de sus compañeros, los Dineos, y los Afarsaquitas, los Tarpelitas, los Persas, los Arquevitas, los Babilonios, los Susanquitas, los Dehaítas, los Elamitas,
y los demás pueblos que el grande y noble Asnapar transportó y colocó en las ciudades de Samaria, y los otros que están más acá del río Eufrates, etc.
Esta es copia de la carta que le enviaron: Al rey Artajerjes: Tus siervos de más acá del río, etc.
Sea notorio al rey que los Judíos que han subido de ti a nosotros, han entrado en Jerusalem, y están edificando aquella ciudad rebelde y mala, y van ya acabando los muros y juntando los cimientos.
Ahora pues, sea notorio al rey, que si fuere reedificada esta ciudad, y sus muros acabados, ellos no pagarán más tributo, ni alcabala, ni peaje; y al fin esto redundará en perjuicio de los reyes.
Ahora por cuanto nosotros comemos la sal del palacio, y no conviene que miremos callados la deshonra del rey, por tanto hemos enviado para certificar esto al rey,
a fin de que se haga pesquisa en el libro de los anales de tus padres: y hallarás en el libro de los anales de tus padres, y así conocerás que ésta es una ciudad rebelde, y perjudicial a los reyes y a las provincias; y que han fraguado rebeliones en medio de ella de tiempos muy antiguos; por cuyo motivo fué destruída esta ciudad.
Certificamos pues al rey que si esta ciudad fuere reedificada y sus muros acabados, resultará que no quedará para ti porción alguna más acá del río.
¶Entonces el rey envió esta respuesta: A Rehum canciller, y a Simsai secretario, y a los demás de sus compañeros que habitan en Samaria, y en los otros lugares más allá del río: Paz, etc.
La carta que nos enviasteis ha sido claramente leída delante de mí;
Y por mí fué dada orden, y buscaron, y han hallado que esa ciudad de tiempos antiguos levantaba insurrección contra los reyes; y que se tramaba rebelión y sedición en ella.
También que ha habido reyes poderosos en Jerusalem, que han tenido señorío sobre todo lo que hay más allá del río; y que tributo, alcabala y peaje se les daba a ellos.
Ahora pues dad orden que desistan aquellos hombres, y que esta ciudad no se edifique hasta que por mí sea dada orden a tal efecto.
Y tened cuidado que no seáis negligentes en esto; ¿pues por qué ha de crecer el daño en perjuicio de los reyes?
¶Entonces luego que la copia de la carta del rey Artajerjes fué leída delante de Rehum, y de Simsai secretario y sus compañeros, fueron aprisa a Jerusalem, contra los Judíos, y los hicieron desistir a fuerza y poder.
Con lo cual cesó la obra de la Casa de Dios, que está en Jerusalem; y quedó suspendida hasta el año segundo del reinado de Darío rey de Persia.
ENTONCES profetizaron Aggeo profeta y Zacarías hijo de Iddo (ambos a dos profetas), a los Judíos que había en Judá y Jerusalem, en el nombre del Dios de Israel.
Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Sealtiel y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a edificar la Casa de Dios, que está en Jerusalem; y con ellos estaban los profetas de Dios que les ayudaban.
En aquel mismo tiempo vino a ellos Tatnai, gobernador de la parte acá del río, y Setar-boznai y sus compañeros, y les dijeron así: ¿Quién os ha dado orden para edificar esta Casa, y para acabar de hacer este muro?
Entonces les respondimos del mismo modo. ¿Cuáles, volvieron ellos a preguntar, son los nombres de los hombres que hacen esta obra?
Pero el ojo de su Dios estaba fijo sobre los ancianos de los Judíos; de manera que no les hicieron desistir hasta tanto que la causa viniese ante Darío, y se diese entonces contestación por carta sobre esto.
¶Copia de la carta que Tatnai gobernador de más acá del río, y Setar-boznai y sus compañeros, los Afarsaquitas que están más acá del río, enviaron al rey Darío:
le enviaron carta pues, y fué escrito así en ella: ¡Al rey Darío, toda suerte de prosperidad!
Sea notorio al rey que fuimos a la provincia de Judá, a la Casa del gran Dios; la cual se está edificando con piedras pesadas, y se van poniendo las vigas en las paredes; y esta obra se hace con diligencia, y va prosperando en las manos de ellos.
Entonces preguntamos a aquellos ancianos, diciéndoles así: ¿Quién os ha dado orden para edificar esta Casa, y para acabar de hacer este muro?
Les demandamos también los nombres de ellos, para hacértelos saber, escribiéndote los nombres de las personas que los dirigen.
Y de esta manera nos volvieron a dar respuesta, diciendo: Nosotros somos los siervos del Dios del cielo y de la tierra; y reedificamos la Casa que fué edificada estos muchos años antes de ahora, la cual un gran rey de Israel edificó y acabó.
Sin embargo, por cuanto nuestros padres provocaron a ira al Dios del cielo, él los entregó en manos de Nabucodonosor caldeo, rey de Babilonia, el cual destruyó esta Casa, y deportó al pueblo a Babilonia.
No obstante, en el año primero de Ciro rey de Babilonia, el rey Ciro dió orden para reedificar esta Casa de Dios.
También los vasos de oro y de plata de la Casa de Dios que Nabucodonosor sacó del Templo que había en Jerusalem, y los hizo llevar al templo suyo que estaba en Babilonia, los hizo sacar el rey Ciro del templo que está en Babilonia, y fueron entregados a uno llamado Sesbasar, a quien él había puesto por gobernador,
diciéndole: Toma estos vasos, véte, llévalos al Templo que está en Jerusalem; y sea reedificada la Casa de Dios en su lugar.
Entonces vino este mismo Sesbasar, y echó los cimientos de la Casa de Dios que está en Jerusalem; y desde entonces hasta ahora se está edificando, y aún no está acabada.
Ahora pues, si parece bien al rey, hágase pesquisa en la casa de los tesoros del rey, que está allá en Babilonia, si es cierto que por el rey Ciro fué dada orden para edificar esta Casa de Dios en Jerusalem; y remítanos el rey su voluntad acerca de esto.
ENTONCES el rey Darío dió orden que se hiciese pesquisa en la casa de los archivos, donde se guardaban los tesoros, allá en Babilonia;
y fué hallado en Ahmeta, en el palacio que está en la provincia de Media, un rollo; y así estaba escrito en él: Memoria:
En el año primero del rey Ciro, el rey Ciro dió orden: Tocante a la Casa de Dios en Jerusalem, edifíquese la Casa, lugar para ofrecer sacrificios; y sus cimientos sean bien echados; su altura de sesenta codos, y su anchura de sesenta codos;
con tres órdenes de piedras pesadas, y un orden de vigas; y los gastos sean pagados de la casa del rey.
Y además, los vasos de la Casa de Dios, de oro y de plata, que Nabucodonosor sacó del Templo que había en Jerusalem, y los llevó a Babilonia, sean devueltos, y sean llevados otra vez al Templo que está en Jerusalem, cada uno a su lugar, y sean colocados en la Casa de Dios.
¶Ahora bien, Tatnai, gobernador de más allá del río, Setar-boznai y vuestros compañeros, los Afarsaquitas que estáis más allá del río, alejaos de allí,
y dejad la obra de esta Casa de Dios; para que el gobernador de los Judíos y los ancianos de los Judíos edifiquen esta Casa de Dios en su lugar.
Y de mi parte se ha dado orden respecto de lo que habéis de hacer por estos ancianos de los Judíos, para que se edifique esta Casa de Dios; a saber, que del erario del rey, es decir, de los tributos de más allá del río, con toda diligencia sean suministrados a aquellos hombres los gastos, para que no sean retardados.
Y lo que hayan menester, así de novillos jóvenes y de carneros y de corderos, para holocaustos al Dios del cielo, y también de trigo, sal, vino y aceite, conforme a la palabra de los sacerdotes que están en Jerusalem, déseles día por día sin falta;
para que continúen presentando sacrificios de olores gratos al Dios del cielo, y orando por la vida del rey y de sus hijos.
También de mi parte se ha dado orden, que si cualquier hombre mudare este mandato, se saque una viga de su misma casa, y siendo ésta enhestada, sea él colgado en ella; y conviértase su casa en muladar por esto.
¡Y el Dios que ha hecho habitar su Nombre allí, derribe todo rey y pueblo que extendiere su mano para mudar este decreto, para destruir esta Casa de Dios que está en Jerusalem! Yo Darío hago el decreto: con diligencia sea hecho.
¶Entonces Tatnai gobernador de más allá del río, Setar-boznai y sus compañeros, hicieron con diligencia de conformidad con lo que el rey Darío había enviado a decir.
Y los ancianos de los Judíos siguieron edificando y prosperando, en virtud de la profecía de Aggeo profeta, y de Zacarías hijo de Iddo. Edificaron pues y acabaron la obra, por orden del Dios de Israel, y por orden de Ciro, y de Darío, y de Artajerjes, reyes de Persia.
Y la Casa fué acabada el día tercero del mes Adar, que fué en el año sexto del reinado del rey Darío.
Y los hijos de Israel, los sacerdotes y los levitas y el resto de los hijos del cautiverio, celebraron la dedicación de esta Casa de Dios con gozo.
Y presentaron para la dedicación de esta Casa de Dios cien novillos, doscientos carneros, y cuatrocientos corderos, y doce machos cabríos para ofrenda por el pecado a favor de todo Israel, conforme al número de las tribus de Israel.
Y colocaron a los sacerdotes en sus divisiones, y a los levitas en sus clases, sobre el culto de Dios, que se celebra en Jerusalem, conforme a lo escrito en el Libro de Moisés.
¶Y los hijos del cautiverio celebraron la Pascua el día catorce del mes primero.
Porque se habían purificado los sacerdotes y los levitas; todos ellos estaban purificados como un solo hombre; y sacrificaron la pascua para todos los hijos del cautiverio, y para sus hermanos los sacerdotes, y para sí.
Así comieron de ella los hijos de Israel, los que habían vuelto del cautiverio, con todos los que se habían separado de las inmundicias de los paganos de la tierra, para unirse con ellos en buscar a Jehová, el Dios de Israel.
Y celebraron la fiesta de los Ázimos por siete días con regocijos; porque Jehová los había alegrado, y había vuelto hacia ellos el corazón del rey de Asiria, para robustecer sus manos en la obra de la Casa de Dios, el Dios de Israel.
DESPUÉS de estas cosas, en el reinado de Artajerjes rey de Persia, Esdras hijo de Seraya, hijo de Azarías, hijo de Helcías,
hijo de Sallum, hijo de Sadoc, hijo de Ahitob,
hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Merayot,
hijo de Zeraya, hijo de Uzi, hijo de Buki,
hijo de Abisué, hijo de Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, el primer sacerdote:
este Esdras subió de Babilonia a Jerusalem; y era hábil escriba de la ley de Moisés, que había dado Jehová, el Dios de Israel; y el rey le había concedido, según era buena la mano de Jehová sobre él, todo cuanto pidió.
Y con él subieron a Jerusalem algunos de los hijos de Israel, y de los sacerdotes y de los levitas, y de los cantores, y de los porteros, y de los netineos, en el año séptimo del rey Artajerjes.
Y llegó a Jerusalem en el mes quinto, que era del año séptimo del rey.
Porque el primer día del mes primero dió principio a la subida de Babilonia, y en el primero del mes quinto llegó a Jerusalem, según era buena la mano de Dios sobre él.
Porque Esdras había fijado su corazón para buscar la ley de Jehová, así para cumplirla como para enseñar en Israel los estatutos y las leyes.
¶Este es el traslado de la carta que dió el rey Artajerjes a Esdras el sacerdote escriba, escriba de las palabras de los mandamientos de Jehová, y de sus estatutos para Israel:
Artajerjes, rey de reyes, a Esdras sacerdote, escriba de la ley del Dios del cielo, el perfecto, etc.
De mi parte se da orden que todos los del pueblo de Israel, en mi reino, con sus sacerdotes y levitas, que de su espontánea voluntad quisieren ir a Jerusalem, vayan contigo:
por cuanto de parte del rey y de sus siete consejeros tú eres enviado para hacer investigaciones acerca de Judá y Jerusalem, en lo relativo a la ley de Dios que está en tu mano;
y para llevar la plata y el oro que el rey y sus consejeros han dado voluntariamente al Dios de Israel, cuya habitación está en Jerusalem;
y toda la plata y el oro que obtuvieres en toda la provincia de Babilonia, con las ofrendas voluntarias del pueblo, y de los sacerdotes, ofrendas voluntarias para la Casa de su Dios que está en Jerusalem.
Por tanto comprarás solícitamente con este dinero novillos, carneros y corderos, con sus ofrendas vegetales y sus libaciones, para presentarlos sobre el altar de la Casa de vuestro Dios que está en Jerusalem.
Y lo que a ti y a tus hermanos pareciere bueno hacer de la plata y del oro que sobrare, hacedlo así, conforme a la voluntad de vuestro Dios.
Y los vasos que te han sido entregados para el servicio de la Casa de Dios, los entregarás en la presencia del Dios de Jerusalem.
Y lo demás que hubieres menester para la Casa de tu Dios, que tuvieres ocasión de dar, daráslo de la casa de los tesoros del rey.
Por lo cual, de mi parte, es decir, por mí, el rey Artajerjes, es dada orden a todos los tesoreros que están más allá del río, que todo lo que os pidiere Esdras sacerdote, escriba de la ley del Dios del cielo, con diligencia le sea concedido,
hasta cien talentos de plata, y hasta cien coros de trigo, y hasta cien batos de vino, y hasta cien batos de aceite, y de sal sin tasa.
Todo lo que es mandado por el Dios del cielo, sea puntualmente hecho para la Casa del Dios del cielo; pues ¿por qué ha de estallar la ira de Dios contra el reino del rey y de sus hijos?
También os hacemos saber que a ninguno de los sacerdotes, o levitas, o cantores, o porteros, o netineos, o sirvientes de esta Casa de Dios, será lícito imponerles tributo, alcabala, ni peaje.
Y tú, Esdras, conforme a la sabiduría de tu Dios que tienes, nombra magistrados y jueces que juzguen a todo el pueblo que está más allá del río, es decir, a todos los que conocen las leyes de tu Dios; y enseñad al que no las conoce.
Y todo aquel que no quisiere cumplir la ley de tu Dios, y la ley del rey, con diligencia hágase ejemplar justicia en él, ora sea de muerte, o de destierro, o de confiscación de bienes, o de prisión.
¶¡Bendito sea Jehová, el Dios de nuestros padres, que ha puesto tal pensamiento en el corazón del rey, para hacer honra a la Casa de Jehová que está en Jerusalem;
y que me ha extendido misericordia delante del rey y sus consejeros, y delante de todos los poderosos príncipes del rey! Yo pues me esforcé, según estaba la mano de Jehová mi Dios sobre mí; y reuní de Israel hombres principales para que subiesen conmigo.
ESTOS pues son las cabezas de las casas paternas de ellos, y esta la genealogía de aquellos que subieron conmigo de Babilonia, en el reinado del rey Artajerjes:
De los hijos de Finees, Gersom. De los hijos de Itamar, Daniel. De los hijos de David, Hatús.
De los hijos de Secanías que era de los hijos de Paros, Zacarías, y con él se contaron por genealogía, de varones, ciento cincuenta.
De los hijos de Pacat-moab, Elioenai hijo de Zeraías, y con él doscientos varones.
De los hijos de Secanías, el hijo de Jahaziel, y con él trescientos varones.
De los hijos de Adín, Ebed hijo de Jonatán, y con él cincuenta varones.
De los hijos de Elam, Isaya hijo de Atalías, y con él setenta varones.
De los hijos de Sefatías, Zebadías hijo de Micael, y con él ochenta varones.
De los hijos de Joab, Obadías hijo de Jehiel, y con él doscientos diez y ocho varones.
Y de los hijos de Selomit, el hijo Josifías, y con él ciento y sesenta varones.
Y de los hijos de Bebai, Zacarías hijo de Bebai, y con él veinte y ocho varones.
Y de los hijos de Azgad, Johanán hijo de Hacatán, y con él ciento diez varones.
Y de los hijos de Adonicam, que fueron los postreros; y estos son sus nombres: Elifelet, Jeiel y Semarías, y con ellos sesenta varones.
Y de los hijos de Bigvai, Utai y Zabud, y con ellos setenta varones.
¶Y reunílos junto al río que corre al Ahava; donde acampamos tres días. Y me puse a reconocer el pueblo y los sacerdotes; y no hallé ninguno de los levitas allí.
Por lo cual envié a llamar a Eliezer, a Ariel, a Semaya, y a Elnatán, y a Jarib, y a Elnatán, y a Natán, y a Zacarías, y a Mesullam, hombres principales; y a Joiarib, y a Elnatán, hombres doctos;
y los envié comisionados a Iddo, hombre principal en el lugar de Casifía; y puse en su boca las palabras que habían de decir a Iddo, y a sus hermanos, los netineos, en el lugar de Casifía, a fin de que nos trajesen sirvientes para la Casa de nuestro Dios.
Y nos trajeron, según era buena la mano de nuestro Dios sobre nosotros, un hombre inteligente de los hijos de Mahli, hijo de Leví, hijo de Israel, y a Serebías con sus hijos y sus hermanos, diez y ocho;
y a Hasabías, y con él a Isaya, de los hijos de Merari, con sus hermanos y sus hijos, veinte;
y de los netineos, que David y los príncipes dieron para el servicio de los levitas, doscientos y veinte netineos; todos ellos fueron apuntados por nombre.
¶Entonces proclamé un ayuno allí, junto al río Ahava, para humillarnos delante de nuestro Dios, a fin de solicitar de él camino recto para nosotros, y para nuestras familias, y para todas nuestras posesiones.
Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropas y gente de a caballo, para ayudarnos contra el enemigo; pues habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios está sobre todos los que le buscan, para bien suyo; pero su poder y su ira están contra todos los que le dejan.
Ayunamos pues, y rogamos a nuestro Dios acerca de esto; y él nos fué propicio.
¶Entonces aparté doce de los principales de los sacerdotes, a Serebías, y a Hasabías, y con ellos diez de sus hermanos;
a los cuales pesé la plata y el oro, y los vasos, ofrenda para la Casa de nuestro Dios, que habían ofrendado el rey, y sus consejeros, y sus príncipes, con todo Israel allí presente.
Pesé pues en su mano, de plata seiscientos y cincuenta talentos, y de vasos de plata cien talentos; de oro cien talentos;
y veinte tazas de oro, de mil dáricos, y dos vasos buenos de bronce reluciente, preciados como si fuesen de oro.
Y les dije: Vosotros sois santos a Jehová, y los vasos son santos; y la plata y el oro son una ofrenda voluntaria a Jehová, el Dios de vuestros padres.
Sed vigilantes, y guardadlos hasta que los peséis delante de los jefes de los sacerdotes y los levitas, y los príncipes de las casas paternas de Israel en Jerusalem en las cámaras de la Casa de Jehová.
Los sacerdotes pues y los levitas recibieron por peso la plata y el oro, y los vasos, para llevarlos a Jerusalem, a la Casa de nuestro Dios.
¶Enseguida levantamos el campamento, partiendo del río Ahava el día doce del mes primero, para ir a Jerusalem: y la mano de nuestro Dios estaba con nosotros, y nos libró de mano del enemigo, y de quien asechaba en el camino.
Llegamos pues a Jerusalem, y descansamos allí tres días.
Y el día cuarto fueron pesados la plata y el oro, y los vasos en la Casa de Jehová nuestro Dios, en mano de Meremot, hijo del sacerdote Urías; y con él estaba Eleazar hijo de Finees; y con ellos, Josabad hijo de Jesúa, y Nodías hijo de Binuí, levitas.
Se hizo la entrega por el número y por el peso de cada cosa; y fué escrito el peso de todo al mismo tiempo.
¶Entonces los hijos del cautiverio, los que acababan de volver del destierro, presentaron en holocausto al Dios de Israel, doce novillos por todo Israel, noventa y seis carneros, y setenta y siete corderos (con doce machos cabríos como ofrenda por el pecado); el todo como holocausto a Jehová.
También entregaron las órdenes del rey a los sátrapas del rey, y a los gobernadores de más acá del río; y ellos favorecieron al pueblo y a la Casa de Dios.
Y ACABADAS estas cosas, acudieron a mí los príncipes, diciendo: No se han separado el pueblo de Israel y los sacerdotes y los levitas de los pueblos de estas tierras, sino que hacen conforme a las abominaciones de ellos; a saber, de los Cananeos, los Heteos, los Perezeos, los Jebuseos, los Ammonitas, los Moabitas, los Egipcios y los Amorreos;
porque han tomado de las hijas de ellos mujeres para sí y para sus hijos; y así el linaje santo se ha mezclado con los pueblos de estas tierras: y la mano de los príncipes y de los magistrados ha sido la principal en esta prevaricación.
¶Y cuando oí esto, rasgué mis vestidos y mi manto, y arranqué los cabellos de mí cabeza y de mi barba, y sentéme atónito.
También se juntaron conmigo todos los que temblaron por las palabras del Dios de Israel, a causa de la prevaricación de los del cautiverio; y quedé sentado atónito hasta la ofrenda de la tarde.
Y al tiempo del sacrificio de la tarde, me levanté de mi aflicción, y rasgados mis vestidos y mi manto, caí sobre mis rodillas, y extendiendo mis manos hacia Jehová mi Dios,
le dije: ¡Oh Dios mío, yo me avergüenzo, y muy lleno de confusión estoy para poder levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti; porque nuestras iniquidades se han aumentado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo!
Desde los días de nuestros padres hemos estado en gran delito hasta el día de hoy; y a causa de nuestras iniquidades, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados en manos de los reyes de las tierras, a la espada, al cautiverio, al saqueo y a vergüenza de rostro, como sucede hoy.
Y ahora por un breve momento ha habido favor de parte de Jehová nuestro Dios, para dejarnos un resto que escape, y para darnos un clavo en su Lugar Santo; para iluminarnos nuestro Dios los ojos, y para concedernos un pequeño avivamiento en nuestra servidumbre;
porque siervos somos. Sin embargo, en nuestra servidumbre no nos ha desamparado nuestro Dios, sino que nos ha extendido su misericordia delante de los reyes de Persia, para volver a darnos vida, para hacer levantar la Casa de nuestro Dios, y restaurar sus ruinas, y para darnos un vallado en Judá y Jerusalem.
¶Pero ahora, oh Dios nuestro, ¿qué podremos decir después de esto? porque hemos abandonado tus mandamientos
que prescribiste por medio de tus siervos los profetas, diciendo: La tierra adonde vais a entrar a fin de poseerla, es una tierra impura, a causa de la impureza de los pueblos de las tierras, y a causa de las abominaciones de que la han henchido de cabo a cabo, con sus inmundicias:
ahora pues no habéis de dar vuestras hijas a los hijos de ellos, ni tomaréis sus hijas para vuestros hijos; ni tendréis consorcio con ellos, procurando su paz y su prosperidad, para siempre; para que seais fuertes, y comáis del bien de la tierra, y la dejéis como herencia a vuestros hijos para siempre.
Y después de todo lo que nos ha sobrevenido, a causa de nuestras malas obras y de nuestro gran delito, visto que tú, oh Dios nuestro, nos has castigado menos de lo que nuestras iniquidades han merecido, y nos has dado salvamento como este,
¿hemos de volver a quebrantar tus mandamientos, y a contraer matrimonios con los pueblos que cometen estas abominaciones? ¿No te indignarías contra nosotros, en términos de acabar con nosotros, sin dejarnos resto, ni quien escape?
¡Oh Jehová, el Dios de Israel, tú eres justo! pues que nosotros quedamos un resto que ha escapado, como hoy se ve. ¡Henos aquí delante de ti en nuestros delitos; pues no hay quien pueda estar en pie delante de ti a causa de esto!
Y MIENTRAS oraba Esdras y hacía oración, llorando, y postrándose a tierra delante de la Casa de Dios, se juntó en derredor de él una grandísima asamblea de Israel, hombres, y mujeres, y niños; porque el pueblo lloraba con lloro grande.
Entonces tomó la palabra Secanías hijo de Jehiel, de los hijos de Elam, y dijo a Esdras: Nos hemos portado traidoramente para con nuestro Dios, tomando mujeres extranjeras, de los pueblos de esta tierra; ahora empero hay esperanza para Israel tocante a esto.
Hagamos pues ahora un pacto con nuestro Dios, que repudiaremos todas estas mujeres y los hijos de ellas, según el consejo de mi señor, y de los que tiemblan a causa del mandamiento de nuestro Dios; y sea hecho esto conforme a la ley.
¡Levántate! que este asunto es de tu obligación; y nosotros estaremos contigo. ¡Ten fortaleza, y pón manos a la obra!
¶Entonces Esdras se levantó, y juramentó a los príncipes de los sacerdotes, los levitas y todo Israel, que harían de acuerdo con esta palabra. Y ellos juraron.
Levantóse pues Esdras de delante de la Casa de Dios, y entró en la vivienda de Johanán hijo de Eliasib; y cuando hubo ido allí, no comió pan ni bebió agua; porque se estaba lamentando a causa de la prevaricación de los del cautiverio.
Por lo cual hicieron pasar pregón por Judá y Jerusalem, a todos los hijos del cautiverio, que se reuniesen en Jerusalem;
y que aquel que no viniese dentro de tres días, según el acuerdo de los príncipes y de los ancianos, toda su hacienda fuese hecha anatema, y él mismo fuese separado de la Congregación de los hijos del cautiverio.
¶En efecto, todos los hombres de Judá y de Benjamín se congregaron en Jerusalem dentro de los tres días; era el mes nono, el veinte del mes; y sentóse todo el pueblo en la plaza de la Casa de Dios, temblando con motivo de este asunto, y a causa de las lluvias.
Entonces Esdras el sacerdote se puso en pie, y les dijo: Vosotros os habéis portado traidoramente contra Jehová, tomándoos mujeres extranjeras, para aumentar todavía más el delito de Israel.
Ahora pues haced confesión a Jehová, el Dios de vuestros padres, y cumplid con su voluntad; y separaos de los pueblos de la tierra, y de las mujeres extranjeras.
A lo cual contestó toda la Asamblea, y dijeron a gran voz: ¡Así sea! ¡conforme a tus órdenes es de nuestra obligación hacer!
Pero el pueblo es mucho, y el tiempo es de lluvias; y no es posible estar al descubierto; y el asunto no es de un solo día, ni de dos; porque somos muchos los que hemos pecado en este asunto.
Sean pues constituídos nuestros príncipes árbitros por parte de toda la Congregación; y todos los que en nuestras ciudades hayan tomado mujeres extranjeras, vengan a tiempos aplazados, y con ellos los ancianos de cada ciudad, y los jueces de ella; hasta tanto que se aparte de nosotros la ardiente ira de nuestro Dios en lo tocante a este asunto.
Tan solo Jonatán hijo de Asael, y Jahazías hijo de Ticva se pusieron en contra de esto; y Mesullam y Sabetai, levitas, los apoyaron.
¶E hicieron así los hijos del cautiverio; pues fueron designados a este efecto Esdras el sacerdote, con ciertos varones de las cabezas de las casas paternas, según sus casas paternas respectivas, y todos ellos por sus nombres; los cuales se sentaron el día primero del mes décimo para investigar este asunto;
y no acabaron con todos los hombres que habían tomado mujeres extranjeras hasta el primer día del mes primero.
¶Y se hallaron de los hijos de los sacerdotes que habían tomado mujeres extranjeras, algunos de los hijos de Jesúa hijo de Josadac, y de los hermanos de él, Maasías, y Eliezer, y Jarib, y Gedelías;
los cuales dieron su mano con promesa de despedir sus mujeres extranjeras; y siendo culpables ofrecieron un carnero de los rebaños como ofrenda por el pecado.
Y de los hijos de Imer, Hanani y Zebadías.
Y de los hijos de Harim, Maasías, y Elías, y Semaya, y Jehiel, y Uzías.
Y de los hijos de Pasur, Elieonai, Maasías, Ismael, Nataniel, Josabad y Elasa.
Asimismo de los hijos de los levitas, Josabad, y Simei, y Kelaya (el mismo es Kelita), Petahías, Judá, y Eliezer.
También de los cantores, Eliasib; y de los porteros, Sallum, y Telem, y Uri.
Y del pueblo de Israel: De los hijos de Paros, Ramía, e Izías, y Malquías, y Miamín, y Eleazar, y Malquía, y Benaya.
Y de los hijos de Elam, Matanías, Zacarías, y Jehiel, y Abdi, y Jeremot, y Elías.
Y de los hijos de Zatu, Elioenai, Eliasib, Matanías, y Jeremot, y Zabad y Asisa.
Y de los hijos de Bebai, Johanán, Hananías, Zabai, y Atlai.
Y de los hijos de Bani, Mesullam, Malluc, y Adaya, Jasub, Seal y Ramot.
Y de los hijos de Pahat-moab, Adna y Kelal, Benaya, Maasías, Matanías, Bezalel, y Binuí, y Manasés.
Y de los hijos de Harim, Eliezer, Isiya, Malquías, Semaya, Simeón,
Benjamín, Malluc y Semarías.
De los hijos de Hasum, Matenai, Matata, Zabad, Elifelet, Jeremai, Manasés y Simei.
De los hijos de Bani, Madai, Amram, y Uel,
Benaya, Bedías, Keluhu,
Vanías, Meremot, Eliasib,
Matanías, Matenai, y Jaasai,
y Bani, y Binuí, y Simei,
y Selemías, y Natán, y Adaya,
Macnadvai, Sasai, Sarai,
Azarel, y Selemías, y Semarías,
Sallum, Amarías y José.
De los hijos de Nebo, Jeiel, Matitías, Zabad, Zebina, Jadai, Joel, Benaya.
Todos éstos habían tomado mujeres extranjeras; y había entre ellas mujeres que tenían hijos.
HISTORIA de Nehemías, hijo de Hacalías. Y aconteció en el mes Quisleú, en el año veinte de Artajerjes, estando yo en Susán, ciudad metrópoli,
que vino Hanani, uno de mis hermanos, él y ciertos hombres de Judá; y yo les pregunté acerca de los judíos que habían escapado, los cuales habían quedado del cautiverio, y acerca de Jerusalem.
Y ellos me contestaron: El resto que ha quedado de los del cautiverio, allá en la provincia de Judá, están en grande miseria y oprobio; también el muro de Jerusalem derribado está, y sus puertas quemadas a fuego.
Y aconteció que cuando oí estas palabras, me senté y lloré; e hice duelo algunos días, ayunando y orando delante del Dios del cielo.
¶Y dije: ¡Ruégote, oh Jehová, Dios del cielo, el grande y terrible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con los que le aman y observan sus mandamientos;
sea atento, te lo ruego, tu oído, y estén abiertos tus ojos, para que escuches la oración que yo, siervo tuyo, hago ahora delante de ti, día y noche, por los hijos de Israel tus siervos, y mientras confieso los pecados de los hijos de Israel, que nosotros hemos cometido contra ti! pues que yo y la casa de mi padre hemos pecado.
Nos hemos portado muy perversamente para contigo, y no hemos guardado tus mandamientos y tus estatutos y tus leyes, que prescribiste a Moisés tu siervo.
Acuérdate, te ruego, de la promesa que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Vosotros os portaréis traidoramente, y yo os esparciré entre las naciones;
mas si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos y los hiciéreis, aun cuando estuvieren tus desterrados en las partes más lejanas debajo del cielo, de allí los recogeré y los traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi Nombre.
Pues ellos son tus siervos y pueblo tuyo, que tú redimiste con tu gran poder y con tu mano poderosa.
¡Ruégote, oh Señor, que esté atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos que se deleitan en temer tu nombre, y da próspero suceso, te lo ruego, a tu siervo el día de hoy, y concédele que halle misericordia delante de aquel varón! Pues yo era copero del rey.
ACONTECIÓ pues que en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, habiendo vino delante de él, yo tomé el vino, y se lo dí al rey: y no había estado triste en su presencia antes.
Me dijo pues el rey: ¿Por qué está triste tu rostro, ya que no estás enfermo? No es ésta otra cosa que pesar de corazón. Entonces temí con gran temor.
Y dije al rey: ¡Viva el rey para siempre! ¿Por qué no ha de estar triste mi rostro, cuando la ciudad de los sepulcros de mis padres está desierta, y sus puertas quemadas a fuego?
Me preguntó pues el rey: ¿Qué es lo que solicitas? Entonces oré al Dios del cielo:
y dije al rey: Si le place al rey, y si tu siervo es acepto a tu vista, ruégote me envíes a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la edifique.
El rey entonces me preguntó (y la reina estaba sentada a su lado): ¿Para cuándo será tu partida; y cuándo volverás? Y le pareció bien al rey enviarme; y yo le señalé plazo.
Dije también al rey: Si le place al rey, ruego que se me den cartas para los gobernadores de más allá del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá;
y una carta a Asaf, guarda de los bosques que son del rey, a fin de que me dé maderos para las vigas de las puertas de la fortaleza que pertenece a la Casa de Dios, y para el muro de la ciudad, y para la casa en que yo he de entrar. Y el rey me las dió, según era buena sobre mí la mano de mi Dios.
Vine pues a los gobernadores de más allá del río, a quienes entregué las cartas del rey: y el rey había enviado conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo.
¶Mas cuando oyeron de ello Sanbalat horonita, y Tobías el siervo, ammonita, lo llevaron muy a mal que hubiese venido un hombre para procurar el bien de los hijos de Israel.
Yo entré pues en Jerusalem, y estuve allí tres días.
Entonces me levanté de noche, yo y unos pocos hombres que había conmigo; y no había dicho a ninguno lo que mi Dios había puesto en mi corazón hacer por Jerusalem; ni había conmigo bestia alguna sino la bestia en que yo iba montado.
Salí pues por la puerta del Valle, de noche, y fuí a la fuente del Dragón, y a la puerta del Muladar; y estuve un rato contemplando los muros de Jerusalem, cómo estaban derribados, y sus puertas quemadas a fuego.
Luego pasé adelante a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; y no había lugar por donde pasase la bestia que tenía debajo de mí.
Por lo cual iba subiendo el torrente de Cedrón, de noche, y estuve contemplando el muro; y dando la vuelta, entré por la puerta del Valle, y así me volví.
Pero los magistrados no sabían a dónde yo había ido, ni lo que hacía; ni tampoco a los Judíos, ni a los sacerdotes, ni a los nobles, ni a los magistrados, ni a los demás que hacían la obra, hasta entonces se lo había yo dicho.
Les dije pues: Vosotros mismos estáis viendo el mal paso en que estamos, que Jerusalem está completamente destruída, y sus puertas quemadas a fuego. ¡Venid y edifiquemos el muro de Jerusalem, y no seamos más un oprobio!
Entonces les dije cómo la mano de Dios había sido buena para conmigo, y también las palabras que el rey me había dicho. A lo cual ellos contestaron: ¡Levantémonos y edifiquemos! Con lo cual ellos fortalecieron sus manos para la buena obra.
¶Y oyeron de ello Sanbalat horonita, y Tobías el siervo, ammonita, y Gesem árabe; e hicieron escarnio de nosotros, y nos tuvieron en desprecio, y dijeron: ¿Qué obra es ésta que vosotros estáis haciendo? ¿Queréis rebelaros contra el rey?
Mas yo les volví contestación y les dije: El Dios del cielo nos dará próspero suceso; por lo cual nosotros, siervos suyos, nos levantaremos y edificaremos. Pero vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni memorial en Jerusalem.
ENTONCES se levantó Eliasib, sumo sacerdote, con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas; ellos la consagraron con ritos solemnes, y asentaron las puertas; y hasta la torre de Hamea consagraron el muro, y hasta la torre de Hananeel.
Y junto a él edificaron los hombres de Jericó. Y junto a ellos edificó Zacur hijo de Imri.
Mas la puerta del Pescado la edificaron los hijos de Hasenaa; le pusieron sus vigas, y asentaron sus puertas, sus cerrojos y sus barras.
Y junto a ellos restauró Meremot hijo de Urías, hijo de Haccoz. Y al lado de ellos restauró Mesullam hijo de Berequías hijo de Mesezabel. Y junto a ellos restauró Sadoc hijo de Baana.
Y junto a ellos restauraron los tecoítas; pero sus nobles no pusieron su cerviz a la obra del Señor.
Y la puerta Vieja la restauraron Joiada hijo de Pasea, y Mesullam hijo de Besodías: le pusieron sus vigas, y asentaron sus puertas, y sus cerrojos y sus barras.
Y junto a ellos restauraron Melatías gabaonita, y Jadón meronotita, hombres de Gabaón y de Mizpa; que eran del dominio del gobernador de más allá del río.
Junto a él restauró Uziel hijo de Harhaya, de los plateros. Y junto a él restauró Hananías hijo de uno de los boticarios; los cuales dejaron fortificada a Jerusalem hasta el muro ancho.
Y junto a ellos restauró Refaías hijo de Hur, jefe de la mitad del distrito de Jerusalem.
Y junto a ellos restauró Jedaya hijo de Harumaf, hasta el frente de su casa. Y junto a él restauró Hatús hijo de Hasabnías.
Otra porción restauraron Malquías hijo de Harim, y Hasub hijo de Pahat-moab, inclusa la torre de los Hornos.
Y junto a ellos restauró Sallum hijo de Hallohés, jefe de la otra mitad del distrito de Jerusalem, él y sus hijas.
La puerta del Valle la restauraron Hanún y los habitantes de Zanoa; la edificaron, y asentaron sus puertas, sus cerrojos y sus barras, y además mil codos del muro, hasta la puerta del Muladar.
La puerta del Muladar la restauró Malquías hijo de Recab, jefe del distrito de Bet-hacquerim; y él la edificó, y asentó sus puertas, sus cerrojos y sus barras.
La puerta de la Fuente la restauró Sallum hijo de Col-hoza, jefe del distrito de Mizpa; él la edificó y cubrió de vigas, y asentó sus puertas, sus cerrojos y sus barras; edificó también el muro junto al estanque de Siloé, junto al Huerto del Rey, y hasta las gradas que descienden de la ciudad de David.
Después de él edificó Nehemías hijo de Azbuc, jefe de la mitad del distrito de Bet-sur, hasta en frente de los sepulcros de David, y hasta el estanque nuevamente hecho, y hasta la Casa de los Valientes.
Después de él restauraron los levitas, a saber, Rehum hijo de Bani. Junto a él restauró Hasabías, jefe de la mitad del distrito de Ceila, por cuenta de su distrito.
Después de él restauraron los hermanos de ellos, Bavai hijo de Henadad, jefe de la otra mitad de Ceila.
Y junto a él, Ezer hijo de Jesúa, jefe de Mizpa, restaurador de otra porción, de la parte frente a la subida de la Armería, junto al ángulo entrante del muro.
Y después de él restauró con férvido celo Baruc, hijo de Zacai, otra porción, desde este ángulo hasta la puerta de la casa de Eliasib, sumo sacerdote.
Y después de él, Meremot hijo de Urías, hijo de Haccoz, restauró otra porción, desde la puerta de la casa de Eliasib hasta el extremo de la casa de Eliasib.
Y después de él restauraron los sacerdotes, vecinos de la Vega del Jordán.
Y después de ellos restauraron Benjamín y Hasub, en frente de su casa. Y después de ellos restauró Azarías hijo de Maasías, hijo de Ananías, junto a su casa.
Y después de él Binuí hijo de Henadad restauró otra porción, desde la casa de Azarías hasta el ángulo entrante del muro, y hasta la esquina.
Palal hijo de Uzai restauró desde en frente del ángulo entrante, y de la torre que sale hacia afuera de la Casa Alta del Rey, la cual torre está junto al patio de la cárcel. Después de él, Pedaya hijo de Paros.
También los netineos que habitaban en la colina de Ofel, restauraron hasta en frente de la puerta de las Aguas, al oriente de la torre que sale hacia fuera:
y después de ellos los tecoítas restauraron otra porción, desde en frente de la torre grande que sale hacia afuera, hasta el muro de Ofel.
Más arriba de la puerta de los Caballos, restauraron los sacerdotes, cada hombre en frente de su casa.
Después de ellos restauró Sadoc hijo de Imer, en frente de su casa. Y después de él restauró Semaya hijo de Secanías, guarda de la puerta Oriental.
Después de él Hananías hijo de Selemías, y Hanún, hijo sexto de Zalaf, restauraron otra porción. Después de ellos restauró Mesullam hijo de Berequías, al frente de su vivienda.
Después de él restauró Malquías hijo del platero, hasta la casa de los netineos y de los comerciantes, enfrente de la puerta de las Revistas, y hasta la subida de la esquina.
Y entre la subida de la esquina y la puerta de las Ovejas, restauraron los plateros y los comerciantes.
Y ACONTECIÓ que como oyese Sanbalat que nosotros estábamos edificando el muro, se encendió su cólera y enojóse mucho, e hizo escarnio de los Judíos.
Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, diciendo: ¿Qué están haciendo esos débiles judíos? ¿se les ha de permitir? ¿querrán sacrificar? ¿acabarán en un solo día? ¿resucitarán las piedras de los montones de escombros, después de quemadas?
Y Tobías ammonita que estaba a su lado, dijo: Aun lo que están edificando, ¡si subiere allí alguna zorra, acabará de derribar su muro de piedra!
¡Oye, oh Jehová, Dios nuestro, cómo somos despreciados; y vuelve la afrenta de ellos sobre su misma cabeza, entregándolos a ser despojados en tierra de cautiverio;
y no encubras su iniquidad, ni borres de delante de ti su pecado! porque te han provocado a ira delante de los que edifican tu ciudad.
Nosotros empero habíamos edificado el muro; y habíamos trabado todo el muro hasta la mitad de su altura; porque tuvo el pueblo corazón para trabajar.
¶Y fué así que cuando oyó Sanbalat, y Tobías, y los Árabes, y los Ammonitas, y los Asdoditas, cómo se estaba reparando el muro de Jerusalem, cuando ya comenzaron a cerrarse las partes derribadas, se encendió su cólera en gran manera;
y se conjuraron todos ellos juntos para venir a pelear contra Jerusalem, y causarle fracaso.
Entonces nosotros oramos a nuestro Dios; y pusimos una guarda contra ellos de día y de noche, por temor de ellos.
¶Mientras tanto decía Judá: ¡Desfallecen ya las fuerzas de los cargadores, y los escombros son muchos, de modo que nosotros no tenemos fuerzas para edificar el muro!
Por otra parte, decían entre sí nuestros adversarios: ¡Ellos nada sabrán, ni verán, hasta que nosotros entremos en medio de ellos y los matemos; y así haremos cesar la obra!
Y fué así que conforme llegaban los judíos que moraban junto a ellos, nos decían hasta diez veces: De todos los lugares a donde os volviereis, ellos caerán sobre nosotros.
Por lo cual aposté por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los claros--aposté allí la gente, por parentelas, con sus espadas, sus lanzas y sus arcos.
Y mirando a todas partes, me puse en pie, y dije a los nobles, y a los magistrados, y al resto del pueblo: ¡No temáis a causa de ellos! ¡Acordaos del Señor, el grande y el terrible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y vuestras hijas, por vuestras mujeres y vuestras casas!
¶Y aconteció que cuando supieron nuestros enemigos que la cosa era conocida de nosotros, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, volvimos todos al muro, cada cual a su obra.
Y sucedió desde aquel día en adelante que la mitad de mis mancebos trabajaban en la obra, y la otra mitad de ellos tenían asidas las lanzas, y los escudos, y los arcos, y las lorigas; mientras que los príncipes se quedaban a espaldas de toda la casa de Judá.
Asimismo los que edificaban el muro, y los que llevaban cargas, y los que les cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y con la otra tenían asida un arma arrojadiza.
También los que edificaban, tenían cada cual su espada ceñida sobre sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba alarma con la trompeta estaba a mi lado.
Dije pues a los nobles, y a los magistrados, y al resto del pueblo: La obra es grande y de mucha extensión, y nosotros estamos separados unos de otros a grandes trechos sobre el muro;
dondequiera pues que oyereis el sonido de la trompeta, allí reuníos con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros.
De esta suerte estábamos trabajando en la obra; y la mitad de los trabajadores tenían asidas las lanzas desde el despuntar del alba hasta asomarse las estrellas.
También en este tiempo dije al pueblo: Alójese cada hombre con su mozo dentro de Jerusalem; así nos servirán de guarda por las noches, y de día trabajarán en la obra.
Y ni yo, ni mis hermanos, ni mis mozos, ni la gente de la guardia que me seguía, ninguno de nosotros se quitaba la ropa; y cada uno iba con su arma al agua.
ENTONCES suscitóse un gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus mismos hermanos, los judíos.
Pues hubo quienes decían: Nuestros hijos y nuestras hijas, y nosotros somos muchos; por lo cual hemos de comprar trigo, al precio de ellos, para que podamos comer y vivir.
También hubo quienes decían: Estamos hipotecando nuestros campos y nuestras viñas y nuestras casas, para poder comprar trigo en la carestía.
Asimismo hubo quienes decían: Hemos tomado dinero prestado para pagar el impuesto real, empeñando nuestros campos y nuestras viñas.
Ahora pues, como la carne de estos nuestros hermanos así es nuestra carne, y como los hijos de ellos, son nuestros hijos; y con todo he aquí que vamos sujetando nuestros hijos y nuestras hijas a servidumbre; y hay de nuestras hijas ya sujetas, sin haber poder en nuestra mano para rescatarlas, siendo así que nuestros campos y nuestras viñas ya son de otros.
¶Entonces yo me indigné mucho al oír sus clamores y estas declaraciones.
Y cuando hube consultado conmigo mismo, me puse en contienda con los nobles y con los magistrados; y les decía: ¿Conque vosotros cobráis usura cada uno de su hermano? Y junté contra ellos una gran asamblea.
Entonces les dije: Nosotros según nuestras posibilidades hemos rescatado a nuestros hermanos, los judíos, que habían sido vendidos a los paganos; ¿y vosotros también queréis hacer mercancía de vuestros mismos hermanos, después de rescatados por nosotros? Mas ellos callaron; pues no hallaron respuesta.
Yo pues les dije: No es bueno esto que hacéis. ¿Acaso no debéis andar en el temor de nuestro Dios, por causa de la afrenta de los paganos, enemigos nuestros?
Pues yo también, y mis hermanos, y mis mozos les vamos prestando dinero y trigo; ruégoos que dejemos esta usura.
Devolvedles, os lo ruego, hoy mismo sus campos y sus viñas, y sus casas, y el uno por ciento mensual del dinero y del trigo, y del vino, y del aceite que estáis cobrando de ellos.
A lo cual ellos respondieron: Sí, se los devolveremos, y no lo demandaremos más de ellos: lo haremos así, conforme a lo que tú dices. Entonces llamando a los sacerdotes, les tomé juramento que hicieran de acuerdo con esta promesa.
También sacudí la falda de mi ropa, y dije enérgicamente: ¡Así sacuda Dios de su casa, y del producto de su mismo trabajo, a todo hombre que no cumpliere esta palabra; para que quede de esta manera sacudido y vacío! Y dijo toda la Asamblea: ¡Amén! y alabaron a Jehová. E hizo el pueblo según este convenio.
¶Además, desde el día que fui nombrado gobernador de la tierra de Judá, a saber, desde el año veinte hasta el año treinta y dos del rey Artajerjes, es decir, durante doce años, yo y mis hermanos no hemos comido pan de gobernador.
Pero los gobernadores anteriores, que habían sido antes que yo, hicieron gravar al pueblo, cobrándolo del pueblo en pan y vino, además de cuarenta siclos de plata diarios: y aun sus mozos imperaban con autoridad sobre el pueblo: mas yo no me porté así, por el temor de Dios.
Asimismo en la obra de este muro, yo restauré mi parte; y terrenos no adquirimos ningunos; también todos mis mozos se juntaron allí en el trabajo.
A más de esto, ciento cincuenta judíos y magistrados (sin contar los que nos venían de las naciones que están en derredor nuestro), comían a mi mesa.
Y lo que se aderezaba diariamente era un buey y seis ovejas escogidas; aves también me fueron aderezadas, y cada diez días toda suerte de vino en abundancia: y con todo esto, no exigí pan de gobernador; porque la servidumbre gravaba a este pueblo.
¡Acuérdate, en provecho mío, oh Dios mío, de todo lo que he hecho por este pueblo!
Y ACONTECIÓ que cuando supieron Sanbalat, y Tobías, y Gesem árabe, y el resto de nuestros enemigos, que había yo edificado el muro, y que ya no quedaba en él rotura (bien que hasta entonces las hojas de las puertas no se habían asentado),
Sanbalat y Gesem me enviaron recado, diciendo: Ven, tengamos una entrevista en una de las aldeas del Valle del Ono; pero ellos pensaban hacerme daño.
Y les envié mensajeros, diciendo: Estoy haciendo una grande obra; por lo cual no puedo descender allá. ¿Para qué habrá de suspenderse la obra, en tanto que yo la deje, para descender a vosotros?
Y ellos me enviaron recado por el mismo estilo hasta cuatro veces; y les devolví respuesta de la misma manera.
Sanbalat entonces me envió, de la misma manera, la quinta vez, un mozo suyo que traía en su mano una carta abierta;
en la cual estaba escrito de esta manera: Se dice entre las naciones vecinas, y Gasmu lo asegura, que tú y los Judíos estáis pensando sublevaros; por cuyo motivo estás edificando el muro; y tú vas a ser rey de ellos, según estas relaciones.
Y aun se dice que has constituído profetas que proclamen de ti en Jerusalem, diciendo: ¡Hay rey en Judá! Y ahora esto va a ser noticiado al rey, conforme a estas palabras. Ahora pues, ven y consultemos el caso.
Entonces yo le envié a él recado, diciendo: No se hace ninguna de las tales cosas como tú dices; sino que tu mismo corazón las inventa.
Pues que todos ellos querían meternos miedo, diciendo: ¡Debilítense sus manos, y desistan de la obra, para que no se haga! ¡Ahora al contrario, oh Dios mío, fortalece tú mis manos!
¶Entonces fui a la casa de Semaya hijo de Delaya, hijo de Mehetabel, el cual se había encerrado; y él me dijo: ¡Reunámonos en la Casa de Dios, en lo más adentro del Templo, y cerraremos las puertas del Templo; porque vienen a matarte! ¡sí, de noche vienen a matarte!
A lo cual yo respondí: ¿Debe huir un hombre como yo? ¿Y quién hay que siendo como yo, entraría en el Templo para salvar su vida? ¡No entraré!
Luego me informé, y he aquí que no era Dios quien la había enviado, sino él mismo había hecho esta profecía contra mí; porque Tobías y Sanbalat le habían sobornado.
Por esto mismo fué sobornado, para que yo tuviese miedo, y obrase de aquella manera, y así pecase; y para que ellos lo tuviesen por nota infamatoria, para poderme abochornar.
¡Acuérdate, oh Dios mío, de Tobías y de Sanbalat, conforme a estas sus obras; y también de Noadías profetisa, y de los demás profetas supuestos que procuraban meterme miedo!
¶De esta suerte se acabó el muro el día veinte y cinco del mes Elul, en cincuenta y dos días.
Y sucedió que cuando oyeron esto todos nuestros enemigos, y lo vieron todas las naciones que estaban en nuestros alrededores, decayeron mucho a sus propios ojos; y conocieron que por nuestro Dios había sido hecha esta obra.
También en aquellos días fueron muchas las cartas que pasaron de los nobles de Judá a Tobías, y que de parte de Tobías venían a ellos.
Porque muchos en Judá estaban en liga con él, porque era yerno de Secanías hijo de Arah; y Jonatán su hijo había tomado por mujer a la hija de Mesullam, hijo de Berequías.
Asimismo seguían contando sus buenas prendas en mi presencia, y remitiéndole a él mis palabras: Tobías envió también cartas para meterme miedo.
Y ACONTECIÓ después de edificado el muro, y asentadas las puertas, y constituídos los porteros y los cantores y los demás levitas en sus empleos,
que dí a mi hermano Hanani, y a Hananías comandante de la fortaleza, el mando de Jerusalem; porque era hombre fiel y más temeroso de Dios que otros muchos.
Y les dije: No se han de abrir las puertas de Jerusalem hasta que caliente el sol; y en la noche, estando los porteros presentes, hagan ellos cerrar las puertas, y asegurarlas; y nombrad centinelas de los habitantes de Jerusalem, cada uno en su guarda, y cada uno a la parte enfrente de su casa.
Porque la ciudad era de amplias y grandes dimensiones; pero el pueblo era poco en medio de ella, y las casas no habían sido edificadas todavía.
¶Entonces mi Dios puso en mi corazón que reuniese a los nobles y a los magistrados y al pueblo, para que se inscribiesen por genealogías. Y hallé un registro de la genealogía de los que habían subido al principio, en el cual hallé escrito así:
Estos son los hijos de la provincia que subieron, de los cautivos de la deportación, a quienes había deportado Nabucodonosor rey de Babilonia, y que se volvieron a Jerusalem y a Judá, cada uno a su ciudad;
los cuales vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Azarías, Raamías, Nahamani, Mardoqueo, Bilsán, Misperet, Bigvai, Nehum, Baana. El número de los hombres del pueblo de Israel fué este:
Los hijos de Parós, dos mil ciento setenta y dos.
Los hijos de Sefatías, trescientos setenta y dos.
Los hijos de Arah, seiscientos cincuenta y dos.
Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesúa y de Joab, dos mil ochocientos diez y ocho.
Los hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.
Los hijos de Zatu, ochocientos cuarenta y cinco.
Los hijos de Zacai, setecientos sesenta.
Los hijos de Binuí, seiscientos cuarenta y ocho.
Los hijos de Bebai, seiscientos veinte y ocho.
Los hijos de Azgad, dos mil trescientos veinte y dos.
Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y siete.
Los hijos de Bigvai dos mil sesenta y siete.
Los hijos de Adín, seiscientos cincuenta y cinco.
Los hijos de Ater, de Ezequías, noventa y ocho.
Los hijos de Hasum, trescientos veinte y ocho.
Los hijos de Bezai, trescientos veinte y cuatro.
Los hijos de Harif, ciento doce.
Los hijos de Gabaón, noventa y cinco.
Los hombres de Bet-lehem y de Netofa, ciento ochenta y ocho.
Los hombres de Anatot, ciento veinte y ocho.
Los hombres de Bet-azmávet, cuarenta y dos.
Los hombres de Kiryat-jearim, de Cafira y de Beerot, setecientos cuarenta y tres.
Y Los hombres de Ramá y de Geba, seiscientos veinte y uno.
Los hombres de Micmás, ciento veinte y dos.
Los hombres de Bet-el y de Hai, ciento veinte y tres.
Los hombres del otro Nebo, cincuenta y dos.
Los hijos del otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.
Los hijos de Harim, trescientos veinte.
Los hijos de Jericó, trescientos cuarenta y cinco.
Los hijos de Lod, de Hadid y de Ono, setecientos veinte y uno.
Los hijos de Senaa, tres mil novecientos treinta.
¶Sacerdotes: Los hijos de Jedaya, de la casa de Jesúa, novecientos setenta y tres.
Los hijos de Imer, mil cincuenta y dos.
Los hijos de Pasur, mil doscientos cuarenta y siete.
Los hijos de Harim, mil diez y siete.
¶Levitas: Los hijos de Jesúa y de Cadmiel, de los hijos de Hodeva, setenta y cuatro.
¶Cantores: Los hijos de Asaf, ciento cuarenta y ocho.
¶Porteros: Los hijos de Sallum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita, los hijos de Soba, ciento treinta y ocho.
¶Netineos: Los hijos de Ziha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot,
los hijos de Kerós, los hijos de Sía, los hijos de Padón,
los hijos de Lebona, los hijos de Hagaba, los hijos de Salmai,
los hijos de Hanán, los hijos de Gidel, los hijos de Gahar,
los hijos de Reaya, los hijos de Rezin, los hijos de Necoda,
los hijos de Gazam, los hijos de Uza, los hijos de Pasea,
los hijos de Besai, los hijos de Meunim, los hijos de Nefusesim,
los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harhur,
los hijos de Bazlut, los hijos de Mehida, los hijos de Harsa,
los hijos de Barcos, los hijos de Sísara, los hijos de Tema,
los hijos de Neziá, los hijos de Hatifa,
los hijos de los siervos de Salomón, los hijos de Sotai, los hijos de Soféret, los hijos de Périda;
los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Gidel;
los hijos de Sefatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poquéret-hazebaim, los hijos de Amón.
Todos los netineos y los hijos de los siervos de Salomón, fueron trescientos noventa y dos.
¶También estos son los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Adón e Imer; los cuales no pudieron poner en manifiesto sus casas paternas, ni su linaje, si eran de Israel o no:
Los hijos de Delaya, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos cuarenta y dos.
¶También de los sacerdotes: Los hijos de Hobaya, los hijos de Haccoz, los hijos de Barzilai, hombre que tomó mujer de las hijas de Barzilai galaadita, y se llamó del nombre de ellas.
Éstos buscaron su escritura de genealogía, mas no fué hallada; por lo mismo, cual inmundos, fueron excluídos del sacerdocio.
Y les dijo el gobernador, que no comiesen de las cosas santísimas, hasta que se levantase sacerdote de los de Urim y Tummim.
¶Toda la Congregación junta fué de cuarenta y dos mil trescientos y sesenta,
sin contar los siervos de ellos y sus siervas, los cuales eran siete mil trescientos treinta y siete. Tenían también doscientos cuarenta y cinco cantores y cantoras.
Sus caballos fueron setecientos treinta y seis; sus mulos, doscientos cuarenta y cinco;
los camellos, cuatrocientos treinta y cinco; los asnos, seis mil setecientos veinte.
¶También algunas de las cabezas de las casas paternas dieron así para la obra: El gobernador dió para el tesoro, de oro, mil dáricos, cincuenta tazones, y quinientos treinta vestidos sacerdotales.
Y de las cabezas de las casas paternas dieron para el tesoro de la obra, de oro veinte mil dáricos, y de plata dos mil y doscientas minas.
Y lo que dió el resto del pueblo fué veinte mil dáricos de oro, y dos mil minas de plata, y sesenta y siete vestidos sacerdotales.
Y habitaban los sacerdotes, y los levitas, y los porteros, y los cantores, con parte del pueblo y los netineos, y todo Israel, en sus ciudades; de manera que al llegar el mes séptimo, los hijos de Israel estaban en sus ciudades.
ENTONCES se reunió todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está al frente de la puerta de las Aguas; y dijeron a Esdras, escriba, que trajese el Libro de la Ley de Moisés, que Jehová había prescrito a Israel.
Por lo cual Esdras, sacerdote, trajo la Ley delante de la Asamblea, así de hombres como de mujeres y todos los niños que tenían inteligencia para escuchar, el día primero del mes séptimo;
y leyó en él delante de la plaza que está al frente de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el medio día, delante de los hombres y las mujeres y los niños que tenían inteligencia; y los oídos del pueblo estaban atentos al Libro de la Ley.
Y el escriba Esdras se puso en pie sobre un púlpito de madera que habían hecho para este fin; y estaban junto a él Matitías, y Sema, y Anaya, y Urías, y Helcías, y Maasías, a su derecha; y a su izquierda Pedaya, y Misael, y Malquías, y Hasum, y Hasbadana, Zacarías y Mesullam.
Entonces Esdras abrió el libro, a vista de todo el pueblo (porque estaba elevado sobre todo el pueblo); y luego que lo abrió, todo el pueblo se puso en pie.
En seguida bendijo Esdras a Jehová, el gran Dios. Y respondió todo el pueblo: ¡Amén! ¡amén! levantando las manos. Luego inclinaron las cabezas, y adoraron a Jehová, rostros a tierra.
Y Jesúa, y Bani, y Serebías, y Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Josabad, Hanán, Pelaya, y otros levitas, se ocupaban en explicar al pueblo la ley; y el pueblo permaneció en donde estaba.
Pues leyeron en el libro, en la ley de Dios, distintamente, y aclaraban el sentido; de modo que el pueblo entendió la lectura.
¶Entonces Nehemías, que era gobernador, con Esdras, sacerdote y escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Hoy es día santo a Jehová vuestro Dios; no estéis tristes, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la ley.
Les dijo también: ¡Id, comed carnes gordas, y bebed vinos sabrosos; y enviad porciones a aquellos para quienes nadie ha hecho provisión! porque este día es santo a nuestro Señor; no os aflijáis pues; porque el gozo de Jehová os da esfuerzo.
Mientras tanto los levitas estaban acallando a todo el pueblo, diciendo: ¡Silencio! porque hoy es día santo; ¡no debéis estar tristes!
De manera que se fué todo el pueblo a comer y a beber, y a enviar porciones a los demás, y a hacer grandes alegrías; por haber entendido las palabras que se les habían enseñado.
¶Y al segundo día fueron reunidas las cabezas de las casas paternas de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas, en derredor de Esdras el escriba; y eso, para enterarse más de las palabras de la ley.
Y hallaron escrito en la ley cómo había mandado Jehová, por conducto de Moisés, que habitasen los hijos de Israel debajo de enramadas durante la fiesta del mes séptimo.
Y acordaron de publicarlo, y de hacer pasar pregón por todas sus ciudades, y por Jerusalem, diciendo: ¡Salid al monte, y traed ramas de olivo, y ramas de oleastro, y ramas de arrayán, y ramas de palma, y ramas de árboles frondosos, para hacer enramadas, conforme a lo escrito!
En efecto, salió el pueblo, y las trajeron, y se hicieron enramadas, cada cual sobre el terrado de su casa y en los patios, y en los atrios de la Casa de Dios, y en la plaza de la puerta de las Aguas, y en la plaza de la puerta de Efraim.
Por manera que toda la Asamblea de los que habían vuelto del cautiverio se hicieron enramadas; pues desde los días de Jesúa hijo de Nun hasta aquel día no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo muy grande gozo.
Y se leyó en el Libro de la Ley de Dios de día en día, desde el día primero hasta el día postrero. Y así celebraron la fiesta por siete días; y al octavo día fué la asamblea más solemne, conforme al reglamento.
MAS el día veinte y cuatro de este mes se congregaron los hijos de Israel en ayuno, y con sacos y tierra sobre sí.
Y habíase ya separado el linaje de Israel de todos los hijos de tierra extraña; y poniéndose en pie hicieron confesión de sus pecados, y de las iniquidades de sus padres.
Luego levantándose en su puesto, leyeron en el Libro de la Ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y otra cuarta parte la pasaron haciendo confesión, y adorando a Jehová su Dios.
¶En seguida subieron sobre la tribuna de los levitas, Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani, y Kenani; y clamaron a gran voz a Jehová su Dios.
Entonces dijeron los levitas Jesúa y Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petahías: ¡Levantaos y bendecid a Jehová vuestro Dios, que es desde la eternidad y hasta la eternidad! ¡y bendigan todos tu santo nombre, que es ensalzado sobre toda bendición y alabanza!
Tú eres Jehová, tú solo; tú has hecho el cielo, y el cielo de los cielos, con todo su ejército, la tierra con todo cuanto en ella existe; los mares con todo lo que hay en ellos; y tú sostienes en vida a todos ellos; y el ejército del cielo te adora.
Tú eres Jehová, él Dios que escogiste a Abram, y le sacaste de Ur de los Caldeos, y le pusiste el nombre de Abraham.
Y hallaste su corazón fiel delante de ti, e hiciste con él un pacto, que le darías la tierra del Cananeo, del Heteo, del Amorreo, del Perezeo, del Jebuseo, del Gergeseo, y que la darías a su descendencia; y tú has cumplido tu palabra, porque eres justo.
¶Y miraste compadecido la aflicción de nuestros padres en Egipto, y escuchaste su clamor junto al Mar Rojo;
e hiciste señales y maravillas contra Faraón, y contra todos sus siervos, y contra todo el pueblo de su tierra: porque sabías que se habían portado soberbiamente contra ellos: y así te hiciste renombre, como consta el día de hoy.
Pues partiste el mar delante de ellos, y los hiciste pasar por en medio de la mar en seco; pero en cuanto a sus perseguidores, los arrojaste en los abismos, como una piedra que se hunde en las poderosas aguas.
¶Y con una columna de nube los condujiste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles en el camino que hubieron de andar.
Y sobre el monte Sinaí bajaste tú, y hablaste con ellos desde el cielo; y les diste juicios rectos, y leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos.
También les hiciste conocer tu santo día del Descanso; y les prescribiste mandamientos y estatutos y ley, por conducto de Moisés tu siervo:
Asimismo les diste pan del cielo para satisfacer su hambre, y les sacaste aguas de la peña, para aplacar su sed; y les mandaste que entrasen y heredasen la tierra respecto de la cual alzaste tu mano, jurando dársela.
¶Pero ellos y nuestros padres se portaron soberbiamente, y endurecieron su cerviz, y no obedecieron tus mandamientos;
antes bien, rehusaron escucharlos, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; sino que endurecieron su cerviz, y en su rebelión se pusieron jefe, para volver a su antigua servidumbre. Tú empero eres Dios perdonador, clemente y misericordioso, lento en iras y abundante en bondad; por lo cual no los abandonaste.
Más aún, cuando se hubieron hecho un becerro de fundición, y dijeron: ¡Éste es tu Dios que te hizo subir de Egipto! y hubieron cometido grandes provocaciones;
sin embargo, en tus abundantes compasiones no los abandonaste en el desierto: la columna de nube no quitaste de sobre ellos de día, para conducirlos en el camino, ni la columna de fuego de noche, para alumbrarles en el camino que hubieron de andar.
¶Les diste también tu buen Espíritu para enseñarles, y no quitaste tu maná de su boca; y les diste aguas para aplacar su sed.
Así los sustentaste cuarenta años en el desierto; nada les faltó; sus vestidos no se gastaron, ni se hinchó su pie.
¶Además, les diste reinos y pueblos, y se los repartiste por distritos; de manera que tomaron en posesión la tierra de Sehón, es decir, la tierra del rey de Hesbón, y la tierra de Og rey de Basán.
Y multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los introdujiste en la tierra acerca de la cual habías mandado a sus padres que entrasen a heredarla.
Así los hijos de éstos entraron, y heredaron la tierra, en tanto que tú sujetaste delante de ellos a los habitantes de la tierra, los Cananeos, a quienes entregaste en su mano, con sus reinos y los pueblos de la tierra, para que hiciesen con ellos según su voluntad.
De esta suerte tomaron para sí ciudades fortificadas, y una tierra feraz; y se posesionaron de casas llenas de toda suerte de bienes, y de cisternas labradas a pico; de viñas también, de olivares y de árboles frutales en abundancia; y comieron, y se saciaron, y engrosáronse, y se deleitaron en tu tan grande beneficencia.
¶Pero ellos se hicieron perversos, y rebeláronse contra ti, echando tu ley detrás de sus espaldas; y mataron a tus profetas, los cuales testificaron contra ellos para hacerlos volver a ti; y cometieron grandes provocaciones.
Por lo cual tú los entregaste en mano de sus adversarios, de modo que se vieron en grande estrecho. Y cuando en el tiempo de su angustia clamaban a ti, los oías desde el cielo, y conforme a la muchedumbre de tus piedades, les dabas salvadores que los libraban de mano de sus adversarios.
Mas en teniendo descanso, volvían a hacer lo malo delante de ti; de modo que tú los abandonabas en mano de sus enemigos, los cuales los oprimían. Entonces ellos tornaban a clamar a ti, y tú desde el cielo les oías; y conforme a tus piedades muchas veces los libraste.
Asimismo protestaste contra ellos para hacerlos volver a tu ley; pero ellos se portaron insolentemente, y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus preceptos; en los cuales vivirá el hombre que los hiciere: y se negaron a llevar tu yugo, y endurecieron su cerviz, y no quisieron escuchar.
Tú empero con larga espera los sufriste muchos años, y testificaste contra ellos por tu Espíritu, por conducto de tus profetas: pero ellos no dieron oídos; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de las tierras.
Bien que en tus grandes piedades no los destruíste, ni los abandonaste; porque eres Dios clemente y compasivo.
¶Ahora pues, oh Dios nuestro, el Dios grande, fuerte y temible, guardador del pacto y de la misericordia prometida, no te parezca poca cosa toda la aflicción que nos ha sobrevenido; es decir, a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, y a nuestros profetas, y a nuestros padres, y a todo nuestro pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta este día.
Sin embargo tú eres justo en todo cuanto nos ha sobrevenido; porque has obrado con fidelidad, pero nosotros hemos cometido maldad.
Y nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no han guardado tu ley, ni escuchado tus mandamientos, ni tus testimonios, con que testificaste contra ellos.
Antes bien, ellos en su reino y en medio de tu mucha beneficencia que obraste con ellos, en la tierra espaciosa y feraz que pusiste en su poder, no te sirvieron a ti, ni se tornaron de sus malas obras.
¡Henos aquí el día de hoy, siervos! y la tierra que diste a nuestros, padres, para que nosotros comiéramos de su fruto y de su bien, he aquí que nosotros mismos somos siervos en ella;
y el abundante producto de ella es para los reyes que, por nuestros pecados, tú has puesto sobre nosotros; los cuales imperan sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras bestias, conforme a su gusto; ¡y estamos en grande estrecho!
Y a causa de todo esto, hacemos un pacto fiel, y lo ponemos por escrito; y nuestros príncipes, nuestros levitas y nuestros sacerdotes le imprimen sus sellos.
Y AL frente de los que imprimieron sus sellos era Nehemías el gobernador, hijo de Hacalías, y Sedequías,
Seraya, Azarías, Jeremías,
Pasur, Amarías, Malquías,
Hatús, Sebanías, Maluc,
Harim, Meremot, Obadías,
Daniel, Ginetón, Baruc,
Mesullam, Abías, Miamim,
Maazías, Bilgai y Semaya: éstos eran sacerdotes.
¶Y los levitas: Jesús hijo de Azanías, Binuí de los hijos de Henadad, Cadmiel;
y sus hermanos, Sebanías, Hodías, Celita, Pelaya, Hanán,
Mica, Rehob, Hasabías,
Zacur, Serebías, Sebanías,
Hodías, Bani y Beninu.
¶Los jefes del pueblo: Paros, Pahat- moab, Elam, Zatu, Bani,
Buni, Asgad, Bebai,
Adonías, Bigvai, Adín,
Ater, Ezequías, Azur,
Hodías, Hasum, Bezai,
Harif, Anatot, Nebai,
Magpías, Mesullam, Hezir,
Mesezabel, Sadoc, Jadúa,
Palatías, Hanán, Anaya,
Oseas, Hananías, Hasub,
Hallohés, Pilha, Sobec,
Rehum, Hasabna, Maaseya,
Ahías, Hanán, Anán,
Malluc, Harim y Baana.
¶Y el resto del pueblo, los sacerdotes, los levitas, lo porteros, los cantores, los netineos, y todos los que se habían separado de los pueblos de las tierras, para adherirse a la ley de Dios, sus mujeres, sus hijos y sus hijas, todos cuantos que tenían inteligencia para comprender;
éstos se unieron estrechamente con sus hermanos, los nobles, y entraron en una imprecación y en un juramento, que andarían en la ley de Dios, que fué dada por conducto de Moisés, siervo de Dios; y que guardarían todos los mandamientos de Jehová nuestro Señor, y sus leyes, y sus estatutos;
y que no daríamos nuestras hijas a los pueblos de la tierra, y que no tomaríamos las hijas de ellos para nuestros hijos:
asimismo que si los pueblos de la tierra trajesen mercaderías o cualquiera suerte de comestibles a vender en el día del sábado, no compraríamos de ellos en el sábado, ni en otro día santo; y que dejaríamos descansar la tierra en el año séptimo, y que remitiríamos en él toda deuda.
Además, nos impusimos, como uno de los mandamientos, la obligación de contribuir con la tercera parte de un siclo cada año, para el servicio de la Casa de nuestro Dios;
para el pan de la proposición, y para la ofrenda continua, y para el holocausto continuo; y también para los sábados, y los novilunios, y para las fiestas solemnes, y para las cosas santas, y para las ofrendas por el pecado para hacer expiación por Israel; en fin, para toda obra de la Casa de nuestro Dios.
Y así los sacerdotes, como los levitas y el pueblo echamos suertes acerca de la ofrenda de la leña, quién la hubiese de traer a la Casa de nuestro Dios, según nuestras casas paternas, en los tiempos determinados, de año en año, para quemar sobre el altar de Jehová nuestro Dios, conforme a lo escrito en la ley.
Juramos también que traeríamos las primicias de nuestras tierras, y las primicias de todos los frutos de toda suerte de árboles, de año en año, a la Casa de Jehová;
y que traeríamos a la Casa de nuestro Dios, a los sacerdotes que ministran en la Casa de nuestro Dios, el rescate de los primogénitos de nuestros hijos, y de nuestras bestias no limpias, conforme a lo escrito en la ley, así como los primerizos de nuestras vacadas y de nuestros rebaños:
y que traeríamos las primicias de nuestras harinas, y de nuestras ofrendas alzadas, y del fruto de todo árbol, y del vino, y del aceite, a los sacerdotes, a las cámaras de la Casa de nuestro Dios; así como el diezmo de nuestras tierras a los levitas, y que ellos, los levitas, cobrasen los diezmos en todas las ciudades de nuestras tierras de labor;
y que uno de los sacerdotes, hijos de Aarón, estaría con los levitas, cuando los levitas cobraran los diezmos; y que los levitas traerían el diezmo del diezmo a la Casa de nuestro Dios, a las cámaras, en la casa de la tesorería;
(porque a estas cámaras deben traer los hijos de Israel y los hijos de Leví, la ofrenda de trigo, y de vino, y de aceite; en donde están los vasos del Santuario, y los sacerdotes ministrantes, y los porteros, y los cantores) ; y que no abandonaríamos la Casa de nuestro Dios.
Y LOS príncipes del pueblo habitaban en Jerusalem, mas el resto del pueblo echó suertes para hacer que de cada diez uno se avecindase en Jerusalem, la santa ciudad, y las nueve décimas partes quedasen en las demás ciudades.
Y bendijo el pueblo a todos los hombres que se ofrecieron espontáneamente para habitar en Jerusalem.
¶Estos pues son los hombres principales de la provincia que se avecindaron en Jerusalem; mas en las ciudades de Judá los del cautiverio se habían avecindado cada uno en su propia posesión, en sus ciudades respectivas, a saber, Israel, los sacerdotes y los levitas, y los netineos, y los hijos de los siervos de Salomón.
En Jerusalem, pues, se avecindaron algunos de los hijos de Judá y de Benjamín, a saber: De los hijos de Judá, Ataya hijo de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Mahalalel, de los hijos de Farés;
y Maasías hijo de Baruc, hijo de Colhosé, hijo de Hazaya, hijo de Adaya, hijo de Joarib, hijo de Zacarías, hijo del Siloneo.
Todos los hijos de Fares que se avecindaron en Jerusalem, fueron cuatrocientos sesenta y ocho hombres va