EN el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desadornada y vacía; y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo: y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz: y fué la luz. Y vió Dios que la luz era buena: y apartó Dios a la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz día; y a las tinieblas llamó Noche: y fué la tarde y la mañana un día. Y dijo Dios: Sea un extendimiento en medio de las aguas, y haga apartamiento entre aguas y aguas. E hizo Dios un extendimiento, y apartó las aguas que están debajo del extendimiento, de las aguas que están sobre el extendimiento: y fué así. Y llamó Dios al extendimiento Cielos: y fué la tarde y la mañana el día segundo. Y dijo Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase la seca: y fué así. Y llamó Dios a la seca, Tierra; y al juntamiento de las aguas llamó Mares: y vió Dios que era bueno. Y dijo Dios: Produzca la tierra yerba verde, yerba que haga simiente: árbol de fruto que haga fruto según su naturaleza, que su simiente esté en él sobre la tierra: y fué así. Y produjo la tierra yerba verde, yerba que hace simiente según su naturaleza, y árbol que hace fruto, que su simiente está en él según su naturaleza: y vió Dios que era bueno. Y fué la tarde y la mañana el día tercero. Y dijo Dios: Sean luminares en el extendimiento de los cielos para apartar el día y la noche: y sean por señales, y por tiempos determinados, y por dias y años: Y sean por luminares en el extendimiento de los cielos para alumbrar sobre la tierra: y fué así. E hizo Dios los dos luminares grandes: el luminar grande para que señorease en el día, y el luminar pequeño para que señorease en la noche, y las estrellas. Y púsolos Dios en el extendimiento de los cielos, para alumbrar sobre la tierra; Y para señorear en el día y en la noche, y para apartar la luz y las tinieblas: y vió Dios que era bueno. Y fué la tarde y la mañana el día cuarto. Y dijo Dios: Produzcan las aguas reptil de ánima viviente, y aves que vuelen sobre la tierra, sobre la haz del extendimiento de los cielos. Y creó Dios las grandes ballenas, y toda cosa viva, que anda arrastrando, que las aguas produjeron según sus naturalezas: y toda ave de alas según su naturaleza: y vió Dios que era bueno. Y bendíjolos Dios, diciendo: Fructificád y multiplicád, y henchíd las aguas en las mares; y las aves se multipliquen en la tierra. Y fué la tarde y la mañana el día quinto. Y dijo Dios: Produzca la tierra ánima viviente según su naturaleza, bestias, y serpientes, y animales de la tierra según su naturaleza: y fué así. E hizo Dios animales de la tierra según su naturaleza y bestias según su naturaleza; y todas serpientes de la tierra según su naturaleza: y vió Dios que era bueno. Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imágen, conforme a nuestra semejanza; y señoreen en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en toda serpiente que anda arrastrando sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imágen, a imágen de Dios le creó: macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: Fructificád y multiplicád, y henchíd la tierra, y sojuzgádla, y señoreád en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias, que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí, os he dado toda yerba que hace simiente, que está sobre la haz de toda la tierra: y todo árbol en que hay fruto de árbol que haga simiente, seros ha para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se mueve sobre la tierra en que hay ánima viviente; toda verdura de yerba será para comer. Y fué así. Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera: y fué la tarde y la mañana el día sexto. Y FUERON acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. Y bendijo Dios al día séptimo, y santificóle: porque en él reposó de toda su obra que había creado Dios para hacer. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, en el día en que hizo Jehová Dios la tierra y los cielos, Y toda planta del campo ántes que fuese en la tierra; y toda yerba del campo ántes que naciese: porque aun no había hecho llover Jehová Dios sobre la tierra; ni aun había hombre, para que labrase la tierra. Y un vapor subía de la tierra, que regaba toda la haz de la tierra. Formó pues Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz soplo de vida: y fué el hombre en ánima viviente. Y había plantado Jehová Dios un huerto en Edén al oriente, y puso allí al hombre que formó. Había también hecho producir Jehová Dios de la tierra todo árbol deseable a la vista, y bueno para comer; y el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de ciencia de bien y de mal. Y salía un río de Edén para regar el huerto, y desde allí se repartía en cuatro cabezas. El nombre del uno era Fisón: este es el que cerca toda la tierra de Hevila, donde hay oro: Y el oro de aquella tierra es bueno: hay allí también bdelio, y piedra cornerina. El nombre del segundo río es Gijón: este es el que cerca toda la tierra Etiopía. Y el nombre del tercer río es Jidekel: este es el que va hacia el oriente de la Asiria. Y el cuarto río es Éufrates. Tomó pues Jehová Dios al hombre, y púsole en el huerto de Edén, para que le labrase, y le guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás: Mas del árbol de ciencia de bien y de mal, no comerás de él: porque el día que de él comieres, morirás. Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo: hacerle he ayuda que esté delante de él. Formó pues Jehová Dios de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y trájolas a Adam, para que viese como las había de llamar: y todo lo que Adam llamó a alma viviente, eso es su nombre. Y puso Adam nombres a toda bestia, y a ave de los cielos, y a todo animal del campo: mas para Adam no halló ayuda, que estuviese delante de él. E hizo caer Jehová Dios sueño sobre el hombre, y adormecióse; y tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y edificó Jehová Dios la costilla que tomó del hombre, en mujer, y trájola al hombre. Y dijo el hombre: Esta vez, hueso de mis huesos, y carne de mi carne. Esta será llamada Varona, porque del Varón fué tomada esta. Por tanto el varón dejará a su padre y a su madre, y allegarse ha a su mujer, y serán por una carne. Y estaban ámbos desnudos, Adam y su mujer, y no se avergonzaban. EMPERO la serpiente era astuta más que todos los animales del campo, que Jehová Dios había hecho: la cual dijo a la mujer: Cuanto mas que Dios dijo: No comáis de todo árbol del huerto. Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto comemos; Mas del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios; No comeréis de él, ni tocaréis en él, porque no muráis. Entónces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis. Mas sabe Dios, que en el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos; y seréis como dioses, sabiendo el bien y el mal. Y vió la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era deseable a los ojos, y árbol de codicia para entender: y tomó de su fruto, y comió, y dió también a su marido, y comió con ella. Y fueron abiertos los ojos de ellos ámbos, y conocieron que estaban desnudos: entónces cosieron hojas de higuera, e hiciéronse delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios, que se paseaba en el huerto al aire del día; y escondióse el hombre y su mujer de delante de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Y llamó Jehová Dios al hombre, y díjole: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo; porque estaba desnudo: y escondíme. Y díjole: ¿Quién te enseñó, que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé que no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que diste para estar conmigo, ella me dió del árbol, y comí. Entónces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es esto que hiciste? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Porque hiciste esto, maldita serás mas que todas las bestias, y que todos los animales del campo: sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los dias de tu vida. Y enemistad pondré entre tí y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. A la mujer dijo: Multiplicando multiplicaré tus dolores, y tus preñeces: con dolor parirás los hijos, y a tu marido será tu deseo, y él se enseñoreará de tí. Y al hombre dijo: Porque obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé, diciendo: No comerás de él: Maldita será la tierra por amor de tí: con dolor comerás de ella todos los dias de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás yerba del campo. En el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado: Porque polvo eres, y al polvo serás tornado. Y llamó el hombre el nombre de su mujer, Eva: por cuanto ella era madre de todos los vivientes. Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y vistiólos. Y dijo Jehová Dios: He aquí, el hombre es como uno de nos, sabiendo el bien y el mal: ahora pues, porque no meta su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y sacóle Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra, de que fué tomado. Y echó al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada flamante que andaba alrededor, para guardar el camino del árbol de la vida. Y CONOCIÓ Adam a su mujer Eva, la cual concibió y parió a Caín, y dijo: Ganado he un varón por Jehová. Y otra vez parió a su hermano Abel. Y fué Abel pastor de ovejas, y Caín fué labrador de la tierra. Y aconteció al cabo de dias, que Caín trajo del fruto de la tierra un presente a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de sus grosuras: y miró Jehová a Abel y a su presente. Y a Caín y a su presente no miró. Y ensañóse Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entónces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado? ¿y por qué ha decaido tu semblante? ¿Cómo, no serás ensalzado si bien hicieres: y si no hicieres bien, no estarás echado por tu pecado a la puerta? Con todo esto, a tí será su deseo; y tú te enseñorearás de él. Y hablo Caín a su hermano Abel. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra Abel su hermano, y le mató. Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé: ¿Soy yo guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir la sangre de tu hermano de tu mano. Cuando labrares la tierra, no te volverá a dar su fuerza: vagabundo y extranjero serás en la tierra. Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi iniquidad de perdonar. He aquí, me echas hoy de la haz de la tierra, y de tu presencia me esconderé: y seré vagabundo y extranjero en la tierra: y será, que cualquiera que me hallare, me matará. Y respondióle Jehová: Cierto cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entónces Jehová puso una señal en Caín, para que no le matase cualquiera que le hallase. Y salió Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén. Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y parió a Jenoc: y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Jenoc. Y nació a Jenoc Irad, e Irad engendró a Maviael, y Maviael engendró a Matusael, y Matusael engendró a Lamec. Y tomó para si Lamec dos mujeres, el nombre de la una fué Ada, y el nombre de la otra Sella. Y parió Ada a Jabel, el cual fué padre de los que habitan en tiendas, y de los que tienen ganados. Y el nombre de su hermano fué Jubal, el cual fué padre de todos los que tañen harpa y órgano. Y Sella también parió a Tubal-caín acicalador de toda obra de metal y de hierro: y la hermana de Tubal-caín fué Noema. Y dijo Lamec a sus mujeres Ada y Sella: Oid mi voz mujeres de Lamec, escuchád mi dicho: Que varón mataré por mi herida, y mancebo por mi golpe: Que siete veces será vengado Caín, mas Lamec setenta veces siete. Y conoció Adam aun a su mujer, y parió un hijo, y llamó su nombre Set; Porque (dice) Dios me ha dado otra simiente por Abel, al cual mató Caín, Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entónces los hombres comenzaron a llamarse del nombre de Jehová. ESTE es el libro de las descen- dencias de Adam. El día que creó Dios al hombre, a la semejanza de Dios le hizo. Macho y hembra los creó, y bendíjolos, y llamó el nombre de ellos Adam, en el día en que fueron creados. Y vivió Adam ciento y treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imágen, y llamó su nombre Set. Y fueron los dias de Adam, después que engendró a Set, ochocientos años: y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los dias que vivió Adam novecientos y treinta años, y murió. Y vivió Set ciento y cinco años, y engendró a Enós. Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos y siete años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los dias de Set novecientos y doce años, y murió. Y vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán. Y vivió Enós, después que engendró a Cainán, ochocientos y quince años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los dias de Enós novecientos y cinco años, y murió. Y vivió Cainán setenta años, y engendró a Malaleel. Y vivió Cainán, después que engendró a Malaleel, ochocientos y cuarenta años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los dias de Cainán novecientos y diez años, y murió. Y vivió Malaleel sesenta y cinco años, y engendró a Jared. Y vivió Malaleel, después que engendró a Jared, ochocientos y treinta años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los dias de Malaleel ochocientos y noventa y cinco años, y murió. Y vivió Jared ciento y sesenta y dos años, y engendró a Jenoc. Y vivió Jared, después que engendró a Jenoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los dias de Jared novecientos y sesenta y dos años, y murió. Y vivió Jenoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalem. Y anduvo Jenoc con Dios, después que engendró a Matusalem, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los dias de Jenoc trescientos y sesenta y cinco años. Y anduvo Jenoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. Y vivió Matusalem ciento y ochenta y siete años, y engendró a Lamec. Y vivió Matusalem, después que engendró a Lamec, setecientos y ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los dias de Matusalem novecientos y sesenta y nueve años, y murió. Y vivió Lamec ciento y ochenta y dos años, y engendró un hijo. Y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos consolará de nuestras obras, y del trabajo de nuestras manos de la tierra a la cual Jehová maldijo. Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos y noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los dias de Lamec setecientos y setenta y siete años, y murió. Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, Cam, y a Jafet. Y ACAECIÓ que cuando comen- zaron los hombres a multiplicarse sobre la haz de la tierra, y les nacieron hijas, Viendo los hijos de Dios las hijas de los hombres que eran hermosas, tomáronse mujeres escogiendo entre todas. Y dijo Jehová: No contenderá mi Espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne: mas serán sus dias ciento y veinte años. Había gigantes en la tierra en aquellos dias; y también después que entraron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos, estos fueron los valientes, que desde la antigüedad fueron varones de nombre. Y vió Jehová que la malicia de los hombres era mucha sobre la tierra, y que todo el intento de los pensamientos del corazón de ellos ciertamente era malo todo el tiempo. Y arrepintióse Jehová de haber hecho hombre en la tierra; y pesóle en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré los hombres que he creado de sobre la haz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil, y hasta el ave de los cielos; porque me arrepiento de haberlos hecho. Empero Noé halló gracia en los ojos de Jehová. Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, perfecto fué en sus generaciones: con Dios anduvo Noé. Y engendró Noé tres hijos, a Sem, a Cam, y a Jafet. Y corrompióse la tierra delante de Dios, e hinchióse la tierra de violencia. Y vió Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Y dijo Dios a Noé: El fin de toda carne ha venido delante de mí: porque la tierra está llena de violencia delante de ellos: y he aquí que yo los destruyo a ellos con la tierra. Házte un arca de madera de cedro: harás apartamientos en el arca, y embetunarla has por de dentro y por de fuera con betún. Y de esta manera la harás: De trescientos codos la longura del arca, y de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura. Una ventana harás al arca, y a un codo la acabarás de la parte de arriba: y la puerta del arca pondrás a su lado de suelos bajos, segundos, y terceros le harás. Y yo, he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne, en que haya espíritu de vida debajo del cielo: todo lo que hubiere en la tierra, morirá. Mas yo estableceré mi concierto contigo, y entrarás en el arca tú, y tus hijos, y tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada uno meterás en el arca, para que tengan vida contigo: macho y hembra serán. De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada uno entrarán a tí, para que tengan vida. Y tú tómate de toda vianda que se come, y júntatela, y será para tí y para ellos por mantenimiento. E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Dios: así lo hizo. Y JEHOVÁ dijo a Noé: Entra tú, y toda tu casa en el arca; porque a tí he visto justo delante de mí en esta generación. De todo animal limpio te tomarás de siete en siete, macho y su hembra: mas de los animales que no son limpios, dos, macho y su hembra. También de las aves de los cielos, de siete en siete, macho y hembra: para guardar en vida la simiente sobre la haz de toda la tierra. Porque pasados aun siete dias, yo lluevo sobre la tierra cuarenta dias, y cuarenta noches: y raeré toda sustancia que hice, de sobre la haz de la tierra. E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová. Y siendo Noé de seiscientos años, el diluvio de las aguas fué sobre la tierra. Y vino Noé, y su hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos con él al arca, por las aguas del diluvio. De los animales limpios, y de los animales que no eran limpios, y de las aves, y de todo lo que anda arrastrando sobre la tierra, De dos en dos entraron a Noé en el arca, macho y hembra, como mandó Dios a Noé. Y fué, que al séptimo día las aguas del diluvio fueron sobre la tierra. El año de seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diez y siete dias del mes, aquel día fueron rompidas todas las fuentes del grande abismo, y las ventanas de los cielos fueron abiertas. Y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta dias y cuarenta noches. En este mismo día entró Noé, y Sem, y Cam, y Jafet, hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos con él en el arca. Ellos y todos los animales según sus especies, y todas las bestias según sus especies, y todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, todo pájaro, toda cosa de alas. Y vinieron a Noé al arca de dos en dos, de toda carne, en que había espíritu de vida. Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios: y cerró Jehová sobre él. Y fué el diluvio cuarenta dias sobre la tierra; y las aguas se multiplicaron, y alzaron el arca, y fué alzada de sobre la tierra. Y prevalecieron las aguas, y multiplicáronse en gran manera sobre la tierra; y andaba el arca sobre la haz de las aguas. Y las aguas prevalecieron mucho en gran manera sobre la tierra; y fueron cubiertos todos los montes altos, que había debajo de todos los cielos. Quince codos encima prevalecieron las aguas; y fueron cubiertos los montes. Y murió toda carne que anda arrastrando sobre la tierra, en las aves, y en las bestias, y en los animales, y en todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra, y en todo hombre: Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, de todo lo que había en la tierra, murió. Así rayó toda la sustancia que había sobre la haz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, hasta el reptil, y hasta el ave del cielo: y fueron raidos de la tierra, y quedó solamente Noé, y lo que con él estaba en el arca. Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento y cincuenta dias. Y ACORDÓSE Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca: e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y cesaron las aguas. Y cerráronse las fuentes del abismo, y las ventanas de los cielos, y la lluvia de los cielos fué detenida. Y tornaron las aguas de sobre la tierra, yendo y volviendo: y descrecieron las aguas al cabo de ciento y cincuenta dias. Y reposó el arca en el mes séptimo, a los diez y siete dias del mes, sobre los montes de Armenia. Y las aguas fueron descreciendo hasta el mes décimo: en el décimo, al primero del mes, se descubrieron las cabezas de los montes. Y fué que al cabo de cuarenta dias Noé abrió la ventana del arca, que había hecho: Y envió al cuervo, el cual salió, saliendo y tornando, hasta que las aguas se secaron de sobre la tierra. Y envió a la paloma de sí, para ver si las aguas se habían aliviado de sobre la haz de la tierra. Y no halló la paloma donde reposase la planta de su pié, y volvióse a él al arca, porque las aguas estaban aun sobre la haz de toda la tierra: Y él estendió su mano, y la tomó, y metióla consigo en el arca. Y esperó aun otros siete dias, y volvió a enviar la paloma del arca. Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde, y he aquí que traía una hoja de oliva tomada en su boca; y entendió Noé, que las aguas se habían aliviado de sobre la tierra. Y esperó aun otros siete dias, y envió la paloma, la cual no tornó a volver a él más. Y fué, que en el año de seiscientos y uno, en el mes primero, al primero del mes, las aguas se enjugaron de sobre la tierra; y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he aquí que la haz de la tierra estaba enjuta. Y en el mes segundo, a los veinte y siete dias del mes, se secó la tierra. Y habló Dios a Noé, diciendo: Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves, y de bestias, y de todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen, y multipliquen sobre la tierra. Entónces salió Noé, y sus hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. Todos los animales, y todo reptil, y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca. Y edificó Noé altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio, y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y olió Jehová olor de reposo: y dijo Jehová, en su corazón: No tornaré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre malo es desde su niñez: ni volveré más a herir toda cosa viva, como he hecho. Todavía serán todos los tiempos de la tierra, es a saber, sementera, y siega, y frio y calor, verano e invierno, y día y noche: no cesarán. Y BENDIJO Dios a Noé y a sus hijos, y díjoles: Fructificád y multiplicád, y henchíd la tierra. Y vuestro temor y vuestro pavor será sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se moverá en la tierra, y en todos los peces de la mar: en vuestra mano son entregados. Todo lo que se mueve, que es vivo, tendréis por mantenimiento: como verdura de yerba os lo he dado todo. Empero la carne con su alma, que es su sangre, no comeréis. Porque ciertamente vuestra sangre, que es vuestras almas, yo la demandaré, de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre, de mano del varón su hermano demandaré el alma del hombre. El que derramare sangre de hombre en el hombre, su sangre será derramada; porque a imágen de Dios es hecho el hombre. Mas vosotros fructificád y multiplicád, y andád en la tierra, y multiplicád en ella. Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo: Yo: he aquí que yo establezco mi concierto con vosotros, y con vuestra simiente, después de vosotros, Y con toda alma viviente que está con vosotros, en aves, en animales, y en toda bestia de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra. Que yo estableceré mi concierto con vosotros que no será talada más toda carne con aguas de diluvio; y que no habrá más diluvio para destruir la tierra. Y dijo Dios: Esta será la señal del concierto que yo pongo entre mí y vosotros, y toda alma viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco pondré en las nubes, el cual será por señal de concierto entre mí y la tierra. Y será, que cuando yo anublare nubes sobre la tierra, entónces mi arco parecerá en las nubes: Y acordarme he de mi concierto que está entre mí y vosotros, y toda alma viviente en toda carne: y no serán más las aguas por diluvio para destruir a toda carne. Y estará el arco en las nubes, y verlo he para acordarme del concierto perpetuo entre Dios y toda alma viviente, con toda carne que está sobre la tierra. Dijo más Dios a Noé: Esta será la señal del concierto, que he establecido entre mí y toda carne, que está sobre la tierra. Y fueron los hijos de Noé, que salieron del arca, Sem, Cam, y Jafet: y Cam es el padre de Canaán. Estos tres son los hijos de Noé, y de estos fué llena toda la tierra. Y comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña: Y bebió del vino, y embriagóse, y descubrióse en medio de su tienda. Y vió Cam, el padre de Canaán, la desnudez de su padre, y díjolo a sus dos hermanos en la calle, Entónces tomó Sem y Jafet la ropa, y pusiéronla sobre sus hombros de ámbos, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos los rostros, que no vieron la desnudez de su padre. Y despertó Noé de su vino, y supo lo que había hecho con él su hijo el pequeño, Y dijo: Maldito sea Canaán, siervo de siervos será a sus hermanos. Dijo más: Bendito Jehová el Dios de Sem, y séale Canaán siervo. Ensanche Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem, y séale Canaán siervo. Y vivió Noé, después del diluvio, trescientos y cincuenta años. Y fueron todos los dias de Noé novecientos y cincuenta años, y murió. ESTAS son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam, y Jafet, a los cuales nacieron hijos después del diluvio. Los hijos de Jafet fueron Gomer, y Magog, y Madai, y Javán, y Tubal, y Mosoc, y Tiras. Y los hijos de Gomer: Ascenez, y Rifat, y Togorma. Y los hijos de Javán: Elisa, y Társis, Cetim, y Dodanim. Por estos fueron partidas las islas de las Gentes en sus tierras, cada cual según su lengua, conforme a sus familias en sus naciones. Los hijos de Cam fueron Cus, y Mizraim, y Fut, y Canaán. Y los hijos de Cus, Saba, Hevila, y Sabata, y Rahama, y Sabataca. Y los hijos de Rahama, Saba, y Dadán. Y Cus engendró a Nimrod. Este comenzó a ser poderoso en la tierra. Este fué poderoso cazador delante de Jehová: por lo cual se dice: Como Nimrod poderoso cazador delante de Jehová. Y fué la cabecera de su reino Babel, y Arac, y Acad, y Calanne, en la tierra de Sennaar. De aquesta tierra salió Assur, el cual edificó a Ninive, y a Recobot-ir, y a Cale, Y a Resen entre Ninive y Cale, la cual es la ciudad grande. Y Mizraim engendró a Ludim, y Anamim, y Laabim, y Neptuim, Y a Fetrusim, y Casluim, de donde salieron los Filisteos, y a Caftorim. Y Canaán engendró a Sidón su primogénito, y a Jet, Y a Jebusi, y Amori, y Gergasi, Y a Hevi, y a Arci, y a Cini, Y a Aradi, Samari, y Hemati: y después se derramaron las familias de los Cananeos. Y fué el término de los Cananeos, desde Sidón viniendo a Gerar hasta Gaza, hasta entrar en Sodoma y Gomorra, Adma, y Seboim hasta Lasa. Estos son los hijos de Cam por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones. Y a Sem también le nacieron hijos; él fué padre de todos los hijos de Jeber, hermano de Jafet el mayor. Y los hijos de Sem fueron Elam, y Assur, y Arfajad, y Lud, y Aram. Y los hijos de Aram: Hus, y Hul, y Geter, y Mes. Arfajad engendró a Sale, y Sale engendró a Jeber. Y a Jeber nacieron dos hijos: el nombre del uno fué Faleg, porque en sus dias fué partida la tierra: y el nombre de su hermano, Jectán. Y Jectán engendró a Elmodad, y a Salef, y a Asarmot, y a Jaré, Y a Adoram, y a Uzal, y a Decla, Y a Hebal, y a Abimael, y a Saba, Y a Ofir, y a Hevola, y a Jobab. Todos estos fueron hijos de Jectán. Y fué su habitación desde Messa, viniendo de Sefar, monte de oriente. Estos fueron los hijos de Sem por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones. Estas son las familias de Noé por sus descendencias, en sus naciones: y de estos fueron divididas las naciones en la tierra después del diluvio. ERA entónces toda la tierra de una lengua, y de unas mismas palabras. Y aconteció, que como se partieron de oriente, hallaron campo en la tierra de Sennaar, y asentaron allí. Y dijeron los unos a los otros: Dad acá, hagamos ladrillo, y cozámoslo con fuego. Y fuéles el ladrillo en lugar de piedra, y el betún en lugar de mezcla. Y dijeron: Dad acá: Edifiquémosnos una ciudad, y una torre, que tenga la cabeza en el cielo: y hagámosnos nombrados; por ventura nos esparciremos sobre la haz de toda la tierra. Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre, que edificaban los hijos del hombre. Y dijo Jehová: He aquí, el pueblo es uno, y todos estos tienen un lenguaje, y ahora comienzan a hacer, y ahora no dejarán de ejecutar todo lo que han pensado hacer. Ahora pues, descendamos, y mezclemos allí sus lenguas, que ninguno entienda la lengua de su compañero. Así los esparció Jehová de allí sobre la haz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por esto fué llamado el nombre de ella Babel, porque allí mezcló Jehová el lenguaje de toda la tierra, y de allí los esparció sobre la haz de toda la tierra. Estas son las generaciones de Sem: Sem de edad de cien años engendró a Arfajad, dos años después del diluvio. Y vivió Sem, después que engendró a Arfajad, quinientos años, y engendró hijos e hijas. Y Arfajad vivió treinta y cinco años, y engendró a Sale. Y vivió Arfajad, después que engendró a Sale, cuatrocientos y tres años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Sale treinta años, y engendró a Jeber. Y vivió Sale, después que engendró a Jeber, cuatrocientos y tres años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Jeber treinta y cuatro años, y engendró a Faleg. Y vivió Jeber, después que engendró a Faleg, cuatrocientos y treinta años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Faleg treinta años, y engendró a Reu. Y vivió Faleg, después que engendró a Reu, doscientos y nueve años, y engendró hijos e hijas. Y Reu vivió treinta y dos años, y engendró a Sarug. Y vivió Reu, después que engendró a Sarug, doscientos y siete años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Sarug treinta años, y engendró a Nacor. Y vivió Sarug, después que engendró a Nacor, doscientos años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Nacor veinte y nueve años, y engendró a Tare. Y vivió Nacor, después que engendró a Tare, ciento y diez y nueve años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Tare setenta años, y engendró a Abram, a Nacor, y a Arán. Y estas son las generaciones de Tare. Tare engendró a Abram, y a Nacor, y a Arán; y Arán engendró a Lot. Y murió Arán ántes de su padre Tare, en la tierra de su naturaleza, en Ur de los Caldeos. Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres: el nombre de la mujer de Abram fué Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Melca, hija de Arán, padre de Melca, y padre de Jesca. Y Sarai fué estéril, que no tenía hijo. Y tomó Tare a Abram su hijo, y a Lot hijo de Arán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo: y salió con ellos de Ur de los Caldeos, para ir a la tierra de Canaán: y vinieron hasta Harán: y asentaron allí. Y fueron los dias de Tare doscientos y cinco años, y murió Tare en Harán. EMPERO Jehová había dicho a Abram: Véte de tu tierra, y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré: Y hacerte he en gran gente, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en tí todas las familias de la tierra. Y fuése Abram, como Jehová le dijo, y fué con él Lot: y era Abram de edad de setenta y cinco años, cuando salió de Harán. Y tomó Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y toda su hacienda que habían ganado, y las almas que habían hecho en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán: y llegaron a tierra de Canaán. Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el alcornoque de More: y el Cananeo estaba entónces en la tierra. Y apareció Jehová a Abram, y díjole: A tu simiente daré esta tierra. Y edificó allí altar a Jehová, que le había aparecido. Y pasóse de allí al monte, al oriente de Betel, y tendió allí su tienda, Betel al occidente, y Hai al oriente. Y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová. Y movió Abram de allí caminando, y yendo hacia el mediodía. Y hubo hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para peregrinar allá; porque era grave la hambre en la tierra. Y aconteció, que cuando llegó para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí ahora, yo conozco que eres mujer hermosa de vista: Y será, que cuando te verán los Egipcios, dirán: Su mujer es. Y matarme han: y a tí darán la vida. Ahora pues, dí que eres mi hermana, para que yo haya bien por causa tuya, y viva mi alma por amor de tí. Y aconteció, que como entró Abram en Egipto, los Egipcios vieron la mujer que era hermosa en gran manera. Y viéronla los príncipes de Faraón, y alabáronla a Faraón, y fué llevada la mujer a casa de Faraón. Y a Abram hizo bien por causa de ella, y tuvo ovejas, y vacas, y asnos, y siervos, y criadas, y asnas, y camellos. Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa de grandes plagas por causa de Sarai mujer de Abram. Entónces Faraón llamó a Abram, y dijole: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste, que era tu mujer? ¿Por qué dijiste: Es mi hermana? y yo la tomé para mí por mujer. Ahora pues, he aquí tu mujer, tómala, y véte. Entónces Faraón mandó acerca de él a varones, que le acompañaron, y a su mujer, y a todo lo que tenía. ASÍ subió Abram de Egipto, hacia el mediodía, él y su mujer con todo lo que tenía, y con él Lot. Y Abram iba cargado en gran manera en ganado, en plata y oro. Y volvió por sus jornadas de la parte del mediodía, hasta Betel, hasta el lugar donde había estado su tienda ántes, entre Betel y Hai: Al lugar del altar que había hecho allí ántes: e invocó allí Abram el nombre de Jehová. Y asimismo Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, y vacas, y tiendas: De tal manera que la tierra no los sufría para morar juntos: porque su hacienda era mucha, y no pudieron habitar juntos. Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram, y los pastores del ganado de Lot: y el Cananeo y el Ferezeo habitaban entónces en la tierra. Entónces Abram dijo a Lot: No haya ahora cuestión entre mí y tí, y entre mis pastores y los tuyos, porque varones hermanos somos nosotros. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí: si tú fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha: y si tú a la derecha, yo a la izquierda. Y alzó Lot sus ojos, y vió toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, ántes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra, como un huerto de Jehová, como la tierra de Egipto entrando en Zoar. Entónces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán: y partióse Lot de oriente, y apartáronse el uno del otro. Abram asentó en la tierra de Canaán, y Lot asentó en las ciudades de la llanura, y puso sus tiendas hasta Sodoma. Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores para con Jehová en gran manera. Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de con él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde tú estás hacia el aquilón, y al mediodía, y al oriente, y al occidente; Porque toda la tierra que tú ves, daré a tí y a tu simiente para siempre. Y pondré tu simiente como el polvo de la tierra; que si alguno podrá contar el polvo de la tierra, también tu simiente será contada. Levántate, vé por la tierra, por su longura y por su anchura, porque a tí la tengo de dar. Y asentó Abram su tienda, y vino, y moró en el alcornocal de Mamré, que es en Hebrón: y edificó allí altar a Jehová. Y ACONTECIÓ en aquellos dias, que Amrafel rey de Sennaar, Arioc rey de Elasar, Codor-laomor rey de Elam, y Tadal rey de las gentes, Hicieron guerra contra Bara rey de Sodoma, y contra Bersa rey de Gomorra, y contra Senaab rey de Adama, y contra Semeber rey de Seboim, y contra el rey de Bala, la cual es Segor. Todos estos se juntaron en el valle de Siddim, que es el mar de sal. Doce años habían servido a Codor-laomor, y a los trece años se levantaron. Y a los catorce años vino Codor-laomor, y los reyes que estaban con él, e hirieron a Rafaim en Astarot-carnaim, y a Zuzim en Ham y a Emim en Save-cariataim. Y a los Horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de Farán, que está junto al desierto. Y volvieron, y vinieron a Enmispat, que es Cádes, e hirieron todas las labranzas de los Amalecitas, y también al Amorreo, que habitaba en Hasasón-tamar. Y salió el rey de Sodoma, y el rey de Gomorra, y el rey de Adama, y el rey de Seboim, y el rey de Bala, que es Segor, y ordenaron contra ellos batalla en el valle de Siddim: Es a saber, contra Codor-laomor rey de Elam, y Tadal rey de las gentes, y Amrafel rey de Sennaar, y Arioc rey de Elasar, cuatro reyes contra cinco. Y el valle de Siddim era lleno de pozos de betún: y huyeron el rey de Sodoma, y el de Gomorra, y cayeron allí: y los demás huyeron al monte. Y tomaron toda la hacienda de Sodoma y de Gomorra, y todas sus vituallas, y fuéronse. Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, y a su hacienda, y fuéronse; porque él moraba en Sodoma. Y vino uno que escapó, y denunciólo a Abram Hebreo, que habitaba en el alcornocal de Mamré Amorreo, hermano de Escol, y hermano de Aner, los cuales estaban confederados con Abram. Y oyó Abram, que su hermano era cautivo, y armó sus criados, los criados de su casa, trescientos y diez y ocho, y siguióles hasta Dan. Y derramóse sobre ellos de noche él y sus siervos, e hirióles, y siguióles hasta Hoba, que está a la mano izquierda de Damasco. Y volvió toda la hacienda, y también a Lot su hermano, y su hacienda volvió a traer, y también las mujeres y el pueblo. Y salió el rey de Sodoma a recibirle, volviendo él de herir a Codor-laomor y a los reyes que estaban con él, al valle de Save, que es el valle del rey. Entónces Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino, él cual era sacerdote del Dios altísimo. Y bendíjole, y dijo: Bendito sea Abram del Dios altísimo, poseedor de los cielos y de la tierra. Y bendito sea el Dios altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y él le dió los diezmos de todo. Entónces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dáme las personas, y toma para tí la hacienda. Y respondió Abram al rey de Sodoma: Mi mano he alzado a Jehová Dios altísimo, poseedor de los cielos y de la tierra, Que desde un hilo hasta la correa de un zapato, nada tomaré de todo lo que es tuyo, porque no digas: Yo enriquecí a Abram: Sacando solamente lo que comieron los mancebos, y la parte de los varones que fueron conmigo Aner, Escol, y Mamré: los cuales tomarán su parte. DESPUÉS de estas cosas fué palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas Abram: Yo soy tu escudo, tu salario copioso en gran manera. Y respondió Abram: Señor Jehová; ¿qué me has de dar, que yo ando solo, y el mayordomo de mi casa, el Damasceno, Eliezer? Dijo más Abram: He aquí, no me has dado simiente, y he aquí que el hijo de mi casa me hereda. Y luego la palabra de Jehová fué a él, diciendo: No te heredará este; mas el que saldrá de tus entrañas, aquel te heredará. Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora a los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar: y díjole: Así será tu simiente. Y creyó a Jehová, y contóselo por justicia. Y díjole: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los Caldeos, para darte esta tierra que la heredes. Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la tengo de heredar? Y respondióle: Tómame una becerrá de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años; una tórtola también, y un palomino. Y él tomó todas estas cosas, y partiólas por la mitad, y puso cada mitad en frente de su compañera: mas las aves no partió. Y descendían aves sobre los cuerpos muertos, y ojeábalas Abram. Y fué, que poniéndose el sol, cayó sueño sobre Abram, y he aquí, un temor, una oscuridad grande que cayó sobre él. Entónces dijo a Abram: De cierto sepas, que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirles han, y serán afligidos cuatrocientos años; Mas también a la gente a quien servirán, juzgo yo; y después de esto saldrán con grande riqueza. Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. Y en la cuarta generación volverán acá; porque aun no está cumplida la maldad del Amorreo hasta aquí. Y fué que puesto el sol, hubo una oscuridad: y he aquí un horno de humo, y una antorcha de fuego que pasó entre las mitades. Aquel día hizo Jehová concierto con Abram, diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río de Éufrates: Al Cineo, y al Cenezeo, y al Cadmoneo, Y al Jetteo, y al Ferezeo, y a los Rafeos, Al Amorreo, también, y al Cananeo y al Gergeseo, y al Jebuseo. Y SARAI, mujer de Abram, no le paría; y ella tenía una sierva Egipcia, que se llamaba Agar. Dijo, pues, Sarai a Abram: He aquí ahora, Jehová me ha vedado de parir: ruégote que entres a mi sierva, quizá tendré hijos de ella. Y obedeció Abram al dicho de Sarai. Y tomó Sarai, la mujer de Abram, a Agar Egipcia su sierva, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y dióla a Abram su marido por mujer. Y él entró a Agar, la cual concibió: y viéndose preñada, menospreciaba a su señora en sus ojos. Entónces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta es sobre tí: yo puse mi sierva en tu seno, y viendo que se ha empreñado, soy menospreciada en sus ojos: juzgue Jehová entre mí y tí. Y respondió Abram a Sarai: He ahí tu sierva en tu mano: haz con ella lo que bueno te pareciere. Entónces Sarai la afligió, y ella se huyó de delante de ella. Y hallóla el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto: junto a la fuente que está en el camino del Sur: Y díjola: Agar sierva de Sarai: ¿Dónde? ¿De dónde vienes, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai mi señora. Y díjole el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y humíllate debajo de su mano. Y díjole más el ángel de Jehová: Multiplicando multiplicaré tu simiente, que no será contada por la multitud. Y díjole más el ángel de Jehová: He aquí, tú estás preñada, y parirás un hijo: y llamarás su nombre Ismael, porque oido ha Jehová tu aflicción. Y él será hombre fiero: su mano contra todos, y las manos de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. Entónces ella llamó el nombre de Jehová, que hablaba con ella: Atta el roi, Tú, Dios, de vista: Porque dijo: ¿No he visto también aquí las espaldas del que me vió? Por lo cual llamó al pozo: Pozo del Viviente, que me ve. He aquí, está entre Cádes, y Barad. Y parió Agar a Abram un hijo; y llamó Abram el nombre de su hijo, que le parió Agar, Ismael. Y Abram era de edad de ochenta y seis años, cuando parió Agar a Ismael. Y SIENDO Abram de edad de noventa y nueve años, Jehová le apareció, y díjole: Yo soy el Dios Todopoderoso: Anda delante de mí, y sé perfecto. Y pondré mi concierto entre mí y tí, y multiplicarte he mucho en gran manera. Entónces Abram cayó sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo: Yo, he aquí mi concierto contigo: Serás por padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram; mas será tu nombre Abraham; porque padre de muchedumbre de gentes te he puesto. Y multiplicarte he mucho en gran manera, y ponerte he en gentes; y reyes saldrán de tí. Y estableceré mi concierto entre mí y tí, y entre tu simiente después de tí por sus generaciones por alianza perpetua, para ser a tí por Dios, y a tu simiente después de tí. Y daré a tí, y a tu simiente después de tí, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán, en heredad perpetua: y serles he por Dios. Y dijo más Dios a Abraham: Tú empero mi concierto guardarás, tú y tu simiente después de tí por sus generaciones. Este será mi concierto que guardaréis entre mí y vosotros, y tu simiente después de tí: Que será circuncidado entre vosotros todo varón: Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del concierto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho dias será circuncidado en vosotros todo varón por vuestras generaciones: el nacido en casa y el comprado a dinero de cualquier extranjero, que no fuere de tu simiente. Circuncidando será circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi concierto en vuestra carne para alianza perpetua. Y el varón incircunciso que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de sus pueblos: mi concierto anuló. Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no llamarás su nombre Sarai, mas Sara será su nombre. Y bendecirla he, y también te daré de ella un hijo, y bendecirla he, y será madre de naciones: reyes de pueblos serán de ella. Entónces Abraham cayó sobre su rostro, y rióse, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer un hijo? ¿Y Sara, mujer de noventa años, ha de parir? Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de tí. Y respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te parirá un hijo, y llamarás su nombre Isaac, y confirmaré mi concierto con él por concierto a su simiente después de él. Y por Ismael también te he oido: He aquí yo le bendeciré, y le haré fructificar, y multiplicar mucho en gran manera: doce príncipes engendrará; y ponerle he por gran gente. Mas mi concierto estableceré con Isaac, al cual te parirá Sara en este tiempo el año siguiente. Y acabó de hablar con él, y subió Dios de con Abraham. Entónces tomó Abraham a Ismael su hijo, y a todos los siervos nacidos en su casa, y a todos los comprados por su dinero, todo macho en los varones de la casa de Abraham, y circuncidó la carne de su prepucio en aquel mismo día, como Dios lo había hablado con él. Era Abraham de edad de noventa y nueve años, cuando circuncidó él la carne de su prepucio. E Ismael su hijo de trece años, cuando fué circuncidada la carne de su prepucio. En aquel mismo día fué circuncidado Abraham, e Ismael su hijo: Y todos los varones de su casa, el siervo nacido en casa, y el comprado por dinero del extranjero, fueron circuncidados con él. Y APARECIÓLE Jehová en el alcornocal de Mamré, estando él sentado a la puerta de su tienda, cuando comenzaba el calor del día. Y alzó sus ojos, y miró, y he aquí tres varones, que estaban junto a él: y como los vió, salió corriendo a recibirlos desde la puerta de su tienda, e inclinóse a tierra. Y dijo: Señor, Si ahora he hallado gracia en tus ojos, ruégote que no pases de tu siervo. Tómese ahora un poco de agua, y lavád vuestros piés, y recostáos debajo de un árbol: Y tomaré un bocado de pan, y sustentád vuestro corazón, después pasaréis; porque por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has hablado. Entónces Abraham fué a priesa a la tienda a Sara, y díjole: Toma presto tres medidas de flor de harina, amasa y haz panes cocidos debajo de la ceniza. Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y dióle al mozo, y dióse priesa a aderezarlo. Tomó también manteca y leche, y el becerro que había aderezado, y púsolo delante de ellos; y él estaba junto a ellos debajo del árbol, y comieron. Y dijéronle: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda. Entónces dijo: Volviendo volveré a tí según el tiempo de la vida, y, he aquí, tendrá un hijo Sara tu mujer. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda: y ella estaba detrás de él. Y Abraham y Sara eran viejos, entrados en dias: ya a Sara había cesado la costumbre de las mujeres. Y rióse Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido, tendré deleite? Así mismo mi señor es ya viejo. Entónces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reido Sara, diciendo; De cierto tengo de parir, que soy ya vieja? ¿Esconderse ha de Jehová alguna cosa? Al tiempo señalado volveré a tí según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo. Entónces Sara negó, diciendo: No me reí, porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así; porque te reiste. Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma: y Abraham iba con ellos acompañándolos. Y Jehová dijo: ¿Encubro yo de Abraham lo que yo hago: Habiendo de ser Abraham en gran gente y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra? Porque yo lo he conocido, que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado sobre él. Entónces Jehová le dijo: El clamor de Sodoma y de Gomorra, porque se ha engrandecido, y el pecado de ellos, porque se ha agravado en gran manera. Descenderé ahora, y veré, si según su clamor que ha venido hasta mí, hayan hecho consumación: y si no, saberlo he. Y apartáronse de allí los varones, y fueron a Sodoma: mas Abraham estuvo aun delante de Jehová. Y acercóse Abraham, y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá hay cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también, y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que estén dentro de él? Nunca tal hagas, que hagas morir al justo con el impío: ¿y que sea el justo como el impío? Nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer derecho? Entónces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor de ellos. Y Abraham replicó, y dijo: He aquí, ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza; Quizá faltarán de cincuenta justos, cinco: ¿destruirás por aquellos cinco, que falten, toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco. Y añadió más a hablarle, y dijo: ¿Quizá se hallarán allí cuarenta? Y respondió: No lo haré por cuarenta. Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: ¿Quizá se hallarán allí treinta? Y respondió: No lo hare si hallare allí treinta. Y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor: ¿Quizá se hallarán allí veinte? Respondió: No destruiré por veinte. ` Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: ¿Quizá se hallarán allí diez? Respondió: No destruiré por diez. Y se fué Jehová después que acabó de hablar a Abraham: y Abraham se volvió a su lugar. VINIERON, pues, los dos ánge- les a Sodoma a la tarde: y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma: y viéndolos Lot, levantóse a recibirlos, e inclinóse la faz a tierra. Y dijo: He aquí ahora, mis señores, ruégoos que vengáis a casa de vuestro siervo, y dormiréis, y lavaréis vuestros piés: y por la mañana os levantaréis, e iréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la plaza dormiremos. Mas él porfió con ellos mucho, y viniéronse con él, y entraron en su casa, e hízoles banquete, y coció panes sin levadura, y comieron. Y ántes que se acostasen, los varones de la ciudad, los varones de Sodoma, cercaron la casa desde el mozo hasta el viejo, todo el pueblo de cabo a cabo. Y llamaron a Lot, y dijéronle: ¿Dónde están los varones que vinieron a tí esta noche? Sácanoslos, para que los conozcamos. Entónces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró las puertas tras sí; Y dijo: Hermanos míos, ruégoos que no hagáis mal. He aquí ahora, yo tengo dos hijas, que no han conocido varón; sacarlas he ahora a vosotros, y hacéd de ellas como bien os parecerá: solamente a estos varones no hagáis nada, porque por eso vinieron a la sombra de mi tejado. Y ellos respondieron: Quita allá. Y dijeron aun: Vino solo para habitar: ¿y juzgará juzgando? Ahora te haremos más mal que a ellos. Y hacían gran violencia al varón, a Lot: y llegáronse para quebrar las puertas. Entónces los varones extendieron su mano, y metieron a Lot consigo en casa, y cerraron las puertas. Y a los varones, que estaban a la puerta de la casa, hirieron con ceguedades, desde el pequeño hasta el grande; mas ellos se fatigaban por hallar la puerta. Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aun aquí alguno? Yernos, y tus hijos, y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, saca de este lugar. Porque destruimos este lugar, porque el clamor de ellos se ha engrandecido delante de Jehová; por tanto Jehová nos ha enviado para destruirlo. Entónces salió Lot, y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y díjoles: Levantáos, salíd de este lugar; porque ha de destruir Jehová esta ciudad: mas fué tenido como burlador en los ojos de sus yernos. Y como el alba subía, los ángeles dieron priesa a Lot, diciendo: Levántate, toma a tu mujer, y tus dos hijas, que se hallan aquí, porque no perezcas en el castigo de la ciudad. Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer, y de las manos de sus dos hijas, en la misericordia de Jehová que era sobre él: y sacáronle, y pusiéronle fuera de la ciudad. Y fué, que sacándoles fuera, dijo: Escápate: sobre tu alma no mires tras tí, ni pares en toda esta llanura, en el monte escápate, porque no perezcas. Y Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos: He aquí ahora, ha hallado tu siervo gracia en tus ojos, y has engrandecido tu misericordia, que has hecho conmigo, dándome la vida: mas yo no podré escaparme en el monte, que quizá no se me pegue el mal, y muera. He aquí ahora, esta ciudad está cercana para huir allá, la cual es pequeña, escaparme he ahora allí; ¿no es pequeña, y vivirá mi alma? Y respondióle: He aquí, yo he recibido tus ruegos también por esto, para no destruir la ciudad de que has hablado. Dáte priesa, escápate allá; porque no podré hacer nada, hasta que hayas llegado allá. Por esto fué llamado el nombre de la ciudad Segor. El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Segor. Y Jehová llovió sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de Jehová desde los cielos: Y trastornó las ciudades, y toda aquella llanura con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra. Entónces su mujer miró atrás de él, y fué vuelta estatua de sal. Y levantóse Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová; Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra, como el humo de un horno. Y fué, que destruyendo Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió a Lot de en medio de la destrucción, destruyendo las ciudades donde Lot estaba. Empero Lot subió de Segor, y asentó en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedar en Segor, y asentó en una cueva él y sus dos hijas. Entónces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra: Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservarémos de nuestro padre generación. Y dieron a beber vino a su padre aquella noche: y entró la mayor, y durmió con su padre; y él no supo cuando la hija se acostó, ni cuando se levantó. El día siguiente dijo la mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra, duerme con él, y conservarémos de nuestro padre generación. Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y levantóse la menor, y durmió con él; y él no supo cuando la hija se acostó, ni cuando se levantó. Y concibieron las dos hijas de Lot, de su padre. Y parió la mayor un hijo, y llamó su nombre Moab: el cual es padre de los Moabitas hasta hoy. La menor también parió un hijo, y llamó su nombre Ben-ammi, el cual es padre de los Ammonitas hasta hoy. DE allí se partió Abraham a la tierra del mediodía, y asentó entre Cádes y Sur; y peregrinó en Gerar. Y decía Abraham de Sara su mujer: Mi hermana es. Y Abimelec, rey de Gerar, envió, y tomó a Sara. Empero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y díjole: He aquí, muerto eres por la mujer que tomaste, la cual es casada con marido. Mas Abimelec no había llegado a ella, y dijo: Señor: ¿matarás también la gente justa? ¿El no me dijo: Mi hermana es; y ella también dijo: Mi hermano es? Con sencillez de mi corazón, y con limpieza de mis manos he hecho esto. Y díjole Dios en sueños: Yo también sé que con entereza de tu corazón has hecho esto: y yo también te detuve de pecar contra mí, por tanto no te permití que tocases en ella. Ahora, pues, vuelve la mujer a su marido, porque es profeta; y orará por tí, y vive. Y si tú no la volvieres, sepas que muriendo morirás con todo lo que fuere tuyo. Entónces Abimelec se levantó de mañana, y llamó a todos sus siervos, y dijo todas estas palabras en los oidos de ellos, y temieron los hombres en gran manera. Después llamó Abimelec a Abraham, y díjole: ¿Qué nos has hecho? ¿y qué pequé yo contra tí, que has metido sobre mí, y sobre mi reino tan gran pecado? Obras que no son de hacer has hecho conmigo. Y dijo más Abimelec a Abraham: ¿Qué viste, para que hicieses esto? Y Abraham respondió: Porque dije: Cierto no hay temor de Dios en este lugar: y matarme han por causa de mi mujer. Y también cierto mi hermana es, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y toméla por mujer. Y fué, que cuando Dios me hizo salir vagabundo de la casa de mi padre, yo le dije: Esta será tu misericordia que harás conmigo, que en todos los lugares donde viniéremos, digas de mí, Mi hermano es. Entónces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos, y siervas, y dió a Abraham, y volvióle a Sara su mujer: Y dijo Abimelec: He aquí, mi tierra está delante de tí, en lo que bien te pareciere, habita. Y a Sara dijo: He aquí, he dado mil pesos de plata a tu hermano; he aquí, él te es por velo de ojos a todos los que estuvieron contigo, y con todos: y escarmienta. Entónces Abraham oró a Dios, y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y parieron. Porque cerrando había cerrado Jehová toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de Abraham. Y VISITÓ Jehová a Sara, como había dicho; e hizo Jehová con Sara como había hablado. Que concibió y parió Sara a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios dijo. Y llamó Abraham el nombre de su hijo, que le nació, que le parió Sara, Isaac. Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac de ocho dias, como Dios le mandó. Y era Abraham de cien años, cuando le nacio Isaac su hijo. Entónces dijo Sara: Risa me ha hecho Dios; y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo. Y dijo: ¿Quién dijera a Abraham, que Sara había de dar leche a hijos? que le he parido un hijo a su vejez. Y creció el niño, y fué destetado; e hizo Abraham gran banquete el día que fué destetado Isaac. Y vió Sara al hijo de Agar la Egipcia, que había parido a Abraham, que se burlaba. Y dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, que el hijo de esta sierva no ha de heredar con mi hijo, con Isaac. Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo. Entónces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del mozo y de tu sierva: en todo lo que te dijere Sara, oye en su voz; porque en Isaac te será llamada generación. Y también al hijo de la sierva pondré en gente, porque es tu simiente. Entónces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un cuero de agua, y diólo a Agar poniéndolo sobre su hombro; y diole al muchacho, y envióla: y ella fué, y perdióse en el desierto de Beer-seba. Y faltóle el agua del cuero, y echó el muchacho debajo de un árbol, Y fuése, y sentóse en derecho, alejándose cuanto un tiro de arco, diciendo: No veré cuando el muchacho morirá; y sentóse en derecho, y alzó su voz y lloró. Y oyo Dios la voz del muchacho: y el ángel de Dios dió voces a Agar desde los cielos, y díjole: ¿Qué has Agar? no hayas miedo; porque Dios ha oido la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza el muchacho, y tómale de tu mano; que en gran gente le tengo de poner. Entónces abrió Dios sus ojos, y vió una fuente de agua; y fué, e hinchió el cuero de agua, y dió de beber al muchacho. Y fué Dios con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fué tirador de arco. Y habitó en el desierto de Farán, y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto. Y fué en aquel mismo tiempo, que habló Abimelec, y Ficol príncipe de su ejército a Abraham, diciendo: Dios es contigo en todo cuanto haces. Ahora, pues, jurame aquí por Dios, que no faltarás a mí, y a mi hijo, y a mi nieto: conforme a la misericordia que yo hice contigo, harás tú conmigo, y con la tierra donde has peregrinado. Y respondió Abraham: Yo juraré. Y Abraham reprendió a Abimelec a causa de un pozo de agua, que los siervos de Abimelec le habían tomado. Y respondió Abimelec: Yo no sé quien haya hecho esto: ni tampoco tú me lo hiciste saber, ni yo lo he oido hasta hoy. Y tomó Abraham ovejas y vacas, y dió a Abimelec, e hicieron ámbos alianza. Y puso Abraham siete corderas de la manada a parte. Y dijo Abimelec a Abraham: ¿Qué significan estas siete corderas, que has puesto a parte? Y él respondió: Que estas siete corderas tomarás de mi mano, para que me sea en testimonio, que yo cavé este pozo. Por esto llamó a aquel lugar Beer-seba; por que allí juraron ámbos. E hicieron alianza en Beer-seba: y levantóse Abimelec, y Ficol príncipe de su ejército, y volviéronse a tierra de los Filisteos. Y plantó un bosque en Beer-seba, e invocó allí el nombre de Jehová Dios eterno. Y moró Abraham en tierra de los Filisteos muchos dias. Y ACONTECIÓ después de estas cosas, que tentó Dios a Abraham, y díjole: Abraham: Y él respondió: Héme aquí. Y dijo: Toma ahora a tu hijo, tu único, que amas, Isaac, y véte a tierra de Moriá; y ofrécele allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham madrugó por la mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos mozos suyos, y a Isaac su hijo: y cortó leña para el holocausto; y levantóse, y fué al lugar que Dios le dijo. Al tercero día alzó Abraham sus ojos, y vió el lugar de léjos. Entónces dijo Abraham a sus mozos: Esperáos aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí, y adoraremos, y volveremos a vosotros. Y tomó Abraham la leña del holocausto, y púsola sobre Isaac su hijo: y él tomó en su mano el fuego, y el cuchillo, y fueron ámbos juntos. Entónces Isaac habló a Abraham su padre, y dijo: Padre mío: Y él respondió: Héme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña: mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios proveerá para sí cordero para el holocausto, hijo mío. E iban ámbos juntos. Y como llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña; y ató a Isaac su hijo, y púsole sobre el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo, para degollar a su hijo. Entónces el ángel de Jehová le dió voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Héme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ahora conozco que temes a Dios, que no me rehusaste a tu hijo, tu único. Entónces alzó Abraham sus ojos, y miró, y he aquí un carnero a sus espaldas trabado en una mata por sus cuernos: y fué Abraham, y tomó el carnero, y ofreciólo en holocausto en lugar de su hijo. Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar; Jehová verá. Por tanto se dice hoy del monte: Jehová verá. Y llamó el ángel de Jehová a Abraham la segunda vez desde el cielo, Y dijo: Por mí mismo he jurado, dijo Jehová, que por cuanto has hecho esto, que no rehusaste a tu hijo, a tu único, Que bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la ribera de la mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos: EN TU SIMIENTE serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz. Y tornóse Abraham a sus mozos, y levantáronse, y fuéronse juntos a Beer-seba; y habitó Abraham en Beer-seba. Y aconteció después de estas cosas, que fué dada nueva a Abraham, diciendo: He aquí que también Melca ha parido hijos a Nacor tu hermano; A Hus su primogénito, y a Buz su hermano, y a Camuel padre de Aram, Y a Cased, y a Asau, y a Feldas, y a Jedlaf, y a Batuel. Y Batuel engendró a Rebeca. Estos ocho parió Melca a Nacor hermano de Abraham. Y su concubina, que se llamaba Reuma, parió también a Tabee, y a Gaham, y a Tahas, y a Maaca. Y FUÉ la vida de Sara ciento y veinte y siete años: tantos fueron los años de la vida de Sara. Y murió Sara en Cariat-arbe, que es Hebrón en la tierra de Canaán: y vino Abraham a endechar a Sara, y a llorarla. Y levantóse Abraham de delante de su muerto, y habló a los hijos de Jet, diciendo: Peregrino y advenedizo soy entre vosotros: dádme heredad de sepultura con vosotros, y sepultaré mi muerto de delante de mí. Y respondieron los hijos de Jet a Abraham, y dijéronle: Óyenos señor mío, príncipe de Dios eres entre nosotros; en lo mejor de nuestras sepulturas sepulta tu muerto; ninguno de nosotros te impedirá su sepultura para sepultar tu muerto. Y Abraham se levantó, e inclinóse al pueblo de la tierra, a los hijos de Jet. Y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad que yo sepulte mi muerto de delante de mí, oídme, e interveníd por mí con Efrón hijo de Seor, Que me dé la cueva doble que tiene al cabo de su heredad: por precio bastante me la dé en medio de vosotros por heredad de sepultura. Este Efrón habitaba entre los hijos de Jet: y respondió Efrón Jetteo a Abraham en oidos de los hijos de Jet, de todos los que, entraban por la puerta de su ciudad, diciendo: No, señor mío, óyeme: la heredad te doy, y la cueva que está en ella te doy también: delante de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta tu muerto. Y Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra. Y respondió a Efrón en oidos del pueblo de la tierra, diciendo: Ántes si te place, ruégote que me oigas: yo daré el precio de la heredad, tómalo de mí, y sepultaré allí mi muerto. Y respondió Efrón a Abraham, diciéndole: Señor mío, escúchame: La tierra es de cuatrocientos siclos de plata entre mí y tí: ¿ Qué es esto? entierra tu muerto. Entónces Abraham se convino con Efrón; y pesó Abraham a Efrón el dinero que dijo en oidos de los hijos de Jet, cuatrocientos siclos de plata corrientes por los mercaderes. Y quedó la heredad de Efrón, que estaba en Macpela enfrente de Mamré, la heredad y la cueva que estaba en ella, y todos los árboles que estaban en la heredad, y en todo su término al rededor, Por de Abraham en posesión delante de los hijos de Jet, y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad. Y después de esto sepultó Abraham a Sara su mujer en la cueva de la heredad de Macpela enfrente de Mamré, que es Hebrón en la tierra de Canaán. Y quedó la heredad, y la cueva que estaba en ella, por de Abraham, en heredad de sepultura, de los hijos de Jet. Y ABRAHAM era ya viejo, y venido en dias: y Jehová había bendecido a Abraham en todo. Y dijo Abraham a su siervo el más viejo de su casa, el que era señor en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo; Y tomarte he juramente por Jehová, Dios de los cielos, y Dios de la tierra, que no tomes mujer para mi hijo de las hijas de Canaán, entre los cuales yo habito: Mas que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás de allá mujer para mi hijo Isaac. Y el siervo le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra: ¿volveré pues tu hijo a la tierra de donde saliste? Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas mi hijo allá. Jehová Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre, y de la tierra de mi naturaleza, y me habló, y me juró, diciendo: A tu simiente daré esta tierra; él enviará su ángel delante de tí, y tomarás de allá mujer para mi hijo. Y si la mujer no quisiere venir en pos de tí, serás limpio de este mi juramento: solamente que no vuelvas allá a mi hijo. Entónces el siervo puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y juróle sobre este negocio. Y el siervo tomó diez camellos de los camellos de su señor, y fué, llevando en su mano de lo mejor que su señor tenía; y levantóse, y fué a Aaram Naharaim, a la ciudad de Nacor. E hizó arrodillar los camellos fuera de la ciudad a un pozo de agua, a la hora de la tarde, a la hora que salen las mozas por agua. Y dijo: Jehová, Dios de mi señor Abraham, haz encontrar ahora delante de mí hoy, y haz misericordia con mi señor Abraham. He aquí, yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua. Sea pues, que la moza a quien yo dijere: Abaja ahora tu cántaro, y beberé; y ella respondiere: Bebe; y también a tus camellos daré a beber: esta sea la que aparejaste a tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor. Y aconteció, que ántes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca que salía, la cual había nacido a Batuel, hijo de Melca, mujer de Nacor hermano de Abraham, con su cántaro sobre su hombro. Y la moza era muy hermosa de vista, vírgen, que varón no la había conocido: la cual descendió a la fuente, e hinchió su cántaro, y subía. Entónces el siervo corrió hacia ella, y dijo: Ruégote que me des a beber un poco de agua de tu cántaro. Y ella respondió: Bebe, señor mío. Y dióse priesa a abajar su cántaro sobre su mano, y dióle a beber. Y acabando de darle a beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber. Y dióse priesa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. Y el varón estaba maravillado de ella callando, para saber si Jehová había prosperado su camino, o no. Y fué, que como los camellos acabaron de beber, el varón sacó un pendiente de oro de medio siclo de peso; y dos ajorcas para sus manos de diez siclos de oro de peso, Y dijo: ¿Hija de quién eres? Ruégote que me declares: ¿Hay lugar en casa de tu padre donde posemos? Y ella respondió: Yo soy hija de Batuel, hijo de Melca, al cual parió a Nacor. Y díjole: También hay en nuestra casa paja y mucho forrage, y también lugar para posar. Entónces el varón se inclinó, y adoró a Jehová. Y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi señor Abraham, que no quitó su misericordia y su verdad de mi señor, guiándome Jehová en el camino a casa de los hermanos de mi señor. Y la moza corrió; e hizo saber en casa de su madre estas cosas. Y Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el cual corrió fuera al varón a la fuente. Y fué, que como vió el pendiente y las ajorcas en las manos de su hermana, y como oyó las palabras de Rebeca su hermana, que decía: Así me dijo aquel varón; vino al varón; y, he aquí, él estaba junto a los camellos a la fuente. Y díjole: Ven, bendito de Jehová; ¿por qué estás fuera? Yo he limpiado la casa y el lugar para los camellos. Entónces el varón vino a casa; y Labán desató los camellos, y dió paja y forrage a los camellos, y agua para lavar los piés de él y los piés de los varones que venían con él. Y pusieron delante de él de comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya hablado mis palabras. Y él le dijo: Habla. Entónces él dijo: Yo soy siervo de Abraham; Y Jehová ha bendecido mucho a mi señor, y háse engrandecido; y le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos. Y Sara , mujer de mi señor, parió un hijo a mi señor después de su vejez, al cual ha dado todo cuanto tiene. Y mi señor me hizo jurar, diciendo: No tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos, en cuya tierra yo habito: Mas irás a la casa de mi padre, y a mi parentela, y tomarás de allá mujer para mi hijo. Y yo dije a mi señor: Quizá no querrá venir en pos de mí la mujer. Entónces él me respondió: Jehová, en cuya presencia yo he andado, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino, y tomarás mujer para mi hijo de mi linaje y de la casa de mi padre: Entónces serás limpio de mi juramento, cuando hubieres llegado a mi linaje: y si no te la dieren, serás limpio de mi juramento. Y vine hoy a la fuente, y dije: Jehová, Dios de mi señor Abraham, si tú prosperas hoy mi camino por el cual yo ando; He aquí, yo estoy junto a esta fuente de agua; sea pues, que la doncella que saliere por agua, a la cual yo dijere: Dáme ahora de beber un poco de agua de tu cántaro; Y ella me respondiere: Bebe tú, y también para tus camellos sacaré agua: esta sea la mujer que aparejó Jehová al hijo de mi señor. Y ántes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí Rebeca que salía con su cántaro sobre su hombro, y descendió a la fuente, y sacó agua: y yo la dije: Ruégote que me des a beber. Y ella prestamente abajó su cántaro de encima de sí, y dijo: Bebe, y también a tus camellos daré a beber. Y bebí, y dió también de beber a mis camellos. Entónces preguntéle, y dije: ¿Cúya hija eres? Y ella respondió: Hija de Batuel, hijo de Nacor, que le parió Melca. Entónces púsele un pendiente sobre su frente y ajorcas sobre sus manos. E inclinéme, y adoré a Jehová, y bendije a Jehová, Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino derecho para tomar la hija del hermano de mi señor para su hijo. Ahora pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor, declarádmelo: y si no, declarádmelo, y echaré, o a diestra, o a siniestra. Entónces Labán y Batuel respondieron, y dijeron: De Jehová ha salido esto, no podemos hablarte malo ni bueno. He ahí Rebeca delante de tí; tómala, y véte, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová. Y fué, que como el siervo de Abraham oyó sus palabras, inclinóse a tierra a Jehová. Y sacó el siervo vasos de plata, y vasos de oro, y vestidos, y dió a Rebeca: también dió cosas preciosas a su hermano, y a su madre. Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron: y levantándose de mañana, dijo: Enviádme a mi señor. Entónces respondió su hermano y su madre: Espere la moza con nosotros a lo menos diez dias, y después irá. Y él les dijo: No me detengáis, pues que Jehová ha prosperado mi camino: enviádme que me vaya a mi señor. Ellos respondieron entónces: Llamemos a la moza y preguntémosle. Y llamaron a Rebeca, y dijéronle: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondio: Si; iré. Entónces enviaron a Rebeca su hermana, y a su ama, y al siervo de Abraham, y a sus varones. Y bendijeron a Rebeca, y dijéronle: Nuestra hermana eres, seas en millares de millares: y tu generación posea la puerta de sus enemigos. Levantóse entónces Rebeca y sus mozas, y subieron sobre los camellos, y siguieron al varón: y el siervo tomó a Rebeca, y fuése. Y venía Isaac del pozo del Viviente que me ve; porque él habitaba en la tierra del mediodía: Y había salido Isaac a orar al campo a la hora de la tarde; y alzando sus ojos, miró; y, he aquí, los camellos que venían. Rebeca también alzó sus ojos, y vió a Isaac, y descendió del camello. Porque había preguntado al siervo: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el siervo había respondido: Este es mi señor. Ella entónces tomó el velo, y cubrióse. Entónces el siervo contó a Isaac todo lo que había hecho. Y metióla Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer; y la amó: y consolóse Isaac después de la muerte de su madre. Y ABRAHAM tomó otra mujer, cuyo nombre fué Cetura: La cual le parió a Zamram, y a Jecsán, y a Madán, y a Madián, y a Jesboc, y a Sue. Y Jecsán engendró a Saba, y a Dadán; e hijos de Dadán fueron Assurim, y Latussim, y Laomim. E hijos de Madián; Efa, y Efer, y Jenoc, y Abida, y Eldaa. Todos estos fueron hijos de Cetura. Y Abraham dió todo lo que tenía a Isaac. Y a los hijos de sus concubinas dió Abraham dones: y envióles de junto a Isaac su hijo, mientras él vivió, al oriente, a la tierra oriental. Estos empero fueron los dias de la vida de Abraham que vivió ciento y setenta y cinco años. Y espiró y murió Abraham en buena vejez, viejo, y harto de dias, y fué agregado a sus pueblos. Y sepultáronle Isaac e Ismael sus hijos en la cueva doble, en la heredad de Efrón hijo de Seor Jetteo, que estaba en frente de Mamré: La heredad que compró Abraham de los hijos de Jet; allí está sepultado y Sara su mujer. Y fué, que después de muerto Abraham, bendijo Dios a Isaac su hijo: y habitó Isaac junto al pozo del Viviente que me ve. Y estas son las generaciones de Ismael hijo de Abraham, que parió Agar Egipcia, sierva de Sara, a Abraham. Estos pues son los nombres de los hijos de Ismael por sus nombres, por sus linajes. El primogénito de Ismael, Nabajot; y Cedar, y Adbeel, y Mabsam, Y Masma, y Duma, y Massa, Hadar, y Tema, y Jetur, y Nafis, y Cedma: Estos son los hijos de Ismael; y estos son sus nombres por sus villas y por sus palacios; doce príncipes por sus familias. Y estos fueron los años de la vida de Ismael, ciento y treinta y siete años: y espiró y murió Ismael, y fué agregado a sus pueblos. Y habitaron desde Hevila hasta el Sur, que está en frente de Egipto viniendo a Assur: delante de todos sus hermanos cayó. Y estas fueron las generaciones de Isaac, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac: Y era Isaac de cuarenta años cuando tomó a Rebeca, hija de Batuel Arameo de Padan-aram, hermana de Labán Arameo, por su mujer. Y oró Isaac a Jehová por su mujer que era estéril; y aceptólo Jehová, y concibió Rebeca su mujer. Y los hijos se combatían dentro de ella, y dijo: Si así había de ser, ¿para qué vivo yo? Y fué a consultar a Jehová. Y respondióle Jehová: Dos naciones hay en tu vientre, y dos pueblos serán divididos de tus entrañas; mas el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor. Y como se cumplieron sus dias para parir, he aquí mellizos en su vientre. Y salió el primero bermejo, y todo él velludo como una ropa; y llamaron su nombre Esaú. Y después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú: y fué llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando Rebeca los parió. Y crecieron los niños; y Esaú fué varón sabio en la caza, hombre del campo: Jacob empero era varón sincero, que estaba en las tiendas. Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza. Mas Rebeca amaba a Jacob. Y guisó Jacob un guisado: y volviendo Esaú del campo cansado, Dijo Esaú a Jacob: Ruégote que me des a comer de eso bermejo, eso bermejo, que estoy cansado. Por tanto fué llamado su nombre, Edom. Y Jacob respondió: Véndeme hoy en este día tu primogenitura. Entónces dijo Esaú: He aquí, yo me voy a morir, ¿para qué pues me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júrame hoy en este día. Y él le juró, y vendió su primogenitura a Jacob. Entónces Jacob dió a Esaú del pan, y del guisado de las lantejas; y él comió, y bebió, y levantóse, y fuése. Y así menospreció Esaú la primogenitura. Y HUBO hambre en la tierra además de la primera hambre, que fué en los dias de Abraham: y fuése Isaac a Abimelec, rey de los Filisteos, en Gerar. Y apareciósele Jehová, y díjole: No desciendas a Egipto: habita en la tierra que yo te diré. Habita en esta tierra, y yo seré contigo; y te bendeciré; porque a tí, y a tu simiente, daré todas estas tierras; y confirmaré el juramento que juré a Abraham tu padre. Y yo multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo; y daré a tu simiente todas estas tierras: y todas las gentes de la tierra serán benditas en tu simiente; Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi observancia, mis mandamientos, mis estatutos, y mis leyes. Así habitó Isaac en Gerar. Y los hombres de aquel lugar preguntaron de su mujer; y él respondió: Es mi hermana: Porque tuvo miedo de decir; Es mi mujer: Quizá, dijo él, los varones de aquel lugar me matarán por causa de Rebeca; porque era hermosa de vista. Y fué, que como él estuvo allí muchos dias, Abimelec, rey de los Filisteos, mirando por una ventana, vió a Isaac que jugaba con Rebeca su mujer: Y llamó Abimelec a Isaac, y dijo: He aquí, ciertamente ella es tu mujer: ¿cómo pues dijiste: Es mi hermana? E Isaac le respondió: Porque dije: Quizá moriré por causa de ella. Y Abimelec dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traido sobre nosotros el pecado. Entónces Abimelec mandó a todo el pueblo, diciendo: El que tocare a este hombre, o a su mujer, muriendo morirá. Y sembró Isaac en aquella tierra, y halló aquel año cien modios; y bendíjole Jehová. Y el varón se engrandeció, y fué yendo y engrandeciéndose, hasta hacerse muy grande. Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y grande apero; y los Filisteos le tuvieron envidia. Y todos los pozos que habían abierto los siervos de Abraham su padre en sus dias, los Filisteos los habían cerrado, y henchido de tierra. Y dijo Abimelec a Isaac: Apártate de nosotros; porque mucho más fuerte que nosotros te has hecho. E Isaac se fué de allí; y asentó sus tiendas en el valle de Gerar, y habitó allí. Y volvió Isaac, y abrió los pozos de agua, que habían abierto en los dias de Abraham su padre, y que los Filisteos habían cerrado muerto Abraham: y llamólos de los nombres que su padre los había llamado. Y los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron allí un pozo de aguas vivas. Y los pastores de Gerar riñeron con los pastores de Isaac, diciendo: El agua es nuestra. Por eso llamó el nombre del pozo Esek, porque habían altercado con él. Y abrieron otro pozo; y riñeron también sobre él: y llamó su nombre, Sitna. Y pasóse de allí, y abrió otro pozo, y no riñeron sobre él: y llamó su nombre Rehobot, y dijo: Porque ahora nos ha hecho ensanchar Jehová, y fructificarémos en la tierra. Y de allí subió a Beer-seba. Y apareciósele Jehová aquella noche, y dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre: no temas, que yo soy contigo; y yo te bendeciré, y multiplicaré tu simiente por causa de Abraham mi siervo. Y edificó allí altar, e invocó el nombre de Jehová, y tendió allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo. Y Abimelec vino a él desde Gerar, y Ocozat amigo suyo, y Ficol capitán de su ejército. Y díjoles Isaac: ¿Por qué venís a mí, pues que me habéis aborrecido, y me enviasteis que no estuviese con vosotros? Y ellos respondieron: Hemos visto que Jehová es contigo; y dijimos: Haya ahora juramento entre nosotros; entre nosotros y tí: y haremos alianza contigo; Que no nos hagas mal, como nosotros no te hemos tocado, y como solamente te hemos hecho bien, y te enviamos en paz: tú ahora, bendito de Jehová. Entónces él les hizo banquete, y comieron, y bebieron. Y madrugaron por la mañana, y juraron el uno al otro, e Isaac los envio, y partiéronse de él en paz. Y fué que en aquel día vinieron los siervos de Isaac, y diéronle nuevas de los negocios del pozo que habían abierto, y dijéronle: Agua hemos hallado. Y llamóle Siba; por esta causa el nombre de aquella ciudad es Beer-seba hasta este día. Y como Esaú fué de cuarenta años, tomó por mujer a Judit, hija de Beeri Jetteo, y a Basemat hija de Elón Jetteo. Y fueron amargura de espíritu a Isaac, y a Rebeca. Y FUÉ, que como Isaac enveje- ció, y sus ojos se oscurecieron de vista, llamó a Esaú su hijo el mayor, y díjole: Mi hijo: y él respondió: Héme aquí. Y él dijo: He aquí, ya soy viejo; no sé el día de mi muerte: Toma pues ahora tus armas, tu aljaba y tu arco; y sal al campo; y toma para mí caza. Y házme guisados, como yo amo, y tráeme, y comeré, para que te bendiga mi alma ántes que muera. Y Rebeca oyó, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo: y fuése Esaú al campo para tomar la caza que había de traer. Entónces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí, yo he oido a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: Tráeme caza; y házme guisados, para que coma, y te bendiga delante de Jehová, ántes que muera. Ahora pues, mi hijo, obedece a mi voz en lo que te mando. Vé ahora al ganado; y tómame de allá dos cabritos de las cabras buenos, y yo haré de ellos guisados para tu padre, como él ama. Y tú los llevarás a tu padre, y comerá, para que te bendiga ántes de su muerte. Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre belloso, y yo hombre sin pelos: Quizá me tentará mi padre, y tenerme ha por burlador; y traeré sobre mí maldición y no bendición. Y su madre le respondió: Hijo mío, sobre mí sea tu maldición: solamente obedece a mi voz, y vé, y tómamelos. ` Entónces él fué, y tomó, y trajo a su madre: y su madre hizo guisados, como su padre los amaba. Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú, su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor. E hízole vestir sobre sus manos, y sobre la cerviz donde no tenía pelos, las pieles de los cabritos de las cabras; Y dió los guisados y pan, que había aderezado, en la mano de Jacob su hijo. Y él vino a su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Héme aquí, ¿quién eres, hijo mío? Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito: yo he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma. Entónces Isaac dijo a su hijo: ¿Qué es esto, que tan presto hallaste, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que se encontrase delante de mí. E Isaac dijo a Jacob: Llégate ahora, y palparte he, hijo mío, si eres mi hijo Esaú, o no. Y llegóse Jacob a su padre Isaac, y él le palpó, y dijo: La voz, la voz es de Jacob; mas las manos, las manos de Esaú. Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y bendíjole. Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y él respondió: Yo soy. Y dijo: Llégamelo, y comeré de la caza de mi hijo, para que te bendiga mi alma; y él le llegó, y comió: y trájole vino, y bebió. Y díjole Isaac su padre: Llega ahora, y bésame, hijo mío. Y él se llego, y besóle, y olió el olor de sus vestidos, y bendíjole, y dijo: Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová bendijo. Y Dios te dé del rocio del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a tí. Sé señor de tus hermanos, e inclínense a tí los hijos de tu madre: malditos los que te maldijeren: y benditos los que te bendijeren. Y fué, que en acabando Isaac de bendecir a Jacob, solamente saliendo había salido Jacob de delante de Isaac su padre, y Esaú su hermano vino de su caza. E hizo también él guisados, y trajo a su padre; y dijo a su padre: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga tu alma. Entónces su padre Isaac le dijo: ¿Quién eres tú? Y él dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito Esaú. Entónces Isaac se estremeció de un grande estremecimiento, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que tomó caza, y me trajo, y yo comí de todo ántes que tú vinieses? yo le bendije y será bendito. Como Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con exclamación muy grande y muy amarga; y dijo a su padre: Bendíceme también a mí, padre mío. Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. Y él respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, que ya me ha engañado dos veces: tomóme mi primogenitura, y he aquí ahora, ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No me has guardado bendición? Isaac respondió, y dijo a Esaú: He aquí, yo le he puesto por tu señor, y a todos sus hermanos le he dado por siervos; de trigo y de vino le he fortalecido; ¿qué pues te haré a tí ahora, hijo mío? Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró. Entónces Isaac su padre habló, y díjole: He aquí, en grosuras de la tierra será tu habitación; y del rocio de los cielos de arriba: Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás: mas será tiempo cuando te enseñorees, y descargues su yugo de tu cerviz. Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición, con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarse han los dias del luto de mi padre, y yo mataré a Jacob mi hermano. Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió, y llamó a Jacob su hijo menor, y díjole: He aquí, Esaú, tu hermano, se consuela sobre tí para matarte. Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz, y levántate, y húyete a Labán mi hermano, a Harán: Y mora con él algunos dias, hasta que el enojo de tu hermano se vuelva. Hasta que se mitigue el furor de tu hermano de tí; y se olvide de lo que le has hecho: y yo enviaré, y te tomaré de allá; porque seré deshijada de vosotros ámbos en un día. Y dijo Rebeca a Isaac. Fastidio tengo de mi vida a causa de las hijas de Jet. Si Jacob toma mujer de las hijas de Jet, como estas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida? ENTÓNCES Isaac llamó a Jacob, y bendíjolo, y mandóle, diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán. Levántate, vé a Padan-aram a casa de Batuel, padre de tu madre, y toma de allí para tí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre. Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar, y te multiplique, y seas en congregación de pueblos; Y te dé la bendición de Abraham, y a tu simiente contigo; para que heredes la tierra de tus peregrinaciones, que Dios dió a Abraham. Así envió Isaac a Jacob, el cual fué a Padan-aram, a Labán, hijo de Batuel Arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esaú. Y vió Esaú como Isaac había bendecido a Jacob, y le había enviado a Padan-aram, para tomar para sí mujer de allá, cuando le bendijo: y que le mandó, diciendo: No tomarás mujer de las hijas de Canaán; Y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padan-aram. Y vió Esaú que las hijas de Canaán parecían mal a Isaac su padre; Y fuése Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer a Mahelet, hija de Ismael, hijo de Abraham, hermana de Nabajot, además de sus mujeres. Y salió Jacob de Beer-seba, y fué a Harán: Y encontró con un lugar, y durmió allí porque ya el sol era puesto: y tomó de las piedras de aquel lugar y puso a su cabecera, y acostóse en aquel lugar. Y soñó, y he aquí una escalera que estaba en tierra y su cabeza tocaba en el cielo: y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y, he aquí, Jehová estaba encima de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac: la tierra, en que estás acostado, te daré a tí y a tu simiente. Y será tu simiente como el polvo de la tierra, y multiplicarás al occidente, y al oriente, y al aquilón, y al mediodía; y todas las familias de la tierra serán benditas en tí, y en tu simiente. Y, he aquí, yo soy contigo, y yo te guardaré por donde quiera que fueres, y yo te volveré a esta tierra, porque no te dejaré hasta tanto que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo; y dijo: ¡Cuán espantoso es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. Y madrugó Jacob por la mañana, y tomó la piedra que había puesto a su cabecera, y púsola por título, y derramó aceite sobre su cabeza: Y llamó el nombre de aquel lugar, Betel, y cierto Luza era el nombre de la ciudad primero. E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje donde voy, y me diere pan para comer, y vestido para vestir; Y si tornare en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por título será casa de Dios: y de todo lo que me dieres, diezmando lo diezmaré para tí. Y ALZÓ Jacob sus piés; y fué a la tierra de los hijos de oriente. Y miró, y vió un pozo en el campo: y he aquí tres rebaños de ovejas, que yacían cerca de él; porque de aquel pozo abrevaban los ganados: y había una gran piedra sobre la boca del pozo. Y juntábanse allí todos los rebaños, y revolvían la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevaban las ovejas, y volvían la piedra sobre la boca del pozo a su lugar. Y díjoles Jacob: Hermanos míos, ¿de dónde sois? Y ellos respondieron: De Harán somos. Y él les dijo: ¿Conocéis a Labán, hijo de Nacor? Y ellos dijeron: Si, le conocemos. Y él les dijo: ¿Tiene paz? Y ellos dijeron: Paz: y, he aquí, Raquel su hija viene con el ganado. Y él dijo: He aquí, aun el día es grande: no es aun tiempo de recoger el ganado, abrevad las ovejas, e id a apacentar. Y ellos respondieron: No podemos, hasta que se junten todos los rebaños, y revuelvan la piedra de sobre la boca del pozo, para que abrevemos las ovejas. Estando aun él hablando con ellos, Raquel vino con el ganado de su padre, porque ella era la pastora. Y fué, que como Jacob vió a Raquel, hija de Labán hermano de su madre, y a las ovejas de Labán el hermano de su madre, llegó Jacob, y revolvió la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevó el ganado de Labán hermano de su madre. Y Jacob besó a Raquel, y alzó su voz, y lloró: Y Jacob dijo a Raquel, como era hermano de su padre, y como era hijo de Rebeca: y ella corrió, y dió las nuevas a su padre. Y fué, que como oyó Labán las nuevas de Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirle; y abrazóle, y besóle, y trájole a su casa: y él contó a Labán todas estas cosas. Y Labán le dijo: Ciertamente hueso mío, y carne mía eres. Y estuvo con él un mes de tiempo. Y dijo Labán a Jacob: ¿Por ser tú mi hermano, me has de servir de balde? Declárame qué será tu salario. Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor era Lia: y el nombre de la menor, Raquel. Y los ojos de Lia eran tiernos; y Raquel era de hermoso semblante, y de hermoso parecer. Y Jacob amó a Raquel, y dijo: Yo te serviré siete años por Raquel, tu hija menor. Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a tí, que no que la dé a otro varón: está conmigo. Así sirvió Jacob por Raquel siete años, y pareciéronle como pocos dias, porque la amaba. Y dijo Jacob a Labán: Dáme mi mujer, porque mi tiempo es cumplido, para que entre a ella. Entónces Labán congregó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete. Y fué, que a la tarde tomó a Lia su hija, y trájola a él, y él entró a ella. Y dió Labán a Zelfa su sierva a su hija Lia por sierva. Y venida la mañana, he aquí que era Lia, y él dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿por qué pues me has engañado? Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor ántes de la mayor. Cumple la semana de esta, y dársete ha también esta por el servicio que sirvieres conmigo otros siete años. E hizo Jacob así, que cumplió la semana de aquella, y él le dió a Raquel su hija por mujer. Y dió Labán a Raquel su hija, a Bala su sierva por sierva. Y entró también a Raquel, y la amó también más que a Lia: y sirvió con él aun otros siete años. Y vió Jehová que Lia era aborrecida, y abrió su matriz; y Raquel era estéril. Y concibió Lia, y parió un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Porque vió Jehová mi aflicción; por tanto ahora me amará mi marido. Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Porque oyó Jehová, que yo era aborrecida, me ha dado también este. Y llamó su nombre Simeón. Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Ahora esta vez será juntado mi marido conmigo, porque le he parido tres hijos: por tanto llamó su nombre Leví. Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Esta vez alabaré a Jehová. Por eso llamó su nombre Judá: y dejó de parir. Y VIENDO Raquel que no paría a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dáme hijos; y si no, yo soy muerta. Y Jacob se enojaba contra Raquel, y decía: ¿Soy yo en lugar de Dios, que te impidió el fruto de tu vientre? Y ella dijo: He aquí mi sierva Bala; entra a ella, y parirá sobre mis rodillas, y ahijarme he yo también de ella. Así le dió a Bala su sierva por mujer; y Jacob entró a ella. Y concibió Bala, y parió a Jacob un hijo. Y dijo Raquel: Juzgóme Dios, y también oyó mi voz, y dióme un hijo: Por tanto llamó su nombre Dan. Y concibió otra vez Bala la sierva de Raquel, y parió el hijo segundo a Jacob. Y dijo Raquel: De luchas de Dios he luchado con mi hermana, también he vencido. Y llamó su nombre Neftalí. Y viendo Lia que había dejado de parir, tomó a Zelfa su sierva, y dióla a Jacob por mujer. Y parió Zelfa, sierva de Lia, a Jacob un hijo. Y dijo Lia: Vino la buena ventura. Y llamó su nombre Gad. Y Zelfa, la sierva de Lia, parió otro hijo a Jacob. Y dijo Lia: Para hacerme bienaventurada; porque las mujeres me dirán bienaventurada: y llamó su nombre Aser. Y fué Ruben en tiempo de la siega de los trigos, y halló mandrágoras en el campo, y trájolas a Lia su madre; y dijo Raquel a Lia: Ruégote que me dés de las mandrágoras de tu hijo. Y ella respondió: ¿Es poco que hayas tomado mi marido, sino que también tomes las mandrágoras de mi hijo? Y dijo Raquel: Por tanto dormirá contigo está noche por las mandrágoras de tu hijo. Y cuando Jacob volvía del campo a la tarde, salió Lia a él, y díjole: A mí has de entrar; porque alquilando te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche. Y oyó Dios a Lia, y concibió, y parió a Jacob el quinto hijo. Y dijo Lia: Dios ha dado mi salario, por cuanto dí mi sierva a mi marido: por eso llamó su nombre Isacar. Y concibió Lia otra vez, y parió el hijo sexto a Jacob. Y dijo Lia: Dios me ha dado buena dádiva: esta vez morará conmigo mi marido, porque le he parido seis hijos. Y llamó su nombre Zabulón. Y después parió una hija, y llamó su nombre Dina. Y acordóse Dios de Raquel, y oyóla Dios, y abrió su matriz. Y concibió, y parió un hijo; y dijo: Quitado ha Dios mi vergüenza. Y llamó su nombre José, diciendo: Añádame Jehová otro hijo. Y fué, que como Raquel parió a José, dijo Jacob a Labán: Envíame, e irme he a mi lugar, y a mi tierra. Dáme mis mujeres y mis hijos por las cuales he servido contigo; porque tú sabes el servicio que te he servido. Y Labán le respondió: Halle yo ahora gracia en tus ojos: experimentado he, que Jehová me ha bendecido por tú causa. Y dijo: Señálame tu salario, que yo lo daré. Y él respondió: Tú sabes como te he servido, y cuanto ha sido tu ganado conmigo: Porque poco tenías ántes de mí, y ha crecido en multitud, y Jehová te ha bendecido con mi entrada: y ahora ¿cuándo tengo de hacer también yo por mi casa? Y él dijo: ¿Qué te daré? Jacob respondió: No me des nada: si hicieres conmigo esto, volveré a apacentar tus ovejas. Yo pasaré hoy por todas tus ovejas para quitar de allí toda oveja pintada y manchada; y todo carnero bermejo en los carneros: y lo pintado y manchado en las cabras; y esto será mi salario. Y responderme ha mi justicia mañana, cuando viniere sobre mí mi salario delante de tí: todo lo que no fuere pintado ni manchado en las cabras, y bermejo en las ovejas, serme ha tenido por de hurto. Y dijo Labán: He aquí, ojalá fuese como tú dices. Y apartó aquel día los machos cabríos cinchados y manchados, y todas las cabras pintadas y manchadas, todo lo que tenía alguna cosa blanca, y todo lo bermejo en las ovejas, y púsolo en la mano de sus hijos. Y puso tres dias de camino entre sí y Jacob; y Jacob apacentaba las otras ovejas de Labán. Y tomóse Jacob varas de álamo verdes, y de almendro, y de castaño, y descortezó en ellas unas mondaduras blancas descubriendo la blancura de las varas. Y puso las varas que había mondado en las pilas, en los abrevaderos del agua, donde las ovejas venían a beber delante de las ovejas, las cuales se calentaban viniendo a beber. Y calentábanse las ovejas delante de las varas, y parían las ovejas cinchados, pintados, y manchados. Y apartaba Jacob los corderos y poníalos con las ovejas, los cinchados, y todo lo que era bermejo en el hato de Labán. Y ponía su hato a parte, y no lo ponía con las ovejas de Labán. Y era, que todas las veces que se calentaban las tempranas, Jacob ponía las varas delante de las ovejas en las pilas, para que se calentasen delante de las varas. Y cuando venían las ovejas tardías, no las ponía: así eran las tardías para Labán, y las tempranas para Jacob. Y multiplicó el varón muy mucho, y tuvo muchas ovejas, y siervas, y siervos, y camellos, y asnos. Y OÍA las palabras de los hijos de Labán, que decían: Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre: y de lo que era de nuestro padre ha hecho toda esta gloria. Miraba también Jacob el rostro de Labán, y veía que no era para con él como ayer y anteayer. También Jehová dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela, que yo seré contigo. Y envió Jacob, y llamó a Raquel y a Lia al campo, a sus ovejas. Y díjoles: Yo veo que el rostro de vuestro padre no es para conmigo como ayer y anteayer: y el Dios de mi padre ha sido conmigo. Y vosotras sabéis, que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre: Y vuestro padre me ha mentido, que me ha mudado el salario diez veces; mas Dios no le ha permitido, que me hiciese mal. Si él decía así: Los pintados serán tu salario; entónces todas las ovejas parían pintados: y si decía así: Los cinchados serán tu salario; entónces todas las ovejas parían cinchados. Y quitó Dios el ganado de vuestro padre; y diómelo a mí. Y fué que al tiempo que las ovejas se calentaban, yo alcé mis ojos, y ví en sueños, y he aquí, que los machos subían sobre las hembras cinchados, pintados, y pedriscados: Y díjome el ángel de Dios en sueños: ¿Jacob? Y yo dije: Héme aquí. Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás todos los machos que suben sobre las ovejas cinchados, pintados, y pedriscados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho. Yo soy el Dios de Betel, donde tú ungiste el título, y donde me prometíste voto. Levántate ahora, y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu naturaleza. Y respondió Raquel, y Lia, y dijéronle: ¿Tenemos ya parte ni heredad en la casa de nuestro padre? ¿No nos tiene ya como por estrañas? que nos vendió, y aun comiendo ha comido nuestro dinero? Porque toda la riqueza que Dios ha quitado a nuestro padre, nuestra es, y de nuestros hijos: ahora pues haz todo lo que Dios te ha dicho. Entónces Jacob se levantó, y alzó a sus hijos y a sus mujeres sobre los camellos; Y guió todo su ganado, y toda su hacienda que había adquirido, el ganado de su ganancia que había adquirido en Padan-aram, para volverse a Isaac su padre en la tierra de Canaán. Y Labán había ido a trasquilar sus ovejas: y Raquel hurtó los ídolos de su padre. Y hurtó Jacob el corazón de Labán Arameo en no hacerle saber como huía. Y huyó él con todo lo que tenía: y levantóse y pasó el río, y puso su rostro al monte de Galaad. Y fué dicho a Labán al tercero día, como Jacob había huido. Y tomó a sus hermanos consigo, y fué tras él camino de siete dias, y alcanzóle en el monte de Galaad. Y vino Dios a Labán Arameo en sueño aquella noche, y díjole: Guárdate que no digas a Jacob bueno ni malo. Alcanzó pues Labán a Jacob, y Jacob había hincado su tienda en el monte: y Labán hincó con sus hermanos en el monte de Galaad. Y dijo Labán a Jacob: ¿Qué has hecho? ¿Qué me hurtaste el corazón, y has traido mis hijas como cautivadas a cuchillo? ¿Por qué te escondiste para huir, y me hurtaste, y no me hiciste saber, que yo te enviara con alegría, y con canciones, con tamboril, y vihuela? ¿Qué aun no me dejaste besar mis hijos y mis hijas? Ahora locamente has hecho. Poder hay en mi mano para haceros mal, mas el Dios de vuestro padre me habló anoche, diciendo: Guárdate que no digas a Jacob ni bueno ni malo. Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa de tu padre, ¿por qué me hurtabas mis dioses? Y Jacob respondió, y dijo a Labán: Porque tuve miedo: que dije, que quizá me robarías tus hijas. En quien hallares tus dioses, no viva: delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tuviere, y tómatelo. Jacob no sabía que Raquel los había hurtado. Y entró Labán en la tienda de Jacob, y en la tienda de Lia, y en la tienda de las dos siervas, y no los halló: y salió de la tienda de Lia y vino a la tienda de Raquel: Y Raquel tomó los ídolos, y púsolos en una albarda de un camello, y sentóse sobre ellos: y tentó Labán toda la tienda, y no los halló. Y ella dijo a su padre: No se enoje mi señor, porque no me puedo levantar delante de tí; porque tengo la costumbre de las mujeres. Y él buscó, y no halló los ídolos. Entónces Jacob se enojó, y riñó con Labán, y respondió Jacob, y dijo a Labán: ¿Qué prevaricación es la mía? ¿qué es mi pecado, que has seguido en pos de mí? Pues que has tentado todas mis alhajas, ¿qué has hallado de todas las alhajas de tu casa? Pon aquí delante de mis hermanos y tuyos, y juzguen entre nosotros ámbos. Estos veinte años he estado contigo; que tus ovejas y tus cabras nunca movieron: nunca comí carnero de tus ovejas: Nunca te traje arrebatado, yo pagaba el daño: lo hurtado así de día como de noche, de mi mano lo requerias: De día me consumía el calor, y de noche la helada, y mi sueño se huía de mis ojos: Estos veinte años tengo en tu casa; catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tus ovejas, y has mudado mi salario diez veces. Si el Dios de mi padre, el Dios de Abraham, y el temor de Isaac no fuera conmigo, cierto vacío me enviaras ahora: mas vió Dios mi aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche. Y respondió Labán, y dijo a Jacob: Las hijas, mis hijas son, y los hijos, mis hijos, y las ovejas, mis ovejas; y todo lo que tu ves, mío es: y a estas mis hijas ¿qué tengo de hacer hoy, o a sus hijos que han parido? Ven pues ahora, y hagamos alianza yo y tú; y sea en testimonio entre mí y tí. Entónces Jacob tomó una piedra, y levantóla por título: Y dijo Jacob a sus hermanos: Cogéd piedras. Y tomaron piedras, e hicieron un majano; y comieron allí sobre aquel majano: Y llamoló Labán Jegar-sahaduta: y Jacob lo llamó Galaad; Porque Labán dijo: Este majano será testigo hoy entre mí y tí: por eso llamó su nombre Galaad, Y Mispa; porque dijo: Atalaye Jehová entre mí y tí, cuando nos escondieremos el uno del otro. Si afligieres mis hijas, o si tomares otras mujeres además de mis hijas, nadie está con nosotros: mas mira, Dios es testigo entre mí y tí. Dijo mas Labán a Jacob: He aquí este majano, y he aquí este título que he fundado entre mí y tí. Testigo sea este majano, y testigo sea este título, que ni yo pasaré contra tí este majano, ni tu pasarás contra mí este majano, ni este título para mal. El Dios de Abraham, y el Dios de Nacor juzgue entre nosotros, el Dios de sus padres. Y Jacob juró por el temor de Isaac su padre. Y sacrificó Jacob sacrificio en el monte, y llamó a sus hermanos a comer pan; y comieron pan, y durmieron en el monte. Y madrugó Labán por la mañana, y besó sus hijos y sus hijas, y bendíjolos, y volvió, y tornóse a su lugar. Y JACOB se fué su camino, y saliéronle al encuentro ángeles de Dios. Y dijo Jacob, cuando los vió: El campo de Dios es este: y llamó el nombre de aquel lugar, Mahanaim. Y envió Jacob mensajeros delante de sí a Esaú su hermano a la tierra de Seir, campo de Edom. Y mandóles, diciendo: Direis así a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he morado, y detenídome he hasta ahora. Y tengo vacas, y asnos, y ovejas, y siervos, y siervas: y envió a decirlo a mi señor, por hallar gracia en tus ojos. Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Venimos a tu hermano, a Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él. Entónces Jacob tuvo gran temor, y angustióse; y partió el pueblo que tenía consigo, y las ovejas, y las vacas, y los camellos en dos cuadrillas; Y dijo: Si viniere Esaú a la una cuadrilla, y la hiriere, la otra cuadrilla escapará. Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra, y a tu parentela, y yo te haré bien: Menor soy yo que todas las misericordias, y que toda la verdad que has hecho con tu siervo: que con mi bordón pasé a este Jordán; y ahora estoy sobre dos cuadrillas. Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú; porque le temo: quizá no venga, y me hiera, y a la madre con los hijos. Y tú has dicho, yo te haré bien, y pondré tu simiente como la arena de la mar, que no se puede contar por la multitud. Y durmió allí aquella noche, y tomó de lo que le vino a la mano un presente para su hermano Esaú: Doscientas cabras, y veinte machos de cabrío; doscientas ovejas, y veinte carneros; Treinta camellas paridas con sus crias; cuarenta vacas, y diez novillos; veinte asnas, y diez borricos. Y diólo en mano de sus siervos, cada manada por si, y dijo a sus siervos: Pasád delante de mí, y ponéd espacio entre manada y manada. Y mandó al primero, diciendo: Si Esaú mi hermano te encontrare, y te preguntare, diciendo: ¿Cúyo eres? Y ¿dónde vas? ¿Y para quién es esto, que llevas delante de tí? Entónces dirás: Presente es de tu siervo Jacob, que envía a mi señor Esaú: y, he aquí, también él viene tras nosotros. Y mandó también al segundo, también al tercero, y a todos los que iban tras aquellas manadas, diciendo: Conforme a esto hablaréis a Esaú, cuando le hallareis. Y diréis también: He aquí, tu siervo Jacob viene tras nosotros. Porque dijo: Apaciguaré su ira con el presente que va delante de mí, y después veré su rostro; quizá le será acepto. Y pasó el presente delante de él, y él durmió aquella noche en el real. Y levantóse aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. Y tomólos, y pasólos el arroyo, y pasó lo que tenía. Y quedó Jacob solo: y luchó con él un varón, hasta que el alba subía. Y como vió que no podía con él, tocó la palma de su anca; y la palma del anca de Jacob se descoyuntó luchando con él. Y dijo: Déjame, que el alba sube. Y él dijo: No te dejaré, sino me bendices. Y él le dijo: ¿Cómo es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y él dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has peleado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entónces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y él respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre? Y bendíjole allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Fanuel: Porque ví a Dios cara a cara, y mi alma fué librada. Y salióle el sol, como pasó a Fanuel; y cojeaba de su anca. Por esto no comen los hijos de Israel el nervio encogido que está en la palma del anca hasta hoy; porque tocó la palma del anca de Jacob en el nervio encogido. Y ALZANDO Jacob sus ojos miró, y, he aquí, venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él: entónces él repartió los niños entre Lia y Raquel, y las dos siervas: Y puso las siervas y sus niños delante: luego a Lia y a sus niños: y a Raquel y a José los postreros. Y él pasó delante de ellos, e inclinóse a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano. Y Esaú corrió delante de él, y abrazóle, y echóse sobre su cuello, y besóle, y lloraron. Y alzó sus ojos, y vió las mujeres, y los niños, y dijo: ¿Qué te han estos? Y él respondió: Son los niños que Dios ha dado a tu siervo. Y llegaron las siervas, ellas y sus niños, e inclináronse. Y llegó Lia con sus niños, e inclináronse: y después llegó José, y Raquel, y también se inclinaron. Y él dijo: ¿Qué te ha todo este escuadron que he encontrado? Y él respondió: Porque hallase gracia en los ojos de mi señor. Y dijo Esaú: Harto tengo yo, hermano mío; sea para tí lo que es tuyo. Y dijo Jacob: No, yo te ruego; Si he ahora hallado gracia en tus ojos, toma mi presente de mi mano; que por eso he visto tu rostro, como quien ve el rostro de Dios; y házme placer. Toma ahora mi bendición que te es traida, porque Dios me ha hecho merced, y todo lo que hay aquí es mío. Y porfió con él, y tomólo. Y dijo: Anda, y vamos: y yo iré delante de tí. Y él le dijo: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo ovejas y vacas paridas: y si las fatigan, en un día morirán todas las ovejas. Pase ahora mi señor delante de su siervo; y yo me iré de mi espacio al paso de la hacienda, que va delante de mí, y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor a Seir. Y Esaú dijo: Dejaré ahora contigo del pueblo que viene conmigo. Y él dijo: ¿Para qué esto? Halle yo gracia en los ojos de mi señor. Así se volvió Esaú aquel día por su camino a Seir. Y Jacob se partió a Socot, y edificó para sí allí casa; e hizo cabañas para su ganado: por tanto llamó el nombre de aquel lugar Socot. Y vino Jacob sano a la ciudad de Siquem, que es en la tierra de Canaán, cuando venía de Padan-aram, y asentó delante de la ciudad. Y compró una parte del campo, donde tendió su tienda, de mano de los hijos de Jamor padre de Siquem, por cien piezas de moneda. Y asentó allí altar, y llamóle: El Fuerte Dios de Israel. Y SALIÓ Dina la hija de Lia, que había parido a Jacob, por ver las hijas de la tierra. Y vióla Siquem, hijo de Jamor Heveo, príncipe de aquella tierra, y tomóla, y echóse con ella; y afligióla. Y apegóse su alma con Dina, la hija de Jacob, y enamoróse de la moza, y habló al corazón de la moza. Y habló Siquem a Jamor su padre, diciendo: Tómame esta moza por mujer. Y oyó Jacob, que había ensuciado a Dina su hija, estando sus hijos con su ganado en el campo; y calló Jacob hasta que ellos viniesen. Y salió Jamor, padre de Siquem, a Jacob, para hablar con él. Y los hijos de Jacob vinieron del campo en oyéndolo, y entristeciéronse los varones, y ensañáronse mucho, porque hizo vileza en Israel, echándose con la hija de Jacob, que no se debía de hacer así. Y Jamor habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo Siquem se ha apegado con vuestra hija: ruégoos que se la deis por mujer: Y consagrád con nosotros: dádnos vuestras hijas, y tomád vosotros las nuestras. Y habitád con nosotros: porque la tierra estará delante de vosotros: morád y negociád en ella, y tomád en ella posesión. Siquem también dijo a su padre y a sus hermanos: Halle yo gracia en vuestros ojos: y yo daré lo que vosotros me dijereis. Aumentád sobre mí mucho ajuar y dones, que yo daré cuanto me dijereis; y dádme la moza por mujer. Y respondieron los hijos de Jacob a Siquem, y a Jamor, su padre, con engaño, y hablaron; porque había ensuciado a Dina su hermana: Y dijéronles: No podemos hacer esto, que demos nuestra hermana a hombre que tiene prepucio; porque a nosotros es abominación: Mas con esta condición os haremos placer. Si fuereis como nosotros, que se circuncide en vosotros todo varón; Entónces os daremos nuestras hijas, y tomaremos nosotros las vuestras; y habitaremos con vosotros, y seremos un pueblo: Y si no nos oyereis, para circuncidaros, tomaremos nuestra hija, e irnos hemos. Y parecieron bien sus palabras a Jamor, y a Siquem hijo de Jamor. Y no dilató el mozo de hacer aquello, porque la hija de Jacob le había agradado: y él era el más honrado de toda la casa de su padre. Entónces vino Jamor y Siquem su hijo a la puerta de su ciudad, y hablaron a los varones de su ciudad, diciendo: Estos varones son pacíficos con nosotros, y habitarán la tierra; y grangearán en ella, que, he aquí, la tierra es ancha de lugares delante de ellos, nosotros tomaremos sus hijas por mujeres, y darles hemos las nuestras. Mas con esta condición nos harán placer los varones, de habitar con nosotros, para que seamos un pueblo: Si se circuncidare en nosotros todo varón, como ellos son circuncidados. Sus ganados y su hacienda, y todas sus bestias será nuestro: solamente que consintamos con ellos, y habitarán con nosotros. Y obedecieron a Jamor, y a Siquem su hijo, todos los que salían por la puerta de la ciudad; y circuncidaron a todo varón, cuantos salían por la puerta de la ciudad. Y fué, que al tercero día cuando ellos estaban doloridos, los dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, y vinieron contra la ciudad animosamente, y mataron a todo varón. Y a Jamor, y a Siquem su hijo, mataron a filo de espada; y tomaron a Dina de casa de Siquem, y saliéronse. Y los hijos de Jacob vinieron a los muertos, y saquearon la ciudad: por cuanto habían ensuciado a su hermana. Sus ovejas, y vacas, y sus asnos, y lo que había en la ciudad y en el campo, tomaron. Y toda su hacienda, y todos sus niños, y sus mujeres llevaron cautivas, y robaron; y todo lo que había en casa. Entónces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Turbado me habéis, que me habéis hecho abominable con los moradores de aquesta tierra, el Cananeo y el Ferezeo, teniendo yo pocos hombres: y juntarse han contra mí, y herirme han, y seré destruido yo y mi casa. Y ellos respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana como a una ramera? Y DIJO Dios a Jacob: Levántate, sube a Betel, y está allí: y haz allí altar al Dios, que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. Entónces Jacob dijo a su familia, y a todos los que estaban con él: Quitád los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudád vuestros vestidos: Y levantémonos, y subamos a Betel: y allí haré altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha sido conmigo en el camino que he andado. Así dieron a Jacob todos los dioses agenos que había en su poder, y los zarcillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de un alcornoque, que estaba en Siquem. Y partiéronse; y el terror de Dios fué sobre las ciudades que estaban en sus alrededores, y no siguieron tras los hijos de Jacob. Y vino Jacob a Luza, que era en tierra de Canaán, esta es Betel; él y todo el pueblo que con él estaba. Y edificó allí altar, y llamó al lugar, El-betel; porque allí le había aparecido Dios cuando huía de su hermano. Entónces murió Débora, ama de Rebeca, y fué sepultada a las raices de Betel, debajo de un alcornoque; y llamó su nombre, Allón-bacut. Y aparecióse otra vez Dios a Jacob cuando fué vuelto de Padan-aram, y bendíjole. Y díjole Dios: Tu nombre es Jacob, no se llamará más tu nombre Jacob, mas Israel será tu nombre: y llamó su nombre Israel. Y díjole Dios: Yo soy el Dios omnipotente, crece y multiplícate: gente, y compañía de gente, saldrá de tí; y reyes saldrán de tus lomos. Y la tierra, que yo he dado a Abraham y a Isaac, te daré a tí; y a tu simiente después de tí daré la tierra. Y fuése de él Dios, del lugar donde había hablado con él. Y Jacob puso un título en el lugar donde había hablado con él, un título de piedra: y derramó sobre él derramadura, y echó sobre él aceite. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar donde Dios había hablado con él, Betel. Y partieron de Betel, y había aun como medía legua de tierra para venir a Efrata; y parió Raquel, y hubo trabajo en su parto. Y fué, que como hubo trabajo en su parir, díjole la partera: No temas, que aun este hijo también tendrás. Y fué, que saliéndosele el alma, porque murió, llamó su nombre Ben-oni; mas su padre le llamó Benjamín. Así murío Raquel; y fué sepultada en el camino de Efrata, esta es Belén. Y puso Jacob un título sobre su sepultura; este es el título de la sepultura de Raquel, hasta hoy. Y partió Israel, y tendió su tienda de la otra parte de la torre de Eder. Y fué que morando Israel en aquella tierra, fué Rubén, y durmió con Bala la concubina de su padre: lo cual oyó Israel. Y fueron los hijos de Israel doce. Los hijos de Lia: el primogénito de Jacob, Rubén; y Simeón, y Leví, y Judá, e Isacar, y Zabulón. Los hijos de Raquel: José, y Benjamín. Y los hijos de Bala, sierva de Raquel: Dan, y Neftalí. Y los hijos de Zelfa, sierva de Lia: Gad, y Aser. Estos fueron los hijos de Jacob, que le nacieron en Padan-aram. Y vino Jacob a Isaac su padre a Mamré, ciudad de Arbee, esta es Hebrón, donde habitó Abraham e Isaac. Y fueron los dias de Isaac ciento y ochenta años. Y espiró Isaac y murió; y fué recogidó a sus pueblos viejo, y harto de dias, y sepultáronle Esaú y Jacob sus hijos. Y ESTAS son las generaciones de Esaú, el cual es Edom. Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán: a Ada, hija de Elón Jetteo; y Oolibama, hija de Ana, hija de Sebeón Heveo; Y Basemat, hija de Ismael, hermana de Nabajot. Y Ada parió a Esaú a Elifaz; y Basemat parió a Rahuel; Y Oolibama parió a Jehús, y a Jelón, y a Coré: estos son los hijos de Esaú, que le nacieron en la tierra de Canaán. Y Esaú tomó sus mujeres, y sus hijos, y sus hijas, y todas las personas de su casa, y sus ganados, y todas sus bestias, y toda su hacienda, que había adquirido en la tierra de Canaán, y fuése a otra tierra de delante de Jacob su hermano. Y porque la hacienda de ellos era grande, y no podían habitar juntos; ni la tierra de su peregrinación los podía sostener a causa de sus ganados. Y Esaú habitó en el monte de Seir: Esaú es Edom. Estos son los linajes de Esaú, padre de Edom en el monte de Seir. Estos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz,hijo de Ada, mujer de Esaú; Rahuel, hijo de Basemat, mujer de Esaú. Y los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefo, Gatam, y Cenez. Y Tamna fué concubina de Elifaz, hijo de Esaú, la cual parió a Elifaz a Amalec. Estos son los hijos de Ada, mujer de Esaú. Y los hijos de Rahuel fueron: Nahat, Zara, Samma, y Meza. Estos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú. Estos fueron los hijos de Oolibama, mujer de Esaú, hija de Ana, que fué hija de Sebeón, la cual parió a Esaú, a Jehús, Jelón, y Coré. Estos son los duques de los hijos de Esaú: Los hijos de Elifaz primogénito de Esaú: el duque Temán, el duque Omar, el duque Sefo, el duque Cenez. El duque Coré, el duque Gatam, y el duque Amalec. Estos son los duques de Elifaz en la tierra de Edom: estos son los hijos de Ada. Y estos son los hijos de Rahuel, hijo de Esaú; el duque Nahat, el duque Zara, el duque Samma, y el duque Meza. Estos son los duques que salieron de Rahuel, en la tierra de Edom: estos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú. Y estos son los hijos de Oolibama, mujer de Esaú: el duque Jehús, el duque Jelón, y el duque Coré. Estos son los duques que salieron de Oolibama, mujer de Esaú, hija de Ana. Estos pues son los hijos de Esaú y sus duques: El es Edom. Y estos son los hijos de Seir Horeo, moradores de la tierra: Lotán, Sobal, Sebeón, Ana. Disón, Aser, y Disán. Estos son los duques de los Horeos, hijos de Seir en la tierra de Edom. Los hijos de Lotán fueron: Hori y Hemam: y Tanna fué hermana de Lotán. Y los hijos de Sobal fueron: Alván, Manahat, Ebal, Sefo, y Onán. Y los hijos de Sebeón fueron: Aja, y Ana. Este Ana es el que encontró los mulos en el desierto, cuando apacentaba los asnos de Sebeón su padre. Los hijos de Ana fueron: Disón, y Oolibama, hija de Ana. Y estos fueron los hijos de Disón: Hamdán, Esebán, Jetrán, y Charán. Y estos fueron los hijos de Eser: Balaán, Zaván, y Acam. Y estos fueron los hijos de Disán: Hus, y Arán. Y estos fueron los duques de los Horeos: el duque Lotán, el duque Sobal, el duque Sebeón, el duque Ana, El duque Disón, el duque Eser, el duque Disán. Estos fueron los duques de los Horeos, por sus ducados en la tierra de Seir. Y estos fueron los reyes que reinaron en la tierra de Edom, ántes que reinase rey sobre los hijos de Israel. Y reinó en Edom, Bela hijo de Beor: y el nombre de su ciudad fué Denaba. Y murió Bela, y reinó por él Jobab, hijo de Zara de Bosra. Y murió Jobab, y reinó por él Husam, de tierra de Temán. Y murió Husam, y reinó por él Adad, hijo de Badad, el que hirió a Madián en el campo de Moab: y el nombre de su ciudad fué Avit. Y murió Adad, y reinó por él Semla de Masreca. Y murió Semla, y reinó en su lugar Saul de Rohobot del río. Y murió Saul, y reinó por él Balanán, hijo de Acobor. Y murió Balanán, hijo de Acobor, y reinó por él Adar: y el nombre de su ciudad fué Fau: y el nombre de su mujer Meetabel, hija de Matred, hija de Mezaab. Estos pues son los nombres de los duques de Esaú por sus linajes, y sus lugares, por sus nombres: el duque Tanna, el duque Alva, el duque Jetet, El duque Oolibama, el duque Ela, el duque Finón, El duque Cenez, el duque Temán, el duque Mabsar, El duque Magdiel, y el duque Hiram. Estos fueron los duques de Edom por sus habitaciones en la tierra de su heredad. Este es Esaú padre de los Idumeos. Y HABITÓ Jacob en la tierra donde peregrinó su padre, en la tierra de Canaán. Estas fueron las generaciones de Jacob: José, cuando fué de edad de diez y siete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y era mozo, con los hijos de Bala, y con los hijos de Zelfa, las mujeres de su padre: y José traía la mala fama de ellos a su padre. E Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque le había habido en su vejez: e hízole una ropa de diversos colores. Y viendo sus hermanos que su padre le amaba más que a todos sus hermanos, aborrecíanle, y no le podían hablar pacíficamente. Y soñó José un sueño, y contólo a sus hermanos; y ellos añadieron a aborrecerle más. Y díjoles: Oid ahora este sueño que he soñado: He aquí que atábamos manojos en medio del campo; y he aquí que mi manojo se levantaba, y estaba derecho: y que vuestros manojos estaban al rededor y se inclinaban al mío. Y respondiéronle sus hermanos: ¿Has de reinar sobre nosotros? ¿o haste de enseñorear sobre nosotros? Y añadieron a aborrecerle más a causa de sus sueños y de sus palabras. Y soñó más otro sueño, y contólo a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño: Y he aquí que el sol y la luna, y once estrellas se inclinaban a mí. Y contólo a su padre y a sus hermanos, y su padre le reprendió, y díjole: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Hemos de venir yo y tu madre, y tus hermanos a inclinarnos a tí a tierra? Y sus hermanos le tuvieron envidia; mas su padre miraba el negocio. Y fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem. Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem, ven y enviarte he a ellos. Y él respondió: Héme aquí. Y él le dijo: Vé ahora, mira como están tus hermanos, y como están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y envióle del valle de Hebrón, y vino a Siquem. Y hallóle un hombre andando él perdido por el campo, y preguntóle aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas? Y él respondió: Busco a mis hermanos: ruégote que me muestres donde pastan. Y aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí: y yo les oí decir: Vamos a Dotaín: entónces José fué tras sus hermanos, y hallólos en Dotaín. Y como ellos le vieron de léjos, ántes que llegase cerca de ellos, pensaron contra él para matarle. Y dijeron el uno al otro: He aquí, viene el soñador. Ahora pues veníd, y matémosle, y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia le tragó: y veremos que serán sus sueños. Y como Ruben oyó esto, escapóle de sus manos, y dijo: No le matemos. Y díjoles Rubén: No derrameis sangre: echádle en esta cisterna, que está en el desierto; y no metáis mano en él: por escaparle de sus manos, para hacerlo volver a su padre. Y fué, que como José llegó a sus hermanos, ellos hicieron desnudar a José su ropa, la ropa de colores que tenía sobre sí, Y tomáronle, y echáronle en la cisterna, y la cisterna estaba vacía, que no había agua en ella. Y asentáronse a comer pan: y alzando los ojos miraron, y, he aquí, una compañía de Ismaelitas, que venía de Galaad, y sus camellos traían especias y cera y almáciga, e iban para llevar a Egipto. Entónces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho que matemos a nuestro hermano, y encubramos su sangre? Andád, y vendámosle a los Ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él, que nuestro hermano nuestra carne es. Y sus hermanos acordaron con él. Y como pasaron los Madianitas mercaderes, ellos sacarón a José de la cisterna, y trajéronle arriba, y vendiéronle a los Ismaelitas por veinte pesos de plata: y llevaron a José a Egipto. Y Ruben volvió a la cisterna, y, he aquí José no estaba dentro; y rompió sus vestidos. Y tornó a sus hermanos, y dijo: El mozo no parece, y yo ¿adónde iré yo? Entónces ellos tomaron la ropa de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la ropa con la sangre. Y enviaron la ropa de colores, y trajéronla a su padre, y dijeron: Esta hemos hallado: conoce ahora si es la ropa de tu hijo, o no. Y él la conoció, y dijo: La ropa de mi hijo es; alguna mala bestia le tragó: despedazado ha sido José. Entónces Jacob rompió sus vestidos, y puso saco sobre sus lomos, y enlutóse por su hijo muchos dias. Y levantáronse todos sus hijos y todas sus hijas para consolarle; mas él no quiso tomar consolación, y dijo: Porque tengo de descender a mi hijo enlutado hasta la sepultura. Y lloróle su padre. Y los Madianitas le vendieron en Egipto a Potifar, eunuco de Faraón, capitán de los de la guardia. Y ACONTECIÓ en aquel tiempo, que Judá descendió de con sus hermanos, y fuése a un varón Odollamita, que se llamaba Hira. Y vió allí Judá una hija de un hombre Cananeo, el cual se llamaba Sua: y tomóla, y entró a ella. La cual concibió, y parió un hijo, y llamó su nombre Her. Y concibió otra vez, y parió un hijo, y llamó su nombre Onán. Y tornó otra vez a concebir, y parió un hijo, y llamó su nombre Sela. Y estaba en Chezib cuando le parió. Y Judá tomó mujer a su primogénito Her, la cual se llamaba Tamar. Y Her, el primogénito de Judá, fué malo en los ojos de Jehová; y matóle Jehová. Entónces Judá dijo a Onán: Entra a la mujer de tu hermano, y haz parentesco con ella, y levanta simiente a tu hermano. Y sabiendo Onán que la simiente no había de ser suya, era que cuando entraba a la mujer de su hermano corrompía en tierra, por no dar simiente a su hermano. Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y matóle también a él. Y Judá dijo a Tamar su nuera: Estáte viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: Que quizá no muera él también como sus hermanos. Y fuése Tamar, y estúvose en casa de su padre. Y pasaron muchos dias, y murió la hija de Sua, mujer de Judá: y Judá se consoló: y subió a los trasquiladores de sus ovejas él e Hira, su amigo Odollamita, a Tamnas. Y fué dado aviso a Tamar, diciendo: He aquí tu suegro sube a Tamnas a trasquilar sus ovejas. Entónces ella quitó de sobre sí los vestidos de su viudez, y cubrióse con un velo; y arrebozóse, y púsose a la puerta de las aguas que están junto al camino de Tamnas; porque veía que había crecido Sela, y ella no era dada a él por mujer. Y vióla Judá, y túvola por ramera; porque ella había cubierto su rostro. Y apartóse del camino hacia ella, y díjola: Ea pues, ahora yo entraré a tí: Porque no sabía que era su nuera. Y ella dijo: ¿Qué me has de dar, si entrares a mí? El respondió: Yo te enviaré de las ovejas un cabrito de las cabras. Y ella dijo: Hásme de dar prenda hasta que lo envies. Entónces él dijo: ¿Qué prenda te daré? Ella respondió: Tu anillo, y tu manto, y tu bordón que tienes en tu mano. Y él se lo dió; y entró a ella, la cual concibió de él. Y levantóse y fuése: y quitóse el velo de sobre sí, y vistióse las ropas de su viudez. Y Judá envió el cabrito de las cabras por mano de su amigo el Odollamita, para que tomase la prenda de mano de la mujer: y no la halló. Y preguntó a los hombres de aquel lugar, diciendo: ¿Dónde está la ramera de las aguas junto al camino? Y ellos le dijeron: No ha estado aquí ramera. Entónces él se volvió a Judá, y dijo: No la hallé: y también los hombres del lugar dijeron: No ha estado aquí ramera. Y Judá dijo: Tómeselo para sí, porque no seamos menospreciados: he aquí, yo he enviado este cabrito, y tú no la hallaste. Y fué que como desde a tres meses, fué dado aviso a Judá, diciendo: Tamar tu nuera ha fornicado, y aun cierto está preñada de las fornicaciones. Y Judá dijo: Sacádla, y sea quemada. Y ella, cuando la sacaban, envió a decir a su suegro: Del varón cuyas son estas cosas, estoy preñada. Y dijo más: Conoce ahora cuyas son estas cosas, el anillo, y el manto, y el bordón. Entónces Judá lo conoció, y dijo: Más justa es que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció. Y aconteció que al tiempo de parir, he aquí, mellizos en su vientre. Y fué que cuando paría, dió la mano el uno, y la partera tomólo, y ató a su mano un hilo de grana, diciendo: Este salió primero. Y aconteció que tornando él a meter la mano, he aquí, su hermano salió y dijo: ¿Por qué has rompido sobre tí rotura? Y llamó su nombre Fares. Y después salió su hermano el que tenía en su mano el hilo de grana, y llamó su nombre Zara. Y DESCENDIDO José a Egipto, compróle Potifar, eunuco de Faraón, capitán de los de la guardia, varón Egipciano, de mano de los Ismaelitas, que le habían llevado allá. Mas Jehová fué con José, y fué varón prosperado: y estaba en la casa de su señor el Egipciano. Y vió su señor que Jehová era con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo prosperaba en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y servíale: y él le hizo mayordomo de su casa, y le entregó en poder todo lo que tenía. Y aconteció, que desde entónces que le dió el cargo de su casa, y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del Egipciano a causa de José, y fué la bendición de Jehová sobre todo lo que tenía así en casa como en el campo. Y dejó todo lo que tenía en la mano de José, ni con él sabía nada más que del pan que comía: y José era de hermoso semblante, y bello de vista. Y aconteció después de esto, que la mujer de su señor alzó sus ojos sobre José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso; y dijo a la mujer de su señor: He aquí que mi señor no sabe conmigo lo que hay en casa, que todo lo que tiene ha puesto en mi mano. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha defendido sino a tí, por cuanto tú eres su mujer: ¿cómo pues haría yo este grande mal, que pecaría contra Dios? Y fué, que hablando ella a José cada día, y no la escuchando él para acostarse junto a ella, para estar con ella: Aconteció que él vino un día como los otros a casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí en casa. Y ella le tomó por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entónces él dejóle su ropa en las manos, y huyó, y salióse fuera. Y fué, que como ella vió que le había dejado su ropa en sus manos, y había huido fuera. Llamó a los de casa, y hablóles, diciendo: Mirád; hános traido un hombre Hebreo, para que hiciese burla de nosotros. Vino a mí para dormir conmigo, y yo dí grandes voces. Y viendo él, que yo alzaba la voz, y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyó, y salióse fuera. Y ella puso su ropa cerca de sí, hasta que vino su señor a su casa: Y ella le habló semejantes palabras, diciendo: Vino a mí el siervo Hebreo, que nos trajiste, para deshonrarme: Y como yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí, y huyó fuera. Y fué, que como su señor oyó las palabras que su mujer le habló, diciendo: Como esto, que digo, me ha hecho tu siervo, su furor se encendió, Y tomó su señor a José, y púsole en la casa de la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la casa de la cárcel. Mas Jehová fué con José, y llegó a él su misericordia, y dió su gracia en ojos del príncipe de la casa de la cárcel. Y el príncipe de la casa de la cárcel entregó en mano de José todos los presos, que estaban en la casa de la cárcel, y todo lo que hacían allí, él lo hacía. Ninguna cosa veía el príncipe de la cárcel en su mano, porque Jehová era con él: y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba. Y ACONTECIÓ después de estas cosas, que pecaron el maestresala del rey de Egipto, y el panadero, contra su señor, el rey de Egipto. Y Faraón se enojó contra sus dos eunucos, contra el principal de los maestresalas, y contra el principal de los panaderos. Y púsoles en la cárcel de la casa del capitán de los de la guardia, en la casa de la cárcel, donde José estaba preso. Y el capitán de los de la guardia dió cargo de ellos a José, y él les servía; y estuvieron dias en la cárcel. Y soñaron sueño ámbos a dos, cada uno su sueño, una misma noche; cada uno conforme a la declaración de su sueño, el maestresala y el panadero del rey de Egipto, que estaban presos en la cárcel. Y vino a ellos José por la mañana, y miróles, y pareció que estaban tristes. Y él preguntó a aquellos eunucos de Faraón, que estaban con él en la cárcel de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué están hoy malos vuestros rostros? Y ellos le dijeron: Hemos soñado sueño, y no hay quien lo declare. Entónces José les dijo: ¿No son de Dios las declaraciones? Contádmelo ahora. Entónces el príncipe de los maestresalas contó su sueño a José, y díjole: Yo soñaba que veía una vid delante de mí: Y en la vid tres sarmientos; y ella como que florecía, salía su renuevo, maduraron sus racimos de uvas: Y que el vaso de Faraón estaba en mi mano; y que yo tomaba las uvas, y las esprimía en el vaso de Faraón, y daba el vaso en la mano de Faraón. Y díjole José: Esta es su declaración: Los tres sarmientos son tres dias: Al cabo de tres dias Faraón levantará tu cabeza, y te hará volver en tu asiento; y darás el vaso a Faraón en su mano, como solías cuando eras su maestresala. Por tanto acordarte has de mí dentro de tí, cuando tuvieres bien; y ruégote que tengas conmigo misericordia, que hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa: Porque he sido hurtado de la tierra de los Hebreos: y tampoco he hecho aquí porque me hubiesen de poner en cárcel. Y viendo el príncipe de los panaderos que había declarado bien, dijo a José: También yo soñaba que veía tres canastillos blancos sobre mi cabeza: Y en el canastillo más alto había de todas las viandas de Faraón de obra de panadero; y que las comían las aves del canastillo de sobre mi cabeza. Entónces respondió José, y dijo: Esta es su declaración: Los tres canastillos tres dias son: Al cabo de tres dias quitará Faraón tu cabeza de tí, y te hará colgar en la horca, y aves comerán tu carne de sobre tí. Y fué al tercero día el día del nacimiento de Faraón, e hizo banquete a todos sus siervos: y alzó la cabeza del príncipe de los maestresalas, y la cabeza del príncipe de los panaderos entre sus siervos: E hizo volver al príncipe de los maestresalas a su oficio, y dió el vaso en mano de Faraón: Y al príncipe de los panaderos hizo ahorcar, como le había declarado José. Y el príncipe de los maestresalas no se acordó de José, mas olvidóse de él. Y ACONTECIÓ que pasados dos años Faraón soñó. Parecíale que estaba junto al río, Y que del río subían siete vacas, hermosas de vista, y gruesas de carne: que pacían en el prado: Y que otras siete vacas subían tras ellas del río, feas de vista, y magras de carne, y que se paraban cerca de las vacas hermosas a la orilla del río: Y que las vacas, feas de vista y magras de carne, tragaban a las siete vacas, hermosas de vista y gruesas. Y despertó Faraón. Y durmióse, y soñó la segunda vez: Que siete espigas llenas y hermosas subían de una caña: Y que otras siete espigas menudas y abatidas del solano salían después de ellas: Y que las siete espigas menudas tragaban a las siete espigas gruesas y llenas. Y despertóse Faraón, y he aquí que era sueño. Y acaeció que a la mañana su espíritu se atormentó y envió, e hizo llamar a todos los magos de Egipto, y a todos sus sabios; y contóles Faraón sus sueños; y no había quien los declarase a Faraón. Entónces el príncipe de los maestresalas habló a Faraón, diciendo: De mis pecados me acuerdo hoy: Faraón se enojó contra sus siervos; y a mí me echó en la cárcel de la casa del capitán de los de la guardia, a mí y al príncipe de los panaderos. Y yo y él soñámos sueño una misma noche, cada uno conforme a la declaración de su sueño, soñámos. Y allí con nosotros estaba un mozo Hebreo, siervo del capitán de los de la guardia: y contámoselo, y él nos declaró nuestros sueños, y declaró a cada uno conforme a su sueño: Y aconteció que como él nos declaró, así fué: a mí me hizo volver a mi asiento; y al otro hizo colgar. Entónces Faraón envió, y llamó a José, e hiciéronle salir corriendo de la cárcel: y trasquiláronle, y mudáronle sus vestidos; y vino a Faraón. Y Faraón dijo a José: Yo he soñado sueño, y no hay quien lo declare: y yo he oido decir de tí, que oyes sueños para declararlos. Y José respondió a Faraón, diciendo: Sin mí, Dios responda paz a Faraón. Entónces Faraón dijo a José: En mi sueño parecíame que estaba a la orilla del río: Y que del río subían siete vacas gruesas de carne, y hermosas de forma, que pacían en el prado: Y que otras siete vacas subían después de ellas, magras y feas de forma mucho, y flacas de carne: no he visto otras semejantes en toda la tierra de Egipto en fealdad: Y que las vacas flacas y feas tragaban a las siete vacas primeras gruesas: Y que entraban en sus entrañas, y no se conocía que hubiesen entrado en sus entrañas; porque el parecer de ellas era aun malo, como de primero; y desperté. Ví también soñando, que siete espigas subían en una caña llenas y hermosas: Y que otras siete espigas menudas, secas, abatidas del solano subían después de ellas: Y que las espigas menudas tragaban a las siete espigas hermosas; y lo he dicho a los magos, y no hay quien me lo declare. Entónces José respondió a Faraón: El sueño de Faraón es un mismo. Dios ha mostrado a Faraón lo que él hace: Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es un mismo. Y las siete vacas magras y feas, que subían tras ellas, siete años son; y las siete espigas menudas y secas del solano, siete años serán de hambre. Esto es lo que yo respondo a Faraón: Lo que Dios hace, ha mostrado a Faraón. He aquí, siete años vienen de grande hartura en toda la tierra de Egipto. Y levantarse han tras ellos siete años de hambre, que toda la hartura será olvidada en la tierra de Egipto; y la hambre consumirá la tierra. Y aquella abundancia no será conocida a causa de la hambre de después; la cual será gravísima. Y en segundar el sueño a Faraón dos veces significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla. Por tanto ahora provea Faraón a algún varón prudente y sabio, y póngale sobre la tierra de Egipto: Haga Faraón, y ponga gobernadores sobre la provincia; y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la hartura; Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen; y alleguen el trigo debajo de la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades y guarden: Y esté aquel mantenimiento en depósito para la tierra para los siete años de la hambre, que serán en la tierra de Egipto, y la tierra no perecerá de hambre. Y el negocio pareció bien a Faraón, y a sus siervos. Y dijo Faraón a sus siervos: ¿Hemos de hallar otro hombre como este, en quien haya Espíritu de Dios? Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. Tú serás sobre mi casa; y por tu dicho se gobernará todo mi pueblo: solamente en la silla seré yo mayor que tú. Dijo más Faraón a José: He aquí, yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. Entónces Faraón quitó su anillo de su mano, y púsolo en la mano de José; e hízole vestir de ropas de lino finísimo; y puso un collar de oro en su cuello; E hízole subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él Abrec; y púsole sobre toda la tierra de Egipto. Y dijo Faraón a José: Yo Faraón: y sin tí ninguno alzará su mano ni su pié en toda la tierra de Egipto. Y llamó Faraón el nombre de José, Safenat-paneat: y dióle por mujer a Asenet, hija de Potifera, príncipe de On. Y salió José por la tierra de Egipto. Y José era de edad de treinta años, cuando fué presentado delante de Faraón, rey de Egipto: y salió José de delante de Faraón, y pasó por toda la tierra de Egipto. E hizo la tierra aquellos siete años de la hartura a montones. Y juntó todo el mantenimiento de los siete años que fueron en la tierra de Egipto; y dió mantenimiento en las ciudades, poniendo en cada ciudad el mantenimiento del campo de sus al rededores. Y juntó José trigo como arena de la mar, mucho en gran manera, hasta no poderse contar, porque no tenía número. Y nacieron a José dos hijos ántes que viniese el año de la hambre: los cuales le parió Asenet, hija de Potifera, príncipe de On. Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés: Porque, dice, me hizo olvidar Dios de todo mi trabajo, y de toda la casa de mi padre. Y el nombre del segundo llamó Efraim: Porque, dice, crecer me hizo Dios en la tierra de mi aflicción. Y cumpliéronse los siete años de la hartura, que fué en la tierra de Egipto. Y comenzaron a venir los siete años de la hambre, como José había dicho: y hubo hambre en todas las provincias, y en toda la tierra de Egipto había pan. Y hubo hambre en toda la tierra de Egipto, y el pueblo clamó a Faraón por pan. Y dijo Faraón a todo Egipto: Andád a José; lo que él os dijere haréis. Y había hambre sobre toda la haz de la tierra. Entónces José abrió todo donde había, y vendió a los Egipcios: porque la hambre había crecido en la tierra de Egipto. Y toda la tierra venía a Egipto para comprar de José; porque por toda la tierra había crecido la hambre. Y VIENDO Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? Y dijo: He aquí yo he oido que hay alimentos en Egipto; descendéd allá, y comprád para nosotros de allá, para que vivamos, y no nos muramos. Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo a Egipto. Mas a Benjamín, hermano de José, no envió Jacob con sus hermanos, porque dijo: Porque no le acontezca algún desastre. Y vinieron los hijos de Israel a comprar entre los que venían; porque había hambre en la tierra de Canaán. Y José era el señor de la tierra, que vendía el trigo a todo el pueblo de la tierra: e llegaron los hermanos de José, e inclináronse a él la haz sobre la tierra. Y José como vió a sus hermanos, conociólos, e hizo que no los conocía; y hablóles asperamente, y díjoles: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán a comprar alimentos. Y José conoció a sus hermanos, mas ellos no le conocieron. Entónces José se acordó de los sueños que había soñado de ellos, y díjoles: Espiones sois: por ver lo descubierto de la tierra habéis venido. Y ellos le respondieron: No, señor mío; mas tus siervos han venido a comprar alimentos. Todos nosotros somos hijos de un varón, hombres de verdad somos: tus siervos nunca fueron espiones. Y él les dijo: No: a ver lo descubierto de la tierra habéis venido. Ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán: y, he aquí, el menor está con nuestro padre hoy, y otro no parece. Y José les dijo: Eso es lo que yo os he dicho, diciendo que sois espiones. En esto seréis probados: Vive Faraón, que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere aquí. Enviád uno de vosotros, y tome a vuestro hermano; y vosotros quedád presos; y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad con vosotros: y si nó, vive Faraón que sois espiones. Y juntóles en la cárcel tres dias. Y al tercero día díjoles José: Hacéd esto, y vivíd: Yo temo a Dios. Si sois hombres de verdad, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos: y vosotros id, llevád el alimento para la hambre de vuestra casa: Y traerme heis a vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras; y no morireis. Y ellos lo hicieron así. Y decían el uno al otro: Verdaderamente nosotros hemos pecado contra nuestro hermano, que vimos el angustia de su alma, cuando nos rogaba, y no oimos: por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. Entónces Ruben les respondió, diciendo: ¿No os lo decía yo, diciendo: No pequéis contra el mozo, y no oisteis? He aquí también su sangre es requerida. Y ellos no sabían que entendía José; porque había intérprete entre ellos. Y apartóse de ellos, y lloró: después volvió a ellos, y hablóles, y tomó de ellos a Simeón, y emprisionóle delante de ellos. Y mandó José que hinchesen sus sacos de trigo, y les volviesen su dinero de cada uno de ellos en su saco, y les diesen comida para el camino: y fué hecho con ellos así. Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y fuéronse de allí. Y abriendo el uno su saco para dar de comer a su asno, en el mesón, vió su dinero que estaba en la boca de su costal. Y dijo a sus hermanos: Mi dinero es vuelto, y hélo aquí también en mi saco. Entónces el corazón se les sobresaltó, y espantados el uno al otro, dijeron: ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios? Y venidos a Jacob su padre en tierra de Canaán, contáronle todo lo que les había acaecido, diciendo: Aquel varón, señor de la tierra, nos habló asperamente, y nos trató como a espiones de la tierra: Y nosotros le dijimos: Hombres de verdad somos; nunca fuimos espiones. Doce hermanos somos, hijos de nuestro padre; el uno no parece, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán. Y aquel varón, señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres de verdad: Dejád conmigo el uno de vuestros hermanos, y tomád para la hambre de vuestras casas; y andád, Y traédme a vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no sois espiones, sino hombres de verdad, y daros he a vuestro hermano, y negociaréis en la tierra. Y aconteció, que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en el saco de cada uno estaba el trapo de su dinero: y viendo ellos y su padre los trapos de sus dineros, tuvieron temor. Entónces su padre Jacob les dijo: Deshijádome habéis: José no parece, y Simeón no parece, y a Benjamín tomaréis: sobre mí son todas estas cosas. Y Ruben habló a su padre, diciendo: Mis dos hijos harás morir, si no te lo volviere: dále en mi mano, que yo le volveré a tí. Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros: que su hermano es muerto, y él solo ha quedado: y si le aconteciere algún desastre en el camino donde vais, haréis descender mis canas con dolor a la sepultura. Y LA hambre era grande en la tierra. Y aconteció que como acabaron de comer el trigo que trajeron de Egipto, díjoles su padre: Volvéd, comprád para nosotros un poco de alimento. Y respondióle Judá, diciendo: Protestando nos protestó aquel varón, diciendo: No veréis mi rostro sin vuestro hermano con vosotros. Si enviares nuestro hermano con nosotros, descenderemos, y comprarte hemos alimento. Y si no le enviares, no descenderemos; porque aquel varón nos dijo: No veréis mi rostro sin vuestro hermano con vosotros. Y dijo Israel: ¿Por qué me hicisteis mal declarando al varón, que teníais más hermano? Y ellos respondieron: Preguntando nos preguntó aquel varón por nosotros, y por nuestra parentela, diciendo: ¿Vive aun vuestro padre? ¿Tenéis más hermano? Y declarámosle conforme a estas palabras: ¿Podíamos nosotros saber que había de decir: Hacéd venir a vuestro hermano? Entónces Judá dijo a Israel su padre: Envía al mozo conmigo, y levantarnos hemos, e iremos, porque vivamos y no muramos nosotros: y tú, y nuestros niños. Yo salgo por fiador, de mi mano le requerirás: si yo no te le volviere, y le pusiere delante de tí, cargue yo con la culpa para siempre. Que si no nos hubieramos detenido, cierto ahora hubieramos ya vuelto dos veces. Entónces Israel su padre les respondió: Pues que así es, hacédlo: tomád de lo mejor de la tierra en vuestros vasos, y llevád a aquel varón un presente, un poco de resina, y un poco de miel, especias, y almaciga, piñones, y almendras. Y tomád en vuestras manos doblado dinero; y llevád en vuestra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros costales, quizá fué yerro. Y tomád vuestro hermano, y levantáos, y volvéd a aquel varón. Y el Dios omnipotente os dé misericordias delante de aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y a este Benjamín: y yo como deshijado, deshijado. Entónces aquellos varones tomaron el presente, y tomaron en su mano doblado dinero, y a Benjamín; y levantáronse y descendieron a Egipto, y presentáronse delante de José. Y José vió con ellos a Benjamín, y dijo al que presidía en su casa: Mete aquellos varones en casa, y degüella víctima, y apareja; porque estos varones comerán conmigo al mediodía. Y el varón hizo como José dijo, y metió aquel varón a los hombres en casa de José. Y aquellos hombres tuvieron temor, cuando fueron metidos en casa de José, y decían: Por el dinero que fué vuelto en nuestros costales la primera vez nos han metido, para revolver sobre nosotros, y par sobre nosotros, y tomarnos por siervos a nosotros, y a nuestros asnos. Y llegáronse a aquel varón, que presidía en casa de José, y habláronle a la entrada de la casa, Y dijeron: Ay, señor mío, nosotros descendimos al principio a comprar alimentos: Y aconteció que como venímos al mesón, y abrímos nuestros costales, he aquí que el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal, nuestro dinero por su peso: y hémoslo vuelto en nuestras manos. Y hemos traido en nuestras manos otro dinero para comprar alimentos: nosotros no sabemos quien haya puesto nuestro dinero en nuestros costales. Y él respondió: Paz a vosotros; no temáis: vuestro Dios, y el Dios de vuestro padre, os dió el tesoro en vuestros costales: vuestro dinero vino a mí. Y sacó a Simeón a ellos. Y metió aquel varón a aquellos hombres en casa de José: y dió agua; y lavaron sus piés, y dió de comer a sus asnos. Y ellos apercibieron el presente entre tanto que venía José, al mediodía, porque habían oido que allí habían de comer pan. Y vino José a casa; y ellos trajeron a casa el presente que tenían en su mano, e inclináronse a él hasta tierra. Entónces él les preguntó como estaban, y dijo: ¿Vuestro padre, el viejo que dijisteis, vale bien? ¿es aun vivo? Y ellos respondieron: Bien va a tu siervo nuestro padre; aun vive. E inclináronse, e hiciéron reverencia. Y alzando él sus ojos vió a Benjamín su hermano, hijo de su madre, y dijo: ¿Es este vuestro hermano menor, de quien me dijisteis? Y dijo: Dios haya misericordia de tí, hijo mío. Entónces José se apresuró, que se encendieron sus entrañas sobre su hermano, y procuró de llorar: y entróse en la cámara, y lloró allí. Y lavó su rostro, y salió y esforzóse, y dijo: Ponéd pan. Y pusiéronle a él a parte, y a ellos a parte, y a los Egipcios que comían con él, a parte; porque los Egipcios no pueden comer con los Hebreos pan, que es abominación a los Egipcios. Y asentáronse delante de él el mayor conforme a su mayoría, y el menor conforme a su menoría: y aquellos hombres estaban espantados el uno al otro. Y él tomó presentes de delante de sí para ellos: y el presente de Benjamín fué aumentado más que los presentes de todos ellos en cinco partes. Y ellos bebieron, y alegráronse con él. Y ÉL mandó al que presidía en su casa, diciendo: Hinche los costales de aquestos varones de alimentos, cuanto pudieren llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal. Y mi copa, la copa de plata, pondrás en la boca del costal del menor con el dinero de su trigo. Y él hizo como José dijo. Venida la mañana, los hombres fueron despedidos con su asnos. En saliendo ellos de la ciudad, que aun no se habían alejado, José dijo al que presidía en su casa: Levántate, y sigue a aquellos hombres: y cuando los tomares, díles: ¿Por qué habéis tornado mal por bien? ¿No es esta la copa en que bebe mi señor? y en que suele adivinar? mal habéis hecho en lo que hicisteis. Y como él los alcanzo, díjoles estas palabras. Y ellos le respondieron: ¿Por qué dice mi señor tales cosas? Nunca tal hagan tus siervos. He aquí, el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales te volvimos a traer desde la tierra de Canaán: ¿cómo pues habíamos de hurtar de casa de tu señor plata ni oro? Aquel en quien fuere hallada de tus siervos, que muera, y aun nosotros seremos siervos de mi señor. Y él dijo: También ahora sea conforme a vuestras palabras: aquel en quien se hallare, será mi siervo, y vosotros seréis sin culpa. Ellos entónces diéronse priesa, y derribaron cada uno su costal a tierra, y abrieron cada uno su costal. Y buscó, desde el mayor comenzó, y acabó en el menor: y la copa fué hallada en el costal de Benjamín. Entónces ellos rompieron sus vestidos, y cargó cada uno su asno, y volvieron a la ciudad. Y llegó Judá y sus hermanos a casa de José, y él estaba aun allí, y postráronse delante de él en tierra. Y díjoles José: ¿Qué obra es esta que habéis hecho? ¿No sabéis vosotros que un hombre como yo adivinando adivina? Entónces Judá dijo: ¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos? o ¿con qué nos justificaremos? Dios ha descubierto la maldad de tus siervos: he aquí, nosotros somos siervos de mi señor, nosotros también, y aquel en cuyo poder fué hallada la copa. Y él respondió: Nunca yo tal haga: el varón en cuyo poder fué hallada la copa; aquel será mi siervo: vosotros id en paz a vuestro padre. Entónces Judá se llegó, a él, y dijo: Ay, señor mío, ruégote que hable tu siervo una palabra en oidos de mi señor, y no se encienda tu enojo contra tu siervo, pues que tú eres como Faraón. Mi señor preguntó a sus siervos, diciendo: ¿Tenéis padre, o hermano? Y nosotros respondimos a mi señor: Tenemos un padre viejo, y un mozo nacido en su vejez, pequeño, y un hermano suyo murió, y él quedó solo de su madre, y su padre le ama. Y tú dijiste a tus siervos: Traédmelo, y yo pondré mis ojos sobre él. Y nosotros dijimos a mi señor: El mozo no puede dejar a su padre; porque si dejare a su padre, el padre morirá. Y dijiste a tus siervos: Si vuestro hermano menor no descendiere con vosotros, no veais más mi rostro. Aconteció pues, que como venímos a mi padre tu siervo, contámosle las palabras de mi señor. Y dijo nuestro padre: Volvéd: comprádnos un poco de alimento. Y nosotros respondimos: No podemos ir: si nuestro hermano menor fuere con nosotros, iremos: porque no podemos ver el rostro del varón, no estando con nosotros nuestro hermano el menor. Entónces tu siervo, mi padre, nos dijo: Vosotros sabéis, que dos hijos me parió mi mujer; Y el uno salió de conmigo, y de él dije: De cierto que fué despedazado; y hasta ahora no le he visto. Y si tomareis también a este de delante de mí, y le aconteciere algún desastre, haréis descender mis canas con dolor a la sepultura. Y ahora como yo viniere a tu siervo, mi padre, y el mozo no fuere conmigo, porque su alma está ligada con el alma de él, Será, que como él no vea al mozo, morirá: y tus siervos harán descender las canas de tu siervo nuestro padre con dolor a la sepultura: Porque tu siervo salió por fiador por el mozo con mi padre, diciendo: Si no te le volviere, entónces yo seré culpado a mi padre todos los dias. Ruégote, pues, que quede ahora tu siervo por el mozo por siervo de mi señor, y el mozo vaya con sus hermanos. Porque ¿cómo vendré yo a mi padre sin el mozo? Por no ver el mal que a mi padre vendrá. ENTÓNCES José no pudo conte- nerse delante de todos los que estaban junto a él, y clamó: Hacéd salir de conmigo a todos. Y no quedó nadie con él para darse a conocer José a sus hermanos. Entónces dió su voz con lloro; y oyeron los Egipcios; y oyó también la casa de Faraón. Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José: ¿vive aun mi padre? Y sus hermanos no le pudieron responder, porque estaban turbados delante de él. Entónces José dijo a sus hermanos: Llegáos ahora a mí. Y ellos se llegaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis a Egipto. Ahora pues, no os entristezcais; ni os pese de haberme vendido acá; que para vida me envió Dios delante de vosotros: Que ya han sido dos años de hambre en medio de la tierra, y aun quedan cinco años, que ni habrá arada ni siega. Y Dios me envió delante de vosotros para que vosotros quedaseis en la tierra, y para daros vida por grande libertad. Así que ahora, no me enviasteis vosotros acá, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón, y por señor a toda su casa, y por enseñoreador en toda la tierra de Egipto. Dáos priesa: íd a mi padre y decídle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto, ven a mí, no te detengas. Y habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos; y los hijos de tus hijos; tus ganados, y tus vacas, y todo lo que tienes. Y yo te alimentaré allí, que aun quedan cinco años de hambre, porque no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes. Y, he aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla. Y haréis saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto: y dáos priesa, y traed a mi padre acá. Y echóse sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró: y Benjamín también lloró sobre su cuello. Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos: y después sus hermanos hablaron con él. Y la fama fué oida en la casa de Faraón, diciendo: Los hermanos de José han venido. Y plugo en los ojos de Faraón, y en los ojos de sus siervos. Y dijo Faraón a José: Dí a tus hermanos: Hacéd esto; cargád vuestras bestias, e id, volvéd a la tierra de Canaán. Y tomád a vuestro padre, y vuestras familias, y veníd a mi; que yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto, y comeréis la grosura de la tierra. Y tú manda: Hacéd esto; tomáos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y vuestras mujeres: y tomád a vuestro padre, y veníd. Y no se os dé nada de vuestras alhajas, porque el bien de la tierra de Egipto será vuestro. E hiciéronlo así los hijos de Israel: y dióles José carros conforme al dicho de Faraón, y dióles mantenimiento para el camino. A todos ellos dió a cada uno mudas de vestidos: y a Benjamín dió trescientos pesos de plata, y cinco mudas de vestidos. Y a su padre envió esto; diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo y pan, y comida para su padre para el camino. Y despidió a sus hermanos, y fuéronse: y díjoles: No riñáis por el camino. Y vinieron de Egipto: y llegaron a la tierra de Canaán a Jacob su padre. Y diéronle las nuevas diciendo: José vive aun: y él es señor en toda la tierra de Egipto: y su corazón se desmayó, que no los creía. Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado: y viendo él los carros que José enviaba para llevarle, el espíritu de Jacob su padre revivió. Entónces dijo Israel: Basta; aun José mi hijo vive: yo iré y verle he ántes que muera. Y PARTIÓSE Israel con todo lo que tenía, y vino a Beer-seba, y sacrificó sacrificios al Dios de su padre Isaac. Y habló Dios a Israel en visiones de noche, y dijo: Jacob, Jacob. Y él respondió: Héme aquí. Y dijo: Yo soy el Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto; porque yo te pondré allí en gran gente. Yo descenderé contigo a Egipto; y yo también te haré volver; y José pondrá su mano sobre tus ojos. Y levantóse Jacob de Beer-seba, y tomaron los hijos de Israel a su padre Jacob, y a sus niños, y a sus mujeres en los carros que Faraón había enviado para llevarle. Y tomaron sus ganados, y su hacienda que habían adquirido en la tierra de Canaán, y viniéronse a Egipto, Jacob, y toda su simiente consigo: Sus hijos, y los hijos de sus hijos consigo: sus hijas, y las hijas de sus hijos; y a toda su simiente trajo consigo en Egipto. Y estos son los nombres de los hijos de Israel, que entraron en Egipto, Jacob, y sus hijos. El primogénito de Jacob, Rubén. Y los hijos de Rubén: Jenoc, y Fallu, y Jesrón, y Carmi. Y los hijos de Simeón: Lamuel, y Lamín, y Ahod, y Jaquín, y Sohar, y Saul hijo de la Cananea. Y los hijos de Leví: Gersón, y Cahat, y Merari. Y los hijos de Judá: Her, y Onán, y Sela, y Fares, y Zara; mas Her, y Onán murieron en la tierra de Canaán. Y los hijos de Fares fueron Jesrón, y Hamul. Y los hijos de Isacar: Tola, y Fua, y Job, y Simerón. Y los hijos de Zabulón: Sared, y Elón, y Jahelel. Estos fueron los hijos de Lia que parió a Jacob en Padan-aram, y a Dina su hija: todas las almas de los hijos y de las hijas fueron treinta y tres. Y los hijos de Gad: Sefón, y Agui, y Jesebón, y Suni, y Heri, y Arodi, y Areli. Y los hijos de Aser: Jamna, y Jesua, y Jessui, y Beria, y Sara hermana de ellos. Los hijos de Beria: Jeber, y Melquiel. Estos fueron los hijos de Zelfa, la que Labán dió a su hija Lia, y parió estos a Jacob, diez y seis almas. Y los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José, y Benjamín. Y nacieron a José en la tierra de Egipto, que le parió Asenet, hija de Potifera, príncipe de On: Manasés y Efraim. Y los hijos de Benjamín: Bela, y Becor, y Asbel, y Gera, y Naamán, y Equi, y Ros, y Mofim, y Ofim, y Ared. Estos fueron los hijos de Raquel que nacieron a Jacob, todas las almas, catorce. Y los hijos de Dan: Husín. Y los hijos de Neftalí: Jasiel, y Gumi, y Jeser, y Sallem. Estos fueron los hijos de Bala, la que dió Labán a Raquel su hija, y parió estos a Jacob, todas las almas, siete. Todas las personas que vinieron con Jacob a Egipto, que salieron de su muslo, sin las mujeres de los hijos de Jacob, todas las personas fueron sesenta y seis. Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, dos personas. Todas las almas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto fueron setenta. Y envió a Judá delante de sí a José para que le viniese a ver a Gosén, y llegaron a la tierra de Gosén. Y José unció su carro, y vino a recibir a Israel su padre a Gosén, y mostrósele: y echóse sobre su cuello, y lloró sobre su cuello asaz. Entónces Israel dijo a José: Muera yo ahora, pues que ya he visto tu rostro: que aun vives. Y José dijo a sus hermanos, y a la casa de su padre: Yo subiré, y haré saber a Faraón, y decirle he: Mis hermanos y la casa de mi padre, que estaban en la tierra de Canaán, han venido a mí. Y los hombres son pastores de ovejas, porque son hombres ganaderos: y han traido sus ovejas y sus vacas; y todo lo que tenían. Y cuando Faraón os llamare, y dijere: ¿Qué es vuestro oficio? Entónces diréis: Hombres de ganado han sido tus siervos desde nuestra mocedad hasta ahora, nosotros y nuestros padres: para que moreis en la tierra de Gosén, porque los Egipcios abominan a todo pastor de ovejas. Y JOSÉ vino, e hizo saber a Faraón, y dijo: Mi padre y mis hermanos, y sus ovejas, y sus vacas, con todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán; y, he aquí, están en la tierra de Gosén. Y de los postreros de sus hermanos tomó cinco varones, y presentólos delante de Faraón: Y Faraón dijo a sus hermanos: ¿Qué son vuestros oficios? Y ellos respondieron a Faraón: Pastores de ovejas son tus siervos, así nosotros, como nuestros padres. Y dijeron a Faraón: Por morar en esta tierra hemos venido; porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, que la hambre es grave en la tierra de Canaán, por tanto ahora rogámoste que habiten tus siervos en la tierra de Gosén. Entónces Faraón habló a José, diciendo: Tu padre y tus hermanos han venido a tí. La tierra de Egipto delante de tí está, en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos: habiten en la tierra de Gosén: y si entiendes que hay entre ellos hombres valientes, ponerlos has por mayorales del ganado sobre lo que es mío. Y metió José a Jacob su padre, y presentóle delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón. Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los dias de los años de tu vida? Y Jacob respondió a Faraón: Los dias de los años de mi peregrinación son ciento y treinta años: pocos y malos han sido los dias de los años de mi vida: y no han llegado a los dias de los años de la vida de mis padres, en los dias de sus peregrinaciones. Y Jacob bendijo a Faraón, y salióse de delante de Faraón. Así José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y dióles posesión en la tierra de Egipto en lo mejor de la tierra, en la tierra de Rameses como Faraón mandó. Y alimentaba José a su padre y a sus hermanos, y a toda la casa de su padre, de pan, hasta la boca del niño. Y no había pan en toda la tierra, y la hambre era muy grave: y desfalleció de hambre la tierra de Egipto, y la tierra de Canaán. Y José recogió todo el dinero que se halló en la tierra de Egipto, y en la tierra de Canaán por los alimentos que compraban de él: y metió José el dinero en casa de Faraón. Y acabado el dinero de la tierra de Egipto, y de la tierra de Canaán, vino todo Egipto a José, diciendo: Dános pan: ¿por qué moriremos delante de tí, que se ha acabado el dinero? Y José dijo: Dad vuestros ganados, y yo os daré por vuestros ganados, si se ha acabado el dinero. Y ellos trajeron sus ganados a José, y José les dió alimentos por caballos, y por el ganado de las ovejas, y por el ganado de las vacas, y por asnos: y sustentólos de pan por todos sus ganados aquel año. Y acabado aquel año, vinieron a él el segundo año, y dijéronle: No encubriremos de nuestro señor, que ciertamente se ha acabado el dinero, ni ganado de nuestro señor ha quedado delante de nuestro señor; mas que nuestros cuerpos, y nuestra tierra. ¿Por qué moriremos delante de tus ojos así nosotros como nuestra tierra? Cómpranos a nosotros y a nuestra tierra por pan; y seremos nosotros y nuestra tierra siervos de Faraón: y da simiente para que vivamos, y no nos muramos, y no se asuele la tierra. Entónces José compró toda la tierra de Egipto para Faraón: porque los Egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque la hambre se fortaleció sobre ellos: y fué la tierra de Faraón. Y al pueblo hízole pasar a las ciudades desde el un cabo del término de Egipto hasta el otro cabo. Solamente la tierra de los sacerdotes no compró, por cuanto los sacerdotes tenían ración de Faraón, y ellos comían su ración que Faraón les daba: por eso no vendieron su tierra. Y José dijo al pueblo: He aquí yo os he comprado hoy, a vosotros y a vuestra tierra para Faraón: veis aquí simiente, y sembraréis la tierra. Y será que de los frutos daréis el quinto a Faraón: y las cuatro partes serán vuestras para sembrar las tierras, y para vuestro mantenimiento, y de los que están en vuestras casas, y para que coman vuestros niños. Y ellos respondieron: La vida nos has dado: hallemos gracia en ojos de mi señor, que seamos siervos de Faraón. Entónces José lo puso por fuero hasta hoy sobre la tierra de Egipto, a Faraón el quinto: salvo que la tierra de los sacerdotes sola no fué de Faraón. Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén, y aposesionáronse en ella, y aumentáronse, y multiplicaron en gran manera. Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diez y siete años, y fueron los dias de Jacob, los años de su vida, ciento y cuarenta y siete años. Y llegáronse los dias de Israel para morir, y llamó a José su hijo, y díjole: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, yo te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo misericordia y verdad. Ruégote que no me entierres en Egipto: Mas cuando durmiere con mis padres, llevarme has de Egipto, y sepultarme has en el sepulcro de ellos. Y él respondió: Yo haré como tú dices. Y él dijo: Júrame. Y él le juró. Entónces Israel se inclinó a la cabecera de la cama. Y FUÉ, que después de estas cosas, fué dicho a José: He aquí, tu padre está enfermo. Y él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraim: Y fué hecho saber a Jacob, diciendo: He aquí, José tu hijo viene a tí. Entónces Israel se esforzó, y asentóse sobre la cama; Y dijo a José: El Dios omnipotente me apareció en Luza, en la tierra de Canaán; y me bendijo, Y dijome: He aquí, yo te hago crecer, y te multiplicaré, y te pondré por compañía de pueblos: y esta tierra daré a tu simiente después de tí, por heredad perpetua. Y ahora tus dos hijos, que te nacieron en la tierra de Egipto ántes que yo viniese a tí, a la tierra de Egipto, míos son; Efraim y Manasés, como Ruben y Simeón serán míos. Y los que después de ellos has engendrado serán tuyos: por el nombre de sus hermanos serán llamados en sus heredades. Y yo, cuando venía de Padan-aram, Raquel se me murió en la tierra de Canaán en el camino, como media legua de tierra viniendo a Efrata: y sepultéla allí en el camino de Efrata, que es Belén. Y vió Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quién son estos? Y respondió José a su padre: Mis hijos son, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Allégalos ahora a mí, y bendecirlos hé. Y los ojos de Israel eran ya agravados de la vejez que no podía ver. E hízolos llegar a él, y él los besó y abrazó. Y dijo Israel a José: Yo no pensaba ver tu rostro; y, he aquí, Dios me ha hecho ver también tu simiente. Entónces José los sacó de entre sus rodillas, e inclinóse a tierra. Y tomólos José a ámbos, Efraim a su diestra, a la siniestra de Israel; y a Manasés a su siniestra, a la diestra de Israel, e hízolos llegar a él. Entónces Israel estendió su diestra, y púsola sobre la cabeza de Efraim, que era el menor, y su siniestra sobre la cabeza de Manasés haciendo entender a sus manos, aunque Manasés era el primogénito. Y bendijo a José, y dijo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac: el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, El Ángel que me escapa de todo mal, bendiga a estos mozos: y mi nombre sea llamado en ellos, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multipliquen en multitud en medio de la tierra. Entónces viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraim, pesóle en sus ojos; y tomó la mano de su padre, por quitarla de sobre la cabeza de Efraim a la cabeza de Manasés. Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque este es el primogénito: pon tu diestra sobre su cabeza. Mas su padre no quiso, y dijo: Yo lo sé, hijo mío, yo lo sé: también él será en pueblo, y él también crecerá: mas su hermano menor será más grande que él, y su simiente será plenitud de gentes. Y bendíjolos aquel día, diciendo: En tí bendecirá Israel, diciendo: Póngate Dios como a Efraim, y como a Manasés. Y puso a Efraim delante de Manasés. Y dijo Israel a José: He aquí, yo muero; mas Dios será con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres. Y yo te he dado a tí una parte sobre tus hermanos, que yo tomé de mano del Amorreo con mi espada y con mi arco. Y LLAMÓ Jacob a sus hijos, y dijo: Juntáos y declararos he lo que os ha de acontecer en los postreros dias. Juntáos y oid, hijos de Jacob, y oid a vuestro padre Israel. Rubén, tú eres mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor: principal en dignidad, principal en fortaleza: Corriente como las aguas, no seas el principal; por cuanto subiste al lecho de tu padre; entónces te envileciste subiendo a mi estrado. Simeón y Leví, hermanos; armas de inquidad sus armas. En su secreto no entre mi alma, ni mi honra se junte en su compañía; que en su furor mataron varón, y en su voluntad arrancaron muro. Maldito su furor que es fuerte: y su ira, que es dura: yo los apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel. Judá, tú, albarte han tus hermanos: tu mano en la cerviz de tus enemigos: los hijos de tu padre se inclinarán a tí. Cachorro de león Judá: de la presa subiste, hijo mío: encorvóse, echóse como león, y como león viejo, ¿quién lo despertará? No será quitado el cetro de Judá, y el legislador de entre sus piés, hasta que venga SILOH, y a él se congregarán los pueblos: Atando a la vid su pollino, y a la cepa el hijo de su asna; lavó en el vino su vestido, y en la sangre de uvas su cobertura. Los ojos bermejos del vino, los dientes blancos de la leche. Zabulón en puertos de mar habitará, y en puerto de navíos: y su término será hasta Sidón. Isacar, asno de hueso echado entre dos lios. Y vió que el descanso era bueno, y que la tierra era deleitosa, y abajó su hombro para llevar, y sirvió en tributo. Dan, juzgará a su pueblo, como una de las tribus de Israel. Será Dan serpiente junto al camino, víbora junto a la senda, que muerde los talones de los caballos, y hace caer por detrás al cabalgador de ellos. Tu salud esperé, oh Jehová. Gad, ejército le acometerá; mas al fin él acometerá. El pan de Aser será grueso, y él dará deleites de rey. Neftalí, cierva dejada que dará dichos hermosos. Ramo fructífero José, ramo fructífero junto a fuente; las doncellas van sobre el muro. Y amargáronle, y asaeteáronle, y aborreciéronle los señores de saetas. Mas su arco quedó en fortaleza, y los brazos de sus manos se corroboraron por las manos del fuerte Dios de Jacob: de allí apacentó la piedra de Israel: Del Dios de tu padre, el cual te ayudará, y del Omnipotente, el cual te bendecirá con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo, con bendiciones de pechos y de matriz. Las bendiciones de tu padre fueron mayores que las bendiciones de mis progénitores: hasta el término de los collados eternos serán sobre la cabeza de José y sobre la mollera del Nazareno de sus hermanos. Benjamín, lobo arrebatador: a la mañana comerá la presa, y a la tarde repartirá los despojos. Todos estos fueron las tribus de Israel, doce: y esto fué lo que su padre les dijo: y bendíjoles: a cada uno por su bendición los bendijo. Y mandóles, y díjoles: Yo soy congregado con mi pueblo; sepultádme con mis padres en la cueva, que está en el campo de Efrón el Jetteo. En la cueva que está en el campo de la dobladura, que está delante de Mamré en la tierra de Canaán, la cual compró Abraham con el mismo campo de Efrón el Jetteo para heredad de sepultura. Allí sepultaron a Abraham, y a Sara su mujer: allí sepultaron a Isaac, y a Rebeca su mujer: allí también sepulté yo a Lia. Compra del campo y de la cueva que está en él, de los hijos de Jet. Y como acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus piés en la cama, y espiró; y fué congregado con sus padres. ENTÓNCES José se echó sobre el rostro de su padre, y lloró sobre él, y besóle. Y mandó José a sus siervos médicos que embalsamasen a su padre: y los médicos embalsamaron a Israel. Y cumpliéronle cuarenta dias, porque así cumplían los dias de los embalsamados, y lloráronle los Egipcios setenta dias. Y pasados los dias de su luto, habló José a los de la casa de Faraón, diciendo: Si he hallado ahora gracia en vuestros ojos, ruégoos que hableis en oidos de Faraón, diciendo: Mi padre me conjuró, diciendo: He aquí, yo muero, en mi sepulcro, que yo cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás: ruego pues que vaya yo ahora, y sepultaré a mi padre, y volveré. Y Faraón dijo: Vé, y sepulta a tu padre, como él te conjuró. Entónces José subió a sepultar a su padre, y subieron con él todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa, y todos los ancianos de la tierra de Egipto, Y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre; solamente dejaron en la tierra de Gosen sus niños, y sus ovejas, y sus vacas. Y subieron también con él carros y gente de a caballo, e hízose un escuadrón muy grande. Y llegaron hasta la era de Atad, que es de la otra parte del Jordán, y lamentaron allí de grande lamentación y muy grave: e hizo a su padre llanto por siete dias. Y viendo los moradores de la tierra, los Cananeos, el llanto en la era de Atad, dijeron: Llanto grande es este de los Egipcios: por eso fué llamado su nombre Abel-mizraim, que es de la otra parte del Jordán. E hicieron sus hijos con él, como él les mandó. Y lleváronle sus hijos a la tierra de Canaán, y sepultáronle en la cueva del campo de la dobladura, que había comprado Abraham con el mismo campo en heredad de sepultura, de Efrón el Jetteo, delante de Mamré. Y tornóse José a Egipto, él y sus hermanos, y todos los que subieron con él a sepultar a su padre, después que le hubo sepultado. Y viendo los hermanos de José, que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos. Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó ántes de su muerte, diciendo: Así diréis a José: Ruégote que perdones ahora la maldad de tus hermanos, y su pecado, porque mal te galardonaron: por tanto ahora rogámoste que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras le hablaban. Y vinieron también sus hermanos; y postráronse delante de él, y dijeron: Hénos aquí por tus siervos. Y respondióles José: No tengáis miedo: ¿Soy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal sobre mí; mas Dios lo pensó por bien, para hacer lo que hoy vemos, para dar vida a mucho pueblo. Ahora pues no tengáis miedó, yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón. Y estuvo José en Egipto, él y la casa de su padre: y vivió José ciento y diez años. Y vió José de Efraim los hijos terceros: también los hijos de Maquir, hijo de Manasés, fueron criados sobre las rodillas de José. Y José dijo a sus hermanos: Yo me muero; mas Dios visitando os visitará: y os hará subir de aquesta tierra a la tierra, que juró a Abraham, a Isaac, y a Jacob. Y conjuró José a los hijos de Israel, diciendo: Visitando os visitará Dios; y haréis llevar de aquí mis huesos. Y murió José de edad de ciento y diez años, y embalsamáronle, y fué puesto en un arca en Egipto. ESTOS son los nombres de los hijos de Israel, que entraron en Egipto con Jacob, cada uno entró con su familia: Rubén, Simeón, Leví, y Judá, Isacar, Zabulón, y Benjamín, Dan, y Neftalí, Gad y Aser. Y todas las almas que salieron del muslo de Jacob fueron setenta. Y José estaba en Egipto. Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación. Y los hijos de Israel crecieron, y multiplicaron y fueron aumentados y corroborados grandemente, e hinchióse la tierra de ellos. Levantóse entre tanto un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía a José, el cual dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros: Ahora pues, seamos sabios para con él, porque no se multiplique: y acontezca, que viniendo guerra, él también se junte con nuestros enemigos, y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra. Entónces pusieron sobre él comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas: y edificaron a Faraón las ciudades de los bastimentos, Fitom y Rameses. Empero cuanto más lo molestaban, tanto más se multiplicaba, y crecía: tanto que ellos se fastidiaban de los hijos de Israel. Y los Egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza. Y amargaron su vida con servidumbre dura, en barro y ladrillo, y en toda labor del campo, y en todo su servicio en el cual se servían de ellos con dureza. Y habló el rey de Egipto a las parteras de las Hebreas, una de las cuales se llamaba Séfora, y otra Pua, y díjoles: Cuando parteareis a las Hebreas, y mirareis los asientos, si fuere hijo, matádle: y si fuere hija, entónces viva. Mas las parteras temieron a Dios: y no hicieron como les dijo el rey de Egipto, y daban la vida a los niños. Y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras, y díjoles: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis dado vida a los niños? Y las parteras respondieron a Faraón: Porque las mujeres Hebreas no son como las Egipcias, porque son robustas, y paren ántes que la partera venga a ellas. E hizo Dios bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó, y se corroboraron en gran manera. Y por haber las parteras temido a Dios, él les hizo casas. Entónces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echád en el río todo hijo que naciere, y a toda hija dad la vida. UN varón de la familia de Leví fué, y tomó por mujer una hija de Leví: La cual concibió, y parióle un hijo, y viéndole que era hermoso, escondióle tres meses. Y no pudiendo tenerle más escondido, tomó una arquilla de juncos, y calafateóla con pez y betún, y puso en ella al niño, y púsole en un carrizal a la orilla del río. Y paróse una hermana suya léjos para ver lo que le acontecería. Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, ella vió la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase. Y como la abrió vió al niño, y he aquí el niño que lloraba: y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los Hebreos es este. Entónces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte de las Hebreas, una ama, que te crie este niño? Y la hija de Faraón respondió: Vé. La doncella entónces fué, y llamó a la madre del niño: A la cual dijo la hija de Faraón: Lleva este niño, y críamele, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó el niño, y crióle. Y como creció el niño, ella le trajo a la hija de Faraón, la cual le prohijó, y púsole por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas le saqué. Y en aquellos dias acaeció que creció Moisés, y salió a sus hermanos, y vió sus cargas: y vió un varón Egipcio, que hería a un Hebreo de sus hermanos. Y miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, hirió al Egipcio, y escondióle en la arena. Y salió el siguiente día, y viendo a dos Hebreos que reñían, dijo al malo: Por qué hieres a tu prójimo? Y él respondió: ¿Quién te ha a tí puesto por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme, como mataste al Egipcio? Entónces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esta cosa es descubierta. Y oyendo Faraón este negocio, procuró matar a Moisés; mas Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián, y sentóse junto a un pozo. El sacerdote de Madián tenía siete hijas, las cuales vinieron a sacar agua para henchir las pilas, y dar de beber a las ovejas de su padre. Mas los pastores vinieron, y echáronlas; entónces Moisés se levantó, y defendiólas, y abrevó sus ovejas: Y volviendo ellas a Raguel, su padre, díjoles él: ¿Por qué habéis hoy venido tan presto? Y ellas respondieron: Un varón Egipcio nos defendió de mano de los pastores, y también nos sacó el agua, y abrevó las ovejas. Y dijo a sus hijas: ¿Y dónde está? ¿Por qué habéis dejado ese hombre? llamádle para que coma pan. Y Moisés acordó de morar con aquel varón, y él dió a Moisés a su hija Séfora. La cual le parió un hijo, y él le puso nombre Gersom, porque dijo: Peregrino soy en tierra agena. Y aconteció, que después de muchos dias el rey de Egipto murió: y los hijos de Israel suspiraron a causa de la servidumbre, y clamaron, y su clamor subió a Dios desde su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y acordóse de su concierto con Abraham, Isaac, y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y reconocióles Dios. Y APACENTANDO Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas detrás del desierto, y vino a Horeb, monte de Dios. Y apareciósele el ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de un zarzal: y él miró, y vió que el zarzal ardía en fuego, y el zarzal no se consumía. Entónces Moisés dijo: Ahora yo iré, y veré esta grande visión, por qué causa el zarzal no se queme. Y viendo Jehová que iba a ver, llamóle Dios de medio del zarzal, y dijo: Moisés, Moisés: Y él respondió: Héme aquí. Y dijo: No te llegues acá: quita tus zapatos de tus piés, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Entónces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Y dijo Jehová: Viendo he visto la aflicción de mi pueblo, que está en Egipto; y he oido su clamor a causa de sus exactores, por lo cual yo he entendido sus dolores. Y he descendido para librarlos de mano de los Egipcios: yo los sacaré de esta tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que corre leche y miel; a los lugares del Cananeo, del Jetteo, del Amorreo, del Ferezeo, del Heveo, y del Jebuseo. El clamor de los hijos de Israel ha venido ahora delante de mí: y también he visto la opresión con que los Egipcios les oprimen. Ven pues ahora, y enviarte he a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto. Entónces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él le respondió: Porque yo seré contigo: y esto te será por señal, de que yo te he enviado: Después que hubieres sacado a este pueblo de Egipto, serviréis a Dios sobre este monte. Y dijo Moisés a Dios: He aquí, yo vengo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros: y si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre? ¿Qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY, me ha enviado a vosotros. Y dijo más Dios a Moisés: Así diras a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; y este es mi memorial por todos los siglos. Vé, y junta los ancianos de Israel, y díles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, me apareció, diciendo: Visitando os he visitado, y a lo que os es hecho en Egipto; Y dije: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del Cananeo, y del Jetteo, y del Amorreo, y del Ferezeo, y del Heveo, y del Jebuseo, a una tierra que corre leche y miel. Y oirán tu voz, e irás tú, y los ancianos de Israel al rey de Egipto, y decirle heis: Jehová, el Dios de los Hebreos, nos ha encontrado: por tanto nosotros iremos ahora camino de tres dias por el desierto, para que sacrifiquemos a Jehová nuestro Dios. Mas yo sé, que el rey de Egipto no os dejará ir, sino por mano fuerte. Mas yo estenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas, que haré en él; y entónces os dejará ir. Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los Egipcios, para que cuando os partiereis, no salgáis vacíos: Y demandará cada mujer a su vecina y a su huéspeda vasos de plata, vasos de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos, y vuestras hijas: y despojaréis a Egipto. ENTÓNCES Moisés respondió, y dijo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz, porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso, que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Y él le dijo: Echala en tierra. Y él la echó en tierra, y tornóse una culebra: y Moisés huía de ella. Entónces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él estendió su mano, y tomóla , y tornóse en la vara en su mano. Por esto creerán, que Jehová el Dios de tus padres, se te ha aparecido: el Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Y díjole más Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno: Y él metió la mano en su seno: y como la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa, como la nieve. Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él volvió a meter su mano en su seno; y volviéndola a sacar del seno, he aquí que era vuelta como la otra carne. Si aconteciere, que no te creyeren, ni obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera. Y si aun no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río, y derramas en tierra, y volverse han aquellas aguas que tú tomarás del río, volverse han en sangre en la tierra. Entónces dijo Moisés a Jehová: Ay, Señor, yo no soy hombre de palabras de ayer, ni de anteayer, ni aun desde que tú hablas a tu siervo: porque soy pesado de boca y pesado de lengua. Y Jehová le respondió: ¿Quién dió la boca al hombre? ¿O, quién hizo al mudo y al sordo? ¿al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Vé pues ahora, que yo seré en tu boca, y te enseñare lo que hayas de hablar. Y él dijo: Ay, Señor, envía por mano del que has de enviar. Entónces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, Levita; que él hablará? Y aun, he aquí, que él te saldrá a recibir, y en viéndote, se alegrará de su corazón. Tú hablarás a él y pondrás en su boca las palabras, y yo seré en tu boca, y en la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer. Y él hablará por tí al pueblo, y él te será por boca, y tu serás a él por Dios. Y tomarás esta vara en tu mano, con la cual harás las señales. Así se fué Moisés, y volviendo a su suegro Jetro, díjole: Yo iré ahora, y volveré a mis hermanos, que están en Egipto, para ver si aun viven. Y Jetro dijo a Moisés: Vé en paz. Dijo también Jehová a Moisés en Madián: Vé, y vuélvete a Egipto; porque todos los que te procuraban la muerte, son muertos. Entónces Moisés tomó a su mujer y sus hijos, y púsoles sobre un asno, y volvióse a tierra de Egipto: tomó también Moisés la vara de Dios en su mano. Y dijo Jehová a Moisés: Cuando fueres vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas, que yo he puesto en tu mano: yo empero endureceré su corazón para que no deje ir al pueblo. Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito: Y yo te he dicho, que dejes ir a mi hijo, para que me sirva: y no has querido dejarle ir; por tanto, he aquí, yo mato a tu hijo, tu primogénito. Y aconteció en el camino, que en una posada le encontró Jehová, y le quiso matar. Entónces Séfora arrebató un pedernal, y cortó el prepucio de su hijo, y echóle a sus piés, diciendo: Porque tú me eres esposo de sangre. Entónces se apartó de él. Y ella le dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión. Y Jehová dijo a Aarón: Vé a recibir a Moisés al desierto. Y él fué, y encontróle en el monte de Dios, y le besó. Entónces Moisés contó a Aarón todas las palabras de Jehová, que le enviaba, y todas las señales, que le había dado. Y fueron Moisés y Aarón, y juntaron todos los ancianos de los hijos de Israel, Y Aarón habló todas las palabras que Jehová había dicho a Moisés, e hizo las señales delante de los ojos del pueblo. Y el pueblo creyó: y oyendo, que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, inclináronse, y adoraron. DESPUÉS de esto Moisés y Aarón entraron a Faraón, y dijéronle: Jehová, el Dios de Israel, dice así: Deja ir mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto. Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz, y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel. Y ellos dijeron: El Dios de los Hebreos nos ha encontrado: por tanto nosotros iremos ahora camino de tres dias por el desierto, y sacrificarémos a Jehová nuestro Dios: porque no nos encuentre con pestilencia, o espada. Entónces el rey de Egipto les dijo: Moisés, y Aarón: ¿Por qué hacéis cesar al pueblo de su obra? Id a vuestros cargos. Dijo también Faraón: He aquí, el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros los hacéis cesar de sus cargos. Y mandó Faraón aquel mismo día a los cuadrilleros del pueblo que tenían cargo del pueblo, y a los gobernadores de él, diciendo: De aquí a delante no daréis paja al pueblo para hacer el ladrillo, como ayer y anteayer; vayan ellos, y cójanse la paja; Y ponerles heis la tarea del ladrillo que hacían ántes, y no les disminuireis nada; porque están ociosos, y por eso dan voces, diciendo: Vamos, y sacrificaremos a nuestro Dios. Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no miren a palabras de mentira. Y saliendo los cuadrilleros del pueblo, y sus gobernadores, hablaron al pueblo, diciendo: Así ha dicho Faraón: Yo no os doy paja. Id vosotros, y tomáos paja, donde la hallareis: que nada se disminuirá de vuestra tarea. Entónces el pueblo se derramó por toda la tierra de Egipto a coger hojarascas en lugar de paja. Y los cuadrilleros los apremiaban, diciendo: Acabád vuestra obra, la tarea del día en su día, como cuando se os daba paja. Y azotaban a los gobernadores de los hijos de Israel, que los cuadrilleros de Faraón habían puesto sobre ellos, diciendo: ¿Por qué no habéis cumplido vuestra tarea de ladrillo ni ayer ni hoy, como ántes? Y los gobernadores de los hijos de Israel vinieron, y quejáronse a Faraón, diciendo: ¿Por qué lo haces así con tus siervos? No se da paja a tus siervos, y con todo eso nos dicen: Hacéd el ladrillo. Y he aquí, tus siervos son azotados, y tu pueblo peca. Y él respondió: Estáis ociosos, ociosos: y por eso decís: Vamos y sacrifiquemos a Jehová, Id pues ahora, trabajád. Paja no se os dará, y daréis la tarea del ladrillo. Entónces los gobernadores de los hijos de Israel se vieron en aflicción, cuando les era dicho: No se disminuirá nada de vuestro ladrillo, de la tarea del día en su día. Y encontrando a Moisés y a Aarón que estaban delante de ellos cuando salían de Faraón, Dijéronles: Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue, que habéis hecho heder nuestro olor delante de Faraón, y de sus siervos, dándoles la espada en las manos para que nos maten. Entónces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo, y tú tampoco has librado a tu pueblo. Y JEHOVÁ respondió a Moisés: Ahora verás lo que yo haré a Faraón: porque con mano fuerte los ha de dejar ir, y con mano fuerte los ha de echar de su tierra. Y habló Dios a Moisés, y díjole: Yo soy Jehová; Y yo aparecí a Abraham, a Isaac, y a Jacob en Dios Omnipotente, mas en mi nombre Jehová no me notifiqué a ellos. Y también establecí mi concierto con ellos que les daría la tierra de Canaán; la tierra de sus peregrinaciones, y en la cual fueron extranjeros. Y así mismo yo he oido el gemido de los hijos de Israel; que los Egipcios les hacen servir; y héme acordado de mi concierto. Por tanto dirás a los hijos de Israel: Yo soy Jehová: Y yo os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes. Y yo os tomaré por mi pueblo, y seré vuestro Dios: y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las cargas de Egipto. Y yo os meteré en la tierra, por la cual alcé mi mano, que la daría a Abraham, a Isaac, y a Jacob, y yo os la daré por heredad. Yo Jehová. De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel: mas ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre. Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Entra, y habla a Faraón rey de Egipto, que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. Y respondió Moisés delante de Jehová, diciendo: He aquí, los hijos de Israel, no me escuchan; ¿cómo pues, me escuchará Faraón, mayormente siendo yo incircunciso de labios? Entónces Jehová habló a Moisés y a Aarón, y dióles mandamiento para los hijos de Israel, y para Faraón rey de Egipto, para que sacasen a los hijos de Israel, de la tierra de Egipto. Estas son las cabezas de las familias de sus padres: Los hijos de Rubén, el primogénito de Israel; Jenoc, y Fallu, Jesrón, y Carmi: estas son las familias de Rubén. Los hijos de Simeón; Jamuel, y Jamín, y Ahod, y Jaquín, y Soher, y Saul, dijo de una mujer Cananea: estas son las familias de Simeón. Estos son los nombres de los hijos de Leví por sus linajes; Gersón, y Caat, y Merari. Y los años de la vida de Leví fueron ciento y treinta y siete años. Y los hijos de Gersón fueron Lebna, y Semeí, por sus familias. Y los hijos de Caat fueron Amram, e Isaar, y Hebrón, y Oziel. Y los años de la vida de Caat fueron ciento y treinta y tres años. Y los hijos de Merari fueron Moholi, y Musi. Estas son las familias de Leví por sus linajes. Y Amram se tomó por mujer a Jocabed su tía; la cual le parió a Aarón, y a Moisés. Y los años de la vida de Amram fueron ciento y treinta y siete años. Y los hijos de Isaar fueron Coré, y Nefeg, y Zecri. Y los hijos de Oziel; Misael y Elisafán, y Setri. Y Aarón se tomó por mujer a Elisabet, hija de Aminadab, hermana de Naasón, la cual le parió a Nadab, y a Abiu, y a Eleazer, y a Itamar. Y los hijos de Coré fueron Aser, y Elcana, y Abiasaf. Estas son las familias de los Coritas. Y Eleazar, hijo de Aarón, se tomó mujer de las hijas de Futiel, la cual le parió a Finees: y estas son las cabezas de los padres de los Levitas por sus familias. Este es Aarón y Moisés, a los cuales Jehová dijo: Sacád a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por escuadrones. Estos son los que hablaron a Faraón rey de Egipto, para sacar de Egipto a los hijos de Israel. Este era Moisés y Aarón. Cuando Jehová habló a Moisés en la tierra de Egipto. Entónces Jehová habló a Moisés, diciendo: Yo soy Jehová: dí a Faraón rey de Egipto todas las cosas, que yo te digo a tí. Y Moisés respondió delante de Jehová: He aquí, yo soy incircunciso de labios: ¿cómo pues me ha de oir Faraón? Y JEHOVÁ dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido por Dios de Faraón: y tu hermano Aarón será tu profeta. Tú dirás todas las cosas que yo te mandaré; y Aarón, tu hermano, hablará a Faraón, que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas. Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, por grandes juicios. Y sabrán los Egipcios, que yo soy Jehová, cuando extenderé mi mano sobre Egipto, y sacaré los hijos de Israel de en medio de ellos. E hizo Moisés y Aarón como Jehová les mandó; así lo hicieron. Moisés entónces era de edad de ochenta años, y Aarón de edad de ochenta y tres, cuando hablaron a Faraón. Y habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: Si Faraón os respondiere, diciendo: Mostrád algún milagro: dirás a Aarón: Toma tu vara, y échala delante de Faraón, para que se torne culebra. Y vino Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron como Jehová lo había mandado: y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y tornóse culebra. Entónces llamó también Faraón sabios y encantadores, e hicieron también lo mismo los encantadores de Egipto con sus encantamentos. Que echó cada uno su vara, las cuales se volvieron en culebras: más la vara de Aarón tragó las varas de ellos. Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho. Entónces Jehová dijo a Moisés: El corazón de Faraón está agravado, que no quiere dejar ir el pueblo: Vé pues por la mañana a Faraón, he aquí que él sale a las aguas; y pónte a la orilla del río delante de él; y toma en tu mano la vara que se volvió en culebra. Y díle: Jehová, el Dios de los Hebreos, me ha enviado a tí, diciendo: Deja ir a mi pueblo; para que me sirvan en el desierto: y he aquí que hasta ahora no has querido oir. Así pues ha dicho Jehová: En esto conocerás, que yo soy Jehová: he aquí, yo heriré con la vara, que tengo en mi mano, el agua que está en el río, y volverse ha en sangre: Y los peces que están en el río, morirán, y el río hederá, y fatigarse han los Egipcios bebiendo el agua del río. Y Jehová dijo a Moisés: Dí a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos, y sobre sus estanques, y sobre todos sus recogimientos de aguas, para que se vuelvan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto así en los vasos de madera, como en los de piedra. Y Moisés y Aarón hicieron como Jehová lo mandó, y alzando la vara hirió las aguas que estaban en el río en presencia de Faraón y de sus siervos, y todas las aguas que estaban en el río, se volvieron en sangre. Asimismo los peces, que estaban en el río, murieron; y el río se corrompió, que los Egipcios no pudieron beber de él: y hubo sangre por toda la tierra de Egipto. Y los encantadores de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamentos: y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho. Y tornando Faraón volvióse a su casa, y no puso su corazón aun en esto. Y en todo Egipto hicieron pozos al rededor del río para beber, porque no podían beber de las aguas del río. Y cumpliéronse siete dias después que Jehová hirió el río. ENTÓNCES Jehová dijo a Moi- ses: Entra a Faraón, y díle: Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo para que me sirvan: Y si no le quisieres dejar ir, he aquí, yo, hiero con ranas todos tus términos. Y el río criará ranas, las cuales subirán, y vendrán a tu casa, y a la cámara de tu cama, y sobre tu cama, y en las casas de tus siervos, y en tu pueblo, y en tus hornos, y en tus artesas. Y las ranas subirán sobre tí, y sobre tu pueblo, y sobre todos tus siervos. Y Jehová dijo a Moisés: Dí a Aarón: Extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, riberas, y estanques para que haga subir ranas sobre la tierra de Egipto. Entónces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas, que cubrieron la tierra de Egipto. Y los encantadores hicieron lo mismo con sus encantamentos, e hicieron subir ranas sobre la tierra de Egipto. Entónces Faraón llamó a Moisés, y a Aarón, y díjoles: Orád a Jehová, que quite las ranas de mí, y de mi pueblo; y yo dejaré ir el pueblo, para que sacrifiquen a Jehová. Y dijo Moisés a Faraón: Señálame cuando oraré por tí, y por tus siervos, y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas de tí, y de tus casas; y que solamente se queden en el río. Y él dijo: Mañana. Y Moisés respondió: Conforme a tu palabra, para que conozcas que no hay otro como Jehová nuestro Dios. Y las ranas se irán de tí, y de tus casas, y de tus siervos, y de tu pueblo; y solamente se quedarán en el río. Entónces salió Moisés y Aarón de con Faraón; y Moisés clamó a Jehová sobre el negocio de las ranas que había puesto a Faraón. E hizo Jehová conforme a la palabra de Moisés; y las ranas murieron de las casas, de los cortijos, y de los campos. Y cogiéronlas a montones, y la tierra hedió. Y viendo Faraón que le habían dado reposo, agravó su corazón, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho. Entónces Jehová dijo a Moisés: Dí a Aarón: Extiende tu vara, y hiere el polvo de la tierra; para que se vuelva en piojos por toda la tierra de Egipto. Y ellos lo hicieron así. Y Aarón extendió su mano con su vara; e hirió el polvo de la tierra, el cual se tornó en piojos, así en los hombres como en las bestias: Todo el polvo de la tierra se tornó en piojos en toda la tierra de Egipto. Y los encantadores hicieron así también para sacar piojos con sus encantamentos, mas no pudieron. Y había piojos así en los hombres como en las bestias. Entónces los magos dijeron a Faraón: Dedo de Dios es este. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho. Y Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana, y pónte delante de Faraón; he aquí, él sale a las aguas; y díle: Jehová ha dicho así: Deja ir a mí pueblo para que me sirva: Porque si no dejares ir a mi pueblo, he aquí, yo envio sobre tí, y sobre tus siervos, y sobre tu pueblo, y sobre tus casas toda suerte de moscas; y las casas de los Egipcios se henchirán de toda suerte de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estuvieren. Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual mi pueblo habita, que ninguna suerte de moscas haya en ella, para que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra. Y yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo. Esta señal será mañana. Y Jehová lo hizo así: que vino toda suerte de moscas molestísimas sobre la casa de Faraón, y sobre las casas de sus siervos, y sobre toda la tierra de Egipto, y la tierra fué corrompida a causa de ellas. Entónces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y díjoles: Andád, sacrificad a vuestro Dios en la tierra. Y Moisés respondió: No conviene que hagamos así, porque sacrificariamos a Jehová nuestro Dios la abominación de los Egipcios. He aquí, si sacrificásemos la abominación de los Egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían? Camino de tres dias iremos por el desierto; y sacrificaremos a Jehová nuestro Dios, como él nos dirá. Y dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que sacrifiqueis a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más léjos: orád por mí. Y respondió Moisés: He aquí, en saliendo yo de contigo, rogaré a Jehová que las suertes de moscas se vayan de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo mañana, con tal que Faraón no falte más no dejando ir al pueblo a sacrificar a Jehová. Entónces Moisés salió de con Faraón, y oró a Jehová. Y Jehová hizo conforme a la palabra de Moisés, y quitó todas las suertes de moscas de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo; que no quedó una. Mas Faraón agravó aun esta vez su corazón, y no dejó ir el pueblo. ENTÓNCES Jehová dijo a Moi- ses: Entra a Faraón, y díle: Jehová, el Dios de los Hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirvan: Porque si no lo quieres dejar ir, y aun los detuvieres, He aquí, la mano de Jehová será sobre tus ganados que están en el campo, caballos, asnos, camellos, vacas, y ovejas con pestilencia gravísima: Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel, y los de Egipto, que nada muera de todo lo de los hijos de Israel: Y Jehová señaló tiempo, diciendo: Mañana hará Jehová esta cosa en la tierra. Y el día siguiente Jehová hizo esta cosa, que todo el ganado de Egipto murió; mas del ganado de los hijos de Israel no murió uno. Entónces Faraón envió a ver, y he aquí que del ganado de los hijos de Israel no había muerto uno. Y el corazón de Faraón se agravó, y no dejó ir al pueblo. Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Tomáos vuestros puños llenos de la ceniza de un horno, y espárzala Moisés hacia el cielo delante de Faraón. Y volverse ha en polvo sobre toda la tierra de Egipto, que en los hombres y en las bestias se volverá en sarna que eche vejigas, por toda la tierra de Egipto. Y ellos tomaron la ceniza del horno, y pusiéronse delante de Faraón, y esparcióla Moisés hacia el cielo, y vino una sarna que echaba vejigas así en los hombres como en las bestias: Que los magos no podían estar delante de Moisés a causa de la sarna, porque hubo sarna en los magos, y en todos los Egipcios. Y Jehová endureció el corazón de Faraón para que no los oyese, como Jehová lo había dicho a Moisés. Entónces Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana, y ponte delante de Faraón, y díle: Jehová, el Dios de los Hebreos, dice así: Deja ir mi pueblo para que me sirva. Porque de otra manera esta vez yo envio todas mis plagas a tu corazón, y en tus siervos, y en tu pueblo, para que entiendas, que no hay otra como yo en toda la tierra. Porque ahora yo extenderé mi mano para herirte a tí y a tu pueblo de pestilencia, y serás quitado de la tierra. Porque a la verdad yo te he puesto para declarar en tí mi poderío, y que mi nombre sea contado en toda la tierra. Tú aun te ensalzas contra mi pueblo para no dejarlos ir. Pues he aquí que mañana a estas horas yo haré llover granizo muy grave, cual nunca fué en Egipto, desde el día que se fundó hasta ahora. Envia pues, recoge tu ganado, y todo lo que tienes en el campo; porque todo hombre o animal que se hallare en el campo y no fuere recogido a casa, el granizo descenderá sobre él, y morirá. El de los siervos de Faraón, que temió la palabra de Jehová, hizo huir sus siervos y su ganado a casa: Mas el que no puso en su corazón la palabra de Jehová, dejó sus siervos y sus ganados en el campo. Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que venga granizo en toda la tierra de Egipto sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre toda la yerba del campo en la tierra de Egipto. Y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo truenos, y fuego discurría por la tierra: y llovió Jehová granizo sobre la tierra de Egipto. Y hubo granizo, y fuego mezclado entre el granizo, muy grande cual nunca fué en toda la tierra de Egipto; desde que fué habitada. Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias: asimismo toda la yerba del campo hirió el granizo, y quebró todos los árboles del campo. Solamente en la tierra de Gosén, donde los hijos de Israel estaban, no hubo granizo. Entónces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y díjoles: Yo he pecado esta vez. Jehová es justo, e yo y mi pueblo impío. Orád a Jehová, y cesen los truenos de Dios y el granizo; e yo os dejaré ir, y no quedaréis más aquí. Y respondióle Moisés: En saliendo yo de la ciudad extenderé mis manos a Jehová, y los truenos cesarán, y no habrá más granizo, para que sepas que de Jehová es la tierra: Mas yo conozco a tí y a tus siervos de ántes que temieseis de la presencia del Dios Jehová. El lino y la cebada fueron heridos; porque la cebada estaba ya espigada, y el lino en caña. Mas el trigo y el centeno no fueron heridos, porque eran tardíos. Y salido Moisés de con Faraón de la ciudad, extendió sus manos a Jehová, y cesaron los truenos y el granizo; y la lluvia no cayó más sobre la tierra. Y viendo Faraón, que la lluvia había cesado, y el granizo y los truenos, perseveró en pecar, y agravó su corazón él y sus siervos. Y el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir los hijos de Israel, como Jehová lo había dicho por mano de Moisés. Y JEHOVÁ dijo a Moisés: Entra a Faraón, porque yo he agravado su corazón, y el corazón de sus siervos, para dar entre ellos estas mis señales: Y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales, que yo dí entre ellos: y para que sepais que yo soy Jehová. Entónces vino Moisés y Aarón a Faraón, y dijéronle: Jehová, el Dios de los Hebreos, ha dicho así: ¿Hasta cuando no querrás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo, para que me sirvan: Y si aun rehusas de dejarle ir, he aquí que yo traeré mañana langosta en tus términos, La cual cubrirá la haz de la tierra, que la tierra no pueda ser vista, y ella comerá lo que quedó salvo, lo que os ha quedado del granizo: y comerá todo árbol que os produce fruto en el campo. Y henchirse han tus casas; y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los Egipcios, cual nunca vieron tus padres, ni tus abuelos desde que ellos fueron sobre la tierra hasta hoy. Y volvióse, y salió de con Faraón. Entónces los siervos de Faraón le dijeron: ¿Hasta cuando nos ha de ser este por lazo? Deja ir estos hombres, para que sirvan a Jehová su Dios: ¿Aun no sabes que Egipto está destruido? Y Moisés y Aaron fueron tornados a llamar a Faraón, el cual les dijo: Andád, servíd a Jehová vuestro Dios. ¿Quién y quién son los que han de ir? Y Moisés respondió: Nosotros hemos de ir con nuestros niños, y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas: con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque tenemos solemnidad de Jehová. Y él les dijo: Así sea Jehová con vosotros como yo os dejaré ir a vosotros y a vuestros niños: mirád la malicia que está delante de vuestro rostro. No será así. Andád ahora los varones, y servíd a Jehová; porque esto es lo que vosotros demandasteis. Y echáronlos de delante de Faraón. Entónces Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para langosta, para que suba sobre la tierra de Egipto; y pazca todo lo que el granizo dejó. Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de Egipto, y Jehová trajo un viento oriental sobre la tierra todo aquel día, y toda aquella noche; y a la mañana el viento oriental trajo la langosta. Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y asentóse en todos los términos de Egipto, en gran manera grave: ántes de ella no hubo tal langosta; ni después de ella vendrá otra tal. Y cubrió la haz de toda la tierra, y la tierra se oscureció, y comió toda la yerba de la tierra, y todo el fruto de los árboles, que había dejado el granizo, que no quedó cosa verde en árboles ni en la yerba del campo por toda la tierra de Egipto. Entónces Faraón hizo llamar a priesa a Moisés y a Aarón, y dijo: Yo he pecado contra Jehová vuestro Dios, y contra vosotros. Mas yo ruego ahora que perdones mi pecado solamente esta vez, y que oreis a Jehová vuestro Dios, que quite de mí solamente esta muerte. Y salió de con Faraón, y oró a Jehová. Y Jehová volvió un viento occidental fortísimo, y quitó la langosta, y echóla en el mar Bermejo: ni aun una langosta quedó en todo el término de Egipto. Y Jehová endureció el corazón de Faraón, y no envió los hijos de Israel. Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que sean tinieblas sobre la tierra de Egipto, tales que cualquiera las palpe. Y extendió Moisés su mano hacia el cielo; y fueron tinieblas oscuras tres dias por toda la tierra de Egipto. Ninguno vió a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres dias; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones. Entónces Faraón hizo llamar a Moisés, y dijo: Id, servíd a Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas; vayan también vuestros niños con vosotros. Y Moisés respondió: Tú también nos darás en nuestras manos sacrificios y holocaustos; que sacrifiquemos a Jehová nuestro Dios. Nuestros ganados irán también con nosotros: no quedará ni aun una uña; porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios: que tampoco nosotros sabemos, aun con qué hemos de servir a Jehová, hasta que vengamos allá. Mas Jehová edureció el corazón de Faraón, y no quiso dejarlos ir. Y díjole Faraón: Véte de mí, guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día, que vieres mi rostro, morirás. Y Moisés respondió: Bien has dicho: yo no veré más tu rostro. Y JEHOVÁ dijo a Moisés: Una plaga aun traeré sobre Faraón, y sobre Egipto: después de la cual él os dejará ir de aquí, y enviando os echará de aquí del todo. Habla ahora al pueblo, que cada uno demande a su vecino, y cada una a su vecina, vasos de plata y de oro. Y Jehová dió gracia al pueblo en los ojos de los Egipcios. También Moisés era muy gran varón en la tierra de Egipto delante de los siervos de Faraón, y delante del pueblo. Y dijo Moisés: Jehová ha dicho así: A la media noche yo saldré por medio de Egipto: Y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón, que está asentado en su trono, hasta el primogénito de la sierva, que está tras la muela; y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca fué, ni nunca será. Mas en todos los hijos de Israel no habrá perro que mueva su lengua, desde el hombre hasta la bestia, para que sepais que hará diferencia Jehová entre los Egipcios y los Israelitas. Y descenderán a mí todos estos tus siervos, e inclinados delante de mí dirán: Sal tú, y todo el pueblo que está debajo de tí. Y después de esto yo saldré. Y salióse muy enojado de delante de Faraón. Y Jehová dijo a Moisés: Faraón no os oirá, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto. Y Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante de Faraón: mas Jehová había endurecido el corazón de Faraón, y no envió a los hijos de Israel de su tierra. Y HABLÓ Jehová a Moisés, y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será cabeza de los meses: este os será primero en los meses del año. Hablád a toda la congregación de Israel, diciendo: A los diez de aqueste mes tómese cada uno un cordero por las familias de los padres, un cordero cada familia: Mas si la familia fuere pequeña que no baste a comer el cordero, entónces tomará a su vecino cercano de su casa, y según el número de las personas, cada uno según su comida, echaréis la cuenta sobre el cordero. El cordero será a vosotros perfecto macho, de un año, el cual tomaréis de las ovejas, o de las cabras: Y guardarlo heis hasta el catorceno día de este mes: y sacrificarlo ha toda la compañía de la congregación de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y pondrán en los dos postes, y en los bates de las casas, en las cuales lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura: con yerbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, no cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus piés y sus intestinos. Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que habrá quedado hasta la mañana, quemarlo heis en el fuego. Y comerlo heis así: Ceñidos vuestros lomos, y vuestros zapatos en vuestros piés: y vuestro bordón en vuestra mano, y comerlo heis apresuradamente. Esta es la páscua de Jehová. Y yo pasaré por la tierra de Egipto aquesta noche; y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así en los hombres como en las bestias: y haré juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estuviereis; y veré la sangre, y pasaré por encima de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad, cuando yo heriré la tierra de Egipto. Y seros ha este día en memoria; y celebrarlo heis solemne a Jehová por vuestras edades: por estatuto perpetuo lo celebraréis. Siete dias comeréis panes sin levadura; mas el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas: porque cualquiera que comiere leudado, desde el primer día hasta el séptimo, aquella alma será cortada de Israel. El primer día os será santa convocación, y así mismo el séptimo día os será santa convocación: ninguna obra se hará en ellos, solamente lo que toda persona hubiero de comer, esto solamente se aderece para vosotros. Y guardaréis los ácimos, porque en aqueste mismo día saqué vuestros ejércitos de la tierra de Egipto: por tanto guardaréis este día por vuestras edades por costumbre perpetua. En el primero, a los catorce dias del mes, a la tarde, comeréis los panes sin levadura, hasta los veinte y uno del mes a la tarde. Por siete dias no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural de la tierra, aquella alma será cortada de la congregación de Israel. Ninguna cosa leudada comeréis: en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura. Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y díjoles: Sacád, y tomáos corderos por vuestras familias, y sacrificád la páscua. Y tomád un manojo de hisopo, y mojádlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untád los bates y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. Porque Jehová pasará hiriendo a los Egipcios; y como verá la sangre en el bate, y en los dos postes, Jehová pasará aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. Y guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. Y será, que cuando entrareis en la tierra que Jehová os dará, como habló, y guardareis este rito; Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué rito es este vuestro? Vosotros responderéis: Esta es la víctima de la páscua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los Egipcios, y libró nuestras casas. Entónces el pueblo se inclinó, y adoró. Y los hijos de Israel fueron, e hicieron como Jehová había mandado a Moisés y a Aarón, así lo hicieron. Y aconteció que a la media noche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón, que estaba sentado sobre su trono, hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y a todo primogénito de los animales. Y levantóse aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los Egipcios, y había un gran clamor en Egipto; porque no había casa donde no hubiese muerto. E hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y díjoles: Levantáos; salíd de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel; e id, servíd a Jehová, como habéis dicho. Tomád también vuestras ovejas, también vuestras vacas, como habéis dicho, e ídos, y bendecídme también a mí. Y los Egipcios apremiaban al pueblo, dándose priesa a echarlos de la tierra, porque decían: Todos somos muertos. Y llevó el pueblo su masa ántes que se leudase, sus masas atadas, en sus sábanas sobre sus hombros. E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, demandando a los Egipcios vasos de plata, y vasos de oro, y vestidos. Y Jehová dió gracia al pueblo delante de los Egipcios, y prestáronles, y ellos despojaron a los Egipcios. Y partieron los hijos de Israel de Rameses a Socot como seiscientos mil hombres de a pié, sin los niños. Y también subió con ellos grande multitud de diversa suerte de gentes, y ovejas y vacas, y ganados muy muchos. Y cocieron la masa, que habían sacado de Egipto e hicieron tortas sin levadura; porque no habían leudado; porque echándolos los Egipcios no habían podido detenerse, ni aun aparejarse comida. El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto, fué cuatrocientos y treinta años. Y pasados cuatrocientos y treinta años en el mismo día salieron todos los ejércitos de Jehová de la tierra de Egipto. Esta es noche de guardar a Jehová, por haberlos sacado en ella de la tierra de Egipto. Esta noche deben guardar a Jehová todos los hijos de Israel por sus edades. Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Esta será la ordenanza de la páscua. Ningún extraño comerá de ella. Y todo siervo humano comprado por dinero, comerá de ella después que le hubieres circuncidado. El extranjero, y el salariado no comerán de ella. En una casa se comerá, y no llevarás de aquella carne fuera de casa, ni quebraréis hueso en él. Toda la congregación de Israel le sacrificará. Mas si algún extranjero peregrinare contigo, y quisiere hacer la páscua a Jehová, séale circuncidado todo varón, y entónces se llegará a hacerla, y será como el natural de la tierra, y ningún incircunciso comerá de ella. La misma ley será para el natural y para el extranjero que peregrinare entre vosotros. Y todos los hijos de Israel hicieron como Jehová lo mandó a Moisés y a Aarón, así lo hicieron. Y en aquel mismo día Jehová sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones. Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo: Santifícame todo primogénito, la abertura de toda matriz en los hijos de Israel así de los hombres como de las bestias: porque mío es. Y Moisés dijo al pueblo: Tenéd memoria de aqueste día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, como Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte, por tanto no comeréis leudado. Vosotros salís hoy en el mes de Abib. Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del Cananeo, y del Jetteo, y del Amorreo, y del Heveo, y del Jebuseo, la cual juró a tus padres, que te daría, tierra que corre leche y miel, harás este servicio en aqueste mes: Siete dias comerás por leudar; y el séptimo día será fiesta a Jehová. Por los siete dias se comerán los panes sin levadura; y no será visto en tí ni leudado ni levadura en todo tu término. Y contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: Por esto que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de Egipto. Y serte ha como una señal sobre tu mano, y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca; por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto. Por tanto tú guardarás este rito en su tiempo de año en año. Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del Cananeo, como te ha jurado a tí y a tus padres, y cuando te la hubiere dado: Harás pasar a Jehová todo lo que abriere la matriz: y todo primogénito que abriere la matriz de tus animales, los machos serán de Jehová. Mas todo primogénito de asno redimirás con cordero: y si no lo redimieres, cortarle has la cabeza. Asimismo redimirás todo humano primogénito de tus hijos. Y cuando mañana te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto? Decirle has: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre. Y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová mató en la tierra de Egipto a todo primogénito desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia: y por esta causa yo sacrifico a Jehová todo primogénito macho, y redimo todo primogénito de mis hijos. Serte ha pues como una señal sobre tu mano, y por un memorial delante de tus ojos: que Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte. Y como Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los Filisteos, que estaba cerca, porque dijo Dios: Que quizá no se arrepienta el pueblo, cuando vieren la guerra, y se vuelvan a Egipto. Mas hizo Dios al pueblo que rodease por el camino del desierto del mar Bermejo: y subieron los hijos de Israel de la tierra de Egipto armados. Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Visitando os visitará Dios, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros. Y partidos de Socot asentaron campo en Etán a la entrada del desierto. Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino: y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, para que anduviesen de día y de noche. Nunca se partió de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, que den la vuelta, y asienten su campo delante de Pihahirot, entre Magdal y la mar hacia Baalzefón: delante de él asentaréis el campo junto a la mar. Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado. Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga, y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército, y sabrán los Egipcios, que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así. Y fué dado aviso al rey de Egipto como el pueblo se huía: y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron: ¿Qué hemos hecho, que hemos dejado ir a Israel, que no nos sirva? Y unció su carro, y tomó consigo su pueblo; Y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre todos ellos. Y endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y siguió a los hijos de Israel; y los hijos de Israel habían ya salido con gran poder. Y siguiéndolos los Egipcios, tomáronlos asentado el campo junto a la mar junto a Fihahirot delante de Baalzefón, toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo y todo su ejército. Y como Faraón llegó, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí los Egipcios que venían tras ellos, y temieron en gran manera, y clamaron los hijos de Israel a Jehová: Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué lo has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto. ¿No es esto lo que te hablábamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los Egipcios? Que mejor nos fuera servir a los Egipcios, que morir nosotros en el desierto. Y Moisés dijo al pueblo: No tengáis miedo; estádos quedos, y ved la salud de Jehová, que él hará hoy con vosotros; porque los Egipcios, que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Jehová peleará por vosotros, y vosotros callaréis. Entónces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué me das voces? Dí a los hijos de Israel que marchen. Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre la mar, y pártela, y entren los hijos de Israel por medio de la mar en seco. Y yo, he aquí, yo endurezco el corazón de los Egipcios, para que los sigan; y yo me glorificaré en Faraón, y en todo su ejército, y en sus carros, y en su caballería: Y sabrán los Egipcios, que yo soy Jehová, cuando me glorificaré en Faraón, en sus carros y en su gente de a caballo. Y el ángel de Dios, que iba delante del campo de Israel, se quitó, e iba en pos de ellos: y asimismo la columna de nube, que iba delante de ellos, se quitó, y se puso a sus espaldas: E iba entre el campo de los Egipcios, y el campo de Israel, y había nube y tinieblas, y alumbraba la noche, y en toda aquella noche nunca llegaron los unos a los otros. Y extendió Moisés su mano sobre la mar, e hizo Jehová, que la mar se retirase por un gran viento oriental toda aquella noche, y tornó la mar, en seco, y las aguas fueron partidas. Entónces los hijos de Israel entraron por medio de la mar en seco; teniendo las aguas como un muro a su diestra y a su siniestra. Y siguiéndolos los Egipcios, entraron tras ellos hasta el medio de la mar, toda la caballería de Faraón, sus carros, y su gente de a caballo. Y aconteció a la vela de la mañana, que Jehová miró al campo de los Egipcios en la columna de fuego y nube, y alborotó el campo de los Egipcios; Y quitóles las ruedas de sus carros, y trastornólos gravemente. Entónces los Egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel; porque Jehová pelea por ellos contra los Egipcios. Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre la mar, para que las aguas se vuelvan sobre los Egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería. Y Moisés extendió su mano sobre la mar, y la mar se volvió en su fuerza cuando amanecía, y los Egipcios iban hacia ella: y Jehová derribó a los Egipcios en medio de la mar. Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería; y todo el ejército de Faraón, que había entrado tras ellos en la mar: no quedó de ellos ni uno. Y los hijos de Israel fueron por medio de la mar en seco, teniendo las aguas por muro a su diestra y a su siniestra. Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los Egipcios; e Israel vió a los Egipcios muertos a la orilla de la mar. Y vió Israel aquel grande hecho que Jehová hizo contra los Egipcios; y el pueblo temió, a Jehová, y creyeron a Jehová, y a Moisés su siervo. ENTÓNCES cantó Moisés y los hijos de Israel esta canción a Jehová, y dijeron: Yo cantaré a Jehová, porque se ha magnificado grandemente, echando en la mar al caballo y al que subía en él. Jehová es mi fortaleza, y mi canción, el cual me es por salud: este es mi Dios, y a este adoraré: Dios de mi padre, y a este ensalzaré. Jehová, varón de guerra: Jehová es su nombre. Los carros de Faraón, y a su ejército echó en la mar, y sus escogidos príncipes fueron hundidos en el mar Bermejo. Los abismos los cubrieron, como una piedra, descendieron a los profundos. Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en fortaleza; tu diestra, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo. Y con la multitud de tu grandeza has trastornado a los que se levantaron contra tí: enviaste tu furor, el cual los tragó como a hojarasca. Con el soplo de tus narices las aguas se amontonaron; paráronse las corrientes, como en un montón; los abismos se cuajaron en medio de la mar: El enemigo dijo: Perseguiré, prenderé, repartiré despojos, mi alma se henchirá de ellos: sacaré mi espada, destruirlos ha mi mano. Soplaste con tu viento, cubriólos la mar: hundiéronse como plomo en las vehementes aguas. ¿Quién como tú, oh Jehová? ¿quién como tú, magnífico en santidad, terrible en loores, hacedor de maravillas? En extendiendo tu diestra, la tierra los tragó. Llevaste con tu misericordia a este pueblo, al cual salvaste; llevástele con tu fortaleza a la habitación de tu santuario. Oiránlo los pueblos, y temblarán; dolor tomará a los moradores de Palestina. Entónces los príncipes de Edom se turbarán, a los robustos de Moab temblor los tomará: desleirse han todos los moradores de Canaán. Caiga sobre ellos temblor y espanto: a la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra, hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová, hasta que haya pasado este pueblo, que tú rescataste. Tú los meterás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar de tu morada, que tú has aparejado, oh Jehová, en el santuario del Señor, que han afirmado tus manos. Jehová reinará por el siglo, y más adelante. Porque Faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de a caballo en la mar; y Jehová volvió a traer sobre ellos las aguas de la mar; mas los hijos de Israel fueron en seco por medio de la mar. Y María profetisa, hermana de Aarón, tomó el adufre en su mano; y todas las mujeres salieron en pos de ella con adufres y corros. Y María les respondía: Cantád a Jehová; porque se ha magnificado grandemente, echando en la mar al caballo, y al que subía en él. E hizo Moisés que partiese Israel del mar Bermejo, y salieron al desierto del Sur, y anduvieron tres dias por el desierto que no hallaron agua. Y llegaron a Mará, y no pudieron beber las aguas de Mará, porque eran amargas; y por eso le pusieron nombre Mará. Entónces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber? Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le enseño un árbol, el cual como metió dentro de las aguas, las aguas se endulzaron. Allí les dió estatutos y derechos; y allí los tentó, Y dijo: Si oyendo oyeres la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y escuchares a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los Egipcios, te enviaré a tí; porque yo soy Jehová tu sanador. Y vinieron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmas, y asentaron allí junto a las aguas. Y PARTIENDO de Elim, toda la congregación de los hijos de Israel vino al desierto de Sin, que es entre Elim y Sinaí: a los quince dias del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto. Y decíanles los hijos de Israel; ¡Oh, si hubíeramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de las carnes, cuando comíamos pan a hartura! que nos habéis sacado a este desierto, para matar de hambre a toda esta multitud. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo os lloveré del cielo pan; y el pueblo saldrá, y cogerá para cada un día; para que yo lo tiente, si anda en mi ley, o no. Mas al sexto día aparejarán lo que han de meter, que será el doble de lo que solían coger cada día. Entónces dijo Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: A la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto: Y a la mañana veréis la gloria de Jehová, porque él ha oido vuestras murmuraciones contra Jehová: que nosotros ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros? Y dijo Moisés: Jehová os dará a la tarde carne para comer, y a la mañana pan a hartura: porque Jehová ha oido vuestras murmuraciones, con que habéis murmurado contra él: que nosotros ¿qué somos? vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová. Y dijo Moisés a Aarón: Dí a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercáos en la presencia de Jehová, que él ha oido vuestras murmuraciones. Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y, he aquí, la gloria de Jehová que apareció en la nube. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Yo he oido las murmuraciones de los hijos de Israel: háblales, diciendo: Entre las dos tardes comeréis carne, y mañana os hartaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios. Y como se hizo tarde, subieron codornices, que cubrieron el real: y a la mañana descendió roció al rededor del real. Y como el roció cesó de descender, he aquí, sobre la haz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una helada sobre la tierra. Y viéndolo los hijos de Israel, dijeron cada uno a su compañero: Este es man: porque no sabían que era. Entónces Moisés les dijo: Este es el pan, que Jehová os da para comer. Esto es lo que Jehová ha mandado: Cogeréis de él cada uno según pudiere comer: un gomer por cabeza conforme al número de vuestras personas: tomaréis cada uno para los que están en su tienda. Y los hijos de Israel lo hicieron así, que cogieron, unos más, otros ménos. Y después medíanlo por gomer, y no sobraba al que había cogido mucho, ni faltaba al que había cogido poco: cada uno cogió conforme a lo que había de comer. Y díjoles Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana. Mas ellos no obedecieron a Moisés; y algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y pudrióse; y enojóse contra ellos Moisés. Y cogíanlo cada mañana cada uno según lo que había de comer: y como el sol calentaba, derretíase. En el sexto día cogieron doblada comida, dos gomeres para cada uno: y todos los príncipes de la congregación vinieron a Moisés, e hiciéronselo saber. Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo sábado del reposo de Jehová, lo que hubiereis de cocer, cocédlo: y lo que hubiereis de cocinar, cocinádlo: y todo lo que os sobrare, ponédlo en guarda para mañana. Y ellos lo guardaron hasta la mañana, de la manera que Moisés había mandado, y no se pudrió, ni hubo en él gusano. Y dijo Moisés: Comédlo hoy, porque hoy es sábado de Jehová: hoy no lo hallaréis en el campo. En los seis dias lo cogeréis; y el séptimo día es sábado, en el cual no se hallará. Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a coger, y no hallaron. Y Jehová dijo a Moisés; ¿Hasta cuando no queréis guardar mis mandamientos, y mis leyes? Mirád que Jehová os dió el sábado, y por eso os da en el sexto día pan para dos dias. Estése pues cada uno en su estancia, y nadie salga de su lugar en el séptimo día. Así el pueblo reposó el séptimo día. Y la casa de Israel la llamó man; y era como simiente de cilantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel. Y dijo Moisés: Esto es lo que Jehová ha mandado: Henchirás un gomer de él para que se guarde para vuestros descendientes, que vean el pan que yo os dí a comer en el desierto, cuando yo os saqué de la tierra de Egipto. Y dijo Moisés a Aarón: Toma un vaso, y pon en él un gomer lleno de man, y pónlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes. Y Aarón lo puso delante del testimonio en guarda, como Jehová lo mandó a Moisés. Así comieron los hijos de Israel man cuarenta años, hasta que entraron en la tierra habitada: man comieron hasta que llegaron al término de la tierra de Canaán. Y un gomer es la décima parte del efa. Y TODA la compañía de los hijos de Israel partió del desierto de Sin por sus jornadas, al mandamiento de Jehová, y asentaron el campo en Rafidim, y no había agua para que el pueblo bebiese. Y riñó el pueblo con Moisés, y dijeron: Dádnos agua, que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué reñis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová? Así que el pueblo tuvo allí sed de agua, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto, para matarnos de sed a nosotros y a nuestros hijos, y a nuestros ganados? Entónces Moisés clamó a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me apedrearán. Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo; y toma contigo de los ancianos de Israel, y toma también en tu mano tu vara, con que heriste el río, y vé: He aquí que yo estoy delante de tí allí sobre la peña en Horeb: y herirás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel. Y llamó el nombre de aquel lugar, Massa y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel; y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Si está Jehová entre nosotros, o no? Y vino Amalec, y peleó con Israel en Rafidim. Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal, pelea con Amalec: mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando con Amalec: y Moisés, y Aarón, y Jur subieron a la cumbre del collado. Y era que como alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas como el abajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés eran pesadas, y tomaron una piedra, y pusiéronla debajo de él, y él se sentó sobre ella; y Aarón y Jur sustentaban sus manos, el uno de una parte y el otro de otra, y hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada. Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto por memoria en el libro, y pon en oidos de Josué; que rayendo raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo. Y Moisés edificó altar, y llamó su nombre Jehová-nissi: Y dijo: Porque la mano sobre el trono de Jehová, que Jehová tendrá guerra con Amalec, de generación en generación. Y OYÓ Jetro sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas las cosas que Dios había hecho con Moisés, y con Israel su pueblo, como Jehová había sacado a Israel de Egipto: Y tomó Jetro, suegro de Moisés, a Séfora la mujer de Moisés, después que él la envió: Y a sus dos hijos, el uno se llamaba Gersom; porque dijo: Peregrino he sido en tierra agena; Y el otro se llamaba Eliezer, porque dijo: El Dios de mi padre me ayudó; y me escapó de la espada de Faraón. Y llegó Jetro, el suegro de Moisés, y sus hijos, y su mujer, a Moisés en el desierto, donde tenía el campo, al monte de Dios. Y dijo a Moisés: Yo tu suegro Jetro vengo a tí, y tu mujer, y sus dos hijos con ella. Y Moisés salió a recibir a su suegro, e inclinóse, y besóle: y preguntáronse el uno al otro como estaban; y vinieron a la tienda. Y Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehová había hecho a Faraón y a los Egipcios por causa de Israel; y todo el trabajo que habían pasado en el camino, y como los había librado Jehová. Y alegróse Jetro de todo el bien, que Jehová había hecho a Israel, que le había escapado de mano de los Egipcios. Y Jetro dijo: Bendito sea Jehová, que os escapó de mano de los Egipcios, y de la mano de Faraón, que escapó al pueblo de la mano de los Egipcios. Ahora conozco que Jehová es grande más que todos los dioses; porque en lo que se ensoberbecieron contra ellos, los castigó. Y tomó Jetro, el suegro de Moisés, holocausto y sacrificios para Dios: y vino Aarón, y todos los ancianos de Israel a comer pan con el suegro de Moisés delante de Dios. Y aconteció, que otro día Moisés se asentó a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo sobre Moisés desde la mañana hasta la tarde. Y viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está sobre tí desde la mañana hasta la tarde? Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios: Cuando tienen negocios, y vienen a mí, y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios, y sus leyes. Entónces el suegro de Moisés le dijo: No haces bien: Desfallecerás del todo tú y también este pueblo que está contigo; porque el negocio es más pesado que tú; no podrás hacerlo tu solo. Oye ahora mi voz, yo te aconsejaré, y Dios será contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y trata tú los negocios con Dios: Y enséñales las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde anden, y lo que han de hacer. Y tú proveerás de todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y pondrás sobre ellos príncipes sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez: Los cuales juzgarán al pueblo en todo tiempo: y será, que todo negocio grave te traerán a tí, y todo negocio pequeño juzgarán ellos; y alivia la carga de sobre tí, y llevarla han contigo. Si esto hicieres, y lo que Dios te mandare, tu podrás estar, y todo este pueblo también se irá en paz a su lugar. Entónces Moisés oyó la voz de su suegro, e hizo todo lo que él dijo. Y escogió Moisés varones de virtud de todo Israel, y púsolos por cabezas sobre el pueblo, príncipes sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez; Los cuales juzgaban al pueblo en todo tiempo: el negocio arduo traíanlo a Moisés, y todo negocio pequeño juzgaban ellos. Y despidió Moisés a su suegro, y fuése a su tierra. AL tercero mes de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en aquel día vinieron al desierto de Sinaí. Y partieron de Rafidim, y vinieron al desierto de Sinaí, y asentaron en el desierto, y asentó allí Israel delante del monte. Y Moisés subió a Dios: y Jehová le llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y denunciarás a los hijos de Israel: Vosotros visteis lo que hice a los Egipcios, y como os tomé sobre alas de águilas, y os he traido a mí. Ahora pues si oyendo oyereis mi voz, y guardareis mi concierto, vosotros seréis mi tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Entónces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y propuso en presencia de ellos todas estas palabras, que Jehová le había mandado. Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés relató las palabras del pueblo a Jehová. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a tí en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre. Y Moisés denunció las palabras del pueblo a Jehová. Y Jehová dijo a Moisés: Vé al pueblo, y santifícalos hoy y mañana, y laven sus vestidos: Y estén apercebidos para el tercero día; porque al tercero día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí. Y señalaras término al pueblo al rededor, diciendo: Guardáos, no subáis al monte, ni toquéis a su término: cualquiera que tocare el monte, que muera de muerte. No le tocará mano, mas será apedreado, o asaeteado: sea animal, o sea hombre, no vivirá. En habiendo sonado luengamente el cuerno, subirán al monte. Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo, y lavaron sus vestidos. Y dijo al pueblo: Estád apercebidos para el tercero día: no lleguéis a mujer. Y aconteció al tercero día cuando vino la mañana, que vinieron truenos y relámpagos, y grave nube sobre el monte; y un sonido de bocina muy fuerte: y estremecióse todo el pueblo que estaba en el real. Y Moisés sacó del real al pueblo a recibir a Dios, y pusiéronse a lo bajo del monte. Y todo el monte de Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego: y el humo de él subía, como el humo de un horno, y todo el monte se estremeció en gran manera. Y el sonido de la bocina iba esforzándose en gran manera: Moisés hablaba, y Dios le respondía en voz. Y descendió Jehová sobre el monte de Sinaí, sobre la cumbre del monte, y llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte: Y Moisés subió. Y Jehová dijo a Moisés: Desciende, requiere al pueblo, que no derriben el término por ver a Jehová; que caerá multitud de él. Y también los sacerdotes que se llegan a Jehová, se santifiquen, porque Jehová no haga en ellos portillo. Y Moisés dijo a Jehová: El pueblo no podrá subir al monte de Sinaí; porque tú nos has requirido, diciendo: Señala términos al monte, y santifícalo. Y Jehová le dijo: Vé, desciende, y subirás tú y Aarón contigo: mas los sacerdotes y el pueblo no derriben el término por subir a Jehová, porque no haga en ellos portillo. Entónces Moisés descendió al pueblo, y habló con ellos. Y HABLÓ Dios todas estas pala- bras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imágen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: No te inclinarás a ellas, ni las honrarás: porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, zeloso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, a los que me aborrecen; Y que hago misericordia en millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. Acordarte has del día del sábado, para santificarlo. Seis dias trabajarás, y harás toda tu obra; Mas el séptimo día será sábado a Jehová tu Dios: no hagas obra ninguna, tú; ni tu hijo, ni tu hija; ni tu siervo, ni tu criada; ni tu bestia, ni tu extranjero, que está dentro de tus puertas: Porque en seis dias hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay; y en el día séptimo reposó: por tanto Jehová bendijo al día del sábado, y lo santificó. Honra a tu padre y a tu madre, porque tus dias se alarguen sobre la tierra, que Jehová tu Dios te da. No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. Todo el pueblo oía las voces, y el sonido de la bocina y veía las llamas, y el monte que humeaba: Y viéndolo el pueblo temblaron, y pusiéronse de léjos, Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, que nosotros oiremos: y no hable Dios con nosotros, porque no muramos. Entónces Moisés respondió al pueblo: No temáis; que por tentaros vino Dios, y porque su temor esté en vuestra presencia, para que no pequéis. Entónces el pueblo se puso de léjos, y Moisés se llegó a la oscuridad, en la cual estaba Dios. Y Jehová dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto, que he hablado desde el cielo con vosotros. No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis. Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos, y tus pacíficos, tus ovejas, y tus vacas: en cualquier lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a tí, y te bendeciré. Y si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería; porque si alzares tu pico sobre él, tú lo ensuciarás. Y no subirás por gradas a mi altar, porque tu desnudez no sea descubierta junto a él. Y ESTOS son los derechos que les propondrás: Si comprares siervo Hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá horro de balde. Si entró solo, solo saldrá: si era marido de mujer, saldrá él y su mujer con él. Si su amo le hubiere dado mujer, y ella le hubiere parido hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, mas él saldrá solo. Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer, y a mis hijos, no saldré horro: Entónces su amo lo hará llegar a los jueces, y hacerlo ha llegar a la puerta, o al poste; y su amo le horadará la oreja con una lesna, y será su siervo para siempre. Y cuando alguno vendiere su hija por sierva, no saldrá como suelen salir los siervos. Si no agradare a su señor, por lo cual no la tomó por esposa, permitirle ha que se rescate; y no la podrá vender a pueblo extraño cuando la desechare. Mas si la hubiere desposado con su hijo, hará con ella según la costumbre de las hijas. Si le tomare otra, no disminuirá su alimento, ni su vestido, ni su tiempo. Y si ninguna de estas tres cosas hiciere, ella saldrá de gracia sin dinero. El que hiriere a alguno, y muriere, él morirá. Mas el que no asechó, sino que Dios lo puso en sus manos, entónces yo te pondré lugar al cual huirá. Ítem, si alguno se ensoberbeciere contra su prójimo, y le matare por engaño, de mi altar le quitarás para que muera. Ítem, el que hiriere a su padre, o a su madre, morirá. Ítem, el que hurtare alguno, y le vendiere, y fuere hallado en sus manos, morirá. Ítem, el que maldijere a su padre, o a su madre, morirá. Ítem, si algunos riñeren, y alguno hiriere a su prójimo con piedra o con el puño, y no muriere, mas cayere en cama; Si se levantare y anduviere fuera sobre su bordón, entónces el que le hirió, será absuelto; solamente le dará lo que holgó, y hacerle ha curar. Ítem, si alguno hiriere a su siervo o a su sierva, con palo, y muriere debajo de su mano, será castigado: Mas si durare por un día o dos, no será castigado, porque su dinero es. Ítem, si algunos riñeren, e hirieren a alguna mujer preñada, y salieren sus criaturas, mas no hubiere muerte, será penado conforme a lo que impusiere el marido de la mujer, y pagará por jueces. Mas si hubiere muerte, entónces pagarás alma por alma. Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pié por pié, Quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe, Ítem, cuando alguno hiriere el ojo de su siervo, o el ojo de su sierva, y le dañare, por su ojo le ahorrará. Y si sacare el diente de su siervo, o el diente de su sierva, por su diente le ahorrará. Ítem, si algún buey acorneare hombre o mujer, y muriere, el buey será apedreado, y su carne no será comida, mas el dueño del buey será absuelto: Mas si el buey era acorneador desde ayer y anteayer, y a su dueño le fué hecho requerimiento, y no lo hubiere guardado, y matare hombre o mujer, el buey será apedreado, y también su dueño morirá: Si le fuere impuesto rescate, entónces dará por el rescate de su persona cuanto le fuere impuesto. Haya acorneado hijo, o haya acorneado hija, conforme a este juicio se hará con él. Si el buey acorneare siervo, o sierva, pagará treinta siclos de plata a su señor, y el buey será apedreado. Ítem, si alguno abriere alguna cisterna, o cavare cisterna, y no la cubriere, y cayere allí buey o asno, El dueño de la cisterna pagará el dinero restituyendo a su dueño; y lo que fué muerto será suyo. Ítem, si el buey de alguno hiriere al buey de su prójimo, y muriere, entónces venderán el buey vivo, y partirán el dinero de él; y el muerto también partirán. Mas si era notorio que el buey era acorneador de ayer y anteayer, y su dueño no lo hubiere guardado, pagará buey por buey, y el muerto será suyo. CUANDO alguno hurtare buey, o oveja, y lo degollare, o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas. Si el ladrón fuere hallado en la mina, y fuere herido, y muriere, el que le hirió no será culpado de su muerte. Si el sol hubiere salido sobre él, él será reo de muerte, pagando pagará: si no tuviere, será vendido por su hurto. Si fuere hallado con el hurto en la mano, buey, o asno, o oveja, vivos, pagará dos. Si alguno paciere tierra o viña, y metiere su bestia, y comiere la tierra de otro, lo mejor de su tierra y lo mejor de su viña pagará. Cuando saliere el fuego, y hallare espinas, y fuere quemado montón, o haza, o tierra, el que encendió el fuego pagará lo quemado. Cuando alguno diere a su prójimo plata, o vasos a guardar, y fuere hurtado de la casa de aquel hombre, si el ladrón se hallare, pagará el doble: Si el ladrón no se hallare, entónces el dueño de la casa será llegado a los jueces para jurar si ha metido su mano en la hacienda de su prójimo. Sobre todo negocio de fraude, sobre buey, sobre asno, sobre oveja, sobre vestido, sobre toda cosa perdida, cuando alguno dijere: Que esto es; la causa de ámbos vendrá delante de los jueces, y el que los jueces condenaren, pagará el doble a su prójimo. Si alguno hubiere dado a su prójimo asno, o buey, o oveja, o cualquiera otro animal a guardar, y se muriere, o se perniquebrare, o fuere cautivado sin verlo nadie: Juramento de Jehová será entre ámbos, que no metió su mano en la hacienda de su prójimo. Y su dueño se contentará, y el otro no pagará. Mas si le hubiere sido hurtado, pagarlo ha a su dueño. Mas si le hubiere sido arrebatado, traerle ha testimonio, y no pagará lo arrebatado. Ítem, cuando alguno hubiere tomado emprestado de su prójimo, y fuere perniquebrado o muerto, ausente su dueño, pagará. Si su dueño estaba presente, no pagará. Si era de alquiler, el vendrá por su alquile. Ítem, cuando alguno engañare a alguna vírgen que no fuere desposada, y durmiere con ella, dotarla ha por su mujer. Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme al dote de las vírgenes. A la hechicera no darás la vida. Cualquiera que tuviere ayuntamiento con bestia, morirá. El que sacrificare a dioses, sino a solo Jehová, morirá. Y al extranjero no engañaras, ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto, A ninguna viuda ni huérfano afligiréis. Que si tú afligiendo los afligieres, y ellos clamando clamaren a mí, yo oyendo oiré su clamor; Y mi furor se encenderá, y mataros he a cuchillo, y vuestras mujeres serán viudas, y vuestros hijos huérfanos. Si dieres a mi pueblo dinero emprestado, al pobre que está contigo, no te habrás con él como usurero, no le impondréis usura. Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a puesta del sol se lo volverás: Porque solo aquello es su cobertura, aquel es el vestido de sus carnes en que ha de dormir: y será, que cuando él clamare a mí, yo entónces lo oiré, porque soy misericordioso. A los dioses no injuriarás, ni maldecirás al príncipe en tu pueblo. Tu plenítud, ni tu lágrima, no dilatarás, el primogénito de tus hijos me darás. Así harás de tu buey, de tu oveja: siete dias estará con su madre, y al octavo día me lo darás. Y ser me heis varones santos: y carne arrebatada en el campo no comeréis, echarla heis al perro. NO admitirás falso rumor. No pongas tu mano con el impío para ser testigo falso. No seguirás a los muchos para mal hacer, ni responderás en pleito acostándote tras los muchos para hacer tuerto. Ni al pobre honrarás en su causa. Si encontrares el buey de tu enemigo, o su asno errado, volviendo se lo volverás. Si vieres el asno del que te aborrece echado debajo de su carga, ¿dejarlo has entónces desamparado? ayudando ayudarás con él. No pervertirás el derecho de tu mendigo en su pleito. De palabra de mentira te alejarás; y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío. No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras justas. Ítem, al extranjero no angustiarás; pues que vosotros sabéis el alma del extranjero, que fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto. Seis años sembrarás tu tierra, y allegarás su cosecha: Mas al séptimo la dejarás y soltarás, para que coman los pobres de tu pueblo; y lo que quedare comerán las bestias del campo: así harás de tu viña y de tu olivar. Seis dias harás tus negocios; y al séptimo día holgarás, porque huelgue tu buey, y tu asno; y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el extranjero. Y en todo lo que os he dicho, seréis avisados. Y nombre de otros dioses no mentaréis, ni se oirá en vuestra boca. Tres veces en el año me celebraréis fiesta. La fiesta de las cenceñas guardarás: siete dias comerás los panes sin levadura, de la manera que yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto, y no serán vistas mis faces en vacío. Ítem, la fiesta de la segada de los primeros frutos de tus trabajos que hubieres sembrado en el campo. Y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando cogieres tus trabajos del campo. Tres veces en el año parecerá todo varón tuyo delante del Señor Jehová. No sacrificarás sobre pan leudo la sangre de mi sacrificio, ni el sebo de mi cordero quedará de la noche hasta la mañana. Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios. No guisarás el cabrito con la leche de su madre. He aquí, yo envio el Ángel delante de tí, para que te guarde en el camino, y te meta al lugar que yo he aparejado. Guárdate delante de él, y oye su voz, no le seas rebelde, porque él no perdonará a vuestra rebelión; porque mi nombre está en medio de él. Porque si oyendo oyeres su voz, e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo a tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. Porque mi ángel irá delante de tí, y te meterá al Amorreo, y al Jetteo, y al Ferezeo, y al Cananeo, y al Heveo, y al Jebuseo, los cuales yo haré cortar. No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen, ántes los destruirás del todo, y quebrantarás del todo sus estatuas. Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan, y tus aguas, y yo quitaré enfermedad de en medio de tí. No habrá amovedera ni estéril en tu tierra, y yo cumpliré el número de tus dias. Yo enviaré mi terror delante de tí, y haré atónito a todo pueblo donde tú entrares; y te daré la cerviz de todos tus enemigos. Y yo enviaré la abispa delante de tí, que eche fuere al Heveo, y al Cananeo, y al Jetteo, de delante de tí. No lo echaré de delante de tí en un año, porque no se asuele la tierra, y se aumenten contra tí las bestias del campo. Poco a poco lo echaré de delante de tí, hasta que tú multipliques, y tomes la tierra por heredad. Y yo pondré tu término desde el mar Bermejo hasta la mar de Palestina: y desde el desierto, hasta el río; porque yo pondré en vuestras manos los moradores de la tierra, y tú los echarás de delante de tí. No harás alianza con ellos, ni con sus dioses. En tu tierra no habitarán, porque quizá no te hagan pecar contra mí, sirviendo a sus dioses: porque te será por tropezón. Y A Moisés dijo: Sube a Jehová, tú y Aarón, Nadab y Abiu, y setenta de los ancianos de Israel, e inclinaros heis desde léjos. Mas Moisés solo se llegará a Jehová, y ellos no se lleguen cerca; ni suba con él el pueblo. Y Moisés vino, y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todos los derechos; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijeron: Todas las palabras que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová: y levantándose por la mañana edificó un altar al pié del monte, y doce títulos según las doce tribus de Israel. Y envió a los mancebos de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos, y sacrificaron pacíficos a Jehová, becerros. Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y púsola en tazones: y la otra mitad de la sangre esparció sobre el altar. Y tomó el libro de la alianza, y leyó a oidos del pueblo, los cuales dijeron: Todas las cosas que Jehová ha dicho, haremos, y obedeceremos. Entónces Moisés tomó la sangre, y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre de la alianza, que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas. Y subieron Moisés, y Aarón, Nadab, y Abiu, y setenta de los ancianos de Israel. Y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus piés como la hechura de un ladrillo de zafiro, y como el ser del cielo sereno. Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel; y vieron a Dios, y comieron y bebieron. Entónces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá; y yo te daré unas tablas de piedra, y la ley y mandamientos que yo he escrito para enseñarlos. Y levantóse Moisés, y Josué su ministro; y Moisés subió al monte de Dios; Y dijo a los ancianos: Esperádnos aquí hasta que volvamos a vosotros: y he aquí, Aarón y Jur están con vosotros: el que tuviere negocios, lleguese a ellos. Entónces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte. Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte de Sinaí, y la nube lo cubrió por seis dias: y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. Y el parecer de la gloria de Jehová era como un fuego quemante en la cumbre del monte, a ojos de los hijos de Israel. Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte: y estuvo Moisés en el monte cuarenta dias, y cuarenta noches. Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel que tomen para mi ofrenda: de todo varón, cuyo corazón la diere de su voluntad, tomaréis mi ofrenda. Y esta será la ofrenda que tomaréis de ellos: Oro, y plata, y cobre; Y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino fino, y pelos de cabras; Y cueros de carneros teñidos de rojo, y cueros de tejones, y madera de cedro; Aceite para la luminaria, especias para el aceite de la unción y para el sahumerio aromático; Piedras oniquinas, y piedras de engastes para el efod, y para el pectoral. Y hacerme han santuario, y yo habitaré entre ellos. Conforme a todo lo que yo te mostraré, es a saber, la semejanza del tabernáculo, y la semejanza de todos sus vasos; así haréis. Harán también un arca de madera de cedro; la longura de ella será de dos codos y medio; y su anchura de codo y medio; y su altura de codo y medio: Y cubrirla has de oro puro, de dentro y de fuera la cubrirás: y harás sobre ella una corona de oro al derredor: Y para ella harás de fundición cuatro sortijas de oro, que pongas a sus cuatro esquinas; las dos sortijas al un lado de ella, y las otras dos sortijas al otro lado. Y harás unas barras de madera de cedro, las cuales cubrirás de oro. Y meterás las barras por las sortijas a los lados del arca, para llevar el arca con ellas. Las barras se estarán en las sortijas del arca; no se quitarán de ella. Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré. Y harás una cubierta de oro fino: la longura de ella será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio. Harás también dos querubines de oro, hacerlo has de martillo, a los dos cabos de la cubierta. Y harás el un querubín al un cabo de la una parte, y el otro querubín al otro cabo de la otra parte de la cubierta, harás los querubines a sus dos cabos. Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas la cubierta, las faces de ellos, la una en frente de la otra, mirando a la cubierta las faces de los querubines. Y pondrás la cubierta sobre el arca, encima, y en el arca pondrás el testimonio, que yo te daré. Y de allí me testificaré a tí, y hablaré contigo de sobre la cubierta, de entre los dos querubines que estarán sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandaré para los hijos de Israel. Harás asimismo una mesa de madera de cedro: su longura será de dos codos, y de un codo su anchura; y su altura de codo y medio. Y cubrirla has de oro puro, y hacerle has una corona de oro al rededor. Hacerle has también una moldura al derredor de anchura de una mano, a la cual moldura harás una corona de oro al rededor. Y hacerle has cuatro sortijas de oro, las cuales pondrás a las cuatro esquinas que estarán a sus cuatro piés. Las sortijas estarán delante de la moldura por lugares para las barras, para llevar la mesa. Y harás las barras de madera de cedro, y cubrirlas has de oro, y con ellas será llevada la mesa. Harás también sus platos y sus cucharones, y sus cubiertas, y sus tazones con que se cubrirá el pan: de oro fino las harás. Y pondrás sobre la mesa el pan de la proposición delante de mí continuamente. Ítem, harás un candelero de oro puro; de martillo se hará el candelero: su pié, y su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores, serán de los mismo. Y saldrán seis cañas de sus lados; las tres cañas del candelero del un lado suyo; y las otras tres cañas del candelero del otro su lado. Tres copas almendradas en la una caña, una manzana y una flor; y tres copas almendradas en la otra caña, una manzana y una flor; y así en las seis cañas que salen del candelero: Y en el candelero cuatro copas almendradas, sus manzanas, y sus flores. Una manzana debajo de las dos cañas, de lo mismo; otra manzana debajo de las otras dos cañas, de lo mismo; otra manzana debajo de las otras dos cañas, de lo mismo, en las seis cañas que salen del candelero. Sus manzanas y sus cañas serán de lo mismo; todo ello de martillo de una pieza, de puro oro. Y hacerle has siete candilejas, las cuales encenderás para que alumbren a la parte de su delantera. Y sus despabiladeras y sus paletas de oro puro. De un talento de oro fino lo harás, con todos estos vasos. Y mira, y haz conforme a su semejanza, que te ha sido mostrada en el monte. Y EL tabernáculo harás de diez cortinas de lino torcido, cárdeno, y púrpura, y carmesí: y harás querubines de obra de artífice. La longura de la una cortina de veinte y ocho codos; y la anchura de la misma cortina de cuatro codos: todas las cortinas tendrán una medida. Las cinco cortinas estarán juntas la una con la otra, y las otras cinco cortinas juntas la una con la otra. Y harás lazadas de cárdeno en la orilla de la una cortina, en el cabo, en la juntura: y así harás en la orilla de la postrera cortina en la juntura segunda. Cincuenta lazadas harás en la una cortina, y otras cincuenta lazadas harás en el cabo de la cortina que está en la segunda juntura: las lazadas estarán contrapuestas la una a la otra. Harás también cincuenta corchetes de oro con los cuales juntarás las cortinas la una con la otra, y hacerse ha un tabernáculo. Harás asimismo cortinas de pelos de cabras para una cubierta sobre el tabernáculo: once cortinas harás. La longura de la una cortina será de treinta codos, y la anchura de la misma cortina de cuatro codos: una medida tendrán las once cortinas. Y juntarás por sí las cinco cortinas, y las seis cortinas por sí, y doblarás la sexta cortina delante de la faz de la tienda. Y harás cincuenta lazadas en la orilla de la una cortina, al cabo en la juntura, y otras cincuenta lazadas en la orilla de la segunda cortina en la otra juntura. Harás asimismo cincuenta corchetes de alambre, los cuales meterás por las lazadas, y juntarás la tienda, y será una. Y la demasía que sobra en las cortinas de la tienda, es a saber, la mitad de la una cortina, que sobra, sobrará a las espaldas del tabernáculo. Y un codo de la una parte, y otro codo de la otra, que sobra en la longura de las cortinas de la tienda, sobrará sobre los lados del tabernáculo de la una parte y de la otra para cubrirlo. Harás también a la tienda un cobertor de cueros de carneros teñidos de rojo: y otro cobertor de cueros de tejones encima. Y harás tablas para el tabernáculo de madera de cedro estantes. La longura de cada tabla será de diez codos, y de codo y medio la anchura de la misma tabla. Dos quicios tendrá cada tabla trabadas la una con la otra: así harás todas las tablas del tabernáculo. Y harás las tablas para el tabernáculo, veinte tablas al lado del mediodía, al austro. Y harás cuarenta basas de plata para debajo de las veinte tablas, dos basas debajo de la una tabla a sus dos quicios, y dos basas debajo de la otra tabla a sus dos quicios. Y al otro lado del tabernáculo a la parte del aquilón, veinte tablas. Y sus cuarenta basas de plata, dos basas debajo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla. Y al lado del tabernáculo al occidente harás seis tablas. Y harás dos tablas para las esquinas del tabernáculo a los dos rincones: Las cuales se juntarán por abajo, y asimismo su juntarán por su alto a una misma sortija, así será de las otras dos: estarán a las dos esquinas. Así que serán ocho tablas, con sus basas de plata, diez y seis basas; dos basas debajo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla. Harás también cinco barras de madera de cedro para las tablas del un lado del tabernáculo; Y otras cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y otras cinco barras para el otro lado del tabernáculo, que está al occidente. Y la barra del medio pasará por medio de las tablas del un cabo al otro. Y cubrirás las tablas de oro, y sus sortijas harás de oro, para meter por ellas las barras, y cubrirás de oro las barras. Y alzarás el tabernáculo conforme a su traza, que te fué mostrada en el monte. Harás también un velo de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y de lino torcido; será hecho de obra de artífice con querubines. Y ponerlo has sobre cuatro columnas de cedro cubiertas de oro, sus capiteles de oro, sobre cuatro basas de plata. Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí del velo a dentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el santo lugar y el lugar santísimo. Y pondrás la cubierta sobre el arca del testimonio en el lugar santísimo. Y la mesa pondrás fuera del velo, y el candelero en frente de la mesa al lado del tabernáculo al mediodía; y la mesa pondrás al laco del aquilón. Y harás a la puerta del tabernáculo un pabellón de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, de obra de bordador. Y harás para el pabellón cinco columnas de cedro, las cuales cubrirás de oro, con sus capiteles de oro, y hacerle has de fundición cinco basas de metal. HARÁS también un altar de madera de cedro de cinco codos de longura, y de otros cinco codos de anchura: será cuadrado el altar, y su altura de tres codos. Y harás sus cuernos a sus cuatro esquinas: sus cuernos serán de lo mismo, y cubrirlo has de metal. Harás también sus calderones para limpiar su ceniza, y sus badiles, y sus lebrillos, y sus garfios, y sus palas, todos sus vasos harás de metal. Hacerle has también una criba de metal de hechura de red, y harás sobre la red cuatro sortijas de metal a sus cuatro esquinas. Y ponerla has dentro del cerco del altar abajo, y llegará aquella red hasta el medio del altar. Y harás barras para el altar, barras de madera de cedro, las cuales cubrirás de metal. Y sus barras se meterán por las sortijas, y estarán aquellas barras a ámbos lados del altar, cuando hubiere de ser llevado. Hueco de tablas lo harás de la manera que te fué mostrado en el monte: así lo harán. Asimismo harás el patio del tabernáculo al lado del mediodía, al austro: el patio tendrá las cortinas de lino torcido, de cien codos de longura cada un lado. Sus columnas serán veinte, y sus basas veinte de metal, los capiteles de las columnas y sus molduras de plata. Y de la misma manera al lado del aquilón, en la longura habrá cortinas de cien codos en longura, y sus columnas veinte, con sus veinte basas de metal: los capiteles de las columnas y sus molduras de plata. Y la anchura del patio al lado del occidente tendrá cortinas de cincuenta codos, y sus columnas serán diez, con sus diez basas. Y en la anchura del patio al lado del levante, al oriente habrá cincuenta codos. Y las cortinas del un lado serán de quince codos, sus columnas tres, con sus tres basas. Al otro lado, quince cortinas, sus columnas tres, con sus tres basas. Y a la puerta del patio habrá un pabellón de veinte codos, de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido de obra de bordador: sus columnas serán cuatro con sus cuatro basas. Todas las columnas del patio al rededor serán ceñidas de plata; mas sus capiteles serán de plata, y sus basas de metal. La longura del patio será de cien codos, y la anchura cincuenta con cincuenta, y la altura de cinco codos de lino torcido, y sus basas de metal. Todos los vasos del tabernáculo en todo su servicio, y todas sus estacas, y todas las estacas del patio serán de metal. Y tú mandarás a los hijos de Israel, que te tomen aceite de olivas, claro, molido, para la luminaria, para hacer arder continuamente las lámparas. En el tabernáculo del testimonio del velo a fuera, que estará delante del testimonio; las cuales pondrá en órden Aarón y sus hijos desde la tarde hasta la mañana delante de Jehová por estatuto perpetuo por sus generaciones de los hijos de Israel. Y TÚ haz llegar a tí a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes, Aarón, Nadab y Abiu, Eleazar, e Itamar hijos de Aarón. Y harás vestidos santos para Aarón tu hermano, para honra, y hermosura. Y tú hablarás a todos los que fueren sabios de corazón, los cuales yo he henchido de espíritu de sabiduría, para que hagan los vestidos de Aarón para santificarle, para que sea mi sacerdote. Los vestidos que harán, serán estos: El pectoral, y el efod, y el manto, y la túnica listada, la mitra, y el cinto. Y hagan los santos vestidos a Aarón tu hermano, y a sus hijos, para que sean mis sacerdotes. Los cuales tomarán oro, y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino fino, Y harán el efod de oro, y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido de obra de bordador. Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos lados, y así se juntará. Y el artificio de su cinta que estará sobre él, será de su misma obra, de lo mismo, es a saber, de oro, cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido. Y tomarás dos piedras oniquinas, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel; Los seis de sus nombres en la una piedra, y los otros seis nombres en la otra piedra conforme a sus nacimientos. De obra de maestro de piedras harás grabar de grabaduras de sello aquellas dos piedras de los nombres de los hijos de Israel; harásles al derredor engastes de oro. Y aquellas dos piedras pondrás sobre los hombros del efod, serán piedras de memoria a los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Jehová en sus dos hombros por memoria. Y harás los engastes de oro; Y dos cadenas pequeñas de fino oro, las cuales harás de hechura de trenza, y pondrás las cadenas de hechura de trenza en los engastes. Ítem, harás el pectoral del juicio; de obra artificiosa hacerlo has conforme a la obra del efod, de oro, y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido. Será cuadrado doblado, de un palmo de longura, y de un palmo de anchura. Y henchirlo has de pedrería con cuatro órdenes de piedras. El órden: un rubí, una esmeralda, y una crisólita, el primer órden. El segundo órden, un carbunclo, un zafiro, y un diamante. El tercer órden, un topacio, una turquesa, y un ametisto. Y el cuarto órden, un tarsis, un onix, y un jaspe, engastadas en oro en sus engastes. Y serán aquellas piedras según los nombres de los hijos de Israel, doce según sus nombres, como grabaduras de sello, cada uno, según su nombre, serán a los doce tribus. Harás también en el pectoral cadenas pequeñas de hechura de trenzas de oro fino. Y harás en el pectoral dos sortijas de oro, las cuales dos sortijas pondrás a los dos cabos del pectoral. Y pondrás las dos trenzas de oro en las dos sortijas, en los cabos del pectoral. Y los otros dos cabos de las dos trenzas sobre los dos engastes, y ponerlas has a los lados del efod en la parte delantera. Harás también otras dos sortijas de oro, las cuales pondrás en los dos cabos del pectoral en su orilla que está al cabo del efod de la parte de abajo. Harás asimismo otras dos sortijas de oro las cuales pondrás a los dos lados del efod, abajo en la parte delantera, delante de su juntura, sobre el cinto del efod. Y juntarán el pectoral con sus sortijas a las sortijas del efod con un cordón de cárdeno, para que esté sobre el cinto del efod, y no se aparte el pectoral del efod. Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, cuando entrare en el santuario en memoria delante de Jehová continuamente. Y pondrás en el pectoral del juicio Urim y Tumim para que estén sobre el corazón de Aarón, cuando entrare delante de Jehová: y llevará Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón siempre delante de Jehová. Harás el manto del efod todo de cárdeno. Y tendrá el collar de su cabeza en medio de él, el cual tendrá un borde al rededor de obra de tejedor, como un collar de un coselete, que no se rompa. Y harás en sus orladuras granadas de cárdeno, y púrpura, y carmesí, por sus orladuras al derredor; y unas campanillas de oro entre ellas al rededor. Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, por las orladuras del manto al derredor. Y estará sobre Aarón cuando ministrare, y oirse ha su sonido cuando el entrare en el santuario delante de Jehová, y cuando saliere: Y no morirá. Ítem, harás una plancha de oro fino, y grabarás en ella de grabadura de sello, SANTIDAD A JEHOVÁ. Y ponerla has con un cordón cárdeno, y estará sobre la mitra; delante la delantera de la mitra estará. Y estará sobre la frente de Aarón, y Aarón llevará el pecado de las santificaciones, que los hijos de Israel santificaren en todas las ofrendas de sus santificaciones, y sobre su frente estará continuamente, para que hayan gracia delante de Jehová. Ítem, bordarás una túnica de lino, y harás una mitra de lino, harás también un cinto de obra de recamador: Mas a los hijos de Aarón harás túnicas: hacerles has también cintos, y hacerles has chapeos para honra y hermosura; Y con ellos vestirás a Aarón tu hermano, y a sus hijos con él; y ungirlos has y henchirás sus manos, y santificarlos has para que sean mis sacerdotes. Y hacerles has pañetes de lino para cubrir la carne vergonzosa: serán desde los lomós hasta los muslos. Y estarán sobre Aarón y sobre sus hijos cuando entraren en el tabernáculo del testimonio, o cuando se llegaren al altar para servir en el santuario; y no llevarán pecado, y no morirán. Estatuto perpetuo para él, y para su simiente después de él. Y ESTO es lo que les harás para santificarlos para que sean mis sacerdotes. Toma un novillo hijo de vaca, y dos carneros perfectos; Y panes sin levadura, y tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite, las cuales cosas harás de flor de harina de trigo: Y ponerlas has en un canastillo, y ofrecerlas has en el canastillo con el novillo y los dos carneros. Y harás llegar a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo del testimonio, y lavarlos has con agua. Y tomarás las vestiduras, y vestirás a Aarón la túnica y el manto del efod, y el efod, y el pectoral, y ceñirle has con el cinto del efod. Y pondrás la mitra sobre su cabeza, y la corona de la santidad pondrás sobre la mitra. Y tomarás el aceite de la unción, y derramarás sobre su cabeza, y ungirlo has. Y harás llegar sus hijos, y vestirles has las túnicas. Y ceñirles has el cinto, a Aarón y a sus hijos, y apretarles has los chapeos, y tendrán el sacerdocio por fuero perpetuo: y henchirás las manos de Aarón y de sus hijos. Y harás llegar el novillo delante del tabernáculo del testimonio, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del novillo. Y matarás el novillo delante de Jehová a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y tomarás de la sangre del novillo, y pondrás sobre los cuernos del altar con tu dedo, y toda la otra sangre echarás al cimiento del altar. Y tomarás todo el sebo que cubre los intestinos, y el redaño de sobre el higado, y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y encenderlos has sobre el altar: Empero la carne del novillo, y su pellejo, y su estiércol quemarás a fuego fuera del campo: es expiación. Y tomarás el un carnero, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero: Y matarás el carnero, y tomarás su sangre, y rociarás sobre el altar al rededor. Y cortarás el carnero por sus piezas, y lavarás sus intestinos, y sus piernas, y ponerlas has sobre sus piezas y sobre su cabeza: Y quemarás todo el carnero sobre el altar: holocausto es a Jehová, olor de holganza, ofrenda encendida es a Jehová. Ítem, tomarás el segundo carnero, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero, Y matarás el carnero, y tomarás de su sangre, y pondrás sobre la ternilla de la oreja derecha de Aarón, y sobre la ternilla de las orejas de sus hijos, y sobre el dedo pulgar de las manos derechas de ellos, y sobre el dedo pulgar de los piés derechos de ellos, y esparcirás la sangre sobre el altar al derredor. Y tomarás de la sangre, que estará sobre el altar, y del aceite de la unción, y esparcirás sobre Aarón, y sobre sus vestiduras y sobre sus hijos, y sobre sus vestiduras con él, y él será santificado y sus vestiduras, y sus hijos, y las vestiduras de sus hijos con él. Luego tomarás del carnero el sebo, y la cola, y el sebo que cubre los intestinos, y el redaño del hígado, y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y la espalda derecha, porque es carnero de consagraciones: Y una hogaza de pan, y una torta de pan de aceite, y una hojaldre del canasto de las cenceñas, que está delante de Jehová. Y ponerlo has todo en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos, y mecerlo has en mecedura delante de Jehová. Después tomarlo has de sus manos, y encenderlo has sobre el altar sobre el holocausto por olor de holganza delante de Jehová. Ofrenda encendida es a Jehová. Y tomarás el pecho del carnero de las consagraciones, el cual es de Aarón, y mecerlo has por ofrenda mecida delante de Jehová, y será tu porción. Y apartarás el pecho de la mecedura, y la espalda de la santificación que fué mecido, y que fué santificado del carnero de las consagraciones de Aarón y de sus hijos. Y será para Aarón, y para sus hijos por fuero perpetuo de los hijos de Israel; porque es apartamiento: y será apartado de los hijos de Israel de sus sacrificios pacíficos: apartamiento de ellos será para Jehová. Y las vestiduras santas que son de Aarón, serán de sus hijos después de él para ser ungidos con ellas, y para ser con ellas consagrados. Siete dias los vestirá el sacerdote de sus hijos, que en su lugar viniere al tabernáculo del testimonio a servir en el santuario. Y tomarás el carnero de las consagraciones, y cocerás su carne en el lugar del santuario. Y Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero, y el pan que está en el canastillo, a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y comerán aquellas cosas con las cuales fueron expiados para henchir sus manos para ser santificados. Y el extranjero no comerá, porque son santidad. Y si sobrare algo de la carne de las consagraciones y del pan hasta la mañana, lo que hubiere sobrado quemarás con fuego: no se comerá, porque es santidad. Así pues harás a Aarón y a su hijos, conforme a todas las cosas que yo te he mandado: por siete dias los consagrarás. Y sacrificarás el novillo de la expiación cada día por las expiaciones, y expiarás el altar expiándotelo, y ungirlo has para santificarlo. Por siete dias expiarás el altar, y lo santificarás, y será el altar santidad de santidades: cualquiera cosa que tocare al altar, será santificada. Y lo que harás sobre el altar será esto: dos corderos de un año; cada día continuamente. El un cordero harás a la mañana, y el otro cordero harás entre las dos tardes. Y una diezma de flor de harina amasada con aceite molido la cuarta parte de un hin: y la derramadura será la cuarta parte de un hin de vino con cada cordero. Y el otro cordero harás entre las dos tardes conforme al presente de la mañana, y conforme a su derramadura harás, por olor de holganza: será ofrenda encendida a Jehová. Esto será holocausto continuo por vuestras edades a la puerta del tabernáculo del testimonio delante de Jehová, en el cual me concertaré con vosotros para hablaros allí. Y allí testificaré de mí a los hijos de Israel, y será santificado con mi gloria. Y santificaré el tabernáculo del testimonio, y el altar: y a Aarón y a sus hijos santificaré para que sean mis sacerdotes. Y yo habitaré entre los hijos de Israel, y serles he por Dios. Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saque de la tierra de Egipto para habitar en medio de ellos: Yo Jehová su Dios. HARÁS asimismo un altar de sahumerio de perfume: de madera de cedro lo harás. Su longura será de un codo, y su anchura de un codo; será cuadrado; y su altura de dos codos, y sus cuernos serán de el mismo. Y cubrirlo has de oro puro, su techumbre, y sus paredes al rededor, y sus cuernos: y hacerle has al derredor una corona de oro. Hacerle has también dos sortijas de oro debajo de su corona, a sus dos esquinas, en sus ámbos lados, para meter las barras con que será llevado. Y harás las barras de madera de cedro, y cubrirlas has de oro. Y ponerlo has delante del velo que está junto al arca del testimonio, delante de la cubierta que está sobre el testimonio, donde yo te testificaré de mí. Y quemará sobre él Aarón sahumerio de especias cada mañana, el cual quemará cuando aderezare las lámparas. Y cuando Aarón encenderá las lámparas entre las dos tardes, quemará el sahumerio continuamente delante de Jehová por vuestras edades. No ofreceréis sobre él sahumerio ajeno, ni holocausto, ni presente, ni tampoco derramaréis sobre él derramadura. Y expiará Aarón sobre sus cuernos una vez en el año con la sangre de la expiación de las reconciliaciones, una vez en el año expiará sobre él en vuestras edades. Santidad de santidades será a Jehová. Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Cuando tomares el número de los hijos de Israel por la cuenta de ellos, cada uno dará a Jehová el rescate de su alma, cuando los contares, y no habrá en ellos mortandad por haberlos contado. Esto dará cualquiera que pasare por la cuenta, medio siclo conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte óbolos: la mitad de un siclo será la ofrenda a Jehová. Cualquiera que pasare por la cuenta de veinte años arriba dará la ofrenda a Jehová. Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá de medio siclo, cuando dieren la ofrenda a Jehová para hacer expiación por vuestras personas. Y tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones, y darlo has para la obra del tabernáculo del testimonio; y será por memorial a los hijos de Israel delante de Jehová para expiar vuestras personas. Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Harás también una fuente de metal con su basa de metal para lavar, y ponerla has entre el tabernáculo del testimonio, y el altar: y pondrás en ella agua; Y de ella se lavarán Aarón y sus hijos sus manos y sus piés: Cuando entraren en el tabernáculo del testimonio, lavarse han con agua, y no morirán: y cuando se llegaren al altar para ministrar, para encender a Jehová la ofrenda encendida; Entónces se lavarán las manos y los piés, y no morirán. Y esto tendrán por estatuto perpetuo, él y su simiente por sus generaciones. Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Y tú tómarte has de las principales especias, de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad de esto, es a saber, doscientos y cincuenta: y de cálamo aromático doscientos y cincuenta: Y de casia quinientos al peso del santuario: y de aceite de olivas un hin. Y harás de ello el aceite de la santa unción, ungüento de ungüento, obra de perfumador, el cual será el aceite de la santa unción. Con el ungirás el tabernáculo del testimonio, y el arca del testimonio; Y la mesa, y todos sus vasos; y el candelero, y todos sus vasos; y el altar del perfume, Y el altar del holocausto y todos sus vasos, y la fuente y su basa. Y consagrarlos has, y serán santidad de santidades: cualquiera cosa que tocare en ellos, será santificada. Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y santificarlos has para que sean mis sacerdotes. Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras edades. Sobre carne de hombre no será untado, ni haréis otro semejante conforme a su composición: santo es, tenerlo heis vosotros por santo. Cualquiera que compusiere ungüento semejante, y que pusiere de él sobre algún extraño, será cortado de sus pueblos. Dijo más Jehová a Moisés: Tómate especias aromáticas; es a saber, estacte, y uña, y gálbano aromático, e incienso limpio en igual peso: Y harás de ello una confección aromática de obra de perfumador, mezclada, pura, y santa. Y molerás de ella pulverizando, y de ella pondrás delante del testimonio en el tabernáculo del testimonio donde yo te testificaré de mí: Santidad de santidades os será. La confección que harás, no os haréis otra según su composición: Santidad te será para Jehová. Cualquiera que hiciere otra como ella para olerla, será cortado de sus pueblos. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Mira, yo he llamado por su nombre a Beseleel hijo de Uri, hijo de Jur, de la tribu de Judá, Y lo he henchido de espíritu de Dios, en sabiduría, y en inteligencia, y en ciencia, y en todo artificio, Para inventar invenciones para obrar en oro, y en plata, y en metal. Y en artificio de piedras para engastar, y en artificio de madera, para obrar en toda obra. Y he aquí que yo he puesto con él a Ooliab, hijo de Aquisamec de la tribu de Dan: y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado. El tabernáculo del testimonio, y el arca del testimonio, y la cubierta que estará sobre ella, y todos los vasos del tabernáculo, Y la mesa y sus vasos, y el candelero limpio y todos sus vasos, y el altar del perfume, Y el altar del holocausto, y todos sus vasos, y la fuente, y su basa, Y las vestiduras del servicio, y las santas vestiduras, para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para que sean sacerdotes, Y el aceite de la unción, y el perfume aromático para el santuario, el cual harán conforme a todo lo que yo te he mandado. Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Y tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Con todo eso vosotros guardaréis mis sábados; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepais que yo soy Jehová, que os santifico; Así que guardaréis el sábado porque santo es a vosotros: El que lo profanare, muriendo morirá: porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella alma será cortada de en medio de sus pueblos. Seis dias se hará obra; y el séptimo día sábado de reposo será santo a Jehová: cualquiera que hiciere obra el día del sábado, muriendo morirá. Guardarán pues el sábado los hijos de Israel, haciendo sábado por sus edades, pacto perpetuo: Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis dias hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó. Y dió a Moisés, como acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios. MAS viendo el pueblo que Moi- ses tardaba de descender del monte, juntóse entónces el pueblo contra Aarón, y dijéronle: Levántate, háznos dioses que vayan delante de nosotros: porque a este Moisés, aquel varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos que le haya acontecido. Y Aarón les dijo: Apartád los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, y de vuestros hijos, y de vuestras hijas, y traédmelos. Entónces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y trajéronlos a Aarón. El cual los tomó de las manos de ellos, y formólo con buril, e hizo de ello un becerro de fundición, y dijeron: Israel, estos son tus dioses que te sacaron de tierra de Egipto. Y viéndolo Aarón, edificó un altar delante de él, y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta a Jehová. Y el día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron pacíficos: y el pueblo se asentó a comer y a beber, y levantáronse a regocijarse. Entónces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende; porque tu pueblo, que sacaste de tierra de Egipto, se ha corrompido. Presto se han apartado del camino que yo les mandé; y se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y han sacrificado a él, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de tierra de Egipto. Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora pues déjame, que se encienda mi furor en ellos, y los consuma, y a tí yo te pondré sobre gran gente. Entónces Moisés oró a la faz de Jehová su Dios, y dijo: Oh, Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor en tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte? ¿Por qué han de decir los Egipcios, diciendo: Con mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la haz de la tierra? Vuélvete de la ira de tu furor, y arrepiéntete del mal de tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac, y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por tí mismo, y dícholes: Yo multiplicaré vuestra simiente como las estrellas del cielo: y daré a vuestra simiente toda esta tierra que he dicho, y tomarla han por heredad para siempre. Entónces Jehová se arrepintió del mal, que dijo, que había de hacer a su pueblo. Y volvióse Moisés, y descendió del monte trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por sus ambas partes: de una parte y de otra estaban escritas. Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. Y oyendo Josué la voz del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campo. Y él respondió: No es alarido de respuesta de fuertes, ni alarido de respuesta de flacos: alarido de cantar oigo yo. Y aconteció, que como él llegó al campo, y vió el becerro, y las danzas, el furor se le encendió a Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y quebrólas al pié del monte. Y tomó el becerro que habían hecho, y quemólo en el fuego, y moliólo hasta volverlo en polvos, y esparció los polvos sobre las aguas, y diólo a beber a los hijos de Israel. Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traido sobre él tan gran pecado? Y respondió Aarón: No se enoje mi señor, tú conoces el pueblo, que es inclinado a mal: Porque me dijeron: Háznos dioses que vayan delante de nosotros; que a este Moisés, el varón que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos que le ha acontecido. Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? apartádlo. Y diéronmelo, y echélo en el fuego, y salió este becerro. Y viendo Moisés el pueblo, que estaba desnudo, (porque Aarón le había desnudado para vergüenza entre sus enemigos,) Púsose Moisés a la puerta del real, y dijo: ¿Quién es de Jehová? Venga conmigo. Y juntáronse con él todos los hijos de Leví. Y él les dijo: Así dijo Jehová, el Dios de Israel: Ponéd cada uno su espada sobre su muslo: pasád y volvéd de puerta a puerta por el campo, y matád cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés, y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. Entónces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado a Jehová, porque cada uno se ha consagrado en su hijo, y en su hermano, para que él dé hoy sobre vosotros bendición. Y aconteció que el día siguiente Moisés dijo al pueblo: Vosotros habéis pecado un gran pecado: mas yo subiré ahora a Jehová, quizá le aplacaré sobre vuestro pecado. Entónces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Yo te ruego: este pueblo ha pecado un pecado grande, porque se hicieron dioses de oro, Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro, que has escrito. Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a este raeré yo de mi libro. Vé pues ahora, lleva a este pueblo donde te he dicho: he aquí, mi ángel irá delante de tí, que en el día de mi visitación yo visitaré en ellos su pecado. E hirió Jehová al pueblo, porque habían hecho el becerro que hizo Aarón. Y JEHOVÁ dijo a Moisés: Vé, sube de aquí, tu y el pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra, de la cual yo juré a Abraham, Isaac, y Jacob, diciendo: A tu simiente la daré: Y yo enviaré delante de tí el ángel, y echaré fuera al Cananeo, y al Amorreo, y al Jetteo, y al Ferezeo, y al Heveo, y al Jebuseo, A la tierra que corre leche y miel: porque yo no subiré en medio de tí, porque eres pueblo de dura cerviz, porque yo no te consuma en el camino. Y oyendo el pueblo esta mala palabra, pusieron luto, y ninguno puso sobre si sus atavíos. Y Jehová dijo a Moisés: Dí a los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz: en un momento subiré en medio de tí, y te consumiré: quítate pues ahora tus atavíos que yo sabré lo que te tengo de hacer. Entónces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Oreb. Y Moisés tomó el tabernáculo, y extendiólo fuera del campo, léjos del campo, y llamóle: El Tabernáculo del testimonio: y fué, que cualquiera que requería a Jehová, salía al tabernáculo del testimonio, que estaba fuera del campo. Y era, que cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y estaba cada uno en pié a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo: Y cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía, y se ponía a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés. Y viendo todo el pueblo la columna de la nube, que estaba a la puerta del tabernáculo, todo el pueblo se levantaba; cada uno a la puerta de su tienda, y adoraba. Y hablada Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero, y volvíase al campo: mas el mozo Josué, hijo de Nun, su criado, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo. Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo, y tú no me has aun declarado, a quien has de enviar conmigo: y tú dices: Yo te he conocido por nombre, y aun has hallado gracia en mis ojos. Ahora pues, si he hallado ahora gracia en tus ojos, ruégote que me muestres tu camino, para que te conozca; porque halle gracia en tus ojos: y mira, que tu pueblo es aquesta gente. Y él dijo: Mi faz irá contigo, y te haré descansar. Y él le respondió: Si tu faz no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. ¿Y en qué se parecerá aquí, que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en andar tú con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra? Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia én mis ojos, y yo te he conocido por nombre. El entónces dijo: Ruégote que me muestres tu gloria. Y él respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y llamaré por el nombre de Jehová delante de tí; y habré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente al que seré clemente. Dijo más: No podrás ver mi faz; porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo más Jehová: He aquí lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña. Y será, que cuando pasare mi gloria, yo te pondre en un resquicio de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. Después yo apartaré mi mano, y verás mis espaldas, mas mi rostro no se verá. Y JEHOVÁ dijo a Moisés: Alí- sate dos tablas de piedra como las primeras, y yo escribiré sobre aquellas tablas las palabras que estaban sobre las tablas primeras que quebraste. Apercíbete pues para mañana, y sube por la mañana en el monte de Sinaí, y estáme allí sobre la cumbre del monte. Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte: ni oveja ni buey pazcan delante del monte. Y él alisó dos tablas de piedra como las primeras, y levantóse por la mañana, y subió al monte de Sinaí, como Jehová le mandó, y tomó en su mano las dos tablas de piedra. Y Jehová descendió en una nube, y estuvo allí con él, y llamó en el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, clamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; luengo de iras, y grande en misericordia y verdad: Que guarda la misericordia en millares; que suelta la iniquidad, la rebelión, y el pecado: y que absolviendo no absolverá; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos, y sobre los hijos de los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos. Entónces Moisés apresurándose abajó la cabeza en tierra y encorvóse: Y dijo: Si ahora he hallado gracia en tus ojos, Señor, vaya ahora el Señor en medio de nosotros, porque este es pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad, y nuestro pecado, y poseenos. Y él dijo: He aquí, yo hago concierto delante de todo tu pueblo: haré maravillas, que no han sido hechas en toda la tierra, ni en todas las gentes, y verá todo el pueblo, en medio del cual tú estás, la obra de Jehová; porque ha de ser cosa terrible, la que yo hago contigo. Guárdate de lo que yo te mando hoy: he aquí que yo echo de delante de tu presencia al Amorreo, y al Cananeo, y al Jetteo, y al Ferezeo, y al Heveo, y al Jebuseo. Guárdate que no hagas alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, porque no sean por tropezadero en medio de tí. Mas derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y talaréis sus bosques. Porque no te inclinarás a dios ajeno, que Jehová, cuyo nombre es Zeloso, Dios zeloso es. Por tanto no harás alianza con los moradores de aquella tierra; porque ellos fornicarán en pos de sus dioses, y sacrificarán a sus dioses, y llamarte han y comerás de sus sacrificios: O tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán también fornicar tus hijos en pos de los dioses de ellas. No harás dioses de fundición para tí. La fiesta de las cenceñas guardarás: siete dias comerás por leudar, como te he mandado, en el tiempo de el mes de Abib, porque en el mes de Abib saliste de Egipto. Toda abertura de matriz mía es; y todo tu ganado que será macho, abertura de la vaca, y de la oveja, será mío. Empero el primogénito del asno redimirás con cordero; y si no lo redimieres, cortarle has la cabeza. Todo primogénito de tus hijos redimirás; y no serán vistos vacíos delante de mí. Seis dias trabajarás, mas en el séptimo día cesarás: en la arada y en la siega cesarás. Y la fiesta de las semanas te harás a los principios de la siega del trigo; y la fiesta de la cosecha a la vuelta del año. Tres veces en el año será visto todo varón tuyo delante del Señoreador Jehová, Dios de Israel. Porque yo echaré las gentes de delante tu faz, y ensancharé tu término: y ninguno codiciará tu tierra, cuando tú subieres para ser visto delante de Jehová tu Dios tres veces en el año. No sacrificarás sobre leudo la sangre de mi sacrificio: ni quedará de la noche para la mañana el sacrificio de la fiesta de la páscua. El principio de los primeros frutos de tu tierra meterás en la casa de Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre. Y Jehová dijo a Moisés: Escríbete estas palabras, porque conforme a estas palabras he hecho la alianza contigo, y con Israel. Y él estuvo allí con Jehová cuarenta dias, y cuarenta noches: no comió pan, ni bebió agua: y escribió en tablas las palabras de la alianza, las diez palabras. Y aconteció, que descendiendo Moisés del monte de Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, como descendió del monte, él no sabía que la tez de su rostro resplandecia, después que hubo hablado con él. Y miró Aarón y todos los hijos de Israel a Moisés, y he aquí que la tez de su rostro era resplandeciente, y hubieron miedo de llegarse a él. Y llamólos Moisés, y tornaron a él Aarón y todos los príncipes de la congregación: y Moisés les habló. Y después se llegaron todos los hijos de Israel, a los cuales mandó todas las cosas que Jehová le había dicho en el monte de Sinaí. Y cuando hubo acabado Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro. Y cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, quitaba el velo, hasta que salía; y salido hablaba con los hijos de Israel, lo que le era mandado. Y veían los hijos de Israel el rostro de Moisés que la tez de su rostro era resplandeciente, y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con él. E HIZO juntar Moisés toda la congregación de los hijos de Israel, y díjoles: Estas son las cosas, que Jehová ha mandado que hagáis: Seis dias se hará obra; mas el día séptimo os será santo, sábado de reposo a Jehová, cualquiera que hiciere en él obra, morirá. No encenderéis fuego en todas vuestras moradas en el día del sábado. Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado, diciendo: Tomád de entre vosotros ofrenda para Jehová: todo liberal de su corazón la traerá a Jehová, oro, plata, y metal, Y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino fino, y pelos de cabras, Y cueros rojos de carneros, y cueros de tejones, y madera de cedro, Y aceite para la luminaria, y especias aromáticas para el aceite de la unción, y para el perfume aromático, Y piedras de onix, y las piedras de los engastes para el efod y para el pectoral. Y todo sabio de corazón, que habrá entre vosotros, vendrán y harán todas las cosas que ha mandado Jehová: El tabernáculo, su tienda, y su cobertura, y sus sortijas, y sus tablas, sus barras, sus columnas, y sus basas; El arca y sus barras, la cubierta, y el velo de la tienda; La mesa y sus barras, y todos sus vasos, y el pan de la proposición; Y el candelero de la luminaria, y sus vasos, y sus candilejas, y el aceite de la luminaria; Y el altar del perfume y sus barras, y el aceite de la unción, y el perfume aromático, y el pabellón de la puerta para la entrada del tabernáculo; El altar del holocausto, y su criba de metal, y sus barras, y todos sus vasos, y la fuente, y su basa; Las cortinas del patio, sus columnas, y sus basas, y el pabellón de la puerta del patio; Las estacas del tabernáculo, y las estacas del patio, y sus cuerdas; Las vestiduras del servicio para ministrar en el santuario; es a saber, las santas vestiduras de Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos para servir en el sacerdocio. Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de delante de Moisés. Y vino todo varón a quien su corazón levantó, y todo aquel a quien su espíritu le dió voluntad, y trajeron ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo del testimonio, y para toda su obra, y para las santas vestiduras. Y vinieron así hombres como mujeres, todo voluntario de corazón, y trajeron ajorcas, y zarcillos, y anillos, y brazaletes, y toda joya de oro, y cualquiera ofrecía ofrenda de oro a Jehová. Todo hombre que se hallaba con cárdeno, o púrpura, o carmesí, o lino fino, o pelos de cabras, o cueros rojos de carneros, o cueros de tejones, lo traía. Cualquiera que ofrecía ofrenda de plata, o de metal, traía la ofrenda a Jehová: y todo hombre que se hallaba con madera de cedro, la traía para toda la obra del servicio. Ítem, todas las mujeres sabias de corazón hilaban de sus manos, y traían lo que habían hilado, cárdeno, o púrpura, o carmesí, o lino fino. Y todas las mujeres, cuyo corazón las levantó en sabiduría, hilaron pelos de cabras. Y los príncipes trajeron las piedras de onix, y las piedras de los engastes para el efod, y el pectoral; Y la especia aromática, y aceite para la luminaria, y para el aceite de la unción, y para el perfume aromático. Todo hombre y mujer que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra que Jehová había mandado por Moisés que hiciesen, trajeron los hijos de Israel ofrenda voluntaria a Jehová. Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirád, Jehová ha llamado por su nombre a Beseleel, hijo de Uri, hijo de Jur, de la tribu de Judá. Y lo ha henchido de Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, y en ciencia, y en todo artificio; Para inventar invenciones para obrar en oro, y en plata, y en metal; Y en obra de pedrería para engastar, y en obra de madera, para obrar en toda obra de invención: Y ha puesto en su corazón para que pueda enseñar él y Ooliab, hijo de Aquisamec, de la tribu de Dan. Y los ha henchido de sabiduría de corazón para que hagan toda obra de artificio, y de invención, y de recamado, en cárdeno, y en púrpura, y en carmesí, y en lino fino, y en telar, para que hagan toda obra, e inventen toda invención. É HIZO Beseleel, y Ooliab, y todo hombre sabio de corazón, a quien Jehová dió sabiduría e inteligencia para que supiesen hacer toda la obra del servicio del santuario, todas las cosas que había mandado Jehová. Y Moisés llamó a Beseleel y a Ooliab, y a todo varón sabio de corazón, en cuyo corazón había dado Jehová sabiduría, y a todo hombre a quien su corazón levantó para llegarse a la obra para hacer en ella. Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traido para la obra del servicio del santuario para hacerla, y ellos le traían aun ofrenda voluntaria cada mañana. Y vinieron todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía, Y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que es menester para hacer la obra para el ministerio, que Jehová ha mandado que se haga. Entónces Moisés mandó pregonar por el campo, diciendo: Ningún hombre ni mujer hagan más obra para ofrecer al santuario. Y así fué el pueblo prohibido de ofrecer. Y tenían hacienda abasto para hacer toda la obra, y sobraba. Y todos los sabios de corazón entre los que hacían la obra, hicieron el tabernáculo de diez cortinas, de lino torcido, y de cárdeno, y de púrpura, y de carmesí, las cuales hicieron de obra de artífice con querubines. La longura de la una cortina era de veinte y ocho codos, y la anchura de cuatro codos, todas las cortinas tenían una misma medida. Y juntó las cinco cortinas la una con la otra, y las otras cinco cortinas juntó la una con la otra. E hizo las lazadas de cárdeno en la orilla de la una cortina, en el cabo a la juntura y así hizo en la orilla en el cabo de la segunda cortina, en la juntura. Cincuenta lazadas hizo en la una cortina, y otras cincuenta en la segunda cortina, en el cabo, en la juntura, las unas lazadas en frente de las otras. Hizo también cincuenta corchetes de oro con los cuales juntó las cortinas la una con la otra, e hizose un tabernáculo. Hizo asimismo cortinas de pelos de cabras para la tienda sobre el tabernáculo, e hízolas once. La longura de la una cortina era de treinta codos, y la anchura de cuatro codos, las once cortinas tenían una misma medida. Y juntó por sí las cinco cortinas, y las seis cortinas por sí. E hizo cincuenta lazadas en la orilla de la postrera cortina en la juntura, y otras cincuenta lazadas en la orilla de la otra cortina en la juntura. Hizo también cincuenta corchetes de metal para juntar la tienda que fuese una. E hizo un cobertor para la tienda de cueros rojos de carnero, y otro cobertor encima de cueros de tejones. E hizo las tablas para el tabernáculo de madera de cedro estantes. La longura de cada tabla de diez codos, y de codo y medio la anchura. Cada tabla tenía dos quicios enclavijados el uno delante del otro, así hizo todas las tablas del tabernáculo. E hizo las tablas para el tabernáculo, veinte tablas al lado del austro, al mediodía. Hizo también las cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas; dos basas debajo de la una tabla para sus dos quicios, y otras dos basas debajo de la otra tabla para sus dos quicios. Y en el otro lado del tabernáculo, en el lado del aquilón, hizo otras veinte tablas, Con sus cuarenta basas de plata, dos basas debajo de la una tabla, y otras dos basas debajo de la otra tabla. Y en el lado occidental del tabernáculo hizo seis tablas. A las esquinas del tabernáculo en los dos lados hizo dos tablas. Las cuales se juntaban por abajo, y asimismo por arriba a una sortija; y así hizo a la una y a la otra en las dos esquinas. Y así eran ocho tablas, y sus basas de plata diez y seis, dos basas debajo de cada tabla. E hizo las barras de madera de cedro, cinco para las tablas del un lado del tabernáculo, Y otras cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y otras cinco barras para las tablas del lado del tabernáculo a las esquinas del occidente. E hizo que la barra del medio pasase por medio de las tablas del un cabo al otro. Y cubrió las tablas de oro, e hizo de oro las sortijas de ellas por donde pasasen las barras, y cubrió de oro las barras. Hizo asimismo el velo de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, el cual hizo de obra de artífice con querubines. E hizo para él cuatro columnas de cedro, y cubriólas de oro, los capiteles de las cuales eran de oro, e hizo para ellas cuatro basas de plata de fundición. Hizo asimismo el velo para la puerta del tabernáculo de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, de obra de recamador; Con sus cinco columnas y sus capiteles, y cubrió las cabezas de ellas y sus molduras de oro, y sus cinco basas hizo de metal. HIZO también Beseleel el arca de madera de cedro, su longura era de dos codos y medio, y de codo y medio su anchura, y su altura de otro codo y medio. Y cubrióla de oro puro por de dentro y por de fuera, e hízole una corona de oro al rededor. Y fundióle cuatro sortijas de oro a sus cuatro esquinas, en el un lado dos sortijas, y en el otro lado otras dos sortijas. Hizo también las barras de madera de cedro, y cubriólas de oro. Y metió las barras por las sortijas a los lados del arca para llevar el arca. Hizo asimismo la cubierta de oro puro: su longura de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio. Ítem, hizo los dos querubines de oro, los cuales hizo de martillo, a los dos cabos de la cubierta. El un querubín de esta parte al un cabo, y el otro querubín de la otra parte al otro cabo de la cubierta: hizo los querubines a sus dos cabos. Y los querubines extendían sus alas por encima cubriendo con sus alas la cubierta; y sus rostros el uno contra el otro, los rostros de los querubines a la cubierta. Hizo también la mesa de madera de cedro, su longura de dos codos, y su anchura de un codo, y de codo y medio su altura. Y cubrióla de oro puro, e hízole una corona de oro al derredor. Hízole también una moldura de anchura de una mano al rededor, a la cual moldura hizo la corona de oro al derredor. Hízole también de fundición cuatro sortijas de oro, y púsolas a las cuatro esquinas, que estaban a los cuatro piés de ella. Delante de la moldura estaban las sortijas, por las cuales se metiesen las barras para llevar la mesa. Hizo también las barras de madera de cedro para llevar la mesa, y cubriólas de oro. Ítem, hizo los vasos que habían de estar sobre la mesa, sus platos, y sus cucharones, y sus cubiertas, y sus tazones con que se había de cubrir el pan, de oro fino. Hizo asimismo el candelero de oro puro, el cual hizo de martillo: su pié, yu su caña, sus copas, sus manzanas, y sus flores eran de lo mismo. De sus lados salían seis cañas, las tres cañas del un lado del candelero, y las otras tres cañas del otro lado del candelero. En la una caña había tres copas almendradas, una manzana, y una flor: y en la otra caña otras tres copas almendradas, otra manzana y otra flor: y así en todas las seis cañas que salían del candelero. Y en el mismo candelero había cuatro copas almendradas, sus manzanas, y sus flores. Y una manzana debajo de las unas dos cañas de lo mismo, y otra manzana debajo de las otras dos cañas de lo mismo, y otra manzana debajo de las otras dos cañas de lo mismo, por las seis cañas que salían de él. Sus manzanas y sus cañas eran de lo mismo, todo era una pieza de martillo de oro puro. Hizo asimismo sus candilejas siete, y sus despabiladeras, y sus paletas de oro puro. De un talento de oro puro lo hizo a él y a todos sus vasos. Hizo también el altar del perfume de madera de cedro: un codo su longura, y otro codo su anchura, cuadrado: y dos codos su altura, y sus cuernos eran de la misma pieza. Y cubriólo de oro puro, su mesa y sus paredes al rededor, y sus cuernos: e hízole una corona de oro al derredor. Hízole también dos sortijas de oro debajo de la corona en las dos esquinas a los dos lados, para pasar por ellas las barras con que había de ser llevado. Y las barras hizo de madera de cedro, y cubriólas de oro. Hizo asimismo el aceite de la unción santo, y el perfume aromático fino, de obra de perfumador. É HIZO el altar del holocausto de madera de cedro, su longura de cinco codos, y su anchura de otros cinco codos, cuadrado, y de tres codos su altura. E hízole sus cuernos a sus cuatro esquinas, los cuales eran de la misma pieza, y cubriólo de metal. Hizo asimismo todos los vasos del altar, calderones, y badiles, y lebrillos, y garfios, y palas: todos sus vasos hizo de metal. E hizo la criba para el altar de hechura de red de metal, en su cerco debajo hasta el medio de él. E hizo de fundición cuatro sortijas para la criba de metal a los cuatro cabos para meter las barras. E hizo las barras de madera de cedro, y cubriólas de metal. Y metió las barras por las sortijas a los lados del altar para llevarlo con ellas, el cual hizo hueco de tablas. Ítem, hizo la fuente de metal y su basa de metal de los espejos de las que velaban a la puerta del tabernáculo del testimonio. Ítem, hizo el patio a la parte del mediodía austral; las cortinas del patio eran de cien codos de lino torcido. Sus columnas veinte, y las basas de ellas veinte de metal: los capiteles de las columnas y sus molduras de plata. Y a la parte del aquilón cortinas de cien codos: sus columnas veinte, y las basas de ellas veinte, de metal: los capiteles de las columnas y sus molduras de plata. A la parte del occidente cortinas de cincuenta codos: sus columnas diez, y las basas de ellas diez: los capiteles de las columnas y sus molduras de plata. Y a la parte oriental al oriente, cortinas de cincuenta codos. Al un lado cortinas de quince codos, sus tres columnas con sus tres basas. Al otro lado de la una parte y de la otra de la puerta del patio, cortinas de a quince codos, sus tres columnas, con sus tres basas. Todas las cortinas del patio al derredor eran de lino torcido. Y las basas de las columnas, de metal: los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata. Y las cubiertas de las cabezas de ellas, de plata, asimismo todas las columnas del patio tenían molduras de plata. Y el pabellón de la puerta del patio de obra de recamado de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido: la longura de veinte codos, y la altura en la anchura de cinco codos y conforme a las cortinas del patio. Y sus columnas cuatro con sus basas cuatro de metal, y sus corchetes de plata, y las cubiertas de los capiteles de ellas, y sus molduras, de plata. Y todas las estacas del tabernáculo y del patio al rededor de metal. Estas son las cuentas del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio, lo cual fué contado por dicho de Moisés por mano de Itamar hijo de Aarón, sacerdote, para el ministerio de los Levitas. Y Beseleel, hijo de Uri, hijo de Jur, de la tribu de Judá, hizo todas las cosas que Jehová mandó a Moisés. Y con el Ooliab, hijo de Aquisamec, de la tribu de Dan, maestro e ingeniero, y recamador en cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino fino. Todo el oro gastado en la obra, en toda la obra del santuario, el cual fué oro de ofrenda, fué veinte y nueve talentos, y sietecientos y treinta siclos, al siclo del santuario. Y la plata de los contados de la congregación fué cien talentos, y mil y sietecientos y setenta y cinco siclos, al siclo del santuario. Medio por cabeza, medio siclo, al siclo del santuario, a todos los que pasaron por cuenta de edad de veinte años y arriba, que fueron seiscientos y tres mil y quinientos y cincuenta. Hubo además cien talentos de plata para hacer de fundición las basas del santuario, y las basas del velo, en cien basas cien talentos, a talento por basa. Y de mil y siete cientos y setenta y cinco siclos hizo los capiteles de las columnas, y cubrió los capiteles de ellas, y las ciñó. Y el metal de la ofrenda fué setenta talentos, y dos mil y cuatrocientos siclos. Del cual hizo las basas de la puerta del tabernáculo del testimonio, y el altar de metal, y su criba de metal, y todos los vasos del altar. Y las basas del patio al derredor, y las basas de la puerta del patio, y todas las estacas del tabernáculo, y todas las estacas del patio al rededor. Y DEL cárdeno, y púrpura, y carmesí, hicieron las vestiduras del ministerio para ministrar en el santuario; y asimismo hicieron las santas vestiduras que eran para Aarón, como Jehová lo mandó a Moisés. Hizo también el efod de oro, cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido. Y extendieron las planchas de oro, y cortaron los hilos para tejer entre el cárdeno, y entre la púrpura, y entre el carmesí, y entre el lino, por obra de artífice. Hiciéronle los espaldares que se juntasen, y juntábanse en sus dos lados. Y el cinto del efod, que estaba sobre él, era de lo mismo, conforme a su obra de oro, cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, como Jehová lo había mandado a Moisés. Y labraron las piedras oniquinas cercadas de engastes de oro, grabadas de grabadura de sello con los nombres de los hijos de Israel: Y púsolas sobre las hombreras del efod, por piedras de memoria a los hijos de Israel, como Jehová lo había mandado a Moisés. Hizo también el pectoral de obra de artífice, como la obra del efod, de oro, cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido. Era cuadrado: doblado hicieron el pectoral, su longura era de un palmo, y de otro palmo su anchura, doblado. Y engastaron en él cuatro órdenes de piedras. El órden era un rubí, una esmeralda, y una crisólita, el primer órden. El segundo órden, un carbunclo, un zafiro, y un diamante. El tercer órden, un topacio, una turquesa, y un ametisto. Y el cuarto órden, un tarsis, un onix, y un jaspe, cercadas y engastadas en sus engastes de oro. Las cuales piedras eran conforme a los nombres de los hijos de Israel doce, conforme a los nombres de ellos, de grabadura de sello, cada una conforme a su nombre, según las doce tribus. Hicieron también sobre el pectoral las cadenas pequeñas de hechura de trenza, de oro puro. Hicieron asimismo los dos engastes, y las dos sortijas de oro, las cuales dos sortijas de oro pusieron en los dos cabos del pectoral. Y pusieron las dos trenzas de oro en aquellas dos sortijas en los cabos del pectoral. Y los dos cabos de las dos trenzas pusieron en los dos engastes, los cuales pusieron sobre las hombreras del efod en la parte delantera de él. E hicieron otras dos sortijas de oro, que pusieron en los dos cabos del pectoral en su orilla a la parte baja del efod. Hicieron más otras dos sortijas de oro, las cuales pusieron en las dos hombreras del efod abajo en la parte delantera, delante de su juntura sobre el cinto del efod. Y ataron el pectoral de sus sortijas a las sortijas del mismo efod con un cordón de cárdeno, para que estuviese sobre el cinto del mismo efod, y el pectoral no se apartase del efod, como Jehová lo había mandado a Moisés. Hizo también el manto del efod de obra de tejedor todo de cárdeno. Con su collar en medio de él, como el collar de un coselete, con un borde al rededor del collar, porque no se rompiese. E hicieron en las orillas del manto las granadas de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido. Hicieron también las campanillas de oro puro, las cuales campanillas pusieron entre las granadas por las orillas del manto al derredor, entre las granadas. Una campanilla y una granada, una campanilla y una granada, en las orillas del manto, al rededor, para ministrar, como Jehová lo mandó a Moisés. E hicieron las túnicas de lino fino de obra de tejedor para Aarón, y para sus hijos. Asimismo la mitra de lino fino, y las orladuras de los chapeos de lino fino, y los pañetes de lino, de lino torcido. Ítem, el cinto de lino torcido, y de cárdeno, y púrpura, y carmesí, de obra de recamador, como Jehová lo mandó a Moisés. Ítem, hicieron la plancha, la corona de la santidad, de oro puro, y escribieron en ella de grabadura de sello el rotulo, SANTIDAD A JEHOVÁ. Y pusieron sobre ella un cordón de cárdeno para ponerla sobre la mitra encima, como Jehová lo había mandado a Moisés. Y fué acabada toda la obra del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio. E hicieron los hijos de Israel como Jehová lo había mandado a Moisés: así lo hicieron. Y trajeron el tabernáculo a Moisés; el tabernáculo y todos sus vasos, sus corchetes, sus tablas, sus barras, y sus columnas y sus basas, Y la cobertura de pieles rojas de carneros, y la cobertura de pieles de tejones, y el velo del pabellón, El arca del testimonio, y sus barras, y la cubierta, La mesa, todos sus vasos, y el pan de la proposición, El candelero limpio, sus candilejas, las candilejas de la ordenanza, y todos sus vasos, y el aceite de la luminaria, Y el altar de oro, y el aceite de la unción, y el perfume aromático, y el pabellón para la puerta del tabernáculo, El altar de metal, y su criba de metal, sus barras, y todos sus vasos, y la fuente y su basa, Las cortinas del patio, y sus columnas y sus basas, y el pabellón para la puerta del patio, y sus cuerdas, y sus estacas, y todos los vasos del servicio del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio, Las vestiduras del servicio para ministrar en el santuario, las santas vestiduras para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos para ministrar en el sacerdocio. Conforme a todas las cosas que Jehová había mandado a Moisés, así hicieron los hijos de Israel toda la obra. Y vió Moisés toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Jehová había mandado; y bendíjolos. Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo: En el día del mes primero, el primero del mes harás levantar el tabernáculo, el tabernáculo del testimonio. Y pondrás en él el arca del testimonio, y cubrirla has con el velo. Y meterás la mesa, y ponerla has en órden: y meterás el candelero, y encenderás sus lámparas. Y pondrás el altar de oro para el perfume delante del arca del testimonio: y pondrás el pabellón de la puerta del tabernáculo. Después pondrás el altar del holocausto delante de la puerta del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio. Luego pondrás la fuente entre el tabernáculo del testimonio y el altar: y pondrás agua en ella. Finalmente pondrás el patio al rededor, y el pabellón de la puerta del patio. Y tomarás el aceite de la unción, y ungirás el tabernáculo, y todo lo que estará en él, y santificarlo has con todos sus vasos, y será santo. Y ungirás también el altar del holocausto, y todos sus vasos: y santificarás el altar, y será el altar santidad de santidades. Asimismo ungirás la fuente y su basa, y santificarla has. Y harás llegar a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo del testimonio, y lavarlos has con agua. Y harás vestir a Aarón las santas vestiduras, y ungirle has, y consagrarle has, para que sea mi sacerdote. Después harás llegar sus hijos, y vestirles has las túnicas. Y ungirles has como ungiste a su padre, y serán mis sacerdotes: y será, que su unción les será por sacerdocio perpetuo por sus generaciones. E hizo Moisés conforme a todo lo que Jehová le mandó: así lo hizo. Así en el mes primero, en el segundo año al primero del mes, el tabernáculo, fué levantado. E hizo Moisés levantar el tabernáculo, y puso sus basas, y puso sus tablas, y puso sus barras, e hizo alzar sus columnas. Y tendió la tienda sobre el tabernáculo, y puso el cobertor sobre el tabernáculo encima, como Jehová había mandado a Moisés. Y tomó, y puso el testimonio en el arca; y puso las barras sobre el arca: y la cubierta sobre el arca encima. Y metió el arca en el tabernáculo: y puso el velo de la tienda, y cubrió el arca del testimonio, como Jehová había mandado a Moisés. Y puso la mesa en el tabernáculo del testimonio al lado del aquilón del pabellón fuera del velo. Y sobre ella puso por órden los panes delante de Jehová, como Jehová había mandado a Moisés. Y puso el candelero en el tabernáculo del testimonio en frente de la mesa, al lado del mediodía del pabellón. Y encendió las lámparas delante de Jehová, como Jehová había mandado a Moisés. Puso también el altar de oro en el tabernáculo del testimonio, delante del velo. Y encendió sobre él el perfume aromático, como Jehová había mandado a Moisés. Puso asimsimo el pabellón de la puerta del tabernáculo. Y puso el altar del holocausto a la puerta del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio: y ofreció sobre el holocausto y presente, como Jehová había mandado a Moisés. Y puso la fuente entre el tabernáculo del testimonio y el altar: y puso en ella agua para lavar. Y lavaban en ella Moisés, y Aarón, y sus hijos sus manos y sus piés. Cuando entraban en el tabernáculo del testimonio, y cuando se llegaban al altar se lavaban, como Jehová había mandado a Moisés. Finalmente levantó el patio en derredor del tabernáculo y del altar, y puso el pabellón de la puerta del patio: y así acabó Moisés la obra. Entónces una nube cubrió el tabernáculo del testimonio, y la gloria de Jehová hinchió el tabernáculo. Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo del testimonio, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo tenía lleno. Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus partidas. Y si la nube no se alzaba, no se partían, hasta el día que ella se alzaba. Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche en él, en ojos de toda la casa de Israel en todas sus partidas. Y LLAMÓ Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo del testimonio, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando alguno de entre vosotros ofreciere ofrenda a Jehová de animales, de vacas, o de ovejas haréis vuestra ofrenda. Si su ofrenda fuere holocausto de vacas, macho perfecto lo ofrecerá; a la puerta del tabernáculo del testimonio lo ofrecerá, según su voluntad, delante de Jehová. Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y él lo aceptará para expiarlo. Entónces degollará el becerro en la presencia de Jehová, y los sacerdotes, hijos de Aarón, ofrecerán la sangre, y rociarla han sobre el altar al derredor, el cual está a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y desollará el holocausto, y cortarlo ha en sus piezas. Y los hijos de Aarón sacerdote pondrán fuego sobre el altar, y compondrán la leña sobre el fuego. Luego los sacerdotes, hijos de Aarón, compondrán las piezas, la cabeza y el redaño, sobre la leña, que está sobre el fuego que está encima del altar. Y sus intestinos y sus piernas lavará con agua, y el sacerdote hará perfume de todo sobre el altar; y esto será holocausto, ofrenda encendida de olor de holganza a Jehová. Y si su ofrenda fuere de ovejas, de los corderos, o de las cabras para holocausto, macho perfecto lo ofrecerá. Y degollarlo ha al lado del altar al aquilón delante de Jehová; y los sacerdotes, hijos de Aarón, rociarán su sangre sobre el altar al derredor. Y cortarlo ha en sus piezas, y su cabeza y su redaño; y el sacerdote las compondrá sobre la leña que está sobre el fuego, que está encima del altar. Y sus entrañas, y sus piernas lavará con agua, y ofrecerlo ha todo el sacerdote, y hará de ello perfume sobre el altar; y esto será holocausto, ofrenda encendida de olor de holganza a Jehová. Y si el holocausto se hubiere de ofrecer a Jehová de aves, ofrecerá su ofrenda de tórtolas, o de palominos. Y el sacerdote la ofrecerá sobre el altar, y quitarle ha la cabeza, y hará perfume sobre el altar, y su sangre será esprimida sobre la pared del altar. Y quitarle ha el buche con las plumas, lo cual echará junto al altar hacia el oriente en el lugar de las cenizas. Y henderla ha por entre sus alas; mas no la partirá: y el sacerdote hará de ella perfume sobre el altar, sobre la leña que está sobre el fuego, y esto será holocausto, ofrenda encendida de olor de holganza a Jehová. Y CUANDO alguna persona ofreciere ofrenda de presente a Jehová, su ofrenda será flor de harina, sobre la cual echará aceite, y pondrá sobre ella incienso. Y traerla ha a los sacerdotes, hijos de Aarón, y de allí tomará su puño lleno de su flor de harina; y de su aceite, con todo su incienso, y el sacerdote hará perfume de ello sobre el altar: y esto será ofrenda encendida de olor de holganza a Jehová. Y la sobra del presente será de Aarón y de sus hijos, santidad de santidades de las ofrendas encendidas de Jehová. Y cuando ofrecieres ofrenda de presente cocida en horno, serán tortas de flor de harina sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite. Mas si tu presente fuere ofrenda de sartén, será de flor de harina sin levadura amasada con aceite, La cual partirás en piezas, y echarás aceite sobre ella: esto será presente. Y si tu presente fuere ofrenda de cazuela, hacerse ha de flor de harina con aceite. Y traerás a Jehová el presente que se hará de estas cosas, y ofrecerlo has al sacerdote, el cual lo llegará al altar. Y tomará el sacerdote de aquel presente su memorial, y hará perfume sobre el altar; y esto será ofrenda encendida de olor de holganza a Jehová. Y la sobra del presente será de Aarón y de sus hijos, santidad de santidades de las ofrendas encendidas de Jehová. Ningún presente que ofreciereis a Jehová, será con levadura; porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel hareis ofrenda de perfume a Jehová. En la ofrenda de las primicias las ofrecereis a Jehová; mas no subirán sobre el altar por olor de holganza. Y toda ofrenda de tu presente, salarás con sal, y no harás que falte jamás la sal de la alianza de tu Dios de tu presente: en toda ofrenda tuya ofrecerás sal. Y si ofrecieres a Jehová presente de primicias, tostarás al fuego las espigas verdes, y el grano majado ofrecerás por ofrenda de tus primicias. Y pondrás sobre ella aceite, y pondrás también sobre ella incienso, y esto será presente. Y el sacerdote hará el perfume de su memorial de su grano majado, y de su aceite con todo su incienso, y esto será ofrenda encendida a Jehová. Y SI su ofrenda fuere sacrificio de paces; si hubiere de ofrecer el sacrificio de vacas, macho, o hembra, sin tacha lo ofrecerá delante de Jehová. Y pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda, y degollarla ha a la puerta del tabernáculo del testimonio, y los sacerdotes, hijos de Aarón, esparcirán su sangre sobre el altar al derredor. Luego ofrecerá del sacrificio de las paces por ofrenda encendida a Jehová el sebo que cubre los intestinos, y todo el sebo que está sobre los intestinos, Y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y sobre los ijares, y quitará el redaño que está sobre el hígado con los riñones. Y los hijos de Aarón harán de ello perfume sobre el altar con el holocausto que estará sobre la leña que está encima del fuego: y esto será ofrenda de olor de holganza a Jehová. Mas si de ovejas fuere su ofrenda para sacrificio de paces a Jehová, macho o hembra, sin tacha lo ofrecerá. Si ofreciere cordero por su ofrenda, ofrecerlo ha delante de Jehová. Y pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda, y después la degollará delante del tabernáculo del testimonio: y los hijos de Aarón esparcirán su sangre sobre el altar al derredor. Y del sacrificio de las paces ofrecerá por ofrenda encendida a Jehová su sebo, y la cola entera, la cual quitará de delante el espinazo, y el sebo que cubre los intestinos, y todo el sebo que está sobre ellos. Asimismo los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y el que está sobre los ijares, y quitará el redaño de sobre el hígado con los riñones. Y el sacerdote hará de ello perfume sobre el altar; y esto será vianda de ofrenda encendida a Jehová. Mas si cabra fuere su ofrenda, ofrecerla ha delante de Jehová. Y pondrá su mano sobre la cabeza de ella, y degollarla ha delante del tabernáculo del testimonio, y los hijos de Aarón esparcirán su sangre sobre el altar en derredor. Después ofrecerá de ella su ofrenda, por ofrenda encendida a Jehová, el sebo que cubre los intestinos, y todo el sebo que está sobre ellos, Y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y el que está sobre los ijares, y quitará el redaño de sobre el hígado con los riñones. Y el sacerdote hará perfume de ello sobre el altar: y esto será vianda de ofrenda encendida de olor de holganza a Jehová. Todo el sebo es de Jehová. Estatuto perpetuo por vuestras edades en todas vuestras habitaciones: Ningún sebo, ni ninguna sangre comeréis. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, diciendo: cuando alguna persona pecare por yerro en alguno de los mandamientos de Jehová, que no se han de hacer, e hiciere alguno de ellos; Si sacerdote ungido pecare, según el pecado del pueblo, ofrecerá por su pecado, que pecó, un novillo hijo de vaca perfecto a Jehová por expiación. Y traerá el novillo a la puerta del tabernáculo del testimonio delante de Jehová, y pondrá su mano sobre la cabeza del novillo, y degollarlo ha delante de Jehová. Y el sacerdote ungido tomará de la sangre del novillo, y traerla ha al tabernáculo del testimonio. Y mojará el sacerdote su dedo en la sangre, y esparcirá de aquella sangre siete veces delante de Jehová hacia el velo del santuario. Y pondrá el sacerdote de aquesta sangre sobre los cuernos del altar del perfume aromático delante de Jehová, que está en el tabernáculo del testimonio; y toda la otra sangre del novillo echará al cimiento del altar del holocausto, que está a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y todo el sebo del novillo de la expiación tomará de él, el sebo que cubre los intestinos, y todo el sebo que está sobre ellos, Y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y el que está sobre los ijares, y el redaño de sobre el hígado quitará con los riñones, De la manera que se quita del buey del sacrificio de las paces, y hará el sacerdote perfume de ello sobre el altar del holocausto. Y el cuero del novillo, y toda su carne con su cabeza y sus piernas, y sus intestinos y su estiércol; Finalmente todo el novillo sacará fuera del campo a un lugar limpio, a donde se echan las cenizas, y quemarlo ha en fuego sobre la leña: en el lugar donde se echan las cenizas será quemado. Y si toda la multitud de Israel hubiere errado, y el negocio fuere oculto a la congregación, y hubieren hecho alguno de los mandamientos de Jehová, que no se han de hacer, y hubieren pecado: Desde que fuere entendido el pecado sobre que pecaron, entónces la congregación ofrecerá un novillo hijo de vaca por expiación, y traerlo han delante del tabernáculo del testimonio. Y los ancianos de la congregación pondrán sus manos sobre la cabeza del novillo delante de Jehová, y degollarán el novillo delante de Jehová. Y el sacerdote ungido meterá de la sangre del novillo en el tabernáculo del testimonio. Y mojará el sacerdote su dedo en la misma sangre, y esparcirá siete veces delante de Jehová hacia el velo. Y de aquella sangre pondrá sobre los cuernos del altar que está delante de Jehová en el tabernáculo del testimonio, y toda la otra sangre derramará al cimiento del altar del holocausto, que está a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y quitarle ha todo el sebo, y hará del perfume sobre el altar. Y con el novillo hará como hizo del novillo de la expiación así hará de él; y así los expiará el sacerdote, y habrán perdón. Y sacará el novillo fuera del campo, y quemarlo ha como quemó el primer novillo; y esto será expiación de la congregación. Y cuando pecare el príncipe, e hiciere por yerro alguno de todos los mandamientos de Jehová su Dios, que no se han de hacer, y pecare: Desde que le fuere notificado su pecado en que pecó, entónces ofrecerá por su ofrenda un macho de cabrío, macho perfecto; Y pondrá su mano sobre la cabeza, del macho cabrío, y degollarlo ha en el lugar donde se degüella el holocausto delante de Jehová; y esto será expiación. Y tomará el sacerdote con su dedo de la sangre de la expiación, y pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto: y la otra sangre derramará al cimiento del altar del holocausto. Y todo su sebo quemará sobre el altar, como el sebo del sacrificio de las paces: así lo expiará el sacerdote de su pecado, y habrá perdón. Ítem, si alguna persona del pueblo de la tierra pecare por yerro, haciendo alguno de los mandamientos de Jehová, que no se han de hacer, y pecare: Desde que le fuere notorio su pecado que pecó, traerá por su ofrenda una cabra de las cabras, sin tacha, hembra, por su pecado que pecó. Y pondrá su mano sobre la cabeza de la expiación, y degollará la expiación en el lugar del holocausto. Luego tomará el sacerdote en su dedo de su sangre, y pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y toda la otra sangre derramará al cimiento del altar. Y quitarle ha todo su sebo, de la manera que fué quitado el sebo del sacrificio de las paces, y hará perfume el sacerdote sobre el altar en olor de holganza a Jehová; y así le reconciliará el sacerdote, y habrá perdón. Y si trajere cordero para su ofrenda por el pecado, hembra perfecta traerá. Y pondrá su mano sobre la cabeza de la expiación, y degollarla ha por expiación en el lugar donde se degüella el holocausto. Después tomará el sacerdote con su dedo de la sangre de la expiación, y pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto; y toda la otra sangre derramará al cimiento del altar. Y quitarle ha todo su sebo, como fué quitado el sebo del sacrificio de las paces, y hará el sacerdote perfume de ello sobre el altar en ofrenda encendida a Jehová; y así le reconciliará el sacerdote de su pecado, que pecó, y habrá perdón. ÍTEM, cuando alguna persona pecare, que hubiere oido la voz del juramento, y él fuere testigo que vió, o supo, si no lo denunciare, él llevará su pecado. Ítem, la persona que hubiere tocado en cualquiera cosa inmunda, sea cuerpo muerto de bestia inmunda, o cuerpo muerto de animal inmundo, o cuerpo muerto de serpiente inmunda, y ella no lo supiere, será inmunda y habrá pecado. O si tocare hombre inmundo en cualquiera inmundicia suya, de que es inmundo, y no lo supiere, mas lo supiere después, habrá pecado. Ítem, la persona que jurare, pronunciando de labios de hacer mal, o bien en todas las cosas que el hombre pronuncia con juramento, y él no lo supiere, mas después lo entendiere, el que será culpado en una de estas cosas, Y será, que cuando alguno pecare en alguna de estas cosas, confesará aquello en que pecó; Y traerá su expiación a Jehová por su pecado que pecó, una cordera hembra de la manada, o una cabra de las cabras por expiación, y el sacerdote le reconciliará de su pecado. Y si no alcanzáre para un cordero, traerá en expiación por su pecado que pecó, dos tórtolas, o dos palominos a Jehová; el uno para expiación, y el otro para holocausto. Y traerlos ha al sacerdote, el cual ofrecerá primero el que es por expiación, y quitará su cabeza de delante de su cuello, mas no apartará; Y esparcirá de la sangre de la expiación sobre la pared del altar; y lo que sobrare de la sangre esprimirlo ha al cimiento del altar; y esto será expiación. Y del otro hará holocausto conforme al rito; y así le reconciliará el sacerdote de su pecado que pecó, y habrá perdón. Mas si no alcanzare su mano para dos tórtolas, o dos palominos, traerá por su ofrenda por su pecado que pecó, la diezma de un efa de flor de harina por expiación. No pondrá sobre ella aceite, ni pondrá sobre ella incienso, porque es expiación. Mas traerla ha al sacerdote, y el sacerdote tomará de ella su puño lleno para su memorial, y hará perfume sobre el altar sobre las otras ofrendas encendidas a Jehová; y esto será expiación. Y así le reconciliará el sacerdote de su pecado, que pecó, en alguna de estas cosas, y habrá perdon; y será del sacerdote, como el presente. Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Cuando alguna persona hiciere prevaricación, y pecare por yerro en las cosas santificadas a Jehová, traerá por su expiación a Jehová un carnero sin tacha del ganado, conforme a tu estimación, de dos siclos de plata del siclo del santuario, por el pecado. Y lo que hubiere pecado del santuario, pagará, y añadirá sobre ella su quinto, y darlo ha al sacerdote, y el sacerdote le reconciliará con el carnero de la expiación, y habrá perdón. Ítem, Si alguna persona pecare, e hiciere alguno de todos los mandamientos de Jehová, que no se han de hacer, y no lo supiere, y así pecó, llevará su pecado. Y traerá un carnero perfecto de las ovejas, conforme a tu estimación, por expiación, al sacerdote, y el sacerdote la reconciliará, de su yerro que erró sin saber, y habrá perdón. Pecado es, y pecando pecó a Jehová. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Cuando alguna persona pecare, e hiciere prevaricación contra Jehová, y negare a su prójimo lo encomendado, o depuesto en mano, o robó, o que calumnió a su prójimo, O que halló lo perdido, y lo negare, y jurare falso en alguna de todas las cosas en que suele pecar el hombre, Y será que cuando pecare, y ofendiere, volverá el robo que robó, o la calumnia que calumnió, o el deposito, que se le encomendó, o lo perdido que halló, O todo aquello sobre que hubiere jurado falso, y pagarlo ha por entero, y añadirá sobre ello su quinto, para aquel cuyo era, y pagarlo ha el día de su expiación: Y por su expiación traerá a Jehová, un carnero sin tacha de las ovejas conforme a tu estimación, al sacerdote, para la expiación. Y el sacerdote le reconciliará delante de Jehová, y habrá perdón de cualquiera de todas las cosas, en que suele ofender el hombre. Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Manda a Aarón y a sus hijos, diciendo: Esta es la ley del holocausto: Es holocausto, porque es encendido sobre el altar toda la noche hasta la mañana, y el fuego del altar arderá en él. El sacerdote se vestirá su vestidura de lino, y vestirse ha pañetes de lino sobre su carne; y cuando el fuego hubiere consumido el holocausto, él apartará las cenizas de sobre el altar, y ponerlas ha junto al altar. Después desnudarse ha sus vestiduras, y vestirse ha de otras vestiduras, y sacará las cenizas fuera del real al lugar limpio. Y el fuego encendido sobre el altar, no se apagará, mas el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y compondrá sobre él el holocausto, y quemará sobre él los sebos de las paces. El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará. Ítem, esta es la ley del presente: Ofrecerlo han los hijos de Aarón delante de Jehová, delante del altar. Y tomará de él con su puño, de la flor de harina del presente, y de su aceite, y todo el incienso, que estará sobre el presente, y hará perfume sobre el altar en olor de reposo por su memorial a Jehová. Y la resta de ella comerán Aarón y sus hijos, sin levadura se comerá en el lugar santo, en el patio del tabernáculo del testimonio la comerán. No se cocerá con levadura: yo la he dado por su porción de mis ofrendas encendidas, santidad de santidades es como la expiación del pecado y como la expiación de la culpa. Todos los varones de los hijos de Aarón comerán de ella; fuero perpetuo será para vuestras generaciones de las ofrendas encendidas de Jehová: toda cosa que tocare en ellas será santificada. Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Esta será la ofrenda de Aarón y de su hijos, que ofrecerán a Jehová el día que serán ungidos: La diezma de un efa de flor de harina, presente continuo, la mitad a la mañana y la mitad a la tarde. En sarten con aceite será hecha, frita la traerás, los pedazos cocidos del presente ofrecerás a Jehová en olor de holganza. Y el sacerdote ungido en su lugar, de sus hijos, la hará estatuto perpetuo de Jehová, toda se quemará en perfume. Y todo presente de sacerdote será quemado todo, no se comerá. Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Habla a Aarón, y a sus hijos, diciendo: Esta será la ley de la expiación del pecado: En el lugar donde será degollado el holocausto, será degollada la expiación por el pecado delante de Jehová, porque santidad de santidades es. El sacerdote que la ofreciere por expiación, la comerá: en el lugar santo será comida, en el patio del tabernáculo del testimonio: Todo lo que en su carne tocare, será santificado, y si cayere de su sangre sobre el vestido, aquello sobre que cayere, lavarás en el lugar santo. Y el vaso de barro, en que fuere cocida, será quebrado: y si fuere cocida en vaso de metal, será acicalado, y lavado con agua. Todo varón de los sacerdotes la comerá; santidad de santidades es. Y toda expiación de cuya sangre se metiere en el tabernáculo del testimonio para reconciliar en el santuario, no se comerá, con fuego será quemada. ÍTEM, esta será la ley de la expiación de la culpa: Será santidad de santidades. En el lugar donde degollaren el holocausto, degollarán la expiación de la culpa, y esparcirá su sangre sobre el altar en derredor. Y de ella ofrecerá todo su sebo, la cola, y el sebo que cubre los intestinos, Y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y el que está sobre los ijares; y el redaño de sobre el hígado quitará con los riñones. Y el sacerdote hará de ello perfume sobre el altar en ofrenda encendida a Jehová; y esta será expiación de la culpa. Todo varón de los sacerdotes la comerá; será comida en el lugar santo; porque es santidad de santidades. Como la expiación por el pecado así será la expiación de la culpa: una misma ley tendrán, será del sacerdote que habrá hecho la reconciliación con ella. Y el sacerdote que ofreciere holocausto de alguno, el cuero del holocausto que ofreciere, será del sacerdote. Ítem, todo presente que se cociere en horno, y todo el que fuere hecho en sartén, o en cazuela, será del sacerdote que lo ofreciere. Ítem, todo presente amasado con aceite, y seco, será de todos los hijos de Aarón, tanto al uno como al otro, Ítem, esta será la ley del sacrificio de las paces que se ofrecerá a Jehová: Si se ofreciere en hacimiento de gracias, ofrecerá por sacrificio de hacimiento de gracias tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untados con aceite, y flor de harina frita en tortas amasadas con aceite. Con tortas de pan leudo ofrecerá su ofrenda en el sacrificio del hacimiento de gracias de sus paces. Y de toda la ofrenda ofrecerá uno por ofrenda a Jehová: del sacerdote que esparciere la sangre de los pacíficos, de él será. Mas la carne del sacrificio del hacimiento de gracias de sus pacíficos el día que se ofreciere, se comerá: no dejarán de ella nada para otro día. Mas si el sacrificio de su ofrenda fuere voto, o voluntario, el día que ofreciere su sacrificio será comido, y lo que de él quedare, comerse ha el día siguiente. Y lo que quedare para el tercero día de la carne del sacrificio, será quemado en el fuego. Y si se comiere algo de la carne del sacrificio de sus paces el tercero día, el que lo ofreciere no será acepto, ni le será contado: abominación será, y la persona que de él comiere, llevará su pecado. Y la carne que tocare a alguna cosa inmunda, no se comerá: será quemada en fuego: mas cualquiera limpio comerá de aquesta carne. Y la persona que comiere la carne del sacrificio de paces, el cual es de Jehová, estando inmundo, aquella persona será cortada de sus pueblos. Ítem, la persona que tocare alguna cosa inmunda, en inmundicia de hombre, o en animal inmundo, o en toda abominación inmunda, y comiere de la carne del sacrificio de las paces, el cual es de Jehová, aquella persona será cortada de sus pueblos. Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, diciendo: Ningún sebo de buey, ni de cordero, ni de cabra, comeréis. El sebo de animal mortecino, y el sebo del arrebatado se aparejará para todo uso, mas no lo comeréis. Porque cualquiera que comiere sebo de animal, del cual se ofrece a Jehová ofrenda encendida, la persona que lo comiere, será cortada de sus pueblos. Ítem, ninguna sangre comeréis en todas vuestras habitaciones, así de aves como de bestias. Cualquiera persona que comiere alguna sangre, la tal persona será cortada de sus pueblos. Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, diciendo: El que ofreciere sacrificio de sus paces a Jehová, traerá su ofrenda del sacrificio de sus paces a Jehová; Sus manos traerán las ofrendas encendidas a Jehová: traerá el sebo con el pecho: el pecho para mecerlo de mecedura delante de Jehová: Y del sebo hará perfume el sacerdote en el altar; y el pecho será de Aarón, y de sus hijos. Y la espalda derecha daréis de los sacrificios de vuestras paces para ser apartada, para el sacerdote. El que de los hijos de Aarón ofreciere la sangre de las paces, y el sebo, de él será la espalda derecha en porción. Porque el pecho de la mecedura, y la espalda de la apartadura yo lo he tomado de los hijos de Israel, de los sacrificios de sus paces, y lo he dado a Aarón el sacerdote, y a sus hijos, por estatuto perpetuo de los hijos de Israel. Esta es la unción de Aarón, y la unción de sus hijos, de las ofrendas encendidas a Jehová desde el día que él los llegó para ser sacerdotes de Jehová. Las cuales porciones mandó Jehová que les diesen, desde el día que él los ungió de entre los hijos de Israel por estatuto perpetuo por sus generaciones. Esta es la ley del holocausto, del presente, de la expiación, por el pecado, y de la expiación de la culpa, y de las consagraciones, y del sacrificio de las paces. La cual mandó Jehová a Moisés en el monte de Sinaí, el día que mandó a los hijos de Israel que ofreciesen sus ofrendas a Jehová en el desierto de Sinaí. HABLÓ más Jehová a Moisés, diciendo: Toma a Aarón, y a sus hijos con él, y las vestiduras, y el aceite de la unción, y el novillo de la expiación, y los dos carneros, y el canastillo de los panes cenceños. Y junta toda la congregación a la puerta del tabernáculo del testimonio. E hizo Moisés como Jehová le mandó: y la congregación se juntó a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y dijo Moisés a la congregación: Esto es lo que Jehová ha mandado hacer. Entónces Moisés hizo llegar a Aarón, y a sus hijos, y lavólos con agua. Y puso sobre él la túnica, y ciñóle con el cinto, después vistióle el manto, y puso sobre él el efod, y ciñóle con el cinto del efod, y apretóle con él. Y púsole encima el pectoral, y puso en el pectoral el Urim y Tumim. Después puso la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra delante de su rostro puso la plancha de oro, la corona de la santidad, como Jehová había mandado a Moisés. Y tomó Moisés el aceite de la unción, y ungió el tabernáculo, y todas las cosas que estaban en él, y santificólas. Y esparció de él sobre el altar siete veces, y ungió el altar, y todos sus vasos, y la fuente y su basa, para santificarlas. Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y ungióle para santificarle. Después Moisés hizo llegar los hijos de Aarón, y vistióles las túnicas, y ciñóles con cintos, y apretóles los chapeos, como Jehová lo había mandado a Moisés. E hizo llegar el novillo de la expiación, y puso Aarón y sus hijos sus manos sobre la cabeza del novillo de la expiación: Y degollólo, y Moisés tomó la sangre, y puso con su dedo sobre los cuernos del altar al derredor, y expió el altar, y echó la otra sangre al cimiento del altar, y santificólo para reconciliar sobre él. Después tomó todo el sebo que estaba sobre los intestinos, y el redaño del hígado, y los dos riñones, y el sebo de ellos, e hizo Moisés perfume sobre el altar. Mas el novillo, y su cuero, y su carne, y su estiércol quemó con fuego fuera del real, como Jehová lo había mandado a Moisés. Después hizo llegar el carnero del holocausto; y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero. Y lo degolló, y esparció Moisés la sangre sobre el altar en derredor. Y cortó el carnero, en sus piezas; y Moisés hizo perfume de la cabeza, y piezas, y sebo. Y lavó en agua los intestinos y piernas; y quemó Moisés todo el carnero sobre el altar: holocausto es en olor de holganza, ofrenda encendida a Jehová, como Jehová lo había mandado a Moisés. Después hizo llegar el otro carnero, el carnero de las consagraciones; y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero: Y lo degolló, y tomó Moisés de su sangre, y puso sobre la ternilla de la oreja derecha de Aarón, y sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pié derecho. E hizo llegar los hijos de Aarón, y puso Moisés de la sangre sobre la ternilla de sus orejas derechas, y sobre los pulgares de sus manos derechas, y sobre los pulgares de sus piés derechos: y esparció Moisés la otra sangre sobre el altar en derredor. Después tomó el sebo, y la cola, y todo el sebo que estaba sobre los intestinos, y el redaño del hígado, y los dos riñones y el sebo de ellos, y la espalda derecha. Y del canastillo de los panes cenceños, que estaban delante de Jehová, tomó una torta sin levadura, y una torta de pan de aceite, y una hojaldre, y púsolo con el sebo, y con la espalda derecha. Y púsolo todo en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos, e hízolo mecer en mecedura delante de Jehová. Después tomó aquellas cosas Moisés de las manos de ellos, e hizo perfume en el altar sobre el holocausto: son las consagraciones en olor de holganza, ofrenda encendida a Jehová. Y tomó Moisés el pecho, y meciólo en mecedura delante de Jehová: del carnero de las consagraciones aquella fué la parte de Moisés, como Jehová lo había mandado al mismo Moisés. Luego tomó Moisés del aceite de la unción, y de la sangre, que estaba sobre el altar, y esparció sobre Aarón, sobre sus vestiduras, y sobre sus hijos, y sobre las vestiduras de sus hijos con él: y santificó a Aarón y a sus vestiduras, y a sus hijos, y a las vestiduras de sus hijos con él. Y dijo Moisés a Aarón, y a sus hijos: Cocéd la carne a la puerta del tabernáculo del testimonio, y comédla allí con el pan, que está en el canastillo de las consagraciones, como yo he mandado, diciendo: Aarón y sus hijos la comerán. Y lo que sobrare de la carne y del pan, quemarlo heis con fuego. De la puerta del tabernáculo del testimonio no saldréis en siete dias, hasta el día que se cumplieren los dias de vuestras consagraciones: porque por siete dias seréis consagrados. De la manera que hoy se ha hecho, mandó hacer Jehová para expiaros. Y a la puerta del tabernáculo del testimonio estaréis día y noche por siete dias, y haréis la guarda delante de Jehová, y no moriréis, porque así me ha sido mandado. E hizo Aarón y sus hijos todas las cosas que mandó Jehová por mano de Moisés. Y FUÉ en el día octavo que Moi- ses llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel; Y dijo a Aaron: Tómate un becerro, hijo de vaca, para expiación; y un carnero para holocausto, sin tacha, y ofrécelos delante de Jehová. Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Tomád un macho de cabrió para expiación, y un becerro, y un cordero de un año perfectos para holocausto: Asimismo un buey, y un carnero para sacrificio de paces, que sacrifiqueis delante de Jehová, y un presente amasado en aceite, porque Jehová se apareció hoy a vosotros. Y tomaron lo que mandó Moisés delante del tabernáculo del testimonio, y llegóse toda la congregación, y pusiéronse delante de Jehová. Entónces Moisés dijo: Esto es lo que mandó Jehová que hagáis, y la gloria de Jehová se os aparecerá. Y dijo Moisés a Aaron: Llégate al altar, y haz tu expiación, y tu holocausto: y haz la reconciliación por tí y por el pueblo: y haz la ofrenda del pueblo, y haz la reconciliación por ellos, como ha mandado Jehová. Entónces llegóse Aarón al altar, y degolló su becerro de la expiación que era por él. Y los hijos de Aarón le llegaron la sangre, y él mojó su dedo en la sangre, y puso sobre los cuernos del altar: y la otra sangre derramó al cimiento del altar. Y del sebo, y riñones, y redaño del hígado de la expiación hizo perfume sobre el altar; como Jehová lo había mandado a Moisés. Mas la carne y cuero quemó en fuego fuera del real. Degolló asimismo el holocausto, y los hijos de Aarón le llegaron la sangre, la cual él esparció sobre el altar al derredor. Después le llegaron el holocausto por sus piezas, y la cabeza; y él hizo perfume sobre el altar. Después lavó los intestinos, y las piernas, y quemólo con el holocausto sobre el altar. Ofreció también la ofrenda del pueblo, y tomó el macho cabrió de la expiación, que era del pueblo, y degollólo, y limpiólo como al primero. Y ofreció el holocausto, e hizo según el rito. Ofreció también el presente, e hinchió su mano de él, e hizo perfume sobre el altar allende del holocausto de la mañana. Degolló asimismo el buey y el carnero, que era del pueblo, en sacrificio de paces: y los hijos de Aarón le llegaron la sangre, la cual él esparció sobre el altar al derredor. Y los sebos del buey, y del carnero, la cola, y la cubierta, y los riñones, y el redaño del hígado. Y pusieron los sebos sobre los pechos, y él quemó los sebos sobre el altar. Empero los pechos y la espalda derecha meció Aarón con mecimiento delante de Jehová, como Jehová lo había mandado a Moisés. Después Aarón alzó sus manos al pueblo y bendíjolos: y descendió de hacer la expiación, y el holocausto, y el sacrificio de las paces. Y vinieron Moisés y Aarón al tabernáculo del testimonio, y salieron, y bendijeron al pueblo: y la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo. Y salió fuego de delante de Jehová, el cual consumio el holocausto y los sebos sobre el altar; y viendolo todo el pueblo alabaron, y cayeron sobre sus faces. Y LOS hijos de Aarón, Nadab y Abiú tomaron cada uno su incensario, y pusieron fuego en ellos, sobre el cual pusieron perfume, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Entónces salió fuego de delante de Jehová, que los quemó, y murieron delante de Jehová. Entónces dijo Moisés a Aaron: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En mis allegados me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló. Y llamó Moisés a Misael, y a Elisafán, hijos de Oziel, tio de Aarón, y díjoles: Llegáos y sacád a vuestros hermanos de delante del santuario fuera del campo. Y ellos llegaron, y sacáronlos con sus túnicas fuera del campo, como dijo Moisés. Entónces Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar, y a Itamar, sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rompáis vuestros vestidos, y no moriréis ni se airará sobre toda la congregación: empero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, lamentarán el incendio que Jehová ha hecho. Ni saldréis de la puerta del tabernáculo del testimonio, porque moriréis: por cuanto el aceite de la unción de Jehová está sobre vosotros. Y ellos hicieron conforme al dicho de Moisés. Y Jehová habló a Aarón, diciendo: Tú y tus hijos contigo no beberéis vino ni sidra, cuando hubiéreis de entrar en el tabernáculo del testimonio, y no moriréis: estatuto perpetuo será por vuestras generaciones. Y esto para hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio; Y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos, que Jehová les ha dicho por mano de Moisés. Y Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar, y a Itamar, sus hijos, que habían quedado: Tomád el presente que queda de las ofrendas encendidas a Jehová y comédlo sin levadura junto al altar, porque es santidad de santidades. Por tanto comerlo heis en el lugar santo, porque esto será fuero para tí, y fuero para tus hijos de las ofrendas encendidas a Jehová; porque así me ha sido mandado. Y el pecho de la mecedura, y la espalda del alzamiento comeréis en lugar limpio, tú y tus hijos y tus hijas contigo; porque por fuero para tí, y fuero para tus hijos son dados de los sacrificios de las paces de los hijos de Israel. La espalda del alzamiento, y el pecho de la mecedura con las ofrendas encendidas de los sebos traerán para que lo mezas con mecedura delante de Jehová: y será fuero perpetuo tuyo, y de tus hijos contigo, como Jehová lo ha mandado. Y Moisés demandó el macho cabrío de la expiación, y hallóse que era quemado; y enojóse contra Eleazar e Itamar, los hijos de Aarón, que habían quedado, diciendo: ¿Por qué no comisteis la expiación en lugar santo? porque es santidad de santidades; y él la dió a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación para que sean reconciliados delante de Jehová. Veis que su sangre no fué metida en el santuario de adentro: habíaisla de comer en el santuario, como yo mandé. Y respondió Aarón a Moisés: He aquí, hoy han ofrecido su expiación, y su holocausto delante de Jehová, con todo eso me han acontecido estas cosas; pues si comiera la expiación hoy, ¿fuera acepto a Jehová? Y oyó Moisés esto, y aceptólo. Y HABLÓ Jehová a Moisés, y a Aarón, diciéndoles: Hablád a los hijos de Israel, diciendo: Estos son los animales, que comeréis de todos los animales que están sobre la tierra: Todo animal de pesuño, y que tiene los pesuños hendidos, y que rumia, de entre los animales, este comeréis. Estos empero no comeréis de los que rumian, y de los que tienen pesuño: El camello; porque rumia, mas no tiene pesuño, tenerlo heis por inmundo. Ítem, el conejo; porque rumia, mas no tiene pesuño, tenerlo heis por inmundo. Ítem, la liebre; porque rumia, mas no tiene pesuño, tenerla heis por inmunda. También el puerco; porque tiene pesuño, y es de pesuños hendidos, mas no rumia, tenerlo heis por inmundo. De la carne de ellos no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto, tenerlos heis por inmundos. Esto comeréis de todas las cosas que están en las aguas: Todas las cosas que tienen alas y escamas en las aguas de la mar, y en los ríos, aquellas comeréis. Mas todas las cosas que no tienen alas, ni escamas, en la mar, y en los ríos, así de todo reptil de agua, como de toda cosa viviente que está en las aguas, tenerlas heis en abominación. Y seros han en abominación: de su carne no comeréis, y sus cuerpos muertos abominaréis. Todo lo que no tuviere alas y escamas en las aguas tendréis en abominación. Ítem, de las aves, estas tendréis en abominación, no se comerán, abominación serán: El águila, el azor, el esmerejón, El milano, y el buitre según su especie, Todo cuervo según su especie, El avestruz, y el mochuelo, y la garceta, y el gavilán según su especie, Y el halcón, y la gaviota, y la lechuza, Y el calamón, y el cisne, y el pelícano, Y la cigüeña, y el cuervo marino, según su especie, y la abubilla, y el murciélago. Todo reptil de ave que anduviere sobre cuatro piés tendréis en abominación. Empero esto comeréis de todo reptil de aves que anda sobre cuatro piés que tuviere piernas allende de sus piés, para saltar con ellas sobre la tierra. Estos comeréis de ellos: La langosta según su especie, y el langostín según su especie, y el haregol según su especie, y el hahgab según su especie. Todo otro reptil de aves, que tenga cuatro piés, tendréis en abominación. Y por estas cosas seréis inmundos: Cualquiera que tocare a sus cuerpos muertos, será inmundo hasta la tarde. Ítem, cualquiera que llevare sus cuerpos muertos, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la tarde. Todo animal de pesuño, mas que no tiene el pesuño hendido, ni rumia, tendréis por inmundo: cualquiera que los tocare, será inmundo. Y cualquiera que anda sobre sus palmas de todos los animales que andan a cuatro piés, tendréis por inmundo: cualquiera que tocare sus cuerpos muertos, será inmundo hasta la tarde. Y el que llevare sus cuerpos muertos, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la tarde : tenerlos heis por inmundos. Ítem, estos tendréis por inmundos de los reptiles que van arrastrando sobre la tierra: La comadreja, y el ratón, y la rana según su especie, Y el erizo, y el lagarto, y el caracol, y la babosa, y el topo. Estos tendréis por inmundos de todos los reptiles: cualquiera que los tocare, cuando fueren muertos, será inmundo hasta la tarde. Y todo aquello sobre que cayere alguna cosa de ellos después de muertos, será inmundo, así vaso de madera, como vestido, o piel, o saco: cualquiera instrumento con que se hace obra, será metido en agua, y será inmundo hasta la tarde, y así será limpio. Ítem, todo vaso de barro dentro del cual cayere algo de ellos, todo lo que estuviere en él, será inmundo, y el vaso quebraréis. Toda vianda que se come, sobre la cual viniere el agua, será inmunda: y toda bebida que se bebiere, en todo vaso será inmunda. Y todo aquello, sobre que cayere algo de su cuerpo muerto, será inmundo. El horno y la chimenea serán derribados: inmundos son, y por inmundos los tendréis. Empero la fuente, o la cisterna donde se recojen aguas, serán limpias: mas lo que hubiere tocado en sus cuerpos muertos, será inmundo. Ítem, si cayere algo de sus cuerpos muertos sobre alguna simiente sembrada, que estuviere sembrada, será limpia. Mas si hubiere puesta agua sobre la simiente, y cayere algo de sus cuerpos muertos sobre ella, tenerla heis por inmunda. Ítem, si algún animal que tuviereis para comer, se muriere, el que tocare su cuerpo muerto, será inmundo hasta la tarde. Y el que comiere de su cuerpo muerto, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la tarde: asimismo el que sacare su cuerpo muerto, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la tarde. Ítem, todo reptil que va arrastrando sobre la tierra, abominación es, no se comerá. Todo lo que anda sobre el pecho, y todo lo que anda sobre cuatro, o más piés, de todo reptil, que anda arrastrando sobre la tierra, no comeréis, porque son abominación. No ensucieis vuestras almas en ningún reptil, que anda arrastrando, ni os contaminéis en ellos, ni seais inmundos por ellos. Porque yo soy Jehová vuestro Dios: por tanto vosotros os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo: y no ensucieis vuestras almas en ningún reptil, que anduviere arrastrando sobre la tierra. Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para seros por Dios. Seréis pues santos, porque yo soy santo. Esta es la ley de los animales, y de las aves, y de toda cosa viva, que se mueve en las aguas, y de toda cosa que anda arrastrando sobre la tierra. Para hacer diferencia entre inmundo y limpio; y entre los animales que se pueden comer, y los animales que no se pueden comer. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, diciendo: La mujer cuando concibiere, y pariere varón, será inmunda siete dias: conforme a los dias del apartamiento de su menstruo será inmunda. Y al octavo día circuncidará la carne de su prepucio. Y treinta y tres dias estará en las sangres de su purgación: ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario, hasta que sean cumplidos los dias de su purgación. Y si pariere hembra, será inmunda dos semanas, conforme a su apartamiento, y sesenta y seis dias estará en las sangres de su purificación. Y desde que los dias de su purgación fueren cumplidos, por hijo, o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto; y un palomino, o una tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo del testimonio, al sacerdote. Y ofrecerlo ha delante de Jehová, y reconciliarla ha, y será limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley de la que pariere macho, o hembra. Y si no alcanzare su mano asaz para cordero, entónces tomará dos tórtolas, o dos palominos, uno para holocausto, y otro para expiación: y reconciliarla ha el sacerdote, y será limpia. Y HABLÓ Jehová a Moisés, y a Aarón, diciendo: El hombre, cuando hubiere en el cútis de su carne hinchazón, o postilla, o mancha blanca, que hubiere en el cútis de su carne como llaga de lepra, será traido a Aarón el sacerdote, o a uno de los sacerdotes sus hijos. Y el sacerdote mirará la llaga en el cútis de la carne: si el pelo en la llaga se volvió blanco, y la llaga pareciere más profunda que la tez de la carne, llaga de lepra es; y el sacerdote lo mirará, y le dará por inmundo. Y si en el cútis de su carne hubiere mancha blanca, mas no pareciere más profunda que la tez, ni su pelo se hubiere vuelto blanco, entónces el sacerdote encerará al llagado siete dias. Y al séptimo día el sacerdote lo mirará: y si la llaga a su parecer, hubiere estancado, que la llaga no hubiere crecido en el cútis, entónces el sacerdote le encerrará por siete dias la segunda vez. Después el sacerdote la mirará al séptimo día la segunda vez; y si parece haberse oscurecido la llaga, y que no ha crecido la llaga en el cútis, entónces el sacerdote le dará por limpio: postilla era, y lavará sus vestidos, y será limpio. Mas si creciendo hubiere crecido la postilla en el cútis después que fué mostrado al sacerdote para ser limpio, será mirado otra vez del sacerdote: Y el sacerdote lo mirará, y si la postilla hubiere crecido en el cútis, el sacerdote le dará por inmundo, lepra es. Cuando hubiere llaga de lepra en el hombre, será traido al sacerdote; Y el sacerdote mirará, y si pareciere hinchazón blanca en el cútis, la cual haya vuelto el pelo blanco, y hubiere sanidad de carne viva en la hinchazón, Lepra es envejecida en el cútis de su carne, y darle ha por inmundo el sacerdote, y no le encerrará, porque es inmundo. Mas si la lepra hubiere reverdecido en el cútis, y la lepra cubriere todo el cútis del llagado desde su cabeza hasta sus piés a toda vista de ojos del sacerdote, Entónces el sacerdote mirará, y si la lepra hubiere cubierto toda su carne, dará por limpio al llagado: todo es vuelto blanco: limpio es. Mas el día que pareciere en él la carne viva, será inmundo. Y el sacerdote mirará la carne viva, y darle ha por inmundo. ¿Carne viva es? inmundo es: lepra es. Mas cuando la carne viva tornare, y se volviere blanca, entónces vendrá al sacerdote; Y el sacerdote mirará, y si la llaga se hubiere tornado blanca, el sacerdote dará la llaga por limpia, y él será limpio. Y la carne cuando hubiere en ella, en su cútis alguna apostema, y se sanare. Y sucediere en el lugar de la apostema hinchazón blanca, o mancha blanca en bermejecida, será mostrado al sacerdote. Y el sacerdote mirará, y si pareciere estar más baja que su tez, y su pelo se hubiere vuelto blanco, el sacerdote le dará por inmundo: llaga de lepra es, que reverdeció en la apostema. Y si el sacerdote la considerare, y no pareciere en ella pelo blanco, ni estuviere más baja que la tez, ántes estuviere oscura, entónces el sacerdote le encerrará por siete dias. Y si se fuere extendiendo por el cútis, entónces el sacerdote le dará por inmundo: llaga es. Empero si la mancha blanca se estuviere en su lugar, que no haya crecido, quemadura de la apostema es: y el sacerdote le dará por limpio. Ítem, la carne cuando en su cútis hubiere quemadura de fuego, y hubiere en la sanadura del fuego mancha blanca, bermeja, o blanca. El sacerdote la mirará, y si el pelo se hubiere vuelto blanco en la mancha, y pareciere estar más profunda que la tez, lepra es que reverdeció en la quemadura, y el sacerdote le dará por inmundo: llaga de lepra es. Mas si el sacerdote la mirare, y no pareciere en la mancha pelo blanco, ni estuviere más baja que la tez, ántes estuviere oscura, encerrarle ha el sacerdote siete dias: Y al séptimo día el sacerdote la mirará: si se hubiere ido extendiendo por el cútis, el sacerdote le dará por inmundo: llaga de lepra es. Empero si la mancha se estuviere en su lugar y no se hubiere extendido en el cútis, ántes estuviere oscura, hinchazón es de la quemadura: el sacerdote le dará por limpio, que señal de la quemadura es. Ítem, cualquier hombre o mujer que le saliere llaga en la cabeza, o en la barba, El sacerdote mirará la llaga, y si pareciere estar más profunda que la tez, y el pelo en ella fuere rubio, delgado, entónces el sacerdote le dará por inmundo: tiña es, lepra es de la cabeza o de la barba. Mas cuando el sacerdote hubiere mirado la llaga de la tiña, y no pareciere estar más profunda que la tez, ni fuere en ella el pelo negro, el sacerdote encerrará al llagado de la tiña siete dias: Y al séptimo día el sacerdote mirará la llaga, y si la tiña no pareciere haberse extendido, ni hubiere en ella pelo rubio, ni pareciere la tiña más profunda que la tez, Entónces trasquilarle han, mas no trasquilarán la tiña: y encerrará el sacerdote al que tiene la tiña por siete dias la segunda vez. Y al séptimo día mirará el sacerdote la tiña, y si la tiña no hubiere crecido en el cútis, ni pareciere estar más profunda que la tez, el sacerdote le dará por limpio, y lavará sus vestidos, y será limpio. Empero si la tiña se hubiere ido extendiendo en el cútis después de su purificación, Entónces el sacerdote la mirará, y si la tiña hubiere crecido en el cútis, no busque el sacerdote el pelo rubio; inmundo es. Mas si le pareciere que la tiña se está en su lugar, y que ha salido en ella el pelo negro, la tiña es sana, él será limpio, y el sacerdote le dará por limpio. Ítem, cualquier hombre o mujer, cuando en el cútis de su carne hubiere manchas, manchas blancas, El sacerdote mirará, y si en el cútis de su carne parecieren manchas oscuras blancas, empeine es que reverdeció en el cútis; limpio es. Ítem, el varón cuando se le pelare la cabeza, calvo es, limpio es. Y si a la parte de su rostro se le pelare la cabeza, antecalvo es, limpio es. Mas cuando en la calva o en la antecalva hubiere llaga blanca bermeja, lepra es que reverdece en su calva o en su antecalva. Entónces el sacerdote lo mirará, y si pareciere la hinchazón de la llaga blanca bermeja, en su calva o antecalva, como el parecer de la lepra de la tez de la carne, Leproso es, inmundo es, el sacerdote le dará luego por inmundo: en su cabeza tiene su llaga. Y el leproso en quien hubiere tal llaga, sus vestidos serán rompidos, y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: Inmundo, inmundo, Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo, inmundo será: habitará solo, su morada será fuera del real. Ítem, cuando en el vestido hubiere llaga de lepra, en vestido de lana, o en vestido de lino, O en estambre, o en trama de lino, o de lana, o en piel, o en cualquiera obra de piel; Y que la llaga sea verde, o bermeja, en vestido, o en piel, o en estambre, o en trama, o en cualquiera obra de piel; llaga de lepra es, mostrarse ha al sacerdote: Y el sacerdote mirará la llaga, y encerrará la cosa llagada siete dias: Y al séptimo día mirará la llaga: y si la llaga hubiere crecido en el vestido, o estambre, o en la trama, o en piel, o en cualquiera obra que se hace de pieles, lepra roedora es la tal llaga: inmunda será. Será quemado el vestido, o estambre, o trama de lana, o de lino, o cualquiera obra de pieles, en que hubiere tal llaga; porque lepra roedora es, en fuego será quemada. Y si el sacerdote mirare, y no pareciere que la llaga se haya extendido en el vestido, o estambre, o en la trama, o en cualquiera obra de pieles, Entónces el sacerdote mandará que laven donde la llaga está, y encerrarle ha por siete dias la segunda vez. Y el sacerdote mirará después que la llaga fuere lavada, y si pareciere que la llaga no ha mudado su parecer, ni la llaga ha crecido, inmunda es, quemarla has en fuego: llaga es penetrante en su calva o en su antecalva. Mas si el sacerdote la viere, y pareciere que la llaga se ha oscurecido después que fué lavada, cortarla ha del vestido o de la piel, o del estambre, o de la trama: Y si más pareciere en el vestido, o estambre, o trama, o en cualquiera alhaja de pieles reverdeciendo en ella, quemarlo has en el fuego aquello donde hubiere tal llaga. Empero el vestido, o estambre, o trama, o cualquiera cosa de piel, que lavares, y que la llaga se le quitare, lavarse ha segunda vez, y entónces será limpia. Esta es la ley de la llaga de la lepra del vestido de lana, o de lino, o del estambre, o de la trama, o de cualquiera cosa de piel, para que sea dado por limpio, o por inmundo. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Esta será la ley del leproso cuando se limpiáre: Será traido al sacerdote: Y el sacerdote, saldrá fuera del real: y mirará el sacerdote, y verá, como es sana la llaga de la lepra del leproso: Y mandará el sacerdote, que se tomen para el que se limpia dos avecillas vivas, limpias, y palo de cedro, y grana, y hisopo. Y mandará el sacerdote matar la una avecilla en un vaso de barro, sobre aguas vivas: Y tomará el avecilla viva, y el palo de cedro, y la grana, y el hisopo, y mojarlo ha con el avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas vivas. Y esparcirá sobre el que se limpia de la lepra siete veces, y darle ha por limpio: y soltará al avecilla viva sobre la haz del campo. Y el que se limpia, lavará sus vestidos y raerá todos sus pelos, y lavarse ha con agua, y será limpio: y después entrará en el real, y morará fuera de su tienda siete dias. Y será, que al séptimo día raerá todos sus pelos, su cabeza, y su barba, y las cejas de sus ojos: finalmente raerá todo su pelo, y lavará sus vestidos, y lavará su carne en aguas, y será limpio. Y el día octavo tomará dos corderos perfectos, y una cordera de un año sin tacha, y tres décimas de flor de harina para presente amasada con aceite, y un log de aceite. Y el sacerdote que limpia, presentará al que se ha de limpiar con aquellas cosas delante de Jehová a la puerta del tabernáculo del testimonio; Y tomará el sacerdote el un cordero, y ofrecerlo ha por expiación de la culpa con el log de aceite, y mecerlo ha todo con mecedura delante de Jehová. Y degollará al cordero en el lugar donde degüellan la expiación por el pecado, y el holocausto en el lugar del santuario, porque como la expiación por el pecado, así también la expiación por la culpa es del sacerdote: santidad de santidades es. Y tomará el sacerdote de la sangre de la expiación por la culpa, y pondrá el sacerdote sobre la ternilla de la oreja derecha del que se limpia, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pié derecho. Asimismo tomará el sacerdote del log de aceite, y echará sobre la palma de su mano izquierda; Y mojará su dedo derecho en el aceite, que tiene en su mano izquierda, y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante de Jehová: Y de lo que quedare del aceite que tiene en su mano, pondrá el sacerdote sobre la ternilla de la oreja derecha del que se limpia, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pié derecho sobre la sangre de la expiación por la culpa: Y lo que quedare del aceite que tiene en su mano, pondrá sobre la cabeza del que se limpia, y así le reconciliará el sacerdote delante de Jehová. Y hará el sacerdote la expiación y limpiará al que se limpia de su inmundicia, y después degollará el holocausto: Y hará subir el sacerdote el holocausto, y el presente sobre el altar, y así le reconciliará el sacerdote, y será limpio. Mas si fuere pobre, que no alcanzare su mano, entónces tomará un cordero para expiación por la culpa para la mecedura para reconciliarse; y una décima de flor de harina amasada con aceite para presente, y un log de aceite; Y dos tórtolas, o dos palominos, lo que alcanzare su mano; y el uno será para expiación por el pecado, y el otro para holocausto: Las cuales cosas traerá al octavo día de su purificación al sacerdote a la puerta del tabernáculo del testimonio delante de Jehová. Y el sacerdote tomará el cordero de la expiación por la culpa, y el log de aceite, y mecerlo ha el sacerdote con mecedura delante de Jehová. Y degollara el cordero de la expiación por la culpa, y tomará el sacerdote de la sangre de la expiación por la culpa, y pondrá sobre la ternilla de la oreja derecha del que se limpia, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pié derecho. Y el sacerdote echará del aceite sobre la palma de su mano izquierda. Y esparcirá el sacerdote con su dedo derecho del aceite, que tiene en su mano izquierda siete veces delante de Jehová. Y el sacerdote pondrá del aceite, que tiene en su mano sobre la ternilla de la oreja derecha del que se limpia, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pié derecho en el lugar de la sangre de la expiación por la culpa. Y lo que sobrare del aceite que el sacerdote tiene en su mano, ponerlo ha sobre la cabeza del que se limpia para reconciliarle delante de Jehová. Asimismo ofrecerá la una de las tórtolas, o de los palominos, lo que alcanzare su mano. El uno de lo que alcanzare su mano, expiación por el pecado, y el otro en holocausto allende del presente, y así reconciliará el sacerdote al que se ha de limpiar delante de Jehová. Esta es la ley del que hubiere tenido llaga de lepra, cuya mano no alcanzare para limpiarse. Y habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: Cuando hubieréis entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión, y yo pusiere llaga de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión, Vendrá aquel cuya fuera la casa, y dará aviso al sacerdote, diciendo: Como llaga ha aparecido en mi casa. Entónces mandará el sacerdote, y limpiarán la casa ántes que el sacerdote entre a mirar la llaga, porque no sea contaminado todo lo que estuviere en la casa: y después el sacerdote entrará a mirar la casa: Y mirará la llaga; y si parecieren llagas en las paredes de la casa verdes, profundas, o bermejas, las cuales parecieren más hondas que la haz de la pared, El sacerdote saldrá de la casa a la puerta de la casa, y cerrará la casa por siete dias. Y al séptimo día volverá el sacerdote, y mirará: y si la llaga hubiere crecido en las paredes de la casa, Entónces mandará el sacerdote, y arrancarán las piedras en las cuales estuviere la llaga, y echarlas han fuera de la ciudad en el lugar inmundo: Y hará descortezar la casa por de dentro al derredor, y el polvo, que descortezaren, derramarán fuera de la ciudad en el lugar inmundo. Y tomarán otras piedras, y ponerlas han en el lugar de las piedras, y tomarán otra tierra y embarrarán la casa. Y si la llaga volviere a reverdecer en aquella casa, después que hizo arrancar las piedras, y descortezar la casa, y después que fué embarrada, Entónces el sacerdote entrará, y mirará, y si pareciere haberse extendido la llaga en la casa, lepra roedora está en la tal casa; inmunda es. Entónces derribará la casa, sus piedras, y sus maderos, y todo el polvo de la casa; y sacarlo ha todo fuera de la ciudad a el lugar inmundo. Y cualquiera que entrare en la tal casa en todos los dias que la mandó cerrar, será inmundo hasta la tarde. Y el que durmiere en la tal casa, lavará sus vestidos. Y el que comiere en la tal casa lavará sus vestidos. Mas si entrare el sacerdote, y mirare, y viere que la llaga no se ha extendido en la casa después que fué embarrada, el sacerdote dará la casa por limpia, porque la llaga sanó. Y tomará para limpiar la casa dos avecillas, y palo de cedro, y grana, e hisopo; Y degollará la una avecilla en un vaso de barro sobre aguas vivas; Y tomará el palo de cedro, y el hisopo, y la grana, y el avecilla viva, y mojarlo ha todo en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas vivas, y rociará la casa siete veces: Y limpiará la casa con la sangre del avecilla, y con las aguas vivas, y con el avecilla viva, y el palo de cedro, y el hisopo, y la grana. Y soltará la avecilla viva fuera de la ciudad sobre la haz del campo, y así reconciliará la casa, y será limpia. Esta es la ley de toda plaga de lepra, y de la tiña, Y de la lepra del vestido, y de la casa, Y de la hinchazón, y de la postilla, y de la mancha blanca; Para enseñar cuando es inmundo, y cuando es limpio: Esta es la ley de la lepra. Y HABLÓ Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: Hablád a los hijos de Israel y decídles: Cualquier varón, cuando su simiente manare de su carne, será inmundo. Y esta será su inmundicia en su flujo: Si su carne distiló por causa de su flujo, o si su carne se cerró por causa de su flujo, él será inmundo. Toda cama en que se acostare el que tuviere flujo, será inmunda: y toda cosa sobre que se sentare, será inmunda. Y cualquiera que tocare a su cama, lavará sus vestidos, y a sí se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. Y el que se sentare sobre aquello en que se hubiere sentado el que tiene flujo, lavará sus vestidos: y a sí se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. Ítem, el que tocare la carne del que tiene flujo, lavará sus vestidos, y a sí se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. Ítem, si el que tiene flujo, escupiere sobre el limpio, lavará sus vestidos, y a sí se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. Ítem, toda cabalgadura sobre que cabalgare el que tuviere flujo, será inmunda. Ítem, cualquiera que tocare cualquiera cosa que estuviere debajo de él, será inmundo hasta la tarde: y el que lo llevare, lavará sus vestidos, y a si se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. Ítem, todo aquel a quien tocare el que tiene flujo, y no lavare con agua sus manos, lavará sus vestidos, y a sí se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. Ítem, el vaso de barro en que tocare el que tiene flujo, será quebrado, y todo vaso de madera será lavado con agua. Y cuando se hubiere limpiado de su flujo el que tiene flujo, contarse ha siete dias desde su purificación, y lavará sus vestidos, y lavará su carne en aguas vivas, y será limpio. Y el octavo día tomarse ha dos tórtolas, o dos palominos, y vendrá delante de Jehová a la puerta del tabernáculo del testimonio, y darlos ha al sacerdote: Y el sacerdote los hará, el uno expiación, y el otro holocausto: y el sacerdote le reconciliará de su flujo delante de Jehová. Ítem, el hombre, cuando saliere de él derramadura de simiente, lavará en aguas toda su carne, y será inmundo hasta la tarde. Y todo vestido, o toda piel sobre la cual hubiere de la derramadura de la simiente, se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. Y la mujer con la cual el varón tuviere ayuntamiento de simiente, ámbos se lavarán con agua, y serán inmundos hasta la tarde. Ítem, la mujer cuando tuviere flujo de sangre, y que su flujo fuere en su carne, siete dias estará en su apartamiento; y cualquiera que tocare en ella, será inmundo hasta la tarde. Y todo aquello sobre que ella se acostare en su apartamiento, será inmundo: y todo aquello sobre que se asentare, será inmundo. Ítem, cualquiera que tocare a su cama, lavará sus vestidos, y a sí se lavará con agua: y será inmundo hasta la tarde. Ítem, cualquiera que tocare cualquiera alhaja, sobre la cual ella se hubiere sentado, lavará sus vestidos, y a sí se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. Ítem, si alguna cosa estuviere sobre la cama, o sobre la silla en que ella se hubiere sentado, el que tocare en ella, será inmundo hasta la tarde. Y si alguno durmiere con ella, y que la inmundicia de ella fuere sobre él, él será inmundo por siete dias, y toda cama sobre que durmiere, será inmunda. Ítem, la mujer, cuando manaré el flujo de su sangre por muchos dias, fuera del tiempo de su costumbre, o cuando tuviere flujo de sangre más de su costumbre, todo el tiempo del flujo de su inmundicia será como en los dias de su costumbre, inmunda. Toda cama en que durmiere todo el tiempo de su flujo, le será como la cama de su costumbre: Y toda alhaja sobre que se sentare, será inmunda conforme a la inmundicia de su costumbre. Cualquiera que tocare en ellas será inmundo: y lavará sus vestidos, y a sí se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. Y cuando fuere limpia de su flujo, contarse ha siete dias, y después será limpia. Y el octavo día tomarse ha dos tórtolas, o dos palominos, y traerlos ha al sacerdote a la puerta del tabernáculo del testimonio: Y el sacerdote hará el uno expiación, y el otro holocausto, y reconciliarla ha el sacerdote delante de Jehová del flujo de su inmundicia. Y apartaréis los hijos de Israel de sus inmundicias, y no morirán por sus inmundicias, ensuciando mi tabernáculo, que está entre ellos. Esta es la ley del que tiene flujo de simiente, y del que sale derramadura de simiente, para ser inmundo a causa de ella; Y de la que padece su costumbre: y del que padeciere su flujo, sea macho, o sea hembra: y del hombre que durmiere con mujer inmunda. Y HABLÓ Jehová a Moisés, después que murieron los dos hijos de Aarón, cuando se llegaron delante de Jehová, y murieron. Y Jehová dijo a Moisés: Dí a Aarón tu hermano, que no entre en todo tiempo en el santuario del velo a dentro delante de la cubierta, que está sobre el arca, porque no muera: porque yo apareceré en la nube sobre la cubierta. Con esto entrará Aarón en el santuario: con un novillo hijo de vaca por expiación, y un carnero en holocausto. La túnica santa de lino se vestirá, y sobre su carne tendrá pañetes de lino, y ceñirse ha el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá, que son las santas vestiduras: y lavará su carne con agua, y vestirlas ha. Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos de las cabras para expiación, y un carnero para holocausto. Y hará llegar Aarón el novillo de la expiación que era suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa. Después tomará los dos machos cabríos, y presentarlos ha delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos de cabrío, la una suerte por Jehová, y la otra suerte por Azazel. Y hará llegar Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y hacerlo ha por expiación. Y el macho de cabrío, sobre el cual cayere la suerte por Azazel, presentará vivo delante de Jehová, para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto. Y hará llegar Aarón el novillo que era suyo para expiación, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará el novillo, que era suyo, por expiación. Después tomará el incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y meterlo ha del velo a dentro. Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá la cubierta, que está sobre el testimonio, y no morirá. Después tomará de la sangre del novillo, y esparcirá con su dedo hacia la cubierta hacia el oriente: hacia la cubierta esparcirá de aquella sangre siete veces con su dedo. Después degollará el macho cabrío, que era del pueblo, para expiación, y meterá la sangre de él del velo adentro: y hará de su sangre, como hizo de la sangre del novillo, y esparcirá sobre la cubierta, y delante de la cubierta. Y limpiará el santuario de las inmundicias de los hijos de Israel, y de sus rebeliones, y de todos sus pecados: de la misma manera hará también al tabernáculo del testimonio; el cual mora entre ellos, entre sus inmundicias. Y ningún hombre estará en el tabernáculo del testimonio, cuando él entrare a hacer la reconciliación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la reconciliación por sí, y por su casa, y por toda la congregación de Israel. Y saldrá al altar, que está delante de Jehová, y expiarlo ha, y tomará de la sangre del novillo, y de la sangre del macho de cabrío, y pondrá sobre los cuernos del altar al derredor. Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y limpiarlo ha, y santificarlo ha de las inmundicias de los hijos de Israel. Y cuando hubiere acabado de expiar el santuario, y el tabernáculo del testimonio, y el altar, hará llegar el macho cabrío vivo. Y pondrá Aarón ambas sus manos sobre la cabeza del macho de cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, y todas sus rebeliones, y todos sus pecados, y ponerlos ha sobre la cabeza del macho cabrío, y enviarlo ha al desierto por mano de algún varón aparejado para esto. Y aquel macho de cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitable, y enviará el macho cabrío al desierto. Después vendrá Aarón al tabernáculo del testimonio, y desnudarse ha las vestiduras de lino, que había vestido para entrar en el santuario, y ponerlas ha allí. Y lavará su carne con agua en el lugar del santuario, y vestirse ha sus vestidos: después saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo, y hará la reconciliación por sí y por el pueblo. Y del sebo de la expiación hará perfume sobre el altar. Y el que hubiere llevado el macho de cabrío a Azazel, lavará sus vestidos, y su carne lavará con agua, y después entrará en el real. Y sacará fuera del real el novillo de la expiación por el pecado, y el macho cabrío de la expiación por la culpa, la sangre de los cuales fué metida para hacer la expiación en el santuario: y quemarán en el fuego sus pellejos, y sus carnes, y su estiércol: Y el que lo quemare, lavará sus vestidos, y su carne lavará con agua, y después entrará en el real. Esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo a los diez del mes afligiréis vuestras personas, y ninguna obra haréis, el natural ni el extranjero, que peregrina entre vosotros; Porque en este día os reconciliará para limpiaros: y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Sábado de holganza será a vosotros, y afligiréis vuestras personas por estatuto perpetuo. Y hará la reconciliación el sacerdote que fuere ungido, y cuya mano hubiere sido llena para ser sacerdote en lugar de su padre, y vestirse ha las vestiduras de lino, las vestiduras santas. Y expiará el santo santuario, y el tabernáculo del testimonio: expiará también el altar, y los sacerdotes, y a todo el pueblo de la congregación expiará. Y esto tendréis por estatuto perpetuo para expiar los hijos de Israel de todos sus pecados una vez en el año. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Habla a Aarón, y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y díles: Esto es lo que ha mandado Jehová, diciendo: Cualquier varón de la casa de Israel, que degollare buey, o cordero, o cabra en el real, o fuera del real, Y no lo trajere a la puerta del tabernáculo del testimonio para ofrecer ofrenda a Jehová delante del tabernáculo de Jehová, sangre será imputada al tal varon: sangre derramó; el tal varón será cortado de entre su pueblo: Porque traigan los hijos de Israel sus sacrificios que sacrificaren sobre la haz del campo: porque los traigan a Jehová a la puerta del tabernáculo del testimonio al sacerdote, y sacrifiquen sacrificios de paces ellos a Jehová. Y el sacerdote esparza la sangre sobre el altar de Jehová a la puerta del tabernáculo del testimonio, y haga perfume del sebo en olor de holganza a Jehová. Y nunca más sacrificarán sus sacrificios a los demonios, tras los cuales fornican: esto tendrán por estatuto perpetuo por sus edades. Ítem, decirles has: Cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros, que peregrinan entre vosotros, que ofreciere holocausto, o sacrificio, Y no lo trajere a la puerta del tabernáculo del testimonio, para hacerlo a Jehová, el tal varón también, será cortado de sus pueblos. Ítem, cualquier varón de la casa de Israel, y de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que comiere alguna sangre, yo pondré mi rostro contra la persona, que comiere sangre, y yo la cortaré de entre su pueblo. Porque el alma de la carne en la sangre está: y yo os la he dado para expiar vuestras personas sobre el altar: por lo cual la misma sangre expiará la persona: Por tanto he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero, que peregrina entre vosotros comerá sangre. Y cualquier varón de los hijos de Israel, y de los extranjeros, que peregrinan entre ellos que tomare caza de animal, o de ave, que sea de comer, derramará su sangre, y cubrirla ha con tierra. Porque el alma de toda carne en su sangre está su alma: por tanto he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque el alma de toda carne es su sangre: cualquiera que la comiere, será cortado. Ítem, cualquiera persona que comiere cosa mortecina, o despedazada, así de los naturales como de los extranjeros, lavará sus vestidos, y a sí se lavará con agua, y será inmunda hasta la tarde, y limpiarse ha. Y si no lavare, ni lavare su carne, llevará su iniquidad. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: Yo soy Jehová vuestro Dios: No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis: ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, en la cual yo os meto: ni andaréis en sus estatutos. Mis derechos haréis, y mis estatutos guardaréis andando en ellos: yo soy Jehová vuestro Dios. Por tanto mis estatutos y mis derechos guardaréis, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos: Yo Jehová. Ningún varón se allegue a ninguna cercana de su cárne, para descubrir las vergüenzas: yo Jehová. Las vergüenzas de tu padre, o las vergüenzas de tu madre no descubrirás: tu madre es; no descubrirás sus vergüenzas. Las vergüenzas de la mujer de tu padre no descubrirás; las vergüenzas de tu padre son. Las vergüenzas de tu hermana, hija de tu padre, o hija de tu madre, nacida en casa, o nacida fuera, no descubrirás sus vergüenzas. Las vergüenzas de la hija de tu hijo, o de la hija de tu hija, no descubrirás sus vergüenzas, porque tus vergüenzas son. Las vergüenzas de la hija de la mujer de tu padre, engendrada de tu padre, tu hermana es, no descubrirás sus vergüenzas. Las vergüenzas de la hermana de tu padre no descubrirás: parienta de tu padre es. Las vergüenzas de la hermana de tu madre no descubrirás, porque parienta de tu mádre es. Las vergüenzas del hermano de tu padre no descubrirás, no llegarás a su mujer: mujer del hermano de tu padre es. Las vergüenzas de tu nuera no descubrirás: mujer es de tu hijo, no descubrirás sus vergüenzas. Las vergüenzas de la mujer de tu hermano no descubrirás: vergüenzas son de tu hermano. Las vergüenzas de la mujer y de su hija no descubrirás: no tomarás la hija de su hijo, ni la hija de su hija para descubrir sus vergüenzas: parientas son, maldad es. Ítem, mujer con su hermana por concubina no tomarás para descubrir sus vergüenzas delante de ella en su vida. Ítem, a la mujer en el apartamiento de su inmundicia, no llegarás para descubrir sus vergüenzas. Ítem, a la mujer de tu prójimo no darás tu acostamiento en simiente, contaminándote en ella. Ítem, no des de tu simiente para hacer pasar a Moloc: ni contamines el nombre de tu Dios. Yo Jehová. Ítem, con macho no te echarás como con mujer: abominación es. Ítem, con ningún animal tendrás ayuntamiento ensuciándote con él: ni mujer se pondrá delante de animal para ayuntarse con él: mezcla es. En ninguna de estas cosas os ensuciaréis: porque en todas estas cosas se han ensuciado las gentes, que yo echo de delante de vosotros. Y la tierra fué contaminada, y yo visité su maldad sobre ella; y la tierra vomitó a sus moradores. Guardád pues vosotros mis estatutos, y mis derechos, y no hagáis ninguna de todas estas abominaciones, el natural ni el extranjero, que peregrina entre vosotros. Porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de la tierra, que fueron ántes de vosotros, y la tierra fué contaminada. Y la tierra no os vomitará, por haberla contaminado, como vomitó a la gente, que fué ántes de vosotros. Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abominaciones, las personas que tal hicieren, serán cortadas de entre su pueblo. Guardád pues mi observancia no haciendo algo de las leyes de las abominaciones, que fueron hechas ántes de vosotros, y no os ensucieis en ellas: Yo Jehová, vuestro Dios. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y díles: Santos seréis, porque santo soy yo, Jehová vuestro Dios. Cada uno temerá a su madre, y a su padre; y mis sábados guardaréis: Yo Jehová vuestro Dios. No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición: Yo Jehová vuestro Dios. Y cuando sacrificaréis sacrificio de paces a Jehová, de vuestra voluntad lo sacrificaréis. El día que lo sacrificaréis, será comido, y el día siguiente: y lo que quedare para el tercero día, será quemado en el fuego. Y si se comiere el día tercero, será abominación: no será acepto. Y el que lo comiere, llevará su delito, por cuanto profanó la santidad de Jehová: y la tal persona será cortada de sus pueblos. Cuando segareis la siega de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu haza, ni espigarás tu segada. Ítem, no rebuscarás tu viña, ni cogerás los granos de tu viña: para el pobre y para el extranjero los dejarás: Yo Jehová, vuestro Dios. No hurtaréis: y no negaréis: y no mentiréis ninguno a su prójimo. Y no juraréis en mi nombre con mentira: ni ensuciarás el nombre de tu Dios: Yo Jehová. No oprimirás a tu prójimo, ni robarás. No se detendrá el trabajo del jornalero en tu casa hasta la mañana. No maldigas al sordo, y delante del ciego no pongas tropezón, mas habrás temor de tu Dios: Yo Jehová. No harás injusticia en el juicio: no tendrás respeto al pobre, ni honrarás la faz del grande: con justicia juzgarás a tu prójimo. No andarás chismeando en tus pueblos. No te pondrás contra la sangre de tu prójimo: Yo Jehová. No aborrecerás a tu hermano en tu corazon: reprendiendo reprenderás a tu prójimo, y no consentirás sobre el pecado. No te vengarás, ni guardarás la injuria a los hijos de tu pueblo; mas amarás a tu prójimo, como a tí mismo: Yo Jehová. Mis estatutos guardaréis. A tu animal no harás ayuntar para misturas. Tú haza no sembrarás de misturas: y vestido de misturas de diversas cosas, no subirá sobre tí. Ítem, el varón cuando se juntare con mujer de ayuntamiento de simiente, y ella fuere sierva desposada a alguno, y no fuere rescatada, ni le hubiere sido dada libertad, serán azotados: no morirán: por cuanto ella no es libre. Y traerá en expiación por su culpa a Jehová a la puerta del tabernáculo del testimonio un carnero por expiación: Y el sacerdote le reconciliará con el carnero de la expiación delante de Jehová, por su pecado que pecó; y perdonarle ha su pecado, que pecó. Ítem, cuando hubiereis entrado en la tierra, y plantareis todo árbol de comer, circuncidaréis su prepucio de su fruto: tres años os será incircunciso: su fruto no se comerá: Y al cuarto año todo su fruto será santidad de loores a Jehová. Y al quinto año comeréis el fruto de él, para que os haga crecer su fruto: Yo Jehová vuestro Dios. No comeréis con sangre. No seréis agoreros: ni adivinaréis. No trasquilaréis en derredor los rincones de vuestra cabeza: ni dañarás la punta de tu barba. Ítem, no haréis rasguño en vuestra carne en la muerte de alguno: ni pondréis en vosotros escritura de señal: Yo Jehová. No contaminarás a tu hija haciéndola fornicar, porque la tierra no fornique, y se hincha de maldad. Mis sábados guardaréis; y mi santuario tendréis en reverencia: Yo Jehová. No os volváis a los encantadores y a los adivinos: no los consultéis ensuciándoos en ellos: Yo Jehová, vuestro Dios. Delante de las canas te levantarás, y honrarás la faz del viejo, y de tu Dios habrás temor: Yo Jehová. Ítem, cuando peregrinare contigo peregrino en vuestra tierra, no le oprimiréis. Como a un natural de vosotros tendréis al peregrino que peregrinare entre vosotros, y ámale como a tí mismo: porque peregrinos fuesteis en la tierra de Egipto: Yo Jehová, vuestro Dios. No hagáis injusticia en juicio, en medida, ni en peso, ni en medida. Balanzas justas, piedras justas, efa justa, e hin justo tendréis: Yo Jehová, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto. Guardád pues todos mis estatutos, y todos mis derechos, y hacédlos: Yo Jehová. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Ítem, dirás a los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, y de los extranjeros, que peregrinan en Israel, que diere de su simiente a Moloc, morirá de muerte: el pueblo de la tierra le apedreará con piedras: Y yo pondré mi rostro contra el tal varón, y le cortaré de entre su pueblo, por cuanto dió de su simiente a Moloc contaminando mi santuario, y ensuciando mi santo nombre. Y si escondiere el pueblo de la tierra sus ojos de aquel varón, que hubiere dado de su simiente a Moloc, para no matarle, Entónces yo pondré mi rostro contra aquel varón, y contra su familia, y cortarle he de entre su pueblo, con todos los que fornicaren tras él, fornicando tras Moloc. Ítem, la persona que se volviere a los encantadores, o adivinos para fornicar tras ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y yo la cortaré de entre su pueblo. Santificáos pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios. Y guardád mis estatutos, y hacédlos: Yo Jehová, que os santifico. Porque cualquier varón que maldijere a su padre o a su madre, morirá de muerte: ¿á su padre, o a su madre maldijo? su sangre sobre él. Ítem, el varón, que adulterare con la mujer de otro, que cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, de muerte morirá el adúltero, y la adúltera. Ítem, cualquiera que se echare con la mujer de su padre, las vergüenzas de su padre descubrió, ámbos morirán de muerte, su sangre sobre ellos. Ítem, cualquiera que durmiere con su nuera, ámbos morirán de muerte, mistura hicieron, su sangre sobre ellos. Ítem, cualquiera que tuviere ayuntamiento con macho, como con mujer, abominación hicieron, ámbos morirán de muerte, su sangre sobre ellos. Ítem, el que tomare a la mujer y a su madre, fealdad es; quemarán en fuego a él y a ellas, porque no haya fealdad entre vosotros. Ítem, cualquiera que pusiere su ayuntamiento en bestia, morirá de muerte, y a la bestia mataréis. Ítem, la mujer que se allegare a algún animal para tener ayuntamiento con él, matarás a la mujer y al animal: de muerte morirán, su sangre sobre ellos. Ítem, cualquiera que tomare a su hermana, hija de su padre, o hija de su madre, y viere sus vergüenzas, y ella viere las suyas, execrable cosa es; por tanto serán muertos en ojos de los hijos de su pueblo; ¿las vergüenzas de su hermana descubrió? su pecado llevará. Ítem, cualquiera que durmiere con mujer menstruosa, y descubriere sus vergüenzas, su fuente descubrió, y ella descubrió la fuente de su sangre; ámbos serán cortados de entre su pueblo. Las vergüenzas de la hermana de tu madre, o de la hermana de tu padre no descubrirás, por cuanto descubrió a su parienta: su iniquidad llevarán. Ítem, cualquiera que durmiere con la mujer del hermano de su padre, las vergüenzas del hermano de su padre descubrió: su pecado llevarán, sin hijos morirán: Ítem, el que tomare la mujer de su hermano suciedad es, las vergüenzas de su hermano descubrió; sin hijos serán. Guardád pues todos mis estatutos, y todos mis derechos, y hacedlos, y no os vomitará la tierra, en la cual yo os meto, para que habiteis en ella. Y no andéis en los estatutos de la gente, que yo echaré de delante de vosotros: porque ellos hicieron todas estas cosas, y yo los tuve en abominación: Y os he dicho a vosotros: Vosotros poseeréis la tierra de ellos, y yo la daré a vosotros, para que la poseais por heredad, tierra que corre leche y miel: Yo Jehová vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos. Por tanto vosotros haréis diferencia entre animal limpio e inmundo, y entre ave inmunda y limpia: y no ensucieis vuestras personas en los animales, ni en las aves, ni en ninguna cosa que va arrastrando por la tierra, las cuales cosas yo os he apartado por inmundas. Serme heis pues santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos, para que seais míos. Y el hombre o la mujer, en los cuales hubiere espíritu Pitónico, o de adivinación, morirán de muerte: apedrearlos han con piedras, su sangre sobre ellos. Y JEHOVÁ dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes, hijos de Aarón, y díles que por ninguna alma se contaminen en sus pueblos: Mas por su pariente cercano a sí, como por su madre, o por su padre, o por su hijo, o por su hija, o por su hermano, O por su hermana vírgen cercana a sí, que no haya tenido varón, por ella se contaminará. No se contaminará por el príncipe en sus pueblos ensuciándose. No harán calva en su cabeza, ni raerán la punta de su barba, ni en su carne harán rasguño. Santos serán a su Dios, y no ensuciarán el nombre de su Dios, porque los fuegos de Jehová, el pan de su Dios ofrecen, por tanto serán santos. Mujer ramera, o infame no tomarán: ni tomarán mujer repudiada de su marido: porque es santo a su Dios. Y santificarle has, porque el pan de tu Dios ofrece: santo será a tí, porque santo soy yo Jehová vuestro santificador. Ítem, la hija del varón sacerdote, cuando comenzare a fornicar, a su padre contamina, será quemada en fuego. Ítem, el sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fué derramado el aceite de la unción, y que hinchió su mano para vestir las vestiduras, no descubrirá su cabeza, ni romperá sus vestidos. Ni entrará a ninguna persona muerta, ni por su padre, o por su madre se contaminará. Ni saldrá del santuario, ni ensuciará el santuario de su Dios; porque la corona del aceite de la unción de su Dios está sobre él: Yo Jehová. Ítem, él tomará mujer con su virginidad. Viuda, o repudiada, o infame, o ramera, estas no tomará: mas vírgen tomará de sus pueblos: por mujer. Y no ensuciará su simiente en sus pueblos: porque yo Jehová soy el que le santifico. Ítem, Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón, y díle: El varón de tu simiente en sus generaciones, en el cual hubiere falta, no se allegará para ofrecer el pan de su Dios: Porque ningún varón, en el cual hubiere falta, se allegará: varón ciego, o cojo, o falto, o sobrado de nariz, O varón en el cual hubiere quebradura de pié, o quebradura de mano: O corcobado, o langañoso, o que tuviere nube en el ojo, o que tuviere sarna, o empeine, o compañón quebrado. Ningún varón de la simiente de Aarón sacerdote, en el cual hubiere falta, se allegará para ofrecer las ofrendas encendidas de Jehová. ¿Hay falta en él? no se allegará a ofrecer el pan de su Dios. El pan de su Dios de las santidades de santidades, y las cosas santificadas comerá. Empero no entrará del velo adentro, ni se allegará al altar, por cuanto hay falta en él: y no ensuciará mi santuario, porque yo Jehová soy el que los santifico. Y Moisés habló a Aarón, y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo. Dí a Aarón, y a sus hijos, que se abstengan de las santificaciones de los hijos de Israel; y que no ensucien mi santo nombre en lo que ellos me santifican: Yo Jehová. Díles: En vuestras generaciones todo varón, que llegare, de toda vuestra simiente, a las santificaciones, que los hijos de Israel santificaren a Jehová, teniendo inmundicia sobre sí, su alma será cortada de delante de mí: Yo Jehová. Cualquier varón de la simiente de Aarón, que fuere leproso, o gonorrea no comerá de las santificaciones hasta que sea limpio: y el que tocare cualquiera cosa inmunda de mortecino, o el varón del cual hubiere salido derramadura de simiente, O el varón, que hubiere tocado cualquiera reptil, por el cual será inmundo, o hombre por él cual será inmundo conforme a toda su inmundicia; La persona que lo tocare, será inmunda hasta la tarde: y no comerá de las santificaciones, ántes que haya lavado su carne con agua. Y cuando el sol se pusiere, limpiarse ha, y después comerá de las santificaciones, porque su pan es. Mortecino ni despedezado no comerá para contaminarse en ello: Yo Jehová. Y guarden mi observancia, y no lleven pecado por ello, y mueran por ello cuando la profanaren: Yo Jehová, que los santifico. Ningún extraño comerá santificación: el huesped del sacerdote, ni el jornalero, no comerá santificación. Mas el sacerdote, cuando comprare persona de su dinero, esta comerá de ella, y el nacido en su casa, estos comeran de su pan. Empero la hija del sacerdote cuando se casare con varón extraño, ella no comerá de la apartadura de las santificaciones. Mas si la hija del sacerdote fuere viuda, o repudiada, y no tuviere simiente, y se hubiere vuelto a la casa de su padre, como en su mocedad, del pan de su padre comerá, y ningún extraño coma de él. Y el que comiere por yerro santificación, añadirá sobre ella su quinto, y darlo ha al sacerdote con la santificación. Y no contaminarán las santificaciones de los hijos de Israel, las cuales apartan para Jehová. Y no les harán llevar la iniquidad del pecado comiendo las santificaciones de ellos: porque yo Jehová soy el que los santifico. Ítem, habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a Aarón, y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y díles: Cualquier varón de la casa de Israel, y de los extranjeros en Israel que ofreciere su ofrenda por todos sus votos, y por todas sus ofrendas voluntarias, que ofrecieren a Jehová en holocausto: De vuestra voluntad ofreceréis sin tacha, macho, de vacas, de corderos, o de cabras: Ninguna cosa en que haya falta ofreceréis, porque no será acepto por vosotros. Ítem, el hombre, cuando ofreciere sacrificio de paces a Jehová, para ofrecer voto, o para ofrecer voluntariamente, de vacas, o de ovejas, perfecto, en el cual no habrá falta, será acepto. Ciego, o perniquebrado, o cortado, o berrugoso, o sarnoso, o roñoso, no ofreceréis estos a Jehová, ni pondréis de estos ofrenda encendida sobre el altar de Jehová. Buey, o carnero, que tenga de más, o de menos podrás ofrecer por ofrenda voluntaria: mas por voto, no será acepto. Herido, o magullado, rompido o cortado, no ofreceréis a Jehová, ni en vuestra tierra lo haréis. Ítem, de mano de hijo de extranjero no ofreceréis el pan de vuestro Dios de todas estas cosas, porque su corrupción está en ellas, falta hay en ellas, no se os aceptarán. Ítem, habló Jehová a Moisés, diciendo: El buey, o el cordero. o la cabra, cuando naciere, siete dias estará debajo de su madre, mas desde el octavo día en adelante será acepto para ofrenda de sacrificio encendido a Jehová. Y buey, o carnero, no degollaréis en un día a él y a su hijo. Ítem, cuando sacrificareis sacrificio de hacimiento de gracias a Jehová, de vuestra voluntad lo sacrificaréis. En el mismo día se comerá, no dejaréis de él para otro día: Yo Jehová. Y guardád mis mandamientos, y hacédlos: Yo Jehová. Y no ensucieis mi santo nombre, y yo me santificaré en medio de los hijos de Israel: Yo Jehová, que os santifico, Que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: Yo Jehová. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: Las solemnidades de Jehová, a las cuales convocaréis santas convocaciones, serán estas mis solemnidades. Seis dias se trabajará, y el séptimo día sábado de holganza será, convocación santa: ninguna obra haréis, sábado es de Jehová en todas vuestras habitaciones. Estas son las solemnidades de Jehová, las convocaciones santas a las cuales convocaréis en sus tiempos. En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, páscua a Jehová. Y a los quince dias de este mes, la solemnidad de las cenceñas a Jehová: siete dias comeréis cenceñas. El primer día tendréis santa convocación: ninguna obra servil haréis. Y ofreceréis a Jehová siete dias ofrenda encendida: el séptimo día será santa convocación: ninguna obra servil haréis. Ítem, habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis entrado en la tierra, que yo os doy, y segareis su segada, traeréis al sacerdote un omer por primicia de primicias de vuestra segada. El cual mecerá el omer delante de Jehová para que seais aceptos: el siguiente día del sábado lo mecerá el sacerdote. Y el día que ofreciereis el omer, ofreceréis un cordero perfecto de un año en holocausto a Jehová. Con su presente, dos diezmas de flor de harina amasada con aceite en ofrenda encendida a Jehová para olor de holganza, y su derramadura de vino, la cuarta de un hin. Y no comeréis pan, ni espiga tostada, ni tierna hasta este mismo día, hasta que hayais ofrecido la ofrenda de vuestro Dios: estatuto perpetuo por vuestras edades en todas vuestras habitaciones. Y contaros heis desde el siguiente día del sábado, desde el día en que ofrecisteis el omer de la mecedura, siete semanas cumplidas serán. Hasta el siguiente día del sábado séptimo contaréis cincuenta dias: entónces ofreceréis presente nuevo a Jehová. De vuestras habitaciones traeréis el pan de la mecedura: dos décimas de flor de harina serán, leudo será cocido, primicias a Jehová. Y ofreceréis con el pan siete corderos perfectos de un año, y un novillo hijo de vaca, y dos carneros, serán holocausto a Jehová: y su presente, y sus derramaduras, en ofrenda encendida de olor de holganza a Jehová. Ítem, ofreceréis un macho de cabrío por expiación, y dos corderos de un año en sacrificio de paces. Y el sacerdote los mecerá con el pan de las primicias, con mecedura delante de Jehová, con los dos corderos: santidad serán de Jehová para el sacerdote. Y convocaréis en este mismo día, santa convocación os será: ninguna obra servil haréis: estatuto perpetuo en todas vuestras habitaciones por vuestras edades. Y cuando segareis la segada de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu haza, ni espigarás tu segada: para el pobre y para el extranjero la dejarás: Yo Jehová, vuestro Dios. Ítem, habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis sábado, la memoria de la jubilación, santa convocación. Ninguna obra servil haréis, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová. Ítem, habló Jehová a Moisés, diciendo: Empero a los diez de este mes séptimo será el día de las expiaciones: tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras personas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová. Ninguna obra haréis en este mismo día, porque es día de expiaciones, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios. Porque toda persona, que no se afligiere en este día mismo, será cortada de sus pueblos: Y cualquiera persona, que hiciere cualquiera obra en este día mismo, yo destruiré la tal persona de entre su pueblo. Ninguna obra haréis: estatuto perpetuo será por vuestras edades en todas vuestras habitaciones. Sábado de holganza será a vosotros, y afligiréis vuestras personas a los nueve del mes en la tarde, de tarde a tarde holgaréis vuestro sábado. Ítem, habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: A los quince de este mes séptimo será la solemnidad de las cabañas a Jehová por siete dias. El primer día será santa convocación: ninguna obra servil haréis. Siete dias ofreceréis ofrenda encendida a Jehová: el octavo día tendréis santa convocación, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová: fiesta es: ninguna obra servil haréis. Estas son las solemnidades de Jehová a las cuales convocaréis santas convocaciones, para ofrecer ofrenda encendida a Jehová, holocausto y presente, sacrificio y derramaduras cada cosa en su tiempo: Allende de los sábados de Jehová, y allende de vuestros dones, y allende de todos vuestros votos, y allende de todas vuestras ofrendas voluntarias, que daréis a Jehová. Empero a los quince del mes séptimo, cuando hubiereis allegado el fruto de la tierra, haréis fiesta a Jehová por siete dias: el primer día, sábado: y el día octavo, sábado. Y tomaros heis el primer día del fruto de algún árbol hermoso: ramos de palmas, y ramos de árboles espesos, y sauces de los arroyos, y haréis alegría delante de Jehová vuestro Dios por siete dias. Y haréis a él fiesta, a Jehová, por siete dias cada un año, y estatuto perpetuo será por vuestras edades: en el mes séptimo la haréis. En cabañas habitaréis siete dias: todo natural en Israel habitará en cabañas; Para que sepan vuestros descendientes, que en cabañas hice yo habitar a los hijos de Israel, cuando los saqué de la tierra de Egipto: Yo Jehová, vuestro Dios. Y Moisés habló a los hijos de Israel de las solemnidades de Jehová. ÍTEM, habló Jehová a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel, que te traigan aceite de olivas claro, molido, para la luminaria para encender las lámparas siempre. Fuera del velo del testimonio en el tabernáculo del testimonio las aderezará Aarón desde la tarde hasta la mañana delante de Jehová siempre: estatuto perpetuo por vuestras edades. Sobre el candelero limpio pondrá en órden Aarón las lámparas delante de Jehová siempre. Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce tortas, cada torta será de dos décimas. Y ponerlas has en dos órdenes, seis en cada órden, sobre la mesa limpia delante de Jehová. Pondrás también sobre cada órden incienso limpio, y será para el pan por perfume, ofrenda encendida a Jehová. Cada día de sábado lo pondrá en órden delante de Jehová siempre, pacto sempiterno de los hijos de Israel. Y será de Aarón y de sus hijos, los cuales lo comerán en el lugar santo: porque santidad de santidades es para él, de las ofrendas encendidas a Jehová por fuero perpetuo. En aquella sazón salió un hijo de una mujer Israelita, el cual era hijo de un hombre Egipcio, entre los hijos de Israel; y riñeron en el real el hijo de la Israelita y un varón Israelita. Y el hijo de la mujer Israelita declaró el nombre, y maldijo. Y trajéronlo a Moisés: (y su madre se llamaba Salomit, hija de Dabri de la tribu de Dan.) Y puesiéronle en la cárcel hasta que les fuese declarado por palabra de Jehová. Entónces Jehová habló a Moisés, diciendo: Saca al blasfemo fuera del real, y todos los que lo oyeron, pongan sus manos sobre la cabeza de él, y apedréele toda la congregación. Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cualquier varón, que dijere mal a su Dios. llevará su iniquidad. Y el que pronunciare el nombre de Jehová, morirá de muerte; toda la congregación le apedreará, así el extranjero como el natural: si pronunciare el nombre, que muera. Y el hombre que hiriere a cualquiera persona humana, que muera de muerte. Y el que hiriere a algún animal, restituirlo ha, animal por animal. Ítem, el que hiciere mancha a su prójimo, como hizo, así le sea hecho. Quebradura por quebradura, ojo por ojo, diente por diente, como señaló al hombre, así sea él señalado. El que hiriere a algún animal, restituirlo ha: mas el que hiriere a hombre, que muera. Un mismo derecho tendréis: como el extranjero, así será el natural: porque yo Jehová, vuestro Dios. Y habló Moisés a los hijos de Israel, y ellos sacáron al blasfemo fuera del real, y apedreáronle con piedras: y los hijos de Israel hicieron según que Jehová había mandado a Moisés. ÍTEM, Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis entrado en la tierra, que yo os doy, la tierra descansará descanso a Jehová. Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña, y cogerás sus frutos; Y el séptimo año la tierra tendrá sábado de holganza, sábado a Jehová: no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. Lo que de suyo se naciere en tu segada, no lo segarás: y las uvas de tu apartadura no vendimiarás: año de holganza será a la tierra. Mas el sábado de la tierra os será para comer, a tí, y a tu siervo, y a tu sierva, y a tu criado, y a tu extranjero, que moraren contigo: Y a tu animal, y a la bestia que hubiere en tu tierra, será todo su fruto para comer. Y contarte has siete semanas de años, siete veces siete años, y serte han los dias de las siete semanas de años cuarenta y nueve años. Y harás pasar la trompeta de jubilación en el mes séptimo; a los diez del mes, el día de las expiaciones, haréis pasar trompeta por toda vuestra tierra. Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores: este os será jubileo: y volveréis cada uno a su posesión; y cada uno volverá a su familia. El año de los cincuenta años os será jubileo: no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus apartaduras. Porque es jubileo: santo será a vosotros: el fruto de la tierra comeréis. En este año del jubileo volveréis cada uno a su posesión. Y cuando vendiereis algo a vuestro prójimo, o compraréis de mano de vuestro prójimo, no engañe ninguno a su hermano. Conforme al número de los años después del jubileo comprarás de tu prójimo: conforme al número de los años de los frutos te venderá él a tí. Conforme a la multitud de los años aumentarás el precio, y conforme a la diminución de los años disminuirás el precio: porque el número de los frutos te ha de vender él. Y no engañe ninguno a su prójimo: mas tendrás temor de tu Dios, porque yo soy Jehová vuestro Dios. Y hacéd mis estatutos, y guardád mis derechos, y hacédlos, y habitaréis sobre la tierra seguros: Y la tierra dará su fruto, y comeréis hasta hartura, y habitaréis sobre ella seguros: Y si dijereis: ¿Qué comeremos el séptimo año? He aquí, no hemos de sembrar, ni hemos de coger nuestros frutos. Entónces yo os enviaré mi bendición el año sexto, y hará fruto por tres años. Y sembraréis el año octavo, y comeréis del fruto añejo hasta el año noveno: hasta que venga su fruto comeréis del añejo. Y la tierra no se venderá rematadamente: porque la tierra es mía, que vosotros peregrinos y extranjeros sois conmigo. Por tanto en toda la tierra de vuestra posesión daréis remisión a la tierra. Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, vendrá su rescatador, su pariente más cercano, y rescatará lo que su hermano vendiere. Y el varón, cuando no tuviere rescatador, si alcanzare después su mano, y hallare lo que basta para su rescate; Entónces contará los años de su venta, y volverá lo que quedare al varón a quien vendió, y volverá a su posesión. Mas si no alcanzare su mano lo que basta para que vuelva a él, lo que vendió estará en poder del que lo compró hasta el año del jubileo, y al jubileo saldrá, y él volverá a su posesión. Ítem, el varón que vendiere casa de morada en ciudad cercada, su remisión será hasta acabarse el año de su venta: un año será su remisión. Y sino fuere rescatada dentro de un año entero, la casa que estuviere en ciudad que tuviere muro, quedará rematadamente al que la compró para sus descendientes: no saldrá en el jubileo: Mas las casas de las aldeas, que no tienen muro al derredor, serán estimadas como una haza de tierra: tendrán remisión, y saldrán en el jubileo. Mas de las ciudades de los Levitas, y de las casas de las ciudades, que poseyeren, los Levitas habrán remisión siempre. Y el que comprare de los Levitas, la venta de la casa, y de la ciudad de su posesión saldrá en el jubileo, por cuanto la casa de las ciudades de los Levitas es la posesión de ellos entre los hijos de Israel. Mas la tierra del ejido de sus ciudades no se venderá, porque es perpetua posesión de ellos. Ítem, cuando tu hermano empobreciere, y acostare su mano a tí, tú le recibirás: como peregrino y extranjero vivirá contigo. No tomarás usura de él, ni aumento: mas habrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá contigo. No le darás tu dinero a usura, ni tu vitualla a aumento: Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto para daros la tierra de Canaán, para ser vuestro Dios. Ítem, cuando tu hermano empobreciere estando contigo, y se vendiere a tí, no le harás servir como siervo. Como criado, como extranjero estará contigo: hasta el año del jubileo te servirá. Entónces saldrá de contigo él y sus hijos consigo, y volverá a su familia, y a la posesión de sus padres se volverá. Porque son mis siervos, los cuales yo saqué de la tierra de Egipto: no serán vendidos como siervos. No te enseñorearás de él con dureza, mas habrás temor de tu Dios. Ítem, tu siervo o tu sierva, que tuvieres serán de las gentes, que están en vuestro al derredor: de ellos compraréis siervos y siervas. Y también de los hijos de los forasteros, que viven entre vosotros compraréis: y de los que del linaje de ellos son nacidos en vuestra tierra, que están con vosotros: los cuales tendréis por posesión. Y poseerlos heis por juro de heredad para vuestros hijos después de vosotros para tener posesión, para siempre os serviréis de ellos: empero en vuestros hermanos los hijos de Israel, cada uno en su hermano, no os enseñorearéis en él con dureza. Ítem, cuando la mano del peregrino y extranjero, que está contigo, alcanzare, y tu hermano que está con él, empobreciere, y se vendiere al peregrino o extranjero, que está contigo, o a la raza del linaje del extranjero, Después que se hubiere vendido, tendrá redención: uno de sus hermanos le rescatará; O su tio, o el hijo de su tio le rescatará, o el cercano de su carne, de su linaje, le rescatará: o si su mano alcanzare, él se redimirá. Y contará con el que le compró desde el año que se vendió a él hasta el año del jubileo: y apreciarse ha el dinero de su venta conforme al número de los años, y hacerse ha con él conforme al tiempo de un criado. Si aun fueren muchos años, conforme a ellos volverá su rescate del dinero por el cual se vendió. Y si quedare poco tiempo hasta el año del jubileo, entónces contará con él, y volverá su rescate conforme a sus años. Como cogido de año por año hará con él, no se enseñoreará en él duramente delante de tus ojos: Mas si no se redimiere en ellos, saldrá en el año del jubileo él, y sus hijos con él. Porque mis siervos son los hijos de Israel, mis siervos son, que yo saqué de la tierra de Egipto: Yo Jehová, vuestro Dios. NO haréis para vosotros ído- los, ni escultura, ni os levantaréis título, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros a ella: porque yo Jehová soy vuestro Dios. Guardád mis sábados, y tenéd en reverencia mi santuario: Yo Jehová. Si anduviereis en mis decretos, y guardareis mis mandamientos, y los hiciereis, Yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra dará su fruto, y el árbol del campo dará su fruto: Y la trilla os alcanzará a la vendimia, y la vendimia alcanzará a la sementera, y comeréis vuestro pan a hartura, y habitaréis seguros en vuestra tierra. Y yo daré paz en la tierra; y dormiréis, y no habrá quien os espante: y haré quitar las malas bestias de vuestra tierra: y por vuestra tierra no pasará espada. Y perseguiréis a vuestros enemigos, y delante de vosotros caerán a cuchillo. Y cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a cuchillo delante de vosotros. Porque yo me volveré a vosotros, y haceros he crecer, y multiplicaros he, y afirmaré mi concierto con vosotros. Y comeréis añejo envejecido, y sacaréis fuera lo añejo a causa de lo nuevo. Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará. Y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. Yo Jehová, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, que no fueseis sus siervos: y rompí los látigos de vuestro yugo, y os he hecho andar el rostro alto. Empero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos, Y si abominareis mis decretos, y vuestra alma menospreciare mis derechos no haciendo todos mis mandamientos, e invalidando mi concierto; Yo también haré con vosotros esto: Enviaré sobre vosotros terror, hética, y calentura, que consuman los ojos, y atormenten el alma: y sembraréis en balde vuestra simiente, porque vuestros enemigos lo comerán. Y pondré mi ira sobre vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga. Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo tornaré a castigaros siete veces por vuestros pecados. Y quebrantaré la soberbia de vuestra fortaleza, y tornaré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como metal. Y vuestra fuerza se consumirá en vano, que vuestra tierra no dará su fruto, y los árboles de la tierra no darán su fruto. Y si anduviereis conmigo al encuentro y no me quisiereis oir, yo añadiré sobre vosotros plagas siete veces según vuestros pecados. Y enviaré contra vosotros bestias fieras, que os deshijen, y talen vuestros animales, y os apoquen, y vuestros caminos sean desiertos. Y si con estas cosas no me fuereis castigados, mas aun anduviereis conmigo al encuentro, Yo también andaré con vosotros al encuentro y heriros he también siete veces al encuentro por vuestros pecados. Y meteré sobre vosotros espada vengadora de la venganza del concierto, y juntaros heis a vuestras ciudades, y yo enviaré pestilencia entre vosotros, y seréis entregados en mano del enemigo. Cuando yo os quebrantaré el bordón del pan, cocerán diez mujeres vuestro pan en un horno, y volverán vuestro pan por peso: y comeréis, y no os hartaréis. Y si con esto no me oyereis, mas todavía anduviereis conmigo al encuentro, Yo andaré con vosotros a ira de al encuentro, y castigaros he también yo siete veces por vuestros pecados. Y comeréis las carnes de vuestros hijos, y las carnes de vuestras hijas comeréis. Y destruiré vuestros altos, y talaré vuestras imágines, y pondré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y mi alma os abominará. Y pondré vuestras ciudades en desierto, y asolaré vuestros santuarios, y no oleré el olor de vuestra holganza. Y yo asolaré la tierra, que se espanten de ella vuestros enemigos, que moran en ella. Y a vosotros esparciré por las gentes, y desenvainaré espada en pos de vosotros: y vuestra tierra estará asolada, y vuestras ciudades serán desierto. Entónces la tierra holgará sus sábados todos los dias que estuviere asolada, y vosotros en la tierra de vuestros enemigos: entónces la tierra sabatizará, y holgará sus sábados. Todo el tiempo que estará asolada, holgará lo que no holgó en vuestros sábados mientras habitabais en ella. Y los que quedaren de vosotros, yo meteré cobardía en sus corazones en la tierra de sus enemigos, que el sonido de una hoja movida los perseguirá, y huirán como de una espada, y caerán sin haber quien los persiga. Y tropezarán los unos en los otros como delante de una espada sin haber quien los persiga, y no podréis resistir delante de vuestros enemigos. Y pereceréis entre las gentes, y la tierra de vuestros enemigos os consumirá. Y los que quedaren de vosotros se desleirán en las tierras de vuestros enemigos por su iniquidad, y por la iniquidad de sus padres, con ellos serán desleidos. Y confesarán su iniquidad, y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra mí: y también porque anduvieron conmigo al encuentro. También yo habré andado con ellos al encuentro, y los habré metido en la tierra de sus enemigos: y entónces se humillará su corazón incircunciso, y rogarán por su pecado. Y yo me acordaré de mi concierto con Jacob, y asimismo de mi concierto con Isaac, y también de mi concierto con Abraham me acordaré, y habré memoria de la tierra. Que la tierra estará desamparada de ellos, y holgará sus sábados estando yerma a causa de ellos: y ellos rogarán por su pecado: por cuanto menospreciaron mis derechos, y el alma de ellos tuvo fastidio de mis decretos. Y aun con todo esto estando ellos en tierra de sus enemigos, yo no los deseché, ni los abominé para consumirlos invalidando mi concierto con ellos: porque yo Jehová soy su Dios. Ántes me acordaré de ellos por el concierto antiguo, cuando los saqué de la tierra de Egipto en ojos de las gentes para ser su Dios: Yo Jehová. Estos son los decretos, derechos, y leyes que dió Jehová entre sí y los hijos de Israel en el monte de Sinaí por mano de Moisés. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando alguno hiciere voto a Jehová según la estimación de las personas: Tu estimación será, el macho de veinte años hasta sesenta, será tu estimación cincuenta siclos de plata, al siclo del santuario. Y si fuere hembra, la estimación será treinta siclos. Y si fuere de cinco años hasta veinte, tu estimación será, el macho, veinte siclos: y la hembra, diez siclos. Y si fuere de un mes hasta cinco años, tu estimación será, el macho, cinco siclos de plata; y por la hembra, tu estimación será tres siclos de plata. Mas si fuere de sesenta años arriba, por el macho tu estimación será quince siclos: y la hembra diez siclos. Mas si fuere más pobre que tu estimación, entónces será puesto delante del sacerdote, y el sacerdote lo apreciara: conforme a lo que alcanzare la mano del votante lo apreciará el sacerdote. Y si fuere animal de que se ofrece ofrenda a Jehová, todo lo que se diere de él a Jehová, será santo. No será mudado ni trocado bueno por malo, ni malo por bueno: y si se trocare un animal por otro, él y su trueque será santo. Y si fuere cualquiera animal inmundo de que no se ofrece ofrenda a Jehová, entónces el animal será puesto delante del sacerdote, Y el sacerdote lo apreciará, sea bueno, o sea malo, conforme a la estimación del sacerdote así será. Y si lo hubieren de redimir, añadirán su quinto allende de tu estimación. Ítem, cuando alguno santificare su casa por santificación a Jehová, el sacerdote la apreciará, sea buena o sea mala: como el sacerdote la apreciare, así quedará. Mas si el santificante redimiere su casa, añadirá el quinto del dinero de tu estimación sobre ella, y será suya. Ítem, si alguno santificare de la tierra de su posesión a Jehová, tu estimación será conforme a su sembradura, un coro de sembradura de cebada se apreciará en cincuenta siclos de plata. Y si santificare su tierra desde el año del jubileo, conforme a tu estimación quedará. Mas si después del jubileo santificare su tierra, entónces el sacerdote contará con el dinero conforme a los años que quedaren hasta el año del jubileo, y sacarse ha de tu estimación. Y si quisiere redimir la tierra el que la santificó, añadirá el quinto del dinero de tu estimación sobre ella, y quedársele ha. Mas si él no redimiere la tierra, y si la tierra se vendiere a otro, no la redimirá más. Empero cuando saliere el jubileo, la tierra será santa a Jehová como tierra de anatema, la posesión de ella será del sacerdote. Mas si santificare alguno a Jehová la tierra que él compró, que no era de la tierra de su herencia, Entónces el sacerdote contará con él la cantidad de tu estimación hasta el año del jubileo, y aquel día dará tu estimación consagrada a Jehová. En el año del jubileo volverá la tierra a aquel de quien él la compró, cuya era la herencia de la tierra. Y todo lo que apreciares será conforme al siclo del santuario: el siclo tiene veinte óbolos. Empero el primogenito de los animales, que por la primogenitura es de Jehová, nadie lo santificará: sea buey, o oveja, de Jehová es. Mas si fuere de los animales inmundos, redimirlo han conforme a tu estimación, y añadirán sobre ella su quinto: y si no lo redimieren, venderse ha conforme a tu estimación. Empero ningún anatema, que alguno santificare a Jehová de todo lo que tuviere, de hombres, y animales, y de las tierras de su posesión, no se venderá, ni se redimirá. Todo anatema será santidad de santidades a Jehová. Cualquier anatema de hombres que se consagrare, no será redimido: de muerte morirá. Ítem, todas las décimas de la tierra de la simiente de la tierra, del fruto de los árboles, de Jehová son: santidad a Jehová. Y si alguno quisiere redimir algo de sus décimas, añadirá su quinto sobre ella. Y toda décima de vacas, o de ovejas de todo lo que pasa de bajo de vara, la décima será santidad a Jehová. No mirará si es bueno, o malo, ni lo trocará: y si lo trocare, ello y su trueque será santificación, no se redimirá. Estos son los mandamientos que mandó Jehová a Moisés para los hijos de Israel en el monte de Sinaí. Y HABLÓ Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí en el tabernáculo del testimonio, en el primero del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, diciendo: Tomád la copia de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, por la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas. De veinte años y arriba, todos los que salen a la guerra en Israel; contarlos heis tú y Aarón por sus cuadrillas. Y estarán con vosotros un varón de cada tribu, cada uno que sea cabeza de la casa de sus padres. Y estos son los nombres de los varones, que estarán con vosotros. De Rubén: Elisur, hijo de Seduer. De Simeon: Salamiel, hijo de Surisaddai. De Judá: Nahasón, hijo de Aminadab. De Isacar: Natanael, hijo de Suar. De Zabulon: Eliab, hijo de Helón. De los hijos de José: de Efraim: Elisama, hijo de Ammiud: de Manasés: Gamaliel, hijo de Fadassur. De Benjamín: Abidán, hijo de Gedeón. De Dan: Ahiezer, hijo de Ammisaddai. De Aser: Fegiel, hijo de Ocrán. De Gad: Eliasaf, hijo de Dehuel. De Neftalí: Ahira, hijo de Enán. Estos eran los nombrados de la congregación, príncipes de las tribus de sus padres, capitanes de los millares de Israel. Tomó pues Moisés y Aarón a estos varones, que fueron declarados por sus nombres: Y juntaron toda la congregación en el primero del mes segundo, y fueron juntados por sus linajes, por las casas de sus padres, por la cuenta de los nombres, de veinte años y arriba, por sus cabezas, Como Jehová lo había mandado a Moisés: y contólos en el desierto de Sinaí. Y fueron los hijos de Rubén, primogénito de Israel, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres por sus cabezas, todos los varones de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra; Los contados de ellos, de la tribu de Rubén, cuarenta y seis mil y quinientos. De los hijos de Simeón, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, los contados de él conforme a la cuenta de los nombres por sus cabezas, todos varones de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra; Los contados de ellos, de la tribu de Simeón, cincuenta y nueve mil y trescientos. De los hijos de Gad, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra; Los contados de ellos, de la tribu de Gad, cuarenta y cinco mil y seiscientos y cincuenta. De los hijos de Judá, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra; Los contados de ellos, de la tribu de Judá, setenta y cuatro mil y seiscientos. De los hijos de Isacar, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra; Los contados de ellos, de la tribu de Isacar, cincuenta y cuatro mil y cuatrocientos. De los hijos de Zabulón, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra; Los contados de ellos, de la tribu de Zabulón, cincuenta y siete mil y cuatrocientos. De los hijos de José, de los hijos de Efraim, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra; Los contados de ellos, de la tribu de Efraim, cuarenta mil y quinientos. De los hijos de Manasés, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra; Los contados de ellos, de la tribu de Manasés, treinta y dos mil y doscientos. De los hijos de Benjamín, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra; Los contados de ellos, de la tribu de Benjamín, treinta y cinco mil y cuatrocientos. De los hijos de Dan, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra; Los contados de ellos, de la tribu de Dan, sesenta y dos mil y sietecientos. De los hijos de Aser, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra; Los contados de ellos, de la tribu de Aser, cuarenta y un mil y quinientos. De los hijos de Neftalí, sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra; Los contados de ellos, de la tribu de Neftalí, cincuenta y tres mil y cuatrocientos. Estos fueron los contados, que contó Moisés, y Aarón y los doce varones príncipes de Israel, un varón por casa de sus padres fueron. Y fueron todos los contados de los hijos de Israel, por las casas de sus padres, de veinte años y arriba, todos los que podían salir a la guerra en Israel; Fueron todos los contados seiscientos y tres mil, y quinientos y cincuenta. Mas los Levitas no fueron contados entre ellos por la tribu de sus padres. Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Empero tú no contarás la tribu de Leví, ni tomarás la cuenta de ellos entre los hijos de Israel. Mas tú pondrás a los Levitas en el tabernáculo del testimonio, y sobre todos sus vasos, y sobre todas las cosas, que les pertenecen: ellos llevarán el tabernáculo y todos sus vasos, y ellos servirán en él, y asentarán sus tiendas al derredor del tabernáculo. Y cuando el tabernáculo partiere, los Levitas lo desarmarán: y cuando el tabernáculo parare, los Levitas lo armarán: y el extraño que se llegare, morirá. Y los hijos de Israel asentarán sus tiendas cada uno en su escuadrón, y cada uno junto a su bandera por sus cuadrillas; Mas los Levitas asentarán las suyas al rededor del tabernáculo del testimonio, y no habrá ira sobre la congregación de los hijos de Israel: y los Levitas tendrán la guarda del tabernáculo del testimonio. E hicieron los hijos de Israel conforme a todas las cosas, que Jehová mandó a Moisés: así lo hicieron. Y HABLÓ Jehová a Moisés, y a Aarón, diciendo: Los hijos de Israel asentarán sus tiendas cada uno junto a su bandera según las enseñas de las casas de sus padres: desviados al derredor del tabernáculo del testimonio asentarán. Estos asentarán al Levante, al oriente, la bandera del ejército de Judá por sus escuadrones; y el príncipe de los hijos de Judá será Nahasón, hijo de Aminadab. Su escuadrón, los contados de ellos serán setenta y cuatro mil y seiscientos. Junto a él asentarán la tribu de Isacar: y el príncipe de los hijos de Isacar será Natanael, hijo de Suar. Y su escuadrón, sus contados, cincuenta y cuatro mil y cuatrocientos. La tribu de Zabulón, y el príncipe de los hijos de Zabulón será Eliab, hijo de Helón. Y su escuadrón, sus contados, cincuenta y siete mil y cuatrocientos. Todos los contados en el ejército de Judá, ciento y ochenta y seis mil y cuatrocientos por sus escuadrones: irán delante. La bandera del ejército de Ruben al mediodía por sus escuadrones: y el príncipe de los hijos de Ruben será Elisur, hijo de Sedeur: Y su escuadrón, sus contados, cuarenta y seis mil y quinientos. Y asentarán junto a él la tribu de Simeon: y el príncipe de los hijos de Simeón será Salamiel, hijo de Surisaddai. Y su escuadrón, los contados de ellos, cincuenta y nueve mil y trescientos. Ítem, la tribu de Gad: y el príncipe de los hijos de Gad será Eliasaf, hijo de Rehuel. Y su escuadrón, y los contados de ellos, cuarenta y cinco mil y seiscientos y cincuenta. Todos los contados en el ejército de Rubén, ciento y cincuenta y un mil y cuatro cientos y cincuenta por sus escuadrones: estos irán los segundos. Luego irá el tabernáculo del testimonio, el campo de los Levitas en medio de los ejércitos: de la manera que asientan el campo, así caminarán, cada uno en su lugar, junto a sus banderas. La bandera del ejército de Efraim por sus escuadrones, al occidente: y el príncipe de los hijos de Efraim será Elisama, hijo de Ammiud. Y su escuadrón, y los contados de ellos, cuarenta mil y quinientos. Junto a él estará la tribu de Manasés: y el príncipe de los hijos de Manasés será Gamaliel, hijo de Fadassur. Y su escuadrón, y los contados de ellos, treinta y dos mil y doscientos. Ítem, la tribu de Benjamín: y el príncipe de los hijos de Benjamín será Abidán, hijo de Gedeón. Y su escuadrón, y los contados de ellos, treinta y cinco mil y cuatrocientos. Todos los contados en el ejército de Efraim, ciento y ocho mil y ciento, por sus escuadrones: estos irán los terceros. La bandera del ejército de Dan estará al aquilón por sus escuadrones: y el príncipe de los hijos de Dan será Ahiezer, hijo de Ammisaddai. Y su escuadrón, y los contados de ellos, sesenta y dos mil y setecientos. Junto a él asentarán la tribu de Aser: y el príncipe de los hijos de Aser será Fegiel, hijo de Ocrán. Y su escuadrón, y los contados de ellos, cuarenta y un mil y quinientos. Ítem, la tribu de Neftalí: y el príncipe de los hijos de Neftalí será Ahira, hijo de Enán. Y su escuadrón, y los contados de ellos, cincuenta y tres mil y cuatrocientos. Todos los contados en el ejército de Dan, ciento y cincuenta y siete mil y seiscientos: estos irán los postreros tras sus banderas. Estos son los contados de los hijos de Israel, por las casas de sus padres, todos contados por ejércitos, por sus escuadrones, seiscientos y tres mil y quinientos y cincuenta. Mas los Levitas no fueron contados entre los hijos de Israel, como Jehová lo mandó a Moisés. E hicieron los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehová mandó a Moisés: así asentaron el campo por sus banderas, y así marcharon cada uno por sus familias, según las casas de sus padres. Y ESTAS son las generaciones de Aarón, y de Moisés, desde que Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí. Y estos son los nombres de los hijos de Aaron: El primogénito, Nadab: y Abiu, Eleazar, e Itamar. Estos son los nombres de los hijos de Aarón, sacerdotes ungidos, cuyas manos él hinchió para administrar el sacerdocio. Mas Nadab y Abiu murieron delante de Jehová cuando ofrecieron fuego extraño delante de Jehová en el desierto de Sinaí: y no tuvieron hijos: y Eleazar e Itamar hubieron el sacerdocio delante de Aarón su padre. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Haz llegar la tribu de Leví, y házla estar delante de Aarón el sacerdote, para que le administren; Y guarden la observancia de él, y la observancia de toda la congregación delante del tabernáculo del testimonio: para que administren en el servicio del tabernáculo: Y guarden todas las alhajas del tabernáculo del testimonio, y la guarda de los hijos de Israel, y administren en el servicio del tabernáculo. Y darás los Levitas a Aarón y a sus hijos, dados, dados a él por los hijos de Israel. Y a Aarón y a sus hijos constituirás, que guarden su sacerdocio. Y el extraño que se llegare, morirá. Ítem, Jehová habló a Moisés, diciendo: Y, he aquí, yo he tomado los Levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todos los primogénitos que abrieren la matriz, de los hijos de Israel: los Levitas serán míos. Porque mío es todo primogénito desde el día que yo maté todos los primogénitos en la tierra de Egipto, yo santifiqué a mí todos los primogénitos en Israel, así de hombres como de animales, míos serán: Yo Jehová. Ítem, Jehová habló a Moisés en el desierto de Sinaí, diciendo: Cuenta los hijos de Leví por las casas de sus padres, por sus familias: contarás todos los varones de un mes y arriba. Y Moisés los contó conforme a la palabra de Jehová como le fué mandado. Y los hijos de Leví fueron estos por sus nombres: Gersón, y Caat, y Merari. Y los nombres de los hijos de Gersón por sus familias son estos: Lebni, y Simeí. Y los hijos de Caat por sus familias: Amram, y Jesaar, y Hebrón, y Oziel. Ítem, los hijos de Merari por sus familias: Moholi, y Musi. Estas son las familias de Leví por las casas de sus padres. De Gerson: la familia de Lebni y la de Semeí. Estas son las familias de Gersón. Los contados de ellos conforme a la cuenta de todos los varones de un mes y arriba; los contados de ellos fueron siete mil y quinientos. Las familias de Gersón asentarán sus tiendas a las espaldas del tabernáculo al occidente. Y el príncipe de la casa del padre de los Gersonitas será Eliasaf, hijo de Lael. A cargo de los hijos de Gersón en el tabernáculo del testimonio será el tabernáculo y la tienda, y su cubierta, y el pabellón de la puerta del tabernáculo del testimonio. Ítem, las cortinas del patio, y el pabellón de la puerta del patio que está junto al tabernáculo, y junto al altar al derredor, asimismo sus cuerdas para todo su servicio. Y de Caat era la familia Amramítica, y la familia Isaarítica, y la familia Hebronítica, y la familia Ozielítica. Estas son las familias Caatíticas: Por la cuenta de todos los varones de un mes y arriba, ocho mil y seiscientos que tenían la guarda del santuario. Las familias de los hijos de Caat asentarán al lado del tabernáculo al mediodía. Y el príncipe de la casa del padre de las familias de Caat será Elisafán, hijo de Oziel. Y a cargo de ellos será el arca, y la mesa, y el candelero, y los altares, y los vasos del santuario con que ministran; y el velo, con todo su servicio. Y el principal de los príncipes de los Levitas será Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, prepósito de los que tienen la guarda del santuario. De Merari fué la familia Moholítica, y la familia Musítica. Estas fueron las familias de Merari. Y los contados de ellos conforme a la cuenta de todos los varones de un mes y arriba fueron seis mil y doscientos. Y el príncipe de la casa del padre de las familias de Merari será Suriel, hijo de Abijaiel: asentarán al lado del tabernáculo al aquilón. Y a cargo de la guarda de los hijos de Merari serán las tablas del tabernáculo, y sus barras, y sus columnas, y sus basas y todas sus alhajas con todo su servicio; Y las columnas del patio en derredor, y sus basas, y sus estacas, y sus cuerdas. Y los que asentarán delante del tabernáculo al oriente, delante del tabernáculo del testimonio al levante, serán Moisés, y Aarón, y sus hijos teniendo la guarda del santuario por la guarda de los hijos de Israel: y el extraño que se llegare, morirá. Todos los contados de los Levitas, que contó Moisés, y Aarón, conforme a la palabra de Jehová, por sus familias, todos los varones de un mes y arriba fueron veinte y dos mil. Y Jehová dijo a Moisés: Cuenta todos los primogénitos varones de los hijos de Israel de un mes y arriba, y toma la cuenta de los nombres de ellos. Y tomarás los Levitas para mí, yo Jehová, en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel: y los animales de los Levitas en lugar de todos los primogénitos de los animales de los hijos de Israel. Y contó Moisés, como Jehová le mandó, todos los primogénitos de los hijos de Israel. Y fueron todos los primogénitos varones, conforme a la cuenta de los nombres, de un mes y arriba, conforme a su cuenta, veinte y dos mil y doscientos y setenta y tres. Ítem, habló Jehová a Moisés, diciendo: Toma los Levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel, y los animales de los Levitas en lugar de sus animales, y los Levitas serán míos: yo Jehová. Y por los rescates de los doscientos y setenta y tres, que sobrepujan a los Levitas los primogénitos de los hijos de Israel, Tomarás cinco siclos por cabeza; conforme al siclo del santuario tomarás, el siclo veinte óbolos. Y aquel dinero darás a Aarón, y a sus hijos, por los rescates de los que de ellos sobran. Y Moisés tomó el dinero del rescate de los que sobraron de más de los redemidos de los Levitas. Y recibió de los primogénitos de los hijos de Israel en dinero mil y trescientos y sesenta y cinco siclos, conforme al siclo del santuario. Y Moisés dió el dinero de los rescates a Aarón y a sus hijos conforme al dicho de Jehová, de la manera que Jehová había mandado a Moisés. Y HABLÓ Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: Toma la cuenta de los hijos de Caat de entre los hijos de Leví, por sus familias, por las casas de sus padres. De edad de treinta años y arriba hasta cincuenta años, todos los que entran en compañía para hacer obra en el tabernáculo del testimonio. Este será el oficio de los hijos de Caat en el tabernáculo del testimonio, en el lugar santísimo: Cuando se hubiere de mudar el campo, vendrá Aarón, y sus hijos, y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del testimonio. Y pondrán sobre ella la cobertura de pieles de tejones, y extenderán encima el paño todo de cárdeno, y ponerle han sus barras. Y sobre la mesa de la proposición extenderán el paño cárdeno, y pondrán sobre ella las escudillas, y los cucharones, y los tazones, y las cubiertas, y el pan continuo estará sobre ella. Y extenderán sobre ello el paño de carmesí colorado, y cubrirlo han con la cubierta de pieles de tejones, y ponerle han sus barras. Y tomarán el paño cárdeno, y cubrirán el candelero de la luminaria, y sus candilejas, y sus despabiladeras, y sus paletas, y todos sus vasos del aceite con que se sirve. Y ponerlo han con todos sus vasos en la cubierta de pieles de tejones, y ponerlo han sobre las barras. Y sobre el altar de oro extenderán el paño cárdeno, y cubrirlo han con la cubierta de pieles de tejones, y ponerle han sus barras. Y tomarán todos los vasos de servicio, de que se sirven en el santuario, y ponerlos han en el paño cárdeno, y cubrirlos han con la cubierta de pieles de tejones, y ponerlos han sobre las barras. Y quitarán la ceniza del altar, y extenderán sobre él el paño de púrpura. Y pondrán sobre él todos sus instrumentos de que se sirve: las paletas, los garfios, los braseros, y los tazones, todos los vasos del altar: y extenderán sobre él la cobertura de pieles de tejones, y ponerlo han sobre las barras. Y en acabando Aarón y sus hijos de cubrir el santuario, y todos los vasos del santuario, cuando el campo se hubiere de mudar, vendrán después así los hijos de Caat para llevar: y no tocarán el santuario, que morirán. Estas serán las cargas de los hijos de Caat en el tabernáculo del testimonio: Empero al cargo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, será el aceite de la luminaria, y el perfume aromático, y el presente continuo, y el aceite de la unción: el cargo de todo el tabernáculo, y de todo lo que está en él, en el santuario y en sus vasos. Ítem, habló Jehová a Moisés, y a Aarón, diciendo: No cortaréis la tribu de las familias de Caat de entre los Levitas: Mas esto haréis con ellos, para que vivan, y no mueran: Cuando llegaren al lugar santísimo, vendrán Aarón y sus hijos, y ponerlos han a cada uno en su oficio y en su cargo. No entrarán para ver, cuando cubrieren las cosas santas, que morirán. Ítem, habló Jehová a Moisés, diciendo: Toma la cuenta de los hijos de Gersón también a ellos por las casas de sus padres, por sus familias: De edad de treinta años y arriba, hasta cincuenta años los contarás, todos los que entran en compañía para hacer obra en el tabernáculo del testimonio. Este será el oficio de las familias de Gersón para ministrar, y para llevar. Llevarán las cortinas del tabernáculo, y el tabernáculo del testimonio, su cobertura, y la cubierta de pieles de tejones, que está sobre él encima, y el pabellón de la puerta del tabernáculo del testimonio. Y las cortinas del patio, y el pabellón de la puerta del patio, que está sobre el tabernáculo, y sobre el altar al derredor, y sus cuerdas, y todos los instrumentos de su servicio, y todo lo que será hecho para ellos, y servirán. Conforme al dicho de Aarón y de sus hijos será todo el ministerio de los hijos de Gersón en todas sus cargas, y en todo su servicio: y encomendarles heis en guarda todas sus cargas. Este es el servicio de las familias de los hijos de Gersón en el tabernáculo del testimonio: y la guarda de ellos será por mano de Itamar, hijo de Aarón sacerdote. Los hijos de Merari, contarlos has por sus familias, por las casas de sus padres; Desde el que es de edad de treinta años y arriba, hasta el que es de edad de cincuenta años, los contarás, todos los que entran en compañía para hacer obra en el tabernáculo del testimonio. Y esta será la guarda de su cargo para todo su servicio en el tabernáculo del testimonio: Las tablas del tabernáculo, y sus barras, y sus columnas, y sus basas: Ítem, las columnas del patio al derredor, y sus basas, y sus estacas, y sus cuerdas, con todos sus instrumentos, y todo su servicio: y contaréis por sus nombres todos los vasos de la guarda de su cargo. Este será el servicio de las familias de los hijos de Merari para todo su ministerio en el tabernáculo del testimonio por mano de Itamar, hijo de Aarón el sacerdote. Y contó Moisés y Aarón y los príncipes de la congregación a los hijos de Caat por sus familias, y por las casas de sus padres, Desde el de edad de treinta años y arriba, hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entran en compañía para ministrar en el tabernáculo del testimonio: Y fueron los contados de ellos por sus familias dos mil y sietecientos y cincuenta. Estos fueron los contados de las familias de Caat: todos los que ministran en el tabernáculo del testimonio, los cuales contaron Moisés y Aarón como lo mandó Jehová, por mano de Moisés. Y los contados de los hijos de Gersón por sus familias, y por las casas de sus padres, Desde el de edad de treinta años y arriba, hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entran en compañía para ministrar en el tabernáculo del testimonio, Los contados de ellos por sus familias, por las casas de sus padres, fueron dos mil y seiscientos y treinta. Estos son los contados de las familias de los hijos de Gersón, todos los que ministran en el tabernáculo del testimonio, los cuales contaron Moisés y Aarón por mandado de Jehová. Y los contados de las familias de los hijos de Merari por sus familias, por las casas de sus padres, Desde el de edad de treinta años y arriba, hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entran en compañía para ministrar en el tabernáculo del testimonio, Los contados de ellos por sus familias fueron tres mil y doscientos. Estos fueron los contados de las familias de los hijos de Merari, los cuales contaron Moisés y Aarón como lo mandó Jehová, por la mano de Moisés. Todos los contados de los Levitas, que contaron Moisés y Aarón, y los príncipes de Israel por sus familias, y por las casas de sus padres, Desde el de edad de treinta años y arriba, hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entraban para servir en el servicio, y tener cargo de obra en el tabernáculo del testimonio, Los contados de ellos fueron ocho mil y quinientos y ochenta. Como lo mandó Jehová por mano de Moisés fueron contados, cada uno según su oficio, y según su cargo, los cuales él contó como le fué mandado. ÍTEM, Jehová habló a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel que echen del campo a todo leproso y a todos los que padecen flujo de simiente, y a todo contaminado sobre muerto. Así hombres como mujeres echaréis: fuera del campo los echaréis, porque no contaminen el campo de aquellos entre los cuales yo habito. Y los hijos de Israel lo hicieron así, que los echaron fuera del campo: como Jehová dijo a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel. Ítem, habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel: El hombre o la mujer que hicieren alguno de todos los pecados de los hombres, haciendo prevaricación contra Jehová, y pecare aquella persona, Confesarán sus pecados que hicieron, y restituirán su culpa enteramente, y añadirán su quinto sobre ello, y darlo han a aquel contra quien pecaron. Y si aquel varón no tuviere redentor al cual el delito sea restituido, el delito se restituirá a Jehová, al sacerdote, allende del carnero de las expiaciones con el cual lo expiará. Y toda ofrenda de todas las santificaciones, que los hijos de Israel ofrecieren al sacerdote, suya será. Y lo santificado de cualquiera, suyo será: y lo que cualquiera diere al sacerdote, suyo será. Ítem, Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando la mujer de alguno errare, e hiciere traición contra él, Que alguno se hubiere echado con ella por ayuntamiento de simiente, y su marido no lo hubiere visto por haberse ella contaminado ocultamente, ni hubiere testigo contra ella, ni ella hubiere sido tomada, Si viniere sobre él espíritu de celo, y tuviere celos de su mujer, habiéndose ella contaminado; o viniere sobre él espíritu de celo, y tuviere celos de su mujer, no habiéndose ella contaminado; Entónces el marido traerá su mujer al sacerdote, y traerá su ofrenda con ella, una diezma de un efa de harina de cebada: no echará sobre ella aceite, ni pondrá sobre ella incienso; porque es presente de celos, presente de recordación, que trae en memoria pecado: Y el sacerdote la hará llegar, y la hará poner delante de Jehová. Y tomará el sacerdote del agua santa en un vaso de barro; y tomará también el sacerdote del polvo que hubiere en el suelo del tabernáculo, y echarlo ha en el agua: Y hará el sacerdote estar en pié a la mujer delante de Jehová, y descubrirá la cabeza de la mujer, y pondrá sobre sus manos el presente de la recordación, que es el presente de celos, y el sacerdote tendrá en la mano las aguas amargas malditas; Y el sacerdote la conjurará y la dirá: Si ninguno hubiere dormido contigo, y si no te has apartado de tu marido a inmundicia, sé limpia de estas aguas amargas malditas; Mas si te has apartado de tu marido, y te has contaminado, y alguno hubiere puesto en tí su simiente fuera de tu marido; El sacerdote conjurará a la mujer de conjuro de maldición, y dirá a la mujer: Jehová te dé en maldición, y en conjuración en medio de tu pueblo, haciendo Jehová a tu muslo que caiga, y a tu vientre que se te hinche, Y estas aguas malditas entren en tus entrañas, y hagan hinchar tu vientre, y caer tu muslo. Y la mujer dirá, Amén, Amén. Y el sacerdote escribirá estas maldiciones en un libro, y desleirlas ha con las aguas amargas. Y dará a beber a la mujer las aguas amargas malditas, y las aguas malditas entrarán en ella por amargas. Y tomará el sacerdote de la mano de la mujer el presente de los celos, y mecerlo ha delante de Jehová, y ofrecerlo ha delante del altar. Y el sacerdote tomará un puño del presente en memoria de ella, y hará perfume de ello sobre el altar, y después dará a beber las aguas a la mujer. Y darle ha a beber las aguas; y será, que si fuere inmunda, y hubiere hecho traición contra su marido, las aguas malditas entrarán en ella en amargura, y su vientre se hinchará, y su muslo caerá; y la tal mujer será por maldición en medio de su pueblo: Mas si la mujer no fuere inmunda, mas fuere limpia, ella será libre, y asementará simiente. Esta es la ley de los celos, cuando la mujer errare en poder de su marido, y se contaminare: O, del marido, sobre el cual pasare espíritu de celo, y tuviere celos de su mujer, y la presentare delante de Jehová; el sacerdote la hará toda esta ley. Y aquel varón será libre de iniquidad, y la mujer llevará su pecado. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: El hombre, o la mujer, cuando se apartare haciendo voto de Nazareo, para apartarse a Jehová. Apartarse ha de vino y de sidra: vinagre de vino, ni vinagre de sidra no beberá, ni beberá algún licor de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas. Todo el tiempo de su Nazareato, de todo lo que se hace de vid de vino, desde los granillos hasta el hollejo, no comerá. Todo el tiempo del voto de su Nazareato no pasará navaja sobre su cabeza, hasta que sean cumplidos los dias de su apartamiento a Jehová: santo será, dejará crecer las guedejas del cabello de su cabeza. Todo el tiempo que se apartare a Jehová, no entrará a persona muerta. Sobre su padre, ni sobre su madre, sobre su hermano, ni sobre su hermana, no se contaminará con ellos cuando murieren; porque consagración de su Dios tiene sobre su cabeza. Todo el tiempo de su Nazareato será santo a Jehová. Y si alguno muriere de súbito junto a él, contaminará la cabeza de su Nazareato: por tanto el día de su purificación raerá su cabeza: al séptimo día la raerá: Y el día octavo traerá dos tórtolas, o dos palominos al sacerdote, a la puerta del tabernáculo del testimonio: Y el sacerdote hará el uno en expiación y el otro en holocausto: y expiarlo ha de lo que pecó sobre el muerto, y santificará su cabeza en aquel día: Y consagrará a Jehová los dias de su Nazareato, y traerá un cordero de un año en expiación por la culpa, y los dias primeros serán anulados, por cuanto fué contaminado su Nazareato. Esta es pues la ley del Nazareo: El día que se cumpliere el tiempo de su Nazareato, vendrá a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y ofrecerá por su ofrenda a Jehová un cordero sin tacha de un año en holocausto, y una cordera sin defecto de un año en expiación, y un carnero perfecto por paces. Ítem, un canastillo de cenceñas, tortas de flor de harina amasadas con aceite, y hojaldres cenceñas untadas con aceite, y su presente, y sus derramaduras. Y el sacerdote lo ofrecerá delante de Jehová, y hará su expiación y su holocausto. Y hará el carnero en sacrificio de paces a Jehová, con el canastillo de las cenceñas: hará asimismo el sacerdote su presente, y sus derramaduras. Entónces el Nazareo raerá a la puerta del tabernáculo del testimonio la cabeza de su Nazareato; y tomará los cabellos de la cabeza de su Nazareato, y ponerlos ha sobre el fuego, que está debajo del sacrificio de las paces. Después tomará el sacerdote la espalda cocida del carnero, y una torta sin levadura del canastillo, y una hojaldre sin levadura, y ponerlo ha sobre las manos del Nazareo, después que fuere raido su Nazareato. Y mecerlo ha de mecedura el sacerdote delante de Jehová, lo cual será santidad para el sacerdote allende del pecho de la mecedura, y de la espalda de la apartadura: y después beberá vino el Nazareo. Esta es la ley del Nazareo, que hiciere voto de su ofrenda a Jehová por su Nazareato, allende de lo que su mano alcanzare: según el voto que hiciere, así hará conforme a la ley de su Nazareato. Ítem, Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón, y a sus hijos, y díles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciendoles: Jehová te bendiga, y te guarde: Haga resplandecer Jehová su rostro sobre tí, y haya de tí misericordia: Jehová alce a tí su rostro, y ponga en tí paz. Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré. Y ACONTECIÓ, que cuando Moisés, hubo acabado de levantar el tabernáculo; y ungídolo, y santificádolo con todos sus vasos; asimismo el altar con todos sus vasos, y ungídolos, y santificádolos; Entónces los príncipes de Israel, las cabezas de las casas de sus padres, los cuales eran los príncipes de las tribus que estaban sobre los contados, ofrecieron: Y trajeron sus ofrendas delante de Jehová seis carros cubiertos, y doce bueyes, cada dos príncipes un carro, y cada uno un buey, lo cual ofrecieron delante del tabernáculo. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Tómalo de ellos, y será para el servicio del tabernáculo del testimonio: y darlo has a los Levitas, a cada uno conforme a su ministerio. Entónces Moisés recibió los carros y los bueyes, y diólo a los Levitas. Dos carros y cuatro bueyes dió a los hijos de Gersón, conforme a su ministerio: Y los cuatro carros y ocho bueyes dió a los hijos de Merari conforme a su ministerio debajo de la mano de Itamar, hijo de Aarón sacerdote. Y a los hijos de Caat no dió nada, porque llevaban sobre sí en los hombros el servicio del santuario. Y ofrecieron los príncipes a la dedicación del altar el día que fué ungido, ofrecieron los príncipes su ofrenda delante del altar. Y Jehová dijo a Moisés: El un príncipe un día, y el otro príncipe otro día, ofrecerán su ofrenda a la dedicación del altar. Y el que ofreció su ofrenda el primer día fué Nahasón, hijo de Amminadab de la tribu de Judá: Y fué su ofrenda, un plato de plata de peso de ciento y treinta siclos, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ámbos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente: Un cucharón de oro de diez siclos lleno de perfume, Un becerro hijo de vaca, un carnero, un cordero de un año para holocausto; Un macho de cabrío para expiación; Y para sacrificio de paces dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Nahasón, hijo de Amminadab. El segundo día ofreció Natanael, hijo de Suar, príncipe de Isacar: Ofreció por su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ámbos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente: Un cucharón de oro de diez siclos lleno de perfume, Un becerro hijo de vaca, un carnero, un cordero de un año para holocausto; Un macho de cabrío para expiación; Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Natanael, hijo de Suar. El tercero día, el príncipe de los hijos de Zabulón, Eliab, hijo de Helon: Y fué su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ámbos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente: Un cucharón de oro de diez siclos lleno de perfume, Un becerro hijo de vaca, un carnero, un cordero de un año para holocausto; Un macho de cabrío para expiación; Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos, de un año. Esta fué la ofrenda de Eliab, hijo de Helón. El cuarto día, el príncipe de los hijos de Rubén, Elisur, hijo de Sedeur: Y fué su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ámbos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente: Un cucharón de oro de diez siclos lleno de perfume. Un becerro hijo de vaca, un carnero, un cordero de un año para holocausto; Un macho de cabrío para expiación; Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Elisur, hijo de Sedeur. El quinto día el príncipe de los hijos de Simeón, Salamiel, hijo de Surisaddai: Y fué su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ámbos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente: Un cucharón de oro de diez siclos lleno de perfume, Un becerro, hijo de vaca, un carnero, un cordero de un año para holocausto; Un macho de cabrío para expiación; Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Salamiel, hijo de Surisaddai. El sexto día, el príncipe de los hijos de Gad, Eliasaf, hijo de Dehuel: Y fué su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ámbos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente: Un cucharón de oro de diez siclos lleno de perfume, Un becerro hijo de vaca, un carnero, un cordero de un año para holocausto; Un macho de cabrío para expiación; Y para sacrificio de paces dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Eliasaf, hijo de Dehuel. El séptimo día, el príncipe de los hijos de Efraim, Elisama, hijo de Ammiud: Y fué su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de sententa siclos, al siclo del santuario, ámbos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente: Un cucharón de oro de diez siclos lleno de perfume, Un becerro hijo de vaca, un carnero, un cordero de un año para holocausto; Un macho de cabrío para expiación; Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Elisama, hijo de Ammiud. El octavo día el príncipe de los hijos de Manasés, Gamaliel, hijo de Fadassur: Y fué su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ámbos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente: Un cucharón de oro de diez siclos lleno de perfume, Un becerro hijo de vaca, un carnero, un cordero de un año para holocausto; Un macho de cabrío para expiación; Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Gamaliel, hijo de Fadassur. El noveno día, el príncipe de los hijos de Benjamín, Abidán, hijo de Gedeon: Y fué su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ámbos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente: Un cucharón de oro de diez siclos lleno de perfume, Un becerro hijo de vaca, un carnero, un cordero de un año para holocausto; Un macho de cabrío para expiación; Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Abidán, hijo de Gedeón. El décimo día el príncipe de los hijos de Dan, Ahiezer, hijo de Ammisaddai: Y fué su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ámbos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente: Un cucharón de oro de diez siclos lleno de perfume, Un becerro hijo de vaca, un carnero, un cordero de un año para holocausto; Un macho de cabrío para expiación; Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Ahiezer, hijo de Ammisaddai. El día undécimo, el príncipe de los hijos de Aser, Fegiel, hijo de Ocrán: Y fué su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ámbos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente: Un cucharón de oro de diez siclos lleno de perfume. Un becerro hijo de vaca, un carnero, un cordero de un año para holocausto; Un macho de cabrío para expiación; Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Fegiel, hijo de Ocrán. El duodécimo día el príncipe de los hijos de Neftalí, Ahira, hijo de Enán: Y fué su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ámbos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente: Un cucharón de oro de diez siclos lleno de perfume, Un becerro hijo de vaca, un carnero, un cordero de un año para holocausto; Un macho de cabrío para expiación; Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Ahira, hijo de Enán. Esta fué la dedicación del altar el día que fué ungido por los príncipes de Israel, doce platos de plata, doce jarros de plata, doce cucharones de oro; Cada plato de ciento y treinta siclos, cada jarro de setenta; toda la plata de los vasos fué dos mil y cuatrocientos siclos, al siclo del santuario: Los doce cucharones de oro llenos de perfume de diez siclos cada cucharón, al peso del santuario: todo el oro de los cucharones fué ciento y veinte siclos. Todos los bueyes para holocausto fueron doce becerros, doce carneros, doce corderos de un año con su presente; y doce machos de cabrío para expiación. Y todos los bueyes del sacrificio de las paces, veinte y cuatro becerros, sesenta carneros, sesenta machos cabríos, sesenta corderos de un año. Esta fué la dedicación del altar después que fué ungido. Y cuando entraba Moisés en el tabernáculo del testimonio para hablar con él, oía la voz del que le hablaba desde encima de la cubierta que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines, y hablaba con él. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Habla a Aarón, y díle: Cuando encendieres las lámparas, las siete lámparas arderán contra la faz del candelero. Y Aarón lo hizo así, que encendió contra la faz del candelero sus lámparas, como Jehová lo mandó a Moisés. Y esta era la hechura del candelero; de oro de martillo: desde su pié hasta sus flores era de martillo, conforme al modelo que Jehová mostró a Moisés, así hizo el candelero. Ítem, Jehová habló a Moisés, diciendo: Toma a los Levitas de entre los hijos de Israel, y expíalos: Y hacerles has así para expiarlos: Rocía sobre ellos el agua de la expiación, y haz pasar navaja sobre toda su carne, y lavarán sus vestidos, y serán expiados. Y tomarán un novillo hijo de vaca con su presente de flor de harina amasada con aceite: y tomarás otro novillo hijo de vaca, para expiación: Y harás llegar los Levitas delante del tabernáculo del testimonio, y juntarás toda la congregación de los hijos de Israel: Y harás llegar los Levitas delante de Jehová; y pondrán los hijos de Israel sus manos sobre los Levitas: Y ofrecerá Aarón los Levitas delante de Jehová en ofrenda de los hijos de Israel, y servirán en el ministerio de Jehová. Y los Levitas pondrán sus manos sobre las cabezas de los novillos: Y harás el uno por expiación, y el otro en holocausto a Jehová para expiar los Levitas. Y harás presentar los Levitas delante de Aarón, y delante de sus hijos, y ofrecerlos has en ofrenda a Jehová. Y apartarás los Levitas de entre los hijos de Israel, y serán míos los Levitas. Y así después vendrán los Levitas a ministrar en el tabernáculo del testimonio, y expiarlos has, y ofrecerlos has en ofrenda. Porque dados, dados me son a mí los Levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todo aquel que abre matriz; en lugar de los primogénitos de todos los hijos de Israel me los he tomado yo. Porque mío es todo primogénito en los hijos de Israel, así de hombres como de animales: desde el día que yo herí a todo primogénito en la tierra de Egipto, los santifiqué para mí: Y he tomado los Levitas en lugar de todos los primogénitos en los hijos de Israel. Y yo he dado dados los Levitas a Aarón, y a sus hijos de entre los hijos de Israel, para que sirvan el ministerio de los hijos de Israel en el tabernáculo del testimonio, y reconcilien a los hijos de Israel, porque no haya plaga en los hijos de Israel, llegando los hijos de Israel al santuario. E hizo Moisés, y Aarón, y toda la congregación de los hijos de Israel de los Levitas, conforme a todas las cosas que mandó Jehová a Moisés a cerca de los Levitas, así hicieron de ellos los hijos de Israel. Y los Levitas se expiaron, y lavaron sus vestidos, y Aarón los ofreció en ofrenda delante de Jehová: y Aarón los reconcilió para expiarlos. Y así después vinieron los Levitas para servir en su ministerio en el tabernáculo del testimonio delante de Aarón, y delante de sus hijos: de la manera que mandó Jehová a Moisés acerca de los Levitas, así hicieron con ellos. Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Esto cuanto a los Levitas: De veinte y cinco años y arriba entrarán a hacer su oficio en el servicio del tabernáculo del testimonio: Mas desde los cincuenta años volverán del oficio de su ministerio, y nunca más servirán: Mas servirán con sus hermanos en el tabernáculo del testimonio para hacer la guarda: mas no servirán en el ministerio. Así harás de los Levitas cuanto a sus oficios. Y HABLÓ Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, en el mes primero, diciendo: Los hijos de Israel harán la páscua a su tiempo: El catorceno día de este mes entre las dos tardes la haréis a su tiempo; conforme a todos sus ritos, y conforme a todas sus leyes la haréis. Y habló Moisés a los hijos de Israel para que hiciesen la páscua: E hicieron la páscua en el mes primero, a los catorce dias del mes entre las dos tardes en el desierto de Sinaí: conforme a todas las cosas que mandó Jehová a Moisés así hicieron los hijos de Israel. Y hubo algunos que estaban inmundos a causa de muerto, y no pudieron hacer la páscua aquel día: y llegaron delante de Moisés, y delante de Aarón aquel día. Y dijéronle aquellos hombres: Nosotros estamos inmundos por causa de muerto, ¿por qué seremos impedidos de ofrecer ofrenda a Jehová a su tiempo entre los hijos de Israel? Y Moisés les respondió: Esperád, y yo oiré que mandará Jehová acerca de vosotros. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, diciendo: Cualquier varón que fuere inmundo por causa de muerto, o fuere camino léjos de vosotros, o de vuestras generaciones, hará páscua a Jehová. En el mes segundo, a los catorce dias del mes, entre las dos tardes, la harán, con cenceñas y yerbas amargas lo comerán. No dejarán de él algo para la mañana, ni quebrarán hueso en él: conforme a todos los ritos de la páscua la harán. Mas el que estuviere limpio, y no fuere de camino, si dejare de hacer la páscua, la tal persona será cortada de sus pueblos: por cuanto no ofreció a su tiempo la ofrenda de Jehová, el tal hombre llevará su pecado. Y si morare con vosotros algún peregrino e hiciere la páscua a Jehová, conforme al rito de la páscua y conforme a sus leyes así la hará: un mismo rito tendréis, así el peregrino, como el natural de la tierra. Y el día que el tabernáculo fué levantado, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio: y a la tarde estaba sobre el tabernáculo como una aparencia de fuego hasta la mañana. Así era continuamente: la nube lo cubría, y de noche la aparencia de fuego. Y según que se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel, se partían; y en el lugar donde la nube paraba, allí alojaban los hijos de Israel. Al dicho de Jehová los hijos de Israel se partían, y al dicho de Jehová asentaban el campo: todos los dias que la nube estaba sobre el tabernáculo, ellos estaban quedos. Y cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo muchos dias, entónces los hijos de Israel aguardaban a Jehová, y no partían. Y era, que cuando la nube estaba sobre el tabernáculo pocos dias, al dicho de Jehová alojaban, y al dicho de Jehová partían. Y era, que cuando la nube estaba desde la tarde hasta la mañana, y a la mañana la nube se levantaba, ellos partían: o si había estado el día, y a la noche la nube se levantaba, entónces partían. O si dos dias, o un mes, o un año, cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo quedándose sobre él, los hijos de Israel asentaban, y no movían: mas cuando ella se alzaba, ellos movían. Al dicho de Jehová asentaban, y al dicho de Jehová partían, aguardando a Jehová, como lo había dicho Jehová por mano de Moisés. Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo: Házte dos trompetas de plata; de obra de martillo las harás, las cuales te servirán para convocar la congregación, y para hacer mover el campo: Y cuando las tocaren, toda la congregación se juntará tí a la puerta del tabernáculo del testimonio. Mas cuando tocaren la una, entónces se congregarán a tí los príncipes, las cabezas de los millares de Israel. Y cuando tocareis júbilo, entónces moverá el campo de los que están alojados al oriente. Y cuando tocareis júbilo la segunda vez, entónces moverá el campo de los que están alojados al mediodia: júbilo tocarán a sus partidas. Empero cuando juntareis la congregación, tocaréis, mas no jubilaréis. Y los hijos de Aarón, los sacerdotes, tocarán las trompetas, y tenerlas heis por estatuto perpetuo por vuestras generaciones. Y cuando viniereis a la guerra en vuestra tierra contra el enemigo que os molestare, jubilaréis con las trompetas, y seréis en memoria delante de Jehová vuestro Dios, y seréis salvos de vuestros enemigos. Ítem, en el día de vuestra alegría, y en vuestras solemnidades, y en los principios de vuestros meses tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos, y sobre los sacrificios de vuestras paces, y seros han por memoria delante de vuestro Dios: Yo Jehová vuestro Dios. Y fué en el año segundo, en el mes segundo a los veinte del mes, que la nube se alzó del tabernáculo del testimonio. Y movieron los hijos de Israel por sus partidas del desierto de Sinaí; y paró la nube en el desierto de Farán. Y movieron la primera vez al dicho de Jehová por mano de Moisés. Y la bandera del campo de los hijos de Judá comenzó a marchar primero por sus escuadrones: y Nahasón, hijo de Aminadab, era sobre su ejército. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Isacar era Natanael hijo de Suar. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Zabulón, Eliab hijo de Helón. Y el tabernáculo era ya desarmado, y movieron los hijos de Gersón, y los hijos de Merari, que lo llevaban. Luego comenzó a marchar la bandera del campo de Ruben por sus escuadrones: y Elisur, hijo de Sedeur, era sobre su ejército. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Simeón era Salamiel hijo de Surisaddai. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Gad, Eliasaf hijo de Dehuel. Luego comenzaron a marchar los Caatitas llevando el santuario: y entre tanto que ellos llegaban asentaron el tabernáculo. Después comenzó a marchar la bandera del campo de los hijos de Efraim por sus escuadrones: y Elisama, hijo de Ammiud, era sobre su ejército. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Manasés, Gamaliel hijo de Fadassur. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Benjamín, Abidam hijo de Gedeón. Luego comenzó a marchar la bandera del campo de los hijos de Dan por sus escuadrones recogiendo todos los campos: y Ahiezer, hijo de Ammisaddai, era sobre su ejército. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Aser, Fegiel hijo de Ocrán. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Neftalí, Ahira hijo de Enán. Estas son las partidas de los hijos de Israel por sus ejércitos: y así se partieron. Entónces Moisés dijo a Hobab hijo de Raguel Madianita su suegro: Nosotros nos partimos para el lugar del cual Jehová ha dicho: Yo os lo daré. Ven con nosotros, y hacerte hemos bien; porque Jehová ha hablado bien sobre Israel. Y él le respondió: Yo no vendré, ántes me iré a mi tierra, y a mi parentela. Y él le dijo: Ruégote que no nos dejes, porque tú sabes nuestros alojamientos en el desierto, y nos serás en lugar de ojos. Y será, que si vinieres con nosotros, cuando hubiéremos el bien que Jehová nos ha de hacer, nosotros te haremos bien. Así partieron del monte de Jehová camino de tres dias, y el arca del concierto de Jehová fué delante de ellos camino de tres dias buscándoles reposo. Y la nube de Jehová iba sobre ellos de día desde que partieron del campo. Y fué, que en moviendo el arca, Moisés decía: Levántate Jehová, y sean disipados tus enemigos, y huyan delante de tu rostro los que te aborrecen. Y en asentando ella, decía: Vuelve Jehová a los millares de los millares de Israel. Y ACONTECIÓ, que el pueblo se quejó en oidos de Jehová, y oyólo Jehová, y enojóse su furor, y encendióse en ellos fuego de Jehová, y consumió el un cabo del campo. Entónces el pueblo dió voces a Moisés, y Moisés oró a Jehová, y el fuego se hundió. Y llamó a aquel lugar Tabera; porque el fuego de Jehová se encendió en ellos. Y el vulgo que era en medio del pueblo tuvo deseo, y volvieron, y aun lloraron los hijos de Israel, y dijeron: ¿Quién nos hiciese comer carne? Acordámosnos del pescado, que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, y de los melones, y de los puerros, y de las cebollas, y de los ajos: Y ahora nuestra alma se seca, que nada sino man ven nuestros ojos. Y el man era como simiente de cilantro, y su color como color de cristal. Derramábase el pueblo, y cogían, y molían en molinos, o majaban en morteros, y cocían en la caldera, y hacían de él tortas; y su sabor era como sabor de aceite nuevo. Y cuando descendía el rocio sobre el real de noche, el man descendía de sobre él. Y oyó Moisés al pueblo, que lloraba por sus familias, cada uno a la puerta de su tienda, y el furor de Jehová se encendió en gran manera; y pareció mal a Moisés. Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿Y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Concebí yo a todo este pueblo? Engendréle yo, que medices, llévale en tus brazos, como lleva el que cria al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres? ¿De dónde tengo yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran sobre mí, diciendo: Dános carne, que comamos. No puedo yo solo suportar a todo este pueblo, que es más pesado que yo. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me mates de muerte, si he hallado gracia en tus ojos, y que yo no vea mi mal. Entónces Jehová dijo a Moisés: Júntame setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo, y sus príncipes: y tráelos a la puerta del tabernáculo del testimonio, y esperen allí contigo. Y yo descenderé, y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en tí, y pondré en ellos, y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo. Empero al pueblo dirás: Santificáos para mañana, y comeréis carne: por cuanto habéis llorado en oidos de Jehová, diciendo: ¿Quién nos hiciese comer carne? Cierto mejor nos iba en Egipto. Que Jehová os dará carne, y comeréis. No comeréis un día, ni dos dias, ni cinco dias, ni diez dias, ni veinte dias: Hasta un mes de tiempo, hasta que os salga por las narices, y os sea en aborrecimiento: por cuanto menospreciasteis a Jehová, que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto? Entónces Moisés dijo: Seiscientos mil de a pié es el pueblo en medio del cual yo estoy: ¿Y tú dices: yo les daré carne, y comerán un mes de tiempo? ¿Degollarse han para ellos ovejas y bueyes que les basten? o ¿juntarse han para ellos todos los peces de la mar, para que hayan abasto? Entónces Jehová respondió a Moisés: ¿Será cortada la mano de Jehová? Ahora verás si te viene mi dicho o no. Y salió Moisés, y dijo al pueblo las palabras de Jehová: y juntó los setenta varones de los ancianos del pueblo, e hízolos estar al derredor del tabernáculo. Entónces Jehová descendió en la nube, y hablóle: y tomó del espíritu que estaba en él, y puso en los setenta varones ancianos, y fué, que en reposando en ellos el espíritu profetizaron, y no añadieron. Y habían quedado en el campo dos varones: el uno se llamaba Eldad, y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu: estos estaban entre los escritos, mas no habían salido al tabernáculo, y profetizaron en el campo. Y corrió un mozo, y dió aviso a Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campo. Entónces respondió Josué, hijo de Nun, ministro de Moisés, de sus mancebos, y dijo: Señor mío Moisés, impídelos. Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Mas ¡quién diese que todo el pueblo de Jehová fuesen profetas, que Jehová diese su Espíritu sobre ellos! Y recogióse Moisés al campo, él y los ancianos de Israel. Y salió un viento de Jehová, y trajo codornices de la mar, y dejólas sobre el real un día de camino de la una parte, y otro día de camino de la otra en derredor del campo, y casi dos codos sobre la haz de la tierra. Entónces el pueblo se levantó todo aquel día, y toda la noche, y todo el día siguiente, y cogiéronse codornices, el que menos, cogio diez montones: y tendiéronselas tendiendo al derredor del campo. Aun estaba la carne entre los dientes de ellos, ántes que fuese cortada, cuando el furor de Jehová se encendió en el pueblo, e hirió Jehová al pueblo de gran plaga en gran manera. Y llamó el nombre de aquel lugar Kibrot-hattaava, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso. De Kibrot-hattaava movió el pueblo a Jaserot, y pararon en Jaserot. Y HABLÓ María y Aarón contra Moisés por causa de la mujer Etiopisa que había tomado; porque él había tomado mujer Etiopisa. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y oyó Jehová. Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres, que eran sobre la tierra. Y luego dijo Jehová a Moisés y a Aarón, y a María: Salíd vosotros tres al tabernáculo del testimonio. Y salieron ellos tres. Entónces Jehová descendió en la columna de la nube, y púsose a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María, y salieron ellos ámbos. Y él les dijo: Oid ahora mis palabras: Si tuviereis profeta de Jehová, yo le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. Mi siervo Moisés no es así: en toda mi casa es fiel. Boca a boca hablaré con él, y de vista: y no por figuras o semejanza verá a Jehová: ¿por qué pues no hubisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés? Entónces el furor de Jehová se encendio en ellos y se fué; Y la nube se apartó del tabernáculo: y he aquí que María era leprosa como la nieve: Y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa. Y dijo Aarón a Moisés: Ay señor mío, no pongas ahora sobre nosotros pecado; porque locamente lo hemos hecho, y hemos pecado. No sea ella ahora como el que sale muerto del vientre de su madre consumida la mitad de su carne. Entónces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Ruégote, oh Dios, que la sanes ahora. Jehová respondió a Moisés: ¿Pues si su padre escupiendo hubiera escupido en su cara, no se avergonzaría por siete dias? sea echada fuera del real por siete dias; y después se juntará. Así Mariá fué echada del real siete dias, y el pueblo no pasó a delante hasta que Mariá se juntó. Y después movió el pueblo de Jaserot, y asentaron el campo en el desierto de Farán. Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo: Envíate hombres que reconozcan la tierra de Canaán que yo doy a los hijos de Israel; de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos. Y Moisés los envió desde el desierto de Farán conforme a la palabra de Jehová: y todos aquellos varones eran príncipes de los hijos de Israel. Los nombres de los cuales son estos: De la tribu de Rubén, Sammua hijo de Zecur. De la tribu de Simeón, Safar hijo de Huri. De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone. De la tribu de Isacar, Igal hijo de José. De la tribu de Efraim, Oséas hijo de Nun. De la tribu de Benjamín, Palti hijo de Rafín. De la tribu de Zabulón, Geddiel hijo de Sodi. De la tribu de José, de la tribu de Manasés, Gaddi hijo de Susi. De la tribu de Dan, Ammiel hijo de Gemalli. De la tribu de Aser, Setur hijo de Micael. De la tribu de Neftalí, Nahabi hijo de Vapsi. De la tribu de Gad, Guel hijo de Maqui. Estos son los nombres de los varones, que Moisés envió a reconocer la tierra; y a Oséas hijo de Nun, Moisés le puso nombre Josué. Y enviólos Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subíd por aquí, por el mediodía, y subíd al monte. Y considerád la tierra, que tal es: y el pueblo que la habita, si es fuerte, o flaco; si es poco, o mucho: Que tal es la tierra habitada, si es buena, o mala; y que tales son las ciudades habitadas; si son de tiendas, o de fortalezas: Ítem, cual sea la tierra, si es gruesa, o magra; si hay en ella árboles, o no. Y esforzáos, y cogéd del fruto de la tierra. Y el tiempo era el tiempo de las primeras uvas. Y ellos subieron, y reconocieron la tierra desde el desierto de Sin, hasta Rohob entrando en Emat. Y subieron por el mediodía, y vinieron hasta Hebron: y allí estaba Aquimán, y Sisai, y Tolmai, hijos de Enac. Y Hebrón fué edificada siete años ántes de Soán la de Egipto. Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en una barra; y de las granadas, y de los higos. Y llamó a aquel lugar, Nahalescol por el racimo, que cortaron de allí los hijos de Israel. Y volvieron de reconocer la tierra al cabo de cuarenta dias. Y anduvieron, y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel en el desierto de Farán, en Cades; y diéronles la respuesta, y a toda la congregación, y mostráronles el fruto de la tierra. Y contáronle, y dijeron: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste; la cual ciertamente corre leche y miel, y este es el fruto de ella: Mas el pueblo que habita aquella tierra, es fuerte, y las ciudades muy grandes y fuertes: y también vimos allí los hijos de Enac. Amalec habita la tierra del mediodía, y el Jetteo, y el Jebuseo, y el Amorreo habitan en el monte: y el Cananeo habita junto a la mar, y a la ribera del Jordán. Entónces Caleb hizo callar el pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos subiendo, y poseámosla; que más podremos que ella. Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo; porque es más fuerte que nosotros: Y infamaron la tierra, que habían reconocido, con los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo, que vimos en medio de ella, son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Enac, de los gigantes: y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas: y así les parecíamos también a ellos. ENTÓNCES toda la congrega- ción alzaron grita, y dieron voces; y lloró el pueblo aquella noche. Y quejáronse contra Moisés, y contra Aarón, todos los hijos de Israel, y dijéronles toda la multitud: Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto: o en este desierto, ojalá muriéramos. Y ¿por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a cuchillo, y que nuestras mujeres y nuestros chiquitos sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? Y decían el uno al otro: Hagamos un capitán, y volvámosnos a Egipto. Entónces Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros delante de toda la compañía de la congregación de los hijos de Israel. Y Josué hijo de Nun, y Caleb hijo de Jefone, de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos. Y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla es tierra en grande manera buena: Si Jehová se agradare de nosotros, él nos meterá en esta tierra, y nos la entregará, tierra que corre leche y miel. Por tanto no seais rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de aquesta tierra, porque nuestro pan son. Su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros es Jehová, no los temáis. Entónces toda la multitud habló de apedrearlos con piedras, y la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo del testimonio a todos los hijos de Israel. Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me ha de creer con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo lo heriré de mortandad, y lo destruiré, y a tí te pondré sobre gente grande y fuerte más que él. Y Moisés respondió a Jehová: Y oirlo han los Egipcios, porque de en medio de él sacaste a este pueblo con tu fortaleza. Y dirán los Egipcios a los habitadores de esta tierra, los cuales han ya oido que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que ojo a ojo aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de fuego; Y que has hecho morir a este pueblo como a un hombre: y dirán las gentes, que oyeren tu fama, diciendo: Porque no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto. Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificada la fortaleza del Señor, como lo hablaste, diciendo: Jehová, luengo de iras, y grande en misericordia, que suelta la iniquidad y la rebelión: y absolviendo no absolverá. Que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos. Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí. Entónces Jehová dijo: Yo lo he perdonado conforme a tu dicho. Mas ciertamente vivo yo, y mi gloria hinche toda la tierra, Que todos los que vieron mi gloria, y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oido mi voz, No verán la tierra de la cual juré a sus padres; y que ninguno de los que me han irritado, la verá. Mas mi siervo Caleb, por cuanto hubo otro espíritu en él, y cumplió de ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su simiente la recibirá en heredad: Y aun al Amalecita, y al Cananeo que habitan en el valle. Volvéos mañana, y partíos al desierto camino del mar Bermejo. Ítem, Jehová habló a Moisés, y a Aarón, diciendo: ¿Hasta cuándo oiré a esta mala congregación que murmura contra mí, las quejas de los hijos de Israel, que se quejan de mí? Díles: Vivo yo, dice Jehová, que como vosotros hablasteis a mis oidos, así haré yo con vosotros. En este desierto caerán vuestros cuerpos, y todos vuestros contados por toda vuestra cuenta de veinte años arriba, los que murmurasteis contra mí, Que vosotros no entraréis en la tierra por la cual alcé mi mano de haceros habitar en ella, sacando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun. Y vuestros chiquitos, de los cuales dijisteis: Por presa serán, yo los meteré, y ellos sabrán la tierra que vosotros despreciasteis. Y vuestros cuerpos, vosotros, en este desierto caerán. Mas vuestros hijos serán pastores en este desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras fornicaciones, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto: Conforme al número de los dias en que reconocisteis la tierra, cuarenta dias, día por año, día por año, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, y conoceréis mi castigo. Yo Jehová he hablado: Si esto no hiciere a toda esta congregación mala, que se ha juntado contra mí: en este desierto serán consumidos, y ahí morirán. Y los varones que Moisés envió a reconocer la tierra, y vueltos habían hecho murmurar contra él a toda la congregación infamando la tierra: Aquellos varones, que habían infamado la tierra, murieron de plaga delante de Jehová: Mas Josué hijo de Nun, y Caleb hijo de Jefone, vivieron, de aquellos hombres que habían ido a reconocer la tierra. Y Moisés dijo estas cosas, a todos los hijos de Israel, y el pueblo se enlutó mucho. Y levantáronse por la mañana, y subieron a la cumbre del monte, diciendo: Hénos aquí aparejados para subir al lugar del cual ha hablado Jehová, por cuanto hemos pecado. Y dijo Moisés: ¿Por qué quebrantáis el dicho de Jehová? Esto tampoco os sucederá bien. No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seais heridos delante de vuestros enemigos. Porque el Amalecita, y el Cananeo están allí delante de vosotros, y caeréis a cuchillo; porque por cuanto os habéis tornado de seguir a Jehová, y Jehová no será con vosotros. Y forzáronse a subir en la cumbre del monte, mas el arca del concierto de Jehová, y Moisés no se quitaron de en medio del campo. Y descendió el Amalecita, y el Cananeo que habitaban en el monte, e hiriéronlos, y deshiciéronlos, hasta Jorma. Y JEHOVÁ habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis entrado en la tierra de vuestras habitaciones que yo os doy, E hiciereis ofrenda encendida a Jehová, holocausto, o sacrificio, para ofrecer voto, o de vuestra voluntad, o para hacer en vuestras solemnidades olor de holganza a Jehová de vacas, o de ovejas, Entónces el que ofreciere, ofrecerá por su ofrenda a Jehová por presente, una diezma de flor de harina amasada con una cuarta de hin de aceite: Y de vino para la derramadura ofrecerás una cuarta de hin allende del holocausto, o del sacrificio por cada un cordero. Y por cada carnero harás presente de dos diezmas de flor de harina amasada con el tercio de un hin de aceite. Y de vino para la derramadura ofrecerás el tercio de un hin a Jehová en olor de holganza. Y cuando hicieres novillo en holocausto, o sacrificio, para ofrecer voto, o sacrificio de paces a Jehová, Ofrecerás con el novillo presente de tres diezmas de flor de harina amasada con la mitad de un hin de aceite. Y de vino para la derramadura ofrecerás la mitad de un hin en ofrenda encendida de olor de holganza a Jehová. Así se hará con cada un buey, o carnero, o cordero así de las ovejas como de las cabras; Conforme al número así haréis con cada uno, según el número de ellos. Todo natural hará estas cosas así, para ofrecer ofrenda encendida de olor de holganza a Jehová. Y cuando habitare con vosotros extranjero, o cualquiera que estuviere entre vosotros por vuestras edades, si hiciere ofrenda encendida a Jehová de olor de holganza; como vosotros hiciereis, así hará él. O congregación, un mismo estatuto tendréis vosotros, y el extranjero que peregrina, el cual será perpetuo por vuestras edades: como vosotros así será el peregrino delante de Jehová. Una misma ley y un mismo derecho tendréis vosotros y el peregrino que peregrina con vosotros. Ítem, habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: cuando hubiereis entrado en la tierra a la cual yo os traigo, Será, que cuando comenzareis a comer del pan de la tierra, ofreceréis ofrenda a Jehová. De lo primero que amasareis, ofreceréis una torta en ofrenda; como la ofrenda de la era, así la ofreceréis. De las primicias de vuestras masas daréis a Jehová ofrenda por vuestras generaciones. Y cuando errareis, y no hiciereis todos estos mandamientos, que Jehová ha dicho a Moisés, Todas las cosas que Jehová os ha mandado por la mano de Moisés desde el día que Jehová mandó, y adelante a vuestras edades, Será, que si el pecado fué hecho por yerro con ignorancia de la congregación, toda la congregación ofrecerá un novillo, hijo de vaca, en holocausto en olor de holganza a Jehová, con su presente y su derramadura, conforme a la ley; y un macho de cabrío en expiación. Y reconciliará el sacerdote a toda la congregación de los hijos de Israel; y serles ha perdonado, porque yerro es: y ellos traerán sus ofrendas, ofrenda encendida a Jehová, y sus expiaciones delante de Jehová por sus yerros. Y será perdonado a toda la congregación de los hijos de Israel, y al extranjero que peregrina entre ellos, por cuanto es yerro de todo el pueblo. Y si una persona pecare por yerro, ofrecerá una cabra de un año por expiación. Y el sacerdote reconciliará la persona que hubiere pecado por yerro, cuando pecare por yerro delante de Jehová, reconciliarla ha, y serle ha perdonado. El natural, entre los hijos de Israel, y el peregrino que peregrinare entre ellos, una misma ley tendréis para el que hiciere por yerro. Mas la persona que hiciere por mano levantada, así el natural como el extranjero, a Jehová injurió, y la tal persona será cortada de en medio de su pueblo. Por cuanto tuvo en poco la palabra de Jehová, y anuló su mandamiento, cortando será cortada la tal persona: su iniquidad será sobre ella. Y estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron un hombre que cogía leña en día de sábado. Y los que le hallaron cogiendo leña, trajéronle a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación. Y pusiéronle en la cárcel, porque no estaba declarado que le habían de hacer. Y Jehová dijo a Moisés: Muera de muerte aquel hombre: apedréele con piedras toda la congregación fuera del campo. Entónces la congregación le sacó fuera del campo, y apedreáronle con piedras, y murió, como Jehová mandó a Moisés. Ítem, Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: Que se hagan pezuelos en los cabos de sus vestidos por sus edades: y pongan en cada pezuelo de los cabos del vestido un cordón de cárdeno. Y serviros ha de pezuelo, para que cuando lo viéreis, os acordeis de todos los mandamientos de Jehová para hacerlos, y no mireis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales vosotros fornicais. Para que os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seais santos a vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: Yo Jehová vuestro Dios. Y TOMÓ Coré, hijo de Isaar, hijo de Caat, hijo de Leví; y Datán y Abirom, hijos de Eliab; y Hon, hijo de Felet de los hijos de Rubén, Y levantáronse contra Moisés con doscientos y cincuenta varones de los hijos de Israel, príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de nombre. Y juntáronse contra Moisés y Aarón, y dijéronles: Bástaos, porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová: ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová? Y como lo oyó Moisés, echóse sobre su rostro: Y habló a Coré y a toda su compañía, diciendo: Mañana mostrará Jehová quien es suyo, y al santo hacerle ha llegar a sí: y al que él escogiere, él le llegará a sí. Hacéd esto, tomáos incensarios, Coré y toda su compañía; Y ponéd fuego en ellos; y ponéd en ellos sahumerio delante de Jehová mañana; y será, que el varón que Jehová escogiere, aquel será el santo: Básteos esto hijos de Leví. Dijo más Moisés a Coré: Oid ahora hijos de Leví: ¿Poco os es, que os haya apartado el Dios de Israel de la compañía de Israel, haciéndoos allegar a sí, para que ministraseis en el servicio del tabernáculo de Jehová, que estuvieseis delante de la congregación para ministrarles? ¿Y que te hizo llegar a tí, y a todos tus hermanos los hijos de Leví contigo, sino que procuréis también el sacerdocio? Por tanto tú, y toda tu compañía sois los que os juntáis contra Jehová: ¿que Aarón qué es, que os cuajáis vosotros contra él? Y envió Moisés a llamar a Datán y a Abirón los hijos de Eliab; y ellos respondieron: No vendremos. ¿Poco es que nos hayas hecho venir de una tierra que corre leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que también te enseñorees de nosotros enseñoreando? Y tampoco tú no nos has metido en tierra que corre leche y miel, ni nos has dado heredades de tierras y viñas, ¿has de arrancar los ojos de estos varones? No subiremos. Entónces Moisés se enojó en gran manera, y dijo a Jehová: No mires a su presente; ni aun un asno he tomado de ellos, ni a ninguno de ellos he hecho mal. Después Moisés dijo a Coré: Tú y toda tu compañía ponéos delante de Jehová, tú y ellos, y Aarón, mañana: Y tomád cada uno su incensario, y ponéd sahumerio en ellos, y ofrecéd delante de Jehová cada uno su incensario, doscientos y cincuenta incensarios: y tú y Aarón cada uno con su incensario. Y tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, y pusieron en ellos sahumerio, y pusiéronse a la puerta del tabernáculo del testimonio, y Moisés y Aarón. Y a Coré había hecho juntar contra ellos toda la compañía a la puerta del tabernáculo del testimonio: Entónces la gloria de Jehová apareció a toda la congregación. Y Jehová habló a Moisés y Aarón, diciendo: Apartáos de entre esta compañía, y consumirlos he en un momento. Y ellos se echaron sobre sus rostros, y dijeron: Dios, Dios de los espíritus de toda carne, ¿no es un varón el que pecó, y airarte has tú contra toda la compañía? Entónces Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a la congregación, diciendo: Apartáos de en derredor de la tienda de Coré, Datán, y Abirón. Y Moisés se levantó, y fué a Datán, y Abirón, y los ancianos de Israel fueron en pos de él. Y él habló a la congregación, diciendo: Apartáos ahora de las tiendas de estos impíos hombres, y no toquéis ninguna cosa suya, porque no perezcáis en todos sus pecados. Y apartáronse de las tiendas de Coré, de Datán y de Abirón en derredor, y Datán y Abirón salieron, y pusiéronse a las puertas de sus tiendas con sus mujeres, y sus hijos, y sus chiquitos. Y dijo Moisés: En esto conoceréis que Jehová me ha enviado para que hiciese todas estas obras, que no las he hecho de mi corazón. Si como mueren todos los hombres, murieren estos, y si con visitación de todos los hombres será visitado sobre ellos, Jehová no me envió. Mas si Jehová criare criatura, y la tierra abriere su boca, y los tragare con todas sus cosas y descendieren al infierno vivos, entónces conoceréis que estos hombres irritaron a Jehová. Y aconteció, que en acabando él de hablar todas estas palabras, la tierra, que estaba debajo de ellos se rompió: Y abrió la tierra su boca, y tragólos a ellos, y a sus casas, y a todos los hombres de Coré, y a toda su hacienda: Y ellos y todo lo que tenían, descendieron vivos al infierno; y la tierra los cubrió, y perecieron de en medio de la congregación. Y todo Israel, los que estaban en derredor de ellos, huyeron al extruendo de ellos: porque decían: Porque no nos trague la tierra. Y salió fuego de Jehová, y consumió los doscientos y cincuenta hombres que ofrecían el sahumerio. Entónces Jehová habló a Moisés, diciendo: Dí a Eleazar hijo de Aarón sacerdote, que tome los incensarios de en medio del incendio, y derrame el fuego a delante, porque son santificados: Los incensarios de estos pecadores en sus almas; y harán de ellos planchas extendidas para cubrir el altar: por cuanto ofrecieron con ellos delante de Jehová, son santificados; y serán por señal a los hijos de Israel. Y el sacerdote Eleazar tomó los incensarios de metal con que los quemados habían ofrecido, y extendiéronlos para cubrir el altar, En memorial a los hijos de Israel, que ningún extraño que no sea de la simiente de Aarón, llegue a ofrecer sahumerio delante de Jehová, porque no sea como Coré, y como su compañía, como lo dijo Jehová por mano de Moisés a él. El día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel se quejaron contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová. Y aconteció que como se juntó la congregación contra Moisés y Aarón, miraron hacia el tabernáculo del testimonio, y, he aquí, la nube lo había cubierto, y la gloria de Jehová apareció. Y vino Moisés y Aarón delante del tabernáculo del testimonio, Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Apartáos de en medio de esta compañía, y consumirlos he en un momento. Y ellos se echaron sobre sus rostros. Y dijo Moisés a Aaron: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y pon sobre él perfume, y vé presto a la congregación, y reconcílialos, porque el furor ha salido de delante la faz de Jehová: la mortandad ha comenzado. Entónces tomó Aarón, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación: y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo: y puso perfume, y reconcilió al pueblo. Y púsose entre los muertos y los vivos, y la mortandad cesó. Y fueron los que murieron de aquella mortandad catorce mil y sietecientos, sin los muertos por el negocio de Coré. Después Aarón se volvió a Moisés a la puerta del tabernáculo del testimonio, y la mortandad cesó. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y toma de ellos sendas varas por las casas de los padres de todos los príncipes de ellos conforme a las casas de sus padres doce varas, y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara. Y el nombre de Aarón escribirás sobre la vara de Leví, porque cada cabeza de familia de sus padres tendrá una vara. Y ponerlas has en el tabernáculo del testimonio, delante del testimonio, donde yo me testificaré a vosotros. Y será, que el varón que yo escogiere, su vara florecerá, y haré cesar de sobre mí las murmuraciones de los hijos de Israel, con que murmuran contra vosotros. Y Moisés habló a los hijos de Israel; y todos los príncipes de ellos le dieron varas, cada príncipe por las casas de sus padres una vara, doce varas, y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos. Y Moisés puso las varas, delante de Jehová en el tabernáculo del testimonio. Y aconteció que el día siguiente Moisés vino al tabernáculo del testimonio, y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había florecido, y había echado flores, y brotado renuevos, y sacado almendras. Entónces Moisés sacó todas las varas delante de Jehová a todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara. Y Jehová dijo a Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio para que se guarde por señal a los hijos rebeldes, y harás cesar sus quejas de sobre mí, y no morirán. E hízolo Moisés: como le mandó Jehová, así hizo. Entónces los hijos de Israel hablaron a Moisés, diciendo: He aquí, nosotros somos muertos, perdidos somos, todos nosotros somos perdidos. Cualquiera que se llegare, el que se llegare el tabernáculo de Jehová, morirá: ¿Hemos de acabarnos muriendo? Y JEHOVÁ dijo a Aaron: Tú, y tus hijos, y la casa de tu padre contigo, llevaréis el pecado del santuario: y tú, y tus hijos contigo, llevaréis el pecado de vuestro sacerdocio. Y a tus hermanos también, la tribu de Leví, la tribu de tu padre, házlos llegar a tí, y júntense contigo, y servirte han; y tú y tus hijos contigo serviréis delante del tabernáculo del testimonio. Y tendrán tu guarda, y la guarda de todo el tabernáculo; mas no llegarán a los vasos santos ni al altar, porque no mueran ellos y vosotros. Y juntarse han contigo, y tendrán la guarda del tabernáculo del testimonio en todo el servicio del tabernáculo, y ningún extraño se llegará a vosotros. Y tendréis la guarda del santuario, y la guarda del altar, y no será más la ira sobre los hijos de Israel. Porque, he aquí, yo he tomado a vuestros hermanos los Levitas de entre los hijos de Israel, dados a vosotros en don de Jehová, para que sirvan en el ministerio del tabernáculo del testimonio. Y tú, y tus hijos contigo, guardaréis vuestro sacerdocio en todo negocio del altar y del velo a dentro, y ministraréis: porque yo os he dado en don el servicio de vuestro sacerdocio, y el extraño que se llegare morirá. Dijo más Jehová a Aaron: Ítem, he aquí, yo te he dado la guarda de mis ofrendas: todas las santificaciones de los hijos de Israel te he dado por la unción, y a tus hijos, por estatuto perpetuo. Esto será tuyo de la ofrenda de las santificaciones de fuego: toda ofrenda de ellos de todo su presente y de toda expiación de pecado de ellos, y la expiación por la culpa de ellos, que me pagarán, santificación de santificaciones, será para tí y para tus hijos. En el santuario la comerás, todo varón comerá de ella: santificación será para tí. Esto también será tuyo, la ofrenda de sus dones: todas las ofrendas de los hijos de Israel he dado a tí, y a tus hijos, y a tus hijas contigo por estatuto de siglo, todo limpio en tu casa comerá de ellas. Toda grosura de aceite, y toda grosura de mosto y de trigo, las primicias de ello, que darán a Jehová, a tí las he dado. Las primicias de todas las cosas de la tierra de ellos, las cuales traerán a Jehová, serán tuyas: todo limpio en tu casa comerá de ellas. Todo anatema en Israel será tuyo. Todo lo que abriere matriz en toda carne que ofrecerán a Jehová, en hombres y en animales, será tuyo: mas redimiendo redimirás el primogénito del hombre: el primogénito de animal inmundo también harás redimir. Y de un mes harás hacer su redención conforme a tu estimación por precio de cinco siclos al siclo del santuario: de veinte óbolos es. Mas el primogénito de vaca, y el primogénito de oveja, y el primogénito de cabra no redimirás, santificados son, la sangre de ellos esparcirás junto al altar, y la grosura de ellos quemarás, ofrenda encendida es para Jehová en olor de holganza. Y la carne de ellos será tuya; como el pecho de la mecedura, y como la espalda derecha, será tuya. Todas las ofrendas de las santificaciones, que los hijos de Israel ofrecieren a Jehová, he dado para tí, y para tus hijos, y para tus hijas contigo, por estatuto perpetuo: pacto de sal perpetuo es delante de Jehová a tí y a tu simiente contigo. Ítem, Jehová dijo a Aaron: De la tierra de ellos no habrás heredad, ni tendrás entre ellos parte: yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel. Y, he aquí, yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad por su ministerio, por cuanto ellos sirven el ministerio del tabernáculo del testimonio. Y no llegarán más los hijos de Israel al tabernáculo del testimonio, porque no lleven pecado, por el cual mueran. Mas los Levitas harán el servicio del tabernáculo del testimonio, y ellos llevarán su iniquidad por estatuto perpetuo por vuestras edades: y no poseerán heredad entre los hijos de Israel; Porque las décimas de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda, he dado a los Levitas por heredad: por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad. Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Y hablarás a los Levitas, y decirles has: Cuando tomareis de los hijos de Israel los diezmos que yo os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros ofreceréis de ellos ofrenda a Jehová los diezmos de los diezmos: Y contárseos ha vuestra ofrenda como grano de la era, y como henchimiento del lagar. Así ofreceréis también vosotros ofrenda a Jehová de todos vuestros diezmos, que hubiereis recibido de los hijos de Israel; y daréis de ellos ofrenda a Jehová a Aarón el sacerdote. De todos vuestros dones ofreceréis toda ofrenda a Jehová, de toda su grosura, su santificación de ello. Ítem, decirles has: Cuando ofreciereis lo grueso de ello, será contado a los Levitas por fruto de la era y por fruto del lagar. Y comerlo heis en cualquier lugar, vosotros y vuestra familia; que vuestro salario es por vuestro ministerio en el tabernáculo del testimonio. Y no llevaréis pecado por ello, cuando vosotros hubiereis ofrecido de ello su grosura: y no contaminaréis las santificaciones de los hijos de Israel, y no moriréis. ÍTEM, Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: Esta es la ordenanza de la ley, que Jehová ha mandado, diciendo: Dí a los hijos de Israel que te traigan una vaca bermeja, perfecta, en la cual no haya falta, sobre la cual no haya subido yugo. Y darla heis a Eleazar el sacerdote, y él la sacará fuera del campo, y hacerla ha degollar delante de sí. Y tomará Eleazar el sacerdote de su sangre con su dedo, y esparcirá hacia la delantera del tabernáculo del testimonio con la sangre de ella siete veces. Y hará quemar la vaca delante de sus ojos: su cuero, y su carne, y su sangre con su estiércol hará quemar. Luego tomará el sacerdote palo de cedro, e hisopo, y carmesí colorado, y echarlo ha en medio del fuego de la vaca. El sacerdote lavará sus vestidos, lavará también su carne con agua, y después entrará en el real, y será inmundo el sacerdote hasta la tarde. Asimismo el que la quemó, lavará sus vestidos en agua, y lavará su carne en agua, y será inmundo hasta la tarde. Y un hombre limpio cogerá las cenizas de la vaca, y ponerlas ha fuera del campo en el lugar limpio, y guardarlas ha la congregación de los hijos de Israel para el agua del apartamiento: es expiación. Y el que cogió las cenizas de la vaca, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la tarde: y será a los hijos de Israel, y al extranjero que peregrina entre ellos por estatuto perpetuo. El que tocare muerto de cualquiera persona humana, siete dias será inmundo. Este se purificará con ella al tercero día, y al séptimo día será limpio: y si no se purificare el tercero día, no será limpio al séptimo día. Cualquiera que tocare en muerto, en persona de hombre que fuere muerto, y no fuere purificado, el tabernáculo de Jehová contaminó, y aquella persona será cortada de Israel: por cuanto el agua del apartamiento no fué esparcida sobre él, inmundo será; y su inmundicia será sobre él. Esta es la ley: Cuando alguno muriere en la tienda, cualquiera que entrare en la tienda, y todo lo que estuviere en ella será inmundo siete dias. Y todo vaso abierto sobre el cual no hubiere tapón, será inmundo. Ítem, cualquiera que tocare en muerto a cuchillo sobre la haz del campo, o en muerto de suyo, o en hueso humano, o en sepulcro, siete dias será inmundo. Y tomarán para el inmundo de la ceniza de la quema de la expiación, y echarán sobre ella agua viva en un vaso: Y tomará hisopo, y un varón limpio mojará en el agua, y esparcirá sobre la tienda, y sobre todas las alhajas y sobre las personas que allí estuvieren, y sobre aquel que hubiere tocado el hueso, o el matado, o el muerto, o el sepulcro: Y el limpio esparcirá sobre el inmundo al tercero día y al séptimo día, y lo purificará al séptimo día, y después lavará sus vestidos, y a sí se lavará con agua, y será limpio a la tarde. Y el varón que fuere inmundo, y no se purificare, la tal persona será cortada de entre la congregación, por cuanto contaminó el tabernáculo de Jehová; ¿agua de apartamiento no fué esparcida sobre él? inmundo es. Y será a ellos por estatuto perpetuo: y el que esparciere el agua del apartamiento lavará sus vestidos; y el que tocare al agua del apartamiento, será inmundo hasta la tarde. Y todo lo que el inmundo tocare, será inmundo: y la persona que lo tocare será inmunda hasta la tarde. Y LLEGARON los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin el mes primero, y reposó el pueblo en Cádes; y allí murió María, y fué sepultada allí. Y no hubo agua para la congregación; y juntáronse contra Moisés y Aarón. Y riñó el pueblo con Moisés, y hablaron, diciendo: Y ojalá hubiéramos perecido nosotros, cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehová. ¿Y por qué hicisteis venir la congregación de Jehová a este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestras bestias? ¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto para traernos a este mal lugar? No lugar de sementera, de higueras, de viñas, ni granados, ni aun agua hay para beber. Y fuéronse Moisés y Aarón de delante de la congregación a la puerta del tabernáculo del testimonio, y echáronse sobre sus rostros, y la gloria de Jehová apareció sobre ellos. Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Toma la vara, y congrega al pueblo tú y Aarón tu hermano, y hablád a la peña en los ojos de ellos, y ella dará su agua, y sacarles has aguas de la peña, y darás de beber a la congregación, y a sus bestias. Entónces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó. Y juntaron Moisés y Aarón la congregación delante de la peña, y díjoles: Oid ahora rebeldes: ¿Haceros hemos salir aguas de esta peña? Entónces Moisés alzó su mano, e hirió la peña con su vara dos veces, y salieron muchas aguas, y bebió la congregación y sus bestias. Y Jehová dijo a Moisés, y a Aaron: Por cuanto no creisteis en mí para santificarme en ojos de los hijos de Israel, por tanto no meteréis este pueblo en la tierra, que les he dado. Estas son las aguas de la rencilla por las cuales riñeron los hijos de Israel con Jehová, y él se santificó en ellos. Y envió Moisés embajadores al rey de Edom desde Cádes: Así dice Israel tu hermano: Tú has sabido todo el trabajo que nos ha venido, Que nuestros padres descendieron en Egipto, y estuvimos en Egipto muchos tiempos, y los Egipcios nos fatigaron, y a nuestros padres: Y clamámos a Jehová, el cual oyó nuestra voz, y envió un ángel, y sacónos de Egipto: y, he aquí, estamos en Cádes ciudad de tu término. Rogámoste que pasemos por tu tierra: no pasaremos, por labranza, ni por viña, ni beberemos agua de pozo: por el camino real iremos sin apartarnos a diestra ni a siniestra hasta que pasemos tu término. Y Edom le respondió: No pasarás por mí, de otra manera yo saldré contra tí armado. Y los hijos de Israel le dijeron: Por el camino seguido iremos: y si bebiéremos tus aguas yo y mis ganados, daré el precio de ellas: ciertamente ninguna cosa más haremos: con mis piés pasaré. Y él respondió: No pasarás. Y salió Edom contra él con mucho pueblo, y mano fuerte. Y no quiso Edom dejar pasar a Israel por su término, y así Israel se apartó de él. Y partidos de Cádes los hijos de Israel, vinieron, toda aquella congregación al monte de Hor. Y Jehová habló a Moisés, y a Aarón en el monte de Hor, en los términos de la tierra de Edom, diciendo: Aarón será juntado a sus pueblos: que no entrará en la tierra que yo dí a los hijos de Israel, por cuanto fuisteis rebeldes a mi mandamiento a las aguas de la rencilla. Toma a Aarón, y a Eleazar su hijo, y házlos subir al monte de Hor. Y haz desnudar a Aarón sus vestidos, y viste de ellos a Eleazar su hijo; porque Aarón será congregado, y morirá allí. Y Moisés hizo como Jehová le mandó, y subieron al monte de Hor a ojos de toda la congregación. Y Moisés hizo desnudar a Aarón de sus vestidos, y vistiólos a Eleazar su hijo: y Aarón murió allí en la cumbre del monte, y Moisés y Eleazar descendieron del monte. Y viendo toda la congregación que Aarón era muerto, lloráronle treinta dias toda la casa de Israel. Y OYENDO el Cananeo, el rey de Arad, el cual habitaba al mediodía, que venía Israel por el camino de las centinelas, peleó con Israel, y tomó de él presa. Entónces Israel hizo voto a Jehová, y dijo: Si entregando entregares a este pueblo en mi mano, yo destruiré sus ciudades. Y Jehová oyó la voz de Israel, y entregó al Cananeo, y destruyólos a ellos y a sus ciudades, y llamó el nombre de aquel lugar Jorma. Y partieron del monte de Hor camino del mar Bermejo, para rodear la tierra de Edom; y el alma del pueblo fué angustiada en el camino: Y habló el pueblo contra Dios, y Moisés: ¿Por qué nos hicisteis subir de Egipto para que muramos en este desierto? que ni hay pan, ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y Jehová envió en el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo, y murió mucho pueblo de Israel. Entónces el pueblo vino a Moisés, y dijeron: Pecado habemos, por haber hablado contra Jehová y contra tí: ora a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y Jehová dijo a Moisés: Házte una serpiente ardiente, y pónla sobre la bandera: y será, que cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de metal, y púsola sobre la bandera, y fué, que cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de metal, y vivía. Y partieron los hijos de Israel, y asentaron campo en Obot. Y partidos de Obot, asentaron en Je-abarim en el desierto que está delante de Moab al nacimiento del sol. Partidos de allí, asentaron al arroyo de Zared. Y partidos de allí asentaron de la otra parte de Arnón, que es en el desierto, que sale del término del Amorreo: porque Arnón es término de Moab, entre Moab y el Amorreo. Por tanto es dicho en el libro de las batallas de Jehová: Lo que hizo en el mar Bermejo, y a los arroyos de Arnon; Y la corriente de los arroyos que va a parar en Ar, y descansa en el término de Moab. Y de allí vinieron a Beer: este es el pozo del cual Jehová dijo a Moisés: Junta el pueblo, y darles he aguas. Entónces Israel cantó esta canción: Sube oh pozo; cantád a él: Pozo, el cual cavaron los señores: caváronlo los príncipes del pueblo, y el legislador, con sus bordones. Y del desierto vinieron a Matana; Y de Matana a Nahaliel; y de Nahaliel a Bamot; Y de Bamot al valle que está en los campos de Moab, y a la cumbre de Fasga, y a la vista de Jesimón. Y envió Israel embajadores a Sejón, rey de los Amorreos, diciendo: Pasaré por tu tierra, no nos apartaremos por los labrados, ni por las viñas: no beberemos las aguas de los pozos, por el camino real iremos, hasta que pasemos tu término. Mas Sejón no dejó pasar a Israel por su término: ántes juntó Sejón todo su pueblo, y salió contra Israel en el desierto: y vino a Jasa, y peleó contra Israel. E Israel le hirió a filo de espada, y tomó su tierra desde Arnón hasta Jabboc, hasta los hijos de Ammon: porque el término de los hijos de Ammón era fuerte: E Israel tomó todas estas ciudades, y habitó Israel en todas las ciudades del Amorreo, en Jesebón, y en todas sus aldeas. Porque Jesebón era la ciudad de Sejón rey de los Amorreos: el cual había tenido guerra ántes con el rey de Moab, y había tomado toda su tierra de su poder hasta Arnón. Por tanto dicen los proverbiantes: Veníd a Jesebon: edifíquese, y repárese la ciudad de Sejon; Que fuego salió de Jesebón, y llama de la ciudad de Sejón, y consumió a Ar de Moab, a los señores de los altos de Arnón. ¡Ay de tí, Moab! perecido has pueblo de Camos: puso sus hijos en huida, y sus hijas en cautividad por Sejón rey de los Amorreos. Y Jesebón destruyó su reino hasta Dibón, y destruímos hasta Nofe y Medaba. Así habitó Israel en la tierra del Amorreo. Y envió Moisés a reconocer a Jazer, y tomaron sus aldeas, y echaron al Amorreo que estaba allí. Y volvieron, y subieron camino de Basán, y salió contra ellos Og, rey de Basán, él y todo su pueblo para pelear en Edrai. Entónces Jehová dijo a Moisés: No le tengas miedo; que en tu mano le he dado, a él y a todo su pueblo, y a su tierra; y harás de él, como hiciste de Sejón rey de los Amorreos, que habitaba en Jezebón. E hirieron a él, y a sus hijos, y a todo su pueblo, que ninguno quedó de él, y poseyeron su tierra. Y MOVIERON los hijos de Israel, y asentaron en los campos de Moab, de esta parte del Jordán de Jericó. Y vió Balac, hijo de Sefor, todo lo que Israel había hecho al Amorreo. Y Moab temió mucho a causa del pueblo que era mucho, y angustióse Moab a causa de los hijos de Israel. Y dijo Moab a los ancianos de Madián: Ahora laméra esta compañía todos nuestros al derredores, como lame el buey la grama del campo. Y Balac, hijo de Sefor, era entónces rey de Moab. Y envió mensajeros a Balaam hijo de Beor, a Petor, que era junto al río, en la tierra de los hijos de su pueblo, para que le llamasen, diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y, he aquí, cubre la haz de la tierra, y habita delante de mí: Ruégote pues ven ahora, maldíceme a este pueblo, porque es más fuerte que yo: quizá podré yo herirle, y echarle de la tierra: que yo sé que el que tú bendijeres, será bendito, y el que tú maldijeres será maldito. Y fueron los ancianos de Moab, y los ancianos de Madián, con las encantaciones en su mano; y llegaron a Balaam, y dijéronle las palabras de Balac. Y él les dijo: Reposád aquí esta noche, y yo os recitaré las palabras, como Jehová me hablare. Así los príncipes de Moab se quedaron con Balaam. Y vino Dios a Balaam, y díjole: ¿Quién son estos varones que están contigo? Y Balaam respondió a Dios: Balac hijo de Sefor rey de Moab ha enviado a mí, diciendo: He aquí, este pueblo, que ha salido de Egipto, cubre la haz de la tierra: ven pues ahora, y maldícemelo: quizá podré pelear con él, y echarlo. Entónces Dios dijo a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo; porque es bendito. Así Balaam se levantó por la mañana, y dijo a los príncipes de Balac: Volvéos a vuestra tierra, porque Jehová no me quiere dejar ir con vosotros. Y los príncipes de Moab se levantaron, y vinieron a Balac, y dijeron: Balaam no quiso venir con nosotros. Y tornó Balac a enviar otra vez más príncipes, y más honrados que estos. Los cuales vinieron a Balaam, y dijéronle: Así dice Balac hijo de Sefor: Ruégote que no dejes de venir a mí; Porque honrando te honraré mucho, y todo lo que me dijeres, haré: ven pues ahora, maldíceme a este pueblo. Y Balaam respondió y dijo a los siervos de Balac: Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehová mi Dios, para hacer cosa chica ni grande. Por tanto ruégoos ahora que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa que me vuelve a decir Jehová. Y vino Dios a Balaam de noche, y díjole: Si vinieron a llamarte estos varones, levántate y vé con ellos; empero harás lo que yo te dijere. Así Balaam se levantó por la mañana, y cinchó su asna, y fué con los príncipes de Moab. Y el furor de Dios se encendió, porque él iba: y el ángel de Jehová se puso en el camino por su adversario; y él iba cabalgando sobre su asna, y dos mozos suyos con él. Y el asna vió al ángel de Jehová que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y apartóse el asna del camino, e iba por el campo: e hirió Balaam al asna para hacerla volver al camino. Y el ángel de Jehová se puso en una senda de viñas, vallado de una parte y vallado de otra. Y viendo el asna al ángel de Jehová apretóse a la pared, y apretó con la pared el pié de Balaam: y él volvió a herirla. Y el ángel de Jehová volvió a pasar, y púsose en una angostura donde no había camino para apartar, ni a diestra, ni a siniestra. Y el asno viendo al ángel de Jehová, echóse debajo de Balaam, y Balaam se enojó, e hirió al asna con el palo. Entónces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has herido estas tres veces? Y Balaam respondió al asna: Porque has escarnecido de mí: ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te matara. Y el asna dijo a Balaam: ¿No soy yo tu asna? sobre mí has andado desde que has sido hasta este día, ¿he acostumbrado a hacerlo así contigo? Y él respondió: No. Entónces Jehová desatapó los ojos a Balaam, y vió al ángel de Jehová, que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano: entónces él se abajó e inclinó su cabeza y postróse sobre su rostro. Y el ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has herido tu asna estas tres veces? He aquí, yo he salido por estorbador, por eso ella se apartó del camino delante de mí: Que el asna me ha visto, y se ha apartado de delante de mí estas tres veces: y si no se hubiera apartado de delante de mí, yo también ahora te matara a tí, y a ella dejara viva. Entónces Balaam dijo al ángel de Jehová: Yo he pecado, que no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino: mas ahora, si te parece mal, yo me volveré. Y el ángel de Jehová dijo a Balaam: Vé con estos varones, empero la palabra que yo te dijere, esa hablarás. Así Balaam fué con los príncipes de Balac. Y oyendo Balac que Balaam venía, salió a recebirle a la ciudad de Moab, que estaba junto al término de Arnón, que es al cabo de los confines. Y Balac dijo a Balaam: ¿No envié yo a tí a llamarte: por qué no has venido a mí? ¿No puedo yo honrarte? Y Balaam respondió a Balac: He aquí, yo he venido a ti: ¿más podré ahora hablar alguna cosa? La palabra que Dios pusiere en mi boca, esa hablaré. Y fué Balaam con Balac, y vinieron a la ciudad de Hucot. Y Balac hizo matar bueyes y ovejas, y envió a Balaam, y a los príncipes que estaban con él. Y el día siguiente Balac tomo a Balaam, e hízole subir a los altos de Baal, y desde allí vió el cabo del pueblo. Y BALAAM dijo a Balac: Edifí- came aquí siete altares, y aparéjame aquí siete becerros, y siete carneros. Y Balac hizo como le dijo Balaam, y ofrecieron Balac y Balaam un becerro y un carnero en cada altar. Y Balaam dijo a Balac: Pónte junto a tu holocausto, y yo iré, quizá Jehová me vendrá al encuentro, y cualquiera cosa que me mostrare yo te la denunciaré. Y así se fué solo. Y encontróse Dios con Balaam, y él le dijo: Siete altares he ordenado, y en cada altar he ofrecido un becerro, y un carnero. Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam, y díjole: Vuelve a Balac, y hablarle has así. Y volvió a él, y, he aquí, él estaba junto a su holocausto, él y todos los príncipes de Moab. Y él tomó su parábola, y dijo: De Aram me trajo Balac rey de Moab, de los montes del oriente, diciendo: Ven, maldíceme a Jacob; y, ven, detesta a Israel. ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué detestaré yo al que Jehová no detestó? Porque de la cumbre de las peñas le veré, y desde los collados le miraré: he aquí un pueblo que habitará confiado, y no será contado entre las gentes. ¿Quién contará el polvo de Jacob, o el número del cuarto de Israel? Muera mi alma de la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como él. Entónces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? yo te he tomado para que maldigas a mis enemigos, y, he aquí, tú has bendecido bendiciendo. Y él respondió, y dijo: ¿No guardaré yo lo que Jehová pusiere en mi boca para decirlo? Y dijole Balac: Ruégote que vengas conmigo a otro lugar desde el cual lo veas: su cabo solamente verás que no lo verás todo, y desde allí me lo maldecirás. Y tomóle y llevóle al campo de Sofim a la cumbre de Fasga, y edificó siete altares, y ofreció un becerro y un carnero en cada altar. Entónces él dijo a Balac: Pónte aquí junto a tu holocausto, y yo iré a encontrar a Dios allí. Y Jehová se encontró con Balaam, y puso palabra en su boca, y díjole: Vuelve a Balac, y decirle has así. Y vino a él, y he aquí, que él estaba junto a su holocausto, y con él los príncipes de Moab: y díjole Balac: ¿Qué ha dicho Jehová? Entónces él tomó su parábola, y dijo: Balac levántate, y oye: escucha mis palabras, hijo de Sefor: Dios no es hombre para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: ¿El dijo, y no hará? ¿Habló, y no lo ejecutará? He aquí, yo he tomado bendición; y él bendijo, y no la revocaré. No ha mirado iniquidad en Jacob, ni ha visto rebelión en Israel, Jehová su Dios es con él, y jubilación de rey en él. Dios los ha sacado de Egipto, tiene fuerzas como el unicornio. Porque en Jacob no hay agüero, ni adivinación en Israel: como ahora será dicho de Jacob y de Israel lo que ha hecho Dios. He aquí el pueblo, que como león se levantará, y como león, se ensalzará; no se echará, hasta que coma la presa, y beba sangre de muertos. Entónces Balac dijo a Balaam: Si maldiciendo no lo maldices, no lo bendigas tampoco bendiciendo. Y Balaam respondió, y dijo a Balac: ¿No te he dicho, que todo lo que Jehová me dijere, aquello tengo de hacer? Y dijo Balac a Balaam: Ruégote que vengas, llevarte he a otro lugar; por ventura parecerá bien a Dios que desde allí me lo maldigas. Y Balac tomó a Balaam y trájole a la cumbre de Fogor, que mira hacia Jesimón. Entónces Balaam dijo a Balac: Edifícame aquí siete altares, y aparéjame aquí siete becerros, y siete carneros. Y Balac hizo como Balaam le dijo; y ofreció un becerro y un carnero en cada altar. Y VIÓ Balaam que parecía bien a Jehová, que él bendijese a Israel, y no fué, como la primera y segunda vez, a encuentro de los agüeros, sino puso su rostro hacia el desierto: Y alzando sus ojos vió a Israel, alojado por sus tribus, y el Espíritu de Dios vino sobre él. Y tomó su parábola, y dijo: Dijo Balaam, hijo de Beor, y dijo el varón de ojos abiertos: Dijo el que oyó los dichos de Dios, el que vió la vista del Omnipotente, caido, mas desatapados los ojos. ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob! ¡tus habitaciones, oh Israel! Como arroyos están extendidas, como huertos junto al río, como árboles de sándalos plantados por Jehová, como cedros junto a las aguas. De sus ramos destilarán aguas, y su simiente será en muchas aguas: y ensalzarse ha más que Agag su rey, y su reino será ensalzado. Dios le sacó de Egipto, tiene fuerzas como el unicornio: comerá a las gentes sus enemigas, y roerá sus huesos, y asaeteará con sus saetas. Encorvarse ha para echarse como león, y como león, ¿quién le despertará? Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren. Entónces la ira de Balac se encendió contra Balaam, y batiendo sus palmas dijo a Balaam: Para maldecir a mis enemigos te he llamado, y, he aquí, bendiciendo le has bendecido ya tres veces. Por tanto ahora húyete a tu lugar: yo dije que te honraría, mas he aquí que Jehová te ha privado de honra. Y Balaam le respondió: ¿No le dije yo también a tus mensajeros, que me enviaste, diciendo: Si Balac me diese su casa llena de plata y oro, yo no podré traspasar el dicho de Jehová para hacer cosa buena ni mala de mi arbitrio: lo que Jehová hablare eso diré yo? Por tanto, he aquí, yo ahora me voy a mi pueblo; ven, responderte he lo que este pueblo ha de hacer a tu pueblo en los postrimeros dias. Y tomó su parábola, y dijo: Dijo Balaam hijo de Beor, dijo el varón de ojos abiertos, Dijo el que oyó los dichos de Jehová, y el que sabe ciencia del Altísimo, el que vió la vista del Omnipotente, caido, mas desatapados los ojos: Verle he, mas no ahora: mirarle he, mas no de cerca: saldrá ESTRELLA de Jacob, y levantarse ha cetro de Israel, y herirá los cantones de Moab, y destruirá todos los hijos de Set. Y será tomada Edom, y será tomada Seir por sus enemigos, e Israel se habrá varonilmente. Y él de Jacob se enseñoreará, y destruirá de la ciudad lo que quedare. Y viendo a Amalec, tomó su parábola, y dijo: Amalec, cabeza de gentes; mas su postrimería perecerá para siempre. Y viendo al Cineo, tomó su parábola, y dijo: Fuerte es tu habitación, pon en la peña tu nido: Que el Cineo será echado, cuando Assur te llevará cautivo. Ítem, tomó su parábola, y dijo: Ay! ¿quién vivirá, cuando pusiere estas cosas Dios? Y vendrán navios de la ribera de Cittim, y afligirán a Assur, afligirán también a Eber: mas él también perecerá para siempre. Entónces Balaam se levantó, y fuése, y volvióse a su lugar: y también Balac se fué por su camino. Y REPOSÓ Israel en Setim, y el pueblo comenzó a fornicar con las hijas de Moab. Las cuales llamaron al pueblo a los sacrificios de sus dioses, y el pueblo comió, e inclináronse a sus dioses. Y allegóse el pueblo a Baal-pehor, y el furor de Jehová se encendió contra Israel. Y Jehová dijo a Moisés: Toma todos los príncipes del pueblo, y ahórcalos a Jehová delante del sol, y la ira del furor de Jehová se apartará de Israel. Entónces Moisés dijo a los jueces de Israel: Matád cada uno a sus varones que se han allegado a Baal-pehor. Entónces , he aquí, un varón de los hijos de Israel vino, y trajo una Madianita a sus hermanos a ojos de Moisés, y de toda la congregación de los hijos de Israel, llorando ellos a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y viólo Finees hijo de Eleazar, hijo de Aarón sacerdote, y levantóse de en medio de la congregación, y tomó una lanza en su mano; Y vino tras el varón de Israel a la tienda, y alanceólos a ámbos, al varón de Israel y a la mujer, por su vientre: y cesó la mortandad de los hijos de Israel. Y murieron de aquella mortandad veinte y cuatro mil. Entónces Jehová habló a Moisés, diciendo: Finees hijo de Eleazar, hijo de Aarón sacerdote, ha hecho tornar mi furor de los hijos de Israel zelando mi celo entre ellos, por lo cual yo no he consumido con mi celo a los hijos de Israel. Por tanto dí: He aquí, yo pongo mi pacto de paz con él; Y tendrá él y su simiente después de él el pacto del sacerdocio perpetuo, por cuanto tuvo celo por su Dios, y expió los hijos de Israel. Y el nombre del varón muerto que fué muerto con la Madianita era Zambri, hijo de Salu, príncipe de la familia de la tribu de Simeón. Y el nombre de la mujer muerta Madianita era Cozbi, hija de Sur príncipe de pueblos, padre de familia en Madián. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Afligiréis a los Madianitas, y herirlos heis: Por cuanto ellos os afligieron a vosotros con sus engaños con que os han engañado en el negocio de Pehor, y en el negocio de Cozbi hija del príncipe de Madián su hermana, la cual fué muerta el día de la mortandad por causa de Pehor. Y ACONTECIÓ después de la mortandad, que Jehová habló a Moisés, y a Eleazar, hijo de Aarón sacerdote, diciendo: Tomád la suma de toda la congregación de los hijos de Israel, de veinte años y arriba, por las casas de sus padres, a todos los que pueden salir a la guerra en Israel. Y habló Moisés y Eleazar el sacerdote con ellos en los campos de Moab junto al Jordán de Jericó, diciendo: Contaréis el pueblo de veinte años y arriba, como mandó Jehová a Moisés, y a los hijos de Israel, que habían salido de tierra de Egipto. Ruben primogénito de Israel. Los hijos de Ruben fueron Jenoc, del cual era la familia de los Jenoquitas: de Fallu, la familia de los Falluitas: De Jesrón, la familia de los Jesronitas: de Carmi, la familia de los Carmitas. Estas fueron las familias de los Rubenitas: y sus contados fueron cuarenta y tres mil y siete cientos y treinta. Y los hijos de Fallu: Eliab. Y los hijos de Eliab: Namuel, y Datán, y Abirom. Estos Datán y Abirom fueron los del consejo de la congregación, que hicieron el motín contra Moisés y Aarón con la compañía de Coré, cuando se amotinaron contra Jehová; Que la tierra abrió su boca, y tragó a ellos y a Coré, cuando la compañía murió, que consumió el fuego doscientos y cincuenta varones: que fueron por señal. Mas los hijos de Coré, no murieron. Los hijos de Simeón por sus familias fueron de Namuel, la familia de los Namuelitas: de Jamín, la familia de los Jaminitas: de Jaquín, la familia de los Jaquinitas: De Zare, la familia de los Zareitas: de Saul, la familia de los Saulitas. Estas fueron las familias de los Simeonitas, veinte y dos mil y doscientos. Los hijos de Gad por sus familias: de Sefoni la familia de los Sefonitas: de Aggi, la familia de los Aggitas: de Suni, la familia de los Sunitas: De Ozni, la familia de los Oznitas: de Eri, la familia de los Eritas: De Arod, la familia de los Aroditas: de Ariel, la familia de los Arielitas. Estas fueron las familias de los hijos de Gad por sus contados, cuarenta mil y quinientos. Los hijos de Judá: Er, y Onán; y murió Er, y Onán en la tierra de Canaán. Y fueron los hijos de Judá por sus familias: de Sela, la familia de los Selaitas: de Fares, la familia de los Faresitas: de Zare, la familia de los Zareitas. Y fueron los hijos de Fares: de Jesrón, la familia de los Jesronitas: de Hamul, la familia de los Hamulitas. Estas fueron las familias de Judá por sus contados, setenta y seis mil y quinientos. Los hijos de Isacar por sus familias: de Tola, la familia de los Tolaitas: de Pua, la familia de los Puanitas: De Jasub, la familia de los Jasubitas: de Semrán, la familia de los Semranitas. Estas fueron las familias de Isacar por sus contados, sesenta y cuatro mil y trescientos. Los hijos de Zabulón por sus familias: de Sared, la familia de los Sareditas: de Elón, la familia de los Elonitas: de Jalel, la familia de los Jalelitas. Estas fueron las familias de los Zabulonitas por sus contados, sesenta mil y quinientos. Los hijos de José por sus familias: Manasés, Efraim. Los hijos de Manasés: de Maquir, la familia de los Maquiritas: y Maquir engendró a Galaad: de Galaad, la familia de los Galaaditas. Estos fueron los hijos de Galaad: de Jezer, la familia de los Jezeritas: de Helec, la familia de los Helecitas: De Asriel, la familia de los Asrielitas: de Sequem, la familia de los Sequemitas: De Semida, la familia de los Semidaitas: de Hefer, la familia de los Heferitas. Y Salfaad, hijo de Hefer, no tuvo hijos sino hijas: y los nombres de las hijas de Salfaad fueron Maala, y Noa, y Hegla, y Melca, y Tersa. Estas fueron las familias de Manasés, y sus contados, cincuenta y dos mil y siete cientos. Estos fueron les hijos de Efraim por sus familias: de Sutala, la familia de los Sutalaitas: de Bequer, la familia de los Bequeritas: de Tehén, la familia de los Tehenitas: Y estos fueron los hijos de Sutala: de Herán, la familia de los Heranitas. Estas fueron las familias de los hijos de Efraim por sus contados, treinta y dos mil y quinientos. Estos fueron los hijos de José por sus familias. Los hijos de Benjamín por sus familias: de Bela, la familia de los Belaitas: de Asbel, la familia de los Asbelitas: de Aquiram, la familia de los Aquiramitas: De Sufam, la familia de los Sufamitas: de Hufam, la familia de los Hufamitas. Y los hijos de Bela fueron Hered y Noemán: de Hered, la familia de los Hereditas: de Noemán, la familia de los Noemanitas. Estos fueron los hijos de Benjamín por sus familias: y sus contados cuarenta y cinco mil y seiscientos. Estos fueron los hijos de Dan por sus familias: de Suham la familia de los Suhamitas: estas fueron las familias de Dan por sus familias. Todas las familias de los Suhamitas por sus contados, sesenta y cuatro mil y cuatrocientos. Los hijos de Aser por sus familias: de Jemna, la familia de los Jemnaitas: de Jessui, la familia de los Jessuitas: de Brie, la familia de los Brieitas. Los hijos de Brie: de Jeber, la familia de los Jeberitas: de Melquiel, la familia de los Melquielitas. Y el nombre de la hija de Aser fué Sara. Estas fueron las familias de los hijos de Aser por sus contados, cincuenta y tres mil y cuatrocientos. Los hijos de Neftalí por sus familias: de Jesiel, la familia de los Jesielitas: de Guni, la familia de los Gunitas: De Jeser, la familia de los Jeseritas: de Sellem, la familia de los Sellemitas. Estas fueron las familias de Neftalí por sus familias: y sus contados, cuarenta y cinco mil y cuatrocientos. Estos fueron los contados de los hijos de Israel: Seiscientos mil y mil y sietecientos y treinta: Y habló Jehová a Moisés, diciendo: A estos se repartirá la tierra en heredad por la cuenta de los nombres: A los más darás mayor heredad, y a los menos menor: a cada uno se le dará su heredad conforme a sus contados. Empero la tierra será partida por suerte, y por los nombres de las tribus de sus padres heredarán. Conforme a la suerte será partida su heredad entre el grande y el pequeño. Y los contados de los Levitas por sus familias fueron estos: de Gersón la familia de los Gersonitas: de Caat, la familia de los Caatitas: de Merari, la familia de los Meraritas. Estas fueron las familias de los Levitas: la familia de los Lebnitas, la familia de los Hebronitas, la familia de los Moholitas, la familia de los Musitas, la familia de los Coritas. Y Caat engendró a Amram. Y la mujer de Amram se llamó Jocabed, hija de Leví, la cual nació a Leví en Egipto: esta parió de Amram a Aarón, y a Moisés, y a María su hermana. Y de Aarón nacieron Nadab, y Abiu, Eleazar, e Itamar. Mas Nadab y Abiu murieron, cuando ofrecieron fuego extraño delante de Jehová. Y sus contados fueron veinte y tres mil, todos los varones de un mes y arriba: porque no fueron contados entre los hijos de Israel, por cuanto no les había de ser dada heredad entre los hijos de Israel. Estos fueron los contados por Moisés y Eleazar el sacerdote, los cuales contaron los hijos de Israel en los campos de Moab junto al Jordán de Jericó. Y entre estos ninguno hubo de los contados por Moisés y Aarón el sacerdote que contaron a los hijos de Israel en el desierto de Sinaí. Porque Jehová les dijo: Muriendo morirán en el desierto: y no quedó varón de ellos, sino Caleb hijo de Jefone, y Josué hijo de Nun. Y LAS hijas de Salfaad, hijo de Jefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de Manasés, hijo de José, los nombres de las cuales eran Maala, y Noa, y Hegla, y Melca, y Tersa, llegaron: Y presentáronse delante de Moisés y delante de Eleazar el sacerdote, y delante de los príncipes, y de toda la congregación, a la puerta del tabernáculo del testimonio, y dijeron: Nuestro padre murió en el desierto, el cual no fué en la congregación que se juntó contra Jehová en la compañía de Coré: que en su pecado murió, y no tuvo hijos. ¿Por qué será quitado el nombre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Dádnos heredad entre los hermanos de nuestro padre. Y Moisés llevó su causa delante de Jehová: Y Jehová respondió a Moisés, diciendo: Derecho piden las hijas de Salfaad: darles has posesión de heredad entre los hermanos de su padre, y traspasarás la heredad de su padre a ellas. Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cuando alguno muriere sin hijo, traspaseréis su herencia a su hija. Y si no tuviere hija, daréis su herencia a sus hermanos: Y si no tuviere hermanos, daréis su herencia a los hermanos de su padre: Y si su padre no tuviere hermanos, daréis su herencia a su pariente más cercano de su linaje, el cual la heredará: y será a los hijos de Israel por ley de derecho, como Jehová mandó a Moisés. Ítem, Jehová dijo a Moisés: Sube a este monte Abarim, y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel. Y verla has, y serás ayuntado a tus pueblos tú también, como fué ayuntado tu hermano Aarón. Como os rebelasteis contra mi dicho en el desierto de Zin en la rencilla de la congregación, para santificarme en las aguas en los ojos de ellos: Estas son las aguas de la rencilla de Cádes en el desierto de Zin. Entónces Moisés repondió a Jehová, diciendo: Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, varón sobre la congregación, Que salga delante de ellos, y que entre delante de ellos, que los saque y los meta; porque la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor. Y Jehová dijo a Moisés: Tómate a Josué, hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él: Y ponerle has delante de Eleazar el sacerdote, y delante de toda la congregación, y darle has mandamientos delante de ellos. Y pondrás de tu resplandor sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezcan. Y él estará delante de Eleazar el sacerdote, y a él preguntará en el juicio del Urim delante de Jehová: por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán, él y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación. E hizo Moisés, como Jehová le mandó, que tomó a Josué, y le puso delante de Eleazar el sacerdote, y de toda la congregación: Y puso sobre él sus manos, y dióle mandamientos, como Jehová había mandado por mano de Moisés. Y HABLÓ Jehová a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel, y díles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor de mi holganza guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo. Ítem, decirles has: Esta es la ofrenda encendida, que ofreceréis a Jehová: Dos corderos perfectos de un año, cada un día, será el holocausto continuo. El un cordero harás a la mañana, y el otro cordero harás entre las dos tardes; Y una diezma de un efa de flor de harina amasada con una cuarta de un hin de aceite molido, en presente: Holocausto continuo, que fué hecho en el monte de Sinaí en olor de holganza, ofrenda encendida a Jehová. Y su derramadura será una cuarta de un hin con cada un cordero: derramarás derramadura de vino a Jehová, en el santuario. Y el segundo cordero harás entre las dos tardes: conforme a la ofrenda de la mañana, y conforme a su derramadura harás, ofrenda encendida en olor de holganza a Jehová. Mas el día del sábado, dos corderos sin mancha de un año, y dos diezmas de flor de harina amasada con aceite por presente, con su derramadura. Este será el holocausto del sábado cada sábado, allende del holocausto continuo y su derramadura. Ítem, en los principios de vuestros meses ofreceréis en holocausto a Jehová, dos becerros hijos de vaca, y un carnero, y siete corderos perfectos de un año. Y tres diezmas de flor de harina amasada con aceite por presente con cada becerro; y dos diezmas de flor de harina amasada con aceite por presente con cada carnero. Y una diezma de flor de harina amasada con aceite en ofrenda por presente con cada cordero. Holocausto de olor de holganza, ofrenda encendida a Jehová, Y sus derramaduras de vino serán medio hin con cada becerro, y una tercia de un hin con cada carnero, y una cuarta de un hin con cada cordero. Esto será el holocausto de cada mes por todos los meses del año. Y un macho de cabrío en expiación se hará a Jehová, allende del holocausto continuo, con su derramadura. Mas en el mes primero, a los catorce del mes será la páscua de Jehová. Y a los quince dias de aqueste mes la solemnidad: por siete dias se comerán panes cenceños: El primer día habrá santa convocación; ninguna obra servil haréis. Y ofreceréis en ofrenda encendida, en holocausto a Jehová, dos becerros hijos de vaca, y un carnero, y siete corderos de un año, sin defecto los tomaréis. Y su presente amasado con aceite, tres diezmas con cada becerro, y dos diezmas con cada carnero haréis. Con cada uno de los siete corderos haréis una diezma. Y un macho cabrío por expiación para reconciliaros. Esto haréis allende del holocausto de la mañana, que es el holocausto continuo. Conforme a esto haréis el pan de la ofrenda encendida en olor de holganza a Jehová cada uno de los siete dias, hacerse ha allende del holocausto continuo, con su derramadura. Y el séptimo día tendréis santa convocación: ninguna obra servil haréis. Ítem, el día de las primicias cuando ofreciereis presente nuevo a Jehová en vuestras semanas, tendréis santa convocación, ninguna obra servil haréis. Y ofreceréis en holocausto en olor de holganza a Jehová dos becerros hijos de vaca, un carnero, siete corderos de un año. Y el presente de ellos, flor de harina amasada con aceite, tres diezmas con cada becerro, dos diezmas con cada carnero. Con cada uno de los siete corderos una diezma. Un macho de cabrío para reconciliaros. Esto haréis allende del holocausto continuo y sus presentes, y sus derramaduras: sin tacha los tomaréis. ÍTEM, el séptimo mes, al primero del mes, tendréis santa convocación, ninguna obra servil haréis, día de jubilación os será. Y haréis en holocausto por olor de holganza a Jehová un becerro hijo de vaca, un carnero, siete corderos perfectos de un año: Y el presente de ellos, flor de harina amasada con aceite, tres diezmas con cada becerro, dos diezmas con cada carnero: Y con cada uno de los siete corderos una diezma: Y un macho de cabrío por expiación para reconciliaros: Allende del holocausto del mes y su presente, y el holocausto continuo y su presente, y sus derramaduras conforme a su ley, ofrenda encendida a Jehová en olor de holganza. Ítem, a los diez de este mes séptimo tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, ninguna obra haréis: Y ofreceréis en holocausto a Jehová por olor de holganza un becerro hijo de vaca, un carnero, siete corderos de un año, sin tacha los tomaréis. Y sus presentes, flor de harina amasada con aceite, tres diezmas con cada becerro: dos diezmas con cada carnero: Y con cada uno de los siete corderos una diezma: Un macho de cabrío por expiación, allende de la ofrenda de las expiaciones por el pecado, y del holocausto continuo y de sus presentes, y de sus derramaduras. Ítem, a los quince dias del mes séptimo, tendréis santa convocación: ninguna obra servil haréis, y celebraréis solemnidad a Jehová por siete dias: Y ofreceréis en holocausto, en ofrenda encendida a Jehová en olor de holganza trece becerros hijos de vaca, dos carneros, catorce corderos de un año, serán sin defecto: Y los presentes de ellos, flor de harina amasada con aceite, tres diezmas con cada uno de los trece becerros, dos carneros, catorce corderos de un año, serán perfectos: Y con cada uno de los catorce corderos una diezma: Y un macho cabrío por expiación, allende del holocausto continuo, su presente, y su derramadura. Y el segundo día, doce becerros hijos de vaca, dos carneros, catorce corderos sin tacha de un año: Y sus presentes, y sus derramaduras con los becerros, con los carneros, y con los corderos según el número de ellos conforme a la ley: Y un macho de cabrío por expiación, allende del holocausto continuo, y su presente y su derramadura. Y el tercero día, once becerros, dos carneros, catorce corderos sin defecto de un año: Y sus presentes y sus derramaduras con los becerros, con los carneros, y con los corderos según el número de ellos conforme a la ley: Y un macho de cabrío por expiación, allende del holocausto continuo, y su presente, y su derramadura. Y el cuarto día, diez becerros, dos carneros, catorce corderos perfectos de un año: Sus presentes y sus derramaduras con los becerros, con los carneros, y con los corderos según el número de ellos conforme a la ley: Y un macho de cabrío por expiación, allende del holocausto continuo, su presente y su derramadura. Y el quinto día, nueve becerros, dos carneros, catorce corderos sin tacha de un año: Y sus presentes, y sus derramaduras con los becerros, con los carneros, y con los corderos según el número de ellos, conforme a la ley: Y un macho cabrío por expiación, allende del holocausto continuo, su presente y su derramadura. Y el sexto día, ocho becerros, dos carneros, catorce corderos sin defecto de un año: Y sus presentes, y sus derramaduras con los becerros, con los carneros, y con los corderos según el número de ellos, conforme a la ley: Y un macho cabrío por expiación, allende del holocausto continuo, sus presentes y sus derramaduras. Y el séptimo día, siete becerros, dos carneros, catorce corderos perfectos de un año: Y sus presentes, y sus derramaduras con los becerros, con los carneros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme a su ley: Y un macho cabrío por expiación, allende del holocausto continuo, y su presente, y su derramadura. El octavo día tendréis solemnidad, ninguna obra servil haréis. Y ofreceréis en holocausto, en ofrenda encendida a Jehová de olor de holganza, un novillo, un carnero, siete corderos perfectos de un año: Sus presentes, y sus derramaduras con el novillo, con el carnero, y con los corderos según el número de ellos conforme a la ley. Y un macho cabrío por expiación, allende del holocausto continuo, y su presente, y su derramadura. Estas cosas haréis a Jehová en vuestras solemnidades, allende de vuestros votos, y de vuestras ofrendas libres, en vuestros holocaustos, y en vuestros presentes, y en vuestras derramaduras, y en vuestras paces. Y Moisés dijo a los hijos de Israel conforme a todo lo que Jehová había mandado a Moisés. Y HABLÓ Moisés a los prínci- pes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado: Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o jurare juramento, ligando su alma con obligación, no contaminará su palabra: conforme a todo lo que salió por su boca, hará. Mas la mujer cuando hiciere voto a Jehová, y se ligare con obligación en casa de su padre en su mocedad; Si su padre oyere su voto, y la obligación con que ligó su alma, y su padre callare a él, todos los votos de ella serán firmes, y toda obligación, con que hubiere obligado su alma, será firme: Mas si su padre lo vedare el día que oyere todos sus votos, y sus ataduras con que ella hubiere ligado su alma, no serán firmes, y Jehová la perdonará, por cuanto su padre lo vedó. Empero si fuere casada, e hiciere votos, o pronunciare de sus labios cosa con que obligue su alma; Si su marido lo oyere, y cuando lo oyere, callare a ello, los votos de ella serán firmes, y la atadura con que ligó su alma, será firme. Mas si cuando su marido lo oyó, lo vedó, entónces el voto que ella hizo, y lo que pronunció de sus labios con que ató su alma, será ninguno, y Jehová la perdonará. Empero todo voto de viuda, o repudiada, con que ligare su alma, será firme. Mas si lo hubiere hecho en casa de su marido, y hubiere ligado su alma con obligación de juramento; Si su marido oyó, y calló a ello, y no lo vedó, entónces todos sus votos serán firmes, y toda obligación con que hubiere ligado su alma, será firme. Mas si su marido los anuló el día que los oyó, todo lo que salió de sus labios, cuanto a sus votos, y cuanto a la obligación de su alma, será ninguno, su marido los anuló, y Jehová la perdonará. Todo voto, o todo juramento de obligación para afligir el alma, su marido lo confirmará, o su marido lo anulará. Empero si su marido callare a ello de día en día, entónces confirmó todos sus votos, y todas las obligaciones, que están sobre ella; confirmólas, por cuanto calló a ello, el día que lo oyó. Mas si las anulare después que las oyó, entónces él llevará el pecado de ella. Estas son las ordenanzas que Jehová mandó a Moisés para entre el varón y su mujer, y entre el padre y su hija en su mocedad en casa de su padre. ÍTEM, Jehová habló a Moisés, diciendo: Haz la venganza de los hijos de Israel de los Madianitas, después serás recogido a tus pueblos. Entónces Moisés habló al pueblo, diciendo: Armáos algunos de vosotros para la guerra, y serán contra Madián y harán la venganza de Jehová en Madián. Mil de cada tribu de todas las tribus de los hijos de Israel enviaréis a la guerra. Así fueron dados de los millares de Israel mil por cada una tribu, doce mil a punto de guerra. Y Moisés los envió a la guerra: mil de cada tribu envió, y Finees hijo de Eleazar sacerdote fué a la guerra, con los santos instrumentos, con las trompetas del júbilo en su mano. Y pelearon contra Madián, como Jehová lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón. Mataron también entre los que mataron de ellos a los reyes de Madián Evi, y Recem, y Sur, y Jur, y Rebe, cinco reyes de Madián: y a Balaam hijo de Beor mataron a cuchillo. Y llevaron cautivas los hijos de Israel las mujeres de los Madianitas, y sus chiquitos, y todas sus bestias, y todos sus ganados, y robaron toda su hacienda. Y todas sus ciudades por sus habitaciones, y todos sus palacios quemaron a fuego. Y tomaron todo el despojo y toda la presa así de hombres como de bestias, Y trajéronlo a Moisés, y a Eleazar el sacerdote, y a la congregación de los hijos de Israel; los cautivos y la presa, y los despojos, al campo, en los llanos de Moab, que están junto al Jordán de Jericó. Y salieron Moisés, y Eleazar el sacerdote, y todos los príncipes de la congregación a recibirlos fuera del campo. Y Moisés se enojó contra los capitanes del ejército, los tribunos y centuriones que volvían de la guerra. Y díjoles Moisés: ¿Todas las mujeres habéis reservado? He aquí, ellas fueron a los hijos de Israel por consejo de Balaam para dar prevaricación contra Jehová en el negocio de Pehor, por lo cual hubo mortandad en la congregación de Jehová. Matád pues ahora a todos los varones en los niños: y a toda mujer que haya conocido varón en ayuntamiento de varón matád. Y todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido ayuntamiento de varón, os guardaréis vivas. Y vosotros quedáos fuera del campo siete dias: y todos los que mataren persona, y cualquiera que tocare a muerto, expiaros heis al tercero y al séptimo día, vosotros y vuestros cautivos. Y todo vestido, y toda alhaja de pieles, y toda obra de pelos de cabras, y todo vaso de madera expiaréis. Y Eleazar el sacerdote dijo a los hombres de guerra, que venían de la guerra: Esta es la ordenanza de la ley que Jehová mandó a Moisés: Ciertamente el oro, y la plata, metal, hierro, estaño, y plomo, Todo lo que entra en fuego haréis pasar por fuego, y será limpio; empero en las aguas de la expiación se alimpiará: mas todo lo que no entra en fuego, haréis pasar por agua. demás de esto lavaréis vuestros vestidos el séptimo día, y así seréis limpios: y entraréis después en el campo. Ítem, Jehová habló a Moisés diciendo: Toma la cuenta de la presa de la cautividad, así de los hombres como de las bestias, tú y Eleazar el sacerdote, y las cabezas de los padres de la congregación. Y partirás por medio la presa entre los que pelearon, los que salieron a la guerra, y toda la congregación. Y apartarás para Jehová el tributo de los hombres de guerra, que salieron a la guerra, de quinientos uno, así de los hombres como de los bueyes, de los asnos, y de las ovejas. De la mitad de ellos tomaréis, y daréis a Eleazar el sacerdote la ofrenda de Jehová. Y de la mitad de los hijos de Israel tomarás uno de cincuenta, de los hombres, de los bueyes, de los asnos, y de las ovejas, de todo animal, y darla has a los Levitas, que tienen la guarda del tabernáculo de Jehová. E hizo Moisés y Eleazar el sacerdote como Jehová mandó a Moisés. Y fué la presa, el resto de la presa que tomaron los hombres de guerra, seiscientas y setenta y cinco mil ovejas, Y setenta y dos mil bueyes, Y sesenta y un mil asnos, Y personas de hombres, y de mujeres que no habían conocido ayuntamiento de varón, de todas personas, treinta y dos mil. Y fué la mitad, la parte de los que habían salido a la guerra, el número de las ovejas, trescientas y treinta y siete mil y quinientas. Y fué el tributo de Jehová de las ovejas, seiscientas y setenta y cinco. Y de los bueyes, treinta y seis mil: y el tributo de ellos para Jehová, setenta y dos. Y de los asnos, treinta mil y quinientos: y el tributo de ellos para Jehová, setenta y uno. Y de las personas, diez y seis mil: y el tributo de ellas para Jehová, treinta y dos personas. Y dió Moisés, el tributo de la ofrenda de Jehová a Eleazar el sacerdote, como Jehová lo mandó a Moisés. Y de la mitad de los hijos de Israel que partió Moisés de los hombres que habían ido a la guerra, La mitad de la congregación fué, de las ovejas, trescientas y treinta y siete mil y quinientas: Y de los bueyes, treinta y seis mil: Y de los asnos, treinta mil y quinientos: Y de las personas, diez y seis mil. Y de la mitad de los hijos de Israel Moisés tomó uno de cincuenta. de los hombres y de las bestias, y dióla a los Levitas, que tenían la guarda del tabernáculo de Jehová, como Jehová lo había mandado a Moisés. Y llegaron a Moisés los capitanes de los millares de la guerra, los tribunos y centuriones, Y dijeron a Moisés: Tus siervos han tomado la copia de los hombres de guerra que están en nuestro poder, y ninguno ha faltado de nosotros: Por lo cual hemos ofrecido a Jehová ofrenda cada uno de lo que ha hallado, vasos de oro, braceletes, manillas, anillos, zarcillos, y cadenas para reconciliar nuestras almas delante de Jehová. Y recibió Moisés y Eleazar el sacerdote el oro de ellos, todos vasos obrados. Y fué todo el oro de la ofrenda que ofrecieron a Jehová diez y seis mil y sietecientos y cincuenta siclos, de los tribunos y centuriones. Porque los varones del ejército habían tomado despojos cada uno para sí. Y recibió Moisés y Eleazar el sacerdote el oro de los tribunos y centuriones, y trajéronlo al tabernáculo del testimonio por memoria de los hijos de Israel delante de Jehová. Y LOS hijos de Ruben y los hijos de Gad tenían mucho ganado: mucho en gran multitud: los cuales viendo la tierra de Jazer y de Galaad, parecióles el lugar, lugar de ganado. Y vinieron los hijos de Gad y los hijos de Rubén, y hablaron a Moisés, y a Eleazar el sacerdote, y a los príncipes de la congregación, diciendo: Atarot, y Dibón, y Jazer, y Nemra, y Jesebón, y Eleale, y Sabán, y Nebo, y Beón, La tierra que Jehová hirió delante de la congregación de Israel, es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado. Y dijeron: Si hallamos gracia en tus ojos dése esta tierra a tus siervos en heredad, no nos hagas pasar el Jordán. Y respondió Moisés a los hijos de Gad, y a los hijos de Rubén: ¿Vendrán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí? Y ¿por qué impedís el ánimo de los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que les ha dado Jehová? Así hicieron vuestros padres cuando los envié desde Cades-Barne para que viesen esta tierra: Que subieron hasta el arroyo de Escol, y vieron la tierra, e impidieron el ánimo de los hijos de Israel para no venir a la tierra, que Jehová les había dado. Y el furor de Jehová se encendió entónces, y juró, diciendo: Que no verán los varones que subieron de Egipto de veinte años y arriba, la tierra, por la cual juré a Abraham, Isaac, y Jacob, por cuanto no fueron perfectos en pos de mí; Excepto Caleb hijo de Jefone Cenezeo, y Josué hijo de Nun, que fueron perfectos en pos de Jehová. Y el furor de Jehová se encendió en Israel, e hizolos andar vagabundos por el desierto cuarenta años, hasta que toda aquella generación fué acabada, que había hecho mal delante de Jehová. Y, he aquí, vosotros habéis sucedido en lugar de vuestros padres, crianza de hombres pecadores, para añadir aun a la ira de Jehová contra Israel. Si os volviereis de en pos de él, él volverá otra vez a dejarlo en el desierto, y destruiréis a todo este pueblo. Entónces ellos se llegaron a él, y dijeron: Edificaremos aquí majadas para nuestro ganado, y ciudades para nuestros niños: Y nosotros nos armaremos, e iremos con diligencia delante de los hijos de Israel, hasta que los metamos en su lugar: y nuestros niños quedarán en ciudades fuertes a causa de los moradores de la tierra. No volveremos a nuestras casas hasta que los hijos de Israel posean cada uno su heredad: Porque no tomaremos heredad con ellos tras el Jordán ni adelante, por cuanto tendremos ya nuestra heredad de estotra parte del Jordán al oriente. Entónces Moisés les respondió: Si lo hiciereis así, si os armareis delante de Jehová para la guerra, Y pasareis todos vosotros armados el Jordán delante de Jehová, hasta que haya echado sus enemigos de delante de sí, Y que la tierra sea sojuzgada delante de Jehová, y después volváis, seréis absueltos de Jehová y de Israel, y esta tierra será vuestra en heredad delante de Jehová. Mas si no lo hiciereis así, he aquí, habréis pecado a Jehová, y sabéd que vuestro pecado os alcanzará. Edificáos ciudades para vuestros niños, y majadas para vuestras ovejas, y hacéd lo que ha salido de vuestra boca. Y hablaron los hijos de Gad y los hijos de Ruben a Moisés, diciendo: Tus siervos harán como mi señor ha mandado. Nuestros niños, nuestras mujeres, nuestros ganados, y todas nuestras bestias estarán allí en las ciudades de Galaad: Y tus siervos pasarán todos armados de guerra, delante de Jehová a la guerra de la manera que mi señor dice. Entónces Moisés los encomendó a Eleazar el sacerdote, y a Josué hijo de Nun, y a los príncipes de los padres de las tribus de los hijos de Israel; Y díjoles Moisés: Si los hijos de Gad y los hijos de Ruben pasaren con vosotros el Jordán, todos armados de guerra delante de Jehová, luego que la tierra fuere sojuzgada delante de vosotros, darles heis la tierra de Galaad en posesión: Mas si no pasaren armados con vosotros: entónces tendrán posesión entre vosotros en la tierra de Canaán. Y los hijos de Gad y los hijos de Ruben respondieron, diciendo: Lo que Jehová ha dicho a tus siervos, haremos: Nosotros pasaremos armados delante de Jehová a la tierra de Canaán, y la posesión de nuestra heredad será de esta parte del Jordán. Así Moisés les dió, a los hijos de Gad y a los hijos de Rubén, y a la media tribu de Manasés, hijo de José, el reino de Sejón rey Amorreo, y el reino de Og rey de Basán, la tierra con sus ciudades y términos, las ciudades de la tierra al derredor. Y los hijos de Gad edificaron a Dibón y a Atarot, y a Aroer, Y a Rot, y a Sofam, y a Jazer, y a Jegbaa, Y a Bet-nemera, y a Bet-arán, ciudades fuertes, y majadas de ovejas. Y los hijos de Ruben edificaron a Jesebón, y a Eleale, y a Cariataim, Y a Nebo, y a Baal-meón, mudados los nombres, y a Sabama, y pusieron nombres a las ciudades que edificaron. Y los hijos de Maquir, hijo de Manasés, fueron a Galaad, y tomáronla, y echaron al Amorreo que estaba en ella. Y Moisés dió a Galaad a Maquir hijo de Manasés, el cual habitó en ella. También Jair hijo de Manasés fué, y tomó sus aldeas, y púsoles nombre Havot-jair. Asimismo Nobe fué, y tomó a Canat y sus aldeas, y púsole nombre Nobe, conforme a su nombre. ESTAS son las partidas de los hijos de Israel, que salieron de la tierra de Egipto por sus escuadrones, por mano de Moisés y Aarón, Que Moisés escribió sus salidas por sus partidas por dicho de Jehová: y estas son sus partidas por sus salidas. De Ramesses partieron el mes primero a los quince dias del mes primero: el segundo día de la páscua salieron los hijos de Israel con mano alta a ojos de todos los Egipcios. Enterrando los Egipcios los que Jehová había muerto de ellos, a todo primogénito; y habiendo Jehová hecho juicios en sus dioses. Partieron pues los hijos de Israel de Ramesses, y asentaron campo en Socot. Y partiendo de Socot asentaron en Etam, que es al cabo del desierto. Y partiendo de Etam volvieron sobre Pihahirot, que es delante de Baal-sefón, y asentaron delante de Magdalo. Y partiendo de Pihahirot pasaron por medio de la mar al desierto, y anduvieron camino de tres dias por el desierto de Etam, y asentaron en Mara. Y partiendo de Mara vinieron a Elim, donde había doce fuentes de aguas y setenta palmas; y asentaron allí. Y partidos de Elim asentaron junto al mar Bermejo. Y partidos del mar Bermejo asentaron en el desierto de Sin. Y partidos del desierto de Sin asentaron en Dafca. Y partidos de Dafca asentaron en Alús. Y partidos de Alús asentaron en Rafidim, donde el pueblo no tuvo aguas para beber. Y partidos de Rafidim asentaron en el desierto de Sinaí. Y partidos del desierto de Sinaí asentaron en Kibrot-hataava. Y partidos de Kibrot-hataava asentaron en Jaserot. Y partidos de Jaserot asentaron en Retma. Y partidos de Retma asentaron en Remmon-fares. Y partidos de Remmon-fares asentaron en Lebna. Y partidos de Lebna asentaron en Ressa. Y partidos de Ressa asentaron en Cealata. Y partidos de Cealata asentaron en el monte de Sefer. Y partidos del monte de Sefer asentaron en Harada. Y partidos de Harada asentaron en Macelot. Y partidos de Macelot asentaron en Tahat. Y partidos de Tahat asentaron en Tare. Y partidos de Tare asentaron en Metca. Y partidos de Metca asentaron en Hesmona. Y partidos de Hesmona asentaron en Moserot. Y partidos de Moserot asentaron en Bene-jaacán. Y partidos de Bene-jaacán asentaron en el monte de Guidgad. Y partidos del monte de Guidgad asentaron en Jetebata. Y partidos de Jetebata asentaron en Hebrona. Y partidos de Hebrona asentaron en Asión-gaber. Y partidos de Asión-gaber asentaron en el desierto de Zin, que es Cádes. Y partidos de Cádes asentaron en el monte de Hor en el fin de la tierra de Edom. Y subió Aarón el sacerdote en el monte de Hor, conforme al dicho de Jehová, y allí murió a los cuarenta años de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mes quinto, en el primero del mes. Y era Aarón de edad de ciento y veinte y tres años cuando murió en el monte de Hor. Y oyó el Cananeo rey de Arad, que habitaba al mediodía en la tierra de Canaán, como habían entrado los hijos de Israel. Y partidos del monte de Hor asentaron en Salmona. Y partidos de Salmona asentaron en Funón. Y partidos de Funón asentaron en Obot. Y partidos de Obot asentaron en Je-abarim en el término de Moab. Y partidos de Je-abarim asentaron en Dibon-gad. Y partidos de Dibon-gad asentaron en Helmon-deblataim. Y partidos de Helmon-deblataim asentaron en los montes de Abarim delante de Nebo. Y partidos de los montes de Abarim asentaron en los campos de Moab junto al Jordán de Jericó. Finalmente asentaron junto al Jordán desde Bet-jesimot hasta Abel-satim en los campos de Moab. Y habló Jehová a Moisés en los campos de Moab junto al Jordán de Jericó, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis pasado el Jordán a la tierra de Canaán, Echaréis a todos los moradores de la tierra de delante de vosotros, y destruiréis todas sus pinturas, y todas sus imágenes de fundición, destruiréis asimismo todos sus altos: Y echaréis los moradores de la tierra, y habitaréis en ella: porque yo os la he dado para que la heredeis. Y heredaréis la tierra por suertes por vuestras familias; al mucho daréis mucho por su heredad, y al poco daréis poco por su heredad: donde le saliere la suerte, allí la tendrá: por las tribus de vuestros padres heredaréis. Y si no echareis los moradores de la tierra de delante de vosotros, será, que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos, y por espinas en vuestros costados, y afligiros han sobre la tierra en que vosotros habitareis. Y será, que como yo pensé hacerles a ellos, haré a vosotros. ÍTEM, Jehová habló a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis entrado en la tierra de Canaán, es a saber, la tierra que os ha de caer en heredad, la tierra de Canaán por sus términos, Tendréis el lado del mediodía desde el desierto de Zin hasta los términos de Edom; y seros ha el término del mediodía el cabo del mar de la sal hacia el oriente. Y este término os irá rodeando desde el mediodía a la subida de Acrabim, y pasará hasta Zin: y sus salidas serán del mediodía a Cades-barne: y saldrá a Ahazaradar, y pasará hasta Asemona. Y rodeará este término desde Asemona hasta el arroyo de Egipto, y sus salidas serán al occidente. Y el término occidental os será la gran mar, este término os será el término occidental. Y el término del norte os será este: desde la gran mar os señalaréis el monte de Hor: Del monte de Hor señalaréis a la entrada de Emat; y serán las salidas de aquel término a Sedada: Y saldrá este término a Zefrona, y serán sus salidas a Hazar-enán: este os será el término del norte. Y por término al oriente os señalaréis desde Hazar-enán hasta Sefama. Y descenderá este término de Sefama a Reblata al oriente de Ain, y descenderá este término, y llegará a la costa de la mar de Ceneret al oriente: Y descenderá este término al Jordán, y serán sus salidas al mar de la sal: esta os será la tierra por sus términos al derredor. Y mandó Moisés a los hijos de Israel, diciendo: Esta es la tierra que heredaréis por suerte, la cual mandó Jehová que diese a las nueve tribus y a la media tribu. Porque la tribu de los hijos de Ruben por las casas de sus padres, y la tribu de los hijos de Gad por las casas de sus padres, y la media tribu de Manasés han tomado su herencia. Dos tribus y media tomaron su heredad de esta parte del Jordán de Jericó al oriente, al nacimiento del sol. Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Estos son los nombres de los varones que tomarán la posesión de la tierra para vosotros: Eleazar el sacerdote, y Josué hijo de Nun. Y tomaréis de cada tribu un príncipe para tomar la posesión de la tierra. Y estos son los nombres de los varones: De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone. Y de la tribu de los hijos de Simeón, Samuel hijo de Ammiud. De la tribu de Benjamín, Elidad hijo de Caselón. Y de la tribu de los hijos de Dan, el príncipe Bocci hijo de Jogli. De los hijos de José, de la tribu de los hijos de Manasés, el príncipe Haniel hijo de Efod. Y de la tribu de los hijos de Efraim, el príncipe Camuel hijo de Seftán. Y de la tribu de los hijos de Zabulón, el príncipe Elisafán hijo de Farnac. Y de la tribu de los hijos de Isacar, el príncipe Paltiel hijo de Ozán. Y de la tribu de los hijos de Aser, el príncipe Ahiud hijo de Salomi. Y de la tribu de los hijos de Neftalí, el príncipe Fedael hijo de Ammiud. Estos son a los que mandó Jehová que hiciesen heredar la tierra a los hijos de Israel en la tierra de Canaán. Y HABLÓ Jehová a Moisés en los campos de Moab junto al Jordán de Jericó, diciendo: Manda a los hijos de Israel, que den a los Levitas de la posesión de su heredad ciudades en que habiten; y los ejidos de las ciudades daréis a los Levitas al derredor de ellas. Y las ciudades tendrán para habitar ellos; y los ejidos de ellas serán para sus animales, y para sus ganados, y para todas sus bestias. Y los ejidos de las ciudades, que daréis a los Levitas, estarán mil codos al derredor desde el muro de la ciudad para fuera: Luego mediréis fuera de la ciudad a la parte del oriente dos mil codos, y a la parte del mediodía dos mil codos, y a la parte del occidente dos mil codos, y a la parte del norte dos mil codos; y la ciudad en medio: esto tendrán por los ejidos de las ciudades. Y de las ciudades que daréis a los Levitas, seis ciudades serán de acogimiento, las cuales daréis para que el homicida se acoja allá: y allende de estas daréis cuarenta y dos ciudades. Todas las ciudades que daréis a los Levitas serán cuarenta y ocho ciudades, ellas y sus ejidos. Y las ciudades que diereis de la heredad de los hijos de Israel, del mucho tomaréis mucho, y del poco tomaréis poco: cada uno dará de sus ciudades a los Levitas según la posesión que heredará. Ítem, Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis pasado el Jordán a la tierra de Canaán, Señalaros heis ciudades: ciudades de acogimiento tendréis, donde huya el homicida, que hiriere a alguno por yerro. Y seros han aquellas ciudades por acogimiento del pariente, y no morirá el homicida hasta que esté a juicio delante de la congregación. Y de las ciudades que daréis, tendréis seis ciudades de acogimiento. Las tres ciudades daréis de esta parte del Jordán, y las otras tres ciudades daréis en la tierra de Canaán, las cuales serán ciudades de acogimiento. Estas seis ciudades serán para acogimiento a los hijos de Israel, y al peregrino, y al que morará entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere a otro por yerro. Y si con instrumento de hierro le hiriere, y muriere, homicida es; el homicida morirá. Y si con piedra de mano de que pueda morir, le hiriere, y muriere, homicida es; el homicida morirá. Y si con instrumento de palo de mano, de que pueda morir, le hiriere, homicida es; el homicida morirá. El redimidor de la sangre, él matará al homicida; cuando le encontrare, él le matará. Y si con odio le rempujó, o echó sobre él alguna cosa por asechanzas, y murió: O por enemistad le hirió con su mano, y murió, el heridor morirá, homicida es; el redimidor de la sangre matará al homicida, cuando le encontrare. Mas si a caso sin enemistades le rempujó, o echó sobre él cualquiera instrumento sin asechanzas, O hizo caer sobre él alguna piedra, de que pudo morir, sin verle, y muriere, y él no era su enemigo ni procuraba su mal, Entónces la congregación juzgará entre el heridor y el redimidor de la sangre conforme a estas leyes. Y la congregación librará al homicida de mano del redimidor de la sangre, y la congregación le hará volver a su ciudad de acogimiento, a la cual se había acogido, y morará en ella hasta que muera el gran sacerdote, el cual fué ungido con el santo aceite. Y si saliendo saliere el homicida del término de su ciudad de acogimiento, a la cual se acogió, Y el redimidor de la sangre le hallare fuera del término de la ciudad de su acogimiento, y el redimidor de la sangre matare al homicida, no habrá por ello muerte. Mas en su ciudad de acogimiento habitará hasta que muera el gran sacerdote: y después que muriere el gran sacerdote el homicida volverá a la tierra de su posesión. Y estas cosas os serán por ordenanza de derecho por vuestras edades en todas vuestras habitaciones. Cualquiera que hiriere a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida, y un testigo no hablará contra persona para que muera. Y no tomaréis precio por la vida del homicida, porque está condenado a muerte, mas de muerte morirá. Ni tampoco tomaréis precio del que huyó a su ciudad de acogimiento para que vuelva a vivir en su tierra, hasta que muera el sacerdote. Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis, porque esta sangre contaminará la tierra; y la tierra no será expiada de la sangre que fué derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó. No contaminéis pues la tierra donde habitáis, en medio de la cual yo habito: porque yo Jehová habito en medio de los hijos de Israel. Y LLEGARON los príncipes de los padres de la familia de los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de los hijos de José, y hablaron delante de Moisés, y de los príncipes cabezas de padres de los hijos de Israel, Y dijeron: Jehová mandó a mi señor que diese la tierra a los hijos de Israel por suerte en posesión: también Jehová ha mandado a mi señor, que dé la posesión de Salfaad nuestro hermano a sus hijas: Las cuales se casarán con algunos de los hijos de las tribus de los hijos de Israel, y la herencia de ellas así será disminuida de la herencia de nuestros padres, y será añadida a la herencia de la tribu de la cual serán: y será quitada de la suerte de nuestra heredad. Y cuando viniere el jubileo de los hijos de Israel, la heredad de ellas será añadida a la heredad de la tribu de sus maridos, y así la heredad de ellas será quitada de la heredad de la tribu de nuestros padres. Entónces Moisés mandó a los hijos de Israel por dicho de Jehová, diciendo: La tribu de los hijos de José habla derecho: Esto es lo que ha mandado Jehová acerca de las hijas de Salfaad, diciendo: Cásense como a ellas les pluguiere, empero en la familia de la tribu de su padre se casarán: Porque la heredad de los hijos de Israel no sea traspasada de tribu en tribu; porque cada uno de los hijos de Israel se allegará a la heredad de la tribu de sus padres. Y cualquiera hija que poseyere heredad de las tribus de los hijos de Israel, con alguno de la familia de la tribu de su padre se casará, para que los hijos de Israel posean cada uno la heredad de sus padres; Porque la heredad no ande rodeando de una tribu a otra: mas cada una de las tribus de los hijos de Israel se llegue a su heredad. Como Jehová mandó a Moisés, así hicieron las hijas de Salfaad. Y así Maala, y Tersa, y Hegla, y Melca, y Noa hijas de Salfaad se casaron con hijos de sus tios: De la familia de los hijos de Manasés hijo de José fueron mujeres, y la heredad de ellas fué de la tribu de la familia de su padre. Estos son los mandamientos y los derechos que mandó Jehová por mano de Moisés a los hijos de Israel en los campos de Moab junto al Jordán de Jericó. ESTAS son las palabras que habló Moisés a todo Israel de esta parte del Jordán en el desierto, en el llano, delante del mar Bermejo, entre Parán, y Tofel, y Labán, y Jaserot, y Dizahab. Once jornadas hay desde Horeb camino del monte de Seir hasta Cades-barne. Y fué, que a los cuarenta años, en el mes undécimo, al primero del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos: Después que hirió a Sejón rey de los Amorreos, que habitaba en Jesebón, y a Og rey de Basán, que habitaba en Astarot en Edrai, De esta parte del Jordán en tierra de Moab quiso Moisés declarar esta ley, diciendo: Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Harto habéis estado en este monte; Volvéos, partíos, e id al monte del Amorreo, y a todas sus comarcas en el llano, en el monte, y en los valles, y al mediodía, y a la costa de la mar: a la tierra del Cananeo, y el Líbano hasta el gran río, el río de Éufrates. Mirád, yo he dado la tierra en vuestra presencia, entrád y poseéd la tierra, que Jehová juró a vuestros padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les daría a ellos y a su simiente después de ellos. Y yo os hablé entónces, diciendo: Yo no puedo llevaros solo; Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, que, he aquí, sois hoy vosotros como las estrellas del cielo en multitud. Jehová Dios de vuestros padres añada sobre vosotros como sois mil veces, y os bendiga, como os ha prometido. ¿Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas, y vuestros pleitos? Dad de vosotros varones sabios y entendidos, y expertos, de vuestras tribus, para que yo los ponga por vuestras cabezas. Y me respondisteis y dijisteis: Bueno es lo que has dicho para que se haga. Y tomé los príncipales de vuestras tribus, varones sabios y expertos, y púselos por príncipes sobre vosotros, príncipes de millares, y príncipes de cientos, y príncipes de cincuenta, y príncipes de diez, y gobernadores a vuestras tribus. Y entónces mandé a vuestros jueces, diciendo: Oid entre vuestros hermanos: juzgád justamente entre el hombre y su hermano, y entre su extranjero. No tengáis respeto de personas en el juicio: así al pequeño como al grande oiréis: no habréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios: y la causa que os fuere dificil, llegaréis a mí, y yo la oiré. Y entónces os mandé todo lo que hubieseis de hacer. Y partidos de Horeb, anduvimos todo este desierto grande y temeroso, que habéis visto, por el camino del monte del Amorreo, como Jehová nuestro Dios nos lo mandó: y llegamos hasta Cades-barne. Y os dije: Llegado habéis al monte del Amorreo, el cual Jehová nuestro Dios nos da. Mira, Jehová tu Dios ha dado delante de tí la tierra: sube y poséela, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho, no temas, ni desmayes. Y llegasteis a mi todos vosotros, y dijisteis: Enviemos varones delante de nosotros, que nos reconozcan la tierra, y nos tornen la respuesta; el camino por donde hemos de subir, y las ciudades a donde hemos de venir. Y el dicho me pareció bien, y tomé doce varones de vosotros un varón por tribu; Y volvieron, y subieron al monte, y vinieron hasta el arroyo de Escol, y reconocieron la tierra. Y tomaron en sus manos del fruto de la tierra, y trajéronnoslo, y diéronnos la respuesta, y dijeron: Buena es la tierra que Jehová nuestro Dios nos da. Y no quisisteis subir, mas os rebelasteis al dicho de Jehová vuestro Dios: Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrecia, nos sacó de tierra de Egipto, para entregarnos en mano del Amorreo para destruirnos. ¿Dónde subimos? Nuestros hermanos han hecho desleir nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros; las ciudades grandes y encastilladas hasta el cielo, y también vimos allí hijos de gigantes. Entónces yo os dije: No temáis, ni hayáis miedo de ellos: Jehová vuestro Dios, el que va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo con vosotros en Egipto delante de vuestros ojos; Y en el desierto, has visto que Jehová tu Dios te ha traido, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta que habéis venido a este lugar. Y aun con esto no habéis creido en Jehová vuestro Dios. El cual iba delante de vosotros por el camino, para reconoceros el lugar donde habíais de asentar el campo, con fuego de noche, para mostraros el camino por donde anduvieseis: y con nube de día. Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y enojóse, y juró, diciendo: No verá hombre de estos, esta mala generación, la buena tierra, que juré que había de dar a vuestros padres: Sino fuere Caleb hijo de Jefone, él la verá, y yo le daré la tierra que holló, a él y a sus hijos, porque cumplió en pos de Jehová. Y también contra mí se airó Jehová por vosotros, diciendo: Tampoco tú entrarás allá. Josué hijo de Nun, que está delante de tí, él entrará allá; esfuérzale, porque él la hará heredar a Israel. Y vuestros chiquitos, de los cuales dijisteis, serán por presa; y vuestros hijos, que no saben hoy bueno ni malo, ellos entrarán allá, y a ellos la daré, y ellos la heredarán. Y vosotros volvéos, y partíos al desierto camino del mar Bermejo. Y respondisteis y me dijisteis: Pecamos a Jehová, nosotros subiremos, y pelearemos, conforme a todo lo que Jehová nuestro Dios nos ha mandado. Y os armasteis cada uno de sus armas de guerra, y os apercebisteis para subir al monte, Y Jehová me dijo: Díles: No subáis, ni peleéis, porque yo no estoy entre vosotros, y no seais heridos delante de vuestros enemigos. Y os hablé y no oisteis; ántes os rebelasteis al dicho de Jehová, y porfiasteis con soberbia, y subisteis al monte. Y salió el Amorreo, que habitaba en aquel monte, a vuestro encuentro, y os persiguieron, como hacen las abispas, y os quebrantaron en Seir hasta Jorma. Y volvisteis, y llorasteis delante de Jehová, y Jehová no oyó vuestra voz, ni os escuchó. Y estuvisteis en Cádes por muchos dias, como parece en los dias que habéis estado. Y NOS volvimos, y partímos al desierto camino del mar Bermejo, como Jehová me había dicho, y rodeamos el monte de Seir por muchos dias: Hasta que Jehová me habló, diciendo: Harto habéis rodeado este monte, volvéos al aquilón. Y manda al pueblo, diciendo: Vosotros pasando por el término de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos habrán miedo de vosotros, mas vosotros guardáos mucho. No os revolváis con ellos, que no os daré de su tierra ni aun una holladura de una planta de un pié: porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir. La comida compraréis de ellos por dinero, y comeréis; y el agua también compraréis de ellos por dinero, y beberéis, Pues que Jehová tu Dios te ha bendicho en toda obra de tus manos; él sabe que andas por este gran desierto: estos cuarenta años Jehová tu Dios fué contigo, y ninguna cosa te ha faltado. Y pasámos de nuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, por el camino de la campaña de Elat, y de Asión-gaber: y volvimos, y pasámos camino del desierto de Moab. Y Jehová me dijo: No molestes a Moab, ni te revuelvas con ellos en guerra, que no te daré posesión de su tierra; porque yo he dado a Ar por heredad a los hijos de Lot. Los Emimeos habitaron en ella ántes, pueblo grande, y mucho, y alto como gigantes; Por gigantes eran también contados ellos como los Enaceos, y los Moabitas los llamaban Emimeos. Y en Seir habitaron ántes los Horeos, a los cuales echaron los hijos de Esaú, y los destruyeron de delante de sí, y moraron en lugar de ellos, como hizo Israel en la tierra de su posesión, que Jehová les dió. Levantáos ahora, y pasád el arroyo de Zared: y pasámos el arroyo de Zared. Y los dias que anduvimos de Cades-barne haste que pasámos el arroyo de Zared, fueron trienta y ocho años, hasta que se acabó toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campo, como Jehová les había jurado. Y también la mano de Jehová fué sobre ellos para destruirlos de en medio del campo, hasta acabarlos. Y aconteció, que luego que todos los hombres de guerra fueron acabados por muerte de en medio del pueblo, Jehová me habló, diciendo: Tú pasarás hoy el término de Moab, a Ar: Y acercarte has delante de los hijos de Ammon: no los molestes, ni te revuelvas con ellos; porque no te tengo de dar posesión de la tierra de los hijos de Ammon: que a los hijos de Lot la he dado por heredad. (Por tierra de gigantes fué habida también ella, gigantes habitaron en ella ántes, a los cuales los Ammonitas llamaban los Zomzommeos, Pueblo grande, y mucho, y alto como los Enaceos; los cuales Jehová destruyó de delante de ellos, y ellos los heredaron, y habitaron en su lugar: Como hizo con los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, que destruyó a los Horeos de delante de ellos, y ellos los heredaron en su lugar hasta hoy: Y a los Heveos, que habitaban en Haserim hasta Gaza, los Caftoreos que salieron de Caftor los destruyeron, y habitaron en su lugar.) Levantáos, y partíd, y pasád el arroyo de Arnón. Mira, yo he dado en tu mano a Sejón rey de Jesebón Amorreo, y a su tierra Comienza, posee y revuélvete con él en guerra. Hoy comenzaré a poner tu miedo y tu espanto sobre los pueblos que están debajo de todo el cielo; los cuales oirán tu fama, y temblarán, y angustiarse han delante de tí. Y envié embajadores desde el desierto de Cademot a Sejón rey de Jesebón con palabras de paz, diciendo: Pasaré por tu tierra, por el camino, por el camino iré, no me apartaré a diestra ni a siniestra. La comida me venderás por dinero, y comeré; el agua también me darás por dinero, y beberé: solamente pasaré con mis piés: Como lo hicieron conmigo los hijos de Esaú, que habitan en Seir; y los Moabitas, que habitan en Ar: hasta que pase el Jordán, a la tierra que Jehová nuestro Dios nos da. Y Sejón rey de Jesebón no quiso que pasásemos por él, porque Jehová tu Dios había endurecido su espíritu, y obstinado su corazón, para darle en tu mano, como hoy parece. Y díjome Jehová: Mira, ya he comenzado a dar delante de tí a Sejón y a su tierra, comienza, posee, para que heredes su tierra. Y Sejón nos salió al encuentro para pelear, él y todo su pueblo en Jasa: Y Jehová nuestro Dios le entregó delante de nosotros, y herimos a él y a sus hijos, y a todo su pueblo: Y tomamos entónces todas sus ciudades, y destruimos todas las ciudades, hombres, y mujeres, y niños, que no dejamos ninguno. Solamente tomamos para nosotros las bestias, y los despojos de las ciudades que tomamos. Desde Aroer, que está junto a la ribera del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en el arroyo hasta Galaad, no hubo ciudad, que escapase de nosotros: todas las entregó Jehová nuestro Dios delante de nosotros. Solamente a la tierra de los hijos de Ammón no llegaste, ni a todo lo que está a la orilla del arroyo de Jeboc, ni a las ciudades del monte, y a todo lo que Jehová nuestro Dios mandó. Y VOLVIMOS, y subimos camino de Basán, y saliónos al encuentro Og rey de Basán para pelear, él y todo su pueblo, en Edrai. Y díjome Jehová: No hayas temor de él, porque en tu mano he entregado a él y a todo su pueblo, y su tierra, y harás con él como hiciste con Sejón rey Amorreo, que habitaba en Jesebón. Y Jehová nuestro Dios entregó en nuestra mano también a Og rey de Basán y a todo su pueblo, al cual herimos hasta no quedar de él ninguno. Y tomamos entónces todas sus ciudades: no quedó ciudad que no les tomásemos, sesenta ciudades, toda la tierra de Argob del reino de Og en Basán: Todas estas ciudades fortalecidas con alto muro, con puertas y barras; sin otras muy muchas ciudades sin muro: Y destruímoslas, como hicimos a Sejón rey de Jesebón, destruyendo toda ciudad, hombres, mujeres, y niños. Y todas las bestias, y los despojos de las ciudades tomamos para nosotros. Y tomamos entónces la tierra de mano de dos reyes Amorreos que estaba de esta parte del Jordán, desde el arroyo de Arnón hasta el monte de Hermón. (Los Sidonios llaman a Hermón, Sarión; y los Amorreos, Sanir.) Todas las ciudades de la campaña, y todo Galaad, y todo Basán hasta Selca y Edrai, ciudades del reino de Og en Basán. Porque solo Og rey de Basán había quedado de los gigantes que quedaron. He aquí su lecho, un lecho de hierro, ¿no está en Rabbat de los hijos de Ammón? su longura es de nueve codos, y su anchura de cuatro codos, al codo de un hombre. Y esta tierra heredamos entónces desde Aroer, que está al arroyo de Arnon; y la mitad del monte de Galaad con sus ciudades dí a los Rubenitas y a los Gaditas: Y la resta de Galaad y toda la Basán del reino de Og dí a la media tribu de Manasés, toda la tierra de Argob toda Basán, que se llamaba la tierra de los gigantes. Jair hijo de Manasés tomó toda la tierra de Argob hasta el término de Gessuri y Macati; y llamóla de su nombre Basan-havot-jair, hasta hoy. Y a Maquir dí a Galaad. Y a los Rubenitas y Gaditas dí a Galaad hasta el arroyo de Arnón, el medio del arroyo por término hasta el arroyo de Jeboc, el término de los hijos de Ammon: Y la campaña, y el Jordán y el término, desde Ceneret hasta la mar de la campaña, la mar de sal, las vertientes abajo del Fasga al oriente. Y mandéos entónces, diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado esta tierra, que la poséais: pasaréis armados delante de vuestros hermanos los hijos de Israel todos los valientes. Solamente vuestras mujeres, y vuestros niños, y vuestros ganados, porque yo sé que tenéis mucho ganado, quedarán en vuestras ciudades que os he dado, Hasta que Jehová dé reposo a vuestros hermanos, como a vosotros, y hereden también ellos la tierra, que Jehová vuestro Dios les da tras el Jordán: y volveros heis cada uno a su heredad, que yo os he dado. Mandé también a Josué entónces, diciendo: Tus ojos ven todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho a aquellos dos reyes; así hará Jehová a todos los reinos a los cuales tú pasarás. No los temáis, que Jehová vuestro Dios, él es el que pelea por vosotros. Y oré a Jehová entónces, diciendo: Señor Jehová, tú has comenzado a mostrar a tu siervo, tu grandeza, y tu mano fuerte: porque ¿qué Dios hay en el cielo ni en la tierra que haga como tus obras, y como tus valentías? Pase yo ahora, y vea aquella tierra buena, que está tras el Jordán, este buen monte, y el Líbano. Mas Jehová se había enojado contra mí por amor de vosotros, por lo cual no me oyó: y me dijo Jehová: Bástete, no me hables más de este negocio. Sube a la cumbre del Fasga, y alza tus ojos al occidente, y al aquilón, y al mediodía, y al oriente, y vé por tus ojos: porque no pasarás este Jordán. Y manda a Josué, y esfuérzale, y confórtale, porque él ha de pasar delante de este pueblo, y él les hará heredar la tierra que verás. Y parámos en el valle delante de Bet-pehor. AHORA pues, oh Israel, oye los estatutos, y derechos que yo os enseño para que hagáis, y viváis, y entréis, y heredéis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres te da. No añadiréis a la palabra, que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os mando. Vuestros ojos vieron lo que hizo Jehová por Baal-pehor: que a todo hombre que fué en pos de Baal-pehor destruyó Jehová tu Dios de en medio de tí: Mas vosotros, que os llegasteis a Jehová vuestro Dios, todos estáis vivos hoy. Mirád, yo os he enseñado estatutos y derechos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para heredarla. Guardád pues, y hacéd: porque esta es vuestra sabiduría, y vuestra inteligencia en ojos de los pueblos, que oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, gente grande es esta. Porque ¿qué gente hay grande, que tenga los dioses cercanos a sí, como Jehová nuestro Dios en todas las cosas por las cuales le llamamos? Y ¿qué gente hay grande, que tenga estatutos y derechos justos, como es toda esta ley, que yo doy delante de vosotros hoy? Por tanto guárdate, y guarda tu alma con diligencia, que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los dias de tu vida: y enseñarlas has a tus hijos, y a los hijos de tus hijos. El día que estuviste delante de Jehová tu Dios en Horeb, cuando Jehová me dijo: Júntame el pueblo, para que yo les haga oir mis palabras, las cuales aprenderán para temerme todos los dias que vivieren sobre la tierra, y enseñarán a sus hijos. Y os llegasteis, y os pusisteis al pié del monte, y el monte ardía en fuego hasta en medio de los cielos, tinieblas, nube, y oscuridad. Y habló Jehová con vosotros de en medio del fuego; la voz de sus palabras oisteis, mas figura ninguna visteis más de la voz. Y él os denunció su concierto, el cual os mandó que hicieseis, las diez palabras, y escribiólas en dos tablas de piedra. A mí también me mandó Jehová entónces, que os enseñase los estatutos y derechos, para que los hicieseis en la tierra, a la cual pasáis, para poseerla. Guardád pues mucho vuestras almas; porque ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros en Horeb de en medio del fuego; Que no corrompáis, y hagáis para vosotros escultura, imágen de alguna semejanza, figura de macho o de hembra: Figura de ningún animal, que sea en la tierra, figura de ningún ave de alas que vuele por el aire, Figura de ningún animal que vaya arrastrando por la tierra, figura de ningún pez que esté en el agua debajo de la tierra. Y porque no alces tus ojos al cielo, y veas el sol, y la luna, y las estrellas, y todo el ejército del cielo, y seas impelido, y te inclines a ellos, y les sirvas, porque Jehová tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos. Empero a vosotros Jehová os tomó, y os sacó del horno de hierro, de Egipto, para que seais a él por pueblo de heredad, como parece en este día. Y Jehová se enojó contra mí sobre vuestros negocios, y juró que yo no pasaría el Jordán, ni entraría en la buena tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad. Por lo cual yo muero en esta tierra, y no paso el Jordán: mas vosotros pasaréis, y heredaréis esta buena tierra. Guardáos no os olvidéis del concierto de Jehová vuestro Dios, que él concertó con vosotros, y os hagáis escultura, imágen de cualquier cosa, como Jehová tu Dios te ha mandado. Porque Jehová tu Dios es fuego que consume, Dios zeloso. Cuando hubiereis engendrado hijos y nietos, y hubiereis envejecido en aquella tierra, y corrompiereis, e hiciereis escultura, imágen de cualquier cosa, e hiciereis mal en ojos de Jehová vuestro Dios para enojarle, Yo pongo hoy por testigos al cielo y a la tierra, que pereciendo pereceréis presto de la tierra a la cual pasáis el Jordán para heredarla: no estaréis en ella largos dias, que no seais destruidos. Y Jehová os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos hombres en número entre las gentes a las cuales Jehová os llevará. Y serviréis allí a dioses hechos de manos de hombre, a madera, y a piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen. Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, hallarle has: si le buscares de todo tu corazón, y de toda tu alma. Cuando estuvieres en angustia, y te hallaren todas estas cosas, si a la postre te volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz, Porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios, no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del concierto de tus padres, que les juró. Porque pregunta ahora de los tiempos antiguos, que han sido ántes de tí, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra, y desde el un cabo del cielo al otro, ¿si se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o se haya oido otra como ella? ¿Ha oido pueblo alguno la voz de Dios, que hablase de en medio del fuego, y ha vivido, como tú la oiste? O ¿ha probado Dios a venir a tomar para sí gente de en medio de otra gente con pruebas, con señales, con milagros, y con guerra, y mano fuerte, y brazo extendido, y espantos grandes, como todas las cosas que hizo con vosotros Jehová vuestro Dios en Egipto a tus ojos? A tí te fué mostrado, para que supieses, que Jehová él es Dios, no hay más fuera de él. De los cielos te hizo oir su voz, para enseñarte, y sobre la tierra te mostró su gran fuego, y sus palabras has oido de en medio del fuego. Y por cuanto él amó a tus padres, escogió su simiente después, de ellos, y te sacó delante de sí de Egipto con su gran poder: Para echar de delante de tí gentes grandes, y más fuertes que tú, y para meterte a tí, y darte su tierra por heredad, como parece hoy. Aprende pues hoy, y reduce a tu corazón que Jehová él es el Dios arriba en el cielo, y abajo sobre la tierra, no hay otro. Y guarda sus estatutos y sus mandamientos, que yo te mando hoy, para que hayas bien tú y tus hijos después de tí, y prolongues tus dias sobre la tierra, que Jehová tu Dios te da todo el tiempo. Entónces apartó Moisés tres ciudades de esta parte del Jordán al nacimiento del sol, Para que huyese allí el homicida, que matase a su prójimo por yerro, que no hubiese tenido enemistad con él desde ayer ni desde anteayer; que huyese a una de estas ciudades, y viviese. A Bosor en el desierto en tierra de la campaña, de los Rubenitas; y a Ramot en Galaad, de los Gaditas; y a Golam en Basán, de los de Manasés. Esta pues es la ley que Moisés propuso delante de los hijos de Israel. Estos son los testimonios, y los estatutos, y los derechos que Moisés dijo a los hijos de Israel, cuando hubieron salido de Egipto: De esta parte del Jordán en el valle, delante de Bet-pehor en la tierra de Sejón rey de los Amorreos, que habitaba en Jesebón, al cual hirío Moisés y los hijos de Israel, cuando hubieron salido de Egipto. Y poseyeron su tierra, y la tierra de Og rey de Basán, dos reyes de los Amorreos, que estaban de esta parte del Jordán al nacimiento del sol: Desde Aroer, que estaba junto a la ribera del arroyo de Arnón hasta el monte de Sión, que es Hermón. Y toda la campaña de esta parte del Jordán al oriente hasta la mar de la campaña, las vertientes de las aguas abajo del Fasga. Y LLAMÓ Moisés a todo Israel, y díjoles: Oye Israel los estatutos y derechos, que yo pronuncio hoy en vuestros oidos, y aprendédlos, y guardarlos heis para hacerlos. Jehová nuestro Dios hizo concierto con nosotros en Horeb. No con nuestros padres hizo Jehová este concierto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos. Cara a cara habló Jehová con vosotros en el monte de en medio del fuego; Y yo estaba entónces entre Jehová y vosotros, para denunciaros la palabra de Jehová; porque vosotros tuvisteis temor del fuego, y no subisteis al monte; diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de siervos: No tendrás dioses extraños delante de mí; No harás para tí escultura, ninguna imágen de cosa que esté arriba en los cielos, o abajo en la tierra, o en las aguas debajo de la tierra: No te inclinarás a ellas ni les servirás: porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, zeloso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos, y sobre los terceros, y sobre los cuartos a los que me aborrecen, Y que hago misericordia a millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos. No tomarás en vano el nombre de tu Dios Jehová; porque Jehová no dará por inocente al que tomare en vano su nombre. Guardarás el día del sábado para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado. Seis dias trabajarás, y harás toda tu obra: Y el séptimo, sábado a Jehová tu Dios: ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni tu peregrino, que está dentro de tus puertas; porque descanse tu siervo y tu sierva, como tú. Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte, y brazo extendido: por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado, que hagas el día del sábado. Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus dias, y para que hayas bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da. No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni ninguna cosa, que sea de tu prójimo. Estas palabras habló Jehová a toda vuestra congregación en el monte de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz, y no añadió. Y escribiólas en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí. Y aconteció, que como vosotros oisteis la voz de en medio de las tinieblas, y visteis al monte que ardía en fuego, llegasteis a mí todos los príncipes de vuestras tribus y vuestros ancianos; Y dijisteis: He aquí, Jehová nuestro Dios nos ha mostrado su gloria, y su grandeza, y su voz hemos oido de en medio del fuego: hoy hemos visto que Jehová habla al hombre, y vive. Ahora, pues ¿por qué moriremos? que este gran fuego nos consumirá: si tornáremos a oir la voz de Jehová nuestro Dios, moriremos. Porque ¿qué es toda carne, para que oiga la voz del Dios viviente que habla de en medio del fuego, como nosotros, y viva? Llega tú, y oye todas las cosas que dijere Jehová nuestro Dios, y tú nos dirás a nosotros todo lo que te dijere Jehová nuestro Dios a tí, y oiremos y haremos. Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, cuando me hablabais a mí, y díjome Jehová: Yo he oido la voz de las palabras de este pueblo, que han hablado: bien es todo lo que han dicho. ¿Quién diese que tuviesen tal corazón, que me temiesen, y guardasen todos mis mandamientos todos los dias, para que hubiesen bien para siempre ellos y sus hijos? Vé, díles: Volvéos a vuestras tiendas. Y tú estáte aquí conmigo para que yo te diga todos los mandamientos, y estatutos y derechos que tú les enseñarás que hagan en la tierra, que yo les doy para que la hereden. Guardád pues que hagáis, como Jehová vuestro Dios os ha mandado: no os apartéis a diestra ni a siniestra. En todo camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado, andaréis, porque viváis, y hayáis bien, y tengáis largos dias en la tierra, que habéis de heredar. ESTOS pues son los manda- mientos, estatutos, y derechos, que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase que hagáis en la tierra a la cual vosotros pasáis para heredarla; Para que temas a Jehová tu Dios guardando todos sus estatutos, y sus mandamientos, que yo te mando, tú, y tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los dias de tu vida, y que tus dias sean prolongados: Oye pues, oh Israel, y guarda que hagas, para que hayas bien, y seais muy multiplicados, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres, en la tierra que corre leche y miel. Oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todo tu poder. Y estas palabras, que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón. Y repetirlas has a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y acostándote en la cama, y levantándote: Y atarlas has por señal en tu mano, y estarán por frontales entre tus ojos. Y escribirlas has en los postes de tu casa, y en tus portadas. Y será, que cuando Jehová tu Dios te hubiere metido en la tierra, que juró a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, para dartela a tí, ciudades grandes y buenas, que tú no edificaste; Y casas llenas de todo bien, que tú no henchiste, y cisternas cavadas, que tú no cavaste, viñas y olivares que tú no plantaste: y comieres, y te hartares; Guárdate que no te olvides de Jehová, que te sacó de tierra de Egipto de casa de siervos. A Jehová tu Dios temerás, y a él servirás y por su nombre jurarás: No andaréis en pos de Dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros al derredores: Porque el Dios zeloso Jehová tu Dios en medio de tí está, porque no se aire el furor de Jehová tu Dios contra tí, y te destruya de sobre la haz de la tierra. No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como le tentasteis en Massa. Guardando guardaréis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios, y sus estatutos, que te ha mandado. Y harás lo recto y lo bueno en ojos de Jehová, para que hayas bien, y entres, y heredes la buena tierra, que Jehová juró a tus padres. Para que él eche a todos tus enemigos de delante de tu presencia, como Jehová ha dicho. Cuando mañana te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué son los testimonios, y estatutos, y derechos, que Jehová nuestro Dios os mandó? Entónces dirás a tu hijo: Nosotros éramos siervos de Faraón en Egipto, y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte: Y dió Jehová señales y milagros grandes y malos en Egipto sobre Faraón, y sobre toda su casa delante de nuestros ojos: Y nos sacó de allá para traernos, y darnos la tierra, que juró a nuestros padres. Y nos mandó Jehová que hiciésemos todos estos estatutos, para que temamos a Jehová nuestro Dios, para que hayamos bien todos los dias, para que nos dé vida, como parece hoy. Y tendremos justicia, cuando guardáremos haciendo todos estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado. CUANDO Jehová tu Dios te hubiere metido en la tierra en la cual tú has de entrar para heredarla, y hubiere echado las muchas gentes de delante de tu presencia, al Jetteo, y al Gergeseo, y al Amorreo, y al Cananeo, y al Ferezeo, y al Heveo, y al Jebuzeo, siete naciones muchas y fuertes más que tú; Y Jehová tu Dios las hubiere entregado delante de tí, y las hirieres, destruyendo las destruirás: no harás con ellos alianza, ni los tomarás a merced: Y no consuegrarás con ellos: no darás tu hija a su hijo, ni tomarás su hija para tu hijo; Porque tirará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y destruirte ha presto. Sino así haréis con ellos: Sus altares destruiréis, y sus estatuas quebraréis, y cortaréis sus bosques, y sus esculturas quemaréis en el fuego. Porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para ser a él un pueblo singular más que todos los pueblos, que están sobre la haz de la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos, os ha codiciado Jehová, y os ha escogido: porque vosotros erais los más pocos de todos los pueblos: Mas porque Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os sacó Jehová con mano fuerte, y os rescató de casa de siervos, de la mano de Faraón rey de Egipto. Y para que sepas que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el concierto y la misericordia a los que le aman, y guardan sus mandamientos hasta las mil generaciones: Y que paga en su cara al que le aborrece, destruyéndole: ni dilatará al que le aborrece, en su cara le pagará. Guarda pues los mandamientos, y estatutos, y derechos que yo te mando hoy que hagas. Y será, que por haber oido estos derechos, y guardado, y hécholos, Jehová tu Dios guardará contigo el concierto y la misericordia, que juró a tus padres: Y amarte ha, y bendecirte ha, y multiplicarte ha: y bendecirá el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y tu grano, y tu mosto, y tu aceite, la cria de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas en la tierra, que juró a tus padres que te daría. Bendito serás más que todos los pueblos: no habrá en tí estéril macho ni hembra, ni en tus bestias. Y quitará de tí Jehová toda enfermedad, y todas las malas plagas de Egipto, que tú sabes: no las pondrá sobre tí, ántes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren. Y consumirás a todos los pueblos, que Jehová tu Dios te da: no los perdonará tu ojo: no servirás a sus dioses, que te será tropezón. Cuando dijeres en tu corazon: Aquellas gentes son muchas más que yo, ¿cómo las podré yo desarraigar? No tengas temor de ellos, acuérdate bien de lo que hizo Jehová tu Dios con Faraón, y con todo Egipto: De las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de la mano fuerte, y brazo extendido con que Jehová tu Dios te sacó: así hará Jehová tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres. Y también enviará Jehová tu Dios sobre ellos abispas hasta que perezcan los que quedaren, y los que se hubieren escondido de delante de tí. No desmayes delante de ellos, que Jehová tu Dios está en medio de tí, Dios grande y temeroso. Y Jehová tu Dios echará estas gentes de delante de tí poco a poco: no las podrás acabar luego: porque las bestias del campo no se aumenten contra tí. Mas Jehová tu Dios las entregará delante de tí, y él las quebrantará de un gran quebrantamiento, hasta que sean destruidos. Y él entregará sus reyes en tu mano, y tú destruirás el nombre de ellos de debajo del cielo: nadie parará delante de tí hasta que los destruyas. Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego, no codiciarás plata ni oro de sobre ellas para tomártelo, porque no tropieces en ello, porque es abominación a Jehová tu Dios. Y no meterás abominación en tu casa, porque no seas tú anatema como ello: aborreciendo lo aborrecerás, y abominando lo abominarás, porque es anatema. TODO mandamiento, que yo os mando hoy, guardaréis para hacerlo, porque viváis, y seais multiplicados; y entréis y heredéis la tierra de la cual juró Jehová a vuestros padres. Y acordarte has de todo el camino, por donde te ha traido Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto para afligirte, por probarte para saber lo que estaba en tu corazón, si habías de guardar sus mandamientos, o no. Y afligióte, e hizote haber hambre, y sustentóte con man, comida que no conociste tú, ni tus padres la conocieron; para hacerte saber, que el hombre no vivirá de solo pan, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. Tu vestido nunca se envejeció sobre tí, ni el pié se te ha hinchado por estos cuarenta años. Y sepas en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, Jehová tu Dios te castiga. Guardarás pues los mandamientos de Jehová tu Dios andando en sus caminos, y temiéndole. Porque Jehová tu Dios te mete en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes, de abismos que salen por vegas, y por montes: Tierra de trigo, y cebada, y de vides, e higueras, y granados; tierra de olivas, de aceite, y de miel: Tierra en la cual no comerás el pan con mezquindad: no te faltará nada en ella: tierra que sus piedras son hierro, y de sus montes cortarás metal. Y comerás y hartarte has, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado. Guárdate, que no te olvides de Jehová tu Dios, para no guardar sus mandamientos, y sus derechos, y sus estatutos, que yo te mando hoy: Que quizá no comas y te hartes, y edifiques buenas casas en que mores, Y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multiplique, y todo lo que tuvieres, se te aumente, Y tu corazón se eleve, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto de casa de siervos: Que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde ninguna agua había, y él te sacó agua de la peña del pedernal: Que te sustentó con man en el desierto, comida que tus padres no conocieron: afligiéndote, y probándote, para a la postre hacerte bien; Y digas en tu corazon: Mi potencia, y la fortaleza de mi mano me ha hecho esta riqueza. Ántes te acuerdes de Jehová tu Dios; porque él te da la potencia para hacer las riquezas, para confirmar su concierto, que juró a tus padres: como parece en este día. Y será, que si olvidándote te olvidares de Jehová tu Dios, y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres, y te encorvares a ellos; yo protesto contra vosotros hoy que pereciendo pereceréis. Como las gentes que Jehová destruirá delante de vosotros así pereceréis, por cuanto no habréis oido la voz de Jehová vuestro Dios. OYE Israel: Tu pasas hoy el Jor- dán para entrar a heredar gentes más y más fuertes que tú, ciudades grandes y encastilladas hasta el cielo; Un pueblo grande y alto, hijos de gigantes, los cuales ya tú conoces; y has oido, ¿Quién parará delante de los hijos del gigante? Sepas pues hoy, que Jehová tu Dios es el que pasa delante de tí, fuego consumidor, que los destruirá, y humillará delante de tí: y echarlos has, y destruirlos has luego, como Jehová te ha dicho. No digas en tu corazón, cuando Jehová tu Dios los echare de delante de tu presencia, diciendo: Por mi justicia me ha metido Jehová a heredar esta tierra; que por la impiedad de estas gentes Jehová las echa de delante de tí. No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a heredar la tierra de ellos: mas por la impiedad de estas gentes Jehová tu Dios las echa de delante de tí, y por confirmar la palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob. Por tanto sepas que no por tu justicia Jehová tu Dios te da esta buena tierra, que la heredes: que pueblo duro de cerviz eres tú. Acuérdate, no te olvides que has provocado a ira a Jehová tu Dios en el desierto: desde el día que saliste de la tierra de Egipto hasta que entrastes en este lugar habéis sido rebeldes a Jehová. Y en Horeb provocastes a ira a Jehová, y Jehová se enojó contra vosotros para destruiros. Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del concierto que Jehová hizo con vosotros, y estuve en el monte cuarenta dias y cuarenta noches; no comí pan, ni bebí agua: Y Jehová me dió las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas conforme a todas las palabras que Jehová os habló en el monte de en medio del fuego el día de la congregación. Y fué que al cabo de los cuarenta dias, y cuarenta noches, Jehová me dió las dos tablas de piedra, las tablas del concierto. Y díjome Jehová: Levántate, desciende presto de aquí, que tu pueblo que sacaste de Egipto ha corrompido, presto se han apartado del camino, que yo les mandé; hánse hecho un vaciadizo. Y hablóme Jehová, diciendo: Yo he visto este pueblo, y, he aquí, él es pueblo duro de cerviz: Déjame que los destruya, y raiga su nombre de debajo del cielo, que yo te pondré sobre gente fuerte y mucha más que él. Y volví, y descendí del monte, y el monte ardía en fuego, con las tablas del concierto en mis dos manos. Y miré, y, he aquí, habíais pecado contra Jehová vuestro Dios: os habíais hecho un becerro de vaciadizo; apartándoos presto del camino que Jehová os había mandado. Entónces tomé las dos tablas, y arrojélas de mis dos manos, y quebrélas delante de vuestros ojos. Y echéme delante de Jehová, como ántes, cuarenta dias y cuarenta noches: no comí pan, ni bebí agua, a causa de todo vuestro pecado que habíais pecado haciendo mal en ojos de Jehová enojándole: Porque temí a causa del furor y de la ira, con que Jehová estaba enojado contra vosotros para destruiros: y Jehová me oyó también esta vez. Contra Aarón también se enojó Jehová en gran manera para destruirle; y yo oré entónces también por Aarón. Y tomé a vuestro pecado que habíais hecho, es a saber, el becerro; y quemélo en el fuego, y desmenucélo moliéndolo bien, hasta que fué molido en polvo; y eché el polvo de él en el arroyo que descendía del monte. Y en Tabera, y en Massa, y en Kibrot-hattaava enojasteis también a Jehová. Y cuando Jehová os envió desde Cádes-barne, diciendo: Subíd, y herédad la tierra, que yo os dí, también fuisteis rebeldes al dicho de Jehová vuestro Dios, y no lo cresiteis, ni obedecisteis a su voz. Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco. Y postréme delante de Jehová cuarenta dias y cuarenta noches, que estuve echado, porque Jehová dijo, que os había de destruir. Y yo oré a Jehová, diciendo: Señor Jehová, no destruyas tu pueblo, y tu heredad que has redimido con tu grandeza, al cual sacaste de Egipto con mano fuerte. Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac, y Jacob: no mires a la dureza de este pueblo, y a su impiedad, y a su pecado: Porque no digan los de la tierra de donde nos sacaste: Porque no pudo Jehová meterlos en la tierra que les había dicho, o porque los aborrecía, los sacó para matarlos en el desierto. Y ellos son tu pueblo, y tu heredad, que sacaste con tu gran fortaleza, y con tu brazo extendido. EN aquel tiempo Jehová me dijo: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y házte un arca de madera; Y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras, que quebraste; y ponerlas has en el arca. E hice un arca de madera de cedro, y alisé dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en mi mano. Y escribió en las tablas, conforme a la primera escritura, las diez palabras que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego el día de la congregación, y diómelas Jehová. Y volví, y descendí del monte, y puse las tablas en el arca, que había hecho, y allí están, como Jehová me mandó. Después los hijos de Israel partieron de Berot de los hijos de Jacán a Mosera: allí murió Aarón, y allí fué sepultado; y tuvo el sacerdocio por él su hijo Eleazar. De allí partieron a Gadgad; y de Gadgad a Jetebata tierra de arroyos de aguas. En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví, para que llevase el arca del concierto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle, y para bendecir en su nombre hasta hoy; Por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad, con sus hermanos: Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo. Y yo estuve en el monte, como los primeros dias, cuarenta dias y cuarenta noches, y Jehová me oyó también esta vez, y Jehová no quiso destruirte. Y díjome Jehová: Levántate, anda para que partas delante del pueblo, para que entren, y hereden la tierra, que juré a sus padres que les había de dar. Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de tí, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que le ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma; Que guardes los mandamientos de Jehová, y sus estatutos, que yo te mando hoy, para que hayas bien? He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos y los cielos de los cielos: la tierra y todas las cosas que están en ella. Solamente de tus padres se agradó Jehová, para amarlos: y escogió su simiente después de ellos, a vosotros, de todos los pueblos, como parece en este día. Circuncidád pues el prepucio de vuestro corazon: y no endurezcáis más vuestra cerviz. Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses, y Señor de señores, Dios grande, poderoso y terrible, que no acepta personas, ni toma cohecho: Que hace derecho al huérfano y a la viuda: que ama también al extranjero dándole pan y vestido. Amaréis pues al extranjero: porque extranjeros fuisteis vosotros en tierra de Egipto. A Jehová tu Dios temerás, a él servirás, a él te allegarás, y por su nombre jurarás. El será tu alabanza, y él será tu Dios, que ha hecho contigo estas grandes y terribles cosas, que tus ojos han visto. Con setenta almas descendieron tus padres a Egipto, y ahora Jehová te ha hecho como las estrellas del cielo en multitud. AMARÁS pues a Jehová tu Dios, y guardarás su observancia, y sus estatutos y sus derechos, y sus mandamientos todos los dias. Y sepáis hoy, que no hablo con vuestros hijos, que no han sabido ni visto el castigo de Jehová vuestro Dios, su grandeza, su mano fuerte, y su brazo extendido: Y sus señales, y sus hechos que hizo en medio de Egipto a Faraón rey de Egipto, y a toda su tierra. Y lo que hizo al ejército de Egipto, a sus caballos, y a sus carros, que hizo ondear las aguas del mar Bermejo sobre sus faces cuando vinieron en pos de vosotros, y Jehová los destruyó hasta hoy. Y lo que ha hecho con vosotros en el desierto hasta que habéis llegado a este lugar. Y lo que hizo con Datán y Abirón, hijos de Eliab, hijo de Rubén, que abrió la tierra su boca, y tragó a ellos y a sus casas, y sus tiendas, y toda la hicienda, que tenían en pié en medio de todo Israel. Mas vuestros ojos han visto todos los grandes hechos que Jehová ha hecho. Guardád pues todos los mandamientos, que yo os mando hoy, para que seais esforzados, y entréis, y heredéis la tierra, a la cual pasáis para heredarla; Y porque os sean prolongados los dias sobre la tierra, que juró Jehová a vuestros padres que había de dar a ellos y a su simiente, tierra que corre leche y miel. Que la tierra a la cual entras para heredarla, no es como la tierra de Egipto, de donde habéis salido, que sembrabas tu simiente, y regabas con tu pié, como huerto de legumbres. La tierra a la cual pasáis para heredarla, es tierra de montes y de vegas: de la lluvia del cielo has de beber las aguas. Tierra que Jehová tu Dios la procura: siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios desde el principio del año hasta el cabo del año. Y será que si obedeciendo obedeciereis a mis mandamientos, que yo os mando hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, Yo daré la lluvia de vuestra tierra en su tiempo, temprana y tardía, y cogerás tu grano, y tu vino, y tu aceite. Y daré yerba en tu campo para tus bestias, y comerás y hartarte has. Guardáos pues, que vuestro corazón no se entontezca, y os apartéis, y sirváis a dioses ajenos, y os inclinéis a ellos; Y se encienda el furor de Jehová sobre vosotros, y cierre los cielos, y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis presto de la buena tierra que Jehová os da. Mas pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma: y atarlas heis por señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. Y enseñarlas heis a vuestros hijos, para que habléis de ellas, sentado en tu casa, andando por el camino, acostándote en la cama, y levantándote. Y escribirlas has en los postes de tu casa, y en tus portadas. Para que sean aumentados vuestros dias, y los dias de vuestros hijos sobre la tierra que juró Jehová a vuestros padres que les había de dar, como los dias de los cielos sobre la tierra. Porque si guardando guardareis todos estos mandamientos, que yo os mando, para que los hagáis, que améis a Jehová vuestro Dios andando en todos sus caminos, y os allegareis a él: Jehová también echará todas estas gentes de delante de vosotros, y poseeréis gentes grandes y fuertes más que vosotros. Todo lugar que pisare la planta de vuestro pié, será vuestro: desde el desierto, y el Líbano: desde el río, el río Éufrates hasta la mar postrera será vuestro término. Nadie parará delante de vosotros: vuestro miedo y vuestro temor pondrá Jehová vuestro Dios sobre la haz de toda la tierra que hollareis, como él os ha dicho. Mira: Yo pongo hoy delante de vosotros la bendición, y la maldición: La bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os mando hoy: Y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, mas os apartareis del camino, que yo os mando hoy para andar en pos de los dioses ajenos que no conocisteis. Y será, que cuando Jehová tu Dios te metiere en la tierra a la cual entras para heredarla, pondrás la bendición sobre el monte Garizim, y la maldición sobre el monte Hebal: Los cuales están de la otra parte del Jordán, tras el camino del occidente en la tierra del Cananeo, que habita en la campaña delante de Galgal, junto a los llanos de More. Porque vosotros pasáis el Jordán para ir a heredar la tierra que Jehová vuestro Dios os da: la cual heredaréis: y habitaréis en ella. Guardaréis pues que hagáis todos los estatutos, y derechos, que yo doy delante de vosotros hoy. ESTOS son los estatutos y dere- chos que guardaréis para hacer en la tierra que Jehová el Dios de tus padres te ha dado, para que la heredes todos los dias que vosotros viviereis sobre la tierra. Destruyendo destruiréis todos los lugares donde las gentes, que vosotros heredaréis, sirvieron a sus dioses sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol espeso. Y derribaréis sus altares, y quebraréis sus imágines, y sus bosques quemaréis a fuego: y las esculturas de sus dioses destruiréis, y desharéis el nombre de ellas de aquel lugar. No haréis así a Jehová vuestro Dios. Mas el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de todas vuestras tribus, para poner allí su nombre por su habitación, buscaréis, y allá vendréis. Y allí traeréis vuestros holocaustos, y vuestros sacrificios, y vuestros diezmos, y la ofrenda de vuestras manos, y vuestros votos, y vuestras ofrendas voluntarias, y los primogénitos de vuestras vacas y de vuestras ovejas. Y comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios, y alegraros heis en toda obra de vuestras manos, vosotros y vuestras casas, en que Jehová tu Dios tu hubiere bendecido. No haréis como todo lo que nosotros hacemos aquí hoy, cada uno lo que le parece: Porque aun hasta ahora no habéis entrado al reposo, y a la heredad, que Jehová vuestro Dios os da. Mas pasaréis el Jordán, y habitaréis en la tierra que Jehová vuestro Dios os hace heredar, y él os dará reposo de todos vuestros enemigos al derredor, y habitaréis seguros. Y entónces, al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para hacer habitar en él su nombre, allí traeréis todas las cosas, que yo os mando, vuestros holocaustos, y vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y las ofrendas de vuestras manos, y toda elección de vuestros votos, que hubiereis prometido a Jehová. Y alegraros heis delante de Jehová vuestro Dios vosotros y vuestros hijos, y vuestras hijas, y vuestros siervos y vuestras siervas, y el Levita que estuviere dentro de vuestras puertas: por cuanto no tiene parte ni heredad con vosotros. Guárdate, que no ofrezcas tus holocaustos en cualquier lugar, que vieres: Mas en el lugar, que Jehová escogiere en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando. Solamente conforme al deseo de tu alma matarás, y comerás carne según la bendición de Jehová tu Dios, la cual él te dará en todas tus villas, el inmundo y el limpio la comerá, como un corzo, o como un ciervo: Salvo que sangre no comeréis: sobre la tierra la derramaréis, como agua. Ni podrás comer en tus villas el diezmo de tu grano, o de tu vino, o de tu aceite; ni los primogénitos de tus vacas, ni de tus ovejas: ni tus votos que prometieres, ni tus ofrendas voluntarias, ni las ofrendas de tus manos. Mas delante de Jehová tu Dios las comerás, en el lugar que Jehová tu Dios escogiere, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo y tu sierva, y el Levita que está en tus villas: y alegrarte has delante de Jehová tu Dios en toda obra de tus manos. Guárdate, no desampares al Levita en todos tus dias sobre tu tierra. Cuando Jehová tu Dios ensanchare tu término, como él te ha dicho, y tú dijeres: Comeré carne: porque deseó tu alma comer carne, conforme a todo el deseo de tu alma comerás carne. Cuando estuviere léjos de tí el lugar, que Jehová tu Dios escogerá, para poner allí su nombre, matarás de tus vacas, y de tus ovejas, que Jehová te hubiere dado, como yo te he mandado, y comerás en tus villas según todo lo que deseare tu alma. Cierto como se come el corzo y el ciervo, así las comerás: el inmundo y el limpio también comerán de ellas: Solamente que te esfuerces a no comer sangre: porque la sangre es el alma: y no has de comer el alma juntamente con su carne. No la comerás: en tierra la derramarás como agua. No comerás de ella, porque hayas bien tú, y tus hijos después de tí, cuando hicieres lo recto en ojos de Jehová. Empero tus santificaciones que tuvieres, y tus votos, tomarás, y vendrás al lugar que Jehová escogiere. Y harás tus holocaustos, la carne y la sangre, sobre el altar de Jehová tu Dios: y la sangre de tus sacrificios será derramada sobre el altar de Jehová tu Dios, y la carne comerás. Guarda, y oye todas estas palabras, que yo te mando, porque hayas bien tú y tus hijos después de tí para siempre, cuando hicieres lo bueno y lo recto en los ojos de Jehová tu Dios. Cuando hubiere talado de delante de tí Jehová tu Dios las gentes donde tú vas para heredarlas, y las heredares, y habitares en su tierra, Guárdate que no tropieces en pos de ellas después que fueren destruidas delante de tí: no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas gentes a sus dioses, así haré también yo. No harás así a Jehová tu Dios: porque todo lo que Jehová aborrece, hicieron ellos a sus dioses: porque aun a sus hijos e hijas quemaban en el fuego a sus dioses. Todo lo que yo os mando guardaréis para hacer: no añadirás a ello, ni quitarás de ello. CUANDO se levantare en medio de tí profeta o soñador de sueño, y te diere señal, o milagro, Y la señal, o milagro, que él te dijo, viniere, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles: No oirás las palabras del tal profeta, ni al tal soñador de sueño: porque Jehová vuestro Dios os tienta por saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma. En pos de Jehová vuestro Dios andaréis, y a él temeréis, y sus mandamientos guardaréis, y su voz oiréis, y a él serviréis, y a él os llegaréis. Y el tal profeta, o soñador de sueño, morirá porque habló rebelión contra Jehová vuestro Dios, que te sacó de tierra de Egipto, y te rescató de casa de siervos para echarte del camino, que Jehová tu Dios te mandó que anduvieses por él, y escombrarás el mal de en medio de tí. Cuando te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, o tu hija, o la mujer de tu seno, o tu amigo que sea como tu alma, diciendo en secreto: Vamos, y sirvamos a dioses ajenos, que ni tú, ni tus padres conocistes, De los dioses de los pueblos que están en vuestros al derredores, cercanos a tí, o léjos de tí desde el un cabo de la tierra hasta el otro cabo de ella, No consentirás con él, ni lo oirás, ni tu ojo le perdonará, ni habrás compasión, ni lo encubrirás. Mas matando le matarás: tu mano será primero sobre él para matarle, y después la mano de todo el pueblo. Y apedrearle has con piedras, y morirá: por cuanto procuró echarte de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de siervos; Para que todo Israel oiga, y tema, y no tornen a hacer cosa semejante a esta mala cosa en medio de tí. Cuando oyeres de alguna de tus ciudades, que Jehová tu Dios te da para que mores en ellas, que se dice: Hombres, hijos de impiedad, han salido de en medio de tí, que impelieron a los moradores de su ciudad, diciendo: Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que vosotros no conocisteis; Tú inquirirás y buscarás, y preguntarás con diligencia: y si pareciere verdad, cosa cierta, que tal abominación se hizo en medio de tí; Hiriendo herirás a filo de espada los moradores de aquella ciudad, destruyéndola a filo de espada con todo lo que en ella hubiere y sus bestias: Y todo el despojo de ella juntarás en medio de su plaza, y quemaras a fuego la ciudad y todo su despojo, todo ello, a Jehová tu Dios: y será montón perpetuo: nunca más se edificára. Y no se pegará algo a tu mano del anatema; porque Jehová se aparte de la ira de su furor, y te dé mercedes, y haya misericordia de tí, y te multiplique, como lo juró a tus padres, Cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios guardando todos sus mandamientos que yo te mando hoy, para hacer lo que es recto en ojos de Jehová tu Dios. HIJOS sois de Jehová vuestro Dios: no os sajaréis, ni pondréis calva sobre vuestros ojos por muerto. Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te escogió para que le seas un pueblo singular de todos los pueblos, que están sobre la haz de la tierra. Ninguna abominación comerás. Estos son los animales que comeréis: buey, cordero de ovejas, y cabrito de cabras, Ciervo, y corzo, y búfalo, y capriciervo, y unicornio, y buey salvaje, y cabra montés. Todo animal de pesuños, y que tiene hendedura de dos uñas que rumiare entre los animales, este comeréis. Empero esto no comeréis de los que rumían y tienen uña hendida: camello, y liebre, y conejo; porque rumían, mas no tienen uña hendida, seros han inmundos: Ni puerco, porque tiene uña hendida, mas no rumía, seros ha inmundo. De la carne de estos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos. Esto comeréis de todo lo que está en el agua: todo lo que tiene ala y escama comeréis. Mas todo lo que no tuviere ala y escama no comeréis, inmundo os será. Toda ave limpia comeréis. Y estas son de las cuales no comeréis: águila, y azor, y esmerejón, E ixión, y buitre, y milano según su especie, Y todo cuervo según su especie, Y avestruz, y mochuelo, y graceta y gavilán según su especie. Y el halcón, y la lechuza, y el calamón, Y el cisne, y el pelícano, y la gaviota, Y al cigüeña, y el cuervo marino según su especie, y la abubilla, y el murciélago; Y toda serpiente de alas os será inmunda, no se comerá. Toda ave limpia comeréis. Ninguna cosa mortecina comeréis. Al extranjero que está en tus villas la darás, y él la comerá; o véndela al extranjero; porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre. Diezmando diezmarás toda renta de tu simiente, que saliere de tu haza cada un año. Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para hacer habitar su nombre allí, el diezmo de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y los primogénitos de tus vacas y de tus ovejas, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los dias. Y si el camino fuere tan largo que tú no puedas llevarlos por él, por estar léjos de tí el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere, Entónces venderlo has, y atarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere, Y darás el dinero por todo lo que tu alma desea, por vacas y por ovejas, y por vino, y por sidra, y por todas las cosas que tu alma te demandare: y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y alegrarte has tú y tu casa: Y no desampararás al Levita que habitare en tus villas, porque no tiene parte ni heredad contigo. Al cabo de tres años sacarás todos los diezmos de tu renta de cada año, y guardarlo has en tus ciudades: Y vendrá el Levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que están en tus villas, y comerán y hartarse han; porque Jehová tu Dios te bendiga en toda obra de tus manos, que hicieres. AL cabo de los siete años harás remisión. Y esta es la manera de la remisión: Dejará a su deudor todo aquel que emprestó de su mano, con que adeudó a su prójimo: no lo tornará a demandar a su prójimo, o a su hermano; porque la remisión de Jehová es pregonada. Del extranjero tornarás a demandar: mas lo que tuviere tuyo tu hermano, soltarlo ha tu mano. Solamente porque no haya en tí mendigo: porque bendiciendo te bendecirá Jehová en la tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas: Si empero oyendo oyeres la voz de Jehová tu Dios, para que guardes y hagas todos estos mandamientos, que yo te mando hoy: Porque Jehová tu Dios te bendijo, como te había dicho: y emprestarás a muchas gentes, mas tú no tomarás emprestado: y enseñorearte has de muchas gentes, y de tí no se enseñorearán. Cuando hubiere en tí mendigo de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en tu tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano mendigo; Mas abriendo abrirás a él tu mano, y emprestando le emprestarás asaz lo que hubiere menester. Guárdate que no haya en tu corazón perverso pensamiento, diciendo: Cerca está el año séptimo de la remisión: y tu ojo sea maligno sobre tu hermano menesteroso para no darle: que él clamará contra tí a Jehová y serte ha por pecado. Dando le darás, y tu corazón no sea maligno cuando le dieres, que por esto te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos y en todo lo que pusieres mano. Porque no faltarán menesterosos de en medio de la tierra, por tanto yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, a tu pobre, y a tu menesteroso en tu tierra. Cuando se vendiere a tí tu hermano Hebreo o Hebrea, y te hubiere servido seis años, al séptimo año le enviarás de tí libre. Y cuando le enviares de tí libre, no le enviarás vacío: Cargando le cargarás, de tus ovejas, y de tu era, y de tu lagar: en lo que te hubiere bendecido Jehová de ello le darás. Y acordarte has, que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te rescató: por tanto yo te mando hoy esto. Y será, que si él te dijere: No saldré de contigo: porque te amó a tí y a tu casa, que le va bien contigo; Entónces tomarás una lesna, y darás en su oreja y en la puerta; y serte ha siervo para siempre: así también harás a tu criada. No te parezca duro, cuando le enviares libre de tí, que doblado del salario de mozo de soldada te sirvió seis años: y Jehová tu Dios te bendecirá en todo cuanto hicieres. Todo primogénito que nacerá en tus vacas y en tus ovejas, el macho santificarás a Jehová tu Dios: no te sirvas del primogénito de tus vacas, ni trasquiles el primogénito de tus ovejas. Delante de Jehová tu Dios los comerás cada un año en el lugar que Jehová escogiere, tú y tu casa. Y si hubiere en él falta, ciego, o cojo, o cualquiera otra mala falta, no lo sacrificarás a Jehová tu Dios. En tus villas lo comerás, inmundo y limpio también comerán de él como de un corzo, o de un ciervo. Solamente que no comas su sangre: sobre la tierra derramarás como agua. GUARDARÁS el mes de los nue- vos frutos y harás páscua a Jehová tu Dios, porque en el mes de los nuevos frutos te sacó Jehová tu Dios de Egipto de noche. Y sacrificarás páscua a Jehová tu Dios de ovejas y de vacas, en el lugar que Jehová escogiere para hacer habitar su nombre en él. No comerás con ella leudo; siete dias comerás con ella panes por leudar, pan de aflicción, porque apriesa saliste de tierra de Egipto: para que te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto, todos los dias de tu vida. Y no parecerá levadura en tí, en todo tu término por siete dias: y no quedará de la carne que matares a la tarde del primer día hasta la mañana. No podrás sacrificar la páscua en ninguna de tus ciudades, que Jehová tu Dios te da, Sino en el lugar que Jehová tu Dios escogiere, para hacer habitar su nombre en él, sacrificarás la páscua a la tarde a puesta del sol, al tiempo que saliste de Egipto. Y asarás, y comerás en el lugar que Jehová tu Dios escogiere, y volverás por la mañana y tornarte has a tu morada. Seis dias comerás panes cenceños, y el séptimo día será solemnidad a Jehová tu Dios, no harás obra. Siete semanas te contarás: desde que comenzare la hoz en las mieses comenzarás a contar las siete semanas, Y harás la solemnidad de las semanas a Jehová tu Dios: de la suficiencia voluntaria de tu mano será lo que dieres, según Jehová tu Dios te hubiere bendecido. Y alegrarte has delante de Jehová tu Dios, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo y tu sierva, y el Levita que estuviere dentro de tus puertas, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que estuvieren en medio de tí, en el lugar que Jehová tu Dios escogiere para hacer habitar su nombre en él. Y acordarte has que fuiste siervo en Egipto; por tanto guardarás, y harás estos estatutos. La solemnidad de las cabañas harás siete dias, cuando hubieres hecho la cosecha de tu era y de tu lagar. Y alegrarte has en tu solemnidad, tú y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el Levita, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda que están dentro de tus puertas. Siete dias celebrarás solemnidad a Jehová tu Dios en el lugar que Jehová escogiere, porque te habrá bendecido Jehová tu Dios en todos tus frutos, y en toda obra de tus manos, y serás ciertamente alegre. Tres veces cada un año parecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere; en la solemnidad de los panes cenceños, y en la solemnidad de las semanas, y en la solemnidad de las cabañas; y no parecerá vacío delante de Jehová: Cada uno con el don de su mano, conforme a la bendición de Jehová tu Dios, que te hubiere dado. Jueces y alcaldes te pondrás en todas tus puertas que Jehová tu Dios te dará en tus tribus, los cuales juzgarán el pueblo con juicio de justicia. No tuerzas el derecho: No aceptes persona, ni tomes cohecho, porque el cohecho ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos. La justicia la justicia seguirás, porque vivas, y heredes la tierra, que Jehová tu Dios te da. No te plantarás bosque de ningún árbol cerca del altar de Jehová tu Dios, que te harás. Ni te levantarás estatua, lo cual aborrece Jehová tu Dios. NO sacrificarás a Jehová tu Dios buey, o cordero en el cual haya falta, o alguna cosa mala, que es abominación a Jehová tu Dios, Cuando se hallare entre tí, en alguna de tus ciudades, que Jehová tu Dios te da, hombre, o mujer, que haya hecho mal en ojos de Jehová tu Dios traspasando su concierto; Que hubiere ido, y servido a dioses ajenos, y se hubiere inclinado a ellos, o al sol, o a la luna, o a todo el ejército del cielo, lo cual yo no mandé; Y te fuere dado aviso, y oyeres, y hubieres buscado bien, y la cosa ha parecido de verdad cierta, que tal abominación ha sido hecha en Israel; Entónces sacarás al hombre o mujer, que hubiere hecho esta mala cosa, a tus puertas, hombre o mujer, y apedrearlos has con piedras, y morirán. Por dicho de dos testigos, o de tres testigos, morirá el que hubiere de morir: no morirá por el dicho de un solo testigo. La mano de los testigos será primero sobre él, para matarle, y la mano de todo el pueblo después: y quitarás el mal de en medio de tí. Cuando alguna cosa te fuere oculta en juicio entre sangre y sangre, entre causa y causa, y entre llaga y llaga en negocios de rencillas en tus ciudades, entónces levantarte has, y subirás al lugar que Jehová tu Dios escogiere: Y vendrás a los sacerdotes Levitas, y al juez que fuere en aquellos dias; y preguntarás, y enseñarte han la palabra del juicio. Y harás según la palabra que ellos te enseñaren del lugar que Jehová escogiere, y guardarás que hagas según todo lo que te enseñaren. Según la ley, que ellos te enseñaren, y según el juicio que te dijeren, harás: de la palabra que te enseñaren, no te apartarás ni a diestra ni a siniestra. Y el hombre que hiciere con soberbia no obedeciendo al sacerdote que está para ministrar allí, delante de Jehová tu Dios, o al juez, el tal varón morirá: y quitarás el mal de Israel. Y todo el pueblo oirá, y temerá, y no se ensoberbecerán más. Cuando hubieres entrado en la tierra, que Jehová tu Dios te da y la heredares, y habitares en ella, y dijeres: Pondré rey sobre mí, como todas las gentes que están en mis al derredores; Poniendo pondrás por rey sobre tí al que Jehová tu Dios escogiere: de entre tus hermanos pondrás rey sobre tí: no podrás poner sobre tí hombre extranjero, que no sea tu hermano. Solamente que no se aumente caballos, ni haga volver el pueblo a Egipto para aumentar caballos: porque Jehová os ha dicho: No procuraréis de volver más por este camino. Ni aumentará para sí mujeres, porque su corazón no se aparte: ni plata ni oro se multiplicará mucho. Y será que cuando se asentare sobre la silla de su reino, escribirá para sí un traslado de esta ley en un libro, tomándolo de delante de los sacerdotes Levitas; El cual tendrá consigo, y leerá en él todos los dias de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de aquesta ley, y estos estatutos para hacerlos; Para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra, porque alargue dias en su reino él, y sus hijos en medio de Israel. LOS sacerdotes Levitas, toda la tribu de Leví no tendrán parte ni heredad con Israel: de las ofrendas encendidas a Jehová, y de la heredad de él comerán. Y no tendrá heredad entre sus hermanos: Jehová es su heredad, como él le ha dicho. Y este será el derecho de los sacerdotes que recibirán del pueblo, de los que sacrificaren sacrificio, buey, o cordero; dará al sacerdote la espalda, y las quijadas, y el cuajar. Las primicias de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y las primicias de la lana de tus ovejas le darás. Porque le ha escogido Jehová tu Dios de todas tus tribus, para que esté para ministrar al nombre de Jehová, él y sus hijos, todos los dias. Y cuando el Levita viniere de alguna de tus ciudades de todo Israel, donde el hubiere peregrinado, y viniere con todo deseo de su alma al lugar que Jehová escogiere, Ministrará al nombre de Jehová su Dios, como todos sus hermanos los Levitas que estuvieren allí delante de Jehová. Porción, como la porción de los otros comerán, allende de sus patrimonios. Cuando hubieres entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas gentes. No sea hallado en tí quien haga pasar su hijo o su hija por el fuego, ni adivinador de adivinaciones; ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, Ni encantador de encantamentos, ni quien pregunte a pitón, ni mágico, ni quien pregunte a los muertos: Porque es abominación a Jehová cualquiera que hace estas cosas: y por estas abominaciones Jehová tu Dios las echó de delante de tí. Perfecto serás con Jehová tu Dios. Porque estas gentes que has de heredar, a agoreros y a hechiceros oían: mas tú, no así te ha dado Jehová tu Dios. Profeta de en medio de tí, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios, a él oiréis; Según todas las cosas que pediste a Jehová tu Dios en Horeb, el día de la congregación, diciendo: No vuelva yo a oir la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, porque no muera. Y Jehová me dijo: Bien han dicho. Profeta les despertaré de en medio de sus hermanos, como tú: y yo pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas será, que cualquiera que no oyere mis palabras, que él hablare en mi nombre, yo requiriré de él. Empero el profeta que presumiere de hablar palabra en mi nombre, que yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá. Y si dijeres en tu corazon: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no hubiere hablado? Cuando el profeta hablare en nombre de Jehová, y no fuere la tal cosa, ni viniere, es palabra que Jehová no ha hablado: con soberbia la habló el tal profeta: no hayas temor de él. CUANDO Jehová tu Dios talare las gentes, cuya tierra Jehová tu Dios te da a tí, y tú las heredares, y habitares en sus ciudades, y en sus casas; Apartarte has tres ciudades en medio de tu tierra que Jehová tu Dios te da para que la heredes. Aderezarte has el camino, y partirás en tres partes el término de tu tierra, que Jehová tu Dios te dará en heredad, y será para que todo homicida se huya allí. Y este es el negocio del homicida que huirá allí, y vivirá: El que hiriere a su prójimo por yerro, que no le tenía enemistad desde ayer ni desde anteayer: Y el que fué con su prójimo al monte a cortar leña, y poniendo fuerza con su mano en la hacha para cortar algún leño, saltó el hierro del cabo, y halló a su prójimo, y murió; este huirá a una de estas ciudades, y vivirá. Porque el redimidor de la sangre no vaya tras el homicida cuando se escalentare su corazón, y lo alcance, por ser largo el camino, y lo hiera de muerte, el cual no será condenado a muerte; porque no tenía enemistad con él desde ayer y anteayer. Por tanto yo te mando, diciendo: Tres ciudades te apartarás. Y si Jehová tu Dios ensancháre tu término, como lo juró a tus padres, y te diere toda la tierra, que dijo a tus padres, que había de dar, Cuando guardases todos estos mandamientos, que yo te mando hoy, para hacerlos, que ames a Jehová tu Dios y andes en sus caminos todos los dias entónces añadirás otras tres ciudades allende de estas tres: Porque no sea derramada sangre inocente en medio de tu tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad, y sean sobre tí sangres. Mas cuando hubiere alguno que aborreciere a su prójimo, y le espiare, y se levantare sobre él, y le hiriere de muerte, y muriere, y huyere a alguna de estas ciudades; Entónces los ancianos de su ciudad enviarán, y sacarle han de allí, y entregarle han en mano del pariente del muerto, y morirá. No le perdonara tu ojo: y quitarás la sangre inocente de Israel, y habrás bien. No estrecharás el término de tu prójimo, que señalaron los antiguos en tu heredad que poseyeres en la tierra que Jehová tu Dios te da, para que la heredes. No valdrá un testigo contra ninguno en cualquier delito, y en cualquier pecado, en cualquier pecado que se cometiere. En dicho de dos testigos, o en dicho de tres testigos consistirá el negocio. Cuando se levantare testigo falso contra alguno para testificar contra él rebelión; Entónces los dos hombres, que pleitean se presentarán delante de Jehová, delante de los sacerdotes y jueces que fueren en aquellos dias; Y los jueces inquirirán bien, y si pareciere ser aquel testigo falso, que testificó falso contra su hermano; Haréis a él como él pensó hacer a su hermano, y quitarás el mal de en medio de tí. Y los que quedaren, oirán, y temerán, y no volverán más a hacer una mala cosa como esta en medio de tí. Y no perdonará tu ojo: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pié por pié. CUANDO salieres a la guerra contra tus enemigos, y vieres caballos y carros, pueblo más grande que tú, no hayas temor de ellos, que Jehová tu Dios es contigo, que te sacó de tierra de Egipto. Y será que cuando os acercareis para pelear, el sacerdote se llegará, y hablará al pueblo: Y decirles ha: Oye Israel: Vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos: no se enternezca vuestro corazón, no temáis, no os apresuréis, y no os quebrantéis delante de ellos: Que Jehová vuestro Dios anda con vosotros para pelear por vosotros contra vuestros enemigos para salvaros. Y los alcaldes hablarán al pueblo, diciendo: ¿Quién ha edificado casa nueva, y no la ha estrenado? Vaya, y vuélvase a su casa, porque quizá no muera en la batalla, y otro alguno la estrene. Y ¿quién ha plantado viña, y no la ha profanado? Vaya, y vuélvase a su casa, porque quizá no muera en la batalla y otro alguno la profane. Y ¿quién se ha desposado con mujer, y no la ha tomado? Vaya, y vuélvase a su casa, porque quizá no muera en la batalla y algún otro la tome. Y tornarán los alcaldes a hablar al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre medroso, y tierno de corazón? Vaya, y vuélvase a su casa, y no deslía el corazón de sus hermanos, como su corazón. Y será, que cuando los alcaldes acabaren de hablar al pueblo, entónces los capitanes de los ejércitos mandarán delante del pueblo. Cuando te acercares a la ciudad para combatirla, pregonarle has paz. Y será, que si te respondiere: Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te serán tributarios, y te servirán. Mas sino hiciere paz contigo, e hiciere contigo guerra, y la cercares, Y Jehová tu Dios la diere en tu mano, entónces herirás a todo varón suyo a filo de espada. Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que hubiere en la ciudad, todos sus despojos, tomarás para tí: y comerás del despojo de tus enemigos, los cuales Jehová tu Dios te entregó. Así harás a todas las ciudades que estuvieren muy léjos de tí, que no fueren de las ciudades de estas gentes. Solamente de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás a vida: Mas destruyendo los destruirás, al Jetteo, y al Amorreo, y al Cananeo, y al Ferezeo, y al Heveo, y al Jebuseo: como Jehová tu Dios te ha mandado. Porque no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones, que ellos hacen a sus dioses, y pequéis contra Jehová vuestro Dios. Cuando pusieres cerco a alguna ciudad peleando contra ella muchos dias para tomarla, no destruirás su arboleda metiendo en ella hacha, porque de ella comerás: y no la talarás, que no es hombre el árbol del campo, que venga contra tí en el cerco. Mas el árbol que supieres que no es árbol para comer, destruirlo has y talarlo has, y edificarás baluarte contra la ciudad que pelea contigo, hasta sojuzgarla. CUANDO fuere hallado algún muerto en la tierra que Jehová tu Dios te da, para que la heredes, echado en el campo, y no se supiere quien le hirió; Entónces tus ancianos y tus jueces saldrán, y medirán hasta las ciudades que están al derredor del muerto: Y será que los ancianos de aquella ciudad, de la ciudad más cercana al muerto, tomarán una becerra de las vacas, que no haya servido, que no haya traido yugo; Y los ancianos de aquella ciudad traerán la becerra a un valle áspero, que nunca haya sido arado ni sembrado, y descervigarán allí la becerra en el valle; Y vendrán los sacerdotes hijos de Leví, porque a ellos escogió Jehová tu Dios para que le sirvan, y para bendecir en nombre de Jehová, y por el dicho de ellos, se determinará todo pleito, y toda llaga. Y todos los ancianos de aquella ciudad más cercana al muerto lavarán sus manos sobre la becerra descervigada en el valle. Y protestarán, y dirán: Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos lo vieron: Expía a tu pueblo Israel al cual redimiste, oh Jehová, y no pongas la sangre inocente en medio de tu pueblo Israel. Y la sangre les será perdonada. Y tú quitarás la sangre inocente de en medio de tí, cuando hicieres lo que es recto en los ojos de Jehová. Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y Jehová tu Dios los diere en tu mano, y tomares de ellos cautivos, Y vieres entre los cautivos alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para tí por mujer; Meterla has en tu casa, y ella raerá su cabeza, y cortará sus uñas, Y quitará de sí el vestido de su cautiverio, y quedarse ha en tu casa: y llorará a su padre y a su madre un mes de tiempo: y después entrarás a ella y tú serás su marido, y ella tu mujer. Y será, que si no te agradare, dejarla has en su libertad, y no la venderás por dinero, y no mercadearás con ella, por cuanto la afligiste. Cuando algún varón tuviere dos mujeres, la una amada, y la otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le parieren hijos, y el hijo primogénito fuere de la aborrecida; Será que el día que hiciere heredar a sus hijos lo que tuviere, no podrá dar el derecho de primogenitura a los hijos de la amada delante del hijo de la aborrecida el primogénito. Mas al hijo de la aborrecida conocerá por primogénito para darle dos tantos de todo lo que le fuere hallado; porque aquel es el principio de su fuerza, el derecho de la primogenitura es suyo. Cuando alguno tuviere hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere; Entónces tomarle han su padre, y su madre, y sacarle han a los ancianos de su ciudad, y a la puerta de su lugar, Y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz, es glotón y borracho. Entónces todos los hombres de su ciudad le apedrearán con piedras, y morirá: y quitarás el mal de en medio de tí, y todo Israel oirán y temerán. Cuando en alguno hubiere pecado de sentencia de muerte, y hubiere de morir, colgarle has en un madero. No anochecerá su cuerpo en el madero, mas enterrando le enterrarás el mismo día, porque maldición de Dios es el colgado: y no contaminarás tu tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad. NO verás el buey de tu her- mano, o su cordero, perdidos, y te esconderás de ellos: volviendo los volverás a tu hermano. Y aunque tu hermano no sea tu pariente, o no le conocieres, recogerlos has en tu casa, y estarán contigo hasta que tu hermano los busque, y volvérselos has. Y así harás de su asno, así harás también de su vestido, así harás también de toda cosa perdida de tu hermano que se le perdiere, y la hallares tú, no te podrás esconder. No verás el asno de tu hermano, o su buey caidos en el camino, y te esconderás de ellos, levantando los levantarás con él. No vestirá la mujer hábito de hombre, ni el hombre vestirá vestido de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace. Cuando topares en el camino algún nido de ave en cualquier árbol, o sobre la tierra, con pollos o huevos, y que la madre estuviere echada o sobre los pollos, o sobre los huevos, no tomes la madre con los hijos. Enviando enviarás la madre, y los pollos te tomarás; porque hayas bien, y largos dias. Cuando edificares casa nueva, harás pretil a tu techumbre, porque no pongas sangre en tu casa si cayere de ella alguno. No sembrarás tu viña de misturas, porque no se santifique la abundancia de la simiente que sembraste, y el fruto de la viña. No ararás con buey y con asno juntamente. No te vestirás de mistura de lana y lino juntamente. Hacerte has pezuelos en los cuatro cabos de tu manto con que te cubrieres. Cuando alguno tomare mujer, y después de haber entrado a ella la aborreciere, Y la pusiere achaques de cosas, y sacare sobre ella mala fama, y dijere: Esta tomé por mujer, y llegué a ella, y no la hallé vírgen: Entónces el padre de la moza y su madre tomarán, y sacarán las virginidades de la moza a los ancianos de la ciudad a la puerta; Y dirá el padre de la moza a los ancianos: Yo dí mi hija a este hombre por mujer, y él la aborrece, Y, he aquí, él le pone achaques de cosas, diciendo: No he hallado a tu hija vírgen: y, he aquí las virginidades de mi hija: y extenderán la sábana delante de los ancianos de la ciudad: Entónces los ancianos de la ciudad tomarán al hombre, y castigarle han; Y penarle han en cien pesos de plata, los cuales darán al padre de la moza, por cuantó sacó mala fama sobre vírgen de Israel: y tenerla ha por mujer, y no la podrá enviar en todos sus dias. Mas si este negocio fué verdad, y no se hallaren virginidades en la moza; Entónces sacarár a la moza a la puerta de la casa de su padre, y apedrearla han con piedras los hombres de su ciudad, y morirá; por cuanto hizo vileza en Israel fornicando en casa de su padre, y quitarás el mal de en medio de tí. Cuando alguno fuere tomado echado con mujer casada con marido, ámbos ellos morirán, el varón que durmió con la mujer, y la mujer: y quitarás el mal de Israel. Cuando fuere moza vírgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se echare con ella; Entónces sacarles heis a ámbos a la puerta de aquella villa, y apedrearles heis con piedras, y morirán: la moza porque no dió voces en la ciudad, y el hombre porque afligió a la mujer de su prójimo: y quitarás el mal de en medio de tí. Mas si el hombre halló a la moza desposada en el campo, y él la tomare, y se echare con ella, morirá solo el hombre, que durmiere con ella; Y a la moza no harás nada; la moza no tiene culpa de muerte: porque como alguno se levanta contra su prójimo, y le mata de muerte, así es esto. Porque él la halló en el campo, la moza desposada dió voces, y no hubo quien la valiese. Cuando alguno hallare moza vírgen, que no fuere desposada, y la tomare, y se echare con ella, y fueren tomados; Entónces el hombre que se echó con ella dará al padre de la moza cincuenta pesos de plata, y será su mujer, por cuanto la afligió: no la podrá enviar en todos sus dias. No tomará alguno la mujer de su padre, ni descubrirá el manto de su padre. NO entrará en la congregación de Jehová el quebrado de quebradura, ni el castrado. No entrará bastardo en la congregación de Jehová: ni aun en la décima generación entrará en la congregación de Jehová. No entrará Ammonita ni Moabita en la congregación de Jehová: ni aun en la décima generación entrará en la congregación de Jehová para siempre, Por cuanto no os salieron a recibir con pan y agua al camino, cuando salisteis de Egipto, y porque alquiló contra tí a Balaam hijo de Beor de Petor de Mesopotamia de Siria, para que te maldijese. Mas no quiso Jehová tu Dios oir a Balaam, y Jehová tu Dios te volvió la maldición en bendición, porque Jehová tu Dios te amaba. No procurarás la paz de ellos, ni el bien de ellos en todos los dias para siempre. No abominarás al Idumeo, que tu hermano es. No abominarás al Egipcio, que extranjero fuiste en su tierra. Los hijos que nacieren de ellos, a la tercera generación entrarán en la congregación de Jehová. Cuando salieres en campo contra tus enemigos, guárdate de toda cosa mala. Cuando hubiere en tí alguno que no fuere limpio por accidente de noche, saldráse del campo, y no entrará en él. Y será que al declinar de la tarde lavarse ha con agua, y cuando fuere puesto el sol, entrará en el campo. Y tendrás lugar fuera del real, y allí saldrás fuera. Y tendrás una estaca entre tus armas, y será, que cuando fueres fuera, cavarás con ella, y tornarás, y cubrirás tu suciedad. Porque Jehová tu Dios anda por medio de tu campo para librarte, y entregar tus enemigos delante de tí: por tanto será tu real santo: porque él no vea en tí cosa inmunda, y se vuelva de en pos de tí. No entregarás el siervo a su señor, que se huyere a tí de su amo. More contigo, en medio de tí, en el lugar que escogiere en alguna de tus ciudades donde bien le estuviere: no le harás fuerza. No habrá ramera de las hijas de Israel, ni habra sodomita de los hijos de Israel. No traerás precio de ramera ni precio de perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque abominación es a Jehová tu Dios también lo uno como lo otro. No tomarás de tu hermano logro de dinero, ni logro de comida, ni logro de cualquiera cosa de que se suele tomar. Del extraño tomarás logro, mas de tu hermano no le tomarás, porque te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos sobre la tierra a la cual entras para heredarla. Cuando prometieres voto a Jehová tu Dios, no tardarás de pagarlo; porque demandando lo demandará Jehová tu Dios de tí, y habrá en tí pecado: Y cuando te detuvieres de prometer, no habrá en tí pecado: Lo que tus labios pronunciaren, guardarás, y harás como prometiste a Jehová tu Dios lo que de tu voluntad hablaste por tu boca. Cuando entrares en la viña de tu prójimo, comerás uvas hasta hartar tu deseo; mas no pondrás en tu vaso. Cuando entrares en la mies de tu prójimo, cortarás espigas con tu mano, mas no alzarás hoz en la mies de tu prójimo. CUANDO alguno tomare mujer y se casare con ella, si después no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa torpe, escribirle ha carta de repudio, y darsela ha en su mano, y enviarla ha de su casa. Y salida de su casa, irse ha, y casarse ha con otro varón. Y si la aborreciere el varón postrero, y le escribiere carta de repudio, y se la diere en su mano, y la enviare de su casa, o si muriere el varón postrero, que la tomó para sí por mujer; No podrá su marido el primero, que la envió, volverla a tomar, para que sea su mujer, después que fué inmunda, porque es abominación delante de Jehová, y no contaminarás la tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad. Cuando tomare alguno mujer nueva, no saldrá a la guerra, ni pasará sobre él alguna cosa: libre será en su casa por un año para alegrar a su mujer que tomó. No tomarás por prenda la muela de abajo y la muela de arriba; porque es prendar la vida. Cuando fuere hallado alguno que haya hurtado persona de sus hermanos los hijos de Israel, y hubiere mercadeado con ella, o la hubiere vendido, el tal ladrón morirá, y quitarás el mal de en medio de tí. Guárdate de llaga de lepra, guardando mucho, y haciendo según todo lo que os enseñaren los sacerdotes Levitas; como les he mandado lo guardaréis para hacer. Acuérdate de lo que hizo Jehová tu Dios a María en el camino, después que salisteis de Egipto. Cuando dieres a tu prójimo alguna cosa emprestada, no entrarás en su casa para tomarle prenda: Fuera estarás, y el hombre a quien prestaste te sacará a fuera la prenda. Y si fuere hombre pobre, no duermas con su prenda. Volviendo le volverás la prenda cuando el sol se ponga, porque duerma en su ropa; y bendecirte ha, y a tí será justicia delante de Jehová tu Dios. No hagas violencia al jornalero pobre y menesteroso así de tus hermanos como de tus extranjeros, que están en tu tierra en tus ciudades. En su día le darás su jornal, y el sol no se pondrá sobre él, porque pobre es, y con el sustenta su vida: porque no clame contra tí a Jehová, y sea en tí pecado. Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres, cada uno morirá por su pecado. No torcerás el derecho del peregrino y del huérfano: ni tomarás por prenda la ropa de la viuda. Mas acuérdate que fuiste siervo en Egipto, y de allí te rescató Jehová tu Dios: por tanto yo te mando que hagas esto. Cuando segares tu segada en tu campo, y olvidares alguna gavilla en el campo, no volverás a tomarla: del extranjero, o del huérfano, o de la viuda será: porque te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos. Cuando sacudieres tus olivas, no ramonearás tras tí: del extranjero, y del huérfano, y de la viuda será: Cuando vendimiares tu viña, no rebuscarás tras tí, del extranjero, y del huérfano, y de la viuda será. Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto: por tanto yo te mando que hagas esto. CUANDO hubiere pleito entre algunos, y vinieren a juicio, y los juzgaren, y absolvieren al justo, y condenaren al impío: Será que si el impío mereciere ser azotado, entónces el juez le hará echar, y le hará azotar delante de sí, según su impiedad por cuenta. Cuarenta veces le hará herir, no más: porque si le hiriere de muchos azotes allende de estos, no se envilezca tu hermano delante de tus ojos. No embozalarás al buey cuando trillare. Cuando algunos hermanos estuvieren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño: su cuñado entrará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco. Y será, que el primogénito que pariere, se levantará en nombre de su hermano el muerto, porque su nombre no sea raido de Israel. Y si el hombre no quisiere tomar a su cuñada, entónces su cuñada vendrá a la puerta a los ancianos, y dirá: Mi cuñado no quiere despertar nombre en Israel a su hermano: no quiere hacer parentesco conmigo. Entónces los ancianos de aquella ciudad le harán venir, y hablarán con él: y él se levantará, y dirá: Yo no quiero tomarla. Y su cuñada se llegará a él delante de los ancianos, y descalzarle ha su zapato de su pié, y escupirle ha en el rostro, y hablará, y dirá: Así sea hecho al varón, que no edificare la casa de su hermano. Y su nombre será llamado en Israel, la casa del descalzado. Cuando algunos riñeren juntos el uno con el otro, y llegare la mujer del uno para librar a su marido de mano del que le hiere, y metiere su mano y le trabare de sus vergüenzas: Entónces cortarle has la mano, no perdonará tu ojo. No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica. No tendrás en tu casa efa grande y efa chica. Pesas cumplidas y justas tendrás: efa cumplida y justa tendrás: para que tus dias sean prolongados sobre la tierra, que Jehová tu Dios te da. Porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que hace esto, cualquiera que hace injusticia. Acuérdate de lo que te hizo Amalec en el camino cuando salistes de Egipto: Que te salió al camino, y te desguarneció la retaguardia de todos los flacos que iban detrás de tí, cuando tú estabas cansado y trabajado, y no temió a Dios. Y será que cuando Jehová tu Dios te hubiere dado reposo de todos tus enemigos al derredor en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas, raerás la memoria de Amalec de debajo del cielo, no te olvides. Y SERÁ que cuando hubieres entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad, y la poseyeres, y habitares en ella; Entónces tomarás de las primicias de todos los frutos de la tierra, que trajeres de tu tierra, que Jehová tu Dios te da, y pondrás en un canastillo, e irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere, para hacer habitar allí su nombre: Y vendrás al sacerdote que fuere en aquellos dias, y decirle has: Confieso hoy a Jehová tu Dios, que yo he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos había de dar. Y el sacerdote tomará el canastillo de tu mano, y ponerlo ha delante del altar de Jehová tu Dios. Y responderás, y dirás delante de Jehová tu Dios: El Siro mi padre pereciendo de hambre descendió a Egipto, y peregrinó alla con pocos hombres, y allí creció en gente grande, fuerte, y mucha. Y los Egipcios nos maltrataron, y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová Dios de nuestros padres, y oyó Jehová nuestra voz, y vió nuestra aflicción, y nuestro trabajo, y nuestra opresión: Y sacónos Jehová de Egipto con mano fuerte y con brazo extendido, y con espanto grande, y con señales y con milagros. Y trájones a este lugar, y diónos esta tierra, tierra que corre leche y miel. Y ahora, he aquí, he traido las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y dejarlo has delante de Jehová tu Dios, e inclinarte has delante de Jehová tu Dios. Y alegrarte has con todo el bien que Jehová tu Dios te hubiere dado a tí y a tu casa, tú y el Levita y el extranjero que está en medio de tí. Cuando hubieres acabado de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al Levita, al extranjero, al huérfano, y a la viuda, y comerán en tus villas, y hartarse han. Y dirás delante de Jehová tu Dios: Yo he sacado la santidad de casa, y también la he dado al Levita, y al extranjero, y al huérfano, y a la viuda, conforme a todos tus mandamientos que me mandaste: no he pasado de tus mandamientos, ni me he olvidado. No he comido de ella en mi luto, ni he sacado de ella en inmundicia, ni he dado de ella para mortuorio: obedecido he a la voz de Jehová mi Dios, hecho he conforme a todo lo que me has mandado. Mira desde la morada de tu santidad, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que corre leche y miel. Jehová tu Dios te manda hoy, que hagas estos estatutos y derechos: guarda pues que los hagas con todo tu corazón, y con toda tu alma. A Jehová has ensalzado hoy para ser a tí por Dios, y para andar en sus caminos, y para guardar sus estatutos y sus mandamientos, y sus derechos, y para oir su voz. Y Jehová te ha ensalzado hoy para ser a él por pueblo singular, como él te lo ha dicho, y para guardar todos sus mandamientos: Y para ponerte alto sobre todas las gentes que hizo para loor, y fama, y gloria: y para que seas pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho. Y MANDÓ Moisés y los ancia- nos de Israel al pueblo, diciendo: Guardaréis todos los mandamientos, que yo os mando hoy: Y será, que el día que pasaréis el Jordán a la tierra que Jehová tu Dios te da, levantarte has piedras grandes, las cuales encalarás con cal: Y escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, cuando hubieres pasado para entrar en la tierra que Jehová tu Dios te da, tierra que corre leche y miel, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho. Y será, que cuando hubiereis pasado el Jordán, levantaréis estas piedras que yo os mando hoy, en el monte de Hebal, y encalarlas has con cal. Y edificarás allí altar a Jehová tu Dios, altar de piedras: no alzarás sobre ellas hierro. De piedras enteras edificarás el altar de Jehová tu Dios, ofrecerás sobre él holocausto a Jehová tu Dios. Y sacrificarás pacíficos, y comerás allí, y alegrarte has delante de Jehová tu Dios. Y escribirás en las piedras todas las palabras de esta ley, declarando bien. Y habló Moisés, y los sacerdotes Levitas a todo Israel, diciendo: Escucha y oye Israel: Hoy eres hecho pueblo de Jehová tu Dios: Oirás pues la voz de Jehová tu Dios, y harás sus mandamientos y sus estatutos, que yo te mando hoy. Y mandó Moisés al pueblo en aquel día, diciendo: Estos estarán para bendecir al pueblo sobre el monte de Garizim cuando hubiereis pasado el Jordan: Simeón, y Leví, y Judá, e Isacar, y José, y Benjamín. Y estos estarán sobre la maldición en el monte de Hebal: Rubén, Gad, y Aser, y Zabulón, Dan, y Neftalí. Y hablarán los Levitas, y dirán a todo varón de Israel a alta voz: Maldito el varón que hiciere escultura, y vaciadizo, abominación a Jehová, obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto: y todo el pueblo responderán, y dirán: Amén. Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén. Maldito el que estrechare el término de su prójimo. Y dirá todo el pueblo: Amén. Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino. Y dirá todo el pueblo: Amén. Maldito el que torciere el derecho del extranjero, del huérfano, y de la viuda. Y dirá todo el pueblo: Amén. Maldito el que se echare con la mujer de su padre, por cuanto descubrió el manto de su padre. Y dirá todo el pueblo: Amén. Maldito el que tuviere parte con cualquiera bestia. Y dirá todo el pueblo: Amén. Maldito el que se echare con su hermana, hija de su padre, o hija de su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén. Maldito el que se echare con su suegra. Y dirá todo el pueblo: Amén. Maldito el que hiriere a su prójimo ocultamente. Y dirá todo el pueblo: Amén. Maldito el que recibiere don para herir de muerte la sangre inocente. Y dirá todo el pueblo: Amén. Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén. Y SERÁ, que si oyendo oyeres la voz de Jehová tu Dios para guardar, para hacer todos sus mandamientos que yo te mando hoy, también Jehová tu Dios te pondrá alto sobre todas las gentes de la tierra. Y vendrán sobre tí todas estas bendiciones, y alcanzarte han, cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y el fruto de tu bestia: la cria de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Bendito tu canastillo, y tus sobras. Bendito serás en tu entrar, y bendito serás en tu salir. Dará Jehová tus enemigos, que se levantaren contra tí, heridos delante de tí: por un camino saldrán a tí, y por siete caminos huirán delante de tí. Enviará Jehová contigo a la bendición en tus cilleros, y en todo aquello en que pusieres tu mano, y bendecirte ha en la tierra que Jehová tu Dios te da. Confirmarte ha Jehová por pueblo santo suyo como te ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra, que el nombre de Jehová es llamado sobre tí, y temerte han. Y hacerte ha Jehová que te sobre el bien en el fruto de tu vientre, y en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, sobre la tierra que juró Jehová a tus padres que te había de dar. Abrirte ha Jehová su buen cillero, el cielo, para dar lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos: y prestarás a muchas gentes, y tú no tomarás emprestado. Y ponerte ha Jehová por cabeza, y no por cola: y serás encima solamente, y no serás debajo, cuando obedecieres a los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te mando hoy para que guardes y hagas. Y no te apartes de todas las palabras que yo os mando hoy, a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos para servirles. Y será si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para guardar, para hacer todos sus mandamientos, y sus estatutos, que yo te mando hoy, vendrán sobre tí todas estas maldiciones, y alcanzarte han. Maldito serás tú en la ciudad, y maldito tú en el campo. Maldito tu canastillo, y tus sobras. Maldito el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y la cria de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir. Y Jehová enviará en tí la maldición, quebranto y asombramiento en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido, y perezcas presto a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado. Jehová hará que se te pegue mortandad hasta que te consuma de la tierra, a la cual entras para heredarla. Jehová te herirá de tísica, y de fiebre, y de ardor, y de calor, y de espada, y de hidropesía, y de ictericia; y perseguirte han hasta que perezcas. Y tus cielos, que están sobre tu cabeza, serán de metal; y la tierra que está debajo de tí, de hierro. Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderá sobre tí hasta que perezcas. Jehová te dará herido delante de tus enemigos: por un camino saldrás a ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos: y serás por estremecimiento a todos los reinos de la tierra. Y será tu cuerpo muerto por comida a toda ave del cielo, y bestia de la tierra, y no habrá quien las espante. Jehová te herirá de la plaga de Egipto y con almorranas, y con sarna, y con comezón de que no puedas ser curado. Jehová te herirá con locura y con ceguedad, y con pasmo de corazón. Y palparás al mediodía como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos y nunca serás sino oprimido y robado todos los dias, y no habrá quien te salve. Desposarte has con mujer, y otro varón dormirá con ella: edificarás casa, y no habitarás en ella: plantarás viña, y no la profanarás. Tu buey será matado delante de tus ojos, y tú no comerás de él: tu asno será robado de delante de tí, y no volverá a tí: tus ovejas serán dadas a tus enemigos, y no tendrás quien te salve. Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día: y no habrá fuerza en tu mano. El fruto de tu tierra y todo tu trabajo comerá pueblo que no conociste: y nunca serás sino oprimido y quebrantado todos los dias. Y enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos. Herirte ha Jehová con mala sarna en las rodillas y en las piernas, que no puedas ser curado, desde la planta de tu pié hasta tu mollera. Jehová llevará a tí y a tu rey, que hubieres puesto sobre tí, a gente que no conociste tú ni tus padres; y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra. Y serás por pasmo, por ejemplo y por fábula a todos los pueblos, a los cuales Jehová te llevará. Sacarás mucha simiente a la tierra, y cogerás poco; porque la langosta lo consumirá. Plantarás viñas y labrarás; mas no beberás vino, ni cogerás, porque el gusano lo comerá. Tendrás olivas en todo tu término, mas no te ungirás con el aceite: porque tu aceituna se caerá. Hijos e hijas engendrarás, y no serán para tí, porque irán en cautiverio. Toda tu arboleda y el fruto de tu tierra consumirá la langosta. El extranjero que estará en medio de tí subirá sobre tí encima, encima: y tú descenderás abajo, abajo. El te prestara a tí, y tú no prestarás a él: él será por cabeza, y tú serás por cola. Y vendrán sobre tí todas estas maldiciones, y perseguirte han, y alcanzarte han hasta que perezcas: por cuanto no habrás oido a la voz de Jehová tu Dios guardando sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó. Y serán en tí por señal y por milagro, y en tu simiente para siempre: Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con bondad de corazón por la abundancia de todas las cosas. Y servirás a tus enemigos, que Jehová enviare contra tí, con hambre, y con sed, y con desnudez, y con falta de todas las cosas: y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello hasta destruirte. Jehová traerá sobre tí gente de léjos, del cabo de la tierra, que vuele como águila, gente cuya lengua no entiendas; Gente fiera de rostro, que no alzará el rostro al viejo, ni perdonará al niño. Y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas: y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cria de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas hasta destruirte. Y ponerte ha cerco en todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y encastillados, en que tú confias, en toda tu tierra: y cercarte ha en todas tus ciudades y en toda tu tierra, que Jehová tu Dios te dió. Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas, que Jehová tu Dios te dió, en el cerco y en la angustia con que te angustiará tu enemigo. El hombre tierno en tí y el muy delicado, su ojo será maligno para con su hermano, y para con la mujer de su seno, y para con el resto de sus hijos, que le quedaren; Para no dar a alguno de ellos de la carne de sus hijos, que el comerá, porque no le habrá quedado en el cerco, y en el apretura con que tu enemigo te apretará en todas tus ciudades. La tierna en tí y la delicada, que nunca la planta de su pié probó a estar sobre la tierra de ternura y delicadez, su ojo será maligno para con el marido de su seno, y para con su hijo y para con su hija, Y para con su chiquita que sale de entre sus piés, y para con sus hijos que pariere, que los comerá escondidamente con necesidad de todas las cosas en el cerco y en la apretura con que tu enemigo te apretará en tus ciudades. Si no guardares para hacer todas las palabras de aquesta ley, que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y terrible: Jehová tu Dios; Jehová hará maravillosas tus plagas, y las plagas de tu simiente, plagas grandes, y firmes; y enfermedades malas y firmes: Y hará volver en tí todos los dolores de Egipto delante de los cuales temiste, y pegarse han en tí. Asimismo toda enfermedad y toda plaga, que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre tí, hasta que tú seas destruido. Y quedaréis en pocos varones, en lugar de haber sido como las estrellas del cielo en multitud: por cuanto no obedeciste a la voz de Jehová tu Dios. Y será, que de la manera que Jehová se gozó sobre vosotros, para haceros bien, y para multiplicaros, así se gozará Jehová, sobre vosotros para echaros a perder, y para destruiros: y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para poseerla. Y esparcirte ha Jehová por todos los pueblos desde el un cabo de la tierra hasta el otro cabo de la tierra: y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al palo y a la piedra. Y ni aun en las mismas gentes reposarás, ni la planta de tu pié tendrá reposo: que allí te dará Jehová corazón temeroso y caimiento de ojos, y tristeza de alma. Y tendrás tu vida colgada delante, y estarás temeroso de noche y de día, y no confiarás de tu vida: Por la mañana dirás: ¿Quién diese la tarde? y a la tarde dirás: ¿Quién diese la mañana? del miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y de lo que verán tus ojos. Y Jehová te hará tornar a Egipto en navíos, por el camino del cual te ha dicho: Nunca más volverás: y allí seréis vendidos a vuestros enemigos por esclavos y por esclavas, y no habrá quien os compre. ESTAS son las palabras del con- cierto que mandó Jehová a Moisés, para que concertase con los hijos de Israel en la tierra de Moab, allende del concierto que concertó con ellos en Horeb. Moisés pues llamó a todo Israel, y díjoles: Vosotros habéis visto todo lo que Jehová ha hecho delante de vuestros ojos en la tierra de Egipto a Faraón y a todos sus siervos, y a toda su tierra: Las pruebas grandes que vieron tus ojos, las señales, y las grandes maravillas. Y Jehová no os dió corazón para entender, ni ojos para ver, ni oidos para oir, hasta hoy. Y yo os he traido cuarenta años por el desierto, que vuestros vestidos no se han envejecido sobre vosotros, ni tu zapato se ha envejecido sobre tu pié. Nunca comisteis pan, ni bebisteis vino ni sidra, porque supieseis que yo soy Jehová vuestro Dios. Y llegasteis a este lugar, y salió Sejón rey de Jesebón, y Og rey de Basán delante de nosotros para pelear, y herímoslos: Y tomamos su tierra, y dímosla por heredad a Ruben y a Gad, y a la media tribu de Manasés. Guardaréis pues las palabras de este concierto, y hacerlas heis, para que seais prosperados en todo lo que hiciereis. Vosotros todos estáis hoy delante de Jehová vuestro Dios, vuestros príncipes de vuestras tribus, vuestros ancianos, y vuestros alcaldes, todos los varones de Israel: Vuestros niños, vuestras mujeres, y tus extranjeros que habitan en medio de tu campo, desde el que corta tu leña hasta el que saca tus aguas: Para que entres en el concierto de Jehová tu Dios y en su juramento, que Jehová tu Dios concierta hoy contigo: Para confirmarte hoy por su pueblo, y que él te sea a tí por Dios, de la manera que él te ha dicho, y de la manera que él juró a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob. Y no con vosotros solos concierto yo este concierto, y este juramento, Mas con los que estan aquí estantes hoy con nosotros delante de Jehová nuestro Dios, y con los que no están aquí hoy con nosotros. Porque vosotros sabéis como habitamos en la tierra de Egipto, y como hemos pasado por medio de las gentes que habéis pasado; Y habéis visto sus abominaciones, y sus ídolos, madera y piedra, plata y oro, que tienen consigo. Quizá habrá entre vosotros varón o mujer, o familia o tribu, cuyo corazón se vuelva hoy de con Jehová nuestro Dios por andar a servir a los dioses de aquellas gentes: quizá habrá en vosotros raíz que eche veneno y ajenjo: Y sea, que cuando el tal oyere las palabras de esta maldición, él se bendiga en su corazón, diciendo: Paz habré, aunque ande según el pensamiento de mi corazón, para añadir la embriaguez a la sed. Jehová no guerrá perdonar al tal, que luego humeará el furor de Jehová y su zelo sobre el tal hombre, y acostarse ha sobre él toda maldición escrita en este libro, y Jehová raerá su nombre de debajo del cielo. Y apartarle ha Jehová de todas las tribus de Israel para mal, conforme a todas las maldiciones del concierto escrito en este libro de la ley. Y dirá la generación venidera, vuestros hijos que vendrán después de vosotros, y el extranjero que vendrá de lejanas tierras, cuando vieren las plagas de aquesta tierra y sus enfermedades de que Jehová la hizo enfermar, (Azufre y sal, quemada toda su tierra: no será sembrada, ni producirá, ni crecerá en ella yerba ninguna, como en la subversión de Sodoma y de Gomorra, de Adma y de Seboim, que Jehová subvertió en su furor en su ira.) Y dirán todas las gentes: ¿Por qué hizo Jehová esto a esta tierra? ¿Qué ira es esta de tan gran furor? Y respondérseles ha: Por cuanto dejaron el concierto de Jehová el Dios de sus padres que el concertó con ellos, cuando les sacó de tierra de Egipto, Y fueron, y sirvieron a dioses ajenos, e inclináronse a ellos; dioses que no conocieron, y que ninguna cosa les habían dado. Y el furor de Jehová se encendió contra esta tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro. Y Jehová los desarraigó de su tierra con enojo y con saña, y con furor grande, y los echó a otra tierra, como parece hoy. Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios: mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que hagamos todas las palabras de esta ley. Y SERÁ, que cuando te vinieren todas estas cosas, la bendición, y la maldición que yo he puesto delante de tí, y volvieres a tu corazón en todas las gentes a las cuales Jehová tu Dios te echare, Y te convirtieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, Jehová también volverá tus cautivos, y habrá misericordia de tí: y tornará, y juntarte ha de todos los pueblos, a los cuales te hubiere esparcido Jehová tu Dios. Si hubieres sido arrojado hasta el cabo de los cielos, de allá te juntará Jehová tu Dios, y de allá te tomará. Y volverte ha Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y heredarla has: y hacerte ha bien y multiplicarte ha más que a tus padres. Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu simiente, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma para tu vida. Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores, que te persiguieron. Y tu volverás, y oirás la voz de Jehová, y harás todos sus mandamientos, que yo te mando hoy. Y hacerte ha Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra para bien: porque Jehová se convertirá para gozarse sobre tí en bien, de la manera que se gozó sobre tus padres, Cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley, cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma. Porque este mandamiento que yo te mando hoy no te es encubierto, ni está léjos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién nos subirá al cielo, y tomárnoslo ha, y recitárnoslo ha para que le cumplamos? Ni está de la otra parte de la mar, para que digas: ¿Quién nos pasará la mar para que nos lo tome, y nos lo recite, para que lo cumplamos? Porque muy cerca de tí está el negocio, en tu boca y en tu corazón para que lo hagas. Mira, yo he puesto delante de tí hoy la vida y el bien, la muerte y el mal: Porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios: que andes en sus caminos y guardes sus mandamientos y sus estatutos, y sus derechos, porque vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para heredarla. Mas si tu corazón se apartare, y no oyeres, y fueres impelido, y te inclinares a dioses ajenos, y les sirvieres; Yo os protesto hoy que pereciendo pereceréis: no tendréis luengos dias sobre la tierra, para ir a la cual pasas el Jordán, para que la heredes. A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición: escoge pues la vida, porque vivas tú y tu simiente: Que ames a Jehová tu Dios: Que oigas su voz y te allegues a él: porque él es tu vida, y la longura de tus dias: porque habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les había de dar. Y FUÉ Moisés, y habló estas palabras a todo Israel, Y díjoles: De edad de ciento y veinte años soy hoy, no puedo más salir ni entrar: allende de esto Jehová me ha dicho: No pasarás este Jordán. Jehová tu Dios él pasa delante de tí, él destruirá estas gentes delante de tu faz, y heredarlas has: Josué, él pasa delante de tí, como Jehová ha dicho. Y hará Jehová con ellos como hizo con Sejón, y con Og reyes de los Amorreos, y con su tierra, que los destruyó. Y darlos ha Jehová delante de vosotros, y haréis con ellos conforme a todo lo que os he mandado. Esforzáos y confortáos; no temáis ni hayáis miedo de ellos que Jehová tu Dios es el que va contigo: no te dejará, ni te desamparará. Y llamó Moisés a Josué, y díjole en ojos de todo Israel: Esfuérzate y confórtate: porque tu entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres, que les había de dar, y tú se la harás heredar. Y Jehová es el que va delante de tí, él será contigo, no te dejará, ni te desamparará: no temas, ni te espantes. Y escribió Moisés esta ley, y dióla a los sacerdotes hijos de Leví, que llevaban el arca del concierto de Jehová, y a todos los ancianos de Israel. Y mandóles Moisés, diciendo: Al cabo del séptimo año en el tiempo del año de la remisión, en la fiesta de las cabañas, Cuando viniere todo Israel a presentarse delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel en sus orejas. Harás congregár el pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y guarden para hacer todas las palabras de esta ley; Y sus hijos, que no supieron, oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios todos los dias que viviereis sobre la tierra, para ir a la cual pasáis el Jordán para heredarla. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, tus dias son ya llegados para que mueras: llama a Josué, y esperád en el tabernáculo del testimonio, y mandarle he. Y fué Moisés y Josué, y esperaron en el tabernáculo del testimonio. Y aparecióse Jehová en el tabernáculo, en la columna de nube, y la columna de nube se puso sobre la puerta del tabernáculo. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, tú duermes con tus padres, y este pueblo se levantará, y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra adonde va, en medio de ella, y dejarme ha, y anulará mi concierto que yo he concertado con él. Y mi furor se encenderá contra él en el mismo día, y yo los dejaré y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos; y hallarlo han muchos males y angustias, y dirá en aquel día, ¿No me han hallado estos males, porque no está mi Dios en medio de mi? Empero yo escondiendo esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal que él habrá hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos. Y ahora escribíos esta canción, y enséñala a los hijos de Israel: pónla en la boca de ellos, para que esta canción me sea por testigo contra los hijos de Israel. Porque yo lo meteré en la tierra que juré a sus padres, la cual corre leche y miel: y comerá y hartarse ha, y engordarse ha: y volverse ha a dioses ajenos, y servirles han: y enojarme han, y anularán mi concierto. Y será, que cuando le vinieren muchos males y angustias, entónces esta canción responderá en su cara por testigo, que no será olvidada de la boca de su simiente: porque yo conozco su ingenio, y lo que hace hoy ántes que yo lo meta a la tierra que juré. Y Moisés escribió esta canción aquel día, y enseñóla a los hijos de Israel. Y mandó a Josué hijo de Nun, y dijo: Esfuérzate, y confórtate, que tú meterás los hijos de Israel en la tierra que yo les juré, y yo seré contigo. Y como acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en el libro, hasta que fueron acabadas, Moisés mandó a los Levitas que llevaban el arca del concierto de Jehová, diciendo: Tomád este libro de la ley, y ponédlo al lado del arca del concierto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra tí. Porque yo conozco tu rebelión, y tu cerviz dura: he aquí, que aun viviendo yo hoy con vosotros sois rebeldes a Jehová, y ¿cuánto más después que yo fuere muerto? Congregád a mí todos los ancianos de vuestras tribus, y a vuestros alcaldes, y hablaré en sus orejas estas palabras: y llamaré por testigos contra ellos los cielos y la tierra. Porque yo sé, que después de yo muerto, corrompiendo os corromperéis, y os apartaréis del camino que os he mandado: y que os ha de venir mal en los prostreros dias por haber hecho mal en ojos de Jehová, enojándole con la obra de vuestras manos. Entónces habló Moisés en oidos de toda la congregación de Israel las palabras de esta canción, hasta acabarla. ESCUCHÁD cielos, y hablaré: y oiga la tierra los dichos de mi boca. Goteará, como la lluvia, mi doctrina: destilará, como el rocio, mi dicho: como las mollinas sobre la grama, y como las gotas sobre la yerba. Porque el nombre de Jehová invocaré, dad grandeza a nuestro Dios. Del Fuerte, cuya obra es perfecta: porque todos sus caminos son juicio, Dios de verdad: y no hay iniquidad, justo y recto es. La corrupción no es suya: a sus hijos la mancha de ellos, generación torcida y perversa. ¿Así pagáis a Jehová? pueblo loco, e ignorante: ¿no es él tu padre que te poseyó? él te hizo y te compuso. Acuérdate de los tiempos antiguos, considerád los años de generación y generación: pregunta a tu padre, que él te declarará: a tus viejos, y ellos te dirán: Cuando el Altísimo hizo heredar a las gentes; cuando hizo dividir los hijos de los hombres; cuando estableció los términos de los pueblos según el número de los hijos de Israel. Porque la parte de Jehová es su pueblo, Jacob el cordel de su heredad. Hallóle en tierra de desierto, y en un desierto horrible y yermo: trájole al derredor, instruyóle, guardóle como la niña de su ojo. Como el águila despierta su nido, vuela sobre sus pollos, extiende sus alas, tómale, llévale sobre sus espaldas: Jehová solo le guió, que no hubo con él dios ajeno. Hízole subir sobre las alturas de la tierra, y comió los frutos del campo, e hizo que chupase miel de la peña, y aceite de pedernal fuerte; Manteca de vacas, y leche de ovejas, con grosura de corderos, y carneros de Basán: y machos de cabrío con grosura de riñones de trigo, y sangre de uva bebiste vino. Y engordó el Recto, y tiró coces: engordástete, engrosástete, cubrístete, y dejó al Dios, que lo hizo: y menospreció al Fuerte de su salud. Despertáronle a celos con los ajenos, ensañáronle con las abominaciones. Sacrificaron a los diablos, no a Dios: a los dioses, que no conocieron: nuevos, venidos de cerca, que vuestros padres no los temieron. Del Fuerte que te crió, te has olvidado, háste olvidado del Dios tu criador. Y viólo Jehová, y encendióse con ira de sus hijos y de sus hijas. Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cual será su prostrimería: que son generación de perversidades, hijos sin fé. Ellos me despertaron a celos con el que no es Dios: hiciéronme ensañar con sus vanidades: y yo los despertaré a celos con los que no son pueblo, con gente loca les haré ensañar. Porque fuego se encenderá en mi furor, y arderá hasta el profundo: y tragará la tierra y sus frutos, y abrasará los fundamentos de los montes. Yo allegaré males sobre ellos, mis saetas acabaré en ellos. Consumidos de hambre, y comidos de fiebre ardiente, y de pestilencia amarga: y diente de bestias enviaré sobre ellos, con veneno de serpientes de la tierra. De fuera deshijará la espada, y en las recámaras amedrentamiento: así el mancebo como la doncella, el que mama como el hombre cano. Dije: Yo los echaría del mundo, haría cesar de los hombres la memoria de ellos. Si no temiese la ira del enemigo, porque no enagenen mi gloria sus adversarios, porque no digan: Nuestra mano alta ha hecho todo esto, no Jehová. Porque son gente de perdidos consejos, y no hay en ellos entendimiento. ¡Ojalá fueran sabios, entendieran esto, entendieran su prostrimería! ¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos harían huir a diez mil, si su Fuerte no los hubiese vendido, y Jehová no los hubiese entregado? Que el fuerte de ellos no es como nuestro Fuerte: y nuestros enemigos sean jueces. Por tanto de la vid de Sodoma es la vid de ellos, y de los sarmientos de Gomorra: las uvas de ellos son uvas ponzoñosas, racimos de amarguras tienen. Veneno de dragones es su vino, y ponzoña cruel de áspides. ¿No tengo yo esto guardado, sellado en mis tesoros? Mía es la venganza y el pago, al tiempo que su pié vacilará: porque el día de su aflicción está cercano, y lo que les está determinado se apresura. Porque Jehová juzgará a su pueblo, y sobre sus siervos se arrepentirá, cuando viere que la fuerza pereció sin quedar guardado ni desamparado. Y dirá: ¿Dónde están sus dioses, el fuerte de quien se ampararon, Que comían el sebo de sus sacrificios, bebían el vino de sus derramaduras? levántense, y os ayuden, os amparen. Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo: yo hago morir, y yo hago vivir: yo hiero y yo curo: y no hay quien escape de mi mano. Cuando yo alzaré a los cielos mi mano, y diré: Vivo yo para siempre. Si afilare mi espada reluciente, y mi mano arrebatare el juicio, yo volveré la venganza a mis enemigos, y daré el pago a los que me aborrecen. Embriagaré mis saetas en sangre, y mi espada tragará carne: en la sangre de los muertos y de los cautivos de las cabezas, con venganzas de enemigo. Alabád gentes a su pueblo, porque él vengará la sangre de sus siervos, y volverá la venganza a sus enemigos, y expiará su tierra, a su pueblo. Y vino Moisés, y recitó todas las palabras de esta canción a oidos del pueblo, él y Josué hijo de Nun. Y acabó Moisés de recitar todas estas palabras a todo Israel. Y díjoles: Ponéd vuestro corazón a todas las palabras que yo protesto hoy contra vosotros, para que las mandéis a vuestros hijos, que guarden y hagan todas las palabras de esta ley, Porque no os es cosa vana, mas es vuestra vida: y por este negocio haréis prolongar los dias sobre la tierra, para heredar la cual pasáis el Jordán. Y habló Jehová a Moisés aquel mismo día, diciendo: Sube a este monte de Abarim, al monte de Nebo, que está en la tierra de Moab, que está en derecho de Jericó; y mira la tierra de Canaán, que yo doy a los hijos de Israel por heredad: Y muere en el monte al cual subes, y sé agregado a tus pueblos, de la manera que murió Aarón tu hermano en el monte de Hor, y fué agregado a sus pueblos: Por cuanto prevaricasteis contra mí en medio de los hijos de Israel a las aguas de la rencilla de Cádes del desierto de Zín; porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel. Por tanto delante verás la tierra, mas no entrarás allá, a la tierra que yo doy a los hijos de Israel. Y ESTA es la bendición con la cual Moisés, varón de Dios, bendijo a los hijos de Israel ántes que muriese; Y dijo: Jehová vino de Sinaí, y de Seir les esclareció: resplandeció desde el monte de Farán, y vino con diez mil santos: a su diestra la ley de fuego para ellos. Aun amó los pueblos, todos sus santos están en tu mano: ellos también se llegaron a tus piés: recibieron de tus dichos. Ley nos mandó Moisés por heredad a la congregación de Jacob. Y fué en el Recto rey, cuando se congregaron las cabezas del pueblo, las tribus de Israel en uno. Viva Rubén, y no muera: y sean sus varones en número. Y esta para Judá; y dijo: Oye oh Jehová, la voz de Judá, y llévale a su pueblo: sus manos le basten, y tú le seas ayuda contra sus enemigos. Y a Leví dijo: Tu Tumim y tu Urim diste a tu buen varón, al cual tentaste en Massa: y lo hiciste reñir a las aguas de la rencilla; El que dijo a su padre y a su madre: Nunca los ví: ni conoció a sus hermanos, ni conoció a sus hijos: por lo cual ellos guardarán tus dichos, y observarán tu concierto. Ellos enseñarán tus juicios a Jacob, y tu ley a Israel: pondrán el perfume a tus narices, y el holocausto sobre tu altar. Bendice oh Jehová lo que hicieren, y en la obra de sus manos toma contentamiento: hiere los lomos de sus enemigos, y de los que le aborrecieren, que nunca se levanten. Y a Benjamín dijo: El amado de Jehová habitará confiado cerca de él: cubrirle ha siempre, y entre sus hombros morará. Y a José dijo: Bendita sea de Jehová su tierra por los regalos de los cielos, por el rocío, y por el abismo que está abajo, Y por los regalos de los frutos del sol, y por los regalos de las influencias de las lunas, Y por la cumbre de los montes antiguos; y por los regalos, de los collados eternos. Y por los regalos de la tierra, y su plenitud: y la gracia del que habitó en la zarza venga sobre la cabeza de José, y sobre la mollera del apartado de sus hermanos. El es hermoso como el primogénito de su buey: y sus cuernos, cuernos de unicornio: con ellos acorneará los pueblos a una, hasta los fines de la tierra: y estos son los diez millares de Efraim: y estos los millares de Manasés. Y a Zabulón dijo: Alégrate Zabulón cuando salieres; e Isacar en tus tiendas. Al monte llamarán pueblos, allí sacrificarán sacrificios de justicia: por lo cual chuparán la abundancia de las mares, y los tesoros escondidos del arena. Y a Gad dijo: Bendito el que hizo ensanchar a Gad: como león habitará, y arrebatará brazo y mollera. El vió para sí lo primero, que allí estaba escondida la parte del legislador, y vino en la delantera del pueblo: la justicia de Jehová hará, y sus juicios con Israel. Y a Dan dijo: Dan, cachorro de leon: saltará desde Basán. Y a Neftalí dijo: Neftalí harto de voluntad, y lleno de bendición de Jehová; el occidente y el mediodía hereda. Y a Aser dijo: Bendito más que los hijos, Aser; será agradable a sus hermanos: y mojará en aceite su pié. Hierro y metal serán tus cerraduras; y como tus dias será tu fortaleza. No hay otro como el Dios del Recto: caballero en el cielo para tu ayuda, y en los cielos con su grandeza. La habitación de Dios es eterna, y debajo de brazos de perpetuidad: él echará de delante de tí al enemigo; y dirá: Destruye. E Israel, la fuente de Jacob, habitará confiado solo en tierra de grano y de vino: también sus cielos destilarán rocío. Bienaventurado tú Israel: ¿Quién como tú, pueblo salvo por Jehová, escudo de tu socorro, y espada de tu excelencia? Y tus enemigos serán humillados, y tú hollarás sobre sus alturas. Y SUBIÓ Moisés de los campos de Moab al monte de Nebo a la cumbre de Fasga, que está enfrente de Jericó; y mostróle Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan, Y a todo Neftalí, y la tierra de Efraim y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta la mar prostrera. Y el mediodía, y la campaña, la vega de Jericó, ciudad de las palmas, hasta Segor. Y díjole Jehová: Esta es la tierra, de que juré a Abraham, Isaac, y Jacob, diciendo: A tu simiente la daré. Hechotela he ver con tus ojos, mas no pasarás allá. Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. Y enterróle en el valle, en tierra de Moab enfrente de Bet-pehor: y ninguno supo su sepulcro hasta hoy. Y era Moisés de edad de ciento y veinte años cuando murió: sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor. Y lloraron los hijos de Israel a Moisés en los campos de Moab treinta dias: y cumpliéronse los dias del lloro del luto de Moisés. Y Josué hijo de Nun fué lleno de espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él: y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés. Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, aquien haya conocido Jehová cara a cara, En todas las señales y los milagros que le envió Jehová a hacer en tierra de Egipto a Faraón, y a todos sus siervos, y a toda su tierra, Y en toda la mano fuerte, y en todo el espanto grande, que hizo Moisés a ojos de todo Israel. Y ACONTECIÓ que después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, Jehová habló a Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés es muerto: levántate pues ahora, y pasa este Jordán tú, y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy, a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como yo lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pié: Desde el desierto, y este Líbano hasta el gran río de Eufrates, toda la tierra de los Jetteos hasta la gran mar del poniente del sol, será vuestro término. Nadie se te pondrá delante en todos los dias de tu vida: como yo fuí con Moisés, seré contigo: No te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate pues, y sé valiente: porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra, de la cual juré a sus padres, que les había de dar. Solamente te esfuerces, y seas muy valiente, para que guardes y hagas conforme a toda la ley, que Moisés mi siervo te mandó: que no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendieres. El libro de aquesta ley nunca se apartará de tu boca: mas de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito. Porque entónces harás prosperar tu camino, y entónces entenderás. Mira que te mando que te esfuerces, y seas valiente: no temas ni desmayes; porque yo Jehová tu Dios soy contigo en donde quiera que fueres. Y Josué mandó a los alcaldes del pueblo, diciendo: Pasád por medio del campo, y mandád al pueblo, diciendo: Apercibíos de comida: porque dentro de tres dias pasaréis el Jordán para que entréis a heredar la tierra, que Jehová vuestro Dios os dá, para que la heredeis. También habló Josué a los Rubenitas, y Gaditas, y a la media tribu de Manasés, diciendo: Acordáos de la palabra que Moisés siervo de Jehová os mandó, diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado reposo, y os ha dado esta tierra. Vuestras mujeres, y vuestros niños, y vuestras bestias quedarán en la tierra que Moisés os ha dado de esta parte del Jordán; y vosotros pasaréis armados todos los valientes de fuerza delante de vuestros hermanos, y ayudarles heis; Hasta tanto que Jehová haya dado reposo a vuestros hermanos, como a vosotros: y que ellos también hereden la tierra, que Jehová vuestro Dios les dá: y después vosotros volveréis a la tierra de vuestra herencia, y heredarla heis; la cual Moisés, siervo de Jehová, os ha dado de esta parte del Jordán hacia donde nace el sol. Entónces ellos respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado: e iremos a donde quiera que nos enviares. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a tí; solamente Jehová tu Dios sea contigo, como fué con Moisés. Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y que no obedeciere a tus palabras en todas las cosas que le mandares, que muera: solamente te esfuerces, y seas valiente. Y JOSUÉ hijo de Nun envió desde Setim dos espías secretamente, diciéndoles: Andád, considerád la tierra, y a Jericó. Los cuales fueron, y entráronse en casa de una mujer ramera que se llamaba Raab, y posaron allí. Y fué dado aviso al rey de Jericó, diciendo: He aquí que hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche a espiar la tierra. Entónces el rey de Jericó envió a Raab, diciendo: Saca fuera los hombres que han venido a tí, y han entrado en tu casa; porque han venido a espiar toda la tierra: Mas la mujer había tomado los dos hombres, y los había escondido; y dijo: Verdad es que hombres vinieron a mí: mas yo no supe de donde eran. Y siendo ya oscuro y cerrándose la puerta, esos hombres se salieron, y no sé donde se fueron: seguídlos a priesa, que alcanzarlos heis. Mas ella los había hecho subir a la techumbre, y los había escondido entre unos tascos de lino que tenía puestos sobre la techumbre. Y los hombres fueron tras ellos por el camino del Jordán hasta los vados: y la puerta fué cerrada después que salieron los que iban tras ellos. Mas ántes que ellos durmiesen, ello subió a ellos sobre la techumbre, y díjoles: Yo sé que Jehová os ha dado esta tierra: porque el temor de vosotros ha caido sobre nosotros: y todos los moradores de la tierra están desmayados por causa de vosotros. Porque hemos oido que Jehová hizo secar las aguas del mar Bermejo delante de vosotros, cuando salisteis de la tierra de Egipto; y lo que habéis hecho a los dos reyes de los Amorreos, que estaban de esa parte del Jordán, Sejón, y Og, a los cuales destruisteis. Oyendo esto ha desmayado nuestro corazon; ni más ha quedado espíritu en alguno por causa de vosotros. Porque Jehová vuestro Dios, es Dios arriba en los cielos, y abajo en la tierra. Ruégoos pues ahora, que me juréis por Jehová, que como yo he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros, con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una cierta señal; Y que daréis la vida a mi padre y a mi madre; y a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que escaparéis nuestras vidas de la muerte. Y ellos le respondieron: Nuestra alma será por vosotros hasta la muerte, si no denunciareis este nuestro negocio: y cuando Jehová nos hubiere dado la tierra, nosotros haremos contigo misericordia y verdad. Entónces ella los hizo descender con una cuerda por la ventana: porque su casa estaba a la pared del muro: y ella vivía en el muro. Y díjoles: Idos al monte: porque los que fueron tras vosotros, no os encuentren: y estád escondidos allá tres dias, hasta que los que os siguen, hayan vuelto: y después os iréis vuestro camino. Y ellos le dijeron: Nosotros seremos desobligados de este tu juramento con que nos has conjurado, en esta manera: Que cuando nosotros entraremos la tierra, tú atarás esta cuerda de grana a la ventana por la cual nos descendiste, y tú juntarás en tu casa tu padre y tu madre, tus hermanos y toda la familia de tu padre. Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza y nosotros seremos sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza si mano le tocare. Mas si tú denunciares este nuestro negocio, nosotros seremos desobligados de este tu juramento con que nos has juramentado. Y ella respondió: Como habéis dicho, así sea. Y así los envió, y se fueron; y ella ató la cuerda de grana a la ventana. Y caminando ellos llegaron al monte y estuviéronse allí tres dias, hasta que los que les seguían, fuesen vueltos: y los que los siguieron, buscaron por todo el camino, mas no los hallaron. Y tornándose los dos varones descendieron del monte, y pasaron, y vinieron a Josué hijo de Nun: y contáronle todas las cosas que les habían acontecido. Y dijeron a Josué: Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos: y también todos los moradores de la tierra están desmayados delante de nosotros. Y MADRUGÓ Josué de mañana, y partieron de Setim, y vinieron hasta el Jordán él y todos los hijos de Israel; y reposaron allí ántes que pasasen. Y pasados tres dias, los alcaldes pasaron por medio del campo; Y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando viereis el arca del concierto de Jehová vuestro Dios, y los sacerdotes y Levitas que la llevan, vosotros partiréis de vuestro lugar, y marcharéis en pos de ella. Empero entre vosotros y ella haya distancia como de la medida de dos mil codos, y no os acercaréis de ella: para que sepáis el camino por donde habéis de ir: por cuanto vosotros no habéis pasado ántes de ahora por este camino. Y Josué dijo al pueblo: Santificáos, porque Jehová hará mañana entre vosotros maravillas. Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomád el arca del concierto, y pasád delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del concierto, y fueron delante del pueblo. Entónces Jehová dijo a Josué: Desde aqueste día comenzaré a hacerte grande delante de los ojos de todo Israel: para que entiendan, que como fuí con Moisés, así seré contigo. Tú pues mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del concierto, diciendo: Cuando hubiereis entrado hasta el cabo del agua del Jordán, pararéis en el Jordán. Y Josué dijo a los hijos de Israel: Llegáos acá, y escuchád las palabras de Jehová vuestro Dios. Y Josué tornó a decir: En esto conoceréis que el Dios viviente está en medio de vosotros; y que él echará de delante de vosotros al Cananeo, y al Jetteo, y al Heveo, y al Ferezeo, y al Gergeseo, y al Amorreo, y al Jebuseo: He aquí, el arca del concierto del Señoreador de toda la tierra pasa el Jordán delante de vosotros. Tomád pues ahora doce hombres de las tribus de Israel, de cada tribu uno; Y cuando las plantas de los piés de los sacerdotes, que llevan el arca de Jehová Señoreador de toda la tierra, fueren asentadas sobre las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se partirán: porque las aguas que descienden de arriba se detendrán en un montón. Y aconteció que partiendo el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán: y los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del concierto, Cuando los que llevaban el arca, entraron en el Jordán, y que los piés de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua, (porque el Jordán suele reverter sobre todos sus bordes todo el tiempo de la segada,) Las aguas que descendían de arriba, se pararon como en un montón bien léjos de la ciudad de Adam, que está al lado de Sartán: y las que descendían a la mar de los llanos a la mar salada, se acabaron y fueron partidas, y el pueblo pasó en derecho de Jericó. Mas los sacerdotes, que llevaban el arca del concierto de Jehová estuvieron en seco en medio del Jordán firmes, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán, y todo Israel pasó en seco. Y CUANDO toda la gente hubo acabado de pasar el Jordán, Jehová habló a Josué, diciendo: Tomád del pueblo doce varones, de cada tribu uno: Y mandádles, diciendo: Tomáos de aquí del medio del Jordán, del lugar donde están los piés de los sacerdotes firmes, doce piedras: las cuales pasaréis con vosotros, y asentarlas heis en el alojamiento donde habéis de tener la noche. Entónces Josué llamó doce varones los cuales él ordenó de entre los hijos de Israel de cada tribu uno: Y díjoles Josué: Pasád delante del arca de Jehová vuestro Dios por medio del Jordán, y cada uno de vosotros tome una piedra sobre su hombro, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel; Para que esto sea señal entre vosotros. Y cuando vuestros hijos preguntaren a sus padres el día de mañana, diciendo: ¿Qué os significan estas piedras? Responderles heis: Que las aguas del Jordán fueron partidas delante del arca del concierto de Jehová cuando ella pasó el Jordán, las aguas del Jordán se partieron: y serán estas piedras por memoria para siempre a los hijos de Israel. Y los hijos de Israel lo hicieron así como Josué les mandó; que levantaron doce piedras del medio del Jordán, como Jehová lo había dicho a Josué, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel; y pasáronlas consigo al alojamiento, y asentáronlas allí. Josué también levantó doce piedras en medio del Jordán; en el lugar donde estuvieron los piés de los sacerdotes, que llevaban el arca del concierto; y han estado allí hasta hoy. Y los sacerdotes, que llevaban el arca, se pararon en medio del Jordán, hasta tanto que se acabó todo lo que Jehová había mandado a Josué que hablase al pueblo conforme a todas las cosas que Moisés había mandado a Josué: mas el pueblo se dió priesa y pasó. Y cuando todo el pueblo acabó de pasar, pasó también el arca de Jehová, y los sacerdotes en presencia del pueblo. También pasaron los hijos de Rubén, y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés armados delante de los hijos de Israel, como les había dicho Moisés: Como cuarenta mil hombres armados a punto pasaron hacia la campaña de Jericó delante de Jehová, a la guerra. En aquel día Jehová engrandeció a Josué en ojos de todo Israel: y temiéronle, como habían temido a Moisés todos los dias de su vida. Y Jehová habló a Josué, diciendo: Manda a los sacerdotes, que llevan el arca del testimonio, que suban del Jordán. Y Josué mandó a los sacerdotes, diciendo: Subíd del Jordán. Y aconteció que como los sacerdotes, que llevaban el arca del concierto de Jehová, subieron del medio del Jordán, y que las plantas de los piés de los sacerdotes estuvieron en seco, las aguas del Jordán se volvieron a su lugar, corriendo como ántes sobre todos sus bordes. Y subió el pueblo del Jordán a los diez dias del mes primero; y asentaron el campo en Galgal al lado oriental de Jericó. Y Josué levantó en Galgal las doce piedras, que habían traido del Jordán: Y habló a los hijos de Israel, diciendo: Cuando el día de mañana preguntaren vuestros hijos a sus padres, y dijeren: ¿Qué os significan estas piedras? Declararéis a vuestros hijos, diciendo: Israel pasó en seco por este Jordán. Porque Jehová vuestro Dios secó las aguas del Jordán delante de vosotros hasta que pasaseis, de la manera que Jehová vuestro Dios lo había hecho en el mar Bermejo, al cual secó delante de nosotros, hasta que pasamos. Para que todos los pueblos de la tierra conozcan la mano de Jehová, que es fuerte: para que temáis a Jehová vuestro Dios todos los dias. Y CUANDO todos los reyes de los Amorreos, que estaban de la otra parte del Jordán, al occidente: y todos los reyes de los Cananeos, que estaban cerca de la mar, oyeron como Jehová había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado, su corazón se les derritió, y no hubo más espíritu en ellos delante de los hijos de Israel. En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Házte cuchillos agudos, y vuelve, circuncida la segunda vez a los hijos de Israel. Y Josué se hizo cuchillos agudos, y circuncidó los hijos de Israel en el monte de los prepucios. Esta es la causa por la cual Josué circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, es a saber, los varones: todos los hombres de guerra, eran muertos ya en el desierto en el camino, después que salieron de Egipto. Porque todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados: mas todo el pueblo, que había nacido en el desierto en el camino, después que salieron de Egipto, no estaban circuncidados. Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que toda la gente de los hombres de guerra, que habían salido de Egipto, fué consumida, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová: por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra, de la cual Jehová había jurado a sus padres, que nos la daría, tierra que corre leche y miel. Mas los hijos de ellos, que él había hecho suceder en su lugar, Josué los circuncidó: los cuales aun eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados por el camino. Y cuando hubieron acabado de circuncidar toda la gente, quedáronse en el mismo lugar en el campo, hasta que sanaron. Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto: por lo cual el nombre de aquel lugar fué llamado Galgala, hasta hoy. Y los hijos de Israel asentaron el campo en Galgala. Y celebraron la páscua a los catorce dias del mes a la tarde, en los llanos de Jericó. Y al otro día de la páscua comieron del fruto de la tierra los panes sin levadura, y espigas nuevas tostadas, el mismo día. Y el man cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron man, mas comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año. Y estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos, y vió un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desnuda en su mano. Y Josué yéndose hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Y él respondió: No; mas yo soy el príncipe del ejército de Jehová: ahora he venido. Entónces Josué postrándose sobre su rostro en tierra adoró: y díjole: ¿Qué dice mi señor a su siervo? Y el príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita tus zapatos de tus piés; porque el lugar donde estás es santo, y Josué lo hizo así. JERICÓ empero estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba, ni salía. Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó, y a su rey con sus varones de guerra. Cercaréis pues la ciudad todos los hombres de guerra yendo al derredor de la ciudad una vez al día: y esto haréis seis dias. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca: y al séptimo día dareis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando tocaren luengamente el cuerno de carnero, como oyereis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá debajo de sí: entónces el pueblo subirá cada uno en derecho de sí. Y llamando Josué hijo de Nun los sacerdotes, díjoles: Llevád el arca del concierto: y siete sacerdotes lleven siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca de Jehová. Y dijo al pueblo: Pasád, y cercád la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Jehová. Y luego que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas: y el arca del concierto de Jehová los seguía. Y los armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la congregación iba de tras del arca andando y tocando bocinas. Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no daréis grita, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga; Gritád: entónces daréis grita. El arca pues de Jehová dió una vuelta al derredor de la ciudad, y viniéronse al real, en el cual tuvieron la noche. Y Josué se levantó de mañana; y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová: Y los otros siete sacerdotes llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas: y los armados iban delante de ellos, y la congregación iba detrás del arca de Jehová: andando y tocando las bocinas. Así dieron otra vuelta a la ciudad el segunda día, y volviéronse al real: de esta manera hicieron por seis dias. Y al séptimo día, levantáronse cuando el alba subía, y dieron vuelta a la ciudad de esta manera siete veces: este día solamente dieron vuelta al rededor de ella siete veces. Y como los sacerdotes hubieron tocado las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Dad grita; porque Jehová os ha entregado la ciudad. Mas la ciudad será anatema a Jehová, ella con todas las cosas que están en ella: solamente Raab la ramera con todos los que estuvieren en casa con ella, vivirá, por cuanto escondió los mensajeros que enviamos. Mas vosotros guardáos del anatema, que ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, porque no hagáis anatema el campo de Israel, y lo turbéis. Mas toda la plata, y el oro, y vasos de metal y de hierro sea consagrado a Jehová, y venga al tesoro de Jehová. Entónces el pueblo dió grita, y tocaron bocinas: y aconteció que como el pueblo hubo oido el sonido de la bocina, el pueblo dió grita con muy gran vocerío, y el muro cayó debajo de sí: y el pueblo subió a la ciudad cada uno delante de sí: y tomáronla. Y destruyeron todo lo que había en la ciudad, hombres y mujeres, mozos y viejos, hasta los bueyes, y ovejas, y asnos, a filo de espada. Mas Josué dijo a los dos varones, que habían reconocido la tierra: Entrád en la casa de la mujer ramera, y hacéd salir de allá a la mujer, y a todo lo que fuere suyo, como le jurasteis. Y los mancebos espías entraron, y sacaron a Raab, y a su padre, y su madre, y sus hermanos, y todo lo que era suyo: y también sacaron a toda su parentela: y pusiéronlos fuera del campo de Israel. Y quemaron a fuego la ciudad, y todo lo que estaba en ella; solamente pusieron en el tesoro de la casa de Jehová la plata, y el oro, y los vasos de metal y de hierro. Mas Josué dió la vida a Raab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía: la cual habitó entre los Israelitas hasta hoy; por cuanto escondió los mensajeros, que Josué envió a reconocer a Jericó. Y en aquel tiempo Josué juró, diciendo: Maldito sea delante de Jehová el hombre, que se levantare, y reedificare esta ciudad de Jericó. En su primogénito eche sus cimientos: y en su menor de dias asiente sus puertas. Fué pues Jehová con Josué: y su nombre fué divulgado por toda la tierra. EMPERO los hijos de Israel cometieron prevaricación en el anatema. Porque Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zaré, de la tribu de Judá, tomó del anatema: y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel. Y Josué envió hombres desde Jericó en Hai, que era junto a Bet-aven hacia el oriente de Betel: y hablóles, diciendo: Subíd, y reconocéd la tierra. Y ellos subieron, y reconocieron a Hai. Y volviendo a Josué, dijéronle: No suba todo el pueblo, mas suban como dos mil, o como tres mil hombres: y tomarán a Hai. No fatigues a todo el pueblo allí, porque pocos son. Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai. Y los de Hai hirieron de ellos como treinta y seis hombres, y siguiéronlos desde la puerta hasta Sabarim, y matáronlos en una descendida: de lo cual el corazón del pueblo se derritió, como agua. Entónces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta la tarde; él, y los ancianos de Israel, echando polvo sobre sus cabezas. Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los Amorreos, que nos destruyan. ¡Oh, si nos hubiésemos quedado de la otra parte del Jordán! ¡Ay, Señor! ¿que diré; Pues que Israel ha vuelto las espaldas delante de sus enemigos? Porque los Cananeos, y todos los moradores de la tierra, oirán esto, y nos cercarán y raerán, nuestro nombre de sobre la tierra, entónces ¿qué harás tú a tu grande nombre? Y Jehová dijo a Josué: Levántate: ¿Por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi concierto, que yo les había mandado. Y aun han tomado del anatema, y aun han hurtado, y aun han mentido, y aun lo han guardado en sus vasos. Por esto los hijos de Israel no podrán estar delante de sus enemigos, mas delante de sus enemigos volverán las espaldas, por cuanto han sido en el anatema. Yo no seré más con vosotros, sino destruyereis el anatema de en medio de vosotros. Levántate, santifica el pueblo, y dí: Santificáos, para mañana, porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de tí Israel, no podrás estar delante de tus enemigos, hasta tanto que hayais quitado el anatema de en medio de vosotros. Allegaros heis pues mañana por vuestras tribus, y la tribu que Jehová tomare, se allegará por sus familias, y la familia que Jehová tomare, se allegará por sus casas, y la casa que Jehová tomare, se allegará por los varones. Y el que fuere tomado en el anatema será quemado a fuego, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el concierto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel. Josué pues levantándose de mañana hizo allegar a Israel por sus tribus, y fué tomada la tribu de Judá. Y haciendo allegar la tribu de Judá, fué tomada la familia de los de Zari. Y haciendo allegar la familia de los de Zari por los varones, fué tomado Zabdi. E hizo allegar su casa por los varones, y fué tomado Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zaré, de la tribu de Judá. Entónces Josué dijo a Acán: Hijo mío, da ahora gloria a Jehová el Dios de Israel, y dále alabanza; y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras. Y Acán respondió a Josué, diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y he hecho así, y así: Que ví entre los despojos un manto Babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y una barra de oro de peso de cincuenta siclos; lo cual codicié, y tomé: y he aquí que está escondido debajo de tierra en el medio de mi tienda: y el dinero está debajo de ello. Josué entónces envió mensajeros, los cuales fueron corriendo a la tienda, y he aquí que todo estaba escondido en su tienda; y el dinero debajo de ello. Y tomándolo de en medio de la tienda, trajéronlo a Josué: y a todos los hijos de Israel; y pusiéronlo delante de Jehová. Entónces Josué tomó a Acán hijo de Zaré, y el dinero, y el manto y la barra de oro, y sus hijos y sus hijas, y sus bueyes y sus asnos, y sus ovejas, y su tienda, y todo cuanto tenía, y todo Israel con él, y lleváronlo todo al valle de Acor: Y dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los Israelitas le apedrearon, y los quemaron a fuego, y los apedrearon con piedras. Y levantaron sobre él un gran montón de piedras hasta hoy. Y Jehová se tornó de la ira de su furor. Y por esto fué llamado aquel lugar, el valle de Acor, hasta hoy. Y JEHOVÁ dijo a Josué: No temas, ni desmayes: toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, y a su pueblo, a su ciudad y a su tierra. Y harás a Hai, y a su rey como hiciste a Jericó, y a su rey: sino que sus despojos y sus bestias saquearéis para vosotros. Pondrás pues emboscadas a la ciudad de tras de ella. Y Josué se levantó, y toda la gente de guerra para subir contra Hai: y escogió Josué treinta mil hombres fuertes, a los cuales envió de noche. Y mandóles, diciendo: Mirád, pondréis emboscada a la ciudad detrás de ella: no os alejaréis mucho de la ciudad, y estaréis todos apercibidos. Y yo y todo el pueblo que está conmigo nos acercarémos a la ciudad: y cuando ellos saldrán contra nosotros, como hicieron ántes, huiremos delante de ellos. Y ellos saldrán tras nosotros hasta que les arranquemos de la ciudad. Porque ellos dirán: Huyen de nosotros como la primera vez: porque nosotros huiremos delante de ellos. Entónces vosotros os levantaréis de la emboscada, y tomaréis la ciudad: y Jehová vuestro Dios os la entregará en vuestras manos. Y cuando la hubiereis tomado, meterla heis a fuego. Haréis conforme a la palabra de Jehová. Mirád, que yo os lo he mandado. Entónces Josué les envió: y ellos se fueron a la emboscada, y pusiéronse entre Betel, y Hai, al occidente de Hai: y Josué se quedó aquella noche en medio del pueblo. Y levantándose Josué muy de mañana, contó el pueblo, y subió él y los ancianos de Israel delante del pueblo contra Hai. Asimismo toda la gente de guerra, que estaba con él, subieron, y llegaron, y vinieron delante de la ciudad: y asentaron el campo a la parte del norte de Hai: y el valle estaba entre él y Hai. Y tomó como cinco mil hombres, y púsolos en emboscada entre Betel y Hai, a la parte occidental de la ciudad. Y el pueblo, es a saber, todo el campo que estaba a la parte del norte, se acercó de la ciudad: y su emboscada al occidente de la ciudad. Y Josué vino aquella noche al medio del valle. Lo cual como vió el rey de Hai, levantóse prestamente de mañana, y salió con la gente de la ciudad contra Israel para pelear, él y todo su pueblo al tiempo señalado, por el llano, no sabiendo que le estaba puesta emboscada a las espaldas de la ciudad. Entónces Josué y todo Israel, como vencidos, huyeron delante de ellos por el camino del desierto. Y todo el puebló que estaba en Hai se juntó para seguirlos: y siguieron a Josué: y arrancáronse de la ciudad: Y no quedó hombre en Hai, y Betel, que no saliese tras Israel: y dejaron abierta la ciudad por seguir a Israel. Entónces Jehová dijo a Josué: Levanta la lanza que tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano. Y Josué levantó la lanza que tenía en su mano, hacia la ciudad. Y levantándose prestamente de su lugar los que estaban en la emboscada corrieron, como él alzó su mano, y vinieron a la ciudad y tomáronla: y a priesa la pusieron fuego. Y como los de la ciudad miraron atrás, vieron, y, he aquí, el humo de la ciudad, que subía al cielo: y no tuvieron poder para huir a una parte ni a otra: y el pueblo que iba huyendo hacia el desierto, se tornó contra los que le seguían. Entónces Josué y todo Israel viendo que los de la emboscada habían tomado la ciudad; y que el humo de la ciudad subía, tornaron, e hirieron a los de Hai. Y los otros salieron de la ciudad a su encuentro: y así fueron encerrados en medio de Isael; los unos de la una parte y los otros de la otra. Y así los hirieron hasta que no quedó ninguno de ellos que escapase. Y tomaron vivo al rey de Hai, y trajéronle a Josué. Y cuando los Israelitas acabaron de matar todos los moradores de Hai en el campo, en el desierto, donde ellos les habían perseguido, y que todos habían caido a filo de espada hasta ser consumidos, todos los Israelitas se tornaron a Hai, y también la pusieron a cuchillo. Y el número de los que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fué doce mil, todos eran de Hai. Y Josué nunca retrajo su mano que había extendido con la lanza, hasta que hubo destruido todos los moradores de Hai. Empero los Israelitas saquearon para sí las bestias, y los despojos de la ciudad, conforme a la palabra de Jehová, que él había mandado a Josué. Y Josué quemó a Hai, y la tornó en un montón perpetuo asolada hasta hoy. Mas al rey de Hai le colgó de un madero hasta la tarde : y como el sol se puso, Josué mandó que quitasen del madero su cuerpo, y le echasen a la puerta de la ciudad, y levantaron sobre él un gran montón de piedras hasta hoy. Entónces Josué edificó altar a Jehová Dios de Israel en el monte de Hebal: Como lo había mandado Moisés siervo de Jehová a los hijos de Israel, como está escrito en el libro de la ley de Moisés: un altar de piedras enteras, sobre las cuales nadie alzó hierro. Y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, y sacrificaron sacrificios pacíficos. También escribió allí en piedras la repetición de la ley de Moisés, la cual él había escrito delante de los hijos de Israel. Y todo Israel, y sus ancianos, alcaldes y jueces estaban de la una parte y de la otra junto al arca delante de los sacerdotes Levitas; que llevan el arca del concierto de Jehová; así los extranjeros como los naturales; la mitad de ellos estaba hacia el monte de Garizim, y la otra mitad hacia el monte de Hebal, de la manera que Moisés siervo de Jehová lo había mandado ántes: que primeramente bendijesen al pueblo de Israel. Después de esto leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones, y las maldiciones, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la ley. No hubo palabra alguna de todas las cosas que mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, mujeres y niños, y extranjeros que andaban entre ellos. Y ACONTECIÓ que como oye- ron estas cosas todos los reyes que estaban de esta parte del Jordán, así en las montañas como en los llanos, y en toda la costa de la gran mar delante del Líbano, los Jetteos, Amorreos, Cananeos, Ferezeos, Heveos, y Jebuseos, Juntáronse a una de un acuerdo para pelear contra Josué e Israel. Mas los moradores de Gabaón, como oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai; Ellos usaron también de astucia; y fueron, y fingiéronse embajadores, y tomaron sacos viejos sobre sus asnos, y cueros viejos de vino rotos y remendados; Y zapatos viejos y remendados en sus piés, y vestidos viejos sobre sí: y todo el pan que traían para el camino, seco y mohoso. Y vinieron a Josué al campo en Galgala, y dijéronle a él y a los de Israel: Nosotros venimos de tierra muy lejana, hacéd pues ahora con nosotros alianza. Y los de Israel respondieron a los Heveos: Quizá vosotros habitáis en medio de nosotros: ¿cómo pues podremos nosotros hacer alianza con vosotros? Y ellos respondieron a Josué: Nosotros somos tus siervos. Y Josué les dijo: ¿Quién sois vosotros; y de donde venís? Y ellos respondieron: Tus siervos han venido de muy lejanas tierras por la fama de Jehová tu Dios, porque hemos oido su fama, y todas las cosas que hizo en Egipto: Y todas las cosas que hizo a los dos reyes de los Amorreos, que estaban de la otra parte del Jordán: a Sejón rey de Jesebón, y a Og rey de Basán, que estaban en Astarot. Por lo cual nuestros ancianos y todos los moradores de nuestra tierra nos dijeron: Tomád en vuestras manos provisión para el camino, e id delante de ellos, y decídles: Nosotros somos vuestros siervos, y hacéd ahora con nosotros alianza: Este nuestro pan tomámos caliente de nuestras casas para el camino el día que salimos para venir a vosotros; y hélo aquí, ahora que está seco y mohoso: Estos cueros de vino también los henchimos nuevos; hélos aquí: ya rotos: también estos nuestros vestidos y nuestros zapatos están ya viejos a causa de la grande longura del camino. Y los hombres de Israel tomaron de su provisión del camino, y no preguntaron a la boca de Jehová. E hizo Josué paz con ellos, y trató con ellos alianza que les daría la vida. Y los príncipes del pueblo les juraron. Pasados tres dias después que hicieron con ellos el concierto, oyeron como eran sus vecinos, y que habitaban en medio de ellos. Y partiéronse los hijos de Israel, y al tercero día llegaron a sus ciudades: y sus ciudades eran Gabaón, Cafira, Berot, y Cariatjarim. Y no los hirieron los hijos de Israel, por cuanto los príncipes del pueblo les habían jurado por Jehová el Dios de Israel: y toda la congregación murmuraba contra los príncipes. Mas todos los príncipes respondieron a toda la congregación: Nosotros les hemos jurado por Jehová Dios de Israel: por tanto ahora no les podemos tocar. Empero esto haremos con ellos: dejarlos hemos vivir, porque no venga ira sobre nosotros a causa del juramento que les hemos hecho. Y los príncipes les dijeron: Vivan; mas sean leñadores y aguadores para toda la congregación, como los príncipes les han dicho. Y llamándoles Josué les habló, diciendo: ¿Por qué nos habéis engañado, diciendo: Muy léjos habitamos de vosotros, morando en medio de nosotros? Vosotros pues ahora seréis malditos, y no faltará de vosotros siervo, y quien corte la leña, y saque el agua para la casa de mi Dios. Y ellos respondieron a Josué, y dijeron: Como fué dado a entender a tus siervos, que Jehová tu Dios había mandado a Moisés su siervo, que os había de dar toda la tierra, y que había de destruir todos los moradores de la tierra delante de vosotros; por esto temimos en grande manera de vosotros por nuestras vidas, e hicimos esto. Ahora, pues, hénos aquí en tu mano, lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, eso haz. Y él lo hizo así, que los libró de la mano de los hijos de Israel, que no los matasen. Y Josué los constituyó aquel día por leñadores y aguadores para la congregación, y para el altar de Jehová en el lugar que él escogiese, hasta hoy. Y COMO Adoni-sedec rey de Jerusalem oyó que Josué había tomado a Hai, y que la había asolado, (porque como había hecho a Jericó y a su rey, así hizo a Hai y a su rey;) y que los moradores de Gabaón habían hecho paz con los Israelitas, y que estaban entre ellos; Hubieron muy gran temor, porque Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, y mayor que Hai, y todos sus varones fuertes. Envió pues Adoni-sedec rey de Jerusalem a Oham rey de Hebrón, y a Farán rey de Jerimot, y a Jafia rey de Laquis, y a Dabir rey de Eglón, diciendo: Subíd a mí, y ayudádme, y combatamos a Gabaon: porque ha hecho paz con Josué y con los hijos de Israel. Y juntáronse, y subieron, cinco reyes de los Amorreos: el rey de Jerusalem, el rey de Hebrón, el rey de Jerimot, el rey de Laquis, el rey de Eglón, ellos con todos sus ejércitos, y asentaron campo sobre Gabaón, y pelearon contra ella. Y los moradores de Gabaón enviaron a Josué al campo en Galgala, diciendo: No encojas tus manos de tus siervos: sube prestamente a nosotros, para guardarnos y ayudarnos: porque todos los reyes de los Amorreos, que habitan en las montañas, se han juntado contra nosotros. Y subió Josué de Galgala, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los valientes hombres. Y Jehová dijo a Josué: No hayas temor de ellos: porque yo los he entregado en tu mano; y ninguno de ellos parará delante de tí. Y Josué vino a ellos de repente, porque toda la noche subió desde Galgala. Y Jehová los turbó delante de Israel, e hirióles de gran mortandad en Gabaón, y siguiólos por el camino que sube a Bet-orón, e hiriólos hasta Azeca y Maceda. Y como iban huyendo de los Israelitas, a la descendida de Bet-orón Jehová echó sobre ellos del cielo grandes piedras hasta Azeca, y murieron: muchos más murieron de las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel habían muerto a cuchillo. Entónces Josué habló a Jehová, el día que Jehová entregó al Amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los Israelitas: Sol, detente en Gabaon; y luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo, y la luna se paró, hasta tanto que la gente se vengó de sus enemigos. Esto ¿no está escrito en el libro de la rectitud? Y el sol se paró en medio del cielo: y no se apresuró a ponerse casi un día entero. Y nunca fué tal día ántes ni después de aquel, obedeciendo Jehová a la voz de un hombre: porque Jehová peleaba por Israel. Y Josué, y todo Israel con él, tornóse al campo en Galgala. Y los cinco reyes huyeron, y se escondieron en una cueva en Maceda. Y fué dicho a Josué, que los cinco reyes habían sido hallados en una cueva en Maceda: Y Josué dijo: Rodád grandes piedras a la boca de la cueva, y ponéd hombres junto a ella que los guarden: Y vosotros no os paréis, sino seguíd a vuestros enemigos: y herídles los postreros: y no los dejéis entrar en sus ciudades: porque Jehová vuestro Dios les ha entregado en vuestra mano. Y aconteció que como Josué y los hijos de Israel hubieron acabado de matarlos de mortandad muy grande hasta acabarlos, los que quedaron de ellos se metieron en las ciudades fuertes. Y todo el pueblo se volvió salvo al campo a Josué en Maceda, que no hubo quien moviese su lengua contra los hijos de Israel. Entónces dijo Josué: Abríd la boca de la cueva, y sacádme de ella a estos cinco reyes. E hiciéronlo así, y sacáronle de la cueva aquellos cinco reyes, al rey de Jerusalem, al rey de Hebrón, al rey de Jerimot, al rey de Laquis, al rey de Eglón. Y cuando hubieron sacado estos reyes a Josué; Josué llamó a todos los varones de Israel, y dijo a los principales de la gente de guerra que habían venido con él: Llegád, y ponéd vuestros piés sobre los pescuezos de aquestos reyes: y ellos se llegaron, y pusieron sus piés sobre los pescuezos de ellos. Y Josué les dijo: No temáis; ni hayais miedo: sed fuertes y valientes; porque así hará Jehová a todos vuestros enemigos contra los cuales peleais. Y después de esto Josué los hirió; y los mató; y los hizo colgar en cinco maderos; y quedaron colgados en los maderos hasta la tarde. Y cuando el sol se iba a poner, mandó Josué que los quitasen de los maderos, y los echasen en la cueva donde se habían escondido; y pusieron grandes piedras a la boca de la cueva, hasta hoy. En aquel mismo día tomó Josué a Maceda y la puso a cuchillo, y mató a su rey, a ellos y a todo lo que en ella tenía vida sin quedar nada; mas al rey de Maceda hizo como había hecho al rey de Jericó. Y de Maceda, pasó Josué y todo Israel con él a Lebna; y peleó contra Lebna. Y Jehová la entregó también a ella y a su rey en mano de Israel: y metióla a filo de espada con todo lo que en ella había vivo, sin quedar nada: mas a su rey hizo de la manera que había hecho al rey de Jericó. Y pasó de Lebna Josué y todo Israel con él a Laquis; y puso campo contra ella, y combatióla. Y Jehová entregó a Laquis en mano de Israel, y tomóla el día siguiente, y metióla a cuchillo con todo lo que en ella había vivo, como había hecho en Lebna. Entónces Horam rey de Gazer subió en ayuda de Laquis, al cual, y a su pueblo hirió Josué, que ninguno de ellos quedó. De Laquis pasó Josué, y todo Israel con él, a Eglón, y pusieron campo contra ella, y combatiéronla: Y tomáronla el mismo día, y metiéronla a cuchillo: y el mismo día mató todo lo que en ella había vivo, como había hecho en Laquis. Y subieron Josué, y todo Israel con él de Eglón a Hebrón, y combatiéronla: Y tomándola la metieron a cuchillo, a su rey, y a todas sus ciudades, con todo lo que en ella había vivo, sin quedar nada, como habían hecho a Eglon: y destruyéronla con todo lo que en ella hubo vivo. Y tornando Josué y todo Israel con él sobre Dabir, combatióla: Y tomóla, y a su rey, y a todas sus villas, y metiéronlos a cuchillo, y destruyeron todo lo que en ella hubo vivo sin quedar nada: como había hecho a Hebrón, así hizo a Dabir y a su rey: y como había hecho a Lebna y a su rey. E hirió Josué a toda la región de las montañas, y del mediodía, y de los llanos, y de las cuestas con todos sus reyes sin quedar nada: todo lo que tenía vida mató, de la manera que Jehová Dios de Israel lo había mandado. E hirióles Josué desde Cadesbarne hasta Gaza, y toda la tierra de Gosen hasta Gabaón. Todos estos reyes y sus tierras tomó Josué de una vez; porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel. Y tornóse Josué y todo Israel con él al campo en Galgala. OYENDO esto Jabín rey de Asor, envió a Jobab rey de Madón, y al rey de Semrón, y al rey de Ascaf; Y a los reyes que estaban a la parte del norte en las montañas y en el llano al mediodía de Cenerot: y en los llanos, y en las regiones de Dor al occidente; Y al Cananeo que estaba al oriente y al occidente: y al Amorreo, y al Jetteo, y al Ferezeo, y al Jebuseo en las montañas: y al Heveo que estaba debajo de Hermón en tierra de Maspa. Estos salieron, y con ellos todos sus ejércitos, un pueblo mucho en gran manera, como la arena que está a la orilla de la mar, caballos y carros, muchos en gran manera. Todos estos reyes se juntaron, y viniendo juntaron los campos junto a las aguas de Merom, para pelear contra Israel. Mas Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos, que mañana a esta hora yo entregaré a todos estos muertos delante de Israel: a sus caballos desjarretarás, y sus carros quemarás a fuego. Y vino Josué, y con él todo el pueblo de guerra, contra ellos, y dió de repente sobre ellos juntos a las aguas de Merom. Y entrególos Jehová en mano de Israel, los cuales los hirieron, y siguieron hasta Sidón la grande, y hasta las aguas calientes, y hasta el llano de Maspa, al oriente, hiréndolos hasta que no les dejaron ninguno. Y Josué hizo con ellos como Jehová le había mandado; desjarretó sus caballos, y sus carros quemó a fuego. Y tornándose Josué tomó en el mismo tiempo a Asor: e hirió a cuchillo a su rey. La cual Asor había sido ántes cabeza de todos estos reinos. E hirieron a cuchillo todo cuanto en ella había vivo, destruyendo y no dejando cosa a vida. Y a Asor pusieron a fuego. Asimismo a todas las ciudades de aquestos reyes, y a todos los reyes de ellas tomó Josué, y les pasó a cuchillo, y los destruyó, como lo había mandado Moisés siervo de Jehová. Empero todas las ciudades que estaban en sus cabezos, no las quemó Israel, sacando a sola Asor, la cual quemó Josué. Y los hijos de Israel saquearon para sí todos los despojos y bestias de aquestas ciudades; empero a todos los hombres metieron a cuchillo hasta destruirlos, sin dejar cosa a vida. De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y Josué lo hizo así, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés. Y tomó Josué toda esta tierra, las montañas, y toda la región del mediodía: y toda la tierra de Gosén, y los bajos y los llanos, y la montaña de Israel y sus valles; Desde el monte de Hallak, que sube hasta Seir, hasta Baalgad en la llanura del Líbano a las raices del monte de Hermon: tomó asimismo todos sus reyes, a los cuales hirió, y mató. Por muchos dias tuvo guerra Josué con estos reyes. No hubo ciudad que hiciese paz con los hijos de Israel, sacados los Heveos, que moraban en Gabaon: todo lo tomaron por gúerra. Porque esto vino de Jehová, que endurecia el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para destruirlos y que no les fuese hecha misericordia, ántes fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado a Moisés. También en el mismo tiempo vino Josué, y destruyó los Enaceos de los montes, de Hebrón, de Dabir, y de Anab, y de todos los montes de Judá, y de todos los montes de Israel: Josué los destruyó a ellos y a sus ciudades. Ninguno de los Enaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel: solamente quedaron en Gaza, en Get, y en Azot. Tomó pues Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés. Y Josué la entregó a los Israelitas por herencia conforme a sus repartimientos de sus tribus. Y la tierra reposó de guerra. ESTOS son los reyes de la tierra que los hijos de Israel hirieron, y poseyeron su tierra de la otra parte del Jordán al nacimiento del sol, desde el arroyo de Arnón, hasta el monte de Hermón, y toda la llanura oriental: Sejón rey de los Amorreos, que habitaba en Jesebon; y señoreaba desde Aroer, que está a la ribera del arroyo de Arnon, y desde el medio del arroyo, y la mitad de Galaad hasta Jaboc que es un arroyo, el cual es el término de los hijos de Ammon: Y desde la campaña hasta la mar de Cenerot al oriente: y hasta la mar de la campaña, la mar salada al oriente, por el camino de Bet-jesimot: y desde el mediodía debajo de las vertientes de Fasga. Y los términos de Og, rey de Basán, que había quedado de los Rafeos: que habitaban en Astarot y en Edrai: Y señoreaba en el monte de Hermón, y en Saleca: y en toda Basán hasta los términos de Gessuri y de Macati, y la mitad de Galaad, que era término de Sejón rey de Jesebón. Estos hirieron Moisés siervo de Jehová, y los hijos de Israel: y Moisés siervo de Jehová dió aquella tierra en posesión a los Rebenitas, Gaditas, y a la media tribu de Manasés. Empero estos son los reyes de la tierra que hirió Josué y los hijos de Israel de esta parte del Jordán al occidente, desde Baalgad, que está en el llano del Líbano, hasta el monte de Halac, que sube a Seir, la cual tierra Josué dió en posesión a las tribus de Israel conforme a sus repartimientos: En montes, y en valles, en llanos y en vertientes, al desierto y al mediodía: el Jetteo, y el Amorreo, y el Cananeo, y el Ferezeo, y el Heveo, y el Jebuseo. El rey de Jericó, uno: el rey de Hai, que está al lado de Betel, otro: El rey de Jerusalem, otro: el rey de Hebrón, otro: El rey de Jerimot, otro: el rey de Laquis, otro: El rey de Eglón, otro: el rey de Gazer, otro: El rey de Dabir, otro: el rey de Gader, otro: El rey de Herma, otro: el rey de Hered, otro: El rey de Lebna, otro: el rey de Adullam, otro: El rey de Maceda, otro: el rey de Betel, otro: El rey de Tappua, otro: el rey de Ofer, otro: El rey de Afec, otro: el rey de Sarán, otro: El rey de Madán, otro: el rey de Asor, otro: El rey de Semeron-meroón, otro: el rey de Ascaf, otro: El rey de Tenac, otro: el rey de Mageddo, otro: El rey de Cedes, otro: el rey de Jacanán de Carmel, otro: El rey de Dor, de la provincia de Dor, otro: el rey de las gentes en Galgal, otro: El rey de Tersa, otro: treinta y un rey en todos. Y SIENDO Josué, ya viejo, entrado en dias, Jehová le dijo: Tú eres ya viejo, has venido en dias, y queda aun muy mucha tierra por poseer. La tierra que queda, es esta: todos los términos de los Filisteos y toda Gessuri, Desde el Nilo que está delante de Egipto hasta el término de Accarón al norte, la cual es contada entre los Cananeos: cinco provincias son de los Filisteos: Gazeos, Azotios, Ascalonitas, Geteos, y Accaronitas, y los Heveos; Al mediodía, toda la tierra de los Cananeos: y Mehara, que es de los de Sidón, hasta Afecca, hasta el término del Amorreo. Y la tierra de los Gibleos, y todo el Líbano hacia donde sale el sol, desde Baalgad a las raices del monte de Hermón, hasta entrar en Emat. Todos los que habitan en las montañas desde el Líbano hasta las aguas calientes, todos los Sidonios, yo los desarraigaré delante de los hijos de Israel: solamente la partirás por suertes a los Israelitas por heredad, como yo te he mandado. Parte pues ahora tú esta tierra en heredad a las nueve tribus, y a la media tribu de Manasés. Porque la otra media recibió su heredad con los Rubenitas y Gaditas: la cual les dió Moisés de la otra parte del Jordán al oriente, como se la dió Moisés siervo de Jehová; Desde Aroer, que está a la orilla del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en medio del arroyo, y toda la campaña de Medaba hasta Dibón. Y todas las ciudades de Sejón rey de los Amorreos, el cual reinó en Jesebón, hasta los términos de los hijos de Ammón. Y Galaad, y los términos de Gessuri y de Maacati, y todo el monte de Hermón, y toda la tierra de Basán hasta Saleca. Todo el reino de Og en Basán, el cual reinó en Astarot y Edrai: el cual había quedado de la resta de los Rafeos, y Moisés los hirió, y echó de la tierra. Mas a los de Gessuri y de Maacati no echaron los hijos de Israel, ántes Gessur y Macat habitaron entre los Israelitas hasta hoy. Empero a la tribu de Leví no dió heredad: los sacrificios de Jehová Dios de Israel es su heredad, como él les había dicho. Mas Moisés dió a la tribu de los hijos de Ruben conforme a sus familias: Y fué el término de ellos desde Aroer, que está a la orilla del arroyo de Arnón, y la ciudad, que está en medio del arroyo, y toda la campaña hasta Medaba. Jesebón con todas sus villas, que están en la campaña, Dibón, y Bamot-baal, y Bet-baal-meón, Y Jaza, y Kedemot, y Mefaat, Y Cariataim, y Sabama, y Seratasar en el monte de Emec, Y Bet-pehor, y Asedot-Fasga, y Bet-jesimot, Y todas las ciudades de la campaña, y todo el reino de Sejón rey de los Amorreos, que reinó en Jesebón, al cual hirió Moisés, y a los príncipes de Madián, Hevi, Recem, y Sur, y Jur, y Rebe príncipes de Sejón, que habitaban en aquella tierra. También mataron a cuchillo los hijos de Israel a Balaam adivino, hijo de Beor, con los demás que mataron. Y fueron los términos de los hijos de Ruben el Jordán con su término. Esta fué la herencia de los hijos de Ruben conforme a sus familias, ciudades con sus villas. Y dió Moisés a la tribu de Gad, a los hijos de Gad, conforme a sus familias. Y el término de ellos fué Jazer, y todas las ciudades de Galaad, y la mitad de la tierra de los hijos de Ammón hasta Aroer, que está delante de Rabba. Y desde Jesebón hasta Ramotmaspe, y Betonim; y desde Mahanaim hasta el término de Dabir. Y la campaña de Bet-aram, y Bet-nemra, y Socot, y Safón, la resta del reino de Sejón rey en Jesebón, el Jordán y su término hasta el cabo de la mar de Ceneret de la otra parte del Jordán al oriente. Esta es la herencia de los hijos de Gad, por sus familias, ciudades con sus villas. Y dió Moisés a la media tribu de Manasés, y fué de la media tribu de los hijos de Manasés, conforme a sus familias: El término de ellos fué desde Mahanaim, toda Basán, todo el reino de Og rey de Basán, y todas las aldeas de Jair, que están en Basán, sesenta ciudades: Y la mitad de Galaad, y Astarot, y Edrai ciudades del reino de Og en Basán, a los hijos de Maquir hijo de Manasés, a la mitad de los hijos de Maquir conforme a sus familias. Esto es lo que Moisés repartió en heredad en las campañas de Moab de la otra parte del Jordán de Jericó al oriente. Mas a la tribu de Leví no dió Moisés heredad: Jehová Dios de Israel es la heredad de ellos, como él les había dicho. ESTO pues es lo que los hijos de Israel tomaron por heredad en la tierra de Canaán, lo cual les repartieron Eleazar sacerdote, y Josué hijo de Nun, y los principales de los padres de las tribus de los hijos de Israel, Por suerte de su heredad, como Jehová lo había mandado por Moisés, que diese a las nueve tribus, y a la media tribu. Porque a las dos tribus, y a la media tribu Moisés les había dado heredad de la otra parte del Jordán; mas a los Levitas no dió heredad entre ellos. Porque los hijos de José fueron dos tribus, Manasés y Efraím: y no dieron parte a los Levitas en la tierra, sino ciudades en que morasen con sus ejidos para sus ganados y rebaños: De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel en el repartimiento de la tierra. Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Galgala, y Caleb, hijo de Jefone Cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barne, tocante a mí, y a tí. Yo era de edad de cuarenta años, cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barne a reconocer la tierra: y yo le referí el negocio, como yo lo tenía en mi corazón. Mas mis hermanos, los que habían subido conmigo, derritieron el corazón del pueblo; empero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios. Entónces Moisés juró, diciendo: Si la tierra que holló tu pié no fuere para tí, y para tus hijos en herencia perpetua: por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios. Y ahora Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, que Israel ha andado por el desierto: y ahora, he aquí, yo soy hoy de edad de ochenta y cinco años: Y aun hoy estoy tan fuerte, como el día que Moisés me envió: cual era entónces mi fuerza, tal es ahora, para la guerra, y para salir, y para entrar. Dáme pues ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día, porque tu oiste en aquel día, que los Enaceos están allí, y grandes y fuertes ciudades. Quizá Jehová será conmigo, y echarlos he, como Jehová ha dicho. Josué entónces le bendijo, y dió a Caleb hijo de Jefone, a Hebrón por heredad. Por tanto Hebrón fué de Caleb hijo de Jefone Genezeo por heredad hasta hoy: por cuanto cumplió siguiendo a Jehová Dios de Israel. Mas Hebrón ántes fué llamada Cariat-arbe, porque Arba fué un hombre grande entre los Enaceos. Y la tierra tuvo reposo de las guerras. Y FUÉ la suerte de la tribu de los hijos de Judá por sus familias junto al término de Edom del desierto de Zin al mediodía al lado del Sur. Y su término de la parte del mediodía fué desde la costa de la mar salada, desde la lengua que mira hacia el mediodía. Y de allí salía hacia el mediodía a la subida de Acrabim pasando hasta Zín; y subiendo por el mediodía hasta Cades-barne, pasando a Jesrón, y subiendo por Addar daba vuelta a Carcaa. De allí pasaba a Asemona, y salía al arroyo de Egipto: y sale este término al occidente. Este pues os será el término del mediodía. El término del oriente es la mar salada hasta el fin del Jordán: Y el término de la parte del norte, desde la lengua de la mar, desde el fin del Jordán. Y este término sube por Bet-agla, y pasa del norte a Bet-araba; y de aquí sube este término a la piedra de Boen hijo de Rubén. Y torna a subir este término a Debera desde el valle de Acor: y al norte mira sobre Galgala, que está delante de la subida de Adommim, la cual está al mediodía del arroyo: y pasa este término a las aguas de Ensames, y sale a la fuente de Rogel. Y sube este término del valle del hijo de Ennom al lado del Jebuseo al mediodía. Esta es Jerusalem. Y sube este término por la cumbre del monte que está delante del valle de Ennom hacia el occidente, el cual está al cabo del valle de los gigantes al norte. Y rodea este término desde la cumbre del monte hasta la fuente de las aguas de Neftoa, y sale a las ciudades del monte de Efron: y rodea este término a Baala, la cual es Cariat-jarim. Y torna este término desde Baala hacia el occidente al monte de Seir: y pasa al lado del monte de Jarim hacia el norte, esta es Queslón y desciende a Bet-sames, y pasa a Tamna. Y sale este término al lado de Accarón hacia el norte, y rodea este término a Secrón, y pasa por el monte de Baala, y sale a Jebneel: y sale este término a la mar. El término del occidente es la mar grande. Y este término es el término de los hijos de Judá al derredor por sus familias. Mas a Caleb, hijo de Jefone, dió parte entre los hijos de Judá conforme al mandamiento de Jehová a Josué, a Cariat-arbe del padre de Enac, que es Hebrón. Y Caleb echó de allí tres hijos de Enac: Sesai, Ahimam, y Tolmai, que fueron hijos de Enac. De aquí subió a los que moraban en Dabir, y el nombre de Dabir era ántes Cariat-sefer. Y dijo Caleb: Al que hiriere a Cariat-sefer, y la tomare, yo le daré a mi hija Aja por mujer. Y tomóla Otoniel hijo de Cenez hermano de Caleb: y él le dió por mujer a su hija Aja: Y aconteció que cuando la llevaban, él la persuadió que pidiese a su padre tierras para labrar. Ella entónces descendió del asno. Y Caleb le dijo: ¿Qué tienes? Y ella respondió. Dáme alguna bendición: pues que me has dado tierra de secadal, dáme también fuentes de aguas. El entónces le dió las fuentes de arriba, y las de abajo. Esta pues es la herencia de la tribu de los hijos de Judá por sus familias. Y fueron las ciudades del término de la tribu de los hijos de Judá hacia el término de Edom al mediodía, Cabseel, y Eder, y Jagur, Y Cina, y Demona, y Adada, Y Cedes, y Asor, y Jetnán, Zif, y Telén, y Balot, Y Asor, Hadata, y Cariot, Jesrón, que es Asor, Amán, y Sama, y Molada, Y Asar-gadda, y Hassemón, Bet-felet, Y Haser-sual, Beer-seba, y Baziotia, Baala, y Jim, y Esem, Y Eltolad, y Cesil, y Jarma, Y Siceleg, y Medema, Sensena, Y Lebaot, Selim, y Aén, y Remmon; en todas veinte y nueve ciudades con sus aldeas: En las campañas, Estoal, y Sarea, y Asena, Y Zanoe, y Engennim, Tappua, y Enaim, Jerimot, y Adullam, Soco, y Azeca, Y Saraim, y Aditaim, y Gedera, y Gederotaim; catorce ciudades con sus aldeas: Sanán, y Hadassa, y Magdalgad, Y Deleán, y Masepa, y Jectel, Laquis, y Bascat, y Eglón, Y Quebbón, y Lehemán, y Cetlis, Y Giderot, Bet-dagón, y Naama, y Maceda; diez y seis ciudades con sus aldeas: Labana, y Eter, y Asán, Y Jefta, y Esna, y Nesib, Y Ceila, y Aczib, y Maresa; nueve ciudades con sus aldeas: Accarón con sus villas y sus aldeas: Desde Accarón hasta la mar; todas las que están a la costa de Azoto con sus aldeas: Azoto con sus villas y sus aldeas; Gaza con sus villas y sus aldeas hasta el río de Egipto, y la gran mar con sus términos: Y en las montañas Samir, y Jeter, y Socot, Y Danna, y Cariat-senna, que es Dabir, Y Anab, e Istemo, y Anim, Y Gosén, y Olón, y Gilo; once ciudades con sus aldeas: Arab, y Duma, y Esaán, Y Janum, y Bet-tappua, y Afeca, Y Atmata, y Cariat-arbe, que es Hebrón, y Sior; nueve ciudades con sus aldeas: Maón, Carmel, y Zif, y Jota, Y Jezrael, Jucadam, y Zanoe, Accaim, Gabaa, y Tamma; diez ciudades con sus aldeas: Halul, y Betsur, y Gedeor, Y Maret, y Bet-anot, y Eltecon; seis ciudades con sus aldeas: Cariat-baal que es Cariat-jarim, y Arebba; dos ciudades con sus aldeas: En el desierto, Bet-araba, Meddín, y Sacaca, Y Nebsán, y la ciudad de la sal, y Engadí: seis ciudades con sus aldeas. Mas los Jebuseos que habitaban en Jerusalem, los hijos de Judá no los pudieron desarraigar: ántes quedó el Jebuseo en Jerusalem con los hijos de Judá hasta hoy. Y LA suerte de los hijos de José salió desde el Jordán de Jericó hasta las aguas de Jericó hacia el oriente al desierto que sube de Jericó al monte de Betel. Y de Betel sale a Luza, y pasa al término de Arqui, en Atarot, Y torna a descender hacia la mar al término de Jeflet, hasta el término de Bet-orón la de abajo, y hasta Gazer: y sale a la mar. Recibieron pues heredad los hijos de José, Manasés y Efraim. Y fué el término de los hijos de Efraim por sus familias. Fué el término de su herencia a la parte oriental desde Atarot-ador hasta Bet-orón la de arriba; Y sale este término a la mar; y a Macmatat al norte, y da vuelta este término hacia el oriente a Tanat-selo, y de aquí pasa del oriente a Janoe; Y de Janoe desciende en Atarot y en Naarata; y toca en Jericó, y sale al Jordán. Y de Tappua torna este término hacia la mar al arroyo de Cana, y sale a la mar. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Efraim por sus familias. Hubo también ciudades que se apartaron para los hijos de Efraim en medio de la herencia de los hijos de Manasés, todas ciudades con sus aldeas. Y no echaron al Cananeo que habitaba en Gazer: ántes quedó el Cananeo en medio de Efraim hasta hoy, y fué tributario. TUVO también suerte la tribu de Manasés, porque fué primogénito de José; Maquir primogénito de Manasés, padre de Galaad, el cual fué hombre de guerra, tuvo a Galaad, y a Basán. Tuvieron también suerte los otros hijos de Manasés conforme a sus familias, es a saber, los hijos de Abiezer, y los hijos de Helec, y los hijos de Esriel, y los hijos de Sequem, y los hijos de Hefer, y los hijos de Semida. Estos fueron los hijos varones de Manasés hijo de José por sus familias. Y Salfaad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, no tuvo hijos sino hijas; los nombres de las cuales son estos: Maala, Noa, Hegla, Melca, y Tersa. Estas vinieron delante de Eleazar sacerdote, y de Josué hijo de Nun, y de los príncipes, y dijeron: Jehová mandó a Moisés que nos diese herencia entre nuestros hermanos. Y él les dió herencia entre los hermanos del padre de ellas, conforme al dicho de Jehová. Y cayeron a Manasés diez suertes allende de la tierra de Galaad y de Basán, que es de la otra parte del Jordán; Porque las hijas de Manasés poseyeron herencia entre sus hijos: y la tierra de Galaad, fué de los otros hijos de Manasés. Y fué el término de Manasés desde Asser Macmatat, la cual está delante de Siquem; y va este término, a la mano derecha a los que habitan En-tappua; Y la tierra de Tappua fué de Manasés, porque la Tappua que está junto al término de Manasés, es de los hijos de Efraim; Y desciende este término al arroyo de Cana hacia el mediodía, al arroyo. Estas ciudades de Efraim están entre las ciudades de Manasés: y el término de Manasés es desde el norte del mismo arroyo, y sus salidas son a la mar. Efraim al mediodía, y Manasés al norte: y la mar es su término: y encuéntranse con Asser a la parte del norte: y con Isacar al oriente. Tuvo también Manasés en Isacar y en Asser a Bet-sán, y sus aldeas: y Jeblaam, y sus aldeas: y los moradores de Dor, y sus aldeas: y los moradores de En-dor, y sus aldeas: y los moradores de Tenac, y sus aldeas: y los moradores de Mageddo, y sus aldeas, tres provincias. Mas los hijos de Manasés no pudieron echar a los de aquellas ciudades, ántes el Cananeo quiso habitar en la tierra. Empero cuando los hijos de Israel tomaron fuerzas, hicieron tributario al Cananeo, mas no lo echaron. Y los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: ¿Por qué me has dado por heredad una sola suerte, y una sola parte, siendo yo un pueblo tan grande, y que Jehová me ha así bendecido hasta ahora? Y Josué les respondió: Si eres tan grande pueblo sube tu al monte, y corta para tí allí en la tierra del Ferezeo y de los gigantes; pues que el monte de Efraim es angosto para tí. Y los hijos de José dijeron: No nos bastará a nosotros este monte: y todos los Cananeos que tienen la tierra de la campaña, tienen carros herrados, los que están en Bet-sán, y en sus aldeas, y los que están en el valle de Jezreel. Entónces Josué respondió a la casa de José, a Efraim y Manasés, diciendo: A la verdad tú eres gran pueblo, y tienes gran fuerza: no habrás una sola suerte; Mas aquel monte será tuyo: que bosque es, y tú lo cortarás, y seran tuyos sus términos: porque tu echarás al Cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte. Y TODA la congregación de los hijos de Israel se juntó en Silo, y asentaron allí el tabernáculo del testimonio: después que la tierra les fué sujeta. Mas habían quedado en los hijos de Israel siete tribus, las cuales aun no habían partido su posesión. Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuando seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres? Dad tres varones de cada tribu, para que yo los envie; y que ellos se levanten y anden la tierra, y la dibujen conforme a sus heredades; y se tornen a mí. Y repartirla han en siete partes, y Judá estará en su término al mediodía: y los de la casa de José estarán en el suyo al norte. Vosotros pues dibujaréis la tierra en siete partes, y traerla heis a mí aquí: y yo os echaré las suertes aquí delante de Jehová nuestro Dios. Empero los Levitas ninguna parte tienen entre vosotros: porque el sacerdocio de Jehová es la heredad de ellos. Gad también y Rubén, y la media tribu de Manasés ya han recibido su heredad de la otra parte del Jordán al oriente, la cual les dió Moisés siervo de Jehová. Levantándose pues aquellos varones, fueron; y mandó Josué a los que iban para dibujar la tierra, diciéndoles: Id, y andád la tierra, y dibujádla: y tornád a mí, para que yo os eche las suertes aquí delante de Jehová en Silo. Fueron pues aquellos varones, y pasearon la tierra dibujándola por las ciudades en siete partes en un libro, y tornaron a Josué al campo en Silo. Y Josué les echó las suertes delante de Jehová en Silo: y allí repartió Josué la tierra a los hijos de Israel por sus partes. Y subió la suerte de la tribu de los hijos de Benjamín por sus familias: y salió el término de su suerte entre los hijos de Judá, y los hijos de José: Y fué el término de ellos al lado del norte desde el Jordán: y sube aquel término al lado de Jericó al norte; y sube al monte hacia el occidente, y viene a salir al desierto de Bet-avén: Y de allí pasa aquel término a Luza por el lado de Luza hacia el mediodía, esta es Betel. Y desciende este término de Atarotadar al monte que está al mediodía de Bet-orón la de abajo. Y torna este término, y da vuelta al lado de la mar al mediodía hasta el monte que está delante de Bet-orón al mediodía: y viene a salir a Cariat-baal, que es Cariat-jarim, ciudad de los hijos de Judá. Este es el lado del occidente. Y el lado del mediodía es desde el cabo de Cariat-jarim: y sale el término al occidente, y sale a la fuente de las aguas de Neftoa. Y desciende aqueste término al cabo del monte, que está delante del valle del hijo de Ennom que está en la campaña de los gigantes hacia el norte y desciende al valle de Ennom al lado del Jebuseo al mediodía, y de allí desciende a la fuente de Rogel, Y del norte torna y sale a Ensemes, y de allí sale a Gelilot que está delante de la subida de Adommim, y descendía a la piedra de Boen hijo de Rubén: Y pasa al lado que está delante de la campaña al norte, y desciende a los llanos. Y torna a pasar este término por el lado de Bet-hagla hacia el norte, y viene a salir el término a la lengua de la mar de la sal al norte, al cabo del Jordán al mediodía: este es el término de hacia el mediodía. Y el Jordán acaba aqueste término al lado del oriente. Esta es la heredad de los hijos de Benjamín por sus términos al derredor conforme a sus familias. Las ciudades de la tribu de los hijos de Benjamín por sus familias, fueron, Jericó, Bet-hagla, y el valle de Casis, Bet-araba, Samaraim, Betel, Avim, Afrara, Ofera, Cefer, Hermona, Ofni, y Gabee; doce ciudades con sus aldeas: Gabaón, Rama, Berot, Maspa, Chafara, Amosa, Recem, Jarefel, Tarela, Sela, Elef, Jebús, que es Jerusalem, Gabaat, y Chariat; catorce ciudades con sus aldeas. Esta es la heredad de los hijos de Benjamín conforme a sus familias. LA segunda suerte salió por Simeón, por la tribu de los hijos de Simeón, conforme a sus familias. Y su heredad fué entre la heredad de los hijos de Judá. Y tuvieron en su heredad a Beer-seba, Sabee, Molada, Haser-sual, Bala, Asem, El-tolad, Betul, Jarma, Siceleg, Bet-marcabot, Hasersusa, Bet-lebaot, Saroem; trece ciudades con sus aldeas: Aim, Remmón, Atar, y Asán; cuatro ciudades con sus aldeas: Con todas las aldeas que estaban al rededor de estas ciudades hasta Baalat-beer, Ramat del mediodía. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Simeón según sus familias. De la suerte de los hijos de Judá fué sacada la heredad de los hijos de Simeon: por cuanto la parte de los hijos de Judá era mayor que ellos: así que los hijos de Simeón tuvieron su heredad en medio de la de ellos. La tercera suerte salió por los hijos de Zabulón conforme a sus familias: y el término de su heredad fué hasta Sarid. Y su término sube hasta la mar y hasta Merala, y llega hasta Debbaset, y de allí llega al arroyo, que está delante de Jeconam. Y tornando de Sarid hacia oriente, donde nace el sol al término de Queselet-tabor, sale a Daberet, y sube a Jafia. Y pasando de allí hacia oriente donde nace el sol en Get-hefer y en Tacasin sale a Remmón, rodeando a Noa. Y de aquí torna este término al norte a Hanatón, viniendo a salir al valle de Jefta-el, Y Catet, y Naalol, y Semerón, y Jedala, y Belén; doce ciudades con sus aldeas: Esta es la heredad de los hijos de Zabulón por sus familias, estas ciudades con sus aldeas. La cuarta suerte salió por Isacar, por los hijos de Isacar, conforme a sus familias. Y fué su término Jezrael, y Casalot, y Sunem, Y Hafaraim, y Seón, y Anaarat, Y Rabbot, y Cesión, y Abes, Y Ramet, y En-grannín, y Enhadda, y Bet-feses: Y llega este término hasta Tabor y Sehesima, y Bet-semes: y sale su término al Jordán; diez y seis ciudades con sus aldeas. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Isacar conforme a sus familias: estas ciudades con sus aldeas. Y salió la quinta suerte por la tribu de los hijos de Aser por sus familias. Y su término fué, Jalcat, y Cali, y Betem, y Ajaf, Y Elmelec, y Amaad, y Messal: y llega hasta Carmel al occidente, y a Sihor-labanat. Y tornando de donde nace el sol a Bet-dagón, llega a Zabulón, y al valle de Jefta-el al norte: a Bet-hemec, y Nehiel: y sale a Cabul a la mano izquierda: Y a Ebrón, y Rohob, y Hammón, y Cana, hasta la gran Sidón, Y torna de allí este término a Rama y hasta la fuerte ciudad de Zor: y torna este término a Hosa: y sale a la mar desde la suerte de Acziba, Y Amma, y Afec, y Rohob; veinte y dos ciudades con sus aldeas. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Aser por sus familias: estas ciudades con sus aldeas. La sexta suerte salió por los hijos de Neftalí: por los hijos de Neftalí conforme a sus familias. Y fué su término desde Helef, y Elón y Saananim, y Adami, Neceb, y Jebnael hasta Lecún, y sale al Jordán: Y tornando de allí este término hacia el occidente a Azanottabor, pasa de allí a Hucuca, y llega hasta Zabulón al mediodía: y al occidente confina con Aser: y con Judá al Jordán hacia donde nace el sol. Y las ciudades fuertes son Assedim, Ser, y Emat, Reccat, y Ceneret, Y Edema, y Arama, y Asor, Y Cedes, y Edrai, y Enhasor, Y Jerón, y Magdalel, y Horén, y Betanat, y Bet-sames; diez y nueve ciudades con sus aldeas. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Neftalí por sus familias; estas ciudades con sus aldeas. La séptima suerte salió por la tribu de los hijos de Dan, por sus familias: Y fué el término de su heredad, Sarea, y Estaol, e Hirsemes, Y Selabín, y Ajalón, y Jet-la, Y Elón, y Temmata, y Acrón, Y Eltece, Gebbetón, y Balaat, Y Jud, y Bane-barac, y Getremmón, Y Me-jarcón, y Arecón, con el término que está delante de Joppe. Y faltóles término a los hijos de Dan: y subieron los hijos de Dan y combatieron, a Lesem, y tomándola, metiéronla a filo de espada, y poseyéronla, y habitaron en ella: y llamaron a Lesem, Dan, del nombre de Dan su padre. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Dan conforme a sus familias: estas ciudades con sus aldeas. Y así acabaron de repartir la tierra en heredad por sus términos, y dieron los hijos de Israel heredad a Josué hijo de Nun en medio de ellos. Según la palabra de Jehová le dieron la ciudad que él pidio que fué Tamnat-sera en el monte de Efraim: y él reedificó la ciudad, y habitó en ella. Estas son pues las heredades que entregaron por suerte en posesión Eleazar sacerdote, y Josué hijo de Nun, y las cabezas de los padres, a las tribus de los hijos de Israel en Silo, delante de Jehová a la puerta del tabernáculo del testimonio: y así acabaron de repartir la tierra. Y HABLÓ Jehová a Josué, diciendo: Habla a los hijos de Israel, diciendo: Señaláos las ciudades de refugio, de las cuales yo os hablé por Moisés: Para que se acoja allí el homicida que matare a alguno por yerro, y no a sabiendas, que os sean por acogimiento del vengador de la sangre. Y el que se acogiere a alguna de aquellas ciudades, presentarse ha a la puerta de la ciudad, y dirá sus causas oyéndole los ancianos de aquella ciudad: y ellos le recibiran consigo dentro de la ciudad, y le darán lugar que habite con ellos. Y cuando el vengador de la sangre le siguiere, no entregarán en su mano al homicida, por cuanto hirió a su prójimo por yerro, ni tuvo con él ántes enemistad. Y quedará en aquella ciudad hasta que parezca en juicio delante del ayuntamiento hasta la muerte del gran sacerdote que fuere en aquel tiempo: entónces el homicida tornará y vendrá a su ciudad, y a su casa, a la ciudad de donde huyó. Entónces señalaron a Cedes en Galilea en el monte de Neftalí: y a Siquem en el monte de Efraim, y a Cariat-arbe, que es Hebrón, en el monte de Judá. Y de la otra parte del Jordán de Jericó, al oriente dieron a Bosor en el desierto en la campiña de la tribu de Rubén, y a Ramot en Galaad de la tribu de Gad, y a Gaulón en Basán de la tribu de Manasés. Estas fueron las ciudades señaladas para todos los hijos de Israel, y para el extranjero que morase entre ellos, para que se acogiese a ellas cualquiera que hiriese hombre por yerro; porque no muriese por mano del vengador de la sangre, hasta que pareciese delante del ayuntamiento. Y LAS cabezas de los padres de los Levitas, vinieron a Eleazar sacerdote, y a Josué hijo de Nun, y a las cabezas de los padres de las tribus de los hijos de Israel: Y habláronles en Silo en la tierra de Canaán, diciendo: Jehová mandó por Moisés que nos fuesen dadas villas para habitar, con sus ejidos para nuestras bestias. Entónces los hijos de Israel dieron a los Levitas de sus posesiones, conforme a la palabra de Jehová, estas villas con sus ejidos. Y salió la suerte por las familias de los Caatitas: y fueron dadas por suerte a los hijos de Aarón sacerdote de los Levitas por la tribu de Judá, por la de Simeón, y por la de Benjamín trece villas. Y a los otros hijos de Caat, por las familias de la tribu de Efraim, y de la tribu de Dan, y de la media tribu de Manasés fueron dadas por suerte diez villas. Y a los hijos de Gersón, por las familias de la tribu de Isacar, y de la tribu de Aser, y de la tribu de Neftalí, y de la media tribu de Manasés en Basán, fueron dadas por suerte trece villas. A los hijos de Merari por sus familias, por la tribu de Rubén, y por la tribu de Gad, y por la tribu de Zabulón fueron dadas doce villas. Y así dieron los hijos de Israel a los Levitas estas villas con sus ejidos por suerte, como Jehová lo había mandado por Moisés. Y de la tribu de los hijos de Judá, y de la tribu de los hijos de Simeón dieron estas villas que fueron nombradas: Y la primera suerte fué de los hijos de Aarón de la familia de Caat, de los hijos de Leví: A los cuales dieron a Cariat-arbe, del padre de Enac, esta es Hebrón en el monte de Judá, con sus ejidos por sus al derredores: Mas el campo de aquesta ciudad y sus aldeas dieron a Caleb hijo de Jefone por su posesión. Y a los hijos de Aarón sacerdote dieron la ciudad de refugio para los homicidas; es a saber, a Hebrón con sus ejidos, y a Lebna con sus ejidos; Y a Jeter con sus ejidos, a Estemo con sus ejidos, A Helón con sus ejidos, a Dabir con sus ejidos, A Ain con sus ejidos, a Jutta con sus ejidos, a Bet-sames con sus ejidos, nueve villas de estas dos tribus. Y de la tribu de Benjamín, a Gabaón con sus ejidos, a Gabaa con sus ejidos, A Anatot con sus ejidos, a Almón con sus ejidos; cuatro villas. Todas las villas de los sacerdotes hijos de Aarón, son trece con sus ejidos. Mas las familias de los hijos de Caat Levitas, los que quedaban de los hijos de Caat, recibieron por suertes villas de la tribu de Efraim: Y diéronles a Siquem, villa de refugio para los homicidas en el monte de Efraim con sus ejidos, a Gaser con sus ejidos, Y a Cisaim con sus ejidos, y a Bet-orón con sus ejidos; cuatro villas. Y de la tribu de Dan, a Eltecó con sus ejidos, a Gabotón con sus ejidos, A Ayalón con sus ejidos, a Get-remmón con sus ejidos; cuatro villas. Y de la media tribu de Manasés, a Tanac con sus ejidos, y a Get-remmón con sus ejidos; dos villas. Todas las villas de la resta de las familias de los hijos de Caat fueron diez con sus ejidos. A los hijos de Gersón de las familias de los Levitas, la villa de refugio para los homicidas de la media tribu de Manasés, que era Gaulón en Basán, con sus ejidos, y a Bosra con sus ejidos; dos villas. Y de la tribu de Isacar, a Cesión con sus ejidos, a Daberet con sus ejidos, A Jaramot con sus ejidos, y a Engannim con sus ejidos; cuatro villas. Y de la tribu de Aser, a Messal con sus ejidos, a Abdón con sus ejidos, A Jelcat con sus ejidos, a Rohob con sus ejidos; cuatro villas. Y de la tribu de Neftalí, la villa de refugio para los homicidas, Cedes en Galilea con sus ejidos, a Hammot-dor con sus ejidos, y a Cartán con sus ejidos; tres villas. Todas las villas de los Gersonitas por sus familias fueron trece villas con sus ejidos. Y a las familias de los hijos de Merari, Levitas, que quedaban, de la tribu de Zabulón les fueron dadas Jecnam con sus ejidos, Carta con sus ejidos, Danna con sus ejidos, Naalot con sus ejidos; cuatro villas. Y de la tribu de Rubén, a Bosor con sus edijos, Jahesa con sus ejidos, Cedmod con sus ejidos, Mefaat con sus ejidos; cuatro villas. De la tribu de Gad, la villa del refugio para los homicidas, Ramot en Galaad con sus ejidos, y Mahanaim con sus ejidos, Jesebón con sus ejidos, y Jazer con sus ejidos; cuatro villas. Todas las villas de los hijos de Merari por sus familias, que restaban de las familias de los Levitas fueron por sus suertes doce villas. Y todas las villas de los Levitas en medio de la posesión de los hijos de Israel, fueron cuarenta y ocho villas con sus ejidos. Y estas ciudades estaban apartadas la una de la otra, cada cual con sus ejidos al derredor de ellas; lo cual fué en todas estas ciudades. Así dió Jehová a Israel toda la tierra, que había jurado a sus padres de dar; y poseyéronla, y habitaron en ella. Y Jehová les dió reposo al derredor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres: y nadie de todos sus enemigos les paró delante, mas Jehová entregó en sus manos todos sus enemigos. No faltó palabra de todas las buenas palabras que habló Jehová a la casa de Israel, todo se cumplió. ENTÓNCES Josué llamó a los Rubenitas, y a los Gaditas, y a la media tribu de Manasés, Y díjoles: Vosotros habéis guardado todo lo que Moisés, siervo de Jehová, os mandó: y habéis obedecido a mi voz en todo lo que os he mandado. No habéis dejado a vuestros hermanos en estos muchos dias hasta hoy, ántes habéis guardado la observancia de los mandamientos de Jehová vuestro Dios. Y ahora pues que Jehová vuestro Dios ha dado reposo a vuestros hermanos, como se lo había prometido, volvéd, y tornáos a vuestras tiendas, a la tierra de vuestras posesiones, que Moisés, siervo de Jehová, os dió de la otra parte del Jordán: Solamente que con diligencia guardéis haciendo el mandamiento, y la ley, que Moisés, siervo de Jehová, os mandó: Que améis a Jehová vuestro Dios, y caminéis en todos sus caminos: que guardéis sus mandamientos: y que os alleguéis a él y le sirváis de todo vuestro corazón, y de toda vuestra alma. Y bendiciéndolos Josué los envió: y fuéronse a sus tiendas. También a la media tribu de Manasés había dado Moisés en Basán: y a la otra media había dado Josué entre sus hermanos destotra parte del Jordán al occidente: y envió también a estos Josué a sus tiendas, después de haberlos bendecido. Y hablóles, diciendo: Volvéos a vuestras tiendas con grandes riquezas, y con grande copia de ganado: con plata y con oro, y metal, y muchos vestidos: partíd con vuestros hermanos el despojo de vuestros enemigos. Y los hijos de Rubén, y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés se tornaron, y partiéronse de los hijos de Israel de Silo, que es en la tierra de Canaán, para venir en la tierra de Galaad a la tierra de sus posesiones, de la cual eran poseedores: según la palabra de Jehová por mano de Moisés. Y llegando a los términos del Jordán, que es en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén, y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar de grande apariencia. Y los hijos de Israel oyeron decir como los hijos de Rubén, y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés habían edificado un altar delante de la tierra de Canaán, en los términos del Jordán, al paso de los hijos de Israel: Lo cual como los hijos de Israel oyeron, juntáronse toda la congregación de los hijos de Israel en Silo, para subir a pelear contra ellos. Y enviaron los hijos de Israel a los hijos de Rubén, y a los hijos de Gad, y a la media tribu de Manasés en la tierra de Galaad, a Finees, hijo de Eleazar sacerdote, Y diez príncipes con él, un príncipe de cada casa de padre de todas las tribus de Israel, cada uno de los cuales era cabeza de familia de sus padres en la multitud de Israel. Los cuales vinieron a los hijos de Rubén, y a los hijos de Gad, y a la media tribu de Manasés en la tierra de Galaad, y habláronles, diciendo: Toda la congregación de Jehová dicen así: ¿Qué transgresión es esta con que prevaricáis contra el Dios de Israel, volviéndoos hoy de seguir a Jehová, edificándoos altar para ser hoy rebeldes contra Jehová? ¿Poco nos ha sido la maldad de Pehor, de la cual no estamos aun limpios hasta este día: por la cual fué la mortandad en la congregación de Jehová? Y vosotros os volvéis hoy de seguir a Jehová: mas será que vosotros os rebelaréis hoy contra Jehová, y mañana se airará él contra toda la congregación de Israel. Y si os parece que la tierra de vuestra posesión es inmunda, pasáos a la tierra de la posesión de Jehová, en la cual está el tabernáculo de Jehová, y tomád posesión entre nosotros, y no os rebeléis contra Jehová, ni os rebeléis contra nosotros edificándoos altar, allende del altar de Jehová nuestro Dios. ¿No cometió Acán, hijo de Zaré, prevaricación en el anatema, y vino ira sobre toda la congregación de Israel? Y aquel varón no pereció solo en su iniquidad. Los hijos de Rubén, y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés respondieron, y dijeron a los principales de la multitud de Israel: DIOS DE LOS DIOSES, JEHOVÁ, DIOS DE LOS DIOSES, JEHOVÁ, EL sabe, e Israel sabrá; si por rebelión, o por prevaricación contra Jehová habemos hecho esto, no nos salves hoy: Si nos hemos edificado altar para tornarnos de en pos de Jehová, o para sacrificar holocausto, o presente, o para hacer sobre él sacrificios pacíficos: el mismo Jehová nos lo demande. Y si no lo hicimos por temor de esto, diciendo: Mañana vuestros hijos dirán a nuestros hijos: ¿Qué tenéis vosotros con Jehová el Dios de Israel? Jehová ha puesto por término entre nosotros y vosotros, oh hijos de Rubén, e hijos de Gad, al Jordán: no tenéis vosotros parte en Jehová: y así vuestros hijos quitarán a nuestros hijos que no teman a Jehová. Por esto dijimos: Hagamos pues ahora como nos edifiquemos un altar, no para holocausto ni para sacrificio; Mas para que sea un testimonio entre nosotros y vosotros; y entre los que vendrán después de nosotros, para que hagan el servicio de Jehová delante de él con nuestros holocaustos, con nuestros sacrificios, y con nuestros pacíficos: y no digan mañana vuestros hijos a los nuestros: Vosotros no tenéis parte en Jehová. Nosotros pues dijimos: Si aconteciere que digan a nosotros, y a nuestras generaciones en lo por venir esto, entónces responderemos: Mirád el retrato del altar de Jehová, el cual hicieron nuestros padres, no para holocaustos o sacrificios: mas para qué, fuese testimonio entre nosotros y vosotros. Nunca tal nos acontezca que nos rebelemos contra Jehová, o que nos apartemos hoy de seguir a Jehová edificando altar para holocaustos, para presente, o para sacrificio, allende del altar de Jehová nuestro Dios, que está delante de su tabernáculo. Y oyendo Finees el sacerdote, y los príncipes de la congregación, y las cabezas de la multitud de Israel, que con él estaban, las palabras que hablaron los hijos de Rubén, y los hijos de Gad, y los hijos de Manasés, fueron contentos. Y dijo Finees, hijo de Eleazar sacerdote, a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad, y a los hijos de Manasés: Hoy habemos entendido que Jehová está entre nosotros, pues que no habéis intentado esta traición contra Jehová. Ahora habéis librado los hijos de Israel de la mano de Jehová. Y así se volvió Finees, hijo de Eleazar sacerdote, y los príncipes de con los hijos de Rubén, y de con los hijos de Gad, de la tierra de Galaad a la tierra de Canaán a los hijos de Israel, a los cuales dieron la respuesta. Y el negocio plugo a los hijos de Israel, y bendijeron a Dios los hijos de Israel; y no hablaron más de subir contra ellos en guerra, y destruir la tierra en que habitaban los hijos de Rubén, y los hijos de Gad. Y los hijos de Rubén, y los hijos de Gad pusieron por nombre al altar, Hed; porque es testimonio entre nosotros que Jehová es Dios. Y ACONTECIÓ que pasados muchos dias que Jehová dió reposo a Israel de todos sus enemigos al derredor, Josué era viejo, entrado en dias: Y llamó Josué a todo Israel, a sus ancianos, a sus príncipes, a sus jueces, y a sus alcaldes, y díjoles: Yo soy ya viejo, he entrado en dias: Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas gentes en vuestra presencia; porque Jehová vuestro Dios ha peleado por vosotros: Veis aquí, yo os he repartido por herencia a vuestras tribus estas gentes, así las destruidas como las que quedan, desde el Jordán hasta la gran mar a donde el sol se pone. Y Jehová vuestro Dios las echará de delante de vosotros, y las lanzará de vuestra presencia: y vosotros poseeréis sus tierras, como Jehová vuestro Dios os ha dicho. Esforzáos pues mucho a guardar y a hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de él ni a la diestra ni a la siniestra. Que cuando entrareis a estas gentes, que han quedado con vosotros, no hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos. Mas a Jehová vuestro Dios os llegaréis, como habéis hecho hasta hoy: Y ha echado Jehová delante de vosotros grandes y fuertes gentes; y hasta hoy nadie ha podido parar delante de vuestro rostro. Un varón de vosotros perseguirá a mil: porque Jehová vuestro Dios pelea por vosotros, como él os dijo. Por tanto mirád mucho por vuestras almas, que améis a Jehová vuestro Dios: Porque si os apartareis, y os allegareis a lo que ha quedado de aquestas gentes que han quedado con vosotros, y si juntareis con ellos matrimonios, y si entrareis a ellas, y ellas a vosotros: Sabéd que Jehová vuestro Dios no echará más estas gentes delante de vosotros; ántes os serán por lazo, y por tropezadero, y por azote para vuestros costados: y por espinas para vuestros ojos, hasta tanto que perezcáis de aquesta buena tierra, que Jehová vuestro Dios os ha dado. Y, he aquí que yo entro hoy por el camino de toda la tierra; sabéd pues con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, que no se ha perdido una palabra de todas las palabras buenas que Jehová vuestro Dios ha dicho de vosotros: todas os han venido, no se ha perdido de ellas ni una. Mas será, que como ha venido sobre vosotros toda palabra buena que Jehová vuestro Dios os ha dicho, así también traerá Jehová sobre vosotros toda palabra mala, hasta destruiros de sobre la buena tierra, que Jehová vuestro Dios os ha dado, Cuando traspasareis el concierto de Jehová vuestro Dios que él os ha mandado, yendo y honrando dioses ajenos, e inclinándoos a ellos. Y el furor de Jehová se inflamará contra vosotros: y luego pereceréis de aquesta buena tierra, que él os ha dado. Y JUNTANDO Josué todas las tribus de Israel en Siquem, llamó a los ancianos de Israel, y a sus príncipes, a sus jueces, y sus alcaldes, y presentáronse delante de Dios: Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente de esotra parte del río, es a saber, Tare padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños. Y yo tomé a vuestro padre Abraham de la otra parte del río, y trájele por toda la tierra de Canaán, y aumenté su generación, y díle a Isaac. Y a Isaac dí a Jacob, y a Esaú: y a Esaú dí el monte de Seir, que lo poseyese; mas Jacob y sus hijos descendieron en Egipto. Y yo envié a Moisés, y a Aarón, y herí a Egipto, como lo hice en medio de él, y después os saqué. Y saqué a vuestros padres de Egipto: y como llegaron a la mar, los Egipcios siguieron a vuestros padres hasta el mar Bermejo con carros y caballería: Y como ellos clamasen a Jehová, él puso una oscuridad entre vosotros y los Egipcios: e hizo venir sobre ellos la mar, la cual los cubrió. Y vuestros ojos vieron los que hice en Egipto: y estuvisteis muchos dias en el desierto. Y os metí en la tierra de los Amorreos que habitaban de la otra parte del Jordán: los cuales pelearon contra vosotros, mas yo los entregué en vuestra mano: y poseisteis su tierra, y yo los destruí de delante de vosotros. Levantóse después Balac hijo de Sefor rey de los Moabitas, y peleó contra Israel: y envió a llamar a Balaam hijo de Beor, para que os maldijese. Mas yo no quise escuchar a Balaam, ántes os bendijo de bendición, y yo os libré de sus manos. Y pasado el Jordán vinisteis a Jericó, y los señores de Jericó pelearon contra vosotros: los Amorreos, Ferezeos, Cananeos, Jetteos, Gergeseos, Heveos, y Jebuseos, y yo los entregué en vuestras manos. Y envié tábanos delante de vosotros que los echaron de delante de vosotros, es a saber, a los dos reyes de los Amorreos: no con tu espada, ni con tu arco. Y os dí la tierra en la cual nada trabajasteis; y las ciudades, que no edificasteis, en las cuales moráis: y las viñas y olivares, que no plantasteis, de las cuales coméis. Ahora pues teméd a Jehová y servídle con perfección y con verdad: y quitád los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres de esotra parte del río, y en Egipto; y servíd a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogéos hoy a quien sirváis: o a los dioses, a quien sirvieron vuestros padres: cuando estuvieron de esotra parte del río, o a los dioses de los Amorreos, en cuya tierra habitáis: que yo y mi casa serviremos a Jehová. Entónces el pueblo respondió, y dijo: Nunca tal nos acontezca, que dejemos a Jehová por servir a otros dioses: Porque Jehová nuestro Dios, es el que nos sacó a nosotros, y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre: el cual delante de nuestros ojos ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos entre los cuales hemos pasado. Y Jehová echó de delante de nosotros a todos los pueblos: y al Amorreo que habitaba en la tierra. Por tanto nosotros también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios. Entónces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová: porque él es Dios santo, y Dios celoso: no sufrirá vuestras rebeliones, y vuestros pecados. Si dejareis a Jehová, y sirviereis a dioses ajenos, volverse ha y maltrataros ha, y consumiros ha después que os ha hecho bien. El pueblo entónces dijo a Josué: No, ántes a Jehová serviremos. Y Josué respondió al pueblo: Vosotros seréis testigos contra vosotros mismos, que vosotros os habéis elegido a Jehová para que le sirváis. Y ellos respondieron: Testigos seremos. Quitád pues ahora los dioses ajenos que están entre vosotros: e inclinád vuestro corazón a Jehová Dios de Israel. Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos; y a su voz obedeceremos. Entónces Josué hizo alianza con el pueblo el mismo día: y púsole ordenanzas y leyes en Siquem. Y escribió Josué estas palabras en el libro de la ley de Dios: y tomando una grande piedra levantóla en el mismo lugar debajo de un alcornoque que estaba en el santuario de Jehová. Y dijo Josué a todo el pueblo: He aquí, esta piedra será entre nosotros por testigo, la cual ha oido todas las palabras de Jehová que él ha hablado con nosotros: y será testigo contra vosotros, porque no mintáis contra vuestro Dios. Y envió Josué el pueblo, cada uno a su heredad. Y después de estas cosas Josué hijo de Nun siervo de Jehová, murió, siendo de ciento y diez años. Y enterráronle en el término de su posesión en Tamnat-sera, que es en el monte de Efraim al norte del monte de Gaas. E Israel sirvió a Jehová todo el tiempo del Josué y todo el tiempo de los ancianos que vivieron después de Josué, y que sabían todas las obras de Jehová, que había hecho con Israel. Y también enterraron en Siquem los huesos de José que los hijos de Israel habían traido de Egipto, en la parte del campo que Jacob compró de los hijos de Jemor padre de Siquem, por cien monedas de plata, y fueron en posesión a los hijos de José. También murió Eleazar hijo de Aaron: al cual enterraron en el collado de Finees su hijo, que le fué dado en el monte de Efraim. Y ACONTECIÓ después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron a Jehová, diciendo: ¿Quién subirá por nosotros el primero a pelear contra los Cananeos? Y Jehová respondió: Judá subirá: he aquí que yo he entregado la tierra en sus manos. Y Judá dijo a Simeón su hermano: Sube conmigo en mi suerte y peleemos contra el Cananeo: y yo también iré contigo en tu suerte. Y Simeón fué con él. Y subió Judá, y Jehová entregó en sus manos al Cananeo, y al Ferezeo: e hirieron de ellos en Bezec diez mil hombres. Y hallaron a Adoni-bezec en Bezec, y pelearon contra él: e hirieron al Cananeo, y al Ferezeo. Mas Adoni-bezec huyó: y siguiéronle, y prendiéronle, y cortáronle los pulgares de las manos y de los piés. Entónces dijo Adoni-bezec: Setenta reyes cortados los pulgares de sus manos y de sus piés cogían las migajas debajo de mi mesa: como yo hice, así me ha pagado Dios. Y metiéronle en Jerusalem, donde murió. Y habían combatido los hijos de Judá a Jerusalem, y la habían tomado, y pasado a cuchillo, y puesto a fuego la ciudad: Después los hijos de Judá descendieron para pelear contra el Cananeo, que habitaba en las montañas, y al mediodía, y en los llanos. Y partió Judá contra el Cananeo, que habitaba en Hebrón, la cual se llamaba ántes Cariat-arbe, e hirieron a Sesai, a Ahimán, y a Tolmai. Y de allí fué a los que habitaban en Dabir, que ántes se llamaba Cariat-sefer. Y dijo Caleb: El que hiriere a Cariat-sefer, y la tomáre yo le daré a Aja mi hija por mujer. Y tómola Otoniel, hijo de Cenez, hermano de Caleb menor que él: y él le dió a Aja su hija por mujer. Y cuando la llevaban, persuadióle que pidiese a su padre tierras para labrar. Y ella descendió del asno: y Caleb le dijo: ¿Qué tienes? Ella entónces le respondió: Dáme una bendición: que pues me has dado tierra de secadal me des también fuentes de aguas. Entónces Caleb le dió las fuentes de arriba, y las fuentes de abajo. Y los hijos del Cineo suegro de Moisés subieron de la ciudad de las palmas con los hijos de Judá al desierto de Judá, que es al mediodía de Arad: y fueron y habitaron con el pueblo. Judá pues fué a su hermano Simeón, e hirieron al Cananeo que habitaba en Sefat, y asoláronla: y pusieron por nombre a la ciudad, Jorma. Tomó también Judá a Gaza con su término: y a Ascalón con su término: y a Accarón con su término. Y fué Jehová con Judá, y echó a los de las montañas: mas no pudo echar a los que habitaban en las campañas, los cuales tenían carros herrados. Y dieron a Caleb a Hebrón, como Moisés había dicho: él cual echó de allí a tres hijos de Enac. Mas al Jebuseo, que habitaba en Jerusalem no echaron los hijos de Benjamín, ántes el Jebuseo habito con los hijos de Benjamín en Jerusalem hasta hoy. También los de la casa de José subieron a Betel: y fué Jehová con ellos. Y los de la casa de José pusieron espías en Betel, la cual ciudad ántes se llamaba Luza. Y los que espiaban, vieron un hombre que salía de la ciudad, y dijéronle: Muéstranos ahora la entrada de la ciudad, y haremos contigo misericordia. Y él les mostró la entrada a la ciudad, e hiriéronla a filo de espada, y dejaron a aquel hombre con toda su parentela. Y aquel hombre se fué a la tierra de los Jetteos, y edificó una ciudad, a la cual llamó Luza: y este es su nombre hasta hoy. Tampoco Manasés echó a los de Bet-sán, ni a los de sus aldeas: ni a los de Tanac, y sus aldeas: ni a los que habitaban en Jeblaam, y en sus aldeas: ni a los que habitaban en Mageddo y en sus aldeas: mas el Cananeo quiso habitar en esta tierra. Mas cuando Israel tomó fuerzas, hizo al Cananeo tributario: pero no le echó. Tampoco Efraim echó al Cananeo que habitaba en Gazer, ántes habito el Cananeo en medio de él en Gazer. Tampoco Zabulón echó los que habitaban en Cetrón, y a los que habitaban en Naalol: mas el Cananeo habitó en medio de él, y le fueron tributarios. Tampoco Aser echó a los que habitaban en Acob, y a los que habitaban en Sidón, y en Acalab, y en Acasib, y en Helba, y en Afed, y en Rohob: Ántes moró Aser entre los Cananeos, que habitaban en la tierra, que no los echó. Tampoco Neftalí echó los que habitaban en Bet-semes, y a los que habitaban en Bet-avat: mas moró entre los Cananeos, que habitaban en la tierra: mas fuéronle tributarios los moradores de Bet-semes, y los moradores de Bet-avat. Los Amorreos apretaron a los hijos de Dan hasta el monte, que no los dejaron descender a la campaña: Y el Amorreo quiso habitar en el monte de Hares, en Ajalón, y en Salebim; mas como la mano de la casa de José tomó fuerzas, hiciéronlos tributarios. Y el término del Amorreo fué desde la subida de Acrabim, y desde la piedra, y arriba. Y EL ángel de Jehová subió de Galgala a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os metí en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres; y dije: No invalidaré mi concierto con vosotros para siempre: Con tal que vosotros no hagáis alianza con los moradores de aquesta tierra, ántes destruiréis sus altares: mas vosotros no habéis oido mi voz. ¿Por qué lo habéis hecho? Y yo también dije: No los echaré de delante de vosotros: y seros han por azote para vuestros costados, y sus dioses por tropezadero. Y como el ángel de Jehová habló estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo lloró a alta voz. Y llámaron por nombre a aquel lugar Boquim: y sacrificáron allí a Jehová. Porque ya Josué había enviado el pueblo, y los hijos de Israel se habían ido cada uno a su herencia para poseerla. Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que vivieron largos dias después de Josué: que habían visto todas las grandes obras de Jehová, que había hecho con Israel. Y murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento y diez años, Y enterráronle en el término de su heredad en Tamnat-sare, en el monte de Efraim, al norte del monte de Gaas. Y toda aquella generación también fué recogida con sus padres: y levantóse después de ellos otra generación, que no conocían a Jehová, ni a la obra que él había hecho a Israel. Y los hijos de Israel hicieron lo malo en ojos de Jehová, y sirvieron a los Baales. Y dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y fuéronse tras otros dioses, tras los dioses de los pueblos que estaban en sus al derredores, a los cuales adoráron, y provocaron a ira a Jehová. Y dejaron a Jehová, y adoráron a Baal y a Astarot. Y el furor de Jehová se encendió contra Israel, el cual los entregó en manos de robadores, que los robaron: y los vendió en manos de sus enemigos, que estaban en sus al derredores: y nunca más pudieron parar delante de sus enemigos. Por donde quiera que salían, la mano de Jehová era contra ellos en mal, como había dicho Jehová: y como Jehová se lo había jurado, así los afligió en gran manera. Mas Jehová despertó jueces, que los librasen de mano de los que los saqueaban: Mas tampoco oyeron a sus jueces, ántes fornicaron tras dioses ajenos, a los cuales adoraron: y se apartaron presto del camino en que anduvieron sus padres obedeciendo a los mandamientos de Jehová: mas ellos no hicieron así. Y cuando les despertaba Jehová jueces, Jehová era con el juez, y librábalos de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez: porque Jehová se arrepentía por su gemido a causa de los que los oprimían y afligían. Mas en muriendo el juez, ellos se tornaban, y se corrompían más que sus padres siguiendo dioses ajenos, sirviéndoles y encorvándose delante de ellos: y nada disminuían de sus obras, y de su camino duro. Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y dijo: Pues que esta gente traspasa mi concierto que mandé a sus padres, y no obedecen mi voz; Tampoco yo echaré más delante de ellos a nadie de aquestas gentes, que dejó Josué cuando murió: Para que por ellas yo probase a Israel, si ellos guardarían el camino de Jehová, andando por él, como sus padres lo guardáron, o no. Por tanto, Jehová dejó aquellas gentes, y no las desarraigó luego, ni las entregó en mano de Josué. ESTAS pues son las gentes que dejó Jehová para probar con ellas a Israel, es a saber, a todos los que no habían conocido todas las guerras de Canaán. Solamente las dejó para que el linaje de los hijos de Israel conociese, y para enseñarlos en la guerra, a aquellos solamente que ántes no la habían conocido. Cinco príncipes de los Filisteos, y todos los Cananeos, y los Sidonios, y los Heveos que habitaban en el monte Líbano desde el monte de Baal-hermón hasta llegar a Emat. Estos pues fueron dejados para probar por ellos a Israel, para saber, si obedecían a los mandamientos de Jehová, que había mandado a sus padres por mano de Moisés. Y como los hijos de Israel habitaban entre los Cananeos, Jetteos, Amorreos, Ferezeos, Heveos, y Jebuseos: Tomaron de sus hijas por mujeres, y dieron sus hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus dioses. E hicieron lo malo los hijos de Israel en ojos de Jehová: y olvidados de Jehová su Dios sirvieron a los Baales, y a los (ídolos de los) bosques. Y la saña de Jehová se encendió contra Israel, y vendióles en manos de Cusan-rasataim rey de Mesopotamia, y sirvieron los hijos de Israel a Cusan-rasataim ocho años. Y clamaron los hijos de Israel a Jehová, y Jehová despertó salvador a los hijos de Israel, y librólos, es a saber, a Otoniel hijo de Cenez, hermano menor de Caleb. Y el Espíritu de Jehová fué sobre él, y juzgó a Israel, y salió en batalla, y Jehová entregó en su mano a Cusan-rasataim rey de Siria: y prevaleció su mano contra Cusan-rasataim. Y reposó la tierra cuarenta años: y murió Otoniel hijo de Cenez. Y tornaron los hijos de Israel a hacer lo malo delante de los ojos de Jehová: y Jehová esforzó a Eglón rey de Moab contra Israel, por cuanto habían hecho lo malo delante de los ojos de Jehová. Y juntó consigo a los hijos de Ammón, y de Amalec; y fué, e hirió a Israel, y tomó la ciudad de las palmas. Y sirvieron los hijos de Israel a Eglón rey de los Moabitas diez y ocho años. Y clamaron los hijos de Israel a Jehová, y Jehová les despertó salvador, a Aod, hijo de Gera, hijo de Jemini, el cual tenía cerrada la mano derecha. Y los hijos de Israel enviaron con él un presente a Eglón rey de Moab. Y Aod se había hecho un cuchillo agudo de ambas partes de longura de un codo: y traíalo ceñido debajo de sus vestidos a su lado derecho. Y presentó el presente a Eglón rey de Moab: y Eglón era hombre muy grueso: Y luego que él hubo presentado el presente, envió al pueblo que habían traido el presente. Y tornándose desde los ídolos que están en Galgala, dijo: Rey, una palabra secreta tengo que decirte. El entónces dijo: Calla. Y saliéronse de delante de él todos los que estaban delante de él. Y Aod entró a él, el cual estaba sentado solo en una sala de verano. Y Aod dijo: Tengo palabra de Dios para tí. El entónces se levantó de la silla. Mas Aod metió su mano izquierda, y tomó el cuchillo de su lado derecho, y metióselo por el vientre, De tal manera que la empuñadura entró también tras la hoja, y la grosura encerró la hoja, que él no sacó el cuchillo de su vientre: y el estiércol salió. Y saliendo Aod al patio cerró tras sí las puertas de la sala. Y salido él, vinieron sus siervos, los cuales viendo las puertas de la sala cerradas, dijeron: sin duda él cubre sus piés en la sala de verano. Y habiendo esperado hasta estar confusos, que él no abría las puertas de la sala, tomaron la llave, y abrieron. Y, he aquí, su señor caido en tierra muerto. Mas entre tanto que ellos se detuvieron, Aod se escapó, y pasando los ídolos salvóse en Seirat. Y en entrando, toca el cuerno en el monte de Efraim, y los hijos de Israel descendieron con él del monte, y él iba delante de ellos. Entónces él les dijo: Seguídme, porque Jehová ha entregado vuestros enemigos los Moabitas en vuestras manos. Y descendieron en pos de él, y tomaron los vados del Jordán a Moab; y no dejaron pasar a ninguno. E hirieron en aquel tiempo de los Moabitas como diez mil hombres, todos valientes, y todos hombres de guerra: no escapó varón. Y Moab fué sujetado aquel día debajo de la mano de Israel: y reposó la tierra ochenta años. Después de este, fué Samgar hijo de Anat, el cual hirió seiscientos hombres de los Filisteos con una aguijada de los bueyes; y él también salvó a Israel. MAS los hijos de Israel torna- ron a hacer lo malo en los ojos de Jehová, después de la muerte de Aod. Y Jehová los vendió en mano de Jabín rey de Canaán, el cual reinó en Asor: y el capitán de su ejército se llamaba Sísera, y él habitaba en Haroset de las gentes. Y los hijos de Israel clamaron a Jehová; porque aquel tenía nuevecientos carros herrados; y había afligido en gran manera a los hijos de Israel por veinte años. Y gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora profetisa, mujer de Lapidot. La cual Débora habitaba debajo de una palma entre Rama y Betel, en el monte de Efraim: y los hijos de Israel subían a ella a juicio. Y ella envió a llamar a Barac hijo de Abinoem de Cedes de Neftalí, y díjole: ¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Vé, y haz gente en el monte de Tabor; y toma contigo diez mil hombres de los hijos de Neftalí, y de los hijos de Zabulón? Y yo atraeré a ti al arroyo de Cisón a Sísera capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su ejército, y entregártelo he en tus manos. Y Barac le respondió: Si tú fueres conmigo, yo iré; y si no fueres conmigo, no iré. Y ella dijo: Yo iré contigo, mas no será tu honra en el camino que vas, porque en mano de mujer venderá Jehová a Sísera. Y levantándose Débora vino con Barac a Cedes. Y juntó Barac a Zabulón y Neftalí en Cedes, y subió con diez mil hombres de a pié; y Débora subió con él. Y Jeber Cineo de los hijos de Hobab suegro de Moisés, se había apartado de los Cineos, y había puesto su tienda hasta el valle de Sennim, que es junto a Cedes. Vinieron pues las nuevas a Sísera como Barac hijo de Abinoem había subido al monte de Tabor. Y juntó Sísera todos sus carros, nuevecientos carros herrados con todo el pueblo que estaba con él desde Haroset de las gentes hasta el arroyo de Cisón. Entónces Débora dijo a Barac: Levántate; porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sísera en tus manos. ¿No ha salido Jehová delante de ti? Y Barac descendió del monte de Tabor, y diez mil hombres en pos de él. Y Jehová quebrantó a Sísera, y a todos sus carros, y a todo su ejército a filo de espada delante de Barac: y Sísera descendió del carro, y huyo a pié. Mas Barac siguió los carros y el ejército hasta Haroset de las gentes, y todo el ejército de Sísera cayó a filo de espada, hasta no quedar ni uno. Y Sísera se acogió a pié a la tienda de Jahel mujer de Jeber Cineo; porque había paz entre Jabín rey de Asor, y la casa de Jeber Cineo. Y saliendo Jahel a recibir a Sísera, díjole: Ven señor mío, ven a mí, no hayas temor. Y él vino a ella a la tienda; y ella le cubrió con una manta. Y él le dijo: Dáme a beber ahora una poca de agua, que tengo sed. Y ella abrió un cuero de leche, y dióle de beber, y tornóle a cubrir. Y él la dijo: Estáte a la puerta de la tienda, y si alguno viniere, y te preguntare, diciendo: ¿Hay aquí alguno? tú responderás que no. Y Jahel la mujer de Jeber tomó la estaca de la tienda, y poniendo un mazo en su mano, vino a él calladamente, y metióle la estaca por las sienes, y enclavóle con la tierra: y él estaba cargado del sueño y cansado, y así murió. Y siguiendo Barac a Sísera, Jahel le salió a recibir, y díjole: Ven, y mostrarte he al varón, que tú buscas; y él entró donde ella estaba, y, he aquí, Sísera estaba tendido muerto, la estaca atravesada por la sien. Y aquel día sujeto Dios a Jabín rey de Canaán delante de los hijos de Israel. Y la mano de los hijos de Israel comenzó a crecer, y a fortificarse contra Jabín rey de Canaán hasta que le destruyeron. Y AQUEL día cantó Débora y Barac hijo de Abinoem, diciendo: Porque ha vengado las injurias de Israel, porque el pueblo se ha ofrecido de su voluntad, load a Jehová. Oid reyes: estád atentos príncipes, yo cantaré a Jehová: diré salmos a Jehová Dios de Israel. Cuando saliste de Seir, oh Jehová, cuando te apartaste del campo de Edom, la tierra tembló, y los cielos destilaron, y las nubes gotearon aguas. Los montes se derritieron delante de Jehová, este Sinaí, delante de Jehová Dios de Israel. En los dias de Samgar hijo de Anat, en los dias de Jahel cesaron los caminos; y los que andaban por las sendas, se apartaban por sendas torcidas. Las aldeas habían cesado en Israel, habían cesado: hasta que yo Débora me levanté, me levanté madre en Israel. En escogiendo nuevos dioses, la guerra estaba a las puertas: ¿Se veía escudo o lanza entre cuarenta mil en Israel? Mi corazón es a los príncipes de Israel, a los voluntarios en el pueblo, load a Jehová. Los que cabalgáis en asnas blancas, los que presidís en juicio, y los que andáis por el camino, hablád. A causa del estruendo de los flecheros quitado de entre los que sacan las aguas: allí recuenten las justicias de Jehová, las justicias de sus aldeas en Israel. Ahora el pueblo de Jehová descenderá a las puertas. Despierta, despierta Débora, despierta, despierta, dí canción. Levántate Barac, y lleva tus cautivos, hijo de Abinoem. Entónces ha hecho que el que quedó del pueblo; señoree los magnificos: Jehová me hizo enseñorear sobre los fuertes. De Efraim salió su raíz contra Amalec: tras tí vino Benjamín contra tus pueblos. De Maquir descendieron príncipes: y de Zabulón los que solían tratar cincel de escriba. Príncipes también de Isacar fueron con Débora: y también Isacar, como Barac, se puso a pié en el valle: de las divisiones de Ruben son grandes las disputas del corazón. ¿Por qué te quedaste entre las majadas, para oir los silvos de los rebaños? De las divisiones de Ruben grandes son las disputas del corazón. Galaad se quedó de la otra parte del Jordán: y Dan ¿por qué habitó junto a los navios? Aser se asentó en la ribera de la mar, y en sus quebraduras se quedó. El pueblo de Zabulón puso su vida a la muerte, y Neftalí en las alturas del campo. Vinieron reyes, y pelearon: entónces pelearon los reyes de Canaán en Tane junto a las aguas de Mageddo, mas ninguna ganancia de dinero llevaron. De los cielos pelearon: las estrellas desde sus caminos pelearon contra Sísera. El arroyo de Cisón los barrió, el arroyo de las antigüedades, el arroyo de Cison: pisaste, oh alma mía, con fortaleza. Las uñas de los caballos se embotaron entónces, por los encuentros, los encuentros de sus valientes. Maldecíd a Meros, dijo el ángel de Jehová: maldecíd con maldición a sus moradores: porque no vinieron en socorro a Jehová, en socorro a Jehová contra los fuertes. Bendita sea sobre las mujeres Jahel la mujer de Jeber Cineo: sobre las mujeres sea bendita en la tienda. El pidió agua, y ella le dió leche: en tazón de nobles le presentó manteca. Su mano tendió a la estaca, y su diestra al mazo de trabajadores, y majó a Sísera; hirió su cabeza; llagó, y pasó sus sienes. Cayó encorvado entre sus piés, quedó tendido: entre sus piés cayó encorvado: donde se encorvó, allí cayó muerto. La madre de Sísera asomándose a la ventana aulla, mirando por entre las rejas, diciendo: ¿Por qué se detiene su carro, que no viene? ¿por qué se tardan las ruedas de sus carros? Las sabías mujeres de sus príncipes le respondían: y aun ella a si misma se respondía: ¿No han hallado despojos y los están repartiendo? a cada uno una moza, o dos: los despojos de colores, a Sísera; los despojos bordados de colores: la ropa de color bordada de ambas partes, para el cuello del despojo. Así perezcan todos tus enemigos oh Jehová: mas los que le aman, sean como el sol cuando nace en su fortaleza. Y la tierra reposó cuarenta años. MAS los hijos de Israel hicie- ron lo malo en los ojos de Jehová, y Jehová los entregó en las manos de Madián siete años. Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y los hijos de Israel por causa de los Madianitas se hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares fuertes. Porque como los de Israel habían sembrado, subían los Madianitas y Amalecitas, y los hijos de oriente subían contra ellos: Y asentando campo contra ellos destruían los frutos de la tierra hasta llegar a Gaza: no dejando que comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos. Porque subían ellos y sus ganados, y venían con sus tiendas en grande multitud como langosta, que no había número en ellos ni en sus camellos: y venían en la tierra destruyéndola. E Israel era en grande manera enpobrecido por los Madianitas: y los hijos de Israel clamaron a Jehová. Y cuando los hijos de Israel hubieron clamado a Jehová, a causa de los Madianitas, Jehová envió un varón profeta a los hijos de Israel, el cual les dijo: Así dijo Jehová Dios de Israel: Yo os saqué de Egipto, y de la casa de servidumbre os saqué: Yo os libré de mano de los Egipcios y de mano de todos los que os afligieron: a los cuales eché de delante de vosotros, y os dí su tierra; Y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios, no temáis a los dioses de los Amorreos en cuya tierra habitáis, mas no oisteis mi voz. Y vino el ángel de Jehová, y sentóse debajo del alcornoque que está en Efra, el cual era de Joas Abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para hacerlo esconder de los Madianitas. Y el ángel de Jehová se le apareció, y díjole: Jehová es contigo varón valiente de fuerza. Y Gedeón le respondió: Ay, Señor mío, si Jehová es con nosotros; ¿por qué nos ha comprendido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los Madianitas. Y mirándole Jehová, díjole: Anda, vé con esta tu fortaleza, y salváras a Israel de la mano de los Madianitas. ¿No te envio yo? El entónces le respondió: Ay, Señor mío, ¿con qué tengo de salvar a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés: y yo el menor en la casa de mi padre. Y Jehová le dijo: Porque yo seré contigo; y tú herirás a los Madianitas, como a un varón. Y él respondió: Yo te ruego, que, si he hallado gracia delante de tí, me dés señal, de que tú has hablado conmigo. Ruégote, que no te vayas de aquí hasta que yo vuelva a tí, y saque mi presente, y lo ponga delante de tí. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas. Y entrándose Gedeón aparejó un cabrito de las cabras, y panes sin levadura de un efa de harina, y puso la carne en un canastillo; y el caldo en una olla: y sacándolo presentóselo debajo de aquel alcornoque. Y el ángel de Dios le dijo: Toma la carne, y los panes sin levadura, y pónlo sobre esta peña: y vierte el caldo. Y él lo hizo así. Y extendiendo el ángel de Jehová el canto del bordón que tenía en su mano, tocó en la carne y en los panes sin levadura: y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura, y el ángel de Jehová desapareció de delante de él. Y viendo Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ay, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara. Y Jehová le dijo: Paz a tí, no hayas temor; no morirás. Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, al cual llamó Jehová-salom, el cual dura hasta hoy en Efra de los Abiezeritas. Y aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma un toro del hato de tu padre, y otro toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también el bosque que está junto a él: Y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo toro sacrifícalo en holocausto sobre la leña del bosque, que habrás cortado. Entónces Gedeón tomó diez varones de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo. Mas temiendo de hacerlo de día, por la familia de su padre, y por los hombres de la ciudad, hízolo de noche. Y a la mañana cuando los de la ciudad se levantaron, he aquí que el altar de Baal estaba derribado; y el bosque, que estaba junto a él, cortado; y el segundo becerro sacrificado en holocausto sobre el altar de nuevo edificado. Y dijeron el uno al otro: ¿Quién ha hecho esto? Y buscando e inquiriendo, dijéronles: Gedeón hijo de Joas lo ha hecho. Entónces los varones de la ciudad dijeron a Joas: Saca fuera tu hijo para que muera, por cuanto ha derribado el altar de Baal; y ha cortado el bosque, que estaba junto a él. Y Joas respondió a todos los que estaban cerca de él: ¿Tomaréis vosotros el pleito por Baal? ¿o salvarle heis vosotros? Cualquiera que tomare el pleito por él, que muera mañana. Si es dios, pleitée por sí con el que derribó su altar. Y aquel día le llamó Jerubaal, porque dijo: Pleitée Baal contra el que derribó su altar. Y todos los Madianitas, y Amalecitas, y Orientales se juntaron a una, y pasando asentaron campo en el valle de Jezrael. Y el Espíritu de Jehová se envistió en Gedeón, el cual como hubo tocado el cuerno, Abiezer se juntó con él. Y envió mensajeros por todo Manasés; el cual también se juntó con él. Y envió mensajeros a Aser, y a Zabulón, y a Neftalí, los cuales los salieron a recibir. Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho, He aquí que yo pondré un vellocino de lana en la era; y si el rocío estuviere en el vellocino solamente, quedando seca toda la otra tierra, entónces entenderé que has de salvar a Israel por mi mano, como lo has dicho. Y aconteció así porque como se levantó de mañana esprimiendo el vellocino sacó de él el rocío, un vaso lleno de agua. Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aun hablare esta vez: Solamente probaré ahora otra vez con el vellocino. Ruégote que la sequedad sea en solo el vellocino: y el rocío sobre la tierra. Y aquella noche lo hizo Dios así: porque la sequedad fué en solo el vellocino, y en toda la tierra estuvo el rocío. LEVANTÁNDOSE pues de mañana Jerubaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, asentaron el campo junto a la fuente de Jarad: y tenía el campo de los Madianitas al norte de la otra parte del collado de More, en el valle. Y Jehová dijo a Gedeon: El pueblo que está contigo es mucho para que yo dé a los Madianitas en su mano: porque no se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado. Haz pues ahora pregonar que lo oiga el pueblo, diciendo: El que teme y se estremece, madrugue y vuélvase desde el monte de Galaad. Y volviéronse de los del pueblo veinte y dos mil: y quedaron diez mil. Y Jehová dijo a Gedeon: Aun es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí yo te los probaré: y del que yo te dijere: Vaya este contigo; vaya contigo. Mas de cualquiera que yo te dijere: Este no vaya contigo; el tal no vaya. Entónces él llevó el pueblo a las aguas: y Jehová dijo a Gedeon: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, aquel pondrás a parte: y asimismo cualquiera que se arrodillare sobre sus rodillas para beber. Y fué el número de los que lamieron las aguas llegándola con la mano a la boca trescientos varones: y todo el resto del pueblo se arrodillaron sobre sus rodillas para beber las aguas. Entónces Jehová dijo a Gedeon: Con estos trescientos varones que lamieron el agua, os salvaré, y entregaré a los Madianitas en tus manos: y váyase todo el pueblo cada uno a su lugar. Y tomada provisión para el pueblo en sus manos, con sus bocinas, envió a todos los otros Israelitas cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos varones: y tenía el campo de Madián abajo en el valle. Y aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate y desciende al campo: porque yo lo he entregado en tus manos. Y si tienes temor de descender, desciende tú, y Fara tu criado al campo: Y oirás lo que hablan: y entónces tus manos se esforzarán, y descenderás al campo. Y él descendió con Fara su criado al principio de la gente de armas que estaba en el campo. Y Madián, y Amalec, y todos los Orientales estaban tendidos en el valle muchos como langosta: y sus camellos eran innumerables, como la arena que está a la ribera de la mar en multitud. Y como Gedeón vino, he aquí que un varón estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí que yo soñé un sueño: Que veía un pan de cebada que rodaba hasta el campo de Madián: y llegaba a las tiendas, y las hirió de tal manera que cayeron, y las trastornó de arriba abajo, y que las tiendas cayeron. Y su compañero respondió, y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joas, varón de Israel, que Dios ha entregado en sus manos a los Madianitas con todo el campo. Y como Gedeón oyó la historia del sueño con su declaración, adoró; y vueltó al campo de Israel, dijo: Levantáos, que Jehová ha entregado el campo de Madián en vuestras manos. Y repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones dió a cada uno de ellos sendas bocinas en sus manos, y sendos cántaros vacios, con sendos tizones ardiendo dentro de los cántaros. Y díjoles: Mirádme a mí, y hacéd como yo hiciere: he aquí que cuando yo llegaré al principio del campo, como yo hiciere, así haréis vosotros. Yo tocaré la bocina, y todos los que estarán conmigo: y vosotros entónces tocaréis las bocinas al rededor de todo el campo; y diréis: Jehová y Gedeón. Llegó pues Gedeón, y los cien varones que llevaba consigo al principio del campo al principio de la vela del medio, despertando solamente las guardas: y tocaron las bocinas, y quebraron los cántaros, que llevaban en sus manos. Y los tres escuadrones tocaron sus bocinas, y quebrando los cántaros tomaron en las manos izquierdas los tizones, y en las derechas los cuernos con que tañiban: y dieron grita: La espada de Jehová, y la de Gedeón. Y estuviéronse en sus lugares en derredor del campo: y todo el campo fué alboratado y huyeron gritando. Mas los trescientos tocaban las bocinas: y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campo. Y el campo huyó hasta Bet-seca en Cererat, y hasta el término de Abel-mejula en Tebbat. Y juntándose los de Israel de Neftalí, y de Aser, y de todo Manasés, siguieron a los Madianitas. Gedeón también envió mensajeros a todo el monte de Efraim, diciendo: Descendéd al encuentro de los Madianitas, y tomádles las aguas hasta Bet-bera, y el Jordán. Y juntos todos los varones de Efraim tomaron las aguas hasta Bet-bera, y el Jordán. Y tomaron dos príncipes de los Madianitas Oreb, y Zeb; y a Oreb mataron en la peña de Oreb; y a Zeb mataron en el lagar de Zeb; y siguieron a los Madianitas, y trajeron las cabezas de Oreb, y de Zeb a Gedeón de la otra parte del Jordán. Y LOS de Efraim le dijeron. ¿Qué es esto que has hecho con nosotros, no llamándonos cuando ibas a la guerra contra Madián? Y riñéronle fuertemente. A los cuales él respondió; ¿Qué he hecho yo ahora como vosotros? ¿El rebusco de Efraim no es mejor que la vendimia de Abiezer? Dios ha entregado en vuestras manos a Oreb y a Zeb príncipes de Madián; y ¿qué pude yo hacer como vosotros? Entónces el enojo de ellos contra él se aplacó, como él habló esta palabra. Y vino Gedeón al Jordán para pasar, él y los trescientos hombres que traía consigo, cansados del alcance. Y dijo a los de Socot: Yo os ruego que deis al pueblo que me sigue algunos bocados de pan, porque están cansados, para que yo siga a Zebee, y a Salmana reyes de Madián. Y los principales de Socot respondieron: ¿Está ya la mano de Zebee y de Salmana en tu mano, para que hayamos nosotros de dar pan a tu ejército? Y Gedeón dijo: Pues cuando Jehová hubiere entregado en mi mano a Zebee y a Salmana, yo trillaré vuestra carne con espinas y abrojos del desierto. Y de allí subió a Fanuel, y hablóles las mismas palabras. Y los de Fanuel le respondieron, como habían respondido los de Socot. Y él habló también a los de Fanuel, diciendo: Cuando yo tornaré en paz, yo derribaré esta torre. Y Zebee y Salmana estaban en Carcor, y tenían consigo su ejército de como quince mil hombres, todos los que habían quedado de todo el campo de los Orientales y los muertos habían sido ciento y veinte mil hombres, que sacaban espada. Y subiendo Gedeón hacia los que estaban en las tiendas a la parte oriental de Nobe, y de Jegbaa, hirió el campo, porque el campo estaba seguro. Y huyendo Zebee y Salmana, él los siguió, y tomados los dos reyes de Madián, Zebee y Salmana, espantó a todo el ejército. Y volvió Gedeón hijo de Joas de la batalla ántes que el sol subiese. Y tomó un mozo de los de Socot, y preguntándole, él le dió por escrito los principales de Socot y sus ancianos, setenta y siete varones. Y entrando a los de Socot, dijo: He aquí a Zebee, y a Salmana de los cuales me zaheristeis, diciendo: ¿Está ya la mano de Zebee y de Salmana en tu mano para que demos nosotros pan a tus varones cansados? Y tomó a los ancianos de la ciudad, y espinas y abrojos del desierto, y castigo con ellas a los de Socot. Asimismo derribó la torre de Fanuel, y mató a los de la ciudad. Y dijo a Zebee y a Salmana: ¿Qué manera de hombres tenían aquellos que matasteis en Tabor? Y ellos respondieron: Como tú, tales eran aquellos, ni más ni menos, que parecían hijos de rey. Y él dijo: Mis hermanos eran, hijos de mi madre: vive Jehová, que si los hubierais guardado en vida, yo no os mataría. Y dijo a Jeter su primogénito: Levántate, y mátalos: mas el muchacho no desenvainó su espada, porque tenía temor, que aun era muchacho. Entónces dijo Zebee y Salmana: Levántate tú, y mátanos, porque como es el varón tal es su valentía. Y Gedeón se levantó, y mató a Zebee y a Salmana, y tomó las planchas que sus camellos traían al cuello. Y los Israelitas dijeron a Gedeon: Sé nuestro señor tú, y tu hijo, y tu nieto: pues que nos has librado de mano de Madián. Mas Gedeón respondió: No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará: Jehová será vuestro Señor. Y díjoles más Gedeon: Yo demando de vosotros una demanda, que cada uno me dé los zarcillos de su despojo: (porque traían zarcillos de oro, que eran Ismaelitas.) Y ellos respondieron: De buena gana los daremos. Y tendiendo una ropa de vestir echó allí cada uno los zarcillos de su despojo. Y fué el peso de los zarcillos de oro, que el pidió, mil y siete cientos siclos de oro; sin las planchas, y joyeles, y vestidos de púrpura, que traían los reyes de Madián, y sin los collares que traían sus camellos al cuello. Y Gedeón hizo de ellos un efod, el cual hizo guardar en su ciudad de Efra: y todo Israel fornicaron tras de él en aquel lugar, y fué por tropezadero a Gedeón, y a su casa. Así fué humillado Madián delante de los hijos de Israel, y nunca más levantaron su cabeza; y reposó la tierra cuarenta años en los dias de Gedeón. Y Jerubaal hijo de Joas fué, y habitó en su casa. Y tuvo Gedeón setenta hijos que salieron de su muslo; porque tuvo muchas mujeres. Y su concubina que estaba en Siquem, también le parió un hijo, y púsole por nombre Abimelec. Y murió Gedeón, hijo de Joas, en buena vejez, y fué sepultado en el sepulcro de su padre Joas, en Efra de los Abiezeritas. Y aconteció que como murió Gedeón, los hijos de Israel tornaron, y fornicaron en pos de los Baales: y se pusieron por dios a Baal-berit. Y no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios, que los había librado de todos sus enemigos al derredor. Ni hicieron misericordia con la casa de Jerubaal Gedeón, conforme a todo el bien que él había hecho a Israel. Y FUÉSE Abimelec, hijo de Jerubaal, a Siquem a los hermanos de su madre, y habló con ellos, y con toda la familia de la casa del padre de su madre, diciendo: Yo os ruego que habléis a oidos de todos los señores de Siquem: ¿Qué tenéis por mejor, que os señoreen setenta hombres, todos los hijos de Jerubaal, o que os señoree un varón? Acordáos que yo soy hueso vuestro, y carne vuestra. Y hablaron por él los hermanos de su madre a oidos de todos los señores de Siquem todas estas palabras: y el corazón de ellos se inclinó tras Abimelec, porque decían: Nuestro hermano es. Y diéronle setenta siclos de plata del templo de Baal-berit, con los cuales Abimelec alquiló varones ociosos y vagabundos que le siguieron. Y viniendo a la casa de su padre a Efra, mató a sus hermanos los hijos de Jerubaal, setenta varones, sobre una piedra: mas quedó Joatam el más pequeño hijo de Jerubaal, que se escondió. Y juntados todos los señores de Siquem, con toda la casa de Mello, fueron y eligieron a Abimelec por rey cerca de la llanura de la estatua que estaba en Siquem. Lo cual como fué dicho a Joatam, fué, y púsose en la cumbre del monte de Garizim, y alzando su voz clamó, y díjoles: Oídme varones de Siquem, que Dios os oiga: Fueron los árboles a elegir rey sobre sí; y dijeron a la oliva: Reina sobre nosotros. Mas la oliva les respondió: ¿Tengo de dejar mi grosura con la cual por mi causa Dios y los hombres son honrados, por ir, y ser grande sobre los árboles? Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. Y respondióles la higuera: ¿Tengo de dejar mi dulzura y mi buen fruto, por ir, y ser grande sobre los árboles? Dijeron pues los árboles a la vid: Anda pues tú, reina sobre nosotros. Y la vid les respondió: ¿Tengo de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, por ir y ser grande sobre los árboles. Dijeron pues todos los árboles al escaramujo: Anda tú, reina sobre nosotros. Y el escaramujo respondió a los árboles: Si con verdad me elegís por rey sobre vosotros, veníd, y aseguráos debajo de mi sombra, y si no, fuego salga del escaramujo que trague los cedros del Líbano. Ahora pues, si con verdad y con integridad habéis procedido en hacer rey a Abimelec; y si lo habéis hecho bien con Jerubaal y con su casa, y si le habéis pagado conforme a la obra de sus manos: (Pues que mi padre peleó por vosotros, y echó su alma léjos por libraros de mano de Madián, Y vosotros os levantasteis hoy contra la casa de mi padre, y matasteis a sus hijos, setenta varones, sobre una piedra: y habéis puesto sobre los señores de Siquem por rey a Abimelec hijo de su criada, por cuanto es vuestro hermano:) Si con verdad y con integridad habéis hecho hoy con Jerubaal y con su casa, que gocéis de Abimelec: y él goce de vosotros: Y si no, fuego salga de Abimelec que consuma a los señores de Siquem, y la casa de Mello: y fuego salga de los señores de Siquem y de la casa de Mello que consuma a Abimelec. Y huyó Joatán, huyó, y fuése a Beer, y allí se estuvo por causa de Abimelec su hermano. Y después que Abimelec hubo dominado sobre Israel tres años, Envió Dios un espíritu malo entre Abimelec, y entre los señores de Siquem, que los de Siquem se levantaron contra Abimelec, Para que el agravio de los setenta hijos de Jerubaal viniese: y para que las sangres de ellos fuesen puestas sobre Abimelec su hermano, que los mató: y sobre los señores de Siquem, que corroboraran las manos de él para matar sus hermanos. Y los señores de Siquem le pusieron asechadores en las cumbres de los montes, que salteaban a todos los que pasaban cerca de ellos por el camino: de lo cual fué dado aviso a Abimelec. Y vino Gaal hijo de Obed con sus hermanos, y pasáronse a Siquem: y los señores de Siquem se aseguraron con él: Y saliendo al campo vendimiaron sus viñas, y lagarearon, e hicieron alegrías: y entrando en el templo de sus dioses comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelec. Y Gaal hijo de Obed dijo: ¿Quién es Abimelec, y quién es Siquem para que nosotros sirvamos a él? ¿No es hijo de Jerubaal? ¿Y Zebul no es su asistente? Servíd a los varones de Jemor padre de Siquem. ¿Por qué le habíamos de servir a él? ¡Quién diese a este pueblo debajo de mi mano, que luego echaría a Abimelec! Y decía a Abimelec: Aumenta tus escuadrones, y sal. Y Zebul asistente de la ciudad, oyendo las palabras de Gaal hijo de Obed, encendióse su ira. Y envió astutamente mensajeros a Abimelec, diciendo: He aquí que Gaal hijo de Obed, y sus hermanos, han venido a Siquem, y he aquí que han cercado la ciudad contra tí. Levántate pues ahora de noche tú y el pueblo que está contigo, y pon emboscada en el campo. Y por la mañana al salir del sol levantarte has, y acometerás la ciudad; y él y el pueblo que está con él saldrán contra tí: y tú harás con él según que se te ofrecerá. Levantándose pues de noche Abimelec, y todo el pueblo que con él estaba, pusieron emboscada contra Siquem con cuatro compañías. Y Gaal hijo de Obed salió, y púsose a la entrada de la puerta de la ciudad: y Abimelec y todo el pueblo que con él estaba, se levantaron de la emboscada. Y viendo Gaal el pueblo, dijo a Zebul: He allí pueblo que desciende de las cumbres de los montes. Y Zebul le respondió: La sombra de los montes, te parece hombres. Mas Gaal tornó a hablar, y dijo: He allí pueblo que desciende por medio de la tierra: y un escuadrón viene por el camino de la campaña de Meonenim. Y Zebul le respondió: ¿Dónde está ahora tu dicho que decías: Quién es Abimelec, para que sirvamos a él? ¿Este no es el pueblo que tenías en poco? Sal pues ahora, y pelea con él. Y Gaal salió delante de los señores de Siquem y peleó contra Abimelec. Y Abimelec le siguió, y él huyó delante de él, y cayeron heridos muchos hasta la entrada de la puerta. Y Abimelec se quedó en Aruma, y Zebul echó a Gaal y a sus hermanos, que no morasen en Siquem. Y aconteció el día siguiente que el pueblo salió al campo: y fué dado aviso a Abimelec. El cual tomando gente repartióla en tres compañías, y puso emboscadas en el campo: y como miró, he aquí el pueblo que salía de la ciudad: y levantándose contra ellos hiriólos. Y Abimelec y el escuadrón que estaba con él, acometieron con ímpetu, y pararon a la entrada de la puerta de la ciudad: y las otras dos compañías acometieron a todos los que estaban en el campo, e hiriéronlos. Abimelec combatió la ciudad todo aquel día y tomóla, y mató al pueblo que en ella estaba, y asoló la ciudad, y sembróla de sal. Lo cual como oyeron todos los que estaban en la torre de Siquem, entráronse en la fortaleza del templo del dios Berit. Y fué dicho a Abimelec como todos los de la torre de Siquem estaban juntados. Abimelec subió al monte de Salmón, él y toda la gente que estaba con él, y tomó Abimelec hachas en su mano, y cortó rama de los árboles, y levantándola púsosela sobre sus hombros, diciendo al pueblo que estaba con él: Lo que me veis a mí que hago, hacéd vosotros prestamente como yo. Y así todo el pueblo cortó también cada uno su rama, y siguieron a Abimelec, y pusiéronla junto a la fortaleza, y pusieron fuego con ella a la fortaleza, de tal manera que todos los de la torre de Siquem murieron, como mil hombres y mujeres. Después Abimelec se fué a Tebes: y puso cerco a Tebes, y tomóla. En medio de aquella ciudad estaba una torre fuerte a la cual se retiraron todos los hombres y mujeres, y todos los señores de la ciudad: y cerrando tras si las puertas subiéronse a la techumbre de la torre. Y vino Abimelec a la torre, y combatiéndola llegóse a la puerta de la torre para pegarle fuego. Y una mujer dejó caer un pedazo de una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec, y quebróle los cascos. Y luego él llamó a su escudero, y díjole: Saca tu espada y mátame: porque no se diga de mí, una mujer le mató. Y su escudero le atravesó, y murió. Y como los Israelitas vieron muerto a Abimelec, fuéronse cada uno a su casa. Así pues pagó Dios a Abimelec el mal que hizo contra su padre, matando a sus setenta hermanos. Y aun todo el mal de los señores de Siquem tornó Dios sobre sus cabezas: y la maldición de Joatam hijo de Jerubaal vino sobre ellos. Y DESPUÉS de Abimelec levan- tóse Tola hijo de Fua, hijo de Dodo, varón de Isacar, para librar a Israel: el cual habitaba en Samir en el monte de Efraim. Y juzgó a Israel veinte y tres años, y murió, y fué sepultado en Samir. Tras él se levantó Jair Gaaladita, el cual juzgó a Israel veinte y dos años. Este tuvo treinta hijos que cabalgaban sobre treinta asnos, y tenían treinta villas, las cuales se llamaron las villas de Jair hasta hoy, que están en la tierra de Galaad. Y murió Jair, y fué sepultado en Camón. Mas los hijos de Israel tornaron a hacer lo malo en los ojos de Jehová, y sirvieron a los Baales, y a Astarot, y a los dioses de Siria, y a los dioses de Sidón, y a los dioses de Moab, y a los dioses de los hijos de Ammón, y a los dioses de los Filisteos: y dejaron a Jehová, y no le sirvieron. Y Jehová se airó contra Israel, y vendiólos en mano de los Filisteos, y en mano de los hijos de Ammón. Los cuales molieron y quebrantaron a los hijos de Israel en aquel tiempo por diez y ocho años, a todos los hijos de Israel, que estaban de la otra parte del Jordán en la tierra del Amorreo, que es en Galaad. Y los hijos de Ammón pasaron el Jordán para hacer también guerra contra Judá, y Benjamín, y la casa de Efraim: e Israel fué en grande manera afligido. Y los hijos de Israel clamaron a Jehová, diciendo: Nosotros hemos pecado contra tí: porque habemos dejado a nuestro Dios, y habemos servido a los Baales. Y Jehová respondió a los hijos de Israel: ¿No habéis sido oprimidos de Egipto, de los Amorreos, de los Ammonitas, de los Filisteos, De los de Sidón, de Amalec, y de Maón, y clamando a mí os he librado de sus manos? Mas vosotros me habéis dejado, y habéis servido a dioses ajenos: por tanto yo no os libraré más. Andád, y clamád a los dioses que os habéis elegido, que os libren en el tiempo de vuestra aflicción. Y los hijos de Israel respondieron a Jehová: Nosotros hemos pecado, haz tú con nosotros como bien te pareciere: solamente que ahora nos libres en este día. Y quitaron de entre sí los dioses ajenos, y sirvieron a Jehová; y su alma fué angustiada a causa del trabajo de Israel. Y juntándose los hijos de Ammón asentaron campo en Galaad: y juntáronse los hijos de Israel, y asentaron su campo en Maspa. Y los príncipes y el pueblo de Galaad dijeron el uno al otro: ¿Quién será el que comenzará la batalla contra los hijos de Ammón? El será cabeza sobre todos los que habitan en Galaad. ENTÓNCES Jefté Galaadita era hombre valiente, hijo de una ramera, al cual Jefté había engendrado Galaad. Y la mujer de Galaad también le había parido hijos: los cuales cuando fueron grandes echaron de sí a Jefté, diciendo: No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres bastardo. Huyendo pues Jefté a causa de sus hermanos, habitó en tierra de Tob: y juntáronse con él hombres ociosos, los cuales salían con él. Y aconteció que después de algunos dias los hijos de Ammón hicieron guerra contra Israel. Y como los hijos de Ammón tenían guerra contra Israel, los ancianos de Galaad fueron para volver a Jefté de tierra de Tob. Y dijeron a Jefté: Ven y serás nuestro capitán para que peleemos con los hijos de Ammón. Y Jefté respondió a los ancianos de Galaad: ¿No me habéis vosotros aborrecido, y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué venís ahora a mí, cuando estáis en aflicción? Los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: por esta misma causa tornamos ahora a tí, para que vengas con nosotros, y pelées contra los hijos de Ammón, y nos seas cabeza a todos los que moramos en Galaad. Jefté entónces dijo a los ancianos de Galaad: Si me volvéis para que pelée contra los hijos de Ammón, y Jehová los entregare delante de mí, ¿seré yo vuestra cabeza? Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: Jehová oiga entre nosotros, si no lo hicieremos como tú dices. Entónces Jefté vino con los ancianos de Galaad, y el pueblo le eligió por su cabeza y príncipe: y Jefté habló todas sus palabras delante de Jehová en Maspa. Y envió Jefté embajadores al rey de los Ammonitas, diciendo: ¿Qué tienes tú conmigo, que has venido a mí para hacer guerra en mi tierra? Y el rey de los Ammonitas respondió a los embajadores de Jefté: Por cuanto Israel tomó mi tierra, cuando subió de Egipto, desde Arnón hasta Jeboc y el Jordán: por tanto tórnalas ahora en paz. Y Jefté tornó a enviar otros embajadores al rey de los Ammonitas, Diciéndole: Jefté ha dicho así: Israel no tomó tierra de Moab, ni tierra de los hijos de Ammon: Mas subiendo Israel de Egipto, anduvo por el desierto hasta el mar Bermejo, y llegó a Cádes. Entónces Israel envió embajadores al rey de Edom, diciendo: Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra: mas el rey de Edom no los escuchó. Envió también al rey de Moab: el cual tampoco quiso: y así quedó Israel en Cádes. Y yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom, y la tierra de Moab, y viniendo por donde nace el sol a la tierra de Moab, asentó su campo destotra parte de Arnon: y no entraron por el término de Moab; porque Arnón término es de Moab. Y envió Israel embajadores a Sejón rey de los Amorreos, rey de Jesebón, diciéndole: Ruégote que me dejes pasar por tu tierra hasta mi lugar. Mas Sejón no se fió de Israel para darle paso por su término: ántes juntando Sejón todo su pueblo puso campo en Jasa, y peleó contra Israel. Mas Jehová el Dios de Israel entregó a Sejón y a todo su pueblo en mano de Israel, y venciólos, y poseyó Israel toda la tierra del Amorreo, que habitaba en aquella tierra. Poseyeron también todo el término del Amorreo desde Arnón hasta Jeboc, y desde el desierto hasta el Jordán. Así que Jehová el Dios de Israel echó los Amorreos delante de su pueblo Israel: ¿y poseerlo has tú? ¿Si Camos tu dios te echase alguno, no lo poseerías tú? Así pues poseeremos nosotros a todo aquel que echó Jehová nuestro Dios de delante de nosotros. ¿Eres tú ahora bueno, bueno más que Balac hijo de Sefor, rey de Moab? ¿tuvo él cuestión con Israel? ¿hizo guerra contra ellos? Ítem, habitando Israel por trescientos años a Jesebón y sus aldeas, a Aroer y sus aldeas; y todas las ciudades que están a los términos de Arnón, ¿por qué no las habéis defendido en este tiempo? Así que yo nada he pecado contra tí, mas tú haces mal conmigo haciéndome guerra: Jehová, que es el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Ammón. Mas el rey de los hijos de Ammón no oyó las razones de Jefté que le envió a decir. Y el Espíritu de Jehová fué sobre Jefté, y pasó en Galaad, y en Manasés: y de allí pasó en Maspa de Galaad: y de Maspa de Galaad pasó a los hijos de Ammón. E hizo voto Jefté a Jehová, diciendo: Si entregares a los Ammonitas en mis manos, Cualquiera que me saliere a recibir de las puertas de mi casa, cuando volviere de los Ammonitas en paz, será de Jehová, y yo lo ofreceré en holocausto. Y pasó Jefté a los hijos de Ammón para pelear contra ellos, y Jehová los entregó en su mano. E hiriólos de gran matanza, mucho desde Aroer hasta llegar a Mennit, veinte ciudades: y hasta la vega de las viñas: y así fueron domados los Ammonitas delante de los hijos de Israel. Y volviendo Jefté a Maspa a su casa: he aquí que su hija le sale a recibir con adufes, y corros, a la cual tenía sola única: no tenía fuera de ella otro hijo ni hija. Y como él la vió, rompió sus vestidos, diciendo: Ay, hija mía, de verdad me has abatido, y tú eres de los que me abaten: porque yo he abierto mi boca a Jehová, y no lo podré revocar. Ella entónces le respondió: Padre mío, si has abierto tu boca a Jehová, haz de mí como salió de tu boca, pues que Jehová te ha hecho venganza de tus enemigos los hijos de Ammón. Y tornó a decir a su padre: Hágasme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras. El entónces dijo: Vé. Y dejóla por dos meses: y ella fué con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes. Pasados los dos meses, volvió a su padre, e hizo de ella conforme a su voto, que había votado: y ella nunca conoció varón. De aquí fué la costumbre en Israel que de año en año iban las hijas de Israel, para endechar a la hija de Jefté Galaadita, cuatro dias en el año. Y JUNTÁNDOSE los varones de Efraim, pasaron hacia el aquilón, y dijeron a Jefté: ¿Por qué fuiste a hacer guerra contra los hijos de Ammón, y no nos llamaste que fuésemos contigo? Nosotros quemaremos a fuego tu casa contigo. Y Jefté les respondió: Yo tuve, y mi pueblo, una gran contienda con los hijos de Ammon: y llaméos, y no me defendisteis de sus manos. Viendo pues que tú no me defendías, puse mi alma en mi palma, y pasé contra los hijos de Ammón, y Jehová los entregó en mi mano: ¿por qué pues habéis subido hoy contra mí para pelear conmigo? Y juntando Jefté a todos los varones de Galaad peleó contra Efraim; y los de Galaad hirieron a Efraim; porque habían dicho: Vosotros sois fugitivos de Efraim. Vosotros sois Galaaditas entre Efraim y Manasés. Y los Galaaditas tomaron los vados del Jordán, a Efraim; y era, que cuando alguno de los de Efraim, que huía, decía: ¿Pasaré? los varones de Galaad le preguntaban: ¿Eres tú Efrateo? y él respondía, No: Entónces decíanle: Ahora pues dí Shibolet. Y él decía, Sibolet, porque no podían pronunciar así. Entónces echábanle mano, y degollábanle junto a los vados del Jordán. Y murieron entónces de los de Efraim cuarenta y dos mil. Y Jefté juzgó a Israel seis años, y murió Jefté Galaadita, y fué sepultado en las ciudades de Galaad. Después de él juzgó a Israel Ibzán de Belén: El cual tuvo treinta hijos y treinta hijas, las cuales casó fuera, y tomó de fuera treinta hijas para sus hijos, y juzgó a Israel siete años. Y murió Ibzán, y fué sepultado en Belén. Después de él juzgó a Israel Elón Zabulonita, el cual juzgó a Israel diez años. Y murió Elón Zabulonita, y fué sepultado en Ajalón en la tierra de Zabulón. Después de él juzgó a Israel Abdón hijo de Illel Paratonita. Este tuvo cuarenta hijos, y treinta hijos de hijos que cabalgaban sobre setenta asnos, y juzgó a Israel ocho años. Y murió Abdón hijo de Illel Paratonita, y fué sepultado en Paratón en la tierra de Efraim, en el monte de Amalec. Y LOS hijos de Israel tornaron a hacer lo malo en los ojos de Jehová, y Jehová los entregó en mano de los Filisteos cuarenta años. Y había un hombre de Saraa de la tribu de Dan, el cual se llamaba Manue; y su mujer era estéril que nunca había parido. A esta mujer se apareció el ángel de Jehová, y díjole: He aquí que tú eres estéril, y no has parido; mas concebirás, y parirás un hijo. Ahora por tanto, mira ahora que no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda: Porque tú concebirás, y parirás un hijo: y no subirá navaja sobre su cabeza; porque aquel niño Nazareo será de Dios desde el vientre; y él comenzará a salvar a Israel de mano de los Filisteos. Y la mujer vino, y contólo a su marido, diciendo: Un varón de Dios vino a mí, cuyo parecer era como parecer de un ángel de Dios, terrible en gran manera, y no le pregunté de donde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre. Y díjome: He aquí que tú concebirás, y parirás un hijo: por tanto ahora no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda; porque este niño desde el vientre será Nazareo de Dios hasta el día de su muerte. Y oró Manue a Jehová, y dijo: Ay, Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios, que enviaste, torne ahora a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer. Y Dios oyó la voz de Manue, y el ángel de Dios volvió otra vez a la mujer estando ella en el campo: mas su marido Manue no estaba con ella. Y la mujer corrió presto, y díjolo a su marido, diciéndole: He aquí que aquel varón que vino hoy a mí, me ha aparecido. Y levantóse Manue, y siguió a su mujer: y después que llegó al varón, díjole: ¿Eres tú aquel varón que hablaste a esta mujer? Y él dijo: Yo soy. Entónces Manue dijo: Cúmplase pues tu palabra: ¿qué órden se tendrá con el niño, y qué ha de hacer? Y el ángel de Jehová respondió a Manue: La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije. Ella no comerá cosa que salga de vid que lleve vino: no beberá vino, ni sidra: y no comerá cosa inmunda: finalmente, guardará todo lo que le mandé. Entónces Manue dijo al ángel de Jehová: Ruégote que te detengamos, y aparejaremos delante de tí un cabrito de las cabras. Y el ángel de Jehová respondió a Manue: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; mas si quisieres hacer holocausto, sacrificalo a Jehová. Y Manue no sabía que aquel fuese ángel de Jehová. Y Manue dijo al ángel de Jehová: ¿Cómo es tu nombre, porque cuando tu palabra se cumpliere, te honremos? Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es oculto? Y Manue tomó un cabrito de las cabras, y un presente, y sacrificó sobre una peña a Jehová: e hizo milagro a vista de Manue y de su mujer. Porque aconteció, que como la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar a vista de Manue y de su mujer, los cuales se postraron en tierra sobre sus rostros. Y el ángel de Jehová no tornó a aparecer a Manue ni a su mujer. Entónces conoció Manue que era el ángel de Jehová. Y dijo Manue a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios habemos visto. Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no tomara de nuestras manos el holocausto y el presente, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni según el tiempo nos hubiera anunciado esto. Y la mujer parió un hijo, y llamóle por nombre Samsón. Y el niño creció, y Jehová le bendijo. Y el Espíritu de Jehová le comenzó a tomar por veces en Mahane-Dan, entre Saraa y Estaol. Y DESCENDIENDO Samsón en Tamnata, vió en Tamnata una mujer de las hijas de los Filisteos. Y subió, y declarólo a su padre y a su madre, diciendo: Yo he visto en Tamnata una mujer de las hijas de los Filisteos: ruégoos que me la toméis por mujer. Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo mi pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los Filisteos incircuncisos? Y Samsón respondió a su padre: Tómamela por mujer, porque esta agradó a mis ojos. Mas su padre, y su madre no sabían que esta venía de Jehová, y que él buscaba ocasión contra los Filisteos: porque en aquel tiempo los Filisteos dominaban sobre Israel. Y Samsón descendió con su padre y con su madre a Tamnata: y como llegaron a las viñas de Tamnata, he aquí un cachorro de león, que venía bramando hacia él. Y el Espíritu de Jehová cayó sobre él, y despedazólo como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano: y no dió a entender a su padre ni a su madre lo que había hecho. Y viniendo, habló a la mujer que había agradado a Samsón. Y tornando después de algunos dias para tomarla, apartóse del camino para ver el cuerpo muerto del leon: y, he aquí que estaba en el cuerpo del león un enjambre de abejas, y un panal de miel. Y tomándolo en sus manos fuése comiéndolo por el camino: y como llegó a su padre y a su madre, dióles también a ellos que comiesen: mas no les descubrió, que había tomado aquella miel del cuerpo del león. Y vino su padre a la mujer: e hizo allí Samsón banquete: porque así solían hacer los mancebos. Y como ellos lo vieron, tomaron treinta compañeros que estuviesen con él. A los cuales Samsón dijo: Yo os propondré ahora una pregunta, lo cual si en los siete dias del banquete vosotros me declarareis y hallareis, yo os daré treinta sábanas, y treinta mudas de vestidos: Mas si no me la supiereis declarar, vosotros me daréis las treinta sábanas, y las treinta mudas de vestidos. Y ellos respondieron: Propónenos tu pregunta, y oirla hemos. Entónces les dijo: Del comedor salió comida, y del fuerte salió dulzura. Y ellos no pudieron declararle la pregunta en tres dias: Y al séptimo día dijeron a la mujer de Samson: Induce a tu marido a que nos declare esta pregunta; porque no te quememos a tí y a la casa de tu padre. ¿Habéisnos llamado aquí para poseernos? Y lloró la mujer de Samsón delante de él, y dijo: Solamente me aborreces, y no me amas, pues que no me declaras la pregunta que propusiste a los hijos de mi pueblo. Y él le respondió: He aquí, que ni a mi padre ni a mi madre la he declarado; ¿y habíatela de declarar a tí? Y ella lloró delante de él los siete dias que ellos tuvieron banquete: mas al séptimo día él se la declaró, porque le constriñó a ello: Y ella la declaró a los hijos de su pueblo. Y al séptimo día, ántes que el sol se pusiese, los de la ciudad le dijeron: ¿Qué cosa hay más dulce que la miel? ¿Y qué cosa hay más fuerte que el león? Y él les respondió: Si no hubierais arado con mi novilla, nunca hubierais hallado mi pregunta. Y el Espíritu de Jehová cayó sobre él, y vino a Ascalón, e hirió treinta hombres de ellos; y tomando sus despojos, dió las mudas de vestidos a los que habían soltado la pregunta: y encendido en enojo vinóse a casa de su padre. 21 Y la mujer de Samsón fué dada a su compañero, con el cual ántes se acompañaba. Y ACONTECIÓ después de algunos dias, que en el tiempo de la segada del trigo Samsón visitó a su mujer con un cabrito de las cabras, diciendo: Entraré a mi mujer a la cámara. Mas el padre de ella no le dejó entrar. Y dijo el padre de ella: Yo he dicho que tú la aborrecías; y díla a tu compañero. Mas su hermana menor ¿no es más hermosa que ella? Tómala pues en su lugar. Y Samsón les respondió: yo seré sin culpa de esta vez para con los Filisteos, si mal les hiciere. Y fué Samsón, y tomó trescientas zorras, y tomando tizones y juntándolas por las colas, puso entre cada dos colas un tizón. Y encendiendo los tizones echólas en los panes de los Filisteos, y quemó montones y mieses, y viñas y olivares. Y dijeron los Filisteos: ¿Quién hizo esto? Y fuéles dicho: Samsón el yerno del Tamnateo, porque le quitó su mujer, y la dió a su compañero. Y vinieron los Filisteos, y quemaron a fuego a ella y a su padre. Entónces Samsón les dijo: ¿Así lo habíais de hacer? mas yo me vengaré de vosotros, y después cesaré. E hiriólos de gran mortandad pierna y muslo: y descendió, y asento en la cueva de la peña de Etam. Y los Filisteos subieron y pusieron campo en Judá, y tendiéronse por Lequi. Y los varones de Judá les dijeron: ¿Por qué habéis subido contra nosotros? Y ellos respondieron: Para prender a Samsón hemos subido: para hacerle como él nos ha hecho. Y vinieron tres mil hombres de Judá a la cueva de la peña de Etam, y dijeron a Samson: ¿No sabes tú que los Filisteos dominan sobre nosotros? ¿Por qué nos has hecho esto? Y él les respondió: Yo les he hecho como ellos me hicieron. Ellos entónces le dijeron: Nosotros hemos venido para prenderte, y entregarte de mano de los Filisteos. Y Samsón les respondió: Jurádme que vosotros no me mataréis. Y ellos le respondieron, diciendo: No: solamente te prenderemos, y te entregaremos en sus manos: mas no te mataremos. Entónces atáronle con dos cuerdas nuevas, e hiciéronle venir de la peña. Y como vino hasta Lequi, los Filisteos le salieron a recibir con alarido: y el Espíritu de Jehová cayó sobre él, y las cuerdas que estaban en sus brazos se tornaron como lino quemado con fuego, y las ataduras se cayeron de sus manos. Y hallando a mano una quijada de asno aun fresca, extendió la mano y tomóla, e hirió con ella mil hombres. Entónces Samsón dijo: Con una quijada de asno, un montón, dos montones. Con una quijada de asno herí mil varones. Y acabando de hablar, echó de su mano la quijada, y llamó a aquel lugar Ramat-lequi. Y teniendo gran sed, clamó a Jehová, y dijo: Tú has dado esta gran salud por la mano de tu siervo: y ahora yo moriré de sed, y caeré en la mano de los incircuncisos. Entónces Dios quebró una muela que estaba en la quijada, y salieron de allí aguas, y bebió, y volvió en su espíritu, y vivió. Por tanto llamó su nombre de aquel lugar, En-haccore, el cual es en Lequi hasta hoy. Y juzgó a Israel en los dias de los Filisteos veinte años. Y FUÉ Samsón a Gaza, y vió allá una mujer ramera: y entró a ella. Y fué dicho a los de Gaza: Samsón es venido acá: y cercáronle, y pusiéronle espías toda aquella noche a la puerta de la ciudad: y estuvieron callados toda aquella noche, diciendo: Hasta la luz de la mañana: entónces le matarémos. Mas Samsón durmió hasta la media noche: y a la media noche levantóse, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares, y su tranca, echóselas al hombro, y fuése, y subióse con ellas en la cumbre del monte que está delante de Hebrón. Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en Nahal-sorec, la cual se llamaba Dalila. Y vinieron a ella los príncipes de los Filisteos, y dijéronle: Engáñale, y sabe en qué está su fuerza tan grande, y como le podríamos vencer para que le atemos, y le atormentemos: y cada uno de nosotros te dará mil y cien siclos de plata. Y Dalila dijo a Samson: Yo te ruego que me declares, en qué está tu fuerza tan grande: y como podrás ser atado, para ser atormentado. Y respondióle Samson: Si me ataren con siete sogas recientes, que aun no estén enjutas: entónces me enflaqueceré, y seré como cualquiera de los otros hombres. Y los príncipes de los Filisteos le trajeron siete sogas recientes, que aun no estaban enjutas: y ella le ató con ellas. Y las espías estaban escondidas en casa de ella en una cámara. Entónces ella le dijo: Samsón, los Filisteos sobre tí. Y él rompió las sogas, como se rompe una cuerda de estopa cuando siente el fuego: y su fuerza no fué conocida. Entónces Dalila dijo a Samson: He aquí, tú me has engañado, y me has dicho mentiras: descúbreme pues ahora, yo te ruego, como podrás ser atado. Y él le dijo: Si me ataren fuertemente con cuerdas nuevas, con las cuales ninguna cosa se haya hecho, yo me enflaqueceré, y seré como cualquiera de los otros hombres. Y Dalila tomó cuerdas nuevas, y atóle con ellas: y díjole: Samsón, los Filisteos sobre tí. Y las espías estaban en una cámara. Mas él las rompió de sus brazos como un hilo. Y Dalila dijo a Samson: Hasta ahora me engañas y tratas conmigo con mentiras. Descúbreme pues ahora como podrás ser atado. El entónces le dijo: Si tejieres siete guedejas de mi cabeza con la tela. Y ella hincó la estaca, y díjole: Samsón, los Filisteos sobre tí. Mas despertándose él de su sueño, arrancó la estaca del telar con la tela. Y ella le dijo: ¿Cómo dices: Yo te amo: pues que tu corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces, y no me has aun descubierto en que está tu gran fuerza. Y aconteció, que apretándole ella cada día con sus palabras, y moliéndole, su alma se angustió para la muerte. Y descubrióle todo su corazón, y díjole: Nunca a mi cabeza llegó navaja: porque soy Nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, perderé mi fuerza, y seré debilitado, y como todos los otros hombres. Y viendo Dalila, que él le había descubierto todo su corazón, envió a llamar los príncipes de los Filisteos, diciendo: Veníd esta vez; porque él me ha descubierto todo su corazón. Y los príncipes de los Filisteos vinieron a ella, trayendo en su mano el dinero. Y ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas: y llamado un hombre, rapóle siete guedejas de su cabeza: y comenzó a afligirle: y su fuerza se apartó de él. Y ella le dijo: Samsón, los Filisteos sobre tí. Y él como se despertó de su sueño, dijo entre sí: Esta vez saldré como las otras, y escaparme he: no sabiendo que Jehová se había ya apartado de él. Mas los Filisteos echáron mano de él, y sacáronle los ojos, y lleváronle a Gaza: y atáronle con cadenas, para que moliese en la cárcel. Y el cabello de su cabeza comenzó a nacer, después que fué rapado. Y los príncipes de los Filisteos se juntáron para sacrificio a Dagón su dios, y para alegrarse, y dijeron: Nuestro dios entregó en nuestras manos a Samsón nuestro enemigo. Y el pueblo viéndolo, loaron a su dios, diciendo: Nuestro dios entregó en nuestras manos a nuestro enemigo, y al destruidor de nuestra tierra, el cual había muerto muchos de nosotros. Y aconteció, que yéndose alegrando el corazón de ellos, dijeron: Llamád a Samsón, para que juegue delante de nosotros. Y llamáron a Samsón de la cárcel, y jugaba delante de ellos: y pusiéronle entre las columnas. Y Samsón dijo al mozo que le guiaba de la mano: Llégame y házme tentar las columnas sobre que se sustenta la casa, para que me arrime a ellas. Y la casa estaba llena de hombres y mujeres, y todos los príncipes de los Filisteos estaban allí: y sobre la techumbre había como tres mil hombres y mujeres, que estaban mirando el juego de Samsón. Y Samsón clamó a Jehová y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y esfuérzame ahora solamente esta vez ¡Oh Dios! para que de una vez tome venganza de los Filisteos de mis dos ojos. Entónces Samsón se abrazó con las dos columnas del medio sobre las cuales se sustentaba la casa, y estribó en ellas, la una con la mano derecha, y la otra con la izquierda. Y haciendo esto, dijo Samson: Muera mi alma con los Filisteos. Y estribando con esfuerzo cayó la casa sobre los príncipes, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y fueron muchos más los que de ellos mató muriendo, que los que había muerto en su vida. Y descendieron sus hermanos, y toda la casa de su padre, y tomáronle, y lleváronle,y sepultáronle entre Saraa, y Estaol en el sepulcro de su padre Manue: y el juzgó a Israel veinte años. FUÉ un varón del monte de Efraim, que se llamaba Micas: El cual dijo a su madre: Los mil y cien siclos de plata, que te fueron hurtados, y tú maldecias, oyéndolo yo, he aquí que yo tengo este dinero: yo lo había tomado. Entónces la madre dijo: Bendito seas de Jehová, hijo mío. Y después que él hubo tornado a su madre los mil y cien siclos de plata, su madre dijo: yo he dedicado este dinero a Jehová de mi mano para tí, hijo mío, para que hagas imágen de talla y de fundición: por tanto yo ahora te lo vuelvo. Mas volviendo él los dineros a su madre, su madre tomó doscientos siclos de plata, y diólos al fundidor, y él le hizo de ellos una imágen de talla y de fundición, la cual fué puesta en casa de Micas. Y tuvo este hombre Micas casa de dioses: e hízose hacer efod, y terafim, y consagró uno de sus hijos, y fuele por sacerdote. En estos dias no había rey en Israel: mas cada uno hacía como mejor le parecía. Y había un mancebo de Belén de Judá, de la tribu de Judá, el cual era Levita, y peregrinaba allí. Este varón se había partido de la ciudad de Belén de Judá, para ir a vivir donde hallase: y llegando al monte de Efraim, vino a casa de Micas, para de allí hacer su camino. Y Micas le dijo: ¿De dónde vienes? Y el Levita le respondió: Soy de Belén de Judá, y voy a vivir donde hallare. Entónces Micas le dijo: Quédate en mi casa, y serme has en lugar de padre y de sacerdote: y yo te daré diez siclos de plata por un cierto tiempo, y el ordinario de vestidos, y tu comida. Y el Levita se quedó. Y el Levita acordó de morar con aquel hombre, y él le tenía como a uno de sus hijos. Y Micas consagró al Levita, y aquel mancebo le servía de sacerdote: y estuvo en casa de Micas. Y Micas dijo: Ahora sé que Jehová me hará bien, pues que el Levita es hecho mi sacerdote. EN aquellos dias no había rey en Israel: y en aquellos dias la tribu de Dan buscaba posesión para sí donde morase: porque hasta entónces no le había caido su suerte entre las tribus de Israel por heredad. Y los hijos de Dan enviaron de su tribu cinco hombres de sus términos, hombres valientes, de Saraa y de Estaol, para que reconociesen y considaresen bien la tierra, y dijéronles: Id, y reconocéd la tierra. Estos vinieron al monte de Efraim, hasta la casa de Micas, y posaron allí. Y como estaban cerca de la casa de Micas, reconocieron la voz del mancebo Levitá: y llegándose allá, dijéronle: ¿Quién te ha traido por acá? ¿y qué haces aquí? ¿y qué tienes tú por aquí? Y él les respondió: De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micas: y él me ha cogido para que sea su sacerdote. Y ellos le dijeron: Pregunta pues ahora a Dios para que sepamos si ha de prosperar nuestro viaje que hacemos. Y el sacerdote les respondió: Id en paz, que vuestro viaje que hacéis, es delante de Jehová. Entónces aquellos cinco varones se partieron, y vinieron a Lais: y vieron que el pueblo, que habitaba en ella, estaba seguro, conforme a la costumbre de los de Sidón, ocioso y confiado: no había nadie en aquella región que los perturbase en cosa ninguna para poseer aquel reino: demás de esto estaban léjos de los Sidonios, y no tenían negocios con ningunos hombres. Volviendo pues ellos a sus hermanos en Saraa y Estaol, sus hermanos les dijeron: ¿Qué hay? y ellos respondieron: Levantáos, subamos contra ellos: porque nosotros hemos considerado la región, y he aquí que es muy buena; y vosotros os estáis quedos. No seais perezosos para andar a ir a poseer la tierra. Cuando allá llegareis, vendréis a una gente segura, y a una tierra de ancho asiento; pues que Dios la ha entregado en vuestras manos; lugar es donde no hay falta de cosa que sea en la tierra. Y partiendo los de Dan de allí de Saraa y de Estaol, seiscientos hombres armados de armas de guerra, Vinieron, y asentaron campo en Cariat-jarim, que es en Judá, de donde aquel lugar fué llamado, el campo de Dan, hasta hoy: está detrás de Cariat-jarim. Y pasando de allí al monte de Efraim, vinieron hasta la casa de Micas. Y dijeron aquellos cinco varones, que habían ido a reconocer la tierra de Lais, a sus hermanos: ¿No sabéis como en estas casas hay efod, y terafim, e imágen de talla y de fundición? Mirád pues lo que habéis de hacer. Y llegándose allá, vinieron a la casa del mancebo Levita en casa de Micas; y preguntáronle como estaba. Y los seiscientos hombres, que eran de los hijos de Dan, estaban armados de sus armas de guerra a la entrada de la puerta. Y subiendo los cinco varones que habían ido a reconocer la tierra, vinieron allá, y tomaron la imágen de talla, y el efod, y el terafim, y la imágen de fundición, estando el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados de armas de guerra. Entrando pues aquellos en la casa de Micas, tomaron la imágen de talla, el efod, y el terafim, y la imágen de fundición: y el sacerdote les dijo; ¿Qué hacéis vosotros? Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre tu boca; y vente con nosotros para que seas nuestro padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa de un hombre solo, que de una tribu y familia de Israel? Y el corazón del sacerdote se alegró: el cual tomando el efod, y el terafim, y la imágen se vino entre la gente. Y ellos tornaron, y fuéronse, y pusieron los niños, y el ganado y bagage delante de sí. Y cuando ya se habían alejado de la casa de Micas, los hombres que habitaban en las casas, que estaban cerca de la casa de Micas, se juntaron, y siguieron a los hijos de Dan. Y dando voces a los de Dan, los de Dan tornando sus rostros, dijeron a Micas: ¿Qué tienes que has juntado gente? Y él respondió: Mis dioses que yo hice, que me lleváis juntamente con el sacerdote, y os vais, ¿qué más me queda? ¿y a qué proposito me decís: Qué tienes? Y los hijos de Dan le dijeron: No des voces tras nosotros; porque los varones enojados, no os acometan, y pierdas también tu vida, y la vida de los tuyos. Y yéndose los hijos de Dan su camino, y viendo Micas que eran más fuertes que él, volvióse y vínose a su casa. Y ellos llevando las cosas que había hecho Micas, juntamente con el sacerdote que tenía, vinieron en Lais al pueblo reposado y seguro, y pasáronlos a cuchillo, y quemaron la ciudad a fuego. Y no hubo nadie que los defendiese: porque estaban léjos de Sidón, y no tenían comercio con ningún hombre. Y la ciudad estaba asentada en el valle que está en Betroob. Y reedificaron la ciudad, y habitaron en ella. Y llamaron el nombre de aquella ciudad Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, llamándose ciertamente ántes la ciudad Lais. Y los hijos de Dan se levantaron imágen de talla, y Jonatán hijo de Gersón, hijo de Manasés, él y sus hijos fueron sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día de transmigración de la tierra. Y levantáronse la imágen de Micas, la cual él había hecho todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo. EN aquellos dias, como no había rey en Israel, hubo un Levita que moraba como peregrino en los lados del monte de Efraim: el cual se había tomado mujer concubina de Belén de Judá. Y su concubina adulteró contra él, y fuése de él a casa de su padre a Belén de Judá, y estuvo allá por tiempo de cuatro meses. Y levantóse su marido, y siguióla, para hablarle amorosamente, y volverla, llevando consigo un su criado, y un par de asnos: y ella le metió en la casa de su padre. Y viéndolo el padre de la moza salióle a recibir gozoso, y detúvole su suegro, el padre de la moza, y quedó en su casa tres dias, comiendo y bebiendo, y reposando allí. Y al cuarto día, como se levantaron de mañana, levantóse también el Levita para irse, y el padre de la moza dijo a su yerno: Conforta tu corazón con un bocado de pan, y después os iréis. Y sentáronse ellos dos juntos, y comieron y bebieron: y el padre de la moza dijo al varon: Yo te ruego que te quieras quedar aquí esta noche, y alegrarse ha tu corazón. Y levantándose el varón para irse, el suegro le constriñó a que tornase y tuviese allí la noche. Y al quinto día levantándose de mañana para irse, díjole el padre de la moza: Conforta ahora tu corazón. Y así se detuvieron hasta que ya declinó el día comiendo ámbos a dos. Y el varón se levantó para irse él y su concubina y su criado. Entónces su suegro, el padre de la moza, le dijo: He aquí que el día declina para ponerse el sol, ruégote que os estéis aquí la noche: he aquí que el día se acaba: ten aquí la noche, para que se alegre tu corazon; y mañana os levantaréis de mañana a vuestro camino y llegarás a tus tiendas. Mas el varón no quiso quedar allí la noche, sino levantándose partióse, y vino hasta delante de Jebús, que es Jerusalem, con su par de asnos aparejados, y con su concubina. Y estando ya junto a Jebús, el día había abajado mucho; y dijo el criado a su señor: Ven ahora, y vámonos a esta ciudad de los Jebuseos para que tengamos en ella la noche. Y su señor le respondió: No iremos a ninguna ciudad de extranjeros, que no sea de los hijos de Israel; sino pasarémos hasta Gabaa. Y dijo a su criado: Ven, lleguemos a uno de esos dos lugares, para tener la noche en Gabaa, o en Rama. Y pasando anduvieron, y púsoseles el sol junto a Gabaa, que era de Benjamín. Y apartáronse del camino para entrar a tener allí la noche en Gabaa: y entrando aposentáronse en la plaza de la ciudad, que no hubo quien los acogiese en casa para pasar la noche. Y, he aquí, un hombre viejo que a la tarde venía del campo de trabajar, el cual era también del monte de Efraim, y moraba como peregrino en Gabaa: y los moradores de aquel lugar eran hijos de Jemini. Y este hombre alzando los ojos, vió a estotro, que venía de camino, en la plaza de la ciudad: y díjole el viejo: ¿Dónde vas, y de donde vienes? Y él respondió: Pasamos de Belén de Judá a los lados del monte de Efraim, de donde yo soy, y partíme hasta Belén de Judá, y voy ahora a la casa de Jehová, y no hay quien me reciba en casa, Aunque nosotros tenemos paja y de comer para nuestros asnos: y también tenemos pan y vino para mí, y para tu sierva, y para el criado que está con tu siervo, y de nada tenemos falta. Y el hombre viejo dijo: Paz sea contigo: tu necesidad toda sea solamente a mi cargo, con tal que no tengas la noche en la plaza. Y metiéndole en su casa, dió de comer a sus asnos, y lavaron sus piés, y comieron, y bebieron. Y cuando estuvieron alegres, he aquí los hombres de aquella ciudad, que eran hombres hijos de Belial, que cercan la casa, y batían las puertas diciendo al hombre viejo señor de la casa: Saca fuera el hombre que ha entrado en tu casa, para que le conozcamos. Y saliendo a ellos el varón señor de la casa, díjoles: No hermanos míos: Ruégoos que no cometáis este mal, pues que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad. He aquí mi hija vírgen, y su concubina, yo os las sacaré ahora, humilládlas, y hacéd con ellas como os pareciere: y no hagáis a este hombre cosa tan vergonzosa. Mas aquellos hombres no le quisieron oir: y tomando aquel hombre su concubina sacósela fuera: y ellos la conocieron, y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana, y dejáronla cuando el alba subía. Y ya que amanecía la mujer vino, y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su señor estaba, hasta que fué de día. Y levantándose de mañana su señor, abrió las puertas de la casa, y salió, para ir su camino: y he aquí la mujer su concubina que estaba tendida delante de la puerta de la casa con las manos sobre el umbral. Y él le dijo: Levántate para que nos vayamos. Mas ella no respondió. Entónces el varón la levantó, y echándola sobre su asno levantóse y fuése a su lugar. Y en llegando a su casa, toma un cuchillo, y echa mano de su concubina, y despedázala con sus huesos en doce partes, y enviólas por todos los términos de Israel. Y cualquiera que veía aquel hecho, decía: Jamás se ha hecho, ni visto tal cosa desde el tiempo que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Considerád esto, dad consejo; y hablád. ENTÓNCES salieron todos los hijos de Israel, y juntóse la congregación, como de un hombre solo, desde Dan hasta Beer-seba, y la tierra de Galaad, a Jehová en Maspa. Y los cantones de todo el pueblo se hallaron presentes de todas las tribus de Israel en la congregación del pueblo de Dios, cuatrocientos mil hombres de a pié, que sacaban espada. Y los hijos de Benjamín oyeron, que los hijos de Israel habían subido a Maspa. Y dijeron los hijos de Israel: Decíd como fué esta maldad. Entónces el varón Levita marido de la mujer muerta respondió, y dijo: Yo llegué a Gabaa de Benjamín con mi concubina para tener allí la noche: Y levantándose contra mí los señores de Gabaa, cercaron sobre mí la casa de noche deliberados de matarme, y oprimieron mi concubina de tal manera que ella fué muerta. Entónces tomando yo mi concubina, cortéla en piezas, y enviélas por todo el término de la posesión de Israel: por cuanto han hecho maldad y crímen en Israel. He aquí que todos vosotros los hijos de Israel estáis presentes, dáos aquí decreto y consejo. Entónces todo el pueblo, como un solo hombre, se levantó, y dijeron: Ninguno de nosotros irá a su tienda, ni nos apartaremos de aquí cada uno a su casa, Hasta que hagamos esto sobre Gabaa, que echemos suertes contra ella: Y tomarémos diez hombres de cada ciento por todas las tribus de Israel: y de cada mil ciento, y de cada diez mil mil, que lleven bastimento para el pueblo que ha de hacer, yendo contra Gabaa de Benjamín, conforme a toda la abominación que ha hecho en Israel. Y juntáronse todos los varones de Israel contra la ciudad, como un varón solo, en compañía. Y las tribus de Israel enviaron varones por toda la tribu de Benjamín, diciendo: ¿Qué maldad es esta que ha sido hecha entre vosotros? Entregád pues ahora aquellos hombres hijos de Belial, que están en Gabaa, para que les matemos, y barramos el mal de Israel. Mas los de Benjamín no quisieron oir la voz de sus hermanos los hijos de Israel. Ántes los de Benjamín se juntaron de las ciudades en Gabaa, para salir a pelear contra los hijos de Israel. Y fueron contados en aquel tiempo los hijos de Benjamín de las ciudades, veinte y seis mil hombres, que sacaban espada, sin los que moraban en Gabaa, que fueron por cuenta sietecientos varones escogidos. De todo aquel pueblo hubo sietecientos hombres escogidos, cerrados de la mano derecha todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban. Y fueron contados los varones de Israel fuera de Benjamín, cuatrocientos mil hombres que sacaban espada; todos estos hombres de guerra. Los cuales se levantaron, y subieron a la casa de Dios, y consultaron, con Dios los hijos de Israel, diciendo: ¿Quién subirá por nosotros el primero en la guerra contra los hijos de Benjamín? Y Jehová respondió: Judá será el primero. Levantándose pues de mañana los hijos de Israel pusieron campo contra Gabaa. Porque los hijos de Israel habían salido a hacer guerra contra Benjamín; y los varones de Israel ordenaron la batalla contra ellos junto a Gabaa. Y saliendo de Gabaa los hijos de Benjamín derribaron a tierra veinte y dos mil hombres de los hijos de Israel. Mas fortificándose el pueblo, los varones de Israel, tornan a ordenar la batalla en el mismo lugar donde la habían ordenado el primer día. Y los hijos de Israel subieron, y lloraron delante de Jehová hasta la tarde, y consultaron con Jehová, diciendo: ¿Tornaré a pelear con mi hermano los hijos de Benjamín? Y Jehová les respondió: Subíd contra él. Y el día siguiente los hijos de Israel se acercaron a los hijos de Benjamín. Y saliendo el día siguiente Benjamín de Gabaa contra ellos, derribaron a tierra otros diez y ocho mil hombres de los hijos de Israel, todos estos que sacaban espada. Entónces subieron todos los hijos de Israel, y todo el pueblo, y vinieron a la casa de Dios, y lloraron, y sentáronse allí delante de Jehová: y ayunaron aquel día hasta la tarde, y sacrificaron holocaustos y pacíficos delante de Jehová. Y los hijos de Israel preguntaron a Jehová: (porque el arca del concierto de Dios estaba allí en aquellos dias: Y Finees hijo de Eleazar, hijo de Aarón, estaba en su presencia en aquellos dias:) y dijeron: ¿Tornaré a salir en batalla contra mi hermano los hijos de Benjamín, o estarme he quedo? Y Jehová dijo: Subíd: que mañana yo le entregaré en tu mano. E Israel puso emboscadas al rededor de Gabaa. Y subiendo los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín el tercero día, ordenaron la batalla delante de Gabaa, como las otras veces. Y saliendo los hijos de Benjamín contra el pueblo, alejados de la ciudad, comenzaron a herir algunos del pueblo, matando, como las otras veces, por los caminos, uno de los cuales sube a Betel, y el otro a Gabaa por el campo; y mataron como treinta hombres de Israel. Y los hijos de Benjamín decían entre sí: Vencidos son delante de nosotros como ántes: Mas los hijos de Israel decían entre sí: Nosotros huiremos, y alejarlos hemos de la ciudad hasta los caminos. Entónces levantándose todos los de Israel de su lugar, pusiéronse en órden en Baaltamar: y también las emboscadas de Israel salieron de su lugar del prado de Gabaa. Y vinieron contra Gabaa diez mil hombres escogidos de todo Israel, y la batalla se comenzó a agravar: y ellos no sabían que el mal se acercaba sobre ellos. E hirió Jehová a Benjamín delante de Israel; y mataron los hijos de Israel aquel día veinte y cinco mil y cien hombres de Benjamín, todos estos que sacaban espada. Y vieron los hijos de Benjamín que eran muertos; porque los hijos de Israel habían dado lugar a Benjamín, porque estaban confiados en las emboscadas que habían puesto detrás de Gabaa: Y las emboscadas acometieron prestamente a Gabaa, y arremetieron y pusieron a cuchillo toda la ciudad. Y los Israelitas estaban concertados con las emboscadas, que hiciesen mucho fuego, para que subiese gran humo de la ciudad. Y los de Israel habían vuelto las espaldas en la batalla: y los de Benjamín habían comenzado a derribar heridos de Israel como treinta hombres, de tal manera que ya decían: Ciertamente ellos han caido delante de nosotros, como en la primera batalla. Mas cuando la llama comenzo a subir de la ciudad, como una columna de humo, Benjamín tornó a mirar atrás, y he aquí que el fuego de la ciudad subía al cielo. Entónces revolvieron los varones de Israel, y los de Benjamín fueron llenos de temor: porque vieron que el mal había venido sobre ellos. Y volvieron las espaldas delante de Israel hacia el camino del desierto, mas el escuadrón los alcanzó, y los de las ciudades los mataban en medio de ellos. Los cuales cercaron a los de Benjamín, y los siguieron, y hollaron desde Menual, hasta delante de Gabaa al nacimiento del sol. Y cayeron de Benjamín diez y ocho mil hombres, todos estos hombres de guerra. Y volviéndose, huyeron hacia el desierto a la peña de Remmon: y rebuscaron de ellos cinco mil hombres en los caminos; y fueron siguiéndolos hasta Gadaam, y mataron de ellos otros dos mil hombres. Y fueron todos los que de Benjamín murieron aquel día, veinte y cinco mil hombres, que sacaban espada, todos estos hombres de guerra. Y volviéronse y huyeron al desierto a la peña de Remmón, seiscientos hombres, los cuales estuvieron en la peña de Remmón cuatro meses. Y los varones de Israel tornaron a los hijos de Benjamín, y pusiéronlos a cuchillo a hombres y a bestias en la ciudad: finalmente a todo lo que hallaban: y asimismo pusieron fuego a todas las ciudades que hallaban. Y LOS varones de Israel habían jurado en Maspa, diciendo: Ninguno de nosotros dará su hija a los de Benjamín por mujer. Y vino el pueblo a la casa de Dios, y estuviéronse allí hasta la tarde delante de Dios: y alzando su voz hicieron gran llanto, y dijeron: Oh Jehová Dios de Israel, ¿por qué ha sido esto en Israel, que falte hoy de Israel una tribu? Y el día siguiente el pueblo se levantó de mañana, y edificaron allí altar, y ofrecieron holocausto y pacíficos. Y dijeron los hijos de Israel: ¿Quién de todas las tribus de Israel no subió a la congregación de Jehová? Porque se había hecho gran juramento contra el que no subiese a Jehová en Maspa, diciendo: Morirá de muerte. Y los hijos de Israel se arrepintieron a causa de Benjamín su hermano, y dijeron: Una tribu es hoy cortada de Israel. ¿Qué haremos para que los que han quedado puedan tomar mujeres? Nosotros hemos jurado por Jehová que no les hemos de dar nuestras hijas por mujeres. Y dijeron: ¿Hay alguno de las tribus de Israel que no haya subido a Jehová a Maspa? Y hallaron que ninguno de Jabes-galaad había venido al campo a la congregación. Porque el pueblo fué contado, y no hubo allí varón de los moradores de Jabes-galaad. Entónces la congregación envió allá doce mil hombres de los más valientes, y mandáronles, diciendo: Id, y ponéd a cuchillo a los moradores de Jabes-galaad, y las mujeres y la familia. Mas haréis de esta manera, a todo hombre varón, y a toda mujer que hubiere conocido ayuntamiento de varón, mataréis. Y hallaron de los moradores de Jabes-galaad cuatrocientas doncellas que no habían conocido varón en ayuntamiento de varón, las cuales trajeron al campo en Silo, que es en la tierra de Canaán. Y toda la congregación enviaron a hablar a los hijos de Benjamín que estaban en la peña de Remmón, y llamáronlos en paz. Entónces volvieron los de Benjamín, y diéronles por mujeres las que habían guardado vidas de las mujeres de Jabes-galaad: mas no les bastaron estas. Y el pueblo se arrepintieron a causa de Benjamín, de que Jehová hubiese hecho mella en las tribus de Israel. Y los ancianos de la congregación dijeron: ¿Qué haremos para que los que han quedado puedan tomar mujeres? Porque el sexo de las mujeres había sido raido de Benjamín. Y dijeron: Haya Benjamín heredad de escapada, y no sea raida una tribu de Israel. Nosotros no les podremos dar mujeres de nuestras hijas: porque los hijos de Israel habían jurado, diciendo: Maldito sea el que diere mujer a alguno de Benjamín. Y dijeron: He aquí que cada un año hay solemnidad de Jehová en Silo a la parte que está al aquilón a Betel: y al nacimiento del sol al camino que sube de Betel a Siquem; y al mediodía a Lebona. Y mandaron a los hijos de Benjamín, diciendo: Id, y ponéd emboscada en las viñas. Y estád atentos; y cuando viereis salir a las hijas de Silo a bailar en corros, vosotros saldréis de las viñas, y arrebataros heis cada uno mujer para sí de las hijas de Silo: y os iréis a tierra de Benjamín. Y cuando vinieren los padres de ellas, o sus hermanos a demandárnoslo, nosotros les diremos: Tenéd piedad de nosotros en lugar de ellos: pues que nosotros en la guerra no tomamos mujeres para todos: y pues que vosotros no se las habéis dado para que ahora seais culpados. Y los hijos de Benjamín lo hicieron así, que tomaron mujeres conforme a su número, robando de las que danzaban: y yéndose, tornáronse a su heredad, y reedificando las ciudades, habitaron en ellas. Entónces los hijos de Israel se fueron también de allí cada uno a su tribu, y a su familia, saliendo de allí cada cual a su heredad. En estos dias no había rey en Israel, cada uno hacia lo que le parecía recto delante de sus ojos. Y ACONTECIÓ en los dias que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fué a peregrinar en los campos de Moab, él y su mujer y dos hijos suyos. El nombre de aquel varón era Elimelec, y el de su mujer era Noemí: y los nombres de sus dos hijos eran Majalón, y Quelión: eran Eufrates de Belén de Judá; y llegando a los campos de Moab asentaron allí. Y Elimelec el marido de Noemí murió, y quedó ella con sus dos hijos: Los cuales tomaron para sí mujeres de Moab, el nombre de la una fué Orpa, y el nombre de la otra fué Rut, y habitaron allí como diez años. Y murieron también los dos, Majalón, y Quelión, y la mujer quedó desamparada de sus dos hijos y de su marido. Y levantóse con sus nueras, y volvióse de los campos de Moab: porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado su pueblo para darles pan. Salió pues del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras, y comenzaron a caminar para volverse a la tierra de Judá. Y Noemí dijo a sus dos nueras: Andád, volvéos cada una a la casa de su madre, Jehová haga con vosotras misericordia, como la habéis hecho con los muertos, y conmigo. Déos Jehová que halléis descanso, cada una en casa de su marido: y besólas: y ellas lloraron a alta voz. Y dijéronle: Ciertamente nosotras volveremos contigo a tu pueblo. Y Noemí respondió: Volvéos hijas mías: ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿Tengo yo más hijos en el vientre que puedan ser vuestros maridos? Volvéos, hijas mías, e idos, que ya yo soy vieja, para ser para varón. Y aunque dijese: Esperanza tengo, y aunque esta noche fuese con varón, y aun pariese hijos, ¿Habíais vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿habíais vosotras de quedaros sin casar por amor de ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, porque la mano de Jehová ha salido contra mí. Mas ellas alzando otra vez su voz, lloraron: y Orpa besó a su suegra, y Rut se quedó con ella. Y ella dijo: He aquí, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo, y a sus dioses, vuélvete tú tras de ella. Y Rut respondió: No me ruegues que te deje, y me aparte de tí; porque donde quiera que tú fuéres, ire: y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo, mi pueblo: y tu Dios, mi Dios. Donde tú murieres moriré yo, y allí seré sepultada: así me haga Jehová, y así me dé, que sola la muerte hará separación entre mí y tí. Y viendo ella que estaba tan obstinada para ir con ella, dejó de hablarla. Anduvieron pues ellas dos, hasta que llegaron a Belén: y aconteció que entrando ellas en Belén, toda la ciudad se commovió por ellas, y decían: ¿No es esta Noemí? Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, mas llamádme Mara, porque en grande manera me ha amargado el Todopoderoso. Yo me fuí de aquí llena, mas vacía me ha vuelto Jehová. ¿Por qué, pues, me llamaréis Noemí, pues que Jehová me ha oprimido, y el Todopoderoso me ha afligido? Y así volvió Noemí y Rut Moabita su nuera con ella; volvió de los campos de Moab, y llegaron a Belén en el principio de la siega de las cebadas. Y TENÍA Noemí un pariente de su marido, varón poderoso y de hecho, de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz. Y Rut la Moabita dijo a Noemí: Ruégote que me dejes ir al campo, y cogeré espigas en pos de aquel en cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Hija mía, vé. Y yendo, llegó, y cogió en el campo en pos de los segadores, y aconteció por acaso, que la suerte del campo era de Booz, el cual era de la parentela de Elimelec. Y, he aquí que Booz vino de Belén, y dijo a los segadores: Jehová sea con vosotros. Y ellos respondieron: Jehová te bendiga. Y Booz dijo a su criado, el que estaba puesto sobre los segadores: ¿Cúya es esta moza? Y el criado, que estaba puesto sobre los segadores, respondió, y dijo: Es la moza de Moab, que volvió con Noemí de los campos de Moab: Y dijo: Ruégote que me dejes coger y juntar espigas tras los segadores entre las gavillas: y así entró, y está aquí desde por la mañana hasta ahora: sino un poco que ha estado en casa. Entónces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía, no vayas a coger a otro campo, ni pases de aquí: y aquí estarás con mis mozas. Mira bien al campo que segaren, y síguelas: porque yo he mandado a los mozos que no te toquen. Y si tuvieres sed, vé a los vasos, y bebe del agua que sacaren los mozos. Ella entónces inclinando su rostro encorvóse a tierra, y díjole: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos, que tú me conozcas, siendo yo extranjera? Y respondiendo Booz, díjole: Decierto me ha sido declarado todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, que dejando a tu padre y a tu madre, y la tierra de tu natural, has venido a pueblo que no conociste ántes. Jehová galardone tu obra, y tu salario sea lleno por Jehová Dios de Israel, que has venido para cubrirte debajo de sus alas. Y ella dijo: Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos, porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, no siendo yo ni aun como una de tus criadas. Y Booz le dijo: A la hora de comer, allégate aquí, y come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Y ella se asentó junto a los segadores, y él le dió del potage, y comió hasta que se hartó y le sobró: Y levantóse para coger. Y Booz mandó a sus criados, diciendo: Coja también entre las gavillas, y no la avergoncéis. Ántes echaréis a sabiendas de los manojos, y dejarla heis que coja, y no la reprendáis. Y cogió en el campo hasta la tarde, y desgranó lo que había cogido, y fué como un efa de cebada. Y tomólo y vínose a la ciudad: y su suegra vió lo que había cogido. Y ella sacó también lo que le había sobrado después de harta, y dióselo. Y díjole su suegra: ¿Dónde has cogido hoy? ¿Y dónde has trabajado? Bendito sea el que te ha conocido. Y ella declaró a su suegra lo que le había acontecido con aquel varón, y dijo: el nombre del varón con quien hoy he trabajado, es Booz. Y dijo Noemí a su nuera: Sea él bendito de Jehová, que aun no ha dejado su misericordia ni para con los vivos, ni para con los muertos. Y tornóle a decir Noemí: Nuestro pariente es aquel varón, y de nuestros redentores es. Y Rut Moabita dijo: Allende de esto me dijo: júntate con mis criados, hasta que hayan acabado toda mi segada. Y Noemí respondió a Rut su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, que no que te encuentren en otro campo. Y así ella se juntó con las mozas de Booz cogiendo, hasta que la siega de las cebadas y la de los trigos fué acabada; mas con su suegra habitó. Y DÍJOLE su suegra Noemí: Hija mía, ¿no te tengo de buscar descanso, que te sea bueno? ¿No es nuestro pariente Booz, con cuyas mozas tú has estado? He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas. Tú pues lavarte has, y ungirte has, y vestirte has tus vestidos, y vendrás a la era, y no te darás a conocer al varón hasta que él acabe de comer y de beber. Y cuando él se acostare, sabe tú el lugar donde él se acostará, y vendrás, y descubrirás los piés, y acostarte has: y él te dirá lo que hayas de hacer. Y ella le respondió: Todo lo que tú me mandáres, haré. Y descendiendo a la era, hizo todo lo que su suegra le había mandado. Y como Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo bueno, entróse a dormir a un canto del montón. Entónces ella vino escondidamente, y descubrió los piés, y acostóse. Y aconteció, que a la media noche el varón se estremeció, y atentó, y, he aquí la mujer que estaba acostada a sus piés. Entónces él dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva: extiende el canto de tu capa sobre tu sierva, que redentor eres. Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía, que has hecho mejor tu postrera gracia que la primera: no yendo tras los mancebos, sean pobres, o sean ricos. No hayas temor pues ahora, hija mía: yo haré contigo todo lo que tú dijeres, pues que toda la puerta de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa. Y ahora aunque es cierto que yo soy el redentor; con todo eso hay otro redentor más cercano que yo. Reposa esta noche, y cuando sea de día, si aquel te redimiere, bien, redímate: mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré, vive Jehová. Reposa pues hasta la mañana. Y reposó a sus piés hasta la mañana,y levantóse ántes que nadie pudiese conocer a otro, y él dijo. No se sepa que la mujer haya venido a la era: Y dijo a ella: Llega el lienzo que traes sobre tí, y ten de él. Y teniendo de él, él midio seis medidas de cebada, y púsoselas acuestas, y vínose a la ciudad. Y vino a su suegra, la cual le dijo: ¿Qué pues, hija mía? Y ella le declaró todo lo que con aquel varón le había acontecido. Y dijo: Estas seis medidas de cebada me dió, diciéndome: Porque no vayas vacía a tu suegra. Entónces ella dijo: Reposa, hija mía, hasta que sepas como cae la cosa; porque aquel hombre no reposará hasta que hoy concluya el negocio. Y BOOZ subió a la puerta, y asentóse allí: Y, he aquí, pasaba aquel redentor del cual Booz había hablado. Y díjole: Fulano, o zutano, llégate, y siéntate: y él vino, y sentóse. Entónces él tomó diez varones de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentáos aquí. Y ellos se sentaron. Y dijo al redentor: Una parte de las tierras que tuvo nuestro hermano Elimelec, vendió Noemí, la que volvió del campo de Moab. Y yo dije en mí de hacértelo saber, y decirte que las tomes delante de los que están aquí sentados, y delante de los ancianos de mi pueblo. Si redimieres, redime. Y si no quisieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa: porque no hay otro que redima si no tú; y yo después de tí. Y el otro respondió: Yo redimiré. Entónces replicó Booz: El mismo día que tomares las tierras de mano de Noemí, tomaste también a Rut Moabita mujer del difunto, para que levantes el nombre del muerto sobre su posesión. Y el redentor respondió: No puedo yo redimir a mi provecho; porque echaría a perder mi heredad; redime tú mi redención; porque yo no podré redimir. Y había ya de luengo tiempo esta costumbre en Israel en la redención o contrato, que para la confirmación de cualquier negocio el uno quitaba su zapato, y lo daba a su compañero. Y este era el testimonio en Israel. Entónces el pariente dijo a Booz: Tómalo tú. Y diciendo esto descalzó su zapato. Y Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: Vosotros seréis hoy testigos de como tomo todas las cosas que fueron de Elimelec, y todo lo que fué de Quelión, y de Majalón de mano de Noemí; Y que también tomo por mi mujer a Rut Moabita, mujer de Majalón, para que yo levante el nombre del difunto sobre su heredad, para que el nombre del muerto no se pierda de entre sus hermanos, y de la puerta de su lugar. Vosotros seréis hoy testigos. Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta con los ancianos: Qué somos testigos. Jehová haga a la mujer que entra en tu casa, como a Raquel y a Lia, las cuales dos edificaron la casa de Israel: y tú seas ilustre en Éufrata, y tengas nombradía en Belén. Tu casa sea como la casa de Fares, al cual parió Tamar a Judá, de la simiente que Jehová te diere de aquesta moza. Y así Booz tomó a Rut, y ella fué su mujer. El cual como entró a ella, Jehová le dió que concibiese, y pariese un hijo. Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase redentor hoy, cuyo nombre será nombrado en Israel. El cual será restaurador de tu alma, y el que sustentará tu vejez: pues que tu nuera, la cual te ama, le ha parido, que más te vale esta, que siete hijos. Y tomando Noemí el hijo, púsole en su regazo, y fuéle su ama. Y las vecinas le pusieron nombre, diciendo: A Noemí ha nacido un hijo: y llamáronle Obed. Este es padre de Isaí, padre de David: Y estas son las generaciones de Fares: Fares engendró a Jesron; Y Jesrón engendró a Ram, y Ram engendró a Aminadab; Y Aminadab engendró a Naasón, y Naasón engendró a Salmon; Y Salmón engendró a Booz, y Booz engendró a Obed; Y Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David. HUBO un varón de Ramataim de Sofim del monte de Efraim, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Suf Éufrateo. Este tuvo dos mujeres; el nombre de la una era Ana; y el nombre de la otra Fenenna. Y Fenenna tenía hijos, y Ana no los tenía. Y subía aquel varón todos los años, de su ciudad a adorar y sacrificar a Jehová de los ejércitos en Silo: donde estaban dos hijos de Elí, Ofni, y Finees, sacerdotes de Jehová. Y como venía el día, Elcana sacrificaba y daba a Fenenna su mujer, y a todos sus hijos, y a todas sus hijas a cada uno su parte. Mas a Ana daba una parte escogida, porque él amaba a Ana aunque Jehová había cerrado su vientre. Y su competidora la irritaba enojándola y entristeciéndola, porque Jehová había cerrado su vientre. Y así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, enojaba así a la otra; por lo cual ella lloraba, y no comía. Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿Y por qué no comes? ¿Y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos? Y levantóse Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y Elí sacerdote estaba sentado sobre una silla junto a un pilar del templo de Jehová. Y ella con amargura de alma oró a Jehová, llorando abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si mirando mirares la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, mas dieres a tu sierva simiente de varón, yo le dedicaré a Jehová todos los dias de su vida, y no subirá navaja sobre su cabeza. Y fué que como ella orase luengamente delante de Jehová, Elí la estaba mirando a su boca. Mas Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y no se oía su voz, y Elí la tuvo por borracha. Y díjole Elí: ¿Hasta cuándo estarás borracha? digiere tu vino. Y Ana le respondió, diciendo: No, señor mío, mas yo soy una mujer congojada de espíritu, no he bebido vino ni sidra, mas he derramado mi alma delante de Jehová. No tengas a tu sierva por una hija de Belial, porque con la multitud de mis congojas, y de mi aflicción he hablado hasta ahora. Y Elí le respondió, y dijo: Vé en paz, el Dios de Israel te dé la petición que has pedido de él. Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y fuése la mujer su camino, y comió, y no estuvo más triste. Y levantándose de mañana adoraron delante de Jehová; y volviéronse, y vinieron a su casa en Ramata. Y Elcana conoció a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella. Y fué que pasados algunos dias Ana concibió, y parió un hijo, y púsole por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo demandé a Jehová. Después subió el varón Elcana con toda su familia a sacrificar a Jehová el sacrificio acostumbrado, y su voto. Mas Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que le lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre. Y Elcana su marido le respondió: Haz lo que bien te pareciere, quédate hasta que le destetes, solamente Jehová cumpla su palabra. Y quedóse la mujer, y crió a su hijo, hasta que le desteto. Y después que le hubo destetado, llevóle consigo, con tres becerros, y un efa de harina, y un cuero de vino, y trajolo a la casa de Jehová en Silo, y el niño era aun pequeño. Y matando él un becerro trajeron el niñó a Elí. Y ella dijo: Ay, señor mío, viva tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuve aquí contigo orando a Jehová. Por este niño oraba, y Jehová me dió lo que le pedí. Y yo también le vuelvo a Jehová: todos los dias que viviere, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová. Y ANA oró, y dijo: Mi corazón se alegra en Jehová, mi cuerno es ensalzado en Jehová, mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salud. No hay santo como Jehová: porque no hay ninguno fuera de tí, y no hay fuerte como el Dios nuestro. No multipliquéis hablando grandezas, grandezas: cesen las palabras arrogantes de vuestra boca, porque el Dios de las ciencias es Jehová, y las obras magníficas a él le son prestas. Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los flacos se ciñeron de fortaleza. Los hartos se alquilaron por pan: y los hambrientos cesaron: hasta parir siete la estéril, y la que tenía muchos hijos enfermó. Jehová mata, y él da vida: él hace descender a los infiernos, y hace subir. Jehová empobrece, y él enriquece: abate, y ensalza. El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso ensalza del estiércol, para asentarle con los príncipes: y hace que tengan por heredad asiento de honra: porque de Jehová son las columnas de la tierra, y él asentó sobre ellas el mundo. El guarda los piés de sus santos; mas los impíos perecen en tinieblas, porque nadie con fuerza será valiente. Jehová, serán quebrantados sus adversarios: y sobre ellos tronará desde los cielos: Jehová juzgará los términos de la tierra, y dará fortaleza a su rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías. Y Elcana se volvió a su casa en Ramata: y el mozo ministraba a Jehová delante de Elí sacerdote. Mas los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. Era la costumbre de los sacerdotes con el pueblo que cualquiera que sacrificaba sacrificio, venía el criado del sacerdote, cuando la carne estaba a cocer, trayendo en su mano un garfio de tres ganchos, Y hería con él en la caldera, o en la olla, o en el caldero, o en el pote; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían a todo Israel que venía a Silo. Asimismo ántes de quemar el sebo, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que ase para el sacerdote: porque no tomará de tí carne cocida, sino cruda. Y respondíale el varon: Quemen de presto el sebo hoy, y después tómate como quisieres. Y él respondía: No, sino ahora la has de dar; de otra manera yo la tomaré por fuerza, Y así el pecado de los mozos era muy grande delante de Jehová: porque los hombres menospreciaban los sacrificios de Jehová. Y el mozo Samuel ministraba delante de Jehová vestido de un efod de lino. Y hacíale su madre una túnica pequeña, y traíasela cada año, cuando subía con su marido a sacrificar el sacrificio acostumbrado. Y Elí bendecía a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé simiente de esta mujer en lugar de esta petición que pidió a Jehová: y así se volvieron a su lugar. Y visitó Jehová a Ana, y concibió, y parió tres hijos, y dos hijas; y el mozo Samuel crecía delante de Jehová. Elí empero era muy viejo, y oía todo lo que sus hijos hacían a todo Israel; y como dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y díjoles: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros negocios malos. No, hijos míos; porque no es buena fama la que yo oigo: que hacéis pecar al pueblo de Jehová. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán: mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Mas ellos no oyeron la voz de su padre: porque Jehová les quería matar. Y el mozo Samuel iba creciendo, y mejorándose delante de Dios, y delante de los hombres. Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así dijo Jehová: ¿No me manifesté yo manifiestamente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto, en la casa de Faraón? Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase perfume, y trajese efod delante de mí; y dí a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel. ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios, y mis presentes, que yo mandé en el tabernáculo, y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? Por tanto Jehová el Dios de Israel dijo: Yo había dicho, que tu casa, y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente. Mas ahora dijo Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me tuvieren en poco, serán viles. He aquí, vienen dias, en que cortaré tu brazo, y el brazo de la casa de tu padre, para que no haya viejo en tu casa. Y verás a un competidor en el tabernáculo, en todas las cosas en que hiciere bien a Israel; y en ningún tiempo habrá viejo en tu casa. Y no te cortaré del todo varón de mi altar, para hacerte marchitar tus ojos, y henchir tu ánimo de dolor; mas toda la cria de tu casa morirán ya varones. Y esto te será señal, es a saber, lo que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees, que ámbos morirán en un día. Y yo me despertaré sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma, y yo le edificaré casa firme, y él andará delante de mi ungido todos los dias. Y será que el que hubiere quedado en tu casa, vendrá a postrársele por haber un dinero de plata, y un bocado de pan, diciéndole: Ruégote que me constituyas en algún ministerio, para que coma un bocado de pan. Y EL mozo Samuel ministraba a Jehová delante de Elí, y la palabra de Jehová era de estima en aquellos dias, no había visión manifiesta. Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, y ya sus ojos comenzaban a oscurecerse que no podía ver, Y ántes que la lámpara de Dios fuese apagada, Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde el arca de Dios estaba. Y Jehová llamó a Samuel; el cual respondió: Héme aquí. Y corriendo a Elí dijo: Héme aquí: ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado: tórnate y acuéstate. Y él se volvió, y acostóse. Y volvió otra vez Jehová a llamar a Samuel. Y levantándose Samuel vino a Elí, y dijo: Héme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado, vuelve, y acuéstate. Mas Samuel aun no conocía a Jehová, ni le había sido revelada palabra de Jehová. Jehová pues llamó la tercera vez a Samuel: y él levantándose vino a Elí, y dijo: Héme aquí; ¿para qué me has llamado? Entónces Elí entendió que Jehová llamaba al mozo. Y dijo Elí a Samuel: Vé, y acuéstate: y si te llamare, dirás: Habla Jehová, que tu siervo oye. Así Samuel se fué, y acostóse en su lugar. Y vino Jehová, y paróse, y llamó como las otras veces: Samuel, Samuel. Entónces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye. Y Jehová dijo a Samuel: He aquí que yo haré una cosa en Israel, que quien la oyére, le retiñan ambas sus orejas. Aquel día yo despertaré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa. Yo comenzaré; y acabaré. Y yo le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe: que sus hijos se han envilecido, y él no los ha estorbado. Y por tanto yo he jurado a la casa de Elí, que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con presentes. Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel tenía miedo de descubrir la visión a Elí. Llamando pues Elí a Samuel, díjole: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Héme aquí. Y él le dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Ruégote que no me la encubras. Así te haga Dios, y así te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo. Y Samuel se lo descubrió todo, que nada le encubrió. Entónces él dijo: Jehová es, haga lo que bien le pareciere. Y Samuel creció, y Jehová fué con él, y no dejó caer a tierra ninguna de todas sus palabras. Y conoció todo Israel desde Dan, hasta Beer-seba, que Samuel era fiel profeta de Jehová. Así tornó Jehová a aparecer en Silo, porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo con palabra de Jehová. Y SAMUEL habló a todo Israel: e Israel salió al encuentro en batalla a los Filisteos, y asentaron campo junto a Ebenezer: y los Filisteos asentaron el suyo en Afec. Y los Filisteos presentaron la batalla a Israel, y como la batalla se dió, Israel fué vencido delante de los Filisteos: los cuales hirieron en la batalla por el campo como cuatro mil hombres. Y como el pueblo volvió al campo, los ancianos de Israel dijeron: ¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante de los Filisteos? Traigamos a nosotros de Silo el arca del concierto de Jehová, para que viniendo ella entre nosotros nos salve de mano de nuestros enemigos. Y envió el pueblo a Silo, y trajeron de allá el arca del concierto de Jehová de los ejércitos, que estaba asentado entre los querubines: y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees estaban allí con el arca del concierto de Dios: Y aconteció, que como el arca del concierto de Jehová vino en el campo, todo Israel dió grita con tan gran júbilo, que la tierra tembló. Y como los Filisteos oyeron la voz del júbilo, dijeron: ¿Qué voz de gran júbilo es esta en el campo de los Hebreos? Y conocieron que el arca de Jehová había venido al campo. Y los Filisteos hubieron miedo, porque dijeron: Ha venido el Dios al campo. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! que ayer ni anteayer no fué así. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses fuertes? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con toda plaga en el desierto. Esforzáos y sed varones Filisteos, porque no sirváis a los Hebreos, como ellos os han servido a vosotros. Sed varones, y peleád. Y los Filisteos pelearon, e Israel fué vencido, y huyeron cada cual a sus tiendas, y fué hecha muy grande mortandad: y cayeron de Israel treinta mil hombres de a pié. Y el arca de Dios fué tomada, y muertos los dos hijos de Elí, Ofni y Finees. Y corriendo de la batalla un varón de Benjamín vino aquel día a Silo, rotos sus vestidos, y echada tierra sobre su cabeza. Y como llegó, he aquí Elí que estaba sentado sobre una silla atalayando junto al camino: porque su corazón estaba temblando por causa del arca de Dios. Y como aquel hombre llegó a la ciudad, a dar las nuevas, toda la ciudad gritó. Y como Elí oyó el estruendo del grito, dijo: ¿Qué estruendo de alboroto es este? Y aquel hombre vino a priesa, y dió las nuevas a Elí. Y era Elí de edad de noventa y ocho años: y sus ojos se habían oscuredido, que no podía ver. Y dijo aquel varón a Elí: Yo vengo de la batalla, yo he huido hoy de la batalla. Y él le dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo mío? Y el mensajero respondió, y dijo: Israel huyó delante de los Filisteos, y también fué hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees son muertos; y el arca de Dios fué tomada. Y aconteció que como el hizo mención del arca de Dios; Elí cayó para atrás de la silla junto al lugar de la puerta, y quebráronsele las cervices, y murió: porque era hombre viejo y pesado, y había juzgado a Israel cuarenta años. Su nuera, la mujer de Finees, que estaba preñada, cercana al parto, oyendo el rumor que el arca de Dios era tomada, y su suegro muerto, y su marido, encorvóse y parió; porque sus dolores se habían ya derramado por ella. Y al tiempo que se moría decíanle las que estaban junto a ella: No tengas temor; porque has parido hijo. Mas ella no respondió, ni paró mientes. Y llamó al niño Icabod, diciendo: Cautiva es la gloria de Israel, (por el arca de Dios, que era tomada; y porque era muerto su suegro, y su marido.) Y dijo: Cautiva es la gloria de Israel: porque era tomada el arca de Dios. Y LOS Filisteos tomada el arca de Dios, la trajeron desde Eben-ezer a Azoto. Y tomaron los Filisteos el arca de Dios, y metiéronla en la casa de Dagón, y pusiéronla junto a Dagón. Y el siguiente día los de Azoto se levantaron de mañana, y, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová: y tomaron a Dagón, y volviéronle a su lugar. Y tornándose a levantar de mañana el día siguiente, he aquí que Dagón había caido postrado en tierra delante del arca de Jehová: y la cabeza de Dagón, y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral de la puerta; solamente había quedado Dagón en él. Por esta causa los sacerdotes de Dagón, y todos los que entran en el templo de Dagón, no pisan el umbral de Dagón en Azoto hasta hoy. Y la mano de Jehová se agravó sobre los de Azoto, que los destruyó; y los hirió con hemorróides en los siesos en Azoto y en todos sus términos. Y viendo esto los de Azoto, dijeron: No quede con nosotros el arca del Dios de Israel: porque su mano es dura sobre nosotros, y sobre nuestro dios Dagón. Y enviaron a juntar a sí todos los príncipes de los Filisteos, y dijeron: ¿Qué haremos del arca del Dios de Israel? Y ellos respondieron: Pásese el arca del Dios de Israel en Get. Y pasaron el arca del Dios de Israel. Y aconteció que como la hubieron pasado, la mano de Jehová fué contra la ciudad con grande quebrantamiento: que hirió los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande que se les cubrían los siesos con hemorróides. Y enviaron el arca de Dios a Accarón. Y como el arca de Dios vino a Accarón, los de Accarón dieron voces, diciendo: Pasaron a mí el arca del Dios de Israel por matarme a mí y a mí pueblo. Y enviaron a juntar todos los príncipes de los Filisteos, diciendo: Enviád el arca del Dios de Israel, y tórnese a su lugar, y no mate a mí y a mí pueblo. Porque había quebrantamiento de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había allí agravado. Y los que no morían, eran heridos con hemorróides en los siesos, que el clamor de la ciudad subía al cielo. Y ESTUVO el arca de Jehová en la tierra de los Filisteos siete meses. Y llamando los Filisteos a los sacerdotes y adivinos, preguntaron: ¿Qué haremos del arca de Jehová? Declarádnos como la hemos de tornar a enviar a su lugar. Y ellos dijeron: Si enviáis el arca del Dios de Israel, no la enviéis vacía; mas pagarle heis la expiación: y entónces seréis sanos, y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano. Y ellos dijeron: ¿Y qué será la expiación que le pagaremos? Y ellos respondieron: Conforme al número de los príncipes de los Filisteos, cinco hemorróides de oro, y cinco ratones de oro: porque la misma plaga que todos tienen, tienen también vuestros príncipes. Haréis pues las formas de vuestras hemorróides, y las formas de vuestros ratones, que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel: quizá aliviará su mano de sobre vosotros,y de sobre vuestros dioses, y de sobre vuestra tierra. Mas ¿por qué endureceréis vuestro corazón, como los Egipcios y Faraón endurecieron su corazón? Desde que él los hubo así tratado, ¿no los dejaron que se fuesen, y se fueron? Tomád pues ahora, y hacéd un carro nuevo; y tomád dos vacas que crien, a las cuales no haya sido puesto yugo; y uncíd las vacas al carro, y hacéd tornar de detrás de ellas sus becerros a casa. Y tomaréis el arca de Jehová, y ponerla heis sobre el carro; los vasos de oro que le pagáis en expiación, ponéd en una cajeta al lado de ella, y dejarla heis que se vaya. Y mirád que si sube por el camino de su término a Bet-sames, él nos ha hecho este mal tan grande: y si no, seremos ciertos que su mano no nos hirió, mas que nos ha sido accidente. Y aquellos varones lo hicieron así, que tomando dos vacas que criaban, unciéronlas al carro y encerraron en casa sus becerros. Y pusieron el arca de Jehová sobre el carro, y la cajuela con los ratones de oro, y con las formas de sus hemorróides. Y las vacas se encaminaron por el camino de Bet-sames, e iban por un mismo camino andando y bramando sin apartarse ni a diestra ni a siniestra. Y los príncipes de los Filisteos fueron tras ellas hasta el término de Bet-sames. Y los de Bet-sames segaban el trigo en el valle, y alzando sus ojos vieron el arca y holgáronse cuando la vieron. Y el carro vino al campo de Josué Bet-samita, y paró allí: porque allí estaba una gran piedra: y ellos cortaron la madera del carro, y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehová. Y los Levitas descendieron el arca de Jehová, y la cajuela que estaba cerca de ella, en la cual estaban los vasos de oro: y pusiéronla sobre aquella gran piedra: y los varones de Bet-sames sacrificaron holocaustos, y mataron víctimas a Jehová en aquel día. Lo cual viendo los cinco príncipes de los Filisteos, volviéronse a Accarón el mismo día. Estas pues son las hemorróides de oro, que pagaron los Filisteos a Jehová en expiación. Por Azoto una, por Gaza una, por Ascalón una, por Get una, por Accarón una. Y ratones de oro conforme al número de todas las ciudades de los Filisteos que pertenecían a los cinco príncipes, desde las ciudades fuertes hasta las aldeas sin muro. Y hasta la gran piedra sobre la cual pusieron el arca de Jehová, en el campo de Josué Bet-samita, y hasta hoy. E hirió Dios de los de Bet-sames porque habían mirado el arca de Jehová: hirió en el pueblo cincuenta mil y setenta hombres. Y el pueblo puso luto, porque Jehová había herido el pueblo de tan gran plaga. Y dijeron los de Bet-sames: ¿Quién podrá estar delante de Jehová el Dios santo? ¿Y a quién subirá desde nosotros? Y enviaron mensajeros a los de Cariat-jarim, diciendo: Los Filisteos han vuelto el arca de Jehová: descendéd pues y traédla a vosotros. Y VINIERON los de Cariat-jarim, y trajeron el arca de Jehová, y metiéronla en casa de Abinadab en Gabaa: y santificaron a Eleazar su hijo, para que guardase el arca de Jehová. Y aconteció que desde el día que llegó el arca a Cariat-jarim pasaron muchos dias, veinte años: y toda la casa de Israel lamentaba tras Jehová. Y habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitád los dioses ajenos, y a Astarot de entre vosotros, y preparád vuestro corazón a Jehová, y servíd a él solo, y él os librará de mano de los Filisteos. Entónces los hijos de Israel quitaron a los Baales, y a Astarot, y sirvieron a solo Jehová. Y Samuel dijo: Juntád a todo Israel en Maspa, y yo oraré por vosotros a Jehová. Y juntándose en Maspa, sacaron agua, y derramaron delante de Jehová: y ayunáron aquel día, y dijeron allí: Contra Jehová habemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en Maspa. Y oyendo los Filisteos que los hijos de Israel estaban congregados en Maspa, subieron los príncipes de los Filisteos contra Israel. Lo cual como oyeron los hijos de Israel, hubieron temor de los Filisteos. Y dijeron los hijos de Israel a Samuel: No ceses de clamar por nosotros a Jehová nuestro Dios, que nos guarde de mano de los Filisteos. Y Samuel tomó un cordero de leche, y sacrificóle a Jehová en holocausto entero: y clamó Samuel a Jehová por Israel, y Jehová le oyó. Y aconteció que estando Samuel sacrificando el holocausto, los Filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas Jehová tronó con gran sonido aquel día sobre los Filisteos, y quebrantólos y fueron vencidos delante de Israel. Y saliendo los hijos de Israel de Maspa, siguieron a los Filisteos hiriéndolos hasta abajo de Betcar. Y Samuel tomó una piedra, y púsola entre Maspa y Sen, y púsole nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová. Y los Filisteos fueron humillados, que no vinieron más al término de Israel: y la mano de Jehová fué contra los Filisteos todo el tiempo de Samuel. Y fueron tornadas a los hijos de Israel las ciudades, que los Filisteos habían tomado a los Israelitas desde Accarón hasta Get, con sus términos, e Israel las libró de mano de los Filisteos. Y hubo paz entre Israel y el Amorreo. Y juzgó Samuel a Israel todo el tiempo que vivió. E iba todos los años, y daba vuelta a Betel y a Galgal, y a Maspa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares: Y volvíase a Rama; porque allí estaba su casa, y allí también juzgaba a Israel, y edificó allí altar a Jehová. Y ACONTECIÓ que como Samuel se hizo viejo, puso sus hijos por jueces sobre Israel. Y el nombre de su hijo primogénito fué Joel; y el nombre del segundo Abías: los cuales eran jueces en Beer-seba. Mas no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, ántes se acostaron tras la avaricia recibiendo cohecho, y pervertiendo el derecho. Y todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Samuel en Rama, Y dijéronle: He aquí, tú te has hecho viejo, y tus hijos no van por tus caminos, por tanto constitúyenos ahora rey que nos juzgue, como tienen todas las gentes. Y descontentó a Samuel esta palabra que dijeron: Dános rey, que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te dijeren: porque no te han desechado a tí, mas a mí me han desechado que no reine sobre ellos. Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, que me han dejado, y han servido a dioses ajenos, así hacen también contigo. Ahora pues oye su voz; mas protesta primero contra ellos declárandoles el derecho del rey, que ha de reinar sobre ellos. Y dijo Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo, que le había pedido rey. Y díjoles: Este será el juicio del rey que hubiere de reinar sobre vosotros. Tomará vuestros hijos, y ponérselos ha en sus carros, y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro. Y ponérselos ha por coroneles, y cincuenteneros; y que aren sus aradas, y sieguen sus siegas, y que hagan sus armas de guerra, y los pertrechos de sus carros. Ítem, tomará vuestras hijas, para que sean ungüenteras, cocineras, y amasadoras. Asimismo tomará vuestras tierras, vuestras viñas, y vuestros buenos olivares, y dará a sus siervos. El diezmará vuestras simientes, y vuestras viñas, para dar a sus eunucos, y a sus siervos. El tomará vuestros siervos, y vuestras siervas, y vuestros buenos mancebos, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras. Diezmará también vuestro rebaño, y finalmente seréis sus siervos. Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido: mas Jehová no os oirá en aquel día. Mas el pueblo no quiso oir la voz de Samuel, ántes dijeron: No, sino rey será sobre nosotros. Y nosotros seremos también como todas las gentes, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras. Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y recitólas en los oidos de Jehová. Y Jehová dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey sobre ellos. Entónces Samuel dijo a los varones de Israel: Idos cada uno a su ciudad. Y HABÍA un varón de Benjamín hombre valeroso, el cual se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Seor, hijo de Becorat, hijo de Afias, hijo de un varón de Jemini: Este tenía un hijo que se llamaba Saul, mancebo y hermoso, que entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él: del hombro arriba sobrepujaba a todo el pueblo. Y habíanse perdido las asnas de Cis padre de Saul: y dijo Cis a Saul su hijo: Toma ahora contigo alguno de los criados, y levántate, y vé a buscar las asnas. Y él pasó el monte de Efraim y de allí pasó en la tierra de Salisa: y no las hallaron. Y pasaron por la tierra de Salim, y tampoco. Y pasaron por la tierra de Jemini, y no las hallaron. Y cuando vinieron a la tierra de Suf, Saul dijo a su criado que tenía consigo: Ven, volvámosnos porque quizá mi padre, dejadas las asnas, estará congojado por nosotros. Y él le respondió: He aquí ahora que en esta ciudad está el varón de Dios, que es varón insigne: todas las cosas que él dijere, sin duda vendrán. Vamos ahora allá: quizá nos enseñará nuestro camino por donde vayamos. Y Saul respondió a su criado: Vamos pues: mas ¿qué llevarémos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos que presentar al varón de Dios: porque ¿qué tenemos? Entónces tornó el criado a responder a Saul, diciendo: He aquí, se halla en mi mano un cuatro de siclo de plata; esto daré al varón de Dios, porque nos declare nuestro camino. (Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios, decía así: Veníd y vamos hasta el vidente; porque el que ahora se llama profeta, antiguamente era llamado, vidente.) Dijo pues Saul a su criado: Bien dices: ea pues vamos. Y fueron a la ciudad, donde estaba el varón de Dios: Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron unas mozas que salían por agua, a las cuales dijeron: ¿Está en este lugar el vidente? Y ellas respondiéndoles, dijeron: Si. Héle aquí, delante de tí; dáte pues priesa, porque hoy ha venido a la ciudad; porque el pueblo tiene hoy sacrificio en el alto: Y cuando entrareis en la ciudad, luego le hallaréis, ántes que suba al alto a comer; porque el pueblo no comerá hasta que él haya venido; porque él ha de bendecir el sacrificio, y después comerán los convidados. Subíd pues ahora, porque ahora le hallaréis. Y ellos subieron a la ciudad, y cuando estuvieron en medio de la ciudad, he aquí Samuel que salía delante de ellos para subir al alto. Y un día ántes que Saul viniese, Jehová había revelado al oido de Samuel, diciendo: Mañana a esta misma hora, yo enviaré a tí un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel: y este salvará mi pueblo de mano de los Filisteos: porque yo he mirado a mi pueblo, porque su clamor ha llegado hasta mí. Y Samuel miró a Saul, y Jehová le dijo: He aquí este es el varón del cual te dije: Este señoreará a mi pueblo. Y llegando Saul a Samuel en medio de la puerta, díjole: Ruégote que me enseñes donde está la casa del vidente. Y Samuel respondió a Saul, y dijo: Yo soy el vidente: sube delante de mí al alto, y coméd hoy conmigo; y por la mañana te despacharé, y te descubriré todo lo que está en tu corazón. Y de las asnas que se te perdieron hoy ha tres dias, pierde cuidado de ellas, porque ya son halladas. ¿Mas cuyo es todo el deseo de Israel, sino tuyo, y de toda la casa de tu padre? Y Saul respondió y dijo: ¿No soy yo hijo de Jemini, de las más pequeñas tribus de Israel? ¿Y mi familia la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Pues, por qué me has dicho cosa semejante? Y trabando Samuel de Saul y de su criado, metiólos al cenadero, y dióles lugar en la cabecera de los convidados, que eran como treinta varones. Y dijo Samuel al cocinero: Dá acá la porción que te dí, la cual te dije que guardases aparte. Y el cocinero alzó una espalda con lo que estaba sobre ella, y púsola delante de Saul. Y Samuel dijo: He aquí lo que ha quedado, pon delante de tí, y come: porque de industria se guardó para tí, cuando dije: Yo he convidado al pueblo. Y Saul comió aquel día con Samuel. Y cuando hubieron descendido del alto a la ciudad, él habló con Saul sobre la techumbre. Y otra día madrugaron como al salir del alba, y Samuel llamó a Saul sobre la techumbre, y dijo: Levántate, para que te despache. Y Saul se levantó: y salieron fuera ámbos, él y Samuel. Y descendiendo ellos al cabo de la ciudad, dijo Samuel a Saul: Dí al mozo que vaya delante. Y el mozo pasó delante. Y tú espera un poco para que yo te declare palabra de Dios. Y TOMANDO Samuel una ampolla de aceite, derramóla sobre su cabeza, y besóle, y díjole: ¿No te ha ungido Jehová por capitán sobre su heredad? Hoy luego que te hayas apartado de mí, hallarás dos varones junto al sepulcro de Raquel, en el término de Benjamín en Salesa, los cuales te dirán: Las asnas, que habías ido a buscar, son halladas: y tu padre, había ya dejado el negocio de las asnas, y congojábase por vosotros, diciendo: ¿Qué haré de mi hijo? Y como de allí te fueres más adelante, y llegares a la campaña de Tabor, salirte han al encuentro tres varones, que suben a Dios en Betel: llevando el uno tres cabritos, y el otro tres tortas de pan, y el tercero, un cuero de vino. Los cuales, luego que te hayan saludado, te darán dos panes, y tú los tomarás de mano de ellos. De allí vendrás al collado de Dios, donde está la guarnición de los Filisteos, y como entrares allá en la ciudad, encontrarás una compañía de profetas, que descienden del alto, y delante de ellos salterio, y adufe, y flauta, y arpa, y ellos profetizando. Y el Espíritu de Jehová te arrebatará, y profetizarás con ellos; y serás mudado en otro varón. Y cuando te hubieren venido estas señales házte lo que te viniere a la mano: porque Dios es contigo. Y descenderás delante de mí en Galgal; y luego yo descenderé a tí a sacrificar holocaustos, y a matar víctimas pacíficas. Tú me esperarás siete dias hasta que yo venga a tí, y te enseñe lo que has de hacer. Y aconteció que como él tornó su hombro para partirse de Samuel, Dios le trocó su corazon: y todas estas señales vinieron en aquel día. Y como llegaron allá al collado, he aquí la compañía de los profetas que venía a encontrarse con él, y él Espíritu de Dios le arrebáto, y profetizó entre ellos. Y aconteció que todos los que le conocían de ayer y de anteayer, miraban como profetizaba con los profetas. Y el pueblo decía el uno al otro. ¿Qué ha acontecido al hijo de Cis? ¿Saul también entre los profetas? Y alguno de allí respondió, y dijo: ¿Y quién es el padre de ellos? Por esta causa se tornó en proverbio, ¿También Saul entre los profetas? Y cesó de profetizar, y llegó al alto. Y un tio de Saul dijo a él y a su criado: ¿Dónde fuisteis? Y él respondió: A buscar las asnas. Y como vimos que no parecían, fuimos a Samuel. Y dijo el tio de Saul: Yo te ruego que me declares, ¿qué os dijo Samuel? Y Saul respondió a su tio, declarando nos declaró que las asnas habían parecido. Mas del negocio del reino, de que Samuel le habló, no le descubrió nada. Y Samuel convocó el pueblo a Jehová en Maspa. Y dijo a los hijos de Israel: Así dijo Jehová el Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto, y os libré de mano de los Egipcios, y de mano de todos los reinos que os afligieron; Mas vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, diciendo: No, sino pon rey sobre nosotros. Ahora pues ponéos delante de Jehová por vuestras tribus, y por vuestros millares. Y haciendo allegar Samuel todas las tribus de Israel, fué tomada la tribu de Benjamín. E hizo llegar la tribu de Benjamín por sus linajes, y fué tomada la familia de Metri, y de ella fué tomado Saul hijo de Cis: y como le buscaron, no fué hallado. Y preguntaron otra vez a Jehová, si había aun de venir allí aquel varon: y Jehová respondió: He aquí que él está escondido entre el bagaje. Entónces corrieron allá, y tomáronle de allí; y puesto en medio del pueblo, desde el hombro arriba era más alto que todo el pueblo. Y Samuel dijo a todo el pueblo: ¿Habéis visto al que ha elegido Jehová, que no hay semejante a él en todo el pueblo? Entónces el pueblo clamó con alegría, diciendo: Viva el rey. Entónces Samuel recitó al pueblo el derecho del reino, y escribiólo en un libro, el cual guardó delante de Jehová. Y envió Samuel a todo el pueblo cada uno a su casa: y Saul también se fué a su casa en Gabaa, y fueron con él algunos del ejército, el corazón de los cuales Dios había tocado. Mas los impíos dijeron: ¿Cómo nos ha este de salvar? Y tuviéronle en poco, y no le trajeron presente: mas él dismuló. Y SUBIÓ Naas Ammonita, y asentó campo contra Jabes de Galaad. Y todos los de Jabes dijeron a Naas: Haz alianza con nosotros, y servirte hemos. Y Naas Ammonita les respondió: Con esta condición haré alianza con vosotros, que a cada uno de todos vosotros saque el ojo derecho, y ponga esta vergüenza sobre todo Israel. Y los ancianos de Jabes le dijeron: Dános siete dias, para que enviemos mensajeros en todos los términos de Israel: y si nadie hubiere que nos defienda, saldremos a tí. Y llegando los mensajeros a Gabaa de Saul, dijeron estas palabras en oidos del pueblo: y todo el pueblo lloró a alta voz. Y, he aquí, Saul que venía del campo tras los bueyes: y dijo Saul: ¿Qué tiene el pueblo, que lloran? y contáronle las palabras de los varones de Jabes. Y el Espíritu de Dios arrebató a Saul en oyendo estas palabras, y encendióse en ira en gran manera. Y tomando un par de bueyes, cortólos en piezas, y enviólos por todos los términos de Israel por mano de mensajeros, diciendo: Cualquiera que no saliere en pos de Saul, y en pos de Samuel, así será hecho a sus bueyes. Y cayó temor de Jehová sobre el pueblo; y salieron todos como un hombre. Y contólos en Bezec, y fueron los hijos de Israel trescientos mil: y los varones de Judá, treinta mil. Y respondieron a los mensajeros que habían venido: Así diréis a los de Jabes de Galaad: Mañana en calentando el sol, tendréis salud. Y vinieron los mensajeros, y declaráronlo a los de Jabes, los cuales se holgaron. Y los de Jabes dijeron: Mañana saldremos a vosotros, para que hagáis con nosotros todo lo que bien os pareciere. Y el día siguiente Saul puso el pueblo en órden en tres escuadrones: y vinieron en medio del real a la vela de la mañana, e hirieron a los Ammonitas hasta que el día se calentaba; y los que quedaron, se derramaron, que no quedaron dos de ellos juntos. El pueblo entónces dijo a Samuel: ¿Quién son los que decían? ¿Reinará Saul sobre nosotros? Dad aquellos hombres, y matarlos hemos, Y Saul dijo: No morirá hoy alguno; porque hoy ha obrado Jehová salud en Israel. Mas Samuel dijo al pueblo: Veníd, vamos a Galgal para que renovemos allí el reino. Y fué todo el pueblo a Galgal, y envistieron allí a Saul por rey delante de Jehová en Galgal. Y sacrificaron allí víctimas pacíficas delante de Jehová: y alegráronse mucho allí Saul y todos los de Israel. Y DIJO Samuel a todo Israel: He aquí, yo he oido vuestra voz en todas las cosas que me habéis dicho, y os he puesto rey. Ahora, pues, he aquí vuestro rey va delante de vosotros. Porque yo ya soy viejo y cano; mas mis hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi mocedad hasta este día. Aquí estoy, contestád contra mí delante de Jehová, y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, o si he tomado el asno de alguno, o si he calumniado a alguno, o si he injuriado a alguno, o si he tomado cohecho de alguno por el cual haya cubierto mis ojos: y satisfaceros he. Entónces ellos dijeron: Nunca nos has calumniado, ni injuriado, ni has tomado algo de mano de ningún hombre. Y él les dijo: Jehová es testigo contra vosotros, y su ungido también es testigo en este día, que no habéis hallado tras mí cosa ninguna. Y ellos respondieron: Así es. Entónces Samuel dijo al pueblo: Jehová, que hizo a Moisés y a Aarón, y que sacó a vuestros padres de la tierra de Egipto. Ahora pues estád, y yo os pondré demanda delante de Jehová, de todas las justicias de Jehová que ha hecho con vosotros, y con vuestros padres. Como Jacob hubo entrado en Egipto, y que vuestros padres clamaron a Jehová, Jehová envió a Moisés, y a Aarón, los cuales sacaron a vuestros padres de Egipto, y los hicieron habitar en este lugar. Y olvidaron a Jehová su Dios, y él los vendió en la mano de Sísera capitán del ejército de Asor, y en la mano de los Filisteos, y en la mano del rey de Moab, los cuales les hicieron guerra. Y ellos clamaron a Jehová, y dijeron: Pecamos, porque hemos dejado a Jehová, y habemos servido a los Baales, y a Astarot: líbranos pues ahora de la mano de nuestros enemigos, y nosotros te serviremos. Entónces Jehová envió a Jeru-baal, y a Badán, y a Jefté, y a Samuel, y os libró de mano de vuestros enemigos al derredor; y habitasteis seguros. Y como vísteis que Naas rey de los hijos de Ammón venía contra vosotros, me dijísteis: No, sino rey reinará sobre nosotros; siendo vuestro rey Jehová vuestro Dios. Ahora, pues, veis aquí vuestro rey, que elegisteis, que pedisteis; veis aquí que Jehová ha puesto sobre vosotros rey. Pues si temiereis a Jehová, y le serviereis, y oyereis su voz, y no fuereis rebeldes a la palabra de Jehová, así vosotros como el rey que reina sobre vosotros, seréis tras Jehová vuestro Dios. Mas si no oyereis la voz de Jehová, y si fuereis rebeldes a la palabra de Jehová, la mano de Jehová será contra vosotros como contra vuestros padres. Y también ahora estád, y mirád esta gran cosa, que Jehová hará delante de vuestros ojos. ¿No es ahora la siega de los trigos? Yo clamaré a Jehová, y él dará truenos y aguas, para que conozcáis y veais, que es grande vuestra maldad, que habéis hecho en los ojos de Jehová, pidiéndoos rey. Y Samuel clamó a Jehová, y Jehová dió truenos y aguas en aquel día: y todo el pueblo temió en gran manera a Jehová y a Samuel. Y dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos a Jehová tu Dios, que no muramos: porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal, de pedir rey para nosotros. Y Samuel respondió al pueblo: No temáis. Vosotros habéis cometido todo este mal; mas con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servíd a Jehová con todo vuestro corazón. No os apartéis en pos de las vanidades, que no aprovechan, ni libran; porque son vanidades. Que Jehová no desamparará a su pueblo por su grande nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo. Y léjos vaya también de mí, que peque contra Jehová, cesando de rogar por vosotros; ántes os enseñaré por buen camino y derecho: Solamente teméd a Jehová, y servídle de verdad con todo vuestro corazon: porque considerád cuán grandes cosas ha hecho con vosotros. Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey pereceréis. HIJO de un año era Saul cuando reinó: y dos años reinó sobre Israel. Cuando Saul se escogió tres mil de Israel, los dos mil estuvieron con Saul en Macmas, y en el monte de Betel, y los mil estuvieron con Jonatán en Gabaa de Benjamín: y envió a todo el otro pueblo cada uno a sus tiendas. Y Jonatán hirió la guarnición de los Filisteos, que estaba en el collado, y oyéronlo los Filisteos, y Saul hizo tocar trompeta por toda la tierra, diciendo: Oíganlo los Hebreos. Y todo Israel oyeron que se decía: Saul ha herido la guarnición de los Filisteos; y también que Israel olía mal a los Filisteos: y el pueblo se juntó en pos de Saul en Galgal. Entónces los Filisteos se juntaron para pelear con Israel, treinta mil carros, y seis mil caballos, y pueblo como la arena que está a la orilla de la mar en multitud: y subieron, y asentaron campo en Macmas al oriente de Bet-avén. Mas los hombres de Israel viéndose puestos en estrecho, (porque el pueblo estaba en estrecho,) el pueblo se escondió en cuevas, en fosas, en peñascos, en rocas, y en cisternas. Y algunos de los Hebreos pasaron el Jordán en la tierra de Gad y de Galaad: y Saul se estaba aun en Galgal, y todo el pueblo iba tras de él temblando. Y él esperó siete dias, conforme al plazo que Samuel había dicho, y Samuel no venía a Galgal, y el pueblo se le iba. Entónces dijo Saul: Traédme holocausto, y sacrificios pacíficos. Y sacrificó el holocausto. Y como él acababa de hacer el holocausto, he aquí Samuel que venía: y Saul le salió a recibir para saludarle. Entónces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saul respondió: Porque ví que el pueblo se me iba, y que tú no venías al plazo de los dias, y que los Filisteos estaban juntos en Macmas; Dije en mí: Los Filisteos descenderán ahorá a mí en Galgal, y yo no he rogado a la faz de Jehová. Y esforcéme, y ofrecí holocausto. Entonces Samuel dijo a Saul: Locamente has hecho, que no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios, que él te había mandado. Porque ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será durable. Jehová se ha buscado varón según su corazón, al cual Jehová ha mandado, que sea capitán sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó. Y levantándose Samuel subió de Galgal en Gabaa de Benjamín: y Saul contó el pueblo, que se hallaba con él, como seiscientos hombres. Y Saul y Jonatán su hijo, y el pueblo que se hallaba con ellos, se quedaron en Gabaa de Benjamín: y los Filisteos habían puesto su campo en Macmas. Y salieron del campo de los Filisteos tres escuadrones a correr la tierra. El un escuadrón marchaba por el camino de Efra a la tierra de Saul. El otro escuadrón marchaba hacia Bet-orón, y el tercer escuadrón marchaba hacia la región que mira al valle de Seboim hacia el desierto. Y en toda la tierra de Israel no se hallaba oficial; que los Filisteos habían dícho entre sí: Para que los Hebreos no hagan espada, o lanza. Y así todos los de Israel descendían a los Filisteos cada uno a aguzar su reja, su azadón, su hacha, o su sacho, Y cuando se hacían bocas en las rejas, o en los azadones, o en las horquillas, o en las hachas, hasta un aguijón que se había de adobar. Así aconteció que el día de la batalla no se halló espada, ni lanzá en la mano de ninguno de todo el pueblo, que estaba con Saul y con Jonatán, sino fueron Saul y Jonatán su hijo que las tenían. Y la guarnición de los Filisteos salió al paso de Macmas. Y UN día aconteció que Jona- tán, hijo de Saul, dijo a su criado que le traía las armas: Vén, y pasemos a la guarnición de los Filisteos, que está a aquel lado. Y no lo hizo saber a su padre. Y Saul estaba en el término de Gabaa debajo de un granado que estaba en Magrón, y el pueblo que estaba con él, era como seiscientos hombres. Y Aquias, hijo de Aquitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí sacerdote de Jehová en Silo, traía el efod: y el pueblo no sabía que Jonatán se hubiese ido. Y entre los pasos por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los Filisteos había un peñasco agudo de la una parte, y otro de la otra parte, el uno se llamaba Boses, y el otro Sene. El un peñasco al norte hacia Macmas, y el otro al mediodía hacia Gabaa. Dijo pues Jonatán a su criado que le traía las armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos, quizá hará Jehová por nosotros; que no es dificil a Jehová salvar con multitud, o con poco número. Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazon; vé, que aquí estoy contigo a tu voluntad. Y Jonatán dijo: He aquí, nosotros pasarémos a estos hombres, y mostrárnosles hemos. Si nos dijeren así: Esperád hasta que lleguemos a vosotros; entónces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos. Mas si nos dijeren así: Subíd a nosotros; entónces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestras manos, y esto nos será por señal. Y mostráronse ámbos a la guarnición de los Filisteos, y los Filisteos dijeron: He aquí los Hebreos, que salen de las cavernas en que se habían escondido. Y los varones de la guarnición respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y dijeron: Subíd a nosotros, y mostraros hemos el caso. Entónces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras mí, que Jehová los ha entregado en la mano de Israel. Y subió Jonatán con sus manos y con sus piés, y tras él su paje de armas: y los que caían delante de Jonatán, su paje de armas, qué iba tras de él, los mataba. Esta fué la primera matanza, en la cual Jonatán con su paje de armas mató como veinte varones, como en la mitad de una huebra que un par de bueyes suelen arar en un campo. Y hubo temblor en el real, y por la tierra, y por todo el pueblo de la guarnición: y los que habían ido a correr la tierra, también ellos temblaron: y la tierra fué alborotada, y hubo gran temblor. Y las centinelas de Saul vieron desde Gabaa de Benjamín como la multitud estaba turbada, e iba de una parte a otra, y era deshecha. Entónces Saul dijo al pueblo que tenía consigo: Reconocéd luego y mirád, quién haya ido de los nuestros. Y como reconocieron, hallaron que faltaba Jonatán y su paje de armas. Y Saul dijo a Aquias: Trae el arca de Dios. Porque el arca de Dios estaba aquel día con los hijos de Israel. Y aconteció que estando aun hablando Saul con el sacerdote, el alboroto que estaba en el campo de los Filisteos, se aumentaba, e iba creciendo en gran manera. Entónces dijo Saul al sacerdote: Detén tu mano. Y juntando Saul todo el pueblo que con él estaba, vinieron hasta el lugar de la batalla: y, he aquí que la espada de cada uno era vuelta contra su compañero, y la mortandad era grande. Y los Hebreos que habían estado con los Filisteos los dias ántes, y habían venido con ellos de los al derredores al campo, también estos se volvieron para incorporarse con los Israelitas que estaban con Saul y con Jonatán. Asimismo todos los Israelitas que se habían escondido en el monte de Efraim, oyendo que los Filisteos huían, ellos también los siguieron en aquella batalla. Y Jehová salvó a Israel aquel día, y la batalla llego hasta Betavén. Y los varones de Israel fueron puestos en estrecho aquel día; porque Saul había conjurado al pueblo, diciendo: Cualquiera que comiere pan hasta la tarde, hasta que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había gustado pan. Y toda la gente del país llegó a un bosque, donde había míel en la haz del campo. Y entró el pueblo en el bosque, y, he aquí que la miel corría, y ninguno hubo que llegase la mano a su boca: porque el pueblo tenía en reverencia el juramento. Mas Jonatán no había oido, cuando su padre conjuró al pueblo: y extendió la punta de una vara, que traía en su mano, y mojóla en un panal de miel y llegó su mano a su boca, y sus ojos fueron aclarados. Entónces habló uno del pueblo, diciendo: Conjurando ha conjurado tu padre al pueblo, diciendo: Maldito sea el varón que comiere hoy nada: y el pueblo desfallecía de hambre. Y respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora como han sido aclarados mis ojos por haber gustado un poco de esta miel: ¿Cuánto más si el pueblo hubiera hoy comido del despojo de sus enemigos que halló? ¿No se hubiera hecho ahora mayor estrago en los Filisteos? E hirieron aquel día a los Filisteos desde Macmas hasta Ajalon; mas el pueblo se cansó mucho. Y el pueblo se tornó al despojo, y tomaron ovejas y vacas, y becerros, y matáronlos en tierra, y el pueblo comió con sangre. Y dándole de ello aviso a Saul, dijéronle: El pueblo peca contra Jehová comiendo con sangre. Y él dijo: Vosotros habéis prevaricado. Revolvédme ahora acá una grande piedra. Y Saul tornó a decir: Esparcíos por el pueblo, y decídles: Traígame cada uno su vaca, y cada uno su oveja, y degollád aquí, y coméd, y no pecaréis contra Jehová comiendo con sangre. Y trajeron todo el pueblo cada uno su vaca con su mano aquella noche, y degollaron allí. Y edificó Saul altar a Jehová, el cual altar fué el primero que edificó a Jehová. Y dijo Saul: Descendamos de noche contra los Filisteos, y saquearlos hemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos a ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Y el sacerdote dijo: Lleguémosnos aquí a Dios. Y Saul consultó a Dios: ¿Descenderé tras los Filisteos? ¿Entregarlos has en mano de Israel? Mas Jehová no le dió respuesta aquel día. Entónces dijo Saul: Llegáos acá todos los cantones del pueblo: sabéd, y mirád por quien ha sido hoy este pecado. Porque vive Jehová, que salva a Israel, que si fuere en mi hijo Jonatán, él morirá de muerte. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiese. Y dijo a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán mi hijo estaremos a otro lado. Y el pueblo respondió a Saul: Haz lo que bien te pareciere. Entónces dijo Saul a Jehová Dios de Israel: Da perfección. Y fueron tomados Jonatán y Saul, y el pueblo salió por libre. Y Saul dijo: Echád entre mí, y Jonatán mi hijo. Y fué tomado Jonatán. Entónces Saul dijo a Jonatán: Declárame que has hecho. Y Jonatán se lo declaró, y dijo: Gustando gusté con la punta de la vara que traía en mi mano, un poco de miel: ¿y moriré por eso? Y Saul respondió: Así me haga Dios, y así me añada, que sin duda morirás Jonatán. Entónces el pueblo dijo a Saul: ¿Pues ha de morir Jonatán, el que ha hecho esta salud grande en Israel? No será así. Vive Jehová que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha hecho hoy con Dios. Y el pueblo libró a Jonatán, que no muriese. Y Saul dejó de seguir los Filisteos: y los Filisteos se fueron a su lugar. Y tomando Saul el reino sobre Israel, hizo guerra a todos sus enemigos al derredor: contra Moab, contra los hijos de Ammón, contra Edom, contra los reyes de Soba, y contra los Filisteos, y a donde quiera que se tornaba era vencedor. Y juntó ejército, e hirió a Amalec, y libro a Israel de mano de los que le saqueaban. Y los hijos de Saul eran, Jonatán, Jesuí, y Melqui-sua. Y los nombres de sus dos hijas eran, el nombre de la mayor, Merob, y el de la menor, Micol. Y el nombre de la mujer de Saul era Aquinoam, hija de Aquimaas. Y el nombre del general de su ejército era Abner, hijo de Ner, tio de Saul. Porque Cis padre de Saul, y Ner padre de Abner, fueron hijos de Abiel. Y la guerra fué fuerte contra los Filisteos, todo el tiempo de Saul: y a cualquiera que Saul veía que era valiente hombre, y hombre de esfuerzo, le juntaba consigo. Y SAMUEL dijo a Saul: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel: oye pues la voz de las palabras de Jehová. Así dijo Jehová de los ejércitos: Acuérdome de lo que hizo Amalec a Israel: que se le opuso en el camino, cuando subía de Egipto. Vé, pues, e hiere a Amalec, Y destruiréis en él todo lo que tuviere; y no hayas piedad de él. Mata hombres y mujeres, niños y mamantes, vacas y ovejas, camellos y asnos. Y Saul juntó el pueblo, y reconociólos en Telaim, doscientos mil hombres de a pié, y diez mil varones de Judá. Y viniendo Saul a la ciudad de Amalec puso emboscada en el valle. Y Saul dijo al Cineo: Idos, apartáos, y salíd de entre los de Amalec: porque no te destruya juntamente con él; porque tú hiciste misericordia con todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Y el Cineo se apartó de entre los de Amalec. Y Saul hirió a Amalec desde Hevila hasta llegar a Sur que está a la frontera de Egipto. Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, mas a todo el pueblo mató a filo de espada. Y Saul y el pueblo perdonaron a Agag, a lo mejor de las ovejas, y al ganado mayor, a los gruesos, y a los carneros, y finalmente a todo lo bueno, que no lo quisieron destruir: mas todo lo que era vil y flaco destruyeron. Y fué palabra de Jehová a Samuel, diciendo: Pésame de haber puesto por rey a Saul; porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y pesó a Samuel: y clamó a Jehová toda aquella noche. Y Samuel madrugó por venir a recibir a Saul por la mañana: y fué dado aviso a Samuel, diciendo: Saul es venido al Carmelo: y, he aquí, él se ha levantado un trofeo: y que volviendo había pasado, y descendido a Galgala. Vino pues Samuel a Saul, y Saul le dijo: Bendito seas tú de Jehová, yo he cumplido la palabra de Jehová. Samuel entónces dijo: ¿Pues qué balido de ganados y bramido de bueyes es este que yo oigo con mis oidos? Y Saul respondió: De Amalec los han traido: porque el pueblo perdonó a lo mejor de las ovejas, y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios: y los demás destruímos. Entónces Samuel dijo a Saul: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Dí. Y dijo Samuel: ¿Siendo tú pequeño en tus ojos, no has sido hecho cabeza a las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? Y envióte Jehová en jornada, y dijo: Vé, y destruye los pecadores de Amalec, y házles guerra hasta que los acabes. ¿Por qué pues no has oido la voz de Jehová, ántes vuelto al despojo, has hecho lo malo en los ojos de Jehová? Y Saul respondió a Samuel: Antes he oido la voz de Jehová, y fuí a la jornada donde Jehová me envió, y he traido a Agag rey de Amalec, y he destruido los Amalecitas. Mas el pueblo tomó del despojo ovejas y vacas, las primicias del anatema, para sacrificarlas a Jehová tu Dios en Galgal. Y Samuel dijo: ¿Tiene Jehová tanto contentamiento con los holocaustos y víctimas, como con obedecer a la palabra de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios: y el escuchar, que el sebo de los carneros. Porque pecado es de adivinación la rebelión, e ídolo e idolatría, el quebrantar. Y por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado que no seas rey. Entónces Saul dijo a Samuel: Yo he pecado, que he quebrantado el dicho de Jehová, y tus palabras: porque temí al pueblo, y consentí a la voz de ellos: perdona pues ahora mi pecado, Y vuelve conmigo para que adore a Jehová. Y Samuel respondió a Saul: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado que no seas rey sobre Israel. Y volviéndose Samuel para irse, él echó mano del canto de su capa, y rompióse. Entónces Samuel le dijo: Jehová ha rompido hoy de tí el reino de Israel, y lo ha dado a tu prójimo, mejor que tú. Y aun el Vencedor de Israel no mentirá, ni se arrepentirá: porque no es hombre para que se arrepienta. Y él dijo: Yo he pecado: mas ruégote que me honres delante de los ancianos de mi pueblo, y delante de Israel, y vuelve conmigo, para que adore a Jehová tu Dios. Y volvió Samuel tras Saul, y adoró Saul a Jehová. Y dijo Samuel: Traédme a Agag rey de Amalec. Y Agag vino a él delicadamente. Y dijo Agag: ciertamente se acercó la amargura de la muerte. Y Samuel dijo: Como tu espada hizo las mujeres sin hijos; así tu madre será sin hijo entre las mujeres. Entónces Samuel cortó en piezas a Agag delante de Jehová en Galgal. Y Samuel se fué a Rama, y Saul subió a su casa en Gabaa de Saul. Y nunca después vió Samuel a Saul en toda su vida: y Samuel lloraba a Saul, porque Jehová se había arrepentido de haber puesto a Saul por rey sobre Israel. Y DIJO Jehová a Samuel: ¿Hasta cuando has tú de llorar a Saul habiéndole yo desechado, que no reine sobre Israel? Hinche tu cuerno de aceite, y ven, enviarte he a Isaí de Belén: porque de sus hijos me he proveido de rey. Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saul lo entendiere, me matará. Jehová respondió: Toma una becerra de las vacas en tus manos, y dí: A sacrificar a Jehová he venido. Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer, y ungirme has al que yo te dijere. Y Samuel hizo como le dijo Jehová: y como él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad le salieron a recibir con miedo: y dijeron: ¿Es pacífica tu venida? Y él respondió: Si. Vengo a sacrificar a Jehová; santificáos, y veníd conmigo al sacrificio: y santificando él a Isaí y a sus hijos llamólos al sacrificio. Y aconteció, que como ellos vinieron, él vió a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová esta su ungido. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a la altura de su estatura; porque yo le desecho; porque no es lo que el hombre ve, porque el hombre ve lo que está delante de sus ojos, mas Jehová ve el corazón. E Isaí llamó a Abinadab, e hízole pasar delante de Samuel, el cual dijo: Ni a este ha elegido Jehová. E hizo pasar Isaí a Samma; y él dijo: tampoco a este ha elegido Jehová. E hizo pasar Isaí sus siete hijos delante de Samuel, y Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a estos. Y dijo Samuel a Isaí: ¿Hánse acabado los mozos? Y él respondió: Aun queda el menor que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él; porque no nos asentarémos a la mesa hasta que él venga aquí. Y él envió por él, y metióle delante: el cual era rojo, de hermoso parecer, y de bello aspecto. Entónces Jehová dijo: Levántate y úngele, que este es. Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y ungióle de entre sus hermanos: y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová tomó a David. Y levantándose Samuel, volvióse a Rama. Y el Espíritu de Jehová se apartó de Saul, y atormentábale el espíritu malo de parte de Jehová. Y los criados de Saul le dijeron: He aquí ahora que el espíritu malo de Dios te atormenta. Diga pues nuestro señor a tus siervos que están delante de tí, que busquen alguno que sepa tañer arpa: para que cuando fuere sobre tí el espíritu malo de Dios, él taña con su mano, y estés mejor. Y Saul respondió a sus criados: Mirádme pues ahora por alguno que taña bien, y traédmele. Entónces uno de los criados respondió, diciendo: He aquí, yo he visto a un hijo de Isaí de Belén que sabe tañer: y es valiente de fuerza, y hombre de guerra: prudente en sus palabras, hermoso, y Jehová es con él. Y Saul envió mensajeros a Isaí, diciendo: Envíame a David tu hijo, el que está con las ovejas. E Isaí tomó un asno cargado de pan, y un cuero de vino, y un cabrito de las cabras, y enviólo a Saul por mano de David su hijo. Y viniendo David a Saul estuvo delante de él, y él le amó mucho, y fué hecho su escudero. Y Saul envió a decir a Isaí: Yo te ruego que esté David conmigo, porque ha hallado gracia en mis ojos. Y cuando el espíritu malo de Dios era sobre Saul, David tomaba la arpa y tañía con su mano, y Saul tenía refrigerio, y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él. Y LOS Filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y congregáronse en Soco, que es en Judá, y asentaron campo entre Soco y Azeca en el término de Donmim. Y también Saul y los varones de Israel se juntaron, y asentaron el campo en el valle del Alcornoque: y ordenaron la batalla contra los Filisteos. Y los Filisteos estaban sobre el un monte de la una parte, e Israel estaba sobre el otro monte de la otra parte; y el valle estaba entre ellos. Y salió un varón del campo de los Filisteos entre los dos campos, el cual se llamaba Goliat de Get, y tenía de altura seis codos y un palmo. Y traía un almete de acero en su cabeza, vestido de unas corazas de planchas: y el peso de las corazas tenía cinco mil siclos de metal. Y sobre sus piés traía grebas de hierro, y un escudo de acero en sus hombros. El hasta de su lanza era como un enjullo de un telar, y el hierro de su lanza tenía seiscientos siclos de hierro, y su escudero iba delante de él. Y paróse, y dió voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué salís a dar batalla? ¿ No soy yo el Filisteo, y vosotros los siervos de Saul? Escogéd un varón de vosotros que venga contra mí. Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos. Y si yo pudiere más que él, y le venciere, vosotros seréis nuestros siervos, y nos serviréis. Y añadió el Filisteo: Yo he deshonrado hoy el campo de Israel: dádme varón que pelee conmigo. Y oyendo Saul y todo Israel estas palabras del Filisteo, fueron espantados, y hubieron gran miedo. Y David era hijo de un varón Eufrateo de Belén de Judá, cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos: y era este hombre en el tiempo de Saul viejo, y de grande edad entre los hombres. Y los tres hijos mayores de Isaí habían ido a seguir a Saul en la guerra. Y los nombres de sus tres hijos, que habían ido a la guerra eran, Eliab el primogénito: el segundo Abinadab: y el tercero Samma. Y David era el menor. Y habiendo ido los tres mayores tras Saul, David había ido y vuelto de con Saul, para apacentar las ovejas de su padre en Belén. Venía pues aquel Filisteo por la mañana y a la tarde, y presentábase por cuarenta dias. E Isaí dijo a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos un efa de esta cebada tostada, y estos diez panes, y llévalo presto al campo a tus hermanos. Y estos diez quesos de leche llevarás al capitán, y vé a ver a tus hermanos, si están buenos, y tomarás prendas de ellos. Y Saul, y ellos, y todos los de Israel estaban al valle del Alcornoque peleando con los Filisteos. Y David se levantó de mañana, y dejando las ovejas a la guarda, cargóse y fuése, como Isaí le mandó: y vino a la trinchera al ejército, el cual había salido a la ordenanza, y ya tocaban alarma en batalla. Porque así los Israelitas como los Filisteos estaban en ordenanza, escuadrón contra escuadrón. Y David dejó la carga de sobre sí en mano del que guardaba el bagaje, y corrió al escuadrón, y como llegó, preguntaba por sus hermanos, si estaban buenos. Y estaudo él hablando con ellos, he aquí aquel varón que se ponía en medio de los dos campos, que se llamaba Goliat, Filisteo de Get, que subía de los escuadrones de los Filisteos, hablando las mismas palabras, las cuales David oyó. Y todos los varones de Israel que veían aquel varón, huían delante de él, y tenían gran temor. Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis visto a aquel varón que sube? él sube para deshonrar a Israel. Al que le venciere, el rey le enriquecerá de grandes riquezas, y le dará su hija, y hará franca la casa de su padre en Israel. Entónces habló David a los que estaban a par de él, diciendo: ¿Qué harán a aquel varón que venciere a este Filisteo, y quitare la deshonra de Israel? Porque ¿quién es este Filisteo incircunciso, para que deshonre los escuadrones del Dios viviente? Y el pueblo le respondió las mismas palabras, diciendo: Así se hará al tal varón que le venciere. Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos varones, Eliab se encendió en ira contra David, y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido. Y David respondió: ¿Qué he hecho ahora? ¿Estas, no son palabras? Y apartándose de él hacia otros, habló lo mismo, y respondiéronle los del pueblo como primero. Y fueron oidas las palabras que David había dicho, las cuales fueron recitadas delante de Saul: y él le hizo venir. Y dijo David a Saul: No desmaye ninguno a causa de él, tu siervo irá, y peleará con este Filisteo. Y dijo Saul a David: No podrás tú ir contra aquel Filisteo para pelear con él, porque tú eres mozo, y él es hombre de guerra desde su juventud. Y David respondió a Saul: Tu siervo era pastor en las ovejas de su padre, y venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada; Y salía yo tras él, y heríale, y escapábale de su boca: y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y le hería y mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo le mataba; pues este Filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha deshonrado al ejército del Dios viviente. Y añadió David: Jehová que me ha librado de mano de león, y de mano de oso, él también me librará de la mano de este Filisteo. Y dijo Saul a David: Vé, y Jehová sea contigo. Y Saul vistió a David de sus ropas, y puso sobre su cabeza un almete de acero, y vistióle corazas. Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar: porque nunca lo había experimentado. Y dijo David a Saul: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo experimenté. Y echando de si David aquellas cosas, Tomó su cayado en su mano, y tomóse cinco piedras lisas del arroyo, y púsolas en el saco pastoril, y en el zurrón que traía, y fuése, su honda en su mano, hacia el Filisteo. Y el Filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él. Y como el Filisteo miró, y vió a David, túvole en poco, porque era mancebo, y rojo, y de hermoso parecer. Y dijo el Filisteo a David: ¿Soy yo perro que vienes a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses. Y dijo el Filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo, y a las bestias del campo. Y David dijo al Filisteo: Tú vienes a mí con espada, y lanza, y escudo; mas yo vengo a tí en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, que tú has deshonrado. Jehová pues te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y quitaré tu cabeza de tí: y daré los cuerpos de los Filisteos hoy a las aves del cielo, y a las bestias de la tierra, y sabrá toda la tierra, que hay Dios en Israel. Y toda esta congregación sabrá, que Jehová no salva con espada y lanza; porque de Jehová es la guerra, y él os entregará en nuestras manos. Y aconteció, que como el Filisteo se levantó para ir y llegarse contra David, David se dió priesa y corrió al combate contra el Filisteo. Y metiendo David su mano en el saco, tomó de allí una piedra, y tirósela con la honda, e hirió al Filisteo en la frente: y la piedra quedó hincada en su frente, y cayó en tierra sobre su rostro. Y así venció David al Filisteo con honda y piedra: e hirió al Filisteo, y matóle, sin tener David espada en su mano. Entónces corrió David, y púsose sobre el Filisteo, y tomando su espada, y sacándola de su vaina, le mató, y cortóle con ella la cabeza. Y como los Filisteos vieron su gigante muerto, huyeron. Y levantándose los de Israel y de Judá, dieron grita, y siguieron a los Filisteos hasta llegar al valle, y hasta las puertas de Accarón. Y cayeron heridos de los Filisteos por el camino de Saraim hasta Get, y Accarón. Y tornando los hijos de Israel de seguir los Filisteos, robaron su campo. Y David tomó la cabeza del Filisteo, y trájola a Jerusalem, y puso sus armas en su tienda. Mas cuando Saul vió a David que salía a encontrarse con el Filisteo, dijo a Abner el general del ejército: Abner; ¿cúyo hijo es aquel mancebo? Y Abner respondió: Vive tu alma, oh rey, que no lo sé. Y el rey dijo: Pregunta, pues, cuyo hijo es aquel mancebo. Y cuando David volvía de matar al Filisteo, Abner le tomó, y le llevó delante de Saul teniendo la cabeza del Filisteo en su mano. Y díjole Saul: Mancebo, ¿cúyo hijo eres? Y David respondió: Yo soy hijo de tu siervo Isaí de Belén. Y DESPUÉS que él hubo aca- bado de hablar con Saul, el alma de Jonatán fué ligada con la de David, y amóle Jonatán como a su alma. Y Saul le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre. E hicieron alianza Jonatán y David, porque él le amaba como a su alma. Y Jonatán se desnudó la ropa que tenía sobre sí, y dióla a David, y otras ropas suyas, hasta su espada y su arco, con su talabarte. Y salía David, donde quiera que Saul le enviaba, y conducíase prudentemente. Y Saul le hizo capitán de gente de guerra, y era acepto en los ojos de todo el pueblo, y en los ojos de los criados de Saul. Y aconteció que como ellos volvieron, y David volvió de matar al Filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando, y con danzas, con adufes, y con alegrías y panderos a recibir al rey Saul. Y cantaban las mujeres que danzaban y decían: Saul hirió sus miles, y David sus diez miles. Y enojóse Saul en gran manera, y desagradó esta palabra en sus ojos, y dijo: A David dieron diez miles y a mí miles: no le queda más que el reino. Y desde aquel día Saul miró de través a David. Otro día aconteció que el espíritu malo de Dios tomó a Saul, y profetizaba dentro de su casa; y David tañía con su mano como los otros dias; y estaba una lanza a mano de Saul. Y arrojó Saul la lanza, diciendo: Enclavaré a David con la pared; y dos veces se apartó de él David. Mas Saul se temía de David, por cuanto Jehová era con él, y se había apartado de Saul. Y Saul le apartó de sí, e hízole capitán de mil, y salía y entraba delante del pueblo. Y David se conducía prudentemente en todos sus negocios, y Jehová era con él. Y viendo Saul que se conducía tan prudentemente, temíase de él. Mas todo Israel y Judá amaba a David, porque él salía y entraba delante de ellos. Y dijo Saul a David: He aquí, yo te daré a Merob mi hija mayor por mujer: solamente porque me seas valiente hombre, y hagas las guerras de Jehová. Mas Saul decía en sí: No será mi mano contra él, mas la mano de los Filisteos será contra él. Y David respondió a Saul: ¿Quién soy yo, o qué es mi vida, o la familia de mi padre en Israel, para ser yerno del rey? Y venido el tiempo en que Merob, hija de Saul, se había de dar a David, fué dada por mujer a Adriel Menolatita. Mas Micol la otra hija de Saul amaba a David; y fué dicho a Saul, lo cual plugo en sus ojos. Y Saul dijo en sí: Yo se la daré, para que le sea por lazo: y para que la mano de los Filisteos sea contra él. Y dijo Saul a David: Con la otra serás mi yerno hoy. Y Saul mandó a sus criados: Hablád en secreto a David, diciéndole: He aquí, el rey te ama, y todos sus criados te quieren bien, sé pues yerno del rey. Y los criados de Saul hablaron estas palabras a los oidos de David: y David dijo: ¿Pareceos a vosotros que es poco ser yerno del rey, siendo yo un hombre pobre y de ninguna estima? Y los criados de Saul le dieron la respuesta, diciendo: Tales palabras ha dicho David. Y Saul dijo: Decíd así a David: No está el contentamiento del rey en el dote, sino en cien prepucios de Filisteos, para que sea tomada venganza de los enemigos del rey. Mas Saul pensaba echar a David en las manos de los Filisteos. Y como sus criados declararon a David estas palabras, plugo la cosa en los ojos de David, de ser yerno del rey. Y el plazo no era aun cumplido. Y David se levantó y partióse con sus varones, e hirió doscientos hombres de los Filisteos, y David trajo los prepucios de ellos, y entregáronlos todos al rey, para que él fuese hecho yerno del rey: y Saul le dió a su hija Micol por mujer. Y Saul viendo y considerando que Jehová era con David, y que su hija Micol le amaba, Temióse más Saul de David, y fué Saul enemigo de David todos los dias. Y salían los príncipes de los Filisteos; y como ellos salían, David se conducía más prudentemente que todos los siervos de Saul: y su nombre era muy ilustre. Y HABLÓ Saul a Jonatán su hijo, y a todos sus criados, para que matasen a David: mas Jonatán hijo de Saul amaba a David en gran manera: El cual dió aviso a David, diciendo: Saul mi padre procura matarte: por tanto mira ahora por tí con tiempo, y estáte en secreto, y escóndete. Y yo saldré y estaré junto a mi padre en el campo, donde estuvieres: y yo hablaré de tí a mi padre, y hacerte he saber lo que viere. Y Jonatán habló bien de David a Saul su padre, y díjole: No peque el rey contra su siervo David, pues que ninguna cosa ha cometido contra tí; ántes sus obras te han sido muy buenas. Porque el puso su alma en su palma, e hirió al Filisteo, e hizo Jehová una gran salud a todo Israel. Tú lo viste, y te holgaste: ¿por qué pues pecarás contra la sangre inocente matando a David sin causa? Y oyendo Saul la voz de Jonatán, juró: Vive Jehová, que no morirá. Y llamando Jonatán a David, declaróle todas estas palabras: y metió a David a Saul, el cual estuvo delante de él como ántes. Y tornó a hacerse guerra: y salió David, y peleó contra los Filisteos, e hiriólos con grande estrago, y huyeron delante de él. Y el espíritu malo de Jehová fué sobre Saul; y estando sentado en su casa tenía una lanza a mano: y David estaba tañendo con su mano. Y Saul procuró de enclavar a David con la lanza en la pared; mas él se apartó de delante de Saul, el cual hirió con la lanza en la pared, y David huyó y se escapó aquella noche. Y Saul envió mensajeros a casa de David, para que le guardasen, y le matasen a la mañana: mas Micol su mujer lo descubrió a David, diciendo: Si no escapares tu vida esta noche, mañana serás muerto. Y Micol descolgó a David por una ventana; y él se fué, y huyó, y se escapó. Y Micol tomó una estatua, y púsola sobre la cama, y le puso por cabecera una almohada de pelos de cabra, y cubrióla con una ropa. Y cuando Saul envió mensajeros que tomasen a David, ella respondió: Está enfermo. Y tornó Saul a enviar mensajeros para que viesen a David, diciendo: Traédmele en la cama para que le mate. Y como los mensajeros entraron, he aquí la estatua que estaba en la cama, y una almohada de pelos de cabra por cabecera. Entónces Saul dijo a Micol: ¿Por qué me has así engañado, y has dejado escapar a mi enemigo? Y Micol respondió a Saul: Porque él me dijo: Déjame ir, si no yo te mataré. Y huyó David, y escapóse, y vino a Samuel en Rama, y díjole todo lo que Saul había hecho con él, y fuése él y Samuel, y moraron en Najot. Y fué dado aviso a Saul, diciendo: He aquí que David está en Najot en Rama. Y envió Saul mensajeros que trajesen a David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban, y a Samuel que estaba, y les presidia. Y fué el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saul, y ellos también profetizaron. Y fué hecho saber a Saul, y él envió a otros mensajeros, los cuales también profetizaron: y Saul volvió a enviar otros terceros mensajeros, y ellos también profetizaron. Entónces él vino a Rama; y llegando al pozo grande que está en Soco, preguntó, diciendo: ¿Donde están Samuel y David? Y le fué respondidó: He aquí, están en Najot en Rama. Y vino allí a Najot en Rama, y fué también sobre él el Espíritu de Dios, e iba profetizando hasta que llegó a Najot en Rama. Y él también se desnudó sus vestidos, y profetizó él también delante de Samuel, y cayó desnudo todo aquel día, y toda aquella noche. De aquí se dijo: ¿También Saul entre los profetas? Y DAVID huyó de Najot, que es en Rama, y vínose delante de Jonatán, y dijo: ¿Qué he hecho? ¿Qué es mi maldad? ¿O qué es mi pecado contra tu padre que él procura quitarme mi vida? Y él le dijo: En ninguna manera. No morirás. He aquí que mi padre ninguna cosa hará, grande ni pequeña, que no me la descubra. ¿Por qué pues me encubrirá mi padre este negocio? No será así. Y David volvió a jurar, diciendo: Tu padre sabe claramente, que yo he hallado gracia delante de tus ojos: y dirá en sí: No sepa esto Jonatán, porque no haya pesar: y ciertamente vive Jehová, y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte. Y Jonatán dijo a David: Qué dice tu alma, que yo lo haré por tí. Y David respondió a Jonatán: He aquí que mañana será nueva luna, y yo acostumbro sentarme con el rey a comer: mas tú me dejarás que me esconda en el campo hasta la tarde del tercero día: Si tu padre hiciere mención de mí, dirás: Rogóme mucho que le dejase ir presto a Belén su ciudad; porque todos los del linaje tienen allá sacrificio aniversario. Si él dijere: Bien está: tu siervo tiene paz. Mas si se enojare, sabe que la malicia es en él consumada. Harás pues misericordia con tu siervo, (pues que trajiste contigo a tu siervo en alianza de Jehová,) que si maldad hay en mí, tú me mates, que no hay necesidad de traerme hasta tu padre. Y Jonatán le dijo: Esto nunca te acontezca: mas si yo entendiere ser consumada la malicia de mi padre, para venir sobre tí, ¿no te lo había yo de descubrir? Y David dijo a Jonatán: ¿Quién me dará la respuesta: o si tu padre te respondiere asperamente? Y Jonatán dijo a David: Ven, salgamos al campo. Y saliéronse ámbos al campo. Entónces dijo Jonatán a David: Jehová Dios de Israel, si preguntando yo a mi padre mañana a esta hora, o después de mañana, y si él me hablare bien de David, si entónces no enviare a tí, y te lo descubriere, Jehová haga así a Jonatán, y esto le añada. Mas si a mi padre pareciere bien de hacerte mal, también te lo descubriré, y te enviaré y te irás en paz; y sea Jehová contigo, como fué con mi padre. Y si yo viviere, harás conmigo misericordia de Jehová. Mas si fuere muerto, No quitarás tu misericordia de mi casa perpetuamente. Cuando desarraigare Jehová los enemigos de David de la tierra uno a uno, quite también a Jonatán de su casa, y requiera Jehová de la mano de los enemigos de David. Y así Jonatán hizo alianza con la casa de David. Y tornó Jonatán a jurar a David, porque le amaba, que como a su alma le amaba. Y díjole Jonatán: Mañana es nueva luna, y tú serás echado ménos, porque tu asiento estará vacío. Estarás pues tres dias, y luego descenderás, y vendrás al lugar donde estabas escondido el día de trabajo, y esperarás junto a la piedra de Ezel. Y yo tiraré tres saetas hacia aquel lado, como ejercitándome al blanco. Y luego enviaré el criado, diciéndole: Vé, busca las saetas. Y si dijere al mozo: He allí las seatas más aca de tí, tómalas: tú vendrás, porque paz tienes, y nada hay de mal, vive Jehová. Mas si yo dijere al mozo así: He allí las saetas adelante de tí: tú véte, porque Jehová te ha enviado. Y cuanto a las palabras que yo y tú hemos hablado, sea Jehová para siempre entre mí y tí. David pues se escondió en el campo, y fué la nueva luna, y el rey se asentó a comer pan. Y el rey se asentó en su silla, como solía, en el asiento de la pared: y Jonatán se levantó, y sentóse Abner al lado de Saul, y el lugar de David estaba vacío. Aquel día Saul no dijo nada, diciendo entre sí: Habrále acontecido algo, no está limpio, porque no estará limpio. El día siguiente, el segundo día de la nueva luna, aconteció también que el asiento de David estaba vacío: y Saul dijo a Jonatán su hijo: ¿Por qué no ha venido el hijo de Isaí hoy ni ayer al pan? Y Jonatán respondió a Saul: David me pidió que le dejase ir hasta Belén. Y dijo: Ruégote que me dejes ir, porque tenemos sacrificio del linaje en la ciudad, y mi hermano mismo me lo ha mandado: por tanto si he hallado gracia en tus ojos, escaparme he ahora, y visitaré a mis hermanos: y por esto no ha venido a la mesa del rey. Entónces Saul se encendió contra Jonatán, y díjole: ¡Hijo de la perversa y rebelde! ¿no entiendo yo que tú has elegido al hijo de Isaí para confusión tuya, y para confusión de la vergüenza de tu madre? Porque todo el tiempo que el hijo de Isaí viviere sobre la tierra, ni tú serás firme, ni tú reino, Envía pues, y tráemele en esta hora, porque ha de morir. Y Jonatán respondió a su padre Saul, y díjole: ¿Por qué morirá? ¿Qué ha hecho? Entónces Saul le arrojó una lanza por herirle: y Jonatán entendió que su padre estaba determinado de matar a David. Y Jonatán se levantó de la mesa con ira de furor, y no comió pan el segundo día de la nueva luna; porque tenía dolor a causa de David, y porque su padre le había afrentado. Otro día de mañana Jonatán salió al campo al tiempo aplazado con David,y un mozo pequeño con él: Y dijo a su mozo: Corre y busca las saetas que yo tirare. Y como el muchacho iba corriendo, él tiraba la saeta adelante de él. Y llegando el muchacho adonde estaba la saeta que Jonatán había tirado, Jonatán dió voces tras el muchacho, diciendo: ¿La saeta no está más adelante de tí? Y tornó a dar voces Jonatán tras el muchacho: Dáte priesa prestamente; no te pares. Y el muchacho de Jonatán cogió las saetas, y vínose a su señor. Y el muchacho ninguna cosa entendió, solamente Jonatán y David entendían el negocio. Y Jonatán dió sus armas a su muchacho, y díjole: Véte, y llévalas a la ciudad. Y como el muchacho fué ido, David se levantó de la parte del mediodía, e inclinóse tres veces postrado en tierra; y besándose el uno al otro, lloraron el uno con el otro, aunque David lloró más. Y Jonatán dijo a David: Vé en paz: que ámbos habemos jurado por el nombre de Jehová, diciendo: Jehová sea entre mí y tí; entre mi simiente, y entre tu simiente, para siempre. 43 Y él se levantó, y se fué: y Jonatán se entró en la ciudad. Y VINO David a Nobe a Aquimelec el sacerdote, y Aquimelec le salió a recibir espantado, y díjole: ¿Cómo vienes tú solo, y nadie contigo? Y respondió David a Aquimelec el sacerdote: El rey me encomendó un negocio, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna de este negocio a que yo te envió, y que yo te he mandado: y yo señale a los criados un cierto lugar. Por tanto ¿qué tienes ahora a mano? Dáme cinco panes en mi mano, o lo que se hallare. Y el sacerdote respondió a David, y dijo: No tengo pan común a la mano: solamente tengo pan sagrado. Mas si los criados se han guardado, mayormente de mujeres. Y David respondió al sacerdote y díjole: De cierto las mujeres nos han sido vedadas desde ayer, y desde anteayer cuando salí: y los vasos de los mozos fueron santos, aunque el camino es profano: cuanto más que hoy será santificado con los vasos. Así el sacerdote le dió el pan sagrado, porque allí no había otro pan, que los panes de la proposición, que habían sido quitados de delante de Jehová, para que se pusiesen panes calientes el día que los otros fueron quitados. Aquel día estaba allí uno de los siervos de Saul encerrado delante de Jehová, el nombre del cual era Doeg Idumeo, príncipe de los pastores de Saul. Y David dijo a Aquimelec: ¿No tienes aquí a mano lanza, o espada? Porque no tomé en mi mano mi espada ni mis armas: porque el mandamiento del rey era de priesa. Y el sacerdote respondió: La espada de Goliat el Filisteo, que tú venciste en el valle del Alcornoque, está aquí envuelta en un velo detrás del efod: Si tú te la quieres tomar, tómala: porque aquí no hay otra sino aquella. Y David dijo: No hay otra tal; dámela. Y levantándose David aquel día, huyo de la presencia de Saul, y vínose a Aquis rey de Get. Y los siervos de Aquis le dijeron: ¿No es este David el rey de la tierra? ¿No es este a quién cantaban en los corros, diciendo: Hirió Saul sus miles, y David sus diez miles? Y David puso estas palabras en su corazón, y tuvo gran temor de Aquis rey de Get. Y mudó su habla delante de ellos: y fingióse ser loco entre las manos de ellos: y escribía en las portadas de las puertas, dejando correr su saliva por su barba. Y dijo Aquis a sus siervos: Catád; ¿Habéis visto un hombre furioso? ¿por qué le habéis traido a mí? ¿Fáltanme a mi locos, qué trajeseis este, que hiciese del loco delante de mí? ¿Este había de venir a mi casa? Y YÉNDOSE David de allí, esca- póse en la cueva de Odollam: lo cual como oyeron sus hermanos, y toda la casa de su padre, vinieron allí a él. Y juntáronse con él todos los varones afligidos, y todo hombre que estaba adeudado, y todos los que estaban amargos de alma: y fué hecho capitán de ellos, y así tuvo consigo como cuatrocientos hombres. Y fuése David de allí a Maspa de Moab: y dijo al rey de Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que sepa lo que Dios hará de mí. Y trajoles en la presencia del rey de Moab: y habitáron con él todo el tiempo que David estuvo en la fortaleza. Y Gad profeta dijo a David: No te estés en esta fortaleza: pártete, y véte en tierra de Judá. Y David se partió, y vino al bosque de Haret. Y oyó Saul como había parecido David y los que estaban con él. Y Saul estaba en Gabaa debajo de un árbol en Rama, y tenía su lanza en su mano, y todos sus criados estaban en derredor de él. Y dijo Saul a sus criados, que estaban en derredor de él: Oid ahora hijos de Jemini. ¿Os dará también a todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas? ¿y haceros ha a todos vosotros capitanes y sargentos, Que todos vosotros habéis conspirado contra mí, y no hay quien me descubra al oido, como mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí: ni hay alguno de vosotros que se duela de mí, y me descubra como mi hijo ha despertado a mi siervo contra mi, para que me aseche, como es este día? Entónces Doeg Idumeo, que era señor sobre los siervos de Saul, respondió y dijo: Yo ví al hijo de Isaí, que vino a Nobe, a Aquimelec, hijo de Aquitob: Y él consultó por él a Jehová, y le dió provisión, y asimismo le dió la espada de Goliat el Filisteo. Y el rey envió por Aquimelec, hijo de Aquitob, sacerdote, y por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nobe: y todos vinieron al rey. Y Saul le dijo: Oye ahora hijo de Aquitob. Y él dijo: Aquí estoy, señor mío. Y Saul le dijo: ¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú, y el hijo de Isaí, cuando tú le diste pan, y espada, y consultaste por él a Dios, para que se levantase contra mí, y me asechase, como es este día? Entónces Aquimelec respondió al rey, y dijo: ¿Y quién hay fiel entre todos tus siervos como lo es David, y yerno del rey, y que va por tu mandado, y es ilustre en tu casa? ¿He comenzado yo desde hoy a consultar por él a Dios? Léjos sea de mí. No imponga el rey cosa a su siervo, ni a toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa sabe de este negocio, grande ni chica. Y el rey dijo: Sin duda morirás Aquimelec, tú y toda la casa de tu padre. Entónces el rey dijo a la gente de su guardia, que estaban al rededor de él: Cercád y matád a los sacerdotes de Jehová: porque la mano de ellos es también con David: porque sabiendo ellos que huía, no me lo descubrieron. Mas los siervos del rey no quisieron extender sus manos para matar los sacerdotes de Jehová. Entónces el rey dijo a Doeg: Vuelve tú, y arremete contra los sacerdotes. Y tornando Doeg Idumeo, arremetió contra los sacerdotes, y mató en aquel día ochenta y cinco varones, que vestían efod de lino. Y a Nobe, ciudad de los sacerdotes, puso a cuchillo, así hombres como mujeres, niños y mamantes, bueyes y asnos, y ovejas, todo a cuchillo. Mas escapó uno de los hijos de Aquimelec, hijo de Aquitob, que se llamaba Abiatar, el cual huyó tras David. Y Abiatar dió las nuevas a David, como Saul había muerto los sacerdotes de Jehová. Y dijo David a Abiatar: Yo sabía que estando allí aquel día Doeg Idumeo, él lo había de hacer saber a Saul. Yo he dado causa contra todas las personas de la casa de tu padre. Quédate conmigo, no hayas temor: quien buscare mi alma, buscará también la tuya; porque tú estarás conmigo guardado. É HICIERON saber a David, diciendo: He aquí que los Fililsteos combaten a Ceila, y saquean las eras. Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré a herir a estos Filisteos? Y Jehová respondió a David: Vé, hiere los Filisteos, y libra a Ceila. Y los varones que estaban con David, le dijeron: He aquí que nosotros estando aquí en Judá, estamos con miedo: ¿cuánto más si fuéremos a Ceila contra el ejército de los Filisteos? Y David tornó a consultar a Jehová: y Jehová le respondió, y dijo: Levántate, desciende a Ceila, que yo entregaré en tu mano a los Fililsteos. Y partióse David con sus hombres a Ceila, y peleó contra los Filisteos, y trajo antecogidos sus ganados, e hirólos con grande estrago, y libró David a los de Ceila. Y aconteció, que huyendo Abiatar, hijo de Aquimelec, a David a Ceila, vino también con el efod en su mano. Y fué dicho a Saul, como David había venido a Ceila; y dijo Saul: Dios le ha traido a mis manos: porque él está encerrado metiéndose en ciudad con puertas y cerraduras. Y juntó Saul todo el pueblo a la batalla para descender a Ceila y poner cerco a David, y a los suyos. Y entendiendo David que Saul pensaba contra él mal, dijo a Abiatar sacerdote: Trae el efod. Y dijo David: Jehová Dios de Israel, tu siervo ha oido que Saul procura de venir contra Ceila a destruir la ciudad por causa mía. ¿Entregarme han los señores de Ceila en sus manos? ¿Descenderá Saul, como tu siervo ha oido? Jehová Dios de Israel, ruégote que lo declares a tu siervo. Y Jehová dijo: Si, que descenderá. Y dijo David: ¿Entregarme han los señores de Ceila a mí, y a los varones que están conmigo en las manos de Saul? Y Jehová respondió: Sí, os entregarán. David entónces se levantó con sus hombres, que eran como seiscientos, y saliéronse de Ceila, y fuéronse de una parte a otra. Y la nueva vino a Saul, como David se había escapado de Ceila: y dejó de salir. Y David se estaba en el desierto en peñas, y habitaba en un monte en el desierto de Zif: y Saul le buscaba todos los dias: mas Dios no le entregó en sus manos. Y viendo David, que Saul había salido en busca de su vida, David se estaba en el bosque en el desierto de Zif. Y levantándose Jonatán, hijo de Saul, vino a David en el bosque, y confortó su mano en Dios: Y díjole: No tengas temor, que no te hallará la mano de Saul mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de tí: y aun mi padre lo sabe así. E hicieron ámbos alianze delante de Jehová: y David se quedó en el bosque, y Jonatán se volvió a su casa. Y subieron los de Zif a decir a Saul en Gabaa: ¿No está David escondido en nuestra tierra en las peñas del bosque, en el collado de Jaquila, que está a la mano derecha del desierto? Por tanto, oh rey, desciende presto ahora, según todo el deseo de tu alma, y nosotros le entregaremos en la mano del rey. Y Saul dijo: Benditos seais vosotros de Jehová, que habéis tenido compasión de mí. Id pues ahora, y apercibíd aun, y considerád, y ved su lugar donde tiene el pié, y quien le haya visto allí: porque me ha sido dicho, que él es en gran manera astuto. Considerád pues, y ved todos los escondrijos donde se esconde, y volvéd a mí con la certeza, y yo iré con vosotros: que si él estuviere en la tierra, yo le buscaré con todos los millares de Judá. Y ellos se levantaron, y se fueron a Zif delante de Saul: mas David y sus varones estaban en el desierto de Maón, en la campaña que está a la diestra del desierto. Y partióse Saul con sus varones a buscarle: y fué dado aviso a David, y descendió de allí a la peña, y quedóse en el desierto de Maón. Lo cual como Saul oyó, siguió a David al desierto de Maón. Y Saul iba por el un lado del monte, y David con los suyos por el otro lado del monte, y David se daba priesa para ir delante de Saul: mas Saul y los suyos encerraron a David y a los suyos para tomarlos. Entónces vino un mensajero a Saul, diciendo: Ven luego, porque los Filisteos han entrado con ímpetu en la tierra. Y así se volvió Saul de perseguir a David, y partióse contra los Filisteos. Por esta causa pusieron nombre a aquel lugar, Sela-hammalecot. Entónces David subió de allí, y habitó en las fortalezas de Engadí. Y COMO Saul volvió de los Filisteos, diéronle aviso, diciendo: He aquí que David está en el desierto de Engadí. Y tomando Saul tres mil hombres, escogidos de todo Israel, fué en busca de David y de los suyos, por las cumbres de los peñascos de las cabras monteses. Y como llegó a una majada de ovejas en el camino, donde estaba una cueva, entró Saul en ella a cubrir sus piés; y David y los suyos estaban a los lados de la cueva. Entónces los de David le dijeron: He aquí, el día de que te ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego a tu enemigo en tus manos; y harás con él como te pareciere. Y levantóse David, y calladamente cortó la orilla de la ropa de Saul. Después de lo cual el corazón de David le hirió, porque había cortado la orilla de Saul; Y dijo a los suyos: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, y el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él, porque es ungido de Jehová. Así reprimió David a los suyos con palabras, y no les permitió que se levantasen contra Saul: y Saul saliendo de la cueva fuése su camino. Después también David se levantó, y saliendo de la cueva dió voces a las espaldas de Saul, diciendo: Mi señor el rey. Y como Saul miró atrás, David inclinó su rostro a tierra, e hizo reverencia. Y dijo David a Saul: ¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: He aquí que David procura tu mal? He aquí, han visto hoy tus ojos como Jehová te ha puesto en mis manos en esta cueva: y dijeron que te matase: mas yo te perdoné, porque dije en mí: No extenderé mi mano contra mi señor, porque el ungido es de Jehová. Mira pues padre mío, mira aun la orilla de tu ropa en mi mano: porque yo corté la orilla de tu ropa, y no te maté. Conoce pues, y vé que no hay mal en mi mano, ni traición, ni he pecado contra tí: y tú andas a caza de mi vida para quitármela. Juzgue Jehová entre mí y tí, y véngueme de tí Jehová, que mi mano no sea contra tí. Como dice el proverbio del antiguo: De los impíos saldrá la impiedad: por tanto mi mano no será contra tí. ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿á una pulga? Jehová pues será juez, y él juzgará entre mí y tí. El vea y pleitee mi pleito, y me defienda de tu mano. Y aconteció, que como David acabó de decir estas palabras a Saul: Saul dijo: ¿No es esta tu voz, hijo mío, David? Y alzando Saul su voz, lloró. Y dijo a David : Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal. Tú mas mostrado hoy que has hecho conmigo bien; pues no me has muerto, habiéndome Jehová puesto en tus manos. Porque ¿quién hallará a su enemigo, y le dejará ir buen viaje? Jehová te pague con bien por lo que en este día has hecho conmigo. Ahora pues, porque yo entiendo que tú has de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable, Júrame, pues, ahora por Jehová, que no talarás mi simiente después de mí, ni raerás mi nombre de la casa de mi padre. Entónces David juró a Saul: y Saul se fué a su casa, y también David y los suyos se subieron a la fortaleza. Y MURIÓ Samuel, y juntóse todo Israel, y endecháronle, y sepultáronle en su casa en Rama. Y David se levantó, y se fué al desierto de Farán. Y en Maón había un hombre que tenía su hacienda en el Carmelo, el cual era muy rico: que tenía tres mil ovejas, y mil cabras. Y aconteció, que este trasquilaba sus ovejas en el Carmelo. El nombre de aquel varón era Nabal: y el nombre de su mujer, Abigail: Y era aquella mujer de buen entendimiento, y de buena gracia; mas el hombre era duro, y de malos hechos: y era del linaje de Caleb. Y David oyó en el desierto, que Nabal trasquilaba sus ovejas. Y envió David diez criados, y díjoles: Subíd al Carmelo, y veníd a Nabal, y demandádle en mi nombre de paz. Y decídle así: Que vivas, y hayas paz, y tu familia haya paz; y todo lo que a tí pertenece haya paz. Ahora he entendido que tienes trasquiladores. Ahora, los pastores que tienes han estado con nosotros, a los cuales nunca hicimos fuerza, ni les faltó cosa en todo el tiempo que han estado en el Carmelo. Pregunta a tus criados, que ellos te lo dirán. Hallen por tanto estos criados gracia en tus ojos, pues que venimos en buen día: ruégote que des lo que tuvieres a mano a tus siervos, y a tu hijo David. Y como llegaron los criados de David, dijeron a Nabal todas estas palabras en nombre de David; y callaron. Y Nabal respondió a los criados de David, y dijo: ¿Quién es David? ¿Y quién es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy, que se huyen de sus señores. ¿Qué tome yo ahora mi pan, mi agua, y mi víctima que he aparejado para mis trasquiladores, y que la dé a hombres que no sé de donde son? Y tornándose los criados de David, volviéronse por su camino. Y viniendo dijeron a David todas estas palabras. Entónces David dijo a sus hombres: Ciñase cada uno su espada. Y ciñóse cada uno su espada: también David ciñó su espada; y subieron tras David como cuatrocientos hombres; y dejaron doscientos con el bagaje. Y uno de los criados dió aviso a Abigail mujer de Nabal, diciendo: He aquí, David ha enviado mensajeros del desierto que saludasen a nuestro amo; y él los ha reprendido. Y aquellos hombres nos han sido muy buenos, y nunca nos han hecho fuerza: y ninguna cosa nos ha faltado en todo el tiempo que con ellos hemos conversado, mientras hemos estado en el campo. Nos han sido por muro de día y de noche, todos los dias que hemos apacentado las ovejas con ellos. Ahora pues entiende y mira lo que has de hacer, porque el mal está del todo resuelto contra nuestro amo, y contra todo su casa, que él es un hombre tan malo, que no hay quien le pueda hablar. Entónces Abigail tomó luego doscientos panes, y dos cueros de vino, y cinco ovejas guisadas, y cinco medidas he harina tostada, y cien hilos de uvas pasadas, y doscientas masas de higos pasados, y cargólo en asnos; Y dijo a sus criados: Id delante de mí, que yo os seguiré luego. Y nada declaró a su marido Nabal. Y sentándose sobre un asno, descendió por una parte secreta del monte, y, he aquí David y los suyos que venían delante de ella, y ella los encontró. Y David había dicho: Ciertamente en vano he guardado todo lo que aquel tiene en el desierto, que nada le haya faltado de todo cuanto tiene; y él me ha dado mal pago por el bien. Así haga Dios, y así añada a los enemigos de David, que no tengo de dejar de todo lo que fuere suyo de aquí a mañana meante a la pared. Y como Abigail vió a David, descendió prestamente del asno, y postrándose delante de David sobre su rostro, inclinóse a tierra: Y echándose a sus piés, dijo: Señor mío, en mí sea este pecado: por tanto ahora hable tu sierva en tus oidos, y oye las palabras de tu sierva. No ponga ahora mi señor su corazón a aquel hombre impío, a Nabal; porque conforme a su nombre, así es. El se llama Nabal, y la locura está con él; porque yo tu sierva no ví a los criados de mi señor, que enviaste. Ahora pues, señor mío, vive Jehová, y viva tu alma, que Jehová te ha vedado, que vengas contra sangre, y que tu mano te salve. Tus enemigos pues sean como Nabal, y todos los que procuran mal contra mi señor. Ahora pues esta bendición que tu sierva ha traido a mi señor, dése a los criados que siguen a mi señor: Y yo te ruego que perdones a tu sierva esta maldad; porque Jehová hará casa firme a mi señor, por cuanto mi señor hace las guerras de Jehová, y mal no se ha hallado en tí en tus dias. Aunque alguien se haya levantado a perseguirte, y buscar tu alma; mas el alma de mi señor será ligada en el haz de los que viven con Jehová Dios tuyo, el cual arrojará el alma de tus enemigos puesta en medio de la palma de la honda. Y acontecerá que cuando Jehová hiciere con mi señor conforme a todo el bien que ha hablado de tí, y te mandare que seas capitán sobre Israel, Entónces esto no te será, señor mío, en tropezón y escrúpulo de corazón, que hayas derramado sangre sin causa, y que haya mi señor salvádose a sí. Guárdese pues mi señor, y cuando Jehová hiciere bien a mi señor, acuérdate de tu sierva. Entónces David dijo a Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases. Y bendito sea tu razonamiento, y bendita seas tú, que me has estorbado hoy de ir a derramar sangres, y que mi mano me salvase. Porque vive Jehová Dios de Israel, que me ha defendido de hacerte mal, que si no te hubieras dado priesa a venirme al encuentro, de aquí a mañana no le quedara a Nabal meante a la pared. Y recibió David de su mano lo que le había traido, y díjole: Sube en paz a tu casa, y mira que yo he oido tu voz, y tenídote respeto. Y Abigail se vino a Nabal; y he aquí que él tenía banquete en su casa como banquete de rey; y el corazón de Nabal estaba ya alegre en él; y estaba muy borracho; y ella no le declaró poco ni mucho, hasta que vino el día siguiente. Y a la mañana, cuando ya el vino había salido de Nabal, su mujer le declaró los negocios; y el corazón se le murió en sí, y se volvió como una piedra. Y pasados diez dias Jehová hirió a Nabal, y murió. Y como David oyo que Nabal era muerto, dijo: Bendito sea Jehová, que juzgó la causa de mi afrenta de la mano de Nabal, y detuvo del mal a su siervo, y Jehová tornó la malicia de Nabal sobre su cabeza. Y envió David a hablar con Abigail para tomarla por su mujer. Y los criados de David vinieron a Abigail en el Carmelo, y hablaron con ella, diciendo: David nos ha enviado a tí para tomarte por su mujer. Y ella se levantó, e inclinó su rostro a tierra, diciendo: He aquí tu sierva, para que sea sierva que lave los piés de los siervos de mi señor. Y levantándose luego Abigail, sentóse en un asno, con cinco mozas que la seguían; y siguió los mensajeros de David, y fué su mujer. También tomó David a Aquinoam de Jezrael, las cuales ámbas fueron sus mujeres. Porque Saul había dado a Micol su hija, la mujer de David, a Falti, hijo de Lais, que era de Gallim. Y VINIERON los Zifeos a Saul en Gabaa, diciendo: ¿David no está escondido en el collado de Jaquila, delante del desierto? Saul entónces se levantó, y descendió al desierto de Zif, llevando consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif. Y Saul asentó el campo en él collado de Jaquila, que está delante del desierto, junto al camino. Y David estaba en el desierto, y entendió que Saul le seguía en el desierto. Y envió David espías, y entendió por cierto que Saul venía. Y levantóse David, y vino al lugar donde Saul había asentado el campo: y miró David el lugar donde dormía Saul, y Abner, hijo de Ner, general de su ejército: y Saul dormía en la trinchera, y el pueblo estaba por el campo en derredor de él. Y David habló, y dijo a Aquimelec Jetteo, y a Abisaí, hijo de Sarvia, hermano de Joab, diciendo: ¿Quién descenderá conmigo a Saul al campo? Y dijo Abisaí: Yo descenderé contigo. Y vino David y Abisaí al pueblo de noche, y he aquí Saul, que estaba tendido durmiendo en la trinchera, y su lanza estaba hincada en tierra a su cabecera; y Abner y el pueblo estaban tendidos al rededor de él. Entónces dijo Abisai a David: Entregado ha hoy Dios a tu enemigo en tus manos: ahora pues, herirle he ahora con la lanza, y enclavarle he con la tierra de un golpe, y no segundaré. Y David respondió a Abisaí: No le mates: porque ¿quién extendió su mano en el ungido de Jehová, y fué inocente? Y tornó a decir David: Vive Jehová, que si Jehová no le hiriére, o que su día llegue para que muera, o que descendiendo en batalla muera: Jehová me guarde de extender mi mano en el ungido de Jehová: mas toma ahora la lanza, que está a su cabecera, y el barril de aqua, y vámosnos. Y tomó David la lanza y el barril de agua de la cabecera de Saul, y se fueron, que no hubo nadie que viese, ni entendiese, ni velase: que todos dormían: porque sueño de Jehová había caido sobre ellos. Y pasando David de la otra parte, púsose desviado en la cumbre del monte, que había grande distancia entre ellos: Y dió voces David al pueblo, y a Abner, hijo de Ner, diciendo: ¿No respondes Abner? Entónces Abner respondió, y dijo: ¿Quién eres tú, que das voces al rey? Y dijo David a Abner: ¿No eres varón tú? ¿y quién hay como tú en Israel? ¿Por qué pues no has guardado al rey tu señor? que ha entrado uno del pueblo a matar a tu señor el rey? Esto que has hecho, no es bien: Vive Jehová que sois dignos de muerte, que no habéis guardado a vuestro señor, al ungido de Jehová. Mirá pues ahora donde está la lanza del rey, y el barril del agua, que estaban a su cabecera. Y conociendo Saul la voz de David, dijo: ¿No es esta tu voz, hijo mío, David? Y David respondió: Mi voz es, rey, señor mío. Y dijo: ¿Por qué persigue así mi señor a su siervo? ¿Qué he hecho? ¿Qué mal hay en mi mano? Yo ruego pues, que el rey mi señor oiga ahora las palabras de su siervo. Si Jehová te incita contra mi, huela él el sacrificio; mas si hijos de hombres, malditos ellos sean en la presencia de Jehová, que me han echado hoy que no me junte en la heredad de Jehová, diciendo: Vé, y sirve a dioses ajenos. No caiga pues ahora mi sangre en tierra delante de Jehová; que ha salido el rey de Israel a buscar una pulga, como quien persigue una perdiz por los montes. Entónces Saul dijo: Yo he pecado, vuélvete, hijo mío, David, que ningún mal te haré más, pues que mi vida ha sido estimada hoy en tus ojos. He aquí, yo he hecho locamente, y he errado mucho en gran manera. Y David respondió, y dijo: He aquí la lanza del rey, pase acá uno de los criados, y tómela. Y Jehová pague a cada uno su justicia, y su lealtad; que Jehová te había entregado hoy en mi mano, mas yo no quise extender mi mano en el ungido de Jehová. Y, he aquí, como tu vida ha sido estimada hoy en mis ojos, así sea mi vida estimada en los ojos de Jehová, y me libre de toda aflicción. Y Saul dijo a David: Bendito eres tú, hijo mío, David; haciendo harás, y pudiendo podrás. Entónces David se fué su camino, y Saul se volvió a su lugar. Y DIJO David en su corazon: Al fin seré cortado algún día por la mano de Saul, por tanto nada me será mejor que escaparme en la tierra de los Filisteos, para que Saul se deje de mí, y no me ande buscando más por todos los términos de Israel; y así me escaparé de sus manos. Y levantándose David pasóse él, y los seiscientos hombres que estaban con él, a Aquis, hijo de Maoc, rey de Get. Y moró David con Aquis en Get, él y los suyos, cada uno con su familia, David y sus dos mujeres Aquinoam Jezraelita, y Abigail, la mujer de Nabal, él del Carmelo. Y vino la nueva a Saul, que David se había huido a Get, y no le buscó más. Y David dijo a Aquis: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, séame dado lugar en alguna de las ciudades de la tierra, donde habite: ¿por qué ha de morar tu siervo contigo en la ciudad real? Y Aquis le dió aquel día a Siceleg. De aquí fué Siceleg de los reyes de Judá hasta hoy. Y fué el número de los dias que David habitó en la tierra de los Filisteos, cuatro meses, y algunos dias. Y subía David con los suyos, y hacían entradas en los Gessureos, y en los Gerzeos, y en los Amalecitas; porque estos habitaban la tierra de luengo tiempo, desde como van a Sur hasta la tierra de Egipto. Y hería David la tierra, y no dejaba a vida hombre ni mujer: y llevábase las ovejas, y las vacas, y los asnos, y los camellos, y las ropas, y volvía, y se venía a Aquis. Y decía Aquis: ¿Dónde habéis corrido hoy? Y David decía: Al mediodía de Judá, y al mediodía de Jerameel, o contra el mediodía de Ceni. Ni hombre ni mujer dejaba a vida David, que viniese a Get, diciendo: Porque no den aviso de nosotros, diciendo: Esto hizo David. Y esta era su costumbre todo el tiempo que moró en tierra de los Filisteos. Y Aquis creía a David, diciendo así: El se hace abominable en su pueblo de Israel; y así será siempre mi siervo. Y ACONTECIÓ, que en aquellos dias los Filisteos juntaron sus campos para pelear contra Israel. Y dijo Aquis a David: Sepas de cierto, que has de salir conmigo al campo, tú y los tuyos. Y David respondió a Aquis: Conocerás pues lo que hará tu siervo. Y Aquis dijo a David: Por eso te haré guarda de mi cabeza todos los dias. Ya Samuel era muerto, y todo Israel le había endechado, y habíanle sepultado en Rama, en su ciudad: y Saul había echado de la tierra los encantadores y adivinos. Pues, como los Filisteos se juntaron, vinieron, y asentaron campo en Suna: y Saul junto a todo Israel, y asentaron campo en Gelboé. Y como Saul vió el campo de los Filisteos, temió, y su corazón se pasmó en gran manera. Y consultó Saul a Jehová, y Jehová no le respondió, ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. Entónces Saul dijo a sus criados: Buscádme alguna mujer que tenga pitón, para que yo vaya a ella, y pregunte por medio de ella. Y sus criados le respondieron: Aquí hay una mujer en En-dor, que tiene pitón. Y disfrazóse Saul, y vistióse de otros vestidos, y se fué con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche, y él dijo: Yo te ruego que me adivines con el pitón, y me hagas subir a quien yo te dijere. Y la mujer le dijo: He aquí, tú sabes lo que Saul ha hecho, como ha talado de la tierra los pitones, y los adivinos: ¿por qué pues pones tropezón a mi vida, para hacerme matar? Entónces Saul le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto. La mujer entónces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él respondió: Házme venir a Samuel. Y viendo la mujer a Samuel, clamó a alta voz, y habló aquella mujer a Saul, diciendo: ¿Por qué me has engañado? que tú eres Saul. Y el rey le dijo: No hayas temor. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saul: He visto dioses que suben de la tierra. Y él le dijo: ¿Cuál es su manera? Y ella respondió: Un hombre viejo viene, y cubierto de un manto. Saul entónces entendió que era Samuel, y humillándose el rostro a tierra hízole grande reverencia. Y Samuel dijo a Saul: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saul respondió: Estoy muy congojado: que los Filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por mano de profetas, ni por sueños: por esto te he llamado, para que me declares que tengo de hacer. Entónces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, habiéndose apartado de tí Jehová, y es tu enemigo? Jehová pues se ha hecho como habló por mi mano: y Jehová ha cortado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero David: Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste la ira de su furor sobre Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy. Y Jehová entregará a Israel también contigo en mano de los Filisteos: y mañana seréis conmigo, tú y tus hijos: y aun el campo de Israel entregará Jehová en manos de los Filisteos. En aquel punto Saul cayó en tierra cuán grande era, y hubo gran temor por las palabras de Samuel, que no quedó en él esfuerzo ninguno, por que en todo aquel día, y en toda aquella noche, no había comido pan. Entónces la mujer vino a Saul, y viéndole en grande manera turbado, díjole: He aquí que tú criada ha obedecido a tu voz, y he puesto mi alma en mi palma, y he oido las palabras que tú me has dicho: Ruégote pues que tú también oigas la voz de tu sierva: yo pondré delante de tí un bocado de pan, que comas, para que te esfuerces, y vayas tu camino. Y él lo rehusó, diciendo: No comeré. Mas sus criados juntamente con la mujer le constriñeron, y él los obedeció: y levantóse del suelo, y sentóse sobre una cama. Y aquella mujer tenía en su casa un ternero grueso, el cual mató luego: y tomó harina y la amasó, y coció de ella panes sin levadura: Y trajolo delante de Saul, y de sus criados; y después que hubieron comido, levantáronse, y caminaron aquella noche. Y LOS Filisteos juntaron todos sus campo en Afec: e Israel puso su campo junto a la fuente que está en Jezrael. Y reconociendo los príncipes de los Filisteos sus compañías de a ciento, y de a mil hombres, David y los suyos iban en los postreros con Aquis. Y dijeron los príncipes de los Filisteos: ¿Qué hacen aquí estos Hebreos? Y Aquis respondió a los príncipes de los Filisteos: ¿No es este David el siervo de Saul rey de Israel, que ha estado conmigo algunos dias, o algunos años, y no he hallado cosa en él, desde el día que se pasó a mí hasta hoy? Entónces los príncipes de los Filisteos se enojaron contra él, y dijéronle: Envía a este hombre, que se vuelva al lugar que le señalaste, y no venga con nosotros a la batalla, porque en la batalla no se nos vuelva enemigo: porque ¿con qué cosa volverá mejor en gracia con su señor que por las cabezas de estos hombres? ¿No es este David, de quien cantaban en los corros, diciendo: Saul hirió sus miles, y David sus diez miles? Y Aquis llamó a David, y díjole: Vive Jehová, que tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y entrada en el campo conmigo: y que ninguna cosa mala he hallado en tí, desde el día que veniste a mí hasta hoy: mas en los ojos de los príncipes no agradas. Vuélvete pues, y véte en paz: y no hagas lo malo en los ojos de los príncipes de los Filisteos. Y David respondió a Aquis: ¿Qué he hecho? ¿Qué has hallado en tu siervo desde el día que estoy contigo hasta hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi señor el rey? Y Aquis respondió a David, y dijo: Yo sé que tú eres bueno en mis ojos, como un ángel de Dios: mas los príncipes de los Filisteos han dicho: No venga este con nosotros a la batalla. Levántate pues de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo, y levantándoos de mañana, en amaneciendo, partíos. ¿Y David se levantó de mañana, él y los suyos para irse, y volverse a la tierra de los Filisteos: y los Filisteos vinieron a Jezrael. Y COMO David y los suyos vinieron a Siceleg al tercero día, los de Amalec habían entrado al mediodía, y a Siceleg, y habían herido a Siceleg, y puéstola a fuego. Y a las mujeres que estaban en ella habían llevado cautivas, desde el menor hasta el mayor: mas a nadie habían muerto, sino los habían llevado, e ídose su camino. Vino pues David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada a fuego: y sus mujeres, e hijos, e hijas llevadas cautivas. Entónces David, y el pueblo que estaba con él, alzaron su voz y lloraron hasta que les faltaron las fuerzas para llorar. Las dos mujeres de David Aquinoam Jezraelita, y Abigail la mujer de Nabal del Carmelo, también eran cautivas. Y David fué muy angustiado, porque el pueblo hablaba de apedrearle: porque todo el pueblo estaba con ánimo amargo, cada uno por sus hijos y por sus hijas: mas David se esforzó en Jehová su Dios. Y dijo David a Abiatar sacerdote, hijo de Aquimelec: Yo te ruego que me acerques el efod. Y Abiatar acercó el efod a David. Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Seguiré este ejército? ¿Podré alcanzarle? Y él le dijo: Síguele, que de cierto le tomarás, y de cierto librarás la presa. Y partióse David, él y los seiscientos hombres que con él estaban, y vinieron hasta el arroyo de Besor, donde se quedaron algunos. Y David siguió el alcance con cuatrocientos hombres, porque los doscientos se quedaron, que estaban tan cansados que no pudieron pasar el arroyo de Besor. Y hallaron un hombre Egipcio en el campo, el cual tomaron, y trajeron a David: y diéronle de comer pan, y diéronle también a beber agua. Y diéronle también un pedazo de masa de higos pasados, y dos hilos de pasas. Y como comió volvió en él su espíritu: por que no había comido pan, ni bebido agua en tres dias y tres noches. Y David le dijo: ¿Cúyo eres tú? ¿Y de dónde eres? Y el mozo Egipcio respondió: Yo soy siervo de un Amalecita: y dejóme mi amo hoy ha tres dias, porque estaba enfermo. Y corrimos a la parte del mediodía de Cereti, y a Judá, y al mediodía de Caleb, y pusimos fuego a Siceleg. Y díjole David: ¿Me llevarás tú a aquel ejército? Y él dijo: Házme juramento por Dios, que no me matarás, ni me entregarás en las manos de mi amo: y yo te llevaré al ejército. Y así le llevó: y he aquí, que estaban derramados sobre la haz de toda la tierra comiendo y bebiendo; y haciendo fiesta, por toda aquella gran presa que habían tomado de la tierra de los Filisteos, y de la tierra de Judá. E hiriólos David desde aquella mañana hasta la tarde del día siguiente: que no escapó de ellos ninguno, sino fueron cuatrocientos mancebos, que habían subido en camellos, y habían huido. Y libró David todo lo que los Amalecitas habían tomado: y también libró David a sus dos mujeres. Y no les faltó cosa chica ni grande, así de hijos como de hijas, del robo, y de todas las cosas que les habían tomado: todo lo tornó David. Tomó también David todas las ovejas, y ganados mayores: y traíanlo todo delante, y decían: Esta es la presa de David. Y vino David a los doscientos hombres, que habían quedado cansados, y no habían podido seguir a David, a los cuales habían hecho quedar al arroyo de Besor: y ellos salieron a recibir a David, y al pueblo que con él estaba. Y como David llegó a la gente saludólos con paz. Y todos los malos y los de Belial que había entre los que habían ido con David, respondieron, y dijeron: Pues que estos no fueron con nosotros, no les daremos de la presa, que hemos quitado, mas de a cada uno su mujer y sus hijos, los cuales tomen y se vayan. Y David dijo: No hagáis eso, hermanos míos, de lo que Jehová nos ha dado: el cual nos ha guardado,y ha entregado en nuestras manos el ejército, que vino sobre nosotros. Porque ¿quién os escuchará en este caso? Porque igual parte ha de ser la de los que vienen a la batalla, y la de los que quedan al bagaje: que partan juntamente. Y desde aquel día en adelante fué esto puesto por ley y ordenanza en Israel hasta hoy. Y como David llego a Siceleg, envió de la presa a los ancianos de Judá sus amigos, diciendo: Veis aquí bendición para vosotros de la presa de los enemigos de Jehová. A los que estaban en Betel, y en Ramot al mediodía: y a los que estaban en Geter: Y a los que estaban en Aroer, y en Sefamot: y a los que estaban en Estamo: Y a los que estaban en Racal: y a los que estaban en las ciudades de Jerameel: y a los que estaban en las ciudades del Cineo: Y a los que estaban en Jorma: y a los que estaban en Corasán: y a los que estaban en Atac: Y a los que estaban en Hebrón, y en todos los lugares donde David había estado con los suyos. LOS Filisteos pues pelearon con Israel, y los de Israel huyeron delante de los Filisteos, y cayeron muertos en el monte de Gelboé. Y siguiendo los Filisteos a Saul y a sus hijos, mataron a Jonatán, y a Abinadab, y a Melquisua, hijos de Saul. Y la batalla se agravó sobre Saul, y alcanzáronle los flecheros, y hubo gran temor de los flecheros. Entónces Saul dijo a su escudero: Saca tu espada y pásame con ella; porque no vengan estos incircuncisos, y me pasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entónces Saul tomó la espada y echóse sobre ella. Y viendo su escudero a Saul muerto, él también se echó sobre su espada, y murió con él. Así murió Saul y sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones juntamente en aquel día. Y los de Israel que estaban de la otra parte del valle, y de la otra parte del Jordán, viendo que Israel había huido, y que Saul y sus hijos eran muertos, dejaron las ciudades, y huyeron, y los Filisteos vinieron, y habitaron en ellas. Y aconteció el siguiente día, que viniendo los Filisteos a despojar los muertos, hallaron a Saul, y a sus tres hijos tendidos en el monte de Gelboé. Y cortáronle la cabeza, y desnudáronle las armas, y enviáronlas a tierra de los Filisteos al derredor, para que lo denunciasen en el templo de sus ídolos, y por el pueblo. Y pusieron sus armas en el templo de Astarot, y colgaron su cuerpo en el muro de Bet-sán. Y oyendo los de Jabes de Galaad esto que los Filisteos hicieron a Saul, Todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saul, y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet-sán: y viniendo a Jabes, quemáronlos allí. Y tomando sus huesos sepultáronlos debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete dias. Y ACONTECIÓ después de la muerte de Saul, que vuelto David de la derrota de los Amalecitas, estuvo dos dias en Siceleg: Y al tercero día aconteció, que llegó uno del campo de Saul, rotos sus vestidos, y esparcida tierra sobre su cabeza. Y llegando a David, postróse en tierra, y le hizo reverencia. Y preguntóle David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Héme escapado del campo de Israel. Y David le dijo: ¿Qué ha acontecido? Ruégote que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos: también Saul, y Jonatán su hijo murieron. Y dijo David a aquel mancebo que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que Saul es muerto, y Jonatán su hijo? Y el mancebo que le daba las nuevas respondió: Por casualidad vine al monte de Gelboé, y, he aquí Saul que estaba recostado sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo: Y como él miró atrás, me vió, y me llamó: y yo dije: Héme aquí: Y él me dijo: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy Amalecita. Y él me volvió a decir: Yo te ruego que te pongas sobre mí, y me mates, porque me toman angustias, y aun toda mi alma está en mí. Yo entónces púseme sobre él, y le maté: porque sabía que no podía vivir después de su caida. Y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la ajorca que traía en su brazo, y las he traido acá a mi señor. Entónces David trabando de sus vestidos rompiólos, y lo mismo hicieron los varones que estaban con él. Y lloraron, y lamentaron; y ayunaron hasta la tarde por Saul y por Jonatán su hijo, y por el pueblo de Jehová, y por la casa de Israel, que habían caido a cuchillo. Y David dijo a aquel mancebo, que le había traido las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, Amalecita. Y díjole David: ¿Cómo no hubiste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová. Entónces David llamó a uno de los mancebos, y díjole: Llega, y mátale. Y él le hirió, y murió. Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues que tu boca atestiguó contra tí, diciendo: Yo mate al ungido de Jehová. Y endechó David a Saul y a Jonatán su hijo, con esta endecha. Y dijo, que enseñasen al arco a los hijos de Judá. He aquí que así está escrito en el libro del derecho. La gloria de Israel, muertos sobre tus collados: ¡cómo han caido los valientes! No lo denuncíeis en Get, no deis las nuevas en las plazas de Ascalon; porque no se alegren las hijas de los Filisteos: porque no salten de gozo las hijas de los incircuncisos. Montes de Gelboé, ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros; ni seais tierras de ofrendas: porque allí fué desechado el escudo de los valientes, el escudo de Saul, como si no hubiera sido ungido de aceite. Sin sangre de muertos, sin sebo de valientes, el arco de Jonatán nunca volvió atrás, ni la espada de Saul se tornó vacía. Saul y Jonatán amados y queridos en su vida, en su muerte tampoco fueron apartados. Más ligeros que águilas, más fuertes que leones. Hijas de Israel llorád sobre Saul, que os vestía de escarlata en placeres: que adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro. ¡Cómo han caido los valientes en medio de la batalla, Jonatán, muerto en tus alturas! Angustia tengo por tí, hermano mío Jonatán, que me fuiste muy dulce; más maravilloso me fué tu amor, que el amor de las mujeres. ¡Cómo han caido los valientes, y perecieron las armas de guerra! DESPUÉS de esto aconteció que David consultó a Jehová, diciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Y Jehová le respondió: Sube. Y David tornó a decir. ¿Adónde subiré? Y él le dijo: a Hebrón. Y David subió allá, y con él sus dos mujeres Aquinoam Jezraelita, y Abigail, la mujer de Nabal del Carmelo. Y trajo también David consigo los varones que habían estado con él, cada uno con su familia: los cuales moraron en las ciudades de Hebrón. Y vinieron los varones de Judá, y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá. Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron a Saul. Y David envió mensajeros a los de Jabes de Galaad, diciéndoles: Benditos seais vosotros de Jehová, que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor Saul, que le habéis sepultado. Ahora pues Jehová hará con vosotros misericordia y verdad: y yo también os haré bien, por esto que habéis hecho. Esfuércense pues ahora vuestras manos, y sed valientes, pues que muerto Saul vuestro señor, los de la casa de Judá me han ungido por rey sobre sí. Y Abner, hijo de Ner, general del ejército de Saul, tomó a Is-boset, hijo de Saul, e hízole pasar al real. Y alzóle por rey sobre Galaad, y sobre Gessuri, y sobre Jezrael, y sobre Efraim, y sobre Benjamín, y sobre todo Israel. De cuarenta años era Is-boset, hijo de Saul, cuando comenzó a reinar sobre Israel, y reinó dos años: sola la casa de Judá seguía a David. Y fué el número de los dias que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá, siete años y seis meses. Y Abner, hijo de Ner, salió del real a Gabaón con los siervos de Is-boset, hijo de Saul. Y Joab, hijo de Sarvia, y los criados de David salieron, y encontráronlos junto al estanque de Gabaon; y como se juntaron, los unos se pararon de la una parte del estanque, y los otros de la otra. Y dijo Abner a Joab: Levántense ahora los mancebos, y jueguen delante de nosotros. Y Joab respondió: Levanten. Entónces levantáronse, y pasaron doce por cuenta de Benjamín de la parte de Is-boset, hijo de Saul: y otros doce de los siervos de David. Y cada uno echó mano de la cabeza de su compañero, y metió su espada por el lado de su compañero, y cayeron a una: y fué llamado aquel lugar Helcat-assurim, el cual es en Gabaón. Y hubo aquel día una batalla muy recia, donde Abner y los varones de Israel fueron vencidos de los siervos de David. Y estaban allí los tres hijos de Sarvia, Joab, y Abisaí, y Asael. Este Asael era suelto de piés como un corzo del campo. El cual Asael siguió a Abner, yendo sin apartarse a diestra ni a siniestra en pos de Abner. Y Abner miró atrás, y dijo: ¿No eres tú Asael? Y él respondió: Si. Entónces Abner le dijo: Apártate, o a la derecha, o a la izquierda, y préndete alguno de los mancebos, y tómate sus despojos. Y Asael no quiso apartarse de en pos de él. Y Abner tornó a decir a Asael: Apártate de en pos de mí, porque te heriré en tierra, y después ¿ cómo levantaré mi rostro a tu hermano Joab? Y no queriendo él irse, hirióle Abner con la parte opuesta de la lanza, junto a la quinta costilla, y la lanza le salió por las espaldas, y cayó allí, y murió en aquel mismo lugar. Y todos los que venían por aquel lugar donde Asael había caido, y estaba muerto, se paraban. Y Joab y Abisaí siguieron a Abner, y púsoseles el sol, cuando llegaron al collado de Amma, que está delante de Gia, junto al camino del desierto de Gabaón. Y juntáronse los hijos de Benjamín en un escuadrón con Abner; y paráronse en la cumbre del collado. Y Abner dió voces a Joab, diciendo: ¿Consumirá la espada perpetuamente? ¿No sabes tú que al cabo se sigue amargura? ¿Hasta cuándo no has de decir al pueblo que se vuelvan de seguir a sus hermanos? Y Joab respondió: Vive Dios que si no hubieras hablado, ya desde esta mañana el pueblo hubiera cesado de seguir a sus hermanos. Entónces Joab tocó el cuerno, y todo el pueblo se detuvo, y no siguió más a los de Israel, ni peleó más. Y Abner y los suyos se fueron por la campaña toda aquella noche, y pasando el Jordán caminaron por todo Betorón, y vinieron al real. Joab también vuelto de seguir a Abner, juntando todo el pueblo, faltaron de los siervos de David diez y nueve hombres, y Asael. Y los siervos de David hirieron de los de Benjamín, y de los de Abner: trescientos y sesenta hombres murieron. Y tomaron a Asael, y sepultáronle en el sepulcro de su padre en Belén. Y caminaron toda aquella noche, Joab y los suyos: y amanecióles en Hebrón. Y HUBO luenga guerra entre la casa de Saul, y la casa de David: mas David se iba fortificando, y la casa de Saul iba en diminución. Y nacieron hijos a David en Hebrón. Su primogénito fué Amnón de Aquinoam Jezraelita. Su segundo fué Queleab de Abigail, la mujer de Nabal, el del Carmelo; el tercero, Absalom, hijo de Maaca, hija de Tolmai rey de Gessur; El cuarto, Adonías, hijo de Haggit; el quinto, Safatias, hijo de Abital; El sexto, Jetraam de Egla mujer de David: estos nacieron a David en Hebrón. Y como había guerra entre la casa de Saul, y la de David, aconteció que Abner se esforzaba por la casa de Saul. Y Saul había tenido una concubina que se llamaba Resfa, hija de Aja: e Is-boset dijo a Abner: ¿Por qué has entrado a la concubina de mi padre? Y Abner se enojó en gran manera por las palabras de Is-boset, y dijo: ¿Soy yo cabeza de los perros de Judá? Yo he hecho hoy misericordia con la casa de Saul tu padre, con sus hermanos, y con sus amigos, y no te he entregado en las manos de David, y tú me has hecho hoy cargo del pecado de una mujer. Así haga Dios a Abner, y así le añada, que como ha jurado Jehová a David, así haga yo con él: Y que yo traspase el reino de la casa de Saul, y confirme la silla de David sobre Israel, y sobre Judá, desde Dan hasta Beer-seba. Y él no pudo responder palabra a Abner porque tenía temor de él. Y envió Abner mensajeros a David de su parte, diciendo: ¿Cúya es la tierra? Y que le dijesen: Haz alianza conmigo, y, he aquí que mi mano será contigo para volver a tí a todo Israel. Y él dijo: Bien. Yo haré contigo alianza: mas una cosa te pido; y es, que no me vengas a ver sin que primero traigas a Micol la hija de Saul, cuando vinieres a verme. Después de esto David envió mensajeros a Is-boset, hijo de Saul, diciendo: Restitúyeme a mi mujer Micol, la cual yo desposé conmigo por cien prepucios de Filisteos. Entónces Is-boset envió, y quitóla a su marido Faltiel, hijo de Lais. Y su marido fué con ella llorando por el camino en pos de ella hasta Bajurim: y Abner le dijo: Anda, vuélvete. Entónces él se volvió. Y habló Abner con los ancianos de Israel, diciendo: Ayer y anteayer procurabais que David fuese rey sobre vosotros; Ahora pues, hacédlo; porque Jehová ha hablado a David, diciendo: Por la mano de mi siervo David libraré a mi pueblo Israel de mano de los Filisteos, y de mano de todos sus enemigos. Y habló también Abner en oidos de Benjamín: y también fué Abner a decir a David a Hebrón todo el parecer de los de Israel, y de toda la casa de Benjamín. Vino pues Abner a David en Hebrón, y con él veinte hombres: y David hizo banquete a Abner, y a los que con él habían venido. Y dijo Abner a David: Yo me levantaré, e iré, y juntaré a mi señor el rey todo Israel, para que hagan contigo alianza, y tú reines sobre todo lo que desea tu alma. Y David envió a Abner, y él se fué en paz. Y he aquí los siervos de David y Joab, que venían del campo, y traían consigo gran presa. Y Abner ya no estaba con David en Hebrón, que ya él le había despedido, y él se había ido en paz. Y como Joab y todo el ejército que con él estaba vinieron, fué dado aviso a Joab, diciendo: Abner, hijo de Ner, ha venido al rey: y él le ha enviado, y se fué en paz. Entónces Joab vino al rey, y le dijo: ¿Qué has hecho? He aquí, habíase venido Abner a tí: ¿por qué pues le dejaste que se fuese? ¿Sabes tú que Abner, hijo de Ner, es venido para engañarte, y saber tu salida y tu entrada, y por entender todo lo que tú haces? Y saliéndose Joab de con David, envió mensajeros tras Abner, los cuales le volvieron desde el pozo de Sira, sin saberlo David. Y como Abner volvió a Hebrón, Joab le apartó al medio de la puerta hablando con él blandamente como de secreto, y allí le hirió junto a la quinta costilla por la muerte de Asael su hermano, y murió. Cuando David supo esto después, dijo: Yo soy limpio, y mi reino, delante de Jehová, para siempre, de la sangre de Abner, hijo de Ner: Caiga sobre la cabeza de Joab, y sobre toda la casa de su padre; que nunca falte de la casa de Joab hombre que padezca flujo, ni leproso, ni quien ande con bordón, ni quien muera a cuchillo, ni quien tenga falta de pan. Así que Joab y Abisaí su hermano mataron a Abner, porque él había muerto a Asael hermano de ellos en la batalla en Gabaón. Entónces David dijo a Joab, y a todo el pueblo que con él estaba: Rompéd vuestros vestidos, y ceños de sacos, y hacéd llanto delante de Abner: y el rey iba detrás de las andas. Y sepultaron a Abner en Hebron: y alzando el rey su voz, lloró al sepulcro de Abner: y todo el pueblo también lloró. Y endechando el rey al mismo Abner, decía: ¿Murió Abner como muere el insensato? Tus manos no eran atadas, ni tus piés ligados con grillos. Como los que caen delante de los hijos de iniquidad, así caiste. Y añadieron todo el pueblo a llorar sobre él. Y como todo el pueblo viniese a dar de comer pan a David, siendo aun de día, David juró, diciendo: Así me haga Dios, y así me añada, si ántes que se ponga el sol yo gustare pan, o otra cualquiera cosa. Así entendió todo el pueblo, y les plugo en sus ojos; porque todo lo que el rey hacía parecía bien en ojos de todo el pueblo. Y todo el pueblo, y aun todo Israel entendieron aquel día, que no había venido del rey, que Abner, hijo de Ner, muriese. Entónces el rey dijo a sus siervos: ¿No sabéis que ha caido hoy en Israel un príncipe, y grande? Que yo ahora aun soy tierno rey ungido: y estos hombres, los hijos de Sarvia, muy duros me son: Jehová dé el pago al que mal hace, conforme a su malicia. COMO el hijo de Saul oyó que Abner había sido muerto en Hebrón, las manos se le descoyuntaron: y todo Israel fué atemorizado. Y tenía el hijo de Saul dos varones, los cuales eran capitanes de compañías: el nombre del uno era Baana, y el del otro era Recab, hijos de Remmón Berotita, de los hijos de Benjamín: porque Berot era contada con Benjamín. Estos Berotitas se habían huido en Getaim, y habían sido peregrinos allí hasta entónces. Y Jonatán el hijo de Saul tenía un hijo cojo de los piés, de edad de cinco años: que cuando la fama de la muerte de Saul y de Jonatán vino de Jezrael, su ama le tomó, y huyó: y yendo, huyendo de priesa, cayó el niño y quedó cojo: su nombre era Mifiboset. Los hijos de Remmón Berotita, Recab y Baana fueron, y entraron en la mayor calor del día en casa de Is-boset, el cual estaba durmiendo en su cámara la siesta. Y entraron en medio de la casa en hábito de mercaderes de grano, e hiriéronle junto a la quinta costilla, y escapáronse Recab y Baana su hermano. Los cuales como entraron en la casa, estando él en su cama en su cámara de dormir, le hirieron y mataron: y cortáronle la cabeza. Y tomando la cabeza caminaron toda la noche por el camino de la campaña. Y trajeron la cabeza de Is-boset a David en Hebrón, y dijeron al rey: He aquí la cabeza de Is-boset, hijo de Saul, tu enemigo, que procuraba matarte: y Jehová ha vengado hoy a mi señor el rey de Saul, y de su simiente. Y David respondió a Recab y a Baana su hermano, hijos de Remmón Berotita, y díjoles: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia, Que cuando uno me dió nuevas, diciendo: He aquí, Saul es muerto, el cual pensaba que traía buenas nuevas, yo le tomé, y le maté en Siceleg en premio de la buena nueva. ¿Cuánto más a los malos hombres, que mataron a un hombre justo en su casa, y sobre su cama? Ahora pues, ¿no tengo yo de demandar su sangre de vuestras manos, y quitaros de la tierra? Entónces David mandó a los mancebos, y ellos los mataron, y cortáronles las manos y los piés, y colgáronlos sobre el estanque en Hebrón. Y tomaron la cabeza de Is-boset, y la enterraron en el sepulcro de Abner en Hebrón. Y VINIERON todas las tribus de Israel a David en Hebrón, y hablaron, diciendo: He aquí, nosotros somos tus huesos y tu carne. Y aun ayer y anteayer cuando Saul reinaba sobre nosotros, tú sacabas y volvías a Israel. Además de esto, Jehová te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel. Vinieron pues todos los ancianos de Israel al rey en Hebron; y el rey David hizo con ellos alianza en Hebrón delante de Jehová: y ungieron a David por rey sobre Israel. David era de treinta años, cuando comenzó a reinar; y reinó cuarenta años. En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses; y en Jerusalem reinó treinta y tres años sobre todo Israel y Judá. Entónces el rey y los suyos vinieron a Jerusalem al Jebuseo que habitaba en la tierra, el cual habló a David, diciendo: Tú no entrarás acá, si no echares los ciegos y los cojos, diciendo: No vendrá David acá. Mas David tomó la fortaleza de Sión, la cual es la ciudad de David. Y dijo David aquel día: ¿Quién llegará hasta las canales, y herirá al Jebuseo, y a los cojos y los ciegos, a los cuales el alma de David aborrece? Por esto se dijo: Ciego ni cojo no entrará en casa. Y David moró en la fortaleza, y púsole nombre, Ciudad de David: y edificó al derredor desde Mello para dentro. Y David iba creciendo y aumentándose: y Jehová Dios de los ejércitos era con él. E Hiram rey de Tiro envió embajadores a David, y madera de cedro, y carpinteros, y canteros para los muros, los cuales edificaron la casa de David. Y entendió David que Jehová le había confirmado por rey sobre Israel, y que había ensalzado su reino por amor de su pueblo Israel. Y tomó David más concubinas, y mujeres de Jerusalem, después que vino de Hebrón, y naciéronle más hijos e hijas. Estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalem: Samua, y Sobat, y Natán, y Salomón. Y Jebahar, y Elisua, y Nefeg. Y Jafia, y Elisama, y Elioda, y Elifalet. Y oyendo los Filisteos que habían ungido a David por rey sobre Israel, todos los Filisteos subieron a buscar a David: lo cual como David oyó, vino a la fortaleza. Y vinieron los Filisteos, y extendiéronse por el valle de Rafaim. Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré contra los Filisteos? ¿Entregárlos has en mis manos? Y Jehová respondió a David: Vé; porque entregando entregaré los Filisteos en tus manos. Y vino David a Baal-perazim, y allí les venció David, y dijo: Rompió Jehová a mis enemigos delante de mí, como quien rompe aguas. Y por esto llamó el nombre de aquel lugar Baal-perazim: Y dejaron allí sus ídolos, los cuales quemó David y los suyos. Y los Filisteos tornaron a venir, y extendiéronse en el valle de Rafaim. Y consultando David a Jehová, él le respondió: No subas; mas rodéalos, y vendrás a ellos por delante de los morales: Y cuando oyeres un estruendo que irá por las copas de los morales, entónces te moverás: porque Jehová saldrá delante de tí a herir el campo de los Filisteos. Y David lo hizo así, como Jehová se lo había mandado: e hirió a los Filisteos desde Gabaa hasta llegar a Gaza. Y DAVID tornó a juntar todos los escogidos de Israel, treinta mil. Y levantóse David, y fué con todo el pueblo que tenía consigo de Baal de Judá, para hacer pasar de allí el arca de Dios, sobre la cual era invocado el nombre de Jehová de los ejércitos, que mora en ella entre los querubines. Y pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo, y lleváronla de la casa de Abinadab que estaba en Gabaa: y Oza y Ahio, hijos de Abinadab, guiaban el carro nuevo. Y cuando lo llevaban de la casa de Abinadab, que estaba en Gabaa con el arca de Dios, Ahio iba delante del arca: Y David y toda la casa de Israel danzaban delante de Jehová con toda suerte de instrumentos de madera de haya, con arpas, salterios, adufes, flautas, y címbalos. Y cuando llegaron a la era de Nacón, Oza extendió la mano al arca de Dios, y sostúvola; porque los bueyes coceaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Oza, e hirióle allí Dios por aquella temeridad; y cayó allí muerto junto al arca de Dios. Y David fué triste por haber herido Jehová a Oza, y fué llamado aquel lugar Perez-oza, hasta hoy. Y temiendo David a Jehová aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehová? Y no quiso David traer a sí el arca de Jehová a la ciudad de David; mas la llevó David a casa de Obed-edom Geteo. Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom Geteo tres meses: y bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa. Y fué dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom, y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entónces David fué, y trajo el arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David con alegría. Y como los que llevaban el arca de Dios habían andado seis pasos, sacrificaban un buey, y un carnero grueso. Y David saltaba con toda su fuerza delante de Jehová; y tenía vestido David un efod de lino. Así David y toda la casa de Israel llevaban el arca de Jehová con júbilo y voz de trompeta. Y como el arca de Jehová llegó a la ciudad de David, aconteció que Micol la hija de Saul estaba mirando desde una ventana, y vió al rey David, que saltaba con toda su fuerza delante de Jehová: y tuvóle en poco en su corazón. Y metieron el arca de Jehová, y pusiéronla en su lugar en medio de una tienda que David le había tendido: y sacrificó David holocaustos y pacíficos delante de Jehová. Y como David hubo acabado de ofrecer los holocaustos y pacíficos, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová de los ejércitos. Y repartió a todo el pueblo, y a toda la multitud de Israel, así hombres como mujeres, a cada uno una torta de pan, y un pedazo de carne, y un frasco de vino. Y se fué todo el pueblo cada uno a su casa. Y volvió David para bendecir su casa: y saliendo Micol a recibir a David, dijo: ¡Cuán honrado ha sido hoy el rey de Israel, desnudándose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se desnudara algún chocarrero! Entónces David respondió a Micol: Delante de Jehová, que me eligió más que a tu padre, y a toda su casa, mandándome que fuese príncipe sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel, danzaré delante de Jehová. Y aun me haré más vil que esta vez, y seré bajo delante de mis ojos: y delante de las criadas que dijiste, delante de ellas seré honrado. Y nunca Micol tuvo hijos hasta el día de su muerte. Y ACONTECIÓ, que estando ya el rey asentado en su casa, y que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos al derredor; Dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo moro en casas de cedros, y el arca de Dios está entre cortinas. Y Natán dijo al rey: Vé, y haz todo lo que está en tu corazón, que Jehová es contigo. Y aconteció aquella noche, que fué palabra de Jehová a Natán, diciendo: Vé, y dí a mi siervo David: Así dijo Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, mas anduve en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado palabra en alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado que apaciente mi pueblo de Israel, para decir: Por qué no me habéis edificado a mí casa de cedros? Ahora pues, dirás así a mi siervo David: Así dijo Jehová de los ejércitos: Yo te tomé de la majada, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; Y he sido contigo en todo cuanto has andado; y delante de tí he talado todos tus enemigos; y te he hecho nombre grande, como el nombre de los grandes que son en la tierra. Y yo pondré lugar a mí pueblo Israel, y yo le plantaré, que habite en su lugar y nunca más sea removido; y que los malos nunca más le aflijan, como ántes, Desde el día que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y yo te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber, que Jehová te quiere a tí hacer casa. Y cuando tus dias fueren cumplidos, y durmieres con tus padres, yo afirmaré tu simiente tras tí, la cual saldrá de tu vientre; y yo afirmaré su reino. Este edificará casa a mi nombre: y yo afirmaré para siempre la silla de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres: Mas mi misericordia no se apartará de él, como la aparté de Saul, al cual quité de delante de tí. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro; y tu trono será firme eternalmente. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David. Y entró el rey David, y púsose delante de Jehová, y dijo: Señor Jehová, ¿quién soy yo, y cuál es mi casa, para que tú me traigas hasta aquí? ¿Y que aun te haya parecido poco esto, Señor Jehová, sino que hables también de la casa de tu siervo en lo por venir, y que sea esta la condición de un hombre, Señor Jehová? ¿Y qué más puede añadir David hablando contigo? Tú pues conoces tu siervo, Señor Jehová. Todas estas grandes magnificencias has hecho por tu palabra, y conforme a tu corazón, haciéndolas saber a tu siervo. Por tanto tú te has engrandecido, Jehová Dios, por cuanto no hay otro como tú, ni hay Dios fuera de tí, conforme a todo lo que habemos oido por nuestros oidos. ¿Y quién como tu pueblo, como Israel en la tierra, una gente por la cual Dios fuese a redimírsela por pueblo, y le pusiese nombre, e hiciese con vosotros grandes y espantosas obras en tu tierra, por causa de tu pueblo que tú te redimiste de Egipto, de la gente, y de sus dioses? Y tú te confirmaste a tu pueblo Israel, para que fuese tu pueblo perpetuamente, y tu Jehová fuiste a ellos por Dios. Ahora pues, Jehová Dios, la palabra que has hablado sobre tu siervo, y sobre su casa, despiértala eternalmente, y haz conforme a lo que has dicho. Y sea engrandecido tu nombre para siempre: para que se diga, Jehová de los ejércitos es Dios sobre Israel: y que la casa de tu siervo David sea firme delante de tí. Porque tú, Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste a la oreja de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esta causa tu siervo ha hallado su corazón para orar delante de tí está oración. Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras serán firmes, pues has dicho a tu siervo este bien. Ahora pues, quiere, y bendice a la casa de tu siervo, para que perpetuamente permanezca delante de tí: pues que tu Jehová Dios has dicho, que con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre. DESPUÉS de esto aconteció, que David hirió a los Filisteos, y los humilló: y tomó David a Metegamma de mano de los Filisteos. Hirió también a los de Moab, y midiólos con cordel haciéndolos echar por tierra: y midiólos en dos cordeles, el uno para muerte, y otro cordel entero para vida. Y fueron los Moabitas siervos de David debajo de tributo. También hirió David a Adarezer, hijo de Roob, rey de Soba, yendo él a extender su término hasta el río Éufrates. Y tomó David de ellos mil y sietecientos de a caballo, y veinte mil hombres de a pié, y desjarretó David todos los carros: mas cien carros de ellos dejó. Y vino Siria, la de Damasco, a dar socorro a Adarezer rey de Soba, y David hirió de los Siros veinte y dos mil hombres. Y puso David guarnición en la Siria de Damasco, y fueron los Siros siervos de David debajo de tributo. Y Jehová guardó a David donde quiera que fué. Y tomó David los escudos de oro, que traían los siervos de Adarezer, los cuales trajo a Jerusalem. Asimismo de Bete, y de Berot, ciudades de Adarezer, tomó el rey David gran copia de metal. Entónces oyendo Tou rey de Emat que David había herido todo el ejército de Adarezer, Envió Tou a Joram su hijo al rey David a saludarle pacíficamente, y a bendecirle, porque había peleado con Adarezer, y le había vencido; porque Tou era enemigo de Adarezer: y llevaba en su mano vasos de plata, y vasos de oro, y de metal: Los cuales el rey David dedicó a Jehová, con la plata y el oro que había dedicado de todas las naciones que había sujetado: De los Siros, de los Moabitas, de los Ammonitas, de los Filisteos, de los Amalecitas, y del despojo de Adarezer, hijo de Roob rey de Soba. Y ganó David fama como volvió, habiendo herido de los Siros diez y ocho mil en el valle de la sal. Asimismo puso David guarnición en Edom, por toda Edom puso guarnición: y todos los Idumeos fueron siervos de David: y Jehová guardó a David por donde quiera que fué. Y reinó David sobre todo Israel, y hacía David derecho y justicia a todo su pueblo. Y Joab, hijo de Sarvia, era general de su ejército: y Josafat, hijo de Ahilud, canciller. Y Sadoc, hijo de Acitob, y Aquimelec, hijo de Abiatar, eran sacerdotes: y Saraías era escriba. Y Banaias, hijo de Joiada, era sobre los Cereteos y Feleteos; y los hijos de David eran los príncipes. Y DIJO David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saul a quién yo haga misericordia por causa de Jonatán? Y había un siervo de la casa de Saul, que se llamaba Siba, al cual como llamaron que viniese a David, el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo. Y el rey dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saul, a quién yo haga misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aun ha quedado un hijo de Jonatán, cojo de los piés. Entónces el rey le dijo: ¿Y ese dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lo-dabar. Y envió el rey David, y tomóle de casa de Maquir, hijo de Amiel de Lo-dabar. Y venido Mifi-boset, hijo de Jonatán, hijo de Saul, a David, postróse sobre su rostro, e hízole reverencia. Y dijo David: Mifi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo. David le dijo: No tengas temor, porque yo haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre; y yo te haré volver todas las tierras de Saul tu padre, y tú comerás pan a mi mesa perpetuamente. Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo soy? Entónces el rey llamó a Siba siervo de Saul, y díjole: Todo lo que fué de Saul, y de toda su casa yo lo he dado al hijo de tu señor: Tú pues le labrarás las tierras, tú con tus hijos, y tus siervos, y encerrarás, para que el hijo de tu señor tenga pan que comer. Y Mifi-boset el hijo de tu señor comerá pan perpetuamente a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos. Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mifi-boset, dijo el rey, comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey. Y Mifi-boset tenía un hijo pequeño, que se llamaba Mica, y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mifi-boset. Y Mifi-boset moraba en Jerusalem, porque comía perpetuamente a la mesa del rey, y era cojo de ámbos piés. DESPUÉS de esto aconteció, que murió el rey de los hijos de Ammón, y reinó por él Hanón su hijo. Y dijo David: Yo haré misericordia con Hanón, hijo de Naas, como su padre la hizo conmigo. Y David envió sus siervos a consolarle por su padre. Y venidos los siervos de David a la tierra de los hijos de Ammón, Los príncipes de los hijos de Ammón dijeron a Hanón su señor: ¿Honra David a tu padre a tu parecer, que te ha enviado consoladores? ¿No ha enviado David sus siervos a tí por reconocer y considerar la ciudad, para destruirla? Entónces Hanón tomó los siervos de David, y rapóles la media barba, y cortóles los vestidos por la mitad hasta las nalgas, y los envió. Lo cual como fué hecho saber a David, envió delante de ellos, porque ellos estaban grandemente avergonzados, y dijo el rey: Estáos en Jericó, hasta que os torne a nacer la barba, y entónces volveréis. Y viendo los hijos de Ammón que se habían hecho odiosos con David, enviaron los hijos de Ammón, y dieron sueldo a los Siros de la casa de Roob, y a los Siros de Soba, veinte mil hombres de a pié, y del rey de Maaca mil hombres, y de Is-tob doce mil hombres. Lo cual como David oyó, envió a Joab con todo el ejército de los valientes. Y saliendo los hijos de Ammón, ordenaron sus escuadrones a la entrada de la puerta; mas los Siros de Soba, y de Roob, y de Is-tob, y de Maaca ordenaron por sí en el campo. Viendo pues Joab que había escuadrones delante y detrás de él, escogió de todos los escogidos de Israel, y púsose en órden contra los Siros. Y lo que quedó del pueblo, entregó en mano de Abisaí su hermano, y púsolo en órden para encontrar a los Ammonitas. Y dijo: Si los Siros me fueren superiores, tú me ayudarás: Y si los hijos de Ammón pudieren más que tú, yo te daré ayuda. Esfuérzate y esforcémosnos por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios: y haga Jehová lo que bien le pareciere. Y acercóse Joab, y el pueblo que estaba con él, para pelear con los Siros, mas ellos huyeron delante de él. Entónces los hijos de Ammón viendo que los Siros habían huido, huyeron también ellos delante de Abisaí, y entráronse en la ciudad. Y volvió Joab de los hijos de Ammón, y vínose a Jerusalem. Y viendo los Siros que habían caido delante de Israel, tornáronse a juntar: Y envió Adarezer, y sacó los Siros que estaban de la otra parte del río, los cuales vinieron a Helán, llevando por capitán a Sobac general del ejército de Adarezer. Y fué dado aviso a David, y juntó a todo Israel, y pasando el Jordán vino a Helán: y los Siros se pusieron en órden contra David, y pelearon con él. Mas los Siros huyeron delante de Israel: e hirió David de los Siros sietecientos carros, y cuarenta mil hombres de a caballo: e hirió al mismo Sobac general del ejército, y murió allí. Y viendo todos los reyes, siervos de Adarezer, que habían caido delante de Israel, hicieron paz con Israel, y sirviéronles: y de allí adelante temieron los Siros de socorrer a los hijos de Ammón. Y ACONTECIÓ a la vuelta del año, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y a sus siervos con él, y a todo Israel, y destruyeron a los Ammonitas; y pusieron cerco a Rabba: y quedóse David en Jerusalem. Y aconteció que levantándose David de su cama a la hora de la tarde, paseándose por la techumbre de la casa real, vió desde la techumbre una mujer que se estaba lavando, la cual era muy hermosa. Y envió David a preguntar por aquella mujer; y dijéronle: Aquella es Bersabée, hija de Eliam, mujer de Urías Jetteo. Y envió David mensajeros, y tomóla; la cual como entró a él, él durmió con ella; y ella se santificó de su inmundicia, y se volvió a su casa. Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Yo estoy preñada. Entónces David envió a Joab, diciendo: Envíame a Urías Jetteo. Y Joab envió a Urías a David. Y como Urías vino a él, David le preguntó por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y asimismo de la guerra. Después David dijo a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus piés. Y saliendo Urías de casa del rey, vino tras de él comida real. Mas Urías durmió a la puerta de la casa real, con todos los siervos de su señor: y no descendió a su casa. E hicieron saber esto a David, diciendo: Urías no descendió a su casa, y David dijo a Urías: ¿No has venido de camino? ¿Por qué pues no descendiste a tu casa? Y Urías respondió a David: El arca, e Israel, y Judá están debajo de tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor sobre la haz del campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y para beber, y para dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haga tal cosa. Y David dijo a Urías: Estáte aquí aun hoy, y mañana te despacharé. Y Urías se quedó en Jerusalem aquel día, y el siguiente. Y David le convidó: y le hizo comer, y beber delante de sí, y le embriagó. Y él salió a la tarde a dormir en su cama con los siervos de su señor: mas no descendió a su casa. Venida la mañana, David escribió una carta a Joab, la cual envió por mano de Urías. Y escribió en la carta, diciendo: Ponéd a Urías delante de la fuerza de la batalla: y dejádle a sus espaldas para que sea herido, y muera. Y aconteció, que cuando Joab cercó la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los más valientes hombres. Y como salieron los de la ciudad, pelearon con Joab, y cayeron algunos del pueblo de los siervos de David: y murió también Urías Jetteo. Y envió Joab, e hizo saber a David todos los negocios de la guerra. Y mandó al mensajero, diciendo: Cuando acabares de contar al rey todos los negocios de la guerra, Si el rey comenzare a enojarse, y te dijere: ¿Por qué os acercasteis a la ciudad peleando? ¿No sabíais lo que suelen echar del muro? ¿Quién hirió a Abimelec, hijo de Jerubeset? ¿No echó una mujer del muro un pedazo de una rueda de molino, y murió en Tebes? ¿Por qué os llegabais al muro? Entónces tú le dirás: También tu siervo Urías Jetteo es muerto. Y fué el mensajero, y viniendo, contó a David todas las cosas, por las cuales Joab le había enviado. Y dijo el mensajero a David: Prevalecieron contra nosotros los varones, salidos a nosotros al campo; mas nosotros los tornamos hasta la entrada de la puerta. Y los flecheros tiraron contra tus siervos desde el muro, y murieron algunos de los siervos del rey: y murió también tu siervo Urías Jetteo. Y David dijo al mensajero: Dirás así a Joab: No tengas pesar de esto, que de esta y de esta manera suele comer la espada. Fortifica la batalla contra la ciudad, hasta que la derribes. Y tú esfuérzale. Y oyendo la mujer de Urías, que Urías su marido era muerto, puso luto por su marido. Y pasado el luto, envió David, y recogióla a su casa: y fué su mujer: y parióle un hijo. Mas esta cosa que David hizo, desplugo delante de Jehová. Y ENVIÓ Jehová a Natán a David: el cual viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía ovejas y vacas asaz: Mas el pobre ninguna cosa tenía, sino una sola cordera, que había comprado, la cual él había criado, y había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado de pan, y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su regazo: y teníala como a una hija. Y vino uno de camino al hombre rico: y él no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar al caminante que le había venido: sino tomó la oveja de aquel hombre pobre, y aderezóla para el varón que le había venido. Entónces el furor se le encendió a David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte: Y que él pagará la cordera con el cuatro tanto: porque hizo esta tal cosa, y no tuvo misericordia. Entónces Natán dijo a David: Tú eres aquel varón. Así dijo Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saul. Yo te dí la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además de esto, te dí la casa de Israel y de Judá. Y si esto es poco, yo te añadiré tales y tales cosas. ¿Por qué pues tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías Jetteo heriste a cuchillo, y tomaste por tu mujer a su mujer, y a él mataste con la espada de los hijos de Ammón. Por lo cual ahora no se apartará espada de tu casa perpetuamente, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías Jetteo, para que fuese tu mujer. Así dijo Jehová: He aquí, yo despierto sobre tí mal de tu misma casa: y yo tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las dare a tu prójimo, el cual dormirá con tus mujeres en la presencia de este sol. Porque tú lo hiciste en secreto, mas yo haré esto delante de todo Israel, y delante del sol. Entónces dijo David a Natán: Pequé a Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha trasportado tu pecado; no morirás. Mas por cuanto con este negocio hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido muriendo morirá. Y Natán se volvió a su casa. Y Jehová hirió al niño, que la mujer de Urías había parido a David, y enfermó gravemente. Y David rogó a Dios por el niño; y ayunó David ayuno, y vino, y pasó la noche acostado en tierra. Y levantáronse los ancianos de su casa a él, para hacerle levantar de tierra, mas él no quiso, ni comió con ellos pan. Y al séptimo día el niño murió; y sus siervos no osaban hacerle saber que el niño era muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aun vivía le hablábamos, y no quería oir nuestra voz; ¿pues cuánto más mal le hará si le dijeremos: el niño es muerto? Mas David viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño era muerto: y dijo David a sus siervos: ¿Es muerto el niño? Y ellos respondieron: Muerto es. Entónces David se levantó de tierra, y lavóse, y ungióse, y mudó sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Y después vino a su casa, y demandó, y pusiéronle pan, y comió. Y dijéronle sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño viviendo aun, ayunabas y llorabas: ¿y él muerto, levantástete, y comiste pan? Y él respondió: Viviendo aun el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe, si Dios habrá compasión de mí, que viva el niño? Mas ahora que ya es muerto, ¿para qué tengo de ayunar? ¿Podréle yo más volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí. Y consoló David a Bersabée su mujer, y entrando a ella durmió con ella, y parió un hijo, y llamó su nombre Salomón, al cual Jehová amó. Y envió por mano de Natán profeta, y llamó su nombre Jedidia, por Jehová. Y Joab peleaba contra Rabba de los hijos de Ammón, y tomó la ciudad real. Y envió Joab mensajeros a David, diciendo: Yo he peleado contra Rabba, y he tomado la ciudad de las aguas. Junta pues ahora el pueblo que queda, y asienta campo sobre la ciudad, y tómala, porque tomando yo la ciudad, no se llame de mi nombre. Y juntando David todo el pueblo, fué contra Rabba, y combatióla, y la tomó. Y tomó la corona de su rey de su cabeza, la cual pesaba un talento de oro: y había en ella piedras preciosas, y fué puesta sobre la cabeza de David: y trajo muy grande despojo de la ciudad. Y sacó el pueblo que estaba en ella, y púsole debajo de sierras, y de trillos de hierro, de hachas de hierro, e hízolos pasar por hornos: y lo mismo hizo a todas las ciudades de los hijos de Ammon: y volvióse David con todo el pueblo a Jerusalem. DESPUÉS de esto aconteció, que Absalom, hijo de David, tenía una hermana hermosa que se llamaba Tamar, de la cual se enamoró Amnón hijo de David. Y Amnón fué angustiado, hasta enfermar por Tamar su hermana: porque por ser ella vírgen, parecía a Amnón que sería cosa dificultosa hacerle algo. Y Amnón tenía un amigo, que se llamaba Jonadab, hijo de Samma, hermano de David, y Jonadab era hombre muy astuto. Y este le dijo: Hijo del rey, ¿qué es la causa que a las mañanas estás así flaco? ¿No me lo descubrirás a mí? Y Amnón le respondió: Yo amo a Tamar la hermana de mi hermano Absalom. Y Jonadab le dijo: Acuéstate en tu cama, y finge que estás enfermo: y cuando tu padre viniere a visitarte, díle: Ruégote que venga mi hermana Tamar, para que me conforte con alguna comida, y haga delante de mí alguna vianda, para que viendo la coma de su mano. Y Amnón se acostó, y fingió que estaba enfermo, y vino el rey a visitarle: y Amnón dijo al rey: Yo te ruego que venga mi hermana Tamar, y haga delante de mí dos hojuelas que coma yo de su mano. Y David envió a Tamar a su casa, diciendo: Vé ahora a casa de Amnón tu hermano, y házle de comer. Entónces Tamar fué a casa de su hermano Amnón, el cual estaba acostado: y tomó harina, y amasó, e hizo hojuelas delante de él, y aderezó las hojuelas. Y tomando la sarten sacólas delante de él: mas él no quiso comer. Y dijo Amnon: Echád fuera de aquí a todos. Y todos se salieron de allí. Entónces Amnón dijo a Tamar: Trae la comida a la recámara, para que yo coma de tu mano. Y tomando Tamar las hojuelas que había cocido, llevólas a su hermano Amnón a la recámara. Y como ella se las puso delante para que comiese, él trabó de ella, diciéndole: Ven, hermana mía, duerme conmigo. Ella entónces le respondió: No, hermano mío, no me hagas fuerza: porque no se hace así en Israel: no hagas tal locura. Porque ¿dónde iría yo con mi deshonra? Y aun tú serías estimado como uno de los insensatos de Israel. Yo te ruego ahora que hables al rey, que no me negará a tí. Mas él no la quiso oir, ántes pudiendo más que ella la forzó, y durmió con ella. Y aborrecióla Amnón de tan grande aborrecimiento, que el odio con que la aborreció después, fué mayor que el amor con que la había amado. Y díjole Amnon: Levántate, y véte. Y ella le respondió: No es razón. Mayor mal es este de echarme, que el que me has hecho. Mas él no la quiso oir. Ántes llamando a su criado, que le servía, le dijo: Échame esta allá fuera, y cierra la puerta tras ella. Y ella tenía una ropa de colores sobre sí, (que las hijas vírgenes de los reyes vestían de aquellas ropas:) y su criado la echó fuera, y cerró la puerta tras ella. Y Tamar tomó ceniza, y esparcióla sobre su cabeza, y rompió la ropa de colores de que estaba vestida: y puestas sus manos sobre su cabeza, se fué gritando. Y le dijo su hermano Absalom: ¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Calla, pues, ahora hermana mía, tu hermano es, no pongas tu corazón en este negocio. Y Tamar se quedó desconsolada en casa de su hermano Absalom. Y el rey David, oyendo todo esto, fué muy enojado. Mas Absalom no habló, ni malo ni bueno con Amnón, porque Absalom aborrecía a Amnón, porque había forzado a su hermana Tamar. Y aconteció, pasados dos años de tiempo, que Absalom tenía trasquiladores en Baal-hasor, que es junto a Efraim. Y convidó Absalom a todos los hijos del rey, Y vino Absalom al rey, y díjole: He aquí, tu siervo tiene ahora trasquiladores: yo ruego que venga el rey y sus siervos con tu siervo. Y respondió el rey a Absalom: No, hijo mío, no vamos todos, porque no seamos gravosos sobre tí. Y porfió con él, y no quiso venir, mas le bendijo. Entónces dijo Absalom: Si no, ruégote que venga con nosotros Amnón mi hermano. Y el rey le respondió: ¿Para qué ha de ir contigo? Y como Absalom le importunase, dejó ir con él a Amnón, y a todos los hijos del rey. Y había mandado Absalom a sus criados, diciendo: Yo os ruego que miréis, cuando el corazón de Amnón estará alegre del vino, y cuando yo os dijere: Heríd a Amnon; entónces matádle: y no tengáis temor, que yo os lo he mandado. Esforzáos, pues, y sed hombres valientes. Y los criados de Absalom lo hicieron con Amnón como Absalom se lo había mandado, y levantándose todos los hijos del rey subieron todos en sus mulos, y huyeron. Y estando aun ellos en el camino, la fama llegó a David, diciendo: Absalom ha asesinado a todos los hijos del rey, que ninguno ha quedado de ellos. Entónces David levantándose rompió sus vestidos, y echóse en tierra: y todos sus siervos estaban desgarrados sus vestidos. Y respondió Jonadab el hijo de Samma hermano de David, y dijo: No diga mi señor, que han asesinado a todos los mozos, hijos del rey, que solo Amnón es muerto, que en la boca de Absalom estaba puesto desde el día que Amnón forzó a Tamar su hermana, Por tanto ahora no ponga mi señor el rey en su corazón tal palabra, diciendo: Todos los hijos del rey han sido asesinados, que solo Amnón es muerto. Y Absalom huyó. Y alzando sus ojos el mozo, que estaba en atalaya, miró, y, he aquí mucho pueblo que venía a sus espaldas por el camino de hacia el monte. Y dijo Jonadab al rey: He allí los hijos del rey que vienen; porque así es como tu siervo ha dicho. Y como él acabó de hablar, he aquí los hijos del rey que vinieron, y alzando su voz lloraron. Y también el mismo rey, y todos sus siervos lloraron de muy gran llanto. Mas Absalom huyó, y se fué a Tolmai, hijo de Ammiud rey de Gessur. Y David lloró por su hijo todos los dias. Y como Absalom huyó, y vino a Gessur, estuvo allá tres años. Y el rey David deseó salir por Absalom: porque ya estaba consolado a cerca de Amnón, que era muerto. Y CONOCIENDO Joab, hijo de Sarvia, que el corazón del rey estaba con Absalom, Envió Joab a Tecua, y tomó de allá una mujer astuta, y le dijo: Yo te ruego que te enlutes, y te vistas de ropas de luto, y no te unjas con oleo, ántes sé como una mujer que ha mucho tiempo que trae luto por algún muerto. Y entrando al rey, habla con él de esta manera. Entónces puso Joab las palabras en su boca. Entró pues aquella mujer de Tecua al rey, y postrándose sobre su rostro en tierra hizo reverencia, y dijo: Oh rey, salva. Y el rey le dijo: ¿Qué has? Y ella respondió: Yo soy de cierto una mujer viuda, y mi marido es muerto. Y tu sierva tenía dos hijos, y los dos riñeron en el campo: y no habiendo quien los despartiese, hirió el uno al otro, y le mató. Y, he aquí, toda la parentela se ha levantado contra tu sierva, diciendo: Entrega al que mató a su hermano, para que le matemos por la vida de su hermano, a quien él mató; y quitemos también el heredero. Así apagarán el ascua que me ha quedado, no dejando a mi marido nombre ni reliquia sobre la tierra. Entónces el rey dijo a la mujer. Véte a tu casa, que yo mandaré acerca de tí. Y la mujer de Tecua dijo al rey: Rey, señor mío, la maldad sea sobre mí, y sobre la casa de mi padre; y el rey y su trono sea sin culpa. Y el rey dijo: Al que hablare contra tí, tráele a mí, que no te tocará más. Y ella dijo: Yo te ruego, oh rey, que te acuerdes de Jehová tu Dios, que no hagas multiplicar los vengadores de la sangre, para echar a perder y destruir a mi hijo. Y él respondió: Vive Jehová, que no caerá ni aun un cabello de la cabeza de tu hijo en tierra. Y la mujer dijo: Yo te ruego que hable tu criada una palabra a mi señor el rey. Y él dijo: Habla. Entónces la mujer dijo: ¿Por qué pues piensas tú otro tanto contra el pueblo de Dios? que hablando el rey esta palabra es como culpado: por cuanto el rey no hace volver su fugitivo. Porque muriendo morimos, y somos como aguas derramadas por tierra, que nunca más son tornadas a coger, ni Dios le quitará la vida: mas piensa pensamientos para no echar de sí al desechado. Y que yo he venido ahora para decir esto al rey, mi señor, es porque el pueblo me ha puesto miedo. Mas tu sierva dijo en sí: Ahora yo hablaré al rey, quizá hará el rey la palabra de su sierva. Porque el rey oirá para librar a su sierva de mano del hombre que me quiere raer a mí y a mi hijo juntamente de la heredad de Dios. Tu sierva pues dice: Que sea ahora la palabra de mi señor el rey para descanso: pues que mi señor el rey es como un ángel de Dios para escuchar lo bueno y lo malo; y Jehová tu Dios sea contigo. Entónces el rey respondió, y dijo a la mujer: Yo te ruego que no me encubras nada de lo que yo te preguntare. Y la mujer dijo: Diga mi señor el rey. Y el rey dijo: ¿No ha sido la mano de Joab contigo en todas estas cosas? Y la mujer respondió, y dijo: Viva tu alma, rey señor mío, que no hay porque ir a mano derecha, ni a mano izquierda de todo lo que mi señor el rey ha hablado: porque tu siervo Joab él me mandó, y él puso en la boca de tu sierva todas estas palabras. Y que yo volviese la forma de las palabras, Joab tu siervo lo ha hecho. Mas mi señor es sabio conforme a la sabiduría de un ángel de Dios, para saber lo que se hace en la tierra. Entónces el rey dijo a Joab: He aquí, yo hago esto. Vé, y haz volver al mozo Absalom. Y Joab se postró en tierra sobre su rostro, e hizo reverencia, y bendijo al rey; y dijo Joab: Hoy ha entendido tu siervo, que he hallado gracia en tus ojos, rey señor mío; pues que ha hecho el rey la palabra de su siervo. Y levantóse Joab, y fué a Gessur, y volvió a Absalom a Jerusalem. Y el rey dijo: Váyase a su casa, y no vea mi rostro. Y Absalom se volvió a su casa, y no vió el rostro del rey. No había varón tan hermoso en todo Israel como Absalom, para alabar en gran manera: desde la planta de su pié hasta la mollera no había en él mácula. Y cuando trasquilaba su cabeza (lo cual era cada año al cabo del año, que él se trasquilaba, porque le hacía molestia el cabello, y le trasquilaba,) pesaba el cabello de su cabeza doscientos siclos de peso real. Y naciéronle a Absalom tres hijos, y una hija que se llamaba Tamar: la cual fué hermosa de ver. Y estuvo Absalom dos años de tiempo en Jerusalem, que nunca vió el rostro del rey. Y envió Absalom por Joab para enviarle al rey: mas no quiso venir a él; ni aunque envió por él la segunda vez, quiso venir. Entónces dijo a sus siervos: Bien sabéis las tierras de Joab junto a mi lugar, donde tiene sus cebadas: id, y pegádle fuego. Y los siervos de Absalom pegaron fuego a las tierras. Y levantóse Joab, y vino a Absalom a su casa, y díjole: ¿Por qué han puesto fuego tus siervos a mis tierras? Y Absalom respondió a Joab: He aquí, yo he enviado por tí, diciendo, que vinieses acá, para que yo te enviase al rey, a que le dijeses: ¿Para qué vine de Gessur? Mejor me fuera estarme aun allá. Vea yo ahora la cara del rey: y si hay en mi pecado, máteme. Vino pues Joab al rey: e hízozelo saber: y llamó a Absalom, el cual vino al rey, e inclinó su rostro a tierra delante del rey: y el rey besó a Absalom. DESPUÉS de esto aconteció, que Absalom se hizo carros y caballos, y cincuenta hombres que corriesen delante de él. Y levantábase Absalom de mañana, y poníase a un lado del camino de la puerta, y a cualquiera que tenía pleito, y venía al rey a juicio, Absalom le llamaba a sí, y le decía: ¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo es de una de las tribus de Israel. Entónces Absalom le decía: Mira, tus palabras son buenas y justas: mas no tienes quien te oiga por el rey. Y decía Absalom: ¡Quién me pusiese, por juez en la tierra, para que viniesen a mí todos los que tienen pleito, o negocio, que yo les haría justicia! Y acontecía que, cuando alguno se llegaba para inclinarse a él, él extendía la mano, y le tomaba, y le besaba. Y de esta manera hacía con todo Israel que venía al rey a juicio: y así hurtaba Absalom el corazón de los de Israel. Y aconteció después de cuarenta años, que Absalom dijo al rey: Yo te ruego que me des licencia para que vaya a pagar mi voto a Hebrón, que he prometido a Jehová. Porque tu siervo hizo voto cuando estaba en Gessur en Siria, diciendo: Si Jehová me volviere a Jerusalem, yo serviré a Jehová. Y el rey le dijo: Vé en paz. Y él se levantó, y se fué a Hebrón. Y envió Absalom espías por todas las tribus de Israel, diciendo: Cuando oyereis el son de la trompeta, diréis: Absalom reina en Hebrón. Y fueron con Absalom doscientos hombres de Jerusalem llamados de él, los cuales iban con su simplicidad, sin saber cosa. También envió Absalom por Aquitofel Gilonita, del consejo de David, a Gilo su ciudad, cuando hacía sus sacrificios, y fué hecha una grande conjuración, y el pueblo se iba aumentando con Absalom. Y vino el aviso a David, diciendo: El corazón de los varones de Israel se va tras Absalom. Entónces David dijo a todos sus siervos, que estaban con él en Jerusalem: Levantáos, y huyamos, porque no podremos escapar delante de Absalom. Dáos priesa a andar, porque apresurándose él no nos tome, y eche sobre nosotros mal, y hiera la ciudad a filo de espada. Y los siervos del rey dijeron al rey: He aquí, tus siervos están prestos a todo lo que nuestro señor el rey eligiere. El rey entónces salió con toda su casa a pié: y dejó el rey diez mujeres concubinas, para que guardasen la casa. Y salió el rey , con todo el pueblo a pié, y paráronse en un lugar léjos. Y todos sus siervos pasaban a su lado, y todos los Cereteos y Feleteos, y todos los Geteos, seiscientos hombres, los cuales habían venido a pié desde Get, e iban delante del rey. Y dijo el rey a Etai Geteo: ¿Para qué vienes tú también con nosotros? Vuélvete y quédate con el rey: porque tú eres extranjero, y desterrado también tú de tu lugar. ¿Ayer veniste, y téngote de hacer hoy que mudes lugar para ir con nosotros? Yo voy sobre lo que yo voy: tú vuélvete, y haz volver a tus hermanos: en tí hay misericordia y verdad. Y Etai respondió al rey, diciendo: Vive Dios, y vive mi señor el rey, que, o para muerte, o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo. Entónces David dijo a Etai: Ven, pues, y pasa. Y pasó Etai Geteo, y todos sus varones, y toda su familia. Y toda la tierra lloró a alta voz: y pasó todo el pueblo el arroyo de Cedrón, y después pasó el rey, y todo el pueblo pasó al camino que va al desierto. Y he aquí también Sadoc y todos los Levitas con él, que llevaban el arca del concierto de Dios; y asentaron el arca del concierto de Dios. Y subió Abiatar hasta que todo el pueblo hubo acabado de salir de la ciudad. Y dijo el rey a Sadoc: Vuelve el arca de Dios a la ciudad: que si yo hallare gracia en los ojos de Jehová, él me volverá, y me hará ver a ella y a su tabernáculo. Y si dijere: No me agradas: aparejado estoy, haga de mí lo que bien le pareciere. Y dijo el rey a Sadoc, sacerdote: ¿No eres tú el vidente? Vuélvete en paz a la ciudad: y estén con vosotros vuestros dos hijos, Aquimaas tu hijo, y Jonatán, hijo de Abiatar. Mirád, yo me detendré en las campañas del desierto, hasta que venga respuesta de vosotros que me dé aviso. Entónces Sadoc y Abiatar volvieron el arca de Dios a Jerusalem, y estuviéronse allá. Y David subió la cuesta de las olivas, subiendo y llorando; llevando cubierta la cabeza, y los piés descalzos. Y todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, y subieron, subiendo y llorando. Y dieron aviso a David, diciendo: Aquitofel también está con los que conspiraron con Absalom. Entónces David dijo: Enloquece ahora, oh Jehová, el consejo de Aquitofel. Y como David llegó a la cumbre para adorar allí a Dios, he aquí Cusai Araquita, que le salió al encuentro trayendo desgarrada su ropa, y tierra sobre su cabeza. Y díjole David: Si pasares conmigo, serme has carga: Mas si volvieres a la ciudad, y dijeres a Absalom: rey, yo seré tu siervo: como hasta ahora he sido siervo de tu padre, así seré ahora tu siervo; tú me disiparás el consejo de Aquitofel. ¿No estarán allí contigo Sadoc y Abiatar sacerdotes? Por tanto todo lo que oyeres en casa del rey, darás aviso de ello a Sadoc y a Abiatar sacerdotes. Y, he aquí que están con ellos sus dos hijos, Aquimaas, el de Sadoc, y Jonatán, el de Abiatar: por mano de ellos me enviaréis aviso de todo lo que oyereis. Así se vino Cusai amigo de David a la ciudad: y Absalom vino a Jerusalem. Y COMO David pasó un poco de la cumbre del monte, he aquí Siba el criado de Mifi-boset, que le salía a recibir con un par de asnos enalbardados, y sobre ellos doscientos panes, y cien hilos de pasas, y cien masas de higos pasados, y un cuero de vino. Y dijo el rey a Siba: ¿Qué es esto? Y Siba respondió: Los asnos son para la familia del rey, en que suban: y los panes y la pasa para los criados que coman: el vino para que beban los que se cansaren en el desierto. Y dijo el rey: ¿Dónde está el hijo de tu señor? Y Siba respondió al rey: He aquí, él se ha quedado en Jerusalem porque ha dicho: Hoy me volverán la casa de Israel el reino de mi padre. Entónces el rey dijo a Siba: He aquí, sea tuyo todo lo que tiene Mifi-boset. Y respondió Siba inclinándose: Rey señor mío, halle yo gracia delante de tí. Y vino el rey David hasta Bajurim: y, he aquí, salía uno de la familia de la casa de Saul, el cual se llamaba Semeí, hijo de Gera: y salía maldiciendo, Y echando piedras contra David, y contra todos los siervos del rey David: y todo el pueblo, y todos los valientes hombres estaban a su diestra y a su siniestra. Y decía Semeí maldiciéndole: Sal: Sal, varón de sangres, y varón impío. Jehová te ha dado el pago de todas las sangres de la casa de Saul, en lugar del cual tú has reinado: mas Jehová ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalom: y, he aquí tú eres tomado en tu maldad: porque eres varón de sangres. Y Abisaí, hijo de Sarvia, dijo al rey: ¿Por qué maldice este perro muerto a mi señor el rey? Yo te ruego que me dejes pasar, y quitarle he la cabeza. Y el rey respondió: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? El maldice así, porque Jehová le ha dicho que maldiga a David: ¿quién pues le dirá: Por qué lo haces así? Y dijo David a Abisaí, y a todos sus siervos: He aquí, que mi hijo, que ha salido de mi vientre, asecha a mi vida, ¿cuánto más ahora un hijo de Jemini? Dejádle que maldiga, que Jehová se lo ha dicho. Quizá Jehová mirará a mi aflicción, y me dará Jehová bien por sus maldiciones hoy. Y como David y los suyos iban por el camino, Semeí iba por el lado del monte delante de él, andando y maldiciendo, y arrojando piedras delante de él, y esparciendo polvo. Y el rey y todo el pueblo que con él estaba, llegaron cansados, y descansó allí. Y Absalom y todo el pueblo, los varones de Israel, entraron en Jerusalem, y con él Aquitofel. Y fué, que como llegó Cusai Araquita, el amigo de David, a Absalom, Cusai dijo a Absalom: Viva el rey, viva el rey. Y Absalom dijo a Cusai: ¿Este es tu agradecimiento para con tu amigo? ¿Por qué no fuiste con tu amigo? Y Cusai respondió a Absalom: No: sino al que eligiere Jehová, y este pueblo, y todos los varones de Israel, de aquel seré yo, y con aquel quedaré. Ítem, ¿á quién había yo de servir? ¿No es a su hijo? Como he servido delante de tu padre, así seré delante de tí. Entónces Absalom dijo a Aquitofel: Consultád que haremos. Y Aquitofel dijo a Absalom: Entra a las concubinas de tu padre, que él dejó para guardar la casa; y todo el pueblo de Israel oirá que te has hecho aborrecible a tu padre: y así se esforzarán las manos de todos los que están contigo. Entónces pusieron una tienda a Absalom sobre la techumbre, y entró Absalom a las concubinas de su padre en ojos de todo Israel. Y el consejo que daba Aquitofel el aquellos dias, era como si consultaran la palabra de Dios. Tal era el consejo de Aquitofel, así con David, como con Absalom. ENTÓNCES Aquitofel dijo a Absalom: Yo escogeré ahora doce mil hombres, y me levantaré, y seguiré a David esta noche. Y daré sobre él, que él estará cansado y flaco de manos, yo le atemorizaré, y todo el pueblo que está con él huirá: y heriré el rey solo: Y tornaré a todo el pueblo a tí: y cuando ellos hubieren vuelto, (pues aquel hombre es el que tú quieres,) todo el pueblo estará en paz. Esta razón pareció bien a Absalom y a todos los ancianos de Israel. Y dijo Absalom: Yo te ruego que llames también a Cusai Araquita, para que oigamos también lo que él dirá. Y como Cusai vino a Absalom, Absalom le habló, diciendo: Así ha dicho Aquitofel: ¿Seguiremos su consejo, o no? Dí tú. Entónces Cusai dijo a Absalom: El consejo que ha dado esta vez Aquitofel no es bueno. Y dijo también Cusai: Tú sabes que tu padre y los suyos son hombres valientes, y que están ahora con amargura de ánimo, como la osa en el campo cuando la han quitado los hijos. Además de esto, tu padre es hombre de guerra, y no tendrá la noche con el pueblo. He aquí, él estará ahora escondido en alguna cueva, o en algún otro lugar. Y si al principio cayeren algunos de los tuyos, oirlo ha quien lo oyere, y dirá: El pueblo que sigue a Absalom ha sido muerto. Y aunque sea valiente hombre, cuyo corazón sea como corazón de león, sin duda desmayará; porque todo Israel sabe, que tu padre es valiente hombre, y que los que están con él son esforzados. Mas yo aconsejo, que todo Israel se junte a tí desde Dan hasta Beer-seba que será en multitud como la arena que está a la orilla de la mar, y que tu rostro vaya en la batalla. Entónces vendremos a él en cualquier lugar que se pudiere hallar, y daremos sobre él, como cuando el rocío cae sobre la tierra, y ni uno dejarémos de él, y de todos los que están con él. Y si se recogiere en alguna ciudad, todos los de Israel traerán sogas a aquella ciudad, y traerla hemos arrastrando hasta el arroyo, que nunca más parezca de ella piedra. Entónces Absalom, y todos los de Israel dijeron: El consejo de Cusai Araquita es mejor que el consejo de Aquitofel. Porque Jehová había mandado, que el consejo de Aquitofel, que era bueno, fuese disipado, para que Jehová hiciese venir mal sobre Absalom. Y Cusai dijo a Sadoc y a Abiatar sacerdotes: Así y así aconsejó Aquitofel a Absalom, y a los ancianos de Israel, y yo aconsejé así y así. Por tanto enviád luego, y dad aviso a David, diciendo: No quedes esta noche en las campañas del desierto, sino pasa luego el Jordán, porque el rey no sea consumido, y todo el pueblo que con él está. Y Jonatán y Aquimaas estaban junto a la fuente de Rogel, y fué allá una criada, la cual les dió el aviso, y ellos fueron, y dieron aviso al rey David: porque ellos no podían mostrarse viniendo a la ciudad. Y fueron vistos por un mozo, el cual lo dijo a Absalom, mas los dos se dieron priesa a caminar, y llegaron a casa de un hombre en Bajurim, que tenía un pozo en su patio, dentro del cual ellos descendieron. Y tomando la mujer una manta, extendióla sobre la boca del pozo, y tendió sobre ella del trigo majado; y el negocio no fué entendido. Y llegando los criados de Absalom a la casa a la mujer, dijéronle: ¿Dónde están Aquimaas y Jonatán? Y la mujer les respondió: Ya han pasado el vado de las aguas. Y como ellos los buscaron , y no los hallaron, volviéronse a Jerusalem. Y después que ellos se hubieron ido, estotros salieron del pozo, y fuéronse, y dieron el aviso al rey David, y dijéronle: Levantáos, y dáos priesa a pasar las aguas, porque Aquitofel ha dado tal consejo contra vosotros. Entónces David se levantó, y todo el pueblo que estaba con él, y pasaron el Jordán ántes que amaneciese, sin faltar ni uno, que no pasase el Jordán. Y Aquitofel viendo que no se hizo su consejo, enalbardó su asno, y levantóse, y fuése a su casa, y a su ciudad, y ordenó su casa, y se ahorcó, y murió, y fué sepultado en el sepulcro de su padre. Y David vino en Mahanaim, y Absalom pasó el Jordán con todos los varones de Israel. Y Absalom constituyó a Amasa sobre el ejército en lugar de Joab, el cual Amasa fué hijo de un varón de Israel llamado Jetra, el cual había entrado a Abigal, hija de Naas, hermana de Sarvia, madre de Joab. Y asentó campo Israel con Absalom en tierra de Galaad. Y como David llegó a Mahanaim, Sobi, hijo de Naas de Rabba, de los hijos de Ammón, y Maquir, hijo de Ammiel de Lodabar, y Berzellai Galaadita de Rogelim, Trajeron a David y al pueblo que estaba con él, camas, y lebrillos, y vasijas de barro, trigo, y cebada, y harina, y trigo tostado, habas, lentejas, y garbanzos, tostados, Miel, manteca, ovejas, y quesos de vacas, para que comiesen; porque dijeron entre sí: Aquel pueblo está hambriento, y cansado, y tendrá sed en el desierto. DAVID, pues, contó el pueblo que tenía consigo, y puso sobre ellos tribunos y centuriones. Y puso la tercera parte del pueblo debajo de la mano de Joab, y otra tercera debajo de la mano de Abisaí, hijo de Sarvia, hermano de Joab, y la otra tercera parte debajo de la mano de Etai Geteo. Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros. Mas el pueblo dijo: No saldrás, porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros: y aunque la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros: mas tú ahora vales tanto como diez mil de nosotros, por tanto mejor será que tú nos des ayuda desde la ciudad. Entónces el rey les dijo: Yo haré lo que a vosotros pareciere bien. Y el rey se puso a la entrada de la puerta, mientras salía todo el pueblo de ciento en ciento, y de mil en mil. Y el rey mandó a Joab, y a Abisaí, y a Etai, diciendo: Tratád benignamente por amor de mí al mozo Absalom. Y todo el pueblo oyó cuando el rey mandó acerca de Absalom a todos los capitanes. Y el pueblo salió al campo contra Israel, y la batalla se dió en el bosque de Efraim. Y el pueblo de Israel cayó allí delante de los siervos de David, y fué hecha allí gran matanza en aquel día de veinte mil hombres. Y derramándose allí el ejército por la haz de toda la tierra, fueron más los que consumió el bosque de los del pueblo, que los que consumió la espada aquel día. Y Absalom se encontró con los siervos de David, y Absalom iba sobre un mulo, y el mulo se entró debajo de un espeso y grande alcornoque, y asiósele lo cabeza al alcornoque, y quedó entre el cielo y la tierra, y el mulo que estaba debajo de él, pasó adelante. Y viéndole uno, avisó a Joab, diciendo: He aquí que yo ví a Absalom colgado de un alcornoque. Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: ¿Y viéndole tú? ¿por qué no le heriste luego allí a tierra? y sobre mí, que yo te diera diez siclos de plata, y un talabarte. Y el hombre dijo a Joab: Aunque yo me pesara en mis manos mil siclos de plata, no extendiera mi mano en el hijo del rey: porque nosotros lo oimos cuando el rey te mandó a tí, y a Abisaí, y a Etai, diciendo: Mirád que ninguno toque en el mozo Absalom: O yo hubiera hecho traición contra mi alma; pues que al rey nada se le esconde, y tú mismo estarías contra mí. Y Joab respondió: No es razón, que yo te ruegue. Y tomando tres dardos en su mano, hincólos en el corazón de Absalom, que aun estaba vivo en medio del alcornoque. Y cercándole diez mancebos escuderos de Joab, hirieron a Absalom, y matáronle. Entónces Joab tocó la corneta, y el pueblo se volvió de seguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo. Y tomando a Absalom, echáronle en un gran foso en el bosque, y levantaron sobre él un muy gran majano de piedras, y todo Israel huyó cada uno a sus estancias. Y Absalom había tomado, y se había levantado una columna en su vida, la cual está en el valle del rey, porque había dicho entre sí: Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre: y llamó a aquella columna por su nombre, y así se llamó, lugar de Absalom, hasta hoy. Entónces Aquimaas, hijo de Sadoc, dijo: Yo correré ahora y daré las nuevas al rey, como Jehová ha defendido su causa de la mano de sus enemigos. Y respondióle Joab: Hoy no llevarás las nuevas, otro día las llevarás: no darás hoy la nueva, porque el hijo del rey es muerto. Y Joab dijo a Cusi: Vé tú, y dí al rey lo que has visto. Y Cusi hizo reverencia a Joab, y corrió. Y Aquimaas, hijo de Sadoc, tornó a decir a Joab: Sea lo que fuere, yo correré ahora tras Cusi. Y Joab dijo: Hijo mío, ¿para qué has tú de correr, que no hallarás premio por las nuevas? Y él respondió: Sea lo que fuere, yo correré; y Joab le dijo: Corre. Y Aquimaas corrió por el camino de la campaña, y pasó delante de Cusi. Y David estaba asentado entre las dos puertas, y el atalaya había ido sobre la techumbre de la puerta en el muro, y alzando sus ojos, miró y vió a uno que corría solo. Y el atalaya dió voces, e hízolo saber al rey. Y el rey dijo: Si es solo, buenas nuevas trae. Y él venía acercándose. El atalaya vió otro que corría: y dió voces el atalaya al portero, diciendo: Hé un hombre que corre solo. Y el rey dijo: Este también es mensajero. Y el atalaya volvió a decir: Paréceme el correr del primero, como el correr de Aquimaas, hijo de Sadoc. Y el rey respondió: Ese hombre es de bien, y viene con buena nueva. Entónces Aquimaas dijo a alta voz al rey: Paz. E inclinóse a tierra delante del rey, y dijo: Bendito sea Jehová Dios tuyo, que ha entregado los hombres, que habían levantado sus manos contra mi señor el rey. Y el rey dijo: ¿El mozo Absalom, tiene paz? Y Aquimaas respondió: Yo ví un grande alboroto, cuando Joab envió al siervo del rey, y a mí tu siervo, mas no sé que era. Y el rey dijo: Pasa, y pónte allí. Y él pasó, y paróse. Y luego vino Cusi, y dijo: Reciba nueva mi señor el rey, que hoy Jehová ha defendido tu causa de la mano de todos los que se habían levantado contra tí. El rey entónces dijo a Cusi. ¿El mozo Absalom tiene paz? Y Cusi respondió: Como aquel mozo sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levantan contra tí para mal. Entónces el rey se turbó, y subióse a la sala de la puerta, y lloró, y yendo decía así: ¡Hijo mío, Absalom! ¡hijo mío, hijo mío, Absalom! ¡quién me diera, que yo muriera en lugar de tí, Absalom, hijo mío, hijo mío! Y DIERON aviso a Joab: He aquí, el rey llora, y pone luto por Absalom. Y volvióse aquel día la victoria en luto para todo el pueblo: porque aquel día oyó el pueblo que se decía, que el rey tenía dolor por su hijo. Aquel día el pueblo se entró en la ciudad escondidamente, como suele entrar escondidamente el pueblo vergonzoso, que ha huido de la batalla. Mas el rey cubierto el rostro clamaba a alta voz: ¡Hijo mío, Absalom! ¡Absalom, hijo mío, hijo mío! Y entrando Joab en casa al rey, díjole: Hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos, que han librado hoy tu vida, y la vida de tus hijos, y de tus hijas, y la vida de tus mujeres, y la vida de tus concubinas, Amando a los que te aborrecen, y aborreciendo a los que te aman: porque hoy has declarado, que no estimas tus príncipes y siervos: porque yo entiendo hoy, que si Absalom viviera, y todos nosotros fuéramos muertos hoy, que entónces te contentaras. Levántate pues ahora y sal fuera, y halaga a tus siervos: porque juro por Jehová, que si no sales, ni aun uno quede contigo esta noche: y de esto te pesará más, que de todos los males que te han venido desde tu mocedad hasta ahora. Entónces el rey se levantó, y sentóse a la puerta, y fué declarado a todo el pueblo, diciendo: He aquí, el rey está sentado a la puerta. Y vino todo el pueblo delante del rey: mas Israel había huido cada uno a sus estancias. Y todo el pueblo porfiaba en todas las tribus de Israel, diciendo: El rey nos ha librado de mano de nuestros enemigos, y él nos ha salvado de mano de los Filisteos, y ahora había huido de la tierra por miedo de Absalom: Y Absalom, que habíamos ungido sobre nosotros, es muerto en la batalla, ¿por qué pues ahora os estáis quedos para volver el rey? Y el rey David envió a Sadoc y a Abiatar sacerdotes, diciendo: Hablád a los ancianos de Judá, y decídles, ¿por qué seréis vosotros los postreros a volver el rey a su casa, pues la palabra de todo Israel ha venido al rey de volverle a su casa? Vosotros sois mis hermanos: mis huesos y mi carne sois vosotros: ¿por qué pues seréis vosotros los postreros en volver el rey? Mas a Amasa diréis: ¿Y no eres tú también hueso mío y carne mía? Así me haga Dios, y así me añada si no fueres general del ejército delante de mí en lugar de Joab para siempre. Así inclinó el corazón de todos los varones de Judá, como de un varón para que enviasen a decir al rey: Vuelve tú y todos tus siervos. Y el rey volvió, y vino hasta el Jordán: y Judá vino a Gálgala a recibir al rey, y pasarle el Jordán. Y Semeí, hijo de Gera, hijo de Jemini, de Bajurim, dióse priesa a venir con los varones de Judá a recibir al rey David: Y con el mil hombres de Benjamín. Asimismo Siba criado de la casa de Saul con sus quince hijos, y sus veinte siervos, los cuales pasaron el Jordán delante del rey. Y pasó la barca para pasar la familia del rey, y para hacer lo que le pluguiese. Entónces Semeí, hijo de Gera, se postró delante del rey, pasando él el Jordán; Y dijo al rey: No me impute, mi señor, mi iniquidad, ni tengas memoria de los males que tu siervo hizo el día que mi señor el rey salió de Jerusalem, para ponerlos el rey sobre su corazón. Porque yo tu siervo conozco haber pecado, y he venido hoy el primero de toda la casa de José, para descender a recibir a mi señor el rey. Y Abisaí, hijo de Sarvia, respondió, y dijo: ¿Por esto no ha de morir Semeí, que maldijo al ungido de Jehová? David entónces dijo: ¿Qué tenéis vosotros conmigo, hijos de Sarvia, que me habéis de ser hoy adversarios? ¿Ha de morir hoy alguno en Israel? No conozco yo que hoy soy hecho rey sobre Israel? Y dijo el rey a Semeí: No morirás. Y el rey se lo juró. También Mifi-boset, hijo de Saul, descendió a recibir al rey. No había lavado sus piés, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos desde el día que el rey salió, hasta el día que vino en paz. Y como él vino en Jerusalem a recibir al rey, el rey le dijo: Mifi-boset, ¿por qué no fuiste conmigo? Y él dijo: Rey, señor mío, mi siervo me ha engañado: porque tu siervo había dicho: Enalbardaré un asno, y subiré en él, e iré al rey, porque tu siervo es cojo: Mas él revolvió a tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios: haz pues lo que bien te pareciere. Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, y tú pusiste a tu siervo entre los convidados de tu mesa. ¿Qué más justicia pues tengo para quejarme más contra el rey? Y el rey le dijo: ¿Para qué hablas más palabras? Yo he determinado que tú y Siba partáis las tierras. Y Mifi-boset dijo al rey: Y aun tómelas él todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa. También Berzellai Galaadita descendió de Rogelim, y pasó el Jordán con el rey, para acompañarle de la otra parte del Jordán. Y era Berzellai muy viejo, de ochenta años, el cual había dado provisión al rey, cuando estaba en Mahanaim, porque era hombre muy rico. Y el rey dijo a Berzellai: Pasa conmigo, y yo te daré de comer conmigo en Jerusalem. Y Berzellai dijo al rey: ¿Cuántos son los dias del tiempo de mi vida, para que yo suba con el rey a Jerusalem? Yo soy hoy de edad de ochenta años, que ya no haré diferencia entre el bien y el mal. ¿Tomará gusto ahora tu siervo en lo que comiere, o bebiere? Oiré más la voz de los cantores y de las cantoras? ¿Para qué pues sería aun tu siervo molesto a mi señor el rey? Pasará tu siervo un poco el Jordán con el rey: ¿por qué me ha de dar el rey tan grande recompensa? Yo te ruego que dejes volver a tu siervo, y que yo muera en mi ciudad, en el sepulcro de mi padre y de mi madre: he aquí tu siervo Camaam el cual pase con mi señor el rey: a este haz lo que bien te pareciere. Y el rey dijo: Pues pase conmigo Camaam, y yo haré con él como bien te pareciere: y todo lo que tú pidieres de mí, yo lo haré. Y todo el pueblo pasó el Jordán: y asimismo pasó el rey, y besó el rey a Berzellai, y bendíjole, y él se volvió a su casa. El rey entónces pasó a Gálgala, y Camaam pasó con él, y todo el pueblo de Judá pasaron al rey con la mitad del pueblo de Israel. Y he aquí que todos los varones de Israel vinieron al rey, y le dijeron: ¿Por qué los varones de Judá, nuestros hermanos, te han hurtado, y han pasado al rey y a su casa el Jordán, y a todos los varones de David con él? Y todos los varones de Judá respondieron a todos los varones de Israel: Porque el rey nos toca más de cerca. ¿Mas por qué os enojáis vosotros de eso? ¿Habemos nosotros comido algo del rey? ¿Hemos recibido de él algún don? Entónces respondieron los varones de Israel, y dijeron a los de Judá: Nosotros tenemos en el rey diez partes, y en el mismo David más que vosotros: ¿Por qué pues nos habéis tenido en poco? ¿No hablamos nosotros primero en volver nuestro rey? Mas al fin las razones de los varones de Judá fueron más fuertes, que las de los de Israel. A CASO estaba allí un hombre perverso que se llamaba Seba, hijo de Bocri, varón de Jemini; este tocó corneta, diciendo: No tenemos nosotros parte en David, ni heredad en el hijo de Isaí: Israel vuélvase cada uno a sus estancias. Así se fueron de en pos de David todos los varones de Israel, y seguían a Seba, hijo de Bocri; mas los que eran de Judá estuvieron llegados a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalem. Y David vino a su casa a Jerusalem: y tomó el rey las diez mujeres concubinas que había dejado para guardar la casa, y púsolas en una casa en guarda, y dióles de comer, y nunca más entró a ellas, y quedaron encerradas hasta que murieron, en viudez de vida. Y el rey dijo a Amasa: Júntame los varones de Judá para el tercero día: y tú también te hallarás aquí presente. Y fué Amasa a juntar a Judá, y detúvose más que el tiempo, que le había sido señalado. Y dijo David a Abisaí: Seba, hijo de Bocri, nos hará ahora más mal que Absalom: toma pues tú los siervos de tu señor, y vé tras él, porque él no halle las ciudades fortificadas, y se nos vaya de delante. Entónces salieron en pos de él los varones de Joab, y los Cereteos, y Feleteos, y todos los valientes hombres salieron de Jerusalem para ir tras Seba, hijo de Bocri. Ellos estaban cerca de la grande peña, que está en Gabaón, y Amasa les salió al encuentro. Y Joab estaba ceñido sobre su ropa que tenía vestida, sobre la cual tenía ceñida una espada pegada a sus lomos en su vaina, la cual salió, y cayó. Y Joab dijo a Amasa: ¿Tienes paz hermano mío? Y tomó Joab con la diestra la barba de Amasa para besarle: Y Amasa no se guardó de la espada que Joab tenía en la mano: y él le hirió con la espada en la quinta costilla, y derramó sus entrañas por tierra, y cayó muerto sin darle segundo golpe. Y Joab y Abisaí su hermano fueron tras Seba, hijo de Bocri. Y uno de los criados de Joab se paró junto a él, diciendo: Cualquiera que amare a Joab y a David, vaya tras de Joab. Y Amasa se había revolcado en la sangre en mitad del camino; y viendo aquel hombre que todo el pueblo se paraba, apartó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él una vestidura, porque veía que todos los que venían, se paraban junto a él. Y estando él ya apartado del camino, todos los que seguían a Joab pasaron, yendo tras Seba, hijo de Bocri. Y él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel, y Bet-maaca, y todo Barim: y juntáronse, y siguiéronle también. Y vinieron, y cercáronle en Abel y Bet-maaca, y pusieron baluarte contra la ciudad, y el pueblo se puso al muro: y todo el pueblo que estaba con Joab trabajaba de trastornar el muro. Entónces una mujer sábia dió voces de la ciudad, diciendo: Oid, oid: ruégoos que digáis a Joab que se llegue acá, para que yo hable con él. Y como él se acercó a ella, dijo la mujer: ¿Eres tú Joab? Y él respondió: Yo soy. Y ella le dijo: Oye las palabras de tu sierva. Y él respondió: Oigo. Entónces ella tornó a hablar, diciendo: Antiguamente solían hablar, diciendo: Quién preguntare, pregunte en Abela: y así concluían. Yo soy de las pacíficas y fieles de Israel, y tú procuras de matar una ciudad, que es madre en Israel. ¿Por qué destruyes la heredad de Jehová? Y Joab respondió, diciendo: Nunca tal, nunca tal me acontezca: que yo destruya ni deshaga. La cosa no es así: mas un hombre del monte de Efraim, que se llama Seba, hijo de Bocri, ha levantado su mano contra el rey David: dádnos a este solo, y yo me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Joab: He aquí, su cabeza te será echada desde el muro. Y la mujer vino a todo el pueblo con su sabiduría, y ellos cortaron la cabeza a Seba, hijo de Bocri, y echáronla a Joab: y él tocó la corneta, y esparciéronse todos de la ciudad, cada uno a su estancia: y Joab se volvió al rey a Jerusalem. Y Joab fué puesto sobre todo el ejército de Israel: y Banaias, hijo de Joiada, sobre los Cereteos y Feleteos. Y Aduram sobre los tributos: y Josafat, hijo de Ahilud, el canciller: Y Siba escriba: y Sadoc y Abiatar, sacerdotes: E Ira Jaireo fué sacerdote de David. Y EN los dias de David hubo hambre por tres años, uno tras otro: y David consultó a Jehová, y Jehová le dijo: Por Saul, y por la casa de sangres: porque mató a los Gabaonitas. Entónces el rey llamó a los Gabaonitas, y hablóles. Los Gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino de las restas de los Amorreos, a los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento: mas Saul había procurado de matarlos con celo, por los hijos de Israel y de Judá. Y dijo David a los Gabaonitas: ¿Qué os haré, y con qué expiaré para que bendigáis a la heredad de Jehová. Y los Gabaonitas le respondieron: No tenemos nosotros pleito sobre plata, ni sobre oro con Saul y con su casa: ni queremos que hombre de Israel muera. Y él les dijo: Lo que vosotros dijereis os haré. Y ellos respondieron al rey: Aquel hombre que nos destruyó, y que maquinó contra nosotros, asolaremos que no quede nada de él, en todo el término de Israel. Dénsenos siete varones de sus hijos, para que los crucifiquemos a Jehová en Gabaa de Saul, el escogido de Jehová. Y el rey dijo: Yo los daré. Y el rey perdonó a Mifi-boset, hijo de Jonatán, hijo de Saul, por el juramento de Jehová, que hubo entre ellos, entre David y Jonatán, hijo de Saul: Mas tomó el rey dos hijos de Resfa, hija de Aia, los cuales ella había parido a Saul, es a saber a Armoni, y a Mifi-boset; y cinco hijos de Micol, hija de Saul, los cuales ella había parido a Adriel, hijo de Berzellai Molatita: Y entrególos en mano de los Gabaonitas, y ellos los crucificáron en el monte delante de Jehová, y murieron juntos aquellos siete, los cuales fueron muertos en el tiempo de la siega en los primeros dias, en el principio de la siega de las cebadas. Y tomando Resfa, hija de Aia, un saco, tendiósele sobre un peñasco desde el principio de la segada hasta que llovió sobre ellos agua del cielo: y no dejó a ninguna ave del cielo sentarse sobre ellos de día, ni bestias del campo de noche. Y fué dicho a David lo que hacía Resfa, hija de Aia, concubina de Saul. Y fué David, y tomó los huesos de Saul, y los huesos de Jonatán su hijo, de los varones de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Bet-sán, donde los habían colgado los Filisteos, cuando los Filisteos deshicieron a Saul en Gelboé. Y tomó los huesos de Saul, y los huesos de Jonatán su hijo, y juntaron también los huesos de los crucificados, Y sepultaron los huesos de Saul, y los de Jonatán su hijo en tierra de Benjamín, en Sela, en el sepulcro de Cis su padre: e hicieron todo lo que el rey había mandado: y Dios se aplacó con la tierra. Y los Filisteos tornaron a hacer guerra a Israel, y David descendió, y sus siervos con él, y pelearon con los Filisteos, y David se cansó. Y Jesbi-benob, el cual era de los hijos del gigante, y el peso de su lanza tenía trescientos siclos de metal, y él estaba vestido de nuevo, este había determinado de herir a David. Mas Abisaí, hijo de Sarvia, le socorrió, e hirió al Filisteo, y le mató. Entónces los varones de David le juraron, y dijeron: Nunca más de aquí adelante saldrás con nosotros en batalla, porque no mates la lámpara de Israel. Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los Filisteos: entónces Sobocai Husatita hirió a Saf, que era de los hijos del gigante. Otra guerra hubo en Gob contra los Filisteos, en la cual Elhanán, hijo de Jaere-orgim de Belén, hirió al hermano de Goliat Geteo, el asta de la lanza del cual era como un enjullo de telar. Después hubo otra guerra en Get, donde hubo un varón de grande altura, el cual tenía doce dedos en las manos, y otros doce en los piés, que eran veinte y cuatro por cuenta: y también era de los hijos del gigante. Este desafió a Israel, y matóle Jonatán, hijo de Samma, hermano de David. Estos cuatro le habían nacido a Rafa en Get, los cuales cayeron por la mano de David, y por la mano de sus siervos. Y HABLÓ David a Jehová las palabras de este cántico, el día que Jehová le libró de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saul, y dijo: Jehová es mi roca, y mi fortaleza, y mi librador. Dios es mi peñasco, en él confiaré: mi escudo, y el cuerno de mi salud: mi fortaleza, y mi refugio: mi salvador, que me librarás de violencia. A Jehová digno de ser loado invocaré, y seré salvo de mis enemigos. Cuando me cercaron ondas de muerte, y arroyos de iniquidad me asombraron; Cuando las cuerdas del sepulcro me ciñeron, y los lazos de muerte me tomaron descuidado; Cuando tuve angustia, invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios, y él desde su templo oyó mi voz, mi clamor llegó a sus oidos. La tierra se removió, y tembló: los fundamentos de los cielos fueron movidos, y se estremecieron; porque él se airó. Subió humo de sus narices, y de su boca fuego consumidor, por el cual se encendieron carbones. Y abajó los cielos y descendió: una oscuridad debajo de sus piés. Subió sobre el querubim, y voló: aparecióse sobre las alas del viento. Puso tinieblas al derredor de sí como por cabañas: aguas negras, y espesas nubes. Del resplandor de su presencia se encendieron ascuas ardientes. Tronó de los cielos Jehová, y el Altísimo dió su voz. Arrojó saetas, y desbaratólos: relampagueó, y los consumió. Entónces aparecieron los manaderos de la mar, y los fundamentos del mundo fueron descubiertos por la reprensión de Jehová, por la respiración del resuello de su nariz. Extendió su mano de lo alto, y arrebatóme, y sacóme de las muchas aguas. Libróme de fuertes enemigos, de los que me aborrecían, los cuales eran más fuertes que yo. Los cuales en el día de mi calamidad me tomaron descuidado: mas Jehová fué mi bordón. Sacóme a anchura; me libró, porque puso su voluntad en mí. Pagóme Jehová conforme a mi justicia: y conforme a la limpieza de mis manos me dió la paga. Porque yo guardé los caminos de Jehová: y no me aparté impíamente de mi Dios. Porque delante de mí tengo todas sus ordenanzas: y sus fueros, no me retiraré de ellos. Y fuí perfecto con él, y me guardé de mi iniquidad. Y pagóme Jehová conforme a mi justicia: y conforme a mi limpieza delante de sus ojos. Con el bueno eres bueno, y con el valeroso perfecto, eres perfecto. Con el limpio eres limpio: mas con el perverso, eres perverso. Y salvas al pueblo pobre: mas tus ojos, sobre los altivos, para abatirlos. Porque tú eres mi lámpara, oh Jehová: Jehová da luz a mis tinieblas. Porque en tí romperé ejércitos, y en mi Dios saltaré las murallas. Dios, perfecto su camino: la palabra de Jehová purificada, escudo es de todos los que en él esperan. Porque ¿qué Dios hay sino Jehová? ¿O quién es fuerte sino nuestro Dios? Dios es el que con virtud me corrobora, y el que escombra mi camino. El que hace mis piés como de ciervas, y el que me asienta en mis alturas. El que enseña mis manos para la pelea: y el que da que yo quiebre con mis brazos el arco de acero. Tú me diste el escudo de tu salud, y tu benignidad me ha multiplicado. Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí, para que no titubeasen mis rodillas. Perseguiré mis enemigos, y quebrantarlos he, y no me volveré hasta que los acabe. Consumirlos he, y herirlos he; que no se levantarán. Y caerán debajo de mis piés. Ceñísteme de fortaleza para la batalla, y postraste debajo de mí los que contra mí se levantaron. Tú me diste la cerviz de mis enemigos, de mis aborrecedores, y que yo los talase. Miraron, y no hubo quien los librase; a Jehová, mas no les respondió. Yo los quebrantaré como a polvo de la tierra: como a lodo de las plazas los desmenuzaré, y los disiparé. Tú me libraste de contiendas de pueblos: tú me guardaste para que fuese cabeza de gentes: pueblos que no conocía, me sirvieron. Los extraños titubeaban a mí; en oyendo me obedecían. Los extraños se desleían, y temblaban en sus encerramientos. Viva Jehová, y sea bendita mi roca: sea ensalzado el Dios, que es la roca de mi salvamento. El Dios, que me ha dado venganzas, y sujeta los pueblos debajo de mí, Que me saca de entre mis enemigos: tú me sacaste en alto de entre los que se levantaron contra mí: librásteme del varón de iniquidades. Por tanto yo te confesaré en las gentes, oh Jehová, y cantaré a tu nombre. El que engrandece las saludes de su rey: y el que hace misericordia a su ungido David, y a su simiente para siempre. ESTAS son las postreras pala- bras de David. Dijo David hijo de Isaí: y dijo aquel varón que fué levantado alto, el ungido del Dios de Jacob, el suave en cánticos de Israel: El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha sido en mi lengua. El Dios de Israel me ha dictado: El Fuerte de Israel habló: Señoreador de los hombres, justo señoreador en temor de Dios. Y como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana sin nubes resplandeciente, cuando cae lluvia sobre la yerba de la tierra: No será así mi casa para con Dios: mas él ha hecho conmigo concierto perpetuo, ordenado en todas las cosas y seguro; por lo cual a toda mi salud, y a toda mi voluntad no así hará producir. Mas los hijos de Belial serán como espinas arrancadas todos ellos, las cuales nadie toma con la mano: Mas el que quiere tocar en ellas, ármase de hierro, y de una asta de lanza, y son quemadas en su lugar. Estos son los nombres de los varones valientes que tuvo David. El que se asentó en cátedra de sabiduría, principal de los tres, Adino Hesneo, que una vez fué sobre ochocientos muertos. Después de este fué Eleazar, hijo de Dodo, hijo de Ahohi, entre los tres valientes que estaban con David, cuando desafiaron a los Filisteos, que se habían juntado allí a la batalla, cuando subieron los de Israel. Este levantándose hirió a los Filisteos hasta que su mano se cansó, y quedó su mano pegada a la espada. Aquel día Jehová hizo gran salud, y el pueblo se volvió en pos de él solamente a tomar el despojo. Después de este fué Samma, hijo de Age, Arareo: Que habiéndose juntado los Filisteos en una aldea, había allí una suerte de tierra llena de lentejas, y el pueblo había huido delante de los Filisteos: Este entónces se paró en medio de la suerte de tierra, y defendióla, e hirió a los Filisteos, y Jehová hizo una gran salud. Estos tres que eran de los treinta principales, descendieron y vinieron en tiempo de la siega a David a la cueva de Odollam: y el campo de los Filisteos estaba en el valle de Rafaim. David entónces estaba en la fortaleza, y la guarnición de los Filisteos estaba en Belén. Y David tuvo deseo, y dijo: ¡Quién me diera de beber del agua de la cisterna de Belén, que está a la puerta! Entónces estos tres valientes rompieron en el campo de los Filisteos, y sacaron del agua de la cisterna de Belén, que estaba a la puerta, y tomaron, y trajéronla a David: mas él no la quiso beber, sino derramóla a Jehová, diciendo: Léjos sea de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿La sangre de los varones que fueron por ella con peligro de su vida tengo de beber? Y no quiso beber de ella. Estos tres valientes hicieron esto. Y Abisaí hermano de Joab, hijo de Sarvia, fué el principal de tres: el cual alzó su lanza contra trescientos, los cuales mató, y tuvo nombre entre los tres. El fué el más noble de los tres, y el primero de ellos, mas no llegó a los tres primeros. Banaias, hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en hechos, de Cabseel. Este hirió dos leones de Moab. Y él mismo descendió, e hirió un león en medio del foso en el tiempo de la nieve. Y el mismo hirió a un Egipcio, hombre de grande estatura; y el Egipcio tenía una lanza en su mano: y él descendió a él con un palo, y arrebató al Egipcio la lanza de la mano, y con su misma lanza le mató. Esto hizo Banaias, hijo de Joiada, y tuvo nombre entre los tres valientes. De los treinta fué el más noble; mas no llegó a los tres primeros. Y púsole David en su consejo. Asael hermano de Joab fué de los treinta: Elhanán, hijo de Dodo, de Belén: Semma de Harodi: Elica de Harodi. Heles de Falti: Ira, hijo de Acces, de Tecua: Abiezer de Anatot: Mobonnai de Husa: Selmón de Ahoh: Majarai de Netofat: Heleb, hijo de Baana de Netofat: Itai, hijo de Ribai, de Gabaat, de los hijos de Benjamín: Banaia de Faraton: Heddai del arroyo de Gaas: Abi-albón de Arbat: Azmavet de Barumi: Eliaba, de Salaboni. Los hijos de Jasén, Jonatán: Semma de Orori: Ahiam, hijo de Sarar, de Arar: Elifelet, hijo de Aasbai, hijo de Macati: Eliam, hijo de Aquitofel, de Gelon: Hesrai de Carmelo: Farai de Arbi: Igaal, hijo de Natán, de Soba: Bani de Gadi: Selec de Ammoni: Naharai de Berot, escudero de Joab, hijo de Sarvia: Ira de Jetri: Gareb de Jetri: Urías Jetteo: todos treinta y siete. Y VOLVIÓ el furor de Jehová a enojarse contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Vé, cuenta a Israel, y a Judá. Y dijo el rey a Joab general del ejército que tenía consigo: Rodea todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beer-seba, y contád el pueblo, para que yo sepa el número del pueblo. Y Joab respondió al rey: Añada Jehová tu Dios al pueblo cien veces tantos como son, y que lo vea mi señor el rey; mas ¿para qué quiere esto mi señor el rey? Empero la palabra del rey pudo más que Joab, y que los capitanes del ejército: y salió Joab, de delante del rey con los capitanes del ejército, para ir a contar el pueblo de Israel. Y pasando el Jordán asentaron en Aroer, a la mano derecha de la ciudad que está en medio del arroyo de Gad, y junto a Jazer. Y después vinieron a Galaad, y a la tierra baja de Hodsi; y de allí vinieron a Danjaán, y al rededor de Sidón. Y vinieron a la fortaleza de Tiro, y a todas las ciudades de los Heveos, y de los Cananeos, y salieron al mediodía de Judá a Beer-seba. Y después que hubieron andado toda la tierra, volvieron a Jerusalem después de nueve meses y veinte dias. Y Joab dió la cuenta del número del pueblo al rey: y fueron los de Israel ochocientos mil hombres fuertes, que sacaban espada: y de los de Judá fueron quinientos mil hombres. Y después que David hubo contado el pueblo, hirióle su corazón, y dijo David a Jehová: Yo he pecado gravemente por haber hecho esto; mas ahora Jehová, ruégote que traspases el pecado de tu siervo; porque yo he obrado muy neciamente. Y por la mañana cuando David se levantaba, fué palabra de Jehová a Gad profeta, vidente de David, diciendo: Vé, y habla a David: Así dijo Jehová: Tres cosas te ofrezco: tú te escogerás de estas la una, la cual yo haga. Y Gad vino a David, y denuncióle, y díjole: ¿Quiéres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿O que huyas tres meses delante de tus enemigos, y que ellos te persigan? ¿O que tres dias haya pestilencia en tu tierra? Piensa ahora, y mira que responderé al que me envió. Entónces David dijo a Gad: En grande angustia estoy. Yo ruego que yo caiga en la mano de Jehová, porque sus miseraciones son muchas, y que yo no caiga en manos de hombres. Y Jehová envió pestilencia en Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado: y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beer-seba, setenta mil hombres. Y como el ángel extendió su mano sobre Jerusalem para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía el pueblo. Basta ahora: detén tu mano. Entónces el ángel de Jehová estaba junto a la era de Areuna Jebuseo. Y David dijo a Jehová, cuando vió al ángel que hería al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad: ¿Estas ovejas qué hicieron? Ruégote que tu mano se torne contra mí, y contra la casa de mi padre. Y Gad vino a David aquel día, y díjole: Sube, y haz un altar a Jehová en la era de Areuna Jebuseo. Y David subió conforme al dicho de Gad, que Jehová había mandado. Y mirando Areuna, vió al rey y a sus siervos que pasaban a él: y saliendo Areuna inclinóse delante del rey hacia tierra. Y dijo Areuna: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de tí esta era para edificar en ella altar a Jehová, y que la mortandad cese del pueblo. Y Areuna dijo a David: Tome y sacrifique mi señor el rey lo que bien le pareciere. He aquí bueyes para el holocausto, y trillos, y otros aderezos de bueyes para leña. Todo lo da, como un rey, Areuna al rey: Y dijo Areuna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio. Y el rey dijo a Areuna: No, sino por precio te lo compraré: porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos por nada. Entónces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos, y pacíficos, y Jehová se aplacó con la tierra, y cesó la plaga de Israel. COMO el rey David se hizo viejo, y entrado en dias, cubríanle de vestidos, mas no se calentaba. Y dijéronle sus siervos: Busquen a mi señor el rey una moza vírgen, que esté delante del rey, y le caliente, y duerma en su seno, y calentará a mi señor el rey. Y buscaron una moza hermosa por todo el término de Israel, y hallaron a Abisag Sunamita, y trajéronla al rey. Y la moza era muy hermosa, la cual calentaba al rey, y le servía; mas el rey nunca la conoció. Entónces Adonías, hijo de Hagit, se levantó, diciendo: Yo reinaré. E hízose hacer carros y gente de a caballo, y cincuenta varones que corriesen delante de él. Y su padre nunca le entristeció en todos sus dias para decirle: ¿Por qué haces así? Y también este era de hermoso parecer: y habíale engendrado después de Absalom. Y tenía tratos con Joab, hijo de Sarvia, y con Abiatar el sacerdote, los cuales ayudaban a Adonías. Mas Sadoc el sacerdote, y Banaias, hijo de Joiada, y Natán profeta, y Semeí, y Reihi, y todos los grandes de David no seguían a Adonías. Y sacrificó Adonías ovejas y vacas, y animales engordados, junto a la peña de Zohelet, que está cerca de la fuente de Rogel, y convidó a todos sus hermanos los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, siervos del rey. Mas a Natán profeta, ni a Banaias, ni a los grandes, ni a Salomón su hermano, no convidó. Y habló Natán a Bersabée madre de Salomón, diciendo: ¿No has oido que reina Adonías hijo de Hagit, sin saberlo nuestro señor David? Ven pues ahora, y toma mi consejo, para que guardes tu vida, y la vida de tu hijo Salomón. Vé, y entra al rey David, y díle: ¿Rey, señor mío, no has tú jurado a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se asentará sobre mi trono? ¿Por qué pues reina Adonías? Y estando tú aun hablando con el rey, yo entraré tras tí, y acabaré tus razones. Entónces Bersabée entró al rey a la cámara, y el rey era muy viejo; y Abisag Sunamita servía al rey. Y Bersabée se inclinó, e hizo reverencia al rey, y el rey dijo: ¿Qué tienes? Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se asentará sobre mi trono. Y, he aquí que ahora Adonías reina; y ahora tú, rey mi señor, no lo supiste. Ha sacrificado bueyes, y animales engordados, y muchas ovejas; y ha convidado a todos los hijos del rey, y a Abiatar el sacerdote, y a Joab general del ejército; mas a Salomón tu siervo no ha convidado. Rey, señor mío, los ojos de todo Israel están sobre tí, para que les declares, quién se ha de asentar sobre el trono de mi señor el rey, después de él. Y acontecerá que cuando mi señor el rey durmiere con sus padres, que yo y mi hijo Salomón seremos tratados como pecadores. Y estando aun hablando ella con el rey, he aquí Natán profeta que vino. E hicieron saber al rey, diciendo: He aquí está Natán profeta: el cual como entró al rey postróse delante del rey, inclinando su rostro a tierra. Y dijo Natán: Rey señor mío, ¿has tú dicho: Adonías reinará después de mí, y él se asentará sobre mi trono? Porque hoy ha descendido, y ha sacrificado bueyes, y animales engordados, y muchas ovejas; y ha convidado a todos los hijos del rey, y a los capitanes del ejército, y también a Abiatar sacerdote, y, he aquí, están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: Viva el rey Adonías. Mas ni a mí tu siervo, ni a Sadoc el sacerdote, ni a Banaias, hijo de Joiada, ni a Salomón tu siervo ha convidado. ¿Este negocio es mandado por mi señor el rey, sin haber declarado a tu siervo quién se había de sentar sobre el trono de mi señor el rey después de él? Entónces el rey David respondió, y dijo: Llamádme a Bersabée: y ella entró delante del rey, y púsose delante del rey. Y el rey juró, diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia, Que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se asentará en mi trono en mi lugar, que así lo haré hoy. Entónces Bersabée se inclinó al rey su rostro a tierra, e inclinándose al rey dijo: Viva mi señor el rey David para siempre. Y el rey David dijo: Llamádme a Sadoc sacerdote, y a Natán profeta, y a Banaias, hijo de Joiada. Y ellos entraron delante del rey. Y el rey les dijo: Tomád con vosotros los siervos de vuestro señor, y hacéd subir a Salomón mi hijo en mi mula, y llevádle a Gijón. Y allí le ungirán Sadoc sacerdote y Natán profeta por rey sobre Israel: y tocaréis trompeta, diciendo: Viva el rey Salomón. Y vosotros iréis detrás de él; y vendrá, y asentarse ha en mi trono, y él reinará por mí: porque a él he mandado, que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá. Entónces Banaias, hijo de Joiada, respondió al rey, y dijo: Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi señor el rey. De la manera que Jehová ha sido con mi señor el rey, así sea con Salomon: y él haga mayor su trono, que el trono de mi señor el rey David. Y descendió Sadoc sacerdote, y Natán profeta, y Banaias, hijo de Joiada, y los Cereteos, y los Feleteos, e hicieron subir a Salomón sobre la mula del rey David, y lleváronle a Gijón. Y tomando Sadoc sacerdote el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomon: y tocaron trompeta, y dijeron todo el pueblo: Viva el rey Salomón. Y todo el pueblo subió en pos de él, y cantaba el pueblo con flautas, y hacían grandes alegrías que parecía que la tierra se abría con el clamor de ellos. Y oyólo Adonías, y todos los convidados que con él estaban, que ya habían acabado de comer, y oyendo Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruendo? Estando aun él hablando, he aquí Jonatán, hijo de Abiatar sacerdote, vino, al cual dijo Adonías: Entra, porque tú hombre eres de esfuerzo, y traerás buenas nuevas. Y Jonatán respondió, y dijo a Adonías: Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón. Y el rey ha enviado con él a Sadoc sacerdote, y a Natán profeta, y a Banaias, hijo de Joiada, y también a los Cereteos, y a los Feleteos, los cuales le hicieron subir en la mula del rey: Y Sadoc sacerdote y Natán profeta le han ungido en Gijón, por rey: y de allá han subido con alegrías, y la ciudad esta llena de estruendo; y este es el alboroto que habéis oido. Y también Salomón se ha asentado sobre el trono del reino. Y aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre: y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey se inclinó sobre la cama. Y aun el rey habló así: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se asiente en mi trono viéndolo mis ojos. Ellos entónces se estremecieron, y levantáronse todos los convidados que estaban con Adonías, y se fué cada uno por su camino. Mas Adonías temiendo de la presencia de Salomón, levantóse, y fuése, y tomó los cuernos del altar. Y fué hecho saber a Salomón, diciendo: He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomon: porque ha tomado los cuernos del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón, que no matará a cuchillo a su siervo. Y Salomón dijo: Si él fuere virtuoso, ni uno de sus cabellos caerá en tierra: mas si se hallare mal en él, morirá. Y así envió el rey Salomón, y trajéronle del altar: y él vino, e inclinóse al rey Salomón. Y Salomón le dijo: Véte a tu casa. Y LLEGÁRONSE los dias de David para morir, y mandó a Salomón su hijo, diciendo: Yo voy el camino de toda la tierra; esfuérzate, y sé varón. Guarda la observancia de Jehová tu Dios andando en sus caminos, y guardando sus estatutos y mandamientos, y sus derechos, y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que seas dichoso en todo lo que hicieres, y en todo aquello a que te tornares. Para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren su camino andando delante de mí con verdad, de todo su corazón, y de toda su alma, jamás, dice, faltará a tí varón del trono de Israel. Y también tú sabes lo que me ha hecho Joab, hijo de Sarvia, lo que hizo a dos generales del ejército de Israel, es a saber a Abner, hijo de Ner, y a Amasa, hijo de Jeter, a los cuales el asesinó, derramando en paz la sangre de guerra, y poniendo la sangre de guerra en su talabarte que tenía sobre sus lomos, y en sus zapatos que tenía en sus piés. Tú harás conforme a tu sabiduría; no harás descender sus canas al sepulcro en paz. A los hijos de Berzellai Galaadita harás misericordia, que sean de los convidados de tu mesa: porque ellos vinieron así a mí, cuando iba huyendo de Absalom tu hermano. También tienes contigo a Semeí, hijo de Gera, hijo de Jemini de Bajurim, el cual me maldijo de una maldición fuerte, el día que yo iba a Mahanaim. Mas él mismo descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová, diciendo: Yo no te mataré a cuchillo. Mas ahora no le absolverás: que hombre sabio eres, y sabes como te has de haber con él; y harás descender sus canas con sangre a la sepultura. Y David durmió con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David. Los dias que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años: siete años reinó en Hebrón, y en Jerusalem reinó treinta y tres años. Y Salomón se asentó en el trono de David su padre, y fué su reino firme en gran manera. Entónces Adonías, hijo de Hagit, vino a Bersabée madre de Salomon: y ella dijo: ¿Tú venida es de paz? y él respondió: Sí, de paz. Y él dijo: Una palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Dí. Y él dijo: Tú sabes que el reino era mío: y que todo Israel había puesto en mi su rostro, para que yo reinara: mas el reino fué traspasado, y vino a mi hermano: porque por Jehová era suyo. Y ahora yo te pido una petición, no me hagas volver mi rostro. Y ella le dijo: Dí. El entónces dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón, porque él no te hára volver tu rostro, para que me dé a Abisag Sunamita por mujer. Y Bersabée dijo: Bien; yo hablaré por tí al rey. Y vino Bersabée al rey Salomón para hablarle por Adonías: y el rey se levantó para recibirla, y se inclinó a ella, y se tornó a asentar en su trono: e hizo poner una silla a la madre del rey, la cual se sentó a su diestra. Y ella dijo: Una pequeña petición te demando, no me hagas volver mi rostro. Y el rey le dijo: Pide, madre mía; que yo no te haré volver el rostro. Y ella dijo: Dése Abisag Sunamita por mujer a tu hermano Adonías. Y el rey Salomón respondió, y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag Sunamita para Adonías? Demanda también para él el reino; porque él es mi hermano mayor; y tiene también a Abiatar sacerdote, y a Joab hijo de Sarvia. Y el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios, y así me añada, que contra su vida ha hablado Adonías esta palabra. Ahora pues vive Jehová, que me ha confirmado, y me ha puesto sobre el trono de David mi padre, y que me ha hecho casa, como había dicho, que Adonías morirá hoy. Entónces el rey Salomón envió por mano de Banaias, hijo de Joiada, el cual le hirió, y murió. Y a Abiatar el sacerdote dijo el rey: Véte a Anatot a tus heredades, que tú eres digno de muerte. Mas yo no te mataré hoy, por cuanto has llevado el arca del Señor Jehová delante de David mi padre: además de esto has sido trabajado en todas las cosas en que mi padre fué trabajado. Y echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliese la palabra de Jehová, que había dicho sobre la casa de Heli en Silo. Y vino la fama hasta Joab, porque también Joab se había arrimado a Adonías, aunque no se había arrimado a Absalom, y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y tomó los cuernos del altar. Y fué hecho saber a Salomón que Joab había huido al tabernáculo de Jehová, y que estaba junto al altar. Y Salomón envió a Banaias, hijo de Joiada, diciendo: Vé, y arremete a él. Y entró Banaias al tabernáculo de Jehová, y díjole: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino aquí moriré. Y Banaias volvió con esta respuesta al rey, diciendo: Así habló Joab, y así me respondió. Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho, arremete a él y entiérrale: y quita de mí, y de la casa de mi padre, la sangre que Joab ha derramado sin culpa. Y Jehová hará volver su sangre sobre su cabeza; que él ha asesinado dos varones más justos y mejores que él, a los cuales mató a cuchillo sin que mi padre David supiese nada, es a saber a Abner, hijo de Ner, general del ejército de Israel, y a Amasa, hijo de Jeter, general del ejército de Judá. Mas la sangre de ellos volverá sobre la cabeza de Joab, y sobre la cabeza de su simiente perpetuamente. Y sobre David y sobre su simiente, y sobre su casa, y sobre su trono, habrá perpetuamente paz de parte de Jehová. Entónces Banaias, hijo de Joiada subió, y arremetió a él, y le mató, y fué sepultado en su casa en el desierto. Y el rey puso en su lugar a Banaias, hijo de Joiada, sobre el ejército: y a Sadoc puso el rey por sacerdote en lugar de Abiatar. Y envió el rey, e hizo venir a Semeí, y díjole: Edifícate una casa en Jerusalem, y mora allí, y no salgas de allá a una parte ni a otra. Porque sepas de cierto que el día que salieres, y pasares el arroyo de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será sobre tu cabeza. Y Semeí dijo al rey: La palabra es buena: como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu siervo. Y habitó Semeí en Jerusalem muchos dias. Y pasados tres años aconteció, que se le huyeron a Semeí dos siervos a Aquis, hijo de Maaca, rey de Get: y dieron aviso a Semeí, diciendo: He aquí que tus siervos están en Get. Y levantóse Semeí, y enalbardó su asno, y vino en Get a Aquis a buscar sus siervos. Y fué Semeí, y volvió sus siervos de Get. Y fué dicho a Salomón, como Semeí había ido de Jerusalem hasta Get, y que había vuelto. Entónces el rey envió, e hizo venir a Semeí y díjole: ¿No te conjuré yo por Jehová, y te protesté, diciendo: El día que salieres, y fueres acá, o acullá, sepas de cierto que has de morir? Y tú me dijiste: La palabra que he oido es buena. ¿Por qué pues no guardaste el juramento de Jehová, y el mandamiento que yo te mandé? Y dijo más el rey a Semeí: Tú sabes todo el mal que tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David: mas Jehová ha tornado el mal sobre tu cabeza: Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme perpetuamente delante de Jehová. Entónces el rey mandó a Banaias, hijo de Joiada, el cual salió, y arremetió a él, y murió: y el reino fué confirmado en la mano de Salomón. Y SALOMÓN hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, porque tomó por mujer la hija de Faraón, y trájola en la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalem al derredor. Hasta entónces el pueblo sacrificaba en los altos; porque aun no había casa edificada al nombre de Jehová haste aquellos tiempos. Mas Salomón amó a Jehová andando en la institución de su padre David, solamente sacrificaba, y quemaba olores en altos. E iba el rey a Gabaón, porque aquel era el alto principal, y sacrificaba allí: mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar. Y aparecióse Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y dijo Dios: Pide lo que quisieres, que yo te dé. Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, de la manera que él anduvo delante de tí con verdad, con justicia, y con rectitud de corazón para contigo: y tú le has guardado esta tu grande misericordia, que le diste un hijo que se asentase en su trono, como parece en este día. Ahora pues, Jehová Dios mío, tú has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre: y yo soy mozo pequeño, que ni sé entrar, ni salir: Y tu siervo está en medio de tu pueblo, al cual tú elegiste: un pueblo grande, que ni se puede contar, ni numerar por su multitud. Dá pues a tu siervo corazón dócil para juzgar a tu pueblo: para entender entre lo bueno y lo malo: porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? Y agradó delante de Adonaí, que Salomón pidiese esto. Y díjole Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para tí muchos dias, ni pediste para tí riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, mas demandaste para tí inteligencia para oir juicio: He aquí, yo lo he hecho conforme a tus palabras: he aquí que yo te he dado corazón sabio y entendido tanto, que no haya habido ántes de tí otro como tú, ni después de tí se levante otro como tú. Y aun también las cosas que no pediste, te he dado: riquezas y gloria, que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus dias. Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como tu padre David anduvo, yo alargaré tus dias. Y como Salomón despertó, vió que era sueño: y vino a Jerusalem, y presentóse delante del arca del concierto de Jehová, y sacrificó holocaustos, e hizo pacíficos: e hizo banquete a todos sus siervos. En aquella sazón vinieron dos mujeres rameras al rey, y presentáronse delante de él. Y dijo la una mujer: ¡Ay! señor mío, yo y esta mujer morábamos en una misma casa: y yo parí en casa con ella. Y aconteció, que al tercero día después que yo parí, esta parió también: y morábamos nosotras ámbas, que ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en una casa. Y una noche el hijo de este mujer murió, porque ella se acostó sobre él. Y esta se levantó a media noche, y tomóme mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y púsole a su lado, y púsome a mi lado su hijo muerto. Y como yo me levanté por la mañana para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto. Y yo le miré por la mañana, y, he aquí que no era mi hijo, que yo había parido. Entónces la otra mujer dijo: No: mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No: tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Y de esta manera hablaban delante del rey. El rey entónces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Entónces dijo el rey: Traédme una espada: y trajeron al rey una espada. Y el rey dijo: Partíd por medio el niño vivo, y dad la mitád a la una, y la otra mitad a la otra. Entónces aquella mujer cuyo era el hijo vivo, dijo al rey (porque sus entrañas se le encendieron por su hijo, y dijo:) ¡Ay! señor mío, dad a esta el niño vivo, no le matéis. Y la otra dijo: Ni a mí, ni a tí, sino partídle. Entónces el rey respondió, y dijo: Dad a esta el hijo vivo, y no le matéis: ella es su madre. Y todo Israel oyó aquel juicio, que había juzgado el rey, y hubieron temor del rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar. ASÍ que el rey Salomón fué rey sobre todo Israel. Y estos fueron los príncipes que tuvo: Azarías hijo de Sadoc sacerdote: Elioref, y Ahías, hijos de Sisa, escribas: Josafat, hijo de Ahilud, canciller: Banaias, hijo de Joiada, era sobre el ejército: y Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes: Azarías, hijo de Natán, era sobre los gobernadores: Zabud, hijo de Natán, el príncipe, compañero del rey: Y Ahisar era mayordomo: y Adoniram, hijo de Abda, era sobre el tributo. Y tenía Salomón doce gobernadores sobre todo Israel, los cuales mantenían al rey, y a su casa. Cada uno de ellos era obligado de mantener un mes en cada un año. Y estos son los nombres de ellos: El hijo de Jur, en el monte de Efraim: El hijo de Decar, en Macces, y en Salebim, y en Bet-sames, y en Elón, y en Bet-hanán: El hijo de Hesed, en Arubot: este tenía también a Soco, y toda la tierra de Efer: El hijo de Abinadab tenía todos los términos de Dor: este tenía por mujer a Tafat hija de Salomon: Bana, hijo de Ahilud, tenía a Tanac y a Mageddo, y a toda Bet-sán, que es cerca de Zartán, abajo de Jezrael: de Bet-sán hasta Abelmejula, y hasta de la otra parte de Jecmaén: El hijo de Gaber en Ramot de Galaad: este tenía también las ciudades de Jair, hijo de Manasés, las cuales estaban en Galaad. Tenía también la provincia de Argob, que era en Basán, sesenta grandes ciudades cercadas de muro, y de cerraduras de metal: Abinadab, hijo de Addo, era en Mahanaim: Aquimaas, en Neftalí: este tomó también por mujer a Basemat hija de Salomon: Baana, hijo de Husi, en Aser, y en Balot: Josafat, hijo de Farue, en Isacar: Semeí, hijo de Ela, en Benjamín: Gaber, hijo de Uri, en la tierra de Galaad, y en la tierra de Sejón rey de los Amorreos, y de Og rey de Basán: un gobernador en la tierra. Los de Judá y de Israel eran muchos, como la arena que está junto a la mar en multitud, comiendo y bebiendo y alegrándose. Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos desde el río de la tierra de los Filisteos, hasta el término de Egipto: y traían presentes, y servían a Salomón todos los dias que vivió. Y la despensa de Salomón era cada día treinta coros de flor de harina, y sesenta coros de harina, Diez bueyes engordados, y veinte bueyes de pasto, y cien ovejas: sin los ciervos, cabras, búfalos, y aves engordadas. Porque él señoreaba en toda la región que estaba de la otra parte del río, desde Tafsa hasta Gaza, sobre todos los reyes de la otra parte del río: y tuvo paz con todos sus lados al derredor. Y Judá e Israel vivían confiadamente cada uno debajo de su vid, y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beer-seba, todos los dias de Salomón. Tenía allende de esto Salomón cuarenta mil caballos en sus caballerizas para sus carros, y doce mil caballos de cabalgar. Y los sobredichos gobernadores mantenían al rey Salomón, y a todos los que venían a la mesa del rey Salomón, cada uno su mes, y hacían que nada faltase. Y traían también cebada y paja para los caballos, y para las bestias de carga al lugar donde él estaba, cada uno conforme al cargo que tenía. Y dió Dios a Salomón sabiduría, y prudencia muy grande, y anchura de corazón, como la arena que está a la orilla de la mar: Que fué mayor la sabiduría de Salomón, que la de todos los Orientales, y que toda la sabiduría de los Egipcios. Y aun fué más sabio que todos los hombres; y más que Etán Ezrahita, y que Hemán, y Calcol, y Dorda los hijos de Mahol: y fué nombrado entre todas las naciones de al derredor. Y propuso tres mil parábolas: y sus versos fueron cinco y mil. De los árboles también disputó desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disputó de los animales, de las aves, de las serpientes, de los peces. Y venían de todos los pueblos a oir la sabiduría de Salomón, y de todos los reyes de la tierra, donde había llegado la fama de su sabiduría. HIRAM rey de Tiro envió tam- bien sus siervos a Salomon; desde que oyó que le habían ungido por rey en lugar de su padre; porque Hiram había siempre amado a David. Entónces envió Salomón a Hiram, diciendo: Tú sabes como mi padre David no pudo edificar casa al nombre de Jehová su Dios por las guerras que le cercaron, hasta que Jehová puso sus enemigos debajo de las plantas de sus piés. Ahora Jehová mi Dios me ha dado reposo de todas partes; que ni hay adversario, ni mal encuentro. Por tanto ahora yo he determinado de edificar casa al nombre de Jehová mi Dios, como Jehová lo dijo a David mi padre, diciendo: Tu hijo, que yo pondré en tu lugar, en tu trono, él edificará casa a mi nombre. Manda pues ahora que me corten cedros del Líbano: y mis siervos estarán con los tuyos; y yo te daré por tus siervos el salario que tú dijeres: porque tú sabes bien que ninguno hay entre nosotros que sepa labrar la madera como los Sidonios. Y como Hiram oyó las palabras de Salomón, holgóse en gran manera, y dijo: Bendito sea hoy Jehová, que dió hijo sabio a David sobre este pueblo tan grande. Y envió Hiram a Salomón, diciendo: Yo he oido lo que me enviaste a decir: Yo haré todo lo que te pluguiere acerca de la madera de cedro, y la madera de haya. Mis siervos la llevarán desde el Líbano a la mar; y yo la pondré en balsas por la mar hasta el lugar, que tú me señalares; y allí se desatará, y tú la tomaras, y tú también harás mi voluntad, dando de comer a mi familia. Y dió Hiram a Salomón madera de cedro, y madera de haya, todo lo que quiso: Y Salomón daba a Hiram veinte mil coros de trigo para el sustento de su familia, y veinte coros de aceite limpio. Esto daba Salomón a Hiram cada un año. Dió pues Jehová a Salomón sabiduría, como le había dicho: y hubo paz entre Hiram y Salomon: e hicieron alianza entre ámbos. E impuso el rey Salomón tributo a todo Israel, y el tributo fué treinta mil hombres: Los cuales enviaba al Líbano de diez mil en diez mil cada mes por sus veces. y como habían estado un mes en el Líbano, estábanse dos meses en sus casas: y Adoniram estaba sobre el tributo. Tenía también Salomón setenta mil, que llevaban las cargas: y ochenta mil cortadores en el monte; Sin los príncipales gobernadores de Salomón que estaban puestos sobre la obra, que eran tres mil y trescientos, los cuales tenían cargo del pueblo que hacía la obra. Y mandó el rey que trajesen grandes piedras, piedras de precio para los cimientos de la casa, y piedras labradas: Y los albañiles de Salomón, y los de Hiram, y los aparejadores cortaron y aparejaron la madera y la cantería para labrar la casa. Y FUÉ en el año de cuatrocien- tos y ochenta, después que los hijos de Israel salieron de Egipto, en el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, él comenzó a edificar la casa de Jehová. La casa que el rey Salomón edificó a Jehová, tuvó sesenta codos de largo, y veinte de ancho, y treinta codos de alto. Y el portal delante del templo de la casa, de veinte codos de largo, delante de la anchura de la casa: y su anchura era de diez codos, delante de la casa. E hizo ventanas a la casa, anchas por de dentro, y estrechas por de fuera. Y edificó también junto al muro de la casa un colgadizo al derredor, pegado a las paredes de la casa en derredor del templo y del oratorio, e hizo cámaras al derredor. El colgadizo de abajo era de cinco codos de ancho: y el del medio, de seis codos de ancho: y el tercero, de siete codos de ancho: porque por de fuera había hecho diminuciones a la casa al derredor, para no trabar de las paredes de la casa. Y la casa cuando se edificaba, la edificaban de piedras enteras como las traían: de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas fueron oidos en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro. La puerta del colgadizo del medio estaba al lado derecho de la casa: y subíase por un caracol al del medio, y del medio al tercero. Y labró la casa, y la acabó, y cubrió la casa de tijeras y de maderos de cedro puestos por órden. Y edificó también el colgadizo en derredor de toda la casa de altura de cinco codos: el cual trababa la casa con vigas de cedro. Y fué palabra de Jehová a Salomón, diciendo: Esta casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos, e hicieres mis derechos, y guardares todos mis mandamientos, andando en ellos, yo tendré firme contigo mi palabra que hablé a David tu padre: Y habitaré en medio de los hijos de Israel: y no dejaré a mi pueblo Israel. Así que Salomón labró la casa, y la acabó. Y edificó las paredes de la casa por de dentro de tablas de cedro, vistiéndola de madera por de dentro, desde el solado de la casa hasta las paredes de la techumbre: y el solado cubrió de dentro de madera de haya. Edificó también al cabo de la casa veinte codos de tablas de cedro desde el solado hasta las paredes, y labróse en la casa un oratorio que es el lugar santísimo. Y la casa tuvo cuarenta codos, a saber, el templo de dentro. Y la casa era cubierta de cedro por de dentro, y tenía unas entalladuras de calabazas silvestres, y de botones de flores. Todo era cedro; ninguna piedra se veía. Y adornó el oratorio por de dentro en medio de la casa, para poner allí el arca del concierto de Jehová. Y el oratorio estaba en la parte de adentro, el cual tenía veinte codos de largo, y otros veinte de ancho, y otros veinte de altura; y vistiólo de oro purísimo: y el altar cubrió de cedro. Así que vistió Salomón de puro oro la casa por de dentro: y la puerta del oratorio cerró con cadenas de oro, y vistiólo de oro. Y toda la casa vistió de oro hasta el cabo: y asimismo vistió de oro todo el altar que estaba delante del oratorio. Hizo también en el oratorio dos querubines de madera de oliva, cada uno de altura de diez codos. La una ala del un querubín tenía cinco codos; y la otra ala del mismo querubín otros cinco codos: así que había diez codos desde la punta de la una ala hasta la punta de la otra. Asimismo el otro querubín tenía diez codos; porque ámbos querubines eran de un tamaño, y de una hechura. La altura del uno era de diez codos, y asimismo el otro. Estos querubines puso dentro de la casa de adentro: los cuales querubines extendían sus alas, que el ala del uno tocaba la pared, y el ala del otro querubín tocaba la otra pared; y las otras dos alas se tocaban la una a la otra en la mitad de la casa. Y vistió de oro los querubines. Y esculpió todas las paredes de la casa al derredor de diversas figuras, de querubines, de palmas, y de botones de flores, por de dentro y por de fuera. Y el solado de la casa cubrió de oro, de dentro y de fuera. Y a la puerta del oratorio hizo puertas de madera de oliva, y el umbral y los postes eran de cinco esquinas. Las dos puertas eran de madera de oliva, y entalló en ellas figuras de querubines, y de palmas, y de botones de flores, y cubriólas de oro, y cubrió los querubines y las palmas de oro. De la misma forma hizo a la puerta del templo postes de madera de oliva cuadrados. Las dos puertas eran de madera de haya; y los dos lados de la una puerta eran redondos, y los otros dos lados de la otra puerta también redondos. Y entalló en ellas querubines, y palmas, y botones de flores; y cubrió de oro ajustado las entalladuras. Y labró el patio de adentro de tres órdenes de piedras labradas, y de un órden de vigas de cedro. En el cuarto año, en el mes de Zif, se pusieron los cimientos de la casa de Jehová: Y en el undécimo año, en el mes de Bul, que es el mes octavo, la casa fué acabada con todas sus pertenencias, y con todo lo necesario. Y edificóla en siete años. MAS su casa edificó Salomón en trece años, y la acabó toda. Y asimismo edificó la casa del bosque del Líbano, la cual tenía cien codos de largura, y cincuenta codos de anchura, y treinta codos de altura, sobre cuatro órdenes de columnas de cedro, con vigas de cedro sobre las columnas. Y estaba cubierta de planchas de cedro arriba sobre las vigas, que estaban puestas sobre cuarenta y cinco columnas, cada ringlera tenía quince columnas. Las ventanas estaban por tres órdenes, una ventana contra la otra tres veces. Y todas las puertas y postes eran cuadrados: y las unas ventanas estaban en frente de las otras tres veces. E hizo un portal de columnas que tenía de largo cincuenta codos, y treinta codos de ancho, y aquel portal estaba delante de ellas, y sus columnas y vigas delante de ellas. Hizo asimismo el pórtico del trono en que había de juzgar, que es el pórtico del juicio, y vistiólo de cedro de suelo a suelo. Y en la casa en que él moraba, había otro patio, dentro del portal, de obra semejante a esta. Edificó también Salomón una casa para la hija de Faraón, que había tomado por mujer, de la misma obra de aquel portal. Todas aquellas obras fueron de piedras de precio, cortadas y aserradas con sierra según las medidas, así por de dentro como por de fuera, desde el cimiento hasta las vigas, y asimismo por de fuera hasta el gran patio. El cimiento era de piedras de precio, de piedras grandes, de piedras de diez codos, y de piedras de ocho codos. Mas de allí arriba eran piedras de precio, labradas conforme a sus medidas, y de cedro. Y en el gran patio al derredor había tres órdenes de piedras labradas, y un órden de vigas de cedro, y así el patio de la casa de Jehová, el de adentro, y el patio de la casa. Y envió el rey Salomón, e hizo venir de Tiro a un Hiram, El cual era hijo de una viuda de la tribu de Neftalí, y su padre había sido de Tiro, que labraba en metal, lleno de sabiduría, y de inteligencia y saber en toda obra de metal. Este vino al rey Salomón, e hizo toda su obra. Este hizo dos columnas de metal: la altura de la una columna era de diez y ocho codos: y a la otra columna cercaba un hilo de doce codos. Hizo también dos capiteles de fundición de metal, para que fuesen puestos sobre las cabezas de las columnas: la altura del un capitel era de cinco codos, y la altura del otro capitel era de otros cinco codos. E hizo unas trenzas a manera de red, y unas cintas a manera de cadenas para los capiteles que habían de ser puestos sobre las cabezas de las columnas, siete para cada capitel. Y cuando hubo hecho las columnas, hizo también dos órdenes de granadas al derredor en el un enredado, para cubrir los capiteles que estaban en las cabezas de las columnas con las granadas: y de la misma forma hizo en el otro capitel. Los capiteles que estaban puestos sobre las columnas estaban labrados a manera de flores como los que se veían en el portal, por cuatro codos. Los capiteles que estaban sobre las dos columnas tenían también doscientas granadas en dos órdenes al derredor en cada capitel encima del vientre del capitel, el cual vientre estaba delante del enredado. Estas columnas puso enhiestas en el portal del templo. Y cuando hubo enhestado la columna de la mano derecha, púsole nombre de Jaquín: y enhestando la columna de la mano izquierda, púsole nombre de Boaz, En las cabezas de las columnas había una obra de lirios: y así se acabó la obra de las columnas. Hizo asimismo un mar de fundición de diez codos del un labio al otro, redondo al derredor: su altura era de cinco codos: y ceñíale todo al derredor un cordón de treinta codos. Y cercaban aquel mar por debajo de su labio al derredor unas bolas como calabazas, diez en cada codo, que ceñían el mar todo al derredor en dos órdenes, las cuales habían sido fundidas en su fundición. Y estaba asentado sobre doce bueyes: los tres miraban al norte: los tres miraban al poniente: los tres miraban al mediodía: y los tres miraban al oriente. Sobre estos estaba el mar encima, y las traseras de ellos estaban hacia la parte de adentro. El grueso del mar era de un palmo, y su labio era labrado como el labio de un caliz, o de flor de lis: y cabían en él dos mil batos. Hizo también diez basas de metal: la largura de cada basa era de cuatro codos, y la anchura de cuatro codos, y la altura de tres codos. La obra de las basas era esta: tenían unas cintas las cuales estaban entre molduras: Y sobre aquellas cintas que estaban entre las molduras, figuras de leones, y de bueyes, y de querubines. Y sobre las molduras de la basa, así encima como debajo de los leones y de los bueyes, había unas añadiduras de obra extendida. Cada basa tenía cuatro ruedas de metal, con mesas de metal: y en sus cuatro esquinas había unos hombrillos, los cuales nacían de fundición debajo de la fuente de cada una parte de las añadiduras. Su boca entraba en el capitel un codo para arriba: y su boca era redonda, de la hechura de la basa, de codo y medio. Había también sobre la boca entalladuras con sus cintas, las cuales eran cuadradas, no redondas. Las cuatro ruedas estaban debajo de las cintas, y los ejes de las ruedas nacían en la misma basa. La altura de cada rueda era de un codo y medio. Y la hechura de las ruedas era como la hechura de las ruedas de carro; sus ejes, sus rayos, y sus mazas, y sus cinchos, todo era de fundición. Asimismo los cuatro hombrillos a las cuatro esquinas de cada basa, y los hombrillos eran de la misma basa. Y en lo alto de la basa había medio codo de altura redondo al derredor: y en la altura de la basa sus molduras y cintas, las cuales eran de ella misma. E hizo en las tablas de las molduras y en las cintas entalladuras de querubines, y de leones, y de palmas, delante de las añadiduras de cada una al derredor. De esta forma hizo diez basas fundidas de una misma manera, de una misma medida, y de una misma entalladura. Hizo también diez fuentes de metal: cada fuente tenía cuarenta batos, y cada fuente era de cuatro codos, y cada fuente estaba sobre una basa; en todas diez basas. Y las cinco basas asentó a la mano derecha de la casa: y las otras cinco a la mano izquierda de la casa: y el mar puso al lado derecho de la casa, al oriente hacia el mediodía: Asimismo hizo Hiram fuentes, y muelles, y lebrillos, y acabó toda la obra que hizo a Salomón para la casa de Jehová. Es a saber, dos columnas, y los vasos redondos de los capiteles que estaban en lo alto de las dos columnas, y dos redes que cubrían los dos vasos redondos de los capiteles que estaban sobre las cabezas de las columnas. Ítem, cuatrocientas granadas sobre las dos redes, es a saber, dos órdenes de granadas en cada red, para cubrir los dos vasos redondos que estaban sobre las cabezas de las columnas. Ítem, diez basas, y diez fuentes sobre las basas. Un mar, y doce bueyes debajo del mar. Ítem, bacías, y muelles, y lebrillos, y todos los otros vasos que Hiram hizo al rey Salomón, para la casa de Jehová, de metal acicalado. Todo lo hizo fundir el rey, en la campaña del Jordán, en arcilla de la tierra, entre Socot y Sartán. Y dejó Salomón todos los vasos sin inquirir el peso del metal, por la grande multitud. E hizo Salomón todos los vasos que eran pertenecientes a la casa de Jehová: un altar de oro, y una mesa sobre la cual estaban los panes de la proposición, también de oro. Ítem, cinco candeleros a la mano derecha, y otros cinco a la izquierda, de oro purísimo, delante del oratorio: y las flores, y las lámparas, y despabiladeras, de oro. Asimismo los cántaros, vasos, lebrillos, cucharones, e incensarios de oro purísimo. Los quiciales de las puertas de la casa de adentro, es a saber, del lugar santísimo, y de las puertas del templo, de oro. Y acabó toda la obra que hizo hacer el rey Salomón para la casa de Jehová; y metió Salomón lo que David su padre había dedicado, es a saber, plata y oro, y vasos, y púsolo todo en guarda en las tesorerías de la casa de Jehová. ENTÓNCES Salomón juntó los ancianos de Israel, y a todas las cabezas de las tribus, y a los príncipes de los padres de los hijos de Israel al rey Salomón en Jerusalem, para traer el arca del concierto de Jehová de la ciudad de David, que es Sión. Y fueron juntados al rey Salomón todos los varones de Israel en el mes de Etamín, en día solemne, que es el mes séptimo. Y vinieron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes tomaron el arca: Y trajeron el arca de Jehová, y el tabernáculo del testimonio, y todos los vasos sagrados que estaban en el tabernáculo; y los cuales trajeron los sacerdotes y Levitas. Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que a él se había juntado, estaban con él delante del arca, sacrificando ovejas y vacas, que por la multitud no se podían contar ni numerar. Y los sacerdotes metieron el arca del concierto de Jehová en su lugar, en el oratorio de la casa, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines. Porque los querubines tenían extendidas las alas sobre el lugar del arca; y cubrían los querubines así el arca como sus barras por encima. E hicieron salir las barras; y las cabezas de las barras se parecían desde el santuario, que estaba delante del oratorio, mas no se veían desde a fuera; y así se quedaron hasta hoy. En el arca ninguna cosa había más de las dos tablas de piedra, que había puesto allí Moisés en Horeb, cuando Jehová hizo la alianza con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto. Y como los sacerdotes salieron del santuario, una nube hinchió la casa de Jehová. Y los sacerdotes no pudieron estar para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había henchido la casa de Jehová. Entónces dijo Salomon: Jehová ha dicho que él habitará en la oscuridad. Yo he edificado casa por morada para tí, asiento en que tú habites para siempre. Y volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba en pié. Y dijo: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que habló de su boca a David mi padre, y con su mano lo ha cumplido, diciendo: Desde el día que saqué mi pueblo Israel de Egipto, no he escogido ciudad de todas las tribus de Israel, para edificar casa en la cual estuviese mi nombre, aunque escogí a David para que presidiese en mi pueblo Israel. Y David mi padre tuvo en voluntad de edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel. Mas Jehová dijo a David mi padre: En cuanto a haber tú tenido en voluntad de edificar casa a mi nombre, bien has hecho de tener tal voluntad: Empero tú no edificarás la casa, sino tu hijo, que saldrá de tus lomos: e edificará casa a mi nombre. Y Jehová ha hecho firme su palabra que había dicho, que me he levantado yo en lugar de David mi padre, asentándome en el trono de Israel, como Jehová había dicho: y edifiqué la casa al nombre de Jehová Dios de Israel. Y he puesto en ella lugar para el arca, en la cual está el concierto de Jehová, que él hizo con nuestros padres, cuando los sacó de la tierra de Egipto. Y púsose Salomón delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo, Dijo: Jehová, Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, que guardas el concierto, y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de tí en todo su corazón. Que has guardado a tu siervo David mi padre lo que le dijiste: lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como lo muestra este día. Ahora pues Jehová Dios de Israel, conserva a tu siervo David mi padre lo que le prometiste, diciendo: No faltará varón de tí delante de mí, que se asiente en el trono de Israel; con tal que tus hijos guarden su camino, que anden delante de mí, como tú has andado delante de mí. Ahora pues, Dios de Israel, sea firme tu palabra, que dijiste a tu siervo David mi padre. ¿Es verdad que Dios haya de morar sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te comprenden, ¿cuánto ménos esta casa que yo he edificado? Mas tú mirarás a la oración de tu siervo, y a su rogativa, Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de tí. Que estén tus ojos abiertos sobre esta casa de noche y de día; sobre este lugar, del cual has dicho: Mi nombre será allí: y que oigas la oración que tu siervo hará en este lugar. Oirás pues la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oraren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu habitación, desde los cielos: qué oigas y perdones. Cuando alguno hubiere pecado contra su prójimo, y le tomaren juramento, haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar en esta casa; Tú oirás desde el cielo, y harás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío, dando su camino sobre su cabeza, y justificando al justo, dándole conforme a su justicia. Cuando tu pueblo Israel hubiere caido delante de sus enemigos, por haber pecado contra tí, y se volvieren a tí, y confesaren tu nombre, y oraren, y te rogaren y suplicaren en esta casa; Tú los oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y volverlos has a la tierra que diste a sus padres. Cuando el cielo se cerrare, que no haya lluvia, por haber pecado contra tí, y te rogaren en este lugar, y confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando los hubieres afligido; Tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos, y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu pueblo por heredad. Cuando en la tierra hubiere hambre o pestilencia; o hubiere tizoncillo, o niebla; o hubiere langosta, o pulgon; si sus enemigos los tuvieren cercados en la tierra de sus puertas; cualquiera plaga o enfermedad que sea; Toda oración, y toda suplicación, que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sintiere la plaga de su corazón, y extendiere sus manos a esta casa; Tú oirás en los cielos, en la habitación de tu morada, y perdonarás, y harás; y darás a cada uno conforme a todos sus caminos, cuyo corazón tú conoces; (porque tú solo conoces el corazón de todos los hijos de los hombres;) Para que te teman todos los dias que vivieren sobre la haz de la tierra, que tú diste a nuestros padres. Asimismo al extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que hubiere venido de léjas tierras a causa de tu nombre, (Porque oirán tu grande nombre, y tu mano fuerte, y tu brazo extendido;) y viniere a orar a esta casa; Tú oirás en los cielos, en la habitación de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a tí: para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, y te teman, como tu pueblo Israel, y sepan que tu nombre es llamado sobre esta casa, que yo edifiqué. Si tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos, por el camino que tú los enviares, y oraren a Jehová hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que yo edifiqué a tu nombre; Tú oirás en los cielos su oración, y su suplicación, y les harás derecho. Si hubieren pecado contra tí, (porque no hay hombre que no peque,) y tú estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautiven, y los lleven a tierra de sus enemigos, sea léjos, o cerca; Y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos: si volvieren, y oraren a tí en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren: Pecamos, habemos hecho lo malo, habemos hecho impiedad: Y se convirtieren a tí de todo su corazón, y de toda su alma, en la tierra de sus enemigos, que los hubieren llevado cautivos, y oraren a tí hacia su tierra, que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que yo he edificado a tu nombre; Tú oirás en los cielos, en la habitación de tu morada, su oración, y su suplicación, y les harás derecho, Y perdonarás a tu pueblo, que había pecado contra tí, y a todas sus rebeliones con que se habrán rebelado contra tí: y harás que hayan de ellos misericordia, los que los hubieren cautivado. Porque ellos son tu pueblo, y tu heredad, que tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro: Que tus ojos estén abiertos a la oración de tu siervo, y a la suplicación de tu pueblo Israel, para oirlos en todo lo que te invocaren: Pues que tú los apartaste para tí por tu heredad de todos los pueblos de la tierra, de la manera que lo dijiste por mano de Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, Señor Jehová. Y fué, como Salomón acabó de orar a Jehová toda esta oración y suplicación, levantóse de estar de rodillas, y de tener sus manos extendidas al cielo delante del altar de Jehová. Y púsose en pié, y bendijo a toda la congregación de Israel, diciendo a alta voz: Bendito sea Jehová, que ha dado reposo a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho: ninguna palabra de todas sus buenas promesas, que dijo por Moisés su siervo, ha faltado. Sea con nosotros Jehová nuestro Dios, como fué con nuestros padres, y no nos desampare, ni nos deje: Haciendo inclinar nuestro corazón a sí, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos, y sus estatutos, y sus derechos, los cuales mandó a nuestros padres. Y que estas mis palabras con que he orado delante de Jehová, estén junto de Jehová nuestro Dios de día y de noche: para que él haga el juicio de su siervo, y de su pueblo Israel, cada cosa en su tiempo. Para que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y no hay otro. Y sea perfecto vuestro corazón con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos, y guardando sus mandamientos, como el día de hoy. Entónces el rey, y todo Israel con él, sacrificaron sacrificios delante de Jehová. Y sacrificó Salomón sacrificios pacíficos, los cuales sacrificó a Jehová, que fueron veinte y dos mil bueyes, y ciento y veinte mil ovejas: y dedicaron la casa de Jehová, el rey y todos los hijos de Israel. Aquel mismo día santificó el rey el medio del patio que estaba delante de la casa de Jehová; porque hizo allí los holocaustos, y los presentes, y los sebos de los pacíficos, por cuanto el altar de metal, que estaba delante de Jehová, era pequeño, y no cupieran en él los holocaustos, y los presentes, y los sebos de los pacíficos. En aquel tiempo Salomón hizo fiesta, y todo Israel con él, una grande congregación, desde como entran en Emat hasta el arroyo de Egipto, delante de Jehová nuestro Dios, por siete dias y otros siete dias, es a saber, por catorce dias. Y el octavo día despidió al pueblo: y ellos bendiciendo al rey, se fueron a sus estancias alegres y gozosos de corazón, por todos los beneficios que Jehová había hecho a David su siervo, y a su pueblo Israel. Y COMO Salomón hubo aca- bado la obra de la casa de Jehová, y la casa real, y todo lo que Salomón quiso hacer, Jehová apareció a Salomón la segunda vez, como le había aparecido en Gabaón, Y díjole Jehová: Yo he oido tu oración, y tu ruego, que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre, y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los dias. Y tú, si anduvieres delante de mí, como anduvo David tu padre, en integridad de corazón, y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis derechos; Yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará de tí varón en el trono de Israel. Mas si apartando os apartareis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis mandamientos, y mis estatutos que yo he dado delante de vosotros, mas fuereis, y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis: Yo cortaré a Israel de sobre la haz de la tierra, que yo les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre yo la echaré de delante de mí, e Israel será por proverbio y fábula a todos los pueblos. Y esta casa que estaba en estima, cualquiera que pasare por ella se pasmará, y silvará: y dirán: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra, y a esta casa? Y dirán: Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había sacado a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a los dioses ajenos, y los adoraron, y les sirvieron: por eso ha traido Jehová sobre ellos todo aqueste mal. Y aconteció al cabo de veinte años que Salomón había edificado las dos casas; es a saber, la casa de Jehová, y la casa real, (Para las cuales Hiram rey de Tiro había traido a Salomón madera de cedro y de haya, y oro, cuanto él quiso,) que el rey Salomón dió a Hiram veinte ciudades en tierra de Galilea. E Hiram salió de Tiro para ver las ciudades que Salomón le había dado, y no le contentaron. Y dijo: ¿Qué ciudades son estas que me has dado, hermano? Y púsoles por nombre, tierra de Cabul, hasta hoy. E Hiram había enviado al rey ciento y veinte talentos de oro. Y esta es la cuenta del tributo que el rey Salomón impuso para edificar la casa de Jehová, y su casa, y a Mello, y el muro de Jerusalem, y a Heser, y Mageddo, y Gazer. Faraón el rey de Egipto había subido, y tomado a Gazer, y la había quemado, y había muerto los Cananeos que habitaban la ciudad, y la había dado en don a su hija, la mujer de Salomón. Y Salomón restauró a Gazer, y a la baja Bet-orón. Y a Baalat, y a Tadmor, en tierra del desierto. Asimismo todas las ciudades donde Salomón tenía municiones, y las ciudades de los carros, y las ciudades de la gente de a caballo, y todo lo que Salomón deseó edificar en Jerusalem, en el Líbano, y en toda la tierra de su señorío. A todos los pueblos que quedaron de los Amorreos, Jetteos, Ferezeos, Heveos, Jebuseos, que no fueron de los hijos de Israel, A sus hijos, que quedaron en la tierra después de ellos, que los hijos de Israel no pudieron acabar, hizo Salomón que sirviesen con tributo hasta hoy. Mas a ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón servicio, sino eran, o hombres de guerra, o sus criados, o sus príncipes, o sus capitanes, o príncipes de sus carros, o su gente de a caballo. Y eran los que Salomón había hecho príncipes, y prepósitos sobre las obras de Salomón, quinientos y cincuenta, los cuales estaban sobre el pueblo que trabajaba en aquella obra. Y subió la hija de Faraón de la ciudad de David a su casa, que Salomón le había edificado: entónces él edificó a Mello. Y ofrecía Salomón tres veces cada un año holocaustos y pacíficos sobre el altar que él edificó a Jehová: y quemaba perfumes sobre el que estaba delante de Jehová, después que la casa fué acabada. Hizo también el rey Salomón navíos en Azión-gaber, que es junto a Elat a la ribera del mar Bermejo, en la tierra de Edom; Y envió Hiram en ellos a sus siervos, marineros y diestros en la mar, con los siervos de Salomon: Los cuales fueron a Ofir, y tomaron de allá oro, cuatrocientos y veinte talentos, y trajéronlo al rey Salomón. Y OYENDO la reina de Sabá la fama de Salomón en el nombre de Jehová, vino a tentarle con preguntas. Y vino a Jerusalem con muy grande ejército, con camellos cargados de especierías, y oro en grande abundancia, y piedras preciosas: y como vino a Salomón propúsole todo lo que tenía su corazón. Y Salomón le declaró todas sus palabras: ninguna cosa se le escondío al rey que no le declarase. Y como la reina de Sabá vió toda la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado, Asimismo la comida de su mesa, el asiento de sus siervos, el estado y vestidos de los que le servían, sus maestresalas, y sus holocaustos que sacrificaba en la casa de Jehová, ella quedó fuera de sí. Y dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas, y de tu sabiduría, Mas yo no lo creía, hasta que he venido; y mis ojos han visto que ni aun la mitad era lo que me había sido dicho. Tu sabiduría y bien es mayor que la fama que yo había oido. Bienaventurados tus varones, bienaventurados estos tus siervos, que están continuamente delante de tí, y oyen tu sabiduría. Jehová tu Dios sea bendito, que se ha agradado de tí, para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel: y te ha puesto por rey para que hagas derecho y justicia. Y dió la reina al rey ciento y veinte talentos de oro, y muy mucha especiería, y piedras preciosas: nunca vino después tan grande multitud de especiería, como la reina de Sabá dió al rey Salomón. La flota de Hiram que había traido el oro de Ofir, traía también de Ofir muy mucha madera de almugim, y piedras preciosas. E hizo el rey de la madera de almugim sustentáculos para la casa de Jehová, y para las casas reales, y arpas y salterios para los cantores: nunca vino tanta madera de almugim, ni se ha visto hasta hoy. Y el rey Salomón dió a la reina de Sabá todo lo que quiso, y todo lo que pidió; además de lo que Salomón le dió como de mano del rey Salomón. Y ella se volvió, y se vino a su tierra con sus criados. El peso del oro que Salomón tenía de renta cada un año, era seiscientos y sesenta y seis talentos de oro: Sin lo de los mercaderes y de la contratación de las especierías; y de todos los reyes de Arabia, y de los príncipes de la tierra. Hizo también el rey Salomón doscientos paveses de oro extendido: seiscientos ducados de oro gastó en cada paves. Asimismo trescientos escudos de oro extendido: en cada un escudo gastó tres libras de oro, y púsolos el rey en la casa del bosque del Líbano. Hizo también el rey un gran trono de marfil, el cual cubriò de oro purísimo. Seis gradas tenía hasta el trono: lo alto del trono era redondo por las espaldas; de la una parte y de la otra tenía arrimadizos cerca del asiento, junto a los cuales estaban dos leones. Estaban también doce leones allí sobre las seis gradas de la una parte y de la otra; en todos los reinos no había hecho otro tal. Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y asimismo toda la bajilla de la casa del bosque del Líbano, era de fino oro; no había plata: porque en tiempo de Salomón no era de estima. Porque el rey tenía la flota de la mar en Társis con la flota de Hiram, una vez en cada tres años venía la flota de Társis, y traía oro, plata, marfil, simios, y pavos. Y excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra, así en riquezas, como en sabiduría. Toda la tierra procuraba ver la cara de Salomón para oir su sabiduría, que Dios había puesto en su corazón. Y cada uno le traía sus presentes, es a saber, vasos de oro, vasos de plata, vestidos, armas, especieriá, caballos y acémilas: cada cosa de año en año. Y juntó Salomón carros y gente de a caballo, y tenía mil y cuatrocientos carros, y doce mil caballeros, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem. Y puso el rey en Jerusalem plata, como piedras: y cedros como los cabrahigos que están por los campos en abundancia. Y sacaban caballos y lienzos a Salomón de Egipto: porque la compañía de los mercaderes del rey compraban caballos y lienzos. Y venía, y salía de Egipto el carro por seiscientas piezas de plata, y el caballo por ciento y cincuenta: y así los sacaban por sus manos todos los reyes de los Jetteos, y de Siria. MAS el rey Salomón amó muchas mujeres extranjeras, y a la hija de Faraon; a las de Moab, a las de Ammón, a las de Idumea, a las de Sidón, a las Jetteas: De las gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No entraréis a ellas, ni ellas entrarán a vosotros: porque ciertamente ellas harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A estas pues se juntó Salomón con amor. Y tuvo setecientas mujeres reinas, y trescientas concubinas; y sus mujeres hicieron inclinar su corazón. Y ya que Salomón era viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David. Porque Salomón siguió a Astarot, dios de los Sidonios: y a Melcom, abominación de los Ammonitas. E hizo Salomón lo malo en ojos de Jehová, y no fué cumplidamente tras Jehová, como su padre David. Entónces edificó Salomón un alto a Camos, abominación de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalem: y a Moloc, abominación de los hijos de Ammón. Y así hizo a todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban perfumes, y sacrificaban a sus dioses. Y Jehová se enojó contra Salomón, por cuanto su corazón era desviado de Jehová Dios de Israel, que le había aparecido dos veces, Y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos: y él no guardó lo que le mandó Jehová. Y dijo Jehová a Salomon: Por cuanto ha habido esto en tí, y no has guardado mi concierto, y mis estatutos que yo te mandé, yo romperé el reino de tí, y le entregaré a tu siervo. Empero no lo haré en tus dias por amor de David tu padre: mas yo le romperé de la mano de tu hijo. Empero no romperé todo el reino, mas una tribu daré a tu hijo por amor de David mi siervo, y por amor de Jerusalem que yo he elegido. Y Jehová despertó un adversario a Salomón, a Adad, Idumeo, de la simiente real, el cual estaba en Edom. Porque cuando David estaba en Edom, y subió Joab el general del ejército a enterrar los muertos, y mató a todos los varones de Edom, (Porque seis meses habitó allí Joab, y todo Israel, hasta que hubo acabado a todo el sexo masculino en Edom,) Entónces huyó Adad, y algunos varones Idumeos, de los siervos de su padre, con él, y vínose a Egipto; y Adad era entónces muchacho pequeño. Y levantáronse de Madián, y vinieron a Parán, y tomando consigo varones de Parán, viniéronse a Egipto a Faraón rey de Egipto, el cual le dió casa, y le mando dar ración, y también le dió tierra. Y halló Adad grande gracia delante de Faraón, el cual le dió a la hermana de su mujer por mujer, hermana de la reina Tafnes. Y la hermana de Tafnes le parió a su hijo Genubat, al cual Tafnes destetó dentro de la casa de Faraón, y así estaba Genubat en casa de Faraón, entre los hijos de Faraón. Y oyendo Adad en Egipto que David había dormido con sus padres, y que Joab general del ejército era muerto, Adad dijo a Faraon: Déjame ir a mi tierra. Y Faraón le respondió: ¿Por qué? ¿Qué te falta conmigo, que procuras de irte a tu tierra? Y él respondió: Nada: con todo eso ruégote que me dejes ir. Despertóle también Dios por adversario a Razón, hijo de Eliada, el cual había huido de su amo Adadezer rey de Soba. Y había juntado gente contra él, y habíase hecho capitán de una compañía, cuando David los mató, y se fueron a Damasco, y habitaron allí, y reinaron en Damasco. Y fué adversario a Israel todos los dias de Salomón, y fué otro mal con él de Adad, porque aborreció a Israel, y reinó sobre la Siria. Asimismo Jeroboam, hijo de Nabat, Efrateo de Sareda, siervo de Salomón, (su madre se llamaba Serva, mujer viuda,) alzó su mano contra el rey. Y la causa porque este alzó mano contra el rey fué esta: Salomón edificando a Mello, cerró el portillo de la ciudad de David su padre: Y el varón Jeroboam era valiente y esforzado: y viendo Salomón al mancebo que era hombre de hecho, encomendóle todo el cargo de la casa de José. Aconteció pues en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalem, hallóle Ahías, Silonita, profeta, en el camino, y él estaba cubierto con una capa nueva: y estaban ellos ámbos solos en el campo. Y trabando Ahías de la capa nueva que tenía sobre sí, rompióla en doce pedazos; Y dijo a Jeroboam: Tómate los diez pedazos: porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a tí daré diez tribus. Y él tendrá la una tribu por amor de David mi siervo, y por amor de Jerusalem, la ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel: Por cuanto me han dejado, y han adorado a Astarot, diosa de los Sidonios, y a Camos, dios de Moab, y a Moloc, dios de los hijos de Ammon; y no han andado en mis caminos, para hacer lo que es recto delante de mis ojos, y mis estatutos, y mis derechos, como David su padre. Empero no quitaré nada de su reino de sus manos, mas yo le pondré por capitán todos los dias de su vida, por amor de David mi siervo, al cual yo elegí, y él guardó mis mandamientos y mis estatutos. Mas yo quitaré el reino de la mano de su hijo, y dartelo he a tí, las diez tribus: Y a su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lámpara todos los dias delante de mi faz en Jerusalem, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre. Yo te tomaré pues a tí, y tu reinarás en todas las cosas que deseare tu alma: y serás rey sobre Israel. Y será que si oyendo oyeres todas las cosas que yo te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo que es recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos, y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo seré contigo, y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel. Y yo afligiré la simiente de David a causa de esto, empero no para siempre. Y procuró Salomón de matar a Jeroboam: mas levantándose Jeroboam huyó a Egipto a Sesac rey de Egipto: y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón. Lo demás de los hechos de Salomón, y todas las cosas que hizo, y su sabiduría, ¿no están escritas en el libro de los hechos de Salomón? Y los dias que Salomón reinó en Jerusalem sobre todo Israel, fueron cuarenta años. Y durmió Salomón con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David su padre: y reinó en su lugar Roboam su hijo. Y VINO Roboam a Siquem; por- que todo Israel había venido en Siquem para hacerle rey. Y aconteció, que como lo oyó Jeroboam, hijo de Nabat, que estaba en Egipto: (porque había huido de delante del rey Salomón, y habitaba en Egipto;) Enviaron y llamáronle. Vino pues Jeroboam y toda la congregación de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo: Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora tú disminuye algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y servirte hemos. Y él les dijo: Idos, y de aquí a tres dias volvéd a mí. Y el pueblo se fué. Entonces el rey Roboam tomó consejo con los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo? Y ellos le hablaron, diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y le sirvieres, y respondiéndole buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre. Mas él dejado el consejo de los viejos que le habían dado, tomó consejo con los mancebos, que se habían criado con él, y estaban delante de él. Y díjoles: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me han hablado, diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros? Entónces los mancebos que se habían criado con él, le respondieron, diciendo: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo: mas tú disminúyenos algo: así les hablarás: El menor dedo de los míos, es más grueso que los lomos de mi padre. Ahora pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo. Mi padre os hirió con azotes, mas yo os heriré con escorpiones. Y la tercero día vino Jeroboam y todo el pueblo a Roboam, como el rey no había mandado, diciendo: Volvéd a mí al tercero día. Y el rey respondió al pueblo duramente, dejado el consejo de los ancianos, que le habían dado. Y hablóles conforme al consejo de los mancebos, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os hirió con azotes, mas yo os heriré con escorpiones. Y no oyó el rey al pueblo; porque era ordenación de Jehová para confirmar su palabra, que Jehová había hablado por mano de Ahías, Silonita, a Jeroboam, hijo de Nabat. Y cuando todo el pueblo vió, que el rey no los había oido, respondióle estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No hay heredad en el hijo de Isaí. Israel, a tus estancias. Provee ahora en tu casa, David. Entónces Israel se fué a sus estancias. Y reinó Roboam sobre los hijos de Israel, que moraban en las ciudades de Judá. Y el rey Roboam envió a Aduram que estaba sobre los tributos; y todo Israel le apedreó a piedra, y murió. Entónces el rey Roboam se esforzó a subir en un carro, y huir a Jerusalem. Así se separó Israel de la casa de David hasta hoy. Y aconteció que oyendo todo Israel que Jeroboam era vuelto, enviaron y le llamaron a la congregación, e hiciéronle rey sobre todo Israel, sin quedar tribu alguna que siguiese la casa de David, sino solo la tribu de Judá. Y como Roboam vino a Jerusalem, juntó toda la casa de Judá, y la tribu de Benjamín, ciento y ochenta mil hombres escogidos de guerra, para hacer guerra a la casa de Israel, y reducir el reino a Roboam, hijo de Salomón. Mas fué palabra de Jehová a Semeías, varón de Dios, diciendo: Habla a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá, y de Benjamín, y a los demás del pueblo, diciendo: Así dijo Jehová: No vayáis, ni peléeis contra vuestros hermanos los hijos de Israel: volvéos cada uno a su casa; porque este negocio yo lo he hecho. Y ellos oyeron la palabra de Dios, y volviéronse, y fuéronse, conforme a la palabra de Jehová. Y reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraim, y habitó en ella: y saliendo de allí reedificó a Fanuel. Y dijo Jeroboam en su corazon: Ahora se volverá el reino a la casa de David, Si este pueblo subiere a sacrificar a la casa de Jehová en Jerusalem; porque el corazón de este pueblo se convertirá a su señor Roboam, rey de Judá, y matarme han, y tornarse han a Roboam rey de Judá. Y habido consejo, el rey hizo dos becerros de oro, y díjoles: Harto habéis subido a Jerusalem, he aquí tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso el uno en Betel, y el otro puso en Dan. Y esto fué ocasión de pecado: porque el pueblo iba delante del uno hasta Dan. Hizo también casa de altos, e hizo sacerdotes parte del pueblo que no eran de los hijos de Leví. E instituyó Jeroboam solemnidad en el mes octavo, a los quince del mes, conforme a la solemnidad que se celebraba en Judá: y sacrificó sobre altar, así hizo en Betel sacrificando a los becerros que hizo. Y ordenó en Betel sacerdotes de los altos que él había hecho. Y sacrificó sobre el altar que él había hecho en Betel a los quince del mes octavo, el mes que él había inventado de su corazon; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar olores. Y HE aquí que un varón de Dios, por palabra de Jehová, vino de Judá a Betel: y estando Jeroboam al altar para quemar perfumes. El clamó contra el altar por palabra de Jehová, y dijo: Altar, altar, así dijo Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo, llamado Josías, el cual sacrificará sobre tí a los sacerdotes de los altos que queman sobre tí perfumes; y sobre tí quemarán huesos de hombres. Y aquel mismo día dió una señal diciendo: Esta es la señal que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará. Y como el rey oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar en Betel, extendiendo su mano desde el altar, Jeroboam dijo: Prendédle: mas la mano, que había extendido contra él, se le secó, que no la pudo tornar a sí. Y el altar se rompió, y la ceniza se derramó del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová. Entónces respondiendo el rey, y dijo al varón de Dios: Yo te ruego que rueges a la faz de Jehová tu Dios, y ora por mí, que mi mano me sea restituida. Y el varón de Dios oró a la faz de Jehová, y la mano del rey se volvió a él, y se tornó como ántes. Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré don. Mas el varón de Dios dijo al rey: Si me dieses la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan, ni bebería agua en este lugar: Porque así me es mandado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni vuelvas por el camino que fueres. Y así se vino por otro camino, y no volvió por el camino por donde había venido a Betel. Y moraba en Betel un viejo profeta, al cual vino su hijo, y contóle todo el hecho que el varón de Dios había hecho aquel día en Betel: y contaron a su padre las palabras que había hablado al rey. Y su padre les dijo: ¿Por qué camino fué? Y sus hijos le mostraron el camino por donde se había tornado el varón de Dios, que había venido de Judá. Y él dijo a sus hijos: Enalbardádme el asno. Y ellos le enalbardaron el asno, y subió en él. Y yendo tras el varón de Dios, hallóle que estaba sentado debajo de un alcornoque: y díjole: ¿Eres tú el varón de Dios, que veniste de Judá? Y él dijo: Yo soy. Y él le dijo: Ven conmigo a casa, y come del pan. Y él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo: ni tampoco comeré pan, ni beberé agua contigo en este lugar; Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan, ni bebas agua allá: ni vuelvas por el camino que fueres. Y el otro le dijo: Yo también soy profeta como tú; y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Vuélvele contigo a tu casa, para que coma pan, y bebe agua. Mintióle. Entónces volvió con él; y comió del pan en su casa, y bebió del agua. Y aconteció que estando ellos a la mesa, fué palabra de Jehová al profeta que le había hecho volver: Y clamó al varón de Dios, que había venido de Judá, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al dicho de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había mandado, Ántes volviste, y comiste del pan, y bebiste del agua en el lugar donde Jehová te había dicho, que ni comieses pan, ni bebieses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres. Y como hubo comido del pan, y bebido, el profeta que le había hecho volver le enalbardó un asno: Y yéndose, topóle un león en el camino, y le mató; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno estaba junto a él, y el león también estaba junto al cuerpo. Y, he aquí, unos que pasaban, y vieron el cuerpo que estaba echado en el camino, y el león que estaba junto al cuerpo; y vinieron, y lo dijeron en la ciudad donde el viejo profeta habitaba. Y oyéndolo el profeta que le había vuelto del camino, dijo: Varón de Dios es, que fué rebelde al dicho de Jehová: por tanto Jehová le ha entregado al león, que le ha quebrantado y muerto, conforme a la palabra de Jehová, que él le dijo. Y habló a sus hijos, y díjoles: Enalbardádme un asno. Y ellos se le enalbardaron. Y él fué, y halló su cuerpo tendido en el camino, y el asno y el león estaban junto al cuerpo: el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno. Y tomando el profeta el cuerpo del varón de Dios, púsole sobre el asno, y tornóle. Y el profeta viejo vino a la ciudad, para endecharle y enterrarle. Y puso su cuerpo en su sepulcro: y endecháronle, diciendo: ¡Ay, hermano mío! Y después que le hubieron enterrado habló a sus hijos, diciendo: Cuando yo muriere, enterrádme en el sepulcro en que está sepultado el varón de Dios: ponéd mis huesos junto a los suyos; Porque sin duda vendrá lo que él dijo a voces por palabra de Jehová contra el altar que está en Betel, y contra todas las casas de los altos, que están en las ciudades de Samaria. Después de esta palabra no se tornó Jeroboam de su camino malo; ántes volvió, e hizo sacerdotes de los altos parte del pueblo, y quien quería se consagraba, y era de los sacerdotes de los altos. Y esto fué causa de pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fué cortada y raida de sobre la haz de la tierra. EN aquel tiempo Abías, hijo de Jeroboam, cayó enfermo. Y dijo Jeroboam a su mujer: Levántate ahora, y disfrázate, porque no te conozcan que eres la mujer de Jeroboam; y vé a Silo, que allá está Ahías profeta, el que me dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo. Y toma en tu mano diez panes, y turrones, y una botija de miel, y vé a él: para que te declare lo que ha de ser de este mozo. Y la mujer de Jeroboam hízolo así: y levantóse, y fué a Silo, y vino a casa de Ahías: y Ahías no podía ya ver, que sus ojos se habían oscurecido a causa de su vejez. Mas Jehová había dicho a Ahías: He aquí que la mujer de Jeroboam vendrá a consultarte por su hijo que está enfermo. Tu, pues, responderle has así, y así: Y será, que cuando ella vendrá, vendrá disimulada. Y como Ahías oyó el sonido de sus piés, que entraba por la puerta, dijo: Entra mujer de Jeroboam, ¿por qué te disimulas? empero yo soy enviado a tí con revelación dura. Vé, y dí a Jeroboam: Así dijo Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te hice príncipe sobre mi pueblo Israel: Y rompí el reino de la casa de David, y te lo entregué a tí: y tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos, y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo que era derecho delante de mis ojos; Ántes hiciste lo malo sobre todos los que han sido ántes de tí: que fuiste, y te hiciste otros dioses y fundiciones para enojarme, y a mí me echaste tras tus espaldas: Por tanto he aquí que yo traigo mal sobre la casa de Jeroboam; y yo talaré de Jeroboam todo meante a la pared, así el guardado, como el desamparado en Israel: y yo barreré la posteridad de la casa de Jeroboam; como es barrido el estiércol, hasta que sea acabada. El que muriere de los de Jeroboam en la ciudad, los perros le comerán: y el que muriere en el campo, comerle han las aves del cielo; porque Jehová lo ha dicho. Y tú levántate y véte a tu casa, que en entrando tu pié en la ciudad, el mozo morirá; Y todo Israel le endechará, y enterrarle han; porque aquel solo de los de Jeroboam entrará en sepultura; por cuanto se ha hallado en él alguna cosa buena de Jehová Dios de Israel, en la casa de Jeroboam. Y Jehová se despartará rey sobre Israel, que talará la casa de Jeroboam en este día: ¿y qué, si ahora? Y Jehová herirá a Israel, como la caña que se mueve en las aguas: y él arrancará a Israel de esta buena tierra, que él había dado a sus padres, y esparcirlos ha de la otra parte del río, por cuanto han hecho sus bosques, enojando a Jehová. Y él entregará a Israel por los pecados de Jeroboam, el cual pecó, y ha hecho pecar a Israel. Entónces la mujer de Jeroboam se levantó, y se fué, y vino a Tersa: y entrando ella por el umbral de la casa, el mozo murió. Y le enterraron, y todo Israel le endechó, conforme a la palabra de Jehová, que él había hablado por mano de su siervo Ahías profeta. Los otros hechos de Jeroboam, que guerras hizo, y como reinó, todo está escrito en el libro de las palabras de los dias de los reyes de Israel. El tiempo que reinó Jeroboam, fueron veinte y dos años: y habiendo dormido con sus padres, reinó en su lugar Nadab su hijo. Y Roboam, hijo de Salomón, reinó en Judá. De cuarenta y un años era Roboam cuando comenzó a reinar; y diez y siete años reinó en Jerusalem, ciudad que Jehová eligió de todas las tribus de Israel para poner allí su nombre. El nombre de su madre fué Naama Ammonita. Y Judá hizo lo malo en los ojos de Jehová, y enojáronle más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que pecaron. Porque ellos también se edificaron altos, estatuas, y bosques en todo collado alto, y debajo de todo árbol sombrío. Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las gentes, que Jehová había echado delante de los hijos de Israel. Al quinto año del rey Roboam subió Sesac rey de Egipto contra Jerusalem. Y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y saqueólo todo. Y tomó todos los escudos de oro, que Salomón había hecho. E hizo el rey Roboam en lugar de ellos escudos de metal, y dióles en mano de los capitanes de los de la guardia, que guardaban la puerta de la casa real. Y cuando el rey entraba en la casa de Jehová, los de la guardia los llevaban: y después los ponían en la cámara de los de la guardia. Lo demás de los hechos de Roboam, y todas las cosas que hizo, ¿no están escritas en las crónicas de los reyes de Judá? Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los dias. Y durmió Roboam con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David. El nombre de su madre fué Naama Ammonita. Y reinó en su lugar Abiam su hijo. EN el año diez y ocho del rey Jeroboam, hijo de Nabat, Abiam comenzó a reinar sobre Judá. Reinó tres años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Maaca, hija de Abesalón. Y anduvo en todos los pecados de su padre, que hizo ántes de él, y no fué su corazón perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de David su padre. Mas por causa de David, Jehová su Dios le dió lámpara en Jerusalem, despertándole su hijo después de él, y confirmando a Jerusalem: Por cuanto David había hecho lo que era recto delante de los ojos de Jehová, y de ninguna cosa que le mandase se había apartado en todos los dias de su vida, sino fué el negocio de Urías Jetteo. Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los dias de su vida. Lo demás de los hechos de Abiam, y todas las cosas que hizo, ¿no estan escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y hubo guerra entre Abiam y Jeroboam. Y durmió Abiam con sus padres, y sepultáronle en la ciudad de David: y reinó Asa su hijo en su lugar. En el año veinte de Jeroboam rey de Israel, Asa comenzó a reinar sobre Judá. Y reinó cuarenta y un años en Jerusalem: el nombre de su madre fué Maaca, hija de Abesalón. Y Asa hizo lo que era recto delante de los ojos de Jehová, como David su padre; Porque quitó los sodomitas de la tierra, y quitó todas las suciedades que sus padres habían hecho. Y también privó a su madre Maaca de ser princesa, porque había hecho un ídolo en un bosque. Y Asa deshizo el ídolo de su madre, y le quemó junto al arroyo de Cedrón. Mas los altos no se quitaron: empero el corazón de Asa fué perfecto con Jehová toda su vida. También metió en la casa de Jehová lo que su padre había dedicado, y lo que él dedicó, oro, y plata, y vasos. Y hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el tiempo de ámbos. Y subió Baasa rey de Israel contra Judá, y edificó a Rama, para no dejar salir ni entrar a ninguno de Asa rey de Judá. Y tomando Asa toda la plata y oro que había quedado en los tesoros de la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real, los entregó en las manos de sus siervos, y enviólos el rey Asa a Benadad, hijo de Tabrimón, hijo de Hezión, rey de Siria, el cual residia en Damasco, diciendo: Alianza hay entre mí y tí, y entre mi padre y el tuyo: he aquí que yo te envio un presente de plata y oro: vé, y rompe tu alianza con Baasa rey de Israel para que se aparte de mí. Y Ben-adad consintió con el rey Asa, y envió los príncipes de los ejércitos que tenía contra las ciudades de Israel: e hirió a Ahión, y a Dan, y a Abel Betmaaca, y a toda Cenerot, con toda la tierra de Neftalí. Y oyendo esto Baasa, dejó de edificar a Rama, y estúvose en Tersa. Entónces el rey Asa juntó a todo Judá, sin quedar ninguno, y quitaron la piedra y la madera de Rama, con que Baasa edificaba, y edificó con ello el rey Asa a Gabaa de Benjamín, y a Maspa. Lo demás de todos los hechos de Asa, y toda su fortaleza, y todas las cosas que hizo, y las ciudades que edificó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Con todo eso, en el tiempo de su vejez, enfermó de sus piés. Y durmió Asa con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre: y reinó en su lugar Josafat su hijo. Y Nadab, hijo de Jeroboam, comenzó a reinar sobre Israel en el segundo año de Asa rey de Judá; y reinó sobre Israel dos años. E hizo lo malo delante de los ojos de Jehová, andando en el camino de su padre, y en sus pecados con que hizo pecar a Israel. Y Baasa, hijo de Ahías, el cual era de la casa de Isacar, hizo conspiración contra él, y le hirió Baasa en Gebbetón, que era de los Filisteos; porque Nadab, y todo Israel tenían cercado a Gebbetón. Y le mató Baasa en el tercero año de Asa rey de Judá, y reinó en su lugar. Y como él vino al reino, hirió toda la casa de Jeroboam; sin dejar alma de los de Jeroboam hasta raerle, conforme a la palabra de Jehová, que él habló por su siervo Ahías, Silonita, Por los pecados de Jeroboam que él hizo, y con los cuales hizo pecar a Israel; y por su provocación con que provocó a enojo a Jehová Dios de Israel. Lo demás de los hechos de Nadab, y todas las cosas que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel todo el tiempo de ámbos. En el tercero año de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Baasa, hijo de Ahías, sobre todo Israel en Tersa, y reinó veinte y cuatro años. E hizo lo malo delante de los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de Jeroboam, y en su pecado con que hizo pecar a Israel. Y FUÉ palabra de Jehová a Jehú, hijo de Hanani, contra Baasa, diciendo: Por cuanto yo te levanté del polvo, y te puse por príncipe sobre mi pueblo Israel, mas tú has andado en el camino de Jeroboam, y has hecho pecar a mi pueblo Israel, provocándome a ira en sus pecados: He aquí yo barro la posteridad de Baasa, y la posteridad de su casa; y pondré tu casa, como la casa de Jeroboam, hijo de Nabat. El que de Baasa fuere muerto en la ciudad, los perros le comerán: y el que de él fuere muerto en el campo, comerle han las aves del cielo. Lo demás de los hechos de Baasa, y las cosas que hizo, y su fortaleza, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y durmió Baasa con sus padres, y fué sepultado en Tersa; y reinó en su lugar Ela su hijo. Y asimismo había sido palabra de Jehová por Jehú, hijo de Hanani, profeta, sobre Baasa, y sobre su casa, y sobre todo lo malo que hizo delante de los ojos de Jehová, provocándole a ira con las obras de sus manos, que sería hecha como la casa de Jeroboam: y sobre que le había herido. En el año veinte y seis de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Ela, hijo de Baasa, sobre Israel en Tersa, dos años: E hizo conjuración contra él su siervo Zambri, príncipe sobre la mitad de los carros: y estando él en Tersa bebiendo, y embriagado en casa de Arsa su mayordomo en Tersa, Vino Zambri, y le hirió, y mató en el año veinte y siete de Asa rey de Judá, y reinó en su lugar. Y reinando él, y estando asentado en su trono hirió toda la casa de Baasa sin dejar en ella meante a la pared, ni sus parientes ni amigos. Y así rayó Zambri toda la casa de Baasa, conforme a la palabra de Jehová, que había hablado contra Baasa por Jehú profeta: Por todos los pecados de Baasa, y los pecados de Ela su hijo, con que ellos pecaron, e hicieron pecar a Israel, provocando a enojo a Jehová Dios de Israel con sus vanidades. Los demás hechos de Ela, y todas las cosas que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? En el año veinte y siete de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Zambri siete dias en Tersa: y el pueblo había asentado campo sobre Gebbetón, ciudad de los Filisteos. Y el pueblo que estaba en el campo oyendo decir: Zambri ha hecho conjuración, y ha muerto al rey, entónces todo Israel levantó por rey sobre Israel a Amrí, general del ejército, el mismo día en el campo. Y subió Amrí y todo Israel con él de Gebbetón, y cercáron a Tersa. Y viendo Zambri tomada la ciudad se metió en el palacio de la casa real, y pegó fuego a la casa consigo; y murió, Por sus pecados con que él pecó, haciendo lo malo delante de los ojos de Jehová, y andando en los caminos de Jeroboam, y en sus pecados que hizo, haciendo pecar a Israel. Los demás hechos de Zambri, y su conspiración, que conspiró, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Entónces el pueblo de Israel fué dividido en dos partes; la mitad del pueblo seguía a Tebni, hijo de Ginet, para hacerle rey: y la otra mitad seguía a Amrí. Mas el pueblo que seguía a Amrí, pudo más que el que seguía a Tebni, hijo de Ginet: y Tebni murió, y Amrí fué rey. En el año treinta y uno de Asa rey de Judá, Amrí reinó sobre Israel doce años: y en Tersa reinó seis años. Este compró el monte de Samaria de Semer por dos talentos de plata: y edificó en el monte, y llamó el nombre de la ciudad que edificó, como el nombre de Semer, señor del monte de Samaria. E hizo Amrí lo malo delante de los ojos de Jehová, e hizo peor que todos los que habían sido ántes de él. Porque anduvo en todos los caminos de Jeroboam, hijo de Nabat, y en su pecado con que hizo pecar a Israel, provocandó a ira a Jehová Dios de Israel con sus vanidades. Lo demás de los hechos de Amrí, y todas las cosas que hizo, y sus valentías que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y Amrí durmió con sus padres, y fué sepultado en Samaria; y reinó en su lugar Acab su hijo. Y comenzó a reinar Acab, hijo de Amrí, sobre Israel el año treinta y ocho de Asa rey de Judá. Y reinó Acab, hijo de Amrí, sobre Israel en Samaria, veinte y dos años. Y Acab, hijo de Amrí, hizo lo malo delante de los ojos de Jehová sobre todos los que fueron ántes de él. Porque le fué ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal, rey de los Sidonios: y fué, y sirvió a Baal, y le adoró. E hizo altar a Baal, en el templo de Baal que él edificó en Samaria. Hizo también Acab bosque: y añadió Acab haciendo provocar a ira a Jehová Dios de Israel, más que todos los reyes de Israel, que fueron ántes de él. En su tiempo Hiel de Betel reedificó a Jericó. En Abiram su primogénito la fundó: y en Segub su hijo postrero puso sus puertas, conforme a la palabra de Jehová que había hablado por Josué, hijo de Nun. ENTÓNCES Elías Tesbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, delante del cual yo estoy, que no habrá lluvia, ni roció en estos años, sino por mi palabra. Y fué palabra de Jehová a el, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Carit, que está ántes del Jordan. Y beberás del arroyo, y yo he mandado a los cuervos, que te den allí de comer. Y él fué, e hizo conforme a la palabra de Jehová: y fuése y asentó junto al arroyo de Carit, que está ántes del Jordán. Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne a la tarde, y bebía del arroyo. Pasados algunos dias, el arroyo se secó; porque no había llovido sobre la tierra. Y fué a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, véte a Sarepta de Sidón, y allí morarás: he aquí que yo he mandado allí a una mujer viuda que te sustente. Entónces él se levantó; y se fué a Sarepta. Y como llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí cogiendo serojas: y él la llamó, y díjole: Ruégote que me traigas una poca de agua en un vaso, que beba. Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y díjole: Ruégote que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Y ella respondió: Vive Jehová Dios tuyo, que no tengo pan cocido: que solamente un púño de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una botija: y ahora cogía dos serojas, para entrarme y aparejarlo para mí y para mi hijo, y que lo comamos, y después nos muramos. Y Elías le dijo: No hayas temor: vé, haz como has dicho; empero házme a mí primero de ahí una pequeña torta debajo de la ceniza y traémela: y después harás para tí y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel dijo así: La tinaja de la harina no faltará, ni la botija del aceite se disminuirá, hasta aquel día en que Jehová dará lluvia sobre la haz de la tierra. Entónces ella fué, e hizo como le dijo Elías, y comió él, y ella, y su casa algunos dias. Y la tinaja de la harina nunca faltó, ni la botija del aceite menguó, conforme a la palabra de Jehová, que había dicho por Elías. Después de estas cosas aconteció, que cayó enfermo el hijo de la señora de la casa, y la enfermedad fué tan grave, que no quedó en él resuello. Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo varón de Dios? ¿Has venido a mí para traer en memoria mis iniquidades, y para hacerme morir mi hijo? Y él le dijo: Dáme acá tu hijo: entónces él le tomó de su regazo, y le llevó a la cámara donde él estaba, y púsole sobre su cama; Y clamando a Jehová, dijo: ¿Jehová Dios mío, aun la viuda en cuya casa yo soy hospedado, has afligido, matándole su hijo? Y midióse sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová, y dijo: Jehová Dios mío, ruégote que vuelva el alma de este niño a sus entrañas. Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a sus entrañas, y revivió. Y tomando Elías al niño, trájole de la cámara a la casa, y dióle a su madre, y díjole Elías: Mira, tu hijo vive. Entónces la mujer dijo a Elías: Yo conozco ahora que tú eres varón de Dios: y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca. PASADOS muchos dias, fué palabra de Jehová al tercer año a Elías, diciendo: Vé, muestrate a Acab, y yo daré lluvia sobre la haz de la tierra. Y Elías fué para mostrarse a Acab: y había grande hambre en Samaria. Y Acab llamó a Abdías su mayordomo, el cual Abdías era en grande manera temeroso de Jehová. Porque cuando Jezabel talaba los profetas de Jehová, Abdías tomó cien profetas, los cuales escondió de cincuenta en cincuenta por cuevas, y los sustentó a pan y agua. Y dijo Acab a Abdías: Vé por la provincia a todas las fuentes de aguas, y a todos los arroyos, si a dicha hallaremos grama, con que conservemos la vida a los caballos y a las acémilas, para que no nos quedemos sin bestias. Y partieron entre sí la provincia para andarla: Acab fué por sí por un camino, y Abdías fué por sí por otro. Y yendo Abdías por el camino, topóse con Elías: y como le conoció, postróse sobre su rostro, y dijo: ¿No eres tú mi señor Elías? Y él respondió: Yo soy. Vé; dí a tu amo: He aquí Elías. Y él dijo: ¿En qué he pecado, para que tú entregues tu siervo en mano de Acab, para que me mate? Vive Jehová tu Dios, que ni ha habido nación, ni reino donde mi señor no haya enviado a buscarte: y respondiendo todos: No está aquí; él ha conjurado a reinos y a naciones, si te han hallado. Y ahora tú dices: Vé; dí a tu amo: Aquí está Elías. Y acontecerá que desde que yo me haya partido de tí, el Espíritu de Jehová te llevará donde yo no sepa: y viniendo yo, y dando las nuevas a Acab, y no hallándote él, él me matará: y tu siervo teme a Jehová desde su mocedad. ¿No ha sido dicho a mi señor lo que hice, cuando Jezabel mataba los profetas de Jehová; que escondí de los profetas de Jehová cien varones, de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los mantuve a pan y agua? ¿Y ahora dices tú: Vé; dí a tu amo: Aquí está Elías, para que él me mate? Y díjole Elías: Vive Jehová de los ejércitos, delante del cual estoy, que hoy me mostraré a él. Entónces Abdías fué a encontrarse con Acab, y dióle el aviso: y Acab vino a encontrarse con Elías. Y como Acab vió a Elías, díjole Acab: ¿Eres tú él que alborotas a Israel? Y él respondió: Yo no he alborotado a Israel, sino tú, y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los Baales. Envia pues ahora, y júntame a todo Israel en el monte de Carmelo, y los cuatrocientos y cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de los bosques, que comen de la mesa de Jezabel. Entónces Acab envió a todos los hijos de Israel, y juntó los profetas en el monte de Carmelo: Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo cojearéis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguídle: y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. Y Elías tornó a decir al pueblo: Solo yo he quedado profeta de Jehová; y de los profetas de Baal hay cuatrocientos y cincuenta varones. Dénsenos pues dos bueyes, y escójanse ellos el uno, y córtenle en piezas, y pónganle sobre leña, mas no pongan fuego debajo; y yo aparejaré el otro buey, y le pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. Y vosotros invocaréis en el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré en el nombre de Jehová; y será, que el Dios que respondiere por fuego, sea el Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Es bien dicho. Entónces Elías dijo a los profetas de Baal: Escojéos el un buey, y hacéd primero: porque vosotros sois los más: e invocád en el nombre de vuestros dioses: mas no pongáis fuego debajo. Y ellos tomaran el buey que les fué dado, y aparejáronle, e invocaron en el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: Baal respóndenos. Mas no había voz, ni quien respondiese: entre tanto ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritád a alta voz; que dios es, quizá tiene negocio, o va en seguimiento, o va algún camino, o duerme, y despertará. Y ellos clamaban a grandes voces, y sajábanse con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta derramar sangre sobre sí: Y como pasó el mediodía, y ellos aun profetizasen hasta el tiempo del sacrificio del presente, y no había voz, ni quien respondiese, ni escuchase; Entónces Elías dijo a todo el pueblo: Acercáos a mí. Y todo el pueblo se llegó a él, y él reparó el altar de Jehová que estaba a ruinado. Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido palabra de Jehová, diciendo: Israel será tu nombre; Edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová: después hizo una regadera al rededor del altar, cuanto cupieran dos satos de simiente. Después compuso la leña, y cortó el buey en piezas, y púsole sobre la leña. Y dijo: Henchíd cuatro cántaros de agua, y derramádla sobre el holocausto, y sobre la leña. Y dijo: Hacédlo otra vez, e hiciéronlo otra vez: Y dijo: Hacédlo la tercera vez. E hiciéronlo la tercera vez, De tal manera que las aguas corrían al rededor del altar, y había también henchido la reguera de agua. Y como llegó la hora de ofrecerse el holocausto, llegóse el profeta Elías, y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, sea hoy manifiesto, que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tú siervo, y que por mandamiento tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo, que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú volviste atrás el corazón de ellos. Entónces cayó fuego de Jehová, el cual consumió el holocausto, y la leña, y las piedras, y el polvo, y aun las aguas que estaban en la reguera lamió. Y viéndolo todo el pueblo, cayeron sobre sus rostros, y dijeron: Jehová es el Dios, Jehová es el Dios. Y díjoles Elías: Prendéd a los profetas de Baal, que no escape ninguno. Y ellos los prendieron: y llevólos Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló. Entónces Elías dijo a Acab: Sube, come, y bebe, porque una grande lluvia suena. Y Acab subió a comer y a beber, y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose a tierra puso su rostro entre las rodillas, Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia la mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. Y a la séptima vez dijo: He aquí una pequeña nube, como la palma de la mano de un hombre, que sube de la mar. Y él dijo: Vé, y dí a Acab: Unce el carro, y desciende, porque la lluvia no te ataje. Y aconteció estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes, y viento, e hizo una gran lluvia. Y subiendo Acab vino a Jezrael. Y la mano de Jehová fué sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y vino corriendo delante de Acab hasta llegar a Jezrael. Y ACAB dió la nueva a Jezabel de todo lo que Elías había hecho, y como había pasado a cuchillo todos los profetas. Y envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y así me añadan, si mañana a estas horas yo no haya puesto tu alma como la de uno de ellos. Y él hubo temor, y levantóse, y fuése, por escapar su vida, y vino a Beer-seba, que es en Judá, y dejó allí su criado. Y él se fué por el desierto un día de camino: y vino, y se sentó debajo de un Enebro, y deseando morirse, dijo: Baste ya, oh Jehová, quita mi alma; que no soy yo mejor que mis padres. Y echándose debajo de un Enebro, se durmió; y he aquí luego un ángel, que le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entónces el miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y un vaso de agua; y comió y bebió, y volvióse a dormir. Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, tocóle, diciendo: Levántate, come: porque gran camino te resta. Y levantóse, y comió, y bebió, y caminó con la fortaleza de aquella comida cuarenta dias, y cuarenta noches, hasta el monte de Dios, Horeb. Y allí se metió en una cueva, donde tuvo la noche. Y fué a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? Y él respondió: Celando he celado por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu alianza, han derribado tus altares, y han pasado a cuchillo tus profetas, y yo solo he quedado: y buscan mi vida para quitármela. Y él le dijo: Sal fuera, y pónte en el monte delante de Jehová. Y, he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová: mas Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento, un temblor: mas Jehová no estaba en el temblor: Y tras el temblor, un fuego: mas Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego, un silbo quieto y delicado. El cual como Elías oyó, cubrió su rostro con su manto: y salió, y paróse a la puerta de la cueva: Y, he aquí una voz a él, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? Y él respondió: He celado con zelo por Jehová Dios de los ejércitos: porque los hijos de Israel han dejado tu alianza, han derribado tus altares, y han pasado a cuchillo tus profetas, y yo solo he quedado: y buscan mi vida para quitármela. Y díjole Jehová: Vé, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco: y vendrás, y ungirás a Hazael por rey de Siria; Y a Jehú, hijo de Namsi, ungirás por rey sobre Israel: y a Eliseo, hijo de Safat, de Abelmejula ungirás para que sea profeta en lugar de tí. Y será, que él que escapare de la espada de Hazael, Jehú le matará: y él que escapare de la espada de Jehú, Eliseo le matará. Y yo haré que queden en Israel siete mil: todas rodillas que no se encorvaron a Baal, y todas bocas que no le besaron. Y partiéndose él de allí, halló a Eliseo, hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí: y él era uno de los doce gañanes. Y pasando Elías por delante de él, echó su manto sobre él. Entónces él dejando los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Ruégote que me dejes besar mi padre y mi madre, y luego iré tras tí. y él le dijo: Vé, y vuelve, ¿qué te he yo hecho? Y volvióse de en pos de él, y tomó un par de bueyes, y matólos, y con el arado de los bueyes coció la carne de ellos, y dióla al pueblo que comiesen: y después se levantó, y fué tras Elías, y le servía. ENTÓNCES Ben-adad rey de Siria juntó todo su ejército, y con él treinta y dos reyes con caballos y carros; y subió, y puso cerco a Samaria, y la combatia. Y envió mensajeros a Acab rey de Israel a la ciudad, diciendo: Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro es mío, y tus mujeres, y tus hijos hermosos son míos. Y el rey de Israel respondió, y dijo: Como tú lo dices rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que tengo. Y volviendo los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-adad: Envio yo a tí, diciendo: Tu plata y tu oro, y tus mujeres, y tus hijos me darás; y mañana a estas horas, Yo enviaré a tí mis siervos, los cuales escudriñarán tu casa, y las casas de tus siervos, y tomarán con sus manos, y llevarán todo lo precioso que tuvieres. Entónces el rey de Israel llamó a todos los ancianos de la tierra, y díjoles: Entendéd, y ved ahora, como este no busca sino mal; porque ha enviado a mi por mis mujeres y mis hijos, y por mi plata y por mi oro; y yo no se lo he negado. Y todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: No le oigas, ni hagas lo que pide. Entónces él respondió a los embajadores de Ben-adad: Decíd al rey mi señor: Todo lo que mandaste a tu siervo al principio, haré: mas esto, no lo puedo hacer. Y los embajadores fueron, y diéronle la respuesta. Y Ben-adad tornó a enviar a él, diciendo: Así me hagan los dioses, y así me añadan, que el polvo de Samaria no bastará a los puños de todo el pueblo que me sigue. Y el rey de Israel respondió, y dijo: Decídle, que no se alabe el que se ciñe, como el que ya se desciñe. Y como el oyó esta palabra, estando bebiendo con los reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: Ponéd. Y ellos pusieron contra la ciudad. Y, he aquí, un profeta vino a Acab rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta tan grande multitud? He aquí, yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová. Y respondió Acab: ¿Por mano de quién? Y él dijo: Así dijo Jehová: Por mano de los criados de los príncipes de las provincias. Y él tornó a decir: ¿Quién comenzará la batalla? Y él respondió: Tú. Entónces él reconoció los criados de los príncipes de las provincias, los cuales fueron doscientos y treinta y dos. Luego reconoció todo el pueblo, todos los hijos de Israel, que fueron siete mil. Y salieron a mediodía: y Ben-adad estaba bebiendo, borracho en las tiendas, él y los reyes: treinta y dos reyes, que habían venido en su ayuda. Y los criados de los príncipes de las provincias salieron los primeros. Y Ben-adad había enviado quien le dió aviso, diciendo: Varones han salido de Samaria. El entónces dijo: Si han salido por paz, tomádlos vivos: y si han salido para pelear tomádlos vivos. Y los criados de los príncipes de las provincias salieron de la ciudad, y después de ellos el ejército. E hirió cada uno al que venía contra sí; y los Siros huyeron, siguiéndolos los de Israel, Y el rey de Siria Ben-adad se escapó sobre un caballo, y la gente de a caballo. Y salió el rey de Israel, e hirió la gente de a caballo y los carros: y deshizo los Siros con grande estrago. Y llegándose el profeta al rey de Israel, díjole: Vé, esfuérzate: sabe y mira lo que has de hacer, porque pasado el año el rey de Siria ha de venir contra tí. Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido: mas si peléaremos con ellos en campaña, verse ha si no los venciéremos. Haz pues así: saca los reyes cada uno de su lugar, y pon capitanes en lugar de ellos. Y tú házte otro ejército cual fué el ejército que perdiste: caballos por caballos, y carros por carros; y peléaremos con ellos en campo raso, y veremos si no los vencemos. Y él los oyó, e hízolo así. Pasado el año, Ben-adad reconoció los Siros, y vino en Afec a pelear contra Israel. Y los hijos de Israel fueron también reconocidos, y tomando viandas fuéronles al encuentro, y asentaron campo los hijos de Israel delante de ellos, como dos rebañuelos de cabras: y los Siros henchían la tierra. (Y llegándose el varón de Dios al rey de Israel hablóle, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los Siros han dicho: Jehová es Dios de los montes, no Dios de los valles, yo entregaré toda esta grande multitud en tu mano: para que conozcáis que yo soy Jehová. Siete dias tuvieron asentado campo los unos delante de los otros, y al séptimo día se dió la batalla: y mataron los hijos de Israel de los Siros en un día cien mil hombres de a pié. Los demás huyeron a Afec a la ciudad: y el muro cayó sobre veinte y siete mil hombres, que habían quedado: y Ben-adad vino huyendo a la ciudad, y escondíase de cámara en cámara. Entónces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oido de los reyes de la casa de Israel, que son clementes reyes: pongamos pues ahora sacos en nuestros lomos, y sogas en nuestras cabezas, y salgamos al rey de Israel: por ventura ta dará la vida. Y ciñeron sus lomos de sacos, y sogas a sus cabezas, y vinieron al rey de Israel, y dijéronle: Tu siervo Ben-adad dice: Ruégote que me des la vida. Y él respondió: Si él aun vive, mi hermano es. Esto tomaron aquellos varones por buen agüero, y tomaron presto esta palabra de su boca, y dijeron: Ben-adad tu hermano. Y él dijo: Id, y traédmele. Y Ben-adad salió a él, y él le hizo subir en un carro: Y él le dijo: Las ciudades que mi padre tomo al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para tí, como mi padre las hizo en Samaria: y yo me partiré de tí confederado. Y él hizo con él alianza, y envióle. Entónces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Y él otro varón no le quiso herir. Y él le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí, en apartándote de mí un león te herirá. Y como se apartó de él, topóle un león, y le hirió. Y él topóse con otro varón, y díjole: Hiéreme ahora. Y el otro hombre le hirió, y dióle una cuchillada. Y se fué el profeta, y púsose delante del rey en el camino, y disfrazóse poníendose sobre los ojos un velo. Y como el rey pasaba, él dió voces al rey, y dijo: Tu siervo salió entre el escuadrón, y, he aquí, apartándose uno, trájome a otro, diciendo: Guarda a este hombre; y si él faltare faltando, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata. Y como tu siervo, estaba ocupado a una parte y a otra, él desapareció. Entónces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia: tú la pronunciaste. Entónces él quitó de presto el velo de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los profetas. Y él le dijo: Así dijo Jehová: Por cuanto soltaste de la mano el varón de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo. Y el rey de Israel se fué a su casa triste y enojado: y vino a Samaria. PASADOS estos negocios, acon- teció que Nabot de Jezrael tenía una viña en Jezrael, junto al palacio de Acab rey de Samaria. Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dáme tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana, cerca de mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta: o si mejor te pareciere, pagártela he a su precio de dinero. Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a tí la heredad de mis padres. Y vínose Acab a su casa triste y enojado por la palabra que Nabot de Jezrael le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y acostóse en su cama, y volvió su rostro, y no comió pan. Y vino a él su mujer Jezabel y díjole: ¿Por qué está así triste tu espíritu? ¿y no comes pan? Y él respondió: Porque hablé con Nabot de Jezrael, y díjele, que me diese su viña por dinero: o que, si más quería, le daría otra viña por ella: y él respondió: Yo no te daré mi viña. Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come pan, y alégrate: yo te daré la viña de Nabot de Jezrael. Entónces ella escribió cartas en nombre de Acab, y sellólas con su anillo, y enviólas a los ancianos, y a los principales, que moraban en su ciudad con Nabot. Y las cartas que escribió decían así: Pregonád ayuno: y ponéd a Nabot en la cabecera del pueblo: Y ponéd asimismo dos hombres, hijos de Belial, delante de él, que atestiguen contra él, y digan: Tú has blasfemado a Dios y al rey. Y entónces sacádle, y apedreádle, y muera. Y los de su ciudad, los ancianos y los principales, que moraban en su ciudad, lo hicieron como Jezabel les mandó, conforme a como estaba escrito en las cartas que ella les había enviado. Y pregonaron ayuno, y asentaron a Nabot en la cabecera del pueblo. Y vinieron dos hombres, hijos de Belial, y sentáronse delante de él, y aquellos hombres, hijos de Belial, atestiguaron contra Nabot delante del pueblo, diciendo: Nabot ha blasfemado a Dios y al rey. Y sacáronle fuera de la ciudad, y apedreáronle con piedras, y murió. Y enviaron luego a Jezabel, diciendo: Nabot es apedreado, y muerto. Y como Jezabel oyó, que Nabot era apedreado y muerto, dijo a Acab: Levántate, y posee la viña de Nabot de Jezrael, que no te la quiso dar por dinero: porque Nabot de vive, mas es muerto. Y oyendo Acab que Nabot era muerto, levántose para descender a la viña de Nabot de Jezrael, para tomar la posesión de ella. Entónces fué palabra de Jehová a Elías Tesbita, diciendo: Levántate, desciende a encontrarte con Acab rey de Israel, que está en Samaria: He aquí, el está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar la posesión de ella. Y hablarle has, diciendo: Así dijo Jehová: ¿No mataste, y también has poseido? Y tornarle has a hablar, diciendo: Así dijo Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros también lamerán tu sangre, la tuya misma. Y Acab dijo a Elías: ¿Enemigo mío, me has ya hallado? Y él respondió: Te hallé, porque te has vendido a mal hacer delante de Jehová. He aquí, yo traigo mal sobre tí, y barreré tu posteridad, y talaré de Acab todo meante a la pared, al guardado, y al desamparado en Israel. Y yo pondré tu casa como la casa de Jeroboam, hijo de Nabat, y como la casa de Baasa, hijo de Ahías, por la provocación con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel. De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros comerán a Jezabel en la barbacana de Jezrael. El que de Acab fuere muerto en la ciudad, perros lo comerán: y el que fuere muerto en el campo, comerle han las aves del cielo. A la verdad ninguno fué como Acab, que así se vendiese a hacer lo malo delante de los ojos de Jehová: porque Jezabel su mujer le incitaba. El fué en grande manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los Amorreos, a los cuales lanzó Jehová delante de los hijos de Israel. Y fué, cuando Acab oyó estas palabras, rompió sus vestidos, y puso saco sobre su carne, y ayunó, y durmió en saco, y anduvo humillado. Entónces fué palabra de Jehová a Elías Tesbita, diciendo: ¿No has visto como Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus dias, en los dias de su hijo traeré el mal sobre su casa. REPOSARON tres años sin gue- rra entre los Siros e Israel. Al tercero año aconteció, que Josafat rey de Judá descendió al rey de Israel. Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que es nuestra Ramot de Galaad? Y nosotros cesamos de tomarla de mano del rey de Siria. Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Como yo, así tú: y como mi pueblo, así tu pueblo: y como mis caballos, tus caballos. Y dijo Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová. Entónces el rey de Israel juntó como cuatrocientos varones profetas, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o dejarla he? Y ellos dijeron: Sube, porque el Señor la entregará en manos del rey. Y dijo Josafat: ¿Hay aun aquí algún profeta de Jehová por el cual consultemos? Y el rey de Israel respondió a Josafat: Aun hay un varón, por el cual podríamos consultar a Jehová, Miqueas, hijo de Jemla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josafat dijo: No hable el rey así. Entónces el rey de Israel llamó a un eunuco, y díjole: Trae presto a Miqueas, hijo de Jemla. Y el rey de Israel, y Josafat rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono real, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria, y todos los profetas profetizaban delante de ellos. Y Sedequias, hijo de Canaana, se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así dijo Jehová: Con estos acornearás a los Siros hasta acabarlos. Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado, que Jehová la dará en mano del rey. Y el mensajero que había ido a llamar a Miqueas, le habló, diciendo: He aquí, las palabras de los profetas a una boca anuncían al rey bien: sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y habla bien. Y Miqueas respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré. Y vino al rey, y el rey le dijo: Miqueas, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o dejarla hemos? Y él le respondió: Sube, que serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del rey. Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces te conjurare, que no me digas sino la verdad, en el nombre de Jehová? Entónces él dijo: Yo ví a todo Israel esparcido por los montes como ovejas que no tienen pastor: y Jehová dijo: Estos no tienen señor, vuélvase cada uno a su casa en paz. Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Este ninguna cosa buena profetizará sobre mí, sino solamente mal. Entónces él dijo: Oye pues palabra de Jehová: Yo ví a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su diestra y a su siniestra. Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba, y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. Y salió un espíritu, y púsose delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? Y él dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Inducirle has, y aun saldrás con ello: sal pues, y házlo así. Y ahora, he aquí, Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos estos tus profetas, y Jehová ha decretado mal sobre tí. Y llegándose Sedequias, hijo de Canaana, hirió a Miqueas en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fué de mí el Espíritu de Jehová para hablarte a tí? Y Miqueas respondió: He aquí, tú lo verás en el mismo día, cuando te irás metiendo de cámara en cámara por esconderte. Entónces el rey de Israel dijo: Toma a Miqueas y vuélvele a Amón gobernador de la ciudad, y a Joas hijo del rey. Y dirás: Así dijo el rey: Echád a este en la cárcel, y mantenédle con pan de angustia, y con agua de angustia, hasta que yo vuelva en paz. Y dijo Miqueas: Si volviendo volvieres en paz, Jehová no ha hablado por mí. Y tornó a decir: Oid todos los pueblos. Así subió el rey de Israel, y Josafat rey de Judá a Ramot de Galaad. Y el rey de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y así entraré en la batalla: y tú vístete tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en la batalla. Y el rey de Siria había mandado a sus treinta y dos capitanes de los carros, diciendo: No peléeis vosotros con grande ni con chico, sino contra solo el rey de Israel. Y como los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Ciertamente este es el rey de Israel, y viniéronse a él para pelear con él: mas el rey Josafat dió voces. Y viendo los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, apartáronse de él. Mas un varón flechando su arco cuanto pudo, hirió al rey de Israel por entre las junturas y las corazas. Y él dijo a su carretero, vuelve las riendas, y sácame del campo, que estoy herido. La batalla se había encendido aquel día, y el rey estaba en su carro delante de los Siros: y a la tarde murió: y la sangre de la herida corría por el seno del carro. Y a puesta del sol pasó un pregón por el campo, diciendo: Cada uno se vaya a su ciudad: y cada uno a su tierra. Y el rey murió, y fué traido a Samaria; y sepultaron al rey en Samaria. Y lavaron el carro en el estanque de Samaria, y los perros lamieron su sangre: y lavaron sus armas, conforme a la palabra de Jehová, que había hablado. Lo demás de los hechos de Acab, y todas las cosas que hizo, y la casa de marfil que edificó, y todas las ciudades, que edificó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y durmió Acab con sus padres, y reinó en su lugar Ocozías su hijo. Y Josafat, hijo de Asa, comenzó a reinar sobre Judá en el cuarto año de Acab rey de Israel. Y era Josafat de treinta y cinco años, cuando comenzó a reinar, y reinó veinte y cinco años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Azuba, hija de Salai. Y anduvo en todo el camino de Asa su padre, sin declinar de él, haciendo lo que era recto en los ojos de Jehová. Con todo eso los altos no fueron quitados; que aun el pueblo sacrificaba, y quemaba olores en los altos. Y Josafat hizo paz con el rey de Israel. Lo demás de los hechos de Josafat, y sus valentías, que hizo, y las guerras que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y el resto de los sodomíticos que habían quedado en el tiempo de su padre Asa, él los barrió de la tierra. Entónces no había rey en Edom, presidente había en lugar de rey. Josafat había hecho navíos en Társis, los cuales habían de ir a Ofir por oro: mas no fueron, porque se rompieron en Asión-gaber. Entónces Ocozías, hijo de Acab, dijo a Josafat: Vayan mis siervos con los tuyos en los navíos: mas Josafat no quiso. Y durmió Josafat con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre: y en su lugar reinó Joram su hijo. Y Ocozías, hijo de Acab, comenzó a reinar sobre Israel, en Samaria, el año diez y siete de Josafat rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel. E hizo lo malo en los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel. 54 Porque sirvió a Baal, y le adoró: y provocó a ira a Jehová Dios de Israel, conforme a todas las cosas que su padre había hecho. DESPUÉS de la muerte de Acab Moab se rebeló contra Israel: Y Ocozías cayó por las rejas de una sala de la casa que tenía en Samaria: y estando enfermo envió mensajeros, y díjoles: Id, y consultad en Baal-zebub dios de Accarón, si tengo de sanar de esta mi enfermedad. Entónces el ángel de Jehová habló a Elías Tesbita: Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria ,y decirles has: ¿No hay Dios en Israel, que vosotros vais a consultar a Baal-zebub dios de Accaron: Por tanto así dijo Jehová: Del lecho en que subiste no descenderás, ántes muriendo morirás. Y Elías se fué. Y como los mensajeros se volvieron al rey, él les dijo: ¿Por qué pues os habéis vuelto? Y ellos le respondieron: Encontramos un varón que nos dijo: Id, y volvéos al rey que os envió, y decídle: Así dijo Jehová: ¿No hay Dios en Israel, que tú envias a consultar a Baal-zebub dios de Accarón? Por tanto del lecho en que subiste, no descenderás, ántes muriendo morirás. Entónces él les dijo: ¿Qué hábito era él de aquel varón que encontrasteis, y que os dijo tales palabras? Y ellos le respondieron: Un varón velloso, y ceñía sus lomos con una cinta de cuero. Entónces él dijo: Elías Tesbita es. Y envió a él un capitán de cincuenta hombres con sus cincuenta, el cual subió a él, y, he aquí que él estaba sentado en la cumbre del monte: y él le dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho, que desciendas. Y Elías respondió, y dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que le consumió a él, y a sus cincuenta. El rey volvió a enviar a él otro capitán de cincuenta hombres con sus cincuenta, y hablóle, y dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho así: Desciende presto. Y respondióle Elías, y dijo: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que le consumió a él y a sus cincuenta. Y volvió a enviar el tercer capitán de cincuenta hombres con sus cincuenta: y subiendo aquel tercero capitán de cincuenta hincóse de rodillas delante de Elías, y rogóle, diciendo: Varón de Dios, ruégote que sea de valor delante de tus ojos mi vida, y la vida de estos tus cincuenta siervos. He aquí, ha descendido fuego del cielo, y ha consumido a dos capitanes de cincuenta hombres los primeros con sus cincuenta: sea ahora mi vida de valor delante de tus ojos. Entónces el ángel de Jehová habló a Elías, diciendo: Desciende con él, no hayas miedo de él. Y él se levantó, y descendió con él al rey: Y díjole: Así dijo Jehová: ¿Por cuánto enviaste mensajeros a consultar a Baal-zebub dios de Accarón, no hay Dios en Israel, para consultar en su palabra? por tanto del lecho en que subiste, no descenderás, ántes muriendo morirás. Y murió conforme a la palabra de Jehová que había hablado Elías, y reinó en su lugar Joram el segundo año de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá, porque no tuvo hijo. Lo demás de los hechos de Ocozías, que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y ACONTECIÓ que cuando quiso Jehová alzar a Elías en el torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gálgala. Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Betel. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Y descendieron a Betel. Y saliendo los hijos de los profetas, que estaban en Betel, a Eliseo, dijéronle: ¿Sabes cómo Jehová quitará hoy a tu señor de tu cabeza? Y él dijo: Si, yo lo sé: callád. Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Y vinieron a Jericó. Y llegáronse los hijos de los profetas, que estaban en Jericó, a Eliseo, y dijéronle: ¿Sabes cómo Jehová quitará hoy a tu señor de tu cabeza? Y él respondió: Si, yo lo sé: callád. Y Elías le dijo: Ruégote que te quedes aquí: porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Y así fueron ellos ambos. Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y paráronse delante desde léjos: y los dos pararon junto al Jordán. Y tomando Elías su manto, doblóle, e hirió las aguas, las cuales se partieron a la una parte y a la otra: y pasaron ambos en seco. Y como hubieron pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieres que haga por tí, ántes que sea quitado de contigo. Y dijo Eliseo: Ruégote que las dos partes de tu espíritu sean sobre mí. Y él le dijo: Cosa dificil has pedido. Si me vieres, cuando fuere quitado de tí, serte ha hecho así: mas si no, no. Y aconteció, que yendo ellos hablando, he aquí que un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos, y Elías subió al cielo en un torbellino. Y viéndolo Eliseo, clamaba: Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo. Y nunca más le vió: y trabando de sus vestidos, rompiólos en dos partes. Y alzando el manto de Elías, que se le había caido, volvióse, y paróse a la orilla del Jordán. Y tomando el manto de Elías, que se le había caido, hirió las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová el Dios de Elías, también él? Y como hirió las aguas, fueron partidas de la una parte y de la otra, y Eliseo pasó. Y viéndolo los hijos de los profetas, que estaban en Jericó, de la otra parte, dijéron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y viniéronle a recibir, e inclináronse a él en tierra, Y dijéronle: He aquí, hay con tus siervos cincuenta varones fuertes, vayan ahora, y busquen a tu señor, quizá le ha levantado el Espíritu de Jehová, y le ha echado en algún monte, o en algún valle. Y él les dijo. No enviéis. Mas ellos le importunaron hasta que avergonzándose dijo: Enviád. Entónces ellos enviaron cincuenta hombres, los cuales le buscaron tres dias, mas no le hallaron. Y como volvieron a él, que se había quedado en Jericó, él les dijo: ¿No os dije yo que no fueseis? Y los varones de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, la habitación de esta ciudad es buena, como mi señor ve, mas las aguas son malas, y la tierra enferma. Entónces él dijo: Traédme una botija nueva, y ponéd en ella sal; y trajéronsela. Y saliendo él a los manaderos de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así dijo Jehová: Yo sané estas aguas: y no habrá más en ellas muerte, ni enfermedad. Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo. Después subió de allí a Betel: y subiendo por el camino, salieron los muchachos de la ciudad burlando de él, y diciéndole: Calvo, sube, calvo, sube. Y él mirando atrás, viólos y maldíjolos en el nombre de Jehová: y salieron dos osas del monte, y despedazaron de ellos cuarenta y dos muchachos. De allí fué al monte de Carmelo, y de allí volvió a Samaria. Y JORAM, hijo de Acab, comenzó a reinar en Samaria sobre Israel el año diez y ocho de Josafat rey de Judá; y reinó doce años. E hizo lo malo en los ojos de Jehová, aunque no como su padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal, que su padre había hecho. Mas llegóse a los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y no se apartó de ellos. Entónces Mesa rey de Moab era pastor, y pagaba al rey de Israel cien mil corderos, y cien mil carneros con sus vellocinos. Mas muerto Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel. Y salió entónces de Samaria el rey Joram, y reconoció a todo Israel: Y fué, y envió a Josafat rey de Judá, diciendo: El rey de Moab se ha rebelado contra mí: ¿irás tú conmigo a la guerra contra Moab? Y él respondió: Si iré, porque como yo, así tú: y como mi pueblo, así también tu pueblo: como mis caballos, así también tus caballos. Y dijo: ¿Por qué camino iremos? Y él respondió: Por el camino del desierto de Idumea. Y partióse el rey de Israel, y el rey de Judá, y el rey de Idumea: y como anduvieron rodeando por el desierto siete dias de camino, faltóles el agua para el ejército, y para las bestias, que los seguían. Entónces el rey de Israel dijo: ¡Ay! que ha llamado Jehová estos tres reyes para entregarlos en manos de los Moabitas. Mas Josafat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para que consultemos a Jehová por él? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió, y dijo: Aquí está Eliseo, hijo de Safat, que daba agua a manos a Elías. Y Josafat dijo: Este tendrá palabra de Jehová. Y descendieron a él el rey de Israel, y Josafat, y el rey de Idumea, Entónces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo contigo? Vé a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre. Y el rey de Israel le respondió: No así: porque ha juntado Jehová estos tres reyes para entregarlos en manos de los Moabitas. Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos en cuya presencia estoy, que sino tuviese respeto al rostro de Josafat rey de Judá, no mirara a tí, ni te viera. Mas ahora traédme un tañedor. Y tañendo el tañedor, la mano de Jehová fué sobre él, Y dijo: Así dijo Jehová: Hacéd en este valle muchas acequias; Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia, y este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias y vuestros ganados. Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová: dará también a los Moabitas en vuestras manos. Y heriréis a toda ciudad fortalecida, y a toda villa escogida, y todos buenos árboles talaréis, y todas las fuentes de aguas cegaréis, y toda tierra fértil destruiréis con piedras. Y aconteció, que por la mañana cuando se ofrece el sacrificio, he aquí, vinieron aguas de camino de Idumea, y la tierra fué llena de aguas. Y todos los de Moab, como oyeron que los reyes subían a pelear contra ellos, juntáronse desde todos los que ceñían talabarte arriba, y pusiéronse a los términos. Y como se levantaron por la mañana, y el sol salió sobre las aguas, vieron los de Moab desde léjos las aguas bermejas como sangre. Y dijeron: Sangre es esta de espada. Los reyes se han revuelto, y cada uno ha muerto a su compañero. Ahora pues, a la presa Moab. Y como llegaron al campo de Israel, levantáronse los Israelitas, e hirieron a los de Moab, los cuales huyeron delante de ellos, e hiriéronlos: e hirieron a los de Moab. Y asolaron las ciudades, y en todas las heredades fértiles echó cada uno su piedra, e hinchiéronlas, y taparon todas las fuentes de las aguas, y derribaron todos los buenos árboles, hasta que en Kirjareset solamente dejaron sus piedras, porque los honderos la cercaron, y la hirieron. Y cuando el rey de Moab vió que la batalla le vencía, tomó consigo setecientos varones, que sacaban espada, para romper contra el rey de Idumea, mas no pudieron. Entónces arrebató a su primogénito, que había de reinar en su lugar, y sacrificóle en holocausto sobre el muro, y hubo grande enojo en Israel, y retiráronse de él, y volviéronse a su tierra. UNA mujer de las mujeres de los hijos de los profetas clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido es muerto: y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová: y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos. Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? declárame que tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una botija de aceite. Y él le dijo: Vé, y demándate vasos emprestados de todos tus vecinos, vasos vacíos, no pocos. Y entra y cierra la puerta tras tí, y tras tus hijos: y echa en todos los vasos, y en estando uno lleno, pónlo a parte. Y partió la mujer de él, y cerró la puerta tras sí y tras sus hijos, y ellos le llegaban los vasos, y ella echaba del aceite. Y como los vasos fueron llenos, dijo a su hijo: Llégame aun otro vaso. Y él dijo: No hay más vasos. Entónces el aceite cesó. Y ella vino, y díjolo al varón de Dios; el cual le dijo: Vé, y vende este aceite, y paga a tus acreedores: y tú y tus hijos vivíd de lo que quedare. Aconteció también, que un día Eliseo pasaba por Suna: y había allí una mujer principal, la cual le constriñó a que comiese del pan: y así cuando pasaba por allí, veníase a su casa a comer del pan. Y ella dijo a su marido: He aquí, ahora yo entiendo que este, que siempre pasa por nuestra casa, es varón de Dios santo. Yo te ruego que hagamos una pequeña cámara de paredes, y pongamos en ella cama, y mesa, y silla, y candelero, para que cuando viniere a nuestra casa, se recoja en ella. Y aconteció, que un día él vino por allí, y recogióse en aquella cámara, y durmío en ella. Entónces dijo a Giezi su criado: Llama a esta Sunamita. Y como él la llamó, ella pareció delante de él. Y él le dijo: Díle: He aquí, tú has estado solícita por nosotros en todo este cuidado: ¿qué quieres que haga por tí? ¿Has menester que hable por tí al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. Y él dijo: ¿Qué pues haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí ella no tiene hijo, y su marido es viejo. Y él dijo: Llámala: y él la llamó: y ella se paró a la puerta. Y él le dijo: A este tiempo según el tiempo de la vida, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva. Y la mujer concibió, y parió un hijo a aquel mismo tiempo que Eliseo le había dicho, según el tiempo de la vida. Y como el niño fué grande aconteció, que un día salió a su padre a los segadores. Y dijo a su padre: Mi cabeza, mi cabeza. Y él dijo a un criado: Llévale a su madre. Y como él le tomó, y le trajo a su madre, estuvo sentado sobre sus rodillas hasta mediodía, y murióse. Ella entónces subió, y púsole sobre la cama del varón de Dios: y cerró la puerta sobre él, y salió: Y llamando a su marido, díjole: Ruégote que envies conmigo a alguno de los criados, y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y vuelva. Y él dijo: ¿Para qué has de ir a él hoy? no es nueva luna ni sábado. Y ella respondió: Paz. E hizo enalbardar un asna, y dijo al mozo: Guia y anda, y no me hagas detener para que suba, sino cuando yo te lo dijere. Y partiéndose vino al varón de Dios al monte del Carmelo, y cuando el varón de Dios la vió de léjos, dijo a su criado Giezi: He allí la Sunamita. Yo te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y díle: ¿Tienes paz, y tu marido, y tu hijo? Y ella dijo: Paz. Y ella vino al varón de Dios en el monte, y asió de sus piés, y llegó Giezi para quitarla: mas el varón de Dios le dijo: Déjala; porque su alma está en amargura, y Jehová me lo ha encubierto, y no me lo ha revelado. Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo, que no burlases de mi? Entónces él dijo a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi bordón en tu mano, y vé, y si alguno te encontrare, no le saludes, y si alguno te saludare, no le respondas. Y pondrás mi bordón sobre el rostro del niño. Entónces dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Él entónces se levantó, y siguióla. Y Giezi había ido delante de ellos, y había puesto el bordón sobre el rostro del niño, mas ni tenía voz ni sentido, y así se había vuelto para encontrar a Eliseo, y declaróselo, diciendo: El mozo no despierta. Y venido Eliseo a la casa, he aquí el niño que estaba tendido muerto sobre su cama. Y entrando él, cerró la puerta sobre ámbos, y oró a Jehová. Y subió, y echóse sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre los ojos de él, y sus manos sobre las manos de él: y así se tendió sobre él, y la carne del mozo se calentó. Y volviendo paseóse por casa a una parte y a otra, y después subió, y tendióse sobre él, y el mozo estornudó siete veces, y abrió sus ojos. Entónces él llamó a Giezi, y díjole: Llama a esta Sunamita. Y él la llamó: y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo. Y ella entró, y echóse a sus piés, e inclinóse a tierra, y tomó su hijo, y se salió. Y volvióse Eliseo a Gálgala. Y hubo grande hambre en la tierra. Entónces los hijos de los profetas estaban con él: y dijo a su criado: Pon una grande olla, y haz potaje para los hijos de los profetas. Y salió uno al campo a coger yerbas: y halló una parra montés, y cogió de ella uvas monteses su ropa llena: y volvió, y cortólas en la olla del potaje: porque no sabían lo que era. Y echó de comer a los varones: y fué que comiendo ellos de aquel guisado, dieron voces, diciendo: Varón de Dios, la muerte en la olla. Y no lo pudieron comer. El entónces dijo: Traed harina. Y esparcióla en la olla, y dijo: Echa de comer al pueblo. Y no hubo más mal en la olla. Ítem, un varón vino de Baal-salisa, el cual trajo al varón de Dios, panes de primicias, veinte panes de cebada, y espigas de trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Dá al pueblo, y coman. Y respondió el que le servía: ¿Cómo pondré esto delante de cien varones? Y él torno a decir: Dá al pueblo, y coman: porque Jehová dijo así: Comerán, y sobrará. Entónces él lo puso delante de ellos: y comieron, y sobróles conforme a la palabra de Jehová. NAAMÁN, general del ejército del rey de Siria, gran varón delante de su señor y honrado, porque Jehová había dado salud a Siria por él. Este era hombre valeroso de virtud, mas leproso. Y de Siria habían salido escuadrones, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel una muchacha, que servía a la mujer de Naamán. Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta, que está en Samaria, él le sanaría de su lepra. Y entrando Naamán a su señor, declaróselo, diciendo: Así y así ha dicho una muchacha, que es de la tierra de Israel. Y el rey de Siria le dijo: Anda, vé; y yo enviaré cartas al rey de Israel. Y él se partió llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil ducados de oro, y diez mudas de vestidos. Y tomó cartas para el rey de Israel, que decían así: Luego en llegando a tí estas cartas, sepas que yo envio a tí mi siervo Naamán, para que le sanes de su lepra. Y como el rey de Israel leyó las cartas, rompió sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que este envie a mí, que sane un hombre de su lepra? Considerád ahora y ved, como busca ocasión contra mí. Y como Eliseo varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has desgarrado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá, que hay profeta en Israel. Y vino Naamán con su caballería, y con su carro, y paróse a las puertas de la casa de Eliseo. Y envióle Eliseo un mensajero, diciendo: Vé, y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio. Y Naamán se fué enojado, diciendo: He aquí, yo pensaba en mí: El saldrá luego, y estando en pié invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano, y tocará el lugar, y sanará la lepra. Los ríos de Damasco, Abana y Farfar, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? ¿Si me lavare en ellos, no seré también limpio? Y volvióse y fuése enojado. Entónces sus criados se llegaron a él, y habláronle, diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la hicieras? ¿cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? El entónces descendió, y zabullóse siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios: y su carne se volvió como la carne de un niño, y fué limpio. Y volvió al varón de Dios él y toda su compañía, y púsose delante de él, y dijo: He aquí, ahora conozco, que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Ruégote que recibas algún presente de tu siervo. Mas él dijo: Vive Jehová delante del cual estoy, que no tomaré. E importunándole que tomase, él nunca quiso. Entónces Naamán dijo: Ruégote, ¿no se dará a tu siervo una carga de un par de acémilas de aquesta tierra? porque de aquí adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni sacrificio a otros dioses, sino a Jehová. En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor entrare en el templo de Remmón, y para adorar en él se acostare sobre mi mano, si yo también me inclinare en el templo de Remmón, con mi inclinación en el templo de Remmón, en esto Jehová perdone a tu siervo. Y él le dijo: Vé en paz. Y como se apartó de él como una milla de tierra, Giezi el criado de Eliseo varón de Dios dijo entre sí: He aquí, mi señor estorbó a este Siro Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traido. Vive Jehová, que yo corra tras él, y tome de él alguna cosa. Y siguió Giezi a Naamán, y como Naamán le vió que venía corriendo tras él, descendió del carro para venirle a recibir, diciendo: ¿No hay paz? Y él dijo: Paz. Mi señor me envía a decir: He aquí, vinieron a mí en esta hora dos mancebos del monte de Efraim, de los hijos de los profetas: ruégote que les des un talento de plata, y sendas mudas de vestidos. Y Naamán dijo: Ruégote que tomes dos talentos. Y él le constriñó, y ató dos talentos de plata en dos sacos, y dos mudas de vestidos, y púsolo a cuestas a dos de sus criados que lo llevasen delante de él. Y como vino a un lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y lo guardó en casa, y envió los hombres, que se fuesen. Y él entró, y púsose delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido a ninguna parte. El entónces le dijo: ¿No fué también mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas y bueyes, siervos y siervas? La lepra de Naamán se te pegará a tí, y a tu simiente para siempre. Y salió de delante de él leproso como la nieve. LOS hijos de los profetas dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en que moramos contigo, nos es estrecho. Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagámosnos allí lugar en que moremos allí. Y él dijo: Andád. Y dijo uno: Rogámoste que quieras venir con tus siervos. Y él respondió: Yo iré. Y fuése con ellos: y como llegaron al Jordán, cortaron la madera. Y aconteció, que derribando uno un árbol, cayósele la hacha en el agua: y dió voces, diciendo: ¡Ah señor mío! que era emprestada. Y el varón de Dios dijo: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entónces él cortó un palo, y echólo allí, e hizo nadar el hierro. Y él le dijo: Tómalo. Y él tendió la mano, y tomólo, El rey de Siria tenía guerra contra Israel, y consultando con sus siervos dijo: En tal y en tal lugar estará mi asiento. Y el varón de Dios envió a decir al rey de Israel: Mira que no pases por tal lugar: porque los Siros van allí. Entónces el rey de Israel envió a aquel lugar, que el varón de Dios había dicho y amonestádole, y guardóse de allí, no una vez ni dos. Y el corazón del rey de Siria fué turbado de esto: y llamando sus siervos, díjoles: ¿No me declararéis vosotros, quién de los nuestros es del rey de Israel? Entónces uno de sus siervos dijo: No, rey señor mío: sino que el profeta Eliseo está en Israel: el cual declara al rey de Israel las palabras que tú hablas en tu más secreta cámara. Y él dijo: Id, y mirád adonde está, para que yo envie a tomarle. Y fuéle dicho: He aquí, él está en Dotaim. Entónces el rey envió allá gente de a caballo y carros, y un grande ejército, los cuales vinieron de noche, y cercaron la ciudad. Y levantándose de mañana el que servía al varón de Dios, para salir, he aquí el ejército, que tenía cercada la ciudad con gente de a caballo y carros. Entónces su criado le dijo: ¡Ah señor mío! ¿qué haremos? Y él le dijo: No hayas miedo, porque más son los que están con nosotros, que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Ruégote oh Jehová, que abras sus ojos, para que vea. Entónces Jehová abrió los ojos del mozo, y miró: y, he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego al rededor de Eliseo. Y como ellos descendieron a él, Eliseo oró a Jehová, y dijo: Ruégote que hieras a esta gente con ceguedad. E hiriólos con ceguedad, conforme al dicho de Eliseo. Y Eliseo les dijo: No es este el camino, ni es esta la ciudad, seguídme, que yo os guiaré al hombre que buscáis. Y guiólos a Samaria. Y como vinieron a Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre los ojos de estos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y miraron, y halláronse en medio de Samaria. Y el rey de Israel dijo a Eliseo, cuando los vió: ¿Herirlos he, padre mío? Y él le respondió: No los hieras: ¿Herirías a los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman, y beban, y se vuelvan a sus señores. Entónces les fué aparejada grande comida, y como hubieron comido y bebido, enviólos, y ellos se volvieron a su señor: y nunca más vinieron escuadrones de Siria a la tierra de Israel. Después de esto aconteció, que Ben-adad rey de Siria juntó todo su ejército: y subió, y puso cerco a Samaria. Y hubo grande hambre en Samaria, teniendo ellos cerco sobre ella, tanto que la cabeza de un asno era por ochenta piezas de plata: y la cuarta de un cabo de estiércol de palomas, por cinco piezas de plata. Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le dió voces, y dijo: Salva, rey señor mío. Y él dijo: No te salva Jehová: ¿de dónde te tengo de salvar yo? ¿del alfolí, o del lagar? Y díjole el rey: ¿Qué has? Y ella respondió: Esta mujer me dijo: Daca tu hijo, y comámosle hoy, y mañana comeremos el mío. Y cocimos mi hijo, y comímosle. Al día siguiente yo le dije: Daca tu hijo, y comámosle. Mas ella escondió su hijo. Y como el rey oyó las palabras de aquella mujer, rompió sus vestidos, y pasó así por el muro: y el pueblo vió el saco que traía dentro sobre su carne. Y él dijo: Así me haga Dios, y así me añada, si la cabeza de Eliseo, hijo de Safat, estuviere hoy sobre él. Y Eliseo estaba sentado en su casa, y estaban sentados con él los ancianos: y el rey envió a él un varón. Y ántes que el mensajero viniese a él, él dijo a los ancianos: ¿No habéis visto cómo este hijo del homicida me envía a quitar la cabeza? Mirád pues, y cuando viniere el mensajero, cerrád la puerta, y emprensádle con la puerta: ¿no viene tras de él el estruendo de los piés de su amo? Aun él estaba hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía a él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová viene. ¿Para qué tengo de esperar más a Jehová? Y DIJO Eliseo: Oid palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas el modio de flor de harina, un siclo: y dos modios de cebada, un siclo a la puerta de Samaria. Y un príncipe, sobre cuya mano el rey se recostaba, respondió al varón de Dios, y dijo: ¿Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, sería esto así? Y él dijo: He aquí, tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. Y había cuatro hombres leprosos a la entrada de la puerta, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos? Si hablaremos de entrar en la ciudad, por la hambre que hay en la ciudad moriremos en ella: y si nos quedamos aquí también moriremos. Veníd pues ahora, y pasémosnos al ejército de los Siros: si ellos nos dieren la vida, viviremos, y si nos dieren la muerte, moriremos. Y levantáronse en el principio de la noche, para irse al campo de los Siros; y llegando a las primeras estancias de los Siros, no había allí hombre. Porque el Señor había hecho que en el campo de los Siros se oyese estruendo de carros, sonido de caballos, y estruendo de grande ejército: y dijeron los unos a los otros: He aquí, el rey de Israel ha pagado contra nosotros a los reyes de los Jetteos, y a los reyes de los Egipcios, para que vengan contra nosotros. Y así se habían levantado, y habían huido al principio de la noche, dejando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campo como se estaba, y habían huido por salvar las vidas. Y como los leprosos llegaron a las primeras estancias, entráronse en una tienda, y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro, y vestidos, y fuéron, y escondiéronlo: y vueltos entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron, y escondieron. Y dijeron el uno al otro: No hacemos bien: hoy es día de dar buena nueva, y nosotros callamos: y si esperamos hasta la luz de la mañana, seremos tomados en la maldad. Veníd pues ahora, entremos, y demos la nueva en casa del rey. Y vinieron, y dieron voces a las guardias de la puerta de la ciudad, y declaráronles, diciendo: Nosotros venímos al campo de los Siros, y, he aquí que no había allá hombre, ni voz de hombre, sino los caballos atados, y los asnos atados, y el campo como se estaba. Y los porteros dieron voces, y declaráronlo dentro en el palacio del rey. Y levantóse el rey de noche, y dijo a sus siervos: Yo os declararé lo que nos han hecho los Siros: ellos saben que tenemos hambre, y hánse salido de las tiendas, y escondídose en el campo, diciendo: Cuando hubieren salido de la ciudad, los tomaremos vivos, y entraremos en la ciudad. Entónces respondió uno de sus siervos, y dijo: Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad, porque ellos también han sido como toda la multitud de Israel, que ha quedado en ella: ellos también han sido como toda la multitud de Israel que ha perecido, y enviémoslos, y veremos. Y tomaron dos caballos de un carro, y envió el rey tras el campo de los Siros, diciendo: Id, y ved. Y ellos fueron, y siguiéronlos hasta el Jordán: y, he aquí, todo el camino estaba lleno de vestidos y de vasos, que los Siros habían echado con priesa. Y volvieron los mensajeros, e hiciéronlo saber al rey. Entónces el pueblo salió, y saquearon el campo de los Siros; y fué un modio de flor de harina por un siclo, y dos modios de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová. Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe, sobre cuya mano él se había recostado, y el pueblo le atropelló a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios, lo que habló cuando el rey descendió a él. Y aconteció de la manera que el varón de Dios había dicho al rey, diciéndole: Dos modios de cebada por un siclo, y el modio de flor de harina por un siclo: será mañana a estas horas a la puerta de Samaria. A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de Dios, diciendo: ¿Si Jehová hiciese ventanas en el cielo, hacerse ha eso? Y él dijo: He aquí, tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. Y acontecióle así: porque el pueblo le atropelló en la entrada, y murió. Y HABLÓ Eliseo a aquella mujer, cuyo hijo había hecho vivir, diciendo: Levántate, vete, tú y toda tu casa, a vivir donde pudieres; porque Jehová ha llamado hambre, la cual vendrá también sobre la tierra siete años. Entónces la mujer se levantó, e hizo como el varón de Dios la dijo: y partióse ella y su casa, y vivió en tierra de los Filisteos siete años. Y como fueron pasados los siete años, la mujer volvió de la tierra de los Filisteos: y salió para clamar al rey por su casa, y por sus tierras. Y el rey había hablado con Giezi siervo del varón de Dios, diciéndole: Ruégote que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo. Y contando él al rey, como había hecho vivir un muerto, he aquí la mujer, cuyo hijo había hecho vivir, que clamaba al rey por su casa, y por sus tierras. Entónces dijo Giezi: Rey señor mío, esta es la mujer, y este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir. Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo contó. Y el rey le dió un eunuco, diciéndole: Házle volver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de las tierras desde el día que dejó las tierras hasta ahora. Eliseo se fué a Damasco, y Ben-adad rey de Siria estaba enfermo, al cual dieron aviso, diciendo: El varón de Dios es venido aquí. Y el rey dijo a Hazael: Toma en tu mano un presente, y vé a recibir al varón de Dios, y consulta por él a Jehová, diciendo: ¿Tengo de sanar de esta enfermedad? Y Hazael tomó en su mano un presente de todos los bienes de Damasco, cuarenta camellos cargados, y salióle a recibir: y llegó y púsose delante de él, y dijo: Tu hijo Ben-adad rey de Siria me ha enviado a tí, diciendo: ¿Tengo de sanar de esta enfermedad? Y Eliseo le dijo: Vé, díle: Viviendo vivirás: empero Jehová me ha mostrado que muriendo ha de morir. Y el varón de Dios le volvió el rostro afirmadamente, y estúvose así una gran pieza, y lloró el varón de Dios. Entónces díjole Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque sé el mal que has de hacer a los hijos de Israel: sus fortalezas encenderás a fuego, y sus mancebos pasarás a cuchillo, y sus niños estrellarás, y sus preñadas abrirás. Y Hazael dijo: ¿Por qué? ¿Es tu siervo perro, para hacer esta gran cosa? Y respondió Eliseo: Jehová me ha mostrado, que tú has de ser rey de Siria. Y él se partio de Eliseo, y vino a su señor: y él le dijo: ¿Qué te dijo Eliseo? Y él respondió: Díjome, que viviendo vivirás. El día siguiente tomó un paño basto y metióle en agua, y tendióle sobre su rostro: y murió, y reinó Hazael en su lugar. En el quinto año de Joram, hijo de Acab, rey de Israel, y de Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram, hijo de Josafat rey de Judá. De treinta y dos años era, cuando comenzó a reinar, y ocho años reinó en Jerusalem. Anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab: porque una hija de Acab fué su mujer, e hizo lo malo en ojos de Jehová. Con todo eso Jehová no quiso cortar a Judá, por amor de David su siervo, como le había prometido de darle lámpara de sus hijos perpetuamente. En su tiempo se rebeló Edom de debajo de la mano de Judá: y pusieron rey sobre sí. Y Joram pasó en Seir, él y todos sus carros con él: y levantándose de noche hirió a los Idumeos, los cuales le habían encerrado, juntamente con los capitanes de los carros: y el pueblo huyó a sus estancias. Y se rebeló Edom de debajo de la mano de Judá hasta hoy. Entónces se rebelo Lebna en el mismo tiempo. Lo demás de los hechos de Joram, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y durmió Joram con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David: y reinó en su lugar Ocozías su hijo. En el año doce de Joram, hijo de Acab, rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías, hijo de Joram rey de Judá. De veinte y dos años era Ocozías cuando comenzó a reinar: y reinó un año en Jerusalem: el nombre de su madre fué Atalía, hija de Amrí, rey de Israel. Anduvo en el camino de la casa de Acab, e hizo lo malo en ojos de Jehová, como la casa de Acab; porque era yerno de la casa de Acab. Y fué a la guerra con Joram, hijo de Acab, a Ramot de Galaad contra Hazael rey de Siria: y los Siros hirieron a Joram. Y el rey Joram se volvió a Jezrael para curarse da las heridas que los Siros le dieron delante de Ramot, cuando peleó contra Hazael rey de Siria: y descendió Ocozías, hijo de Joram, rey de Judá, a visitar a Joram, hijo de Acab, en Jezrael, porque estaba enfermo. ENTÓNCES el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas, y díjole: Ciñe tus lomos, y toma esta alcuza de aceite en tu mano, y vé a Ramot de Galaad. Y cuando llegares allá, verás allí a Jehú, hijo de Josafat, hijo de Namsí: y entrando haz que se levante de entre sus hermanos, y métele en la recámara. Y toma la alcuza de aceite, y derrámala sobre su cabeza, y dí: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Y abriendo la puerta echa a huir, y no esperes. Y el mozo fué, el mozo del profeta, a Ramot de Galaad: Y como él entró, he aquí los príncipes del ejército, que estaban sentados. Y él dijo: Príncipe, una palabra tengo que decirte. Y Jehú dijo: ¿A cuál de todos nosotros? Y él dijo: A tí, príncipe. Y él se levantó, y entróse en casa: y el otro derramó el aceite sobre su cabeza, y díjole: Así dijo Jehová Dios de Israel: Yo te he ungido por rey sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel. Y herirás la casa de Acab tu señor, para que yo vengue las sangres de mis siervos los profetas, y las sangres de todos los siervos de Jehová, de la mano de Jezabel. Y perecerá toda la casa de Acab, y talaré de Acab todo meante a la pared, así al guardado, como al desamparado en Israel. Y yo pondré la casa de Acab, como la casa de Jeroboam, hijo de Nabat, y como la casa de Baasa, hijo de Ahías. Y a Jezabel comerán perros en el campo de Jezrael, y no habrá quien la sepulte. Y abrió la puertá, y echó a huir. Y salió Jehú a los siervos de su señor, y dijéronle: ¿Hay paz? ¿Para qué entró a tí aquel loco? Y él les dijo: Vosotros conocéis al hombre, y a sus palabras. Y ellos dijeron: Mentira: decláranoslo ahora. Y él dijo: Así y así me habló, diciendo: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Y tomaron de presto cada uno su ropa, y púsola debajo de él en lo más alto de las gradas, y tocaron corneta, y dijeron: Jehú es rey. Así conjuró Jehú, hijo de Josafat, hijo de Namsí, contra Joram, estando Joram guardando a Ramot de Galaad, con todo Israel, por causa de Hazael rey de Siria: Habiéndose vuelto el rey Joram a Jezrael para curarse de las heridas que los Siros le habían dado, peleando contra Hazael rey de Siria. Y Jehú dijo: Si es vuestra voluntad, ninguno escape de la ciudad, que vaya y dé las nuevas en Jezrael. Entónces Jehú cabalgó, y fuése a Jezrael, porque Joram estaba allá enfermo: y Ocozías rey de Judá había descendido allá a visitar a Joram. Y el atalaya que estaba en la torre de Jezrael, vió la cuadrilla de Jehú, que venía, y dijo: Yo veo una cuadrilla. Y Joram dijo: Toma uno de a caballo, y envía a reconocerlos, y que les diga, ¿Hay paz? Y el de a caballo fué a reconocerlos, y dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete tras mí. El atalaya dió aviso, diciendo: El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve. Y envió otro de a caballo, el cual llegando a ellos dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú respondió: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete tras mí. El atalaya volvió a decir: También este llegó a ellos, y no vuelve: mas su paso es como el paso de Jehú, hijo de Namsí, porque viene con furia. Entónces Joram dijo: Unce: y unció su carro, y salieron Joram rey de Israel, y Ocozías rey de Judá, cada uno en su carro, y salieron a encontrar a Jehú, al cual hallaron en la heredad de Nabot de Jezrael. Y en viendo Joram a Jehú, dijo: ¿Jehú, hay paz? Y él respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerias? Entónces Joram volviendo la mano huyó, y dijo a Ocozías: Traición, Ocozías. Mas Jehú hinchió la mano de su arco, e hirió a Joram entre las espaldas, y la saeta salió por su corazón, y cayó en su carro. Y dijo a Badacer su capitán: Tómale, y échale a un cabo de la heredad de Nabot de Jezrael: acuérdate que cuando yo y tú ibamos juntos tras Acab su padre, Jehová pronunció esta sentencia sobre él, diciendo: Que yo ví ayer las sangres de Nabot, y las sangres de sus hijos, dijo Jehová, y que te las tengo de volver en esta heredad, dijo Jehová. Tómale pues ahora, y échale en la heredad, conforme a la palabra de Jehová. Y viendo esto Ocozías rey de Judá, huyó por el camino de la casa del huerto: y siguióle Jehú, diciendo: Heríd también a este en el carro a la subida de Gur, junto a Jeblaam. Y él huyó a Mageddo, y murió allá. Y sus siervos le llevaron sobre un carro a Jerusalem, y allá le sepultaron con sus padres, en su sepulcro, en la ciudad de David. En el undécimo año de Joram, hijo de Acab, comenzó a reinar Ocozías sobre Judá. Y vino Jehú a Jezrael, y como Jezabel lo oyó, adornó sus ojos con alcohol, y atavió su cabeza, y asomóse por una ventana. Y como Jehú entró por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien a Zambrí, que mató a su señor? Y alzando él su rostro hacia la ventana, dijo: ¿Quién es conmigo? ¿Quién? Y miraron hacia él dos, o tres eunucos. Y él les dijo: Echádla abajo: y ellos la echaron, y parte de su sangre fué salpicada en la pared, y en los caballos, y él la atropelló. Y entró, y comió, y bebió, y dijo: Id ahora a ver aquella maldita, y sepultádla, que al fin es hija de rey. Y cuando fueron para sepultarla, no hallaron nada de ella más de la calavera, y los piés, y las palmas de las manos. Y volvieron, y dijéronselo. Y él dijo: La palabra de Dios es esta, la cual él habló por mano de su siervo Elías Tesbita, diciendo: En la heredad de Jezrael comerán los perros las carnes de Jezabel. Y el cuerpo de Jezabel fué como estiércol sobre la haz de la tierra, en la heredad de Jezrael: de tal manera que nadie pueda decir. Esta es Jezabel. Y TENÍA Acab en Samaria setenta hijos: y escribió cartas Jehú, y enviólas a Samaria a los principales de Jezrael, a los ancianos, y a los ayos de Acab, diciendo: Luego en viniendo estas cartas a vosotros los que tenéis los hijos de vuestro señor, y los que tenéis carros y gente de a caballo, la ciudad pertrechada, y las armas; Mirád cual es el mejor, y el más recto de los hijos de vuestro señor, y ponédle en el trono de su padre: y peleád por la casa de vuestro señor. Y ellos hubieron gran temor, y dijeron: He aquí, dos reyes no pudieron resistirle, ¿cómo le resistiremos nosotros? Y enviaron el mayordomo, y el presidente de la ciudad, y los ancianos, y los ayos, a Jehú, diciendo: Siervos tuyos somos; todo lo que nos mandares, haremos; y no elegiremos por rey a ninguno: mas tú harás lo que es bueno en tus ojos. Él entónces les escribió la segunda vez, diciendo: Si sois míos, y queréis obedecerme, tomád las cabezas de los varones, de los hijos de vuestro señor, y veníd mañana a estas horas a mí a Jezrael. Y los hijos del rey, setenta varones, estaban con los principales de la ciudad, que los criaban. Y como las cartas llegaron a ellos, tomaron a los hijos del rey, y degollaron setenta varones, y pusieron sus cabezas en canastillos, y enviáronselas a Jezrael. Y vino un mensajero que le dió las nuevas, diciendo: Traido han las cabezas de los hijos del rey. Y él dijo: Ponédlas en dos montones a la entrada de la puerta hasta la mañana. Venida la mañana él salió, y estando en pié dijo a todo el pueblo: Vosotros sois justos, y, he aquí, yo he conspirado contra mi señor, y le he muerto: mas, ¿quién muerto ha todos estos? Sabéd ahora que de la palabra de Jehová, que habló sobre la casa de Acab, nada caerá en tierra: y que Jehová ha hecho lo que dijo por su siervo Elías. Y mató Jehú a todos los que habían quedado de la casa de Acab en Jezrael, y a todos sus príncipes, y a todos sus familiares, y sus sacerdotes, que no le quedó ninguno. Y levantóse de allí, y vino a Samaria: y llegando él a una casa de trasquiladura de pastores en el camino. Halló allí a los hermanos de Ocozías, rey de Judá, y díjoles: ¿Quién sois vosotros? Y ellos dijeron: Somos hermanos de Ocozías, y habemos venido a saludar a los hijos del rey, y a los hijos de la reina. Entónces él dijo: Prendédlos vivos. Y después que los tomaron vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de la trasquiladura, cuarenta y dos varones, que ninguno de ellos dejó. Y partiéndose de allí, topóse con Jonadab, hijo de Recab, y después que le hubo saludado, díjole: ¿Es recto tu corazón como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab dijo: Es, y es. Dáme pues la mano. Y él le dió su mano, e hízole subir consigo en el carro. Y díjole: Ven conmigo, y verás mi zelo por Jehová. Y pusiéronle en su carro. Y como vino a Samaria, mató a todos los que habían quedado de Acab en Samaria, hasta raerlos del todo, conforme a la palabra de Jehová, que había hablado por Elías. Y juntó Jehú todo el pueblo, y díjoles: Acab poco sirvió a Baal: mas Jehú le servirá mucho. Llamádme pues luego a todos los profetas de Baal, a todos sus siervos, y a todos sus sacerdotes, que no falte ninguno, porque tengo un grande sacrificio para Baal: cualquiera que faltare, no vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para destruir los que honraban a Baal. Y dijo Jehú: Santificád un día solemne a Baal. Y ellos convocaron. Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos los siervos de Baal, que no faltó ninguno, que no viniese. Y entraron en el templo de Baal, y el templo de Baal se hinchió de cabo a cabo. Entónces dijo al que tenía cargo de las vestiduras: Saca vestiduras para todos los siervos de Baal. Y él les sacó vestiduras. Y entró Jehú con Jonadab, hijo de Recab, en el templo de Baal, y dijo a los siervos de Baal: Mirád, y ved que por dicha no haya aquí entre vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino solos los siervos de Baal. Y como ellos entraron para hacer sacrificios y holocaustos, Jehú puso fuera ochenta varones, y díjoles: Cualquiera que dejare vivo alguno de aquellos hombres, que yo he puesto en vuestras manos, su vida será por la del otro. Y después que ellos acabaron de hacer el holocausto, Jehú dijo a los de su guardia, y a los capitanes: Entrád, y matádlos, que no escape ninguno. Y pasáronlos a cuchillo, y dejáronlos tendidos los de la guardia y los capitanes, y fueron hasta la ciudad del templo de Baal; Y sacaron las estatuas de la casa de Baal, y las quemaron. Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron la casa de Baal, e hiciéronla necesarias hasta hoy. Así rayó Jehú a Baal de Israel. Con todo eso Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel, de en pos de los becerros de oro, que estaban en Betel, y en Dan. Y Jehová dijo a Jehú: Por cuanto has hecho bien, haciendo lo que es recto delante de mis ojos, conforme a todo lo que estaba en mi corazón has hecho a la casa de Acab, tus hijos se asentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación. Mas Jehú no guardó andando en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel. En aquellos dias comenzó Jehová a talar en Israel: e hiriólos Hazael en todos los términos de Israel, Desde el Jordán al nacimiento del sol, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén, y de Manasés: desde Aroer, que está junto al arroyo de Arnón, a Galaad, y a Basán. Lo demás de los hechos de Jehú, y todas las cosas que hizo, y toda su valentía, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y durmió Jehú con sus padres, y le sepultaron en Samaria, y reinó en su lugar Joacaz su hijo. El tiempo que Jehú reinó sobre Israel en Samaria fué veinte y ocho años. Y ATALÍA madre de Ocozías viendo que su hijo era muerto, levantóse, y destruyó toda la simiente real. Y tomando Josaba, hija del rey Joram, hermana de Ocozías, a Joas, hijo de Ocozías, hurtóle de entre los hijos del rey que se mataban, a él y a su ama, de delante de Atalía; y escondióle en la cámara de las camas, y así no le mataron. Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años: y Atalía fué reina sobre la tierra. Y al séptimo año envió Joiada, y tomó centuriones, capitanes, y gente de guardia, y metiólos consigo en la casa de Jehová, e hizo con ellos liga juramentándolos en la casa de Jehová, y mostróles al hijo del rey. Y mandóles, diciendo: Esto es lo que habéis de hacer, la tercera parte de vosotros que entrarán el sábado, tendrán la guardia de la casa del rey: Y la otra tercera parte estará a la puerta del Sur. Y la otra tercera parte, a la puerta del postigo de los de la guardia, y tendréis la guardia de la casa de Messa. Y las otras dos partes de vosotros, es a saber, todos los que salen el sábado, tendréis la guardia de la casa de Jehová junto al rey. Y estaréis al rededor del rey de todas partes, teniendo cada uno sus armas en las manos: y cualquiera que entrare dentro de estos órdenes, sea muerto. Y estaréis con el rey cuando saliere, y cuando entrare. Y los centuriones lo hicieron todo como el sacerdote Joiada les mandó, tomando cada uno los suyos, es a saber, los que habían de entrar el sábado, y los que habían salido el sábado, y viniéronse a Joiada el sacerdote. Y el sacerdote dió a los centuriones las picas y los escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Jehová. Y los de la guardia se pusieron en órden teniendo cada uno sus armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa, hasta el lado izquierdo, junto al altar y el templo, cerca del rey al derredor. Y sacando al hijo del rey, púsole la corona y el testimonio; e hiciéronle rey, ungiéndole; y batiendo las manos dijeron: Viva el rey. Y oyendo Atalía el estruendo del pueblo que corriá, entró al pueblo en el templo de Jehová. Y como miró, he aquí el rey, que estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, y los príncipes, y los trompetas junto al rey, y que todo el pueblo de la tierra hacía alegrías, y que tocaban las trompetas. Entónces Atalía rompiendo sus vestidos dió voces: Traición, traición. Entónces el sacerdote Joiada mandó a los centuriones, que gobernaban el ejército, y díjoles: Sacádla fuera del cercado del templo, y al que la siguiere, matádle a cuchillo. (Porque el sacerdote dijo, que no la matasen en el templo de Jehová.) Y diéronle lugar, y vino por el camino por donde entran los de a caballo a la casa del rey, y allí la mataron. Entónces Joiada hizo alianza entre Jehová y el rey y el pueblo, que sería pueblo de Jehová, y asimismo entre el rey y el pueblo. Y todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y le derribaron; y quebraron bien sus altares, y sus imágenes. Asimismo mataron a Matán, sacerdote de Baal delante de los altares; y el sacerdote puso guarnición sobre la casa de Jehová. Y después tomó los centuriones, y capitanes, y los de la guardia, y a todo el pueblo de la tierra, y llevaron al rey desde la casa de Jehová, y vinieron por el camino de la puerta de los de la guardia a la casa del rey, y sentóse sobre el trono de los reyes. Y todo el pueblo de la tierra hizo alegrías, y la ciudad estuvo en reposo, muerta Atalía a cuchillo en la casa del rey. Joas era de siete años, cuando comenzo a reinar. EN el séptimo año de Jehú comenzó a reinar Joas, y reinó cuarenta años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Sebia de Beer-seba. E hizo Joas lo que era recto en ojos de Jehová todo el tiempo que le gobernó el sacerdote Joiada. Con todo eso los altos no se quitaron, que aun el pueblo sacrificaba, y quemaba perfumes en los altos. Y Joas dijo a los sacerdotes: Todo el dinero de las santificaciones, que se suele traer en la casa de Jehová, el dinero de los que pasan en cuenta, el dinero de las almas, cada uno según su precio, y todo dinero que cada uno mete de su libertad en la casa de Jehová: Los sacerdotes lo reciban, cada uno de sus familiares, los cuales reparen los portillos del templo, donde quiera que se hallare abertura. El año veinte y tres del rey Joas los sacerdotes no habían aun reparado las aberturas del templo. Y llamando el rey Joas al pontífice Joiada, y a los sacerdotes, díjoles: ¿Porqué no reparáis las aberturas del templo? Ahora pues no toméis más el dinero de vuestros familiares, sino dádlo para las aberturas del templo. Y los sacerdotes consintieron en no tomar más dinero del pueblo, ni tener cargo de reparar las aberturas del templo. Entónces el pontifice Joiada tomó un arca, e hízole en la tapa un agujero, y púsola junto al altar, a la mano derecha, a la entrada del templo de Jehová: y los sacerdotes que guardaban la puerta, ponían allí todo el dinero, que se metía en la casa de Jehová. Y cuando veían que había mucho dinero en el arca, venía el notario del rey, y el gran sacerdote, y contaban el dinero que hallaban en el templo de Jehová, y lo guardaban; Y daban el dinero aparejado en la mano de los que hacían la obra, y de los que tenían el cargo de la casa de Jehová, y ellos lo expendían con los carpinteros y maestros, que reparaban la casa de Jehová: Y con los albañiles y canteros; para comprar la madera, y piedra de cantería, para reparar las aberturas de la casa de Jehová, y en todo lo que se gastaba en la casa para repararla. Mas de aquel dinero que se traía a la casa de Jehová, no se hacían tazas de plata, ni salterios, ni lebrillos, ni trompetas: ni ningún otro vaso de oro, ni de plata, se hacía para el templo de Jehová. Porque lo daban a los que hacían la obra, y con él reparaban la casa de Jehová. Ni se tomaba cuenta a los varones en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo diesen a los que hacían la obra: porque ellos lo hacían fielmente. Mas el dinero por el delito, y el dinero por los pecados, no se metía en la casa de Jehová, porque era de los sacerdotes. Entónces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Get, y la tomó: y puso Hazael su rostro para subir contra Jerusalem. Y tomó Joas rey de Judá todas las ofrendas que había dedicado Josafat, y Joram, y Ocozías, sus padres, reyes de Judá, y las que él había dedicado, y todo el oro, que se halló en los tesoros de la casa de Jehová, y en la casa del rey, y enviólo a Hazael rey de Siria, y él se partió de Jerusalem. Lo demás de los hechos de Joas, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y levantáronse sus siervos, y conspiraron en conjuración, e hirieron a Joas en la casa de Mello, descendiendo én a Sella. Porque Josacar, hijo de Semaat, y Jozabad, hijo de Somer, sus siervos, le hirieron, y murió, y le sepultaron con sus padres en la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo. EN el año veinte y tres de Joas, hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz, hijo de Jehú, sobre Israel en Samaria, y reinó diez y siete años. E hizo lo malo en ojos de Jehová, y siguió los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos. Y encendióse el furor de Jehová contra Israel, y entrególos en mano de Hazael rey de Siria, y en mano de Ben-adad, hijo de Hazael, perpetuamente. Mas Joacaz oró a la faz de Jehová, y Jehová le oyó: porque miró la aflicción de Israel, que el rey de Siria los afligía. Y dió Jehová salvador a Israel, y salieron de debajo de la mano de Siria, y habitaron los hijos de Israel en sus estancias, como ántes. Con todo eso no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, el que hizo pecar a Israel: en ellos anduvieron, y también el bosque permaneció en Samaria. Porque no le había quedado pueblo a Joacaz, sino cincuenta hombres de a caballo, y diez carros, y diez mil hombres de a pié; que el rey de Siria los había destruido, y los había puesto como polvo para trillar. Lo demás de los hechos de Joacaz, y todo lo que hizo, y sus valentías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y durmió Joacaz con sus padres, y sepultáronle en Samaria: y reinó en su lugar Joas su hijo. El año treinta y siete de Joas rey de Judá comenzó a reinar Joas, hijo de Joacaz, sobre Israel en Samaria, y reinó diez y seis años. E hizo lo malo en ojos de Jehová: no se apartó de todos los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel: en ellos anduvo. Lo demás de los hechos de Joas, y todas las cosas que hizo, y sus valentías con que trajo guerra contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y durmió Joas con sus padres, y asentóse Jeroboam sobre su trono: y Joas fué sepultado en Samaria con los reyes de Israel. Eliseo estaba enfermo de su enfermedad, de la cual murió. Y descendió a él Joas rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: Padre mío, padre mío, carros de Israel, y su gente de a caballo. Y díjole Eliseo: Toma el arco y las saetas. Entónces él tomóse el arco y las saetas. Y dijo Eliseo al rey de Israel: Encabalga tu mano sobre el arco. Y él encabalgó su mano sobre el arco. Entónces Eliseo puso sus manos sobre las manos del rey. Y dijo: Abre la ventana de hacia el oriente. Y como él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salud de Jehová, y saeta de salud contra Siria: porque herirás a los Siros en Afec hasta consumirlos. Y tornóle a decir: Toma las saetas: y después que el rey de Israel las hubo tomado, díjole: Hiere la tierra. Y él hirió tres veces, y cesó. Entónces el varón de Dios enojado con él, le dijo: A herir cinco o seis veces, herirías a Siria hasta no quedar ninguno; empero ahora tres veces herirás a Siria. Y murió Eliseo, y sepultáronle. Entrado el año vinieron ejércitos de Moabitas en la tierra. Y aconteció que queriendo unos sepultar un hombre, súbitamente vieron al ejército, y arrojaron al hombre en el sepulcro de Eliseo: y fué, y tocó el muerto los huesos de Eliseo, y revivió, y levantóse sobre sus piés. Así que Hazael rey de Siria afligió a Israel todo el tiempo de Joacaz. Mas Jehová tuvo misericordia de ellos, y compadecióse de ellos, y mirólos por amor de su concierto con Abraham, Isaac, y Jacob: y no quiso destruirlos, ni echarlos de delante de sí hasta ahora. Y murió Hazael rey de Siria, y reinó en su lugar Ben-adad su hijo. Y volvió Joas, hijo de Joacaz, y tomó de mano de Ben-adad, hijo de Hazael, las ciudades que él había tomado de mano de Joacaz su padre en guerra: porque tres veces le hirió Joas, y restituyó las ciudades a Israel. EN el año segundo de Joas, hijo de Joacaz, rey de Israel, comenzó a reinar Amasías, hijo de Joas, rey de Judá. Cuando comenzó a reinar era de veinte y cinco años, y veinte y nueve años reinó en Jerusalem, el nombre de su madre fué Joaddán de Jerusalem. E hizo lo que era recto en ojos de Jehová, aunque no como David su padre. Hizo conforme a todas las cosas que había hecho Joas su padre. Con todo eso los altos no fueron quitados, que aun el pueblo sacrificaba, y quemaba perfumes en los altos. Y como el reino fué confirmado en su mano, hirió a sus siervos, los que habían muerto al rey su padre. Mas a los hijos de los que le mataron, no mató, como está escrito en el libro de la ley de Moisés, donde Jehová mandó, diciendo: No matarán a los padres por los hijos, ni a los hijos por los padres; mas cada uno morirá por su pecado. Este también hirió diez mil Idumeos en el valle de las salinas, y tomó la roca por guerra, y llamóla Jectel hasta hoy. Entónces Amasías envió embajadores a Joas, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: Ven, y veámosnos de rostro. Y Joas rey de Israel envió a Amasías rey de Judá esta respuesta: El cardillo, que está en el Líbano, envió al cedro que está en el Líbano, diciendo: Dá tu hija por mujer a mi hijo. Y pasaron las bestias fieras que están en el Líbano, y hollaron al cardillo. Hiriendo has herido a Edom, y tu corazón te ha elevado: gloríate pues, mas estáte en tu casa: ¿o por qué te entremeterás en mal para que caigas tú, y Judá contigo? Y Amasías no consintió, y subió Joas rey de Israel, y viéronse de rostro él y Amasías rey de Judá en Bet-sames, que es en Judá. Mas Judá cayó delante de Israel, y huyeron cada uno a sus estancias. Y también Joas rey de Israel tomó a Amasías rey de Judá, hijo de Joas, hijo de Ocozías, en Bet-sames; y vino a Jerusalem, y rompió el muro de Jerusalem, desde la puerta de Efraim hasta la puerta de la esquina, cuatrocientos codos. Y tomó todo el oro, y la plata, y todos los vasos que fueron hallados en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa del rey, y los hijos en rehenes, y volvióse a Samaria. Lo demás de los hechos de Joas, que hizo, y sus valentías, y como trajo guerra contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y durmió Joas con sus padres, y fué sepultado en Samaria con los reyes de Israel, y reinó en su lugar Jeroboam su hijo. Y vivió Amasías, hijo de Joas, rey de Judá, después de la muerte de Joas, hijo de Joacaz, rey de Israel, quince años. Lo demás de los hechos de Amasías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? E hicieron conspiración contra él en Jerusalem, y huyendo él a Laquis, enviaron tras él a Laquis, y allá le mataron. Y trajéronle sobre caballos, y le sepultaron en Jerusalem en la ciudad de David con sus padres. Entónces todo el pueblo de Judá tomó a Azarías, que era de diez y seis años, e hiciéronle rey en lugar de Amasías su padre. Este edificó a Elat, y la restituyó a Judá, después que el rey durmió con sus padres. El año quince de Amasías, hijo de Joas, rey de Judá, comenzó a reinar Jeroboam, hijo de Joas, sobre Israel en Samaria cuarenta y un años. E hizo lo malo en ojos de Jehová, y no se apartó de todos los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. Este restituyó los términos de Israel desde la entrada de Emat, hasta la mar de la llanura, conforme a la palabra de Jehová Dios de Israel, la cual él había hablado por su siervo Jonás, hijo de Amati, profeta, que fué de Get de Ofer. Por cuanto Jehová miró la aflicción de Israel muy amarga, que ni había guardado ni desamparado, ni había quien diese ayuda a Israel. Y Jehová no había aun determinado de raer el nombre de Israel debajo del cielo, por tanto los salvó por mano de Jeroboam, hijo de Joas. Y lo demás de los hechos de Jeroboam, y todas las cosas que hizo, y su valentía, y todas las guerras que hizo, y como restituyó a Judá en Israel a Damasco, y a Emat, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y durmió Jeroboam con sus padres los reyes de Israel, y reinó en su lugar Zacarías su hijo. EN el año veinte y siete de Jero- boam rey de Israel comenzo a reinar Azarías, hijo de Amasías, rey de Judá. Cuando comenzó a reinar era de diez y seis años, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fué Jequelia de Jerusalem. Este hizo lo que era recto en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que su padre Amasías había hecho. Con todo eso los altos no se quitaron, que aun el pueblo sacrificaba y quemaba perfumes en los altos. Mas Jehová hirió al rey con lepra, y fué leproso hasta el día de su muerte, y habitó en casa libre, y Joatam, hijo del rey, tenía el cargo del palacio, gobernando al pueblo de la tierra. Lo demás de los hechos de Azarías, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y durmió Azarías con sus padres, y sepultáronle con sus padres en la ciudad de David: y reinó en su lugar Joatam su hijo. En el año treinta y ocho de Azarías rey de Judá, reinó Zacarías, hijo de Jeroboam, sobre Israel en Samaria seis meses. E hizo lo malo en ojos de Jehová, como habían hecho sus padres: no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. Contra este conjuró Sellum, hijo de Jabes, y le hirió en presencia del pueblo, y matóle, y reinó en su lugar. Lo demás de los hechos de Zacarías, he aquí, está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. Y esta fué la palabra de Jehová que había hablado a Jehú, diciendo: Tus hijos hasta la cuarta generación se te asentarán sobre el trono de Israel. Y así fué. Sellum, hijo de Jabes, comenzó a reinar en el año treinta y nueve de Ozías rey de Judá: y reinó el tiempo de un mes en Samaria. Y subió Manajem, hijo de Gadi, de Tersa, y vino a Samaria, e hirió a Sellum, hijo de Jabes, en Samaria, y matóle, y reinó en su lugar. Lo demás de los hechos de Sellum, y su conjuración con que conjuró, he aquí, está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. Entónces hirió Manajem a Tapsam, y a todos los que estaban en ella, y también sus términos desde Tersa: e hirióla, porque no le habían abierto, y a todas sus preñadas abrió. En el año treinta y nueve de Azarías rey de Judá, reinó Manajem, hijo de Gadí, sobre Israel diez años en Samaria. E hizo lo malo en ojos de Jehová: no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel, en todo su tiempo. Y vino Ful rey de Asiria en la tierra, y dió Manajem a Ful mil talentos de plata porque le ayudase, para confirmarse en el reino. E impuso Manajem este dinero sobre Israel, sobre todos los poderosos de virtud, de cada varón cincuenta siclos de plata, para dar al rey de Asiria. Y el rey de Asiria se volvió, y no se detuvo allí en la tierra. Lo demás de los hechos de Manajem, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y durmió Manajem con sus padres, y reinó en su lugar Faceia su hijo. En el año cincuenta de Azarías rey de Judá, reinó Faceia, hijo de Manajem, sobre Israel en Samaria dos años. E hizo lo malo en ojos de Jehová: no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. Y conjuró contra él Facee, hijo de Romelías, su capitán, e hirióle en Samaria en el palacio de la casa real en compañía de Argob y de Arif, y con otros cincuenta hombres de los hijos de los Galaaditas, y matóle, y reinó en su lugar. Lo demás de los hechos de Faceia, y todas las cosas que hizo, he aquí, todo está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. En el año cincuenta y dos de Azarías rey de Judá, reinó Facee, hijo de Romelías, sobre Israel en Samaria veinte años. E hizo lo malo en ojos de Jehová: no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. En los dias de Facee rey de Israel, vino Teglat-palasar rey de los Asirios, y tomó a Aión, Abel, Bet-maaca, y Janoe, y Cedes, y Asor, y Galaad, y Galilea, y toda la tierra de Neftalí, y trasportólos a Asiria, Y Osee, hijo de Ela, hizo conjuración contra Facee, hijo de Romelías, e hirióle, y matóle, y reinó en su lugar a los veinte años de Joatam, hijo de Ozías. Lo demás de los hechos de Facee, y todas las cosas que hizo, he aquí, está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. En el segundo año de Facee, hijo de Romelías rey de Israel, comenzó a reinar Joatam, hijo de Ozías rey de Judá. Cuando comenzó a reinar, era de veinte y cinco años, y reinó diez y seis años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Jerusa, hija de Sadoc. Este hizo lo que era recto en ojos de Jehová; conforme a todas las cosas que había hecho su padre Ozías, hizo. Con todo eso los altos no fueron quitados, que aun el pueblo sacrificaba, y quemaba perfumes en los altos. Este también edificó la puerta más alta de la casa de Jehová. Lo demás de los hechos de Joatam, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? En aquel tiempo comenzó Jehová a enviar en Judá a Rasín rey de Siria, y a Facee, hijo de Romelías. Y durmió Joatam con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre: y reinó en su lugar Acaz su hijo. EN el año diez y siete de Facee, hijo de Romelías, comenzó a reinar Acaz, hijo de Joatam rey de Judá. Cuando comenzó a reinar Acaz, era de veinte años, y reinó en Jerusalem diez y seis años: y no hizo lo que era recto en ojos de Jehová su Dios, como David su padre: Ántes anduvo en el camino de los reyes de Israel; que aun hizo pasar por el fuego a su hijo, según las abominaciones de las gentes, las cuales Jehová echó de delante de los hijos de Israel. Asimismo sacrificó, y quemó perfumes en los altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol sombrío. Entónces subió Rasín rey de Siria, y Facee, hijo de Romelías, rey de Israel, a Jerusalem para hacer guerra, y cercar a Acaz, mas no la pudieron tomar. En aquel tiempo restituyó Rasín rey de Siria a Elat a Siria; y echó a los Judíos de Elat, y los Siros vinieron a Elat, y habitaron allí hasta hoy. Entónces Acaz envió embajadores a Teglat-palasar rey de Asiria, diciendo: Yo soy tu siervo y tu hijo, sube, y defiéndeme de mano del rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí. Y tomando Acaz la plata y el oro que se halló en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real, envió al rey de Asiria un presente. Y el rey de Asiria consintió con él: y subió el rey de Asiria contra Damasco, y tomóla, y trasportó los moradores en Kir, y mató a Rasín. Y fué el rey Acaz a recibir a Teglat-palasar rey de Asiria a Damasco. Y viendo el rey Acaz el altar que estaba en Damasco, envió a Urías sacerdote el retrato y la descripción del altar, conforme a toda su hechura. Y Urías el sacerdote edificó el altar: conforme a todo lo que el rey Acaz había enviado de Damasco, así lo hizo Urías el sacerdote, entre tanto que el rey Acaz venía de Damasco. Y venido el rey de Damasco, vió el altar, y el rey se acercó al altar, y sacrificó en él. Y encendió su holocausto, y su presente, y derramó sus libaciones, y esparció la sangre de sus pacíficos junto al altar. Y el altar de metal, que estaba delante de Jehová, hízole acercar delante de la frontera de la casa entre el altar y el templo de Jehová, y púsole al lado del altar hacia el aquilón. Y mandó el rey Acaz al sacerdote Urías, diciendo: En el grande altar encenderás el holocausto de la mañana, y el presente de la tarde, y el holocausto del rey, y su presente, y asimismo el holocausto de todo el pueblo de la tierra, y su presente, y sus libaciones; y toda sangre de holocausto, y toda sangre de sacrificio esparcirás sobre él: y el altar de metal será mío para preguntar. Y el sacerdote Urías lo hizo conforme a todas las cosas que el rey Acaz le mandó. Y cortó el rey Acaz las cintas de las basas, y quitóles las fuentes: y quitó el mar de sobre los bueyes de metal, que estaban debajo de él, y púsole sobre el solado de piedra. Y la tienda del sábado, que habían edificado en la casa, y el pasadizo de afuera del rey mudó a las espaldas de la casa de Jehová, por causa del rey de Asiria. Lo demás de los hechos de Acaz, que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Juda? Y durmió el rey Acaz con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David: y reinó en su lugar Ezequías su hijo. A LOS doce años de Acaz rey de Judá, comenzó a reinar Oséas, hijo de Ela, en Samaria sobre Israel nueve años. E hizo lo malo en ojos de Jehová, aunque no como los reyes de Israel, que fueron ántes de él. Contra este subió Salmanasar rey de los Asirios, y Oséas fué hecho su siervo, y pagábale presente. Mas el rey de Asiria halló que Oséas hacía conjuración; porque había enviado embajadores a Sua rey de Egipto, y ya no pagaba presente al rey de Asiria como cada año: y el rey de Asiria le detuvo, y le aprisionó en la casa de la cárcel. Y el rey de Asiria subió contra toda la tierra, y subió contra Samaria, y estuvo sobre ella tres años. A los nueve años de Oséas tomó el rey de Asiria a Samaria, y trasportó a Israel en Asiria: y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los Medos. Porque como los hijos de Israel pecasen contra Jehová su Dios, que los sacó de tierra de Egipto, de dabajo de la mano de Faraón rey de Egipto, y temiesen a dioses ajenos, Y anduviesen en los estatutos de las gentes que Jehová había lanzado delante de los hijos de Israel, y de los reyes de Israel, que ellos hicieron; Y como los hijos de Israel cubrieron cosas no rectas contra Jehová su Dios, edificándose altos en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fuertes; Y se levantasen estatuas y bosques en todo collado alto, y debajo de todo árbol sombrío, Quemando allí perfumes en todos los altos a la manera de las gentes, las cuales Jehová había traspuesto delante de ellos, y haciendo cosas muy malas para provocar a ira a Jehová. Sirviendo a los ídolos, de los cuales Jehová les había dicho: Vosotros no haréis esto; Entónces Jehová protestaba contra Israel, y contra Judá, por la mano de todos los profetas, y de todos los videntes, diciendo: Volvéos de vuestros caminos malos, y guardád mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo mandé a vuestros padres, y que os he enviado por mano de mis siervos los profetas. Mas ellos no obedecieron, ántes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios. Y desecharon sus estatutos, y su concierto, que él había concertado con sus padres, y sus testimonios, que él había protestado contra ellos: y siguieron la vanidad, y fueron hechos vanos: y en pos de las gentes, que estaban al rededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado, que no hiciesen a la manera de ellas. Y dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, e hiciéronse vaciadizos dos becerros, e hicieron bosques, y adoraron a todo el ejército del cielo, y sirvieron a Baal. E hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego, y adivinaron adivinaciones, y eran agoreros, y entregáronse a hacer lo malo en ojos de Jehová, provocándole a ira. Y Jehová se airó en gran manera contra Israel, y quitólos de delante de su rostro, que no quedó, sino solo la tribu de Judá. Mas ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová su Dios, ántes anduvieron en los estatutos de Israel, los cuales hicieron. Y desechó Jehová toda la simiente de Israel, y afligiólos, y entrególos en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia. Porque cortó a Israel de la casa de David, e hiciéronse rey a Jeroboam, hijo de Nabat, y Jeroboam rempujó a Israel de en pos de Jehová, e hízolos pecar gran pecado. Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam, que él hizo; no se apartaron de ellos; Hasta tanto que Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como él lo había dicho por mano de todos los profetas sus siervos, e Israel fué traspuesto de su tierra en Asiria hasta hoy. Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, y de Cuta, y de Ava, y de Emat, y de Sefarvaim, y púsolos en las ciudades de Samaria en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciudades. Y aconteció al principio, cuando comenzaron a habitar allí, que no temiendo ellos a Jehová, Jehová envió contra ellos leones que los mataban. Entónces ellos dijeron al rey de Asiria: Las gentes que tú traspasaste, y pusiste en las ciudades de Samaria, no saben la costumbre del Dios de aquella tierra, y él ha echado leones en ellos, y, he aquí, los matan, porque no saben la costumbre del Dios de la tierra. Y el rey de Asiria mandó, diciendo: Llevád allí a alguno de los sacerdotes que trajisteis de allá, y vayan, y habiten allá, y enséñenles la costumbre del Dios de la tierra. Y vino uno de los sacerdotes que habían trasportado de Samaria, y habitó en Betel, y enseñóles como habían de temer a Jehová. Mas cada nación se hizo sus dioses, y pusiéronlos en los templos de los altos que habían hecho los de Samaria; cada nación en su ciudad donde habitaba. Los de Babilonia hicieron a Soccot-benot, y los de Cuta hicieron a Nergel, y los de Emat hicieron a Asima. Los Heveos hicieron a Nebahaz, y a Tartac. Y los de Sefarvaim quemaban sus hijos con fuego a Adramelec y a Anamelec dioses de Sefarvaim. Y temían a Jehová, e hicieron de ellos sacerdotes de los altos, que les sacrificaban en los templos de los altos. Y temían a Jehová, y honraban también a sus dioses, según la costumbre de las gentes, que habían hecho traspasar de allí. Hasta hoy hacen como primero, que ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos, ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos, que mandó Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso por nombre Israel: Con los cuales Jehová había hecho concierto, y les mandó, diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni les sacrificaréis. Mas a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con potencia grande, y brazo extendido, a este temeréis, a este adoraréis, a este sacrificaréis. Los estatutos, y derechos, y ley, y mandamientos que os dió por escrito, guardaréis, haciéndolos todos los dias, y no temeréis dioses ajenos. Y no olvidaréis el concierto que hice con vosotros, ni temeréis dioses ajenos; Sino a Jehová vuestros Dios teméd, y él os librará de mano de todos vuestros enemigos. Mas ellos no oyeron: ántes hicieron según su costumbre antigua. Así temieron a Jehová aquellas gentes, y juntamente sirvieron a sus ídolos: y asimismo sus hijos y sus nietos, como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy. EN el tercero año de Oséas, hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías, hijo de Acaz, rey de Judá. Cuando comenzó a reinar era de veinte y cinco años, y reinó en Jerusalem veinte y nueve años, el nombre de su madre fué Abí, hija de Zacarías. Este hizo lo que era recto en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre. Este quitó los altos, y quebró las imágines, y taló los bosques, y quebró la serpiente de metal que había hecho Moisés; porque hasta entónces le quemaban perfumes los hijos de Israel, y llamóle por nombre Nehustán. En Jehová Dios de Israel puso su esperanza: después ni ántes de él, no hubo otro como él, en todos los reyes de Judá. Porque se llegó a Jehová, y no se apartó de él; y guardó los mandamientos que mandó Jehová a Moisés. Y Jehová fué con él, y en todas las cosas a que salía prosperaba. El se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió. Hirió también a los Filisteos hasta Gaza y sus términos, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortalecida. En el cuarto año del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oséas, hijo de Ela, rey de Israel, subió Salmanasar rey de los Asirios contra Samaria, y cercóla. Y tomáronla al cabo de tres años, en el sexto año de Ezequías, el cual era el nono año de Oséas rey de Israel, y así fué tomada Samaria. Y el rey de Asiria traspuso a Israel en Asiria, y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los Medos: Por cuanto no habían oido la voz de Jehová su Dios, ántes habían quebrantado su concierto; y todas las cosas que Moisés siervo de Jehová había mandado, ni las habían oido, ni hecho. Y a los catorce años del rey Ezequías, subió Sennaquerib rey de Asiria contra todas las ciudades fuertes de Judá, y tomólas. Entónces Ezequías rey de Judá envió al rey de Asiria en Laquis, diciendo: Yo he pecado; vuélvete de mí, y yo llevaré todo lo que me impusieres. Entónces el rey de Asiria impuso a Ezequías rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro. Y Ezequías dió toda la plata que fué hallada en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real. Entónces rompió Ezequías las puertas del templo de Jehová, y los umbrales que el mismo rey Ezequías había cubierto de oro, y díolo al rey de Asiria. Y el rey de Asiria envió a Tartán, y a Rabsaris, y a Rabsaces desde Laquis al rey Ezequías con un grande ejército contra Jerusalem. Y subieron, y vinieron a Jerusalem; y subieron y vinieron, y pararon junto al conduto del estanque de arriba, que es en el camino de la heredad del lavador. Y llamaron al rey, y salió a ellos Eliacim, hijo de Helcías, que era mayordomo, y Sobna escriba, y Joa, hijo de Asaf, canciller. Y díjoles Rabsaces: Decíd ahora a Ezequías: Asi dice el gran rey, el rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que tú confias? Dices ciertamente: Palabras de labios, consejo, y esfuerzo para la guerra. ¿En qué pues confias ahora, que te has rebelado contra mí? He aquí, tu confias ahora sobre este bordón de caña quebrado Egipto, que el que en él se recostare, él le entrará por la mano, y se la pasará. Tal es Faraón rey de Egipto a todos los que en él confian. Y sí me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios: ¿no es él aquel cuyos altos y altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalem: Delante de este altar adoraréis en Jerusalem? Por tanto ahora yo te ruego que des rehenes a mi señor el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú pudieres dar caballeros para ellos. ¿Cómo pues harás volver el rostro de un capitán el menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto por sus carros y su gente de a caballo? También, ¿ahora he yo venido sin Jehová a este lugar para destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela. Entónces dijo Eliacim, hijo de Helcías, y Sobna, y Joa a Rabsaces: Ruégote que hables a tus siervos Siriaco, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros Judaico en los oidos del pueblo, que está sobre el muro. Y Rabsaces les dijo: ¿Háme enviado mi señor a tí y a tu señor para decir estas palabras, y no ántes a los hombres que están sobre el muro, para comer su estiércol, y beber el agua de sus piés con vosotros? Y paróse Rabsaces, y clamó a gran voz en Judaico, y habló, diciendo: Oid la palabra del gran rey, el rey de Asiria. Así dijo el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano. Y no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Librando nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria. No oigais a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Dádme presente, y salíd a mí, y cada uno comerá de su vid, y de su higuera, y cada uno beberá las aguas de su pozo; Hasta que yo venga, y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel, y viviréis y no moriréis. No oigais a Ezequías, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará. ¿Han librando librado los dioses de las gentes cada uno a su tierra de la mano del rey de Asiria? ¿Dónde está el dios de Emat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim, de Ana, y de Hava? ¿Pudieron estos librar a Samaria de mi mano? ¿Qué dios de todos los dioses de las provincias ha librado a su provincia de mi mano, para que libre Jehová de mi mano a Jerusalem? Y el pueblo calló, que no le respondieron palabra: porque había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le respondáis. Entónces vinieron Eliacim, hijo de Helcías, que era mayordomo, y Sobna el escriba, y Joa, hijo de Asaf, canciller, a Ezequías rasgados sus vestidos, y recitáronle las palabras de Rabsaces. Y COMO el rey Ezequías lo oyó, rompió sus vestidos, y cubrióse de saco, y entróse en la casa de Jehová. Y envió a Eliacim el mayordomo, y a Sobna escriba, y a los ancianos de los sacerdotes vestidos de sacos, a Isaías profeta, hijo de Amós, Que le dijesen: Así dijo Ezequías: Este día es día de angustia, y de reprensión, y de blasfemia: porque los hijos han venido hasta la rotura, y la que pare no tiene fuerzas. Quizá oira Jehová tu Dios todas las palabras de Rabsaces, al cual el rey de los Asirios su señor ha enviado para injuriar al Dios vivo, y a reprender con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oido: por tanto alza oración por los restos que aun se hallan. Y vinieron los siervos del rey Ezequías a Isaías. E Isaías les respondió: Así diréis a vuestro señor: Así dijo Jehová: No temas por las palabras que has oido, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. He aquí, yo pongo en él un espíritu, y oirá rumor, y volverse ha a su tierra: y yo haré que en su tierra caiga a cuchillo. Y volviendo Rabsaces halló al rey de Asiria combatiendo a Lebna: porque ya había oido que se había partido de Laquis. Y oyó decir de Taraca rey de Etiopía: He aquí que es salido para hacerte guerra. Entónces él volvió, y envió embajadores a Ezequías, diciendo: Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios, en quien tú confias para decir: Jerusalem no será entregada en mano del rey de Asiria: He aquí, tú has oido lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas, ¿y has de escapar tú? ¿Libráronlas los dioses de las gentes, que mis padres destruyeron, es a saber, Gozán, y Harán, y Resef, y los hijos de Edén, que estaban en Talassar? ¿Dónde está el rey de Emat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Ana, y de Ava? Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores, y luego que las hubo leido, subió a la casa de Jehová, y extendiólas Ezequías delante de Jehová. Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que habitas sobre los querubines, tú solo eres Dios a todos los reinos de la tierra: tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oreja, y oye: abre, oh Jehová, tus ojos, y mira, y oye las palabras de Sennaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios vivo. Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las gentes y sus tierras; Y que pusieron en el fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera, o piedra, y así los destruyeron. Ahora pues, oh Jehová, Dios nuestro, sálvanos, te suplico, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que tú solo, Jehová, eres Dios. Entónces Isaías, hijo de Amós, envió a Ezequías, diciendo: Así dijo Jehová Dios de Israel: Lo que me rogaste acerca de Sennaquerib, rey de Asiria, he oido. Esta es la palabra que Jehová ha hablado contra él: ¿Háte menospreciado? ¿Háte escarnecido, oh vírgen, hija de Sión? ¿Ha movido su cabeza detrás de tí, hija de Jerusalem? ¿A quién has injuriado? ¿Y a quién has blasfemado? ¿Y contra quién has hablado alto, y has alzado en alto tus ojos? Contra el Santo de Israel. Por mano de tus mensajeros has dicho injurias contra mi Señor, y has dicho: Con la multitud de mis carros he subido a las cumbres de los montes, a las cuestas del Líbano, y cortaré sus altos cedros, sus hayas escogidas: y entraré a la morada de su término, al monte de su Carmelo. Yo he cavado, y bebido las aguas agenas, y he secado con las plantas de mis piés todos los ríos de los pueblos, sobre los cuales yo he puesto cerco. ¿Nunca has oido, que de luengo tiempo la hice yo, y de dias antiguos la he formado? Y ahora la he hecho venir, y será para destrucción de ciudades fuertes en montones de asolamiento. Y sus moradores cortos de manos, quebrantados, y confusos, serán yerba del campo, legumbre verde: heno de los tejados que ántes que venga a madurez es seco. Yo he sabido tu asentarte, tu salir, y tu entrar, y tu furor contra mí. Por cuanto te has airado contra mí, y tu estruendo ha subido a mis oidos: por tanto yo pondré mi anzuelo en tus narices, y mi freno en tus labios, y yo te haré volver por el camino por donde veniste. Y esto te será por señal: Este año comerás lo que nacerá de suyo: y el segundo año lo que tornará a nacer de suyo; y el tercer año haréis sementera, y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis el fruto de ellas. Y lo que hubiere escapado, lo que habrá quedado de la casa de Judá tornará a echar raíz hacia abajo, y hará fruto hacia arriba. Porque saldrán de Jerusalem residuos, y escapadura del monte de Sión: el celo de Jehová de los ejércitos hará esto. Por tanto Jehová dice así del rey de Asiria: El no entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella: ni vendrá delante de ella escudo: ni será echado contra ella baluarte. Por el camino que vino, se volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor de mí, y por amor de David mi siervo. Y aconteció que la misma noche salió el ángel de Jehová, e hirió en el campo de los Asirios ciento y ochenta y cinco mil hombres: y como se levantaron por la mañana, he aquí los cuerpos de los muertos. Entónces Sennaquerib rey de Asiria se partió, y se fué y tornó, y estúvose en Nínive. Y aconteció, que estando él adorando en el templo de Nesroc su dios, Adramelec y Sarasar sus hijos le hirieron a cuchillo: y huyéronse a tierra de Ararat, y reinó en su lugar Asaradón su hijo. EN aquellos dias Ezequías cayó enfermo a la muerte; y vino a él Isaías profeta, hijo de Amós, y díjole: Jehová dice así: Dispón de tu casa, porque has de morir, y no vivirás. El entónces volvió su rostro a la pared, y oró a Jehová, y dijo: Ruégote oh Jehová, ruégote que hayas memoria de que he andado delante de tí en verdad, y en corazón perfecto: y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro. Y ántes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, fué palabra de Jehová a Isaías, diciendo: Vuelve, y dí a Ezequías príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová el Dios de David tu padre: Yo he oido tu oración, y he visto tus lágrimas: he aquí, yo te sano: al tercero día subirás a la casa de Jehová. Y añadiré a tus dias quince años, y te libraré a tí y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor de mí, y por amor de David mi siervo. Y dijo Isaías: Tomád masa de higos. Y tomándola, pusiéronla sobre la llaga, y sanó. Y Ezequías dijo a Isaías: ¿Qué señal tendré, de que Jehová me sanará, y que al tercero día subiré a la casa de Jehová? E Isaías respondió: Esta señal tendrás de Jehová, de que Jehová hará esto que ha dicho: ¿Pasará la sombra adelante diez grados, o volverá atrás diez grados? Y Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados: mas que la sombra vuelva atrás diez grados. Entónces el profeta Isaías clamó a Jehová; e hizo volver la sombra por los grados que había descendido en el reloj de Acaz diez grados atrás. En aquel tiempo envió Berodac-baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, cartas y presentes a Ezequías, porque había oido que Ezequías había caido enfermo. Y Ezequías los oyó, y mostróles toda la casa de las cosas preciosas, plata, oro y especiería, y preciosos ungüentos: y la casa de sus armas, y todo lo que había en sus tesoros: ninguna cosa quedó, que Ezequías no les mostrase, así en su casa como en todo su señorío. Entónces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y díjole: ¿Qué dijeron aquellos varones, y de donde vinieron a tí? Y Ezequías le respondió: De léjas tierras han venido, de Babilonia. Y él le volvio a decir: ¿Qué vieron en tu casa? Y Ezequías respondió: Vieron todo lo que había en mi casa; nada quedó en mis tesoros, que no les mostrase. Entónces Isaías dijo a Ezequías: Oye palabra de Jehová: He aquí, vienen dias, en que todo lo que está en tu casa, y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado a Babilonia, sin quedar nada, dijo Jehová. Y de tus hijos, que saldran de tí, y habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia. Entónces Ezequías dijo a Isaías: La palabra de Jehová, que has hablado, es buena. Y dijo: ¿Mas no habrá paz y verdad en mis dias? Lo demás de los hechos de Ezequías, y toda su valentía, y como hizo el estanque, y el conduto, y metió las aguas en la ciudad, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y durmió Ezequías con sus padres, y reinó en su lugar Manasés su hijo. DE doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalem cincuenta y cinco años: el nombre de su madre fué Hapsiba. E hizo lo malo en ojos de Jehová, según las abominaciones de las gentes que Jehová había echado delante de los hijos de Israel. Porque él volvió a edificar los altos que Ezequías su padre había derribado: y levantó altares a Baal, e hizo bosque, como había hecho Acab rey de Israel; y adoró a todo el ejército del cielo, y sirvió a aquellas cosas. Asimismo edificó altares en la casa de Jehová, de la cual Jehová había dicho: Yo pondré mi nombre en Jerusalem. Y edificó altares para todo el ejército del cielo en los dos patios de la casa de Jehová. Y pasó a su hijo por fuego, y miró en tiempos, y fué agorero, e instituyó pitones y adivinos, y multiplicó a hacer lo malo en ojos de Jehová, para provocarle a ira. Y puso una entalladura del bosque que él había hecho, en la casa de la cual Jehová había dicho a David, y a Salomón su hijo: Yo pondré mi nombre perpetuamente en esta casa, y en Jerusalem, a la cual yo escogí de todas las tribus de Israel: Y no volveré a hacer que el pié de Israel sea movido de la tierra, que dí a sus padres, con tal que guarden, y hagan conforme a todas las cosas que yo les he mandado, y conforme a toda la ley que mi siervo Moisés les mandó. Mas ellos no oyeron, y Manasés los hizo errar a que hiciesen más mal que las gentes, que Jehová rayó de delante de los hijos de Israel. Y Jehová habló por mano de sus siervos los profetas, diciendo: Por cuanto Manasés rey de Judá ha hecho estas abominaciones, y ha hecho más mal, que todo lo que hicieron los Amorreos, que fueron ántes de él, y también ha hecho pecar a Judá en sus ídolos: Por tanto así dijo Jehová el Dios de Israel: He aquí, yo traigo mal sobre Jerusalem, y sobre Judá, que el que lo oyere le retiñan ámbas orejas. Y extenderé sobre Jerusalem el cordel de Samaria, y el plomo de la casa de Acab: y yo limpiaré a Jerusalem, como quien limpia una escudilla, que después que la han limpiado, la vuelven sobre su haz. Y desampararé los restos de mi heredad, y entregarlas he en manos de sus enemigos, y serán para saco, y para robo a todos sus adversarios: Por cuanto han hecho lo malo en mis ojos, y me han provocado a ira, desde el día que sus padres salieron de Egipto hasta hoy. Allende de esto derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta henchir a Jerusalem de cabo a cabo: además de su pecado con que hizo pecar a Judá para que hiciese lo malo en ojos de Jehová. Lo demás de los hechos de Manasés, y todas las cosas que hizo, y su pecado que pecó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y durmió Manasés con sus padres, y fué sepultado en el huerto de su casa, en el huerto de Oza, y reinó en su lugar Amón su hijo. De veinte y dos años era Amón cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Messalemet, hija de Harus de Joreba. E hizo lo malo en ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre. Y anduvo en todos los caminos en que su padre anduvo: y sirvió a las inmundicias a las cuales había servido su padre, y a ellas adoró. Y dejó a Jehová el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehová. Y conspiraron contra él los siervos de Amón, y mataron al rey en su casa. Y el pueblo de la tierra hirió a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y puso el pueblo de la tierra por rey en su lugar a Josías su hijo. Lo demás de los hechos de Amón, que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y fué sepultado en su sepulcro en el huerto de Oza: y reinó en su lugar Josías su hijo. CUANDO Josías comenzó a rei- nar era de ocho años, y reinó en Jerusalem treinta y un años. El nombre de su madre fué Idida, hija de Adaia de Besecat. E hizo lo que era recto en ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse ni a diestra ni a siniestra. A los diez y ocho años del rey Josías, aconteció que envió el rey a Safán, hijo de Azalia, hijo de Mesulam, escriba, a la casa de Jehová, diciendo: Vé a Helcías gran sacerdote: que cumpla el dinero que se ha metido en la casa de Jehová, que han cogido del pueblo las guardias de la puerta, Y que lo pongan en manos de los que hacen la obra, que tienen cargo de la casa de Jehová, y que lo entreguen a los que hacen la obra en la casa de Jehová, para reparar las aberturas de la casa: A los carpinteros, a los maestros y albañiles, para comprar madera y piedra de cantería, para reparar la casa. Y que no se les cuente el dinero, que se les diere en poder, porque ellos hacen con fidelidad. Y dijo Helcías gran sacerdote, a Safán escriba: El libro de la ley he hallado en la casa de Jehová. Y Helcías dió el libro a Safán, y leyólo. Y viniendo Safán escriba al rey, dió al rey la respuesta, y dijo: Tus siervos han juntado el dinero que se halló en el templo, y lo han entregado en poder de los que hacen la obra, que tienen cargo de la casa de Jehová. Asimismo declaró al rey Safán escriba, diciendo: Helcías el sacerdote me ha dado un libro. Y leyólo Safán delante del rey. Y cuando el rey oyó las palabras del libro de la ley, rompió sus vestidos. Y mandó el rey a Helcías el sacerdote, y a Ahicam, hijo de Safán, y a Acobor, hijo de Micaia, y a Safán escriba, y a Asaia siervo del rey, diciendo; Id, y preguntád a Jehová por mí, y por el pueblo, por todo Judá, a cerca de las palabras de este libro, que se ha hallado: porque grande ira de Jehová es la que ha sido encendida contra nosotros; por cuanto nuestros padres no oyeron las palabras de este libro, para hacer conforme a todo lo que nos fué escrito. Entónces fué Helcías el sacerdote, y Ahicam, y Acobor, y Safán, y Asaia, a Holda profetisa, mujer de Sellum, hijo de Tecua, hijo de Araas, guarda de las vestiduras, la cual moraba en Jerusalem en la casa de la doctrina, y hablaron con ella. Y ella les dijo: Así dijo Jehová el Dios de Israel: Decíd al varón que os envió a mí: Así dijo Jehová: He aquí, yo traigo mal sobre este lugar, y sobre los que en él moran, es a saber, todas las palabras del libro que ha leido el rey de Judá: Por cuanto me dejaron a mí, y quemaron perfumes a dioses ajenos, provocándome a ira en toda obra de sus manos; y mi furor se ha encendido contra este lugar, y no se apagará. Mas al rey de Judá, que os ha enviado para que preguntaseis a Jehová, diréis así: Así dijo Jehová el Dios de Israel: Por cuanto oiste las palabras del libro, Y tu corazón se enternecío, y te humillaste delante de Jehová, cuando oiste lo que yo he pronunciado contra este lugar, y contra sus moradores, que serían asolados y malditos; y rompiste tus vestidos, y lloraste en mi presencia, también yo te he oido, dice Jehová. Por tanto he aquí, yo te apañaré con tus padres, y tú serás apañado a tu sepulcro en paz: y no verán tus ojos todo el mal, que yo traigo sobre este lugar. Y ellos dieron al rey la respuesta. ENTÓNCES el rey envió, y se juntaron a él todos los ancianos de Judá y de Jerusalem. Y subió el rey a la casa de Jehová con todos los varones de Judá, y con todos los moradores de Jerusalem, con los sacerdotes, y profetas, y con todo el pueblo, desde el más chico hasta el grande, y leyó, oyéndolo ellos, todas las palabras del libro del concierto que había sido hallado en la casa de Jehová. Y poniéndose el rey en pié junto a la columna, hizo alianza delante de Jehová, que irían en pos de Jehová, y guardarían sus mandamientos, y sus testimonios, y sus estatutos con todo el corazón, y con toda el alma, y que cumplirían las palabras de la alianza que estaban escritas en aquel libro. Y todo el pueblo confirmó el concierto. Entónces el rey mandó a Helcías gran sacerdote, y a los sacerdotes de la segunda órden, y a las guardias de la puerta, que sacasen del templo de Jehová todos los vasos, que habían sido hechos para Baal, y para el bosque, y para toda la corte del cielo, y quemólos fuera de Jerusalem en el campo de Cedron; e hizo llevar los polvos de ellos a Betel. Y quitó los Camoreos que habían puesto los reyes de Judá, para que quemasen perfumes en los altos en las ciudades de Judá, y en los al derredores de Jerusalem: y asimismo a los que quemaban perfumes a Baal, al sol y a la luna, y a los signos, y a todo el ejército del cielo. Asimismo hizo sacar el bosque fuera de la casa de Jehová, y fuera de Jerusalem al arroyo de Cedrón, y quemólo al arroyo de Cedrón, y tornólo en polvo, y echó el polvo de él sobre los sepulcros de los hijos del pueblo. Asimismo derribó las casas de los sodomíticos que estaban en la casa de Jehová, en las cuales las mujeres tejían pabellones para el bosque. E hizo venir todos los sacerdotes de las ciudades de Judá, y profanó los altos donde los sacerdotes quemaban perfumes, desde Gabaa hasta Beer-seba. Y derribó los altares de las puertas, y los que estaban a la entrada de la puerta de Josué gobernador de la ciudad, y los que estaban a la mano izquierda a la puerta de la ciudad: Empero los sacerdotes de los altos no subían al altar de Jehová en Jerusalem, mas comían panes sin levadura entre sus hermanos. Asimismo profanó a Tofet, que era en el valle del hijo de Ennom; porque ninguno pasase su hijo o su hija por fuego a Moloc. Asimismo quitó los caballos que los reyes de Judá habían puesto al sol a la entrada del templo de Jehová, en la cámara de Natan-melec eunuco, el cual tenía cargo de los ejidos: y quemó a fuego los carros del sol. Asimismo derribó el rey los altares que estaban sobre la techumbre de la sala de Acaz, que los reyes de Judá habían hecho, y los altares que había hecho Manasés en los dos patios de la casa de Jehová: y de allí corrió, y echó el polvo en el arroyo de Cedrón. Asimismo profanó el rey los altos, que estaban delante de Jerusalem a la mano derecha del monte de la destrucción, los cuales había edificado Salomón rey de Israel a Astarot abominación de los Sidonios, y a Camos abominación de Moab, y a Melcom, abominación de los hijos de Ammón. Y quebró las estatuas, y taló los bosques, e hinchió el lugar de ellos de huesos de hombres. Asimismo el altar que estaba en Betel, y el alto que había hecho Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel, aquel altar, y el alto, destruyó, y quemó el alto, y el altar tornó en polvo, y puso fuego al bosque. Y volvió Josías, y vió los sepulcros que estaban allí en el monte, y envió, y quitó los huesos de los sepulcros, y quemólos sobre el altar, para contaminarlo, conforme a la palabra de Jehová, la cual había profetizado el varón de Dios que había profetizado estos negocios. Y dijo: ¿Qué título es este que veo? Y los de la ciudad le respondieron: Este es el sepulcro del varón de Dios, que vino de Judá, y profetizó estas cosas que tú has hecho sobre el altar de Betel. Y él dijo: Dejádle, ninguno mueva sus huesos; y así fueron escapados sus huesos, y los huesos del profeta que había venido de Samaria. Finalmente todas las casas de los altos, que estaban en las ciudades de Samaria, que habían hecho los reyes de Israel para provocar a ira, Josías las quitó, e hizo de ellas, como había hecho en Betel. Y mató sobre los altares a todos los sacerdotes de los altos, que allí estaban, y quemó sobre ellos los huesos de los hombres, y volvióse a Jerusalem. Y mandó el rey a todo el pueblo, diciendo: Hacéd la páscua a Jehová vuestro Dios, conforme a lo que esta escrito en el libro de esta alianza. No fué hecha tal páscua desde los tiempos de los Jueces, que gobernaron a Israel, ni en todos los tiempos de los reyes de Israel, y de los reyes de Judá. A los diez y ocho años del rey Josías fué hecha aquella páscua a Jehová en Jerusalem. Asimismo barrió Josías los pitones, adivinos, y terafines, y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá, y en Jerusalem, para cumplir las palabras de la ley, que estaban escritas en el libro que el sacerdote Helcías había hallado en la casa de Jehová. No hubo tal rey ántes de él, que así se convirtiese a Jehová de todo su corazón y de toda su alma, y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés, ni después de él nació otro tal. Con todo eso Jehová no se volvió de la ira de su gran furor, con que su ira se había encendido contra Judá, por todas las provocaciones con que Manasés le había provocado a ira, Y dijo Jehová: También tengo de quitar de mi presencia a Judá, como quité a Israel: y tengo de abominar a esta ciudad, que había escogido, a Jerusalem, y a la casa de la cual yo había dicho: Mi nombre será allí. Lo demás de los hechos de Josías, y todas las cosas que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? En aquellos dias subió Faraón Necao rey de Egipto, contra el rey de Asiria al río de Éufrates, y salió contra él el rey Josías, y él, luego que le vió, matóle en Mageddo. Y sus siervos le pusieron en un carro, y trajéronle muerto de Mageddo a Jerusalem, y sepultáronle en su sepulcro. Entónces el pueblo de la tierra tomó a Joacaz, hijo de Josías, y ungiéronle: y pusiéronle por rey en lugar de su padre. Joacaz era de veinte y tres años, cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalem, el nombre de su madre fué Amital, hija de Jeremías de Lebna. Este hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que sus padres habían hecho. Y echóle preso Faraon-necao en Rebla en la provincia de Emat, reinando él en Jerusalem: e impuso de pena sobre la tierra cien talentos de plata, y uno de oro. Entónces Faraon-necao puso por rey a Eliacim, hijo de Josías, en lugar de Josías su padre, y mudóle el nombre, y llamóle Joacim: y tomó a Joacaz y llevóle a Egipto, y murió allá. Y Joacim pago a Faraón la plata y el oro: e hizo apreciar la tierra para dar este dinero conforme al mandamiento de Faraón, sacando de cada uno, según la estimación de su hacienda, la plata y oro de todo el pueblo de la tierra para dar a Faraon-necao. De veinte y cinco años era Joacim cuando comenzó a reinar, y once años reinó en Jerusalem, el nombre de su madre fué Zebuda, hija de Padaia de Ruma. Este hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que sus padres habían hecho. EN su tiempo subió Nabucodo- nosor rey de Babilonia, al cual Joacim sirvió tres años, y volvió, y se rebeló contra él. Y Jehová envió contra él ejércitos de Caldeos, y ejércitos de Siros, y ejércitos de Moabitas, y ejércitos de Ammonitas: los cuales él envió contra Judá, para que la destruyesen, conforme a la palabra de Jehová, que había hablado por sus siervos los profetas. Ciertamente esto fué contra Judá por dicho de Jehová, para quitarla de delante de su presencia, por los pecados de Manasés, conforme a todo lo que hizo. Asimismo por la sangre inocente, que derramó, que hinchió a Jerusalem de sangre inocente; por tanto Jehová no quiso perdonar. Lo demás de los hechos de Joacim, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y durmió Joacim con sus padres, y reinó en su lugar Joaquín su hijo. Y nunca más el rey de Egipto salió de su tierra: porque el rey de Babilonia le tomó todo lo que era suyo, desde el río de Egipto hasta el río Éufrates. De diez y ocho años era Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalem tres meses. El nombre de su madre fué Nehusta, hija de Elnatán de Jerusalem. E hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho su padre. En aquel tiempo subieron los siervos de Nabucodonosor rey de Babilonia contra Jerusalem, y la ciudad fué cercada. Y vino también Nabucodonosor rey de Babilonia contra la ciudad, y sus siervos la tenían cercada. Entónces salió Joaquín rey de Judá al rey de Babilonia, él y su madre, y sus siervos, y sus príncipes, y sus eunucos. Y el rey de Babilonia le tomó en el octavo año de su reino. Y sacó de allá todos los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y quebró en piezas todos los vasos de oro que había hecho Salomón rey de Israel en la casa de Jehová, como Jehová había dicho. Y llevó cautivos a toda Jerusalem, a todos los príncipes, y a todos los hombres valientes, diez mil cautivos: asimismo a todos los oficiales, y cerrajeros, que no quedó nadie, sino fué la pobreza del pueblo de la tierra. Asimismo trasportó a Joaquín a Babilonia, y a la madre del rey, y a las mujeres del rey, y a sus eunucos, y a los poderosos de la tierra, los llevó cautivos de Jerusalem en Babilonia. A todos los hombres de guerra que fueron siete mil, y a los oficiales y cerrajeros que fueron mil, y a todos los valientes que hacían la guerra, llevó cautivos el rey de Babilonia. Y el rey de Babilonia puso por rey a Matanías su tio en su lugar, y mudóle el nombre, y llámole Sedecías. De veinte y un año era Sedecías, cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalem once años, el nombre de su madre fue Amital, hija de Jeremías de Lebna. E hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme a todo lo que había hecho Joacim. Porque la ira de Jehová era contra Jerusalem y Judá; hasta que los echó de delante de su presencia. Y Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia. Y ACONTECIÓ a los nueve años de su reino, en el mes décimo, a los diez del mes, que Nabucodonosor rey de Babilonia vino con todo su ejército contra Jerusalem: y cercóla, y levantaron contra ella ingenios al derredor. Y estuvo la ciudad cercada hasta el onceno año del rey Sedecías. A los nueve del mes la hambre prevaleció en la ciudad, que no hubo pan para el pueblo de la tierra. Abierta ya la ciudad, huyeron de noche todos los hombres de guerra por el camino de la puerta que estaba entre los dos muros, junto a los huertos del rey, estando los Caldeos al rededor de la ciudad; y el rey se fué camino de la campaña. Y el ejército de los Caldeos siguió al rey, y tomóle en las campañas de Jericó, habiéndose esparcido de él todo su ejército. Y el rey tomado, trajéronle al rey de Babilonia a Rebla, y hablaron con él juicios. Y degollaron a los hijos de Sedecías en su presencia, y a Sedecías quebraron los ojos, y atado con dos cadenas lleváronle a Babilonia. En el mes quinto a los siete del mes que era el año de diez y nueve de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalem Nabuzardan, capitán de los de la guardia, siervo del rey de Babilonia. Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalem: y todas las casas de los principales quemó a fuego. Y todo el ejército de los Caldeos que estaba con el capitán de la guardia derribó los muros de Jerusalem al derredor. Y a los del pueblo que habían quedado en la ciudad, y a los que se habían juntado al rey de Babilonia, y a los que habían quedado del vulgo, Nabuzardan capitán de los de la guardia los trasportó. Mas de la pobreza de la tierra dejo Nabuzardan capitán de los de la guardia, para que labrasen las viñas y las tierras. Y las columnas de metal, que estaban en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de metal que estaba en la casa de Jehová quebraron los Caldeos, y el metal de ello llevaron a Babilonia. Los calderos también, y los badiles, y los salterios, y los cucharones, y todos los vasos de metal con que servían, llevaron. Y los incensarios, y los lebrillos; los que de oro, de oro; y los que de plata, de plata; todo lo llevó el capitán de los de la guardia: Las dos columnas, un mar, y las basas, que Salomón había hecho para la casa de Jehová, no había peso de todos estos vasos. La altura de la una columna era de diez y ocho codos, y tenía encima un capitel de metal, y la altura del capitel era de tres codos: y sobre el capitel había un enredado, y unas granadas al derredor, todo de metal, y semejante obra había en la otra columna con el enredado. Asimismo tomó el capitán de los de la guardia a Saraías primer sacerdote, y a Sofonías segundo sacerdote, y tres guardas de la bajilla. Y de la ciudad tomó un eunuco, el cual era maestre de campo, y cinco varones de los continuos del rey que se hallaron en la ciudad, y al escriba príncipe del ejército, que hacía la gente de la tierra, con sesenta varones del pueblo de la tierra que se hallaron en la ciudad. Estos tomó Nabuzardan capitán de los de la guardia, y llevólos a Rebla al rey de Babilonia. Y el rey de Babilonia los hirió, y mató en Rebla en tierra de Emat: y así pasó Judá de sobre su tierra. Y al pueblo que Nabucodonosor rey de Babilonia dejó en tierra de Judá, puso por gobernador a Godolías, hijo de Ahicam, hijo de Safán. Y oyendo todos los príncipes del ejército, ellos y los varones, que el rey de Babilonia había puesto por gobernador a Godolías, viniéronse a Godolías en Maspa, es a saber, Ismael, hijo de Natanias, y Johannán, hijo de Caree, y Saraías, hijo de Tanehumet Netofatita, y Jezonías, hijo de Maacati, ellos con los suyos. Y Godolías les hizo juramento, a ellos y a los suyos, y díjoles: No hayáis temor de los siervos de los Caldeos: habitád en la tierra, y servíd al rey de Babilonia, y habréis bien. Y en el mes séptimo vino Ismael, hijo de Natanias, hijo de Elisama de la simiente real, y diez varones con él, e hirieron a Godolías, y murió, y también a los Judíos y Caldeos que estaban con él en Maspa. Entónces levantándose todo el pueblo, desde el menor hasta el mayor, con los capitanes del ejército, fuéronse a Egipto por temor de los Caldeos. Y aconteció a los treinta y siete años de la transmigración de Joaquín rey de Judá, en el mes doceno, a los veinte y siete del mes, que Evil-merodac rey de Babilonia, en el primer año de su reino, levantó la cabeza de Joaquín rey de Judá, sacándole de la casa de la cárcel; Y hablóle bien, y puso su asiento sobre el asiento de los reyes que con él estaban en Babilonia. Y mudóle los vestidos de su prisión, y comió delante de él continuamente todos los dias de su vida. Y hacíale dar el rey su comida continuamente, cada cosa en su tiempo, todos los dias de su vida. ADAM, Set, Enós, Cainán, Malaleel, Jared, Jenoc, Matusalem, Lamec, Noe, Sem, Cam, y Jafet. Los hijos de Jafet fueron Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mosoc, y Tiras. Los hijos de Gomer fueron Ascenez, Rifat, y Togorma. Los hijos de Javán: Elisa, Társis, Cetim, y Dodanim. Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut, y Canaán. Los hijos de Cus: Saba, Hevila, Sabata, Regma, y Sabataca. Y los hijos de Regma: Saba y Dadán. Cus engendró a Nimrod: este comenzó a ser poderoso en la tierra. Mizraim engendró a Ludim, Anamim, Laabim, Neftuim, Fetrusim, y Casluim: de estos salieron los Filisteos, y los Caftoreos. Canaán engendró a Sidón su primogénito; Y al Jetteo, y al Jebuseo, y al Amorreo, y al Gergeseo; Y al Heveo, y al Araceo, y al Sineo; Al Aradeo, y al Samareo, y al Hamateo. Los hijos de Sem fueron Elam, Assur, Arfajad, Lud, Aram, Hus, Hul, Geter, y Mosoc. Arfajad engendró a Sale, y Sale engendró a Heber. Y a Heber nacieron dos hijos: el nombre del uno fué Faleg, por cuanto en sus dias fué dividida la tierra, y el nombre de su hermano fué Jectán. Y Jectán engendró a Elmodad, Salef, Asarmot, Jare, Adoram, Uzal, Decla, Hebal, Abimael, Saba, Ofir, Hevila, y Jobab: todos hijos de Jectán. Sem, Arfajad, Sale, Heber, Faleg, Ragau, Serug, Nacor, Tare, Y Abram, el cual es Abraham. Los hijos de Abraham fueron Isaac e Ismael. Y estas son sus descendencias: el primogénito de Ismael fué Nabajot: después de él Cedar, Adbeel, Mabsam, Masma, Duma, Massa, Hadad, Tema, Jetur, Nafis, y Cedma. Estos son los hijos de Ismael. Y Cetura concubina de Abraham parió a Zamram, Jecsán, Madán, Madián, Jesboc, y a Sue. Los hijos de Jecsán fueron Sabá y Dadán. Los hijos de Madián: Efa, Efer, Jenoc, Abida, y Eldaa. Todos estos fueron hijos de Cetura. Y Abraham engendró a Isaac: y los hijos de Isaac fueron Esaú e Israel. Los hijos de Esaú fueron Elifaz, Rahuel, Jehús, Jelom, y Coré. Los hijos de Elifaz, Temán, Omar, Sefi, Gatam, Cenes, Temna, y Amalec. Los hijos de Rahuel fueron Nahat, Zare, Samma, y Meza. Los hijos de Seir fueron Lotán, Sobal, Sebeón, Ana, Disón, Eser, y Disán. Los hijos de Lotán: Hori, y Homam. Y Temna, fué hermana de Lotán. Los hijos de Sobal fueron Alván, Manahat, Ebal, Sefí y Onán. Los hijos de Sebeón, Aia y Ana. Disón fué hijo de Ana. Los hijos de Disón fueron Hamram, Esebán, Jetrán, y Carán. Los hijos de Ezer: Balaam, Zaván, y Acán. Los hijos de Disán: Hus y Aram. Y estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom, ántes que reinase rey sobre los hijos de Israel. Bela, hijo de Beor: y el nombre de su ciudad fué Denaba. Y muerto Bela, reinó en su lugar Jobab, hijo de Zaré de Bosra. Y muerto Jobab, reinó en su lugar Husam, de la tierra de los Temanos. Muerto Husam, reinó en su lugar Adad, hijo de Badad: este hirió a Madián en la campaña de Moab: y el nombre de su ciudad fué Avit. Muerto Adad, reinó en su lugar Semla de Maresca. Muerto también Semla, reinó en su lugar Saul de Rohobot que está junto al río. Y muerto Saul, reinó en su lugar Balanán, hijo de Acobor. Y muerto Balanán, reinó en su lugar Adar, el nombre de su ciudad fué Fau: y el nombre de su mujer fué Meetabel, hija de Matred, e hija de Mezaab. Muerto Adar, sucedieron los duques en Edom: el duque Tamna, el duque Alva, en duque Jetet; El duque Oolibama, el duque Ela, el duque Finon; El duque Cenez, el duque Temán, el duque Mabsar; El duque Magdiel, el duque Hiram. Estos fueron los duques de Edom. ESTOS son los hijos de Israel: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Dan, José, Benjamín, Neftalí, Gad, y Asser. Los hijos de Judá fueron Er, Onán, y Sela. Estos tres le nacieron de la hija de Sue Cananea. Y Er primogénito de Judá, fué malo delante de Jehová, y le mató. Y Tamar su nuera le pario a Fares, y a Zara; y así todos los hijos de Judá fueron cinco. Los hijos de Fares fueron Jesrón, y Hamul. Y los hijos de Zara fueron Zamrí, Etán, Hemán, Calcal, y Darda, todos cinco. Acar fué hijo de Carmi: este alborotó a Israel, porque prevaricó en el anatema. Azaría fué hijo de Etán. Los hijos que nacieron a Jesrón fueron Jerameel, Ram, y Calubai. Y Ram engendró a Aminadab: y Aminadab engendró a Nahasón príncipe de los hijos de Judá. Y Nahasón engendró a Salma: y Salma engendró a Booz. Y Booz engendró a Obed: y Obed engendró a Isaí. Y Isaí engendró a Eliab su primogénito, y el segundo Abinadab, el tercero Samaa, El cuarto Natanael, el quinto Radai, El sexto Osem, el séptimo David: De los cuales Sarvia y Abigail fueron hermanas. Los hijos de Sarvia fueron tres, Abisaí, Joab, y Asael. Abigail engendró a Amasa, y su padre fué Jeter Ismaelita. Caleb, hijo de Jesrón, engendró a Jeriot de su mujer Azuba. Y los hijos de ella fueron Jaser, Sobad, y Ardón. Y muerta Azuba, Caleb, tomó por mujer a Efrata, la cual le parió a Jur. Y Jur engendró a Urí: y Urí engendró a Beseleel. Después Jesrón entró a la hija de Maquir padre de Galaad, la cual tomó siendo él de sesenta años: y ella le parió a Segub. Y Segub engendró a Jair, este tuvo veinte y tres ciudades en la tierra de Galaad. Y Gessur y Aram tomaron las ciudades de Jair de ellos, y a Cenat, y sus aldeas, que fueron sesenta lugares. Todos estos fueron los hijos de Maquir padre de Galaad. Y muerto Jesrón en Caleb de Efrata, Abiá mujer de Jesrón le parió a Asur padre de Tecua. Y los hijos de Jerameel primogénito de Jesrón fueron Ram, su primogénito, Buna, Arán, Asom, y Aquía. Y tuvo Jerameel otra mujer llamada Atara, que fué madre de Onam. Y los hijos de Ram primogénito de Jerameel fueron Moos, Jamín, y Acar. Y los hijos de Onam fueron Semeí y Jada. Los hijos de Semeí: Nadab y Abisur. Y el nombre de la mujer de Abisur fué Abijail, la cual le parió a Abán, y a Molid. Y los hijos de Nadab fueron Saled y Afaim: y Saled murió sin hijos. Y Jesi fué hijo de Afaim: y Sesán fué hijo de Jesi: y Alai fué hijo de Sesán. Los hijos de Jada, hermano de Semeí, fueron Jeter, y Jonatán: y murió Jeter sin hijos. Y los hijos de Jonatán fueron Falet, y Ziza. Estos fueron los hijos de Jerameel. Y Sesán no tuvo hijos, sino hijas. Y tuvo Sesán un siervo Egipcio llamado Jeraa, al cual dió Sesán a su hija por mujer: y ella le parió a Etei. Y Etei engendró a Natán: y Natán engendró a Zabad. Y Zabad engendró a Oflal: y Oflal engendró a Obed. Y Obed engendró a Jehú: y Jehú engendró a Azarías. Y Azarías engendró a Helles: y Helles engendró a Elasa. Elasa engendró a Sisamai: y Sisamai engendró a Sellum. Y Sellum engendró a Icamia; e Icamia engendró a Elisama. Los hijos de Caleb hermano de Jerameel fueron, Mesa su primogénito; este es el padre de Zif; y de sus hijos Maresa, padre de Hebrón. Y los hijos de Hebrón fueron Coré, y Tappua, y Recem, y Samma. Y Samma engendró a Raham padre de Jercaam: y Recem engendró a Sammai. Maón fué hijo de Sammai: y Maón padre de Bet-zur. Y Efa concubina de Caleb le parió a Haram, y a Mosa, y a Gezez. Y Haram engendró a Gezez. Y los hijos de Jahaddai fueron Regom, Joatam, Gesam, Falet, Efa, y Saaf. Maaca concubina de Caleb le parió a Saber y a Tarana. Y también le parió a Saaf padre de Madmena, y a Sue padre de Macbena, y padre de Gabaa. Y Aca fué hija de Caleb. Estos fueron los hijos de Caleb, hijo de Jur, primogénito de Efrata: Sobal padre de Cariat-jarim, Salma padre de Belén, Haref padre de Bet-gader. Y los hijos de Sobal padre de Cariat-jarim, el cual veía la mitad de Hamenuot. Y las familias de Cariat-jarim fueron los Jetreos, y los Futeos, y los Samateos, y los Masereos; de los cuales salieron los Saratitas, y los Estaolitas. Los hijos de Salma: Belén y los Netofatitas, los cuales son las coronas de la casa de Joab, y de la mitad de los Manatitas, los Saraitas. Y las familias de los escribas que moraban en Jabes, fueron los Tirateos, Simateos, Sucateos; los cuales son los Cineos, que vinieron de Hemat, padre de la casa de Recab. ESTOS son los hijos de David, que le nacieron en Hebron: Ammón el primogénito, de Acinoam de Jezrael. El segundo, Daniel, de Abigail del Carmelo. El tercero, Absalom, hijo de Maaca hija de Tolmai rey de Gessur: el cuatro, Adonías, hijo de Aggit: El quinto, Safatias, de Abital: el sexto, Jetraham, de Egla su mujer. Estos seis le nacieron en Hebrón, donde reinó siete años y seis meses: y en Jerusalem reinó treinta y tres años. Estos cuatro le nacieron en Jerusalem: Simmaa, Sobab, Natán, y Salomón de Bet-sua, hija de Ammiel. Y otros nueve; Jebaar, Elisama, Elifalet, Nogé, Nefeg, Jafía, Elisama, Eliada, y Elifalet. Todos estos fueron los hijos de David, sin los hijos de las concubinas. Y Tamar fué hermana de ellos. Hijo de Salomón fué Roboam, cuyo hijo fué Abiá, cuyo hijo fué Asa, cuyo hijo fué Josafat, Cuyo hijo fué Joram, cuyo hijo fué Ocozías, cuyo hijo fué Joas, Cuyo hijo fué Amasías, cuyo hijo fué Azarías, cuyo hijo fué Joatam, Cuyo hijo fué Acaz, cuyo hijo fué Ezequías, cuyo hijo fué Manasés, Cuyo hijo fué Amón, cuyo hijo fué Josías. Y los hijos de Josías fueron Johanán su primogénito, el segundo Joacim, el tercero Sedecías, el cuarto Sellum. Los hijos de Joacim fueron Jeconías su hijo, cuyo hijo fué Sedecías. Y los hijos de Jeconías fueron Asir, cuyo hijo fué Salatiel, Melquiram, Padaia, Senneser, y Jecemia, Hosama, y Nadabia. Y los hijos de Padaia fueron Zorobabel, y Semeí. Y los hijos de Zorobabel fueron Mosollam, Jananías, y Salomit su hermana; Y Hasaba, Ohol, Baraquías, Hasadias, y Josabhesed, todos cinco. Los hijos de Jananías fueron Paltias, y Jesaías, hijo de Rafaias, hijo de Arnán, hijo de Abdías, hijo de Sequenias. Hijo de Sequenias fué Semeías. Y los hijos de Semeías fueron Harus, Jegaal, Barias, Naarias, Safat, seis. Los hijos de Naarias fueron estos tres, Elioenai, Ezequías, y Ezricam. Los hijos de Elioenai fueron estos siete, Oduias, Eliasub, Pelaías, Accub, Johanán, Dalaias, Anani. LOS hijos de Judá fueron Fares, Jesrón, Carmi, Jur, y Sobal. Y Raias, hijo de Sobal, engendró a Jahat; y Jahat engendró a Ahumai, y a Laad. Estas son las familias de los Saratitas. Y estas son las del padre de Etam; Jezrael, Jesema, y Jedebos. Y el nombre de su hermana fué Asalefuni. Y Fanuel fué padre de Gedor; y Ezer padre de Hosa. Estos fueron los hijos de Jur primogénito de Efrata padre de Belén. Y Assur padre de Tecua tuvo dos mujeres, es a saber, Halaa, y Naraa. Y Naraa le parió a Oozán, Hefer, Temani, y Ahastari. Estos fueron los hijos de Naara. Y los hijos de Halaa fueron Seret, Sahar, y Etnán. Ítem, Cos engendró a Anob y a Soboba, y la familia de Aharehel, hijo de Arum. Y Jabes fué más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto yo le parí en dolor. E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: Si me dieres bendición, y ensanchares mi término, y si tu mano fuere conmigo, y me librares de mal, que no me duela. E hizo Dios que le viniese lo que pidió. Y Caleb hermano de Sua, engendró a Maquir, el cual fué padre de Estón. Y Estón engendró a Bet-rafa, a Fese, y a Tehinna, padre de la ciudad de Naas: estos son los varones de Reca. Los hijos de Cenes fueron Otoniel, y Saraías. Los hijos de Otoniel, Hatat, Y Maonati, el cual engendró a Ofra: y Saraías engendró a Joab, padre de Genarassim, porque fueron artífices. Los hijos de Caleb, hijo de Jefone, fueron Hir, Ela, y Naham: e hijo de Ela fué Cenez. Los hijos de Jalaleel fueron Zif, Zifas, Tirias y Asrael. Y los hijos de Ezra fueron Jeter, Mered, Efer, y Jalon; también engendró a María, y a Sammaí, y a Jesba padre de Estamo. Y su mujer Judaia le parió a Jared padre de Gedor, y a Jeber padre de Soco, y a Jecutiel padre de Zaneo. Estos fueron los hijos de Betia, hija de Faraón, con la cual casó Mered. Y los hijos de la mujer de Odías, hermana de Natán, padre de Ceila, fueron Garmi, Estamo el de Macati. Ítem, los hijos de Simón fueron Amnón y Rinna, hijo de Hanán, y Tilón. Y los hijos de Jesi fueron Zohet y Benzohet. Los hijos de Sela, hijo de Judá, fueron Er, padre de Leca, y Laada padre de Maresa, y de la familia de la casa del oficio del lino en la casa de Asbea. Y Joacim, y los varones de Cozeba, y Joas, y Sarof, los cuales dominaron en Moab, y Jasubi-la-hem, que son palabras antiguas, Estos fueron olleros, y moradores de sembrados, y de cercados, los cuales moraron allá con el rey en su obra. Los hijos de Simeón fueron Namuel, Jamín, Jarib, Zara, Saul. También Sellum fué su hijo, Mabsán su hijo, y Masma su hijo. Los hijos de Masma fueron Hamuel su hijo, Zacur su hijo, y Semeí su hijo. Los hijos de Semeí fueron diez y seis, y seis hijas; mas sus hermanos no tuvieron muchos hijos, ni multiplicaron toda su familia, como los hijos de Judá. Y habitaron en Beer-seba, y en Molada, y en Hasar-subal, Y en Bala, y en Hasón, y en Tolad, Y en Batuel, y en Jorma, y en Siceleg, Y en Bet-marcabot, y en Hasarusim, y en Bet-berai, y en Saraim. Estas fueron sus ciudades hasta el reino de David. Y sus aldeas fueron Etam, Aén, Remmón, y Taocem, y Asán, cinco pueblos: Y todos sus villages que estaban al rededor de estas ciudades hasta Baal. Esta fué su habitación, y esta fué su descendencia. Mosobab, y Jemlec, y Josías, hijo de Amasías, Joel, y Jehú, hijo de Josabías, hijo de Saraías, hijo de Aziel, Y Elioenai, Jacoba, Isuhaia, Asaías, Adiel, Ismiel, Banaías, Y Ziza, hijo de Sefei, hijo de Allón, hijo de Idaías, hijo de Semrí, hijo de Samaías. Estos por sus nombres son los principales que vinieron en sus familias, y que fueron multiplicados en multitud en las casas de sus padres. Y llegaron hasta la entrada de Gador hasta el oriente del valle, buscando pastos para sus ganados. Y hallaron gruesos y buenos pastos, y tierra ancha y espaciosa, y quieta y reposada, porque los hijos de Cam la habitaban de ántes. Y estos, que han sido escritos por nombres, vinieron en dias de Ezequías rey de Judá, e hirieron sus tiendas y estancias que hallaron allí, y destruyéronlos hasta hoy; y habitaron allí en lugar de ellos, por cuanto había allí pastos para sus ganados. Y asimismo quinientos hombres de ellos de los hijos de Simeón se fueron al monte de Seir, llevando por capitanes a Paltías, y a Naarías, y a Rafaias, y a Oziel, hijos de Jesi; E hirieron a los restos que habían quedado de Amalec, y habitaron allí hasta hoy. Y LOS hijos de Ruben primogé- nito de Israel, (porque él era el primogénito, mas como contaminó el lecho de su padre, sus primogenituras fueron dadas a los hijos de José, hijo de Israel, y no fué contado por primogénito. Porque Judá fué el mayorazgo sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos: y la primogenitura fué de José.) Los hijos de Rubén, primogénito de Israel, fueron Jenoc, Fallu, Jesrón, y Carmi. Los hijos de Joel fueron Samaías su hijo, Gog su hijo, Semeí su hijo, Mica su hijo, Reia su hijo, Baal su hijo, Beera su hijo, el cual fué trasportado por Teglat-palasar rey de los Asirios. Este era principal de los Rubenitas. Y sus hermanos por sus familias, cuando eran contados en sus descendencias, tenían por príncipes a Jehiel y a Zacarías. Y Bala, hijo de Azaz, hijo de Samma, hijo de Joel, habitó en Aroer hasta Nebo y Beel-meón. Habitó también desde el oriente hasta la entrada del desierto, desde el río de Éufrates; porque tenían muchos ganados en la tierra de Galaad. Y en los dias de Saul trajeron guerra contra los Agarenos; los cuales cayeron en su mano, y ellos habitaron en sus tiendas sobre toda la haz oriental de Galaad. Y los hijos de Gad habitaron enfrente de ellos en la tierra de Basán hasta Selca. Y el primogénito fué Joel, el segundo Safán: y Janai y Safat estuvieron en Basán. Y sus hermanos según las familias de sus padres fueron Micael, Mosollam, Sebe, Jorai, Jacán, Zie, Jeber, todos siete. Estos fueron los hijos de Abijail, hijo de Huri, hijo de Jara, hijo de Galaad, hijo de Micael, hijo de Jesí, hijo de Jeddo, hijo de Buz. También Aqui hijo de Abdiel, hijo de Guni, fué principal en la casa de sus padres. Los cuales habitaron en Galaad, en Basán, y en sus aldeas, y en todos los ejidos de Sarón hasta salir de ellos. Todos ellos fueron contados en dias de Joatam rey de Judá, y en dias de Jeroboam rey de Israel. Los hijos de Rubén, y de Gad, y la media tribu de Manasés fueron valientes hombres, hombres que traían escudo y espada, y que entesaban arco, diestros en guerra, cuarenta y cuatro mil y sietecientos y sesenta que salían en batalla. Y tuvieron guerra con los Agarenos, y Jetur, y Nafis, y Nodab. Y fueron ayudados contra ellos, y los Agarenos se dieron en sus manos, y todos los que eran con ellos, porque clamaron a Dios en la guerra, y fuéles favorable, porque esperaron en él. Y tomaron sus ganados, cincuenta mil camellos, y doscientas y cincuenta mil ovejas, dos mil asnos, y cien mil personas. Y cayeron muchos heridos, porque la guerra era de Dios, y habitaron en sus lugares hasta la transmigración. Y los hijos de la media tribu de Manasés habitaron en la tierra desde Basán hasta Baal-hermón, y Sanir, y el monte de Hermón, multiplicados en gran manera. Y estos fueron las cabezas de las casas de sus padres, Efer, Jesí, y Eliel, Ezriel, y Jeremías, y Odoías, y Jediel, hombres valientes, y de esfuerzo, varones de nombres, y cabezas de las casas de sus padres. Mas se rebelaron contra el Dios de sus padres, y fornicaron siguendo los dioses de los pueblos de la tierra, a los cuales Jehová había quitado de delante de ellos. Por lo cual el Dios de Israel despertó el espíritu de Ful rey de los Asirios, y el espíritu de Teglat-palasar rey de los Asirios, el cual trasportó a los Rubenitas y Gaditas, y a la media tribu de Manasés, y los llevó a Halah, y a Habor, y a Ara, y al río de Gozán hasta hoy. LOS hijos de Leví fueron Gersón, Caat y Merari. Los hijos de Caat fueron Amram, Isaar, Hebrón, y Oziel. Los hijos de Amram fueron Aarón, Moisés, y María. Los hijos de Aarón fueron Nadab, Abiu, Eleazar, e Itamar. Eleazar engendró a Finees, y Finees engendró a Abisué, Y Abisué engendró a Bocci, y Bocci engendró a Ozi, Y Ozi engendró a Zaraías, y Zaraías engendró a Meraiot, Y Meraiot engendró a Amarías, y Amarías engendró a Aquitob, Y Aquitob engendró a Sadoc, y Sadoc engendró a Aquimaas, Y Aquimaas engendró a Azarías, y Azarías engendró a Johanán, Y Johanán engendró a Azarías, el que tuvo el sacerdocio en la casa que Salomón edificó en Jerusalem, Y Azarías engendró a Amarías, y Amarías engendró a Aquitob, Y Aquitob engendró a Sadoc, y Sadoc engendró a Sellum, Y Sellum engendró a Helcías, y Helcías engendró a Azarías, Y Azarías engendró a Saraías, y Saraías engendró a Josedec, Y Josedec fué cuando Jehová trasportó a Judá y a Jerusalem por mano de Nabucodonosor. Así que los hijos de Leví fueron Gersón, Caat, y Merari. Y estos son los nombres de los hijos de Gerson: Lebni, y Semeí. Los hijos de Caat fueron Amram, Isaar, Hebrón y Oziel. Los hijos de Merari fueron Moholi, y Musi. Estas son las familias de Leví según sus descendencias: Gersón, Lebni su hijo, Jahat su hijo, Zamma su hijo, Joah su hijo, Addo su hijo, Zara su hijo, Jetrai su hijo. Los hijos de Caat fueron Aminadab su hijo, Coré su hijo, Asir su hijo, Elcana su hijo, Abiasaf su hijo, Asir su hijo, Tahat su hijo, Uriel su hijo, Ozía su hijo, y Saul su hijo. Los hijos de Elcana fueron Amasai, Aquimot, y Elcana. Los hijos de Elcana fueron Sofai su hijo, Nahat su hijo, Eliab su hijo, Jeroham su hijo, Elcana su hijo, Los hijos de Samuel, el primogénito Vasseni, y Abías. Los hijos de Merari fueron Mocoli, Lebni su hijo, Semeí su hijo, Oza su hijo, Samaa su hijo, Haggía su hijo, Asaía su hijo. Y estos son a los que David dió cargo de las cosas de la música de la casa de Jehová, después que el arca tuvo reposo: Los cuales servían delante de la tienda del tabernáculo del testimonio en cantares, hasta que Salomón edificó la casa de Jehová en Jerusalem: y estuvieron en su ministerio según su costumbre. Y estos y sus hijos asistían: De los hijos de Caat, Hemán cantor, hijo de Joel, hijo de Samuel, Hijo de Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliel, hijo de Tolu, Hijo de Suf, hijo de Elcana, hijo de Mahat, hijo de Amasai, Hijo de Elcana, hijo de Joel, hijo de Azarías, hijo de Sofonías, Hijo de Tahat, hijo de Asir, hijo de Abiasaf, hijo de Coré, Hijo de Isaar, hijo de Caat, hijo de Leví, hijo de Israel. Y su hermano Asaf, el cual estaba a su mano derecha. Asaf, hijo de Baraquías, hijo de Samaa, Hijo de Micael, hijo de Baasías, hijo de Melquías, Hijo de Atanai, hijo de Zara, hijo de Adaia, Hijo de Etán, hijo de Zamma, hijo de Semeí, Hijo de Get, hijo de Gersón, hijo de Leví. Mas los hijos de Merari sus hermanos estaban a la mano siniestra, es a saber, Etán, hijo de Cusi, hijo de Abdi, hijo de Maloc, Hijo de Hasabías, hijo de Amasías, hijo de Helcías, Hijo de Amasai, hijo de Boni, hijo de Somer, Hijo de Moholi, hijo de Musi, hijo de Merari, hijo de Leví. Y sus hermanos los Levitas fueron puestos sobre todo el ministerio del tabernáculo de la casa de Dios. Mas Aarón y sus hijos hacían perfume sobre el altar del holocausto, y sobre el altar del perfume, en toda la obra del lugar santísimo, y para hacer las expiaciones sobre Israel, conforme a todo lo que Moisés siervo de Dios había mandado. Y los hijos de Aarón son estos: Eleazar su hijo, Finees su hijo, Abisue su hijo, Bocci su hijo, Ozi su hijo, Zaraías su hijo, Meraiot su hijo, Amarías su hijo, Aquitob su hijo, Sadoc su hijo, Aquimaas su hijo. Y estas son sus habitaciones por sus palacios y en sus términos, de los hijos de Aarón por las familias de los Caatitas: porque de ellos fué la suerte. Que les dieron a Hebrón en tierra de Judá, y sus ejidos al rededor de ella: Mas la tierra de la ciudad y sus aldeas dieron a Caleb, hijo de Jefone. Y a los hijos de Aarón dieron las ciudades de Judá de acogimiento, es a saber, a Hebrón, y a Lebna con sus ejidos, A Jeter y Estemo, con sus ejidos, y a Helón con sus ejidos, y a Dabir con sus ejidos, A Asán con sus ejidos, y a Bet-sames con sus ejidos. Y de la tribu de Benjamín, a Gabee con sus ejidos, y a Almat con sus ejidos, y a Anatot con sus ejidos. Todas sus ciudades fueron trece ciudades, por sus linajes. A los hijos de Caat, que quedaron de su parentela, dieron diez ciudades de la media tribu de Manasés por suerte. Y a los hijos de Gersón por sus linajes dieron de la tribu de Isacar, y de la tribu de Aser, y de la tribu de Neftalí, y de la tribu de Manasés en Basán trece ciudades. Y a los hijos de Merari por sus linajes, de la tribu de Rubén, y de la tribu de Gad, y de la tribu de Zabulón por suerte doce ciudades. Y dieron los hijos de Israel a los Levitas ciudades con sus ejidos. Y dieron por suerte de la tribu de los hijos de Judá, y de la tribu de los hijos de Simeón, y de la tribu de los hijos de Benjamín las ciudades que nombraron por sus nombres. Y a los linajes de los hijos de Caat dieron ciudades con sus términos de la tribu de Efraim. Y diéronles las ciudades de acogimiento, a Siquem con sus ejidos en el monte de Efraim, y a Gazer con sus ejidos. Y a Jecmaam con sus ejidos, y a Bet-orón con sus ejidos. Y a Ajalón con sus ejidos, y a Get-remmón con sus ejidos. De la media tribu de Manasés, a Aner con sus ejidos, a Balaam con sus ejidos, para los del linaje de los hijos de Caat, que habían quedado. Y a los hijos de Gersón, de la familia de la media tribu de Manasés, a Gaulón en Basán con sus ejidos, y a Astarot con sus ejidos, Y de la tribu de Isacar, a Cedes con sus ejidos, a Daberet con sus ejidos, Y a Ramot con sus ejidos, y a Anem con sus ejidos. Y de la tribu de Aser, a Masal con sus ejidos, y a Abdón con sus ejidos, Y a Hacoc con sus ejidos, y a Rohob con sus ejidos. Y de la tribu de Neftalí, a Cedes en Galilea con sus ejidos, a Hamón con sus ejidos, a Cariatjarim con sus ejidos. Y a los hijos de Merari, que habían quedado, dieron de la tribu de Zabulón a Remmono con sus ejidos, y a Tabor con sus ejidos. Y de la otra parte del Jordán de Jericó, al oriente del Jordán, dieron de la tribu de Ruben a Bosor en el desierto con sus ejidos, y a Jassa con sus ejidos, Y a Cademot con sus ejidos, y a Mefaat con sus ejidos. Y de la tribu de Gad, a Ramot en Galaad con sus ejidos, y a Mahanaim con sus ejidos, Y a Jesebón con sus ejidos, y a Jezer con sus ejidos. LOS hijos de Isacar fueron Tola, Fua, Jasub, y Simerón, cuatro. Los hijos de Tola: Ozi, Rafaias, Jeriel, Jemai, Jebsem, y Samuel, cabezas en las familias de sus padres. De Tola fueron contados por sus linajes en el tiempo de David, veinte y dos mil y seiscientos varones valerosos de esfuerzo. Hijo de Ozi fué Izraías: y los hijos de Izraías fueron Micael, Abdías, Joel, y Jesías, todos cinco príncipes. Y había con ellos en sus linajes por las familias de sus padres treinta y seis mil hombres de guerra: porque tuvieron muchas mujeres e hijos. Y sus hermanos por todas las familias de Isacar eran contados, todos por sus genealogías, ochenta y siete mil hombres valientes de esfuerzo. Los hijos de Benjamín fueron tres, Bela, Becor, y Jadiel. Los hijos de Bela fueron Esbón, Ozi, Oziel, Jerimot, y Uraí, cinco cabezas de casas de linajes, hombres valientes de esfuerzo. Y de su linaje fueron contados veinte y dos mil y treinta y cuatro. Los hijos de Becor fueron Zamira, Joas, Eliezer, Elioenai, Amri, Jerimot, Abías, Anatot, y Almat, todos estos fueron hijos de Becor. Y cuando fueron contados por sus descendencias, por sus linajes, los que eran cabezas de sus familias, veinte mil y doscientos hombres valientes de esfuerzo. Hijo de Jadiel fué Balán: y los hijos de Balán, Jehús, Benjamín, Aod, Canaana, Zetán, Társis, y Ahi-sahar. Todos estos fueron hjios de Jadiel, cabezas de familias, varones valientes de esfuerzo, diez y siete mil y doscientos que salían a la guerra en batalla. Y Suppim y Huppim, hijos de Hir: y Hasim, hijo de Aher. Los hijos de Neftalí fueron Jasiel, Guni, Jezer, y Sellum, hijos de Bala. Ítem, los hijos de Manasés fueron Esriel, el cual le parió su concubina la Sira, la cual también le parió a Maquir, padre de Galaad. Y Maquir tomó mujeres a Huppim, y a Suppim, el cual tuvo una hermana llamada Maaca. Y el nombre del segundo fué Salfaad. Y Salfaad tuvo hijas. Y Maaca mujer de Maquir le parió un hijo, y llamóle Fares. Y el nombre de su hermano fué Sares, cuyos hijos fueron Ulam, y Recem. Hijo de Ulam fué Badán. Estos fueron los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés. Y su hermana Molehed parió a Iscud, y a Abiezer, y a Mohola. Y los hijos de Semida fueron Ahín, Sequem, Leci, y Aniam. Los hijos de Efraim fueron Sutala, Bared su hijo, Tahat su hijo, Elada su hijo, Tahat su hijo, Zabad su hijo, y Sutala su hijo, Ezer y Elad. Mas los hijos de Get, naturales de aquella tierra, los mataron, porque vinieron a tomarles sus ganados. Y Efraim su padre puso luto por muchos dias, y vinieron sus hermanos a consolarle. Y entrando el a su mujer, ella concibió, y parió un hijo al cual puso nombre Beria; por cuanto había estado en dolor en su casa. Y su hija fué Sara, la cual edificó a Bet-orón la baja y la alta, y a Ozensara. Hijo de este fué Rafa, y Resef, y Tale su hijo, y Taán su hijo, Ladaán su hijo, Ammiud su hijo, Elisama su hijo, Nun su hijo, Josué su hijo. Y su heredad y habitación fué Betel con sus aldeas; y hacia el oriente Norán; y a la parte del occidente Gazer y sus aldeas: asimismo Siquem con sus aldeas, hasta Asa y sus aldeas. Y a la parte de los hijos de Manasés, Bet-sán con sus aldeas, Tanac con sus aldeas, Mageddo con sus aldeas, Dor con sus aldeas. En estas habitaron los hijos de José, hijo de Israel. Los hijos de Aser fueron Jamna, Jesua, Jesui, Baria, y su hermana Sara. Los hijos de Baria fueron Jeber, y Melquiel, el cual fué padre de Barsait. Y Jeber engendró a Jeflat, Somer, Hotam, y Suaa hermana de ellos. Los hijos de Jeflat: Fosec, Camaal, y Asot, estos fueron los hijos de Jeflat. Y los hijos de Somer: Ahi, Roaga, Haba, y Aram. Los hijos de Helem su hermano: Sufa, Jemna, Selles, y Amal. Los hijos de Sufa: Sue, Harnafet, Sual, Beri, Jamra, Bosor, Hod, Samma, Salusa, Jetrán, y Bera. Los hijos de Jeter: Jefone, Fasfa y Ara. Y los hijos de Ulla: Arree, Haniel, y Resia. Todos estos fueron hijos de Aser, cabezas de familias de padres, escogidos, poderosos en fuerzas, cabezas de príncipes; y cuando fueron contados por sus linajes entre los hombres de guerra, el número de ellos fué veinte y seis mil varones. BENJAMÍN engendró a Bale su primogénito, Asbel el segundo, Ahala el tercero, Nohaa el cuarto, y Rafa el quinto. Y los hijos de Bale fueron Addar, Gera, Abiud, Abisue, Naamán, Ahoe, Ítem, Gera, Sefufán, y Huram. Y estos son los hijos de Ahod, y estos son las cabezas de padres que habitaron en Gabaa, y fueron trasportados a Manahat: Es a saber, Nahamán, Aquías, y Gera: este los trasportó, y engendró a Oza, y Ahihud. Y Saharaim engendró en la provincia de Moab, después que dejó a Husim y a Bara que eran sus mujeres. Y engendró de Codes su mujer a Jobab, Sebias, Mosa, Molcom, Jehús, Sequías, y Marma. Estos son sus hijos, cabezas de familias. Mas de Husim engendró a Abitob, y a Elfaal. Y los hijos de Elfaal fueron Jeber, Misaam, y Samad, el cual edificó a Ono, y a Lot con sus aldeas: Y Barias y Sama; estos fueron las cabezas de las familias de los moradores de Ajalón. Estos echaron a los moradores de Get. Ítem, Ahio, Sesac, Jerimot, Zabadías, Arod, Heder, Micael, Jespa, y Joa, hijos de Barias. Y Zabadías, Mosollam, Hezeci, Jeber, Jesamari, Jezlia, y Jobab, hijos de Elfaal. Y Jacim, Zecri, Zabdi, Elioenai, Seletai, Eliel, Adaias, Baraias, y Samarat, hijos de Semeí. Y Jefán, Jeber, Eliel, Abdón, Zecri, Hanán, Jananías, Helam, Anatotias, Jefdaias, y Fanuel, hijos de Sesac. Y Samsari, Jahorias, Otolias, Jersias, Elijas, y Zecri, hijos de Jeroham. Estos fueron príncipes de familias por sus linajes, capitanes, y habitaron en Jerusalem. Y en Gabaón habitaron Abigabaón, la mujer del cual se llamó Maaca; Y su hijo primogénito Abdón, y Sur, Cis, Baal, Nadab, Gedor, Ahio, y Zaquer. Y Macellot engendró a Samaa, los cuales también habitaron en frente de sus hermanos en Jerusalem con sus hermanos. Y Ner engendró a Cis, y Cis engendró a Saul, y Saul engendró a Jonatán, Melqui-sua, Abinadab, y Esbaal. Hijo de Jonatán fué Meri-baal, Meri-baal engendró a Mica. Los hijos de Mica fueron Fitón, Melec, Taraa, y Ajaz. Y Ajaz engendró a Joada, y Joada engendró a Alamat, y a Azmot, y a Zamrí: y Zamrí engendró a Mosa: Y Mosa engendró a Banaa, hijo del cual fué Rafa, hijo del cual fué Elasa, cuyo hijo fué Asel. Y los hijos de Asel fueron seis, cuyos nombres son Ezricam, Bocru, Ismael, Sarias, Abdías y Hanán: todos estos fueron hijos de Asel. Y los hijos de Esec su hermano fueron Ulam su primogénito, Jehús el segundo, Elifalet el tercero. Y fueron los hijos de Ulam varones valientes en fuerzas, flecheros diestros, los cuales tuvieron muchos hijos y nietos, ciento y cincuenta. Todos estos fueron de los hijos de Benjamín. Y CONTADO todo Israel por el órden de los linajes, fueron escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá, y fueron trasportados a Babilonia por su rebelión. Los primeros moradores que fueron puestos en sus posesiones en sus ciudades, así de Israel, como de los sacerdotes, Levitas, y Natineos, Los cuales habitaron en Jerusalem, de los hijos de Judá, de los hijos de Benjamín, de los hijos de Efraim y Manasés: Otei, hijo de Ammiud, hijo de Amrí, hijo de Omraí, hijo de Bonní, de los hijos de Fares, hijos de Judá. Y de Siloni: Asaías el primogénito, y sus hijos. Y de los hijos de Zara: Jehuel, y sus hermanos, seiscientos y noventa. Ítem, de los hijos de Benjamín: Salo, hijo de Mosollam, hijo de Odvia, hijo de Asana; Y Jobanías, hijo de Jeroham, y Ela, hijo de Ozi, hijo de Mocori, y Mosollam, hijo de Safatías, hijo de Rahuel, hijo de Jebanías: Y sus hermanos por sus linajes fueron nuevecientos y cincuenta y seis. Todos estos varones fueron cabezas de padres por las familias de sus padres. Y de los sacerdotes: Jedaia, Joiarib, Jaquín, Y Azarías, hijo de Helcías, hijo de Mosollam, hijo de Sadoc, hijo de Maraiot, hijo de Aquitob, príncipe de la casa de Dios. Ítem, Adaias, hijo de Jeroham, hijo de Fasur, hijo de Melquías, y Maasai, hijo de Adiel, hijo de Jezra, hijo de Mosollam, hijo de Mosollamit, hijo de Emmer: Y sus hermanos cabezas de familias de sus padres, mil y sietecientos y sesenta hombres valientes de fuerzas en la obra del ministerio de la casa de Dios. Y de los Levitas: Semeías, hijo de Hassub, hijo de Ezricam, hijo de Hasebias, de los hijos de Merari; Y Bacbacar, Heres, Galal, y Matanías, hijo de Micas, hijo de Zecri, hijo de Asaf; Y Abdías, hijo de Semeías, hijo de Galal, hijo Iditún; y Baraquías, hijo de Asa, hijo de Elcana, el cual habitó en las aldeas de Netofati. Y porteros: Sellum, Accub, Telmón, Ahimán, y sus hermanos: Sellum era la cabeza. Y hasta ahora han sido estos los porteros en la puerta del rey, que está al oriente, en las cuadrillas de los hijos de Leví. Y Sellum, hijo de Coré, hijo de Abiasaf, hijo de Corá, y sus hermanos por la casa de su padre, los Coritas, tuvieron cargo de la obra del ministerio guardando las puertas del tabernáculo: y sus padres sobre el campo de Jehová fueron los guardias de la entrada. Y Finees, hijo de Eleazar, fué capitán sobre ellos ántes, siendo Jehová con él. Y Zacarías, hijo de Mosollamia, era portero de la puerta del tabernáculo del testimonio. Todos estos ilustres entre los porteros en las puertas fueron doscientos y doce, cuando fueron contados por el órden de sus linajes en sus aldeas: a los cuales constituyó en su oficio David, y Samuel el vidente. Así ellos y sus hijos eran porteros por sus veces a las puertas de la casa de Jehová, y de la casa del tabernáculo. Y estaban porteros a los cuatro vientos; al oriente, al occidente, al septentrión, y al mediodía. Y sus hermanos, que estaban en sus aldeas, venían cada siete dias por sus tiempos con ellos. Porque estaban en el oficio cuatro de los más poderosos de los porteros, los cuales eran Levitas, que tenían cargo de las cámaras, y de los tesoros de la casa de Dios. Estos moraban al rededor de la casa de Dios, porque tenían cargo de la guardia, y tenían cargo de abrir cada mañana. Algunos de estos tenían cargo de los vasos del ministerio, los cuales se metían por cuenta, y se sacaban por cuenta. Y algunos de ellos tenían cargo de la bajilla, y de todos los vasos del santuario, y de la harina, y del vino, y del aceite, y del incienso, y de las especierías. Y algunos de los hijos de los sacerdotes hacían los ungüentos aromáticos. Y Matatías, uno de los Levitas, primogénito de Sellum Corita, tenía cargo de las cosas que se hacían en la sartén. Y algunos de los hijos de Caat, y de sus hermanos, tenían el cargo de los panes de la proposición, los cuales ponían por órden cada sábado. Y de estos había cantores, príncipes de familias por los Levitas, los cuales estaban en sus cámaras, exentos; porque de día y de noche estaban en la obra. Estos eran príncipes de familias, por los Levitas por sus linajes, príncipes, que habitaban en Jerusalem. Y en Gabaón habitaban Abigabaón, Jehiel; y el nombre de su mujer era Maaca; Y su hijo primogénito, Abdón, Sur, Cis, Baal, Ner, Nadab, Gedor, Ahio, Zacarías, y Macellot. Ítem, Macellot engendró a Samaán, y estos habitaban en Jerusalem también con sus hermanos enfrente de ellos. Y Ner engendró a Cis, y Cis engendró a Saul, y Saul engendró a Jonatán, Melquisua, Abinadab, y Esbaal. E hijo de Jonatán fué Merib-baal: y Merib-baal engendró a Mica. Y los hijos de Mica fueron Fitón, Melec, Taraa, y Ajaz. Ajaz engendró a Jara, y Jara engendró a Alamat, Azmot, y Zamrí: y Zamrí engendró a Mosa: Y Mosa engendró a Banaa, cuyo hijo fué Rafaia, cuyo hijo fué Elasa, cuyo hijo fué Asel: Y Asel tuvo seis hijos: los nombres de los cuales son Ezricam, Bocru, Ismael, Sarias, Abdías, Hanán: estos fueron los hijos de Asel. LOS Filisteos pelearon con Israel, e Israel huyó delante de ellos, y cayeron heridos en el monte de Gelboé. Y los Filisteos siguieron a Saul, y a sus hijos; y mataron los Filisteos a Jonatán, y a Abinadab, y a Melquisua, hijos de Saul. Y la batalla se agravó sobre Saul, y alcanzáronle los flecheros, y fué herido de los flecheros. Entónces Saul dijo a su escudero: Saca tu espada, y pásame con ella, porque no vengan estos incircuncisos, y escarnezcan de mí. Mas su escudero no quiso, porque tenía gran miedo. Entónces Saul tomó la espada, y echóse sobre ella. Y como su escudero vió a Saul muerto, él también se echó sobre su espada y matóse. Así murió Saul, y sus tres hijos, y toda su casa murió juntamente con él. Y viendo todos los de Israel que habitaban en el valle, que habían huido, y que Saul y sus hijos eran muertos, dejaron sus ciudades, y huyeron: y vinieron los Filisteos y habitaron en ellas. Y fué que viniendo el día siguiente los Filisteos a despojar los muertos, hallaron a Saul y a sus hijos tendidos en el monte de Gelboé. Y después que le hubieron desnudado, tomaron su cabeza, y sus armas, y enviáronlo todo a la tierra de los Filisteos por todas partes, para que fuese denunciado a sus ídolos, y al pueblo. Y pusieron sus armas en el templo de su dios: y colgaron la cabeza en el templo de Dagón. Y oyendo todos los de Jabes de Galaad lo que los Filisteos habían hecho de Saul, Levantáronse todos los valientes hombres, y tomaron el cuerpo de Saul, y los cuerpos de sus hijos, y trajéronlos a Jabes; y enterraron sus huesos debajo del alcornoque en Jabes, y ayunaron siete dias. Así murió Saul por su rebelión con que se rebeló contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó; y porque consultó al pitón preguntando; Y no consultó a Jehová; por esta causa le mató, y traspasó el reino a David, hijo de Isaí. ENTÓNCES todo Israel se juntó a David en Hebrón, diciendo: He aquí, nosotros somos tu hueso y tu carne: Y demás de esto, ayer y anteayer, aun cuando Saul reinaba, tú sacabas y metias a Israel. También Jehová tu Dios te ha dicho: Tú apacentarás mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre mi pueblo Israel. Y vinieron todos los ancianos de Israel al rey en Hebron; y David hizo con ellos alianza en Hebrón delante de Jehová; y ellos ungieron a David por rey sobre Israel, conforme a la palabra de Jehová por mano de Samuel. Entónces David con todo Israel se fué a Jerusalem, la cual es Jebús, porque allí el Jebuseo era habitador de aquella tierra. Y los de Jebús dijeron a David: No entrarás acá. Mas David tomó la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David. Y David dijo: El que primero hiriere al Jebuseo, será cabeza y príncipe. Entónces subió Joab, hijo de Sarvia, el primero, y fué hecho príncipe. Y David habitó en la fortaleza, y por esto la llamáron la ciudad de David. Y edificó la ciudad al derredor desde Melo hasta la cerca: y Joab reparó el resto de la ciudad. Y David se aumentaba, yendo creciendo, y Jehová de los ejércitos era con él. Estos son los capitanes de los valientes hombres que David tuvo, y los que le ayudaron en su reino, con todo Israel, para hacerle rey sobre Israel, conforme a la palabra de Jehová. Y este es el número de los valientes que David tuvo: Jesbaán, hijo de Hacamoní, príncipe de los treinta, el cual blandió su lanza una vez contra trescientos, a los cuales mató. Tras este fué Eleasar, hijo de Dodo, Ahohita, el cual era entre los tres valientes. Este estaba con David en Fesdomim, estando allí juntos en batalla los Filisteos: y había allí una suerte de tierra llena de cebada, y huyendo el pueblo delante de los Filisteos, Ellos se pusieron en medio de la haza, y la defendieron, y vencieron a los Filisteos; y salvó Jehová de gran salud. Ítem, tres de los treinta principales, descendieron a la peña a David, a la cueva de Odollam, estando el campo de los Filisteos en el valle de Refaim. Y David estaba entónces en la fortaleza, y el alojamiento de los Filisteos estaba en Belén. Entónces David deseó, y dijo: ¡Oh quién me diese a beber de las aguas del pozo de Belén, que está a la puerta! Entónces aquellos tres rompieron por el campo de los Filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén, que está a la puerta: y tomaron, y trajéronla a David: mas él no la quiso beber, mas derramóla a Jehová, y dijo: Guárdeme mi Dios de hacer esto: ¿había yo de beber la sangre de estos varones con sus vidas, que con el peligro de sus vidas la han traido? Y no la quiso beber. Esto hicieron aquellos tres valientes. Ítem, Abisaí, hermano de Joab, era cabeza de los tres, el cual blandió su lanza sobre trescientos, a los cuales hirió: y en los tres fué nombrado. Y fué el más ilustre de los tres, en los segundos; y fué príncipe de ellos: mas no llegó a los tres primeros. Banaías, hijo de Joiada, hijo de varón de esfuerzo, de grandes hechos, de Cabseel. Este venció los dos leones de Moab. El mismo descendió, e hirió un león en mitad de un foso en tiempo de nieve. El mismo venció a un Egipcio, hombre de medida de cinco codos: y el Egipcio traía una lanza como un enjullo de tejedor: y él descendió a él con un baston; y arrebató al Egipcio la lanza de la mano, y matóle con su misma lanza. Esto hizo Banaías, hijo de Joiada, y fué nombrado entre los tres valientes, Y fué el más honrado de los treinta, mas no llegó a los tres. A este puso David en su consejo. Y los valientes de los ejércitos fueron Asael, hermano de Joab, y Elcanán, hijo de Dodo, de Belén, Samot Arotita, Helles Falonita, Ira, hijo de Acces Tecuita, Abiezer Anatotita, Sobocai Husatita, Ilai Ahohita, Maharai Netofatita, Heled, hijo de Baana Netofatita, Etai, hijo de Ribai, de Gabaat, de los hijos de Benjamín, Banaías Paratonita, Hurai del río de Gaas, Abiel Arbatita, Azmot Bauramita, Eliaba Salabonita. Los hijos de Assem Gezonita, Jonatán, hijo de Sage Ararita, Ahiam, hijo de Sacar Ararita, Elifal, hijo de Ur, Hefer Meceratita, Ahia Felonita, Jesro Carmelita, Naharari, hijo de Azbai, Joel hermano de Natán, Mibahar, hijo de Hagarai, Selec Ammonita, Naharai Berotita, escudero de Joab, hijo de Sarvia, Ira Jetreo, Gareb Jetreo, Urías Jetteo, Zabad, hijo de Alai, Adina, hijo de Siza Rubenita, príncipe de los Rubenitas, y con él treinta. Hanán, hijo de Maaca, y Josafat Matanita, Ozías Astarotita, Samma, y Jehiel, hijo de Hotán Arorita, Jedihiel, hijo de Samrí, y Joha su hermano Tosaita, Eliel Mahumita, Jeribai, y Josaia, hijo de Elnaam, y Jetma Moabita, Eliel, y Obed, y Jasiel Mosobia. ESTOS son los que vinieron a David a Siceleg estando él aun encerrado por causa de Saul, hijo de Cis: y eran de los valientes, ayudadores de la guerra, Armados de arcos, y usaban de ámbas manos en tirar piedras con honda, y en tirar saetas con arco, de los hermanos de Saul, de Benjamín. El principal era Ahiezer, y Joas, hijos de Samaa Gabaatita; y Jaziel, y Fallet, hijos de Azmot; y Baraca, y Jehú Anatotita. Ítem, Ismaias Gabaonita, valiente entre los treinta, y más que los treinta. Y Jeremías, Jeheziel, Joanán, Jezabad Gaderotita, Eluzai, y Jerimut, Baalias, Samarias y Safatias Harufita, Elcana, y Jesias, y Azarael, Joezer, y Jesbaam de Carehim; Ítem, Joela, y Zabadías, hijos de Jeroham de Gedor. Y también de los de Gad se huyeron algunos a David en la fortaleza en el desierto, valientes de fuerzas, y hombres de guerra para pelear, puestos en órden con escudo y pavés: sus rostros como rostros de leones, y ligeros como las cabras monteses. Eser era el capitán, Abdías el segundo, Eliab el tercero, Masmana el cuatro, Jeremías el quinto, Ethi el sexto, Eliel el séptimo, Joanán el octavo, Elzebad el nono, Jeremías el décimo, Macbaani el onceno. Estos fueron los capitanes del ejército de los hijos de Gad. El menor de ellos tenía cargo de cien hombres de guerra, y el mayor de mil. Estos pasaron el Jordán en el mes primero, cuando había salido sobre todas sus riberas; e hicieron huir a todos los de los valles al oriente y al poniente. Asimismo algunos de los hijos de Benjamín y de Judá vinieron a David a la fortaleza. Y David salió a ellos, y hablóles diciendo: Si habéis venido a mí para paz y para ayudarme, mi corazón me será unido con vosotros: mas si para engañarme por mis enemigos, siendo mis manos sin iniquidad, véalo el Dios de nuestros padres, y argúyalo. Entónces el espíritu se en vistió en Amasai, príncipe de treinta, y dijo: Por tí, oh David, y contigo, oh hijo de Isaí. Paz, paz contigo, y paz con tus ayudadores; pues que también tu Dios te ayuda. Y David los recibió, y púsolos entre los capitanes de la cuadrilla. También se pasaron a David algunos de Manasés, cuando vino con los Filisteos a la batalla contra Saul, aunque no les ayudaron: porque los sátrapas de los Filisteos, habido consejo, le enviaron, diciendo: Con nuestras cabezas se pasará a su señor Saul. Así que viniendo él a Siceleg se pasaron a él de los de Manasés, Ednas, Jozabad, Jedihiel, Micael, Jozabad, Eliud, y Salati, príncipes de millares de los de Manasés. Estos ayudaron a David contra aquella compañía: porque todos ellos eran valientes hombres, y fueron capitanes en el ejército. Porque entónces todos los dias venía ayuda a David, hasta que se hizo un grande ejército, como ejército de Dios. Y este es el número de los príncipes de los que estaban a punto de guerra, y vinieron a David en Hebrón, para traspasarle el reino de Saul, conforme a la palabra de Jehová. De los hijos de Judá que traían escudo y lanza, seis mil y ochocientos, a punto de guerra. De los hijos de Simeón valientes hombres de esfuerzo para la guerra, siete mil y ciento. De los hijos de Leví, cuatro mil y seiscientos. Ítem, Joiada príncipe de Aarón, y con él tres mil y siete cientos. Y Sadoc, jóven valiente de fuerzas, y de la familia de su padre, veinte y dos príncipes. De los hijos de Benjamín hermanos de Saul, tres mil: porque aun en aquel tiempo muchos de ellos tenían la guarda de la casa de Saul. Y de los hijos de Efraim, veinte mil y ochocientos valientes de esfuerzo, varones ilustres en las casas de sus padres. De la media tribu de Manasés, diez y ocho mil, los cuales fueron tomados por lista, para venir a poner a David por rey. Ítem, de los hijos de Isacar, doscientos príncipes entendidos en los tiempos, y sabios de lo que Israel había de hacer; cuyo dicho seguían todos sus hermanos. Ítem, de Zabulón cincuenta mil, que salían en batalla a punto de guerra, con todas armas de guerra, aparejados a pelear sin doblez de corazón. Ítem, de Neftalí mil príncipes, y con ellos treinta y siete mil con escudo y lanza. De los de Dan, dispuestos a pelear, veinte y ocho mil y seiscientos. Ítem, de Aser, a punto de guerra, y aparejados a pelear, cuarenta mil. Ítem, de la otra parte del Jordán, de los de Rubén, y de los de Gad, y de la media tribu de Manasés, ciento y veinte mil, con toda suerte de armas de guerra. Todos estos hombres de guerra a punto de guerra, vinieron con corazón perfecto a Hebrón, para poner a David por rey sobre todo Israel; y asimismo todos los demás de Israel tenían un corazón para poner a David por rey. Y estuvieron allí con David tres dias, comiendo y bebiendo; porque sus hermanos les habían aparejado. Y asimismo los que les eran vecinos, hasta Isacar, y Zabulón, y Neftalí, trajeron pan en asnos, y camellos, y mulos, y bueyes; comida, y harina, masas de higos, y pasas, vino, y aceite, bueyes, y ovejas en abundancia: porque en Israel había alegría. ENTÓNCES David tomó consejo con los capitanes de los millares y de los cientos, y con todos los príncipes. Y dijo David a toda la congregación de Israel: Si os parece bien, y de Jehová nuestro Dios, enviaremos a todas partes a nuestros hermanos que han quedado en todas las tierras de Israel, y con ellos a los sacerdotes y Levitas en sus ciudades y ejidos, que se junten con nosotros. Y traigamos el arca de nuestro Dios a nosotros; porque desde el tiempo de Saul no la hemos buscado. Y dijeron toda la congregación, que se hiciese así: porque la cosa parecía bien a todo el pueblo. Entónces David juntó a todo Israel, desde Sihor de Egipto hasta entrar en Emat, para que trajesen el arca de Dios de Cariat-jarim. Y subió David, y todo Israel a Baalata de Cariat-jarim, que es en Judá, para pasar de allí el arca de Jehová Dios que habita entre los querubines, sobre la cual su nombre es invocado. Y llevaron el arca de Dios sobre un carro nuevo de la casa de Abinadab: y Oza y su hermano guiaban el carro. Y David, y todo Israel hacían alegrías delante de Dios con todas sus fuerzas, con canciones, arpas, salterios, tamborinos, címbalos, y trompetas. Y como llegaron a la era de Quidón, Oza extendió su mano al arca, para tenerla; porque los bueyes se apartaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Oza, e hirióle, porque había extendido su mano al arca: y murió allí delante de Dios. Y David tuvo pesar, porque Jehová había hecho rotura en Oza: y llamó a aquel lugar Perezoza hasta hoy. Y David temió a Dios aquel día, y dijo: ¿Cómo meteré yo conmigo el arca de Dios? Y no trajo David a su casa el arca en la ciudad de David, sino llevóla a casa de Obed-edom Geteo. Y el arca de Dios estuvo en casa de Obed-edom, en su casa, tres meses: y bendijo Jehová la casa de Obed-edom, y todas las cosas que tenía. É HIRAM rey de Tiro envió embajadores a David, y madera de cedro, y albañiles, y carpinteros, que le edificasen una casa. Y entendiendo David que Jehová le había confirmado por rey sobre Israel, y que había ensalzado su reino sobre su pueblo Israel, Tomó aun David mujeres en Jerusalem, y engendró David aun hijos e hijas. Y estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalem: Samua, Sobad, Natán, Salomón, Jebahar, Elisua, Elifalet, Noga, Nafeg, Jafías, Elisama, Baal-jada, y Elifalet. Y oyendo los Filisteos, que David era ungido por rey sobre todo Israel, subieron todos los Filisteos en busca de David. Y como David lo oyó, salió contra ellos. Y vinieron los Filisteos, y extendiéronse por el valle de Rafaim. Y David consultó a Dios, diciendo: ¿Subiré contra los Filisteos? ¿Entregarlos has en mi mano? Y Jehová le dijo: Sube, que yo los entregaré en tus manos. Entónces subieron en Baalperazim, y allí los hirió David. Y David dijo: Dios rompió mis enemigos por mi mano como se rompen las aguas. Por esto llamaron el nombre de aquel lugar Baalperazim. Y dejaron allí sus dioses, y David dijo, que los quemasen a fuego. Y volviendo los Filisteos a extenderse por el valle, David volvió a consultar a Dios, y Dios le dijo: No subas tras ellos; sino rodealos, para venir a ellos por delante de los morales. Y como oyeres venir un estruendo por las copas de los morales, sal luego a la batalla: porque Dios saldrá delante de tí, y herirá el campo de los Filisteos. Y David lo hizo como Dios le mandó; e hirieron el campo de los Filisteos, desde Gabaón hasta Gazera. Y el nombre de David fué divulgado por todas aquellas tierras; y puso Jehová el temor de David sobre todas las gentes. HIZO también casas para sí en la ciudad de David, y labró un lugar para el arca de Dios, y tendióle una tienda. Entónces dijo David: El arca de Dios no debe ser traida sino por los Levitas, porque a ellos ha elegido Jehová para que lleven el arca de Jehová y le sirvan perpetuamente. Y juntó David a todo Israel en Jerusalem, para que pasasen el arca de Jehová a su lugar, que él le había aparejado. Juntó también David a los hijos de Aarón, y a los Levitas: De los hijos de Caat; Uriel el principal, y sus hermanos, ciento y veinte: De los hijos de Merari; Asaías el principal, y sus hermanos, doscientos y veinte: De los hijos de Gerson; Joel el principal, y sus hermanos, ciento y treinta: De los hijos de Elisafán; Semeías el principal, y sus hermanos, doscientos: De los hijos de Hebron; Eliel el principal, y sus hermanos, ochenta: De los hijos de Oziel; Aminadab el principal, y sus hermanos, ciento y doce. Y llamó también David a Sadoc, y a Abiatar sacerdotes, y a los Levitas, Uriel, Asaías, Joel, Semeías, Eliel, y Aminadab, Y díjoles: Vosotros que sois los príncipes de padres entre los Levitas, santificáos a vosotros, y a vuestros hermanos, y pasád el arca de Jehová Dios de Israel al lugar que le he aparejado. Porque por no haberlo hecho así vosotros la primera vez, Jehová nuestro Dios hizo en nosotros rotura; por cuanto no le buscamos según la ordenanza. Así los sacerdotes y los Levitas se santificaron para traer el arca de Jehová Dios de Israel. Y los hijos de los Levitas trajeron el arca de Dios, como lo había mandado Moisés, conforme a la palabra de Jehová, puesta sobre sus hombros las barras. Asimismo dijo David a los principales de los Levitas, que constituyesen de sus hermanos cantores, con instrumentos de música, con salterios, y arpas, y címbalos, que resonasen, y alzasen la voz en alegría. Y los Levitas constituyeron a Hemán, hijo de Joel; y de sus hermanos, a Asaf, hijo de Baraquías; y de los hijos de Merari, y de sus hermanos, a Etán, hijo de Casaias: Y con ellos a sus hermanos de la segunda órden, a Zacarías, Ben, y Jaziel: Semiramot, Jahiel, Ani, Eliab, Banaías, Maasias, y Matatias, Elifalu, Macenías, Obed-edom y Jehiel, los porteros. Ítem, Emán, Asaf, y Etán eran cantores, los cuales alzaban su voz con címbalos de metal. Y Zacarías, Oziel, Semiramot, Jahiel, Ani, Eliab, Maasias, y Banaías, con salterios sobre Alamot. Ítem, Matatías, Elifalu, Macenías, Obed-edom, Jehiel, y Ozazías cantaban con arpas en la octava sobrepujando. Y Conenías, príncipe de los Levitas, en la profecía, porque él presidía en la profecía, por cuanto era entendido. Y Baraquías y Elcana eran los porteros del arca. Ítem, Sebenías, Josafat, Natanael, Amasai, Zacarías, Banaías, y Eliezer, sacerdotes, tocaban las trompetas delante del arca de Dios: y Obed-edom, y Jahias eran porteros del arca. Y David, y los ancianos de Israel, y los capitanes de los millares fueron a traer el arca del concierto de Jehová de casa de Obed-edom con alegrías. Y ayudando Dios a los Levitas que llevaban el arca del concierto de Jehová, sacrificaban siete novillos y siete carneros. Y David iba vestido de lino fino, y también todos los Levitas que llevaban el arca, y asimismo los cantores: y Conenías era príncipe de la profecía de los cantores. Y David llevaba sobre sí un efod de lino. De esta manera todo Israel llevaban el arca del concierto de Jehová con júbilo, y sonido de bocinas, y de trompetas, y de címbalos, y salterios, y arpas, haciendo sonido. Y como el arca del concierto de Jehová llegó a la ciudad de David, Micol, hija de Saul, mirando por una ventana vió al rey David que saltaba y bailaba, y menosprecióle en su corazón. ASÍ trajeron el arca de Dios: y asentáronla en medio de la tienda, que David había tendido para ella; y ofrecieron holocaustos y pacificos delante Dios. Y como David hubo acabado de ofrecer los holocaustos y los pacíficos, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová. Y repartió a todo Israel, así hombres como mujeres, a cada uno una torta de pan, y una pieza de carne, y un frasco de vino. Y puso delante del arca de Jehová ministros de los Levitas que contasen, y glorificasen, y loasen a Jehová Dios de Israel. Asaf era el primero: el segundo después de él Zacarías, Jeiel, Semiramot, Jahiel, Matatías, Eliab, Banaías, Obed-edom, y Jehiel, con sus instrumentos de salterios y arpas; y Asaf resonaba con címbalos; Y Banaías y Jahiel, sacerdotes, continuamente con trompetas delante del arca del concierto de Dios. Entónces en aquel día dió David principió a glorificar, con sus salmos, a Jehová por mano de Asaf, y de sus hermanos: Alabád a Jehová, invocád su nombre, hacéd notorias en los pueblos sus obras. Cantád a él, salmeád a él, hablád de todas sus maravillas. Gloriáos en su santo nombre, alégrese el corazón de los que buscan a Jehová. Buscád a Jehová y a su fortaleza: buscád su rostro continuamente. Hacéd memoria de sus maravillas, que ha hecho, de sus prodigios, y de los juicios de su boca; Simiente de Israel su siervo, hijos de Jacob sus escogidos. Jehová, él es nuestro Dios; sus juicios en toda la tierra. Hacéd memoria de su alianza perpetuamente, y de la palabra que él mandó en mil generaciones. La cual él concertó con Abraham, y de su juramento a Isaac. La cual él confirmó a Jacob por estatuto, y a Israel en concierto eterno, Diciendo: A tí daré la tierra de Canaán, cuerda de vuestra herencia: Siendo vosotros pocos hombres en número, y peregrinos en ella. Y anduvieron de nación en nación, y de un reino a otro pueblo. No permitió que nadie los oprimiese: ántes por amor de ellos castigó los reyes. No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas. Cantád a Jehová toda la tierra: anunciád cada día su salud. Contád entre las gentes su gloria, y en todos los pueblos sus maravillas. Porque grande es Jehová, y digno de ser grandemente loado, y de ser temido sobre todos los dioses. Porque todos los dioses de los pueblos son nada: mas Jehová hizo los cielos. Potencia y hermosura están delante de él: fortaleza y alegría en su morada. Atribuíd a Jehová, oh familias de pueblos, atribuíd a Jehová gloria y poderío. Atribuíd a Jehová la gloria de su nombre: traéd presente, y veníd delante de él: prostráos delante de Jehová en la hermosura de su santidad. Teméd delante de su presencia toda la tierra: que el mundo está afirmando para que no se mueva. Los cielos se alegren, y la tierra se goce; y digan en las naciones extrañas: Jehová reina. La mar truene, y todo lo que en ella está: alégrese el campo, y todo lo que contiene. Entónces cantarán los árboles de los bosques delante de Jehová; porque viene a juzgar la tierra. Confesád a Jehová, porque es bueno; porque su misericordia es eterna. Y decíd: Sálvanos, Dios, salud nuestra: júntanos, y líbranos de las gentes, para que glorifiquemos tu santo nombre, y nos gloriemos en tu alabanza. Bendito sea Jehová Dios de Israel de eternidad a eternidad: y digan todos los pueblos: Amén, y alabanza a Jehová. Y dejó allí delante del arca del concierto de Jehová a Asaf y a sus hermanos, para que ministrasen continuamente delante del arca, cada cosa en su día. Y a Obed-edom, y a sus hermanos sesenta y ocho; y a Obed-edom, hijo de Iditún, y a Oza, por porteros: Y a Sadoc el sacerdote, y a sus hermanos los sacerdotes, delante del tabernáculo de Jehová, en el alto que estaba en Gabaón, Para que sacrificasen holocaustos a Jehová en el altar del holocausto continuamente, mañana y tarde, conforme a todo lo que está escrito en la ley de Jehová, que el mandó a Israel. Y con ellos a Hemán, y a Iditún, y los otros escogidos, declarados por sus nombres, para glorificar a Jehová: porque su misericordia es eterna. Y con ellos a Hemán, y a Iditún con trompetas y címbalos para sonar, con otros instrumentos de música de Dios: y los hijos de Iditún por porteros. Y todo el pueblo se fué cada uno a su casa: y David se volvió para bendecir su casa. Y ACONTECIÓ que morando David en su casa, David dijo al profeta Natán: He aquí, yo habito en casa de cedro, y el arca del concierto de Jehová debajo de cortinas. Y Natán dijo a David: Haz todo lo que está en tu corazón, porque Dios es contigo. En aquella misma noche fué palabra de Dios a Natán, diciendo: Vé y dí a David mi siervo: Así dijo Jehová: Tú no me edificarás casa en que habite; Porque no he habitado en casa alguna desde el día que saqué a los hijos de Israel hasta hoy: ántes estuve de tienda en tienda, y de tabernáculo en tabernáculo. En todo cuanto anduve con todo Israel, ¿hablé una palabra a alguno de los jueces de Israel, a los cuales mandé que apacentasen mi pueblo, para decirles: Por qué no me edificáis una casa de cedro? Por tanto ahora dirás a mi siervo David: Así dijo Jehová de los ejércitos: Yo te tomé de la majada de detrás del ganado, para que fueses príncipe sobre mi pueblo Israel: Y he sido contigo en todo cuanto has andado: y he talado a todos tus enemigos de delante de tí, y héte hecho grande nombre, como el nombre de los grandes que son en la tierra. Asimismo he puesto lugar a mi pueblo Israel, y le he plantado para que habite por sí, y que no sea más con movido; ni los hijos de iniquidad le consumirán más, como ántes. Y desde el tiempo que puse los jueces sobre mi pueblo Israel, humillé a todos tus enemigos; y te hice anunciar: Jehová te ha de edificar casa. Y será, que cuando tus dias fueren cumplidos para irte con tus padres, despertaré tu simiente después de tí, la cual será de tus hijos: y afirmaré su reino. Este me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternalmente. Yo le seré por padre, y él me será por hijo: y no quitaré de él mi misericordia, como la quité de aquel que fué ántes de tí: Mas yo le confirmaré en mi casa, y en mi reino eternalmente: y su trono será firme para siempre. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David. Y entró el rey David, y estuvo delante de Jehová, y dijo: Jehová Dios, ¿quién soy yo, y cual es mi casa, que me has traido hasta este lugar? Y aun esto, oh Dios, te ha parecido poco, sino que hayas hablado de la casa de tu siervo para más léjos, y me hayas mirado como a un hombre excelente, Jehová Dios. ¿Qué más puede añadir David, pidiendo de tí para glorificar tu siervo? Mas tú conoces a tu siervo. Oh Jehová, por amor de tu siervo, y según tu corazón has hecho toda esta grandeza, para hacer notorias todas tus grandezas. Jehová, no hay semejante a tí, ni hay Dios sino tu, según todas las cosas que habemos oido con nuestros oidos. ¿Y qué gente hay en la tierra como tu pueblo Israel, cuyo Dios fuese y se redimiese un pueblo, para hacerte nombre, grandezas, y maravillas, echando las gentes de delante de tu pueblo, que tú redimiste de Egipto? Tú te has puesto a tu pueblo Israel, que sea tu pueblo para siempre, y que tú, Jehová, fueses su Dios. Ahora pues, Jehová, la palabra que has hablado acerca de tu siervo y de su casa, sea firme para siempre, y haz como has dicho. Y permanezca, y sea engrandecido tu nombre para siempre, para que se diga: Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, es Dios de Israel, y la casa de tu siervo David sea firme delante de tí. Porque tú, Dios mío, revelaste al oido a tu siervo que le has de edificar casa, por tanto tu siervo ha tomado atrevimiento de orar delante de tí. Ahora pues, Jehová, tú eres el Dios que has hablado de tu siervo este bien. Y ahora has querido bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de tí: porque tu Jehová la has bendecido, y será bendita para siempre. DESPUÉS de estas cosas acon- teció, que David hirió a los Filisteos, y los humilló; y tomó a Get, y a sus villas de mano de los Filisteos. También hirió a Moab; y los Moabitas fueron siervos de David, trayéndole presente. Asimismo hirió David a Adarezer rey de Soba en Hemat, yendo él a afirmar su término al río de Éufrates. Y tomóles David mil carros, y siete mil de a caballo, y veinte mil hombres de a pié: y desjarretó David todos los carros; mas dejó cien carros. Y viniendo Siria, la de Damasco, en ayuda de Adarezer rey de Soba, David hirió de los Siros veinte y dos mil varones. Y puso David guarnición en Siria, la de Damasco, y los Siros fueron hechos siervos de David, trayéndole presente: porque Jehová salvaba a David donde quiera que iba. Tomó también David los escudos de oro, que traían los siervos de Adarezer, y metiólos en Jerusalem. Asimismo de Tebat, y de Cun, ciudades de Adarezer, tomó David muy mucho metal, de que Salomón hizo el mar de metal, las columnas, y vasos de metal. Y oyendo Tou rey de Hemat, que David había deshecho a todo el ejército de Adarezer rey de Soba, Envió a Adoram su hijo al rey David a saludarle, y a bendecirle por haber peleado con Adarezer, y haberle vencido: porque Tou tenía guerra con Adarezer. Y envióle todos los vasos de oro, de plata, y de metal; Los cuales el rey David dedicó a Jehová, con la plata y oro que había tomado de todas las naciones, de Edom, de Moab, de los hijos de Ammón, de los Filisteos, y de Amalec. Ítem, Abisaí, hijo de Sarvia, hirió a Edom en el valle de la sal diez y ocho mil hombres. Y puso guarnición en Edom, y todos los Idumeos fueron siervos de David: porque Jehová guardaba a David donde quiera que iba. Y reinó David sobre todo Israel, y hacía juicio y justicia a todo su pueblo. Y Joab, hijo de Sarvia, era general del ejército, y Josafat, hijo de Ahilud, canciller. Y Sadoc, hijo de Aquitob, y Abimelec, hijo de Abiatar, eran sacerdotes; y Susa el escriba. Ítem, Banaías, hijo de Joiada, era sobre los Cereteos y Feleteos: y los hijos de David eran los príncipes a la mano del rey. DESPUÉS de estas cosas acon- teció que Naas rey de los hijos de Ammón murió, y reinó en su lugar Hanón su hijo. Y dijo David: Yo haré misericordia con Hanón, hijo de Naas, porque también su padre hizo conmigo misericordia. Así David envió embajadores, que le consolasen de la muerte de su padre. Y venidos los siervos de David en la tierra de los hijos de Ammón a Hanón, para consolarle, Los príncipes de los hijos de Ammón dijeron a Hanon: ¿Honra ahora David a tu padre a tu parecer, que te ha enviado consoladores? ¿No vienen ántes sus siervos a tí para escudriñar, e inquirir, y reconocer la tierra? Entónces Hanón tomó los siervos de David, y rapólos, y cortóles los vestidos por medio hasta las nalgas, y enviólos. Y ellos se fueron, y fué dada la nueva a David de aquellos varones, y él envió a recebirlos, porque estaban muy afrentados. Y díjoles el rey: Estáos en Jericó hasta que os crezca la barba, y entónces volveréis. Y viendo los hijos de Ammón que se habían hecho odiosos a David, envió Hanón y los hijos de Ammón mil talentos de plata, para tomar a sueldo de la Siria de los ríos, y de la Siria de Maaca, y de Soba, carros y gente de a caballo. Y tomaron a sueldo treinta y dos mil carros, y al rey de Maaca y a su pueblo; los cuales vinieron, y asentaron su campo delante de Medaba. Y juntáronse también los hijos de Ammón de sus ciudades, y vinieron a la guerra. David oyéndolo, envió a Joab, y a todo el ejército de los valientes hombres. Y los hijos de Ammón salieron, y ordenaron su escuadron a la entrada de la ciudad; y los reyes que habían venido estaban por sí en el campo. Y viendo Joab que la haz de la batalla estaba contra él delante y a las espaldas, escogió de todos los más escogidos que había en Israel, y ordenó su escuadrón contra los Siros. Y la resta del pueblo le puso en mano de Abisaí su hermano, ordenándoles en escuadrón contra los Ammonitas. Y dijo: Si los Siros fueren más fuertes que yo, tú me salvarás; y si los Ammonitas fueren más fuertes que tú, yo te salvaré. Esfuérzate, y esforcémosnos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le pareciere. Y acercóse Joab y el pueblo que tenía consigo para pelear con los Siros; mas ellos huyeron delante de él. Entónces los hijos de Ammón viendo que los Siros habían huido, huyeron también ellos delante de Abisaí su hermano, y entráronse en la ciudad. Y Joab se volvió a Jerusalem. Y viendo los Siros que habían caido delante de Israel, enviaron embajadores, y trajeron a los Siros, que estaban de la otra parte del río, cuyo capitán era Sofac, general del ejército de Adarezer. Y como el aviso fué dado a David, juntó a todo Israel: y pasando el Jordán vino a ellos, y ordenó contra ellos su ejército. Y como David hubo ordenado su escuadrón contra ellos, ellos pelearon con él. Mas el Siro huyó delante de Israel, y mató David de los Siros siete mil hombres de los que peleaban en carros, y cuarenta mil hombres de a pié: asimismo mató a Sofac general del ejército. Y viendo los Siros de Adarezer, que habían caido delante de Israel, concertaron paz con David, y fueron sus siervos: y nunca más el Siro quiso ayudar a los hijos de Ammón. Y ACONTECIÓ a la vuelta del año, en el tiempo que suelen los reyes salir a la guerra, que Joab sacó las fuerzas del ejército, y destruyó la tierra de los hijos de Ammón, y vino y cercó a Rabba. Y David estaba en Jerusalem: y Joab hirió a Rabba, y destruyóla. Y David tomó la corona de su rey de encima de su cabeza, y hallóla de peso de un talento de oro, y había en ella piedras preciosas, y fué puesta sobre la cabeza de David. Y además de esto sacó de la ciudad un muy gran despojo. Y sacó al pueblo, que estaba en ella, y aserrólos con sierras, y con trillos de hierro, y segures. Lo mismo hizo David a todas las ciudades de los hijos de Ammon: y David con todo el pueblo se volvió a Jerusalem. Después de esto aconteció que se levantó guerra en Gazer con los Filisteos; e hirió Sobocai Husatita a Safai de los hijos de los gigantes, y fueron humillados. Y volvió a levantarse guerra con los Filisteos, e hirió Elcanán, hijo de Jair, a Lahmi hermano de Goliat Jetteo, cuya asta de lanza era como un enjullo de tejedores. Y volvió a haber guerra en Get, y hubo allí un varón de medida, el cual tenía seis dedos en cada pié, y seis dedos en cada mano, veinte y cuatro; y también era hijo de Rafa. Este desafió a Israel, y Jonatán, hijo de Samaa, hermano de David, le hirió. Estos fueron hijos de Rafa en Get, los cuales cayeron por la mano de David, y de sus siervos. MAS Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que contase a Israel. Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, contád a Israel desde Beer-seba hasta Dan, y traédme el número de ellos, para que yo lo sepa. Y dijo Joab: Añada Jehová a su pueblo cien veces otros tantos. Rey señor mío: ¿no son todos estos siervos de mi señor? ¿Para qué procura esto mi señor? ¿Para qué sea por pecado a Israel? Mas el mandamiento del rey pudo más que Joab: y salió Joab, y fué por todo Israel; y volvió a Jerusalem, y dió Joab la cuenta del número del pueblo a David. Y fué todo Israel que sacaban espada once veces cien mil: y de Judá cuatrocientos y setenta mil hombres que sacaban espada. Entre estos no fueron contados los Levitas, ni los hijos de Benjamín, porque Joab abominaba el mandamiento del rey. Este negocio desplugo en los ojos de Dios; e hirió a Israel. Y dijo David a Dios: Yo he pecado gravemente en hacer esto, ruégote que hagas pasar la iniquidad de tu siervo; porque yo he obrado con grandísima insensatez. Y habló Jehová a Gad, vidente de David, diciendo: Vé, y habla a David, y díle: Así dijo Jehová: Tres cosas te propongo: de estas escoge una que yo haga contigo. Y viniendo Gad a David díjole: Así dijo Jehová: Tómate, o tres años de hambre; o que tres meses seas consumido delante de tus enemigos, y que la espada de tus adversarios te comprenda; o tres dias la espada de Jehová, y pestilencia en la tierra, y que el ángel de Jehová destruya en todo el término de Israel: mira pues que responderé, al que me ha enviado. Entónces David dijo a Gad: Yo estoy en grande angustia: ruego que yo caiga en la mano de Jehová, porque sus miseraciones son muchas en gran manera, y que yo no caiga en mano de hombres. Así Jehová dió pestilencia en Israel, y cayeron de Israel setenta mil hombres. Y envió Jehová el ángel en Jerusalem para destruirla: y destruyendo él, miró Jehová, y arrepintióse de aquel mal, y dijo al ángel que destruía: Basta ya: detén tu mano. Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Ornán Jebuseo. Y alzando David sus ojos vió al ángel de Jehová, que estaba entre el cielo y la tierra, teniendo una espada desnuda en su mano, extendida contra Jerusalem. Entónces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros cubiertos de sacos. Y dijo David a Dios: ¿No soy yo el que hice contar el pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y haciendo mal, hice mal: ¿estas ovejas que hicieron? Jehová Dios mío, sea ahora tu mano contra mí, y contra la casa de mi padre, y no haya plaga en tu pueblo. Y dijo el ángel de Jehová a Gad, que dijese a David, que subiese, y compusiese un altar a Jehová en la era de Ornán Jebuseo. Entónces David subió conforme a la palabra de Gad, que le había dicho en nombre de Jehová. Y volviéndose Ornán vió al ángel, y estaban con él cuatro hijos suyos, los cuales se escondieron. Y Ornán trillaba el trigo. Y viniendo David a Ornán, miró Ornán, y vió a David, y saliendo de la era postróse en tierra a David. Y David dijo a Ornán: Dáme este lugar de la era en que edifique un altar a Jehová, y dámelo por dinero cumplido, para que cese la plaga del pueblo. Y Ornán respondió a David: Tómatelo, y haga mi señor el rey lo que bien le pareciere: y aun los bueyes daré para el holocausto, y los trillos para leña, y trigo para el presente: yo lo doy todo. Entónces el rey David dijo a Ornán: No, sino comprando lo compraré por dinero cumplido: porque no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto de gracia. Y dió David a Ornán por el lugar seiscientos siclos de oro de peso. Y edificó allí David un altar a Jehová, en el cual sacrificó holocaustos y sacrificios pacíficos, e invoco a Jehová, el cual le respondió por fuego de los cielos en el altar del holocausto. Y como Jehová habló al ángel, él volvió su espada en su vaina. Entónces viendo David que Jehová le había oido en la era de Ornán Jebuseo, sacrificó allí. Y el tabernáculo de Jehová, que Moisés había hecho en el desierto, y el altar del holocausto, estaban entónces en el alto de Gabaón. Y David no pudo ir allá a consultar a Dios; porque estaba espantado a causa de la espada del ángel de Jehová. Y DIJO David: Esta será la casa de Jehová Dios, y este será el altar del holocausto para Israel. Y mandó David que se juntasen los extranjeros que estaban en la tierra de Israel, e hizo de ellos canteros, que labrasen piedra para edificar la casa de Dios. Asimismo aparejó David mucho hierro para la clavazón de las puertas, y para las junturas: y mucho metal sin peso, y madera de cedro sin cuenta. Porque los Sidonios y Tirios habían traido a David madera de cedro innumerable. Y dijo David: Mi hijo Salomón es aun muchacho y tierno, y la casa que se ha de edificar a Jehová ha de ser magnífica por excelencia, para nombre y honra en todas las tierras: ahora pues yo le aparejaré lo necesario. Y aparejó David ántes de su muerte en grande abundancia. Y llamó David a Salomón su hijo, y mandóle que edificase casa a Jehová mi Dios de Israel. Y dijo David a Salomon: Hijo mío, en mi corazón tuve de edificar templo al nombre de Jehová mi Dios; Mas háme sido hecha palabra de Jehová, diciendo: Tú has derramado mucha sangre, y has traido grandes guerras, no edificarás casa a mi nombre: porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de mí. He aquí, un hijo te nacerá, el cual será varón de reposo: porque yo le daré quietud de todos sus enemigos en derredor; por tanto su nombre será Salomon; y yo daré paz y reposo sobre Israel en sus dias. Este edificará casa a mi nombre, y él me será a mí por hijo, y yo seré a él por padre; y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre. Por tanto ahora, hijo mío, sea contigo Jehová, y seas prosperado, y edifiques casa a Jehová tu Dios como él ha dicho de tí. Y Jehová te dé entendimiento y prudencia, y él te dé mandamientos para Israel: y que tú guardes la ley de Jehová tu Dios. Entónces serás prosperado, si guardares para hacer los estatutos y derechos que Jehová mandó a Moisés para Israel. Esfuérzate pues, y sé robusto; no tengas miedo, ni temor. He aquí, yo conforme a mi pobreza, he aparejado para la casa de Jehová cien mil talentos de oro, y un millar de millares de talentos de plata: el metal y el hierro no tiene peso, porque es mucho. Asimismo he aparejado madera y piedra, a lo cual tú añadirás. Tú tienes contigo muchos oficiales, canteros, albañiles, y carpinteros, y todo hombre experto en toda obra. Del oro, de la plata, del metal, y del hierro, no hay número. Levántate y haz; que Jehová será contigo. Asimismo mandó David a todos los principales de Israel, que diesen ayuda a Salomón su hijo, diciendo: ¿No es con vosotros Jehová vuestro Dios, el cual os ha dado quietud de todas partes? porque él ha entregado en mi mano los moradores de la tierra, y la tierra ha sido sujetada delante de Jehová, y delante de su pueblo. Ponéd pues ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios; y levantáos, y edificád el santuario del Dios Jehová, para traer el arca del concierto de Jehová, y los santos vasos de Dios a la casa edificada al nombre de Jehová. SIENDO pues David ya viejo, y harto de dias, hizo a Salomón su hijo rey sobre Israel. Y juntando a todos los principales de Israel, y a los sacerdotes y Levitas, Fueron contados los Levitas de treinta años y arriba; y fué el número de ellos por sus cabezas, contados uno a uno, treinta y ocho mil. De estos los veinte y cuatro mil, para dar priesa a la obra de la casa de Jehová; y gobernadores y jueces seis mil: Ítem, porteros cuatro mil: y cuatro mil para alabar a Jehová con los instrumentos que yo he hecho para alabar. Y repartiólos David en partes, los hijos de Leví, y de Gersón, y de Caat, y de Merari. Los hijos de Gersón fueron Leedán, y Semeí. Los hijos de Leedán fueron Jahiel el primero, Zetán, y Joel, tres. Los hijos de Semeí fueron Salomit, Hoziel, y Arán, ellos tres. Estos fueron los príncipes de las familias de Leedán. Y los hijos de Semeí fueron Jehet, Ziva, Jaus, y Barias. Estos cuatro fueron los hijos de Semeí. Jehet era el primero, Zina el segundo: mas Jaus y Barias no multiplicaron hijos, por lo cual fueron contados por una familia. Los hijos de Caat fueron Amram, Isaar, Hebrón, y Oziel, ellos cuatro. Los hijos de Amram fueron Aarón y Moisés: y Aarón fué apartado para ser santificado, santidad de santidades fué él y sus hijos para siempre, para que quemasen perfumes delante de Jehová, y le ministrasen, y bendijesen en su nombre para siempre. Y los hijos de Moisés, varón de Dios, fueron llamados en la tribu de Leví. Los hijos de Moisés fueron Gersón y Eliezer. Hijo de Gersón fué Subuel, el primero. E hijo de Eliezer fué Rohobia, el primero: y Eliezer no tuvo otros hijos. Mas los hijos de Rohobia fueron muchos. Hijo de Isaar fué Salomit, el primero. Los hijos de Hebrón fueron; Jeriau el primero, Amarías el segundo, Jahaziel el tercero, Jecmaán el cuatro. Los hijos de Oziel fueron; Mica el primero, Jesía el segundo. Los hijos de Merari fueron; Moholi y Musi. Los hijos de Moholi; Eleazar, y Cis. Y murió Eleazar sin hijos, mas tuvo hijas. Y los hijos de Cis sus hermanos las tomaron por mujeres. Los hijos de Musi fueron; Moholi, Eder, y Jerimot, ellos tres. Estos son los hijos de Leví en las familias de sus padres, cabeceras de familias en sus cuentas, contados por sus nombres, por sus cabezas, los cuales hacían obra en el ministerio de la casa de Jehová, de veinte años y arriba. Porque David dijo: Jehová Dios de Israel ha dado reposo a su pueblo Israel, y habitó en Jerusalem para siempre: Y también los Levitas no llevarán el tabernáculo, y todos sus vasos para su ministerio. Así que conforme a las postreras palabras de David, fué la cuenta de los hijos de Leví de veinte años y arriba: Y estaban debajo de la mano de los hijos de Aarón para ministrar en la casa de Jehová, en los patios, y en las cámaras, y en la purificación de toda cosa santificada, y en la obra del ministerio de la casa de Dios. Asimismo para los panes de la proposición, para la flor de la harina, para el sacrificio, para las hojuelas sin levadura, para la fruta de sarten, y para lo tostado, y para toda medida y cuenta; Y para que asistiesen cada mañana, todos los dias, a glorificar y alabar a Jehová, y asimismo a la tarde; Y para ofrecer todos los holocaustos a Jehová los sábados, nuevas lunas, y solemnidades, por la cuenta y forma que tenían, continuamente delante de Jehová; Y para que tuviesen la guarda del tabernáculo del testimonio, y la guarda del santuario, y la guarda de los hijos de Aarón sus hermanos, en el ministerio de la casa de Jehová. TAMBIÉN los hijos de Aarón tuvieron sus repartimientos. Los hijos de Aarón fueron; Nadab, Abiu, Eleazar, Itamar, Mas Nadab y Abiu murieron ántes de su padre, y no tuvieron hijos: Eleazar e Itamar tuvieron el sacerdocio. Y David los repartió: Sadoc era de los hijos de Eleazar, y Aquimelec de los hijos de Itamar, en su cuenta, en su ministerio. Y los hijos de Eleazar fueron hallados muchos más, en cuanto a sus principales varones, que los hijos de Itamar; y repartiéronlos así: De los hijos de Eleazar diez y seis cabezas por las familias de sus padres: y de los hijos de Itamar por las familias de sus padres, ocho. Y repartiéronlos por suerte los unos con los otros: porque de los hijos de Eleazar, y de los hijos de Itamar, hubo príncipes del santuario, y príncipes de Dios. Y Semeías, hijo de Natanael, escriba de los Levitas, los escribió delante del rey, y de los príncipes, y delante de Sadoc el sacerdote, y de Aquimelec, hijo de Abiatar, y de los príncipes de las familias de los sacerdotes y Levitas: y a Eleazar atribuyeron una familia, y a Itamar fué atribuida otra. Y la primera suerte salió por Joiarib, la segunda por Jedei, La tercera por Harim, la cuarta por Seorim, La quinta por Melquías, la sexta por Maimán, La séptima por Accos, la octava por Abías, La nona por Jesúa, la décima por Sequemias, La undécima por Eliasib, la duodécima por Jacim, La trecena por Hopfa, la catorcena por Isbaab, La quincena por Belga, la dieziseisena por Emmer, La decimaséptima por Hezir, la décimaoctava por Afses, La décimanona por Feceia, la vigésima por Hezeciel, La veinte y una por Joaquim, la veinte y dos por Gamul, La veinte y tres por Dalaiau, la veinte y cuatro por Maaziau. Estos fueron contados en su ministerio, para que entrasen en la casa de Jehová conforme a su costumbre, debajo de la mano de Aarón su padre, de la manera que le había mandado Jehová el Dios de Israel. Y de los hijos de Leví que quedaron: De los hijos de Amram era Subael: y de los hijos de Subael, Jehedeias. Y de los hijos de Rohobias, Jesías el principal. De Isaari, Salemot: e hijo de Salemot fué Jahat. Y su primer hijo fué Jeriau, el segundo Amarías, el tercero Jahaziel, el cuatro Jecmaam. Hijo de Oziel fué Mica, e hijo de Mica fué Samir. Hermano de Mica fué Jesía, e hijo de Jesía fué Zacarías. Los hijos de Merari fueron Moholi, y Musi: hijo de Oziau fué Benno. Los hijos de Merari de Oziau fueron Benno y Soam, Zacur y Hebri, Y Eleazar de Moholi, el cual no tuvo hijos. Hijo de Cis fué Jerameel. Los hijos de Musi fueron Moholi, Eder, y Jerimot. Estos fueron los hijos de los Levitas conforme a las casas de sus familias. Estos también echaron suertes contra sus hermanos los hijos de Aarón delante del rey David, y de Sadoc, y de Aquimelec, y de los príncipes de las familias de los sacerdotes, y de los Levitas, el principal de los padres contra su hermano menor. ASIMISMO David y los príncipes del ejército apartaron para el ministerio a los hijos de Asaf, y de Hemán, y de Iditún, los cuales profetizaban con arpas, salterios y címbalos: y fué el número de ellos, de los varones que obraban en su ministerio: De los hijos de Asaf: Zacur, José, Natanias, y Asarela, hijos de Asaf, debajo de la mano de Asaf, el cual profetizaba al mandado del rey. De Iditún: los hijos de Iditún; Godolías, Sori, Jesaías, Hasabías, y Matatías, seis debajo de la mano de su padre Iditún, el cual profetizaba con arpa para glorificar y alabar a Jehová. De Hemán: los hijos de Hemán; Bocciau, Mataniau, Oziel, Subuel, Jerimot, Jananias, Janani, Eliata, Guedelti, Romenti-ezer, Jezbacasa, Melloti, Otir, y Mahaziot. Todos estos fueron hijos de Hemán, vidente del rey en palabras de Dios, para ensalzar cuerno: y dió Dios a Hemán catorce hijos y tres hijas. Y todos estos estaban debajo de la mano de su padre para cantar en la casa de Jehová con címbalos, salterios, y arpas, para el ministerio del templo de Dios debajo de la mano del rey, de Asaf, de Iditún, y de Hemán. Y fué el número de ellos con sus hermanos sabios en cánticos de Jehová, todos los sabios, doscientos y ochenta y ocho. Asimismo echaron suertes, guarda contra guarda, el chico con el grande, el sabio con el discípulo. Y la primera suerte salió a Asaf por José. La segunda por Godolías, él con sus hermanos e hijos que eran doce. La tercera por Zacur, y sus hijos y hermanos, doce. La cuarta por Isarí, y sus hijos y sus hermanos, doce. La quinta por Natanías, y sus hijos y sus hermanos, doce. La sexta por Bocciau, y sus hijos y sus hermanos, doce. La séptima por Isreela, y sus hijos y sus hermanos, doce. La octava por Jesaías, y sus hijos y sus hermanos, doce. La nona por Matanías, y sus hijos y sus hermanos, doce. La décima por Semeí, y sus hijos y sus hermanos, doce. La undécima por Azareel, y sus hijos y sus hermanos, doce. La duodécima por Hasabías, y sus hijos y sus hermanos, doce. La trecena por Subael, y sus hijos y sus hermanos, doce. La catorcena por Matatías, y sus hijos y sus hermanos, doce. La quincena por Jerimot, y sus hijos y sus hermanos, doce. La dieziseisena por Jananías, y sus hijos y sus hermanos, doce. La décimaséptima por Jesbacasa, y sus hijos y sus hermanos, doce. La décimaoctava por Janani, y sus hijos y sus hermanos, doce. La décimanona por Melloti, y sus hijos y sus hermanos, doce. La vigésima por Eliata, y sus hijos y sus hermanos, doce. La veinte y una por Otir, y sus hijos y sus hermanos, doce. La veinte y dos por Gedelti, y sus hijos y sus hermanos, doce. La veinte y tres por Mahaziot, y sus hijos y sus hermanos, doce. La veinte y cuatro por Romenti-ezer, y sus hijos y sus hermanos, doce. MAS los repartimientos de los porteros fueron de los Coritas; Meselemia, hijo de Coré, de los hijos de Asaf. Los hijos de Meselemia fueron, Zacarías el primogénito, Jadihel el segundo, Zabadías el tercero, Jatanael el cuarto, Elam el quinto, Jonatán el sexto, Elioenai el séptimo. Los hijos de Obed-edom fueron, Semeías el primogénito, Jozabad el segundo, Joaha el tercero, el cuarto Sacar, el quinto Natanael, El sexto Ammiel, el séptimo Isacar, el octavo Follati: porque Dios le había bendecido. También de Semeías su hijo nacieron hijos, que fueron señores sobre la casa de sus padres; porque fueron varones valerosos y de esfuerzo. Los hijos de Semeías fueron Otni, Rafael, Obed, Elzabad, y sus hermanos, hombres esforzados; y Eliu, y Samaquías. Todos estos de los hijos de Obed-edom, ellos, y sus hijos, y sus hermanos, fueron varones valientes y esforzados para el ministerio: sesenta y dos de Obed-edom. Ítem, los hijos de Meselemia y sus hermanos fueron diez y ocho valientes hombres. De Hosa, de los hijos de Merari, Samari el principal, aunque no era el primogénito, mas su padre le puso para que fuese cabeza. El segundo Jelcías, el tercero Tabelias, el cuarto Zacarías: todos los hijos de Hosa y sus hermanos fueron trece. De estos fueron hechas las particiones de los porteros, por los principales de los varones de la guarda, contra sus hermanos para ministrar en la casa de Jehová. Y echaron suertes, el pequeño con el grande, por las casas de sus padres, para cada puerta. Y cayó la suerte del oriente a Selemia: y a Zacarías su hijo, consejero entendido, metieron en las suertes; y salió su suerte al norte. Y por Obed-edom, al mediodía; y por sus hijos, la casa de la consulta. Por Sefim y Hosa, al occidente, con la puerta que va al camino de la subida, guarda contra guarda. Al oriente, seis Levitas; al norte, cuatro de día; al mediodía, cuatro de día; y a la casa de la consulta, de dos en dos. A la cámara de los vasos al occidente, cuatro al camino, y dos a la cámara. Estos son los repartimientos de los porteros, hijos de los Coritas, y de los hijos de Merari. Y de los Levitas, Aquias tenía cargo de los tesoros de la casa de Dios, y de los tesoros de las cosas santificadas. Ítem, los hijos de Ledán, los hijos de Gerson: De Ledán, los príncipes de familias de Ledán fueron Gersón, y Jehieli. Los hijos de Jehieli, Zatam, y Joel su hermano, tuvieron cargo de los tesoros de la casa de Jehová. Ítem, de los Amramitas, de los Isaaritas, de los Hebronitas, y de los Ozielitas: Y Subeel, hijo de Gersón, hijo de Moisés, era príncipe sobre los tesoros. Y su hermano Eliezer, cuyo hijo era Rahabía, cuyo hijo era Jesaías, cuyo hijo era Joram, cuyo hijo era Zecri, cuyo hijo era Selomit. Este Selomit y sus hermanos tenían cargo de todos los tesoros de todas las cosas santificadas, que había consagrado el rey David, y los príncipes de las familías, y los príncipes de los millares, y de los cientos, y los capitanes del ejército, De lo que habían consagrado de las guerras, y de los despojos, para reparar la casa de Jehová. Asimismo todas las cosas que había consagrado Samuel vidente, y Saul, hijo de Cis, y Abner, hijo de Ner, y Joab, hijo de Sarvia; y todo lo que cualquiera consagraba, estaba debajo de la mano de Selomit, y de sus hermanos. De los Isaaritas, Coneias y sus hijos eran gobernadores y jueces sobre Israel, en las obras de fuera. De los Hebronitas, Hasabias y sus hermanos, hombres de fuerza, que eran mil y siete cientos, presidían a Israel de la otra parte del Jordán al occidente, en toda la obra de Jehová, y en el servicio del rey. De los Hebronitas, Jerías era el principal príncipe entre los Hebronitas en sus linajes por sus familias. En el año cuarenta del reino de David, se buscaron, y fueron hallados en ellos fuertes de fuerzas en Jazer de Galaad; Y sus hermanos, valientes hombres, dos mil y siete cientos príncipes de familias, los cuales el rey David constituyó sobre los Rubenitas, Gaditas, y sobre la media tribu de Manasés, para todos los negocios de Dios, y los negocios del rey. Y LOS hijos de Israel según su número, que eran príncipes de familias, tribunos, centuriones y prepósitos de los que servían al rey, en todos los negocios de las cuadrillas, que entraban y salían cada mes, en todos los meses del año, cada cuadrilla era de veinte y cuatro mil hombres. Sobre la primera cuadrilla del primer mes era Jesboam, hijo de Zabdiel: y había en su cuadrilla veinte y cuatro mil, De los hijos de Fares, príncipe sobre todos los capitanes de las compañías del primer mes. Sobre la cuadrilla del segundo mes, Dodai Ahohita; y en su cuadrilla estaba el príncipe Macellot: en la cual había veinte y cuatro mil. El capitán de la tercera cuadrilla del tercero mes, Banaías, hijo de Joiada, sumo sacerdote: y en su cuadrilla veinte y cuatro mil. Este Banaías era valiente entre los treinta, y sobre los treinta: y en su cuadrilla estaba Amisabad su hijo. El cuarto del cuarto mes, Asael hermano de Joab, y Zabadías su hijo tras él: y en su cuadrilla veinte y cuatro mil. El quinto del quinto mes, el príncipe Samaot Jezerita: y en su cuadrilla veinte y cuatro mil. El sexto del sexto mes, Hira, hijo de Acces de Tecua: y en su cuadrilla veinte y cuatro mil. El séptimo del séptimo mes, Helles Fallonita de los hijos de Efraim: y en su caudrilla veinte y cuatro mil. El octavo del octavo mes, Sobocai Husasita de Zarahí: y en su cuadrilla veinte y cuatro mil. El noveno del noveno mes, Abiezer Anatotita de los Benjamitas: y en su cuadrilla veinte y cuatro mil. El décimo del décimo mes, Marai Netofatita de Zarahí: y en su cuadrilla veinte y cuatro mil. El onceno del onceno mes, Banaías Paratonita de los hijos de Efraim: y en su cuadrilla veinte y cuatro mil. El doceno del doceno mes, Holdai Netofatita de Gotoniel: y en su cuadrilla veinte y cuatro mil. Asimismo presidían sobre las tribus de Israel: sobre los Rubenitas, el príncipe Eliezer, hijo de Zecrí: sobre los Simeonitas, Safatías, hijo de Maaca. Sobre los Levitas, Hasabias, hijo de Camuel. Sobre los Aaronitas, Sadoc. Sobre Judá, Eliú de los hermanos de David. Sobre los de Isacar, Amrí, hijo de Micael. Sobre los de Zabulón, Jesmaías, hijo de Abdías. Sobre los de Neftalí, Jerimot, hijo de Ezriel. Sobre los hijos de Efraim, Oseas, hijo de Ozaziu. Sobre la media tribu de Manasés, Joel, hijo de Padaia. Sobre la otra media tribu de Manasés en Galaad, Jaddo, hijo de Zacarías. Sobre los de Benjamín, Jaziel, hijo de Abner. Y sobre Dan, Ezriel, hijo de Jeroham. Estos son los capitanes de las tribus de Israel. Y no tomó David el número de los que eran de veinte años y abajo: por cuanto Jehová había dicho que él había de multiplicar a Israel, como las estrellas del cielo. Joab, hijo de Sarvia, había comenzado a contar, mas no acabó: y por esto vino la ira sobre Israel, y así el número no fué puesto en el registro de las crónicas del rey David. Y Azmot, hijo de Adiel, tenía cargo de los tesoros del rey: y de los tesoros de los campos, y de las ciudades, y de las aldeas y castillos, Jonatán, hijo de Ozías. Y de los que trabajaban en la labranza de las tierras, Ezrí, hijo de Quelub. Y de las viñas, Semeías Ramatita: y de las cosas que pertenecían a las viñas, y de las bodegas, Zabdias Safonita. Y de los olivares e higuerales que estaban en las campañas, Balanán Gederita: y de los almacenes del aceite, Joas. De las vacas que pastaban en Sarón, Setrai Saronita. Y de las vacas que estaban en los valles, Safat, hijo de Adli. Y de los camellos, Ubil Ismaelita. Y de las asnas, Jadías Meronatita. Y de las ovejas, Jaziz Agareno. Todos estos eran príncipes de la hacienda del rey David. Y Jonatán tio de David era consejero, varón prudente, y escriba. Y Jahiel, hijo de Hacamoni, tenía a cargo los hijos del rey. Aquitofel era consejero del rey: y Cusai Araquita era amigo del rey. Después de Aquitofel era Joiada, hijo de Banaías, y Abiatar. Y Joab era el general del ejército del rey. Y JUNTÓ David a todos los principales de Israel, los príncipes de las tribus, y los príncipes de las cuadrillas que servían al rey: y los tribunos y centuriones, con los príncipes de toda la hacienda y posesión del rey, y sus hijos, con los eunucos, los poderosos, y todos los valientes hombres en Jerusalem. Y levantándose en pié el rey David, dijo: Oídme, hermanos míos, y pueblo mío: Yo tenía en propósito de edificar una casa, para que en ella reposara el arca del concierto de Jehová, y para el estrado de los piés de nuestro Dios; y yo había ya aparejado todas las cosas para edificar: Mas Dios me dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre; porque eres hombre de guerra, y has derramado sangres. Mas eligióme Jehová el Dios de Israel de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel: porque de Judá escogió el capitán; y de la casa de Judá, la familia de mi padre: y de los hijos de mi padre, en mi tomó contentamiento para ponerme por rey sobre todo Israel. Y de todos mis hijos, (porque Jehová me ha dado muchos hijos,) eligió a Salomón mi hijo, para que él se asiente en el trono del reino de Jehová sobre Israel. Y díjome: Salomón tu hijo, él edificará mi casa y mis patios: porque a este me he escogido por hijo, y yo le seré a él por padre. Y yo confirmaré su reino para siempre, si él fuere esforzado para hacer mis mandamientos y mis juicios, como aqueste día. Ahora pues delante de los ojos de todo Israel, congregación de Jehová y en oidos de nuestro Dios, guardád y buscád todos los preceptos de Jehová vuestro Dios, para que poséais la buena tierra, y la dejéis por heredad a vuestros hijos después de vosotros perpetuamente. Y tú Salomón, hijo mío, conoce al Dios de tu padre, y sírvele de corazón perfecto, y de ánimo voluntario: porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende toda imaginación de los pensamientos. Si tú le buscares, hallarle has: mas si le dejares, él te desechará para siempre. Mira pues ahora que Jehová te ha elegido, para que edifiques casa para santuario: esfuérzate, y haz. Y David dió a Salomón su hijo la traza del portal, y de sus casas, y de sus despensas, y de sus salas, y de sus recámaras de adentro, y de la casa del propiciatorio. Asimismo la traza de todas las cosas que tenía en su voluntad, para los patios de la casa de Jehová, y para todas las cámaras en derredor; para los tesoros de la casa de Dios, y para los tesoros de las cosas santificadas: Y para los órdenes de los sacerdotes, y de los Levitas, y para toda la obra del ministerio de la casa de Jehová; y para todos los vasos del ministerio de la casa de Jehová. Y dió oro por peso para el oro, para todos los vasos de cada servicio; y plata por peso para todos los vasos, para todos los vasos de cada servicio. Y oro por peso para los candeleros de oro, y para sus candilejas; por peso el oro para cada candelero y sus candilejas. Ítem, para los candeleros de plata, plata por peso para el candelero y sus candilejas, conforme al servicio de cada candelero. Asimismo oro por peso para las mesas de la proposición, para cada mesa; asimismo plata para las mesas de plata. Ítem, oro puro para los garfios, para los lebrillos, y para los incensarios, y para los tazones de oro, para cada tazón por peso: asimismo para los tazones de plata, por peso para cada tazón. Ítem, para el altar del perfume, oro puro por peso: asimismo para la semejanza del carro de los querubines de oro, que con las alas extendidas cubrían el arca del concierto de Jehová. Todas estas cosas por escrito de la mano de Jehová que fué sobre mí; y me hizo entender todas las obras de la traza. Dijo más David a Salomón su hijo: Confórtate, y esfuérzate, y haz; no hayas temor, ni desmayes; porque el Dios Jehová mi Dios será contigo; él no te dejará, ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra del servicio de la casa de Jehová. He aquí, los órdenes de los sacerdotes y de los Levitas, en todo el ministerio de la casa de Dios serán contigo en toda la obra; todos voluntarios, con sabiduría en todo ministerio: asimismo los príncipes y todo el pueblo, en todos tus negocios. DIJO más el rey David a toda la congregación: A Salomón mi hijo solo ha elegido Dios: él es muchacho y tierno, y la obra es grande: porque aquella casa no es para hombre, mas para Jehová Dios. Yo empero con todas mis fuerzas he aparejado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y metal para las de metal, e hierro para las de hierro, y madera para las de madera, y piedras oniquinas, y piedras preciosas, y piedras negras, y piedras de diversos colores, y todas piedras preciosas, y piedras de marmol en abundancia. Y además de esto, por cuanto tengo mi contentamiento en la casa de mi Dios, yo tengo en mi tesoro particular oro y plata, el cual he dado para la casa de mi Dios, además de todas las cosas, que he aparejado para la casa del santuario. Tres mil talentos de oro, de oro de Ofir, y siete mil talentos de plata afinada, para cubrir las paredes de las casas. Y oro para las cosas de oro, y plata para las de plata, y para toda la obra de manos de los oficiales. ¿Y quién quiere hoy consagrar a Jehová? Entónces los príncipes de las familias, y los príncipes de las tribus de Israel, tribunos y centuriones, con los príncipes que tenían a cargo la obra del rey, ofrecieron de su voluntad, Y dieron para el servicio de la casa de Dios cinco mil talentos de oro, y diez mil sueldos: y diez mil talentos de plata, y diez y ocho mil talentos de metal, y cien mil talentos de hierro. Y dió cada uno las piedras preciosas con que se halló para el tesoro de la casa de Jehová, en mano de Jahiel Gersonita. Y el pueblo se holgó de que hubiesen contribuido de su voluntad; porque con entero corazón ofrecieron voluntariamente a Jehová. Asimismo el rey David se holgó mucho, y bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová Dios de Israel nuestro padre, de siglo a siglo. Tuya, oh Jehová, es la magnificencia, y la fuerza, y la gloria, la victoria, y el honor: porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y la altura sobre todos los que son por cabezas. Las riquezas y la gloria están delante de tí, y tú señoreas a todos: y en tu mano está la potencia y la fortaleza: y en tu mano es la grandeza y la fuerza de todas las cosas. Ahora pues Dios nuestro, nosotros te glorificamos, y loamos el nombre de tu grandeza. Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer de nuestra voluntad cosas semejantes? Porque todo es tuyo, y de tu mano te lo damos. Porque nosotros extranjeros y advenedizos somos delante de tí, como todos nuestros padres; y nuestros dias son como sombra sobre la tierra, y no hay otra esperanza. Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que habemos aparejado para edificarte casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo. Yo sé, oh Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada: y yo con la rectitud de mi corazón, voluntariamente te he ofrecido todo esto: y ahora he visto con alegría que tu pueblo, que ahora se ha hallado aquí, te ha dado liberalmente. Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón a tí. Asimismo dá a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios, y tus estatutos; y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho el aparejo. Después de esto David dijo a toda la congregación: Bendecíd ahora a Jehová vuestro Dios. Entónces toda la congregación bendijo a Jehová Dios de sus padres; e inclinándose adoraron delante de Jehová, y del rey. Y sacrificaron víctimas a Jehová, y ofrecieron a Jehová holocaustos el día siguiente, mil becerros, mil carneros, mil ovejas, con sus derramaduras, y muchos sacrificios por todo Israel. Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo. Y dieron la segunda vez la investidura del reino a Salomón, hijo de David, y ungiéronle a Jehová por príncipe; y a Sadoc por sacerdote. Y Salomón se asentó en el trono de Jehová por rey en lugar de David su padre; y fué prosperado, y todo Israel le obedeció. Y todos los príncipes y poderosos, y todos los hijos del rey David, dieron sus manos debajo del rey Salomón. Y Jehová magnificó grandemente a Salomón en los ojos de todo Israel: y le dió gloria del reino, cual ningún rey la tuvo ántes de él en Israel. Así reinó David, hijo de Isaí, sobre todo Israel. Y el tiempo que reinó sobre Israel fué cuarenta años: en Hebrón reinó siete años, y treinta y tres años reinó en Jerusalem. Y murió en buena vejez, harto de dias, de riquezas, y de gloria: y reinó en su lugar Salomón su hijo. Y los hechos del rey David, primeros y postreros, están escritos en el libro de las crónicas de Samuel vidente, y en las crónicas del profeta Natán, y en las crónicas de Gad vidente; Juntamente con todo su reino y su potencia, y con los tiempos que pasaron sobre él y sobre Israel, y sobre todos los reinos de las tierras. Y SALOMÓN, hijo de David, fué confirmado en su reino, y Jehová su Dios fué con él, y le magnificó grandemente. Y mandó Salomón a todo Israel, tribunos, centuriones, y jueces, y a todos los príncipes de todo Israel, cabezas de familias. Y fué Salomón, y con él toda la congregación al alto que estaba en Gabaon; porque allí estaba el tabernáculo del testimonio de Dios, que había hecho Moisés siervo de Jehová en el desierto. Y David había traido el arca de Dios de Cariat-jarim al lugar que él le habia aparejado; porque él le había tendido una tienda en Jerusalem. Asimismo el altar de metal que había hecho Beseleel, hijo de Urí, hijo de Jur, estaba allí delante del tabernáculo de Jehová, al cual Salomón y la congregación iban a consultar. Y subió Salomón allá delante de Jehová al altar de metal, que estaba en el tabernáculo del testimonio, y sacrificó sobre él mil holocaustos. Y aquella noche apareció Dios a Salomón, y díjole: Demanda lo que quisieres que yo te dé. Y Salomón dijo a Dios: Tú has hecho con David mi padre grande misericordia, y a mí me has puesto por rey en lugar suyo. Sea pues ahora firme, oh Jehová Dios, tu palabra con David mi padre: porque tú me has puesto por rey sobre mucho pueblo, como el polvo de la tierra. Dáme pues ahora sabiduría y ciencia, para que pueda salir y entrar delante de este pueblo: porque ¿quién podrá juzgar este tu pueblo tan grande? Y dijo Dios a Salomon: Por cuanto esto fué en tu corazón, que no pediste riquezas, hacienda, o gloria, ni la muerte de los que te quieren mal, ni pediste muchos dias de vida; mas pediste para tí sabiduría y ciencia, para juzgar mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey: Sabiduría y ciencia te es dada, y también te daré riquezas, hacienda, y gloria, cuanto nunca hubo en los reyes que han sido ántes de tí, ni después de tí habrá tal. Y volvió Salomón del alto que estaba en Gabaón de delante del tabernáculo del testimonio a Jerusalem: y reinó sobre Israel. Y juntó Salomón carros y gente de a caballo, y tuvo mil y cuatrocientos carros, y doce mil caballeros, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem. Y puso el rey plata y oro en Jerusalem como piedras, y cedros como cabrahigos que nacen en los campos en abundancia. Y sacaban caballos y lienzos finos de Egipto para Salomon: porque la compañía de los mercaderes del rey compraban caballos y lienzos. Y subían, y sacaban de Egipto un carro por seiscientas piezas de plata, y un caballo por ciento y cincuenta: y así los sacaban todos los reyes de los Jetteos, y los reyes de Siria por mano de ellos. DETERMINÓ pues Salomón de edificar casa al nombre de Jehová, y otra casa para su reino. Y contó Salomón setenta mil hombres que llevasen cargas, y ochenta mil hombres que cortasen en el monte, y tres mil y seiscientos que les gobernasen. Y envió Salomón a Hiram rey de Tiro, diciendo: Como hiciste con David mi padre enviándole cedros, para que edificase para sí casa en que morase: He aquí, yo tengo de edificar casa al nombre de Jehová mi Dios, para consagrársela, para quemar perfumes aromáticos delante de él, y para la disposición continua, y holocaustos a la mañana y a la tarde, para sábados, y nuevas lunas, y festividades de Jehová nuestro Dios, lo cual ha de ser perpetuo en Israel. Y la casa que tengo de edificar, ha de ser grande: porque el Dios nuestro es grande sobre todos los dioses. Mas ¿quién será tan poderoso, que le edifique casa? Los cielos, y los cielos de los cielos no le comprenden, ¿quién pues soy yo, para que le edifique casa más de para quemar perfumes delante de él? Envíame pues ahora un hombre sabio, que sepa obrar en oro, y en plata, y en metal, y en hierro, en púrpura, y en grana, y en cárdeno: y que sepa esculpir figuras con los maestros, que están conmigo en Judá y en Jerusalem, que mi padre apercibió. Envíame también madera de cedro, de haya, y almugim del Líbano: porque yo sé que tus siervos son maestros de cortar la madera en el Líbano; y he aquí, mis siervos irán con los tuyos, Para que me aparejen mucha madera: porque la casa que tengo de edificar, ha de ser grande e insigne. Y, he aquí, para los cortadores, los cortadores de la madera, tus siervos, he dado veinte mil coros de trigo en grano, y veinte mil coros de cebada, y veinte mil batos de vino, y veinte mil batos de aceite. E Hiram el rey de Tiro respondió por cartas, las cuales envio a Salomon: Porque Jehová amó a su pueblo, te ha puesto por rey sobre ellos. Y añadió Hiram, diciendo: Bendito sea Jehová el Dios de Israel, que hizo los cielos y la tierra, y que dió al rey David hijo sabio, entendido, cuerdo, y prudente, que edifique casa a Jehová, y casa para su reino. Yo pues te he enviado un hombre sabio y entendido, que fué de Hiram mi padre, Hijo de una mujer de las hijas de Dan, y su padre fué de Tiro, el cual sabe obrar en oro, y plata, y metal, e hierro, en piedra, y en madera, en púrpura, y cárdeno, en lino, y en carmesí: y para esculpir todas figuras, e inventar todas las invenciones que se le propusieren, con tus sabios, y con los sabios de mi señor David tu padre. Enviará pues ahora mi señor a sus siervos el trigo, y cebada, y aceite, y vino que ha dicho, Y nosotros cortaremos en el Líbano la madera que hubieres menester, y traértela hemos en balsas por la mar hasta Joppe, y tú la harás llevar a Jerusalem. Y contó Salomón todos los varones extranjeros, que estaban en la tierra de Israel, después de haberlos ya contado David su padre, y fueron hallados ciento y cincuenta y tres mil y seiscientos. E hizo de ellos setenta mil para llevar cargas, y ochenta mil que cortasen piedra en el monte, y tres mil y seiscientos que eran prefectos para hacer trabajar al pueblo. Y COMENZÓ Salomón a edifi- car la casa de Jehová en Jerusalem en el monte Moria, que había sido mostrado a David su padre, en el lugar que David había aparejado en la era de Ornán Jebuseo. Y comenzó a edificar en el mes segundo, a los dos del mes, en el cuarto año de su reino. Estas son las medidas de que Salomón fundó el edificio de la casa de Dios. La primera medida fué la longitud de sesenta codos: y la anchura de veinte codos. El portal que estaba en la delantera de la longitud era de veinte codos delante de la anchura de la casa: su altura era de ciento y veinte: y cubrióla de dentro de oro puro. Mas la casa mayor cubrió de madera de haya, la cual cubrió de buen oro, y sobre ella hizo subir palmas y cadenas. Y cubrió la casa de piedras preciosas por excelencia: y el oro era oro de Parvaim. Así cubrió la casa, vigas, umbrales, sus paredes, y sus puertas de oro: y esculpió querubines por las paredes. E hizo la casa del lugar santísimo, su longitud de veinte codos en la frontera de la anchura de la casa, y su anchura de veinte codos: y cubrióla de buen oro con seiscientos talentos. Y el peso de los clavos tuvo cincuenta siclos de oro: asimismo cubrió de oro las salas. E hizo dentro del lugar santísimo dos querubines de hechura de niños, los cuales cubrieron de oro. La longitud de las alas de los querubines era de veinte codos; porque la una ala era de cinco codos, la cual llegaba hasta la pared de la casa; y la otra ala de cinco codos, la cual llegaba al ala del otro querubín. De la misma manera la una ala del otro querubín era de cinco codos, la cual llegaba hasta la pared de la casa; y la otra ala era de cinco codos, que tocaba al ala del otro querubín. Así las alas de estos querubines estaban extendidas por veinte codos: y ellos estaban en pié, los rostros hacia la casa. Hizo también un velo de cárdeno, púrpura, carmesí, y lino, e hizo subir en él querubines. Delante de la casa hizo dos columnas de longitud de treinta y cinco codos, y el capitel que estaba en la cabeza, de cinco codos. Hizo también unas cadenas en el oratorio, y púsolas sobre los capiteles de las columnas: e hizo cien granadas, las cuales puso en las cadenas. Y asentó las columnas delante del templo: la una a la mano derecha, y la otra a la izquierda; y a la de la mano derecha llamó Jaquín, y a la de la izquierda Boaz. É HIZO un altar de metal de lon- gitud de veinte codos, y de anchura de otros veinte codos, y de altura de diez codos. Hizo también un mar de fundición, el cual tenía diez codos del un borde al otro, redondo al derredor: su altura era de cinco codos, y una línea de treinta codos le ceñía al derredor. Y debajo de él había unas imágenes de bueyes que le cercaban al derredor, diez en cada codo: y había dos órdenes de bueyes fundidos en su fundición. Y estaba asentado sobre doce bueyes, los tres miraban al septentrión, y los tres al occidente, y los tres al mediodía, y los tres al oriente: y el mar estaba puesto sobre ellos, y todas las traseras de ellos estaban a la parte de adentro. Y tenía de grueso un palmo, y el borde era de la hechura de un borde de un caliz, o de una flor de lis. Y hacía tres mil batos. Hizo también diez fuentes, y puso las cinco a la mano derecha, y las cinco a la izquierda, para lavar y limpiar en ellas la obra del holocausto: mas el mar era para lavarse los sacerdotes en él. Hizo también diez candeleros de oro según su manera, los cuales puso en el templo, cinco a la mano derecha, y cinco a la izquierda. Ítem, hizo diez mesas, y púsolas en el templo, cinco a la mano derecha, y cinco a la izquierda. Hizo asimismo cien lebrillos de oro. Hizo también el patio de los sacerdotes, y el gran patio, y las portadas del patio, y cubrió las puertas de ellas de metal. Y asentó el mar al lado derecho hacia el oriente, enfrente del mediodía. Hizo también Hiram calderos, y muelles, y lebrillos. Y acabó Hiram la obra que hizo al rey Salomón para la casa de Dios: Dos columnas, y los cordones, los capiteles sobre las cabezas de las dos columnas, y dos redes para cubrir las dos bolas de los capiteles que estaban sobre las cabezas de las columnas; Cuatrocientas granadas en las dos redecillas, dos órdenes de granadas en cada redecilla, para que cubriesen las dos bolas de los capiteles que estaban sobre las cabezas de las columnas. Hizo también las basas sobre las cuales asentó las fuentes: Un mar, y doce bueyes debajo de él: Y calderos, y muelles, y garfios: y todos sus vasos hizo Hiram su padre al rey Salomón para la casa de Jehová de metal purísimo. Y fundiólos el rey en los llanos del Jordán, en arcilla de la tierra, entre Socot y Saredata. E hizo Salomón todos estos vasos en grande abundancia, porque no pudo ser hallado el peso del metal. Así hizo Salomón todos los vasos para la casa de Dios, y el altar de oro, y las mesas, y sobre ellas los panes de la proposición: Asimismo los candeleros y sus candilejas de oro puro, para que las encendiesen delante del oratorio conforme a la costumbre; Y las flores, y las candilejas, y las despabiladeras de oro, de oro perfecto. Y los salterios, y los lebrillos, y los cucharones, y los incensarios, de oro puro. Y la entrada de la casa, y sus puertas de adentro del lugar santísimo, y las puertas de la casa del templo, de oro. Y ACABÓSE toda la obra que hizo Salomón para la casa de Jehová: y metió Salomón las cosas que David su padre había dedicado, y puso la plata, y el oro, y todos los vasos en los tesoros de la casa de Dios. Entónces Salomón juntó los ancianos de Israel, y todos los príncipes de las tribus, las cabezas de las familias de los hijos de Israel en Jerusalem, para que trajesen el arca del concierto de Jehová de la ciudad de David, que es Sión, Y juntáronse al rey todos los varones de Israel a la solemnidad del mes séptimo. Y todos los ancianos de Israel vinieron, y los Levitas llevaron el arca. Y llevaron al arca, y el tabernáculo del testimonio, y todos los vasos del santuario que estaban en el tabernáculo, y los llevaban los sacerdotes, y los Levitas. Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había congregado a él delante del arca, sacrificaron ovejas y bueyes, que por la multitud no se pudieron contar ni numerar. Y los sacerdotes metieron el arca del concierto de Jehová en su lugar, al oratorio de la casa, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines. Y los querubines extendían las dos alas sobre el asiento del arca, y cubrían los querubines por encima así el arca como sus barras. E hicieron salir a fuera las barras, para que se viesen las cabezas de las barras del arca delante del oratorio, mas no se veían desde fuera: y allí estuvieron hasta hoy. En el arca no había sino las dos tablas que Moisés había puesto en Horeb, con las cuales Jehová había hecho alianza con los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto. Y como los sacerdotes salieron del santuario, (porque todos los sacerdotes que se hallaron habían sido santificados,) no podían guardar sus veces. Y los Levitas cantores todos, los de Asaf, los de Hemán, y los de Iditún, juntamente con sus hijos y sus hermanos, estaban vestidos de lino fino, con címbalos, y salterios, y arpas, al oriente del altar; y con ellos ciento y veinte sacerdotes que tocaban trompetas. Y tocaban las trompetas, y cantaban con la voz todos a una como un varón, alabando y glorificando a Jehová, cuando alzaban la voz con trompetas, y címbalos, y órganos de música, cuando alababan a Jehová: Porque es bueno, porque su misericordia es para siempre. Y la casa fué llena de una nube, la casa de Jehová; Y no podían los sacerdotes estar para ministrar por causa de la nube: porque la gloria de Jehová había henchido la casa de Dios. ENTÓNCES dijo Salomon: Jehová ha dicho, que él habitará en la oscuridad. Yo pues he edificado una casa de morada para tí, y una habitación en que mores para siempre. Y volviendo el rey su rostro bendijo a toda la congregación de Israel, y toda la congregación de Israel estaba en pié, y él dijo: Bendito sea Jehová Dios de Israel, el cual dijo por su boca a David mi padre, y con su mano ha cumplido, diciendo: Desde el día que saqué mi pueblo de la tierra de Egipto, ninguna ciudad he elegido de todas las tribus de Israel, para edificar casa donde estuviese mi nombre; ni he escogido varón, que fuese príncipe sobre mi pueblo Israel: Mas a Jerusalem he elegido para que en ella esté mi nombre, y a David he elegido para que fuese sobre mi pueblo Israel. Y David mi padre tuvo en corazón de edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel. Mas Jehová dijo a David mi padre: De haber tenido en tu corazón de edificar casa a mi nombre, bien has hecho de haber tenido esto en tu corazon: Empero tú no edificarás la casa; sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre. Y Jehová ha cumplido su palabra, que dijo: y levantéme yo por David mi padre, y asentéme en el trono de Israel, como Jehová había dicho; y he edificado casa al nombre de Jehová Dios de Israel. Y he puesto en ella el arca en la cual está el concierto de Jehová que concertó con los hijos de Israel. Y púsose delante del altar de Jehová delante de toda la congregación de Israel, y extendió sus manos: Porque Salomón había hecho un púlpito de metal, y le había puesto en medio del patio, de longitud de cinco codos, y de anchura de otros cinco, y de altura de tres codos, y púsose sobre él, e hincóse de rodillas delante de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo, dijo: Jehová Dios de Israel, no hay Dios semejante a tí en el cielo, ni en la tierra, que guardas el concierto, y la misericordia a tus siervos, que caminan delante de tí con todo su corazon: Que has guardado a tu siervo David mi padre lo que le dijiste: tú lo dijiste de tu boca, mas con tu mano lo has cumplido, como parece este día. Ahora pues Jehová Dios de Israel, guarda a tu siervo David mi padre lo que le has prometido, diciendo: No faltará de tí varón delante de mí que se asiente en el trono de Israel, a condición que tus hijos guarden su camino, andando en mi ley, como tú has andado delante de mí. Ahora pues, oh Jehová Dios de Israel, sea firme tu palabra que dijiste a tu siervo David. ¿Es verdad que Dios ha de habitar con el hombre en la tierra? He aquí, los cielos, y los cielos de los cielos no te comprenden, ¿cuánto menos esta casa que he edificado? Mas tú mirarás a la oración de tu siervo, y a su ruego, oh Jehová Dios mío, para oir el clamor y la oración con que tu siervo ora delante de tí: Que tus ojos estén abiertos sobre esta casa de día y de noche, sobre el lugar del cual dijiste: Mi nombre será allí: que oigas la oración con que tu siervo ora en este lugar. Asimismo, que oigas el ruego de su siervo, y de tu pueblo Israel, cuando oraren en este lugar; que tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu habitación; que oigas, y perdones. Si alguno pecare contra su prójimo, y él le pidiere juramento haciéndolo jurar, y el juramento viniere delante de tu altar en esta casa; Tú oirás desde los cielos, y harás, y juzgarás a tus siervos, pagando al impío, dándole su camino en su cabeza, y justificando al justo, dándole conforme a su justicia. Si tu pueblo Israel cayere delante de los enemigos por haber pecado contra tí, y si se convirtieren, y confesaren tu nombre, y rogaren delante de tí en esta casa; Tú oirás desde los cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y volverlos has a la tierra que diste a ellos y a sus padres. Si los cielos se cerraren, que no haya lluvias por haber pecado contra tí, si oraren a tí en este lugar, y confesaren tu nombre, y se convirtieren de sus pecados cuando los afligieres; Tú los oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos, y de tu pueblo Israel, y les enseñarás el buen camino para que anden en él, y darás lluvia sobre tu tierra, la cual diste por heredad a tu pueblo. Y si hubiere hambre en la tierra, o si hubiere pestilencia, o si hubiere tizoncillo, o niebla, lagarta, langosta, o pulgon; o si los cercaren sus enemigos en la tierra de sus ciudades; o cualquiera llaga, o enfermedad: Toda oración, y todo ruego que cualquier hombre hiciere, o todo tu pueblo Israel, o cualquiera que conociere su llaga, y su dolor en su corazón, si extendiere sus manos a esta casa; Tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu habitación, y perdonarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, habiendo conocido su corazon; porque tú solo conoces el corazón de los hijos de los hombres: Para que te teman, y anden en tus caminos todos los dias que vivieren sobre la haz de la tierra que tú diste a nuestros padres. Y también al extranjero, que no fuere de tu pueblo Israel, que hubiere venido de léjas tierras, por causa de tu grande nombre, y de tu mano fuerte, y de tu brazo extendido, si vinieren, y oraren en esta casa; Tú oirás desde los cielos, desde la habitación de tu morada, y harás conforme a todas las cosas por las cuales el extranjero hubiere clamado a tí: para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, y te teman como tu pueblo Israel; y sepan que tu nombre es invocado sobre esta casa que he edificado. Si tu pueblo saliere a la guerra contra sus enemigos por el camino que tú los enviares, y oraren a tí hacia esta ciudad que tú elegiste, hacia la casa que he edificado a tu nombre; Tú oirás desde los cielos su oración y su ruego, y defenderás su causa. Si pecaren contra tí, pues que no hay hombre que no peque, y te airares contra ellos, y los entregares delante de sus enemigos, para que los que los tomaren, los lleven cautivos a tierra de enemigos léjos o cerca; Y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren llevados cautivos, y si se convirtieren, y oraren a tí en la tierra de su cautividad, y dijeren: Pecámos, hemos hecho inicuamente, hemos hecho impíamente; Y se convirtieren a tí de todo su corazón, y de toda su alma, en la tierra de su cautividad, donde los hubieren llevado cautivos, y oraren hacia su tierra, que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que he edificado a tu nombre; Tú oirás desde los cielos, desde la morada de tu habitación, su oración y su ruego, y defenderás su causa, y perdonarás a tu pueblo que pecó contra tí. Ahora pues, oh Dios mío, estén, yo te ruego, abiertos tus ojos, y atentas tus orejas a la oración en este lugar. Oh Jehová Dios, levántate ahora para tu reposo, tú y el arca de tu fortaleza: oh Jehová Dios, tus sacerdotes sean vestidos de salud, y tus misericordiosos gocen de bien. Jehová Dios, no hagas volver el rostro de tu ungido: acuérdate de las misericordias de David tu siervo. Y COMO Salomón acabó de orar, el fuego descendió de los cielos, y consumió el holocausto, y las víctimas; y la gloria de Jehová hinchió la casa. Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había henchido la casa de Jehová. Y como vieron todos los hijos de Israel descender el fuego, y la gloria de Jehová sobre la casa, cayeron en tierra en el solado sobre sus rostros, y adoraron glorificando a Jehová, diciendo: Que es bueno, que su misericordia es para siempre. Y el rey y todo el pueblo sacrificaban sacrificios delante de Jehová. Y sacrificó el rey Salomón en sacrificio veinte y dos mil bueyes, y ciento y veinte mil ovejas: y dedicaron la casa de Dios el rey y todo el pueblo. Y los sacerdotes estaban en sus órdenes, y los Levitas con los instrumentos de música de Jehová, que había hecho el rey David para alabar a Jehová, diciendo: Que su misericordia es para siempre: cuando David alababa por mano de ellos. Y los sacerdotes tañían trompetas delante de ellos, y todo Israel estaba en pié. También santificó Salomón el medio del patio que estaba delante de la casa de Jehová, por cuanto había hecho allí los holocaustos, y los sebos de los pacíficos; porque en el altar de metal, que Salomón había hecho, no podían caber los holocaustos, y el presente, y los sebos. Entónces hizo Salomón fiesta siete dias, y con él todo Israel, una grande congregación, desde la entrada de Emat hasta el arroyo de Egipto. Al octavo día hicieron convocación, porque la dedicación del altar habían hecho en siete dias, y habían celebrado la solemnidad por siete dias. Y a los veinte y tres del mes séptimo envió al pueblo a sus estancias alegres y gozosos de corazón por los beneficios que Jehová había hecho a David, y a Salomón, y a su pueblo Israel. Y Salomón acabó la casa de Jehová, y la casa del rey: y todo lo que Salomón tuvo en voluntad de hacer en la casa de Jehová, y en su casa, fué prosperado. Y Jehová apareció a Salomón de noche, y díjole: Yo he oido tu oración, y yo he elegido para mí este lugar, por una casa de sacrificio. Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia en mi pueblo; Y si se humillare mi pueblo sobre los cuales mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi faz, y se convirtieren de sus caminos malos, entónces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora mis ojos estarán abiertos, y mis orejas atentas a la oración en este lugar. Así que ahora yo he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre, y mis ojos y mi corazón estarán allí para siempre. Y tú, si anduvieres delante de mí, como anduvo David tu padre, e hicieres todas las cosas que yo te he mandado, y guardares mis estatutos y mis derechos, Yo confirmaré el trono de tu reino, como concerté con David tu padre, diciendo: No faltará varón de tí, que domine en Israel. Mas si vosotros os volviereis, y dejareis mis estatutos y mis preceptos, que yo os he propuesto, y fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis; Yo los arrancaré de mi tierra que les he dado: y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí, y la pondré por proverbio y fábula en todos los pueblos. Y esta casa que fué tan ilustre, será espanto a todo pasante; y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra, y a esta casa? Y serle ha respondido: Por cuanto dejaron a Jehová Dios de sus padres, el cual los sacó de la tierra de Egipto, y echaron mano de dioses ajenos, y los adoraron y sirvieron: por eso él ha traido sobre ellos todo este mal. Y ACONTECIÓ que al cabo de veinte años, que Salomón hubo edificado la casa de Jehová, y su casa, Edificó Salomón las ciudades que Hiram había dado a Salomón, y puso en ellas a los hijos de Israel. Después vino Salomón a Emat Suba, y la tomó. Y edificó a Tadmor en el desierto, y todas las ciudades de las municiones, que edificó en el desierto. Asimismo reedificó a Bet-orón la de arriba, y a Bet-orón la de abajo, ciudades fortificadas de muros, puertas, y barras. Ítem, a Balaat, y a todas las villas de munición, que tenía Salomon: también todas las ciudades de los carros, y las de la gente de a caballo: y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalem, y en el Líbano, y en toda la tierra de su señorío, Y a todo el pueblo, que había quedado de los Jetteos, Amorreos, Ferezeos, Heveos, Jebuseos, que no eran de Israel; Los hijos de los que habían quedado en la tierra después de ellos, a los cuales los hijos de Israel no destruyeron del todo, hizo Salomón tributarios hasta hoy. Y de los hijos de Israel no puso Salomón siervos en su obra; porque eran hombres de guerra, y sus príncipes, y sus capitanes, y príncipes de sus carros, y su gente de a caballo. Y tenía Salomón doscientos y cincuenta príncipes de los gobernadores, los cuales presidían en el pueblo. Y pasó Salomón a la hija de Faraón de la ciudad de David a la casa que él le había edificado; porque dijo entre sí: Mi mujer no morará en la casa de David rey de Israel, porque son cosas sagradas, por haber entrado en ellas el arca de Jehová. Entónces ofreció Salomón holocaustos a Jehová sobre el altar de Jehová, que había edificado delante del portal; Para que ofreciesen cada cosa en su día, conforme al mandamiento de Moisés, en los sábados, nuevas lunas, y fiestas, tres veces en el año; en la fiesta de los panes sin levadura, en la fiesta de las semanas, y en la fiesta de las cabañas. Y constituyó los repartimientos de los sacerdotes en sus oficios, conforme a la ordenación de David su padre: los Levitas por sus órdenes, para que alabasen y ministrasen delante de los sacerdotes, cada cosa en su día: y los porteros por su órden a cada puerta: porque así lo había mandado David, varón de Dios. Y no salieron del mandamiento del rey en cuanto a los sacerdotes, y Levitas, y los tesoros, y todo negocio. Porque toda la obra de Salomón estaba aparejada, desde el día que la casa de Jehová fué fundada hasta que se acabó, que la casa de Jehová fué acabada del todo. Entónces Salomón fué a Asión-gaber, y a Elat a la costa de la mar en la tierra de Edom. Porque Hiram le había enviado navíos por mano de sus siervos, y marineros diestros por la mar, los cuales habían ido con los siervos de Salomón a Ofir, y habían tomado de allá cuatrocientos y cincuenta talentos de oro, y los habían traido al rey Salomón. Y LA reina de Sabá oyendo la fama de Salomón, vino a Jerusalem para tentar a Salomón con preguntas oscuras, con un muy grande ejército, con camellos cargados de olores, y oro en abundancia, y piedras preciosas. Y luego que vino a Salomón, habló con él todo lo que tenía en su corazón. Y Salomón le declaró todas sus palabras: ninguna cosa quedó que Salomón no le declarase. Y viendo la reina de Sabá la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado, Y las viandas de su mesa, y el asiento de sus siervos, y el estado de sus criados, y los vestidos de ellos, sus maestresalas y sus vestidos, y su subida por donde subía a la casa de Jehová, no quedó más espíritu en ella; Y dijo al rey: Verdad es lo que he oido en mi tierra de tus cosas, y de tu sabiduría: Mas yo no creía las palabras de ellos, hasta que he venido, y mis ojos han visto; y he aquí que ni aun la mitad de la multitud de tu sabiduría me había sido dicha: porque tú añades sobre la fama que yo había oido. Bienaventurados tus varones, y bienaventurados estos tus siervos, que están siempre delante de tí, y oyen tu sabiduría. Jehová tu Dios sea bendito, que se ha agradado en tí, para ponerte sobre su trono por rey de Jehová tu Dios: por cuanto tu Dios ha amado a Israel, para afirmarle perpetuamente, y te puso por rey sobre ellos para que hagas juicio y justicia. Y dió al rey ciento y veinte talentos de oro, y gran copia de especiería, y piedras preciosas: nunca hubo tal especiería como la que dió la reina de Sabá al rey Salomón. También los siervos de Hiram, y los siervos de Salomón, que habían traido el oro de Ofir, trajeron madera de almugim, y piedras preciosas. E hizo el rey de la madera de almugim gradas en la casa de Jehová, y en las casas reales, y arpas y salterios para los cantores: nunca en tierra de Judá fué vista madera semejante. Y el rey Salomón dió a la reina de Sabá todo lo que ella quiso y le pidió, más de lo que ella había traido al rey: y ella se volvió y se fué a su tierra con sus siervos. Y el peso de oro que venía a Salomón cada un año era seiscientos y sesenta y seis talentos de oro, Sin lo que traían los mercaderes y negociantes. Y también todos los reyes de Arabia, y los príncipes de la tierra, traían oro y plata a Salomón. Hizo también el rey Salomón doscientos paveses de oro de martillo, que tenía cada paves seiscientas piezas de oro de martillo. Ítem, trescientos escudos de oro extendido, que tenía cada escudo trescientas piezas de oro. Y púsolos el rey en la casa del bosque del Líbano. Hizo también el rey un gran trono de marfil, y cubrióle de oro puro: Y al trono seis gradas, y un estrado de oro al trono, y arrimadizos de la una parte y de la otra al lugar del asiento, y dos leones, que estaban junto a los arrimadizos. Había también allí doce leones sobre las seis gradas de la una parte y de la otra: en todos los reinos nunca fué hecho otro tal. Toda la bajilla del rey Salomón era de oro, y toda la bajilla de la casa del bosque del Líbano de oro puro. En los dias de Salomón la plata no era de estima. Porque la flota del rey iba a Társis con los siervos de Hiram, y cada tres años solían venir las naves de Társis, y traían oro, plata, marfil, simios, y pavos. Y excedió el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabiduría. Y todos los reyes de la tierra procuraban ver el rostro de Salomón, por oir su sabiduría, que Dios había dado en su corazón. Y de estos cada uno traía su presente, vasos de plata, vasos de oro, vestidos, armas, especierías, caballos, y acémilas, todos los años. Tuvo también Salomón cuatro mil caballerizas para los caballos y carros, y doce mil caballeros, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem. Y tuvo señorío sobre todos los reyes, desde el río hasta la tierra de los Filisteos, y hasta el término de Egipto. Y puso el rey plata en Jerusalem como piedras, y cedros como los cabrahigos que nacen por las campañas en abundancia. Sacaban también caballos para Salomón de Egipto, y de todas las provincias. Lo demás de los hechos de Salomón primeros y postreros, ¿no está todo escrito en los libros de Natán profeta, y en la profecia de Ahías Silonita, y en las profecias de Addo vidente, contra Jeroboam, hijo de Nabat? Y reinó Salomón en Jerusalem sobre todo Israel cuarenta años. Y durmió Salomón con sus padres, y sepultáronle en la ciudad de David su padre: y reinó en su lugar Roboam su hijo. Y ROBOAM fué a Siquem, por- que en Siquem se había juntado todo Israel para hacerle rey. Y como Jeroboam, hijo de Nabat, el cual estaba en Egipto, donde había huido a causa del rey Salomón, lo oyó, volvió de Egipto. Y enviaron y llamáronle. Y vino Jeroboam, y todo Israel, y hablaron a Roboam, diciendo: Tu padre agravó nuestro yugo, afloja tú pues ahora algo de la dura servidumbre, y del grave yugo con que tu padre nos apremió, y servirte hemos. Y él les dijo: Volvéd a mí de aquí a tres dias. Y el pueblo se fué. Entónces el rey Roboam tomó consejo con los viejos que habían estado delante de Salomón su padre, cuando vivía, y díjoles: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo? Y ellos le hablaron, diciendo: Si te hubieres humanamente con este pueblo, y los agradares, y les hablares buenas palabras, ellos te servirán perpetuamente. Mas él dejando el consejo de los viejos, que le dieron, tomó consejo con los jóvenes, que se habían criado con él, y que asistían delante de él. Y díjoles: ¿Qué aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo que me ha hablado, diciendo: Alivia algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros? Entónces los jóvenes, que se habían criado con él, le hablaron, diciendo: Así dirás al pueblo que te ha hablado, diciendo: Tu padre agravó nuestro yugo, tú pues descárganos. Así les dirás: El menor dedo mío es más grueso que los lomos de mi padre. Así que mi padre os cargó de grave yugo, y yo añadiré a vuestro yugo: mi padre os castigó con azotes, y yo con escorpiones. Vino pues Jeroboam y todo el pueblo a Roboam al tercero día, como el rey les había mandado, diciendo: Volvéd a mí de aquí a tres dias. Y respondióles el rey ásperamente; y dejó el rey Roboam el consejo de los viejos, Y hablóles conforme al consejo de los mancebos, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, y yo añadiré a vuestro yugo: mi padre os castigó con azotes, y yo con escorpiones. Y no escuchó el rey al pueblo: porque era la voluntad de Dios para complir Jehová su palabra que había hablado por Ahías Silonita a Jeroboam, hijo de Nabat. Y viendo todo Israel que el rey no le había oido, respondió el pueblo al rey, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David, ni herencia en el hijo de Isaí? Israel cada uno a sus estancias: David mira ahora por tu casa. Así se fué todo Israel a sus estancias. Y reinó Roboam sobre los hijos de Israel, que habitaban en las ciudades de Judá. Y envió el rey Roboam a Aduram, que tenía cargo de los tributos, y apedreáronle los hijos de Israel con piedras, y murió. Entónces el rey Roboam se hizo fuerte, y subiendo en un carro huyó a Jerusalem. Así se rebeló Israel de la casa de David hasta hoy. Y COMO vino Roboam a Jeru- salem, juntó la casa de Judá y de Benjamín, ciento y ochenta mil hombres escogidos de guerra para pelear contra Israel, y volver el reino a Roboam. Y fué palabra de Jehová a Semeías varón de Dios, diciendo: Habla a Roboam, hijo de Salomón rey de Judá, y a todos los Israelitas, que están, en Judá y en Benjamín, diciéndoles: Así ha dicho Jehová: No subáis, ni peléeis contra vuestros hermanos: vuélvase cada uno a su casa, porque yo he hecho este negocio. Y ellos oyeron la palabra de Jehová, y tornáronse, y no fueron contra Jeroboam. Y habitó Roboam en Jerusalem, y edificó ciudades para fortificar a Judá. Y edificó a Belén, y a Etán, y a Tecua, Y a Bet-sur, y a Soco, y a Odollam, Y a Get, y a Maresa, y a Zif, Y a Aduram,, y a Laquis, y a Azeca, Y a Saraa, y a Ajalón, y a Hebrón, que eran en Judá, y en Benjamín, ciudades fuertes. Fortificó también las guarniciones; y puso en ellas capitanes, y vituallas, vino y aceite. Y en todas las ciudades escudos y lanzas: y fortificólas en gran manera, y Judá y Benjamín le eran sujetos. Y los sacerdotes y Levitas que estaban en todo Israel, se juntaron a él de todos sus términos, Porque los Levitas debajan sus ejidos, y sus posesiones, y se venían a Judá, y a Jerusalem; que Jeroboam y sus hijos los echaban del ministerio de Jehová. Y él se hizo sacerdotes para los altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho. Tras ellos vinieron también de todas las tribus de Israel, los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel: y viniéronse a Jerusalem para sacrificar a Jehová el Dios de sus padres. Y fortificaron el reino de Judá, y confirmaron a Roboam, hijo de Salomón, tres años; porque tres años anduvieron en el camino de David, y de Salomón. Y tomóse Roboam por mujer a Mahalat, hija de Jerimot, hijo de David: y a Abihail, hija de Eliab, hijo de Isaí. La cual le parió hijos, a Jeus, Somoria, y Zoón. Tras ella tomó a Maaca, hija de Absalom: la cual le parió a Abías, Etai, Ziza, y Salomit. Mas Roboam amó a Maaca la hija de Absalom sobre todas sus mujeres y concubinas: porque tomó diez y ocho mujeres, y sesenta concubinas, y engendró veinte y ocho hijos, y sesenta hijas. Y puso Roboam a Abías, hijo de Maaca, por cabeza y príncipe de sus hermanos, porque le quería hacer rey. E hízole instruir, y esparció todos sus hijos por todas las tierras de Judá y de Benjamín, y por todas las ciudades fuertes, y dióles vituallas en abundancia, y pidió muchas mujeres. Y COMO Roboam hubo confir- mado el reino, dejó la ley de Jehová, y con él todo Israel. Y en el quinto año del rey Roboam subió Sesac rey de Egipto contra Jerusalem, por cuanto se habían rebelado contra Jehová, Con mil y doscientos carros, y con sesenta mil hombres de a caballo: mas el pueblo que venía con él de Egipto no tenía número, de Libios, Trogloditas, y Etiopes. Y tomó las ciudades fuertes de Judá, y llegó hasta Jerusalem. Entónces vino Semeías profeta a Roboam, y a los príncipes de Judá que estaban congregados en Jerusalem por causa de Sesac, y díjoles: Así ha dicho Jehová: Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado en mano de Sesac. Y los príncipes de Israel, y el rey, se humillaron, y dijeron: Justo es Jehová. Y como vió Jehová, que se habían humillado, fué palabra de Jehová a Semeías, diciendo: Hánse humillado: no los destruiré, ántes en breve los salvaré; y no se derramará mi ira contra Jerusalem por mano de Sesac. Empero serán sus siervos; para que sepan que es servirme a mí, o servir a los reinos de las naciones. Y subió Sesac rey de Egipto a Jerusalem, y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey, todo lo llevó: y tomó los paveses de oro que Salomón había hecho, E hizo el rey Roboam en lugar de ellos paveses de metal, y entrególos en manos de los príncipes de la guardia, que guardaba la entrada de la casa del rey. Y cuando el rey iba a la casa de Jehová, venían los de la guardia, y traíanlos, y después los volvían a la cámara de la guardia. Y como él se humilló, la ira de Jehová se apartó de él, para no destruirle del todo: y también en Judá las cosas fueron bien. Y fortificado Roboam, reinó en Jerusalem: y era Roboam de cuarenta y un años, cuando comenzó a reinar, y diez y siete años reinó en Jerusalem, ciudad que escogió Jehová, para poner en ella su nombre, de todas las tribus de Israel: y el nombre de su madre fué Naama, Ammonita. E hizo lo malo, porque no apercibió su corazón para buscar a Jehová. Y las cosas de Roboam primeras y postreras, ¿no están escritas en los libros de Semeías profeta, y de Addo vidente, en la cuenta de los linajes? Y hubo guerra perpetua entre Roboam y Jeroboam. Y durmió Roboam con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David: y reinó en su lugar Abías su hijo. A LOS diez y ocho años del rey Jeroboam reinó Abías sobre Judá, Y reinó tres años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Micaia, hija de Uriel de Gabaa. Y hubo guerra entre Abías y Jeroboam. Y Abías ordenó batalla con el ejército de los valerosos en la guerra, cuatrocientos mil hombres escogidos: y Jeroboam ordenó batalla contra él con ochocientos mil hombres escogidos, fuertes y valerosos. Y levantóse Abías sobre el monte de Semerón, que es en los montes de Efraim, y dijo: Oídme Jeroboam, y todo Israel: ¿No sabéis vosotros, que Jehová Dios de Israel dió el reino a David sobre Israel perpetuamente, a él y a sus hijos en alianza de sal? ¿Y que Jeroboam, hijo de Nabat, siervo de Salomón, hijo de David, se levantó y se rebeló contra su señor: Y que se allegaron a él hombres vanos, e hijos de Belial: y pudieron más que Roboam, hijo de Salomon; porque Roboam era mozo, y tierno de corazón, y no se esforzó delante de ellos? Y ahora vosotros consultáis para fortificaros contra el reino de Jehová, que está en mano de los hijos de David; y sois muchos, y tenéis con vosotros los becerros de oro, que Jeroboam os hizo por dioses. ¿No echasteis vosotros los sacerdotes de Jehová, los hijos de Aarón, y los Levitas, y os habéis hecho sacerdotes a la manera de los pueblos de las tierras, que cualquiera venga a consagrarse con un becerro, hijo de vaca, y siete carneros, y sea sacerdote de los que no son dioses? Mas a nosotros, Jehová es nuestro Dios y no le dejamos: y los sacerdotes que ministran a Jehová son los hijos de Aarón, y los Levitas en la obra: Los cuales queman a Jehová los holocaustos cada mañana y cada tarde, y los perfumes aromáticos, y ponen los panes sobre la mesa limpia, y el candelero de oro con sus candilejas para que ardan cada tarde; porque nosotros guardamos la observancia de Jehová nuestro Dios: mas vosotros le habéis dejado. Y, he aquí, Dios está con nosotros por cabeza, y sus sacerdotes, y las trompetas del júbilo, para que suenen contra vosotros. Oh hijos de Israel, no peleéis contra Jehová el Dios de vuestros padres, porque no os sucederá bien. Y Jeroboam hizo una emboscada al derredor, para venir a ellos por las espaldas: y la emboscada estaba a las espaldas de Judá, y ellos delante. Entónces como miró Judá, he aquí que tenían batalla delante y a las espaldas. Y clamaron a Jehová, y los sacerdotes tocaron las trompetas. Y los de Judá alzaron grita. Y como ellos alzaron grita, Dios venció a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías y de Judá. Y huyeron los hijos de Israel delante de Judá: y Dios los entregó en sus manos. Y Abías y su pueblo hacían en ellos gran mortandad: y cayeron heridos de Israel quinientos mil hombres escogidos. Así fueron humillados los hijos de Israel en aquel tiempo: y los hijos de Judá se fortificaron; porque estribaban en Jehová el Dios de sus padres. Y siguió Abías a Jeroboam, y tomó sus ciudades, a Betel con sus aldeas, a Jesana con sus aldeas, a Efrón con sus aldeas. Y nunca más Jeroboam tuvo fuerza en los dias de Abías: y Jehová le hirió, y murió. Mas Abías se fortificó: y tomóse catorce mujeres, y engendró veinte y dos hijos, y diez y seis hijas. Lo demás de los hechos de Abías, sus caminos, y sus negocios, está escrito en la historia de Addo profeta. Y DURMIÓ Abías con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David: y reinó en su lugar Asa su hijo. En sus dias reposó la tierra diez años. E hizo Asa lo bueno y recto en los ojos de Jehová su Dios: Porque quitó los altares del ajeno, y los altos: quebró las imágenes, y taló los bosques, Y mandó a Judá que buscasen a Jehová el Dios de sus padres, e hiciesen la ley y los mandamientos. Y quitó de todas las ciudades de Judá los altos y las imágenes: y estuvo el reino quieto delante de él. Y edificó ciudades fuertes en Judá, por cuanto había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos; porque Jehová le había dado reposo. Dijo pues a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros, torres, puertas, y barras, pues que la tierra es nuestra, por cuanto hemos buscado a Jehová nuestro Dios: nosotros le hemos buscado, y él nos ha dado reposo de todas partes. Y edificaron, y fueron prosperados. Tuvo también Asa ejército que traía escudos y lanzas, trescientos mil de Judá; y doscientos y ochenta mil de Benjamín, que traían escudos, y flechaban arcos: todos hombres diestros. Y salió contra ellos Zara Etiope con ejército de mil millares, y trescientos carros; y vino hasta Maresa. Mas Asa salió contra él, y ordenaron la batalla en el valle de Sefata junto a Maresa. Y clamó Asa a Jehová su Dios, y dijo: Jehová, no tienes tú más con el grande, que con el que ninguna fuerza tiene, para dar ayuda. Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en tí estribamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios: no prevalezca contra tí el hombre. Y Jehová deshizo los Etiopes delante de Asa, y delante de Judá; y huyeron los Etiopes. Y Asa, y el pueblo que con él estaba, los siguió hasta Gerara: y cayeron los Etiopes hasta no quedar en ellos hombre a vida; porque fueron deshechos delante de Jehová y de su ejército: y tomaron un muy grande despojo. E hirieron todas las ciudades al derredor de Gerara; porque el terror de Jehová era sobre ellos: y saquearon todas las ciudades; porque había en ellas gran despojo. Asimismo dieron sobre las cabañas de los ganados, y trajeron muchas ovejas y camellos; y volviéronse a Jerusalem. Y FUÉ el Espíritu de Dios sobre Azarías, hijo de Obed; Y salió al encuentro a Asa, y díjole: Oídme Asa, y todo Judá y Benjamín. Jehová es con vosotros, si vosotros fuéreis con él: y si le buscareis, será hallado de vosotros: mas si le dejareis, él también os dejará. Muchos dias ha estado Israel sin verdadero Dios, y sin sacerdote, y sin enseñador, y sin ley. Mas cuando con su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fué hallado de ellos. En aquellos tiempos no hubo paz, ni para el que entraba, ni para el que salía, sino muchas destrucciones sobre todos los habitadores de las tierras. Y la una gente destruía a la otra: y la una ciudad a la otra: porque Dios los conturbó con todas calamidades. Esforzáos pues vosotros, y no se descoyunten vuestras manos: que salario hay para vuestra obra. Y como Asa oyó las palabras y profecía de Obed profeta, fué confortado, y quitó las abominaciones de toda la tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que él había tomado en el monte de Efraim: y reparó el altar de Jehová, que estaba delante del portal de Jehová. E hizo juntar a todo Judá y Benjamín, y con ellos los extranjeros de Efraim, y de Manasés, y de Simeon: porque muchos de Israel se habían pasado a él, viendo que Jehová su Dios era con él. Y fueron juntos en Jerusalem en el mes tercero, a los quince años del reino de Asa. Y sacrificaron a Jehová aquel mismo día, de los despojos que habían traido, siete cientos bueyes, y siete mil ovejas. Y entraron en concierto de que buscarían a Jehová el Dios de sus padres, de todo su corazón, y de toda su alma: Y que cualquiera que no buscase a Jehová el Dios de Israel, muriese, grande o pequeño, hombre o mujer. Y juraron a Jehová a gran voz y júbilo, a son de trompetas, y de bocinas: Del cual juramento todos los de Judá se alegraron; porque de todo su corazón le juraban, y de toda su voluntad le buscaban, y fué hallado de ellos: y Jehová les dió reposo de todas partes. Y aun a Maaca la madre del rey Asa, él la depuso que no fuese señora, porque había hecho ídolo en el bosque: y Asa deshizo su ídolo, y le desmenuzó, y quemó en el arroyo de Cedrón. Mas con todo eso los altos no eran quitados de Israel, aunque el corazón de Asa fué perfecto mientras vivió. Y metió en la casa de Dios lo que su padre había dedicado, y lo que él había consagrado, plata, y oro, y vasos. Y no hubo guerra hasta los treinta y cinco años del reino de Asa. EN el año treinta y seis del reino de Asa subió Baasa rey de Israel contra Judá: y edificó a Rama, para no dejar salir ni entrar a alguno al rey Asa rey de Judá. Entónces sacó Asa la plata y el oro de los tesoros de la casa de Jehová y de la casa real, y envió a Ben-adad rey de Siria, que estaba en Damasco, diciendo: Alianza hay entre mí y tí, y entre mi padre y tu padre: he aquí, yo te he enviado plata y oro, para que vengas, y deshagas tu alianza, que tienes con Baasa rey de Israel, para que se retire de mí. Y consintió Ben-adad con el rey Asa, y envió los capitanes de los ejércitos que tenía, a las ciudades de Israel; e hirieron a Ahión, Dan, y Abel-maim, y las ciudades fuertes de Neftalí. Y oyéndolo Baasa, cesó de edificar a Rama, y dejó su obra. Entónces el rey Asa tomó a todo Judá, y llevaron de Rama la piedra y madera con que Baasa edificaba; y con ello edificó a Gabaa, y Maspa. En aquel tiempo vino Janani vidente a Asa rey de Judá, y díjole: Por cuanto has estribado sobre el rey de Siria, y no estribaste en Jehová tu Dios, por eso el ejército del rey de Siria ha escapado de tus manos. ¿Los Etiopes, y los Libios, no traían ejército en multitud con carros, y muy mucha gente de a caballo? mas, porque tú estribaste en Jehová, él los entregó en tus manos. Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para corroborar a los que tienen corazón perfecto para con él. Locamente has hecho en esto, porque de aquí adelante habrá guerra contra tí. Y Asa enojado contra el vidente, echóle en la casa de la cárcel, porque fué grandemente conmovido de esto. Y mató Asa en aquel tiempo algunos del pueblo. He aquí pues, los hechos de Asa, primeros y postreros, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. Y el año treinta y nueve de su reino enfermó Asa de los piés para arriba, y en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos. Y durmió Asa con sus padres, y murió el año cuarenta y uno de su reino, Y sepultáronle en sus sepulcros que él había hecho para sí, en la ciudad de David. 15 Y pusiéronle en una litera, la cual hinchieron de aromas, y olores hechos de obra de perfumadores: e hiciéronle una quema muy grande. Y REINÓ en su lugar Josafat su hijo, el cual prevaleció contra Israel. Y puso ejército en todas las ciudades fuertes de Judá, y puso gente de guarnición en tierra de Judá, y asimismo en las ciudades de Efraim, que su padre Asa había tomado. Y fué Jehová con Josafat, porque anduvo en los caminos de David su padre los primeros, y no buscó a los Baales; Mas buscó al Dios de su padre, y anduvo en sus mandamientos, y no según las obras de Israel. Y confirmó Jehová el reino en su mano, y todo Judá dió presentes a Josafat: y tuvo riquezas, y gloria en abundancia. Y su corazón se enalteció en los caminos de Jehová; y él quitó los altos y los bosques de Judá. Al tercero año de su reino envió sus príncipes Ben-hail, Abdías, Zacarías, Nataniel, y Miqueas, para que enseñasen en las ciudades de Judá: Y con ellos a los Levitas, Semeías, Natanías, Zabadías, y Asael, y Semiramot, y Jonatán, y Adonías, y Tobías, y Tobadonias, Levitas; y con ellos a Elisama y a Joram, sacerdotes. Y enseñaron en Judá, teniendo consigo el libro de la ley de Jehová, y rodearon por todas las ciudades de Judá, enseñando el pueblo. Y cayó el pavor de Jehová sobre todos los reinos de las tierras que estaban al rededor de Judá, que no osaron hacer guerra contra Josafat. Y traían de los Filisteos presente, y plata de tributo a Josafat: los Arabes también le trajeron ganados, siete mil y siete cientos carneros, y siete mil y siete cientos machos de cabrío. Y Josafat iba creciendo altamente: y edificó en Judá fortalezas y ciudades de depósitos. Y tuvo muchas obras en las ciudades de Judá, y tuvo hombres de guerra, valientes de fuerzas, en Jerusalem. Y este es el número de ellos según las casas de sus padres: En Judá, príncipes de los millares eran, el príncipe Ednas, y con él había trescientos mil hombres valientes de fuerzas. Tras él, Johanán príncipe, y con él doscientos y ochenta mil. Tras este, Amasías, hijo de Zecri, el cual se había ofrecido voluntariamente a Jehová; y con él doscientos mil hombres valientes. De Benjamín; Eliada, hombre poderoso de fuerzas, y con él doscientos mil armados de arco y escudo. Tras este, Jozabad, y con él ciento y ochenta mil apercebidos para la guerra. Estos eran siervos del rey, sin los que el rey había puesto en las ciudades de guarnición por toda Judea. Y TUVO Josafat riquezas y glo- ria en abundancia: y juntó parentesco con Acab. Y después de algunos años, descendió a Acab a Samaria, y mató Acab muchas ovejas y bueyes para él, y para el pueblo que había venido con él; y persuadióle que fuese con él a Ramot de Galaad. Y dijo Acab rey de Israel a Josafat rey de Judá: ¿Quieres venir conmigo a Ramot de Galaad? Y él le respondió: Como yo, así también tú: y como tu pueblo, así también mi pueblo: contigo a la guerra. Y dijo más Josafat al rey de Israel: Ruégote que consultes hoy la palabra de Jehová. Entónces el rey de Israel juntó cuatrocientos varones profetas, y díjoles: ¿Iremos a la guerra contra Ramot de Galaad, o reposarnos hemos? Y ellos dijeron: Sube; que Dios los entregará en mano del rey. Y Josafat dijo: ¿Hay aun aquí algún profeta de Jehová, para que por él preguntemos? Y el rey de Israel respondió a Josafat: Aun hay aquí un hombre por el cual podemos preguntar a Jehová: mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino toda su vida por mal: este es Miqueas, hijo de Jemla. Y respondió Josafat: No hable el rey así. Entónces el rey de Israel llamó un eunuco, y díjole: Haz venir luego a Miqueas, hijo de Jemla. Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados, cada uno en su trono, vestidos de sus ropas, y estaban asentados en la era a la entrada de la puerta de Samaria, y todos los profetas profetizaban delante de ellos. Empero Sedequías, hijo de Canaana, se había hecho unos cuernos de hierro, y decía: Jehová ha dicho así: Con estos acornearás a los Siros hasta destruirlos del todo. De esta manera profetizaban también todos los profetas, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y sé prosperado: porque Jehová la entregará en mano del rey. Y el mensajero que había ido a llamar a Miqueas le habló, diciendo: He aquí, las palabras de los profetas a una boca anuncían al rey bienes: yo te ruego ahora que tu palabra sea como la de uno de ellos, que hables bien. Y dijo Miqueas: Vive Jehová, que lo que mi Dios me dijére, eso hablaré. Y vino al rey. Y el rey le dijo: Miqueas, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o dejarlo hemos? Y él respondió: Subíd; que seréis prosperados; que serán entregados en vuestras manos. Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces te conjuraré por el nombre de Jehová, que no me hables sino la verdad? Entónces él dijo: Yo he visto a todo Israel derramado por los montes, como ovejas sin pastor: y dijo Jehová: Estos no tienen señor: vuélvase cada uno en paz a su casa. Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te había yo dicho, que este no me profetizará bien, sino mal? Entónces él dijo: Oid pues palabra de Jehová: Yo he visto a Jehová asentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba a su mano derecha y a su mano izquierda. Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab rey de Israel, para que suba, y caiga en Ramot de Galaad? Y este decía así, y el otro decía así. Mas salió un espíritu, que se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? Y él dijo: Saldré; y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas. Y Jehová dijo: Induce, y también prevalece: sal, y hazlo así. Y, he aquí, ahora Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de estos tus profetas: mas Jehová ha hablado contra tí mal. Entónces Sedequías, hijo de Canaana, se llegó a él, e hirió a Miqueas en la mejilla, y dijo: ¿Por qué camino se apartó de mí el Espíritu de Jehová, para hablarte a tí? Y Miqueas respondió: He aquí, tú lo verás el mismo día cuando te entrarás de cámara en cámara para esconderte. Entónces el rey de Israel dijo: Tomád a Miqueas, y volvédle a Amón el gobernador de la ciudad, y a Joas, hijo del rey; Y diréis: El rey ha dicho así: Ponéd a este en la cárcel, hacédle comer pan de aflicción, y agua de angustia, hasta que yo vuelva en paz. Y Miqueas dijo: Si volviendo volvieres en paz, Jehová no ha hablado por mí. Y dijo también: Oid esto todos los pueblos. Y el rey de Israel subió, y Josafat rey de Judá, a Ramot de Galaad. Y dijo el rey de Israel a Josafat: Yo me disfrazaré para entrar en la batalla: mas tú vístete tus vestidos. Y disfrazóse el rey de Israel, y entró en la batalla. El rey de Siria había mandado a los capitanes de los carros que tenía consigo, diciendo: No peleéis con chico ni con grande, sino con solo el rey de Israel. Y como los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Este es el rey de Israel. Y cercáronle para pelear: mas Josafat clamó, y ayudóle Jehová; y apartólos Dios de él. Y viendo los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, apartáronse de él. Mas flechando uno el arco en su enterez, hirió al rey de Israel entre las junturas y el coselete. Entónces él dijo al carretero: Vuelve tu mano, y sácame del campo, porque estoy enfermo. Y creció la batalla aquel día: mas el rey de Israel estuvo en pié en el carro enfrente de los Siros hasta la tarde: y murió a puesta del sol. Y JOSAFAT rey de Judá se vol- vió a su casa a Jerusalem en paz. Y salióle al encuentro Jehú, hijo de Janani vidente, y dijo al rey Josafat: ¿A un impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Mas la ira de la presencia de Jehová será sobre tí por ello. Empero hánse hallado en tí buenas cosas, porque cortaste de la tierra los bosques, y has aparejado tu corazón a buscar a Dios. Y habitaba Josafat en Jerusalem: y volvía, y salía al pueblo desde Beer-seba hasta el monte de Efraim, y reducíalos a Jehová el Dios de sus padres. Y puso en la tierra jueces en todas las ciudades fuertes de Judá, por todos los lugares. Y dijo a los jueces: Mirád lo que hacéis: porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar de Jehová, el cual está con vosotros en el negocio del juicio. Sea pues con vosotros el temor de Jehová: guardád, y hacéd. Porque acerca de Jehová nuestro Dios no hay iniquidad, ni respeto de personas, ni recibir cohecho. Y puso también Josafat en Jerusalem a algunos de los Levitas, y sacerdotes, y de los padres de familias de Israel, para el juicio de Jehová, y para las causas; y volviéronse a Jerusalem. Y mandóles, diciendo: Haréis así con temor de Jehová, con verdad, y con corazón perfecto, En cualquier causa que viniere a vosotros de vuestros hermanos que habitan en sus ciudades; entre sangre y sangre, entre ley y precepto, estatutos, o derechos; amonestarlos heis que no pequen contra Jehová, porque no venga ira sobre vosotros, y sobre vuestros hermanos: haciendo así, no pecaréis. He aquí también Amarías sacerdote, él será el gefe sobre vosotros en todo negocio de Jehová; y Zabadías, hijo de Ismael, príncipe de la casa de Judá, en todos los negocios del rey; y los Levitas que serán los maestros delante de vosotros. Esforzáos pues, y hacéd: que Jehová será con el bueno. PASADAS estas cosas aconteció que los hijos de Moab y de Ammón, y con ellos de los Ammonitas, vinieron contra Josafat a la guerra. Y vinieron, y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra tí viene una grande multitud de la otra parte de la mar, y de Siria; y, he aquí, ellos están en Asason-tamar, que es Engadí. Entónces él hubo temor: y puso Josafat su rostro, para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. Y juntáronse los de Judá para buscar socorro de Jehová: y también de todas las ciudades de Judá vinieron para buscar socorro de Jehová. Y púsose Josafat en pié en la congregación de Judá y de Jerusalem, en la casa de Jehová, delante del patio nuevo, Y dijo: Jehová Dios de nuestros padres ¿no eres tú Dios en los cielos? ¿Y no te enseñoreas en todos los reinos de las gentes? ¿No está en tu mano la fuerza y el poder, que no hay quien te resista? Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de aquesta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la simiente de Abraham tu amigo para siempre? Y ellos han habitado en ella, y te han edificado en ella santuario a tu nombre, diciendo: Si mal viniere sobre nosotros, o espada de juicio, o pestilencia, o hambre, presentarnos hemos delante de esta casa, y delante de tí; porque tu nombre está en esta casa; y de nuestras tribulaciones clamarémos a tí, y tú nos oirás y salvarás. Ahora pues, he aquí los hijos de Ammón y de Moab, y el monte de Seir, por los cuales no quisiste que pasase Israel, cuando venían de la tierra de Egipto, sino que se apartasen de ellos, y no los destruyesen; He aquí, ellos nos dan el pago, que vienen a echarnos de tu posesión, que tú nos diste que poseyésemos. Dios nuestro, ¿no los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos lo que hemos de hacer; mas a tí son nuestros ojos. Y todo Judá estaba en pié delante de Jehová, también sus niños, y sus mujeres, y sus hijos. Y estaba allí Jahaziel, hijo de Zacarías, hijo de Banaías, hijo de Jehiel, hijo de Matanías, Levita de los hijos de Asaf, sobre el cual vino el Espíritu de Jehová, en medio de la congregación; Y dijo: Oid todo Judá, y moradores de Jerusalem, y tú rey Josafat: Jehová os dice así: No temáis, ni hayáis miedo delante de esta tan grande multitud; porque no es vuestra la guerra, sino de Dios. Mañana descenderéis contra ellos: he aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis; y hallarlos heis junto al arroyo, ántes del desierto de Jeruel. Y no habrá para que vosotros peleéis ahora: paráos, estád quedos, y ved la salud de Jehová con vosotros, Oh Judá y Jerusalem: no temáis ni desmayéis; salíd mañana contra ellos: que Jehová será con vosotros. Entónces Josafat inclinó su rostro a tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalem se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová. Y levantáronse los Levitas de los hijos de Caat, y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel a grande y alta voz. Y como se levantaron por la mañana, salieron por el desierto de Tecua: y mientras ellos salían, Josafat estando en pié, dijo: Oídme Judá, y moradores de Jerusalem: Creéd a Jehová vuestro Dios, y seréis seguros: y creéd a sus profetas, y seréis prosperados. Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen a Jehová; y alabasen en la hermosura de la santidad, mientras que salía la gente armada, y dijesen: Glorificád a Jehová, porque su misericordia es para siempre. Y como comenzaron con clamor y con alabanza, puso Jehová asechanzas contra los hijos de Ammón, de Moab, y del monte de Seir, que venían contra Judá: y matáronse los unos a los otros. Y los hijos de Ammón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir, para matarlos y destruirlos: y como hubieron acabado a los del monte de Seir, cada cual ayudó a su compañero a matarse. Y como vino Judá a la atalaya del desierto, miraron por la multitud, y, hélos aquí que estaban tendidos en tierra muertos, que ninguno había escapado. Y viniendo Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron en ellos muchas riquezas, y cuerpos muertos, y vestidos, y vasos preciados; los cuales tomaron para sí, que no los podían llevar: tres dias duró el despojo, porque era mucho. Y al cuarto día juntáronse en el valle de la bendición, porque allí bendijeron a Jehová: y por esto llamaron al nombre de aquel lugar el valle de Beraca, hasta hoy. Y todo Judá, y los de Jerusalem, y Josafat por su cabeza, volvieron para tornarse a Jerusalem con gozo, porque Jehová les había dado gozo de sus enemigos. Y vinieron a Jerusalem con salterios, arpas, y bocinas a la casa de Jehová. Y vino el pavor de Dios sobre todos los reinos de la tierra, cuando oyeron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel. Y el reino de Josafat tuvo reposo, porque su Dios le dió reposo de todas partes. Así reinó Josafat sobre Judá: de treinta y cinco años era cuando comenzó a reinar: y reinó veinte y cinco años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Azuba, hija de Selaquí. Y anduvo en el camino de Asa su padre, sin apartarse de él, haciendo lo que era recto en los ojos de Jehová. Con todo eso los altos no eran quitados; que el pueblo aun no había aparejado su corazón al Dios de sus padres. Lo demás de los hechos de Josafat, primeros y postreros, he aquí, están escritos en las palabras de Jehú, hijo de Janani, del cual es hecha mención en el libro de los reyes de Israel. Pasadas estas cosas, Josafat rey de Judá hizo amistad con Ocozías rey de Israel, el cual fué dado a impiedad. E hizo con él compañía para aparejar navíos, que fuesen a Társis. E hicieron navíos en Asión-gaber. Entónces Eliezer, hijo de Dodava de Maresa, profetizó contra Josafat, diciendo: Por cuanto has hecho compañía con Ocozías, Jehová destruirá tus obras. Y los navíos se quebraron, y no pudieron ir a Társis. Y DURMIÓ Josafat con sus padres, y sepultáronle con sus padres en la ciudad de David: y reinó en su lugar Joram su hijo. Este tuvo hermanos, hijos de Josafat, a Azarías, Jahiel, Zacarías, Azarías, Micael, y Safatías. Todos estos fueron hijos de Josafat rey de Israel. A los cuales su padre había dado muchos dones de oro y de plata, y cosas preciosas, y ciudades fuertes en Judá: mas el reino había dado a Joram; porque él era el primogénito. Y levantóse Joram contra el reino de su padre; e hízose fuerte, y pasó a cuchillo a todos sus hermanos, y asimismo a algunos de los príncipes de Israel. Cuando comenzó a reinar era de treinta y dos años, y reinó ocho años en Jerusalem. Anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab; porque tenía por mujer la hija de Acab: e hizo lo malo en ojos de Jehová. Mas Jehová no quiso destruir la casa de David, por la alianza que con David había hecho, y porque le había dicho, que le había de dar lámpara a él, y a sus hijos perpetuamente. En los dias de este se rebeló Edom para no estar debajo de la mano de Judá, y pusieron rey sobre sí. Y pasó Joram con sus príncipes, y llevó consigo todos sus carros, y levantóse de noche, e hirió a Edom que le había cercado, y a todos los príncipes de sus carros. Con todo eso Edom se rebeló para no estar debajo de la mano de Judá hasta hoy. También se rebeló en el mismo tiempo Lebna para no estar debajo de su mano: por cuanto él había dejado a Jehová el Dios de sus padres. Además de esto hizo altos en los montes de Judá: e hizo que los moradores de Jerusalem fornicasen, e impelió a Judá. Y viniéronle cartas del profeta Elías, que decían así: Jehová el Dios de David tu padre ha dicho así: Por cuanto no has andado en los caminos de Josafat tu padre, ni en los caminos de Asa rey de Judá: Ántes, has andado en el camino de los reyes de Israel, y has hecho que fornicase Judá y los moradores de Jerusalem, como fornicó la casa de Acab: además de esto has muerto a tus hermanos, la casa de tu padre, los cuales eran mejores que tú: He aquí, Jehová herirá tu pueblo de una grande plaga, y a tus hijos, y a tus mujeres, y a toda tu hacienda: Y a tí con muchas enfermedades, con enfermedad de tus entrañas, hasta que las entrañas se te salgan a causa de la enfermedad de cada día. Y despertó Jehová contra Joram el espíritu de los Filisteos, y de los Arabes, que estaban junto a los Etiopes: Y subieron contra Judá, y corrieron la tierra, y saquearon toda la hacienda que hallaron en la casa del rey, y a sus hijos, y a sus mujeres; que no le quedó hijo, sino fué Joacas el menor de sus hijos. Después de todo esto Jehová le hirió en las entrañas de una enfermedad incurable. Y aconteció que pasando un día tras otro, al fin, al cabo de tiempo de dos años, las entrañas se le salieron con la enfermedad, y murió de mala enfermedad: y no le hicieron quema los de su pueblo, como las habían hecho a sus padres. Cuando comenzó a reinar era de treinta y dos años, y reinó en Jerusalem ocho años: y fuése sin dejar de sí deseo. Y le sepultaron en la ciudad de David; mas no en los sepulcros de los reyes. Y LOS moradores de Jerusalem hicieron rey a Ocozías su hijo menor en su lugar: porque el ejército que había venido con los Arabes en el campo había muerto todos los mayores: por lo cual reinó Ocozías, hijo de Joram rey de Judá. Cuando Ocozías comenzó a reinar era de cuarenta y dos años, y reinó un año en Jerusalem. El nombre de su madre fué Atalía, hija de Amrí. Este también anduvo en los caminos de la casa de Acab; porque su madre le aconsejaba a hacer impíamente. E hizo lo malo en ojos de Jehová, como la casa de Acab; porque después de la muerte de su padre ellos le aconsejaron para su perdición. Y él anduvo en los consejos de ellos, y fué a la guerra con Joram, hijo de Acab, rey de Israel, contra Hazael rey de Siria, a Ramot de Galaad, donde los Siros hirieron a Joram. Y volvió para curarse a Jezrael de las heridas que tenía, que le habían dado en Rama peleando con Hazael rey de Siria. Y descendió Azarías, hijo de Joram, rey de Judá, a visitar a Joram, hijo de Acab, en Jezrael, porque allí estaba enfermo. Y esto empero venía de Dios, para que Ocozías fuese hollado viniendo a Joram: porque siendo venido, salió con Joram a encontrarse con Jehú, hijo de Namsí, al cual Jehová había ungido para que talase la casa de Acab. Y fué, qué, haciendo juicio Jehú con la casa de Acab, halló a los príncipes de Judá, y a los hijos de los hermanos de Ocozías, que servían a Ocozías, y los mató. Y buscando a Ocozías, el cual se había escondido en Samaria, le tomaron, y le trajeron a Jehú; y le mataron, y le sepultaron; porque dijeron: Es hijo de Josafat, el cual buscó a Jehová de todo su corazón. Y la casa de Ocozías no tenía fuerzas para poder retener el reino. Entónces Atalía, madre de Ocozías, viendo que su hijo era muerto, levantóse, y destruyó toda la simiente real de la casa de Judá: Y Josabet, hija del rey, tomó a Joas, hio de Ocozías, y hurtóle de entre los hijos del rey que mataban, y guardóle a él y a su ama en la cámara de los lechos: y así le escondió Josabet, hija del rey Joram, (mujer de Joiada el sacerdote, porque ella era hermana de Ocozías,) de delante de Atalía, y no le mataron. Y estuvo con ellos escondido en la casa de Dios seis años. Y Atalía reinaba en la tierra. MAS al séptimo año, Joiada se animó, y tomó consigo en alianza a los centuriones, a Azarías, hijo de Jeroham, y a Ismael, hijo de Johanán, y a Azarías, hijo de Obed, y Masías, hijo de Adaias, y Elisafat, hijo de Zecri: Los cuales rodeando por Judá, juntaron los Levitas de todas las ciudades de Judá, y los príncipes de las familias de Israel, y vinieron a Jerusalem. Y toda la multitud hizo alianza con el rey en la casa de Dios; y él les dijo: He aquí el hijo del rey, el cual reinará, como Jehová lo ha dicho de los hijos de David. Lo que habéis de hacer, es que la tercera parte de vosotros, los que entran el sábado, estarán por porteros con los sacerdotes y los Levitas: Y la otra tercera parte, a la casa del rey: y la otra tercera parte, a la puerta del cimiento: y todo el pueblo estará en los patios de la casa de Jehová. Y ninguno entre en la casa de Jehová, sino los sacerdotes y los Levitas que sirven: estos entrarán, porque son santos: y todo el pueblo hará la guardia de Jehová. Y los Levitas cercarán al rey de todas partes, y cada uno tendrá sus armas en la mano; y cualquiera que entrare en la casa, muera: y estaréis con el rey cuando entrare, y cuando saliere. Y los Levitas y todo Judá lo hicieron todo como lo había mandado el sacerdote Joiada: y tomó cada uno los suyos, los que entraban el sábado, y los que salían el sábado: porque el sacerdote Joiada no dió licencia a los compañías. Dió también el sacerdote Joiada a los centuriones las lanzas, paveses, y escudos, que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Dios. Y puso en órden a todo el pueblo, teniendo cada uno su espada en la mano, desde el rincón derecho del templo hasta el izquierdo, al altar y a la casa, en derredor del rey de todas partes. Entónces sacaron al hijo del rey, y pusiéronle la corona y el testimonio, e hiciéronle rey. Y Joiada y sus hijos le ungieron, diciendo: Viva el rey. Y como Atalía oyo el estruendo del pueblo que corría, y de los que bendecían al rey, vino al pueblo a la casa de Jehová; Y mirando vió al rey que estaba junto a su columna a la entrada, y los príncipes y los trompetas junto al rey, y que todo el pueblo de la tierra hacía alegrías, y sonaban bocinas, y cantaban con instrumentos de música, los que sabían alabar: entónces Atalía rompió sus vestidos, y dijo: Conjuración, conjuración: Y sacando el pontífice Joiada los centuriones y capitanes del ejército, díjoles: Sacádla de dentro del cercado: y el que la siguiere, muera a cuchillo: porque el sacerdote había mandado, que no la matasen en la casa de Jehová. Y ellos pusieron las manos en ella, y ella se entró en la entrada de la puerta de los caballos de la casa del rey, y allí la mataron, Y Joiada hizo alianza entre sí, y todo el pueblo, y el rey, que serían pueblo de Jehová. Después de esto entró todo el pueblo en el templo de Baal, y le derribaron, y también sus altares: y quebraron sus imágenes. Y asimismo mataron delante de los altares a Matán sacerdote de Baal. Después de esto Joiada ordenó los oficios en la casa de Jehová debajo de la mano de los sacerdotes y de los Levitas, como David los había distribuido en la casa de Jehová, para ofrecer los holocaustos a Jehová, como está escrito en la ley de Moisés, con gozo y cantares, conforme a la ordenación de David. Puso también porteros a las puertas de la casa de Jehová, para que por ninguna vía entrase ningún inmundo. Tomó después a los centuriones, y los principales, y los que gobernaban el pueblo, y a todo el pueblo de la tierra, y llevó al rey de la casa de Jehová: y viniendo hasta el medio de la puerta mayor de la casa del rey, asentaron al rey sobre el trono del reino. Y todo el pueblo de la tierra hizo alegrías, y la ciudad estuvo quieta: y a Atalía mataron a cuchillo. DE siete años era Joas, cuando comenzó a reinar, y cuarenta años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fué Sebia de Beer-seba. E hizo Joas lo recto en los ojos de Jehová todos los dias de Joiada el sacerdote. Y tómole Joiada dos mujeres, y engendró hijos e hijas. Después de esto aconteció que Joas tuvo voluntad de reparar la casa de Jehová. Y juntó los sacerdotes y los Levitas, y díjoles: Salíd por las ciudades de Judá, y juntád dinero de todo Israel, para que cada año sea reparada la casa de vuestro Dios, y vosotros ponéd diligencia en el negocio: mas los Levitas no pusieron diligencia. Por lo cual el rey llamó a Joiada el principal, y díjole: ¿Por qué no has procurado que los Levitas traigan de Judá y de Jerusalem, al tabernáculo del testimonio, la ofrenda que constituyó Moisés siervo de Jehová, y de la congregación de Israel? Porque la impía Atalía, y sus hijos habían destruido la casa de Dios; y además de esto todas las cosas que habían sido consagradas para la casa de Jehová habían gastado en los ídolos. Y mandó el rey que hiciesen una arca, la cual pusieron fuera a la puerta de la casa de Jehová. E hicieron pregonar en Judá y en Jerusalem, que trajesen a Jehová la ofrenda que Moisés siervo de Dios había constituido a Israel en el desierto. Y todos los príncipes, y todo el pueblo, se holgaron, y trajeron, y echaron en el arca, hasta que la hinchieron. Y como venía el tiempo para llevar el arca al magistrado del rey por mano de los Levitas, cuando veían que había mucho dinero, venía el escriba del rey, y el que estaba puesto por el sumo sacerdote, y llevaban el arca, y la vaciaban, y la volvían a su lugar: y así lo hacían de día en día, y cogían mucho dinero; El cual daba el rey y Joiada a los que hacían la obra del servicio de la casa de Jehová: y cogieron canteros y oficiales que reparasen la casa de Jehová, y herreros y metalarios para reparar la casa de Jehová. Y los oficiales hacían la obra, y por sus manos fué reparada la obra; y restituyeron la casa de Dios en su disposición, y la fortificaron. Y como habían acabado, traían lo que quedaba del dinero al rey y a Joiada; y hacían de él vasos para la casa de Jehová, vasos de servicio, morteros, cucharones, vasos de oro y de plata: y sacrificaban holocaustos continuamente en la casa de Jehová todos los dias de Joiada. Mas Joiada envegeció, y murió harto de dias: cuando murió, era de ciento y treinta años. Y le sepultaron en la ciudad de David con los reyes; por cuanto había hecho bien con Israel, y con Dios, y con su casa. Muerto Joiada vinieron los príncipes de Judá, y postráronse al rey, y el rey los oyó. Y desampararon la casa de Jehová el Dios de sus padres, y sirvieron a los bosques, y a las imágenes esculpidas: y la ira vino sobre Judá y Jerusalem por este su pecado. Y envióles profetas, que los redujesen a Jehová, los cuales les protestaron: mas ellos no los escucharon. Y el Espíritu de Dios envistió a Zacarías, hijo de Joiada, sacerdote, el cual estando sobre el pueblo, les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová? No os vendrá bien de ello: porque por haber dejado a Jehová, él también os dejará. Mas ellos hicieron conspiración contra él, y cubriéronle de piedras por mandado del rey, en el patio de la casa de Jehová. Y no tuvo memoria el rey Joas de la misericordia que su padre Joiada había hecho con él: mas matóle su hijo: el cual muriendo, dijo: Jehová lo vea, y lo requiera. A la vuelta del año subió contra él el ejército de Siria; y vinieron en Judá y en Jerusalem, y destruyeron en el pueblo a todos los principales de él: y enviaron todos sus despojos al rey a Damasco. Porque aunque el ejército de Siria había venido con poca gente, Jehová les entregó en sus manos un ejército en grande multitud, por cuanto habían dejado a Jehová el Dios de sus padres: y con Joas hicieron juicios. Y yéndose de él los Siros, dejáronle en muchas enfermedades: y conspiraron contra él sus siervos a causa de las sangres de los hijos de Joiada el sacerdote; e hiriéronle en su cama, y murió: y sepultáronle en la ciudad de David; mas no le sepultaron en los sepulcros de los reyes. Los que conspiraron contra él fueron, Zabad, hijo de Semaat Ammonita, y Jozabad, hijo de Semarit Moabita. De sus hijos, y de la multiplicación que hizo de las rentas, y de la fundación de la casa de Dios, he aquí, está escrito en la historia del libro de los reyes. Y reinó en su lugar Amasías su hijo. DE veinte y cinco años era Amasías cuando comenzó a reinar, y veinte y nueve años reinó en Jerusalem: el nombre de su madre fué Joiadam de Jerusalem. Este hizo lo recto en los ojos de Jehová, aunque no de perfecto corazón. Porque después que fué confirmado en el reino, mató a sus siervos, los que habían muerto al rey su padre. Mas no mató a los hijos de ellos, según que está escrito en la ley en el libro de Moisés, donde Jehová mandó, diciendo: No morirán los padres por los hijos, ni los hijos por los padres: mas cada uno morirá por su pecado. Y juntó Amasías a Judá, y púsolos por las familias, por los tribunos y centuriones por todo Judá y Benjamín; y tomólos por lista a todos los de veinte años y arriba: y fueron hallados en ellos trescientos mil escogidos para salir a la guerra, que tenían lanza y escudo. Y de Israel tomó a sueldo cien mil hombres valientes, por cien talentos de plata. Mas un varón de Dios vino a él, que le dijo: Oh rey, no vaya contigo el ejército de Israel: porque Jehová no es con Israel, ni con todos los hijos de Efraim. Mas si tú vas, haces, y te esfuerzas para pelear, Dios te hará caer delante de los enemigos: porque en Dios está la fortaleza, o para ayudar, o para derribar. Y Amasías dijo al varón de Dios: ¿Qué pues se hará de cien talentos que he dado al ejército de Israel? Y el varón de Dios respondió: De Jehová es darte mucho más que esto. Entónces Amasías apartó el escuadrón de la gente que había venido a él de Efraim, para que se fuesen a sus casas: y ellos se enojaron grandemente contra Judá, y volviéronse a sus casas enojados. Y esforzándose Amasías, sacó su pueblo, y vino al valle de la sal, e hirió de los hijos de Seir diez mil. Y los hijos de Judá tomaron vivos otros diez mil; los cuales llevarón a la cumbre de un peñasco, y de allí los despenaron, y todos se hicieron pedazos. Y los del escuadrón que Amasías había enviado, porque no fuesen con él a la guerra, derramáronse sobre las ciudades de Judá, desde Samaria hasta Bet-oron: e hirieron de ellos tres mil, y saquearon un grande despojo. Y como volvió Amasías de la matanza de los Idumeos, trajo también consigo los dioses de los hijos de Seir; y púsoselos para sí por dioses, y encorvóse delante de ellos, y quemóles perfumes. Y el furor de Jehová se encendió contra Amasías, y envió a él un profeta, que le dijo: ¿Por qué has buscado los dioses de pueblo, que no libraron su pueblo de tus manos? Y hablándole el profeta estas cosas, él le respondió: ¿Hánte puesto a tí por consejero del rey? Déjate de eso: ¿por qué quieres que te maten? Y cesando él profeta, dijo: Yo sé que Dios ha acordado de destruirte, porque has hecho esto, y no obedeciste a mi consejo. Y Amasías rey de Judá, habido su consejo, envió a Joas, hijo de Joacaz hijo de Jehú rey de Israel, diciendo: Ven, y veámosnos cara a cara. Entónces Joas rey de Israel envió a Amasías rey de Judá, diciendo: El cardo que estaba en él Líbano envió al cedro que estaba en el Líbano, diciendo: Dá tu hija a mi hijo por mujer. Y, he aquí que las bestias fieras que estaban en el Líbano, pasaron, y hollaron el cardo. Tú dices: He aquí, he herido a Edom, y con esto tu corazón se enaltece para gloriarte: ahora estáte en tu casa: ¿para qué te entremetes en mal, para caer tú, y Judá contigo? Mas Amasías no lo quiso oir; porque estaba de Dios, que los quería entregar en manos de sus enemigos, por cuanto habían buscado los dioses de Edom. Y subió Joas rey de Israel, y viéronse cara a cara, él y Amasías rey de Judá, en Bet-sames, la cual es en Judá. Mas Judá cayó delante de Israel, y huyó cada uno a su estancia. Y Joas rey de Israel prendió a Amasías rey de Judá, hijo de Joas, hijo de Joacaz en Bet-sames; y trájole en Jerusalem; y derribó el muro de Jerusalem, desde la puerta de Efraim hasta la puerta del rincón, cuatrocientos codos. Asimismo tomó todo el oro y plata, y todos los vasos, que se hallaron en la casa de Dios en casa de Obed-edom, y los tesoros de la casa del rey, y los hijos de los príncipes, y volvióse a Samaria. Y vivio Amasías, hijo de Joas, rey de Judá quince años después de la muerte de Joas, hijo de Joacaz, rey de Israel. Lo demás de los hechos de Amasías primeros y postreros, ¿no está todo escrito en el libro de los reyes de Judá, y de Israel? Desde aquel tiempo que Amasías se apartó de Jehová, conjuraron contra él conjuración en Jerusalem: y habiendo él huido a Laquis, enviaron tras él a Laquis, y allá le mataron. Y trajéronle en caballos, y sepultáronle con sus padres en la ciudad de Judá. Y TODO el puebló de Judá tomó a Ozías, el cual era de diez y seis años, y pusiéronle por rey en lugar de su padre Amasías. Este edificó a Elat, y la restituyó a Judá después que el rey durmió con sus padres. De diez y seis años era Ozías, cuando comenzó a reinar, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fué Jequelía de Jerusalem. E hizo lo recto en los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que su padre Amasías hizo. Y estuvo en buscar a Dios en los dias de Zacarías, entendido en visiones de Dios: y en estos dias, que él buscó a Jehová, Dios le prosperó. Porque salió, y peleó contra los Filisteos, y rompió el muro de Get, y el muro de Jabnia, y el muro de Azoto: y edificó en Azoto, y en Palestina, ciudades. Y Dios le dió ayuda contra los Filisteos, y contra los Arabes que habitaban en Gur-baal, y contra los Ammonitas. Y dieron los Ammonitas presente a Ozías: y su nombre fué divulgado hasta la entrada de Egipto; porque fué altamente poderoso. Edificó también Ozías torres en Jerusalem, junto a la puerta del rincón, y junto a la puerta del valle, y junto a las esquinas, y las fortificó. Y en el desierto edificó torres, y abrió muchas cisternas: porque tuvo muchos ganados, así en los valles como en las vegas, y viñas, y labranzas, así en los montes como en los llanos fértiles; porque era amigo de la agricultura. Tuvo también Ozías escuadrones de guerra, los cuales salían a la guerra en ejército, según que estaban por lista, por mano de Jehiel escriba, y de Maasías gobernador, y por mano de Jananias, que eran de los príncipes del rey. Todo el número de los príncipes de las familias, y de los valientes en fuerzas, era dos mil y seis cientos. Y debajo de la mano de estos estaba el ejército de guerra de trescientos y siete mil y quinientos hombres de guerra, poderosos y fuertes, para ayudar al rey contra los enemigos. Y aparejóles Ozías para todo el ejército escudos, lanzas, almetes, coseletes, arcos, y hondas de piedras. E hizo en Jerusalem máquinas, e ingenios de ingenieros, que estuviesen en las torres, y en las esquinas, para tirar saetas y grandes piedras: y su fama se extendió léjos, porque hizo maravillas para ayudarse, hasta hacerse fuerte. Mas cuando fué fortificado, su corazón se enalteció, hasta corromperse; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar sahumerios en el altar del perfume. Y entró tras él el sacerdote Azarías, y con él ochenta sacerdotes de Jehová de los valientes. Y pusiéronse contra el rey Ozías, y dijéronle: No pertenece a tí, oh Ozías, quemar perfume a Jehová, sino a los sacerdotes, hijos de Aarón, que son consagrados para quemarle: sal del santuario, porque te has rebelado: de lo cual no te alabarás delante del Dios Jehová. Y airóse Ozías, que tenía el perfume en la mano para quemarle: y en esta su ira contra los sacerdotes la lepra le salió en la frente delante de los sacerdotes en la casa de Jehová junto al altar del perfume. Y miróle Azarías el sumo sacerdote, y todos los sacerdotes, y, he aquí, la lepra estaba en su frente: e hiciéronle salir a priesa de aquel lugar: y él también se dió priesa a salir, porque Jehová le había herido. Así el rey Ozías fué leproso hasta el día de su muerte: y habitó en una casa apartada leproso, porque era cortado de la casa de Jehová: y Joatam su hijo tuvo cargo de la casa real gobernando al pueblo de la tierra. Lo demás de los hechos de Ozías, primeros y postreros, escribió Isaías, hijo de Amós, profeta. Y durmió Ozías con sus padres, y sepultáronle con sus padres en el campo de los sepulcros reales, porque dijeron: Leproso es. Y reinó Joatam su hijo en su lugar. DE veinte y cinco años era Joa- tam, cuando comenzó a reinar, y diez y seis años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fué Jerusa, hija de Sadoc. Este hizo lo recto en ojos de Jehová conforme a todas las cosas que había hecho Ozías su padre, salvo que no entró en el templo de Jehová: que aun el pueblo corrompía. Este edificó la puerta mayor de la casa de Jehová, y en el muro de la fortaleza edificó mucho. También edificó ciudades en las montañas de Judá, y labró palacios y torres en los bosques. También este tuvo guerra con el rey de los hijos de Ammón, a los cuales venció: y diéronle los hijos de Ammón en aquel año cien talentos de plata, y diez mil coros de trigo, y diez mil de cebada: esto le dieron los hijos de Ammón, y lo mismo en el segundo año, y en el tercero. Así que Joatam fué fortificado, porque preparó sus caminos delante de Jehová su Dios. Lo demás de los hechos de Joatam, y todas sus guerras, y sus caminos, he aquí, está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá. Cuando comenzó a reinar era de veinte y cinco años, y diez y seis años reinó en Jerusalem. Y durmió Joatam con sus padres, y sepultáronle en la ciudad de David: y reinó en su lugar Acaz su hijo. DE veinte años era Acaz cuando comenzó a reinar, y diez y seis años reinó en Jerusalem: mas no hizo lo recto en ojos de Jehová, como David su padre. Ántes anduvo en los caminos de los reyes de Israel: y además de eso hizo imágenes de fundición a los Baales. Este también quemó perfume en el valle de los hijos de Hennón, y quemó sus hijos por fuego, conforme a las abominaciones de las gentes, que Jehová había echado delante de los hijos de Israel. Ítem, sacrificó, y quemó perfumes en los altos, y en los collados, y debajo de todo árbol sombrío. Por lo cual Jehová su Dios le entregó en manos del rey de los Asirios, los cuales le hirieron, y cautivaron de él una grande presa, que llevaron a Damasco. Fué también entregado en manos del rey de Israel, el cual le hirió de gran mortandad. Porque Facee, hijo de Romeliás, mató en Judá en un día ciento y veinte mil hombres, todos valientes; por cuanto habían dejado a Jehová el Dios de sus padres. Asimismo Zecrí, hombre poderoso de Efraim, mató a Maasías, hijo del rey, y a Ezricam su mayordomo, y a Elcana segundo después del rey. Tomaron también cautivos los hijos de Israel de sus hermanos doscientas mil, mujeres, y muchachos, y muchachas, además de haber saqueado de ellos un gran despojo, el cual trajeron a Samaria. Entónces había allí un profeta de Jehová, que se llamaba Obed, el cual salió delante del ejército cuando entraba en Samaria, y díjoles: He aquí, Jehová el Dios de vuestros padres por el enojo contra Judá los ha entregado en vuestras manos, y vosotros los habéis muerto con ira: hasta el cielo ha llegado esto. Y ahora habéis determinado de sujetar a vosotros a Judá y a Jerusalem por siervos y siervas: ¿no habéis vosotros pecado contra Jehová vuestro Dios? Oídme pues ahora, y volvéd a enviar los cautivos que habéis tomado de vuestros hermanos: porque Jehová está airado contra vosotros. Levantáronse entónces algunos varones de los principales de los hijos de Efraim, Azarías, hijo de Johanán, y Baraquías, hijo de Mosollamot, y Ezequías, hijo de Sellum, y Amasa, hijo de Hadali, contra los que venían de la guerra, Y dijéronles: No metáis acá la cautividad: porque el pecado contra Jehová será sobre nosotros. Vosotros pensáis de añadir sobre nuestros pecados y sobre nuestras culpas, siendo asaz grande nuestro delito, y la ira del furor sobre Israel. Entónces el ejército dejó los cautivos y la presa delante de los príncipes y de toda la multitud. Y levantáronse los varones nombrados, y tomaron los cautivos, y vistieron del despojo a los que de ellos estaban desnudos: vistiéronlos, y calzáronlos, y diéronles de comer y de beber, y ungiéronlos, y llevaron en asnos a todos los flacos, y trajéronlos hasta Jericó, la ciudad de las palmas, cerca de sus hermanos: y ellos se volvieron a Samaria. En aquel tiempo envió el rey Acaz a los reyes de Asiria que le ayudasen. Porque además de esto los Idumeos habían venido, y habían herido a los de Judá, y habían llevado cautivos. Asimismo los Filisteos se habían derramado por las ciudades de la campaña, y al mediodía de Judá, y habían tomado a Bet-sames, Ajalón, Gaderot, Soco con sus aldeas, Tamna con sus aldeas, y Ganzo con sus aldeas, y habitaban en ellas. Porque Jehová había humillado a Judá por causa de Acaz rey de Israel; por cuanto él había desnudado a Judá, y se había rebelado gravemente contra Jehová. Y vino contra él Teglat-palasar rey de los Asirios, y cercóle, y no le fortificó. Aunque despojó Acaz la casa de Jehová, y la casa real, y las de los príncipes para dar al rey de los Asirios: con todo eso él no le ayudó. Además de eso el rey Acaz en el tiempo que le afligía, añadió prevaricación contra Jehová. Y sacrificó a los dioses de Damasco que le habían herido, y dijo: Pues que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo también sacrificaré a ellos para que me ayuden, habiendo estos sido su ruina, y la de todo Israel. Asimismo Acaz recogió los vasos de la casa de Dios, y quebrólos, y cerró las puertas de la casa de Jehová, e hízose altares en Jerusalem en todos los rincones. E hizo también altos en todas las ciudades de Judá para quemar perfumes a los dioses ajenos, provocando a ira a Jehová el Dios de sus padres. Lo demás de sus hechos, y todos sus caminos, primeros y postreros, he aquí, ello está escrito en el libro de los reyes de Judá y de Israel. Y durmió Acaz con sus padres, y sepultáronle en la ciudad de Jerusalem: mas no le metieron en los sepulcros de los reyes de Israel: y reinó en su lugar Ezequías su hijo. Y EZEQUÍAS comenzó a reinar siendo de veinte y cinco años, y reinó veinte y nueve años en Jerusalem: el nombre de su madre fué Abía, hija de Zacarías. E hizo lo recto en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre. En el primer año de su reino, en el mes primero, abrió las puertas de la casa de Jehová, y las reparó. E hizo venir los sacerdotes y los Levitas, y juntólos en la plaza oriental, Y díjoles: Oídme Levitas, y santificáos ahora, y santificaréis la casa de Jehová el Dios de vuestros padres: y sacaréis del santuario la inmundicia, Porque nuestros padres se han rebelado, y han hecho lo malo en ojos de Jehová nuestro Dios, que le dejaron, y apartaron sus ojos del tabernáculo de Jehová, y le volvieron las espaldas. Y aun cerraron las puertas del portal, y apagaron las lámparas: no quemaron perfume, ni sacrificaron holocausto en el santuario al Dios de Israel. Por tanto la ira de Jehová ha venido sobre Judá y Jerusalem, y los ha puesto en moviento de cabeza, y en abominación, y en silbo, como veis vosotros con vuestros ojos. Y, he aquí, nuestros padres han caido a cuchillo; nuestros hijos, y nuestras hijas, y nuestras mujeres, han sido cautivas por esto. Ahora pues, yo he determinado de hacer alianza con Jehová el Dios de Israel, para que aparte de nosotros la ira de su furor. Hijos míos, no os engañéis ahora, porque Jehová os ha escogido a vosotros, para que estéis delante de él, y le sirváis, y seais sus ministros, y le queméis perfume. Entónces los Levitas se levantaron, Mahat, hijo de Amasai, y Joel, hijo de Azarías, de los hijos de Caat: y de los hijos de Merari, Cis, hijo de Abdi, y Azarías, hijo de Jalaleel: y de los hijos de Gersón, Joá, hijo de Zemma, y Edén, hijo de Joá: Y de los hijos de Elisafán, Samrí, y Jahiel: y de los hijos de Asaf, Zacarías y Matanías: Y de los hijos de Emán, Jahiel y Semeí: y de los hijos de Iditún, Semeías y Ozíel. Estos juntaron a sus hermanos, y santificáronse, y entraron, conforme al mandamiento del rey, y las palabras de Jehová, para limpiar la casa de Jehová. Y entrando los sacerdotes dentro de la casa de Jehová para limpiarla, sacaron toda la inmundicia que hallaron en el templo de Jehová, en el patio de la casa de Jehová, la cual tomaron los Levitas, para sacarla fuera al arroyo de Cedrón. Y comenzaron a santificar al primero del mes primero, y a los ocho del mismo mes vinieron al portal de Jehová, y santificaron la casa de Jehová en ocho dias; y a los diez y seis del mes primero acabaron. Y entraron al rey Ezequías, y dijéronle: Ya hemos limpiado toda la casa de Jehová, el altar del holocausto, y todos sus instrumentos, y la mesa de la proposición, y todos sus instrumentos, Y asimismo todos los vasos que el rey Acaz había menospreciado el tiempo que reinó, habiendo apostatado, habemos preparado y santificado: y, he aquí, están todos delante del altar de Jehová. Y levantándose de mañana el rey Ezequías, congregó los principales de la ciudad, y subió a la casa de Jehová. Y trajeron siete novillos, siete carneros, siete corderos, y siete machos de cabrío para expiación por el reino, por el santuario, y por Judá. Y dijo a los sacerdotes, hijos de Aarón, que ofreciesen sobre el altar de Jehová. Y mataron los bueyes: y los sacerdotes tomaron la sangre, y esparciéronla sobre el altar: y asimismo mataron los carneros, y esparcieron la sangre sobre el altar: y mataron los corderos, y esparcieron la sangre sobre el altar. E hicieron llegar los machos cabríos de la expiación delante del rey, y de la multitud; y pusieron sobre ellos sus manos: Y los sacerdotes los mataron, y expiando esparcieron la sangre de ellos sobre el altar, para reconciliar a todo Israel: porque por todo Israel mandó el rey hacer el holocausto, y la expiación. Puso también Levitas en la casa de Jehová con címbalos, y salterios, y arpas, conforme al mandamiento de David, y de Gad vidente del rey, y de Natán profeta: porque aquel mandamiento fué por mano de Jehová por medio de sus profetas. Y los Levitas estaban con los instrumentos de David, y los sacerdotes con trompetas. Y mandó Ezequías sacrificar el holocausto en el altar, y al tiempo que comenzó el holocausto comenzó también el cántico de Jehová, y las trompetas, y los instrumentos de David rey de Israel. Y toda la multitud adoraba, y los cantores cantaban, y los trompetas sonaban las trompetas: todo hasta acabarse el holocausto. Y como acabaron de ofrecer, el rey se inclinó, y todos los que estaban con él, y adoraron. Entónces dijo el rey Ezequías y los príncipes a los Levitas, que alabasen a Jehová por las palabras de David, y de Asaf vidente: y ellos alabaron hasta excitar alegría: e inclinándose adoraron. Y respondiendo Ezequías, dijo: Vosotros os habéis ahora consagrado a Jehová: llegáos pues, y traed sacrificios, y alabanzas en la casa de Jehová. Y la multitud trajo sacrificios, y alabanzas, y todo liberal de corazón, holocaustos. Y fué el número de los holocaustos, que la congregación trajo, setenta bueyes, cien carneros, doscientos corderos, todo para el holocausto de Jehová. Mas las santificaciones fueron seiscientos bueyes, y tres mil ovejas. Mas los sacerdotes eran pocos, y no podían bastar a desollar los holocaustos: y así sus hermanos los Levitas les ayudaron hasta que acabaron la obra, y hasta que los sacerdotes se santificaron: porque los Levitas tuvieron mayor prontitud de corazón para santificarse, que los sacerdotes. Así que hubo gran multitud de holocaustos, con sebos de pacíficos, y libaciones de holocausto: y así fué ordenado el servicio de la casa de Jehová. Y alegróse Ezequías y todo el pueblo, por cuanto Dios había preparado el pueblo: porque la cosa fué prestamente hecha. ENVIÓ también Ezequías por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraim y Manasés, que viniesen a Jerusalem a la casa de Jehová, para celebrar la páscua a Jehová Dios de Israel. Y el rey tomó consejo con sus príncipes, y con toda la congregación en Jerusalem, para hacer la páscua en el mes segundo. Porque entónces no la podían hacer, por cuanto no había hartos sacerdotes santificados, ni el pueblo estaba congregado en Jerusalem. Esto agradó al rey, y a toda la multitud. Y determinaron de hacer pasar pregón por todo Israel desde Beer-seba hasta Dan, para que viniesen a hacer la páscua a Jehová Dios de Israel en Jerusalem: porque en mucho tiempo no la habían hecho como estaba escrito. Y fueron correos con cartas de la mano del rey y de sus príncipes por todo Israel y Judá, como el rey lo había mandado, y decían: Hijos de Israel, volvéos a Jehová el Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, y él se volverá a los restos que os han quedado de la mano de los reyes de Asiria. No seais como vuestros padres, y como vuestros hermanos, que se rebelaron contra Jehová el Dios de sus padres, y él los entregó en asolamiento, como vosotros veis. Por tanto ahora no endurezcáis vuestra cerviz, como vuestros padres: dad la mano a Jehová; y veníd a su santuario, el cual él ha santificado para siempre: y servíd a Jehová vuestro Dios, y la ira de su furor se apartará de vosotros: Porque si os volviereis a Jehová, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia delante de los que los tienen cautivos, y volverán a esta tierra: porque Jehová vuestro Dios es clemente, y misericordioso, y no volverá de vosotros su rostro, si vosotros os volviereis a él. Y así pasaban los correos de ciudad en ciudad por la tierra de Efraim y Manasés hasta Zabulon: mas ellos se reían y burlaban de ellos. Con todo eso algunos varones de Aser, de Manasés, y de Zabulón se humillaron, y vinieron a Jerusalem. En Judá también fué la mano de Dios para darles un corazón para hacer el mandado del rey y de los príncipes, conforme a la palabra de Jehová. Y juntáronse en Jerusalem un grande pueblo, para hacer la solemnidad de los panes sin levadura en el mes segundo, una grande congregación. Y levantándose quitaron los altares, que estaban en Jerusalem: y todos los altares de perfumes quitaron, y echáronlos en el arroyo de Cedrón. Y sacrificaron la páscua a los catorce del mes segundo, y los sacerdotes y los Levitas se avergonzaron, y se santificaron, y trajeron los holocaustos a la casa de Jehová. Y pusiéronse en su órden conforme a su costumbre; conforme a la ley de Moisés varón de Dios, los sacerdotes esparcían la sangre de la mano de los Levitas. Porque aun había muchos en la congregación que no estaban santificados, y los Levitas sacrificaban la páscua por todos los que no se habían limpiado para santificarse a Jehová. Porque grande multitud del pueblo, de Efraim, y Manasés, e Isacar, y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la páscua no conforme a lo que era escrito: mas Ezequías oró por ellos, diciendo: Jehová, que es bueno, sea propicio A todo aquel que ha apercebido su corazón para buscar a Dios, a Jehová el Dios de sus padres, aunque no esté purificado según la purificación del santuario. Y oyó Jehová a Ezequías, y sanó el pueblo. Así hicieron los hijos de Israel, que fueron presentes en Jerusalem, la solemnidad de los panes sin levadura siete dias con gran gozo: y alababan a Jehová todos los dias los Levitas y los sacerdotes, con instrumentos de fortaleza a Jehová. Y Ezequías habló al corazón de todos los Levitas que tenían buena inteligencia para Jehová: y comieron la solemnidad por siete dias sacrificando sacrificios pacíficos, y haciendo gracias a Jehová el Dios de sus padres. Y toda la multitud determinó que celebrasen otros siete dias, y celebraron otros siete dias con alegría. Porque Ezequías rey de Judá había dado a la multitud mil novillos, y siete mil ovejas: y también los príncipes dieron al pueblo mil novillos y diez mil ovejas: y muchos sacerdotes se santificaron. Y toda la congregación de Judá se alegró, y los sacerdotes, y Levitas, y asimismo toda la multitud que había venido de Israel: y también los extranjeros, que habían venido de la tierra de Israel, y los que habitaban en Judá. E hiciéronse grandes alegrías en Jerusalem: porque desde los dias de Salomón, hijo de David, rey de Israel, no hubo tal cosa en Jerusalem. Y levantándose los sacerdotes y Levitas bendijeron al pueblo: y la voz de ellos fué oida, y su oración llegó a la habitación de su santuario, al cielo. HECHAS todas estas cosas, salió todo Israel, los que se habían hallado por las ciudades de Judá, y quebraron las estatuas, y destruyeron los bosques, y derribaron los altos y los altares por todo Judá y Benjamín: y también en Efraim y Manasés hasta acabarlo todo: y volviéronse todos los hijos de Israel cada uno a su posesión, y a sus ciudades. Y constituyó Ezequías los repartimientos de los sacerdotes y de los Levitas conforme a sus repartimientos, cada uno según su oficio: los sacerdotes y los Levitas para el holocausto y pacíficos, para que ministrasen, para que glorificasen y alabasen a las puertas de las tiendas de Jehová. La contribución del rey de su hacienda, era holocaustos a mañana y tarde, ítem, holocaustos para los sábados, nuevas lunas, y solemnidades, como está escrito en la ley de Jehová. Mandó también al pueblo, que habitaba en Jerusalem, que diesen la parte a los sacerdotes y Levitas, para que se esforzasen en la ley de Jehová. Y como este edicto fué divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra: y trajeron asimismo los diezmos de todas las cosas en abundancia. También los hijos de Israel y de Judá, que habitaban en las ciudades de Judá, dieron asimismo los diezmos de las vacas y de las ovejas: y trajeron los diezmos de lo santificado, de las cosas que habían prometido a Jehová su Dios, y lo pusieron por montones. En el mes tercero comenzaron a fundar aquellos montones, y en el mes séptimo acabaron. Y Ezequías y los príncipes vinieron a ver los montones, y bendijeron a Jehová, y a su pueblo Israel. Y preguntó Ezequías a los sacerdotes y a los Levitas acerca de los montones: Y respondióle Azarías sumo sacerdote, de la casa de Sadoc, y dijo: Desde que comenzaron a traer la ofrenda a la casa de Jehová, hemos comido, y hartádonos, y nos ha sobrado mucho: porque Jehová ha bendecido su pueblo, y ha quedado esta multitud. Entónces mandó Ezequías que aparejasen cámaras en la casa de Jehová: y las aparejaron. Y metieron las primicias y diezmos, y las cosas consagradas fielmente, y dieron cargo de ello a Conenías Levita el principal, y a Semeí su hermano el segundo. Y Jehiel, Azarías, Nahat, Azael, Jerimot, Josabad, Eliel, Jesmaquías, Mahat, y Banaías, fueron los prepósitos debajo de la mano de Conenías, y de Semeí su hermano, por mandamiento del rey Ezequías, y de Azarías príncipe de la casa de Dios. Y Coré, hijo de Jemna, Levita, portero al oriente tenía cargo de las limosnas de Dios, y de las ofrendas de Jehová que se daban, y de todo lo que se santificaba. Y a su mano estaban Edén, Benjamín, Jesué, Semeías, Amarías, y Sequenías, en las ciudades de los sacerdotes, para dar con fidelidad a sus hermanos sus partes conforme a sus órdenes, así al mayor como al menor; Sin lo que se contaba para los varones de edad de tres años y arriba, a todos los que entraban en la casa de Jehová, cada cosa en su día por su ministerio, por sus estancias, y por sus órdenes: Y a los que eran contados entre los sacerdotes por las familias de sus padres, y a los Levitas de edad de veinte años y arriba por sus estancias y órdenes. Asimismo a los de su generación con todos sus niños, y sus mujeres, y sus hijos, e hijas, para toda la congregación: porque por la fé de estos se repartían las ofrendas. Asimismo a los hijos de Aarón los sacerdotes, que estaban en los ejidos de sus ciudades, por todas las ciudades, los varones nombrados tenían cargo de dar sus porciones a todos los varones de los sacerdotes, y a todo el linaje de los Levitas. De esta manera hizo Ezequías en todo Judá, el cual hizo lo bueno, recto, y verdadero delante de Jehová su Dios. En todo cuanto comenzó en el servicio de la casa de Dios, y en la ley y mandamientos, buscó a su Dios: e hizo de todo corazón, y fué prosperado. DESPUÉS de estas cosas, y de esta fidelidad, vino Sennaquerib rey de los Asirios, y entró en Judá, y asentó campo contra las ciudades fuertes, y determinó de entrarlas. Viendo pues Ezequías la venida de Sennaquerib, y que tenía el rostro puesto para hacer la guerra a Jerusalem. Tuvo su consejo con sus príncipes, y con sus valerosos, que tapasen las fuentes de las aguas, que estaban fuera de la ciudad: y ellos le ayudaron. Y juntóse mucho pueblo, y taparon todas las fuentes: y también el arroyo que va por medio de la tierra, diciendo: ¿Por qué han de hallar los reyes de Asiria muchas aguas cuando vinieren? Confortóse pues Ezequías, y edificó todos los muros caidos, e hizo alzar las torres, y otro muro por de fuera: y fortificó a Mello en la ciudad de David, e hizo muchas espadas y paveses. Y puso capitanes de guerra sobre el pueblo, e hízolos congregar a sí en la plaza de la puerta de la ciudad, y hablóles al corazón de ellos, diciendo: Esforzáos y confortáos; no temáis, ni hayáis miedo del rey de Asiria, ni de toda su multitud que con él viene: porque más son con nosotros que con él. Con él es el brazo de carne, mas con nosotros Jehová nuestro Dios para ayudarnos, y pelear nuestras peleas. Entónces el pueblo reposó sobre las palabras de Ezequías rey de Judá. Después de esto envió Sennaquerib rey de los Asirios sus siervos a Jerusalem, estando él sobre Laquis, y con él toda su potencia, a Ezequías rey de Judá, y a todo Judá, que estaba en Jerusalem, diciendo: Sennaquerib rey de los Asirios ha dicho así: ¿En qué confiais vosotros para estar cercados en Jerusalem? ¿No os engaña Ezequías para entregaros a muerte, a hambre, y a sed, diciendo: Jehová nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria? ¿No es Ezequías el que ha quitado sus altos y sus altares, y dijo a Judá, y a Jerusalem: Delante de este solo altar adoraréis, y sobre él quemaréis perfume? ¿No habéis sabido lo que yo y mis padres habemos hecho a todos los pueblos de las tierras? ¿Pudieron los dioses de las gentes de las tierras librar su tierra de mi mano? ¿Qué dios hubo de todos los dioses de aquellas gentes que destruyeron mis padres, que puediese librar su pueblo de mis manos? ¿Por qué podrá vuestro Dios escaparos de mi mano? Ahora pues no os engañe Ezequías, ni os persuada tal cosa, ni le creais; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar su pueblo de mis manos, y de las manos de mis padres, ¿cuánto ménos vuestros dioses os podrán librar de mi mano? Y otras cosas hablaron sus siervos contra el Dios Jehová, y contra Ezequías su siervo. Y además de esto escribió cartas en las cuales blasfemaba a Jehová el Dios de Israel, y hablaba contra él, diciendo: Como los dioses de las gentes de las provincias no pudieron librar su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos. Y clamaron a gran voz en Judaico contra el pueblo de Jerusalem que estaba en los muros, para espantarlos y ponerles temor, para tomar la ciudad. Y hablaron contra el Dios de Jerusalem, como contra los dioses de los pueblos de la tierra, obra de manos de hombres. Mas el rey Ezequías, y el profeta Isaías, hijo de Amós, oraron por esto, y clamaron al cielo: Y Jehová envió un ángel, el cual hirió todo valiente en fuerzas, y los capitanes, y los príncipes, en el campo del rey de Asiria: y volvióse con vergüenza de rostro a su tierra: y entrando en el templo de su dios, allí le pasaron a cuchillo los que habían salido de sus entrañas. Así salvó Jehová a Ezequías y a los moradores de Jerusalem de las manos de Sennaquerib rey de Asiria, y de las manos de todos: y les dió reposo de todas partes. Y muchos trajeron presente a Jehová a Jerusalem, y a Ezequías rey de Judá ricos dones: y fué muy grande delante de todas las gentes después de esto. En aquel tiempo Ezequías enfermó de muerte: y oró a Jehová: el cual le respondió, y le dió señal. Mas Ezequías no pagó conforme al bien, que le había sido hecho: ántes su corazón se enalteció, y fué la ira contra él, y contra Judá, y Jerusalem. Empero Ezequías, después de haberse enaltecido su corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalem: y no vino sobre ellos la ira de Jehová en los dias de Ezequías. Y tuvo Ezequías riquezas y gloria mucha en gran manera: e hízose tesoros de plata y oro, de piedras preciosas, de especierías, de escudos, y de todos vasos de desear; Asimismo depósitos para las rentas del grano, del vino, y aceite: establos para toda suerte de bestias, y majadas para los ganados. Hízose también ciudades, y hatos de ovejas y de vacas en gran copia: porque Dios le había dado muy mucha hacienda. Este Ezequías cerró los manaderos de las aguas de Gijón, la de arriba, y encaminólas abajo al occidente de la ciudad de David: y fué prosperado Ezequías en todo lo que hizo. Empero a causa de los embajadores de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había sido en aquella tierra, Dios le dejó, para tentarle, para saber todo lo que estaba en su corazón. Lo demás de los hechos de Ezequías, y de sus misericordias, he aquí, todo está escrito en la profecia de Isaías, hijo de Amós profeta, y en el libro de los reyes de Judá y de Israel. Y durmió Ezequías con sus padres, y sepultáronle en los más insignes sepulcros de los hijos de David, honrándole en su muerte todo Judá y los de Jerusalem: y reinó en su lugar Manasés su hijo. DE doce años era Manasés, cuando comenzó a reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalem. E hizo lo malo en los ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las gentes que había echado Jehová delante de los hijos de Israel. Porque él reedificó los altos que Ezequías su padre había derribado; y levantó altares a los Baales, e hizo bosques, y adoró a todo el ejército de los cielos, y a él sirvió. Edificó también altares en la casa de Jehová, de la cual Jehová había dicho: En Jerusalem será mi nombre perpetuamente. Edificó asimismo altares a todo el ejército de los cielos en los dos patios de la casa de Jehová. Y pasó sus hijos por fuego en el valle de los hijos de Ennon: miraba en los tiempos, miraba en agüeros, y era dado a adivinaciones, consultaba pitones y encantadores: multiplicó en hacer lo malo en ojos de Jehová para irritarle. Además de esto puso una imágen de fundición que hizo, en la casa de Dios, de la cual Dios había dicho a David, y a Salomón su hijo: En esta casa, y en Jerusalem, la cual yo elegí sobre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre: Y nunca más quitaré el pié de Israel de la tierra que yo entregué a vuestros, padres, a condición que guarden y hagan todas las cosas que yo les he mandado, toda la ley, estatutos, y derechos por mano de Moisés. Así que Manasés hizo descaminar a Judá y a los moradores de Jerusalem, para hacer más mal que las gentes que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel. Y Jehová hablo a Manasés y a su pueblo; mas ellos no escucharon: por lo cual Jehová trajo contra ellos los príncipes del ejército del rey de los Asirios, los cuales echaron en grillos a Manasés: y atado con dos cadenas le llevaron a Babilonia. Mas después que fué puesto en angustias oró a la faz de Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. Y como oró a él, fué oido: porque él oyó su oración, y le volvió a Jerusalem a su reino. Entónces conoció Manasés que Jehová era Dios. Después de esto edificó el muro de a fuera de la ciudad de David, al occidente de Gijón en el valle, y a la entrada de la puerta del pescado, y cercó a Ofel, y alzólo muy alto: y puso capitanes de ejército en todas las ciudades fuertes por Judá. Asimismo quitó los dioses ajenos, y el ídolo de la casa de Jehová, y todos los altares que había edificado en el monte de la casa de Jehová, y en Jerusalem, y echólo todo fuera de la ciudad. Y reparó el altar de Jehová, y sacrificó sobre él sacrificios pacíficos, y de alabanza: y mandó a Judá que sirviesen a Jehová Dios de Israel. Empero el pueblo aun sacrificaba en los altos, aunque a Jehová su Dios. Lo demás de los hechos de Manasés, y su oración a su Dios, y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de Jehová el Dios de Israel, he aquí, todo está escrito en los hechos de los reyes de Israel. Su oración también, y como fué oido, todos sus pecados, y su prevaricación, los lugares: donde edificó altos y había puesto bosques e ídolos ántes que se humillase, he aquí, estas cosas están escritas en las palabras de los videntes. Y durmió Manasés con sus padres, y sepultáronle en su casa: y reinó en su lugar Amón su hijo. De veinte y dos años era Amón, cuando comenzó a reinar, y dos años reinó en Jerusalem. E hizo lo malo en ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre: porque a todos los ídolos que su padre Manasés había hecho, sacrificó y sirvió Amón. Mas nunca se humilló delante de Jehová, como Manasés su padre se humilló, ántes aumentó el pecado. Y conspiraron contra él sus siervos, y matáronle en su casa. Mas el pueblo de la tierra hirió a todos los que habían conspirado contra el rey Amon: y el pueblo de la tierra puso por rey en su lugar a Josías su hijo. DE ocho años era Josías, cuando comenzó a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalem. Este hizo lo recto en ojos de Jehová, y anduvo en los caminos de David su padre, sin apartarse ni a la diestra ni a la siniestra. A los ocho años de su reino, siendo aun muchacho, comenzó a buscar al Dios de David su padre, y a los doce años comenzó a limpiar a Judá y a Jerusalem de los altos, bosques, esculturas, y fundiciones. Y derribaron delante de él los altares de los Baales, y quebró en piezas las imágenes del sol que estaban puestas encima; y los bosques, y las esculturas, y fundiciones, quebró y desmenuzó, y esparció el polvo sobre los sepulcros de los que habían sacrificado a ellos. Asimismo los huesos de los sacerdotes quemó sobre sus altares, y limpió a Judá y a Jerusalem. Lo mismo hizo en las ciudades de Manasés, Efraim, y Simeón, hasta en Neftalí, con sus lugares asolados al derredor. Y como hubo derribado los altares y los bosques, y quebrado y desmenuzado las esculturas, y destruido todos los ídolos del sol por toda la tierra de Israel, volvióse a Jerusalem. A los diez y ocho años de su reino, después de haber limpiado la tierra, y la casa, envió a Safán, hijo de Eselías, y a Maasías gobernador de la ciudad, y a Johá, hijo de Joacas canciller, para que reparasen la casa de Jehová su Dios. Los cuales vinieron a Helcías gran sacerdote, y dieron el dinero que había sido metido en la casa de Jehová, que los Levitas que guardaban la puerta habían cogido de mano de Manasés, y de Efraim, y de todas los restos de Israel, y de todo Judá y Benjamín; y se habían vuelto a Jerusalem. Y diéronlo en mano de los que hacían la obra, que eran prepósitos en la casa de Jehová: los cuales lo dieron a los que hacían la obra, y trabajaban en la casa de Jehová, en reparar y en instaurar el templo. Y dieron también a los oficiales y albañiles para que comprasen piedra de cantería, y madera para las comisuras, y para la trabazón de las casas, las cuales habían destruido los reyes de Judá. Y estos varones trabajaban con fidelidad en la obra: y eran sus gobernadores Jahat, y Abdías, Levitas de los hijos de Merari: y Zacarías y Mosollam, de los hijos de Caat, que solicitasen la obra: y de los Levitas, todos los entendidos en instrumentos de música: Y de los peones, tenían cargo los que solicitaban a todos los que hacían obra en todos los servicios: y de los Levitas, los escribas, gobernadores, y porteros. Y como sacaron el dinero que había sido metido en la casa de Jehová, Helcías el sacerdote halló el libro de la ley de Jehová dada por mano de Moisés. Y respondiendo Helcías, dijo a Safán escriba: Yo he hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. Y dió Helcías el libro a Safán. Y Safán lo llevó al rey, y le contó el negocio, diciendo: Tus siervos han cumplido todo lo que les fué dado a cargo. Han tomado el dinero que se halló en la casa de Jehová, y lo han dado en mano de los señalados, y en mano de los que hacen la obra. Además de esto declaró Safán escriba al rey, diciendo: El sacerdote Helcías me dió un libro. Y leyó Safán en él delante del rey. Y como el rey oyó las palabras de la ley, rompió sus vestidos. Y mandó a Helcías, y a Haicam, hijo de Safán, y a Abdón, hijo de Mica, y a Safán escriba, y a Asa siervo del rey, diciendo: Andád, y consultád a Jehová de mí, y de los restos de Israel y de Judá, acerca de las palabras del libro que se ha hallado: porque grande es el furor de Jehová que ha caido sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no guardaron la palabra de Jehová, para hacer conforme a todas las cosas que están escritas en este libro. Entónces Helcías y los del rey fueron a Oldán profetisa, mujer de Sellum, hijo de Tecuat, hijo de Hasra, guarda de los vestimentos, la cual moraba en Jerusalem, en la casa de la doctrina: y dijéronle las palabras dichas. Y ella respondió: Jehová el Dios de Israel ha dicho así: Decíd al varón que os ha enviado a mí, que así ha dicho Jehová: He aquí, yo traigo mal sobre este lugar, y sobre los moradores de él, todas las maldiciones que están escritas en el libro que leyeron delante del rey de Judá: Por cuanto me han dejado, y han sacrificado a dioses ajenos, provocándome a ira en todas las obras de sus manos: por tanto mi furor destilará sobre este lugar, y no se apagará. Mas al rey de Judá, que os ha enviado a consultar a Jehová, así le diréis: Jehová el Dios de Israel ha dicho así: Por cuanto oiste las palabras del libro, Y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante de Dios oyendo sus palabras sobre este lugar, y sobre sus moradores: humillástete delante de mí, y rompiste tus vestidos, y lloraste en mi presencia, yo también te he oido, dice Jehová: He aquí, yo te recogeré con tus padres, y serás recogido en tu sepulcro en paz: y tus ojos no verán todo el mal que yo traigo sobre este lugar, y sobre los moradores de él. Y ellos recitaron al rey la respuesta. Entónces el rey envió, y juntó todos los ancianos de Judá y de Jerusalem. Y subió el rey a la casa de Jehová, y con él todos los varones de Judá, y los moradores de Jerusalem, y los sacerdotes, y los Levitas, y todo el pueblo desde el mayor hasta el más pequeño: y leyó en los oidos de ellos todas las palabras del libro del concierto que había sido hallado en la casa de Jehová. Y estando el rey en pié en su lugar, hizo alianza delante de Jehová, que andarían en pos de Jehová, y que guardarían sus mandamientos, sus testimonios, y sus estatutos, de todo su corazón, y de toda su alma; y que harían las palabras del concierto, que estaban escritas en aquel libro. E hizo que consintiesen todos los que estaban en Jerusalem y en Benjamín: y así hicieron los moradores de Jerusalem conforme al concierto de Dios, del Dios de sus padres. Y quitó Josías todas las abominaciones de todas las tierras de los hijos de Israel, e hizo a todos los que se hallaron en Israel que sirviesen a Jehová su Dios: no se apartaron de en pos de Jehová el Dios de sus padres todo el tiempo que él vivió. Y JOSÍAS hizo páscua a Jehová en Jerusalem, y sacrificaron la páscua a los catorce del mes primero. Y puso los sacerdotes en sus estancias, y confirmólos en el ministerio de la casa de Jehová. Y dijo a los Levitas que enseñaban a todo Israel, y que eran dedicados a Jehová: Ponéd el arca del santuario en la casa que edificó Salomón, hijo de David, rey de Israel, para que no la carguéis más sobre los hombros. Ahora serviréis a Jehová vuestro Dios, y a su pueblo Israel. Apercebíos según las familias de vuestros padres por vuestros órdenes, conforme a la prescripción de David rey de Israel, y de Salomón su hijo. Estád en el santuario por el repartimiento de las familias de vuestros hermanos, hijos del pueblo, y el repartimiento de la familia de los Levitas: Y sacrificád la páscua, y santificáos, y apercebíd vuestros hermanos, que hagan conforme a la palabra de Jehová dada por mano de Moisés. Y ofreció el rey Josías a los del pueblo, ovejas, corderos, y cabritos de las cabras, todo para la páscua, para todos los que se hallaron presentes, en cantidad de treinta mil, y bueyes tres mil. Esto de la hacienda del rey. También sus príncipes ofrecieron con liberalidad al pueblo, y a los sacerdotes y Levitas: Helcías, Zacarías, y Jehiel, príncipes de la casa de Dios, dieron a los sacerdotes para hacer la páscua dos mil y seiscientas ovejas, y trescientos bueyes. Asimismo Conenías, Semeías, y Natanael sus hermanos, y Hasabías, Jehiel y Josabad, príncipes de los Levitas, dieron a los Levitas para los sacrificios de la páscua cinco mil ovejas, y quinientos bueyes. Aparejado así el servicio, los sacerdotes se pusieron en sus estancias, y asimismo los Levitas en sus órdenes, conforme al mandamiento del rey, Y sacrificaron la páscua, y esparcieron los sacerdotes la sangre tomada de la mano de los Levitas, y los Levitas desollaban. Y quitaron del holocausto para dar conforme a los repartimientos por las familias de los del pueblo, para que ofreciesen a Jehová, como está escrito en el libro de Moisés: y asimismo quitaron de los bueyes. Y asaron la páscua en fuego, según la costumbre: mas lo que había sido santificado, cocieron en ollas, en calderos, y calderas, y repartiéronlo prestamente a todo el pueblo. Y después aparejaron para sí, y para los sacerdotes: porque los sacerdotes, hijos de Aarón, estuvieron ocupados hasta la noche en el sacrificio de los holocaustos y de los sebos: y así los Levitas aparejaron para sí, y para los sacerdotes, hijos de Aarón. Asimismo los cantores, hijos de Asaf, estaban en su estancia, conforme al mandamiento de David, de Asaf, y de Hemán, y de Iditún vidente del rey. Y los porteros estaban a cada puerta: y no era menester que se apartasen de su ministerio, porque sus hermanos los Levitas aparejaban para ellos. Así fué aparejado todo el servicio de Jehová en aquel día, para hacer la páscua y sacrificar los holocaustos sobre el altar de Jehová, conforme al mandamiento del rey Josías. E hicieron los hijos de Israel, que se hallaron presentes, la páscua en aquel tiempo, y la solemnidad de los panes sin levadura, por siete dias. Nunca tal páscua fué hecha en Israel desde los dias de Samuel el profeta: ni ningún rey de Israel hizo tal páscua, como la que hizo el rey Josías y los sacerdotes y Levitas, y todo Judá e Israel, los que se hallaron presentes, juntamente con los moradores de Jerusalem. Esta páscua fué celebrada en el año diez y ocho del rey Josías. Después de todas estas cosas, luego que Josías hubo aparejado la casa, Necao rey de Egipto subió a hacer guerra en Carcamis junto a Éufrates: y salió Josías contra él. Y él le envió embajadores, diciendo: ¿Qué tenemos yo y tu, rey de Judá? Yo no vengo contra tí hoy, sino contra la casa que me hace guerra: y Dios dijo que me apresurase. Déjate de tomarte con Dios, que es conmigo, no te destruya. Mas Josías no volvió su rostro atrás de él, ántes se disfrazó para darle batalla, y no oyó a las palabras de Necao, que eran de boca de Dios. Y vino a darle la batalla en el campo de Mageddo. Y los arqueros tiraron al rey Josías flechas, y dijo el rey a sus siervos: Quitádme de aquí, porque estoy herido gravemente. Entónces sus siervos le quitaron de aquel carro, y pusiéronle en otro segundo carro que tenía: y trajéronle a Jerusalem y murió: y sepultáronle en los sepulcros de sus padres. Y todo Judá y Jerusalem puso luto por Josías. Y endechó Jeremías por Josías: y todos los cantores y cantoras recitan sus lamentaciones sobre Josías hasta hoy, y las han vuelto en ley en Israel, las cuales están escritas en las lamentaciones. Lo demás de los hechos de Josías y sus misericordias, conforme a lo que está escrito en la ley de Jehová, Y sus hechos, primeros y postreros, he aquí, está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá. ENTÓNCES el pueblo de la tie- rra tomó a Joacaz, hijo de Josías, e hiciéronle rey en lugar de su padre en Jerusalem. De veinte y tres años era Joacaz, cuando comenzó a reinar, y tres meses reinó en Jerusalem. Y el rey de Egipto le quitó de Jerusalem, y condenó la tierra en cien talentos de plata, y uno de oro. Y constituyó el rey de Egipto a su hermano Eliacim por rey sobre Judá y Jerusalem, y mudóle el nombre Joacim: y a Joacaz su hermano tomó Necao, y llevóle a Egipto. Cuando comenzó a reinar Joacim, era de veinte y cinco años: y reinó en Jerusalem once años: e hizo lo malo en ojos de Jehová su Dios. Y subió contra él Nabucodonosor rey de Babilonia, y atado con dos cadenas le trajo a Babilonia. Y metió también en Babilonia Nabucodonosor parte de los vasos de la casa de Jehová, y púsolos en su templo en Babilonia. Lo demás de los hechos de Joacim, y las abominaciones que hizo, y lo que en él se halló, he aquí, está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá: y reinó en su lugar Joaquín su hijo. De ocho años era Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalem tres meses y diez dias: e hizo lo malo en ojos de Jehová. A la vuelta del año el rey Nabucodonosor envió, e hízole llevar en Babilonia juntamente con los vasos preciosos de la casa de Jehová: y constituyó a Sedecías su hermano por rey sobre Judá y Jerusalem. De veinte y un año era Sedecías cuando comenzó a reinar, y once años reinó en Jerusalem. E hizo lo malo en ojos de Jehová su Dios, y no se humilló delante de Jeremías profeta que le hablaba de parte de Jehová. Asimismo se rebeló contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios, y endureció su cerviz, y obstinó su corazón, para no volverse a Jehová el Dios de Israel. Y también todos los príncipes de los sacerdotes, y el pueblo, aumentaron la rebelión, rebelándose conforme a todas las abominaciones de las gentes, y contaminando la casa de Jehová, la cual él había santificado en Jerusalem. Y Jehová el Dios de sus padres envió a ellos por mano de sus mensajeros, levantándose de mañana y enviando: porque él tenía misericordia de su pueblo, y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió el furor de Jehová contra su pueblo, y que no hubo medicina. Por lo cual él trajo contra ellos al rey de los Caldeos que pasó a cuchillo sus mancebos en la casa de su santuario, sin perdonar mancebo, ni doncella, ni viejo, ni decrépito: todos los entregó en sus manos. Asimismo todos los vasos de la casa de Dios, grandes y chicos, los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros del rey, y de sus príncipes, todo lo llevo a Babilonia. Y quemaron la casa de Dios, y rompieron el muro de Jerusalem, y todos sus palacios quemaron a fuego, y destruyeron todos sus vasos deseables. Los que quedaron de la espada, los pasaron a Babilonia, y fueron siervos de el y de sus hijos, hasta que vino el reino de los Persas; Para que se cumpliese la palabra de Jehová por la boca de Jeremías, hasta que la tierra cumpliese sus sábados: porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos. Mas al primer año de Ciro rey de los Persas, para que se cumpliese la palabra de Jehová dicha por la boca de Jeremías, Jehová despertó el espíritu de Ciro rey de los Persas, el cual hizo pasar pregón por todo su reino, y también por escrito, diciendo: Así dice Ciro rey de los Persas: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y él me ha encargado, que le edifique casa en Jerusalem, que es en Judá: ¿Quién de vosotros hay de todo su pueblo? Jehová su Dios sea con él, y suba. Y EN el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová dicha por la boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pasar pregón por todo su reino, y también por escrito, diciendo: Así dijo Ciro rey de Persia: Jehová Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalem, que es en Judá. ¿Quién hay entre vosotros de todo su pueblo? Sea Dios con él, y suba a Jerusalem, que es en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel, el cual es Dios: la cual casa está en Jerusalem. Y a cualquiera que hubiere quedado de todos los lugares donde fuere extranjero, los varones de su lugar le ayuden con plata, y oro, y hacienda, y con bestias: con dones voluntarios para la casa de Dios, la cual está en Jerusalem. Entónces se levantaron las cabezas de las familias de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y Levitas, de todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios, para subir a edificar la casa de Jehová, que está en Jerusalem. Y todos los que estaban en sus al derredores confortaron las manos de ellos con vasos de plata, y de oro, con hacienda, y bestias, y con cosas preciosas, además de lo que se ofreció voluntariamente. Y el rey Ciro sacó las vasos de la casa de Jehová, que Nabucodonosor había traspasado de Jerusalem, y puesto en la casa de sus dioses. Y sacólos Ciro rey de Persia por mano de Mitridates tesorero, el cual los dió por cuenta a Sasabasar príncipe de Judá. De los cuales esta es la cuenta: Tazones de oro treinta, tazones de plata mil, cuchillos veinte y nueve, Lebrillos de oro treinta, lebrillos de plata segundos cuatrocientos y diez; otros vasos mil. Todos los vasos de oro y de plata cinco mil y cuatrocientos. Todos los hizo traer Sasabasar con los que subieron del cautiverio de Babilonia a Jerusalem. Y ESTOS son los hijos de la provincia que subieron de la cautividad, de la transmigración que hizo traspasar Nabucodonosor rey de Babilonia a Babilonia, los cuales volvieron a Jerusalem y a Judá, cada uno a su ciudad. Los cuales vinieron con Zorobabel, Jesuá, Nehemías, Saraías, Rehelaías, Mardoqueo, Belsán, Mispar, Begai, Rehum, Baana. La cuenta de los varones del pueblo de Israel: Los hijos de Faros, dos mil y ciento y setenta y dos. Los hijos de Sefacias, trescientos y setenta y dos. Los hijos de Aréas, siete cientos y setenta y cinco. Los hijos de Pahat-moab de los hijos de Jesuá: de Joab dos mil y ochocientos y doce. Los hijos de Elam, mil y doscientos y cincuenta y cuatro. Los hijos de Zattu, novecientos y cuarenta y cinco. Los hijos de Zacai, setecientos y sesenta. Los hijos de Bani, seiscientos y cuarenta y dos. Los hijos de Bebai, seiscientos y veinte y tres. Los hijos de Azgad, mil y doscientos y veinte y dos. Los hijos de Adonicam, seiscientos y sesenta y seis. Los hijos de Beguai, dos mil y cincuenta y seis. Los hijos de Adín, cuatrocientos y cincuenta y cuatro. Los hijos de Ater de Ezequías, noventa y ocho. Los hijos de Besai, trescientos y veinte y tres. Los hijos de Jora, ciento y doce. Los hijos de Hasum, doscientos y veinte y tres. Los hijos de Gebbar, noventa y cinco. Los hijos de Belén, ciento y veinte y tres. Los varones de Netofa, cincuenta y seis. Los varones de Anatot, ciento y veinte y ocho. Los hijos de Azmavet, cuarenta y dos. Los hijos de Cariat-jarim, Quefira, y Beerot, setecientos y cuarenta y tres. Los hijos de Rama y Gabaa, seiscientos y veinte y uno. Los varones de Macmas, ciento y veinte y dos. Los varones de Betel y Hai, doscientos y veinte y tres. Los hijos de Nebo, cincuenta y dos. Los hijos de Magbis, ciento y cincuenta y seis. Los hijos de la otra Elam, mil y doscientos y cincuenta y cuatro. Los hijos de Harim, trescientos y veinte. Los hijos de Lod, Hadid, y Ono, setecientos y veinte y cinco. Los hijos de Jericó, trescientos y cuarenta y cinco. Los hijos de Senaa, tres mil y seis cientos y treinta. Los sacerdotes: Los hijos de Jedaia de la casa de Jesuá, novecientos y setenta y tres. Los hijos de Emmer, mil y cincuenta y dos. Los hijos de Fasur, mil y doscientos y cuarenta y siete. Los hijos de Harim, mil y diez y siete. Los Levitas: Los hijos de Jesuá y de Cadmiel, de los hijos de Odovías, setenta y cuatro. Los cantores: Los hijos de Asaf, ciento y veinte ocho. Los hijos de los porteros: Los hijos de Sellum, los hijos de Atar, los hijos de Telmón, los hijos de Accub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai, todos ciento y treinta y nueve. Los Natineos: Los hijos de Siha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot, Los hijos de Ceros, los hijos de Siaa, los hijos de Fadón, Los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Accub, Los hijos de Hagab, los hijos de Senlai, los hijos de Hanán, Los hijos de Gaddel, los hijos de Gaher, los hijos de Reaia, Los hijos de Rasín, los hijos de Necoda, los hijos de Gazam, Los hijos de Asa, los hijos de Fasea, los hijos de Besec, Los hijos de Asena, los hijos de Munim, los hijos de Nefusim, Los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harur, Los hijos de Beslut, los hijos de Mahida, los hijos de Harsa, Los hijos de Bercos, los hijos de Sisara, los hijos de Tema, Los hijos de Nasía, los hijos de Hatifa. Los hijos de los siervos de Salomon: Los hijos de Sotai, los hijos de Soforet, los hijos de Faruda, Los hijos de Jala, los hijos de Dercón, los hijos de Geddel, Los hijos de Safatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poqueret de Hasbaim, los hijos de Ami. Todos los Natineos, e hijos de los siervos de Salomón, trescientos y noventa y dos. Y estos fueron los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Addán, Immer, los cuales no pudieron mostrar la casa de sus padres, y su linaje, si fuesen de Israel: Los hijos de Dalaia, los hijos de Tobías los hijos de Necoda, seiscientos y cincuenta y dos. Y de los hijos de los sacerdotes: Los hijos de Hobías, los hijos de Accos, los hijos de Berzellai, el cual tomó mujer de las hijas de Berzellai Galaadita, y fué llamado del nombre de ellas: Estos buscaron su escritura de genealogías, y no fueron hallados, y fueron echados del sacerdocio. Y el Tirsata les dijo, que no comiesen de la santidad de las santidades, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Tumim. Toda la congregación, como un varón, fueron cuarenta y dos mil y trescientos y sesenta; Sin sus siervos y siervas, los cuales eran siete mil y trescientos y treinta y siete: y tenían cantores y cantoras, doscientos. Sus caballos siete cientos y treinta y seis; sus mulos, doscientos y cuarenta y cinco; Sus camellos cuatrocientos y treinta y cinco; asnos, seis mil y setecientos y veinte. Y de las cabezas de los padres ofrecieron voluntariamente para la casa de Dios, cuando vinieron a la casa de Jehová la cual estaba en Jerusalem, para levantarla en su asiento: Según sus fuerzas dieron al tesoro de la obra sesenta y un mil dracmas de oro, y cinco mil libras de plata, y cien túnicas sacerdotales. Y habitaron los sacerdotes, y los Levitas, y los del pueblo, y los cantores, y los porteros, y los Natineos en sus ciudades, y todo Israel en sus ciudades. Y LLEGADO el mes séptimo, y los hijos de Israel en las ciudades, juntóse el pueblo, como un varón, en Jerusalem. Y levantóse Jesuá, hijo de Josedec, y sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Salatiel, y sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés varón de Dios. Y asentaron el altar sobre sus basas, porque tenían miedo de los pueblos de las tierras: y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová holocaustos a la mañana y a la tarde. E hicieron la solemnidad de las cabañas, como está escrito, y holocaustos cada día por cuenta, conforme al rito, cada cosa en su día. Y además de esto el holocausto continuo, y las nuevas lunas, y todas las fiestas santificadas de Jehová, y todo sacrificio espontáneo de voluntad a Jehová. Desde el primero día del mes séptimo comenzaron a ofrecer holocaustos a Jehová, mas el templo de Jehová no era aun fundado. Y dieron dinero a los carpinteros y oficiales; comida, y bebida, y aceite a los Sidonios y Tirios, para que trajesen madera de cedro del Líbano a la mar de Joppe, conforme a la voluntad de Ciro rey de Persia acerca de esto. Y en el año segundo de su venida a la casa de Dios en Jerusalem, en el mes segundo, comenzaron Zorobabel, hijo de Salatiel, y Jesuá, hijo de Josedec, y los otros sus hermanos, los sacerdotes y los Levitas, y todos los que habían venido de la cautividad a Jerusalem; y pusieron a los Levitas de veinte años y arriba para que tuviesen cargo de la obra de la casa de Jehová. Y estuvo Jesuá, sus hijos, y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, hijos de Judá, como un varón, para dar priesa a los que hacían la obra en la casa de Dios: los hijos de Henadad, sus hijos, y sus hermanos, Levitas. Y los albañiles del templo de Jehová echaron los cimientos, y pusieron a los sacerdotes vestidos con trompetas, y a los Levitas, hijos de Asaf, con címbalos, para que alabasen a Jehová por mano de David rey de Israel. Y cantaban alabando, y glorificando a Jehová: Porque es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo jubilaba, con grande júbilo, alabando a Jehová porque la casa de Jehová era acimentada. Y muchos de los sacerdotes, y de los Levitas, y de las cabezas de los padres, viejos, que habían visto la casa primera, viendo fundar esta casa lloraban a gran voz: y muchos otros daban grita de alegría a alta voz: Y el pueblo no podía discernir la voz del júbilo de alegría, de la voz del lloro del pueblo: porque el pueblo jubilaba con gran júbilo, y la voz se oía hasta léjos. Y OYENDO los enemigos de Judá y de Benjamín que los hijos de la cautividad edificaban el templo de Jehová Dios de Israel; Llegáronse a Zorobabel, y a las cabezas de los padres, y dijéronles: Edificaremos con vosotros; porque como vosotros buscaremos a vuestro Dios, y a él sacrificamos desde los dias de Asoraddán rey de Asiria que nos hizo subir aquí. Y díjoles Zorobabel, y Jesuá, y los demás cabezas de los padres de Israel: No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios: mas nosotros solos edificaremos a Jehová Dios de Israel, como nos mandó el rey Ciro rey de Persia. Mas el pueblo de la tierra debilitaba las manos del pueblo de Judá, y los perturbaba de edificar. Y alquilaron contra ellos consejeros para disipar su consejo todo el tiempo de Ciro rey de Persia, y hasta el reino de Darío rey de Persia. Y en el reino de Asuero, en el principio de su reino, escribieron acusación contra los moradores de Judá y de Jerusalem. Y en los dias de Artaxerxes escribió en paz Mitridates, Tabeel, y los demás sus compañeros, a Artaxerxes rey de Persia: y la escritura de la carta era escrita en Siriaco, y declarada en Siriaco. Rehum canciller, y Samsai escriba escribieron una carta contra Jerusalem al rey Artaxerxes como se sigue: Entónces Rehum canciller, y Samsai escriba, y los demás sus compañeros, los Dineos, y los Afarsataqueos, Tefarleos, Afarseos, Ercueos, Babilonios, Susanceos, Dieveos, y Elamitas, Y los demás pueblos que traspasó Asnafar el grande y glorioso, y los hizo habitar en las ciudades de Samaria, y los demás de la otra parte del río, y Cheenet. Este es el traslado de la carta que enviaron al rey Artaxerxes: Tus siervos de la otra parte del río, y Cheenet. Sea notorio al rey que los Judíos que subieron de tí a nosotros, vinieron a Jerusalem, y edifican la ciudad rebelde y mala, y han acimentado los muros, y puesto los fundamentos. Ahora notorio sea al rey, que si aquella ciudad fuere edificada, y los muros fueren fundados, el tributo, pecho, y rentas no darán: y el tributo de los reyes será menoscabado. Ahora por la sal de palacio de que estamos salados, no nos es justo ver el menosprecio del rey: por tanto enviámos, e hicimos notorio al rey, Para que busque en el libro de las historias de nuestros padres, y hallarás en el libro de las historias, y sabrás que esta ciudad es ciudad rebelde, y perjudicial a los reyes y a las provincias: y que hacen rebelión en medio de ella de tiempo antiguo, y que por esto esta ciudad fué destruida. Hacemos notorio al rey, que si esta ciudad fuere edificada, y los muros fundados, la parte de allá del río no será tuya. El rey envió respuesta: A Rehum canciller, y a Samsai escriba, y a los demás sus compañeros que habitan en Samaria, y a los demás de la parte de allá del río: Paz, y a Cheenet. La carta que nos enviasteis claramente fué leida delante de mí: Y por mí fué dado mandamiento, y buscaron, y hallaron que aquella ciudad de tiempo antiguo se levanta contra los reyes, y se rebela, y rebelión se hace en ella: Y que reyes fuertes hubo en Jerusalem, y señores en todo lo que está de la otra parte del río; y que tributo, y pecho, y rentas se les daba. Ahora dad mandamiento que cesen aquellos varones: y aquella ciudad no sea edificada, hasta que por mí sea dado mandamiento. Y mirád bien que no hagáis error en esto: ¿por qué crecerá el daño para perjuicio de los reyes? Entónces, cuando el traslado de la carta del rey Artaxerxes fué leido delante de Rehum, y de Samsai escriba, y sus compañeros, fueron prestamente a Jerusalem a los Judíos, e hiciéronles cesar con brazo y fuerza. Entónces cesó la obra de la casa de Dios, la cual estaba en Jerusalem: y cesó hasta el año segundo del reino de Daríó rey de Persia. Y PROFETIZÓ Aggeo profeta, y Zacarías, hijo de Addo, profetas, a los Judíos que estaban en Judea y en Jerusalem, en nombre del Dios de Israel, a ellos. Entónces se levantaron Zorobabel, hijo de Salatiel, y Jesuá, hijo de Josedec, y comenzaron a edificar la casa de Dios, que estaba en Jerusalem: y con ellos los profetas de Dios, que les ayudaban. En aquel tiempo vino a ellos Tatanai capitán de la otra parte del río, y Star-buzanai, y sus compañeros, y dijéronles así: ¿Quién os dió mandamiento para edificar esta casa, y fundar estos muros? Entónces, como diremos, les dijimos: ¿Cuáles son los nombres de los varones que edifican este edificio? Mas los ojos de su Dios fueron sobre los ancianos de los Judíos, y no les hicieron cesar hasta que la causa viniese a Darío: y entónces respondieron por carta sobre esto. Traslado de la carta que envió Tatanai capitán de la otra parte del río, y Star-buzanai, y sus compañeros los Arfasaqueos, que estaban de la otra parte del río, al rey Darío: Enviáronle respuesta, y de esta manera era escrito dentro de ella: Al rey Darío toda paz. Sea notorio al rey que fuimos a la provincia de Judea a la casa del Dios grande, la cual se edifica de piedra de marmol, y los maderos son puestos en las paredes, y la obra se hace a priesa, y prospera en sus manos. Entónces preguntámos a los ancianos, diciéndoles así: ¿Quién os dió mandamiento para edificar esta casa, y para fundar estos muros? Y también les preguntámos sus nombres para hacértelo saber, para escribir los nombres de los varones que estaban por sus cabezas. Y nos respondieron así, diciendo: Nosotros somos siervos del Dios del cielo y de la tierra, y reedificamos la casa que ha sido edificada ántes muchos años ha, que el gran rey de Israel edificó y fundó. Mas después que nuestros padres ensañaron al Dios de los cielos, él los entregó en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, Caldeo, el cual destruyó esta casa, e hizo traspasar el pueblo en Babilonia. Empero el primer año de Ciro rey de Babilonia, el rey Ciro dió mandamiento para que esta casa de Dios fuese edificada. Y también los vasos de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalem, y los había metido en el templo de Babilonia, el rey Ciro los sacó del templo de Babilonia, y fueron entregados a Sasabasar, al cual había puesto por capitán. Y le dijo: Toma estos vasos, vé, y pónlos en el templo que está en Jerusalem, y la casa de Dios sea edificada en su lugar. Entónces este Sasabasar vino, y puso los fundamentos de la casa de Dios que estaba en Jerusalem, y desde entónces hasta ahora se edifica, y aun no es acabada. Y ahora, si al rey parece bien, búsquese en la casa de los tesoros del rey que está allí en Babilonia, si es así que por el rey Ciro haya sido dado mandamiento para edificar esta casa de Dios que está en Jerusalem: y envíenos sobre esto la voluntad del rey. ENTÓNCES el rey Darío dió mandamiento, y buscaron en la casa de los libros donde guardaban los tesoros allí en Babilonia, Y fué hallado en el cofre del palacio que está en la provincia de Media un libro, dentro del cual estaba escrito así: Memorial: En el año primero del rey Ciro, el rey Ciro dió mandamiento de la casa de Dios que estaba en Jerusalem, que la casa fuese edificada para lugar en que sacrifiquen sacrificios; y sus paredes fuesen cubiertas: su altura de sesenta codos: su anchura de sesenta codos. Las órdenes; tres de piedra de marmol, y una órden de madera nueva: y que el gasto sea dado de la casa del rey. Y también los vasos de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor sacó del templo que estaba en Jerusalem, y los pasó en Babilonia, sean vueltos, y vayan al templo que está en Jerusalem, a su lugar, y sean puestos en la casa de Dios. Ahora pues, Tatanai capitán de la otra parte del río, Star-buzanai, y sus compañeros los Afarsaqueos que estáis a la otra parte del río, apartáos de ahí. Dejád la obra de la casa de este Dios al capitán de los Judíos, y a sus ancianos, que edifiquen la casa de este Dios en su lugar. Y por mí es dado mandamiento de lo que habéis de hacer con los ancianos de estos Judíos para edificar la casa de este Dios: que de la hacienda del rey, que tiene del tributo de la otra parte del río, los gastos sean dados luego a aquellos varones, para que no cesen. Y lo que fuere necesario, becerros, y carneros, y corderos para holocaustos al Dios del cielo: trigo, sal, vino, y aceite, conforme a lo que dijeren los sacerdotes que están en Jerusalem, les sea dado cada un día sin algún embargo: Para que ofrezcan olores de holganza al Dios del cielo, y oren por la vida del rey, y por sus hijos. Ítem, por mí es dado mandamiento, que cualquiera que mudare este decreto, sea derribado un madero de su casa, y enhiesto sea colgado en él: y su casa sea hecha muladar por esto. Y el Dios que hizo habitar allí su nombre destruya todo rey y pueblo que pusiere su mano para mudar o destruir esta casa de Dios, la cual está en Jerusalem. Yo Darío puse el decreto: sea hecho prestamente. Entónces Tatanai capitán de la otra parte del río, y Star-buzanai, y sus compañeros hicieron prestamente según el rey Darío había enviado. Y los ancianos de los Judíos, edificaban y prosperaban, conforme a la profecia de Aggeo profeta, y de Zacarías, hijo de Addo: y edificaron, y acabaron por el mandamiento del Dios de Israel, y por el mandamiento de Ciro, y de Darío, y de Artaxerxes rey de Persia. Y esta casa fué acabada al tercero día del mes de Adar, que era el sexto año del reino del rey Darío. Y los hijos de Israel, los sacerdotes, y los Levitas, y los demás hijos de la transmigración hicieron la dedicación de esta casa de Dios con gozo. Y ofrecieron en la dedicación de esta casa de Dios becerros ciento, carneros doscientos, corderos cuatrocientos, y machos de cabrío por expiación por todo Israel doce, conforme al número de las tribus de Israel. Y pusieron los sacerdotes en sus repartimientos, y los Levitas en sus divisiones sobre la obra de Dios que estaba en Jerusalem, como está escrito en el libro de Moisés. Y los hijos de la transmigración hicieron la páscua a los catorce del mes primero. Porque los sacerdotes y los Levitas se habían purificado como un varón, todos fueron limpios: y sacrificaron la páscua por todos los hijos de la transmigración, y por sus hermanos los sacerdotes, y por sí mismos. Y comieron los hijos de Israel, que habían vuelto de la transmigración, y todos los que se habían apartado de la inmundicia de las gentes de la tierra a ellos, para buscar a Jehová Dios de Israel. E hicieron la solemnidad de los panes sin leudar siete dias con alegría, por cuanto Jehová los había alegrado, y había convertido el corazón del rey de Asiria a ellos para esforzar sus manos en la obra de la casa de Dios, del Dios de Israel. PASADAS estas cosas, en el reino de Artaxerxes rey de Persia, Ésdras, hijo de Saraias, hijo de Azarías, hijo de Helcías, Hijo de Sellum, hijo de Sadoc, hijo de Aquitob, Hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Maraiot, Hijo de Zaraías, hijo de Ozi, hijo de Bocci, Hijo de Abisue, hijo de Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón primer sacerdote: Este Ésdras subió de Babilonia, el cual era escriba diligente en la ley de Moisés, que dió Jehová Dios de Israel: y concedióle el rey según la mano de Jehová su Dios sobre él, todo lo que podió. Y subieron con él de los hijos de Israel, y de los sacerdotes, y Levitas, y cantores, y porteros, y Natineos, en Jerusalem, en el séptimo año del rey Artaxerxes. Y vino a Jerusalem en el mes quinto, el año séptimo del rey. Porque al primero del mes primero fué el principio de la partida de Babilonia, y al primero del mes quinto llegó a Jerusalem, según que era buena la mano de su Dios sobre él. Porque Ésdras preparó su corazón a buscar la ley de Jehová, y a hacer, y a enseñar a Israel mandamientos y juicios. Y este es el traslado de la carta que dió el rey Artaxerxes a Ésdras sacerdote escriba, escriba de las palabras mandadas de Jehová, y de sus estatutos sobre Israel: Artaxerxes, rey de los reyes, a Ésdras sacerdote, escriba perfecto de la ley del Dios del cielo, y a Cheenet. Por mí es dado mandamiento, que cualquiera que quisiere en mi reino del pueblo de Israel, y de sus sacerdotes y Levitas, ir contigo a Jerusalem, vaya. Porque de parte del rey y de sus siete consultores eres enviado para visitar a Judea y a Jerusalem, conforme a la ley de tu Dios que está en tu mano; Y para llevar la plata y el oro que el rey, y sus consultores voluntariamente ofrecen al Dios de Israel, cuya morada está en Jerusalem; Y toda la plata y el oro que hallares en toda la provincia de Babilonia, con las ofrendas voluntarias del pueblo, y de los sacerdotes, que de su voluntad ofrecieren para la casa de su Dios que está en Jerusalem. Por tanto con diligencia comprarás de esta plata becerros, carneros, corderos, y sus presentes, y sus derramaduras, y ofrecerlos has sobre el altar de la casa de vuestro Dios que está en Jerusalem. Y lo que a tí y a tus hermanos pluguiere hacer de la otra plata y oro, conforme a la voluntad de vuestro Dios, haréis. Y los vasos que te son entregados para el servicio de la casa de tu Dios, restituirlos has delante de Dios en Jerusalem. Y lo demás que fuere necesario para la casa de tu Dios, que te fuere menester dar, darlo has de la casa de los tesoros del rey. Y por mí, el rey Artaxerxes, es dado mandamiento a todos los tesoreros que están de la otra parte del río, que todo lo que os demandare Ésdras sacerdote, escriba de la ley del Dios del cielo, sea hecho luego, Hasta cien talentos de plata, y hasta cien coros de trigo, y hasta cien batos de vino, y hasta cien batos de aceite, y sal, cuanto no se escribe. Todo le que es mandado por el Dios del cielo, sea hecho prestamente para la casa del Dios del cielo: porque, ¿por qué será su ira contra el reino del rey y de sus hijos? Y a vosotros os hacemos saber, que a todos los sacerdotes, y Levitas, cantores, porteros, Natineos, y ministros de la casa de este Dios, ninguno pueda echar sobre ellos tributo, o pecho, o renta. Y tú Ésdras conforme a la sabiduría de tu Dios que tienes, pon por jueces y gobernadores que gobiernen todo el pueblo que está de la otra parte del río, a todos los que tienen noticia de las leyes de tu Dios, y al que no la tuviere, enseñarle heis. Y cualquiera que no hiciere la ley de tu Dios, y la ley del rey, prestamente sea juzgado, o a muerte, o a desarraigamiento, o a pena de la hacienda, o a prisión. Bendito sea Jehová Dios de nuestros padres, que puso tal cosa en el corazón del rey, para honrar la casa de Jehová que está en Jerusalem; Y sobre mí inclinó misericordia delante del rey, y de sus consultores, y de todos los príncipes poderosos del rey. Y yo confortado según que la mano de mi Dios era sobre mí, junté los principales de Israel para que subiesen conmigo. Y ESTAS son las cabezas de sus padres y sus genealogías, de los que subieron conmigo de Babilonia, reinando el rey Artaxerxes: De los hijos de Finees; Gersom: de los hijos de Itamar; Daniel: de los hijos de David; Hattus: De los hijos de Sequenías, y de los hijos de Faros; Zacarías, y con él genealogía de varones ciento y cincuenta. De los hijos de Pahat-moab; Elioenai, hijo de Zaraías, y con él doscientos varones. De los hijos de Sequenías; el hijo de Ezequíel, y con él trescientos varones. De los hijos de Adín; Ebed, hijo de Jonatán, y con él cincuenta varones. De los hijos de Elam; Esaías, hijo de Atalías, y con él setenta varones. Y de los hijos de Safatiás; Zebedías, hijo de Micael, y con él ochenta varones. De los hijos de Joab; Abdías, hijo de Jahiel, y con él doscientos y diez y ocho varones. Y de los hijos de Selomit; el hijo de Josfías, y con él ciento y sesenta varones. Y de los hijos de Bebai; Zacarías, hijo de Bebai, y con él veinte y ocho varones. Y de los hijos de Azgad; Johanán, hijo de Haccatán, y con él ciento y diez varones. Y de los hijos de Adonicam, los postreros, cuyos nombres son estos, Elifelet, Jeiel, y Samaías, y con ellos sesenta varones. Y de los hijos de Biguai; Hutay, y Zabud, y con él setenta varones. Y juntélos al río que viene a Ahava, y reposámos allí tres dias: y miré en el pueblo, y en los sacerdotes, y no hallé allí de los hijos de Leví. Y envié a Eliezer, y a Ariel, y a Semeías, y a Elnatán, y a Jarib, y a Elnatanán, y a Natán, y a Zacarías, y a Mosollam, principales; y a Joiarib, y a Elnatán, sabios. Y enviélos a Iddo capitán en el lugar de Caspia, y puse en la boca de ellos las palabras que habían de hablar a Iddo y a sus hermanos los Natineos en el lugar de Caspia, para que nos trajesen ministros para la casa de nuestro Dios. Y trajéronnos, (según que era buena sobre nosotros la mano de nuestro Dios,) un varón entendido de los hijos de Moholí, hijo de Leví, hijo de Israel: y a Sarabías, y a sus hijos, y a sus hermanos, diez y ocho. Y a Hasabías, y con él a Isaías de los hijos de Merari, a sus hermanos, y a sus hijos veinte. Y de los Natineos que David puso, y príncipes de los Levitas para el ministerio, doscientos y veinte Natineos: todos los cuales fueron declarados por sus nombres. Y publiqué allí ayuno junto al río de Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para buscar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para toda nuestra hacienda. Porque tuve vergüenza de pedir al rey ejército y gente de a caballo, que nos defendiesen del enemigo en el camino: porque habíamos dicho al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es sobre todos los que le buscan para bien; mas su fortaleza y su furor sobre todos los que le dejan. Y ayunamos, y buscamos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fué propicio. Y aparté de los principales de los sacerdotes doce, a Serebías, y a Hasabías, y con ellos diez de sus hermanos. Y peséles la plata, y el oro, y los vasos, la ofrenda para la casa de nuestro Dios, que habían ofrecido el rey, y sus consultores, y sus príncipes, y todos los que se hallaron de Israel. Y pesé en las manos de ellos seiscientos y cincuenta talentos de plata, y vasos de plata por cien talentos, y cien talentos de oro; Y lebrillos de oro veinte por mil dracmas; y vasos de metal limpio bueno dos, preciados como el oro. Y díjeles: Vosotros sois santidad a Jehová, y los vasos son santidad, y la plata y el oro ofrenda voluntaria a Jehová Dios de nuestros padres: Velád, y guardád, hasta que peséis delante de los príncipes de los sacerdotes y de los Levitas, y de los príncipes de los padres de Israel en Jerusalem, en las cámaras de la casa de Jehová. Y los sacerdotes y Levitas recibieron el peso de la plata, y del oro, y de los vasos, para traerlo a Jerusalem a la casa de nuestro Dios. Y partímos del río de Ahava a los doce del mes primero, para ir a Jerusalem: y la mano de nuestro Dios fué sobre nosotros, el cual nos libró de mano de enemigo y de asechador en el camino. Y llegámos a Jerusalem, y reposámos allí tres dias. Y al cuarto día fué pesada la plata, y el oro, y los vasos, en la casa de nuestro Dios por mano de Meremot, hijo de Urías, sacerdote; y con él Eleazar, hijo Finees; y con ellos Jozabad, hijo de Josué, y Noadías, hijo de Bennoi Levita; Por cuenta y por peso por todo: y fué escrito todo aquel peso en aquel tiempo. Los que habían venido de la cautividad, los hijos de la transmigración, ofrecieron holocaustos al Dios de Israel, becerros doce por todo Israel, carneros noventa y seis, corderos setenta y siete, machos de cabrío por expiación doce, todo en holocausto a Jehová. Y dieron los privilegios del rey a sus gobernadores y capitanes de la otra parte del río, los cuales ensalzaron el pueblo y la casa de Dios. Y ACABADAS estas cosas, los príncipes se llegaron a mí, diciendo: No se han apartado el pueblo de Israel, y los sacerdotes y Levitas, de los pueblos de las tierras, de los Cananeos, Jetteos, Ferezeos, Jebuseos, Ammonitas, y Moabitas, Egipcios, y Amorreos, haciendo conforme a sus abominaciones. Porque han tomado de sus hijas para sí, y para sus hijos: y la simiente santa es mezclada con los pueblos de las tierras: y la mano de los príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en esta prevaricación. Lo cual oyendo yo, rompí mi vestido y mi manto, y arranqué de los cabellos de mi cabeza, y mi barba, y sentéme atónito. Y juntáronse a mí todos los temerosos de las palabras del Dios de Israel a causa de la prevaricación de los de la transmigración: mas yo estuve sentado atónito hasta el sacrificio de la tarde. Y al sacrificio de la tarde levantéme de mi aflicción: y habiendo rompido mi vestido y mi manto, arrodilléme sobre mis rodillas, y extendí mis palmas a Jehová mi Dios, Y dije: Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, Dios mío, mi rostro a tí: porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre la cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo. Desde los dias de nuestros padres hasta este día hemos sido en delito grande; y por nuestras iniquidades habemos sido entregados nosotros, nuestros reyes, y nuestros sacerdotes en mano de los reyes de las tierras, a espada, a cautiverio, y a robo, y a confusión de rostros, como este día. Y ahora como un pequeño momento fué la misericordia de Jehová nuestro Dios, para hacer que nos quedase escapada, y nos diese estaca en el lugar de su santuario, para alumbrar nuestros ojos nuestro Dios, y darnos una poca de vida en nuestra servidumbre: Porque siervos éramos, mas en nuestra servidumbre no nos desamparó nuestro Dios: ántes inclinó sobre nosotros misericordia delante de los reyes de Persia, para que nos diese vida para alzar la casa de nuestro Dios, y para hacer restaurar sus asolamientos, y para darnos vallado en Judá y en Jerusalem. Mas ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? Que hemos dejado tus mandamientos. Que mandaste por la mano de tus siervos los profetas, diciendo: La tierra a la cual entráis para poseerla, tierra inmunda es a causa de la inmundicia de los pueblos de las tierras, por las abominaciones de que la han henchido de boca a boca con su inmundicia. Por tanto ahora no daréis vuestras hijas a los hijos de ellos, ni sus hijas tomaréis para vuestros hijos: ni procuraréis su paz ni su bien para siempre: para que seais corroborados, y comáis el bien de la tierra, y la dejéis por heredad a vuestros hijos para siempre. Mas después de todo lo que nos ha avenido a causa de nuestras obras malas, y a causa de nuestro delito grande, (porque tú Dios nuestro estorbaste que no fuésemos oprimidos a causa de nuestras iniquidades, y nos diste esta semejante escapada;) ¿Hemos de volver a disipar tus mandamientos, y a emparentar con los pueblos de estas abominaciones? ¿No te ensañaras contra nosotros hasta consumirnos, que no quede resto ni escapada? Jehová Dios de Israel, tú eres justo: que hemos quedado escapada como este día: hénos aquí delante de tí en nuestros delitos: porque no hay estar delante de tí a causa de esto. Y ORANDO Ésdras, y confe- sando, llorando, y echándose delante de la casa de Dios, juntáronse a él una muy grande congregación de Israel, varones, y mujeres, y niños, y lloraba el pueblo de gran lloro. Y respondió Sequenías, hijo de Jehiel, de los hijos de Elam, y dijo a Ésdras: Nosotros nos hemos rebelado contra nuestro Dios, que tomámos mujeres extranjeras de los pueblos de la tierra: mas esperanza hay aun para Israel sobre esto. Por tanto ahora hagamos alianza con nuestro Dios, que echaremos todas las mujeres, y los nacidos de ellas, por el consejo del señor y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios: y hágase conforme a la lay. Levántate, porque a tí toca el negocio, y nosotros seremos contigo: esfuérzate, y haz. Entónces Ésdras se levantó, y juramentó a los príncipes de los sacerdotes y de los Levitas, y a todo Israel, para hacer conforme a esto: y juraron. Y levantóse Ésdras de delante de la casa de Dios, y fuése a la cámara de Johanán, hijo de Eliasib, y fuése allá: no comió pan, ni bebió agua, porque se entristeció sobre la prevaricación de los de la transmigración. E hicieron pasar pregón por Judá y por Jerusalem a todos los hijos de la transmigración, que se juntasen en Jerusalem. Y que el que no viniese dentro de tres dias conforme al acuerdo de los príncipes y de los ancianos, toda su hacienda pereciese, y él fuese apartado de la congregación de la transmigración. Así fueron juntados todos los varones de Judá y de Benjamín en Jerusalem dentro de tres dias, a los veinte del mes, el cual era el mes noveno: y sentóse todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios temblando a causa de aquel negocio, y a causa de las lluvias. Y levantóse Ésdras el sacerdote, y díjoles: Vosotros habéis prevaricado, por cuanto tomasteis mujeres extrañas, añadiendo sobre el pecado de Israel. Por tanto ahora dad confesión a Jehová Dios de vuestros padres, y hacéd su voluntad, y apartáos de los pueblos de las tierras, y de las mujeres extranjeras. Y respondió toda la congregación, y dijeron a gran voz: Así se haga conforme a tu palabra. Mas el pueblo es mucho, y el tiempo pluvioso, y no hay fuerza para estar en la calle: ni la obra es de un día ni de dos: porque somos muchos los que habemos prevaricado en este negocio. Estén ahora nuestros príncipes en toda la congregación, y cualquiera que en nuestras ciudades hubiere tomado mujeres extranjeras, venga a tiempos aplazados, y con ellos los ancianos de cada ciudad, y los jueces de ellas, hasta que apartemos de nosotros la ira del furor de nuestro Dios sobre esto. Y Jonatán, hijo de Asahel, y Jaazias, hijo de Tecuas, fueron puestos sobre esto: y Mesullam y Sebetai Levitas les ayudaron. E hicieron así los hijos de la transmigración: y fueron apartados Ésdras sacerdote, y los varones cabezas de los padres, en la casa de sus padres, y todos ellos por sus nombres: y sentáronse el primer día del mes décimo para inquirir el negocio. Y acabaron con todos los varones que habían tomado mujeres extranjeras al primer día del mes primero. Y fueron hallados de los hijos de los sacerdotes que habían tomado mujeres extranjeras: de los hijos de Jesuá, hijo de Josedec, y de sus hermanos, Maasías, y Eliezer, y Jarib, y Godolías. Y dieron su mano de echar sus mujeres: y los culpados, un carnero de ovejas por su expiación. Y de los hijos de Immer; Janani y Zebadías. Y de los hijos de Harim; Maasías, y Elías, y Semeías, y Jehiel, y Ozías. Y de los hijos de Fasur; Elioenai, Maasías, Ismael, Natanael, Jozabed, y Elaasa. Y de los hijos de los Levitas; Jozabed, y Semeí, y Selaias, este es Calita, Fataias, Judá, y Eliezer, Y de los cantores; Eliasib. Y de los porteros; Sellum, y Tellem, y Urí. Y de Israel: de los hijos de Faros; Remeias, y Jezías, y Melquías, y Mijamín, y Eleazar, y Melquías, y Banea. Y de los hijos de Elam; Matanías, Zacarías, y Jehiel, y Abdi, y Jerimot, y Elia. Y de los hijos de Zattu; Elioenai, Eliasib, Matanías, y Jerimot, y Zabad, y Aziza. Y de los hijos de Bebai; Johanán, Hananías, Zabbai, Atalaí. Y de los hijos de Bani; Mesullam, Malluc, y Adaias, Jasub, y Seal, Jeramot. Y de los hijos de Pahat-moab, Adna, y Quelal, Benaías, Maasías, Matanías, Beseleel, Benvi, y Manasés. Y de los hijos de Harim; Eliezer, Jesué, Melquías, Semeías, Simeón, Benjamín, Malluc, Samarías. De los hijos de Hasum: Matanai, Matata, Zabad, Elifelec, Jermai, Manasés, Semeí. De los hijos de Banni; Maadi, Amram, y Vel, Banaías, Bedías, Quelú, Vanías, Meremot, Eliasib, Matanías, Matenai, y Jaasau, Y Bani, y Binnui, Semeí, Y Selemías, y Natán, y Adaías, Macnadebai, Sasaí, Saraí, Azarel, y Selemías, Samarías, Sellum, Amarias, José. Y de los hijos de Nebo; Jehiel, Matatías, Zabad, Zebina, Jadau, y Joel, Benaías. Todos estos habían tomado mujeres extranjeras, y había mujeres de ellos, que habían parido hijos. LAS palabras de Nehemías, hijo de Hequelías. Y fué en el mes de Casleu, en el año veinte, yo estaba en Susán, la cabecera del reino. Y vino Janani, uno de mis hermanos, él y otros varones de Judá: y preguntéles por los Judíos escapados, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalem. Y dijéronme: La resta, los que quedaron de la cautividad allí en la provincia, están en gran mal y vergüenza: y el muro de Jerusalem derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Y fué, que como yo oí estas palabras, sentéme, y lloré, y enlutéme por algunos dias; y ayuné, y oré delante del Dios de los cielos, Y dije: Ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande, y terrible, que guarda el concierto y la misericordia a los que le aman, y guardan sus mandamientos: Sea ahora tu oido atenta, y tus ojos abiertos, para oir la oración de tu siervo, que yo oro delante de tí hoy, día y noche, por los hijos de Israel tus siervos, y confieso los pecados de los hijos de Israel que pecámos contra tí: y yo, y la casa de mi padre hemos pecado: Rebelando nos hemos rebelado, y apostatado de tí, y no hemos guardado los mandamientos, y estatutos, y juicios, que mandaste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que mandaste a Moisés tu siervo, diciendo: Vosotros prevaricaréis, y yo os esparciré en los pueblos: Y volveros heis a mí, y guardaréis mis mandamientos, y los haréis. Si fuere vuestro alanzamiento hasta el cabo de los cielos, de allí os juntaré: y traeros he al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. Ellos pues son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu fortaleza grande, y con tu mano fuerte. Ruego, oh Jehová, sea ahora tu oido atenta a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, que desean temer tu nombre; y da ahora buen suceso hoy a tu siervo: y dále gracia delante de aquel varón. Porque era yo el copero del rey. Y FUÉ en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artaxerxes, el vino estaba delante de él; y tomé el vino, y dí al rey: y no había estado triste delante de él. Y díjome el rey: ¿Por qué es triste tu rostro, pues no estás enfermo? No es esto sino mal de corazón. Entónces temí en gran manera, Y dije al rey: El rey viva para siempre: ¿por qué no será triste mi rostro, pues que la ciduad, que es casa de los sepulcros de mis padres, es desierta, y sus puertas consumidas de fuego? Y díjome el rey: ¿Por qué cosa demandas? Entónces oré al Dios de los cielos, Y dije al rey: Si al rey place, y si agrada tu siervo delante de tí, demando que me envies en Judá a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y reedificarle he. Entónces el rey me dijo, (y la reina estaba sentada junto a él:) ¿Hasta cuándo será tu viaje, y cuándo volverás? Y plugo al rey, y envióme, y yo le dí tiempo. Y dije al rey: Si place al rey, dénseme cartas para los capitanes del otro lado del río, que me hagan pasar hasta que venga a Judá: Y carta para Asaf guarda del bosque del rey, que me dé madera para enmaderar los portales del palacio de la casa, y el muro de la ciudad, y la casa donde entraré. Y dióme el rey según que era buena la mano de Jehová sobre mí. Y vine a los capitanes del otro lado del río, y díles las cartas del rey: y el rey envió conmigo príncipes del ejército, y gente de a caballo. Y oyéndolo Sanaballat Horonita, y Tobiás el siervo Ammonita, desplúgoles de grande desplacer, que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel. Y vine a Jerusalem, y estuve allí tres dias; Y levantéme de noche yo, y pocos varones conmigo, y no declaré a hombre lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalem; ni había bestia conmigo, salvo la cabalgadura en que cabalgaba. Y salí de noche por la puerta del valle hacia la fuente del dragón, y a la puerta del muladar: y consideré los muros de Jerusalem que estaban derribados, y sus puertas que eran consumidas del fuego. Y pasé a la puerta de la fuente, y al estanque del rey: y no hubo lugar por donde pasase la bestia que estaba debajo de mí. Y subí por el arroyo de noche, y consideré el muro, y volviendo entré por la puerta del valle, y volvíme. Y los magistrados no supieron donde yo había ido, ni que había hecho; ni aun a los Judíos y sacerdotes, ni a los nobles y magistrados, ni a los demás que hacían la obra, hasta entónces lo había declarado. Y díjeles: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalem está desierta, y sus puertas consumidas de fuego: veníd, y edifiquemos el muro de Jerusalem, y no seamos más en vergüenza. Entónces les declaré la mano de mi Dios que era buena sobre mí; y asimismo las palabras del rey que me había dicho: y dijeron: Levantémosnos, y edifiquemos. Y confortaron sus manos para bien. Y oyólo Sanaballat Horonita, y Tobías el siervo Ammonita, y Gessem Árabe, y escarnecieron de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey? Y volvíles respuesta, y díjeles: Dios de los cielos él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos: que vosotros no tenéis parte, ni justicia, ni memoria en Jerusalem. Y LEVANTÓSE Eliasib el gran sacerdote, y sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las ovejas. Ellos aparejaron, y levantaron sus puertas hasta la torre de Meah, aparejáronla hasta la torre de Hananeel. Y junto a ella edificaron los varones de Jericó: y luego edificó Zacur, hijo de Amrí. Y la puerta de los peces edificaron los hijos de Hasenaa: ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, y sus cerraduras, y sus cerrojos. Y junto a ellos restauró Meremot, hijo de Urías, hijo de Accus: y junto a ellos restauró Mesullam, hijo de Baraquías, hijo de Mesezabel. Junto a ellos restauró Sadoc, hijo de Baana. Junto a ellos restauraron los Tecuitas: mas sus grandes no metieron su cerviz a la obra de su Señor. Y la puerta vieja instauraron Joiada, hijo de Pasea, y Mesullam, hijo de Besodías: ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, y sus cerraduras, y sus cerrojos. Junto a ellos restauró Meltiás Gabaonita, y Jadón Meronotita, varones de Gabaón y de Maspa, por la silla del capitán de la otra parte del río. Y junto a ellos restauró Uzíel, hijo de Harhaías, de los plateros: y junto a él instauró Jananías, hijo de Haracaim, e instauraron a Jerusalem hasta el muro ancho. Y junto a ellos restauró Refaias, hijo de Jur, príncipe de la mitad de la región de Jerusalem. Y junto a ellos restauró Jedaías, hijo de Haruma, y hacia su casa: y juntó a él instauró Hattus, hijo de Hasebonías. La otra medida restauró Melquías, hijo de Harim, y Hasub, hijo de Pahat-moab, y la torre de los hornos. Junto a él restauró Sellum, hijo de Halohes, príncipe de la mitad de la región de Jerusalem, él y sus hijas. La puerta del valle restauró Hanum, y los moradores de Zanoé: ellos la reedificaron, y levantaron sus puertas, sus cerraduras, y sus cerrojos, y mil codos en el muro hasta la puerta del muladar. Y la puerta del muladar reedificó Melquías, hijo de Recab, príncipe de la provincia de Betacarem: él la reedificó, y levantó sus puertas, sus cerraduras, y sus cerrojos. Y la puerta de la fuente restauró Sellum, hijo de Col-hoza, príncipe de la región de Maspa: él la reedificó, y la enmaderó, y levantó sus puertas, sus cerraduras, y sus cerrojos: y el muro del estanque de Sela hacia la huerta del rey, hasta las gradas que descienden de la ciudad de David. Después de él restauró Nehemías, hijo de Azbuc, príncipe de la mitad de la región de Bet-sur, hasta delante de los sepulcros de David, y hasta el estanque labrado, y hasta la casa de los valientes. Tras él restauraron los Levitas, Rehum, hijo de Baní: junto a él restauró Hasabías, príncipe de la mitad de la región de Ceila, en su región. Después de él restauraron sus hermanos, Banai, hijo de Henedad, príncipe de la mitad de la región de Ceila. Y junto a él restauró Ezer, hijo de Jesuá, príncipe de Mispa, la otra medida delante de la subida de las armas de la esquina. Después de él se encendió e instauró Baruc, hijo de Zacai, la otra medida, desde la esquina hasta la puerta de la casa de Eliasib gran sacerdote. Tras él restauró Meremot, hijo de Urías, hijo de Haccus, la otra medida, desde la entrada de la casa de Eliasib hasta el cabo de la casa de Eliasib. Después de él restauraron los sacerdotes, los varones de la campiña. Después de él restauró Benjamín y Hasub, hacia su casa: y después de él instauró Azarías, hijo de Maasías, hijo de Ananías, cerca de su casa. Después de él restauró Benuí, hijo de Henadad, la otra medida, desde la casa de Azarías hasta la esquina, y hasta el rincón, Paal, hijo de Uzaí, delante de la esquina y la torre alta que sale de la casa del rey, que está en el patio de la cárcel: tras él Padaias, hijos de Faros. Y los Natineos estuvieron en la fortaleza, hasta delante de la puerta de las aguas al oriente, y la torre que sale. Después de él restauraron los Tecuitas la otra medida delante de la grande torre que sale, hasta el muro de la fortaleza. Desde la puerta de los caballos restauraron los sacerdotes, cada uno delante de su casa. Después de él restauró Sadoc, hijo de Immer delante de su casa: y después de él instauró Semaías, hijo de Sequenías, guarda de la puerta oriental. Tras él restauró Jananías, hijo de Selemías, y Hanum el sexto hijo de Selef, la otra medida: después de él instauró Mesullam, hijo de Baraquías, delante de su cámara. Después de él restauró Melquías, hijo del platero, hasta la casa de los Natineos; y los tratantes delante de la puerta del juicio, y hasta la sala de la esquina. Y entre la sala de la esquina, hasta la puerta de las ovejas, restauraron los plateros y los tratantes. Y FUÉ que como oyó Sanaballat que nosotros edificábamos el muro, encendiósele la ira, y se enojó en gran manera, e hizo escarnio de los Judíos: Y habló delante de sus hermanos, y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos Judíos flacos? ¿Hánles de permitir? ¿Han de sacrificar? ¿Han de acabar en un día? ¿Han de resucitar de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas? Y Tobías Ammonita estaba junto a él, el cual dijo: Aun lo que ellos edifican, si subiere una zorra, derribará su muro de piedra. Oye, oh Dios nuestro, que somos en menosprecio: y vuelve la vergüenza de ellos sobre su cabeza, y dálos en presa en la tierra de su cautiverio. Y no cubras su iniquidad, ni su pecado sea raido de delante de tu faz: porque se airaron contra los que edificaban. Mas edificámos el muro, y toda la muralla fué junta hasta su mitad: y el pueblo tuvo ánimo para obrar. Y fué, que oyendo Sanaballat, y Tobías, y los Árabes, y los Ammonitas, y los de Azoto, que los muros de Jerusalem eran curados, porque ya los portillos comenzaban a cerrarse, encendióseles la ira mucho, Y conspiraron todos a una para venir a combatir a Jerusalem, y hacerle daño. Entónces orámos a nuestro Dios y pusimos guardia sobre ellos de día y de noche, por causa de ellos. Y dijo Judá: Las fuerzas de los que llevan son enflaquecidas, y la tierra es mucha, y no podemos edificar el muro. Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos, y los matemos, y hagamos cesar la obra. Y fué que como vinieron los Judíos que habitaban entre ellos, nos dieron aviso diez veces de todos los lugares donde volvían a nosotros. Entónces puse por los bajos del lugar detrás del muro, y en las alturas de los peñascos puse el pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas, y con sus arcos. Y miré, y levantéme, y dije a los principales, y a los magistrados, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos: del Señor grande y terrible os acordád; y peleád por vuestros hermanos, por vuestros hijos, y por vuestras hijas, por vuestras mujeres, y por vuestras casas. Y fué que como oyeron nuestros enemigos que lo entendimos, Dios disipó su consejo, y nos volvimos todos al muro cada uno a su obra. Mas fué, que desde aquel día la mitad de los mancebos hacían en la obra, y la otra mitad de ellos tenía lanzas, y escudos, y arcos, y corazas; y los príncipes estaban tras toda la casa de Judá. Los que edificaban en el muro, y los que llevaban cargas, y los que cargaban, con la una mano hacían en la obra, y en la otra tenían la espada. Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida sobre sus lomos, y así edificaban: y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí. Y dije a los principales, y a los magistrados, y al resto del pueblo: La obra es grande y larga, y nosotros estamos apartados en el muro léjos los unos de los otros: En el lugar donde oyereis la voz de la trompeta, allí os juntaréis a nosotros: nuestro Dios peleará por nosotros. Y nosotros hacíamos en la obra; y la mitad de ellos tenía lanzas desde la subida del alba hasta salir las estrellas. También entónces dije al pueblo: Cada uno con su criado se quede dentro de Jerusalem, y nos hagan de noche centinela, y de día a la obra. Y ni yo, ni mis hermanos, ni mis mozos, ni la gente de guardia que me seguía, desnudámos nuestro vestido: cada uno se desnudaba solamente a las aguas. ENTÓNCES fué el clamor del pueblo y de sus mujeres grande contra los Judíos sus hermanos. Y había quien decía: Nuestros hijos, y nuestras hijas, y nosotros, somos muchos: y hemos comprado grano para comer y vivir. Y había otros que decían: Nuestras tierras, y nuestras viñas, y nuestras casas hemos empeñado, para comprar grano en la hambre. Y había otros que decían: Hemos tomado emprestado dinero para el tributo del rey sobre nuestras tierras y nuestras viñas. Y ahora como la carne de nuestros hermanos es nuestra carne, como sus hijos son también nuestros hijos: y, he aquí que nosotros sujetamos nuestros hijos y nuestras hijas en servidumbre, y hay algunas de nuestras hijas sujetas, y no hay facultad en nuestras manos para rescatarlas; y nuestras tierras y nuestras viñas son de otros. Y enojéme en gran manera, cuando oí su clamor y estas palabras. Y pensó mi corazón en mí, y reprendí a los principales, y a los magistrados, y díjeles: ¿Usura tomáis cada uno de vuestros hermanos? E hice contra ellos una grande junta, Y díjeles: Nosotros rescatamos a nuestros hermanos Judíos, que eran vendidos a las gentes, conforme a la facultad que había en nosotros: ¿y vosotros aun vendéis a vuestros hermanos, y serán vendidos a nosotros? Y callaron, que no tuvieron que responder. Y dije: No es bien lo que hacéis: ¿No andaréis en temor de nuestro Dios por la vergüenza de las gentes nuestras enemigas? Y también yo, y mis hermanos, y mis criados les habemos prestado dinero y grano: soltémosles ahora esta usura. Ruégoos que les volváis hoy sus tierras, sus viñas, sus olivares, y sus casas, y la centésima parte del dinero, y del grano, del vino, y del aceite que demandáis de ellos. Y dijeron: Volveremos, y no les demandarémos: así haremos, como tú dices. Entónces convoqué los sacerdotes, y les juramenté que hiciesen conforme a esto. Además de esto sacudí mi vestido, y dije: Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo a todo varón que no cumpliere esto, y así sea sacudido y vacío. Y respondió toda la congregación: Amén: y alabaron a Jehová: e hizo el pueblo conforme a esto. También desde el día que me mandó el rey que fuese capitán de ellos en la tierra de Judá, desde el año veinte del rey Artaxerxes hasta el año treinta y dos, doce años, ni yo ni mis hermanos comimos el pan del capitán. Mas los primeros capitanes que fueron ántes de mí, cargaron al pueblo, y tomaron de ellos por el pan y por el vino sobre cuarenta pesos de plata; además de esto, sus criados se enseñoreaban sobre el pueblo; mas yo no hice así a causa del temor de Dios. Además de esto, en la obra de este muro instauré mi parte, ni compramos heredad: y todos mis criados juntos estaban allí a la obra. Ítem, los Judíos y los magistrados, ciento y cincuenta varones, y los que venían a nosotros de las gentes que están en nuestros al derredores, estaban a mi mesa. Y lo que se aderezaba para cada día era un buey, y seis ovejas escogidas; y aves también se aparejaban para mí: y cada diez dias vino en toda abundancia: y con todo esto nunca busqué el pan del capitán, porque la servidumbre de este pueblo era grave. Acuérdate de mí para bien, Dios mío, y de todo lo que hice a este pueblo. Y FUÉ que como oyó Sanaba- llat, y Tobías, y Gessem el Árabe, y los demás nuestros enemigos, que había edificado el muro, y que no quedaba portillo en él, aunque hasta este tiempo no había puesto puertas en las portadas; Envió Sanaballat y Gessem a mí, diciendo: Ven, y concertarnos hemos juntos en las aldeas en el campo de Ono. Mas ellos habían pensado hacerme mal. Y enviéles mensajeros, diciendo: Yo hago una grande obra, y no puedo venir: porque cesará la obra dejándola yo para venir a vosotros. Y enviaron a mí de esta misma manera por cuatro veces, y yo les respondí de la misma manera. Y envió a mí Sanaballat de la misma manera la quinta vez su criado con la carta abierta en su mano, En la cual era escrito: En las gentes se ha oido, y Gasmu dice, que tú y los Judíos pensáis rebelaros; y que por eso edificas tú el muro, y tú eres su rey según estas palabras: Y que has puesto profetas que prediquen de tí en Jerusalem, diciendo: Rey en Judá. Y ahora serán oidas del rey las palabras semejantes: por tanto ven, y consultemos juntamente. Entónces yo envié a él, diciendo: No hay tal cosa como dices; que de tu corazón lo inventas tú. Porque todos ellos nos ponen miedo, diciendo: Debilitarse han las manos de ellos en la obra, y no será hecha. Esfuerza pues mis manos. Y vine a casa de Semaías, hijo de Dalaías, hijo de Metabeel en secreto, porque él estaba encarcelado, el cual dijo: Juntémosnos en la casa de Dios, dentro el templo, y cerremos las puertas del templo; porque vienen para matarte, y esta noche vendrán para matarte. Entónces dije: ¿Varón como yo ha de huir? ¿Y quién hay como yo que entre al templo y viva? No entraré. Y entendí que Dios no le había enviado: mas que hablaba aquella profecía contra mí, y que Tobías o Sanaballat, le había alquilado por salario. Porque alquilado fué para hacerme temer así, y que pecase, y fuése a ellos por mala nombradía, para que yo fuese avergonzado. Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Senaballat conforme a estas sus obras: y también de Noadías profetisa, y de los otros profetas que me ponían miedo. Acabóse pues el muro a los veinte y cinco de Elul, en cincuenta y dos dias. Y como lo oyeron todos nuestros enemigos, temieron todas las gentes que estaban en nuestros al derredores, y cayeron mucho en sus ojos, y conocieron que por nuestro Dios había sido hecha esta obra. Asimismo en aquellos dias, de los principales de Judá iban muchas cartas a Tobías, y las de Tobías venían a ellos: Porque muchos en Judá habían conjurado con él; porque era yerno de Sequenías, hijo de Area; y Johanán su hijo había tomado la hija de Mosollam, hijo de Baraquías. También contaban delante de mí sus buenas obras, y a él recitaban mis palabras. Cartas envió Tobías para atemorizarme. Y FUÉ, que como el muro fué edificado, y asenté las puertas, y fueron señalados porteros, y cantores, y Levitas, Mandé a Janani mi hermano, y a Jananías príncipe del palacio en Jerusalem: porque este era, como varón de verdad y temeroso de Dios, sobre muchos: Y díjeles: No se abran las puertas de Jerusalem hasta que el sol caliente: y aun ellos presentes, cierren las puertas, y atrancád. Y señalé guardias de los moradores de Jerusalem, cada uno en su guardia, y cada uno delante de su casa. Y la ciudad era ancha de espacio y grande, y poco pueblo dentro de ella; que no había aun casas edificadas. Mas puso Dios en mi corazón que juntase los principales, y los magistrados, y el pueblo, para que fuesen empadronados por el órden de los linajes; y hallé el libro de la genealogía de los que habían subido ántes, y hallé escrito en él: Estos son los hijos de la provincia, que subieron de la cautividad de la transmigración, que hizo pasar Nabucodonosor rey de Babilonia, los cuales volvieron a Jerusalem y a Judá, cada uno a su ciudad. Los cuales vinieron con Zorobabel, Jesuá, Nehemías, Azarías, Raamías, Nahamani, Mardoqueo, Bilsán, Misperet, Biguai, Nehum, Baana. La cuenta de los varones del pueblo de Israel: Los hijos de Faros, dos mil y ciento y setenta y dos. Los hijos de Safatías, trescientos y setenta y dos. Los hijos de Area, seiscientos y cincuenta y dos. Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesuá, y de Joab, dos mil y ochocientos y diez y ocho. Los hijos de Elam, mil y doscientos y cincuenta y cuatro. Los hijos de Zattu, ochocientos y cuarenta y cinco. Los hijos de Zecai, setecientos y sesenta. Los hijos de Binui, seiscientos y cuarenta y ocho. Los hijos de Bebai, seiscientos y veinte y ocho. Los hijos de Azgad, dos mil y seiscientos y veinte y dos. Los hijos de Adonicam, seiscientos y sesenta y siete. Los hijos de Biguai, dos mil y sesenta y siete. Los hijos de Addín, seiscientos y cincuenta y cinco. Los hijos de Ater, de Ezequías, noventa y ocho. Los hijos de Hasum, trescientos y veinte y ocho. Los hijos de Besaí, trescientos y veinte y cuatro. Los hijos de Harif, ciento y doce. Los hijos de Gabaón, noventa y cinco. Los varones de Belén y de Netofa, ciento y ochenta y ocho. Los varones de Anatot, ciento y veinte y ocho. Los varones de Bet-azmavet, cuarenta y dos. Los varones de Cariat-jarim, Quefira y Beerot, setecientos y cuarenta y tres. Los varones de Rama y de Gabaa, seiscientos y veinte y uno. Los varones de Macmas, ciento y veinte y dos. Los varones de Betel y de Ai, ciento y veinte y tres. Los varones de la otra Nebo, cincuenta y dos. Los hijos de la otra Elam, mil y doscientos y cincuenta y cuatro. Los hijos de Harim, trescientos y veinte. Los hijos de Jericó, trescientos y cuarenta y cinco. Los hijos de Lod, Hadid, y de Ono, siete cientos y veinte y uno. Los hijos de Senaa, tres mil y novecientos y treinta. Sacerdotes: Los hijos de Jedaias de la casa de Jesuá, novecientos y setenta y tres. Los hijos de Immer, mil y cincuenta y dos. Los hijos de Fasur, mil y doscientos y cuarenta y siete. Los hijos de Harim, mil y diez y siete. Levitas: Los hijos de Jesuá, de Cadmiel, de los hijos de Odvia, setenta y cuatro. Cantores: Los hijos de Asaf, ciento y cuarenta y ocho. Porteros: Los hijos de Sellum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Accub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai, ciento y treinta y ocho. Natineos: Los hijos de Siha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot, Los hijos de Ceros, los hijos de Sea, los hijos de Padón, Los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Salmai, Los hijos de Hanán, los hijos de Giddel, los hijos de Gahar, Los hijos de Reaia, los hijos de Resín, los hijos de Necoda, Los hijos de Gazzam, los hijos de Uzza, los hijos de Fasea, Los hijos de Besai, los hijos de Meunim, los hijos de Nefisesim, Los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harur, Los hijos de Baslit, los hijos de Mehida, los hijos de Harsa, Los hijos de Barcos, los hijos de Sísera, los hijos de Tama, Los hijos de Nesia, los hijos de Hatifa. Los hijos de los siervos de Salomon: los hijos de Sotai, los hijos de Soforet, los hijos de Perida, Los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Giddel, Los hijos de Safatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poqueret de Hasbaim, los hijos de Amón. Todos los Natineos, e hijos de los siervos de Salomón, trescientos y noventa y dos. Y estos son los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Addón, e Immer, los cuales no pudieron mostrar la casa de sus padres, y su linaje, si eran de Israel: Los hijos de Delaia, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos y cuarenta y dos. Y de los sacerdotes: los hijos de Hobaias, los hijos de Haccos, los hijos de Berzellai, que tomó mujer de las hijas de Berzellai Galaadita, y se llamó del nombre de ellas. Estos buscaron su escritura de genealogías, y no fueron hallados, y fueron echados del sacerdocio. Y díjoles el Tirsata, que no comiesen de la santidad de las santidades, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Tumim. Toda la congregación como un varón, fueron cuarenta y dos mil y trescientos y sesenta, Sin sus siervos y siervas, los cuales eran siete mil y trescientos y treinta y siete: y entre ellos había cantores y cantoras, doscientos y cuarenta y cinco. Sus caballos, siete cientos y treinta y seis: sus mulos, doscientos y cuarenta y cinco: Camellos, cuatrocientos y treinta y cinco: asnos, seis mil y siete cientos y veinte. Y algunos de los príncipes de las familias dieron para la obra: el Tirsata dió para el tesoro mil dracmas de oro; tazones cincuenta; vestimentos sacerdotales quinientos y treinta. Y de los príncipes de las familias dieron para el tesoro de la obra veinte mil dracmas de oro, y dos mil y doscientas libras de plata. Y lo que dió el resto del pueblo fué veinte mil dracmas de oro, y dos mil libras de plata, y vestiduras sacerdotales sesenta y siete. Y habitaron los sacerdotes y los Levitas, y los porteros, y los cantores, y los del pueblo, y los Natineos, y todo Israel, en sus ciudades: y venido el mes séptimo, los hijos de Israel estaban en sus ciudades. Y JUNTÓSE todo el pueblo, como un varón, en la plaza que está delante de la puerta de las aguas, y dijeron a Ésdras el escriba, que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual mandó Jehová a Israel. Y Ésdras el sacerdote trajo la ley delante de la congregación así de varones como de mujeres, y de todo entendido para oir, el primer día del mes séptimo. Y leyó en él delante de la plaza, que está delante de la puerta de las aguas, desde el alba hasta el mediodía, delante de varones, y mujeres, y entendidos; y los oidos de todo el pueblo eran al libro de la ley. Y Ésdras el escriba estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello: y estaban junto a él Matatías, y Semeías, y Anías, y Urías, y Helcías, y Maasías, a su mano derecha: y a su mano izquierda Padaias, Misael, y Melquías, y Hasum, y Hasbadana, Zacarías, y Mosollam. Y abrió Ésdras el libro a ojos de todo el pueblo; (porque estaba sobre todo el pueblo;) y como él le abrío, todo el pueblo estuvo atento. Y bendijo Ésdras a Jehová Dios grande, y todo el pueblo respondió: Amén, Amén, alzando sus manos: y humilláronse, y adoraron a Jehová inclinados a tierra. Y Jesuá, y Bani, y Sarabías, Jamín, Accub, Sebtai, Odías, Maasías, Celita, Azarías, Jozabed, Hanán, Palaías, Levitas, hacían entender al pueblo la ley: y el pueblo estaba en su lugar. Y leyeron en el libro de la ley de Dios claramente, y pusieron entendimiento, y entendieron la escritura. Y dijo Nehemías el Tirsata, y Ésdras sacerdote escriba, y los Levitas que hacían atento al pueblo, a todo el pueblo: día santo es a Jehová nuestro Dios, no os entristezcáis ni lloréis: porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. Y díjoles: Id, coméd grosuras, y bebéd dulzaras, y enviád partes a los que no tienen aparejado, porque santo día es a nuestro Señor: y no os entristezcáis; porque el gozo de Jehová es vuestra fortaleza. Y los Levitas hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callád, que es día santo, y no os entristezcáis. Y todo el pueblo se fué a comer y a beber, y a enviar partes, y a alegrarse de grande alegría: porque había entendido las palabras que les habían enseñado. Y el día siguiente juntáronse los príncipes de las familias de todo el pueblo, sacerdotes y Levitas, a Ésdras escriba, para entender las palabras de la ley. Y hallaron escrito en la ley, que Jehová había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en cabañas en la solemnidad del mes séptimo. Y que hiciesen oir, y que hiciesen pasar pregón por todas sus ciudades, y por Jerusalem, diciendo: Salíd al monte, y traed ramos de oliva, y ramos de árbol de pino, y ramos de arrayan, y ramos de palmas, y ramos de todo árbol espeso, para hacer cabañas, como está escrito. Y salió el pueblo, y trajeron, e hiciéronse cabañas, cada uno sobre su techumbre, y en sus patios, y en los patios de la casa de Dios, y en la plaza de la puerta de las aguas, y en la plaza de la puerta de Efraim. Y toda la congregación que volvió de la cautividad hicieron cabañas, y habitaron en cabañas: porque desde los dias de Josué, hijo de Nun, hasta aquel día no habían hecho así los hijos de Israel: y hubo alegría muy grande. Y leyó en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el postrero: e hicieron la solemnidad por siete dias, y al octavo día congregación, según el rito. Y A LOS veinte y cuatro dias de este mes, los hijos de Israel se juntaron en ayuno, y en cilicios, y tierra sobre sí. Y habíase ya apartado la simiente de Israel de todos los extranjeros: y estando en pié confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres. Y levantáronse sobre su lugar, y leyeron en el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron, y adoraron a Jehová su Dios. Y levantáronse sobre la grada de los Levitas, Jesuá, y Bani, Cadmiel, Sabanías, Bunni, Serebías, Baní, y Canani, y clamaron a gran voz a Jehová su Dios. Y dijeron los Levitas, Jesuá, y Cadmiel, Bani, Hasebnías, Serebías, Odaías, Sebnías, Petahías: Levantáos, bendecíd a Jehová vuestro Dios desde el siglo hasta el siglo: y bendigan el nombre de tu gloria, y alto sobre toda bendición y alabanza. Tú, oh Jehová, eres solo, tú hiciste los cielos y los cielos de los cielos, y todo su ejército: la tierra, y todo lo que está en ella: las mares, y todo lo que está en ellas: y vivificas todas estas cosas: y los ejércitos de los cielos te adoran. Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abraham, y le sacaste de Ur de los Caldeos, y pusiste su nombre Abraham. Y hallaste fiel su corazón delante de tí, e hiciste con él alianza para darle la tierra del Cananeo, del Jetteo, y del Amorreo, y del Ferezeo, y del Jebuseo, y del Gergeseo, para darla a su simiente: y cumpliste tu palabra, porque eres justo: Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oiste el clamor de ellos en el mar Bermejo. Y diste señales y maravillas en Faraón, y en todos sus siervos, y en todo el pueblo de su tierra: porque sabías que habían hecho soberbiamente contra ellos, y te hiciste nombre grande, como parece este día. Y partiste la mar delante de ellos; y pasaron por medio de ella en seco: y a sus perseguidores echaste en los profundos, como una piedra en grandes aguas. Y con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir. Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y les diste juicios rectos, y leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos. Y les notificaste el sábado de tu santidad; y les mandaste por mano de Moisés tu siervo mandamientos, y estatutos, y ley. Y les diste pan del cielo en su hambre, y en su sed les sacaste aguas de la piedra: y les dijiste que entrasen a poseer la tierra, por la cual alzaste tu mano que se la habías de dar. Mas ellos y nuestros padres hicieron soberbiamente, y endurecieron su cerviz, y no oyeron tus mandamientos, Y no quisieron oir, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; mas endurecieron su cerviz, y pusieron cabeza para volverse a su servidumbre por su rebelión. Tú empero, Dios de perdones, clemente y piadoso, luengo de iras y de mucha misericordia, que no los dejaste. Cuanto mas que hicieron para si becerro de fundición, y dijeron: Este es tu Dios que te hizo subir de Egipto: e hicieron abominaciones grandes. Empero tú, por tus muchas misericordias, no los dejaste en el desierto: la columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, y la columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino, por el cual habían de ir. Y diste tu Espíritu bueno para enseñarles: y no detuviste tu man de su boca: y agua les diste en su sed. Y los sustentaste cuarenta años en el desierto: de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envegecieron, ni sus piés se hincharon. Y dísteles reinos y pueblos, y repartísteles la tierra por suertes: y poseyeron la tierra de Sejón, y la tierra del rey de Jesebón, y la tierra de Og rey de Basán. Y multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los metiste en la tierra, de la cual habías dicho a sus padres, que habían de entrar en ella para heredarla: Porque los hijos vinieron y heredaron la tierra: y humillaste delante de ellos a los moradores de la tierra, los Cananeos, los cuales entregaste en su mano, y a sus reyes, y a los pueblos de la tierra, para que hiciesen de ellos a su voluntad. Y tomaron ciudades fortalecidas, y tierra gruesa: y heredaron casas llenas de todo bien, cisternas hechas, viñas, y olivares, y muchos árboles de comer: y comieron, y se hartaron, y se engrosaron, y se deleitaron en tu grande bondad. Y te enojaron, y se rebelaron contra tí, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron tus profetas que protestaban contra ellos para convertirlos a tí, e hicieron abominaciones grandes. Y los entregaste en mano de sus enemigos, los cuales los afligieron: y en el tiempo de su tribulación clamaron a tí, y tú desde los cielos los oiste; y según tus muchas miseraciones, les dabas salvadores que los salvasen de mano de sus enemigos. Mas en teniendo reposo, se volvían a hacer lo malo delante de tí: por lo cual los dejaste en mano de sus enemigos que se enseñorearon de ellos: mas convertidos clamaban otra vez a tí, y tú desde los cielos los oías, y según tus miseraciones los libraste muchos tiempos. Y les protestaste que se volviesen a tu ley: mas ellos hicieron soberbiamente, y no oyeron tus mandamientos: y en tus juicios pecaron en ellos, los cuales si el hombre hiciere vivirá por ellos: y dieron hombro rehuidor, y endurecieron su cerviz, y no oyeron. Y alargaste sobre ellos muchos años, y les protestaste con tu Espíritu por mano de tus profetas; mas no escucharon: por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de las tierras. Mas por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los dejaste; porque eres Dios clemente y misericordioso. Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, terrible, que guardas el concierto y la misericordia, no sea disminuido delante de tí todo el trabajo que nos ha alcanzado, a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, y a nuestros profetas, y a nuestros padres, y a todo tu pueblo, desde los dias de los reyes de Asiria hasta este día. Tú empero eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros, porque verdad has hecho, y nosotros hemos hecho lo malo: Y nuestros reyes, nuestro príncipes, nuestros sacerdotes, y nuestros padres no hicieron tu ley, ni escucharon a tus mandamientos, y a tus testimonios con que les protestabas. Y ellos en su reino, y en tu mucho bien que les diste, y en la tierra ancha y gruesa que diste delante de ellos, no te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras. He aquí que hoy somos siervos: y en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien, he aquí somos siervos. Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados, que se enseñorean sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestras bestias, conforme a su voluntad: y estamos en grande angustia. Y con todo eso nosotros hacemos fiel alianza, y la escribimos signada de nuestros príncipes, de nuestros Levitas, y de nuestros sacerdotes. Y ENTRE los signados fueron Nehemías el Tirsata, hijo de Haquela, y Sedecías, Saraías, Azarías, Jeremías, Fasur, Amarías, Melquías, Hattus, Sebenías, Malluc, Harim, Meremot, Abdías, Daniel, Ginetón, Baruc, Mesullam, Abías, Mijamín, Maazías, Bilgai, Semeías: estos sacerdotes. Y Levitas: Jesuá, hijo de Azanias, Binnui de los hijos de Henadad, Cadmiel; Y sus hermanos, Sebanías, Odaia, Celita, Pelaías, Hanán, Mica, Rehob, Hasabias, Zacur, Serebías, Sebanías, Odaia, Bani, Beninu. Cabeceras del pueblo: Faros, Pahat-moab, Elam, Zattu, Bani, Bunni, Azgad, Bebai, Adonías, Biguai, Adín, Ater, Hizcijas, Azur, Odaia, Hasum, Besai, Harif, Anatot, Nebai, Magpias, Mesullam, Hezir, Mesezabel, Sadoc, Jadúa, Pelatías, Hanán, Anaías, Hoseas, Jananías, Hasub, Halohes, Pilha, Sobec, Rehum, Hasabna, Maasías, Y Ahijas, Hanán, Anán, Malluc, Harim, Baana. Y el resto del pueblo, sacerdotes, Levitas, y porteros, y cantores, Natineos, y todos los apartados de los pueblos de las tierras a la ley de Dios, sus mujeres, sus hijos, y sus hijas, y todo sábio y entendido; Fortificados con sus hermanos, sus nobles, vinieron en la jura y en el juramento, que andarían en la ley de Dios que fué dada por mano de Moisés siervo de Dios, y que guardarían, y harían todos los mandamientos de Jehová nuestro Señor, y sus juicios, y sus estatutos; Y que no daríamos nuestras hijas a los pueblos de la tierra, ni tomaríamos sus hijas para nuestros hijos: Y que los pueblos de la tierra que trajesen a vender mercaderías, y cualquier grano en día de sábado, no lo tomaríamos de ellos en sábado, ni en día santo; y que dejaríamos el año séptimo, y deuda de toda mano. Y pusimos sobre nosotros mandamientos, para imponer sobre nosotros la tercera parte de un siclo aquel año, para la obra de la casa de nuestro Dios; Para el pan de la proposición, y para el presente continuo, y para el holocausto continuo, y de los sábados, y de las nuevas lunas, y de las festividades, y para las santificaciones, y para las expiaciones para expiar a Israel, y para toda la obra de la casa de nuestro Dios. Y echámos las suertes acerca de la ofrenda de la leña, los sacerdotes, los Levitas, y el pueblo, para traerla a la casa de nuestro Dios, a la casa de nuestros padres, en los tiempos determinados cada un año, para quemar sobre el altar de Jehová nuestro Dios, como está escrito en la ley. Y que traeríamos las primicias de nuestra tierra, y las primicias de todo fruto de todo árbol cada año a la casa de Jehová. Asimismo los primogénitos de nuestros hijos, y de nuestras bestias, como está escrito en la ley, y los primogénitos de nuestras vacas, y de nuestras ovejas, traeríamos a la casa de nuestro Dios, a los sacerdotes que ministran en la casa de nuestro Dios. Y las primicias de nuestras masas, y de nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, del vino, y del aceite, traeríamos a los sacerdotes a las cámaras de la casa de nuestro Dios; y el diezmo de nuestra tierra a los Levitas: y que los Levitas recibirían las décimas de nuestros trabajos en todas las ciudades. Y que estaría el sacerdote, hijo de Aarón, con los Levitas, cuando los Levitas recibirían el diezmo: y que los Levitas ofrecerían el diezmo del diezmo en la casa de nuestro Dios, en las cámaras, en la casa del tesoro. Porque a las cámaras llevarán los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino, y del aceite: y allí estarán los vasos del santuario, y los sacerdotes que ministran, y los porteros, y los cantores: y que no dejaríamos la casa de nuestra Dios. Y HABITARON los príncipes del pueblo en Jerusalem, y el resto del pueblo echaron suertes para traer uno de diez que morase en Jerusalem ciudad santa, y las nueve partes en las ciudades. Y bendijo el pueblo a todos los varones que voluntariamente se ofrecieron a morar en Jerusalem. Y estos son las cabezas de la provincia que moraron en Jerusalem: y en las ciudades de Judá habitaron cada uno en su posesión en sus ciudades, de Israel, de los sacerdotes, y Levitas, y Natineos, y de los hijos de los siervos de Salomón. Y en Jerusalem habitaron, de los hijos de Judá, y de los hijos de Benjamín. De los hijos de Judá: Ataias, hijo de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Mahalaleel, de los hijos de Fares; Y Maasías, hijo de Baruc, hijo de Col-hoza, hijo de Hazaias, hijo de Adaias, hijo de Joiarib, hijo de Zacarías, hijo de Hasiloni. Todos los hijos de Fares que moraron en Jerusalem fueron cuatrocientos y sesenta y ocho varones fuertes. Y estos son los hijos de Benjamín: Salú, hijo de Mesullam, hijo de Joed, hijo de Pedaías, hijo de Colaías, hijo de Maasías, hijo de Itiel, hijo de Jesaías. Y tras él, Gabbai, Sallai, novecientos y veinte y ocho. Y Joel, hijo de Zicri, prepósito sobre ellos, y Jehúdas, hijo de Senuas, sobre la ciudad segundo. De los sacerdotes: Jedaias, hijo de Joiarib, Jaquín, Seraias, hijo de Hilcías, hijo de Mesullam, hijo de Sadoc, hijo de Meraiot, hijo de Ahitub, príncipe de la casa de Dios. Y sus hermanos los que hacían la obra de la casa, ochocientos y veinte y dos: y Adaias hijo de Jeroham, hijo de Pelalias, hijo de Amsí, hijo de Zacarías, hijo de Fasur, hijo de Melquías. Y sus hermanos príncipes de familias, doscientos y cuarenta y dos: y Amasai, hijo de Azarel, hijo de Ahazai, hijo de Mesillemot, hijo de Jemmer. Y sus hermanos valientes de fuerza ciento y veinte y ocho: capitán de los cuales era Zabdiel, hijo de Hagedolim. Y de los Levitas: Semaías, hijo de Hasub, hijo de Azricán, hijo de Hasabias, hijo de Buni. Y Sabetai y Jozabad sobre la obra de fuera de la casa de Dios, de los principales de los Levitas. Y Matanías, hijo de Mica, hijo de Zabdi, hijo de Asaf, príncipe, el primero que comienza las alabanzas y acciones de gracias en la oración; Bacbucías el segundo de sus hermanos, y Abda, hijo de Samúa, hijo de Galal, hijo de Iditún. Todos los Levitas en la santa ciudad fueron doscientos y ochenta y cuatro. Y los porteros: Accub, Talmón, y sus hermanos, guardias en las puertas, ciento y setenta y dos. Y el resto de Israel, de los sacerdotes, de los Levitas en todas las ciudades de Judá, cada uno en su herencia. Y los Natineos habitaban en la fortaleza: y Siha y Gispa eran sobre los Natineos. Y el prepósito de los Levitas en Jerusalem era Uzzi, hijo de Bani, hijo de Hasabias, hijo de Matanías, hijo de Micas, de los hijos de Asaf, cantores sobre la obra de la casa de Dios. Porque había mandamiento del rey acerca de ellos, y determinación acerca de los cantores, para cada día. Y Petahías, hijo de Mesezabel, de los hijos de Zera, hijo de Judá, era a la mano del rey en todo negocio del pueblo. Y en las aldeas, en sus tierras, de los hijos de Judá habitaron en Cariat-arbe, y en sus aldeas, y en Dibón, y en sus aldeas, y en Jecabseel, y en sus aldeas, Y en Jesuá, y Molada, y en Bet-pelet, Y en Hasar-sual, y en Beerseba, y en sus aldeas, Y en Siceleg, y en Meconac, y en sus aldeas, Y en En-rimmón, y en Sora, y en Jermut, Zanoa, Adullam, y en sus aldeas, Laquis, y en sus tierras, Azeca y sus aldeas; y habitaron desde Beer-seba hasta Gehinnom. Y los hijos de Benjamín, desde Giba, Macmas, y Aia, y Betel, y sus aldeas, Anatot, Nob, Ananía, Hasor, Rama, Gittaim, Hadid, Seboim, Neballat, Lod, y Ono, en el valle de los artífices. Y algunos de los Levitas en los repartimientos de Judá y de Benjamín. Y ESTOS son los sacerdotes y los Levitas que subieron con Zorobabel, hijo de Salatiel, y con Jesuá: Saraías, Jeremías, Ésdras, Amarías, Malluc, Hattus, Sequanías, Rehum, Meremot, Iddo, Gineto, Abías, Mijamín, Maadias, Bilga, Samaías, y Joiarib, Jedaias, Sellum, Amoc, Hilcías, Jedaias. Estos eran príncipes de los sacerdotes y sus hermanos en los dias de Jesuá. Y los Levitas fueron Jesuá, Binnui, Cadmiel, Serebías, Judá, Matanías, sobre los himnos, y sus hermanos. Y Bacbucías, y Unni, sus hermanos, delante de ellos en las guardas. Y Jesuá engendró a Joiacim, y Joiacim engendró a Eliasib, y Eliasib engendró a Joiada, Y Joiada engendró a Jonatán, y Jonatán engendró a Jaddua. Y en los dias de Joiacim fueron los sacerdotes cabezas de familias: a Seraias, Meraias; a Jeremías, Jananias; A Ésdras, Mesullam; a Amarías, Johanán; A Melicú, Jonatán; a Sequanías, José; A Harim, Adna; a Meraiot, Helcai; A Iddo, Zacarías; a Ginnetón, Mesullam; A Abiias, Ziqui; a Minjamín, Moadias, Piltai; A Bilga, Sammua; a Semaías, Jonatán; A Joiarib, Matenai; a Jedaias, Uzzi; A Sellai, Callai; a Amoc, Eber; A Hilcías, Hasabías; a Jedaias, Natanael. Los Levitas en los dias de Eliasib, de Joiada, y de Johanán, y de Jaddua fueron escritos cabezas de familias: y los sacerdotes, hasta el reinado de Darío el Persa. Los hijos de Leví, que fueron escritos cabezas de familias en el libro de las crónicas hasta los dias de Johanán, hijo de Eliasib: Las cabezas de los Levitas fueron Hasabías, Serebías, y Jesuá, hijo de Cadmiel, y sus hermanos, delante de ellos, para alabar y para glorificar, conforme al estatuto de David varón de Dios, guarda contra guarda. Matanías, y Bacbucías, Abdías, Mosollam, Talmón, Accub, guardas, porteros en la guarda en las entradas de las puertas. Estos fueron en los dias de Joiacim, hijo de Jesuá, hijo de Josedec, y en los dias de Nehemías capitán, y de Ésdras sacerdote, escriba. Y en la dedicación del muro de Jerusalem buscaron a los Levitas de todos sus lugares, para traerlos a Jerusalem, para hacer la dedicación y la alegría con alabanzas y con cantar, con címbalos, salterios, y cítaras. Y fueron congregados los hijos de los cantores, así de la campiña al rededor de Jerusalem, como de las aldeas de Netofati, Y de la casa de Gálgala, y de los campos de Geba, y de Azmavet: porque los cantores se habían edificado aldeas al derredor de Jerusalem. Y fueron purificados los sacerdotes y los Levitas, y purificaron al pueblo, y las puertas, y el muro. E hice subir a los príncipes de Judá sobre el muro, y puse dos coros grandes, y procesiones, la una iba a la mano derecha sobre el muro hacia la puerta del muladar. E iba tras de ellos Osaías, y la mitad de los príncipes de Judá, Y Azarías, Ésdras, y Mesullam, Judá, y Benjamín, y Semaías, y Jeremías. Y de los hijos de los sacerdotes con trompetas; Zacarías, hijo de Jonatán, hijo de Semaías, hijo de Matanías, hijo de Micaias, hijo de Zacur, hijo de Asaf, Y sus hermanos Semaías, y Azarael, Milalai, Gilelai, Maai, Natanael, y Judá, Janani, con los instrumentos músicos de David varón de Dios; y Ésdras escriba delante de ellos. Y a la puerta de la fuente, y delante de ellos, subieron por las gradas de la ciudad de David, por la subida del muro, desde la casa de David hasta la puerta de las aguas al oriente. Y el segundo coro iba al contrario, y yo en pos de él, y la mitad del pueblo, sobre el muro, desde la torre de los hornos hasta el muro ancho; Y desde la puerta de Efraim hasta la puerta vieja, y a la puerta de los peces, y la torre de Hananeel, y la torre de Emat hasta la puerta de las ovejas: y pararon en la puerta de la cárcel. Y pararon los dos coros en la casa de Dios: y yo, y la mitad de los magistrados conmigo: Y los sacerdotes Eliacim, Maasías, Minjamín, Micaias, Elioenai, Zacarías, Jananías, con trompetas; Y Maasías, y Semeías, y Eleazar, y Uzzi, y Johanán, y Malquías, y Elam, y Ezer: e hicieron oir su voz los cantores, y Jezraia el prepósito. Y sacrificaron aquel día grandes víctimas, e hicieron alegrías; porque Dios los había alegrado de grande alegría: y aun también las mujeres y los muchachos se alegraron, y la alegría de Jerusalem fué oida léjos. Y fueron puestos en aquel día varones sobre las cámaras de los tesoros, de las ofrendas, de las primicias, y de las décimas, para juntar en ellas de los campos de las ciudades las porciones legales para los sacerdotes, y para los Levitas: porque la alegría de Judá era sobre los sacerdotes y Levitas que asistían. Y guardaban la observancia de su Dios, y la observancia de la expiación, y los cantores, y los porteros, conforme al estatuto de David, y de Salomón su hijo. Porque desde el tiempo de David y de Asaf, y de ántes, había príncipes de cantores, y cántico, y alabanza, y acción de gracias a Dios. Y todo Israel en los dias de Zorobabel, y en dias de Nehemías daba raciones a los cantores, y a los porteros, cada cosa en su día: y santificaban a los Levitas, y los Levitas santificaban a los hijos de Aarón. AQUEL día se leyó en el libro de Moisés, oyéndolo el pueblo: y fué hallado escrito en él, que los Ammonitas y Moabitas no entren para siempre en la congregación de Dios: Por cuanto no salieron a recibir a los hijos de Israel con pan y con agua; ántes alquilaron contra él a Balaam para maldecirle: mas nuestro Dios volvió la maldición en bendición. Y fué que como oyeron la ley, apartaron todo la mistura de Israel. Y ántes de esto Eliasib sacerdote había sido prepósito de la cámara de la casa de nuestro Dios, y era pariente de Tobías. Y le había hecho una grande cámara en la cual ántes guardaban el presente, el perfume, y los vasos, y el diezmo del grano, y del vino, y del aceite, que era mandado dar a los Levitas, y a los cantores, y a los porteros; y la ofrenda de los sacerdotes. Mas a todo esto yo no estaba en Jerusalem: porque el año treinta y dos de Artaxerxes rey de Babilonia vine al rey: y al cabo de dias fuí enviado del rey. Y venido a Jerusalem entendí el mal que había hecho Eliasib para Tobías, haciendo para él cámara en los patios de la casa de Dios. Y pesóme en gran manera, y eché todas las alhajas de la casa de Tobías fuera de la cámara. Y dije, que limpiasen las cámaras: y volví allí las alhajas de la casa de Dios, en presente, y el perfume. Y entendí que las partes de los Levitas no habían sido dadas: y que cada uno se había huido a su heredad, los Levitas y los cantores que hacían la obra. Y reprendí a los magistrados, y dije: ¿Por qué es desamparada la casa de Dios? Y los junté, y los puse en su lugar. Y toda Judá trajo el diezmo del grano, del vino, y del aceite a los cilleros. Y puse sobre los cilleros a Selemías sacerdote, y a Sadoc escriba, y a Padaias de los Levitas, y junto a su mano, a Hanán, hijo de Zacur, hijo de Matanías, que eran tenidos por fieles: y de ellos era el repartir a sus hermanos. Acuérdate de mí, oh Dios, por esto: y no raigas mis misericordias que hice en la casa de mi Dios, y en sus guardas. En aquellos dias ví en Judá algunos que pisaban lagares en sábado, y que traían los montones, y que cargaban asnos de vino, y de uvas, y de higos, y de toda carga, y traían a Jerusalem en día de sábado: e hice testigos el día que vendían el mantenimiento. También estaban en ella Tirios que traían pescado, y toda mercadería: y vendían en sábado a los hijos de Judá en Jerusalem. Y reprendí a los señores de Judá, y díjeles: ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, que profanáis el día del sábado? ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios sobre nosotros todo este mal, y sobre esta ciudad? y vosotros añadís ira sobre Israel profanando el sábado. Y fué que como la sombra llegó a las puertas de Jerusalem ántes del sábado, dije que se cerrasen las puertas, y dije que no las abriesen hasta después del sábado: y puse a las puertas algunos de mis criados, para que no entrase carga en día de sábado. Y se quedaron fuera de Jerusalem una y dos veces los negociantes, y los que vendían toda cosa: Y les protesté, y les dije: ¿Por qué quedáis vosotros delante del muro? Si lo hacéis otra vez, meteré la mano en vosotros. Desde entónces no vinieron en sábado. Y dije a los Levitas, que se purificasen, y viniesen a guardar las puertas, para santificar el día del sábado. También por esto acuérdate de mí, Dios mío, y perdóname según la multitud de tu misericordia. También en aquellos dias ví algunos Judíos que habían tomado mujeres de Azoto, Ammonitas, y Moabitas: Y sus hijos la mitad hablaban Azoto, y conforme a la lengua de cada pueblo, que no sabían hablar Judaico. Y reñí con ellos, y los maldije, y herí de ellos a algunos varones, y les arranqué los cabellos, y juramentélos: Que no daréis vuestras hijas a sus hijos, y que no tomaréis de sus hijas para vuestros hijos, o para vosotros. ¿No pecó por esto Salomón rey de Israel? y en muchas gentes no hubo rey como él, que era amado de su Dios: y Dios le había puesto por rey sobre todo Israel: aun a él hicieron pecar las mujeres extranjeras. ¿Y obedeceremos a vosotros para cometer todo este mal tan grande, prevaricando contra nuestro Dios, tomando mujeres extranjeras? Y uno de los hijos de Joiada, hijo de Eliasib, gran sacerdote, era yerno de Sanaballat Horonita: y le ahuyenté de mí. Acuérdate de ellos, Dios mío, contra los que contaminan el sacerdocio, y el pacto del sacerdocio, y de los Levitas. Y los limpié de todo extranjero, y puse las observancias a los sacerdotes, y a los Levitas, a cada uno en su obra: Y para la ofrenda de la leña en los tiempos señalados, y para las primicias. Acuérdate de mí, Dios mío, para bien. Y ACONTECIÓ en los dias de Asuero, el Asuero que reinó, desde la India hasta la Etiopía, sobre ciento y veinte y siete provincias: En aquellos dias, como se asentó el rey Asuero sobre el trono de su reino, el cual era en Susán cabecera del reino, En el tercero año de su reino hizo banquete a todos sus príncipes y siervos, la fuerza de Persia y de Media, gobernadores, y príncipes de provincias delante de él, Para mostrar él las riquezas de la gloria de su reino, y la honra de la hermosura de su grandeza, por muchos dias, ciento y ochenta dias. Y cumplidos estos dias, hizo el rey a todo el pueblo que se halló en Susán la cabecera del reino, desde el mayor hasta el menor, hizo banquete siete dias, en el patio del huerto del palacio real. El pabellón era de blanco, verde, y cárdeno, tendido sobre cuerdas de lino y púrpura, en sortijas de plata, y columnas de mármol: los lechos de oro y de plata, sobre losado de pórfido, y de mármol, y de alabastro, y de cárdeno. Y daban a beber en vasos de oro, y vasos diferentes de otros, y mucho vino real, conforme a la facultad del rey. Y la bebida por ley: que nadie constriñiese: porque así lo había mandado el rey a todos los mayordomos de su casa: que se hiciese según la voluntad de cada uno. Asimismo la reina Vasti hizo banquete de mujeres en la casa real del rey Asuero. El séptimo día estando el corazón del rey bueno del vino, mandó a Meumán, y Bazata, y Harbona, y Bagata, y Abgata, y Zetar, y Carcas, siete eunucos, que servían delante del rey Asuero, Que trajesen a la reina Vasti delante del rey con la corona del reino, para mostrar a los pueblos y a los príncipes su hermosura; porque era hermosa de parecer. Y la reina Vasti no quiso venir al mandado del rey que le envió por mano de los eunucos: y enojóse el rey muy mucho, y encendióse su ira en él. Y preguntó el rey a los sabios que sabían los tiempos: porque así era la costumbre del rey para con todos los que sabían la ley y el derecho: Y estaban junto a él Carsena, y Setar, y Admata, y Társis, y Mares, y Marsana, y Memucán, siete príncipes de Persia y de Media, que veían la faz del rey, y se asentaban los primeros del reino: Según la ley qué se había de hacer con la reina Vasti, por cuanto no había hecho el mandamiento del rey Asuero enviado por mano de los eunucos. Y dijo Memucán delante del rey y de los príncipes: No solamente contra el rey ha pecado la reina Vasti, mas contra todos los príncipes: y contra todos los pueblos, que son en todas las provincias del rey Asuero. Porque esta palabra de la reina saldrá a todas las mujeres para hacer tener en poca estima a sus maridos, diciéndoles: El rey Asuero mandó traer delante de sí a la reina Vasti, y ella no vino. Y entónces dirán esto las señoras de Persia y de Media, que oyeren el hecho de la reina, a todos los príncipes del rey: y habrá asaz menosprecio y enojo. Si parece bien al rey, salga mandamiento real de delante de él, y escríbase entre las leyes de Persia y de Media, y no sea traspasado: Que no venga Vasti delante del rey Asuero: y dé el rey su reino a su compañera que sea mejor que ella. Y será oido el hecho que el rey hará en todo su reino, aunque es grande; y todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor. Y plugo esta palabra en ojos del rey y de los príncipes: e hizo el rey conforme al dicho de Memucán. Y envió cartas a todas las provincias del rey, a cada provincia conforme a su escritura, y a cada pueblo conforme a su lenguaje: Que todo varón fuese señor en su casa: y hable según la lengua de su pueblo. PASADAS estas cosas, reposada ya la ira del rey Asuero, acordóse de Vasti, y de lo que hizo, y de lo que fué sentenciado sobre ella. Y dijeron los criados del rey, sus oficiales: Busquen al rey mozas vírgenes de buen parecer. Y ponga el rey personas en todas las provincias de su reino, que junten todas las mozas vírgenes de buen parecer en Susán la cabecera del reino, en la casa de las mujeres, en poder de Egeo eunuco del rey, guarda de las mujeres, dándoles sus atavíos. Y la moza que agradare a los ojos del rey, reine en lugar de Vasti. Y la cosa plugo en ojos del rey, e hízolo así. Había un varón Judío en Susán la cabecera del reino, cuyo nombre era Mardoqueo, hijo de Jair, hijo de Semeí, hijo de Cis, del linaje de Jemini, Que había sido traspasado de Jerusalem con los cautivos que fueron traspasados con Jeconías rey de Judá, que hizo traspasar Nabucodonosor rey de Babilonia. Y había criado a Edisa, que es Ester, hija de su tio, porque no tenía padre ni madre, y era moza hermosa de forma y de buen parecer: y como su padre y su madre murieron, Mardoqueo se la había tomado por hija. Y fué, que como se divulgó el mandamiento del rey y su ley, y siendo juntadas muchas mozas en Susán la cabecera del reino en poder de Egeo, fué tomada Ester para casa del rey, al cargo de Egeo guarda de las mujeres. Y aquella moza agradó en sus ojos, y hubo gracia delante de él, e hizo apresurar sus atavíos, y sus raciones para darle; y siete mozas convenientes de la casa del rey para darle: y pasóla con sus mozas a lo mejor de la casa de las mujeres. Ester no declaró su pueblo, ni su nacimiento, porque Mardoqueo le había mandado, que no lo declarase. Y cada día Mardoqueo se paseaba delante del patio de la casa de las mujeres, por saber como iba a Ester, y que se hacía de ella. Y como venía el tiempo de cada una de las mozas para venir al rey Asuero, al cabo que tenía ya doce meses según la ley de las mujeres, porque así se cumplía el tiempo de sus atavíos, seis meses con óleo de mirra, y seis meses con cosas aromáticas y afeites de mujeres; Y con esto la moza venía al rey: todo lo que ella decía, se le daba, para venir con ello de la casa de las mujeres hasta la casa del rey. Ella venía a la tarde, y a la mañana se volvía a la casa segunda de las mujeres al cargo de Saasgaz eunuco del rey, guarda de las concubinas: no venía más al rey, salvo si el rey la quería: entónces era llamada por nombre. Y como se llegó el tiempo de Ester, hija de Abihail, tio de Mardoqueo, que él se había tomado por hija, para venir al rey, ninguna cosa procuró, sino lo que dijo Egeo eunuco del rey, guarda de las mujeres: y ganaba Ester la gracia de todos los que la veían. Y fué Ester llevada al rey Asuero a su casa real en el mes décimo, que es el mes de Tebet, en el año séptimo de su reino. Y el rey amó a Ester sobre todas las mujeres, y tuvo gracia y misericordia delante de él más que todas las vírgenes: y puso la corona del reino en su cabeza, e hízola reina en lugar de Vasti. E hizo el rey gran banquete a todos sus príncipes y siervos, el banquete de Ester: e hizo relajación a las provincias; e hizo y dió mercedes conforme a la facultad real. Y cuando eran juntadas las vírgenes la segunda vez, Mardoqueo estaba asentadó a la puerta del rey. Y Ester nunca declaró su nación ni su pueblo, como Mardoqueo le mandó: porque Ester hacía lo que decía Mardoqueo, como cuando estaba en crianza con él. En aquellos dias, estando Mardoqueo asentado a la puerta del rey, enojáronse Bagatán y Tares, dos eunucos del rey, de la guarda de la puerta, y procuraban poner mano en el rey Asuero. Y la cosa fué entendida de Mardoqueo, y él lo denunció a la reina Ester, y Ester lo dijo al rey en nombre de Mardoqueo. Y fué inquirida la cosa, y fué hallada; y ámbos ellos fueron colgados en la horca: y fué escrito en el libro de las cosas de los tiempos delante del rey. Y DESPUÉS de estas cosas el rey Asuero engrandeció a Amán, hijo de Amadati Agageo, y ensalzóle, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él. Y todos los siervos del rey que estaban a la puerta del rey se arrodillaban, e inclinaban a Amán, porque así se lo había mandado el rey: mas Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba. Y los siervos del rey, que estaban a la puerta, dijeron a Mardoqueo: ¿Por qué traspasas el mandamiento del rey? Y aconteció, que hablándole cada día de esta manera, y no escuchándolos él, denunciáronle a Amán, por ver si las palabras de Mardoqueo estarían firmes, porque ya él les había declarado que era Judío. Y vió Amán que Mardoqueo ni se arrodillaba, ni se humillaba delante de él , y fué lleno de ira. Y tuvo en poco meter la mano en solo Mardoqueo, porque ya le habían declarado el pueblo de Mardoqueo, y procuró Amán destruir a todos los Judíos que había en el reino de Asuero, al pueblo de Mardoqueo. En el mes primero, que es el mes de Nisán, en el año doceno del rey Asuero, fué echada Pur, que es suerte, delante de Amán de día en día, y de mes en mes hasta el mes doceno, que es el mes de Adar. Y dijo Amán al rey Asuero: Hay un pueblo esparcido y dividido entre los pueblos en todas las provincias de tu reino, y sus leyes son diferentes de todo pueblo, y no hacen las leyes del rey: y al rey no viene provecho de dejarlos. Si place al rey, sea escrito que sean destruidos: y yo pesaré diez mil talentos de plata en manos de los que hacen la obra, para que sean traidos a los tesores del rey. Entónces el rey quitó su anillo de su mano, y diólo a Amán, hijo de Amadati Agageo, enemigo de los Judíos, Y dijo a Amán: La plata dada sea para tí y el pueblo, para que hagas de él lo que bien te pareciere. Entónces fueron llamados los escribanos del rey en el mes primero, a los trece del mismo, y fué escrito conforme a todo lo que mandó Amán, a los príncipes del rey, y a los capitanes, que estaban sobre cada provincia, y a los príncipes de cada pueblo, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua: en nombre del rey Asuero fué escrito, y signado con el anillo del rey. Y fueron enviadas cartas por mano de los correos a todas las provincias del rey, para destruir, y matar, y echar a perder a todos los Judíos, desde el niño hasta el viejo, niños y mujeres, en un día, a los trece dias del mes doceno, que es el mes de Adar: y que los metiesen a saco. La copia de la escritura era que se diese ley en cada provincia, que fuese manifiesto a todos los pueblos que estuviesen apercibidos para aquel día. Y salieron los correos de priesa por el mandado del rey: y la ley fué dada en Susán la cabecera del reino: y el rey y Amán estaban sentados a beber; y la ciudad de Susán estaba alborotada. COMO Mardoqueo supo todo lo que estaba hecho, rompió sus vestidos, y vistióse de saco y de ceniza, y fuése por medio de la ciudad, clamando a gran clamor y amargo; Y vino hasta delante de la puerta del rey: porque no era lícito venir a la puerta del rey con vestido de saco. Y en cada provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su ley llegaba, los Judíos tenían grande luto, y ayuno, y lloro, y lamentación: saco y ceniza era la cama de muchos: Y vinieron las mozas de Ester, y sus eunucos, y se lo dijeron; y la reina tuvo gran dolor, y envió vestidos para hacer vestir a Mardoqueo, y hacerle quitar el saco de sobre él, mas él no lo recibió. Entónces Ester llamó a Atac, uno de los eunucos del rey, que él había hecho estar delante de ella, y mandóle acerca de Mardoqueo, para saber qué era aquello, y por qué. Y salió Atac a Mardoqueo a la plaza de la ciudad, que estaba delante de la puerta del rey. Y Mardoqueo le declaró todo lo que le había acontecido; y declaróle de la plata, que Amán había dicho que pesaría para los tesoros del rey por causa de los Judíos, para destruirlos: Y la copia de la escritura de la ley que había sido dada en Susán, para que fuesen destruidos, le dió, para que la mostrase a Ester, y se lo declarase, y le mandase que fuese al rey, para rogarle, y para que demandase de él por su pueblo. Y vino Atac, y contó a Ester las palabras de Mardoqueo. Entónces Ester dijó a Atac, y mandóle decir a Mardoqueo: Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey saben, que todo varón o mujer que entra al rey al patio de adentro sin ser llamado, una sola ley tiene de morir, salvo aquel a quien el rey extendiere la vara de oro, que vivirá: y yo no soy llamada para entrar al rey estos treinta dias. Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester. Entónces Mardoqueo dijo que respondiesen a Ester: No pienses en tu alma que escaparás en la casa del rey, más que todos los Judíos. Porque si callando callares en este tiempo, espacio y libertad tendrán los Judíos de otro lugar: mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora te han hecho llegar al reino? Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: Vé, y junta a todos los Judíos que se hallan en Susán, y ayunád por mí, y no comáis ni bebáis en tres dias, noche ni día: yo también con mis mozas ayunaré así, y así entraré al rey, aunque no sea conforme a la ley, y piérdame cuando me perdiere. Entónces Mardoqueo se fué, e hizo conforme a todo lo que le mandó Ester. Y ACONTECIÓ que al tercero día Ester se vistió vestido real, y pusóse en el patio de adentro de la casa del rey en frente del aposento del rey: y el rey estaba asentado sobre su trono real en el aposento real, en frente de la puerta del aposento. Y fué, que como vió a la reina Ester que estaba en el patio, ella tuvo gracia en sus ojos, y el rey extendió a Ester la vara de oro que tenía en la mano: entónces Ester llegó, y tocó la punta de la vara. Y díjole el rey: ¿Qué tienes reina Ester? ¿Y qué es tu petición? Hasta la mitad del reino se te dará. Y Ester dijo: Si al rey place, venga el rey, y Amán hoy al banquete que he hecho. Y respondió el rey: Dáos priesa, id a Amán, que haga el mandamiento de Ester. Y vino el rey y Amán al banquete que Ester hizo. Y dijo el rey a Ester en el banquete de vino: ¿Qué es tu petición, y dársete ha? ¿Qué es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, se te hará. Entónces respondió Ester, y dijo: Mi petición, y mi demanda es; Si he hallado gracia en los ojos del rey, y si place al rey dar mi petición, y hacer mi demanda, vendrá el rey y Amán al banquete, que les haré: y mañana haré lo que el rey manda. Y salió Amán aquel día alegre y bueno de corazon: y como vió a Mardoqueo a la puerta del rey, que no se levantó ni se movió de su lugar, fué lleno de ira contra Mardoqueo. Mas refrenóse Amán, y vino a su casa, y envió e hizo venir sus amigos, y a Zares su mujer: Y recitóles Amán la gloria de sus riquezas, y la multitud de sus hijos, y todas las cosas con que el rey le había engrandecido, y con que le había ensalzado sobre los príncipes y siervos del rey. Y añadió Amán: También la reina Ester no hizo venir con el rey al banquete que hizo sino a mí: y aun para mañana soy convidado de ella con el rey. Y todo esto no me entra en provecho, cada vez que veo a Mardoqueo Judío sentado a la puerta del rey. Y díjole Zares su mujer y todos sus amigos: Hagan una horca alta de cincuenta codos, y mañana dí al rey que cuelguen a Mardoqueo sobre ella: y entra con el rey al banquete alegre. Y plugo la cosa en los ojos de Amán, e hizo hacer la horca. AQUELLA noche el sueño se huyó del rey: y dijo que le trajesen el libro de las memorias de las cosas de los tiempos: y las leyeron delante del rey. Y hallóse escrito, lo que había denunciado Mardoqueo de Bagata y de Tares, dos eunucos del rey de la guarda de la puerta, que habían procurado de meter mano en el rey Asuero. Y dijo el rey: ¿Qué honra fué hecha y que grandeza a Mardoqueo por esto? Y respondieron los mozos del rey, sus oficiales: Ninguna cosa fué hecha con él. Y dijo el rey: ¿Quién está en el patio? Y Amán había venido al patio de afuera de la casa del rey, para decir al rey que hiciese colgar a Mardoqueo sobre la horca que él había hecho hacer para él. Y los mozos del rey le respondieron: He aquí, Amán está en el patio. Y el rey dijo: Entre. Entónces Amán entró, y el rey le dijo: ¿Qué se hará del hombre cuya honra desea el rey? Y dijo Amán en su corazon: ¿A quién deseará el rey hacer honra más que a mí? Y respondió Amán al rey: Al varón cuya honra desea el rey, Traigan vestido real de que el rey se viste, y el caballo sobre que cabalga el rey, y la corona real que está puesta en su cabeza: Y den el vestido y el caballo en mano de alguno de los príncipes más nobles del rey, y vistan a aquel varón cuya honra desea el rey, y llévenle en el caballo por la plaza de la ciudad, y pregonen delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey. Entónces el rey dijo a Amán: Dáte priesa, toma el vestido y el caballo, como has dicho, y házlo así con Mardoqueo Judío, que está asentado a la puerta del rey: no dejes nada de todo lo que has dicho. Y Amán tomó el vestido y el caballo, y vistió a Mardoqueo, y le llevó cabalgando por la plaza de la ciudad, e hizo pregonar delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey. Después de esto Mardoqueo se volvió a la puerta del rey: y Amán se fué corriendo a su casa enlutado, y cubierta su cabeza. Y contó Amán a Zares su mujer, y a todos sus amigos, todo lo que le había acontecido: y dijéronle sus sabios, y Zares su mujer: Si de la simiente de los Judíos es el Mardoqueo, delante de quien has comenzado a caer, no prevalecerás a él; ántes caerás cayendo delante de él. Aun estaban ellos hablando con él, cuando los eunucos del rey llegaron apresurados, para hacer venir a Amán al banquete que había hecho Ester. Y VINO el rey y Amán a beber con la reina Ester. Y dijo el rey a Ester también el segundo día en el convite del vino: ¿Qué es tu petición, reina Ester, y dársete ha? ¿Y que es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino se hará. Entónces la reina Ester respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si place al rey, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda. Porque vendidos estamos yo y mi pueblo, para ser destruidos, para ser muertos, y echados a perder: y si para siervos y siervas fuéramos vendidos, callárame, aunque el enemigo no recompensará el daño del rey. Y respondió el rey Asuero, y dijo a la reina Ester: ¿Quién es este, y donde está este, a quien ha henchido su corazón para hacer así? Entónces Ester dijo: El varón enemigo y adversario es este malo Amán. Entónces Amán se turbó delante del rey y de la reina. Y levantóse el rey del banquete del vino con su furor, al huerto del palacio; y quedóse Amán para procurar de la reina Ester por su vida; porque vió que se concluyó para él el mal de parte del rey. Y volvió el rey del huerto del palacio al aposento del banquete del vino, y Amán había caido sobre el lecho en que estaba Ester. Entónces dijo el rey: ¿También para forzar la reina conmigo en casa? Como esta palabra salió de la boca del rey, el rostro de Amán fué cubierto. Y dijo Harbona, uno de los eunucos, de delante del rey: He aquí también, la horca que hizo Amán para Mardoqueo, que había hablado bien por el rey, está en casa de Amán, de altura de cincuenta codos. Entónces el rey dijo: Colgádle en ella. Así colgaron a Amán en la horca que él había hecho aparejar para Mardoqueo: y la ira del rey se apaciguó. EL mismo día dió el rey Asuero a la reina Ester la casa de Amán enemigo de los Judíos: y Mardoqueo vino delante del rey; porque Ester le declaró el parentesco que él tenía con ella. Y quitó el rey su anillo que había vuelto a tomar de Amán, y diólo a Mardoqueo: y Ester puso a Mardoqueo sobre la casa de Amán. Y volvió Ester, y habló delante del rey, y echose a sus piés llorando, y rogándole que anulase la maldad de Amán Agageo, y su pensamiento que había pensado contra los Judíos. Y extendió el rey a Ester la vara de oro, y Ester se levantó, y se puso en pié delante del rey, Y dijo: Si place al rey, y si he hallado gracia delante de él, y si la cosa es recta delante del rey, y si yo soy buena en sus ojos, sea escrito para revocar las cartas del pensamiento de Amán, hijo de Amadata Agageo, que escribió para destruir a los Judíos, que están en todas las provincias del rey. Porque ¿cómo podré yo ver el mal que hallará a mi pueblo? ¿cómo podré yo ver la destrucción de mi nación? Y respondió el rey Asuero a la reina Ester, y a Mardoqueo Judío: He aquí, yo dí a Ester la casa de Amán, y a él colgaron en la horca, por cuanto extendió su mano contra los Judíos. Escribíd pues vosotros a los Judíos como bien os pareciere, en nombre del rey, y selládlo con el anillo del rey: porque la escritura que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no es para revocarla. Entónces fueron llamados los escribanos del rey en el mes tercero que es Siván, a los veinte y tres del mismo, y fué escrito, conforme a todo lo que mandó Mardoqueo, a los Judíos, y a los sátrapas, y a los capitanes, y a los príncipes de las provincias, que son desde la India hasta la Etiopía, ciento y veinte y siete provincias, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo conforme a su lengua, y a los Judíos conforme a su escritura y lengua. Y escribió en nombre del rey Asuero, y selló con el anillo del rey, y envió las cartas por mano de correos de caballo, caballeros en mulos, en mulos hijos de yeguas: Que el rey daba a los Judíos que estaban en todas las ciudades, y en cada una de ellas, que se juntasen, y se pusiesen en defensa de su vida; que destruyesen, y matasen, y deshiciesen todo ejército de pueblo o provincia que viniese contra ellos, niños y mujeres, y que los saqueasen, En un mismo día en todas las provincias del rey Asuero: a los trece del mes doceno, que es el mes de Adar. La copia de la escritura era que se diese ley en cada provincia: Que fuese manifiesto a todos los pueblos, que los Judíos estuviesen apercebidos para aquel día, para vengarse de sus enemigos. Los correos cabalgando en mulos, en mulos salieron apresurados, y constreñidos por el mandamiento del rey: y la ley fué dada en Susán la cabecera del reino. Y salió Mardoqueo de delante del rey con vestido real de cárdeno y blanco, y una gran corona de oro, y un manto de lino y púrpura: y la ciudad de Susán se alegró y regocijó. Los Judíos tuvieron luz, y alegría, y gozo, y honra. Y en cada provincia, y en cada ciudad, donde llegó el mandamiento del rey, los Judíos tuvieron alegría y gozo, banquete y día de placer: y muchos de los pueblos de la tierra se hacían Judíos, porque el temor de los Judíos había caido sobre ellos. Y EN el mes doceno, que es el mes de Adar, a los trece del mismo, donde llegó el mandamiento del rey, y su ley para que se hiciese, el mismo día en que esperaban los enemigos de los Judíos enseñorearse de ellos, fué lo contrario; porque los Judíos se enseñorearon de los que los aborrecían. Los Judíos se juntaron en sus ciudades en todas las provincias del rey Asuero, para meter mano sobre los que habían procurado su mal: y nadie se puso delante de ellos, porque el temor de ellos había caido sobre todos los pueblos. Y todos los príncipes de las provincias, y los vireyes, y capitanes, y oficiales del rey, ensalzaban a los Judíos; porque el temor de Mardoqueo había caido sobre ellos. Porque Mardoqueo era grande en la casa del rey, y su fama iba por todas las provincias: porque el varón Mardoqueo iba engrandeciéndose. E hirieron los Judíos a todos sus enemigos de plaga de espada, y de mortandad, y de perdición: e hicieron en sus enemigos a su voluntad. Y en Susán la cabecera del reino mataron los Judíos, y destruyeron quinientos hombres. Y a Parsandata, y a Delfón, y a Esfata, Y a Porata, y a Adalia, y a Adriata, Y a Permesta, y a Arisai, y a Aridai, y a Vaiezata, Diez hijos de Amán, hijo de Amadati, enemigo de los Judíos, mataron: mas en la presa no metieron mano. El mismo día vino la copia de los muertos en Susán la cabecera del reino, delante del rey. Y dijo el rey a la reina Ester: En Susán la cabecera del reino han muerto los Judíos y destruido quinientos hombres, y diez hijos de Amán: ¿En las otras provincias del rey qué habrán hecho? ¿Qué pues es tu petición, y darsete ha? ¿y qué es más tu demanda, y hacerse ha? Y respondió Ester: Si place al rey, concédase también mañana a los Judíos en Susán, que hagan conforme a la ley de hoy; y que cuelguen en la horca a los diez hijos de Amán. Y mandó el rey que se hiciese así: y fué dada ley en Susán: y colgaron a los diez hijos de Amán. Y juntáronse los Judíos que estaban en Susán también a los catorce del mes de Adar, y mataron en Susán a trescientos hombres; mas en la presa no metieron su mano. Y los otros Judíos que estaban en las provincias del rey se juntaron también, y se pusieron en defensa de su vida, y tuvieron reposo de sus enemigos, y mataron de sus enemigos setenta y cinco mil; mas en la presa no metieron su mano. A los trece dias del mes de Adar; y reposaron a los catorce dias del mismo, e hicieron aquel día día de banquete y de alegría. Mas los Judíos que estaban en Susán se juntaron a los trece del mismo, y a los catorce del mismo; y a los quince del mismo reposaron, e hicieron aquel día día de banquete y de alegría. Por tanto los Judíos aldeanos que habitan en las villas sin muro hacen a los catorce del mes de Adar el día de alegría y de banquete, y buen día, y de enviar partes cada uno a su vecino. Y escribió Mardoqueo estas cosas, y envió cartas a todos los Judíos que estaban en todas las provincias del rey Asuero, cercanos y de léjos, Constituyéndoles que hiciesen el día catorceno del mes de Adar, y el quinceno del mismo cada un año, Por aquellos dias en que los Judíos tuvieron reposo de sus enemigos: y aquel mes que les fué tornado de tristeza en alegría, y de luto en día bueno; que los hiciesen dias de banquete y de gozo, y de enviar partes cada uno a su vecino, y dádivas a los pobres. Y los Judíos aceptaron, y comenzaron a hacer lo que Mardoqueo les escribió. Porque Amán, hijo de Amaatí Agageo, enemigo de todos los Judíos, pensó contra los Judíos para destruirlos, y echó Pur, que quiere decir, suerte, para consumirlos, y echarlos a perder. Y como ella entró delante del rey, él dijo con carta: El mal pensamiento que pensó contra los Judíos sea vuelto sobre su cabeza; y cuélguenle a él, y a sus hijos, en la horca. Por esto llamaron a estos dias Purim, del nombre Pur: por tanto por todas las palabras de esta carta, y por lo que ellos vieron sobre esto, y lo que llegó a su noticia, Establecieron y aceptaron los Judíos sobre sí, y sobre su simiente, y sobre todos los allegados a ellos, y no será traspasado, de hacer estos dos dias según la escritura de ellos, y conforme a su tiempo cada un año. Y que estos dias serían en memoria, y celebrados en todas las naciones, y familias, y provincias, y ciudades: estos dias Purim no pasarán de entre los Judíos, y la memoria de ellos no cesará de su simiente. Y la reina Ester, hija de Abihail, y Mardoqueo Judío, escribieron con toda fuerza para confirmar esta segunda carta del Purim. Y envió cartas a todos los Judíos, a las ciento y veinte y siete provincias del rey Asuero, con palabras de paz y de verdad, Para confirmar estos dias del Purim en sus tiempos, como les había constituido Mardoqueo Judío, y la reina Ester, y como habían aceptado sobre sí, y sobre su simiente, las palabras de los ayunos y de su clamor. Y el mandamiento de Ester confirmó estas palabras del Purim, y fué escrito en el libro. Y EL rey Asuero impuso tributo sobre la tierra, y las islas de la mar. Y toda la obra de su fortaleza, y de su valor, y la declaración de la grandeza de Mardoqueo, con que el rey le engrandeció, ¿no está escrito en el libro de las palabras de los dias de los reyes de Media y de Persia? Porque Mardoqueo Judío fué segundo después del rey Asuero, y grande entre los Judíos, y acepto a la multitud de sus hermanos, procurando el bien de su pueblo, y hablando paz, para toda su simiente. HUBO un varón en tierra de Hus, llamado Job: y era este hombre perfecto y recto, y temeroso de Dios, y apartado de mal. Y naciéronle siete hijos y tres hijas. Y su hacienda era siete mil ovejas, y tres mil camellos, y quinientas yuntas de bueyes, y quinientas asnas, y muy grande apero: y era aquel varón grande más que todos los Orientales. E iban sus hijos, y hacían banquetes en sus casas cada uno en su día: y enviaban a llamar sus tres hermanas, para que comiesen y bebiesen con ellos. Y acontecia que habiendo pasado en torno los dias del convite, Job enviaba, y santificábalos, y levantábase de mañana, y ofrecía holocaustos al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado de Dios en sus corazones. De esta manera hacía Job todos los dias. Y un día vinieron los hijos de Dios a presentarse delante de Jehová, entre los cuales vino también Satanás. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Y respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella. Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal? Y respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Teme Job a Dios de balde? ¿No le has tú cercado a él, y a su casa, y a todo lo que tiene en derredor? Al trabajo de sus manos has dado bendición: por tanto su hacienda ha crecido sobre la tierra. Mas extiende ahora tu mano, y toca a todo lo que tiene, y verás si no te blasfema en tu rostro. Y dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano: solamente no pongas tu mano, sobre él. Y salióse Satanás de delante de Jehová. Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían, y bebían vino en casa de su hermano el primogénito. Y vino un mensajero a Job, que le dijo: Estando arando los bueyes, y las asnas paciendo donde suelen, Acometieron los Sabeos, y tomáronlos, e hirieron a los mozos a filo de espada: solamente escapé yo solo para traerte las nuevas. Aun estaba este hablando, y vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas, y los mozos, y los consumió: solamente escapé yo solo para traerte las nuevas. Aun estaba este hablando, y vino otro que dijo: Los Caldeos hicieron tres escuadrones, y dieron sobre los camellos y tomáronlos, e hirieron a los mozos a filo de espada: y solamente escapé yo solo para traerte las nuevas. Entre tanto que este hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo, y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito. Y, he aquí un gran viento que vino detrás del desierto, e hirió las cuatro esquinas de la casa, y cayó sobre los mozos, y murieron: y solamente escapé yo solo para traerte las nuevas. Entónces Job se levantó, y rompió su manto, y trasquiló su cabeza, y cayendo en tierra adoró, Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá: Jehová dió, y Jehová tomó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó locura a Dios. Y OTRO día aconteció que vinieron los hijos de Dios para presentarse delante de Jehová, y vino también entre ellos Satanás, pareciendo delante de Jehová. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondió Satanás a Jehová, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella. Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal, y que aun retiene su perfección, habiéndome tú incitado contra él, para que le echase a perder sin causa? Y respondiendo Satanás dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Mas extiende ahora tu mano, y toca a su hueso, y a su carne, y verás si no te blasfema en tu rostro. Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida. Y salió Satanás de delante de Jehová, e hirió a Job de una mala sarna desde la planta de su pié, hasta la mollera de su cabeza. Y tomaba una teja para rascarse con ella, y estaba sentado en medio de ceniza. Y su mujer le decía: ¿Aun tú retienes tu simplicidad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres insensatas, hablas tú. Está bien: recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios. Y oyeron tres amigos de Job todo este mal que había venido sobre él: y vinieron cada uno de su lugar, Elifaz Temanita, y Baldad Suita, y Sofar Naamatita: porque habían concertado de venir juntos a condolecerse de él, y a consolarle. Los cuales alzando los ojos desde léjos, no le conocieron, y lloraron a alta voz, y cada uno de ellos rompió su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. Y asentáronse con él en tierra siete dias y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era grande mucho. DESPUÉS de esto abrió Job su boca, y maldijo su día. Y exclamó Job, y dijo: Perezca el día en que yo fuí nacido, y la noche que dijo: Concebido es varón. Aquel día fuera tinieblas, y Dios no curara de él desde arriba, ni claridad resplandeciera sobre él. Ensuciáranle tinieblas y sombra de muerte; reposara sobre el nublado, que le hiciera horrible como día caluroso. A aquella noche ocupara oscuridad, ni fuera contada entre los dias del año, ni viniera en el número de los meses. Oh si fuera aquella noche solitaria, que no viniera en ella canción; Maldijéranla los que maldicen al día, los que se aparejan para levantar su llanto. Las estrellas de su alba fueran oscurecidas; esperara la luz, y no viniera; ni viera los párpados de la mañana. Porque no cerró las puertas del vientre donde yo estaba, ni escondió de mis ojos la miseria. ¿Por qué no morí yo desde la matriz, y fuí traspasado en saliendo del vientre? ¿Por qué me previnieron las rodillas, y para qué los pechos que mamase? Porque ahora yaciera y reposara; durmiera, y entónces tuviera reposo, Con los reyes, y con los consejeros de la tierra, que edifican para sí los desiertos; O con los príncipes que poseen el oro, que hinchen sus casas de plata. O ¿por qué no fuí escondido como abortivo, como los pequeñitos que nunca vieron luz? Allí los impíos dejaron el miedo, y allí descansaron los de cansadas fuerzas. Allí también reposaron los cautivos, no oyeron la voz del exactor. Allí está el chico y el grande: allí es el siervo libre de su señor. ¿Por qué dió luz al trabajado, y vida a los amargos de ánimo? Que esperan la muerte, y no la hay: y la buscan más que tesoros. Que se alegran de grande alegría, y se gozan cuando hallan el sepulcro. Al hombre que no sabe por donde vaya, y que Dios le encerró. Porque ántes que mi pan, viene mi suspiro: y mis gemidos corren como aguas. Porque el temor que me espantaba, me ha venido, y háme acontecido lo que temía. Nunca tuve paz, nunca me sosegué, ni nunca me reposé; y vínome turbación. Y RESPONDIÓ Elifaz el Tema- nita, y dijo: Si probaremos a hablarte, serte ha molesto: ¿mas quién podrá detener las palabras? He aquí, tú enseñabas a muchos, y las manos flacas corroborabas. Al que vacilaba, enderezaban tus palabras: y las rodillas de los que arrodillaban, esforzabas. Mas ahora que a tí te ha venido esto, te es molesto: y cuando ha llegado hasta tí, te turbas. ¿Es este tu temor, tu confianza, tu esperanza, y la perfección de tus caminos? Acuérdate ahora, ¿quién haya sido inocente, que se perdiese? ¿y en dónde los rectos han sido cortados? Como yo he visto, que los que aran iniquidad, y siembran injuria, la siegan. Perecen por el aliento de Dios, y por el espíritu de su furor son consumidos. El bramido del león, y la voz del león, y los dientes de los leoncillos son arrancados. El león viejo perece por falta de presa, y los hijos del león son esparcidos. El negocio también me era a mí oculto: mas mi oido ha entendido algo de ello. En imaginaciones de visiones nocturnas, cuando el sueño cae sobre los hombres, Un espanto, y un temblor me sobrevino, que espantó todos mis huesos. Y un espíritu pasó por delante de mí, que el pelo de mi carne se erizó. Paróse una fantasma delante de mis ojos, cuyo rostro yo no conocí; y callando, oí que decía: ¿Si será el hombre más justo que Dios? ¿Si será el varón más limpio que el que le hizo? He aquí que en sus siervos no confía; y en sus ángeles puso locura: ¿Cuánto más en los que habitan en casas de lodo, cuyo fundamento está en el polvo, y que serán quebrantados de la polilla? De la mañana a la tarde son quebrantados, y se pierden para siempre, sin que haya quien lo eche de ver. ¿Su hermosura no se pierde con ellos mismos? muérense y no lo saben. AHORA pues dá voces, si habrá quien te responda; y si habrá alguno de los santos a quien mires. Es cierto que al insensato la ira le mata; y al codicioso consume la envidia. Yo he visto al necio que echaba raices, y en la misma hora maldije su habitación. Sus hijos serán léjos de la salud, y en la puerta serán quebrantados, y no habrá quien los libre. Hambrientos comerán su segada, y la sacarán de entre las espinas; y sedientos beberán su hacienda. Porque la pena no sale del polvo, ni la molestía reverdece de la tierra. Ántes como las centellas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción. Ciertamente yo buscaría a Dios, y depositaría en él mis negocios; El cual hace grandes cosas, que no hay quien las comprenda; y maravillas que no tienen cuento: Que da la lluvia sobre la haz de la tierra, y envía las aguas sobre las haces de las plazas: Que pone los humildes en altura, y los enlutados son levantados a salud: Que frustra los pensamientos de los astutos, para que sus manos no hagan nada: Que prende a los sabios en su astucia, y el consejo de los perversos es entontecido. De día se topan con tinieblas, y en mitad del día andan a tiento, como en noche. Y libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, y de la mano violenta. Que es esperanza al menesteroso, y la iniquidad cerró su boca. He aquí, que bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga: por tanto no menosprecies la corrección del Todopoderoso. Porque él es el que hace la llaga, y él que la ligará: el hiere, y sus manos curan. En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal. En la hambre te redimirá de la muerte, y en la guerra, de las manos de la espada. Del azote de la lengua serás encubierto: ni temerás de la destrucción, cuando viniere. De la destrucción y de la hambre te reirás, y no temerás de las bestias del campo. Y aun con las piedras del campo tendrás tu concierto, y las bestias del campo te serán pacíficas. Y sabrás que hay paz en tu tienda; y visitarás tu morada, y no pecarás. Y entenderás que tu simiente es mucha; y tus pimpollos, como la yerba de la tierra. Y vendrás en la vejez a la sepultura, como el montón de trigo que se coge a su tiempo. He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así: óyelo, y tú sabe para tí. Y RESPONDIÓ Job, y dijo: ¡Oh si se pesasen al justo mi queja y mi tormento, y fuesen alzadas igualmente en balanza! Porque mi tormento pesaría más que la arena de la mar: y por tanto mis palabras son cortadas. Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, cuyo veneno bebe mi espíritu; y terrores de Dios me combaten. ¿Por ventura gime el asno montés junto a la yerba? ¿O brama el buey junto a su pasto? ¿Comerse ha lo desabrido sin sal? ¿o habrá gusto en la clara del huevo? Las cosas que mi alma no quería tocar ántes, ahora por los dolores son mi comida. ¡Quién me diese que viniese mi petición, y que Dios me diese lo que espero! ¡Y que Dios quisiese quebrantarme; y que soltase su mano, y me despedazase! Y en esto crecería mi consolación, si me asase con dolor sin tener misericordia: no que haya contradicho las palabras del Santo. ¿Qué es mi fortaleza, para esperar aun? ¿Y qué es mi fin, para dilatar mi vida? ¿Mi fortaleza, es la de las piedras? ¿o mi carne, es de acero? ¿No me ayudo cuánto puedo? ¿y con todo eso el poder me falta del todo? El atribulado es consolado de su compañero: mas el temor del Omnipotente es dejado. Mis hermanos me han mentido como arroyo; pasáronse como las riberas impetuosas, Que están escondidas por la helada, y encubiertas con nieve, Que al tiempo del calor son deshechas; y en calentándose, desaparecen de su lugar. Apártanse de las sendas de su camino, suben en vano, y se pierden. Miráronlas los caminantes de Temán, los caminantes de Sabá esperaron en ellas: Mas fueron avergonzados por su esperanza; porque vinieron hasta ellas, y se hallaron confusos. Ahora ciertamente vosotros sois como ellas: que habéis visto el tormento, y teméis. ¿Héos dicho: Traédme, y de vuestro trabajo pagád por mí, Y librádme de mano del angustiador, y redimídme del poder de los violentos? Enseñádme, y yo callaré; y hacédme entender en que he errado. ¡Cuán fuertes son las palabras de rectitud! ¿y qué reprende, el que reprende de vosotros? ¿No estáis pensando las palabras para reprender; y echáis al viento palabras perdidas? También os arrojáis sobre el huérfano; y hacéis hoyo delante de vuestro amigo. Ahora pues, si queréis, mirád en mí: y ved si mentiré delante de vosotros. Tornád ahora, y no haya iniquidad; y volvéd aun a mirar por mi justicia en esto: Si hay iniquidad en mi lengua: o si mi paladar no entiende los tormentos. CIERTAMENTE tiempo determi- nado tiene el hombre sobre la tierra; y sus dias son como los dias del jornalero. Como el siervo desea la sombra, y como el jornalero espera su trabajo: Así poseo yo los meses de vanidad, y las noches del trabajo me dieron por cuenta. Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Y mide mi corazón la noche, y estoy harto de devaneos hasta el alba. Mi carne está vestida de gusanos, y de terrones de polvo: mi piel rompida y abominable. Mis dias fueron más ligeros, que la lanzadera del tejedor; y fenecieron sin esperanza. Acuérdate que mi vida es un viento; y que mis ojos no volverán para ver el bien. Los ojos de los que ahora me ven, nunca más me verán: tus ojos serán sobre mí, y dejaré de ser. La nube se acaba, y se va: así es el que desciende al sepulcro, que nunca más subirá. No tornará más a su casa, ni su lugar le conocerá más. Por tanto yo no detendré mi boca, mas hablaré con la angustia de mi espíritu, y quejarme he con la amargura de mi alma. ¿Soy yo la mar, o alguna ballena que me pongas guardia? Cuando digo: Mi cama me consolará, mi cama me quitará mis quejas: Entónces me quebrantarás con sueños, y me turbarás con visiones. Y mi alma tuvo por mejor el ahogamiento; y la muerte más que a mis huesos. Abominé la vida, no quiero vivir para siempre: déjame, pues que mis dias son vanidad. ¿Qué es el hombre para que le engrandezcas, y que pongas sobre él tu corazon; Y que le visites todas las mañanas, y todos los momentos le pruebes? ¿Hasta cuándo no me dejarás, ni me soltarás hasta que trague mi saliva? Pequé: ¿qué te haré, oh guardador de los hombres? ¿Por qué me has puesto contrario a tí, y qué a mí mismo sea pesadumbre? ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? porque ahora dormiré en el polvo; y buscarme has de mañana, y no seré hallado. Y RESPONDIÓ Baldad Sujita, y dijo: ¿Hasta cuándo hablarás esto, y las palabras de tu boca serán como un viento fuerte? ¿Si pervertirá Dios el derecho, y si el Todopoderoso pervertirá la justicia? Si tus hijos pecaron contra él, él los echó en el lugar de su pecado. Si tú de mañana buscares a Dios, y rogares al Todopoderoso: Si fueres limpio y derecho, cierto luego se despertará sobre tí, y hará próspera la morada de tu justicia: De tal manera que tu principio habrá sido pequeño en comparación del grande crecimiento de tu postrimería. Porque pregunta ahora a la edad pasada, y dispónte para inquirir de sus padres de ellos; Porque nosotros somos desde ayer, no sabemos, siendo nuestros dias sobre la tierra como sombra. ¿No te enseñarán ellos, te dirán, y de su corazón sacarán estas palabras? ¿El junco crece sin cieno? ¿crece el prado sin agua? ¿Aun él en su verdura no será cortado, y ántes de toda yerba se secará? Tales son los caminos de todos los que olvidan a Dios; y la esperanza del impío perecerá. Porque su esperanza será cortada, y su confianza es casa de araña. El estribará sobre su casa, mas no permanecerá en pié: recostarse ha sobre ella, mas no se afirmará. Un árbol está verde delante del sol, y sus renuevos salen sobre su huerto: Junto a una fuente sus raices se van entretejiendo, y enlazándose hasta un lugar pedregoso. Si le arrancaren de su lugar, y negare de él, diciendo: Nunca te vi: Ciertamente este será el gozo de su camino; y de la tierra de donde se traspusiére retoñecerán otros. He aquí, Dios no aborrece al perfecto, ni toma la mano de los malignos. Aun henchirá tu boca de risa, y tus labios de jubilación. Los que te aborrecen, serán vestidos de confusión; y la habitación de los impíos perecerá. Y RESPONDIÓ Job, y dijo: Ciertamente yo conozco que es así: ¿y como se justificará el hombre con Dios? Si quisiere contender con él, no le podrá responder a una cosa de mil. El es sabio de corazón, y fuerte de fuerza: ¿quién fué duro contra él, y quedó en paz? Que arranca los montes con su furor, y no conocen quien los trastornó. Que remueve la tierra de su lugar, y hace temblar sus columnas. Que manda al sol, y no sale; y a las estrellas sella. El que solo extiende los cielos, y anda sobre las alturas de la mar. El que hizo el Arcturo, y el Orión y las Pléiadas, y los lugares secretos del mediodía. El que hace grandes cosas, e incomprensibles, y maravillosas sin número. He aquí, que él pasará delante de mí, y yo no le veré; pasará, y no le entenderé. He aquí, arrebatará: ¿quién le hará restituir? ¿Quién le dirá: Qué haces? Dios no tornará atrás su ira, y debajo de él se encorvan los que ayudan a la soberbia. ¿Cuánto ménos le responderé yo, y hablaré con él palabras estudiadas? Que aunque yo sea justo, no responderé: ántes habré de rogar a mi juez. Que si yo le invocase, y él me respondiese, aun no creeré que haya escuchado mi voz. Porque me ha quebrado con tempestad, y ha aumentado mis heridas sin causa. Que aun no me ha concedido que tome mi aliento, mas háme hartado de amarguras. Si habláremos de su poder, fuerte ciertamente es: si de su juicio, ¿quién me lo emplazará? Si yo me justificare, mi boca me condenará: si me predicare perfecto, él me hará inicuo. Si yo me predicare acabado, no conozco mi alma: condenaré mi vida. Una cosa resta, es a saber, que yo diga: Al perfecto y al impió, él los consume. Si es azote, mate de presto, él se rie de la tentación de los inocentes. La tierra es entregada en manos de los impíos, y él cubre el rostro de sus jueces. Sino es él que lo hace, ¿dónde está? ¿quién es? Mis dias fueron más ligeros que un correo: huyeron, y nunca vieron bien. Pasaron con los navíos de Ebeh: o como el águila que se abate a la comida. Si digo: Olvidaré mi queja, dejaré mi saña, y esforzarme he: Temo todos mis trabajos: sé que no me perdonarás. Si yo soy impío, ¿para que trabajaré en vano? Aunque me lave con aguas de nieve, y aunque limpie mis manos con la misma limpieza; Aun me hundirás en la huesa: y mis propios vestidos me abominarán. Porque no es hombre como yo, para que yo le responda, y vengamos juntamente a juicio. No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros ámbos. Quite de sobre mí su verdugo, y su terror no me perturbe; Y hablaré, y no le temeré: porque así no estoy conmigo. MI alma es cortada en mi vida: por tanto yo soltaré mi queja sobre mí, y hablaré con amargura de mi alma. Diré a Dios: No me condenes: házme entender por qué pleitéas conmigo. ¿Parécete bien que oprimas, y que deseches la obra de tus manos, y que favorezcas el consejo de los impíos? ¿Tienes tú ojos de carne? ¿ves tú como el hombre? ¿Tus dias son como los dias del hombre? ¿tus años son como los tiempos humanos, Que inquieras mi iniquidad, y busques mi pecado? Sobre saber tú que yo no soy impío: y que no hay quien de tu mano libre. Tus manos me formaron, y me hicieron todo al derredor: ¿y hásme de deshacer? Acuérdate ahora que como a lodo me hiciste: ¿y hásme de tornar en polvo? ¿No me fundiste como leche, y como un queso me cuajaste? Vestísteme de piel y carne, y cubrísteme de huesos y nervios. Vida y misericordia hiciste conmigo; y tu visitación guardó mi espíritu. Y estas cosas tienes guardadas en tu corazon: yo sé que esto está cerca de tí. Si yo pequé acecharme has tú, y no me limpiarás de mi iniquidad. Si fuere malo; ¡ay de mí! y si fuere justo, no levantaré mi cabeza, harto de deshonra, y de verme afligido. Y vas creciendo, cazándome como leon: tornando, y haciendo en mí maravillas: Renovando tus llagas contra mi, y aumentando conmigo tu furor, remudándose sobre mí ejércitos. ¿Por qué me sacaste del vientre? Muriera yo, y no me vieran ojos. Fuera, como si nunca hubiera sido, llevado desde el vientre a la sepultura. ¿Mis dias no son una poca cosa? cesa pues, y déjame, para que me esfuerce un poco, Ántes que vaya, para no volver, a la tierra de tinieblas y de sombra de muerte: Tierra de oscuridad y tenebrosa sombra de muerte, donde no hay órden; y que resplandece como la misma oscuridad. Y RESPONDIÓ Sofar Naama- tita, y dijo: ¿Las muchas palabras, no han de tener respuesta? ¿Y el hombre parlero será justificado? ¿Tus mentiras harán callar los hombres? ¿y harás escarnio, y no habrá quien te avergüence? Tú dices: Mi manera de vivir es pura, y yo soy limpio delante de tus ojos. Mas, ¡oh quién diera que Dios hablara, y abriera sus labios contigo! Y que te declarara los secretos de la sabiduría: porque dos tantos mereces según la ley; y sabe que Dios te ha olvidado por tu iniquidad. ¿Alcanzarás tú el rastro de Dios? ¿llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alto que los cielos, ¿qué harás? es más profundo que el infierno, ¿cómo le conocerás? Su medida es más larga que la tierra, y más ancha que la mar. Si cortare, o encerrare, o juntare, ¿quién le responderá? Porque el conoce a los hombres vanos: y ve la iniquidad, ¿y no entenderá? El hombre vano se hará entendido, aunque nazca como el pollino del asno montés. Si tú preparares tu corazón, y extendieres a él tus manos: Si alguna iniquidad está en tu mano, y la echares de tí, y no consintieres que en tus habitaciones more maldad: Entónces levantarás tu rostro de mancha, y serás fuerte, y no temerás; Y olvidarás tu trabajo, y te acordarás de él, como de aguas que pasaron. Y en mitad de la siesta se levantará bonanza: resplandecerás, y serás como la mañana. Y confiarás, que habrá esperanza; y cabarás, y dormirás seguro. Y acostarte has, y no habrá quien te espante; y muchos te rogarán. Mas los ojos de los malos se consumirán, y no tendrán refugio; y su esperanza será dolor de alma. Y RESPONDIÓ Job, y dijo: Ciertamente que vosotros sois el pueblo, y con vosotros morirá la sabiduría. También tengo yo seso como vosotros: no soy yo ménos que vosotros; ¿y quién habrá que no pueda decir otro tanto? El que invoca a Dios, y él le responde, es burlado de su amigo; y el justo y perfecto es escarnecido. La antorcha es tenida en poco en el pensamiento del próspero: la cual se aparejó contra las caidas de los piés. Las tiendas de los robadores están en paz; y los que provocan a Dios, y los que traen dioses en sus manos, viven seguros. Mas ciertamente pregunta ahora a las bestias, que ellas te enseñarán; y a las aves de los cielos, que ellas te mostrarán: O habla a la tierra, que ella te enseñará; y los peces de la mar te declararán. ¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano de Jehová la hizo, Y que en su mano está el alma de todo viviente, el espíritu de toda carne humana? Ciertamente el oido prueba las palabras, y el paladar gusta las viandas. En los viejos está la ciencia, y en longura de dias la inteligencia. Con el está la sabiduría y la fortaleza, suyo es el consejo y la inteligencia. He aquí, el derribará, y no será edificado: encerrará al hombre, y no habrá quien le abra. He aquí, él detendrá las aguas, y se secarán: él las enviará, y destruirán la tierra. Con él está la fortaleza y la existencia: suyo es el que yerra, y el que hace errar. El hace andar a los consejeros desnudos, y hace enloquecer a los jueces. El suelta la atadura de los tiranos, y les ata la cinta en sus lomos. El lleva despojados a los príncipes, y él trastorna a los valientes. El quita la habla a los que dicen verdad, y el toma el consejo a los ancianos. El derrama menosprecio sobre los príncipes, y enflaquece la fuerza de los esforzados. El descubre las profundidades de las tinieblas, y saca a luz la sombra de muerte. El multiplica las gentes, y él las pierde: él esparce las gentes, y las torna a recoger. El quita el seso de las cabezas del pueblo de la tierra, y los hace que se pierdan vagueando sin camino: Que palpen las tinieblas, y no la luz: y los hace errar como borrachos. HE aquí que todas estas cosas han visto mis ojos, y oido y entendido para sí mis oidos. Como vosotros lo sabéis, lo sé yo: no soy ménos que vosotros. Mas yo hablaría con el Todopoderoso, y querría disputar con Dios. Que ciertamente vosotros sois componedores de mentira, todos vosotros sois médicos de nada. Ojalá callando callarais del todo, porque os fuera en lugar de sabiduría. Oid pues ahora mi disputa, y estád atentos a los argumentos de mis labios. ¿Habéis de hablar iniquidad por Dios? ¿habéis de hablar por él engaño? ¿Habéis vosotros de hacerle honra? ¿habéis de pleitear vosotros por Dios? ¿Sería bueno que él os escudriñase? ¿Burlaros heis con él, como quien se burla con algún hombre? El arguyendo os argüirá duramente, si en lo secreto le hicieseis tal honra. Ciertamente su alteza os había de espantar, y su pavor había de caer sobre vosotros. Vuestras memorias serán comparadas a la ceniza, y vuestros cuerpos como cuerpos de lodo. Escuchádme, y hablaré yo, y véngame después lo que viniere. ¿Por qué quitaré yo mi carne con mis dientes, y ponaré mi alma en mi palma? Aun cuando me matare, en él esperaré: empero mis caminos defenderé delante de él. Y él también me será salud, porque no entrará en su presencia el impío. Oid con atención mi razón, y mi denunciación con vuestros oidos. He aquí ahora, que si yo me apercibiere a juicio, yo sé que seré justificado. ¿Quién es el que pleiteará conmigo? porque si ahora callase, me moriría. A lo ménos dos cosas no hagas conmigo, y entónces no me esconderé de tu rostro. Aparta de mí tu mano, y no me asombre tu terror: Y llama, y yo responderé: o yo hablaré, y respóndeme tú: ¿Cuántas iniquidades y pecados tengo yo? Házme entender mi prevaricación y mi pecado. ¿Por qué escondes tu rostro, y me cuentas por tu enemigo? ¿A la hoja arrebatada del aire has de quebrantar? ¿y a una arista seca has de perseguir? ¿Por qué escribes contra mí amarguras, y me haces cargo de los pecados de mi mocedad; Y pones mis piés en el cepo, y guardas todos mis caminos, imprimiéndolo a las raices de mis piés? Siendo el hombre como carcoma que se envejece: y como vestido que se come de polilla. EL hombre nacido de mujer, corto de dias, y harto de desabrimiento. Que sale como una flor, y luego es cortado; y huye como la sombra, y no permanece. ¿Y sobre este abres tus ojos, y me traes a juicio contigo? ¿Quién hará limpio de inmundo? Nadie. Ciertamente sus dias están determinados, y el número de sus meses está cerca de tí: tú le pusiste términos, de los cuales no pasará. Si tú le dejáres, él dejará de ser: entre tanto deseará, como el jornalero, su día. Porque si el árbol fuere cortado, aun queda de él esperanza: retoñecerá aun, y sus renuevos no faltarán. Si se envejeciere en la tierra su raíz, y su tronco fuere muerto en el polvo: Al olor del agua reverdecerá, y hará copa, como nueva planta. Mas cuando el hombre morirá, y será cortado, y perecerá el hombre, ¿dónde estará él? Las aguas de la mar se fueron, y el río se secó: secóse. Así el hombre yace, y no se tornará a levantar: hasta que no haya cielo, no despertarán, ni recordarán de su sueño. ¡Oh quién me diese que me escondieses en la sepultura, y que me encubrieses, hasta que tu ira reposase; que me pusieses plazo, y te acordases de mí! Si el hombre se muriere, ¿volverá él a vivir? Todos los dias de mi edad esperaría, hasta que viniese mi mutación. Entónces aficionado a la obra de tus manos llamarme has, y yo te responderé. Porque ahora me cuentas los pasos, y no das dilación a mi pecado. Tienes sellada en manojo mi prevaricación, y añades a mi iniquidad. Y ciertamente el monte que cae, desfallece; y las peñas son traspasadas de su lugar. Las piedras son quebrantadas con el agua impetuosa, que se lleva el polvo de la tierra: así haces perder al hombre la esperanza. Para siempre serás más fuerte que él, y él irá: demudarás su rostro, y le enviarás. Sus hijos serán honrados, y él no lo sabrá; o serán afligidos, y no dará cata en ello. Mas mientras su carne estuviere sobre él, se dolerá; y su alma se entristecerá en él. Y RESPONDIÓ Elifaz Temanita, y dijo: ¿Si responderá el sabio sabiduría ventosa, y henchirá su vientre de viento solano? ¿Disputará con palabras inútiles, y con razones sin provecho? Tú también disipas el temor, y disminuyes la oración delante de Dios. Porque tu boca declaró tu iniquidad, pues has escogido el lenguage de los astutos. Tu boca te condenará, y no yo; y tus labios testificarán contra tí. ¿Naciste tú primero que Adam? ¿y fuiste tú creado ántes de los collados? ¿Oiste tú el secreto de Dios, que detienes en tí solo la sabiduría? ¿Qué sabes tú que no lo sabemos? ¿qué entiendes tú que no se halle en nosotros? Entre nosotros también hay cano, también hay viejo, mayor en dias que tu padre. ¿En tampoco tienes las consolaciones de Dios; y tienes alguna cosa oculta acerca de tí? ¿Por qué te toma tu corazón, y por qué guiñan tus ojos, Que respondas a Dios con tu espíritu, y saques tales palabras de tu boca? ¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, y que se justifique el nacido de mujer? He aquí, que en sus santos no confia, y ni los cielos son limpios delante de sus ojos: ¿Cuánto más el hombre abominable y vil, que bebe como agua la iniquidad? Escúchame: mostrarte he, y contarte he lo que he visto: Lo que los sabios nos contaron de sus padres; y no lo encubrieron: A los cuales solos fué dada la tierrá; y no pasó extraño por medio de ellos. Todos los dias del impío, él es atormentado de dolor, y el número de años es escondido al violento. Estruendos espantosos tiene en sus oidos, en la paz le vendrá quien le asuele. Él no creerá que ha de volver de las tinieblas, y siempre está mirando la espada. Desasosegado viene a comer siempre, porque sabe que le está aparejado día de tinieblas. Tribulación y angustia le asombrará, y se esforzará contra él, como un rey aparejado para la batalla. Porque él extendió su mano contra Dios, y contra el Todopoderoso se esforzó. El le encontrará en la cerviz, en lo grueso de los hombros de sus escudos. Porque cubrió su rostro con su gordura: e hizo arrugas sobre los ijares. Y habitó las ciudades asoladas, las casas inhabitadas, que estaban puestas en montones. No enriquecerá, ni será firme su potencia, ni extenderá por la tierra su hermosura. No se escapará de las tinieblas: la llama secará su renuevo, y con el aliento de su boca perecerá. No será afirmado: en vanidad yerra: por lo cual en vanidad será trocado. Él será cortado ántes de su tiempo, y sus renuevos no reverdecerán. El perderá su agraz, como la vid; y como la oliva derramará su flor. Porque la compañía del hipócrita será asolada: y fuego consumirá las tiendas de coecho. Concibieron dolor, y parieron iniquidad: y las entrañas de ellos meditan engaño. Y RESPONDIÓ Job, y dijo: Muchas veces he oido cosas como estas: consoladores molestos sois todos vosotros. ¿Han de tener fin las palabras ventosas? ¿o qué te animará a responder? También yo hablaría como vosotros. Ojalá vuestra alma estuviera en lugar de la mía, que yo os tendra compañía en las palabras, y sobre vosotros movería mi cabeza. Esforzaríaos con mi boca, y la consolación de mis labios detendría el dolor. Mas si hablo, mi dolor no cesa; y si dejo de hablar, no se aparta de mí. Empero ahora me ha fatigado: ha asolado toda mi compañía. Háme arrugado: el testigo es mi magrez, que se levanta contra mí para testificar en mi rostro. Su furor me arrebató, y me ha sido contrario: crujió sus dientes contra mí; contra mí aguzó sus ojos mi enemigo. Abrieron contra mi su boca, hirieron mis mejillas con afrenta: contra mí se juntaron todos. Háme entregado Dios al mentiroso, y en las manos de los impíos me hizo temblar. Próspero estaba, y desmenuzóme; y arrebatóme por la cerviz, y despedazóme, y púsome a sí por hito. Cercáronme sus flecheros, partió mis riñones, y no perdonó: mi hiel derramó por tierra. Quebrantóme de quebrantamiento sobre quebrantamiento: corrió contra mí como un gigante. Yo cosí saco sobre mi piel, y cargué mi cabeza de polvo. Mi rostro está enlodado con lloro, y mis párpados entenebrecidos; Sobre no haber iniquidad en mis manos, y haber sido limpia mi oración. ¡Oh tierra no cubras mi sangre, y no haya lugar a mi clamor! Por cierto aun ahora en los cielos está mi testigo, y mi testigo en las alturas. Mis disputadores son mis amigos: mas mis ojos a Dios destilan. ¡Ojalá pudiese disputar el hombre con Dios, como puede con su prójimo! Mas los años contados vendrán: y yo andaré el camino por donde no volveré. MI huelgo es corrompido, mis dias son cortados, y el sepulcro me está aparejado. Ya no hay conmigo sino escarnecedores, en cuyas amarguras se detienen mis ojos. Pon ahora, y dáme fianzas contigo: ¿quién tocará ahora mi mano? Porque el corazón de ellos has escondido de entendimiento: por tanto no los ensalzarás. El que denuncia lisonjas a sus prójimos, los ojos de sus hijos desfallezcan. El me ha puesto por parábola de pueblos, y delante de ellos he sido tamboril. Y mis ojos se oscurecieron de desabrimiento, y todos mis pensamientos han sido como sombra. Los rectos se maravillarán de esto, y el inocente se despertará contra el hipócrita. Mas el justo retendrá su carrera; y el limpio de manos aumentará la fuerza. Mas volvéd todos vosotros, y veníd ahora, y no hallaré entre vosotros sabio. Mis dias se pasaron, y mis pensamientos fueron arrancados, los pensamientos de mi corazón. Pusiéronme la noche por día, y la luz cercana delante de las tinieblas. Si yo espero, el sepulcro es mi casa: en las tinieblas hice mi cama. A la huesa dije: Mi padre eres tú: a los gusanos: Mi madre, y mi hermano. ¿Dónde pues estará ahora mi esperanza? y mi esperanza, ¿quién la verá? A los rincones de la huesa descenderán; y juntamente descansarán en el polvo. Y RESPONDIÓ Baldad Sujita, y dijo: ¿Cuándo pondréis fin a las palabras? Entendéd, y después hablemos. ¿Por qué somos tenidos por bestias? ¿en vuestros ojos, somos viles? Oh tú que despedazas tu alma con tu furor, ¿será dejada la tierra por tu causa, y serán traspasadas las peñas de su lugar? Ciertamente la luz de los impíos será apagada, y la centella de su fuego no resplandecerá. La luz se oscurecerá en su tienda, y su candil se apagará sobre él. Los pasos de su potencia serán acortados, y su mismo consejo le echará a perder. Porque red será echada en sus piés, y sobre red andará. Lazo prenderá su calcañar: esforzará contra él a los sedientos. Su cuerda está escondida en la tierra, y su orzuelo sobre la senda. De todas partes le asombrarán temores; y con sus mismos piés le ahuyentarán. Su fuerza será hambrienta, y a su costilla estará aparejado quebrantamiento. Comerá los ramos de su cuero, y el primogénito de la muerte tragará sus miembros. Su confianza será arrancada de su tienda, y le harán llevar al rey de los espantos. En su misma tienda morará como si no fuese suya: piedrazufre será esparcida sobre su morada. Abajo se secarán sus raices, y arriba serán cortados sus ramos. Su memoria perecerá de la tierra, y no tendrá nombre por las calles. De la luz será lanzado a las tinieblas, y será echado del mundo. No tendrá hijo ni nieto en su pueblo, ni sucesor en sus moradas. Sobre su día se espantarán los por venir, y a los antiguos tomarán pavor. Ciertamente tales son las moradas del impío, y este es el lugar del que no conoció a Dios. Y RESPONDIÓ Job, y dijo: ¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma: y me moleréis con palabras? Ya me habéis avergonzado diez veces: no tenéis vergüenza de afrentarme. Sea así, que de cierto yo haya errado: conmigo se quedará mi yerro. Mas si vosotros os engrandeciereis contra mí, y redarguyereis contra mí mi oprobrio: Sabéd ahora, que Dios, me trastornó, y trajo al derredor su red sobre mí. He aquí, yo clamaré agravio, y no seré oido: daré voces, y no habrá juicio. Cercó de vallado mi camino, y no pasaré; y sobre mis veredas puso tinieblas. Quitóme mi honra, y quitó la corona de mi cabeza. Arrancóme al derredor, y me fuí; e hizo ir, como de un árbol, mi esperanza. E hizo inflamar contra mí su furor; y contóme a sí entre sus enemigos. Vinieron sus ejércitos a una, y trillaron sobre mí su camino; y asentaron campo en derredor de mi tienda. Mis hermanos hizo alejar de mí, y mis conocidos ciertamente se extrañaron de mí. Mis parientes se detuvieron; y mis conocidos se olvidaron de mí. Los moradores de mi casa, y mis criadas, me tuvieron por extraño: extraño fuí yo en sus ojos. Llamé a mi siervo, y no respondió; de mi propia boca le rogaba. Mi aliento fué hecho extraño a mi mujer, y por los hijos de mi vientre le rogaba. Aun los muchachos me menospreciaron: en levantándome, luego hablaban contra mí. Todos los varones de mi secreto me aborrecieron; y los que yo amaba, se tornaron contra mí. Mi hueso se pegó a mi piel y a mi carne, y he escapado con el cuero de mis dientes. ¡Oh vosotros mis amigos tenéd compasión de mí, tenéd compasión de mí! porque la mano de Dios me ha tocado. ¿Por qué me perseguís como Dios, y no os hartáis de mis carnes? ¿Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas? ¿Quién diese que se escribiesen en un libro? ¿Qué con cincel de hierro y con plomo fuesen en piedra esculpidas para siempre? Yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo. Y después, desde este mi roto cuero, y desde mi propia carne tengo de ver a Dios: Al cual yo tengo de ver por mí, y mis ojos le han de ver, y no otro, aunque mis riñones se consuman dentro de mí. ¿Por qué no decís: Por qué le perseguimos? pues que la raíz del negocio se halla en mí. Teméd a vosotros delante de la espada; porque la ira de la espada de las maldades viene: porque sepáis que hay juicio. Y RESPONDIÓ Sofar Naama- tita, y dijo: Por cierto mis pensamientos me hacen responder, y por tanto me apresuro. El castigo de mi vergüenza he oido, y el espíritu de mi inteligencia me hace responder. ¿Esto no sabes que fué siempre, desde el tiempo que fué puesto el hombre sobre la tierra: Que la alegría de los impíos es breve, y el gozo del hipócrita, por un momento? Si subiere hasta el cielo su altura, y su cabeza tocare en las nubes, Como su mismo estiércol perecerá para siempre: los que le vieren, dirán: ¿Qué es de él? Como sueño volará, y no será hallado; e irse ha como una visión nocturna. El ojo que le viere, nunca más le verá: ni su lugar le verá más. Sus hijos pobres andarán rogando, y sus manos tornarán lo que él robó. Sus huesos están llenos de sus mocedades: y con él serán sepultadas en el polvo. Si el mal se endulzó en su boca, si lo ocultaba debajo de su lengua: Si le parecía bien, y no lo dejaba; mas ántes lo detenía entre su paladar: Su comida se mudará en sus entrañas: hiel de áspides se tornará dentro de él. Comió haciendas, mas vomitarlas ha: de su vientre las sacará Dios. Veneno de áspides chupará: lengua de víbora le matará. No verá los arroyos, las riberas de los ríos de miel y de manteca. Restituirá el trabajo ajeno conforme a la hacienda que tomó: y no tragará, ni gozará. Por cuanto molió, dejó pobres: robó casas, y no las edificó; Por tanto él no sentirá sosiego en su vientre, ni escapará con su codicia. No quedó nada que no comiese: por tanto su bien no será durable. Cuando fuere lleno su bastimento, tendrá angustia, toda mano del trabajado le acometerá. Cuando se pusiere a henchir su vientre, Dios enviará sobre él la ira de su furor; y lloverá sobre él y sobre su comida. Huirá de las armas de hierro, y pasarle ha el arco de acero. Desvainará, y sacará saeta de su aljaba, y saldrá resplandeciendo por su hiel: sobre él vendrán terrores. Todas tinieblas están guardadas para sus secretos, fuego no soplado le devorará: su sucesor será quebrantado en su tienda. Los cielos descubrirán su iniquidad: y la tierra estará contra él. Los renuevos de su casa serán trasportados; y serán derramados en el día de su furor. Esta es la parte que Dios apareja al hombre impío; y esta es la heredad que Dios le señala por su palabra. Y RESPONDIÓ Job, y dijo: Oid atentamente mi palabra, y sea esto por vuestros consuelos. Soportádme, y yo hablaré; y después que hubiere hablado, escarnecéd. ¿Hablo yo a algún hombre? y si es así, ¿por qué no se angustiará mi espíritu? Mirádme, y espantáos, y ponéd la mano sobre la boca. Que cuando yo me acuerdo, me asombro; y toma temblor mi carne. ¿Por qué viven los impíos, y se envejecen, y aun crecen en riquezas? Su simiente con ellos, compuesta delante de ellos; y sus renuevos delante de sus ojos. Sus casas seguras de temor, ni hay sobre ellos azote de Dios. Sus toros engendran y no yerran: paren sus vacas y no amueven. Echan sus chiquitos como manada de ovejas, y sus hijos andan saltando. A son de tamboril y de vihuela saltan; y se huelgan al son del órgano. Gastan sus dias en bien, y en un momento descienden a la sepultura. Y dicen a Dios: Apártate de nosotros, que no queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso para que le sirvamos? ¿y de qué nos aprovechará que oremos a él? He aquí, que su bien no está en su mano: el consejo de los impíos léjos esté de mí. ¡Oh cuántas veces la antorcha de los impíos es apagada; y viene sobre ellos su contrición; y con su ira Dios les reparte dolores! Serán como la paja delante del viento, y como el tamo que arrebata el torbellino. Dios guardará para sus hijos su violencia; y le dará su pago, para que conozca. Verán sus ojos su quebranto; y beberá de la ira del Todopoderoso. Porque ¿qué deleite tendrá él de su casa después de sí, siendo cortado el número de sus meses? ¿Enseñará él a Dios sabiduría, juzgando él las alturas? Este morirá en la fortaleza de su hermosura todo quieto y pacífico. Sus pechos están llenos de leche, y sus huesos serán regados de tuétano. Y estotro morirá con amargo ánimo, y no comerá con bien. Juntamente yacerán sobre la tierra, y gusanos los cubrirán. He aquí, que yo conozco vuestros pensamientos, y las imaginaciones que contra mí forjáis. Porque decís: ¿Qué es de la casa del príncipe? ¿y qué es de la tienda de las moradas de los impíos? ¿No habéis preguntado a los que pasan por los caminos, cuyas señas no negaréis? Que el malo es guardado del día de la contrición, del día de las iras son llevados. ¿Quién le denunciará en su cara su camino? ¿y de lo que él hizo, quién le dará el pago? Porque él ya será llevado a los sepulcros, y en el montón permanecerá. Los terrones del arroyo le serán ya dulces; y tras de él será llevado todo hombre, y ántes de él no hay número. ¿Cómo pues me consoláis en vano, pues vuestras respuestas quedan por mentira? Y RESPONDIÓ Elifaz Temanita, y dijo: ¿Traerá el hombre provecho a Dios? porque el sabio a sí mismo aprovecha. ¿Tiene su contentamiento el Omnipotente en que tú seas justificado? ¿ o le viene algún provecho de que tú hagas perfectos tus caminos? ¿Si porque te teme, te castigará, y vendrá contigo a juicio? Por cierto tu malicia es grande: y tus maldades no tienen fin. Porque prendaste a tus hermanos sin causa, e hiciste desnudar las ropas de los desnudos. No diste de beber agua al cansado, y al hambriento detuviste el pan. Empero el violento tuvo la tierra, y el honrado habitó en ella. Las viudas enviaste vacías, y los brazos de los huérfanos fueron quebrados, Por tanto hay lazos al derredor de tí, y te turba espanto repentino: O tinieblas, porque no veas; y abundancia de agua te cubre. ¿No está Dios en la altura de los cielos? Mira la altura de las estrellas como son altas. ¿Dirás pues: Qué sabe Dios? ¿cómo juzgará por medio de la oscuridad? Las nubes son su escondedero, y no ve: y por el cerco del cielo se pasea. ¿Quieres tú guardar la senda antigua, que pisaron los varones perversos? Los cuales fueron cortados ántes de tiempo: cuyo fundamento fué como un río derramado: Que decían a Dios: Apártate de nosotros: ¿y qué nos ha de hacer el Omnipotente? Habiendo él henchido sus casas de bienes. Por tanto el consejo de ellos léjos sea de mí. Verán los justos, y gozarse han, y el inocente los escarnecerá. ¿Fué cortada nuestra substancia, habiendo consumido el fuego el resto de ellos? Ahora pues conciértate con él, y tendrás paz, y por ello te vendrá bien. Toma ahora la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón. Si te tornares hasta el Omnipotente, serás edificado: alejarás de tu tienda la iniquidad. Y tendrás más oro que tierra, y como piedras de arroyos, oro de Ofir. Y tu oro será el Todopoderoso; y tendrás plata a montones. Porque entónces te deleitarás en el Omnipotente, y alzarás a Dios tu rostro. Orarás a él, y él te oirá, y pagarás tus votos. Y determinarás la cosa, y serte ha firme, y sobre tus caminos resplandecerá luz. Cuando los otros fueren abatidos, dirás tú: Ensalzamiento: y al humilde de ojos salvará. Un inocente escapará una isla: y en la limpieza de tus manos será guardada. Y RESPONDIÓ Job, y dijo: Hoy también hablaré con amargura, y será más grave mi llaga que mi gemido. ¡Quién diese que le conociese, y le hallase! yo iría hasta su trono. Ordenaría juicio delante de él, y mi boca henchiría de argumentos. Yo sabría lo que él me respondería, y entendería lo que me dijese. ¿Pleitearía conmigo con multitud de fuerza? No: ántes él la pondría en mí. Allí el recto disputaría con él; y escaparía para siempre de él que me condena. He aquí, yo iré al oriente, y no le hallaré, y al occidente, y no le entenderé. Si al norte él obrare, yo no le veré: al mediodía se esconderá, y no le veré. Mas él conoció mi camino: probóme, y salí como oro. Mis piés tomaron su rastro: guardé su camino, y no me aparté. Del mandamiento de sus labios nunca me quité: las palabras de su boca guardé más que mi comida. Y si él se determina en una cosa, ¿quién le apartará? Su alma deseó, e hizo. Por tanto él acabará lo que ha determinado de mí; y muchas cosas como estas hay en él. Por lo cual yo me espantaré delante de su rostro: consideraré, y temerle he. Dios ha enternecido mi corazón, y el Omnipotente me ha espantado. ¿Por qué yo no fuí cortado delante de las tinieblas, y cubrió con oscuridad mi rostro? ¿POR qué no son ocultos los tiempos al Todopoderoso, pues los que le conocen no ven sus dias? Toman los términos, roban los ganados, y los apacientan. Llévanse el asno de los huérfanos, prendan el buey de la viuda. Hacen apartar del camino a los pobres, y todos los pobres de la tierra se esconden. He aquí, que como asnos monteses en el desierto salen a su obra madrugando para robar; el desierto es su mantenimiento, y de sus hijos. En el campo siegan su pasto, y los impíos vendimían la viña. Al desnudo hacen dormir sin ropa, y que en el frio no tenga cobertura. De la inundación de los montes fueron humedecidos; y abrazaron las peñas sin tener en que cubrirse. Al huérfano del pecho roban, y de sobre el pobre toman la prenda. Al desnudo hacen andar sin vestido, y a los hambrientos quitan los manojos. De dentro de sus paredes esprimen el aceite, pisan los lagares, y mueren de sed. De la ciudad claman los hombres, y las almas de los muertos dan voces, y Dios no puso estorbo. Ellos son los que son rebeldes a la luz: nunca conocieron sus caminos, ni estuvieron en sus veredas. A la luz se levanta el matador: mata al pobre y al necesitado, y de noche es como ladrón. El ojo del adúltero está aguardando la noche, diciendo: No me verá nadie, y esconderá su rostro. En las tinieblas minan las casas, que de día se señalaron: no conocen la luz. Porque a todos ellos la mañana les es como sombra de muerte: si son conocidos, terrores de sombra de muerte los toman. Son livianos sobre las aguas: su porción es maldita en la tierra. Nunca vienen por el camino de las viñas. La sequedad, y también el calor roban las aguas de la nieve; y el sepulcro a los pecadores. El misericordioso se olvidará de ellos, los gusanos sentirán dulzura de ellos: nunca más habrá de ellos memoria; y como un árbol será quebrantada la iniquidad. A la mujer estéril que no paría, afligió: y a la viuda nunca hizo bien. Mas a los violentos adelantó con su poder: levantóse, y no fió a nadie en la vida. Si algunos le dieron a crédito, y se afirmó en ellos; sus ojos tuvo puestos sobre los caminos de ellos. Fueron enaltecidos por un poco, y desaparecieron, y son abatidos como cada cual: serán encerrados, y cortados como cabezas de espigas. Y si no es así, ¿quién me desmentirá ahora, o tornará en nada mis palabras? Y RESPONDIÓ Baldad Sujita, y dijo: El señorío y el temor están con él: él hace paz en sus alturas. ¿Tienen sus ejércitos número? ¿y sobre quién no está su luz? ¿Y cómo se justificará el hombre con Dios? ¿y cómo será limpio el que nace de mujer? He aquí, que ni aun hasta la luna será resplandeciente: ni las estrellas son limpias delante de sus ojos. ¿Cuánto más el gusano del hombre, e hijo de hombre gusano? Y RESPONDIÓ Job, y dijo: ¿En qué ayudaste al que no tiene fuerza? ¿salvaste con brazo al que no tiene fortaleza? ¿En qué aconsejaste al que no tiene ciencia? ¿y mostraste asaz tu sabiduría? ¿A quién has anunciado palabras? ¿y cúyo es el espíritu que sale de tí? Cosas inanimadas son formadas debajo de las aguas, y de sus moradas. El sepulcro es descubierto delante de él, y el infierno no tiene cobertura. Extiende al aquilón sobre vacío: cuelga la tierra sobre nada. Las aguas ata en sus nubes, y las nubes no se rompen debajo de ellas. El aprieta la faz de su trono, y extiende sobre él su nube. El cercó con término la superficie de las aguas hasta que se acabe la luz y las tinieblas. Las columnas del cielo tiemblan, y se espantan de su reprensión. El rompe la mar con su potencia, y con su entendimiento hiere su hinchazón. Su Espíritu adornó los cielos: su mano crió la serpiente rolliza. He aquí, estas son partes de sus caminos: ¿y cuán poco es lo que habemos oido de él? porque el estruendo de sus fortalezas ¿quién lo entenderá? Y TORNÓ Job a tomar su pará- bola, y dijo: Vive el Dios que me quitó mi derecho; y el Omnipotente, que amargó mi alma: Que todo el tiempo que mi alma estuviere en mí, y hubiere resuello de Dios en mis narices, Mis labios no hablarán iniquidad: ni mi lengua pronunciará engaño. Nunca tal me acontezca, que yo os justifique: hasta morir no quitaré mi integridad de mí. Mi justicia tengo asida, y no la aflojaré, no se avergonzará mi corazón de mis dias. Sea como el impío mi enemigo, y como el inicuo mi adversario. Porque ¿qué es la esperanza del hipócrita, si mucho hubiere robado, cuando Dios arrebatare su alma? ¿Oirá Dios su clamor, cuando viniere sobre él la tribulación? ¿Se deleitará en el Omnipotente? ¿llamará a Dios en todo tiempo? Yo os enseñaré lo que está en la mano de Dios: no esconderé lo que está acerca del Omnipotente. He aquí, que todos vosotros lo habéis visto: ¿por qué pues os desvanecéis con vanidad? Esta es la suerte del hombre impío acerca de Dios, y la herencia que los violentos han de recibir del Omnipotente. Si sus hijos fueren multiplicados, serán para la espada, y sus pequeños no se hartarán de pan. Los que de ellos quedaren, en muerte serán sepultados, y sus viudas no llorarán. Sí amontonare plata como polvo, y si aparejare ropa como lodo: Aparejará, mas el justo se vestirá, y el inocente repartirá la plata. Edificó su casa como la polilla, y como cabaña que hizo alguna guarda. El rico dormirá, mas no será recogido: abrirá sus ojos, y no verá a nadie. Asirán de él terrores como aguas: torbellino le arrebatará de noche. Tomarle ha solano, e irse ha: y tempestad le arrebatará de su lugar. Y echará sobre él, y no perdonará: huyendo huirá de su mano. Batirá sus manos sobre él, y desde su lugar le silbará. CIERTAMENTE la plata tiene su oculto nacimiento, y el oro lugar de donde lo sacan. El hierro es tomado del polvo, y de la piedra es fundido el metal. A las tinieblas puso término, y a toda obra perfecta que él hizo puso piedra de oscuridad y de sombra de muerte. Sale el río junto al morador; y las aguas sin pié, mas altas que el hombre, se fueron. Tierra de la cual saldrá pan, y debajo de ella estará como convertida en fuego. Lugar que sus piedras serán zafiros, y tendrá polvos de oro. Senda que nunca la conoció ave, ni ojo de buitre la vió. Nunca la pisaron animales fieros, ni pasó por ella león. En el pedernal puso su mano, y trastornó los montes de raíz. De los peñascos cortó ríos, y todo lo precioso vió su ojo. Los ríos detuvo en su nacimiento, y lo escondido hizo salir a luz. ¿Mas la sabiduría, donde se hallará? ¿y el lugar de la prudencia, donde está? Nunca el hombre supo su valor, ni se halla en la tierra de los vivientes. El abismo dice: No está en mí: y la mar dijo: Ni conmigo. No se dará por oro, ni su precio será a peso de plata. No es apreciada con oro de Ofir, ni con onix precioso, ni con zafiro. El oro no se le igualará, ni el diamante; ni se trocará por vaso de oro fino. De coral, ni de gabis, no se hará mención: la sabiduría es mejor que piedras preciosas. No se igualará con ella esmeralda de Etiopía: no se podrá apreciar con oro fino. ¿De dónde, pues, vendrá la sabiduría? ¿y dónde está el lugar de la inteligencia? Pues es encubierta a los ojos de todo viviente, y a toda ave del cielo es oculta. La perdición y la muerte dijeron: Su fama hemos escuchado con nuestros oidos. Dios entendió su camino, y él solo conoció su lugar. Porque él mira hasta los fines de la tierra, y ve debajo de todo el cielo: Haciendo peso al viento, y poniendo las aguas por medida. Cuando él hizo ley a la lluvia, y camino al relámpago de los truenos: Entónces la vió él, y la manifestó; la preparó, y también la inquirió. Y dijo al hombre: He aquí, que el temor del Señor es la sabiduría; y la inteligencia el apartarse del mal. Y TORNÓ Job a tomar su pará- bola, y dijo: ¡Quién me tornase como en los meses pasados, como en los dias cuando Dios me guardaba! Cuando hacía resplandecer su candela sobre mi cabeza, a la luz de la cual yo caminaba en la oscuridad. Como fuí en los dias de mi mocedad, cuando Dios era familiar en mi tienda; Cuando aun el Omnipotente estaba conmigo, y mis mozos al derredor de mí; Cuando yo lavaba mis caminos con manteca, y la piedra me derramaba ríos de aceite; Cuando salía a la puerta a juicio, y en la plaza hacía aparejar mi silla: Los mozos me veían, y se escondían, y los viejos se levantaban, y estaban en pié. Los príncipes detenían sus palabras, y ponían la mano sobre su boca. La voz de los principales se ocultaba, y su lengua se pegaba a su paladar. Cuando los oidos que me oían, me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían, me daban testimonio; Porque libraba al pobre que gritaba, y al huérfano que carecía de ayudador. La bendición del que se iba a perder venía sobre mí, y al corazón de la viuda hacía cantar de alegría. Vestíame de justicia, y ella me vestía como un manto, y mí toca era juicio. Yo era ojos al ciego, y piés al cojo. A los menesterosos era padre, y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia. Y quebraba los colmillos del inicuo; y de sus dientes hacía soltar la presa. Y decía: En mi nido moriré, y como arena multiplicaré dias. Mi raíz está abierta junto a las aguas, y en mis ramas permanecerá rocío. Mi honra se renueva conmigo, y mi arco se renueva en mi mano. Oíanme y esperaban, y callaban a mi consejo. Tras mi palabra no replicaban: mas mi razón destilaba sobre ellos. Y esperábanme como a la lluvia, y abrían su boca como a la lluvia tardía. Si me reía a ellos, no lo creían; ni derribaban la luz de mi rostro. Aprobaba el camino de ellos, y sentábame en cabecera; y moraba como el rey en el ejército, como el que consuela llorosos. MAS ahora los más mozos de dias que yo, se rien de mí, cuyos padres yo desdeñara de ponerlos con los perros de mi ganado, Porque ¿para qué había yo menester la fuerza de sus manos, en los cuales pereció el tiempo? Por causa de la pobreza y de la hambre solos: que huían a la soledad, al lugar tenebroso, asolado y desierto. Que cogían malvas entre los árboles, y raices de enebros para calentarse. Eran echados de entre las gentes, y todos les daban grita como a ladrón. Que habitaban en las barrancas de los arroyos, en las cavernas de la tierra, y en las piedras. Que bramaban entre las matas, y se congregaban debajo de las espinas. Hijos de viles, y hombres sin nombre: mas bajos que la misma tierra. Y ahora yo soy su canción, y soy hecho a ellos refran. Abomínanme, aléjanse de mí; y aun de mi rostro no detuvieron su saliva. Porque Dios desató mi cuerda, y me afligió; y quitaron el freno delante de mi rostro. A la mano derecha se levantaron los muchachos; rempujaron mis piés, y pisaron sobre mí las sendas de su contrición. Mi senda derribaron: aprovecháronse de mi quebrantamiento; contra los cuales no hubo ayudador. Vinieron como por portillo ancho: revolviéronse por mi calamidad. Turbaciones se convirtieron sobre mí: combatieron como un viento mi voluntad, y mi salud como nube que pasa. Y ahora mi alma está derramada en mí: dias de aflicción me han comprendido. De noche taladra sobre mí mis huesos, y mis pulsos no reposan. Con la grandeza de la fuerza del dolor mi vestidura es mudada; cíñeme como el collar de mi ropa. Derribóme en el lodo, y soy semejante al polvo, y a la ceniza. Clamo a tí, y no me oyes: me presento, y no me echas de ver. Háste tornado cruel para mí: con la fortaleza de tu mano me amenazas. Levantásteme, e hicísteme cabalgar sobre el viento, y derretiste en mí el ser. Porque yo conozco que me tornas a la muerte, y a la casa determinada a todo viviente. Mas él no extenderá la mano contra el sepulcro; ¿clamarán los sepultados cuando él los quebrantare? ¿No lloré yo al afligido, y mi alma no se entristeció sobre el menesteroso? Cuando esperaba el bien, entónces me vino el mal; y cuando esperaba la luz, vino la oscuridad. Mis entrañas hierven, y no reposan: previniéronme dias de aflicción. Denegrido anduve, y no por el sol: levantéme en la congregación, y clamé. Hermano fuí de los dragones, y compañero de las hijas del avestruz. Mi cuero está denegrido sobre mí, y mis huesos se secaron con sequedad. Y mi arpa se tornó en luto, y mi órgano en voz de lamentantes. HICE concierto con mis ojos: porque ¿á qué propósito había yo de pensar de la vírgen? Porque, ¿qué galardón me daría de arriba Dios, y qué heredad el Omnipotente de las alturas? ¿No hay quebrantamiento para el impío, y extrañamiento para los que obran iniquidad? ¿No ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos? Si anduve con mentira, y si mi pié se apresuró a engaño, Péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi perfección. Si mis pasos se apartaron del camino, y si mi corazón se fué tras mis ojos, y si algo se apegó a mis manos, Siembre yo, y otro coma, y mis verduras sean arrancadas. Si fué mi corazón engañado acerca de mujer, y si estuve asechando a la puerta de mi prójimo: Muela para otro mi mujer, y sobre ella se encorven otros; Porque es maldad, e iniquidad probada. Porque es fuego que hasta el sepulcro devoraría, y toda mi hacienda desarraigaría. Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva, cuando ellos pleiteasen conmigo; ¿Qué haría yo cuando Dios se levantase? y cuando él visitase; ¿qué le respondería yo? ¿El que en el vientre me hizo a mí, no le hizo a él? ¿y un mismo autor no nos dispuso en la matriz? Si estorbé el contento de los pobres, e hice desfallecer los ojos de la viuda; Y si comí mi bocado solo, y no comió de él el huérfano; (Porque desde mi mocedad creció conmigo como con padre; y desde el vientre de mi madre fuí guía de la viuda;) Si ví al que pereciera sin vestido, y al menesteroso sin cobertura; Si no me bendijeron sus lomos, y del vellocino de mis ovejas se calentaron; Si alcé contra el huérfano mi mano, aunque viese que todos me ayudarían en la puerta: Mi espalda se caiga de mi hombro, y mi brazo sea quebrado de mi canilla. Porque temí el castigo de Dios, contra cuya alteza yo no tendría poder. Si puse en oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza eres tú; Si me alegré de que mi hacienda se multiplicase, y de que mi mano hallase mucho; Si ví al sol cuando resplandecía, y a la luna cuando iba hermosa, Y mi corazón se engañó en secreto, y mi boca besó mi mano: Esto también fuera maldad probada, porque negaría al Dios soberano. Si me alegré en el quebrantamiento del que me aborrecía, y me regocijé, cuando le halló el mal. Que ni aun entregué al pecado mi paladar, pidiendo maldición para su alma, Cuando mis domésticos decían: ¿quién nos diese de su carne? nunca nos hartaríamos. El extranjero no tenía fuera la noche: mis puertas abría al caminante. Si encubrí como los hombres mis prevaricaciones, escondiendo en mi escondrijo mi iniquidad; Porque quebrantaba a la gran multitud, y el menosprecio de las familias me atemorizó, y callé, y no salí de mi puerta; Quién me diese: quién me oyese: ciertamente, mi señal es que el Omnipotente testificará por mí: aunque mi adversario me haga el proceso, Ciertamente yo le llevaría sobre mi hombro, y me le ataría en lugar de coronas. Yo le contaría el número de mis pasos; y como príncipe me allegaría a él. Si mi tierra clamará contra mí, y llorarán todos sus surcos; Si comí su fuerza sin dinero, o afligí el alma de sus dueños: En lugar de trigo me nazcan espinas, y neguilla en lugar de cebada. Acábanse las palabras de Job. Y CESARON estos tres varones de responder a Job, por cuanto él era justo en sus ojos. Y Eliú, hijo de Baraquel, Buzita, de la familia de Ram, se enojó con furor contra Job: enojóse con furor, por cuanto justificaba su vida más que a Dios. Enojóse asimismo con furor contra sus tres amigos, por cuanto no hallaban que responder, habiendo condenado a Job. Y Eliú había esperado a Job en la disputa; porque todos eran más viejos de dias que él. Y viendo Eliú que no había respuesta en la boca de aquellos tres varones, su furor se encendió. Y respondió Eliú, hijo de Baraquel, Buzita, y dijo: Yo soy menor de dias, y vosotros viejos; por tanto he tenido miedo, y he temido de declararos mi opinión. Yo decía: Los dias hablarán, y la muchedumbre de años declarará sabiduría. Ciertamente espíritu hay en el hombre, e inspiración del Omnipotente los hace que entiendan. No los grandes son los sabios: ni los viejos entienden el derecho. Por tanto yo dije: Escuchádme, declararé mi sabiduría yo también. He aquí, yo he esperado a vuestras razones, he escuchado vuestros argumentos entre tanto que buscáis palabras. Y aun os he considerado, y he aquí, que no hay de vosotros quien redarguya a Job, y responda a sus razones. Porque no digáis: Nosotros hemos hallado sabiduría: Dios le desechó, y no hombre. Ni tampoco Job enderezó a mi sus palabras, ni yo le responderé con vuestras razones. Espantáronse, no respondieron más, quitáronseles las hablas. Y yo esperé, porque no hablaban: ántes pararon, y no respondieron más. Responderé pues también yo mi parte, declararé también yo mi opinión: Porque estoy lleno de palabras: y el espíritu de mi vientre me constriñe. De cierto mi vientre es como el vino que no tiene respiradero, y se rompe como odres nuevos. Hablaré pues, y repiraré: abriré mis labios, y responderé. No haré ahora acepción de personas, ni usaré con hombre de lisongeros títulos. Porque no sé hablar lisonjas: de otra manera en breve me consuma mi hacedor. POR tanto oye ahora, Job, mis razones, y escucha todas mis palabras. He aquí, ahora yo abriré mi boca, y mi lengua hablará en mi garganta. Mis razones declararán la rectitud de mi corazón, y mis labios hablarán pura sabiduría. El Espíritu de Dios me hizo, y la inspiración del Omnipotente me dió vida. Si pudieres, respóndeme: dispon, está delante de mí. Héme aquí a mí en lugar de Dios, conforme a tu dicho: de lodo soy yo también formado. He aquí que mi terror no te espantará, ni mi mano se agravará sobre tí. De cierto tú dijiste a mis oidos, y yo oí la voz de tus palabras: Yo soy limpio, y sin rebelión: yo soy inocente, y no hay maldad en mí; He aquí que él buscó achaques contra mí, y me tiene por su enemigo; Puso mis piés en el cepo, y guardó todas mis sendas. He aquí en esto no has hablado justamente: responderte he, que mayor es Dios que el hombre. ¿Por qué tomaste pleito contra él? porque él no dirá todas sus palabras. Ántes en una o en dos maneras hablará Dios al que no ve. Por sueño de visión nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho; Entónces revela al oido de los hombres; y les señala su castigo; Para quitar al hombre de la mala obra, y apartar del varón la soberbia. Así detendrá su alma de corrupción, y su vida de ser pasada a cuchillo. También sobre su cama es castigado con dolor fuertemente, en todos sus huesos: Que le hace que su vida aborrezca el pan, y su alma la comida suave. Su carne desfallece sin verse; y sus huesos, que ántes no se veían, serán levantados. Y su alma se acercará del sepulcro, y su vida, de los matadores. Si hubiere cerca de él algún elocuente anunciador muy escogido, que anuncie al hombre su justicia, Que le diga: que Dios tuvo misericordia de él, que le libró de descender al sepulcro, que halló redención. Su carne se enternecerá más que de un niño, y volverá a los dias de su mocedad. Orará a Dios, y amarle ha; y verá su faz con júbilo: y él dará al hombre el pago de su justicia. Él mira sobre los hombres; y el que dijere: Pequé, y pervertí lo recto, y no me ha aprovechado: Dios redimirá su alma, que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz. He aquí, todas estas cosas hace Dios dos, tres veces con el hombre. Para apartar su alma del sepulcro, y para ilustrarle con la luz de los vivientes. Escucha, Job, y óyeme: calla, y yo hablaré: Y si hubiere palabras, respóndeme: habla, porque yo te quiero justificar. Y si no, óyeme tú a mí: calla, y enseñarte he sabiduría. Y RESPONDIÓ Eliú, y dijo: Oid sabios, mis palabras, y doctos escuchádme: Porque el oido prueba las palabras, y el paladar gusta para comer. Escojamos para vosotros el juicio, conozcamos entre nosotros cual sea lo bueno. Porque Job ha dicho: Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi derecho. En mi juicio yo fuí mentiroso, mi saeta es gravada sin haber yo prevaricado. ¿Qué hombre hay como Job, que bebe el escarnio como agua? Y va en compañía con los que obran iniquidad, y anda con los hombres maliciosos. Porque dijo: De nada servirá al hombre, si conformare su voluntad con Dios. Por tanto varones de seso, oídme: Léjos vaya de Dios la impiedad, y del Omnipotente la iniquidad. Porque él pagará al hombre su obra, y él le hará hallar conforme a su camino, Además de esto, cierto Dios no hará injusticia, y el Omnipotente no pervertirá el derecho. ¿Quién visitó por él la tierra? ¿y quién puso en órden todo el mundo? Si él pusiese sobre el hombre su corazón, y recogiese a sí su espíritu y su aliento, Toda carne perecería juntamente, y el hombre se tornaría en polvo. Y si hay en tí entendimiento, oye esto: escucha la voz de mis palabras. ¿Enseñorearse ha el que aborrece juicio? ¿y condenarás al poderoso siendo justo? ¿Decirse ha al rey: Perverso eres; y a los príncipes: Impíos sois? ¿Cuánto ménos a aquel que no hace acepción de personas de príncipes, ni el rico es de él más respetado que el pobre? porque todos son obras de sus manos. En un momento mueren, y a media noche se alborotarán los pueblos, y pasarán, y sin mano será quitado el poderoso. Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, y todos sus pasos ve. No hay tinieblas, ni sombra de muerte, donde se encubran los que obran maldad. Porque nunca más permitirá al hombre, que vaya con Dios a juicio. Él quebrantará a los fuertes sin pesquisa: y hará estar otros en lugar de ellos. Por tanto él hará notorias las obras de ellos; y volverá la noche, y serán quebrantados. Como a malos los herirá en lugar donde sean vistos. Por cuanto se apartaron de él así, y no consideraron todos sus caminos: Haciendo venir delante de sí el clamor del pobre, y oyendo el clamor de los necesitados. Y si él diere reposo, ¿quién inquietará? Si escondiere el rostro, ¿quién le mirará? Esto sobre una nación, y asimismo sobre un hombre: Haciendo que reine el hombre hipócrita para escándalos del pueblo. Porque de Dios es decir: Yo perdoné, no destruiré. Enséñame tú lo que yo no veo: que si hice mal, no lo haré más. ¿Ha de ser eso según tu mente? Él te recompensará, que no quieras tú, o quieras, y no yo: dí lo que sabes. Los hombres de seso dirán conmigo, y el hombre sabio me oirá. Job no habla con sabiduría, y sus palabras no son con entendimiento. Deseo que Job sea probado luengamente: para que haya respuestas contra los varones inícuos. Por cuanto a su pecado añadió impiedad: bate las manos entre nosotros, y multiplica sus palabras contra Dios. Y PROCEDIENDO Eliú en su razonamiento, dijo: ¿Piensas haber sido conforme a derecho lo que dijiste: Más justo soy que Dios? Porque dijiste: ¿Qué te aprovechará, que provecho tendré de mi pecado? Yo te responderé algunas razones; y a tus compañeros contigo. Mira a los cielos, y vé, y considera que los cielos son más altos que tú. Si pecares, ¿qué habrás hecho contra él? y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué le harás tú? Si fueres justo, ¿qué le darás a él? ¿o qué recibirá de tu mano? Al hombre como tú dañará tu impiedad; y al hijo del hombre aprovechará tu justicia. A causa de la multitud de las violencias clamarán, y darán voces por la fuerza de los violentos: Y ninguno dirá: ¿Dónde está Dios mi hacedor, que da canciones en la noche; Que nos enseña más que las bestias de la tierra, y nos hace sabios más que las aves del cielo? Allí clamarán, y él no oirá por la soberbia de los malos. Ciertamente Dios no oirá la vanidad, ni el Omnipotente la mirará. Aunque más digas: No le mirará: haz juicio delante de él, y espera en él. Mas ahora, porque su ira no visita, ni conoce en gran manera, Job abrió su boca vanamente, y multiplica palabras sin sabiduría. Y PASANDO a delante Eliú, dijo: Espérame un poco, y enseñarte he: porque todavía hablo por Dios. Tomaré mi sabiduría de léjos, y daré la justicia a mi Hacedor. Porque de cierto no son mentira mis palabras, ántes se trata contigo con perfecta sabiduría. He aquí, que Dios es grande, y no aborrece, fuerte en virtud de corazón. No dará vida al impío; y a los afligidos dará su derecho. No quitará sus ojos del justo: mas con los reyes los pondrá también en trono para siempre, y serán ensalzados. Y si estuvieren presos en grillos, y cautivos en las cuerdas de aflicción, El les anunciará la obra de ellos, y que sus rebeliones prevalecieron. Y despierta el oido de ellos para castigo, y dice que se conviertan de la iniquidad. Si oyeren, y sirvieren, acabarán sus dias en bien, y sus años en deleites. Mas si no oyeren, serán pasados a cuchillo: y perecerán sin sabiduría. Mas los hipócritas de corazón le irritarán más; y no clamarán, cuando él los atare. El alma de ellos morirá en su mocedad, y su vida entre los sodomíticos. Al pobre librará de su pobreza, y en la aflicción despertará su oreja. Y aun te apartará de la boca de la angustia en anchura, debajo de la cual no haya estrechura, y te asentará mesa llena de grosura. Mas tú has henchido el juicio del impío contra la justicia, y el juicio que lo sustenta todo. Por lo cual es de temer, que no te quite con herida, la cual no evites con gran rescate. ¿Estimará él tus riquezas, ni el oro, ni todas las fuerzas de poder? No desees la noche, en la cual él corta los pueblos de su lugar. Guárdate, no mires a la iniquidad, teniéndola por mejor que la pobreza. He aquí, que Dios será ensalzado con su poder, ¿quién semejante a él, enseñador? ¿Quién visitó sobre él su camino? ¿Y quién dijo: Iniquidad has hecho? Acuérdate de engrandecer su obra, la cual contemplan los hombres. La cual vieron todos los hombres, y el hombre la ve de léjos. He aquí que Dios es grande, y nosotros no le conoceremos: ni se puede rastrear el número de sus años. Porque él detiene las goteras de las aguas, cuando la lluvia se derrama de su vapor. Cuando gotean de las nubes, gotean sobre los hombres en abundancia. ¿Si entenderá también los extendimientos de las nubes, y los bramidos de su tabernáculo? He aquí, que él extendió sobre ella su luz; y cubrió las raices de la mar. Con ellas castiga a los pueblos, y da comida a la multitud. Con las nubes encubre la luz, y les manda que vayan contra ella. La una da nuevas de la otra: la una adquiere ira contra la que viene. A ESTO también se espanta mi corazón y salta de su lugar. Oid oyendo su terrible voz, y la palabra que sale de su boca. Debajo de todos los cielos lo enderezará, y su luz le extenderá hasta los fines de la tierra. Tras de él bramará el sonido, tronará con su valiente voz, y aunque sea oida su voz, no los detiene. Tronará Dios maravillosamente con su voz: él hace grandes cosas, y nosotros no lo entendemos. Porque a la nieve dice: Sé en la tierra; y lluvia tras lluvia, y lluvia tras lluvia en su fortaleza. Él pone un sello en la mano de todos los hombres, para que todos los hombres conozcan su obra. La bestia se entrará en su escondrijo, y habitará en sus moradas. Del mediodía viene el torbellino, y de los vientos del norte el frio. Por el soplo de Dios se da el hielo, y las anchas aguas son constreñidas. Además de esto, con la claridad fatiga las nubes, y las esparce con su luz. Y ellas se revuelven al derredor por sus ingenios, para hacer sobre la haz del mundo en la tierra lo que él les mandó: Unas veces por azote; otras, por causa de su tierra; otras, por misericordia las hará parecer. Escucha esto Job, repósate, y considera las maravillas de Dios. ¿Supiste tú cuando Dios las ponía en concierto, y hacía levantar la luz de su nube? ¿Has tú conocido las diferencias de las nubes, las maravillas del perfecto de sabidurías? ¿Y eran calientes tus vestidos cuando él daba el reposo a la tierra del mediodía? ¿Extendiste tú con él los cielos firmes, como un espejo firme? Muéstranos, que le hemos de decir, porque no ordenemos en tinieblas. ¿Ha de serle contado cuando yo hablare? ¿Ha de serle dicho cuando alguno será damnificado? También alguna vez no se ve la luz clara en los cielos; y pasa un viento y límpialos. De la parte del norte vendrá la serenidad, por el Dios terrible de alabanza. Él es Todopoderoso, al cual no alcanzamos: grande en poder, y en juicio, y en multitud de justicia; no aflige. Por tanto los hombres le temerán, todos los sabios de corazón no le comprenderán. Y RESPONDIÓ Jehová a Job desde la oscuridad, y dijo: ¿Quién es este que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? Ahora ciñe como varón tus lomos: preguntarte he, y me harás saber. ¿Dónde estabas tú, cuando yo fundaba la tierra? házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿o quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿o quién puso su piedra esquinada, Cuando todas las estrellas del alba alababan, y jubilaban todos los hijos de Dios? ¿Quién encerró con puertas la mar, cuando rebentó del vientre saliendo? ¿Cuándo puse nubes por su vestidura, y por su faja oscuridad? Y determiné sobre ella mi decreto, y le puse puertas y cerrojo, Y dije: Hasta aquí vendrás, y no pasarás adelante; y allí parará la hinchazón de tus ondas. ¿Has tú mandado a la mañana en tus dias? ¿has mostrado al alba su lugar, Para que asga los fines de la tierra, y que sean sacudidos de ella los impíos? Trasmudándose como lodo de sello; y parándose como vestidura: Mas la luz de los impíos es quitada de ellos; y el brazo enaltecido es quebrantado. ¿Has tú entrado hasta los profundos de la mar, y has andado escudriñando el abismo? ¿Te han sido descubiertas las puertas de la muerte? ¿y has visto las puertas de la sombra de muerte? ¿Has tú considerado hasta las anchuras de la tierra? Declara, si sabes todo esto. ¿Por dónde va el camino a la habitación de la luz? ¿y el lugar de las tinieblas, donde es? ¿Si la tomarás tú en sus términos? ¿y si entenderás las sendas de su casa? ¿Si sabías tú cuándo habías de nacer? ¿y si el número de tus dias había de ser grande? ¿Has tú entrado en los tesoros de la nieve? ¿y has visto los tesoros del granizo, Lo cual yo he guardado para el tiempo de la angustia, para el día de la guerra, y de la batalla? ¿Cuál sea el camino por donde se reparte la luz; por donde se esparce el viento solano sobre la tierra? ¿Quién repartió conducto al turbión; y camino a los relámpagos y truenos; Haciendo llover sobre la tierra deshabitada; sobre el desierto, donde no hay hombre; Para hartar la tierra desierta; e inculta; y para hacer producir verdura de renuevos? ¿Tiene la lluvia padre? ¿o quién engendró las gotas del rocio? ¿De vientre de quién salió el hielo? ¿y la helada del cielo, quién la engendró? Las aguas se tornan a manera de piedra, y la haz del abismo se aprieta. ¿Detendrás tú los deleites de las Pléiadas? ¿o desatarás las ataduras del Orión? ¿Sacarás tú a su tiempo los signos de los cielos? ¿o guiarás el Arcturo con sus hijos? ¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos? ¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra? ¿Alzarás tú a las nubes tu voz, para que te cubra multitud de aguas? ¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan? ¿y diránte ellos a tí: Hénos aquí? ¿Quién puso la sabiduría en los riñones? ¿o quién dió al entendimiento la inteligencia? ¿Quién puso por cuenta los cielos con sabiduría? ¿y los odres de los cielos, quién los hizo parar, Cuando el polvo se ha endurecido con dureza, y los terrones se pegaron unos a otros? ¿Cazarás tú la presa para el león? ¿y henchirás la hambre de los leoncillos, Cuando están echados en las cuevas, y se están en sus cabañas para asechar? ¿Quién preparó al cuervo su caza, cuando sus pollos dan voces a Dios, perdidos sin comida? ¿SABES tú el tiempo en qué paren las cabras monteses? ¿o miraste tú las ciervas, cuando están pariendo? ¿Contaste tú los meses de su preñez? ¿y sabes el tiempo cuando han de parir? Como se encorvan, quebrantan sus hijos, pasan sus dolores: Como después sanan los hijos, crecen con el grano: salen, y nunca más vuelven a ellas. ¿Quién echó libre al asno montés? ¿y quién soltó sus ataduras? Al cual yo puse casa en la soledad, y sus moradas en la tierra salada. Ríese de la multitud de la ciudad: no oye las voces del pechero. Lo oculto de los montes es su pasto, y anda buscando todo lo que está verde. ¿Querrá el unicornio servirte a tí, ni quedar a tu pesebre? ¿Atarás tú al unicornio con su coyunda para el surco? ¿labrará los valles en pos de tí? ¿Confiarás tú en él, por ser grande su fortaleza, y fiarás de él tu labor? ¿Fiarás de él que te tornará tu simiente, y que allegará en tu era? ¿Hiciste tú las alas alegres del avestruz: los cañones y la pluma de la cigüeña? La cual desampara en la tierra sus huevos, y sobre el polvo los calienta, Y olvídase de que los pisará algún pié, y que los quebrará alguna bestia del campo. Endurécese para con sus hijos, como si no fuesen suyos, no temiendo de que su trabajo haya sido en vano: Porque Dios la hizo olvidar de sabiduría, y no le dió inteligencia. A su tiempo se levanta en alto, y se burla del caballo, y del que sube en él. ¿Diste tú al caballo la fortaleza? ¿vestiste tú su cerviz de relincho? ¿Espantarle has tú como a alguna langosta, en cuya nariz hay fuerza para espantar. Escarba la tierra, alégrase en su fuerza, sale al encuentro de las armas: Hace burla del espanto, y no teme; ni vuelve el rostro delante de la espada. Contra él suena la aljaba, el hierro de la lanza, y de la pica; Y él con ímpetu y furor escarba la tierra, y no estima el sonido de la bocina. Entre las bocinas dice: ¡Ea! y desde léjos huele la batalla, el extruendo de los príncipes, y el clamor. ¿Vuela el gavilán por tu industria, y extiende sus alas hacia el mediodía? ¿Enaltécese el águila por tu mandamiento, y pone en alto su nido: Habita, y está en la piedra en la cumbre del peñasco, y de la roca? Desde allí asecha la comida: sus ojos consideran muy léjos. Y sus pollos tragan sangre; y adonde hubiere muertos, allí está. Y RESPONDIÓ Jehová a Job, y dijo: ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto. Y respondió Job a Jehová, y dijo: He aquí, que yo soy vil, ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, y no responderé; y dos veces; mas no tornaré a hablar. Y respondió Jehová a Job desde la oscuridad, y dijo: Cíñete ahora, como varón, tus lomos: yo te preguntaré, y házme saber. ¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿condenarme has a mi para justificarte a tí? ¿Tienes tú brazo como Dios? ¿y tronarás tú con voz como él? Ahora atavíate de magestad y de alteza, y vístete de honra y de hermosura. Esparce furores de tu ira, y mira a todo soberbio, y abátele. Mira a todo soberbio, y póstrale; y quebranta los impíos en su asiento. Encúbrelos a todos en el polvo; y ata sus rostros en oscuridad; Y yo también te confesaré, que tu diestra te salvará. He aquí ahora Behemot, al cual yo hice contigo; yerba come como buey. He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos; y su fortaleza en el ombligo de su vientre: Su cola mueve como un cedro; y los nervios de sus genitales son entretejidos: Sus huesos son fuertes como acero, y sus miembros como barras de hierro: Él es la cabeza de los caminos de Dios: el que le hizo le acercará de su espada. Ciertamente los montes llevan renuevo para él; y toda bestia del campo retoza allá. Debajo de las sombras se echará, en lo oculto de las cañas, y de los lugares húmedos. Los árboles sombríos le cubren con su sombra; los sauces del arroyo le cercan. He aquí que él robará el río que no corra; y confíase que el Jordán pasará por su boca. El le tomará por sus ojos en los tropezaderos, y le horadará la nariz. ¿SACARÁS tú al Leviatán con el anzuelo; y con la cuerda que le echares en su lengua? ¿Pondrás tú garfio en sus narices; y horadarás tú con espina su quijada? ¿Multiplicará él ruegos para contigo? ¿hablarte ha él a tí lisonjas? ¿Hará concierto contigo para que le tomes por siervo perpetuo? ¿Jugarás tú con él, como con pájaro? ¿y atarle has para tus niñas? ¿Harán banquete por causa de él los compañeros? ¿partirle han entre los mercaderes? ¿Cortarás tú con cuchillo su cuero, y con francado de pescadores su cabeza? Pon tu mano sobre él: acordarte has de la batalla, y nunca más tornarás. He aquí que tu esperanza será burlada; por que aun a su sola vista se desmayarán. Nadie hay tan osado que le despierte: ¿quién pues podrá estar delante de mí? ¿Quién me previno para que yo se lo agradezca? todo lo que está debajo del cielo es mío. Y no callaré sus miembros, y la cosa de sus fuerzas, y la gracia de su disposición. ¿Quién descubrira la delantera de su vestidura? ¿quién se llegará a él con freno doble? ¿Quién abrirá las puertas de su rostro? Los órdenes de sus dientes espantan. La gloria de su vestido es escudos fuertes, cerrados entre sí estrechamente. El uno se junta con el otro, que viento no entra entre ellos. El uno está pegado con el otro, están trabados entre sí, que no se pueden apartar. Con sus estornudos enciende lumbre; y sus ojos son como los párpados del alba. De su boca salen hachas de fuego, y proceden centellas de fuego. De sus narices sale humo, como de una olla, o caldero que hierve. Su aliento enciende los carbones, y de su boca sale llama. En su cerviz mora la fortaleza, y delante de él es deshecho el trabajo. Las partes de su carne están pegadas entre sí: está firme su carne en él, y no se mueve. Su corazón es firme como una piedra, y fuerte como la muela de debajo. De su grandeza tienen temor los fuertes, y de sus desmayos se purgan. Cuando alguno le alcanzare, ni espada, ni lanza, ni dardo, ni coselete, durará contra él. El hierro estima por pajas, y el acero por leño podrido. Saeta no le hace huir: las piedras de honda se le tornan armas. Toda arma tiene por hojarascas, y del blandeamiento de la pica se burla, Por debajo tiene agudas conchas: imprime su agudez en el suelo. Hace hervir como una olla la profunda mar; y tórnala como una olla de ungüento. En pos de sí hace resplandecer la senda, que parece que la mar es cana. No hay sobre la tierra su semejante, hecho para nada temer. Menosprecia toda cosa alta, es rey sobre todos los soberbios. Y RESPONDIÓ Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de tí. Quién es el que oscurece el consejo sin sabiduría? Por tanto yo denunciaba lo que no entendía; cosas que me eran ocultas, y que no las sabía. Oye ahora, y hablaré: preguntarte he y harásme saber. De oidas te había oido; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto yo me condeno a mí mismo, y me arrepiento en polvo y ceniza. Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras a Job, Jehová dijo a Elifaz Temanita: Mi ira se encendió contra tí y tus dos compañeros, porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job. Ahora pues tomáos siete becerros, y siete carneros, y andád a mi siervo Job, y ofrecéd holocausto por vosotros: y mi siervo Job orará por vosotros; porque por su respeto solamente no os trataré afrentosamente, por cuanto no habéis hablado por mí rectamente, como mi siervo Job. Y fueron Elifaz Temanita, y Baldad Sujita, y Sofar Naamatita, e hicieron como Jehová les dijo; y Jehová tuvo respeto a Job. Y tornó Jehová la aflicción de Job orando él por sus amigos; y aumentó con él doble todas las cosas que habían sido de Job. Y vinieron a él todos sus hermanos, y todas sus hermanas, y todos los que primero le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y condoleciéronse de él, y consoláronle de todo aquel mal que Jehová había traido sobre él; y cada uno de ellos le dió una oveja, y una joya de oro. Y Jehová bendijo a la postrimería de Job, más que a su principio; porque tuvo catorce mil ovejas, y seis mil camellos, y mil yuntas de bueyes, y mil asnas. Y tuvo siete hijos y tres hijas; Y llamó el nombre de la una Jemima, y el nombre de la segunda Cesia, y el nombre de la tercera Keren-hapuc. Y no se hallaron mujeres tan hermosas como las hijas de Job, en toda la tierra; y dióles su padre herencia entre sus hermanos. Y después de esto vivió Job ciento y cuarenta años, y vió a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Y murió Job viejo, y harto de dias. BIENAVENTURADO el varón, que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni se asentó en silla de burladores. Mas ántes en la ley de Jehová es su voluntad: y en su ley meditará de día y de noche. Y será como el árbol plantado junto a arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo: y su hoja no se marchita, y todo lo que hace, prosperará. No así los malos: sino como el tamo, que lo lanza el viento. Por tanto no se levantarán los malos en el juicio: ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos: y el camino de los malos se perderá. ¿POR qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan vanidad? Estarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán en uno contra Jehová, y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus coyundas: y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá: el Señor se burlará de ellos. Entónces hablará a ellos con su furor, y con su ira los conturbará. Y yo te establecí mi rey sobre Sión, el monte de mi santidad. Yo recitaré el decreto. Jehová me dijo: Mi hijo eres tú: yo te engendré hoy. Demándame, y yo daré las gentes por tu heredad, y por tu posesión los cabos de la tierra. Quebrantarlos has con vara de hierro: como vaso de ollero los desmenuzarás. Y ahora reyes entendéd: admitíd consejo jueces de la tierra. Servíd a Jehová con temor: y alegráos con temblor. Besád al hijo, porque no se enoje, y perezcáis en el camino: cuando se encendiere un poco su furor, bienaventurados todos los que confian en él. Salmo de David, cuando huía de delante de Absalom su hijo. JEHOVÁ, ¡cuánto se han multi- plicado mis enemigos! muchos se levantan contra mí. Muchos dicen de mi alma: No hay para él salud en Dios. Selah. Mas tú, Jehová, eres escudo por mí: mi gloria, y el que ensalza mi cabeza. Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió desde el monte de su santidad. Selah. Yo me acosté, y dormí, y desperté: porque Jehová me sustentaba. No temeré de diez millares de pueblo, que pusieren cerco sobre mí. Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío: porque tú heriste a todos mis enemigos en la quijada: los dientes de los malos quebrantaste. De Jehová es la salud: sobre tu pueblo será tu bendición. Selah. Al Vencedor en Neginot. Salmo de David. CUANDO llamo, respóndeme, o! Dios de mi justicia: en la angustia me hiciste ensanchar: ten misericordia de mí, y oye mi oración. Hijos de hombre, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia? ¿amaréis la vanidad? ¿buscaréis la mentira? Selah. Sabéd, pues, que Jehová hizo apartar al piadoso para sí: Jehová oirá, cuando yo clamare a él. Temblád, y no pequéis: hablád en vuestro corazón, sobre vuestra cama, y callád. Selah. Sacrificád sacrificios de justicia, y confiád en Jehová. Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, o! Jehová, la luz de tu rostro. Tu diste alegría en mi corazón, al tiempo que el grano de ellos, y el mosto de ellos se multiplicó. En paz me acostaré, y asimismo dormiré: porque tú, Jehová, solo me harás estar confiado. Al Vencedor, sobre Nehilot. Salmo de David. ESCUCHA, o! Jehová, mis pala- bras: entiende mi meditación. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío, y Dios mío, porque a tí oraré. Jehová, de mañana oirás mi voz: de mañana me presentaré a tí, y esperaré. Porque tú no eres Dios que quieres la maldad; el malo no habitará junto a tí. No estarán los insensatos delante de tus ojos: a todos los que obran iniquidad, aborreciste. Destruirás a los que hablan mentira: al varón de sangres y de engaño abominará Jehová. Y yo en la multitud de tu misericordia entraré en tu casa: adoraré al santo templo tuyo con tu temor. Jehová, guíame en tu justicia a causa de mis enemigos: endereza delante de mí tu camino. Porque no hay en su boca rectitud: sus entrañas son pravedades: sepulcro abierto su garganta, con su lengua lisonjearán. Asuélales, o! Dios, caigan de sus consejos: por la multitud de sus rebeliones échales, porque se rebelaron contra tí. Y alegrarse han todos los que esperan en tí; para siempre se regocijarán, y cubrirles has, y alegrarse han en tí los que aman tu nombre. Porque tú bendecirás al justo, o! Jehová; como de un pavés le cercarás de benevolencia. Al Vencedor en Neginot sobre Seminit. Salmo de David. JEHOVÁ, no me reprendas con tu furor: ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, o! Jehová, porque yo estoy debilitado: sáname, o! Jehová, porque mis huesos están conturbados. Y mi alma está muy conturbada: y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? Vuelve, o! Jehová, escapa mi alma, sálvame por tu misericordia: Porque en la muerte no hay memoria de tí: en el sepulcro ¿quién te loará? Trabajado he con mi gemido: toda la noche hago nadar mi cama en mis lágrimas: deslío mi estrado. Mis ojos están carcomidos de descontento: hánse envejecido a causa de todos mis angustiadores. Apartáos de mí todos los obradores de iniquidad: porque Jehová ha oido la voz de mi lloro. Jehová ha oido mi ruego: Jehová ha recibido mi oración. Avergonzarse han, y turbarse han mucho todos mis enemigos: volverán, y avergonzarse han súbitamente. Sigayón de David, que cantó á Jehová, sobre las palabras de Cus, hijo de Benjamín. JEHOVÁ, Dios mío, en tí he confiado: sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame; Porque no arrebate mi alma: como el león, que despedaza, y no hay quien libre. Jehová, Dios mío, si yo he hecho esto: si hay en mis manos iniquidad; Si dí mal pago a mi pacífico: si no salvé al que me perseguía sin motivo. Persiga el enemigo a mi alma, y alcáncela, y pise en tierra mi vida: y a mi honra ponga en el polvo. Selah. Levántate, o! Jehová, en tu furor, álzate a causa de las iras de mis angustiadores: y despierta para mí el juicio que mandaste, Y rodearte ha congregación de pueblos: por causa pues de él vuélvete en alto. Jehová juzgará los pueblos: júzgame, o! Jehová, conforme a mi justicia; y conforme a mi integridad venga sobre mí. Consuma ahora mal a los malos, y enhiesta al justo: el Dios justo es el que prueba los corazones, y los riñones. Mi escudo es en Dios, el que salva a los rectos de corazón. Dios es el que juzga al justo: y Dios se aira todos los dias. Si no se volviere, él afilará su espada: su arco ha armado ya, y aparejádolo ha. Y para él ha aparejado armas de muerte: ha labrado sus saetas para los que persiguen. He aquí, ha tenido parto de iniquidad: y concibió trabajo, y parió mentira. Pozo ha cavado, y ahondádolo ha: y en la fosa que él hizo caerá. Su trabajo será vuelto sobre su cabeza: y su agravio descenderá sobre su mollera. Alabaré a Jehová conforme a su justicia, y cantaré al nombre de Jehová el Altísimo. Al Vencedor sobre Gitit. Salmo de David. O! JEHOVÁ, Señor nuestro, ¡cuán grande es tu nombre en toda la tierra! que has puesto tu alabanza sobre los cielos. De la boca de los chiquitos, y de los que maman, fundaste la fortaleza a causa de tus enemigos: para hacer cesar al enemigo, y al que se venga. Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna, y las estrellas que tú compusiste, ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria? ¿y el hijo del hombre, para que le visites? Y le hiciste poco menor que los ángeles, y le coronaste de gloria y de hermosura. Hicístele enseñorear de las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus piés. Ovejas, y bueyes, todo ello: y asimismo las bestias del campo. Las aves de los cielos, y los peces de la mar: lo que pasa por los caminos de la mar. O! Jehová, Señor nuestro, ¡cuán grande es tu nombre en toda la tierra! Al Vencedor sobre Mut-laben. Salmo de David. ALABARÉ a Jehová con todo mi corazón: contaré todas tus maravillas. Alegrarme he, y gozarme he en tí: cantaré a tu nombre, o! Altísimo. Por haber sido mis enemigos vueltos atrás: caerán y perecerán delante de tí. Porque has hecho mi juicio y mi causa: sentástete en trono juzgando justicia. Reprendiste gentes, destruiste al malo, raiste el nombre de ellos para siempre y eternalmente. O! enemigo, acabados son los asolamientos para siempre: y las ciudades que derribaste, su memoria pereció con ellas. Y Jehová quedará para siempre, él ha aparejado para juicio su trono. Y él juzgará al mundo con justicia, juzgará a los pueblos con rectitud. Y será Jehová refugio al pobre, refugio en tiempos de la angustia. Y confiarán en tí los que saben tu nombre, por cuanto no desamparaste a los que te buscaron, o! Jehová. Cantád a Jehová, el que habita en Sión: notificád en los pueblos sus obras. Porque, demandando las sangres se acordó de ellos: no se olvidó del clamor de los pobres. Ten misericordia de mí, Jehová: mira la aflicción que sufro de los que me aborrecen, ensalzador mío de las puertas de la muerte. Para que cuente yo todas tus alabanzas en las puertas de la hija de Sión: y me regocije en tu salud. Hundiéronse las gentes en el foso que hicieron: en la red que escondieron fué tomado su pié. Jehová fué conocido en el juicio que hizo: en la obra de sus manos fué enlazado el malo: Consideración. Selah. Volverse han los malos al infierno: todas las gentes que se olvidan de Dios. Porque no para siempre será olvidado el necesitado: ni la esperanza de los pobres perecerá para siempre. Levántate, o! Jehová, no se fortalezca el hombre: sean juzgadas las naciones delante de tí. Pon, o! Jehová, temor en ellos: conozcan las gentes que son hombres. Selah. ¿POR qué estás léjos, Jehová? ¿por qué te escondes en los tiempos de la angustia? Con arrogancia el malo persigue al pobre; sean tomados en los pensamientos que pensaron. Por cuanto se alabó el malo del deseo de su alma: y diciendo bien del robador, blasfema de Jehová. El malo por la altivez de su rostro no busca a Dios: no hay Dios en todos sus pensamientos. Sus caminos atormentan en todo tiempo: altura son tus juicios delante de él: en todos sus enemigos resopla. Dice en su corazón: No seré movido de generación a generación, porque no fuí en mal. De maldición hinchió su boca, y de engaños y fraude: debajo de su lengua molestia y maldad. Está en las asechanzas de las aldeas; en los escondrijos mata al inocente: sus ojos están mirando por el pobre. Asecha de encubierto, como el león desde su cama: asecha para arrebatar al pobre: arrebata al pobre trayéndole en su red. Encógese, abájase, y cae en sus fuerzas multitud de afligidos. Dice en su corazón: Dios está olvidado, ha encubierto su rostro, nunca lo vió. Levántate, o! Jehová Dios, alza tu mano: no te olvides de los pobres. ¿Por qué ensaña el malo a Dios? dijo en su corazón: No inquirirás. Tú has visto: porque tú miras el trabajo, y el enojo, para dar en tus manos: a tí se remite el pobre; al huérfano tú fuiste ayudador. Quebranta el brazo del depravado y del maligno: buscarás su maldad, y no la hallarás. Jehová, Rey eterno y perpetuo; de su tierra fueron destruidas las gentes. El deseo de los humildes oiste, o! Jehová: tú dispones su corazón, y haces atento tu oido: Para juzgar al huérfano y al pobre; no volverá más a quebrantar el hombre de la tierra. Al Vencedor. Salmo de David. EN Jehová he confiado, ¿cómo decís a mi alma: Muévete a vuestro monte, como ave? Porque, he aquí, los malos flecharon el arco: apercibieron sus saetas sobre la cuerda para asaetear en oculto a los rectos de corazón. Porque los fundamentos serán derribados: ¿el justo qué ha hecho? Jehová en el templo de su santidad: Jehová en el cielo su trono: sus ojos ven, sus párpados prueban a los hijos de los hombres. Jehová prueba al justo, y al malo, y al que ama la rapiña aborrece su alma. Lloverá sobre los malos lazos, fuego y azufre; y viento de torbellinos será la parte de su vaso. Porque el justo Jehová amó las justicias: al recto mirará su rostro. Al Vencedor sobre Seminit. Salmo de David SALVA, o! Jehová, porque se acabaron los misericordiosos: porque se han acabado los fieles de entre los hijos de los hombres. Mentira habla cada uno con su prójimo con labios lisongeros: con doblez de corazón, hablan. Tale Jehová todos los labios lisongeros: la lengua que habla grandezas. Que dijeron: Por nuestra lengua prevaleceremos: nuestros labios están con nosotros, ¿quién nos es Señor? Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, dice Jehová: yo pondré en salvo al que el enlaza. Las palabras de Jehová, palabras limpias: plata refinada en horno de tierra: colada siete veces. Tú, Jehová, los guardarás: guárdalos para siempre de aquesta generación. Cercando andan los malos: entretanto las vilezas de los hijos de los hombres son exaltadas. Al Vencedor. Salmo de David. ¿HASTA cuándo, Jehová, me olvidarás, para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma? ¿ánsia en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? Mira, óyeme, Jehová, Dios mío: alumbra mis ojos, porque no duerma de muerte. Porque no diga mi enemigo: Vencile: mis enemigos se alegrarán, si yo resbalare. Mas yo en tu misericordia he confiado: alegrarse ha mi corazón en tu salud. Cantaré a Jehová; porque me ha hecho bien. Al Vencedor. Salmo de David. DIJO el insensato en su cora- zón: No hay Dios: Corrompiéronse, hicieron obras abominables: no hay quien haga bien. Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, por ver si hay algún sabio, que busque a Dios. Todos declinaron a una, dañáronse; no hay quien haga bien, no hay ni aun uno. Ciertamente ¿no lo conocieron todos los que obran iniquidad, que comen mi pueblo, como si comiesen pan? a Jehová no invocáron. Allí temblaron de espanto: porque Dios está con la nación de los justos. El consejo del pobre avergonzasteis por cuanto Jehová es su esperanza. ¡Quién diese de Sión la salud de Israel, tornando Jehová la cautividad de su pueblo! Gozárse ha Jacob, y alegrarse ha Israel. Salmo de David. JEHOVÁ, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿quién residirá en el monte de tu santidad? El que anda en integridad, y obra justicia, y habla verdad en su corazón: El que no revolvió con su lengua, ni hizo mal a su prójimo, ni levantó vergüenza contra su cercano. En sus ojos es menospreciado el vil, y a los que temen a Jehová, honra: juró en daño suyo, y no mudó. Su dinero no dió a usura, ni tomó cohecho contra el inocente. El que hace estas cosas, no resbalará jamas. Mictam. De David. GUÁRDAME, o! Dios: porque en tí he confiado. Dijiste, o! alma mía, a Jehová: Tú eres, Señor; mi bien no viene a tí: A los santos que están en la tierra, y a los fuertes, toda mi voluntad en ellos. Multiplicarán sus dolores de los que se apresuraren tras otro dios; no derramaré sus derramaduras de sangre, ni tomaré sus nombres en mis labios. Jehová la porción de mi parte, y de mi vaso: tú sustentarás mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos: asimismo la heredad se hermoseó sobre mí. Bendeciré a Jehová, que me aconseja; aun en las noches me enseñan mis riñones. A Jehová he puesto delante de mí siempre: porque estando él a mi diestra, no seré conmovido. Por tanto se alegró mi corazón, y se gozó mi gloria: también mi carne reposará segura. Porque no dejarás mi alma en el sepulcro: ni darás tu Santo para que vea corrupción. Hacerme has saber la senda de la vida, hartura de alegrías hay con tu rostro: deleites en tu diestra para siempre. Oración de David. OYE, o! Jehová, la justicia; está atento a mi clamor: escucha mi oración, hecha sin labios de engaño. De delante de tu rostro salga mi juicio: vean tus ojos la rectitud. Tú has probado mi corazón; me has visitado de noche; refinásteme, y no hallaste: lo que pensé no pasó mi boca. Para las obras humanas, por la palabra de tus labios yo observé los caminos del violento. Sustenta mis pasos en tus caminos, porque mis piés no resbalen. Yo te he invocado, por cuanto tú me oyes, o! Dios; inclina a mí tu oreja, oye mi palabra. Haz maravillosas tus misericordias, salvador de los que en tí confian, de los que se levantan contra tu diestra. Guárdame como a lo negro de la niñeta del ojo, escóndeme con la sombra de tus alas. De delante de los malos que me oprimieron: de mis enemigos que me cercan por la vida. Cerrados con su grosura: con su boca hablan soberbiamente. Nuestros pasos nos han cercado ahora: ponen sus ojos para tendernos a tierra; Parecen al león que desea hacer presa: y al leoncillo que está escondido. Levántate, o! Jehová; anticipa su rostro: póstrale: escapa mi alma del malo con tu espada; De los varones con tu mano, o! Jehová: de los varones de mundo cuya parte es en esta vida: cuyo vientre hinches de tu tesoro: hartan sus hijos, y dejan la resta a sus chiquitos. Yo en justicia veré tu rostro: hartarme he cuando despertare a tu semejanza. Al Vencedor: Salmo del siervo de Jehová, de David, el cual habló á Jehová las palabras de este cántico el día que le libró Jehová de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saul: Y dijo: AMARTE he, Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía, y castillo mío, y escapador mío; Dios mío, fuerte mío: confiarme he en él: escudo mío, y el cuerno de mi salud; refugio mío. Al alabado Jehová invocaré, y seré salvo de mis enemigos. Cercáronme dolores de muerte, y arroyos de perversidad me atemorizaron: Dolores del sepulcro me rodearon; anticipáronme lazos de muerte: En mi angustia llamé a Jehová, y clamé a mi Dios: él oyó desde su templo mi voz, y mi clamor entró delante de él, en sus orejas. Y la tierra fué conmovida y tembló: y los fundamentos de los montes se estremecieron, y se removieron, porque él se enojó. Subió humo en su nariz, y de su boca fuego quemante: carbones se encendieron de él. Y abajó los cielos, y descendió; y oscuridad debajo de sus piés. Y cabalgó sobre un querubín, y voló: y voló sobre las alas del viento. Puso tinieblas por su escondedero: en sus en derredores de su tabernáculo, oscuridad de aguas, nubes de los cielos. Por el resplandor de delante de él sus nubes pasaron: granizo y carbones de fuego. Y tronó en los cielos Jehová, y el Altísimo dió su voz: granizo y carbones de fuego. Y envió sus saetas y desbaratólos: y echó relámpagos, y los destruyó. Y aparecieron las honduras de las aguas: y descubriéronse los cimientos del mundo por tu reprensión, o! Jehová, por el soplo del viento de tu nariz. Envió desde lo alto, me tomó, me sacó de las muchas aguas. Me escapó de mi fuerte enemigo, y de los que me aborrecieron: aunque ellos eran más fuertes que yo. Anticipáronme en el día de mi quebrantamiento: mas Jehová me fué por bordón. Y me sacó a anchura: me libró, porque se agradó de mí. Jehová me pagará conforme a mi justicia: conforme a la limpieza de mis manos me volverá. Por cuanto guardé los caminos de Jehová: y no me maleé con mi Dios. Porque todos sus juicios estuvieron delante de mí: y no eché de mí sus estatutos. Y fuí perfecto con él: y me recaté de mi maldad. Y pagóme Jehová conforme a mi justicia: conforme a la limpieza de mis manos delante de sus ojos. Con el misericordioso serás misericordioso: y con el varón perfecto serás perfecto. Con el limpio serás limpio, y con el perverso serás perverso. Por tanto tú al pueblo humilde salvarás: y los ojos altivos humillarás. Por tanto tú alumbrarás mi candela: Jehová, mi Dios, alumbrará mis tinieblas, Porque contigo desharé ejércitos: y en mi Dios asaltaré muros. Dios, perfecto su camino: la palabra de Jehová afinada: escudo es a todos los que esperan en él. Porque ¿qué Dios hay fuera de Jehová? ¿y qué fuerte fuera de nuestro Dios? Dios, que me ciñe de fuerza; e hizo perfecto mi camino: Que pone mis piés como piés de ciervas: y me hizo estar sobre mis alturas: Que enseña mis manos para la batalla; y el arco de acero será quebrado con mis brazos. Y me diste el escudo de tu salud; y tu diestra me sustentará, y tu mansedumbre me multiplicará. Ensancharás mi paso debajo de mí, y no titubearán mis rodillas. Perseguiré mis enemigos, y alcanzarles he; y no volveré hasta acabarles. Herírles he, y no podrán levantarse: caerán debajo de mis piés. Y ceñísteme de fortaleza para la pelea: agobiaste mis enemigos debajo de mí. Y dísteme la cerviz de mis enemigos: y a los que me aborrecían, destruí. Clamaron, y no hubo quien salvase: a Jehová, mas no les oyó. Y los molí como polvo delante del viento: como a lodo de las calles los esparcí. Librásteme de contiendas de pueblo: pusísteme por cabecera de gentes; pueblo que no conocí, me sirvió. A oida de oreja me obedeció: los hombres extraños me mintieron. Los hombres extraños se cayeron: y tuvieron miedo desde sus encerramientos. Viva Jehová, y bendito sea mi fuerte: y sea ensalzado el Dios de mi salud. El Dios que me da las venganzas, y sujetó pueblos debajo de mí. Mi librador de mis enemigos: también me hiciste superior de mis adversarios: de varón violento me libraste. Por tanto yo te confesaré entre las gentes, o! Jehová, y cantaré a tu nombre. Que engrandece las saludes de su rey, y que hace misericordia a su ungido David, y a su simiente para siempre. Al Vencedor. Salmo de David. LOS cielos cuentan la gloria de Dios; y el extendimiento denuncia la obra de sus manos. El un día pronuncia palabra al otro día, y la una noche a la otra noche declara sabiduría. No hay dicho, ni palabras, ni es oida su voz. En toda la tierra salió su línea, y al cabo del mundo sus palabras: para el sol puso tabernáculo en ellos. Y él como un novio que sale de su tálamo, alégrase, como un gigante, para correr el camino. Del un cabo de los cielos es su salida, y rodea por sus cabos; y no hay quien se esconda de su calor. La ley de Jehová perfecta, que vuelve el alma, el testimonio de Jehová fiel, que hace sabio al pequeño. Los mandamientos de Jehová rectos, que alegran el corazón: el precepto de Jehová puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová limpio que permanece para siempre, los derechos de Jehová, verdad, todos justos. Deseables más que el oro, y más que mucho oro afinado: y dulces más que miel, y que licor de panales. Tu siervo también es amonestado con ellos: en guardarlos, gran salario. Los errores, ¿quién los entenderá? de los encubiertos librame. Asimismo de las soberbias detén a tu siervo, que no se enseñoreen de mí: entónces seré perfecto, y seré limpio de gran rebelión. Sean voluntarios los dichos de mi boca; y el pensamiento de mi corazón delante de tí, o! Jehová, roca mía, y mi redentor. Al Vencedor. Salmo de David. OÍGATE, Jehová, en el día de la angustia: ensálcete el nombre del Dios de Jacob. Envíete ayuda desde el santuario, y desde Sión te sustente. Tenga memoria de todos tus presentes, y encenice tu holocausto. Selah. Déte conforme a tu corazón, y cumpla todo tu consejo. Alegrarnos hemos con tu salud, y en el nombre de nuestro Dios alzarémos pendón: cumpla Jehová todas tus peticiones. Ahora he conocido que Jehová ha guardado a su ungido: oirle ha desde los cielos de su santidad con las valentías de la salud de su diestra. Estos en carros, y aquellos en caballos confian: mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Estos arrodillaron, y cayeron: mas nosotros nos levantamos, y nos enhestamos. Jehová, salva: que el rey nos oiga el día que le invocáremos. Al Vencedor. Salmo de David. JEHOVÁ, en tu fortaleza se ale- grará el rey; y en tu salud se regocijará mucho. El deseo de su corazón le diste; y no le negaste lo que sus labios pronunciaron. Selah. Por tanto le adelantarás en bendiciones de bien: corona de oro fino has puesto sobre su cabeza. Vida te demandó, se la diste: longura de dias, por siglo y siglo. Grande es su gloria en tu salud: honra y hermosura has puesto sobre él. Porque le has bendecido para siempre: alegrástele de alegría con tu rostro. Por cuanto el rey confia en Jehová: y en la misericordia del Altísimo no titubeará. Alcanzará tu mano a todos tus enemigos: tu diestra alcanzará a los que te aborrecen. Ponerlos has como horno de fuego en el tiempo de tu ira: Jehová los deshará en su furor, y fuego los consumirá. Su fruto destruirás de la tierra: y su simiente de entre los hijos de los hombres. Porque tendieron mal contra tí: maquinaron maquinación, mas no prevalecieron. Por tanto ponerlos has a parte: con tus cuerdas apuntarás a sus rostros. Ensálzate, o! Jehová, con tu fortaleza: cantaremos y alabaremos tu valentía. Al Vencedor sobre Ajelet-hassaar. Salmo de David. DIOS mío, Dios mío! ¿por qué me has dejado? ¿estás léjos de mi salud, de las palabras de mi gemido? Dios mío, clamo de día, y no oyes; y de noche, y no hay para mí silencio. Y tú, santo, habitante, alabanzas de Israel. En tí esperaron nuestros padres: esperaron, y los salvaste. Clamaron a tí, y fueron librados: esperaron en tí, y no se avergonzaron. Y yo, gusano, y no varón: vergüenza de hombres y desecho del pueblo. Todos los que me ven, escarnecen de mí: echan de los labios, menean la cabeza. Remítese a Jehová, líbrele, que le quiere bien. Empero tú eres el que me sacó del vientre: el que me haces esperar desde los pechos de mi madre. Sobre tí estoy echado desde la matriz: desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca: porque no hay quien ayude. Rodeáronme muchos toros: fuertes toros de Basán me cercaron. Abriéron sobre mí su boca, como león que hace presa y que brama. Como aguas me escurrí, y descoyuntáronse todos mis huesos: mi corazón fué como cera desliéndose en medio de mis entrañas. Secóse como un tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó a mis paladares: y en el polvo de la muerte me has puesto. Porque me rodearon perros: cercáronme cuadrilla de malignos: horadaron mis manos y mis piés. Contaría todos mis huesos: ellos miran, me consideran: Partieron entre sí mis vestidos: y sobre mi ropa echaron suertes. Mas tú, Jehová, no te alejes: fortaleza mía, apresúrate para mi socorro. Escapa de la espada mi alma; de poder del perro mi única. Sálvame de la boca del león: y de los cuernos de los unicornios óyeme. Contaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la congregación te alabaré. Los que teméis a Jehová, alabádle; toda la simiente de Jacob, glorificádle; y teméd de él toda la simiente de Israel. Porque no menospreció, ni abominó, la aflicción del pobre, ni escondió su rostro de él: y cuando clamó a él, le oyó. De tí será mi alabanza en la grande congregación: mis votos pagaré delante de los que le temen. Comerán los pobres, y hartarse han: alabarán a Jehová los que le buscan: vivirá vuestro corazón para siempre. Acordarse han, y volverse han a Jehová todos los términos de la tierra; y humillarse han delante de tí todas las familias de las gentes. Porque de Jehová es el reino: y él se enseñoreará de las naciones. Comieron, y adoraron todos los gruesos de la tierra: delante de él se arrodillaron todos los que descienden al polvo: y sus almas no vivificaron. La simiente le servirá: será contada a Jehová perpetuamente. Vendrán, y anunciarán al pueblo que naciere, su justicia que él hizo. Salmo de David. JEHOVÁ es mi pastor; no me faltará. En lugares de yerba me hará yacer: junto a aguas de reposo me pastoreará. Hará volver mi alma: guiarme ha por sendas de justicia por su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré algún mal, porque tú estarás conmigo: tu vara, y tu cayado ellos me confortarán. Adornarás mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores: ungiste mi cabeza con aceite; mi copa está revertiendo. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los dias de mi vida: y en la casa de Jehová reposaré por luengos dias. Salmo de David. DE Jehová es la tierra y su ple- nitud: el mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares: y sobre los ríos la afirmó. ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿y quién estará en el lugar de su santidad? El limpio de manos, y limpio de corazón: el que no tomó en vano mi alma, ni juró con engaño. Recibirá bendición de Jehová: y justicia del Dios de salud. Esta es la generación de los que le buscan: de los que buscan tu rostro, es a saber, Jacob. Selah. Alzád, o! puertas, vuestras cabezas, y alzáos vosotras puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte, valiente; Jehová el valiente en batalla. Alzád, o! puertas, vuestras cabezas, y alzáos vosotras puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, él es el Rey de gloria. Selah. Salmo de David. A TÍ, o! Jehová, levantaré mi alma. Dios mío, en tí confié: no sea yo avergonzado, no se alegren de mí mis enemigos. Ciertamente todos los que te esperan, no serán avergonzados: serán avergonzados los que se rebelan sin causa. Tus caminos, o! Jehová, házme saber: enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame: porque tú eres el Dios de mi salud: a tí he esperado todo el día. Acuérdate de tus miseraciones, o! Jehová: y de tus misericordias, que son perpetuas. De los pecados de mi mocedad, y de mis rebeliones no te acuerdes: conforme a tu misericordia acuérdate de mí, tú, por tu bondad, o! Jehová. Bueno y recto es Jehová: por tanto él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio; y enseñará a los mansos su carrera. Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, a los que guardan su concierto, y sus testimonios. Por tu nombre, o! Jehová, perdonarás también mi pecado; porque es grande. ¿Quién es el varón que teme a Jehová? Enseñarle ha el camino que ha de escoger. Su alma reposará en el bien: y su simiente herederá la tierra. El secreto de Jehová, a los que le temen: y su concierto, para hacerles saber. Mis ojos, siempre a Jehová; porque él sacará de la red mis piés. Mírame, y ten misericordia de mí: porque yo soy solo, y pobre. Las angustias de mi corazón se ensancharon: sácame de mis congojas. Mira mi aflicción, y mi trabajo: y perdona todos mis pecados. Mira mis enemigos, que se han multiplicado: y de odio injusto me han aborrecido. Guarda mi alma, y líbrame: no sea yo avergonzado, porque en tí confié. Integridad y rectitud me guardarán: porque a tí he esperado. Redime, o! Dios, a Israel de todas sus angustias. Salmo de David. JÚZGAME, o! Jehová, porque yo en mi integridad he andado, y en Jehová he confiado: no vacilaré. Pruébame, o! Jehová, y tiéntame: funde mis riñones y mi corazón. Porque tu misericordia está delante de mis ojos: y en tu verdad ando. No me asenté con los varones de falsedad: ni entré con los que andan encubiertamente. Aborrecí la congregación de los malignos: y con los impíos nunca me asenté. Lavaré en inocencia mis manos: y andaré al derredor de tu altar, o! Jehová, Para dar voz de alabanza, y para contar todas tus maravillas. Jehová, la habitación de tu casa he amado: y el lugar del tabernáculo de tu gloria. No juntes con los pecadores mi alma, ni con los varones de sangres mi vida. En cuyas manos está el mal hecho, y su diestra está llena de cohechos. Mas yo ando en mi integridad: redímeme, y ten misericordia de mí. Mi pié ha estado en rectitud, y en las congregaciones bendeciré a Jehová. Salmo de David. JEHOVÁ es mi luz y mi salud, ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida, ¿de quién me espavoreceré? Cuando se acercaron sobre mí los malignos para comer mis carnes: mis angustiadores y mis enemigos a mí, ellos tropezaron y cayeron. Aunque se asiente campo sobre mí, no temerá mi corazón: aunque se levante guerra sobre mí, yo en esto confio. Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré: Que esté yo en la casa de Jehová todos los dias de mi vida, para ver la hermosura de Jehová, y para buscar en su templo. Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal: esconderme ha en el escondrijo de su tienda: en roca me pondrá alto. Y luego ensalzará mi cabeza sobre mis enemigos en mis al derredores: y sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de jubilación: cantaré y salmearé a Jehová. Oye, o! Jehová, mi voz con que llamo: y ten misericordia de mí, y respóndeme. Mi corazón ha dicho de tí: Buscád mi rostro. Tu rostro, o! Jehová, buscaré. No escondas tu rostro de mí, no apartes con ira tu siervo: mi ayuda has sido, no me dejes, y no me desampares Dios de mi salud. Porque mi padre y mi madre me dejaron: y Jehová me recogerá. Enséñame, o! Jehová, tu camino: y guíame por senda de rectitud a causa de mis enemigos. No me entregues a la voluntad de mis enemigos: porque se han levantado contra mí testigos falsos, y quien habla calumnia. Si no creyese que tengo de ver la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Espera a Jehová esfuérzate, y esfuércese tu corazón : y espera a Jehová. Salmo de David. A TÍ, o! Jehová, llamaré: fuerza mía, no me dejes: porque dejándome no sea semejante a los que descienden al sepulcro. Oye la voz de mis ruegos, cuando clamo a tí: cuando alzo mis manos al templo de tu santidad. No me tires con los malos, y con los que hacen iniquidad: que hablan paz con sus prójimos, y la maldad está en su corazón. Dáles conforme a su obra, y conforme a la malicia de sus hechos: conforme a la obra de sus manos, dáles: págales su paga. Porque no entendieron las obras de Jehová, y el hecho de sus manos, derribarlos ha, y no los edificará. Bendito Jehová, que oyó la voz de mis ruegos. Jehová es mi fortaleza, y mi escudo: en él esperó mi corazón, y yo fuí ayudado: y gozóse mi corazón, y con mi canción le alabaré. Jehová es la fortaleza de ellos: y el esfuerzo de las saludes de su ungido es él. Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad: y pastoréalos, y ensálzalos para siempre. Salmo de David. DAD a Jehová, o! hijos de fuer- tes, dad a Jehová la gloria y la fortaleza. Dad a Jehová la gloria de su nombre: humilláos a Jehová en el glorioso santuario. Voz de Jehová sobre las aguas: el Dios de gloria hizo tronar: Jehová, sobre las muchas aguas. Voz de Jehová con potencia: voz de Jehová con gloria. Voz de Jehová que quebranta los cedros; y quebrantó Jehová los cedros del Líbano. E hízolos saltar como los becerros: al Líbano, y al Sirión como hijos de unicornios. Voz de Jehová que corta llamas de fuego. Voz de Jehová que hará temblar al desierto: hará temblar Jehová al desierto de Cádes. Voz de Jehová que hará estar de parto a las ciervas, y desnudará a las breñas: y en su templo todos los suyos le dicen gloria. Jehová estuvo en el diluvio, y asentóse Jehová por rey para siempre. Jehová dará fortaleza a su pueblo: Jehová bendecirá a su pueblo en paz. Salmo de canción del estrenamiento de la casa de David. ENSALZARTE he, o! Jehová, porque me has ensalzado: y no hiciste alegrar a mis enemigos de mí. Jehová, Dios mío, clamé a tí, y me sanaste. Jehová, hiciste subir del sepulcro mi alma: disteme vida de mi descendimiento a la sepultura. Cantád a Jehová sus misericordiosos: y celebrad la memoria de su santidad. Porque un momento hay en su furor, mas vida en su voluntad: a la tarde reposará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría. Y yo dije en mi quietud: No resbalaré jamas. Porque tú, Jehová, por tu benevolencia asentaste mi monte con fortaleza: mas escondiste tu rostro, y yo fuí conturbado. A tí, o! Jehová, llamaré: y al Señor suplicaré. ¿Qué provecho hay en mi muerte, cuando yo descendiere al hoyo? ¿Loarte ha el polvo? ¿anunciará tu verdad? Oye, o! Jehová, y ten misericordia de mí: Jehová, sé mi ayudador. Tú tornaste mi endecha en baile: desataste mi saco, y ceñísteme de alegría. Por tanto a tí canté gloria, y no callé: Jehová Dios mío, para siempre te alabaré. AL Vencedor. Salmo de David. EN tí, Jehová, he esperado; no sea yo avergonzado para siempre: líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oido, escápame presto, séme por roca de fortaleza: por casa fuerte para salvarme. Porque tú eres mi roca, y mi castillo: y por tu nombre me guiarás, y me encaminarás. Sacarme has de la red, que han escondido para mí; porque tú eres mi fortaleza. En tu mano encomendaré mi espíritu: redimísteme o! Jehová Dios de verdad. Aborrecí los que esperan en las vanidades de vanidad: y yo en Jehová he esperado. Gozarme he, y alegrarme he en tu misericordia; porque has visto mi aflicción: has conocido mi alma en las angustias. Y no me encerraste en la mano del enemigo: ántes hiciste estar mis píes en anchura. Ten misericordia de mí, o! Jehová, que estoy en angustia: hánse carcomido con enojo mis ojos, mi alma, y mi vientre. Porque se ha acabado con dolor mi vida, y mis años con suspiro; háse enflaquecido mi fuerza a causa de mi iniquidad; y mis huesos se han podrido. De todos mis enemigos he sido oprobio, y de mis vecinos en gran manera, y horror a mis conocidos: los que me veían fuera, huían de mí. He sido olvidado de corazón como muerto: he sido como un vaso perdido. Porque he oido afrenta de muchos: miedo en derredor, cuando consultaban juntos contra mí, para prender mi alma pensaban. Mas yo sobre tí confié, o! Jehová; dije: Mi Dios eres tú. En tu mano están mis tiempos: líbrame de la mano de mis enemigos, y de mis perseguidores. Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo: sálvame por tu misericordia. Jehová, no sea yo confuso, porque te he invocado: sean confusos los impíos, sean cortados para el infierno. Enmudezcan los labios mentirosos, que hablan contra el justo cosas duras con soberbia y menosprecio. ¡Cuán grande es tu bien, que has guardado para los que te temen: que has obrado, para los que esperan en tí delante de los hijos de los hombres! Esconderlos has en el escondedero de tu rostro de las arrogancias de cada cual: esconderlos has en el tabernáculo de cuestión de lenguas. Bendito Jehová; porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fuerte. Y yo decía en mi priesa: Cortado soy de delante de tus ojos: mas ciertamente tú oías la voz de mis ruegos, cuando clamaba a tí. Amád a Jehová todos sus misericordiosos: a los fieles guarda Jehová, y paga abundantemente al que hace con soberbia. Esforzáos, y esfuércese vuestro corazón, todos los que esperáis en Jehová. Salmo de David: Masquil. BIENAVENTURADO el perdo- nado de rebelión, el encubierto de pecado. Bienaventurado el hombre a quien no contará Jehová la iniquidad, ni hubiere en su espíritu engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemido todo el día. Porque de día y de noche se agrava sobre mí tu mano, volvióse mi verdor en sequedades de verano. Selah. Mi pecado te notifiqué: y no encubrí mi iniquidad. Dije: Yo confesaré contra mí mis rebeliones a Jehová; y tú perdonarás la maldad de mi pecado. Selah. Por esto orará todo misericordioso a tí en el tiempo del hallar: ciertamente en la inundación de las muchas aguas, no llegarán a él. Tú eres mi escondedero, de la angustia me guardarás: con clamores de libertad me rodearás. Selah. Hacerte he entender, y enseñarte he el camino en que andarás: sobre tí afirmaré mis ojos. No seais como el caballo, como el mulo, sin entendimiento: con cabestro y con freno su boca ha de ser cerrada para que no lleguen a tí. Muchos dolores para el impío: y el que espera en Jehová misericordia le cercará. Alegráos en Jehová, y gozáos justos: y cantád todos los rectos de corazón. CANTÁD justos en Jehová: a los rectos es hermosa la alabanza. Celebrád a Jehová con arpa: con salterio y decacordio cantád a él. Cantád a él canción nueva: hacéd bien tañendo con júbilo. Porque derecha es la palabra de Jehová: y toda su obra con verdad. El ama justicia y juicio: de la misericordia de Jehová está llena la tierra. Con la palabra de Jehová fueron hechos los cielos: y con el espíritu de su boca todo el ejército de ellos. El junta, como en un montón, las aguas de la mar: él pone por tesoros los abismos. Teman a Jehová toda la tierra: teman de él todos los habitadores del mundo. Porque él dijo, y fué; él mandó y estuvo. Jehová hace anular el consejo de las gentes, y él hace anular las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón, por generación y generación. Bienaventurada la gente a quien Jehová es su Dios: el pueblo a quien escogió por heredad para sí. Desde los cielos miró Jehová; vió a todos los hijos de Adam. Desde la morada de su asiento miró sobre todos los moradores de la tierra. El formó el corazón de todos ellos; él entiende todas sus obras. El rey no es salvo con la multitud del ejército; el valiente no escapa con la mucha fuerza. Vanidad es el caballo para la salud; con la multitud de su fuerza no escapa. He aquí, el ojo de Jehová sobre los que le temen; sobre los que esperan su misericordia; Para librar de la muerte a sus almas; y para darles vida en la hambre. Nuestra alma esperó a Jehová; nuestro ayudador y nuestro escudo es él. Por tanto en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado. Sea tu misericordia, o! Jehová, sobre nosotros, como te hemos esperado. Salmo de David; cuando mudó su semblante delante de Abimelec; y él le echó, y se fué. BENDECIRÉ a Jehová en todo tiempo; siempre será su alabanza en mi boca. En Jehová se alabará mi alma; oirán los mansos, y alegrarse han. Engrandecéd a Jehová, conmigo; y ensalcemos su nombre a una. Busqué a Jehová, y él me oyó; y de todos mis miedos me libró. Miraron a él, y fueron alumbrados; y sus rostros no se avergonzarón. Este pobre llamó, y Jehová le oyó, y de todas sus angustias le escapó. El ángel de Jehová asienta campo en derredor de los que le temen, y los defiende. Gustád, y ved que es bueno Jehová; dichoso el varón que confiará en él. Teméd a Jehová sus santos; porque no hay falta para los que le temen. Los leoncillos empobrecieron, y tuvieron hambre; y los que buscan a Jehová, no tendrán falta de ningún bien. Veníd, hijos, oidme; temor de Jehová os enseñaré. ¿Quién es el varón que desea vida, qué codicia dias para ver bien? Guarda tu lengua de mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; inquiere la paz, y síguela. Los ojos de Jehová están sobre los justos; y sus oidos al clamor de ellos. La ira de Jehová contra los que mal hacen, para cortar de la tierra la memoria de ellos. Clamaron, y Jehová los oyó: y de todas sus angustias los escapó. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón: y a los molidos de espíritu salvará. Muchos son los males del justo: y de todos ellos le escapará Jehová. Guardando todos sus huesos; uno de ellos no será quebrantado. Matará al malo la maldad; y los que aborrecen al justo serán asolados. Redime Jehová la vida de sus siervos; y no serán asolados todos los que en él confian. Salmo de David. PLEITEA, o! Jehová, con mis pleiteantes; pelea con mis peleadores. Echa mano al escudo y al pavés, y levántate en mi socorro. Y saca la lanza, y cierra contra mis perseguidores; dí a mi alma: Yo soy tu salud. Y avergüéncense, y confúndanse los que buscan mi alma; vuelvan atrás, y sean avergonzados los que piensan mi mal. Sean como el tamo delante del viento: y el ángel de Jehová el que rempuje. Sea su camino oscuridad y resbaladeros: y el ángel de Jehová el que los persiga. Porque sin causa escondieron para mí el hoyo de su red: sin causa hicieron hoyo a mi alma. Véngale el quebrantamiento que no sepa: y su red que escondió, le prenda: con quebrantamiento caiga en ella. Y regocíjese mi alma en Jehová: y alégrese en su salud. Todos mis huesos dirán, Jehová, ¿quién como tú? Que escapas al afligido del más fuerte que él: y al pobre y menesteroso del que le roba. Levantáronse testigos falsos: lo que no sabía, me demandaron. Volviéronme mal por bien, horfandad a mi alma. Y yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de saco: afligí con ayuno a mi alma, y mi oración se revolvía en mi seno. Como por mi compañero, como por mi hermano andaba; como el que trae luto por su madre, enlutado me humillaba. Y en mi cojera se alegraron, y se juntaron: juntáronse sobre mí entristecidos, y yo no lo entendía: me despedazaban, y no cesaban; Con los lisongeros escarnecedores de escarnio crujiendo sobre mí sus dientes. Señor, ¿hasta cuándo verás? Haz volver mi alma de sus quebrantamientos, mi única de los leones. Confesarte he en grande congregación: en pueblo fuerte te alabaré. No se alegren de mí mis enemigos sin porqué: ni los que me aborrecen sin causa, hagan del ojo. Porque no hablan paz: y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas. Y ensancharon sobre mí su boca; dijeron: Hola, hola, nuestros ojos lo han visto. Visto has, o! Jehová, no calles: Señor, no te alejes de mí. Recuerda, y despierta para mi juicio, Dios mío, y Señor mío, para mi causa. Júzgame conforme a tu justicia, Jehová, Dios mío, y no se alegren de mí. No digan en su corazón: Hola, nuestra alma. No digan: Deshecho le hemos. Avergüéncense, y sean confundidos a una, los que se alegran de mi mal: vístanse de vergüenza y de confusión, los que se engrandecen contra mí. Canten, y alégrense los que se huelgan de mi justicia; y digan siempre: Sea ensalzado Jehová, el que ama la paz de su siervo. Y mi lengua hablará de tu justicia; todo el día de tu loor. Al Vencedor: Salmo, del siervo de Jehová, de David. DICHO de la rebelión del impío en medio de mi corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos. Por tanto se lisongea en sus ojos para hallar su iniquidad, para aborrecerla. Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; no quiso entender para hacer bien. Iniquidad piensa sobre su cama; está sobre camino no bueno, no aborrece el mal. Jehová, hasta los cielos es tu misericordia; tu verdad hasta las nubes. Tu justicia como los montes de Dios, tus juicios abismo grande; al hombre y al animal conservas, o! Jehová. ¡Cuán ilustre es tu misericordia, o, Dios! y los hijos de Adam se abrigan en la sombra de tus alas. Embriagarse han de la grosura de tu casa: y del arroyo de tus delicias los abrevarás. Porque contigo está el manadero de la vida; en tu lumbre veremos lumbre. Extiende tu misericordia a los que te conocen; y tu justicia a los rectos de corazón. No venga contra mi pié de soberbia; y mano de impíos no me mueva. Allí cayeron los obradores de iniquidad; fueron rempujados, y no pudieron levantarse. Salmo de David. NO te enojes con los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como yerba serán presto cortados: y como verdura de renuevo caeran. Espera en Jehová, y haz bien; vive en la tierra, y mantén verdad. Y deléitate en Jehová: y él te dará las peticiones de tu corazón. Vuelve hacia Jehová tu camino: y espera en él, y él hará. Y sacará, como la lumbre, tu justicia: y tus derechos como el medio día. Calla a Jehová, y espera en él: no te enojes con el que prospera en su camino, con el hombre que hace maldades. Déjate de la ira, y deja el enojo: no te enojes en ninguna manera para hacerte malo. Porque los malignos serán talados: y los que esperan a Jehová, ellos heredarán la tierra. Y de aquí a poco no será el malo: y contemplarás sobre su lugar, y no parecerá. Y los mansos heredarán la tierra; y deleitarse han con la multitud de la paz. Piensa el impío contra el justo; y cruje sobre él sus dientes. El Señor se reirá de él: porque ve que vendrá su día. Los impíos desenvainaron espada, y entesaron su arco, para hacer arruinar al pobre y al menesteroso: para degollar a los que andan camino derecho. La espada de ellos entrará en su mismo corazón; y su arco será quebrado. Mejor es lo poco del justo, que las riquezas de muchos pecadores. Porque los brazos de los impíos serán quebrados: y el que sustenta a los justos es Jehová. Conoce Jehová los dias de los perfectos: y su heredad será para siempre. No serán avergonzados en el mal tiempo: y en los dias de la hambre serán hartos. Porque los impíos perecerán; y los enemigos de Jehová, como lo principal de los carneros, serán consumidos: como humo se consumirán. El impío toma prestado, y no paga: y el justo tiene misericordia, y da. Porque los benditos de él, heredarán la tierra: y los malditos de él, serán talados. Por Jehová son ordenados los pasos del hombre piadoso, y él quiere su camino. Cuando cayere, no será postrado: porque Jehová sustenta su mano. Mozo fuí, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su simiente que busque pan. Todo el día tiene misericordia, y presta: y su simiente es para bendición. Apártate del mal, y haz el bien: y vivirás para siempre. Porque Jehová ama el derecho, y no desamparará a sus misericordiosos; para siempre serán guardados: y la simiente de los impíos será talada. Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella. La boca del justo hablará sabiduría, y su lengua hablará juicio. La ley de su Dios está en su corazón, por tanto sus piés no titubearán. Asecha el impío al justo, y procura matarle. Jehová no le dejará en sus manos; ni le condenará cuando le juzgaren. Espera a Jehová, y guarda su camino, y él te ensalzará para heredar la tierra: cuando los pecadores serán talados, verás. Yo ví al impío robusto, y reverdeciendo como un laurel verde: Y se pasó, y he aquí no parece: y le busqué, y no fué hallado. Considera al perfecto, y mira por el recto, porque la postrimería de cada uno de ellos es paz. Mas los rebelados fueron todos a una destruidos: la postrimería de los impíos fué talada. Y la salud de los justos fué Jehová, y su fortaleza en el tiempo de la angustia: Y Jehová los ayudó, y los escapa, y los escapará de los impíos: y los salvará, por cuanto esperaron en él. Salmo de David digno de memoria. JEHOVÁ, no me reprendas con tu furor, ni me castigues con tu ira. Porque tus saetas descendieron en mí; y sobre mí ha descendido tu mano. No hay sanidad en mi carne a causa de tu ira: no hay paz en mis huesos a causa de mi pecado. Porque mis iniquidades han pasado sobre mi cabeza: como carga pesada, se han agravado sobre mí. Pudriéronse, y corrompiéronse mis llagas a causa de mi locura. Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera: todo el día ando enlutado. Porque mis caderas están llenas de ardor: y no hay sanidad en mi carne. Estoy debilitado y molido en gran manera: rugiendo estoy a causa del alboroto de mi corazón. Señor, delante de tí están todos mis deseos: y mi suspiro no te es oculto. Mi corazón está rodeado, me ha dejado mi vigor; y la luz de mis ojos, aun ellos no están conmigo. Mis amigos, y mis compañeros, se quitaron de delante de mi plaga: y mis cercanos se pusieron léjos. Y los que buscaban a mi alma armaron lazos: y los que buscaban mi mal, hablaban iniquidades: y todo el día meditaban fraudes. Y yo, como sordo, no oía: y como un mudo, que no abre su boca. Y fuí como un hombre que no oye: y que no hay en su boca reprensiones. Porque a tí Jehová esperaba: tú responderás Jehová Dios mío. Porque decía: Que no se alegren de mí: cuando mi pié resbalaba se engrandecían sobre mí. Porque yo aparejado estoy a cojear: y mi dolor está delante de mí continuamente. Por tanto denunciaré mi maldad: congojarme he por mi pecado. Porque mis enemigos son vivos y fuertes: y hánse aumentado los que me aborrecen sin causa: Y pagando mal por bien me son contrarios, por seguir yo lo bueno. No me desampares, o! Jehová; Dios mío, no te alejes de mí. Apresúrate a ayudarme, Señor, que eres mi salud. Al Vencedor; a Iditún. Salmo de David. YO dije: Miraré por mis cami- nos, para no pecar con mi lengua: guardaré mi boca con freno, entre tanto que el impío fuere contra mí. Enmudecí con silencio, me callé de lo bueno; y mi dolor se alborotó. Calentóse mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió fuego: hablé con mi lengua. Notifícame, Jehová, mi fin, y la medida de mis dias cuanta sea, sepa yo cuanto tengo de ser del mundo. He aquí, como a palmos diste mis dias, y mi edad es como nada delante de tí: ciertamente toda la vanidad es todo hombre que vive. Selah. Ciertamente en tiniebla anda el hombre: ciertamente en vano se inquietan: allega, y no sabe quien lo cogerá. Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en tí está. Escápame de todas mis rebeliones, no me pongas por afrenta de insensato. Yo enmudecí, no abrí mi boca; porque tú lo hiciste. Quita de sobre mí tu llaga; de la guerra de tu mano soy consumido. Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, y haces desleir, como de polilla, su grandeza: ciertamente vanidad es todo hombre. Selah. Oye mi oración, o! Jehová escucha mi clamor; no calles a mis lágrimas; porque peregrino soy contigo; advenedizo, como todos mis padres. Déjame, y tomaré fuerzas, ántes que me vaya y perezca. Al Vencedor. Salmo de David. ESPERANDO esperé a Jehová, e inclinóse a mí, y oyó mi clamor. E hízome sacar de un aljibe sonoro, de un lodo cenagoso; y puso mis piés sobre peña, enderezó mis pasos. Y puso en mi boca canción nueva, alabanza a nuestro Dios. Verán muchos, y temerán, y esperarán en Jehová. Bienaventurado el varón, que puso a Jehová por su confianza; y no miró a los soberbios, ni a los que declinan a la mentira. Aumentado has tú, o! Jehová Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros, no te los podremos contar: si yo los anunciare, y hablare, no pueden ser enarrados. Sacrificio y presente no te agrada: orejas me has labrado: Holocausto y expiación no has demandado. Entónces dije: He aquí, vengo; en el envoltorio del libro está escrito de mí. Para hacer tu voluntad, Dios mío, ha me agradado; y tu ley está dentro de mis entrañas. Yo anuncié justicia en grande congregación: he aquí, no detuve mis labios, Jehová tú lo sabes. No encubrí tu justicia en medio de mi corazón: tu verdad y tu salud dije: no negué tu misericordia y tu verdad en grande congregación. Tú, Jehová, no detengas de mí tus misericordias: tu misericordia y tu verdad me guarden siempre. Porque me han cercado males hasta no haber cuento: me han comprendido mis maldades, y no puedo ver: hánse aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falta. Quieras, Jehová, librarme: Jehová apresúrate para ayudarme. Sean avergonzados y confusos a una los que buscan mi vida para cortarla: vuelvan atrás y avergüéncense los que quieren mi mal. Sean asolados en pago de su afrenta, los que me dicen: Hala, hala. Regocíjense, y alégrense en tí todos los que te buscan; y digan siempre: Sea ensalzado Jehová, los que aman tu salud. Y yo afligido y necesitado; y Jehová pensará de mí: mi ayudador y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes. Al Vencedor. Salmo de David. BIENAVENTURADO el que entiende sobre el pobre; en el día malo le libre Jehová. Jehová le guarde, y le dé vida; sea bienaventurado en la tierra, y no le entregues a la voluntad de sus enemigos. Jehová le sustentará sobre la cama de dolor; toda su cama revolviste en su enfermedad. Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; sana a mi alma, porque he pecado contra tí. Mis enemigos dicen mal de mí: ¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre? Y si me venía a ver, hablaba mentira: su corazón le amontonaba iniquidad: salido fuera, hablaba. Congregados murmuraban contra mí todos los que me aborrecían; contra mí pensaban mal para mí. Cosa pestilencial, dicen, se ha pegado en él; y el que cayó en cama, no volverá a levantarse. Aun el varón de mi paz, en quien confiaba; el que comía mi pan, engrandeció contra mí el calcañar. Mas tú Jehová, ten misericordia de mí, y házme levantar; y pagárles he. En esto conocí que te he agradado, porque mi enemigo no triunfará contra mí. Y yo en mi integridad me has sustentado: y me has hecho estar delante de tí para siempre. Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, de siglo a siglo. Amén, y Amén. Al Vencedor: Masquil; a los hijos de Coré. COMO el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así mi alma suspira por tí, o! Dios. Mi alma tuvo sed de Dios, del Dios vivo: ¡cuándo vendré, y pareceré delante de Dios! Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche cuando me decían todos los dias: ¿Dónde está tu Dios? De estas cosas me acordaré, y derramaré sobre mí mi alma. Cuando pasaré en el número, iré con ellos hasta la casa de Dios con voz de alegría y de alabanza, bailando la multitud. ¿Por qué te abates, o! alma mía, y te enfureces contra mí? Espera a Dios; porque aun le tengo de alabar por las saludes de su presencia. Dios mío, mi alma está abatida en mí: por tanto me acordaré de tí desde tierra del Jordán, y de los Hermonitas, desde el monte de Mizar. Un abismo llama a otro a la voz de tus canales: todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. De día mandará Jehová su misericordia, y de noche su canción conmigo, y mi oración al Dios de mi vida. Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo? Es me muerte en mis huesos, cuando mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te abates, o! alma mía: y por qué te enfureces contra mí? Espera a Dios, porque aun le tengo de alabar, salud de mi presencia, y Dios mío. JÚZGAME, o! Dios, y pleitea mi pleito: de gente no misericordiosa, de varón de engaño y de iniquidad líbrame. Porque tú eres el Dios de mi fortaleza: ¿por qué me has desechado? ¿por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo? Envía tu luz, y tu verdad: estas me guiarán, traérme han al monte de tu santidad, y a tus tabernáculos. Y entraré al altar de Dios, al Dios, alegría de mi gozo: y alabárte he con arpa, o! Dios, Dios mío. ¿Por qué te abates, o! alma mía, y por qué te enfureces contra mí? Espera a Dios, porque aun le tengo de alabar, salud de mi presencia, y Dios mío. Al Vencedor: a los hijos de Coré. Masquil. DIOS, con nuestros oidos hemos oido, nuestros padres nos han contado la obra que hiciste en sus tiempos, en los tiempos antiguos. Tú con tu mano echaste a las naciones, y los plantaste a ellos: afligiste los pueblos, y los enviaste. Porque no heredaron la tierra por su espada, ni su brazo les libró; si no tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, por que los amaste. Tú eres mi Rey o! Dios: manda saludes a Jacob. Por tí acornearémos a nuestros enemigos: en tu nombre atropellarémos a nuestros adversarios. Porque no confiaré en mi arco, ni mi espada me salvará. Porque tú nos has guardado de nuestros enemigos: y a los que nos aborrecieron, has avergonzado. En Dios nos alabamos todo el día; y para siempre loarémos tu nombre. Selah. También nos has desechado, y nos has hecho avergonzar; y no sales en nuestros ejércitos. Hicístenos volver atrás del enemigo: y los que nos aborrecieron, nos saquearon para sí. Pusístenos como a ovejas para comer: y esparcístenos entre las naciones. Has vendido a tu pueblo de balde; y no pujaste en sus precios. Pusístenos por vergüenza a nuestros vecinos, por escarnio y por burla a nuestros al derredores. Pusístenos por proverbio entre las naciones; por movimiento de cabeza en los pueblos. Cada día mi vergüenza está delante de mí, y la confusión de mi rostro me cubre, De la voz del que me avergüenza y deshonra; del enemigo, y del que se venga. Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de tí; y no hemos faltado a tu concierto. No se ha vuelto atrás nuestro corazón; y no se han apartado nuestros pasos de tus caminos; Cuando nos quebrantaste en el lugar de los dragones, y nos cubriste con sombra de muerte. Si nos olvidásemos del nombre de nuestro Dios; y si alzásemos nuestras manos a dios ajeno; ¿Dios no demandaria estó? porque él conoce los secretos del corazón. Porque por tu causa nos matan cada día; somos tenidos como ovejas para el degolladero. Despierta, ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no te alejes para siempre. ¿Por qué escondes tu rostro, y te olvidas de nuestra aflicción, y de nuestra opresión? Porque nuestra alma se ha agobiado hasta el polvo: nuestro vientre está pegado con la tierra. Levántate para ayudarnos; y redímenos por tu misericordia. Al Vencedor: sobre Sosannim, á los hijos de Coré. Masquil. Canción de amores. REBOSA mi corazón palabra buena: yo digo en mis obras del rey: mi lengua será como una pluma de escribano que escribe apriesa. Te hermoseáste más que los hijos de los hombres: la gracia se derramó en tus labios; por tanto te ha bendecido Dios para siempre. Cíñete tu espada sobre el muslo, o! Valiente, con tu gloria y con tu hermosura. Y con tu hermosura sé prosperado: cabalga sobre palabra de verdad, y de humildad, y de justicia: y tu diestra te enseñará terribilidades. Tus saetas agudas, con que caerán pueblos debajo de tí; en el corazón de los enemigos del rey. Tu trono, o! Dios, eterno y para siempre: vara de justicia la vara de tu reino. Amaste la justicia, y aborreciste la maldad: por tanto te ungió Dios, tu Dios, con aceite de gozo más que a tus compañeros. Almizcle, y sándalos, y ámbar son todos tus vestidos, desde los palacios de marfil, donde te alegraron. Hijas de reyes entre tus ilustres: está la reina a tu diestra con corona de Ofir. Oye, hija, y mira, e inclina tu oido: y olvida tu pueblo, y la casa de tu padre. Y deseará el rey tu hermosura: porque él es tu Señor, e inclínate a él. Y la hija de Tiro con presente suplicará tu favor: todos los ricos del pueblo. Toda ilustre es la hija del rey de dentro: de engastes de oro es su vestido. Con vestidos bordados será llevada al rey, vírgenes en pos de ella: sus compañeras serán traidas a tí. Serán traidas con alegrías y gozo: entrarán en el palacio del rey. En lugar de tus padres serán tus hijos: hacérles has príncipes en toda la tierra. Haré memoria de tu nombre en toda generación y generación: por lo cual pueblos te alabarán eternalmente y para siempre. Al Vencedor: a los hijos de Coré. Sobre Halamot. Salmo. DIOS es nuestro amparo y for- taleza: socorro en las angustias hallarémos en abundancia. Por tanto no temeremos, aunque la tierra se mude, y aunque se trespasen los montes al corazón de la mar. Bramarán, turbarse han sus aguas: temblarán los montes a causa de su bravura. Selah. Del río sus conductos alegrarán la ciudad de Dios, el santuario de las tiendas del Altísimo. Dios está en medio de ella, no será movida: Dios la ayudará en mirando la mañana. Bramaron naciones, titubearon reinos: dió su voz, derritióse la tierra: Jehová de los ejércitos es con nosotros: nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah. Veníd, ved las obras de Jehová, que ha puesto asolamientos en la tierra. Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra; que quiebra el arco, y corta la lanza, y quema los carros en el fuego. Cesád, y conocéd que yo soy Dios: ensalzarme he en las naciones, ensalzarme he en la tierra. Jehová de los ejércitos es con nosotros: nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah. Al Vencedor: a los hijos de Coré. Salmo. TODOS los pueblos batíd las manos: clamád a Dios con voz de alegría. Porque Jehová es sublime y temeroso: Rey grande sobre toda la tierra. El someterá a los pueblos debajo de nosotros, y a las naciones debajo de nuestros piés. El nos eligirá nuestras heredades; la hermosura de Jacob, al cual amó. Selah. Subió Dios con júbilo, Jehová con voz de trompeta. Cantád a Dios, cantád; cantád a nuestro Rey, cantád. Porque el Rey de toda la tierra es Dios: cantád entendiendo. Reinó Dios sobre las naciones: Dios se asentó sobre su santo trono. Los príncipes de los pueblos se juntaron al pueblo del Dios de Abraham: porque de Dios son los escudos de la tierra; él es muy ensalzado. Canción de Salmo: a los hijos de Coré. GRANDE es Jehová, y digno de ser en grande manera alabado en la ciudad de nuestro Dios, en el monte de su santuario. De hermosa situación, el gozo de toda la tierra es el monte de Sión: los lados del aquilón, la ciudad del gran Rey. Dios en sus palacios es conocido por refugio. Porque, he aquí, los reyes de la tierra fueron congregados; pasaron todos. Ellos vieron, maravilláronse grandemente, fueron asombrados: diéronse priesa. Temblor los tomó allí; dolor, como a mujer que pare. Con viento solano quiebras las naves de Társis. Como lo oímos, así lo vimos en la ciudad de Jehová de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios: Dios la afirmará para siempre. Selah. Esperamos, o! Dios, tu misericordia en medio de tu templo. Conforme a tu nombre, o! Dios, así es tu loor hasta los fines de la tierra: de justicia está llena tu diestra. Alegrarse ha el monte de Sión: regocíjarse han las hijas de Judá por tus juicios. Rodeád a Sión, y cercádla: contád sus torres. Ponéd vuestro corazón a su antemuro: mirád sus palacios, para que lo contéis a la generación que vendrá. Porque este Dios es Dios nuestro eternalmente y para siempre: él nos capitaneará hasta la muerte. Al Vencedor: a los hijos de Coré. Salmo. OID esto todos los pueblos: escuchád todos los habitadores del mundo: Así los hijos de los hombres como los hijos de los varones: juntamente el rico y el pobre. Mi boca hablará sabidurías: y el pensamiento de mi corazón inteligencias. Acomodaré a ejemplos mi oido: declararé con la arpa mi enigma. ¿Por qué temeré en los dias de adversidad, cuando la iniquidad de mis calcañares me cercará? Los que confian en sus haciendas, y en la multitud de sus riquezas se jactan; Ninguno redimiendo redimirá al hermano: ni dará a Dios su rescate. Porque la redención de su alma es de gran precio: y no se hará jamas, Que viva adelante para siempre: y nunca vea la sepultura. Porque se ve que los sabios mueren juntamente: el insensato y el ignorante perecen, y dejan a otros sus riquezas. En su íntimo piensan que sus casas son eternas: sus habitaciones para generación y generación: llamaron sus tierras de sus nombres. Mas el hombre no permanecerá en honra: es semejante a las bestias que mueren. Este es su camino, su locura: y sus descendientes corren por el dicho de ellos. Selah. Como ovejas son puestos en la sepultura, la muerte los pastorea; y los rectos se enseñorearon de ellos por la mañana: y su apariencia se envejece en la sepultura de su morada. Ciertamente Dios redimirá mi vida del poder de la sepultura, cuando me tomará. Selah. No temas cuando se enriquece alguno: cuando aumenta la gloria de su casa. Porque en su muerte no tomará nada: ni su gloria descenderá en pos de él. Porque mientras viviere, será su vida bendita: y tú serás loado cuando fueres bueno. El entrará a la generación de sus padres: para siempre no verán luz. El hombre en honra que no entiende, semejante es a las bestias que mueren. Salmo: a Asaf. EL Dios de dioses, Jehová, habló; y convocó la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. De Sión, perfección de hermosura, Dios resplandeció. Vendrá nuestro Dios, y no callará: fuego consumirá de su presencia: y al rededor de él habrá grande tempestad. Convocará a los cielos de arriba: y a la tierra para juzgar a su pueblo. Juntádme mis misericordiosos: los que concertaron mi concierto sobre sacrificio. Y denunciarán los cielos su justicia; porque Dios es juez. Selah. Oye pueblo mío, y hablaré: Israel, y contestaré contra tí: Yo soy el Dios, el Dios tuyo. No te reprenderé sobre tus sacrificios; porque tus holocaustos delante de mí están siempre. No tomaré de tu casa becerros: ni machos de cabrío de tus apriscos. Porque mía es toda bestia del monte: millares de animales en los montes. Yo conozco a todas las aves de los montes; y las fieras del campo están conmigo. Si tuviere hambre, no te lo diré a tí; porque mío es el mundo y su plenitud. ¿Tengo de comer carne de gruesos toros, o, de beber sangre de machos de cabrío? Sacrifica a Dios alabanza: y paga al Altísimo tus votos. Y llámame en el día de la angustia; librarte he, y honrarme has. Y al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que enarrar mis leyes: y que tomes mi concierto por tu boca: Aborreciendo tú el castigo, y echando detrás de tí mis palabras? Si veías al ladrón, tu corrías con él: y con los adúlteros era tu parte. Tu boca metías en mal: y tu lengua componía engaño. Asentábaste, hablabas contra tu hermano: contra el hijo de tu madre ponías infamia. Estas cosas hiciste, y yo callé: ¿pensabas por eso que de cierto sería yo como tú? argüirte he, y propondré delante de tus ojos. Entendéd ahora esto, los que os olvidáis de Dios: porque no arrebate, y no haya quien os escape. El que sacrifica alabanza me honrará: y el que ordenare el camino, yo le enseñaré la salud de Dios. Al Vencedor: Salmo de David, cuando vino a él Natán el profeta, después que entró a Batseba. TEN misericordia de mí, o! Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus miseraciones rae mis rebeliones. Aumenta el lavarme de mi maldad; y límpiame de mi pecado. Porque yo conozco mis rebeliones: y mi pecado está siempre delante de mí. A tí, a tí solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: porque te justifiques en tu palabra, y te purifiques en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado: y en pecado me calentó mi madre. He aquí, la verdad has amado en lo íntimo: y en lo secreto me hiciste saber sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve. Házme oir gozo y alegría: y harán alegrías los huesos que moliste. Esconde tu rostro de mis pecados: y rae todas mis maldades. Críame, o! Dios, un corazón limpio: y renueva un espíritu recto en medio de mí. No me eches de delante de tí: y no quites de mí tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salud: y el Espíritu voluntario me sustentará. Enseñaré a los prevaricadores tus caminos: y los pecadores se convertirán a tí. Escápame de homicidos, o! Dios, Dios de mi salud: cante mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios, y denuncie mi boca tu alabanza. Porque no quieres sacrificio, que, si no, yo lo daría: holocausto no quieres. Los sacrificios de Dios es el espíritu quebrantado: el corazón contrito y molido, o! Dios, no menospreciarás. Haz bien con tu buena voluntad a Sión: edifica los muros de Jerusalem. Entónces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto, y el quemado: entónces ofrecerán sobre tu altar becerros. Al Vencedor: Masquil: de David, cuando vino Doeg Idumeo, y denunció a Saul, diciéndole: Vino David a casa de Aquimelec. ¿POR qué te alabas de maldad, o! valiente? la misericordia de Dios es cada día. Agravios maquina tu lengua: como navaja afilada, hace engaño. Amaste el mal más que el bien: la mentira, más que hablar justicia. Selah. Amaste todas las palabras dañosas; lengua engañosa. También Dios te derrocará para siempre: cortarte ha, y arrancarte ha de la tienda; y te desarraigará de la tierra de los vivientes. Selah. Y verán los justos, y temerán: y reirse han de él. He aquí un varón que no puso a Dios por su fortaleza, mas confió en la multitud de sus riquezas: esforzóse en su maldad. Mas yo, como oliva verde, en la casa de Dios: confié en la misericordia de Dios siempre y eternalmente. Yo te alabaré para siempre, porque hiciste: y esperaré tu nombre, porque es bueno, delante de tus misericordiosos. Al Vencedor sobre Mahalat. Masquil: de David. DIJO el insensato en su cora- zón: No hay Dios; corrompiéronse, e hicieron abominable maldad: no hay quien haga bien. Dios desde los cielos miró sobre los hijos de Adam: por ver si hay algún entendido, que busque a Dios. Cada uno se había vuelto atrás, a una se habían dañado: no hay quien haga bien, no hay ni aun uno. No tienen conocimiento todos los que obran iniquidad, que comen a mi pueblo como si comiesen pan: a Dios no invocan, Allí se despavorieron de pavor donde no había pavor: porque Dios esparció los huesos del que asentó campo contra tí: avergonzástelos, porque Dios los desechó. ¿Quién diese de Sión saludes a Israel? En volviendo Dios la cautividad de su pueblo, regocijarse ha Jacob, y alegrarse ha Israel. Al Vencedor en Neginot. Mas- quil: de David, cuando vinieron los Zifeos y dijeron a Saul: ¿No está David escondido en nuestra tierra? O! DIOS, sálvame en tu nom- bre, y con tu valentía me defiende. O! Dios, oye mi oración, escucha las razones de mi boca. Porque extraños se han levantado contra mí, y fuertes han buscado a mí alma: no han puesto a Dios delante de si. Selah. He aquí, Dios es el que me ayuda; el Señor es con los que sustentan mi vida. El volverá el mal a mis enemigos; córtalos por tu verdad. Voluntariamente sacrificaré a tí; alabaré tu nombre, o! Jehová, porque es bueno. Porque me ha escapado de toda angustia, y en mis enemigos vieron mis ojos la venganza. Al Vencedor en Neginot. Masquil: de David. ESCUCHA, o! Dios, mi oración; y no te escondas de mi suplicación. Estáme atento, y respóndeme; que doy voces hablando, y estoy desasosegado, Por la voz del enemigo, por el aprieto del impío; porque echaron sobre mí iniquidad, y con furor me han amenazado. Mi corazón está doloroso dentro de mí: y terrores de muerte han caido sobre mí. Temor y temblor vino sobre mí; y terror me ha cubierto. Y dije: ¿Quién me diese alas como de paloma? volaría, y descansaría. Ciertamente huiría léjos: moraría en el desierto. Selah. Apresuraríame a escapar del viento tempestuoso, de la tempestad. Deshace, o! Señor, divide la lengua de ellos: porque he visto violencia y rencilla en la ciudad. día y noche la cercaron sobre sus muros: e iniquidad y trabajo hay en medio de ella. Agravios hay en medio de ella; y nunca se aparta de sus plazas fraude y engaño. Porque no me afrentó enemigo, que entónces suportáralo: ni el que me aborrecía se engrandeció contra mí, que entónces escondiérame de él. Mas tú, hombre según mi estimación, mi señor, y mi familiar. Porque juntos comunicábamos suavemente los secretos: en la casa de Dios andábamos en compañía. Condenados sean a muerte, desciendan al infierno vivos: porque hay maldades en su compañía, entre ellos. Yo a Dios clamaré; y Jehová me salvará. Tarde, y mañana, y a mediodía hablo y estóy gimiendo: y él oirá mi voz. Redimió en paz mi alma de la guerra contra mí; porque muchos fueron contra mí. Dios oirá, y los quebrantará, y el que permanece desde la antigüedad. Selah. Por cuanto no se mudan, ni temen a Dios. Extendió sus manos contra sus pacíficos: violó su pacto. Ablandan más que manteca las palabras de su boca, mas guerra en su corazón: enternecen sus palabras más que el aceite, mas ellas son espadas. Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará: no dará para siempre resbalo al justo. Y tú, o! Dios, les harás descender al pozo de la sepultura; los varones de sangre, y engañadores no llegarán a la mitad de sus dias: mas yo confiaré en tí. Al Vencedor sobre la paloma muda en las lejanías. Mictam de David, cuando los Filisteos le prendieron en Gat. TEN misericordia de mí, o! Dios; porque me traga el hombre; cada día batallándome aprieta. Tráganme mis enemigos cada día: porque muchos son los que pelean contra mí, o! Altísimo. De día temo: mas yo en tí confio. En Dios alabaré su palabra: en Dios he confiado, no temeré lo que la carne me hará. Todos los dias me contristan mis negocios: contra mí son todos sus pensamientos para mal. Congréganse, escóndense, ellos miran atentamente mis pisadas esperando mi alma. ¿Por la iniquidad escaparán ellos? o! Dios, derriba los pueblos con furor. Mis huidas has contado tú; pon mis lágrimas en tu odre, ciertamente en tu libro. Entónces serán vueltos atrás mis enemigos el día que yo clamare: en esto conozco que Dios es por mí. En Dios alabaré su palabra; en Jehová alabaré su palabra. En Dios he confiado, no temeré lo que el hombre me hará. Sobre mí, o! Dios, están tus votos: alabanzas te pagaré. Por cuanto has escapado mi vida de la muerte, ciertamente mis piés de caida: para que ande delante de Dios en la luz de los que viven. Al Vencedor: No destruyas: Mictam de David, cuando huía delante de Saul, en la cueva. TEN misericordia de mí, o! Dios, ten misericordia de mí; porque en tí ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé, hasta que pasen los quebrantamientos. Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me galardona. El enviará desde los cielos, y me salvará de la afrenta de él que me traga. Selah. Dios enviará su misericordia y su verdad. Mi vida está entre leones: estoy echado entre hijos de hombres que echan llamas: sus dientes son lanza y saetas, y su lengua espada aguda. Ensálzate sobre los cielos, o! Dios: sobre toda la tierra se ensalce tu gloria. Red han compuesto a mis pasos, mi alma se ha abatido: hoyo han cavado delante de mí, caigan en medio de él. Selah. Aparejado está mi corazón, o! Dios, aparejado está mi corazón: cantaré, y diré salmos. Despierta, o! gloria mía, despierta salterio y arpa; levantarme he de mañana. Alabarte he en los pueblos, o! Señor, cantaré de tí en las naciones: Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, y hasta las nubes tu verdad. Ensálzate sobre los cielos, o! Dios; sobre toda la tierra se ensalce tu gloria. Al Vencedor: No destruyas. Mictam de David. ¿PRONUNCIAIS de verdad, o! congregación, justicia? ¿juzgáis rectamente hijos de Adam? Ántes de corazón obráis iniquidades en la tierra: violencia pesáis de vuestras manos. Estrañáronse los impíos desde la matriz: erraron desde el vientre hablando mentira. Veneno tienen semejante al veneno de la serpiente: como áspide sordo que cierra su oreja. Que no oye la voz de los que encantan, del encantador sabio de encantamentos. O! Dios, quiebra sus dientes en sus bocas: quiebra, o! Jehová, las muelas de los leoncillos. Córranse como aguas que se van de suyo: armen sus saetas como si fuesen cortadas; Como el caracol que se deslie, vayan: como el abortivo de mujer, no vean el sol. Ántes que vuestras ollas sientan el fuego de las espinas; así vivos, así airado los arrebate con tempestad. Alegrarse ha el justo, cuando viere la venganza: sus piés lavará en la sangre del impío. Entónces dirá el hombre: Ciertamente hay fruto para el justo: ciertamente hay Dios que juzga en la tierra. Al Vencedor: No destruyas. Mictam de David: cuando envió Saul, y guardaron la casa, para matarle. ESCÁPAME de mis enemigos, o! Dios mío: líbrame de los que se levantan contra mí. Escápame de los que obran iniquidad, y sálvame de los varones de sangres: Porque, he aquí, han asechado a mi vida: hánse juntado contra mí fuertes sin rebelión mía, y sin pecado mío, o! Jehová. Sin mi delito corren, y se aperciben: despierta para encontrarme, y mira. Y tú, Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel, despierta a visitar todas las naciones: no hayas misericordia de todos los que se rebelan con iniquidad. Selah. Volverse han a la tarde, ladrarán como perros, y rodearán la ciudad. He aquí, hablarán con su boca: espadas están en sus labios, porque, ¿Quién lo oye? Mas tú, Jehová, te reirás de ellos: harás burla de todas las gentes. Para tí reservaré su fortaleza: porque Dios es mi defensa. El Dios de mi misericordia me prevendrá: Dios me hará ver en mis enemigos venganza. No los matarás, porque mi pueblo no se olvide; házlos vagabundos con tu fortaleza, y abatelos, o! Jehová, escudo nuestro. Por el pecado de su boca, por la palabra de sus labios, y sean presos por su soberbia: y cuenten de maldición y de enflaquecimiento, Acábalos con furor, acábalos y no sean: y sepan que Dios domina en Jacob hasta los fines de la tierra. Selah. Y vuelvan a la tarde, y ladren como perros: y rodeen la ciudad. Anden ellos vagabundos para hallar que comer: y si no se hartaren, murmuren. Y yo cantaré tu fortaleza y loaré de mañana tu misericordia: porque has sido mi amparo, y refugio en el día de mi angustia. Fortaleza mía, a tí cantaré: porque eres Dios de mi amparo, Dios de mi misericordia. Al Vencedor: sobre Susanhedut: Mictam de David, para ensenar: cuando tuvo guerra contra Aram-naharaim y contra Aram-sobat: y volvió Joab, e hirió a Edom en el valle de las salinas y mató a doce mil. DIOS, desechástenos, disipás- tenos; airástete, vuélvete a nosotros. Hiciste temblar la tierra, abrístela; sana sus quebraduras, porque titubea. Hiciste ver a tu pueblo duras cosas: hicístenos beber vino de temblor. Has dado a los que te temen una bandera que alcen por amor de la verdad. Selah. Para que se escapen tus amados: salva con tu diestra, y óyeme. Dios habló en su santidad: Yo me alegraré: partiré a Siquem, y mediré al valle de Socot. Mío es Galaad, y mío es Manasés: y Efraim es la fortaleza de mi cabeza; Judá mi legislador; Moab, la olla de mi lavatorio: sobre Edom echaré mi zapato; sobre mí triunfa, o! Palestina. ¿Quién me llevará a la ciudad fortalecida? ¿quién me llevará hasta Idumea? Ciertamente tú, o! Dios, que nos habías desechado; y no salías, o! Dios, con nuestros ejércitos. Dános socorro contra el enemigo, que vana es la salud de los hombres. En Dios haremos proezas; y él pisará nuestros enemigos. Al Vencedor sobre Neginot. Salmo de David. OYE, o! Dios, mi clamor; está atento a mi oración. Desde el cabo de la tierra clamaré a tí, cuando desmayare mi corazón; a la peña más alta que yo, llévame. Porque tú has sido mi refugio; torre de fortaleza delante del enemigo. Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; estaré seguro en el escondedero de tus alas. Porque tú, o! Dios, has oido mis votos; has dado heredad a los que temen tu nombre. Dias sobre dias añadirás al rey: sus años serán como generación y generación. El estará para siempre delante de Dios; misericordia y verdad apercibe que le conserven. Así cantaré tu nombre para siempre, pagando mis votos cada día. Al Vencedor: a Iditún. Salmo de David. EN Dios solamente está callada mi alma; de él es mi salud. El solamente es mi fuerte y mi salud: mi refugio, no resbalaré mucho. ¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre? seréis muertos todos vosotros; como pared acostada seréis, como vallado rempujado. Solamente consultan para arrojarle de su grandeza: aman la mentira: con su boca bendicen, mas en sus entrañas maldicen. Selah. En Dios solamente repósate, o! alma mía; porque de él es mi esperanza. El solamente es mi fuerte y mi salud: mi refugio, no resbalaré. Sobre Dios es mi salud y mi gloria: peña de mi fortaleza: mi refugio es en Dios. Esperád en él en todo tiempo, o! pueblos: derramád delante de él vuestro corazón: Dios es nuestro amparo. Selah. Solamente vanidad son los hijos de Adam, mentira los hijos del varón, pesándolos a todos juntos en balanzas, serán menos que la vanidad. No confiéis en la violencia, y en la rapiña no os desvanezcáis: en la hacienda, si se aumentare, no pongáis el corazón. Una vez habló Dios, dos veces he oido esto: Que de Dios es la fortaleza: Y tuya, Señor, es la misericordia: porque tú pagas a cada uno conforme a su obra. Salmo de David, estando él en el desierto de Judá. DIOS, Dios mío eres tú, a tí madrugaré: mi alma tuvo sed de tí, mi carne te desea en tierra de sequedad, y sequiosa sin aguas. Así te miré en el santuario, para ver tu fortaleza y tu gloria. Porque mejor es tu misericordia que la vida: mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida: en tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura será harta mi alma: y con labios de alegría te alabará mi boca, Cuando me acordaré de tí en mis camas, cuando a las alboradas meditaré de tí; Porque has sido mi socorro: y en la sombra de tus alas me regocijaré. Mi alma se apegó a tí: tu diestra me ha sustentado. Mas ellos para destrucción buscaron mi alma: descendieron en lo más bajo de la tierra. Matarlos han a filo de espada: porción de zorras serán. Y el rey se alegrará en Dios, será alabado cualquiera que jura por él: porque la boca de los que hablan mentira, será cerrada. Al Vencedor. Salmo de David. OYE, o! Dios, mi voz en mi ora- ción: guarda mi vida del miedo del enemigo: Escóndeme del secreto consejo de los malignos: de la conspiración de los que obran iniquidad. Que afilaron su lengua, como espada: armaron por su saeta palabra amarga: Para asaetar a escondidas al perfecto: de presto le asaetean, y no temen. Afírmanse asimismos sobre palabra mala: tratan de esconder los lazos: dicen: ¿Quién los ha de ver? Inquieren iniquidades; perficionan la inquisición del inquiridor, y lo que inventó lo íntimo de cada uno, y el corazón inventivo. Mas Dios los asaeteará con saeta, de repente serán sus plagas. Y harán caer sobre sí sus mismas lenguas: espantarse han todos los que los vieren. Y temerán todos los hombres, y anunciarán la obra de Dios, y entenderán su obra. El justo se alegrará en Jehová, y asegurarse ha en él: y alabarse han todos los rectos de corazón. Al Vencedor. Salmo de David. Canción. EN tí reposa la alabanza, o! Dios, en Sión; y a tí se pagará el voto. Tú oyes la oración, a tí vendrá toda carne. Palabras de iniquidades me sobrepujaron: mas nuestras rebeliones, tú las perdonarás. Dichoso el que tú escogieres, e hicieres llegar para que habite en tus patios: seremos hartos del bien de tu casa, de tu santo templo. Con terribilidades nos oirás en justicia, o! Dios de nuestra salud: esperanza de todos los fines de la tierra, y de las partes más lejanas de la mar. El que afirma los montes con su fortaleza, ceñido de valentía. El que amansa el estruendo de las mares, el estruendo de sus ondas: y el alboroto de las civiles sediciones. Y los habitadores de los fines de la tierra temen de tus maravillas: que haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde. Visitas la tierra, y después que la has hecho desear mucho, la enriqueces: el río de Dios lleno de aguas: aparejas el grano de ellos: porque así la ordenaste. Embriagas sus surcos, haces descender el agua en sus regaderas: ablándasla con lluvias, bendices sus renuevos. Coronas el año de tus bienes: y tus nubes destilan grosura. Destilan sobre las habitaciones del desierto: y los collados se ciñen de alegría, Vístense los llanos de ovejas, y los valles se cubren de grano: regocíjanse, y aun cantan. Al Vencedor: Canción: De Salmo. DÉ alabanza a Dios toda la tie- rra. Cantád la gloria de su nombre: ponéd gloria en su alabanza. Decíd a Dios: ¡Cuán terrible eres en tus obras! por la multitud de tu fortaleza se te sugetarán fingidamente todos tus enemigos. Toda la tierra te adorará, y cantarán a tí: cantarán a tu nombre. Selah. Veníd, y ved las obras de Dios: terrible en hechos sobre los hijos de los hombres. Volvió la mar en seco: por el río pasaron a pié; allí nos alegrámos en él. El se enseñorea con su fortaleza para siempre: sus ojos atalayan sobre las naciones: los rebeldes no serán ellos ensalzados. Selah. Bendecíd pueblos a nuestro Dios: y hacéd oir la voz de su loor. El que puso nuestra alma en vida: y no permitió que resbalasen nuestros piés. Porque tú nos probaste, o! Dios: afinástenos, como se afina la plata. Metístenos en la red: pusiste apretura en nuestros lomos. Hiciste subir varón sobre nuestra cabeza: entrámos en fuego y en aguas; y sacástenos a hartura. Entraré pues en tu casa con holocaustos: y pagarte he mis votos, Que pronunciaron mis labios, y habló mi boca, cuando estaba angustiado. Holocaustos de engordados te ofreceré, con perfume de carneros: sacrificaré bueyes y machos de cabrío. Selah. Veníd, oid todos los que teméis a Dios: y contaré lo que ha hecho a mi alma. A él hablé en alta voz: y fué ensalzado con mi lengua. Si yo viera iniquidad en mi corazón, no oyera el Señor. Ciertamente oyó Dios: escuchó a la voz de mi oración. Bendito Dios, que no apartó mi oración, y su misericordia de mí. Al Vencedor en Neginot: Salmo de Canción. DIOS haya misericordia de nosotros, y nos bendiga: haga resplandecer su rostro sobre nosotros. Selah. Para que conozcamos en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salud. Alábente los pueblos, o! Dios, alábente todos los pueblos. Alégrense, y regocíjense las naciones, cuando juzgares los pueblos con equidad: y pastoreares las naciones en la tierra. Selah. Alábente los pueblos, o! Dios, alábente todos los pueblos. La tierra dará su fruto: bendecirnos ha el Dios, nuestro Dios. Bendíganos Dios, y témanle todos los términos de la tierra. Al Vencedor: de David. Salmo de Canción. LEVÁNTESE Dios, espárzanse sus enemigos: y huyan los que le aborrecen delante de él. Como es lanzado el humo, los lanzarás: como se derrite la cera delante del fuego, así perecerán los impíos delante de Dios. Mas los justos se alegrarán: regocijarse han delante de Dios, y saltarán de alegría. Cantád a Dios, cantád salmos a su nombre: ensalzád al que cabalga sobre los cielos en JAH su nombre: y alegráos delante de él. Padre de huérfanos, y defensor de viudas, Dios en la morada de su santuario. El Dios que hace habitar los solos en casa: que saca los presos en grillos; mas los rebeldes habitan en sequedad. O! Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo, cuando anduviste por el desierto, Selah, La tierra tembló; también los cielos destilaron delante de Dios; aquel Sinaí tembló delante de Dios, del Dios de Israel. Lluvia de voluntades esparciste, o! Dios, a tu heredad; y cuando se cansó, tú la recreaste. Tu compañía estaba en ella; por tu bondad acomodabas al pobre, o! Dios. El Señor daba palabra: de las evangelizantes había ejército grande. Reyes de ejércitos huían, huían: y la moradora de la casa partía despojos. Si fuereis echados entre las ollas, seréis como las alas de la paloma cubierta de plata, y sus plumas con amarillez de oro. Cuando esparcía el Omnipotente los reyes en ella; ella se emblanquecía como la nieve en Salmón. El monte de Dios, el monte de Basán: monte alto el monte de Basán. ¿Por qué saltasteis, o! montes altos? Este monte amó Dios para su asiento: ciertamente Jehová habitará en él para siempre. Los carros de Dios dos millares de miles de ángeles: el Señor entre ellos, como en Sinaí, así en el santuario. Subiste a lo alto, cautivaste cautividad, tomaste dones para los hombres: y también los rebeldes para que habiten, o! JAH Dios. Bendito el Señor, cada día nos colma de mercedes, Dios nuestra salud. Selah. Dios, Dios nuestro para saludes; y el Señor Jehová tiene salidas para la muerte. Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la mollera cabelluda de el que camina en sus pecados. El Señor dijo: De Basán haré volver, haré volver de los profundos de la mar; Porque tu pié se embermejecerá de sangre de sus enemigos; y la lengua de tus perros de ella. Vieron tus caminos, o! Dios: los caminos de mi Dios, de mi Rey en el santuario. Los cantores iban delante, detrás, los tañedores: en medio las doncellas con adufes. Bendecíd a Dios en congregaciones: al Señor, los de el manadero de Israel. Allí estaba Benjamín pequeño señoreándolos; príncipes de Judá en su congregación, príncipes de Zabulón, príncipes de Neftalí. Tu Dios ha ordenado tu fuerza: confirma, o! Dios, lo que has obrado en nosotros. Desde tu templo en Jerusalem, a tí ofrecerán los reyes dones. Destruye el escuadrón de lanza, el escuadrón de fuertes, con señores de pueblos, hollándolos con sus piezas de plata: destruye los pueblos que quieren guerras. Vendrán príncipes de Egipto: Etiopía apresurará sus manos a Dios. Reinos de la tierra cantád a Dios; cantád al Señor; Selah; Al que cabalga sobre los cielos de los cielos de antigüedad: he aquí, él dará con su voz, voz de fortaleza. Dad fortaleza a Dios: sobre Israel es su magnificencia, y su fortaleza en las nubes. Terrible eres, o! Dios, desde tus santuarios; el Dios de Israel, él da fortaleza y fuerzas al pueblo: Bendito Dios. Al Vencedor sobre Sosannim: de David. SÁLVAME, o! Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy zabullido en cieno profundo, que no hay pié; soy venido en profundos de aguas, y la corriente me ha anegado. He trabajado llamando; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos de esperar a mi Dios. Hánse aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa; hánse fortalecido mis enemigos, los que me destruyen sin porqué: lo que no hurté, entónces lo volví. Dios, tú sabes mi insensatez; y mis delitos no te son ocultos. No sean avergonzados por mí, los que te esperan, Señor Jehová de los ejércitos; no sean confusos por mí los que te buscan, o! Dios de Israel. Porque por tí he sufrido vergüenza; confusión ha cubierto mi rostro. He sido estrañado de mis hermanos, y extraño a los hijos de mi madre. Porque el zelo de tu casa me comió, y los denuestos de los que te denuestan, cayeron sobre mí. Y lloré con ayuno de mi alma, y esto me ha sido por afrenta. Y puse saco por mi vestido, y fuí a ellos por proverbio. Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, y en las canciones de los bebedores de sidra. Y yo enderazaba mi oración a tí, o! Jehová, al tiempo de la buena voluntad: o! Dios, por la multitud de tu misericordia óyeme, por la verdad de tu salud. Escápame del lodo, y no sea yo anegado; y sea yo librado de los que me aborrecen, y de los profundos de las aguas. No me anegue el ímpetu de las aguas, ni me suerba la hondura, ni el pozo cierre sobre mí su boca. Oyeme, Jehová; porque benigna es tu misericordia: conforme a la multitud de tus miseraciones mira por mí. Y no escondas tu rostro de tu siervo; porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme. Acércate a mi alma, redímela: por causa de mis enemigos líbrame. Tú sabes mi afrenta, y mi confusión, y mi vergüenza; delante de tí están todos mis enemigos. La afrenta ha quebrantado mi corazón; y he tenido dolor; y he esperado quien se compadeciese de mí, y no lo hubo, y consoladores, y no hallé. Y pusieron en mi comida hiel; y en mi sed me dieron a beber vinagre. Sea su mesa delante de ellos por lazo; y lo que es por paces, les sea por tropezón. Sean oscurecidos sus ojos para ver; y haz siempre titubear sus lomos. Derrama sobre ellos tu ira, y el furor de tu enojo les comprenda. Sea su palacio asolado; en sus tiendas no haya morador. Porque persiguieron al que tú heriste: y cuentan del dolor de los que tú mataste. Pon maldad sobre su maldad, y no entren en tu justicia. Sean raídos del libro de los vivientes: y no sean escritos con los justos. Y yo afligido, y dolorido: tu salud, o! Dios, me defenderá. Yo alabaré el nombre de Dios con canción; y magnificarle he con alabanza. Y agradará a Jehová más que buey, y becerro, que echa cuernos y uñas. Verán los humildes, y regocijarse han: buscád a Dios, y vivirá vuestro corazón. Porque Jehová oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros. Alábenle los cielos y la tierra, las mares y todo lo que se mueve en ellas. Porque Dios guardará a Sión, y reedificará las ciudades de Judá, y habitarán allí, y heredarla han. Y la simiente de sus siervos la heredará; y los que aman su nombre habitarán en ella. Al Vencedor: De David, para acordar. O! DIOS, para librarme, o! Dios, para ayudarme, apresúrate. Sean avergonzados y confusos los que buscan mi vida: sean vueltos atrás y avergonzados, los que quieren mi mal. Sean vueltos atrás en pago de su vergüenza los que dicen: Hala, hala. Regocíjense, y alégrense en tí todos los que te buscan; y digan siempre, los que aman tu salud: Sea engrandecido Dios. Yo soy afligido y menesteroso: o! Dios, apresúrate a mí: ayudador mío, y mi librador eres tú, Jehová, no te detengas. EN tí, Jehová, he esperado; no sea yo confundido para siempre. Escápame, y líbrame en tu justicia: inclina a mí tu oido, y sálvame. Séme por peña de fortaleza donde venga continuamente: mandado has que yo sea salvo, porque tú eres mi roca y mi castillo. Dios mío, escápame de la mano del impío, de la mano del perverso y falsario. Porque tú eres mi esperanza, Señor Jehová: seguridad mía desde mi mocedad. Por tí he sido sustentado desde el vientre: de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacaste: de tí ha sido siempre mi alabanza. Como prodigio he sido a muchos; y tú mi refugio fuerte. Sea llena mi boca de tu alabanza, todo el día de tu gloria. No me deseches en el tiempo de la vejez: cuando mi fuerza se acabare, no me desampares. Porque mis enemigos han dicho de mí; y los que asechan mi vida, consultaron juntamente, Diciendo: Dios le ha dejado: perseguíd, y tomádle, porque no hay quien le libre. O! Dios, no te alejes de mí: Dios mío, apresúrate para ayudarme. Sean avergonzados, perezcan, los adversarios de mi alma: sean cubiertos de vergüenza y de confusión, los que buscan mi mal. Y yo siempre esperaré: y añadiré sobre toda tu alabanza. Mi boca recontará tu justicia: todo el día tu salud, aunque no sé el número. Vendré a las valentías del Señor Jehová: haré memoria de la justicia de tí solo. O! Dios, enseñásteme desde mi mocedad, y hasta ahora: manifestaré tus maravillas. Y aun hasta la vejez y las canas: o! Dios, no me desampares: hasta que denuncie tu brazo a la posteridad: tus valentías a todos los que vendrán. Y tu justicia, o! Dios, hasta lo alto: porque has hecho grandes cosas: o! Dios, ¿quién como tú? Que me has hecho ver muchas angustias y males: volverás, y darme has vida: y de los abismos de la tierra volverás a levantarme. Aumentarás mí magnificencia: y volverás a consolarme. Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio: tu verdad, o! Dios mío, cantaré a tí en la arpa, o! Santo de Israel. Mis labios cantarán cuando salmeare a tí: y mi alma, a la cual redimiste. Asimismo mi lengua todo el día hablará de tu justicia: por cuanto fueron avergonzados, por cuanto fueron confusos, los que procuraban mi mal. Salmo para Salomón. O! DIOS, da tus juicios al rey, y tu justicia al hijo del rey. El juzgará a tu pueblo con justicia: y a tus afligidos con juicio. Los montes llevarán paz al pueblo: y los collados justicia. Juzgará a los afligidos del pueblo: Salvará a los hijos del menesteroso, y quebrantará al violento. Temerte han con el sol, y ántes de la luna: por generación de generaciones. Descenderá como la lluvia sobre la yerba cortada: como el rocío que destila sobre la tierra. Florecerá en sus dias justicia, y multitud de paz, hasta que no haya luna. Y dominará de mar a mar, y desde el río hasta los cabos de la tierra. Delante de él se postrarán los Etiopes: y sus enemigos lamerán la tierra. Los reyes de Társis, y de las islas traerán presentes: los reyes de Jeba y de Seba ofrecerán dones. Y arrodillarse han a él todos los reyes; todas las naciones le servirán. Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido, que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y las almas de los pobres salvará. De engaño y de fraude redimirá sus almas; y la sangre de ellos será preciosa en sus ojos. Y vivirá, y darle ha del oro de Jeba, y orará por él continuamente, todo el día le echará bendiciones. Será echado un puño de grano en tierra, en los cabezos de los montes; hará estruendo, como el Líbano, su fruto; y verdeguearán desde la ciudad, como la yerba de la tierra. Será su nombre para siempre, delante del sol será propagado su nombre; y bendecirse han en él todas las naciones; llamarle han bienaventurado. Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, que solo hace maravillas: Y bendito su nombre glorioso para siempre: y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén, y Amén. Acábanse las oraciones de David, hijo de Isaí. Salmo de Asaf. CIERTAMENTE bueno es a Israel Dios, a los limpios de corazón. Y yo, casi se apartaron mis piés; poco faltó, para que no resbalasen mis pasos. Porque tuve envidia a los malvados, viendo la paz de los impíos. Porque no hay ataduras para su muerte: ántes su fortaleza está entera. En el trabajo humano no están: ni son azotados con los hombres. Por tanto soberbia los corona: cúbrense de vestido de violencia. Sus ojos están salidos de gruesos: pasan los pensamientos de su corazón. Soltáronse, y hablan con maldad de hacer violencia: hablan de lo alto. Ponen en el cielo su boca: y su lengua pasea la tierra. Por tanto su pueblo volverá aquí, que aguas en abundancia les son exprimidas. Y dirán: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y, si hay conocimiento en lo alto? He aquí, estos impíos, y quietos del mundo alcanzaron riquezas: Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón: y he lavado mis manos en limpieza; Y he sido azotado todo el día: y castigado por las mañanas. Si decía: Contarlo he así: he aquí, habré negado la nación de tus hijos. Pensaré pues para saber esto: es trabajo en mis ojos. Hasta que venga al santuario de Dios; entónces entenderé la postrimería de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos: hacerlos has caer en asolamientos. ¡Cómo han sido asolados! ¡cuán en un punto! Acabáronse: fenecieron con turbaciones. Como sueño de el que despierta. Señor, cuando despertares, menospreciarás sus apariencias. Ciertamente mi corazón se acedó: y en mis riñones sentía punzadas. Mas yo era ignorante, y no entendía; era una bestia acerca de tí. Aunque yo siempre estaba contigo: y así echaste mano a mi mano derecha: Guiásteme en tu consejo: y después me recibirás con gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos? Y contigo nada quiero en la tierra. Desmáyase mi carne y mi corazón, ¡ó roca de mi corazón! que mi porción es Dios para siempre. Porque, he aquí, los que se alejan de tí, perecerán: tú cortas a todo aquel que rompe tu pacto. Y yo, el acercarme a Dios, me es el bien: he puesto en el Señor Jehová mi esperanza, para contar todas tus obras. Masquil de Asaf. ¿POR qué o! Dios, nos has des- echado para siempre? ¿por qué ha humeado tu furor contra las ovejas de tu dehesa? Acuérdate de tu congregación, que adquiriste de tiempo antiguo: cuando redimiste la vara de tu heredad, este monte de Sión, donde has habitado. Levanta tus piés a los asolamientos eternos: a todo enemigo que ha hecho mal en el santuario. Tus enemigos han bramado en medio de tus sinagogas: han puesto en ellas sus señas, señas. Nombrado era, como si lo llevara al cielo, el que metía las hachas en el monte de la madera para el edificio del santuario. Y ahora con hachas y martillos han quebrado todas sus entalladuras. Han puesto a fuego tus santuarios, el tabernáculo de tu nombre han ensuciado en tierra. Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez: quemaron todas las sinagogas de Dios en la tierra. No vemos ya nuestras señales: no hay más profeta, ni hay con nosotros quien sepa: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo, o! Dios, nos afrentará el angustiador? ¿blasfemará el enemigo perpetuamente tu nombre? ¿Por qué retráes tu mano, y tu diestra la escondes dentro de tu seno? Y Dios ha sido mi rey de tiempo antiguo: el que obraba saludes en medio de la tierra. Tú hendiste la mar con tu fortaleza: quebrantaste cabezas de ballenas en las aguas. Tú magullaste las cabezas del leviatán: le diste por comida al pueblo de los desiertos. Tú abriste fuente y río: tú secaste ríos impetuosos. Tuyo es el día, tuya también es la noche: tú aparejaste la lumbre y el sol. Tú estableciste todos los términos de la tierra: el verano y el invierno tú los formaste. Acuérdate de esto, que el enemigo ha dicho afrentas a Jehová: y que el pueblo insensato ha blasfemado tu nombre. No entregues a las bestias el alma de tu tórtola: y no olvides para siempre la compañía de tus afligidos. Mira al concierto: porque las oscuridades de la tierra se han henchido de habitaciones de violencia. No vuelva avergonzado el abatido: el afligido y el menesteroso alabarán tu nombre. Levántate, o! Dios, pleitea tu pleito: acuérdate de tu injuria con que el insensato te injuria cada día. No olvides las voces de tus enemigos: el tropel de los que se levantan contra tí sube continuamente. Al Vencedor: No destruyas. Salmo de Asaf. Canción. ALABARTE hemos, o! Dios, ala- barte hemos; que cercano está tu nombre: cuenten todos tus maravillas. Cuando yo tuviere tiempo, yo juzgaré rectamente. La tierra se arruinaba, y sus moradores: yo compuse sus columnas. Selah. Dije a los malvados: No os enloquezcáis: y a los impíos: No alcéis el cuerno. No levantéis en alto vuestro cuerno; no habléis con cerviz gruesa. Porque ni de oriente, ni de occidente, ni del desierto viene el ensalzamiento. Porque Dios, que es el juez; a este abate, y a aquel ensalza. Que el cáliz está en la mano de Jehová, y lleno de vino bermejo de mistura, y él derrama de aquí: ciertamente sus heces chuparán, y beberán todos los impíos de la tierra. Y yo anunciaré siempre: cantaré alabanzas al Dios de Jacob. Y quebraré todos los cuernos de los pecadores: y los cuernos del justo serán ensalzados. Al Vencedor en Neginot. Salmo de Asaf. Canción. DIOS es conocido en Judá: Dios, en Israel es grande su nombre. Y en Salem está su tabernáculo: y su habitación en Sión. Allí quebró las saetas del arco: el escudo, y la espada, y la guerra. Selah. Ilustre eres tú, y fuerte, más que los montes de caza. Los fuertes de corazón fueron despojados; durmieron su sueño, y nada hallaron en sus manos todos los varones fuertes. Por tu reprensión, o! Dios de Jacob, es adormecido el carro y el caballo. Tú eres terrible, tú: ¿y quién parará delante de tí en comenzando tu ira? Desde los cielos hiciste oir juicio: la tierra tuvo temor, y cesó, Cuando, o! Dios, te levantaste al juicio, para salvar a todos los mansos de la tierra. Selah. Ciertamente la ira del hombre te confesará: los restos de las iras constreñirás. Prometéd, y pagád a Jehová, vuestro Dios, todos los que estáis al rededor de él: traigan presentes al terrible. El que quita el espíritu a los príncipes: terrible a los reyes de la tierra. Al Vencedor; para Iditún: Salmo de Asaf. MI voz a Dios, y clamé: mi voz a Dios, y él me escuchará. En el día de mi angustia al Señor busqué: mi llaga se desangraba de noche, sin estancarse: mi alma no quería consuelo. Acordábame de Dios, y me sobresaltaba: quejábame, y desmayaba mi espíritu. Selah. Tenías los párpados de mis ojos: estaba quebrantado, y no hablaba. Contaba los dias desde el principio: los años de los siglos. Acordábame de mis canciones de noche: meditaba con mi corazón, y mi espíritu escudriñaba. ¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a amar? ¿Háse acabado para siempre su misericordia? ¿Háse acabado la palabra para generación y generación. ¿Ha olvidado Dios el haber misericordia? ¿Ha encerrado con la ira sus misericordias? Selah. Y dije: Enfermedad mía es. En los años de la diestra del Altísimo. Acordábame de las obras de Jehová: por tanto me acordé de tus maravillas antiguas. Y meditaba en todas tus obras, y hablaba de tus hechos. O! Dios, en santidad es tu camino, ¿Quién es Dios grande, como el Dios nuestro? Tú eres el Dios que hace maravillas, haciendo notoria en los pueblos tu fortaleza. Redímiste con brazo tu pueblo, los hijos de Jacob y de José. Selah. Viéronte las aguas, o! Dios, las aguas te vieron, temieron, también temblaron los abismos. Las nubes echaron inundaciones de aguas: los cielos dieron voz; asimismo discurrieron tus rayos. El sonido de tus truenos anduvo en cerco: los relámpagos alumbraron al mundo: la tierra se estremeció, y tembló. En la mar estuvo tu camino: y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas. Llevaste, como ovejas, tu pueblo, por mano de Moisés, y de Aarón. Masquil de Asaf. ESCUCHA, pueblo mío, mi ley: inclinád vuestro oido a las palabras de mi boca. Abriré en parábola mi boca: hablaré enigmas del tiempo antiguo: Los cuales hemos oido y entendido: que nuestros padres nos los contaron. No los encubriremos a sus hijos, contando a la generación postrera las alabanzas de Jehová: y su fortaleza, y sus maravillas, que hizo. Que levantó testimonio en Jacob, y puso ley en Israel: la cual mandó a nuestros padres, que la notificasen a sus hijos: Para que sepa la generación postrera: y los hijos que nacerán, que se levantarán, cuenten a sus hijos: Y pondrán en Dios su confianza, y no se olvidarán de las obras de Dios: y guardarán sus mandamientos. Y no serán como sus padres, generación contumaz, y rebelde: generación que no compuso su corazón, ni su espíritu fué fiel con Dios. Los hijos de Efraim armados, flecheros, volvieron las espaldas el día de la batalla. No guardaron el concierto de Dios: ni quisieron andar en su ley, Ántes se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado. Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de Egipto, en el campo de Soan. Rompió la mar, e hízolos pasar: e hizo estar las aguas como en un montón. Y llevólos con nube de día, y toda la noche con lumbre de fuego. Hendió las peñas en el desierto: y dióles a beber de abismos grandes. Y sacó de la peña corrientes, e hizo descender aguas, como ríos. Y tornaron aun a pecar contra él, enojando al Altísimo en la soledad. Y tentaron a Dios en su corazón, pidiendo comida para su alma. Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá Dios ponernos mesa en el desierto? He aquí, ha herido la peña, y corrieron aguas, y arroyos salieron ondeando: ¿podrá también dar pan? ¿aparejará carne a su pueblo? Por tanto oyó Jehová, y enojóse: y encendióse el fuego en Jacob, y el furor subió también en Israel. Porque no habían creido a Dios, ni habían confiado de su salud. Y mandó a las nubes de arriba: y abrió las puertas de los cielos. E hizo llover sobre ellos maná para comer, y dióles trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre: envióles comida a hartura. Movió al solano en el cielo; y trajo con su fortaleza al austro, E hizo llover sobre ellos carne, como polvo: y aves de alas como arena de la mar. E hízolas caer en medio de su campo, al rededor de sus tiendas. Y comieron, y hartáronse mucho: y cumplióles su deseo. No habían aun quitado de sí su deseo, aun su vianda estaba en su boca, Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, y mató en los gruesos de ellos, y derribó los escogidos de Israel. Con todo esto pecaron aun; y no dieron crédito a sus maravillas. Y consumió en muy poco sus dias, y sus años apresuradamente. Si los mataba, entónces le buscaban; y convertíanse, y buscaban a Dios de mañana. Y acordábanse que Dios era su refugio: y el Dios Alto su redentor. Y lisongeábanle con su boca; y con su lengua le mentían: Mas sus corazones no eran rectos con él: ni estuvieron firmes en su concierto. Mas él, misericordioso perdonaba la maldad, y no los destruyó: y abundó su misericordia para apartar su ira, y no despertó toda su ira. Y acordóse que eran carne: espíritu que va y no vuelve. ¡Cuántas veces le ensañaron en el desierto, le enojaron en la soledad! Y volvieron, y tentaron a Dios: y limitaron al Santo de Israel. No se acordaron de su mano: del día que les redimió de angustia; Que había puesto en Egipto sus señales: y sus maravillas en el campo de Soan: Y había vuelto sus ríos en sangre: y sus corrientes porque no bebiesen: Había enviado en ellos una mezcla de moscas que los había comido: asimismo ranas que los destruyeron. Y había dado al pulgón sus frutos: y sus trabajos a la langosta. Había destruido sus viñas con granizo, y sus higuerales con piedra. Y entregó al pedrisco sus bestias, y sus ganados al fuego. Había enviado en ellos el furor de su saña: ira y enojo, y angustia, y ángeles malos. Enderezó el camino a su furor: no detuvo la vida de ellos de la muerte, ántes entregó su vida a la mortandad: E hirió a todo primogénito en Egipto; las primicias de las fuerzas en las tiendas de Cam. E hizo partir, como hato de ovejas, su pueblo; y llevólos, como a un rebaño, por el desierto. Y guiólos con seguridad, que no tuvieron miedo; y a sus enemigos cubrió la mar. Metiólos en los términos de su tierra santa; en este monte, que ganó su mano derecha. Y echó las naciones de delante de ellos, e hízolas caer en cordel de heredad: e hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel. Y tentaron, y enojaron al Dios Altísimo; y no guardaron sus testimonios. Y volviéronse, y rebeláronse como sus padres; volviéronse como arco enganoso. Y enojáronle con sus altos; y provocáronle a zelo con sus esculturas. Oyó Dios, y enojóse; y aborreció en grande manera a Israel. Por esta causa dejó el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres. Y dió en cautividad su fortaleza; y su gloria en mano del enemigo. Y entregó a su pueblo a la espada; y airóse contra su heredad. A sus mancebos tragó el fuego; y sus vírgenes no fueron loadas. Sus sacerdotes cayeron a espada: y sus viudas no lamentaron. Y despertóse el Señor, como un dormido: como un valiente, que da voces a causa del vino: E hirió a sus enemigos detrás: dióles vergüenza perpetua. Y aborreció la tienda de José; y no escogió a la tribu de Efraim: Mas escogió a la tribu de Judá: al monte de Sión, al cual amó. Y edificó, como alturas, su santuario: como la tierra, lo acimentó para siempre. Y eligió a David su siervo: y tomóle de las majadas de las ovejas. detrás de las paridas le trajo: para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad. Y apacentólos con enterez de su corazón: y con las industrias de sus manos los pastoreó. Salmo de Asaf. O! DIOS, vinieron las gentes a tu heredad: contaminaron el templo de tu santidad; pusieron a Jerusalem en montones: Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las aves de los cielos: la carne de tus piadosos a las bestias de la tierra. Derramaron su sangre, como agua, en los al rededores de Jerusalem: y no hubo quien los enterrase. Somos afrentados de nuestros vecinos: escarnecidos y burlados de los que están en nuestros al rededores. ¿Hasta cuándo, o! Jehová? ¿Airarte has para siempre? ¿Arderá, como fuego, tu zelo? Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen: y sobre los reinos que no invocan tu nombre. Porque han consumido a Jacob: y su morada han asolado. No nos traigas en memoria las iniquidades antiguas: anticípennos presto tus misericordias, porque estamos muy consumidos. Ayúdanos, o! Dios, salud nuestra, por la honra de tu nombre: y líbranos, y aplácate sobre nuestros pecados por causa de tu nombre. Porque dirán las gentes: ¿Dónde está su Dios? Sea notoria en las naciones delante de nuestros ojos la venganza de la sangre de tus siervos que se ha derramado. Entre delante de tí el gemido de los presos: conforme a la grandeza de tu brazo preserva a los sentenciados a muerte. Y torna a nuestros vecinos en su seno siete tantos de su deshonra con que te han deshonrado, o! Jehová. Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu pasto, te alabarémos para siempre: por generación y generación contaremos tus alabanzas. Al Vencedor sobre Sosannim: testimonio de Asaf: Salmo. O! PASTOR de Israel, escucha: tú que pastoreas, como a ovejas, a José: tú que estás entre los querubines, resplandece. Despierta tu valentía delante de Efraim, y de Benjamín, y de Manasés: y ven a salvarnos. O! Dios, háznos tornar: y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Jehová Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo te airarás contra la oración de tu pueblo? Dísteles a comer pan de lágrimas: y dísteles a beber lágrimas con medida. Pusístenos por contienda a nuestros vecinos: y nuestros enemigos se burlan de nosotros entre sí. O! Dios de los ejércitos, háznos tornar: y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Hiciste venir la vid de Egipto: echaste a los Gentiles, y la plantaste. Limpiaste el lugar delante de ella: e hiciste arraigar sus raices, e hinchió la tierra. Los montes fueron cubiertos de su sombra: y sus ramas como cedros de Dios. Enviaste o! Señor, sus ramas hasta la mar: y hasta el río sus mugrones. ¿Por qué aportillaste sus vallados, y la cogieron todos los que pasaron por el camino? Destruyóla el puerco montés, y la pació la bestia del campo. O! Dios de los ejércitos, vuelve ahora: mira desde el cielo, y vé, y visita esta vid. Y la planta que tu diestra plantó: y sobre el mugrón que tú corroboraste para tí. Quemada a fuego está, y talada: perezcan por la reprensión de tu rostro. Sea tu mano sobre el varón de tu diestra: sobre el hijo del hombre que tú corroboraste para tí. Y no nos tornaremos de tí: darnos has vida, e invocaremos tu nombre. O! Jehová, Dios de los ejércitos, háznos tornar, haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Al Vencedor sobre Gitit. Salmo de Asaf. CANTÁD a Dios nuestra forta- leza: cantád con júbilo al Dios de Jacob. Tomád la canción, y dad al adufe: a la arpa de alegría, con el salterio. Tocád la trompeta en la nueva luna, en el día señalado: en el día de nuestra solemnidad. Porque estatuto es de Israel: juicio del Dios de Jacob. Por testimonio en José le ha constituido, cuando salió sobre la tierra de Egipto: donde oí lenguaje que no entendía. Quité entónces su hombro de debajo de la carga: sus manos se quitaron de las ollas. En la angustia llamaste, y yo te libré; te respondí en el secreto del trueno; te probé sobre las aguas de Meriba. Selah. Oye, pueblo mío, y protestarte he: Israel, si me oyeres; No habrá en tí dios ajeno: ni te encorvarás a dios extraño. Yo soy Jehová tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto: ensancha tu boca, y henchirla he. Mas mi pueblo no oyó mi voz: e Israel no me quiso a mí. Y dejélos a la dureza de su corazón; caminaron en sus consejos. ¡O si mi pueblo me oyera, si Israel anduviera en mis caminos! En nada derribara yo a sus enemigos: y volviera mi mano sobre sus adversarios. Los aborrecedores de Jehová le hubieran mentido: y el tiempo de ellos fuera para siempre. Y Dios le hubiera mantenido de grosura de trigo: y de miel de la piedra te hubiera hartado. Salmo de Asaf. DIOS está en la congregación de Dios; en medio de los dioses juzga. ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente: y aceptaréis las personas de los impíos? Selah. Hacéd derecho al pobre y al huérfano: justificád al afligido y al menesteroso. Librád al afligido y al menesteroso: librádle de mano de los impíos. No saben, no entienden: andan en tinieblas, vacilan todos los cimientos de la tierra. Yo dije, dioses sois vosotros; y todos vosotros hijos del Altísimo. Empero como hombres moriréis: y como cualquiera de los tiranos caeréis. Levántate o! Dios, juzga la tierra: porque tú heredarás en todas las naciones. Canción. Salmo de Asaf. O! DIOS, no tengas silencio, no calles, ni ceses, o! Dios. Porque he aquí que tus enemigos han bramado: y tus aborrecedores han alzado cabeza. Sobre tu pueblo han consultado astuta y secretamente: y han entrado en consejo contra tus escondidos. Han dicho: Veníd, y cortémoslos de ser nación: y no haya más memoria del nombre de Israel. Por esto han conspirado de corazón a una: contra tí han hecho liga. Las tiendas de los Idumeos, y de los Ismaelitas: Moab, y los Agarenos; Gebal, y Ammón, y Amalec: Palestina, con los habitadores de Tiro. También el Assur se ha juntado con ellos: son por brazo a los hijos de Lot. Selah. Házles como a Madián, como a Sisara: como a Jabín en el arroyo de Cisón: Que perecieron en En-dor: fueron hechos muladar de la tierra. Pon a ellos y a sus capitanes como a Oreb, y como a Zeb, y como a Zebee, y como a Salmana: a todos sus príncipes, Que han dicho: Heredemos para nosotros las moradas de Dios. Dios mío, pónlos como a torbellino: como a hojarascas delante del viento: Como fuego que quema el monte: como llama que abrasa las breñas; Así persíguelos con tu tempestad; y con tu torbellino asómbralos. Hinche sus rostros de vergüenza; y busquen tu nombre, o! Jehová. Sean afrentados, y turbados para siempre; y sean deshonrados, y perezcan. Y conozcan que tu nombre es Jehová; tú solo Altísimo sobre toda la tierra. Al Vencedor sobre Gitit. A los hijos de Coré. Salmo. ¡CUÁN amables son tus mora- das, o! Jehová de los ejércitos! Codicia, y aun ardientemente desea mi alma los patios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo. Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus pollos en tus altares, Jehová de los ejércitos, Rey mío, y Dios mío. Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán. Selah. Bienaventurado el hombre, que tiene su fortaleza en tí: caminos en sus corazones. Pasando por el valle de los morales lo ponen a él por fuente: y también lo ponen por bendiciones, cuando los cubre la lluvia. Irán de ejército en ejército; verán a Dios en Sión. Jehová, Dios de los ejércitos, oye mi oración: escucha, o! Dios de Jacob. Selah. Mira, o! Dios escudo nuestro: y pon los ojos en el rostro de tu ungido. Porque mejor es un día en tus patios, que mil. Escogí ántes estar a la puerta en la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad. Porque sol y escudo nos es Jehová Dios: gracia y gloria dará Jehová: no quitará el bien a los que andan en integridad. Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que confia en tí. Al Vencedor: a los hijos de Coré. Salmo. TOMASTE contentamiento en tu tierra, o! Jehová: volviste la cautividad de Jacob. Perdonaste la iniquidad de tu pueblo: cubriste todos los pecados de ellos. Selah. Quitaste toda tu saña: volvístete de la ira de tu furor. Tórnanos, o! Dios, salud nuestra: y haz cesar tu ira de nosotros. ¿Enojarte has para siempre contra nosotros? ¿Extenderás tu ira de generación en generación? ¿No volverás tú a darnos vida, y tu pueblo se alegrará en tí? Muéstranos, o! Jehová, tu misericordia: y dános tu salud. Escucharé lo que hablará el Dios Jehová: porque hablará paz a su pueblo, y a sus piadosos: para que no se conviertan a la locura. Ciertamente cercana está su salud a los que le temen; para que habite la gloria en nuestra tierra. La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. La verdad reverdecerá de la tierra: y la justicia mirará desde los cielos. Jehová dará también el bien: y nuestra tierra dará su fruto. La justicia irá delante de él: y pondrá sus pasos en camino. Oración de David. INCLINA, o! Jehová, tu oido, y óyeme: porque soy afligido y menesteroso. Guarda mi alma, porque soy piadoso; salva a tu siervo, tú, o! Dios mío, que en tí confia. Ten misericordia de mí, o! Jehová: porque a tí clamo todo el día. Alegra el alma de tu siervo: porque a tí, o! Señor, levanto mi alma. Porque tú Señor eres bueno, y perdonador: y grande en misericordia a todos los que te invocan. Escucha, o! Jehová, mi oración, y está atento a la voz de mis ruegos. En el día de mi angustia te llamaré: porque me respondes. O! Señor, no hay como tú entre los diosos: ni como tus obras. Todas las gentes que hiciste, vendrán, y se humillarán delante de tí, Señor: y glorificarán tu nombre. Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas: tú solo eres Dios. Enséñame, o! Jehová, tu camino: ande yo en tu verdad: auna mi corazón, para que tema tu nombre. Alabarte he, o! Jehová, Dios mío, con todo mi corazón: y glorificaré tu nombre para siempre. Porque tu misericordia es grande sobre mí: y escapaste mi alma del hoyo profundo. O! Dios, soberbios se levantaron contra mí: y conspiración de fuertes buscaron a mi alma; y no te pusieron delante de sí. Mas tú Señor, Dios misericordioso, y clemente, luengo de iras, y grande en misericordia y verdad; Mira en mí, y ten misericordia de mí: da tu fortaleza a tu siervo, y guarda al hijo de tu sierva. Haz conmigo señal para bien, y veánla los que me aborrecen, y sean avergonzados: porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste. A los hijos de Coré: Salmo de Canción. SU cimiento es en montes de santidad. Ama Jehová las puertas de Sión, más que todas las moradas de Jacob. Cosas ilustres son dichas de tí, ciudad de Dios. Selah. Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia, entre los que me conocen: he aquí Palestina, y Tiro, con Etiopía: este nació allá. Y de Sión se dirá: Este, y aquel es nacido en ella: y el mismo Altísimo la fortificará. Jehová contará, cuando se escribieren los pueblos: Este nació allí. Selah. Y cantores con músicos de flautas: todas mis fuentes estarán en tí. Canción de Salmo a los hijos de Coré, al Vencedor: para cantar sobre Mahalat. Masquil de Hemán Ezrahita. JEHOVÁ Dios de mi salud, día y noche clamo delante de tí. Entre delante de tí mi oración: inclina tu oido a mi clamor. Porque mi alma está harta de males: y mi vida ha llegado a la sepultura. Soy contado con los que descienden al sepulcro: soy como hombre sin fuerza; Librado entre los muertos. Como los matados que duermen en el sepulcro: que no te acuerdas más de ellos, y que son cortados de tu mano. Hásme puesto en el hoyo profundo: en tinieblas, en honduras. Sobre mí se ha acostado tu ira: y con todas tus ondas me has afligido. Selah. Has alejado de mí mis conocidos: hásme puesto a ellos por abominaciones: estoy encerrado, y no saldré. Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción: te he llamado, o! Jehová, cada día he extendido a tí mis manos. ¿Harás milagro a los muertos? ¿Levantarse han los muertos para alabarte? Selah. ¿Será contada en el sepulcro tu misericordia? ¿tu verdad en la perdición? ¿Será conocida en las tinieblas tu maravilla? ¿y tu justicia en la tierra del olvido? Y yo a tí, o! Jehová, he clamado: y de mañana te previno mi oración. ¿Por qué, o! Jehová, desechas a mi alma? ¿por qué escondes tu rostro de mí? Yo soy afligido y menesteroso: desde la mocedad he llevado tus temores, he estado medroso. Sobre mí han pasado tus iras; tus espantos me han cortado. Hánme rodeado como aguas de continuo: hánme cercado a una. Has alejado de mí el amigo y el compañero; y mis conocidos en las tinieblas. Masquil de Etán Ezrahita. LAS misericordias de Jehová cantaré perpetuamente: en generación y generación haré notoria tu verdad con mi boca. Porque dije: Para siempre será edificada misericordia en los cielos: en ellos afirmarás tu verdad. Hice alianza con mi escogido: juré a David mi siervo; Para siempre confirmaré tu simiente: y edificaré de generación en generación tu trono. Selah. Y celebrarán los cielos tu maravilla, o! Jehová: tu verdad también en la congregación de los santos. Porque ¿quién en los cielos se igualará con Jehová? ¿Quién será semejante a Jehová entre los hijos de los dioses? Dios terrible en la grande congregación de los santos, y formidable sobre todos sus al rededores. Jehová Dios de los ejércitos, ¿quién como tú, FUERTE-JEHOVÁ; y tu verdad al rededor de tí? Tú dominas sobre la soberbia de la mar: cuando se levantan sus ondas, tú las haces sosegar. Tú quebrantaste como muerto a Egipto; con el brazo de tu fortaleza esparciste a tus enemigos. Tuyos los cielos, tuya también la tierra: el mundo y su plenitud tú lo fundaste: Al aquilón y al austro tú los creaste: Tabor y Hermón en tu nombre cantarán. Tuyo es el brazo con la valentía: fuerte es tu mano, ensalzada tu diestra. Justicia y juicio es la compostura de tu trono: misericordia y verdad van delante de tu rostro. Bienaventurado el pueblo que sabe cantarte alegremente: Jehová, a la luz de tu rostro andarán: En tu nombre se alegrarán todo el día: y en tu justicia se ensalzarán: Porque tú eres la gloria de su fortaleza; y por tu buena voluntad ensalzarás nuestro cuerno. Porque Jehová es nuestro escudo: y nuestro Rey es el Santo de Israel. Entónces hablaste en visión a tu misericordioso, y dijiste: Yo he puesto el socorro sobre valiente: ensalcé a un escogido de mi pueblo. Hallé a David mi siervo: ungíle con el aceite de mi santidad: Porque mi mano será firme con él; mi brazo también le fortificará: No le atribulará enemigo: ni hijo de iniquidad le quebrantará: Mas yo quebrantaré delante de él a sus enemigos: y heriré a sus aborrecedores. Y mi verdad y mi misericordia serán con él; y en mi nombre será ensalzado su cuerno. Y pondré su mano en la mar, y en los ríos su diestra. El me llamará: Mi padre eres tú, mi Dios, la roca de mi salud. Yo también le pondré por primogénito; alto sobre los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia; y mi alianza será firme con él. Y pondré su simiente para siempre; y su trono como los dias de los cielos. Si dejaren sus hijos mi ley; y no anduvieren en mis juicios: Si profanaren mis estatutos; y no guardaren mis mandamientos: Entónces visitaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades. Mas mi misericordia no la quitaré de él: ni falsearé mi verdad. No profanaré mi concierto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez juré por mi santuario: No mentiré a David. Su simiente será para siempre, y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, la cual será testigo fiel en el cielo. Selah. Y tú desechaste, y menospreciaste a tu ungido, y airástete con él. Rompiste el concierto de tu siervo; profanaste a tierra su corona. Aportillaste todos sus vallados; has quebrantado sus fortalezas. Robáronle todos los que pasaron por el camino: es oprobio a sus vecinos. Ensalzaste la diestra de sus enemigos; alegraste a todos sus adversarios. Embotaste asimismo el filo de su espada; y no le levantaste en la batalla. Hiciste cesar su claridad, y echaste por tierra su trono. Acortaste los dias de su juventud; cubrístele de vergüenza. Selah. ¿Hasta cuándo, o! Jehová? ¿Esconderte has para siempre? ¿Arderá para siempre tu ira como el fuego? Acuérdate cuanto sea mi tiempo: ¿pór qué criaste sujetos a vanidad a todos los hijos del hombre? ¿Qué hombre vivirá, y no verá muerte? ¿escapará su alma del poder del sepulcro? Selah. Señor, ¿dónde están tus antiguas misericordias? Jurado has a David por tu verdad. Señor, acuérdate del oprobio de tus siervos, que yo llevo de muchos pueblos en mi seno: Porque tus enemigos, o! Jehová, han deshonrado, porque tus enemigos han deshonrado las pisadas de tu ungido. Bendito Jehová para siempre. Amén y Amén. Oración de Moisés, varón de Dios. SEÑOR, tú nos has sido refugio en generación y generación. Ántes que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo, y desde el siglo, y hasta el siglo, tú eres Dios. Vuelves al hombre hasta ser quebrantado; y dices: Convertíos, hijos del hombre. Porque mil años delante de tus ojos, son como el día de ayer, que pasó, y como la vela de la noche. Háceslos pasar como avenida de aguas: son como sueño: a la mañana pasará como la yerba; Que a la mañana florece, y crece: a la tarde es cortada, y se seca. Porque con tu furor somos consumidos: y con tu ira somos conturbados. Pusiste nuestras maldades delante de tí: nuestros yerros a la lumbre de tu rostro. Porque todos nuestros dias declinan a causa de tu ira: acabamos nuestros años, como la palabra. Los dias de nuestra edad son setenta años: y los de los más valientes, ochenta años: y su fortaleza es molestia, y trabajo: porque es cortado presto, y volamos. ¿Quién conoce la fortaleza de tu ira? que tu ira es como tu temor. Para contar nuestros dias haznos saber así: y traeremos al corazón sabiduría. Vuélvete a nosotros o! Jehová: ¿hasta cuándo? y aplácate para con tus siervos. Hártanos de mañana de tu misericordia: y cantaremos, y alegrarnos hemos todos nuestros dias. Alégranos como en los dias que nos afligiste: como en los años que vimos mal. Parezca en tus siervos tu obra; y tu gloria sobre sus hijos. Y sea la hermosura de Jehová nuestro Dios sobre nosotros: y haz permanecer sobre nosotros la obra de nuestras manos: la obra de nuestras manos confirma. EL que habita en el esconde- dero del Altísimo, morará en la sombra del Omnipotente. Diré a Jehová: Esperanza mía y castillo mío: Dios mío: asegurarme he en él. Porque él te escapará del lazo del cazador: de la mortandad de destrucciones. Con su ala te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: escudo y adarga, es su verdad. No habrás temor de espanto nocturno, ni de saeta que vuele de día, Ni de pestilencia que ande en oscuridad: ni de mortandad que destruya al mediodía. Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra: a tí no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás; y verás la recompensa de los impíos. Porque tú, o! Jehová, eres mi esperanza: y al Altísimo has puesto por tu habitación. No se ordenará para tí mal: ni plaga tocará a tu morada. Porque a sus ángeles mandará cerca de tí, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, porque tu pié no tropiece en piedra. Sobre el león y el basilisco pisarás, hollarás al cachorro del león, y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su voluntad, yo también le escaparé: ponerle he alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Llamarme ha, y yo le responderé: con él estaré yo en la angustia: escaparle he, y glorificarle he. De longura de dias le hartaré: y mostrarle he mi salud. Salmo de Canción, para el día del sábado. BUENO es alabar a Jehová; y cantar salmos a tu nombre o! Altísimo: Anunciar por la mañana tu misericordia: y tu verdad en las noches: Sobre decacordo y sobre salterio: sobre arpa con meditación. Por cuanto me has alegrado, o! Jehová, con tus obras, con las obras de tus manos me regocijaré. ¡Cuán grandes son tus obras, o! Jehová! muy profundos son tus pensamientos. El hombre necio no sabe, y el insensato no entiende esto: Floreciendo los impíos como la yerba; y reverdeciendo todos los que obran iniquidad, para ser destruidos para siempre: Mas tú, Jehová, para siempre eres Altísimo. Porque, he aquí, tus enemigos, o! Jehová, porque, he aquí, tus enemigos perecerán: serán disipados todos los que obran maldad. Y tú ensalzaste mi cuerno como de unicornio: yo fuí ungido con aceite verde. Y miraron mis ojos sobre mis enemigos: de los que se levantaron contra mí, de los malignos, oyeron mis orejas. El justo florecerá como la palma: crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los patios de nuestro Dios, florecerán. Aun en la vejez fructificarán: serán vigorosos y verdes; Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto: y que no hay injusticia en él. JEHOVÁ reinó, vistióse de mag- nificencia; vistióse Jehová de fortaleza: ciñóse: afirmó también el mundo, que no se moverá. Firme es tu trono desde entónces: tú eres eternalmente. Alzaron los ríos, o! Jehová, alzaron los ríos su sonido: alzaron los ríos sus ondas, Mas que sonidos de muchas aguas, de fuertes ondas de la mar. Fuerte es Jehová en lo alto. Tus testimonios son muy firmes: tu casa, o! Jehová, tiene hermosa santidad para luengos dias. DIOS de venganzas Jehová, Dios de venganzas, muéstrate. Ensálzate, o! Juez de la tierra: dá el pago a los soberbios. ¿Hasta cuándo los impíos, o! Jehová, hasta cuándo los impíos se regocijarán? ¿Pronunciarán, hablarán cosas duras? ¿ensalzarse han todos los que obran iniquidad? A tu pueblo, o! Jehová, quebrantan, y a tu heredad afligen. A la viuda y al extranjero matan, y a los huérfanos quitan la vida. Y dijeron: No verá JEHOVÁ: y, no entenderá el Dios de Jacob. Entendéd necios en el pueblo: y vosotros insensatos, ¿cuándo seréis sabios? ¿El que plantó la oreja, no oirá? ¿él que formó el ojo, no verá? ¿El que castiga a las gentes, no reprenderá? ¿el que enseña al hombre la ciencia? Jehová conoce los pensamientos de los hombres: que son vanidad. Bienaventurado el varón a quien tú JEHOVÁ, castigares, y en tu ley le enseñares. Para hacerle quieto en los dias de aflicción, entre tanto que se caba el hoyo para el impío. Porque no dejará Jehová a su pueblo, ni desamparará a su heredad. Porque el juicio será vuelto hasta justicia, y en pos de ella irán todos los rectos de corazón. ¿Quién se levanta por mí contra los malignos? ¿Quién está por mí contra los que obran iniquidad? Si no me ayudara Jehová, presto morara mi alma con los muertos. Mas si decía: Mi pié resbala, tu misericordia, o! Jehová, me sustentaba. En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma. ¿Juntarse ha contigo el trono de iniquidades, que cria agravio en el mandamiento? Pónense en ejército contra la vida del justo: y condenan la sangre inocente. Mas Jehová me ha sido por refugio: y mí Dios por peña de mi confianza. El cual hizo volver contra ellos su iniquidad: y con su maldad los talará: talarlos ha Jehová nuestro Dios. VENÍD, alegrémosnos en Jehová: cantemos con júbilo a la Roca de nuestra salud. Anticipemos su rostro con alabanza: cantémosle alegres con salmos. Porque Jehová es Dios grande; y Rey grande sobre todos los dioses. Porque en su mano están las profundidades de la tierra: y las alturas de los montes son suyas. Porque suya es la mar, y él la hizo: y sus manos formaron la seca. Veníd, postrémosnos, y encorvémosnos, arrodillémosnos delante de Jehová nuestro hacedor. Porque él es nuestro Dios: y nosotros el pueblo de su pasto, y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz, No endurezcáis vuestro corazón como en Meriba: como el día de Masa en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres, probáronme, también vieron mi obra. Cuarenta años combatí con la nación: y dije: Pueblo son que yerran de corazón, que no han conocido mis caminos: Por tanto yo juré en mi furor: No entrarán en mi holganza. CANTÁD a Jehová canción nueva: cantád a Jehová toda la tierra. Cantád a Jehová, bendecíd su nombre: anunciád de día en día su salud. Contád en las naciones su gloria: en todos los pueblos sus maravillas. Porque grande es Jehová, y muy alabado: terrible sobre todos los dioses. Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos: mas Jehová hizo los cielos. Alabanza y gloria está delante de él: fortaleza y gloria está en su santuario. Dad a Jehová, o! familias de los pueblos, dad a Jehová la gloria y la fortaleza. Dad a Jehová la honra de su nombre: tomád presentes, y veníd a sus patios. Encorváos a Jehová en la hermosura de su santuario: teméd delante de él toda la tierra. Decíd en las naciones: Jehová reinó, también compuso el mundo, no se meneará: juzgará a los pueblos en justicia. Alégrense los cielos, y regocíjese la tierra: brame la mar y su plenitud. Regocíjese el campo y todo lo que en él está: entónces exultarán todos los árboles de la breña, Delante de Jehová que vino: porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad. JEHOVÁ reinó, regocíjese la tie- rra: alégrense las muchas islas. Nube y oscuridad al rededor de él: justicia y juicio es el asiento de su trono. Fuego irá delante de él: y abrasará al rededor a sus enemigos. Sus relámpagos alumbraron el mundo: la tierra vió, y angustióse. Los montes se derritieron como cera delante de Jehová: delante del Señor de toda la tierra. Los cielos denunciaron su justicia: y todos los pueblos vieron su gloria. Avergüéncense todos los que sirven a la escultura, los que se alaban de los ídolos: todos los dioses se encorven a él. Oyó Sión, y alegróse: y las hijas de Judá se regocijaron por tus juicios, o! Jehová. Porque tú, Jehová, eres alto sobre toda la tierra: eres muy ensalzado sobre todos los dioses. Los que amáis a Jehová, aborecéd el mal: él guarda las almas de sus piadosos: de mano de los impíos los escapa. Luz está sembrada para el justo: y alegría para los rectos de corazón. Alégraos justos en Jehová: y alabád la memoria de su santidad. Salmo. CANTÁD a Jehová canción nueva: porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha salvado, y el brazo de su santidad. Jehová ha hecho notoria su salud: en ojos de las naciones ha descubierto su justicia. Háse acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel: todos los términos de la tierra han visto la salud de nuestro Dios. Cantád alegres a Jehová toda la tierra; gritád, y cantád, y decíd salmos. Decíd salmos a Jehová con arpa: con arpa y voz de salmódia. Con trompetas, y sonido de bocina: cantád alegres delante del Rey Jehová. Brame la mar y su plenitud: el mundo y los que habitan en él. Los ríos batan las manos: juntamente hagan regocijo los montes, Delante de Jehová; porque vino a juzgar la tierra: juzgará al mundo con justicia: y a los pueblos con rectitud. JEHOVÁ reinó, temblarán los pueblos: el que está sentado sobre los querubines reinó: conmoverse ha la tierra. Jehová en Sión es grande: y ensalzado sobre todos los pueblos. Alaben tu nombre, grande, y tremendo, y santo. Y la fortaleza del rey, que ama el juicio: tú confirmas la rectitud: tú has hecho en Jacob juicio y justicia. Ensalzád a Jehová nuestro Dios: y encorváos al estrado de sus piés; él es santo. Moisés y Aarón están entre sus sacerdotes; y Samuel entre los que invocaron su nombre: llamaban a Jehová, y él les respondía. En columna de nube hablaba con ellos: guardaban sus testimonios, y el derecho que les dió. Jehová, Dios nuestro, tú les respondías: Dios, tú eras perdonador a ellos, y vengador por sus obras. Ensalzád a Jehová nuestro Dios, y encorváos al monte de su santidad: porque Jehová nuestro Dios es santo. Salmo para alabanza. CANTÁD con júbilo a Dios los de toda la tierra. Servíd a Jehová con alegría: entrád delante de él con regocijo. Sabéd que Jehová, él es el Dios: él nos hizo, y no nosotros a nosotros: pueblo suyo somos, y ovejas de su pasto. Entrád por sus puertas con confesión, por sus patios con alabanza: alabádle, bendecíd a su nombre. Porque Jehová es bueno, para siempre es su misericordia: y hasta en generación y generación su verdad. Salmo de David. MISERICORDIA y juicio can- taré; a tí, Jehová, diré salmos. Entenderé en el camino de la perfección, cuando vinieres a mí: en perfección de mi corazón andaré en medio de mi casa. No pondré delante de mis ojos cosa injusta: hacer traiciones aborrecí: no se allegará a mí. Corazón perverso se apartará de mí: mal no conoceré. Al detractor de su prójimo a escondidas, a este cortaré: al altivo de ojos, y ancho de corazón, a este no puedo sufrir. Mis ojos serán sobre los fieles de la tierra, para que se sienten conmigo: el que anduviere en el camino de la perfección, este me servirá. No habitará en medio de mi casa el que hace engaño; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos. Por las mañanas cortaré a todos los impíos de la tierra: para talar de la ciudad de Jehová a todos los que obraren iniquidad. Oración del pobre, cuando fuere atormentado, y delante de Jehová derramare su queja. JEHOVÁ, oye mi oración, y venga mi clamor a tí. No escondas de mí tu rostro: en el día de mi angustia inclina a mí tu oreja; el día que te invocare, apresúrate a responderme. Porque mis dias se han consumido como humo; y mis huesos son quemados como en hogar. Mi corazón fué herido, y se secó como la yerba; por lo cual me olvidé de comer mi pan. Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado a mi carne. Soy semejante al pelícano del desierto: soy como el buho de las soledades. Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado. Cada día me afrentan mis enemigos; los que se enfurecen contra mí, conspiran contra mí. Por lo cual yo como la ceniza a manera de pan; y mi bebida mezclo con lloro, A causa de tu enojo y de tu ira: porque me alzaste, y me arrojaste. Mis dias son como la sombra que se va: y yo como la yerba me he secado. Mas tú, Jehová, para siempre permanecerás; y tu memoria para generación y generación. Tú levantándote habrás misericordia de Sión, porque es tiempo de tener misericordia de ella: porque el plazo es llegado. Porque tus siervos amaron sus piedras: y del polvo de ella tuvieron compasión. Y temerán las naciones el nombre de Jehová: y todos los reyes de la tierra tu gloria. Por cuanto Jehová habrá edificado a Sión; y será visto en su gloria. Habrá mirado a la oración de los solitarios: y no habrá desechado el ruego de ellos. Escribirse ha esto para la generación postrera: y el pueblo que se criará, alabará a JEHOVÁ. Porque miró de lo alto de su santuario: Jehová miró desde los cielos a la tierra, Para oir el gemido de los presos: para soltar a los sentenciados a muerte: Porque publiquen en Sión el nombre de Jehová: y su alabanza en Jerusalem, Cuando los pueblos se congregaren en uno, y los reinos para servir a Jehová. El afligió mi fuerza en el camino, acortó mis dias. Dije: Dios mío, no me cortes en el medio de mis dias; por generación de generaciones son tus años. Tú fundaste la tierra antiguamente, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, y tú permanecerás; y todos ellos como un vestido se envejecerán, como una ropa de vestir los mudarás, y serán mudados: Mas tú, el mismo, y tus años no se acabarán. Los hijos de tus siervos habitarán, y su simiente será afirmada delante de tí. Salmo de David. BENDICE, alma mía, a Jehová, y todas mis entrañas a su nombre santo. Bendice, alma mía, a Jehová, y no te olvides de todos sus beneficios. El que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades. El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de misericordia y miseraciones. El que harta de bien tu boca; renovarse ha como el águila tu juventud. Jehová, el que hace justicias, y juicios a todos los que padecen violencia. Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras. Misericordioso y clemente es Jehová, luengo de iras, y grande en misericordia. No contenderá para siempre; ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades; ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está léjos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre tiene misericordia de los hijos, tiene misericordia Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra hechura; acuérdase que somos polvo. El varón, como la yerba son sus dias; como la flor del campo así florece. Que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conoce más. Mas la misericordia de Jehová, desde el siglo y hasta el siglo, sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos: Sobre los que guardan su concierto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para hacerlos. Jehová afirmó en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos. Bendecíd a Jehová sus ángeles valientes de fuerza, que ejecutan su palabra obedeciendo a la voz de su palabra. Bendecíd a Jehová todos sus ejércitos, sus ministros, que hacen su voluntad. Bendecíd a Jehová todas sus obras en todos los lugares de su señorío. Bendice alma mía a Jehová. BENDICE, alma mía, a Jehová; Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido, de gloria y de hermosura te has vestido. Que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina; Que entabla con las aguas sus doblados, el que pone a las nubes por su carro, el que anda sobre las alas del viento. El que hace a sus ángeles espíritus, sus ministros al fuego flameante. El fundó la tierra sobre sus basas, no se moverá por ningún siglo. Con el abismo, como con vestido, la cubriste: sobre los montes estaban las aguas. De tu reprensión huyeron; por el sonido de tu trueno se apresuraron. Subieron los montes, descendieron los valles a este lugar, que tú les fundaste. Pusísteles término, el cual no traspasarán, ni volverán a cubrir la tierra. El que envía las fuentes en los arroyos; entre los montes van. Abrévanse todas las bestias del campo; los asnos salvages quebrantan su sed. Junto a ellos habitan las aves de los cielos; entre las hojas dan voces. El que riega los montes desde sus doblados; del fruto de tus obras se harta la tierra. El que hace producir el heno para las bestias; y la yerba para servicio del hombre, sacando el pan de la tierra, Y el vino que alegra el corazón del hombre; haciendo relumbrar la faz con el aceite; y el pan sustenta el corazón del hombre. Hártanse los árboles de Jehová; los cedros del Líbano que él plantó: Para que aniden allí las aves; la cigüeña tenga su casa en las hayas. Los montes altos para las cabras monteses, las peñas madrigueras para los conejos. Hizo la luna para sazones: el sol conoció su occidente. Pones las tinieblas, y la noche es; en ella corren todas las bestias del monte. Los leoncillos braman a la presa, y para buscar de Dios su comida. Sale el sol, recógense, y échanse en sus cuevas. Sale el hombre a su hacienda, y a su labranza hasta la tarde. ¡Cuán muchas son tus obras, o! Jehová! todas ellas hiciste con sabiduría: la tierra está llena de tu posesión. Esta gran mar y ancha de términos; allí hay pescados sin número, bestias pequeñas y grandes. Allí andan navíos, este leviatán que hiciste para que jugase en ella. Todas ellas esperan a tí, para que les des su comida a su tiempo. Dásles, recogen: abres tu mano, hártanse de bien. Escondes tu rostro, túrbanse: les quitas el espíritu, dejan de ser, y tórnanse en su polvo. Envias tu espíritu, críanse: y renuevas la haz de la tierra. Sea la gloria a Jehová para siempre: alégrese Jehová en sus obras. El que mira a la tierra, y tiembla: toca en los montes, y humean. A Jehová cantaré en mi vida: a mi Dios diré salmos mientras viviere. Sérme ha suave hablar de él: yo me alegraré en Jehová. Sean consumidos de la tierra los pecadores: y los impíos dejen de ser. Bendice alma mía a Jehová. Aleluya. ALABÁD a Jehová, invocád su nombre: hacéd notorias sus obras en los pueblos. Cantád a él, decíd salmos a él: hablád de todas sus maravillas. Gloriáos en su nombre santo: alégrese el corazón de los que buscan a Jehová. Buscád a Jehová, y a su fortaleza: buscád su rostro siempre. Acordáos de sus maravillas, que hizo: de sus prodigios, y de los juicios de su boca, Simiente de Abraham su siervo: hijos de Jacob sus escogidos. El es Jehová nuestro Dios: en toda la tierra están sus juicios. Acordóse para siempre de su alianza: de la palabra que mandó para mil generaciones: La cual concertó con Abraham, y de su juramento a Isaac. Y establecióla a Jacob por decreto, a Israel por concierto eterno, Diciendo: A tí daré la tierra de Canaán, por cordel de vuestra heredad. Siendo ellos pocos hombres en número, y extranjeros en ella. Y anduvieron de gente en gente: de un reino a otro pueblo. No consintió que hombre los agraviase: y por causa de ellos castigó a los reyes. No toquéis en mis ungidos: ni hagáis mal a mis profetas. Y llamó a la hambre sobre la tierra: y toda fuerza de pan quebrantó. Envió un varón delante de ellos: por siervo fué vendido José. Afligieron sus piés con grillos: en hierro entró su persona, Hasta la hora que llegó su palabra: el dicho de Jehová le purificó. Envió el rey, y soltóle: el señor de los pueblos, y le desató. Púsole por señor de su casa: y por enseñoreador en toda su posesión. Para echar presos sus príncipes, como él quisiese; y enseño sabiduría a sus viejos. Y entró Israel en Egipto: y Jacob fué extranjero en la tierra de Cam. E hizo crecer su pueblo en gran manera: e hízole fuerte más que sus enemigos. Volvió el corazón de ellos, para que aborreciesen a su pueblo: para que pensasen mal contra sus siervos. Envió a su siervo Moisés: a Aarón, al cual escogió. Pusieron en ellos las palabras de sus señales, y sus prodigios en la tierra de Cam. Echó tinieblas, e hizo oscuridad, y no fueron rebeldes a su palabra. Volvió sus aguas en sangre, y mató sus pescados. Engendró ranas su tierra en las camas de sus reyes. Dijo, y vino una mezcla de diversas moscas, piojos en todo su término. Volvió sus lluvias en granizo: en fuego de llamas en su tierra. E hirió sus viñas, y sus higueras; y quebró los árboles de su término. Dijo, y vino langosta, y pulgón sin número; Y comió toda la yerba de su tierra, y comió el fruto de su tierra. E hirió a todos los primogénitos en su tierra, el principio de toda su fuerza. Y sacólos con plata y oro; y no hubo en sus tribus enfermo. Egipto se alegró en su salida; porque había caido sobre ellos el terror de ellos. Extendió una nube por cubierta, y fuego para alumbrar la noche. Pidieron, e hizo venir codornices; y de pan del cielo les hartó. Abrió la peña, y corrieron aguas; fueron por las securas como un río. Porque se acordó de su santa palabra con Abraham su siervo. Y sacó a su pueblo con gozo; con júbilo a sus escogidos. Y dióles las tierras de los Gentiles: y los trabajos de las naciones heredaron: Para que guardasen sus estatutos; y conservasen sus leyes. Aleluya. Aleluya. ALABÁD a Jehová, porque es bueno: porque para siempre es su misericordia. ¿Quién dirá las valentías de Jehová? ¿quién contará sus alabanzas? Dichosos los que guardan juicio, los que hacen justicia en todo tiempo. Acuérdate de mí, o! Jehová, en la voluntad de tu pueblo: visítame con tu salud; Para que yo vea el bien de tus escogidos: para que me alegre en la alegría de tu gente: y me gloríe con tu heredad. Pecámos con nuestros padres, hicimos iniquidad, hicimos impiedad. Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas: no se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias: mas se rebelaron sobre la mar, en el mar Bermejo. Y salvólos por su nombre: para hacer notoria su fortaleza. Y reprendió al mar Bermejo, y secóse: e hízolos ir por el abismo, como por un desierto. Y salvólos de mano del enemigo: y rescatólos de mano del adversario. Y cubrieron las aguas a sus enemigos: uno de ellos no quedó. Y creyeron a sus palabras: y cantaron su alabanza. Apresuráronse, olvidáronse de sus obras: no esperaron en su consejo. Y desearon mal deseo en el desierto: y tentaron a Dios en la soledad. Y él les dió lo que pidieron: y envió flaqueza en sus almas. Y tomaron zelo contra Moisés en el campo: contra Aarón santo de Jehová. Abrióse la tierra, y tragó a Datán, y cubrió a la compañía de Abirom. Y encendióse el fuego en su compañía: la llama quemó a los impíos. Hicieron el becerro en Horeb: y encorváronse a un vaciadizo. Y trocaron su gloria por la imágen de un buey, que come yerba. Olvidaron al Dios de su salud: que había hecho grandezas en Egipto, Maravillas en la tierra de Cam, temerosas cosas sobre el mar Bermejo. Y trató de destruirlos, si Moisés su escogido no se pusiera al portillo delante de él: para apartar su ira para que no los destruyese. Y aborrecieron la tierra deseable: no creyeron a su palabra. Y murmuraron en sus tiendas; y no oyeron la voz de Jehová. Y alzó su mano para ellos; para postrarlos en el desierto, Y para postrar su simiente entre las naciones; y esparcirlos por las tierras. Y allegáronse a Baal-pehor; y comieron los sacrificios de los muertos. Y ensañáronle con sus obras; y aumentó en ellos la mortandad. Y púsose Finees, y juzgó; y la mortandad cesó. Y fuéle contado a justicia de generación a generación para siempre. Y ensañáronle a las águas de Meriba; e hizo mal a Moisés por causa de ellos. Porque hicieron rebelar a su espíritu, y habló inconsideradamente con sus labios. No destruyeron los pueblos, que Jehová les dijo: Antes se envolvieron con los Gentiles; y aprendieron sus obras: Y sirvieron a sus ídolos: los cuales les fueron por ruina. Y sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios. Y derramaron la sangre inocente: la sangre de sus hijos y de sus hijas, que sacrificaron a los ídolos de Canaán; y la tierra fué contaminada con sangres. Y contamináronse con sus obras, y fornicaron con sus hechos. Y encendióse el furor de Jehová sobre su pueblo; y abominó su heredad. Y entrególos en poder de los Gentiles; y enseñoreáronse de ellos los que les aborrecían. Y sus enemigos les oprimieron, y fueron quebrantados debajo de su mano. Muchas veces los escapó, y ellos se rebelaron a su consejo; y fueron humillados por su maldad. Mas él miraba, cuando estaban en angustia, oyendo su clamor. Y acordábase de su concierto con ellos, y arrepentíase conforme a la muchedumbre de sus miseraciones. Y hacía que tuviesen de ellos misericordia todos los que los tenían cautivos. Sálvanos Jehová Dios nuestro, y júntanos de entre las naciones, para que loemos tu santo nombre, para que nos gloriemos de tus alabanzas. Bendito Jehová Dios de Israel desde el siglo y hasta el siglo; y diga todo el pueblo: Amén, Aleluya. ALABÁD a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido de poder del enemigo, Y los ha congregado de las tierras, del oriente y del occidente, del aquilón y de la mar. Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino: no hallando ciudad de población. Hambrientos, y sedientos: su alma desfallecía en ellos. Y clamaron a Jehová en su angustia; y escapólos de sus aflicciones. Y encaminólos en camino derecho; para que viniesen a ciudad de población. Alaben pues ellos la misericordia de Jehová, y sus maravillas con los hijos de los hombres. Porque hartó al alma menesterosa; y al alma hambrienta hinchió de bien. Los que moraban en tinieblas, y sombra de muerte, aprisionados en aflicción, y en hierros; Por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová; y aborrecieron el consejo del Altísimo: Y él quebrantó con trabajo sus corazones: cayeron, y no hubo quien les ayudase: Y clamaron a Jehová en su angustia: escapólos de sus aflicciones. Sacólos de las tinieblas, y de la sombra de muerte; y rompió sus prisiones. Alaben pues ellos la misericordia de Jehová, y sus maravillas con los hijos de los hombres. Porque quebrantó las puertas de acero; y desmenuzó los cerrojos de hierro. Insensatos, a causa del camino de su rebelión; y a causa de sus maldades fueron afligidos. Su alma abominó toda vianda; y llegaron hasta las puertas de la muerte. Y clamaron a Jehová en su angustia; y salvólos de sus aflicciones. Envió su palabra, y curólos; y escapólos de sus sepulturas. Alaben pues ellos la misericordia de Jehová; y sus maravillas con los hijos de los hombres. Y sacrifiquen sacrificios de alabanza; y enarren sus obras con jubilación. Los que descendieron a la mar en navíos: y contratan en las muchas aguas; Ellos han visto las obras de Jehová, y sus maravillas en el mar profundo. El dijo, y salió el viento de la tempestad, que levanta sus ondas: Suben a los cielos, descienden a los abismos: sus almas se derriten con el mal. Tiemblan, y titubean como borrachos; y toda su ciencia es perdida. Y claman a Jehová en su angustia; y escápalos de sus aflicciones. Hace parar la tempestad en silencio; y callan sus ondas. Y alégranse, porque se reposaron; y guíalos al puerto que quieren. Alaben pues ellos la misericordia de Jehová, y sus maravillas con los hijos de los hombres. Y ensálcenle en congregación de pueblo; y en consistorio de ancianos le loen. Vuelve los ríos en desierto; y los manaderos de las aguas en sed: La tierra fructífera en salados; por la maldad de los que la habitan. Vuelve el desierto en estanques de aguas, y la tierra seca en manaderos de aguas: Y aposenta allí hambrientos; y aderezan allí ciudad de población: Y siembran campos, y plantan viñas; y hacen fruto de renta: Y bendícelos, y se multiplican en gran manera: y no disminuye sus bestias. Y después son menoscabados, y abatidos de tiranía, de males, y de congojas. El derrama menosprecio sobre los príncipes: y les hace andar errantes, vagabundos, sin camino. Y levanta al pobre de la probeza; y vuelve las familias como ovejas. Vean los rectos, y alégrense; y toda maldad cierre su boca. ¿Quién es sábio, y guardará estas cosas; y entenderá las misericordias de Jehová? Canción de salmo. De David. MI corazón está aparejado, o! Dios, cantaré y diré salmos, también mi alma. Despiértate salterio y arpa: yo despertaré al alba. Alabarte he en pueblos, o! Jehová; cantaré salmos a tí entre las naciones. Porque grande más que los cielos es tu misericordia, y hasta los cielos tu verdad. Ensálzate sobre los cielos, o! Dios: sobre toda la tierra sea ensalzada tu gloria. Para que sean librados tus amados: salva con tu diestra, y respóndeme. Dios habló por su santuario: Yo me alegraré: repartiré a Siquem, y mediré el valle de Socot. mío será Galaad, mío será Manasés; y Efraim será la fortaleza de mi cabeza: Judá será mi legislador; Moab, la olla de mi lavatorio: sobre Edom echaré mi zapato: sobre Palestina me regocijaré. ¿Quién me guiará a la ciudad fortalecida? ¿quién me guiará hasta Idumea? Ciertamente tú, o! Dios, que nos habías desechado; y no salías o! Dios, con nuestros ejércitos. Dános socorro en la angustia; porque mentirosa es la salud del hombre. En Dios haremos ejército; y él rehollará a nuestros enemigos. Al Vencedor: Salmo de David. !O DIOS de mi alabanza! no calles: Porque boca de impío, y boca de engañador se han abierto sobre mí: han hablado de mí con lengua mentirosa. Y con palabras de odio me rodearon; y pelearon contra mí sin causa. En pago de mi amor me han sido adversarios; y yo, hacía oración. Y pusieron contra mí mal por bien; y odio por mi amor. Pon sobre él al impío, y Satanás esté a su diestra. Cuando fuere juzgado, salga por impío, y su oración sea para pecado. Sean sus dias pocos: tome otro su oficio. Sean sus hijos huérfanos; y su mujer viuda. Y anden sus hijos vagabundos, y mendiguen; y procuren de sus desiertos. Enrede el acreedor todo lo que tiene; y extraños saqueen su trabajo. No tenga quien le haga misericordia; ni haya quien tenga compasión de sus huérfanos. Su posteridad sea talada: en segunda generación sea raido su nombre. Venga en memoria cerca de Jehová la maldad de sus padres; y el pecado de su madre no sea raido. Estén delante de Jehová siempre; y él corte de la tierra su memoria. Por cuanto no se acordó de hacer misericordia; y persiguió al varón afligido, y menesteroso, y quebrantado de corazón, para matarle. Y amó la maldición, y vínole; y no quiso la bendición, y ella se alejó de él. Y vistióse de maldición como de su vestido; y entró como agua en sus entrañas, y como aceite en sus huesos. Séale como vestido con que se cubra; y en lugar de cinto con que siempre se ciña. Este sea el salario, de parte de Jehová, de los que me calumnían; y los que hablan mal contra mi alma. Y tú, Jehová Señor, haz conmigo por causa de tu nombre: escápame, porque tu misericordia es buena. Porque yo soy afligido y necesitado; y mi corazón está herido dentro de mí. Como la sombra cuando declina me voy; soy sacudido como langosta. Mis rodillas están enflaquecidas a causa del ayuno; y mi carne está falta de gordura. Yo he sido a ellos oprobio: mirábanme, y meneaban su cabeza. Ayúdame, Jehová Dios mío: sálvame conforme a tu misericordia; Y entiendan que esta es tu mano; que tú, Jehová, has hecho esto. Maldigan ellos, y bendigas tú; levántense, mas sean avergonzados: y tu siervo sea alegrado. Sean vestidos de vergüenza los que me calumnían; y sean cubiertos como de manto de su confusión. Yo alabaré a Jehová en gran manera con mi boca; y en medio de muchos le loaré: Porque él se pondrá a la diestra del pobré; para librar su alma de los que juzgan. Salmo de David. JEHOVÁ dijo a mi Señor: Asién- tate a mi diestra, entre tanto que pongo a tus enemigos por estrado de tus piés. La vara de tu fortaleza enviará Jehová desde Sión: domina en medio de tus enemigos. Tu pueblo será voluntario en el día de tu ejército en hermosura de santidades: como el rocío que cae de la matriz del alba, así te nacerán los tuyos, Juró Jehová, y no se arrepentirá: que tú serás sacerdote para siempre conforme al rito de Melquisedec. El Señor está a tu diestra: herirá a los reyes en el día de su furor. Juzgará en las naciones; henchirá de cuerpos muertos: herirá la cabeza sobre mucha tierra. Del arroyo, beberá en el camino; por lo cual ensalzará la cabeza. Aleluya. ALABARÉ a Jehová con todo el corazón, en la compañía y congregación de los rectos. Grandes son las obras de Jehová: buscadas de todos los que las quieren. Honra y hermosura es su obra; y su justicia permanece para siempre. Hizo memorables sus maravillas: clemente y misericordioso es Jehová. Dió mantenimiento a los que le temen: para siempre se acordará de su concierto. La fortaleza de sus obras anunció a su pueblo: dándoles la heredad de los Gentiles. Las obras de sus manos son verdad y juicio: fieles son todos sus mandamientos; Afirmados por siglo de siglo: hechos en verdad y en rectitud. Redención ha enviado a su pueblo; ordenó para siempre su concierto: santo y terrible es su nombre. El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; entendimiento bueno es a todos los que guardan sus mandamientos: su loor permanece para siempre. Aleluya. BIENAVENTURADO el varón que teme a Jehová: en sus mandamientos se deleita en gran manera: Su simiente será valiente en la tierra: la generación de los rectos será bendita. Hacienda y riquezas habrá en su casa; y su justicia permanece para siempre. Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos: clemente, y misericordioso, y justo. El buen varón tiene misericordia, y presta: gobierna sus cosas con juicio. Por lo cual para siempre no resbalará: en memoria eterna será el justo: De mala fama no tendrá temor: su corazón está aparejado, confiado en Jehová. Asentado está su corazón, no temerá, hasta que vea en sus enemigos la venganza. Esparce, da a los pobres, su justicia permanece para siempre; su cuerno será ensalzado en gloria. El impío verá, y airarse ha: sus dientes crujirá, y carcomerse ha: el deseo de los impíos perecerá. Aleluya. ALABÁD siervos de Jehová, ala- bád el nombre de Jehová. Sea el nombre de Jehová bendito desde ahora y hasta siempre. Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová. Alto sobre todas las naciones es Jehová: sobre los cielos es su gloria. ¿Quién como Jehová nuestro Dios, que ha enaltecido su habitación? Que se abaja para ver en el cielo, y en la tierra: Que levanta del polvo al pobre; y al menesteroso alza del estiércol: Para hacerle sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo. Que hace habitar en familia a la estéril, tornándola madre de hijos alegre. Aleluya. EN saliendo Israel de Egipto, la casa de Jacob del pueblo bárbaro, Judá fué por su santidad: Israel su señorío. La mar vió, y huyó: el Jordán se volvió atrás. Los montes saltaron como carneros; los collados, como hijos de ovejas. ¿Qué tuviste mar, que huiste? ¿Jordán qué te volviste atrás? ¿Los montes saltasteis como carneros, y los collados como hijos de ovejas? A la presencia del Señor tiembla la tierra, a la presencia del Dios de Jacob. El cual tornó la peña en estanque de aguas, y la roca en fuente de aguas. NO a nosotros, o! Jehová, no a nosotros, mas a tu nombre da gloria; por tu misericordia, por tu verdad. Porque dirán los Gentiles, ¿Dónde está ahora su Dios? Y nuestro Dios está en los cielos: todo lo que quiso, hizo. Sus ídolos son plata y oro: obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablarán: tienen ojos, mas no verán. Tienen orejas, mas no oirán: tienen narices, mas no olerán. Tienen manos, mas no palparán: tienen piés, mas no andarán: no hablarán con su garganta. Como ellos sean los que los hacen: cualquiera que confia en ellos. O! Israel, confia en Jehová: él es su ayudador, y su escudo. Casa de Aarón, confiád en Jehová: él es su ayudador, y su escudo. Los que teméis a Jehová, confiád en Jehová: él es su ayudador, y su escudo. Jehová se acordó de nosotros: bendecirá bendecirá a la casa de Israel: bendecirá a la casa de Aarón. Bendecirá a los que temen a Jehová: a chicos y a grandes. Añadirá Jehová sobre vosotros: sobre vosotros y sobre vuestros hijos. Benditos vosotros de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. Los cielos, los cielos son de Jehová: y la tierra dió a los hijos de los hombres. No los muertos alabarán a JEHOVÁ, ni todos los que descienden al silencio, Mas nosotros bendeciremos, a JEHOVÁ, desde ahora hasta siempre. Aleluya. AMÉ a Jehová, porque ha oido mi voz: mis ruegos. Porque ha inclinado su oido a mí; y en mis dias le llamaré, Rodeáronme los dolores de la muerte, las angustias del sepulcro me hallaron: angustia y dolor había hallado: Y llamé el nombre de Jehová: Escapa ahora mi alma, o! Jehová. Clemente es Jehová y justo, y misericordioso nuestro Dios. Guarda a los sencillos Jehová: yo estaba debilitado y salvóme. Vuelve, o! alma mía, a tu reposo; porque Jehová te ha hecho bien. Porque has librado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis piés del rempujón. Andaré delante de Jehová en las tierras de los vivos. Creí, por tanto hablé: y fuí afligido en gran manera. Y dije en mi apresuramiento: Todo hombre es mentiroso. ¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios sobre mí? El vaso de saludes tomaré; e invocaré el nombre de Jehová. Ahora pagaré mis votos a Jehová delante de todo su pueblo. Estimada es en los ojos de Jehová la muerte de sus piadosos. Así es, o! Jehová; porque yo soy tu siervo, yo soy tu siervo, hijo de tu sierva, tú rompiste mis prisiones. A tí sacrificaré sacrificio de alabanza; y el nombre de Jehová invocaré. Ahora pagaré mis votos a Jehová delante de todo su pueblo; En los patios de la casa de Jehová; en medio de tí, o! Jerusalem. Aleluya. ALABÁD a Jehová todas las naciones: alabádle todos los pueblos. Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia, y la verdad de Jehová es para siempre. Aleluya. ALABÁD a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. Diga ahora Israel: Que para siempre es su misericordia. Digan ahora la casa de Aarón: Que para siempre es su misericordia. Digan ahora los que temen a Jehová: Que para siempre es su misericordia. Desde la angustia llamé a JEHOVÁ; y JEHOVÁ me respondió con anchura. Jehová es por mí: no temeré lo que me haga el hombre. Jehová es por mí entre los que me ayudan: por tanto yo veré venganza en los que me aborrecen. Mejor es esperar en Jehová, que esperar en hombre. Mejor es esperar en Jehová, que esperar en príncipes. Todas las gentes me cercaron: en nombre de Jehová, que yo los talaré. Cercáronme, y tornáronme a cercar: en nombre de Jehová, que yo los talaré. Cercáronme como abejas, fueron apagados como fuego de espinos: en nombre de Jehová, que yo los talaré. Rempujando me rempujaste para que cayese: mas Jehová me ayudó. Mi fortaleza y mi canción es Jehová; y él me ha sido por salud. Voz de jubilación y de salud hay en las tiendas de los justos: la diestra de Jehová hace valentías. La diestra de Jehová sublime: la diestra de Jehová hace valentías. No moriré, mas viviré; y contaré las obras de JEHOVÁ. Castigando me castigó JEHOVÁ: mas no me entregó a la muerte. Abrídme las puertas de la justicia: entraré por ellas, alabaré a JEHOVÁ. Esta puerta de Jehová, los justos entrarán por ella. Alabarte he; porque me oiste; y me fuiste por salud. La piedra que desecharon los edificadores, ha sido por cabeza de esquina. De parte de Jehová es esto, y es maravilla en nuestros ojos. Este es el día que hizo Jehová: gozarnos hemos y alegrarnos hemos en él. Ruégote, o! Jehová, salva ahora: ruégote, o! Jehová, haz ahora prosperar. Bendito el que viene en nombre de Jehová: os bendecímos desde la casa de Jehová. Dios es Jehová, que nos ha resplandecido: atád víctimas con cuerdas a los cuernos del altar. Dios mío eres tú, y a tí alabaré: Dios mío, a tí ensalzaré. Alabád a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. ALEF. BIENAVENTURADOS los per fectos de camino: los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios; y con todo el corazón le buscan. Ítem, los que no hacen iniquidad, andan en sus caminos. Tú encargaste tus mandamientos, que sean muy guardados. ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos a guardar tus estatutos! Entónces no sería yo avergonzado, cuando mirase en todos tus mandamientos. Alabarte he con rectitud de corazón, cuando aprendiere los juicios de tu justicia. Tus estatutos guardaré: no me dejes enteramente. BET. ¿Con qué limpiará el mozo su camino? cuando guardare tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado: no me dejes errar de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra tí. Bendito tú, o! Jehová, enséñame tus estatutos. Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca. En el camino de tus testimonios me he regocijado, como sobre toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; y consideraré tus caminos. En tus estatutos me recrearé: no me olvidaré de tus palabras. GIMEL. Haz este bien a tu siervo; que viva, y guarde tu palabra. Destapa mis ojos; y miraré las maravillas de tu ley. Advenedizo soy yo en la tierra: no encubras de mi tus mandamientos. Quebrantada está mi alma de desear tus juicios todo el tiempo. Destruiste a los soberbios malditos, que yerran de tus mandamientos. Aparta de mí oprobio y menesprecio; porque tus testimonios he guardado. Príncipes también se asentaron, y hablaron contra mí: meditando tu siervo en tus estatutos. También tus testimonios son mis delicias: los varones de mi consejo. DALET. Apegóse con el polvo mi alma: vivifícame según tu palabra. Mis caminos te conté, y respondísteme: enséñame tus estatutos. El camino de tus mandamientos házme entender; y meditaré en tus maravillas. Mi alma se destila de ansia: confírmame según tu palabra. Camino de mentira aparta de mí: y de tu ley házme misericordia. El camino de la verdad escogí: tus juicios he puesto delante de mí. Allegádome he a tus testimonios, o! Jehová, no me avergüences. Por el camino de tus mandamientos correré: cuando ensanchares mi corazón. HE. Enséñame, o! Jehová, el camino de tus estatutos; y guardarle he hasta el fin. Dáme entendimiento, y guardaré tu ley; y guardarla he de todo corazón. Guíame por la senda de tus mandamientos; porque en ella tengo mi verdad. Inclina mi corazón a tus testimonios: y no a avaricia. Aparta mis ojos, que no vean la vanidad: avívame en tu camino. Confirma tu palabra a tu siervo, que te teme. Quita de mí el oprobio que he temido; porque buenos son tus juicios. He aquí yo he codiciado tus mandamientos: en tu justicia avívame. VAU. Y véngame tu misericordia, o! Jehová: tu salud, conforme a tu dicho. Y daré por respuesta a mi avergonzador, que en tu palabra he confiado. Y no quites de mi boca palabra de verdad en ningún tiempo; porque a tu juicio espero. Y guardaré tu ley siempre, por siglo y siglo. Y andaré en anchura, porque busqué tus mandamientos. Y hablaré de tus testimonios delante de los reyes; y no me avergonzaré. Y deleitarme he en tus mandamientos, que amé. Y alzaré mis manos a tus mandamientos, que amé; y meditaré en tus estatutos. ZAIN. Acuérdate de la palabra dada a tu siervo: en la cual me has hecho esperar. Esta es mi consolación en mi aflicción; porque tu dicho me vivificó. Los soberbios se burlaron mucho de mí: de tu ley no me he apartado. Acordéme, o! Jehová, de tus juicios antiguos, y me consolé. Temblor me tomó a causa de los impíos, que dejan tu ley. Canciones me son tus estatutos en la casa de mis peregrinaciones. Acordéme en la noche de tu nombre, o! Jehová, y guardé tu ley. Esto tuve, porque guardaba tus mandamientos. HET. Mi porción, o! Jehová, dije, será guardar tus palabras. En tu presencia supliqué de todo corazón: ten misericordia de mí según tu dicho. Consideré mis caminos, y torné mis piés a tus testimonios. Apresuréme, y no me detuve, a guardar tus mandamientos. Compañías de impíos me han saqueado: mas no me he olvidado de tu ley. A media noche me levantaré a alabarte sobre los juicios de tu justicia. Compañero soy yo a todos los que te temieren; y guardaren tus mandamientos. De tu misericordia, o! Jehová, está llena la tierra: tus estatutos enséñame. TET. Bien has hecho con tu siervo, o! Jehová, conforme a tu palabra. Bondad de sentido, y sabiduría enséñame, porque a tus mandamientos he creido. Ántes que fuera humillado, yo erraba: mas ahora tu palabra guardo. Bueno eres tú, y bienhechor: enséñame tus estatutos. Compusieron sobre mí mentira los soberbios: mas yo de todo corazón guardaré tus mandamientos. Engrosóse su corazón como sebo: mas yo en tu ley me he deleitado. Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos. Mejor me es la ley de tu boca, que millares de oro y de plata. JOD. Tus manos me hicieron, y me compusieron: házme entender, y aprenderé tus mandamientos. Los que te temen, me verán, y se alegrarán; porque a tu palabra he esperado. Conozco, o! Jehová, que tus juicios son justicia, y que con verdad me afligiste. Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo. Vénganme tus misericordias, y viva; porque tu ley es mis delicias. Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado: yo empero meditaré en tus mandamientos. Tórnense a mí los que te temen, y saben tus testimonios. Sea mi corazón perfecto en tus estatutos; porque no sea avergonzado. CAF. Desfalleció de deseo mi alma por tu salud, esperando a tu palabra. Desfallecieron mis ojos por tu dicho, diciendo: ¿Cuándo me consolarás? Porque estoy como el odre al humo: mas no he olvidado tus estatutos. ¿Cuántos son los dias de tu siervo? ¿cuándo harás juicio contra los que me persiguen? Los soberbios me han cavado hoyos: mas no según tu ley. Todos tus mandamientos son verdad, sin causa me persiguen, ayúdame. Casi me han consumido por tierra: mas yo no he dejado tus mandamientos. Conforme a tu misericordia vivifícame; y guardaré los testimonios de tu boca. LAMED. Para siempre, o! Jehová, permanece tu palabra en los cielos. Por generación y generación es tu verdad: tú afirmaste la tierra, y persevera. Por tu ordenación perseveran hasta hoy; porque todas ellas son tus siervos. Si tu ley no hubiese sido mis delicias, ya hubiera perecido en mi aflicción. Nunca jamas me olvidaré de tus mandamientos; porque con ellos me has vivificado. Tuyo soy yo, guárdame; porque tus mandamientos he buscado. Los impíos me han aguardado para destruirme: mas yo entenderé en tus testimonios. A toda perfección he visto fin: ancho es tu mandamiento en gran manera. MEM. ¡Cuánto he amado tu ley! todo el día ella es mi meditación. Más que mis enemigos me has hecho sábio con tus mandamientos; porque me son eternos. Más que todos mis enseñadores he entendido; porque tus testimonios han sido mi meditación. Más que los viejos he entendido: porque he guardado tus mandamientos. De todo mal camino detuve mis piés, para guardar tu palabra. De tus juicios no me aparté; porque tu me enseñaste. ¡Cuán dulces han sido a mi paladar tus palabras! más que la miel a mi boca. De tus mandamientos, he aquirido entendimiento; por tanto he aborrecido todo camino de mentira. NUN. Lámpara es a mis piés tu palabra, y lumbre a mi camino. Juré, y afirmé, de guardar los juicios de tu justicia. Afligido estoy en gran manera, o! Jehová: vivifícame conforme a tu palabra. Los sacrificios voluntarios de mi boca, ruégote, o! Jehová, que te sean agradables; y enséñame tus juicios. Mi alma está en mi palma de continuo: mas de tu ley no me he olvidado. Los impíos me pusieron lazo: empero yo no me desvié de tus mandamientos. Por heredad he tomado tus testimonios para siempre; porque son el gozo de mi corazón. Mi corazón incliné a hacer tus estatutos de continuo hasta el fin. SAMEC. Las cautelas aborrezco, y tu ley he amado. Mi escondedero y mi escudo eres tú, a tu palabra he esperado. Apartáos de mí los malignos, y guardaré los mandamientos de mi Dios. Susténtame conforme a tu palabra, y viviré, y no me avergüences de mi esperanza. Sosténme, y seré salvo; y deleitarme he en tus estatutos siempre. Tú atropellaste a todos los que yerran de tus estatutos; porque mentira es su engaño. Como escorias hiciste deshacer a todos los impíos de la tierra: por tanto yo he amado tus testimonios. Mi carne se ha erizado de temor de tí; y de tus juicios he tenido miedo. AIN. Juicio y justicia he hecho: no me dejes a mis opresores. Responde por tu siervo para bien: no me hagan violencia los soberbios. Mis ojos desfallecieron por tu salud, y por el dicho de tu justicia. Haz con tu siervo según tu misericordia; y enséñame tus estatutos. Tu siervo soy yo; dáme entendimiento, para que sepa tus testimonios. Tiempo es de hacer, o! Jehová: disipado han tu ley. Por tanto yo he amado tus mandamientos más que el oro, y más que el oro muy puro. Por tanto todos los mandamientos de todas las cosas estimé rectos: todo camino de mentira aborrecí. PE. Maravillosos son tus testimonios; por tanto los ha guardado mi alma. El principio de tus palabras alumbra: hace entender a los simples. Mi boca abrí y suspiré; porque deseaba tus mandamientos. Mira a mí, y ten misericordia de mí: como acostumbras con los que aman tu nombre. Ordena mis pasos con tu palabra; y ninguna iniquidad se enseñoree de mí. Redímeme de la violencia de los hombres; y guardaré tus mandamientos. Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo; y enséñame tus estatutos. ríos de aguas descendieron de mis ojos; porque no guardaban tu ley. ZADE. Justo eres tú, o! Jehová, y rectos tus juicios. Encargáste la justicia, es a saber, tus testimonios, y tu verdad. Mi zelo me ha consumido; porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras. Afinada es tu palabra en gran manera; y tu siervo la ama. Pequeño soy yo y desechado: mas no me he olvidado de tus mandamientos. Tu justicia es justicia eterna; y tu ley verdad. Aflicción y angustia me hallaron: mas tus mandamientos fueron mis delicias. Justicia eterna son tus testimonios: dáme entendimiento, y viviré. COF. Clamé con todo mi corazón: respóndeme Jehová, y guardaré tus estatutos. Clamé a tí; sálvame, y guardaré tus testimonios. Previne al alba y clamé, esperé tu palabra. Previnieron mis ojos las veladas, para meditar en tus palabras. Oye mi voz conforme a tu misericordia, o! Jehová: vivifícame conforme a tu juicio. Acercáronse los que me persiguen a la maldad: alejáronse de tu ley. Cercano estás tú, Jehová, y todos tus mandamientos son verdad. Ya ha mucho que he entendido de tus mandamientos, que para siempre los fundaste. RES. Mira mi aflicción, y escápame; porque de tu ley no me he olvidado, Pleitea mi pleito, y redímeme: vivifícame con tu palabra. Léjos está de los impíos la salud; porque no buscan tus estatutos. Muchas son tus misericordias, o! Jehová: vivifícame conforme a tus juicios. Muchos son mis persiguidores y mis enemigos; mas de tus testimonios no me he apartado. Veía a los prevaricadores, y carcomíame; porque no guardaban tus palabras. Mira, o! Jehová, que amo tus mandamientos: vivifícame conforme a tu misericordia. El principio de tu palabra es verdad; y eterno todo juicio de tu justicia. SIN. Príncipes me han perseguido sin causa: mas de tus palabras tuvo miedo mi corazón. Regocíjome yo sobre tu palabra, como el que halla muchos despojos. La mentira aborrezco, y abomino; tu ley amo. Siete veces al día te alabo sobre los juicios de tu justicia. Mucha paz tienen los que aman tu ley; y no hay para ellos tropezón. Tu salud he esperado, o! Jehová; y tus mandamientos he practicado. Mi alma ha guardado tus testimonios; y en gran manera los he amado. Guardado he tus mandamientos, y tus testimonios; porque todos mis caminos están delante de tí. TAU. Acérquese mi clamor delante de tí, o! Jehová: dáme entendimiento conforme a tu palabra. Venga mi oración delante de tí: escápame conforme a tu dicho. Mis labios rebosarán alabanza, cuando me enseñares tus estatutos. Hablará mi lengua tus palabras; porque todos tus mandamientos son justicia. Sea tu mano en mi socorro; porque tus mandamientos he escogido. Deseado he tu salud, o! Jehová; y tu ley es mis delicias. Viva mi alma, y alábete; y tus juicios me ayuden. Yo me perdí, como oveja que se pierde: busca a tu siervo, porque no me he olvidado de tus mandamientos. Canción de las gradas. A JEHOVÁ llamé estando en angustia; y él me respondió. Jehová, escapa mi alma del labio mentiroso: de la lengua engañosa. ¿Qué te dará a tí, o qué te añadirá la lengua engañosa? Es como saetas de valiente agudas con brasas de enebros. ¡Ay de mí que peregrino en Mesec: habito con las tiendas de Cedar! Mucho se detiene mi alma con los que aborrecen la paz. Yo soy pacífico; y cuando hablo, ellos guerrean. Canción de las gradas. ALZARÉ mis ojos a los montes de donde vendrá mi socorro. Mi socorro es de parte de Jehová; que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pié al resbaladero: ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá, ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová será tu guardador: Jehová será tu sombra sobre tu mano derecha. De día el sol no te fatigará, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; él guardará a tu alma. Jehová guardará tu salida, y tu entrada, desde ahora y hasta siempre. Canción de las gradas. De David. YO me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová irémos. Nuestros piés estuvieron en tus puertas, o! Jerusalem. Jerusalem, la que es edificada como una ciudad que está unida consigo a una. Porque allá subieron las tribus, las tribus de JEHOVÁ, el testimonio a Israel, para alabar el nombre de Jehová. Porque allá están las sillas del juicio: las sillas de la casa de David. Demandád la paz de Jerusalem: sean pacificados los que te aman. Haya paz en tu antemuro, descanso en tus palacios. A causa de mis hermanos y mis compañeros hablaré ahora paz de tí. A causa de la casa de Jehová nuestro Dios buscaré bien para tí. Canción de las gradas. A TÍ alcé mis ojos, el que habi- tas en los cielos. He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores: como los ojos de la sierva a la mano de su señora, así nuestros ojos miran a Jehová nuestro Dios: hasta que haya misericordia de nosotros. Ten misericordia de nosotros: o! Jehová, ten misericordia de nosotros; porque estamos muy hartos de menosprecio. Muy harta está nuestra alma del escarnio de los sosegados: del menosprecio de los soberbios. Canción de las gradas. De David. A NO haber estado Jehová por nosotros, dígalo ahora Israel: A no haber estado Jehová por nosotros, cuando se levantaron contra nosotros los hombres; Vivos nos tragaran entónces: cuando se encendió su furor en nosotros: Entónces las aguas inundaran sobre nosotros: el arroyo pasara sobre nuestra alma. Entónces pasaran sobre nuestra alma las aguas soberbias. Bendito Jehová que no nos dió por presa a sus dientes. Nuestra alma, como ave, escapó del lazo de los cazadores: el lazo se quebró, y nosotros escapamos. Nuestro socorro fué en el nombre de Jehová, que hizo el cielo y la tierra. Canción de las gradas. LOS que confian en Jehová, son como el monte de Sión, que no deslizará: para siempre estará. Jerusalem, montes al rededor de ella, y Jehová al rededor de su pueblo, desde ahora y para siempre. Porque no reposará la vara de la impiedad sobre la suerte de los justos; porque no extiendan los justos sus manos a la iniquidad. Haz bien, o! Jehová, a los buenos, y a los rectos en sus corazones. Y a los que se apartan tras sus perversidades, Jehová les llevará con los que obran iniquidad; y paz será sobre Israel. Canción de las gradas. CUANDO Jehová hiciere tornar los cautivos de Sión, seremos como los que sueñan. Entónces nuestra boca se henchirá de risa, y nuestra lengua de alabanza: entónces dirán entre los Gentiles: Grandes cosas ha hecho Jehová con estos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros: seremos alegres. Haz volver, o! Jehová, nuestros cautivos, como los arroyos en el austro. Los que sembraron con lágrimas, con regocijos segarán. Irá yendo y llorando el que lleva la preciosa simiente: mas viniendo, vendrá con regocijo trayendo sus gavillas. Canción de las gradas: para Salomón. SI Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican: Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guarda. Por demás os es el madrugar a levantaros, el veniros tarde a reposar, el comer pan de dolores: así dará a su amado el sueño. He aquí, heredad de Jehová son los hijos: cosa de estima el fruto de vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos de las juventudes. Bienaventurado el varón que hinchió su aljaba de ellos: no será avergonzado, cuando hablare con los enemigos en la puerta. Canción de las gradas. BIENAVENTURADO todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado tú, y bien habrás. Tú mujer será coma la parra, que lleva fruto a los lados de tu casa: tus hijos, como plantas de olivas, al rededor de tu mesa. He aquí que así será bendito el varón que teme a Jehová. Bendígate Jehová desde Sión; y veas el bien de Jerusalem todos los dias de tu vida. Y veas a los hijos de tus hijos, la paz sobre Israel. Canción de las gradas. MUCHO me han angustiado desde mi juventud, dígalo ahora Israel; Mucho me han angustiado desde mi juventud: mas no prevalecieron contra mí. Sobre mis espaldas araron gañanes: hicieron luengos surcos: Mas Jehová justo, cortó las coyundas de los impíos. Serán avergonzados, y vueltos atrás, todos los que aborrecen a Sión. Serán como la yerba de los tejados: que ántes que salga, se seca; De la cual no hinchió su mano segador; ni su brazo el que hace gavillas. Ni dijeron los que pasaron: Bendición de Jehová sea sobre vosotros: os bendecimos en nombre de Jehová. Canción de las gradas. DE los profundos te llamo, o! Jehová. Señor, oye mi voz. Sean tus orejas atentas a la voz de mi oración. JEHOVÁ, si mirares a los pecados, Señor ¿quién persistirá? Por lo cual hay perdón acerca de tí: para que seas temido. Yo esperé a Jehová, mi alma esperó: a su palabra he esperado. Mi alma esperó a Jehová, más que las guardas esperan a la mañana: las guardas a la mañana. Espere Israel a Jehová, porque con Jehová está la misericordia; y abundante redención cerca de él. Y él redimirá a Israel de todos sus pecados. Canción de las gradas. De David. JEHOVÁ, no se ensoberbeció mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron: ni anduve en grandezas, ni en cosas maravillosas más de lo que me pertenecia. Si no puse, e hice callar mi alma, sea yo como el destetado de su madre, como el destetado, de mi vida. Espera, o! Israel, a Jehová desde ahora y hasta siempre. Canción de las gradas. ACUÉRDATE, o! Jehová, de David, de toda su aflicción: Que juró a Jehová, prometió al fuerte de Jacob: No entraré en la morada de mi casa: no subiré sobre el lecho de mi estrado: No daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados adormecimiento, Hasta que halle lugar para Jehová, moradas para el fuerte de Jacob. He aquí, en Efrata oímos de ella: hallámosla en los campos del bosque. Entrarémos en sus tiendas: encorvarnos hemos al estrado de sus piés. Levántate, o! Jehová, a tu reposo, tú, y el arca de tu fortaleza. Tus sacerdotes vistan justicia; y tus piadosos se regocijen. Por amor de David tu siervo no vuelvas de tu ungido el rostro. Juró Jehová verdad a David, no se apartará de ella: de fruto de tu vientre pondré sobre tu trono. Si tus hijos guardaren mi alianza, y mi testimonio que yo les enseñaré: sus hijos también se asentarán sobre tu trono para siempre. Porque Jehová ha elegido a Sión: la codició por habitación para sí. Este será mi reposo para siempre: aquí habitaré, porque la he codiciado. A su mantenimiento daré bendición: sus pobres hartaré de pan. Y a sus sacerdotes vestiré de salud; y sus piadosos exultarán de gozo. Allí haré reverdecer el cuerno de David: yo he aparejado lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión; y sobre él florecerá su corona. Canción de las gradas. De David. ¡MIRÁD, cuán bueno, y cuán suave es habitar los hermanos también en uno! Como el buen óleo sobre la cabeza, que desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende sobre el borde de sus vestiduras: Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sión. Porque allí envia Jehová bendición, y vida eterna. Canción de las gradas. MIRÁD, bendecíd a Jehová todos los siervos de Jehová, los que estáis en la casa de Jehová, en las noches: Alzád vuestras manos al santuario, y bendecíd a Jehová. Bendígate Jehová desde Sión, el que hizo los cielos y la tierra. Aleluya. ALABÁD el nombre de Jehová, alabád siervos de Jehová. Los que estáis en la casa de Jehová, en los patios de la casa de nuestros Dios. Alabád a JEHOVÁ, porque es bueno Jehová: cantád salmos a su nombre, porque es suave. Porque JEHOVÁ ha escogido a Jacob para sí, a Israel por su posesión. Porque yo sé que Jehová es grande, y el Señor nuestro mayor que todos los dioses. Todo lo que quiso Jehová, hizo en los cielos y en la tierra, en las mares, y en todos los abismos. El que hace subir las nubes del cabo de la tierra: hizo los relámpagos para la lluvia; el que saca los vientos de sus tesoros. El que hirió a los primogénitos de Egipto desde el hombre hasta la bestia. Envió señales y prodigios en medio de tí, o! Egipto: en Faraón, y en todos sus siervos. El que hirió a muchas naciones; y mató a reyes poderosos: A Sejón rey Amorreo, y a Og rey de Basán, y a todos los reinos de Canaán. Y dió la tierra de ellos en heredad: en heredad a Israel su pueblo. Jehová, tu nombre es eterno: Jehová, tu memoria para generación y generación. Porque Jehová juzgará a su pueblo; y sobre sus siervos se arrepentirá. Los ídolos de los Gentiles son plata y oro: obra de manos de hombre. Tienen boca, y no hablan: tienen ojos y no ven. Tienen orejas y no escuchan; tampoco hay espíritu en sus bocas. Como ellos sean los que los hacen; y todos los que en ellos confian. Casa de Israel bendecíd a Jehová: Casa de Aarón bendecíd a Jehová: Casa de Leví bendecíd a Jehová: los que teméis a Jehová, bendecíd a Jehová. Bendito Jehová de Sión, el que mora en Jerusalem. Aleluya. ALABÁD a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. Alabád al Dios de dioses; porque para siempre es su misericordia. Alabád al Señor de señores; porque para siempre es su misericordia. Al que solo hace grandes maravillas; porque para siempre es su misericordia. Al que hizo los cielos con entendimiento; porque para siempre es su misericordia. Al que tendió la tierra sobre las aguas; porque para siempre es su misericordia. Al que hizo los grandes luminares; porque para siempre es su misericordia. El sol para que dominase en el día; porque para siempre es su misericordia. La luna y las estrellas para que dominasen en la noche; porque para siempre es su misericordia. Al que hirió a Egipto con sus primogénitos; porque para siempre es su misericordia. Al que sacó a Israel de en medio de ellos; porque para siempre es su misericordia. Con mano fuerte, y brazo extendido; porque para siempre es su misericordia. Al que partió al mar Bermejo en partes; porque para siempre es su misericordia. E hizo pasar a Israel por medio de él; porque para siempre es su misericordia. Y sacudió a Faraón y a su ejército en el mar Bermejo; porque para siempre es su misericordia. Al que pastoreó a su pueblo por el desierto; porque para siempre es su misericordia. Al que hirió a grandes reyes; porque para siempre es su misericordia. Y mató a reyes poderosos; porque para siempre es su misericordia. A Sejón rey Amorreo; porque para siempre es su misericordia. Y a Og rey de Basán; porque para siempre es su misericordia. Y dió la tierra de ellos en heredad; porque para siempre es su misericordia. En heredad a Israel su siervo; porque para siempre es su misericordia. El que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros; porque para siempre es su misericordia. Y nos rescató de nuestros enemigos; porque para siempre es su misericordia. El que da mantenimiento a toda carne; porque para siempre es su misericordia. Alabád al Dios de los cielos; porque para siempre es su misericordia. JUNTO a los ríos de Babilonia, allí nos sentámos: también llorámos acordándonos de Sión. Sobre los sauces que están en medio de ella colgamos nuestras arpas. Cuando nos pedían allí, los que nos cautivaron, las palabras de la canción, colgadas nuestras arpas de alegría: Cantádnos de las canciones de Sión. ¿Cómo cantaremos canción de Jehová en tierra de extraños? Si me olvidare de tí, o! Jerusalem, mi diestra sea olvidada. Mi lengua se pegue a mi paladar, si no me acordare de tí: si no hiciere subir a Jerusalem en el principio de mi alegría. Acuérdate, o! Jehová, de los hijos de Edom en el día de Jerusalem; que decían: Descubríd, descubríd en ella hasta los cimientos. Hija de Babilonia destruida, bienaventurado el que te pagará tu pago, que nos pagaste a nosotros. Bienaventurado el que tomará, y estrellará tus niños contra las piedras. Salmo de David. ALABARTE he con todo mi corazón: delante de los dioses te cantaré salmos. Encorvarme he al templo de tu santidad, y alabaré tu nombre sobre tu misericordia y tu verdad; porque has hecho magnífico tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas. El día que te llamé, me respondiste, esforzásteme, y diste en mi alma fortaleza. Confesarte han, o! Jehová, todos los reyes de la tierra; porque oyeron las palabras de tu boca. Y cantarán en los caminos de Jehová: que la gloria de Jehová es grande. Porque el alto Jehová mira al humilde, y al altivo conoce de léjos. Si anduviere por medio de la angustia, me vivificarás: contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y tu diestra me salvará. Jehová cumplirá por mí, Jehová, tu misericordia es para siempre; no dejarás la obra de tus manos. Al Vencedor: Salmo de David. JEHOVÁ, tú me has examinado, y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde léjos mis pensamientos. Mi senda, y mi acostarme has rodeado; y todos mis caminos has conocido. Porque aun no está la palabra en mi lengua, y, he aquí, Jehová, tú la supiste toda. detrás y delante tú me formaste; y pusiste sobre mí tu mano. Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad: alta es, no puedo comprenderla. ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿y a dónde huiré de delante de tí? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si hiciere mi estrado en el infierno, héte allí. Si tomare las alas del alba, y habitare en el cabo de la mar, Aun allí me guiará tu mano; y me trabará tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán: aun la noche resplandecerá por causa de mí. Aun las tinieblas no encubren nada de tí; y la noche resplandece como el día: las tinieblas son como la luz. Porque tú poseiste mis riñones; cubrísteme en el vientre de mi madre. Confesarte he, porque terribles y maravillosas son tus obras: estoy maravillado, y mi alma lo conoce en gran manera. No fué encubierto mi cuerpo de tí, aunque yo fuí hecho en secreto: fué entretejido en los profundos de la tierra. Mi imperfección vieron tus ojos; y en tu libro estaban todas aquellos cosas escritas, que fueron entónces formadas, sin faltar una de ellas. Así que ¡cuán preciosos me son tus pensamientos, o! Dios! ¡Cuán multiplicadas son sus cuentas! Si las cuento, multiplícanse más que la arena: despierto, y aun estoy contigo. Si matases, o! Dios, al impío; y los varones de sangres se quitasen de mí; Que te dicen blasfemias: ensoberbécense en vano tus enemigos. ¿No tuve en odio, o! Jehová, a los que te aborrecieron? ¿y peleo contra tus enemigos? De entero odio los aborrecí: túvelos por enemigos. Examíname, o! Dios, y conoce mi corazón: pruébame, y conoce mis pensamientos. Y vé si hay en mí camino de perversidad; y guíame en el camino del mundo eterno. Al Vencedor: Salmo de David. ESCÁPAME, o! Jehová, de hom- bre malo: de varón de iniquidades guárdame: Que pensaron males en el corazón: cada día juntaron contiendas. Aguzaron su lengua como la serpiente: veneno de áspid hay debajo de sus labios. Selah. Guárdame, o! Jehová, de manos de impío, de varón de injurias guárdame: que han pensado de rempujar mis pasos. Soberbios me han escondido lazo y cuerdas: han tendido red: en el lugar de la senda me han puesto lazos. Selah. He dicho a Jehová: Dios mío eres tú: escucha, o! Jehová, la voz de mis ruegos. Jehová, Señor, fortaleza de mi salud, cubre mi cabeza el día de las armas. No des, o! Jehová, al impío sus deseos: no saques en efecto su pensamiento, y se ensoberbezcan. Selah. La cabeza de los que me cercan, la perversidad de sus labios la cubra. Caigan sobre ellos brasas: en el fuego les haga Dios caer: en profundos hoyos, de donde no salgan. El varón de lengua no sea firme en la tierra: al varón de injuria caze el mal para rempujones. Yo sé que hará Jehová el juicio del afligido, el juicio de los menesterosos. Ciertamente los justos alabarán tu nombre: los rectos estarán en tu presencia. Salmo de David. JEHOVÁ, a tí he llamado, apre- súrate a mí: escucha mi voz, cuando te llamare. Sea enderezada mi oración delante de tí como un perfume: el don de mis manos como un presente de la tarde. Pon, o! Jehová, guarda a mi boca: guarda la puerta de mis labios. No inclines mi corazón a cosa mala: a hacer obras con impiedad con los varones que obran iniquidad; y no coma yo de sus delicias. Hiérame el justo con misericordia, y repréndame; y aceite de cabeza no unte mi cabeza: porque aun también mi oración será contra sus males. Sean derribados en lugares peñascosos sus jueces; y oigan mis palabras que son suaves. Como quien parte e hiende leños en tierra, son esparcidos nuestros huesos a la boca de la sepultura: Por tanto a tí, o! Jehová, Señor, miran mis ojos, en tí he confiado: no tengas en poco a mi alma. Guárdame de las manos del lazo que me han tendido; y de los lazos de los que obran iniquidad. Caigan los impíos a una en sus redes, mientras yo pasaré para siempre. Masquil de David, cuando estaba en la cueva: Oración. CON mi voz clamaré a Jehová: con mi voz pediré misericordia a Jehová. Delante de él derramaré mi querella: delante de él denunciaré mi angustia. Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tu conociste mi senda: en el camino en que andaba, me escondieron lazo. Consideraba hacia mi mano derecha y miraba, y no había quien me conociese: no tuve refugio, no había quien volviese por mi vida. Clamé a tí, o! Jehová; dije: Tú eres mi esperanza, y mi porción en la tierra de los vivientes. Escucha mi clamor, que estoy afligido mucho: escápame de los que me persiguen; porque son más fuertes que yo. Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre: conmigo se coronarán los justos, cuando me hubieres hecho bien. Salmo de David. JEHOVÁ, oye mi oración, escu- cha mis ruegos por tu verdad: respóndeme por tu justicia. Y no entres en juicio con tu siervo; porque no se justificará delante de tí ningún viviente. Porque ha perseguido el enemigo mi alma: ha quebrantado a tierra mi vida: me ha hecho habitar en tinieblas como los ya muertos. Y mi espíritu se angustió dentro de mí: me corazón se pasmó. Acordéme de los dias antiguos: meditaba en todas tus obras: meditaba en las obras de tus manos. Extendí mis manos a tí: mi alma, como la tierra sedienta, a tí. Selah. Respóndeme presto, o! Jehová, que desmaya mi espíritu: no escondas de mí tu rostro, y sea semejante a los que descienden a la sepultura. Házme oir por la mañana tu misericordia, porque en tí he confiado: házme saber el camino por donde ande, porque a tí he alzado mi alma. Escápame de mis enemigos, o! Jehová: a tí me acojo. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios. Tu buen Espíritu me guie a tierra de rectitud. Por tu nombre, o! Jehová, me vivificarás; por tu justicia sacarás mi alma de angustia. Y por tu misericordia disiparás mis enemigos, y destruirás todos los adversarios de mi alma; porque yo soy tu siervo. Salmo de David. BENDITO Jehová mi roca, que enseña mis manos a la batalla, y mis dedos a la guerra. Misericordia mía, y mi castillo: altura mía, y mi libertador: escudo mío en quien he confiado: el que allana mi pueblo delante de mí. O! Jehová, ¿qué es el hombre, que te haces familiar a él? ¿el hijo del hombre, para que le estimes? El hombre es semejante a la vanidad: sus dias son como la sombra que pasa. O! Jehová, inclina tus cielos y desciende: toca los montes, y humeen. Relampaguea relámpagos, y disípalos; envia tus saetas, y contúrbalos. Envia tu mano desde lo alto: redímeme, y escápame de las muchas aguas: de la mano de los hijos extraños. Cuya boca habla vanidad; y su diestra es diestra de mentira. O! Dios, a tí cantaré canción nueva: con salterio, con decacordio cantaré a tí. El que da salud a los reyes: el que redime a David su siervo de perniciosa espada. Redímeme, y escápame de mano de los hijos extraños: cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira. Que nuestros hijos sean como plantas crecidas en su juventud: nuestras hijas como las esquinas labradas a manera del palacio: Nuestros rincones llenos, proveidos de toda suerte de grano: nuestros ganados que paran a millares, y a diez millares en nuestras plazas. Nuestros bueyes cargados de carnes, no haya portillo, ni quien salga, ni quien dé grita en nuestras calles. Bienaventurado el pueblo que tiene esto: bienaventurado el pueblo, cuyo Dios es Jehová. Alabanza de David. ENSALZARTE he, mi Dios y Rey; y bendeciré a tu nombre por el siglo y para siempre. Cada día te bendeciré; y alabaré tu nombre por el siglo y para siempre. Grande es Jehová, y digno de alabanza en gran manera; y su grandeza no puede ser comprendida. Generación a generación enarará tus obras; y anunciarán tus valentías. La hermosura de la gloria de tu magnificencia, y tus hechos maravillosos hablaré. Y la terribilidad de tus valentías dirán; y tu grandeza recontaré. La memoria de la muchedumbre de tu bondad rebosarán; y tu justicia cantarán. Clemente y misericordioso es Jehová: luengo de iras, y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos; y sus misericordias, sobre todas sus obras. Alábente, o! Jehová, todas tus obras; y tus misericordiosos te bendigan. La gloria de tu reino digan; y hablen de tu fortaleza: Para notificar a los hijos de Adam sus valentías; y la gloria de la magnificencia de su reino. Tu reino es reino de todos los siglos; y tu señorío en toda generación y generación. Sostiene Jehová a todos los que caen; y levanta a todos los oprimidos. Los ojos de todas las cosas esperan a tí; y tú les das su comida en su tiempo. Abres tu mano, y hartas de voluntad a todo viviente. Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras. Cercano está Jehová a todos los que le invocan: a todos los que le invocan con verdad. La voluntad de los que le temen, hará; y su clamor oirá, y los salvará. Jehová guarda a todos los que le aman; y a todos los impíos destruirá. La alabanza de Jehová hablará mi boca; y bendiga toda carne su santo nombre, por el siglo y para siempre. Aleluya. ALABA, o! alma mía, a Jehová. Alabaré a Jehová en mi vida: diré salmos a mi Dios mientras viviere. No confieis en los príncipes, ni en hijo de hombre; porque no hay en él salud. Saldrá su espíritu, volverse ha el hombre en su tierra: en aquel día perecerán sus pensamientos. Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob: cuya esperanza es en Jehová su Dios. El que hizo los cielos y la tierra: la mar, y todo lo que en ello está: el que guarda verdad para siempre: El que hace derecho a las agraviados, el que da pan a los hambrientos: Jehová el que suelta a los aprisionados: Jehová es el que abre los ojos a los ciegos: Jehová el que ama a los justos: Jehová el que guarda a los extranjeros: al huérfano y a la viuda levanta; y el camino de los impíos trastorna. Reinará Jehová para siempre: tu Dios, o! Sión, por generación y generación. Aleluya. ALABÁD a JEHOVÁ; porque es bueno cantar salmos a nuestro Dios; porque suave y hermosa es la alabanza. El que edifica a Jerusalem, Jehová: los echados de Israel recogerá. El que sana a los quebrantados de corazón; y el que liga sus dolores. El que cuenta el número de las estrellas, y a todas ellas llama por sus nombres. Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y de su entendimiento no hay número. El que ensalza a los humildes, Jehová: el que humilla a los impíos hasta la tierra. Cantád a Jehová con alabanza: cantád a nuestro Dios con arpa. El que cubre los cielos de nubes; el que apareja la lluvia para la tierra: el que hace a los montes producir yerba. El que da a la bestia su mantenimiento: a los hijos de los cuervos que claman a él. No toma contentamiento en la fortaleza del caballo: ni se deleita con las piernas del varón. Ama Jehová a los que le temen: a los que esperan en su misericordia. Alaba, Jerusalem, a Jehová: alaba, Sión, a tu Dios. Porque fortificó los cerrojos de tus puertas: bendijo a tus hijos dentro de tí. El que pone por tu término la paz; y de grosura de trigo te hará hartar. El que envia su palabra a la tierra; y muy presto corre su palabra. El que da la nieve como lana: derrama la helada como ceniza. El que echa su hielo como en pedazos; ¿delante de su frio quién estará? Enviará su palabra, y desleirlos ha: soplará su viento, gotearán las aguas. El que denuncia sus palabras a Jacob, sus estatutos y sus juicios a Israel. No ha hecho esto con toda nación; y sus juicios no los conocieron. Aleluya. Aleluya. ALABÁD a Jehová desde los cie- los: alabádle en las alturas. Alabádle todos sus ángeles: alabádle todos sus ejércitos. Alabádle el sol y la luna: alabádle todas las estrellas de luz. Alabádle los cielos de los cielos; y las aguas que están sobre los cielos. Alaben el nombre de Jehová; porque él mandó, y fueron creadas. Y las hizo ser para siempre, por el siglo: púsoles ley que no será quebrantada. Alabád a Jehová, de la tierra, los dragones y todos los abismos. El fuego, y el granizo; la nieve y el vapor: el viento de tempestad que hace su palabra: Los montes, y todos los collados: el árbol de fruto, y todos los cedros: La bestia, y todo animal: lo que va arrastrando, y el ave de alas. Los reyes de la tierra, y todos los pueblos: los príncipes, y todos los jueces de la tierra. Los mancebos, y también las doncellas: los viejos con los mozos. Alaben el nombre de Jehová; porque su nombre de él solo es ensalzado: su gloria es sobre tierra y cielos. El ensalzó el cuerno de su pueblo: alábenle todos sus misericordiosos: los hijos de Israel, el pueblo a él cercano. Aleluya. Aleluya. CANTÁD a Jehová canción nueva: su alabanza sea en la congregación de los misericordiosos. Alégrese Israel con su hacedor: los hijos de Sión se regocijen con su Rey. Alaben su nombre con corro: con adufe y arpa canten a él. Porque Jehová toma contentamiento con su pueblo: hermoseará a los humildes con salud. Regocijarse han los piadosos con gloria: cantarán sobre sus camas. Ensalzamientos de Dios estarán en sus gargantas; y espadas de dos filos en sus manos: Para hacer venganza de los Gentiles: castigos en los pueblos. Para aprisionar a sus reyes en grillos; y a sus nobles en cadenas de hierro. Para hacer en ellos el juicio escrito: esta será la gloria de todos sus piadosos. Aleluya. Aleluya. ALABÁD a Dios en su santuario: alabádle en el extendimiento de su fortaleza. Alabádle en sus valentías: alabádle conforme a la muchedumbre de su grandeza. Alabádle a son de bocina: alabádle con salterio y arpa. Alabádle con adufe y flauta: alabádle con cuerdas y órgano. Alabádle con címbalos resonantes: alabádle con címbalos de jubilación. Todo espíritu alabe a JEHOVÁ. Aleluya. LOS proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel: Para entender sabiduría y castigo: para entender las razones prudentes: Para recibir el castigo de prudencia, justicia, y juicio, y equidad: Para dar a los simples astucia, y a los mozos inteligencia y consejo. Oirá el sabio y aumentará la doctrina; y el entendido adquirirá consejo. Para entender parábola y declaración, palabras de sabios, y sus dichos oscuros. El PRINCIPIO de la sabiduría es el temor de Jehová: los insensatos despreciaron la sabiduría y la instrucción. Oye, hijo mío, el castigo de tu padre, y no deseches la ley de tu madre: Porque aumento de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello. Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas. Si dijeren: Ven con nosotros, espiemos a la sangre: asechemos al inocente sin razón: Tragarlos hemos como el sepulcro, vivos; y enteros, como los que caen en sima: Hallaremos riquezas de todas suertes: henchiremos nuestras casas de despojos: Echa tu suerte entre nosotros: tengamos todos una bolsa: Hijo mío, no andes en camino con ellos: aparta tu pié de sus veredas: Porque sus piés correrán al mal; e irán presurosos a derramar sangre. Porque en vano se tenderá la red delante de los ojos de toda ave. Mas ellos a su sangre espían, y a sus almas asechan. Tales son las sendas de todo codicioso de codicia, la cual prenderá el alma de sus poseedores. La sabiduría clama de fuera: en las plazas da su voz: En las encrucijadas de los murmullos de gente clama: en las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones: ¿Hasta cuándo, o! simples, amaréis la simpleza, y los burladores desearán el burlar, y los insensatos aborrecerán la ciencia? Volvéos a mi reprensión: he aquí que yo os derramaré mi espíritu, y os haré saber mis palabras. Por cuanto llamé, y no quisisteis: extendí mi mano, y no hubo quien escuchase: Y desechasteis todo consejo mío, y no quisisteis mi reprensión: También yo me reiré en vuestra calamidad; y me burlaré cuando os viniere lo que teméis. Cuando viniere, como una destrucción, lo que teméis; y vuestra calamidad viniere como un torbellino: cuando viniere sobre vosotros tribulación y angustia: Entónces me llamarán, y no responderé: buscarme han de mañana, y no me hallarán: Por cuanto aborrecieron la sabiduría; y no escogieron el temor de Jehová: Ni quisieron mi consejo; y menospreciaron toda reprensión mía. Comerán pues del fruto de su camino; y de sus consejos se hartarán. Porque el reposo de los ignorantes los matará; y la prosperidad de los insensatos los echará a perder. Mas el que me oyere, habitará confiadamente; y vivirá reposado de temor de mal. HIJO mío, si tomares mis pala- bras, y guardares mis mandamientos dentro de tí, Haciendo estar atento tu oido a la sabiduría: si inclinares tu corazón a la prudencia: Si clamares a la inteligencia; y a la prudencia dieres tu voz: Si como a la plata, la buscares, y como a tesoros la escudriñares: Entónces entenderás el temor de Jehová; y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría; y de su boca viene el conocimiento, y la inteligencia. El guarda el ser a los rectos: es escudo a los que caminan perfectamente, Guardando las veredas del juicio; y el camino de sus misericordiosos guardará. Entónces entenderás justicia, juicio, y equidad, y todo buen camino. Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere dulce a tu alma; Consejo te guardará, inteligencia te conservará. Para escaparte del mal camino, del hombre que habla perversidades: Que dejan las veredas derechas, por andar por caminos tenebrosos: Que se alegran haciendo mal: que se huelgan en malas perversidades: Cuyas veredas son torcidas, y ellos torcidos en sus caminos: Para escaparte de la mujer extraña, de la agena que ablanda sus razones: Que desampara al príncipe de su mocedad; y se olvida del concierto de su Dios. Por lo cual su casa está inclinada a la muerte, y sus veredas van hacia los muertos. Todos los que a ella entraren, no volverán: ni tomarán las veredas de la vida. Para que andes por el camino de los buenos; y guardes las veredas de los justos. Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella. Mas los impíos serán cortados de la tierra; y los prevaricadores serán de ella desarraigados. HIJO mío, no te olvides de mi ley; y tu corazón guarde mis mandamientos: Porque longura de dias, y años de vida, y paz te aumentarán. Misericordia, y verdad no te desamparen: átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión en los ojos de Dios, y de los hombres. Fíate de Jehová de todo tu corazón; y no estribes en tu prudencia. Reconócele en todos tus caminos; y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu opinión: teme a Jehová, y apártate del mal: Porque será medicina a tu ombligo, y tuétano a tus huesos. Honra a Jehová de tu sustancia; y de las primicias de todos tus frutos: Y serán llenos tus alfolíes de hartura; y tus lagares rebentarán de mosto. No deseches, hijo mío, el castigo de Jehová: ni te fatigues de su corrección: Porque Jehová al que ama, y quiere, como el padre al hijo, a ese castiga. Bienaventurado el hombre que halló la sabiduría; y que saca a luz la inteligencia. Poque su mercadería es mejor que la mercadería de la plata; y sus frutos, más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. Longura de dias trae en su mano derecha: en su izquierda, riquezas y honra. Sus caminos son caminos deleitosos; y todas sus veredas, paz. Esta es el árbol de vida a los que asen de ella; y los que la sustentan, son bienaventurados. Jehová con sabiduría fundó la tierra: afirmó los cielos con inteligencia. Con su ciencia se partieron los abismos; y los cielos destilan el roció. Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos: guarda la ley, y el consejo; Y serán vida a tu alma, y gracia a tu cuello. Entónces caminarás por tu camino confiadamente; y tu pié no tropezará. Cuando te acostares, no habrás temor; y acostarte has, y tu sueño será suave. No habrás temor del pavor repentino, ni de la ruina de los impíos, cuando viniere. Porque Jehová será tu confianza; y el guardará tu pié, porque no seas tomado. No detengas el bien de sus dueños, cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Vé, y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo. No pienses mal contra tu prójimo, estando él confiado de tí. No pleitées con alguno sin razón, si él no te ha malgalardonado. No tengas envidia al hombre injusto: ni escojas alguno de sus caminos: Porque el perverso es abominado de Jehová; y con los rectos es su secreto. Maldición de Jehová está en la casa del impío; mas a la morada de los justos bendecirá. Ciertamente él escarnecerá a los escarnecedores; y a los humildes dará gracia. Los sabios heredarán la honra; y los insensatos sostendrán deshonra. OID hijos la enseñanza del padre; y estád atentos, para que sepáis inteligencia. Porque os doy buen enseñamiento: no desamparéis mi ley. Porque yo fuí hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre: Y enseñábame, y me decía: Sustente mis razones tu corazón: guarda mis mandamientos, y vivirás. Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia: no te olvides, ni te apartes de las razones de mi boca. No la dejes, y ella te guardará; ámala, y conservarte ha. Primeramente sabiduría: adquiere sabiduría, y ante toda tu posesión adquiere inteligencia. Engrandécela, y ella te engrandecerá; ella te honrará, cuando tú la hubieres abrazado. Dará a tu cabeza aumento de gracia: corona de hermosura te entregrará. Oye, hijo mío, y recibe mis razones; y multiplicársete han años de vida. Por el camino de la sabiduría te he encaminado; y por veredas derechas te he hecho andar. Cuando por ellas anduvieres, no se estrecharán tus pasos; y si corrieres, no tropezarás. Ten asida la instrucción, no la dejes: guárdala, porque ella es tu vida. No entres por la vereda de los impíos: ni vayas por el camino de los malos: Desampárala; no pases por ella: apártate de ella, y pasa. Porque no duermen, si no hicieren mal; y pierden su sueño, si no han hecho caer. Porque comen pan de maldad, y beben vino de robos. Mas la vereda de los justos es como la luz del lucero: auméntase, y alumbra hasta que el día es perfecto. El camino de los impíos es como la oscuridad: no saben en qué tropiezan. Hijo mío, está atento a mis palabras; y a mis razones inclina tu oreja: No se aparten de tus ojos: mas guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan; y medicina a toda su carne. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. Aparta de tí la perversidad de la boca; y la iniquidad de labios aleja de tí. Tus ojos miren lo recto; y tus párpados enderecen tu camino delante de tí. Pesa la vereda de tus piés; y todos tus caminos sean ordenados. No te apartes a diestra, ni a siniestra: aparta tu pié del mal. HIJO mío está atento a mi sabi- duría, y a mi inteligencia inclina tu oido: Para que guardes mis consejos; y tus labios conserven la ciencia. Porque los labios de la mujer extraña destilan panal de miel; y su paladar es más suave que el aceite: Mas su fin es amargo como el ajenjo; agudo como espada de dos filos. Sus piés descienden a la muerte: sus pasos sustentan el sepulcro. Si no pesares el camino de vida, sus caminos son instables: no los conocerás. Ahora pues, hijos, oídme, y no os apartéis de las razones de mi boca. Aleja de ella tu camino; y no te acerques a la puerta de su casa. Porque no des a los extraños tu honor; y tus años a cruel. Porque no se harten los extraños de tu fuerza; y tus trabajos estén en casa del extraño: Y gimas en tus postrimerías, cuando se consumiere tu carne y tu cuerpo, Y digas: ¿Cómo aborrecí el castigo; y mi corazón menospreció la reprensión, Y no oí la voz de los que me castigaban; y a los que me enseñaban no incliné mi oido? Poco se faltó para que no cayese en todo mal, en medio de la compañía y de la congregación. Bebe el agua de tu cisterna, y las corrientes de tu pozo. Derrámense por de fuera tus fuentes: en las plazas los ríos de tus aguas. Sean para tí solo, y no para los extraños contigo. Será bendito tu manadero; y alégrate de la mujer de tu mocedad. Cierva amada, y graciosa cabra; sus pechos te hartarán en todo tiempo; y de su amor andarás ciego de continuo. ¿Y por qué andarás ciego, hijo mío, con la agena, y abrazarás el seno de la extraña? Pues que los caminos del hombre están delante de los ojos de Jehová, y el pesa todas sus veredas. Sus iniquidades prenderán al impío; y con las cuerdas de su pecado será detenido. Él morirá sin castigo; y por la multitud de su locura errará. HIJO, si salieres por fiador por tu amigo, si tocaste tu mano al extraño, Enlazado eres con las palabras de tu boca; y preso con las razones de tu boca. Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate; porque has caido en la mano de tu prójimo: Vé, humíllate, y esfuerza tu prójimo. No des sueño a tus ojos, ni a tus párpados adormecimiento. Escápate como el corzo de la mano del cazador; y como el ave de la mano del parancero. Vé a la hormiga, o! perezoso, mira sus caminos, y sé sabio: La cual no tiene capitán, ni gobernador, ni señor, Y con todo eso apareja en el verano su comida: en el tiempo de la siega allega su mantenimiento. Perezoso; ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Tomando un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano otro poco para volver a dormir: Vendrá como caminante tu necesidad, y tu pobreza como hombre de escudo. El hombre perverso es varón inicuo: camina en perversidad de boca, Guiña con sus ojos, habla con sus piés: enseña con sus dedos; Perversidades están en su corazón: en todo tiempo anda pensando mal: enciende rencillas; Por tanto su calamidad vendrá de repente: súbitamente será quebrantado, y no habrá quien le sane. Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de la sangre inocente, El corazón que piensa pensamientos inicuos, los piés presurosos para correr al mal, El testigo mentiroso que habla mentiras; y el que enciende rencillas entre los hermanos. Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre; y no dejes la ley de tu madre: Atala siempre en tu corazón: enlázala a tu cuello. Cuando anduvieres, te guie: cuando durmieres, te guarde: cuando despertares, hable contigo: Porque el mandamiento candela es, y la ley luz; y camino de vida las reprensiones de la enseñanza; Para que te guarden de la mala mujer; de la blandura de la lengua de la extraña. No codicies su hermosura en tu corazón: ni te prenda con sus ojos. Porque a causa de la mujer ramera viene el hombre a un bocado de pan; y la mujer caza la preciosa alma del varón. ¿Tomará el hombre fuego en su seno, y que sus vestidos no se quemen? ¿Andará el hombre sobre las brasas, y que sus piés no se abrasen? Así el que entrare a la mujer de su prójimo: no será sin culpa todo hombre que la tocare. No tienen en poco al ladrón, cuando hurtare para henchir su alma, teniendo hambre: Mas tomado, paga las setenas: o da toda la sustancia de su casa. Mas el que comete adulterio con la mujer, es falto de entendimiento: corrompe su alma el que tal hace. Plaga y vergüenza hallará; y su afrenta nunca será raida. Porque el zelo sañudo del varón no perdonará en el día de la venganza. No tendrá respeto a ninguna redención: ni querrá perdonar aunque le multipliques el cohecho. HIJO mío, guarda mis razones, y encierra contigo mis mandamientos. Guarda mis mandamientos, y vivirás; y mi ley como las niñas de tus ojos. Lígalos a tus dedos: escríbelos en la tabla de tu corazón. Dí a la sabiduría: Tú eres mi hermana; y a la inteligencia llama parienta: Para que te guarden de la mujer agena, y de la extraña, que ablanda sus palabras. Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi ventana, Miré entre los simples, consideré entre los mancebos un mancebo falto de entendimiento, El cual pasaba por la calle, junto a su esquina; e iba camino de su casa, A la tarde del día, ya que oscurecía, en la oscuridad y tiniebla de la noche: Y veis aquí una mujer, que le sale al encuentro con atavío de ramera, astuta de corazón, Alborotadora y rencillosa: sus piés no pueden estár en casa: Ahora de fuera, ahora por las plazas: asechando por todas las encrucijadas. Y traba de él, y bésale; desvergonzó su rostro; y díjole: Sacrificios de paz he prometido, hoy he pagado mis votos: Por tanto he salido a encontrarte, buscando diligentemente tu faz; y he te hallado. Con paramentos he emparamentado mi cam