El día de ayer  fui a un centro comercial nuevo, que sin duda se ha convertido en el mejor de la ciudad, ya que éste no solamente cuenta con todo lo que debe tener un centro comercial y más, además de que vi ahí la publicidad en exteriores más impresionante que he visto en ningún lugar, algo que me da mucho gusto, ya que esto le da una muy buena presencia al lugar.

Al estar en aquel centro comercial, acompañado de una amiga mía, vimos un anuncio de una tienda de ropa que decía: “Somos los creadores, todo lo demás sobra”; esta frase estaba escrita debajo de la imagen de una hermosa mujer, utilizando ropa de aquella marca, mordiendo una manzana grande y roja de un árbol verde y frondoso, del cual descendía una serpiente de oro.

Mi amiga, al ver aquel anuncio, sonrió asertivamente y dijo en voz baja “En efecto”, ya que mi amiga es una de las millones de personas orgullosamente ateas, quienes desechan todo tipo de creencias religiosas, particularmente la cristiana, como bien suele suceder por alguna misteriosa razón.

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Yo soy una persona orgullosamente católica, apostólica y romana, para quien Dios es la parte más importante de mi vida, o al menos así lo intento; sin embargo, no espero ni nunca he esperado que las personas a mi alrededor sean de mis creencias, además de que respeto sólidamente las opiniones de los demás, incluyendo cuando, como sucede mucho y parece estar de moda, insultan las creencias cristianas. Es por este respeto que tengo amigos y amigas de todo tipo de creencias (excepto radicales islámicos) y nuestra convivencia es siempre fluida y armónica.

Por supuesto , que al escuchar a mi amiga decir eso no dije nada ni tome ninguna actitud negativa ante ella , sin embargo reafirmo mi teoría sobre la constante búsqueda de conseguir una originalidad ficticia que no existe en esta ideología de una vida sin un Dios.

He notado que mi amiga, como muchos otros ateos, se esfuerza de una manera fuerte para proyectar una imagen de originalidad, al no creer y rechazar la idea de un Dios, cuando en realidad esta ideología es más común que la electricidad y algo sumamente fácil de hacer.

Esto lo digo debido a que es sumamente sencillo el no creer en algo que no se ve y que no se manifiesta ante los ojos de la mayoría de las personas; en otras palabras, es tan fácil no creer en Dios como lo es el no creer en unicornios morados, alimentándose de nubes de algodón galopando por los cielos, ya que no vemos a ninguno de los dos y es sumamente sencillo creer en lo que nuestros ojos ven.

Algo que he notado por ciertas experiencias es que es sumamente sencillo ser ateo, cuando se está en la plenitud de la vida. Sin embargo, es muy difícil seguir siéndolo en el lecho de muerte, cuando las cortinas de la vida están por cerrarse.