El fin de semana pasado, al estar ordenando todos los objetos de la casa en la bodega, rescatamos varias cosas interesantes, cosas de las que nos habíamos ya olvidado pero que algún día nos fueron bastante útiles, tanto a mi esposa como a mí, cosas que nos dio mucho gusto ver de nuevo.

Me parece impresionante el hecho de que redescubramos las cosas que hemos en algún momento adquirido y sabido con absoluta certeza de su existencia y su función sin embargo su uso y sus maravillas son casi siempre devoradas por el tiempo y su despiadado paso.

Sin embargo, hay cosas que el paso del tiempo solo aumenta su valor y su densidad en cuanto importancia y usos, tal y como son muchas de las cosas hechas con nuestras propias manos, cosas que llevan el rostro de nuestra mente y el reflejo de nuestro corazón.

Tal fue el caso de una pequeña nota que encontré, una nota que escribí hace diez años cuando pasaba por momentos inciertos en mi vida.

La nota leía lo siguiente:

“Veo fuera de mi lo que alguna vez me fue importante, pero ahora decae como un árbol de invierno cuyo resplandor la nieve nunca conoció.

Veo ahora las puertas de deseos antiguos abiertas a mi disposición, tras las cuales solo hay sombras y precipicios que alguna vez confundí con suelo fértil y seguro, donde todo fruto crecería derrotando a las leyes de toda estación con el simple fuego de mi alma, cuya voluntad es más fuerte que el hierro y más preciosa que el oro, al menos eso creía en aquellos días.

Ahora sé que la obscuridad es una fábrica de mentiras, ya que en ella hasta la luz más tenue brilla como el sol.

Ahora sé que el azul del cielo jamás podrá ser eterno, ya que el oro necesita ser tierra antes de poder brillar y  las estrellas jamás brillaran  de día.

También sé que hasta el desierto más árido esconde en sus entrañas un pozo, cuyas profundidades no reconocen lo seco que es su superficie, siendo así un lugar que hasta la serpiente más intrépida teme vorazmente.

Sin embargo, aquel pozo escondido aunque no conoce la agonía del calor y de la sequía, tampoco conoce lo que es la luz del sol ni el brillar de la luna, cuya mirada de plata bendice y maldice de acuerdo a su parecer y al merecer del desear de sus súbditos.

Cuando miro atrás veo lo mismo que cuando miro hacia delante, un vacío nublado cuya incertidumbre es más moldeable que el barro cuando fresco.

Lo único que veo es el presente que camina conmigo mejor que mi propia sombra y que sueña conmigo mejor mi sueño más profundo en perfecta cadencia, al volar como la máquina de coser al bordar. “

Ese relato, aunque ahora no lo entiendo, en ese entonces me era más claro que el agua y me fue muy grato ver mi pasado obscuro en un presente lleno de luz.