La
Parábola de Cosechar las Naranjas
[V05] Por David
Cox
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libremente este folleto
Juan 4:34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. 35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo:
Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
Hay muchos cristianos que no les importa el asunto de evangelizar. Para ellos lo único importante es que ellos van a ir alcielo. Son conchudos en su seguridad de su propia salvación y está perfectamente bien con ellos si los demás del mundo se van al infierno. Ellos no van a esforzarse ni a sacrificarse ni a incomodar su vida para la salvación de los inconversos. Leí un folleto sobre la parábola de cosechar naranjas que me ilustró bastante bien al grado de tontería que hemos dejado llegar en el asunto de evangelismo. Por favor, considera si no has dejado el evangelismo afuera de tu vida también.
Paseaba entre los Árboles de Naranja
Tuve un sueño que manejaba por en medio de los campos de árboles de naranja. Los árboles estaban cargados con brillantes naranjas, casi doblados de las ramas por su peso, todas listas para la cosecha. Ya empezaban a caer al suelo, pero no hubo nadie para la cosecha. Los campos estaban vacíos de trabajadores.
Me interesó un grupo de personas debajo de un árbol. Paré el coche y me fui a ver si pude ayudarles en la cosecha. Entrando atrás del grupo, oí un hombre enfrente hablando de cómo se hace la cosecha de la naranja. Les pregunté si iban a cosechar las naranjas, que yo les ayudaría. “Pues, claro vamos a cosechar naranjas. ¿No ves que esto es lo que estamos haciendo?” No vi que recogieran ni una naranja.
Se me hizo raro que hubo gente para tomar la cosecha, y muchas canastas listas, pero no hubo ninguna naranja en las canastas.
El hombre hablaba mucho de qué importante es cosechar las naranjas antes de perder la oportunidad, y que las naranjas caigan al suelo para perderse para siempre. Tuvo razón. Le pregunté a alguien a mi lado de nuevo, “¿Qué están haciendo allí?” El grupo era muy grande y había mucha gente, y hubo un hombre en una plataforma hablándoles a todos. “Hoy es el día de la Naranja.” “¿Qué es el día de la naranja?” pregunté yo. “Es el día en que todos vamos a la cosecha de naranjas.” Me alegró mucho, y pensé que yo podría ayudarles con la cosecha.
Pero siguió el hombre hablando, y toda la gente sentada en sillas acolchonadas. Nadie cosechó nada. Esperé mucho tiempo, y al final el señor hablando tanto dio la vuelta y agarró una sola naranja del árbol y la metió en una canasta. Todos empezaron a aplaudirle. Pensé, “seguro que todos van a levantarse a hacer lo mismo,” pero todos se levantaron y se fueron a sus coches para ir a sus casas. ¡Ya terminó!
“¿A dónde van?” pregunté. Alguien me dijo, “Ya cosechamos las naranjas para este año, y ahora tenemos que ir a comer y hacer nuestras actividades.” Le contesté, “¿Pero no vamos nosotros a cosechar naranjas? ¿Casi todas están en los árboles sin ser recogidas?” “Pues, no. ¿Cómo vamos nosotros a cosechar naranjas sin ir a estudiar en el seminario de como cosechar naranjas? El Pastor Buenazo y el Evangelista Bromista pueden cosechar, pero nosotros no estamos entrenados.” Yo les dije, “¿Por qué no nada más lo hacemos? ¿Qué experiencia necesitamos para hacerlo?”
Hablé con varios más, pero ninguno quiso tocar los árboles mucho menos las naranjas. Oí a dos mujeres hablando de que excelente era la cosecha este año, y que el próximo año esperaba que fuera igual.
Empecé a levantar naranjas yo mismo de los árboles y a ponerlas en las canastas, pero varios de los hombres vinieron a regañarme por hacer algo tan necio. “Déjalas” me dijeron, “puedes echar a perderlas.” De repente oí que las naranjas estaban cayendo al suelo, y reventándose.
En todos lados escuchaba la caída constante de unas naranjas que caían al suelo y se reventaban. Regresé a mi coche y me fui por la carretera, vi en unos pocos lugares a unos individuos trabajando con fatiga para cosechar las naranjas de los árboles y llenar las canastas. Casi siempre trabajaban solos, o en grupos de dos, y era pesado el trabajo para tan poquitos trabajadores, y para tanta naranja que necesitaba ser recogida.
Al final, me desperté y me di cuenta que era nada más un sueño desagradable.
Tomado y adaptado del folleto “The Parable of the Orange Tree” por Dr. John White.
La Voluntad de Dios
Juan 4:34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. 35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
Primero fíjate que el Señor Jesús se concentró solamente en cumplir con la voluntad del Padre. Esto le consumió. Jesús es nuestro ejemplo, y debemos nosotros igualmente dedicarnos a cumplir la voluntad del Padre como toca a nuestras vidas.
Segundo fíjate que Dios no hace su obra sin la participación y cooperación de los seres humanos, básicamente los creyentes. Para hacer la obra de Dios, Dios usa a sus hijos quienes se sujetan a la voluntad de El. O sea, Dios obra por medio de sus hijos obedientes. Así es la forma en que trabaja Dios. Dios usa muy ligeramente a los ángeles o circunstancias, y mucho más usa a sus hijos obedientes para hacer conscientemente el trabajo de El, o sea, por que Dios les manda de hacer algo, y ellos cumplen con este mandamiento.
Marcos 16:15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
Allí está el corazón de Dios. Que llevemos el evangelio a toda criatura en todo el mundo.
La Necesidad es Grande
Isa 6:8 Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.
Además nos fijamos en la necesidad que los hijos de Dios levantan sus ojos para ver la necesidad tan grande que hay, y luego actúan en obediencia. Así es como Dios obra. Dios quiere que primero sus hijos vean la necesidad de los inconversos en ser salvos, y que seamos conmovidos para hacer algo sobre ello, y luego Dios nos llama a ministrar delante de El. Es triste que muchos dejan el ministerio a los ministros profesionales (por que ellos no quieren involucrarse en esto), mientras los miembros de la iglesia realmente no hacen nada más que asistir y dar dinero. Cada uno debe participar en la obra de Dios.
Oramos para los Trabajadores
Mateo 9:37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
El orden correcto es que veamos la necesidad de que la obra de Dios a fuerzas se cumpla, y luego oremos a Dios para que Dios envíe a obreros a la siega. Es importante de ver que Dios quiere que estemos orando por su obra, tanto por el evangelismo que por los obreros de responder al llamamiento de trabajar. No podemos hacer la obra nada más, sino que tenemos que saturar todo en oración antes y durante el trabajo. La oración a Dios para que cumpla lo que es su voluntad es lo que da poder a los obreros, y que causa a los obreros de responder. Sin los obreros laborando en oración, la obra de Dios no se va a cumplir como Dios lo quiere. Preguntaron al famoso predicador Charles Haddon Spurgeon ¿Cuál era el secreto de su éxito en predicar? Indicó abajo. “¿Qué es esto?” Le dijeron. Les llevó a un cuatro debajo del pulpito donde hubo 50 hombres orando todo el tiempo mientras él predicaba.
Trabajemos Nosotros Mismos
Isaías 6:8 Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.
A fin de cuentas Dios quiere que oremos con fervor por la obra de Dios, que el evangelio se predique, y los inconversos acepten al Salvador, y luego se formen iglesias donde los nuevos convertidos crezcan a la madurez, y que ellos mismos entren en la obra de Dios. Pero todo esto no funciona si no hay hijos de Dios, gente normal, quienes se ofrezcan para cumplir Su voluntad por medio de sus vidas. No tienen que ser personas muy preparadas ni expertos ni profesionales, sino personas quienes dicen, “Señor, aunque no soy perfecto para esto, te ofrezco lo que tengo, solamente mi vida en humilde sumisión a ti.” A estos son a quien Dios usa, a los sumisos, y esto es como la obra de Dios se hace correctamente. En hacer la obra, la actitud de ellos es tal que Dios puede enseñarles lo que les falta. Pero sin disposición de obedecer a lo que sea, y a donde les lleve, no se hace la obra de Dios.
Los Requisitos para Evangelizar
Hay unos requisitos muy importantes para evangelizar. No son lo que muchos piensan. Primero sobre todo, el requisito más importante es que uno mismo ha sido convertido, y que tú mismo eres salvo. Sin haber tenido la experiencia y conocer personalmente al Salvador, nunca puedes decir a otros sobre esto. El segundo requisito es que entiendas bien el evangelio. Sin claridad del evangelio en tu mente, nunca puedes explicarlo bien a otros. He oído a santos con muchos años de haber sido salvos tratar de explicar el evangelio, y después de todo, dudo si el supuesto santo es realmente entiende la salvación bien. El enfoque es la fe en Jesucristo para quitar sus pecados, y un rechazo hacia el pecado y todas las demás cosas en que confía la gente para llevarle al cielo. Otro requisito es que la persona estime a su Salvador más que al escándalo u oposición que los demás puedan presentarle.
¿Por qué no sales a Evangelizar?
2Ti 4:5 “haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.”
El ser salvo es de confesar a Cristo delante de otros (Romanos 10:9-10) que es un proceso para toda la vida de dar testimonio de nuestro Salvador o de evangelizar. ¿Por qué no aprendemos cómo hacerlo, y lo hacemos? Tal vez tienes que estudiar como presentar el evangelio, pero ¿No vale la pena?
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