Los Hermanos,
¡No Deben Pelear!

Por David CoxHermanos, No deben Pelear (folleto)
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Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros;
                                              
1Tes. 4:9

La Biblia habla de un cristiano como una persona que tiene una personalidad distinta. Esta persona quien es salva es alguien que busca imponer en su vida el amor fraternal, en que ama a sus hermanos. Esto es un cambio de la vida carnal antes de ser salvo, en que estaba “viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.” (Tito 3:3).

¿Por qué es importante?

1Jn. 4:7 Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.

Tal vez no es muy obvio porque los hermanos no deben pelear, pero Dios aborrece a hermanos cuando pelean. Primero tenemos que entender que Dios en su esencia es amor. La agresión, fricción, contienda, y el pelear son cosas a las que Dios se opone. Son del Diablo. Cuando dos hermanos se ponen en un plan de pelear, entonces están prestándose al Diablo. No es a Dios. Pero mucho más que “a Dios no le gusta,” Dios dice sus hijos tienen que aprender, comprender, entender, y practicar el amor.

1Jn. 2:9 El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. 10 El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. 11 Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.

Dios propone una unión y amistad entre los hermanos, en que un hermano ayuda y apoya a su hermano en lo que haga en la vida. Cuando dos personas son hermanos y pelean, entonces Dios dice que andan en tinieblas, y que tropiezan.

1Jn. 3:10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.

Si una persona no ama a sus hermanos, entonces se manifiesta que no es un hijo de Dios.

1Jn. 3:14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.

La marca que una persona es realmente salva es que ama a su hermano, y no entra en pelear, en conflictos, y en contiendas con sus hermanos. El cristiano entiende que Dios mandó que tengamos hermanos para ver la relación que tenemos con ellos. En demostrar el amor de un hermano al otro, uno anuncia su fe en Cristo. La resistencia en pelear o la búsqueda de contender con tus hermanos es algo que llama la atención a que uno es salvo o que uno es inconverso.

1Jn. 3:15 Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. 16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. 17  Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad,  y cierra contra él su corazón,  ¿cómo mora el amor de Dios en él?

Dios pone el amor, el ser amistoso, el ignorar, el aborrecer, y el homicida, todos estos en una misma línea. Son actualmente grados de la misma cosa, tu relación con tu próximo, es un reflejo de tu relación con Dios. A un extremo es el amor, en que uno muere por el otro. Al otro extremo es el homicida. Todo entre los dos son grados de un extremo o el otro. Además los hermanos comparten lo que tienen en esta vida.

Mat. 5:43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

Cuando una persona entiende (1) el amor de Dios, (2) cómo es el carácter moral de Dios, (3) qué Dios es amor, (4) que Dios no es agresivo, y conflictivo, entonces uno entiende a Dios y la salvación. Es muy importante de entender que todo se basa sobre dos puntos, como Jesús enfatizó.

Mat. 22:37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

La salvación y toda la vida cristiana se basa sobre nuestra relación con Dios, y como demostramos esta relación espiritual, especialmente en como aceptamos e imitamos (Ef 5:1 Sed imitadores de Dios como hijos amados”) la naturaleza y carácter moral de Dios, y luego como manifestamos este cambio de carácter moral de nosotros por el ser como Dios por medio de cómo nos relacionamos con otras personas (nuestro prójimo, especialmente nuestro hermano).

Irritándose

1Co. 13:5 El amor es… no se irrita.
Gál. 5:26 No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

Dios nos manda de no irritar uno al otro. La idea aquí es de provocar, de llamar a conflictos y contención. El cristiano es una persona quien busca la paz, no la contención. Como cristianos a veces tenemos que enfrentar aun a nuestros hermanos cuando ellos desobedecen la voluntad de Dios el Padre, pero en general debemos ser personas que aman a sus prójimos y hermanos, olvidando y cubriendo sus ofensas y no buscando conflicto y contención con ellos.

Mordiéndose y Consumiéndose

Gál. 5:15 Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros. Entre los hermanos, se ponen a atacar y destruir uno al otro de tal manera que llegan a acabar uno con el otro. La idea es tomada literalmente de un animal que ataca y se pone en contra del otro a tal grado que se consume al otro.

La Relación entre Unos a Otros

Jn. 13:34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
Jn. 15:12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.
Jn. 15:17 Esto os mando: Que os améis unos a otros.
Rom. 13:8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.

Es esencial ver la importancia que Jesús puso sobre sus hijos al llevar una relación de amor entre sí. Esta relación define y revela el carácter moral de Dios, y uno anuncia a Dios por vivir en esta forma.

Soportándoos y aguantándoos

Col. 3:13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

Simplemente si uno es salvo soporta y aguanta a su hermano. Buscamos paz, perdonando uno al otro si somos hijos de Dios.

Perdonándose

Ef. 4:32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

Si buscas y quieres ser perdonado por Dios, entonces Él te pone la prueba de alguien ofendiéndote para que Él vea si tú realmente quieres el perdón en tu vida. Si quieres ser perdonado por Dios, entonces igualmente vas a perdonar a otros, no llevando sus ofensas, no guardando rencor y envidia en contra de ellos. Dios ve la sinceridad de tu corazón hacia la salvación que Dios te da por medio de cómo perdonas a otras personas quienes te ofenden y te fastidian.

Exhortándoos y enseñándoos

Col. 3:16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría…

Cuando entendemos la Biblia y la voluntad de Dios, entonces entendemos que es nuestra tarea como hijos de Dios de ser quienes anuncian las virtudes de Dios (“que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó1Ped 2:9). En esto explicamos y vivimos la palabra de Dios (la voluntad de Dios en palabras) para los demás. Exhortamos y enseñamos, pero no litigamos ni hacemos esto de mala forma.

Animaos y Edificaos

1Tes. 5:11 Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.

La muestra de una persona salva es que anima y edifica a su hermano o a los demás, en lugar de pelear.


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