Por David Cox PDF MSWord Regresar al índice de folletos
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véase también el folleto “Principios
para un Matrimonio Bíblico”
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libremente este folleto
Es una lastima cuando dos personas se casan para luego divorciarse. Es todavía peor cuando hay niños envueltos en estos asuntos. Del punto de vista cristiano, el divorcio no es algo que a fuerzas tiene que pasar. El divorcio resulta porque las personas envueltas no quieren obedecer a Dios. Debe llamarse la atención extremadamente que entre los divorciados que se casan de nuevo, la mayoría tienen los mismos problemas en sus matrimonios sucesivos. Esto es porque el problema realmente está adentro de ellos, y ellos traen sus problemas a dónde andan y nunca los resuelven realmente. Entonces el divorcio no ayudó nada, nada más complica sus vidas.
El divorcio es un fracaso del matrimonio – Empezamos con una aclaración. En estos asuntos, es muy popular de asignar culpa el uno, o uno al otro. A fin de cuentas, es un fracaso del matrimonio, y los dos son igualmente responsables delante de Dios.
Dios propone el matrimonio como algo permanente hasta que la muerte les separa. Las dos personas deciden casarse, pero una vez casados, es Dios quien les une, y nadie debe separarles (Mat. 19:6 “lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”).
Dios odia el divorcio
Malaquías 2:14 Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. 15 ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios[1]. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. 16 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales. Prov 28:13
Dios ve todo divorcio o deslealtad entre pareja como una abominación. El divorcio es una deslealtad entre pareja, renuncio de los votos que tomaron cuando hicieron la boda o delante de una autoridad civil. Los dos hacen el matrimonio, pero Dios lo ratifica[2].
Eclesiastés 5:4 Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. 5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. Núm. 30:2; Dt 23:21-23
Para el cristiano, el divorcio está simplemente fuera de consideración. No es solución, no es algo que uno acepta si uno es verdaderamente un cristiano. Haces lo que haces, pero no entras en este camino. En Romanos 7:1-3, Pablo usa el ejemplo del matrimonio entre un hombre y una mujer como algo que no puede ser disuelto excepto por la muerte. Esto es lo ideal que Dios nos presenta.
En Mateo 19:3-12 Jesús fue presentado con el problema de divorcios. Los judíos de su tiempo divorciaban por cualquier razón, aun ligera. Pero Jesús argumentó que el principio es un hombre y una mujer que se casan para toda la vida, hasta la muerte (“no lo separe el hombre” 19:6). La voluntad de Dios es que nadie se divorcie, sino que se porten bien. El divorcio era permitido, pero no mandado. Lucas 16:18 “todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido adultera”. Si el otro (inconverso) le abandona, entonces es aceptable para Dios que el cristiano se resuelva consigo mismo en esto, pero no puede casarse de nuevo mientras la primera vive (Romanos 7:3).
Inconverso casado con creyente
En 1 Corintios 7:10-17, Pablo nos instruye sobre situaciones entre casados con problemas. Sí Dios da lugar para la situación de una pareja donde uno es convertido a Cristo, y el otro no es. En estos casos, es aceptado si el incrédulo abandona al creyente, pero no da permiso para que el creyente lo haga (7:15). Nuestro deber y meta en tales casos es de convertir al inconverso a Cristo, lo cual solucionaría la mayoría de los problemas. Es por la vida cristiana brillando diariamente delante del inconverso que a fin de cuentas le convierta (1 Pedro 3:1-2). La persona que acepta el divorcio como una solución a sus problemas está simplemente condenándose a no tratar 100%.
Resolviendo problemas
Toma tu papel de Dios, y no aceptes otra cosa El Marido - Debemos ver que parte del problema en muchos matrimonios es uno de los dos, o los dos, confundiendo su papel, y lo de su pareja. Dios dio al hombre el papel de ser líder (1 Cor 11:3), y le condenó a Adán por seguir a su mujer en lugar de guiarla (Gén. 3:17). También el marido no debe usar su autoridad para irritar (1 Cor 13:4-6), hacer enojar, o amargar la vida de su esposa (Col. 3:19). El trato del esposo hacia la mujer es uno de gentileza, dándole honor y tratándole como algo frágil, que no usamos brutalidad, o dureza (1 Pedro 3:7). Dios castiga al hombre en no hacerle caso a sus oraciones si no trata a su esposa así (1 Pedro 3:7). A fin de cuentas, el relato principal del esposo hacia la mujer es amor (Col. 3:19; Ef. 5:22-33; 1 Cor 13:4-6). Ejemplos de buenos maridos son Abraham “yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio” Génesis 18:19, y Josué “pero yo y mi casa serviremos a Jehová” Josué 24.15.
La Esposa - Dios mandó a la mujer de ser sujeta a su marido (Gén. 3:16; Ef. 5:22-24; 1 Pedro 3:1-6) y esto es la forma principal en que ella trae bendición a su vida. Aunque construimos muchas alternativas de lo que Dios manda y razonamos mucho, nada trae la bendición de Dios sino lo que Dios establece. Dios puso el propósito de que la mujer debe entrar al mundo para ser “ayuda idónea” (Gén. 2:18; Sal 128:3) que es de abastecer, rodear con bien. La mujer debe adornarse con buenas obras y atributos espirituales (1 Pedro 3:1-6; Prov. 31:13-27). Su belleza es vista espiritualmente, no físicamente.
Marcos 10:7 “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer.” (Gén 2:24) Debe haber una separación de las vidas de los padres de los dos lados, y debe haber una unión entre pareja. La idea aquí es que se pegan uno al otro como chicle. Nada les separa.
Guarda religiosamente el principio de una sola carne. Dios declara que cuando dos personas se casan, luego Dios les une para que sean una sola carne Mateo 19:6. Simplemente, uno protege a su propio cuerpo. No deja uno nada ni a nadie de causar daño a su cuerpo. Así es como uno debe tratar a su pareja. Ef. 5:29 “porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida.” Las parejas contemplan el divorcio por que no entienden su unión espiritual delante de Dios. De divorciarse (o vivir peleando entre sí) es como de cortarse en dos, o de pegar un pie contra el otro. No hace sentido nada. Es en contra de lo debido, y realmente en contra de la naturaleza. De pelear entre pareja no hace bien nunca. Los dos siempre cada vez pierden y se dañan entre sí.
Sexo es el secreto – Está prohibido para cristianos de tener sexo con prostitutas (1 Cor 6:15-16) por que el principio es que el sexo se une a dos personas. Dios ha creado el sexo para ser una forma de unir a la pareja espiritualmente, socialmente, amorosamente, y físicamente. De esta unión bonitas cosas resultan. Dios establece que tu cuerpo pertenece a tu pareja, para que tu pareja goce de ti sexualmente cuando tu pareja quiere (1 Cor 7:2-5; Ecl. 9:9; Prov 5:18; 18:22; 19:14). La fornicación resulta cuando uno en la pareja está “negándose” al otro (1 Cor 7:5). Lo correcto es de cumplir sexualmente con su marido o esposa para evitar fornicación o tentación a fornicar (1 Cor 7:2: 6:18). La voluntad de Dios es que cada uno se cuide de fornicación por tener su propia pareja (1 Tes. 4:3-4). Heb 13:4 “Honroso sea el matrimonio, y el lecho (acto sexual) sin mancilla”.
La madurez es obligatoria – El concepto bíblico de perfección es actualmente de ser adulto, reproduciendo, y portándose como alguien maduro. Mat. 5:48 “Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre… es perfecto.” Probablemente la primera causa de divorcios es la inmadurez de parte de los dos. Paciencia es lo que nos hace maduros (Santiago 1:4), y Santiago 3:2 dice “porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto (maduro), capaz también de refrenar todo el cuerpo.” En 1:26 Santiago aclara que la persona que falta de control de su boca entonces es vana en su religión. Entonces debemos buscar cuidadosamente de no ofender, y esto es especialmente verdad con nuestras parejas. Romanos 12:17 No paguéis a nadie mal por mal 19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Ef. 4:31 “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, y maledicencia, y toda malicia 32 antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”
El perdón es obligatorio – Hablando de cómo resolver los problemas, también debemos perdonar y demostrar misericordia como Dios (Lucas 6:36-37). Dios trata con la misma medida de misericordia y perdón que nosotros mostramos para con otros (2 Sam 22:26; Mat 18:23-35; Marcos 11.25-26; Mateo 6:12-15 “si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”), y Dios castigo horriblemente a la persona sin perdón (Santiago 2:13).
Dinero, codicia, y el contentamiento – Muchas veces las parejas pelean por asuntos de dinero y lo material. Debemos buscar contentamiento, y no codiciar lo material. Dios aclara que “la vida… no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Luc. 12:15; Mat 19:21-24) y fuertemente condena la avaricia (1 Cor 6:10; Ef. 5:3, 5). Dios nos manda de “haced morir, pues, lo terrenal en vosotros… avaricia, que es idolatría” Col 3:5. La persona que empieza a poner mucha importancia sobre lo económico ya se está saliendo del camino de Dios 1 Tim 6:10; Mateo 6:28-33. El guardar riquezas muchas veces nada más hace daño Ecl. 5:13, y Dios condiciona la salvación con que entregamos estos ídolos Lucas 14:33 con 1 Tim 6:6-11. “Teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” 1 Tim 6:8.
[1] El matrimonio es hecho por Dios también para un ambiente santo y estable para crecer niños creyentes.
[2] Hace legal, permanente, y obligatorio.
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