Standard Jet DBnb` Ugr@?~1y0̝cßFN>b7ݜ~(/` {6M߱mCw63y[*,|*| d f_Љ$g'DeFx -bT4.0dv Y cheeSS  Y   Y Y  Y Y  Y  Y  Y  r Y s Y E Y a Y d Y 2Y  Y   Y  jY ConnectDatabaseDateCreateDateUpdate FlagsForeignNameIdLvLvExtraLvModule LvPropName OwnerParentIdRmtInfoLongRmtInfoShortTypeniYYIdParentIdName        OYS Y Y Y  Y 2ACMFInheritableObjectIdSID  AtYObjectId YcheeSSY  Y Y Y  Y  Y Y  Y AttributeExpressionFlagLvExtra Name1 Name2ObjectId Ordernzf edY"ObjectIdAttribute -YcheeSSY Y Y  Y  Y  Y  Y  Y ccolumn grbiticolumnszColumnszObject$szReferencedColumn$szReferencedObjectszRelationship~   YYYszObject$szReferencedObjectszRelationshipYv1b N  : k & W  C t/ @@X  @@OJmJLJkQkiQ^JmYdbkWYfkmJL^Qk`kvkJMQk`kvkdL[QMmk`kvkhoQiYQk`kvkiQ^JmYdbkWYfkmdfYMbdmQk`kvkOL  @~  @ @           d k f  |X66@|X66@Topic Notess@DDD88888886 @%T66@%T66@MSysRelationshipsrDDDDDDDDDDB %T66@%T66@MSysQueriesr88888888886 %T66@%T66@MSysACEsr22222222220 %T66@%T66@MSysObjectsr88888888886 %T66@%T66@MSysDbs.........., %T66@%T66@Relationshipsr<<<<<<<<<<: %T66@%T66@Databasesr44444444442 %T66@%T66@Tablesr.........., jY N Y Y d YID TitleCommentsddddddYYIDPrimaryKeyHv1b@?LVALN {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\froman\fprq2\fcharset0 Georgia;}{\f1\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs22 LA LUCHA ANTES DE LA RENDICI\'d3N DEL AUTORESPETO FEMENINO EN EL CONFESIONARIO \par \b0 HAY dos mujeres que deben ser objeto constante de la compasi\'f3n de los disc\'edpulos de Cristo, y por quienes deben ser ofrecidas diarias oraciones ante el trono de la misericordia: La mujer Brahm\'e1n, quien, enga\'f1ada por sus sacerdotes, se quema a s\'ed misma sobre el cad\'e1ver de su esposo para apaciguar la ira de sus dioses de madera; y la mujer Cat\'f3lica Romana, quien, no menos enga\'f1ada por sus sacerdotes, sufre una tortura mucho m\'e1s cruel e ignominiosa en el confesionario, para apaciguar la ira de su dios-hostia.\par Porque no exagero cuando digo que para muchas mujeres de noble coraz\'f3n, bien educadas y decentes, el ser forzadas a exponer sus corazones ante los ojos de un hombre, a abrirle todos los m\'e1s secretos escondrijos de sus almas, todos los m\'e1s sagrados misterios de su vida de soltera o casada, a permitirle hacerles preguntas que la m\'e1s depravada mujer nunca consentir\'eda o\'edr de su m\'e1s vil seductor, es frecuentemente m\'e1s horrible e intolerable que ser atada sobre carbones ardientes.\par \'a1M\'e1s de una vez, he visto a mujeres desmayarse en la casilla del confesionario, quienes luego me dec\'edan, que la necesidad de hablar a un hombre soltero sobre ciertas cosas, sobre las que las leyes m\'e1s comunes de la decencia deber\'edan haber sellado para siempre sus labios, casi las hab\'eda matado! No cientos, sino miles de veces, he o\'eddo de los labios de agonizantes muchachas, como tambi\'e9n de mujeres casadas, las temibles palabras: "\'a1Estoy perdida para siempre! \'a1Todas mis pasadas confesiones y comuniones han sido tan sacr\'edlegas! \'a1Nunca he osado responder correctamente las preguntas de mis confesores! \'a1La verg\'fcLVALenza ha sellado mis labios y condenado mi alma!"\par \'bfCuantas veces he quedado como petrificado, al lado de un cad\'e1ver, cuando esas \'faltimas palabras han escapado a duras penas de los labios de una de mis penitentes, quien hab\'eda sido puesta fuera de mi alcance por la misericordiosa mano de la muerte, antes de que yo pudiera darle el perd\'f3n a trav\'e9s de la enga\'f1osa absoluci\'f3n sacramental?\par Entonces yo cre\'eda, como la pecadora muerta misma lo cre\'eda, que ella no podr\'eda ser perdonada excepto por esa absoluci\'f3n.\par Porque hay no s\'f3lo miles sino millones de muchachas y mujeres Cat\'f3licas Romanas cuyo agudo sentido de pudor y dignidad femenina est\'e1n por sobre todos los sofismas y las maquinaciones diab\'f3licas de sus sacerdotes. Ellas nunca podr\'edan ser persuadidas a responder "S\'ed " a ciertas preguntas de sus confesores. Preferir\'edan ser arrojadas a las llamas, y arder hasta las cenizas con la mujer viuda Brahm\'e1n, antes que permitir a los ojos de un hombre espiar en el sagrado santuario de sus almas. Aunque algunas veces culpables ante Dios, y bajo la impresi\'f3n de que sus pecados nunca ser\'e1n perdonados si no son confesados, las leyes de la decencia son m\'e1s poderosas en sus corazones que las leyes de su cruel y p\'e9rfida Iglesia. Ninguna consideraci\'f3n, ni a\'fan el temor de la eterna condenaci\'f3n, pueden persuadirlas a declarar a un hombre pecador, pecados que s\'f3lo Dios tiene el derecho de conocer, porque s\'f3lo \'c9l puede limpiarlas con la sangre de Su Hijo, derramada en la cruz.\par \'a1Pero qu\'e9 miserable vida la de aquellas excepcionales almas nobles, a las que Roma retiene en los tenebrosos calabozos de su superstici\'f3n! \'a1Ellas leen en todos sus libros, y oyen de todos sus p\'falpitos, que si ocultan a sus confesores un simple pecado est\'e1n perdidas para siempre! Pero, siendo absolutamente incapaces de pisotear bajo sus pies las leyes del autorespeto y la decencia, que Dios mismo ha impreso en sus almas, viven en conLVALstante temor de eterna condenaci\'f3n. \'a1No hay palabras humanas que puedan expresar su desolaci\'f3n y agon\'eda, cuando a los pies de sus confesores, se encuentran bajo la horrible necesidad de hablar de cosas, por las que preferir\'edan sufrir la m\'e1s cruel muerte antes que abrir sus labios, o ser condenadas para siempre, con tal de no degradarse a s\'ed mismas para siempre ante sus propios ojos, al hablar sobre asuntos que una mujer respetable nunca revelar\'eda a su propia madre, mucho menos a un hombre!\par He conocido demasiadas de aquellas mujeres de noble coraz\'f3n, quienes, cuando a solas con Dios, en una real agon\'eda de desolaci\'f3n y con l\'e1grimas de dolor, han pedido a \'c9l que les concediera lo que consideraban el m\'e1s grande favor, que era, perder lo suficiente de su autorespeto como para ser capaces de hablar de esas inmencionables cosas, tal como sus confesores quer\'edan que las dijeran; y, esperando que su petici\'f3n fuera concedida, iban de nuevo al confesionario, determinadas a develar su verg\'fcenza ante los ojos de ese hombre inconmovible. \'a1Pero cuando llegaba el momento para la autoinmolaci\'f3n, su coraje fallaba, sus rodillas temblaban, sus labios se pon\'edan p\'e1lidos como la muerte, sudor fr\'edo manaba de todos sus poros! La voz del pudor y el autorespeto femenino estaba hablando m\'e1s fuerte que la voz de su falsa religi\'f3n. Ellas ten\'edan que irse del confesionario no perdonadas\emdash m\'e1s a\'fan, con la carga de un nuevo sacrilegio sobre sus conciencias.\par \'a1Oh! \'a1Cu\'e1n pesado es el yugo de Roma\emdash cu\'e1n amarga es la vida humana\emdash cu\'e1n melanc\'f3lico es el misterio de la cruz para esas almas desviadas y que perecen! \'a1Cu\'e1n gozosamente correr\'edan ellas a las piras llameantes con la mujer Brahm\'e1n, si pudieran esperar ver el fin de sus inenarrables miserias por medio de las torturas moment\'e1neas que les abrieran las puertas de una vida mejor!\par Yo aqu\'ed desaf\'edo p\'fablicamente a todo el sacerdocio Cat\'LVALf3lico Romano a negar que la mayor parte de sus penitentes femeninas permanecen un cierto per\'edodo de tiempo\emdash a veces m\'e1s largo, a veces m\'e1s corto\emdash bajo el m\'e1s agonizante estado mental.\par S\'ed, por lejos la gran mayor\'eda de las mujeres, al principio, encuentran imposible derribar las sagradas barreras del autorespeto que Dios mismo ha construido alrededor de sus corazones, inteligencias, y almas, como la mejor protecci\'f3n contra las trampas de este mundo contaminado. Esas leyes de autorespeto, por las cuales no pueden consentir en hablar una palabra impura en los o\'eddos de un hombre, y las cuales cierran fuertemente todas las avenidas del coraz\'f3n contra sus incastas preguntas, a\'fan cuando hable en el nombre de Dios\emdash esas leyes de autorespeto est\'e1n tan claramente escritas en las consciencias de ellas, y son tan bien comprendidas por ellas que son un don muy Sagrado, que, como ya lo he dicho, muchas prefieren correr el riesgo de estar perdidas para siempre al permanecer en silencio.\par Toma muchos a\'f1os de los m\'e1s ingeniosos, (y no dudar\'eda en llamarlos diab\'f3licos) esfuerzos de parte de los sacerdotes para persuadir a la mayor\'eda de sus penitentes femeninas a hablar sobre cuestiones, que a\'fan los salvajes paganos se sonrojar\'edan al mencionarlas entre ellos mismos. Algunas persisten en permanecer silentes sobre esas cuestiones durante la mayor parte de sus vidas, y muchas prefieren arrojarse en las manos de su misericordioso Dios, y morir sin someterse a la degradante experiencia, a\'fan despu\'e9s de que han sentido las espinas ponzo\'f1osas del enemigo, antes que recibir su perd\'f3n de un hombre, que, como ellas lo sienten, seguramente ser\'eda escandalizado por el relato de sus fragilidades humanas. Todos los sacerdotes de Roma son sabedores de esta natural disposici\'f3n de sus penitentes mujeres. No hay uno solo\emdash no, ni uno solo de sus te\'f3logos morales, que no advierta a los confesores contra esa tenaz y general determinaci\'LVALf3n de las muchachas y de las mujeres casadas de nunca hablar en el confesionario sobre temas que puedan, o m\'e1s o menos, relacionarse con pecados contra el s\'e9ptimo mandamiento. Dens, Liguori, Debreyne, Bailly, etc.,\emdash en una palabra, todos los te\'f3logos de Roma hacen propio que esta es una de las m\'e1s grandes dificultades contra las cuales los confesores deben luchar en el confesionario.\par Ni un solo sacerdote Cat\'f3lico Romano osar\'e1 negar lo que digo sobre este tema; porque ellos saben que ser\'eda f\'e1cil para m\'ed abrumarlos con tal multitud de testimonios, que su gran fals\'eda ser\'eda para siempre desenmascarada.\par En alg\'fan d\'eda futuro, si Dios me reserva y me da tiempo para ello, proyecto hacer conocer algunas de las innumerables cosas que los te\'f3logos y moralistas Cat\'f3licos Romanos han escrito sobre esta cuesti\'f3n. Ello constituir\'e1 uno de los m\'e1s curiosos libros jam\'e1s escritos; y dar\'e1 evidencia incontestable sobre el hecho de que, instintivamente, sin consultarse entre s\'ed, y con una unanimidad que es casi maravillosa, las mujeres Cat\'f3licas Romanas, guiadas por los honestos instintos que Dios les ha dado, huyen de las asechanzas puestas ante ellas en el confesionario; y que por doquier luchan para fortalecerse con un coraje sobrehumano, contra el torturador que es enviado por el Papa, para finiquitar su ruina y causar el naufragio de sus almas. En todas partes la mujer siente que hay cosas que nunca deber\'edan ser dichas, as\'ed como hay cosas que nunca deber\'edan ser hechas, en la presencia del Dios de santidad. Ella entiende que, relatar la historia de ciertos pecados, a\'fan de pensamientos, es no menos vergonzoso y criminal que hacerlos; ella oye la voz de Dios susurr\'e1ndole en sus o\'eddos: "\'bfNo es bastante que hayas sido culpable una vez, cuando estabas sola en mi presencia, sin aumentar tus iniquidades permitiendo a ese hombre conocer lo que nunca deber\'eda haberle sido revelado? \'bfNo sientes que est\'e1s haciendo a ese LVALhombre tu c\'f3mplice, en el mismo momento en que arrojas en su coraz\'f3n y en su alma el fango de tus iniquidades? \'c9l es tan d\'e9bil como t\'fa, \'e9l no es menos pecador que t\'fa misma; lo que te ha tentado a ti le tentar\'e1 a \'e9l; lo que te ha hecho d\'e9bil le har\'e1 d\'e9bil a \'e9l; lo que te ha contaminado a ti le contaminar\'e1 a \'e9l; lo que te ha derribado en la tierra, le derribar\'e1 a \'e9l en la tierra. \'bfNo es suficiente que mis ojos hayan tenido que mirar sobre tus iniquidades? \'bfDeben mis o\'eddos, hoy, escuchar tu impura conversaci\'f3n con ese hombre? \'bfEs ese hombre tan santo como mi profeta David, para que no pueda caer ante la incasta exhibici\'f3n de la nueva Betsab\'e9? \'bfEs \'e9l tan poderoso como Sans\'f3n, para que no pueda encontrar en ti a su tentadora Dalila? \'bfEs \'e9l tan generoso como Pedro, para que no pueda llegar a ser un traidor ante la voz de la sirvienta?"\par \'a1Quiz\'e1s el mundo nunca ha visto una lucha m\'e1s terrible, desesperada y solemne que la que est\'e1 sucediendo en el alma de una pobre temblorosa mujer joven, quien, a los pies de ese hombre, tiene que decidir si abrir\'e1 o no sus labios acerca de esas cosas que la infalible voz de Dios, unida a la no menos infalible voz de su honor y autorespeto femeninos, le dicen que nunca las revele a ning\'fan hombre!\par La historia de esa secreta, fiera, desesperada, y mortal lucha, hasta donde yo s\'e9, no ha sido todav\'eda nunca plenamente dada. Ella provocar\'eda las l\'e1grimas de admiraci\'f3n y compasi\'f3n del mundo entero, si pudiera ser escrita con sus simples, sublimes, y terribles realidades.\par Cuantas veces he llorado como un ni\'f1o cuando alguna joven muchacha de noble coraz\'f3n e inteligente, o alguna respetable mujer casada, se doblegaba ante los sofismas con los cuales yo, o alg\'fan otro confesor, la hab\'eda persuadido a entregar su autorespeto, y su dignidad femenina, para hablar conmigo sobre temas sobre los que una mujer decente nunca deber\'eda decir una palabLVALra con un hombre. Ellas me han dicho de su invencible repugnancia, su horror a tales preguntas y respuestas, y me han pedido ser piadoso con ellas. \'a1S\'ed! \'a1Yo frecuentemente he llorado amargamente por mi degradaci\'f3n, cuando era un sacerdote de Roma! He comprendido toda la fortaleza, la grandeza, y la santidad de sus motivos para estar silenciosas sobre esos temas mancillantes, y no puedo sino admirarlas. Parec\'eda a veces que ellas estaban hablando el lenguaje de los \'e1ngeles de luz; y que yo deb\'eda caer a sus pies, y solicitarles su perd\'f3n por haberles hablado sobre cuestiones, sobre las cuales un hombre de honor nunca deb\'eda conversar con una mujer a la cual respeta.\par Pero \'a1ay! Pronto habr\'eda de reprocharme a m\'ed mismo, y a arrepentirme por esas breves ocasiones de mi ondulante fe en la infalible voz de mi Iglesia; yo habr\'eda pronto de silenciar la voz de mi consciencia, la cual estaba dici\'e9ndome: "\'bfNo es una verg\'fcenza que t\'fa, un hombre soltero, ose hablar de esos temas con una mujer? \'bfNo te sonrojas de hacer tales preguntas a una joven muchacha? \'bfD\'f3nde est\'e1 tu autorespeto? \'bfD\'f3nde est\'e1 tu temor de Dios? \'bfNo promueves la ruina de esa muchacha forz\'e1ndola a hablar con un hombre sobre semejantes temas?\par Yo era compelido por todos los Papas, los te\'f3logos morales, y los Concilios, de Roma, a creer que esta voz de advertencia de mi Dios misericordioso era la voz de Sat\'e1n; ten\'eda que creer a pesar de mi propia conciencia e inteligencia, que era bueno, m\'e1s a\'fan, necesario, hacer esas contaminantes y mortales preguntas. Mi infalible Iglesia estaba forz\'e1ndome sin misericordia a obligar a esas pobres, temblorosas, llorosas, desoladas muchachas y mujeres, a nadar conmigo y todos sus sacerdotes en esas aguas de Sodoma y Gomorra, bajo el pretexto de que su orgullo ser\'eda derribado, y de que su temor al pecado y su humildad crecer\'edan, y de que ser\'edan purificadas por nuestras absoluciones.\par Con qu\'e9 suprema afliLVALcci\'f3n, disgusto, y sorpresa, vemos, hoy, a una gran parte de la noble Iglesia Episcopal de Inglaterra golpeada por una plaga que parece incurable, bajo el nombre de Puseyismo, o Ritualismo, [n. de t.: Pusey era el l\'edder de un movimiento pro-cat\'f3lico en la Iglesia Anglicana], y trayendo de nuevo\emdash m\'e1s o menos abiertamente\emdash en muchos lugares la diab\'f3lica e inmunda confesi\'f3n auricular entre los Protestantes de Inglaterra, Australia y Norteam\'e9rica. La Iglesia Episcopal est\'e1 condenada a perecer en ese oscuro y apestante pantano del Papismo\emdash la confesi\'f3n auricular, si ella no encuentra un pronto remedio para detener la plaga tra\'edda por los Jesuitas disfrazados, que est\'e1n trabajando por doquier, para envenenar y esclavizar sus demasiado ingenuos hijos e hijas.\par En el comienzo de mi sacerdocio, fui no poco sorprendido y confundido al ver una muy dotada y bella mujer joven, a quien sol\'eda encontrar casi cada semana en la casa de su padre, entrando a la casilla de mi confesionario. Ella hab\'eda estado acostumbrada a confesarse con otro joven sacerdote conocido m\'edo, y fue siempre considerada como una de las m\'e1s piadosas j\'f3venes de la ciudad. Aunque se hab\'eda disfrazado lo m\'e1s posible, a fin de que no la pudiera reconocer, yo sent\'eda una seguridad de que no estaba equivocado, ella era la amable Mar\'eda.\par No estando absolutamente seguro de la exactitud de mis impresiones, la dej\'e9 enteramente bajo la confianza de que era una perfecta extra\'f1a para m\'ed. Al principio dif\'edcilmente pod\'eda hablar; su voz estaba sofocada por sus sollozos; y a trav\'e9s de las peque\'f1as aberturas del delgado tabique entre ella y yo, vi dos corrientes de grandes l\'e1grimas derram\'e1ndose por sus mejillas.\par Luego de mucho esfuerzo, dijo: "Querido Padre, espero que no me conozca, y que nunca trate de conocerme. Yo soy una terriblemente gran pecadora. \'a1Oh! \'a1Me temo que estoy perdida! \'a1Pero si todav\'eda hay una esperanza para m\'ed de seLVALr salvada, por el amor de Dios, no me reprenda! Antes de que comience mi confesi\'f3n, perm\'edtame pedirle no contaminar mis o\'eddos con preguntas que nuestros confesores est\'e1n acostumbrados a hacer a sus penitentes femeninas; yo ya he sido destruida por esas preguntas. Antes de que tuviera diecisiete a\'f1os, Dios sab\'eda que sus \'e1ngeles no eran m\'e1s puros de lo que yo era; pero el capell\'e1n del convento de monjas donde mis padres me enviaron para mi educaci\'f3n, aunque aproxim\'e1ndome a la edad madura, me hizo, en el confesionario, una pregunta que al principio no entend\'ed, pero, desafortunadamente, \'e9l hab\'eda hecho las mismas preguntas a una de mis j\'f3venes compa\'f1eras, que hizo chistes sobre aquellas en mi presencia, y me las explic\'f3; porque ella las entend\'eda demasiado bien. Esta primera conversaci\'f3n incasta en mi vida, hundi\'f3 mis pensamientos en un oc\'e9ano de iniquidad, hasta entonces absolutamente desconocida para m\'ed; tentaciones del m\'e1s humillante car\'e1cter me asaltaron por una semana, d\'eda y noche; despu\'e9s de lo cual, pecados que hubiera limpiado con mi sangre, si hubiera sido posible, abrumaron mi alma como con un diluvio. Pero los gozos de los pecadores son breves. Golpeada con terror ante el pensamiento de los juicios de Dios, despu\'e9s de unas pocas semanas de la m\'e1s deplorable vida, determin\'e9 renunciar a mis pecados y reconciliarme con Dios. Cubierta de verg\'fcenza, y temblando de la cabeza a los pies, fui a confesarme a mi antiguo confesor, a quien respetaba como a un santo y quer\'eda como a un padre. Me parece que, con l\'e1grimas sinceras de arrepentimiento, le confes\'e9 la mayor parte de mis pecados, aunque encubr\'ed uno de ellos, por verg\'fcenza, y por respeto a mi gu\'eda espiritual. Pero no ocult\'e9 de \'e9l que las extra\'f1as preguntas que me hab\'eda hecho en mi \'faltima confesi\'f3n, fueron, junto con la corrupci\'f3n natural de mi coraz\'f3n, la causa principal de mi destrucci\'f3n.\par "\'c9l me habl\'f3 muy aLVALmablemente, me alent\'f3 a luchar contra mis malas inclinaciones, y, al principio, me dio un consejo muy bondadoso y bueno. Pero cuando pens\'e9 que termin\'f3 de hablar, y yo me aprontaba a dejar el confesionario, me hizo dos nuevas pregunta de tan corrupto car\'e1cter que, tem\'ed que ni la sangre de Cristo, ni todos los fuegos del infierno jam\'e1s ser\'edan capaces de limpiarlas de mi memoria. Esas preguntas han logrado mi ruina; ellas se han adherido a mi alma igual que dos mortales dardos; ellas est\'e1n d\'eda y noche delante de mi imaginaci\'f3n; ellas llenan mis mismas arterias y venas con un veneno mortal.\par "Es verdad que, al principio, me llenaron de horror y disgusto; pero, \'a1ay!, pronto me acostumbr\'e9 tanto a ellas que parec\'edan estar incorporadas a m\'ed, y como si hubieran llegado a ser una segunda naturaleza. Esos pensamientos han llegado a ser una nueva fuente de innumerables criminales pensamientos, deseos y acciones.\par "Un mes m\'e1s tarde, fuimos obligadas por las reglas de nuestro convento a ir y confesarnos; pero por ese tiempo, estaba tan completamente perdida, que ya no me abochornaba ante la idea de confesar mis vergonzosos pecados a un hombre; por el contrario. Ten\'eda un real, diab\'f3lico placer en el pensamiento de que tendr\'eda una larga conversaci\'f3n con mi confesor sobre esos temas, y que \'e9l me preguntar\'eda m\'e1s de esas extra\'f1as cuestiones.\par "De hecho, cuando le hube dicho todo sin sonrojamiento alguno, comenz\'f3 a interrogarme, \'a1y Dios sabe qu\'e9 corruptas cosas cayeron desde sus labios hasta mi pobre criminal coraz\'f3n! Cada una de sus preguntas fueron excitando mis nervios, y llen\'e1ndome con las m\'e1s vergonzosas sensaciones. Despu\'e9s de una hora de esta criminal entrevista a solas con mi antiguo confesor, (porque eso no fue otra cosa sino una criminal entrevista a solas), percib\'ed que \'e9l era tan depravado como yo misma. Con algunas palabras semiencubiertas, me hizo una proposici\'f3n criminal, la cual acept\'e9 tambi\'eLVAL9n con palabras encubiertas; y durante m\'e1s de un a\'f1o, hemos vivido juntos en la m\'e1s pecaminosa intimidad. Aunque \'e9l era mucho mayor que yo, lo amaba del modo m\'e1s necio. Cuando el curso de mi instrucci\'f3n en el convento finaliz\'f3, mis padres me llevaron de regreso a casa. Estaba realmente gozosa por ese cambio de residencia, porque estaba comenzando a hastiarme de mi vida criminal. Mi esperanza era que, bajo la direcci\'f3n de un mejor confesor, me reconciliar\'eda con Dios y comenzar\'eda una vida Cristiana.\par "Infortunadamente para m\'ed, mi nuevo confesor, que era muy joven, comenz\'f3 tambi\'e9n sus interrogaciones. Pronto se enamor\'f3 de m\'ed, y yo lo am\'e9 de una manera sumamente criminal. He hecho junto a \'e9l cosas que espero usted nunca me pida que se las revele, porque son demasiado monstruosas para ser repetidas, a\'fan en el confesionario, por una mujer a un hombre.\par "No digo estas cosas para quitar de mis hombros la responsabilidad de mis iniquidades con este joven confesor, porque creo haber sido m\'e1s criminal de lo que \'e9l fue. Es mi firme convicci\'f3n que \'e9l era un sacerdote bueno y santo antes de que me conociera; pero las preguntas que me hizo, y las respuestas que le di, derritieron su coraz\'f3n\emdash yo lo s\'e9\emdash igual a como el plomo fundido derretir\'eda al hielo sobre el cual se derramara.\par "S\'e9 que \'e9sta no es una confesi\'f3n tan detallada como nuestra santa Iglesia me requiere que haga, pero he cre\'eddo necesario para m\'ed darle esta breve historia de la vida de la m\'e1s grande y m\'e1s miserable pecadora que alguna vez le haya pedido que le ayude a salir de la tumba de sus iniquidades. Este es el modo en que he vivido estos \'faltimos a\'f1os. Pero el \'faltimo domingo, Dios, en su infinita misericordia, mir\'f3 sobre m\'ed. \'c9l le inspir\'f3 a usted a darnos el Hijo Pr\'f3digo como un modelo de verdadera conversi\'f3n, y como la m\'e1s maravillosa prueba de la infinita compasi\'f3n del querido Salvador por los pecadoLVALres. He llorado d\'eda y noche desde aquel feliz d\'eda, cuando me arroj\'e9 a los brazos de mi amante y misericordioso Padre. A\'fan ahora, dif\'edcilmente puedo hablar, porque mi arrepentimiento por mis pasadas iniquidades, y mi gozo de que se me haya permitido lavar los pies del Salvador con l\'e1grimas, son tan grandes que mi voz est\'e1 como ahogada.\par "Usted entiende que he dejado para siempre a mi \'faltimo confesor. Vengo a pedirle que me haga el favor de recibirme entre sus penitentes. \'a1Oh! \'a1No me rechace ni me reproche, por amor del querido Salvador! \'a1No tema tener a su lado tal monstruo de iniquidad! Pero antes de continuar, tengo dos favores que pedirle. El primero es, que usted jam\'e1s har\'e1 algo para averiguar mi nombre; el segundo es, que nunca me har\'e1 alguna de esas preguntas por las cuales tantas penitentes est\'e1n perdidas y tantos sacerdotes destruidos para siempre. Dos veces he sido perdida por esas preguntas. Nosotras acudimos a nuestros confesores para que puedan arrojar sobre nuestras almas culpables las puras aguas que fluyen desde el cielo para purificarnos; pero en lugar de eso, con sus inmencionables preguntas, derraman aceite sobre las llamas ardientes ya furiosas en nuestros pobres pecaminosos corazones. \'a1Oh, querido padre, d\'e9jeme llegar a ser su penitente, para que pueda ayudarme a ir y llorar con Magdalena a los pies del Salvador! \'a1Resp\'e9teme, como \'c9l respet\'f3 a aquel verdadero modelo de todas las mujeres pecadoras, pero arrepentidas! \'bfLe hizo nuestro Salvador alguna pregunta? \'bfExtrajo de ella la historia de las cosas que una mujer pecadora no puede decir sin olvidar el respeto que se debe a s\'ed misma y a Dios? \'a1No! Usted nos dijo no mucho tiempo atr\'e1s, que la \'fanica cosa que nuestro Salvador hizo, fue mirar sus l\'e1grimas y su amor. \'a1Bien, por favor haga eso, y usted me salvar\'e1!"\par Yo era entonces un sacerdote muy joven, y nunca hab\'edan venido a mis o\'eddos tan sublimes palabras en el confesionario. Sus l\'LVALe1grimas y sus sollozos, mezclados con la franca declaraci\'f3n de las m\'e1s humillantes acciones, hicieron tan profunda impresi\'f3n en m\'ed que estuve, por alg\'fan tiempo, incapacitado para hablar. Tambi\'e9n hab\'eda venido a mi mente que podr\'eda estar equivocado sobre su identidad, y que quiz\'e1s ella no era la joven dama que yo hab\'eda imaginado. Pod\'eda, entonces, concederle f\'e1cilmente su primer pedido, que era no hacer nada por lo cual pudiera conocerla. La segunda parte de su pedido era m\'e1s dif\'edcil; porque los te\'f3logos son muy enf\'e1ticos en ordenar a los confesores que pregunten a sus penitentes, especialmente a las del sexo femenino, sobre diversas circunstancias.\par La alent\'e9 de la mejor manera que pude, a perseverar en sus buenas resoluciones, invocando a la bendita Virgen Mar\'eda y a Santa Filomena, quien era, entonces, la Santa de moda, al igual que Marie Alacoque lo es hoy, entre los ciegos esclavos de Roma. Le dije que orar\'eda y pensar\'eda sobre el asunto de su segundo requerimiento; y le ped\'ed que regresara en una semana para tener mi respuesta.\par Ese mism\'edsimo d\'eda, fui a mi propio confesor, el Rev. Sr. Baillargeon, entonces vicario de Quebec, y m\'e1s adelante Arzobispo de Canad\'e1. Le dije del singular e inusual pedido que ella me hab\'eda hecho, de que yo nunca le hiciera ninguna de esas preguntas sugeridas por los te\'f3logos, para asegurar la integridad de la confesi\'f3n. No le ocult\'e9 que estuve muy inclinado a concederle a ella aquel favor; por eso le repet\'eda lo que ya le hab\'eda dicho a \'e9l varias veces, que yo estaba supremamente disgustado con las infames y contaminantes preguntas que los te\'f3logos nos forzaban a hacer a nuestras penitentes femeninas. Le dije francamente que varios sacerdotes viejos y j\'f3venes ya hab\'edan venido a confesarse a m\'ed; y que, con la excepci\'f3n de dos, ellos me dijeron que no pod\'edan hacer esas preguntas y o\'edr las respuestas que provocaban, sin caer en los m\'e1s condenables pecadosLVAL.\par Mi confesor parec\'eda estar muy perplejo sobre qu\'e9 deber\'eda responder. "Me pidi\'f3 que volviera al d\'eda siguiente, para que \'e9l pudiera revisar algunos de sus libros teol\'f3gicos, en el intervalo. Al d\'eda siguiente, recog\'ed su respuesta escribi\'e9ndola, la cual se encuentra en mis antiguos manuscritos, y la dar\'e9 aqu\'ed en toda su triste crudeza:\par "Tales casos de destrucci\'f3n de la virtud femenina por las preguntas de los confesores es un mal inevitable. \'c9ste no puede ser remediado; porque tales preguntas son absolutamente necesarias en la mayor parte de los casos con los cuales tenemos que tratar. Los hombres generalmente confiesan sus pecados con tanta sinceridad que rara vez hay necesidad de preguntarles, excepto cuando son muy ignorantes. Pero San Liguori, as\'ed como nuestra observaci\'f3n personal, nos dicen que la mayor\'eda de las muchachas y de las mujeres, por una verg\'fcenza falsa y criminal, muy raramente confiesan los pecados que cometen contra la pureza. Se requiere la m\'e1s extrema caridad de los confesores para impedir a esas infortunadas esclavas de sus secretas pasiones que hagan confesiones y comuniones sacr\'edlegas. Con la mayor prudencia y celo \'e9l debe preguntarles sobre esos temas, comenzando con los m\'e1s peque\'f1os pecados, y yendo, poco a poco, tanto como se pueda por grados imperceptibles, hasta llegar a las acciones m\'e1s criminales. Como parece evidente que la penitente a la cual usted se refiri\'f3 en sus preguntas de ayer, est\'e1 sin deseos de hacer una confesi\'f3n plena y detallada de todas sus iniquidades, usted no puede prometerle absolverla sin asegurarse por sabias y prudentes preguntas, que ella ha confesado todo.\par "Usted no debe desalentarse cuando, en el confesionario o de alguna otra manera, oye de la ca\'edda de sacerdotes junto a sus penitentes en las fragilidades comunes de la naturaleza humana. Nuestro Salvador sab\'eda muy bien que las ocasiones y las tentaciones que debemos encontrar, en las confesiones de LVAL muchachas y mujeres, son tan numerosas, y algunas veces tan irresistibles, que muchos caer\'edan. Pero \'c9l les ha dado a la Santa Virgen Mar\'eda, quien constantemente pide y obtiene su perd\'f3n; \'c9l les ha dado el sacramento de la penitencia, donde pueden recibir el perd\'f3n tan frecuentemente como lo pidan. El voto de perfecta castidad es un gran honor y privilegio; pero no podemos ocultar de nosotros mismos que \'e9ste pone sobre nuestros hombros una carga que muchos no pueden llevar para siempre. San Liguori dice que no debemos reprochar al sacerdote penitente que cae solamente una vez al mes; y algunos otros confiables te\'f3logos son todav\'eda m\'e1s caritativos."\par Esta respuesta estuvo lejos de satisfacerme. Me parec\'eda compuesta de principios muy d\'e9biles. Regres\'e9 con un coraz\'f3n cargado y una mente ansiosa; y Dios sabe que hice muchas fervientes oraciones para que esta chica nunca volviera otra vez a contarme su triste historia. Yo ten\'eda apenas veintis\'e9is a\'f1os, llenos de juventud y vida. Me parec\'eda que el aguij\'f3n de un millar de avispas en mis o\'eddos no me har\'edan tanto da\'f1o como las palabras de esa querida, bella, dotada, pero perdida muchacha.\par No quiero decir que las revelaciones que hizo, hubieran, en alguna forma, disminuido mi estima y mi respeto por ella. Era exactamente lo contrario. Sus l\'e1grimas y sollozos, sus angustiosas expresiones de verg\'fcenza y pesar a mis pies, sus nobles palabras de protesta contra los repulsivos y contaminantes interrogatorios de los confesores, la hab\'edan elevado muy alto en mi mente. Mi sincera esperanza era que ella tendr\'eda un lugar en el reino de Cristo junto a la mujer samaritana, Mar\'eda Magdalena, y todos los pecadores que han lavado sus ropas en la sangre del Cordero.\par En el d\'eda se\'f1alado, estaba en mi confesionario, escuchando la confesi\'f3n de un hombre joven, cuando vi a la se\'f1orita Mar\'eda entrando a la sacrist\'eda, y viniendo directamente hacia mi casilla del confesionario, LVAL!donde se arrodill\'f3 cerca m\'edo. Aunque se hab\'eda ocultado, todav\'eda m\'e1s que la primera vez, detr\'e1s del largo, grueso, y negro velo, no pod\'eda ser confundido, ella era la siempre amable joven dama en cuya casa paterna yo acostumbraba a pasar horas tan apacibles y felices. Siempre hab\'eda o\'eddo con inmensa atenci\'f3n, su melodiosa voz, cuando nos estaba entregando, acompa\'f1ada por su piano, algunos de nuestros hermosos himnos de la Iglesia. \'bfQui\'e9n pod\'eda entonces verla y o\'edrla sin casi adorarla? La dignidad de sus pasos y su aspecto general, cuando avanzaba hacia mi confesionario, la traicionaron totalmente y destruyeron su disimulo.\par \'a1Oh! Habr\'eda dado cada gota de mi sangre en aquella hora solemne, para que pudiera ser libre de tratar con ella exactamente como tan elocuentemente me hab\'eda pedido que hiciera\emdash que la dejara llorar y clamar a los pies de Jes\'fas para contentar su coraz\'f3n; \'a1oh! si hubiera sido libre para tomarla de la mano, y silenciosamente mostrarle a su agonizante Salvador, para que pudiera lavar sus pies con sus l\'e1grimas, y derramar el aceite de su amor sobre su cabeza, sin que yo le dijera nada m\'e1s que: "Vete en paz: tus pecados est\'e1n perdonados".\par Pero, all\'ed, en aquel confesionario, yo no era el siervo de Cristo, para seguir sus divinas y salvadoras palabras, y para obedecer los dictados de mi honesta conciencia. \'a1Yo era el esclavo del Papa! \'a1Yo deb\'eda ahogar el clamor de mi conciencia, para ignorar las influencias de mi Dios! \'a1All\'ed, mi conciencia no ten\'eda derecho a hablar; mi inteligencia era algo muerto! \'a1S\'f3lo los te\'f3logos del Papa, ten\'edan un derecho a ser o\'eddos y obedecidos! Yo no estaba all\'ed para salvar, sino para destruir; porque, bajo el pretexto de purificar, la verdadera misi\'f3n del confesor, frecuentemente, si no siempre, a pesar de s\'ed mismo, es escandalizar y condenar las almas.\par Tan pronto como el hombre joven que estaba haciendo su confesi\'f3n a mi mano izLVAL"quierda, hab\'eda finalizado, silenciosamente, me volv\'ed hacia ella, y dije, a trav\'e9s de la peque\'f1a abertura: "\'bfEst\'e1s lista para comenzar tu confesi\'f3n?"\par Pero no me contest\'f3. Todo lo que yo pod\'eda o\'edr era: "\'a1Oh, mi Jes\'fas, ten misericordia de m\'ed! Vengo a lavar mi alma en tu sangre; \'bfme reprender\'e1s?"\par Durante varios minutos elev\'f3 sus manos y sus ojos al cielo, y llor\'f3 y or\'f3. Era evidente que no ten\'eda la menor idea de que la estaba observando, pens\'f3 que la puerta de la peque\'f1a divisoria entre ella y yo estaba cerrada. Pero mis ojos estaban fijos sobre ella; mis l\'e1grimas estaban fluyendo con sus l\'e1grimas, y mis ardientes oraciones estaban yendo a los pies de Jes\'fas junto a las suyas. No la habr\'eda interrumpido por ninguna causa, en \'e9sta, su sublime comuni\'f3n con su misericordioso Salvador.\par Pero despu\'e9s de un tiempo bastante prolongado, hice un peque\'f1o ruido con mi mano, y poniendo mis labios cerca de la divisoria que estaba entre nosotros, dije en una voz baja: "Querida hermana, \'bfest\'e1s lista para comenzar tu confesi\'f3n?"\par Ella volvi\'f3 su rostro un poco hacia m\'ed, y con una voz temblorosa, dijo: "S\'ed, querido padre, estoy lista".\par Pero entonces se detuvo nuevamente para llorar y orar, aunque no pude o\'edr lo que dec\'eda.\par Despu\'e9s de alg\'fan tiempo de silenciosa oraci\'f3n, dije: "Mi querida hermana, si est\'e1s lista, por favor comienza tu confesi\'f3n". Ella entonces dijo: "Mi querido padre, \'bfrecuerda las s\'faplicas que le hice, el otro d\'eda? \'bfPuede permitirme confesar mis pecados sin forzarme a olvidar el respeto que me debo a m\'ed misma, a usted, y a Dios, quien nos escucha? \'bfY puede prometerme que no me har\'e1 ninguna de aquellas preguntas que ya me han provocado tan irreparable da\'f1o? Le manifiesto francamente que hay pecados en m\'ed que no puedo revelar a nadie, excepto a Cristo, porque \'c9l es mi Dios, y porque \'c9l ya los conoce a todos. D\'e9jeme llorar y cLVAL#lamar a sus pies; \'bfno puede usted perdonarme sin aumentar mis iniquidades al forzarme a decir cosas que la lengua de una mujer cristiana no puede revelar a un hombre?"\par "Mi querida hermana", le contest\'e9, "si fuera libre para seguir la voz de mis propios sentimientos estar\'eda plenamente feliz de otorgarte tu petici\'f3n; pero estoy aqu\'ed solamente como un ministro de nuestra santa Iglesia, y estoy obligado a obedecer sus leyes. Por medio de sus m\'e1s santos Papas y te\'f3logos ella me dice que no puedo perdonar tus pecados si no los confiesas todos, exactamente como los has cometido. La Iglesia tambi\'e9n me dice que debes darme los detalles que puedan aumentar la malicia de tus pecados o cambiar su naturaleza. Tambi\'e9n lamento decirte que nuestros m\'e1s santos te\'f3logos hacen un deber del confesor preguntar al penitente sobre los pecados que tenga una buena raz\'f3n para sospechar que han sido omitidos voluntaria o involuntariamente".\par Con un fuerte grito, ella exclam\'f3: "\'a1Entonces, oh mi Dios, estoy perdida, perdida para siempre!"\par Este grito cay\'f3 sobre m\'ed como un rayo; pero fui todav\'eda m\'e1s aterrorizado cuando, mirando por medio de la abertura, la vi desmayarse; o\'ed el ruido de su cuerpo cayendo sobre el suelo, y el de su cabeza golpeando contra la casilla del confesionario.\par R\'e1pido como un rel\'e1mpago corr\'ed a ayudarla, la tom\'e9 en mis brazos, y llam\'e9 a un par de hombres quienes estaban a poca distancia, para que me ayudaran a ponerla sobre un banco. Lav\'e9 su rostro con algo de agua fr\'eda y vinagre. Ella estaba p\'e1lida como la muerte, pero sus labios se mov\'edan, y estaba diciendo algo que nadie excepto yo pod\'eda entender:\par "\'a1Estoy perdida\emdash perdida para siempre!"\par La llevamos al hogar de su desconsolada familia, donde, durante un mes, permaneci\'f3 entre la vida y la muerte. Sus dos primeros confesores fueron a visitarla, pero cuando cada uno le pidi\'f3 para retirarse de la habitaci\'f3n, ella amablemente, pero LVAL$terminantemente, les pidi\'f3 que se fueran, y que nunca volvieran. Ella me pidi\'f3 que la visitara todos los d\'edas, "porque", dijo, "s\'f3lo tengo unos pocos d\'edas m\'e1s de vida. \'a1Ay\'fademe a prepararme para la solemne hora en la que se abrir\'e1n para m\'ed las puertas de la eternidad!"\par La visit\'e9 cada d\'eda, y or\'e9 y llor\'e9 con ella.\par Muchas veces, cuando estabamos solos, le ped\'eda con l\'e1grimas que finalizara su confesi\'f3n; pero, con una firmeza que, entonces, me pareci\'f3 ser misteriosa e inexplicable, me reprend\'eda amablemente.\par Un d\'eda, cuando estaba solo con ella, estaba arrodillado al lado de su cama para orar, fui incapaz de articular una sola palabra, por la inexpresable angustia de mi alma a causa suya, ella me pregunt\'f3: "Querido padre, \'bfpor qu\'e9 llora?"\par Contest\'e9: "\'a1C\'f3mo puedes hacer tal pregunta a tu asesino! Lloro porque te mat\'e9, querida amiga".\par Esta respuesta pareci\'f3 angustiarla sobremanera. Ella estaba muy d\'e9bil ese d\'eda. Despu\'e9s de que llor\'f3 y or\'f3 en silencio, dijo: "no llore por m\'ed, sino llore por tantos sacerdotes que destruyen a sus penitentes en el confesionario. Creo en la santidad del sacramento de la penitencia, porque lo ha establecido nuestra santa Iglesia. Pero hay, de alguna forma, algo sumamente malo en el confesionario. He sido destruida dos veces, y conozco muchas muchachas que tambi\'e9n fueron destruidas por el confesionario. \'c9ste es un secreto, \'bfpero ser\'e1 mantenido para siempre ese secreto? Me compadezco por los pobres sacerdotes el d\'eda que nuestros padres conozcan lo que ha sucedido con la pureza de sus hijas en las manos de sus confesores. Mi padre seguramente matar\'eda a mis dos \'faltimos confesores, si pudiera conocer como han destruido a su pobre hija".\par No pude contestar sino llorando.\par Permanecimos en silencio por un largo rato; entonces ella dijo: "Es cierto que no estaba preparada para el rechazo que me hizo, el otro d\'eda en el confesionario; perLVAL%o usted actu\'f3 fielmente como un buen y honesto sacerdote. S\'e9 que debe estar sujeto a ciertas leyes".\par Luego apret\'f3 mi mano con su mano fr\'eda y dijo: "No llore, querido padre, porque aquella repentina tormenta haya hecho naufragar mi muy fr\'e1gil barca. Esta tormenta era para sacarme del insondable mar de mis iniquidades hasta la costa donde Jes\'fas estaba esperando para recibirme y perdonarme. La noche despu\'e9s de que me trajo, medio muerta, aqu\'ed, a la casa de mi padre, tuve un sue\'f1o. \'a1Oh, no!, no fue un sue\'f1o, fue una realidad. Mi Jes\'fas vino a m\'ed; \'c9l estaba sangrando, su corona de espinas estaba sobre su cabeza, la pesada cruz her\'eda sus hombros. \'c9l me dijo, con una voz tan dulce que ninguna lengua humana puede imitarla: "He visto tus l\'e1grimas, he o\'eddo tus lamentos, y conozco tu amor por m\'ed: tus pecados est\'e1n perdonados; \'a1ten valor, en pocos d\'edas estar\'e1s conmigo!"\par Apenas finaliz\'f3 su \'faltima palabra, cuando se desmay\'f3; y tem\'ed que muriera justo entonces, cuando estaba solo con ella.\par Llam\'e9 a los familiares, que entraron apresuradamente a la habitaci\'f3n. Se mand\'f3 a llamar al doctor. \'c9l la encontr\'f3 tan d\'e9bil que pens\'f3 apropiado permitir que solamente una o dos personas permanecieran conmigo en la habitaci\'f3n. Nos pidi\'f3 que absolutamente no habl\'e1ramos: "Porque", dijo \'e9l, "la menor emoci\'f3n puede matarla instant\'e1neamente; su enfermedad es, muy probablemente, un aneurisma de la aorta, la gran vena que lleva la sangre al coraz\'f3n; cuando esta se rompa, ella se ir\'e1 tan r\'e1pido como un rel\'e1mpago".\par Era casi las diez de la noche cuando dej\'e9 la casa, para ir y tomar alg\'fan descanso. Pero no es necesario decir que pas\'e9 la noche sin dormir. Mi querida Mar\'eda estaba all\'ed, p\'e1lida, agonizando por el mortal golpe que le hab\'eda dado en el confesionario. \'a1Ella estaba all\'ed, en su lecho de muerte, con su cabeza atravesada por la daga que mi Iglesia hab\'eda puesto LVAL&en mis manos, y en vez de reprenderme y maldecirme por mi salvaje e inmisericorde fanatismo, me estaba bendiciendo! \'a1Ella estaba muriendo por un coraz\'f3n quebrantado, y la Iglesia no me permit\'eda darle una sola palabra de consuelo y esperanza, porque no hab\'eda hecho su confesi\'f3n! \'a1Yo hab\'eda lastimado sin misericordia a aquella tierna planta, y no hab\'eda nada en mis manos para sanar las heridas que le hab\'eda causado!\par Era muy probable que morir\'eda el d\'eda siguiente, \'a1y se me prohib\'eda que le mostrara la corona de gloria que Jes\'fas tiene preparada en su reino para el pecador arrepentido!\par Mi desolaci\'f3n era realmente indescriptible, y creo que me habr\'eda ahogado y muerto esa noche, si la corriente de l\'e1grimas que flu\'eda constantemente de mis ojos no hubiera sido como un b\'e1lsamo para mi coraz\'f3n dolido.\par \'a1Cu\'e1n oscuras y largas me parecieron las horas de esa noche!\par Antes del amanecer, me levant\'e9 para leer de nuevo a mis te\'f3logos, y ver si no pod\'eda encontrar alguno que me permitiera perdonar los pecados de esa querida ni\'f1a, sin forzarla a decirme todo lo que hab\'eda hecho. Pero ellos me resultaron, m\'e1s que nunca, un\'e1nimemente inconmovibles, y los volv\'ed a poner en los estantes de mi biblioteca con un coraz\'f3n quebrantado.\par A las nueve de la ma\'f1ana del d\'eda siguiente, estaba junto a la cama de nuestra querida enferma Mar\'eda. No puedo decir suficientemente el gozo que sent\'ed, cuando el doctor y toda la familia me dijeron: "Est\'e1 mucho mejor; el descanso de la \'faltima noche verdaderamente ha producido un maravilloso cambio".\par Con una sonrisa realmente angelical ella extendi\'f3 su mano hacia m\'ed, para que pudiera tomarla con la m\'eda; y dijo: "La tarde anterior, pens\'e9, que el querido Salvador me llevar\'eda, pero \'c9l me quiere, querido padre, para que le d\'e9 a usted un poco m\'e1s de problemas; sin embargo, tenga paciencia, no puede pasar mucho antes de que la solemne hora de mi llamado lLVAL'legue. \'bfMe leer\'e1 por favor la historia del sufrimiento y muerte del amado Salvador, que me ley\'f3 el otro d\'eda? Ciertamente me hace tanto bien ver como \'c9l me am\'f3, a m\'ed, una tan m\'edsera pecadora".\par Hab\'eda una calma y una solemnidad en sus palabras que me conmovieron de manera \'fanica, as\'ed como a todos los que estaban all\'ed.\par Despu\'e9s de que finalic\'e9 de leer, ella exclam\'f3: "\'a1\'c9l me ha amado tanto que muri\'f3 por mis pecados!" Y cerr\'f3 sus ojos como si meditara en silencio, pero hab\'eda una corriente de grandes l\'e1grimas resbalando por sus mejillas.\par Me arrodill\'e9 junto a su cama, con su familia, para orar; pero no pude articular una sola palabra. La idea de que esta querida ni\'f1a estaba all\'ed, muriendo por el cruel fanatismo de mis te\'f3logos y por mi propia cobard\'eda al obedecerles, era como una piedra de molino atada a mi cuello. Esto me estaba matando.\par \'a1Oh, si muriendo mil veces, hubiera podido agregar un solo d\'eda a su vida, con que placer habr\'eda aceptado aquellas mil muertes!\par Despu\'e9s de que hubimos orado y llorado en silencio junto a su cama, ella pidi\'f3 a su madre que la dejara sola conmigo.\par Cuando me encontr\'e9 solo, bajo la irresistible impresi\'f3n de que este era su \'faltimo d\'eda, ca\'ed de nuevo sobre mis rodillas, y con l\'e1grimas de la m\'e1s sincera compasi\'f3n por su alma, le ped\'ed que olvidara su verg\'fcenza y obedeciera a nuestra santa Iglesia, que requiere a todos que confiesen sus pecados si quieren ser perdonados.\par Ella serenamente, pero con un aire de dignidad que palabras humanas no pueden expresar, dijo: "\'bfEs verdad que, despu\'e9s del pecado de Ad\'e1n y Eva, Dios mismo hizo abrigos y pieles; y los visti\'f3, para que no pudieran ver la desnudez del otro?"\par "S\'ed", le dije, "esto es lo que las Santas Escrituras nos dicen".\par "Bien, entonces, \'bfc\'f3mo es posible que nuestros confesores se atrevan a quitarnos aquel santo y divino abrigo de modestia y autorespetLVAL(o? \'bfNo ha hecho el mismo Dios Omnipotente, con sus propias manos, aquel abrigo de pudor y autorespeto femenino, para que no pudi\'e9ramos ser para usted y para nosotras mismas, una causa de verg\'fcenza y pecado?"\par Qued\'e9 verdaderamente conmocionado por la belleza, simplicidad, y sublimidad de esa comparaci\'f3n. Permanec\'ed absolutamente mudo y confundido. Aunque esto estaba demoliendo todas las tradiciones y doctrinas de mi Iglesia, y pulverizando todos mis santos doctores y te\'f3logos, esa noble respuesta tuvo tal eco en mi alma, que me parec\'eda un sacrilegio intentar tocarla con mi dedo.\par Luego de un breve tiempo de silencio, continu\'f3: "\'a1Dos veces he sido destruida por sacerdotes en el confesionario. Ellos me quitaron aquel divino abrigo de modestia y autorespeto que Dios da a cada ser humano que viene a este mundo, y dos veces, he sido para aquellos mismos sacerdotes un profundo foso de perdici\'f3n, en el cual han ca\'eddo, y donde, me temo, est\'e1n para siempre perdidos! Mi misericordioso Padre celestial me ha devuelto ese abrigo de pieles, aquella t\'fanica nupcial de pudor, autorespeto, y santidad, que me hab\'eda sido quitada. \'c9l no puede permitirle a usted o a alg\'fan otro hombre, rasgarla otra vez y arruinar esa vestidura que es la obra de sus manos".\par Estas palabras la agotaron, era evidente para m\'ed que ella quer\'eda un poco de descanso. La dej\'e9 sola, pero yo estaba absolutamente at\'f3nito. Lleno de admiraci\'f3n por las sublimes lecciones que hab\'eda recibido de los labios de aquella regenerada hija de Eva, quien, era evidente, estaba pronta para partir de nosotros. Sent\'ed un supremo disgusto por m\'ed mismo, mis te\'f3logos, y\emdash\'bfdir\'e9 esto?, s\'ed, en esa hora solemne sent\'ed un supremo disgusto por mi Iglesia, que me estaba manchando tan cruelmente, a m\'ed, y a todos sus sacerdotes en la casilla del confesionario. Sent\'ed, en esa hora, un horror supremo por aquella confesi\'f3n auricular, que es tan frecuentemente un foso de perdiLVAL)ci\'f3n y de suprema miseria para el confesor y para la penitente. Sal\'ed y camin\'e9 dos horas por las Planicies de Abraham, para respirar el aire puro y refrescante de la monta\'f1a. All\'ed, solo, me sent\'e9 sobre una roca, en el mismo lugar donde Wolfe y Montcalm hab\'edan luchado y muerto; y llor\'e9 para aliviar mi coraz\'f3n, por mi irreparable degradaci\'f3n, y la degradaci\'f3n de tantos sacerdotes por causa del confesionario.\par A las cuatro de la tarde volv\'ed a la casa de mi querida y moribunda Mar\'eda. La madre me llev\'f3 aparte, y muy amablemente me dijo: "Mi querido Sr. Chiniquy, \'bfno cree que es tiempo de que nuestra querida ni\'f1a reciba los \'faltimos sacramentos? Ella parec\'eda estar mucho mejor esta ma\'f1ana, y est\'e1bamos llenos de esperanza; pero ahora est\'e1 desmejorando r\'e1pidamente. Por favor no pierda tiempo en darle el santo vi\'e1ticum, [n. de t.: la comuni\'f3n], y la extremaunci\'f3n".\par Le dije: "S\'ed, se\'f1ora; perm\'edtame pasar algunos minutos con nuestra pobre querida ni\'f1a, para que pueda prepararla para los \'faltimos sacramentos".\par Cuando estuve solo con ella, nuevamente ca\'ed sobre mis rodillas, y, en medio de torrentes de l\'e1grimas, dije: "Querida hermana, es mi deseo darte el santo vi\'e1ticum y la extremaunci\'f3n; pero dime, \'bfc\'f3mo puedo atreverme a hacer una cosa tan solemne contra todas las prohibiciones de nuestra Santa Iglesia? \'bfC\'f3mo puedo darte la santa comuni\'f3n sin primero darte la absoluci\'f3n? \'bfY c\'f3mo puedo darte la absoluci\'f3n cuando persistes firmemente en decirme que tienes muchos pecados que nunca declaraste a m\'ed ni a cualquier otro confesor?"\par "Sabes que te aprecio y respeto como si fueras un \'e1ngel enviado a m\'ed desde el cielo. El otro d\'eda me dijiste, que bendijiste el d\'eda que por vez primera me viste y me conociste. Yo digo lo mismo. \'a1Bendigo el d\'eda que te conoc\'ed; bendigo cada hora que pas\'e9 al lado de tu lecho de sufrimiento; bendigo cada l\'e1grima que he derramaLVAL*do contigo por tus pecados y por los m\'edos propios; bendigo cada hora que hemos pasado juntos mirando las heridas de nuestro amado Salvador agonizando, te bendigo porque me hayas perdonado tu muerte! Porque s\'e9, y lo confieso en la presencia de Dios, yo te he matado, querida hermana. Pero ahora prefiero morir mil veces antes que decirte una palabra que te angustie en cualquier manera, o inquiete la paz de tu alma. Por favor, mi querida hermana, dime qu\'e9 puedo hacer por ti en esta solemne hora".\par Calmadamente, y con una sonrisa de gozo como yo nunca hab\'eda visto antes, ni desde entonces, dijo: "Le agradezco y le bendigo, querido padre, por la par\'e1bola del Hijo Pr\'f3digo, sobre la cual predic\'f3 un mes atr\'e1s. \'a1Me ha llevado a los pies del querido Salvador, all\'ed he encontrado una paz y un gozo que supera cualquier cosa que el coraz\'f3n humano puede sentir; me he arrojado a los brazos de mi Padre Celestial, y s\'e9 que \'c9l misericordiosamente ha aceptado y perdonado a su pobre hija pr\'f3diga! \'a1Oh, veo los \'e1ngeles con sus arpas de oro alrededor del trono del Cordero! \'bfNo oye la celestial armon\'eda de sus c\'e1nticos? Yo voy, yo voy a reunirme con ellos en la casa de mi Padre. \'a1YO NO ME PERDER\'c9!\par Mientras me hablaba as\'ed, mis ojos se convirtieron en dos fuentes de l\'e1grimas; era incapaz, y tambi\'e9n sin deseos, de ver algo, tan enteramente subyugado estaba por las sublimes palabras que flu\'edan de los agonizantes labios de esa querida ni\'f1a, quien para m\'ed no era m\'e1s una pecadora, sino un verdadero \'e1ngel del cielo. Yo estaba escuchando sus palabras; hab\'eda una m\'fasica celestial en cada una de ellas. Pero ella hab\'eda alzado su voz en una manera muy extra\'f1a, cuando hab\'eda comenzado a decir: "Yo voy a la casa de mi Padre", e hizo tal exclamaci\'f3n de gozo cuando dej\'f3 que las \'faltimas palabras: "no me perder\'e9", escaparan de sus labios, que alc\'e9 mi cabeza y abr\'ed mis ojos para mirarla. Yo sospechaba que algo extra\'f1o haLVALb\'eda ocurrido.\par Me levant\'e9, pas\'e9 mi pa\'f1uelo sobre mi rostro para secar las l\'e1grimas que me estaban impidiendo ver con precisi\'f3n, y la mir\'e9.\par Sus manos estaban cruzadas sobre su pecho, y hab\'eda en su rostro la expresi\'f3n de un gozo verdaderamente sobrehumano; sus hermosos ojos estaban fijos como si estuvieran viendo un gran y sublime espect\'e1culo; me pareci\'f3, al principio, que estaba orando.\par En ese mismo instante la madre entr\'f3 apresuradamente en la habitaci\'f3n, gritando: "\'a1Mi Dios! \'a1Mi Dios! \'bfQu\'e9 fue ese grito: 'perder\'e9'?"\emdash Porque sus \'faltimas palabras, "no me perder\'e9", especialmente la \'faltima, hab\'edan sido pronunciadas con una voz tan potente, que fueron o\'eddas casi en toda la casa.\par Le hice una se\'f1al con mi mano para prevenir a la angustiada madre que no hiciera alg\'fan ruido que inquietara a su moribunda ni\'f1a en su oraci\'f3n, porque pens\'e9 realmente que hab\'eda detenido su hablar, como acostumbraba a hacer frecuentemente, cuando estaba sola conmigo, para orar. Pero estaba equivocado. Aquella alma redimida hab\'eda partido, en las alas de oro del amor, para unirse a la multitud de aquellos que han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero, para cantar el eternal Aleluya.\par \pard\cf1\f1\fs23\par \par }      " 0 4 6   00 contenido * 12 Consideracin de los Legisladores, esposos, y p:@q vj 11 La Confesin auricular en Australia, NorteameriQq vj 10 Dios urge a la Iglesia de Roma a Confesar las aHg vj 09 El Dogma de la confesin auricular una sacrle@\ th08 La confesin auricular trae paz al alma?j4 j^07 Debera ser tolerada la confesin auricular en~u vj06 Confesin Auricular destruye todos los sagradosW vj05 Mujer Altamente Educada y refinada en el confesjIv vj04 Cmo el voto de celibato de los sacerdotes esal^@l vj03 El Confesionario es la Moderna Sodomac9l bV02 Confesin Auricular un profundo abismo de Perdi,l vj01 Lucha antes de la rendicin del autorespeto N nbLVALl -{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs22 LA CONFESI\'d3N AURICULAR UN PROFUNDO ABISMO DE PERDICI\'d3N PARA EL SACERDOTE. \par \b0 PAS\'d3 alg\'fan tiempo despu\'e9s de que nuestra querida Mar\'eda hab\'eda sido enterrada. La terrible y misteriosa causa de su muerte era conocida s\'f3lo a Dios y a m\'ed mismo. Aunque su amante madre todav\'eda estaba llorando sobre su tumba, como es usual, pronto hab\'eda sido olvidada por la mayor parte de los que la hab\'edan conocido; pero estaba constantemente presente en mi mente. Nunca entr\'e9 a la casilla del confesionario sin o\'edr su solemne, aunque tan suave voz, dici\'e9ndome: "Debe haber, en alguna parte, algo equivocado en la confesi\'f3n auricular. Dos veces he sido destruida por mis confesores; y he conocido a varias otras que han sido destruidas de la misma forma."\par M\'e1s de una vez, cuando su voz estaba repicando en mis o\'eddos desde su tumba, yo hab\'eda derramado amargas l\'e1grimas por la profunda e insondable degradaci\'f3n en la cual, junto a los otros sacerdotes, hab\'edamos ca\'eddo en la casilla del confesionario. Porque muchas, muchas veces, historias tan deplorables como aquella de esta desafortunada muchacha me fueron confesadas por mujeres de la ciudad, as\'ed como del campo.\par Una noche fui despertado por el ruido de un trueno, cuando o\'ed a alguien que golpeaba la puerta. Me apresur\'e9 a salir de la cama para preguntar quien estaba all\'ed. La respuesta fue que el Rev. Sr. _- estaba muriendo, y que quer\'eda verme antes de su muerte. Me vest\'ed, y pronto estuve en el camino. La oscuridad era aterradora; y muchas veces, si no hubiera sido por los rel\'e1mpagos que estaban casi constantemente rasgando las nubes, no habr\'edamos conocido donde est\'e1bamos. Despu\'e9s de un largo y dif\'edcil viaje a trav\'e9s de la oscuridad y la tormenta, llegamoLVAL.s a la casa del sacerdote moribundo. Fui directamente a su habitaci\'f3n, y lo encontr\'e9 realmente muy apagado: apenas pod\'eda hablar. Con una se\'f1al de su mano pidi\'f3 a su sirvienta, y a un hombre joven que estaban all\'ed, que salieran, y lo dejaran solo conmigo.\par Entonces me dijo, en voz baja: "\'bfFue usted quien prepar\'f3 a la pobre Mar\'eda para morir?"\par "S\'ed, se\'f1or", contest\'e9.\par "Por favor d\'edgame la verdad. \'bfEs un hecho que ella muri\'f3 la muerte de una reprobada, y que sus \'faltimas palabras fueron, '\'a1Oh mi Dios! \'a1Estoy perdida!'?"\par Le respond\'ed: "Como yo fui el confesor de esa muchacha, y estabamos hablando sobre asuntos que pertenec\'edan a su confesi\'f3n en el mismo momento que era llamada a comparecer ante Dios, no puedo responderle su pregunta de ninguna manera; por favor, entonces, exc\'faseme si no puedo decirle nada m\'e1s sobre el asunto: pero d\'edgame \'a1\'bfqui\'e9n le ha asegurado que ella muri\'f3 la muerte de una reprobada?!"\par "Fue su propia madre", respondi\'f3 el moribundo hombre. "La semana anterior ella vino a visitarme, y cuando estaba sola conmigo, con muchas l\'e1grimas y llanto, me dijo c\'f3mo su pobre hija hab\'eda rehusado recibir los \'faltimos sacramentos, y c\'f3mo su \'faltimo clamor fue, '\'a1estoy perdida!'". Ella a\'f1adi\'f3 que ese grito: '\'a1Perdida!', fue pronunciado con una potencia tan aterradora que fue o\'eddo por toda la casa."\par "Si su madre le dijo eso, le respond\'ed, usted puede creer lo que quiera acerca del modo en que muri\'f3 esa pobre peque\'f1a. Yo no puedo decir una palabra\emdash usted lo sabe\emdash acerca del asunto."\par "Pero si ella est\'e1 perdida", replic\'f3 el viejo, moribundo sacerdote, "yo soy el miserable que la ha destruido. Ella era un \'e1ngel de pureza cuando fue al convento. \'a1Oh, querida Mar\'eda, si t\'fa est\'e1s perdida, yo estoy mil veces m\'e1s perdido! \'a1Oh, mi Dios, mi Dios! \'bfqu\'e9 ser\'e1 de m\'ed? \'a1Estoy muriendo; y estoy perdido!"\par Era una cLVAL/osa verdaderamente tremenda ver ese viejo pecador retorciendo sus manos, y revolc\'e1ndose sobre su cama, como si estuviera sobre tizones encendidos, con todos los signos de la m\'e1s aterradora desesperaci\'f3n sobre su rostro, gritando: "\'a1Estoy perdido! \'a1Oh, mi Dios, estoy perdido!"\par Me alegr\'f3 que los ruidos de truenos que estaban estremeciendo la casa, y rugiendo sin cesar, impidieran que la gente afuera de la habitaci\'f3n oyera los gritos de consternaci\'f3n del sacerdote, a quien todos consideraban un gran santo.\par Cuando me pareci\'f3 que su terror hab\'eda disminuido algo, y que su mente se hab\'eda calmado un poco, le dije: "Mi querido amigo, no debe entregarse a semejante desesperaci\'f3n. Nuestro misericordioso Dios ha prometido perdonar al pecador arrepentido que acude a \'e9l, a\'fan en la \'faltima hora del d\'eda. Dir\'edjase a la Virgen Mar\'eda, ella pedir\'e1 y obtendr\'e1 su perd\'f3n."\par "\'bfNo cree que es demasiado tarde para pedir perd\'f3n? El doctor honestamente me ha advertido que la muerte est\'e1 muy cercana, y siento que precisamente ahora estoy muriendo. \'bfNo es demasiado tarde para pedir y obtener perd\'f3n?" pregunt\'f3 el sacerdote moribundo.\par "\'a1No! mi querido se\'f1or, no es demasiado tarde, si se arrepiente sinceramente de sus pecados. Arr\'f3jese a los brazos de Jes\'fas, Mar\'eda, y Jos\'e9; haga su confesi\'f3n sin m\'e1s demora; yo lo absolver\'e9, y usted ser\'e1 salvado."\par "Pero nunca hice una buena confesi\'f3n. \'bfMe ayudar\'e1 a hacer una general?"\par Era mi deber otorgarle su pedido, y el resto de la noche la pas\'e9 oyendo la confesi\'f3n de su vida entera.\par No quiero dar muchos detalles de la vida de ese sacerdote. Primero: fue entonces que entend\'ed por qu\'e9 la pobre Mar\'eda era absolutamente reacia a mencionar las iniquidades que hab\'eda cometido con \'e9l. Ellas eran simplemente incomparablemente horribles\emdash inmencionables. Ninguna lengua humana puede expresarlas\emdash pocos o\'eddos humanos aceptar\'edLVAL0an o\'edrlas.\par La segunda cosa que estoy obligado por mi conciencia a revelar es casi incre\'edble, pero sin embargo es verdad. El n\'famero de mujeres casadas y solteras que \'e9l hab\'eda o\'eddo en el confesionario era de aproximadamente 1.500, de las cuales \'e9l dijo que hab\'eda destruido o escandalizado a por lo menos 1.000 al preguntarles sobre las cosas m\'e1s depravadas, por el simple placer de satisfacer a su propio coraz\'f3n corrupto, sin permitirles saber nada de sus pecaminosos pensamientos ni de sus criminales deseos hacia ellas. Pero confes\'f3 que hab\'eda destruido la pureza de noventa y cinco de aquellas penitentes, que hab\'edan consentido pecar con \'e9l.\par Y hubiera querido Dios que este sacerdote hubiera sido el \'fanico que conoc\'ed que se perdi\'f3 por causa de la confesi\'f3n auricular. Pero, \'a1ay! \'bfcu\'e1ntos son los que han escapado de las asechanzas del tentador comparados con los que han perecido? \'a1He o\'eddo la confesi\'f3n de m\'e1s de 200 sacerdotes, y para decir la verdad, como Dios la conoce, debo declarar, que s\'f3lo veintiuno no lloraron por los pecados secretos o p\'fablicos cometidos por causa de las influencias irresistiblemente corruptoras de la confesi\'f3n auricular! [N. de t.: no se perdieron por el solo hecho de haber cometido esos terribles pecados, por cuanto ante Dios todo el que viene a este mundo es pecador y est\'e1 bajo la condenaci\'f3n, pero sin duda muchos de esta clase de hombres poseen un muy alto grado de hipocres\'eda y envilecimiento, quedando demasiado insensibles y enredados en su maldad como para arrepentirse y escapar del "lazo del diablo", (\cf1\ul Luk_13:1-5\cf0\ulnone ; \cf1\ul 1Ti_4:1-3\cf0\ulnone ; \cf1\ul 2Ti_3:6-8\cf0\ulnone )].\par Ahora tengo m\'e1s de setenta y un a\'f1os, y en poco tiempo estar\'e9 en mi tumba. Deber\'e9 dar cuenta de lo que ahora digo. Bien, ante la presencia de mi gran Juez, con mi tumba ante mis ojos, declaro al mundo que muy pocos\emdash s\'ed, muy pocos\emdash sacerdotes escapan de caer LVAL1en el abismo de la m\'e1s horrible depravaci\'f3n moral que el mundo jam\'e1s ha conocido, por medio de la confesi\'f3n de mujeres.\par No digo esto porque tenga algunos malos sentimientos contra aquellos sacerdotes; Dios sabe que no tengo ninguno. Los \'fanicos sentimientos que tengo son de suprema compasi\'f3n y l\'e1stima. No revelo estas cosas horribles para hacer creer al mundo que los sacerdotes de Roma son un grupo de hombres peor que el resto de los innumerables ca\'eddos hijos de Ad\'e1n; no; yo no admito esas opiniones; porque despu\'e9s de ser considerado, y ponderado todo en la balanza de la religi\'f3n, la caridad y el sentido com\'fan, pienso que los sacerdotes de Roma est\'e1n lejos de ser peores que cualquier otro grupo de hombres que fuera arrojado en las mismas tentaciones, peligros, e inevitables ocasiones de pecado.\par Por ejemplo, tomemos abogados, comerciantes, o campesinos, e impid\'e1mosles que vivan con sus leg\'edtimas esposas, rodeemos a cada uno de ellos desde la ma\'f1ana a la noche, por diez, veinte, y a veces m\'e1s, hermosas mujeres y tentadoras muchachas, que les hablen de cosas que pulverizar\'edan a una roca de granito escoc\'e9s, y usted ver\'e1 cuantos de aquellos abogados, comerciantes, o campesinos saldr\'e1n de ese terrible campo de batalla moral sin ser mortalmente heridos.\par La causa de la suprema\emdash me atrevo a decir incre\'edble, aunque insospechada\emdash inmoralidad de los sacerdotes de Roma es una muy evidente y l\'f3gica. El sacerdote es puesto por el diab\'f3lico poder del Papa, fuera de los caminos que Dios ha ofrecido a la generalidad de los hombres para ser honestos, justos y santos.* Y despu\'e9s que el Papa los ha privado del gran, santo, y Divino, (en el sentido que viene directamente de Dios), remedio que Dios ha dado a los hombres contra su propia concupiscencia\emdash el santo matrimonio, ellos son puestos desprotegidos e indefensos en los m\'e1s peligrosos, dif\'edciles, e irresistibles peligros morales que el ingenio o la depravaci\LVAL2'f3n humanos pueden concebir. Aquellos hombres solteros son forzados, de la ma\'f1ana a la noche, a estar en medio de hermosas muchachas, y tentadoras, encantadoras mujeres, que deben decirles cosas que derretir\'edan el acero m\'e1s duro. \'bfC\'f3mo puede usted esperar que ellos cesar\'e1n de ser hombres, y que se volver\'e1n m\'e1s fuertes que los \'e1ngeles?\par * "A causa de las fornicaciones, cada uno tenga su mujer, y cada una tenga su marido." (\cf1\ul 1Co_7:2\cf0\ulnone ).\par Los sacerdotes de Roma no s\'f3lo est\'e1n privados por el maligno del \'fanico remedio que Dios ha dado para ayudarles a mantenerse firmes, sino que en el confesionario tienen las mayores facilidades que pueden ser imaginadas para satisfacer todas las malas inclinaciones de la naturaleza humana ca\'edda. En el confesionario ellos saben quienes son fuertes, y tambi\'e9n saben quienes son d\'e9biles entre las mujeres por las que est\'e1n rodeados; saben quien resistir\'eda cualquier intento del enemigo; y saben quienes est\'e1n dispuestas\emdash m\'e1s a\'fan, quienes est\'e1n anhelando los enga\'f1osos encantos del pecado. Como ellos todav\'eda poseen la naturaleza ca\'edda del hombre, \'a1qu\'e9 terrible hora es para ellos, qu\'e9 espantosas batallas dentro del pobre coraz\'f3n, qu\'e9 esfuerzo y poder sobrehumanos ser\'edan requeridos para salir vencedores del campo de batalla, donde un David y un Sams\'f3n han ca\'eddo mortalmente heridos!\par Es simplemente un acto de suprema estupidez tanto de parte del p\'fablico Protestante como del Cat\'f3lico, suponer o sospechar, o esperar que la generalidad de los sacerdotes puede soportar semejante prueba. Las p\'e1ginas de la historia de la misma Roma est\'e1n llenas con pruebas irrefutables de que la gran generalidad de los confesores caen. Si no fuera as\'ed, el milagro de Josu\'e9, deteniendo la marcha del sol y la luna, ser\'eda un juego de ni\'f1os comparado con el milagro que detendr\'eda y revertir\'eda todas las leyes de nuestra com\'fan naturaleza humana en los LVAL3corazones de los 100.000 confesores Cat\'f3licos Romanos de la Iglesia de Roma. Si estuviera intentando probar, por hechos p\'fablicos, lo que conozco de la horrible depravaci\'f3n causada por la casilla del confesionario entre los sacerdotes de Francia, Canad\'e1, Espa\'f1a, Italia, e Inglaterra, tendr\'eda para escribir muchos grandes vol\'famenes. En favor de la brevedad, hablar\'e9 s\'f3lo de Italia. Tomar\'e9 ese pa\'eds, porque estando bajo los mismos ojos de su infalible y sumamente santo (?) pont\'edfice, estando en la tierra de los milagros diarios de las Madonas pintadas, [n. de t.: pinturas de la Virgen], que lloran y giran sus ojos a la izquierda y derecha, arriba y abajo, en una manera muy maravillosa, estando en la tierra de medallas milagrosas y favores espirituales celestiales, fluyendo constantemente desde el sill\'f3n de San Pedro, los confesores en Italia, viendo cada a\'f1o la milagrosa licuaci\'f3n de la sangre de San Jenaro, teniendo en medio de ellos el cabello de la Virgen Mar\'eda, y una parte de su t\'fanica, est\'e1n en las mejores circunstancias posibles para ser fuertes, fieles y santos. Bien, escuchemos el testimonio de una testigo ocular, una contempor\'e1nea, y una testigo irreprochable de la manera en que los confesores tratan con las penitentes en la santa, apost\'f3lica, infalible (?) Iglesia de Roma.\par La testigo que oiremos es de la sangre m\'e1s pura de las princesas de Italia. Su nombre es Henrietta Carracciolo, hija del Mariscal Carracciolo, Gobernador de la Provincia de Bari, en Italia. Escuchemos lo que dice ella de los Padres Confesores, despu\'e9s de veinte a\'f1os de experiencia personal en diferentes conventos de monjas de Italia, en su asombroso libro, "Misterios de los Conventos Napolitanos", p\'e1gs. 150, 151, 152: "Mi confesor vino el d\'eda siguiente, y le manifest\'e9 la naturaleza de las preocupaciones que me molestaban. M\'e1s tarde en ese d\'eda, viendo que yo hab\'eda bajado al lugar donde sol\'edamos recibir la santa comuni\'f3n, llamado CommLVAL4unichino, la conversaci\'f3n de mi t\'eda logr\'f3 que el sacerdote viniera con el p\'edxide*. \'c9l era un hombre de alrededor de cincuenta a\'f1os de edad, muy corpulento, con un rostro rubicundo, y un tipo de fisonom\'eda tan vulgar como repulsiva.\par * Una caja de plata conteniendo pan consagrado, que se piensa que es el verdadero cuerpo, sangre y divinidad de Jesucristo.\par "Me acerqu\'e9 a la peque\'f1a ventana para recibir la sagrada hostia sobre mi lengua, con mis ojos cerrados, como es usual. La puse sobre mi lengua, y, cuando retroced\'eda, sent\'ed mis mejillas acariciadas. Abr\'ed mis ojos, pero el sacerdote hab\'eda retirado su mano, y, pensando que hab\'eda sido enga\'f1ada, no preste m\'e1s atenci\'f3n a esto.\par "En la siguiente ocasi\'f3n, olvidada de lo que hab\'eda ocurrido antes, recib\'ed el sacramento con los ojos cerrados nuevamente, de acuerdo al precepto. Esta vez sent\'ed claramente que mi ment\'f3n fue acariciado otra vez, y al abrir mis ojos repentinamente, encontr\'e9 al sacerdote contempl\'e1ndome groseramente con una sonrisa sensual en su rostro.\par "Ya no pod\'eda haber m\'e1s duda alguna; estos acercamientos no fueron el resultado de un accidente.\par "La hija de Eva est\'e1 dotada con una mayor proporci\'f3n de curiosidad que el hombre. Se me ocurri\'f3 ubicarme en un cuarto contiguo, donde pod\'eda observar si este libertino sacerdote estaba acostumbrado a tomarse libertades similares con las monjas. Lo hice, y fui completamente convencida de que s\'f3lo las ancianas eran dejadas sin ser acariciadas.\par "Todas las otras le permit\'edan hacer con ellas como quisiera, e incluso, al despedirse de \'e9l, lo hac\'edan con suma reverencia.\par "'\'bfEs este el respeto', me dije, 'que los sacerdotes y las esposas de Cristo tienen por su sacramento de la eucarist\'eda? \'bfSer\'e1 atra\'edda la pobre novicia a abandonar al mundo para aprender, en esta escuela, semejantes lecciones de autorespeto y castidad?'"\par En la p\'e1gina 163, leemos: "La pasi\'f3n fan\'eLVAL51tica de las monjas por sus confesores, sacerdotes, y monjes, sobrepasa la religi\'f3n. Lo que hace especialmente soportable su reclusi\'f3n es la ilimitada oportunidad que disfrutan para ver y corresponder a aquellas personas de quienes est\'e1n enamoradas. Esta libertad las limita y las identifica con el convento tan estrechamente, que son infelices, cuando, por causa de alguna seria enfermedad, o mientras se preparan para tomar los h\'e1bitos, son obligadas a pasar algunos meses en el seno de sus propias familias, en compa\'f1\'eda de sus padres, madres, hermanos, y hermanas. No se supone que estos parientes permitan a una muchacha joven que pase muchas horas, cada d\'eda, en un misterioso di\'e1logo con un sacerdote, o un monje, y que mantenga con \'e9l esta relaci\'f3n. Esta es una libertad que s\'f3lo pueden disfrutar en el convento.\par "Muchas son las horas que la Elo\'edsa pasa en el confesionario, en ameno pasatiempo con su Abelardo en sotana.\par "Otras, cuyos confesores est\'e1n viejos, tienen adem\'e1s un director espiritual, con quien ellas se distraen mucho tiempo todos los d\'edas en entrevistas a solas, en el locutorio. Cuando esto no es suficiente, ellas simulan una enfermedad, para tenerlo solo en sus propias habitaciones."\par En la p\'e1gina 166, leemos: "Otra monja, estando algo enferma, confes\'f3 a su sacerdote en su propia habitaci\'f3n. Despu\'e9s de un tiempo, la incapacitada penitente fue encontrada en lo que se llama una situaci\'f3n interesante, por lo que, al declarar el m\'e9dico que su dolencia era hidropes\'eda, fue enviada lejos del convento."\par P\'e1gina 167: "Una joven educanda ten\'eda la costumbre de bajar, todas las noches, al lugar de sepultura del convento, donde, por un pasadizo que se comunicaba con la sacrist\'eda, entraba en conversaciones con un joven sacerdote asignado a la iglesia. Consumida por una pasi\'f3n amorosa, no fue impedida por mal tiempo ni por el temor de ser descubierta.\par "Una noche, oy\'f3 un gran ruido cerca de ella. En la densaLVAL6 oscuridad que la rodeaba, imagin\'f3 que vio una v\'edbora enrroll\'e1ndose en sus pies. Ella fue tan abrumada por el miedo, que muri\'f3 por los efectos de esto algunos meses m\'e1s tarde."\par P\'e1gina 168: "Uno de los confesores ten\'eda una joven penitente en el convento. Regularmente era llamado a visitar a una hermana moribunda, y as\'ed pasaba la noche en el convento, esta monja sub\'eda por la divisoria que separaba su habitaci\'f3n de la suya, y acud\'eda al amo y director de su alma.\par Otra, durante el delirio de una fiebre tifoidea que estaba sufriendo, constantemente imitaba la acci\'f3n de enviar besos a su confesor, quien permanec\'eda al lado de su cama. \'c9l, cubierto de rubor por causa de la presencia de extra\'f1os, sosten\'eda un crucifijo delante de los ojos de la penitente, y exclamaba en un tono compasivo: '\'a1Pobrecilla, besa a tu propio esposo!'"\par P\'e1gina 168: "Bajo el compromiso de silencio, una educanda de delicado porte y agradables modales, y de una noble familia, me confi\'f3 el hecho de haber recibido, de las manos de su confesor, un libro muy interesante, (como ella lo describi\'f3), que narraba la vida mon\'e1stica. Le expres\'e9 mi deseo de conocer el t\'edtulo, y ella, antes de mostr\'e1rmelo, tom\'f3 la precauci\'f3n de cerrar con llave la puerta.\par \'c9ste result\'f3 ser el Monaca, por D'alembert, un libro que como todos saben, est\'e1 lleno de la m\'e1s repugnante obscenidad.\par P\'e1gina 169: "Una vez recib\'ed, de un monje, una carta en la cual me daba a entender que apenas me hab\'eda visto cuando 'concibi\'f3 la dulce esperanza de llegar a ser mi confesor'. Un lechuguino de primera clase, un petimetre de perfumes y eufemismos, no podr\'eda haber empleado frases m\'e1s melodram\'e1ticas, para averiguar si \'e9l pod\'eda abrigar esperanzas o abandonarlas".\par P\'e1gina 169: "Un sacerdote que pose\'eda la reputaci\'f3n de ser incorruptible, cuando me ve\'eda pasar por el locutorio, acostumbraba a dirigirse a m\'ed de la siguiente manera:\par LVAL7"'\'a1Ps, querida, ven aqu\'ed; ps, ps, ven aqu\'ed!'\par "Estas palabras, dirigidas a m\'ed por un sacerdote, eran nauseabundas en extremo.\par "Finalmente, otro sacerdote, el m\'e1s molesto de todos por su obstinada persistencia, buscaba obtener mi afecto a toda costa. No hab\'eda imagen de poes\'eda profana que pod\'eda ayudarle, ni sofisma que pod\'eda tomar prestado de la ret\'f3rica, ni artificiosa interpretaci\'f3n que pod\'eda dar a la Palabra de Dios, que no empleara en convencerme para hacer sus deseos. Aqu\'ed est\'e1 un ejemplo de su l\'f3gica:\par "'Bella hija', me dijo un d\'eda, '\'bfsabes quien es Dios verdaderamente?'\par "'\'c9l es el Creador del Universo', respond\'ed secamente.\par "'\'a1No, no, no, no! eso no es suficiente', replic\'f3, riendo por mi ignorancia. 'Dios es amor, pero amor en lo abstracto, que recibe su encarnaci\'f3n en el afecto mutuo de dos corazones que se idolatran uno al otro. T\'fa, entonces, no s\'f3lo debes amar a Dios en su existencia abstracta, sino que tambi\'e9n debes amarlo en su encarnaci\'f3n, es decir, en el exclusivo amor de un hombre que te adora. 'Quod Deim est amor, nee colitur nisi amando'. [N. de t.: aclaramos r\'e1pidamente que el Nuevo Testamento usa la palabra \'e1gape para referirse al amor que proviene de Dios, y se diferencia de la palabra eros que se refiere al amor sexual; esta palabra, eros, nunca se usa en la Biblia. V\'e9anse algunos ejemplos del uso de la palabra amor en los siguientes pasajes: \cf1\ul Joh_15:12-13\cf0\ulnone ; \cf1\ul 1Co_13:4-7\cf0\ulnone ; \cf1\ul 1Co_16:24\cf0\ulnone ; \cf1\ul 1Jo_3:16-18\cf0\ulnone ].\par "'Entonces', respond\'ed, '\'bfuna mujer que adora a su propio amante adorar\'eda a la misma Divinidad?'\par "'Seguro', reiter\'f3 el sacerdote, una y otra vez, tomando valor por mi comentario, y sonriendo por lo que le parec\'eda ser el efecto de su catecismo.\par "'En ese caso', dije, r\'e1pidamente, 'deber\'eda seleccionar para mi enamorado un hombre del mundo antes que un sacerdote.'\par "'\'a1DioLVAL8s te preserve, mi hija! \'a1Dios te preserve de ese pecado!' agreg\'f3 mi interlocutor, aparentemente atemorizado, '\'a1Amar a un hombre del mundo, un pecador, un miserable, un incr\'e9dulo, un infiel! \'bfPor qu\'e9 ir\'edas inmediatamente al infierno? El amor de un sacerdote es un amor sagrado, mientras que el de un hombre profano es una deshonra; la fe de un sacerdote emana de la que concede la santa Iglesia, mientras que la del profano es falsa\emdash falsa como la vanidad del mundo. El sacerdote purifica sus sentimientos diariamente en comuni\'f3n con el Esp\'edritu Santo; el hombre del mundo, (si es que alguna vez conoce m\'ednimamente el amor), pasa por los enlodados cruces de las calles d\'eda y noche.'\par "'Pero es el coraz\'f3n, as\'ed como la conciencia, el que me impulsa a huir de los sacerdotes', repliqu\'e9.\par "'Bien, si no puedes amarme porque soy tu confesor, encontrar\'e9 los medios para ayudarte a librarte de tus escr\'fapulos. Pondremos el nombre de Jesucristo delante de todas nuestras demostraciones de afecto, y as\'ed nuestro amor ser\'e1 una grata ofrenda al Se\'f1or, y ascender\'e1 como fragante perfume al Cielo, como el humo del incienso del santuario. Dime, por ejemplo: "Te amo en Jesucristo; la \'faltima noche so\'f1\'e9 contigo en Jesucristo"; y tendr\'e1s una conciencia tranquila, porque al hacer as\'ed santificar\'e1s cada rapto de tu amor.'\par "Varias circunstancias no indicadas aqu\'ed, casualmente, me obligaron a estar en frecuente contacto con este sacerdote despu\'e9s, y, por eso, no doy su nombre."\par "De un monje muy respetable, respetable tanto por su edad como por su car\'e1cter moral, averig\'fc\'e9 qu\'e9 significaba anteponer el nombre de Jesucristo a exclamaciones amorosas."\par "'\'c9sta es', dijo \'e9l, 'una expresi\'f3n usada por una secta horrible, y desafortunadamente muy numerosa, que, abusando as\'ed del nombre de nuestro Se\'f1or, permite a sus miembros el libertinaje m\'e1s desenfrenado."\par Y es mi triste deber decir, ante todo el mundo,  LVAL que s\'e9 que largamente la mayor parte de los confesores en Am\'e9rica, Espa\'f1a, Francia, e Inglaterra, razonan y act\'faan exactamente como ese libertino sacerdote italiano.\par \'a1Naciones cristianas! \'a1Si pudieran conocer lo que suceder\'e1 a la virtud de sus bellas hijas si permiten a los encubiertos o p\'fablicos esclavos de Roma bajo el nombre de Ritualistas que restauren la confesi\'f3n auricular, con qu\'e9 tormenta de santa indignaci\'f3n derrotar\'edan sus planes! \par \cf2\par \par } LVALl :{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs22 EL CONFESIONARIO ES LA MODERNA SODOMA. \par \b0 SI alguno quiere o\'edr un discurso elocuente, que vaya donde el sacerdote Cat\'f3lico Romano est\'e1 predicando sobre la instituci\'f3n divina de la confesi\'f3n auricular. No hay asunto, quiz\'e1s, por el cual los sacerdotes muestren tanto celo y seriedad, y del cual hablen tan frecuentemente. Porque esta instituci\'f3n es realmente la piedra angular de su estupendo poder; \'e9sta es el secreto de su casi irresistible influencia. Que las personas abran sus ojos, hoy, a la verdad, y entiendan que la confesi\'f3n auricular es uno de los m\'e1s asombrosos enga\'f1os que Satan\'e1s ha inventado, para corromper y esclavizar al mundo; que las personas abandonen hoy al confesionario, y ma\'f1ana el Romanismo caer\'e1 en el polvo. Los sacerdotes entienden esto muy bien; por ello sus constantes esfuerzos para enga\'f1ar al pueblo sobre esa cuesti\'f3n. Para alcanzar su objetivo, deben recurrir a la mentiras m\'e1s burdas; las Escrituras son malinterpretadas; a los santos Padres, [n. de t.: tambi\'e9n llamados Padres de la Iglesia, que eran maestros destacados de los primeros siglos del cristianismo], se les hace decir totalmente lo opuesto a lo que ellos siempre han pensado o escrito; y son inventados los m\'e1s extraordinarios milagros e historias. Pero dos de los argumentos a los que m\'e1s frecuentemente recurren, son los grandes y perpetuos milagros que Dios hace para mantener inmaculada la pureza del confesionario, y maravillosamente sellados sus secretos. Ellos hacen creer al pueblo que el voto de perpetua castidad cambia su naturaleza, los convierte en \'e1ngeles, y los pone por encima de las debilidades normales de los ca\'eddos hijos de Ad\'e1n.\par Osadamente, y con un rostro inmutable, cuando son interrogados sobre ese asunto, dicen que ellos poseen LVAL;gracias especiales para permanecer puros y sin mancha en medio de los mayores peligros; que la Virgen Mar\'eda, a quien est\'e1n consagrados, es su poderosa abogada para obtener de su Hijo aquella virtud sobrehumana de la castidad; para que lo que ser\'eda una causa de segura perdici\'f3n para los hombres comunes, sea sin peligro y amenaza para un verdadero Hijo de Mar\'eda; y, con sorprendente estupidez, el pueblo acepta ser embaucado, cegado, y enga\'f1ado por aquellas tonter\'edas.\par Pero ahora, que el mundo aprenda la verdad como es, de uno que conoce perfectamente todo adentro y afuera de las murallas de esa Moderna Babilonia. Aunque muchos, lo s\'e9, no me creer\'e1n y dir\'e1n: "Esperamos que est\'e9 equivocado; es imposible que los sacerdotes de Roma resulten ser semejantes impostores; ellos pueden estar equivocados; pueden creer y repetir cosas que no son verdaderas, pero son honestos; no pueden ser enga\'f1adores tan descarados."\par S\'ed; aunque s\'e9 que muchos dif\'edcilmente me creer\'e1n, yo debo decir la verdad.\par Aquellos mismos hombres, quienes, hablan a la gente con palabras tan efusivas de la maravillosa manera en que son mantenidos puros, en medio de los peligros que los rodean, honestamente se sonrojan\emdash y muchas veces lloran\emdash cuando hablan entre ellos, (cuando est\'e1n seguros de que nadie, excepto sacerdotes, les oyen). Ellos deploran su propia degradaci\'f3n moral con suma sinceridad y honestidad; piden a Dios y a los hombres, perd\'f3n por su inenarrable depravaci\'f3n.\par Tengo aqu\'ed\emdash en mis manos, y bajo mis ojos\emdash unos de sus m\'e1s destacados libros secretos, escrito, (o al menos aprobado), por uno de sus m\'e1s grandes y mejores obispos y cardenales, el Cardenal de Bonald, Arzobispo de Lyons.\par El libro est\'e1 escrito s\'f3lo para el uso de los sacerdotes. Su t\'edtulo en franc\'e9s es: "Examen de Conscience des Pretres", [Examen de Conciencia de los Sacerdotes]. En la p\'e1gina 34, leemos:\par "\'bfHe dejado a ciertas personas haceLVAL<r las manifestaciones de sus pecados de tal forma que la imaginaci\'f3n, una vez tomada e impresionada por im\'e1genes y representaciones, podr\'eda ser arrastrada en un largo camino de tentaciones y amargos pecados? Los sacerdotes no prestan suficiente atenci\'f3n a las continuas tentaciones causadas por o\'edr las confesiones. El alma es gradualmente debilitada de tal forma que, finalmente, la virtud de la castidad es perdida para siempre".\par He aqu\'ed el discurso de un sacerdote a otros sacerdotes, cuando supone que nadie m\'e1s que sus hermanos pecadores como \'e9l le oyen. He aqu\'ed el honesto lenguaje de la verdad.\par En la presencia de Dios aquellos sacerdotes reconocen que no tienen suficiente temor de aquellas constantes, (\'a1qu\'e9 palabra\emdash que reconocimiento\emdash constantes!) tentaciones, y confiesan honestamente que estas tentaciones vienen de o\'edr las confesiones de tantos pecados escandalosos. Aqu\'ed los sacerdotes reconocen honestamente que aquellas constantes tentaciones, finalmente, destruyen para siempre en ellos la santa virtud de la pureza.*\par * Y remarco, que todos sus autores religiosos que han escrito sobre ese asunto mantienen el mismo lenguaje. Todos ellos hablan de aquellas continuas degradantes tentaciones; todos ellos lamentan los destructivos pecados que siguen a aquellas tentaciones; todos ellos ruegan a los sacerdotes que luchen con aquellas tentaciones y se arrepientan de aquellos pecados.\par \'a1Ah! \'a1quiera Dios que todas las honestas muchachas y mujeres que el maligno atrapa en las trampas de la confesi\'f3n auricular, puedan o\'edr los gritos de angustia de aquellos pobres sacerdotes a quienes han tentado\emdash destruidos para siempre! \'a1Quiera Dios que ellas puedan ver los torrentes de l\'e1grimas derramadas por tantos sacerdotes, porque, por o\'edr las confesiones, ellos han perdido para siempre la virtud de la pureza! Ellas entender\'edan que el confesionario es una trampa, un pozo de perdici\'f3n, una Sodoma para el sacerdote; y ser\LVAL='edan conmocionadas con horror y verg\'fcenza ante la idea de las continuas, vergonzosas, deshonestas y degradantes tentaciones con las que su confesor es atormentado d\'eda y noche; ellas se sonrojar\'edan a causa de los vergonzosos pecados que han cometido sus confesores; llorar\'edan por la irreparable p\'e9rdida de su pureza; prometer\'edan ante Dios y los hombres que nunca m\'e1s ver\'edan la casilla del confesionario; preferir\'edan ser quemadas vivas, si les quedara alg\'fan sentimiento de honestidad y caridad, antes que consentir ser una causa de constantes tentaciones y condenables pecados para ese hombre.\par \'bfIr\'eda todav\'eda esa respetable dama a confesarse a aquel hombre, si, despu\'e9s de su confesi\'f3n, pudiera o\'edrle lament\'e1ndose por las continuas, vergonzosas tentaciones que le asaltan d\'eda y noche, y por los graves pecados que ha cometido, a causa de lo que ella le ha confesado? \'a1No! \'a1mil veces, no!\par \'bfPermitir\'eda aquel honesto padre a su amada hija que todav\'eda fuera a aquel hombre a confesarse, si pudiera o\'edr sus gritos de angustia, y ver sus l\'e1grimas fluyendo, porque el o\'edr aquellas confesiones es la fuente de constantes, vergonzosas tentaciones y degradantes iniquidades?\par \'a1Oh! quiera Dios que los honestos Romanistas de todo el mundo\emdash porque hay millones, quienes, aunque enga\'f1ados, son honestos\emdash puedan ver lo que est\'e1 sucediendo en el coraz\'f3n, y la imaginaci\'f3n del pobre confesor cuando \'e9l est\'e1 all\'ed, rodeado por atractivas mujeres y tentadoras muchachas, habl\'e1ndole desde la ma\'f1ana hasta la noche sobre cosas que un hombre no puede o\'edr sin caer. Entonces, aquella moderna pero gran impostura, llamada el Sacramento de la Penitencia, ser\'eda pronto finalizada.\par Pero aqu\'ed, de nuevo, \'bfqui\'e9n no lamentar\'e1 las consecuencias de la total perversidad de nuestra naturaleza humana? Aquellos mism\'edsimos sacerdotes que, cuando est\'e1n solos, ante la presencia de Dios, hablan tan directamente LVAL>de las constantes tentaciones por las cuales son asaltados, y que tan sinceramente lloran por la irreparable p\'e9rdida de la virtud de su pureza, cuando piensan que nadie los oye, sin embargo, en p\'fablico, con un rostro inmutable, niegan aquellas tentaciones. \'a1Ellos lo increpar\'e1n a usted indignadamente como un calumniador si dice algo que les haga suponer que usted teme por su pureza, cuando ellos oyen las confesiones de muchachas o mujeres casadas!\par No hay uno solo de los autores Cat\'f3licos Romanos, que han escrito sobre ese asunto para los sacerdotes, que no hayan deplorado sus innumerables y degradantes pecados contra la pureza, por causa de la confesi\'f3n auricular; pero aquellos mismos hombres ser\'e1n los primeros en tratar de probar exactamente lo contrario cuando escriben libros para el pueblo. No tengo palabras para expresar cual fue mi sorpresa cuando, por vez primera, vi que esta extra\'f1a duplicidad parec\'eda ser una de las piedras fundamentales de mi Iglesia.\par No fue mucho despu\'e9s de mi ordenaci\'f3n, cuando un sacerdote vino a confesarme las cosas m\'e1s deplorables. Me dijo honestamente que no hubo una sola de las muchachas o de las mujeres casadas a quienes hab\'eda confesado, que no hab\'edan sido una secreta causa de los m\'e1s vergonzosos pecados, en pensamiento, deseos, o acciones; pero \'e9l lloraba tan amargamente por su degradaci\'f3n, su coraz\'f3n parec\'eda tan sinceramente quebrantado por causa de sus propias iniquidades, que no pude contenerme de mezclar mis l\'e1grimas con las suyas; yo llor\'e9 con \'e9l, y le di el perd\'f3n por todos sus pecados, porque pensaba entonces que ten\'eda la autoridad y el derecho para darlo.\par Dos horas despu\'e9s, ese mismo sacerdote, que era un buen orador, estaba en el p\'falpito. \'a1\'a1\'a1Su serm\'f3n era sobre "La Divinidad de la Confesi\'f3n Auricular"; y, para probar que era una instituci\'f3n proveniente directamente de Cristo, dijo que el Hijo de Dios estaba realizando un constante milagro para fortaleLVAL?cer a sus sacerdotes, y para evitar que cayeran en pecados, a causa de lo que podr\'edan haber o\'eddo en el confesionario!!!\par Las diarias abominaciones, que son el resultado de la confesi\'f3n auricular, son tan horribles y tan bien conocidas por los papas, los obispos, y los sacerdotes, que varias veces, se han hecho intentos p\'fablicos para disminuirlas castigando a los sacerdotes culpables; pero todos estos loables esfuerzos han fallado.\par Uno de los m\'e1s sobresalientes de esos esfuerzos fue hecho por P\'edo IV alrededor del a\'f1o 1560. \'c9l public\'f3 una Bula, por la cual a todas las muchachas y mujeres casadas que hab\'edan sido seducidas a pecar por sus confesores, se les ordenaba denunciarlos; y un cierto n\'famero de altos oficiales de la Santa Inquisici\'f3n fueron autorizados para tomar las declaraciones de las ca\'eddas penitentes. La cuesti\'f3n, al principio, fue tratada en Sevilla, una de las principales ciudades de Espa\'f1a. Cuando se public\'f3 primeramente el edicto, el n\'famero de mujeres que se sintieron obligadas por su conciencia a ir y declarar contra sus padres confesores, fue tan grande, que aunque hab\'edan treinta notarios, y otros tantos inquisidores, para tomar las denuncias, ellos fueron incapaces de hacer el trabajo en el tiempo establecido. Se dieron treinta d\'edas m\'e1s, pero los inquisidores fueron tan abrumados con las innumerables declaraciones, que fue dado otro per\'edodo de tiempo de la misma extensi\'f3n. Pero \'e9ste, nuevamente, result\'f3 insuficiente. Finalmente, se encontr\'f3 que el n\'famero de sacerdotes que hab\'edan destruido la pureza de sus penitentes era tan grande que era imposible castigarlos a todos. La investigaci\'f3n fue abandonada, y los confesores culpables quedaron sin castigo. Varios intentos de la misma naturaleza han sido probados por otros papas, pero con casi el mismo \'e9xito\par Pero si aquellos honestos intentos de parte de algunos papas bien intencionados, para castigar a los confesores que destruyen la pureza de  LVAL las penitentes, han fallado en perturbar a los grupos culpables, aquellos son, en la bondadosa providencia de Dios, testigos infalibles para decir al mundo que la confesi\'f3n auricular no es otra cosa que una trampa para el confesor y sus cr\'e9dulos. \'a1S\'ed, aquellas Bulas de los papas son un testimonio indiscutible de que la confesi\'f3n auricular es la m\'e1s poderosa invenci\'f3n del diablo para corromper el coraz\'f3n, contaminar el cuerpo, y arruinar el alma del sacerdote y su penitente femenina! \cf1 \cf0 \par \cf1\par \par } LVALl A{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\froman\fprq2\fcharset0 Georgia;}{\f1\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs22 C\'d3MO EL VOTO DEL CELIBATO DE LOS SACERDOTES ES ALIVIADO POR LA CONFESI\'d3N AURICULAR. \par \b0\'bfNO son los hechos los mejores argumentos? Bien, aqu\'ed est\'e1 un hecho innegable, un hecho p\'fablico, que est\'e1 relacionado con otros mil hechos colaterales, para probar que la confesi\'f3n auricular es la m\'e1s poderosa m\'e1quina de desmoralizaci\'f3n que el mundo jam\'e1s ha visto.\par Alrededor del a\'f1o 1830, estaba en Quebec un joven sacerdote de buen aspecto; \'e9l ten\'eda una voz magn\'edfica, y era bastante buen orador.* Por respeto a su familia, que es todav\'eda numerosa y respetable, no dar\'e9 su nombre: lo llamar\'e9 Rev. Sr. D_-. Habiendo sido invitado a predicar en una parroquia de Canad\'e1, distante alrededor de 100 millas de Quebec, llamada Vercheres, tambi\'e9n se le pidi\'f3 que oyera las confesiones, durante algunos d\'edas de una especie de Novena (nueve d\'edas de avivamiento), que estaba aconteciendo en ese lugar. Entre sus penitentes estaba una hermosa muchacha joven, de alrededor de diecinueve a\'f1os. Ella quer\'eda hacer una confesi\'f3n general de todos sus pecados desde la temprana edad cuando empez\'f3 a tener inteligencia, y el confesor le concedi\'f3 su petici\'f3n. Dos veces, cada d\'eda, ella estaba all\'ed, a los pies de su atractivo joven m\'e9dico espiritual, dici\'e9ndole todos sus pensamientos, sus acciones, y sus deseos. A veces se destacaba por haber permanecido una hora entera en la casilla del confesionario, acus\'e1ndose de todas sus fragilidades humanas. \'bfQu\'e9 dijo? S\'f3lo Dios lo sabe; pero lo que desde ese momento lleg\'f3 a ser conocido por una gran parte de toda la poblaci\'f3n de Canad\'e1 es, que el confesor se enamor\'f3 de su bella penitente, y que ella se quem\'f3 con los mismos fuegos irresistibLVALBles por su confesor\emdash como sucede tan frecuentemente.\par *\'c9l ha muerto hace mucho.\par No fue una cuesti\'f3n f\'e1cil para el sacerdote y la joven muchacha encontrarse en una entrevista tan completamente a solas como ambos quer\'edan; porque hab\'eda demasiados ojos sobre ellos. Pero el confesor era un hombre de recursos. En el \'faltimo d\'eda de la Novena, dijo a su amada penitente: "Ahora estoy por ir a Montreal; pero en tres d\'edas, tomar\'e9 el barco a vapor para volver a Quebec. Ese barco a vapor acostumbra detenerse aqu\'ed. Alrededor de las doce, a la noche, vete al muelle vestida como un hombre joven; pero no permitas que nadie conozca tu secreto. T\'fa abordar\'e1s el barco a vapor, donde no ser\'e1s conocida, si tienes un poco de prudencia. Vendr\'e1s a Quebec, donde ser\'e1s contratada como un sirviente para el cura, de quien yo soy el vicario. Nadie conocer\'e1 tu sexo excepto yo, y, all\'ed, seremos felices juntos".\par El cuarto d\'eda despu\'e9s de esto, hubo una gran desolaci\'f3n en la familia de la muchacha; porque hab\'eda desaparecido repentinamente, y sus ropas hab\'edan sido encontradas en las orillas del R\'edo San Lawrence. No hab\'eda la menor duda en las mentes de todos los parientes y amigos, que la confesi\'f3n general que ella hab\'eda hecho, hab\'eda trastornado enteramente su mente; y en un exceso de locura, se arroj\'f3 en las profundas y r\'e1pidas aguas del San Lawrence. Se hicieron muchas b\'fasquedas para encontrar su cuerpo; pero, por supuesto, todo fue en vano. Se ofrecieron a Dios muchas oraciones p\'fablicas y privadas para ayudarla a escapar de las llamas del Purgatorio, donde podr\'eda estar condenada a sufrir por muchos a\'f1os, y fue dado mucho dinero a los sacerdotes para celebrar misas cantadas, a fin de extinguir los fuegos de esa quemante prisi\'f3n, donde todo Cat\'f3lico Romano cree que debe ir para ser purificado antes de entrar en las regiones de felicidad eterna.\par No dar\'e9 el nombre de la muchacha, aunque lo tengo, por compasi\'LVALCf3n a su familia; la llamar\'e9 Geneva.\par Bien, cuando el padre y la madre, los hermanos, las hermanas, y los amigos estaban derramando l\'e1grimas por el triste fin de Geneva, ella estaba en la casa parroquial del rico Cura de Quebec, bien pagada, bien alimentada, y vestida\emdash feliz y contenta con su amado confesor. Ella era sumamente pulcra, siempre servicial, y lista para correr y hacer lo que usted quisiera al mero pesta\'f1eo de su ojo. Su nuevo nombre era Jos\'e9, con el cual la nombrar\'e9 ahora.\par Muchas veces hab\'eda visto al elegante Jos\'e9 en la casa parroquial de Quebec, y admiraba su cortes\'eda y buenos modales; aunque me parec\'eda, a veces, que se ve\'eda demasiado como una muchacha, y que era demasiado distendido con el Rev. Sr. D_, y tambi\'e9n con el Justo Rev. Obispo M_. Pero cada vez que me ven\'eda la idea de que Jos\'e9 era una muchacha, me sent\'eda indignado conmigo mismo.\par El alto respeto que ten\'eda por el Obispo Coadjutor, quien era tambi\'e9n el Cura de Quebec, hac\'eda casi imposible imaginar que \'e9l alguna vez permitir\'eda a una bella muchacha que durmiera en la habitaci\'f3n contigua a la suya, y que le sirviera d\'eda y noche; porque el dormitorio de Jos\'e9 estaba justo al lado de la del Coadjutor, quien, por varias dolencias f\'edsicas, (que no eran un secreto para nadie), necesitaba la ayuda de su sirviente varias veces durante la noche, as\'ed como durante el d\'eda.\par Las cosas continuaron muy tranquilamente con Jos\'e9 durante dos o tres a\'f1os, en la casa del Obispo Coadjutor; pero finalmente, le pareci\'f3 a mucha gente exterior, que Jos\'e9 estaba tomando demasiados aires de confianza con los j\'f3venes vicarios, e incluso con el venerable Coadjutor. Varios de los ciudadanos de Quebec, que estaban yendo m\'e1s frecuentemente que otros a la casa parroquial, estaban sorprendidos y conmocionados por la confianza de aquel sirviente con sus amos; \'e9l parec\'eda a veces estar realmente en iguales t\'e9rminos con ellos, si no un poco por sobLVALDre ellos.\par Un amigo \'edntimo del Obispo\emdash un Cat\'f3lico Romano sumamente devoto \emdash quien era mi pariente cercano, se encarg\'f3 un d\'eda de decirle respetuosamente al Justo Rev. Obispo que ser\'eda prudente echar a ese insolente joven de su palacio\emdash porque era objeto de fuertes y sumamente deplorables sospechas.\par La posici\'f3n del Justo Rev. Obispo y sus vicarios, fue, entonces, una no muy placentera. Evidentemente su barca hab\'eda quedado a la deriva entre peligrosas rocas. Mantener a Jos\'e9 entre ellos era imposible, despu\'e9s del amistoso consejo que hab\'eda venido de tan alto lugar; y despedirlo no era menos peligroso; \'e9l sab\'eda demasiado de las internas y secretas vidas de todos estos santos (?) c\'e9libes, para tratar con \'e9l como con cualquier otro sirviente normal. Con una sola palabra de sus labios podr\'eda destruirlos: ellos estaban como atados a sus pies con cuerdas, que, al principio, parec\'edan hechas con dulces pasteles y helados, pero que repentinamente se hab\'edan vuelto ardientes cadenas de acero. Pasaron varios d\'edas de ansiedad, y muchas noches de insomnio sucedieron a las muy felices de tiempos mejores. \'bfPero que deb\'eda hacerse? Hab\'edan escollos levantando olas adelante, escollos a la derecha, a la izquierda, y en todos lados. Sin embargo, cuando todos, especialmente el venerable (?) Coadjutor, se sent\'edan como criminales que esperan su sentencia, y cuando su horizonte parec\'eda absolutamente rodeado s\'f3lo por oscuras y tormentosas nubes, repentinamente una feliz salida se present\'f3 ante los preocupados marineros.\par El cura de "Les Eboulements", el Rev. Sr. Clement, justo hab\'eda venido a Quebec por algunos asuntos privados, y hab\'eda elegido su alojamiento en la hospitalaria casa de su viejo amigo, el Justo Rev. _, Obispo Coadjutor. Ambos hab\'edan estado en relaci\'f3n muy estrecha por muchos a\'f1os, y en muchas ocasiones hab\'edan sido de gran utilidad el uno con el otro. El Pont\'edfice de la Iglesia de Canad\'e1, LVALEesperando que su amigo quiz\'e1s le ayudar\'eda a salir de la terrible dificultad del momento, francamente le dijo todo acerca de Jos\'e9, y le pregunt\'f3 lo que deb\'eda hacer bajo tan dif\'edciles circunstancias.\par "Mi Se\'f1or", dijo el cura de Les Eboulements,\par "Jos\'e9 es justo el sirviente que quiero. P\'e1gale bien, para que pueda permanecer como tu amigo, y para que sus labios puedan quedar sellados, y permite que lo lleve conmigo. Mi casera me dej\'f3 hace unas pocas semanas; estoy solo en mi casa parroquial con mi viejo sirviente, Jos\'e9 es justo la persona que quiero".\par Ser\'eda dif\'edcil expresar el j\'fabilo del pobre Obispo y sus vicarios, cuando vieron esa pesada roca que ten\'edan sobre sus cuellos as\'ed removida.\par Jos\'e9, una vez instalado en la casa parroquial del piadoso (?) sacerdote de la parroquia de Le Eboulements, pronto se gan\'f3 el favor de todo el pueblo por sus buenos y encantadores modales, y cada feligr\'e9s felicitaba al cura por la elegancia de su nuevo sirviente. El sacerdote, por supuesto, conoc\'eda un poco m\'e1s de esa elegancia que el resto del pueblo. Pasaron tres a\'f1os muy tranquilamente. El sacerdote y su sirviente parec\'edan estar en los m\'e1s perfectos t\'e9rminos, La \'fanica cosa que arruinaba la felicidad de esa feliz pareja era que, de vez en cuando, alguno de los campesinos cuyos ojos eran m\'e1s penetrantes que los de sus vecinos, parec\'edan creer que la intimidad entre los dos estaba yendo un poco demasiado lejos, y que Jos\'e9 realmente estaba teniendo en sus manos el cetro del peque\'f1o reino sacerdotal. Nada pod\'eda hacerse sin su consejo; \'e9l estaba entrometido en todos los grandes y peque\'f1os asuntos de la parroquia, y a veces el cura parec\'eda ser m\'e1s bien el sirviente antes que el amo en su propia casa y parroquia. Los que hab\'edan, al principio, hecho estos comentarios en privado, comenzaron, poco a poco, a transmitir sus opiniones a su vecino pr\'f3ximo, y \'e9ste al siguiente; de ese modo, al fin del terceLVALFr a\'f1o, graves y serias sospechas comenzaron a difundirse de uno a otro de tal manera que los Marguilliers (una especie de Ancianos), creyeron apropiado decir al sacerdote que ser\'eda mejor para \'e9l echar a Jos\'e9 en vez de mantenerlo m\'e1s tiempo. Pero el viejo cura hab\'eda pasado tantas felices horas con su fiel Jos\'e9 que renunciar a \'e9l era tan duro como la muerte.\par \'c9l sab\'eda, por confesi\'f3n, que una muchacha en la vecindad estaba entregada a una inmencionable abominaci\'f3n, a la cual Jos\'e9 tambi\'e9n era adicto. \'c9l acudi\'f3 a ella y le propuso que se casara con Jos\'e9, y que \'e9l, (el sacerdote), les ayudar\'eda a vivir c\'f3modamente. Para vivir cerca de su buen amo, Jos\'e9 tambi\'e9n acept\'f3 casarse con la muchacha. Ambas sab\'edan bien lo que la otra era. Las proclamas de casamiento fueron publicadas durante tres domingos, tras lo cual el viejo cura bendijo el matrimonio de Jos\'e9 con la muchacha de su feligrec\'eda.\par Ellas vivieron juntas como marido y mujer, en tal armon\'eda que nadie pod\'eda sospechar la horrible depravaci\'f3n que estaba encubierta tras esa uni\'f3n. Jos\'e9 continu\'f3, con su esposa, trabajando con frecuencia para su sacerdote, hasta que despu\'e9s de cierto tiempo ese sacerdote fue removido, y otro cura, llamado Tetreau, fue enviado en su lugar.\par Este nuevo cura, sin saber absolutamente nada de ese misterio de iniquidad, tambi\'e9n emple\'f3 a Jos\'e9 y a su esposa, varias veces. Un d\'eda, cuando Jos\'e9 estaba trabajando en la puerta de la casa parroquial en presencia de varias personas, un extra\'f1o arrib\'f3, y le pregunt\'f3 si el Rev. Sr. Tetreau, el cura, estaba all\'ed.\par Jos\'e9 respondi\'f3: "S\'ed, se\'f1or. Pero como usted parece ser un extra\'f1o, \'bfme permitir\'eda preguntarle de d\'f3nde viene?"\par "Se\'f1or, es muy f\'e1cil satisfacerle. Vengo de Vercheres", contest\'f3 el extra\'f1o.\par Tras la palabra "Vercheres", Jos\'e9 se puso tan p\'e1lido que el extra\'f1o no pudo m\'e1s que impresionarse con LVALGsu repentino cambio de color.\par Entonces, fijando sus ojos sobre Jos\'e9, exclam\'f3: "\'a1Oh mi Dios! \'a1Qu\'e9 veo aqu\'ed! \'a1Geneva! \'a1Geneva! \'a1Te reconozco, y aqu\'ed est\'e1s disfrazada como un hombre!"\par "\'a1Querido t\'edo!" (porque \'e9l era su t\'edo), "\'a1por Dios!", exclam\'f3 ella, "\'a1no dir\'e9 una palabra m\'e1s!"\par Pero era demasiado tarde. La gente, que estaba all\'ed, hab\'eda o\'eddo al t\'edo y la sobrina. Sus secretas sospechas de largo tiempo, estaban bien fundadas\emdash\'a1uno de sus antiguos sacerdotes hab\'eda mantenido una muchacha bajo el disfraz de un hombre en su casa! \'a1Y, para cegar m\'e1s completamente a su pueblo, hab\'eda casado a esa muchacha con otra, para tenerlas a ambas en su casa cuando quisiera, sin despertar ninguna sospecha!\par Las noticias fueron casi tan r\'e1pido como el rel\'e1mpago desde un extremo al otro de la parroquia, y se difundieron por todo el norte del pa\'eds regado por el r\'edo San Lawrence.\par Es m\'e1s f\'e1cil imaginar que expresar los sentimientos de sorpresa y horror que llenaron a todos. Los jueces de paz trataron el asunto, Jos\'e9 fue llevado ante el tribunal civil, que decidi\'f3 que un m\'e9dico fuera encargado para hacer una pericia, no post mortem, sino ante mortem. El ilustre Lateriere, quien fue llamado, e hizo la pericia adecuada, declar\'f3 que Jos\'e9 era una muchacha; y los v\'ednculos del matrimonio fueron disueltos legalmente.\par Durante ese tiempo el honesto Rev. Sr. Tetreau, horrorizado, hab\'eda enviado un mensaje urgente al Justo Reverendo Obispo Coadjutor, de Quebec, inform\'e1ndole que el joven hombre que hab\'eda mantenido en su casa varios a\'f1os, bajo el nombre de Jos\'e9, era una muchacha.\par \'bfQu\'e9 iban a hacer ahora con la muchacha, despu\'e9s de que todo fue descubierto? Su presencia en Canad\'e1 comprometer\'eda para siempre a la santa (?) Iglesia de Roma. \'a1Ella conoc\'eda demasiado bien como los sacerdotes, por medio del confesionario, seleccionan sus v\'edctimas, y se aLVALHyudan con su compa\'f1\'eda, a mantener sus solemnes votos de celibato! \'bfQu\'e9 hubiera pasado con el respeto dado al sacerdote, si ella hubiera sido tomada de la mano e invitada a hablar valiente y osadamente ante el pueblo de Canad\'e1?\par El santo (?) Obispo y sus vicarios entendieron estas cosas muy bien.\par Inmediatamente enviaron un hombre de confianza con \'a3500, para decir a la muchacha que si permanec\'eda en Canad\'e1, pod\'eda ser enjuiciada y castigada severamente; que era para su bien que dejara el pa\'eds, y emigrara a los Estados Unidos. Le ofrecieron las \'a3500 si promet\'eda irse y nunca volver.\par Ella acept\'f3 la oferta, cruz\'f3 las fronteras, y nunca volvi\'f3 a Canad\'e1, donde su triste historia es bien conocida por miles y miles.\par Por la providencia de Dios fui invitado a predicar en esa parroquia poco despu\'e9s, y conoc\'ed estos hechos con precisi\'f3n.\par El Rev. Sr. Tetreau, bajo cuyo pastorado fue detectada esta gran iniquidad, desde ese tiempo comenz\'f3 a tener abiertos sus ojos a la horrible depravaci\'f3n de los sacerdotes de Roma por medio del confesionario.\par \'c9l llor\'f3 y se lament\'f3 por su propia degradaci\'f3n en medio de esa moderna Sodoma. Nuestro misericordioso Dios mir\'f3 con compasi\'f3n hacia \'e9l, y le envi\'f3 su gracia salvadora. No mucho despu\'e9s, envi\'f3 al Obispo su renuncia a los errores y abominaciones del Romanismo.\par Hoy \'e9l est\'e1 trabajando en la vi\'f1a del Se\'f1or con los Metodistas en la ciudad de Montreal, donde est\'e1 presto para probar la exactitud de lo que digo.*\par * Esto fue escrito en 1874. Ahora, en 1880, debo decir que el Rev. Sr. Tetreau muri\'f3 en 1877, en la paz de Dios, en Montreal. Dos veces antes de su muerte ech\'f3 a los sacerdotes de Roma, que hab\'edan ido a tratar de convencerle para hacer la paz con el Papa, llam\'e1ndoles "Ayudantes de Satan\'e1s"\emdash "Mensajeros del Maligno".\par Que aquellos que tienen o\'eddos para o\'edr, y ojos para ver, entiendan, por este hecho, que lLVALas naciones paganas no han conocido una instituci\'f3n m\'e1s corruptora que la Confesi\'f3n Auricular. \par \pard\cf1\f1\fs23\par \par } LVALv J{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\froman\fprq2\fcharset0 Georgia;}{\f1\froman\fprq2\fcharset0 Times New Roman;}{\f2\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs22 LA MUJER ALTAMENTE EDUCADA Y REFINADA EN EL CONFESIONARIO.\emdash LO QUE LE SUCEDE DESPU\'c9S DE SU RENDICI\'d3N INCONDICIONAL\emdash SU RUINA IRREPARABLE. \par \b0 EL guerrero m\'e1s diestro nunca ha debido mostrar tanta habilidad y tantas tretas de guerra; nunca tuvo que usar esfuerzos m\'e1s tremendos para someter e invadir una ciudadela inexpugnable, que el confesor, quien quiere someter e invadir la ciudadela del autorespeto y la honestidad que Dios mismo ha construido alrededor del alma y el coraz\'f3n de cada hija de Eva.\par Pero, como el Papa quiere conquistar al mundo por medio de la mujer, es supremamente importante que la esclavice y degrade manteni\'e9ndola a sus pies como su banquillo, para que pueda ser un instrumento pasivo para el cumplimiento de su extenso y profundo plan.\par A fin de dominar perfectamente a las mujeres en los altos c\'edrculos sociales, el Papa ordena a cada confesor a que aprenda la m\'e1s complicada y perfecta estrategia. \'c9l debe estudiar un gran n\'famero de tratados sobre el arte de persuadir al bello sexo para que le confiese directamente, claramente, y en detalle, todo pensamiento, todo secreto deseo, palabra, y obra, exactamente como ocurrieron.\par Y ese arte es considerado tan importante y tan dificultoso que todos los te\'f3logos de Roma lo llaman "el arte de los artes".\par Dens, San Liguori Chevassu, el autor de "El Espejo del Clero", Debreyne, y una multitud de autores demasiado numerosa para mencionar, han dado las reglas inquisidoras y cient\'edficas de ese secreto arte.\par Todos ellos coinciden en declarar que es un arte sumamente dif\'edcil y peligroso; todos ellos reconocen que el menor error de juicio, la menor imprudencia o temeridad, cLVALKuando se invade la inexpugnable ciudadela, trae la segura muerte, (espiritual, por supuesto), para el confesor y la penitente.\par Al confesor se le ense\'f1a a dar los primeros pasos hacia la ciudadela con suma cautela, para que su penitente femenina no pueda sospechar al principio, lo que \'e9l quiere que le revele; porque eso generalmente provocar\'eda que ella cerrara para siempre la puerta de la fortaleza contra \'e9l. Despu\'e9s de avanzar los primeros pasos, se le aconseja que retroceda varios pasos, y que se ponga en una especie de emboscada espiritual, para ver el efecto de su primer avance. Si hay alguna perspectiva de \'e9xito, entonces es dada la palabra "\'a1adelante!", y una posici\'f3n m\'e1s avanzada de la ciudadela debe ser tanteada e invadida, si fuera posible. De esa manera, poco a poco, todo el lugar es bien rodeado, tan bien estropeado, desnudado y desmantelado, que cualquier otra resistencia parece imposible para el alma rebelde.\par Entonces, se ordena la \'faltima carga, el asalto final es hecho; y si Dios no realiza un verdadero milagro para salvar esa alma, las \'faltimas paredes se desmoronan, las puertas son derribadas; entonces el confesor hace una triunfante entrada en el lugar; el mismo coraz\'f3n, el alma, la conciencia, y la inteligencia son conquistados.\par Una vez que son los amos del lugar, los sacerdotes visitan todos sus m\'e1s secretos recovecos y rincones; curiosean en sus m\'e1s sagradas habitaciones. El lugar conquistado est\'e1 total y absolutamente en sus manos; \'e9l es el amo supremo; porque la rendici\'f3n ha sido incondicional. El confesor se ha hecho el \'fanico infalible soberano en el lugar conquistado\emdash es m\'e1s, \'e9l se ha hecho su \'fanico Dios\emdash porque en el nombre de Dios lo ha asediado, invadido y conquistado; en el nombre de Dios, de aqu\'ed en adelante, hablar\'e1 y ser\'e1 obedecido.\par Las palabras humanas no pueden transmitir adecuadamente una idea de la ruina irreparable que sigue a la exitosa invasi\'f3n y la incondicionLVALLal rendici\'f3n de esa, alguna vez, noble fortaleza. Cuanto m\'e1s tiempo y m\'e1s fuerte ha sido la resistencia, m\'e1s terrible y completa es la destrucci\'f3n de su belleza y fuerza; cuanto m\'e1s noble ha sido la lucha, m\'e1s irreparables son las ruinas y las p\'e9rdidas. As\'ed como cuanto m\'e1s alto y fuerte es construido el dique para detener la corriente de las r\'e1pidas y profundas aguas del r\'edo, m\'e1s terrible ser\'e1n los desastres que siguen a su destrucci\'f3n; as\'ed es con aquella noble alma. Un poderoso dique ha sido construido por la misma mano de Dios, llamado autorespeto y pudor femenino, para guardarla de las contaminaciones de este mundo pecador; pero el d\'eda que el sacerdote de Roma triunfa, despu\'e9s de muchos esfuerzos, en destruirlo, el alma es arrastrada por un poder irresistible a insondables abismos de iniquidad. Entonces es que la una vez respetada dama consentir\'e1 en o\'edr, sin avergonzarse, cosas por las cuales la mujer m\'e1s degradada cerrar\'eda indignada sus o\'eddos. Entonces es que ella habla libremente con su confesor sobre asuntos, que por reimprimirlos un impresor en Inglaterra ha sido enviado recientemente a la c\'e1rcel.\par Al principio, a pesar de ella misma, pero pronto con un verdadero placer sensual, aquel \'e1ngel ca\'eddo, cuando est\'e1 solo, pensar\'e1 en lo que ha o\'eddo, y lo que ha dicho en la casilla del confesionario. Luego, a pesar de ella misma, los m\'e1s viles pensamientos, al principio llenar\'e1n irresistiblemente su mente; y pronto los pensamientos engendrar\'e1n tentaciones y pecados. Pero aquellas viles tentaciones y pecados, que la habr\'edan llenado con horror y pesar antes de su entera rendici\'f3n en las manos del enemigo, engendran muy diferentes sentimientos, ahora que no se posee y no se gu\'eda m\'e1s a s\'ed misma. La convicci\'f3n de sus pecados no est\'e1 m\'e1s conectada con la idea de un Dios, infinitamente santo y justo, a quien ella debe servir y temer. La convicci\'f3n de sus pecados ahora est\'e1 inmediataLVALMmente conectada con la idea de un hombre con quien tendr\'e1 que hablar, y que f\'e1cilmente har\'e1 todo justo y puro en su alma por su absoluci\'f3n.\par Cuando llega el d\'eda para ir a confesarse, en vez de estar triste, inquieta y vergonzosa, como acostumbraba a estar en el pasado, ella se siente complacida y gozosa por tener una nueva oportunidad de conversar sobre aquellos temas sin ser impropio o pecaminoso para s\'ed misma; porque ahora est\'e1 totalmente convencida de que no hay impropiedad, ni verg\'fcenza, ni pecado; es m\'e1s, ella cree, o trata de creer, que es una cosa buena, honesta, Cristiana, y piadosa conversar con su sacerdote sobre esos asuntos.\par Sus horas m\'e1s felices son cuando est\'e1 a los pies de aquel m\'e9dico espiritual, mostr\'e1ndole todas las recientes heridas de su alma, y explicando todas sus constantes tentaciones, sus malos pensamientos, sus m\'e1s \'edntimos secretos deseos y pecados.\par Es entonces cuando los secretos m\'e1s sagrados de la vida matrimonial son revelados; es entonces cuando las misteriosas y preciosas perlas que Dios ha dado como una corona de misericordia a aquellos que ha hecho un cuerpo, un coraz\'f3n y alma, por los benditos lazos de una uni\'f3n Cristiana, son arrojadas a manos llenas a los cerdos. La bella penitente y el Padre Confesor pasan horas enteras hablando con suma libertad, sobre temas que la clasificar\'edan entre las mujeres m\'e1s libertinas y perdidas, si esto s\'f3lo fuera sospechado por sus amigos y parientes. Una sola palabra de aquellas conversaciones \'edntimas ser\'eda seguida por un acta de divorcio de parte de su marido si estas fueran conocidas por \'e9l.\par Pero el traicionado marido nada sabe de los oscuros misterios de la confesi\'f3n auricular; el padre enga\'f1ado nada sospecha; una nube del infierno ha oscurecido la inteligencia a ambos, y les ha cegado. Por el contrario, esposos y padres, amigos y parientes, se sienten reconfortados y complacidos con el conmovedor espect\'e1culo de la piedad de la Se\'fLVALN1ora y la Se\'f1orita _. En el pueblo, as\'ed como en la ciudad, todos tienen una palabra de alabanza para ellas. \'a1La Se\'f1ora _ es vista tan a menudo humildemente postrada a los pies, o al lado, de su confesor; la Se\'f1orita _ permanece tanto tiempo en la casilla del confesionario; ellas reciben la santa comuni\'f3n tan frecuentemente; ellas hablan tan elocuentemente y tan frecuentemente de la admirable piedad, modestia, santidad, paciencia y caridad, de su incomparable Padre espiritual!\par Todos las felicitan por su nueva y ejemplar vida, y ellas aceptan el cumplido con suma humildad, atribuyendo su r\'e1pido progreso en las virtudes Cristianas a la santidad de su confesor. \'c9l es un hombre tan espiritual; \'bfqui\'e9n no podr\'eda hacer r\'e1pidos avances bajo una gu\'eda tan santa?\par Cuando m\'e1s constantes son las tentaciones, m\'e1s abruman al alma los secretos pecados, y m\'e1s aires de paz y santidad se aparentan. Cuando m\'e1s impuras son las secretas emanaciones del coraz\'f3n, la bella y refinada penitente m\'e1s se rodea por una atm\'f3sfera de los m\'e1s fragantes perfumes de una piedad fingida. Cuando m\'e1s corrompido est\'e1 el interior del sepulcro, m\'e1s brillante y blanco se mantendr\'e1 el exterior.\par Entonces, a menos que Dios realice un milagro para prevenirlo, la ruina de aquella alma est\'e1 sellada. \'a1Ella ha bebido de la venenosa copa llenada por la "madre de las rameras", ella ha encontrado el vino de su prostituci\'f3n dulce! De ahora en adelante se deleitar\'e1 en sus org\'edas espirituales y secretas.\par Su santo (?) confesor le ha dicho que no hay impropiedad, verg\'fcenza, ni pecado, en esa copa. El Papa ha escrito sacr\'edlegamente la palabra "Vida" sobre esa copa de "Muerte". \'a1Ella ha cre\'eddo al Papa; el terrible misterio de iniquidad est\'e1 completado!\par "Ya est\'e1 obrando el misterio de iniquidad; cuyo advenimiento es seg\'fan operaci\'f3n de Satan\'e1s, con grande potencia, y se\'f1ales, y milagros mentirosos, y con todo enga\'f1o de LVALOiniquidad en los que perecen; por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por tanto, pues, les env\'eda Dios operaci\'f3n de error, para que crean a la mentira; para que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, antes consintieron a la iniquidad." (\cf1\ul 2Th_2:7-12\cf0\ulnone ).\par S\'ed; el d\'eda que la rica y bien educada dama renuncia a su autorespeto, y rinde incondicionalmente la ciudadela de pudor femenino ante las manos de un hombre, cualquiera sea su nombre o sus t\'edtulos, para que \'e9l pueda hacerle las preguntas de la m\'e1s vil especie, que ella debe contestar, es descarriada y degradada, igual que si fuera la m\'e1s humilde y pobre muchacha sirviente.\par Yo digo intencionalmente "la rica y bien educada mujer", porque s\'e9 que hay una opini\'f3n predominante de que la posici\'f3n social de su clase la pone por sobre las influencias corruptoras del confesionario, como si estuviera fuera del alcance de las miserias comunes de nuestra pobre ca\'edda y pecaminosa naturaleza pecaminosa.\par En la medida que la bien educada dama hace uso de sus talentos para defender la ciudadela de su autorespeto femenino ante el oponente\emdash en la medida que mantiene estrictamente cerrada la puerta de su coraz\'f3n ante su mortal enemigo\emdash ella est\'e1 segura.\par Pero que nadie olvide esto: ella est\'e1 segura solamente en la medida que no se rinda. Cuando el enemigo es una vez amo del lugar, repito enf\'e1ticamente, las ruinosas consecuencias son tan grandes, si no mayores, y m\'e1s irreparables que en las clases m\'e1s bajas de la sociedad. Arroje un pedazo de precioso oro en el lodo, y d\'edgame si no se hundir\'e1 m\'e1s profundo que un pedazo de madera podrida.\par \'bfQu\'e9 mujer pod\'eda ser m\'e1s noble, m\'e1s pura, y m\'e1s fuerte que Eva cuando surgi\'f3 de las manos de su divino Creador? \'a1Pero cu\'e1n r\'e1pidamente cay\'f3 cuando prest\'f3 o\'eddos a la seductora voz del tentador! \'a1Cu\'e1n irreparable fue su ruina cuando complacientementLVALPe mir\'f3 al fruto prohibido, y crey\'f3 la voz mentirosa que le dijo que no hab\'eda pecado en comerlo!\par Solemnemente, en la presencia del gran Dios, quien en breve, me juzgar\'e1, doy mi testimonio sobre este grave asunto. Despu\'e9s de 25 a\'f1os de experiencia en el confesionario, declaro que el mismo confesor encuentra peligros m\'e1s terribles cuando escucha las confesiones de damas refinadas y altamente educadas, que cuando escucha a aquellas penitentes de las clases m\'e1s humildes.\par Solemnemente testifico que la dama bien educada, cuando se ha rendido una vez al poder de su confesor, llega a ser por lo menos igual de vulnerable a las flechas del enemigo que la m\'e1s pobre y menos educada. Es m\'e1s, debo decir que, una vez en el descendente camino de perdici\'f3n, la dama de elevada crianza corre de cabeza al foso con una rapidez m\'e1s deplorable que su hermana m\'e1s humilde.\par Todo Canad\'e1 es testigo de que hace unos pocos a\'f1os, sucedi\'f3 entre los m\'e1s altos rangos sociales que el Gran Vicario Superior del colegio de Montreal, estaba eligiendo sus v\'edctimas, cuando el clamor p\'fablico de indignaci\'f3n y verg\'fcenza forz\'f3 al Obispo a enviarlo de regreso a Europa, donde, poco despu\'e9s, muri\'f3. \'bfNo fue entre las m\'e1s altas clases sociales que un superior del Seminario de Quebec estaba destruyendo almas, cuando fue detectado, y forzado durante una noche oscura, a huir y a esconderse detr\'e1s de las murallas del Monasterio Trapense de Iowa?\par Muchos ser\'edan los grandes tomos que tendr\'eda para escribir, si publicara todo lo que mis veinticinco a\'f1os de experiencia en el confesionario me han ense\'f1ado sobre la inexpresable corrupci\'f3n secreta de la mayor parte de las as\'ed llamadas damas respetables, quienes se han rendido incondicionalmente en las manos de sus santos (?) confesores. Pero el siguiente hecho ser\'e1 suficiente para aquellos que tienen ojos para ver, o\'eddos para o\'edr, y una inteligencia para entender:\par En uno de los m\'e1LVALQs hermosos y pr\'f3speros pueblos junto al R\'edo San Lawrence, viv\'eda un rico comerciante. \'c9l era joven, y su matrimonio con una sumamente encantadora, rica y dotada dama lo hab\'eda hecho uno de los hombres m\'e1s felices de la tierra.\par Unos pocos a\'f1os despu\'e9s de su casamiento, el Obispo destin\'f3 a aquel pueblo a un joven sacerdote, realmente admirable por su elocuencia, celo, y amables cualidades; y el comerciante y el sacerdote pronto se conectaron por lazos de la m\'e1s sincera amistad.\par La joven y completa esposa del comerciante pronto se convirti\'f3 en la mujer modelo del lugar bajo la direcci\'f3n de su nuevo confesor.\par Muchas y largas eran las horas que ella acostumbraba a pasar junto a su padre espiritual para ser purificada y esclarecida por sus piadosos consejos. Ella pronto fue vista a la cabeza de los pocos que ten\'edan el privilegio de recibir la santa comuni\'f3n una vez por semana. El esposo que era un buen Cat\'f3lico Romano, bendijo a Dios y a la Virgen Mar\'eda, porque ten\'eda el privilegio de vivir con semejante \'e1ngel de piedad.\par Nadie tuvo la m\'ednima sospecha de lo que estaba sucediendo bajo aquel santo y blanco manto de la m\'e1s exaltada piedad. Nadie excepto Dios y sus \'e1ngeles, pod\'eda o\'edr las preguntas hechas por el sacerdote a su bella penitente, y las respuestas dadas durante las largas horas de conversaci\'f3n privada en la casilla del confesionario. \'a1Nadie excepto Dios pod\'eda ver los fuegos infernales que estaban devorando los corazones del confesor y su v\'edctima! Por casi un a\'f1o, el joven sacerdote y su paciente espiritual disfrutaron, en aquellas conversaciones \'edntimas y secretas, todos los placeres que los amantes sienten cuando pueden hablar libremente el uno al otro de sus secretos pensamientos y de su amor.\par Pero esto no era suficiente para ellos. Ambos quer\'edan algo m\'e1s real; aunque las dificultades eran grandes, y parec\'edan insuperables. El sacerdote ten\'eda a su madre y su hermana con \'e9l, cuyLVALRos ojos eran demasiado astutos como para permitirle invitar a la dama a su propia casa para alg\'fan prop\'f3sito criminal, y el joven esposo no ten\'eda negocios, a una distancia, que pudieran mantenerlo el tiempo suficiente fuera de su feliz hogar como para permitirle al confesor del Papa que lograra sus diab\'f3licos deseos.\par Pero cuando una pobre ca\'edda hija de Eva tiene resuelto hacer una cosa, pronto encuentra los medios, particularmente si una educaci\'f3n elevada fue a\'f1adida a su sagacidad natural.\par Y en este caso, como en muchos otros de naturaleza similar que me han sido revelados, ella pronto descubri\'f3 como lograr su objetivo sin comprometerse a s\'ed misma o a su santo (?) confesor. Un plan fue pronto encontrado y entusiatamente acordado; y ambos esperaron pacientemente su oportunidad.\par "\'bfPor qu\'e9 no has ido a misa hoy y no has recibido la santa comuni\'f3n, mi querida?" dijo el esposo. "Yo hab\'eda ordenado al sirviente que preparara al caballo en el carruaje ligero para ti, como es usual."\par "No estoy muy bien, mi amado; he pasado una noche de insomnio por un dolor de cabeza."\par "Har\'e9 llamar al m\'e9dico", contest\'f3 el esposo.\par "S\'ed, mi querido, haz llamar al m\'e9dico\emdash quiz\'e1s me har\'e1 bien."\par Una hora despu\'e9s lleg\'f3 el m\'e9dico, y encontr\'f3 a su bella paciente un poco afiebrada, declar\'f3 que no hab\'eda nada serio, y que ella pronto estar\'eda bien. Le dio un peque\'f1o polvo, para ser tomado tres veces al d\'eda, y se fue; pero a las nueve de la noche, ella se quejaba de un gran dolor en el pecho, y pronto se desmay\'f3 y cay\'f3 al suelo.\par El doctor fue otra vez inmediatamente buscado, pero no estaba en su casa; tom\'f3 alrededor de media hora antes de que pudiera venir. Cuando lleg\'f3, la alarmante crisis hab\'eda acabado\emdash ella estaba sentada en un sill\'f3n, con algunas mujeres vecinas, que estaban aplic\'e1ndole agua fr\'eda y vinagre a su frente.\par El m\'e9dico estaba realmente con dudas para decir laLVALS causa de una enfermedad tan repentina. Finalmente, dijo que podr\'eda ser un ataque de "ver solitaire", (lombriz solitaria). Afirm\'f3 que esto no era peligroso; que sab\'eda como curarla. Orden\'f3 que se ingiriera alg\'fan nuevo polvo, y se fue, despu\'e9s de haber prometido regresar al d\'eda siguiente. Media hora despu\'e9s, ella comenz\'f3 a quejarse de un dolor sumamente terrible en su pecho, y se desmay\'f3 de nuevo; pero antes de hacerlo, dijo a su esposo:\par "Mi querido, t\'fa vez que el m\'e9dico no entiende absolutamente nada de la naturaleza de mi enfermedad. No tengo la m\'e1s m\'ednima confianza en \'e9l, porque siento que sus polvos me empeoran. No quiero verle m\'e1s. Sufro m\'e1s de lo que supones, mi amado; y si no hay un cambio pronto, para ma\'f1ana puedo estar muerta. \'c9l \'fanico m\'e9dico que quiero es nuestro santo confesor, por favor date prisa para ir a traerlo. Quiero hacer una confesi\'f3n general, y recibir el santo vi\'e1ticum (la comuni\'f3n) y la extremaunci\'f3n antes de ponerme peor."\par Fuera de s\'ed por la ansiedad, el perturbado esposo orden\'f3 que fuera preparado el caballo para el carruaje ligero, e hizo que le acompa\'f1ara su sirviente sobre el lomo del caballo, para hacer sonar la campana, mientras su pastor llevaba "el buen dios", (Le Bon Dieu), [la hostia], a su querida esposa enferma.\par Encontr\'f3 al sacerdote leyendo piadosamente su breviarium (su libro de oraciones diarias), y admir\'f3 la caridad y prontitud con que su buen pastor, en esa noche oscura y helada, estaba listo para dejar su c\'e1lida y confortable casa parroquial ante la primer solicitud de ayuda de la enferma. En menos de una hora, el esposo hab\'eda llevado al sacerdote con "el buen dios" desde la iglesia hasta la habitaci\'f3n de su esposa.\par A lo largo del camino, el sirviente hab\'eda hecho sonar una gran campana de mano, para despertar a los campesinos dormidos, quienes, ante el sonido, deb\'edan saltar, medio desnudos, fuera de sus camas, y adorar, arrodillados, con sLVALTus rostros abatidos en el suelo, "al buen dios" que estaba siendo llevado a la enferma por el santo (?) sacerdote.\par Al llegar, el confesor, con toda la apariencia de sincera piedad, deposit\'f3 "el buen dios" (Le Bon Dieu) sobre una mesa ricamente preparada para una ocasi\'f3n tan solemne, y, acerc\'e1ndose a la cama, inclin\'f3 su cabeza hacia su penitente, y le pregunt\'f3 c\'f3mo se sent\'eda.\par Ella le respondi\'f3: "Estoy muy enferma, quiero hacer una confesi\'f3n general antes de morir."\par Hablando a su esposo, le dijo, con una voz tenue: "Por favor, mi querido, di a mis amigos que se retiren de la habitaci\'f3n, para que no pueda ser distra\'edda cuando haga lo que puede ser mi \'faltima confesi\'f3n."\par El esposo requiri\'f3 respetuosamente a los amigos que dejaran la habitaci\'f3n con \'e9l, y cerr\'f3 la puerta, para que el santo confesor pudiera estar solo con su penitente durante su confesi\'f3n general.\par Uno de los planes m\'e1s diab\'f3licas, bajo el pretexto de la confesi\'f3n auricular, hab\'eda resultado perfectamente. La madre de las rameras, la gran encantadora de las almas, cuya sede est\'e1 en la ciudad de las "siete colinas", ten\'eda all\'ed, su sacerdote para traer verg\'fcenza, desgracia, y maldici\'f3n, bajo la m\'e1scara del Cristianismo.\par El destructor de almas, cuya obra maestra es la confesi\'f3n auricular, ten\'eda all\'ed, por millon\'e9sima vez, una nueva oportunidad de insultar al Dios de la pureza por medio de una de las acciones m\'e1s criminales que las oscuras sombras de la noche pueden ocultar.\par Pero pongamos un velo sobre las abominaciones de esa hora de iniquidad, y dejemos al infierno sus oscuros secretos.\par Despu\'e9s de haber consumado la ruina de su v\'edctima y de haber abusado de la manera m\'e1s cruel y sacr\'edlega de la confianza de su amigo, el joven sacerdote abri\'f3 la puerta de la habitaci\'f3n y dijo, con un aire santurr\'f3n: "Ahora pueden entrar a orar conmigo, mientras doy el \'faltimo sacramento a nuestra querida hLVALUermana enferma."\par Ellos entraron; "el buen dios" (Le Bon Dieu) fue dado a la mujer; y el esposo, lleno de gratitud por la considerada atenci\'f3n de su sacerdote, lo llev\'f3 a su casa parroquial, y le agradeci\'f3 muy sinceramente por haber ido a visitar tan amablemente a su esposa en una noche tan helada.\par Diez a\'f1os m\'e1s tarde fui llamado a predicar un retiro, (una especie de avivamiento) en esa misma parroquia. Esa dama, entonces una absoluta extra\'f1a para m\'ed, vino a mi casilla del confesionario y me confes\'f3 aquellos detalles como los doy ahora. Ella parec\'eda estar realmente arrepentida, y le di la absoluci\'f3n y el perd\'f3n total de sus pecados, como mi Iglesia me dijo que hiciera. En el \'faltimo d\'eda del avivamiento, el comerciante me invit\'f3 a una gran cena. Fue entonces que llegu\'e9 a conocer quien hab\'eda sido mi penitente. \'a1No debo olvidar mencionar que ella me hab\'eda confesado que, de sus cuatro hijos, los tres \'faltimos pertenec\'edan a su confesor! \'c9l hab\'eda perdido a su madre, y, habi\'e9ndose casado su hermana, su casa parroquial hab\'eda llegado a ser m\'e1s accesible a sus bellas penitentes, muchas de las cuales se aprovecharon de esa oportunidad para practicar las lecciones que hab\'edan aprendido en el confesionario. El sacerdote hab\'eda sido trasladado a una posici\'f3n superior, donde, m\'e1s que nunca, disfrut\'f3 la confianza de sus superiores, el respeto del pueblo, y el amor de sus penitentes femeninas.\par Nunca en mi vida me sent\'ed tan avergonzado como cuando estuve en la mesa de aquel hombre tan cruelmente victimizado. Apenas comenzamos a tomar nuestra cena cuando me pregunt\'f3 si hab\'eda conocido al anterior pastor de ellos, el amable Rev. Sr. _.\par Le contest\'e9: "S\'ed, se\'f1or, lo conozco."\par "\'bfNo es \'e9l un sacerdote sumamente cabal?"\par "S\'ed, se\'f1or, \'e9l es un hombre sumamente cabal", le contest\'e9.\par "\'bfPor qu\'e9 es?", replic\'f3 el buen comerciante, "\'bfque el Obispo lo ha quitado de entre noLVALVsotros? \'c9l estaba haciendo tanto bien aqu\'ed; hab\'eda ganado tan merecidamente la confianza de todos por su piedad y sus corteses modales que hicimos todos los esfuerzos para mantenerlo con nosotros. Yo mismo redact\'e9 una petici\'f3n, que firm\'f3 todo el pueblo, para inducir al Obispo para que le permitiera permanecer en nuestro medio; pero fue en vano. Su se\'f1or\'eda nos respondi\'f3 que lo quer\'eda para un lugar m\'e1s importante, por causa de su rara habilidad, y debimos ceder. Su celo y consagraci\'f3n no conoc\'edan l\'edmites; en las noches m\'e1s oscuras y tormentosas siempre estaba listo para venir al primer llamado del enfermo; nunca olvidar\'e9 cuan r\'e1pida y animadamente respondi\'f3 a mi solicitud, hace unos pocos a\'f1os, yo fui, en una de nuestras noches m\'e1s fr\'edas, a requerirle que visitara a mi esposa, quien estaba muy enferma."\par En esta etapa de la conversaci\'f3n, debo confesar que casi me re\'ed abiertamente. La gratitud de ese pobre cr\'e9dulo del confesionario con el sacerdote que hab\'eda tra\'eddo verg\'fcenza y destrucci\'f3n a su hogar, y la idea de ese mismo hombre yendo a llevar a su casa al corruptor de su propia esposa, me parec\'eda tan rid\'edcula que por un momento, deb\'ed hacer un esfuerzo sobrehumano para controlarme.\par Pero pronto fui tra\'eddo a mi mejor juicio por la verg\'fcenza que sent\'ed ante la idea de la inenarrable degradaci\'f3n y la secreta infamia del clero del cual yo era un miembro. En ese momento, cientos de casos de similar, si no de mayor, depravaci\'f3n, que me hab\'edan sido revelados por medio del confesionario, vinieron a mi mente, y me angustiaron y disgustaron tanto que mi lengua estaba casi paralizada.\par Despu\'e9s de la comida, el comerciante pidi\'f3 a su se\'f1ora que llamara a los ni\'f1os para que pudiera verlos, y no pude sino admirar la belleza de ellos. Pero no necesito decir que el placer de ver aquellos entra\'f1ables y preciosos peque\'f1os fue muy arruinado por el secreto, aunque seguro, conocimiento qJLVALZue ten\'eda, de que los tres m\'e1s j\'f3venes eran los frutos de la inenarrable depravaci\'f3n de la confesi\'f3n auricular en las clases m\'e1s altas de la sociedad.\f1\fs24\par \cf2\f2\fs23\par \par } LVAL X{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\froman\fprq2\fcharset0 Georgia;}{\f1\froman\fprq2\fcharset0 Times New Roman;}{\f2\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs22 LA CONFESI\'d3N AURICULAR DESTRUYE TODOS LOS SAGRADOS V\'cdNCULOS DEL MATRIMONIO Y DE LA SOCIEDAD HUMANA. \par \b0\'bfPermitir\'eda el banquero a su sacerdote que abriera, cuando est\'e1 solo, la caja fuerte de su banco, que manipulara sus papeles, y curioseara en los m\'e1s secretos detalles de sus negocios bancarios?\par \'a1No! Seguro que no.\par \'bfC\'f3mo es entonces, que ese mismo banquero permite a ese sacerdote que abra el coraz\'f3n de su esposa, manipule su alma, y curiosee en las habitaciones m\'e1s sagradas de sus m\'e1s \'edntimos y secretos pensamientos?\par \'bf\'a1No son el coraz\'f3n, el alma, la pureza, y el autorespeto de su esposa tesoros tan grandes y preciosos como la seguridad de su banco!? \'bfNo son los riesgos y los peligros de las tentaciones, imprudencias e indiscreciones, muchos m\'e1s grandes y m\'e1s irreparables en el segundo caso que en el primero?\par \'bfPermitir\'eda el joyero o el orfebre que su sacerdote venga, cuando deseara, y manipulara los ricos art\'edculos de su tienda, que registrara de arriba abajo el escritorio donde es depositado el dinero, y que jugara con \'e9ste como le plazca?\par \'a1No! Seguro que no.\par \'bfPero no son el coraz\'f3n, el alma, y la pureza de su querida esposa e hija mil veces m\'e1s valiosos que sus piedras preciosas, o sus mercanc\'edas de plata y oro? \'bfNo son los peligros de tentaci\'f3n y falta de tacto, para el sacerdote, m\'e1s formidables e irresistibles en el segundo caso que en el primero?\par \'bfPermitir\'eda el due\'f1o de caballos que su sacerdote tomara sus caballos m\'e1s valiosos y dif\'edciles de manejar, cuando \'e9l deseara, y los condujera solo, sin ninguna otra consideraci\'f3n y seguridad que la pruLVALYdencia de su sacerdote?\par \'a1No! Seguro que no.\par Ese due\'f1o de caballos sabe que ser\'eda arruinado pronto si hiciera as\'ed. Cualquiera pudiera ser su confianza en la discreci\'f3n, honestidad, y prudencia de su sacerdote, \'e9l nunca llevar\'e1 tan lejos su confianza como para darle el control incondicional de los nobles y briosos animales que son la gloria de sus establos y el sost\'e9n de su familia.\par \'bfC\'f3mo puede entonces, el mismo hombre confiar la entera y absoluta direcci\'f3n de su esposa y sus queridas hijas al control de aquel, a quien no confiar\'eda sus caballos?\par \'bfNo son su esposa e hijas tan preciosas para \'e9l como aquellos caballos? \'bfNo hay mayores peligros de falta de tacto, malos manejos, errores irreparables y fatales de parte del sacerdote, tratando solo con su esposa e hijas, que cuando conduce caballos? Ning\'fan acto de insensatez, depravaci\'f3n moral, y carencia de sentido com\'fan puede igualar al permiso dado por un hombre a su esposa para ir y confesarse con el sacerdote.\par \'a1Ese d\'eda, \'e9l renuncia a la noble\emdash yo casi dije divina\emdash dignidad de marido; porque es de parte de Dios que la posee; su corona es perdida para siempre, su autoridad quebrantada!\par \'bfQu\'e9 har\'eda usted a alguno que fuera lo bastante ruin como para espiar o escuchar a trav\'e9s del ojo de la cerradura de su puerta con el fin de o\'edr o ver algo que fuera dicho o hecho adentro? \'bfMostrar\'eda usted tan poco autorespeto como para tolerar semejante indiscreci\'f3n? \'bfNo tomar\'eda m\'e1s bien un l\'e1tigo o un bast\'f3n, y echar\'eda al villano? \'bfIncluso no pondr\'eda en peligro su vida para librarse de su insolente curiosidad?\par \'bfPero qu\'e9 es el confesionario? sino el ojo de la cerradura de su casa y de su propia habitaci\'f3n, a trav\'e9s del cual el sacerdote puede o\'edr y ver sus m\'e1s secretas palabras y acciones; no, es m\'e1s, conocer sus m\'e1s \'edntimos pensamientos y aspiraciones.\par \'bfSon ustedes dignos del nombre LVALZde hombres cuando se someten a tan maliciosa e insultante inquisici\'f3n? \'bfMerecen el nombre de hombres, quienes aceptan dar lugar a tan innoble ofensa y humillaci\'f3n?\par "El marido es cabeza de la mujer, as\'ed como Cristo es cabeza de la iglesia". "As\'ed que, como la iglesia est\'e1 sujeta a Cristo, as\'ed tambi\'e9n las casadas lo est\'e9n a sus maridos en todo." (\cf1\ul Eph_5:22-33\cf0\ulnone ). Si estas solemnes palabras son los verdaderos or\'e1culos de la sabidur\'eda divina, \'bfno es el marido designado divinamente el \'fanico orientador, consejero, y ayuda de su esposa, exactamente como Cristo es el \'fanico orientador, consejero, y ayuda de su Iglesia?\par Si el Ap\'f3stol no era un impostor cuando dijo que la esposa es para su marido lo que el cuerpo es para la cabeza, y que el marido es para su esposa lo que la cabeza es para el cuerpo: \'bfno es el marido designado por Dios para ser la luz y la gu\'eda de su esposa? \'bfNo es su deber, as\'ed como su privilegio y gloria, consolarla en sus aflicciones, fortalecerla en sus horas de debilidad, sostenerla de pie cuando est\'e1 en peligro de desmayar, y animarla cuando est\'e1 en los escarpados y empinados caminos de la vida?\par Si Cristo no ha venido para enga\'f1ar al mundo por medio de su Ap\'f3stol, \'bfno debe la esposa acudir a su marido para recibir consejo? \'bfNo debe ella esperar de \'e9l, y de \'e9l solo, despu\'e9s de Dios, la luz que ella quiere y el consuelo del que est\'e1 necesitada? \'bfNo es a su marido, y a \'e9l solo, despu\'e9s de Dios, a qui\'e9n ella debe recurrir por socorro en sus d\'edas de prueba? \'bfNo es bajo su \'fanico liderazgo que ella debe luchar la batalla de la vida y vencer? \'bfNo es este mutuo y cotidiano compartir de las ansiedades de la vida, este constante apoyarse en el campo de batalla, y esta rec\'edproca y mutua protecci\'f3n y ayuda renovada en cada hora del d\'eda, lo que forma, bajo los ojos y por la misericordia de Dios, los m\'e1s santos y puros encantos de la vida en matrimonio?LVAL[ \'bfNo es esa confianza sin reservas unos con otros lo que mantiene juntos a aquellos eslabones de oro del amor Cristiano que los hace felices en el mismo centro de las pruebas de la vida? \'bfNo es solamente por medio de esta confianza mutua que ellos son uno como Dios quiere que sean uno? \'bfNo es en esta unidad de pensamientos, temores y esperanzas, alegr\'eda y amor, que viene de Dios, que ellos pueden cruzar con \'e1nimo el espinoso valle, y alcanzar sin ning\'fan da\'f1o la tierra Prometida?\par \'a1El Evangelio dice que el marido es a su esposa lo que Cristo es a su Iglesia! \'bfNo es, entonces, una sumamente sacr\'edlega iniquidad para una esposa recurrir a otro antes que a su propio marido para obtener tal consejo, sabidur\'eda, fortaleza, y vida, como \'e9l est\'e1 autorizado, capacitado, y listo para ofrecer? As\'ed como ning\'fan otro hombre tiene el derecho al amor de ella, as\'ed ning\'fan otro hombre tiene derecho alguno a su absoluta confianza. As\'ed como ella se hace una ad\'faltera el d\'eda que da su cuerpo a otro hombre, \'bfes ella menos ad\'faltera el d\'eda que da su confianza y encomienda su alma a un extra\'f1o? El adulterio del coraz\'f3n y el alma no es menos criminal que el adulterio del cuerpo; y cada vez que la esposa va a los pies del sacerdote para confesarse, \'bfno se hace culpable de esa iniquidad?\par En la Iglesia de Roma, por medio del confesionario, el sacerdote es mucho m\'e1s el marido de la esposa que el hombre con el que se cas\'f3 al pie del altar. El sacerdote tiene la mejor parte de la esposa. \'c9l tiene la m\'e9dula, cuando el marido tiene los huesos. \'c9l tiene el jugo de la naranja, el marido la c\'e1scara. \'c9l tiene el alma y el coraz\'f3n, el marido el esqueleto. \'c9l tiene la miel, el marido el panal vac\'edo. \'c9l tiene la suculenta ostra, el marido el caparaz\'f3n seco. As\'ed como el alma es m\'e1s elevada que el cuerpo, tanto m\'e1s altos son los poderes y privilegios del sacerdote que los poderes y privilegios del marido en la mente dLVAL\e la esposa penitente. Como el marido es el se\'f1or del cuerpo que alimenta, as\'ed el sacerdote es el se\'f1or del alma y el coraz\'f3n, que tambi\'e9n alimenta. La esposa, entonces, tiene dos se\'f1ores y amos, a quienes debe amar, respetar y obedecer. \'bfNo dar\'e1 ella la mejor parte de su amor, respeto y sumisi\'f3n a uno que, ante su mente, est\'e1 mucho m\'e1s arriba que el otro como los cielos est\'e1n por encima de la tierra? Pero como ella no puede servir a dos amos a la vez, \'bfno ser\'e1 el amo que la prepara y capacita para una vida eterna de gloria, ciertamente el objeto de su constante, real, y m\'e1s ardiente amor, gratitud, y respeto, cuando el terrenal y pecador hombre con quien ella est\'e1 casada, tendr\'e1 solamente la apariencia y las migajas de aquellos sentimientos? \'bfElla naturalmente e instintivamente no servir\'e1, amar\'e1, respetar\'e1, y obedecer\'e1, como se\'f1or y maestro, al piadoso hombre, cuyo yugo es tan liviano, tan santo, tan divino, antes que al hombre carnal, cuyas imperfecciones humanas son para ella una fuente de pruebas y sufrimientos diarios?\par En la Iglesia de Roma, los pensamientos y deseos, los secretos gozos y temores del alma, la misma vida de la esposa, son cosas selladas para el marido. \'c9l no tiene el derecho a mirar dentro del santuario del coraz\'f3n de ella; \'e9l no tiene el remedio para aplicar al alma; \'e9l no tiene la misi\'f3n de Dios para aconsejarla en las oscuras horas de sus ansiedades; \'e9l no tiene el b\'e1lsamo para aplicar a las sangrantes heridas, tan frecuentemente recibidas en las batallas diarias de la vida; \'e9l debe permanecer como un perfecto extra\'f1o en su propia casa.\par La esposa, esperando nada de su marido, no tiene revelaci\'f3n para hacerle, favor para pedirle, ni deuda de gratitud que pagar. No, ella cierra todas las avenidas de su alma, todas las puertas y ventanas de su coraz\'f3n, contra su marido. El sacerdote, y s\'f3lo el sacerdote, tiene un derecho a su total confianza; a \'e9l, y s\'f3lo a \'e9LVAL]l, ir\'e1 ella y revelar\'e1 todos sus secretos, mostrar\'e1 todas sus heridas; a \'e9l, y s\'f3lo a \'e9l, ella dirigir\'e1 su mente, su coraz\'f3n y alma, en la hora de preocupaci\'f3n y ansiedad; de \'e9l y s\'f3lo de \'e9l, pedir\'e1 y esperar\'e1 la luz y el consuelo que necesita. Todos los d\'edas, m\'e1s y m\'e1s, su marido se har\'e1 un extra\'f1o para ella, si no se hace una verdadera molestia, y un obst\'e1culo a su felicidad y paz.\par S\'ed, a trav\'e9s del confesionario, la Iglesia de Roma ha cavado un abismo insondable, entre el coraz\'f3n de la esposa y el coraz\'f3n del esposo. Sus cuerpos pueden estar muy cerca uno del otro, pero sus almas, sus verdaderos afectos y confianza est\'e1n a una distancia mayor que la que hay entre el polo norte y el polo sur de la tierra. \'a1El confesor es el amo, el gobernador, el rey del alma; el marido, como el guardi\'e1n de un cementerio, debe estar satisfecho con el esqueleto!\par El marido tiene el permiso para mirar el exterior del palacio; est\'e1 autorizado a apoyar su cabeza sobre el fr\'edo m\'e1rmol de los pelda\'f1os externos; pero el confesor camina triunfantemente en los misteriosos deslumbrantes aposentos, examina con comodidad sus innumerables e inenarrables maravillas; y, s\'f3lo \'e9l est\'e1 autorizado a reposar su cabeza sobre los blandos almohadones de la confianza ilimitada, el respeto, y el amor de la esposa.\par \'a1En la Iglesia de Roma, si el marido pide un favor a su esposa, nueve de diez veces ella preguntar\'e1 a su padre confesor si puede concederle o no su petici\'f3n; y el pobre marido tendr\'e1 que esperar pacientemente el permiso del amo, o la reprensi\'f3n del se\'f1or, de acuerdo a la respuesta del or\'e1culo que debi\'f3 ser consultado! \'a1Si \'e9l se pone impaciente bajo el yugo, y murmura, la esposa, prontamente, ir\'e1 a los pies de su confesor, para decirle c\'f3mo tuvo la mala suerte de estar unida al hombre m\'e1s irracional, y c\'f3mo debe sufrir por \'e9l! \'a1Ella revela a su "querido padre" cu\'e1n infeLVAL^liz es bajo semejante yugo, y c\'f3mo su vida ser\'eda una carga insoportable, si no hubiera tenido el privilegio y la felicidad de venir tan frecuentemente ante sus pies, para depositar sus pesares, o\'edr sus comprensivas palabras, y obtener su afectuoso y paternal consejo! Ella le dice, con l\'e1grimas de gratitud, que s\'f3lo cuando est\'e1 a su lado, y a sus pies, encuentra reposo para su alma cansada, un b\'e1lsamo para su coraz\'f3n sangrante, y paz para su atribulada conciencia.\par Cuando vuelve del confesionario, sus o\'eddos est\'e1n por mucho tiempo como con una m\'fasica celestial: las respetadas palabras de su confesor resuenan por muchos d\'edas en su coraz\'f3n; se siente triste por estar separada de \'e9l; su imagen est\'e1 constantemente en su mente, y el recuerdo de sus amabilidades es uno de sus pensamientos m\'e1s gratos. No hay nada que a ella le guste tanto como hablar de sus buenas cualidades, su paciencia, su piedad, su caridad; anhela el d\'eda cuando ir\'e1 de nuevo a confesarse y a pasar algunas horas al lado de ese hombre angelical, exponi\'e9ndole todos los secretos de su coraz\'f3n, y revel\'e1ndole todos sus disgustos. \'a1Le dice c\'f3mo lamenta que no pueda venir m\'e1s a menudo, y recibir los beneficios de sus caritativos consejos; ni siquiera le oculta cuan frecuentemente, en sus sue\'f1os, se siente tan feliz por estar con \'e9l! Cada d\'eda se ensancha m\'e1s y m\'e1s la brecha entre ella y su esposo. \'a1Cada d\'eda lamenta m\'e1s y m\'e1s que no tenga la felicidad de ser la esposa de un hombre tan santo como su confesor! \'a1Oh! \'a1si esto fuera posible! Pero entonces, ella se ruboriza o sonr\'ede, y canta una canci\'f3n.\par Entonces pregunto nuevamente, \'bfqui\'e9n es el verdadero se\'f1or, el gobernador, y el amo en esa casa? \'bfPor qui\'e9n late y vive el coraz\'f3n?\par As\'ed es como ese estupendo enga\'f1o, el dogma de la confesi\'f3n auricular, destruye completamente todos los v\'ednculos, los gozos, las responsabilidades, y los divinos privilegiosLVAL_ de la vida matrimonial, y los transforma en una vida de perpetuo, aunque disimulado, adulterio. Se hace totalmente imposible en la Iglesia de Roma, que el marido sea uno con su esposa, y que la esposa sea uno con su marido: entre ambos ha sido puesto un "ser monstruoso", llamado confesor. \'a1Nacido en las edades m\'e1s oscuras del mundo, ese ser ha recibido del infierno su misi\'f3n para destruir y contaminar las m\'e1s puras alegr\'edas de la vida matrimonial, para esclavizar a la esposa, deshonrar al esposo, y maldecir al mundo!\par Cuanto m\'e1s es practicada la confesi\'f3n auricular, m\'e1s son pisoteadas las leyes de moralidad p\'fablica y privada. El marido quiere que su esposa sea para \'e9l\emdash\'e9l no acepta, y no podr\'eda aceptar, compartir su autoridad sobre ella con nadie: \'e9l quiere ser el \'fanico hombre que tendr\'e1 su confianza y su coraz\'f3n, as\'ed como su respeto y amor. Y entonces, en el mismo momento en que \'e9l percibe la oscura sombra del confesor viniendo entre \'e9l y la mujer de su elecci\'f3n, prefiere evitar entrar en el sagrado v\'ednculo; los santos gozos del hogar y la familia pierden su divina atracci\'f3n; prefiere la fr\'eda vida de un celibato ignominioso antes que la humillaci\'f3n y oprobio de los cuestionables privilegios de una paternidad incierta.\par Francia, Espa\'f1a, y muchos otros pa\'edses Cat\'f3lico-Romanos, son as\'ed testigos de la multitud de aquellos c\'e9libes aumentando cada a\'f1o. El n\'famero de familias y nacimientos, en consecuencia, est\'e1 disminuyendo r\'e1pidamente en medio de ellos; y, si Dios no realiza un milagro para detener a estas naciones en su curso descendente, es f\'e1cil calcular el d\'eda cuando deber\'e1n su existencia a la tolerancia y piedad de las poderosas naciones Protestantes que las rodean.\par \'bfPor qu\'e9 es que el pueblo Cat\'f3lico Romano irland\'e9s est\'e1 tan irreparablemente degradado y vestido con harapos? \'bfPor qu\'e9 es que ese pueblo, al cual Dios ha dotado con tantas nobles cualidades, paLVAL`rece estar tan privado de inteligencia y autorespeto para gloriarse en su propia verg\'fcenza? \'bfPor qu\'e9 es que su tierra ha sido por siglos la tierra de sangrientos disturbios y cobardes asesinatos? La causa principal es la esclavitud de las mujeres irlandesas, por medio del confesionario. Todos saben que la esclavitud espiritual y la degradaci\'f3n de la mujer irlandesa no tiene l\'edmites. Despu\'e9s que ella, a su vez, haya esclavizado y degradado a su esposo y a sus hijos, Irlanda ser\'e1 un objeto de l\'e1stima; ser\'e1 pobre, miserable, turbulenta, sanguinaria, degradada, en la medida en que rechace a Cristo, para ser gobernada por el padre confesor, plantado en cada parroquia por el Papa.\par \'bfQui\'e9n no ha quedado admirado y entristecido por la ca\'edda de Francia? \'bfC\'f3mo es que sus ej\'e9rcitos alguna vez tan poderosos han desaparecido, que sus valientes hijos han sido tan f\'e1cilmente conquistados y desarmados? \'bfC\'f3mo es que Francia, ca\'edda impotente a los pies de sus enemigos, ha aterrorizado al mundo con el espect\'e1culo de las incre\'edbles, sangrientas, y salvajes locuras de la Comuna? [N. de t.: la Comuna fue una revoluci\'f3n en Par\'eds en el a\'f1o 1871]. No busquen las causas de la ca\'edda, humillaci\'f3n, y miserias inexpresables de Francia en ning\'fan otro lugar que el confesionario. \'bfNo ha rechazado obstinadamente a Cristo ese gran pa\'eds durante siglos? \'bfNo ha matado o enviado al exilio a sus m\'e1s nobles hijos, que quer\'edan seguir el Evangelio? \'bfNo ha dado sus bellas hijas en manos de los confesores, quienes las han contaminado y degradado? \'bfC\'f3mo pod\'eda la mujer, en Francia, ense\'f1ar a su esposo e hijos a amar la libertad, y a morir por \'e9sta, cuando ella misma fue una miserable, una vil esclava? \'bfC\'f3mo pod\'eda amoldar a su esposo e hijos con las virtudes varoniles de h\'e9roes, cuando su propia mente fue contaminada y su coraz\'f3n corrompido por el Sacerdote?\par La mujer francesa ha rendido incondicionalmente la noblLVALae y bella ciudadela de su coraz\'f3n, su inteligencia, y su autorespeto femenino en las manos de su confesor mucho antes de que sus hijos rindieran sus espadas a los alemanes en Sed\'e1n y Par\'eds.\par La primera rendici\'f3n incondicional ha llevado a la segunda.\par La completa destrucci\'f3n moral de la mujer por el confesor en Francia ha sido un trabajo de mucho tiempo. A requerido siglos para doblegar, quebrar, y esclavizar a las nobles hijas de Francia. S\'ed; pero aquellos que conocen Francia, saben que esa destrucci\'f3n ahora es tan completa como lamentable. La ca\'edda de la mujer en Francia, y su degradaci\'f3n suprema por medio del confesionario, es ahora un asunto hecho, que nadie puede negar; las mentes m\'e1s elevadas lo han visto y reconocido. Uno de los m\'e1s profundos pensadores de ese desventurado pa\'eds, Michelet, ha descripto esa suprema e irrecuperable degradaci\'f3n en un libro sumamente elocuente: "El Sacerdote, La Mujer, La Familia"; y ninguna voz se levant\'f3 para negar o refutar lo que \'e9l ha dicho. Aquellos que tienen alg\'fan conocimiento de historia y filosof\'eda saben muy bien que la degradaci\'f3n moral de la mujer es pronto seguida en todas partes por la degradaci\'f3n moral de la naci\'f3n, y la degradaci\'f3n moral de la naci\'f3n es muy pronto seguida por la ruina y el derrumbe.\par La naci\'f3n francesa ha sido formada por Dios para ser una raza de gigantes. Ellos fueron caballerescos y valientes; tuvieron inteligencias brillantes, corazones robustos, brazos fuertes y una espada poderosa. Pero como la m\'e1s dura roca de granito cede y se quiebra bajo la gota de agua que cae incesantemente sobre ella, as\'ed esa gran naci\'f3n se ha tenido que quebrar y caer en pedazos bajo, no la gota, sino los r\'edos de impuras aguas que, por siglos, han fluido incesantemente sobre ella desde la fuente pestilente del confesionario. "La justicia engrandece la naci\'f3n: Mas el pecado es afrenta de las naciones." (\cf1\ul Pro_14:34\cf0\ulnone ).\par En los repentinos caLVALbmbios y revoluciones de estos \'faltimos d\'edas, Francia tambi\'e9n est\'e1 participando; y la Iglesia de Roma ha recibido un golpe all\'ed, que, aunque quiz\'e1s s\'f3lo temporario, ayudar\'e1 a despertar al pueblo de la corrupci\'f3n y el fraude del sacerdocio.\par \'bfPor qu\'e9 es que Espa\'f1a es tan miserable, tan d\'e9bil, tan pobre, desgarrando tan loca y cruelmente su propio pecho, y ti\'f1endo de carmes\'ed sus bellos valles con la sangre de sus propios hijos? La principal, si no la \'fanica, causa de la ca\'edda de esa gran naci\'f3n es el confesionario. All\'ed, tambi\'e9n, el confesor ha corrompido, degradado y esclavizado a las mujeres, y las mujeres a su vez han corrompido y degradado a sus esposos e hijos. Las mujeres han sembrado por todas partes en su pa\'eds las semillas de esa esclavitud, de esa falta de honestidad, justicia, y autorespeto Cristiano con los cuales ellas fueron imbuidas primeramente en el confesionario.\par Pero cuando usted ve, sin una sola excepci\'f3n, a las naciones cuyas mujeres beben las aguas impuras y venenosas, que fluyen desde el confesionario, declinando tan r\'e1pidamente, \'bfno se asombra de cu\'e1n r\'e1pidamente est\'e1n surgiendo las naciones vecinas, que han destruido aquellos antros de impureza, prostituci\'f3n, y vil esclavitud? \'a1Qu\'e9 maravilloso contraste est\'e1 delante de nuestros ojos! Por un lado, las naciones que permiten que las mujeres sean degradadas y esclavizadas a los pies de su confesor\emdash Francia, Espa\'f1a, la Irlanda romanista, M\'e9jico, etc., etc.,\emdash est\'e1n ca\'eddas en el polvo, sangrantes, peleando, sin poder, como el gorri\'f3n cuyas entra\'f1as son devoradas por el buitre.\par \'a1De forma opuesta, vea c\'f3mo las naciones cuyas mujeres lavan sus vestiduras en la sangre del Cordero, est\'e1n ascendiendo, como sobre alas de \'e1guila, a las m\'e1s elevadas regiones de progreso, paz, y libertad!\par Si los legisladores pudieran entender alguna vez el respeto y la protecci\'f3n que deben brindar a las mujerLVALces, prohibir\'edan pronto, con leyes estrictas, la confesi\'f3n auricular como contraria a las buenas costumbres y al bienestar de la sociedad; porque, aunque los defensores de la confesi\'f3n auricular han tenido \'e9xito, hasta cierto punto, en cegar al p\'fablico, y en tapar las abominaciones del sistema bajo un mentiroso manto de santidad y religi\'f3n, \'e9sta no es otra cosa que una escuela de impureza.\par Yo digo m\'e1s que eso. Despu\'e9s de veinticinco a\'f1os de o\'edr las confesiones de la gente com\'fan y de las clases m\'e1s altas de la sociedad, de los laicos y de los sacerdotes, de los grandes vicarios y de los obispos y de las monjas; digo seg\'fan la conciencia ante el mundo, que la inmoralidad del confesionario es de una naturaleza m\'e1s peligrosa y degradante que la que atribuimos a la maldad social de nuestras grandes ciudades. El da\'f1o causado a la inteligencia y al alma en el confesionario, como una regla general, es de una naturaleza m\'e1s peligrosa y m\'e1s irremediable, porque no es sospechada ni entendida por sus v\'edctimas.\par La desdichada mujer que vive una vida inmoral conoce su profunda miseria; ella a menudo se siente avergonzada y llora por su degradaci\'f3n; oye, de todas partes, voces que le piden que salga de esos caminos de perdici\'f3n. Casi a toda hora del d\'eda y la noche, el clamor de su conciencia le advierte contra la desolaci\'f3n y el sufrimiento de una eternidad pasada lejos de las regiones de santidad, luz, y vida. Todas aquellas cosas son muchas veces medios de gracia, en las manos de nuestro misericordioso Dios, para despertar la mente, y para salvar al alma culpable. \'a1Pero en el confesionario el veneno es administrado bajo el nombre de un agua pura y refrescante; el golpe mortal es asestado por una espada tan bien aceitada que la herida no es sentida; las nociones e ideas m\'e1s viles e impuras, bajo la forma de preguntas y respuestas, son presentadas y aceptadas como el pan de vida! Todas las nociones de modestia, pureza, y autorespeto y LVALddelicadeza femeninos, son puestas a un lado y olvidadas para aplacar al dios de Roma. En el confesionario se dice a la mujer, y ella lo cree, que no hay pecado en o\'edr cosas que har\'edan sonrojar a la m\'e1s vil, que no hay pecado en decir cosas que har\'edan vacilar a la m\'e1s desesperadamente ruin de las calles de Londres, que no hay pecado en conversar con su confesor sobre asuntos tan inmundos que, si se intentaran expresar en la vida civil, excluir\'edan para siempre de la sociedad de los virtuosos a quien lo hiciera.\par S\'ed, el alma y la inteligencia contaminadas y destruidas en el confesionario son muchas veces irremediablemente contaminadas y destruidas. Ellas est\'e1n hundi\'e9ndose en una perdici\'f3n completa e irrecuperable; porque, al no conocer la culpa, no clamar\'e1n por misericordia\endash no sospechando la fatal enfermedad que est\'e1 siendo fomentada, no llamar\'e1n al verdadero M\'e9dico. Evidentemente fue pensando de la inenarrable ruina de las almas de los hombres por medio de la maldad llegando al cl\'edmax con la maldad de los confesores del Papa, que el Hijo de Dios dijo: "si el ciego guiare al ciego, ambos caer\'e1n en el hoyo." A cada mujer, con muy pocas excepciones, que vuelve de estar a los pies de su confesor, los hijos de luz pueden decir: "Yo conozco tus obras que tienes nombre que vives, y est\'e1s muerta." (\cf1\ul Rev_3:1\cf0\ulnone ).\par Nadie ha sido capaz todav\'eda, ni ser\'e1 capaz jam\'e1s de responder las breves l\'edneas siguientes, que envi\'e9 hace algunos a\'f1os al Rev. Sr. Bruyere, Vicario General Cat\'f3lico Romano de Londres, Canad\'e1:\par "Con mi cara ruborizada, y con arrepentimiento en mi coraz\'f3n, confieso, ante Dios y el hombre, que yo he estado como usted, y con usted, por medio del confesionario, hundido por veinticinco a\'f1os en ese insondable mar de iniquidad, en el cual los ciegos sacerdotes de Roma deben nadar d\'eda y noche.\par "Yo deb\'ed aprender de memoria, como usted, las infames preguntas que la Iglesia de Roma fuerzaLVALe a cada sacerdote a aprender. Yo deb\'ed hacer aquellas preguntas impuras, inmorales, a mujeres mayores y j\'f3venes, quienes me estaban confesando sus pecados. Estas preguntas\emdash usted lo sabe\emdash son de una naturaleza tal que ninguna prostituta se atrever\'eda a hacerlas a otra. Aquellas preguntas, y las respuestas que provocan, son tan corruptoras, que ning\'fan hombre en Londres\emdash usted lo sabe\emdash excepto un sacerdote de Roma, es lo suficientemente falto de toda percepci\'f3n de verg\'fcenza, como para hacerlas a una mujer.\par "S\'ed, yo estaba obligado, en mi conciencia, como usted est\'e1 obligado hoy, a poner en los o\'eddos, la mente, la imaginaci\'f3n, la memoria, el coraz\'f3n y alma de mujeres, preguntas de una naturaleza tal, la directa e inmediata consecuencia de las cuales\emdash usted lo sabe bien\emdash es llenar las mentes y los corazones tanto de los sacerdotes como de las mujeres penitentes, con pensamientos, fantasmas, y tentaciones de una naturaleza tan degradante, que no conozco palabras adecuadas para expresarlos. La antig\'fcedad pagana nunca ha visto una instituci\'f3n m\'e1s contaminante que el confesionario. No conozco nada m\'e1s corrupto que la ley que fuerza a una mujer a decir sus pensamientos, deseos, y m\'e1s secretos sentimientos y acciones a un sacerdote soltero. El confesionario es una escuela de perdici\'f3n. Puede negar eso ante los Protestantes; pero no puede negarlo ante m\'ed. Mi apreciado Sr. Bruyere, si usted me llama un hombre degradado, porque viv\'ed veinticinco a\'f1os en la atm\'f3sfera del confesionario, tiene raz\'f3n. Yo fui un hombre degradado, exactamente como usted mismo y como lo son hoy todos los sacerdotes, a pesar de sus negaciones. Si usted me llama un hombre degradado porque mi alma, mi mente, y mi coraz\'f3n fueron, como lo son los suyos hoy, hundidos en las profundas aguas que fluyen del confesionario, yo confieso, '\'a1Culpable!' Yo fui degradado y contaminado por el confesionario, exactamente como lo son usted y todos loLVALfs sacerdotes de Roma.\par "Ha sido requerida toda la sangre de la gran V\'edctima, que muri\'f3 en el Calvario por los pecadores, para purificarme; y oro que, por medio de la misma sangre, usted pueda ser purificado tambi\'e9n."\par Si los legisladores conocieran el respeto y la protecci\'f3n que deben brindar a las mujeres\emdash repito\emdash con las m\'e1s severas leyes, prohibir\'edan la confesi\'f3n auricular como un crimen contra la sociedad.\par No hace mucho tiempo, un impresor en Inglaterra fue enviado a prisi\'f3n y fue severamente penado por haber publicado en ingl\'e9s las preguntas hechas por el sacerdote a las mujeres en el confesionario; y la sentencia fue justa, porque todos los que leen aquellas preguntas concluir\'e1n que ninguna muchacha o mujer que pone su mente en contacto con los contenidos de ese libro puede escapar de la muerte moral. \'bfPero qu\'e9 est\'e1n haciendo los sacerdotes de Roma en el confesionario? \'bfNo pasan la mayor parte de su tiempo preguntando a mujeres, mayores y j\'f3venes, y oyendo sus respuestas, sobre aquellas mismas cuestiones? Si fue un crimen, punible por la ley, presentar aquellas preguntas en un libro, \'a1\'bfno es un crimen mucho m\'e1s punible por la ley, presentar aquellas mismas cosas a mujeres casadas y solteras por medio de la confesi\'f3n auricular?!\par Pregunto esto a todo hombre de sentido com\'fan. \'bfCu\'e1l es la diferencia entre una mujer o una muchacha aprendiendo aquellas cosas en un libro, o aprendi\'e9ndolas de los labios de un hombre? \'bfAquellas impuras, desmoralizantes sugerencias, no se sumergir\'e1n m\'e1s profundamente en sus mentes, y se grabar\'e1n m\'e1s fuertemente en su memoria, cuando son dichas por un hombre hablando con autoridad en el nombre del Dios Todopoderoso, que cuando son le\'eddas en un libro que no tiene autoridad?\par Les digo a los legisladores de Europa y Am\'e9rica: "Lean por ustedes mismos aquellas horribles, inmencionables cosas"; y recuerden que el Papa tiene m\'e1s de 100.000 sacerdotes cuyaLVALg tarea principal es, poner aquellas mismas cosas en la inteligencia y la memoria de las mujeres que ellos atrapan en sus trampas. Supongamos que cada sacerdote oiga las confesiones de s\'f3lo cinco mujeres penitentes por d\'eda, (aunque sabemos que el promedio diario es diez): \'a1esto da el terrible n\'famero de 500.000 mujeres a quienes los sacerdotes de Roma tienen el derecho legal a contaminar y destruir cada d\'eda del a\'f1o!\par \'a1Legisladores de las as\'ed llamadas naciones Cristianas y civilizadas! Les pregunto de nuevo: \'a1\'bfD\'f3nde est\'e1 su coherencia, su justicia, su amor por la moral p\'fablica, cuando ustedes castigan tan severamente al hombre que ha impreso las preguntas hechas a las mujeres en el confesionario, mientras honran y dejan libre, y a menudo pagan a los hombres cuya vida p\'fablica y privada es gastada en diseminar exactamente el mismo veneno moral en una forma mucho m\'e1s eficaz, escandalosa, y vergonzosa, bajo la m\'e1scara de la religi\'f3n?!\par El confesionario est\'e1 en las manos del maligno, \'bfqu\'e9 es West Point para los Estados Unidos, y qu\'e9 es Woolwich para Gran Breta\'f1a?, un adiestramiento del ej\'e9rcito para luchar y para conquistar al enemigo. En el confesionario 500.000 mujeres cada d\'eda, y 182.000.000 cada a\'f1o, son entrenadas por el Papa, en el arte de luchar contra Dios, destruy\'e9ndose a s\'ed mismas y al mundo entero, por medio de toda imaginable clase de impureza y suciedad.\par Una vez m\'e1s, demando a los legisladores, los maridos y los padres en Europa, as\'ed como en Am\'e9rica y en Australia, que lean en Dens, Liguori, Debreyne, en cada libro teol\'f3gico de Roma, lo que sus esposas e hijas deben aprender en el confesionario.\par Para escudarse, los sacerdotes de Roma recurren al siguiente miserable subterfugio: "\'bfNo est\'e1 el m\'e9dico obligado", dicen ellos, "a ejecutar ciertas operaciones delicadas a las mujeres? \'bfSe quejan ustedes por eso? \'a1No! Ustedes dejan al m\'e9dico solo; no les molestan en sus arduos yLVALh esmerados deberes. \'bfPor qu\'e9, entonces, insultar\'edan al m\'e9dico del alma, el confesor, en el cumplimiento de sus santos, aunque delicados deberes?"\par Respondo, primeramente: El arte y la ciencia del m\'e9dico son aprobados y enaltecidos en muchas partes de las Escrituras. Pero el arte y la ciencia del confesor no se encuentran en los registros sagrados. La confesi\'f3n auricular no es otra cosa que una sumamente estupenda impostura. Las inmundas e impuras preguntas del confesor, con las contaminantes respuestas que producen, fueron puestas por Dios mismo entre las acciones m\'e1s diab\'f3licas y prohibidas, el d\'eda que el Esp\'edritu de Verdad, Santidad, y Vida escribi\'f3 las imperecederas palabras: "Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca". (\cf1\ul Eph_4:29\cf0\ulnone )\par Segundo: El m\'e9dico no est\'e1 obligado por un juramento solemne a permanecer ignorante de las cosas que ser\'e1 su deber examinar y curar. \'a1Pero el sacerdote de Roma est\'e1 obligado, por el m\'e1s rid\'edculo e imp\'edo juramento de celibato, a permanecer ignorante de las mismas cosas que son el objeto diario de sus interrogatorios, observaci\'f3n, y pensamientos! \'a1El sacerdote de Roma ha jurado que jam\'e1s gustar\'e1 de los frutos con que alimenta su imaginaci\'f3n, su memoria, su coraz\'f3n, y su alma d\'eda y noche! El m\'e9dico es honesto en la ejecuci\'f3n de sus deberes; pero el sacerdote de Roma se convierte, realmente, en un hombre perjuro, cada vez que entra en la casilla del confesionario.\par Tercero: Si una dama tiene una peque\'f1a lastimadura en su dedo me\'f1ique, y est\'e1 obligada a ir al m\'e9dico para ser curada, ella s\'f3lo debe mostrar su dedo me\'f1ique, permitir que le sea aplicado el yeso o el ung\'fcento, y todo est\'e1 listo. El m\'e9dico nunca\emdash jam\'e1s\emdash dice a esa dama: "Es mi deber sospechar que usted tiene muchas otras partes de su cuerpo que est\'e1n enfermas; yo estoy obligado por mi conciencia, bajo pena de muerte, a examinarla desde la cabeza hasta loLVALis pies, para salvar su preciosa vida de aquellas secretas enfermedades, que pueden matarla si no son curadas ya mismo. Varias de aquellas enfermedades son de una naturaleza tal que usted quiz\'e1s nunca osar\'eda examinarlas con la atenci\'f3n que se merecen, y usted apenas est\'e1 consciente de ellas. Yo se, se\'f1ora, que es algo muy penoso y delicado para ambos, usted y yo, que sea obligado a hacer ese completo examen de su persona; sin embargo, no hay otra opci\'f3n; estoy moralmente obligado a hacerlo. Pero no debe temer. Soy un hombre santo, que ha hecho un voto de celibato. Estamos solos; ni su esposo ni su padre jam\'e1s conocer\'e1n las secretas dolencias que puedo encontrar en usted; ellos nunca siquiera sospechar\'e1n la perfecta investigaci\'f3n que har\'e9, y ser\'e1n, para siempre, ignorantes del remedio que aplicar\'e9".\par \'bfAlguna vez un m\'e9dico ha sido autorizado a hablar o a actuar de esta manera con alguna de sus pacientes femeninas?\par \'a1No,\emdash nunca! \'a1nunca!\par Pero este es el modo exacto como act\'faa el m\'e9dico espiritual, por medio de quien el diablo esclaviza y corrompe a las mujeres. \'a1Cuando la bella, honesta, y t\'edmida paciente acude al confesor, para mostrarle la peque\'f1a lastimadura en el dedo me\'f1ique de su alma, el confesor est\'e1 obligado por su conciencia a sospechar que ella tiene otras lastimaduras\emdash secretas y avergonzantes lastimaduras! S\'ed, \'e9l est\'e1 obligado, nueve de cada diez veces; y siempre le es permitido suponer que ella no se atrever\'eda a revelarlos! \'a1Entonces le es aconsejado por la Iglesia a inducir a ella a que le permita buscar en cada rinc\'f3n del coraz\'f3n, y del alma, y a indagar acerca de toda clase de contaminaciones, impurezas, secretos y cuestiones avergonzantes e indecibles! El joven sacerdote es entrenado en el diab\'f3lico arte de entrar en los m\'e1s sagrados recovecos del alma y el coraz\'f3n, casi a pesar de sus penitentes. Podr\'eda traer cientos de te\'f3logos como testigos de la verdad qLVALjue digo aqu\'ed, pero es suficiente ahora citar s\'f3lo tres:\par "Para que el confesor no vacile indolentemente en delinear las circunstancias de cualquier pecado, debe tener alistado la siguiente lista de circunstancias:\par "Quis, quid, ubi, quibus auxiliis, cur, quomodo, quando. Qui\'e9n, cu\'e1l, d\'f3nde, con qui\'e9n, por qu\'e9, c\'f3mo, cu\'e1ndo." (Dens, Vol. 6, p\'e1g. 123. Liguori, vol. 2, p\'e1g. 464).\par El c\'e9lebre libro de los Sacerdotes, "El Espejo del Clero", p\'e1gina 357, dice:\par "Oportet ut Confessor solet cognoscere quid quid debet judicare. Deligens igitur inquisitor et subtillis investigator sapienter, quasi astute, interrogat a peccatore quod ignorat, vel verecundia volit occultare."\par "Es necesario que el confesor conozca todo lo que debe juzgar. Que interrogue a los pecadores entonces, con sabidur\'eda y sutileza, sobre los pecados que puedan ignorar, o esconder por verg\'fcenza."\par \'a1La pobre muchacha desprotegida es, as\'ed, arrojada al poder del sacerdote, en cuerpo y alma, para ser examinada sobre todos los pecados que pueda ignorar, o que, por verg\'fcenza, pueda ocultar! \'a1En qu\'e9 ilimitado mar de depravaci\'f3n es lanzada por el sacerdote la pobre y fr\'e1gil barca! \'a1\'a1Qu\'e9 insondables abismos de impurezas deber\'e1 pasar y viajar, con la \'fanica compa\'f1\'eda del sacerdote, cuando \'e9l la interrogue sobre todos los pecados que pueda ignorar, o que pueda haber ocultado por verg\'fcenza!! \'a1\'a1\'a1Qui\'e9n puede expresar los sentimientos de sorpresa, verg\'fcenza, y angustia, de una joven muchacha t\'edmida y honesta, cuando, por vez primera, es iniciada, por medio de aquellas preguntas, en infamias que son ignoradas incluso en casas de prostituci\'f3n!!!\par Pero tal es la pr\'e1ctica, el deber sagrado del m\'e9dico espiritual. "Que interrogue (el sacerdote confesor), a los pecadores, con sabidur\'eda y sutileza, sobre los pecados que puedan ignorar, o esconder por verg\'fcenza."\par \'a1Y hay m\'e1s de 100.000 hombres, no solamenteLVALk permitidos, sino incluso alentados, y frecuentemente pagados por gobiernos as\'ed llamados Protestantes, Cristianos, y civilizados, para hacer eso en el nombre del Dios del Evangelio!\par Cuarto: Contesto al sofisma del sacerdote: Cuando el m\'e9dico tiene que realizar alguna operaci\'f3n delicada y peligrosa sobre una paciente mujer, \'e9l nunca est\'e1 solo; el esposo, o el padre, la madre, la hermana, o algunos amigos del paciente est\'e1n all\'ed, cuyos ojos escrutadores y o\'eddos atentos hacen imposible que el m\'e9dico diga o haga alguna cosa impropia.\par Pero cuando la pobre, enga\'f1ada paciente espiritual viene para ser tratada por su as\'ed llamado m\'e9dico espiritual, y le muestra sus enfermedades, \'bfno est\'e1 ella sola\emdash vergonzosamente sola\emdash con \'e9l? \'bfD\'f3nde est\'e1n los o\'eddos protectores del marido, el padre, la madre las hermanas, o los amigos? \'bfD\'f3nde est\'e1 interpuesta la barrera entre este hombre pecador, d\'e9bil, tentado, y frecuentemente depravado y su v\'edctima?\par \'bfPreguntar\'eda tan confiadamente el sacerdote esto y aquello a una mujer casada, si supiera que su esposo podr\'eda o\'edrle? \'a1No, ciertamente no! porque \'e9l est\'e1 muy consciente de que el marido enfurecido quebrantar\'eda los sesos del villano que, bajo el sacr\'edlego pretexto de purificar el alma de su esposa, est\'e1 llenando su coraz\'f3n con toda clase de contaminaci\'f3n e infamia.\par Quinto: Cuando el m\'e9dico ejecuta una operaci\'f3n delicada sobre uno de sus pacientes mujeres, la operaci\'f3n usualmente es acompa\'f1ada de dolor, gritos, y frecuentemente derramamiento de sangre. El m\'e9dico compasivo y honesto sufre casi tanto dolor como su paciente; aquellos gritos, agudos dolores, tormentos, y sangrantes heridas hacen moralmente imposible que el m\'e9dico sea tentado a ninguna cosa impropia.\par \'a1Pero ante la vista de las heridas espirituales de esas bellas penitentes! \'bfest\'e1 el pobre y depravado coraz\'f3n humano realmente apenado por verlas y LVALlexaminarlas? \'a1Oh, no! Es exactamente lo contrario.\par El querido Salvador llora sobre aquellas heridas; los \'e1ngeles est\'e1n angustiados por la visi\'f3n. \'a1S\'ed! \'a1Pero el enga\'f1oso y corrupto coraz\'f3n del hombre! \'bfno es m\'e1s bien apto para complacerse ante la vista de heridas que son muy similares a las que \'e9l mismo ha estado frecuentemente complacido en recibir de la mano del enemigo?\par \'bfFue el coraz\'f3n de David apenado e impresionado con horror ante la vista de la bella Bath-sheba, cuando, imprudente, y muy libremente, se expuso en su ba\'f1o? \'bfNo fue aquel santo profeta duramente castigado, y abatido hasta el polvo, por esa mirada culpable? \'bfNo fue el poderoso gigante, Sams\'f3n, arruinado por los encantos de Dalila? \'bfNo fue el sabio Salom\'f3n entrampado y corrompido en medio de las mujeres por quienes estaba rodeado?\par \'bfQui\'e9n creer\'e1 que los c\'e9libes del Papa est\'e1n hechos de un metal m\'e1s s\'f3lido que los Davides, los Samsones, y los Salomones? \'bfD\'f3nde est\'e1 el hombre que ha perdido tan completamente su sentido com\'fan como para creer que los sacerdotes de Roma son m\'e1s fuertes que Sams\'f3n, m\'e1s santos que David, m\'e1s sabios que Salom\'f3n? \'bfQui\'e9n creer\'e1 que los confesores se mantendr\'e1n de pie en medio de las tormentas que postraron en el polvo a aquellos gigantes del ej\'e9rcito del Se\'f1or? Suponer que, en la generalidad de los casos, el confesor puede resistir las tentaciones por las que diariamente est\'e1 rodeado en el confesionario, que rehusar\'e1 constantemente las oportunidades de oro, que se le presentar\'e1n, para satisfacer las casi irresistibles propensiones de su naturaleza humana ca\'edda, no es sabidur\'eda ni caridad, es simplemente locura.\par No digo que todos los confesores y sus penitentes femeninas caigan en el mismo grado de vil degradaci\'f3n; gracias a Dios, he conocido a varios, que pelearon noblemente sus batallas, y triunfaron en ese campo de tan vergonzosas derrotas. Pero estaLVALms son las excepciones. Es exactamente como cuando el fuego ha arrasado uno de nuestros grandes bosques de Am\'e9rica\emdash\'a1cu\'e1n triste es ver los innumerables y nobles \'e1rboles ca\'eddos bajo el devorador elemento! Pero, aqu\'ed y all\'ed, el viajero no est\'e1 ni un poco asombrado ni complacido, de encontrar algunos que han resistido orgullosamente el fiero juicio, sin ser consumidos.\par \'a1\'bfNo fue el mundo ampliamente impresionado con terror, cuando oy\'f3 del fuego que, hace algunos a\'f1os, redujo la gran ciudad de Chicago a cenizas?! Pero aquellos que han visitado esa ciudad destruida, y visto las ruinas de sus 16.000 casas, tuvieron que permanecer en admiraci\'f3n silenciosa, ante unas pocas, que justo en medio de un oc\'e9ano de fuego, hab\'edan escapado sin ser tocadas por el destructor elemento.\par Es un hecho, que debido a una sumamente maravillosa protecci\'f3n de Dios, algunas almas privilegiadas, aqu\'ed y all\'ed, escapan de la destrucci\'f3n fatal que alcanza a muchas otras en el confesionario.\par El confesionario es como la tela de ara\'f1a. \'a1Cu\'e1ntas ingenuas moscas encuentran la muerte, cuando buscan descanso en el hermoso entramado de su enga\'f1ador enemigo! \'a1Cu\'e1n pocas escapan! y esto solamente despu\'e9s de una muy desesperada lucha. \'a1Miren como la p\'e9rfida ara\'f1a mira inofensiva en su apartada esquina oscura; cu\'e1n serena est\'e1; cu\'e1n pacientemente espera su oportunidad! \'a1Pero miren cu\'e1n r\'e1pidamente encierra a su v\'edctima con sus sedosos, delicados, e imperceptibles eslabones, cu\'e1n despiadadamente succiona su sangre y destruye su vida!\par \'bfQu\'e9 queda de la imprudente mosca, despu\'e9s de que ha sido entrampada en las redes de su enemigo? Nada, s\'f3lo un esqueleto. As\'ed es con su bella esposa, su preciosa hija, nueve de diez veces, vuelve a usted nada m\'e1s que un esqueleto moral, despu\'e9s de que a la negra ara\'f1a del Papa le ha sido permitido succionar la verdadera sangre de su coraz\'f3n y su alma. Que aqueLVALnllos que est\'e9n tentados a pensar que exagero, lean los siguientes extractos de las memorias del Venerable Scipio de Ricci, Obispo Cat\'f3lico Romano de Pistoia y Prato, en Italia. Ellas fueron publicadas por el Gobierno italiano Cat\'f3lico Romano, para mostrar al mundo que las autoridades civiles y eclesi\'e1sticas deb\'edan tomar algunas medidas, para prevenir a la naci\'f3n de ser enteramente arrasada por el diluvio de corrupci\'f3n que fluye del confesionario, a\'fan entre los m\'e1s perfectos seguidores de Roma, los monjes y las monjas. Los sacerdotes nunca osaron negar una sola iota de estas terribles revelaciones. En la p\'e1gina 115 leemos la siguiente carta de la hermana Flavia Peraccini, Superiora de Santa Catalina, al Dr. Tom\'e1s Camparina, Rector del Seminario Episcopal de Pistoia:\par "En obediencia al requerimiento que me hizo este d\'eda, me apresuro a decir algo, pero no s\'e9 c\'f3mo.\par "De aquellos que han dejado el mundo, no dir\'e9 nada. De aquellos que todav\'eda viven y tienen muy poca decencia en su conducta, hay muchos, entre quienes est\'e1 un ex provincial llamado Padre Dr. Ballendi, Calvi, Zoratti, Bigliaci, Guidi, Miglieti, Verde, Bianchi, Ducci, Seraphini, Bolla, Nera di Luca, Quaretti, etc. \'bfPara qu\'e9 m\'e1s? Con la excepci\'f3n de tres o cuatro, todos los que he conocido, vivos o muertos, son del mismo car\'e1cter; ellos tienen los mismos dichos y la misma conducta.\par "\'a1Ellos andan en t\'e9rminos m\'e1s \'edntimos con las monjas que si estuvieran casados con ellas! Repito, requerir\'eda una gran cantidad de tiempo decir la mitad de lo que conozco. Ahora es la costumbre, cuando vienen a visitar y a o\'edr la confesi\'f3n de una hermana enferma, cenar con las monjas, cantar, danzar, jugar, y dormir en el convento. Un dicho de ellos es que Dios ha prohibido el odio, pero no el amor; y que el hombre est\'e1 hecho para la mujer y la mujer para el hombre.\par "\'a1Yo digo que ellos pueden enga\'f1ar a la m\'e1s prudente y recatada, y que ser\'eda un milagroLVALo conversar con ellos y no caer!"\par P\'e1gina 117: "Los sacerdotes son los maridos de las monjas, y los hermanos laicos de las hermanas laicas. He mencionado que un d\'eda se encontr\'f3 un hombre en la habitaci\'f3n de una de las monjas; \'e9l se escap\'f3, pero, pronto, lo pusieron como nuestro confesor particular.\par "\'a1Cu\'e1ntos obispos hay en los Estados Papales que han conocido de aquellos des\'f3rdenes, han realizado inspecciones y visitas, y nunca todav\'eda pudieron remediarlos, porque los monjes, nuestros confesores, nos dicen que aquellos que revelan lo que sucede en la Orden son excomulgados!\par "\'a1Pobres criaturas! ellas piensan que est\'e1n dejando el mundo para escapar de los peligros, y s\'f3lo se encuentran con unos mayores. Nuestros padres y madres nos dieron buena educaci\'f3n, y aqu\'ed debemos desaprender y olvidar lo que nos han ense\'f1ado."\par P\'e1gina 188: "No Suponga que es as\'ed \'fanicamente en nuestro convento. Es exactamente lo mismo en Santa Luc\'eda, Prato, Pisa, Perugia, etc. He conocido cosas que le asombrar\'edan. En todas partes es lo mismo. S\'ed, en todas partes reinan los mismos des\'f3rdenes, los mismos abusos. Digo, y lo repito, aunque los superiores sospechen como les sea posible, ellos no saben la m\'e1s m\'ednima porci\'f3n de la enorme iniquidad que contin\'faa entre los monjes y las monjas que confiesan. \'a1Todo monje que pasaba hacia su sector, ped\'eda a una hermana enferma que se confesara con \'e9l, y\emdash !\par P\'e1gina 119: "Con respecto al Padre Buzachini, digo que se comport\'f3 exactamente como los otros, llegando a \'faltima hora en el convento de monjas, divirti\'e9ndose, y dejando que prosiguieran los des\'f3rdenes habituales. Hubo varias monjas que tuvieron incidentes amorosos con \'e9l. Su propia principal concubina fue Odaldi, de Santa Luc\'eda, quien acostumbraba enviarle continuos obsequios. Tambi\'e9n estuvo enamorado de la hija de nuestro proveedor, de quien estuvieron celosas aqu\'ed. Tambi\'e9n arruin\'f3 a la pobreLVALp Cancellieri, quien era sacristana. Los monjes con sus penitentes son todos parecidos.\par "Hace algunos a\'f1os, las monjas de San Vicente, en consecuencia de la extraordinaria pasi\'f3n que ten\'edan por sus padres confesores Lupi y Borghiani, estuvieron divididas en dos grupos, uno se llamaba a s\'ed mismo Las Lupi, el otro Las Borghiani.\par "El que hizo el mayor ruido fue Donati. Creo que ahora \'e9l est\'e1 en Roma. El Padre Brandi, igualmente, estuvo tambi\'e9n muy de moda. Creo que es ahora el Superior de San Gemignani. En San Vicente, que es tenido como un muy santo retiro, tambi\'e9n tienen sus amantes \emdash -."\par Mi pluma se rehusa a reproducir varias cosas que las monjas de Italia han publicado contra sus padres confesores. Pero esto es suficiente para mostrar a los m\'e1s incr\'e9dulos que la confesi\'f3n no es otra cosa que una escuela de perdici\'f3n, a\'fan entre aquellos que hacen una manifestaci\'f3n de vivir en las m\'e1s altas regiones de santidad Cat\'f3lica Romana\emdash los monjes y las monjas.\par Ahora, de Italia vayamos a Am\'e9rica y veamos de nuevo el funcionamiento de la confesi\'f3n auricular, no entre los santos (?) monjas y monjes de Roma, sino entre las clases m\'e1s humildes de las mujeres del pa\'eds y los sacerdotes. Grande es el n\'famero de parroquias donde las mujeres han sido destruidas por sus confesores, pero hablar\'e9 s\'f3lo de una.\par Cuando era cura de Beauport, fui llamado por el Rev. Sr. Proulx, cura de San Antonio, para predicar en un retiro (un avivamiento) con el Rev. Mr. Aubry, a sus parroquianos, y otros ocho o diez sacerdotes tambi\'e9n fueron invitados para venir a ayudarnos a o\'edr las confesiones.\par El mismo primer d\'eda, despu\'e9s de predicar y pasar cinco o seis horas en el confesionario, el hospitalario cura nos dio una cena antes de ir a dormir. Pero era evidente que una especie de inquietud impregnaba a toda la compa\'f1\'eda de padres confesores. Por mi parte apenas pod\'eda alzar mis ojos para mirar al que estaba al ladoLVALq m\'edo; y, cuando quer\'eda hablar una palabra, parec\'eda que mi lengua no estaba tan libre como de costumbre; incluso sent\'eda mi garganta como si estuviera atragantada; la articulaci\'f3n de los sonidos era imperfecta. Suced\'eda evidentemente lo mismo con el resto de los sacerdotes. En lugar, entonces, de las bulliciosas y alegres conversaciones de otras comidas, hab\'eda s\'f3lo algunas palabras insignificantes intercambiadas con un tono semiapagado.\par El Rev. Sr. Proulx (el cura) al principio parec\'eda como si tambi\'e9n estuviera participando de ese singular, aunque general, decaimiento de \'e1nimo. Durante la primera parte de la comida apenas dijo palabra; pero, a lo \'faltimo, levantando su cabeza, y volviendo su honesto rostro hacia nosotros, con su usual caballerosa y alegre manera, dijo:\par "Queridos amigos, veo que todos est\'e1n bajo la influencia de los m\'e1s penosos sentimientos. Hay una carga sobre ustedes que no pueden quit\'e1rsela ni soportarla como quisieran. Conozco la causa de su inquietud, y espero que no encuentren falla en m\'ed, si les ayudo a reponerse de esa desagradable condici\'f3n mental. Han o\'eddo, en el confesionario, la historia de muchos grandes pecados; pero s\'e9 que no es esto lo que les inquieta. Ustedes son bastante experimentados en el confesionario como para conocer las miserias de la pobre naturaleza humana. Sin m\'e1s preparativos, ir\'e9 al asunto. No es m\'e1s un secreto en este lugar, que uno de los sacerdotes que me ha precedido, fue muy desafortunado, d\'e9bil, y culpable con la mayor parte de las mujeres casadas a quien \'e9l hab\'eda confesado. No m\'e1s que una entre diez han escapado de \'e9l. No menciono este hecho por conocerlo solamente por el confesionario, sino que lo conozco bien de otras fuentes, y puedo hablar libremente de esto, sin quebrantar el secreto sello del confesionario. Ahora, lo que les inquieta a ustedes es que, probablemente, cuando un gran n\'famero de aquellas mujeres les han confesado lo que han hecho con su confeLVALrsor, ustedes no les preguntaron hace cuanto tiempo hab\'edan pecado con \'e9l; y a pesar de ustedes mismos, creen que yo soy el hombre culpable. Esto, naturalmente, les averg\'fcenza, cuando est\'e1n en mi presencia, y en mi mesa. Pero por favor preg\'fantenles, cuando ellas vengan nuevamente a confesarse, cuantos meses o a\'f1os han transcurrido desde su \'faltimo amor\'edo con un confesor; y ver\'e1n que pueden suponer que est\'e1n en la casa de un hombre honesto. Pueden mirarme al rostro, y no temer dirigirse a m\'ed como si todav\'eda fuera digno de su estima; porque, gracias a Dios, yo no soy el culpable sacerdote que arruin\'f3 y destruy\'f3 tantas almas aqu\'ed."\par Apenas el cura hab\'eda pronunciado la \'faltima palabra, cuando un generalizado: "Le agradecemos, porque nos ha quitado una monta\'f1a de nuestros hombros", sali\'f3 de casi cada labio.\par "Es un hecho que, no obstante la buena opini\'f3n que ten\'edamos de usted", dijeron varios, "tem\'edamos que se hubiera apartado de la senda recta, y ca\'eddo con sus bellas penitentes, en la zanja."\par Yo me sent\'ed muy aliviado, porque era uno de aquellos que, a pesar de m\'ed mismo, ten\'eda mis secretos temores sobre la honestidad de nuestro hospedador. Cuando, muy temprano la ma\'f1ana siguiente, hab\'eda comenzado a o\'edr las confesiones, una de aquellas desafortunadas v\'edctimas de la depravaci\'f3n del confesor vino a m\'ed, y en medio de muchas l\'e1grimas y sollozos, me dijo, con grandes detalles, lo que repito aqu\'ed en pocas l\'edneas:\par "Era de s\'f3lo nueve a\'f1os cuando mi primer confesor comenz\'f3 a hacer cosas muy criminales conmigo, cada vez que estaba a sus pies confesando mis pecados. Al principio, estaba avergonzada y muy disgustada; pero poco despu\'e9s, llegu\'e9 a ser tan depravada que estaba buscando ansiosamente cada oportunidad de encontrarlo, ya fuera en su propia casa, o en la iglesia, en la sacrist\'eda, y muchas veces, en su propio jard\'edn, cuando estaba oscuro de noche. Ese sacerdote no permaneci\LVALs'f3 mucho tiempo; fue trasladado, para mi gran pesar, a otro lugar, donde muri\'f3. Fue reemplazado por otro, que al principio parec\'eda ser un hombre muy santo. Le hice una confesi\'f3n general con, me parece, un sincero deseo de abandonar para siempre, esa vida pecaminosa; pero me temo que mis confesiones llegaron a ser un motivo de pecado para ese buen sacerdote; porque, no mucho despu\'e9s de que finaliz\'f3 mi confesi\'f3n, me declar\'f3, en el confesionario, su amor, con palabras tan apasionadas, que pronto me sumergi\'f3 de nuevo en mis antiguos h\'e1bitos criminales junto a \'e9l. Esto dur\'f3 seis a\'f1os, cuando mis padres se mudaron a este lugar. Yo estaba muy contenta por ello, porque esperaba que, estando alejada de \'e9l, no le ser\'eda una causa de pecado, y que podr\'eda comenzar una vida mejor. Pero la cuarta vez que fui a confesarme a mi nuevo confesor, \'e9l me invit\'f3 a ir a su habitaci\'f3n, donde hicimos juntos cosas tan repulsivas, que no s\'e9 como confesarlas. Esto fue dos d\'edas antes de mi casamiento, y la \'fanica criatura que tuve es el fruto de esa hora pecaminosa. Despu\'e9s de mi casamiento, continu\'e9 la misma vida criminal con mi confesor. \'c9l era amigo de mi marido; ten\'edamos muchas oportunidades para reunirnos, no s\'f3lo cuando iba a confesarme, sino cuando mi marido estaba ausente y mi hija en la escuela. Era evidente para m\'ed que varias otras mujeres eran tan miserables y criminales como yo misma. Este pecaminoso contacto con mi confesor continu\'f3, hasta que el Dios Todopoderoso lo detuvo con un verdadero rayo. Mi querida \'fanica hija hab\'eda ido a confesarse, y a recibir la santa comuni\'f3n. Cuando volvi\'f3 de la iglesia mucho m\'e1s tarde de lo que yo esperaba, le pregunt\'e9 las razones que la hab\'edan retenido tanto tiempo. Entonces se arroj\'f3 en mis brazos, y, con gritos convulsivos dijo: 'Querida madre, no me pidas que vaya a confesarme otra vez\emdash\'a1Oh, si pudieras saber lo que me pidi\'f3 mi confesor cuando estuve a sus pies, y siLVALt pudieras saber lo que me ha hecho, y lo que me ha obligado a hacer con \'e9l, cuando me tuvo sola en su sala!'\par "Mi pobre ni\'f1a no pudo hablar m\'e1s; ella se desmay\'f3 en mis brazos.\par "Tan pronto como se recuper\'f3, sin perder un minuto, me vest\'ed, y llena de una furia inexpresable, dirig\'ed mis pasos hacia la casa del cura. Pero antes de dejar mi casa, hab\'eda escondido bajo mi chal un filoso cuchillo grande, para apu\'f1alar y matar al villano que hab\'eda destruido a mi amada ni\'f1a. Afortunadamente para ese sacerdote, Dios cambi\'f3 mi mente antes de que entrara en su habitaci\'f3n; mis palabras a \'e9l fueron pocas y punzantes.\par "'\'a1T\'fa eres un monstruo!' le dije. '\'a1No satisfecho con haberme destruido, quieres destruir a mi propia querida hija, que tambi\'e9n es tuya! \'a1Qu\'e9 verg\'fcenza para ti! \'a1Yo hab\'eda venido con este cuchillo, para poner un fin a tus infamias; pero \'e9ste ser\'eda un castigo tan peque\'f1o, tan suave para semejante monstruo! Quiero que vivas, que puedas llevar sobre tu cabeza la maldici\'f3n de los muy ingenuos y desprevenidos amigos que has enga\'f1ado y traicionado tan cruelmente. Quiero que vivas con la conciencia de que eres conocido por m\'ed y por muchos otros, como uno de los m\'e1s infames monstruos que alguna vez hayan profanado este mundo. Pero conoce que si no est\'e1s lejos de este lugar antes del fin de esta semana, le revelar\'e9 todo a mi marido, y puedes estar seguro que no te dejar\'e1 vivir veinticuatro horas m\'e1s; porque \'e9l cree sinceramente que la ni\'f1a es suya; \'e9l ser\'e1 el vengador del honor de ella! Ir\'e9 a denunciarte, este mismo d\'eda, al obispo, para que pueda echarte de esta parroquia, que has corrompido tan vergonzosamente.'\par "El sacerdote se arroj\'f3 a mis pies, y, con l\'e1grimas me pidi\'f3 perd\'f3n, implor\'e1ndome que no lo denunciara ante el obispo, y prometi\'e9ndome que cambiar\'eda su vida y comenzar\'eda a vivir como un buen sacerdote. Pero permanec\'ed inconmovible. Acud\'ed alLVAL obispo, y advert\'ed a su se\'f1or\'eda de las lamentables consecuencias que seguir\'edan, si \'e9l manten\'eda a ese cura por m\'e1s tiempo en este lugar, como parec\'eda inclinado a hacer. Pero antes que los ocho d\'edas hubieran acabado, fue puesto al frente de otra parroquia, no muy lejos de aqu\'ed."\par El lector, quiz\'e1s, querr\'e1 saber que pas\'f3 con este sacerdote.\par \'a1\'c9l permaneci\'f3 al frente de aquella la m\'e1s hermosa parroquia de Beaumont, como cura, donde, conozco por un hecho, continu\'f3 destruyendo a sus penitentes, hasta unos pocos a\'f1os antes de morir, con la reputaci\'f3n de un buen sacerdote, un hombre amable, y un santo confesor!\par Porque ya est\'e1 obrando el misterio de iniquidad: . . . .\par Y entonces ser\'e1 manifestado aquel inicuo, al cual el Se\'f1or matar\'e1 con el esp\'edritu de su boca, y destruir\'e1 con el resplandor de su venida;\par A aquel inicuo, cuyo advenimiento es seg\'fan operaci\'f3n de Satan\'e1s, con grande potencia, y se\'f1ales, y milagros mentirosos,\par Y con todo enga\'f1o de iniquidad en los que perecen; por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.\par Por tanto, pues, les env\'eda Dios operaci\'f3n de error, para que crean a la mentira;\par Para que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, antes consintieron a la iniquidad. (\cf1\ul 2Th_2:7-12\cf0\ulnone ).\lang3082\f1\fs24 \par \pard\cf2\lang2058\f2\fs23\par \par } LVAL v{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\froman\fprq2\fcharset0 Georgia;}{\f1\froman\fprq2\fcharset0 Times New Roman;}{\f2\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs22\'bfDEBER\'cdA SER TOLERADA LA CONFESI\'d3N AURICULAR ENTRE LAS NACIONES CIVILIZADAS? \par \b0 QUE mis lectores que entienden Lat\'edn, lean cuidadosamente los extractos que doy, [al final de este libro], del Obispo Kenrick, Debreyne, Burchard, Dens, o Liguori, y los m\'e1s incr\'e9dulos aprender\'e1n por ellos mismos que el mundo, incluso en las \'e9pocas m\'e1s negras del antiguo paganismo, nunca ha visto algo m\'e1s infame y degradante que la confesi\'f3n auricular.\par Decir que la confesi\'f3n auricular purifica el alma, no es menos rid\'edculo y necio que decir que la blanca manta de una virgen, o que el lirio del valle, se volver\'e1n m\'e1s blancos por ser sumergidos en un frasco de tinta negra.\par El c\'e9libe papista, por estudiar sus libros antes de ir a la casilla del confesionario, \'bfno ha corrompido su propio coraz\'f3n, y zambullido su mente, memoria, y alma en una atm\'f3sfera de impureza que habr\'eda sido intolerable a\'fan para el pueblo de Sodoma?\par Preguntamos esto no solamente en el nombre de la religi\'f3n, sino tambi\'e9n del sentido com\'fan. \'bfC\'f3mo puede ese hombre, cuyo coraz\'f3n y memoria son hechos precisamente el dep\'f3sito de todas las m\'e1s groseras impurezas que el mundo alguna vez ha conocido, ayudar a otros a ser castos y puros?\par Los id\'f3latras de India creen que ser\'e1n purificados de sus pecados por tomar el agua con la que han acabado de lavar los pies de sus sacerdotes.\par \'a1Qu\'e9 monstruosa doctrina! \'a1Las almas de los hombres purificadas por el agua que ha lavado los pies de un miserable y pecador hombre! \'bfHay alguna religi\'f3n m\'e1s monstruosa y diab\'f3lica que la religi\'f3n Brahm\'e1n?\par S\'ed, hay una m\'e1s monstruosa,LVALw enga\'f1osa y contaminante que aquella. Es la religi\'f3n que ense\'f1a que el alma del hombre es purificada por unas pocas palabras m\'e1gicas (llamadas absoluci\'f3n) que salen de los labios de un miserable pecador, cuyo coraz\'f3n e inteligencia han precisamente sido llenados con las innombrables contaminaciones de Dens, Liguori, Debreyne, Kenrick, etc., etc. Porque si el alma del pobre hind\'fa no es purificada por beber la santa (?) agua que ha tocado los pies de su sacerdote, al menos esa alma no puede ser contaminada por ella. \'bfPero qui\'e9n no ve claramente que tomar de las viles preguntas del confesor contaminan, corrompen y arruinan el alma? \'bfQui\'e9n no ha sido lleno con profunda compasi\'f3n y l\'e1stima por aquellos pobres id\'f3latras del Indost\'e1n, que creen que asegurar\'e1n para ellos mismos un feliz pasaje a la pr\'f3xima vida, si tienen la buena suerte de morir sosteniendo la cola de una vaca? Pero hay un pueblo entre nosotros que no es menos digno de nuestra suprema compasi\'f3n y piedad; porque ellos esperan que ser\'e1n purificados de sus pecados y que ser\'e1n felices para siempre, si unas pocas palabras m\'e1gicas (llamadas absoluci\'f3n) caen sobre su alma saliendo de los labios impuros de un miserable pecador, enviado por el Papa de Roma. La sucia cola de una vaca, y las palabras m\'e1gicas de un confesor, para purificar las almas y lavar los pecados del mundo, son igualmente invenciones del maligno. Ambas religiones vienen de Sat\'e1n, porque ellas sustituyen igualmente con el poder m\'e1gico de viles criaturas a la sangre de Cristo, para salvar a los culpables hijos de Ad\'e1n. Ambas ignoran que solamente la sangre del cordero nos limpia de todo pecado.\par \'a1S\'ed! la confesi\'f3n auricular es un acto p\'fablico de idolatr\'eda. Es pedir de un hombre lo que s\'f3lo Dios, a trav\'e9s de su Hijo Jesucristo, puede otorgar: el perd\'f3n de los pecados. \'bfEl Salvador del mundo ha dicho a los pecadores: "Id a este o aquel hombre para arrepentimiento, perd\'f3n y paLVALxz"? No; pero \'e9l ha dicho a todos los pecadores: "Venid a m\'ed". Y desde ese d\'eda hasta el fin del mundo, todos los ecos del cielo y de la tierra repetir\'e1n estas palabras del compasivo Salvador para todos los perdidos hijos de Ad\'e1n\emdash "Venid a m\'ed".\par Cuando Cristo dio a sus disc\'edpulos el poder de las llaves en estas palabras, "todo lo que ligareis en la tierra, ser\'e1 ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, ser\'e1 desatado en el cielo" (\cf1\ul Mat_18:18\cf0\ulnone ), \'c9l explic\'f3 exactamente su pensamiento al decir: "Si tu hermano pecare contra ti" (v. \cf1\ul Mat_18:15\cf0\ulnone ). El mismo Hijo de Dios, en esa solemne hora, protest\'f3 contra la asombrosa impostura de Roma, dici\'e9ndonos positivamente que el poder de ligar y desatar, perdonar y retener pecados, era solamente en referencia a pecados cometidos de uno contra otro. Pedro hab\'eda entendido correctamente las palabras de su Maestro, cuando pregunt\'f3: "\'bfCu\'e1ntas veces perdonar\'e9 a mi hermano que pecare contra m\'ed?"\par Y para que sus verdaderos disc\'edpulos no pudieran ser perturbados por los sofismas de Roma, o por los relucientes disparates de esa banda de necios medio papistas Episcopales, llamados Tractarianos, Ritualistas, o Puseyitas, el misericordioso Salvador dio la admirable par\'e1bola del siervo pobre, que \'c9l concluy\'f3 con lo que tan frecuentemente repet\'eda, "As\'ed tambi\'e9n har\'e1 con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno a su hermano sus ofensas." (\cf1\ul Mat_18:35\cf0\ulnone .)\par No mucho antes, \'c9l nos hab\'eda dado misericordiosamente su pensamiento completo acerca de la obligaci\'f3n y poder que cada uno de sus disc\'edpulos ten\'eda de perdonar: "Porque si perdonareis a los hombres sus ofensas, os perdonar\'e1 tambi\'e9n a vosotros vuestro Padre celestial. Mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonar\'e1 vuestras ofensas." (\cf1\ul Mat_6:14-15\cf0\ulnone .)\par "SeLVALyd pues misericordiosos, como tambi\'e9n vuestro Padre es misericordioso; perdonad, y ser\'e9is perdonados." (\cf1\ul Luk_6:36-37\cf0\ulnone .)\par La confesi\'f3n auricular, como el Rev. Dr. Wainwright ha puesto tan elocuentemente en su "Confesi\'f3n no Auricular", es una caricatura diab\'f3lica del perd\'f3n de pecados por medio de la sangre de Cristo, as\'ed como el imp\'edo dogma de la Transubstanciaci\'f3n es una monstruosa caricatura de la salvaci\'f3n del mundo por medio de su muerte.\par Los Romanistas, y su horrible ap\'e9ndice, la parte Ritualista en la Iglesia Episcopal, hacen un gran alboroto por las palabras de nuestro Salvador, en Juan: "A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: a quienes los retuviereis, ser\'e1n retenidos." (\cf1\ul Joh_20:23\cf0\ulnone .)\par Pero, nuevamente, nuestro Salvador hab\'eda \'c9l mismo, de una vez por todas, explicado lo que \'c9l quiso decir por perdonar y retener pecados\emdash\cf1\ul Mat_18:35\cf0\ulnone ; \cf1\ul Mat_6:14-15\cf0\ulnone ; \cf1\ul Luk_6:36-37\cf0\ulnone .\par Nadie excepto hombres voluntariamente cegados podr\'edan malinterpretarlo. Adem\'e1s de eso, el mismo Esp\'edritu Santo ha cuidado para que no fu\'e9semos enga\'f1ados por las falsas tradiciones de los hombres, sobre ese importante asunto, cuando en Lucas \'c9l nos dio la explicaci\'f3n del significado de \cf1\ul Joh_20:23\cf0\ulnone , dici\'e9ndonos: "As\'ed fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer d\'eda; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisi\'f3n de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem." (\cf1\ul Luk_24:46-47\cf0\ulnone ).\par A fin de que podamos entender mejor las palabras de nuestro Salvador en \cf1\ul Joh_20:23\cf0\ulnone , pong\'e1moslas frente a sus propias explicaciones (\cf1\ul Luk_24:46-47\cf0\ulnone ).\par \cf1\ul Luk_24:33\cf0\ulnone Y levant\'e1ndose en la misma hora, torn\'e1ronse a Jerusalem, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos.\par \cf1\ul LukLVALz_24:34\cf0\ulnone Que dec\'edan: Ha resucitado el Se\'f1or verdaderamente, y ha aparecido a Sim\'f3n.\par \cf1\ul Luk_24:36\cf0\ulnone Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas, \'c9l se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.\par \cf1\ul Joh_20:18\cf0\ulnone Fue Mar\'eda Magdalena dando las nuevas a los disc\'edpulos de que hab\'eda visto al Se\'f1or, y que \'c9l le hab\'eda dicho estas cosas.\par \cf1\ul Joh_20:19\cf0\ulnone Y como fue tarde aquel d\'eda, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas donde los disc\'edpulos estaban juntos por miedo de los Jud\'edos, vino Jes\'fas, y p\'fasose en medio, y d\'edjoles: Paz a vosotros.\par \cf1\ul Luk_24:37\cf0\ulnone Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que ve\'edan esp\'edritu.\par \cf1\ul Luk_24:38\cf0\ulnone Mas \'c9l les dice: \'bfPor qu\'e9 est\'e1is turbados, y suben pensamientos a vuestros corazones?\par \cf1\ul Luk_24:39\cf0\ulnone Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el esp\'edritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.\par \cf1\ul Luk_24:40\cf0\ulnone Y en diciendo esto, les mostr\'f3 las manos y los pies.\par \cf1\ul Luk_24:41\cf0\ulnone Y no crey\'e9ndolo a\'fan ellos de gozo, y maravillados, d\'edjoles: \'bfTen\'e9is aqu\'ed algo de comer?\par \cf1\ul Luk_24:42\cf0\ulnone Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel.\par \cf1\ul Luk_24:43\cf0\ulnone Y \'c9l tom\'f3, y comi\'f3 delante de ellos.\par \cf1\ul Luk_24:44\cf0\ulnone Y \'c9l les dijo: Estas son las palabras que os habl\'e9, estando a\'fan con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que est\'e1n escritas de m\'ed en la ley de Mois\'e9s, y en los profetas, y en los salmos.\par \cf1\ul Luk_24:45\cf0\ulnone Entonces les abri\'f3 el sentido, para que entendiesen las Escrituras;\par \cf1\ul Luk_24:46\cf0\ulnone Y d\'edjoles: As\'ed est\'e1 escrito, y as\'ed fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer d\'LVAL{eda;\par \cf1\ul Joh_20:20\cf0\ulnone Y como hubo dicho esto, mostr\'f3les las manos y el costado. Y los disc\'edpulos se gozaron viendo al Se\'f1or.\par \cf1\ul Joh_20:21\cf0\ulnone Entonces les dijo Jes\'fas otra vez: Paz a vosotros: como me envi\'f3 el Padre, as\'ed tambi\'e9n yo os env\'edo.\par \cf1\ul Joh_20:22\cf0\ulnone Y como hubo dicho esto, sopl\'f3, y d\'edjoles: Tomad el Esp\'edritu Santo:\par \cf1\ul Luk_24:47\cf0\ulnone Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisi\'f3n de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem.\par \cf1\ul Joh_20:23\cf0\ulnone A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: a quienes los retuviereis, ser\'e1n retenidos.\par Tres cosas son evidentes al comparar el reporte de Juan y el de Lucas:\par 1. Ellos hablan del mismo acontecimiento, aunque uno da ciertos detalles omitidos por el otro, como encontramos en el resto de los evangelios.\par 2. Las palabras de San Juan: "A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: a quienes los retuviereis, ser\'e1n retenidos", son explicadas por el Esp\'edritu Santo mismo, en San Lucas, como significando que los ap\'f3stoles deber\'e1n predicar el arrepentimiento y el perd\'f3n de pecados por medio de Cristo. Es lo que nuestro Salvador ha dicho \'c9l mismo en \cf1\ul Mat_9:13\cf0\ulnone "Andad pues, y aprended qu\'e9 cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: porque no he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento."\par Esta es exactamente la misma doctrina ense\'f1ada por Pedro (\cf1\ul Act_2:38\cf0\ulnone ): "Y Pedro les dice: Arrepent\'edos, y baut\'edcese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perd\'f3n de los pecados; y recibir\'e9is el don del Esp\'edritu Santo."\par Exactamente la misma doctrina del perd\'f3n de pecados, no por medio de la confesi\'f3n auricular o la absoluci\'f3n, sino por medio de la predicaci\'f3n de la Palabra: "S\'e9aos pues notorio, varones hermanos, que por \'e9ste os es anunciada remisi\'f3n de pecados" (\cfLVAL|1\ul Act_13:38\cf0\ulnone ).\par 3. La tercer cosa que es evidente es que los ap\'f3stoles no estaban solos cuando Cristo apareci\'f3 y habl\'f3, sino que varios de sus otros disc\'edpulos, incluso algunas mujeres, estaban all\'ed.\par Si los Romanistas, entonces, pudieran probar que Cristo estableci\'f3 la confesi\'f3n auricular, y dio el poder de absoluci\'f3n, por lo que \'c9l dijo en esa hora solemne, mujeres tanto como hombres \emdash de hecho, cada creyente en Cristo\emdash estar\'eda autorizado a o\'edr confesiones y a dar absoluci\'f3n. El Esp\'edritu Santo no fue prometido o dado solamente a los Ap\'f3stoles, sino a cada creyente, como vemos en \cf1\ul Act_1:15\cf0\ulnone , y \cf1\ul Act_2:1-3\cf0\ulnone .\par Pero el Evangelio de Cristo, as\'ed como la historia de los primeros diez siglos del Cristianismo, es el testigo de que la confesi\'f3n auricular y la absoluci\'f3n no son otra cosa que un sacr\'edlego y un muy sorprendente fraude.\par Qu\'e9 tremendos esfuerzos han hecho los sacerdotes de Roma, estos \'faltimos cinco siglos, y est\'e1n todav\'eda haciendo, para persuadir a sus enga\'f1ados que el Hijo de Dios estaba haciendo de ellos una casta privilegiada, una casta dotada con el Divino y exclusivo poder de abrir y cerrar las puertas del cielo, cuando \'c9l dijo, "Todo lo que ligareis en la tierra, ser\'e1 ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, ser\'e1 desatado en el cielo."\par Pero nuestro adorable Salvador, quien perfectamente vio de antemano aquellos diab\'f3licos esfuerzos por parte de los sacerdotes de Roma, trastorn\'f3 enteramente todo vestigio de su fundamento al decir inmediatamente, "Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les ser\'e1 hecho por mi Padre que est\'e1 en los cielos. Porque donde est\'e1n dos o tres congregados en mi nombre, all\'ed estoy en medio de ellos." (\cf1\ul Mat_18:19-20\cf0\ulnone ).\par \'bfIntentar\'edan los sacerdotes de Roma hacernos creer que estas palabras de losLVAL} vers\'edculos 19 y 20 est\'e1n dirigidas a ellos exclusivamente? Ellos no han osado decir eso todav\'eda. Ellos reconocen que estas palabras est\'e1n dirigidas a todos sus disc\'edpulos. Pero nuestro Salvador positivamente dice que las otras palabras que implican el as\'ed llamado poder de los sacerdotes para o\'edr la confesi\'f3n y dar la absoluci\'f3n son dirigidas a las mism\'edsimas personas\emdash "os digo", etc., etc. El vosotros de los vers\'edculos 19 y 20 es el mismo vosotros del 18. El poder de desatar y atar es, entonces, dado a todos aquellos que fueran ofendidos y perdonaran. As\'ed pues, nuestro Salvador no ten\'eda en mente formar una casta de hombres con alg\'fan poder maravilloso sobre el resto de sus disc\'edpulos. Los sacerdotes de Roma, entonces, son impostores, y no otra cosa, cuando dicen que el poder de desatar y atar pecados les fue otorgado exclusivamente a ellos. En lugar de ir al confesor, dejen que los cristianos vayan a su misericordioso Dios, por medio de Cristo, y digan "perd\'f3nanos nuestras deudas, como tambi\'e9n nosotros perdonamos a nuestros deudores". Esta es la Verdad, no como viene del Vaticano, sino como viene del Calvario, donde nuestras deudas fueron pagadas, con la \'fanica condici\'f3n de que crey\'e9ramos, nos arrepinti\'e9ramos y am\'e1ramos.\par \'bfNo han los Papas p\'fablica y repetidamente anatematizado, [declarado anatema o maldito], al sagrado principio de la Libertad de Conciencia? \'bfNo han dicho abiertamente, en la cara de las naciones de Europa, que la Libertad de Conciencia debe ser destruida\emdash aniquilada a cualquier costo? \'bfNo ha o\'eddo el mundo entero la sentencia de muerte a la libertad saliendo de los labios del anciano hombre del Vaticano? \'bfPero d\'f3nde est\'e1 el pat\'edbulo en el cual la condenada Libertad debe perecer? Ese pat\'edbulo es la casilla del confesionario. \'a1S\'ed, en el confesionario, el Papa tiene sus 100.000 prominentes verdugos! Ellos est\'e1n all\'ed, d\'eda y noche, con afiladas dagas en la mano, apu\LVAL~'f1alando a la Libertad en el coraz\'f3n.\par \'a1En vano la noble Francia expulsar\'e1 a sus antiguos tiranos para ser libre; en vano se derramar\'e1 la m\'e1s pura sangre de su coraz\'f3n para proteger y salvar la libertad! La verdadera libertad no puede vivir all\'ed un d\'eda mientras los verdugos del Papa sean libres para apu\'f1alarla en sus 100.000 cadalsos.\par En vano la hidalga Espa\'f1a llamar\'e1 a la Libertad para dar una nueva vida a su pueblo. La Libertad no puede poner sus pies all\'ed, excepto para morir, mientras le sea permitido al Papa golpearla en sus 50.000 confesionarios.\par Y la libre Norteam\'e9rica, tambi\'e9n, ver\'e1 todas sus tan costosamente adquiridas libertades destruidas, el d\'eda que el confesionario est\'e9 universalmente encumbrado en medio de ella.\par La Confesi\'f3n Auricular y la Libertad no pueden permanecer juntas en el mismo suelo; una u otra debe caer.\par La Libertad debe arrasar al confesionario, como ha arrasado al demonio de la esclavitud, o ser\'e1 condenada a perecer.\par \'bfPuede un hombre ser libre en su propia casa, mientras hay otro que tiene el derecho legal a espiar todas sus acciones, y dirigir no s\'f3lo cada paso, sino cada pensamiento de su esposa e hijos? \'bfPuede ese hombre jactarse de un hogar cuya esposa e hijos est\'e1n bajo el control de otro? \'bfNo es ese desdichado hombre realmente el esclavo del soberano y amo de su familia? Y cuando una naci\'f3n entera est\'e1 compuesta de tales maridos y padres, \'bfno es esa una naci\'f3n de despreciables y humillados esclavos?\par \'a1Para un hombre que piensa, uno de los m\'e1s extra\'f1os fen\'f3menos es que nuestras naciones modernas permitan que sus m\'e1s sagrados derechos sean pisoteados, y destruidos por el Papado, el enemigo juramentado de la Libertad, por medio de un equivocado respeto y amor por esa misma Libertad!\par Ning\'fan pueblo tiene m\'e1s respeto por la Libertad de Consciencia que el norteamericano; \'bfpero ha permitido el noble Estado de Illinois a Joe Smith y LVALBrigham Young degradar y esclavizar a las mujeres Norteamericanas bajo el pretexto de la Libertad de Conciencia, a la cual recurren los as\'ed llamados "Santos de los \'daltimos D\'edas"? \'a1No! El terreno pronto se hizo muy caliente para la tierna conciencia de los profetas modernos. Joe Smith pereci\'f3 cuando intent\'f3 mantener a sus esposas cautivas en sus cadenas, y Brigham Young tuvo que escapar a las soledades del Lejano Oeste, para disfrutar lo que \'e9l llamaba su libertad de conciencia con las treinta mujeres que \'e9l hab\'eda degradado, y encadenado bajo su yugo. Pero a\'fan en esa remota soledad el falso profeta ha o\'eddo los distantes estruendos del rugiente trueno. La voz amenazante de la gran Rep\'fablica ha molestado su descanso, y antes de su muerte \'e9l habl\'f3 sabiamente de ir tanto como fuera posible m\'e1s all\'e1 del alcance de la civilizaci\'f3n cristiana, antes que las oscuras y amenazantes nubes que ve\'eda en el horizonte arrojaran sobre \'e9l sus irresistibles tormentas.\par \'bfCulpar\'e1 alguno al pueblo norteamericano por ir as\'ed al rescate de las mujeres? No, seguramente no.\par \'bfPero qu\'e9 es la casilla del confesionario? No otra cosa que una ciudadela y una fortaleza de Mormonismo.\par \'bfQu\'e9 es el Padre Confesor, con pocas excepciones, sino un afortunado Brigham Young?\par Yo no quiero ser cre\'eddo en mi ipse dixit [por lo que \'e9l mismo dice]. Lo que pido a los pensadores responsables es, que lean las enc\'edclicas de los P\'edos, los Gregorios, los Benitos, y muchos otros Papas, "De Sollicitantibus". All\'ed ellos ver\'e1n, con sus propios ojos, que, como una cosa general, los confesores tienen m\'e1s mujeres para servirles que las que los profetas Mormones jam\'e1s tuvieron. Lean ellos las memorias de uno de los m\'e1s venerables hombres de la Iglesia de Roma, el Obispo Scipio de Ricci, y ver\'e1n, con sus propios ojos, que los confesores son m\'e1s libres con sus penitentes, incluso monjas, que lo que los maridos son con sus esposas. Oigan elLVALlos el testimonio de una de las m\'e1s nobles princesas de Italia, Henrietta Carracciolo, quien todav\'eda vive, y conocer\'e1n que los Mormones tienen m\'e1s respeto por las mujeres que el que tiene la mayor\'eda de los confesores. Que ellos lean la experiencia de la se\'f1orita O'Gorman, cinco a\'f1os una monja en los Estados Unidos, y entender\'e1n que los sacerdotes y sus penitentes femeninas, incluso monjas, est\'e1n ultrajando todas las leyes de Dios y el hombre, por medio de los oscuros misterios de la confesi\'f3n auricular. Esa se\'f1orita O'Gorman, al igual que la se\'f1orita Henrietta Carracciolo, todav\'eda viven. \'bfPor qu\'e9 no son consultadas por aquellos que gustan conocer la verdad, y que temen que nosotros exageramos las iniquidades que vienen de la "confesi\'f3n auricular" como su infalible fuente? Que ellos oigan las lamentaciones del Cardenal Baronius, San Bernardo, Savonarola, P\'edo, Gregorio, Santa Teresa, San Liguori, sobre la inenarrable e irreparable ruina extendida por todos los caminos y por todos los pa\'edses fascinados por los confesores del Papa, y conocer\'e1n que el confesionario es el testigo diario de abominaciones que dif\'edcilmente hubieran sido toleradas en las tierras de Sodoma y Gomorra. Que los legisladores, los padres y los maridos de toda naci\'f3n y lengua, interroguen al Padre Gavazzi, Grassi, y miles de sacerdotes quienes viven que, como yo mismo, han sido milagrosamente sacados de esa servidumbre egipcia a la tierra prometida, y ellos les dir\'e1n a ustedes la misma muy antigua historia\emdash de que el confesionario es para la mayor parte de los confesores y las penitentes, un real pozo de perdici\'f3n, en el cual ellos promiscuamente caen y perecen.\par S\'ed; ellos le dir\'e1n a usted que el alma y el coraz\'f3n de su esposa y de su hija son purificados por las m\'e1gicas palabras del confesionario, tanto como las almas de los pobres id\'f3latras del Indost\'e1n son purificadas por la cola de la vaca que ellos sostienen en sus manos, cuando muereLVALn. Estudie las p\'e1ginas de la pasada historia de Inglaterra, Francia, Italia, Espa\'f1a, etc., etc., y usted ver\'e1 como los m\'e1s serios y confiables historiadores, por todas partes, han encontrado misterios de iniquidad en la casilla del confesionario que sus plumas rehusaban trazar.\par En la presencia de tales p\'fablicos, innegables, y lamentables hechos, \'bfno tienen las naciones civilizadas un deber que ejecutar? \'bfNo es tiempo de que los hijos de luz, los verdaderos disc\'edpulos del Evangelio, por todo el mundo, deban reunirse alrededor de las banderas de Cristo, e ir, hombro con hombro, al rescate de las mujeres?\par La mujer es a la sociedad lo que las ra\'edces son a los m\'e1s preciosos \'e1rboles de vuestro huerto. Si usted supiera que mil gusanos est\'e1n carcomiendo las ra\'edces de estos nobles \'e1rboles, que sus hojas ya se est\'e1n marchitando, sus ricos frutos, aunque todav\'eda verdes, est\'e1n cayendo al suelo, \'bfno desenterrar\'eda las ra\'edces y acabar\'eda con los gusanos?\par El confesor es el gusano que est\'e1 carcomiendo, corrompiendo, y destruyendo las propias ra\'edces de la sociedad civil y religiosa, al contaminar, envilecer, y esclavizar a la mujer.\par Antes de que las naciones puedan ver el reino de paz, felicidad, y libertad, que Cristo ha prometido, ellas deben, como los Israelitas, derribar los muros de Jeric\'f3. \'a1El confesionario es la moderna Jeric\'f3, que provocadoramente desaf\'eda a los hijos de Dios!\par Que, entonces, el pueblo del Se\'f1or, los verdaderos soldados de Cristo, se levanten y se re\'fanan alrededor de sus banderas; y que marchen intr\'e9pidamente, hombro con hombro, sobre la ciudad condenada; que todas las trompetas de Israel suenen alrededor de sus muros; que las fervientes oraciones vayan al trono de Misericordia, desde el coraz\'f3n de cada uno por los que el Cordero ha sido matado; que se oiga tal un\'e1nime grito de indignaci\'f3n, a trav\'e9s de lo largo y lo ancho de la tierra, contra esa la m\'e1s grande y la m\'eN LVAL^ 1s monstruosa impostura de los tiempos modernos, para que la tierra tiemble bajo los pies del confesor, tanto que sus mismas rodillas temblar\'e1n, y pronto los muros de Jeric\'f3, caer\'e1n, el confesionario desaparecer\'e1, y sus inenarrables corrupciones no pondr\'e1n m\'e1s en peligro la misma existencia de la sociedad.\par Entonces las multitudes que estuvieron cautivas vendr\'e1n al Cordero, quien las har\'e1 puras con su sangre y libres con su palabra.\par Entonces las naciones redimidas cantar\'e1n un canto de alegr\'eda: "\'a1Babilonia, la grande, la madre de las rameras y las abominaciones de la tierra, \'a1ca\'edda es! \'a1ca\'edda es!"\lang3082\f1\fs24 \par \cf2\lang2058\f2\fs23\par \par } LVAL4 {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\froman\fprq2\fcharset0 Georgia;}{\f1\froman\fprq2\fcharset0 Times New Roman;}{\f2\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs22\'bfLA CONFESI\'d3N AURICULAR TRAE PAZ AL ALMA? \par \b0 La conexi\'f3n entre la Paz con la Confesi\'f3n Auricular es seguramente el m\'e1s cruel sarcasmo alguna vez expresado en lenguaje humano.\par Ser\'eda menos rid\'edculo y falso admirar la tranquilidad del mar, y la quietud de la atm\'f3sfera, cuando una furiosa tormenta levanta las espumosas olas hacia el cielo, que hablar de la Paz del alma durante o despu\'e9s de la confesi\'f3n.\par Yo s\'e9 esto; los confesores y sus enga\'f1ados coros todos armonizan al gritar "\'a1Paz, paz!" Pero el Dios de verdad y santidad responde: "\'a1No hay paz para el imp\'edo!"\par El hecho es, que palabras humanas no pueden expresar adecuadamente las ansiedades del alma antes de la confesi\'f3n, su inexpresable confusi\'f3n en el acto de confesar, o sus mortales terrores despu\'e9s de la confesi\'f3n.\par Que aquellos que nunca han bebido de las amargas aguas que fluyen del confesionario, lean el siguiente relato simple y preciso de mis propias primeras experiencias con la confesi\'f3n auricular. Ellas no son m\'e1s que la historia de lo que nueve d\'e9cimos de los penitentes* de Roma, ancianos y j\'f3venes est\'e1n sometidos; y ellos sabr\'e1n que pensar de esa maravillosa Paz sobre la que los Romanistas, y sus insensatos copistas, los Ritualistas, han escrito tan elocuentes mentiras.\par * Por la palabra penitentes, Roma no se refiere a los que se arrepienten, sino a quienes confiesan al sacerdote.\par En el a\'f1o 1819, mis padres me hab\'edan enviado desde Murray Bay (La Mal Baie), donde ellos viv\'edan, a una excelente escuela en St. Thomas. Yo era entonces de aproximadamente nueve a\'f1os. Me hosped\'e9 en lo de un t\'edo, quien, aunque de nombre un Cat\'f3lico Romano, no LVALcre\'eda una palabra de lo que sus sacerdotes predicaban. Pero mi t\'eda ten\'eda la reputaci\'f3n de ser una mujer muy devota. Nuestro maestro, el Sr. John Jones, era un bien educado ingl\'e9s, y un firme PROTESTANTE. Esta \'faltima circunstancia hab\'eda despertado la ira del sacerdote Cat\'f3lico Romano contra el maestro y sus numerosos alumnos a tal grado, que ellos fueron frecuentemente denunciados desde el p\'falpito con palabras muy duras. Pero si \'e9l no nos ca\'eda bien, yo debo reconocer que le est\'e1bamos pagando con su misma moneda.\par Pero volvamos a mi primer lecci\'f3n sobre la Confesi\'f3n Auricular. \'a1No! No hay palabras que puedan expresar a aquellos que nunca tuvieron alguna experiencia en el asunto, la consternaci\'f3n, la ansiedad y la verg\'fcenza de un pobre ni\'f1o Cat\'f3lico, cuando oye a su sacerdote diciendo desde el p\'falpito, en un tono grave y solemne: "Esta semana ustedes enviar\'e1n a sus ni\'f1os para la confesi\'f3n. H\'e1ganles entender que esta acci\'f3n es una de las m\'e1s importantes de sus vidas, que para cada uno de ellos decidir\'e1 su eterna felicidad o ruina. Padres, madres y guardianes de esos ni\'f1os, si, por culpa de ustedes o de ellos, sus ni\'f1os son culpables de una falsa confesi\'f3n; si ellos no confiesan todo al sacerdote que ocupa el lugar de Dios mismo, este pecado frecuentemente es irreparable: el demonio tomar\'e1 posesi\'f3n de sus corazones, ellos mentir\'e1n a su padre confesor, o mejor dicho a Jesucristo, de quien \'e9l es el representante; sus vidas ser\'e1n una sucesi\'f3n de sacrilegios, su muerte y eternidad ser\'e1n las de los reprobados. Ens\'e9\'f1enles, por lo tanto, a examinar completamente todas sus acciones, palabras, pensamientos y deseos, a fin de confesar todo exactamente como ocurri\'f3, sin ninguna ocultaci\'f3n.\par Yo estaba en la Iglesia de St. Thomas, cuando estas palabras cayeron sobre m\'ed como un rayo. Yo hab\'eda o\'eddo frecuentemente a mi madre decir, cuando estaba en casa, y a mi t\'eda, desde que hab\'LVALeda llegado a St. Thomas, que de la primer confesi\'f3n depend\'eda mi eterna felicidad o miseria.\par \'a1Esa semana estaba, por lo tanto, por decidir la cuesti\'f3n vital de mi eternidad!\par P\'e1lido y desanimado, sal\'ed de la Iglesia despu\'e9s del servicio, y volv\'ed a la casa de mis parientes. Tom\'e9 mi lugar en la mesa, pero no pod\'eda comer, estaba tan preocupado. \'a1Fui a mi habitaci\'f3n con el prop\'f3sito de comenzar mi examen de conciencia, y de tratar de recordar cada uno de mis pecaminosos actos, pensamientos y palabras!\par Aunque apenas por sobre los nueve a\'f1os de edad, esta tarea fue realmente abrumadora para m\'ed. Me postr\'e9 ante la Virgen Mar\'eda por ayuda, pero estaba demasiado atrapado por el temor de olvidar algo o de hacer una mala confesi\'f3n, que murmur\'e9 mis oraciones sin la menor atenci\'f3n a lo que dec\'eda. Esto se puso a\'fan peor, cuando comenc\'e9 a contar mis pecados; mi memoria, aunque muy buena, se volvi\'f3 confusa; mi cabeza estaba mareada; mi coraz\'f3n lat\'eda con una rapidez que me agotaba, mi frente estaba cubierta con transpiraci\'f3n. Despu\'e9s de pasar un tiempo considerable en estos penosos esfuerzos, me sent\'ed al borde de la desesperaci\'f3n por el temor de que me era imposible recordar exactamente todo, y confesar cada pecado como \'e9ste ocurri\'f3. La noche siguiente estuve casi desvelado; y cuando me vino sue\'f1o, eso apenas podr\'eda llamarse sue\'f1o, m\'e1s bien era un sofocante delirio. En un aterrador sue\'f1o, me sent\'eda como si hubiese sido arrojado al infierno, por no haber confesado todos mis pecados al sacerdote. En la ma\'f1ana me despert\'e9 fatigado y abatido por los espectros y emociones de esa terrible noche. En similares aflicciones mentales pasaron los tres d\'edas que precedieron a mi primer confesi\'f3n.\par Yo ten\'eda constantemente delante m\'edo el rostro de ese severo sacerdote que nunca me hab\'eda sonre\'eddo. \'c9l estaba presente en mis pensamientos durante los d\'edas, y en mis sue\'f1os duranteLVAL las noches, como el ministro de un Dios airado, justamente irritado contra m\'ed por causa de mis pecados. Ciertamente se me hab\'eda prometido el perd\'f3n, con la condici\'f3n de una buena confesi\'f3n; pero tambi\'e9n se me hab\'eda presentado mi parte en el infierno, si mi confesi\'f3n no era tan cercana a la perfecci\'f3n como fuera posible.\par Ahora, mi atormentada conciencia me dec\'eda que hab\'eda noventa posibilidades contra una de que mi confesi\'f3n fuera mala, tanto si por mi propia falta, olvidaba algunos pecados, o si me encontraba sin ese pesar del cual hab\'eda o\'eddo tanto, pero la naturaleza y los efectos de lo cual fueron un perfecto caos en mi mente.\par Finalmente lleg\'f3 el d\'eda de mi confesi\'f3n, o mejor dicho el de juicio y condenaci\'f3n. Me present\'e9 al sacerdote, el Reverendo Sr. Beaubien.\par \'c9l ten\'eda, en ese tiempo, los defectos de trab\'e1rsele la lengua o tartamudear, lo cual frecuentemente ridiculiz\'e1bamos. Y, como desafortunadamente la naturaleza me hab\'eda dotado con admirables facultades de mimo, [el que hace m\'edmicas e imitaciones], las contrariedades de este pobre sacerdote ofrec\'edan simplemente una muy buena oportunidad para el ejercicio de mi talento. No s\'f3lo era uno de mis entretenimientos favoritos imitarle delante de los alumnos en medio de estruendos de risa, sino que tambi\'e9n, predicaba porciones de sus sermones ante sus feligreses con resultados similares. Verdaderamente, muchos de ellos ven\'edan desde considerables distancias para disfrutar la oportunidad de o\'edrme, y ellos, m\'e1s de una vez, me premiaban con pasteles de az\'facar de arce, por mis actuaciones.\par Estos actos de imitaci\'f3n estaban, por supuesto, entre mis pecados; y lleg\'f3 a ser necesario para m\'ed examinarme sobre el n\'famero de veces que me hab\'eda burlado de los sacerdotes. Esta circunstancia no estaba calculada para hacer m\'e1s f\'e1cil o m\'e1s grata mi confesi\'f3n.\par Finalmente, lleg\'f3 el terrible momento, me arrodill\'e9 por primera LVALvez al lado de mi confesor, pero mi estructura entera temblaba; repet\'ed la oraci\'f3n preparatoria para la confesi\'f3n, apenas sabiendo lo que dec\'eda, al estar tan atormentado por temores.\par Por las instrucciones que se nos hab\'edan dado antes de la confesi\'f3n, se nos hab\'eda hecho creer que el sacerdote era el verdadero representante, s\'ed, casi la personificaci\'f3n de Jesucristo. La consecuencia fue que yo cre\'eda que mi mayor pecado fue el de burlarme del sacerdote, y, como se me hab\'eda dicho que lo correcto era confesar primero los pecados mayores, comenc\'e9 as\'ed: "\'a1Padre, me acuso a m\'ed mismo de haberme burlado de un sacerdote!"\par Apenas hube expresado estas palabras, "burlado de un sacerdote", cuando este pretendido representante del humilde Jes\'fas, volvi\'e9ndose hacia m\'ed, y mirando mi rostro, a fin de conocerme mejor, me pregunt\'f3 abruptamente: "\'bfDe qu\'e9 sacerdote te burlaste, mi muchacho?"\par Hubiera preferido m\'e1s bien cortar mi lengua que decirle, en su rostro, quien era \'e9ste. Por lo tanto, me mantuve en silencio por un tiempo; pero mi silencio lo puso muy nervioso, y casi enfurecido. Con un tono de voz arrogante, dijo: "\'bfDe qu\'e9 sacerdote te tomaste la libertad de burlarte, mi muchacho?" Vi que ten\'eda que contestar. Afortunadamente, su arrogancia me hab\'eda hecho m\'e1s osado y firme; yo dije: "\'a1Se\'f1or, usted es el sacerdote de quien me burl\'e9!"\par "\'bfPero cuantas veces te dedicaste a burlarte de m\'ed, mi muchacho?" pregunt\'f3, furiosamente.\par Trat\'e9 de establecer el n\'famero de veces, pero nunca pude.\par "Debes decirme cuantas veces; porque burlarse del propio sacerdote de uno, es un gran pecado."\par "Es imposible para m\'ed darle el n\'famero de veces", le contest\'e9.\par "Bien, mi ni\'f1o, ayudar\'e9 tu memoria haci\'e9ndote preguntas. Dime la verdad. \'bfPiensas que te burlaste de m\'ed diez veces?"\par "Una gran cantidad de veces m\'e1s", contest\'e9.\par "\'bfTe has burlado de m\'ed cincuenta veces?"\paLVALr "\'a1Oh! Mucho m\'e1s todav\'eda"\par "\'bfUnas cien veces?"\par "Digamos quinientas, y quiz\'e1s m\'e1s", respond\'ed.\par "Bien, mi muchacho, \'bfgastas todo tu tiempo, en burlarte de m\'ed?"\par "No todo mi tiempo; pero, desafortunadamente, he hecho esto muy frecuentemente."\par "\'a1S\'ed, bien puedes decir 'desafortunadamente'! porque mofarte de tu sacerdote, quien ocupa el lugar de nuestro Se\'f1or Jesucristo, es un gran pecado y una gran desgracia para ti. Pero dime, mi peque\'f1o muchacho, \'bfqu\'e9 raz\'f3n tienes para burlarte as\'ed de m\'ed?\par En mi examen de conciencia, no hab\'eda previsto que estar\'eda obligado a dar las razones por las que me burl\'e9 del sacerdote, y estaba desconcertado por sus preguntas. No osaba responder, y permanec\'ed callado por un largo tiempo, por la verg\'fcenza que me dominaba. Pero, con una acosadora perseverancia, el sacerdote insist\'eda para que le dijera por qu\'e9 me hab\'eda burlado de \'e9l; asegur\'e1ndome que ser\'eda condenado si no hablaba la verdad entera. Entonces decid\'ed hablar, y dije: "Yo me burl\'e9 de usted por varias cosas".\par "\'bfQu\'e9 fue lo primero que hizo que te burlaras de m\'ed?" pregunt\'f3 el sacerdote.\par "Me re\'ed de usted porque tartamudea; entre los alumnos de la escuela, y otras personas, sucede frecuentemente que imitamos su predicaci\'f3n para re\'edrnos de usted", respond\'ed.\par "\'bfPor qu\'e9 otra raz\'f3n te r\'edes de m\'ed, mi peque\'f1o muchacho?"\par Por un largo tiempo estuve en silencio. Cada vez que abr\'eda mi boca para hablar, mi coraje me fallaba. Pero el sacerdote continu\'f3 apremi\'e1ndome; finalmente dije: "Se rumorea en el pueblo que usted ama las chicas: que usted visita a las se\'f1oritas Richards casi todas las noches; y esto frecuentemente nos hace re\'edr".\par El pobre sacerdote fue evidentemente abrumado por mi respuesta, y ces\'f3 de cuestionarme sobre ese asunto. Cambiando la conversaci\'f3n, dijo: "\'bfCu\'e1les son tus otros pecados?"\par Yo comenc\'e9 a confesarlLVALos de acuerdo al orden en que ven\'edan a mi memoria. Pero el sentimiento de verg\'fcenza que me dominaba, al repetir todos mis pecados a ese hombre, fue mil veces mayor que el de haber ofendido a Dios. En realidad, estos sentimientos de verg\'fcenza humana, que invadieron mis pensamientos, m\'e1s a\'fan, mi ser entero, no dejaron lugar para absolutamente ning\'fan sentimiento religioso, y estoy seguro que este es el caso con la gran mayor\'eda de quienes confiesan sus pecados al sacerdote.\par Cuando hab\'eda confesado todos los pecados que pude recordar, el sacerdote comenz\'f3 a hacerme las m\'e1s extra\'f1as preguntas sobre asuntos que mi pluma debe callar. . . . . Le respond\'ed, "Padre, no entiendo lo que usted me pregunta".\par "Te pregunto", replic\'f3 \'e9l, "sobre los pecados del sexto mandamiento de Dios", (el s\'e9ptimo en la Biblia). "Confiesa todo, mi peque\'f1o muchacho, porque ir\'e1s al infierno, si, por tu error, omites algo".\par Inmediatamente arrastr\'f3 mis pensamientos a regiones de iniquidad que, gracias a Dios, hab\'edan sido hasta ese momento completamente desconocidas para m\'ed.\par Le respond\'ed de nuevo, "No le entiendo", o "nunca hice esas cosas perversas".\par Entonces, cambiando h\'e1bilmente a algunas cuestiones secundarias, \'e9l pronto volver\'eda de forma astuta y artera a su asunto favorito, a saber, los pecados de impudicia.\par Sus preguntas eran tan sucias que me sonroj\'e9 y me sent\'ed asqueado con disgusto y verg\'fcenza. M\'e1s de una vez, hab\'eda estado, con gran pesar, en la compa\'f1\'eda de malos muchachos, pero ninguno de ellos hab\'eda ofendido mi naturaleza moral tanto como lo hab\'eda hecho este sacerdote. Ninguno se hab\'eda jam\'e1s aproximado a la sombra de las cosas de las cuales ese hombre rasg\'f3 el velo, y que puso delante de los ojos de mi alma. En vano le dije que yo no era culpable de aquellas cosas; que ni siquiera entend\'eda lo que me preguntaba; pero \'e9l no me liberar\'eda.\par Como un buitre inclinado sobre el pobre p\'e1jLVALaro indefenso que cae entre sus garras y es desguazado, ese cruel sacerdote parec\'eda determinado a arruinar y corromper mi coraz\'f3n.\par Finalmente me hizo una pregunta en una forma de expresarse tan mala, que fui realmente afligido y puesto fuera de m\'ed. Me sent\'ed como si hubiese recibido el sacud\'f3n de una bater\'eda el\'e9ctrica, un sentimiento de horror me hizo estremecer. Fui llenado con tal indignaci\'f3n que, hablando lo bastante fuerte como para ser o\'eddo por muchos, le dije: "Se\'f1or, soy muy malo, pero nunca fui culpable de lo que usted menciona; por favor no me haga m\'e1s esas preguntas, que me ense\'f1an m\'e1s maldad de la que jam\'e1s conoc\'ed".\par El resto de mi confesi\'f3n fue breve. La severa reprensi\'f3n que le hab\'eda dado hizo que ese sacerdote se ruborizara evidentemente, si es que no le atemoriz\'f3. Se detuvo brevemente, y me dio algunos muy buenos consejos, que podr\'edan haberme hecho bien, si las profundas heridas que sus preguntas hab\'edan infligido sobre mi alma, no hubieran absorbido mis pensamientos como para impedirme prestar atenci\'f3n a lo que dec\'eda. Me dio una peque\'f1a penitencia y me despidi\'f3. Dej\'e9 el confesionario irritado y confundido. Por la verg\'fcenza de lo que hab\'eda acabado de o\'edr, no me animaba a levantar mis ojos del suelo. Fui a una esquina de la iglesia para hacer mi penitencia, es decir, para recitar las oraciones que me hab\'eda indicado. Permanec\'ed por un largo tiempo en la iglesia. Ten\'eda necesidad de calma, despu\'e9s del terrible juicio por el que hab\'eda acabado de pasar. Pero en vano busqu\'e9 reposo. Las avergonzantes preguntas que me hab\'eda hecho recientemente; el nuevo mundo de iniquidad en el que hab\'eda sido introducido; los impuros fantasmas por los cuales fue profanada mi mente infantil, confundieron y afligieron tanto a mi alma, que comenc\'e9 a llorar amargamente.\par Dej\'e9 la iglesia solamente cuando fui obligado a hacerlo por las sombras de la noche, y regres\'e9 a la casa de mi t\'edo cLVALon un sentimiento de verg\'fcenza e inquietud, como si hubiese hecho una mala acci\'f3n y temiera ser descubierto. Mi aflicci\'f3n se acrecent\'f3 mucho cuando mi t\'edo dijo bromeando: "Ahora que has ido a confesarte, ser\'e1s un buen muchacho. Pero si no eres un mejor muchacho, ser\'e1s uno m\'e1s informado, si tu confesor te ense\'f1\'f3 lo que me ense\'f1\'f3 el m\'edo cuando me confes\'e9 por primera vez".\par Me ruboric\'e9 y permanec\'ed en silencio. Mi t\'eda dijo: "Debes sentirte feliz, ahora que has hecho tu confesi\'f3n: \'bfNo?"\par Le di una respuesta evasiva, pero no pude disimular enteramente la confusi\'f3n que me embargaba. Me fui a la cama temprano; pero dif\'edcilmente pod\'eda dormir.\par Pensaba que era el \'fanico muchacho a quien el sacerdote hab\'eda hecho esas contaminantes preguntas; pero grande fue mi confusi\'f3n, cuando, al ir a la escuela el d\'eda siguiente, me enter\'e9 que mis compa\'f1eros no hab\'edan sido m\'e1s felices que lo que yo hab\'eda sido. La \'fanica diferencia fue que, en vez de estar apenados como lo estaba yo, ellos se re\'edan de esto.\par "\'bfEl sacerdote les dijo esto y aquello?", preguntar\'edan, riendo de manera ruidosa; me rehus\'e9 responder, y dije: "\'bfNo est\'e1n avergonzados de hablar de estas cosas?"\par "\'a1Ah! \'a1Ah! qu\'e9 escrupuloso eres", continuaron, "si no es un pecado para el sacerdote hablarnos de estos asuntos, c\'f3mo puede ser para nosotros un pecado el re\'edrnos de esto". Me sent\'ed confundido, no sabiendo que contestar. Pero mi confusi\'f3n aument\'f3 no poco cuando, algo despu\'e9s, percib\'ed que las chicas j\'f3venes de la escuela no hab\'edan sido menos contaminadas o escandalizadas que los muchachos. Aunque manteni\'e9ndose a suficiente distancia de nosotros para impedir que nos enter\'e1semos de todo lo que ten\'edan que decir sobre su experiencia en el confesionario, aquellas chicas estaban suficientemente cerca como para que oy\'e9ramos muchas cosas que habr\'eda sido mejor para nosotros no conocer. Algunas LVALde ellas parec\'edan meditabundas, tristes, y avergonzadas, pero algunas de ellas re\'edan vehementemente por lo que hab\'edan aprendido en la casilla del confesionario.\par Yo estaba muy indignado contra el sacerdote; y pensaba para m\'ed mismo que \'e9l era un hombre muy malvado por habernos hecho preguntas tan repugnantes. Pero estaba equivocado. Ese sacerdote fue honesto; \'e9l solamente estaba cumpliendo su deber, como supe despu\'e9s, cuando estudi\'e9 a los te\'f3logos de Roma. El Reverendo Sr. Beaubien era un verdadero caballero; y si \'e9l hubiera sido libre de seguir los dictados de su honesta conciencia, es mi firme convicci\'f3n, que nunca habr\'eda manchado nuestros j\'f3venes corazones con ideas tan impuras. Pero qu\'e9 puede hacer la honesta conciencia de un sacerdote en el confesionario, excepto ser silencioso y mudo; el sacerdote de Roma es un aut\'f3mata, atado a los pies del Papa por una cadena de hierro. \'c9l puede moverse, ir hacia la izquierda o la derecha, arriba o abajo, puede pensar y actuar, pero s\'f3lo por la orden del infalible dios de Roma. El sacerdote conoce la voluntad de su moderna divinidad solamente por medio de sus aprobados emisarios, embajadores y te\'f3logos. Con verg\'fcenza sobre mi frente, y con amargas l\'e1grimas de pesar fluyendo justo ahora, sobre mis mejillas, confieso que yo mismo he debido aprender de memoria aquellas destructivas preguntas, y hacerlas a los j\'f3venes y viejos, que como yo, fueron alimentados con las doctrinas diab\'f3licas de la Iglesia de Roma, en referencia a la confesi\'f3n auricular.\par Cierto tiempo despu\'e9s, algunas personas tendieron una emboscada y castigaron a ese mismo sacerdote, cuando, durante una muy oscura noche \'e9l estaba volviendo de visitar a sus bellas j\'f3venes penitentes, las se\'f1oritas Richards. Y el d\'eda siguiente, los conspiradores se encontraron en la casa del Dr. Stephen Tache, para dar un informe de lo que hab\'edan hecho ante la sociedad semisecreta a la que pertenec\'edan, yo fui invitado por LVALmi joven amigo Louis Casault* para esconderme con \'e9l, en una habitaci\'f3n contigua, donde pod\'edamos o\'edr todo sin ser vistos. Encuentro en los viejos manuscritos de "memorias de mis a\'f1os de juventud" la siguiente exposici\'f3n del Sr. Dubord, uno de los comerciantes principales de St. Thomas.\par * \'c9l muri\'f3 muchos a\'f1os despu\'e9s cuando estaba al frente de la Universidad Laval.\par "Sr. Presidente, yo no estuve entre aquellos que dieron al sacerdote la expresi\'f3n de los sentimientos p\'fablicos con la elocuente voz del l\'e1tigo; pero desear\'eda haber estado; de buena gana habr\'eda cooperado en dar aquella tan merecida lecci\'f3n a los padres confesores de Canad\'e1; y perm\'edtanme darles mis razones para eso".\par "Mi hija, que es de apenas doce a\'f1os, fue a confesarse, como hicieron las otras ni\'f1as del pueblo, hace alg\'fan tiempo. Eso fue contra mi voluntad. Yo s\'e9 por mi propia experiencia, que de todas las acciones, la confesi\'f3n es la m\'e1s degradante de la vida de una persona. No puedo imaginar nada tan bien calculado para destruir para siempre el autorespeto de alguno, como la moderna invenci\'f3n del confesionario. Ahora, \'bfqu\'e9 es una persona sin autorespeto? \'bfEspecialmente una mujer? \'bfNo est\'e1 todo perdido para siempre sin esto?\par "En el confesionario, todo es corrupci\'f3n del peor grado. All\'ed, los pensamientos, labios, corazones y almas de las ni\'f1as son contaminados para siempre. \'bfNecesito probar esto? \'a1No! Porque aunque ustedes han abandonado la confesi\'f3n auricular, como algo degradante de la dignidad humana, no han olvidado las lecciones de corrupci\'f3n que recibieron de ella. Aquellas lecciones han permanecido en sus almas como las cicatrices dejadas por el hierro al rojo vivo sobre la frente del esclavo, para ser un testigo perpetuo de su esclavitud, para ser un testigo perpetuo de su verg\'fcenza y sumisi\'f3n.\par "\'a1El confesionario es el lugar donde nuestras esposas e hijas aprenden cosas que har\'edan sonrojaLVALr a la m\'e1s degradada mujer de nuestras ciudades!\par "\'bfPor qu\'e9 todas las naciones Cat\'f3lico-romanas son inferiores a las naciones pertenecientes al Protestantismo? Solamente puede encontrarse la soluci\'f3n a esa cuesti\'f3n en el confesionario. \'bfY por qu\'e9 son todas las naciones Cat\'f3lico-romanas degradadas en la medida que se someten a sus sacerdotes? Porque cuando m\'e1s frecuentemente los individuos que componen esas naciones van a confesarse, m\'e1s r\'e1pidamente se hunden en los terrenos de la inteligencia y la moralidad. Un terrible ejemplo de la depravaci\'f3n de la confesi\'f3n auricular ha ocurrido recientemente en mi propia familia.\par "Como he dicho hace un momento, yo estaba en contra de que mi propia hija fuera a confesarse, pero su pobre madre, que est\'e1 bajo el control del sacerdote, fervientemente quer\'eda que ella fuera. Para no tener una escena desagradable en mi casa, tuve que ceder ante las l\'e1grimas de mi esposa.\par "El d\'eda posterior a la confesi\'f3n, ellas creyeron que yo estaba ausente, pero estaba en mi oficina, con la puerta lo suficientemente abierta como para o\'edr todo lo que pod\'eda ser dicho por mi esposa y la ni\'f1a. Y la siguiente conversaci\'f3n tom\'f3 lugar:\par "'\'bfQu\'e9 te hace tan pensativa y triste, mi querida Lucy, desde que fuiste a confesarte? Me parece que deber\'edas sentirte m\'e1s feliz desde que tuviste el privilegio de confesar tus pecados.'\par "Mi hija no respondi\'f3 una palabra; ella permaneci\'f3 absolutamente en silencio.\par "Despu\'e9s de dos o tres minutos de silencio, o\'ed a la madre diciendo: '\'bfPor qu\'e9 lloras, mi querida Lucy? \'bfEst\'e1s enferma?'\par "\'a1Pero todav\'eda no hubo respuesta de la ni\'f1a!"\par Ustedes bien pueden suponer que yo estaba con toda la atenci\'f3n; ten\'eda mis sospechas particulares acerca del terrible misterio que hab\'eda tomado lugar. Mi coraz\'f3n lat\'eda con inquietud y enojo.\par "Despu\'e9s de un breve silencio, mi esposa hablo de nuevo a su hija, pero cLVALon la suficiente firmeza como para que se decidiera finalmente a contestar. En una voz temblorosa, ella dijo:\par "'\'a1Oh! querida mam\'e1, si supieras lo que el sacerdote me pregunt\'f3, y lo que me dijo cuando me confesaba, quiz\'e1s estar\'edas tan triste como yo.'\par "'\'bfPero qu\'e9 puede haberte dicho? \'c9l es un hombre santo, debes haberle entendido mal, si piensas que \'e9l ha dicho algo impropio.'\par "Mi ni\'f1a se ech\'f3 en los brazos de su madre, y contest\'f3 con una voz, medio sofocada con sus sollozos: 'No me pidas que te diga lo que dijo el sacerdote\emdash eso es tan vergonzoso que no puedo repetirlo\emdash sus palabras se han adherido a mi coraz\'f3n como la sanguijuela puesta en el brazo de mi peque\'f1o amigo, el otro d\'eda.'\par "'\'bfQu\'e9 piensa de m\'ed el sacerdote, para haberme hecho tales preguntas?'\par "Mi esposa contest\'f3: 'Ir\'e9 al sacerdote y le ense\'f1ar\'e9 una lecci\'f3n. Yo misma he notado que \'e9l va demasiado lejos cuando interroga a las personas de edad, pero ten\'eda la esperanza de que era m\'e1s prudente con los ni\'f1os. Te pido, sin embargo, que nunca hables de esto con nadie, especialmente no dejes que tu pobre padre sepa algo de esto, porque \'e9l ya tiene bastante poco de religi\'f3n, y esto le dejar\'eda sin nada en absoluto'.\par "Yo no pude refrenarme m\'e1s tiempo: abruptamente entr\'e9 a la sala. Mi hija se arroj\'f3 en mis brazos; mi esposa grit\'f3 con terror, y casi cay\'f3 desmayada. Yo dije a mi ni\'f1a: 'Si me amas, pon tu mano sobre mi coraz\'f3n, y prom\'e9teme que nunca ir\'e1s a confesarte nuevamente. Teme a Dios, mi ni\'f1a, y camina en su presencia. Porque sus ojos te ven en todas partes. Recuerda que \'c9l siempre est\'e1 presto para perdonarte y bendecirte cada vez que vuelvas tu coraz\'f3n a \'c9l. Nunca te pongas de nuevo a los pies de un sacerdote, para ser contaminada y degradada'.\par "Mi hija me prometi\'f3 esto.\par "Cuando mi esposa se recuper\'f3 de su sorpresa, le dije:\par "'\'a1Se\'f1ora, hace mucho que LVALel sacerdote lleg\'f3 a ser todo, y tu esposo nada para ti! Hay un poder oculto y terrible que te gobierna; este es el poder del sacerdote; t\'fa has negado esto frecuentemente, pero ya no puede ser negado m\'e1s; la Providencia de Dios ha decidido hoy que este poder ser\'eda destruido para siempre en mi casa; yo quiero ser el \'fanico gobernante de mi familia; desde este momento, el poder del sacerdote sobre ti es abolido para siempre. Cuando vayas y lleves tu coraz\'f3n y tus secretos a los pies del sacerdote, s\'e9 tan amable como para no regresar m\'e1s a mi casa como mi esposa'".\par Esta es una de las miles de muestras de la paz de conciencia tra\'edda al alma por medio de la confesi\'f3n auricular. Si fuera mi intenci\'f3n publicar un tratado sobre este asunto, podr\'eda dar muchos ejemplos similares, pero como solamente deseo escribir un cap\'edtulo breve, citar\'e9 como evidencia s\'f3lo un hecho m\'e1s para mostrar el terrible enga\'f1o practicado por la Iglesia de Roma, cuando invita a las personas a que vayan a confesarse, bajo el pretexto de que la paz para el alma ser\'e1 el premio de su obediencia. Oigamos el testimonio de otro testigo vivo e irreprochable, acerca de esta paz del alma, antes, durante, y despu\'e9s de la confesi\'f3n auricular. En su sobresaliente libro, "Experiencia Personal del Catolicismo Romano", la se\'f1orita Eliza Richardson escribe (en las p\'e1ginas 34 y 35): *\par * Esta se\'f1orita Richardson es una bien conocida dama Protestante, de Inglaterra, que se hizo Romanista llegando a ser una monja, y volvi\'f3 a su iglesia Protestante, despu\'e9s de cinco a\'f1os de experiencia personal en el Papismo. Ella todav\'eda vive como un testigo irrefutable de la depravaci\'f3n de la confesi\'f3n auricular.\par "De tal manera silenci\'e9 mis necias objeciones, y continu\'e9 para probar el fervor y sinceridad de un converso por la confesi\'f3n. Y, aqu\'ed, estaba sin duda una vigorosa fuente de pena e inquietud, y una no tan f\'e1cilmente vencida. \'a1La teor\'eda hab\'edLVALa aparecido, como un todo, justa y racional; pero la realidad, en algunos de sus detalles, era terrible!\par "Desnudado, para la mirada del p\'fablico, de sus m\'e1s oscuros ingredientes, y engalanado, en sus obras teol\'f3gicas, con falsas y enga\'f1osas pretensiones de verdad y pureza, se exhibi\'f3 un dogma s\'f3lo calculado para imponer una influencia ben\'e9fica sobre la humanidad, y para resultar una fuente de moralidad y provecho. Pero oh, como con todos los ideales, \'bfcu\'e1n diferente era lo real?\par "Aqu\'ed, sin embargo, puedo observar, de paso, el efecto producido sobre mi mente por el primer examen de las ediciones m\'e1s antiguas de 'el Jard\'edn del Alma'. Recuerdo la piedra de tropiezo que fue para m\'ed; mi sentido de delicadeza femenina fue conmocionado. Fue una p\'e1gina oscura en mi experiencia cuando por vez primera me arrodill\'e9 a los pies de un hombre mortal para confesar lo que deb\'eda haber sido dirigido a los o\'eddos de Dios solo. No puedo demorarme sobre esto . . . . . Aunque creo que mi confesor era, en general, cauto en la misma medida que era amable, en algunas cosas fui extra\'f1amente sorprendida, totalmente confundida.\par "La pureza de pensamiento y la delicadeza con las que hab\'eda sido educada, no me hab\'edan preparado para semejante experiencia; y mi propia sinceridad, y mi temor de cometer un sacrilegio, tend\'edan a aumentar el dolor de la ocasi\'f3n. Una circunstancia, especialmente, recordar\'e9, que mi conciencia encadenada me convenci\'f3 que estaba obligada a nombrar. Mi tribulaci\'f3n y terror, indudablemente, me hizo menos expl\'edcita de lo que de otra forma podr\'eda haber sido. El interrogatorio, no obstante, la hizo resurgir, y las ideas proporcionadas por \'e9ste, provocaron mis sentimientos a tal grado, que olvidando todo respeto por mi confesor, e incluso sin cuidar, en ese momento, si recibir\'eda o no la absoluci\'f3n, impulsivamente exclam\'e9, 'no puedo decir una palabra m\'e1s', mientras en mi mente entraba el pensamiento, 'es verdaLVALd todo lo que sus enemigos dicen de ellos'. Aqu\'ed, sin embargo, la prudencia dict\'f3 a mi interrogador que no continuara con el asunto m\'e1s all\'e1; y el tono amable y casi respetuoso que inmediatamente asumi\'f3, lograron borrar una impresi\'f3n tan injuriosa. Al levantarme de mis rodillas, cuando gustosamente habr\'eda escapado a cierta distancia antes que haber encontrado su mirada, \'e9l me habl\'f3 de la forma m\'e1s familiar sobre diferentes temas, y me detuvo alg\'fan tiempo hablando. Nunca supe que parte tom\'e9 en la conversaci\'f3n, y todo lo que recuerdo, fue el ardor en las mejillas, y la incapacidad para levantar mis ojos del suelo.\par "Aqu\'ed no debe suponerse que intencionadamente estoy poniendo un estigma sobre un individuo. Ni estoy arrojando culpas inadecuadas sobre el clero. Es el sistema el que est\'e1 errado, un sistema que ense\'f1a que las cosas, incluso ante el recuerdo de las cuales la humanidad degradada debe sonrojarse en la presencia del cielo y sus \'e1ngeles, deber\'edan ser reveladas, meditadas, y expuestas en detalle, ante los manchados o\'eddos de un corrupto y ca\'eddo pr\'f3jimo mortal, quien, de semejantes pasiones que el penitente a sus pies, est\'e1 por lo tanto expuesto a las m\'e1s oscuras y peligrosas tentaciones. \'bfPero qu\'e9 diremos de la mujer? \'a1Corre un velo! \'a1Oh pureza, recato! \'a1y todo sentimiento femenino! \'a1un velo como olvido, sobre la terriblemente peligrosa experiencia a trav\'e9s de la cual eres llamada a pasar!" (P\'e1ginas 37 y 38).\par "\'a1Ah! \'a1hay cosas que no pueden ser recordadas! Hechos demasiado sorprendentes, y al mismo tiempo muy delicadamente complicados, para admitir una descripci\'f3n p\'fablica, para reunir la mirada p\'fablica; pero la mejilla puede sonrojarse en secreto ante las genuinas im\'e1genes que evoca la memoria, y la mente oprimida se sobresalta con horror por las sombras oscuras que la han entristecido y abrumado. Yo apelo a quienes se convirtieron, a las convertidas del sexo m\'e1s d\'e9bil, y lesLVAL pregunto, osadamente les pregunto, \'bfcu\'e1l fue la primer impresi\'f3n hecha en sus mentes y sentimientos por el confesionario? No pregunto cuando la posterior familiarizaci\'f3n debilit\'f3 los efectos; sino cuando fue hecho el primer conocimiento de esto, \'bfc\'f3mo fueron afectadas por esto? No c\'f3mo lo fue la impura, la ya manchada, porque para la tal esto es tristemente susceptible de ser hecho una m\'e1s oscura fuente de culpa y verg\'fcenza, apelo a la pura de mente y la delicada, la pura de coraz\'f3n y sentimiento. \'bfNo fue la primera impresi\'f3n de ustedes una de inexpresable temor y perplejidad, seguida por un sentimiento de humillaci\'f3n y degradaci\'f3n no f\'e1cil de ser definido o soportado?" (P\'e1gina 39). "El recuerdo de ese tiempo, [la primer confesi\'f3n auricular], siempre ser\'e1 penoso y aborrecible para m\'ed; aunque la experiencia posterior ha arrojado incluso eso distante, en la lejan\'eda. Eso fue mi lecci\'f3n inicial sobre cuestiones que nunca deber\'edan entrar en la imaginaci\'f3n de la juventud femenina; mi introducci\'f3n en una regi\'f3n que nunca deber\'eda acercarse la inocente y la pura." (P\'e1gina 61). "Una o dos personas (Cat\'f3licas Romanas) pronto establecieron una estrecha intimidad conmigo, y hablaban con una libertad y llaneza que yo nunca antes hab\'eda encontrado. Mis amistades, sin embargo, hab\'edan sido criadas en conventos, o estuvieron allegadas a ellos por a\'f1os, y yo no pod\'eda contradecir sus afirmaciones.\par Yo era reacia a creer m\'e1s de lo que hab\'eda experimentado. La prueba, sin embargo, estaba destinada a venir en una forma no dudosa en un d\'eda cercano...... \'a1Una oscura y manchada p\'e1gina de experiencia fue r\'e1pidamente abierta sobre m\'ed; pero tan poco acostumbrado estaba el ojo que la examin\'f3, que yo apenas pod\'eda, repentinamente, creer en su verdad! Y eso fue de una hipocres\'eda tan aborrecible, de un sacrilegio tan terrible, y un abuso tan grosero de todas las cosas puras y santas, y en la persona de unLVALo obligado por sus votos, por su posici\'f3n, y, por cada ley de su Iglesia, as\'ed como las de Dios, a poner un ejemplo elevado, que, por un tiempo, toda confianza en la misma existencia de la sinceridad y la bondad estaba en peligro de ser conmovida; los sacramentos, estimados m\'e1s sagrados, fueron profanados; votos desde\'f1ados, el alardeado secreto del confesionario solapadamente quebrantado, y su santidad forzada para un prop\'f3sito imp\'edo; mientras incluso la visita privada fue convertida en un canal para la tentaci\'f3n, y fue hecha la ocasi\'f3n de malvada libertad de palabras y conducta. As\'ed corri\'f3 el relato de la maldad, y este fue un terrible relato. Por \'e9ste todos los pensamientos serios de religi\'f3n fueron casi extinguidos. La influencia fue espantosa y contaminante, el torbellino de la conmoci\'f3n inenarrable; no puedo entrar en peque\'f1os detalles aqu\'ed, todo sentido de delicadeza femenina y de sensibilidad como mujer rehuye semejante tarea. Como mucho, no obstante, puedo decir, que junto a otras dos j\'f3venes amigas, hicimos un viaje hasta un confesor, un residente de una casa religiosa, quien viv\'eda a cierta distancia, para exponer el asunto ante \'e9l, pensando que \'e9l tomar\'eda algunas medidas correctivas adecuadas a la urgencia del caso. \'c9l oy\'f3 nuestras declaraciones unidas, expres\'f3 gran indignaci\'f3n, y en seguida nos encomend\'f3 a cada una de nosotras que escribi\'e9ramos y detall\'e1ramos las circunstancias del caso al Obispo del distrito. Hicimos esto, pero por supuesto nunca o\'edmos el resultado. Los recuerdos de estos l\'fagubres y desgraciados meses parecen ahora como un horrible y repudiable sue\'f1o. \'a1Esto fue una verdadera familiarizaci\'f3n con las cosas m\'e1s inicuas!" (P\'e1gina 63).\par "La religi\'f3n de Roma ense\'f1a que si usted omite nombrar algo en la confesi\'f3n, a pesar de ser repugnante o repulsivo a la pureza, algo que incluso usted dude de haber cometido, sus confesiones posteriores son as\'ed hechas nulas y sacrLVAL\'edlegas; porque se inculca que los pecados de pensamiento deben ser confesados para que el confesor pueda juzgar su car\'e1cter mortal o venial. Qu\'e9 clase de cadena se ata con esto alrededor de los estrictamente concienzudos, yo intentar\'eda describirla si pudiera. \'a1Pero se la debe haber llevado para entender su car\'e1cter torturante! \'a1Es suficiente decir que, en los meses pasados, yo no hab\'eda hecho de manera alguna una buena confesi\'f3n! Y ahora, llena con remordimiento por mi pecaminosidad sacr\'edlega pasada, resolv\'ed hacer una nueva confesi\'f3n general al religioso aludido. Pero la escrupulosidad de este confesor excedi\'f3 todo lo que yo hab\'eda encontrado hasta ese momento. \'c9l me dijo que algunas cosas eran pecados mortales las cuales yo nunca antes hab\'eda imaginado que pod\'edan serlo, y as\'ed arroj\'f3 tantas cadenas alrededor de mi conciencia, que fue despertada dentro m\'edo una hueste de ansiedades por mi primer confesi\'f3n general. No tuve otra salida, entonces, sino rehacerla, y as\'ed entr\'e9 renovada en la amarga senda que hab\'eda cre\'eddo que nunca m\'e1s tendr\'eda ocasi\'f3n de transitar. Pero si mi primer confesi\'f3n hab\'eda lacerado mis sentimientos, \'bfqu\'e9 era aquella ante esta? Las palabras no tienen poder, el lenguaje no tiene expresi\'f3n para caracterizar la emoci\'f3n que la distingui\'f3.\par "La dificultad que sent\'ed para hacer una declaraci\'f3n completa y expl\'edcita de todo lo que me angustiaba, habilit\'f3 a mi confesor con una excusa para su ayuda en la oficina de interrogaci\'f3n, y de buena gana ocultar\'eda mucho de lo que pas\'f3 entonces como una sucia mancha sobre mi memoria. Pronto encontr\'e9 que \'e9l consideraba pecados mortales a los que mi primer confesor hab\'eda aceptado tratar s\'f3lo superficialmente, y no tuvo escr\'fapulos en decir que yo nunca todav\'eda hab\'eda hecho un buena confesi\'f3n en absoluto. Mis ideas, por lo tanto, se volv\'edan m\'e1s complejas y confusas en la medida que avanzaba, hasta que, finLVALalmente, comenc\'e9 a sentirme en dudas de alguna vez culminar mi tarea en alg\'fan grado satisfactoriamente; y mi mente y memoria estaban absolutamente atormentadas para recordar cada iota de cualquier clase, real o imaginaria, que podr\'eda si fuera omitida, ser m\'e1s adelante ocasi\'f3n de preocupaci\'f3n. \'a1Las cosas, anteriormente consideradas comparativamente leves, fueron vueltas a enumerar, y fueron declaradas pecados condenables; y como, d\'eda tras d\'eda, me arrodillaba a los pies de ese hombre, respondiendo preguntas y escuchando admoniciones calculadas para abatir mi alma hasta el polvo, me sent\'eda como si dif\'edcilmente podr\'eda ser capaz de levantar mi cabeza de nuevo!\par (P\'e1gina 63).\par \'a1Esta es la paz que fluye de la confesi\'f3n auricular! Yo declaro solemnemente que, excepto en unos pocos casos, en los cuales la confianza de los penitentes est\'e1 al borde de la imbecilidad, o en los casos en que han sido transformados en bestias inmorales, nueve d\'e9cimos de las multitudes que van a confesarse son obligados a relatar unas historias tan desconsoladoras como aquella de la se\'f1orita Richardson, cuando son lo suficientemente honestos para decir la verdad.\par Los ap\'f3stoles m\'e1s fan\'e1ticos de la confesi\'f3n auricular no pueden negar que el examen de conciencia que debe preceder a la confesi\'f3n, es una tarea de lo m\'e1s dificultosa, una tarea que, en vez de llenar la mente con paz, la llena con ansiedad y severos temores. \'bfEs solamente entonces despu\'e9s de la confesi\'f3n que ellos prometen tal paz? Pero ellos saben muy bien que esta promesa tambi\'e9n es un cruel enga\'f1o. . . . . porque para hacer una buena confesi\'f3n el penitente debe relatar no solamente sus malas acciones, sino todos sus malos pensamientos y deseos, sus cantidades y diversas circunstancias agravantes. \'bfPero han ellos encontrado a uno solo de sus penitentes que estuviera seguro de haber recordado todos los pensamientos, los deseos, todas las inclinaciones criminales del pobrLVALe coraz\'f3n pecador? Ellos son bien conscientes que enumerar los pensamientos de la mente de d\'edas y semanas pasados, y narrar precisamente esos pensamientos en un per\'edodo posterior, es exactamente igual de f\'e1cil que evaluar y contar las nubes que han pasado sobre el sol durante una tormenta de tres d\'edas, un mes despu\'e9s de que esa tormenta ha terminado. \'a1Es simplemente imposible\emdash absurdo! Esto nunca fue hecho, esto nunca ser\'e1 hecho. Pero no hay paz posible mientras el penitente no est\'e9 seguro de que ha recordado, contado, y confesado cada pasado pecaminoso pensamiento, palabra y obra. Esto es, entonces, imposible, \'a1s\'ed! es moralmente y f\'edsicamente imposible para un alma encontrar paz por medio de la confesi\'f3n auricular. Si la ley que dice a todo pecador: "T\'fa est\'e1s obligado, bajo pena de eterna condenaci\'f3n, a recordar todos tus malos pensamientos y a confesarlos con lo mejor de tu memoria", no fuera tan evidentemente una invenci\'f3n sat\'e1nica, deber\'eda ser puesta entre las m\'e1s infames ideas que han surgido jam\'e1s del cerebro del hombre ca\'eddo. Porque \'bfqui\'e9n puede recordar y contar los pensamientos de una semana, de un d\'eda, m\'e1s a\'fan, de una hora de esta vida pecaminosa?\par \'bfD\'f3nde est\'e1 el viajero que ha cruzado las selvas pantanosas de Norteam\'e9rica, durante los tres meses de clima c\'e1lido, que podr\'eda decir el n\'famero de mosquitos que le han picado y sacado la sangre de las venas? \'bfQu\'e9 pensar\'eda aquel viajero del hombre que, seriamente, le dijera: "Debes prepararte para morir, si no me dices, con lo mejor de tu memoria, cuantas veces has sido mordido por los mosquitos los \'faltimos tres meses del verano, cuando cruzaste las tierras pantanosas a lo largo de las costas de los r\'edos Mississippi y Missouri"? \'bfNo sospechar\'eda \'e9l que su inmisericorde interrogador ha escapado de un asilo para lun\'e1ticos?\par Pero ser\'eda mucho m\'e1s f\'e1cil para ese viajero decir cuantas veces ha sufrido las LVALpicaduras de los mosquitos, que para el pobre pecador contar los malos pensamientos que han pasado por su pecaminoso coraz\'f3n, a trav\'e9s de cualquier per\'edodo de su vida.\par Aunque al penitente se le dice que debe confesar sus pensamientos solamente de acuerdo con su mejor recuerdo, \'e9l nunca, jam\'e1s sabr\'e1 si ha hecho su mejor esfuerzo para recordar todo: constantemente temer\'e1 que no haya hecho lo mejor para enumerarlos y confesarlos correctamente.\par Cualquier sacerdote honesto, si habla la verdad, inmediatamente, admitir\'e1 que sus m\'e1s inteligentes y piadosos penitentes, especialmente entre las mujeres, est\'e1n torturados constantemente por el temor de haber omitido confesar algunas obras o pensamientos pecaminosos. Muchos de ellos, ya despu\'e9s de haber hecho varias confesiones generales, est\'e1n constantemente urgidos por el aguijoneo de sus conciencias, a comenzar de nuevo, con el temor de que su primer confesi\'f3n tuvo algunos serios defectos. Aquellas pasadas confesiones, en vez de ser una fuente de gozo y paz espiritual, son, por el contrario, como muchas espadas de Damocles, suspendidas sobre sus cabezas d\'eda y noche, llenando sus almas con los terrores de una muerte eterna. A veces, las conciencias de aquellas mujeres honestas y piadosas angustiadas por el terror les dicen que no estuvieron lo suficientemente contritas; otras veces, ellas se reprochan por no haber hablado de manera suficientemente clara, sobre algunas cosas m\'e1s apropiadas para hacerlas sonrojar.\par En muchas ocasiones, tambi\'e9n, ha sucedido que los pecados que un confesor ha declarado ser veniales, y que han dejado de ser confesados por mucho tiempo, otro m\'e1s escrupuloso que el primero, declarar\'eda que son condenables. Todo confesor, entonces sabe bien que lo que ofrece es evidentemente falso, cada vez que \'e9l despide a sus penitentes, con la salutaci\'f3n: "Ve en paz, tus pecados te son perdonados".\par Pero es un error decir que el alma no encuentra paz en la confesi\'f3n auricu*LVAL:lar; en muchos casos, es encontrada paz. Y si el lector desea aprender algo de esa paz, que vaya al cementerio, abra las tumbas, y d\'e9 una mirada adentro de los sepulcros. \'a1Qu\'e9 horrendo silencio! \'a1Qu\'e9 profunda quietud! \'a1Qu\'e9 terrible y aterradora paz! Usted ni siquiera oye el movimiento de los gusanos que se arrastran adentro, y de los gusanos que se arrastran afuera, cuando festejan sobre el esqueleto inanimado. \'a1Tal es la paz del confesionario! El alma, la inteligencia, el honor, el autorespeto, la conciencia, son, all\'ed, sacrificados. \'a1All\'ed ellos deben morir! S\'ed, el confesionario es la verdadera tumba de la conciencia humana, un sepulcro de la honestidad, la dignidad, y la libertad humanas; el cementerio del alma humana! Por su causa, el hombre, a quien Dios ha hecho a su propia imagen, es convertido en la semejanza de la bestia que perece; la mujer, creada por Dios para ser la gloria y la compa\'f1era del hombre, es transformada en la vil y temblorosa esclava del sacerdote. En el confesionario, el hombre y la mujer alcanzan el m\'e1s alto grado de perfecci\'f3n papista; ellos llegan a ser como palos secos, como ramas muertas, como silenciosos cad\'e1veres en las manos de sus confesores. Sus esp\'edritus son destruidos, sus conciencias son hechas tiesas, sus almas son arruinadas.\par Este es el supremo y perfecto resultado alcanzado, en sus m\'e1s elevadas victorias, por la Iglesia de Roma.\par Verdaderamente, hay paz para ser encontrada en la confesi\'f3n auricular\emdash\'a1s\'ed, pero es la paz de la tumba! \cf1\fs23 \cf0\f1\fs24 \par \cf1\f2\fs23\par \par } LVAL\ {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\froman\fprq2\fcharset0 Georgia;}{\f1\froman\fprq2\fcharset0 Times New Roman;}{\f2\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs22 EL DOGMA DE LA CONFESI\'d3N AURICULAR UNA SACR\'cdLEGA FALS\'cdA. \par \b0 TANTO Cat\'f3licos Romanos como Protestantes han ca\'eddo en errores muy extra\'f1os en referencia a las palabras de Cristo: "A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: a quienes los retuviereis, ser\'e1n retenidos." (\cf1\ul Joh_20:23\cf0\ulnone ).\par Los primeros han visto en este texto los inajenables atributos de Dios para perdonar y retener pecados transferidos a hombres pecadores; los segundos han cedido su posici\'f3n de la forma m\'e1s necia, a\'fan cuando intentando refutar sus errores.\par Un poco m\'e1s de atenci\'f3n a la traducci\'f3n de \cf1\ul Lev_13:3\cf0\ulnone \cf1\ul Lev_13:6\cf0\ulnone por la Septuaginta habr\'eda prevenido a los primeros de caer en sus sacr\'edlegos errores, y habr\'eda salvado a los \'faltimos de perder tanto tiempo en refutar errores que se refutan a s\'ed mismos.\par Muchos creen que la Biblia Septuaginta era la Biblia que fue generalmente usada por Jesucristo y el pueblo Hebreo en los d\'edas de nuestro Salvador. Su lenguaje fue posiblemente el hablado en los tiempos de Cristo y entendido por sus oyentes. Cuando se dirig\'eda a sus ap\'f3stoles y disc\'edpulos sobre sus deberes hacia los leprosos espirituales a quienes ellos iban a predicar los caminos de salvaci\'f3n, Cristo constantemente segu\'eda las mismas expresiones de la Septuaginta. Ella fue el fundamento de su doctrina y el testimonio de su misi\'f3n divina a la cual apel\'f3 constantemente: el libro que era el mayor tesoro de la naci\'f3n.\par Desde el principio al fin del Antiguo y el Nuevo Testamento, la lepra corporal, con la que deb\'eda tratar el sacerdote Jud\'edo, es presentada como la figura de la leLVALpra espiritual, el pecado, la penalidad del cual nuestro Salvador ha tomado sobre s\'ed mismo, para que pudi\'e9ramos ser salvados por su muerte. Esa lepra espiritual era la verdadera cosa para cuya limpieza \'e9l hab\'eda venido a este mundo\emdash por la cual vivi\'f3, sufri\'f3, y muri\'f3. S\'ed, la lepra corporal con la cual deb\'edan tratar los sacerdotes Jud\'edos, era la figura de los pecados que Cristo iba quitar por el derramamiento de su sangre, y con los cuales sus disc\'edpulos iban a tratar hasta el fin del mundo.\par Cuando hablando de los deberes de los sacerdotes hebreos hacia el leproso, nuestras traducciones modernas dicen: (\cf1\ul Lev_13:6\cf0\ulnone ), "Ellos lo declarar\'e1n limpio." O (\cf1\ul Lev_13:3\cf0\ulnone ) "Ellos lo declarar\'e1n impuro."\par Pero esta acci\'f3n de los sacerdotes fue expresada en una manera muy diferente por la Biblia Septuaginta, usada por Cristo y la gente de su tiempo. En vez de decir: "El sacerdote declarar\'e1 limpio al leproso", como leemos en nuestra Biblia, la versi\'f3n Septuaginta dice: "El sacerdote limpiar\'e1 (katharei), o no limpiar\'e1 (mianei) al leproso."\par Nadie ha sido jam\'e1s tan tonto, entre los jud\'edos, como para creer que porque su Biblia dec\'eda limpiar\'e11 (katharei), sus sacerdotes ten\'edan el poder milagroso y sobrenatural de quitar y curar la lepra; y en ning\'fan lado vemos que los sacerdotes jud\'edos hayan tenido la audacia para tratar de persuadir al pueblo que ellos hab\'edan recibido alguna vez alg\'fan poder sobrenatural y divino para "limpiar" la lepra, porque su Dios, por medio de la Biblia, hab\'eda dicho de ellos: "Ellos limpiar\'e1n al leproso". Tanto el sacerdote como el pueblo eran lo suficientemente inteligentes y honestos para entender y reconocer que, por esa expresi\'f3n, solamente se quer\'eda decir que el sacerdote ten\'eda el derecho legal para ver si la lepra se hab\'eda ido o no, ellos solamente deb\'edan mirar ciertas marcas indicadas por Dios mismo, por medio de Mois\'e9s, para saber si DiLVALos hab\'eda curado o no al leproso antes de que se presentara a su sacerdote. El leproso, curado solamente por la misericordia y poder de Dios, antes de que se presentara ante el sacerdote, solamente era declarado por ese sacerdote que estaba limpio. As\'ed se dijo, por la Biblia, que el sacerdote estaba, para "limpiar" al leproso, o la lepra;\emdash y en el caso opuesto para "no limpiar". (Septuaginta, \cf1\ul Lev_13:3\cf0\ulnone , \cf1\ul Lev_13:6\cf0\ulnone ).\par Ahora, pongamos lo que Dios ha dicho, por medio de Mois\'e9s, a los sacerdotes de la antigua ley, en referencia a la lepra corporal, frente a frente con lo que Dios ha dicho, por medio de su Hijo Jes\'fas, a sus ap\'f3stoles y a su iglesia entera, en referencia a la lepra espiritual de la que Cristo nos ha librado en la cruz.\par Biblia Septuaginta, Lev\'edtico 13.\par "Y el Sacerdote mirar\'e1 a la llaga, en la piel de la carne, y si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y si la llaga pareciera ser m\'e1s profunda que la piel de su carne, ella es una llaga de lepra; y el sacerdote la reconocer\'e1 sobre \'e9l y NO LO LIMPIAR\'c1 (mianei)\par "Y el Sacerdote mirar\'e1 de nuevo sobre \'e9l el d\'eda s\'e9ptimo, y si la llaga est\'e1 algo oscura y no se extiende sobre la piel, el Sacerdote LO LIMPIAR\'c1 (katharei): y \'e9l lavar\'e1 sus ropas y SER\'c1 LIMPIO" (katharos).\par Nuevo Testamento, \cf1\ul Joh_20:23\cf0\ulnone .\par "A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: a quienes los retuviereis, ser\'e1n retenidos." La analog\'eda de las enfermedades con las cuales los sacerdotes hebreos y los disc\'edpulos de Cristo deb\'edan tratar, es notable: as\'ed la analog\'eda de las expresiones prescribiendo sus respectivo deberes es tambi\'e9n notable.\par Cuando Dios dijo a los sacerdotes del Antiguo Pacto: "limpiar\'e9is al leproso", y \'e9l ser\'e1 "limpiado", o "no limpiar\'e9is al leproso", y \'e9l "no ser\'e1 limpiado", \'c9l solamente dio el poder para ver si hab\'eda algunos signos o indicaciones por los cuales elloLVALs pod\'edan decir que Dios hab\'eda curado al leproso antes de que se presentara al sacerdote. As\'ed, cuando Cristo dijo a sus ap\'f3stoles y a toda su iglesia, "A los que remitiereis los pecados, les son remitidos", \'e9l solamente les dio la autoridad para decir cuando los leprosos espirituales, los pecadores, se hab\'edan reconciliado con Dios, y recibido su perd\'f3n de parte de \'e9l y s\'f3lo de \'e9l, previamente a acudir a los ap\'f3stoles.\par Es verdad que los sacerdotes del Antiguo Pacto ten\'edan regulaciones de Dios, a trav\'e9s de Mois\'e9s, que deb\'edan seguir, por medio de las cuales pod\'edan ver y decir si la lepra se hab\'eda ido o no.\par Si la llaga no se extiende sobre la piel. . . . . el sacerdote lo limpiar\'e1. . . . . pero si el sacerdote ve que la costra se extiende sobre la piel, es lepra: "no le limpiar\'e1" . (Septuaginta, \cf1\ul Lev_13:3\cf0\ulnone , \cf1\ul Lev_13:6\cf0\ulnone ).\par Alguno podr\'eda estar convencido que Cristo ese d\'eda habl\'f3 en hebreo y no en griego, y us\'f3 el Antiguo Testamento en hebreo, solamente debemos decir que el hebreo es exactamente igual al griego\emdash es dicho que el sacerdote estaba para limpiar o no limpiar seg\'fan fuera el caso, exactamente como en la Septuaginta.\par As\'ed Cristo ha dado a sus ap\'f3stoles y a su iglesia entera igualmente, reglas y marcas infalibles para determinar si la lepra espiritual se hubo ido, para que ellos pudieran limpiar al leproso y decirle:\par yo te limpio, perdono tus pecados,\par o:\par no te limpio, retengo tus pecados. [N. de t.: no que nosotros todos los verdaderos creyentes, como sacerdotes de Dios (\cf1\ul 1Pe_2:9\cf0\ulnone ), debamos decir literalmente estas palabras al pecador que recibi\'f3 la Salvaci\'f3n POR LA FE EN LA OBRA DE CRISTO, porque as\'ed podr\'edamos dar a entender que nosotros tenemos el poder de perdonar, pero el autor quiere decir que nosotros somos encargados de declarar o aseverar a ese pecador arrepentido, que conforme a la Palabra de Dios \'e9l est\'e1 peLVALrdonado y definitivamente salvado.]\par Tendr\'eda, verdaderamente, muchos pasajes del Antiguo y el Nuevo Testamentos para copiar, si fuera mi intenci\'f3n reproducir todas las marcas dadas por Dios mismo, a trav\'e9s de sus profetas, o por Cristo y los ap\'f3stoles, que sus embajadores podr\'edan conocer cuando debieran decir al pecador que fue librado de sus iniquidades. Dar\'e9 s\'f3lo unos pocos.\par Primero: "Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura.\par "El que creyere y fuere bautizado, ser\'e1 salvo; mas el que no creyere, ser\'e1 condenado. (\cf1\ul Mar_16:15-16\cf0\ulnone ).\par \'a1Qu\'e9 extra\'f1a falta de memoria en el Salvador del Mundo! \'a1\'c9l ha olvidado enteramente que la "confesi\'f3n auricular", adem\'e1s de la fe y el bautismo es necesaria para ser salvados! [N. de t.: Es oportuno aclarar que la fe es la causa esencial de la salvaci\'f3n y el bautismo es una consecuencia o evidencia de ella. El bautismo es un TESTIMONIO p\'fablico de la identificaci\'f3n del bautizado con la muerte y resurrecci\'f3n de Cristo (\cf1\ul Rom_6:3-4\cf0\ulnone ). Pero la salvaci\'f3n es consumada con la FE SALVADORA que se apropi\'f3 de la obra de Cristo (\cf1\ul Eph_1:13\cf0\ulnone ). Aqu\'ed en Marcos el Se\'f1or resalta que la condenaci\'f3n es s\'f3lo por no creer. El bautismo es una evidenciaci\'f3n de la fe (\cf1\ul Act_10:44-48\cf0\ulnone ]. Para aquellos que creen y son bautizados, los ap\'f3stoles y la iglesia son autorizados por Cristo a decir:\par "\'a1Est\'e1s salvado! \'a1Tus pecados est\'e1n perdonados: yo te limpio!"\par Segundo: "Y entrando en la casa, saludadla.\par "Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendr\'e1 sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volver\'e1 a vosotros.\par "Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.\par "De cierto os digo, que el castigo ser\'e1 m\'e1s tolerable a la tierra de los de Sodoma y de los de Gomorra en el d\'eda LVALdel juicio, que a aquella ciudad." (\cf1\ul Mat_10:12-15\cf0\ulnone ).\par Aqu\'ed, nuevamente, el Gran M\'e9dico dice a los disc\'edpulos cuando se ir\'e1 la lepra, los pecados ser\'e1n perdonados, el pecador purificado. Cuando los leprosos, los pecadores, hayan dado la bienvenida a sus mensajeros, o\'eddo y recibido su mensaje. Ninguna palabra acerca de la confesi\'f3n auricular; esta gran panacea del Papa fue evidentemente ignorada por Cristo.\par Tercero: "Porque si perdonareis a los hombres sus ofensas, os perdonar\'e1 tambi\'e9n a vosotros vuestro Padre celestial. Mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonar\'e1 vuestras ofensas." (\cf1\ul Mat_6:14-15\cf0\ulnone ).\par \'bfEra posible dar a los ap\'f3stoles y a los disc\'edpulos una regla m\'e1s impresionante y simple para que pudieran saber cuando pod\'edan decir a un pecador: "\'a1Tus pecados est\'e1n perdonados!" o, "tus pecados son retenidos"? \'a1Aqu\'ed las llaves dobles del cielo son dadas p\'fablicamente de la forma m\'e1s solemne a cada hijo de Ad\'e1n! \'a1Tan seguro como que hay Dios en el cielo y que Jes\'fas muri\'f3 para salvar a los pecadores, as\'ed es seguro que si uno perdona las ofensas de sus pr\'f3jimos por amor del querido Salvador, al creer en \'e9l, sus propios pecados han sido perdonados! Hasta el fin del mundo, entonces, que los disc\'edpulos de Cristo digan al pecador: "Tus pecados son perdonados", no porque hayas confesado a m\'ed tus pecados, sino por el amor de Cristo; la evidencia de lo cual es que t\'fa has perdonado a aquellos que te han ofendido.\par Cuarto: " Y he aqu\'ed, un doctor de la ley se levant\'f3, tent\'e1ndole y diciendo: Maestro, \'bfhaciendo qu\'e9 cosa poseer\'e9 la vida eterna?\par "Y \'c9l dijo: \'bfQu\'e9 est\'e1 escrito de la ley? \'bfc\'f3mo lees?\par "Y \'c9l respondiendo, dijo: Amar\'e1s al Se\'f1or tu Dios de todo tu coraz\'f3n, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y a tu pr\'f3jimo como a ti mismo.\par "Y d\'edLVALjole: Bien has respondido: haz esto, y vivir\'e1s." (\cf1\ul Luk_10:25-28\cf0\ulnone ).\par \'a1Qu\'e9 buena oportunidad para que el Salvador hablara de la "confesi\'f3n auricular" como un medio dado por \'e9l para ser salvados! Pero aqu\'ed nuevamente Cristo olvida esa maravillosa medicina de los Papas. Jes\'fas, hablando absolutamente como los Protestantes, ordena que sus mensajeros proclamen perd\'f3n, remisi\'f3n de pecados, no para aquellos que confiesan sus pecados al hombre, sino para aquellos que aman a Dios y a sus pr\'f3jimos. \'a1Y as\'ed har\'e1n sus verdaderos disc\'edpulos y mensajeros hasta el fin del mundo! [N. de t.: Recordemos que todas estas son evidencias de la salvaci\'f3n, cuya \'fanica causa es siempre la FE EN CRISTO ejercida un momento \'fanico de nuestra vida, y esa fe va acompa\'f1ada por el nuevo nacimiento, que es el recibir y ser sellados de una vez y para siempre por el Esp\'edritu Santo, por lo cual el nuevo cristiano est\'e1 habilitado ahora para hacer obras que evidencian su salvaci\'f3n, (\cf1\ul Joh_1:12\cf0\ulnone , \cf1\ul Eph_2:8-9\cf0\ulnone ).]\par Quinto: "Y (el hijo pr\'f3digo) volviendo en s\'ed, dijo: Me levantar\'e9, e ir\'e9 a mi padre, y le dir\'e9: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.\par "Y levant\'e1ndose, vino a su padre. Y como aun estuviese lejos, vi\'f3lo su padre, y fue movido a misericordia, y corri\'f3, y ech\'f3se sobre su cuello, y bes\'f3le.\par "Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.\par "Mas el padre dijo a sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies. Y traed el becerro grueso. Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; hab\'edase perdido, y es hallado." (\cf1\ul Luk_15:17-24\cf0\ulnone ).\par Ap\'f3stoles, y disc\'edpulos de Cristo, dondequiera oyereis, en esta tierra de pecado y miseria, el grito del Hijo Pr\'f3digo:LVAL "Me levantar\'e9, e ir\'e9 a mi padre", cada vez que lo vean, no a los pies de ustedes, sino a los pies de su verdadero Padre, gritando: "Padre, he pecado contra ti", unan vuestros himnos de gozo a los felices c\'e1nticos de los \'e1ngeles de Dios; repitan a los o\'eddos de ese redimido pecador la sentencia reci\'e9n salida de los labios del Cordero, cuya sangre nos limpia de todos nuestros pecados; d\'edganle: "Tus pecados est\'e1n perdonados".\par Sexto: "Venid a m\'ed todos los que est\'e1is trabajados y cargados, que yo os har\'e9 descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de m\'ed, que soy manso y humilde de coraz\'f3n; y hallar\'e9is descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es f\'e1cil, y ligera mi carga." (\cf1\ul Mat_11:28-30\cf0\ulnone ).\par Aunque estas palabras fueron pronunciadas m\'e1s de 1.800 a\'f1os atr\'e1s, ellas fueron pronunciadas esta misma ma\'f1ana; ellas llegan a toda hora del d\'eda y la noche desde los labios y el coraz\'f3n de Cristo a cada uno de nosotros los pecadores. Es ahora mismo que Jes\'fas dice a todo pecador: "Venid a m\'ed y yo os har\'e9 descansar". Cristo nunca ha dicho y nunca dir\'e1 a pecador alguno: "Id a mis sacerdotes y ellos les dar\'e1n descanso". Pero \'e9l ha dicho: "Venid a m\'ed, y yo os har\'e9 descansar".\par Que los ap\'f3stoles y disc\'edpulos del Salvador, entonces, proclamen paz, perd\'f3n y descanso, no a los pecadores que vienen a confesarles sus pecados, sino a aquellos que van a Cristo, y a \'e9l solo, por paz, perd\'f3n y descanso. Porque "Venid a m\'ed", desde los labios de Jes\'fas, nunca ha significado\emdash y nunca significar\'e1\emdash "Id y confesad a los sacerdotes".\par Cristo nunca hubiera dicho: "Mi yugo es f\'e1cil, y ligera mi carga" si hubiera instituido la confesi\'f3n auricular. Porque el mundo jam\'e1s ha visto un yugo tan pesado, humillante, y degradante, como la confesi\'f3n auricular.\par S\'e9ptimo: "Como Mois\'e9s levant\'f3 la serpiente en el desierto, as\'ed es necesario que el Hijo del hombre sLVALea levantado; para que todo aquel que en \'c9l creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna." (\cf1\ul Joh_3:14\cf0\ulnone ).\par \'bfRequiri\'f3 el Dios Todopoderoso alguna confesi\'f3n auricular en el desierto, a los pecadores, cuando orden\'f3 a Mois\'e9s que levantara la serpiente? \'a1No! Ni tampoco Cristo habl\'f3 de la confesi\'f3n auricular como una condici\'f3n de la salvaci\'f3n a aquellos que miraran a \'c9l cuando muri\'f3 sobre la Cruz para pagar sus deudas. Un perd\'f3n gratuito fue ofrecido a los israelitas que miraron a la serpiente levantada. Un perd\'f3n gratuito es ofrecido por Cristo crucificado a aquellos que le miran con fe, arrepentimiento, y amor. A tales pecadores los ministros de Cristo, hasta el fin del mundo, est\'e1n autorizados a decir: "Vuestros pecados est\'e1n perdonados, limpiamos vuestra lepra".\par Octavo: "Porque de tal manera am\'f3 Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unig\'e9nito, para que todo aquel que en \'c9l cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.\par "Porque no envi\'f3 Dios a su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por \'c9l.\par "El que en \'c9l cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no crey\'f3 en el nombre del unig\'e9nito Hijo de Dios.\par "Y esta es la condenaci\'f3n: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron m\'e1s las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, porque sus obras no sean redarg\'fcidas.\par "Mas el que obra verdad, viene a la luz, para que sus obras sean manifestadas que son hechas en Dios." (\cf1\ul Joh_3:16-21\cf0\ulnone ).\par En la religi\'f3n de Roma, es solamente a trav\'e9s de la confesi\'f3n auricular que el pecador puede ser reconciliado con Dios; es s\'f3lo despu\'e9s que ha o\'eddo la m\'e1s detallada confesi\'f3n de todos los pensamientos, deseos, y acciones de un culpable que \'e9l puede decirle: "Tus pecados son perdonados". Pero en la religi\'f3n del EvaLVALngelio, la reconciliaci\'f3n del pecador con su Dios es absolutamente y enteramente la obra de Cristo. Ese maravilloso perd\'f3n es un don gratuito ofrecido no por alg\'fan acto exterior del pecador: nada le es requerido excepto fe, arrepentimiento, y amor. Estas son las marcas por las cuales se conoce que la lepra est\'e1 curada y los pecados perdonados. A todos aquellos que tienen estas marcas, los embajadores de Cristo son autorizados a decir, "Tus pecados est\'e1n perdonados, te limpiamos".\par Noveno: "El publicano estando lejos no quer\'eda ni aun alzar los ojos al cielo, sino que her\'eda su pecho, diciendo: Dios, s\'e9 propici\'f3 a m\'ed pecador.\par "Os digo que \'e9ste descendi\'f3 a su casa justificado." (\cf1\ul Luk_18:13-14\cf0\ulnone ). \'a1S\'ed! \'a1Justificado! \'a1Y sin confesi\'f3n auricular!\par Ministros y disc\'edpulos de Cristo, cuando vean al pecador arrepentido golpeando su pecho y gritando: "\'a1Oh, Dios!, \'a1ten misericordia de m\'ed pecador!" cierren sus o\'eddos a las enga\'f1osas palabras de Roma, o de su horrible ap\'e9ndice los Ritualistas, que les hablan de forzar a aquel pecador redimido para que haga ante ustedes una confesi\'f3n especial de todos sus pecados para obtener perd\'f3n. Pero vayan a \'e9l y entr\'e9guenle el mensaje de amor, paz, y misericordia, que recibieron de Cristo: "\'a1Tus pecados est\'e1n perdonados! \'a1Yo te 'limpio'!"\par D\'e9cimo: "Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si t\'fa eres el Cristo, s\'e1lvate a ti mismo y a nosotros.\par "Y respondiendo el otro, reprendi\'f3le, diciendo: \'bfNi aun t\'fa temes a Dios, estando en la misma condenaci\'f3n?\par "Y nosotros, a la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas \'e9ste ning\'fan mal hizo.\par "Y dijo a Jes\'fas: Acu\'e9rdate de m\'ed cuando vinieres a tu reino. Entonces Jes\'fas le dijo: De cierto te digo, que hoy estar\'e1s conmigo en el para\'edso." (\cf1\ul Luk_23:39-43\cf0\ulnone ).\par \'a1S\'ed, en eLVALl Para\'edso del Reino de Cristo, sin la confesi\'f3n auricular! Desde el Calvario, cuando sus manos est\'e1n clavadas a la cruz, y su sangre es derramada, Cristo protesta contra la gran falsedad de la confesi\'f3n auricular. Jes\'fas ser\'e1, hasta el fin del mundo, lo que \'e9l fue, all\'ed, en la cruz: el amigo de los pecadores; siempre pronto para o\'edr y perdonar a aquellos que invocan su nombre y conf\'edan en \'e9l.\par Disc\'edpulos del evangelio, dondequiera oigan el clamor del pecador arrepentido al Salvador crucificado: "Acu\'e9rdate de m\'ed cuando vinieres a tu reino", vayan y den la seguridad a aquel penitente redimido hijo de Ad\'e1n, de que "sus pecados est\'e1n perdonados:" \emdash "limpien al leproso".\par Und\'e9cimo: "Deje el imp\'edo su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vu\'e9lvase a Jehov\'e1, el cual tendr\'e1 de \'e9l misericordia, y al Dios nuestro, el cual ser\'e1 amplio en perdonar." (\cf1\ul Isa_55:7\cf0\ulnone ).\par "Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo: Aprended a hacer bien: buscad juicio, restituid al agraviado, oid en derecho al hu\'e9rfano, amparad a la viuda.\par "Venid luego, dir\'e1 Jehov\'e1, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve ser\'e1n emblanquecidos: si fueren rojos como el carmes\'ed, vendr\'e1n a ser como blanca lana." (\cf1\ul Isa_1:16-18\cf0\ulnone ).\par \'a1Aqu\'ed est\'e1n los mojones de la misericordia de Dios, puestos por sus propias manos omnipotentes! \'bfQui\'e9n osar\'e1 removerlos para poner otros en su lugar? \'bfCristo ha tocado alguna vez estos mojones? \'bfAlguna vez insinu\'f3 que algo excepto fe, arrepentimiento, y amor, con sus benditos frutos, eran requeridos al pecador para asegurar su perd\'f3n? No\emdash nunca.\par \'bfAlguna vez los profetas del Antiguo Testamento o los ap\'f3stoles del Nuevo, dijeron una palabra sobre la "confesi\'f3n auricular", como una condici\'f3n para el perd\'f3n? No\emdash nunca.\par \'bfQu\LVAL'e9 dice David?: "Mi pecado te declar\'e9, y no encubr\'ed mi iniquidad. Confesar\'e9, dije, contra m\'ed mis rebeliones \'e1 Jehov\'e1; Y t\'fa perdonaste la maldad de mi pecado." (\cf1\ul Psa_32:5\cf0\ulnone ).\par \'bfQu\'e9 dice el ap\'f3stol Juan?: "Si nosotros dij\'e9remos que tenemos comuni\'f3n con \'c9l, y andamos en tinieblas, mentimos, y no hacemos la verdad;\par "Mas si andamos en luz, como \'c9l est\'e1 en luz, tenemos comuni\'f3n entre nosotros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.\par "Si dij\'e9remos que no tenemos pecado, nos enga\'f1amos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros.\par "Si confesamos nuestros pecados, \'c9l es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad." (\cf1\ul 1Jo_1:6-9\cf0\ulnone ).\par Este es el lenguaje de los profetas y los ap\'f3stoles. Este es el lenguaje del Antiguo y el Nuevo Testamento. Se requiere que el pecador confiese sus pecados a Dios y a \'c9l solo. Es de Dios y de \'c9l solo que puede esperar su perd\'f3n.\par El ap\'f3stol Pablo escribi\'f3 catorce ep\'edstolas, en las cuales habla de todos los deberes impuestos por las leyes de Dios sobre la conciencia humana y las prescripciones del Evangelio de Cristo. Mil veces habla a los pecadores, y les dice como pueden ser reconciliados con Dios. \'bfPero dice alguna palabra sobre la confesi\'f3n auricular? \'a1No\emdash ninguna!\par Los ap\'f3stoles Pedro, Juan y Judas, env\'edan seis cartas a las diferentes iglesias, en las cuales dicen, con los mayores detalles, lo que las diferentes clases de pecadores deben hacer para ser salvados. Pero nuevamente, ninguna palabra sale de ellos acerca de la confesi\'f3n auricular.\par Santiago dice: "Confesaos vuestras faltas unos a otros". Pero esto es tan evidentemente la repetici\'f3n de lo que hab\'eda dicho el Salvador acerca de la forma de reconciliarse entre aquellos que se hab\'edan ofendido unos a otros, y est\'e1 tan lejos del dogma de una confesi\'f3n secreta al sacerdote, que los m\'LVALe1s celosos defensores de la confesi\'f3n auricular no han osado mencionar ese texto en favor de su moderna invenci\'f3n.\par Pero si buscamos en vano en el Antiguo y Nuevo Testamentos una palabra en favor de la confesi\'f3n auricular como un dogma, \'bfser\'e1 posible encontrar ese dogma en los registros de los primeros mil a\'f1os del Cristianismo? \'a1No! Cuanto m\'e1s alguno estudia los registros de la Iglesia Cristiana durante aquellos primeros diez siglos, m\'e1s ser\'e1 convencido de que la confesi\'f3n auricular es una miserable impostura de los d\'edas m\'e1s oscuros del mundo y la iglesia. Y as\'ed sucede con las vidas de los antiguos padres de la iglesia. No se dice ninguna palabra de que ellos confesaran sus pecados a alguien, aunque se dicen mil cosas de ellos, que son de un car\'e1cter mucho menos interesante.\par As\'ed es con la vida de Santa Mar\'eda, la Egipcia. La minuciosa historia de su vida, sus esc\'e1ndalos p\'fablicos, su conversi\'f3n, sus largas oraciones y ayunos en soledad, la detallada historia de sus \'faltimos d\'edas y de su muerte, tenemos todo esto; pero no se dice palabra alguna de su confesi\'f3n a nadie. Es evidente que ella vivi\'f3 y muri\'f3 sin jam\'e1s haber pensado ir a confesarse. [N. de t.: El autor usa en estos p\'e1rrafos las palabras "san" o "santa" puestas junto al nombre de algunos creyentes de la historia, pero se aclara que este t\'edtulo otorgado solamente a ciertas personas por la Iglesia Cat\'f3lica no se corresponde con la calificaci\'f3n que el Nuevo Testamento hace de todos los cristianos como santos y que significa separados por Dios de este mundo perdido y tan pecaminoso, (\cf1\ul 1Co_1:2\cf0\ulnone ; \cf1\ul Eph_1:1\cf0\ulnone , etc.)]\par El di\'e1cono Pontius escribi\'f3 tambi\'e9n la vida de San Cipriano, quien vivi\'f3 en el siglo tercero; pero no dice palabra alguna de que San Cipriano hubiera ido alguna vez a confesarse, o hubiera o\'eddo la confesi\'f3n de nadie. M\'e1s que eso, aprendemos de este confiable historiador que CiprianLVALo fue excomulgado por el Papa de Roma, llamado Esteban, y que muri\'f3 sin haber pedido jam\'e1s a alguno la absoluci\'f3n de esa excomuni\'f3n; una cosa que por lo visto no le impidi\'f3 ir al Cielo, ya que los infalibles Papas de Roma, que sucedieron a Esteban, nos han asegurado que \'e9l, [Cipriano], es un santo.\par Gregorio de Nicea nos ha dado la vida de San Gregorio, de Neo-Cesarea, del siglo tercero, y de San Basilio, del siglo cuarto. Pero no habla de que hayan ido a confesarse, o de que hayan o\'eddo la confesi\'f3n auricular y secreta de alguno. Es as\'ed evidente que aquellos dos grandes y buenos hombres, al igual que todos los cristianos de sus tiempos, vivieron y murieron sin jam\'e1s conocer algo sobre el dogma de la confesi\'f3n auricular.\par Tenemos la interesante vida de San Ambrosio, del siglo cuarto, por Paulinus; y por ese libro es evidente, tanto como que dos m\'e1s dos son cuatro, que San Ambrosio nunca fue a confesarse.\par La historia de San Mart\'edn, de Tours, del siglo cuarto, por Severus Sulpicius, del siglo quinto, es otro memorial dejado por la antig\'fcedad para probar que no hab\'eda dogma de la confesi\'f3n auricular en aquellos d\'edas; porque San Mart\'edn evidentemente vivi\'f3 y muri\'f3 sin jam\'e1s ir a confesarse.\par Palas y Teodoreto nos han dejado la historia de la vida, sufrimientos, y muerte de San Cris\'f3stomo, Obispo de Constantinopla, quien muri\'f3 al comienzo del siglo quinto, y ambos son absolutamente mudos acerca de ese dogma. Ning\'fan hecho es m\'e1s evidente, por lo que ellos dicen, que ese santo y elocuente obispo vivi\'f3 y muri\'f3 sin jam\'e1s pensar en ir a confesarse.\par Ning\'fan hombre ha sido nunca m\'e1s perfectamente esclarecido en los detalles de la vida cristiana, al escribir sobre ese asunto, que el erudito y elocuente San Jer\'f3nimo, del siglo quinto. Muchas de sus admirables cartas est\'e1n escritas a los pastores de su tiempo, y a varias damas y v\'edrgenes cristianas, quienes le hab\'edan pedido que les diera algunos buLVALenos consejos acerca del mejor modo de llevar una vida cristiana. Sus cartas, que forman cinco vol\'famenes, son los m\'e1s interesantes memoriales de las costumbres, h\'e1bitos, opiniones, moralidad, y fe pr\'e1ctica y dogm\'e1tica de los primeros cinco siglos de la iglesia; ellas son la evidencia m\'e1s irrefutable de que la confesi\'f3n auricular, como dogma, en ese entonces no ten\'eda existencia, y es una invenci\'f3n bastante moderna. \'bfSer\'eda posible que Jer\'f3nimo hubiera olvidado dar algunas recomendaciones o reglas acerca de la confesi\'f3n auricular, a los pastores de su tiempo que ped\'edan su consejo acerca del mejor modo de cumplir sus deberes ministeriales, si hubiera sido uno de sus deberes o\'edr la confesi\'f3n del pueblo? Pero nosotros desafiamos al m\'e1s devoto sacerdote moderno de Roma a encontrar una sola l\'ednea en todas las cartas de San Jer\'f3nimo en favor de la confesi\'f3n auricular. En su admirable carta al Pastor Nepotianus, sobre la vida de los pastores, vol. II., p\'e1g. 203, cuando habla de las relaciones de los pastores con las mujeres, \'e9l dice: "Solus cum sola, secreto et absque arbitrio, vel teste, non sedeas. Si familiarius est aliquid loquendum, habet nutricem. majorem domus, virginem, viduam, vel mari tatam; non est tam inhumana ut nullum praeter te habeat cui se audeat credere."\par "Nunca te sientes en secreto, solo, en un lugar retirado, con una mujer que est\'e9 sola contigo. Si ella tiene alguna cosa particular para decirte, que ella tome la acompa\'f1ante femenina de la casa, una muchacha joven, una viuda, o una mujer casada. Ella no puede ser tan ignorante de las reglas de la vida humana como para esperar tenerte como el \'fanico a quien pueda confiar esas cosas".\par Ser\'eda f\'e1cil citar un gran n\'famero de otros notorios pasajes donde Jer\'f3nimo se mostr\'f3 como el m\'e1s decidido e implacable oponente de aquellas secretas entrevistas a solas entre un pastor y una mujer, que, bajo el razonable pretexto de consejo mutuo y consuelo espiriLVALtual, son generalmente no otra cosa que insondables pozos de infamia y perdici\'f3n para ambos. Pero esto es suficiente.\par Tenemos tambi\'e9n la admirable vida de Santa Paulina, escrita por San Jer\'f3nimo. Y, aunque en \'e9sta, \'e9l nos da todo detalle imaginable de su vida cuando joven, casada, y viuda; aunque nos dice incluso como su cama estaba compuesta de los materiales m\'e1s simples y toscos; \'e9l no tiene palabra alguna acerca de que ella hubiera ido alguna vez a confesarse. Jer\'f3nimo habla de los conocidos de Santa Paulina, y da sus nombres; entra en los m\'e1s peque\'f1os detalles de sus largos viajes, sus beneficencias, su creaci\'f3n de monasterios para hombres y mujeres*, sus tentaciones, fragilidades humanas, virtudes heroicas, sus autocastigos, y su santa muerte; pero no tiene ninguna palabra para decir acerca de las frecuentes o solemnes confesiones de Santa Paulina; ninguna palabra acerca de su sabidur\'eda en la elecci\'f3n de un prudente y santo (?) confesor. *[N. de t.: Luego de la pretendida conversi\'f3n del emperador Constantino, la hasta entonces perseguida Iglesia Cristiana se vio favorecida de toda clase de favores, y se vio invadida por personas y costumbres paganas, por ello algunos cristianos tomaron la decisi\'f3n de aislarse de esto y as\'ed surgieron los primeros monjes, que se aislaban de la sociedad, seguramente hubiera sido mejor que hubieran establecido una actitud de separaci\'f3n del pecado por medio de la formaci\'f3n de iglesias locales donde se practicara la separaci\'f3n y la disciplina b\'edblica y se predicara el verdadero Evangelio, (\cf1\ul 1Co_5:9-13\cf0\ulnone , \cf1\ul Jud_1:23\cf0\ulnone )]\par \'c9l nos dice que despu\'e9s de su muerte, su cuerpo fue llevado a su sepultura sobre los hombros de obispos y pastores*, como una muestra de su profundo respeto por la santa. Pero \'e9l nunca nos dice que alguno de aquellos pastores se sentara all\'ed, en una esquina oscura con ella, y la forzara a revelar ante sus o\'eddos la historia secreta de todoLVALs los pensamientos, deseos, y fragilidades humanas de su larga y azarosa vida. Jer\'f3nimo es un incuestionable testigo de que su piadosa y noble amiga, Santa Paulina, vivi\'f3 y muri\'f3 sin haber pensado jam\'e1s en ir a confesarse. *[N. de t.: en ese tiempo ya empezaba a haber ciertas distinciones, que en tiempos neotestamentarios no exist\'edan, siendo la palabra obispo, (vigilante de la iglesia local), un sin\'f3nimo de pastor o anciano (\cf1\ul Act_20:17\cf0\ulnone , \cf1\ul Act_20:28\cf0\ulnone )]\par Posidius nos dej\'f3 la interesante vida de San Agust\'edn, del siglo quinto; y, nuevamente, es en vano que busquemos el lugar y el tiempo cuando aquel renombrado Obispo de Hipona fue a confesarse, u oy\'f3 las confesiones secretas de su pueblo.\par M\'e1s que eso, San Agust\'edn ha escrito un muy admirable libro llamado: "Confesiones", en el cual nos da la historia de su vida. Con ese maravilloso libro en las manos le seguimos paso a paso, dondequiera va; asistimos con \'e9l a aquellas famosas escuelas, donde su fe y moralidad fueron tan lamentablemente destruidas; nos lleva con \'e9l al jard\'edn donde, vacilando entre el cielo y el infierno, ba\'f1ado en l\'e1grimas, se pone bajo la higuera y exclama: "\'a1Oh Se\'f1or! \'a1\'bfCuanto tiempo permanecer\'e9 en mis iniquidades?!" Nuestra alma se estremece con emociones, junto a su alma, cuando o\'edmos con \'e9l, la dulce y misteriosa voz: "\'a1Tolle! \'a1lege!" toma y lee, [n. de t.: Las palabras que providencialmente dijo un ni\'f1o fuera de su vista]. Corremos con \'e9l al lugar donde dej\'f3 su libro del Nuevo Testamento; con una mano temblorosa, lo abrimos y leemos: "Andemos como de d\'eda, honestamente ... vest\'edos del Se\'f1or Jesucristo" (\cf1\ul Rom_13:13-14\cf0\ulnone ).\par Ese incomparable libro de San Agust\'edn nos hace llorar y exclamar de alegr\'eda junto a \'e9l; nos inicia en todas sus acciones m\'e1s secretas, en todas sus penas, ansias, y alegr\'edas; nos revela y expone su vida entera. Nos dice donde va, con quien peca, yLVAL con quien alaba a Dios; nos hace orar, cantar, y ensalzar al Se\'f1or junto a \'e9l. \'bfEs posible que Agust\'edn pudiera haberse confesado sin decirnos cuando, donde, y a quien hizo esa confesi\'f3n auricular? \'bfPodr\'eda haber recibido la absoluci\'f3n y el perd\'f3n de sus pecados por su confesor, sin hacernos part\'edcipes de sus alegr\'edas, y sin requerirnos que bendij\'e9ramos a aquel confesor junto a \'e9l?\par Pero es en vano que busquen en ese libro una sola palabra acerca de la confesi\'f3n auricular. Ese libro es un testigo irrefutable de que tanto Agust\'edn como su piadosa madre, M\'f3nica; a quien menciona tan frecuentemente, vivieron y murieron sin jam\'e1s haberse confesado. Ese libro puede ser llamado la evidencia m\'e1s aplastante para probar que "el dogma de la confesi\'f3n auricular" es un enga\'f1o moderno.\par Desde el principio hasta el final de ese libro, vemos que Agust\'edn cre\'eda y dec\'eda que s\'f3lo Dios pod\'eda perdonar los pecados de los hombres, y que era s\'f3lo a \'c9l que los hombres deb\'edan confesarse para ser perdonados. Si \'e9l escribe su confesi\'f3n, es solamente para que el mundo pudiera conocer c\'f3mo Dios hab\'eda sido misericordioso con \'e9l, y para que pudieran ayudarle a alabar y bendecir a su misericordioso padre celestial. En el libro d\'e9cimo de sus Confesiones, Cap\'edtulo III, Agust\'edn protesta contra la idea de que los hombres pudieran hacer algo para curar la lepra espiritual, o perdonar los pecados de sus pr\'f3jimos; aqu\'ed est\'e1 su elocuente protesta: "Quid mihi ergo est cum hominibus ut audiant confessiones, meas, quasi ipsi sanaturi Sint languores meas? Curiosum genus ad cognescendam vitam alienam; desidiosum ad corrigendam."\par "\'bfQu\'e9 tengo que ver con los hombres para que ellos oigan mis confesiones, como si fueran capaces de sanar mis debilidades? La raza humana es muy curiosa para conocer la vida de otra persona, pero muy perezosa para corregirla."\par Antes de que Agust\'edn hubiese construido ese sublime e imLVALperecedero monumento contra la confesi\'f3n auricular, San Juan Cris\'f3stomo hab\'eda levantado su elocuente voz contra \'e9sta en su serm\'f3n sobre el Salmo 50, donde, hablando en el nombre de la iglesia, dijo: "\'a1No les pedimos que vayan a confesar sus pecados a alguno de sus pr\'f3jimos, sino s\'f3lo a Dios!"\par Nestorio, del siglo cuarto, el antecesor de Juan Cris\'f3stomo, hab\'eda, por una defensa p\'fablica, lo cual los mejores historiadores Cat\'f3lico-Romanos han debido reconocer, prohibido solemnemente la pr\'e1ctica de la confesi\'f3n auricular. Porque, as\'ed como siempre han habido ladrones, borrachos, y criminales en el mundo, as\'ed tambi\'e9n siempre han habido hombres y mujeres que, bajo el pretexto de abrir sus mentes unos a otros para mutuo consuelo y edificaci\'f3n, se entregaron a toda clase de iniquidad y lascivia. El c\'e9lebre Cris\'f3stomo solamente estaba dando la sanci\'f3n de su autoridad a lo que su antecesor hab\'eda hecho, cuando, atronando contra el monstruo reci\'e9n nacido, dijo a los Cristianos de su tiempo, "\'a1No les pedimos que vayan a confesar sus iniquidades a un hombre pecador para ser perdonados\emdash sino s\'f3lo a Dios." (Serm\'f3n sobre el Salmo 50).\par La confesi\'f3n auricular se origin\'f3 con los antiguos herejes, especialmente con Marci\'f3n. Bellarmino habla de ella como algo que debe practicarse. Pero oigamos lo que los escritores contempor\'e1neos tienen para decir sobre la cuesti\'f3n.\par "Ciertas mujeres acostumbraban ir con el hereje Marci\'f3n para confesarle sus pecados. Pero, como \'e9l era impactado con su belleza, y ellas tambi\'e9n se enamoraban de \'e9l, se abandonaban para pecar con \'e9l".\par Escuchen ahora lo que San Basilio en su comentario sobre Salmos 37, dice de la confesi\'f3n:\par "Yo no tengo que acudir ante el mundo para hacer una confesi\'f3n con mis labios. Sino que cierro mis ojos, y confieso mis pecados en lo secreto de mi coraz\'f3n. Ante ti, oh Dios, vierto mis suspiros, y t\'fa solo eres el testigo. Mis queLVALjidos est\'e1n dentro de mi alma. No hay necesidad de muchas palabras para confesar: el quebranto y el pesar son la mejor confesi\'f3n. S\'ed, las lamentaciones del alma, que t\'fa est\'e1s complacido en o\'edr, son la mejor confesi\'f3n".\par Cris\'f3stomo, en su serm\'f3n, De Paenitentia, vol. IV., col. 901, tiene lo siguiente: "T\'fa no necesitas testigos de tu confesi\'f3n. Reconoce secretamente tus pecados, y deja que s\'f3lo Dios te sustente".\par En su serm\'f3n V., De incomprehensibili Dei natura, vol. I., \'e9l dice: "\'a1Por lo tanto, te ruego, siempre confiesa tus pecados a Dios! Te pido que de ninguna manera los confieses a m\'ed. S\'f3lo a Dios deber\'edas exponer las heridas de tu alma, y de \'c9l s\'f3lo esperar la cura. Ve a \'e9l, entonces, y no ser\'e1s rechazado, sino sanado. Porque, antes de que pronuncies una sola palabra, Dios conoce tu oraci\'f3n."\par En su comentario sobre Hebreos XII, serm\'f3n XXXI., vol. XII., p\'e1g. 289, \'e9l adem\'e1s dice: "No estemos contentos con llamarnos a nosotros mismos pecadores. Sino examinemos y enumeremos nuestros pecados. Y luego no te digo que vayas y los confieses, de acuerdo con el capricho de alguno, sino que te dir\'e9, junto con el profeta: 'Confiesa tus pecados ante Dios, reconoce tus iniquidades a los pies de tu Juez, ora con tu coraz\'f3n y con tu mente, si no con tu lengua, y ser\'e1s perdonado.'"\par En su serm\'f3n sobre el Salmo I., vol. V., p\'e1g. 589, el mismo Cris\'f3stomo dice: "Confiesa tus pecados en oraci\'f3n todos los d\'edas. \'bfPor qu\'e9 dudar\'edas en hacerlo? No te digo que vayas y los confieses a un hombre, pecador como t\'fa, y que podr\'eda despreciarte si conociera tus faltas. Sino confi\'e9salos a Dios, quien puede perdon\'e1rtelos".\par En su admirable serm\'f3n IV., De Lazaro, vol. I., p\'e1g. 757, \'e9l exclama: "\'bfPor qu\'e9, dime, deber\'edas avergonzarte de confesar tus pecados? \'bfTe imponemos que los reveles a un hombre, que podr\'eda, un d\'eda, reproch\'e1rtelos? \'bfEres mandado a confesarLVALlos a uno de tus iguales, que podr\'eda publicarlos y arruinarte? Lo que te pedimos es simplemente que muestres las heridas de tu alma a tu Se\'f1or y Amo, quien es tambi\'e9n tu amigo, tu guardi\'e1n, y m\'e9dico".\par En una peque\'f1a obra de Cris\'f3stomo, titulada, "Catechesis ad illuminandos", vol. II., p\'e1g. 210, leemos estas notables palabras: "Lo que m\'e1s deber\'edamos admirar no es que Dios perdone nuestros pecados, sino que \'c9l no los revela a nadie, ni desea que nosotros lo hagamos. Lo que \'c9l demanda de nosotros es confesar nuestras transgresiones s\'f3lo a \'c9l para obtener perd\'f3n".\par San Agust\'edn, en su hermoso serm\'f3n sobre el Salmo 31, dice: "Confesar\'e9 mis pecados a Dios, y \'c9l perdonar\'e1 todas mis iniquidades. Y tal confesi\'f3n no es hecha con los labios, sino s\'f3lo con el coraz\'f3n. Apenas hab\'eda abierto mi boca para confesar mis pecados cuando ellos fueron perdonados, porque Dios ya hab\'eda o\'eddo la voz de mi coraz\'f3n".\par En la edici\'f3n de los Padres por Migne, vol. 67, p\'e1gs. 614, 615, leemos: "Alrededor del a\'f1o 390, el oficio de penitenciar\'eda fue abolido en la iglesia a consecuencia de un gran esc\'e1ndalo provocado por una mujer quien se acus\'f3 a s\'ed misma p\'fablicamente de haber cometido un crimen contra la castidad con un di\'e1cono".\par Yo s\'e9 que los defensores de la confesi\'f3n auricular presentan a sus necios cr\'e9dulos varios pasajes de los Santos Padres, [n. de t.: los llamados Padres de la Iglesia, los principales te\'f3logos y maestros cristianos en los siglos inmediatos a la era de los Ap\'f3stoles], donde se dice que los pecadores estaban acudiendo a tal pastor o a tal obispo para confesar sus pecados: pero este es un modo muy deshonesto de presentar ese hecho\emdash porque es evidente a todos aquellos que est\'e1n algo familiarizados con la historia de la iglesia de aquellos tiempos, que estos se refer\'edan solamente a las confesiones p\'fablicas de las transgresiones p\'fablicas por medio del oficio de LVALla penitenciar\'eda.\par El oficio de la penitenciar\'eda era \'e9ste: En cada ciudad grande, un pastor o ministro era designado especialmente para presidir en las reuniones de la iglesia donde los miembros que hab\'edan cometido pecados p\'fablicos eran obligados a confesarlos p\'fablicamente ante la asamblea, para ser reincorporados a los privilegios de su membres\'eda: y ese ministro ten\'eda la responsabilidad de dar lectura o pronunciar la sentencia de perd\'f3n otorgada por la iglesia a los culpables antes de que pudieran ser admitidos de nuevo a la comuni\'f3n. Esto estaba perfectamente de acuerdo con lo que San Pablo hab\'eda hecho con respecto al incestuoso de Corinto; aquel escandaloso pecador que hab\'eda tra\'eddo deshonra sobre el nombre de Cristiano, pero que, despu\'e9s de confesar y llorando por sus pecados ante la iglesia, obtuvo su perd\'f3n\emdash no de un sacerdote en cuyos o\'eddos hubiera murmurado todos los detalles de su incestuosa fornicaci\'f3n, sino de toda la iglesia congregada. Pablo gustosamente aprueba a la Iglesia de Corinto por absolver as\'ed, y recibir nuevamente en medio de ella, a un hermano descarriado pero arrepentido.\par Cuando los Santos Padres de los primeros siglos hablan de "confesi\'f3n", ellos invariablemente quieren decir "confesiones p\'fablicas" y no confesi\'f3n auricular.\par Hay tanta diferencia entre tales confesiones p\'fablicas y las confesiones auriculares, como la hay entre el cielo y el infierno, entre Dios y su gran enemigo, Sat\'e1n.\par La confesi\'f3n p\'fablica, entonces, se remonta al tiempo de los ap\'f3stoles, y es practicada todav\'eda en iglesias Protestantes de nuestros d\'edas. Pero la confesi\'f3n auricular era desconocida por los primeros disc\'edpulos de Cristo; as\'ed como es rechazada hoy, con horror, por todos los verdaderos seguidores del Hijo de Dios.\par Erasmo, uno de los m\'e1s eruditos Cat\'f3licos Romanos que se opuso a la Reforma en el siglo diecis\'e9is, tan admirablemente iniciada por Lutero y Calvino, osada y LVALhonestamente hace la siguiente declaraci\'f3n en su tratado, De Paenitentia, Dis. 5: "Esta instituci\'f3n de la penitencia [la confesi\'f3n auricular] comenz\'f3 en lugar de cierta tradici\'f3n del Antiguo o el Nuevo Testamento. Pero nuestros te\'f3logos, no considerando prudentemente lo que los antiguos doctores ciertamente dicen, est\'e1n enga\'f1ados, lo que ellos dicen de la confesi\'f3n general y abierta, fuerzan, luego, a esta clase de confesi\'f3n secreta y privada".\par Es un hecho p\'fablico, el cual los Cat\'f3licos Romanos eruditos jam\'e1s han negado, que la confesi\'f3n auricular lleg\'f3 a ser un dogma y una pr\'e1ctica obligatoria de la iglesia solamente en el Concilio Lateranense en el a\'f1o 1215, bajo el Papa Inocencio III. No puede encontrarse antes de ese a\'f1o indicio alguno de la confesi\'f3n auricular, como un dogma.\par Entonces, ha llevado m\'e1s de mil doscientos a\'f1os de esfuerzos de Satan\'e1s para presentar esta obra maestra de sus invenciones para conquistar el mundo y destruir las almas de los hombres.\par Poco a poco, esa impostura se ha deslizado en el mundo, igual a como se arrastran las sombras de una noche tormentosa sin que nadie sea capaz de notar cuando retrocedieron los primeros rayos de luz ante las oscuras nubes. Sabemos muy bien cuando estaba brillando el sol, sabemos cuando estuvo muy oscuro sobre todo el mundo; pero nadie puede decir de manera absoluta cuando se desvanecieron los primeros rayos de luz. As\'ed dijo el Se\'f1or:\par "El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo:\par "Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembr\'f3 ciza\'f1a entre el trigo, y se fue.\par "Y como la hierba sali\'f3 e hizo fruto, entonces apareci\'f3 tambi\'e9n la ciza\'f1a.\par "Y lleg\'e1ndose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Se\'f1or, \'bfno sembraste buena simiente en tu campo? \'bfde d\'f3nde, pues, tiene ciza\'f1a?\par "Y \'c9l les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto." (\cf1\ul Mat_13:24-28\cf0\ulLVALnone ).\par S\'ed, el Buen Maestro nos dice que el enemigo sembr\'f3 esa ciza\'f1a en su campo durante la noche cuando los hombres estaban durmiendo.\par Pero \'e9l no nos dice exactamente la hora de la noche cuando el enemigo arroj\'f3 la ciza\'f1a entre el trigo.\par Sin embargo, si alguien quiere saber cuan terriblemente oscura fue la noche que cubri\'f3 el "Reino", y cuan cruel, implacable, y brutal fue el enemigo que sembr\'f3 la ciza\'f1a, que lea el testimonio del m\'e1s devoto y erudito cardenal que Roma ha tenido alguna vez, Baronio, Anales, A\'f1o 900:\par "Es evidente que uno apenas puede creer qu\'e9 cosas indignas, bajas, execrables, y abominables, fue forzada a soportar la santa Sede Apost\'f3lica, que es el eje sobre el cual gira la Iglesia Cat\'f3lica entera, cuando los pr\'edncipes de la \'e9poca, aunque Cristianos, se arrogaron la elecci\'f3n de los Pont\'edfices Romanos. \'a1Ay, la verg\'fcenza! \'a1Ay, la aflicci\'f3n! \'a1Qu\'e9 monstruos, horribles de contemplar, fueron entonces impuestos sobre la Santa Sede! \'a1Qu\'e9 males sobrevinieron! \'a1Qu\'e9 tragedias cometieron! \'a1Con qu\'e9 contaminaciones fue esta Sede, aunque ella misma sin mancha, entonces ensuciada! \'a1Con qu\'e9 corrupciones infectada! \'a1Con qu\'e9 suciedades profanada! \'a1Y por estas cosas denigrada con perpetua infamia! (Baronio, Anales, A\'f1o 900).\par "Est plane, ut vix aliquis credat, imino, nee vix quidem sit crediturus, nisi suis inspiciat ipse oculis, manibusque contractat, quam indigna, quainque turpia atque deformia, execranda insuper et abominanda sit coacta pati sacrosancta apostolica sedes, in cujus cardine universa Ecclesia catholica vertitur, cum principes saeculi hujus, quantumlibet christiani, hac tamen ex parte dicendi tyrrani saevissini, arrogaverunt sibi, tirannice, electionem Romanorum pontificum. Quot tune ab eis, proh pudor! pro dolor! in eamdem sedem, angelis reverandam, visu horrenda intrusa sunt monstra? Quot ex eis oborta sunt mala, consummatae tragediae! Quibus tunc ipsam slLVAL|ine macula et sine ruga contigit aspergi sordibus, purtoribus infici, in quinati spurcitiis, ex hisque perpetua infamia denigrari!'' \cf2\fs23 \cf0\f1\fs24 \par \cf2\f2\fs23\par \par } LVALg {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\froman\fprq2\fcharset0 Georgia;}{\f1\froman\fprq2\fcharset0 Times New Roman;}{\f2\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs22 DIOS URGE A LA IGLESIA DE ROMA A CONFESAR LAS ABOMINACIONES DE LA CONFESI\'d3N AURICULAR. \par \b0 LOS sacerdotes de Roma recurren a distintos medios para enga\'f1ar al pueblo acerca de la inmoralidad resultante de la confesi\'f3n auricular. Una de sus estratagemas preferidas es citar algunos pasajes desconectados de te\'f3logos, recomendando cautela de parte del sacerdote, al interrogar a sus penitentes sobre asuntos delicados, \'e9l deber\'eda ver o evitar cualquier peligro de que estos \'faltimos sean escandalizados por sus preguntas. Es cierto, hay tales te\'f3logos prudentes, que parecen comprender m\'e1s que otros el peligro real del sacerdote en la confesi\'f3n. Pero aquellos sabios consejeros se parecen demasiado a un padre que permitir\'eda a su hijo poner sus dedos en el fuego, mientras le recomienda que sea cauto por temor a que se quemasen esos dedos. Hay exactamente tanta sabidur\'eda en un caso como en el otro. \'bfQu\'e9 dir\'eda usted de un padre que arrojara a un joven, d\'e9bil e inexperto muchacho entre bestias salvajes, con la necia y cruel expectativa de que su prudencia podr\'eda salvarle de ser herido?\par Esos te\'f3logos pueden ser perfectamente honestos al dar tal consejo, aunque solamente es algo sabio o razonable. Pero est\'e1n lejos de ser honestos o veraces aquellos que sostienen que la Iglesia de Roma, al mandar a cada uno a confesar todos sus pecados a los sacerdotes, ha hecho una excepci\'f3n en favor de los pecados contra la castidad. Esto es solamente como polvo que se arroja a los ojos de los Protestantes y de gente ignorante, para impedirles ver a trav\'e9s de los aterradores misterios de la confesi\'f3n.\par Cuando el Concilio Lateranense decidi\'f3 que cada aduLVALlto, de cualquier sexo, deb\'eda confesar todos sus pecados a un sacerdote, al menos una vez por a\'f1o, no se hicieron excepciones para ninguna clase de pecados, ni siquiera para aquellos cometidos contra la modestia o la pureza. Y cuando el Concilio de Trento ratific\'f3 o renov\'f3 las decisiones anteriores, no se hizo excepci\'f3n, tampoco, de los pecados en cuesti\'f3n. Se esperaba y ordenaba que ellos fueran confesados, como todo otro pecado.\par La ley de ambos Concilios todav\'eda no est\'e1 revocada y es obligatoria para todos los pecados, sin excepci\'f3n alguna. Es imperativa, absoluta; y cada buen Cat\'f3lico, hombre o mujer, debe someterse a ella confesando todos sus pecados, al menos una vez al a\'f1o.\par Tengo en mi mano el Catecismo de Butler, aprobado por varios obispos de Quebec. En la p\'e1gina 62, se lee: "que todos los penitentes deber\'edan examinarse con respecto a los pecados capitales, y confesarlos a todos, sin excepci\'f3n, bajo pena de eterna condenaci\'f3n".\par El c\'e9lebre catecismo controversial del Rd. Stephen Keenan, aprobado por todos los obispos de Irlanda, dice positivamente (p\'e1gina 186): "El penitente debe confesar todos sus pecados".\par Por lo tanto, la joven y t\'edmida muchacha, la casta y modesta mujer, deben pensar acerca de acciones vergonzosas y deben llenar sus mentes con ideas impuras, a fin de confesar a un hombre soltero cualquier cosa de la que pudieran ser culpables, sin importar cuan repugnantes pudieran ser a ellas tales confesiones, o peligrosas para el sacerdote que est\'e1 obligado a o\'edrlas e inclusive a demandarlas. Nadie est\'e1 exento de la odiosa, y frecuentemente contaminante tarea. Tanto al sacerdote como el penitente se le requiere y obliga a atravesar la feroz experiencia de contaminaci\'f3n y verg\'fcenza. Ellos est\'e1n forzados, en toda circunstancia, uno a preguntar, y el otro a responder, bajo pena de eterna condenaci\'f3n.\par As\'ed es la rigurosa e inflexible ley de la Iglesia de Roma con respecto a la confesi\'f3n. LVALEsto es ense\'f1ado no s\'f3lo en obras de teolog\'eda o desde el p\'falpito, sino tambi\'e9n en devocionarios y varias otras publicaciones religiosas. Esto est\'e1 tan grabado en las mentes de los Romanistas como para llegar a ser parte de su religi\'f3n. Tal es la ley que el sacerdote mismo debe obedecer, y que aplica a sus penitentes a su propia discreci\'f3n.\par Pero hay maridos con una predisposici\'f3n celosa, que poco considerar\'edan la idea de que solteros confiesen a sus esposas, si conocieran exactamente qu\'e9 preguntas deben responder en la confesi\'f3n. Hay padres y madres a quienes no les gusta mucho ver a sus hijas solas con un hombre, detr\'e1s de una cortina, y que ciertamente temblar\'edan por su honor y virtud si conocieran todos los abominables misterios de la confesi\'f3n. Es necesario, por lo tanto, mantener a estas personas, tanto como sea posible, en la ignorancia, y evitar que la luz alcance ese imperio de oscuridad, el confesionario. Considerando eso, se aconseja a los confesores a ser cautelosos "en aquellos asuntos", a "plantear estas preguntas hasta cierto punto de forma encubierta, y con la mayor reserva". Porque es muy deseable "no ofender al pudor, ni asustar a la penitente ni apenarla. Los pecados, sin embargo, deben ser confesados".\par Tal es el prudente consejo dado a los confesores en ciertas ocasiones. En las manos o bajo el comando de Liguori, el Padre Gury, Scavani, u otros casuistas, [n. de t.: autores que exponen casos pr\'e1cticos de teolog\'eda moral], el sacerdote es una especie de general, enviado durante la noche, para asaltar una ciudadela o una posici\'f3n fuerte, teniendo la orden de operar cautelosamente, y antes de la luz del d\'eda. Su misi\'f3n es una de tinieblas y violencia, y crueldad; sobre todo, es una misi\'f3n de suprema astucia, porque cuando el Papa manda, el sacerdote, como su leal soldado, debe estar listo a obedecer; pero siempre con una m\'e1scara o mampara delante suyo, para disimular su objetivo. Sin embargo, muchas veces, despu\LVAL'e9s que el lugar ha sido capturado a fuerza de estrategia y sigilo, el pobre soldado es dejado, malherido y completamente inv\'e1lido, sobre el campo de batalla. \'c9l ha pagado caro por su victoria; pero la ciudadela conquistada tambi\'e9n ha recibido una herida de la que podr\'eda no recuperarse. El astuto sacerdote ha obtenido su objetivo: ha triunfado en persuadir a su penitente dama en que no hab\'eda incorrecci\'f3n, que incluso era necesario para ellos tener una conversaci\'f3n sobre las cosas que le hicieron sonrojar unos pocos momentos atr\'e1s. Ella es prontamente tan bien convencida, que jurar\'eda que no hay nada incorrecto con la confesi\'f3n. Verdaderamente esto es un cumplimiento de las palabras: "Abyssus abyssum invocat", un abismo llama a otro abismo.\par \'bfHan sido los te\'f3logos Romanistas\emdash Gury, Scavani, Liguori, etc.\emdash alguna vez lo suficientemente honestos, en sus obras sobre la confesi\'f3n, para decir que el Dios Sant\'edsimo jam\'e1s podr\'eda mandar o requerir a la mujer a degradar y corromper a s\'ed misma y al sacerdote al verter en los o\'eddos de un fr\'e1gil y pecador mortal, palabras impropias incluso para un \'e1ngel? No; ellos fueron muy cuidadosos para no decir as\'ed; porque, desde ese mismo momento, sus descaradas mentiras habr\'edan sido descubiertas; la estupenda, pero d\'e9bil estructura de la confesi\'f3n auricular, hubiera ca\'eddo al suelo, con lamentable perjuicio y ruina para sus defensores. Los hombres y mujeres abrir\'edan sus ojos, y ver\'edan su debilidad y falacia. "Si Dios", ellos podr\'edan decir, "puede perdonar nuestros m\'e1s fieros pecados contra el pudor, sin confesarlos, \'c9l ciertamente har\'e1 lo mismo con aquellos de menor gravedad; por lo tanto no hay necesidad o causa para que lo confesemos a un sacerdote".\par Pero aquellos sagaces casuistas sab\'edan muy bien que, por tan franca declaraci\'f3n, pronto perder\'edan su predominio sobre las poblaciones Cat\'f3licas, especialmente sobre las mujeres, por las cuales, a trav\'LVALe9s de la confesi\'f3n, ellos gobiernan al mundo. Prefieren m\'e1s tener aferradas las mentes en ignorancia, las conciencias atemorizadas, y las almas vacilantes. No es sorprendente, entonces, que ellos apoyen y confirmen completamente las decisiones de los concilios Lateranense y de Trento, que ordenan "que todos los pecados deben ser confesados as\'ed como Dios los conoce". No es sorprendente que intenten lo mejor o lo peor de ellos para doblegar la repugnancia natural de las mujeres para hacer tales confesiones, y para disimular los terribles peligros para el sacerdote al o\'edr las mismas.\par Sin embargo, Dios, en su infinita misericordia, y por amor a la verdad, ha urgido a la Iglesia de Roma a reconocer los peligros morales y las tendencias corruptoras de la confesi\'f3n auricular. En su eterna sabidur\'eda, \'c9l sab\'eda que los Cat\'f3licos Romanos cerrar\'edan sus o\'eddos a cualquier cosa que pudiera ser dicha por los disc\'edpulos de la verdad evang\'e9lica, sobre la influencia inmoral de esa instituci\'f3n; que incluso responder\'edan con el insulto y la falacia a las palabras de verdad amablemente dirigidas a ellos, exactamente como los antiguos jud\'edos devolvieron con odio e insulto al buen Salvador que les estaba trayendo las felices noticias de una salvaci\'f3n gratuita. \'c9l sab\'eda que los devotos Romanistas, extraviados por sus sacerdotes, llamar\'edan a los ap\'f3stoles de la verdad, mentirosos, burladores, pose\'eddos del diablo, como Cristo fue constantemente llamado endemoniado, impostor, y finalmente matado por sus falsos acusadores.\par Aquel gran Dios, tan compasivo ahora como era entonces, por las pobres almas ignorantes y enga\'f1adas, ha producido un verdadero milagro para abrir los ojos de los Cat\'f3licos Romanos, y para urgirles, por as\'ed decirlo, a creernos, cuando decimos, con la autoridad de \'c9l, que la confesi\'f3n auricular fue inventada por Satan\'e1s para arruinar eternamente tanto al sacerdote como a sus penitentes femeninas. Porque, lo que nunca hubLVALi\'e9ramos osado decir por nosotros mismos a los Cat\'f3licos Romanos con respecto a lo que sucede frecuentemente entre sus sacerdotes y sus esposas e hijas, ya sea durante o despu\'e9s de la confesi\'f3n, Dios ha forzado a la Iglesia de Roma para que ella misma admita, dar a conocer cosas que habr\'edan parecido incre\'edbles, si hubieran salido solamente de nuestra boca o nuestra pluma. En esta como en otras oportunidades, esa Iglesia ap\'f3stata ha sido inconscientemente la vocera de Dios para el cumplimiento de sus grandes y misericordiosos prop\'f3sitos.\par Oigan las preguntas que la Iglesia de Roma, por medio de sus te\'f3logos, hace a cada sacerdote despu\'e9s que ha o\'eddo la confesi\'f3n de sus esposas o hijas:\par 1. "Nonne inter audiendas confessiones quasdam proposui questiones circa sextum decalogi preoeceptum cum intentione libidinosa?" (Miroir du Clerge, p\'e1g. 582).\par "Mientras o\'eda las confesiones, \'bfno he hecho preguntas sobre pecados contra el sexto, (s\'e9ptimo en el Dec\'e1logo), mandamiento, con la intenci\'f3n de satisfacer mis malas pasiones?"\par Tal es el hombre, oh madres e hijas, a quien ustedes osan revelar las acciones m\'e1s secretas, as\'ed como las m\'e1s vergonzosas. Ustedes se arrodillan a sus pies y murmuran en su o\'eddo sus m\'e1s \'edntimos pensamientos y deseos, y sus acciones m\'e1s impuras; porque su iglesia, a fuerza de astucia y sofismas, ha logrado convencerles en que no hab\'eda incorrecci\'f3n o peligro al hacer as\'ed; en que el hombre que ustedes eligieron para su gu\'eda y confidente espiritual, nunca podr\'eda ser tentado por tales impuros relatos. Pero a esa misma Iglesia, por alguna misteriosa providencia, se le ha hecho reconocer, en sus propios libros, sus propias mentiras. A pesar de s\'ed misma, ella admite que hay verdadero peligro en la confesi\'f3n, tanto para la mujer como para el sacerdote; que a prop\'f3sito o de otra manera, y a veces estando ambos desprevenidos, se ponen uno a otro peligrosas asechanzas. La Iglesia de Roma cLVALomo si tuviera una mala conciencia por permitir a su sacerdote mantener tan estrecha y secreta conversaci\'f3n con una mujer, posee, por as\'ed decirlo, un ojo vigilante sobre \'e9l, mientras la pobre mujer desorientada est\'e1 derramando en sus o\'eddos la inmunda carga de su alma; y tan pronto como ella se aleja, pregunta al sacerdote sobre la pureza de sus motivos, la honestidad de sus intenciones al hacer las preguntas requeridas. "\'bfNo has t\'fa", le pregunta inmediatamente, "con el pretexto de ayudar a esa mujer en su confesi\'f3n, hecho ciertas preguntas simplemente para complacer tu impudicia o para satisfacer tus malas inclinaciones?"\par 2. "Nonne munus audiendi confessiones suscepi, aut veregi ex prava incontinentioe appettentia (\'cddem, p\'e1g. 582). "\'bfNo he recurrido al confesionario y o\'eddo las confesiones con la intenci\'f3n de complacer mis malas pasiones? (Miroir du Clerge, p\'e1g. 582).\par \'a1Oh ustedes mujeres! que tiemblan como esclavas a los pies de los sacerdotes, ustedes admiran la paciencia y caridad de aquellos buenos (?) sacerdotes, que est\'e1n gustosos de pasar tan largas y tediosas horas para o\'edr la confesi\'f3n de sus secretos pecados; y ustedes apenas saben como expresar su gratitud por tanta amabilidad y caridad. \'a1Pero, silencio, escuchen la voz de Dios hablando a la conciencia del sacerdote, por medio de la Iglesia de Roma!\par "\'bfNo has t\'fa", le pregunta ella, "o\'eddo la confesi\'f3n de las mujeres simplemente para alimentar o dar gusto a las viles pasiones de tu naturaleza ca\'edda y de tu coraz\'f3n corrupto?"\par Por favor noten, no soy yo, o los enemigos de la religi\'f3n de ustedes, los que hacemos a sus sacerdotes las preguntas anteriores, es Dios mismo, quien, en su piedad y compasi\'f3n por ustedes, apremia a su propia Iglesia a hacer tales preguntas; para que sus ojos puedan ser abiertos, y para que puedan ser rescatadas de todas las peligrosas obscenidades y la humillante y degradante esclavitud de la confesi\'f3n auricular. Es la voLVALluntad de Dios librarles de tal sujeci\'f3n y degradaci\'f3n. \'a1En su tierna compasi\'f3n \'c9l ha provisto medios para sacarles de ese alba\'f1al, llamado confesi\'f3n; para romper las cadenas que les sujetan a los pies de un miserable y blasfemo pecador llamado confesor, quien, bajo la pretensi\'f3n de ser capaz de perdonar sus pecados, usurpa el lugar del Salvador y del Dios de ustedes! Porque mientras murmuran sus pecados en su o\'eddo, Dios le dice por medio de su Iglesia, en tonos lo suficientemente fuertes para ser o\'eddos: "\'bfAl o\'edr la confesi\'f3n de estas mujeres, no eres movido por la lascivia, incentivado por malas pasiones?\par \'bfNo es esto suficiente para advertirles del peligro de la confesi\'f3n auricular? \'bfPueden ahora, con alg\'fan sentimiento de seguridad o decencia, acudir a esos sacerdotes, para quienes las mismas confesiones de ustedes pueden ser una trampa, una causa de ca\'edda o de terrible tentaci\'f3n? \'bfPueden ustedes, con una part\'edcula de honor o modestia, exponerse voluntariamente a los impuros deseos de sus confesores? \'bfPueden ustedes, con alguna clase de dignidad femenina, aceptar confiar a ese hombre sus m\'e1s \'edntimos pensamientos y deseos, sus acciones m\'e1s humillantes y secretas, cuando conocen de los labios de su propia Iglesia, que ese hombre puede no tener ning\'fan objetivo m\'e1s elevado al escuchar la confesi\'f3n de ustedes que una curiosidad lasciva, o un pecaminoso deseo de despertar sus malas pasiones?\par 3. "Nonne ex auditis in confessione occasionem sumpsi poenitentes utriusque sexus ad peccandum sollicitandi?" (Idem, p\'e1g. 582).\par "\'bfNo me he aprovechado de lo que o\'ed en la confesi\'f3n para inducir a mis penitentes de uno u otro sexo a cometer pecado?"\par Yo correr\'eda un gran riesgo de ser tratado con el mayor desprecio, si osara hacer a los sacerdotes de ustedes semejante pregunta. Probablemente me llamar\'edan un sinverg\'fcenza, por atreverme a cuestionar la honestidad y pureza de esos santos hombres. UstedeLVALs, quiz\'e1s, llegar\'edan al extremo de sostener que es totalmente imposible para ellos ser culpables de los pecados que son expresados en la pregunta citada; que nunca han sido cometidas obras tan deshonrosas por medio de la confesi\'f3n. Y, quiz\'e1s, negar\'edan en\'e9rgicamente que su confesor alguna vez hubiera dicho o hecho algo que pudiera llevarles a ustedes a pecar o siquiera a cometer alguna infracci\'f3n contra el decoro o la decencia. Ustedes se sienten perfectamente seguras en cuanto a eso, y no ven peligro que deban temer.\par Perm\'edtanme decirles, buenas damas, que ustedes son demasiado confiadas, y as\'ed contin\'faan en el m\'e1s fatal enga\'f1o. Su propia Iglesia, por medio de la voz misericordiosa y de advertencia de Dios hablando a la conciencia de sus propios te\'f3logos, les dice a ustedes que hay peligro real e inminente, donde suponen que est\'e1n en perfecta seguridad. Podr\'edan no haber sospechado nunca del peligro, pero est\'e1 all\'ed, en las paredes del confesionario; y a\'fan, es m\'e1s, est\'e1 acechando en sus propios corazones, y en el de su confesor. \'c9l puede haberse refrenado hasta ahora de tentarles; puede, al menos, haberse mantenido dentro de los l\'edmites apropiados de la moralidad o la decencia exteriores. Pero nada les garantiza que \'e9l no pueda ser tentado; y nada podr\'eda protegerles de sus atentados contra la virtud de ustedes, si se entregara a la tentaci\'f3n, como no escasean los casos para probar la verdad de mi afirmaci\'f3n. Ustedes est\'e1n tristemente erradas con una falsa y peligrosa seguridad. Est\'e1n, aunque sin saberlo, al borde mismo de un precipicio, donde tantos han ca\'eddo por su ciega confianza en su propia fuerza, o en la prudencia y santidad de su confesor. La misma Iglesia de ustedes est\'e1 muy inquieta por su seguridad; ella tiembla por la inocencia y pureza de ustedes. En su temor, advierte al sacerdote para que est\'e9 alerta sobre sus perversas pasiones y fragilidades humanas. \'bfC\'f3mo osan pretender que su confesor LVALsea m\'e1s fuerte y m\'e1s santo de lo que es para la misma Iglesia de ustedes? \'bfPor qu\'e9 habr\'edan de poner en peligro su castidad o pudor? \'bfPor qu\'e9 se exponen al peligro, cuando \'e9ste podr\'eda ser evitado tan f\'e1cilmente? \'bfC\'f3mo pueden ser tan incautas, tan carentes de la prudencia y el pudor normales como para ponerse ustedes mismas desvergonzadamente en una situaci\'f3n para tentar y ser tentadas, y as\'ed atraerse la perdici\'f3n presente y eterna? [N. de t.: Aunque todo hijo de Ad\'e1n est\'e1 bajo la condenaci\'f3n hasta que cree en Cristo, (\cf1\ul Joh_3:18\cf0\ulnone ), es cierto que la persistencia rebelde en el pecado va insensibilizando la conciencia del pecador incr\'e9dulo para impedirle buscar a Cristo, (\cf1\ul 2Ti_3:6-7\cf0\ulnone ; \cf1\ul Heb_6:7-8\cf0\ulnone )].\par 4. "Nonne extra tribunal, vel, in ipso confess ionis actu, aliuqia dixi aut egi cum Intenticne diabolica has personas seducendi?" (\'cddem, \'eddem).\par "\'bfNo he, durante o despu\'e9s de la confesi\'f3n, hecho o dicho ciertas cosas con una intenci\'f3n diab\'f3lica de seducir a mis pacientes femeninas?"\par "\'bfQu\'e9 archienemigo de nuestra santa religi\'f3n es tan atrevido e imp\'edo como para hacer a nuestros santos sacerdotes una pregunta tan insolente e insultante?", puede preguntar alguno de nuestros lectores Cat\'f3licos Romanos. Es f\'e1cil responder. Este gran enemigo de su religi\'f3n es nada menos que un Dios justamente ofendido, amonestando y desaprobando a sus sacerdotes por exponer tanto a usted como a ellos mismos a peligrosos encantos y seducciones. Es su voz hablando a las conciencias, y advirti\'e9ndoles del peligro y corrupci\'f3n de la confesi\'f3n auricular. Ella les dice: \'a1Cuidado! porque podr\'edan ser tentados, como seguramente lo ser\'e1n, a hacer o decir algo contra el honor y la pureza.\par \'a1Maridos y padres! que justamente valoran el honor de sus esposas e hijas m\'e1s que a todos los tesoros, que consideran esto un bien demasiado preciado para ser expuestoLVAL a los peligros de profanaci\'f3n, y que preferir\'edan perder sus vidas mil veces, antes que ver a aquellas que ustedes m\'e1s aman sobre la tierra caer en las trampas del seductor, lean una vez m\'e1s y mediten lo que su Iglesia pregunta al sacerdote, despu\'e9s de haber o\'eddo a su esposa e hija en confesi\'f3n: "\'bfNo has, durante o despu\'e9s de la confesi\'f3n, hecho o dicho ciertas cosas con una intenci\'f3n diab\'f3lica de seducir a tus pacientes femeninas?"\par Si su sacerdote permanece sordo a estas palabras dirigidas a su conciencia, ustedes no pueden ayudar prestando atenci\'f3n a ellas y entendiendo su significado pleno. Ustedes no pueden estar tranquilos y sin temer nada de aquel sacerdote en esas estrechas entrevistas con sus esposas e hijas, cuando los superiores de \'e9l y la misma Iglesia de ustedes tiemblan por \'e9l, y cuestionan su pureza y honestidad. Ellos ven un gran peligro para ambos, el confesor y su penitente; porque saben que la confesi\'f3n ha sido, muchas veces, el pretexto para causar las m\'e1s vergonzosas seducciones.\par Si no hubiera verdadero peligro para la castidad de las mujeres, al confesar a un hombre sus pecados m\'e1s secretos, \'bfcreen ustedes que sus papas y te\'f3logos ser\'edan tan necios para admitirlo, y para hacer preguntas a los confesores que ser\'edan las m\'e1s insultantes y fuera de lugar, si no hubiera raz\'f3n para ellas?\par \'bfNo es arrogancia e insensatez, de parte de ustedes, creer que no hay peligro, cuando la Iglesia de Roma les dice, positivamente, que hay peligro, y usa los m\'e1s fuertes t\'e9rminos al expresar su inquietud y temor?\par \'a1\'bfPor qu\'e9 su Iglesia ve las razones m\'e1s acuciantes para temer por el honor de sus esposas e hijas, as\'ed como por la castidad de sus sacerdotes; y ustedes a\'fan permanecen despreocupados, indiferentes al horrendo peligro al que est\'e1n expuestos?! \'bfSon ustedes como el pueblo jud\'edo en el pasado, al que le fue dicho: "O\'edd bien, y no entend\'e1is; ved por cierto, mas no compLVALrend\'e1is"? (\cf1\ul Isa_6:9\cf0\ulnone ).\par Pero si ustedes ven o sospechan el peligro del que son advertidos; si los ojos de su inteligencia pueden sondear el espantoso abismo en donde las personas m\'e1s amadas de su coraz\'f3n est\'e1n en peligro de caer, entonces es necesario que las guarden de los caminos que llevan al temible despe\'f1adero. No esperen hasta que sea demasiado tarde, cuando ellas est\'e9n muy cerca del precipicio para ser recatadas. Ustedes pueden creer que el peligro est\'e1 distante, cuando est\'e1 inminente. Aprovechen la triste experiencia de tantas v\'edctimas de la confesi\'f3n que han sido irremediablemente perdidas, irrecuperablemente arruinadas por la eternidad. La voz de la conciencia, del honor y de Dios mismo, les dicen que pronto puede ser muy tarde para salvarlas de la destrucci\'f3n, por la negligencia y demora de ustedes. Mientras agradecen a Dios por haberlas resguardado de las tentaciones que han resultado fatales a tantas mujeres casadas o solteras, no pierdan un solo momento en tomar las medidas necesarias para librarlas de tentaci\'f3n y ca\'eddas.\par En lugar de permitirles ir y arrodillarse a los pies de un hombre para obtener la remisi\'f3n de sus pecados, gu\'edenlas a los pies del agonizante Salvador, el \'fanico lugar en donde ellas pueden asegurarse el perd\'f3n y la paz eternos. \'bfY por qu\'e9, despu\'e9s de tantos intentos infructuosos, intentar\'edan m\'e1s tiempo lavarse en un lodazal, cuando las aguas puras de la vida eterna son ofrecidas tan libremente a trav\'e9s de Jesucristo, su \'fanico Salvador y Mediador?\par En vez de buscar su perd\'f3n de un pobre y miserable pecador, d\'e9bil y tentado como ellos, que vayan a Cristo, el \'fanico hombre poderoso y perfecto, la \'fanica esperanza y salvaci\'f3n del mundo.\par \'a1Oh pobres enga\'f1adas mujeres Cat\'f3licas! \'a1No escuchen m\'e1s las enga\'f1osas palabras de la Iglesia de Roma, que no tiene perd\'f3n, ni paz para usted, sino s\'f3lo trampas; que les ofrece esclavitud y verg\'fcLVALenza en pago por la confesi\'f3n de sus pecados! Pero escuchen m\'e1s bien las invitaciones de su Salvador, quien ha muerto en la cruz, para que ustedes pudieran ser salvadas; y quien, \'c9l s\'f3lo, puede dar descanso a sus almas cansadas.\par Oigan sus palabras, cuando \'c9l les dice: "Venid a m\'ed, oh vosotros pesadamente cargados, aplastados, por as\'ed decirlo, bajo la carga de vuestros pecados, y yo les dar\'e9 descanso. . . Yo soy el m\'e9dico de vuestras almas. . . Aquellos que est\'e1n sanos no necesitan de un m\'e9dico, sino aquellos que est\'e1n enfermos. . . . Venid, entonces a m\'ed, y ser\'e9is sanados. . . . Yo no he rechazado ni perdido a nadie que haya venido a m\'ed. . . . invocad mi nombre. . . . creed en m\'ed. . . . arrepent\'edos. . . . amad a Dios, y a vuestro pr\'f3jimo como a vosotros mismos, y ser\'e9is salvados. . . Porque todo el que cree en m\'ed e invoca mi nombre, ser\'e1 salvado. . . . Cuando sea levantado entre el cielo y la tierra, atraer\'e9 a todos hacia m\'ed. . . ."\par \'a1Oh, madres e hijas, en vez de acudir al sacerdote por perd\'f3n y salvaci\'f3n, acudan a Jes\'fas, quien est\'e1 invit\'e1ndoles tan insistentemente! y m\'e1s cuanto m\'e1s necesidad tienen de ayuda y gracia divina. A\'fan, si son tan grandes pecadoras como Mar\'eda Magdalena, pueden, como ella, lavar los pies del Salvador con las fluentes l\'e1grimas de su arrepentimiento y de su amor, y como ella, pueden recibir el perd\'f3n de sus pecados.\par \'a1A Jes\'fas, entonces, y a \'c9l s\'f3lo, acudan para la confesi\'f3n y el perd\'f3n de sus pecados; porque all\'ed, solamente, pueden encontrar paz, luz, y vida para toda la eternidad!\f1\fs24 \par \cf2\f2\fs23\par \par } LVALq {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\froman\fprq2\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs22 LA CONFESI\'d3N AURICULAR EN AUSTRALIA, NORTEAM\'c9RICA Y FRANCIA \par \b0 Esperamos que este cap\'edtulo ser\'e1 le\'eddo con inter\'e9s y provecho en todas partes; ser\'e1 especialmente interesante para la gente de Australia, Norteam\'e9rica y Francia. Que todos consideren con atenci\'f3n sus solemnes ense\'f1anzas; ver\'e1n como la confesi\'f3n auricular est\'e1 esparciendo, por doquier, las semillas de una inenarrable corrupci\'f3n en cada lugar, en todo el mundo. Que todos vean c\'f3mo el enemigo est\'e1 exitosamente ocupado, en destruir todo vestigio de honestidad y pureza en los corazones y las mentes de las bellas hijas de sus pa\'edses.\par Aunque he estado en Australia solamente unos pocos meses, tengo una colecci\'f3n de hechos aut\'e9nticos e innegables acerca de la destrucci\'f3n de la virtud femenina, por medio del confesionario, que llenar\'eda varios grandes vol\'famenes, e impresionar\'edan al pa\'eds con horror, si fuera posible publicarlos todos. Pero para mantenerme dentro de los l\'edmites de un breve cap\'edtulo, dar\'e9 s\'f3lo unos pocos de los m\'e1s p\'fablicos.\par No hace mucho, una joven dama Irlandesa, perteneciente a una de las m\'e1s respetables familias de Irlanda, fue a confesarse con un sacerdote de Parramatta. Pero las preguntas que le hicieron en el confesionario, fueron de un car\'e1cter tan bestial; los esfuerzos hechos por este sacerdote para convencer a su joven penitente temerosa de Dios y honesta, para que aceptara satisfacer los infames deseos de su corrupto coraz\'f3n, causaron que la joven mujer renunciara inmediatamente a la Iglesia de Roma, y quebrara las cadenas, con las cuales hab\'eda estado largo tiempo atada a los pies de sus pretendidos seductores. Que el lector lea cuidadosamente su carta, que he copiado de la Sydney (Australia) Gazette, del 28 de julio de 1839, y ver\'e1LVAL cuan valientemente, y bajo su propia firma, ella no s\'f3lo acusa a sus confesores de haberla escandalizado de manera muy infame con sus preguntas, y de haber tratado de destruir en ella el \'faltimo vestigio de pudor femenino, sino que tambi\'e9n declara que muchas de sus amigas hab\'edan reconocido en su presencia, que hab\'edan sido tratadas de una forma muy similar, por sus padres confesores.\par Como esa joven dama era la sobrina de un muy conocido Obispo Cat\'f3lico Romano, y la pariente cercana de dos sacerdotes, su declaraci\'f3n p\'fablica hizo una profunda impresi\'f3n en la mente de la gente, y la jerarqu\'eda Cat\'f3lica Romana sinti\'f3 profundamente el golpe. Los hechos fueron dados por esa irreprochable testigo en forma muy llana y valiente como para ser negados. La \'fanica cosa a la que aquellos enemigos implacables de todo lo que es verdadero, santo y puro, en el mundo, recurrieron, para defender su tambaleante poder, y mantener su m\'e1scara de honestidad, fue a lo que han hecho en todos los tiempos\emdash "asesinar a la honesta joven muchacha que no hab\'edan sido capaces de silenciar". Unos pocos d\'edas despu\'e9s, fue encontrada ba\'f1ada en su sangre, y cruelmente herida, a una corta distancia de Parramatta; pero por la bondadosa providencia de Dios, los pretendidos asesinos, enviados por los sacerdotes, hab\'edan fallado en matar a su v\'edctima. Ella se recuper\'f3 de sus heridas, y vivi\'f3 muchos a\'f1os m\'e1s para proclamar ante el p\'fablico, c\'f3mo los sacerdotes de Australia, as\'ed como los sacerdotes del resto del mundo, hacen uso de la confesi\'f3n auricular para corromper los corazones, y maldecir las almas de sus penitentes.\par Aqu\'ed est\'e1 la carta de esa joven, honesta, y valiente dama:\par EL CONFESIONARIO\par (A los Editores de la Sydney Gazette).\par Mientras le\'eda r\'e1pidamente, el otro d\'eda, en la Sydney Gazette, un relato del juicio, que se llev\'f3 a cabo en la Corte Suprema, el martes 9, al instante, fui impactada con inexpresable asombroLVAL ante el testimonio del Dr. Polding, Obispo Cat\'f3lico Romano en esta colonia, y comenc\'e9 a buscar informaci\'f3n, en su peri\'f3dico, si es que existe alguna diferencia entre los sacerdotes Cat\'f3licos Romanos ingleses y los irlandeses. Si no la hay, y si lo que el Dr. Polding dice es realmente as\'ed, yo debo haber sido tratada ciertamente de forma muy injusta, por la mayor\'eda de los sacerdotes con quienes me he confesado.\par Yo s\'e9 muy bien que un sacerdote Cat\'f3lico Romano nunca dir\'e1: "P\'e1gueme tanto, y le dar\'e9 la absoluci\'f3n", porque eso ser\'eda dejar al descubierto la maniobra; pero los hechos hablan m\'e1s fuerte que los preceptos, y yo puedo decir por mi parte, (y conozco de cientos, que podr\'edan decir lo mismo, si se atrevieran); que he pagado al sacerdote, innumerables veces, antes de levantarme de mis rodillas en la confesi\'f3n, bajo la excusa, como mostrar\'e9, de obtener misas y oraciones dichas para la liberaci\'f3n del purgatorio de las almas de mis parientes fallecidos.\par Yo fui ense\'f1ada para creer que las misas no eran v\'e1lidas, a menos que no estuviera en un estado de pecado, o en otras palabras, que estuviera en un estado de gracia. Por lo tanto debo ser absuelta, para hacer eficaces a las misas, y todos los Cat\'f3licos Romanos saben muy bien, que todas las misas deben pagarse, antes de ser dichas. Me dijo un sacerdote, un hombre de buena educaci\'f3n, que cuanto m\'e1s diera, ser\'eda mejor para mi propia alma, y las almas de amigos detenidas en el purgatorio. Fui ense\'f1ada a creer que la Iglesia de Roma siendo infalible, e incapaz de errar, su doctrina y sus pr\'e1cticas eran las mismas en todo el mundo; por supuesto yo qued\'e9 muy perpleja al leer el testimonio del Dr. Polding. Creo que \'e9l debe estar trabajando bajo un gran error, cuando dice, que est\'e1 estrictamente prohibido para un sacerdote recibir dinero bajo ninguna circunstancia, o que incluso si algo fuera dado para fines de caridad, es usual darlo en otro momento, "pero no habitLVALualmente", o de otra manera los sacerdotes de Irlanda ser\'edan escandalosamente simon\'edacos. Quiz\'e1s el Dr. Polding me informar\'e1, por qu\'e9 yo deb\'eda, por muchos a\'f1os, y no s\'f3lo yo, sino muchos miembros de mi pobre enga\'f1ada familia, pagar a los sacerdotes por reliquias\emdash tales como "la palabra de la cruz", "huesos santos", "cera santa", "fuego santo", "partes de ropas de santos", de Roma y otros lugares: "arcilla santa", de las tumbas de los santos; "el Agnus Dei", [n. de t.: una l\'e1mina de cera con la imagen de un cordero bendecida por el Papa], "evangelios", "escapularios", "velas benditas", "sal bendita", "manteca de San Francisco", etc.\par Pero me faltar\'eda el tiempo para repetir los abominables enga\'f1os por los que he pagado, y ninguno de ellos podr\'eda, de ninguna manera, contarse entre los gastos para viajar de los sacerdotes, ya que los sacerdotes resid\'edan en el lugar; pero, quiz\'e1s, no son estos algunos de los actos que llevar\'edan a un sacerdote a envilecerse con su propia comunidad, como reconoce el Dr. Polding: "hay ciertos hechos a los cuales, intr\'ednsecamente y esencialmente, hay asociadas degradaciones y aborrecimiento", pero yo humildemente y de coraz\'f3n agradezco a Dios que no tengo, como el Dr. Polding, que esperar hasta haber "sido Protestante", para conocer c\'f3mo tales actos deben afectar a todos los que llegan dentro del alcance de su contagio, como yo muy solemnemente protesto, ante Dios y los hombres, contra los refugios de mentira y de adoraci\'f3n id\'f3latra de la Iglesia Papista, por lo cual es mi m\'e1s fervorosa y constante oraci\'f3n, que no s\'f3lo mis propios parientes, sino tambi\'e9n todos los que est\'e1n dentro de sus l\'edmites, puedan, por las riquezas de la gracia de Dios, "salir de en medio de ellos, y apartarse", como yo, conforme al camino que ellos llaman herej\'eda\emdash "para que puedan no obstante ser tra\'eddos a adorar al Dios de sus padres".\par Pero hay una cosa afirmada por el Dr. Polding, en su testimonLVALio, que necesita explicaciones detalladas, ya que o se arroja una muy blasfema consideraci\'f3n de las Santas Escrituras, o el Dr. Polding debe, si \'e9l dirige la atenci\'f3n de los Protestantes a las Santas Escrituras, en defensa de la regla de confesi\'f3n, en la Iglesia Cat\'f3lica Romana, ser totalmente ignorante de lo que el estudiante com\'fan en la Academia Maynooth, [un seminario de Irlanda], es maestro; y si no fuera porque estimo a la gloria de Dios mucho m\'e1s all\'e1 de mis propios sentimientos de delicadeza femenina, me rehusar\'eda a reconocer esto que reconozco ahora p\'fablicamente, y con verg\'fcenza, que he estudiado cuidadosamente las traducciones de los extractos de la "Teolog\'eda de Dens", donde es encontrada completamente la verdadera pr\'e1ctica del confesionario Cat\'f3lico Romano, y autorizada p\'fablicamente por el Dr. Murray, el Arzobispo Cat\'f3lico Romano de Dubl\'edn, y en presencia de mi Hacedor, declaro solemnemente, que como es de horrible e inenarrablemente vil ese libro, se me han hecho preguntas en el confesionario cien veces m\'e1s repulsivas, las cuales fui obligada a contestar, habi\'e9ndome dicho mi confesor: "que siendo avergonzada de responderle, yo estaba en un estado de pecado mortal". Frecuentemente fui obligada a realizar severa penitencia, por repetir a mis compa\'f1eras, una parte de estas horribles cosas, fuera de la confesi\'f3n, y comparando las preguntas que les hac\'edan, (tanto como lo permit\'eda la decencia), con aquellas hechas a m\'ed. Qu\'e9 pensar\'e1 entonces el p\'fablico Protestante, cuando declare una vez m\'e1s, y en la misma solemne manera, que la experiencia de ellas, y especialmente la experiencia de una de ellas, fue peor que la m\'eda, siguiendo hechos a las preguntas, lo cual creo prestamente, por las muestras ofrecidas a m\'ed, un d\'eda, en el confesionario.\par Entonces, si el Dr. Polding solamente me probara, simplemente con las Santas Escrituras, alguna autoridad por lo que he dicho, sobre la Confesi\'f3n Cat\'f3lica RomanLVALa, y que puede ser le\'eddo por cualquiera que lo desee, en la Teolog\'eda de Dens,\emdash prometo volver al seno de la Iglesia Cat\'f3lica Romana. Pero debo dejar por ahora este asunto, sobre el que podr\'eda relatar lo que llenar\'eda un volumen de tama\'f1o moderado, y hablar s\'f3lo unas pocas palabras sobre la venta de indulgencias, de lo cual el Dr. Polding ha le\'eddo solamente "en libros Protestantes". Esto tambi\'e9n me asombra, que un obispo en la Iglesia Cat\'f3lica Romana, no conociera nada de estas cosas, y yo haya comprado una, durante el c\'f3lera de 1832. En aquel tiempo o\'ed de los sacerdotes de la parroquia publicar desde el altar, que el Papa hab\'eda concedido una indulgencia; y, como el c\'f3lera estaba desenfrenado en Dubl\'edn, todos estaban con temor de que se diseminara sobre todo el pa\'eds, y todo Cat\'f3lico Romano que pod\'eda por lo menos arrastrarse hasta la capilla, en la parroquia donde yo viv\'eda, no perd\'eda tiempo en venir. Entre ellos recordar\'e9 al sacerdote que me mostr\'f3 a una mujer anciana, quien, dijo \'e9l, no hab\'eda ido a confesarse por cincuenta a\'f1os, y quien estaba en el acto de poner su dinero sobre la bandeja, cuando \'e9l la se\'f1alaba. La indulgencia deb\'eda ser obtenida, como lo hab\'eda publicado el sacerdote, y vi a la mujer anciana poner su dinero sobre la bandeja, donde puse el m\'edo\emdash ella obtuvo su sello de indulgencia, y yo obtuve el m\'edo. \'bfTendr\'e1 el Dr. Polding la amabilidad de decirme para qu\'e9 era el dinero? En obediencia a la indulgencia, era necesario tambi\'e9n, decir muchas oraciones, como el "Salterio de Jes\'fas", etc., pero aquellos que no pod\'edan deb\'edan llevar su rosario a sus sacerdotes, quienes seleccionaban una apropiada cantidad de oraciones para ser dichas por ellos. Las personas daban seg\'fan su elecci\'f3n, el dinero que quer\'edan, pero no fue tomado nada de menor valor que plata. He visto bandejas sobre la mesa de la sacrist\'eda de la capilla, en ese tiempo, llenas de plata, dinero y oro, LVALtambi\'e9n vi bandejas para el mismo fin, en la Capilla de la calle Marlborough, en Dubl\'edn, sobre la pileta de agua bendita.\par Cuantas pobres criaturas he conocido, que estaban muy cerca de morir de hambre, suplicando o pidiendo prestado seis centavos, para estar en la capilla en aquel tiempo; pero habr\'eda sido casi imposible para m\'ed, a menos que fuera tan insensible como las im\'e1genes que fui ense\'f1ada a adorar, especialmente a mi propio \'e1ngel guardi\'e1n, a Santa In\'e9s, a quien, junto a la Virgen Mar\'eda, se me ense\'f1\'f3 a rendir mayor adoraci\'f3n que a Dios mismo, que hubiera permanecido sin enterarme de estos ardides, y otros mucho m\'e1s perversos y abominables, bajo el ropaje de la religi\'f3n de la mayor autonegaci\'f3n, teniendo tantos sacerdotes relacionados conmigo, siendo obispo un t\'edo m\'edo, y criada entre sacerdotes, frailes, y monjas de casi todas las \'f3rdenes, desde mi nacimiento, siendo adem\'e1s yo misma una sumamente celosa Cat\'f3lica Romana, durante mi ignorancia de "la verdad, como est\'e1 en Jes\'fas". Pero estoy contenta por dejar todos los bienes temporales como ya lo he hecho, al dejar adinerados parientes y antiguos amigos, solamente deseando desde mi coraz\'f3n, que, como sufr\'ed la p\'e9rdida de todas las cosas, pueda "ser m\'e1s capacitada para tenerlas por esti\'e9rcol, para ganar a Cristo, y ser hallada en \'c9l, no teniendo mi justicia, (que fui ense\'f1ada a apreciar en la Iglesia Cat\'f3lica Romana, y que es por la ley), sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe". Yo s\'e9, se\'f1or, que he ocupado mucho de su diario, pero, deber\'eda complacer a Dios, que las verdades, las solemnes verdades, que he dicho, sean tan bendecidas como para despertar aunque sea uno de mis semejantes pecadores haci\'e9ndoles recapacitar, y salir de ese cautiverio de esclavitud, en el cual s\'e9 muy bien, ellos se mantienen, y comiencen a pensar por ellos o ellas mismas, estoy segura de que usted se sentir\'e1 doblemente recompenLVALsado por el espacio que ha dado a esta carta.\par Yo, se\'f1or, soy, etc., etc.\par AGNES CATHERINE BYRNE.\par 25 de julio de 1839.\par Como algunas personas, con un err\'f3neo sentido de la caridad, pueden ser tentadas a creer que los sacerdotes de Roma, en Australia, se han reformado, y no son tan corruptos actualmente como lo fueron en 1839, que \'e9stas lean el siguiente documento que tom\'e9 del Sydney Evening News, del 19 de noviembre de 1878:\par "Uno de los m\'e1s grandes conjuntos que alguna vez fueron vistos dentro del Sal\'f3n Protestante en la calle Castlereagh, asisti\'f3 la \'faltima noche en respuesta a un anuncio publicando que una dama brindar\'eda una conferencia sobre el asunto: 'La se\'f1ora Constable mal, y el ex-sacerdote Chiniquy bien, en relaci\'f3n con la confesi\'f3n auricular; probado por la experiencia personal de la dama en Sydney'. El edificio estaba densamente lleno en todos sus espacios, y no hab\'eda lugar para estar de pie. Sobre la plataforma, alrededor de ella, y en las galer\'edas hab\'eda gran n\'famero de damas. El pastor Allen entonces abri\'f3 el acto presentando el himno 'Roca de la eternidad abierta para m\'ed'. El Sr. W. Neill, (el banquero), fue votado para la presidencia. La dama conferenciante, la se\'f1ora Margaret Ann Dillon, una dama de edad intermedia, pulcramente vestida, fue entonces presentada a la audiencia. Al principio se mostraba algo temblorosa y confusa, lo cual explic\'f3 que era debido principalmente a la cruel y despiadada carta que hab\'eda recibido esa noche, anunciando la muerte de su marido. Ella dijo que no hab\'eda sido criada en la fe Cat\'f3lica Romana, pero despu\'e9s de mucha reflexi\'f3n se hab\'eda unido a esa Iglesia, porque hab\'eda sido llevada a creer que \'e9sta era la \'fanica Iglesia verdadera. Durante a\'f1os luego de unirse a la Iglesia, asisti\'f3 fielmente a sus deberes, incluso la confesi\'f3n auricular. No era su intenci\'f3n insultar a los Cat\'f3licos Romanos al presentarse p\'fablicamente, sino refutar los LVALargumentos de la Sra. Constable, y mostrar que las afirmaciones del ex-sacerdote Chiniquy eran verdaderas. Nada m\'e1s que su deber para con Dios le habr\'eda motivado a acudir ante ellos de esta manera p\'fablica. Esta era su primer aparici\'f3n p\'fablica; por lo tanto, ellos deben tolerar sus imperfecciones; pero ella hablar\'eda con verdad y arrojo. Su disertaci\'f3n se referir\'eda enteramente a su propia experiencia personal con la confesi\'f3n auricular. Despu\'e9s de algunos comentarios adicionales, se requiri\'f3 al Sr. Neill que leyera la siguiente carta, enviada por la dama conferenciante al Arzobispo Vaughan: 'No. 259 Kent Street, Sydney. 12 de abril de 1878. A su Gracia el Arzobispo Vaughan. Pueda esto complacer a su Gracia: He estado durante bastante tiempo muy deseosa de traer un asunto sumamente doloroso ante su atenci\'f3n, y que me ha causado considerable pena. Varias razones me impidieron hacerlo hasta ahora, y solamente es cuando percibo el objeto de mi queja aparentemente no castigado por su conducta, como escuch\'e9 que fue el caso, que decid\'ed apelar a usted, sinti\'e9ndome segura de obtener la correcci\'f3n. Alrededor del a\'f1o 1876, resid\'eda en la calle Clarence, en esta ciudad, y mientras sufr\'eda una aguda enfermedad fui visitada por el Padre Sheridan, de Santa Mar\'eda, como tambi\'e9n por el Padre Maher. Del primero recib\'ed los ritos finales de la Iglesia, porque se supon\'eda que yo estaba en mi lecho de muerte. Media hora despu\'e9s que el Padre Sheridan me hab\'eda dejado, el Padre Maher lleg\'f3, e insisti\'f3 en realizar el servicio para m\'ed, lo cual rechac\'e9. Hab\'eda sobre la mesa una botella con co\'f1ac, y al lado un vaso que conten\'eda una peque\'f1a cantidad de aceite de ricino para mi uso. El Padre Maher deseaba algo del licor, y mi esposo, que estaba en la habitaci\'f3n, le pidi\'f3 que se sirviera. \'c9l hizo as\'ed, usando el vaso que conten\'eda la medicina, y descubriendo el error, vaci\'f3 algo m\'e1s de licor en un vaso limpio, y lo tom\'f3.LVAL Entonces quiso que mi marido dejara la habitaci\'f3n. Entonces se acerc\'f3 al lado de mi cama con la apariencia de querer administrarme los ritos de la Iglesia, y yo le reprend\'ed, cuando puso sus manos violentamente sobre m\'ed, y me hizo las m\'e1s indecorosas propuestas. En mi lucha al resistirme, mi bata qued\'f3 muy desgarrada. \'c9l me asegur\'f3 que no se me da\'f1ar\'eda si acced\'eda a sus terribles planes, (exclamaciones de \'a1Oh! \'a1Oh!), diciendo que \'e9l estaba bajo las santas \'f3rdenes, y eso no ser\'eda juzgado como un pecado por la Iglesia, o palabras con ese sentido. (Conmoci\'f3n). Finalmente, encontr\'e9 la fuerza para llamar a mi esposo; y, cuando se hizo presente, el Padre Maher fue obligado a dejar la habitaci\'f3n. Yo estaba temerosa de decirle a mi marido lo que sucedi\'f3, porque estaba segura de que usar\'eda la violencia con el Padre Maher. Despu\'e9s del hecho, me enter\'e9 que hab\'eda sido suspendido por alguna otra causa, y que era in\'fatil que hiciera algo sobre la cuesti\'f3n. Pero como, en el mes presente, lo he visto pasando por mi puerta vestido con un atuendo normal de sacerdote, y siendo evidente para m\'ed que \'e9l todav\'eda est\'e1 bajo cierto control, me decid\'ed a hacer el reclamo que tan abundantemente se merece. Agrego que cuando mi esposo lo condujo fuera de la casa, \'e9l (el Padre Maher) estaba bastante intoxicado con el licor que hab\'eda tomado.\emdash Yo soy, con mucho respeto, la humilde servidora de su Gracia, MARGARET ANN DILLON'. La se\'f1ora Dillon procedi\'f3 luego, muy extensamente, a relatar en forma minuciosa los hechos del incidente mencionado en la carta, y c\'f3mo el Vicario General (el De\'e1n Sheridan) fue donde ella estaba para silenciar el asunto. En un largo di\'e1logo con el reverendo De\'e1n, ella afirm\'f3 que \'e9l asegur\'f3 que el Arzobispo Vaughan hab\'eda derramado l\'e1grimas sobre su carta, y que \'e9l, (el De\'e1n), hab\'eda sabido siempre que ella era una buena mujer. En respuesta a una pregunta, el De\'e1n le diLVALjo que 'una vez sacerdote siempre sacerdote'; pero ella replic\'f3, 'una vez en infamia, siempre en infamia'. Posteriormente, un sacerdote la visit\'f3, y le pregunt\'f3 por qu\'e9 no iba a la iglesia. Ella le explic\'f3 que, teniendo tres ni\'f1os que cuidar, no pod\'eda ir. Una vez, un sacerdote vio la Biblia Protestante junto a algunos otros libros sobre la mesa, y \'e9l le dijo: 'Veo que tiene algunos libros her\'e9ticos aqu\'ed; debe tomarlos y quemarlos'. Ella le dijo que no lo har\'eda; y \'e9l dijo: 'Si no me da esos libros, no le dar\'e9 la absoluci\'f3n'. Ella dijo que no le importaba, y \'e9l dejo el lugar. La dama ley\'f3 luego de la Teolog\'eda de Dens, Vol. VI., p\'e1gina 305, acerca de las doctrinas del confesionario. Ella sostuvo que los sacerdotes en la casilla del confesionario se comparaban con Dios, pero afuera de \'e9sta s\'f3lo eran hombres. Ella no expresar\'eda el sucio lenguaje que hab\'eda sido forzada a o\'edr y a responder en la casilla del confesionario. No s\'f3lo ella, sino tambi\'e9n su hija pod\'eda testificar las abominaciones del confesionario. Ella se hab\'eda casado dos veces, y al poco tiempo de la muerte de su primer marido, envi\'f3 a su hija a confesarse. El sacerdote dijo a la hija que su padre muerto, que hab\'eda sido un Protestante, era un hereje, y estaba en el infierno. Ella urgi\'f3 a las mujeres Cat\'f3licas que no deb\'edan enviar sus hijos para ser insultados y degradados por el confesionario. Ella esperaba que ellas mantendr\'edan a sus hijos alejados de \'e9ste, porque los sacerdotes les hacen preguntas sugiriendo perversidades de la clase m\'e1s grosera, y llenando sus mentes con pensamientos carnales por primera vez en sus vidas. (Ovaci\'f3n). Ella recomendar\'eda firmemente a todos los hombres Cat\'f3licos Romanos que no permitieran que los sacerdotes permanecieran solos con sus esposas, [n. de t.: o ser\'eda mejor a\'fan que abandonaran definitivamente toda asociaci\'f3n con esa falsa iglesia]. Napole\'f3n adopt\'f3 un plan por el cual \'e9l misLVALmo idear\'eda las preguntas que deb\'edan hacerse a su hijo en el confesionario. Si Napole\'f3n era tan cuidadoso de su hijo, cuanto m\'e1s deben serlo aquellos que est\'e1n en una nivel de vida m\'e1s humilde. La se\'f1ora Dillon, entonces, ley\'f3 extractos de la Teolog\'eda de Dens y otros libros de textos, que ella afirmaba eran las obras est\'e1ndar de la Iglesia Cat\'f3lica Romana, para refutar los argumentos de la se\'f1ora Constable. Su experiencia, as\'ed como la de muchas otras, claramente probaban que la causa de la mayor\'eda del gran n\'famero de chicas en las calles se origina en las abominables preguntas que deben contestar en la casilla del confesionario. (Ovaci\'f3n). No solamente la mayor\'eda de estas chicas eran Cat\'f3licas, sino que nuestros hospitales e instituciones ben\'e9ficas est\'e1n llenas con aquellas cuyas tempranas vidas fueron degradadas en el confesionario. (Oigan, oigan). Finalmente, la se\'f1ora Dillon trat\'f3 brevemente sobre la cuesti\'f3n del sacramento, afirmando que los sacerdotes tienen mucho cuidado de beber el vino\emdash la sangre de Cristo\emdash , y el pueblo tiene la pastilla,\emdash el cuerpo de Cristo. (Risas). La se\'f1ora Dillon volvi\'f3 a su asiento en medio de tumultuoso aliento. Frecuentemente sus comentarios crearon gran sensaci\'f3n y estallidos de aplausos. El Reverendo Pastor Allen ley\'f3 una carta enviada esa noche a la dama conferenciante, conteniendo un extracto del S. M. Herald, publicado hace cuatro a\'f1os, acerca del castigo de un Abate por conducta indigna como sacerdote con cuatro j\'f3venes damas en el confesionario. Se aprob\'f3 un vigoroso voto de agradecimiento a la dama conferenciante, y un honor similar fue otorgado al Sr. Neill, por presidir. La bendici\'f3n y el canto del Himno Nacional cerr\'f3 el acto alrededor de las nueve y media.\par \'bfHa visto el mundo alguna vez un hecho m\'e1s repugnantemente corrupto que el de ese sacerdote? \'bfQui\'e9n no ser\'e1 conmovido con horror ante la vista de ese confesor, que lucha coLVALntra su moribunda penitente, y desgarra su bata, cuando ella est\'e1 en su lecho de muerte, para satisfacer sus viles inclinaciones?\par \'a1Qu\'e9 horrible espect\'e1culo es presentado aqu\'ed, por las manos de la Providencia, ante los ojos de un pueblo Cristiano! \'a1Una mujer moribunda obligada a forcejear y luchar contra su confesor, para mantener su pureza y honor intactos! \'a1Su bata desgarrada por el bestial sacerdote de Roma!\par Que los norteamericanos que quieren conocer m\'e1s precisamente lo que est\'e1 sucediendo entre los padres confesores y sus penitentes femeninas en los Estados Unidos, vayan al hermoso pueblo de Malone, en el Estado de Nueva York. All\'ed ver\'e1n, por los registros p\'fablicos de la corte, como el Padre McNully sedujo a su bella penitente, la se\'f1orita McFarlane, quien estaba alojada con \'e9l, y de quien \'e9l era el profesor. Ver\'e1n que los enfurecidos padres de la joven dama le acusaron y obtuvieron un veredicto de $2.129 por da\'f1o, que \'e9l se rehus\'f3 a pagar. \'a1Fue apresado\emdash quebrant\'f3 su encarcelamiento, fue a Canad\'e1, donde los obispos lo recibieron y lo emplearon entre los confesores de las j\'f3venes irlandesas del territorio!\par \'bfNo se repiten todav\'eda en todo el mundo los ecos de los horrores del convento de monjas en Cracow Austria? A pesar de los esfuerzos sobrehumanos de la prensa Cat\'f3lica Romana para suprimir o negar la verdad, \'bfno ha sido probado por la evidencia que la desdichada monja Barbary Ubryk fue encontrada absolutamente desnuda en un sumamente horrible, oscuro, h\'famedo y sucio calabozo, donde era retenida por las monjas porque se hab\'eda rehusado a vivir la vida de infamia de ellas con su Padre confesor Pankiewiez? \'bfY no ha corroborado ese miserable sacerdote todo lo que se le acusaba, al poner un fin, como Judas, a su propia infame vida?\par Yo encontr\'e9, en Montreal, un sobrino de la monja Barbara Ubryk, que estuvo en Cracow cuando su t\'eda fue encontrada en su horrible peligro. \'c9l no s\'f3lLVALo corrobor\'f3 todo lo que la prensa hab\'eda dicho acerca de las torturas de su pariente cercana y la causa de ellas, sino que tambi\'e9n renunci\'f3 p\'fablicamente a la Iglesia de Roma, cuyo confesionario \'e9l sab\'eda personalmente, son escuelas de perdici\'f3n.\par Yo visit\'e9 Chicago por primera vez en 1851, ante el insistente pedido del Obispo Vandevelde. Esto era para abarcar Illinois, tanto como pudi\'e9ramos, con Cat\'f3licos Romanos de Canad\'e1, Francia, y B\'e9lgica, para que pudi\'e9ramos poner ese espl\'e9ndido Estado, que era entonces una especie de desierto, bajo el control de la Iglesia de Roma. Entonces interrogu\'e9 a un sacerdote sobre las circunstancias de la muerte del fallecido Obispo. Ese sacerdote no ten\'eda ninguna clase de razones para enga\'f1arme y no admitir la verdad, y con una mente evidentemente angustiada me dio los siguientes detalles, que asegur\'f3, eran la exacta aunque muy triste verdad:\par "El Gran Vicario, M. . ., se hab\'eda enamorado de su hermosa penitente, la dotada Monja, . . . , Superiora del Convento de Lorette. La consecuencia fue que para encubrir su ca\'edda, ella fue, con el pretexto de renovar su salud, a una ciudad del oeste, donde pronto muri\'f3 al dar a luz a un ni\'f1o nacido muerto".\par Aunque estos misterios de iniquidad hab\'edan sido mantenidos en secreto, tanto como fue posible, bastante de ellos hab\'eda llegado a los o\'eddos del Obispo para llevarle a decir al confesor que estaba obligado a averiguar sobre su conducta, y que, si era encontrado culpable, ser\'eda inhabilitado. Ese sacerdote de forma atrevida e indignada neg\'f3 su culpa; y dijo que estaba contento por esa investigaci\'f3n. Porque se jactaba de que estaba seguro de probar su inocencia. Pero despu\'e9s de una reflexi\'f3n m\'e1s madura, cambi\'f3 de opini\'f3n. \'a1\'a1\'a1Para salvar a su obispo de los problemas de esa investigaci\'f3n, le suministr\'f3 una dosis de veneno que le alivi\'f3 de las miserias de la vida, despu\'e9s de cinco o seis d\'edas de sufrimieLVALnto, que los doctores tomaron como una enfermedad com\'fan!!!\par \'a1Confesi\'f3n auricular! \'a1Estos son algunos de tus misterios!\par La gente de Detroit, Michigan, todav\'eda no se ha olvidado de aquel amable sacerdote que era el confesor, "de moda", de las damas Cat\'f3licas Romanas j\'f3venes y viejas. Todos ellos recuerdan todav\'eda, la oscura noche durante la cual parti\'f3 a B\'e9lgica, con una de sus m\'e1s bellas penitentes, y $4.000 que hab\'eda tomado del dinero de su Obispo Lefebvre, para pagar sus gastos de viajes. \'bfY, qui\'e9n, en esa misma ciudad de Detroit no simpatiza todav\'eda con ese joven doctor cuya hermosa esposa huy\'f3 con su padre confesor, para, debemos suponer caritativamente, ser m\'e1s beneficiada con la constante compa\'f1\'eda de su espiritual y santo (?) m\'e9dico?\par Que mis lectores vengan conmigo a Bourbonnais Grove, y all\'ed todos les mostrar\'e1n al hijo que el Sacerdote Courjeault tuvo de una de sus bellas penitentes.\par \'a1Protestantes de rodillas! Que est\'e1n hablando constantemente de paz, paz, con Roma, y que est\'e1n humildemente postrados a sus pies, para venderles sus mercanc\'edas, u obtener sus votos, \'bfno entienden su suprema degradaci\'f3n?\par No nos respondan que estos son casos excepcionales, porque estoy listo para probar que esta inenarrable degradaci\'f3n e inmoralidad son el estado normal de la mayor parte de los sacerdotes de Roma. El Padre Hyacinthe ha declarado p\'fablicamente, que el noventa y nueve por ciento de ellos, viven en pecado con las mujeres que ellos han destruido. Y no solamente los sacerdotes comunes est\'e1n, en su mayor\'eda, hundidos en ese profundo abismo de infamia secreta o p\'fablica, sino tambi\'e9n los obispos y papas, con los cardenales, no son mejores.\par \'a1Qui\'e9n no conoce la historia de aquella interesante joven muchacha de Armidale, Australia, quien, \'faltimamente, confes\'f3 a sus distra\'eddos padres, que su seductor hab\'eda sido nada menos que un obispo! \'a1Y cuando el padre enfurecidLVALo persigui\'f3 al obispo por los da\'f1os, \'bfno es un hecho p\'fablico que \'e9l consigui\'f3 \'a3350 del obispo del Papa, con la condici\'f3n de que emigrar\'eda con su familia, a San Francisco, donde esta gran iniquidad podr\'eda ser encubierta?! Pero, desafortunadamente para el criminal confesor, la muchacha hab\'eda dado a luz a un peque\'f1o obispo, antes de irse, y puedo dar el nombre del sacerdote que bautiz\'f3 al hijo de su propio santo (?) y venerable (?) obispo.\par \'bfOlvidar\'e1 el pueblo de Australia alguna vez la historia del Padre Nihills, que fue condenado a tres a\'f1os de c\'e1rcel, por un crimen inmencionable con una de sus penitentes?\par Esto trae a mi mente el deplorable fin del Padre Cahill, quien cort\'f3 su propia garganta hace no mucho, en Nueva Inglaterra, para escapar de la persecuci\'f3n de la hermosa muchacha que hab\'eda seducido. \'bfQui\'e9n no oy\'f3 del gran Vicario de Boston, que aproximadamente hace tres a\'f1os, se envenen\'f3 para escapar de la sentencia que iba a ser arrojada contra \'e9l al d\'eda siguiente, por la Corte Suprema, por haber seducido a una de sus bellas penitentes?\par \'bfNo ha sido toda Francia conmocionada con horror y confusi\'f3n por las declaraciones hechas por la noble Catherine Cadiere y sus numerosas j\'f3venes amigas, contra el padre confesor, el Jesuita, John B. Girard? Los detalles de las villan\'edas practicadas por ese santo (?) padre confesor y sus c\'f3mplices, con sus bellas penitentes, son tales, que una pluma Cristiana no puede volver a escribirlas, y ning\'fan lector Cristiano aceptar\'eda tenerlas ante sus ojos.\par Si este cap\'edtulo no fue lo suficientemente largo, yo dir\'eda como el Padre Achazius, superior de un convento de monjas en Duren, Francia, acostumbraba a consagrar a las damas j\'f3venes y mayores que se confesaban con \'e9l. El n\'famero de sus v\'edctimas fue tan grande, y sus rangos sociales tan altos, que Napole\'f3n pens\'f3 que era su deber llevar ese escandaloso asunto delante suyo.\par La formaLVAL en que este santo (?) padre confesor acostumbraba conducir a muchachas nobles, mujeres casadas, y monjas del territorio de Aix-la-Chapelle, fue revelado por una joven monja que hab\'eda escapado de las asechanzas del sacerdote, y se cas\'f3 con un oficial superior del ej\'e9rcito del Emperador de Francia. Su marido pensaba que era su deber dirigir la atenci\'f3n de Napole\'f3n a las acciones de ese sacerdote, por medio del confesionario. Pero las investigaciones que fueron dirigidas por el Consejero del Estado, Le Clerq, y el profesor Gall, estaban comprometiendo a tantos otros sacerdotes, y a tantas damas de los m\'e1s elevados niveles de la sociedad, que el Emperador fue totalmente abatido, y atemorizado de que la exposici\'f3n de esto a toda Francia, causar\'eda que el pueblo renovara las tremendas matanzas de 1792 y 1793, cuando treinta mil sacerdotes, monjes y monjas, hab\'edan sido colgados, o disparados sin misericordia, como los m\'e1s implacables enemigos de la moralidad p\'fablica y la libertad. En aquellos d\'edas, aquel ambicioso hombre estaba necesitado de los sacerdotes para forjar las cadenas con las cuales el pueblo de Francia ser\'eda firmemente atado a las ruedas de su carruaje.\par \'c9l orden\'f3 abruptamente a la corte investigadora que cesara la indagaci\'f3n, bajo el pretexto de salvar el honor de muchas familias, cuyas mujeres solteras y casadas hab\'edan sido seducidas por sus confesores. Pens\'f3 que la prudencia y la verg\'fcenza estaban urgi\'e9ndole a no levantar m\'e1s el oscuro y pesado velo, detr\'e1s del cual los confesores ocultan sus pr\'e1cticas infernales con sus bellas penitentes. \'c9l determin\'f3 que era suficiente encarcelar de por vida al Padre Achazius y sus compa\'f1eros sacerdotes en un calabozo.\par Pero si giramos nuestras miradas desde los humildes sacerdotes confesores hacia los monstruos que la Iglesia de Roma adora como los vicarios de Jesucristo\emdash los sumos Pont\'edfices\emdash los Papas, \'bfno encontraremos horrores y abominaciones, esc\'eLVAL1ndalos e infamias que superan todo lo hecho por los sacerdotes comunes detr\'e1s de las impuras cortinas de la casilla del confesionario?\par \'bfNo nos dice el mismo Cardenal Baronio, que el mundo jam\'e1s vio algo comparable a las impurezas y los inmencionables vicios de un gran n\'famero de papas?\par \'bfNo nos dan los archivos de la Iglesia de Roma la historia de esa famosa prostituta de Roma, Marozia, quien vivi\'f3 en concubinato p\'fablico con el Papa Sergio III, a quien ella elev\'f3 a la as\'ed llamada silla de San Pedro? \'bfNo tuvo ella tambi\'e9n, un hijo de ese Papa, a quien ella tambi\'e9n hizo un papa despu\'e9s de la muerte de su santo (?) padre, el Papa Sergio?\par \'bfNo pusieron la misma Marozia y su hermana, Teodora, sobre el trono pontificio uno de sus amantes, bajo el nombre de Anastasius III, que fue seguido pronto por Juan X? \'bfY no es un hecho p\'fablico, que el papa habiendo perdido la confianza de su concubina Marozia, fue estrangulado por orden suya? \'bfNo es tambi\'e9n un hecho de p\'fablica notoriedad, que su seguidor, Le\'f3n VI, fue asesinado por ella, por haber dado su coraz\'f3n a otra mujer, todav\'eda m\'e1s degradada?\par \'a1El hijo que Marozia tuvo del Papa Sergio, fue elegido papa, por la influencia de su madre, bajo el nombre de Juan XI, cuando no era todav\'eda de diecis\'e9is a\'f1os! Pero habiendo re\'f1ido con algunos de los enemigos de su madre, fue golpeado y enviado a la c\'e1rcel, donde fue envenenado y muri\'f3.\par En el a\'f1o 936, el nieto de la prostituta Marozia, despu\'e9s de varios encarnizados encuentros con sus oponentes, triunf\'f3 en tomar posesi\'f3n del trono pontificio bajo el nombre de Juan XII. Pero sus vicios y esc\'e1ndalos llegaron a ser tan intolerables, que el erudito y c\'e9lebre Obispo Cat\'f3lico Romano de Cremorne, Luitprand, dice de \'e9l: "Ninguna dama honesta osaba mostrarse en p\'fablico, porque el Papa Juan no ten\'eda respeto por muchachas solteras, ni por mujeres casadas, o viudas\emdash era seguro que ser\'edaLVALn corrompidas por \'e9l, incluso sobre las tumbas de los santos ap\'f3stoles, Pedro y Pablo.\par Ese mismo Juan XII fue matado de inmediato por un caballero, que lo encontr\'f3 cometiendo el acto de adulterio con su esposa.\par Es un hecho bien conocido que el Papa Bonifacio VII hab\'eda causado que Juan XIV fuera aprisionado y envenenado, y poco despu\'e9s de morir, el pueblo de Roma arrastr\'f3 su cuerpo desnudo por las calles, y lo dej\'f3, horriblemente mutilado, para ser comido por perros, si unos pocos sacerdotes no lo hubieran enterrado secretamente.\par Que los lectores estudien la historia del famoso Concilio de Constanza, convocado para poner un fin al gran cisma, durante el cual tres papas, y a veces cuatro, estuvieron todas las ma\'f1anas maldici\'e9ndose unos a otros y llamando a sus oponentes Anticristos, demonios, ad\'falteros, sodomitas, asesinos, enemigos de Dios y el hombre. Como cada uno de ellos fue un infalible papa, de acuerdo al \'faltimo Concilio del Vaticano, estamos obligados a creer que estuvieron acertados en los cumplidos que se tributaron unos a otros.\par A uno de estos santos (?) papas, Juan XXIII, [n. de t.: no el del siglo XX sino del siglo XV], habi\'e9ndose presentado ante el Concilio para dar una explicaci\'f3n de su conducta, se le comprob\'f3 por medio de treinta y siete testigos, la mayor parte de los cuales eran obispos y sacerdotes, haber sido culpable de fornicaci\'f3n, adulterio, incesto, sodom\'eda, simon\'eda, robo, y asesinato. Tambi\'e9n fue probado por una legi\'f3n de testigos, que \'e9l hab\'eda seducido y violado a 300 monjas. Su propio secretario, Niem, dijo que hab\'eda mantenido en Boulogne, un har\'e9n, donde no menos de 200 muchachas hab\'edan sido las v\'edctimas de su lascivia.\par \'bfY qu\'e9 podr\'edamos no decir de Alejandro VI? Ese monstruo que vivi\'f3 en incesto p\'fablico con sus dos hermanas y su propia hija Lucrecia, de quien tuvo un hijo.\par Pero me detengo\emdash me sonrojo por ser forzado a repetir tales cosas. Nunca las huLVALbiera mencionado si no fuera necesario no solamente para poner un fin a la insolencia y a las pretensiones de los sacerdotes de Roma, sino tambi\'e9n para hacer que los Protestantes recuerden por qu\'e9 sus heroicos padres han hecho sacrificios tan grandes y luchado tantas batallas, derramado su sangre m\'e1s pura e incluso muerto, para quebrantar las cadenas con las que estaban atados a los pies de los sacerdotes y los papas de Roma.\par Que mis lectores no sean enga\'f1ados por la idea de que los papas de Roma en nuestros d\'edas, son mucho mejores que aquellos de los siglos noveno, d\'e9cimo, und\'e9cimo y duod\'e9cimo. Ellos son absolutamente lo mismo\emdash la \'fanica diferencia es que, hoy, ellos tienen un poco m\'e1s de cuidado para esconder sus secretas org\'edas. Porque ellos saben bien que las naciones modernas, iluminadas como est\'e1n, por la luz de la Biblia, no tolerar\'edan las infamias de sus antecesores; muy pronto los arrojar\'edan al T\'edber, si osaran repetir en pleno d\'eda, las escenas de las que los Alejandro, Esteban, Juan, etc. etc., fueron los protagonistas.\par Vayan a Italia, y all\'ed los mismos Cat\'f3licos Romanos les mostrar\'e1n las dos hermosas hijas que el \'faltimo Papa, P\'edo IX, tuvo de dos de sus amantes. Ellos les dir\'e1n, tambi\'e9n, los nombres de otras cinco amantes\emdash tres de ellas monjas\emdash que tuvo cuando era un sacerdote y un obispo, algunas de ellas todav\'eda viven.\par \'a1Pregunten a aquellos que conocieron personalmente al Papa Gregorio XVI, el antecesor de P\'edo IX, y despu\'e9s que les hayan dado la historia de sus amantes, una de las cuales era la esposa de su peluquero, les dir\'e1n que \'e9l era uno de los m\'e1s grandes ebrios en Italia!\par \'bfQui\'e9n no ha o\'eddo del bastardo, que el Cardenal Antonelli tuvo de la Condesa Lambertini? \'bfNo ha llenado Italia y el mundo entero con verg\'fcenza y disgusto el pleito legal de aquel hijo ileg\'edtimo del gran cardenal secretario?\par Sin embargo, nadie puede estar sorprendido dLVALe que los sacerdotes, los obispos, y los papas de Roma est\'e9n hundidos en un abismo de infamia tan profundo, cuando recordamos que ellos son nada m\'e1s que los sucesores de los sacerdotes de Baco y J\'fapiter. Porque no s\'f3lo han heredado sus poderes, sino que tambi\'e9n han conservado sus mismas ropas y mantos sobre sus hombros, y sus gorros sobre sus cabezas. Como los sacerdotes de Baco, los sacerdotes del Papa est\'e1n obligados a nunca casarse, por las imp\'edas y perversas leyes del celibato. Porque todos saben que los sacerdotes de Baco eran, como los sacerdotes de Roma, c\'e9libes. Pero, como los sacerdotes del Papa, los sacerdotes de Baco, para consolarse de las restricciones del celibato, hab\'edan inventado la confesi\'f3n auricular. Por medio de las secretas confidencias del confesionario, los sacerdotes de los antiguos \'eddolos, tanto como aquellos de los reci\'e9n inventados dioses hostia, sab\'edan quienes eran fuertes y d\'e9biles entre sus bellas penitentes, y bajo el velo "de los misterios sagrados", durante la celebraci\'f3n nocturna de sus misterios diab\'f3licos, ellos sab\'edan a quien dirigirse, y hacer sus votos de celibato un yugo f\'e1cil.\par Que aquellos que quieren m\'e1s informaci\'f3n sobre ese asunto lean los poemas de Juvenal, Propertius, y Tibellus. Que estudien a todos los historiadores de la antigua Roma, y ver\'e1n la perfecta semejanza que existe entre los sacerdotes del Papa y aquellos de Baco, en referencia a los votos del celibato, los secretos de la confesi\'f3n auricular, la celebraci\'f3n de los as\'ed llamados "misterios sagrados", y la inmencionable corrupci\'f3n moral de los dos sistemas de religi\'f3n. De hecho, cuando uno lee los poemas de Juvenal, piensa que tiene delante suyo los libros de Dens, Liguori, Lebreyne y Kenrick.\par Esperemos y oremos que pronto pueda llegar el d\'eda cuando Dios mirar\'e1 en su misericordia sobre este mundo maldecido; y entonces, los sacerdotes de los dioses hostias, con su celibato fingido, su confesi\'f3n auricul> LVALN ar destructora del alma y sus \'eddolos ser\'e1n barridos.\par En ese d\'eda Babilonia\emdash la gran Babilonia caer\'e1, y el cielo y la tierra se regocijar\'e1n.\par Porque las naciones no ir\'e1n m\'e1s ni apagar\'e1n su sed en las impuras cisternas cavadas para ellas por el hombre de pecado. Sino que ir\'e1n y lavar\'e1n sus vestiduras en la sangre del Cordero; y el Cordero las har\'e1 puras por su sangre, y libres por su palabra. Am\'e9n.\par \par \par } LVALq {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\froman\fprq2\fcharset0 Georgia;}{\f1\froman\fprq2\fcharset0 Times New Roman;}{\f2\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs22 UN CAP\'cdTULO PARA LA CONSIDERACI\'d3N DE LOS LEGISLADORES, ESPOSOS, Y PADRES.\emdash ALGUNAS DE LAS CUESTIONES SOBRE LAS QUE EL SACERDOTE DE ROMA DEBE PREGUNTAR A SUS PENITENTES \par \b0 DENS quiere que los confesores interroguen sobre los siguientes asuntos:\par 1 "Peccant uxores, quae susceptum viri semen ejiciunt, vel ejicere conantur." (Dens, tom. vii., p\'e1g. 147.)\par 2. "Peccant conjuges mortaliter, Si, copula ancesta, cohibeant seminationem."\par 3. "Si vir jam seminaverit, dubium. fit an femina lethaliter peccat, Si se retrahat a seminando ; aut peccat lethaliter vir non expectando seminationem. uxoris." (p\'e1g. 153.)\par 4. "Peccant conjuges inter se circa actum conjugalein. Debet servari modus, sive situs ; imo ut non servetur debitum vas, sed copula habeatur in vase praepostero, aliquoque non naturali. Si fiat accedendo a postero, a latere, stando, sedendo, vel Si vir sit succumbus." (p\'e1g. 166.)\par 5. "Impotentia est incapacitas perficiendi, copulum carnalem perfectam cum. seminatione viri in vase debito seu, de se, aptam generationi. Vel, ut Si mulier sit nimis arcta respectu unius viri, non respectu alterius. \lang1033 " (Vol. vii., p\'e1g. 273.)\par 6. " Notatur quod pollutio in mulieribus possit perfici, ita ut semen earum nou effluat extra membrum. genitale.\par "Indicium. istius allegat Billuart, Si scilicet mulier sensiat serninis resolutionem. cum magno voluptatis sensu, qua completa, passio satiatur." (Vol. iv., p\'e1g. 168.)\par 7. "Uxor se accusans, in confessione, quod negaverit debitum, interrogetur an ex pleno rigore juris sui id petiverit." (Vol. vii., p\'e1g. 168.)\par 8. "Confessor poenitentem, qui confitetur se pecasse cum Sacerdote, vel sollicitatam. ab eo ad turpia, potest LVALinterrogare utrum ille sacerdos sit ejus confessarius, an in confessione sollitaverit." \lang2058 (Vol. vi., p\'e1g. 294.)\par Hay un gran n\'famero de otras cosas inmencionables sobre las cuales Dens, en sus vol\'famenes cuarto, quinto y s\'e9ptimo, pide que los confesores pregunten a sus penitentes, lo cual yo omito.\par Vayamos ahora a Liguori. Aquel as\'ed llamado Santo, Liguori, no es menos diab\'f3licamente impuro que Dens, en sus preguntas a las mujeres. Pero citar\'e9 s\'f3lo dos de las cosas sobre las cuales el m\'e9dico espiritual del Papa no debe fallar en examinar a su paciente espiritual:\par 1. "Quaerat an sit semper mortale, Si vir immitat pudenda in os uxoris?\par "Verius affirmo quia, in hoc actu ob calorem Cris, adest proximum periculum pollutionis, et videtur nova species luxuriae contra naturam, dicta irruminatio."\par \lang1033 2. "Eodem modo, Sanchez damnat virum de mortali, qui, in actu copulae, immiteret dignitum in vas praeposterum nxoris; quia, ut ait, in hoc actu adest affectus ad Sodomiam. \lang2058 " (Liguori, tom. vi. p\'e1g. 935.)\par El famoso Burchard, Obispo de Worms, ha hecho un libro con las preguntas que deben hacer los confesores a sus penitentes de ambos sexos. Durante varios siglos este fue el libro est\'e1ndar de los sacerdotes de Roma. Aunque esa obra es hoy muy escasa, Dens, Liguori, Debreyne, etc., etc., han examinado totalmente sus contaminantes p\'e1ginas, y las dieron para que estudien los confesores modernos, para que pregunten a sus penitentes. Seleccionar\'e9 solamente unas pocas preguntas del Obispo Cat\'f3lico Romano a los hombres j\'f3venes.\par \lang1033 1. "Fecisti solus tecum fornicationem ut quidam facere solent; ita dico ut ipse tuum membrum. virile in manum taum acciperes, et sic duceres praeputium tuum, et manu propria commoveres, ut sic, per illam delectationem semen projiceres?"\par 2. "Fornicationem fecisti cum masculo intra coxes; ita dicto ut tuum virile membrum intra coxas alterius mitteres, et sic agitando semen funderes?"\par LVAL 3. "Fecisti fornicationem, ut quidem facere Solent, ut tuum virile membrum in lignum perforatum, aut in aliquod hujus modi mitteres, et, sic, per illam commotionem et delectationem semen projiceres?"\par \lang3082 4. \lang2058 "Fecisti fornicationem contra naturam, id est, cum masculis vel animalibus coire, id est cum equo, cum vacca, vel asina, vel aliquo, animali? (Vol. i., p\'e1g. 136.)\par Entre las preguntas que encontramos en el compendio del Justo Reverendo Burchard, Obispo de Worms, que deben ser hechas a las mujeres, est\'e1n las siguientes (p\'e1g. 115):\par 1. "Fecisti quod quaedam mulieres Solent, quoddam molimem, aut machinamentum in modum virilis membri ad mensbram Woe voluptatis, et illud lodo verendorurn tuorum aut alterius cum aliquibus ligaturis, ut fornacationem facereres cum aliis mulieribus, vel alia eodem instrumento, sive alio tecum?"\par 2. "Fecisti quod quaedem mulieres facere Solent ut jam supra dicto molimine, vel alio aliquo machinamento, tu ipsa. in te solam faceres fornicationem?\par 3. "Fecisti quod quaseam mulieres facere Solent, quando libidinem se vexantem exinguere volunt, quae se conjungunt quasi coire debeant ut possint, et conjungunt invicem puerperia sua, et sic, fricando pruritum illarum extinguere, desiderant? \lang3082 "\par \lang1033 4. "Fecisti quod quaedam mulieres facere solent, ut succumberes aliquo jumento et illiud jumentum ad coitum quolicumque, posses ingenio, ut sic coiret tecum?"\par \lang2058 El c\'e9lebre Debreyne ha escrito un libro entero, compuesto con los m\'e1s incre\'edbles detalles de impurezas, para instruir a los j\'f3venes confesores en el arte de interrogar a sus penitentes. El nombre de su libro es "Moechiolog\'eda", o "Tratado sobre todos los pecados contra el sexto (s\'e9ptimo) y el noveno mandamientos, as\'ed como sobre todas las preguntas de la vida matrimonial que se relacionan con ellos".\par Esa obra es muy reconocida y estudiada en la Iglesia de Roma. No conozco que el mundo haya visto jam\'e1s algo comparable a los suLVALcios e infames detalles de ese libro. Citar\'e9 solamente dos de las preguntas que Debreyne quiere que el confesor haga a sus penitentes:\par A los hombres j\'f3venes (p\'e1gina 95) el confesor preguntar\'e1:\par \lang1033 "Ad cognoscendum an usque ad pollutionem se tetigerent, quando tempore et quo fine se teti gerint an tune quosdam motus in corpore experti fuerint, et per quantum temporis spatium; an cessantibus tactibus, nihil insolitum et turpe accideret; an nou longe majorem in compore voluptatem perceperint in fine tactuum quam in eorum principio; an tum in fine quando magnam delectationem carnalem sensuerunt, omnes motus corporis cessaverint; an non madefacti fuerint?" etc., etc.\par \lang2058 A las muchachas el confesor preguntar\'e1:\par \lang1033 "Quae sese tetegisse fatentur, an non aliquem puritum extinguere entaverint, et utrum pruritus ille cessaverit cam magnum senserint voluptatem; an tune, ipsimet tactus cessaverint?" etc., etc.\par \lang2058 El Justo Rev. Kenrick, fallecido Obispo de Boston, Estados Unidos, en su libro para la ense\'f1anza de los confesores sobre cuales asuntos deben preguntar a sus penitentes, tiene lo siguiente, que selecciono entre miles tan impuros y condenables para el alma y el cuerpo:\par \lang1033 "Uxor quae, in usu matrimonii, se vertit, ut lion recipiat Semen, vel statim post illud acceptum surgit 'it expellatur, lethalitur peccat; sed opus non est ut din. resupina jaceat, quum matrix, brevi, semen attrahat, et mox, arctissime claudatur. (Vol. iii., p\'e1g. 317.)\par "Pollae patienti licet se vertere, et conari ut nou recipiat semen, quod injuria ei iminittitur; sed, exceptum, non licet expellere, quia jam possessionein pacificam habet et baud absque injuria natura, ejiceretur." (Tom. iii., p\'e1g. 317.)\par "Conjuges senes plerumque coeunt absque culpa, licet contingat semen extra vas effundi; id enim per accidens fit ex imfirmitate naturae. Quod Si veres adeo sint fractae 'Lit nullo sit seminandi intra vas spes, jam nequeunt jure conjugii uti." (RLVALbTom. iii., p\'e1g. 317.)\f1\fs24 \par \cf1\lang2058\f2\fs23\par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\b\f0\fs32 El Sacerdote, la Mujer y el Confesionario. \par Por El Rev. Charles Chiniquy, Ex Sacerdote Cat\'f3lico Romano\par \par \b0\fs22 CONTENIDOS. \par BIOGR\'c1FICO.\par DECLARACI\'d3N.\par PREFACIO.\par CAP\'cdTULO I.\par La lucha antes de la rendici\'f3n del autorespeto femenino en el confesionario\par CAP\'cdTULO II.\par La confesi\'f3n auricular un profundo abismo de perdici\'f3n para el sacerdote\par CAP\'cdTULO III.\par El confesionario es la moderna Sodoma\par CAP\'cdTULO IV.\par C\'f3mo el voto del celibato de los sacerdotes es aliviado por la confesi\'f3n auricular\par CAP\'cdTULO V.\par La mujer altamente educada y refinada en el confesionario.\emdash Lo que le sucede despu\'e9s de su rendici\'f3n incondicional\emdash Su ruina irreparable\par CAP\'cdTULO VI.\par La confesi\'f3n auricular destruye todos los sagrados v\'ednculos del matrimonio y de la sociedad humana\par CAP\'cdTULO VII.\par \'bfDeber\'eda ser tolerada la confesi\'f3n auricular entre las naciones civilizadas?\par CAP\'cdTULO VIII.\par \'bfLa confesi\'f3n auricular trae paz al alma?\par CAP\'cdTULO IX.\par El dogma de la confesi\'f3n auricular una sacr\'edlega fals\'eda\par CAP\'cdTULO X.\par Dios urge a la iglesia de roma a confesar las abominaciones de la confesi\'f3n auricular\par CAP\'cdTULO XI.\par La confesi\'f3n auricular en Australia, Norteam\'e9rica, y Francia\par CAP\'cdTULO XII.\par Un cap\'edtulo para la consideraci\'f3n de los legisladores, esposos, y padres.\emdash Algunas de las cuestiones sobre las que el sacerdote de Roma debe preguntar a sus penitentes \par BIOGR\'c1FICO.\par \'bfQUI\'c9N ES CHINIQUY?\par IMPORTANTES DOCUMENTOS ORIGINALES\par QUE ESTABLECEN EL ELEVADO CAR\'c1CTER Y LA REPUTACI\'d3N DEL\par PASTOR CHINIQUY CUANDO ESTUVO EN LA IGLESIA DE ROMA\par El Sr. Chiniquy es unLVALo de los m\'e1s destacados campeones del Protestantismo en la actualidad.\par Fue invitado a Escocia por sus l\'edderes eclesi\'e1sticos para tomar parte en el Tricentenario de la Reforma, y a Inglaterra en los \'faltimos a\'f1os, cuando todos sus principales Protestantes asistieron para honrar al Emperador Guillermo de Alemania y al Pr\'edncipe Bismarck por su noble resistencia a las pretensiones Papales de dominar Alemania. Luego, en 1874, habl\'f3 a la gran asamblea en Exeter Hall, en la cual presidi\'f3 Lord Russell, y despu\'e9s, por seis meses, disert\'f3 en toda Inglaterra por la invitaci\'f3n de Ministros de todas las denominaciones Evang\'e9licas.\par De tal hombre con una semejante historia de luchas, servicios y triunfos, los Protestantes de todo el mundo no necesitan avergonzarse.\par Durante los \'faltimos dos a\'f1os ha dado conferencias y predicado en salones llenos en Australia, recibiendo de los pastores y el pueblo de ese pa\'eds muchos testimonios de estima y respeto por sus valiosos servicios a la causa del Protestantismo.\par Es bien sabido que Charles Chiniquy surgi\'f3 a la notoriedad general en Canad\'e1 como un Ap\'f3stol de la Temperancia. Pero mucho antes de esto\emdash cuando era un cura p\'e1rroco, e incluso cuando era un estudiante\emdash era tenido en alta estima. El bosquejo de los comienzos de su vida es el siguiente: Naci\'f3 en Kamouraska, Canad\'e1, el 30 de julio de 1809. Su padre se llamaba Charles Chiniquy, su madre, Reine Perrault, ambos nativos de Quebec. Su padre muri\'f3 en 1821; su madre en 1830. Despu\'e9s de la muerte de su padre, un t\'edo adinerado, llamado Amable Dionne, un miembro de la c\'e1mara alta del Parlamento en Canad\'e1, que estaba casado con la hermana de su madre, se encarg\'f3 de \'e9l, y lo envi\'f3 al Colegio de St. Nicholet, con el que estuvo relacionado desde 1822 a 1833, logrando altos honores como ling\'fcista y matem\'e1tico. Su conducta moral le granje\'f3 entre sus compa\'f1eros el nombre de San Luis Gonzaga de Nicholet. Fue orLVALdenado sacerdote en 1833, en la Catedral de Quebec, por el Obispo Sinaie, y comenz\'f3 su ministerio en St. Charles, junto al r\'edo Berger, Canad\'e1. Despu\'e9s de esto fue Capell\'e1n del Hospital de la Marina, y all\'ed estudi\'f3 dirigido por el Dr. Douglas, los efectos del alcohol en el sistema humano. Se convenci\'f3 de que \'e9ste era venenoso, y su uso general criminal. Escribi\'f3 al Padre Matthew, de Irlanda, y poco despu\'e9s comenz\'f3 la Cruzada de Temperancia entre los Cat\'f3licos Romanos de Canad\'e1. Comenz\'f3 en Beauport, donde era cura p\'e1rroco. Entonces hab\'eda siete tabernas o fondas, pero no escuelas. En dos a\'f1os hab\'eda siete escuelas y ninguna taberna en su jurisdicci\'f3n. Se erigi\'f3 en ese pueblo un Monolito de la Temperancia para conmemorar sus logros en esta buena obra. Pronto fue transferido a la parroquia m\'e1s grande de Kamouraska; pero al poco tiempo renunci\'f3 a sus deberes parroquiales y traslad\'f3 su centro de operaciones en Montreal, para dedicar todo su tiempo a la causa de la temperancia,\emdash desde 1846 hasta 1851. Como resultado, todas las destiler\'edas fueron cerradas excepto dos, en toda la Provincia.\par Estos nobles esfuerzos fueron reconocidos p\'fablicamente. Mencionamos cuatro diferentes actos de reconocimiento entre muchos. El primero es el Memorial de la Orden Independiente de los Recabitas de Canad\'e1, y est\'e1 fechado en Montreal, el 31 de agosto de 1841, con la respuesta del Sr. Chiniquy. Es destacable para los Protestantes del Canad\'e1 Inferior que honraran a un sacerdote de la Iglesia de Roma por hacer un noble trabajo por el bien general del pa\'eds. Ambos documentos son dignos de la causa. En lugar de atribuirse la gloria por este triunfo, el Sr. Chiniquy usa estas palabras en el desarrollo de su respuesta: "Convencido de que este triunfo es \'fanicamente la obra de Dios: \'a1a \'c9l sea toda la gloria!" La gran ciudad de Montreal fue motivada a expresar su gratitud, y le fue presentada una Medalla de Oro en nombre de la ciudLVALad, con estas palabras de un lado:\par Al PADRE CHINIQUY, AP\'d3STOL DE LA TEMPERANCIA, CANAD\'c1.\par Y del otro:\par HOMENAJE A SUS VIRTUDES, CELO Y PATRIOTISMO.\par El Parlamento canadiense tambi\'e9n fue motivado a honrarlo, y vot\'f3 para \'e9l un Memorial y Quinientas Libras como una muestra p\'fablica de la gratitud de todo un pueblo.\par La fama de sus labores en la causa de la Temperancia lleg\'f3 hasta el Papa, y por medio de un aspirante a sacerdote que visitaba Roma por ese tiempo, le fue enviada al Sr. Chiniquy la BENDICI\'d3N DEL PAPA, como es atestiguado por la siguiente carta. [N. de t.: no le conferimos ning\'fan valor a la bendici\'f3n del Papa, pero sirve para evidenciar hasta que punto Chiniquy era reconocido por todos, tampoco reconocemos ninguno de los t\'edtulos que el Papa se confiere a s\'ed mismo y los consideramos como blasfemas usurpaciones]. Las traducciones son literales, no habi\'e9ndonos tomado la libertad para hacerlas en un ingl\'e9s m\'e1s convencional:\par [TRADUCCI\'d3N]\par "ROMA, 10 de agosto de 1850.\par "Se\'f1or, y muy Querido Amigo:\par "Solamente el lunes 12, me ha sido dada una audiencia privada con el Soberano Pont\'edfice. He usado la oportunidad para presentarle su libro, con su carta, a los que recibi\'f3\emdash no digo con esa bondad que le es tan eminentemente caracter\'edstica\emdash sino con todos los signos especiales de satisfacci\'f3n y aprobaci\'f3n, mientras me encomendaba que le dijera que \'c9L CONCEDE A USTED SU BENDICI\'d3N APOST\'d3LICA y a la santa obra de Temperancia que usted predica.\par "Me considero feliz por haber tenido para ofrecer de parte suya al Vicario de Jesucristo, un libro que, despu\'e9s de haber hecho tanto bien a mis compatriotas, ha sido capaz de hacer salir de su venerable boca palabras tan solemnes aprobando la Sociedad de Temperancia, y bendiciendo a los que son sus ap\'f3stoles; y tambi\'e9n es para mi coraz\'f3n un muy dulce placer transmitirlas a usted.\par "Su amigo,\par "CHARLES T. BAILLARGEON,\par LVAL"Sacerdote."\par A continuaci\'f3n damos la carta circular general enviada a \'e9l por el Obispo de Montreal, en la cual es designado Ap\'f3stol de la Temperancia.\par [TRADUCCI\'d3N]\par IGNATIUS BOURGET.\par "Por la divina misericordia y gracia de la Santa Sede Apost\'f3lica, Obispo de Marian\'f3polis (Montreal).\par "A todos los que vean la presente carta hacemos conocer y testificamos: Que el venerable Charles Chiniquy, Ap\'f3stol de la Temperancia, Sacerdote de nuestra Di\'f3cesis, es muy bien conocido por nosotros, y lo consideramos como probado para llevar una vida digna de alabanza y de acuerdo con su profesi\'f3n eclesi\'e1stica por las tiernas misericordias de nuestro Dios sin cr\'edticas eclesi\'e1sticas por las cuales pudiera ser limitado, al menos por lo que est\'e1 en nuestro conocimiento. Rogamos a todos y a cada uno de los Arzobispos, Obispos y otros dignatarios de la Iglesia, a quienes podr\'eda suceder que \'e9l acuda, que por el amor de Cristo lo reciban de manera cordial y cort\'e9s, y que tan frecuentemente como \'e9l pueda solicitarlo, le permitan celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, y ejercer otros privilegios eclesi\'e1sticos y obras de piedad. Mostr\'e1ndonos a nosotros mismos listos para cosas similares y mayores. Confiando eso hemos preparado la presente Carta general para ser dispuesta bajo nuestra firma y sello, y con la suscripi\'f3n del secretario de nuestro Episcopado en Marian\'f3polis, en nuestro Palacio del Bendito Santiago, en el a\'f1o mil ochocientos cincuenta, en el d\'eda sexto del mes de junio.\par IGNATIUS,\par Obispo de Marian\'f3polis.\par "Por orden del m\'e1s ilustre y m\'e1s reverendo Obispo de Marian\'f3polis, D. D.\par J. O. PARE, Can\'f3nigo,\par "Secretario."\par Su elevada posici\'f3n era ahora universalmente reconocida, y fue elegido por los dignatarios de la Iglesia de Roma para liderar un nuevo e importante movimiento. \'c9ste iba a tomar posesi\'f3n del Valle del Mississipi, y a formar una nueva colonia Cat\'f3lica Romana en el misLVALmo centro de los Estados Unidos. El obispo Cat\'f3lico Romano de Chicago, Obispo Vandevelt, fue a Canad\'e1 para tratar con \'e9l sobre el asunto. El objetivo era transferir miles de Franco Canadienses celosos Cat\'f3licos Romanos; a este nuevo territorio; y el Padre Chiniquy iba a conducir la empresa y a ser el nuevo campe\'f3n de Roma. \'c9l acept\'f3 la oferta. Fue y examin\'f3 el terreno, seleccion\'f3 el territorio, y al volver a Canad\'e1 alist\'f3 para llevar a la nueva colonia una primera tanda de cinco mil emigrantes, todos celosos por la Iglesia en este nuevo movimiento.\par Antes de establecerse en St. Anne, Kankakee, Estado de Illinois, la sede de la colonia elegida, requiri\'f3 su remoci\'f3n oficial de la di\'f3cesis de Montreal, con la que hab\'eda estado vinculado los cinco a\'f1os anteriores. Damos la respuesta completa, para mostrar su reputaci\'f3n cuando dej\'f3 Canad\'e1 para ir a su nuevo campo de acci\'f3n.\par [TRADUCCI\'d3N].\par MONTREAL, 13 de octubre de 1851.\par SE\'d1OR: Usted me pide el permiso para dejar la di\'f3cesis para ir a ofrecer sus servicios al Monse\'f1or de Chicago. Como usted pertenece a la di\'f3cesis de Quebec, creo que le corresponde al Monse\'f1or, el Arzobispo, darle el permiso de alejamiento que solicita. En cuanto a m\'ed, no puedo sino agradecerle por sus labores entre nosotros; y le deseo como recompensa las m\'e1s abundantes bendiciones del Cielo. Siempre estar\'e1 en mi recuerdo y en mi coraz\'f3n; y espero que la Divina Providencia me permita en un tiempo futuro testificarle toda la gratitud que siento dentro m\'edo. Mientras tanto,\par permanezco, querido se\'f1or,\par Su muy humilde y obediente servidor,\par "IGNATIUS,\par "Obispo de Montreal\par "Sr. Chiniquy, Sacerdote".\par As\'ed dej\'f3 Canad\'e1 con la m\'e1s alta reputaci\'f3n ante la jerarqu\'eda de Roma. Pero pasaron algunos a\'f1os cuando la colonia se hab\'eda extendido hasta ocupar cuarenta millas cuadradas, y todav\'eda miles estaban confluyendo, no s\'f3lo de Canad\'e1, LVALsino tambi\'e9n de la poblaci\'f3n Cat\'f3lica Romana de Europa. Pero en un mal d\'eda para Roma, el Obispo Vandevelt fue removido, y un Obispo Irland\'e9s, O'Reagan, tom\'f3 su lugar, e inmediatamente comenz\'f3 a obstruir y a oprimir a los colonos franceses. Aqu\'ed diremos a los norteamericanos lo que es bien conocido en Canad\'e1, que los Cat\'f3licos Romanos franceses e irlandeses raramente concuerdan\emdash hay violentas peleas entre ellos. La violencia impuls\'f3 a Charles Chiniquy a resistir y a apelar al mundo Cat\'f3lico Romano exterior para obtener la reparaci\'f3n y liberaci\'f3n ante la opresi\'f3n. Esto lleg\'f3 incluso hasta el Papa, y \'e9l envi\'f3 a Chicago al Cardenal Bedeni para que investigara la disputa. \'c9l declar\'f3 que O'Reagan no ten\'eda raz\'f3n y fue removido, y el Obispo Smith, de Iowa, tom\'f3 el lugar de O'Reagan. Mientras esta tormenta estaba bramando, Dios estaba abriendo los ojos de Charles Chiniquy m\'e1s y m\'e1s sobre la real apostas\'eda de la moderna Iglesia Papal en relaci\'f3n a la antigua original Iglesia Cristiana de Roma.\par La hora de su liberaci\'f3n se estaba acercando, y Dios hab\'eda elegido el campo para el primer fiero encuentro bajo la libertad de las Estrellas y las Bandas, [n. de t.: la bandera], de la Rep\'fablica Norteamericana. En cualquier otra parte muy probablemente hubiera sido aplastado sobre la tierra, pero aqu\'ed encontr\'f3 libertad, y a un noble abogado, cuando era fieramente perseguido, en la persona del "honesto" Abraham Lincoln, posteriormente el m\'e1s grande Presidente de Norteam\'e9rica desde los d\'edas de Washington.\par Para mostrar que hasta el tiempo de su separaci\'f3n de Roma portaba la reputaci\'f3n m\'e1s elevada, la siguiente carta, del Obispo Baillargeon, de una fecha tan avanzada como el 9 de mayo de 1856, cinco a\'f1os despu\'e9s de dejar Canad\'e1, ampliamente lo prueba.\par [TRADUCCI\'d3N.]\par "ARZOBIZPADO DE QUEBEC, 9 de mayo de 1856.\par Se\'f1orita: le env\'edo, para el Sr. Chiniquy, un adorno [casullLVALa], con el lienzo necesario para hacer una sotana, y un c\'e1liz; todo empacado sin un orden especial, como, supongo, encontrar\'e1 un lugar para todo en su ba\'fal. Y oro a Dios que la bendiga y la conduzca felizmente en su viaje.\par Su devoto servidor, C. J., Obispo de Tloa."\par "A la se\'f1orita Caroline Descormers,\par "Del Convento de las Ursulinas de los Tres R\'edos."\par El Obispo env\'eda por intermedio de una monja del Convento Ursulino de los Tres R\'edos un presente al Sr. Chiniquy, consistente de una casulla, o la vestimenta bordada con una cruz sobre la espalda, y un pilar al frente, que usan los sacerdotes; materiales para hacer una sotana, y un c\'e1liz para dar Misa, como prueba de su m\'e1s alta confianza y estima. Ser\'eda bueno para el honor de la Iglesia de Roma si tuviera muchos sacerdotes como \'e9l entre las filas de su clero.\par Ahora damos la declaraci\'f3n del Obispo O'Reagan con respecto al car\'e1cter del Sr. Chiniquy, como fue jurado por los cuatro Cat\'f3licos Romanos cuyos nombres son a\'f1adidos. Esta respuesta escrita fue dada por el Obispo O'Reagan el 27 de agosto de 1856, a la delegaci\'f3n que fue a verle. Esto ha sido publicado por todo Canad\'e1, en franc\'e9s e ingl\'e9s, en respuesta a ciertas acusaciones del Vicario General Bruyere:\par "1\'ba. Yo suspend\'ed al Sr. Chiniquy el 19 de este mes.\par "2\'ba. Si el Sr. Chiniquy ha dicho Misa desde entonces, como ustedes dicen, \'e9l est\'e1 de forma irregular; y s\'f3lo el Papa puede restaurarlo en sus funciones eclesi\'e1sticas y sacerdotales.\par "3\'ba. Lo saco de St. Anne, a pesar de sus oraciones y las vuestras, porque no ha estado dispuesto a vivir en paz y amistad con los reverendos M. L. y M. L., aunque admito que fueron dos malos sacerdotes, a quienes me vi obligado a expulsar de mi di\'f3cesis.\par "4\'ba. Mi segunda raz\'f3n para sacar al Sr. Chiniquy de St. Anne, para enviarlo a su nueva misi\'f3n, al sur de Illinois, es detener el juicio que el Sr. Spink ha iniciado contra \'e9l; aunque noLVAL puedo garantizar que el juicio ser\'e1 detenido por eso.\par 5\'ba. El Sr. Chiniquy es uno de los mejores Sacerdotes de mi di\'f3cesis, y no quiero privarme de sus servicios; y no han sido probadas ante m\'ed, acusaciones contra la conducta de ese caballero.\par "6\'ba. El Sr. Chiniquy ha demandado una investigaci\'f3n, para probar su inocencia ante ciertas acusaciones hechas contra \'e9l, y me ha pedido los nombres de sus acusadores para confundirles; y me rehus\'e9.\par "7\'ba. Decid al Sr. Chiniquy que venga y se re\'fana conmigo para prepararse para su nueva misi\'f3n, y le dar\'e9 las cartas que necesita, para trabajar all\'ed.\par "Luego nos retiramos y presentamos la carta precedente al Padre Chiniquy.\par \lang1033 PADRES BECHARD,\par "J. B. L. LEMOINE,\par \lang2058 "BASILIQUE ALLAIR,\par "LEON MAILLOUX."\par No se necesita nada m\'e1s para establecer la reputaci\'f3n moral del Sr Chiniquy, mientras permaneci\'f3 en la Iglesia de Roma.\par DECLARACI\'d3N\par A SU EXCELENCIA BOURGET, OBISPO DE MONTREAL.\par "SE\'d1OR:\par "Puesto que Dios, en su infinita misericordia, se ha complacido en mostrarnos los errores de Roma, y nos ha dado la fuerza para abandonarlos para seguir a Cristo, consideramos nuestro deber decir unas palabras sobre las abominaciones del confesionario. Usted bien sabe que estas abominaciones son de una naturaleza tal, que es imposible para una mujer hablar de ellas sin sonrojarse. \'bfC\'f3mo es que entre hombres cristianos civilizados, algunos han olvidado tanto la regla de la decencia normal, como para forzar a mujeres a revelar a hombres solteros, bajo pena de eterna perdici\'f3n, sus pensamientos m\'e1s secretos, sus deseos m\'e1s pecaminosos, y sus acciones m\'e1s privadas?\par "\'bfC\'f3mo, a menos que haya una m\'e1scara de metal sobre los rostros de los sacerdotes, osan ellos salir al mundo habiendo o\'eddo los relatos de miseria que no pueden sino contaminar al portador, y que la mujer no puede contar sin haber puesto a un lado la modestia, y todo sentLVALido de verg\'fcenza? El perjuicio no ser\'eda tan grande si la Iglesia hubiera permitido que nadie excepto la mujer se acusara a s\'ed misma. \'bfPero qu\'e9 diremos de las abominables preguntas que se hacen y que deben contestarse?\par "Aqu\'ed, las leyes de la decencia com\'fan nos prohiben estrictamente que entremos en detalles. Es suficiente decir, que si los maridos supieran una d\'e9cima parte de lo que est\'e1 sucediendo entre el confesor y sus esposas, ellos preferir\'edan verlas muertas que degradadas hasta tal punto.\par "En cuanto a nosotras, las hijas y esposas de Montreal, que hemos conocido por experiencia la suciedad del confesionario, no podemos bendecir suficientemente a Dios por habernos mostrado el error de nuestros caminos al ense\'f1arnos que no debemos buscar la salvaci\'f3n a los pies de un hombre tan d\'e9bil y pecador como nosotras, sino a los pies de Cristo solo."\par \lang1033 JULIEN HERBERT, MARIE ROGERS, J. ROCHON. \lang2058 LOUISE PICARD, FRANCOISE DIRINGER, EUGENIE MARTIN, Y otras cuarenta y tres. PREFACIO.\par EZEQUIEL\par CAP\'cdTULO VIII.\par 1 Y ACONTECI\'d3 en el sexto a\'f1o, en el mes sexto, a los cinco del mes, que estaba yo sentado en mi casa, y los ancianos de Jud\'e1 estaban sentados delante de m\'ed, y all\'ed cay\'f3 sobre m\'ed la mano del Se\'f1or Jehov\'e1.\par 2 Y mir\'e9, y he aqu\'ed una semejanza que parec\'eda de fuego: desde donde parec\'edan sus lomos para abajo, fuego; y desde sus lomos arriba parec\'eda como resplandor, como la vista de \'e1mbar.\par 3 Y aquella semejanza extendi\'f3 la mano, y tom\'f3me por las guedejas de mi cabeza; y el esp\'edritu me alz\'f3 entre el cielo y la tierra, y llev\'f3me en visiones de Dios a Jerusalem, a la entrada de la puerta de adentro que mira hacia el aquil\'f3n, donde estaba la habitaci\'f3n de la imagen del celo, la que hac\'eda celar.\par 4 Y he aqu\'ed all\'ed estaba la gloria del Dios de Israel, como la visi\'f3n que yo hab\'eda visto en el campo.\par 5 Y d\'edjome: Hijo del hombre, alza ahoraLVAL tus ojos hacia el lado del aquil\'f3n. Y alc\'e9 mis ojos hacia el lado del aquil\'f3n, y he aqu\'ed al aquil\'f3n, junto a la puerta del altar, la imagen del celo en la entrada.\par 6 D\'edjome entonces: Hijo del hombre, \'bfno ves lo que \'e9stos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aqu\'ed, para alejarme de mi santuario? Mas vu\'e9lvete a\'fan, y ver\'e1s abominaciones mayores.\par 7 Y llev\'f3me a la entrada del atrio, y mir\'e9, y he aqu\'ed en la pared un agujero.\par 8 Y d\'edjome: Hijo del hombre, cava ahora en la pared. Y cav\'e9 en la pared, y he aqu\'ed una puerta.\par 9 D\'edjome luego: Entra, y ve las malvadas abominaciones que \'e9stos hacen all\'ed.\par 10 Entr\'e9 pues, y mir\'e9, y he aqu\'ed im\'e1genes de todas serpientes, y animales de abominaci\'f3n, y todos los \'eddolos de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared alrededor.\par 11 Y delante de ellos estaban setenta varones de los ancianos de la casa de Israel, y Jaazan\'edas hijo de Saph\'e1n estaba en medio de ellos, cada uno con su incensario en su mano; y del sahumerio sub\'eda espesura de niebla.\par 12 Y me dijo: Hijo del hombre, \'bfhas visto las cosas que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus c\'e1maras pintadas? porque dicen ellos: No nos ve Jehov\'e1; Jehov\'e1 ha dejado la tierra.\par 13 D\'edjome despu\'e9s: Vu\'e9lvete a\'fan, ver\'e1s abominaciones mayores que hacen \'e9stos.\par 14 Y llev\'f3me a la entrada de la puerta de la casa de Jehov\'e1, que est\'e1 al aquil\'f3n; y he aqu\'ed mujeres que estaban all\'ed sentadas endechando a Tammuz.\par 15 Luego me dijo: \'bfNo ves, hijo del hombre? Vu\'e9lvete a\'fan, ver\'e1s abominaciones mayores que \'e9stas.\par 16 Y meti\'f3me en el atrio de adentro de la casa de Jehov\'e1: y he aqu\'ed junto a la entrada del templo de Jehov\'e1, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehov\'e1 y sus rostros al oriente, y encorv\'e1banse al nacimiento del sol LVAL .\par 17 Y d\'edjome: \'bfNo has visto, hijo del hombre? \'bfEs cosa liviana para la casa de Jud\'e1 hacer las abominaciones que hacen aqu\'ed? Despu\'e9s que han llenado la tierra de maldad, y se tornaron a irritarme, he aqu\'ed que ponen hedor a mis narices.\par 18 Pues tambi\'e9n yo har\'e9 en mi furor; no perdonar\'e1 mi ojo, ni tendr\'e9 misericordia, y gritar\'e1n a mis o\'eddos con gran voz, y no los oir\'e9. (Biblia Reina-Valera 1909) \cf1 \cf0\lang3082 \par \cf1\lang2058\par \par }   @ ++++++++ + +  +  +  +   @ ++++++++ + +  +  +  + x{hUB/ r s r s r s r s s r s r s r r s r s ^LVALnMR28AllowZeroLengthRequired( Title  .Comments