Standard Jet DBnb` Ugr@?~1y0̝cßFN>b7ݜ~(/` {6M߱mCw63y[*,|*|H|d f_Љ$g'DeFx -bT4.0\n Y US  Y   Y Y  Y Y  Y  Y  Y  r Y s Y E Y a Y d Y 2Y  Y   Y  jY ConnectDatabaseDateCreateDateUpdate FlagsForeignNameIdLvLvExtraLvModule LvPropName OwnerParentIdRmtInfoLongRmtInfoShortTypeniAfDsFXtfYYIdParentIdName        OYS Y Y Y  Y 2ACMFInheritableObjectIdSID  AtYObjectId YUSY  Y Y Y  Y  Y Y  Y AttributeExpressionFlagLvExtra Name1 Name2ObjectId Ordernzf edY"ObjectIdAttribute -YUSY Y Y  Y  Y  Y  Y  Y ccolumn grbiticolumnszColumnszObject$szReferencedColumn$szReferencedObjectszRelationshipa Xaal a "%aL aYYYszObject$szReferencedObjectszRelationshipYv1b N  : k & W  C t/ 0000@@X  @@OJmJLJkQkiQ^JmYdbkWYfkmJL^Qk`kvkJMQk`kvkdL[QMmk`kvkhoQiYQk`kvkiQ^JmYdbkWYfkmdfYMbdmQk`kvkOL  @~  @ @3 3 3 3 3 3333333333333      d k f  dD(x5@(x5@Topic NotesTՒ@4DDD88888886 @H%(x5@H%(x5@MSysRelationshipsUDDDDDDDDDDB H%(x5@H%(x5@MSysQueriesU88888888886 H%(x5@H%(x5@MSysACEsU22222222220 H%(x5@H%(x5@MSysObjectsU88888888886 H%(x5@H%(x5@MSysDbT.........., H%(x5@H%(x5@RelationshipsU<<<<<<<<<<: H%(x5@H%(x5@DatabasesU44444444442 H%(x5@H%(x5@TablesU.........., jY?GN????Y Y d YID TitleCommentsdd1ddd2dYYIDPrimaryKey@v)Z00 LVALi {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Mi padre, Carlos Ch\'edniquy, nacido en Q\'fcebec, hab\'eda estudiado all\'ed para ser sacerdote. Pero algunos d\'edas antes de hacer sus votos, \'e9l presenci\'f3 una gran iniquidad en las altas esferas de la Iglesia. Cambiando de opini\'f3n, estudi\'f3 leyes y se cas\'f3 con Reine Perrault. En 1803, fij\'f3 su residencia en Kamouraska, donde yo nac\'ed el 30 de julio de 1809.\par Despu\'e9s de cuatro o cinco a\'f1os, emigramos a Murray Bay donde no hab\'eda escuela. Mi madre fue mi primera maestra.\par Antes de salir del seminario, mi padre recibi\'f3 de uno de los superiores, una Biblia en franc\'e9s y lat\'edn, como muestra de su aprecio. Esa Biblia fue el primer libro, despu\'e9s del abecedario, que fui ense\'f1ado a leer. Mi madre escog\'eda cap\'edtulos interesantes, que yo le\'eda cada d\'eda hasta que sab\'eda muchos de ellos de memoria.\par Cu\'e1ntas horas agradables pasaba al lado de mi madre, leyendo las p\'e1ginas sublimes del libro divino. A veces ella me interrump\'eda para ver si entend\'eda lo que le\'eda. Cuando mis respuestas le aseguraban que s\'ed lo entend\'eda, me abrazaba y me besaba de puro gozo.\par Vivimos a cierta distancia de la iglesia y en los d\'edas lluviosos, los caminos eran intransitables. Los domingos, los vecinos sol\'edan reunirse en nuestra casa por la tarde. Entonces, mis padres me paraban sobre una mesa grande en medio de la asamblea y yo recitaba ante esa gente buena los pasajes m\'e1s bellos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Cuando me cansaba, mi madre, con su linda voz, cantaba algunos de los hermosos himnos franceses que llenaban su memoria.\par Cuando el clima nos permit\'eda ir a la iglesia, los granjeros me llevaban en sus calesas a la puerta del templo y me ped\'edan que les recitara alg\'fan cap\'edtulo del Evangelio. Con perfecta atenci\'f3n, escLVALuchaban la voz del ni\'f1o a quien el Buen Maestro hab\'eda escogido para darles el pan que viene del cielo. Recuerdo que m\'e1s de una vez, cuando las campanas nos llamaban a entrar, lamentaban no poder o\'edr m\'e1s.\par Un hermoso d\'eda de 1818, mi padre escrib\'eda en su oficina, mi madre estaba tejiendo y yo jugaba en la entrada de la puerta; de repente, vi a un sacerdote acercarse a la verja y sent\'ed un escalofr\'edo de inquietud. Fue su primera visita a nuestro hogar.\par El sacerdote era de baja estatura con una apariencia desagradable. Ten\'eda hombros grandes y era muy corpulento. Su cabello era largo y despeinado y su doble barba parec\'eda gemir bajo el peso de sus mejillas fl\'e1cidas.\par De prisa corr\'ed y dije en voz baja a mis padres, \emdash El se\'f1or cura viene.\par El sonido apenas hab\'eda salido de mis labios cuando el Rev. Courtois lleg\'f3 a la puerta. Mi padre le recibi\'f3, extendi\'e9ndole la mano para saludarlo.\par El sacerdote naci\'f3 en Francia, donde escap\'f3 por un pelo de ser condenado a muerte bajo la administraci\'f3n sangrienta de Robespierre. Se hab\'eda refugiado en Inglaterra con muchos otros sacerdotes franceses; luego, vino a Q\'fcebec; aqu\'ed el obispo le dio el cargo de la parroquia de Murray Bay.\par Su pl\'e1tica era animada e interesante el primer cuarto de hora; nos dio verdadero gusto escucharlo. Pero, de repente, su rostro cambi\'f3 como si una nube negra viniera sobre su mente y dej\'f3 de hablar. Mis padres hab\'edan quedado respetuosamente callados mientras le escuchaban. El silencio que segu\'eda era sumamente desagradable para todos, como la hora pesada que precede a una tempestad.\par Por fin, el sacerdote, dirigi\'e9ndose a mi padre, dijo: \emdash Se\'f1or Ch\'edniquy, \'bfEs verdad que usted y su hijo leen la Biblia?\par \emdash S\'ed, se\'f1or, \emdash fue su pronta respuesta, \emdash mi hijo y yo leemos la Biblia y mejor a\'fan, \'e9l ha memorizado un gran n\'famero de sus cap\'edtulos m\'e1s interesantes. Si usted permite seLVAL\'f1or cura, \'e9l le recitar\'e1 algunos.\par \emdash\'a1No vine con ese prop\'f3sito! \emdash contest\'f3 bruscamente el sacerdote, \emdash Pero, \'bfNo sabe usted que est\'e1 prohibido por el concilio de Trento leer la Biblia en franc\'e9s?\par \emdash Me da lo mismo leer la Biblia en franc\'e9s, griego o lat\'edn, \emdash contest\'f3 mi padre, \emdash porque entiendo estos idiomas con igual facilidad.\par \emdash Pero, \'bfIgnora el hecho de que no puede permitir a su hijo leer la Biblia? \emdash replic\'f3 el sacerdote.\par \emdash Mi esposa dirige a nuestro hijo en la lectura de la Biblia y no creo que cometemos ning\'fan pecado.\par \emdash Se\'f1or Ch\'edniquy, \emdash respondi\'f3 el sacerdote, \emdash usted ha pasado todo un curso de teolog\'eda. Usted sabe los deberes de un cura. Usted sabe que es mi penosa obligaci\'f3n venir aqu\'ed, quitarle la Biblia y quemarla.\par Mi abuelo era un audaz marinero espa\'f1ol (nuestro apellido original era Etchiniqu\'eda) y hab\'eda demasiado orgullo y sangre espa\'f1ola en mi padre para escuchar con paciencia a tales frases en su propia casa. Se par\'f3 r\'e1pido como un rayo; yo abrac\'e9, temblando, a mi madre quien tambi\'e9n temblaba.\par Al principio, tem\'ed que suceder\'eda alguna escena desafortunada y violenta, porque el enojo de mi padre en ese momento era terrible. Pero m\'e1s tem\'eda que el sacerdote echara mano a mi querida Biblia que estaba delante de \'e9l en la mesa. Era m\'eda; fue un regalo de navidad del a\'f1o pasado. Afortunadamente, mi padre se control\'f3, pero se paseaba por la habitaci\'f3n con sus labios p\'e1lidos, temblando y hablando entre dientes.\par El sacerdote le observaba atentamente, presionando sus manos convulsivamente a su bast\'f3n y su rostro manifestaba un terror bien fundado. Qued\'f3 claro que el embajador de Roma no se hallaba tan infaliblemente seguro de su posici\'f3n. Despu\'e9s de sus \'faltimas palabras, permaneci\'f3 silencioso como una tumba.\par Por fin, mi padre se par\'f3 s\'fabitamente de0LVAL@lante del sacerdote, \emdash Se\'f1or, \'bfEs eso todo lo que usted tiene que decir?\par \emdash S\'ed, se\'f1or. \emdash dijo el sacerdote temblando.\par \emdash Bien, \emdash a\'f1adi\'f3 mi padre, \emdash usted sabe por cual puerta entr\'f3 a mi casa; por favor, salga por la misma y v\'e1yase r\'e1pido.\par El sacerdote sali\'f3 inmediatamente. Yo sent\'ed gozo inefable de que mi Biblia estaba segura. Corr\'ed a mi padre, le abrac\'e9, le bes\'e9 y le agradec\'ed su victoria. Y para compensarlo, en mi sencillez de ni\'f1o, me sub\'ed a la mesa grande y en mi mejor estilo, recit\'e9 la pelea entre David y Goliat. Por supuesto, en mi mente, mi padre era David y el sacerdote de Roma era el gigante a quien la peque\'f1a piedra del arroyo hab\'eda derribado.\par T\'fa conoces, Oh Dios, que a esa Biblia le\'edda en las rodillas de mi madre, yo debo, por tu infinita misericordia, el conocimiento de la verdad que tengo hoy; porque ella mand\'f3 a mi joven coraz\'f3n inteligente, rayos de luz que todos los sofismas y errores de Roma nunca pudieron extinguir.\par \lang3082 \par \cf1\lang2058\par } c?m< xG R ! ] , h 7  s B  ~ M  X'c2n= yHS"Gcapitulo 00 n* *?capitulo 62  (=capitulo 61x (<capitulo 60~ (;capitulo 59ȓ (:capitulo 58d (9capitulo 57 (8capitulo 560 (7capitulo 55" (6capitulo 54 (5capitulo 53 (4capitulo 52ܡ (3capitulo 51Ț (2capitulo 50½z (1capitulo 49j (0capitulo 48xbc (/capitulo 470W (.capitulo 46$K (-capitulo 45JF (,capitulo 44ʥ; (+capitulo 43* (*capitulo 42s" ()capitulo 41 ((capitulo 40^ ('capitulo 39J  (&capitulo 38JC (%capitulo 37 ($capitulo 36? 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Ellos no ten\'edan hijos y me recibieron como su propio hijo.\par El pueblo de St. Thomas ya ten\'eda, para entonces, una poblaci\'f3n considerable. Dos r\'edos hermosos, uni\'e9ndose ah\'ed antes de desembocar al r\'edo St. Lawrence, suministraban el poder hidr\'e1ulico a varios molinos y f\'e1bricas.\par La escuela del Sr. Allen Jones era digna de su fama difundida. Como maestro, \'e9l merec\'eda y disfrutaba del mayor respeto y confianza de los alumnos y padres. Pero siendo un Protestante, el sacerdote estaba en contra de \'e9l y hac\'eda todo lo posible para convencer a mis familiares de que yo asistiera a la escuela a cargo del mismo sacerdote.\par El Doctor Tache era el hombre principal de St. Thomas. No le hac\'eda falta la influencia de los sacerdotes y frecuentemente descargaba su desprecio supremo por ellos. Una vez por semana, hab\'eda una reuni\'f3n en su casa de los principales ciudadanos de St. Thomas, donde los asuntos m\'e1s importantes de la historia y religi\'f3n eran discutidos abierta y calurosamente. Pero, tanto las premisas como las conclusiones eran invariablemente adversas a los sacerdotes y la religi\'f3n de Roma y con demasiada frecuencia a toda forma de Cristianismo.\par Aunque estas reuniones no eran enteramente sociedades secretas, en gran parte eran secretas. Mi amigo Cazeault era sobrino del Dr. Tache y se hospedaba en su casa. Puntualmente \'e9l me avisaba del d\'eda y hora de las reuniones. Juntos nos met\'edamos a escondidas en una habitaci\'f3n contigua donde pod\'edamos o\'edr todo sin que sospecharan de nuestra presencia. Lo que o\'ed y vi en esas reuniones ciertamente me hubiera arruinado si la palabra de DiLVALos, con la cual mi madre llen\'f3 mi mente y coraz\'f3n tierno, no habr\'eda sido mi escudo y fortaleza.\par Tambi\'e9n hab\'eda en St. Thomas, uno de los antiguos monjes de Canad\'e1, conocido bajo el nombre de Capuch\'edn o Recoletos a quienes la conquista de Canad\'e1 por Gran Breta\'f1a, hab\'eda forzado a salir de su monasterio. Era relojero y viv\'eda honradamente de su oficio.\par El hermano Mark, como se llamaba, era un hombre notablemente bien hecho, con las manos m\'e1s hermosas que jam\'e1s hab\'eda visto. Su vida era solitaria; viv\'eda a solas con su hermana, quien cuidaba su casa. El hermano Mark sol\'eda pasar un par de horas cada d\'eda pescando y frecuentemente yo le encontraba junto a las riberas de los hermosos r\'edos de St. Thomas. En cuanto \'e9l encontraba un lugar donde los peces abundaban, me invitaba a compartir su buena suerte. Yo apreciaba su atenci\'f3n y le correspond\'eda con sincera gratitud.\par A menudo me invitaba a su peque\'f1a casa, solitaria pero limpia. Su buena hermana me colmaba de atenci\'f3n y amor. Hab\'eda una mezcla de timidez y dignidad en el hermano Mark que no he hallado en ning\'fan otro. Era cari\'f1oso con los ni\'f1os y sonre\'eda graciosamente cuando yo le mostraba aprecio por su amabilidad. Pero esa sonrisa y cualquiera otra expresi\'f3n de gozo eran pasajeras. De repente cambiaba como si alguna nube misteriosa pasara sobre su coraz\'f3n.\par El y los dem\'e1s monjes del monasterio hab\'edan sido librados por el Papa de sus votos de pobreza y obediencia. Ellos pod\'edan ser independientes y aun ascender a una posici\'f3n respetable en el mundo por sus esfuerzos honrados. Pero el Papa hab\'eda sido inflexible en cuanto a sus votos de celibato. El deseo honesto del buen monje de vivir conforme a las leyes de Dios, con una esposa que el cielo le concediera, lleg\'f3 a ser imposible: \'a1El Papa se lo hab\'eda prohibido!\par El hermano Mark, dotado de un coraz\'f3n tan amoroso, ha de haber sufrido mucho intentando en vano aniquilar los instintosLVAL y afectos que Dios mismo hab\'eda implantado en \'e9l.\par Un d\'eda, yo estaba con varios amigos j\'f3venes cerca de la casa del hermano Mark. De repente, vimos algo cubierto de sangre, arrojado de la ventana, caer a corta distancia de nosotros. Al mismo instante, o\'edmos fuertes gritos saliendo de la casa del monje: \emdash\'a1Ay, Dios m\'edo! \'a1Ten misericordia de m\'ed! \'a1S\'e1lvame! \'a1Estoy perdido!\par La hermana del hermano Mark sali\'f3 precipitadamente y grit\'f3 a algunos hombres que pasaban: \emdash\'a1Vengan a ayudarnos! \'a1Mi pobre hermano se est\'e1 muriendo! \'a1Por amor de Dios, apres\'farense, est\'e1 perdiendo toda su sangre!\par Yo corr\'ed a la puerta, pero su hermana la cerr\'f3 bruscamente, diciendo: \emdash No queremos ni\'f1os aqu\'ed.\par Yo ten\'eda un sincero afecto por el buen hermano; \'e9l hab\'eda sido muy amable conmigo. Pero yo ten\'eda que retroceder entre la multitud que r\'e1pidamente se hab\'eda juntado. El misterio singular en que intentaban envolver al pobre monje me llenaba de preocupaci\'f3n y ansiedad.\par Pero la preocupaci\'f3n pronto se convirti\'f3 en confusi\'f3n indecible cuando o\'ed la risa convulsiva y las bromas vergonzosas del gent\'edo, despu\'e9s que el doctor anunci\'f3 la naturaleza de la herida. Sobrecogido de horror, sal\'ed huyendo. Ya no quer\'eda saber m\'e1s de esa tragedia. Ya sab\'eda demasiado. Pobre hermano Mark dej\'f3 de ser hombre: se convirti\'f3 en eunuco.\par \'a1Oh cruel y ap\'f3stata Iglesia de Roma! \'a1Cu\'e1ntos corazones has quebrantado con aquel celibato que s\'f3lo Satan\'e1s pudo haber inventado! Sin embargo, no muri\'f3 esta v\'edctima desafortunado de su acci\'f3n precipitada; pronto recuper\'f3 su salud normal.\par Habiendo, entre tanto, dejado de visitarlo, algunos meses despu\'e9s, estaba yo pescando en un lugar muy solitario. Estaba completamente absorto, cuando sent\'ed en mi hombro la presi\'f3n suave de una mano; era la del hermano Mark.\par Pens\'e9 que iba a desmayar cuando los sentimientos opLVALuestos de sorpresa, dolor y gozo entraron a mi mente al mismo tiempo. Con una voz afectuosa y temblorosa me dijo: \emdash Mi querido hijo, \'bfPor qu\'e9 ya no vienes a visitarme?\par No me atrev\'ed a mirarle. Me gustaba por sus hechos de bondad, pero la hora fatal, cuando en la calle delante de su puerta sufr\'ed tanto a causa de \'e9l, pesaba sobre mi coraz\'f3n como una monta\'f1a. No pod\'eda contestarle.\par Luego, me pregunt\'f3 nuevamente con el tono de un criminal suplicando misericordia: \emdash\'bfPor qu\'e9 es, mi querido hijo, que ya no vienes m\'e1s a visitarme? T\'fa sabes que te amo.\par \emdash Querido hermano Mark, \emdash le respond\'ed, \emdash nunca olvidar\'e9 tu bondad conmigo. \'a1Te estar\'e9 eternamente agradecido! Yo quisiera que estuviera en mi poder seguir visit\'e1ndote como antes, pero no puedo y t\'fa ya sabes la raz\'f3n.\par Yo hab\'eda dicho esas palabras con la timidez e ignorancia de un ni\'f1o. Pero la acci\'f3n de aquel hombre desafortunado me hab\'eda sobrecogido de tanto horror que no pod\'eda ni pensar en volverlo a visitar.\par Pas\'f3 dos o tres minutos sin hablar ni moverse, pero yo o\'ed sus sollozos y clamor de desesperaci\'f3n y angustia, como nunca volv\'ed a o\'edr.\par Yo no pod\'eda contenerme m\'e1s; estaba sofocado de emoci\'f3n suprimida. Las l\'e1grimas me hicieron bien; tambi\'e9n a \'e9l le hicieron bien. Le dijeron que yo todav\'eda era su amigo.\par El me tom\'f3 en sus brazos y me abraz\'f3; sus l\'e1grimas se mezclaron con las m\'edas. Pero yo no pod\'eda hablar; las emociones eran demasiadas para mi edad. Me sent\'e9 sobre una piedra h\'fameda y fr\'eda para no desmayar. Cay\'f3 de rodillas a mi lado; elev\'f3 al cielo sus ojos, rojos e hinchados de llorar y con sus manos alzadas en s\'faplica, clamaba con un acento que parec\'eda partir mi coraz\'f3n: \emdash\'a1Dios m\'edo, Dios m\'edo! \'a1Cu\'e1n miserable hombre soy!\par Los veinticinco a\'f1os que dur\'e9 como sacerdote de Roma, me han revelado que esos clamores de desolaci\'JLVALZf3n que escuch\'e9 ese d\'eda eran s\'f3lo el eco de los clamores que salen de cada convento, cada casa parroquial y cada casa donde seres humanos est\'e1n atados por el celibato papista.\par \par \par } LVALs {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Ningunas palabras pueden expresar la consternaci\'f3n, ansiedad y verg\'fcenza de un ni\'f1o romanista, cuando oye por primera vez a su sacerdote decir desde el p\'falpito en un tono severo y solemne: Esta semana mandar\'e1n a sus hijos a confesarse. Aseg\'farense que comprendan que esta acci\'f3n es la m\'e1s importante de sus vidas. Decidir\'e1 su eterna felicidad o miseria. Padres y madres, si su hijo oculta sus pecados y comienza a mentir al sacerdote, quien ocupa el lugar de Dios mismo, este pecado es casi irreparable. El diablo tomar\'e1 posesi\'f3n de su coraz\'f3n; su vida ser\'e1 una serie de sacrilegios; y su muerte y eternidad, las de un malvado.\par Yo estaba en la iglesia de St. Thomas cuando estas palabras cayeron sobre m\'ed como una bomba. Frecuentemente hab\'eda o\'eddo a mi madre decir que de la primera confesi\'f3n depend\'eda mi eterna felicidad o miseria. Por tanto, esa semana iba a decidir mi eterno destino.\par P\'e1lido y asustado, sal\'ed de la iglesia y volv\'ed a la casa de mis parientes. Tom\'e9 mi lugar en la mesa, pero no pod\'eda comer. Fui a mi rec\'e1mara para examinar mi conciencia y acordarme de todas mis acciones, palabras y pensamientos pecaminosos. Aunque apenas cumpl\'eda diez a\'f1os, esta tarea era abrumadora.\par Cuando comenc\'e9 a contar todos mis pecados, se confund\'eda mi memoria, mi cabeza se sent\'eda mareada, mi coraz\'f3n pulsaba r\'e1pidamente y mi frente sudaba profusamente. Sent\'ed desesperaci\'f3n; era imposible para m\'ed acordarme de todo.\par Pas\'e9 la noche casi sin dormir. En un sue\'f1o espantoso, sent\'ed que hab\'eda sido echado al infierno por no haber confesado todos mis pecados al sacerdote. Despert\'e9 fatigado por los fantasmas de aquella noche terrible. Pas\'e9 preocupaciones similares los tres d\'edas previos a mi primera confesi\'f3n. Ten\'eda constantemente delaLVALnte de m\'ed, el rostro de aquel sacerdote severo que nunca me sonre\'eda. El estaba presente en mis pensamientos durante el d\'eda y en mis sue\'f1os durante la noche, como el ministro de un Dios airado, justamente irritado contra m\'ed a causa de mis pecados. Perd\'f3n, en efecto, hab\'eda sido prometido bajo la condici\'f3n de una buena confesi\'f3n; pero tambi\'e9n mi lugar en el infierno me fue mostrado si mi confesi\'f3n no fuera la m\'e1s perfecta posible.\par Ahora, mi conciencia afligida me dec\'eda que habr\'eda una probabilidad de noventa y nueve a uno que mi confesi\'f3n ser\'eda mala. Fuera por olvidar algunos pecados o por falta de contrici\'f3n de la cual hab\'eda o\'eddo tanto, pero cuya naturaleza y efecto creaba un caos total en mi mente.\par As\'ed, la cruel Iglesia de Roma quit\'f3 mi tierno coraz\'f3n del bueno y misericordioso Jes\'fas, cuyo amor y compasi\'f3n me hac\'eda derramar l\'e1grimas de gozo al lado de mi madre. El Salvador a quien esa Iglesia me hizo adorar, por medio del temor, no era el Salvador que llam\'f3 a los ni\'f1os acercarse a \'e9l para bendecirlos y tomarlos en sus brazos. Sus manos imp\'edas pronto me colocar\'edan a los pies de un hombre p\'e1lido y severo, digno representante de un dios despiadado. Yo temblaba ante el estrado de una divinidad implacable, mientras el Evangelio s\'f3lo ped\'eda l\'e1grimas de amor y gozo, derramadas a los pies del Amigo de los pecadores.\par Por fin, lleg\'f3 el d\'eda de la confesi\'f3n, o m\'e1s bien, de juicio y condenaci\'f3n. Yo me present\'e9 ante el sacerdote.\par El Sr. Beaubien era un sacerdote nuevo, quien no favorec\'eda nuestra escuela m\'e1s que su predecesor. Incluso se hab\'eda encargado de predicar un serm\'f3n en contra de la escuela hereje. Su falta de amor por nosotros fue plenamente rec\'edproca.\par El Sr. Beaubien tambi\'e9n ceceaba y tartamudeaba. Una de mis diversiones favoritas era imitarlo, la cual produc\'eda estallidos de risa en todos nosotros. Yo ten\'eda que examinarme sobre cu\'e1ntas vLVALeces me hab\'eda burlado de \'e9l. Esta circunstancia no fue calculada para hacer mi confesi\'f3n m\'e1s agradable.\par Por fin, me arrodill\'e9 al lado de mi confesor. Todo mi cuerpo temblaba. Repet\'ed el rezo preparatorio a la confesi\'f3n, sin saber lo que dije.\par Seg\'fan las instrucciones dadas antes de la confesi\'f3n, cre\'edamos que el sacerdote era casi la personificaci\'f3n de Jesucristo. Por lo tanto, cre\'ed que mi pecado m\'e1s grande era el haberme mofado del sacerdote. Habiendo aprendido que era mejor confesar los pecados m\'e1s grandes primero, comenc\'e9 as\'ed: \emdash Padre, me acuso de haberme burlado de un sacerdote.\par Apenas hab\'eda dicho estas palabras cuando este supuesto representante del humilde Salvador pregunt\'f3 bruscamente: \emdash\'bfDe cu\'e1l sacerdote te burlaste muchacho?\par Yo hubiera preferido cortarme la lengua que decirle en la cara quien era. As\'ed que, guard\'e9 silencio un rato; mi silencio le puso nervioso y casi enojado. Con un tono arrogante dijo: \emdash\'bfDe cu\'e1l sacerdote tomaste la libertad de burlarte de \'e9l?\par Vi que ten\'eda que responder. Afortunadamente su arrogancia me hizo m\'e1s firme y audaz. Dije: \emdash Se\'f1or, usted es el sacerdote de quien me burlaba.\par \emdash\'bfPero cu\'e1ntas veces te encargaste de burlarte de m\'ed, muchacho?\par \emdash Intent\'e9 descubrirlo, \emdash contest\'e9, \emdash pero nunca pude.\par \emdash Tienes que decirme cu\'e1ntas veces; porque burlarse de su propio sacerdote es un gran pecado.\par \emdash Es imposible darle el n\'famero de veces, \emdash respond\'ed.\par \emdash Bueno, hijo m\'edo, ayudar\'e9 a tu memoria haci\'e9ndote preguntas. Dime la verdad. \'bfPiensas que te hayas burlado de m\'ed diez veces?\par \emdash Muchas m\'e1s veces, se\'f1or.\par \emdash\'bfCincuenta veces?\par \emdash Muchas m\'e1s todav\'eda.\par \emdash\'bfCien veces?\par \emdash Dir\'eda quinientas veces o quiz\'e1s m\'e1s, \emdash contest\'e9.\par \emdash Bueno, muchacho, \'bfPasas todo el tiemLVALpo burl\'e1ndote de m\'ed?\par \emdash No todo, pero desgraciadamente lo hago muchas veces.\par \emdash Bien dices desgraciadamente, porque burlarse de su sacerdote, quien ocupa el lugar de nuestro Se\'f1or Jesucristo, es un gran pecado para ti. Pero, dime muchachito, \'bfPor qu\'e9 te has burlado de m\'ed as\'ed?\par En la examinaci\'f3n de mi conciencia no hab\'eda previsto que ser\'eda obligatorio a dar la raz\'f3n por haberme burlado del sacerdote y estaba asombrado por sus preguntas. No me atrev\'ed a contestar, mudo por la verg\'fcenza que me abrumaba. Pero con su perseverancia hostigadora, el sacerdote insist\'eda que le dijera por qu\'e9 me hab\'eda burlado de \'e9l, diciendo que ser\'eda condenado si no dijera toda la verdad. As\'ed que, le dije, \emdash Me he burlado de usted por varias cosas.\par \emdash\'bfQu\'e9 es lo primero que te hizo burlar de m\'ed? \emdash sigui\'f3 el sacerdote.\par \emdash Me re\'eda de usted porque ceceaba. Entre los alumnos de nuestra escuela, muchas veces imitamos su predicaci\'f3n para provocar la risa.\par \emdash\'bfHas hecho esto frecuentemente?\par \emdash Casi todos los d\'edas, especialmente desde que predic\'f3 contra nosotros.\par \emdash\'bfPor cu\'e1l otra raz\'f3n te re\'edste de m\'ed, muchachito?\par Por largo rato qued\'e9 en silencio. Cada vez que abr\'eda mi boca para hablar me faltaba valor. El segu\'eda incit\'e1ndome. Por fin, dije: \emdash Hay rumores en el pueblo que usted enamora a las muchachas; que usted visita a las se\'f1oritas Richards todas las tardes y esto nos hace re\'edr.\par Evidentemente el pobre sacerdote fue abrumado por mi respuesta y dej\'f3 de preguntarme sobre ese tema. Cambiando la conversaci\'f3n, dijo: \emdash\'bfCu\'e1les son tus otros pecados?\par Empec\'e9 a confesarlos en el orden en que llegaban a mi memoria. Pero el sentimiento de verg\'fcenza que me dominaba al repetir todos mis pecados a este hombre, era mil veces peor que el haber ofendido a Dios. No qued\'f3 ning\'fan lugar para alg\'fan sentimienLVAL to religioso.\par Cuando hab\'eda confesado todos los pecados que pod\'eda recordar, el sacerdote me empez\'f3 a hacer las preguntas m\'e1s extra\'f1as sobre asuntos de los cuales mi pluma tiene que guardar silencio. Dije: \emdash Padre, no entiendo lo que me pregunta.\par \emdash Yo te pregunto sobre el sexto mandamiento (s\'e9ptimo en la Biblia). Confiesa todo; ir\'e1s al infierno si por tu falta omites algo, \emdash inmediatamente arrastr\'f3 mi mente a regiones que, gracias a Dios, hasta ese momento me eran desconocidas.\par Le respond\'ed, \emdash No entiendo o nunca he hecho esas cosas.\par Astutamente volvi\'f3 a asuntos secundarios; luego, sutilmente regres\'f3 a su tema favorito: pecados de libertinaje.\par Sus preguntas eran tan inmundas que me ruboric\'e9, nauseabundo de repugnancia y verg\'fcenza. M\'e1s de una vez, lamentablemente, hab\'eda estado en compa\'f1\'eda de malos muchachos, pero ninguno hab\'eda ofendido a mi naturaleza moral tanto como este sacerdote. En vano le dec\'eda que no era culpable de tales cosas y que a\'fan no entend\'eda lo que me preguntaba, pero no me iba a dispensar. Como un buitre, ese cruel sacerdote parec\'eda determinado a contaminar y arruinar mi coraz\'f3n.\par Por fin, me hizo una pregunta con una forma de expresi\'f3n tan vulgar que un sentimiento de horror me hizo temblar. Fui tan lleno de indignaci\'f3n que le dije: \emdash Se\'f1or, yo soy muy malo; he visto, o\'eddo y hecho muchas cosas que lamento, pero nunca fui culpable de lo que usted me menciona. Mis o\'eddos nunca han o\'eddo nada tan malvado como lo que usted ha dicho. Por favor, ya no me haga esas preguntas; no me ense\'f1e m\'e1s maldad de la que ya s\'e9.\par El resto de mi confesi\'f3n era corto. La firmeza de mi voz evidentemente asust\'f3 al sacerdote y le hizo sonrojar. De pronto se detuvo y comenz\'f3 a darme un buen consejo que me hubiera sido \'fatil si las profundas heridas de sus preguntas no me hubieran dejado tan absorto en mis pensamientos. Me dio una corta penitencia y mLVAL!e despidi\'f3.\par Sal\'ed del confesionario irritado y confundido. Fui a un rinc\'f3n retirado de la iglesia para hacer mi penitencia, es decir, repetir los rezos que me hab\'eda indicado.\par Permanec\'ed un largo tiempo en la iglesia. Necesitaba calma despu\'e9s de una prueba tan terrible. Pero en vano busqu\'e9 reposo. Las preguntas vergonzosas que me hab\'eda hecho, el mundo de iniquidad al que fui introducido, los fantasmas impuros por los cuales mi coraz\'f3n de ni\'f1o hab\'eda sido contaminado, confundieron y afligieron tan extra\'f1amente a mi mente que empec\'e9 a llorar amargamente.\par \'bfPor qu\'e9 esas l\'e1grimas? \'bfPor qu\'e9 esa desolaci\'f3n? \'bfLlor\'e9 por mis pecados? \'a1Ay! Mis pecados no suscitaron estas l\'e1grimas. Yo pensaba en mi madre quien tan bien me cuid\'f3; ella tuvo tanto \'e9xito en proteger mis pensamientos de esas formas de pecado, los pensamientos que en ese momento contaminaban mi coraz\'f3n. Dije a m\'ed mismo: \'a1Ah! Si mi madre hubiera escuchado esas preguntas, si ella pudiera ver los malos pensamientos que me inundan en este momento; si supiera a cual escuela me mand\'f3 cuando me aconsej\'f3 en su \'faltima carta ir a confesarme, c\'f3mo sus l\'e1grimas se mezclar\'edan con las m\'edas. Parec\'eda que mi madre no me amar\'eda m\'e1s, al ver la contaminaci\'f3n con la cual ese sacerdote hab\'eda profanado mi alma.\par Me sent\'ed sumamente decepcionado al ser alejado tan lejos del Salvador por ese confesionario que hab\'eda prometido acercarme m\'e1s a \'e9l. Sal\'ed de la iglesia s\'f3lo cuando fui obligado a hacerlo por el anochecer y llegu\'e9 a la casa de mi t\'edo con el sentimiento de haber hecho una mala acci\'f3n y el temor de ser descubierto.\par Este t\'edo, como la mayor\'eda de los ciudadanos principales de St. Thomas, era Cat\'f3lico-romano en nombre, sin embargo, no cre\'eda ni una sola palabra de sus doctrinas. El se re\'eda de los sacerdotes, sus misas, su purgatorio y especialmente de su confesi\'f3n. El no ocultaba que cuando eraLVAL" ni\'f1o se escandaliz\'f3 por las palabras y acciones de un sacerdote en el confesionario. El me habl\'f3 en bromas, aumentando mi pena y dolor. \emdash Ahora, \emdash me dijo, \emdash ser\'e1s un buen muchacho. Pero si has o\'eddo tantas cosas nuevas como yo la primera vez que fui a confesarme, eres un muchacho muy instruido. \emdash Y estall\'f3 en risa.\par Yo me sonroj\'e9 y guard\'e9 silencio. Mi t\'eda quien era una Cat\'f3lico-romana devota, me dijo: \emdash\'bfNo es cierto que tu coraz\'f3n siente alivio desde que confesaste todos tus pecados? Yo le di una respuesta evasiva, pero no pod\'eda ocultar mi tristeza.\par Pens\'e9 que yo era el \'fanico ni\'f1o a quien el sacerdote hab\'eda hecho esas preguntas tan contaminantes. Pero grande fue mi sorpresa cuando supe que a mis compa\'f1eros no les hab\'eda ido mejor. Pero en lugar de entristecerse, ellos se re\'edan.\par \emdash\'bfTe hizo tal y tal pregunta? \emdash demandaban ri\'e9ndose estrepitosamente.\par Yo rehusaba contestar y dec\'eda: \emdash\'bfNo se averg\'fcenzan ustedes de hablar de esas cosas?\par \emdash\'a1Ja, ja! Cu\'e1n escrupuloso eres, \emdash continuaban, \emdash si no es un pecado para un sacerdote hablarnos de esas cosas, \'bfC\'f3mo podr\'e1 ser un pecado para nosotros?\par Yo me qued\'e9 confundido, no sabiendo qu\'e9 decir. Pronto percib\'ed que aun las ni\'f1as hab\'edan sido contaminadas y escandalizadas por las preguntas del sacerdote. Pude entender que les hizo las mismas preguntas. Algunas estaban indignadas, mientras otras se re\'edan de buena gana.\par Mi intenci\'f3n no es sugerir que este sacerdote era m\'e1s culpable que los dem\'e1s, o que no hizo m\'e1s que cumplir los deberes de su ministerio. Tal fue mi opini\'f3n en ese tiempo y detestaba a ese hombre con todo mi coraz\'f3n, hasta que supe mejor. Este sacerdote s\'f3lo hab\'eda hecho su deber; s\'f3lo estaba obedeciendo al Papa y sus te\'f3logos.\par La desgracia del Sr. Beaubien, como todos los sacerdotes de Roma, era haberse atado por juramentos LVAL terribles a no pensar por \'e9l mismo ni usar la luz de su propia raz\'f3n.\par Si hubiera quedado solo, el Sr. Beaubien naturalmente ser\'eda demasiado caballero para hacer tales preguntas. Pero sin duda \'e9l hab\'eda le\'eddo a Ligorio, Dens y Debreyne, autores aprobados por el Papa y fue obligado a tomar las tinieblas por la luz y el vicio por la virtud.\par \par \par } LVALs ${\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Poco despu\'e9s de la prueba de la confesi\'f3n auricular, mi amiguito Louis Cazeault me abord\'f3 y me dijo: \emdash\'bfSabes lo que ocurri\'f3 anoche?\par \emdash No, \emdash le contest\'e9, \emdash\'bfQu\'e9 pas\'f3?\par \emdash T\'fa sabes que nuestro sacerdote pasa casi todas las tardes en la casa del Sr. Richards. Todo el mundo piensa que va ah\'ed por sus dos hijas. Bueno, para curarlo, mi t\'edo, el Dr. Tache, y otros seis hombres se enmascararon y le azotaron sin misericordia cuando ven\'eda de regreso a las once de la noche. Ya lo sabe todo la aldea y todos se parten de risa.\par Mi primer sentimiento era de gozo; pues, sus preguntas me hab\'edan herido tanto que no pod\'eda perdonarlo. No obstante, ocult\'e9 mi gusto y repliqu\'e9, \emdash T\'fa me est\'e1s contando un cuento malvado; no puedo creer una sola palabra.\par \emdash Bueno, \emdash dijo el joven Cazeault, \emdash ven a las ocho, esta noche, a la casa de mi t\'edo. A esa hora celebrar\'e1n una reuni\'f3n secreta. Sin duda hablar\'e1n de la p\'edldora dada al sacerdote anoche. Vamos a escondernos como siempre y escucharemos todo. Te aseguro que ser\'e1 interesante.\par \emdash Yo ir\'e9, \emdash le contest\'e9, \emdash pero no creo ni una palabra de esa historia.\par En la escuela, la mayor\'eda de los alumnos se agruparon en pl\'e1tica animada y risa convulsiva. Algo fuera de lo normal hab\'eda ocurrido en la aldea. Me acerqu\'e9 a varios de esos grupos y todos me recibieron con la pregunta: \emdash\'bfSab\'edas que le dieron una paliza al sacerdote anoche al venir de la casa de las se\'f1oritas Richards?\par Yo dije, \emdash Ese cuento fue inventado en broma; si alguien hubiera golpeado al sacerdote, seguramente no se jactar\'eda del hecho.\par \emdash Pero nosotros o\'edmos sus gritos, \emdash respondieron muchas voces.\par \emdash Seguramente se equivocanLVAL% acerca de su voz, \emdash dije.\par \emdash Nosotros corrimos a ayudarle, \emdash dijeron algunos, \emdash y reconocimos la voz del sacerdote. Es el \'fanico en la aldea que cecea.\par \emdash Nosotros lo vimos con nuestros propios ojos, \emdash dijeron otros.\par La campana de la escuela puso fin a esa pl\'e1tica. Al salir de clases, regres\'e9 a casa y encontr\'e9 a mi t\'edo y mi t\'eda metidos en un debate caluroso. Mi t\'edo quer\'eda ocultar el hecho de que \'e9l contaba entre aquellos que hab\'edan azotado al sacerdote. Pero daba detalles tan precisos y se divert\'eda tanto de la aventura, que era f\'e1cil ver que \'e9l particip\'f3 en el complot. Mi t\'eda estaba indignada.\par Ese debate amargo me enfad\'f3 tanto, que me retir\'e9 a mi alcoba. Cambi\'e9 muchas veces mi resoluci\'f3n de ir a la sesi\'f3n secreta en la noche. Hab\'eda rehusado ir a las dos sesiones anteriores y una voz silenciosa me dijo que hab\'eda hecho bien. Luego me atormentaba el deseo de saber exactamente lo que hab\'eda ocurrido.\par Quince minutos antes de la reuni\'f3n, mi amigo vino y dijo: Apres\'farate, ya est\'e1n llegando los miembros de la asociaci\'f3n.\par Todos mis buenos prop\'f3sitos se esfumaron y a los pocos minutos estaba escondido en un rinc\'f3n de ese cuartito donde aprend\'ed tantas cosas extra\'f1as y escandalosas de las vidas de los sacerdotes de Canad\'e1.\par El Dr. Tache presidi\'f3. Era elocuente por naturaleza y hablaba con profunda convicci\'f3n. Sus oraciones cortas y agudas penetraron en lo m\'e1s rec\'f3ndito del alma. En substancia, dijo lo siguiente: \emdash Caballeros, estoy feliz de ver aqu\'ed mayor n\'famero de asistentes de lo normal. Los eventos graves de anoche, sin duda, han hecho a muchos decidir asistir a los debates que algunos empezaron a abandonar; pero la importancia de los cuales parece aumentar de d\'eda en d\'eda.\par \emdash La cuesti\'f3n discutida en nuestra \'faltima sesi\'f3n, \ldblquote El Sacerdote\rdblquote , es asunto de vida y muerte, no s\'f3lo para nLVAL&uestra Canad\'e1 joven y hermosa, sino moralmente para nuestras familias y cada uno de nosotros.\par \emdash Yo s\'e9 que hay una sola opini\'f3n entre nosotros tocante a los sacerdotes. Me alegro que esta opini\'f3n la sostiene todos los hombres educados de Canad\'e1 y Francia, m\'e1s bien, de todo el mundo. El reinado del sacerdote es el reinado de la ignorancia, corrupci\'f3n y la m\'e1s descarada inmoralidad, bajo el disfraz de la hipocres\'eda m\'e1s refinada. El reinado del sacerdote es la muerte de nuestras escuelas; es la degradaci\'f3n de nuestras esposas y la prostituci\'f3n de nuestras hijas. Es el reinado de la tiran\'eda y la p\'e9rdida de libertad.\par \emdash Tenemos una sola escuela buena en todo nuestro condado y es un gran honor para nuestra aldea. Ahora, f\'edjense cu\'e1n en\'e9rgicamente todos los sacerdotes que vienen a trabajar aqu\'ed intentan cerrar esa escuela. Usan todos los medios posibles para destruir ese enfoque de luz que apoyamos con tanto sacrificio.\par \emdash Con el sacerdote de Roma, nuestros hijos no nos pertenecen. El es su amo. D\'e9jenme explicar: El sacerdote nos honra con la creencia de que los cuerpos, carne y huesos, de nuestros hijos son nuestros y por tanto, es nuestro deber vestirlos y alimentarlos. Pero las partes m\'e1s nobles y m\'e1s sagradas, el intelecto, el coraz\'f3n y el alma, el sacerdote reclama como propiedad suya. Tiene la audacia de decirnos que solamente a \'e9l le corresponde iluminar esos intelectos, formar esos corazones y moldear esas almas como a \'e9l le convenga. Tiene la impudencia de decirnos que somos demasiado tontos o perversos para saber nuestro deber al respeto; que no tenemos el derecho de escoger nuestro maestro de escuela; y que no tenemos el derecho de dar a esas almas, hambrientas de la verdad, una sola migaja de ese alimento preparado con tanta sabidur\'eda y \'e9xito por hombres ilustres de todas las edades.\par \emdash Por medio del confesionario, los sacerdotes envenenan las fuentes de vida en nuestros hijos. LoLVAL's inician en misterios de iniquidad que aterrorizar\'edan a un esclavo de las galeras. Antes que cumpliera quince a\'f1os, yo hab\'eda aprendido m\'e1s sinverg\'fcenzadas de la boca de mi confesor que los que he conocido en todos mis estudios y en mi vida como m\'e9dico durante veinte a\'f1os. Hace pocos d\'edas, pregunt\'e9 a mi sobrinito Louis Cazeault lo que hab\'eda aprendido en su confesi\'f3n. El repiti\'f3 cosas que me da verg\'fcenza decir en presencia de ustedes y que ustedes, padres de familia, no podr\'edan escuchar sin sonrojarse. Y no solamente ponen esas preguntas a nuestros ni\'f1os, sino tambi\'e9n a nuestras queridas ni\'f1as. \'bfNo somos los hombres m\'e1s degradados si no rompemos el yugo de hierro que el sacerdote impone a nuestro querido pa\'eds y por medio del cual nos mantiene a sus pies como viles esclavos, tanto a nosotros como a nuestras esposas e hijos?\par \emdash\'bfNecesito decirles que para la mayor\'eda de las mujeres, el confesionario es una cita de coqueter\'eda y amor? \'bfNo sienten, como yo, que por medio del confesionario el sacerdote es m\'e1s el amo de los corazones de nuestras esposas que nosotros mismos? \'bfNo van invariablemente nuestras esposas a los pies del sacerdote para abrirle los secretos m\'e1s sagrados e \'edntimos de nuestras vidas como esposos y padres? El esposo ya no es la gu\'eda de su esposa en las sendas oscuras y dif\'edciles de la vida. \'a1Es el sacerdote! Ya no somos sus amigos y consejeros naturales. Ya no nos conf\'edan sus ansiedades y cuidados. Ya no esperan recibir de nosotros los remedios para las miserias de esta vida. Hacia el sacerdote vuelven sus pensamientos y deseos. El tiene su entera y exclusiva confianza. En una palabra, el sacerdote es el verdadero esposo de nuestras mujeres. El es quien posee su respeto y sus corazones a tal grado que ninguno de nosotros atrevimos aspirar.\par \emdash Si fuera el sacerdote un \'e1ngel, si no fuera carne y sangre como nosotros, entonces estuvi\'e9ramos indiferentes a lo que pudiera ocurLVAL(rir entre \'e9l y nuestras esposas a quienes tiene a sus pies, en sus manos y a\'fan m\'e1s en su coraz\'f3n. Pero, \'bfQu\'e9 me dice mi experiencia, no s\'f3lo como m\'e9dico, sino tambi\'e9n como ciudadano de St. Thomas? \'bfQu\'e9 les dice la suya?\par \emdash Nuestra experiencia nos dice que el sacerdote en lugar de ser m\'e1s fuerte, es m\'e1s d\'e9bil que nosotros generalmente en lo que respecta a las mujeres. Sus votos fingidos de castidad perfecta, lejos de hacerle menos vulnerable a las flechas de C\'fapido; le hacen m\'e1s f\'e1cilmente la v\'edctima.\par \emdash De hecho, los \'faltimos cuatro sacerdotes que vinieron a St. Thomas, \'bfNo han seducido tres de ellos a muchas de las esposas e hijas de nuestras familias m\'e1s respetadas? \'bfNo est\'e1 llena de indignaci\'f3n toda la parroquia por las largas visitas de noche por nuestro sacerdote actual a dos muchachas cuyos morales disolutos no son secretos para nadie?\par \emdash En la sesi\'f3n anterior, muchos pensaron que ser\'eda bien hablar al obispo acerca del esc\'e1ndalo causado por esas visitas de noche. Pero la mayor\'eda opin\'f3 que el obispo no prestar\'eda atenci\'f3n a nuestra queja, o mandar\'eda a otro que no ser\'eda mejor. Esa mayor\'eda decidi\'f3 un\'e1nime administrarle la justicia con nuestras propias manos. El sacerdote es nuestro siervo; le pagamos un gran diezmo, por tanto, tenemos derecho sobre \'e9l. El ha abusado de nosotros por negligencia p\'fablica de las leyes m\'e1s b\'e1sicas de la moralidad. Sus visitas nocturnas dan a nuestra juventud un ejemplo de perversidad, los efectos del cual nadie puede calcular.\par \emdash Se decidi\'f3 un\'e1nimemente darle una paliza, sin necesidad de decir por quienes fue hecho. Pueden estar seguros que la flagelaci\'f3n del Sr. Beaubien anoche, nunca ser\'e1 olvidada por \'e9l.\par \emdash\'a1Que el cielo conceda que esta correcci\'f3n fraternal, ense\'f1e a todos los sacerdotes de Canad\'e1 que su reinado de oro ya se acab\'f3; que los ojos de la gente est\'e1n abiertoLVAL)s y que su dominio est\'e1 llegando a su fin!\par Todos escucharon este discurso con silencio profundo y el Dr. Tache vio, por el aplauso, que sus palabras hab\'edan sido el sentir de todos.\par Luego, sigui\'f3 un caballero llamado Dubord quien, substancialmente, dijo lo siguiente: \emdash Se\'f1or Presidente, yo no estaba entre aquellos que dieron al sacerdote esta expresi\'f3n de sentimiento p\'fablico con la lengua en\'e9rgica del l\'e1tigo. No obstante, quisiera haberlo hecho. Gustosamente hubiera cooperado en darle esa lecci\'f3n a los sacerdotes de Canad\'e1.\par \emdash Perm\'edtame decir la raz\'f3n: Mi hija, quien tiene doce a\'f1os, fue a confesarse con las otras, hace varias semanas. Lo hizo en contra de mi voluntad. Yo s\'e9 por experiencia propia que, de todas las acciones en la vida de una persona, el confesarse es la m\'e1s degradante. \'bfPor qu\'e9 las naciones Cat\'f3lico-romanas son inferiores a las Protestantes? Entre m\'e1s la gente de esas naciones van a confesarse, m\'e1s r\'e1pido se echan abajo en inteligencia y moralidad. Tengo un ejemplo de esto en mi propia casa.\par \emdash Como dije, yo estaba en contra de que fuera a confesarse mi hija; pero su pobre madre, quien estaba bajo el control del sacerdote, fervientemente quer\'eda que fuera. Para no tener una escena desagradable en mi casa, ced\'ed a las l\'e1grimas de mi esposa.\par \emdash Al d\'eda siguiente, ellas pensaron que yo estaba ausente; pero estaba en mi oficina con la puerta suficientemente abierta para o\'edr lo que se dec\'eda. Mi esposa y mi hija tuvieron la siguiente conversaci\'f3n: \emdash\'bfQu\'e9 es lo que te hace tan pensativa y triste, mi querida Lucy, desde que fuiste a confesarte?\par Deber\'edas sentirte m\'e1s feliz ya que has confesado tus pecados.\par \emdash Lucy no le contest\'f3. Despu\'e9s de dos o tres minutos de silencio, su madre le dijo: \emdash\'bfPor qu\'e9 lloras mi querida hija? \'bfTe sientes mal?\par \emdash Todav\'eda no respond\'eda la ni\'f1a. Por supuesto, me puse muy aLVAL*tento. Ya me imagin\'e9 la prueba horrible que habr\'eda ocurrido. Mi coraz\'f3n lat\'eda de inquietud y c\'f3lera. Despu\'e9s de una pausa, mi esposa le habl\'f3 con suficiente firmeza para forzarla a contestar. Con voz temblorosa y medio suprimida por sollozos, mi querida hija respondi\'f3, \emdash\'a1Ay, mam\'e1!, si supieras lo que me pregunt\'f3 el sacerdote y lo que \'e9l me dijo en el confesionario, estar\'edas tan triste como yo.\par \emdash Pero, \'bfQu\'e9 te dijo? El es un hombre santo. Ciertamente no le entendiste si piensas que te dijo algo malo para herirte.\par \emdash Querida madre, \emdash dijo, ech\'e1ndose en los brazos de su madre, \emdash\'a1No me pidas que te confiese lo que me dijo el sacerdote! El me dijo cosas tan vergonzosas que no puedo repetirlas. Pero lo que m\'e1s me duele es la imposibilidad de desterrar de mis pensamientos las cosas odiosas que \'e9l me ense\'f1\'f3. Sus palabras inmundas son como las sanguijuelas puestas en el pecho de mi amiga Luisa, no pod\'edan quitarlas sin romper la carne. \'bfQu\'e9 ha de ser su opini\'f3n de m\'ed para haberme hecho tales preguntas?.\par \emdash Mi hija ya no dijo m\'e1s, pero empez\'f3 a llorar. Despu\'e9s de un corto silencio mi esposa respondi\'f3: \emdash Voy a ir al sacerdote y le dir\'e9 que tenga m\'e1s cuidado c\'f3mo habla en el confesionario. Yo misma me he fijado que se pasa de la raya con sus preguntas. No obstante, pens\'e9 que ser\'eda m\'e1s prudente con los ni\'f1os. Te pido, sin embargo, que nunca hables de esto con nadie, especialmente con tu pobre padre, porque \'e9l tiene tan poca religi\'f3n y esto lo dejar\'eda sin nada.\par \emdash Yo no pod\'eda contenerme m\'e1s. Entr\'e9 bruscamente en la sala. Mi hija corri\'f3, llorando, a mis brazos; mi esposa grit\'f3 de terror y casi se desmay\'f3.\par \emdash Dije a mi hija: \emdash Si t\'fa me amas, pon tu mano sobre mi coraz\'f3n y prom\'e9teme que nunca volver\'e1s a confesarte. Teme a Dios, hija m\'eda, anda en su presencia, porque \'e9l te ve en cualquieLVAL r lugar. D\'eda y noche est\'e1 dispuesto a perdonarnos. Nunca vuelvas a ponerte a los pies de un sacerdote para ser contaminada y degradada por \'e9l.\par \emdash Esto, mi hija me prometi\'f3.\par \emdash Cuando mi esposa se recuper\'f3 de la sorpresa, le dije: \emdash Se\'f1ora, por largo tiempo el sacerdote ha sido todo para ti, y tu esposo nada. Hay un poder oculto y terrible que gobierna tus pensamientos, afectos y hechos y es el poder del sacerdote. Esto lo has negado muchas veces, pero la Providencia ha decidido hoy que este poder sea para siempre quebrantado para ti y para m\'ed. Yo quiero ser el gobernante en mi propia casa y desde este momento, el poder del sacerdote sobre ti tiene que cesar, a menos que prefieras salir de mi casa para siempre. \'a1El sacerdote ha reinado aqu\'ed demasiado tiempo! Pero, ahora que s\'e9 que ha manchado y contaminado el alma de mi hija, \'a1Su imperio tiene que caer! Si t\'fa vuelves a llevar tu coraz\'f3n y tus secretos a los pies del sacerdote, ten la bondad de nunca volver a la misma casa conmigo.\par Tres discursos m\'e1s siguieron, todos cargados de detalles y hechos que prueban que el confesionario era la causa principal de la desmoralizaci\'f3n deplorable de St. Thomas.\par \par \par } LVALs ,{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Al d\'eda siguiente, escrib\'ed una carta a mi madre: \ldblquote Por amor a Dios, ven por m\'ed; no soporto m\'e1s estar aqu\'ed. Si supieras lo que mis ojos han visto y mis o\'eddos han escuchado no demorar\'edas en venir.\rdblquote\par De verdad, si no tuviera que cruzar el r\'edo St. Lawrence, hubiera salido a Murray Bay el d\'eda despu\'e9s de la sesi\'f3n secreta. Me acordaba de los d\'edas tranquilos y felices que pasaba con mi madre leyendo los cap\'edtulos hermosos de la Biblia que ella escog\'eda para instruirme e interesarme. \'a1Cu\'e1n diferente era nuestra conversaci\'f3n despu\'e9s de esas lecturas de las conversaciones o\'eddas en St. Thomas!\par Dichosamente, el deseo de mis padres de verme nuevamente era tan grande como el m\'edo. Despu\'e9s de varias semanas, mi madre vino por m\'ed. Me apret\'f3 contra su coraz\'f3n y me llev\'f3 a los brazos de mi padre.\par Llegu\'e9 a la casa el 17 de julio de 1821 y pas\'e9 toda la tarde al lado de mi padre. Con gusto \'e9l me examin\'f3 en gram\'e1tica, \'e1lgebra y aun en geometr\'eda. M\'e1s de una vez le not\'e9 l\'e1grimas de gozo cuando vio que mis respuestas fueron correctas. \emdash\'a1Qu\'e9 maestro tan admirable ha de ser este Sr. Jones, \emdash dijo, \emdash para haber avanzado tanto a un ni\'f1o en el corto espacio de catorce meses!\par \'a1Cu\'e1n dulces pero cortas eran esas horas! Tuvimos adoraci\'f3n en familia: Yo le\'ed de Lucas, el regreso del hijo pr\'f3digo, luego mi madre cant\'f3 un himno de gozo y gratitud. Fui a dormir con mi coraz\'f3n lleno de felicidad, para tomar el sue\'f1o m\'e1s dulce de la vida. Pero, \'a1Ay, Dios! \'a1Qu\'e9 terrible despertar hab\'edas preparado para m\'ed!\par Como a las cuatro de la ma\'f1ana, los gritos de mi madre cayeron sobre mis o\'eddos.\par \emdash\'bfQu\'e9 sucede, querida madre?\par \emdash\'a1Ay, mi querido hijo!LVAL- \'a1Ya no tienes padre! \'a1Est\'e1 muerto! al decir estas palabras, se desmay\'f3 y cay\'f3 inconsciente al suelo.\par Mientras un amigo, quien hab\'eda pasado la noche con nosotros, la atend\'eda, me apresur\'e9 a la cama de mi padre. Le apret\'e9 a mi coraz\'f3n, le bes\'e9, le cubr\'ed con mis l\'e1grimas, mov\'ed su cabeza, apret\'e9 sus manos e intent\'e9 levantarlo sobre su almohada. No pod\'eda creer que estaba muerto. Me parec\'eda que aun si estuviera muerto, volver\'eda a vivir; que Dios no pod\'eda quitarme as\'ed a mi padre en el preciso momento cuando me hab\'eda vuelto a \'e9l, despu\'e9s de tan larga ausencia. Me arrodill\'e9 a orar, pero mis l\'e1grimas y clamores eran in\'fatiles. \'a1Estaba muerto! \'a1Ya estaba fr\'edo como hielo!\par Dos d\'edas despu\'e9s, lo enterraron; mi madre, tan sobrecogida de dolor, no pudo seguir la procesi\'f3n funeraria. Yo me qued\'e9 con ella como su \'fanico apoyo terrenal. \'a1Pobre mam\'e1! \'a1Cu\'e1ntas l\'e1grimas derram\'f3 en esos d\'edas de sumo dolor! Aunque tan joven, yo comprend\'ed la grandeza de nuestra p\'e9rdida y mezcl\'e9 mis l\'e1grimas con las de ella.\par Cu\'e1n dolorosas son las noches desveladas de una mujer cuando Dios le quita a su esposo repentinamente en la flor de la vida y la deja sola, hundida en la miseria, con tres hijos peque\'f1os, dos de ellos demasiado chicos para comprender su p\'e9rdida. Cada objeto en la casa y cada paso que toma, le recuerda su p\'e9rdida. Cu\'e1n amargas son las l\'e1grimas cuando su ni\'f1o m\'e1s chiquito se echa en sus brazos y dice: \emdash Mam\'e1, \'bfD\'f3nde est\'e1 pap\'e1? \'bfPor qu\'e9 no regresa?, \'a1Me siento solo!\par Yo escuchaba sus sollozos durante las largas horas de d\'edas y noches. Muchas veces, de rodillas, imploraba a Dios tener misericordia de ella y sus tres hu\'e9rfanos infelices. Yo no pod\'eda hacer nada entonces para consolarla excepto amarla, orar y llorar con ella. Pocos d\'edas despu\'e9s del entierro, vi al Sr. Courtois llegando a nuestra casa. El era elLVAL. p\'e1rroco que hab\'eda intentado quitarnos nuestra Biblia. El ten\'eda la fama de rico; por tanto, mi primer pensamiento fue que ven\'eda a consolarnos y ayudarnos. Y vi que mi madre ten\'eda la misma esperanza. Ella le recibi\'f3 como un \'e1ngel del cielo.\par Desde sus primeras palabras, sin embargo, vi que nos iba mal. Intent\'f3 mostrarse compasivo y habl\'f3 de la confianza que deber\'edamos tener en Dios en los tiempos de prueba, pero sus palabras eran fr\'edas y secas.\par Volte\'e1ndose a m\'ed, dijo: \emdash\'bfSigues leyendo la Biblia muchachito?\par \emdash S\'ed, se\'f1or, \emdash contest\'e9, mi voz temblando del temor de que intentar\'eda nuevamente quitarnos ese tesoro, ya que no ten\'eda un padre para defenderlo.\par Entonces dijo: \emdash Se\'f1ora, yo le dije que ni usted ni su hijo deben leer ese libro.\par Mi madre baj\'f3 los ojos y respondi\'f3 s\'f3lo con las l\'e1grimas que ca\'edan de sus mejillas.\par Despu\'e9s de un largo silencio, el sacerdote continuo: \emdash Se\'f1ora, necesita usted pagar las oraciones que se han cantado y los servicios que pidi\'f3 que se ofrecieran por el reposo del alma de su marido. Le estar\'e9 muy agradecido si me paga esa peque\'f1a deuda.\par \emdash Se\'f1or Courtois, \emdash contest\'f3 mi madre, \emdash mi esposo no me dej\'f3 nada, m\'e1s que deudas. Solamente me quedan mis manos para ganarme la vida. No por m\'ed, sino por amor a estos hu\'e9rfanos, no tome lo poco que nos queda.\par \emdash Pero, se\'f1ora, su esposo muri\'f3 repentinamente sin ninguna preparaci\'f3n; as\'ed que, \'e9l est\'e1 en las llamas del purgatorio. Para librarlo necesita usted unir sus sacrificios personales a las oraciones y misas de la Iglesia.\par \emdash Como le dije, mi esposo me ha dejado absolutamente sin fondos y es imposible darle alg\'fan dinero, \emdash replic\'f3 mi madre.\par \emdash Pero, se\'f1ora, las misas ofrecidas por el descanso de su marido tienen que ser pagadas, \emdash respondi\'f3 el sacerdote.\par Mi madre cubri\'f3 su rostrLVAL/o con su pa\'f1uelo y llor\'f3.\par Mis sentimientos no eran de dolor, sino de enojo indecible. Mis ojos estaban fijos en la cara de ese hombre quien estaba torturando el coraz\'f3n de mi madre. Mis manos se apretaban, listas para golpear. Sent\'eda ganas de decirle: \emdash\'bfNo le da verg\'fcenza a usted, que es tan rico, venir a quitar el \'faltimo trozo de pan de nuestras bocas?\par Pero no ten\'eda suficiente fortaleza f\'edsica y moral; me sent\'ed lleno de pena y desilusi\'f3n.\par Despu\'e9s de un largo rato de silencio, mi madre levant\'f3 sus ojos enrojecidos con l\'e1grimas y dijo: \emdash Se\'f1or, \'bfVe usted esa vaca en el prado? Su leche y mantequilla forman la parte principal del alimento para mis hijos. Espero que no nos la quite. Sin embargo, si es necesario hacer tal sacrificio para libertar el alma de mi pobre esposo del purgatorio, ll\'e9vesela como el pago de las misas que se ofrecieron para extinguir esas llamas devoradoras.\par Al instante, se levant\'f3 el sacerdote diciendo: \emdash Muy bien, se\'f1ora, \emdash y se sali\'f3.\par Nuestros ojos le siguieron ansiosamente mientras dirigi\'f3 sus pasos hacia el prado y condujo a la vaca en la direcci\'f3n de su casa. Yo grit\'e9 con desesperaci\'f3n: \emdash\'a1Ay, madre! Est\'e1 llev\'e1ndose nuestra vaca, \'bfQu\'e9 ser\'e1 de nosotros?\par Mi madre tambi\'e9n clam\'f3 con dolor al ver al sacerdote llevarse el \'fanico medio que el cielo le hab\'eda dejado para alimentar a sus hijos. Ech\'e1ndome en sus brazos, le pregunt\'e9: \emdash\'bfPor qu\'e9 le regalaste nuestra vaca? \'bfQu\'e9 ser\'e1 de nosotros? Seguramente moriremos de hambre.\par \emdash Querido hijo, \emdash me contest\'f3, \emdash no pens\'e9 que el sacerdote ser\'eda tan cruel como para quitarnos el \'faltimo recurso que Dios nos ha dejado. \'a1Ay! Si hubiera cre\'eddo que fuera tan despiadado, no le hubiera hablado de esa manera. Como t\'fa dices mi hijo, \'bfQu\'e9 ser\'e1 de nosotros?, pero, \'bfNo me has le\'eddo muchas veces en tu Biblia que Dios eLVAL0s el padre de las viudas y de los hu\'e9rfanos? El escuchar\'e1 nuestras oraciones y ver\'e1 nuestras l\'e1grimas. Vamos a arrodillarnos y pedirle que tenga misericordia de nosotros.\par Los dos nos arrodillamos; ella tom\'f3 mi mano derecha en su izquierda y levantando la otra hacia el cielo, ofreci\'f3 una oraci\'f3n por sus pobres hijos, semejante a la cual no he o\'eddo desde entonces. Cuando su voz se ahogaba por sus sollozos, hablaba con sus ojos ardientes levantados al cielo y con su mano alzada. Yo tambi\'e9n oraba a Dios con ella, repitiendo sus palabras entre mis propios sollozos.\par Cuando termin\'f3 su oraci\'f3n, se qued\'f3 largo rato p\'e1lida y temblando. Luego, abraz\'e1ndome, dijo: \emdash Querido hijo, si alg\'fan d\'eda llegas a ser sacerdote, te pido que nunca seas tan insensible hacia las pobres viudas como los sacerdotes de hoy. \emdash Cuando me dijo esas palabras, sent\'ed sus l\'e1grimas ardientes caer sobre mis mejillas.\par La memoria de esas l\'e1grimas nunca me ha dejado. Yo las sent\'ed constantemente durante los veinte y cinco a\'f1os que dur\'e9 predicando las supersticiones inconcebibles de Roma.\par Yo no era mejor que otros sacerdotes. Yo cre\'eda las f\'e1bulas imp\'edas del purgatorio. Aceptaba el dinero que me daban los ricos por las misas que yo dec\'eda para extinguir las llamas. Pero el recuerdo de las palabras y l\'e1grimas de mi madre me guardaron de ser cruel y despiadado con las viudas pobres. El Se\'f1or, creo yo, hab\'eda puesto en la boca de mi madre esas palabras tan sencillas pero tan elocuentes y hermosas, como una de sus grandes misericordias conmigo. Esas l\'e1grimas, la mano de Roma nunca pudo borrar.\par \'bfHasta cu\'e1ndo, Oh Se\'f1or, se engordar\'e1 esa enemiga insolente del Evangelio, la Iglesia de Roma, de las l\'e1grimas de las viudas y hu\'e9rfanos con el cruel invento pagano del purgatorio? \'a1Oh, quita el velo de los ojos de los sacerdotes y la gente de Roma como lo has quitado de los m\'edos! Haz que entiendan que su esperanza LVALde purificaci\'f3n no descansa en aquellas llamas, sino solamente en la sangre del Cordero derramada en el Calvario para salvar al mundo.\par \par \par } LVALs 2{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Dios escuch\'f3 la oraci\'f3n de la pobre viuda. Varios d\'edas despu\'e9s que el sacerdote se llev\'f3 nuestra vaca, ella recibi\'f3 una carta de cada una de sus dos hermanas, Genevieve y Catherine.\par La primera, casada con Etienne Eschenbach de St.Thomas, le dijo que vendiera todo y viniera con sus hijos a vivir con ella. Nosotros no tenemos familia, dijo, y Dios nos ha dado abundancia. Con mucho gusto lo compartiremos con ustedes.\par La segunda, casada en Kamouraska con Don Amable Dionne, escribi\'f3: Supimos la triste noticia de la muerte de tu esposo. Hace poco, nosotros tambi\'e9n perdimos nuestro \'fanico hijo. Quisi\'e9ramos llenar el vac\'edo con Carlos tu hijo mayor. Lo criaremos como nuestro propio hijo y pronto \'e9l ser\'e1 tu sost\'e9n. Mientras tanto, vende en subasta todo lo que tienes y ve a St. Thomas con los dos chiquitos.\par En pocos d\'edas, se vendieron todos nuestros muebles. Desgraciadamente, aunque hab\'eda ocultado cuidadosamente a mi querida Biblia, ella desapareci\'f3. \'bfHabr\'eda renunciado mi madre a ese tesoro, amenazada por un sacerdote? o \'bflo habr\'eda destruido alguno de nuestros familiares, creyendo que eso fuera su deber? No lo s\'e9, pero sent\'ed profundamente la p\'e9rdida.\par Al d\'eda siguiente, con sollozos y l\'e1grimas amargas, me desped\'ed de mi pobre madre y mis hermanitos. Ellos se fueron a St. Thomas y yo a Kamouraska.\par Mis t\'edos me recibieron con cari\'f1o sincero. Cuando se enteraron que yo deseaba ser sacerdote, me llevaron a estudiar lat\'edn bajo la direcci\'f3n del Rev. Sr. Mor\'edn, Vicario de Kamouraska.\par El era un hombre instruido, entre cuarenta y cincuenta a\'f1os de edad y hab\'eda sido sacerdote en Montreal. Pero, como sucede en la mayor\'eda de los sacerdotes, su voto de castidad no era suficiente garant\'eda contra los encantos de una de sus hermosas fLVAL3eligresas. El esc\'e1ndalo le cost\'f3 el puesto y el Obispo le mand\'f3 a Kamouraska donde era desconocido. El me trat\'f3 bien y yo le correspond\'ed con afecto sincero.\par Un d\'eda, al principio de 1822, \'e9l me llam\'f3 aparte y me dijo, \emdash El Sr. Var\'edn, el p\'e1rroco, acostumbra a hacer una gran fiesta en sus cumplea\'f1os. Ahora, los principales ciudadanos del pueblo, desean presentarle un ramo de flores. Yo fui nombrado a escribir un discurso y escoger a alguien para presentarlo delante del sacerdote y yo te escog\'ed a ti, \'bfQue te parece?\par \emdash Pero yo soy muy joven, \emdash repliqu\'e9.\par \emdash Tu juventud s\'f3lo lo har\'e1 m\'e1s interesante, \emdash dijo el sacerdote.\par \emdash Bueno, no tengo inconveniente, siempre que el pasaje sea corto y tenga suficiente tiempo para aprenderlo.\par Todo se prepar\'f3 y lleg\'f3 la hora. Como quince caballeros e igual n\'famero de damas de la alta sociedad de Kamouraska se reunieron en las salas hermosas de la casa parroquial. El Sr. Var\'edn estaba presente cuando el gal\'e1n Paschall Tache y su dama entraron conmigo. Fui colocado en medio de los invitados. Mi cabeza fue coronada de flores, porque yo deb\'eda representar al \'e1ngel de la parroquia, escogido para dar a su pastor la expresi\'f3n p\'fablica de admiraci\'f3n y gratitud. Cuando el discurso termin\'f3, yo present\'e9 al sacerdote un ramo hermoso.\par El Sr. Var\'edn era chaparro, pero fornido; inteligencia y bondad irradiaban de sus expresivos ojos negros y su sonrisa graciosa. Era un anfitri\'f3n encantador y estaba apasionadamente aficionado a estas fiestas.\par Fue conmovido hasta las l\'e1grimas al o\'edr el discurso y expres\'f3 su gozo y gratitud por ser tan altamente apreciado por sus feligreses.\par Despu\'e9s que el pastor feliz expres\'f3 las gracias, las damas cantaron dos o tres cantos hermosos. Entonces abrieron las puertas del comedor; delante de nosotros estaba una mesa larga, repleta de las carnes y los vinos m\'e1s deliciosos que Canad\'e1 LVAL4puede ofrecer.\par Nunca antes hab\'eda asistido al banquete de un sacerdote. Adem\'e1s del Sr. Var\'edn y su vicario, otros tres sacerdotes fueron colocados art\'edsticamente entre las damas m\'e1s hermosas de la compa\'f1\'eda. Las damas, despu\'e9s de honrarnos con su presencia cerca de una hora, se retiraron a la sala de recepci\'f3n.\par El Sr. Var\'edn se levant\'f3 y dijo: \emdash Caballeros, brindemos a la salud de estas amables damas cuya presencia ha hecho m\'e1s agradable la primera parte de nuestra peque\'f1a fiesta.\par Siguiendo al Sr. Var\'edn, cada invitado llen\'f3 y vaci\'f3 su copa de vino. Luego, el gal\'e1n Tache propuso: \emdash A la salud del sacerdote m\'e1s venerable y amado de Canad\'e1, el reverendo se\'f1or Var\'edn.\par Nuevamente las copas fueron llenadas y vaciadas, excepto la m\'eda, porque yo estaba sentado al lado de mi t\'edo Dionne quien con su mirada severa me dijo: \emdash Si tomas otra, te mandar\'e9 retirar de la mesa.\par Hubiera sido dif\'edcil contar cu\'e1ntos brindis hicieron, porque despu\'e9s de cada brindis ped\'edan un canto o un cuento, los cuales produc\'edan aplausos, gritos de gusto y risa convulsiva. Cuando lleg\'f3 mi turno para proponer un brindis, yo quer\'eda que me dispensaran, pero ellos rehusaron exhimirme. Levant\'e1ndome de mi silla, volte\'e9 al Sr. Var\'edn y le dije: \emdash\'a1Brindemos a la salud de nuestro Santo Padre, el Papa!\par Nadie, hasta entonces, hab\'eda pensado en el Papa, as\'ed que, la menci\'f3n de su nombre por un ni\'f1o, bajo tales circunstancia, parec\'eda tan divertido a los sacerdotes y sus alegres invitados que prorrumpieron en carcajadas, golpeando el suelo con sus pies y gritando: \'a1Bravo, bravo! \'a1A la salud del Papa!\par Tantos brindis no pod\'edan ser tomados sin tener su efecto natural: la embriaguez. El primero que sucumbi\'f3 fue el Padre Noel. Yo hab\'eda notado que en lugar de usar su copa, frecuentemente tomaba de un vaso grande. Los s\'edntomas de su embriaguez se manifestaron cuando intent\LVAL5'f3 llenar su vaso. Su mano tembl\'f3 tanto que la botella cay\'f3 al suelo y se rompi\'f3. Queriendo seguir con alegr\'eda, empez\'f3 a cantar un canto B\'e1quico, pero no pudo terminar, y su cabeza cay\'f3 en la mesa. Cuando intent\'f3 levantarse, cay\'f3 pesadamente en su silla.\par Los otros sacerdotes y sus invitados s\'f3lo le miraban, ri\'e9ndose estrepitosamente. Con un esfuerzo desesperado se levant\'f3, pero despu\'e9s de dar dos o tres pasos, cay\'f3 de cabeza en el suelo. Sus dos vecinos acudieron a ayudarle, pero no pudieron; los tres rodaron bajo la mesa. Por fin, otro, menos afectado por el vino, le agarr\'f3 de los pies y le arrastr\'f3 a un cuarto contiguo donde lo dej\'f3.\par Esta primera escena me parec\'eda bastante extra\'f1a, porque nunca hab\'eda visto a un sacerdote borracho. Pero lo que m\'e1s me asombr\'f3 era la risa de los dem\'e1s sacerdotes ante ese espect\'e1culo.\par Cuando los sacerdotes y sus amigos hab\'edan cantado, re\'eddo y tomado por m\'e1s de una hora, el Sr. Var\'edn se levant\'f3 y dijo: \emdash Las damas no deben quedarse solas toda la tarde, \'bfNo ser\'e1n doble nuestro gozo y felicidad si ellas los comparten con nosotros?\par Esta proposici\'f3n fue aplaudida y pasamos a la sala de recepci\'f3n donde nos esperaban las damas. Varias piezas de m\'fasica bien ejecutadas avivaron esta parte del espect\'e1culo. Este recurso, sin embargo, pronto fue agotado. Adem\'e1s, varias de las damas notaban claramente que sus esposos estaban medio borrachos y se sent\'edan avergonzadas.\par Lo que m\'e1s tem\'eda el Sr. Var\'edn era una interrupci\'f3n en las festividades que frecuentemente ocurr\'edan en su casa parroquial: \emdash Bien, bien, damas y caballeros, no alberguemos ning\'fan pensamiento oscuro esta noche, la m\'e1s feliz de mi vida. Vamos a jugar a la gallina ciega.\par \emdash\'a1Vamos a jugar a la gallina ciega! \emdash repitieron todos.\par \emdash\'bfPero a quien tapamos los ojos primero? \emdash pregunt\'f3 el sacerdote. \emdash Los tuyos, Sr. VLVAL6ar\'edn, \emdash gritaron todas las damas, \emdash Miramos a ti como buen ejemplo y lo seguiremos.\par El Sr. Var\'edn consinti\'f3 e inmediatamente una de las damas coloc\'f3 su pa\'f1uelo perfumado sobre los ojos de sus sacerdote y le llev\'f3 al centro del cuarto, empuj\'e1ndolo suavemente y diciendo: \emdash\'a1Se\'f1or ciego! \'a1Huyan todos, s\'e1lvese quien pueda!\par No hay nada m\'e1s curioso ni c\'f3mico que observar a un hombre embriagado, especialmente si no quiere que nadie lo note. Tal fue la posici\'f3n del Sr. Var\'edn.\par Daba un paso hacia adelante y dos hacia atr\'e1s y se tambaleaba hacia la derecha y la izquierda. Todos se re\'edan a carcajadas. Uno tras otro, le pellizcaba o le tocaba suavemente en la mano, brazo u hombro y pasando r\'e1pido, gritaba: \emdash\'a1C\'f3rrele! De pronto agarr\'f3 el brazo de una dama que se le acerc\'f3 demasiado. Ella luch\'f3 en vano para escapar, porque la mano del sacerdote la detuvo firmemente. Usando la otra mano intent\'f3 tocar su cabeza para saber el nombre de su cautiva bonita. Pero, en ese momento, se debilitaron sus piernas y se cay\'f3, arrastrando su feligresa hermosa al suelo. Ella se volte\'f3 encima de \'e9l para escapar, pero de pronto \'e9l se volte\'f3 encima de ella para detenerla mejor.\par Aunque este incidente s\'f3lo dur\'f3 un momento, dur\'f3 lo suficiente para hacer sonrojar a las damas, quienes cubr\'edan sus caras. Esto termin\'f3 el juego. \'a1Nunca en mi vida hab\'eda visto algo tan vergonzoso!\par Solamente las mujeres sintieron verg\'fcenza, porque los hombres estaban demasiado embriagados para sonrojar. Los sacerdotes o eran demasiado borrachos o demasiado acostumbrados a esas escenas para avergonzarse.\par Al d\'eda siguiente, cada uno de estos sacerdotes celebr\'f3 la misa y comi\'f3 lo que llaman el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo, como si hubieran pasado la noche anterior en oraci\'f3n y meditaci\'f3n en las leyes de Dios.\par As\'ed, oh p\'e9rfida Iglesia de Roma, enga\'f1aste a las naci&LVAL6ones que te siguen y estropeaste aun a los sacerdotes a quienes esclavizaste.\par \par \par } LVALs 8{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Los sacerdotes Cat\'f3lico-romanos dedican dos o tres meses cada a\'f1o, preparando a los ni\'f1os de diez a doce a\'f1os para su primera comuni\'f3n. Est\'e1n obligados a asistir a la iglesia casi todos los d\'edas, memorizar el catecismo y entender perfectamente sus ense\'f1anzas. A trav\'e9s de esta preparaci\'f3n, la Iglesia de Roma pone el fundamento de las idolatr\'edas y supersticiones que ella afirma ser la religi\'f3n de Jesucristo.\par Adem\'e1s de corromper las verdades m\'e1s sagradas del Evangelio por este catecismo, se consigue para el Papa y sus representantes aquella adoraci\'f3n que es el secreto del poder de Roma. Es durante esta instrucci\'f3n religiosa que Jes\'fas es quitado de los corazones por los cuales \'e9l pag\'f3 un precio tan alto y ponen a Mar\'eda en su lugar. Esta gran iniquidad se ejecuta con tanta destreza que es casi imposible para un pobre ni\'f1o escapar. Es as\'ed c\'f3mo Mar\'eda reemplaz\'f3 a mi precioso Salvador durante mi propia ni\'f1ez.\par El sacerdote que nos instruy\'f3 fue el Rev. Sr. Mor\'edn. El era sumamente amable, le respet\'e1bamos y le am\'e1bamos sinceramente. Un d\'eda me dijo: \emdash Ponte de pie, hijo, y contesta las muchas preguntas que te voy a hacer.\par Me puse de pie. Me dijo: \emdash Hijo, cuando eras culpable de algo malo en tu casa, \'bfQui\'e9n te castigaba m\'e1s severamente, tu padre o tu madre?\par Despu\'e9s de unos momentos de vacilaci\'f3n, contest\'e9: \emdash Mi padre.\par \emdash Correcto, hijo, \emdash dijo el sacerdote, \emdash de hecho, el padre es casi siempre m\'e1s impaciente y pronto para castigar que la madre. Ahora, hijo, dinos, \'bfCu\'e1l de tus padres te castigaban m\'e1s severamente?\par \emdash Mi padre, \emdash dije nuevamente sin vacilar.\par \emdash Es verdad, hijo, la bondad superior de una madre benigna se percibe aun en la correcci\'fLVAL93n, donde sus golpes son m\'e1s ligeros. Adem\'e1s, \'bfno es cierto que muchas veces cuando merec\'edas castigo, alguien se interpon\'eda entre ti y la vara de tu padre, quit\'e1ndosela y pacific\'e1ndolo?\par \emdash S\'ed, \emdash dije, \emdash m\'e1s de una vez mi madre lo hizo as\'ed y me salv\'f3 de un severo castigo.\par \emdash Ahora, mis hijos, \'bfNo les han salvado sus buenas madres de las correcciones de sus padres aun cuando lo merec\'edan?\par \emdash S\'ed, se\'f1or, \emdash respondimos todos.\par \emdash Una pregunta m\'e1s, \'bfCuando tu padre ven\'eda a azotarte, no te echaste en los brazos de alguien para escapar?\par \emdash S\'ed, se\'f1or, m\'e1s de una vez me refugi\'e9 en los brazos de mi madre. Ella suplicaba por m\'ed de tal forma que frecuentemente evit\'e9 el castigo. Dirigi\'e9ndose a todos los ni\'f1os continu\'f3: \emdash Ustedes tienen un Padre y una Madre en el cielo; su Padre es Jes\'fas y su Madre es Mar\'eda. Nunca olviden que el coraz\'f3n de una madre siempre es m\'e1s tierno y misericordioso.\par \emdash Muchas veces tus pecados hacen enojar a tu Padre y \'e9l, rugiente, abre las puertas del infierno para echarte adentro. Desde hace mucho, te hubieras condenado si tu Madre Celestial no hubiera desarmado a tu Padre airado e irritado. Cuando Jes\'fas te castigar\'eda, la buena Virgen Mar\'eda se interpone entre t\'fa y \'e9l. Ella obtiene tu perd\'f3n.\par \emdash As\'ed que, hijos m\'edos, cuando su conciencia les dice que son culpables y que Jes\'fas est\'e1 airado, vayan pronto a Mar\'eda. Ref\'fagianse en los brazos de una buena Madre; recurrir\'e1n a su poder soberano sobre Jes\'fas y seguramente ella les salvar\'e1.\par As\'ed, en la Iglesia de Roma, no Jes\'fas, sino Mar\'eda representa el amor infinito y la misericordia de Dios para el pecador. Su esperanza se dirige hacia Mar\'eda para escapar del castigo merecido. \'a1No es Jes\'fas, sino Mar\'eda quien salva al pecador! La Iglesia de Roma constantemente invita a los pecadores a volver sus pensami LVAL entos, esperanzas y afectos, no a Jes\'fas, sino a Mar\'eda.\par Por medio de esa doctrina imp\'eda, Roma enga\'f1a a los intelectos, seduce a los corazones y destruye las almas de la juventud para siempre. Bajo el pretexto de honrar a la Virgen Mar\'eda, la insulta por representar falsa y ultrajantemente a su hijo adorable. La antigua idolatr\'eda pagana se disfraza con un nombre nuevo.\par \par \par } LVALs ;{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Para el ni\'f1o Cat\'f3lico-romano, \'a1Cu\'e1n hermosa, pero cu\'e1n triste es su primera comuni\'f3n! Con gozo y ansiedad, est\'e1 a punto de comer por primera vez lo que le han ense\'f1ado a creer que es su Dios; no de una manera simb\'f3lica ni conmemorativa, sino comer su carne, sus huesos, sus manos, sus pies, su cabeza y su cuerpo entero. Yo ten\'eda que creer esto o ser echado para siempre en el infierno. Sin embargo, \'a1Todo el tiempo, mis ojos, mis manos, mi boca, mi lengua y mi raz\'f3n me dec\'edan que s\'f3lo estaba comiendo pan!\par \'bfDir\'e9 que cre\'eda esto? Yo cre\'eda como todo buen Cat\'f3lico cree; yo cre\'ed como cree un cad\'e1ver. Mi raz\'f3n y mis sentidos hab\'edan sido sacrificados a los pies de ese terrible dios moderno, el Papa. Neciamente hab\'eda dicho a mis facultades intelectuales y a mis sentidos: \emdash\'a1C\'e1llense! \'a1Son mentirosos!\par Hasta ahora, hab\'eda cre\'eddo que me fueron dados por Dios para ayudarme a caminar en las sendas oscuras de la vida; pero, \'a1He aqu\'ed! \'a1El Santo Papa me ense\'f1a que son solamente instrumentos del diablo para enga\'f1arme!\par Tal fue mi condici\'f3n el d\'eda de mi primera comuni\'f3n. Dos sentimientos luchaban en mi mente. Me gozaba al pensar que pronto tendr\'eda posesi\'f3n total de Jesucristo. Pero aunque apenas ten\'eda doce a\'f1os, estaba acostumbrado a confiar en mis ojos. Pens\'e9 que f\'e1cilmente podr\'eda distinguir entre un trocito de pan y un hombre adulto.\par Adem\'e1s, yo sumamente aborrec\'eda la idea de comer carne humana y beber sangre humana aun cuando me aseguraban que era la carne y sangre de Jesucristo mismo. \'a1Pero lo que m\'e1s me turbaba era la idea de que Dios, tan grande, tan glorioso y tan santo pudiera ser ingerido por m\'ed como el pan com\'fan! Terrible, entonces, era la lucha en mi joven coraz\'f3n, donde gozo yLVAL< pavor, confianza y temor, fe e incredulidad por turnos dominaban. Estando en el sudor fr\'edo de esa lucha secreta conocida s\'f3lo por Dios y por m\'ed mismo, or\'e9 a Dios y a la Santa Virgen, pidiendo misericordia, fortaleza y luz durante esas horas de angustia.\par La Iglesia de Roma es la m\'e1quina humana m\'e1s h\'e1bil que el mundo jam\'e1s ha visto. Los que gu\'edan sus sendas oscuras son, a menudo, hombres de profundo pensamiento. Ellos entienden la lucha en la mente de los ni\'f1os en el momento supremo cuando tienen que sacrificar su raz\'f3n en el altar de Roma. Para prevenir estas luchas siempre tan peligrosas para la Iglesia, nada han descuidado para distraer sus mentes a otros temas.\par Primero, el p\'e1rroco, ayudado por la vanidad de los mismos padres de familia, asegura que los ni\'f1os se vistan de la mejor manera calculada para adular su vanidad.\par Se decora la iglesia con pompa y el servicio, encantado con m\'fasica instrumental y cantos escogidos. Incienso sube del altar en una nube dulce y arom\'e1tica. La gente viene de todas partes para disfrutar del hermoso espect\'e1culo. Sacerdotes de las iglesias vecinas a\'f1aden a la solemnidad. El sacerdote oficiante se viste del atav\'edo m\'e1s costoso. Se exhiben en el altar manteles de plata y oro delante de los espectadores maravillados. Muchas veces, se coloca una vela encendida en la mano de cada joven comulgante. Esto, en s\'ed mismo, atrae toda su atenci\'f3n, porque un movimiento equivocado encender\'eda la ropa de su vecino o la suya propia, una mala fortuna que ha sucedido m\'e1s de una vez en mi presencia.\par Ahora, en medio de ese espect\'e1culo maravilloso, ocupado en detener su vela encendida para que no se fuera a quemar vivo, \'a1Llega el momento de la comuni\'f3n sin darle tiempo para meditar lo que est\'e1 por hacer! \'a1Abre su boca y el sacerdote coloca en su lengua una oblea de pan sin levadura, la cual o se pega firmemente al paladar o se derrite en su boca, bajando pronto a su est\'f3mago igual que el LVALalimento que come tres veces al d\'eda!\par \'a1El primer sentimiento del ni\'f1o, entonces, es sorpresa ante el pensamiento de que el Creador de los cielos y la tierra, el Sost\'e9n del universo, el Salvador del mundo pudiera pasar tan f\'e1cilmente por su garganta!\par Ahora, sigan a esos ni\'f1os a sus casas despu\'e9s de esa gran comedia monstruosa. Escuchen su pl\'e1tica y carcajadas, estudien sus modales, sus miradas de satisfacci\'f3n a sus ropas bonitas y la vanidad que manifiestan correspondiendo a las felicitaciones. \'a1F\'edjense en la ligereza de sus acciones y conversaci\'f3n inmediatamente despu\'e9s de comulgar y d\'edganme si piensan que ellos creen en el dogma terrible que les han ense\'f1ado!\par \'a1No! \'a1Y nunca creer\'e1n con la firmeza de fe acompa\'f1ada de la inteligencia! El pobre ni\'f1o piensa que cree y sinceramente intenta creerlo. El cree como cree todo Cat\'f3lico-romano. \'a1Cree como cree un idiota!\par La primera comuni\'f3n le ha convertido por el resto de su vida en una verdadera m\'e1quina en las manos del Papa. Es el primer enlace de aquella larga cadena de esclavitud que el sacerdote y la Iglesia ponen en su cuello. El Papa tiene la punta de esa cadena y mueve a su v\'edctima a la derecha o a la izquierda a su antojo tal como gobernamos a los animales dom\'e9sticos.\par Como dice Loyola: Si esos ni\'f1os han hecho una buena comuni\'f3n, ellos ser\'e1n sumisos al Papa, \'a1Como el bast\'f3n en la mano del viajero, no tendr\'e1n ni voluntad ni pensamiento propio!\par \'a1Mi alma ha conocido el peso de esas cadenas; la ignominia de aquella esclavitud! Pero el gran conquistador de almas, Jes\'fas, me mir\'f3 con misericordia y rompi\'f3 mis cadenas. Con su Santa Palabra me libert\'f3. \'a1Bendito sea su nombre para siempre!\par \par \par } LVALs >{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Termin\'e9 mis estudios en el Colegio Nicol\'e9t en agosto de 1829. F\'e1cilmente hubiera aprendido en tres o cuatro a\'f1os lo que dur\'e9 siete a\'f1os estudiando. Nuestros profesores se ocupaban m\'e1s en desperdiciar nuestro tiempo que en aumentar nuestro entendimiento. Tan pronto que la inteligencia, guiado por el Jesuita, haya ascendido al nivel de los pies del Papa, tiene que permanecer ah\'ed, postrarse y dormir.\par Aunque mi inteligencia se rebelaba muchas veces, me forc\'e9 a aceptar estas f\'e1bulas como verdades del Evangelio. Estas eran ocasiones de terrible lucha en mi alma. Recuerdo el d\'eda que expres\'e9 mis dudas a mi profesor de filosof\'eda: \emdash Cuando mi superior abusa de su autoridad sobre m\'ed para enga\'f1arme con falsas doctrinas o si me manda a hacer cosas que yo considero ser malas o deshonestas, \'bfNo ser\'e9 perdido si le obedezco?\par El me contest\'f3: \emdash Nunca tendr\'e1s que dar cuenta a Dios por lo que te ordenan hacer tus superiores leg\'edtimos si ellos te enga\'f1an, siendo ellos mismos enga\'f1ados, s\'f3lo ellos ser\'e1n responsables. No pecas si sigues la regla de oro b\'e1sica de toda filosof\'eda Cristiana y perfecci\'f3n: humildad y obediencia.\par Poco satisfecho, expres\'e9 mi inconformidad a varios de mis compa\'f1eros de escuela incluyendo a Joseph Turcot, quien m\'e1s tarde lleg\'f3 a ser Ministro de Obras P\'fablicas de Canad\'e1. El me respondi\'f3: \'a1Entre m\'e1s estudio lo que ellos llaman principios de filosof\'eda Cristiana y l\'f3gica, m\'e1s pienso que intentan convertirnos en asnos a todos nosotros!\par Al d\'eda siguiente, abr\'ed mi coraz\'f3n a nuestro director, el Sr. Leprohon, a quien veneraba como un santo y amaba como padre. Apunt\'e9 su respuesta: \emdash Mi querido Ch\'edniquy, \'bfC\'f3mo trajeron Ad\'e1n y Eva todo el diluvio de males sobre nosotros? \'bLVAL?fNo es porque elevaron su miserable raz\'f3n sobre la de Dios? Ellos tendr\'edan la promesa de vida eterna si hubieran sometido su raz\'f3n a su Amo Supremo. Ellos se perdieron por rebelarse contra la autoridad de Dios.\par As\'ed es hoy tambi\'e9n. Todos los males, los errores, los cr\'edmenes por los cuales el mundo est\'e1 inundado, proceden de la misma rebeli\'f3n de la voluntad y raz\'f3n humana contra la voluntad y raz\'f3n de Dios. Dios reina todav\'eda sobre parte del mundo, el mundo de los escogidos, a trav\'e9s del Papa, quien controla las ense\'f1anzas de nuestra infalible y santa Iglesia. Al someternos a Dios, quien nos habla a trav\'e9s del Papa, somos salvos y caminamos en las sendas de la verdad y santidad. Pero erramos y perecemos si ponemos nuestra raz\'f3n por encima de la de nuestro superior, el Papa, quien nos habla personalmente o a trav\'e9s de nuestros superiores quienes han recibido de \'e9l la autoridad para guiarnos.\par \emdash Pero, \emdash le dije, \emdash si mi raz\'f3n me dice que el Papa u otro superior, puesto sobre m\'ed por \'e9l, est\'e1 equivocado y me manda hacer algo malo, \'bfNo ser\'eda culpable delante de Dios si le obedezco?\par \emdash\'a1Imposible! \emdash contest\'f3 el Sr. Leprohon, \emdash porque el Papa y los obispos unidos a \'e9l, tienen la promesa de nunca fallar en la fe. Ellos no pueden guiarte en ning\'fan error, ni mandarte a hacer nada contra la ley de Dios. Pero, supongamos que cometieran alg\'fan error o te obligaran a creer o hacer algo contrario al Evangelio, Dios no te contar\'e1 como responsable si est\'e1s obedeciendo a tu leg\'edtimo superior.\par Yo ten\'eda que contentarme con esa respuesta, pero a pesar de mi silencio respetuoso, \'e9l me vio todav\'eda inquieto y triste. Para convencerme, me prest\'f3 dos obras de De Maistre: \ldblquote Le Pape\rdblquote y \ldblquote Les Soirees de St. Petersburgh\rdblquote , donde encontr\'e9 apoyadas las mismas doctrinas. El era honesto en sus convicciones, porque las hab\'eda encontrado en esLVAL@tos libros aprobados por los \ldblquote Papas infalibles.\rdblquote\par Yo s\'e9 que Roma puede exhibir cierto n\'famero de hombres inteligentes en cada rama de ciencia que han estudiado en sus colegios. Pero esos hombres extraordinarios, desde el principio, secretamente hab\'edan roto las cadenas con las cuales sus superiores intentaron atarlos. El noventa por ciento de ellos han sido perseguidos, excomulgados, torturados, y algunos aun asesinados, porque se atrevieron a pensar por s\'ed mismos.\par Galileo, uno de los hombres m\'e1s reconocidos por la ciencia, era Cat\'f3lico-romano. Pero, \'bfNo le azotaron y le mandaron al calabozo? \'bfNo tuvo que pedir perd\'f3n a Dios y al hombre por haber pensado diferente del Papa en cuanto al movimiento de la tierra alrededor de sol?\par Cop\'e9rnico ciertamente fue uno de las luces m\'e1s grandes de su \'e9poca, pero fue censurado y excomulgado a causa de sus admirables descubrimientos cient\'edficos.\par Francia, entre todos sus hijos dotados, no conoce un genio mayor que Pascal. El era Cat\'f3lico, pero vivi\'f3 y muri\'f3 excomulgado.\par Estos alumnos de colegios Cat\'f3lico-romanos, de quienes los sacerdotes a veces se glor\'edan tan imprudentemente, han salido de las manos de sus maestros Jesuitas para proclamar su sumo aborrecimiento por el sacerdocio y el papado. Ellos han visto con sus propios ojos que el sacerdote de Roma es el enemigo m\'e1s peligroso y m\'e1s implacable de la inteligencia, el progreso y la libertad.\par Voltaire estudi\'f3 en un colegio Cat\'f3lico-romano y probablemente fue ah\'ed donde se valoriz\'f3 para su terrible batalla contra Roma. El Catolicismo nunca se recuperar\'e1 del golpe que Voltaire le dio en Francia.\par Cuando vean a los colegios y conventos Cat\'f3lico-romanos elevar sus chapiteles arrogantes sobre alg\'fan cerro alto o en medio de alg\'fan valle verde, pueden esperar confiadamente que el auto-respeto y las virtudes varoniles de la gente pronto desaparecer\'e1n. La inteligencia, el progreso y la prospe LVAL ridad pronto ser\'e1n reemplazados por las supersticiones, la ociosidad, la borrachera, la ignorancia, la pobreza y degradaciones de toda \'edndole. Los colegios y conventos son las altas ciudadelas de las cuales el Papa tira sus misiles m\'e1s penetrantes contra los derechos y libertades de las naciones.\par En los colegios y conventos de Roma es donde los alumnos aprenden que fueron creados para obedecer al Papa en todo, que la Biblia tiene que ser quemada y que la libertad tiene que ser destruida a toda costa.\par \par \par } LVALs B{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Para comprender la educaci\'f3n moral de los alumnos en los colegios Cat\'f3lico-romanos, uno s\'f3lo necesita entender que desde el principio hasta el fin, est\'e1n rodeados de un medio ambiente en que respiran \'fanicamente el paganismo.\par Por ejemplo, nuestros superiores nos convencieron que los escapularios, medallas, agua bendita etc. ser\'edan de gran utilidad en batallar contra las tentaciones m\'e1s peligrosas, como tambi\'e9n en evadir los peligros m\'e1s comunes de la vida. Por consecuencia, los guardamos con el mayor respeto, bes\'e1ndolos d\'eda y noche con afecto como si fueran instrumentos de la misericordia de Dios. Luego, descubrimos en los historiadores griegos y latinos que no eran m\'e1s que remanentes del paganismo.\par El moderno Pontifex M\'e1ximus (el Papa de Roma), supuesto sucesor de San Pedro, el Vicario de Jesucristo, asemejaba a los Pontifex M\'e1ximus de la gran rep\'fablica de Roma como dos gotas de agua. Nuestro Papa retuvo el nombre, los atributos, la pompa, el orgullo y aun el vestuario de ese sumo sacerdote pagano. \'bfNo fue la adoraci\'f3n a los santos absolutamente la misma adoraci\'f3n a los dioses de tiempos antiguos? \'bfNo fue descrito minuciosamente nuestro purgatorio por Virgilio? \'bfNo fueron repetidos nuestros rezos a la Virgen y a los santos, casi con las mismas palabras por los adoradores ante las im\'e1genes de sus dioses igual como las rezamos delante de las im\'e1genes en nuestras iglesias? \'bfNo se us\'f3 nuestra agua bendita entre los id\'f3latras y con el mismo prop\'f3sito?\par Por medio de la historia supimos el a\'f1o en que hab\'eda sido edificado en Roma el templo magn\'edfico consagrado a todos los dioses llevando el nombre Pantheon. Palabras no pueden expresar la verg\'fcenza que sentimos al aprender que los Cat\'f3lico-romanos de nuestros d\'edas, bajo la supervisi\'f3n yLVALC sanci\'f3n del Papa, \'a1Todav\'eda se postran ante los MISMOS IDOLOS en el MISMO TEMPLO para obtener los MISMOS FAVORES!\par Cuando nos preguntamos, \emdash\'bfCu\'e1l es la diferencia entre la religi\'f3n de Roma pagana y la de Roma hoy? M\'e1s de un alumno responder\'eda: \emdash La \'fanica diferencia est\'e1 en el nombre. En lugar de llamar a esta estatua J\'fapiter, la llamamos San Pedro y en lugar de llamar a aquella Minerva o Venus, la llamamos Sta. Mar\'eda. Es la antigua idolatr\'eda disfrazada con nombres Cristianos.\par Yo deseaba seriamente ser un Cat\'f3lico honesto y sincero, pero estas impresiones y pensamientos me distra\'edan mucho. Desgraciadamente, muchos de los libros puestos en nuestras manos por nuestros superiores para confirmar nuestra fi\'f3, formar nuestro car\'e1cter moral y sustentar nuestra piedad y nuestra confianza en las dogmas de la Iglesia de Roma, ten\'edan una semejanza espantosa a las historias de los dioses y diosas que hab\'eda le\'eddo. Los milagros atribuidos a la Virgen Mar\'eda frecuentemente parec\'edan ser s\'f3lo una reproducci\'f3n de los trucos y enga\'f1os de los sacerdotes de J\'fapiter, Venus, Minerva etc. Algunos de esos milagros de la Virgen Mar\'eda igualaban y sobrepasaban en absurdo a los cuentos horrendos de los dioses y diosas paganos.\par Despu\'e9s de leer la metamorfosis monstruosa de los dioses del Olimpo, el alumno siente un deseo ardiente de nutrirse con las palabras de vida. Pero el sacerdote del colegio se interpone entre el alumno y Cristo y en lugar de dejarlo nutrirse con el Pan de Vida, les ofrece f\'e1bulas, algarrobas para apaciguar su hambre.\par \'a1S\'f3lo Dios sabe cu\'e1nto sufr\'ed durante mis estudios al encontrarme absolutamente privado del privilegio de comer el Pan de Vida, su Santa Palabra!\par Durante los \'faltimos a\'f1os de mis estudios, mis superiores a menudo me confiaban el cargo de la biblioteca. Un d\'eda festivo, me qued\'e9 solo en el colegio. Encerr\'e1ndome en la biblioteca, empec\'e9 a examinar todoLVALDs los libros. Descubr\'ed que los libros m\'e1s adecuados para instruirnos eran marcados prohibidos. Sent\'ed verg\'fcenza inexpresable al ver que s\'f3lo los libros m\'e1s indiferentes eran colocados en nuestras manos. Varios alumnos m\'e1s avanzados ya me hab\'edan hecho esa observaci\'f3n, pero no les cre\'eda. Hasta ese momento hab\'eda desechado la idea de que junto con los dem\'e1s alumnos, yo era v\'edctima de un sistema incre\'edble de ceguera intelectual y moral.\par Entre los libros prohibidos, encontr\'e9 una Biblia espl\'e9ndida. La agarr\'e9 como un avaro que descubre a un tesoro perdido. La levant\'e9 a mis labios y la bes\'e9 respetuosamente. La apret\'e9 a mi coraz\'f3n como uno abraza al amigo de quien se ha separado por largo tiempo. Esta Biblia trajo a mi memoria las horas m\'e1s deleitosas de mi vida. Le\'ed en sus p\'e1ginas divinas hasta que regresaron los escolares.\par Al d\'eda siguiente, el Rev. Sr. Leprohon, nuestro director, me llam\'f3 a su cuarto y me dijo: \emdash Pareces turbado hoy, \'bfTienes alg\'fan motivo de dolor? \'bfEst\'e1s enfermo?\par No pod\'eda expresar adecuadamente mi amor y respeto por este hombre venerable. El era al mismo tiempo mi amigo y mi benefactor. Durante cuatro a\'f1os, \'e9l y el Rev. Sr. Brassard hab\'edan pagado mi alojamiento.\par Hab\'eda le\'eddo la Biblia el d\'eda anterior en desobediencia a mi benefactor, porque cuando \'e9l me confi\'f3 el cuidado de la biblioteca, me hizo prometer no leer los libros del cat\'e1logo prohibido. Me doli\'f3 entristecerlo al admitir que hab\'eda quebrantado mi palabra de honor, pero me doli\'f3 mucho m\'e1s enga\'f1arlo ocultando la verdad.\par As\'ed que, le dije: \emdash Tiene usted raz\'f3n en decir que estoy inquieto y triste. Confieso que hay algo que me confunde en gran manera. Nunca me atrevo a hablar de ello, pero como usted desea saber la causa de mi tristeza, se lo dir\'e9. \'a1Usted ha puesto en nuestras manos no s\'f3lo a leer, sino a aprender de memoria libros que usted bien sabe, en paLVALErte son inspirados del infierno y nos proh\'edbe leer el \'fanico libro cuya cada palabra es enviada del cielo! Esto me confunde y me escandaliza. Su pavor hacia la Biblia conmueve mi fe y me hace temer que en nuestra Iglesia nos estamos desviando.\par El Sr. Leprohon respondi\'f3: \emdash Yo he sido el director de este colegio por m\'e1s de veinte a\'f1os y nunca he o\'eddo de los labios de ning\'fan alumno semejantes reparos y quejas. \'bfNo temas ser v\'edctima de un enga\'f1o del diablo al entrometerte con una pregunta tan extra\'f1a y tan nueva para un escolar, cuya \'fanica meta debe ser obedecer a sus superiores?\par \emdash Tal vez, yo sea el primero en hablarle de este modo, pero tambi\'e9n es muy probable que soy el \'fanico alumno que haya le\'eddo la Santa Biblia en su ni\'f1ez. Le aseguro que la lectura cuidadosa de ese libro admirable me ha hecho un bien que todav\'eda siento. Yo s\'e9, por experiencia personal, que no hay en todo el mundo un libro tan bueno y apropiado para leer y estoy en gran manera entristecido y escandalizado por el pavor que usted tiene hacia ella.\par \emdash Le confieso que pas\'e9 la tarde de ayer en la biblioteca leyendo la Biblia. Encontr\'e9 en ella cosas que me hicieron llorar de gozo y felicidad, cosas que hicieron m\'e1s bien a mi alma y coraz\'f3n que todo lo que usted me ha dado para leer en los \'faltimos seis a\'f1os. Y estoy tan triste hoy, porque usted me aprueba cuando leo las palabras del diablo y me condena cuando leo la Palabra de Dios.\par Mi superior contest\'f3: \emdash Puesto que has le\'eddo la Biblia, debes saber que hay asuntos en ella de una naturaleza tan delicada que es impropio para un joven o a\'fan m\'e1s para una se\'f1orita leer.\par \emdash Entiendo, \emdash le respond\'ed, \emdash pero usted sabe muy bien que Satan\'e1s nos habla de cosas malas d\'eda y noche para que las gustemos y nos perdamos. Pero cuando el Dios de pureza nos habla de cosas malas (de las cuales es casi imposible que el hombre ignore), El lo hace para queLVALF las odiemos y las aborrezcamos y nos da la gracia para evitarlas. Puesto que no puedes evitar que el diablo nos susurre para seducirnos, \'bfC\'f3mo se atreve a impedir a Dios hablarnos de las mismas cosas para escudarnos de su seducci\'f3n? Adem\'e1s, cuando Dios mismo quiere hablarme sobre cualquier tema, \'bfQu\'e9 derecho tiene usted de obstruir la penetraci\'f3n de su Palabra a mi coraz\'f3n?\par Aunque la mente del Sr. Leprohon estaba enredada en las tinieblas de Roma, su coraz\'f3n permanec\'eda honesto y verdadero. Yo le respetaba y amaba como padre aunque difer\'eda de \'e9l en opini\'f3n y sab\'eda que \'e9l me quer\'eda como su propio hijo.\par El se asombr\'f3 por mi respuesta. Se puso p\'e1lido y vi l\'e1grimas a punto de salir de sus ojos. Suspir\'f3 profundamente y me mir\'f3 alg\'fan tiempo reflexionando y sin contestar.\par Por fin, me dijo: \emdash Mi querido Ch\'edniquy, tu respuesta y tus argumentos tienen tal fuerza que me asustan; si tuviera solamente mis propias ideas personales para desaprobarlos, reconozco que no podr\'eda hacerlo. Pero tengo algo mejor que mis propios pensamientos d\'e9biles. Tengo los pensamientos de la Iglesia y de nuestro Santo Padre, el Papa. Ellos nos proh\'edben poner la Biblia al alcance de nuestros alumnos. Esto debe poner fin a tus problemas. Obedecer a tus superiores leg\'edtimos en todas las cosas es la regla que un escolar Cristiano, como t\'fa, debe seguir y si lo quebrantaste ayer, espero que sea la \'faltima vez que un hijo, a quien amo m\'e1s que a m\'ed mismo, me sea motivo de tanto dolor.\par Al decir esto, me abraz\'f3 y me apret\'f3 a su coraz\'f3n y ba\'f1\'f3 mi cara con sus l\'e1grimas. Yo tambi\'e9n llor\'e9, s\'ed, llor\'e9 abundantemente. Pero Dios sabe que aunque el pesar de haber entristecido a mi benefactor y padre me hizo llorar en ese momento, llor\'e9 mucho m\'e1s al percibir que nunca m\'e1s ser\'eda permitido leer su Santa Palabra.\par Los dioses de los paganos nos hablaban diariamente por medio de sus ap\'f3stoles y di LVAL sc\'edpulos: Homero, Virgilio, Pindar, Horacio etc. \'a1Pero al Dios de los Cristianos, no le permit\'edan decirnos una sola palabra! Tengo que decir, con coraz\'f3n triste, que la educaci\'f3n moral y religiosa de los colegios Cat\'f3lico-romanos es peor que vac\'edo. \'a1Han excluido la \'fanica norma verdadera de la moral y la religi\'f3n: LA PALABRA DE DIOS!\par \par \par } LVALs H{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 En la historia del paganismo, frecuentemente los padres mataban a sus hijos sobre los altares de sus dioses para apaciguar su ira u obtener sus favores. Pero ahora vemos algo todav\'eda m\'e1s extra\'f1o: Padres Cristianos forzando a sus hijos a entrar en los templos y a los pies de los \'eddolos de Roma, bajo el concepto falaz de educarlos. Mientras el padre pagano destruye la vida temporal de su hijo, el padre Cristiano destruye su vida eterna. El pagano era consecuente. El cre\'eda en el poder omnipotente y santidad de sus dioses; sinceramente PENSABA que ellos gobernaban el mundo y que bendec\'edan tanto a la v\'edctima como a los que las ofrec\'edan.\par Pero, \'bfD\'f3nde est\'e1 la firmeza del Protestante que sacrifica a su hijo en los altares del Papa? \'bfSer\'e1 cierto que cree en su santidad o en su supremo e infalible poder? Entonces, \'bfPor qu\'e9 no va \'e9l mismo a postrarse a sus pies? Los Protestantes dicen, como pretexto, que los superiores de los colegios y los conventos les han asegurado que sus convicciones religiosas ser\'e1n respetadas y que no les dir\'e1 ni les har\'e1 nada para quitar ni estremecer la religi\'f3n de sus hijos.\par Nuestros primeros padres no fueron menos cruelmente enga\'f1ados por las palabras seductivas de la serpiente que los Protestantes por las promesas enga\'f1osas de los sacerdotes y monjas de Roma.\par Yo mismo presenci\'e9 esta promesa hecha por nuestro superior a un padre quien era un juez en Nueva York. Varios d\'edas despu\'e9s, ese mismo superior me dijo: \emdash T\'fa sabes algo de ingl\'e9s y este joven sabe suficiente franc\'e9s que pueden entenderse. Intenta hacerlo tu amigo y cond\'facelo a nuestra santa religi\'f3n. Su padre es un hombre de mucha influencia en los Estados Unidos y este hijo \'fanico es heredero de una inmensa fortuna. Habr\LVALI'e1 grandes resultados para el futuro de la Iglesia en los Estados Unidos como consecuencia de su conversi\'f3n.\par Yo repliqu\'e9: \emdash\'bfHa olvidado usted la promesa que hizo a su padre de nunca decir ni hacer nada para conmocionar o quitar la religi\'f3n de este joven?\par Mi superior sonri\'f3 ante mi simplicidad y dijo: \emdash Cuando hayas estudiado teolog\'eda, sabr\'e1s que el Protestantismo no es una religi\'f3n, sino la negaci\'f3n de la religi\'f3n. Protestar no puede ser la base de ninguna doctrina. As\'ed que, cuando promet\'ed al Juez Pike que las convicciones religiosas de su hijo ser\'edan respetadas y que no har\'eda nada para cambiar su fe, le promet\'ed la cosa m\'e1s f\'e1cil en el mundo, puesto que promet\'ed no entrometerme con algo que no existe.\par Cegado por el razonamiento de mi superior, me dediqu\'e9 a hacer de ese joven amigo un buen Cat\'f3lico-romano. Probablemente hubiera tenido \'e9xito si una grave enfermedad no le hubiera forzado a regresar a casa.\par Protestantes que leen esto tal vez se indignar\'e1n contra semejante enga\'f1o, pero su desprecio debe ser para ustedes mismos. El superior Sr. Leprohon fue honesto, \'e9l actu\'f3 conforme a principios que \'e9l pens\'f3 ser buenos y leg\'edtimos y gustosamente hubiera dado hasta la \'faltima gota de su sangre en su defensa. El sacerdote de Roma no es el traidor aqu\'ed; el Protestante que quiere que su hijo sea educado por un Jesuita, es quien no tiene nada de religi\'f3n. No hay nada m\'e1s rid\'edculo que o\'edr a tal hombre rogar que respeten a sus principios religiosos. No es el sacerdote de Roma que es despreciable y traicionero a sus principios, sino es el Protestante que traicion\'f3 a su Evangelio y a su propia conciencia por educar a su hijo con los siervos del Papa.\par Cuando yo estuve en la Iglesia de Roma, frecuentemente hablamos de la necesidad de hacer esfuerzos super-humanos para atraer a los j\'f3venes Protestantes a nuestros colegios y conventos como el medio m\'e1s corto y \'fanico de doLVALJminar m\'e1s pronto al mundo. Los mismos sacerdotes de Roma se glor\'edan de que m\'e1s de la mitad de los alumnos de las monjas son hijos de Protestantes y que setenta por ciento, tarde o temprano, llegan a ser los disc\'edpulos m\'e1s firmes y los verdaderos pilares del papado en los Estados Unidos.\par \emdash Pero, \emdash dicen algunos Protestantes, \emdash\'bfD\'f3nde podemos conseguir mayor seguridad para proteger la moral de nuestras hijas que en esos conventos? Las caras de las buenas monjas, sus sonrisas ang\'e9licas, aun de sus labios parece fluir un perfume celestial. \'bfNo son \'e9stas las se\'f1ales infalibles de que nada contaminar\'e1 los corazones de nuestros queridos hijos al estar bajo el cuidado de esas monjas santas?\par \'a1Sonrisas ang\'e9licas! \'a1Labios que destilan perfume celestial! \'a1Expresiones de paz y santidad de las buenas monjas! \'a1Atractivo ilusorio! \'a1Cruel enga\'f1o!\par \'a1Burla de comedia! S\'ed, todas esas sonrisas ang\'e9licas, todas esas expresiones de gozo y felicidad, no son m\'e1s que carnadas para enga\'f1ar a los hombres honestos pero demasiado confiados.\par Por largo tiempo cre\'ed que hab\'eda algo real en toda la exhibici\'f3n de paz y felicidad que vi en las caras de muchas monjas. Pero cu\'e1n pronto desaparecieron mis ilusiones cuando le\'ed con mis propios ojos un libro de las reglas secretas del convento. Una de sus reglas es que siempre, especialmente en presencia de extranjeros, deben mostrar una apariencia de gozo y felicidad aun cuando su alma est\'e9 inundada de tristeza y dolor. Los motivos dados para poner as\'ed una m\'e1scara continuamente son asegurar la estimaci\'f3n y respeto de la gente e inducir a m\'e1s j\'f3venes a entrar en el convento. Frecuentemente el coraz\'f3n de la pobre monja est\'e1 lleno de dolor y su alma ahogada en un mar de desolaci\'f3n, pero est\'e1 obligada por juramento a siempre parecer gozosa.\par \'a1Ay! Si los Protestantes supieran como yo, cu\'e1nto sangran los corazones de esas monjas, cu\'e1ntodLVALt sienten mortalmente heridas esas pobres v\'edctimas del Papa y c\'f3mo casi todas mueren a una temprana edad, quebrantadas de coraz\'f3n, llorar\'edan al ver su profunda miseria. En lugar de ayudar a Satan\'e1s a mantener esos tristes calabozos entreg\'e1ndole su dinero y sus hijos, los dejar\'edan desmoronar en el polvo y as\'ed parar los torrentes de l\'e1grimas silenciosas y amargas que esas celdas ocultan.\par \emdash Pero, \emdash dice alguien, \emdash la educaci\'f3n est\'e1 tan barata en el convento. Yo contesto: Si costara la mitad del precio, costar\'eda el doble de su valor. Las cosas baratas siempre llevan precios demasiado altos. Intelectualmente la educaci\'f3n en un convento es completamente nulo. El gran objetivo del Papa para las monjas es cautivar y destruir su inteligencia.\par \'bfQu\'e9 clase de educaci\'f3n moral podr\'e1 una joven recibir de una monja que cree que puede vivir como le d\'e9 la gana, que nada malo le puede suceder ni en esta vida ni en la venidera con tal que sea devota a la Virgen Mar\'eda?\par Que lean los Protestantes \ldblquote Las Glorias de Mar\'eda\rdblquote por San Ligorio, un libro que se halla en las manos de todo sacerdote y monja y entonces entender\'e1n qu\'e9 clase de moralidad se practica y se ense\'f1a dentro de los muros de la Iglesia de Roma.\par \par \cf1\par } LVALs L{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 La palabra EDUCACI\'d3N es una palabra hermosa. Viene del lat\'edn educare que significa levantar de los grados mas bajos hasta las esferas m\'e1s altas de conocimiento. El objetivo de la educaci\'f3n entonces es alimentar, ampliar, levantar, iluminar y fortalecer la inteligencia.\par Cuando un Protestante habla de educaci\'f3n, la palabra se usa y se entiende en su sentido verdadero. Cuando manda a su hijito a una escuela Protestante, desea honestamente que su inteligencia se eleve en conocimiento tan alto como sea posible. Cuando el hijo del Protestante haya adquirido un poco de conocimiento, quiere adquirir m\'e1s, igual que el \'e1guila entresaca sus alas para volar m\'e1s alto. Una ambici\'f3n noble y misteriosa se apodera de su alma juvenil. Empieza a sentir algo de esa sed insaciable de conocimiento que Dios mismo ha puesto en el pecho de todo descendiente de Ad\'e1n. Por tanto, debiera ser una obligaci\'f3n tanto para Cat\'f3lico-romanos como para Protestantes ayudar al alumno en su vuelo. Pero, \'bfEs as\'ed? No.\par Cuando los Protestantes mandan sus hijos a la escuela, no ponen trabas a su inteligencia. El escolar Protestante progresa de la batida t\'edmida hasta el vuelo confiado y audaz, de una regi\'f3n de conocimiento a otra m\'e1s alta hasta perderse en aquel oc\'e9ano de luz, verdad y vida que es Dios.\par \'a1Las naciones del mundo que son verdaderamente grandes, verdaderamente poderosas y verdaderamente libres, son Protestantes! Son las naciones avanzadas en los rangos de progreso, ciencia y libertad; dejando muy atr\'e1s las naciones desafortunadas cuyas manos est\'e1n atadas por las despreciables cadenas de hierro del papado.\par El joven escolar Cat\'f3lico-romano nace con la misma inteligencia despierta que el Protestante; es dotado por su Creador con los mismos poderes mentalLVALMes que su vecino Protestante; tiene las mismas aspiraciones nobles implantadas por Dios. Igual que el Protestante, lo mandan a la escuela para recibir lo que llaman \ldblquote educaci\'f3n\rdblquote . Al principio, entiende la palabra en su verdadero sentido; va a la escuela con la esperanza de ser elevado tan alto como permitan su inteligencia y esfuerzo personal.\par Pero aqu\'ed empiezan las desilusiones y tribulaciones del alumno Cat\'f3lico-romano. Lo m\'e1s alto que es permitido alcanzar es el nivel de los dedos gordos de los pies del Papa. El Papa es, supuestamente, la \'fanica fuente de ciencia, conocimiento y verdad. Su conocimiento es el \'faltimo l\'edmite de aprendizaje y luz que el mundo puede alcanzar. No se permite saber ni creer lo que Su Santidad no sabe ni cree.\par El 22 de junio de 1663, Galileo fue obligado a caer de rodillas en s\'faplica para escapar de la muerte cruel ordenado por el Papa. El firm\'f3 con su propia mano la siguiente retractaci\'f3n: \emdash Yo abjuro, maldigo y detesto el error y la herej\'eda del movimiento de la tierra, etc.\par Ese hombre instruido ten\'eda que degradarse y jurar una mentira, que la tierra no se mueve alrededor del sol. As\'ed, las alas de esa \'e1guila gigante fueron cortadas por las tijeras del Papa. Pero Dios no permiti\'f3 que ese intelecto gigante fuese enteramente estrangulado por las manos sangrientas de aquel enemigo de la luz y la verdad, el Papa. Suficiente fortaleza y vida permanecieron en Galileo para permitirle decir cuando se levant\'f3: \emdash\'a1Esto no impedir\'e1 el movimiento de la tierra!\par El decreto infalible del Papa infalible, Urbano VIII, contra el movimiento de la tierra fue firmado por los cardenales Felia, Guido, Desiderio, Antonio Bellingero y Frabriccio. Dice: \ldblquote En el nombre y por la autoridad de Jesucristo, la plenitud del cual reside en su Vicario, el Papa, declaramos que la proposici\'f3n de que la tierra no es el centro del universo y que se mueve con movimiento diurno es absurda, filos\'f3fiLVALNcamente falsa y err\'f3nea en la fe.\rdblquote\par \'a1Qu\'e9 cosa tan gloriosa para el Papa de Roma ser infalible! \'a1El sabe infaliblemente que la tierra no se mueve alrededor del sol! y \'a1Qu\'e9 cosa m\'e1s bendita para los Cat\'f3lico-romanos ser gobernados y ense\'f1ados por semejante ser infalible! Consideren la consecuencia de ese decreto infalible en la siguiente acta de humilde sumisi\'f3n de dos c\'e9lebres astr\'f3nomos Jesuitas, Lesueur y Jacquier: \ldblquote Newton supone, en su tercer libro, la hip\'f3tesis de que la tierra se mueve alrededor del sol. Las proposiciones de ese autor no se pueden explicar, excepto por la misma hip\'f3tesis; as\'ed que, somos forzados a actuar con un car\'e1cter que no es nuestro. Pero declaramos nuestra entera sumisi\'f3n a los decretos de los Sumo Pont\'edfices de Roma contra el movimiento de la tierra.\rdblquote (Newton\rquote s Principia Vol. III p\'e1g.450)\par Aqu\'ed ven a dos Jesuitas instruidos, que han escrito una obra factible para comprobar que la tierra se mueve alrededor del sol, temblando ante las amenazas de muerte del Vaticano, someterse a los decretos de los Papas de Roma contra el movimiento de la tierra. Estos dos Jesuitas cultos dicen la m\'e1s despreciable y rid\'edcula mentira para salvarse de ese gran extinguidor de luz cuyo trono est\'e1 en la ciudad de siete colinas.\par Si Newton, Franklin, Fulton o Morse hubieran sido Romanistas, sus nombres se hubieran perdido en la oscuridad que es la herencia natural de los miserables esclavos de los Papas quienes desde la infancia les dicen que nadie tiene el derecho de usar su \ldblquote juicio privado\rdblquote , ni inteligencia ni conciencia en la investigaci\'f3n de la verdad. Hubieran permanecido mudos e inertes a los pies del moderno y terrible dios de Roma, el Papa.\par Pero ellos eran Protestantes. En esa palabra grande y gloriosa \ldblquote Protestante\rdblquote est\'e1 el secreto de los descubrimientos maravillosas que han cambiado la faz del mundo. \'a1Ellos eran ProtestanLVALOtes! S\'ed, pasaron su ni\'f1ez en escuelas Protestantes donde leyeron un libro que les dijo que fueron creados a la imagen de Dios y que ese gran Dios envi\'f3 a su Hijo eterno, Jes\'fas, para libertarnos de la servidumbre de los hombres. Ellos leyeron en ese libro Protestante (porque la Biblia es el libro m\'e1s Protestante en el mundo) que el hombre tiene no solamente una conciencia, sino tambi\'e9n una inteligencia para guiarle. Aprendieron que esa inteligencia y esa conciencia no tienen otro amo, ni ninguna otra gu\'eda, ni ninguna otra luz aparte de Dios. En los muros de sus escuelas Protestantes, el Hijo de Dios escribi\'f3 las palabras maravillosas: \ldblquote Venid a m\'ed, Yo soy el camino, la luz y la vida.\rdblquote\par \'bfPor qu\'e9 las naciones Cat\'f3lico-romanas no s\'f3lo quedan estancadas, sino decaen? Vayan a sus escuelas y observan los principios que siembran en las mentes de sus desafortunados esclavos y tendr\'e1n la clave a ese triste misterio. \'bfCu\'e1l es la primera lecci\'f3n diaria ense\'f1ada a los ni\'f1os? \'bfNo es que el crimen m\'e1s grande que un hombre puede cometer es seguir su juicio privado? Esto significa que tiene ojos, o\'eddos e inteligencia, pero no puede usarlos sin arriesgar ser eternamente condenado. Sus superiores, el sacerdote y el Papa, tienen que ver por \'e9l, o\'edr por \'e9l y pensar por \'e9l. Si esto parece ser una exageraci\'f3n, perm\'edtanme forzar a la Iglesia de Roma a venir aqu\'ed y hablar por s\'ed misma.\par Aqu\'ed est\'e1n las palabras textuales del supuesto \ldblquote Santo\rdblquote Ignacio de Loyola, fundador de la sociedad de los Jesuitas: \ldblquote En cuanto a la santa obediencia, esta virtud tiene que ser perfecta en todo aspecto: en ejecuci\'f3n, en voluntad e intelecto. Ella se impone con toda celeridad, gozo espiritual y perseverancia, persuadi\'e9ndonos que todo es justo; suprimiendo todo pensamiento repugnante y juicio propio en la obediencia espec\'edfica; que cada uno se persuade que el que vive bajo la obediencia deLVALPbe ser movido y dirigido, bajo la Providencia Divina, por su superior COMO SI FUERA UN CAD\'c1VER (perinde acsi cad\'e1ver esset) que se deja ser movido y dirigido en cualquier direcci\'f3n.\rdblquote\par Ustedes me preguntan: \emdash\'bfQu\'e9 utilidad tendr\'e1n millones de cad\'e1veres morales? \'bfPor qu\'e9 no dejarlos vivir? La respuesta es f\'e1cil. El gran y \'fanico objetivo de los pensamientos y las maquinaciones del Papa y los sacerdotes es elevarse por encima del resto del mundo. Ellos quieren estar a\'fan m\'e1s alto que Dios mismo. Refiri\'e9ndose al Papa, el Esp\'edritu Santo dice: \ldblquote El cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haci\'e9ndose pasar por Dios.\rdblquote (\cf1\ul 2Th_2:4\cf0\ulnone )\par Para alcanzar su objetivo, los sacerdotes han convencido a sus millones y millones de esclavos que son meros cad\'e1veres; que no deben tener ni voluntad, ni conciencia ni inteligencia propia. Cuando hayan hecho una pir\'e1mide de todos aquellos cad\'e1veres inm\'f3viles e inertes, tan alta que su c\'faspide entra a la misma habitaci\'f3n de las antiguas divinidades del mundo pagano; ah\'ed se colocan a s\'ed mismos y a sus Papas por encima y dicen al resto del mundo: -\'bfQui\'e9n de ustedes es tan alto como nosotros? \'bfD\'f3nde habr\'e1 reyes y emperadores con tronos tan elevados como los nuestros? \'bfNo estamos en la c\'faspide de la humanidad?\par \emdash\'a1S\'ed, s\'ed! \emdash respondo yo a los sacerdotes de Roma, \emdash est\'e1n altos, efectivamente muy altos. Su trono est\'e1 m\'e1s alto que cualquier que conozcamos. \'a1\'a1Pero es un trono de cad\'e1veres!!\par Perm\'edtanme poner ante sus ojos otro trozo de la ense\'f1anza Jesuita de \ldblquote Los Ejercicios Espirituales\rdblquote por su fundador Ignacio de Loyola: \ldblquote ...debemos siempre mantener como principio fijo que lo que veo ser blanco, creo ser negro si las autoridades superiores de la Iglesia as\'ed lo dLVALQefinen.\rdblquote\par Todos saben que es un deseo declarado de Roma tener la educaci\'f3n p\'fablica en manos de los Jesuitas; seg\'fan ella, ellos son los mejores maestros modelos. \'bfPor qu\'e9? Porque ellos m\'e1s audazamente y m\'e1s exitosamente que cualquier otro de sus maestros, aspiran a la destrucci\'f3n de la inteligencia y conciencia de los alumnos. Cuando un hombre ha sido entrenado suficiente tiempo por ellos, se convierta perfectamente en un cad\'e1ver moral. Sus superiores pueden hacer con \'e9l lo que les d\'e9 la gana. Escucha las palabras de ese Papa \ldblquote infalible\rdblquote Gregorio XVI en su celebrada Enc\'edclica del 15 de Agosto de 1832: \ldblquote Si la santa Iglesia as\'ed lo requiere, sacrificaremos nuestras propias opiniones, nuestro conocimiento, nuestra inteligencia, los sue\'f1os espl\'e9ndidos de nuestra imaginaci\'f3n y las realizaciones m\'e1s sublimes del entendimiento humano.\rdblquote\par Despu\'e9s de considerar estas ideas anti-sociales de Roma, el Sr. Gladstone escribi\'f3 recientemente: \ldblquote Ning\'fan complot m\'e1s astuto fue jam\'e1s dise\'f1ado contra la libertad, la virtud y la felicidad de la humanidad que el Romanismo.\rdblquote (\ldblquote Carta a Earl Aberdeen\rdblquote )\par Ahora, Protestantes, \'bfEmpiezan a comprender la grande distancia que hay entre la palabra \ldblquote educaci\'f3n\rdblquote entre ustedes y el significado de la misma palabra en la Iglesia de Roma? Por educaci\'f3n ustedes quieren decir elevar al hombre al la esfera m\'e1s alta de la virilidad. Roma quiere decir bajarlo m\'e1s abajo que los brutos est\'fapidos. Por educaci\'f3n ustedes quieren decir ense\'f1ar al hombre que \'e9l es un agente libre; que la libertad dentro de las leyes de Dios y de su pa\'eds es una d\'e1diva a todos; que es mejor morir un hombre libre que vivir como esclavo. Roma quiere ense\'f1ar que hay un solo hombre que es libre, el Papa; todos los dem\'e1s nacen para ser sus miserables esclavos en pensamiento, voluntad y acci\'f3n.\par Yo lLVALes pregunto, \emdash Protestantes americanos, \'bfQu\'e9 ser\'e1 de su pa\'eds hermoso si permiten a la Iglesia de Roma ense\'f1ar a sus hijos? \'bfQu\'e9 futuro de verg\'fcenza, degradaci\'f3n y esclavitud preparan para su pa\'eds, si Roma tiene \'e9xito en forzarlos a apoyar a tales escuelas? \'bfQu\'e9 clase de mujeres saldr\'e1n de las escuelas de monjas quienes les ense\'f1an que el nivel m\'e1s alto de perfecci\'f3n en una mujer es cuando obedece a su superior, el sacerdote, \'a1En todo lo que \'e9l mande! o que tu hija nunca tendr\'e1 que dar cuenta a Dios por las acciones que haya hecho para agradar y obedecer a su superior, el sacerdote, el obispo o el Papa? Nuevamente, \'bfQu\'e9 clase de hombres y ciudadanos saldr\'e1n de las escuelas de los Jesuitas que creen y ense\'f1an que un hombre alcanza la perfecci\'f3n de virilidad s\'f3lo cuando es un perfecto cad\'e1ver espiritual ante su superior?\par \par \par } LVALs S{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 La teolog\'eda es el estudio del conocimiento de las leyes de Dios. Desde luego, no hay tema m\'e1s noble. Cu\'e1n solemnes eran mis pensamientos y elevadas mis aspiraciones en 1829 cuando comenc\'e9 mi curso de estudio de teolog\'eda en Nicolet. Yo supon\'eda que mis libros de teolog\'eda me dar\'edan un conocimiento m\'e1s perfecto de la santa voluntad de Dios y de las leyes sagradas.\par Los te\'f3logos principales estudiados eran Bailly, Dens, Santo Tom\'e1s y sobre todo, Ligorio, quien desde entonces ha sido canonizado. Nunca abr\'ed uno sin ofrecer una ferviente oraci\'f3n a Dios y a la Virgen Mar\'eda por luz, tanto para m\'ed como para la gente cuyo pastor llegar\'eda a ser.\par Pero, \'a1Cu\'e1n sorprendido me qued\'e9 al descubrir que para aceptar los principios de los te\'f3logos, tendr\'eda que abandonar toda la verdad de justicia, honor y santidad! Cu\'e1n largos y dolorosos esfuerzos me cost\'f3 extinguir uno por uno las luces de verdad y de raz\'f3n encendidas en mi inteligencia por la mano de mi Dios misericordioso. Porque estudiar la teolog\'eda en la Iglesia de Roma es aprender a hablar falsamente, enga\'f1ar, cometer robo y perjurarse.\par Yo s\'e9 que Cat\'f3lico-romanos y aun Protestantes valiente y fervientemente negar\'e1n lo que ahora digo. Sin embargo, es la verdad. Mis testigos no pueden ser contradichos por nadie. Mis testigos hasta son \ldblquote infalibles\rdblquote . Son ni m\'e1s ni menos los mismos te\'f3logos Cat\'f3lico-romanos aprobados por los Papas infalibles. Estos mismos hombres, que corrompieron mi coraz\'f3n, pervirtieron mi inteligencia y envenenaron mi alma como han hecho con todo sacerdote de su Iglesia, ser\'e1n mis \'fanicos testigos para testificar en contra de ellos mismos.\par Ligorio afirma que es l\'edcito mentir bajo juramento. En su tratado sobre juramentos dice: \ldblquote Es una oLVALTpini\'f3n cierta y com\'fan entre todos los divinos que por una causa justa, es l\'edcito usar equivocaci\'f3n (enga\'f1o) y confirmarla (la equivocaci\'f3n) con juramento ... Ahora una causa justa es cualquier fin honesto para preservar cosas buenas para el esp\'edritu o cosas \'fatiles para el cuerpo.\rdblquote \lang1033 (Mor. Theol. t. ii. cap. ii. de jur. p.316, n.151. \lang3082 Mech. 1845)\par \lang2058 Ligorio dice que una mujer culpable de adulterio puede negarlo bajo juramento si lo ha confesado a un sacerdote. El dice: \ldblquote Si sacramentalmente confes\'f3 adulterio, ella puede contestar: \rdblquote Soy inocente de este crimen\rdblquote porque es quitado por la confesi\'f3n.\rdblquote Ligorio mantiene que es l\'edcito cometer un crimen menor para evitar un crimen mayor. El dice: \ldblquote As\'ed que, S\'e1nchez ense\'f1a que es l\'edcito persuadir al hombre determinado a matar a alguien, a cometer robo o fornicaci\'f3n.\rdblquote \lang3082 (Mor. Theol. t.ii. lib.iii. cap.ii. n.57, p.157)\par \lang2058 Ligorio tambi\'e9n justifica a un sirviente que ayuda a su amo a cometer fornicaci\'f3n tray\'e9ndole una escalera. Los Salmanticenses dicen que es l\'edcito para un sirviente robar a su amo si siente que su salario no es adecuado.\par Ligorio en Dubium II, considera cu\'e1nto ser\'e1 la cantidad de propiedad robada necesaria para constituir un pecado mortal. El dice: \emdash Si alguien en cierta ocasi\'f3n s\'f3lo roba una cantidad moderada ... sin la intenci\'f3n de adquirir una cantidad notable ni de da\'f1ar demasiado a su pr\'f3jimo por varios robos, \'e9l no peca gravemente, ni estos juntos constituyen un pecado mortal; no obstante, despu\'e9s que llegue a una cantidad notable, por retenerlo, puede que cometa un pecado mortal. Pero aun este pecado mortal puede evitarse si no puede restituirlo o si tenga la intenci\'f3n de hacer restituci\'f3n inmediatamente. (Mor. theol. t.iii. p.257, n.533. Mech. 1845.)\par Los te\'f3logos de Roma nos aseguran que es l\'edcito y aun imperativLVALUo ocultar y disfrazar nuestra fe: \ldblquote Cuando te preguntan concerniente a tu fe, no s\'f3lo es l\'edcito, sino frecuentemente es m\'e1s conducente a la gloria de Dios y la utilidad de tu pr\'f3jimo ocultar la fe que confesarla. Por ejemplo, si ocult\'e1ndola entre herejes (Protestantes) podr\'e1s realizar mayor bien; o si por la confesi\'f3n de la fe m\'e1s males sigan, como alg\'fan peligro, la muerte o la hostilidad de un tirano o tortura. Por tanto, frecuentemente es precipitado ofrecerse voluntariamente.\rdblquote (Mor. Theol. t.ii. p.817, n.14. Mech. 1845.)\par El Papa tiene el derecho de libertar de todo juramento: \ldblquote En cuanto a un juramento hecho para un objeto bueno y leg\'edtimo parece que no debe haber ning\'fan poder capaz de anularlo. Sin embargo, cuando es para el bien del p\'fablico, asunto que est\'e1 bajo la jurisdicci\'f3n directa del Papa, quien tiene el poder supremo de la Iglesia, el Papa tiene pleno poder para libertar de ese juramento.\rdblquote (Santo Tom\'e1s, Quest 89 art. 9 vol.IV.)\par Los Cat\'f3lico-romanos tienen, no s\'f3lo el derecho, sino la obligaci\'f3n de matar a los herejes: \ldblquote Cualquier hombre excomulgado queda privado de toda comunicaci\'f3n civil con los fieles de tal manera que si no es admitido, no pueden tener ninguna comunicaci\'f3n con \'e9l, como dice el siguiente verso: \emdash Se proh\'edbe besarlo, orar con \'e9l, saludarlo, comer o hacer alg\'fan trato con \'e9l.\rdblquote (San Ligorio, vol. IX, p.62)\par \ldblquote Aunque los herejes no deben ser tolerados ... tenemos que soportarlos hasta que por una segunda amonestaci\'f3n, sean vueltos a la fe de la Iglesia. Pero aquellos que despu\'e9s de una segunda amonestaci\'f3n permanecen obstinados en sus errores, no s\'f3lo tienen que ser excomulgados, sino entregados a los poderes seculares para ser exterminados.\rdblquote\par \ldblquote Aunque los herejes que se arrepienten siempre tienen que ser aceptados a penitencia cuantas veces caigan, no por eso deben ser permitidos a gLVALVozar de los beneficios de la vida. Cuando caen nuevamente, son admitidos al arrepentirse, pero la sentencia de muerte no ser\'e1 quitada.\rdblquote\par \ldblquote No es necesario obedecer a un rey si es excomulgado. Cuando un hombre es excomulgado por su apostas\'eda ... todos sus s\'fabditos son libertados del juramento de lealtad por el cual se hab\'edan obligado a servirle.\rdblquote (Santo Tom\'e1s vol.4, p.91)\par Todo hereje y Protestante ser\'e1 condenado a muerte y todo juramento de lealtad a un gobierno Protestante o hereje es anulado por el concilio de Letr\'e1n celebrado en 1215 D.C.:\par \ldblquote Excomulgamos y anatemizamos a todo herej\'eda que se exalta en contra de la santa fe Cat\'f3lica ortodoxa, condenando a todo hereje por cualquier nombre que sea conocido; porque aunque se defieren de cara, son atados juntos por la cola. Tales condenados ser\'e1n entregados a los poderes seculares existentes para recibir su debido castigo. Si son laicos, sus bienes ser\'e1n confiscados; si sacerdotes, primero ser\'e1n degradados de sus \'f3rdenes respectivos y sus propiedades aplicadas a la iglesia donde han oficiado. Los poderes seculares de todo grado y rango ser\'e1n advertidos, inducidos y si sea necesario obligados por censura eclesi\'e1stica a jurar que se esforzar\'e1n hasta lo sumo en defensa de la fe y en extirpar (matar) a todos los herejes denunciados por la Iglesia que se encuentren en sus territorios. Y siempre que una persona asume el gobierno sea espiritual o temporal, ser\'e1 obligado a acatar este decreto.\par \ldblquote Si alg\'fan se\'f1or temporal, despu\'e9s de ser amonestado y requerido por la Iglesia, se descuidara de limpiar su territorio de la depravaci\'f3n hereje, el metropolitano y los obispos de la provincia se unir\'e1n para excomulgarlo. Si permanece contumaz y rebelde por un a\'f1o entero, el hecho ser\'e1 dado a conocer al Pont\'edfice Supremo, quien declarar\'e1 a sus vasallos libertados de su voto de lealtad desde ese momento en adelante y el territorio serLVALW\'e1 otorgado a los Cat\'f3licos para ser ocupados por ellos con la condici\'f3n de exterminar a los herejes y preservar a dicho territorio en la fe ...\par \ldblquote Decretamos, adem\'e1s, que todo el que tenga trato con los herejes, especialmente el que los reciba, los defienda o los aliente, ser\'e1 excomulgado. No ser\'e1 elegible a ning\'fan puesto p\'fablico, ni ser\'e1 admitido como testigo. Tampoco tendr\'e1 el poder de legar su propiedad por testamento, ni heredar ninguna herencia. No podr\'e1 presentar ninguna demanda contra nadie, pero cualquier persona podr\'e1 presentar demanda contra \'e9l. Si es un juez, su decisi\'f3n no tendr\'e1 ninguna fuerza ni ning\'fan caso ser\'e1 tra\'eddo ante \'e9l. Si es defensor, no ser\'e1 permitido defender ning\'fan caso; si es abogado, ning\'fan instrumento hecho por \'e9l ser\'e1 aceptado como v\'e1lido, sino que ser\'e1 condenado con su autor.\rdblquote\par Yo tendr\'eda que escribir varios tomos grandes para citar a todos los doctores y te\'f3logos Cat\'f3lico-romanos que aprueban el mentir, el perjurar, el adulterio, el robo y hasta el homicidio para la mayor gloria de Dios y el bien de la Iglesia de Roma. \'a1Pero he citado suficientes para los que tienen ojos para ver y o\'eddos para o\'edr! Con semejantes principios, \'bfEs de extra\'f1ar que todas las naciones Cat\'f3lico-romanos, sin una sola excepci\'f3n, han declinado tan r\'e1pido? El gran Legislador del mundo, el \'fanico Salvador de las naciones, Jes\'fas, ha dicho: \ldblquote No s\'f3lo de pan vivir\'e1 el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.\rdblquote\par Una naci\'f3n puede ser grande y fuerte solamente seg\'fan las verdades que forman la base de su fe y vida. \ldblquote La Verdad\rdblquote es el \'fanico pan que Dios da a las naciones para que prosperen y vivan. El enga\'f1o, la hipocres\'eda, el perjurio, el adulterio, el robo, y el homicidio son los venenos mortales que matan a las naciones.\par Entonces, entre m\'e1s un pueblo cree y venera a los sacerdoteLVALs de Roma con su teolog\'eda, m\'e1s pronto ese pueblo se debilitar\'e1 y caer\'e1. Un gran pensador ha dicho: \ldblquote Entre m\'e1s sacerdotes, m\'e1s cr\'edmenes.\rdblquote Porque, entonces, m\'e1s manos intentar\'e1n derribar los \'fanicos fundamentos seguros de la sociedad.\par \'bfC\'f3mo podr\'e1 alg\'fan hombre estar seguro de la honestidad de su esposa, mientras cien mil sacerdotes le dicen que ella puede cometer cualquier pecado con su vecino para evitar que \'e9l haga un crimen peor o cuando le aseguran que aunque sea culpable de adulterio, puede jurar que es tan pura como un \'e1ngel?\par \'bfQu\'e9 aprovechar\'e1 ense\'f1ar los mejores principios de honor, decencia y santidad a una se\'f1orita, cuando est\'e1 obligada a confesarse muchas veces cada a\'f1o ante un sacerdote soltero quien est\'e1 atado por conciencia a darle las lecciones m\'e1s infames de depravaci\'f3n, bajo el pretexto de ayudarle a confesar todos sus pecados?\par \'bfC\'f3mo asegurar\'e1n los derechos de justicia y c\'f3mo pueden los jueces y jurados proteger a los inocentes y castigar a los culpables mientras a los testigos, cien mil sacerdotes les dicen que es l\'edcito ocultar la verdad, dar respuestas equivocadas y aun perjurarse bajo mil pretextos?\par \'bfCu\'e1l gobierno puede encauzar al pueblo a caminar con paso firme en los caminos de luz, progreso y libertad, mientras hay un poder oscuro sobre ellos que tiene el derecho a cualquier hora, d\'eda o noche, romper y disolver todos los juramentos m\'e1s sagrados de lealtad?\par Armado con su teolog\'eda, el sacerdote de Roma se convierte en el enemigo m\'e1s peligroso e implacable de toda verdad, justicia y libertad. Es el obst\'e1culo m\'e1s formidable a todo buen gobierno y frecuentemente, sin darse cuenta, es el peor enemigo de Dios y del hombre.\par \par \par } LVALs Y{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Si yo escribiera todos los trucos ingeniosos, las mentiras piadosas y perversiones de la Palabra de Dios usados para seducir a las pobres v\'edctimas a meterse en la trampa del celibato perpetuo, necesitar\'eda diez tomos grandes en lugar de un cap\'edtulo corto.\par El Papa lleva a su v\'edctima a la cumbre de un monte alto y ah\'ed le muestra todos los honores, alabanza, riquezas, paz y gozo de este mundo, adem\'e1s el trono m\'e1s glorioso del cielo y luego le dice: \emdash Todas estas cosas te dar\'e9 si postr\'e1ndote a mis pies me prometes sumisi\'f3n absoluta y juras a nunca casarte para servirme mejor.\par \'bfQui\'e9n puede desechar cosas tan gloriosas? Pero las desgraciadas v\'edctimas a veces tienen presentimientos de las terribles miserias que les esperan. Acerc\'e1ndose a la hora fatal de ese voto imp\'edo, las v\'edctimas juveniles frecuentemente sienten su coraz\'f3n desmayar de terror. Con las mejillas p\'e1lidas, labios temblorosos y con sudor fr\'edo, preguntan a sus superiores: \emdash\'bfSer\'e1 posible que nuestro Dios misericordioso requiera de nosotros semejante sacrificio?\par \'a1Ay! \'a1C\'f3mo se vuelven elocuentes los sacerdotes despiadados en pintar al celibato como el \'fanico camino seguro al cielo o en mostrar los fuegos eternos del infierno preparados para recibir a los cobardes y traidores que despu\'e9s de haber puesto su mano al arado del celibato, miran hacia atr\'e1s! Los inundan con mil mentiras piadosas acerca de los milagros hecho por Cristo a favor de sus v\'edrgenes y sacerdotes. Les hechizan por numerosos textos de las Escrituras, aunque no tienen la m\'e1s m\'ednima referencia a semejantes votos.\par El m\'e1s extra\'f1o de esos abusos se hace usando Mateo 19:12: \ldblquote Pues hay eunucos que nacieron as\'ed desde el vientre de su madre y hay eunucos quLVALZe son hechos por los hombres y hay eunucos que a s\'ed mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto que lo reciba.\rdblquote\par En una ocasi\'f3n, nuestro superior hizo un llamamiento muy urgente a nuestros sentimientos usando este texto. Pero el discurso aunque entusiasta, parec\'eda deficiente de l\'f3gica. En la siguiente conferencia, despu\'e9s de pedir respetuosamente y obtener permiso para expresar nuestras objeciones, habl\'e9 de la siguiente manera:\par \emdash Querido y venerable se\'f1or, usted nos dijo que las palabras de Cristo, \ldblquote Hay eunucos que a s\'ed mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos.\rdblquote nos muestra que tenemos que hacer el voto de celibato y hacernos eunucos si queremos llegar a ser sacerdotes. Nos parece que este texto en ninguna manera prueba que un eunuco est\'e9 m\'e1s cerca del reino de Dios que aquel que obedece las leyes de Dios. Si no era bueno para el hombre estar sin esposa cuando era tan santo y fuerte en el huerto del Ed\'e9n, \'bfC\'f3mo puede ser bueno ahora que est\'e1 tan d\'e9bil y pecaminoso?\par \emdash Nuestro Salvador muestra claramente que \'e9l no encuentra ning\'fan poder santificador en el estado de eunuco. Cuando el joven rico le pregunt\'f3: \ldblquote Buen Maestro, \'bfQu\'e9 debo hacer para tener la vida eterna?\rdblquote \'bfAcaso le contest\'f3 el Buen Maestro en el lenguaje que o\'edmos de usted hace dos d\'edas? \'a1No! Le dijo: \ldblquote Guarda los mandamientos\rdblquote . \'bfNo dir\'eda lo mismo a m\'ed tambi\'e9n?\par \'bfD\'f3nde est\'e1 el mandamiento en el Antiguo o el Nuevo Testamento que manda a hacer el voto de celibato? Cristo nunca menciona esa doctrina. \'bfC\'f3mo podemos entender las razones o la importancia de una obligaci\'f3n tan estricta y antinatural en nuestros d\'edas, cuando sabemos muy bien que los mismos santos ap\'f3stoles viv\'edan con sus esposas y el Salvador nunca les reprendi\'f3 por ello?\par Esta libre expresi\'f3n agarLVAL[r\'f3 desprevenido a nuestro superior. Me contest\'f3: \emdash\'bfEs todo lo que tienes que decir?\par \emdash No es todo lo que queremos decir, \emdash respond\'ed, \emdash pero antes de seguir, agradecer\'edamos recibir de usted la luz que deseamos sobre las dificultades que acabo de manifestar.\par \emdash Has hablado como un verdadero hereje, \emdash replic\'f3 el Sr. Leprohon con viveza desacostumbrada, \emdash y si no esperara que hayas dicho estas cosas para recibir la luz, te denunciar\'eda inmediatamente al obispo. T\'fa hablas de las Escrituras tal como hablar\'eda un Protestante. Apelas a ellas como la \'fanica fuente de verdad y conocimiento Cristiano. Has olvidado las Santas Tradiciones cuya autoridad es igual a la de las Escrituras.\par \emdash Tienes raz\'f3n en decir que la Biblia no impone los votos de celibato, pero lo encontramos en las Santas Tradiciones. El voto de celibato es ordenado por Jesucristo a trav\'e9s de su Iglesia. Las ordenanzas de la Iglesia comprometen a nuestras conciencias igual como los mandamientos de Dios dados en el monte Sina\'ed. No hay salvaci\'f3n para aquellos que no someten su raz\'f3n a las ense\'f1anzas de la Iglesia.\par \emdash No necesitas entender todas las razones por el voto de celibato, pero est\'e1s obligado a creer en su necesidad y santidad, puesto que la Iglesia ha pronunciado su veredicto sobre esa cuesti\'f3n. No te corresponde discutir, porque tu deber es obedecer a la Iglesia as\'ed como los hijos sumisos obedecen a su madre benigna.\par \emdash Pero, \'bfQui\'e9n puede dudar, cuando recordamos que Cristo orden\'f3 a sus ap\'f3stoles a separarse de sus esposas? \'bfNo dijo San Pedro a nuestro Salvador, \ldblquote He aqu\'ed, lo hemos dejado todo y te hemos seguido?\rdblquote (\cf1\ul Mat_19:27\cf0\ulnone ) \'bfNo es el sacerdote el verdadero representante de Cristo en la tierra? En su ordenaci\'f3n, \'bfNo es el sacerdote hecho igual y en un sentido superior a Cristo? Porque cuando celebra la misa, \'e9l manda a Cristo y el mismo HLVAL\ijo de Dios est\'e1 obligado a obedecer. El tiene que bajar del cielo cada vez que el sacerdote le ordena. El sacerdote lo encierra en el sagrario o lo saca de ah\'ed seg\'fan su propia voluntad. Al llegar a ser sacerdotes, ser\'e1n elevados a una dignidad m\'e1s alto que la de los \'e1ngeles. El sacerdote tiene que levantarse a un grado de santidad mucho m\'e1s alto que el nivel de la gente com\'fan, a una santidad igual a la de los \'e1ngeles. \'bfNo ha dicho nuestro Salvador, hablando de los \'e1ngeles: \ldblquote No se casar\'e1n ni se dar\'e1n en casamiento\rdblquote ? Puesto que los sacerdotes son mensajeros y \'e1ngeles de Dios en la tierra, ciertamente tienen que vestirse de santidad y pureza angelical.\par \emdash\'bfNo dice San Pablo que la virginidad es superior al matrimonio? \'bfNo muestra este dicho del ap\'f3stol que el sacerdote, cuyas manos tocan diariamente el cuerpo divino y la sangre de Cristo, debe ser casto y puro, no contaminado por los deberes de la vida casada? Jesucristo a trav\'e9s de su santa Iglesia manda este voto a sus sacerdotes como el remedio m\'e1s eficaz contra nuestra naturaleza corrupta.\par \emdash Gustosamente contestar\'e9 sus dem\'e1s objeciones si tienen m\'e1s, \emdash dijo el Sr. Leprohon.\par \emdash Le agradecemos mucho sus respuestas, \emdash le contest\'e9, \emdash y aprovecharemos su bondad para presentar algunas observaciones adicionales. Pero primero, gracias por aclarar que la Palabra de Dios no apoya a los votos de celibato, sino que solamente las tradiciones de la Iglesia dictan su necesidad y santidad. Nos parec\'eda que usted deseaba que crey\'e9ramos que estaba fundado en las Santas Escrituras. Si nos permite, hablaremos de las tradiciones en otra ocasi\'f3n y nos limitaremos hoy a los textos que usted mencion\'f3 a favor del celibato.\par \emdash Cuando Pedro dice: \ldblquote Hemos dejado todo\rdblquote , nos parece que no ten\'eda la intenci\'f3n de decir que hab\'eda abandonado para siempre a su esposa por medio de un voto. Porque San PaLVAL]blo dice positivamente, despu\'e9s de muchos a\'f1os, que Pedro todav\'eda ten\'eda a su esposa y que viv\'eda con ella, no s\'f3lo en su casa, sino que viajaba con ella cuando predicaba el Evangelio. Las palabras de las Escrituras no pueden ser opacadas por alguna astuta explicaci\'f3n ni por ninguna tradici\'f3n.\par \emdash Aunque usted ya sabe las palabras de Pablo sobre ese tema, perm\'edtame leerlas: \ldblquote\'bfAcaso no tenemos derecho de comer y beber? \'bfNo tenemos derecho de traer con nosotros a una hermana por mujer como tambi\'e9n los otros ap\'f3stoles y los hermanos del Se\'f1or y Cefas?\rdblquote (\cf1\ul 1Co_9:4-5\cf0\ulnone ) Al decir San Pedro: \ldblquote hemos dejado todo\rdblquote no podr\'eda significar que nunca vivir\'eda con su esposa como hombre casado. Evidentemente las palabras de Pedro significan solamente que Jes\'fas ten\'eda el primer lugar en su coraz\'f3n y que todo lo dem\'e1s aun los objetos m\'e1s queridos como su padre, madre y esposa eran secundarias en sus afectos y prioridades.\par \emdash El otro texto que mencion\'f3 acerca de los \'e1ngeles no parece referirse al tema. Cuando nuestro Salvador habla de hombres que son como los \'e1ngeles y que no se casan, se refiere al estado de los hombres despu\'e9s de la resurrecci\'f3n. Si la Iglesia tuviera la misma regla para nosotros no tendr\'edamos ninguna objeci\'f3n. Usted nos dice que el voto de celibato es el mejor remedio contra las inclinaciones de nuestra naturaleza corrupta. \'bfNo es extra\'f1o que Dios nos dice que el mejor remedio que El hab\'eda preparado contra esas inclinaciones est\'e1 en las bendiciones del santo matrimonio? (\cf1\ul 1Co_7:2\cf0\ulnone ) Pero ahora nuestra Iglesia ha encontrado otro remedio m\'e1s de acuerdo a la dignidad del hombre y la santidad de Dios: el voto de celibato.\par Nuestro venerable superior, ya no pudiendo ocultar su indignaci\'f3n, me interrumpi\'f3 bruscamente diciendo: \emdash Lamento sumamente el haberte dejado seguir hasta aqu\'ed. Esto no es una discusi\'LVAL^f3n Cristiana y humilde entre Levitas j\'f3venes y su superior para recibir de \'e9l la luz que desean. Es una exposici\'f3n y defensa de las doctrinas m\'e1s herejes que jam\'e1s he o\'eddo. \'bfNo te da verg\'fcenza intentar hacernos preferir tu interpretaci\'f3n de las Santas Escrituras a la de la Iglesia? \'bfEs a ti o a su santa Iglesia que Cristo prometi\'f3 la luz del Esp\'edritu Santo? \'bfEres t\'fa quien ense\'f1as a la Iglesia o la Iglesia tiene que ense\'f1arte a ti? \'bfEres t\'fa quien gobernar\'e1s y guiar\'e1s a la Iglesia o es la Iglesia quien te gobernar\'e1 y te guiar\'e1 a ti?\par \emdash Mi querido Ch\'edniquy, si no hay un gran cambio muy pronto en ti y en los que pretendes representar, temo mucho por todos ustedes. Muestras un esp\'edritu de infidelidad y rebeli\'f3n que me asusta. \'a1Igual como Lucifer, te rebelas contra el Se\'f1or! \'bfNo temas los dolores eternos de su rebeli\'f3n?\par \emdash Estas apoyando un error Protestante cuando dices que los ap\'f3stoles viv\'edan con sus esposas de la manera normal. Es verdad que Pablo dice que los ap\'f3stoles ten\'edan mujeres con ellos y que aun viajaban con ellas. Pero las Santas Tradiciones de la Iglesia nos dicen que esas mujeres eran v\'edrgenes santas que viajaban con los ap\'f3stoles para ministrar a sus varias necesidades, lavando su ropa interior y preparando sus comidas como las sirvientas que los sacerdotes ocupan hoy. Es una impiedad Protestante pensar o hablar de otra manera. Pero una palabra m\'e1s y he terminado. Si ustedes aceptan la ense\'f1anza de la Iglesia y se someten como hijos obedientes a esa Madre Sant\'edsima, ella les levantar\'e1 a la dignidad del sacerdocio; a una dignidad mucho m\'e1s arriba de reyes y emperadores en este mundo. Si la sirven con fidelidad, ella les asegurar\'e1 el respeto y la veneraci\'f3n de todo el mundo mientras vivan y les procurar\'e1 una corona de gloria en el cielo.\par \emdash Pero si rechazan sus doctrinas y persisten en sus opiniones rebeldes y escuchan a su propia raz\LVAL'f3n enga\'f1osa en lugar de la Iglesia al interpretar las Santas Escrituras, se convertir\'e1n en herejes, ap\'f3statas y Protestantes. Llevar\'e1n una vida de deshonra en este mundo y ser\'e1n perdidos por toda la eternidad.\par Nuestro superior se sali\'f3 inmediatamente despu\'e9s de estas palabras fulminantes. Despu\'e9s de su salida, algunos de los alumnos de teolog\'eda se re\'edan a carcajadas y me dieron las gracias por haber luchado tan valerosamente y ganado una victoria tan gloriosa; Pues, hab\'eda confundido a mi superior, pulverizando todos sus argumentos. Dos de ellos, repugnados por la l\'f3gica absurda de nuestro superior, salieron del seminario pocos d\'edas despu\'e9s. Si yo hubiera escuchado a mi conciencia, hubiera salido del seminario el mismo d\'eda.\par La raz\'f3n me dijo que el voto de celibato era un pecado contra la l\'f3gica, la moral y contra Dios. Pero yo era un Cat\'f3lico-romano muy sincero. M\'e1s que nunca determin\'e9 no tener ni conocimiento, ni pensamiento, ni voluntad, ni luz ni deseos, sino solamente aquello que la Iglesia me dar\'eda a trav\'e9s de mi superior. \'a1Yo era falible, ella era infalible! \'a1Yo era pecador, ella era la esposa inmaculada de Jesucristo! \'a1Yo era d\'e9bil, ella ten\'eda m\'e1s poder que las grandes aguas del oc\'e9ano! \'a1Yo no era m\'e1s que un \'e1tomo, ella cubr\'eda al mundo con su gloria! Por tanto, \'bfQu\'e9 podr\'eda temer en humillarme a sus pies, vivir su vida, fortalecerme con su fuerza, ser sabio con su sabidur\'eda y santo con su santidad? \'bfNo me hab\'eda dicho mi superior repetidamente que ning\'fan error, ning\'fan pecado me ser\'eda imputado mientras obedec\'eda a mi Iglesia y andaba en sus caminos?\par Con estos sentimientos de perfecto y profundo respeto por mi Iglesia, me consagr\'e9 irrevocablemente a su servicio el 4 de mayo de 1832 al hacer el voto de celibato y aceptar el oficio de subdi\'e1cono.\par \par \par } LVALs `{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Hay varias ceremonias imponentes en la ordenaci\'f3n de un sacerdote. Nunca olvidar\'e9 el gozo que sent\'ed cuando el Pont\'edfice Romano, present\'e1ndome la Biblia me orden\'f3 con voz solemne a estudiarla y predicarla. Esa orden traspas\'f3 mi alma como un destello de luz. Sosteniendo el libro sagrado, acept\'e9 el mandato con gozo inefable, pero sent\'ed que me cay\'f3 una piedra de rayo cuando pronunci\'e9 el terrible juramento que se requiere de todo sacerdote: \ldblquote Nunca interpretar\'e9 las Santas Escrituras, excepto seg\'fan el consenso un\'e1nime de los Santos Padres.\rdblquote\par Muchas veces los otros alumnos y yo hab\'edamos discutido ese juramento extra\'f1o. A solas en la presencia de Dios, mi conciencia se echaba hacia atr\'e1s en terror ante sus consecuencias. Pero yo no era el \'fanico que examinaba su evidente naturaleza blasfematoria.\par Aproximadamente seis meses antes, Stephen Baillargeon, uno de mis compa\'f1eros de teolog\'eda, dijo a uno de nuestros superiores, el Rev. Sr. Raimbault: \emdash\'a1Una de las cosas que mi conciencia no puede reconciliar es el juramento solemne que tendremos que jurar a nunca interpretar las Escrituras, excepto seg\'fan el consenso un\'e1nime de los Santos Padres! \'a1No hemos dedicado ni una sola hora todav\'eda al estudio serio de los Santos Padres. Conozco a muchos sacerdotes y ninguno de ellos jam\'e1s ha estudiado a los Santos Padres!\par \emdash En el nombre del sentido com\'fan, \'bfC\'f3mo podemos jurar que seguiremos las opiniones de hombres de quienes nada sabemos y de quienes nada sabremos excepto por simples rumores vagos?\par Nuestro superior dio una respuesta d\'e9bil, pero su desconcierto creci\'f3 cuando yo dije: \emdash Si me permite, se\'f1or superior, yo tengo algunas objeciones m\'e1s formidables. Quiera Dios que pudiera decir que no s\'e9 nada de los SaLVALantos Padres. Pero mi pesar es que ya sabemos demasiado de los Santos Padres para estar exentos de perjurarnos cuando juramos a no interpretar las Santas Escrituras, excepto seg\'fan su consenso un\'e1nime.\par \emdash Por favor, se\'f1or superior, d\'edganos, \'bfCu\'e1les son los textos de las Escrituras en que est\'e1n un\'e1nimes los Santos Padres? Usted se respeta demasiado para responder. Y si usted, uno de los hombres m\'e1s instruidos de Francia no puede poner su dedo en los textos de la Santa Biblia y decir, \ldblquote Los Santos Padres est\'e1n perfectamente un\'e1nimes en estos textos\rdblquote , \'bfC\'f3mo osamos jurar delante de Dios y los hombres a interpretar cada texto de las Escrituras solamente seg\'fan el consenso un\'e1nime de esos Santos Padres?\par \emdash Las consecuencias de ese juramento son legi\'f3n y cada una de ellas me parece ser la muerte de nuestro ministerio y la condenaci\'f3n de nuestras almas. Henri\'f3n, Berrault, Bell, Costel y Fleury, todos nos atestiguan que la Iglesia se ha llenado constantemente del ruido de las controversias de Santos Padres contra Santos Padres. Algunos dicen, junto con nuestros mejores te\'f3logos modernos, Santo Tom\'e1s, Bellarmine y Ligorio que tenemos que matar a los herejes como matamos a las bestias salvajes, mientras muchos otros dicen que tenemos que tolerarlos. Todos ustedes saben el nombre del Santo Padre que manda al infierno a todas las viudas que se casan por segunda vez, mientras otros Santos Padres no est\'e1n de acuerdo.\par \emdash Algunos tienen ideas muy distintas acerca del purgatorio. Otros en Africa y en Asia rehusaron aceptar la jurisdicci\'f3n suprema del Papa sobre todas las iglesias. \'a1Varios se re\'edan de las excomulgaciones de los Papas y gustosamente murieron sin hacer nada para reconciliarse con \'e9l! \'bfNo llegamos a la conclusi\'f3n de que San Jer\'f3nimo y San Agust\'edn coincidieron en una sola cosa: de estar en desacuerdo sobre cualquier tema que trataran? San Agust\'edn, al fin de su vida, concordLVALb\'f3 con los Protestantes de nuestros d\'edas que \ldblquote sobre esta roca\rdblquote significa Cristo solamente y no Pedro.\par \emdash Y ahora ustedes nos piden en el nombre del Dios de Verdad a jurar solemnemente que interpretaremos las Escrituras solamente seg\'fan el consenso un\'e1nime de aquellos Santos Padres que han sido un\'e1nimes en una sola cosa: de nunca estar de acuerdo el uno con el otro y a veces ni con ellos mismos.\par \emdash Si requieren de nosotros un juramento, \'bfPor qu\'e9 ponen en nuestros manos la historia de la Iglesia que ha saciado nuestra memoria de las interminables divisiones feroces sobre cada cuesti\'f3n que las Escrituras presentan a nuestra fe?\par \emdash Si soy demasiado ignorante o est\'fapido para entender a San Marcos, San Lucas y San Pablo, \'bfC\'f3mo ser\'e9 suficientemente inteligente para entender a Jer\'f3nimo, Agust\'edn y Tertulian? Y si San Mateo, San Juan, y San Pedro no han recibido de Dios la gracia con suficiente luz y claridad para ser entendidos por hombres de buena voluntad, \'bfC\'f3mo es que Justin, Clemes y Cipriano han recibido de nuestro Dios un favor que El neg\'f3 a sus ap\'f3stoles y evangelistas? Si no puedo depender de mi juicio privado para estudiar, con la ayuda de Dios, a las Escrituras, \'bfC\'f3mo podr\'e9 depender de mi juicio privado al estudiar a los Santos Padres?\par \emdash Este dogma o art\'edculo de nuestra religi\'f3n por el cual tenemos que ir a los Santos Padres para saber \ldblquote As\'ed dice el Se\'f1or\rdblquote y no a las mismas Santas Escrituras, es para mi alma como un pu\'f1o de arena arrojado en los ojos. \'a1Me ciega totalmente!\par \emdash\'a1Qu\'e9 alternativa tan espantosa tenemos! O tenemos que perjurarnos, jurando seguir una unanimidad de f\'e1bula para permanecer Cat\'f3lico-romanos o tenemos que sumergirnos en el abismo de impiedad y ate\'edsmo al rehusar jurar que nos adheriremos a una unanimidad que nunca existi\'f3.\par Era evidente durante la clase que hab\'edamos expresado el sentir de LVALccada uno de los alumnos de teolog\'eda. Pero nuestro superior no se atrevi\'f3 a confrontar ni a contestar ni un solo argumento nuestro. Su desconcierto fue superado s\'f3lo por su gozo cuando la campana anunci\'f3 el fin de la clase.\par El prometi\'f3 respondernos, pero al d\'eda siguiente no hizo m\'e1s que echar polvo en nuestros ojos e insultarnos hasta quedarse satisfecho y empez\'f3 por prohibirme leer m\'e1s de los libros contraversiales que yo hab\'eda comprado y ten\'eda que entregar otros libros que me hab\'edan permitido leer como privilegio. Se decidi\'f3 que mi inteligencia no era suficientemente clara y que mi fe no era suficientemente fuerte para leer esos libros. Lo \'fanico que pude hacer era inclinar mi cabeza bajo el yugo y obedecer sin decir nada. \'a1La noche m\'e1s oscura envolvi\'f3 a nuestras mentes y ten\'edamos que creer que esas tinieblas eran la luz resplandeciente de Dios! Hicimos el acto m\'e1s degradante que un hombre puede hacer. Callamos la voz de nuestra conciencia y consentimos en seguir las opiniones de nuestro superior, as\'ed como el bruto sigue las \'f3rdenes de su amo.\par Durante los meses antes de mi ordenaci\'f3n, hice todo en mi poder para aniquilar mis pensamientos sobre este tema; pero para mi asombro, cuando lleg\'f3 el momento para perjurarme, un escalofr\'edo de horror y verg\'fcenza corri\'f3 por mi cuerpo a pesar de m\'ed mismo. En el interior de mi alma, mi conciencia herida clamaba: \emdash\'a1Has aniquilado la Palabra de Dios! \'a1Te rebelas contra el Esp\'edritu Santo! \'a1Niegas las Santas Escrituras para seguir los pasos de hombres pecaminosos! \'a1Rechazas las aguas puras de la vida eterna para beber las aguas lodosas de la muerte!\par Para sofocar nuevamente a la voz de mi conciencia, hice lo que me aconsej\'f3 mi Iglesia: clam\'e9 a mi dios oblea y a la bendita Virgen Mar\'eda que vinieran a socorrerme y callaren las voces que perturbaban mi paz y sacud\'edan mi fe.\par Con toda sinceridad, el d\'eda de mi ordenaci\'f3n, renov\'e9 la proH LVALX mesa que ya hab\'eda hecho tantas veces y dije en presencia de Dios y sus \'e1ngeles: \emdash Yo prometo que nunca creer\'e9 nada, excepto seg\'fan las ense\'f1anzas de mi Santa Iglesia Apost\'f3lica Romana.\par Acost\'e9 mi cabeza en esa almohada de necedad, ignorancia y fanatismo para dormir el sue\'f1o de muerte espiritual con los millones de esclavos que el Papa tiene a sus pies.\par Dorm\'ed ese sue\'f1o hasta que el Dios de nuestra Salvaci\'f3n, en su grande misericordia, me despert\'f3, dando a mi alma la luz, la verdad y la vida que est\'e1n en Jesucristo.\par \par \par } LVALs e{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Fui ordenado en la catedral de Q\'fcebec en septiembre de 1833 por el Reverend\'edsimo Sinaie, primer Arzobispo de Canad\'e1. \'a1Este delegado del Papa, por la imposici\'f3n de las manos en mi cabeza, me dio el poder de convertir una oblea real en el real y substancial cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo! La ilusi\'f3n brillante de Eva cuando el enga\'f1ador le dijo: \ldblquote ser\'e9is como dioses\rdblquote era juego de ni\'f1os en comparaci\'f3n a lo que yo sent\'ed. \'a1Mi Iglesia infalible me coloc\'f3 no solamente en t\'e9rminos iguales con mi Salvador y Dios, sino en realidad m\'e1s arriba de \'e9l! De ahora en adelante, no s\'f3lo le mandar\'eda, sino que le crear\'eda; no s\'f3lo en un sentido espiritual y m\'edstico, sino de un modo real, personal e irresistible.\par La dignidad que yo acababa de recibir era mayor que todas las dignidades y tronos de este mundo. Yo ser\'eda un sacerdote de mi Dios para siempre jam\'e1s. \'a1Cristo, ahora me asociaba consigo mismo perfectamente como el gran y eterno sacrificador, porque yo renovar\'eda cada d\'eda de mi vida su SACRIFICIO EXPIATORIO! \'a1A la orden m\'eda, el eterno, unig\'e9nito Hijo de mi Dios vendr\'eda a mis manos en persona! \'a1El mismo Cristo que se sienta a la diestra del Padre bajar\'eda cada d\'eda para unir su carne a mi carne, su sangre a mi sangre, su alma divina a mi pobre alma pecadora para andar, trabajar y vivir en m\'ed y conmigo en la m\'e1s perfecta unidad e intimidad!\par Pas\'e9 todo ese d\'eda y la mayor parte de la noche contemplando estos honores y dignidades super-humanos. Muchas veces ca\'ed de rodillas para darle gracias a Dios por sus misericordias hacia m\'ed. En la presencia de Dios y sus \'e1ngeles, dije a mis labios y a mi lengua: \emdash\'a1Sean santos ahora, porque no solamentLVALfe hablar\'e1n a su Dios, sino que le dar\'e1n un nuevo nacimiento cada d\'eda! Dije a mi coraz\'f3n: \emdash\'a1Ahora, s\'e9 santo y puro, porque cada d\'eda llevar\'e1s al Santo de los Santos! A mi alma dije: \emdash\'a1Ahora, s\'e9 santo, porque de aqu\'ed en adelante estar\'e1s \'edntima y personalmente unida a Cristo Jes\'fas. Te alimentar\'e1s del cuerpo, sangre, alma y divinidad de aquel ante quien los \'e1ngeles no se hayan con suficiente pureza!\par Mirando a mi mesa donde mi pipa llena de tabaco y mi tabaquero yac\'edan, dije: \emdash\'a1Maleza impura y perniciosa, nunca m\'e1s me contaminar\'e1s! \'a1Ser\'eda inferior a mi dignidad probarte m\'e1s! Luego, abriendo la ventana, los ech\'e9 a la calle para nunca volverlos a usar.\par Al d\'eda siguiente, yo iba a decir mi primera misa y hacer ese milagro incomparable que la Iglesia de Roma llama TRANSUBSTANCIACI\'d3N. Mucho antes del amanecer estaba vestido y de rodillas. \'a1Este iba a ser el d\'eda m\'e1s santo y glorioso de mi vida! Exaltado el d\'eda anterior a gran dignidad, ahora por primera vez iba a hacer un milagro en el altar que ni \'e1ngeles ni serafines podr\'edan hacer.\par No es cosa f\'e1cil ejecutar todas las ceremonias de una misa. Hay m\'e1s de cien diferentes ceremonias y posiciones del cuerpo que es necesario cumplir con suma perfecci\'f3n. Omitir una de ellas voluntariamente, por descuido negligente o por ignorancia, significa eterna condenaci\'f3n. Pero gracias a una docena de ejercicios la semana anterior y a los amigos amables que me ayudaron, ejecut\'e9 las ceremonias mucho m\'e1s f\'e1cil de lo que esperaba. Duraron como una hora... Pero cuando terminaron, yo estaba agotado por el esfuerzo que hice para mantener mi mente y coraz\'f3n al un\'edsono con la grandeza infinita de los misterios realizados por m\'ed.\par Para hacerse creer que uno puede convertir un trozo de pan en Dios requiere un esfuerzo supremo de la voluntad y la aniquilaci\'f3n total de la inteligencia. El estado del alma al terminar el esfuerzo esLVALg m\'e1s como la muerte que la vida.\par Me persuad\'ed que en verdad hab\'eda hecho la acci\'f3n m\'e1s santa y sublime de mi vida, cuando en realidad, \'a1Hab\'eda sido culpable del acto m\'e1s ultrajante de idolatr\'eda! Mis ojos, mis manos y labios, mi boca y lengua y todos mis sentidos e inteligencia me dec\'edan que lo que hab\'eda visto, tocado y comido no era m\'e1s que una oblea. Pero las voces del Papa y su Iglesia me dec\'edan que era el verdadero cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo. \'a1Me persuad\'ed que las voces de mis sentidos e inteligencia eran las voces de Satan\'e1s y que la voz enga\'f1osa del Papa era la voz del Dios de verdad! Todo sacerdote de Roma tiene que aceptar esa necedad y perversidad extra\'f1a, cada d\'eda de su vida, para poder permanecer como sacerdote de Roma.\par \emdash Necesito llevar al \ldblquote buen dios\rdblquote ma\'f1ana a un enfermo, \emdash dice el sacerdote a su sirvienta, \emdash pero no hay m\'e1s part\'edculas en el sagrario. Haz algunos bizcochos para que yo pueda consagrarlos ma\'f1ana.\par La dom\'e9stica obediente toma la harina de trigo, porque ninguna otra clase de harina sirve para hacer el dios del Papa. Una mezcla de cualquier otra clase de harina har\'eda el milagro de la \ldblquote Transubstanciaci\'f3n\rdblquote un gran fracaso. La sirvienta, por consiguiente, toma la masa y la coce entre dos planchas calientes. Cuando est\'e1 bien cocida, toma las tijeras y corta las obleas que miden cuatro o cinco pulgadas. Las recorta hasta que quedan al tama\'f1o de una pulgada y los entrega respetuosamente al sacerdote.\par A la ma\'f1ana siguiente, el sacerdote lleva las obleas reci\'e9n hechas al altar y las convierte en cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo. Fue una de esas obleas que yo llev\'e9 al altar en aquella hora solemne de mi primera misa y que convert\'ed en mi Salvador por medio de las cinco palabras m\'e1gicas: \ldblquote\'a1HOC EST ENIM CORPUS MEUM!\rdblquote\par Ahora pregunto: \emdash\'bfD\'f3nde est\'e1 laLVALh diferencia entre la adoraci\'f3n del becerro-dios que hizo Aar\'f3n y la oblea-dios que yo hice el 22 de septiembre de 1833? La \'fanica diferencia es que la idolatr\'eda de Aar\'f3n dur\'f3 s\'f3lo un d\'eda, mientras la idolatr\'eda en que yo viv\'ed, dur\'f3 un cuarto de siglo y ha sido perpetuado en la Iglesia de Roma por m\'e1s de mil a\'f1os.\par \'bfQu\'e9 ha hecho la Iglesia de Roma al abandonar las palabras de Cristo: \ldblquote Haced esto en memoria de m\'ed\rdblquote y substituir su dogma de Transubstanciaci\'f3n? Ha llevado el mundo otra vez al paganismo antiguo. El sacerdote de Roma adora a un Salvador llamado Cristo; s\'ed, pero ese Cristo no es el Cristo del Evangelio. Es un Cristo falso sacado de contrabando del Panthe\'f3n de Roma y en sacrilegio lo llaman con el nombre adorable de nuestro Se\'f1or Jesucristo.\par Frecuentemente me han preguntado: \'bfSer\'e1 posible que sinceramente te creiste tener el poder de convertir a la oblea en Dios? \'bfDe verdad adorabas a esa oblea como tu Salvador? Para mi verg\'fcenza y para la verg\'fcenza de la pobre humanidad, tengo que decir que s\'ed.\par Yo dec\'eda a la gente mientras se la presentaba: \emdash Este es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, ador\'e9mosle. Luego, postr\'e1ndome de rodillas, adoraba al dios hecho por m\'ed mismo con la ayuda de mi sirvienta. Y toda la gente se postraba para adorar al dios reci\'e9n hecho.\par Tengo que confesar, adem\'e1s, que aunque yo era obligado a creer en la existencia de Cristo en el cielo y era invitado por mi Iglesia a adorarlo como mi Salvador y mi Dios, igual que todo Cat\'f3lico-romano, ten\'eda m\'e1s confianza, fe y amor hacia el Cristo que yo hab\'eda creado con unas cuantas palabras de mis labios, que hacia el Cristo del cielo.\par Mi Iglesia me dijo que el Cristo del cielo estaba airado contra m\'ed a causa de mis pecados; que El constantemente se dispon\'eda a castigarme seg\'fan su terrible justicia; que El se armaba de rel\'e1mpagos y truenos para aplastarme y quLVALie si no fuera por su madre, quien interced\'eda por m\'ed, d\'eda y noche, yo ser\'eda echado en el infierno por mis pecados. No s\'f3lo ten\'eda que creer esta doctrina, sino ten\'eda que predicarla a la gente. Adem\'e1s de esto, yo ten\'eda que creer que el Cristo del cielo era un monarca poderoso, un rey glorios\'edsimo, rodeado de innumerables ej\'e9rcitos de siervos, oficiales y amigos y que no le conven\'eda a un pobre rebelde presentarse ante su rey irritado para conseguir su perd\'f3n. Tendr\'eda que dirigirse a alguno de sus cortesanos de mayor influencia o a su madre, a quien nada le puede negar, para defender su causa.\par Pero no hab\'eda tales terrores ni temores en mi coraz\'f3n cuando me acercaba a mi Salvador que yo mismo hab\'eda creado. Un Salvador tan humilde e indefenso seguramente no ten\'eda ning\'fan estruendo en su mano para castigar a sus enemigos. No pod\'eda tener ninguna mirada de enojo. El era mi amigo adem\'e1s de ser la obra de mis manos. \'bfNo le hab\'eda yo bajado del cielo? y \'bfNo hab\'eda venido a mis manos para o\'edrme, bendecirme y perdonarme, para que \'e9l se acercara a m\'ed y yo a \'e9l?\par Ningunas palabras pueden expresar la idea del placer que yo sent\'eda al estar a solas ante el Cristo de la misa matutina, derramando mi coraz\'f3n ante sus pies. Para los que no han vivido bajo esas terribles ilusiones, es imposible entender la confianza con que hablaba con el Cristo delante de m\'ed, ligado por los lazos de su amor por m\'ed. Cu\'e1ntas veces en los d\'edas m\'e1s fr\'edos del invierno, en iglesias que nunca hab\'edan visto fuego alguno, con una temperatura de quince grados bajo cero, pasaba horas enteras en adoraci\'f3n del Salvador a quien hab\'eda hecho s\'f3lo unas horas antes.\par Cu\'e1n a menudo miraba con admiraci\'f3n silenciosa a la Persona Divina que estaba ah\'ed solitaria pasando las largas horas, d\'eda y noche, reprendida y abandonada para que yo tuviera la oportunidad de acercarme a ella y hablarle como un amigo a otro, como un pecaLVALjdor arrepentido con su Salvador misericordioso. Mi fe o m\'e1s bien mi ilusi\'f3n era entonces tan completa que apenas sent\'eda el fr\'edo cortante. Dir\'e9 que en verdad las horas m\'e1s felices que pas\'e9 durante los largos a\'f1os en que la Iglesia de Roma me hab\'eda inundado en las tinieblas, eran las horas que pas\'e9 adorando al Cristo que hab\'eda hecho con mis propios labios. Y todo sacerdote de Roma har\'eda la misma declaraci\'f3n si fuera entrevistado sobre el tema.\par Es un principio similar de monstruosa fe que impulsa a las viudas de la India a echarse con gritos de gozo al fuego que les quemar\'e1 en cenizas junto con los cad\'e1veres de sus maridos difuntos. Sus sacerdotes les han asegurado que semejante sacrificio les garantiza su propia felicidad eterna y la de sus maridos difuntos.\par De hecho, los Cat\'f3lico-romanos no tienen otro Salvador a quien puedan acudir aparte de aquel hecho por la consagraci\'f3n de la oblea. El es el \'fanico Salvador que no est\'e1 airado contra ellos y que no requiere la mediaci\'f3n de v\'edrgenes y santos para aplacar su ira. Por esta raz\'f3n se llenan los templos Cat\'f3licos de los pobres y ciegos Cat\'f3lico-romanos. \'a1Observen c\'f3mo corren al pie de los altares a casi cualquier hora del d\'eda y a veces mucho antes del amanecer! Aun en una ma\'f1ana tempestuosa, ver\'e1n a multitudes de adoradores caminando por el lodo para pasar una hora al pie de sus sagrarios. Toda alma anhela tener un Dios con quien pueda hablar y quien oir\'e1 sus s\'faplicas con un coraz\'f3n de misericordia y secar\'e1 sus l\'e1grimas de arrepentimiento.\par Los hijos de luz, los disc\'edpulos del Evangelio que protestan contra los errores de Roma, saben que su Padre Celestial est\'e1 en todo lugar y est\'e1 dispuesto a o\'edr, a perdonar y a ayudarles. Ellos encuentran a Jes\'fas en sus rec\'e1maras m\'e1s secretas cuando entran ah\'ed para orar. Lo encuentran en el campo, atr\'e1s del mostrador y mientras viajan. Dondequiera se encuentran con \'e9l y le hablLVALkan como amigo a su amigo.\par No es as\'ed con los seguidores del Papa. A ellos les dicen contrario al Evangelio (Mt.24:23) que Cristo est\'e1 en la c\'e1mara secreta o sagrario. Cruelmente enga\'f1ados por sus sacerdotes, ellos corren, aguantan las tempestades para acercarse lo m\'e1s posible al lugar donde vive su Cristo misericordioso. Ellos van a ese Cristo pensando que les dar\'e1 una cordial bienvenida, que escuchar\'e1 sus oraciones humildes y ser\'e1 compasivo a sus l\'e1grimas de arrepentimiento.\par Dejen de admirar los Protestantes a los pobres Cat\'f3lico-romanos enga\'f1ados que hacen frente a la tempestad y van a la iglesia antes del amanecer. Esta devoci\'f3n que tanto les vislumbra, debe provocar compasi\'f3n y no admiraci\'f3n. Porque es el resultado l\'f3gico de la m\'e1s terrible oscuridad espiritual. Es la consecuencia natural de la creencia que el sacerdote de Roma puede crear a Cristo y Dios por la consagraci\'f3n de una oblea y guardarlo en un sagrario...\par Los egipcios adoraban a Dios en la forma de cocodrilos y becerros. Los griegos hicieron dioses de m\'e1rmol o de oro. El persa hizo al sol su dios. Los hotentotes hicieron sus dioses de un hueso de ballena; viajaban lejos en tempestades para adorarlos. \'a1La Iglesia de Roma hace su dios de un trozo de pan! \'bfNo es esto idolatr\'eda?\par Desde el a\'f1o de 1833 hasta el d\'eda en que Dios en su misericordia abri\'f3 mis ojos, mi sirvienta hab\'eda usado m\'e1s de treinta y seis mil kilos de harina de trigo para hacer obleas que yo supuestamente convert\'eda en el Cristo de la misa. Algunos de estos yo com\'ed; otros cargu\'e9 conmigo para los enfermos y otros coloqu\'e9 en el sagrario para la adoraci\'f3n de la gente. Frecuentemente me pregunto: \emdash\'bfC\'f3mo es posible que haya sido culpable de un acto tan ultrajante de idolatr\'eda? Mi \'fanica respuesta es la respuesta del ciego del Evangelio: \ldblquote No s\'e9, pero una cosa si s\'e9, que antes era yo ciego, mas ahora veo.\rdblquote (\cf1\ul Joh_9:25\cf0\uLVALlnone )\par \par \cf2\par } LVAL} m{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;\red0\green0\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 En el mes de enero de 1834, o\'ed el siguiente informe del Rev. Sr. Paquette, cura de St. Gervais, en un banquete que hab\'eda hecho para sus sacerdotes vecinos:\par \emdash Cuando joven, yo era el vicario de un cura que pod\'eda comer tanto como dos de nosotros y tomar tanto como cuatro. El era alto y fuerte y hab\'eda dejado los moretones de sus pu\'f1os duros en la nariz de m\'e1s de uno de sus ovejas amadas; porque su enojo era realmente terrible despu\'e9s de tomar una botella de vino.\par \emdash Un d\'eda, despu\'e9s de una comida suntuosa, le mandaron llamar para llevar el \ldblquote buen dios\rdblquote (Le Bon Dieu) a un hombre moribundo. Era pleno invierno y el fr\'edo era intenso y los aires soplaban fuertemente. Hab\'eda casi dos metros de nieve y los caminos eran casi intransitables. Era un asunto serio viajar nueve millas en semejante d\'eda, pero no hab\'eda remedio. El mensajero era uno de los ancianos principales y el hombre moribundo era uno de los ciudadanos importantes del lugar. El cura, despu\'e9s de refunfu\'f1ar, tom\'f3 un vaso grande de buena Jamaica con su chofer como medida preventiva contra el fr\'edo. Fue a la iglesia, agarr\'f3 al \ldblquote buen dios\rdblquote (Le Bon Dieu) y subi\'f3 al trineo envuelto lo mejor posible en su grande sotana de piel de b\'fafalo.\par \emdash Aunque hab\'eda dos caballos, uno delante del otro, para jalar al trineo, la jornada era larga y pesada y se empeor\'f3 por una circunstancia de mala suerte. A medio camino, se encontraron con otro viajero viniendo en la direcci\'f3n opuesta. El camino era demasiado angosto para dejar a los dos trineos y caballos permanecer f\'e1cilmente en tierra firme al rebasarse. Una vez que los caballos se inundan en uno o dos metros de nieve, entre m\'e1s se esfuerzan para salir, m\'e1s proLVALnfundo se inundan.\par \emdash El chofer quien llevaba el \ldblquote buen dios\rdblquote con el cura, naturalmente esperaba tener el privilegio de mantenerse en medio del camino y escapar del peligro de herir a uno de sus caballos o romper su trineo. Grit\'f3 al otro viajero con un alto tono de autoridad: \'a1Viajero! D\'e9jeme el camino. Meta a sus caballos a la nieve. Apres\'farese, tengo prisa. \'a1Llevo al \ldblquote buen dios\rdblquote !\par \emdash Desgraciadamente ese viajero era un hereje a quien le importaba m\'e1s sus caballos que el \ldblquote buen dios\rdblquote . El contest\'f3: \emdash Que se lleve el diablo a su \ldblquote buen dios\rdblquote , pero no voy a romper el cuello de mi caballo. Si su dios no le ha ense\'f1ado las reglas de la ley y del sentido com\'fan, le voy a dar una lecci\'f3n gratuita sobre ese tema.\emdash Saltando de su trineo, tom\'f3 las riendas del caballo delantero del cura para ayudarle a caminar al lado del camino y mantener la mitad para s\'ed mismo.\par \emdash Pero el chofer, quien por naturaleza era muy impaciente e intr\'e9pido, hab\'eda tomado demasiado con mi cura antes de salir de la casa parroquial para permanecer calmado como deber\'eda haber hecho. El tambi\'e9n salt\'f3 de su trineo, corri\'f3 al extranjero, le agarr\'f3 del cuello con su mano izquierda y levant\'f3 la derecha para golpearle en la cara.\par \emdash Desgraciadamente para \'e9l, el hereje parec\'eda haber previsto todo esto. El hab\'eda dejado su abrigo en su trineo y estaba mejor preparado para el conflicto que su agresor. El tambi\'e9n era un gigante en tama\'f1o y fuerza. R\'e1pido como un rel\'e1mpago, sus pu\'f1os derecho e izquierdo cayeron como mazos de hierro en la cara del pobre chofer quien cay\'f3 de espaldas a la nieve suave donde casi desapareci\'f3.\par \emdash Hasta entonces, el cura hab\'eda sido un espectador silencioso; pero el espect\'e1culo y los gritos de su amigo a quien el extranjero aporreaba sin misericordia le hizo perder su paciencia. Quitando de su cueLVALollo la bolsa de seda que conten\'eda el \ldblquote buen dios\rdblquote , lo coloc\'f3 en el asiento del trineo y dijo: \emdash Querido \ldblquote buen dios\rdblquote , por favor, permanece neutral; tengo que ayudar a mi chofer; no participes en este conflicto y yo castigar\'e9 a este Protestante infame como \'e9l merece.\par \emdash Pero el desgraciado chofer estaba completamente fuera de combate antes que el cura pudiera acudir en su auxilio. Su cara estaba cortada horriblemente, tres dientes quebrados, la mand\'edbula inferior desencajada y los ojos tan terriblemente da\'f1ados que dur\'f3 varios d\'edas antes que volviera a ver algo.\par \emdash Cuando el hereje vio al sacerdote venir a renovar la batalla, se quit\'f3 su otro capote para estar m\'e1s libre en sus movimientos. El cura no hab\'eda sido tan sabio. Demasiado confiado de su fuerza herc\'falea, cubierto de su abrigo pesado se ech\'f3 encima del extranjero.\par \emdash Los dos combatientes eran verdaderos gigantes y los primeros golpes han de haber sido terribles de los dos lados. Pero el \ldblquote hereje infame\rdblquote probablemente no hab\'eda tomado tanto como mi cura antes de salir de la casa, o tal vez era m\'e1s experto en el intercambio de esos golpes salvajes. La batalla era larga y la sangre flu\'eda libremente en ambos lados. Los gritos de los combatientes se hubieran o\'eddo a larga distancia si no fuera por el rugir del aire que en ese instante soplaba como un hurac\'e1n.\par \emdash La tempestad, los gritos, la sangre, el sobrepelliz y ropa rota enrojecida de sangre coagulada form\'f3 un espect\'e1culo tan terrible que se asustaron los caballos del cura y ech\'e1ndose a la nieve, dieron la espalda a la tempestad y corrieron rumbo a casa. Arrastraron los fragmentos del trineo volteado una grande distancia y llegaron a la puerta del establo con s\'f3lo unas partes peque\'f1as de los arreos.\par \emdash El \ldblquote buen dios\rdblquote aparentemente oy\'f3 la oraci\'f3n de mi cura y permaneci\'f3 neutral; en todo casoLVALp no se puso de parte de su sacerdote, porque perdi\'f3 y el infame Protestante permaneci\'f3 el amo de batalla. El cura ten\'eda que sacar a su chofer de la nieve donde hab\'eda quedado enterrado como un buey degollado. Los dos ten\'edan que arrastrarse como media milla antes de llegar a la granja m\'e1s cercana donde llegaron despu\'e9s del anochecer.\par \emdash Pero lo peor no se ha dicho. Los caballos hab\'edan arrastrado el trineo cierta distancia, lo voltearon y lo hicieron pedazos. La bolsita de seda con la caja plateada y su contenido precioso se perdi\'f3 en la nieve y aunque cientos de personas la buscaron no se hall\'f3. Y solamente hacia fines de junio, un ni\'f1o, viendo algunos trapos en el lodo junto al camino, los levant\'f3 y cay\'f3 la peque\'f1a caja plateada.\par \emdash Sospechando que era lo que la gente buscaba durante tantos d\'edas el invierno pasado, la llev\'f3 a la casa parroquial. Yo estaba presente cuando la abrieron. Hab\'edamos esperado encontrar al \ldblquote buen dios\rdblquote m\'e1s o menos intacto, pero est\'e1bamos destinados a ser desilusionados. \'a1El \ldblquote buen dios\rdblquote estaba completamente fundido! (\'a1Le Bon Dieu etait fond\'fa!)\par Durante la recitaci\'f3n de esta historia picante, que fue narrada de la manera m\'e1s divertida y c\'f3mica, los sacerdotes hab\'edan bebido libremente y se re\'edan a carcajadas. Pero cuando lleg\'f3 la conclusi\'f3n: \ldblquote\'a1Le Bon Dieu etait fond\'fa!\rdblquote Hab\'eda un prorrumpir de carcajadas como nunca hab\'eda o\'eddo. Los sacerdotes golpeaban el suelo con sus pies y la mesa con sus manos, llenando la casa con gritos de \'a1Le Bon Dieu est fond\'fa! \'a1Le Bon Dieu est fond\'fa! (El \ldblquote buen dios\rdblquote est\'e1 fundido). S\'ed, el dios de Roma arrastrado por un sacerdote borracho en verdad se hab\'eda fundido en la zanja lodosa. Este hecho glorioso fue proclamado por sus propios sacerdotes en medio de risa convulsiva y ante mesas llenas de botellas de vino reci\'e9n vaciadas por elloLVALqs.\par A mediados de marzo de 1839, pas\'e9 uno de los d\'edas m\'e1s desgraciados de mi vida sacerdotal. Como a las dos de la tarde, un pobre irland\'e9s de m\'e1s all\'e1 de las altas monta\'f1as vino apresuradamente para que fuera a ungir a una mujer moribunda. Tard\'e9 diez minutos en correr a la iglesia, meter al \ldblquote buen dios\rdblquote en la peque\'f1a caja plateada, encerrarlo todo en la bolsa de mi chaleco y subir al trineo r\'fastico del irland\'e9s.\par Los caminos eran sumamente malos y ten\'edamos que ir muy despacio. A las siete p.m., faltaban m\'e1s de tres millas para llegar a la casa de la enferma. Ya oscurec\'eda y el caballo estaba tan agotado que no era posible seguir adelante por el bosque tenebroso. Decid\'ed pasar la noche en una choza de irlandeses pobres que viv\'edan cerca del camino. Toqu\'e9 a la puerta y ped\'ed hospedaje. Fui recibido con esa demostraci\'f3n calurosa de respeto que todo irland\'e9s Cat\'f3lico-romano sabe mostrar a sus sacerdotes mejor que nadie. La choza med\'eda siete metros de largo y cinco de ancho. Fue hecho de troncos redondos entrelazados con abundancia de barro para evitar la entrada del aire y del fr\'edo. Seis gordos y saludables ni\'f1os y ni\'f1as aunque medio desnudos y no muy bien lavados, se presentaron alrededor de sus buenos padres como testigos vivos de que esta choza, a pesar de su apariencia fea, era realmente un hogar feliz para sus habitantes. Adem\'e1s de ocho seres humanos protegidos bajo ese techo hospitalario, vi en un extremo de la choza una magn\'edfica vaca con su becerro reci\'e9n nacido y dos puercos finos. Estos dos \'faltimos hu\'e9spedes estaban separados del resto de la familia s\'f3lo por una divisi\'f3n, de como un metro de alto, hecha de ramas.\par \emdash Por favor, Su Reverencia, \emdash dijo la buena mujer despu\'e9s de preparar la cena, \emdash disculpe nuestra pobreza, pero tenga la seguridad que nos sentimos felices y muy honrados de hospedarle en nuestra humilde morada esta noche. Mi \'fanica pena es LVALrque solamente papas, leche y mantequilla tenemos para ofrecerle de cenar. En esta regi\'f3n apartada, el t\'e9, el az\'facar y la harina de trigo son lujos escasos.\par Le agradec\'ed a la buena mujer su hospitalidad, asegur\'e1ndole que las buenas papas, mantequilla fresca y leche eran el mejor manjar exquisito que me podr\'edan ofrecer en cualquier lugar. Me sent\'e9 a la mesa y com\'ed una de las cenas m\'e1s deliciosas de mi vida. Las papas estaban muy bien cocidas y la mantequilla, crema y leche eran de la mejor calidad. Tambi\'e9n mi apetito estaba bastante agudo debido a la jornada larga por las monta\'f1as escarpadas.\par No les hab\'eda dicho a esta buena gente ni a mi chofer que ten\'eda en la bolsa de mi chaleco al \ldblquote Le Bon Dieu\rdblquote (el \ldblquote buen dios\rdblquote ) porque les hubiera inquietado demasiado, a\'f1adiendo a mis otras dificultades. Cuando lleg\'f3 la hora de dormir, me acost\'e9 con toda mi ropa. Dorm\'ed bien, porque estaba muy cansado debido a los caminos pesados y quebrantados desde Beauport hasta estas monta\'f1as distantes.\par A la ma\'f1ana siguiente antes del desayuno y del alba, me levant\'e9 y tan pronto que vimos el primer vislumbre para ver el camino, sal\'ed en direcci\'f3n de la casa de la mujer enferma, despu\'e9s de ofrecer una oraci\'f3n en silencio.\par No hab\'eda viajado m\'e1s de un cuarto de milla cuando met\'ed mi mano en la bolsa de mi chaleco y para mi consternaci\'f3n indescriptible, descubr\'ed que me faltaba la cajita plateada que conten\'eda al \ldblquote buen dios\rdblquote . Un sudor fr\'edo pas\'f3 por mi cuerpo. Le dije al chofer que se parara y se regresara inmediatamente, porque perd\'ed algo que tal vez encontrar\'eda en la cama donde dorm\'ed. Dentro de cinco minutos volvimos; al abrir la puerta encontr\'e9 a la pobre mujer y su esposo casi enloquecidos. Estaban p\'e1lidos y temblorosos como criminales esperando ser condenados.\par \emdash\'bfNo encontraron una cajita plateada despu\'e9s que sal\'ed? \emdash pregunt\'LVALse9.\par \emdash\'a1Ay, Dios m\'edo! \emdash respondi\'f3 la mujer desolada, \emdash s\'ed la encontr\'e9, pero quiera Dios que nunca la hubiera visto; aqu\'ed est\'e1.\par \emdash Pero, \'bfPor qu\'e9 lamenta usted haberlo encontrado cuando yo estoy tan feliz de hallarla aqu\'ed segura en sus manos? \emdash repliqu\'e9.\par \emdash\'a1Ay! Su Reverencia, usted no sabe qu\'e9 desgracia tan terrible me sucedi\'f3 hace menos de medio minuto antes que usted llamara a la puerta, \emdash exclam\'f3.\par \emdash\'bfQu\'e9 desgracia le habr\'e1 ocurrido en tan corto tiempo? \emdash le pregunt\'e9.\par \emdash Bueno, por favor, Su Reverencia, abra la cajita y me comprender\'e1.\par La abr\'ed. \'a1Pero el \ldblquote buen dios\rdblquote no estaba ah\'ed! Mir\'e1ndole a la cara de la mujer afligida, le pregunt\'e9: \emdash\'bfQu\'e9 significa esto? \'a1Est\'e1 vac\'eda!\par \emdash\'a1Significa \emdash respondi\'f3, \emdash que soy la mujer m\'e1s desgraciada! Ni cinco minutos despu\'e9s que usted sali\'f3, fui a su cama y encontr\'e9 esa cajita. No sabiendo qu\'e9 era, la ense\'f1\'e9 a mis hijos y a mi esposo. Le ped\'ed a mi esposo que la abriera, pero rehus\'f3 hacerlo. Entonces la volte\'e9 por todos lados intentando adivinar qu\'e9 conten\'eda, hasta que el diablo me tent\'f3 tanto que decid\'ed abrirla. Vine a este rinc\'f3n donde est\'e1 esta l\'e1mpara p\'e1lida y la abr\'ed. Pero,\par \'a1Ay, Dios m\'edo! no me atrevo a decir lo dem\'e1s.\par Al decir estas palabras, cay\'f3 al suelo en un ataque de histeria, con gritos agudos y echando espuma por la boca. Arrancaba cruelmente su cabello con sus propias manos. Los gritos y lamentaciones de los ni\'f1os eran tan angustiosos que apenas pude evitar de llorar tambi\'e9n.\par Despu\'e9s de varios momentos de la mayor agon\'eda, viendo que se calmaba m\'e1s la mujer, me dirig\'ed al esposo diciendo: \emdash Por favor, expl\'edqueme estas cosas tan extra\'f1as.\par Al principio apenas pudo hablar, pero como yo le presionaba, me dijo con voz temblorLVALtosa: \emdash Por favor, Su Reverencia, mire ese recipiente que usan los ni\'f1os y tal vez comprender\'e1 nuestra desolaci\'f3n. Cuando mi esposa abri\'f3 la cajita, no se fij\'f3 que ah\'ed estaba el recipiente directamente abajo de sus manos. \'a1Al abrirla, lo que hab\'eda en la cajita plateada cay\'f3 en el recipiente y se hundi\'f3! Todos nos llenamos de asombro cuando llam\'f3 usted a la puerta y entr\'f3.\par Me sent\'ed tan sobrecogido de horror indecible al pensar que el cuerpo, sangre, alma y divinidad de mi Salvador Jesucristo estaba ah\'ed hundido en ese recipiente, que me qued\'e9 mudo y por largo rato no sab\'eda ni qu\'e9 hacer. Primero vino a mi mente que deber\'eda meter mi mano al recipiente e intentar rescatar a mi Salvador de ese sepulcro de ignominia, pero no pod\'eda reunir suficiente valor para hacerlo.\par Por fin, ped\'ed a la pobre familia desolada que cavara un hoyo de un metro y que lo enterraran con su contenido y sal\'ed de la casa despu\'e9s que les prohib\'ed jam\'e1s decir una sola palabra de esa terrible calamidad.\par En uno de los libros m\'e1s sagrados de leyes y reglamentos de la Iglesia de Roma, (Misale Romanum) leemos en la p\'e1gina 58: \ldblquote Si el sacerdote vomita la eucarist\'eda, si las especies aparecen enteras, que sean tragadas reverentemente a menos que surja la enfermedad; para entonces, que las especies consagradas sean separadas con cuidado y sean guardadas en un lugar sagrado hasta que se corrompan y despu\'e9s echarlas a la basura. Pero si las especies no aparecen, sea quemado el v\'f3mito y las cenizas echadas a la basura\rdblquote .\par Cuando yo era sacerdote de Roma estaba obligado con todos los Cat\'f3lico-romanos, a creer que Cristo hab\'eda puesto su propio cuerpo en su boca con sus propias manos y que \'e9l se comi\'f3 a s\'ed mismo, no espiritualmente, sino de una manera material y substancial. \'a1Despu\'e9s de comer a s\'ed mismo, se dio a cada uno de sus disc\'edpulos quienes le comieron tambi\'e9n! !En todas las edades oscuras LVALdel paganismo, el mundo jam\'e1s ha visto a semejante sistema de idolatr\'eda tan degradante, imp\'eda, rid\'edcula y diab\'f3lica en su consecuencia como el dogma de Transubstanciaci\'f3n que ense\'f1a la Iglesia de Roma!\par Cuando con la luz del Evangelio en la mano, el Cristiano entra a esos escondrijos horribles de superstici\'f3n, necedad e impiedad, casi no puede creer a sus ojos y o\'eddos. \'a1Parece imposible que los hombres puedan consentir en adorar a un dios que las ratas puedan comer! \'a1Un dios que puede ser arrastrado y perdido en una zanja lodosa por un sacerdote borracho! \'a1Un dios que puede ser comido, vomitado y comida otra vez por aquellos que tienen suficiente valor para comer otra vez lo que hayan vomitado!\par La religi\'f3n de Roma no es una religi\'f3n, es una parodia, la caricatura despreciable y la destrucci\'f3n de religi\'f3n. La Iglesia de Roma, como hecho p\'fablico, no es m\'e1s que el cumplimiento de esa profec\'eda terrible: \ldblquote Por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos, Dios les env\'eda un poder enga\'f1oso para que crean la mentira.\rdblquote (\cf1\ul 2Th_2:10-11\cf0\ulnone )\par \par \cf2\par } LVAL} v{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 El 24 de septiembre de 1833, el Rev. Sr. Casault, secretario del Obispo de Q\'fcebec, me present\'f3 las cartas oficiales donde me nombraron el vicario del Rev. Sr. Perras, el arcipreste y cura de St. Charles. Pronto me encamin\'e9 con coraz\'f3n alegre para tomar el cargo asignado a m\'ed por mi superior.\par La parroquia de St. Charles est\'e1 hermosamente situada como a veinte millas al suroeste de Q\'fcebec en las riberas de un r\'edo. Las granjas grandes y graneros pulcramente blanqueados con cal eran s\'edmbolos de paz y consolaci\'f3n.\par Muchas veces yo hab\'eda o\'eddo que el Rev. Sr. Perras era uno de los sacerdotes m\'e1s instruidos, piadosos y venerables de Canad\'e1. Cuando llegu\'e9, \'e9l hab\'eda salido a visitar a un enfermo, pero su hermana me recibi\'f3 con todos los signos de cortes\'eda. A pesar de la carga de sus 55 a\'f1os, ella hab\'eda preservado toda la frescura y amabilidad de la juventud.\par Despu\'e9s de algunas palabras de bienvenida, me mostr\'f3 mi estudio y rec\'e1mara. Los dos cuartos eran la perfecci\'f3n de orden y comodidad. Cerr\'e9 las puertas y ca\'ed de rodillas para dar gracias a Dios y a la Bendita Virgen por haberme dado semejante hogar. Diez minutos m\'e1s tarde, regres\'e9 a la sala grande donde hall\'e9 a la Srta. Perras esperando para ofrecerme una copa de vino. Luego me dijo cu\'e1nto se alegraron ella y su hermano cuando supieron que yo iba a venir a vivir con ellos. Ella hab\'eda conocido a mi madre antes de casarse y me cont\'f3 c\'f3mo hab\'eda pasado d\'edas felices con ella.\par Ella no pudo haberme hablado de un tema m\'e1s interesante que mi madre. Aunque hab\'eda muerto hac\'eda varios a\'f1os, ella nunca dej\'f3 de estar presente en mi mente y cercana y querida a mi coraz\'f3n.\par Al rato, lleg\'f3 el cura y me levant\'e9 para saludarlo,LVALw pero es imposible expresar adecuadamente lo que sent\'ed en ese momento. Para entonces, el Rev. Sr. Perras ten\'eda como 65 a\'f1os de edad. Era un hombre alto y casi un gigante. Ning\'fan rey jam\'e1s tuvo un porte de mayor dignidad. Sus hermosos ojos azules eran la encarnaci\'f3n de bondad. Hab\'eda en su rostro una expresi\'f3n de paz, calma, piedad y bondad que conquist\'f3 completamente mi coraz\'f3n y respeto. Cuando, con una sonrisa en sus labios, extendi\'f3 sus manos hacia m\'ed, ca\'ed de rodillas y dije: \emdash Se\'f1or Perras, Dios me env\'eda a usted para que usted sea mi primer maestro y padre. Usted guiar\'e1 mis primeros pasos inexpertos en el santo ministerio. Bend\'edgame y ruegue que yo sea un buen sacerdote igual que usted mismo.\par Esa acci\'f3n m\'eda, impremeditada y sincera, conmovi\'f3 tanto al buen sacerdote anciano que apenas pod\'eda hablar. Inclin\'e1ndose hacia m\'ed, me levant\'f3 y me abraz\'f3. Con una voz temblando de emoci\'f3n dijo: \emdash Que Dios te bendiga mi querido se\'f1or y \'e9l tambi\'e9n sea bendito por haberte escogido para ayudarme a sobrellevar la carga del ministerio en mi vejez.\par Despu\'e9s de una media hora de la conversaci\'f3n m\'e1s interesante, me mostr\'f3 su biblioteca que era muy grande y compuesta de los mejores libros que a un sacerdote de Roma le es permitido leer. Muy amablemente la puso a mi disposici\'f3n.\par Durante los ocho meses en que era mi privilegio permanecer con el venerable Sr. Perras, la conversaci\'f3n era sumamente interesante. Nunca o\'ed de \'e9l ninguna pl\'e1tica fr\'edvola ni odiosa como se acostumbra haber entre los sacerdotes. Era bien versado en la literatura, filosof\'eda, historia y teolog\'eda de Roma. Hab\'eda conocido personalmente a casi todos los obispos y sacerdotes de los \'faltimos cincuenta a\'f1os y su memoria estaba bien almacenado de an\'e9cdotas y hechos concerniente al clero casi desde los d\'edas de la conquista de Canad\'e1.\par Un par de meses antes de mi llegada a St. Charles, el vicarLVALxio que me precedi\'f3, llamado Lajus, se fug\'f3 p\'fablicamente con una de sus penitentes hermosas. Despu\'e9s de tres meses de esc\'e1ndalo p\'fablico, ella, arrepentida, volvi\'f3 a sus padres que estaban destrozados de coraz\'f3n. Casi al mismo tiempo, un cura vecino en el cual yo ten\'eda mucha confianza, tambi\'e9n se comprometi\'f3 con una de sus bellas feligresas de una manera vergonzosa aunque menos publicada. Estos dos esc\'e1ndalos me angustiaban en extremo y por casi una semana me sent\'ed tan inundado de verg\'fcenza que ten\'eda pavor de mostrar mi cara en p\'fablico y casi me arrepent\'ed de haber llegado a ser sacerdote. Mis noches eran desveladas; apenas pod\'eda comer. Mis pl\'e1ticas con el Sr. Perras perd\'edan su encanto.\par \emdash\'bfEst\'e1s enfermo mi joven amigo? \emdash me pregunt\'f3 un d\'eda.\par \emdash No se\'f1or, no estoy enfermo, \emdash contest\'e9, \emdash pero s\'ed estoy triste.\par El replic\'f3: \emdash\'bfPuedo saber la causa de tu tristeza? Sol\'edas estar alegre y feliz desde que llegaste. Por favor, dime, \'bfQu\'e9 te pasa? Yo soy un hombre anciano y conozco muchos remedios tanto para el alma como para el cuerpo.\par \emdash Los dos \'faltimos esc\'e1ndalos terribles de los sacerdotes, \emdash le respond\'ed, \emdash son la causa de mi tristeza. Las noticias han ca\'eddo sobre m\'ed como una bomba. Aunque hab\'eda o\'eddo algo de esa naturaleza cuando era un sencillo eclesi\'e1stico en el colegio, la debilidad humana de tantos sacerdotes es verdaderamente angustiosa. \'bfC\'f3mo puede uno esperar estar firme sobre sus pies cuando ve a semejantes hombres tan fuertes caer a su lado? \'bfQu\'e9 ser\'e1 de nuestra santa Iglesia en Canad\'e1 y en todo el mundo si sus sacerdotes m\'e1s devotos son tan d\'e9biles y tienen tan poquito auto-respeto y tan poquito temor de Dios?\par \emdash Mi querido joven amigo, \emdash respondi\'f3 el Sr. Perras, \emdash nuestra santa Iglesia es infalible. Las puertas del infierno no pueden prevalecer contra ella. Pero la seLVALyguridad de su perpetuidad e infalibilidad no depende de ning\'fan fundamento humano; No depende de la santidad personal de sus sacerdotes. La prueba m\'e1s clara de que nuestra santa Iglesia tiene promesa de perpetuidad e infalibilidad, se saca de los mismos pecados y esc\'e1ndalos de sus sacerdotes. Porque esos pecados y esc\'e1ndalos la hubieran destruido desde hace mucho tiempo si Cristo no estuviera en medio de ella para salvarla y sostenerla.\par \emdash As\'ed como el arca de No\'e9 fue salvada milagrosamente por la mano poderosa de Dios cuando de otra manera las aguas del diluvio la hubieran naufragado, tambi\'e9n nuestra santa Iglesia se evita perecer en las inundaciones de iniquidad por las cuales demasiados sacerdotes han inundado al mundo. Por tanto, en medio de todos estos esc\'e1ndalos, mant\'e9n firmes e inconmovibles tu fe y confianza en nuestra santa Iglesia y tu respeto por ella, as\'ed como el soldado valiente hace un esfuerzo super-humano para salvar la bandera cuando ve a los que la llevan caer degollados en el campo de batalla. \'a1Ay! Y t\'fa ver\'e1s a muchos portadores de la bandera perecer antes que alcances a mi edad.\par \emdash Yo estoy por terminar mi carrera y gracias a Dios mi fe en nuestra santa Iglesia est\'e1 m\'e1s fuerte que nunca; aunque he visto y o\'eddo muchas cosas que en comparaci\'f3n con ellas, los hechos que ahora te afligen son meras peque\'f1eces.\par \emdash Para prepararte mejor para el conflicto, pienso que es mi deber decirte un hecho que me inform\'f3 el fallecido Sr. Obispo Plessis. Nunca lo he revelado a nadie, pero mi inter\'e9s en ti es tan grande que te lo contar\'e9. Mi confianza en tu sabidur\'eda es tan absoluto que estoy seguro no abusar\'e1s de ella. Nunca debemos permitir a la gente saberlo, porque no s\'f3lo disminuir\'eda, sino destruir\'eda su respeto y confianza en nosotros sin los cuales ser\'eda casi imposible guiarlos.\par \emdash Ya te cont\'e9 que el fallecido venerable Obispo Plessis era mi amigo personal. Cada verano cuando LVALzterminaba los tres meses de visitaci\'f3n episcopal de su di\'f3cesis, \'e9l ven\'eda y pasaba ocho o diez d\'edas de reposo absoluto y disfrutaba de la vida solitaria y privada conmigo en esta casa parroquial. Los dos cuarto que t\'fa ocupas eran de \'e9l y muchas veces \'e9l me dijo que los d\'edas m\'e1s felices de su vida episcopal eran los que pasaba en esta soledad.\par \emdash Un verano, \'e9l lleg\'f3 m\'e1s cansado que nunca y casi me asust\'f3 el aire de angustia que cubr\'eda su rostro. Yo supuse que esto se deb\'eda a su fatiga extrema y esperaba que a la ma\'f1ana siguiente volver\'eda a ser el mismo hombre amable e interesante. Yo tambi\'e9n estaba muy agotado y dorm\'ed profundamente hasta las tres de la ma\'f1ana. Luego, de repente me despertaron los sollozos, lamentaciones medio suprimidas y oraciones que sal\'edan del cuarto del obispo. Sin perder un solo momento, fui y toqu\'e9 a la puerta preguntando de la causa de estos sollozos. Aparentemente el pobre obispo no sospechaba que yo le pod\'eda o\'edr.\par \emdash\'bfSollozos, sollozos? \emdash respondi\'f3, \emdash\'bfQu\'e9 quiere decir con eso? Por favor, regrese a su cuarto a dormir. No se moleste por m\'ed. Estoy bien.\emdash y \'e9l absolutamente rehus\'f3 abrir la puerta de su cuarto. Las horas restantes de la noche, las pas\'e9 desvelado. Los sollozos del obispo eran m\'e1s suprimidos, pero no pod\'eda evitar que yo los escuchara.\par \emdash A la ma\'f1ana siguiente, sus ojos estaban rojos y en su rostro se ve\'eda que hab\'eda sufrido intensamente. Despu\'e9s del desayuno le dije: \emdash Mi se\'f1or, la noche pasada ha sido una noche de desolaci\'f3n para Su Se\'f1or\'eda. Por amor de Dios y en el nombre de los lazos sagrados de amistad, por favor, d\'edgame la causa de su dolor; disminuir\'e1 al momento que lo comparta con su amigo.\par \emdash El obispo me contest\'f3: \emdash Tiene usted raz\'f3n cuando piensa que estoy bajo una carga de gran desolaci\'f3n, pero su causa es de tal naturaleza que no puedo revelarlo LVAL{ni a usted, mi querido amigo.\par \emdash Durante el d\'eda, en vano hice todo lo posible para convencer al Monse\'f1or Plessis a revelar la causa de su dolor. Esa noche, Su Se\'f1or\'eda se meti\'f3 a su rec\'e1mara m\'e1s temprano de lo normal. Era imposible para m\'ed dormir esa noche, porque su desolaci\'f3n parec\'eda ser tan grande que tem\'ed encontrar a mi querido amigo muerto en su cama la ma\'f1ana siguiente. Yo le observ\'e9 desde el cuarto adjunto desde las diez de la noche hasta la ma\'f1ana siguiente y vi que su dolor era todav\'eda m\'e1s intenso.\par \emdash Form\'e9 una firme resoluci\'f3n, la cual efectu\'e9 al momento que \'e9l sali\'f3 de su cuarto por la ma\'f1ana. \emdash Mi se\'f1or, \emdash le dije, \emdash yo pens\'e9, hasta anoche, que usted me honraba con su amistad, pero hoy veo que estaba equivocado. Usted no me considera su amigo, porque si yo fuera un amigo digno de su confianza, descargar\'eda su coraz\'f3n al m\'edo. \'a1De qu\'e9 sirve una amistad si no es para ayudarnos a sobrellevar las cargas de la vida! Yo me sent\'eda honrado por su presencia en mi casa mientras me consideraba su propio amigo. Pero me parece muy probable que la carga que quiere llevar usted solo, le matar\'e1 y eso muy pronto. No me gusta nada la idea de encontrarle s\'fabitamente muerto en mi casa parroquial y tener al juez de primera instancia pidiendo informes dolorosos. Por tanto, mi se\'f1or, no se ofender\'e1 si le pido respetuosamente a Su Se\'f1or\'eda que busque otro alojamiento lo m\'e1s pronto posible.\par \emdash Mis palabras cayeron sobre el obispo como una bomba. Con un profundo suspiro me mir\'f3 en la cara con l\'e1grimas rodando de sus ojos y dijo: \emdash Tiene usted raz\'f3n, Sr. Perras, nunca deber\'eda ocultar mi dolor de un amigo, como usted siempre ha sido. Pero usted es el \'fanico a quien puedo revelarlo. Sin duda su coraz\'f3n sacerdotal y Cristiano no ser\'e1 menos quebrantado que el m\'edo, pero usted me ayudar\'e1 a sobrellevarlo con sus oraciones y consejos sabiosLVAL|. Sin embargo, antes de iniciarlo en un misterio tan terrible, vamos a orar. Luego, nos arrodillamos y rezamos juntos un rosario para invocar el poder de la Virgen Mar\'eda; despu\'e9s, recitamos un Salmo.\par \emdash Entonces el obispo dijo: \emdash Usted sabe que acabo de terminar la visita de mi di\'f3cesis inmenso de Q\'fcebec. No le hablar\'e9 de la gente; ellos generalmente son verdaderamente religiosos y fieles a la Iglesia. Pero los sacerdotes, \'a1Ay, Dios m\'edo! \'bfTe dir\'e9 lo que son? Mi querido Sr. Perras, casi morir\'eda de gozo si Dios me dijera que estoy equivocado. Pero, \'a1Ay! No estoy equivocado. La triste y terrible verdad es \'e9sta: \'a1Los sacerdotes, con la excepci\'f3n de usted y otros tres, todos son infieles y ateos! \'a1Ay, Dios m\'edo, Dios m\'edo! \'a1Qu\'e9 ser\'e1 de la Iglesia en manos de hombres tan malvados!\emdash Y cubriendo su rostro con sus manos, el obispo estall\'f3 en llanto y por una hora no pod\'eda decir una sola palabra y yo mismo me qued\'e9 mudo.\par \emdash Al principio, lament\'e9 haber presionado al obispo a revelar semejante \ldblquote misterio de iniquidad\rdblquote inesperado. Pero despu\'e9s de una hora de silencio, casi incapaces de mirarnos la cara, le dije: \emdash Mi se\'f1or, lo que usted me acaba de decir ciertamente es la cosa m\'e1s triste que jam\'e1s he o\'eddo, pero perm\'edteme decirle que su dolor est\'e1 fuera de l\'edmites.\par Le llev\'e9 a la biblioteca y abr\'ed las p\'e1ginas de la historia de la Iglesia y le mostr\'e9 los nombres de m\'e1s de cincuenta Papas que hab\'edan sido ateos e infieles. Le\'ed las vidas de Borgia, Alejandro VI y otra docena m\'e1s que segura y justamente ser\'edan ahorcados hoy por el verdugo de Q\'fcebec si ellos cometieran en esta ciudad la mitad de los cr\'edmenes p\'fablicos de adulterio, homicidio y perversiones de toda clase que ellos cometieron en Roma, Avign\'f3n, N\'e1poles, etc.\par \emdash Claramente le comprob\'e9 que sus sacerdotes, aunque infieles y ateos, eran \'e1ngeles de piedLVAL}ad, modestia, pureza y religi\'f3n en comparaci\'f3n con un Borjia que vivi\'f3 p\'fablicamente como hombre casado con su propia hija y tuvo un hijo por ella. El acord\'f3 conmigo que varios de los Papas: Los Alejandro, los Juan, los P\'edo y los Leo se hundieron mucho m\'e1s profundo en el abismo de iniquidad que sus sacerdotes. Mi conclusi\'f3n fue que si nuestra santa Iglesia pudo sobrevivir la influencia mortal de tales esc\'e1ndalos durante tantos siglos en Europa, no ser\'eda destruida en Canad\'e1 aun por la legi\'f3n de ateos que la sirven hoy. El obispo reconoci\'f3 la l\'f3gica de mi conclusi\'f3n y me dio las gracias por impedir que se desesperara del futuro de nuestra santa Iglesia en Canad\'e1. Los dem\'e1s d\'edas que pas\'f3 conmigo, estaba casi tan alegre y amable como antes.\par \emdash Ahora, mi querido joven amigo, \emdash a\'f1adi\'f3 el Sr. Perras, \emdash espero que t\'fa seas tan razonable y l\'f3gico en tu religi\'f3n como el Obispo Plessis, quien probablemente fue el hombre m\'e1s grande que ha tenido Canad\'e1. Cuando Satan\'e1s intenta conmover tu fe por los esc\'e1ndalos que ves, acu\'e9rdate de aquel Papa, quien para vengarse de su predecesor, le mand\'f3 exhumar; trajo su cad\'e1ver delante de los jueces; le acus\'f3 de los cr\'edmenes m\'e1s horribles que \'e9l comprob\'f3 por muchos testigos oculares y sentenci\'f3 al Papa muerto a ser decapitado, arrastrado con sogas por las calles lodosas de Roma y echado en el r\'edo Tiber. S\'ed, cuando tu mente est\'e1 oprimida por los cr\'edmenes secretos de los sacerdotes que llegues a saber, sea por el confesionario o por rumor p\'fablico, acu\'e9rdate que m\'e1s de doce Papas fueron elevados a esa alta y santa dignidad por las prostitutas ricas de influencia de Roma con las cuales ellos viv\'edan p\'fablicamente de la manera m\'e1s escandalosa. Acu\'e9rdate del joven Juan XI, hijo del Papa Sergio, quien fue consagrado Papa, cuando ten\'eda s\'f3lo doce a\'f1os, por la influencia de su madre prostituta Marosia. El fue tan horriLVAL blemente disoluto que fue destituido por el pueblo y el clero de Roma.\par \emdash Bien, si nuestra santa Iglesia pudo pasar por semejantes tempestades sin perecer, \'bfNo es una evidencia viviente de que Cristo es su piloto; que ella es imperecedera e infalible, porque San Pedro es su fundamento?\par \'a1Ay, Dios m\'edo! \'bfConfesar\'e9 lo que eran mis pensamientos durante ese discurso de mi cura que dur\'f3 m\'e1s de una hora? S\'ed, tengo que decir la verdad. Cuando el sacerdote me estaba exhibiendo los cr\'edmenes inmencionables de tantos de nuestros Papas, una voz misteriosa estaba repitiendo a los o\'eddos de mi alma las palabras del querido Salvador: \ldblquote Un \'e1rbol bueno no puede dar malos frutos ni el \'e1rbol malo dar frutos buenos. Todo \'e1rbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. As\'ed que, por sus frutos los conocer\'e9is.\rdblquote (\cf1\ul Mat_7:18-20\cf0\ulnone ) A pesar de m\'ed mismo, la voz de mi conciencia clamaba en tonos de trueno: \emdash Una Iglesia cuya cabeza y miembros son tan horriblemente corruptos, de ninguna manera puede ser la Iglesia de Cristo.\par \par \par } LVAL} {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22\ldblquote La madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra\rdblquote (\cf1\ul Rev_17:5\cf0\ulnone ).\par Antes del d\'eda en que la teolog\'eda de Roma fuera inspirada por Satan\'e1s, el mundo ciertamente presenci\'f3 muchos hechos oscuros; pero el vicio nunca se hab\'eda vestido con el manto de teolog\'eda. Las formas m\'e1s vergonzosas de iniquidad nunca hab\'edan sido los objetos de estudio detallado bajo el pretexto de salvar al mundo y glorificar a Dios.\par Los que quieren entender, lean \ldblquote El Sacerdote, la Mujer y el Confesionario\rdblquote y luego decidan si no es suficiente para escandalizar los sentimientos del m\'e1s depravado.\par \'bfAlguna vez el mundo haya presenciado a semejante sacrilegio? A un joven de veinticinco a\'f1os le han seducido a hacer un voto de celibato perpetuo y al d\'eda siguiente la Iglesia de Roma llena su mente de las im\'e1genes m\'e1s repugnantes. Roma ni siquiera intenta ocultar el poder abrumador de esta clase de ense\'f1anza, sino que DESCARADAMENTE les dice que el estudio de esas preguntas actuar\'e1n con un poder irresistible sobre sus \'f3rganos y sin siquiera un sonrojo dice: \ldblquote\'a1Contaminaciones resultar\'e1n!\rdblquote (Dens Vol.1 p.315)\par \'bfC\'f3mo pueden las naciones Cat\'f3lico-romanas esperar levantarse en la escala de dignidad y moralidad Cristiana mientras permanecen entre ellos sacerdotes que diariamente est\'e1n ligados por conciencia a contaminar las mentes y corazones de sus madres, sus esposas y sus hijas?\par Dir\'e9 una vez por todas que no hablo con desprecio ni sentimientos anti-cristianos contra los profesores quienes me iniciaron en esos misterios de iniquidad. Ellos tambi\'e9n estaban aplastados, igual que nosotros, bajo un yugo que ataba a sus mentes y contaminaba sin medida a sus corazones. SiempreLVAL que nos daban la lecciones, era evidente que se avergonzaban en lo m\'e1s interior de su alma. Sus conciencias como hombres honestos les prohib\'edan abrir su boca sobre semejantes asuntos, sin embargo, como esclavos y sacerdotes del Papa eran obligados a hablar de ellos sin reserva.\par Despu\'e9s de las lecciones, nosotros los alumnos sent\'edamos tanta verg\'fcenza que a veces ni nos atrevimos a mirarnos. M\'e1s de uno de mis compa\'f1eros me dijeron con l\'e1grimas de verg\'fcenza y furia que se arrepent\'edan de haberse ligado con juramento perpetuo para ministrar en los altares de la Iglesia.\par Un d\'eda, uno de los alumnos, Desaulnier, que compart\'eda el mismo cuarto conmigo me pregunt\'f3: \emdash Ch\'edniquy, \'bfQu\'e9 piensas de nuestros estudios actuales de teolog\'eda? \'bfNo es una verg\'fcenza abrasadora tener que permitir a nuestras mentes contaminarse tanto?\par \emdash No puedo expresar adecuadamente mis sentimientos de repugnancia, \emdash le respond\'ed.\par \emdash\'bfSabes qu\'e9? \emdash dijo Desaulnier, \emdash estoy determinado a nunca consentir ser ordenado sacerdote; porque cuando pienso en el hecho de que el sacerdote est\'e1 obligado a consultar con las mujeres sobre todos estos asuntos contaminantes, siento \emdash No soy menos perturbado, \emdash repliqu\'e9, \emdash mi cabeza me duele y mi coraz\'f3n se sumerge cuando oigo que nuestros te\'f3logos nos dicen que estamos ligados en conciencia a hablar con mujeres extra\'f1as sobre cuestiones tan contaminantes.\par \emdash Pero ya es casi la hora en que de costumbre nos visita el buen Sr. Leprohon, \emdash le dije, \emdash\'bfPrometes apoyarme en lo que le preguntar\'e9 sobre este tema? Estoy seguro que nuestro puro y santo superior nunca ha dicho una sola palabra a las mujeres sobre estas cuestiones degradantes. A pesar de todos los te\'f3logos, seguramente \'e9l nos permitir\'e1 guardar puros nuestras lenguas y corazones como tambi\'e9n nuestros cuerpos en el confesionario.\par \emdash Yo he deseado hablar con LVAL\'e9l por alg\'fan tiempo, \emdash respondi\'f3 Desaulnier, \emdash pero mi valent\'eda siempre me ha fallado; de seguro te apoyar\'e9. Si estamos en libertad para nunca hablar con mujeres de estos horrores, consentir\'e9 a servir a la Iglesia como sacerdote, pero si no, NUNCA SER\'c9 SACERDOTE. Pocos minutos despu\'e9s, nuestro superior entr\'f3 para visitarnos. Le di las gracias y abr\'ed los tomos de Dens y Ligorio en uno de los cap\'edtulos infames y le dije con un sonrojo: \emdash Despu\'e9s de Dios, usted tiene el primer lugar en mi coraz\'f3n desde la muerte de mi madre y usted lo sabe. As\'ed que, conf\'edo que usted me dir\'e1 todo lo que quiero saber en estas horas de ansiedad. Yo he hecho el voto de celibato perpetuo, pero no entend\'eda claramente lo que hac\'eda. Dens, Ligorio y Santo Tom\'e1s han dirigido nuestras mentes a regiones que eran realmente nuevas e inexploradas por nosotros. Por favor, d\'edganos por el amor de Dios si estaremos ligados en conciencia a hablar en el confesionario con las mujeres casadas y solteras sobre cuestiones tan contaminantes e impuras.\par \emdash Sin duda alguna, \emdash respondi\'f3 el Rev. Sr. Leprohon, \emdash porque los instruidos y santos te\'f3logos son positivos en esa cuesti\'f3n. Es absolutamente necesario, porque en general las se\'f1oritas y mujeres casadas son demasiadas t\'edmidas para confesar esos pecados. Por tanto, hay que ayudarlas, interrog\'e1ndolas.\par \emdash Pero, \emdash le contest\'e9, \emdash hemos hecho un juramento a permanecer siempre puros e impolutos. \'bfNo ser\'eda mejor experimentar esas cosas en los santos lazos de matrimonio conforme a las leyes de Dios que en compa\'f1\'eda y conversaciones con mujeres extra\'f1as?\par Aqu\'ed, me interrumpi\'f3 Desaulnier: \emdash Mi querido Sr. Leprohon, yo concuerdo con todo lo que Ch\'edniquy acaba de decirle. Le pregunto, mi querido se\'f1or, \'bfQu\'e9 ser\'e1 de mi voto de perfecta castidad perpetua cuando en la presencia seductora de la esposa de mi pr\'f3jimo o las palabLVALras encantadoras de su hija, me haya contaminado en el confesionario? Despu\'e9s de todo, la gente me ver\'e1 como un hombre casto, pero \'bfQu\'e9 ser\'e9 a los ojos de Dios? Los hombres pensar\'e1n que soy un \'e1ngel de pureza; pero mi propia conciencia me dir\'e1 que no soy m\'e1s que un h\'e1bil hip\'f3crita. Porque seg\'fan los te\'f3logos, el confesionario es la tumba de la castidad del sacerdote.\par Las palabras audaces y en\'e9rgicas de Desaulnier evidentemente hicieron una impresi\'f3n angustiosa en nuestro superior. Pocas veces, alguno de sus disc\'edpulos le hab\'eda hablado con tanta libertad. No ocult\'f3 su dolor ante lo que \'e9l llam\'f3 un ataque impropio y anti-cristiano contra algunas de las ordenanzas m\'e1s santas de la Iglesia. Despu\'e9s de refutar a Desaulnier, volvi\'f3 a m\'ed: \emdash Mi querido Ch\'edniquy, te he advertido repetidamente contra el h\'e1bito que tienes de hacer caso a tus propios razonamientos fr\'e1giles. Si te crey\'e9ramos a ti, comenzar\'edamos inmediatamente a reformar la Iglesia y abolir la confesi\'f3n de mujeres con los sacerdotes, echar\'edamos todos nuestros libros teol\'f3gicos al fuego y mandar\'edamos escribir otros mejor adaptados a tu parecer. El diablo de orgullo te est\'e1 tentando como tent\'f3 a todos los supuestos reformadores. \'a1Si no te cuidas, llegar\'e1s a ser otro Lutero!\par \emdash Los libros teol\'f3gicos de Santo Tom\'e1s, Ligorio y Dens han sido aprobados por la Iglesia. Por un lado, entonces, veo a todos nuestros santos Papas y obispos Cat\'f3licos, todos nuestros te\'f3logos instruidos y sacerdotes y al otro lado, \'bfQu\'e9 veo? Nada, excepto mi peque\'f1o aunque querido Ch\'edniquy.\par \emdash Es tan absurdo para ti reformar la Iglesia con tu peque\'f1a raz\'f3n como para un grano de arena al pie de una monta\'f1a intentar sacar a la monta\'f1a fuera de su lugar. Sigue mi consejo, \emdash continu\'f3 nuestro superior, \emdash antes que sea demasiado tarde. Permanezca quieto el peque\'f1o grano de arena al pie de la moLVALnta\'f1a majestuosa. Todos los buenos sacerdotes antes de nosotros salvaron sus almas, aunque sus cuerpos fueron contaminados; porque esas contaminaciones carnales no son m\'e1s que miserias humanas que no pueden ensuciar al alma que desea permanecer unida a Dios. As\'ed, el coraz\'f3n de un buen sacerdote, como espero que mi querido Ch\'edniquy sea, permanecer\'e1 puro y santo a pesar del ensuciamiento accidental e inevitable de la carne.\par \emdash Aparte de esas cosas, recibir\'e1s en tu ordenaci\'f3n una gracia especial que te transformar\'e1 en otro hombre y la Virgen Mar\'eda, a quien recurrir\'e1s constantemente, te obtendr\'e1 de su Hijo una pureza perfecta.\par \emdash La contaminaci\'f3n de la carne de la cual hablan los te\'f3logos y que confieso que es inevitable al o\'edr las confesiones de mujeres no debe perturbarte, porque Dens y Ligorio (Dens Vol.1 p.299, 300) nos aseguran que no es pecaminosa. \'a1Pero basta! Te proh\'edbo hablarme nuevamente sobre esas preguntas ociosas; y !Cu\'e1nto valga mi autoridad, a ustedes dos les proh\'edbo hablar el uno al otro sobre ese tema!\par Yo hab\'eda esperado o\'edr alg\'fan argumento bueno y razonable, pero para mi sorpresa, \'e9l silenci\'f3 la voz de mi conciencia con un coup d\rquote\'e9tat (un golpe de estado). Desaulnier, tal como me dijo antes, rehus\'f3 ser un sacerdote. Permaneci\'f3 toda su vida en las \'f3rdenes de subdiaconado en el Colegio de Nicolet como profesor de filosof\'eda.\par El era buen l\'f3gico y un matem\'e1tico profundo; aunque era amable con todos, no era comunicativo. Probablemente yo era el \'fanico a quien abri\'f3 su mente concerniente a las grandes cuestiones del Cristianismo: La fe, la historia, la Iglesia y su disciplina. Repetidamente me dijo: \emdash Quisiera nunca haber abierto un libro de teolog\'eda. Nuestros te\'f3logos son sin coraz\'f3n, sin alma y sin l\'f3gica. Muchos de ellos aprueban el robo, mentiras y perjurio; otros nos arrastran sin sonrojo a los abismos m\'e1s asquerosos de iniquidad. A ellosLVAL le gustar\'eda hacer asesinos de todo Cat\'f3lico. Seg\'fan su doctrina, Cristo no es m\'e1s que un bandido Corsicano cuyos disc\'edpulos sanguinarios est\'e1n obligados a destruir a todos los herejes con fuego y espada. Si actu\'e1ramos conforme a los principios de esos te\'f3logos, exterminar\'edamos a todos los Protestantes con la misma frialdad con que matar\'edamos a un lobo. Con sus manos enrojecidas con la sangre de la masacre de San Bartolom\'e9, nos hablan de caridad, religi\'f3n y Dios.\par Para m\'ed, la idea de ese miserable grano de arena que rid\'edculamente intenta quitar la monta\'f1a majestuosa, me impresion\'f3 extra\'f1amente y me humill\'f3. Me qued\'e9 silencioso y confundido, aunque no convencido. Casi cada mes que pas\'e9 en el seminario de Nicolet, sacerdotes del distrito de Three Rivers y de otras partes fueron enviados por los obispos para pasar dos o tres semanas haciendo penitencias por haber engendrado bastardos con sus sobrinas, amas de casa y penitentes bonitas. Estos hechos p\'fablicos e innegables no armonizaban mucho con aquellas teor\'edas hermosas de nuestro venerable director, pero mi respeto por el Sr. Leprohon sell\'f3 mis labios. Despu\'e9s, a solas en mi cuarto me ca\'ed de rodillas para pedir perd\'f3n a Dios por haber pensado por un momento diferente de los Papas y te\'f3logos de Roma. Pero, \'a1Ay de m\'ed! \'a1Todav\'eda no me daba cuenta que cuando Jes\'fas, en su misericordia, env\'eda un solo rayo de su gracia al alma que perece, hay m\'e1s luz y sabidur\'eda en esa alma que en todos los Papas y sus te\'f3logos!\par S\'f3lo Dios conoce qu\'e9 noche tan oscura y terrible pas\'e9 despu\'e9s de ese encuentro. Nuevamente ten\'eda que sofocar a mi conciencia, desmantelar a mi raz\'f3n y sujetarlos bajo las infamias de las teolog\'edas de Roma meticulosamente calculadas para guardar al mundo encadenado en la ignorancia y la superstici\'f3n.\par \par \par } LVAL} {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Generalmente, los sacerdotes viv\'edan en unidad cordial y fraternal y sol\'edan, cada uno por turno, dar un gran banquete cada jueves. Varios d\'edas antes se hac\'edan preparativos para colectar todo lo que pod\'eda agradar al gusto de los invitados. Se compraban los mejores vinos, se buscaban los pavos, pollos, corderos o lechones m\'e1s gordos. Se hac\'edan en casa o se tra\'edan de la ciudad los pasteles m\'e1s deliciosos a toda costa y se ped\'edan los postres y frutas m\'e1s raros y costosos.\par Hab\'eda una extra\'f1a competencia entre aquellos curas para ver quien superaba al otro. Se empleaban varias ayudantes extras, unos d\'edas antes, para ayudar a las sirvientas ordinarias en preparar el \ldblquote GRAN BANQUETE\rdblquote .\par El segundo jueves de mayo de 1834, le toc\'f3 al Sr. Perras. A las doce del d\'eda, \'e9ramos quince sacerdotes alrededor de la mesa.\par Aqu\'ed, reconocer\'e9 los h\'e1bitos perfectos de moral y sobriedad del Sr. Perras. El, s\'ed tomaba su copita social de vino, pero nunca le vi tomar m\'e1s de dos copas en una misma comida. Quisiera poder decir lo mismo de todos los que estaban en su mesa ese d\'eda.\par Nunca he visto, ni antes ni despu\'e9s, una mesa cubierta con tantas viandas apetitosas y exquisitas. El buen cura hab\'eda superado a s\'ed mismo. Una de las caracter\'edsticas m\'e1s notables de estos banquetes era la ligereza y la falta absoluta de seriedad y gravedad. \'a1Ni una sola palabra dicha en mi presencia ah\'ed, indicar\'eda que estos hombres tuvieran otro inter\'e9s en el mundo aparte de comer, beber, contar y o\'edr cuentos, re\'edrse y llevar una vida alegre!\par Al principio me agrad\'f3 todo lo que o\'ed, vi y gust\'e9. Me re\'ed de buena gana con los dem\'e1s invitados de sus historias picantes de sus bellas penitentes o de las caricaturas chistosas que pintaban los unos dLVALe los otros; sin embargo, en ratos me sent\'ed inquieto y molesto. Una y otra vez las lecciones de la vida sacerdotal recibidas de los labios de mi querido y venerable Sr. Leprohon llamaban fuertemente a la puerta de mi conciencia. Algunas palabras de las Santas Escrituras tambi\'e9n hac\'edan un ruido extra\'f1o en mi alma y mi propio sentido com\'fan me dec\'eda que esto no era la manera de vivir que Cristo ense\'f1\'f3 a sus disc\'edpulos.\par Hice un gran esfuerzo para sofocar esas voces molestas. A veces tuve \'e9xito y me volv\'eda alegre, pero un momento despu\'e9s fui agobiado nuevamente por ellas y sent\'ed escalofr\'edos como si hubiera percibido en las paredes del sal\'f3n festivo el dedo de mi Dios airado escribiendo: \ldblquote MENE MENE TEKEL UPHARSIN\rdblquote . Entonces, toda mi alegr\'eda desapareci\'f3 y a pesar de todos mis esfuerzos de parecer feliz, el Rev. Sr. Paquette, cura de St. Gervais, lo observ\'f3 en mi rostro. Ese sacerdote era probablemente el que m\'e1s disfrutaba de toda esa fiesta. Bajo el manto nevado de 65 a\'f1os hab\'eda guardado el afecto y jovialidad de la juventud. Era amado por todos y particularmente por los sacerdotes j\'f3venes quienes eran los objetos de su constante atenci\'f3n. Siempre hab\'eda sido sumamente bondadoso conmigo y me atrevo a decir que mis horas m\'e1s agradables eran las que pas\'e9 en su casa parroquial.\par Mir\'e1ndome en el preciso momento en que todo mi intelecto estaba bajo la nube m\'e1s oscura, me dijo: \emdash Mi querido Padrecito Ch\'edniquy, \'bfEst\'e1s cayendo en las manos de la melancol\'eda mientras todos estamos tan felices? \'a1Estabas alegre hace media hora! \'bfEst\'e1s enfermo? \'a1Te ves tan serio y ansioso como Jon\'e1s en el vientre de la ballena! \'bfTe han dejado algunas de tus bellas penitentes para ir a confesarse con otro?\par Ante estas preguntas chistosas, el comedor se conmovi\'f3 de risa convulsiva. Yo quer\'eda haber participado, pero no hab\'eda remedio. Un momento antes, vi que se sonrojaron las sirviLVALentas. Se escandalizaron por unas palabras indecentes proferidas por un sacerdote joven acerca de una de sus penitentes, palabras que seguramente nunca hubiera dicho si no hubiera ingerido demasiado vino. Le respond\'ed: \emdash Estoy muy agradecido por su bondadoso inter\'e9s y me siento muy honrado de estar aqu\'ed en medio de ustedes. Pero as\'ed como al d\'eda m\'e1s claro no le faltan nubes, as\'ed es con nosotros a veces. Soy joven e inexperto y no he aprendido ver algunas cosas correctamente todav\'eda. Cuando tenga m\'e1s a\'f1os espero ser m\'e1s sabio y no ponerme en rid\'edculo como hago hoy.\par \emdash\'a1Tah, tah, tah! \emdash dijo el anciano Sr. Paquette, \emdash\'e9sta no es la hora de nubes oscuras y melancol\'eda. Al\'e9grate como conviene tu edad. Habr\'e1 suficientes horas durante el resto de tu vida para la tristeza y los pensamientos sobrios.\emdash Y apelando a todos, pregunt\'f3: \emdash\'bfNo es cierto caballeros?\par \emdash\'a1Si, s\'ed! \emdash respondieron un\'e1nimes todos los invitados.\par \emdash Ahora, \emdash dijo el sacerdote anciano, \emdash t\'fa o\'edste el veredicto del jurado. Est\'e1 a favor m\'edo y en contra tuya. D\'edme la causa de tu tristeza y me comprometo a consolarte y hacerte feliz como estabas al comienzo del banquete.\par \emdash Yo preferir\'eda que ustedes siguieran disfrutando de esta hora agradable sin fijarse en m\'ed, \emdash respond\'ed, \emdash por favor, disc\'falpenme si no les molesto con las causas de mi necedad personal.\par \emdash Bien, bien, \emdash dijo el Sr. Paquette, \emdash ya lo veo. La causa de tu problema es que todav\'eda no hemos brindado una sola copa de jerez. Llena tu copa de este vino y seguramente ahogar\'e1s a la melancol\'eda que veo al fondo.\par \emdash Con gusto, \emdash dije, \emdash me siento honrado al brindar con usted.\emdash Y ech\'e9 algunas gotas de vino a mi copa.\par \emdash\'a1Ay, ay! \'bfVeo lo que est\'e1s haciendo? \'a1S\'f3lo unas gotas en tu copa! Eso ni mojar\'eda la pata hendida de la mLVALelancol\'eda que te atormenta. Se requiere una copa llena y rebosando para ahogarla y acabar con ella. Llena tu copa de este vino precioso, el mejor que jam\'e1s he probado.\par \emdash Pero no puedo tomar m\'e1s que estas gotitas.\par \emdash\'bfPor qu\'e9 no? \emdash replic\'f3.\par \emdash Porque ocho d\'edas antes de su muerte me escribi\'f3 mi madre pidi\'e9ndome prometerla que nunca tomar\'eda m\'e1s que dos copas de vino en la misma comida. \'a1Le hice esa promesa en mi contestaci\'f3n y el mismo d\'eda que recibi\'f3 mi promesa, parti\'f3 de este mundo para transmitirla escrita en su coraz\'f3n al cielo a los pies de su Dios!\par \emdash Guarda esa promesa sagrada, \emdash respondi\'f3 el cura anciano, \emdash pero d\'edme, \'bfPor qu\'e9 est\'e1s tan triste cuando nosotros estamos tan alegres?\par \emdash\'a1S\'ed, s\'ed! \emdash dijeron todos los sacerdotes, \emdash t\'fa sabes que simpatizamos contigo, por favor, d\'ednos la causa de esta tristeza.\par Entonces contest\'e9: \emdash Ser\'eda mejor para m\'ed, guardar mi propio secreto que yo s\'e9 que me pondr\'e1 en rid\'edculo aqu\'ed, pero como ustedes est\'e1n un\'e1nimes en su petici\'f3n, se los dir\'e9: Ustedes bien saben que he sido impedido hasta ahora asistir a algunos de sus gran banquetes. Dos veces tuve que ir a Q\'fcebec, a veces he estado enfermo, varias veces fui llamado para visitar a una persona moribunda y otras veces, por el clima, los caminos eran intransitables. Este, entonces, es el primer gran banquete al cual tengo el honor de asistir con todos ustedes.\par \emdash Pero antes de proseguir, debo decirles que durante los ocho meses en que he tenido el privilegio de sentarme a la mesa del Rev. Sr. Perras, nunca he visto en esta casa parroquial cosas semejantes a los que acaban de suceder. Sobriedad, moderaci\'f3n y verdadera templanza evang\'e9lica en bebida y comida han sido la regla invariable. Nunca se ha dicho ninguna palabra que har\'eda sonrojar a las sirvientas ni a los \'e1ngeles de Dios. \'a1Quiera Dios LVALque no estuviera aqu\'ed hoy! porque francamente estoy escandalizado por la mesa epicuriana delante de nosotros y el n\'famero incre\'edble de botellas de los vinos m\'e1s caros vaciados en esta comida.\par \emdash Sin embargo, espero que est\'e9 equivocado en mi evaluaci\'f3n de lo que he visto y o\'eddo. Soy el m\'e1s joven de todos ustedes. No me corresponde ense\'f1ar a ustedes, sino es mi deber aprender de ustedes.\par \emdash\'a1Ay, ay! Mi querido Ch\'edniquy, \emdash respondi\'f3 el cura anciano, \emdash has agarrado al bast\'f3n por la punta equivocada. \'bfNo somos todos hijos de Dios?\par \emdash S\'ed, se\'f1or, \emdash respond\'ed, \emdash somos hijos de Dios.\par \emdash Ahora, \'bfNo da un padre amoroso lo que \'e9l considere la mejor parte de sus bienes a sus amados hijos?\par \emdash S\'ed, se\'f1or, \emdash repliqu\'e9.\par \emdash\'bfNo se agrada ese padre amoroso cuando ve a sus amados hijos comer y beber las cosas buenas que les ha preparado?\par \emdash S\'ed, se\'f1or, \emdash fue mi respuesta.\par \emdash Entonces, \emdash respondi\'f3 el sacerdote l\'f3gico, \emdash entre m\'e1s nosotros los amados hijos de Dios comamos estas viandas exquisitas y bebamos estos vinos deliciosos que nuestro Padre Celestial pone en nuestras manos, m\'e1s se agrada de nosotros. Entre m\'e1s nosotros, los m\'e1s amados de Dios, nos alegramos y nos gozamos, m\'e1s \'e9l mismo se agrada y se regocija en su reino celestial. Pues, si Dios, nuestro Padre, se agrada tanto de nosotros, \'bfPor qu\'e9 t\'fa est\'e1s tan triste?\par Esta obra maestra de argumentaci\'f3n fue recibido por todos (excepto el Sr. Perras) con aplausos de aprobaci\'f3n y gritos de \ldblquote\'a1Bravo, bravo!\rdblquote\par Yo era demasiado cobarde para decir lo que sent\'eda. Intent\'e9 ocultar mi tristeza creciente con sonrisas forzadas en mis labios. Para entonces, era la una y cuarto p.m. A las dos, todo el grupo fue a la iglesia donde, despu\'e9s de adorar a su dios oblea por quince minutos, cayeron de rodillas a los pLVALies los unos de los otros a confesar sus pecados y conseguir perd\'f3n por la absoluci\'f3n de sus confesores.\par Para las tres p.m. todos se hab\'edan ido y me qued\'e9 solo con mi venerable cura anciano Perras. Despu\'e9s de algunos minutos de silencio, le dije: \emdash Mi querido Sr. Perras, no tengo palabras para expresar mi pesar por lo que dije en su mesa. Le pido perd\'f3n por cada palabra de esa desgraciada conversaci\'f3n a la cual fui arrastrado a pesar de m\'ed mismo. Cuando ped\'ed al Sr. Paquette que me dijera en qu\'e9 me hab\'eda equivocado, no ten\'eda la menor idea que oir\'edamos a uno de los veteranos en el sacerdocio asociar el nombre de Dios con impiedades tan deplorables.\par El Sr. Perras me respondi\'f3, \emdash Lejos de desagradarme lo que o\'ed de ti en esta comida, te dir\'e9 que has ganado m\'e1s de mi estimaci\'f3n por ello. Yo mismo me averg\'fcenzo de estos banquetes. Nosotros los sacerdotes somos v\'edctimas igual como el resto del mundo de modas, vanidades, orgullo y lascivia de aquel mundo contra el cual somos enviados a predicar. Los gastos que hacemos en estos banquetes ciertamente son un crimen frente a la miseria de la gente que nos rodea. Este ser\'e1 el \'faltimo banquete que dar\'e9 con tanta extravagancia tonta. Las palabras valientes que dijiste me han hecho bien. Les har\'e1n bien a ellos tambi\'e9n; no estaban tan intoxicados para no recordar lo que has dicho.\par Luego apretando mi mano en la suya me dijo: \emdash Te doy gracias, mi buen Padrecito Ch\'edniquy, por el corto pero excelente serm\'f3n. No ser\'e1 perdido. Me sacaste las l\'e1grimas cuando nos mostraste a tu madre piadosa yendo a los pies de Dios en el cielo, con tu promesa sagrada escrita en su coraz\'f3n \'a1Oh, has de haber tenido una buena madre! Yo la conoc\'ed cuando ella era muy joven. En ese entonces, ya era una se\'f1orita conocida por su sabidur\'eda y la dignidad de sus modales.\par Entonces me dej\'f3 solo en la sala y sali\'f3 a visitar a un enfermo en una de las casa vecinas.LVAL Al encontrarme solo, ca\'ed de rodillas para orar y llorar. Mi alma se llen\'f3 de emociones inexpresables que no pude contener. Llor\'e9 por mis propios pecados, porque no me hall\'e9 en mejor condici\'f3n que los dem\'e1s, aunque no hab\'eda comido ni bebido en exceso como varios de ellos. Llor\'e9 por mis amigos que hab\'eda visto tan d\'e9biles; despu\'e9s de todo, eran mis amigos. Yo les am\'e9 y sab\'eda que ellos me amaban. Llor\'e9 por mi Iglesia servida por pobres sacerdotes tan pecadores. \'a1Si! Llor\'e9 ah\'ed de rodillas hasta quedarme satisfecho y me hizo bien. Pero mi Dios ten\'eda guardada otra prueba para su pobre siervo infiel.\par Despu\'e9s de mi oraci\'f3n, no hab\'eda estado ni diez minutos en mi estudio cuando o\'ed gritos extra\'f1os y un ruido como de un homicidio en acci\'f3n. Evidentemente forzando una puerta en el piso superior, alguien bajaba por las escaleras. Los gritos de \ldblquote\'a1Homicidio, homicidio!\rdblquote llegaron a mis o\'eddos. \ldblquote\'a1Ay, Dios m\'edo, Dios m\'edo! \'bfD\'f3nde est\'e1 el Sr. Perras?\rdblquote llenaron el aire.\par Corr\'ed r\'e1pidamente a la sala para ver qu\'e9 ocurr\'eda. \'a1Ah\'ed me encontr\'e9 cara a cara con una mujer totalmente desnuda con su largo cabello ondeando por sus hombros, su cara tan p\'e1lida como la muerte y sus ojos clavados en sus cuencos! Extendi\'f3 sus manos hacia m\'ed con un chillido horrible y antes que pudiera moverme un solo paso, agarr\'f3 mis dos brazos con las manos. Mis huesos cruj\'edan por su apret\'f3n y sus u\'f1as romp\'edan mi piel. Intent\'e9 escapar, pero era imposible. Ped\'ed auxilio, pero el espectro viviente grit\'f3 todav\'eda m\'e1s fuerte: \emdash No tienes nada que temer, c\'e1llate, soy enviada por el Dios Todopoderoso y la bendita Virgen Mar\'eda para darte un mensaje. Los sacerdotes que he conocido, sin excepci\'f3n, son una banda de v\'edboras; destruyen a sus penitentes femeninas a trav\'e9s de la confesi\'f3n auricular. \'a1Ellos me han destruido y mataron a mi ni\'f1a! \LVAL'a1No sigas su ejemplo!\par Luego empez\'f3 a cantar con una voz hermosa una melod\'eda conmovedora, un cierto poema que ella hab\'eda compuesto el cual consegu\'ed despu\'e9s secretamente de una de sus sirvientas, la traducci\'f3n del cual es la siguiente:\par \ldblquote\'a1Los sacerdotes de Satan\'e1s han contaminado mi coraz\'f3n!\par \'a1Han condenado mi alma! \'a1Han asesinado a mi ni\'f1a!\par \'a1Ay, mi ni\'f1a, querida ni\'f1a! Desde tu sitio en el cielo,\par \'bfVes las l\'e1grimas de tu madre culpable?\par \'bfNunca me consolar\'e1 tu rostro sonriente?\rdblquote\par Mientras cantaba estas palabras, l\'e1grimas grandes corr\'edan por sus p\'e1lidas mejillas y su triste voz pudiera derretir un coraz\'f3n de piedra. \'a1Fui petrificado en la presencia de ese fantasma viviente! No me atrev\'ed a tocarla de manera alguna con mis manos. Me sent\'ed horrorizado y paralizado mirando ese espectro p\'e1lido, cadav\'e9rico y desnudo. Cuando la pobre sirvienta intent\'f3 en vano arrastrarla para quitarla de m\'ed, le asust\'f3 con el grito: \emdash\'a1Si me tocas, te estrangular\'e9 en un instante!\par \emdash\'bfD\'f3nde est\'e1 el se\'f1or Perras? \'bfD\'f3nde est\'e1 la se\'f1orita Perras? \'bfD\'f3nde est\'e1n las dem\'e1s sirvientas? \emdash grit\'e9 a la sirvienta que estaba temblando y fuera de s\'ed.\par \emdash La se\'f1orita Perras fue corriendo a la iglesia por el cura, \emdash respondi\'f3, \emdash y no s\'e9 adonde fue la otra muchacha.\par En ese instante, entr\'f3 el Sr. Perras. Corri\'f3 de prisa hacia su hermana y dijo: \emdash\'bfNo te da verg\'fcenza presentarte desnuda ante semejante caballero? \emdash y con sus brazos fuertes intent\'f3 forzarla a soltarme.\par Volteando su cara hacia \'e9l y con ojos de una tigre grito: \emdash\'a1Miserable hermano! \'bfQu\'e9 has hecho con mi ni\'f1a? \'a1Veo su sangre en tus manos!\par Mientras luchaba con su hermano, hice un gran esfuerzo repentino de escapar de su apret\'f3n y esta vez tuve \'e9xito; pero viendo que quer\'eda echarsLVALe encima de m\'ed nuevamente, salt\'e9 por una ventana abierta. R\'e1pido como un rayo, ella se zaf\'f3 de las manos de su hermano y tambi\'e9n salt\'f3 por la ventana persigui\'e9ndome. De pronto, me ca\'ed de cabeza con mis pies enredados en mi larga y negra sotana sacerdotal.\par Providencialmente, dos hombres fuertes atra\'eddos por mis gritos acudieron para rescatarme. A ella la envolvieron en una cobija y la llevaron a su aposento donde qued\'f3 encerrada con seguro, bajo la vigilancia de dos sirvientas fuertes.\par La historia de esa mujer es verdaderamente triste. Viviendo en la casa de su hermano sacerdote, cuando era joven y muy hermosa, le sedujo su padre confesor y lleg\'f3 a ser madre de una ni\'f1a a la cual am\'f3 con coraz\'f3n de una verdadera madre. Ella estaba determinada a quedarse con ella y criarla.\par Pero esto no correspond\'eda a las opiniones del cura. Una noche mientras dorm\'eda la madre, le quitaron la ni\'f1a. El despertar de esa mujer era terrible. Cuando comprendi\'f3 que nunca volver\'eda a ver a su hija, llen\'f3 la casa parroquial con sus gritos y lamentaciones. Al principio, rehus\'f3 comer para que muriera, pero pronto se volvi\'f3 mani\'e1tica.\par El Sr. Perras, demasiado apegado a su hermana para mandarla a un manicomio, resolvi\'f3 cuidarla en su propia casa parroquial que era muy grande. Una habitaci\'f3n en su piso superior fue arreglada de tal forma que sus gritos no se oyeran y donde tendr\'eda todas las comodidades posibles en sus tristes circunstancias. Dos sirvientas fueron contratadas para cuidarla. Todo esto fue tan bien planeado que yo ten\'eda ocho meses viviendo en esa casa parroquial sin siquiera sospechar que hubiera un ser tan desgraciado bajo el mismo techo.\par Parece que ocasionalmente, durante muchos d\'edas, su mente estaba perfectamente l\'facida. Luego pasaba su tiempo orando y cantando el poema que ella misma compuso y que cant\'f3 cuando me ten\'eda agarrado. En sus mejores momentos, hab\'eda abrigado un odio invencible contra los  LVAL$ sacerdotes que hab\'eda conocido. Oyendo a sus sirvientas hablar de m\'ed frecuentemente, varias veces expres\'f3 el deseo de verme, el cual, por supuesto, le negaron. Antes de haber forzado la puerta, escapando de las manos de su guardia, hab\'eda pasado varios d\'edas diciendo que hab\'eda recibido de Dios un mensaje para m\'ed que me entregar\'eda aunque tuviera que pasar por encima de los cad\'e1veres de todos en la casa.\par \'a1Qu\'e9 v\'edctima tan desgraciada de la confesi\'f3n auricular! \'bfCu\'e1ntos m\'e1s cantar\'edan las palabras tristes de su canto:\par \ldblquote\'a1Los sacerdotes de Satan\'e1s han contaminado mi coraz\'f3n!\par \'a1Han condenado mi alma! \'a1Han asesinado a mi ni\'f1a!\rdblquote ?\par \par \par } LVAL} {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Charlesborough, 25 de mayo de 1814\par REV. SR. C. CHINIQUY,\par Mi querido se\'f1or:\par Mi Sr. Panet me ha escogido nuevamente este a\'f1o para acompa\'f1arlo en su visita episcopal. Yo he consentido con la condici\'f3n de que usted tomara mi lugar a la cabeza de mi querida parroquia durante mi ausencia. Porque no tendr\'e9 ninguna ansiedad al saber que mi gente est\'e1 en manos de un sacerdote que aunque tan joven, se ha elevado muy alto en la estimaci\'f3n de todos que le conocen. Por favor, venga a verme lo m\'e1s pronto posible para decirle muchas cosas que har\'e1n m\'e1s f\'e1cil y bendecido su ministerio aqu\'ed en Charlesborough. Su Se\'f1or\'eda me ha prometido que cuando usted pase por Q\'fcebec, \'e9l le dar\'e1 todos los poderes que desea para administrar mi parroquia durante mi ausencia como si usted fuera su cura. Su devoto hermano sacerdote y amigo en el amor y coraz\'f3n de Jes\'fas y Mar\'eda,\par ANTONIO BEDARD\par Me sent\'ed absolutamente confundido por esta carta, me parec\'eda evidente que mis amigos y mis superiores hab\'edan exagerado extra\'f1amente mi d\'e9bil capacidad. En mi contestaci\'f3n protest\'e9 respetuosamente contra semejante decisi\'f3n, pero una carta enviada por el obispo mismo me orden\'f3 ir sin demora a Charlesborough.\par El Rev. Sr. Bedard me recibi\'f3 con palabras tan amables que se dirriti\'f3 mi coraz\'f3n. El ten\'eda como 65 a\'f1os de edad, era chaparro, con hombros grandes y energ\'eda indomitable y ojos radiantes con una expresi\'f3n de bondad insuperable.\par El era uno de los pocos sacerdotes en quien he hallado una verdadera fe honesta en la Iglesia de Roma. El cre\'eda con la fe de un ni\'f1o todas las cosas absurdas que la Iglesia de Roma ense\'f1a y vivi\'f3 conforme a su fe honesta y sincera.\par En la religi\'f3n del Sr. Perras hab\LVAL'eda verdadera calma y serenidad, mientras la religi\'f3n del Sr. Bedard ten\'eda m\'e1s rel\'e1mpago y trueno. \'bfQui\'e9n podr\'eda o\'edr uno de sus sermones sin sentir conmovido su coraz\'f3n y su alma lleno de terror. Nunca o\'ed nada tan emocionante como sus palabras cuando predicaba sobre los juicios de Dios y el castigo de los malos. El Sr. Perras nunca ayun\'f3 excepto los d\'edas fijados por la Iglesia; el Sr. Bedard, por otra parte, se conden\'f3 a ayunar dos veces por semana.\par El Sr. Perras dorm\'eda toda la noche como un ni\'f1o inocente; el Sr. Bedard, en cambio, casi cada noche que pas\'e9 con \'e9l se levantaba y se azotaba de la manera m\'e1s despiadada con tiras de cuero que ten\'edan trozos de plomo en la punta. Mientras se impon\'eda esos terribles castigos, recitaba de memoria el Salmo 51 en lat\'edn: \ldblquote Ten misericordia de mi, oh Dios, conforme a tus piedades\rdblquote . Aunque parec\'eda estar inconsciente de ello, rezaba con una voz tan fuerte que yo o\'eda cada palabra que dec\'eda. Tambi\'e9n golpeaba su carne con tanta violencia que yo pod\'eda contar todos los golpes.\par Un d\'eda, protest\'e9 respetuosamente contra semejante auto-imposici\'f3n tan cruel como da\'f1osa para su salud y que estaba quebrantando su constituci\'f3n. \emdash\rdblquote Cher petit frere\rdblquote (Querido hermanito), \emdash contest\'f3, \emdash nuestra salud y constituci\'f3n no pueden ser perjudicados por tales penitencias, pero f\'e1cil y frecuentemente se arruinan por nuestros pecados. Aunque me he impuesto estos castigos saludables y bien merecidos durante muchos a\'f1os, yo soy uno de los hombres m\'e1s saludables de mi parroquia. Y aunque estoy anciano, sigo siendo un gran pecador. Tengo un enemigo implacable e indomitable en mi coraz\'f3n que no se puede sojuzgar, excepto por castigar a mi carne. Si no hago estas penitencias por mis transgresiones innumerables, \'bfQui\'e9n har\'e1 penitencias por m\'ed? Si no pago las deudas que debo a la justicia de Dios, \'bfQui\'e9n las LVALpagar\'e1 por m\'ed?\par \emdash Pero, \emdash le respond\'ed \emdash\'bfNo pag\'f3 nuestro Salvador Jesucristo nuestras deudas en el Calvario? \'bfNo nos salv\'f3 y nos redimi\'f3 a todos por su muerte en la cruz? \'bfPor qu\'e9 usted y yo hemos de pagar nuevamente la justicia de Dios que fue pagado tan perfecta y absolutamente por nuestro Salvador?\par \emdash\'a1Ay! mi querido joven amigo, \emdash pronto replic\'f3 el Sr. Bedard, \emdash esa doctrina que tienes es Protestante y ha sido condenado por el santo concilio de Trento. Cristo ciertamente ha pagado nuestras deudas, pero no de una manera tan absoluta que no haya m\'e1s para ser pagado por nosotros. San Pablo dice en su ep\'edstola a los Colosenses: \ldblquote Cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia.\rdblquote Aunque Cristo pudiera haber pagado entera y absolutamente nuestras deudas si hubiera sido su voluntad, es evidente que tal cosa no fue su voluntad. Dej\'f3 atr\'e1s algo que Pablo, t\'fa, yo y cada disc\'edpulo debemos tomar y sufrir en nuestra carne por su Iglesia. Por la misericordia de Dios, las penitencias que me impongo y los dolores que sufro por estas flagelaciones, purifican mi alma culpable y levant\'e1ndome de este mundo contaminante, me acercan m\'e1s y m\'e1s a mi Dios cada d\'eda. Entre m\'e1s hacemos penitencia e infligimos dolores a nuestros cuerpos por ayunos y flagelaciones, m\'e1s nos alegramos en la seguridad de as\'ed levantarnos mucho m\'e1s arriba del polvo de este mundo pecaminoso y nos acercamos m\'e1s y m\'e1s a ese estado de santidad del cual habl\'f3 nuestro Salvador cuando dijo: \ldblquote Sed santos como yo soy santo.\rdblquote\par Cuando el Sr. Bedard alimentaba mi alma de estas hojarascas, me hablaba con gran animaci\'f3n y sinceridad. Igual que yo, estaba muy lejos de la casa del Buen Padre. Nunca hab\'eda probado el pan de los hijos. Ninguno de nosotros conoc\'edamos la dulzura de ese pan. Ten\'edamos que aceptar esas hojarascas como nuestro \'faniLVALco alimento, aunque no nos quitaba el hambre.\par Le respond\'ed: \emdash Lo que usted me dice aqu\'ed es lo que encuentro en todos nuestros libros asc\'e9ticos y tratados teol\'f3gicos y en las vidas de todos nuestros santos. Pero esta ma\'f1ana le\'ed en el segundo cap\'edtulo de Efesios: \ldblquote Pero Dios que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos am\'f3, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo, ... Porque por gracia sois salvos por medio de la fe y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se glor\'ede.\rdblquote (\cf1\ul Eph_2:5-8\cf0\ulnone )\par \emdash Ahora, mi querido y venerable Sr. Bedard, perm\'edtame preguntarle respetuosamente, \'bfC\'f3mo es posible que su salvaci\'f3n sea s\'f3lo por gracia si usted tiene que pagarla cada d\'eda rompiendo su carne y azotando su cuerpo de una manera tan temible? \'bfNo es una forma muy extra\'f1a de gracia la que enrojece su piel con su sangre y malluga su carne cada noche?\par \emdash Querido hermanito, \emdash respondi\'f3 el Sr. Bedard, \emdash Cuando el Sr. Perras me habl\'f3 de tu piedad, no me ocult\'f3 que tienes un defecto muy peligroso, que es el de pasar demasiado tiempo en la lectura de la Biblia en preferencia a cualquier otro de nuestros libros santos. Me dijo que tienes la tendencia fatal de interpretar las Escrituras demasiado conforme a tu propia mente y de una manera que es m\'e1s Protestante que Cat\'f3lica. Lamento ver que el cura de St. Charles ten\'eda demasiada raz\'f3n. Pero, \'e9l a\'f1adi\'f3 que aunque tu lectura excesiva de las Santas Escrituras tra\'eda algunas nubes a tu mente, al final siempre ced\'edas al sentido dado por nuestra santa Iglesia. Esto no me impidi\'f3 el deseo de tenerte en mi lugar durante mi ausencia y espero que no tendr\'e9 que lamentarlo, porque estamos seguros de que nuestro querido joven Ch\'edniquy nunca ser\'e1 un traidor a nuestra santa Iglesia.\par Estas palabras, dichas con gran solemnidad mezcladas con la bonLVALdad m\'e1s sincera, atravesaron mi alma como una espada de dos filos. Sent\'ed confusi\'f3n y pesar inexpresables y mordi\'e9ndome el labio, dije: \emdash He jurado a nunca interpretar las Santas Escrituras, excepto conforme al consenso un\'e1nime de los Santos Padres y con la ayuda de Dios cumplir\'e9 mi promesa. Lamento en gran manera no estar de acuerdo con usted por un momento. Usted es mi superior en edad, en conocimiento y en piedad. Por favor, perd\'f3neme esta desviaci\'f3n moment\'e1nea de mi deber y pida por m\'ed que yo sea como usted: Un soldado fiel y valiente de nuestra santa Iglesia hasta el fin.\par En ese momento entr\'f3 la sobrina del cura para informarnos que la comida estaba lista. Pasamos a una mesa modesta, pero bien surtida. Sin embargo, lo que m\'e1s gusto me dio, fue que se termin\'f3 esa conversaci\'f3n penosa. Apenas ten\'edamos cinco minutos sentados a la mesa cuando un hombre pobre llam\'f3 a la puerta y pidi\'f3 un trozo de pan por amor de Jes\'fas y de Mar\'eda. El Sr. Bedard se levant\'f3 de la mesa, se acerc\'f3 al pobre extranjero y le dijo: \emdash Pase, mi amigo, si\'e9ntese entre m\'ed y nuestro Padrecito Ch\'edniquy. Nuestro Salvador era el amigo de los pobres; \'e9l era el padre de la viuda y del hu\'e9rfano y nosotros sus sacerdotes tenemos que seguirle. No se preocupe, si\'e9ntase como en su casa. Aunque yo soy el cura de Charlesborough, soy su hermano. Puede ser que en el cielo usted se siente en un trono m\'e1s alto que el m\'edo si usted ama a nuestro Salvador Jesucristo y a su santa Madre Mar\'eda m\'e1s que yo.\par Con estas palabras pusieron las mejores cosas de la mesa en el plato del pobre extranjero, quien al principio vacil\'f3, pero termin\'f3 por devorar las viandas excelentes.\par Despu\'e9s de esto no necesito decir que el Sr. Bedard era caritativo con los pobres; siempre los trataba como sus mejores amigos. As\'ed tambi\'e9n era mi cura anterior de St. Charles y aunque su caridad no era tan demostrativa y fraternal como la del Sr. Bedard, nunLVALca vi a ning\'fan pobre salir de la casa parroquial de St. Charles cuyo pecho no se llenaba de gratitud y gozo.\par El Sr. Bedard era exactamente como el Sr. Perras en que se confesaba una y a menudo dos veces por semana y prefiriendo no fallar en ese acto humillante, ambos, al estar ausente su confesor normal y muy en contra de mis propios sentimientos, varias veces se arrodillaron humildemente a mis pies juveniles a confesarse.\par Estos dos hombres notables ten\'edan la misma opini\'f3n acerca de la inmoralidad y la falta de religi\'f3n de la mayor\'eda de los sacerdotes. Ambos me contaron cosas de la vida secreta del clero que nadie creer\'eda si lo publicara. Ambos admitieron repetidamente que la confesi\'f3n auricular era la fuente diaria de perversiones indecibles entre los confesores y sus penitentes tanto femeninas como masculinos, pero ninguno de los dos ten\'eda suficiente luz para deducir de esos hechos que la confesi\'f3n auricular fuera una instituci\'f3n diab\'f3lica. Ambos sinceramente creyeron como yo, en ese entonces, que la instituci\'f3n era buena, necesaria y divina y que result\'f3 ser una fuente de perdici\'f3n a tantos sacerdotes solamente a causa de su falta de fe y piedad y principalmente por su negligencia en rezar a la Virgen Mar\'eda.\par Ellos no me dieron esos detalles con un esp\'edritu de cr\'edtica contra nuestros hermanos d\'e9biles. Su intenci\'f3n era advertirme contra los peligros que eran tan fuertes para m\'ed como para otros. Ambos invariablemente terminaban esas confidencias invit\'e1ndome a rezar m\'e1s y m\'e1s constantemente a la Madre de Dios, la bendita Virgen Mar\'eda; a vigilarme y a evitar estar a solas con una penitente femenina. Me aconsejaron tambi\'e9n a tratar mi propio cuerpo como mi peor enemigo, reduci\'e9ndolo a sujeci\'f3n a la ley y crucific\'e1ndolo d\'eda y noche.\par Las revelaciones que recib\'ed de estos dignos sacerdotes en ninguna manera conmovieron a mi fe en la Iglesia. Ella se volvi\'f3 m\'e1s querida para m\'ed como una madre LVALrecibe m\'e1s afecto y devoci\'f3n de un hijo obediente mientras m\'e1s se aumentan sus pruebas y aflicciones. Me parec\'eda, despu\'e9s de este conocimiento, que era mi deber mostrar m\'e1s que nunca mi respeto, amor y devoci\'f3n sin reserva a mi santa y querida madre, la Iglesia de Roma fuera de la cual (cre\'eda yo sinceramente en ese entonces) no hab\'eda salvaci\'f3n.\par Aunque estos dos sacerdotes profesaron tener el m\'e1s profundo amor y respeto por las Santas Escrituras, dedicaron muy poco tiempo a su estudio. Ambos, varias veces me reprendieron por pasar muchas horas en su lectura atenta y repetidamente me advirtieron contra el h\'e1bito de apelar constantemente a ellas contra ciertas pr\'e1cticas y ense\'f1anzas de nuestros te\'f3logos. Como buenos sacerdotes Cat\'f3lico-romanos, no ten\'edan el derecho de ir directamente a las Santas Escrituras para saber que \ldblquote\'a1As\'ed dice el Se\'f1or!\rdblquote \'a1Las tradiciones de la Iglesia eran su fuente de ciencia y luz! Me asombraba la facilidad con que enterraban bajo las nubes oscuras de su tradici\'f3n a los textos m\'e1s claros de las Santas Escrituras que yo citaba en defensa de mi posici\'f3n en nuestras conversaciones y debates.\par Ambos, con igual celo y desgraciadamente con demasiado \'e9xito, me persuadieron que era correcto para la Iglesia mandarme a jurar que nunca interpretar\'eda las Santas Escrituras, excepto seg\'fan el consenso un\'e1nime de los Santos Padres. Pero cuando yo les mostraba que los Santos Padres nunca hab\'edan estado un\'e1nimes en nada, excepto para no estar de acuerdo el uno con el otro en casi cualquier tema que trataban y cuando demostr\'e9, por nuestros historiadores eclesi\'e1sticos, que algunos Santos Padres ten\'edan opiniones muy diferentes que las de nosotros sobre muchos temas, nunca contestaron mi pregunta excepto para silenciarme con el texto: \ldblquote Si no oyere a la Iglesia, tenle por gentil y publicano\rdblquote y me daban largos sermones sobre el peligro del orgullo y auto-confiLVALanza.\par Ambos me ense\'f1aron que el inferior tiene que obedecer ciegamente a su superior, as\'ed como el bast\'f3n a la mano que lo detiene, asegur\'e1ndome al mismo tiempo que el inferior no era responsable por los errores que cometiera al obedecer a su superior leg\'edtimo.\par El Sr. Perras y el Sr. Bedard ten\'edan un gran amor por su Salvador Jes\'fas, pero el Jesucristo que ellos amaron, respetaron y adoraron no era el Cristo del Evangelio, sino el Cristo de la Iglesia de Roma. Ellos ten\'edan un gran temor como un gran amor por su Dios que profesaban crear cada ma\'f1ana por el acto de consagraci\'f3n. Tambi\'e9n cre\'edan y predicaban que la idolatr\'eda era uno de los cr\'edmenes mas grandes que el hombre pod\'eda cometer, sin embargo, ellos mismos, cada ma\'f1ana adoraban a un \'eddolo de su propia creaci\'f3n. Eran obligados por su Iglesia a renovar la terrible iniquidad de Aar\'f3n con esta \'fanica diferencia que mientras Aar\'f3n hizo sus dioses de oro fundido, ellos hac\'edan el suyo de harina entre dos planchas calientes y bien pulidas o en la forma de un hombre crucificado.\par Cuando Aar\'f3n habl\'f3 al pueblo de su becerro de oro, dijo: \ldblquote Estos son tus dioses, oh Israel, que te sacaron de la tierra de Egipto.\rdblquote Igualmente el Sr. Bedard y el Sr. Perras, exhibiendo la oblea a la gente enga\'f1ada, dec\'edan: \ldblquote\'a1Ecce agnus Dei qui tollit peccata mundi!\rdblquote (\ldblquote\'a1He aqu\'ed, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!\rdblquote )\par Estos dos sacerdotes sinceros, pon\'edan toda su confianza en las reliquias y escapularios. O\'ed a ambos decir que ning\'fan accidente fatal podr\'eda suceder al que llevaba un escapulario en su pecho y que ninguna muerte repentina podr\'eda venir al que fielmente guardaba esos ecapularios benditos en su persona. Sin embargo, ambos de repente murieron las muertes m\'e1s tristes. El Sr. Bedard cay\'f3 muerto, el 19 de mayo de 1837, en un gran banquete dado por sus amigos. Estaba en el acto de tragar& LVAL6 una copa de esa bebida de la cual dice Dios: \ldblquote No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en la copa. Se entra suavemente, mas al fin como serpiente morder\'e1 y como \'e1spid dar\'e1 dolor.\rdblquote El Sr. Perras, tristemente, se volvi\'f3 loco y muri\'f3 de un ataque de delirio, el 29 de julio de 1847.\par \par \par } LVAL} {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 A principios de septiembre de 1834, el Obispo Synaie me design\'f3 el puesto envidiable de uno de los vicarios de St. Roch, Q\'fcebec, donde el Rev. Sr. Tetu hab\'eda sido cura aproximadamente un a\'f1o. El era uno de los diecisiete hijos del Sr. Francisco Tetu, uno de los granjeros m\'e1s respetados y ricos de St. Thomas. Tan amable era mi nuevo cura que nunca lo vi de mal humor ni una sola vez durante los cuatro a\'f1os que estuve con \'e9l. Aunque a veces, sin querer, puse a prueba su paciencia, nunca o\'ed una sola palabra desagradable salir de sus labios.\par Durante una de las horas agradables que pasamos despu\'e9s de la comida, uno de sus vicarios, el Sr. Louis Parent, dijo al Rev. Sr. Tetu: \emdash He entregado esta ma\'f1ana m\'e1s de cien d\'f3lares al obispo como el precio de las misas que mis penitentes piadosos me han pedido que celebrara, la mayor parte de ellas por las almas en el purgatorio. Cada semana tengo que hacer lo mismo igual que usted y cada uno de los cientos de sacerdotes de Canad\'e1 tienen que hacer. Ahora quiero saber c\'f3mo los obispos pueden disponer de todas esas misas y qu\'e9 hacen con las grandes sumas de dinero que reciben de todas partes del pa\'eds.\par El buen cura contest\'f3, bromeando como siempre: \emdash Si se celebran todas, el purgatorio deber\'eda vaciarse dos veces al d\'eda, porque yo he calculado que las sumas dadas por esas misas en Canad\'e1 no pueden ser menos de cuatro mil d\'f3lares cada d\'eda. Hay tres veces m\'e1s Cat\'f3licos en los Estados Unidos que aqu\'ed, as\'ed que, no es una exageraci\'f3n decir que diariamente en estos dos pa\'edses se dan por lo menos $16,000 d\'f3lares para echar agua fr\'eda a las llamas ardientes de esa prisi\'f3n de fuego. Ahora, multiplicando por trescientos sesenta y cinco d\'edas del a\'f1o, llega a la suma generosa de $5,840,000 d\'f3lares caLVALda a\'f1o. Pero como todos sabemos que se paga dos veces m\'e1s por las misas mayores que por las menores, es evidente que m\'e1s de diez millones de d\'f3lares se gastan para ayudar a las almas del purgatorio a terminar sus torturas cada doce meses en Norteam\'e9rica solamente.\par \emdash No hay suficientes sacerdotes en el mundo para decir todas las misas pagadas por la gente. Yo no s\'e9 m\'e1s que ustedes en cuanto a lo que los obispos hacen con esos millones de d\'f3lares. Pero si quieres saber mi opini\'f3n sobre ese tema delicado, te dir\'e9 que entre menos pensamos y hablamos de ello, mejor para nosotros. Yo rechazo esos pensamientos lo m\'e1s posible y te aconsejo que hagas lo mismo.\par Los otros vicarios parec\'edan inclinados con el Sr. Parent a aceptar esa conclusi\'f3n, pero como yo no hab\'eda dicho una sola palabra, me pidieron mi opini\'f3n y se la di: \emdash Hay muchas cosas en nuestra santa Iglesia que se ven como manchas negras, pero espero que sea debido a nuestra ignorancia. Entre tanto que no sabemos qu\'e9 hacen los obispos con esas misas innumerables pagados en su mano, yo prefiero creer que act\'faan como hombres honestos.\emdash Apenas dije esas cuantas palabras cuando me mandaron llamar a visitar a un feligr\'e9s enfermo y se termin\'f3 la conversaci\'f3n.\par Ocho d\'edas despu\'e9s, yo estaba a solas en mi cuarto leyendo el \ldblquote L\rquote Ami de la Religion et du Roi\rdblquote un peri\'f3dico que recib\'ed de Par\'eds editado por Picot. Mi curiosidad fue excitada por el t\'edtulo de la cabecera de la p\'e1gina en letras grandes: \ldblquote Piedad Admirable de la Gente Canadiense Franc\'e9s\rdblquote La lectura de esa hoja me hizo llorar l\'e1grimas de verg\'fcenza y sacudi\'f3 mi fe hasta el fundamento.\par Corr\'ed al cura y los vicarios y les dije: \emdash Hace pocos d\'edas, intentamos en vano descubrir qu\'e9 suced\'eda con las grandes sumas de dinero pagadas por nuestra gente a los obispos para decir las misas. Aqu\'ed est\'e1 la respuesta.\par EntonceLVALs le\'edmos juntos el art\'edculo que dec\'eda en substancia: \'a1Que los venerables obispos de Q\'fcebec hab\'edan enviado no menos de cien mil francos en diferentes ocasiones a los sacerdotes de Par\'eds para que ellos dijeran 400,000 misas al costo de cinco centavos cada uno! \'a1Aqu\'ed tenemos la triste evidencia que los obispos hab\'edan tomado para s\'ed mismos 400,000 francos de nuestra pobre gente, bajo el pretexto de salvar las almas del purgatorio! Ese art\'edculo nos cay\'f3 como una bomba. Nuestras lenguas se paralizaban de verg\'fcenza.\par Por fin, Baillargeon, dirigi\'e9ndose al cura dijo \emdash\'bfSer\'e1 posible que nuestros obispos sean estafadores y nosotros los instrumentos para defraudar a nuestra gente? \'bfQu\'e9 dir\'eda la gente si supiera que no solamente no decimos las misas por las cuales ella constantemente llena nuestros manos con su dinero dif\'edcilmente ganado, sino que mandamos decir esas misas en Par\'eds por cinco centavos? \'bfQu\'e9 pensar\'e1 de nosotros nuestra buena gente cuando sepa que nuestros obispos se embolsan 20 centavos de cada misa que nos pide celebrar?\par El cura respondi\'f3, \emdash Es afortunado que la gente no sabe, porque seguramente nos echar\'edan a todos en el r\'edo. Vamos a guardar ese comercio vergonzoso lo m\'e1s secreto posible. Pues, \'bfQu\'e9 es el crimen de simon\'eda, si esto no es una instancia?\par Yo repliqu\'e9: \emdash\'bfC\'f3mo pueden esperar guardar secreto ese tr\'e1fico del cuerpo y sangre de Jesucristo, cuando no menos de 40,000 copias del peri\'f3dico se circulan en Francia y m\'e1s de 100 vienen a Canad\'e1 y los Estados Unidos. El problema es mayor de lo que sospechan. \'bfNo fue a causa de tales cr\'edmenes p\'fablicos e innegables y los trucos viles del clero de Francia, que el pueblo franc\'e9s en general, hace medio siglo, condenaron a muerte a todos los obispos y sacerdotes de Francia?\par \emdash Pero esa operaci\'f3n astuta de nuestros obispos toma un color todav\'eda m\'e1s oscuro, porque esas \ldblquoteLVAL misas de cinco centavos\rdblquote que dicen en Par\'eds no valen un solo centavo. \'bfQui\'e9n entre nosotros ignora el hecho de que la mayor\'eda de los sacerdotes de Par\'eds son ateos y muchos de ellos viven p\'fablicamente con concubinas? \'bfPondr\'eda su dinero en nuestras manos la gente, si fu\'e9ramos lo suficiente honestos para decirles que sus misas ser\'edan dichas por cinco centavos en Par\'eds por tales sacerdotes? \'bfNo les enga\'f1amos cuando aceptamos su dinero bajo la condici\'f3n bien entendida que ofrecer\'edamos el santo sacrificio seg\'fan sus deseos? Pero si me permiten hablar un poco m\'e1s, tengo otro hecho extra\'f1o que considerar con ustedes.\par \emdash S\'ed, habla, habla, \emdash contestaron los cuatro sacerdotes.\par Luego continu\'e9: \emdash\'bfRecuerdan como fueron seducidos a entrar a la \ldblquote Sociedad de Tres Misas\rdblquote ? \'bfQui\'e9n entre nosotros ten\'eda la idea que la mayor parte del a\'f1o se pasar\'eda diciendo misas por los sacerdotes y as\'ed ser imposible satisfacer las demandas piadosas de la gente que nos apoya? Ya pertenec\'edamos a las sociedades de la Bendita Virgen Mar\'eda y de San Miguel que levantaron a cinco el n\'famero de misas que ten\'edamos que celebrar por los sacerdotes difuntos. Deslumbrados por la idea de que tendr\'edamos 2,000 misas dichas por nosotros en nuestra muerte, mordimos la carnada que nos present\'f3 el obispo. Tuvimos que decir 165 misas por los 33 sacerdotes que murieron el a\'f1o pasado lo cual significa que cada uno de nosotros tuvo que pagar 41 d\'f3lares al obispo por las misas que \'e9l mand\'f3 decir en Par\'eds por ocho d\'f3lares. Siendo obligados, la mayor parte del a\'f1o, a celebrar el santo sacrificio en beneficio de los sacerdotes difuntos, no podemos celebrar las misas que la gente nos paga diariamente y por tanto, somos forzados a transferirlas al obispo quien las manda a Par\'eds despu\'e9s de hacer desaparecer 20 centavos de cada una. Luego entre m\'e1s sacerdotes se inscriben en su sociedad LVALde \ldblquote Tres Misas\rdblquote , m\'e1s los 20 centavos puede embolsar de nosotros y de nuestra gente piadosa. Eso explica su celo admirable por inscribir a cada uno de nosotros. No es tan importante el valor del de dinero, pero me siento desolado al ver que nos volvemos los c\'f3mplices de su comercio simoniaco. Sin embargo, \'bfPor qu\'e9 lamentar el pasado? Ya no hay remedio. Aprendamos del pasado a ser sabios en el futuro.\par El Sr. Tetu respondi\'f3: \emdash Nos has mostrado nuestro error, ahora, puedes indicarnos alg\'fan remedio?\par \emdash El remedio ser\'eda abolir la sociedad de \ldblquote Tres Misas\rdblquote y establecer otra de \ldblquote Una Misa\rdblquote la cual se celebrar\'e1 en la muerte de cada sacerdote. Es cierto que en lugar de 2,000 misas, tendremos solamente 1,200 en nuestra muerte. Pero si 1,200 misas no nos abren las puertas del cielo, es porque estaremos en el infierno. De esta manera podemos decir m\'e1s misas a petici\'f3n de nuestra gente y se disminuir\'e1 el n\'famero de misas de cinco centavos dichas por sacerdotes en Par\'eds a petici\'f3n de nuestro obispo. Si siguen mi consejo, nombraremos inmediatamente al Rev. Sr. Tetu presidente de la nueva sociedad, el Sr. Parent ser\'e1 el tesorero y yo consiento en ser el secretario. Una vez organizada nuestra sociedad, presentaremos nuestra renuncia al presidente de la otra sociedad. Enviaremos inmediatamente una circular a todos los sacerdotes d\'e1ndoles la raz\'f3n del cambio y pidi\'e9ndoles respetuosamente que se unan con nosotros en esta sociedad para disminuir el n\'famero de misas de cinco centavos celebrados por los sacerdotes de Par\'eds.\par Dentro de dos horas la nueva sociedad fue plenamente organizada. Las razones para su formaci\'f3n fueron escritas en un libro y enviamos una carta respetuosa al obispo renunciando nuestra membres\'eda en la sociedad de \ldblquote Tres Misas\rdblquote . Esa carta fue firmada: C. Ch\'edniquy, secretario. Tres horas m\'e1s tarde recib\'ed la siguiente nota del palacio LVALdel obispo:\par Mi Se\'f1or Obispo de Q\'fcebec quiere verte inmediatamente sobre un asunto importante. No faltes en venir sin dilaci\'f3n, sinceramente, CHARLES P. CAZEAULT, Secretario\par Ense\'f1\'e9 la misiva al cura y los vicarios y les dije: \emdash Una tempestad est\'e1 estallando en la monta\'f1a. Esto es el primer trueno y el ambiente se ve oscuro y pesado. Oren por m\'ed para que hable y act\'fae como un sacerdote honesto y valiente.\par En la antesala del obispo, hall\'e9 a mi amigo personal Cazeault. El me dijo: Mi querido Ch\'edniquy, est\'e1s navegando en un mar agitado, ser\'e1s un dichoso marinero si escapas del naufragio. El obispo est\'e1 muy enojado contigo, pero no te desanimes, el derecho est\'e1 a tu favor.\par Entonces amablemente me abri\'f3 la puerta de la sala del obispo y dijo: \emdash Mi se\'f1or, el Sr. Ch\'edniquy est\'e1 aqu\'ed esperando sus \'f3rdenes.\par \emdash P\'e1salo, \emdash respondi\'f3 el obispo.\par Entr\'e9 y me arrodill\'e9 a sus pies, pero dando un paso hacia atr\'e1s me dijo de la manera m\'e1s irritada: \emdash No tengo bendici\'f3n para ti hasta que me des una explicaci\'f3n satisfactoria de tu conducta extra\'f1a.\par Me levant\'e9 y dije: \emdash Mi se\'f1or, \'bfQu\'e9 desea usted de m\'ed?\par \emdash Quiero que me expliques el significado de esta carta firmada por ti como secretario de una sociedad reci\'e9n nacida llamada \ldblquote Sociedad de Una Misa\rdblquote .\par Le respond\'ed: \emdash Mi se\'f1or, la carta est\'e1 escrita en buen franc\'e9s. Su Se\'f1or\'eda deber\'eda de haberlo entendido bien. No s\'e9 como una explicaci\'f3n m\'eda podr\'e1 hacerla m\'e1s clara.\par \emdash Quiero saber tu motivo por salir de la antigua y respetable \ldblquote Sociedad de Tres Misas\rdblquote . \'bfNo se compone de tus obispos y de todos los sacerdotes de Canad\'e1? \'bfNo te hallaste entre suficiente buena compa\'f1\'eda? \'bfTe opones a las oraciones rezadas por las almas del purgatorio?\par Le repliqu\'e9: \emdash Mi se\'f1or, responderLVAL\'e9 trayendo un hecho a la atenci\'f3n de Su Se\'f1or\'eda. El gran n\'famero de misas que decimos por las almas de los sacerdotes difuntos hace imposible el decir misas por la gente que nos paga. Somos forzados a transferir este dinero a sus manos y luego en lugar de que sean ofrecidos estos santos sacrificios por los buenos sacerdotes de Canad\'e1, Su Se\'f1or\'eda recurre a los sacerdotes de Par\'eds donde las consigue a cinco centavos. Vemos dos grandes males aqu\'ed: primero, sacerdotes en los cuales no tenemos ni la menor confianza dicen nuestras misas; porque entre usted y yo, las misas dichas por los sacerdotes de Francia y particularmente los de Par\'eds, no valen ni un centavo. El segundo mal es todav\'eda peor, uno de los cr\'edmenes m\'e1s grandes que nuestra santa Iglesia siempre ha condenado es el crimen de simon\'eda.\par \emdash\'bfQuieres decir, \emdash replic\'f3 indignado el obispo, \emdash que yo soy culpable del crimen de simon\'eda?\par \emdash Si, mi se\'f1or, es exactamente lo que quiero decir. No veo como Su Se\'f1or\'eda no comprende que el comercio de misas por el cual usted gana 400,000 francos de una mercanc\'eda espiritual que usted consigue por 100,000, no sea simon\'eda.\par \emdash\'a1T\'fa me insultas! \'a1T\'fa eres el hombre m\'e1s impudente que jam\'e1s he visto! \'a1Si no retractas lo que has dicho, te suspender\'e9 y te excomulgar\'e9!\par \emdash Mi suspensi\'f3n y excomulgaci\'f3n no mejorar\'e1 la posici\'f3n de Su Se\'f1or\'eda. Porque la gente sabr\'e1 que usted me ha excomulgado, porque protest\'e9 contra su comercio de misas. Ellos sabr\'e1n que usted embols\'f3 20 centavos de cada misa y que las mand\'f3 decir por cinco centavos en Par\'eds por sacerdotes, la mayor\'eda de los cuales viven con concubinas. Y usted ver\'e1 que un\'e1nimes me bendecir\'e1n por mi protesta y a usted le condenar\'e1n por su comercio simoniaco, \emdash dije estas palabras con una calma tan perfecta que el obispo vio que yo no ten\'eda el menor temor de sus amenazas.\par \LVALemdash Me es evidente, \emdash dijo, \emdash que tu objetivo es ser un reformador, un Lutero en Canad\'e1. \'a1Pero nunca lograr\'e1s ser m\'e1s que un chango!\par Vi que el obispo estaba fuera de s\'ed y que mi calma perfecta a\'f1adi\'f3 a su irritaci\'f3n. Le respond\'ed: \emdash Si Lutero no hubiera hecho algo peor de lo que yo hago hoy, deber\'eda ser bendito por Dios y los hombres. Pido respetuosamente a Su Se\'f1or\'eda que se calme. El tema de que estoy habl\'e1ndole es m\'e1s serio de lo que usted piensa. Est\'e1 usted cavando debajo de sus propios pies y los pies de sus sacerdotes el mismo abismo en el cual la Iglesia de Francia casi pereci\'f3 hace menos de medio siglo. Yo soy su mejor amigo cuando sin temor le digo esta verdad antes que sea demasiado tarde. Dios sabe que es porque le amo y le respeto como a mi propio padre que deploro profundamente las consecuencias terribles que seguir\'edan. \'a1Ay de Su Se\'f1or\'eda! \'a1Ay de m\'ed! \'a1Ay de nuestra santa Iglesia el d\'eda que nuestra gente sepa que en nuestra santa religi\'f3n, el cuerpo y sangre de Cristo se conviertan en mercanc\'edas para llenar el tesoro de los obispos y los Papas!\par Era evidente que estas \'faltimas palabras, dichas con el m\'e1s perfecto dominio propio, no se perd\'edan del todo. El obispo se calm\'f3 y me respondi\'f3: \emdash Yo podr\'eda castigarte por esta libertad con que te has atrevido a hablar a tu obispo, pero prefiero advertirte a ser m\'e1s respetuoso y obediente en el futuro. Me has pedido quitar tu nombre de la \ldblquote Sociedad de Tres Misas\rdblquote ; t\'fa y los cuatro simplones que han cometido el mismo acto de necedad son los \'fanicos perdedores en el asunto. En lugar de 2,000 misas dichas por la liberaci\'f3n de sus almas de las llamas del purgatorio, tendr\'e1n solamente 1,200. Pero estoy seguro que hay demasiada sabidur\'eda y verdadera piedad en mi clero como para seguir tu ejemplo. Ser\'e1s dejado solo y cubierto de rid\'edculo, porque ellos te llamar\'e1n \ldblquote el peque\'f12 LVALB o reformador\rdblquote .\par Respond\'ed al obispo: \emdash Es verdad que soy joven, pero las verdades que he dicho a Su Se\'f1or\'eda son tan antiguas como el Evangelio. Tengo tanta confianza en los m\'e9ritos infinitos del santo sacrificio de la misa que creo sinceramente que 1,200 misas dichas por sacerdotes buenos son suficientes para limpiar mi alma y extinguir las llamas del purgatorio. Pero adem\'e1s, prefiero 1,200 misas dichas por cien sacerdotes canadienses sinceros que un mill\'f3n, dichas por los sacerdotes de cinco centavos de Par\'eds.\par Estas \'faltimas palabras dichas medio en serio y medio de broma trajo un cambio a la cara de mi obispo. Pens\'e9 que era un buen momento para conseguir su bendici\'f3n y despedirme de \'e9l. Tom\'e9 mi sombrero, me arrodill\'e9 a sus pies, obtuve su bendici\'f3n y me sal\'ed.\par \par \par } LVAL} {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 La hora de mi ausencia hab\'eda sido una de ansiedad para el cura y los vicarios. Pero mi pronto regreso les llen\'f3 de gozo.\par \emdash\'bfQu\'e9 noticias hay? \emdash exclamaron todos.\par \emdash Buenas noticias, \emdash respond\'ed, \emdash la batalla ha sido feroz, pero corta. Hemos ganado el d\'eda y si nos movemos r\'e1pidamente otra gran victoria nos espera. El obispo est\'e1 tan seguro de que nadie nos seguir\'e1 que no mover\'e1 un solo dedo para detenerlos. Esto nos asegurar\'e1 nuestro \'e9xito. Pero no debemos perder un solo momento, vamos a mandar nuestra circular a todos los sacerdotes de Canad\'e1.\par Dentro de veinticuatro horas, m\'e1s de trescientas cartas fueron llevados a todos los sacerdotes explic\'e1ndoles las razones por las cuales debemos intentar, por todos los medios justos, poner fin al vergonzoso comercio simoniaco de misas traficando entre Canad\'e1 y Francia.\par La semana apenas hab\'eda terminado cuando llegaron cartas al obispo de todos los curas y vicarios, pidi\'e9ndole respetuosamente que les retirara de la Sociedad de Tres Misas. Solamente cincuenta rehusaron acceder a nuestra petici\'f3n.\par Nuestra victoria era m\'e1s completa de lo que esper\'e1bamos. Pero el Obispo de Q\'fcebec esperando recuperar su terreno perdido escribi\'f3 inmediatamente al Obispo de Montreal, mi Sr. Telemesse para acudir a socorrerle y mostrarnos la monstruosidad del crimen de revelarnos contra la voluntad de nuestros superiores eclesi\'e1sticos.\par Algunos d\'edas despu\'e9s, para mi consternaci\'f3n recib\'ed una nota corta y fr\'eda del secretario, dici\'e9ndome que los obispos de Montreal y Q\'fcebec quer\'edan verme en el palacio sin dilaci\'f3n. Nunca hab\'eda visto al Obispo de Montreal y esperaba ver a un hombre de proporciones gigantescas. Me sorprendi\'f3 ver que era muy peque\'f1o. Sus ojos eran penetrLVALantes como los de un \'e1guila, pero cuando se fij\'f3 en m\'ed, vi en ellos las marcas de un noble coraz\'f3n honesto.\par Los movimientos de su cabeza eran r\'e1pidos y sus frases cortas; parec\'eda conocer una sola l\'ednea, la recta, al tratar cualquier tema o relaci\'f3n humana. Ten\'eda la reputaci\'f3n merecida de ser uno de los hombres m\'e1s instruidos y elocuentes de Canad\'e1. El Obispo de Q\'fcebec se qued\'f3 en su sof\'e1 dejando al Obispo de Montreal recibirme. Me postr\'e9 a sus pies para pedir su bendici\'f3n, la cual me dio de la manera m\'e1s cordial. Luego, poniendo su mano sobre mi hombro, me dijo en el estilo cuaquer: \emdash\'bfSer\'e1 posible que t\'fa eres Ch\'edniquy, ese sacerdote que hace tanto ruido? \'bfC\'f3mo puede un hombre tan peque\'f1o hacer tanto ruido?\par Puesto que hab\'eda una sonrisa en su rostro al decir estas palabras, vi inmediatamente que no hab\'eda enojo ni malos sentimientos en su coraz\'f3n. Repliqu\'e9: \emdash Mi se\'f1or, \'bfNo sabe usted que las perlas y los perfumes m\'e1s preciosos se ponen en los frascos m\'e1s peque\'f1os?\par El obispo vio que esto era el complemento de su alocuci\'f3n y sonriendo, respondi\'f3: \emdash Bien, bien, si t\'fa eres un sacerdote ruidoso, no eres un tonto. Pero d\'edme, \'bfPor qu\'e9 quieres destruir nuestra Sociedad de Tres Misas y establecer esa nueva sobre sus ruinas a pesar de tus superiores?\par \emdash Mi se\'f1or, mi respuesta ser\'e1 la m\'e1s respetuosa, corta y clara posible. He salido de la Sociedad de Tres Misas porque era mi derecho hacerlo sin permiso de nadie. Espero que nuestros venerables obispos de Canad\'e1 no desean ser servidos por esclavos.\par \emdash Yo no digo, \emdash respondi\'f3 el obispo, \emdash que t\'fa est\'e1s obligado a quedarte, pero \'bfPuedo saber por qu\'e9 has dejado una asociaci\'f3n tan respetable encabezada por tus obispos y los sacerdotes m\'e1s venerables de Canad\'e1?\par \emdash Otra vez, mi se\'f1or, ser\'e9 claro en mi respuesta: Si Su Se\'f1or\'eda desea ir LVALal infierno con sus sacerdotes venerables por hacer desaparecer 20 centavos de cada uno de nuestros penitentes honestos y piadosos por misas que mandan decir por cinco centavos por los sacerdotes malos de Par\'eds, no les seguir\'e9. Por otra parte, si Su Se\'f1or\'eda desea ser echado al r\'edo por la gente furiosa cuando sepan cuanto tiempo y cuan sutilmente les hemos estafado con nuestro comercio simoniaco, yo no quiero seguirle a esa corriente fr\'eda.\par \emdash Bien, Bien, \emdash respondi\'f3 el obispo, \emdash olvidemos ese asunto para siempre.\par El dijo esta corta oraci\'f3n con tanta sinceridad y honestidad que vi que estaba hablando en serio. De un vistazo, reconoci\'f3 que su terreno era insostenible. Sent\'ed verdadero gozo ante una victoria tan pronta y completa. Me postr\'e9 nuevamente a los pies del obispo y ped\'ed su bendici\'f3n antes de despedirme de \'e9l para ir y decir a los curas y vicarios las alegres noticias.\par Desde ese tiempo hasta ahora, al morir alg\'fan sacerdote, la prensa del clero no falta en mencionar si el sacerdote difunto pertenec\'eda a la Sociedad de \ldblquote Tres\rdblquote o de \ldblquote Una\rdblquote misa.\par Hasta cierto punto hab\'edamos disminuido el comercio simoniaco e infame de las misas, pero desgraciadamente no lo destruimos y yo s\'e9 que hoy ha resucitado. Despu\'e9s que dej\'e9 la Iglesia de Roma, los obispos resucitaron la Sociedad de Tres Misas de su sepulcro. Es un hecho p\'fablico que el comercio de misas con Francia todav\'eda se conduce en gran escala. En Par\'eds y otras ciudades de ese pa\'eds, hay agencias p\'fablicas para llevar a cabo ese tr\'e1fico vergonzoso.\par En 1874, la Casa de Mesme conduc\'eda un negocio inmenso con su reserva de misas. Al sospecharlo el gobierno, hizo una revisi\'f3n de su contabilidad y se descubri\'f3 que un n\'famero incre\'edble de misas nunca llegaron a su destino, sino solamente llenaron la bolsa del mercader de misas Pariciano. As\'ed, el desdichado Mesme fue enviado a la penitenciar\'eda LVAL para meditar en los m\'e9ritos infinitos del sacrificio de la misa. Pero estos hechos se desconocen entre los pobres Cat\'f3lico-romanos que son desplumados m\'e1s y m\'e1s por sus sacerdotes bajo el pretexto de salvar las almas del purgatorio.\par \par \par } LVAL} {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Una de las primeras cosas hechas por el cura Tetu, luego que sus nueve vicarios fueron escogidos, era dividir, echando suertes, a su gran parroquia en cuatro partes. Mi suerte me dio la parte noreste de la parroquia que inclu\'eda el hospital Marinero de Q\'fcebec.\par El n\'famero de marineros enfermos que ten\'eda que visitar casi diario en esa noble instituci\'f3n variaba entre 25 y 100. No habiendo lugar ah\'ed para celebrar la misa y guardar el santo sacramento, me encontraba en lo que al principio me parec\'eda una grave dificultad. Frecuentemente ten\'eda que administrar el vi\'e1tico (santa comuni\'f3n) a alg\'fan marinero moribundo.\par Hasta entonces, nunca hab\'eda llevado el \ldblquote buen dios\rdblquote a los moribundos sin ser acompa\'f1ado por varias personas caminando o montado a caballo. Yo me vest\'eda con un sobrepelliz blanco encima de mi larga sotana negra para impresionar a la gente. Un hombre, sonando una campana, iba delante de m\'ed para anunciar a la gente que el gran dios pasaba por ah\'ed y ellos ten\'edan que caer de rodillas en su casa o junto al camino o en el campo para adorarlo.\par Esto funcionaba bien en St. Charles o en Charlesborough, pero, \'bfPodr\'eda hacerlo en Q\'fcebec donde tantos miserables herejes estaban m\'e1s dispuestos a re\'edrse de mi dios que adorarlo? En mi celo y fe sincera, sin embargo, yo estaba determinado a desafiar a los herejes en todo el mundo y exponerme a sus insultos antes de abandonar el respeto supremo y adoraci\'f3n que correspond\'eda a mi dios dondequiera. Dos veces lo llev\'e9 al hospital con la solemnidad normal.\par En vano mi cura intent\'f3 persuadirme a cambiar de parecer. Entonces \'e9l me invit\'f3 amablemente a acompa\'f1arle a conferir con el obispo. No puedo expresar la consternaci\'f3n que sent\'ed cuando el obispo me dijo, con una ligereza que nunca hLVALab\'eda observado en \'e9l, que debido a tantos Protestantes que ten\'edamos que confrontar dondequiera, ser\'eda mejor hacer a nuestro \ldblquote dios\rdblquote viajar inc\'f3gnito por las calles de Q\'fcebec. Luego a\'f1adi\'f3 en un tono humor\'edstico: \emdash Gu\'e1rdalo en la bolsa de tu chaleco como los dem\'e1s sacerdotes de la ciudad. Nunca aspiras a ser reformador y superar a tus hermanos venerables en el sacerdocio. Nunca debemos olvidar que somos un pueblo conquistado. Si fu\'e9ramos los amos, lo llevar\'edamos a los moribundos con los honores p\'fablicos que sol\'edamos rendirle antes de la conquista, pero los Protestantes est\'e1n m\'e1s fuertes. Nuestro gobernador es Protestante como tambi\'e9n nuestra reina. La guarnici\'f3n de los muros de su baluarte impregnable se compone principalmente de Protestantes. Seg\'fan las leyes de nuestra santa Iglesia, tenemos el derecho de castigar aun con la muerte a la gente miserable que ridiculiza los misterios de nuestra santa religi\'f3n. Pero aunque tenemos ese derecho, no somos lo suficiente fuertes para ponerlo en vigor. Entonces tenemos que llevar el yugo en silencio. Despu\'e9s de todo, es nuestro dios mismo quien en su juicio inescrutable nos ha privado del poder de honrarlo como \'e9l merece. Si en su buena providencia pudi\'e9ramos romper nuestros grillos y libertarnos para adoptar nuevamente las leyes que impiden a los herejes fijar su residencia entre nosotros, entonces lo llevar\'edamos como sol\'edamos en aquellos d\'edas felices.\par \emdash Pero, \emdash dije, \emdash cuando camino por las calles con mi \ldblquote buen dios\rdblquote en la bolsa de mi chaleco, \'bfQu\'e9 har\'e9 si me encuentro con alg\'fan amigo que quiere saludarme y bromear conmigo?\par El obispo se ri\'f3 y respondi\'f3: \emdash Le dices a tu amigo que tienes prisa y sigues tu camino lo m\'e1s pronto posible. Pero si no hay remedio, platica y bromea con \'e9l sin ning\'fan escr\'fapulo de conciencia. Lo importante en este asunto delicado es que la gente no llLVALegue a saber que llevamos a nuestro dios inc\'f3gnito por las calles, porque este conocimiento seguramente conmover\'eda y debilitar\'eda su fe. El hombre de la calle permanece en nuestra santa Iglesia por virtud de las ceremonias impresionantes de nuestras procesiones y se\'f1ales de respeto p\'fablico que expresamos a Jesucristo cuando lo llevamos a los enfermos, porque la gente se convence m\'e1s por lo que ven con sus ojos y tocan con sus manos que por lo que oyen con sus o\'eddos.\par Me somet\'ed a la orden de mi superior eclesi\'e1stico, pero la manera jocosa en que habl\'f3 del misterio m\'e1s temible y adorable de la Iglesia me dej\'f3 con la impresi\'f3n de que \'e9l no cre\'eda ni jota del dogma de Transubstanciaci\'f3n.\par Dur\'e9 varios a\'f1os acostumbr\'e1ndome a llevar mi dios en la bolsa de mi chaleco como los dem\'e1s sacerdotes sin m\'e1s ceremonia que una picadura de tabaco. Entre tanto que caminaba solo, me sent\'eda feliz, porque pod\'eda conversar en silencio con mi Salvador y darle toda la expresi\'f3n de mi amor y adoraci\'f3n. Pero cu\'e1nta tristeza sent\'eda cuando, como me suced\'eda frecuentemente, me encontraba con algunos amigos oblig\'e1ndome a saludarlos y entrar en esas pl\'e1ticas ociosas tan comunes dondequiera. Con el mayor esfuerzo, asum\'eda una m\'e1scara sonriente para ocultar la expresi\'f3n de adoraci\'f3n y con ganas maldec\'eda el d\'eda en que mi pa\'eds cay\'f3 bajo el yugo de los Protestantes.\par \'a1Cu\'e1ntas veces ped\'ed a mi dios oblea a quien apretaba a mi coraz\'f3n que nos concediera la oportunidad de romper esas ataduras y destruir para siempre el poder de Inglaterra Protestante sobre nosotros! Entonces estar\'edamos libres nuevamente para rendir a nuestro Salvador todos los honores p\'fablicos que corresponden a su majestad. Entonces pondr\'edamos en vigor las leyes por las cuales ning\'fan hereje tendr\'eda derecho de residir ni vivir en Canad\'e1.\par \par \par } LVAL} {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Cuando por suerte llegu\'e9 a ser el primer capell\'e1n del hospital marinero de Q\'fcebec, estaba seguro que Dios hab\'eda ordenado esto para mi bien y para su propia gloria y resulta que ten\'eda raz\'f3n. A principios de noviembre de 1834, el director llamado Sr. Glackmayer vino a decirme que hab\'eda un extraordinariamente alto n\'famero de enfermos dejado por la armada del oto\'f1o. Por el peligro de la muerte, me llamaban d\'eda y noche. En secreto, me avis\'f3 que varios de ellos ya hab\'edan muerto de la peor especie de viruela y que muchos tambi\'e9n mor\'edan de la terrible C\'f3lera Morbo que todav\'eda hac\'eda estragos entre los marineros.\par Estas tristes noticias me llegaron como una orden del cielo a acudir al rescate de mis queridos marineros enfermos. El primer hombre que conoc\'ed era el Dr. Douglas quien confirm\'f3 el n\'famero de enfermos y a\'f1adi\'f3 que las enfermedades prevalecientes eran de las m\'e1s peligrosas.\par El Dr. Douglas era uno de los fundadores y directores del hospital como tambi\'e9n uno de los cirujanos mejor capacitados de Q\'fcebec. Aunque era un fiel Protestante, me honraba con su confianza y amistad desde el primer d\'eda que nos conocimos. Dir\'e9 que nunca conoc\'ed un coraz\'f3n m\'e1s noble, una mente m\'e1s abierta, ni un fil\'e1ntropo m\'e1s aut\'e9ntico.\par Despu\'e9s de agradecerle la triste pero \'fatil noticia, le ped\'ed al Sr. Glackmayer una copa de brandy, la cual tragu\'e9 de inmediato.\par \emdash\'bfQu\'e9 est\'e1 haciendo? \emdash pregunt\'f3 el Dr. Douglas.\par \emdash\'bfNo ve, \emdash respond\'ed, \emdash que he tomado una copa de brandy excelente?\par \emdash Pero, por favor, d\'edgame, \'bfPor qu\'e9?\par \emdash Porque es un buen preservativo contra el medio ambiente que respiro todo el d\'eda, \emdash repliqu\'e9, \emdash tengo que o\'edr las confesiones de tLVALoda esa gente muriendo de la viruela o de la C\'f3lera Morbo y respirar el aire p\'fatrido alrededor de sus almohadas. \'bfNo me advierte el sentido com\'fan que debo tomar alguna precauci\'f3n contra el contagio?\par \emdash\'bfSer\'e1 posible, \emdash respondi\'f3, \emdash que un hombre a quien estimo tanto sea tan ignorante de los efectos mortales del alcohol en el cuerpo humano? Lo que usted ha tomado no es m\'e1s que veneno y lejos de protegerlo contra el peligro, ahora est\'e1 m\'e1s expuesto a ello que antes de tomarlo.\par \emdash Pobre de ustedes Protestantes, \emdash respond\'ed de broma, \emdash son una banda de fan\'e1ticos con sus doctrinas extremosas de abstinencia. Nunca me convertir\'e1 usted a su punto de vista sobre ese tema. \'bfSer\'e1 para el uso de los perros que Dios cre\'f3 al vino y al brandy? \'bfNo es para el uso de hombres que lo tomen con moderaci\'f3n e inteligencia?\par \emdash Mi querido Sr. Ch\'edniquy, usted bromea, pero yo le hablo en serio cuando le digo que se ha envenenado con esa copa de brandy, \emdash dijo el Dr. Douglas.\par \emdash Si los buenos vinos y brandy fueran veneno, \emdash respond\'ed, \emdash pronto ser\'eda usted el \'fanico m\'e9dico en Q\'fcebec, porque usted es el \'fanico del cuerpo m\'e9dico que conozco que se abstiene. Pues, aunque me agrada mucho su pl\'e1tica, con su permiso voy a visitar a mis queridos marineros enfermos cuyo clamor por ayuda espiritual suena en mis o\'eddos.\par \emdash Una palabra m\'e1s, \emdash dijo el Dr. Douglas, \emdash ma\'f1ana por la ma\'f1ana haremos una autopsia de un marinero que acaba de morir repentinamente aqu\'ed. \'bfTendr\'e1 usted alguna objeci\'f3n de venir y ver en el cad\'e1ver de ese hombre lo que su copa de brandy ha hecho en su propio cuerpo?\par \emdash No, se\'f1or, no tengo ninguna objeci\'f3n, \emdash contest\'e9, \emdash desde hace mucho tiempo he tenido la inquietud de hacer un estudio especial de la anatom\'eda. Esta ser\'e1 mi primera lecci\'f3n; no podr\'eda tener un mejor maestro.LVAL\par Me desped\'ed de \'e9l y fui con mis pacientes con los cuales pas\'e9 lo que restaba del d\'eda y la mayor parte de la noche. Cincuenta de ellos quer\'edan hacer confesiones generales de todos los pecados de su vida y di los \'faltimos sacramentos a veinticinco que mor\'edan de viruela o de C\'f3lera Morbo. A la ma\'f1ana siguiente a la hora citada, estaba al lado del cad\'e1ver del hombre muerto. El Dr. Douglas amablemente me prest\'f3 un microscopio potente.\par \emdash No tengo la menor duda, \emdash dijo, \emdash que este hombre fue matado instant\'e1neamente por una copa de ron. Ese ron ha causado la rotura de la aorta.\par Mientras hablaba as\'ed, el cuchillo hac\'eda su obra tan r\'e1pido que el espect\'e1culo horrible de la arteria rota estaba delante de nuestros ojos casi al salir las \'faltimas palabras de su boca.\par \emdash F\'edjese aqu\'ed, \emdash dijo el doctor, \emdash por toda la arteria ver\'e1 usted miles y tal vez millones de puntos rojos que son los muchos hoyos perforados por el alcohol. Igual como los ratones almizcle\'f1os del r\'edo Mississippi cavan hoyos peque\'f1os en las presas, desatando las aguas y llevando desolaci\'f3n y muerte por todas sus riberas, as\'ed el alcohol, cada d\'eda, causa la muerte repentina de miles de v\'edctimas, perforando las venas de los pulmones y de todo el cuerpo. Mire a los pulmones y cuente si puede los miles y miles de puntos rojos, oscuros y amarillos y las peque\'f1as \'falceras. Cada uno de ellos es la obra del alcohol causando corrupci\'f3n y muerte en todos estos \'f3rganos maravillosos. El alcohol es uno de los venenos m\'e1s peligrosos; ha matado a m\'e1s hombres que todos los dem\'e1s venenos juntos.\par \emdash El alcohol no puede ir a ninguna parte del cuerpo humano sin llevar desorden y muerte con \'e9l. Porque no puede de ninguna manera unirse a ninguna parte de nuestro cuerpo. El agua que tomamos y la comida nutritiva que comemos son enviados a los pulmones, el cerebro, los nervios, los m\'fasculos y los huesos. DondLVALequiera que van reciben, por decirlo as\'ed, cartas de ciudadan\'eda que los permite quedar ah\'ed en paz y trabajar para el bien p\'fablico. Pero no es as\'ed con el alcohol; al momento mismo que entra al est\'f3mago trae desorden, ruina y muerte seg\'fan la cantidad ingerida.\par \emdash Mire aqu\'ed con el microscopio y ver\'e1 que dondequiera que el rey alcohol ha puesto su pie, el cuerpo se ha convertido en un campo de batalla produciendo ruina y muerte. Por la obra tan extraordinaria de la naturaleza o m\'e1s bien por orden de Dios, cada vena y arteria por el cual el alcohol tiene que pasar, de repente se contrae como para impedir su paso o para ahogar a su enemigo mortal. Cada vena y arteria evidentemente ha escuchado la voz de Dios, diciendo: \ldblquote\'a1El vino es escarnecedor, muerde como la serpiente y como el \'e1spid da dolor!\rdblquote Cada nervio y m\'fasculo que toca el alcohol, tiembla y se estremece como en presencia de un enemigo implacable e invencible. S\'ed, ante la presencia del alcohol cada nervio y m\'fasculo pierde su fortaleza, igual que el hombre m\'e1s valiente que en presencia de un monstruo horrible o demonio, de repente pierde su fuerza natural y se estremece de cabeza a pies.\par No puedo repetir todo lo que o\'ed ese d\'eda de los labios del Dr. Douglas y lo que vi con mis propios ojos de los horribles efectos del alcohol por cada miembro de ese cad\'e1ver; ser\'eda demasiado largo. Basta con decir que me horrorizaron mi propia necedad y la necedad de tantas personas que usan bebidas intoxicantes.\par Durante los cuatro a\'f1os que dur\'e9 como capell\'e1n del hospital marinero, m\'e1s de cien cad\'e1veres fueron abiertos delante de m\'ed. Es mi convicci\'f3n que la primera cosa que un orador sobre la abstinencia debe hacer es estudiar anatom\'eda; examinar los cad\'e1veres tanto de bebedores templados como de borrachos incurables y estudiar ah\'ed los efectos del alcohol en los varios \'f3rganos del cuerpo humano. Esos cad\'e1veres eran libros escritos por la mLVALano de Dios mismo y me hablaron como ning\'fan hombre puede hablar. Pero ahora es el momento para contar c\'f3mo Dios me oblig\'f3 casi a pesar de m\'ed mismo a abandonar para siempre el uso de bebidas intoxicantes.\par Entre mis penitentes hab\'eda una dama joven que pertenec\'eda a una de las familias m\'e1s respetadas de Q\'fcebec. Ten\'eda una ni\'f1a de casi un a\'f1o de edad y por supuesto la joven madre la adoraba. Desgraciadamente esa dama, como ocurre con demasiada frecuencia aun entre las familias m\'e1s refinadas, hab\'eda aprendido en la casa de su padre y por el ejemplo de su propia madre a beber vino en la mesa y cuando visitaba a sus amigas. Poco a poco empez\'f3 a tomar, cuando se encontraba sola, unas gotas de vino, al principio por consejo de su m\'e9dico, pero pronto solamente para saciar un apetito descontrolado que crec\'eda m\'e1s fuerte cada d\'eda. Con la excepci\'f3n de su marido, yo era el \'fanico que sab\'eda este hecho. El era un \'edntimo amigo m\'edo y varias veces con l\'e1grimas escurriendo por sus mejillas me hab\'eda suplicado en el nombre de Dios que la persuadiera a abstenerse de tomar.\par Ese var\'f3n viv\'eda muy feliz con su esposa elegante y su ni\'f1a incomparablemente hermosa. Era rico, ten\'eda una posici\'f3n elevada en el mundo, amigos sin n\'famero y su hogar era un palacio. Cada vez que habl\'e9 con esa dama, sea a solas o en presencia de su marido, ella derramaba l\'e1grimas de arrepentimiento, promet\'eda reformarse y tomar \'fanicamente lo poquito que su m\'e9dico le hab\'eda recetado. Pero, \'a1Ay! esa receta mortal del m\'e9dico era como aceite derramado sobre ascuas ardientes. Estaba encendiendo un fuego que nadie pudo apagar.\par Un d\'eda, el cual nunca olvidar\'e9, un mensajero lleg\'f3 apresuradamente y me dijo: \emdash El Sr. A. quiere que vaya usted a su casa inmediatamente. Una desgracia terrible acaba de suceder. Su hermosa hija acaba de morir. Su esposa est\'e1 media loca y \'e9l teme que se suicide.\par Sub\'ed de un salto a la calesLVALa elegante jalado por dos caballos finos y en pocos minutos estaba en la presencia del espect\'e1culo m\'e1s angustioso que jam\'e1s hab\'eda visto. La joven se\'f1ora, destrozando su vestido, arrancando los cabellos con sus manos y rasgu\'f1ando su cara con sus u\'f1as, estaba gritando: \emdash\'a1Ay, por amor de Dios, denme un cuchillo para cortarme la garganta! \'a1He matado a mi hija! \'a1Mi querida est\'e1 muerta! \'a1Soy la asesina de mi propia querida Lucy! \'a1Mis manos est\'e1n te\'f1idas con su sangre! \'a1D\'e9jenme morir con ella!\par Yo me qued\'e9 horrorizado y al principio permanec\'ed mudo e inerte. El joven esposo junto con otros dos caballeros, el Sr. Blanchet y Pannet, el juez de primera instancia, intentaban detener las manos de su esposa desgraciada. Por fin, la mujer, fijando sus ojos en m\'ed, dijo: \emdash Oh, querido Padre Ch\'edniquy, por amor de Dios d\'e9me un cuchillo para que pueda cortarme la garganta. Estando borracha, levant\'e9 a mi preciosa hija para besarla. Pero me ca\'ed y su cabeza peg\'f3 contra la esquina puntiaguda de la estufa. \'a1Sus sesos y sangre est\'e1n esparcidos en el suelo! \'a1Mi hija, mi propia hija est\'e1 muerta! \'a1Yo la he matado! \'a1Maldito licor, maldito vino! \'a1Mi hija est\'e1 muerta, estoy condenada! \'a1Maldita bebida!\par Yo no pod\'eda hablar, pero s\'ed pod\'eda vertir l\'e1grimas y llorar. Llor\'e9 y mezcl\'e9 mis l\'e1grimas con las de aquella madre desgraciada. Luego con una expresi\'f3n de desesperaci\'f3n, que penetr\'f3 mi alma como una espada, dijo: \emdash Pase usted a verla.\par Entr\'e9 al cuarto contigua y ah\'ed vi a esa una vez hermosa ni\'f1a, muerta con su cara cubierta de su sangre y sesos. Hab\'eda un boquete en la sien derecha. La madre embriagada, cay\'e9ndose con su ni\'f1a en sus brazos, golpe\'f3 su cabeza contra la estufa con una fuerza tan terrible que volc\'f3 la estufa al suelo.\par Los carbones encendidos estaban esparcidos por todos lados y por poco se hab\'eda encendido la casa. Pero ese golpe y la mLVALuerte espantosa de su hija, de repente la volvi\'f3 en s\'ed y puso fin a su intoxicaci\'f3n. De un vistazo comprendi\'f3 la totalidad de su desgracia. Su primer pensamiento era correr al aparador, agarrar un agudo cuchillo largo y cortarse la garganta. Providencialmente, su esposo lleg\'f3 en ese instante. Con gran dificultad y despu\'e9s de una lucha terrible logr\'f3 quitar el cuchillo de sus manos y lo tir\'f3 a la calle por una ventana.\par Para entonces eran como las cinco de la tarde. Despu\'e9s de pasar una hora de agon\'eda indescriptible de mente y de coraz\'f3n, intent\'e9 salir para regresar a la casa parroquial. Pero mi joven amigo desgraciado me suplic\'f3 en el nombre de Dios que pasara la noche con \'e9l. \emdash Usted es el \'fanico, \emdash me dijo, \emdash quien nos puede ayudar en esta noche horrible. Mi desgracia es bastante grande sin destruir nuestro buen nombre difundi\'e9ndola p\'fablicamente. Quiero guardarlo lo m\'e1s secreto posible. Aparte del m\'e9dico y el juez de primera instancia, usted es el \'fanico hombre sobre la tierra en quien conf\'edo para ayudarme. Por favor, qu\'e9dese con nosotros.\par Me qued\'e9, pero en vano intent\'e9 calmar a la desgraciada madre. Constantemente quebrantaba nuestros corazones con sus lamentaciones y sus esfuerzos convulsivos de quitarse la vida. Cada minuto gritaba: \emdash\'a1Mi hija, mi querida Lucy! Justo cuando tus peque\'f1os brazos me acariciaban tan suavemente y tus besos ang\'e9licos eran tan dulces a mis labios, te degoll\'e9. Cuando me abrazabas a tu coraz\'f3n amante y me besabas, yo tu madre embriagada te di el golpe mortal... \'a1Mis manos est\'e1n te\'f1idas de tu sangre y mi pecho cubierto de tus sesos! \'a1Ay, por amor de Dios, querido esposo, qu\'edtame la vida! No puedo consentir en vivir un d\'eda m\'e1s. Querido Padre Ch\'edniquy, d\'e9me un cuchillo para poder mezclar mi sangre con la de mi hija. \'a1Ojal\'e1 me enterrasen en el mismo sepulcro con ella!\par En vano intent\'e9 hablarle de la misericordia de Dios hLVALacia los pecadores. No escuchaba nada de lo que le dec\'eda; estaba absolutamente sorda a mi voz. Como a las diez de la noche, tuvo el ataque m\'e1s terrible de angustia y desesperaci\'f3n. Aunque \'e9ramos cuatro hombres que la cuid\'e1bamos, ella era m\'e1s fuerte que todos nosotros. Ten\'eda la fuerza de un gigante. Ella se zaf\'f3 de nuestras manos y corri\'f3 al cuarto donde la ni\'f1a muerta yac\'eda en su cuna. Asiendo del cad\'e1ver fr\'edo con sus manos, rompi\'f3 las vendas blancas puestos alrededor de la cabeza para cubrir la herida horrible y con gritos de desolaci\'f3n apret\'f3 sus labios, mejillas y sus mismos ojos sobre el boquete que rezumaba sesos y sangre, como queriendo sanarlo y hacer volver la vida a la pobrecita.\par \emdash Mi querida, mi amada, mi pobre querida Lucy, \emdash grit\'f3, \emdash abre tus ojos y mira nuevamente a tu madre. \'a1Dame un beso, abr\'e1zame nuevamente a tu pecho! Pero tus ojos est\'e1n cerradas; tus labios fr\'edos ya no sonr\'eden; est\'e1s muerta y yo tu madre te degoll\'e9. \'bfPuedes perdonarme tu muerte? \'bfPuedes pedir a Jesucristo nuestro Salvador que me perdone? \'bfPuedes pedir a la bendita Virgen Mar\'eda que ruegue por m\'ed? \'bfNunca volver\'e9 a verte? \'a1Ay no, estoy perdida, estoy condenada, soy una madre borracha que ha asesinado a su propia querida Lucy! \'a1No hay misericordia para una madre borracha, la asesina de su propia hija!\par Cuando hablaba as\'ed a su hija, a veces se arrodillaba, pero luego corr\'eda como huyendo de un fantasma. Pero siempre abrazaba al cad\'e1ver inerte a su pecho o convulsivamente pasaba sus labios y mejillas sobre la herida horrible a tal grado que sus labios, toda su cara, su pecho y manos estaban embadurnados de la sangre que flu\'eda de la herida. \'bfDir\'e9 que todos est\'e1bamos \ldblquote derramando l\'e1grimas y llorando\rdblquote ? Pues la palabras \ldblquote derramando l\'e1grimas y llorando\rdblquote no pueden expresar la desolaci\'f3n y horror que sentimos.\par Como a las once, cuando LVALella estaba de rodillas abrazando a la ni\'f1a muerta, levant\'f3 sus ojos hacia m\'ed y dijo: \emdash Querido Padre Ch\'edniquy, \'bfPor qu\'e9 no he seguido su consejo cari\'f1oso cuando m\'e1s con sus l\'e1grimas que con sus palabras, tantas veces intent\'f3 persuadirme a abandonar esos malditos vinos intoxicantes? \'a1Cu\'e1ntas veces me ha dado usted las palabras que vienen del mismo cielo: \ldblquote El vino es escarnecedor, muerde como serpiente y como \'e1spid da dolor\rdblquote ! \'a1Cu\'e1ntas veces me rog\'f3 usted en el nombre de mi querida hija, en el nombre de mi querido esposo y en el nombre de Dios, abandonar el uso de esas malditas bebidas! Pero ahora, escucha mi petici\'f3n. Vaya usted por todo Canad\'e1; mande a todos los padres que nunca pongan ninguna bebida intoxicante ante los ojos de sus hijos. Fue en la mesa de mi padre donde primero aprend\'ed a tomar ese vino que maldecir\'e9 por toda la eternidad. Mande a las madres a nunca probar esas bebidas abominables. Fue mi madre quien primero me ense\'f1\'f3 a beber ese vino que maldecir\'e9 mientras Dios exista.\par \emdash Lleva la sangre de mi hija y ti\'f1e el dintel de las puertas de cada casa en Canad\'e1 y anuncie a todos sus habitantes que esa sangre fue derramada por la mano de una madre homicida cuando estaba borracha. Con esa sangre escriba en los muros de cada casa de Canad\'e1 que el vino es escarnecedor y diga a los canadienses franceses c\'f3mo sobre el cad\'e1ver de mi hija he maldecido a ese vino que me ha hecho despreciable, miserable y culpable. Se detuvo un momento para respirar un poco; luego a\'f1adi\'f3: \emdash D\'edgame en el nombre de Dios, \'bfPuede mi hija perdonarme su muerte? \'bfPuede ella pedir a Dios que me mire con misericordia? \'bfPodr\'e1 ella hacer que la bendita Virgen Mar\'eda ruegue por m\'ed y obtenga mi perd\'f3n?\par Pero antes que pude contestar, ella nos horroriz\'f3 con sus gritos desesperados: \emdash\'a1Estoy perdida! \'a1Borracha, mat\'e9 a mi hija! \'a1Maldito vino!\emdash Luego cLVALay\'f3 un cad\'e1ver en el suelo. Torrentes de sangre flu\'edan de su boca sobre su hija muerta que abrazaba en su pecho a\'fan despu\'e9s de su muerte. Ese drama terrible nunca fue revelado a la gente de Q\'fcebec. El veredicto del juez de primera instancia fue que la muerte de la ni\'f1a era accidental y que la madre angustiada muri\'f3 de un coraz\'f3n quebrantada seis horas despu\'e9s. Dos d\'edas despu\'e9s, la madre desgraciada fue enterrada con el cad\'e1ver de su hija agarrado en sus brazos.\par Despu\'e9s de una tempestad tan terrible, yo necesitaba soledad y descanso, pero sobre todo, necesitaba oraci\'f3n. Me encerr\'e9 en mi peque\'f1o cuarto durante dos d\'edas y ah\'ed a solas en la presencia de Dios meditaba en la terrible justicia y retribuci\'f3n de las cuales \'e9l me hizo testigo. Esa mujer desgraciada hab\'eda sido mi penitente; ella y su esposo contaban entre mis m\'e1s queridos y devotos amigos. Solamente en d\'edas recientes se hab\'eda esclavizado a la borrachera. Antes de eso su piedad y sentido de honor eran de la clase m\'e1s exaltada que se conoce en la Iglesia de Roma.\par Sus \'faltimas palabras no eran expresiones comunes proferidas por pecadores ordinarios al confrontarse con la muerte; para m\'ed, esas palabras ten\'edan una solemnidad que casi transformaron a ella en el or\'e1culo de Dios a mi mente.\par Esa noche memorable, en medio de la profunda oscuridad y temible quietud, si estaba despierto o dormido no lo s\'e9, pero vi la calmada forma hermosa de mi querida madre, de pie a mi lado, tomada de la mano de la difunta asesina todav\'eda cubierta de la sangre de su hija. S\'ed, mi amada madre estaba delante de m\'ed y me dijo con tal poder y autoridad que cada una de sus palabras quedaron grabados en mi alma como si fueran escritas con letras de l\'e1grimas, sangre y fuego: \emdash Ve por toda Canad\'e1, manda a cada padre de familia a nunca poner ninguna bebida intoxicante delante de sus hijos. Manda a las madres a nunca probar ni una gota de esas bebidas malditLVALas. Manda a todo el pueblo de Canad\'e1 a nunca tocar ni mirar a la copa envenenada y t\'fa, mi amado hijo, abandona para siempre el uso de esas bebidas detestables que son malditas en el infierno, en el cielo y en la tierra y muerden como serpiente y dan dolor como el \'e1spid.\par Cuando ces\'f3 el sonido de esa voz tan dulce y poderosa y mi alma dej\'f3 de ver esa extra\'f1a visi\'f3n, me qued\'e9 muy agitado e inquieto. Dije a m\'ed mismo: \emdash\'a1Tal vez las cosas terribles que he visto y o\'eddo en estos d\'edas pasados destruir\'e1n a mi mente y me mandar\'e1n al manicomio! Me ca\'ed de rodillas a llorar y orar. Esto me hizo bien y pronto me sent\'ed m\'e1s fuerte y calmado.\par Elevando nuevamente mi mente a Dios, dije: \emdash Oh Dios m\'edo, hazme saber tu santa voluntad y conc\'e9deme la gracia para hacerla. \'bfProvienen de ti las voces que acabo de escuchar o son nada m\'e1s los sue\'f1os vanos de mi mente afligida? \'bfSer\'e1 tu voluntad, oh Dios m\'edo, que yo vaya a decir a mi pa\'eds lo que tan providencialmente me has revelado de los horribles da\'f1os insospechados que causan el vino y bebidas alcoh\'f3licas tanto al cuerpo como al alma del hombre o ser\'e1 tu voluntad ocultar de los ojos del mundo las cosas maravillosas que tu me has revelado y que las entierre yo conmigo en el sepulcro?\par R\'e1pido como un rel\'e1mpago me vino la respuesta: \emdash\'a1Lo que te he ense\'f1ado en secreto, pred\'edcalo desde las azoteas!\par Rebosando de una emoci\'f3n indecible y mi coraz\'f3n lleno de un poder que no era m\'edo, levant\'e9 mis manos hacia el cielo y dije a mi Dios: \emdash\'a1Por amor a mi querido Salvador Jes\'fas, y por el bien de mi pa\'eds, oh Dios m\'edo, te prometo que nunca volver\'e9 a usar bebidas intoxicantes; adem\'e1s har\'e9 todo lo que haya en mi poder para persuadir a otros sacerdotes y a toda la gente a hacer el mismo sacrificio!\par Cincuenta a\'f1os han pasado desde que hice esa promesa y gracias a Dios, la he guardado.\par Durante los pr\'f3ximos dosLVAL a\'f1os, yo era el \'fanico sacerdote en Canad\'e1 quien se abstuvo del uso del vino y de otras bebidas alcoh\'f3licas; y s\'f3lo Dios sabe cu\'e1ntos desprecios, reprensiones e insultos de toda clase tuve que soportar. Cu\'e1ntas veces los apodos de fan\'e1tico, hip\'f3crita, reformador, y medio hereje fueron susurrados en mis o\'eddos no s\'f3lo por los sacerdotes, sino tambi\'e9n por los obispos.\par Pero yo estaba seguro que mi Dios conoc\'eda los motivos de mis acciones y por su gracia permanec\'ed calmado y paciente. En su infinita misericordia, \'e9l se fij\'f3 en su siervo in\'fatil y escogi\'f3 el d\'eda en que mis humillaciones se convirtieran en gran gozo. Lleg\'f3 el d\'eda en que vi a esos sacerdotes y obispos a la cabeza de sus congregaciones recibiendo la promesa y la bendici\'f3n de abstinencia de mis manos. Los mismos obispos que al principio me condenaron, pronto invitaron a los ciudadanos principales de sus ciudades a presentarme una medalla de oro como muestra de su aprecio, despu\'e9s de darme oficialmente el t\'edtulo de \ldblquote Ap\'f3stol de Abstinencia de Canad\'e1.\rdblquote\par Por la voluntad de Dios vi con mis propios ojos a mi querido Canad\'e1 hacer promesas de abstinencia y abandonar el uso de bebidas intoxicantes. Cu\'e1ntas l\'e1grimas se secaron en esos d\'edas. Miles y miles de corazones fueron consolados y colmados de gozo. Felicidad y abundancia reinaron en muchos hogares anteriormente desolados y el nombre de nuestro Dios misericordioso fue bendecido dondequiera en mi amado pa\'eds.\par \'a1Esto, ciertamente, no fue obra del pobre Ch\'edniquy! Fue la obra del Se\'f1or, porque el Se\'f1or, quien es maravilloso en todos sus hechos, escogi\'f3 nuevamente el instrumento m\'e1s d\'e9bil para mostrar su misericordia a los hijos de los hombres. \'a1El llam\'f3 al m\'e1s in\'fatil de sus siervos para hacer la mayor obra de reforma que jam\'e1s se ha visto en Canad\'e1, para que la alabanza y la gloria sean atribuidos a \'e9l y solamente a \'e9l!\par \par \par } LVAL LVAL} {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22\ldblquote Fuera de la Iglesia de Roma, no hay salvaci\'f3n\rdblquote es una de las doctrinas que los sacerdotes tienen que creer y ense\'f1ar a la gente. Ese dogma, una vez aceptado, me hizo dedicar todas mis energ\'edas a la conversi\'f3n de Protestantes.Impedir que una de esas preciosas almas inmortales fueran al infierno me parec\'eda m\'e1s importante y glorioso que conquistar un reino. En vista de mostrarles sus errores, llen\'e9 mi biblioteca de los mejores libros contraversiales disponibles en Q\'fcebec y estudi\'e9 las Santas Escrituras con la mayor atenci\'f3n. En el hospital marinero como tambi\'e9n con la gente de la ciudad, tuve varias ocasiones de conocer a Protestantes y hablar con ellos. Pero descubr\'ed inmediatamente que con muy pocas excepciones, evitaban hablar conmigo acerca de la religi\'f3n y esto me aflig\'eda. Aprendiendo, un d\'eda, que el Rev. Sr. Antonio Parent, superior del Seminario de Q\'fcebec hab\'eda convertido a cientos de Protestantes durante su largo ministerio, fui a preguntarle si esto fuera verdad. En respuesta, me mostr\'f3 la lista de sus conversos que eran m\'e1s de 200 y entre ellos contaban algunas de las m\'e1s respetadas familias inglesas y escocesas de la ciudad.\par Despu\'e9s de repasar esa larga lista de conversos, le dije al Sr. Parent: \emdash Por favor, d\'edgame, \'bfC\'f3mo logr\'f3 persuadir a estos conversos Protestantes a consentir en hablar con usted sobre los errores de su religi\'f3n. Muchas veces yo he intentado mostrar a los Protestantes que se perder\'edan si no se someten a nuestra santa Iglesia. Pero con pocas excepciones se r\'eden de m\'ed y lo m\'e1s cort\'e9s posible cambian la conversaci\'f3n a otros temas. \'bfNo ser\'eda usted tan amable de revelarme su secreto para que yo tambi\'e9n pueda impedir que se pierdan algunas de esas almas preciosas?\par \emdash Tienes LVALraz\'f3n al pensar que tengo un secreto, \emdash respondi\'f3 el Sr. Parent, \emdash la mayor\'eda de los Protestantes en Q\'fcebec tienen sirvientas Cat\'f3lico-romanas irlandeses. Estas ven\'edan a confesarse conmigo y yo les preguntaba si sus amos o sus amas Protestantes fueran verdaderamente devotos y piadosos o si fueran indiferentes y fr\'edos en cumplir sus deberes religiosos. Luego quer\'eda saber si ten\'edan buenas relaciones con sus ministros. Seg\'fan las respuestas de las muchachas, yo sab\'eda sus h\'e1bitos morales y religiosos como si perteneciera a sus familias.\par \emdash As\'ed, aprend\'ed que muchos Protestantes no tienen m\'e1s religi\'f3n ni fe que nuestros perros. Se despiertan por la ma\'f1ana y se duermen en la noche sin orar a Dios m\'e1s que los caballos en sus establos. Muchos de ellos van a la iglesia el domingo m\'e1s para re\'edrse de sus ministros y criticar sus sermones que para otra cosa. Por medio de las confesiones de estas muchachas honestas aprend\'ed que a muchos Protestantes les gusta las finas ceremonias de nuestra Iglesia y que frecuentemente las favorec\'edan en comparaci\'f3n con las ceremonias fr\'edas de ellos. Tambi\'e9n expresaban sus opiniones con palabras entusiastas acerca de la superioridad de nuestras instituciones educativas y conventos sobre sus propias escuelas preparatorias y colegios. Adem\'e1s, t\'fa sabes que un gran n\'famero de los Protestantes m\'e1s respetuosos y ricos conf\'edan sus hijas a nuestras buenas monjas para su educaci\'f3n.\par \emdash Tom\'e9 notas de todas estas cosas y form\'e9 mi plan de batalla. El resultado glorioso est\'e1 delante de tus ojos. Mi primer paso con los Protestantes quienes yo sab\'eda estar sin ninguna religi\'f3n o que ya se inclinaban a favor de nosotros era ir con ellos a veces con cinco Libras o hasta con veinticinco Libras y presentarles el dinero como suyo propio.\par \emdash Ellos al principio me miraban con asombro y la siguiente conversaci\'f3n ocurr\'eda casi invariablemente: \emdash\'bfEst\'LVALe1 seguro, se\'f1or, que este dinero es m\'edo?\par \emdash S\'ed, se\'f1or, \emdash le contestaba, \emdash Estoy seguro que este dinero es suyo.\par \emdash Pero, \emdash replicaba, \emdash por favor, d\'edgame, \'bfC\'f3mo sabe que me pertenece a m\'ed? Esta es la primera vez que tengo el honor de hablar con usted y no nos conocemos en absoluto.\par \emdash Le respond\'eda, \emdash No puedo decirle c\'f3mo s\'e9 que este dinero es suyo, pero le digo que la persona que lo deposit\'f3 en mis manos me ha dado su nombre y domicilio tan precisos que no hay posibilidad de ning\'fan error.\par \emdash\'bfMe puede decir el nombre de la persona que puso este dinero en sus manos? \emdash preguntaba el Protestante.\par \emdash No, se\'f1or, el secreto de la confesi\'f3n es inviolable, \emdash yo replicaba, \emdash no tenemos ning\'fan ejemplo en que haya sido quebrantado y yo, como todos los sacerdotes de nuestra Iglesia, preferir\'eda morir antes de traicionar la confianza de nuestros penitentes y revelar su confesi\'f3n. Ni siquiera podemos actuar sobre lo que aprendemos por su confesi\'f3n, excepto a petici\'f3n de ellos.\par \emdash Entonces esta confesi\'f3n auricular ha de ser una cosa muy admirable, \emdash a\'f1ad\'eda el Protestante, \emdash no me daba cuenta de ello hasta hoy.\par \emdash S\'ed, se\'f1or, la confesi\'f3n auricular es la cosa m\'e1s admirable, \emdash respond\'eda yo, \emdash porque es una instituci\'f3n divina. Pero, con su permiso, se\'f1or, mi ministerio me llama a otro lugar. Debo despedirme de usted para ir a donde mi deber me llama.\par \emdash Lamento que se va tan pronto, \emdash generalmente contestaba el Protestante, \emdash\'bfPuede visitarme nuevamente? Por favor, h\'f3nreme con otra visita. Me gustar\'eda presentarle a mi esposa. Yo s\'e9 que tambi\'e9n a ella le dar\'eda mucho gusto conocerle.\par \emdash S\'ed, se\'f1or, acepto con gratitud su invitaci\'f3n. Me agradar\'eda tener el honor de conocer a la familia de un caballero cuya alabanza est\'e1 en la boca LVALde todo el mundo y cuya industria y honestidad son un honor a nuestra ciudad. Si est\'e1 bien con usted, la pr\'f3xima semana a la misma hora tendr\'e9 el honor de presentar homenaje y respeto a su se\'f1ora.\par \emdash Al d\'eda siguiente todos los peri\'f3dicos informaron que el Se\'f1or Fulano recibi\'f3 cinco, diez o hasta veinticinco Libras como una restituci\'f3n a trav\'e9s de la confesi\'f3n auricular y aun los directores de los peri\'f3dicos que eran fieles Protestantes no hallaban suficientes palabras elocuentes para elogiarme a m\'ed y a nuestro sacramento de penitencia.\par \emdash Tres o cuatro d\'edas despu\'e9s, las sirvientas fieles estaban de nuevo en el confesionario rebosantes de gozo dici\'e9ndome que sus amos y amas no pod\'edan hablar de otra cosa fuera de la amabilidad y honestidad de los sacerdotes de Roma. Los exaltaba mil millas por encima de sus propios ministros. De la boca de estas muchachas piadosas aprendimos invariablemente que elogiaban a la confesi\'f3n auricular a todos sus amigos y hasta expresaban pesar de que los reformadores hubieran desechado una instituci\'f3n tan \'fatil.\par \emdash Ahora, mi querido joven amigo, puedes ver c\'f3mo por la bendici\'f3n de Dios, el peque\'f1o sacrificio de algunas Libras destruy\'f3 todos los prejuicios de esos pobres herejes contra la confesi\'f3n auricular y nuestra santa Iglesia en general. A la hora citada, nunca falt\'e9 de hacer una visita respetuosa y siempre me recib\'edan como el mes\'edas. El \'fanico tema que tocamos, por supuesto, era el gran bien hecho por la confesi\'f3n auricular. F\'e1cilmente les mostr\'e9 c\'f3mo ella act\'faa como un freno a todas las malas pasiones del coraz\'f3n y c\'f3mo se adapta admirablemente a las necesidades de los pobres pecadores que encuentran en su confesor un amigo, consejero, gu\'eda, padre y un verdadero salvador.\par \emdash Muy pocas veces no tuve \'e9xito en traer a esas familias a nuestra santa Iglesia dentro de uno o dos a\'f1os. Si fracas\'e9 en ganar al padre o la mLVALadre casi seguramente les persuad\'ed a enviar a sus hijas con nuestras buenas monjas y sus hijos a nuestros colegios donde, tarde o temprano, se convierten en nuestros Cat\'f3lico-romanos m\'e1s devotos. Ya puedes ver que los pocos d\'f3lares que gast\'e9 cada a\'f1o por esa causa santa han sido la mejor inversi\'f3n que jam\'e1s he hecho.\par Le di las gracias por esos detalles tan interesantes. \emdash Pero, \emdash le dije, \emdash aunque no puedo menos que admirar su astucia y destreza perfecta, perm\'edtame preguntarle, \'bfNo teme ser culpable cuando les hace creer que el dinero les lleg\'f3 a trav\'e9s de la confesi\'f3n auricular?\par \emdash No tengo el menor temor de eso, \emdash pronto respondi\'f3 el sacerdote anciano, \emdash si te fijaste en lo que dije, has de reconocer que no dije directamente que el dinero proced\'eda de la confesi\'f3n auricular. Si se enga\'f1an esos Protestantes, s\'f3lo se debe a su propia falta de poner mayor atenci\'f3n en lo que dije. Yo s\'e9 que guard\'e9 cosas en mi mente que les har\'eda entender el asunto de una manera diferente si se los hubiera dicho. Pero Ligorio y todos los te\'f3logos m\'e1s aprobados por nuestra santa Iglesia nos dicen que s\'ed se permiten esas reservaciones mentales cuando son para el bien de las almas y la gloria de Dios.\par \emdash S\'ed, \emdash le respond\'ed, \emdash yo s\'e9 que esa es la doctrina de Ligorio y que es aprobada por los Papas. Pero debo confesar que esto me parece enteramente opuesto a lo que leemos en el sublime Evangelio. El sencillo y sublime S\'ed, S\'ed y No, No de nuestro Salvador me parece en contradicci\'f3n al arte de enga\'f1ar, aunque uno no dice absolutas y directas falsedades.\par Replic\'f3 airadamente el Sr. Parent: \emdash Ahora, mi querido joven amigo, entiendo la verdad de lo que me dijeron hace poco los Rev. Sres. Perras y Bedard. Aunque esos admirables sacerdotes te estiman mucho, ven una nube oscura en tu horizonte. Ellos dicen que pasas demasiado tiempo en la lectura de la Biblia y noLVAL lo suficiente en estudiar las doctrinas y santas tradiciones de la Iglesia. Tambi\'e9n est\'e1s demasiado inclinado a interpretar la palabra de Dios seg\'fan tu propia inteligencia falible en lugar de ir \'fanicamente a la Iglesia para esa interpretaci\'f3n. Esta es la piedra peligrosa contra la cual naufragaron Lutero y Calvino. Acepta mi consejo: no intentas ser m\'e1s sabio que la Iglesia. Obedece su voz cuando te habla a trav\'e9s de sus santos te\'f3logos. Esto ser\'e1 tu \'fanica salvaguardia. El obispo te suspender\'eda inmediatamente si se diera cuenta de tu falta de fe en la Iglesia.\par Estas \'faltimas palabras fueron dichos m\'e1s como sentencia de condenaci\'f3n que otra cosa. Sent\'ed que la \'fanica forma de evitar que me denunciara al obispo como hereje y Protestante era pedir una disculpa y retirarme del terreno peligroso en que hab\'eda entrado. El acept\'f3 mi explicaci\'f3n, pero vi que se arrepinti\'f3 amargamente de haberme confiado su secreto. Me retir\'e9 de su presencia muy humillado por mi falta de prudencia y sabidur\'eda.\par Sin embargo, aunque no pod\'eda aprobar todos los m\'e9todos del Superior de Q\'fcebec, no pod\'eda menos que admirar, en ese entonces, los resultados gloriosos de sus esfuerzos en convertir a Protestantes. Hice una resoluci\'f3n de dedicarme m\'e1s que nunca a mostrarles sus errores y hacerlos buenos Cat\'f3licos. Durante mis 25 a\'f1os de sacerdocio persuad\'ed a 93 Protestantes a abandonar la luz del Evangelio y la verdad para seguir las tradiciones ocultas y mentirosas de Roma. No puedo entrar en los detalles de sus conversiones o m\'e1s bien de sus perversiones. Basta decir que pronto descubr\'ed que mi \'fanica oportunidad de proselitizar era entre los Ritualistas (Episcopales y Anglicanos). Vi inmediatamente que Calvino y Knox de verdad hab\'edan cavado un abismo infranqueable entre los Presbiterianos, Metodistas, Bautistas y la Iglesia de Roma. Si los Ritualistas permanecen Protestantes y no toman el paso muy corto de regreso a Roma, me asom LVAL. brar\'eda. Algunas personas se sorprenden de que tantos hombres eminentes e instruidos de Gran Breta\'f1a y Am\'e9rica abandonan su Protestantismo para someterse a la Iglesia de Roma, pero yo me maravillo de que tan poquitos de ellos no caen en ese abismo de idolatr\'eda y necedad cuando pasan toda la vida en el borde mismo de la sima.\par \par \par } LVAL} {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Los tres a\'f1os siguientes a la epidemia de la C\'f3lera Morbo ser\'e1n recordados por largo tiempo en Q\'fcebec a causa de los numerosos robos audaces y homicidios que manten\'edan a la poblaci\'f3n total en terror constante. Por fin, cinco de los criminales: Chambers, Mathieu, Gagnon, Waterworth and Lemoine fueron arrestados en 1836, sometidos a juicio, declarados culpables y condenados a muerte en marzo de 1837.\par Una noche, durante el proceso del juicio, yo fui llamado a visitar a un enfermo. Pregunt\'e9 al mensajero por el nombre del enfermo y \'e9l dijo que se llamaba Frances Oregon. Yo le dije que el enfermo era un total extranjero para m\'ed. Cuando me acerqu\'e9 a la calesa, el mensajero se ech\'f3 a correr y desapareci\'f3. Mirando a las caras de los dos hombres que vinieron por m\'ed en la calesa, me parec\'eda que los dos llevaban m\'e1scaras.\par \emdash\'bfQu\'e9 significa esto? \emdash dije, \emdash ambos llevan m\'e1scaras, \'bfTienen la intenci\'f3n de asesinarme?\par \emdash Querido Padre Ch\'edniquy, \emdash contest\'f3 uno de ellos en voz baja, temblorosa y en tono de s\'faplica, no teme. Juramos delante de Dios que no le haremos ning\'fan mal. Nosotros tenemos en nuestras manos una mayor parte de los art\'edculos de plata robados durante estos \'faltimos tres a\'f1os. La polic\'eda nos est\'e1 persiguiendo y estamos en peligro de ser capturados. Por amor de Dios venga con nosotros. Vamos a poner todas esas cosas robadas en sus manos para que usted las entregue a sus due\'f1os. Luego, huiremos del pa\'eds inmediatamente y llevaremos una vida mejor. Somos Protestantes y la Biblia nos dice que no podemos ser salvos si guardamos en nuestras manos lo que no es nuestro. Usted no nos conoce, pero nosotros le conocemos bien a usted. Usted es el \'fanico hombre en Q\'fcebec a quien podemos confiar nuestras vidas y este tLVALerrible secreto. Nos hemos puestos estas m\'e1scaras para que usted no nos conociera y para que usted no sea transigido si por alguna raz\'f3n le llamen ante el tribunal de justicia.\par Mi primer pensamiento era dejarles y correr a la puerta de la casa parroquial; pero semejante acto de cobard\'eda, despu\'e9s de un momento de reflecci\'f3n, me parec\'eda indigno de un hombre. \emdash Ellos son Protestantes y conf\'edan en m\'ed, \emdash pens\'e9, \emdash bien, bien, ellos no lamentar\'e1n haber puesto su confianza en un sacerdote Cat\'f3lico. Entonces les respond\'ed: \emdash Lo que me piden es de una naturaleza muy delicada y hasta peligrosa. Antes que lo haga, quiero consultar al que yo considero uno de los hombres m\'e1s sabios de Q\'fcebec, el Rev. Sr. Demars, el ex-presidente del Seminario de Q\'fcebec. No puedo prometer concederles su petici\'f3n si \'e9l me dice que no vaya.\par \emdash Muy bien, \emdash dijeron ambos y en muy corto tiempo yo estaba solo en la habitaci\'f3n del Sr. Demars.\par \emdash Se\'f1or, \emdash le dije, \emdash yo necesito un consejo sobre un asunto muy extra\'f1o. Le expliqu\'e9 la situaci\'f3n bajo el sello de la confesi\'f3n para que ninguno de los dos nos qued\'e1ramos transigidos.\par Antes de contestarme el sacerdote venerable dijo: \emdash Yo soy muy anciano, pero nunca he escuchado nada tan extra\'f1o en toda mi vida. \'bfNo tienes miedo de ir solo con estos dos ladrones?\par \emdash No, se\'f1or, \emdash respond\'ed, \emdash no veo ninguna raz\'f3n para temer.\par \emdash Bien, bien, \emdash replic\'f3 el Sr. Demars, \emdash si no tienes miedo, tu madre te dio un cerebro de diamante y nervios de acero.\par \emdash Ahora, mi querido se\'f1or, por favor, de la forma m\'e1s breve d\'edgame su opini\'f3n. \'bfMe aconseja usted irme con ellos?\par El respondi\'f3: \emdash Hay tantas consideraciones por hacer que es imposible pesarlas todas. La \'fanica cosa que podemos hacer es orar a Dios y a su santa Madre por sabidur\'eda. Vamos a orar.\par Despu\'e9s LVALde la oraci\'f3n, el anciano sacerdote dijo con una voz llena de emoci\'f3n y con l\'e1grimas en sus ojos, \emdash Si no tienes miedo, \'a1S\'ed, ve, ve!\par Ca\'ed de rodillas y le dije, \emdash Antes de irme, por favor, d\'e9me su bendici\'f3n y ore por m\'ed.\par Sal\'ed del seminario y me sent\'e9 a la derecha de uno de mis compa\'f1eros desconocidos, mientras el otro estaba en el asiento delantero conduciendo al caballo. Ni una sola palabra se dec\'eda por el camino, pero percib\'ed que el extranjero a mi izquierda estaba orando a Dios, aunque con una voz tan baja que entend\'ed solamente estas palabra repetidas dos veces: \emdash Oh Se\'f1or, ten misericordia de m\'ed, tan grande pecador.\par Estas palabras tocaron mi coraz\'f3n y trajeron a mi memoria las palabras de mi querido Salvador: \ldblquote Los publicanos y rameras entrar\'e1n al reino de Dios antes que vosotros.\rdblquote Yo tambi\'e9n or\'e9 por este pobre pecador arrepentido y por m\'ed mismo, repitiendo el sublime Salmo 51: \ldblquote Ten misericordia de m\'ed, Oh Se\'f1or.\rdblquote\par Duramos media hora en llegar a la casa, donde la calesa fue encerrada. La noche era tan oscura que me era imposible reconocer d\'f3nde me encontraba. La \'fanica persona que vi dentro de la casa era una mujer alta, cubierta con un largo velo negro, quien parec\'eda ser un hombre disfrazado a causa de su tama\'f1o y fuerzas, porque cargaba dos costales muy pesados como si fueran manojos de paja. Una peque\'f1a vela detr\'e1s de una cortina echaba sombras parecidas a fantasmas alrededor de nosotros.\par No se dec\'eda ninguna palabra, excepto uno de mis compa\'f1eros que susurr\'f3 en una voz muy baja: \emdash Por favor, f\'edjese en las etiquetas que est\'e1n en cada bulto. Ellas indicar\'e1n su due\'f1o.\par Luego que estos bultos fueron colocados en la calesa, salimos de regreso a la casa parroquial, donde llegamos un poco antes del alba. Ni una palabra se intercambi\'f3 entre nosotros por el camino y mi impresi\'f3n fue de que mis compa\'f1LVALeros arrepentidos un\'edan sus oraciones silenciosas con la m\'eda a los pies de ese Dios misericordioso quien ha dicho a todos los pecadores: \ldblquote Venid a m\'ed todos los que est\'e1is cargados y cansados y yo os har\'e9 descansar.\rdblquote\par Ellos metieron los bultos en mi ba\'fal, el cual cerr\'e9 cuidadosamente con llave. Cuando termin\'f3 todo, les acompa\'f1\'e9 a la puerta. Luego ambos, asiendo de mis manos, con un movimiento de gratitud y gozo las apretaron a sus labios derramando l\'e1grimas y diciendo en voz baja: \emdash Que Dios le bendiga mil veces por la buena obra que acaba de realizar. Despu\'e9s de Cristo, usted es nuestro salvador.\par Mientras estos dos hombres me hablaban, le agrad\'f3 a Dios enviar a mi alma uno de esos rayos de felicidad que nos da s\'f3lo de vez en cuando. Estos dos hombres para m\'ed dejaron de ser ladrones; eran hermanos queridos, amigos preciosos; cosa semejante raramente se ve. Los prejuicios estrechos y vergonzosos de mi religi\'f3n fueron silenciados ante las oraciones fervientes que o\'ed de sus labios; desaparecieron ante esas l\'e1grimas de arrepentimiento, gratitud y amor que cayeron de sus ojos a mis manos. Yo apret\'e9 sus manos en las m\'edas dici\'e9ndoles: Les agradezco y les bendigo por escogerme como el confidente de sus desgracias y arrepentimiento. A ustedes les debo tres de las horas m\'e1s preciosas de mi vida. Adi\'f3s, nunca nos volveremos a ver en esta tierra, pero nos veremos en el cielo, adi\'f3s.\par Era imposible dormir el resto de esa noche memorable. Adem\'e1s, ten\'eda en mi posesi\'f3n suficientes art\'edculos robados para mandar a cincuenta hombres a la horca. A las diez de la ma\'f1ana estaba en el taller del Sr. Amiot el ofebre m\'e1s rico de Q\'fcebec con mi pesado morral lleno de plata fundida. Despu\'e9s de obtener de \'e9l la promesa de secreto, se lo entregu\'e9, cont\'e1ndole al mismo tiempo su historia. Le ped\'ed que lo pesara, guardara su contenido, y me pagara en efectivo su valor lo cual yo distribuir\'edLVALa seg\'fan las etiquetas.\par El me dijo que hab\'eda mil d\'f3lares de plata fundida los cuales \'e9l me dio inmediatamente. Fui directamente a entregar la mitad al Rev. Sr. Cazeault, capell\'e1n de la congregaci\'f3n que fue robada y distribu\'ed el restante a los individuos indicados por las etiquetas pegadas a este enorme lingote.\par La buena Sra. Montgomery dif\'edcilmente cre\'eda a sus ojos cuando, despu\'e9s de obtener de ella la promesa de secreto inviolable sobre lo que le iba a mostrar, Le present\'e9 los trastes magn\'edficos de plata, canastas para fruta, cafeteras, azucareras, cremeras y una gran n\'famero de cubiertos de plata fin\'edsima que hab\'edan sido hurtados de su casa en 1835. Le parec\'eda un sue\'f1o ver ante sus ojos estas reliquias preciosas de la familia. Luego, ella me cont\'f3 de la manera m\'e1s conmovedora cu\'e1n terrible momento sufri\'f3 cuando los ladrones le agarraron a ella, a una sirvienta y a un joven y los enrollaron en alfombras para sofocar sus gritos.\par Esta se\'f1ora excelente era Protestante y fue la primera vez en mi vida que conoc\'ed a un Protestante cuya piedad parec\'eda tan iluminada y sincera. No pude menos que admirarla cuando, despu\'e9s de darme sus sinceras gracias y bendici\'f3n, me pidi\'f3 que orara con ella para ayudarla a dar gracias a Dios por el favor que le hab\'eda mostrado. Le dije que me sentir\'eda feliz unirme con ella en bendecir al Se\'f1or por sus misericordias. Luego, me prest\'f3 una Biblia hermosamente encuadernada y le\'edmos alternadamente, despacio y de rodillas el Salmo 103: \ldblquote Bendice, alma m\'eda, a Jehov\'e1, etc.\rdblquote\par Al despedirme de ella, me ofreci\'f3 un monedero que ten\'eda m\'e1s de cien d\'f3lares en oro el cual rehus\'e9, dici\'e9ndole que yo preferir\'eda perder mis dos manos que recibir un solo centavo por lo que hab\'eda hecho.\par Ella me dijo: \emdash Usted est\'e1 rodeado de gente pobre, ll\'e9veles esto que ofrezco al Se\'f1or como un d\'e9bil testimonio de mi gratitud, y le aseLVALguro que mientras viva pedir\'e9 que Dios derrame sobre usted, sus m\'e1s abundantes favores.\par Al salir, no pude ocultar de m\'ed mismo que mi alma hab\'eda sido embalsamado de un verdadero perfume de piedad que nunca hab\'eda sentido en mi propia Iglesia.\par Antes que termin\'f3 el d\'eda, yo hab\'eda devuelto a sus due\'f1os leg\'edtimos los efectos cuyo valor superaba m\'e1s de siete mil d\'f3lares y ten\'eda mis recibos en buena forma.\par Pens\'e9 que era mi deber entregar a mi amigo venerable, el Gran Vicario Demars, una cuenta detallada. El escuch\'f3 con profundo inter\'e9s y no pod\'eda detener sus l\'e1grimas cuando le cont\'e9 la escena conmovedora de la separaci\'f3n de mis dos nuevos amigos esa noche oscura que ha permanecido como una de las m\'e1s brillantes de mi vida. Cuando mi historia termin\'f3, el dijo: \emdash En verdad soy muy anciano, pero tengo que confesar que nunca he escuchado nada tan extra\'f1o ni tan hermoso como esta historia.\par Despu\'e9s de los eventos de las previas veinticuatro horas, me hac\'eda mucha falta el descanso, pero era imposible para m\'ed dormir. Por primera vez, confront\'e9 cara a cara a ese Protestantismo que mi Iglesia me hab\'eda ense\'f1ado a odiar y a combatir. Pero cuando esa fe fue puesta en la balanza contra mi propia religi\'f3n, parec\'eda una lingoter\'eda de oro en contraste con un mont\'f3n de harapos podridos. A pesar de m\'ed mismo, escuchaba los clamores de ese ladr\'f3n arrepentido: \emdash\'a1Se\'f1or, ten misericordia de m\'ed, un pecador tan grande!\par Luego, la piedad sublime de la Sra. Montgomery y las bendiciones que ella pidi\'f3 que Dios derramase sobre m\'ed, su siervo in\'fatil, parec\'edan como tantas ascuas de fuego echados en mi cabeza por Dios para castigarme por haber difamado a los Protestantes y haber criticado tan frecuentemente su religi\'f3n.\par Una voz secreta surg\'eda dentro de m\'ed: \emdash\'bfNo ves c\'f3mo estos Protestantes a quienes deseabas aplastar con tanto desprecio, saben como orar, arrepe LVAL ntirse y enmendar sus faltas mucho m\'e1s noblemente que los miserables desgraciados a quienes mantienes a tus pies como tantos esclavos por medio del confesionario? \'bfAlguna vez ha actuado tan eficazmente en los pecadores la confesi\'f3n auricular como la Biblia en estos ladrones para cambiar sus corazones? \'a1Juzga este d\'eda por sus frutos, cu\'e1l de las dos religiones es guiado por el esp\'edritu de las tinieblas o por el Esp\'edritu Santo!\par No queriendo condenar a mi religi\'f3n ni permitir que mi coraz\'f3n fuera atra\'eddo por el Protestantismo durante las largas horas de esa noche intranquila, me qued\'e9 ansioso, humillado e inquieto.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Pocos d\'edas despu\'e9s de la extra\'f1a noche providencial que pas\'e9 con los ladrones arrepentidos, recib\'ed la siguiente carta firmada por Chambers y sus desgraciados amigos criminales que fueron arrestados durante la serie de robos y homicidios:\par \endash Querido Padre Ch\'edniquy, Estamos condenados a muerte. Por favor, venga a ayudarnos a confrontar nuestra sentencia como Cristianos.\par No intentar\'e9 decir lo que sent\'ed al entrar a las celdas h\'famedas y oscuras donde los culpables estaban encadenados. Ningunas palabras humanas pueden expresar esas cosas. Sus l\'e1grimas y sollozos penetraban mi coraz\'f3n como una espada de dos filos. Despu\'e9s que los dem\'e1s me pidieron que escuchara la confesi\'f3n de sus pecados y que los preparase para la muerte, dijo Chambers: \emdash Usted sabe que soy Protestante, pero estoy casado con una Cat\'f3lico-romana que es penitente suya. Usted ha convencido a mis dos queridas hermanas a convertirse al Catolicismo. Muchas veces he deseado seguirles, pero mi vida criminal me ha impedido hacerlo. Pero estoy determinado a hacer lo que considero ser la voluntad de Dios sobre este asunto tan importante. Por favor, d\'edgame lo que debo hacer para llegar a ser un Cat\'f3lico.\par Yo era un sacerdote Cat\'f3lico-romano sincero, creyendo que fuera de la Iglesia de Roma no hay salvaci\'f3n. La conversi\'f3n de ese gran pecador me parec\'eda un milagro de Dios y fue para m\'ed una feliz distracci\'f3n en medio de la desolaci\'f3n que sent\'ed en ese calabozo.Pas\'e9 los pr\'f3ximos ocho d\'edas escuchando sus confesiones y tambi\'e9n instru\'ed a Chambers en la fe de la Iglesia de Roma. Les pregunt\'e9 algunos de los detalles de los homicidios y robos que hab\'edan cometido que fueron para m\'ed una lecci\'f3n sobre la perversi\'f3n humana. Los hechos que LVALescuch\'e9 me convencieron de la necesidad que todos tenemos. Cuando el hombre es dejado solo, sin ninguna religi\'f3n para impedir a sus pasiones incontrolables, es m\'e1s cruel que las bestias salvajes. La existencia de la sociedad ser\'eda imposible sin una religi\'f3n y un Dios para protegerla.\par Yo estoy a favor de la libertad de conciencia en su sentido m\'e1s alto, pero pienso que el ateo debe ser castigado igual que el asesino o el ladr\'f3n, porque sus creencias tienden a hacer asesinos y ladrones a todos los hombres. Ninguna ley ni sociedad es factible si no existe Dios.\par Entre m\'e1s se acercaba ese d\'eda fatal cuando acompa\'f1ar\'eda a esos hombres a la horca para verlos lanzados a la eternidad, m\'e1s horror sent\'eda. Ellos eran para m\'ed, m\'e1s queridos que mi propia vida. No s\'f3lo con gusto mezclaba mis l\'e1grimas con ellos, uniendo con ellos mis oraciones fervientes a Dios por misericordia, sino sent\'ed que estar\'eda dispuesto a derramar mi propia sangre para salvar sus vidas.\par El gobernador, Lord Gosford, era mi amigo y puesto que algunos de los hombres pertenec\'edan a las familias m\'e1s respetadas de Q\'fcebec, organic\'e9 una petici\'f3n para procurar cambiar su sentencia a exilio permanente en la lejana colonia penal de Botany Bay, Australia. Fue firmada por el obispo, los sacerdotes cat\'f3licos, ministros de varios denominaciones Protestantes y cientos de los ciudadanos principales de Q\'fcebec. Yo present\'e9 personalmente la petici\'f3n acompa\'f1ado por el secretario del arzobispo. Pero sent\'ed gran angustia cuando el gobernador me respondi\'f3 que esos hombres cometieron tantos homicidios y mantuvieron al pa\'eds en terror por tantos a\'f1os que era absolutamente necesario castigarlos con muerte.\par \'bfQui\'e9n puede describir la desolaci\'f3n de aquellos hombres desgraciados cuando, con una voz ahogada por sollozos y l\'e1grimas, les dije que el gobernador hab\'eda rehusado? Ser\'edan ahorcados al d\'eda siguiente. Llenaron sus celdas con clamores LVALque hubieran quebrantado al coraz\'f3n m\'e1s endurecido. Hab\'eda un temor que me atormentaba, como un fantasma del infierno, los \'faltimos tres d\'edas. Parec\'eda que a pesar de todos mis esfuerzos, oraciones, confesiones, absoluciones y sacramentos, estos hombres no eran convertidos y ser\'edan lanzados a la eternidad con todos sus pecados. Cuando compar\'e9 la calma y arrepentimiento sincero de los ladrones con quienes pas\'e9 una noche, hac\'eda varias semanas, en su calesa con las expresiones ruidosas de lamentaci\'f3n de estos reci\'e9n convertidos pecadores, no pude m\'e1s que descubrir una distancia inmensurable entre los dos.\par Yo dec\'eda a m\'ed mismo ansiosamente: \emdash\'bfSer\'e1 posible que aquellos Protestantes que estaban conmigo en la calesa ten\'edan los verdaderos caminos de arrepentimiento, perd\'f3n, paz y vida eterna, mientras nosotros los Cat\'f3lico-romanos con nuestra se\'f1al de la cruz, agua bendita, nuestros crucifijos y rezos a los santos, nuestros escapularios y medallas y nuestra tan humillante confesi\'f3n auricular s\'f3lo estamos distrayendo a la mente, alma y coraz\'f3n del pecador de la verdadera y \'fanica fuente de salvaci\'f3n, Cristo? En medio de esos pensamientos angustiosos, casi me arrepent\'ed de haber ayudado a Chambers a abandonar su Protestantismo por mi Romanismo.\par Como a las 4:00 p.m., hice un esfuerzo supremo para sacudirme de mi desolaci\'f3n y animarme para los deberes solemnes que Dios me hab\'eda encomendado. Yo hice algunas preguntas a esos hombres para ver si estaban verdaderamente arrepentidos y convertidos. Sus respuestas a\'f1adieron a mi temor. Es verdad que les hab\'eda hablado de Cristo y su muerte por ellos, pero esto hab\'eda sido tan entremezclado con exhortaciones a confiar en Mar\'eda, poner su confianza en medallas, escapularios, confesiones etc. que parec\'eda que en nuestra religi\'f3n, Cristo era como una perla preciosa, perdida entre una monta\'f1a de arena. Este temor pronto hizo mi angustia insoportable.\par EntonceLVALs me met\'ed al peque\'f1o cuarto que el carcelero me hab\'eda designado y ca\'ed de rodillas para orar a Dios por m\'ed mismo y mis pobres convictos. Aunque esta oraci\'f3n me trajo algo de calma, de todas maneras, grande fue mi angustia. Fue entonces que vino a mi mente otra vez la idea de ir al gobernador y hacer otro esfuerzo supremo de intentar cambiar la sentencia de muerte a la de exilio perpetuo. Sin dilatar un solo momento, fui a su palacio.\par Eran como las 7:00 p.m. cuando de mala gana me admiti\'f3 a su presencia, dici\'e9ndome al extenderme la mano: \emdash Espero, se\'f1or Ch\'edniquy, que usted no viene a renovar su petici\'f3n de la ma\'f1ana, porque no puedo conced\'e9rsela.\par Sin una palabra para responder, ca\'ed de rodillas y por m\'e1s de diez minutos, habl\'e9 como jam\'e1s hab\'eda hablado. Habl\'e9 tal como hablamos cuando somos embajadores de Dios en una misi\'f3n de misericordia. Por alg\'fan tiempo el gobernador estaba mudo y pasmado. No s\'f3lo era un hombre magn\'e1nimo, sino tambi\'e9n ten\'eda un coraz\'f3n tierno y amable. Sus l\'e1grimas pronto empezaron a fluir con las m\'edas y sus sollozos se mezclaron con los m\'edos. Con una voz medio sofocada por su emoci\'f3n, me extendi\'f3 su mano amistosa y dijo: \emdash Padre Ch\'edniquy, usted me pide un favor que no debo concederle, pero no puedo resistir sus argumentos cuando sus l\'e1grimas, sollozos y clamores me penetran como flechas y quebrantan mi coraz\'f3n. Voy a conceder el favor que usted me pide.\par Eran las 10:00 p.m. cuando toqu\'e9 la puerta del carcelero pidi\'e9ndole permiso para ver a mis queridos amigos en sus celdas para decirles que hab\'eda obtenido su perd\'f3n. El casi no lo cre\'eda, pero fij\'e1ndose en el pergamino, dijo: \emdash\'bfHa notado que est\'e1 cubierto y casi echado a perder por las manchas de las l\'e1grimas del gobernador? Usted ha de ser un hechicero para ablandar el coraz\'f3n de semejante hombre. Yo s\'e9 que estaba absolutamente indispuesto a conceder el perd\'f3n.\par Yo LVALle convenc\'ed que no fue obra m\'eda, sino de nuestro Salvador Jesucristo: \emdash Por favor, apres\'farese a abrir las celdas de esos hombres desgraciados para contarles lo que nuestro Dios misericordioso ha hecho para ellos.\par Al entrar, no pod\'eda contenerme, grit\'e9: \emdash\'a1Regoc\'edjense y bendigan al Se\'f1or, mis queridos amigos! \'a1No morir\'e1n ma\'f1ana, tengo su perd\'f3n conmigo! Dos de ellos se desmayaron y los otros lloraban derramando l\'e1grimas de gozo. Me abrazaron fuertemente y me cubrieron con sus l\'e1grimas de gozo. Me arrodill\'e9 con ellos y dimos gracias a Dios.\par A la ma\'f1ana siguiente, yo estaba con ellos antes de las 7:00 a.m. Las multitudes ya empezaban a reunirse a esa hora temprana para presenciar la muerte de los acusados. Pero cuando oyeron la novedad que la sentencia hab\'eda sido cambiada, el gent\'edo se volvi\'f3 furioso. Por un tiempo, temieron que la turba rompiera las puertas de la c\'e1rcel y ahorcar\'eda a los reos. El jefe de la polic\'eda me advirti\'f3 a no aparecer por las calles por algunos d\'edas.\par Al partir ellos, un mes despu\'e9s, rumbo a Botany Bay, regal\'e9 a cada uno un Nuevo Testamento Cat\'f3lico-romano traducido por DeSacy, para leer y meditar durante su largo viaje aburrido. Me desped\'ed de ellos encomend\'e1ndoles a la misericordia de Dios y la protecci\'f3n de la Virgen Mar\'eda y todos los Santos. Algunos meses despu\'e9s, o\'ed que en alta mar Chambers hab\'eda roto sus cadenas y las de algunos de sus compa\'f1eros con la intenci\'f3n de tomar posesi\'f3n del barco y escapar a alguna ribera lejana. Pero fue traicionado y luego ahorcado al llegar a Liverpool.\par Yo casi hab\'eda perdido la vista de esos d\'edas emocionantes de mi sacerdocio juvenil, cuando en 1878 fui llamado por la providencia de Dios para dar conferencias sobre el Romanismo en Australia.\par Poco despu\'e9s de mi llegada, un caballero venerable toc\'f3 la puerta. Al saludarme el extranjero, dijo: \emdash\'bfEst\'e1 aqu\'ed el Padre Ch\'edniquy?\paLVALr \emdash S\'ed, se\'f1or, yo soy el Padre Ch\'edniquy, \emdash contest\'e9.\par \emdash Oh querido Padre Ch\'edniquy, \emdash pronto replic\'f3 el extranjero, \emdash\'bfSer\'e1 posible que sea usted mismo? \'bfMe permite estar completamente a solas con usted por media hora?\par \emdash Seguro que s\'ed, \emdash dije, \emdash por favor, se\'f1or, pase usted y s\'edgame.\par Al estar a solas con el extranjero, me pregunt\'f3: \emdash\'bfUsted me reconoce?\par \emdash\'bfC\'f3mo puedo reconocerlo, se\'f1or, \emdash respond\'ed, \emdash no recuerdo haberlo visto jam\'e1s.\par \emdash\'bfRecuerda usted de Chambers, quien fue condenado a muerte en Q\'fcebec en 1837 con sus c\'f3mplices? \emdash pregunt\'f3 el extranjero.\par \emdash S\'ed, se\'f1or, lo recuerdo muy bien, \emdash repliqu\'e9.\par \emdash Bueno, querido Padre Ch\'edniquy, yo soy uno de los criminales que llen\'f3 a Canad\'e1 con terror por varios a\'f1os. Fui arrestado y justamente condenado a muerte. Usted obtuvo nuestro perd\'f3n y la sentencia de muerte fue conmutado a exilio perpetuo en Botany Bay. Mi nombre en Canad\'e1 fue A____, pero aqu\'ed me llaman B_____. Dios me ha bendecido desde entonces de muchas maneras, pero es a usted a quien debo mi vida y todos los privilegios de mi existencia actual. Despu\'e9s de Dios, usted es mi salvador. Vengo a darle las gracias y a bendecirlo por lo que usted ha hecho por m\'ed. Pero su gozo de \'e9l no excedi\'f3 el m\'edo. Le ped\'ed que me contara los detalles de su extra\'f1a y maravillosa historia. Aqu\'ed doy un corto resumen de su respuesta:\par \emdash Despu\'e9s de su \'faltima bendici\'f3n que usted me dio abordo del barco, lo primero que hice fue abrir el Nuevo Testamento que usted me dio. Fue la primera vez en mi vida que tuve ese libro en mis manos. A decir verdad, la primera lectura del Evangelio hizo mucho para derrumbar mi fe Cat\'f3lico-romana y hacer naufragar la religi\'f3n que me ense\'f1aron mis padres, el colegio y aun usted mismo. El \'fanico bien que me hizo la priLVALmera lectura era darme pensamientos m\'e1s serios y prevenir mi participaci\'f3n con Chambers y sus conspiradores en su necio complot.\par \emdash Pero si mi primera lectura del Evangelio no me hizo mucho bien, no puedo decir lo mismo de la segunda. Recuerdo que usted nos dijo que nunca ley\'e9ramos sin antes ofrecer a Dios una ferviente oraci\'f3n por ayuda y luz para entenderlo. Yo estaba verdaderamente hastiado de mi vida anterior. Pues al abandonar el temor y el amor de Dios, me ca\'ed al abismo m\'e1s profundo de perversi\'f3n y miseria humana hasta llegar tan cerca del fin de mi vida en la horca. Sent\'ed la necesidad de un cambio. Muchas veces usted nos repiti\'f3 las palabras de nuestro Salvador: \ldblquote Venid a m\'ed todos los que est\'e1is trabajados y cansados y yo os har\'e9 descansar.\rdblquote Pero igual que todos los dem\'e1s sacerdotes, usted siempre mezcl\'f3 esas admirables palabras salvadoras con la invocaci\'f3n a Mar\'eda y la confianza en nuestras medallas, escapularios, la se\'f1al de la cruz, etc. El llamamiento de Cristo siempre fue ahogado en la Iglesia de Roma por aquellas supersticiones y absurdas pr\'e1cticas imp\'edas.\par \emdash Una ma\'f1ana, despu\'e9s de pasar una noche sin dormir y sinti\'e9ndome oprimido por el peso de mis pecados, abr\'ed el Evangelio despu\'e9s de una ferviente oraci\'f3n por luz y guianza. Se clavaron mis ojos en las palabras de Juan 1: 29: \ldblquote He aqu\'ed el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.\rdblquote Estas palabras descendieron sobre mi pobre alma culpable con un poder divino irresistible. Con l\'e1grimas de indecible desolaci\'f3n, pas\'e9 el d\'eda clamando:\par \emdash\'a1Oh, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, ten misericordia de m\'ed! \'a1Quita mis pecados!\par \emdash Antes que terminara el d\'eda, sent\'eda y sab\'eda que el Cordero de Dios hab\'eda quitado mis pecados. El cambi\'f3 mi coraz\'f3n y me hizo un hombre totalmente nuevo. Desde ese d\'eda, la lectura del Evangelio era como el pan al hoLVALmbre hambriento y como las aguas puras y refrescantes al viajero sediento. Mi gozo, mi inefable gozo, era leer el Santo Libro y hablar del amor del querido Salvador para los pobres pecadores con mis compa\'f1eros en cadenas. Gracias a Dios, un buen n\'famero de ellos encontraron al que es Precios\'edsimo, convirti\'e9ndose sinceramente en los agujeros oscuros de ese barco.\par \emdash En los trabajos forzados en Sydney con los dem\'e1s reos, sent\'ed que mis cadenas eran tan ligeras como plumas, porque estaba seguro que mis pecados fueron quitados y aunque trabajaba bajo el sol ardiente desde la ma\'f1ana hasta la noche, me sent\'ed feliz y mi coraz\'f3n estaba lleno de gozo, porque estaba seguro que mi Salvador me hab\'eda preparado un trono en su reino y que \'e9l me hab\'eda comprado una corona de gloria, muriendo en la cruz para redimir mi alma culpable.\par \emdash Apenas hab\'eda pasado un a\'f1o en Australia en medio de los convictos, cuando un ministro del Evangelio, acompa\'f1ado por otro caballero, vino a m\'ed y dijo: \emdash Su perfectamente buena conducta y su vida Cristiana han atra\'eddo la atenci\'f3n y la admiraci\'f3n de las autoridades y el gobernador nos env\'eda para entregarle este documento que dice que usted ya no es un criminal ante los ojos de la ley. Est\'e1 perdonado y puede llevar la vida de un ciudadano honorable con la condici\'f3n de que usted siga en los caminos de Dios. Despu\'e9s de hablar as\'ed, el caballero puso cien d\'f3lares en mis manos y a\'f1adi\'f3:\par \emdash Vaya y sea usted un fiel seguidor del Se\'f1or Jesucristo y el Dios Todopoderoso le bendecir\'e1 y le har\'e1 prosperar en todos sus caminos.\par \emdash Lleno de gozo, pas\'e9 varios d\'edas y noches bendiciendo al Dios de mi Salvaci\'f3n, Jes\'fas, el Redentor de mi alma.\par \emdash Algunos a\'f1os despu\'e9s, o\'edmos de los descubrimientos de ricas minas de oro en varias partes de Australia. Primero ped\'ed a Dios que me guiara, luego sal\'ed hacia las minas en b\'fasqueda de oro. Despu\'e9LVALs de una larga caminata, estaba muy cansado. Me sent\'e9 en una piedra lisa para comer y luego apagar mi sed con el agua del arroyo. Estaba comiendo y bendiciendo a Dios, cuando de repente me llam\'f3 la atenci\'f3n una piedra junto al arroyo casi del tama\'f1o de un huevo de ganso. Fui y la recog\'ed. \'a1La piedra era casi todo del oro m\'e1s puro!\par \emdash Me arrodill\'e9 a dar gracias a Dios y alabarle por esta nueva prueba de su misericordia hacia m\'ed y empec\'e9 a buscar m\'e1s. Usted puede imaginar mi gozo al encontrar ese terreno literalmente cubierto de piezas de oro. Cuando alcanc\'e9 a tener como ochenta mil Libras depositadas en los bancos, un caballero me ofreci\'f3 ochenta mil Libras m\'e1s por el terreno y se lo vend\'ed. Invert\'ed en un terreno que pronto lleg\'f3 a ser el sitio de una ciudad importante y llegu\'e9 a ser uno de los hombres m\'e1s ricos de Australia. Luego comenc\'e9 a estudiar y a mejorar la poca educaci\'f3n que hab\'eda recibido en Canad\'e1. Me cas\'e9 y mi Dios me ha hecho padre de varios hijos. La gente entre quienes fij\'e9 mi residencia, desconociendo mi pasado, me han elevado entre las dignidades principales del lugar. Por favor, querido Sr. Ch\'edniquy, venga a comer conmigo ma\'f1ana para poder mostrarle mis propiedades y presentarle a mi esposa y a mis hijos.\par Al contarme sus aventuras maravillosas, su voz muchas veces fue ahogada por sus emociones. Le dije: \emdash Ahora entiendo por qu\'e9 mi Dios me dio un poder tan maravilloso sobre el gobernador de Canad\'e1 cuando arranqu\'e9 su perd\'f3n de las manos a pesar de s\'ed mismo. El Dios misericordioso quiso salvarle a usted y usted es salvo. \'a1Bendito sea su nombre para siempre!\par Al d\'eda siguiente, fue mi privilegio estar con su familia en su comida. Nunca en mi vida he visto una madre m\'e1s feliz y una familia m\'e1s interesante. Despu\'e9s de la comida me mostr\'f3 su hermoso jard\'edn y su rico palacio. Luego, abraz\'e1ndome fuertemente, dijo: \emdash Querido Padre Ch\'edniquy, todasLVAL estas cosas pertenecen a usted. Es a usted, despu\'e9s de Dios, a quien debo mi vida, todas las bendiciones de una grande familia Cristiana y el honor de la alta posici\'f3n que tengo en este pa\'eds. \'a1Que el Dios del cielo siempre le bendiga por lo que usted ha hecho por m\'ed!\par Le respond\'ed: \emdash Querido amigo, a m\'ed usted no debe nada. No he sido m\'e1s que un d\'e9bil instrumento de las misericordias de Dios hacia usted. Al gran Dios misericordioso solamente sea la alabanza y la gloria. Por favor, pida a su familia que se acerque y cantemos unidos para la gloria y alabanza de Dios, el \cf1\ul Psa_103:1-22\cf0\ulnone .\par Despu\'e9s de cantar, me desped\'ed de \'e9l por segunda vez para nunca verlo nuevamente hasta que estemos en aquella Tierra Prometida donde cantaremos la eterna Aleluya alrededor del trono del Cordero inmolado por nosotros y quien nos redimi\'f3 con su sangre.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 La flota mercantil del oto\'f1o de 1836 hab\'eda llenado el hospital marinero de Q\'fcebec con las v\'edctimas de una fiebre tifoidea de la peor especie. Debido a la epidemia, los doctores y la mayor\'eda de los enfermeros fueron barridos durante los meses del invierno. En la primavera de 1837, yo era casi el \'fanico sobreviviente. Para evitar el p\'e1nico, la situaci\'f3n del hospital fue guardado secreto; pero para fines de mayo, yo contraje la enfermedad, forz\'e1ndome a revelar la situaci\'f3n al obispo para que otro capell\'e1n fuese designado. El joven Mons. D. Estimanville fue escogido. Dur\'e9 m\'e1s de una hora ense\'f1\'e1ndole todos los cuartos y present\'e1ndole a los pobres enfermos y moribundos marineros.\par Luego, me sent\'ed tan exhausto que dos amigos ten\'edan que sostenerme en mi regreso a la casa parroquial de St. Roche. Mis m\'e9dicos fueron llamados inmediatamente. Mi caso era tan peligroso que hicieron llamar a otros tres m\'e9dicos. Durante nueve d\'edas sufr\'ed las torturas m\'e1s horribles en mi cerebro y en el mismo tu\'e9tano de mis huesos. Mi \'fanica nutrici\'f3n fueron unas gotas de agua. Los m\'e9dicos dijeron al obispo que no hab\'eda esperanza. Me administraron los \'faltimos sacramentos y me prepar\'e9 a morir. Al d\'e9cimo d\'eda estaba totalmente inerte.\par Aunque todas mis facultades f\'edsicas parec\'edan muertas, mi memoria, inteligencia y alma actuaban con m\'e1s poder que nunca. Durante el curso de la fiebre tuve visiones terribles. En una de ellas, me vi rodeado por enemigos despiadados cuyas dagas y espadas estaban metidas en mi cuerpo. Hab\'eda muchas otras que recuerdo con minuciosos detalles. Al principio, la muerte no tuvo terror para m\'ed, pues yo hab\'eda hecho todo en mi poder para cumplir con todo lo que mi Iglesia me mandaba hacer para ser salvo.\par \emdash Est\'e1 muerto o si LVALno, tiene s\'f3lo pocos minutos para vivir. Ya est\'e1 fr\'edo y sin respiraci\'f3n y no podemos sentir su pulso, \emdash aunque dijeron estas palabras en un tono muy bajo, explotaron en mis o\'eddos como truenos. \ldblquote Est\'e1 muerto\rdblquote sonaba en mis o\'eddos. Las palabras no pueden expresar mi horror. Una ola congelante empez\'f3 a moverse lentamente desde mis extremidades hacia mi coraz\'f3n. En ese momento, hice un gran esfuerzo para salvarme, invocando la ayuda de la bendita Virgen Mar\'eda. Como un rel\'e1mpago me atac\'f3 una visi\'f3n terrible. Vi a todas mi buenas obras y penitencias en las cuales mi Iglesia me mand\'f3 confiar para obtener la salvaci\'f3n, de un lado de la balanza de la justicia de Dios. Mis pecados estaban al otro lado. Mis buenas obras parec\'edan s\'f3lo un grano de arena en comparaci\'f3n con el peso de mis pecados.\par \emdash Esta terrible visi\'f3n destruy\'f3 completamente mi falsa seguridad farisaica y llen\'f3 mi alma de terror indecible. No pude clamar a Jesucristo ni a Dios su Padre, porque cre\'ed sinceramente que ambos estaban airados contra m\'ed a causa de mis pecados. Con mucha ansiedad, volv\'ed mis esperanzas hacia Sta. Ana y Sta. Filomena. Mi confianza en Sta. Ana vino de las muletas sin n\'famero etc. que cubr\'edan la iglesia \ldblquote La Bonne St. Anne du Nord.\rdblquote El cuerpo de Sta. Filomena hab\'eda sido descubierto recientemente de manera milagrosa y se llenaba el mundo de rumores de los milagros hechos por medio de su intercesi\'f3n; sus medallas se hallaban dondequiera.\par Con toda mi confianza en la voluntad y poder de estas dos Santas de obtener cualquier favor, las invoqu\'e9 para que pidieran a Dios que me concediera algunos a\'f1os m\'e1s de vida. Con la mayor honestidad de prop\'f3sito, promet\'ed a\'f1adir a mi penitencia vivir una vida m\'e1s santa en el servicio de los pobres y los enfermos. Tambi\'e9n promet\'ed poner un cuadro de las dos Santas en la iglesia de Sta. Ana para proclamar al mundo su gran poder en el LVALcielo, si ellas obtuvieran mi curaci\'f3n y restaurasen mi salud.\par Extra\'f1amente las \'faltimas palabras de mi oraci\'f3n apenas fueron dichas cuando vi aparecer arriba de mi cabeza a Sta. Ana y Sta. Filomena sentadas en medio de una gran luz sobre una hermosa nube dorada. Ambas me miraron con gran amabilidad. La amabilidad de Sta. Ana, sin embargo, estaba tan mezclada con un aire de reverencia y gravedad que no me gustaban sus miradas; mientras Sta. Filomena ten\'eda tal expresi\'f3n de amor super-humano y amabilidad que me sent\'eda atra\'eddo a ella por un poder magn\'e9tico cuando ella dijo claramente: Ser\'e1s curado. Y la visi\'f3n desapareci\'f3.\par \'a1Pero fui curado, perfectamente curado! Al desaparecer las dos Santas, sent\'ed como un choque el\'e9ctrico pasar por todo mi cuerpo. Los dolores se quitaron, mi lengua se desat\'f3, los nervios fueron restaurados a su poder natural y normal, mis ojos se abrieron y las olas congelantes que ven\'edan de mis extremidades hacia mi coraz\'f3n se convirtieron en un ba\'f1o caluroso y agradable restaurando vida y fuerza a cada parte de mi cuerpo. Levant\'e9 mi cabeza, estir\'e9 mis manos que no hab\'eda movido en tres d\'edas y mirando alrededor vi a cuatro sacerdotes. Les dije: \emdash Estoy curado, por favor, denme algo de comer.\par Inmensamente asombrados, dos de ellos me abrazaron por los hombros para ayudarme a sentar un momento y cambiar mi almohada mientras los otros corrieron a traerme alimento.\par \emdash\'bfQu\'e9 significa esto? \emdash dijeron todos, \emdash anoche los doctores nos dijeron que estabas muerto y hemos pasado la noche no s\'f3lo llorando tu muerte, sino rezando para rescatar tu alma de las llamas del purgatorio. Y ahora est\'e1s con apetito, alegre y saludable.\par Respond\'ed: \emdash Significa que cuando sent\'ed que iba a morir, ped\'ed a Sta. Ana y Sta. Filomena a venir a mi socorro y a curarme y ellas han venido. Vi a las dos ah\'ed arriba de mi cabeza. Fue Sta. Filomena quien me habl\'f3 como mensajero de laLVALs misericordias de Dios. He prometido mandar pintar un cuadro de ellas y colocarlo en la iglesia de La Bonne St. Anne du Nord.\par Los m\'e9dicos, habiendo o\'eddo de mi curaci\'f3n repentina, se apresuraron en venir a ver lo que significaba. Al principio casi no cre\'edan lo que ve\'edan sus ojos. La noche anterior me hab\'edan dado por muerto; y ahora, la ma\'f1ana siguiente estaba perfectamente sano. Me preguntaban todas las circunstancias conectadas con esta extra\'f1a curaci\'f3n inesperada y yo les dije sencilla pero claramente lo que hab\'eda ocurrido en el mismo momento en que esperaba morir. Dos de mis m\'e9dicos eran Cat\'f3lico-romanos y tres eran Protestantes. Mientras los doctores Cat\'f3licos parec\'edan creer en mi curaci\'f3n milagrosa, los Protestantes en\'e9rgicamente protestaron contra esa opini\'f3n en el nombre de la ciencia y del sentido com\'fan. El Dr. Douglas me hizo la siguiente interrogaci\'f3n:\par Dijo: \emdash Querido Padre Ch\'edniquy, usted sabe que no tiene en Q\'fcebec un amigo m\'e1s devoto que yo y usted me conoce demasiado bien como para sospechar que yo quiero herir sus sentimientos religiosos cuando le digo que no hay la menor apariencia de un milagro en su tan feliz y repentina curaci\'f3n. Si es tan amable para responder a mis preguntas, ver\'e1 usted que est\'e1 equivocado al atribuir a un milagro algo que es tan com\'fan y natural. Aunque est\'e1 perfectamente curado, est\'e1 muy d\'e9bil. Por favor, s\'f3lo responda s\'ed o no a mis preguntas para no agotarse. Por favor, d\'edganos si \'e9sta es la primera visi\'f3n que tuvo durante el per\'edodo de esa terrible fiebre.\par Respond\'ed: \emdash He tenido muchas otras visiones, pero las consider\'e9 el efecto de la fiebre.\par Dr.: \emdash Por favor, haga sus respuestas m\'e1s cortas o de otra manera no le har\'e9 m\'e1s preguntas. D\'edganos sencillamente si no ha visto en esas visiones a veces cosas horrorosas y espantosas y otras veces cosas muy hermosas.\par Res.: \emdash S\'ed, se\'f1or.\par Dr.: \LVALemdash\'bfNo han impresionado a su mente esas visiones con tal poder y realidad que nunca las olvidar\'e1 y que usted las consideraba m\'e1s reales que una mera visi\'f3n de un cerebro enfermo?\par Res.: \emdash S\'ed, se\'f1or.\par Dr.: \emdash No se sinti\'f3 a veces mucho peor o a veces mucho mejor despu\'e9s de esas visiones seg\'fan su naturaleza?\par Res.: \emdash S\'ed, se\'f1or.\par Dr.: \emdash Cuando reposaba durante esa enfermedad, \'bfNo oraba a los Santos y particularmente a Sta. Ana y Sta. Filomena?\par Res.: \emdash S\'ed, se\'f1or.\par Dr.: \emdash Cuando considerabas que la muerte se acercaba (y en verdad estaba muy cerca) y escuch\'f3 mis palabras imprudentes que s\'f3lo le quedaban pocos minutos de vida, \'bfNo le sobrecogi\'f3 un pavor de la muerte como nunca hab\'eda sentido antes?\par Res.: \emdash S\'ed, se\'f1or.\par Dr.: \emdash\'bfNo hizo entonces un gran esfuerzo para resistir la muerte?\par Res.: \emdash S\'ed, se\'f1or.\par Dr.: \emdash\'bfSabe que usted es un hombre con una voluntad fuert\'edsima y que pocos hombres pueden resistirla cuando usted desea hacer algo? \'bfNo sab\'eda que su voluntad es de un poder tan excepcional que monta\'f1as de dificultades han desaparecido delante de usted aqu\'ed en Q\'fcebec? \'bfNo ha visto aun a m\'ed mismo con otros muchos cediendo a su voluntad a pesar de nosotros mismos?\par Con una sonrisa respond\'ed: \emdash S\'ed, se\'f1or.\par Dr.: \emdash\'bfNo recuerda ver muchas veces a gente sufriendo terriblemente de un dolor de muela venir a sacarla y que de repente eran curados al ver las navajas y otros instrumentos quir\'fargicos que colocamos en la mesa para usar?\par Respond\'ed con una risa: \emdash S\'ed, se\'f1or, frecuentemente lo he visto y a m\'ed tambi\'e9n me ocurri\'f3 una vez.\par Dr.: \emdash\'bfCree usted que hab\'eda alg\'fan poder sobrenatural entonces en los instrumento quir\'fargicos y que esas curaciones repentinas de dolor de muela eran milagrosas?\par Res.: \emdash No, se\'f1or.\par Dr.: \emdash\'LVALbfNo ha le\'eddo el volumen de \ldblquote Directorio M\'e9dico\rdblquote sobre la fiebre tifoidea que le prest\'e9 donde relata varias curaciones exactamente iguales a la suya?\par Res.: \emdash S\'ed, se\'f1or.\par Entonces, dirigi\'e9ndose a los m\'e9dicos, el Dr. Douglas dijo: \emdash No debemos agotar a nuestro querido Padre Ch\'edniquy, pero seg\'fan sus respuestas ustedes entienden que no hay un milagro aqu\'ed. Su curaci\'f3n repentina es una cosa muy natural. La visi\'f3n era lo que llamamos el cl\'edmax de la enfermedad cuando la mente est\'e1 poderosamente empe\'f1ada en un objeto muy excitante y cuando esa cosa misteriosa de la cual todav\'eda sabemos muy poco llamado la voluntad (el esp\'edritu) y el alma luchan como un gigante contra la muerte en una batalla donde dolores, enfermedades y aun la muerte huyen y son vencidos.\par \emdash Mi querido Padre Ch\'edniquy, de sus propios labios lo tenemos. Usted luch\'f3 anoche contra la fiebre y la cercana muerte como un gigante. Con raz\'f3n gan\'f3 la victoria y confieso que es una gran victoria. Yo s\'e9 que no es la primera victoria que has ganado y estoy seguro que no ser\'e1 la \'faltima. Dios le ha dado una voluntad irresistible. En ese sentido solamente su curaci\'f3n ha venido de \'e9l.\par Un proverbio antiguo dice: \ldblquote No hay nada tan dif\'edcil como persuadir a un hombre que no quiere ser persuadido.\rdblquote Aunque el razonamiento y palabras amables del doctor deber\'edan ser escuchado gustosamente, s\'f3lo me molestaban. Parec\'eda m\'e1s agradable a Dios y m\'e1s conforme a mi fe creer que hab\'eda sido curado por un milagro. Y por supuesto, el obispo, mi confesor y un sin n\'famero de sacerdotes y amigos Cat\'f3lico-romanos que me visitaron durante mi recuperaci\'f3n confirmaron mi opini\'f3n.\par El diestro pintor, Sr. Plamonon, fue llamado para pintar el cuadro que yo hab\'eda prometido colocar en la iglesia de St. Anne du Nord. Fue una de las pinturas m\'e1s hermosas y distinguidas del artista. Tres meses despu\'LVALe9s de mi recuperaci\'f3n, fui a la casa parroquial del cura de St. Anne du Nord, el Rev. Sr. Ranvoize, un pariente m\'edo. El ten\'eda como sesenta y cinco a\'f1os de edad, era muy rico y ten\'eda una magn\'edfica biblioteca. Cuando era joven disfrutaba de la reputaci\'f3n de ser uno de los mejores predicadores de Canad\'e1.\par Era noche cuando llegu\'e9 con mi cuadro; luego, al estar a solas con el cura anciano, \'e9l me dijo: \emdash\'bfSer\'e1 posible, mi querido joven primo, que te vas a poner en rid\'edculo ma\'f1ana? Tu supuesta curaci\'f3n milagrosa fue un sue\'f1o de tu cerebro enfermo en el momento de supremo crisis de la fiebre. Es lo que llaman el cl\'edmax de la enfermedad cuando un esfuerzo desesperado o mata o cura al paciente. En cuanto a la visi\'f3n de esa muchacha hermosa a quien llaman Sta. Filomena y quien te ha hecho tanto bien, seguramente no es la primera muchacha que te haya venido en tus sue\'f1os y te haya hecho sentir bien. \emdash Al decir estas palabras, se ri\'f3 tan estrepitosamente que tem\'ed que se partiera de risa. Dos veces me repiti\'f3 esta broma.\par Al principio, yo estaba tan escandalizado por esta reprensi\'f3n inesperada, la cual yo consideraba casi una blasfemia, que estaba a punto de salir sin una palabra m\'e1s. Pero, despu\'e9s de un momento de reflexi\'f3n, le dije: \emdash\'bfC\'f3mo puede usted hablar con tanta liviandad de una cosa tan solemne? \'bfNo cree usted en el poder de los Santos quienes siendo m\'e1s santo y puros que nosotros ven a Dios cara a cara, hablan con \'e9l y obtienen favores que \'e9l rehusar\'eda a nosotros los rebeldes? \'bfNo es usted el testigo diario de las curaciones milagrosas hechas en su propia iglesia ante sus propios ojos? Literalmente miles de muletas cubren las paredes de su iglesia.\par Mi llamada sincera a los milagros diarios y la mera menci\'f3n de las muletas produjo una risa tan hom\'e9rica que sent\'ed desconcertado y entristecido. Me qued\'e9 absolutamente mudo; quer\'eda nunca haber venido. Cuando se hab\LVAL'eda re\'eddo de m\'ed hasta quedarse satisfecho, dijo: \emdash Mi querido primo, tu eres el primero con quien hablo de esta forma. Lo hago porque, en primer lugar, te considero un hombre de inteligencia y espero que me comprendas. Segundo, porque t\'fa eres mi primo. Si fueras uno de esos sacerdotes idiotas y verdaderos mentecatos que forman al clero hoy o alg\'fan extranjero, te dejar\'eda ir por tu camino creyendo esas rid\'edculas supersticiones degradantes de nuestra pobre gente ignorante.\par \emdash Yo te conoc\'ed desde tu infancia y conoc\'ed a tu padre. El era uno de mis amigos m\'e1s queridos. T\'fa eres muy joven y yo muy anciano; es mi deber de honor y conciencia revelarte una cosa que he guardado secreto entre Dios y m\'ed mismo. Yo he estado aqu\'ed m\'e1s de treinta a\'f1os y aunque nuestro pa\'eds se llena constantemente del ruido de los milagros grandes y peque\'f1os hechos en la iglesia cada d\'eda, estoy dispuesto a jurar ante Dios y comprobar ante cualquier hombre de sentido com\'fan que ning\'fan milagro se ha hecho en mi iglesia desde que llegu\'e9 aqu\'ed. Cada una de esas curaciones milagrosas es puro enga\'f1o, la obra o de tontos o de adiestrados impostores hip\'f3critas.\par \emdash Creeme, mi querido primo, he estudiado cuidadosamente la historia de todas esas muletas. Noventa y nueve por ciento han sido por pobres mendigos perezosos quienes al principio pensaron correctamente que crear\'edan m\'e1s simpat\'eda y traer\'edan m\'e1s dinero a sus bolsas caminando de puerta en puerta con una o dos muletas. Esas muletas son la clave para abrir tantos corazones como bolsas. Pero llega el d\'eda en que ese mendigo ha comprado una buena granja con sus limosnas robadas o cuando est\'e9 realmente cansado y repugnado por sus muletas y quiere deshacerse de ellas, \'bfC\'f3mo puede hacerlo sin transigirse? \'a1Por un milagro!\par \emdash Luego a veces viaja cientos de millas de puerta en puerta mendigando como siempre, pero esta vez pide las oraciones de toda la familia diciendo:\pLVALar \emdash Voy caminando a la buena Sta. Ana du Nord a pedir que me cure mis piernas. Espero que me curar\'e1 como a tantos otros. \'a1Tengo mucha confianza en su poder! Cada uno le da el doble o quiz\'e1s diez veces m\'e1s que antes al pobre cojo haci\'e9ndole prometer que si es curado, que regrese para que ellos bendigan a la buena Sta. Ana con \'e9l. Cuando llega aqu\'ed, me da a veces un d\'f3lar o a veces cinco d\'f3lares para decir la misa por \'e9l.\par \emdash Yo recibo el dinero, porque ser\'eda un tonto rehusarlo cuando s\'e9 que su bolsa se ha llenado tanto. Durante la celebraci\'f3n de la misa generalmente escucho mucho ruido y gritos de gozo: \ldblquote\'a1Un milagro, un milagro!\rdblquote Las muletas son echados en el suelo y el cojo camina tan bien como t\'fa o yo. Y el \'faltimo acto de esa comedia religiosa es el m\'e1s lucrativo, porque cumple su promesa visitando cada casa que alguna vez hab\'eda visitado con sus muletas. El da un informe detallado de su curaci\'f3n milagrosa. L\'e1grimas fluyen de los ojos de todos y generalmente el \'faltimo centavo de esa familia es entregado al impostor.\par \emdash Este es el caso de noventa y nueve de cada cien curaciones hechas en mi iglesia. El n\'famero cien se trata de personas honestas, pero, perdone la expresi\'f3n, tan ciegas y supersticiosas como t\'fa. Son realmente curados, porque estaban realmente enfermos, pero sus curaciones son el efecto natural del gran esfuerzo de la voluntad. Es el resultado de una feliz combinaci\'f3n de causas naturales que trabajan en el cuerpo, matan el dolor, expelan la enfermedad y restauran la salud.\par \emdash Uno de los puntos m\'e1s d\'e9biles de nuestra religi\'f3n son los milagros rid\'edculos y me atrevo a decir diab\'f3licos hechos y cre\'eddos diariamente entre nosotros por las supuestas reliquias y huesos de los santos. \'bfNo sabes que la mayor\'eda de esas reliquias no son m\'e1s que huesos de pollos y de ovejas? Y \'bfQu\'e9 no dir\'eda si te contara todo lo que s\'e9 sobre las milagroLVALsas imposturas diarias de los escapularios, agua bendita, rosarios y medallas de todas clases? Si yo fuera el Papa, echar\'eda todas esas farzas que proceden del paganismo al mar y presentar\'eda ante los ojos de los pecadores ninguna cosa, sino a Cristo y a \'e9l crucificado como el objeto de su fe y esperanza, as\'ed como los ap\'f3stoles Pablo, Pedro y Santiago hacen en sus ep\'edstolas. No puedo repetir aqu\'ed todo lo que escuch\'e9 esa noche de aquel pariente anciano contra las pr\'e1cticas rid\'edculas de la Iglesia de Roma, porque habl\'f3 durante tres horas como un verdadero Protestante. Lo que dec\'eda me parec\'eda estar conforme al sentido com\'fan, pero como era contraria a la pr\'e1ctica de mi Iglesia y a mi creencia personal, fui sumamente escandalizado y dolido y en ninguna manera convencido. Sent\'ed l\'e1stima que \'e9l hab\'eda perdido su antigua fe y piedad.\par Al terminar, le dije sin ceremonia: \emdash Yo o\'ed hace mucho tiempo que usted no les ca\'eda bien a los obispos, pero no sab\'eda por qu\'e9. Sin embargo, si ellos supieran lo que usted piensa y dice aqu\'ed esta noche seguramente le suspender\'edan.\par \emdash\'bfMe traicionar\'e1s t\'fa, \emdash a\'f1adi\'f3, \emdash informando al obispo de nuestra conversaci\'f3n?\par \emdash No, mi primo, \emdash repliqu\'e9, \emdash preferir\'eda ser quemado a cenizas. No vender\'eda tu amable hospitalidad a precio de traici\'f3n.\par Eran las dos de la ma\'f1ana cuando nos retiramos a nuestras rec\'e1maras respectivas. Pero esa noche era otra de insomnio. Era triste y extra\'f1o para m\'ed ver que ese anciano sacerdote instruido era secretamente un Protestante.\par A la ma\'f1ana siguiente, las multitudes llegaron a o\'edr la historia de mi curaci\'f3n milagrosa y ver con sus propios ojos el cuadro de las dos Santas que se me hab\'edan aparecido. A las 10:00 a.m. m\'e1s de 10,000 personas se api\'f1aron dentro y alrededor de la iglesia.\par Despu\'e9s de describir el milagro, exhib\'ed el cuadro y lo present\'e9 para su admiLVALraci\'f3n y adoraci\'f3n. Hab\'eda l\'e1grimas cayendo en cada mejilla y gritos de admiraci\'f3n y gozo en cada labio. El cuadro me representaba muriendo en mi cama de sufrimiento con las dos Santas a cierta distancia arriba de m\'ed extendi\'e9ndome la mano como si dijeran \ldblquote Ser\'e1s curado.\rdblquote Fue colocado en la pared en un lugar visible donde miles y miles fueron a adorarlo desde ese d\'eda hasta el a\'f1o de 1858 cuando el cura fue ordenado por el obispo a quemarlo, porque fue en el mismo a\'f1o que Dios quit\'f3 las escamas de mis ojos.\par La aparici\'f3n de las dos Santas dej\'f3 una impresi\'f3n tan profunda en mi mente que durante la primera semana despu\'e9s de mi conversi\'f3n, frecuentemente me preguntaba: \emdash\'bfC\'f3mo es que ahora creo que la Iglesia de Roma es falsa cuando semejante milagro fue hecho en m\'ed siendo uno de sus sacerdotes? Como un mes despu\'e9s de mi conversi\'f3n, contraje nuevamente la fiebre tifoidea. Durante doce d\'edas, experiment\'e9 las mismas torturas y agon\'edas como en 1837. Pero esta vez me mor\'eda felizmente. No hab\'eda temor de ver mis buenas obras como un grano de arena y las monta\'f1as de mis iniquidades en la balanza de Dios contra m\'ed. Estaba confiando \'fanicamente en Jes\'fas para ser salvo. Era la sangre de Jes\'fas, el Cordero de Dios, que estaba en la balanza. Entonces no tuve ning\'fan temor, porque sab\'eda que era salvo por Jes\'fas y que esa salvaci\'f3n fue un acto perfecto de su amor, su misericordia y su poder; por consecuencia, me daba gusto morir.\par Al d\'eda decimotercero de mi sufrimiento, el doctor me dej\'f3, diciendo las mismas palabras de los doctores de Q\'fcebec: \emdash Tiene solo pocos minutos de vida si no est\'e1 muerto ya.\par Aunque por tres o cuatro d\'edas no mostr\'e9 ninguna se\'f1al de vida, estaba perfectamente consciente. Yo o\'ed las palabras del doctor y con alegr\'eda cambiar\'eda las miserias de esta vida corta por esa eternidad de gloria que mi Salvador me hab\'eda comprado. S\'f3LLVAL\lo lamentaba morir antes de rescatar m\'e1s de mis queridos paisanos de la religi\'f3n idol\'e1trica de Roma. Con los labios de mi alma dije: \emdash Querido Jes\'fas, felizmente voy contigo ahora mismo, pero si es tu voluntad dejarme vivir algunos a\'f1os m\'e1s para difundir la luz del Evangelio entre mis paisanos, te bendecir\'e9 eternamente junto con mis paisanos convertidos por tu misericordia.\par Apenas lleg\'f3 esta oraci\'f3n al trono de la gracia cuando vi una docena de obispos marchando hacia m\'ed con espadas en sus manos para matarme. Al levantarse la primera espada para partirme la cabeza, hice un esfuerzo desesperado, arranc\'e1ndola de la mano de mi supuesto asesino y le golpe\'e9 con tal fuerza en su cuello que su cabeza rodaba en el suelo. El segundo, tercero, cuarto etc. hasta el \'faltimo se precipitaron para matarme, pero yo golpe\'e9 con tal fuerza al cuello de cada uno de ellos que doce cabezas rodaban en el suelo y flotaban en un charco de sangre. En mi emoci\'f3n grit\'e9 a mis amigos que me rodeaban: \emdash\'bfNo ven las cabezas rodando y la sangre fluyendo en el suelo?\par De repente sent\'ed como un choque el\'e9ctrico de cabeza a pies. \'a1Estaba curado, perfectamente curado! Ped\'ed a mis amigos algo de comer; pues no hab\'eda probado alimento en doce d\'edas. Con l\'e1grimas de gozo y gratitud a Dios, ellos cumplieron mi petici\'f3n. Esta \'faltima fue no solamente la curaci\'f3n perfecta de mi cuerpo, sino tambi\'e9n una curaci\'f3n del alma. Entonces comprend\'ed claramente que la primera no fue m\'e1s milagrosa que la segunda. Ahora ten\'eda un perfecto entendimiento de las falsificaciones diab\'f3licas de milagros en la Iglesia de Roma. En los dos casos, fui curado y salvado, no por los Santos, ni por los obispos, ni por los Papas, sino por mi Dios por medio de su Hijo, Jesucristo.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 El 21 de septiembre de 1838 fue un d\'eda de desolaci\'f3n para m\'ed. Recib\'ed la carta de mi obispo asign\'e1ndome cura de Beauport. Esa parroquia fue considerada el nido de los borrachos de Canad\'e1. Los recursos naturales de esa parroquia eran extraordinarios. Sin embargo, la gente de Beauport se contaba entre la gente m\'e1s pobre y miserable de Canad\'e1, porque casi cada centavo que ganaba entraba a las manos de los cantineros. \'a1Cu\'e1ntas veces le o\'ed llenar el aire de gritos y blasfemias y vi las calles enrojecidas con sangre cuando peleaban los unos con los otros como perros rabiosos!\par El Rev. Sr. Begin, quien fue su cura desde 1825, hab\'eda aceptado los principios morales del gran te\'f3logo Cat\'f3lico-romano, Ligorio, quien dice: Un hombre no es culpable del pecado de borrachera entre tanto que pueda distinguir entre un alfiler y una carga de heno.\par Fui inmediatamente al palacio a persuadir a Su Se\'f1or\'eda a escoger a otro sacerdote para Beauport. El escuch\'f3 mis argumentos y respondi\'f3: \endash Mi querido Sr. Ch\'edniquy, t\'fa olvidas que la obediencia impl\'edcita y perfecta a sus superiores es la virtud de un buen sacerdote. Tu resistencia obstinada a tus superiores es una de tus debilidades. Si contin\'faas siguiendo tu propia mente en lugar de obedecer a los que Dios ha escogido para guiarte, en verdad temo por tu futuro. Tu nombre est\'e1 anotado en nuestros registros oficiales como el cura de Beauport. Permanecer\'e1s ah\'ed hasta que yo cambie de opini\'f3n. Vi que no hab\'eda remedio, ten\'eda que obedecer.\par Mi predecesor estaba vendiendo todos sus muebles antes de tomar el cargo de su parroquia lejana. Amablemente me invit\'f3 a comprar en abonos lo que yo deseaba para mi propio uso. Toda la parroquia estaba ah\'ed mucho antes que yo llegara, en parte pLVALara mostrar su simpat\'eda amistosa a su antiguo pastor y en parte para conocer al nuevo cura. Mi peque\'f1a estatura y cuerpo delgado se contrastaban al lado de mi alto y jovial predecesor.\par \endash Apenas supera en tama\'f1o a mi tabaquero, \endash dijo alguien no lejos de m\'ed, \endash creo que cabr\'eda en la bolsa de mi chaleco.\par \endash\'bfNo tiene la apariencia de una sardina salada? \endash susurr\'f3 una se\'f1ora a una vecina con risa campechana.\par Despu\'e9s de un par de horas, un mantel grande fue quitado de una mesa larga, presentando una incre\'edble cantidad de copas para vino y cerveza, garrafas vac\'edas y botellas. Esto produjo carcajadas y aplausos. Casi todos me miraban a m\'ed y escuch\'e9 a cientos de labios decir: \endash Esto es para usted, Sr. Ch\'edniquy.\par Respond\'ed al instante: \endash No vengo a Beauport para comprar copas y botellas, sino para romperlas. Estas palabras prendieron su ira como una chispa en la p\'f3lvora. Un diluvio de insultos y maldiciones se solt\'f3 sobre m\'ed y pronto vi que lo mejor que podr\'eda hacer era irme.\par Volv\'ed inmediatamente al palacio del obispo para intentar cambiar su mente. Le dije lo ocurrido, diciendo: \endash Siento que no tengo el poder moral ni f\'edsica para hacer alg\'fan bien ah\'ed.\par \endash No estoy de acuerdo, \endash replic\'f3 el obispo, \endash evidentemente la gente quer\'eda probar tu valent\'eda, invit\'e1ndote a comprar esas copas y hubieras perdido si hubieras cedido a su deseo. T\'fa eres precisamente lo que la gente de Beauport quiere. Les sorprendiste con tu reprensi\'f3n audaz. Creeme que ellos te bendecir\'e1n si por la gracia de Dios cumples tu profec\'eda, aunque ser\'e1 un milagro si tienes \'e9xito en volver sobria a la gente de Beauport.\par El pr\'f3ximo domingo fue un d\'eda espl\'e9ndido y la iglesia de Beauport se llen\'f3. Mi primer serm\'f3n fue sobre el texto: \'a1Ay de m\'ed si no predico el Evangelio! (\cf1\ul 1Co_9:16\cf0\ulnone ) Con una voz muchas veces sofocada por soLVALllozos, expliqu\'e9 algunas de las terribles responsabilidades de un pastor. El efecto de ese serm\'f3n fue sentido hasta el \'faltimo d\'eda de mi ministerio sacerdotal en Beauport.\par Despu\'e9s del serm\'f3n, les dije: \endash Les pedir\'e9 un favor. Acabo de darles algunos de los deberes de su pobre cura joven hacia ustedes. Quiero que regresen esta tarde a las 2:30 p.m. para poder ense\'f1arles algunos de sus deberes hacia su pastor.\par A la hora fijada, la iglesia estaba todav\'eda m\'e1s concurrida. El texto fue: Y cuando el pastor ha sacado fuera todas sus propias ovejas, va delante de ellas y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. (\cf1\ul Joh_10:4\cf0\ulnone ) Mi intenci\'f3n era alejar a la gente de las cantinas la mayor parte del domingo e impresionar en sus mentes las grandes verdades salvadoras, present\'e1ndolas, dos veces el mismo d\'eda, de distintos \'e1ngulos. As\'ed hice durante los cuatro a\'f1os que permanec\'ed en Beauport.\par No hab\'eda encabezado la parroquia m\'e1s de tres meses cuando decid\'ed formar una sociedad de abstinencia sobre los mismos principios que ense\'f1aba el Padre Mathew de Irlanda. Primero abord\'e9 al obispo sobre el tema, pero para mi gran consternaci\'f3n, \'e9l absolutamente me prohibi\'f3 aun pensarlo. Dijo: \endash Predica contra la borrachera, pero deja en paz a la gente respetable que no es borracha. San Pablo aconsej\'f3 a su disc\'edpulo Timoteo a beber vino; no intentes ser m\'e1s celoso que los ap\'f3stoles.\par En seguida intent\'e9 ganar el apoyo de los sacerdotes vecinos. Pero sin una sola excepci\'f3n, se rieron de m\'ed y me prohibieron hablarles m\'e1s de abandonar su copa social de vino. Yo estaba determinado a toda costa a formar la sociedad de abstinencia, pero me asust\'f3 la idea de que no s\'f3lo la ira de todo el clero, sino tambi\'e9n la burla de todo el pa\'eds me inundar\'eda si fracasara.\par Perplejo, decid\'ed escribir al Padre Mathew a pedir su consejo. Ese notable ap\'f3stol de abstinencia contest\'f3 inst\'e1 LVAL ndome a comenzar la obra inmediatamente, dependiendo de Dios, sin prestar atenci\'f3n a la oposici\'f3n del hombre. Segu\'ed su consejo y empec\'e9 inmediatamente a preparar. Antes de empezar, oraba a Dios y todos los Santos, casi d\'eda y noche. Estudi\'e9 todos los mejores libros escritos en Inglaterra, Francia y los Estados Unidos sobre el tema y repas\'e9 el curso de anatom\'eda que tom\'e9 bajo el instruido Dr. Douglas. Por fin, me sent\'ed preparado para la batalla.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 El 21 de marzo de 1839, di mi primer serm\'f3n sobre la abstinencia. Expliqu\'e9 c\'f3mo el alcohol destru\'eda no solamente sus vidas de ellos, sino tambi\'e9n las de sus hijos hambrientos. \endash No puedo librar esta batalla solo, \endash les ret\'e9, \endash necesitamos levantar un gran ej\'e9rcito con Jesucristo como nuestro General. El nos bendecir\'e1 y nos llevar\'e1 a la victoria. \'a1Durante los pr\'f3ximos tres d\'edas llenaremos nuestras filas para que ese gigante destructor de nuestros cuerpos y almas sea expulsado de entre nosotros!\par Al d\'eda siguiente, 75 hombres que contaban entre los borrachos m\'e1s desesperados de Beauport se ingresaron bajo la bandera de abstinencia. El segundo d\'eda se unieron 200 a la batalla. Para el tercer d\'eda 300 m\'e1s hicieron la promesa. Durante estos tres d\'edas, m\'e1s de 2/3 de mi congregaci\'f3n hab\'edan hecho la promesa p\'fablica de abstinencia, solemnemente en la presencia de Dios delante del altar.\par Como un gran n\'famero de personas de parroquias vecinas y aun de Q\'fcebec hab\'edan venido por curiosidad, las noticias de esa obra maravillosa se difundi\'f3 r\'e1pidamente por todo el pa\'eds. La prensa, tanto la francesa como la inglesa estaban un\'e1nimes en sus alabanzas y felicitaciones. Pero mientras los Protestantes de Q\'fcebec estaban bendiciendo a Dios por esta reforma, los canadienses franceses, siguiendo el ejemplo de sus sacerdotes, me denunciaban como un necio y hereje.\par La indignaci\'f3n del obispo sobrepas\'f3 todo l\'edmite. Pocos d\'edas despu\'e9s, me mand\'f3 llamar a su palacio: \endash Has transigido nuestra santa religi\'f3n introduciendo una sociedad cuyo origen es claramente hereje. Anoche el venerable Gran Vicario Demars me dijo que tarde o temprano te convertir\'e1s en Protestante y que esto es tu primer paso. \'bfNo ves que s\'f3lo los ProtesLVALtantes te alaban? Mi primer pensamiento, cuando un testigo ocular me cont\'f3 lo que has hecho, era suspenderte. Lo \'fanico que me ha impedido hacerlo es la esperanza de que t\'fa mismo disuelvas esa sociedad anti-cat\'f3lica que huele a herej\'eda y que no ser\'e1 tolerada por tu obispo.\par Le respond\'ed: \endash Mi se\'f1or, usted ha olvidado que yo estaba totalmente en contra de ser designado el cura de Beauport y Dios sabe que usted s\'f3lo tiene que decir la palabra y le entregar\'e9 mi renuncia; pero ahora con una condici\'f3n: que se me permita publicar ante el mundo que el Rev. Sr. Begin, mi predecesor, nunca fue molestado por su obispo por haber permitido a su congregaci\'f3n nadar en el fango de la borrachera durante veintitr\'e9s a\'f1os y que yo he sido deshonrado por mi obispo y echado fuera de esa misma parroquia por haber sido el instrumento, por la misericordia de Dios, en convertirla en la gente m\'e1s sobria de Canad\'e1.\par El pobre obispo sinti\'f3 inmediatamente que no pod\'eda sostener su posici\'f3n. Tambi\'e9n vio que sus amenazas no ten\'edan ninguna influencia sobre m\'ed y que yo no estaba dispuesto a deshacer lo que hab\'eda hecho. Despu\'e9s de uno o dos minutos de silencio penoso, dijo: \endash\'bfNo ves que las promesas solemnes que has arrancado de esos pobres borrachos son precipitadas e imprudentes y que las quebrantar\'e1n en la primera oportunidad? Su futuro estado de degradaci\'f3n despu\'e9s de semejante excitaci\'f3n ser\'e1 peor que el primero.\par Le respond\'ed: \endash Yo participar\'eda de su temor si ese cambio fuese obra m\'eda, pero como es la obra del Se\'f1or, no tenemos nada que temer. En cuanto a la profec\'eda del venerable Sr. Demars de que he dado mis primeros pasos hacia el Protestantismo al convertir a un pueblo de la borrachera a la sobriedad, el venerable Gran Vicario har\'eda mejor en venir a ver lo que el Se\'f1or est\'e1 haciendo en Beauport en lugar de calumniarme y proferir falsas profec\'edas contra su cura y su gente. Mi \'fanica LVALrespuesta es que los Protestantes entienden mejor la Palabra de Dios sobre esta cuesti\'f3n y la respetan mejor que nosotros los Cat\'f3lico-romanos. Ya es hora de abrir nuestros ojos a nuestra falsa posici\'f3n. Ser\'eda tan amable Su Se\'f1or\'eda de decirme, \'bfPor qu\'e9 yo soy denunciado y calumniado cuando el Padre Mathew es alabado p\'fablicamente por sus obispos y bendecido por el Papa por llenar a Irlanda con sociedades de abstinencia?\par En ese mismo momento entr\'f3 el subsecretario a decir al obispo que un caballero quer\'eda verlo inmediatamente sobre un asunto urgente y el obispo me despidi\'f3 bruscamente para mi gran consuelo y su aparente alivio.\par Con la excepci\'f3n del secretario Cazeault, todos los sacerdotes que encontr\'e9 ese d\'eda y durante el siguiente mes, o me trataban con frialdad o me inundaban con sus sarcasmos. Uno de ellos, que ten\'eda amigos en Beauport, era tan audaz que intent\'f3 ir por toda la parroquia poni\'e9ndome en rid\'edculo, diciendo que yo estaba medio loco y que la mejor cosa que pudiera hacer la gente era brindar moderadamente a mi salud cuando ellos sal\'edan al centro. Pero en la tercera casa, top\'f3 con una mujer quien, despu\'e9s de o\'edr el mal consejo que daba a su esposo, le dijo: \endash Yo no s\'e9 si nuestro pastor sea un necio por volver sobria a la gente, pero s\'ed s\'e9 que usted es un mensajero del diablo cuando aconseja a mi marido a tomar nuevamente. Usted sabe que \'e9l era uno de los borrachos m\'e1s desesperados de Beauport. \'a1Usted personalmente conoce los golpes que yo he recibido cuando \'e9l se emborrachaba y cu\'e1n pobres y miserables viv\'edamos y c\'f3mo los ni\'f1os ten\'edan que salir medio desnudos por las calles a mendigar para no morir de hambre conmigo!\par \endash Ahora que mi esposo ha hecho la promesa de abstinencia, tenemos toda comodidad. Mis queridos hijos comen y se visten bien y me encuentro en un peque\'f1o para\'edso. \'a1Si no sale usted de esta casa inmediatamente, lo sacar\'e9 con mi escoba!\pa LVAL r Y ella hubiera cumplido su promesa si el sacerdote no tuviera la sensatez de desaparecer apresuradamente.\par Cuatro meses despu\'e9s de la fundaci\'f3n de la sociedad en Beauport, la paz, felicidad e industria reemplazaron los alborotos, peleas, blasfemias y miserias asquerosas. La gratitud y respeto de ese pueblo noble por su joven cura no conoc\'eda l\'edmites.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Dentro de un a\'f1o, los due\'f1os de las siete cantinas de Beauport fueron forzados a buscar su vivienda en alg\'fan negocio m\'e1s honorable. Cuando esto fue publicado por toda la prensa de Q\'fcebec, muchas de las personas m\'e1s conscientes de las parroquias circundantes comenzaron a decir unos a otros: \endash\'bfPor qu\'e9 no procuramos traer entre nosotros esta reforma de abstinencia que est\'e1 haciendo tanto bien en Beauport? Las esposas de los borrachos se dec\'edan: \endash\'bfPor qu\'e9 nuestro cura no hace aqu\'ed lo que el cura de Beauport ha hecho?\par Un d\'eda, una de esas mujeres desgraciadas cuyo marido hab\'eda gastado una rica herencia en la disipaci\'f3n, vino a m\'ed. Ella me explic\'f3 c\'f3mo ella hab\'eda pedido a su cura establecer una sociedad de abstinencia en su parroquia, pero \'e9l le contest\'f3 que no se metiera donde no la llamaban. Ella, entonces, le pidi\'f3 respetuosamente que me invitara a venir a ayudarle, pero \'e9l la reprendi\'f3 severamente por mencionar mi nombre.\par La pobre mujer estaba llorando cuando me dijo: \endash\'bfSer\'e1 posible que nuestros sacerdotes est\'e9n tan indiferentes a nuestros sufrimientos que permitir\'e1n que el demonio de la borrachera nos torture mientras vivamos, cuando Dios nos da una manera tan f\'e1cil y honrada para destruir su poder para siempre? Mi coraz\'f3n fue conmovido por las l\'e1grimas de esa mujer y le dije: \endash Yo conozco una manera para poner fin a la oposici\'f3n de su cura y forzarle a traer entre ustedes la reforma que tanto desean, pero necesito contar con su promesa m\'e1s sagrado de secreto antes de confiarle mi opini\'f3n sobre ese tema. Ella contest\'f3: \endash Nunca revelar\'e9 su secreto. Por amor de Dios, d\'edgame lo que debo hacer.\par Le respond\'ed: \endash La pr\'f3xima vez que vaya a la confesi\'f3n, diga a su sacerdote que uLVALsted tiene un nuevo pecado que confesar que es muy dif\'edcil revelarle. El le presionar\'e1 m\'e1s a confesarlo. Entonces le dir\'e1: \endash Padre, confieso que he perdido la confianza en usted. Al preguntarle: \endash\'bfPor qu\'e9?, usted le dir\'e1: \endash Padre, usted conoce el mal trato que he recibido de mi esposo borracho igual que a cientos de otras esposas en su parroquia. Usted conoce las l\'e1grimas que hemos derramado sobre la ruina de nuestros hijos que son destruidos por los malos ejemplos de sus padres borrachos. Usted conoce los cr\'edmenes diarios y las abominaciones indecibles causadas por la borrachera. Usted podr\'e1 secar nuestras l\'e1grimas, beneficiar\'e1 a nuestros maridos y salvar\'e1 a nuestros hijos estableciendo una sociedad de abstinencia aqu\'ed como hay en Beauport. Pero usted rehusa hacerlo. \'bfC\'f3mo puedo entonces creer que usted es un buen sacerdote con caridad y compasi\'f3n hacia nosotros?\par \endash Escucha con silencio respetuoso a su respuesta, acepta su penitencia y si le pregunta si se arrepiente de ese pecado, d\'edgale que no puede arrepentirse hasta que \'e9l use los medios que Dios le ofrece para convencer a los borrachos. Procure que el mayor n\'famero de mujeres vayan a confesar la misma cosa.\par Quince d\'edas despu\'e9s, regres\'f3 para decirme que otras cincuenta mujeres respetables hab\'edan confesado al sacerdote que hab\'edan perdido su confianza en \'e9l. El pobre sacerdote estaba fuera de s\'ed. Forzado a escuchar cada d\'eda que sus feligresas m\'e1s respetadas estaban perdiendo su confianza en \'e9l, temi\'f3 perder a su excelente parroquia cerca de Q\'fcebec y ser enviado a las selvas del interior de Canad\'e1. Tres semanas despu\'e9s, estaba tocando mi puerta. Estaba muy p\'e1lido y ansioso, sin embargo, me dio gusto verlo. Era considerado un buen sacerdote y hab\'eda sido uno de mis mejores amigos. Le invit\'e9 a comer conmigo e hice todo lo posible para que se sintiera en casa, porque sab\'eda por sus modales penosos que ten\'eda LVALuna proposici\'f3n muy dif\'edcil de hacer y no me equivoqu\'e9.\par Por fin, me dijo: \endash Sr. Ch\'edniquy, \'bfTendr\'e1 usted la bondad de predicar un retiro de tres d\'edas sobre la abstinencia a mi congregaci\'f3n como lo ha hecho aqu\'ed?\par Le respond\'ed: \endash S\'ed, se\'f1or, con el mayor placer. Pero lo har\'e9 con una condici\'f3n: que usted sea el primero en hacer la solemne promesa de abstinencia en presencia de toda la gente.\par \endash Seguro que s\'ed, \endash respondi\'f3, \endash porque el pastor tiene que ser el ejemplo de su congregaci\'f3n.\par Tres semanas m\'e1s tarde, su parroquia noblemente sigui\'f3 el ejemplo de Beauport. Sin perder un solo d\'eda, \'e9l fue con otros dos curas y les convenci\'f3 a hacer lo mismo. Seis semanas despu\'e9s, quedaron cerradas todas las cantinas desde Beauport hasta St. Joachim.\par Poco a poco los sacerdotes de la provincia estaban reuni\'e9ndose alrededor de nuestra gloriosa bandera de abstinencia. Pero mi obispo, aunque menos severo, todav\'eda me trataba con frialdad. Por fin, la buena providencia de Dios, a trav\'e9s de una gran humillaci\'f3n, le forz\'f3 a contar a nuestra sociedad entre las m\'e1s grandes bendiciones espirituales y temporales del siglo.\par A fines de agosto de 1840, supimos que el Conde de Forbin Janson, Obispo de Nancy en Francia, ven\'eda de visita a Montreal. El Padre Mathew me hab\'eda dicho en una de sus cartas que este obispo le hab\'eda visitado y hab\'eda bendecido su obra en Irlanda y tambi\'e9n hab\'eda persuadido al Papa a enviarle su bendici\'f3n apost\'f3lica.\par Ped\'ed y obtuve permiso de salir por algunos d\'edas y fui a Montreal. Fui inmediatamente a rendirle homenaje y pedirle en el nombre de Dios a poner con valor la influencia de su gran nombre y posici\'f3n a favor de las sociedades de abstinencia. El me prometi\'f3 que lo har\'eda, a\'f1adiendo: \endash El h\'e1bito social de tomar es tan general y fuerte que es casi imposible evitar que las gentes se conviertan en borrachos. He visLVALto al Padre Mathew en Irlanda y te aseguro que har\'e9 todo en mi poder para fortalecer tu posici\'f3n, pero no digas a nadie que me has visto.\par Algunos d\'edas despu\'e9s, en Q\'fcebec, un gran banquete fue preparado en su honor. Como yo era uno de los curas m\'e1s j\'f3venes me sentaron en el \'faltimo lugar frente a los cuatro obispos. Cuando se acabaron las ricas viandas y frutas exquisitas, trajeron botellas de vinos de la mejor calidad. El Rev. Sr. Demars golpe\'f3 la mesa para ordenar silencio. Se levant\'f3 y dijo: \endash Por favor, mis se\'f1ores obispos y caballeros, brindemos a la salud de mi se\'f1or Conde de Forbin Janson, Primado de Lorraine y Obispo de Nancy.\par Cuando me dieron el vino, lo pas\'e9 a mi vecino y llen\'e9 mi copa con agua, esperando que nadie lo notar\'eda. Pero me equivoqu\'e9; los ojos de mi obispo, mi se\'f1or Signaie, estaban fijos en m\'ed. Con una voz severa me dijo: \endash Se\'f1or Ch\'edniquy, sirve vino en tu copa para brindar con nosotros a la salud del Monse\'f1or de Nancy.\par Paralizado de terror, no pod\'eda pronunciar una sola palabra. Resistir abiertamente a mi obispo en la presencia de semejante asamblea augusto parec\'eda imposible. Pero obedecerle tambi\'e9n era imposible, porque hab\'eda prometido a mi Dios y a mi patria que nunca volver\'eda a tomar vino alguno. Los ojos de todos se fijaron en m\'ed.\par Mi coraz\'f3n comenz\'f3 a palpitar tan violentamente que no pod\'eda respirar. Quer\'eda nunca haber venido a este banquete. Algunas l\'e1grimas ca\'edan de mis ojos. El Rev. Sr. LaFrance, que estaba a mi lado, me dio un codazo y dijo: \endash\'bfNo oy\'f3 la orden de mi se\'f1or Signaie? Permanec\'ed mudo como si nadie me hubiese hablado. Mir\'e9 hacia abajo y deseaba estar muerto. El silencio me dijo que todos esperaban mi respuesta, pero mis labios estaban sellados. Despu\'e9s de un minuto de ese silencio, el obispo con una voz fuerte y enojado volvi\'f3 a decir: \endash\'bfPor qu\'e9 no pones vino en tu copa y brindas a la salud de mi LVALse\'f1or Forbin Janson como los dem\'e1s estamos haciendo?\par \endash Mi se\'f1or, \endash dije con una voz baja y temblorosa, \endash he puesto en mi copa lo que quiero tomar. He prometido a mi Dios y a mi patria que nunca volver\'e9 a tomar vino alguno.\par El obispo, olvid\'e1ndose de d\'f3nde se encontraba, dijo: \endash T\'fa no eres m\'e1s que un fan\'e1tico y quieres reformarnos.\par En ese instante, olvid\'e9 que era un s\'fabdito de ese obispo y record\'e9 que era un hombre en la presencia de otro hombre. Levant\'e9 mi cabeza, abr\'ed mis ojos y r\'e1pido como un rayo me puse de pie. Dirigi\'e9ndome al Gran Vicario Demars, dije con calma: \endash Se\'f1or, \'bfFue para insultarme en su mesa que usted me invit\'f3 aqu\'ed? \'bfNo es su deber defender mi honor cuando soy su invitado? Pues como parece que usted olvida lo que es su deber a sus invitados, yo har\'e9 mi propia defensa contra mi agresor injusto.\par Entonces, volviendo hacia el Obispo de Nancy, dije: \endash Mi se\'f1or de Nancy apelo a Su Se\'f1or\'eda por la sentencia injusta de mi propio obispo. En el nombre de Dios y de su Hijo Jesucristo le pido que usted nos diga aqu\'ed si un sacerdote no puede, por amor a su Salvador y para el bien de su pr\'f3jimo como tambi\'e9n para su propia abnegaci\'f3n, abandonar para siempre el uso del vino y otras bebidas alcoh\'f3licas, sin ser abusado, calumniado e insultado como me sucede aqu\'ed en su presencia.\par Las palabras no pueden expresar la emoci\'f3n de esa multitud de sacerdotes acostumbrados desde la infancia a la sumisi\'f3n abyecta a su obispo y que ahora estaban presenciando por primera vez un conflicto, cuerpo a cuerpo, entre un impotente, humilde y desprotegido cura joven y su poderoso, orgulloso y arrogante obispo.\par El obispo de Nancy al principio rehus\'f3 responder, pero presionado por el obispo y noventa por ciento de esa vasta asamblea de sacerdotes, alz\'f3 sus ojos y manos al cielo y ofreci\'f3 una ardiente oraci\'f3n silenciosa a Dios. Luego dijo con dignidad LVAL*inefable: \endash Mi se\'f1or, Obispo de Q\'fcebec, \'a1Aqu\'ed, delante de nosotros est\'e1 nuestro joven sacerdote, el Sr. Ch\'edniquy, quien una vez de rodillas en la presencia de Dios y sus \'e1ngeles, por amor a Jesucristo, el bien de su propia alma y el bien de su patria, prometi\'f3 nunca tomar! Nosotros somos testigos de que \'e9l es fiel a su promesa. \'a1Y porque \'e9l guarda su promesa con tanto hero\'edsmo, Su Se\'f1or\'eda le llama un fan\'e1tico!\par \endash Ahora, me piden pronunciar mi veredicto en este suceso penoso. Aqu\'ed est\'e1: Si yo miro a trav\'e9s de las edades pasadas cuando Dios mismo gobernaba a su propio pueblo por medio de sus profetas, veo a Sans\'f3n quien por orden especial de Dios nunca tom\'f3 vino ni ninguna otra bebida alcoh\'f3lica.\par \endash Del Antiguo Testamento paso al Nuevo y veo a Juan el Bautista el precursor de nuestro Salvador Jesucristo, quien para obedecer al mandato de Dios, nunca tom\'f3 vino alguno. \'a1Cuando yo miro al se\'f1or Ch\'edniquy, con Sans\'f3n a su derecha para protegerlo y a Juan el Bautista para bendecirlo, tiene una posici\'f3n tan fuerte e impregnable que no me atrever\'eda a atacarlo ni condenarlo!\par El obispo de Nancy entonces se sent\'f3, vaci\'f3 su copa en otro vaso, la llen\'f3 de agua y brind\'f3 a mi salud.\par Nadie quiso tomar su vino y la salud del Obispo de Nancy qued\'f3 sin brindar. Pero un buen n\'famero de sacerdotes, llenando sus copas de agua y d\'e1ndome una se\'f1al silenciosa de aprobaci\'f3n, brindaron a mi salud. Fue en esa mesa que la abstinencia comenz\'f3 su marcha triunfante por Canad\'e1.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22\'bfNos ha dado Dios o\'eddos para o\'edr, ojos para ver e inteligencia para entender? \'a1El Papa dice que no! Pero el Hijo de Dios dice que s\'ed: No entend\'e9is ni comprend\'e9is? \'bfA\'fan ten\'e9is endurecido vuestro coraz\'f3n? \'bfTeniendo ojos no veis y teniendo o\'eddos no o\'eds? \'bfY no record\'e1is?\rdblquote (\cf1\ul Mar_8:17-18\cf0\ulnone )\par Esta apelaci\'f3n solemne de nuestro Salvador a nuestro sentido com\'fan derriba la estructura completa de Roma. El Papa lo sabe, por tanto, los Cat\'f3lico-romanos son advertidos a no confiar en el testimonio de sus o\'eddos, ojos e inteligencia.\par En la Jeune Lorette viv\'eda un sacerdote jubilado que estaba ciego. Para ayudarle, los sacerdotes alrededor de Q\'fcebec lo cuidaban por turnos en sus casas parroquiales. Los concilios de Roma han prohibido a los sacerdotes ciegos decir la misa, pero a causa de su elevada piedad, \'e9l obtuvo del Papa el privilegio de celebrar la misa corta de la Virgen que sab\'eda perfectamente de memoria.\par Una ma\'f1ana, el sacerdote anciano estaba en el altar diciendo su misa. Yo estaba en la sacrist\'eda escuchando confesiones, cuando el joven sirviente vino y me dijo: \endash Le llama el Padre Daule, por favor, venga pronto.\par Temiendo que algo hubiera sucedido a mi anciano amigo, corr\'ed a \'e9l. Lo encontr\'e9 palpando nerviosamente al altar con sus manos como en b\'fasqueda de algo muy precioso. Llegando cerca de \'e9l, le pregunt\'e9: \endash\'bfQu\'e9 desea usted?\par El respondi\'f3 con un grito de angustia: \endash\'a1El buen dios ha desaparecido del altar! \'a1Est\'e1 perdido!\par Con la esperanza de que estaba equivocado y que s\'f3lo hab\'eda dejado caer al suelo, por alg\'fan accidente, al buen dios (Le Bon Dieu), hicimos la b\'fasqueda m\'e1s minuciosa, pero no encontramos al buen diosLVAL.\par Al principio, acord\'e1ndome de los miles de milagros que hab\'eda le\'eddo de desapariciones y maravillosos cambios de las formas del dios oblea, lleg\'f3 a mi mente que hab\'edamos presenciado un gran milagro. Pero pronto cambi\'e9 de opini\'f3n. La iglesia de Beauport estaba habitada por las ratas m\'e1s audaces e insolentes que jam\'e1s he visto. Muchas veces al decir la misa, yo hab\'eda visto las trompas feas de varias de ellas. Fueron atra\'eddas por el olor de la oblea reci\'e9n hecha. Quer\'edan desayunar el cuerpo, sangre, alma y divinidad de mi Cristo. Pero como yo estaba constantemente movi\'e9ndome y rezando en voz alta, las ratas invariablemente se asustaban y hu\'edan a sus escondites secretos.\par El Padre Daule sinceramente cre\'eda lo que todo sacerdote de Roma est\'e1 obligado a creer: que \'e9l ten\'eda el poder para convertir la oblea en dios. Inclinando mi cabeza al angustiado sacerdote anciano, le pregunt\'e9: \endash\'bfNo ha quedado, como suele, un largo tiempo sin moverse en la adoraci\'f3n del buen dios despu\'e9s de la consagraci\'f3n?\par Prontamente contest\'f3: \endash S\'ed, pero, \'bfQu\'e9 relaci\'f3n tiene eso con la p\'e9rdida del buen dios?\par Repliqu\'e9 en una voz baja, pero con un acento honesto de angustia y asombro: \endash\'a1Algunas ratas arrastraron y comieron al buen dios!\par \endash\'bfQu\'e9 me dice? \endash replic\'f3 el Padre Daule, \endash\'bfEl buen dios, arrastrado y comido por ratas?\par \endash S\'ed, \endash contest\'e9, \endash no tengo la menor duda.\par \endash\'a1Dios m\'edo, Dios m\'edo! \'a1Qu\'e9 calamidad tan horrible me ha ocurrido! \endash exclam\'f3 el anciano, levantando sus manos y ojos al cielo, \endash\'a1Dios m\'edo, Dios m\'edo! \'bfPor qu\'e9 no me quitaste la vida antes que me ocurriera semejante desgracia? No pudo hablar m\'e1s, su voz fue ahogado por sus sollozos.\par Al principio, yo no sab\'eda qu\'e9 decir. Mil pensamientos, algunos serios y otros sumamente absurdos, cruzaron mi mente. El sacerdote anciano LVALlloraba como un ni\'f1o. Me pregunt\'f3 con una voz quebrantada por sollozos: \endash\'bfQu\'e9 debo hacer?\par Le respond\'ed: \endash La Iglesia ha previsto sucesos de esta \'edndole y ha provisto para ellos. Lo \'fanico que tiene que hacer es conseguir una oblea nueva, consagrarla y continuar su misa como si nada extra\'f1o hubiera sucedido. Yo ir\'e9 y le traer\'e9 una oblea nueva.\par Corr\'ed a la sacrist\'eda y le llev\'e9 una oblea nueva, la cual consagr\'f3 y convirti\'f3 en un nuevo dios y termin\'f3 su misa como le aconsej\'e9. Despu\'e9s que termin\'f3, llev\'e9 al desconsolado sacerdote anciano por la mano a mi casa parroquial. Intent\'e9 calmar sus sentimientos dici\'e9ndole que no era culpa suya; que este extra\'f1o y triste suceso no era el primero; que hab\'eda sido previsto por la Iglesia, la cual nos dice qu\'e9 hacer en estas circunstancias y que no hab\'eda falta ni ofensa contra Dios ni los hombres de parte suya. Esperaba que el sentido com\'fan de mis palabras le ayudar\'edan a vencer sus sentimientos, pero estaba equivocado. Sus lamentaciones eran tan amargas y largas como las de Jerem\'edas.\par Por fin, perd\'ed mi paciencia y dije: \endash Mi querido Padre Daule, a nuestro gran y justo Dios no le agrada semejante exceso de dolor y pesar por algo que estaba \'fanica y enteramente bajo el control de su poder y sabidur\'eda eterna.\par \endash Se\'f1or Ch\'edniquy, \endash contest\'f3, \endash veo que faltas la atenci\'f3n y experiencia que tan frecuentemente falta entre los sacerdotes j\'f3venes. \'bfNo comprendes la terrible calamidad que acaba de ocurrir en tu iglesia? Si tuvieras m\'e1s fe y piedad, llorar\'edas conmigo. \'bfC\'f3mo puedes hablar tranquilamente de algo que hace llorar a los \'e1ngeles? \'a1Nuestro Salvador arrastrado y comido por ratas! \'a1Ay, gran Dios! \'bfNo sobrepasa esto la humillaci\'f3n y los horrores del Calvario?\par \endash Mi querido Padre Daule, \endash respond\'ed, \endash perm\'edteme decirle respetuosamente que s\'ed entiendo, igual queLVAL usted, la naturaleza deplorable del evento de esta ma\'f1ana y yo hubiera derramado mi sangre para impedirlo, pero hay que ver el hecho en su propia luz. No dependi\'f3 de nuestra voluntad. Dios es el \'fanico que podr\'eda haberlo previsto o impedido. Le dir\'e9 claramente mi propia opini\'f3n: si yo fuera Dios Todopoderoso y una miserable rata se acercara a m\'ed para comerme, yo la matar\'eda antes que pudiera tocarme.\par Mi antigua fe robusta en mi poder sacerdotal de cambiar la oblea en dios hab\'eda, en gran parte, evaporado. Evidentemente Dios quer\'eda abrir mis ojos a cu\'e1n absurda y terrible es una religi\'f3n cuyo dios pudiera ser arrastrado y comido por ratas. Si yo hubiera sido fiel a las perspic\'e1cias salvadoras que hab\'eda en m\'ed entonces, hubiera sido salvo en esa misma hora y antes que terminara el d\'eda, hubiera quebrantado las cadenas vergozosas del Papa. En esa hora, parec\'eda evidente que el dogma de la Transubstanciaci\'f3n era la m\'e1s monstruosa mentira, y mi sacerdocio, un insulto a Dios y a los hombres. Mi inteligencia me dec\'eda con voz de trueno: \endash Ya no permanezcas m\'e1s siendo sacerdote de un dios a quien haces cada d\'eda y a quien aun las ratas pueden comer.\par Aunque ciego, el Padre Daule entendi\'f3 por los acentos severos de mi voz que mi fe en el dios que \'e9l hab\'eda creado esa ma\'f1ana, hab\'eda sido seriamente modificada si no completamente desmoronada. Qued\'f3 silencioso por alg\'fan tiempo; luego me invit\'f3 a sentarme con \'e9l y me habl\'f3 con un patetismo y una autoridad que s\'f3lo mi juventud y su vejez pod\'edan justificar. El me dio la reprensi\'f3n m\'e1s terrible de mi vida. Me inund\'f3 con un diluvio de Santos Padres, concilios y Papas infalibles que hab\'edan cre\'eddo y predicado delante de todo el mundo el dogma de la Transubstanciaci\'f3n.\par Si yo hubiera hecho caso a la voz de mi inteligencia y hubiera aceptado la luz que mi Dios misericordioso me daba, f\'e1cilmente hubiera hecho pedazos los argumentos del ancianLVALo sacerdote de Roma. Pero, \'bfQu\'e9 pod\'eda mi inteligencia decir contra la Iglesia de Roma? \'a1Se me prohibi\'f3 escucharla, porque no pesaba nada contra tantas inteligencias instruidas, santas e infalibles! No me daba cuenta que el peso de la inteligencia de Dios estaba a mi favor y que ella, pesada en el balance contra la inteligencia de los Papas, era mayor que todo el universo contra un grano de arena.\par Una hora m\'e1s tarde, derramando l\'e1grimas de arrepentimiento, yo estaba a los pies del Padre Daule en el confesionario confesando el gran pecado que hab\'eda cometido al dudar por un momento del poder del sacerdote de cambiar una oblea en dios. El me dio mi perd\'f3n y para mi penitencia me prohibi\'f3 decir una sola palabra acerca del triste fin del dios que \'e9l hab\'eda creado esa ma\'f1ana, porque este conocimiento destruir\'eda la fe de los Cat\'f3lico-romanos m\'e1s sinceros.\par La otra parte de la penitencia era: durante nueve d\'edas ten\'eda que caminar de rodillas ante las catorce estaciones de la cruz y recitar delante de cada cuadro un Salmo penitencial, la cual hice. Para el d\'eda sexto, la piel de mis rodillas se romp\'eda y la sangre flu\'eda libremente. Sufr\'ed verdadera tortura cada vez que me arrodill\'e9 y a cada paso que di. \'a1Pero me parec\'eda que estas terribles torturas no eran nada en comparaci\'f3n a mi gran iniquidad!\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Varios d\'edas previos a la victoria ganada durante el banquete honrando al Obispo de Forbin Janson, Me encontr\'e9 en un estado de gran desesperaci\'f3n a causa de la ira que hab\'eda incurrido por establecer la sociedad de abstinencia. Mis sentimientos de aislamiento se volvieron insoportables. De verdad, fue una de las horas m\'e1s oscuras de mi vida.\par Mirando fijamente por mi ventana, not\'e9 que un extranjero lleg\'f3 a la puerta. Observando su porte, percib\'ed que era un caballero de calidad. Estrechando mi mano como si fu\'e9ramos viejos amigos, se present\'f3 y con gran gozo procedi\'f3 a explicarme el prop\'f3sito de su visita.\par El hab\'eda sido escogido para informarme personalmente que la gran mayor\'eda de la gente de habla ingl\'e9s, no s\'f3lo de Q\'fcebec, sino por todo Canad\'e1, manifestaba la m\'e1s profunda admiraci\'f3n por la gran reforma que yo hab\'eda realizado en Beauport y que la gente que \'e9l representaba estaba enterada de la severa oposici\'f3n de parte de mis superiores que yo ten\'eda que confrontar.\par El dijo: \endash Dios est\'e1 de su parte (citando a \cf1\ul Pro_23:31-32\cf0\ulnone ). Tenga \'e1nimo, se\'f1or, porque tiene a su favor a Jesucristo mismo; porque \'e9l ha dicho: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos ser\'e1n saciados . . . Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persiguen y digan toda clase de mal contra vosotros mintiendo (\cf1\ul Mat_5:6-11\cf0\ulnone ). Aunque muchos se oponen, hay muchos m\'e1s orando por usted d\'eda y noche, pidiendo a nuestro Padre Celestial que derrame sobre usted sus m\'e1s abundantes bendiciones. Entonces prosigui\'f3 en darme sus opiniones sobre la abstinencia. \'a1Eran id\'e9nticas a las m\'edas! Me maravill\'e9 de su sinceridad de prop\'f3sito y claridad de entenLVALdimiento.\par Sus palabras de \'e1nimo eran verdaderamente prof\'e9ticas: \endash Aunque hoy se sostiene solo, pero firme y las semillas que ha sembrado hoy, frecuentemente las riega con sus propias l\'e1grimas, yo s\'e9 que dentro de poco, un pa\'eds agradecido bendecir\'e1 su nombre.\par Apenas d\'e1ndome tiempo para expresar mi gratitud, dijo: \endash Yo s\'e9 que usted ha de estar muy ocupado, no quitar\'e9 m\'e1s de su valioso tiempo. Adi\'f3s, se\'f1or, que el Se\'f1or le bendiga y le guarde en todos sus caminos.\par La noticia inesperada de que la gente de habla ingl\'e9s estaba orando por m\'ed llen\'f3 mi coraz\'f3n de gozo y sorpresa. Mi primer pensamiento fue caer de rodillas y darle gracias a Dios por enviarme a semejante mensajero. Cada palabra de sus labios hab\'eda ca\'eddo sobre mi alma herida como el aceite del buen samaritano sobre las heridas sangrentadas del caminante a Jeric\'f3.\par De repente, mi mente se ech\'f3 hacia atr\'e1s en horror acompa\'f1ado por una sensaci\'f3n de humillaci\'f3n indecible. \'a1Ese hombre era Protestante! \'a1Una persona a quien mi Iglesia me hab\'eda ense\'f1ado a anatematizar y maldecir como esclavos de Satan\'e1s y rebeldes contra Cristo! \'a1Me sent\'ed tan avergonzado al pensar en esa gente orando por m\'ed! Sin embargo, una voz surgi\'f3 dentro de m\'ed y entre m\'e1s intent\'e9 silenciarla, m\'e1s fuerte se aumentaba: \endash\'bfQui\'e9n est\'e1 m\'e1s cerca de Dios?\par Las respuestas que ven\'edan de mi alma no pod\'edan ser calladas. Fui forzado a escuchar y sonrojar ante la realidad que me saltaba a la vista. \'a1Orgullo! \'a1S\'ed, orgullo diab\'f3lico! Este es el vicio (por excelencia) de todo sacerdote de Roma. As\'ed como est\'e1 ense\'f1ado a creer y decir que su Iglesia est\'e1 muy por encima de cualquier otra iglesia, lo mismo se ense\'f1a concerniente al sacerdocio. Como sacerdote, uno se cree estar por encima de todos los reyes, emperadores, gobernadores y presidentes del mundo. Orgullo es el pan cotidiano del Papa, de los obisLVALpos y sacerdotes y aun del laico m\'e1s bajo de la Iglesia. Esto es el gran secreto de su poder y fortaleza. Les da el \'e1nimo de una voluntad de acero para someter todo bajo sus pies, sujetar a todo ser humano a su voluntad. El sacerdote de Roma cree que \'e9l ha sido llamado por Dios Todopoderoso para mandar, subyugar y gobernar al mundo.\par Si alguien sospecha que exagero, lea las siguientes palabras que el Cardinal Manning pone en los labios del Papa en uno de sus discursos: Yo no reconozco ning\'fan poder civil; no estoy sujeto a ning\'fan pr\'edncipe. Soy m\'e1s que esto, me declaro ser el juez supremo y director de la conciencia de los hombres desde el campesino que ara el campo hasta el pr\'edncipe que se siente sobre el trono; desde el hogar que vive en la sombra de la privac\'eda hasta el legislador que hace leyes para el reino. Yo soy el \'fanico, \'faltimo y supremo juez de lo que es bueno o malo.\par Ese orgullo que estaba en m\'ed, aunque no lo ve\'eda en aquel entonces, recibi\'f3 de mi visitante Protestante una verdadera y ruda reprenci\'f3n.\par \'a1Qu\'e9 criatura tan extra\'f1a es el hombre! \'a1Cu\'e1n volubles son sus juicios! En 1842 no ten\'edan palabras suficientemente halagadoras para alabar al mismo hombre sobre quien hab\'edan escupido en 1838 por hacer la misma cosa. Este cambio repentino de condenaci\'f3n a la alabanza, cuando hac\'eda la misma obra, ten\'eda el buen efecto de curarme del orgullo natural que uno est\'e1 propenso a sentir cuando es aplaudido p\'fablicamente por los hombres.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Por la gran misericordia de Dios, la parroquia de Beauport, que al principio me parec\'eda como un abismo sin fondo en el cual iba a perecer, se hab\'eda cambiado para m\'ed en un para\'edso terrenal. Un solo deseo hab\'eda en mi coraz\'f3n: nunca ser quitado de all\'ed.\par De repente la calesa del obispo de Q\'fcebec lleg\'f3 a la puerta de la casa parroquial. El subsecretario dirigi\'f3 sus pasos al jard\'edn donde yo estaba y me entreg\'f3 la siguiente carta del Reverend\'edsimo Turgeon, coadjutor de Q\'fcebec:\par Mi querido Sr. Ch\'edniquy, Su Se\'f1or\'eda Obispo Signaie y yo deseamos consultar con usted sobre un asunto muy importante. Hemos enviado nuestra calesa para traerlo a Q\'fcebec. Por favor, venga sin la menor dilaci\'f3n.\par Sinceramente,\par FLAV. TURGEON\par Una hora despu\'e9s, yo estaba con los obispos. Mi Sr. Signaie dijo: \endash El Monse\'f1or Turgeon te dir\'e1 por qu\'e9 enviamos por ti con tanta prisa.\par \endash Sr. Ch\'edniquy, \endash dijo el Obispo Turgeon, \endash\'bfNo es Kamouraska el lugar de tu nacimiento?\par \endash S\'ed, mi se\'f1or.\par \endash\'bfTe gusta ese lugar y te interesa mucho su bienestar?\par \endash Por supuesto, mi se\'f1or, las horas m\'e1s felices de mi juventud las pas\'e9 all\'ed.\par \endash T\'fa sabes, \endash contest\'f3 el obispo, \endash que el Rev. Sr. Var\'edn ha estado demasiado enfermo estos \'faltimos a\'f1os para supervisar los intereses espirituales de ese importante lugar. Cientos de las mejores familias de Q\'fcebec y Montreal recurren ah\'ed cada verano. La borrachera, el lujo y la inmoralidad m\'e1s degradante est\'e1n desmoronando la vida misma de Kamouraska hoy.\par Estas palabras traspasaron mi alma como una espada de dos filos: \endash Mi se\'f1or, espero que no es su intenci\'f3n quitarme de mi querida parroquiaLVAL de Beauport.\par \endash No, Sr. Ch\'edniquy, no usaremos nuestra autoridad para romper los sagrados y dulces lazos que te unen a la parroquia de Beauport. Pero pondremos ante tu conciencia las razones por las cuales deseamos que est\'e9s a la cabeza de esa gran parroquia importante.\par Por m\'e1s de una hora, los dos obispos hicieron fuertes apelaciones a mi caridad por las multitudes hundidas en el abismo de la borrachera y toda clase de vicios sin tener quien les salvara.\par El Obispo Signaie a\'f1adi\'f3: \endash\'bfNo colocar\'e1n una corona doble en tu frente tus obispos, tu patria y tu Dios si consientes en ser el instrumento de las misericordias de Dios hacia la gente del lugar de tu nacimiento y los lugares vecinos? \'bfPuedes descansar y vivir en paz ahora en Beauport, mientras oyes d\'eda y noche la voz de las multitudes que claman: Ven a ayudarnos, estamos pereciendo? \'bfQu\'e9 responder\'e1s a Dios en el d\'eda postrero cuando \'e9l te muestre las miles de preciosas almas perdidas de Kamouraska, porque t\'fa rehusaste ir a socorrerlas?Sus amistosas apelaciones paternales ten\'edan mayor poder sobre m\'ed que \'f3rdenes. Consent\'ed en ir, bien consciente de los problemas sin fin y la guerra que tendr\'eda que confrontar.\par La gente de Beauport hizo todo en su poder para convencer a los obispos a permitirme permanecer m\'e1s tiempo entre ellos, pero el sacrificio ten\'eda que hacerse. Di mi serm\'f3n de despedida en medio de clamores indescriptibles, sollozos y l\'e1grimas; y el 17 de septiembre, sal\'ed rumbo a Kamouraska.\par Cuando me desped\'ed del obispo de Q\'fcebec, \'e9l me ense\'f1o una carta reci\'e9n recibida del Sr. Var\'edn llena de las m\'e1s amargas expresiones de indignaci\'f3n a causa de la selecci\'f3n de semejante fan\'e1tico y agitador como Ch\'edniquy para un lugar bien conocido por sus h\'e1bitos pac\'edficos y armon\'eda entre todas las clases. Las \'faltimas palabras de su carta eran las siguientes: El clero y la gente de Kamouraska y vecindades consideraLVALn como un insulto el nombramiento del Sr. Ch\'edniquy a esta parroquia. Esperamos y pedimos que Su Se\'f1or\'eda cambie de parecer al respecto.\par Al mostrarme la carta, mis Sres. Signaie y Turgeon dijeron: \endash Tememos que tendr\'e1s m\'e1s problemas de lo que esper\'e1bamos con el anciano cura y sus partidarios, pero te encomendamos a la gracia de Dios y la protecci\'f3n de la Virgen Mar\'eda acord\'e1ndonos que nuestro Salvador ha dicho: En el mundo tendr\'e9is aflicci\'f3n; mas confiad, yo he vencido al mundo. (\cf1\ul Joh_16:33\cf0\ulnone )\par Llegu\'e9 a Kamouraska el 21 de septiembre de 1842, uno de los fin\'edsimos d\'edas del a\'f1o; pero mi coraz\'f3n estaba lleno de desolaci\'f3n indecible, porque por todo el camino los curas me dijeron que la gente con su pastor anciano estaban un\'e1nimes en su oposici\'f3n a mi presencia ah\'ed.\par Desped\'ed al chofer, tom\'e9 mi morral, entr\'e9 a la iglesia y pas\'e9 m\'e1s de una hora en ferviente oraci\'f3n o m\'e1s bien clamores y l\'e1grimas. Me sent\'ed tan deshecho que necesitaba esa hora de descanso y oraci\'f3n. Las l\'e1grimas que derram\'e9 ah\'ed desahogaron mi esp\'edritu cargado.\par Hay un poder maravilloso en las oraciones y l\'e1grimas que surgen del coraz\'f3n. Sent\'ed como un hombre nuevo. Me parec\'eda que escuchaba la trompeta de Dios llam\'e1ndome al campo de batalla. Mi \'fanico prop\'f3sito, entonces, era ir y luchar confiando solamente en \'e9l por la victoria.\par Tom\'e9 mi morral, sal\'ed de la iglesia y camin\'e9 lentamente hacia la casa parroquial. Al tocar la puerta, una voz airada exclam\'f3, \endash\'a1Entra!\par Entr\'e9 y di un paso hacia el anciano cura enfermo y estaba a punto de saludarlo cuando me dijo con enojo: \endash La gente de Beauport hicieron grandes esfuerzos para que continuaras entre ella, pero la gente de Kamouraska har\'e1 un esfuerzo igual para sacarte de este lugar.\par \endash Monse\'f1or le Cure, \endash le respond\'ed con calma, \endash Dios sabe que yo nunca quer\'eda salir de BeauLVALport para venir aqu\'ed, pero pienso que es el gran Dios misericordioso que me ha tra\'eddo por la mano aqu\'ed y espero que \'e9l me ayudar\'e1 a vencer toda oposici\'f3n indistinto de donde venga.\par El replic\'f3 con enojo: \endash\'bfEs para insultarme que me llamas Monse\'f1or le Cure? Yo ya no soy el cura de Kamouraska, ahora, t\'fa eres el cura, Sr. Ch\'edniquy.\par \endash Disc\'falpeme, mi querido Sr. Var\'edn, \endash dije, \endash usted todav\'eda es y espero que permanecer\'e1 toda su vida el honrado y amado cura de Kamouraska. El respeto y gratitud que yo le debo a usted me ha hecho rehusar los t\'edtulos y honores que nuestro obispo quer\'eda darme.\par \endash Pues si yo soy el cura, entonces, \'bfQu\'e9 eres t\'fa? \endash replic\'f3 el sacerdote anciano con m\'e1s calma.\par \endash No soy m\'e1s que un sencillo soldado de Cristo y un sembrador de la buena semilla del Evangelio, \endash respond\'ed, \endash mientras yo peleo contra nuestro enemigo com\'fan en la llanura como hizo Josu\'e9, usted como Mois\'e9s se colocar\'e1 en la cumbre de la monta\'f1a, levantar\'e1 sus manos al cielo, enviar\'e1 sus oraciones al propiciatorio y as\'ed ganaremos la batalla. Entonces ambos bendeciremos al Dios de nuestra Salvaci\'f3n por la victoria...\par \endash\'a1Bien, bien! Esto es hermoso, grandioso y sublime, \endash dijo el anciano sacerdote con una voz llena de emoci\'f3n amistosa, \endash pero, \'bfD\'f3nde est\'e1n tus muebles y biblioteca?\par \endash Mis muebles, \endash contest\'e9, \endash consisten en este morral que tengo en mi mano. No quiero ninguno de mis propios libros mientras tenga el gusto y el honor de estar con el buen Monse\'f1or Var\'edn quien me permitir\'e1, estoy seguro, registrar su biblioteca espl\'e9ndida y estudiar sus libros raros y cultos.\par \endash Pero, \'bfCu\'e1les habitaciones quieres ocupar? \endash respondi\'f3 el buen cura anciano.\par \endash Como la casa parroquial ser\'e1 suya y m\'eda, \endash respond\'ed, \endash no quiero molestarlo de ninLVALguna manera; por favor, d\'edgame d\'f3nde usted quiere que duerme y descanse. Yo lo aceptar\'e9 con gratitud. Cuando yo era ni\'f1o, un pobre hu\'e9rfano en su parroquia hace unos veinte a\'f1os, \'bfNo era usted un padre para m\'ed? Por favor, sigue vi\'e9ndome como su propio hijo, pues yo siempre lo he amado y estimado como padre y todav\'eda as\'ed lo estimo. Usted era mi gu\'eda y consejero en mis primeros pasos en los caminos de Dios. Por favor, siga gui\'e1ndome y aconsej\'e1ndome hasta el fin de su vida.\par No hab\'eda terminado mis \'faltimas palabras cuando el anciano se deshizo en l\'e1grimas, me abraz\'f3, apret\'e1ndome a su coraz\'f3n y dijo con una voz medio sofocada por sus sollozos: \endash Querido Sr. Ch\'edniquy, perd\'f3name las cosas malas que he escrito y dicho de ti. Est\'e1s bienvenido a mi casa parroquial y alabo a Dios por enviarme semejante joven amigo para ayudarme a sobrellevar la carga en mi vejez.\par Luego le di la carta del obispo que confirm\'f3 todo lo que le dije acerca de mi misi\'f3n de paz hacia \'e9l. Desde ese d\'eda hasta su muerte, que ocurri\'f3 seis meses despu\'e9s, nunca tuve un amigo tan sincero como el Sr. Var\'edn.\par La causa principal de oposici\'f3n que la gente ten\'eda contra mi venida fue que yo era el sobrino de Don Amable Dionne quien hab\'eda hecho una fortuna colosal a expensas de ellos. El Rev. Sr. Var\'edn, quien siempre le deb\'eda, fue forzado por las circunstancias a comprar de \'e9l tanto para s\'ed mismo como para la iglesia y ten\'eda que pagar sin quejarse los m\'e1s exorbitantes precios por todo.\par A la ma\'f1ana siguiente, despu\'e9s de mi llegada, el sacrist\'e1n me dijo que la iglesia necesitaba varios metros de algod\'f3n para hacer algunas reparaciones y me pregunt\'f3 si deber\'eda ir como siempre a la tienda del Sr. Dionne. Yo le dije que fuera ah\'ed primero a preguntar el precio de ese art\'edculo, luego que fuera a las dem\'e1s tiendas y que lo comprara en la m\'e1s barata. Ped\'edan 30 en la tienda del Sr. Dionne LVALy s\'f3lo 15 en la del Sr. St. Pierre; por supuesto, lo compramos ah\'ed.\par No termin\'f3 el d\'eda antes que este hecho aparentemente insignificante fuera conocido en toda la parroquia tomando imprevistas dimensiones extraordinarias. Los granjeros se juntaron y se felicitaron que por fin las imposiciones que ten\'edan que pagar en la tienda terminaron. Muchos buscaron al Sr. St. Pierre para o\'edr de sus propios labios que su nuevo cura inmediatamente les hab\'eda librado de lo que ellos estimaban ser una larga servidumbre ignominiosa. Se felicitaban por tener ahora un sacerdote con una mente tan independiente y honesto que no les har\'eda ninguna injusticia ni aun para agradar a un pariente en cuya casa hab\'eda pasado los a\'f1os de su ni\'f1ez.\par Este sencillo acto de honestidad hacia la gente, gan\'f3 para m\'ed su afecto. S\'f3lo una mancha oscura qued\'f3 en sus mentes contra m\'ed. Se les hab\'edan dicho que el \'fanico tema que yo predicaba era ron, whisky y borrachera.\par Asisti\'f3 una inmensa multitud el pr\'f3ximo domingo. Mi texto fue: As\'ed como el Padre me am\'f3, as\'ed os he amado. (\cf1\ul Joh_15:9\cf0\ulnone ), ense\'f1\'e1ndoles c\'f3mo Jes\'fas demostr\'f3 que \'e9l era su amigo. Pero sus sentimientos de piedad y gusto por lo que oyeron no era nada en comparaci\'f3n a su sorpresa cuando vieron que prediqu\'e9 casi una hora sin decir una sola palabra sobre whisky, ron o cerveza.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Al ser invitado por todos los curas a establecer entre su gente sociedades de abstinencia, tuve oportunidades, como ning\'fan otro sacerdote de Canad\'e1, de conocer los esc\'e1ndalos secretos y p\'fablicos de cada parroquia. Cuando visit\'e9 a Eboulements, al lado norte del r\'edo, invitado por el Rev. Noel Toussignant, aprend\'ed de los labios de ese joven sacerdote y del ex-sacerdote Tetreau la historia de un esc\'e1ndalo muy vergonzoso.\par En 1830 un joven sacerdote de Q\'fcebec llamado Derome se hab\'eda enamorado de una de sus penitentes jovencitas de Vercheres donde hab\'eda predicado varios d\'edas. El la convenci\'f3 a seguirle a la casa parroquial de Q\'fcebec. Para ocultar mejor su iniquidad del p\'fablico, persuadi\'f3 a su v\'edctima a vestirse como hombre y echar su vestido en el r\'edo para convencer a sus padres y a toda la parroquia que ella se hab\'eda ahogado.\par Yo la hab\'eda visto muchas veces en la casa parroquial de Q\'fcebec bajo el nombre de Jos\'e9 y hab\'eda admirado sus modales refinados, aunque m\'e1s de una vez fui inclinado a pensar que el elegante Jos\'e9 no era m\'e1s que una muchacha perdida. Pero el respeto que yo ten\'eda por el cura de Q\'fcebec (Quien era el coadjutor del obispo) y sus j\'f3venes vicarios, me hizo rechazar esas sospechas. Las cosas segu\'edan tranquilamente entre Jos\'e9 y el sacerdote durante varios a\'f1os hasta que algunas sospechas suscitaron en las mentes de la gente observadora de la parroquia, quienes dijeron al cura que ser\'eda m\'e1s prudente y honorable para \'e9l despedir a su sirviente. Para acabar con esas sospechas y retenerlo en la casa parroquial, el cura le persuadi\'f3 a casarse con la hija de un pobre vecino.\par Las dos muchachas fueron debidamente casadas por el cura, quien continu\'f3 sus intimidades criminales con la esLVALperanza de que nadie le volver\'eda a perturbar sobre el tema. Fue transferido a La Petite Riviere en 1838 y poco despu\'e9s, el Rev. Sr. Tetreau fue designado cura. Este nuevo sacerdote, desconociendo las abominaciones que practicaba su predecesor, sigui\'f3 empleando a Jos\'e9. Un d\'eda, Jos\'e9 estaba trabajando en la puerta de la casa parroquial cuando, en presencia de varias personas, un extranjero lleg\'f3 y le pregunt\'f3 si estaba en casa el Sr. Tetreau.\par \endash S\'ed, se\'f1or, el Sr. Cura est\'e1 en casa, \endash respondi\'f3 Jos\'e9, \endash pero como usted parece ser un extranjero en este lugar, perm\'edteme preguntarle, \'bfDe cu\'e1l parroquia viene usted?\par \endash No me averg\'fcenzo de mi parroquia, \endash respondi\'f3 el extranjero, \endash vengo de Vercheres.\par Cuando dijo la palabra Vercheres, Jos\'e9 se puso tan p\'e1lido que el extranjero, perplejo, le mir\'f3 cuidadosamente y exclam\'f3: \endash\'a1Ay, Dios m\'edo! \'bfQu\'e9 es lo que veo aqu\'ed? \'a1Genevieve, Genevieve! \'a1Sobre quien hemos lamentado tanto tiempo como ahogada! \'a1Aqu\'ed est\'e1s, disfrazada como hombre!\par \endash\'a1Querido t\'edo, (era su t\'edo) por amor de Dios, ni una palabra m\'e1s aqu\'ed!\par Pero era demasiado tarde. Las personas que estaban presentes oyeron al t\'edo y a la sobrina. Sus largas y secretas sospechas eran bien fundadas: uno de sus antiguos sacerdotes hab\'eda mantenido a una muchacha disfrazada de hombre en su casa y para cegar m\'e1s completamente a la gente, la hab\'eda casado con otra muchacha para tener a las dos en su casa seg\'fan su antojo sin despertar sospecha alguna.\par Las noticias volaron casi tan r\'e1pido como rel\'e1mpago de un extremo de la parroquia a la otra y se difundi\'f3 por toda la regi\'f3n por ambos lados del R\'edo St. Lawrence. Yo hab\'eda o\'eddo de ese horror, pero no lo cre\'eda. Sin embargo, ten\'eda que creerlo cuando o\'ed directamente de los labios del ex-cura Sr. Tetreau y el nuevo cura, Sr. Noel Toussignant, y de los labios del LVALdue\'f1o de la casa, el Honorable Laterriere los siguientes detalles que hac\'eda poco tiempo fueron revelados.\par Un juez de la paz investig\'f3 el asunto en nombre de la moralidad p\'fablica. Jos\'e9 fue llevado ante los magistrados quienes decidieron pedir a un m\'e9dico a hacer una encuesta, no pos-mortem, sino ante-mortem. El Honorable Laterriere, quien hizo la encuesta, declar\'f3 que Jos\'e9 era mujer y los lazos de matrimonio fueron legalmente disueltos.\par El obispo y sus vicarios inmediatamente enviaron a un hombre de confianza con dos mil d\'f3lares para persuadir a la muchacha a salir del pa\'eds cuanto antes. Ella acept\'f3 la oferta y cruz\'f3 a los Estados Unidos donde pronto se cas\'f3 y all\'ed permaneci\'f3.\par Yo hubiera preferido nunca haber o\'eddo esa historia o que por lo menos pudiera dudar de algunas de sus circunstancias, pero no hab\'eda remedio. Fui forzado a reconocer que en mi Iglesia de Roma hab\'eda tanta corrupci\'f3n, desde la cabeza hasta los pies, que apenas ha sido superada por Sodoma. Record\'e9 lo que el Rev. Sr. Perras me hab\'eda contado de las l\'e1grimas y desolaci\'f3n del Obispo Plessis cuando descubri\'f3 que todos los sacerdotes de Canad\'e1, con la excepci\'f3n de tres, eran ateos.\par Pero las abominaciones de las cuales Jos\'e9 era v\'edctima parec\'edan sobrepasar los l\'edmites concebibles de infamia. Por primera vez, lament\'e9 sinceramente haberme hecho sacerdote. El sacerdocio de Roma me parec\'eda entonces ser el cumplimiento preciso de la profec\'eda del Apocalipsis acerca de la gran ramera que embriagaba a las naciones con el vino de sus fornicaciones. (\cf1\ul Rev_17:1-5\cf0\ulnone )\par La confesi\'f3n auricular que yo sab\'eda ser la causa de estas abominaciones me parec\'eda lo que es en verdad, una escuela de perdici\'f3n, tanto para el sacerdote como para sus penitentes femeninas. El juramento de celibato del sacerdote era ante mis ojos, en esas horas de aflicci\'f3n, solamente un disfraz vergonzoso para ocultar una corrupci\'f3n LVALdesconocida aun en los d\'edas del antiguo paganismo m\'e1s depravado.\par Yo todav\'eda cre\'eda que fuera de la Iglesia de Roma no hab\'eda salvaci\'f3n, pero mi alma se llenaba de perturbaci\'f3n y ansiedad. No s\'f3lo desconfiaba de m\'ed mismo, sino perd\'ed la confianza en los dem\'e1s sacerdotes y obispos. Dondequiera que volteaba, mis ojos ve\'edan los ejemplos m\'e1s seductivos de perdici\'f3n. Yo quer\'eda salir de este mundo enga\'f1oso y perdido.\par El Rev. Sr. Guigues, superior del monasterio de los Padres de los Oblatos de Mar\'eda Inmaculada en Longueuil cerca de Montreal, vino a pasar algunos d\'edas conmigo para el beneficio de su salud y yo le confes\'e9 mis temores.\par El Rev. Superior me respondi\'f3: \endash Yo entiendo perfectamente tus temores. Son leg\'edtimos y demasiado bien fundados. Yo conozco los peligros formidables que rodean al sacerdote. Yo no me hubiera atrevido a ser un sacerdote secular por un solo d\'eda. Yo sab\'eda la historia humillante y desgraciada de Jos\'e9 y s\'e9 muchas cosas a\'fan m\'e1s horribles e indecibles que aprend\'ed al predicar y o\'edr confesiones en Francia y en Canad\'e1. De hecho, en realidad es moralmente imposible para un sacerdote secular guardar su voto de celibato excepto por un milagro de la gracia de Dios.\par Desde hace mucho, nuestra Iglesia hubiera sido una Sodoma moderna si Dios no le hubiera concedido gracia por los muchos sacerdotes que siempre han ingresado en las varias \'f3rdenes religiosas. Solamente los sacerdotes a quienes Dios en su misericordia llama a hacerse miembros de esas \'f3rdenes est\'e1n fuera de peligro, porque ellos est\'e1n bajo el cuidado paterno y la vigilancia de sus superiores, cuyo celo y caridad son como un escudo para protegerlos. Sus santas leyes estrictas son como un muro fuerte y torres altas que el enemigo no puede penetrar.\par El \'faltimo domingo de septiembre de 1846, di mi serm\'f3n de despedida a mi querida parroquia para ir a Longueuil y convertirme en un novato de los Oblatos de Mar\LVAL'eda Inmaculada.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 El primer domingo de noviembre de 1846, ped\'ed ser recibido como novato de la orden religiosa de los Oblatos de Mar\'eda Inmaculada de Longueuil, cuyo objetivo es predicar retiros (avivamientos) entre la gente. Ning\'fan hijo de la Iglesia de Roma jam\'e1s sostuvo una opini\'f3n m\'e1s exaltada de la hermosura y santidad de la vida mon\'e1stica que yo, el d\'eda que me ingres\'e9 bajo sus banderas misteriosas.\par \'a1Cu\'e1n f\'e1cil ser\'e1 obtener la salvaci\'f3n ahora! S\'f3lo tendr\'eda que recurrir al Padre Guigues y obedecerle como si fuera mi Padre que est\'e1 en el cielo. \'a1S\'ed, su voluntad ser\'e1 para m\'ed la voluntad de Dios! Aunque yo podr\'eda errar al obedecerle, mis errores no ser\'edan cargados contra m\'ed. Para salvar mi alma, s\'f3lo tendr\'eda que ser como un cad\'e1ver en las manos de mi padre superior, sin ninguna ansiedad ni ninguna responsabilidad propia; ser\'eda llevado al cielo como un ni\'f1o reci\'e9n nacido en los brazos de su madre amorosa.\par \'a1Pero cu\'e1n cortos fueron estos sue\'f1os bonitos de mi pobre mente enga\'f1ada! Yo estaba de rodillas cuando el Padre Guigues me entreg\'f3, con gran solemnidad, los libros en lat\'edn de las reglas de esa orden mon\'e1stica que constituye su verdadero evangelio, adverti\'e9ndome que era un libro secreto y me hizo jurar solemnemente que nunca lo ense\'f1ar\'eda a nadie fuera de la orden.\par A solas en mi celda a la siguiente ma\'f1ana, dije a m\'ed mismo: \endash\'bfNo has o\'eddo y dicho mil veces que la santa Iglesia de Roma condena absolutamente y anatemiza a las sociedades secretas? Despu\'e9s de intentar en vano a reconciliar estas dos ideas en mi mente, record\'e9 felizmente que yo era un cad\'e1ver, que hab\'eda abandonado para siempre mi juicio privado y que mi \'fanica ocupaci\'f3n era obedecer.\par Mientras le\'eda con suma atenci\'f3n, proLVALnto comprend\'ed por qu\'e9 este libro fue guardado de los ojos de los curas y sacerdotes seculares. Para mi asombro indecible descubr\'ed que desde el principio hasta el fin hablaba con el m\'e1s profundo desprecio por todos ellos.\par El Oblato que estudia su libro de reglas, su \'fanico evangelio, tiene que llenar su mente con la idea de que su santidad es superior, no s\'f3lo por encima del pobre sacerdote secular, sino de todo el mundo. S\'f3lo el Oblato es Cristiano, santo y sagrado. El resto del mundo est\'e1 perdido. \'a1El Oblato es la sal de la tierra y la luz del mundo! Dije a m\'ed mismo: \endash\'bfHe dejado a mi hermosa y querida parroquia para alcanzar esta perfecci\'f3n farisaica?\par Sin embargo, despu\'e9s de alg\'fan tiempo de estas reflecciones, record\'e9 los innumerables e insospechados esc\'e1ndalos espantosos que hab\'eda conocido en casi todas las parroquias que hab\'eda visitado. Record\'e9 la borrachera de aquel cura, las impurezas de \'e9ste, las ignorancias de otro, la mundaner\'eda y la falta absoluta de fe de otros y conclu\'ed que, despu\'e9s de todo, los Oblatos no estaban tan lejos de la verdad.\par Finalmente, me dije: \endash Despu\'e9s de todo, si los Oblatos viven una vida de santidad como espero encontrar aqu\'ed, \'bfSer\'e1 un crimen que ellos sientan y expresen entre ellos la diferencia que existe entre el clero regular y el secular? \'bfVengo aqu\'ed a juzgar y a condenar a estos hombres santos? \'a1No! Vine aqu\'ed para salvarme, practicando las virtudes Cristianas m\'e1s heroicas, la primera de las cuales es que debo abandonar absolutamente y para siempre a mi juicio privado y considerarme como un cad\'e1ver en las manos de mi superior.\par D\'eda y noche de esa primera semana, ped\'ed a Dios y a la Virgen Mar\'eda con todo el fervor de mi alma que alcanzara ese estado de la suprema perfecci\'f3n donde no tendr\'eda ni voluntad ni juicio propio. Los d\'edas de esa primera semana pasaron r\'e1pidamente. Las pas\'e9 en oraci\'f3n, en lectura y meditaci\'fLVAL3n de las Escrituras y en estudio de historia eclesi\'e1stica y libros asc\'e9ticos desde las 5:30 de la ma\'f1ana hasta las 9:30 de la noche.\par Serv\'edan las comidas a las horas regulares de las 7:00, 12:00 y 6:00 durante las cuales con rara excepci\'f3n se guardaba silencio y se le\'edan libros piadosos. La calidad de la comida era buena; pero al principio, antes que emplearan a una cocinera para presidir sobre la cocina, todo estaba tan inmundo que ten\'eda que cerrar los ojos en las comidas. \'a1Me hubiera quejado si no hubiera sellado mis labios esa extra\'f1a opini\'f3n mon\'e1stica de que todo religioso es un cad\'e1ver! \'bfQu\'e9 le importa a un cad\'e1ver la limpieza o la impureza de lo que se pone en la boca?\par Al tercer d\'eda, habiendo tomado en el desayuno un vaso de leche literalmente mezclado con esti\'e9rcol de vaca, mi est\'f3mago se rebel\'f3, una circunstancia que sumamente lamentaba atribuy\'e9ndolo a mi falta de perfecci\'f3n mon\'e1stica. Envidiaba el alto estado de santidad de los otros padres que hab\'edan alcanzado tan perfectamente a la perfecci\'f3n sublime de sumisi\'f3n, que tomaban esa leche contaminada como si estuviera limpia.\par Un d\'eda, despu\'e9s de la merienda, \'edbamos caminando del comedor a la capilla para pasar cinco o diez minutos en adoraci\'f3n al dios oblea. Ten\'edamos que cruzar dos puertas y estaba muy oscuro. Siendo yo el m\'e1s reciente para entrar al monasterio, yo ten\'eda que ir primero y los otros monjes me segu\'edan. Estabamos recitando en alta voz un Salmo en lat\'edn. Todos estabamos marchando r\'e1pidamente cuando de repente mis pies toparon con un grande objeto oculto y me ca\'ed rodando en el suelo. El compa\'f1ero que me segu\'eda hizo lo mismo y rod\'f3 sobre m\'ed y as\'ed hicieron cinco o seis m\'e1s que en la oscuridad se toparon con ese objeto.\par En un momento, \'e9ramos cinco o seis santos padres rodando uno encima del otro sin poder levantarnos por estar ri\'e9ndonos convulsivamente. Result\'f3 que el Padre Brunette enLVAL uno de sus ataques de humildad hab\'eda dejado la mesa un poquito antes de los dem\'e1s con el permiso del Superior para postrarse en el suelo delante de la puerta.\par Las palabras no pueden describir la verg\'fcenza que sent\'ed al ver casi diariamente alg\'fan acto semejante bajo el nombre de humildad Cristiana. En vano intent\'e9 silenciar la voz de mi inteligencia que me dec\'eda, cada vez m\'e1s fuerte, d\'eda tras d\'eda, que tales actos de humildad eran una parodia.\par En vano me dec\'eda: \endash\'a1Ch\'edniquy, no has venido aqu\'ed para filosofar, sino para santificarte, convirti\'e9ndote en cad\'e1ver que no tiene ideas preconcebidas, ni adquiere ning\'fan almac\'e9n de conocimiento ni ninguna regla de sentido com\'fan para guiarse! Pobre, miserable y pecaminoso Ch\'edniquy, t\'fa est\'e1s aqu\'ed para salvarte, admirando cada pizca de las santas reglas de tus superiores y obedecer cada palabra de sus labios. Yo envidiaba la piedad humilde de los otros buenos padres que aparentemente estaban tan felices por haber vencido esa raz\'f3n arrogante que constantemente se rebelaba en m\'ed.\par Dos veces por semana yo iba con mi gu\'eda y confesor, el Padre Allard, maestro de los novatos. Le confesaba mis esfuerzos vanos de subyugar a mi raz\'f3n rebelde. El siempre me alegraba con la promesa de que tarde o temprano yo tendr\'eda esa perfecta paz que est\'e1 prometida al monje humilde cuando alcanza la suprema perfecci\'f3n mon\'e1stica de considerarse un cad\'e1ver en las manos de sus superiores.\par Mis esfuerzos sinceros y constantes para reconciliarme con las reglas del monasterio, sin embargo, recibieron una nueva y brusca detenci\'f3n. Le\'ed en el libro de reglas que un monje verdadero debe observar minuciosamente a los que viven con \'e9l y secretamente informar a su superior de los defectos y pecados que percibe en ellos. La primera vez que le\'ed esa regla extra\'f1a, mi mente estaba tan absorto en otras cosas que no prest\'e9 mucha atenci\'f3n a ella.\par Pero la segunda vez queLVAL estudi\'e9 esta cl\'e1usula, me dije: \endash\'bfSer\'e1 posible que no somos m\'e1s que una banda de esp\'edas?\par No tard\'e9 mucho en ver sus efectos desastrosos. Uno de los padres por quien sent\'ed cierto afecto y quien me hab\'eda probado muchas veces su sincera amistad, me dijo un d\'eda: \endash Por amor de Dios, mi querido Padre Ch\'edniquy, dime si eres t\'fa quien me denunci\'f3 al Superior que yo hab\'eda dicho que la conducta del Padre Guigues hac\'eda m\'ed era poca caritativa.\par \endash No, mi querido amigo, \endash le respond\'ed, \endash nunca dije cosa semejante contra ti.\par \endash Me alegro de saber eso, \endash replic\'f3, \endash porque me dijeron algunos de los padres que fuiste t\'fa quien me denunci\'f3 al Superior como culpable, aunque soy inocente de esa ofensa, pero yo no pude creerlo. A\'f1adi\'f3 con l\'e1grimas: \endash Yo me arrepiento de haber dejado mi parroquia para ser un Oblato. Esa ley abominable de detecci\'f3n convierte a este monasterio y supongo a toda orden mon\'e1stica en un verdadero infierno. Cuando hayas pasado m\'e1s tiempo aqu\'ed, ver\'e1s c\'f3mo esa ley pone un muro insuperable entre todos nosotros y destruye toda fuente de felicidad Cristiana y armon\'eda social.\par \endash Yo entiendo perfectamente lo que dices, \endash le respond\'ed, \endash la \'faltima vez que estaba a solas con el Padre Superior, \'e9l me pregunt\'f3 por qu\'e9 yo hab\'eda dicho que el Papa actual era un viejo necio. El persist\'eda en afirmar que yo lo hab\'eda dicho, porque, a\'f1adi\'f3, uno de nuestros padres de mayor confianza me asegur\'f3 que t\'fa lo dijiste. Bueno, mi querido Padre Superior, le respond\'ed, Ese padre de confianza le ha dicho una gran mentira. Nunca he dicho cosa semejante, porque yo sinceramente creo que nuestro Papa actual es uno de los m\'e1s sabios que jam\'e1s gobern\'f3 a la Iglesia.\par Luego a\'f1ad\'ed: \endash Ahora entiendo por qu\'e9 las conversaciones est\'e1n tan sosas y sin vida en las horas en que se nos permite platicar. NaLVALdie se atreve a expresar su opini\'f3n sobre ning\'fan tema serio.\par \endash Eso es precisamente la raz\'f3n, \endash respondi\'f3 mi amigo, \endash algunos de los padres como t\'fa y yo preferir\'edamos ser ahorcados antes de ser esp\'edas, sin embargo, la gran mayor\'eda de ellos, particularmente los sacerdotes franceses, reci\'e9n importados de Francia, no oir\'e1n ni diez palabras de tus labios sobre cualquier tema sin buscar la oportunidad de denunciar a ocho de ellas como indecorosas o poco Cristianas a los superiores.\par \endash No digo que siempre es por malicia que dan tales informes falsos, m\'e1s bien, es por falta de juicio. Ellos son de miras estrechas, no entienden ni la mitad de lo que oyen en su verdadero sentido y dan sus falsas impresiones a los superiores quienes desgraciadamente alientan a este sistema de espionaje como la mejor manera de transformar a cada uno de nosotros en cad\'e1veres. Como nunca somos confrontados con nuestros falsos acusadores, nunca podemos conocerlos y perdemos la confianza los unos de los otros. As\'ed es c\'f3mo las dulces y santas fuentes del verdadero amor Cristiano se secan para siempre.\par A causa de este sistema de espionaje, un c\'e9lebre escritor franc\'e9s, quien \'e9l mismo hab\'eda sido monje, escribi\'f3: Los monjes entran al monasterio sin conocerse, viven all\'ed sin amarse y se apartan los unos de los otros sin arrepentirse de nada.\par Poco tiempo despu\'e9s de mi recepci\'f3n como novato, el superior del Seminario de St. Sulpice, Gran Vicario de la di\'f3cesis de Montreal, el Rev. Sr. Q\'fciblier, llam\'f3 a nuestra puerta para descansar una hora y desayunar con nosotros. Este desgraciado sacerdote que se contaba entre los mejores oradores y entre los hombres mejor parecidos que Montreal jam\'e1s hab\'eda visto, hab\'eda vivido una vida tan disoluta con sus monjas penitentes y damas penitentes de Montreal que un clamor de indignaci\'f3n de parte de todo el pueblo hab\'eda forzado al Obispo Bourget a enviarlo nuevamente a Francia. NLVALuestro padre superior aprovech\'f3 la oportunidad de su visita para hacernos dar gracias a Dios por habernos reunido dentro de los muros de nuestro monasterio donde las fuerzas del enemigo eran impotentes.\par Poco despu\'e9s de la ca\'edda p\'fablica del Gran Vicario de Montreal, una viuda bien parecida fue empleada para presidir sobre nuestra cocina. Ella ten\'eda m\'e1s de cuarenta a\'f1os de edad y ten\'eda muy buenas modales. Desgraciadamente, no hab\'eda cumplido ni cuatro meses en el monasterio cuando se enamor\'f3 de su padre confesor, uno de los m\'e1s piadosos de los padres Oblatos franceses. Los dos fueron descubiertos en una mala hora olvid\'e1ndose de una de las santas leyes de Dios. El sacerdote culpable fue castigado y la d\'e9bil mujer despedida.\par \'a1Pero qu\'e9 verg\'fcenza indecible permaneci\'f3 sobre todos nosotros! De ese d\'eda en adelante, las extra\'f1as ilusiones hermosas que me trajeron a ese monasterio se desvanecieron. Estudi\'e9 los Oblatos con los ojos abiertos y los vi tal como son.\par En la primavera de 1847, contrayendo una severa enfermedad, el doctor me orden\'f3 ir al Hotel Diu de Montreal cerca de la espl\'e9ndida iglesia de Santa Mar\'eda. Ah\'ed conoc\'ed a una venerable monja anciana que era muy loqu\'e1s. Era una de las superioras de la casa. Su apellido era Urtubice. Su mente todav\'eda estaba llena de indignaci\'f3n contra la mala conducta de dos padres Oblatos, quienes bajo el pretexto de enfermedad vinieron recientemente a su convento para seducir a las monjas j\'f3venes que les serv\'edan. Ella me cont\'f3 c\'f3mo los hab\'eda sacado, prohibi\'e9ndoles volver jam\'e1s por cualquier motivo al hospital. Despu\'e9s de contarme varias otras historias picantes, le pregunt\'e9 si ella hab\'eda conocido a Mar\'eda Monk cuando ella estaba en su convento y qu\'e9 opinaba de su libro Revelaciones Terribles.\par \endash Yo la conoc\'ed muy bien, \endash dijo, \endash ella dur\'f3 seis meses con nosotras. He le\'eddo su libro, porque me fue entregado para queLVAL yo lo refutara. Pero despu\'e9s de leerlo, rehus\'e9 tener nada que ver con esa revelaci\'f3n deplorable. Ciertamente hay algunas invenciones y suposiciones, pero hay suficiente verdad para hacer que todos nuestros conventos sean derribados por el pueblo si s\'f3lo la mitad fuera conocido por el p\'fablico. Luego me dijo: \endash Por amor de Dios no revele usted estas cosas al mundo hasta que la \'faltima de nosotras haya muerto, si Dios le da vida. \endash Entonces, cubri\'f3 su cara con sus manos, se deshizo en l\'e1grimas y sali\'f3 del cuarto.\par Me qued\'e9 horrorizado. Lament\'e9 haber escuchado sus palabras, aunque estaba determinado a respetar su petici\'f3n de no revelar los secretos terribles que ella me hab\'eda confiado. Mi Dios sabe que nunca repet\'ed ni una palabra de ello hasta ahora. Pero creo que es mi deber revelar, a mi pa\'eds y a todo el mundo, la verdad sobre este grave tema tal como me fue dado por uno de los testigos oculares irrefutables.\par Aunque no me hab\'eda recuperado completamente, sal\'ed el mismo d\'eda para Longueuil donde entr\'e9 al monasterio con coraz\'f3n pesado. El d\'eda anterior, dos de los padres hab\'edan regresado de dos o tres meses de excursiones evangel\'edsticas entre los le\'f1adores que cortaban madera en los bosques cerca del r\'edo Ottawa.\par Me alegr\'e9 al o\'edr de su llegada. Yo esperaba que las historias interesantes de sus excursiones evangel\'edsticas har\'edan una feliz diversi\'f3n de las cosas deplorables que supe tan recientemente. Pero se pod\'eda ver a s\'f3lo uno de esos padres y su conversaci\'f3n no era ni interesante ni agradable. Era evidente que una nube oscura le envolv\'eda. \'bfY el otro Oblato? El mismo d\'eda que lleg\'f3, fue ordenado a encerrarse en su celda y hacer un retiro de diez d\'edas y durante ese plazo fue prohibido hablar con nadie.\par Yo pregunt\'e9 a un devoto amigo entre los antiguos Oblatos la raz\'f3n por una cosa tan extra\'f1a. El me dijo: \endash Pobre Padre D___ sedujo a una de sus bellas penitLVALentes en el camino. Ella era una mujer casada, la se\'f1ora de la casa donde nuestros misioneros sol\'edan recibir la m\'e1s cordial hospitalidad. Habiendo descubierto el esposo la infidelidad de su esposa, casi la mat\'f3; ignominiosamente ech\'f3 fuera a los dos padres y escribi\'f3 una terrible carta al superior.\par \endash\'bfFrecuentemente ocurren estas acciones deplorables entre los padres Oblatos? \endash le pregunt\'e9.Mi amigo levant\'f3 sus ojos llenos de l\'e1grimas y con un suspiro profundo respondi\'f3: \endash Querido Padre Ch\'edniquy, quiera Dios que pudiera decirte que este es el primer caso. Pero, \'a1Ay! T\'fa sabes por lo que ocurri\'f3 con nuestra cocinera que no lo es y tambi\'e9n sabes de la vida abominable del Padre Telmonth con las dos monjas en Ottawa.\par \endash Si es as\'ed, \endash repliqu\'e9, \endash\'bfD\'f3nde est\'e1 la ventaja del clero regular sobre el secular?\par \endash La \'fanica ventaja que yo veo, \endash respondi\'f3 mi amigo, \endash es que el clero regular se entrega con m\'e1s impunidad a toda clase de disoluci\'f3n y libertinaje que el secular. Los monjes, ocultados de los ojos del p\'fablico dentro de los muros de su monasterio donde nadie o por lo menos muy poca gente tiene acceso, son m\'e1s f\'e1cilmente conquistados por el diablo y guardados m\'e1s firmemente en sus cadenas que los sacerdotes seculares. La vista aguda del p\'fablico y el contacto diario que los sacerdotes seculares tienen con sus familiares y feligreses, forman una poderosa represi\'f3n de su naturaleza depravada. En el monasterio no hay ninguna represi\'f3n con la excepci\'f3n de los castigos infantiles y rid\'edculos de retiros, besando el suelo o los pies o postr\'e1ndose en el suelo como hizo el Padre Brunette pocos d\'edas despu\'e9s que t\'fa entraste.\par \endash Esa gran ley divina del auto-respeto que Dios mismo implant\'f3 en el coraz\'f3n de cada ser humano que haya vivido en una sociedad Cristiana, se destruye por completo en el monasterio o el convento. El fundameLVALnto de perfecci\'f3n en el monje o la monja es considerarse como cad\'e1veres. \'bfNo ves que este principio corta hasta la ra\'edz de todo lo bueno, santo y grandioso que Dios puso en el hombre?\par \endash Si estudias la verdadera historia y no la historia falsa del monasticismo, descubrir\'e1s los detalles de una corrupci\'f3n imposible en cualquier otro lugar, ni aun en las casas m\'e1s bajas de prostituci\'f3n. Lee las memorias de Scripio De Ricci, uno de los m\'e1s piadosos e inteligentes de todos los obispos de nuestra Iglesia y ver\'e1s que los monjes y las monjas de Italia viven la misma vida de las bestias salvajes. S\'ed, lee las terribles revelaciones de lo que sucede entre esos hombres y mujeres desgraciados a quienes la mano de hierro del monasticismo mantiene atados en sus calabozos oscuros.\par \endash Oir\'e1s de los labios de las monjas que los monjes act\'faan con m\'e1s libertad en ellas que los maridos con sus esposas leg\'edtimas. \'a1Ver\'e1s que cada una de esas instituciones mon\'e1sticas es una nueva Sodoma! Todo es mec\'e1nico, material y falso en la vida de un monje o una monja. Aun las mejores virtudes son enga\'f1osas y mentirosas.\par \endash\'bfNo has notado c\'f3mo estos supuestos monjes humildes hablan con sumo desprecio del resto del mundo? Yo he tenido la oportunidad de ver el odio profundo que existe entre todas las \'f3rdenes mon\'e1sticas las unas contra las otras. \'a1C\'f3mo los Dominicanos siempre han aborrecido a los Franciscanos y c\'f3mo ambos aborrecen a los Jesuitas, quienes les pagan con la misma moneda! \'a1Qu\'e9 odio tan intenso divide a los Oblatos, a quienes pertenecemos, de los Jesuitas y los Jesuitas nunca pierden una oportunidad de demostrarnos su sumo desprecio! Est\'e1 absolutamente prohibido para un Oblato confesarse con un Jesuita y est\'e1 prohibido a un Jesuita confesarse con un Oblato o con cualquier sacerdote de otra orden.\par \endash He encontrado entre los monjes de Canad\'e1 las mismas cosas que he visto entre los de Francia e ItapLVALlia. Con pocas excepciones, todos son cad\'e1veres, absolutamente muertos a todo sentimiento de verdadera honestidad y verdadero Cristianismo. Son cad\'e1veres putrefactos que han perdido la dignidad de la virilidad.\par Lamento que el monje distinguido, cuya opini\'f3n abreviada sobre el monasticismo que he dado, me haya pedido que nunca revelara su nombre. Eventualmente logr\'f3 obtener una misi\'f3n a los indios salvajes de las monta\'f1as Rocky y ah\'ed sin ruido se desliz\'f3 de sus manos. Rompi\'f3 sus cadenas para vivir la vida de un hombre libertado por Cristo en los lazos santos de matrimonio Cristiano con una respetuosa dama americana.\par Hac\'eda ya un a\'f1o que yo hab\'eda sido un soldado d\'e9bil y t\'edmido, asustado por las ruinas desparramadas por dondequiera en el campo de batalla. Busqu\'e9 refugio contra el peligro inminente y pens\'e9 que el monasterio de los Oblatos de Mar\'eda Inmaculada era una de esas impregnables fortalezas construidas por mi Dios donde las flechas del enemigo no me alcanzar\'edan y me lanc\'e9 a \'e9l.\par De repente, las fortalezas y muros que estaban alrededor de m\'ed cayeron al suelo, se volvieron polvo y o\'ed una voz dici\'e9ndome: \'a1Soldado! \'a1Sal fuera y ponte en la luz del sol; no conf\'edes m\'e1s en los muros construidos por las manos de hombres; no son m\'e1s que polvo! \'a1Ven y lucha en el pleno d\'eda bajo los ojos de Dios, protegido solamente por la bandera del Evangelio de Cristo! \'a1Sal fuera de esos muros, son un enga\'f1o diab\'f3lico, una trampa y un fraude!\par Yo hice caso a esa voz y el primero de noviembre de 1847 me desped\'ed de los internados del monasterio de los Oblatos de Mar\'eda Inmaculada.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Los once meses que pas\'e9 en el monasterio de los Oblatos de Mar\'eda Inmaculada cuentan entre los favores m\'e1s grandes que Dios me ha concedido. Ning\'fan otro testimonio me hubiera convencido que las instituciones mon\'e1sticas no fueran de las m\'e1s benditas del Evangelio. Pero as\'ed como los ojos de Tom\'e1s fueron abiertos s\'f3lo despu\'e9s de ver a las heridas de Cristo, yo nunca hubiera cre\'eddo que las instituciones mon\'e1sticas fueran de origen pagano y diab\'f3lico si mi Dios no me hubiera forzado a ver con mis propios ojos su corrupci\'f3n indecible.\par Aunque permanec\'ed todav\'eda m\'e1s tiempo como un sincero sacerdote Cat\'f3lico, me atrevo a decir que Dios mismo ya hab\'eda quebrantado las ligaduras m\'e1s fuertes de mis afectos y respeto por esa Iglesia.\par Mucho antes que yo saliera de los Oblatos, muchos sacerdotes influyentes del distrito de Montreal me dijeron que mi \'fanica posibilidad de \'e9xito si deseaba continuar mi cruzada contra el demonio de la borrachera era trabajar solo. A la cabeza de los curas canadienses franceses que dec\'edan as\'ed estaba mi venerable amigo personal y benefactor, el Rev. Sr. Brassard, cura de Longueuil. El no s\'f3lo hab\'eda sido uno de mis maestros y mis amigos m\'e1s devotos cuando estudi\'e9 en el colegio de Nicolet, sino me hab\'eda ayudado con su propio dinero para terminar los \'faltimos cuatro a\'f1os de mis estudios.\par Nadie ten\'eda mayor estimaci\'f3n que \'e9l por los Oblatos de Mar\'eda Inmaculada cuando primero se establecieron en Canad\'e1. Pero el monasterio estaba demasiado cerca de su casa parroquial para su propio bien de ellos. Su vista aguda, su alta inteligencia e integridad de car\'e1cter pronto detect\'f3 que hab\'eda m\'e1s barniz falso que oro puro en su espejo de pompa reluciente. Varios lios de amor entre algunos de los Oblatos y las se\'fLVAL1oritas bonitas de su parroquia le hab\'edan llenado de repugnancia.\par Pero lo que destruy\'f3 por completo su confianza fue el descubrimiento que el Padre Superior Guigues estaba abriendo las cartas del Sr. Brassard que muchas veces hab\'edan pasado por el correo a trav\'e9s de sus manos. Esa acci\'f3n criminal casi lleg\'f3 a ser demandado ante el tribunal legal por el Sr. Brassard. Esto fue evitado s\'f3lo porque el Padre Guigues reconoci\'f3 su culpa y pidi\'f3 perd\'f3n de la forma m\'e1s humillada delante de m\'ed y varios otros testigos.\par Mucho antes que yo saliera de los Oblatos, el Sr. Brassard me hab\'eda dicho: \endash Los Oblatos no son los hombres que t\'fa crees que son. A m\'ed me han decepcionado mucho y tu desilusi\'f3n igualar\'e1 a la m\'eda cuando se abren tus ojos. Yo s\'e9 que no permanecer\'e1s mucho tiempo entre ellos. \'a1Te ofrezco de antemano la hospitalidad de mi casa parroquial cuando tu conciencia te llame fuera del monasterio!\par Me aprovech\'e9 de esa amable invitaci\'f3n la noche del primero de noviembre de 1847. La pr\'f3xima semana la pas\'e9 preparando un memor\'e1ndum que ten\'eda la intenci\'f3n de presentar a mi se\'f1or Bourget, Obispo de Montreal, como explicaci\'f3n de mi salida de los Oblatos. Yo sab\'eda que le decepcion\'e9 y le desagrad\'f3 el paso que hab\'eda dado. Esto no me sorprendi\'f3; yo sab\'eda que estos monjes hab\'edan sido importados de Francia por \'e9l y eran sus favoritos.\par Cuando entr\'e9 al monasterio once meses antes, \'e9l iba de viaje a Roma y me expres\'f3 el gusto que sinti\'f3 de que me iba a unir con ellos. Las razones de mi salida, sin embargo, eran igualmente buenas y el memor\'e1ndum que prepar\'e9 estaba tan lleno de hechos indubitables y argumentos incontestables que estaba casi seguro de que se aplacar\'eda la ira del obispo y me ganar\'eda su aprecio m\'e1s firme que antes. No me decepcion\'f3.\par Varios d\'edas despu\'e9s, me llam\'f3 Su Se\'f1or\'eda y fui recibido fr\'edamente. Me dijo: \endash No puedo ocuLVALltar mi sorpresa y dolor ante el paso precipitado que acabas de dar. \'a1Qu\'e9 verg\'fcenza para todos tus amigos al ver tu falta de constancia y perseverancia! Has perdido la confianza de tus mejores amigos por haber salido sin buenas razones de la compa\'f1\'eda de hombres tan santos. Algunos rumores circulan contra ti que nos dan a entender que eres un hombre inmanejable, un sacerdote ego\'edsta a quien los sacerdotes a fuerzas han despedido.\par Yo permanec\'ed perfectamente calmado. Hab\'eda resuelto de antemano escuchar todas sus cr\'edticas hostiles y ofensivas como si fueran dirigidas a otra persona. Le respond\'ed: \endash Por favor, se\'f1or m\'edo, lea este documento importante y usted ver\'e1 que he guardado mi buen nombre durante mi estancia en ese monasterio. Le present\'e9 la siguiente carta de testimonio que el superior me entreg\'f3 cuando sal\'ed:\par Yo, el abajo firmante, Superior del Noviciado de los Oblatos de Mar\'eda Inmaculada en Longueuil, certifico que la conducta del Sr. Ch\'edniquy, cuando estuvo en nuestro monasterio, ha sido digno del car\'e1cter sagrado que \'e9l posee y despu\'e9s de este a\'f1o de soledad, no merece menos la confianza de sus hermanos en el santo ministerio que antes. Deseamos, adem\'e1s, dar nuestro testimonio a su celo perseverante en la causa de abstinencia. Creemos que lo que dar\'e1 mayor car\'e1cter de estabilidad a esa reforma admirable y asegurar\'e1 su \'e9xito perfecto son las reflecciones y estudios profundos del Sr. Ch\'edniquy sobre la importancia de esa obra cuando se encontraba en la soledad de Longueuil.\par T.F. Allard,\par Superior del Noviciado, O.M.I.\par Me dio verdadero gusto ver que cada rengl\'f3n de ese documento le\'eddo por el obispo estaba borrando algunas de las arrugas hostiles y severas de su cara. Amablemente me lo entreg\'f3 diciendo: \endash Doy gracias a Dios al ver que todav\'eda eres digno de mi estima y confianza como cuando entraste en el monasterio. Pero, \'bfSer\'e1s tan amable de decirme las razones verdaLVALderas por haberte separado tan bruscamente de los Oblatos?\par \endash S\'ed, mi se\'f1or, se las dar\'e9, \endash Le entregu\'e9 el memor\'e1ndum de casi treinta p\'e1ginas que yo hab\'eda preparado. El obispo ley\'f3 cinco o seis p\'e1ginas y dijo:\par \endash\'bfEst\'e1s seguro de la exactitud de lo que escribes aqu\'ed?\par \endash S\'ed, mi se\'f1or, \endash le dije, \endash son tan verdaderas y reales como yo estoy delante de usted.\par El obispo se puso p\'e1lido y permaneci\'f3 algunos minutos en silencio mordiendo sus labios y despu\'e9s de un profundo suspiro, dijo: \endash\'bfEs tu intenci\'f3n revelar estos tristes misterios al mundo o podemos esperar que los guardar\'e1s en secreto?\par \endash Mi se\'f1or, \endash le respond\'ed, \endash me considero obligado en conciencia y honor guardar secretas estas cosas con la condici\'f3n de que no sea forzado a revelarlos en auto-defensa contra alg\'fan abuso o persecuci\'f3n procedente de los Oblatos o de alg\'fan otro partido.\par \endash Pero los Oblatos no pueden proferir ninguna palabra contra ti despu\'e9s del testimonio de honor que te han dado, \endash pronto respondi\'f3 el obispo.\par \endash Es cierto, mi se\'f1or, pero usted sabe de otro que tiene mis destinos futuros en sus manos, \endash contest\'e9.\par \endash Yo te entiendo, pero prometo que no tendr\'e1s nada que temer de aquel lado. Aunque francamente hubiera preferido verte trabajar como miembro de los Oblatos, puede ser que sea m\'e1s conforme a la voluntad de Dios que trabajes en esa abstinencia gloriosa de la cual evidentemente eres el bendito ap\'f3stol de Canad\'e1. Me da gusto decirte que habl\'e9 de ti con el Papa y \'e9l me pidi\'f3 que te diera una medalla preciosa que lleva sus facciones m\'e1s perfectas y un crucifijo espl\'e9ndido. Su Santidad bondadosamente a\'f1adi\'f3 300 d\'edas de indulgencia a cada persona que hace la promesa de abstinencia, besando los pies de ese crucifijo. Espera un momento, \endash a\'f1adi\'f3 el obispo, \endash voy a traerlos y B LVALR present\'e1rselos.\par Cuando regres\'f3 el obispo, ca\'ed de rodillas para recibirlos y apret\'e9 ambos a mis labios con sumo respeto. El me concedi\'f3 el poder de predicar y o\'edr confesiones en toda su di\'f3cesis y me despidi\'f3 s\'f3lo despu\'e9s de imponer sus manos sobre mi cabeza y pedir a Dios que derramase sobre m\'ed sus m\'e1s abundantes bendiciones dondequiera que fuera a trabajar en Canad\'e1 en la santa causa de abstinencia.\par \par \par } LVAL  {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Al reasumir la batalla por la abstinencia, estudi\'e9 nuevamente las mejores obras sobre el tema, desde el instruido naturista Pliny hasta el celebrado Sr. Astley Cooper. Recopil\'e9 una multitud de notas cient\'edficas, argumentos y hechos de estos libros y prepar\'e9 un Manual de Abstinencia que tuvo tanto \'e9xito que pas\'f3 por cuatro ediciones de 25,000 copias cada una, en menos de cuatro a\'f1os.\par Pero mi mejor fuente de informaci\'f3n y sabidur\'eda eran cartas que recib\'ed del Padre Mathew y mis entrevistas personales con \'e9l cuando visit\'f3 a los Estados Unidos.Nunca di discursos sobre la abstinencia en ning\'fan lugar sin antes informarme de las estad\'edsticas m\'e1s fidedignas de: el n\'famero de muertes y accidentes causados por la borrachera durante los \'faltimos quince a veinte a\'f1os; el n\'famero de hu\'e9rfanos y viudas hechos as\'ed por la borrachera; el n\'famero de familias ricas arruinadas y el n\'famero de familias pobres hechas m\'e1s pobres; y la cantidad aproximada de dinero gastado por la gente en alcohol durante los \'faltimos veinte a\'f1os.\par Nuestro Dios misericordioso bendijo visiblemente a la obra y a su siervo in\'fatil. En la primera parroquia de Longueuil, 2,300 ciudadanos se ingresaron bajo las banderas de la abstinencia. En lugar de invitarles a firmar alguna promesa escrita, les ped\'ed que vinieran al pie del altar y besaran el crucifijo que yo sosten\'eda (que me fue dado y bendecido por el Papa).\par Durante los pr\'f3ximos cuatro a\'f1os, di 1,800 discursos en p\'fablico en 200 parroquias con los mismos frutos, ingresando a m\'e1s de 200,000 personas bajo la bandera de abstinencia. Dondequiera se cerraban las cantinas, destiler\'edas y cervecer\'edas y los due\'f1os fueron forzados a buscar alg\'fan otro oficio para ganarse la vida. No fue por causa de ninguna ley estricta, sino poLVAL rque toda la gente hab\'eda dejado de tomar bebidas alcoh\'f3licas por estar plenamente convencidos que eran perjudiciales a sus cuerpos, adversas a su felicidad y ruinosas a sus almas.\par La convicci\'f3n era tan un\'e1nime en muchos lugares que la \'faltima noche que pas\'e9 en medio de ellos, los comerciantes hac\'edan pir\'e1mides de todos sus barriles de ron, cerveza, vino y brandy en las plazas p\'fablicas y me invitaban a encenderlos mientras los esposos y esposas, los padres y los ni\'f1os de los borrachos redimidos romp\'edan el aire con gritos de gozo ante la destrucci\'f3n de su enemigo y el fuego sub\'eda en fuertes llamas. Uno de los comerciantes me dio una hacha para desfondar el \'faltimo barril de ron. Despu\'e9s que se vaci\'f3 la \'faltima gota, me sub\'ed en \'e9l para dirigir algunas palabras de despedida a la gente.\par Lo \'fanico que echaba a perder ese gozo, eran los honores exagerados y las alabanzas inmerecidas con que fui literalmente inundado. Al principio, cuando fui obligado a recibir una ovaci\'f3n de los curas y la gente, me qued\'e9 confundido, porque sent\'ed tan profundamente que no merec\'eda semejantes honores. Pero todav\'eda peor, a fines de mayo de 1849, el juez Mondelet fue escogido por los obispos, los sacerdotes y la ciudad de Montreal en presencia de 15,000 personas para presentarme una medalla de oro y un regalo de cuatrocientos d\'f3lares.\par Pero la sorpresa m\'e1s grande vino a fines de junio de 1850 cuando fui delegado por 40,000 abstemios a presentar al Parlamento de Toronto una petici\'f3n para responsabilizar a los vendedores de ron por los estragos causado a las familias de los pobres borrachos a quienes ellos hab\'edan vendido sus drogas venenosas. La C\'e1mara de los Comunes amablemente designaron un comit\'e9 de diez miembros para ayudarme a formular ese proyecto de ley que f\'e1cilmente fue aprobado por las tres ramas. Yo estaba presente cuando ese proyecto se convirti\'f3 en ley, dando a las v\'edctimas inocentes de padres o esposos borracLVAL hos una indemnizaci\'f3n por parte de los estafadores de terrenos que se hab\'edan enriquecido de su pobreza y miserias indecibles.\par Cuando en mayo de 1850 el Arzobispo Turgeon de Q\'fcebec mand\'f3 al Rev. Carlos Baillargeon, cura de Q\'fcebec, a Roma para ser nombrado su sucesor, le aconsej\'f3 pasar a Longueuil para obtener de m\'ed una carta que \'e9l podr\'eda presentar al Papa con una copia de mi Manual de Abstinencia. Yo cumpl\'ed con su petici\'f3n y le escrib\'ed al Papa. Algunos meses despu\'e9s, recib\'ed estos renglones:\par Roma, 10 de agosto de 1850\par Rev. Sr. Ch\'edniquy\par Querido se\'f1or y amigo,\par El lunes 12 me fue concedida la primera oportunidad de tener una audiencia privada con el Pont\'edfice Soberano. Le present\'e9 tu libro con tu carta, los cuales \'e9l recibi\'f3 con todas las se\'f1as especiales de satisfacci\'f3n y aprobaci\'f3n. Luego me encarg\'f3 decirte que \'e9l te concede su bendici\'f3n apost\'f3lica a ti y a la obra santa de abstinencia que t\'fa prediques. Me considero dichoso por haber podido presentar de tu parte al Vicario de Jesucristo un libro que despu\'e9s de haber hecho tanto bien a mis compatriotas, ha podido sacar de sus labios venerables semejantes palabras solemnes de aprobaci\'f3n a las sociedades de abstinencia y de bendiciones sobre aquellos que son sus ap\'f3stoles. Tambi\'e9n es para mi coraz\'f3n un placer muy dulce transmit\'edrtelos.\par Tu amigo,\par Carlos Baillargeon\par Sacerdote\par Un corto tiempo antes de recibir esta carta de Roma, el Obispo Bourget de Montreal me dio oficialmente el t\'edtulo de Ap\'f3stol de Abstinencia en el siguiente documento:\par Ignacio Bourget, por la misericordia y gracia divina de la sede apost\'f3lica, Obispo de Montreal,\par A todos los que examinan la presente carta, notificamos y certificamos que el venerable Carlos Ch\'edniquy, Ap\'f3stol de Abstinencia, sacerdote de nuestra di\'f3cesis es muy conocido por nosotros y consideramos que ha demostrado que vive una vida loable y conforme aLVAL  su profesi\'f3n eclesi\'e1stica. Por medio de las misericordias de nuestro Dios, no se halla bajo ninguna censura eclesi\'e1stica, por lo menos seg\'fan nuestro conocimiento. Suplicamos a todos y cada uno, Arzobispos, obispos y otros dignatarios de la Iglesia a quienes \'e9l visitara, que por el amor de Cristo lo reciban amable y atentamente; que tan frecuentemente como \'e9l se los pida, se le permiten celebrar el santo sacrificio de la misa y ejercer otros privilegios eclesi\'e1sticos de piedad ya que nosotros estamos dispuestos a concederle estos y otros privilegios mayores. Para confirmar esto, hemos ordenado que las presentes cartas sean preparada con nuestra firma y sello y con la subscripci\'f3n de nuestro secretario en nuestro palacio del Bendito Santiago en el a\'f1o de 1850 a 6 de junio.\par + IGNACIO, Obispo de Marian\'e1polis Por orden del m\'e1s ilustre y m\'e1s Reverendo Obispo de Marian\'e1polis, D.D.,\par + J.O. Pare, Canon, Secretario\par Ningunas palabras de mi pluma pueden dar una idea de la angustia y verg\'fcenza que sent\'ed ante estos honores y alabanzas p\'fablicos inmerecidos, porque cuando mi orgullo natural estaba a punto de enga\'f1arme, ah\'ed estaba mi conciencia clamando con una voz muy fuerte: \endash Ch\'edniquy, t\'fa eres un pecador indigno de semejantes alabanzas y honores.Otra seria ansiedad para m\'ed era el flujo constante de grandes cantidades de dinero de las manos de mis tan amables y agradecidos compatriotas reformados a las m\'edas. Ese dinero pronto me hubiera hecho el hombre m\'e1s rico de Canad\'e1. Pero confieso que al estar en la presencia de Dios, baj\'e9 al fondo de mi coraz\'f3n para ver si estaba lo suficiente fuerte para llevar semejante peso reluciente y me encontr\'e9 demasiado d\'e9bil.\par Cuando ten\'eda s\'f3lo dieciocho a\'f1os, mi querido y venerable benefactor, el Rev. Sr. Leprohon, director del colegio de Nicolet, me hab\'eda dicho algo que nunca he olvidado: \endash Ch\'edniquy, estoy seguro que si t\'fa fueras lo que llamamos un hoLVALmbre pr\'f3spero en el mundo, es probable que tendr\'edas muchas oportunidades para enriquecerte. Pero cuando la plata y el oro fluyan en tus manos, no los amontones ni los guardes. Porque si pones en ellos tus afectos, ser\'e1s miserable en este mundo y condenado en el venidero. Reg\'e1lalos mientras vivas; entonces, ser\'e1s bendecido por Dios y el hombre y t\'fa ser\'e1s bendecido por tu propia conciencia. Descansar\'e1s en paz y morir\'e1s en gozo.\par Nunca he olvidado estas solemnes advertencias de uno de los m\'e1s sabios y mejores amigos que Dios me dio. Las encontr\'e9 corroboradas en cada p\'e1gina de esa Biblia que amaba y estudiaba cada d\'eda. Tambi\'e9n las encontr\'e9 escritos en mi coraz\'f3n. Entonces de rodillas, sin hacer un voto absoluto, hice la resoluci\'f3n de guardar s\'f3lo lo que necesitar\'eda para mi sost\'e9n diario y dar lo dem\'e1s a los pobres o para alg\'fan proyecto Cristiano o patri\'f3tico.\par Yo guard\'e9 mi promesa. El dinero que me dio el Parlamento, no permaneci\'f3 m\'e1s de tres semanas en mi mano. En Canad\'e1, nunca guard\'e9 un solo centavo en las cajas fuertes de ning\'fan banco y cuando sal\'ed hacia Illinois en el oto\'f1o de 1851, en lugar de llevar conmigo una fortuna, que hubiera podido hacer f\'e1cilmente, apenas ten\'eda 1,500 d\'f3lares en mi mano, el precio de una parte de mi biblioteca que pesaba demasiado para llevarla tan lejos.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 El 15 de agosto de 1850, prediqu\'e9 en la catedral de Montreal sobre el poder de la bendita Virgen Mar\'eda en el cielo para interceder por los pecadores. Nada parec\'eda m\'e1s natural que orar a ella y confiar en su protecci\'f3n. Por supuesto, mi discurso era m\'e1s sentimental que b\'edblico, pero entonces yo cre\'eda sinceramente lo que dec\'eda.\par \endash\'bfQui\'e9n entre ustedes, mi queridos hermanos, \endash dije a la gente, \endash rehusar\'eda cualquier demanda razonable de una madre amada? \'bfQui\'e9n entristecer\'eda a su coraz\'f3n amoroso rehus\'e1ndole una petici\'f3n cuando tiene el poder para conced\'e9rsela? Por mi parte, si viviera todav\'eda mi madre amada, yo preferir\'eda que me machacaran la mano derecha y la quemaran hasta cenizas o que me cortaran la lengua antes de decir no a mi madre, pidi\'e9ndome cualquier favor que yo pudiera otorgarle.\par \endash Este respeto y obediencia a nuestras madres, Cristo Jes\'fas, el Hijo de Dios, lo practic\'f3 a la perfecci\'f3n. Aunque era Dios y hombre, \'e9l viv\'eda en perfecta sumisi\'f3n a la voluntad de su madre. El Evangelio dice en referencia a sus padres, Jos\'e9 y Mar\'eda: El estaba sujeto a ellos (\cf1\ul Luk_2:51\cf0\ulnone ). \'a1Cu\'e1n grandiosa y resplandeciente revelaci\'f3n tenemos en estas pocas palabras: Jes\'fas estaba sujeto a Mar\'eda! No est\'e1 escrito que Jes\'fas es el mismo ayer, hoy y para siempre? (\cf1\ul Heb_13:8\cf0\ulnone ) El no ha cambiado. Es todav\'eda el hijo de Mar\'eda hoy, as\'ed como lo era a la edad de doce a\'f1os. Por esta raz\'f3n nuestra santa Iglesia nos invita a poner nuestra confianza ilimitada en su intercesi\'f3n. Puesto que Jes\'fas siempre le concede sus peticiones, presentemos nuestras peticiones a ella si queremos recibir los favores que deseamos.\par \endash La segunda raz\'f3LVALn por la que todos tenemos que acudir a Mar\'eda es porque somos pecadores rebeldes ante los ojos de Dios. Jesucristo ciertamente es nuestro Salvador, pero tambi\'e9n es un Dios infinitamente justo e infinitamente santo. El aborrece nuestros pecados con un odio infinito.\par \endash Si le hubi\'e9ramos amado y servido fielmente, podr\'edamos acudir a \'e9l con la esperanza y seguridad de ser bienvenidos. Pero le hemos olvidado y ofendido; hemos pisoteado su sangre debajo de nuestros pies; nos hemos unido con aquellos que lo clavaron en la cruz; hemos traspasado su coraz\'f3n con la lanza y derramado su sangre hasta la \'faltima gota. \'bfC\'f3mo osar\'edamos acercarnos a \'e9l y cruzar nuestra mirada con la de \'e9l? Por esta raz\'f3n, nuestra santa Iglesia, hablando a trav\'e9s de su infalible Pont\'edfice Supremo, el Vicario de Cristo, Gregorio XVI, nos ha dicho de la manera m\'e1s solemne que Mar\'eda es la \'fanica esperanza de los pecadores.\par Concluyendo mis argumentos, agregu\'e9: \endash Jes\'fas tiene mil razones buenas para rehusar nuestras peticiones, si somos tan descarados como para hablarle nosotros mismos. Pero miren a la diestra de nuestro rey ofendido y he aqu\'ed su querida y divina madre. Ella es la madre de ustedes tambi\'e9n, porque es a todos nosotros igual que a Juan que Cristo dijo en la cruz, refiri\'e9ndose a Mar\'eda: He aqu\'ed, t\'fa madre. (\cf1\ul Joh_19:27\cf0\ulnone ) Jes\'fas nunca ha rehusado un favor pedido por la Reina del Cielo. El no puede reprender a su madre; acudamos a ella y pid\'e1mosle que sea nuestra abogada para que defienda nuestra causa y ella lo har\'e1. Pidamos a ella nuestro perd\'f3n y ella lo obtendr\'e1.\par Mi serm\'f3n hab\'eda hecho una visible y profunda impresi\'f3n. El Obispo Prince me dio las gracias y me felicit\'f3 por el buen efecto que se vio en la gente. Sinceramente cre\'ed que hab\'eda dicho lo m\'e1s verdadero y correcto delante de Dios.\par Antes de dormir, tom\'e9 mi Biblia como siempre y me arrodill\'e9 delante de Dios. Le\LVAL'ed el cap\'edtulo doce de Mateo con un coraz\'f3n devoto y un sincero deseo de entender. Extra\'f1amente, cuando llegu\'e9 al vers\'edculo cuarenta y seis sent\'ed una admiraci\'f3n misteriosa como si hubiera entrado por primera vez a una tierra muy nueva y santa.\par Aunque hab\'eda le\'eddo ese vers\'edculo y los que siguen muchas veces, llegaron a mi mente con una frescura como si nunca los hubiera le\'eddo antes. Lentamente y con intensa atenci\'f3n, contempl\'e9 la llegada de Mar\'eda a la casa para encontrarse con su divino hijo que hab\'eda estado tanto tiempo ausente de ella. \'a1Mi coraz\'f3n palpitaba de gozo ante el privilegio de presenciar esa entrevista y o\'edr las respetuosas palabras que Jes\'fas dirigir\'eda a su madre!\par Con mi coraz\'f3n y alma estremecidos con estos sentimientos, le\'ed lentamente:\par \ldblquote Mientras \'e9l a\'fan hablaba a la gente, he aqu\'ed su madre y sus hermanos estaban afuera y quer\'edan hablarle. Y le dijo uno: He aqu\'ed, tu madre y tus hermanos est\'e1n fuera y quieren hablarte. Respondiendo \'e9l a quien le dec\'eda esto, dijo: \'bfQui\'e9n es mi madre y qui\'e9nes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus disc\'edpulos, dijo: \'a1He aqu\'ed, mi madre y mis hermanos! Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que est\'e1 en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.\rdblquote (\cf1\ul Mat_12:46-50\cf0\ulnone )\par Apenas termin\'e9 de leer el \'faltimo vers\'edculo cuando grandes gotas de sudor empezaron a fluir por mi rostro, mi coraz\'f3n lat\'eda con tremenda velocidad y casi me desmay\'e9. Me sent\'e9 en mi sill\'f3n esperando en cualquier momento caer al suelo. S\'f3lo los que han o\'eddo el ruido tronante de las cataratas de Ni\'e1gara y han sentido el temblor de las rocas debajo de sus pies tienen idea de lo que sent\'ed en esa hora de agon\'eda. Mi conciencia retumbaba como la voz de mil Ni\'e1garas dici\'e9ndome: \endash Predicaste una mentira sacr\'edlega esta ma\'f1ana cuando dijiste a tu congregaci\'f3nLVAL ignorante y enga\'f1ada que Jes\'fas siempre le concede las peticiones de su madre, Mar\'eda. \'bfNo te da verg\'fcenza enga\'f1arte a ti mismo y a tus pobres compatriotas con semejantes falsedades absurdas?\par \endash Leelo nuevamente y comprende que lejos de concederle todas sus peticiones a Mar\'eda, Jes\'fas siempre, excepto como ni\'f1o, ha dicho no a su peticiones. Cuando ella le ped\'eda algo en p\'fablico, \'e9l siempre la reprend\'eda. \'bfLe falt\'f3 amor y respeto cuando le dio esa reprensi\'f3n? \'a1No! Nunca un hijo hab\'eda amado y respetado m\'e1s a su madre que \'e9l, pero era una protesta solemne contra la adoraci\'f3n blasfema a Mar\'eda como se practica en la Iglesia de Roma.\par Me sent\'ed tan confundido por la voz que me conmov\'eda hasta los huesos que pens\'e9 por un momento que estaba pose\'eddo por un demonio. \endash\'a1Dios m\'edo! \endash clam\'e9, \endash\'a1Ten misericordia de m\'ed! \'a1Soc\'f3rreme! \'a1S\'e1lvame de las manos de mis enemigos! R\'e1pido como un rel\'e1mpago vino la respuesta: \endash No es la voz de Satan\'e1s la que oyes. Soy Yo, tu Salvador y tu Dios el que hablo. Lee c\'f3mo Marcos, Lucas y Juan te dicen c\'f3mo yo recib\'eda sus peticiones desde el d\'eda en que comenc\'e9 a trabajar y hablar p\'fablicamente como el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.\par Tom\'e9 mi Biblia y le\'ed:\par Viniendo despu\'e9s su madre y sus hermanos y qued\'e1ndose afuera, enviaron a llamarle y la gente que estaba alrededor de \'e9l le dijo: Tu madre y tus hermanos est\'e1n afuera y te buscan. El les respondi\'f3 diciendo: \'bfQui\'e9n es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de \'e9l, dijo: He aqu\'ed, mi madre y mis hermanos; porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre. (\cf1\ul Mar_3:31-35\cf0\ulnone )\par La voz sigui\'f3: \endash\'bfNo ves que predicas una mentira blasfema cada vez que dices que Jes\'fas siempre conced\'eda las peticiones de su madre? Nuevamente, impotente parLVALa aplacar los pensamientos que despiadadamente conmov\'edan mi fe y derribaban el respeto que ten\'eda por mi Iglesia, vino a mi mente que San Lucas narra esta entrevista de una manera muy diferente. Pero, \'bfC\'f3mo hallar\'e9 palabras para expresar mi angustia cuando vi que la reprensi\'f3n de Jesucristo fue expresada de una manera a\'fan m\'e1s severa por San Lucas!\par Estos tres parec\'edan decirme: \'bfC\'f3mo te atreves a predicar junto con tu Iglesia ap\'f3stata y mentirosa que Jes\'fas siempre conced\'eda las peticiones de Mar\'eda, cuando nosotros fuimos ordenados por Dios a escribir y proclamar que todas las peticiones p\'fablicas que ella le present\'f3 cuando trabajaba como el Hijo de Dios y el Salvador del mundo, fueron contestadas por una reprensi\'f3n p\'fablica.\par \'bfQu\'e9 pod\'eda responder? Temblando de cabeza a pies, ca\'ed de rodillas clamando a la Virgen Mar\'eda que acudiera a mi auxilio y le ped\'ed que no sucumbiera a esta tentaci\'f3n y perdiera mi fe y confianza en ella. Pero entre m\'e1s oraba, m\'e1s fuerte la voz parec\'eda decirme: \endash\'bfC\'f3mo te atreves a predicar semejante mentira cuando nosotros te decimos lo contrario por orden de Dios mismo!\par En vano lloraba, oraba, clamaba y luchaba desde las diez de la noche hasta las tres de la ma\'f1ana. De repente, el milagro de cambiar el agua en vino que Cristo hizo a petici\'f3n de su madre vino a mi mente. Sent\'ed una esperanza moment\'e1nea de que en este caso el Salvador hab\'eda obedecido a las demandas de su Santa Madre. Ansiosamente abr\'ed mi Biblia y le\'ed:\par Al tercer d\'eda se hicieron unas bodas en Can\'e1 de Galilea y estaba all\'ed la madre de Jes\'fas. Y fueron tambi\'e9n invitados a las bodas Jes\'fas y sus disc\'edpulos. Y faltando el vino, la madre de Jes\'fas le dijo: No tienen vino. Jes\'fas le dijo: \'bfQu\'e9 tienes conmigo, mujer? A\'fan no ha venido mi hora. Su madre dijo a los que serv\'edan: Haced todo lo que os dijere. (\cf1\ul Joh_2:1-5\cf0\ulnone )\par Yo siempre aceptaba eLVALse texto como prueba de que el primer\'edsimo milagro de Jesucristo fue hecho a petici\'f3n de su madre. Yo estaba prepar\'e1ndome para responder a los tres testigos: \endash Aqu\'ed est\'e1 la prueba de mi confianza en la intercesi\'f3n de Mar\'eda; aqu\'ed est\'e1 el sello de su irresistible poder sobrehumano sobre su hijo divino. \'a1Aqu\'ed est\'e1 la evidencia innegable que Jes\'fas no puede rehusar cosa alguna que su madre le pida!\par Armado con estas explicaciones de la Iglesia, estaba a punto de confrontar lo que San Mateo, San Marcos y San Lucas me dec\'edan cuando de repente, vino a mi mente un pensamiento angustioso como si los tres testigos me dijeran: \'bfC\'f3mo puedes estar tan ciego como para no ver que en lugar de ser un favor concedido a Mar\'eda, este primer milagro es la primera oportunidad escogida por Cristo para protestar en contra de la intercesi\'f3n de ella! Es una advertencia solemne a Mar\'eda a nunca interponerse ante las necesidades de otros y para nosotros a nunca confiar en su intervenci\'f3n. Aqu\'ed, Mar\'eda evidentemente llena de compasi\'f3n por esa pobre gente que no ten\'eda los medios para proveer el vino para los invitados que hab\'edan venido con Jes\'fas, quiere que su hijo les d\'e9 lo que les hac\'eda falta. \'bfC\'f3mo responde Cristo a su petici\'f3n? El responde con una reprensi\'f3n, una solemne reprensi\'f3n... En lugar de decir: S\'ed, Madre, har\'e9 lo que deseas; \'e9l dice: \'a1Mujer! \'bfQu\'e9 tienes conmigo?. Esto claramente significa: Mujer, no tienes nada que ver en este asunto. No quiero que te interpongas entre las necesidades de la humanidad y yo. No quiero que el mundo crea que t\'fa tengas alg\'fan derecho, poder o influencia sobre m\'ed o m\'e1s compasi\'f3n ante las miserias del hombre de la que yo tengo. Mujer, es solamente a m\'ed a quien los hijos perdidos de Ad\'e1n tienen que acudir para ser salvos. \'bfQu\'e9 tienes conmigo en mi gran obra de salvar a este mundo perdido? Nada, absolutamente nada. Yo vengo a cumplir, no tu voluntLVALad, sino la voluntad de mi Padre.\par Esto es lo que Jes\'fas quiso decir con la solemne reprensi\'f3n que dio a Mar\'eda. Quer\'eda desterrar toda idea de que ella se convertir\'eda en intercesora entre el hombre y Cristo. El quer\'eda protestar contra la doctrina de la Iglesia de Roma. Mar\'eda lo entendi\'f3 bien, porque ella dijo: Haced todo lo que \'e9l os dijere. Nunca vengan a m\'ed, vayan a \'e9l.\par Porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. (\cf1\ul Act_4:12\cf0\ulnone )\par Cada uno de estos pensamientos golpe\'f3 contra mi alma angustiada como un hurac\'e1n. Cada frase era como el resplandor de rel\'e1mpagos en una noche oscura. Hasta el amanecer, me sent\'ed impotente contra los esfuerzos de Dios de destruir y derribar la inmensa fortaleza de los sofismos, falsedades e idolatr\'edas que Roma hab\'eda construido alrededor de mi alma. \'a1Qu\'e9 cosa tan horrenda es luchar contra el Se\'f1or!\par Durante las largas horas de esa noche, mi Dios contend\'eda conmigo y yo luchaba contra \'e9l. Pero aunque todo se derrumb\'f3 hasta el polvo, no fui vencido. Mi entendimiento estaba casi convencido, pero mi voluntad rebelde y orgullosa no estaba dispuesta a rendirse.\par Por la ma\'f1ana mis ojos estaban rojos y mi cara hinchada y en el desayuno el Obispo Prince me dijo: \endash Tus ojos se ven como si hubieras llorado toda la noche.\par \endash Su Se\'f1or\'eda tiene raz\'f3n al pensar que he llorado toda la noche, \endash le respond\'ed. (El Obispo Prince hab\'eda sido mi amigo personal desde el tiempo en que entr\'e9 al Colegio Nicolet donde \'e9l hab\'eda sido profesor de ret\'f3rica.)\par El obispo replic\'f3: \endash\'bfPuedo saber la causa de tu dolor?\par \endash S\'ed, mi se\'f1or, \endash le dije, \endash las tentaciones m\'e1s horribles contra nuestra santa religi\'f3n me asaltaron toda la noche. Usted me felicit\'f3 ayer al comprobar que Jes\'fas siempre concede las peticiones de su madre y que \'e9l no puede rehusarle ning\'fan favLVALor. Toda la noche se me ha dicho que esta es una mentira blasfema. Por medio de las Escrituras he sido casi convencido que usted y yo como tambi\'e9n nuestra santa Iglesia predicamos una falsedad blasfema siempre que proclamamos las doctrinas de la adoraci\'f3n a Mar\'eda.\par El pobre obispo pronto respondi\'f3: \endash Espero que no has cedido a esas tentaciones para convertirte en Protestante como tantos de tus enemigos susurran.\par Es mi esperanza, mi se\'f1or, \endash le contest\'e9, \endash que nuestro Dios misericordioso me guardar\'e1 hasta el fin de mi vida como un sumiso y fiel sacerdote de nuestra santa Iglesia. Sin embargo, no puedo ocultar de Su Se\'f1or\'eda que mi fe fue terriblemente conmovida anoche. Como obispo, su porci\'f3n de luz y sabidur\'eda ha de ser mayor que la m\'eda. Por favor, \'bfC\'f3mo reconcilia usted esa proposici\'f3n con este texto. Le di el Evangelio de Mateo se\'f1al\'e1ndole los \'faltimos cinco vers\'edculos del cap\'edtulo doce.\par El los ley\'f3 y dijo: \endash Ahora, \'bfQu\'e9 quieres saber?\par \endash Mi se\'f1or, \endash le dije, \endash quiero preguntarle respetuosamente, \'bfC\'f3mo podemos decir que Jes\'fas siempre ha concedido las peticiones de su madre cuando este Evangelio dice exactamente lo opuesto? \'bfNo debemos temer que proclamamos una falsedad blasfema cuando apoyamos una proposici\'f3n que contradice directamente al Evangelio?\par El pobre obispo parec\'eda estar absolutamente confundido por esta sencilla y honesta pregunta. Yo tambi\'e9n me sent\'eda confundido y triste por su humillaci\'f3n. Empezando una frase se daba por vencido o intentando usar argumentos, no pod\'eda llegar a una conclusi\'f3n. Me parec\'eda que \'e9l nunca hab\'eda le\'eddo ese texto o, como yo y el resto de los sacerdotes de Roma, nunca hab\'eda notado que derrumbaba completamente a la adoraci\'f3n a Mar\'eda. Para ayudarle a salir de las dificultades en las cuales le hab\'eda empujado, en seguida le dije: \endash Mi se\'f1or, \'bfMe permite hacerle algunasLVAL preguntas?\par \endash Con gusto, \endash respondi\'f3.\par \endash Bien, mi se\'f1or, \'bfQui\'e9n vino a este mundo para salvar a usted y a m\'ed, Jes\'fas o Mar\'eda?\par El obispo respondi\'f3: \endash Fue Jes\'fas.\par Luego le pregunt\'e9: \endash Cuando Jes\'fas y Mar\'eda estaban en la tierra, \'bfQui\'e9n am\'f3 a los pecadores con un amor m\'e1s salvador y eficaz?\par \endash Jes\'fas siendo Dios, su amor evidentemente era m\'e1s eficaz y salvador que el de Mar\'eda, \endash respondi\'f3 el obispo.\par \endash Y, \'bfA qui\'e9n invit\'f3 Jes\'fas a los pecadores para buscar su salvaci\'f3n, a s\'ed mismo o a Mar\'eda? \endash pregunt\'e9 nuevamente.\par El obispo contest\'f3: \endash Jes\'fas dijo, venid a m\'ed. Nunca dijo que fueran a Mar\'eda.\par \endash\'bfTenemos alg\'fan ejemplo en las Escrituras de pecadores, temiendo ser reprendidos por Jes\'fas, que hayan ido a Mar\'eda para obtener acceso a Jes\'fas por medio de ella y que hayan sido salvados por medio de su intercesi\'f3n?\par \endash No recuerdo ning\'fan caso, \endash replic\'f3 el obispo.\par \endash Entonces, \endash le pregunt\'e9: \endash\'bfA qui\'e9n se dirigi\'f3 el malhechor penitente en la cruz para ser salvo, a Jes\'fas o a Mar\'eda?\par \endash A Jes\'fas, \endash replic\'f3 el obispo.\par \endash\'bfHizo bien el malhechor penitente en dirigirse a Jes\'fas en la cruz en lugar de Mar\'eda, quien estaba a sus pies?\par \endash Seguramente hizo mejor, \endash respondi\'f3 el obispo.\par \endash Ahora, mi se\'f1or, \endash le dije, \endash perm\'edteme hacerle una sola pregunta m\'e1s. Por favor, d\'edgame, \'bfCree usted que ahora que Jes\'fas est\'e1 en el cielo sentado a la diestra de su Padre, habr\'e1 perdido algo de su amor, superior y misericordioso, por los pecadores? Y si es as\'ed, \'bfPuede comprobar que lo que perdi\'f3 Jes\'fas, lo haya ganado Mar\'eda?\par \endash No creo que Cristo haya perdido nada de su amor ni poder para salvarnos ahora que est\'e1 en el cielo, \endash respondi\'f3 el obLVALispo.\par \endash Ahora, mi se\'f1or, \endash le dije, \endash si Jes\'fas es todav\'eda mi mejor amigo, mi amigo m\'e1s misericordioso y amoroso, \'bfPor qu\'e9 no debo acudir directamente a \'e9l? \'bfPor qu\'e9 debemos por un solo momento acudir a alguien que est\'e1 infinitamente inferior en poder, amor y misericordia para obtener nuestra salvaci\'f3n?\par El obispo estaba pasmado por mis preguntas. Tartamude\'f3 una respuesta ininteligible y se disculp\'f3 a causa de alg\'fan asunto pendiente. Extendi\'e9ndome la mano antes de salir, dijo: \endash Hallar\'e1s la respuesta a tus preguntas y dificultades en los Santos Padres.\par \endash\'bfMe puede prestar los Santos Padres, mi se\'f1or?\par Replic\'f3: \endash No, se\'f1or, no los tengo.\par Esta \'faltima respuesta de mi obispo dej\'f3 mi mente en un estado de gran angustia. Con el sincero deseo de hallar en los Santo Padres alguna explicaci\'f3n para disipar mi dudas penosas, fui inmediatamente al Sr. Fabre el gran librero de Montreal, quien obtuvo de Francia la edici\'f3n espl\'e9ndida de los Santos Padres por Migne. Yo estudi\'e9 con suma atenci\'f3n cada p\'e1gina donde pudiera hallar lo que ellos ense\'f1aban sobre la adoraci\'f3n a Mar\'eda y la doctrina de que Jesucristo nunca le hab\'eda rehusado ninguna petici\'f3n dirigida a ella.\par \'a1Cu\'e1l fue mi desolaci\'f3n y verg\'fcenza al descubrir que los Santos Padres de los primeros seis siglos nunca pregonaron la adoraci\'f3n a Mar\'eda. Las muchas p\'e1ginas elocuentes sobre el poder de Mar\'eda en el cielo y su amor por los pecadores halladas en mis te\'f3logos y otros libros asc\'e9ticos, que hab\'eda le\'eddo antes, no eran m\'e1s que mentiras impudentes, adiciones intercaladas en sus obras cien a\'f1os despu\'e9s de su muerte. Despu\'e9s de descubrir estas falsificaciones de las cuales mi Iglesia era culpable, cu\'e1ntas veces en el silencio de mis largas noches de estudio y meditaci\'f3n devocional o\'eda una voz dici\'e9ndome: \endash\'a1Sal fuera de Babilonia!\par Pero, LVAL\'bfA d\'f3nde podr\'eda ir? \'bfPodr\'eda hallar fuera de la Iglesia de Roma esa salvaci\'f3n que se encontraba solamente dentro de sus muros? Yo dec\'eda a m\'ed mismo: \endash Ciertamente hay algunos errores en mi querida Iglesia, pero, \'bfNo hallar\'eda errores todav\'eda m\'e1s condenables entre los cientos de iglesias Protestantes que bajo los nombres de Episcopales, Bautistas, Presbiterianos, Metodistas, etc. est\'e1n divididas y subdivididas en veintenas de sectas desde\'f1ables y que se anatemizan y se denuncian unos a otros delante del mundo?\par Mis ideas de la gran familia de las iglesias evang\'e9licas compuestas bajo el nombre general de Protestantismo era en aquel entonces tan exagerado que era absolutamente imposible para m\'ed hallar en ellos esa unidad que yo consideraba tan esencial a la Iglesia de Cristo. La hora todav\'eda no hab\'eda llegado cuando mi querido Salvador me har\'eda entender sus palabras sublimes: Yo soy la vid verdadera y vosotros sois los p\'e1mpanos.\par Despu\'e9s, al estar debajo de una hermosa vid en mi jard\'edn lo entend\'ed. Nunca vi dos p\'e1mpanos iguales en esa vid prol\'edfica. Algunos p\'e1mpanos eran muy grandes, otros muy delgados, algunos muy largos, otros muy cortos, algunos subiendo, otros bajando, algunos rectos como una flecha,otros tan torcidos como un rel\'e1mpago, algunos volteados al occidente y otros al oriente. Pero aunque los p\'e1mpanos se defer\'edan unos de los otros en tantas formas, todos dieron excelente fruto entretanto que permanec\'edan unidos a la vid.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 El trabajo m\'e1s desconsolador de un sincero sacerdote Cat\'f3lico es el estudio de los Santos Padres. No da un solo paso en el laberinto de sus discusiones y controversias sin ver desvanecerse los sue\'f1os de sus estudios teol\'f3gicos y opiniones religiosas. Obligado por un juramento solemne a interpretar las Santas Escrituras solamente seg\'fan el consenso un\'e1nime de los Santos Padres, la primera cosa que le angustia es su absoluta falta de unanimidad sobre la mayor parte de los temas que discuten. Es un hecho que m\'e1s de 2/3 de lo que un Santo Padre escribi\'f3, fue para probar que lo que alg\'fan otro Santo Padre escribi\'f3 estaba equivocado o hereje.\par El estudiante de los Padres tambi\'e9n descubre que muchos de ellos contradicen a s\'ed mismos, que recientemente cambiaron de opini\'f3n, o que ahora sostienen como verdad salvadora lo que anteriormente condenaban como errores de herej\'eda. \'bfQu\'e9 ser\'e1 del juramento solemne de todo sacerdote ante este hecho innegable?\par Es cierto que en mis libros de teolog\'eda Cat\'f3lico-romana hab\'eda largos extractos de los Santos Padres apoyando y confirmando mi fe en esos dogmas. Por ejemplo, ten\'edan las liturgias apost\'f3licas de San Pedro, San Marcos y Santiago para probar que el sacrificio de la misa, el purgatorio, los rezos por los muertos, la transubstanciaci\'f3n eran cre\'eddos y ense\'f1ados desde los mismos d\'edas de los ap\'f3stoles. Pero grande fue mi asombro cuando descubr\'ed que esas liturgias no eran m\'e1s que una vil y atrevida falsificaci\'f3n presentada al mundo por los Papas y la Iglesia como verdades del Evangelio. No pude hallar palabras para expresar mis sentimientos de verg\'fcenza y consternaci\'f3n. \'bfQu\'e9 derecho tiene mi Iglesia de llamarse santa e infalible, cuando es p\'fablicamente culpable de semejantes mentiras.\par Desde mi infLVALancia, hab\'eda sido ense\'f1ado, igual que todo Cat\'f3lico-romano, que Mar\'eda es la Madre de Dios y muchas veces cada d\'eda rezaba a ella, diciendo: Santa Mar\'eda, Madre de Dios, ruega por m\'ed. Pero cu\'e1nta fue mi angustia cuando le\'ed en el Tratado sobre Fe y Credo por Agust\'edn, estas palabras: Cuando el Se\'f1or dijo: Mujer, \'bfQu\'e9 tienes conmigo? Mi hora no ha llegado., nos da a entender que en lo que respecta a \'e9l como Dios, para \'e9l no hab\'eda madre. Esto desmenuz\'f3 tan completamente las ense\'f1anzas de mi Iglesia, dici\'e9ndome que es una blasfemia llamar a Mar\'eda: Madre de Dios, que me sent\'ed at\'f3nito.\par Podr\'eda escribir varios tomos si mi plan fuera contar la historia de mis agon\'edas mentales al leer los Santos Padres. As\'ed herido, lo manifest\'e9 al Sr. Brassard, diciendo: \endash\'bfNo ve usted aqu\'ed la prueba indiscutible de lo que yo le he dicho muchas veces que durante los primeros seis siglos del Cristianismo no hallamos la menor evidencia de que hubiera semejante dogma del poder supremo y autoridad del obispo de Roma, ni de ning\'fan otro obispo, sobre el resto del mundo Cristiano?\par \endash Mi querido Ch\'edniquy, \endash respondi\'f3 el Sr. Brassard, \endash\'bfNo te dije, cuando compraste los Santos Padres, que estabas haciendo algo tonto y peligroso? Como t\'fa eres el \'fanico sacerdote en Canad\'e1 que tiene los Santos Padres, en muchas esferas se cree y se dice que los obtuviste por orgullo para elevarte por encima del resto del clero. Veo, con pesar, que est\'e1s perdiendo r\'e1pidamente el respeto del obispo y de los sacerdotes en general a causa de tu perseverancia indomitable en dedicar todo tu tiempo libre al estudio. Tambi\'e9n eres demasiado abierto e imprudente en hablar de lo que llamas las contradicciones de los Santos Padres y su falta de armon\'eda con algunas de nuestras opiniones religiosas.\par Muchos dicen que esta aplicaci\'f3n demasiada intensa al estudio, sin un solo momento de distracci\'f3n, trastornar\'e1 tu intLVALeligencia y afligir\'e1 tu mente. Aun susurran que no se sorprender\'edan si la lectura de la Biblia y los Santos Padres te conduzcan al abismo del Protestantismo. Yo s\'e9 que est\'e1n equivocados y har\'e9 todo lo que pueda para defenderte. Pero creo que, como tu amigo m\'e1s devoto, es mi deber decirte estas cosas y advert\'edrtelo antes de que sea demasiado tarde.\par Repliqu\'e9: \endash El Obispo Prince me dijo las mismas cosas y le dar\'e9 la misma respuesta que le di a \'e9l: Cuando usted ordena a un sacerdote, \'bfNo le obliga a jurar que nunca interpretar\'e1 las Santas Escrituras excepto seg\'fan el consenso un\'e1nime de los Santos Padres? \'bfC\'f3mo podemos saber su consenso un\'e1nime si no los estudiamos? \'bfNo es todav\'eda m\'e1s extra\'f1o que no s\'f3lo los sacerdote no estudian los Santos Padres, sino que el \'fanico en Canad\'e1 que intenta estudiarlos es ridiculizado y sospechado de herej\'eda? \'bfEs culpa m\'eda si esta piedra preciosa llamada Consenso un\'e1nime de los Santos Padres que es el mismo fundamento de nuestra creencia y ense\'f1anza religiosa, no se encuentre en ninguna parte? \'bfEs culpa m\'eda si Origen nunca crey\'f3 en el castigo eterno de los condenados; si San Cipriano neg\'f3 la autoridad suprema del obispo de Roma; si San Agust\'edn dice positivamente que nadie est\'e1 obligado a creer en el purgatorio; si San Juan Cris\'f3stomo neg\'f3 p\'fablicamente la obligaci\'f3n de la confesi\'f3n auricular y la presencia real del cuerpo de Cristo en la Eucarist\'eda? \'bfEs culpa m\'eda si uno de los Papas m\'e1s instruidos y santos, Gregorio Magno, haya llamado Anticristo\rdblquote a todos sus sucesores por tomar el t\'edtulo de Pont\'edfice Supremo y por intentar convencer al mundo que ellos, por autoridad divina, tienen una jurisdicci\'f3n y poder supremo sobre toda la Iglesia?\rdblquote\par \endash Y, \'bfQu\'e9 te contest\'f3 el obispo? \endash replic\'f3 el Sr. Brassard.\par \endash Igual que usted, expresando sus temores que el estudio de la Biblia y loLVALs Santos Padres me mandar\'eda a un manicomio o me conducir\'eda al abismo del Protestantismo.\par \endash Yo le contest\'e9: Entretanto que Dios mantenga sana mi inteligencia, nunca podr\'eda unirme a los Protestantes. Porque las sectas innumerables y rid\'edculas de esos herejes son el mejor ant\'eddoto contra sus errores venenosos. Permanecer\'e9 como buen Cat\'f3lico, no a causa de los Santos Padres y su unanimidad inexistente, sino a causa de la grandiosa unanimidad de los profetas, ap\'f3stoles y evangelistas con Jesucristo. Mi fe ser\'e1 fundada no sobre las palabras falibles, oscuras y vacilantes de Origen, Tertuliano, Cris\'f3stomo, Agust\'edn o Jer\'f3nimo, sino en las palabras infalibles de Jes\'fas, el Hijo de Dios y sus escritores inspirados: Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pedro, Santiago y Pablo. Es Jes\'fas y no Origen quien me guiar\'e1 ahora, porque \'e9ste es un pecador como yo, pero aqu\'e9l es para siempre mi Salvador y mi Dios. Yo s\'e9 lo suficiente sobre los Santos Padres para asegurar a Su Se\'f1or\'eda que el juramento que hacemos de interpretar la palabra de Dios seg\'fan su consenso un\'e1nime es una pifia miserable, si no un perjurio blasfemo. Es evidente que P\'edo IV, quien impuso la obligaci\'f3n de este juramento sobre todos nosotros, nunca ley\'f3 un solo tomo de los Santos Padres. El no hubiera sido culpable de semejante pifia incre\'edble si hubiera supuesto que los Santos Padres est\'e1n un\'e1nimes en una sola cosa: de diferirse los unos de los otros en casi todo.\par \endash Y, \'bfQu\'e9 respondi\'f3 mi Sr. Prince a esto? \endash pregunt\'f3 el Sr. Brassard.\par \endash Igual que cuando le abord\'e9 sobre el tema de la Virgen Mar\'eda: mirando a su reloj, termin\'f3 bruscamente esa conversaci\'f3n, diciendo que ten\'eda una cita muy importante en esa misma hora.\par Poco tiempo despu\'e9s de esa penosa conversaci\'f3n sobre los Santos Padres, era la voluntad de mi Dios que una nueva flecha fuera clavada en mi conciencia Cat\'f3lico-romana. Fui invitado a dar un LVALcurso de tres sermones en Varennes. Iba saliendo de la iglesia con el cura cuando se encontr\'f3 con nosotros un hombre pobre vestido de harapos. Sus p\'e1lidos y temblorosos labios indicaban que fue reducido al grado m\'e1s bajo de miseria humana. Quitando su sombrero en se\'f1al de respeto por nosotros, dijo al Rev. Primeau con una voz temblorosa: \endash Usted sabe, se\'f1or, que mi esposa fue enterrada hace diez d\'edas. Yo estaba demasiado necesitado para mandar cantar un servicio f\'fanebre el d\'eda que fue enterrada. Temo que ella est\'e1 en el purgatorio, porque casi todas las noches en mis sue\'f1os la veo envuelta en llamas ardientes. Me grita por ayuda y me pide que mande cantar una misa mayor por el descanso de su alma. Vengo a suplicarle que sea tan amable de cantar esa misa mayor por ella.\par El cura respondi\'f3: \endash Por supuesto, su esposa est\'e1 en las llamas del purgatorio y sufre all\'ed torturas indecibles; pueden ser aliviadas solamente ofreciendo el santo sacrificio de la misa. D\'e9me cinco d\'f3lares y cantar\'e9 esa misa ma\'f1ana por la ma\'f1ana.\par \endash Usted sabe muy bien, se\'f1or Le Cure, \endash respondi\'f3 el pobre hombre en el tono m\'e1s suplicante, \endash que mi esposa y yo hemos estado enfermos la mayor parte del a\'f1o. \'a1Soy demasiado pobre para darle cinco d\'f3lares!\par \endash Si no puede pagar, no se puede cantar ninguna misa. Usted sabe las reglas; no est\'e1 en mi poder cambiarlas, \endash el cura dijo estas palabras en un tono altivo e insensible en contraste total con la angustia solemne del pobre hombre enfermo. Sus palabras me causaron mucha pena, porque sent\'ed compasi\'f3n por el hombre. Yo sab\'eda que el cura viv\'eda muy c\'f3modamente, estaba a la cabeza de una de las parroquias m\'e1s ricas de Canad\'e1 y que \'e9l ten\'eda varios miles de d\'f3lares en el banco. Yo esperaba, al principio que bondadosamente le concediera la petici\'f3n sin hablar del pago, pero fui decepcionado.\par Mi primer pensamiento, despu\'e9s de o\'edrLVAL esta dura reprensi\'f3n, era sacar de mi bolsa una de las varias monedas de cinco d\'f3lares oro que yo tra\'eda y d\'e1rsela al pobre hombre, pero fui impedido por el temor de insultar a este sacerdote que era mayor de edad que yo y por quien siempre ten\'eda gran respeto. Sab\'eda que \'e9l habr\'eda cre\'eddo que mi acci\'f3n fuera una condenaci\'f3n de su conducta.\par Mientras yo sent\'eda verg\'fcenza de mi propia cobard\'eda, le dijo al pobre hombre desconcertado: \endash Esa mujer es tu esposa, no la m\'eda; entonces, es responsabilidad suya y no m\'eda, procurar sacarla del purgatorio.\par Volteando a m\'ed, dijo muy amablemente: \endash Por favor, se\'f1or, vamos a merendar.\par Apenas empezamos a caminar cuando el pobre hombre, elevando su voz, dijo de una manera muy conmovedora: \endash No puedo dejar a mi pobre esposa en las llamas del purgatorio. Si no puede cantar una misa mayor, por favor, \'bfPodr\'eda decir cinco misas rezadas para rescatar su alma de esas llamas ardientes?\par El sacerdote volte\'f3 a \'e9l y le dijo: \endash S\'ed, puedo decir cinco misas para sacar el alma de su esposa del purgatorio, pero d\'e9me cinco chelines, porque usted sabe que el precio de una misa rezada es un chel\'edn.\par El pobre hombre respondi\'f3: \endash No puedo darle un d\'f3lar mucho menos cinco. No tengo ni un centavo y mis tres pobres ni\'f1itos est\'e1n desnudos y muri\'e9ndose de hambre.\par \endash\'a1Bien, bien! \endash dijo el cura, \endash cuando pas\'e9 esta ma\'f1ana por tu casa, vi a dos hermosos lechoncitos. D\'e9me uno de ellos y dir\'e9 cinco misas rezadas.\par El pobre hombre dijo: \endash Esos puerquitos me fueron regalados por un vecino caritativo para que yo los criara para alimentar a mis pobres hijos el pr\'f3ximo invierno. Seguramente morir\'e1n de hambre si le entrego mis puercos.\par Yo ya no pude soportar escuchar m\'e1s de ese extra\'f1o di\'e1logo. Estaba fuera de m\'ed con verg\'fcenza y repugnancia. Bruscamente dej\'e9 al mercader de almas terminar sus gangaLVAL s y entr\'e9 a mi rec\'e1mara, cerrando la puerta con llave y ca\'ed de rodillas para llorar hasta quedar satisfecho.\par Un cuarto de hora m\'e1s tarde, el cura llam\'f3 a mi puerta y dijo: \endash\'a1La merienda est\'e1 lista, por favor, baje!\par Le respond\'ed: \endash No me siento bien, quiero descansar. Por favor, disc\'falpeme si no meriendo esta noche.\par Se requerir\'eda una pluma m\'e1s elocuente que la m\'eda para contar la historia correcta de esa noche de insomnio. Las horas eran oscuras y largas. \endash\'a1Dios m\'edo, Dios m\'edo! \endash clam\'e9 mil veces, \endash\'bfSer\'e1 posible que en mi tan querida Iglesia de Roma, pudiera haber semejantes abominaciones como las que he visto hoy? \'a1Oh, cu\'e1n cruel, cu\'e1n despiadados somos nosotros tus sacerdotes si es que en verdad somos tus sacerdotes! \'bfNo es una blasfemia llamarnos tus sacerdotes cuando no solamente no sacrificamos nada de nosotros por salvar a esa alma, sino que dejamos a ese esposo y sus hu\'e9rfanos morir de hambre? \'bfQu\'e9 derecho tenemos de arrancar semejantes cantidades de dinero de tus pobres hijos para ayudarles a salir del purgatorio? \'bfNo dicen tus ap\'f3stoles que solamente tu sangre puede purificar el alma? Existir\'e1 en verdad semejante prisi\'f3n de fuego para los pecadores despu\'e9s de la muerte? Pues, ni t\'fa ni ninguno de tus ap\'f3stoles la mencionan. Varios de los Padres consideran que el purgatorio es de origen pagano. Tertuliano habl\'f3 de \'e9l s\'f3lo despu\'e9s de haber ingresado a la secta de los monta\'f1istas y confes\'f3 que no fue por las Escrituras, sino por la inspiraci\'f3n del Paracleto de Monta\'f1o, que \'e9l supo algo del purgatorio. Agust\'edn, el m\'e1s instruido y piadoso de los Santos Padres, afirma que no se halla el purgatorio en la Biblia y dice positivamente que su existencia es dudosa y que cada quien puede creer de ello como le parezca apropiado. \'bfSer\'e1 posible que yo sea tan mezquino como para rehusar a extender una mano de ayuda a ese pobre hombre anguLVAL!stiado por temor de ofender al cruel sacerdote? Nosotros los sacerdotes creemos y decimos que podemos ayudar a las almas salir del horno ardiente del purgatorio por nuestras oraciones y misas, pero en lugar de apresurarnos a rescatarlas, volteamos a sus padres, amigos o hijos de los difuntos y decimos: \endash\'a1D\'e9me cinco d\'f3lares, d\'e9me un chel\'edn y pondr\'e9 fin a esas torturas! \'a1Pero si reh\'fasan darnos ese dinero, dejamos a su padre, esposo, esposa, hijo o amigo soportar esas torturas, cientos de a\'f1os m\'e1s!\par Pas\'e9 la ma\'f1ana siguiente oyendo confesiones. Luego, di un serm\'f3n sobre la malicia del pecado, la causa del sufrimiento de Cristo en la cruz. Este serm\'f3n dio una feliz diversi\'f3n a mi mente. Despu\'e9s del serm\'f3n, el cura me tom\'f3 por la mano y me llev\'f3 al comedor donde me dio, a pesar de m\'ed mismo, el lugar de honor.\par El ten\'eda la reputaci\'f3n de tener una de las mejores cocineras de Canad\'e1. Los platillos delante de nuestros ojos no disminu\'edan su reputaci\'f3n. El primer platillo era un lech\'f3n rostizado con un arte y perfecci\'f3n como nunca hab\'eda visto. Parec\'eda un trozo de oro puro y su olor hubiera hecho agua a la boca del m\'e1s penitente anacoreta.\par No hab\'eda probado nada durante las previas veinticuatro horas y adem\'e1s delante de m\'ed estaba mi platillo favorito. Mi cuchillo y tenedor pronto hicieron su trabajo. Estaba a punto de meter el primer bocado suculento en mi boca cuando, de repente, el recuerdo del lech\'f3n de aquel pobre hombre vino a mi mente. Coloqu\'e9 el trozo en mi plato y con penosa ansiedad le dije al cura: \endash\'bfMe permite hacerle una pregunta acerca de este platillo?\par \endash\'a1Claro que s\'ed! Preg\'fantame no s\'f3lo una, sino dos preguntas y con gusto las contestar\'e9 lo mejor que pueda, \endash respondi\'f3 con sus finos modales.\par \endash\'bfEs \'e9ste el lech\'f3n del pobre hombre de ayer? \endash pregunt\'e9.\par Con un ataque de risa convulsiva replic\'f3: \endash\'a1LVALS\'ed, precisamente! \'a1Si no podemos sacar el alma de la pobre mujer de las llamas del purgatorio, en todo caso, s\'ed, comeremos un fino lech\'f3n! Los otros trece sacerdotes llenaron el sal\'f3n de risa para mostrar su aprecio por el ingenio de su anfitri\'f3n.\par Sin embargo, su risa no era de larga duraci\'f3n. Con un sentimiento de verg\'fcenza e indignaci\'f3n empuj\'e9 el plato con tal fuerza que cruz\'f3 la mesa y casi cay\'f3 al suelo, diciendo con una repugnancia que ninguna pluma puede describir: \endash Preferir\'eda morirme de hambre que comer este abominable platillo. Veo en \'e9l, las l\'e1grimas de ese pobre hombre; veo la sangre de sus ni\'f1os hambrientos y es el precio de un alma.\par \endash\'a1No, no, caballeros! \'a1No lo toquen! Usted sabe, se\'f1or cura, c\'f3mo 30,000 sacerdotes y monjes fueron exterminados en Francia en los d\'edas sangrientos de 1792. Fue por iniquidades semejantes a esta que el Dios Todopoderoso visit\'f3 la Iglesia en Francia. El mismo futuro nos espera aqu\'ed en Canad\'e1 el d\'eda que la gente se despierta de su sue\'f1o y vean que en lugar de ser ministros de Cristo, somos unos viles mercaderes de almas bajo el disfraz de religi\'f3n.\par El pobre cura aturdido por la solemnidad de mis palabras como tambi\'e9n por la culpa de su conciencia, murmur\'f3 una excusa. El lech\'f3n permaneci\'f3 sin tocarse y el resto de la comida ten\'eda m\'e1s la apariencia de una ceremonia f\'fanebre que de un convivio. Por la misericordia de Dios, hab\'eda redimido mi cobard\'eda del d\'eda anterior, pero hab\'eda herido mortalmente los sentimientos del cura y sus amigos y perd\'ed para siempre su buena voluntad.\line\line\par \par } LVAL #{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 El 15 de diciembre de 1850, recib\'ed una carta del obispo de Chicago, Oliv Vandeveld, pidi\'e9ndome que me uniese con \'e9l y llegara a ser su sucesor.\par Me cont\'f3 de las ricas tierras f\'e9rtiles de Illinois y del valle Mississippi. Es nuestra intenci\'f3n tomar posesi\'f3n, sin ruido, de esa vasta y magn\'edfica regi\'f3n en el nombre de nuestra santa Iglesia. escribi\'f3. Su plan era unir el flujo de inmigrantes Cat\'f3licos, franceses, canadienses y belgas esparcidos en las ciudades de los Estados Unidos y dirigirlos hacia los poblados de esta nueva regi\'f3n.\par \'bfPor qu\'e9 no les persuadimos a venir y tomar posesi\'f3n de estos estados f\'e9rtiles de Illinois, Missouri, Iowa, Kansas etc.? Pueden conseguir esas tierras ahora a un precio nominal. Si tenemos \'e9xito como esperamos tener, nuestra santa Iglesia pronto contar\'e1 sus hijos aqu\'ed por diez y veinte millones y por medio de sus n\'fameros, su riqueza y unidad, tendr\'e1 suficiente peso en el balance de poder para gobernar a todo, razon\'f3 el obispo.\par Sigui\'f3 explicando c\'f3mo este poder ser\'eda logrado y c\'f3mo este plan impedir\'eda la p\'e9rdida de fe entre los inmigrantes: Los Protestantes, siempre divididos entre s\'ed, nunca formar\'e1n un partido fuerte sin la ayuda del voto unido de nuestra gente Cat\'f3lica. Entonces en realidad, aunque no en apariencia, nuestra santa Iglesia gobernar\'e1 al mundo entero. Hoy, hay una ola de emigrantes de Canad\'e1 hacia los Estados Unidos que, si no se para o si no se dirige bien, amenaza echar la buena gente canadiense franc\'e9s al fango del Protestantismo. Tus compatriotas, una vez mezclados con las innumerables sectas que intentar\'e1n atraerles, son f\'e1cilmente conmovidos en su fe.\par En mi contestaci\'f3n, le dije que los obispos de Boston, Buffalo y Detroit ya me hab\'edan aconsejado a colocarme a lLVAL$a cabeza de la inmigraci\'f3n canadiense franc\'e9s para dirigir la marea hacia las vastas y ricas regiones del oeste. Le comuniqu\'e9 que yo, igual que \'e9l, sent\'eda que esto era la mejor manera para evitar que mis compatriotas cayeran en los lazos puestos ante ellos por los Protestantes.\par Le dije que lo considerar\'eda un gran honor y privilegio pasar el resto de mi vida extendiendo el poder e influencia de nuestra santa Iglesia en los Estados Unidos y que el pr\'f3ximo junio le presentar\'eda mis respetos en Chicago cuando fuera a visitar a la colonia de mis compatriotas en Bourbonnais Grove. A\'f1ad\'ed que despu\'e9s de haber visto esos territorios de Illinois y del valle Mississippi con mis propios ojos, ser\'eda m\'e1s f\'e1cil darle una respuesta definida.\par Termin\'e9 mi carta diciendo: Pero suplico respetuosamente a Su Se\'f1or\'eda que abandone la idea de escogerme como su coadjutor o sucesor. Ya dos veces he rehusado ser un obispo. Esa alta dignidad est\'e1 demasiado por encima de mis m\'e9ritos y capacidades para ser jam\'e1s aceptado por m\'ed. Estoy feliz y orgulloso de pelear las batallas de nuestra santa Iglesia; pero quisiera que mis superiores me permitan permanecer en sus rangos como un simple soldado para defender su honor y extender su poder. Quiz\'e1s, entonces, con la ayuda de Dios har\'e9 algo bueno; pues, siento que arruinar\'eda todo si fuese exaltado a una posici\'f3n tan elevada, de la cual no soy digno.\par Sin hablar a nadie de la proposici\'f3n del obispo de Chicago, empec\'e9 a prepararme para ir a ver el nuevo campo donde \'e9l quer\'eda que yo trabajara. Luego, a principios de mayo de 1851, recib\'ed una invitaci\'f3n muy urgente de mi Sr. Lefebre, Obispo de Detroit para dar unas conferencias sobre la abstinencia a los canadienses franceses que entonces formaban la mayor\'eda de los Cat\'f3lico-romanos de esa ciudad.\par Ese obispo hab\'eda reemplazado al Obispo Rese cuyos esc\'e1ndalos e infamias hab\'edan cubierto de verg\'fcenza a toda la Iglesia de AmLVAL%\'e9rica. Durante los \'faltimos a\'f1os que estuvo en su di\'f3cesis, transcurr\'edan pocas semanas sin ser recogido, bestialmente borracho, de las cantinas m\'e1s bajas y aun de las calles de Detroit y arrastrado inconsciente a su palacio. Despu\'e9s de largos y vanos esfuerzos de reformarlo, el Papa y los obispos de Am\'e9rica, felizmente, tuvieron \'e9xito en convencerlo ir a Roma a presentar sus respetos al supuesto Vicario de Jesucristo. Apenas pisaron sus pies en Roma cuando los inquisitores le echaron en uno de sus calabozos donde permaneci\'f3 hasta que los Republicanos le pusieron en libertad en 1848, despu\'e9s que el Papa P\'edo IX huy\'f3 a Civita Vecchia.\par Para borrar del rostro de su Iglesia las manchas negras con las cuales su predecesor la hab\'eda cubierto, el Obispo Lefebre hizo la mayor exhibici\'f3n de celo por la causa de abstinencia. Lo m\'e1s pronto que fue instalado, invit\'f3 a su congregaci\'f3n a seguir su ejemplo de ingresar bajo sus banderas en un discurso poderoso sobre los males causados por el uso de bebidas alcoh\'f3licas. Al terminar su elocuente serm\'f3n, poniendo su mano derecha sobre el altar, hizo la promesa solemne de nunca beber licores alcoh\'f3licos.\par Su serm\'f3n eficaz sobre la abstinencia junto con su solemne y p\'fablica promesa fueron publicados en casi todos los peri\'f3dicos de ese tiempo y yo los le\'ed muchas veces a la gente con buen efecto. As\'ed que, en mi camino hacia Illinois la primera semana de junio, me detuve en la ciudad de Detroit para dar el curso de conferencias solicitado por el obispo. Aunque el obispo estaba fuera, empec\'e9 inmediatamente a predicar ante un inmenso auditorio en la catedral. Yo hab\'eda acordado dar cinco conferencias, pero s\'f3lo fue hasta la tercera que asisti\'f3 el Obispo Lefebre. Despu\'e9s de felicitarme por mi celo y \'e9xito en la causa de abstinencia, me llev\'f3 por la mano a su comedor y dijo: \endash Vamos a refrescarnos.\par Nunca olvidar\'e9 mi sorpresa y consternaci\'f3n al contemplar la larLVAL&ga mesa del comedor repleta de botellas de brandy, vino, cerveza etc. y seis o siete sacerdotes que ya estaban sentados, alegremente vaciando sus copas. Mi primer impulso era expresar mi sorpresa e indignaci\'f3n y salir repugnado del sal\'f3n, pero por un segundo y mejor pensamiento, esper\'e9 un poco para ver m\'e1s de ese espect\'e1culo inesperado. Acept\'e9 el asiento que el obispo me ofreci\'f3 a su mano derecha.\par \endash Padre Ch\'edniquy, \endash dijo, \endash este es el Clarete m\'e1s dulce que jam\'e1s habr\'e1s gustado. Y antes que pudiera decir una sola palabra, hab\'eda llenado mi copa grande con vino y brind\'f3 a mi salud.\par Mirando al obispo con asombro, dije: \endash\'bfQu\'e9 significa esto, mi se\'f1or?\par \endash Significa que quiero brindar contigo el mejor Clarete que jam\'e1s has probado, \endash respondi\'f3.\par \endash\'bfCree usted que soy un comediante? \'bfMe ha llamado usted aqu\'ed para actuar semejante comedia extra\'f1a? \endash repliqu\'e9 con mis labios temblando de indignaci\'f3n.\par \endash No te invit\'e9 para actuar ninguna comedia, \endash respondi\'f3, \endash te invit\'e9 para dar una conferencia sobre la abstinencia a mi gente y lo has hecho de la manera m\'e1s admirable estos \'faltimos tres d\'edas. Aunque no me viste, yo estaba presente en la conferencia de esta noche. Nunca hab\'eda o\'eddo nada tan elocuente sobre ese tema como lo que t\'fa dijiste. Pero, ahora que has cumplido tu deber, yo debo hacer el m\'edo: tratarte como un caballero y beber esta botella de vino contigo.\par \endash Pero, mi se\'f1or, \endash le contest\'e9, \endash perm\'edtame decirle que yo no merecer\'eda ser llamado o tratado como caballero si fuera tan vil como para tomar vino despu\'e9s del discurso que di esta noche.\par \endash Disc\'falpeme si difiero en opini\'f3n, \endash respondi\'f3 el obispo, \endash esa gente borracha a quien hablaste tan efectivamente contra los males de intemperancia necesitan esos rigurosos remedios amargos que ofrece el abstemismo. PLVAL'ero aqu\'ed, somos hombres sobrios y caballeros y no queremos tales remedios. Yo nunca pens\'e9 que los m\'e9dicos fueran absolutamente obligados a tomar las p\'edldoras que administran a sus pacientes.\par \endash Espero que Su Se\'f1or\'eda no me negar\'e1 el derecho que usted reclama para s\'ed mismo de diferir en opini\'f3n en este asunto. Yo difiero totalmente de usted cuando dice que hombres que beben como usted hace con sus sacerdotes tienen el derecho de llamarse hombres sobrios.\par \endash Temo, Sr. Ch\'edniquy, que te olvides d\'f3nde est\'e1s y con qui\'e9n est\'e1s hablando en este momento, \endash replic\'f3 el obispo.\par Le respond\'ed: \endash Puede ser que yo haya pilfrado y que sea culpable de un grave error al venir aqu\'ed y hablar con usted de esta manera. En ese caso, mi se\'f1or, estoy dispuesto a pedirle perd\'f3n. Pero antes de retractar lo que he dicho, por favor, perm\'edtame preguntarle respetuosamente una cosa muy sencilla.\par Luego, sacando de mi bolsillo su discurso escrito y su p\'fablica y solemne promesa de nunca tomar ni ofrecer ninguna bebida alcoh\'f3lica a otros, la le\'ed en voz alta y le pregunt\'e9: \endash\'bfEs usted el mismo obispo de Detroit, llamado Lefebre, quien hizo esta promesa solemne? Si usted no es el mismo hombre, me retractar\'e9 y le pedir\'e9 perd\'f3n, pero si es usted el mismo, no tengo nada que retractar.\par Mi respuesta cay\'f3 sobre el obispo como un rel\'e1mpago. Cece\'f3 una explicaci\'f3n ininteligible e insignificante la cual termin\'f3 por un coup d\rquote\'e8tat, diciendo: \endash Mi querido Sr. Ch\'edniquy, no te invit\'e9 para predicar al obispo, sino solamente a la gente de Detroit.\par \endash Tiene usted raz\'f3n, mi se\'f1or. No fui llamado para predicar al obispo, pero perm\'edtame decirle que si yo hubiera supuesto antes que cuando el obispo de Detroit con sus sacerdotes, solemne y p\'fablicamente y con su mano derecha en el altar, prometen a nunca tomar ninguna bebida alcoh\'f3lica, esto significa que ellos beber\'e1LVAL(n y se llenar\'e1n de esos detestables licores hasta que hagan a\'f1icos a sus cerebros, no les hubiera molestado con mi presencia ni mis comentarios aqu\'ed. Sin embargo, perm\'edtame decirle a Su Se\'f1or\'eda que sea tan amable de buscar a otro conferencista para sus reuniones de abstinencia, porque estoy determinado subir al tren rumbo a Chicago, ma\'f1ana por la ma\'f1ana.\par No hay necesidad de decir que durante esa conversaci\'f3n penosa, todos los sacerdotes (excepto uno) estaban tan llenos de indignaci\'f3n contra m\'ed como estaban llenos de vino. Dej\'e9 la mesa y fui a mi rec\'e1mara inundado de tristeza y verg\'fcenza. Media hora despu\'e9s, el obispo estaba conmigo inst\'e1ndome a continuar mis conferencias a causa de los temibles esc\'e1ndalos que resultar\'edan a causa de mi salida repentina e inesperada de Detroit. Yo admit\'ed que s\'ed habr\'eda un gran esc\'e1ndalo, pero le dije que \'e9l ser\'eda el \'fanico responsable por ello a causa de su falta de fe y firmeza.\par Al principio, intent\'f3 convencerme que fue ordenado a beber por su propio m\'e9dico para su salud, pero le mostr\'e9 que eso era una ilusi\'f3n miserable. Luego, dijo que lament\'f3 lo que ocurri\'f3 y confes\'f3 que ser\'eda mejor si los sacerdotes practicaran lo que predicaban a la gente. Despu\'e9s de esto, me pidi\'f3 en el nombre de nuestro Se\'f1or Jesucristo olvidar los errores de los obispos y sacerdotes de Detroit y pensar s\'f3lo del bien que resultar\'eda de la conversi\'f3n de los innumerables borrachos de esta ciudad. Me habl\'f3 con tanto fervor que toc\'f3 las cuerdas m\'e1s sensibles de mi coraz\'f3n y me arranc\'f3 la promesa de dar las dos conferencias esperadas.\par Al estar a solas, intent\'e9 ahogar, en sue\'f1o profundo, las tristes emociones de esa noche, pero era imposible. Esa noche result\'f3 ser otra de insomnio para m\'ed. La intemperancia de ese alto dignatario y sus sacerdotes me llen\'f3 de horror y repugnancia indecible. Muchas veces durante las horas oscuras de esa noche, o\'edLVAL)a una voz que me dec\'eda: \endash\'bfNo ves que los obispos y sacerdotes de tu Iglesia no creen una sola palabra de su religi\'f3n? Su \'fanico objetivo es echar polvo en los ojos de la gente y vivir una vida jovial. \'bfNo ves que no est\'e1s siguiendo la Palabra de Dios, sino solamente las vanas y falsas tradiciones de hombres en la Iglesia de Roma? \'a1Sal de ella! \'a1Rompe el yugo pesado que est\'e1 sobre ti y sigue la sencilla y pura religi\'f3n de Jesucristo!\par Intent\'e9 silenciar esa voz, dici\'e9ndome: \endash Estos pecados no son los pecados de mi santa Iglesia; son los pecados de individuos. \'a1No fue la culpa de Cristo que Judas fuera ladr\'f3n! Tampoco es la culpa de mi santa Iglesia si este obispo y sus sacerdotes sean borrachos y hombres mundanos. \'bfAd\'f3nde ir\'eda, si saliera de mi Iglesia? \'bfNo hallar\'eda borrachos e infieles dondequiera que fuera en b\'fasqueda de una mejor religi\'f3n?\par Con la esperanza de que el primer aire fresco de la ma\'f1ana me hiciera bien, sal\'ed al hermoso jard\'edn alrededor de la residencia episcopal. Pero, \'a1Qu\'e9 sorpresa me dio ver al obispo apoy\'e1ndose en un \'e1rbol con un pa\'f1uelo sobre su rostro ba\'f1ado en l\'e1grimas. Le dije: \endash Mi querido obispo, \'bfQu\'e9 le pasa? \'bfPor qu\'e9 llora y lamenta a una hora tan temprana?\par Apretando convulsivamente mi mano con la suya, respondi\'f3: \endash Querido Padre Ch\'edniquy, \'bfNo sabes todav\'eda la terrible tragedia que me ha sucedido esta noche?\par \endash\'bfCu\'e1l calamidad? \endash pregunt\'e9.\endash\'bfRecuerdes, \endash respondi\'f3, \endash ese joven sacerdote que estaba sentado a tu derecha anoche? Bueno, \'e9l se march\'f3 durante la noche con la esposa de un joven que hab\'eda seducido y me rob\'f3 cuatro mil d\'f3lares antes de irse.\par \endash No me sorprende en ninguna manera, \endash respond\'ed, \endash cuando la sangre de un hombre hierve con esos licores de fuego, es totalmente absurdo creer que guardar\'e1 su voto de castidad.\par \endash Ti LVAL enes raz\'f3n, tienes raz\'f3n. Dios Todopoderoso me ha castigado por quebrantar la promesa p\'fablica que hice. Queremos una reforma aqu\'ed y la tendremos, \endash contest\'f3.\par Por supuesto, los dos d\'edas siguientes en que fui el invitado del Obispo Lefebre, ni una gota de bebida alcoh\'f3lica se ve\'eda en su mesa. Pero yo s\'e9 que no muchos d\'edas despu\'e9s, ese representante del Papa nuevamente olvid\'f3 sus votos solemnes y sigui\'f3 tomando con sus sacerdotes hasta que muri\'f3 la muerte m\'e1s miserable en 1875.\par \par \par } LVAL +{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 El viaje de Detroit a Chicago, en el mes de junio 1851, no era tan agradable como lo es hoy. El 15 de junio, desembarqu\'e9 por primera vez, con la mayor dificultad, en un muelle destrozado en la desembocadura del r\'edo de Chicago. Algunas de las calles que ten\'eda que cruzar para llegar al palacio del obispo eran casi impasables. En algunos lugares echaron tablas sueltas de un lado a otro para evitar que la gente se inundara en el lodo y las arenas movedizas. El primer vistazo de Chicago, de aquel entonces, no se compara con lo que esa ciudad lleg\'f3 a ser en 1884.\par Cuando entr\'e9 a la casa miserable llamado el palacio del obispo, casi no pod\'eda creer mis ojos. Las tablas del piso del comedor en la planta baja flotaban y se requer\'eda mucha ingenuidad para mantener secos los pies mientras com\'eda por primera vez con el obispo. Pero la amabilidad y cortes\'eda Cristiana del obispo me hizo sentir m\'e1s feliz en su pobre casa de lo que me sent\'ed, a\'f1os despu\'e9s, en el palacio de m\'e1rmol blanco construido por su sucesor arrogante, O\rquote Regan.\par Para entonces, hab\'eda en Chicago como 200 familias canadienses franceses bajo el pastorado del Rev. M. A. Lebel quien, igual que yo, naci\'f3 en Kamouraska. La borrachera y otras inmoralidades del clero, descritas a m\'ed por ese sacerdote, sobrepasaban todo lo que jam\'e1s hab\'eda o\'eddo ni conocido.\par Despu\'e9s de hacerme prometer a nunca revelar el hecho mientras \'e9l viviera, me asegur\'f3 que el \'faltimo obispo hab\'eda sido envenenado por uno de sus gran vicarios. El gran vicario, siendo el padre confesor de las monjas de Loretto, se hab\'eda enamorado de una de las supuestas v\'edrgenes, quien muri\'f3 pocos d\'edas despu\'e9s de dar a luz un ni\'f1o mortinato.\par Esto amenaz\'f3 un gran esc\'e1ndalo. As\'ed que, el obiLVAL,spo pens\'f3 que era su deber hacer una investigaci\'f3n y castigar al sacerdote si se hallase culpable. Pero el gran vicario descubri\'f3 que el camino m\'e1s corto para no ser descubierto era poner fin a la investigaci\'f3n, asesinando al obispo. Un veneno muy dif\'edcil de detectar le fue administrado y la muerte del prelado pronto sigui\'f3 sin excitar ninguna sorpresa en la comunidad.\par Horrorizado por este hecho, estaba a punto de regresar inmediatamente a Canad\'e1, pero despu\'e9s de una reflexi\'f3n m\'e1s madura, me parec\'eda que estas terribles iniquidades de parte de los sacerdotes de Illinois eran precisamente la raz\'f3n para no cerrar mis o\'eddos a la voz de Dios si fuera su voluntad que yo viniera a cuidar a las almas preciosas que \'e9l me encomendara. Dur\'e9 una semana en Chicago dando conferencias sobre la abstinencia cada noche y escuchando, durante el d\'eda, los grandes planes que el obispo estaba formulando para hacer a nuestra Iglesia de Roma la due\'f1a y gobernante del magn\'edfico Valle Mississippi.\par El me demostr\'f3 claramente que una vez due\'f1a de los tesoros incalculables de esas ricas tierras por medio de sus hijos obedientes, nuestra Iglesia f\'e1cilmente infundir\'eda el respeto y sumisi\'f3n de los estados del Este. Me sent\'ed realmente feliz y agradecido a Dios que \'e9l me hubiera escogido para ayudar al Papa y a los obispos a realizar semejante noble y magn\'edfico proyecto.\par Saliendo de Chicago, dur\'e9 casi tres d\'edas cruzando las vastas llanuras entre Chicago y Bourbonnais que en ese entonces eran toda una soledad. Pas\'e9 tres semanas predicando y explorando el territorio que se extend\'eda entre el r\'edo Kankakee al suroeste hacia el r\'edo Mississippi. S\'f3lo entonces comprend\'ed claramente la grandeza de los planes del obispo. Determin\'e9 sacrificar la exaltada posici\'f3n que Dios me hab\'eda dado en Canad\'e1 para guiar los pasos de los emigrantes Cat\'f3lico-romanos de Francia, B\'e9lgica y Canad\'e1 hacia las regiones del Oeste paLVAL-ra extender el poder y la influencia de mi Iglesia por todos los Estados Unidos.\par Al volver a Chicago la segunda semana de julio, todo fue arreglado con el obispo para mi regreso en el oto\'f1o. Sin embargo, se entendi\'f3 entre nosotros que mi salida de Canad\'e1 hacia los Estados Unidos ser\'eda guardado en secreto hasta la \'faltima hora a causa de la severa oposici\'f3n que yo esperaba de mi obispo. La \'faltima cosa por hacer, al volver a Canad\'e1, para preparar a los emigrantes a ir a Illinois en lugar de alguna otra parte de los Estados Unidos, era publicar por medio de la prensa las incomparables ventajas que Dios les hab\'eda provisto en el Oeste. Lo hice por medio de una carta que fue publicado no s\'f3lo por la prensa de Canad\'e1, sino tambi\'e9n por muchos peri\'f3dicos de Francia y B\'e9lgica. Esa carta es de tal importancia que espero que mis lectores me toleran al reproducir los siguientes extractos:\par Montreal, Canad\'e1 Oriental\par 13 de Agosto de 1851\par Es imposible dar a nuestros amigos por narraci\'f3n una idea de lo que sentimos cuando cruzamos por primera vez las inmensas llanuras de Illinois. Es un espect\'e1culo que se necesita ver para comprender bien. Todo alrededor se ve el verdor m\'e1s exuberante; flores de toda especie y de fragancia m\'e1s all\'e1 de descripci\'f3n. Pero, si en meditaci\'f3n silenciosa uno se fija con nueva atenci\'f3n en esas llanuras tan ricas y magn\'edficas, se siente una tristeza inexpresable.\par Uno recuerda a sus amigos en Canad\'e1 y en particular a aquellos quienes, aplastados por la miseria, ba\'f1an con el sudor de su frente a una tierra est\'e9ril y desolada, y dice: \endash\'a1Ah! Si fulano de mis amigos estuviera aqu\'ed, cu\'e1n pronto ver\'eda sus labores duras y sin recompensa cambiados en la posici\'f3n m\'e1s feliz.\par Quiz\'e1s ser\'e9 acusado de intentar a despoblar a mi pa\'eds y conducir a mis compatriotas a los Estados Unidos. \'a1No! Nunca ten\'eda un dise\'f1o tan perverso. Aqu\'ed est\'e1 mi opini\'f3n sobre eLVAL.l tema de la emigraci\'f3n y no veo ninguna raz\'f3n para avergonzarme de ella ni ocultarla. Es un hecho que un gran n\'famero (m\'e1s alto de lo que generalmente se cree) de canadienses franceses emigran anualmente de Canad\'e1 y nadie lo lamenta m\'e1s que yo. Pero, mientras no presten m\'e1s atenci\'f3n a ese mal los que gobiernan a Canad\'e1, ser\'e1 un mal incurable y cada a\'f1o Canad\'e1 perder\'e1 a miles y miles de sus brazos m\'e1s fuertes y corazones m\'e1s nobles para beneficiar a nuestros vecinos felices.\par La gran mayor\'eda de ellos, por falta de caminos a los mercados de Q\'fcebec y Montreal y m\'e1s a\'fan por la tiran\'eda de los crueles propietarios, pronto ser\'e1n obligados a despedirse eternamente de su pa\'eds. Y con un coraz\'f3n airado contra sus arrogantes opresores, buscar\'e1n en exilio, en una tierra extra\'f1a, la protecci\'f3n que no pudieron encontrar en su propio pa\'eds. \'a1S\'ed! Si nuestro gobierno canadiense a\'fan contin\'faa mostrando la misma apat\'eda incomprensible por el bienestar de sus propios s\'fabditos, la emigraci\'f3n de Canad\'e1 aumentar\'e1 cada a\'f1o para incrementar los rangos del pueblo americano.\par Puesto que no podemos impedir esa emigraci\'f3n, \'bfNo es nuestro deber dirigirla de tal manera que sea de mayor beneficio a los pobres emigrantes? Hagamos todo lo posible para impedirles ir a las grandes ciudades de los Estados Unidos. Inundados entre la poblaci\'f3n mezclada de las ciudades americanas, nuestros desgraciados compatriotas emigrantes estar\'edan demasiado expuestos a perder su moralidad y fe.\par Ciertamente no hay otro pa\'eds bajo el cielo donde el espacio, pan y libertad se aseguran tan universalmente a cada miembro de la comunidad como en los Estados Unidos. Pero no es en las grandes ciudades de los Estados Unidos donde nuestros pobres compatriotas emigrantes hallar\'e1n estos tres grandes dones. El canadiense franc\'e9s que se detiene en las grandes ciudades no podr\'e1, con pocas excepciones, elevarse por encima de la pLVAL/osici\'f3n poco envidiable de un pobre obrero calificado. Pero aquellos que dirigen sus pasos a las ricas y extensas llanuras de Bourbonnais, ciertamente tendr\'e1n mejor suerte.\par Muchos en Canad\'e1 creer\'edan que estoy exagerando si publicara cu\'e1n felices, pr\'f3speras y respetadas son las poblaciones canadienses franceses de Bourbonnais. Ellos han tenido la inteligencia de seguir el buen ejemplo del granjero trabajador americano en el modo de cultivar la tierra. En sus granjas como tambi\'e9n en las de sus vecinos, hallar\'e1n la mejor maquinaria para cosechar sus sembrados y desgranar su grano. Se gozan de la justa reputaci\'f3n de tener los mejores caballos del pa\'eds y pocos pueden superarlos en el n\'famero y calidad de su ganado.\par \'bfQu\'e9 ser\'e1 la perspectiva de un joven en Canad\'e1 si no tiene m\'e1s de doscientos d\'f3lares? Toda una vida de trabajo duro y privaci\'f3n continua ser\'e1 su suerte segura. Pero que vaya ese joven directamente a Bourbonnais y si es trabajador, sobrio y religioso, antes de pasar dos a\'f1os, no ver\'e1 ning\'fan motivo para envidiar al granjero m\'e1s feliz de Canad\'e1.\par La tierra que tomar\'e1 en Illinois est\'e1 totalmente preparada para arar. No tiene \'e1rboles para cortar o erradicar ni mover piedras, ni cavar zanjas. Su \'fanico trabajo es cercar, arar la tierra y sembrarla. La Santa Providencia ha preparado todo para el beneficio de los granjeros felices de Illinois. Ese pa\'eds f\'e9rtil est\'e1 regado por una multitud de r\'edos y arroyos grandes cuyas riberas generalmente est\'e1n llenas de las m\'e1s ricas y extensas arboledas de la madera de la mejor calidad como el roble negro, maple, roble blanco, roble erizo, fresno, etc. Las semillas de la hermosa acacia le dar\'e1n un \'e1rbol espl\'e9ndido. La mayor variedad de frutas crece naturalmente en casi todas partes de Illinois. Minas de carb\'f3n se han descubierto en el mero coraz\'f3n de esa tierra y son m\'e1s que suficientes para las necesidades de la gente. Dentro de poco, uLVAL0n ferrocarril entre Chicago y Bourbonnais llevar\'e1 a nuestros felices compatriotas al mercado m\'e1s extensa, la reina del Oeste: Chicago.\par Dir\'e9, entonces, a mis j\'f3venes compatriotas que tienen la intenci\'f3n de emigrar de Canad\'e1: \endash Mi amigo, el exilio es una de las peores calamidades que pueda ocurrir a un hombre. Joven canadiense, permanece en tu pa\'eds, guarda tu coraz\'f3n para amarla, tu inteligencia para adornarla y tus brazos para protegerla. Joven y querido compatriota, permanece en tu hermoso pa\'eds. No hay nada tan grandioso y sublime en el mundo que las aguas del r\'edo St. Lawrence. Ser\'e1 en sus profundas y majestuosas aguas donde dentro de poco Europa y Am\'e9rica se encontrar\'e1n y se ligar\'e1n con los lazos benditos de eterna paz. En sus riberas intercambiar\'e1n sus tesoros incalculables. Permanece en el pa\'eds de tu nacimiento, mi querido hijo; que el sudor de tu frente siga fertiliz\'e1ndolo y que el perfume de tus virtudes traiga sobre \'e9l la bendici\'f3n de Dios. Pero, mi querido hijo, si no tienes m\'e1s lugar en el valle de St. Lawrence o si por la falta de protecci\'f3n del gobierno no puedes salir al bosque sin correr el riesgo de perder tu vida en una charca o ser aplastado bajo los pies de un tirano Ingl\'e9s o escoc\'e9s, no te invito a agotar tus mejores d\'edas para el beneficio de los extranjeros insolentes que son los se\'f1ores de las tierras orientales. Antes bien te dir\'eda: \endash Ve, hijo m\'edo, hay muchos lugares extensos todav\'eda vac\'edos sobre la tierra y Dios est\'e1 en todo lugar.\par Si ese gran Dios te llama a otra tierra, som\'e9tete a su divina voluntad. Pero antes de despedirte de tu patria, graba en tu coraz\'f3n y mant\'e9nlo como dep\'f3sito santo, el amor a tu santa religi\'f3n, tu idioma hermoso y el querido pero desafortunado pa\'eds de tu nacimiento. En tu camino a la tierra de exilio, detente lo menos posible en las grandes ciudades por temor a los muchos lazos que tu enemigo eterno tiene preparado para tu perdLVAL1ici\'f3n. Pero ve directamente a Bourbonnais. All\'ed hallar\'e1s a muchos de tus hermanos que han eregido la cruz de Cristo. \'danete a ellos; estar\'e1s fuerte en su fuerza. Ve a ayudarles a conquistar para el Evangelio de Jes\'fas a aquellas ricas tierras que pronto pesar\'e1n m\'e1s de lo que se cree en general en la balanza de las naciones. \'a1S\'ed! Ve directamente a Illinois; no estar\'e1s enteramente en un pa\'eds extra\'f1o y distinto.\par La Santa Providencia escogi\'f3 a tus antepasados para descubrir ese rico pa\'eds y revelar al mundo sus recursos admirables. M\'e1s que una vez, esa tierra de Illinois ha sido santificado por la sangre de tus antepasados. En Illinois, no dar\'e1s un solo paso sin hallar la prueba indubitable de la perseverancia, genio, valor y piedad de los antepasados franceses. Ve a Illinois y los muchos nombres de: Bourbonnais, Joliet, Dubuque, La Salle, St. Charles, St. Mary, etc, que encontrar\'e1s dondequiera, te dir\'e1n mejor que mis palabras que ese pa\'eds no es otra cosa que la rica herencia que tus padres descubrieron para el beneficio de sus descendientes.\par C. CHINIQUY\par Yo nunca hubiera publicado esta carta si hubiera previsto su efecto sobre los granjeros de Canad\'e1. Pocos d\'edas despu\'e9s que apareci\'f3, sus granjas cayeron a la mitad de su valor. En algunas parroquias, todos quer\'edan vender sus terrenos y emigrar al Oeste. S\'f3lo fue por falta de compradores que no vimos una emigraci\'f3n que seguramente hubiera arruinado a Canad\'e1. Fui asustado por su efecto tan inmediato en la mente del p\'fablico.\par Sin embargo, mientras algunos me alababan hasta el cielo por haberlo publicado, otros me maldec\'edan y me llamaban un traidor. Al d\'eda siguiente a su publicaci\'f3n, yo estaba en Q\'fcebec. La primera persona que encontr\'e9, fue el Sr. DeCharbonel, Obispo de Toronto. Despu\'e9s de bendecirme, apret\'f3 mi mano en la suya y dijo: \endash Acabo de leer tu carta admirable. Es uno de los art\'edculos m\'e1s hermosos y elocuentes que jamLVAL2\'e1s he le\'eddo. Ciertamente, el Esp\'edritu de Dios ha inspirado a cada frase. Acabo de mandar seis copias de ella a distintas revistas en Francia y B\'e9lgica donde ser\'e1n publicados y har\'e1n un bien incalculable, dirigiendo a los emigrantes Cat\'f3licos de habla franc\'e9s hacia un pa\'eds donde no correr\'e1n el riesgo de su fe, pero donde tendr\'e1n la seguridad de lograr un futuro de prosperidad ilimitada para sus familias. Tu nombre ser\'e1 colocado entre los mayores benefactores de la humanidad.\par Aunque estos cumplidos me parec\'edan muy exagerados e inmerecidos, no puedo negar que me agradaron, confirmando mis esperanzas y convicciones de que mucho bien resultar\'eda del plan. Le di gracias al obispo por sus amables y amistosas palabras y lo dej\'e9 para ir a dar mis saludos respetuosos al Obispo Bourget de Montreal y presentarle un corto resumen de mi viaje al Oeste lejano. Le encontr\'e9 a solas en su cuarto en el acto mismo de leer mi carta. Una leona que acaba de perder a sus cachorros no me hubiera mirado con m\'e1s airados y amenazantes ojos.\par \endash\'bfSer\'e1 posible, Sr. Ch\'edniquy, \endash dijo, \endash que tu mano haya escrito y firmado semejante p\'e9rfido documento? \'bfC\'f3mo te atreviste a traspasar tan cruelmente al pecho de tu propia patria despu\'e9s que ella te ha tratado tan noblemente? \'bfNo ves que tu carta traicionera dar\'e1 tanto impulso a la emigraci\'f3n que nuestras parroquias m\'e1s pr\'f3speras se convertir\'e1n en soledad?\par Sorprendido por esta inesperada explosi\'f3n de malos sentimientos, respond\'ed: \endash Su Se\'f1or\'eda, seguramente me ha malentendido si halla en mi carta alg\'fan plan traicionero de arruinar a nuestro pa\'eds. Por favor, l\'e9ala otra vez y usted ver\'e1 que cada rengl\'f3n ha sido inspirado por los motivos m\'e1s puros de patriotismo y las opiniones m\'e1s altas de religi\'f3n.\par La brusca respuesta que me dio el obispo, claramente me indic\'f3 que mi ausencia ser\'eda preferida a mi presencia. Por tanto, le deLVAL3j\'e9 despu\'e9s de pedir su bendici\'f3n, la cual me dio de la manera m\'e1s fr\'eda posible.\par El 25 de agosto, volv\'ed nuevamente a Longueuil de mi viaje a Q\'fcebec que hab\'eda extendido hasta Kamouraska para visitar a los feligreses de noble coraz\'f3n cuya unanimidad en hacer la promesa de abstinencia y cuya admirable fidelidad en guardarla me llenaron de gozo inefable.\par Relat\'e9 mi \'faltima entrevista con el Obispo Bourget a mi fiel amigo, el Sr. Brassard. El me respondi\'f3: \endash Los malos sentimientos del obispo de Montreal contra ti no son un secreto para m\'ed. Desgraciadamente los hombres vulgares que le rodean y le aconsejan son tan incapaces como el mismo obispo para entender tus opiniones elevadas de dirigir los pasos de los Cat\'f3lico-romanos hacia el espl\'e9ndido valle del R\'edo Mississippi. Ahora estoy seguro de lo que digo aunque no tengo libertad de decirte c\'f3mo lleg\'f3 a mi conocimiento. Hay un complot en alguna parte para deshonrarte y destruirte en seguida. Aquellos que est\'e1n a la cabeza de ese complot esperan que si tienen \'e9xito en destruir tu popularidad, nadie intentar\'e1 seguirte a Illinois. Porque aunque lo has ocultado lo mejor posible, es evidente a todos que t\'fa eres el hombre escogido por los obispos del Oeste para dirigir los pasos inciertos de los pobres inmigrantes hacia esas ricas tierras.\par \endash\'bfQuieres decir, mi querido Sr. Brassard, \endash repliqu\'e9, \endash que hay sacerdotes alrededor del obispo de Montreal tan viles y crueles como para forjar calumnias contra m\'ed y difundirlas delante de todo el pa\'eds de tal manera que no podr\'e9 refutarlas?\par \endash Es precisamente lo que digo, \endash respondi\'f3 el Sr. Brassard, \endash f\'edjate en lo que te digo. El obispo te ha usado para reformar a su di\'f3cesis y \'e9l te quiere por esa obra, pero tu popularidad es demasiada para tus enemigos. Ellos quieren deshacerse de ti y ning\'fan medio ser\'e1 demasiado vil ni criminal para lograr tu destrucci\'f3n y alcanzar sLVAL4u objetivo.\par \endash Pero, mi querido Sr. Brassard, \'bfPuedes darme alg\'fan detalle de los complots que aguardan contra m\'ed? \endash pregunt\'e9.\par \endash No, no puedo porque no los conozco, pero est\'e9 alerta, porque tus pocos pero poderosos enemigos est\'e1n jubilosos. Ellos hablan de la impotencia absoluta a la cual pronto ser\'e1s reducido si alcanzas lo que ellos tan maliciosa y falsamente llaman tus objetivos traicioneros.\par Le respond\'ed: \endash Nuestro Salvador ha dicho a todos sus disc\'edpulos: En el mundo tendr\'e9is tribulaci\'f3n; mas confiad, yo he vencido al mundo. (\cf1\ul Joh_16:33\cf0\ulnone ) Estoy, m\'e1s que nunca, determinado a poner mi confianza en Dios y no temer a ning\'fan hombre.\par Dos horas despu\'e9s de esta conversaci\'f3n, recib\'ed la siguiente nota del Rev. Sr. Pare, secretario del obispo:\par Al Rev. Sr. Ch\'edniquy, Ap\'f3stol de Abstinencia,\par Mi querido se\'f1or, mi Sr. Obispo de Montreal quiere verte sobre un asunto muy importante. Por favor, ven cuanto antes.\par Sinceramente,\par JOSE PARE, Secretario\par A la ma\'f1ana siguiente, yo estaba a solas con el Monse\'f1or Bourget quien me recibi\'f3 muy amablemente. Al principio, parec\'eda que hab\'eda desterrado completamente los malos sentimientos de nuestra \'faltima entrevista en Q\'fcebec. Despu\'e9s de hacer algunos comentarios amistosos sobre mi continua labor y el \'e9xito de la causa de la abstinencia, dej\'f3 de hablar un momento y parec\'eda apenado para continuar la conversaci\'f3n. Por fin, dijo: \endash No eres t\'fa el padre confesor de la Sra. Chenier?\par \endash S\'ed, mi se\'f1or, he sido su confesor desde que he vivido en Longueuil.\par \endash Muy bien, muy bien, \endash contest\'f3, \endash supongo que sabes que su \'fanica hija es una monja en el Convento Congregaci\'f3n.\par \endash S\'ed, mi se\'f1or, lo s\'e9, \endash repliqu\'e9.\par \endash\'bfNo podr\'edas convencer a la Sra. Chenier a convertirse en monja tambi\'e9n? \endash pregunt\'f3 el obispo.\par \eLVAL5ndash Nunca hab\'eda pensado en eso, mi se\'f1or, \endash le respond\'ed, \endash pero no veo por qu\'e9 debo aconsejarla a cambiar su hermosa casa de campo, lavada por las aguas frescas y puras del r\'edo St. Lawrence donde vive tan feliz y alegre, por los muros tenebrosos de un convento.\par \endash Pero ella todav\'eda est\'e1 joven y hermosa; puede ser enga\'f1ada por las tentaciones al estar all\'ed en esa casa hermosa rodeada por todos los goces de su fortuna, \endash replic\'f3 el obispo.\par \endash Yo entiendo a Su Se\'f1or\'eda, \endash dije, \endash S\'ed, la Sra. Chenier tiene la reputaci\'f3n de ser rica, aunque desconozco cu\'e1nto sea su fortuna. Ella ha conservado bien los encantos y la frescura de su juventud. Sin embargo, yo pienso que el mejor remedio contra las tentaciones que usted parece temer por ella, es aconsejarla a casarse. Un buen esposo Cristiano me parece ser un remedio mucho mejor contra los peligros a los cuales Su Se\'f1or\'eda alude que los muros melanc\'f3licos de un convento.\par \endash T\'fa hablas igual que un Protestante, \endash replic\'f3 el obispo con una evidente irritaci\'f3n nerviosa, \endash nosotros notamos que aunque t\'fa oyes las confesiones de un gran n\'famero de damas j\'f3venes, no hay una sola que se convierte en monja. Parece que ignoras que el voto de castidad es el camino m\'e1s corto a una vida de santidad en este mundo y de felicidad en la venidera.\par \endash Lamento mucho diferir de Su Se\'f1or\'eda en este punto, \endash respond\'ed, \endash pero no lo puedo evitar. El remedio que usted ha encontrado contra el pecado es muy moderno. El remedio antiguo ofrecido por Dios mismo es muy diferente y mucho mejor en mi opini\'f3n: No es bueno que el hombre est\'e9 solo; har\'e9 una ayuda id\'f3nea para \'e9l. (\cf1\ul Gen_2:18\cf0\ulnone ) As\'ed dijo nuestro Creador en el para\'edso terrenal. Adem\'e1s, Para evitar la fornicaci\'f3n, que cada uno tenga su propia esposa y cada una su propio marido, es lo que dice el mismo Dios por medio de sLVAL6u Ap\'f3stol Pablo. Yo conozco demasiado bien c\'f3mo la gran mayor\'eda de las monjas guardan sus votos de castidad para creer que ese remedio moderno contra las tentaciones que usted ha mencionado es un mejoramiento al remedio establecido y ordenado por nuestro Dios, \endash respond\'ed.\par Con una mirada de enojo el obispo replic\'f3: \endash Esto es Protestantismo, Sr. Ch\'edniquy, es puro Protestantismo.\par \endash Respetuosamente le pido perd\'f3n por diferir de Su Se\'f1or\'eda, \endash repliqu\'e9, \endash\'a1Esto no es Protestantismo; es sencilla y absolutamente la pura Palabra de Dios. Mi se\'f1or, Dios sabe que es mi sincero deseo como tambi\'e9n mi deber ben\'e9fica hacer todo en mi poder para merecer su estimaci\'f3n; no quiero molestarlo ni desobedecerle. Por favor, d\'edgame una buena raz\'f3n por qu\'e9 debo aconsejar a la Sra. Chenier a entrar al convento y cumplir\'e9 su petici\'f3n la pr\'f3xima vez que ella venga a confesarse.Volviendo a su manera m\'e1s amable, el obispo me respondi\'f3: \endash Mi primera raz\'f3n es el bien espiritual que ella recibir\'e1 de sus votos de castidad y pobreza perpetuas en el convento. La segunda raz\'f3n es que esa se\'f1ora es rica y nosotros necesitamos su dinero. Pronto poseeremos toda su fortuna, porque su \'fanica hija ya est\'e1 en el Convento Congregaci\'f3n.\par \endash Mi querido obispo, \endash le repliqu\'e9, \endash usted ya sabe lo que pienso de su primera raz\'f3n. Despu\'e9s de investigar ese hecho de las mismas monjas como tambi\'e9n de sus padres confesores, estoy plenamente convencido que la verdadera virtud de pureza es mucho mejor conservado en los hogares de nuestras madres, hermanas casadas y amigas Cristianas que en las celdas secretas, por no decir prisiones, donde las pobres monjas est\'e1n encadenadas por los grillos pesados asumidos por sus votos, los cuales la gran mayor\'eda maldicen cuando no los pueden romper. Y en cuanto a la segunda raz\'f3n que Su Se\'f1or\'eda me dio para convencer a la Sra. Chenier a convertLVAL7irse en monja, siento nuevamente que no puedo aceptarla en buena conciencia. No me he consagrado al sacerdocio para privar a las familias respetuosas de su herencia legal para enriquecerme a m\'ed mismo ni a ning\'fan otro. Yo s\'e9 que ella tiene familiares pobres que necesitan su fortuna despu\'e9s de su muerte.\par \endash\'bfPretendes decir que tu obispo es un ladr\'f3n? \endash respondi\'f3 enojado el obispo.\par \endash\'a1No, mi se\'f1or, en ninguna manera! Sin duda desde su alto punto de vista, Su Se\'f1or\'eda ve las cosas de una manera muy distinta de lo que yo las veo en la baja posici\'f3n que ocupo en la Iglesia. Pero as\'ed como Su Se\'f1or\'eda est\'e1 obligado a seguir los dictados de su conciencia en todo, yo tambi\'e9n me siento obligado a hacer caso a la m\'eda.\par Esta penosa conversaci\'f3n ya hab\'eda durado demasiado. Me levant\'e9 para despedirme de \'e9l y dije: \endash Mi se\'f1or, le ruego que me perdone por haber desilusionado a Su Se\'f1or\'eda.\par Fr\'edamente me respondi\'f3: \endash No es la primera vez; aunque quisiera que fuera la \'faltima en que muestras semejante falta de respeto y sumisi\'f3n a la voluntad de tus superiores. Pero como yo siento que es un asunto de conciencia de parte tuya, no tengo ninguna mala voluntad contra ti y felizmente te digo que te mantengo toda mi estimaci\'f3n anterior. El \'fanico favor que te pido ahora es que guardes secreto esta conversaci\'f3n.\par Le respond\'ed: \endash Yo tambi\'e9n prefiero guardar secreto entre nosotros este asunto desafortunado. Espero que ni Su Se\'f1or\'eda ni el gran Dios, el \'fanico que nos ha o\'eddo, jam\'e1s me lo haga un deber imperiosa mencionarlo.\par \endash\'bfQu\'e9 novedades me traes del palacio del obispo? \endash pregunt\'f3 mi venerable amigo, el Sr. Brassard, cuando regres\'e9 al anochecer.\par \endash Tendr\'eda una picosa pero desagradable noticia para contarle si el obispo no me hubiera pedido que guardara secreto entre nosotros lo que nos dijimos, \endash repliqu\'e9.\par El SLVAL8r. Brassard se ri\'f3 abiertamente ante mi respuesta y dijo: \endash\'a1Un secreto! \'a1Un secreto! \'a1Ja! Pero es un secreto gaceta, porque frecuentemente el obispo me ha molestado a m\'ed como a muchos otros con ese asunto desde tu regreso de Illinois. Varias veces nos ha pedido convencerte a aconsejar a tu penitente devota, la Sra. Chenier, a convertirse en monja. Yo sab\'eda que te invit\'f3 a su palacio ayer por ese motivo. Los ojos de nuestro pobre obispo est\'e1n demasiado y firmemente fijos en la fortuna de esa se\'f1ora. Por eso tiene tanto celo por la salvaci\'f3n de su alma por medio de la vida mon\'e1stica. En vano intent\'e9 a disuadir al obispo de hablar contigo sobre ese tema a causa de tus prejuicios contra nuestras buenas monjas, pero no me hizo caso. Sin duda ha realizado mis peores anticipaciones. Con tu terquedad usual, has rehusado ceder a sus demandas. Temo que has a\'f1adido a su mala voluntad y has consumado tu desgracia.\par \endash\'a1Qu\'e9 hombre tan enga\'f1oso es ese obispo! \endash respond\'ed con indignaci\'f3n, \endash\'e9l me dio a entender que esto era el m\'e1s sagrado secreto entre \'e9l y yo, pero veo, por lo que me dices, que no es m\'e1s que un secreto absurdo conocido por cientos que lo han o\'eddo. Por favor, mi querido Sr. Brassard, dime, \'bfNo es una verg\'fcenza ardiente que nuestros conventos se han convertido en verdaderas trampas para robar, estafar y arruinar a tantas familias tan insospechas? No tengo palabras para expresar mi repugnancia e indignaci\'f3n cuando veo todas esas grandes demostraciones y diatribas elocuentes de parte de nuestro l\'edderes espirituales sobre la perfecci\'f3n y santidad de las monjas. En realidad no son m\'e1s que un velo para ocultar sus operaciones estafadoras. \'bfNo siente usted que esas pobres monjas son las v\'edctimas del sistema m\'e1s estupenda de estafa que el mundo jam\'e1s ha visto? S\'e9 que hay algunos excepciones honrados. Por ejemplo, el convento que usted ha fundado aqu\'ed es una excepci\'f3n. No lo hasLVAL9 construido para enriquecerte, porque has gastado hasta tu \'faltimo centavo para su construcci\'f3n. Pero t\'fa y yo somos solamente simplones que hasta ahora hemos ignorado los terribles secretos que mueven la maquinaria de los monasterios y conventos. Estoy repugnado y horrorizado m\'e1s que nunca, no s\'f3lo por la corrupci\'f3n indecible, sino tambi\'e9n por el estupendo sistema de fraude que es su piedra fundamental.\par \endash Si las ciudades de Q\'fcebec y Montreal supieran lo que yo s\'e9 de las sumas incalculables de dinero robadas secretamente por el confesionario para ayudar a nuestros obispos a edificar los catedrales famosos y palacios espl\'e9ndidos o para vestirse con vestimentos de seda, razo, plata y oro; y a vivir m\'e1s lujosamente que los Raj\'e1s de Turqu\'eda, ellos prender\'edan fuego a todos esos edificios palaciegos, ahorcar\'edan a los confesores que han echado a las pobres monjas en esos calabozos bajo el pretexto de salvar sus almas, cuando el verdadero motivo es apoderarse de sus herencias y aumentar sus fortunas colosales.\par \endash El obispo ha abierto ante m\'ed la m\'e1s deplorable y vergonzosa p\'e1gina de la historia de nuestra Iglesia. Me hace comprender muchos hechos que hasta hoy me eran misteriosos. Ahora, entiendo la ira de los ingleses en \'e9pocas pasadas y el pueblo franc\'e9s m\'e1s recientemente, cuando tan violentamente arrancaron de las manos del clero la enorme riqueza que hab\'edan acumulado durante la edades de las tinieblas. Hasta ahora, yo condenaba a esas naciones, pero hoy los absuelvo. Estoy seguro que esos hombres, aunque cegados y crueles en sus venganzas, eran los ministros de la justicia de Dios. El Dios del cielo no pod\'eda tolerar para siempre un sistema sacr\'edlego de estafa como el que est\'e1 operando de un extremo a otro, no s\'f3lo de Canad\'e1, sino del mundo entero bajo el disfraz de religi\'f3n.\par \endash Yo s\'e9 que el obispo y sus lisonjeros me odiar\'e1n y me perseguir\'e1n por mi oposici\'f3n severa contra su rapacidaLVAL:d, pero me siento feliz y orgulloso de su odio. El Dios de verdad y justicia, el Dios del Evangelio estar\'e1 a mi favor cuando me ataquen. No les temo, \'a1Que vengan! El obispo ciertamente no me conoci\'f3 cuando pens\'f3 que yo consentir\'eda en hacerme el instrumento de su hipocres\'eda y que bajo el falso pretexto de una perfecci\'f3n ilusiva, echar\'eda a esa se\'f1ora en un calabozo por el resto de su vida para que \'e9l se enriqueciera con su herencia.\par El Sr. Brassard me respondi\'f3: \endash No puedo culparte por desobedecer al obispo en este caso. Yo le dije de antemano lo que ocurrir\'eda, porque s\'e9 lo que piensas de las monjas. Aunque yo no ir\'eda tan lejos como t\'fa en eso, no puedo absolutamente cerrar mis ojos a los hechos que nos saltan a la vista. Esas comunidades de monjas, en cada siglo, han sido la causa principal de las calamidades que han venido sobre la Iglesia. Porque su codicia, orgullo y pereza junto con sus dem\'e1s esc\'e1ndalos siempre han sido igual.\par \endash Si yo hubiera podido prever lo que ha ocurrido dentro del convento que he edificado aqu\'ed, nunca lo hubiera eregido. Sin embargo, ya que lo he construido, es como el ni\'f1o de mi vejez y me siento obligado a apoyarlo hasta el fin. Esto no me evita de ser afligido al ver la facilidad con la cual nuestras pobres monjas ceden a los deseos criminales de sus demasiado d\'e9biles confesores. \'bfQui\'e9n hubiera pensado que ese delgado y feo superior de los Oblatos, el Padre Allard, pudiera enamorarse de sus monjas j\'f3venes. \'bfNo has o\'eddo c\'f3mo los j\'f3venes de nuestra aldea, indignados porque \'e9l pasaba la mayor parte de la noche con las monjas, le dieron una paliza cuando \'e9l iba cruzando el puente, poco antes de salir de Longueuil rumbo a Africa? Es evidente que nuestro obispo multiplica demasiado r\'e1pido esas casas religiosas. Mi temor es que m\'e1s pronto de lo que esperamos, traer\'e1n sobre nuestra Iglesia en Canad\'e1 los mismos cataclismos que tan frecuentemente la han desolado en LVALInglaterra, Francia, Alemania y aun Italia.\par El reloj son\'f3 las doce de la noche cuando esta \'faltima frase sali\'f3 de la boca del Sr. Brassard. Era ya buena hora para descansar. Cuando me dej\'f3 para ir a su rec\'e1mara, dijo: \endash Mi querido Ch\'edniquy, ci\'f1e bien tus lomos y aguda tu espada para el conflicto eminente. Mi temor es que el obispo y sus consejeros nunca olvidar\'e1n que arrancaste de sus manos el bot\'edn que tanto codiciaban. Nunca olvidar\'e1n el esp\'edritu de independencia con el cual les reprendiste. De hecho, el conflicto ya comenz\'f3. \'a1Que Dios te proteja contra los golpes abiertos y las maquinaciones secretas que aguardan contra ti!\par Le respond\'ed: \endash No les temo. Pongo mi confianza en Dios. Es para su honor que estoy luchando y sufriendo. Ciertamente El me proteger\'e1 de esos mercaderes sacr\'edlegos de almas.\par \par \par } LVAL <{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 La primera semana de septiembre de 1851, yo estaba oyendo confesiones en una de las iglesias de Montreal cuando una joven bien parecida vino a confesarme sus pecados, cuya depravaci\'f3n superaba lo peor que jam\'e1s hab\'eda o\'eddo. Aunque dos veces le prohib\'ed hacerlo, ella me dio los nombres de varios sacerdotes que fueron c\'f3mplices en sus org\'edas. Los detalles de sus iniquidades, los dijo con una impudencia tan c\'ednica que inmediatamente se me ocurri\'f3 la idea que ella fue enviada por alguien para arruinarme. Bruscamente par\'e9 sus historias repugnantes, dici\'e9ndole: \endash La manera en que confiesas tus pecados es una segura indicaci\'f3n de que no vienes aqu\'ed para reconciliarte con Dios, sino para arruinarme. Por la gracia de Dios, fracasar\'e1s. Te proh\'edbo volver jam\'e1s a mi confesionario. Si te veo nuevamente entre mis penitentes, mandar\'e9 al sacrist\'e1n que te expulse de la iglesia.\par En ese instante, cerr\'e9 la apertura por la cual me estaba hablando. Ella contest\'f3 algo que no pude entender, pero la manera en que se sali\'f3 del confesionario indic\'f3 que estaba loca de coraje. Luego, fue a hablar algunas palabras con un taxista que estaba en la iglesia prepar\'e1ndose para confesar. La pr\'f3xima noche, le dije al Rev. Sr. Brassard que yo sospechaba que esa joven fue enviada a mi confesionario para arruinarme. El estuvo de acuerdo conmigo y expres\'f3 gran ansiedad sobre el incidente. Yo repliqu\'e9 que no participaba de sus temores; que Dios conoc\'eda mi inocencia y la pureza de mis motivos. El me defender\'eda y me proteger\'eda.\par \endash Mi querido Ch\'edniquy, \endash respondi\'f3 el Sr. Brassard, \endash yo conozco a tus enemigos. No son numerosos, pero su poder para hacer da\'f1o no tiene l\'edmites. Ciertamente Dios puede salvarte de sus manos, pLVAL=ero no comparto tu seguridad del futuro. Tu respuesta al obispo referente a la Sra. Chenier lo ha alejado para siempre. El Obispo Bourget tiene la reputaci\'f3n de ser el hombre m\'e1s vengativo de Canad\'e1. El sacar\'e1 partido de la menor oportunidad para atacarte sin misericordia.\par Le respond\'ed: \endash Aunque haya mil Obispos Bourget en complot contra m\'ed, no les temer\'e9 entre tanto que estoy en lo justo, como en este d\'eda. Para fines del mes, encontr\'e9 en mi mesa una corta carta del Obispo Bourget dici\'e9ndome que por una acci\'f3n criminal que \'e9l no quer\'eda mencionar, cometido contra una persona que \'e9l no nombrar\'eda, \'e9l retiraba todos mis poderes sacerdotales y me suspend\'eda. Mostr\'e9 la carta al Sr. Brassard y le dije:\par \endash\'bfNo es esto el cumplimiento de tus profec\'edas? \'bfQu\'e9 opinas de un obispo que suspende a un sacerdote sin darle un solo hecho ni aun permitirle conocer a sus acusadores?\par \endash Es precisamente lo que yo esperaba de la venganza implacable del obispo de Montreal. El nunca te dar\'e1 las razones de tu suspensi\'f3n, porque bien sabe que eres inocente y nunca te confrontar\'e1 con tus acusadores, porque ser\'eda demasiado f\'e1cil para ti confundirles.\par \endash Pero, \'bfNo es esto contrario a todas las leyes de Dios y de los hombres? \endash repliqu\'e9.\par \endash Por supuesto, \endash respondi\'f3, \endash pero, \'bfNo sabes que en este continente de Am\'e9rica los obispos, desde hace mucho, han tirado por la borda a todas las leyes de Dios, del hombre y de la Iglesia para dominar y esclavizar a los sacerdotes?\par \endash F\'edjate en lo que te digo, \endash repliqu\'e9, \endash no permitir\'e9 que el obispo me trate de esa manera. Si \'e9l se atreve a pisotear bajo sus pies a las leyes del Evangelio para lograr mi ruina y satisfacer su venganza, le voy a ense\'f1ar una lecci\'f3n que nunca olvidar\'e1. Soy inocente y Dios lo sabe. Mi confianza est\'e1 en \'e9l; \'e9l no me abandonar\'e1. Voy a ir inmediatamente alLVAL> obispo. Si \'e9l nunca sab\'eda cu\'e1nto poder hay en un sacerdote honesto, lo aprender\'e1 hoy.\par Dos horas m\'e1s tarde estaba tocando a la puerta del obispo. El me recibi\'f3 con cortes\'eda helada. Le dije: \endash Mi se\'f1or, usted ya sabe por qu\'e9 estoy en su presencia. \'a1Aqu\'ed est\'e1 una carta de usted acus\'e1ndome de un crimen no especificada bajo testimonio de acusadores que usted rehusa nombrar! Y, \'a1Antes de o\'edrme y confrontarme con mis acusadores, usted me castiga como culpable! Vengo en el nombre de Dios y de su Hijo, Jesucristo, para pedirle respetuosamente que me diga de cu\'e1l crimen estoy acusado para que pueda mostrar mi inocencia. Quiero ser confrontado con mis acusadores para confundirles.\par El obispo, al principio, estaba obviamente apenado por mi presencia. Sus labios estaban p\'e1lidos y temblorosos, pero sus ojos estaban secos y rojos como los ojos de un tigre en la presencia de su presa. Me respondi\'f3: \endash No puedo concederte tu petici\'f3n, se\'f1or.\par Entonces abriendo mi Nuevo Testamento, le\'ed: No admitas ninguna acusaci\'f3n contra un sacerdote excepto ante dos o tres testigos. (\cf1\ul 1Ti_5:19\cf0\ulnone ) A\'f1ad\'ed: \endash Fue despu\'e9s de o\'edr la voz de Dios y la de su santa Iglesia que yo consent\'ed en hacerme sacerdote. Espero que no sea la intenci\'f3n de Su Se\'f1or\'eda poner a un lado la Palabra de Dios y su santa Iglesia. \'bfEs su intenci\'f3n romper este santo pacto solemne hecho por Cristo con sus sacerdotes y sellado con su sangre?\par Con un aire de menosprecio y de autoridad tir\'e1nica que yo nunca sospechaba ser posible en un obispo, \'e9l respondi\'f3: \endash No tengo que aceptar de ti ninguna lecci\'f3n de las Escrituras ni de la ley can\'f3nico, se\'f1or, ni dar respuesta a tus preguntas impertinentes. \'a1Est\'e1s suspendido!\par Estas palabras, dichas por un hombre a quien yo estaba acostumbrado a considerar como mi superior, ten\'edan un efecto extra\'f1o en m\'ed. Sent\'ed como si despertara de un largo LVAL?y doloroso sue\'f1o. Por primera vez entend\'ed las tristes profec\'edas del Rev. Sr. Brassard y me di cuenta del horror de mi posici\'f3n. Mi ruina fue logrado. Aunque yo sab\'eda que ese alto dignatario era un monstruo de hipocres\'eda, injusticia y tiran\'eda, entre las masas ten\'eda la reputaci\'f3n de un santo. Su sentencia injusta ser\'eda considerada justa y equitativa por las multitudes sobre quienes \'e9l reinaba soberanamente. Con s\'f3lo la inclinaci\'f3n de su cabeza la gente caer\'eda a sus pies y obedecer\'eda a su mandato de aplastarme. Todo o\'eddo se cerrar\'eda y todo coraz\'f3n se endurecer\'eda contra m\'ed. En esa hora fatal, por primera vez en mi vida, mi fortaleza moral y valent\'eda me fallaron... Sent\'ed que acababa de caer en un abismo sin fondo, del cual era imposible escapar. \'bfQu\'e9 valdr\'eda mi inocencia, conocida s\'f3lo por Dios, cuando todo el mundo me creer\'eda culpable? Las palabras no pueden describir la tortura mental de esa hora horrible.\par Por m\'e1s de un cuarto de hora no hubo ning\'fan intercambio de palabras entre nosotros. El parec\'eda estar muy ocupado escribiendo cartas, mientras yo descansaba mi cabeza entre mis manos en desesperaci\'f3n. Por fin, ca\'ed de rodillas, tom\'e9 las manos del obispo en las m\'edas y con una voz medio ahogada con suspiros, dije: \endash Mi se\'f1or, en el nombre de nuestro Se\'f1or Jesucristo y en la presencia de Dios, juro que no he hecho nada que pudiera traer semejante sentencia contra m\'ed. De nuevo le imploro a Su Se\'f1or\'eda a confrontarme con mis acusadores para que yo les muestre mi inocencia.\par Con una insolencia salvaje, el obispo quit\'f3 sus manos como si yo los hubiera contaminado y dijo, levant\'e1ndose de su silla: \endash\'a1T\'fa eres culpable! \'a1Vete de mi presencia! Mil veces, desde entonces, he dado gracias a Dios que no ten\'eda una daga conmigo, porque la hubiera hundido en su coraz\'f3n. Parece extra\'f1o, pero la malicia diab\'f3lica de ese hombre depravado de repente me devolvi\'f3 mLVAL@i antiguo valor y auto-respeto. En seguida, resolv\'ed confrontar la tempestad. Sent\'ed en mi alma esa fuerza gigantesca que frecuentemente Dios mismo imparte a los oprimidos en la presencia de sus tiranos despiadados. Me parec\'eda que un rayo de rel\'e1mpago hab\'eda traspasado mi alma despu\'e9s de haber escrito con letras de fuego en los muros del palacio: Misterio de iniquidad.\par Dependiendo \'fanicamente del Dios de verdad y justicia, quien conoc\'eda mi inocencia y la gran perversidad de mi opresor, sal\'ed del palacio sin una palabra y regres\'e9 apresuradamente a Longueuil para informar al Rev. Sr. Brassard de mi firme resoluci\'f3n de luchar contra el obispo hasta el fin. El prorrumpi\'f3 en l\'e1grimas cuando le dije lo que ocurri\'f3 en el palacio del obispo.\par \endash A pesar de ser inocente, est\'e1s condenado, \endash dijo, \endash la prueba infalible de tu inocencia es la cruel negaci\'f3n de ser confrontado con tus acusadores. Si fueras culpable, gustosamente lo mostrar\'eda confundi\'e9ndote ante esos testigos. Pero la perversidad de tus acusadores es tan bien conocido que ellos se averg\'fcenzan de dar sus nombres. El obispo prefiere aplastarte bajo el peso de su propia reputaci\'f3n inmerecida de justicia y santidad, porque muy pocos le conocen como nosotros. Temo que tendr\'e1 \'e9xito en destruirte. Aunque eres inocente, nunca podr\'e1s contender contra un adversario tan poderoso.\par \endash Mi querido Sr. Brassard, t\'fa est\'e1s equivocado, \endash repliqu\'e9, \endash nunca he estado m\'e1s seguro de salir victorioso. La iniquidad monstruosa del obispo lleva su propio ant\'eddoto. No fue un sue\'f1o que vi cuando me expuls\'f3 tan ignominiosamente de su cuarto. Un rayo de rel\'e1mpago pas\'f3 ante mis ojos y escribi\'f3 como si fuera fuego en los muros del palacio: Misterio de Iniquidad. \'a1Cuando Canad\'e1 y la totalidad del Cristianismo conozcan la conducta infame de ese dignatario y cuando vean el Misterio de Iniquidad que sellar\'e9 en su frente, habr\'e1 un clamLVALAor un\'e1nime de indignaci\'f3n contra \'e9l!\par \endash Oh, si pudiera descubrir los nombres de mis acusadores, forzar\'eda a ese tirano poderoso a retirar esa sentencia doble r\'e1pido. Estoy determinado a mostrar no s\'f3lo a Canad\'e1, sino a todo el mundo que este complot infame no es m\'e1s que la obra de los viles esclavos, tanto hombres como mujeres por quienes el obispo est\'e1 rodeado.\par \endash Mi primer pensamiento es salir inmediatamente rumbo a Chicago donde me espera el Obispo Vandeveld, pero estoy resuelto a no ir hasta que haya forzado a mi opresor despiadado a retirar su sentencia injusta. Voy a ir inmediatamente al colegio Jesuita donde tengo el plan de pasar los pr\'f3ximos ocho d\'edas en oraci\'f3n y retiro. Los Jesuitas son los hombres mejor capacitados, bajo el cielo, para detectar las cosas m\'e1s ocultas. Espero que ellos me ayudar\'e1n a desterrar ese oscuro misterio de iniquidad y exponerlo ante el mundo.\par \endash Me alegro que no temas la tempestad que est\'e1 sobre ti y que tus velas est\'e1n bien orientadas, \endash respondi\'f3 el Sr. Brassard, \endash har\'e1s bien en poner tu confianza en Dios primero y despu\'e9s en los Jesuitas. La manera audaz en que pretendes confrontar a los ataques de tus enemigos despiadados te dar\'e1 un victoria f\'e1cil. Mi esperanza es que los Jesuitas te ayudar\'e1n a arrojar en la cara del obispo la verg\'fcenza y deshonra que \'e9l ha preparado para ti.\par A las 6:00 p.m. en un modesto pero bien iluminado y ventilado cuarto del colegio Jesuita, yo estaba a solas con el venerable Sr. Schneider, el director. Le cont\'e9 c\'f3mo el obispo de Montreal, cuatro a\'f1os antes habiendo abandonado sus prejuicios contra m\'ed cuando sal\'ed de los Oblatos, me apoy\'f3 sinceramente en mis labores. Le inform\'e9 tambi\'e9n del cambio repentino de esos buenos sentimientos en odio incontrolable desde el d\'eda en que rehus\'e9 obligar a la Sra. Chenier a convertirse en monja para que \'e9l se apoderara de su fortuna. Le cont\'e9 c\'f3mo esoLVALBs malos sentimientos hallaron nuevo aliento en mi plan de consagrar el resto de mi vida dirigiendo la marea de la emigraci\'f3n Cat\'f3lica francesa hacia el Valle Mississippi. Le expuse mis sospechas acerca de esa joven miserable que hab\'eda expulsado de mi confesionario.\par \endash Tengo en mente un objetivo doble, \endash a\'f1ad\'ed, \endash el primero es pasar los \'faltimos ocho d\'edas de mi residencia en Canad\'e1 en oraci\'f3n. Pero el segundo es pedir la ayuda de su caridad, sabidur\'eda y experiencia para forzar al obispo a retirar su sentencia injusta contra m\'ed. Si \'e9l no la retira, estoy determinado a denunciarlo delante de todo el pa\'eds y retarle p\'fablicamente a confrontarme con mis acusadores.\par \endash Si haces eso, \endash respondi\'f3 el Sr. Schneider, \endash temo que har\'e1s irreparable da\'f1o no s\'f3lo al obispo de Montreal, sino tambi\'e9n a nuestra santa Iglesia.Repliqu\'e9: \endash Nuestra santa Iglesia sufrir\'eda mayor da\'f1o si ella sancionara la conducta infame del obispo.\par \endash Tienes raz\'f3n, \endash contest\'f3 el Jesuita, \endash nuestra santa Iglesia no puede sancionar semejante conducta criminal. Cientos de veces ella ha condenado esas tir\'e1nicas e injustas acciones en otros obispos. Semejante falta de honestidad com\'fan y justicia ser\'e1 condenado dondequiera, una vez que sea conocido. Lo primero que necesitamos hacer es descubrir los nombres de tus acusadores. Mi impresi\'f3n es que la joven miserable, que tan brusca y sabiamente expulsaste de tu confesionario, sabe m\'e1s del complot de lo que el obispo quiere que descubramos. \'a1Qu\'e9 l\'e1stima que no le pediste su nombre y domicilio.\par \endash En todo caso, puedes contar con mis esfuerzos para convencer a nuestro obispo que \'e9l ha asumido una posici\'f3n contra ti que es absolutamente insostenible. Antes que termina tu retiro, sin duda, gustosamente se reconciliar\'e1 contigo. S\'f3lo conf\'eda en Dios y en la bendita Virgen Mar\'eda y no tendr\'e1s nada que temer. Nuestro oLVALCbispo se ha colocado por encima de toda ley de hombre y de Dios para condenar al sacerdote que \'e9l mismo oficialmente nombr\'f3 el Ap\'f3stol de Abstinencia de Canad\'e1. Los 200,000 soldados que has ingresado bajo la santa bandera de abstinencia le forzar\'e1n a retractar su precipitada e injusta sentencia.\par Se alargar\'eda demasiado repetir todas las palabras animosas que me dijo ese Jesuita sabio. El Padre Schneider era un sacerdote europeo que hab\'eda estado en Montreal s\'f3lo desde 1849. Se granje\'f3 mi confianza desde la primera vez que le conoc\'ed y le escog\'ed en seguida como mi confesor y consejero. El tercer d\'eda de mi retiro, el Padre Schneider vino a mi cuarto m\'e1s temprano de lo normal y me dijo: \endash He descubierto el nombre y domicilio del taxista a quien esa muchacha miserable habl\'f3 en la iglesia. Si no tienes ning\'fan inconveniente, lo mandar\'e9 llamar. Quiz\'e1s \'e9l conozca a esa joven y la convenza a venir aqu\'ed.\endash Por supuesto, querido Padre, \endash le respond\'ed, \endash h\'e1galo sin perder un momento.\par Dos horas despu\'e9s el taxista estaba conmigo. Le reconoc\'ed como uno de mis queridos compatriotas a quien la sociedad de abstinencia hab\'eda transformado en un hombre nuevo. Le pregunt\'e9 si recordaba el nombre de la joven que pocos d\'edas antes le hab\'eda hablado en la iglesia despu\'e9s de salir de mi confesionario.\par \endash\'a1S\'ed, se\'f1or, la conozco bien! Ella tiene mala fama, aunque pertenece a una familia respetable.\par A\'f1ad\'ed: \endash\'bfCrees que puedes convencerla a venir aqu\'ed, dici\'e9ndole que un sacerdote en el colegio Jesuita quiere verla? Pero no le digas mi nombre.\par Respondi\'f3: \endash Nada ser\'e1 m\'e1s f\'e1cil. Estar\'e1 aqu\'ed en unas dos horas si la encuentro en su casa.\par A las 3:00 p.m., el taxista llam\'f3 nuevamente a mi puerta y me dijo en voz baja: \endash La joven que usted quiere ver est\'e1 en la sala de espera. Ella no tiene idea de que usted est\'e1 aqu\'ed, porque ella me dijoLVALD que usted estar\'eda ahora predicando en St. Constant. Ella parece estar muy enojado contra usted y se queja amargamente contra su falta de cortes\'eda la primera vez que fue a confesarse con usted.\par \endash\'bfDe verdad te dijo eso? \endash le repliqu\'e9.\par \endash\'a1S\'ed se\'f1or! Me dijo eso cuando sali\'f3 de su confesionario el otro d\'eda. Luego, me pidi\'f3 que la llevara a su casa. Estaba fuera de s\'ed y jur\'f3 que le har\'eda pagar por sus duras palabras y modales groseras hacia ella. Usted har\'e1 bien en cuidarse. Ella es una de las j\'f3venes m\'e1s depravadas de Montreal y tiene una lengua peligros\'edsima. Y para verg\'fcenza de nuestra santa religi\'f3n, se encuentra diariamente en el palacio del obispo.\par Inmediatamente, fui con el Padre Schneider y le dije: \endash Mi querido Padre, por la misericordia de Dios, la joven que queremos ver est\'e1 en la sala de espera. Por lo que acabo de escuchar del taxista que la trajo, no tengo la menor duda que ella fue empleada por el obispo para calumniarme. Por favor, venga a dar testimonio de mi inocencia. Pero lleva consigo su Evangelio, tinta, papel y pluma.\par \endash Muy bien, \endash respondi\'f3 el Jesuita sabio.\par Dos minutos m\'e1s tarde, est\'e1bamos con ella. Es imposible describir su asombro cuando me vio; casi se desmay\'f3. Yo tem\'eda que no iba a poder decir ni una sola palabra. Le habl\'e9 muy amablemente y corr\'ed a traerle un vaso de agua fr\'eda, el cual le hizo bien. Cuando se recuper\'f3, le dije con un tono mezclado con autoridad y amable firmeza: \endash T\'fa est\'e1s aqu\'ed en la presencia de Dios y dos de sus sacerdotes. Ese gran Dios oir\'e1 cada palabra que salga de tu boca. Tienes que decir la verdad. T\'fa me has denunciado al obispo como culpable de cierta gran iniquidad. Eres la causa por la cual estoy suspendido. Solamente t\'fa puedes reparar el da\'f1o que has hecho. Ese da\'f1o es grande, pero puede ser reparado f\'e1cilmente por ti. En presencia de este sacerdote venerable, dime si soy LVALEo no soy culpable del crimen del cual me has acusado.\par Ante estas palabras la desgraciada joven se deshizo en l\'e1grimas, ocult\'f3 su cara en su pa\'f1uelo y con una voz medio sofocada con suspiros dijo: \endash\'a1No, se\'f1or! Usted no es culpable.\par A\'f1ad\'ed: \endash Confiesa otra cosa. \'bfNo es un hecho que viniste a mi confesionario m\'e1s con la intenci\'f3n de tentarme a pecar que para reconciliarte con Dios? \endash S\'ed, se\'f1or, \endash dijo, \endash esa fue mi malvada intenci\'f3n.\par \endash Sigue diciendo la verdad y nuestro gran Dios misericordioso te perdonar\'e1. \'bfNo fue por venganza que formulaste las falsas acusaciones al obispo para que \'e9l me suspendiera?\par \endash S\'ed, se\'f1or, \endash a\'f1adi\'f3, \endash esa fue la \'fanica raz\'f3n que yo ten\'eda para acusarle.\par Despu\'e9s que el Padre Schneider hab\'eda hecho cuatro copias de esas declaraciones firmados por \'e9l como testigo y despu\'e9s que ella hab\'eda jurado por el Evangelio, le perdon\'e9 el da\'f1o que me hizo, le di un buen consejo y la desped\'ed.\par \endash\'bfNo es evidente, \endash dije al Padre Schneider, \endash que nuestro Dios misericordioso nunca desampara a los que conf\'edan en \'e9l?\par \endash S\'ed, yo nunca hab\'eda visto la intervenci\'f3n de Dios manifestada tan maravillosamente. Pero, por favor, dime por qu\'e9 me pediste que te hiciera cuatro copias de su declaraci\'f3n jurada de tu inocencia; \'bfNo es una suficiente? \endash pregunt\'f3 el Sr. Schneider.\par Le respond\'ed: \endash Una de esas copias es para el obispo; otra permanecer\'e1 en las manos de usted, el Sr. Brassard tendr\'e1 una y yo mismo necesito una. Porque me es tan evidente la deshonestidad del obispo ahora, que le creo capaz de destruir la copia que le mandar\'e9 a \'e9l, con la esperanza de mantenerme bajo sus pies despu\'e9s de su destrucci\'f3n. Si \'e9l comete ese nuevo acto de iniquidad, le confundir\'e9 con otras tres copias aut\'e9nticas. Adem\'e1s esa joven desgraciada pudiera morir a2 LVALB ntes de lo que se espera. En ese caso me encontrar\'eda nuevamente con el cuchillo del obispo en mi cuello si no tuviera otra copia de la retractaci\'f3n.\par \endash Tienes raz\'f3n \endash replic\'f3 el Padre Schneider, \endash ahora lo \'fanico que te falta hacer es enviar esa retractaci\'f3n con una firme y cort\'e9s petici\'f3n de retractaci\'f3n de su sentencia injusta contra ti. D\'e9jame a m\'ed hacer lo dem\'e1s con \'e9l. Gracias a Dios, tienes la m\'e1s completa victoria sobre tus agresores injustos. Sin duda, el obispo har\'e1 todo en su poder para hacerte olvidar la p\'e1gina m\'e1s oscura de su vida.\par El Jesuita astuto ten\'eda raz\'f3n. Nunca me hab\'eda recibido ning\'fan obispo con tanta bondad y respeto como \'e9l cuando fui para despedirme de \'e9l antes de partir de Canad\'e1 rumbo a los Estados Unidos.\par \par \par } LVAL G{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Llegu\'e9 a Chicago el 29 de octubre de 1851 y pas\'e9 seis d\'edas con el Obispo Vandeveld, madurando los planes para nuestra colonizaci\'f3n Cat\'f3lica. El me dio sabios consejos con los poderes m\'e1s amplios que un obispo puede conceder a un sacerdote y me inst\'f3 a comenzar en seguida a escoger el sitio m\'e1s conveniente para un proyecto tan importante e inmenso. Mi coraz\'f3n se llen\'f3 de emociones incontrolables cuando lleg\'f3 la hora de dejar a mi superior y salir a conquistar al magn\'edfico estado de Illinois para beneficio de mi Iglesia. Me arrodill\'e9 delante de \'e9l para pedir su bendici\'f3n y le supliqu\'e9 que nunca me olvidara en sus oraciones. El no fue menos afectado que yo y apret\'e1ndome a su pecho, ba\'f1o mi cara con sus l\'e1grimas y me bendijo.\par Dur\'e9 tres d\'edas en cruzar las llanuras entre Chicago y Bourbonnais. Estas llanuras eran una inmensa soledad con caminos casi intransitables. Por invitaci\'f3n del sacerdote, el Sr. Courjeault, varias personas hab\'edan venido de largas distancias para recibirme y colmarme con expresiones p\'fablicas de gozo y respeto.\par Despu\'e9s de algunos d\'edas de reposo en medio de su joven e interesante colonia, expliqu\'e9 al Sr. Courjeault que hab\'eda sido enviado por el obispo para fundar una colonia para inmigrantes Cat\'f3lico-romanos de una escala suficientemente grandiosa para dominar al gobierno de Illinois y que era mi deber ir m\'e1s al sur para buscar el sitio m\'e1s conveniente para la primera aldea. Pero para mi pesar indecible, en el mismo momento en que le dije el objetivo de mi venida a Illinois, sent\'ed el esp\'edritu de celo convertirlo en un enemigo implacable. Lo mismo sucedi\'f3 con el Rev. Sr. Lebel en Chicago.\par Entretanto que ellos cre\'edan que yo hab\'eda salido de Canad\'e1 para ayudarles a aumentar sus peque\'f1as congregaciones LVALHal inducir a los inmigrantes a fijar su residencia entre ellos, me colmaban con las se\'f1as de su estimaci\'f3n, tanto en p\'fablico como en privado. Pero el momento que vieron que yo iba a fundar en el mero coraz\'f3n de Illinois colonias de una escala tan grande, se unieron para paralizar y arruinar mis esfuerzos. Si hubiera sospechado semejante oposici\'f3n de parte de los mismos hombres en cuya ayuda moral hab\'eda dependido para el \'e9xito de mis planes de colonizaci\'f3n, nunca hubiera salido de Canad\'e1 hacia Illinois. Pero ahora era demasiado tarde para detener mi marcha hacia adelante.\par Confiando solamente en Dios por el \'e9xito, convenc\'ed a seis de los ciudadanos m\'e1s respetados de Bourbonnais a acompa\'f1arme con tres vagones en b\'fasqueda del mejor sitio para el centro de mi futura colonia. Llev\'e9 una br\'fajula para guiarme por esas llanuras inmensas que se extend\'edan delante de m\'ed como un oc\'e9ano. Yo quer\'eda escoger el punto m\'e1s alto en Illinois para el primer poblado para asegurar el aire y el agua m\'e1s pura para los nuevos inmigrantes. Afortunadamente por la direcci\'f3n de Dios, tuve mayor \'e9xito de lo que esperaba, porque recientemente los top\'f3grafos del gobierno han reconocido que la aldea de St. Anne ocupa el punto m\'e1s alto de ese estado espl\'e9ndido.\par Para mi gran sorpresa, diez d\'edas despu\'e9s que escog\'ed ese sitio, cincuenta familias de Canad\'e1 plantaron sus tiendas alrededor de la m\'eda en el sitio hermoso que hoy forma la aldea de St. Anne. Se acercaban los \'faltimos d\'edas de noviembre y aunque el tiempo todav\'eda estaba templado, sent\'ed que no deber\'eda desperdiciar una sola hora en procurar albergues para cada familia antes que el invierno trajera enfermedad y muerte entre ellas. La mayor parte eran analfabetos y pobres, sin una sola idea de los peligros y dificultades incre\'edbles de establecer una nueva colonia. Al principio, hab\'eda solamente dos casas peque\'f1as para hospedarnos. Una med\'eda ocho por diez metroLVALIs y la otra, cinco por siete metros. Junto con todos mis queridos inmigrantes, envuelto en vestimentos de b\'fafalo, con mi abrigo como almohada, dorm\'ed profundamente en el duro suelo durante los tres meses que dur\'e9 erigiendo mi primera casa.\par Hice un censo de la gente el primero de diciembre y encontr\'e9 200 almas, 100 de las cuales eran adultos. Les dije: \endash No hay tres de ustedes que dejados solos sean capaces de preparar un albergue para su familia este invierno, pero si se olvidan de ustedes mismos y trabajan los unos por los otros como verdaderos amigos y hermanos, aumentar\'e1n sus fuerzas diez veces y en pocas semanas habr\'e1 suficientes edificios, peque\'f1os pero s\'f3lidos, para protegerlos contra las tempestades y nieve del invierno que r\'e1pidamente se aproxima.\par \endash Vamos hoy al bosque juntos a cortar la madera, ma\'f1ana la arrastraremos a uno de los lotes que han escogido y ver\'e1n con cuanta rapidez se erige la casa. Pero antes de salir al bosque, arrodill\'e9monos a pedir a nuestro Padre Celestial que bendiga la obra de nuestras manos, que nos conceda ser de un solo coraz\'f3n y que nos proteja de los accidentes tan comunes en los bosques y obras de construcci\'f3n.\par Todos nos arrodillamos en el pasto y tanto con nuestras l\'e1grimas como con nuestros labios, enviamos al propiciatorio una sincera oraci\'f3n y luego salimos al bosque.\par \'a1Cu\'e1n r\'e1pidamente se erigieron las primeras 40 peque\'f1as pero bonitas casas en nuestras hermosas llanuras. Mientras los hombres cortaban madera y constru\'edan sus casas los unos de los otros con unidad, gozo, buena voluntad y diligencia, las mujeres preparaban comidas en com\'fan. Obtuvimos nuestra harina y carne de puerco de Bourbonnais y Momence a precios muy bajos y como yo ten\'eda buena punter\'eda, sal\'eda con uno o dos amigos y cazamos cada d\'eda suficientes gallinas silvestres, codornices, patos y gansos silvestres, barnaclas y venado para alimentar a m\'e1s gente que hab\'eda en nuestra joven coloLVALJnia.\par Cuando vi que suficientes casas hab\'edan sido construidos para dar albergue a todos los primeros inmigrantes, convoqu\'e9 una reuni\'f3n y les dije: \endash Mis queridos amigos, creo que ahora debemos construir una casa de dos pisos, la parte superior ser\'e1 usado como escuela para sus ni\'f1os entre semana y como capilla los domingos. La planta baja ser\'e1 mi casa parroquial. Yo proveer\'e9 el dinero para el solado, las tablillas, clavos, etc. y ustedes proveer\'e1n la mano de obra, cortando, trayendo y colocando la madera. Yo tambi\'e9n pagar\'e9 al arquitecto sin pedir a ustedes un solo centavo. \'bfC\'f3mo les parece? Un\'e1nimes respondieron: \endash\'a1S\'ed! Despu\'e9s que usted ha trabajado tan duro para darnos un hogar a cada uno de nosotros, es justo que nosotros le ayudemos a construir una para usted. Nos alegra saber que es su intenci\'f3n procurar una buena educaci\'f3n para nuestros hijos. Empecemos a trabajar en seguida. Esto fue el 16 de enero de 1852. El sol era tan caluroso como en un d\'eda hermoso de mayo en Canad\'e1. Nuevamente nos arrodillamos para implorar la ayuda de Dios.\par El d\'eda siguiente, \'e9ramos 72 varones en el bosque cercano cortando los grandes robles. El d\'eda 17 de abril, s\'f3lo tres meses m\'e1s tarde, ese fino edificio de dos pisos de casi trece metros cuadrados fue bendecido por el Obispo Vandeveld. Fue coronado de un campanario de diez metros y una campana que pesaba 250 libras cuyo sonido solemne proclamar\'eda nuestros goces y tristezas por las llanuras sin l\'edmite. Para entonces, cont\'e1bamos con m\'e1s de 100 familias con m\'e1s de 500 adultos. La capilla que al principio pens\'e1bamos que ser\'eda demasiado grande, se llen\'f3 a su m\'e1xima capacidad el d\'eda de su consagraci\'f3n a Dios.\par Menos de un mes m\'e1s tarde, decidimos a\'f1adir otros trece metros cuadrados, los cuales, cuando fueron terminados seis meses despu\'e9s, se hallaban todav\'eda insuficientes para acomodar la inundaci\'f3n de inmigrantes que constantementeLVAL aumentaba, llegando no s\'f3lo de Canad\'e1, sino de B\'e9lgica y Francia. Pronto, era necesario hacer un nuevo centro y expandir los l\'edmites de mi primera colonia, lo cual hice, colocando una cruz en L\rquote Erable como a 15 millas al sur de St. Anne y otra en un lugar que llamamos St. Mary, doce millas al sureste en el condado de Iroquois. Estas aldeas pronto se llenaron, porque esa misma primavera m\'e1s de 1,000 familias nuevas llegaron de Canad\'e1 para unirse con nosotros.\par Las palabras no pueden expresar el gozo de mi coraz\'f3n cuando vi cu\'e1n r\'e1pidamente mi (en ese tiempo) querida Iglesia de Roma estaba tomando posesi\'f3n de esas tierras magn\'edficas y c\'f3mo ella pronto ser\'eda la due\'f1a sin rival, no s\'f3lo de Illinois, sino de todo el Valle Mississippi. Pero los caminos de los hombres no son los caminos de Dios. Yo hab\'eda sido llamado por los obispos de Roma a Illinois para extender el poder de esa Iglesia, pero mi Dios me llam\'f3 ah\'ed para dar a esa Iglesia el golpe m\'e1s mortal que jam\'e1s recibi\'f3 en este continente.\par Ahora, mi tarea es contar a mis lectores c\'f3mo el Dios de verdad, luz y vida, rompi\'f3 uno tras otro los lazos encantados por los cuales fui cautivado a los pies del Papa y c\'f3mo \'e9l abri\'f3 mis ojos y los ojos de mi gente a las abominaciones insospechadas e inauditas del Romanismo.\par \par \par } LVAL L{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22\endash Por favor, acomp\'e1\'f1ame a Bourbonnais, tengo que conferir contigo y con el Rev. Sr. Courjeault sobre algunos asuntos importantes, \endash dijo el obispo, media hora antes de salir de St. Anne, despu\'e9s de bendecir a la capilla.\par \endash Yo ten\'eda la intenci\'f3n, mi se\'f1or, de pedir a Su Se\'f1or\'eda que me concediese ese honor antes que usted lo ofreciera, \endash respond\'ed.\par Dos horas de arduo manejo nos llev\'f3 a la casa parroquial del Rev. Sr. Courjeault, quien hab\'eda preparado una comida suntuosa a la cual varios de los ciudadanos principales de Bourbonnais fueron invitados.\par Cuando todos los invitados se hab\'edan ido, quedando s\'f3lo el obispo, el Sr. Courjeault y yo, el obispo sac\'f3 de su ba\'fal un mont\'f3n de peri\'f3dicos semanales de Montreal, Canad\'e1 en los cuales varias cartas, muy despreciativas del obispo, fueron publicadas, firmadas R. L. C. Mostr\'e1ndomelos, dijo:\par \endash Sr. Ch\'edniquy, \'bfPuedo saber las razones por qu\'e9 has escrito cosas tan insultantes contra tu obispo?\par \endash Mi se\'f1or, \endash respond\'ed, \endash no tengo palabras para expresar mi sorpresa e indignaci\'f3n cuando le\'ed esas cartas, pero gracias a Dios, yo no soy el autor.\par \endash\'bfEst\'e1s positivo en esa negaci\'f3n y conoces el contenido de estas comunicaciones mentirosas? \endash replic\'f3 el obispo.\par \endash S\'ed, mi se\'f1or, conozco el contenido. Las he le\'eddo varias veces con suma repugnancia e indignaci\'f3n.\par \endash Entonces, \'bfPuedes decirme qui\'e9n las escribi\'f3? \endash pregunt\'f3 el obispo.\par Le respond\'ed: \endash Por favor, mi se\'f1or, haga esa pregunta al Rev. Sr. Courjeault. El es m\'e1s capaz que cualquier otro para satisfacer a Su Se\'f1or\'eda sobre ese asunto. Le mir\'e9 al Sr. Courjeault con un aire iLVALMndignado que le dec\'eda que \'e9l hab\'eda sido descubierto. Los ojos del obispo tambi\'e9n se voltearon y se fijaron firmemente en ese miserable sacerdote.\par Nunca vi nada tan extra\'f1o como el rostro de ese hombre culpable. Su cara, aunque normalmente fea, de repente tom\'f3 una apariencia cadav\'e9rica, con sus ojos fijos en el suelo como incapaces de moverse. Las \'fanicas se\'f1as de vida que quedaban en \'e9l eran sus rodillas que temblaban convulsivamente y en las grandes gotas de sudor que corr\'edan por su cara sucia; porque tengo que decir aqu\'ed que, con pocas excepciones, ese sacerdote era el hombre m\'e1s sucio que jam\'e1s hab\'eda visto.\par El obispo, con expresiones de indecible indignaci\'f3n, exclam\'f3: \endash Sr. Courjeault, \'a1T\'fa eres el escritor de esas cartas infames y calumniadoras! \'a1Tres veces me has escrito y dos veces me has dicho verbalmente que ellas proced\'edan del Sr. Ch\'edniquy! No te pregunto si eres el autor de esas calumnias contra mi, lo veo escrito en tu cara. Tu malicia contra el Sr. Ch\'edniquy es verdaderamente diab\'f3lica. \'bfC\'f3mo es posible que un sacerdote pueda entregarse tan completamente al diablo?\par Dirigi\'e9ndose a m\'ed, el obispo dijo: \endash Sr. Ch\'edniquy, te ruego que me perdones por haber cre\'eddo que t\'fa fueras tan depravado como para escribir esas calumnias contra tu obispo. Fui enga\'f1ado por este hombre mentiroso. Retractar\'e9 inmediatamente lo que escrib\'ed y dije contra ti.\par Luego, dirigi\'e9ndose al Sr. Courjeault, dijo: \endash El castigo m\'ednimo que puedo darte es expulsarte de mi di\'f3cesis y escribir a todos los obispos de Am\'e9rica que t\'fa eres el sacerdote m\'e1s vil que he visto y que nunca te concedan ninguna posici\'f3n en este continente.\par Estas \'faltimas palabras apenas salieron de la boca del obispo cuando el Sr. Courjeault cay\'f3 de rodillas ante m\'ed y convulsivamente apretando mis manos en las suyas, dijo: \endash Querido Sr. Ch\'edniquy, reconozco la grandeza de mi iniquidadLVALN contra ti y contra nuestro obispo; por amor del querido Salvador Jes\'fas, perd\'f3name. Tomo a Dios por testigo que nunca tendr\'e1s un amigo m\'e1s devoto de lo que yo te ser\'e9. Y usted, mi se\'f1or, perm\'edtame decirle que doy gracias a Dios que mi malicia y mi gran pecado contra usted y el Sr. Ch\'edniquy sean conocidos y castigados en seguida. Sin embargo, en el nombre de nuestro Salvador crucificado le suplico que me perdone. Dios sabe que de aqu\'ed en adelante, usted no tendr\'e1 un sacerdote m\'e1s obediente y devoto que yo.\par Fue un espect\'e1culo conmovedor ver las l\'e1grimas y o\'edr los sollozos de ese pecador arrepentido. No pude contener ni refrenar mis l\'e1grimas. Le respond\'ed: \endash S\'ed, Sr. Courjeault, yo te perdono con todo mi coraz\'f3n, as\'ed como mi Dios misericordioso me perdona mis pecados. \'a1Que el Dios que ve tu arrepentimiento te perdone tambi\'e9n!\par El Obispo Vandeveld, quien fue dotado de una buena y muy sensible y amable naturaleza, tambi\'e9n derram\'f3 sus l\'e1grimas. Me pregunt\'f3: \endash\'bfQu\'e9 me aconseja hacer? \'bfTengo yo que perdonar tambi\'e9n? Y, \'bfPuedo seguir reteni\'e9ndolo como cabeza de esta misi\'f3n tan importante?\endash S\'ed, mi se\'f1or, por favor, perdone y olvide los errores de este querido hermano. El ya hizo tanto bien a mis compatriotas de Bourbonnais. Le aseguro que, de aqu\'ed en adelante, \'e9l ser\'e1 uno de sus mejores sacerdotes.\par El obispo le perdon\'f3 despu\'e9s de unos consejos apropiados y paternales, admirablemente mezclados con misericordia y firmeza. Para entonces, eran como las 3:00 p.m. Nos separamos para rezar nuestras oraciones vispertinas y matinales (rezos que duraban casi una hora). Apenas acab\'e9 de recitarlas en el jard\'edn cuando vi al Rev. Sr. Courjeault caminando de la iglesia hacia m\'ed con una expresi\'f3n de tanto terror y tristeza que casi no le reconoc\'ed. El murmur\'f3 algo que no entend\'eda, su voz ahogada en sus l\'e1grimas y sollozos. Suponiendo que ven\'eda nuevamente a pLVALOedirme perd\'f3n, sent\'ed una compasi\'f3n inefable por \'e9l. Le dije: \endash Mi querido Sr. Courjeault, ven a sentarte conmigo y no pienses m\'e1s del pasado. Nunca volver\'e9 a pensar en tus errores moment\'e1neos, puedes considerarme tu devoto amigo.\par \endash Querido Sr. Ch\'edniquy, \endash respondi\'f3, \endash Tengo que revelarte otro misterio oscuro de mi vida miserable. Desde hace m\'e1s de un a\'f1o, he vivido con la hija del sacrist\'e1n como si fuera mi esposa. Ella acaba de avisarme que va a ser madre y que tengo que responder por eso y darle $500.00 d\'f3lares. Ella amenaza con denunciarme p\'fablicamente si no sustento a ella y su progenitura. \'bfNo ser\'eda mejor para m\'ed huir esta noche, volver a Francia a vivir con mi familia y ocultar mi verg\'fcenza? A veces estoy tentado a echarme en el r\'edo para poner fin a mi miserable y deshonrada existencia. \'bfCrees que el obispo perdonar\'e1 este nuevo crimen si me postro a sus pies pidi\'e9ndole perd\'f3n? \'bfMe dar\'e1 alg\'fan otro lugar en su inmensa di\'f3cesis donde todas mis desgracias y pecados sean desconocidos? Por favor, dime, \'bfQu\'e9 debo hacer?\par Absolutamente pasmado, no sab\'eda qu\'e9 responder. Aunque le sent\'ed compasi\'f3n, tengo que confesar que este nuevo descubrimiento de hipocres\'eda me llen\'f3 de horror y repugnancia indecible. Hasta ahora, \'e9l se hab\'eda envuelto en un manto de enga\'f1o tan espeso que mucha gente le consideraba un \'e1ngel de pureza. Sus infamias estaban tan bien ocultas bajo un disfraz de extrema rigidez moral, que varios de sus feligreses le consideraban un santo cuyas reliquias pod\'edan hacer milagros.\par Hac\'eda poco, dos parejas j\'f3venes de las mejores familias de Bourbonnais, habiendo bailado en una respetable reuni\'f3n social, fueron condenados por \'e9l y obligados a pedir perd\'f3n p\'fablicamente en la iglesia. Esta rigidez farisaica hizo que los vicios secretos de ese sacerdote fueran a\'fan m\'e1s llamativos y escandalosos. Sent\'ed que el esc\'e1ndalo queLVALP seguir\'eda a la publicaci\'f3n de este misterio de iniquidad ser\'eda terrible y har\'eda que muchos perdieran para siempre su fe en nuestra Iglesia. Tantos pensamientos tan tristes llenaban mi mente que estaba confundido e incapaz de darle un consejo. Le respond\'ed: \endash Tu desgracia es grand\'edsima; si no estuviera aqu\'ed el obispo, quiz\'e1s te dir\'eda mi opini\'f3n acerca de la mejor acci\'f3n. Pero el obispo est\'e1 aqu\'ed; \'e9l es el \'fanico a quien debes acudir. El es tu consejero apropiado; ve a decirle todo francamente y sigue su consejo.\par Con pasos tambaleantes y con tan profunda emoci\'f3n que sus sollozos y clamores se o\'edan bastante lejos, fue con el obispo. Yo me qued\'e9 solo, medio petrificado por lo que escuch\'e9. Media hora m\'e1s tarde el obispo me busc\'f3. Estaba p\'e1lido y sus ojos enrojecidos por sus l\'e1grimas. Me dijo: \endash Sr. Ch\'edniquy, \'a1Qu\'e9 terrible esc\'e1ndalo! \'a1Qu\'e9 nueva desgracia para nuestra santa Iglesia! Ese Sr. Courjeault es un diablo encarnado. \'bfQu\'e9 har\'e9? Por favor, ay\'fadame con tu consejo. \'bfQu\'e9 consideras que sea la mejor manera de evitar el esc\'e1ndalo y proteger a la fe de la buena gente contra la tempestad destructiva que viene sobre ella?\par \endash Mi querido obispo, \endash le respond\'ed, \endash entre m\'e1s considero estos esc\'e1ndalos aqu\'ed, menos puedo ver c\'f3mo podemos salvar a la Iglesia de convertirse en un naufragio espantoso. Yo siento demasiado la responsabilidad de mi consejo para d\'e1rselo. Que Su Se\'f1or\'eda, guiado por el Esp\'edritu de Dios haga lo que usted considere mejor para la honra de la Iglesia y la salvaci\'f3n de tantas almas que estar\'e1n en peligro de perecer cuando este esc\'e1ndalo sea conocido. Por m\'ed, lo \'fanico que puedo hacer es ocultar mi verg\'fcenza, volver a mi colonia a orar, llorar y trabajar.\par El obispo replic\'f3: \endash Esto es lo que pretendo hacer: El Sr. Courjeault me dice que no hay la menor sospecha entre la gente de su pecado y que ser\LVALQ'eda cosa f\'e1cil enviar a esa joven a la casa provista en Canad\'e1 para las ofensas de los sacerdotes sin despertar ninguna sospecha. El parece estar tan arrepentido que espero que, de aqu\'ed en adelante, no tengamos nada que temer de \'e9l. Ahora, vivir\'e1 la vida de un buen sacerdote, sin hacer ning\'fan esc\'e1ndalo. Porque si lo quito, entonces habr\'e1 algunas sospechas de su ca\'edda y el terrible esc\'e1ndalo que queremos evitar vendr\'e1. \'bfQu\'e9 opinas de este plan?\par \endash Si Su Se\'f1or\'eda est\'e1 seguro de la conversi\'f3n del Sr. Courjeault y que no hay peligro de que su gran iniquidad sea conocida por la gente, evidentemente la cosa m\'e1s sabia que puede hacerse es mandar a esa joven a Canad\'e1 y dejar al Sr. Courjeault aqu\'ed. Aunque veo gran peligro aun en esa forma de tratar este triste asunto.\par Cinco d\'edas despu\'e9s, cuatro de los ciudadanos principales de Bourbonnais llamaron a mi puerta. Ellos fueron enviados como representantes de toda la aldea para preguntarme qu\'e9 deber\'edan hacer con su cura, el Sr. Courjeault. Me dijeron que varios de ellos, desde hace mucho tiempo, sospechaban de lo que ocurr\'eda entre el sacerdote y la hija del sacrist\'e1n, pero lo hab\'edan guardado en secreto. \endash Sin embargo, ayer, \endash dijeron, \endash los ojos de toda la parroquia fueron abiertos al terrible esc\'e1ndalo. Las demostraciones y atenciones repugnantes del cura cuando la v\'edctima de su lujuria subi\'f3 a la diligencia, no dej\'f3 ninguna duda en la mente de nadie de que ella dar\'e1 a luz un ni\'f1o en Montreal. Ahora, Sr. Ch\'edniquy, somos enviados aqu\'ed para pedir su consejo. Por favor, d\'edganos, \'bfQu\'e9 debemos hacer?\par \endash Mis queridos amigos, \endash les respond\'ed, \endash no es a m\'ed, sino a nuestro com\'fan obispo a quien deben preguntar qu\'e9 hacer en semejante asunto deplorable.Pero ellos replicaron: \endash\'bfNo ser\'e1 usted tan amable de acompa\'f1arnos a Bourbonnais para ir y decir a nuestro sacerdote desgraciado que sLVALRu conducta criminal es conocida por todo el mundo y que decentemente no podemos tolerarlo un d\'eda m\'e1s como nuestro maestro Cristiano? El nos ha rendido grandes servicios en el pasado que nunca olvidaremos. No queremos abusarlo ni insultarlo de ninguna manera. Aunque es culpable, todav\'eda es un sacerdote. El \'fanico favor que le pediremos ahora es que abandone el puesto sin ruido ni esc\'e1ndalo, de noche, para evitar cualquier demostraci\'f3n desagradable que pudiera proceder de sus enemigos personales a quienes su rigidez farisaica ha hecho amargos y numerosos.\par \endash No veo ninguna raz\'f3n para negarles ese favor, \endash les respond\'ed. Tres horas despu\'e9s, en presencia de esos cuatro caballeros, entregu\'e9 mi triste mensaje al cura desgraciado. El lo recibi\'f3 como su orden de muerte, pero se humill\'f3 y se someti\'f3 a su suerte. Despu\'e9s de pasar cuatro horas con nosotros arreglando sus asuntos, cay\'f3 de rodillas con torrentes de l\'e1grimas, pidi\'f3 perd\'f3n por el esc\'e1ndalo que hab\'eda causado y nos rog\'f3 que pidi\'e9ramos perd\'f3n de su parte a toda la parroquia. A las doce de la noche se fue a Chicago.\par Esa hora era verdaderamente triste para todos nosotros, pero mi Dios me ten\'eda reservada una hora a\'fan m\'e1s triste. La gente de Bourbonnais me pidieron que les diera algunos cultos religiosos por las tardes de la siguiente semana. Yo estaba terminando uno de ellos el 8 de mayo, cuando de repente el Rev. Sr. Courjeault entr\'f3 en la iglesia; camin\'f3 en medio de la multitud, saludando a \'e9ste, sonriendo a otro y apretando la mano de muchos. Su cara llevaba las se\'f1as de impudencia y corrupci\'f3n. De un extremo de la iglesia al otro, se o\'eda un murmullo de asombro e indignaci\'f3n: \'a1El Sr. Courjeault, el Sr. Courjeault! \'a1Gran Dios! \'bfQu\'e9 significa esto?\par Yo observ\'e9 que avanzaba hacia m\'ed, probablemente con la intenci\'f3n de saludarme delante de toda la gente, pero no le di oportunidad para hacerlo. Sal\'ed por la puerta tLVALSrasera y fui a la casa parroquial. El, entonces, regres\'f3 a la puerta para platicar con la gente, pero muy pocos le hicieron caso. Las mujeres en especial sintieron repugnancia ante su impudencia. Vi\'e9ndose casi desertado en la puerta de la iglesia volvi\'f3 sus pasos hacia la casa parroquial. Entr\'f3 por la puerta chiflando y cuando me contempl\'f3, se ri\'f3 y dijo: \endash\'a1Oh, oh! Nuestro querido Padrecito Ch\'edniquy, \'bfAqu\'ed? \'bfQu\'e9 tal?\par \endash Me siento muy mal, \endash respond\'ed, \endash viendo c\'f3mo te est\'e1s destruyendo tan miserablemente.\par \endash Yo no quiero destruirme, \endash contest\'f3, \endash pero eres t\'fa quien quieres sacarme de mi hermosa parroquia de Bourbonnais para tomar mi lugar. Con los cuatro tarugos que te acompa\'f1aron el otro d\'eda, me asust\'f3 y me convenci\'f3 de que mi desgracia con Mar\'eda es conocida por toda la gente. Pero nuestro buen obispo ha entendido que esto fue un truco y una de tus historias mentirosas. Volv\'ed para tomar posesi\'f3n de mi parroquia y expulsarte.\par Le dije: \endash Si el obispo te ha enviado aqu\'ed para expulsarme para que yo pueda regresar a mi colonia querida, \'e9l ha hecho exactamente lo que yo quer\'eda, porque \'e9l sabe, mejor que nadie, el gran prop\'f3sito por el cual vine a este pa\'eds y que no puedo hacer mi trabajo mientras \'e9l me pide que cuide a Bourbonnais. Yo me voy en seguida y te dejo en plena posesi\'f3n de tu parroquia. Pero te tengo l\'e1stima cuando veo la nube negra que est\'e1 en tu horizonte. Adi\'f3s.\par \endash T\'fa eres la \'fanica nube negra en mi horizonte, \endash respondi\'f3, \endash Cuando te hayas ido, estar\'e9 en tan perfecta paz como estaba antes de que pisaran tus pies en Illinois. Adi\'f3s y por favor, nunca vuelvas aqu\'ed a menos que yo te invite.\par Sal\'ed para regresar a St. Anne, pero mientras cruzaba la aldea, vi que hab\'eda un alboroto entre la gente. Varias veces me detuvieron y me pidieron que quedase entre ellos para aconsejarles qu\'e9 debLVALTer\'edan hacer, pero rehus\'e9 dici\'e9ndoles: \endash Ser\'eda un insulto de mi parte aconsejarles algo en un asunto donde su deber como hombres y Cat\'f3licos es tan claro. Consulten el respeto que deben a s\'ed mismos, a sus familias y a su Iglesia; entonces, sabr\'e1n qu\'e9 hacer.\par Tard\'e9 toda la noche, que era muy oscura, en llegar a St. Anne, donde llegu\'e9 al amanecer el 9 de mayo de 1852.\par El pr\'f3ximo domingo, aunque el culto en mi capilla estaba muy concurrido, no hice ninguna alusi\'f3n a ese asunto deplorable. El lunes siguiente, cuatro ciudadanos de Bourbonnais vinieron a contarme lo que hab\'edan hecho y me pidieron que no les abandonara en esta hora de prueba, sino que me recordara que soy su compatriota y que ellos no tienen a nadie m\'e1s a quien acudir para ayudarles a cumplir sus deberes religiosos.\par Aqu\'ed est\'e1 la substancia de su mensaje: \endash Lo m\'e1s pronto que usted sali\'f3 de nuestra aldea sin decirnos lo que deber\'edamos hacer, convocamos una reuni\'f3n p\'fablica donde hicimos las siguientes resoluciones:\par 1. Ning\'fan insulto personal se expresar\'e1 al Sr. Courjeault.\par 2. No podemos consentir en tenerlo como pastor una sola hora.\par 3. El pr\'f3ximo domingo, cuando empieza su serm\'f3n, al instante nos levantaremos y saldremos de la iglesia para que \'e9l se quede completamente solo; y comprenda nuestra severa determinaci\'f3n a no tolerarlo m\'e1s como nuestro l\'edder espiritual.\par 4. Mandaremos estas resoluciones al obispo, pidi\'e9ndole que permita que el Sr. Ch\'edniquy divida su tiempo y atenci\'f3n entre su nueva colonia y nosotros hasta que tengamos un pastor capaz de instruirnos y edificarnos.\par Extra\'f1amente, el pobre Sr. Courjeault encerrado en su casa parroquial, no se enter\'f3 de esa reuni\'f3n, ni se hall\'f3 un solo amigo para advertirle de lo que suceder\'eda el pr\'f3ximo domingo. Ese domingo el clima era magn\'edfico y nunca hab\'eda semejante multitud de gente en la iglesia. El miserable sacerdote, pensando pLVALUor el gent\'edo inusual que todo estar\'eda bien con \'e9l ese d\'eda, empez\'f3 su misa y entr\'f3 al p\'falpito para predicar su serm\'f3n. Pero apenas pronunci\'f3 las primeras palabras cuando toda la congregaci\'f3n se sali\'f3 corriendo de la iglesia como si estuviera encendida y \'e9l se qued\'f3 solo.\par Por supuesto, esto le cay\'f3 como una bomba y casi se desmay\'f3. Sin embargo, recuper\'e1ndose, fue a la puerta y con l\'e1grimas y sollozos convenci\'f3 a la gente a escucharle y dijo: \endash Veo que la mano de Dios est\'e1 contra m\'ed y yo lo merezco. Yo he pecado en volver. Ustedes ya no me quieren m\'e1s como pastor y no puedo quejarme de eso. Esto es su derecho y ser\'e1 satisfecho. Abandonar\'e9 el puesto para siempre esta noche, s\'f3lo les pido que perdonen mis errores pasados y oren por m\'ed.\par Este corto discurso fue seguido por un silencio mortal; ni una sola voz se o\'eda insultarlo. Muchos, al contrario, estaban tan impresionados por la triste solemnidad de esta ocurrencia que no pod\'edan refrenar sus l\'e1grimas. Todos regresaron a sus hogares con corazones quebrantados.\par El Sr. Courjeault se sali\'f3 de Bourbonnais esa misma noche para nunca regresar, pero el terrible esc\'e1ndalo que caus\'f3 no se desapareci\'f3 con \'e9l. Nuestro gran Dios misericordioso, quien tantas veces ha hecho que los mismos pecados y errores de su pueblo ayuden para bien, hizo que la iniquidad p\'fablica del sacerdote quitara las escamas de muchos ojos y les preparara para recibir la luz que ya amanec\'eda en el horizonte. Era como si muchos de nosotros escuch\'e1ramos una voz del cielo diciendo: \endash\'bfNo ven que en su Iglesia de Roma no siguen la palabra de Dios, sino las tradiciones mentirosas de los hombres? \'bfNo es evidente que el celibato de sus sacerdotes es un lazo y una instituci\'f3n de Satan\'e1s?\par Muchos me pidieron que les mostrase en el Evangelio d\'f3nde Cristo hab\'eda establecido la ley del celibato. \endash Yo har\'e9 mejor, \endash a\'f1ad\'ed, \endash pondr\'LVALVe9 el Evangelio en sus manos y busquen ustedes mismos en ese libro lo que \'e9l ense\'f1a sobre ese tema.\par Ese mismo d\'eda, hice el pedido a un comerciante de Montreal por una caja grande llena de Nuevos Testamentos imprimidos por orden del Arzobispo de Q\'fcebec. Muy pronto, conocieron todos mis inmigrantes que Jes\'fas, no s\'f3lo nunca prohibi\'f3 a sus ap\'f3stoles y sacerdotes a casarse, sino que les dej\'f3 libres para tener sus esposas y vivir con ellas seg\'fan el testimonio del mismo Pablo: \'bfNo tenemos potestad de traer con nosotros una hermana por mujer como tambi\'e9n los otros ap\'f3stoles, los hermanos del Se\'f1or y Cefas? (\cf1\ul 1Co_9:5\cf0\ulnone ). Ellos vieron por su Evangelio que la doctrina del celibato de los sacerdotes no fue tra\'eddo del cielo por Cristo, sino que hab\'eda sido forjado en las tinieblas para a\'f1adir a las miserias del hombre. Ellos le\'edan vez tras vez estas palabras de Cristo: Si permaneciereis en mi palabra, ser\'e9is mis verdaderos disc\'edpulos y conocer\'e9is la verdad y la verdad os libertar\'e1 . . . Por tanto, si el hijo os libertare, ser\'e9is verdaderamente libres (\cf1\ul Joh_8:31-32\cf0\ulnone , \cf1\ul Joh_8:36\cf0\ulnone ).\par Esta promesa de libertad que Cristo dio a los que le oyeron y le siguieron, a sus corazones les hizo saltar de gozo; lleg\'f3 a sus mentes como m\'fasica del cielo. Tambi\'e9n descubrieron por s\'ed mismos que cada vez que los disc\'edpulos de Cristo le preguntaron quien ser\'eda el primer gobernante o el Papa en su Iglesia, \'e9l siempre les dec\'eda solemne y positivamente que en su Iglesia nadie llegar\'eda a ser el primero, el gobernante o el Papa. Comenzaron a sospechar seriamente que los grandes poderes del Papa y sus obispos no eran m\'e1s que una usurpaci\'f3n sacr\'edlega. Pronto vi que la lectura de las Santas Escrituras por mis queridos compatriotas les estaba cambiando en otros hombres. Sus mentes obviamente se edificaban y se elevaban a las esferas m\'e1s altas de pensamiento. Empezaron a sospechar LVAL que las cadenas pesadas que her\'edan sus hombros, les imped\'edan progresar en la riqueza, inteligencia y libertad que disfrutaban sus pr\'f3jimos m\'e1s afortunados llamados Protestantes.Esto no fue la plena luz del d\'eda, pero fue el bendito amanecer.\par \par \par } LVAL X{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Durante los siguientes seis meses, m\'e1s de 500 familias de Francia, B\'e9lgica y Canad\'e1 llegaron a nuestra colonia. Mi gozo se disminuy\'f3, sin embargo, ante la noticia repentina de que el Sr. Courjeault hab\'eda regresado de Francia donde hab\'eda quedado solamente un mes.\par No atrevi\'e9ndose a visitar nuevamente a Bourbonnais, se escond\'eda en las fronteras de Indiana a unas pocas millas de distancia. Volvi\'e9ndose loco de celo y odio, el 23 de enero de 1853, me dirigi\'f3 la carta m\'e1s abusiva que jam\'e1s hab\'eda recibido. La termin\'f3 dici\'e9ndome que la fina (aunque no terminada) iglesia de Bourbonnais que \'e9l construy\'f3 iba a ser quemada y que peligraba mi propia vida si permanec\'eda a la cabeza de esa misi\'f3n.\par Inmediatamente, mand\'e9 esa carta al obispo pidiendo su consejo. En su respuesta me dijo que cre\'eda que el Sr. Courjeault era lo suficiente malvado como para cumplir sus amenazas. A\'f1adi\'f3: Aunque no tengo clara evidencia, temo que el Sr. Lebel es c\'f3mplice con el Sr. Courjeault en el complot de quemar la iglesia de Bourbonnais. Varias personas me han informado que \'e9l dice que tu presencia ah\'ed arruinar\'e1 a esa gente y causar\'e1 la desintegraci\'f3n de la Iglesia. Yo te aconsejar\'eda, mi querido Sr. Ch\'edniquy, asegurar a esa iglesia cuanto antes. Yo lo he intentado hacer aqu\'ed, pero han rehusado bajo el pretexto de que es un edificio de madera inacabada y que hay demasiado peligro de fuegos cuando los obreros todav\'eda est\'e1n trabajando en \'e9l. Mi impresi\'f3n es que el Sr. Lebel tiene confianza con algunos caballeros de seguros y les ha asustado con ese rumor del cual \'e9l probablemente es el autor junto con el Sr. Courjeault. Quiz\'e1s tendr\'e1s mejor suerte dirigi\'e9ndote a alguna compa\'f1\'eda de seguros en Joliet o en SpringfLVALYield.\par Despu\'e9s de intentar en vano asegurar la iglesia, escrib\'ed al obispo: La \'fanica manera de escapar del peligro inminente es terminar la iglesia en seguida y luego asegurarla. Acabo de hacer una colecta de 400 d\'f3lares entre la gente de Bourbonnais a la cual a\'f1ad\'ed 300 d\'f3lares de mis propios recursos. Comenzar\'e9 a trabajar inmediatamente si Su Se\'f1or\'eda no tiene ninguna objeci\'f3n.\par El estuvo de acuerdo con esto y trabajamos casi d\'eda y noche hasta que fue terminada. Me atrevo a afirmar que, para una aldea en el campo, esa iglesia era insuperablemente hermosa. La estructura inferior y el altar fueron hechos de los m\'e1s espl\'e9ndidos robles negros de Bourbonnais, pulidos y barnizados por los mejores obreros calificados. Era muy noche cuando gozosamente pudimos decir las palabras solemnes Est\'e1 terminada. Despu\'e9s cantamos el Te Deum. Si hubiera tenido la oportunidad a esa hora tan noche, la hubiera asegurado, pero fui forzado a esperar hasta el pr\'f3ximo lunes.\par Al d\'eda siguiente (el primer domingo de mayo 1853), la iglesia nunca hab\'eda estado tan llena y las palabras que dirig\'ed a mi Dios cuando le di gracias por la hermosa iglesia que \'e9l nos hab\'eda dado nunca hab\'edan sido tan sinceras y serias. Pero, \'a1Ay! \'bfQui\'e9n sospechar\'eda que seis horas m\'e1s tarde esa misma gente, reuni\'e9ndose alrededor de las ruinas humeantes de su iglesia, romper\'edan el aire con sus gritos de desolaci\'f3n? Sin embargo, as\'ed fue el caso.\par Despu\'e9s del culto p\'fablico, dos ni\'f1os, que permanecieron en la iglesia para esperar la hora del catecismo, corrieron a la casa parroquial gritando: \'a1Fuego, fuego, fuego! Con la cabeza descubierta y medio paralizado, corr\'ed a la iglesia con una cubeta de agua en la mano, pero ya era demasiado tarde. Las llamas ya hab\'edan corrido y saltado sobre el barniz fresco. En menos de dos horas, se deshizo nuestra hermosa iglesia. No hab\'eda duda que esto fue un incendio premeditada, porque no hab\'edamos LVALZdejado ning\'fan fuego prendido en la iglesia despu\'e9s del culto.\par Aunque aturdidos por esta terrible calamidad, la gente de noble coraz\'f3n de Bourbonnais no perdieron su juicio. Mientras se reun\'edan alrededor de las ruinas humeantes, les alent\'e9 diciendo: \endash Solamente en medio de grandes pruebas y dificultades los hombres muestran sus calidades m\'e1s nobles y su verdadera virilidad. Si somos verdaderos hombres, en lugar de desperdiciar nuestro tiempo derramando l\'e1grimas y rompiendo el aire con gritos de desolaci\'f3n, vamos a poner nuestras manos a la obra ma\'f1ana mismo y erigir una iglesia de piedra que no se quemar\'e1, sino que permanecer\'e1 delante de Dios y los hombres como un monumento imperecedero de nuestra fe, liberalidad y valor indomitable.\par Inmediatamente, empezamos una colecta. En menos de una hora, cuatro mil d\'f3lares en efectivo y m\'e1s de cinco mil d\'f3lares en tiempo, madera, piedra y otras materiales fueron prometidos. Tambi\'e9n fueron fielmente entregados para erigir esa fina iglesia de piedra de Bourbonnais.\par El pr\'f3ximo jueves, el Obispo Vandeveld vino de Chicago para ver qu\'e9 se pod\'eda hacer para reparar esa terrible p\'e9rdida y para inquirir de modo confidencial acerca del autor del incendio. Todos los hechos indicaron que el miserable Sr. Courjeault con Lebel, el sacerdote canadiense franc\'e9s de Chicago, lo hab\'edan hecho a trav\'e9s de sus emisarios. Ninguna duda de esto qued\'f3 en mi mente cuando supe que poco despu\'e9s el Sr. Courjeault se ech\'f3 en uno de esos calabozos oscuros llamado, Monasterio de La Trappe.\par Yo esperaba que mi obispo me trajera palabras de aliento, pero en lugar de eso me dijo: \endash Mi querido Sr. Ch\'edniquy, tengo que revelarte algo que no he comunicado a nadie. Por favor, no lo digas a nadie hasta que sea cumplido. \'a1No puedo permanecer m\'e1s como Obispo de Illinois! Esta fuera de mi poder cumplir mis deberes. La conducta de los sacerdotes de esta di\'f3cesis es tan mala que si yo siguiera LVAL[los reglamentos can\'f3nicos, ser\'eda obligado a suspender a todos los sacerdotes con la excepci\'f3n de ti y dos o tres m\'e1s. Todos son o borrachos notorios o entregados a concubinaje p\'fablico o secreto; varios de ellos tienen hijos de sus propias sobrinas y aun de sus propias hermanas. Pienso que ni diez de ellos creen en Dios. La religi\'f3n para ellos no es m\'e1s que una comedia bien pagada. \'bfD\'f3nde hallar\'e9 un remedio para semejante mal general? \'bfPuedo castigar a unos y dejar a los dem\'e1s libres en sus hechos abominables? \'bfNo ser\'e1 la suspensi\'f3n general de estos sacerdotes el golpe de muerte a nuestra Iglesia en Illinois? Adem\'e1s, \'bfC\'f3mo los castigar\'e9 cuando s\'e9 que muchos de ellos est\'e1n dispuestos a envenenarme el momento que levante un solo dedo contra ellos? \'a1Tengo la intenci\'f3n de ir a Roma lo m\'e1s pronto que reciba el permiso del Papa y a sus pies renunciar el obispado de Chicago, el cual no retendr\'e9 bajo ninguna consideraci\'f3n! Ya no soporto m\'e1s la terrible responsabilidad de mi posici\'f3n aqu\'ed.\par Decid\'ed esperar hasta la ma\'f1ana siguiente, cuando habr\'eda m\'e1s tiempo, para expulsar, si fuera posible, sus pensamientos negativos y darle \'e1nimo. Adem\'e1s, yo mismo estaba tan desanimado por esas terribles revelaciones que me hac\'eda falta un descanso, tanto mental como corporal. Pero, \'a1Ay! \'a1El d\'eda siguiente result\'f3 ser uno de los m\'e1s oscuros de mi vida sacerdotal! Cuando lleg\'f3 la hora del desayuno, fui a despertar al obispo. \'a1Cu\'e1nto fue mi asombro cuando lo encontr\'e9 ebrio! Me hab\'edan dicho que el Obispo Vandeveld, igual que la mayor\'eda de los obispos de los Estados Unidos, era un borracho, pero nunca lo cre\'eda.\par La destrucci\'f3n de mi iglesia por manos de incendiarios ciertamente fue una gran calamidad para m\'ed; pero la ca\'edda de mi obispo, de la alta posici\'f3n que ten\'eda en mi coraz\'f3n y mente, fue peor. Mi amor y respeto por el Obispo Vandeveld eran cadenas muy fuertes poLVAL\r las cuales fui atado a los pies de los \'eddolos de Roma. Bendecir\'e9 eternamente a Dios quien rompi\'f3 esas cadenas en ese d\'eda de suma desolaci\'f3n.\par El resto del d\'eda, me qued\'e9 casi mudo en presencia del obispo y \'e9l no sinti\'f3 menos pena cuando pidi\'f3 mi opini\'f3n sobre su proyecto de dejar el di\'f3cesis. Le respond\'ed en pocas palabras que yo no pod\'eda desaprobar su prop\'f3sito, porque yo preferir\'eda vivir en la selva oscura en medio de animales salvajes que entre sacerdotes y obispos borrachos y ateos.\par Algunos meses despu\'e9s, supe que el Papa acept\'f3 su renuncia del obispado de Chicago y le asign\'f3 obispo de Natchez, Louisiana. Su sucesor en Chicago fue el Rev. Sr. O\rquote Regan. Una de las primeras acciones de este nuevo obispo fue poner pleito al Obispo Vandeveld ante los tribunos criminales acus\'e1ndole de ladr\'f3n por haber robado cien mil d\'f3lares del obispado de Chicago. Esta acci\'f3n caus\'f3 un terrible esc\'e1ndalo no s\'f3lo en Illinois, sino por todos los Estados Unidos. Los dos obispos usaron los mejores abogados para pelear el uno contra el otro, comprobando a todo el mundo que ambos eran igualmente estafadores y ladrones, hasta que el Papa les oblig\'f3 a detenerse y llevar el asunto ante su tribunal en Roma. All\'ed se decidi\'f3 que los cien mil d\'f3lares llevados de Chicago a la di\'f3cesis de Natchez deber\'edan ser divididos en partes iguales entre los dos obispos.\par Cu\'e1ntas noches desveladas gritaba la voz de mi conciencia: \endash\'bfQu\'e9 haces aqu\'ed extendiendo el poder de una Iglesia que es una cueva de ladrones, borrachos y ateos inmorales; una Iglesia gobernada por hombres que bien sabes son estafadores imp\'edos y viles farsantes? \'bfNo ves que no sigues la palabra de Dios, sino las falsas tradiciones de los hombres cuando consientes en doblar tus rodillas ante semejantes hombres? \'bfNo es una blasfemia llamar a tales hombres los embajadores y disc\'edpulos del humilde, puro, santo, pac\'edfico y amoroso Jes\'fLVAL]as? \'a1Sal fuera de esa Iglesia, rompe las cadenas por los cuales est\'e1s atado como vil esclavo a los pies de ellos! \'a1Toma el Evangelio como tu \'fanica gu\'eda y a Cristo como tu \'fanico gobernante!\par Mi fe en mi Iglesia fue desolada y conmovida por estos esc\'e1ndalos. De rodillas, ped\'ed a mi Dios que la preservara de la ruina, pero toda la noche me sent\'ed como un barco llevado a la deriva en un mar desconocido sin br\'fajula ni tim\'f3n. \'a1A\'f1os despu\'e9s, comprend\'ed que el divino y seguro Piloto estaba dirigiendo mi curso hacia la puerta de la salvaci\'f3n!\par Me parec\'eda que, aunque estaba muy ocupado buscando viviendas para los nuevos inmigrantes, era mi deber ir a presentar mis respetos a mi nuevo obispo y abrirle mi coraz\'f3n como a mi mejor amigo y el gu\'eda a quien Dios mismo hab\'eda escogido para sanar las heridas de mi alma con el aceite y vino de caridad.\par Nunca olvidar\'e9 el d\'eda (el 11 de diciembre de 1854) cuando vi por primera vez al Obispo O\rquote Regan. Era de estatura mediana con una cara repugnante y su cabeza en constante movimiento. Todos sus movimientos parec\'edan la expresi\'f3n de insolencia, desprecio, tiran\'eda y soberbio. No hab\'eda absolutamente nada agradable ni en sus palabras ni en sus modales. Ca\'ed de rodillas para pedir su bendici\'f3n y bes\'e9 su mano que parec\'eda tan fr\'eda como la de un cad\'e1ver.\par \endash\'a1Ah, ah! T\'fa eres el Padre Ch\'edniquy, \endash dijo, \endash me alegro de verte, aunque dilataste mucho tu visita. Por favor, si\'e9ntate. Quiero que me des una explicaci\'f3n acerca de cierto documento muy extra\'f1o que acabo de leer hoy.\par Entr\'f3 r\'e1pidamente a su rec\'e1mara para traer el documento. Hab\'eda dos sacerdotes irlandeses en la sala que llegaron unos minutos antes de m\'ed. Cuando estabamos solos, uno de ellos dijo: \endash Pensamos que saldr\'edamos avante al cambiar el Obispo Vandeveld por \'e9ste, pero temo que s\'f3lo hemos pasado de Caribdis a Escila, \endash y se rieron descaradaLVAL^mente. Pero yo no pod\'eda re\'edr; sent\'ed, m\'e1s bien, ganas de llorar. El obispo regres\'f3 con unos papeles en la mano que yo comprend\'ed que eran las escrituras de los once acres de terreno que yo hab\'eda comprado y donde constru\'ed la capilla de St. Anne.\par \endash\'bfConoces estos papeles? \endash me pregunt\'f3 con enojo.\par \endash S\'ed, mi se\'f1or, los conozco, \endash le respond\'ed.\par \endash Entonces, \endash replic\'f3 r\'e1pidamente, \endash\'bfsabes que son nulas estas escrituras, un fraude que nunca deber\'edas haber firmado?\par \endash Su venerable y digno predecesor las acept\'f3, \endash repliqu\'e9.\par \endash No me importa un comino lo que mi predecesor haya hecho, \endash respondi\'f3 bruscamente, \endash no estamos hablando de mi Sr. Vandeveld, sino de un documento que es nulo; un enga\'f1o que debe ser echado al fuego. Tienes que entregarme otras escrituras de esa propiedad.\par Al decir esto, tir\'f3 las escrituras en el suelo. Con calma las levant\'e9 y le dije: \endash Lamento en gran manera, mi se\'f1or, que mi primera entrevista con Su Se\'f1or\'eda fuera la ocasi\'f3n de semejante acci\'f3n inesperada. Pero espero que esto no destruye los sentimientos paternales que Dios ha puesto en el coraz\'f3n de mi obispo para con el \'faltimo y el menor de sus sacerdotes. Veo que Su Se\'f1or\'eda est\'e1 muy ocupado; no quiero abusar de su valioso tiempo. Llevar\'e9 este documento rechazado para hacer otro que espero que sea m\'e1s de acuerdo con su opini\'f3n. Y en seguida me desped\'ed de \'e9l.\par Sent\'ed que mi deber m\'e1s apremiante despu\'e9s de esa primera entrevista era llevar mi coraz\'f3n m\'e1s cerca de Dios que nunca, leer y estudiar la Biblia con m\'e1s atenci\'f3n y procurar que mi congregaci\'f3n recibiera, m\'e1s que nunca, la palabra de Dios como su alimento diario. Tambi\'e9n empec\'e9 a predicar abiertamente de nuestros derechos y responsabilidades como Cristianos tal como est\'e1n enunciados en el Evangelio de Cristo.\par Alg\'fan tiempoLVAL_ antes de esto, envi\'e9 respetuosamente mi renuncia a la parroquia de Bourbonnais, la cual fue aceptado por el obispo. Otro sacerdote fue enviado por \'e9l para tomar mi lugar ah\'ed, pero \'e9l tambi\'e9n pronto lleg\'f3 a ser culpable de un esc\'e1ndalo p\'fablico con su sirvienta. Los ciudadanos principales de Bourbonnais protestaron contra su presencia en medio de ellos y forzaron al obispo a despedirlo. Su sucesor fue el miserable sacerdote, el Sr. Lebel, quien hab\'eda sido expulsado de Chicago por una ofensa criminal con su propia sobrina y ahora ser\'eda el cura de Bourbonnais. Pero fue suspendido y expulsado de ese lugar en septiembre de 1855 a causa de su borrachera y otros vicios p\'fablicos. Aproximadamente en ese mismo tiempo, otro sacerdote que hab\'eda sido expulsado de B\'e9lgica por un terrible esc\'e1ndalo, fue enviado a Kankakee como cura de los canadienses franceses de esa interesante y joven ciudad. Despu\'e9s de su expulsi\'f3n de B\'e9lgica, fue a Chicago donde, bajo otro nombre, hizo una fortuna y durante cinco o seis a\'f1os mantuvo una casa de prostituci\'f3n. Cansado de eso, ofreci\'f3 cinco mil d\'f3lares al obispo para que lo aceptara como uno de sus sacerdotes y le diera una parroquia. El Obispo O\rquote Regan, codiciando el dinero, acept\'f3 el soborno y le mand\'f3 a Kankakee.\par A los pocos d\'edas, \'e9l, acompa\'f1ado por el Sr. Lebel, vino a visitarme. Los recib\'ed lo m\'e1s cort\'e9s posible, aunque ambos estaban medio borrachos cuando llegaron. Despu\'e9s de la comida, salieron a cazar gallinas de llanura y se emborracharon tanto que uno de ellos, el Sr. Lebel, perdi\'f3 sus botas en una ci\'e9nega y regres\'f3 descalzo sin notar su p\'e9rdida. Yo ten\'eda que ayudarles a subir a su carroza y al siguiente d\'eda les escrib\'ed prohibi\'e9ndoles a jam\'e1s volver a entrar a mi casa.\par Poco antes que estos dos sacerdotes infames fueran expulsados ignominiosamente por sus congregaciones, para mi sorpresa y tristeza, recib\'ed una carta del obispo que termin\'fLVAL`3 con estas palabras: Lamento o\'edr que rehuses vivir en paz con tus dos hermanos sacerdotes vecinos. Esto no debe ser; espero o\'edr pronto que te hayas reconciliado con ellos.\par Lleg\'f3 a ser un hecho p\'fablico que el obispo hab\'eda dicho en presencia de mucha gente: \endash Dar\'eda cualquier cosa al que me ayudara a deshacerme de ese inmanejable Ch\'edniquy. Entre ellos contaba un estafador de terrenos que hab\'eda sido culpado de perjurio en el condado Iroquois. El se ofreci\'f3 al obispo: \endash Si usted paga los gastos de la demanda, yo me comprometo a meter a Ch\'edniquy a la c\'e1rcel. El obispo le contest\'f3 p\'fablicamente: \endash Ninguna suma de dinero ser\'eda demasiado alta para librarme de un sacerdote que, \'e9l solo, me da m\'e1s problemas que todo el resto del clero. Este especulador me arrastr\'f3 ante el tribunal criminal de Kankakee, el 16 de mayo de 1855, pero perdi\'f3 el pleito y fue condenado a pagar el costo.\par Habiendo expresado tan frecuentemente en p\'fablico sus malos sentimientos contra m\'ed, me daba la impresi\'f3n que el obispo no visitar\'eda a mi colonia, pero estaba equivocado. El 11 de junio, acompa\'f1ado por el Sr. Lebel y Sr. Carthuval, lleg\'f3 a St. Anne para administrar el sacramento de la confirmaci\'f3n. En privado, yo protest\'e9 en\'e9rgicamente la presencia de estos dos hombres depravados en mi casa: \endash Mi se\'f1or, perm\'edtame decirle respetuosamente que el Evangelio de Cristo me manda a evitar la compa\'f1\'eda de hombres p\'fablicamente viciosos y disolutos. Mi conciencia me dice que por respeto a m\'ed mismo, a mi congregaci\'f3n y al Evangelio que predico, debo evitar la compa\'f1\'eda de hombres, uno de los cuales ha vivido con su sobrina como esposa y el otro, hasta recientes d\'edas, ha sido culpable de mantener una casa de prostituci\'f3n en Chicago. Quiz\'e1s Su Se\'f1or\'eda ignora estas cosas y por consecuencia pone su confianza en estos hombres. Pero no hay nada m\'e1s apto para destruir la fe de nuestra gente canadiense LVALafranc\'e9s que ver a semejantes hombres en su compa\'f1\'eda cuando usted viene a administrar el sacramento de la confirmaci\'f3n. Es por respeto a Su Se\'f1or\'eda que tomo la libertad de hablar de esta manera.\par El me respondi\'f3 airadamente: \endash Veo que es cierto lo que la gente dice de ti. Es al Evangelio al que constantemente apelas. \'a1El Evangelio! Ciertamente el Evangelio es un libro santo, pero acu\'e9rdate que es la Iglesia quien te guiar\'e1. Cristo ha dicho: Escucha a mi Iglesia. Yo, aqu\'ed, soy el int\'e9rprete, el embajador, el representante de la Iglesia; cuando desobedeces a m\'ed, desobedeces a la Iglesia.\par \endash Mi se\'f1or, \endash le dije, \endash ahora que he cumplido un deber de conciencia, por respeto a Su Se\'f1or\'eda, voy a tratar a estos dos sacerdotes como si fueran dignos de la posici\'f3n honorable que usted les ha dado.\par \endash Muy bien, muy bien, \endash replic\'f3 el obispo, \endash pero ha de estar cerca la hora de la comida.\par \endash S\'ed, mi se\'f1or, acabo de o\'edr la campana que nos llama al comedor.\par Despu\'e9s de la bendici\'f3n de la mesa por el obispo, \'e9l se fij\'f3 en el Rev. Sr. Carthuval que estaba sentado frente a \'e9l y dijo: \endash\'bfQu\'e9 te pasa, Sr. Carthuval? No te ves bien.\par \endash No, mi se\'f1or, \endash respondi\'f3, \endash no estoy bien, quiero ir a la cama.\par Ten\'eda raz\'f3n; no estaba bien, porque estaba borracho. Durante el servicio p\'fablico, \'e9l sali\'f3 de la capilla para bajar a pedir una botella de vino que yo guardaba para celebrar la misa. La sirvienta, pensando que requer\'edan el vino en la capilla, le dio la botella, la cual bebi\'f3 en su presencia en menos de cinco minutos. Despu\'e9s volvi\'f3 a la capilla para ayudar al obispo a administrar la confirmaci\'f3n a los 150 personas a quienes yo hab\'eda preparado para recibir este rito.\par Lo m\'e1s pronto que termin\'f3 la comida, el obispo me pidi\'f3 que saliera a pasear con \'e9l. Despu\'e9s de darme algunas felicitaciones poLVALbr el sitio tan hermoso que hab\'eda escogido para mi primera colonia y capilla, vio a corta distancia un edificio de piedra levantada a una altura un poco arriba de las ventanas. Dirigiendo sus pasos hacia \'e9l, se detuvo a una distancia de siete a diez metros y me pregunt\'f3: \endash\'bfDe qui\'e9n es esta casa?\par \endash Es m\'eda, mi se\'f1or.\par \endash\'a1Es tuya! \endash replic\'f3, \endash y, \'bfA qui\'e9n pertenece ese hermoso jard\'edn?\par \endash Es m\'edo tambi\'e9n, mi se\'f1or.\par \endash\'a1Bien, bien! \endash respondi\'f3, \endash\'bfD\'f3nde conseguiste el dinero para comprar ese fino terreno y construir esa casa?\par \endash Consegu\'ed el dinero donde todo hombre honesto consigue lo que posee, en el duro trabajo y en el sudor de mi frente, \endash repliqu\'e9.\par \endash\'a1Yo quiero esa casa y ese terreno! \endash respondi\'f3 el obispo con una voz imperiosa.\par \endash Yo tambi\'e9n, \endash le contest\'e9.\par \endash Tienes que darme esa casa y el terreno en que est\'e1 construida, \endash dijo el obispo.\par \endash No puedo d\'e1rselo mientras yo lo necesito, mi se\'f1or, \endash le repliqu\'e9.\par \endash Veo que eres un sacerdote malo como me han dicho tan frecuentemente, porque no obedeces a tu obispo, \endash respondi\'f3 airado.Le respond\'ed: \endash No veo porque soy un sacerdote malo, porque guardo lo que Dios me ha dado.\par \endash Ignoras el hecho de que no tienes ning\'fan derecho de poseer ninguna propiedad? \endash\'e9l respondi\'f3.\par \endash\'a1Si, mi se\'f1or! Estoy ignorante de cualquier ley en nuestra santa Iglesia que me priva de tales derechos. Sin embargo, si Su Se\'f1or\'eda me puede mostrar semejante ley, le entregar\'e9 las escrituras de esta propiedad ahora mismo.\par \endash Si no hay semejante ley, \endash replic\'f3, golpeando al suelo con sus pies, \endash yo mandar\'e9 que adopten una.\par \endash Mi se\'f1or, \endash le respond\'ed, \endash usted es un gran obispo; usted tiene gran poder en la Iglesia, pero perm\'edtame LVAL decirle que usted no es suficiente grande como para mandar adoptar semejante ley en nuestra Iglesia.\par \endash T\'fa eres un sacerdote insolente, \endash respondi\'f3 con terrible ira, \endash y yo te har\'e9 arrepentir de tu insolencia.\par Luego, se volte\'f3 hacia la capilla sin esperar mi respuesta y mand\'f3 enganchar los caballos a la carroza para salir cuanto antes. Un cuarto de hora despu\'e9s, sali\'f3 de St. Anne y nunca volvi\'f3 a venir. La visita de ese ladr\'f3n mitrado con sus dos sacerdotes disolutos, aunque muy corta, por la misericordia de Dios, hizo mucho para preparar nuestras mentes para comprender que Roma es la gran ramera de la Biblia que seduce y embriaga a las naciones con el vino de sus prostituciones. (\cf1\ul Rev_17:2\cf0\ulnone )\par \par \par } LVAL d{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 El 8 de diciembre de 1854, el Papa P\'edo IX estaba sentado en su trono. Ten\'eda en su cabeza una triple corona de oro y diamantes; con vestiduras de seda y damasquino de los colores rojo y blanco sobre sus hombros. 500 prelados mitrados le rodeaban y m\'e1s de 50,000 personas estaban a sus pies en la incomparable catedral de San Pedro en Roma. Despu\'e9s de algunos minutos del silencio m\'e1s solemne, un cardenal, vestido de su sotana p\'farpura, sali\'f3 de su asiento y camin\'f3 gravemente hacia el Papa. Postr\'e1ndose humildemente a sus pies, dijo: \endash Santo Padre, d\'edganos si podemos creer y ense\'f1ar que la Madre de Dios, la Santa Virgen Mar\'eda fue inmaculada en su concepci\'f3n.\par El Sumo Pont\'edfice respondi\'f3: \endash No s\'e9, pidamos la luz del Esp\'edritu Santo.\par El cardenal se retir\'f3 y el Papa y la multitud innumerable cayeron de rodillas mientras el coro armonioso cant\'f3 el Veni Creator Sp\'edritus.\par La \'faltima nota del sagrado himno apenas hab\'eda redoblado por las b\'f3vedas del templo cuando el mismo cardenal se levant\'f3 y se avanz\'f3 hacia el trono del Pont\'edfice. Se postr\'f3 a sus pies y dijo: \endash Santo Padre, d\'edganos si la Santa Madre de Dios, la Bendita Virgen Mar\'eda fue inmaculada en su concepci\'f3n.\par Nuevamente el Papa respondi\'f3: \endash No s\'e9, pidamos la luz del Esp\'edritu Santo.\par Y otra vez cantaron el Veni Creator Sp\'edritus.\par De nuevo, los ojos de la multitud siguieron los pasos graves del cardenal, vestido de p\'farpura, subir por tercera vez al trono del sucesor de San Pedro para preguntarle: \endash Santo Padre, d\'edganos, \'bfPodemos creer que la Bendita Virgen Mar\'eda, la Madre de Dios, fue inmaculada en su concepci\'f3n?\par El Papa, como si hubiera recibido una comunicaci\'f3n directa de Dios, responLVALedi\'f3 con voz solemne: \endash\'a1S\'ed! \'a1Tenemos que creer que la Bendita Virgen Mar\'eda fue inmaculada en su concepci\'f3n! \'a1No hay salvaci\'f3n para aquellos que no creen este dogma!\par Luego, en voz alta, el Papa enton\'f3 el Te Deum; las campanas de las 300 iglesias de Roma sonaron y se dispararon los ca\'f1ones del baluarte. As\'ed se termin\'f3 el \'faltimo acto de la comedia m\'e1s rid\'edcula y sacr\'edlega que el mundo jam\'e1s hab\'eda visto. Se cerraron para siempre las puerta del cielo contra cualquier persona que rehusara creer la doctrina anti-b\'edblica que hay una hija de Eva que no hered\'f3 la naturaleza pecaminosa de Ad\'e1n. Ella fue declarada exenta aun cuando el Dios de Verdad dijo: No hay justo, ni aun uno . . . porque todos pecaron y est\'e1n destituidos de la gloria de Dios. (\cf1\ul Rom_3:10-23\cf0\ulnone ) Ni un solo vestigio de esta ense\'f1anza se encuentra en los primeros siglos de la Iglesia. Solamente hasta el siglo duod\'e9cimo, fue predicado por unos monjes mentecatos, pero los hombres m\'e1s instruidos se opusieron a ella.\par Tenemos una carta muy notable de San Bernardo que refuta a unos monjes de Lyon que predicaban esta doctrina y escribi\'f3 un libro apoyando esa opini\'f3n. Pero \'e9l fue refutado por Santo Tom\'e1s de Aquino, quien justamente fue considerado por la Iglesia de Roma el mejor te\'f3logo de ese tiempo.\par Despu\'e9s, los Franciscanos y los Dominicanos atacaron los unos a los otros sin misericordia sobre ese tema y llenaron el mundo con el ruido de sus disputas airadas, condenando los unos a los otros como herejes. Tuvieron \'e9xito en dividir a los Cat\'f3lico-romanos de Europa en dos campamentos de enemigos feroces. Fue discutido, atacado y defendido no s\'f3lo en las sillas de universidades y los p\'falpitos de las catedrales, sino tambi\'e9n en los campos y en las mismas calles de las ciudades. Y cuando los dos partidos hab\'edan agotado su ingenuidad, conocimiento o su fanatismo ignorante, recurr\'edan frecuentemente a la violencLVALfia para sostener sus argumentos.\par Incre\'edblemente, algunas ciudades grandes de Europa, especialmente en Espa\'f1a, se enrojecieron con la sangre de los partidarios y oponentes de esa doctrina. Para resolver los conflictos, los reyes de Europa enviaron delegaci\'f3n tras delegaci\'f3n a los Papas para saber por su autoridad infalible qu\'e9 deber\'edan creer sobre el tema. Felipe III y Felipe IV hicieron esfuerzos supremos para forzar a los Papas Pablo V, Gregorio XV y Alejandro VII a detener el derramamiento de sangre y desarmar a los contendientes, elevando la opini\'f3n a favor de la Concepci\'f3n Inmaculada a la dignidad de un dogma Cat\'f3lico, pero ellos fracasaron. La \'fanica respuesta que pudieron conseguir de la cabeza infalible de la Iglesia de Roma fue que Ese dogma no fue revelado en las Santas Escrituras, nunca hab\'eda sido ense\'f1ado por los ap\'f3stoles ni por los Papas y nunca hab\'eda sido cre\'eddo ni predicado por la Iglesia de Roma como art\'edculo de fe.\par La \'fanica cosa que los Papas hicieron para aplacar a los reyes y obispos suplicantes de las naciones de Europa en esos d\'edas fue prohibir a los dos partidos llamarse el uno al otro herejes y prohibir decir que es un art\'edculo de fe que se deber\'eda creer para ser salvo.\par En el concilio de Trento, los Franciscanos y todos los partidarios de la Inmaculada Concepci\'f3n unieron sus fuerzas para promover un decreto a favor del nuevo dogma, pero fracasaron, porque la mayor\'eda de los obispos se opuso a ello.\par Fue reservado para el desgraciado P\'edo IX el arrastrar a la Iglesia de Roma a ese \'faltimo l\'edmite de necedad humana. Un monje del siglo pasado llamado Padre Leonardo, tuvo un sue\'f1o en que oy\'f3 a la Virgen Mar\'eda decirle: Habr\'e1 fin a las guerras en el mundo y a las herej\'edas y cismas en la Iglesia solamente despu\'e9s que un Papa por medio de un decreto obligara a todos los fieles a creer que ella fue inmaculada en su concepci\'f3n. El sue\'f1o fue circulado extensivamente por medio deLVALg un peque\'f1o folleto con el t\'edtulo Visi\'f3n Celestial.\par Muchos cre\'edan que fue una genuina visi\'f3n del cielo y desgraciadamente el amable, pero d\'e9bil de mente, P\'edo IX contaba entre ellos. Cuando \'e9l era un exilo en Gaeta, \'e9l mismo tuvo un sue\'f1o sobre el mismo tema. El vio a la Virgen, quien le dijo que \'e9l volver\'eda a Roma y lograr\'eda una paz eterna para la Iglesia, pero solamente despu\'e9s de prometer promulgar que la Inmaculada Concepci\'f3n es un dogma que todos tendr\'edan que creer para ser salvos. Despert\'f3 muy impresionado por su sue\'f1o; jur\'f3 que promulgar\'eda el nuevo dogma lo m\'e1s pronto que regresara a Roma y el mundo ha visto c\'f3mo cumpli\'f3 ese voto.\par Pero por la promulgaci\'f3n de este nuevo dogma, P\'edo IX, lejos de asegurar una paz eterna para la Iglesia, lejos de destruir a lo que llaman herej\'edas que atacan a Roma por todas partes, hizo m\'e1s para conmover la fe de los Cat\'f3lico-romanos que todos sus enemigos. Intentando a forzar este nuevo art\'edculo de fe en las conciencias de la gente en un tiempo cuando tantos pueden juzgar por ellos mismos y leer los archivos de generaciones pasadas, ha derrumbado la columna m\'e1s fuerte de su Iglesia.\par \'a1Con sumo desprecio, los sacerdotes de Roma hablaban contra los nuevos art\'edculos de fe, las novedades de los arz-herejes, Lutero, Calvino, Knox, etc.! Cu\'e1n elocuentemente dec\'edan: \endash En nuestra santa Iglesia de Roma no hay cambios ni innovaciones, ni novedades, ni dogmas nuevas. Creemos hoy solamente lo que nuestros padres cre\'edan y solamente lo que los ap\'f3stoles cre\'edan y predicaban. Y las multitudes ignorantes dec\'edan: \endash Am\'e9n.\par Pero, \'a1Ay de los pobres sacerdotes hoy! Tienen que confesar que su credo incambiable no es m\'e1s que una mentira vergonzosa, que la Iglesia de Roma est\'e1 FORJANDO NUEVAS DOGMAS Y NUEVOS ARTICULOS DE FE. Su conciencia les dice: \endash\'bfD\'f3nde estaba tu religi\'f3n antes del 8 de diciembre de 1854? Y no pueden reLVALhsponder.\par Nunca olvidar\'e9 mi tristeza cuando recib\'ed la orden del Obispo O\rquote Regan a promulgar el nuevo dogma a mi congregaci\'f3n. Fue como si un terremoto hubiera removido la tierra de debajo de mis pies. Mis m\'e1s queridas ilusiones acerca de la inmutabilidad y la infalibilidad de mi Iglesia se desmoronaron a pesar de todos mis esfuerzos para sostenerlas. He visto a sacerdotes ancianos, a quienes abr\'ed mi mente sobre ese tema, derramar l\'e1grimas de dolor sobre el da\'f1o que este nuevo dogma har\'eda a la Iglesia.\par Algunos d\'edas despu\'e9s de leer a mi congregaci\'f3n el decreto del Papa proclamando el nuevo dogma y condenando a todos los que no lo cre\'edan, uno de mis m\'e1s inteligentes y respetables granjeros vino a visitarme y me hizo las siguientes preguntas sobre el nuevo art\'edculo de fe: \endash Se\'f1or Ch\'edniquy, por favor d\'edgame, \'bfHe entendido correctamente la carta del Papa que usted nos ley\'f3 el domingo pasado? \'bfNos dice el Papa en esa carta que hallaremos este nuevo dogma en las Santas Escrituras y que ha sido ense\'f1ado por los Padres y que la Iglesia lo ha cre\'eddo continuamente desde los d\'edas de los ap\'f3stoles?\par Respond\'ed: \endash S\'ed, amigo m\'edo, el Papa nos dice todas esas cosas en su carta que le\'ed en la iglesia el pasado domingo.\endash Pero, se\'f1or, \'bfSer\'e1 tan amable de mostrarme los versos de las Santas Escrituras que hablan a favor de la Inmaculada Concepci\'f3n de la Santa Virgen Mar\'eda?\par \endash Mi querido amigo, \endash le respond\'ed, \endash lamento decirte que nunca he encontrado en las Santas Escrituras ni una sola palabra que indica que Mar\'eda fue inmaculada, pero he encontrado muchas palabras y palabras muy claras que dicen exactamente lo contrario.\par \endash Ahora, por favor, d\'edgame el nombre del Santo Padre que predicaba que tenemos que creer en la Inmaculada Concepci\'f3n o ser eternamente condenados si no lo creemos.\par Le respond\'ed a mi feligr\'e9s: \endash Hubiera preferido, mi LVALiquerido amigo, que nunca me hubieras hecho estas preguntas, pero tengo que decirte la verdad. Yo he estudiado a los Santos Padres con suficiente buena atenci\'f3n, pero todav\'eda no he encontrado uno solo que tuviera esa opini\'f3n.\par \endash Espero que me disculpes por hacerle una pregunta m\'e1s sobre este tema, \endash a\'f1adi\'f3 el buen granjero, \endash Tal vez no se ha dado cuenta, pero hay bastante pl\'e1tica entre nosotros sobre el nuevo art\'edculo de fe desde el domingo pasado y yo quiero saber m\'e1s acerca de ello. El Papa dice en su carta que la Iglesia de Roma siempre ha cre\'eddo y ense\'f1ado este dogma de la Inmaculada Concepci\'f3n. \'bfCorrecto?\par \endash S\'ed, amigo m\'edo, el Papa dice eso en su Enc\'edclica, pero en estos \'faltimos 900 a\'f1os, m\'e1s de 100 Papas han declarado que nunca lo ha cre\'eddo. Aun varios Papas han prohibido a cualquier persona decir que la Inmaculada Concepci\'f3n es un art\'edculo de fe.\par \endash Si es as\'ed con este nuevo dogma, \'bfC\'f3mo podemos saber que no sea as\'ed con todos los dogmas de nuestra Iglesia tales como la confesi\'f3n, el purgatorio, etc.? \endash pregunt\'f3 el granjero.\par \endash Mi querido amigo, no permites que el diablo conmueva tu fe. Verdaderamente vivimos en d\'edas malos; pidamos a Dios que nos ilumine y nos salve. Quisiera que nunca me hubieras hecho estas preguntas.\par Mi feligr\'e9s honesto me dej\'f3, pero sus terribles preguntas y las respuestas que fui forzado a darle, sonaban en mi alma como truenos de una tempestad irresistible que destru\'eda todo lo que amaba y respetaba en mi tan querida y venerada Iglesia de Roma. Me dol\'eda la cabeza; ca\'ed de rodillas, pero por un tiempo no pod\'eda proferir una sola palabra de oraci\'f3n; grandes l\'e1grimas corr\'edan por mis ardientes mejillas. Una nueva luz llegaba a mi alma, pero yo la consideraba una tentaci\'f3n enga\'f1osa de Satan\'e1s. Una voz me hablaba, fue la voz de Dios dici\'e9ndome: \'a1Sal fuera de Babilonia! (\cf1\ul Rev_18:4\cf0\ulno LVAL ne ) Yo cre\'ed que era la voz de Satan\'e1s e intent\'e9 silenciarla. El Se\'f1or me estaba alejando de mis caminos perecederos, pero no le conoc\'eda. Yo luchaba contra \'e9l para permanecer en los calabozos oscuros del error, pero Dios, en su infinita misericordia, era m\'e1s fuerte. El venci\'f3 a su siervo infiel; \'e9l me conquist\'f3 y conmigo muchos otros.\par \par \par } LVAL k{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Hay dos mujeres por quienes debemos orar diariamente, la mujer Brahminita quien, enga\'f1ada por sus sacerdotes, se quema sobre el cad\'e1ver de su marido para aplacar la ira de sus dioses de madera y la mujer Cat\'f3lico-romana quien, no menos enga\'f1ada por sus sacerdotes, sufre una tortura mucho m\'e1s cruel e ignominiosa en el confesionario auricular para aplacar la ira de su dios-oblea.\par Muchas de ellas prefieren refugiarse en las manos de su Dios misericordioso y morir antes de someterse al sufrimiento contaminante y antes de recibir absoluci\'f3n de un hombre quien igual que ellas seguramente ser\'eda escandalizado por semejante recitaci\'f3n.\par Cu\'e1ntas veces he llorado como un ni\'f1o cuando alguna jovencita inteligente y de noble coraz\'f3n o alguna respetable dama casada me expresaba su invencible repugnancia y su horror ante semejantes preguntas y respuestas y me suplicaba que tuviera compasi\'f3n de ella. Pero, \'a1Ay de m\'ed! Ten\'eda que silenciar la voz de mi conciencia que me dec\'eda: \endash\'bfNo sientes verg\'fcenza que t\'fa, un hombre soltero, te atreves a hablar de estos asuntos con una mujer? \'bfNo te sonrojas al hacer tales preguntas a una joven? \'bfD\'f3nde est\'e1 tu auto-respeto? \'bfD\'f3nde est\'e1 tu temor de Dios? \'bfNo promuevas la ruina de esa joven al forzarla a hablar de estos asuntos?\par Cu\'e1ntas veces mi Dios me habl\'f3 igual como habla a todos los sacerdotes de Roma, dici\'e9ndome con una voz de trueno: \endash\'bfQu\'e9 no te har\'eda ese joven, ese padre o hermano si pudiera escuchar las preguntas que haces a su esposa, hija o hermana? \'bfNo te reventar\'eda los sesos? Sin embargo, fui obligado por todos los Papas, los te\'f3logos de la moral y los concilios de Roma a creer que esta voz de advertencia de mi Dios misericordioso era la voz de Satan\'e1s.\par Al principio de mi sLVALlacerdocio en Q\'fcebec, fui muy sorprendido y apenado al ver a una competente y hermosa joven, a quien yo encontraba casi cada semana en la casa de su padre, entrando a mi confesionario. Ella normalmente se confesaba con otro sacerdote, conocido m\'edo. Ella siempre fue reconocida como una de las j\'f3venes m\'e1s piadosas de la ciudad. Aunque ella se disfraz\'f3 lo mejor posible para que no la conociera, sent\'ed que no me hab\'eda equivocado.\par No estando absolutamente seguro de quien era, no le revel\'e9 que posiblemente la conoc\'eda. Al principio, casi no pod\'eda hablar, porque su voz se sofocaba con sus sollozos. Despu\'e9s de mucho esfuerzo, dijo: \endash Querido Padre, espero que no me conozcas y que nunca intentes conocerme. Soy una pecadora desesperada. \'a1Oh, temo que estoy perdida! Pero si todav\'eda hay esperanza de que yo sea salva, por amor de Dios no me reprendas.\par \endash Antes de empezar mi confesi\'f3n, perm\'edteme suplicarte que no contamines a mis o\'eddos con las preguntas que nuestros confesores acostumbran a hacer a sus penitentes femeninas. Ya he sido asolada por esas preguntas. Antes de cumplir los diecisiete a\'f1os, Dios sabe que sus \'e1ngeles no eran m\'e1s puros que yo; pero el capell\'e1n del convento donde mis padres me enviaron para mi educaci\'f3n, aunque envejeciendo, me hizo una pregunta en el confesionario que al principio no la entend\'ed, pero una compa\'f1era de la escuela me la explic\'f3 m\'e1s tarde. Esa primera conversaci\'f3n imp\'fadica de mi vida, hundi\'f3 mis pensamientos en un mar de iniquidad que hasta entonces fue totalmente desconocido para m\'ed. Tentaciones del car\'e1cter m\'e1s humillante me asaltaron por una semana, d\'eda y noche. Despu\'e9s, pecados que quisiera borrar de mi sangre, si fuera posible, inundaron mi alma como un diluvio. Pero los goces de los pecadores son cortos. Sobrecogido de terror ante el pensamiento de los juicios de Dios, despu\'e9s de algunas semanas de la vida m\'e1s deplorable, determin\'e9 abandonar mis pecLVALmados y reconciliarme con Dios.\par \endash Cubierta de verg\'fcenza y temblando de cabeza a pies, fui a confesarme con mi anciano confesor a quien respetaba como un santo y quer\'eda como a un padre. Con l\'e1grimas de sincero arrepentimiento, me parec\'eda que le confes\'e9 la mayor parte de mis pecados, aunque por verg\'fcenza y respeto por mi gu\'eda espiritual, ocult\'e9 uno de ellos. Pero no le ocult\'e9 que las preguntas extra\'f1as que \'e9l me hab\'eda hecho en mi \'faltima confesi\'f3n, juntamente con la corrupci\'f3n natural de mi coraz\'f3n, fueron la causa principal de mi asolamiento.\par \endash El me habl\'f3 amablemente, anim\'e1ndome a luchar contra mis malas inclinaciones y al principio me dio un consejo afable y bueno. Pero cuando pens\'e9 que hab\'eda terminado de hablar conmigo y estuve a punto de salir del confesionario, me hizo dos preguntas de un car\'e1cter tan contaminante que temo que ni la sangre de Cristo ni todos los fuegos del infierno podr\'e1n borrarlas de mi memoria. Esas preguntas han logrado mi ruina. Penetraron a mi mente como dos flechas mortales. Est\'e1n d\'eda y noche ante mi imaginaci\'f3n y llenan mis arterias y venas de veneno mortal.\par \endash Es verdad que al principio me llenaban de horror y repugnancia; pero, \'a1Ay de m\'ed! Pronto me acostumbr\'e9 tanto a ellas que me parec\'edan haberse incorporado en m\'ed como si fueran una segunda naturaleza. Esos pensamientos llegaron a ser una nueva fuente de innumerables deseos, pensamientos y acciones criminales.\par \endash Un mes despu\'e9s, fuimos obligadas por las reglas del convento a confesarnos. Pero para entonces, yo estaba tan perdida que ni sonrojaba ante la idea de confesar mis pecados vergonzosos a un hombre. Sent\'eda un verdadero placer diab\'f3lico al pensar que tendr\'eda una larga conversaci\'f3n con mi confesor sobre esos asuntos y que \'e9l me har\'eda m\'e1s de sus extra\'f1as preguntas. \'a1De hecho, cuando le dije todo sin sonrojar, \'e9l empez\'f3 a interrogarme y Dios sabe qu\'e9 coLVALnsas tan corruptas salieron de sus labios a mi pobre coraz\'f3n criminal! \'a1Cada una de sus preguntas estremec\'eda mis nervios y me llenaba de las m\'e1s vergonzosas sensaciones! Despu\'e9s de una hora de este criminal intimidad t\'eat\'ea-\'e0-t\'eat\'ea con mi anciano confesor, percib\'ed que \'e9l era tan depravado como yo. Con unas palabras insinuativas, me hizo una proposici\'f3n criminal, la cual acept\'e9 con palabras insinuativas tambi\'e9n; y durante m\'e1s de un a\'f1o, vivimos juntos en la intimidad m\'e1s pecaminosa. Aunque \'e9l era mucho m\'e1s grande de edad que yo, le am\'e9 de la manera m\'e1s tonta. Cuando se termin\'f3 mi curso de instrucci\'f3n en el convento, mis padres me llamaron nuevamente a su hogar. Realmente me alegr\'e9 por ese cambio de residencia, porque ya me fastidi\'e9 de mi vida criminal. Mi esperanza fue que bajo la direcci\'f3n de un mejor confesor, me reconciliar\'eda con Dios y comenzar\'eda una vida Cristiana.\par \endash Desgraciadamente para m\'ed, mi nuevo confesor, quien era muy joven, empez\'f3 tambi\'e9n con sus interrogaciones. Pronto se enamor\'f3 de m\'ed y yo le am\'e9 de la manera m\'e1s criminal. He hecho cosas con \'e9l que espero que nunca me pedir\'e1s que te revele, porque son demasiado monstruosas para ser repetidas por una mujer a un hombre en el confesionario.\par \endash No digo esto para quitarme la responsabilidad de mis iniquidades con ese joven confesor, porque creo que soy m\'e1s criminal que \'e9l. Creo que \'e9l era un bueno y santo sacerdote antes que me conociera, pero las preguntas que me hizo y las respuestas que yo ten\'eda que darle derritieron su coraz\'f3n igual que el hielo sobre el plomo ardiente.\par \endash Yo s\'e9 que esta confesi\'f3n no es tan detallada como me requiere nuestra santa Iglesia, pero cre\'ed que me es necesario darte esta corta historia de la vida de la pecadora m\'e1s grande y miserable que jam\'e1s te haya pedido que la ayudaras a salir de la tumba de sus iniquidades. Esta es la manera en que he viviLVALodo estos \'faltimos a\'f1os; pero el domingo pasado, Dios en su infinita misericordia, se fij\'f3 en m\'ed. El te inspir\'f3 a darnos el Hijo Pr\'f3digo como un modelo de verdadera conversi\'f3n y como la prueba m\'e1s maravillosa de la infinita compasi\'f3n de nuestro querido Salvador por los pecadores. He llorado d\'eda y noche desde ese d\'eda feliz cuando me refugi\'e9 en los brazos de mi amoroso y misericordioso Padre. A\'fan ahora, apenas puedo hablar a causa de mi pesar por mis iniquidades pasadas y del gozo que siento al ser permitida ba\'f1ar los pies del Salvador con mis l\'e1grimas que son tantas que mi voz se ahoga. T\'fa comprendes que he abandonado para siempre a mi \'faltimo confesor; vengo a suplicarte que me hagas el favor de recibirme entre tus penitentes. \'a1Oh, no me rechaces ni me reprendes, por amor del querido Salvador! \'a1No temas tener a tu lado a semejante monstruo de iniquidad!\par \endash Pero antes de seguir, te pedir\'e9 dos favores: El primero es que nunca intentes acertar mi nombre y el segundo es que nunca me hagas ninguna de esas preguntas por las cuales tantas penitentes se pierden y tantos sacerdotes son destruidos. Dos veces he ca\'eddo por esas preguntas. \'a1Oh, querido Padre, d\'e9jame ser tu penitente para que me ayudes a postrarme y llorar a los pies del Salvador como hizo la Magdalena. \'a1Resp\'e9teme como \'e9l respet\'f3 a ese verdadero modelo de todas las pecaminosas mujeres arrepentidas! \'bfLe hizo el Salvador alguna pregunta? \'bfArranc\'f3 de ella la historia de cosas que una mujer pecadora no puede decir sin abandonar el respeto que se debe a s\'ed mismo y a Dios? \'a1No! T\'fa mismo nos dijiste hace poco que lo \'fanico que hizo nuestro Salvador fue mirar sus l\'e1grimas y amor. Bueno, por favor, haz esto conmigo y as\'ed me salvar\'e1s.\par Yo era todav\'eda un sacerdote muy joven y nunca hab\'eda o\'eddo palabras tan sublimes en el confesionario. Sus l\'e1grimas y sollozos mezclados con la franca declaraci\'f3n de las m\'e1s humillantes accionLVALpes, me impresionaron tanto que por unos momentos no pod\'eda hablar. Tambi\'e9n se me ocurri\'f3 que podr\'eda estar equivocado en cuanto a su identificaci\'f3n; quiz\'e1s ella no era la joven que hab\'eda imaginado. Por tanto, fue f\'e1cil concederle su primera petici\'f3n, sencillamente no haciendo nada por la cual pudiera conocerla.\par La segunda parte de su petici\'f3n era m\'e1s penosa, porque los te\'f3logos son muy positivos en ordenar a los confesores a interrogar a sus penitentes, especialmente a las del sexo femenino.\par Le anim\'e9 lo mejor que pude a perseverar en su buena resoluci\'f3n, invocando a la bendita Virgen Mar\'eda y a Sta. Filomena. Le dije que orar\'eda y meditar\'eda sobre el tema de su segunda petici\'f3n y le ped\'ed que volviera en una semana por mi respuesta.\par El mismo d\'eda, fui con mi propio confesor, el Rev. Sr. Baillargeon. Le cont\'e9 de la extra\'f1a y singular petici\'f3n que ella me hizo y no le ocult\'e9 que sent\'ed muy inclinado a conced\'e9rsela, porque, como ya le hab\'eda dicho varias veces, me sent\'eda sumamente repugnado por las preguntas infames y contaminantes que los te\'f3logos nos obligaban a hacer a nuestras penitentes femeninas. Le dije francamente que varios sacerdotes y j\'f3venes ya hab\'edan venido a confesarse conmigo y que con la excepci\'f3n de dos, todos me dijeron que es imposible hacer esas preguntas y o\'edr las respuestas que sacaban sin caer en los pecados m\'e1s condenables.\par Mi confesor parec\'eda estar muy perplejo y me pidi\'f3 que volviera al d\'eda siguiente para que \'e9l pudiera repasar algunos libros de teolog\'eda en ese intervalo. Al d\'eda siguiente, apunt\'e9 por escrito su respuesta:\par \endash Semejantes casos de la destrucci\'f3n de la virtud femenina por las preguntas del confesor es un mal inevitable. No tiene remedio, porque tales preguntas son absolutamente necesarias en la mayor\'eda de los casos que tenemos que tratar. Los hombres generalmente confiesan sus pecados con tanta sinceridad que pocas vecLVALqes hay necesidad de preguntarles, excepto cuando son muy ignorantes. Pero San Ligorio, como tambi\'e9n nuestra observaci\'f3n personal, dice que la mayor\'eda de las j\'f3venes y mujeres, por una falsa verg\'fcenza criminal, raramente confiesan los pecados que cometan contra la pureza. Se requiere suma caridad en los confesores para evitar que esas desgraciadas esclavas de sus pasiones secretas hagan confesiones y comuniones sacr\'edlegas. Con la mayor prudencia y celo tienes que preguntarles sobre estos asuntos, empezando con los pecados m\'e1s peque\'f1os y siguiendo poco a poco y entre m\'e1s posible por grados imperceptibles a las acciones m\'e1s criminales. Tal parece que la penitente, a quien referiste en tus preguntas ayer, no est\'e1 dispuesta a hacer una plena y detallada confesi\'f3n de todas sus iniquidades. No puedes prometer absolverla sin asegurarte por medio de sabias y prudentes preguntas que haya confesado todo.\par \endash No debes desanimarte cuando, por medio del confesionario o de alg\'fan otro modo, sepas de la ca\'edda de sacerdotes con sus penitentes en las debilidades comunes de la naturaleza humana. Nuestro Salvador sab\'eda muy bien que las ocasiones y tentaciones que confrontamos en las confesiones de las j\'f3venes y mujeres son tan numerosas y a veces tan irresistibles que muchos caer\'edan. Pero les ha dado la Santa Virgen Mar\'eda, quien constantemente pide y obtiene su perd\'f3n. Les ha dado el sacramento de la penitencia donde pueden recibir su perd\'f3n cuantas veces que lo pidan. El voto de perfecta castidad es un gran honor y privilegio, pero no podemos ocultarnos que pone en nuestros hombros una carga que muchos no pueden soportar para siempre. San Ligorio dice que no debemos reprender al sacerdote arrepentido que cae solamente una vez por mes y algunos otros te\'f3logos dignos de confianza son todav\'eda m\'e1s indulgentes.\par Esta respuesta no me satisfizo nada; me parec\'eda estar compuesta de principios de coba. Regres\'e9 con un coraz\'f3n muy pesado y unaLVALr mente ansiosa. Dios sabe que hice muchas y fervientes oraciones que nunca regresara esta joven para darme su triste historia. Yo ten\'eda apenas veinte a\'f1os de edad, lleno de juventud y vida. Me parec\'eda que los piquetes de mil avispas a mis o\'eddos no me har\'edan tanto da\'f1o como las palabras de esa querida, hermosa, competente, pero perdida joven.\par No quiero decir que las revelaciones que ella me hab\'eda hecho de alguna manera disminu\'edan mi estimaci\'f3n y respeto por ella. Al contrario, sus l\'e1grimas y sollozos a mis pies, sus expresiones agonizantes de verg\'fcenza y pesar, sus nobles palabras de protesta contra las interrogaciones repugnantes y contaminantes de los confesores le hab\'edan elevado muy alto en mi mente. Mi sincera esperanza fue que tuviera un lugar en el reino de Cristo con la mujer samaritana, Mar\'eda Magdalena y todos los pecadores que han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero.\par El d\'eda citado, estaba en mi confesionario escuchando la confesi\'f3n de un joven cuando, aunque inc\'f3gnita, reconoc\'ed a la Srta. Mary entrando a la sacrist\'eda. Vino directamente a mi confesionario donde se arrodill\'f3 junto a m\'ed.\par \'a1Oh! Hubiera dado cada gota de mi sangre en esa hora solemne para que tuviera la libertad de tratar a ella as\'ed como me lo suplic\'f3 tan elocuentemente. \'a1Pero ah\'ed en ese confesionario, yo no era el siervo de Cristo, sino un esclavo del Papa! No estaba ah\'ed para salvar, sino para destruir; porque bajo el pretexto de purificar, la verdadera misi\'f3n del confesor frecuentemente, si no siempre, a pesar de s\'ed mismo, es escandalizar y condenar a las almas.\par Sin hacer ruido, me volte\'e9 hacia ella y dije por la peque\'f1a apertura: \endash\'bfEst\'e1s lista para empezar tu confesi\'f3n?Pero ella no me respondi\'f3; lo \'fanico que alcanc\'e9 a o\'edr fue: \endash\'a1Oh, Jes\'fas m\'edo, ten misericordia de m\'ed! Vengo a lavar mi alma en tu sangre, \'bfMe reprender\'e1s t\'fa? Durante varios minutos, levant\'f3 sLVALsus manos y ojos al cielo orando y llorando. Mis l\'e1grimas flu\'edan con la suyas y mis fervientes oraciones iban a los pies de Jes\'fas con las de ella. No le hubiera interrumpido por ninguna consideraci\'f3n en su sublime comuni\'f3n con su misericordioso Salvador.\par Despu\'e9s de un largo rato, hice un peque\'f1o ruido con mi mano y acercando mis labios a la apertura en la divisi\'f3n que nos separaba, dije en voz baja: \endash\'bfQuerida hermana, est\'e1s lista para empezar tu confesi\'f3n?\par Ella volte\'f3 su cara un poco hacia m\'ed y dijo con voz temblorosa: \endash S\'ed, querido Padre, estoy lista. Mi querido Padre, \'bfRecuerdas las peticiones que te hice el otro d\'eda? \'bfPuedes permitirme confesar mis pecados sin forzarme a abandonar el respeto que debo a m\'ed misma, a ti y a Dios quien nos oye? Y, \'bfPuedes prometerme que no me har\'e1s ninguna de esas preguntas que ya me han hecho tanto da\'f1o? Francamente te declaro que hay pecados en m\'ed que no puedo revelar a nadie excepto a Cristo, porque \'e9l es mi Dios y \'e9l ya los conoce todos. D\'e9jame derramar l\'e1grimas y orar a sus pies. \'bfNo puedes perdonarme sin a\'f1adir a mis iniquidades, forz\'e1ndome a decir cosas que la lengua de una mujer Cristiana nunca puede revelar a un hombre?\par \endash Mi querida hermana, \endash le respond\'ed, \endash si yo fuera libre para seguir la voz de mis propios sentimientos, gustosamente te conceder\'eda tu petici\'f3n. Pero estoy aqu\'ed solamente como ministro de nuestra santa Iglesia y estoy obligado a obedecer sus leyes. A trav\'e9s de sus sant\'edsimos Papas y te\'f3logos, ella me dice que no puedo perdonar tus pecados si no los confiesas todos, tal como los has cometido. La Iglesia me dice tambi\'e9n que tienes que dar los detalles que pudieran a\'f1adir a la malicia o cambiar la naturaleza de tus pecados. Lamento decirte que nuestros sant\'edsimos te\'f3logos obligan al confesor a interrogar al penitente sobre los pecados que tiene buena raz\'f3n para sospechar que hayan siLVALtdo omitidos voluntariamente.\par Con un grito agudo exclam\'f3: \endash\'a1Ay, Dios m\'edo! \'a1Estoy perdida, para siempre perdida!Este grito me cay\'f3 como una bomba, pero sent\'ed m\'e1s temor cuando, al mirar por la apertura, la vi desmayar. O\'ed el ruido de su cuerpo cayendo al suelo y su cabeza pegando contra los lados del confesionario. Lo m\'e1s r\'e1pido posible, corr\'ed a auxiliarla; la tom\'e9 entre mis brazos y llam\'e9 a dos hombres que estaban cerca para ayudarme a acostarla en una banca. Lav\'e9 su cara con agua fr\'eda y vinagre. Ella estaba tan p\'e1lida como la muerte, pero sus labios se mov\'edan y dec\'eda algo que nadie m\'e1s que yo entend\'eda: \'a1Estoy para siempre perdida!\par La llevamos a la casa de su familia desconsolada donde por un mes subsist\'eda entre la vida y la muerte. Sus primeros dos confesores fueron a visitarla, pero despu\'e9s de pedir que todos se salieran del cuarto, ella, cort\'e9s pero firmemente, les pidi\'f3 que se fueran y que nunca m\'e1s volvieran. Ella me pidi\'f3 que la fuera a visitar todos los d\'edas, \endash porque, \endash dijo, \endash s\'f3lo tengo unos pocos d\'edas m\'e1s de vida, ay\'fadame a prepararme para la hora solemne cuando se me abrir\'e1n las puertas de la eternidad.\par Todos los d\'edas la visit\'e9 y or\'e9 y llor\'e9 con ella. Cuando a solas, muchas veces le ped\'ed con l\'e1grimas que terminara su confesi\'f3n; pero con una firmeza que entonces me parec\'eda misteriosa e inexplicable, ella cort\'e9smente me reprend\'eda.\par Un d\'eda, al estar solo con ella, estaba arrodillado al lado de su cama orando. No pod\'eda articular una sola palabra a causa de la angustia inexpresable en mi alma por ella. Me pregunt\'f3: \endash Querido Padre, \'bfPor qu\'e9 lloras?\par Le respond\'ed: \endash\'bfC\'f3mo puedes hacer semejante pregunta a tu asesino? Lloro, porque yo te mat\'e9, querida amiga.\par Esta respuesta parec\'eda preocuparla en gran manera. Se sent\'eda muy d\'e9bil ese d\'eda. Despu\'e9s de llorar y orar un rato LVALuen silencio, me dijo: \endash No llores por m\'ed, sino por tantos sacerdotes que destruyen a sus penitentes en el confesionario. Yo creo en la santidad del sacramento de la penitencia, puesto que nuestra santa Iglesia lo ha establecido, pero de alguna manera hay algo sumamente mal en el confesionario. Dos veces he sido destruida y conozco a muchas j\'f3venes que tambi\'e9n han sido destruidas por el confesionario. \'a1Ay de los pobres sacerdotes el d\'eda que nuestros padres descubran lo que sucede con la pureza de sus hijas en las manos de sus confesores. Mi padre seguramente matar\'eda a mis dos \'faltimos confesores, si \'e9l supiera que ellos han destruido a su pobre hija.\par No pude responder excepto por llorar m\'e1s. Permanecimos en silencio por un largo tiempo y luego ella dijo: \endash Es cierto que no estaba preparada para la reprensi\'f3n que me diste el otro d\'eda en el confesionario, pero actuaste conscientemente como un sacerdote honesto. S\'e9 que debes estar atado por ciertas leyes.\par Luego ella apret\'f3 mi mano con su mano fr\'eda y dijo: \endash No llores, querido Padre, porque esta tempestad repentina haya naufragado mi barca tan fr\'e1gil. Esta tempestad ha servido para sacarme del abismo de mis iniquidades a la ribera donde Jes\'fas espera para recibirme y perdonarme. La noche despu\'e9s que me trajiste media muerta aqu\'ed a la casa de mi padre, tuve un sue\'f1o. \'a1Oh, no! No fue un sue\'f1o, fue la realidad. Mi Jes\'fas vino a m\'ed, estaba sangrando, su corona de espinas estaba en su cabeza, la pesada cruz mallugaba su hombro. El me dijo con una voz tan dulce que ninguna lengua puede imitarla: \'a1Yo he visto tus l\'e1grimas, he o\'eddo tus clamores y conozco tu amor por m\'ed; tus pecados son perdonados; ten \'e1nimo, en pocos d\'edas estar\'e1s conmigo!\par Ella apenas termin\'f3 su \'faltima palabra cuando se desmay\'f3. Llam\'e9 a su familia que corri\'f3 al cuarto. Mandaron por el m\'e9dico. El la encontr\'f3 tan d\'e9bil que pens\'f3 apropiado permitir a s\'f3lLVALvo uno o dos personas permanecer en el cuarto conmigo. Nos pidi\'f3 que no le habl\'e1ramos nada, \endash porque, \endash dijo, \endash la menor emoci\'f3n puede matarla instant\'e1neamente. Su enfermedad es en toda probabilidad un aneurisma de la aorta, la vena principal que lleva la sangre al coraz\'f3n. Cuando se rompa, se ir\'e1 como rel\'e1mpago.\par Eran casi las diez de la noche cuando sal\'ed de su casa para ir a descansar. Pero fue una noche de insomnio. All\'ed estaba mi querida Mary, p\'e1lida, muriendo del golpe mortal que yo le hab\'eda dado en el confesionario. All\'ed estaba ella en su cama de muerte, traspasado el coraz\'f3n con la daga que mi Iglesia hab\'eda puesto en las manos y en lugar de reprenderme y maldecirme por mi salvaje fanatismo despiadado, ella me bendec\'eda. \'a1Ella estaba muriendo de un coraz\'f3n quebrantado! Y no fui permitido por mi Iglesia a darle ni una sola palabra de consolaci\'f3n ni ninguna esperanza, porque no hab\'eda hecho su confesi\'f3n. Yo hab\'eda mallugado despiadadamente a esa planta tierna y no hab\'eda nada en mis manos para sanar las heridas que hab\'eda hecho. Era muy probable que morir\'eda al d\'eda siguiente y yo fui prohibido mostrarle la corona de gloria que Jes\'fas ha preparado en su reino para el pecador arrepentido.\par Antes del amanecer, me levant\'e9 a leer nuevamente a mis te\'f3logos para ver si encontrara a alguien que me permitir\'eda perdonar los pecados de esa querida ni\'f1a sin forzarla a decirme todo lo que hab\'eda hecho. Pero ellos me parec\'edan, m\'e1s que nunca, un\'e1nimemente inexorables y los guard\'e9 otra vez en el librero de mi biblioteca con coraz\'f3n quebrantado.\par A las 9:00 a.m. del d\'eda siguiente, estaba nuevamente junto a la cama de Mary. Sent\'ed grande gozo cuando el doctor y toda la familia me dijeron: \endash Est\'e1 mucho mejor; el descanso de anoche en verdad ha hecho un cambio maravilloso.\par Con una sonrisa verdaderamente ang\'e9lica, me extendi\'f3 la mano y dijo: \endash Pens\'e9, anoche, LVALwque el querido Salvador me llevar\'eda con \'e9l, pero \'e9l quiere, querido Padre, que le haga un poco m\'e1s de molestia. Sin embargo, ten paciencia, no tardar\'e1 mucho en tocar la hora solemne del llamamiento. Por favor, \'bfMe leer\'e1s la historia del sufrimiento y muerte del amado Salvador que me le\'edste el otro d\'eda? Me hace tanto bien ver cu\'e1nto \'e9l me ha amado, una pecadora tan miserable.\par Hab\'eda una calma y solemnidad en sus palabras que me parec\'eda excepcional como tambi\'e9n a todos los que estaban presentes. Despu\'e9s de terminar la lectura, ella exclam\'f3: \endash\'a1El me am\'f3 tanto que muri\'f3 por mis pecados! Cerr\'f3 sus ojos para meditar en silencio, pero hab\'eda un torrente de grandes l\'e1grimas corriendo por sus mejillas.\par Me arrodill\'e9 junto a su cama con su familia para orar, pero no pod\'eda proferir una sola palabra. La idea de que esta querida ni\'f1a estaba muriendo a causa del fanatismo cruel de mis te\'f3logos y de mi propia cobard\'eda al obedecerles era una piedra de molino en mi cuello que me estaba matando. Despu\'e9s de que hab\'edamos llorado y orado en silencio junto a su cama, ella pidi\'f3 a su madre que la dejara sola conmigo.\par Al estar solos, tuve la impresi\'f3n irresistible de que \'e9ste era su \'faltimo d\'eda; nuevamente ca\'ed de rodillas y con l\'e1grimas de la m\'e1s sincera compasi\'f3n por su alma, le ped\'ed que se deshiciera de su verg\'fcenza y obedeciera a nuestra santa Iglesia que requiere a todos a confesar sus pecados si ellos desean ser perdonados.\par Calmadamente, pero con un aire de dignidad que ningunas palabras humanas pueden describir, dijo: \endash\'bfEs verdad que, despu\'e9s del pecado cometido por Ad\'e1n y Eva, Dios mismo les hizo t\'fanicas de pieles y los visti\'f3 para que no vieran la desnudez el uno del otro?\par \endash S\'ed, \endash dije, \endash esto es lo que las Santas Escrituras dicen.\par \endash Bueno, entonces, \'bfC\'f3mo es posible que nuestros confesores se atreven a quitarnos eLVALxsa santa t\'fanica divina de modestia femenina y auto-respeto? \'bfNo ha hecho el mismo Dios Todopoderoso con sus propios manos a esa t\'fanica de modestia femenina y auto-respeto para que no seamos para ustedes ni para nosotras mismas una causa de verg\'fcenza y pecado?\par Me qued\'e9 realmente pasmado por la hermosura, simplicidad y sublimidad de esa comparaci\'f3n. Permanec\'ed absolutamente mudo y confundido. Ella estaba haciendo pedazos a todas las tradiciones y doctrinas de mi Iglesia y pulverizando a todos mis santos doctores y te\'f3logos, sin embargo, esa noble respuesta hall\'f3 tanto eco en mi alma que parec\'eda sacrilegio intentar a tocarla con mi dedo.\par Despu\'e9s de un corto silencio, ella continu\'f3: \endash Dos veces he sido destruida por sacerdotes en el confesionario. \'a1Ellos me quitaron esa t\'fanica divina de modestia y auto-respeto que Dios da a todo ser humano que viene a este mundo; y dos veces me convert\'ed en un abismo de perdici\'f3n para esos mismos sacerdotes en el cual ellos cayeron y temo que est\'e1n perdidos para siempre! Mi misericordioso Padre Celestial me ha devuelto esa t\'fanica de pieles, esa vestidura nupcial de modestia, auto-respeto y santidad que me hab\'edan quitado. El no permitir\'e1 ni a ti ni a ning\'fan otro hombre, desgarrar ni estropear esa vestidura que es la obra de sus manos.\par Estas palabras la hab\'edan agotado; era evidente que quer\'eda descansar. La dej\'e9 sola, pero yo estaba fuera de m\'ed. Lleno de admiraci\'f3n por las lecciones sublimes que hab\'eda recibido de los labios de esa regenerada hija de Eva, quien pronto volar\'eda de entre nosotros, sent\'ed suma repugnancia por m\'ed mismo, mis te\'f3logos y \'bfLo dir\'e9? S\'ed, sent\'ed, en esa hora solemne, suma repugnancia por mi Iglesia que estaba contamin\'e1ndome a m\'ed y a todos sus sacerdotes en el confesionario. Sent\'ed en esa hora sumo horror por la confesi\'f3n auricular que tan frecuentemente es un abismo de perdici\'f3n y suma miseria, tanto para el confesor comLVALyo para la penitente.\par A las 4:00 p.m. volv\'ed a la casa. Al estar a solas con ella, nuevamente ca\'ed de rodillas y en medio de un torrente de l\'e1grimas, le dije: \endash Querida hermana, es mi deseo darte el santo vi\'e1tico y la extrema unci\'f3n, pero dime, \'bfC\'f3mo me atrever\'e9 a hacer una cosa tan sublime contra todas las prohibiciones de nuestra santa Iglesia? \'bfC\'f3mo puedo darte la santa comuni\'f3n sin darte primero la absoluci\'f3n? Y \'bfC\'f3mo puedo darte la absoluci\'f3n cuando sinceramente persistes en decirme que tienes pecados que nunca confesar\'e1s ni a m\'ed ni a ning\'fan otro confesor?\par \endash T\'fa sabes que te quiero y te respeto como si fueras un \'e1ngel enviado del cielo. Bendecir\'e9 cada hora que hemos pasado juntos mirando las heridas de nuestro amado y moribundo Salvador. \'a1Te bendigo por haberme perdonado tu muerte! Porque yo s\'e9 y lo confieso en la presencia de Dios que yo te he matado, querida hermana. Sin embargo, preferir\'eda morir mil veces que decirte alguna palabra que te herir\'eda o perturbar\'eda tu paz. Por favor, mi querida hermana, dime, \'bfQu\'e9 puedo y debo hacer por ti en esta hora solemne?\par Con tranquilidad y con una sonrisa de gozo, semejante a la cual no he visto antes ni despu\'e9s, dijo: \endash Te doy gracias y te bendigo, querido Padre, por la par\'e1bola del Hijo Pr\'f3digo sobre la cual predicaste hace un mes. T\'fa me llevaste a los pies del querido Salvador; ah\'ed he encontrado una paz y un gozo que sobrepasa todo lo que el coraz\'f3n humano puede sentir. \'a1Me he refugiado en los brazos de mi Padre Celestial y yo s\'e9 que \'e9l con misericordia me ha recibido y me ha perdonado, su pobre hija pr\'f3diga! \'a1Oh, veo a los \'e1ngeles con sus arpas de oro alrededor del trono del Cordero! \'bfNo oyes la armon\'eda celestial de sus cantos? \'a1Me voy, voy para unirme con ellos en la casa de mi Padre! \'a1NO SER\'c9 PERDIDA!\par Sus manos cruzaron su pecho y hab\'eda en su rostro la expresi\'f3n de gozo verdaderamLVALente sobrehumano; sus ojos fijos como si estuvieran mirando alg\'fan grandioso espect\'e1culo sublime. Me parec\'eda, al principio, que ella estaba orando, pero me equivoqu\'e9. El alma redimida se hab\'eda ido sobre las alas doradas de amor para unirse a la multitud de los que han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero y para cantar el eterno Aleluya.\par La revelaci\'f3n de las indecibles corrupciones engendradas directa o indirectamente por la confesi\'f3n auricular llegaron a m\'ed de los labios de esa joven como los primeros rayos del sol que arrojar\'edan las negras nubes de la noche con las cuales Roma hab\'eda envuelto mi inteligencia sobre ese tema.\par Ella fue enviada por la mano misericordiosa de mi Dios para enderezar mi camino. Sus palabras llenas de sabidur\'eda sobrehumana y sus fervientes l\'e1grimas llegaron a m\'ed, por la maravillosa providencia de Dios, como los primeros rayos del Sol de Justicia para ense\'f1arme que la confesi\'f3n auricular era una invenci\'f3n sat\'e1nica.\par Si ella hubiera sido la \'fanica, quiz\'e1s tuviera todav\'eda alguna duda del origen diab\'f3lico de esa instituci\'f3n; pero miles y miles antes y despu\'e9s de ella fueron enviados por mi Dios misericordioso para decirme la misma historia hasta que despu\'e9s de veinticinco a\'f1os de experiencia, me convenc\'ed de que esa invenci\'f3n moderna de Roma, tarde o temprano, con muy pocas excepciones arrastrar\'e1 tanto al confesor como a su penitente femenina a una irreparable ruina com\'fan.\par Los que quisieran saber m\'e1s sobre las abominaciones de la confesi\'f3n auricular, deben leer mi libro: El Sacerdote, la Mujer y el Confesionario.\par \par \par } LVAL {{\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 El primero de agosto de 1855, recib\'ed una carta de mi obispo en Chicago instruy\'e9ndome a asistir a un retiro espiritual que ser\'eda dado el pr\'f3ximo mes en el colegio de Chicago para todo el clero de las di\'f3cesi de Chicago y Q\'fcincy.\par Queriendo conocer al personal del clero irland\'e9s del cual el Obispo Vandeveld me hab\'eda dicho tantas cosas espantosas, llegu\'e9 a la Universidad de Sta. Mar\'eda dos horas temprano.Nunca hab\'eda visto a semejante banda de tipos joviales. Su disipaci\'f3n y risa, su intercambio de ingeniosas e indecorosas expresiones, el ruido tremendo que hac\'edan al saludarse de lejos: Su \'a1Hola, Patrick! \'a1Hola, Murphy! \'a1Hola, O\rquote Brian! \'bfQu\'e9 tal? \'bfC\'f3mo est\'e1s? \'bfC\'f3mo est\'e1 Bridget? \'bfEst\'e1 Margarita todav\'eda contigo? y las respuestas: \'a1S\'ed, s\'ed, ella no me dejar\'eda! o \'a1No, no, ya se fue esa muchacha loca! eran seguidas invariablemente de estallidos de risa.\par \'bfCu\'e1l extranjero al entrar en esa grande sal\'f3n sospechar\'eda que esos hombres estaban a punto de empezar una de las acciones m\'e1s sublimes y sagradas de un sacerdote? Con la excepci\'f3n de cinco o seis, parec\'edan m\'e1s a una banda de gancheros jaraneros.\par Como una hora antes de la apertura de ejercicios, vi a uno de los sacerdotes con un sombrero en la mano, acompa\'f1ado por otros dos, pasando entre todos recolectando dinero. Yo supon\'eda que esta colecta fue proyectada para pagar nuestro alojamiento durante el retiro y me prepar\'e9 para donar quince d\'f3lares. El sombrero grande estaba literalmente rebosando de billetes de cinco y diez d\'f3lares. Pregunt\'e9: \endash\'bfCu\'e1l es el objetivo de esta colecta?\par \endash\'a1Ah, Ah! \endash respondieron los colectores con una estrepitosa risa, \endash Querido Padre Ch\'edniquy, \'bfSer\'e1 posible que todav\'eda noLVAL| sabes? \'bfNo ves que al estar tan apretados como estaremos aqu\'ed, los cuartos est\'e1n propensos a calentarse demasiado y nos dar\'e1 sed; entonces, se necesita una gotita para refrescar la garganta y mitigar la sed? \endash Y se rieron.\par Les respond\'ed con cortes\'eda y seriedad: \endash Caballeros, yo vine aqu\'ed para meditar y orar. He abandonado desde hace mucho el uso de bebidas alcoh\'f3licas. Por favor, disc\'falpenme, soy abstemio.\par \endash\'a1Tambi\'e9n nosotros! \endash respondieron con una risa, \endash todos hemos hecho la promesa del Padre Mathew, pero eso no nos impide tomar una gotita para mitigar la sed y mantener nuestra salud. El Padre Mathew no es tan despiadado como t\'fa.\par \endash Conozco bien al Padre Mathew, \endash les respond\'ed, \endash le he escrito y lo he visto muchas veces. Perm\'edtanme decirles que somos de la misma opini\'f3n tocante al uso de bebidas intoxicantes.\par \endash\'bfSer\'e1 cierto que conozcas al Padre Mathew y que intercambias cartas con \'e9l? \'a1Qu\'e9 hombre tan santo es \'e9l y cu\'e1nto bien ha hecho en Irlanda y dondequiera! \endash contestaron.\par \endash Pues el bien que ha hecho no durar\'e1 mucho, \endash dije, \endash si todos sus disc\'edpulos guardaran sus promesas como ustedes.\par Mientras habl\'e1bamos, se acercaron un buen n\'famero de sacerdotes alrededor de nosotros para o\'edr lo que se dec\'eda, porque era evidente a todos que el barco de los colectores, no s\'f3lo hab\'eda entrado a aguas de poca profundidad, sino que hab\'eda pegado a una roca.\par Uno de los sacerdotes dijo: \endash Pens\'e9 que nos iba a predicar el Obispo Spaulding; no ten\'eda idea que el Padre Ch\'edniquy ten\'eda ese cargo.\par \endash Caballeros, \endash les respond\'ed, \endash tengo tanto derecho de predicarles a ustedes a favor de la abstinencia como ustedes tengan de predicarme de su falta de moderaci\'f3n. Ustedes pueden hacer lo que quieren respecto a las bebidas alcoh\'f3licas durante el retiro, pero espero tener el mismo derLVAL}echo de pensar y hacer a mi agrado en este asunto.\par Ellos me dejaron diciendo algo que no entend\'ed, pero evidentemente estaban disgustados por lo que ellos consideraban mi obstinaci\'f3n y falta de buenos modales.\par Debo decir, sin embargo, que dos de ellos, el Sr. Dunn y otro desconocido para m\'ed, vinieron a felicitarme por la severa reprensi\'f3n que les hab\'eda dado.\par Despu\'e9s de pedirme disculpas por el comportamiento de sus colegas, el Sr. Dunn expres\'f3 su repugnancia por lo que acaba de suceder, inform\'e1ndome que la cantidad total recolectada fue $500.00 d\'f3lares. Dando un paso m\'e1s cerca, me dijo: \endash No pienses que est\'e1s sin amigos aqu\'ed en medio de nosotros. Tienes m\'e1s amigos de lo que piensas entre los sacerdotes irlandeses y yo soy uno de ellos aunque no me conoces. El Obispo Vandeveld me habl\'f3 frecuentemente de tu obra de colonizaci\'f3n.\par Luego, apretando mi mano en la suya, me apart\'f3 de los dem\'e1s y me dijo: \endash Consid\'e9rame de aqu\'ed en adelante como tu amigo. Has perdido un verdadero amigo en el Obispo Vandeveld y temo que el obispo actual no te har\'e1 justicia. Lebel y Carthuval lo han perjuiciado contra ti. Pero yo te apoyar\'e9 si te tratan injustamente como temo que har\'e1 la administraci\'f3n de la di\'f3cesis. Despu\'e9s del gobierno bondadoso y paternal del Obispo Vandeveld, ni los sacerdotes ni la gente de Illinois soportar\'e1n m\'e1s las cadenas de hierro que el obispo actual tiene guardadas para todos nosotros.\par Le agradec\'ed al Sr. Dunn por sus palabras amables y le dije que ya hab\'eda probado el amor paternal de mi obispo al ser arrastrado dos veces por Spink ante los tribunales por rehusar vivir en paz con los dos sacerdotes m\'e1s inmorales que jam\'e1s hab\'eda conocido.\par En ese momento la campana nos llam\'f3 a la capilla para o\'edr los reglamentos del obispo para el retiro. A las 8:00 p.m. tuvimos nuestro primer serm\'f3n por el Obispo Spaulding de Kentucky. El era un hombre bien parecido, un gigantLVAL~e de estatura y un buen orador. Pero la manera en que present\'f3 los temas, aunque muy h\'e1bil, dej\'f3 en mi mente la impresi\'f3n de que no cre\'eda ni una palabra de lo que dec\'eda. Present\'f3 dos sermones cada d\'eda y el Rev. Sr. Vanhulest, un Jesuita, nos dio dos meditaciones que duraron de cuarenta a cincuenta minutos cada una.\par El resto del tiempo se ocupaba en leer en voz alta la vida de alg\'fan santo, en recitar el brevario, en el examen de la conciencia y confesi\'f3n. Ten\'edamos comidas de media hora seguidos por una hora de receso y as\'ed se pasaba el d\'eda. \'a1Pero las noches, las noches! \'bfQu\'e9 dir\'e9 de ellas? Mi pluma rehusa apuntar todo lo que mis ojos vieron y mis o\'eddos oyeron durante las largas horas de esas noches.\par Usualmente comenzaron a tomar como a las nueve, pero dentro de media hora el alcohol comenz\'f3 a desatar las lenguas y trastornar los cerebros. Comenzaron las historias ingeniosas seguidas por las m\'e1s indecentes y vergonzosas recitaciones. Los cantos lujuriosos y las m\'e1s infames an\'e9cdotas volaban de cama en cama, de habitaci\'f3n en habitaci\'f3n hasta la una o las dos de la ma\'f1ana.\par Una noche, tres sacerdotes tuvieron ataques de delirio casi al mismo tiempo. Uno gritaba que ten\'eda una docena de v\'edboras en su camisa; el segundo estaba luchando contra miles de murci\'e9lagos que intentaban sacarle los ojos de sus cuencas; el tercero, con un palo, estaba repelando a millones de ara\'f1as que, seg\'fan \'e9l dec\'eda, eran del tama\'f1o de pavos silvestres, todos tratando de devorarlo. Adem\'e1s, docenas de ellos vomitaban sus est\'f3magos sobrecargados en las camas y por todos lados. Al tercer d\'eda, yo estaba tan repugnado e indignado que determin\'e9 irme sin ruido bajo el pretexto de estar enfermo.\par Hab\'eda, sin embargo, algo todav\'eda m\'e1s abrumadora: La terrible lucha moral en mi alma. La voz de mi conciencia (que cre\'ed ser la voz de Satan\'e1s) clamaba en mis o\'eddos: \endash\'bfNo ves claramente que tu IglLVALesia es la Iglesia del diablo y que estos sacerdotes en lugar de ser los sacerdotes del Cordero de Dios, son los sucesores de los antiguos sacerdotes de Baco?\par \endash Lee tu Biblia con un poquito m\'e1s de atenci\'f3n y f\'edjate si esto no es el reinado de la gran Ramera que contamina al mundo con sus abominaciones. \'bfHasta cu\'e1ndo permanecer\'e1s en este mar de Sodoma? \'a1Sal fuera! \'a1Sal fuera de Babilonia si no quieres perecer con ella! \'bfPuede el Hijo de Dios bajar cada ma\'f1ana en cuerpo, alma y divinidad a las manos y est\'f3magos de semejantes hombres? \'bfPueden las naciones ser guiadas en los caminos de Dios por ellos? \'bfNo eres culpable de un crimen imperdonable al plantar con tus propias manos en este magn\'edfico pa\'eds un \'e1rbol que produce semejante fruto? \'bfC\'f3mo te atreves a encontrarte con tu Dios despu\'e9s de enga\'f1arte a ti mismo y a la gente haci\'e9ndoles creer que estos son los representantes de Cristo, l\'edderes y sacerdotes de la Iglesia fuera de la cual no hay salvaci\'f3n?\par \'a1Oh, cu\'e1n terrible es resistir a la voz de Dios! \'a1Creer que \'e9l es el maligno cuando, por sus advertencias, procura salvar tu alma! Temiendo perder enteramente mi fe en mi religi\'f3n y convertirme en un ateo absoluto si permaneciera m\'e1s tiempo en medio de tanto libertinaje, determin\'e9 irme. Pero antes de hacerlo, quer\'eda consultar a mi nuevo amigo quien la providencia de Dios me hab\'eda provisto en el Sr. Dunn.\par Lo busqu\'e9 despu\'e9s de la comida y llev\'e1ndolo aparte, le cont\'e9 lo que ocurri\'f3 la noche pasada y le ped\'ed su consejo sobre mi determinaci\'f3n de abandonar el retiro.\par El respondi\'f3: \endash No me revelas nada nuevo, porque yo pas\'e9 la noche en el mismo dormitorio. Un sacerdote me cont\'f3 de todas las org\'edas ayer; casi no le cre\'ed lo que me dijo, por tanto, decid\'ed ir para ver y o\'edrlo yo mismo. No exageras, no has mencionado ni la mitad de los horrores de anoche. Escapa a toda descripci\'f3n y es sencillamenteLVAL incre\'edble para cualquiera que no estuviera all\'ed para atestiguarlo.\par \endash Sin embargo, te aconsejo que no te vayas. Tu salida te arruinar\'eda para siempre en la mente del obispo. Lo mejor que puedes hacer es ir y contarlo todo al Obispo Spaulding. Yo lo hice esta ma\'f1ana, pero sent\'ed que no crey\'f3 ni la mitad de lo que dije. Cuando el mismo testimonio viene de ti, entonces lo creer\'e1 y probablemente tomar\'e1 algunas medidas con nuestro propio obispo para poner fin a esos horrores.\par \endash Tengo que decirte algo en confianza que sobrepasa todo lo que sabes de las abominaciones de estas tres noches pasadas: Un respetable polic\'eda, que pertenece a mi congregaci\'f3n, vino a m\'ed esta ma\'f1ana para decirme que la primera noche, seis prostitutas vestidas como caballeros, y anoche, doce vinieron a la universidad despu\'e9s del anochecer, entraron al dormitorio y fueron directamente por se\'f1as a los que las hab\'edan invitado, cada una teniendo la llave necesaria.\par \endash Yo acabo de informarle al Obispo O\rquote Regan del hecho, pero en lugar de prestar atenci\'f3n a lo que dije, se enfureci\'f3 contra m\'ed, dici\'e9ndome: \'bfT\'fa crees que voy a bajar de mi dignidad de obispo para o\'edr los informes de un polic\'eda degradado o viles esp\'edas? Si ellos quieren condenarse, no hay remedio, \'a1Qu\'e9 vayan al infierno! \'a1No estoy m\'e1s obligado ni tengo m\'e1s poder que Dios para impedirles! \'bfLes impide Dios? \'bfles castiga \'e9l? \'a1No! \'a1Bueno, no puedes esperar de m\'ed m\'e1s celo y poder que nuestro Dios com\'fan!\endash Con estas finas palabras, \endash dijo el buen Sr. Dunn, \endash tuve que salir r\'e1pidamente de su habitaci\'f3n. Es in\'fatil hablar con el Obispo O\rquote Regan sobre ese asunto. \'a1Es in\'fatil! El quiere recibir una cuota grande de esos sacerdotes al final del retiro y est\'e1 m\'e1s inclinado a manearlos que castigarlos con tal de obtener los cien mil d\'f3lares que \'e9l quiere para construir su palacio de m\'e1rmol blanco eLVALn la ribera del lago.\par Le repliqu\'e9: \endash Aunque a\'f1ades a mi desolaci\'f3n en lugar de disminuirla por lo que me dices de los extra\'f1os principios de nuestro obispo, voy a ir a hablar con mi se\'f1or Spaulding como t\'fa me aconsejas.\par Sin perder un momento, fui a su habitaci\'f3n. El me recibi\'f3 muy amablemente y no parec\'eda nada sorprendido por lo que le dije como si estuviera acostumbrado a ver lo mismo o a\'fan peores abominaciones. Sin embargo, cuando le dije la cantidad de licor que tomaron y que el retiro ser\'eda solamente una comedia rid\'edcula si no habr\'eda ninguna intenci\'f3n de reformar, \'e9l acord\'f3 que ser\'eda aconsejable intentarlo: \endash Aunque esto no est\'e1 en nuestro programa, podr\'edamos dar uno o dos sermones sobre la necesidad de los sacerdotes de dar un ejemplo de abstinencia a su congregaci\'f3n. Por favor, acomp\'e1\'f1eme a la habitaci\'f3n de mi se\'f1or O\rquote Regan para conferir sobre el asunto despu\'e9s que t\'fa le digas lo que est\'e1 sucediendo.\par \endash\'a1S\'ed! \endash dijo el Obispo O\rquote Regan, \endash es muy triste ver que nuestros sacerdotes tienen tan poquito auto-respeto aun durante d\'edas tan solemnes como estos de un retiro p\'fablico. El Rev. Sr. Dunn acaba de decirme la misma triste historia como el Padre Ch\'edniquy. Pero, \'bfQu\'e9 remedio podemos hallar para tal estado de cosas? Quiz\'e1s har\'eda bien darles un buen serm\'f3n sobre la abstinencia. Sr. Ch\'edniquy, me dicen que te llaman El Ap\'f3stol de Abstinencia de Canad\'e1 y que eres un poderoso orador sobre ese tema. \'bfNo te gustar\'eda darles uno o dos discursos sobre el da\'f1o que hacen a s\'ed mismos y a nuestra santa Iglesia por su borrachera?\par \endash Si esos sacerdotes pudieran entender franc\'e9s, \endash repliqu\'e9, \endash con mucho gusto aceptar\'eda el honor que usted me ofrece, pero para que ellos me entiendan, tendr\'eda que hablar en ingl\'e9s y no domino lo suficiente a este idioma para intentarlo. Mi ingl\'e9s quebrado s\'f3lo LVALpondr\'eda en rid\'edculo a la santa causa de abstinencia. Pero mi se\'f1or Spaulding ya ha predicado sobre ese tema en Kentucky y un discurso de Su Se\'f1or\'eda ser\'eda escuchado con mayor atenci\'f3n y beneficio.\par Entonces, fue acordado que \'e9l cambiar\'eda su programa y dar\'eda dos discursos sobre la abstinencia. Pero aunque estos discursos eran realmente elocuentes, eran perlas echadas delante de los puercos. Los sacerdotes borrachos durmieron como siempre y hasta roncaron durante casi toda la pronunciaci\'f3n. Es cierto que notamos un poco de mejoramiento y menos ruido las siguientes noches; el cambio, no obstante, fue muy poco.\par Al cuarto d\'eda del retiro, el Rev. Sr. Lebel se acerc\'f3 a m\'ed con su maleta en la mano. Se ve\'eda furioso, dijo: \endash Ahora has de estar satisfecho. Estoy suspendido y expulsado ignominiosamente de esta di\'f3cesis. \'a1Es obra tuya! Pero f\'edjate en lo que te digo; T\'fa tambi\'e9n pronto ser\'e1s expulsado de tu colonia por el tirano mitrado que acaba de derrumbarme a m\'ed. El me dijo varias veces que a toda costa quebrantar\'e1 tus planes de colonizaci\'f3n franc\'e9s, envi\'e1ndote al suroeste de Illinois junto al r\'edo Mississippi a un antiguo poblado franc\'e9s cerca de St. Louis. Est\'e1 enfurecido contra ti por haberte rehusado a entregarle tu fina propiedad en St. Anne.\par Le respond\'ed: \endash Est\'e1s equivocado al pensar que yo soy el autor de tus desgracias. Te has desgraciado a ti mismo por tus propios hechos. Nadie lamenta m\'e1s que yo tu desgracia y mi m\'e1s sincero deseo es que el pasado sea una lecci\'f3n para guiar tus pasos en el futuro. El deseo del obispo de expulsarme no me aflige. Si es la voluntad de Dios guardarme a la cabeza de esa gran obra, el obispo de Chicago bajar\'e1 de este trono episcopal antes que yo baje del hermoso cerro de St. Anne.\par El, pronto se desapareci\'f3; \'a1Pero c\'f3mo me entristeci\'f3 la ca\'edda de este sacerdote a quien hab\'eda amado tan sinceramente!\par El siguiente domingo fue LVALel \'faltimo d\'eda del retiro. Todos los sacerdotes entraron a la catedral en procesi\'f3n para recibir la santa comuni\'f3n y cada uno de ellos comi\'f3 lo que ten\'edamos que creer ser el verdadero cuerpo, alma y divinidad de Jesucristo. Esto no evit\'f3, sin embargo, que trece de ellos pasaran la pr\'f3xima noche en la c\'e1rcel donde fueron llevados por la polic\'eda habi\'e9ndolos sacado de las casas de mala fama donde estuvieron alborot\'e1ndose y pele\'e1ndose. \'a1Fueron puestos en libertad la ma\'f1ana siguiente despu\'e9s de pagar grandes multas por el disturbio de esa noche!\par Al d\'eda siguiente, fui a la casa parroquial del Sr. Dunn para preguntarle si \'e9l pudiera darme alguna explicaci\'f3n del rumor que el Sr. Lebel hab\'eda mencionado que yo ser\'eda quitado de mi colonia por el obispo y enviado a alguna parte lejana de su di\'f3cesis.\par \endash Desgraciadamente es la verdad, \endash dijo, \endash el Obispo O\rquote Regan cree que tiene la misi\'f3n del cielo de deshacer todo lo que su predecesor ha hecho. Uno de los mejores planes grandiosos del Obispo Vandeveld fue asegurar la posesi\'f3n de este magn\'edfico estado de Illinois para nuestra Iglesia induciendo a todos los Cat\'f3lico-romanos emigrados de Francia, B\'e9lgica y Canad\'e1 a fincar aqu\'ed. Nuestro obispo actual se opone a ese plan y te trasladar\'e1 a tal distancia que tus planes de colonizaci\'f3n se acabar\'e1n. El dice que generalmente los franceses son rebeldes y desobedientes a sus superiores eclesi\'e1sticos. En vano he intentado cambiarle de opini\'f3n. Ya te dije que frecuentemente me pide mi opini\'f3n sobre lo que yo creo ser lo mejor para su di\'f3cesis, pero ahora mi impresi\'f3n es que quiere saber nuestra opini\'f3n s\'f3lo por el gusto de hacer lo opuesto a nuestro consejo.\par Al final del retiro, la petici\'f3n por fondos del Obispo O\rquote Regan tuvo \'e9xito, aunque todos los que estaban presentes sintieron que era absurdo construir un palacio de cien mil d\'f3lares en un di\'f3cesis tan jovLVALen y pobre. Inmediatamente se junt\'f3 entre nosotros siete mil d\'f3lares en efectivo y pagares como muestra de buena voluntad. Luego de prometer que har\'edamos todo en nuestro poder para juntar el saldo de esa rid\'edcula cantidad, fuimos simult\'e1neamente bendecidos y despedidos del retiro.\par Camin\'e9 s\'f3lo algunos pasos de la universidad cuando un sacerdote irland\'e9s, desconocido para m\'ed, me alcanz\'f3 para decirme: \endash Mi se\'f1or O\rquote Regan quiere verte inmediatamente. Cinco minutos despu\'e9s, estaba a solas con mi obispo quien, sin ning\'fan prefacio, me dijo: \endash Sr. Ch\'edniquy, oigo muchas cosas extra\'f1as y da\'f1osas acerca de ti de todas partes. Pero lo peor de todo es que dicen que t\'fa eres un secreto emisario Protestante; que en lugar de predicar las verdaderas doctrinas de nuestra santa Iglesia, de la Inmaculada Concepci\'f3n, el purgatorio, etc., pasas tu tiempo distribuyendo Biblias y Nuevos Testamentos entre tus inmigrantes. Quiero saber de tus propios labios si esto es cierto o no.\par Le respond\'ed: \endash Una parte de lo que la gente le ha dicho es falso y parte es verdad. No es cierto que he descuidado la predicaci\'f3n de las doctrinas de nuestra santa Iglesia del purgatorio, la Inmaculada Concepci\'f3n de Mar\'eda, la confesi\'f3n auricular o el respeto que debemos a nuestros superiores. Pero s\'ed es verdad que distribuyo la Santa Biblia y el Evangelio de Cristo entre mi gente.\endash En lugar de sonrojar de semejante conducta impropia para un sacerdote, pareces estar orgulloso de ella, \endash respondi\'f3 el obispo airado.\par \endash No entiendo, mi se\'f1or, por qu\'e9 un sacerdote de Cristo deber\'eda sonrojarse por distribuir la Palabra de Dios entre su congregaci\'f3n. Puesto que estoy obligado a predicar esa Santa Palabra, no es s\'f3lo mi derecho, sino mi deber d\'e1rsela. Estoy plenamente convencido que no hay predicaci\'f3n m\'e1s eficaz y poderosa que la de nuestro Dios mismo cuando nos habla por medio de su Santo Libro.\par \endaLVALsh\'a1Esto es puro Protestantismo, Sr. Ch\'edniquy, puro Protestantismo! \endash respondi\'f3 airado.\par \endash Mi querido obispo, \endash calmadamente respond\'ed, \endash si dar la Biblia a la gente e invitarla leer y meditar en ella es Protestantismo, nuestro santo Papa P\'edo VI era un buen Protestante: En su carta a Martini, que probablemente est\'e1 en las primeras p\'e1ginas de la hermosa Biblia que veo en la mesa de Su Se\'f1or\'eda, no solamente le bendice por traducir ese Santo Libro, sino invita a la gente a leerla.\par El obispo, asumiendo un aire de sumo desprecio, replic\'f3: \endash Tu respuesta muestra tu ignorancia total sobre el tema del cual hablas tan confiadamente. Si fueras mejor informado sobre ese grave tema, sabr\'edas que la traducci\'f3n por Martini, que el Papa aconseja a la gente italiana a leer, form\'f3 una obra de veintitr\'e9s tomos grandes que por supuesto nadie excepto la gente muy rica y ociosa pod\'eda leer. Ni uno entre diez mil italianos tiene los medios para comprar semejante obra y ni uno entre veinte mil tiene el tiempo ni la voluntad para examinar semejante masa de comentarios sin fin. El Papa nunca hubiera dado semejante consejo a leer la Biblia como la que t\'fa distribuyes tan imprudentemente.\par \endash Entonces, mi se\'f1or, \endash le respond\'ed, \endash\'bfUsted me dice positivamente que el Papa dio permiso de leer la traducci\'f3n de Martini porque \'e9l sab\'eda que la gente com\'fan no pod\'eda conseguirla debido a su tama\'f1o enorme y precio tan alta, y me asegura que \'e9l nunca hubiera dado tal consejo si la misma gente pudiera comprar y leer esa santa obra?\par \endash\'a1S\'ed, se\'f1or! Eso es lo que quiero decir, \endash respondi\'f3 el obispo con un aire de triunfo, \endash Yo s\'e9 positivamente que esto es un hecho.\par Con calma le repliqu\'e9: \endash Espero que Su Se\'f1or\'eda se ha equivocado sin querer, porque si estuviera correcto, los principios austeros e imp\'e1vidos de la l\'f3gica me obligar\'edan a pensar y decir que"LVAL2 el Papa y todos sus seguidores son enga\'f1adores y que esa Enc\'edclica en sus manos es un fraude p\'fablico, porque todos los sacerdotes Cat\'f3licos en todo el mundo la usamos y la imprimimos en todas nuestras propias Biblias para que la gente, tanto Protestante como Cat\'f3lica, crea que nosotros aprobamos la lectura de nuestras propias versiones de la Santa Biblia.\par Si hubiera echado una chispa de fuego en un barril de p\'f3lvora, la explosi\'f3n no hubiera sido m\'e1s pronto ni tan terrible como la furia de ese prelado. Apuntando su dedo en mi cara, dijo: \endash Ahora veo la verdad de lo que me han dicho que t\'fa eres un Protestante disfrazado desde el mismo d\'eda que fuiste ordenado sacerdote. \'a1La Biblia! \'a1La Biblia es tu lema! \'a1Para ti la Biblia es todo y la santa Iglesia con sus Papas nada son! \'a1Qu\'e9 palabra tan insolente y me atrevo a decir cu\'e1n blasfema acabo de o\'edr de ti! \'a1T\'fa te atreves a llamar a una carta enc\'edclica de uno de nuestros santos Papas, un fraude!\par En vano intent\'e9 explicar; no me escuch\'f3 y me silenci\'f3 diciendo: \endash\'a1Si nuestra santa Iglesia, en un d\'eda desgraciado te haya ordenado uno de sus sacerdotes en mi di\'f3cesis, fue para predicar las doctrinas y no a distribuir la Biblia! \'a1Si te olvides de eso, te lo har\'e9 recordar! Y con ese comentario tuve que salir por la puerta que \'e9l hab\'eda abierto.\par Gracias a Dios que esta primera persecuci\'f3n que recib\'ed por causa de mi querida Biblia no disminuy\'f3 mi amor y respeto por la Santa Palabra de Dios ni mi confianza en ella. Al contrario, al llegar a mi casa, cayendo de rodillas, la tom\'e9 en las manos, la apret\'e9 a mi coraz\'f3n y ped\'ed a mi Padre Celestial que me concediera el favor de amarla m\'e1s sinceramente y seguir su ense\'f1anza divina con m\'e1s fidelidad hasta el fin de mi vida.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Dentro de un mes despu\'e9s del retiro, todas las ciudades de Illinois se llenaron de los clamores m\'e1s humillantes contra el Obispo O\rquote Regan. Numerosos art\'edculos aparecieron en los peri\'f3dicos principales, firmados por los m\'e1s respetados nombres, acus\'e1ndole de robo, simon\'eda y perjurio. Quejas amargas salieron de casi cada congregaci\'f3n: \endash Ha robado los hermosos y costosos vestimentos que compramos para nuestra iglesia, \endash gritaron los canadienses franceses de Chicago. \endash Nos ha estafado un lote fino donado para construir nuestra iglesia; lo vendi\'f3 en $40,000.00 d\'f3lares y se embols\'f3 el dinero para su uso privado sin notificarnos, \endash dijeron los alemanes. \endash\'a1Su sed de dinero es tan grande, \endash dijo todo el pueblo Cat\'f3lico de Illinois, \endash que aun est\'e1 vendiendo los huesos de los muertos para llenar sus tesoros!\par No me hab\'eda olvidado del intento atrevido del obispo de arrancar mi peque\'f1a propiedad de las manos en su primera visita a mi colonia. Pero hab\'eda esperado que este acto fuera un aislado caso excepcional en la vida de mi superior y no susurr\'e9 ni palabra de ello a nadie. Sin embargo, empec\'e9 a cambiar de opini\'f3n. Quer\'eda pensar que estos informes fueran exageraciones y que el clamor contra mi obispo pronto callar\'eda; no obstante, el clamor aument\'f3 m\'e1s fuerte cada d\'eda.\par Decid\'ed irme a Chicago para indagarlo personalmente. Fui directamente a la iglesia canadiense franc\'e9s. Para mi consternaci\'f3n indecible era cierto todo. El obispo hab\'eda robado los vestimentos para su uso personal. El ultraje de mis compatriotas no conoc\'eda l\'edmites. Varios hablaron de demandarlo ante los tribunales civiles; aun hab\'eda pl\'e1tica de acosarlo e insultarlo p\'fablicamente en las calles o aun eLVALn su mismo palacio. La \'fanica manera en que pude apaciguarlos era prometerlos ir a Su Se\'f1or\'eda y pedirle que restaurara los vestimentos.\par Mi pr\'f3xima parada fue un cementerio Cat\'f3lico-romano. En el camino me encontr\'e9 con muchas cargas de arena. En la misma puerta del sitio consagrado encontr\'e9 a tres carretas a punto de salir del terreno. Obtuve permiso de los choferes para buscar en la arena para ver si no hubiera algunos huesos. No hall\'e9 ninguno en la primera carreta, pero para mi horror y verg\'fcenza encontr\'e9 la mand\'edbula de un ni\'f1o en la segunda y los huesos de un brazo y casi el pie completo de un ser humano en la tercera.\par Les pregunt\'e9 cort\'e9smente d\'f3nde hab\'edan cavado la arena. Para mi pesar y verg\'fcenza indecible, descubr\'ed que el obispo hab\'eda dicho una mentira rematada. Para apaciguar la indignaci\'f3n p\'fablica contra su mercader\'eda sacr\'edlega, hab\'eda publicado que estaba vendiendo la arena que estaba fuera de la barda.\par Para justificar su caso, hab\'eda ordenado la barda reemplazada por otra a cierta distancia dentro de la antigua. Para empeorar el asunto, el obispo hab\'eda recibido ese terreno como donaci\'f3n de parte de la ciudad para un lugar de sepultura solamente despu\'e9s de hacer un juramento solemne que lo usar\'eda \'fanicamente para sepultar a los muertos. \'a1Cada carga de arena vendida, entonces, no s\'f3lo fue un acto de simon\'eda, sino de quebrantar un juramento solemne!\par Entonces, fui directamente al obispo para cumplir la promesa que les hice a los canadienses franceses. No tard\'e9 mucho en darme cuenta que mi petici\'f3n no ser\'eda bien recibida. Sin embargo, pens\'e9 que era mi deber hacer todo en mi poder para abrir los ojos de mi obispo al abismo que \'e9l estaba cavando para s\'ed mismo y para todos lo Cat\'f3licos por su conducta. \endash Mi se\'f1or, \endash le dije, \endash no sorprender\'e9 a Su Se\'f1or\'eda cuando le digo que todos los verdaderos Cat\'f3licos de Illinois est\'e1n llenos deLVAL tristeza por los art\'edculos que leen cada d\'eda en la prensa contra su obispo.\par \endash\'a1S\'ed, s\'ed! \endash contest\'f3 bruscamente, \endash los buenos Cat\'f3licos deber\'edan estar tristes al leer semejantes diatribas repugnantes contra su superior e imagino que t\'fa eres uno de los que est\'e1n tristes. Entonces, \'bfPor qu\'e9 no detienes a tus compatriotas insolentes e infieles de escribir esas cosas? Pues, veo que la mayor parte de esas difamaciones son firmados por canadienses franceses.\par Respond\'ed: \endash Es para intentar, con todo lo que hay en mi poder, poner fin a esos esc\'e1ndalos que estoy aqu\'ed en Chicago hoy, mi se\'f1or.\par \endash Muy bien, muy bien, \endash replic\'f3, \endash puesto que t\'fa tienes la reputaci\'f3n de tener gran influencia sobre tus compatriotas, \'fasala para detenerlos en su conducta rebelde contra m\'ed y entonces creer\'e9 que eres un buen sacerdote.\par Le respond\'ed: \endash Espero que tendr\'e9 \'e9xito en lo que Su Se\'f1or\'eda quiere que haga, pero hay dos cosas por hacer para asegurar el \'e9xito.\par \endash\'bfCu\'e1les son? \endash al instante pregunt\'f3 el obispo.\par \endash La primera es que Su Se\'f1or\'eda devuelva los finos vestimentos eclesi\'e1sticos que usted quit\'f3 de la congregaci\'f3n canadiense franc\'e9s de Chicago. La segunda es que Su Se\'f1or\'eda desiste absolutamente desde este d\'eda de robar la arena del terreno de sepultura que cubre las tumbas de los muertos.\par El Obispo, golpeando violentamente a la mesa con su pu\'f1o, cruz\'f3 la habitaci\'f3n dos o tres veces; luego, volte\'f3 hacia mi y apuntando el dedo en mi cara, exclam\'f3 con furia indescriptible, \endash\'a1Ahora, veo la verdad de lo que me dijo el Sr. Spink! T\'fa no eres solamente mi enemigo implacable, est\'e1s a la cabeza de mis enemigos. \'a1T\'fa apruebas de sus escritos difamatorios contra m\'ed! Nunca devolver\'e9 esos vestimentos eclesi\'e1sticos. \'a1Son m\'edos as\'ed como la iglesia canadiense franc\'e9s es m\'eda! \'bfNLVALo sabes que el terreno en que se construyen las iglesias pertenece al obispo, como tambi\'e9n las mismas iglesias y todo lo que pertenece a la iglesia? \'bfNo es una verg\'fcenza ardiente usar esos vestimentos tan finos en una pobre iglesia miserable de Chicago cuando el obispo de esa ciudad importante se viste de harapos? Fue en el inter\'e9s de la dignidad episcopal que mand\'e9 que esos ricos vestimentos espl\'e9ndidos, que por ley son m\'edos, fueran transferidos de una peque\'f1a congregaci\'f3n insignificante a mi Catedral de Sta. Mar\'eda. Y si t\'fa tuvieras una pizca de respeto por tu obispo, Sr. Ch\'edniquy, ir\'edas inmediatamente a tus compatriotas y pondr\'edas fin a sus murmuraciones y calumnias contra m\'ed, dici\'e9ndoles sencillamente que he llevado lo que es m\'edo, de esa iglesia que tambi\'e9n es m\'eda, a la catedral que es totalmente m\'eda. Di a tus compatriotas que se callen y que respeten a su obispo cuando \'e9l est\'e1 en lo correcto como lo estoy este d\'eda.\par Muchas veces yo hab\'eda considerado la infamia e injusticia de la ley que los obispos han aprobado por todos los Estados Unidos, haciendo a cada uno de ellos una corporaci\'f3n con el derecho de tomar como posesi\'f3n personal a todas las propiedades eclesi\'e1sticas de los Cat\'f3lico-romanos. Pero nunca hab\'eda comprendido la tiran\'eda de esa ley tan claramente como en esa hora.\par Le respond\'ed: \endash Mi se\'f1or, reconozco que esta es la ley en los Estados Unidos, pero es una ley humana directamente opuesta al Evangelio. No hay una sola palabra en el Evangelio que da este poder al obispo. Semejante poder no es un poder divino, sino un abuso que tarde o temprano destruir\'e1 a nuestra santa Iglesia en los Estados Unidos como ya la ha herido mortalmente en Gran Breta\'f1a, Francia y en muchos otros lugares. Cuando Cristo dijo en el Santo Evangelio que \'e9l no ten\'eda d\'f3nde recostar su cabeza, conden\'f3 de antemano a las pretensiones de los obispos de echar mano a las propiedades eclesi\'e1sticas coLVALmo suyo propio. Tal reclamaci\'f3n es una usurpaci\'f3n y no un derecho. Mi se\'f1or, nuestro Salvador Jesucristo protest\'f3 contra esa usurpaci\'f3n cuando pedido por un joven a meterse en sus asuntos temporales con sus hermanos, \'e9l respondi\'f3 que no hab\'eda recibido semejante poder. El Evangelio es una larga protesta contra esa usurpaci\'f3n. En cada p\'e1gina nos dice que el reino de Cristo no es de este mundo. Yo mismo don\'e9 $50.00 d\'f3lares para ayudar a mis compatriotas a comprar esos vestimentos eclesi\'e1sticos, los cuales pertenecen a ellos y no a usted.\par Mis palabras proferidas con una expresi\'f3n de firmeza que el obispo jam\'e1s hab\'eda visto en ninguno de sus sacerdotes, cayeron sobre \'e9l como una bomba. Le dejaron tan perplejo que me mir\'f3 un momento como si quisiera ver si fuera un sue\'f1o o una realidad que uno de sus sacerdotes tuviera la audacia de usar semejante lenguaje en su presencia. Pero recuper\'e1ndose pronto de este estupor, me interrumpi\'f3, golpeando con enojo a la mesa con su pu\'f1o otra vez: \endash\'a1T\'fa eres medio Protestante! \'a1Tus palabras huelen a Protestantismo! \'a1El Evangelio, el Evangelio! \'a1Esa es tu gran torre de fortaleza contra las leyes y reglamentos de nuestra santa Iglesia! Si t\'fa piensas, se\'f1or Ch\'edniquy, que me asustas con tus grandes palabras del Evangelio, pronto ver\'e1s tu error y t\'fa lo pagar\'e1s. \'a1Te har\'e9 recordar que es la Iglesia a quien tienes que obedecer y es a trav\'e9s de tu obispo que la Iglesia te manda!\par \endash Mi se\'f1or, \endash le respond\'ed, \endash\'a1Obedecer\'e9 a la Iglesia, s\'ed, pero a una Iglesia fundada en el Evangelio, una Iglesia que respeta y sigue al Evangelio!\par Mis palabras le lanzaron en un ataque de furia y dijo: \endash Estoy demasiado ocupado para o\'edr m\'e1s de tu parloteo impertinente. Por favor, d\'e9jame solo y recuerda que si no ense\'f1as a tu gente a respetar y obedecer a sus superiores, pronto oir\'e1s de m\'ed. Y el obispo guard\'f3 su promesa.\parLVAL Mi Sr. O\rquote Regan hab\'eda decidido suspenderme, pero no hallando ning\'fan motivo en mi vida privada, ni p\'fablica como sacerdote, para imponer tal sentencia, presion\'f3 a Spink, el especulador de bienes ra\'edces, a demandarme nuevamente y prometi\'f3 basar mi suspensi\'f3n en el veredicto de condenaci\'f3n contra m\'ed que resultar\'eda del pleito en el tribunal criminal de Kankakee. Pero el obispo y Peter Spink fueron nuevamente decepcionados, porque el veredicto del tribunal, dado el 13 de noviembre de 1855, sali\'f3 a mi favor.\par Mi gozo fue de corta duraci\'f3n, porque mis dos abogados, los Srs. Osgood y Paddock vinieron a decirme: \endash Nuestra victoria aunque grande no est\'e1 tan decisiva como esper\'e1bamos, porque el Sr. Spink acaba de hacer un juramento que no tiene confianza en este tribunal de Kankakee y ha apelado para remitir el caso a otro tribunal, el tribunal de Urbana en el condado de Champaign. Nos duele decirte que tienes que quedar preso bajo fianza en el custodio del Sheriff quien est\'e1 obligado a entregarte al Sheriff de Urbana el 19 de Mayo de la pr\'f3xima primavera.\par Casi me desmay\'e9 cuando o\'ed esto. El tribunal de Urbana est\'e1 a una distancia de 110 millas y el costo de llevar mis 15 a 20 testigos esa gran distancia estaba completamente fuera de mi presupuesto.\par En el momento en que sal\'ed del tribunal con un coraz\'f3n pesado, me abord\'f3 un extranjero que me dijo: \endash Yo he seguido su pleito desde el principio. Es m\'e1s formidable de lo que usted sospecha. Su fiscal, Spink, es s\'f3lo un instrumento en las manos del obispo. El verdadero fiscal es el estafador de bienes ra\'edces a la cabeza del di\'f3cesis y quien est\'e1 destruyendo a nuestra santa religi\'f3n con sus esc\'e1ndalos privados y p\'fablicos. Puesto que usted es el \'fanico entre sus sacerdotes que se atreve a resistirlo, \'e9l est\'e1 determinado a deshacerse de usted. El gastar\'e1 todos sus tesoros y usar\'e1 la casi irresistible influencia de su posici\'f3n para aplaLVALstarte. La desgracia para usted es que al luchar contra un obispo, usted lucha contra todos los obispos del mundo. Ellos unir\'e1n toda su riqueza e influencia para silenciarlo aunque a \'e9l le aborrezcan y le desprecien. No hay peligro de ning\'fan veredicto en contra suya en este parte de Illinois donde usted es demasiado bien conocido para los testigos perjurados que han tra\'eddo para influenciar a los jueces. Pero al estar entre extranjeros, f\'edjese bien en lo que le digo, los falsos juramentos de sus enemigos posiblemente ser\'e1n aceptados como la verdad del Evangelio por el jurado y luego, aunque inocente, est\'e1 perdido. Aunque sus dos abogados son hombres expertos, vas a querer algo mejor en Urbana. Intente adquirir los servicios de Abraham Lincoln de Springfield. \'a1Si ese hombre le defiende a usted, sin duda saldr\'e1 victorioso de ese conflicto mortal!\par Le respond\'ed: \endash Estoy muy agradecido por sus palabras de \'e1nimo; por favor, perm\'edtame saber su nombre.\par \endash Sea usted tan amable y d\'e9jeme guardarme inc\'f3gnito aqu\'ed, \endash replic\'f3, \endash la \'fanica cosa que puedo decir es que soy Cat\'f3lico como usted e igual que usted no soporto m\'e1s la tiran\'eda de nuestros obispos americanos. Con muchos otros, veo a usted como nuestro libertador y por esa raz\'f3n le aconsejo que contrate los servicios de Abraham Lincoln.\par \endash Pero, \endash repliqu\'e9, \endash\'bfQui\'e9n es ese Abraham Lincoln? Nunca hab\'eda o\'eddo de ese hombre.\par El respondi\'f3: \endash Abraham Lincoln es el mejor abogado y el hombre m\'e1s honesto que tenemos en Illinois.\par Fui inmediatamente con ese extranjero a mis dos abogados y les pregunt\'e9 si no tendr\'edan ninguna objeci\'f3n a procurar los servicios de Abraham Lincoln para ayudarles a defenderme en Urbana. Ambos respondieron: \endash\'a1Oh! Si puedes adquirir los servicios de Abraham Lincoln, hazlo definitivamente. Le conocemos muy bien. Es uno de los mejores abogados y uno de los hombres m\'e1s honestos enLVAL nuestro estado.\par Sin perder un momento, fui a la oficina de tel\'e9grafos con ese extranjero y envi\'e9 un telegrama a Abraham Lincoln para preguntarle si \'e9l estar\'eda dispuesto a defender mi honor y mi vida, aunque yo era extranjero para \'e9l, en la pr\'f3xima audiencia del tribunal de Urbana en mayo.\par Como 20 minutos despu\'e9s, recib\'ed la respuesta:\par \'a1S\'ed! Defender\'e9 tu honor y tu vida en la pr\'f3xima audiencia del tribunal de Urbana en mayo.\par ABRAHAM LINCOLN\par Mi amigo desconocido, luego, pag\'f3 al operador, apret\'f3 mi mano y dijo: \endash Que Dios le bendiga y le ayude, Padre Ch\'edniquy. Sigue luchando valientemente por la verdad y la justicia contra nuestros tiranos mitrados y Dios le ayudar\'e1 hasta el fin. Luego, tom\'f3 el tren rumbo al norte y desapareci\'f3 como una visi\'f3n del cielo. Nunca lo volv\'ed a ver, pero no dejo pasar un solo d\'eda sin pedir a Dios que lo bendiga. Algunos minutos despu\'e9s, el Sr. Spink entr\'f3 a la oficina de tel\'e9grafos para mandar un telegrama a Abraham Lincoln, pidiendo sus servicios en la pr\'f3xima audiencia del tribunal de Urbana, pero lleg\'f3 demasiado tarde.\par El 19 de mayo de 1856, conoc\'ed por primera vez al Sr. Abraham Lincoln. Era un gigante de estatura, pero descubr\'ed que era a\'fan m\'e1s gigante en su noble coraz\'f3n. Era imposible conversar cinco minutos con \'e9l sin amarlo. Hab\'eda una expresi\'f3n de tanta bondad y honestidad en ese rostro y un magnetismo tan atractivo en ese hombre que despu\'e9s de algunos momentos de conversaci\'f3n, uno se sent\'eda ligado a \'e9l por los afectos m\'e1s nobles del coraz\'f3n.\par Cuando me apret\'f3 la mano, me dijo: \endash Te equivocaste cuando en tu telegrama dijiste que me eras desconocido. Te conozco por tu reputaci\'f3n como el severo adversario de la tiran\'eda de tu obispo y el protector valiente de tus compatriotas en Illinois. He o\'eddo mucho de ti por medio de dos sacerdotes y anoche tus abogados, los Srs. Osgood y Paddock, me informaron dLVALe c\'f3mo el obispo est\'e1 usando algunas de sus armas para deshacerse de ti. Espero que ser\'e1 f\'e1cil derrotar sus proyectos y protegerte contra sus maquinaciones.\par Luego, me pregunt\'f3 c\'f3mo llegu\'e9 a solicitar sus servicios. Le respond\'ed, cont\'e1ndole la historia del amigo desconocido que me aconsej\'f3 a procurar tener como uno de mis abogados al Sr. Abraham Lincoln por la raz\'f3n de que es el mejor abogado y el hombre m\'e1s honesto en Illinois. El sonri\'f3 ante mi respuesta y dijo: \endash Ese amigo desconocido ciertamente hubiera estado m\'e1s correcto si te dijera que Abraham Lincoln es el abogado m\'e1s feo del pa\'eds. y se ri\'f3 con ganas.\par Pas\'e9 seis largos d\'edas en Urbana como un criminal bajo custodio del sheriff a los pies de mis jueces. Durante la mayor parte de ese tiempo, todo lo que el lenguaje humano puede expresar de insultos y abusos fue amontonado sobre mi pobre cabeza. S\'f3lo Dios sabe cu\'e1nto sufr\'ed en esos d\'edas, pero providencialmente fui rodeado por un muro fuerte. Ten\'eda a Abraham Lincoln como defensor, el mejor abogado y el hombre m\'e1s honesto de Illinois, y como juez al instruido y recto, David Davis. Este lleg\'f3 a ser Vice-presidente de los Estados Unidos en 1882 y aqu\'e9l su Presidente m\'e1s honrado de 1861-65.\par Nunca he o\'eddo nada igual a la elocuencia de Abraham Lincoln cuando hizo pedazos a los testimonios de los dos sacerdotes perjurados, Lebel y Carthuval, quienes con diez o doce otros falsos testigos hab\'edan jurado contra m\'ed. Con toda seguridad hubiera sido declarado inocente despu\'e9s de ese discurso elocuente y despu\'e9s del encargo del instruido Juez Davis, pero mis abogados, por un triste error, dejaron a un Cat\'f3lico-romano en el jurado. Por supuesto, ese Cat\'f3lico-romano irland\'e9s quer\'eda condenarme aun cuando los once honestos e inteligentes Protestantes eran un\'e1nimes en votar no culpable. Por fin, el tribunal, hallando que era imposible convencer al jurado de dar un veredicto un\'e1nime, loLLVAL\s despidi\'f3. Pero, Spink nuevamente forz\'f3 al sheriff a guardarme bajo fianza, obteniendo del tribunal permiso para continuar el enjuiciamiento el 19 de octubre de 1856.\par Humanamente hablando, hubiera sido uno de los hombres m\'e1s miserables si no tuviera mi querida Biblia, la cual meditaba y estudiaba d\'eda y noche en esos d\'edas oscuros de prueba. Aunque el mundo no lo sospechaba, yo sab\'eda desde el principio, que todas mis tribulaciones ven\'edan a causa de mi apego invencible y mi firme amor y respeto por la Biblia como la ra\'edz y fuente de toda verdad revelada por Dios al hombre; y me sent\'eda seguro que mi Dios lo sab\'eda tambi\'e9n. Esa seguridad apoyaba mi valor en el conflicto. Cada d\'eda mi Biblia se volvi\'f3 m\'e1s querida para m\'ed y constantemente intentaba andar en su luz maravillosa y su ense\'f1anza divina. Quer\'eda aprender mis deberes y derechos. Me gusta reconocer que la Biblia fue lo que me dio el poder y la sabidur\'eda que tanto necesitaba para confrontar sin temor a tantos adversarios. Sent\'ed que ese poder y sabidur\'eda no eran m\'edos. As\'ed, mi Biblia me capacit\'f3 para permanecer calmado en el mismo foso de los leones. Me dio, desde el principio de ese terrible conflicto, la seguridad de una victoria final, porque cada vez que ba\'f1\'e9 mi alma en su divina luz, o\'ed la voz de mi misericordioso Padre Celestial dici\'e9ndome: No temas, porque Yo estoy contigo. (\cf1\ul Isa_43:5\cf0\ulnone )\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 El enfoque de la ira tir\'e1nica del Obispo O\rquote Regan cay\'f3 principalmente sobre las congregaciones canadienses francesas de Chicago y de St. Anne. Su plan diab\'f3lico no era nada menos que su completa destrucci\'f3n.\par Poco despu\'e9s de la Pascua de 1856, el obispo puso su plan en acci\'f3n. El Rev. Sr. Lemaire fue suspendido y arrojado ignominiosamente del di\'f3cesis de Chicago sin motivo, dejando a los canadienses franceses sin pastor. Algunos d\'edas despu\'e9s, la casa parroquial fue vendida por $1,200.00 d\'f3lares a un americano. La hermosa iglesia peque\'f1a que estaba en el lote junto a la casa parroquial fue trasladada cinco o seis cuadras al suroeste y rentada por el obispo a los Cat\'f3licos de la parroquia por aproximadamente $2000.00 d\'f3lares anuales. Ni una palabra de notificaci\'f3n fue dado a mis compatriotas, quienes hab\'edan construido esos finos edificios con su propio dinero.\par El 19 de agosto de 1856, el obispo, oyendo que yo estaba en Chicago, me mand\'f3 llamar. Aunque no absolutamente ebrio, lo hall\'e9 lleno de vino y terriblemente excitado.\par \endash Sr. Ch\'edniquy, \endash dijo, \endash t\'fa me hab\'edas prometido usar tu influencia para poner fin a la conducta rebelde de tus compatriotas contra m\'ed. Pero los encuentro m\'e1s insolentes e inmanejables que nunca y creo firmemente que t\'fa tienes la culpa. T\'fa y ese pu\'f1o de canadienses franceses de Chicago me dan m\'e1s problemas que todos los dem\'e1s sacerdotes y gente de Illinois. T\'fa est\'e1s demasiado cerca de Chicago, se\'f1or, la gente de aqu\'ed siente demasiado tu influencia. Voy a trasladarte a un lugar lejano donde tendr\'e1s suficiente que hacer sin entremeterte en mi administraci\'f3n. Quiero tus servicios en Cahokia en mi di\'f3cesis de Q\'fcincy y si para el 15 de septiembre pr\'LVALf3ximo no est\'e1s all\'e1, te suspender\'e9 y te excomulgar\'e9 y para siempre poner fin a tus intrigas.\par \endash Mi se\'f1or, \'a1Usted habla de suspensi\'f3n y excomuni\'f3n! Perm\'edteme decirle respetuosamente que si usted puede mostrarme que haya hecho algo para merecer ser suspendido o excomulgado, me someter\'e9 en silencio a su sentencia. Pero antes de sentenciarme le pido en el nombre de Dios hacer una investigaci\'f3n p\'fablica de m\'ed y confrontarme con mis acusadores. Le advierto a Su Se\'f1or\'eda que si me suspende y me excomulga sin hacer una investigaci\'f3n, yo usar\'e9 todos los medios que nuestra santa Iglesia pone a la disposici\'f3n de sus sacerdotes para defender mi honor y comprobar mi inocencia. Apelar\'e9 tambi\'e9n a las leyes de nuestra gran rep\'fablica que protege el car\'e1cter de todos sus ciudadanos contra cualquier persona que les calumnia. Entonces ser\'e1 a su propio riesgo y peligro hacer semejante sentencia contra m\'ed.\par Mi respuesta calmada sumamente excit\'f3 su furia. Golpe\'f3 violentamente a la mesa con su pu\'f1o y dijo: \endash No me importan un comino tus amenazas. Repito, Sr. Ch\'edniquy, si no est\'e1s en Cahokia para el 15 del pr\'f3ximo mes, te suspender\'e9 y te excomulgar\'e9.\par Sintiendo que ser\'eda una necedad de mi parte discutir con un hombre que estaba fuera de s\'ed por la ira y exceso de vino, sal\'ed inmediatamente de la habitaci\'f3n para tomar el tren a St. Anne.\par Despu\'e9s de pasar la noche pidiendo a Dios que cambiara el coraz\'f3n del obispo para poder permanecer en medio de mi congregaci\'f3n, dirig\'ed la siguiente carta al Obispo:\par Al Revered\'edsimo O\rquote Regan, Obispo de Chicago,\par Mi se\'f1or, entre m\'e1s considero su dise\'f1o de expulsarme de la colonia que he fundado y de la cual soy el pastor, m\'e1s creo que es mi deber ante m\'ed mismo, mis amigos y compatriotas, protestar delante de Dios y los hombres contra lo que usted intenta hacer. Ni un solo de sus sacerdotes tiene mayor estima en la menteLVAL p\'fablica, ni es m\'e1s amado y respetado por su gente que yo. Desaf\'edo a mis amargados enemigos a comprobar lo contrario. Y ese car\'e1cter que es mi tesoro m\'e1s precioso, usted intenta despojarme de \'e9l sac\'e1ndome ignominiosamente de entre mi gente. Es verdad que tengo enemigos y de eso estoy orgulloso. Los principales son bien conocidos en esta regi\'f3n como los hombres m\'e1s perversos. La recepci\'f3n cordial que dicen que recibieron de usted no quita las manchas que tienen en la frente.\par Por medio de esta carta, le pido nuevamente que haga una investigaci\'f3n p\'fablica y minuciosa de mi conducta. Me dice mi conciencia que no hay nada en contra de m\'ed. Semejante trato p\'fablico y justo confundir\'e1 a mis acusadores. Y hablo de acusadores cuando ni siquiera s\'e9 si tengo alguno. \'bfD\'f3nde est\'e1n? \'bfCu\'e1les son sus nombres? \'bfDe cu\'e1l pecado me acusan? \'a1Todas estas preguntas que le hice el martes pasado quedaron sin respuesta! Pero quiera Dios que hoy me las contestar\'e1, d\'e1ndome sus nombres. Estoy dispuesto a enfrentarme a ellos delante cualquier tribunal. Antes que usted d\'e9 el golpe final a la v\'edctima de este complot infernal, le pido en el nombre de Dios que d\'e9 primero un momento de atenci\'f3n a las siguientes consecuencias de mi traslado del lugar donde estoy actualmente:\par Usted sabe que tengo pleito con el Sr. Spink en el tribunal de Urbana a principios de octubre. Mis abogados y todos mis testigos est\'e1n en los condados de Kankakee e Iroquois. \'a1En el momento en que quiero estar aqu\'ed para comprobar mi inocencia y defender mi honor, usted me ordena ir a un lugar que est\'e1 a una distancia de m\'e1s de 300 millas! \'bfNo se da cuenta que por esa extra\'f1a conducta est\'e1 ayudando al Sr. Spink contra su propio sacerdote? Al estar en Cahokia, tendr\'e9 que sufrir los gastos pesados de viajar m\'e1s de 300 millas muchas veces para consultar a mis amigos o ser privado de su valiosa ayuda. \'bfSer\'e1 posible que usted intenta atar miLVALs manos y pies y entregarme a mis enemigos implacables?Desde el principio de este pleito, el Sr. Spink proclama que usted le ayuda y que igual a los sacerdotes perjurados, usted le ha prometido hacer todo lo que est\'e1 en su poder para aplastarme. Por amor al car\'e1cter sagrado que lleva, no muestre tan p\'fablicamente que las jactancias del Sr. Spink sean verdad. Por amor a su alta posici\'f3n en la Iglesia, no ayude tan p\'fablicamente al despiadado estafador de bienes ra\'edces de L\rquote Erable. El ya traicion\'f3 a sus amigos Protestantes para conseguir una esposa y en breve le traicionar\'e1 a usted por menos. D\'e9jame vivir tranquilo aqu\'ed hasta que se termine este pleito.\par Al expulsarme de mi colonia, la destruir\'e1. M\'e1s de 90% de los inmigrantes vienen aqu\'ed para vivir cerca de m\'ed. Golpearme a m\'ed es golpear a todos ellos. \'bfD\'f3nde hallar\'e1s un sacerdote que amar\'e1 tanto a esa gente como para donarla entre uno o dos mil d\'f3lares cada a\'f1o como invariablemente he hecho? Ha sido a precio de esos sacrificios que con los emigrantes m\'e1s pobres de Canad\'e1 he fundado en cuatro a\'f1os una colonia insuperada e inigualada en los Estados Unidos por su progreso. Y ahora que he gastado mi \'faltimo centavo para formar esta colonia, usted me expulsa de ella.\par Nuestro colegio donde 150 muchachos reciben una buena educaci\'f3n se cerrar\'e1 el mismo d\'eda que yo me vaya, porque usted sabe muy bien que los maestros que consegu\'ed en Montreal se ir\'e1n lo m\'e1s pronto que yo.\par \'a1Ay! Si usted es despiadado hacia el sacerdote de St. Anne, tenga piedad de estos pobres ni\'f1os. Yo preferir\'eda ser condenado a la muerte que verles destruir su inteligencia vagando por las calles. D\'e9jame, entonces, terminar mi trabajo aqu\'ed y d\'e9me tiempo para fortalecer estas instituciones j\'f3venes que caer\'e1n al suelo conmigo.\par Si usted me expulsa o me suspende como amenaza hacer si desobedezco a su orden, mis enemigos proclamar\'e1n que usted me trata con ese riLVALgor, porque me ha hallado culpable de alguna gran iniquidad y esto necesariamente predispondr\'eda a los jueces contra m\'ed. Me considerar\'edan como un vil criminal. Porque, \'bfQui\'e9n supondr\'eda en este pa\'eds libre que hubiera hombres capaces de juzgar y condenar a otro como lo hace hoy nuestro obispo de Chicago sin darle los nombres de sus acusadores ni decirle de cuales cr\'edmenes le acusan.\par En el nombre de Dios le pido nuevamente que no me obligue a salir de mi colonia antes de comprobar mi inocencia y la iniquidad del Sr. Spink a la gente honesta de Urbana.\par Pero si usted est\'e1 sordo a mis oraciones y si nada puede desuadirlo de su resoluci\'f3n, no quisiera estar en la posici\'f3n inenvidiable de un sacerdote suspendido entre mis compatriotas. M\'e1ndame por correo mis cartas de misi\'f3n para los lugares nuevos que intenta confiar a mi cuidado. Entre m\'e1s pronto llegue all\'e1, ser\'e1 mejor para mi y para mi gente. \'a1Estoy listo! Cuando est\'e9 en el camino de exilio, pedir\'e9 al Dios de Abraham que me d\'e9 la fortaleza y fe que \'e9l dio a Isaac cuando acostando su cabeza en el altar, voluntariamente present\'f3 su garganta a la espada. Pedir\'e9 a mi Salvador, cargando la pesada cruz a la sima del Calvario, que me dirija y ayuda a mis pasos hacia la tierra de exilio que usted tiene preparado para su sacerdote devoto,\par C. CHINIQUY\par Al d\'eda siguiente, o\'edmos que los sacerdote borrachos alrededor de nosotros estaban publicando que el obispo ya me hab\'eda suspendido y que ellos recibieron \'f3rdenes de \'e9l a tomar el mando de la colonia de St. Anne. Inmediatamente convoqu\'e9 una reuni\'f3n de toda la gente y les dije: \endash El obispo no me ha suspendido como los sacerdotes vecinos publican. S\'f3lo amenaz\'f3 hacerlo si no salgo de este lugar hacia Cahokia para el 15 del pr\'f3ximo mes. Pero aunque no he sido suspendido, puede ser que s\'ed publique falsamente que lo ha hecho. Podemos esperar cualquier cosa del destructor de las finas congregaciones deLVAL los canadienses franceses de Chicago. El quiere destruirme a m\'ed y a ustedes as\'ed como destruy\'f3 a ellos. Pero antes que nos inmuela, espero que con la ayuda de Dios lucharemos como soldados Cristianos por nuestra vida y usaremos todos los medios que las leyes de nuestra santa Iglesia, la Santa Palabra de Dios y la gloriosa Constituci\'f3n de los Estados Unidos nos permita emplear contra nuestro tirano despiadado.\par \endash Les pido como favor que env\'eden una delegaci\'f3n de cuatro miembros de nuestra colonia en quienes ponen la m\'e1s absoluta confianza para llevar esta carta al obispo. Pero antes de entreg\'e1rsela, ellos har\'e1n las siguiente preguntas, las respuestas a las cuales apuntar\'e1n con gran cuidado en su presencia y fielmente nos las entregar\'e1n. Es evidente que ahora estamos entrando en una lucha transcendental. Tenemos que actuar con prudencia y firmeza.\par A los se\'f1ores, J.B. Lemoine, Leon Mailloux, Francis Bechard y B. Allaire, habiendo sido un\'e1nimemente escogidos para esta misi\'f3n importante, les dimos las siguientes preguntas para hacer al obispo:\par 1. \'bfUsted ha suspendido al Sr. Ch\'edniquy? \'bfPor qu\'e9?\par 2. \'bfEs el Sr. Ch\'edniquy culpable de alg\'fan crimen para merecer ser suspendido?\par 3. \'bfHan sido comprobados contra \'e9l esos cr\'edmenes de una manera can\'f3nica?\par 4. \'bfPor qu\'e9 quiere quitar al Sr. Ch\'edniquy de nosotros?\par Nuestra delegaci\'f3n volvi\'f3 de Chicago con las siguientes respuestas que despu\'e9s juraron delante del tribunal de Kankakee:\par 1. Suspend\'ed al Sr. Ch\'edniquy el 19 del mes actual a causa de su obstinaci\'f3n y falta de sumisi\'f3n a mis \'f3rdenes cuando le mand\'e9 a Cahokia.\par 2. Si el Sr. Ch\'edniquy ha dicho la misa mientras, como ustedes dicen, es irregular y s\'f3lo el Papa puede restaurarlo a sus funciones eclesi\'e1sticas y sacerdotales.\par 3. Lo quito de St. Anne a pesar de sus ruegos y las de ustedes porque no ha estado dispuesto a vivir en paz con los Rev. Sres. Lebel LVALy Carthuval. (Cuando le preguntaron al obispo si esos dos sacerdotes no hab\'edan sido suspendidos por \'e9l a causa de sus esc\'e1ndalos p\'fablicos, fue obligado a decir: \'a1S\'ed!)\par 4. Mi segunda raz\'f3n por quitar al Sr. Ch\'edniquy de St. Anne y mandarle en su nueva misi\'f3n es para poner fin al pleito que el Sr. Spink ha levantado contra \'e9l. (Cuando preguntaron al obispo si \'e9l prometer\'eda que el pleito ser\'eda detenido por el traslado del Sr. Ch\'edniquy, \'e9l respondi\'f3: \endash No puedo prometer eso.)\par 5. El Sr. Ch\'edniquy es uno de los mejores sacerdotes de mi di\'f3cesis y no quiero privarme de sus servicios. Ninguna acusaci\'f3n contra su moralidad ha sido comprobado delante de m\'ed.\par 6. El Sr. Ch\'edniquy ha demandado una investigaci\'f3n para probar su inocencia contra ciertas acusaciones hechas contra \'e9l y pidi\'f3 los nombres de sus acusadores para confundirlos; he rehusado concederle esta petici\'f3n. (Despu\'e9s que el obispo hizo estas declaraciones, la delegaci\'f3n le present\'f3 la carta del Sr. Ch\'edniquy. Evidentemente le impresion\'f3 profundamente. Luego que termin\'f3 de leerla, les dijo: \endash Digan al Sr. Ch\'edniquy que venga a verme para preparar su nueva misi\'f3n y le dar\'e9 las cartas que \'e9l quiere para ir a trabajar all\'e1.)\par \lang1033 FRANCIS BECHARD\par BASILIQUE ALLAIRE J. B. LEMOINE\par \lang2058 LEON MAILLOUX\par (Estos caballeros con la excepci\'f3n del Sr. Allaire todav\'eda viven en 1885)\par Despu\'e9s que lo anterior hab\'eda sido le\'eddo y entregado a la gente, les mostr\'e9 las evidentes falsedades y contradicciones de las respuestas del obispo.\par \endash Ahora, mis amigos, aqu\'ed est\'e1 la ley de nuestra santa Iglesia: Si un hombre ha sido condenado injustamente, que no presta ninguna atenci\'f3n a la sentencia injusta; que ni siquiera haga nada para que sea quitado esa sentencia injusta. (Canon de la Iglesia por el Papa Gelacio)\par \endash Se me ocurre hoy por primera vez que el obispo desea ejecutaLVALr m\'e1s la destrucci\'f3n de ustedes que la m\'eda. Es mi deseo permanecer entre ustedes para defender sus derechos como Cat\'f3licos. Si ustedes son fieles a m\'ed como yo ser\'e9 a ustedes en la lucha inminente, no tendremos nada que temer, porque nuestra santa Iglesia est\'e1 a nuestro favor; todas sus leyes y canones est\'e1n a nuestro favor; el Dios del Evangelio est\'e1 a nuestro favor y aun el Papa, a quien tendremos que apelar, est\'e1 a nuestro favor. El Arzobispo de St. Louis, a quien llev\'e9 mi queja en abril pasado, me aconsej\'f3 escribirle al Papa de los hechos criminales del Obispo O\rquote Regan. Si son leales a ustedes mismos, no permitir\'e1n que ese tirano mitrado realice aqu\'ed las mismas atrocidades que cometi\'f3 contra nuestros compatriotas en Chicago. Si prometen salir en defensa de sus derechos, yo dir\'e9 a ese obispo avaricioso: \'a1Venga y venda nuestra casa parroquial y nuestra iglesia aqu\'ed si se atreve!\par \endash Tendremos que pelear una batalla gloriosa. Es la batalla de la libertad contra la tiran\'eda m\'e1s cruel que el mundo jam\'e1s ha visto. Es la batalla de la verdad contra la mentira. Es la batalla del antiguo Evangelio de Cristo contra el nuevo evangelio del Obispo O\rquote Regan. Seamos leales a nosotros mismos hasta el fin y nuestra santa Iglesia, que ese obispo deshonra, nos bendecir\'e1. Nuestro Salvador Jesucristo, cuyo Evangelio es despreciado por ese aventurero, est\'e1 a nuestro favor y nos dar\'e1 una victoria gloriosa. \'bfNo han le\'eddo en sus Biblias que Jes\'fas quiere que sus disc\'edpulos sean libres cuando dijo: Si el Hijo os libertare, ser\'e9is verdaderamente libres.? (\cf1\ul Joh_8:36\cf0\ulnone ) \'bfSignifica esto que el Hijo de Dios quiere que seamos esclavos del Obispo O\rquote Regan?\par \endash\'a1No! \endash grit\'f3 toda la gente.\par \endash Que Dios les bendiga por comprender sus derechos Cristianos. Todos los que quieren estar libres conmigo, levanten la mano. Gracias a Dios, \endash exclam\'e9 otra vez, \endash\'a1No haLVALy un solo traidor entre nosotros! \'a1Todos son leales, valientes y nobles soldados de libertad, verdad y justicia! \'a1Que el Se\'f1or les bendiga a todos ustedes!\par Era imposible describir el entusiasmo de la gente. Antes de despedirlos, les dije: \endash Sin duda, muy pronto presenciaremos una de las comedias m\'e1s absurdas jam\'e1s actuadas en este continente. Esa comedia generalmente se llama: Excomuni\'f3n. Algunos sacerdotes borrachos enviados por el obispo borracho de Chicago vendr\'e1n a excolmulgarnos. Espero su visita cualquier d\'eda. Valdr\'e1 la pena ver ese drama y espero que ustedes vean y oigan la cosa m\'e1s divertida de su vida.\par No me equivoqu\'e9. Al d\'eda siguiente o\'edmos que el 3 de septiembre hab\'eda sido escogido por el obispo para excomulgarnos. Dije a la congregaci\'f3n: Cuando ustedes vean la bandera de los libres y de los valientes flotando en la punta de nuestro campanario, vengan a reunirse alrededor de esa emblema de libertad.\par Hab\'eda m\'e1s de tres mil personas en nuestro cerro hermoso cuando aparecieron los sacerdotes. Unos momentos antes, dije a esa inmensa multitud: \endash Bendigo a Dios que tantos est\'e1n aqu\'ed para presenciar el \'faltimo acto tir\'e1nico del Obispo O\rquote Regan. Pero les pido un favor: Que no se diga ning\'fan insulto a los sacerdotes que vienen a actuar esa comedia. Por favor, no digan ninguna palabra de enojo. No levanten ni un solo dedo contra los actores. Ellos no son responsables por lo que hacen por dos razones: 1. Probablemente est\'e1n borrachos y 2. Est\'e1n obligados a hacer esa obra por su amo el Sr. Obispo O\rquote Regan.\par Los sacerdotes llegaron como a las 2:00 p.m. y nunca se hab\'eda o\'eddo tantos gritos y aplausos en nuestra colonia como en su llegada. Nunca hab\'eda visto a mi congregaci\'f3n tan alegre y de buen humor como cuando uno de los sacerdotes temblando de cabeza a pies con terror y borrachera, intent\'f3 leer la siguiente ficticia acta de excomuni\'f3n, la cual clav\'f3 a la puerta de la capLVALilla:\par 3 de septiembre de 1856.\par El Reverendo Se\'f1or Ch\'edniquy, hasta aqu\'ed el cura de St. Anne, Colonia de Beaver, en la di\'f3cesis de Chicago, formalmente ha sido suspendido por m\'ed por causas can\'f3nicas.\par El dicho Sr. Ch\'edniquy, a pesar de esa suspensi\'f3n, maliciosamente ha realizado las funciones del santo ministerio, administrando los santos sacramentos y diciendo misa. Esto le constituye un irregular y en directa oposici\'f3n a la autoridad de la Iglesia. Por consecuencia es un cism\'e1tico.El dicho Sr. Ch\'edniquy as\'ed nombrado por mis cartas y requerimiento verbal, ha persistido absolutamente en violar las leyes de la Iglesia y desobedecer a su autoridad y por medio de esta presente carta est\'e1 excomulgado.\par Proh\'edbo a cualquier Cat\'f3lico tener comunicaci\'f3n con \'e9l en asuntos espirituales bajo pena de excomuni\'f3n. Todo Cat\'f3lico que va en contra de esta suspensi\'f3n est\'e1 excomulgado.\par +ANTONIO\par Obispo de Chicago y Administrador de Q\'fcincy\par Lo m\'e1s pronto que los sacerdotes que clavaron este documento en la puerta de nuestra capilla se hab\'edan huido a toda velocidad, fui a verlo y encontr\'e9 lo que esperaba: que no fue firmado por el obispo ni por su gran vicario ni por ninguna persona conocida y por consecuencia era una completa nulidad seg\'fan las leyes de la Iglesia. Temiendo que yo le entablar\'eda una acci\'f3n judicial como le hab\'eda advertido, se ech\'f3 hacia atr\'e1s de la responsabilidad de su propia acci\'f3n y no lo firm\'f3. Probablemente ignoraba el hecho de que \'e9l mismo se excomulg\'f3 ipso facto por no haber firmado el documento ni \'e9l ni ninguno de sus diputados conocidos. Supe despu\'e9s que mand\'f3 a un ni\'f1o de doce a\'f1os a escribirlo y firmarlo. De esta manera fue imposible para m\'ed llevar ese documento ante ning\'fan tribunal debido a su falta de las formas legales necesarias. Esta acta tambi\'e9n fue nula por haber sido presentada por tres sacerdotes borrachos que no eran mentalmente com LVAL0 petentes debido a su estado de ebriedad.\par La gente comprendi\'f3 muy bien que todo el asunto era una miserable farsa, dise\'f1ada a separarlos de su pastor. Por la buena providencia de Dios, tuvo el efecto completamente opuesto. Ellos nunca me hab\'edan mostrado respeto y devoci\'f3n tan sinceros como desde ese d\'eda inolvidable.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 El domingo por la tarde, despu\'e9s que los tres sacerdotes borrachos clavaron a la puerta de nuestra capilla su sentencia de excomuni\'f3n, sin firma, sin sello, sin testigos y por consecuencia nula, la gente se reuni\'f3 de todas partes de nuestra colonia al sal\'f3n grande del tribunal de la ciudad de Kankakee para o\'edr varios discursos sobre sus deberes del d\'eda y aprobaron un\'e1nimemente la siguiente resoluci\'f3n:\par Resueltos: que nosotros los canadienses franceses del condado de Kankakee aqu\'ed decidimos dar apoyo moral al Rev. C. Ch\'edniquy en la persecuci\'f3n ahora ejercitada contra \'e9l por el obispo de Chicago en violaci\'f3n a las leyes de la Iglesia expresadas y sancionadas por los concilios.\par La firme y un\'e1nime determinaci\'f3n de mis compatriotas de apoyarme fue una de las m\'e1s grandes bendiciones que Dios me hab\'eda dado. Me llen\'f3 de un valor que nada, de ah\'ed en adelante, pod\'eda conmoverme. Pero la gente de St. Anne pens\'f3 que no era suficiente mostrar al obispo que nada pod\'eda jam\'e1s conmover la resoluci\'f3n que hab\'edan hecho de vivir y morir como hombres libres. Hicieron una inmensa reuni\'f3n p\'fablica el domingo despu\'e9s de la ficticia excomuni\'f3n para adoptar la siguiente alocuci\'f3n dirigida al obispo de Chicago, una copia de la cual fue enviado a todos los obispos de los Estados Unidos, de Canad\'e1 y al Papa P\'edo IX:\par A SU SE\'d1ORIA ANTHONY O\rquote REGAN DE CHICAGO:\par Nosotros los abajo firmantes, habitantes de la parroquia de St. Anne, Colonia de Beaver, viendo con dolor que usted ha desechado nuestra humilde petici\'f3n que le hemos enviado por los cuatro delegados y habiendo persistido en intentar a correr a nuestro honesto y digno sacerdote, quien nos ha edificado en todas circunstancias por su conducta p\'fablica y religiosa y habiendo maltratado a nuestrLVALa digno pastor, el Sr. Ch\'edniquy, contrario a todas las leyes de nuestra santa Iglesia y del sentido com\'fan, excomulg\'e1ndole y denunci\'e1ndole como un sacerdote cism\'e1tico y habi\'e9ndonos prohibido comunicar con \'e9l en asuntos religiosos, por medio de la presente carta protestamos contra la manera injusta e inicua que le ha zarandeado, neg\'e1ndole el derecho de defenderse y comprobar su inocencia.\par Por consecuencia, declaramos que estamos dispuestos en todo tiempo como buenos Cat\'f3licos a obedecer todos sus \'f3rdenes y requerimientos que est\'e1n de acuerdo a las leyes del Evangelio y de la Iglesia, pero no estamos dispuestos a seguirle en todos sus errores de juicio, ni sus injusticias ni caprichos codiciosos. Considerando al Sr. Ch\'edniquy como un buen sacerdote virtuoso, hemos decidido un\'e1nimemente retenerlo entre nosotros como nuestro pastor. As\'ed que, suplicamos a Su Se\'f1or\'eda no molestarse en buscar a otro sacerdote para nosotros. Adem\'e1s hemos decidido un\'e1nimemente a sustentarlo y proveerle los medios para ir hasta Roma si no puede tener justicia en Am\'e9rica.\par Adem\'e1s declaramos que ha sido deshonroso y vergonzoso para nuestro obispo y para nuestra santa religi\'f3n el ver venir a nuestra capilla, bajo \'f3rdenes del pr\'edncipe de la Iglesia y representante de Cristo, a tres hombres con vestimentos sacerdotales, con sus lenguas medio paralizadas por el efecto de wiski y quienes al dar la espalda a la iglesia fueron a la casa y establo de uno de nuestros residentes para vaciar ah\'ed sus botellas. Luego, subiendo a su carroza, fueron hacia la aldea de L\rquote Erable cantando cantos de borrachos como indios salvajes. \'bfEst\'e1 influenciado Su Se\'f1or\'eda por semejantes hombres cuya misi\'f3n parece ser la de degradar al sacerdocio y al Catolicismo?\par Concluimos, esperando que, cambiando su determinaci\'f3n, trabajar\'e1 para el beneficio de nuestra santa religi\'f3n y no para su degradaci\'f3n donde su conducta intolerable nos llevar\'e1. Tambi\LVAL'e9n esperamos que no persistir\'e1 en correr a nuestro digno pastor el Rev. Carlos Ch\'edniquy de la colonia floreciente que \'e9l fund\'f3 al costo de abandonar su tierra nativa y al sacrificio de la alta posici\'f3n que ten\'eda en Canad\'e1, y que haya paz entre usted y nosotros para que tengamos en el obispo de Chicago, no un tirano, sino un padre y que usted nos tenga, no como rebeldes, sino como hijos fieles. Nos suscribimos los hijos fieles de la Iglesia,\par THEODORE DORIEN, J. BLEMOINE N.P.,\par \lang1033 DET. VANIER, OLIVER SENECHALL,\par J.B BELANGER, BASILIQUE ALLAIR,\par CAMILY BETOURNEY, MICHEL ALLAIR,\par STAN\rquote LAS GAGNE, JOSEPH GRISI,\par \lang2058 ANTONIO ALLAIN, JOSEPH ALLARD,\par Y quinientos m\'e1s.\par Esta carta fue reproducido por casi toda la prensa de los Estados Unidos. Cay\'f3 como trueno en la cabeza del destructor despiadado de nuestro pueblo, pero no cambi\'f3 sus planes destructivos. El public\'f3 las historias m\'e1s mentirosas para explicar su conducta y mostrar al mundo que ten\'eda buenas razones para destruir la congregaci\'f3n franc\'e9s de Chicago e intentar el mismo experimento en St. Anne.\par Con muy pocas excepciones, la prensa del Estado de Illinois, cuyas columnas hab\'edan hecho eco a los clamores de indignaci\'f3n que se levantaban dondequiera contra la tiran\'eda del Obispo O\rquote Regan, se puso de mi parte. Cientos de sacerdotes, no s\'f3lo de Illinois, sino de todas partes de los Estados Unidos, me dirigieron sus gracias m\'e1s calurosas por la postura tan firme que hab\'eda tomado y me pidieron en el nombre de Dios y para la honra de la Iglesia a no ceder ni un cent\'edmetro de mis derechos. Desgraciadamente esos sacerdotes manifestaron su cobard\'eda, poniendo en sus cartas las palabras absolutamente confidencial.\par Sin embargo, esto no me perturb\'f3. Mi confianza no estaba puesto en mis propias fuerzas, sino en la protecci\'f3n de Dios. Estaba seguro que yo ten\'eda la raz\'f3n, que el Evangelio de Cristo estaba a mi favor y queLVAL todos los canones y leyes de los concilios estaban a mi favor. Mi biblioteca estaba llena de los mejores libros sobre canones y leyes aprobados por los grandes concilios de mi Iglesia y todos estaban de acuerdo con mi curso de acci\'f3n. Sobre todo, al saber que la voluntad un\'e1nime de mi congregaci\'f3n era que permaneciera entre ellos para continuar las grandes obras buenas en mi colonia encargadas a m\'ed tan providencialmente, consider\'e9 esto como un indicio seguro de la voluntad divina; por tanto, decid\'ed quedarme a pesar del obispo de Chicago.\par Pero si \'e9l estaba espiritualmente impotente contra m\'ed, no lo era en asuntos temporales. Su poder y deseo de da\'f1arnos hab\'eda aumentado igual que su odio desde que ley\'f3 nuestras cartas y las vio en todos los peri\'f3dicos de Chicago. Lo primero que hizo fue reconciliarse con el sacerdote a quien hab\'eda expulsado ignominiosamente de su di\'f3cesis hac\'eda alg\'fan tiempo atr\'e1s. Ese sacerdote, mientras, hab\'eda obtenido una buena posici\'f3n en la di\'f3cesis de Michigan.\par Le invit\'f3 a su palacio y le mim\'f3 varios d\'edas. Sent\'ed que la reconciliaci\'f3n de esos dos hombres no significaba nada bueno para m\'ed. Pronto se llen\'f3 el aire de los rumores m\'e1s extra\'f1os contra m\'ed. Se dec\'eda dondequiera que el Sr. Lebel citar\'eda tales acusaciones contra mi car\'e1cter que me mandar\'edan a la penitenciar\'eda. \'bfCu\'e1les eran las nuevas acusaciones de iniquidad formuladas contra m\'ed? Nadie sab\'eda, pero los pocos partidarios y los amigos del obispo, los Sres. Lebel y Spink, estaban jubilosos y seguros de que yo ser\'eda destruido para siempre.\par Por fin, lleg\'f3 el momento cuando el sheriff de Kankakee ten\'eda que arrastrarme nuevamente como un criminal y prisionero a Urbana para entregarme al sheriff de esa ciudad. Llegu\'e9 all\'ed el 20 de octubre con mis abogados, los Sres. Osgood y Paddock y una docena de testigos. El Sr. Abraham Lincoln lleg\'f3 de Springfield s\'f3lo unos pocos minutos antes dLVALe m\'ed.\par Una vez seleccionado y juramentado el jurado, el Rev. Sr. Lebel fue el primer testigo llamado para testificar y declarar lo que \'e9l sab\'eda contra mi car\'e1cter. El Sr. Lincoln se opuso a esa clase de testimonio e intent\'f3 comprobar que el Sr. Spink no ten\'eda ning\'fan derecho de citar su nuevo pleito contra m\'ed, atacando mi car\'e1cter. Pero el Juez Davis decidi\'f3 que el fiscal ten\'eda ese derecho en el caso que estaba delante de \'e9l. Entonces, el Sr. Lebel tuvo plena libertad para decir todo lo que quer\'eda. Su testimonio dur\'f3 casi una hora y es demasiado largo para presentar aqu\'ed. S\'f3lo dir\'e9 que empez\'f3 por declarar: \endash Ch\'edniquy es uno de los hombres m\'e1s viles del mundo y toda clase de rumores abominables circulan constantemente contra \'e9l.\par Expuso un buen n\'famero de esos rumores, aunque no pudo jurar si estaban fundados en la verdad o no, porque no los hab\'eda investigado. Pero de uno estaba seguro, porque lo hab\'eda autenticado a fondo. Expres\'f3 mucho aparente pesar de que fuera obligado a revelar al mundo cosas que no s\'f3lo eran contra el honor de Ch\'edniquy, sino que, hasta cierto punto, involucraban el buen nombre de una querida hermana, Do\'f1a Bossey. Pero como ten\'eda que decir la verdad delante de Dios, no pod\'eda evitarlo; ten\'eda que decir la triste verdad:\par \endash El Sr. Ch\'edniquy, \endash dijo, \endash ha intentado hacer la cosa m\'e1s infame con mi propia hermana, Do\'f1a Bossey. Ella misma me dijo toda la historia bajo juramento y hoy estar\'eda aqu\'ed para desenmascarar a ese hombre malvado delante de todo el mundo si no fuera forzada al silencio en su casa por una severa enfermedad.\par Aunque cada palabra de esa historia era perjurio, hab\'eda tanta apariencia de verdad y sinceridad en mi acusador que su testimonio cay\'f3 sobre m\'ed, mis abogados y todos mis amigos como una bomba. S\'f3lo Dios conoce el peso y la amargura de las olas de desolaci\'f3n que pasaron sobre mi alma en ese momento.\par DeLVALspu\'e9s de ese testimonio, hab\'eda una tregua y un profundo silencio en el tribunal. Los ojos de todos voltearon hacia m\'ed y se o\'edan muchas voces hablando de m\'ed, susurrando: \endash\'a1El villano! Aunque era inocente, en ese momento deseaba que la tierra se abriera debajo de mis pies para ocultarme de los ojos de mis amigos y de todo el mundo.\par Sin embargo, el Sr. Lincoln pronto interrumpi\'f3 el silencio, interrogando al Sr. Lebel con tales preguntas que su testimonio pronto perdi\'f3 mucho de su poder en la mente de muchos. Hizo todav\'eda m\'e1s da\'f1o al falso juramento del Sr. Lebel cuando interrog\'f3 a mis doce testigos quienes contaban entre los m\'e1s respetados ciudadanos de Bourbonnais y antiguos feligreses del Sr. Lebel. Esos doce caballeros juraron que el Sr. Lebel era un hombre tan borracho y vicioso y tan abiertamente mi enemigo a causa de las muchas reprensiones que yo le hab\'eda dado por sus vicios p\'fablicos y privados que ellos no creer\'edan ni una sola palabra de lo que \'e9l dijera aun bajo juramento.\par A las 10:00 p.m., se suspendi\'f3 la sesi\'f3n para reanudarse a la ma\'f1ana siguiente. Fui a la habitaci\'f3n del Sr. Lincoln con mis otros dos abogados. Aunque intentaban ocultarlo, pod\'eda discernir en la cara que ellos tambi\'e9n sent\'edan mucha ansiedad.\par \endash Mi querido Sr. Ch\'edniquy, \endash dijo el Sr. Lincoln, \endash aunque ma\'f1ana espero destruir el testimonio del Sr. Lebel contra ti, debo admitir que veo gran peligro por delante. No hay la menor duda en mi mente que cada palabra que \'e9l ha dicho es una mentira jurada, pero mi temor es que el jurado piense diferente. Puedo juzgar bastante bien en estos asuntos. Siento que el jurado piensa que eres culpable. Hay una sola manera de destruir totalmente el poder de un testigo falso; es por otro testimonio directo contra lo que \'e9l ha afirmado o demostrar de sus propios labios que ha perjurado. No alcanc\'e9 hacer eso anoche aunque he disminuido, hasta cierto punto, la fuerza de su testiLVALmonio. \'bfNo puedes presentar una coartada o traer testigos que estuvieron en la misma casa ese d\'eda para contradecir directa y absolutamente lo que tu enemigo implacable ha dicho contra ti?\par Le respond\'ed: \endash\'bfC\'f3mo puedo hacer eso, puesto que \'e9l ha sido tan astuto para no decir la fecha del supuesto crimen?\par \endash Tienes raz\'f3n, tienes raz\'f3n, Sr. Ch\'edniquy, \endash respondi\'f3 el Sr. Lincoln, \endash puesto que ha rehusado precisar la fecha, no podemos hacer eso. Nunca he visto a dos p\'edcaros tan adiestrados como esos dos sacerdotes. Hay una destreza verdaderamente diab\'f3lica en el plan que han maquinado para tu destrucci\'f3n. Es evidente que el obispo est\'e1 al fondo del complot. \'bfRecuerda c\'f3mo forc\'e9 a Lebel a confesar que est\'e1 en relaciones amistosas con el obispo de Chicago desde que se convirti\'f3 en el principal de tus acusadores. Aunque no pierdo la esperanza de rescatarte de las manos de tus enemigos, no me gusta ocultarte que tengo varias razones para temer que ser\'e1s declarado culpable y condenado a un castigo pesado o enviado a la penitenciar\'eda, aunque estoy seguro de que eres perfectamente inocente.\par \endash Es muy probable que tendremos que confrontar a esa hermana de Lebel ma\'f1ana. Su enfermedad es probablemente una maniobra fingida para no aparecer aqu\'ed hasta despu\'e9s que el hermano haya torcido a la opini\'f3n p\'fablica a su favor. En todo caso, si no viene, mandar\'e1n a alg\'fan juez de paz para obtener su testimonio jurado, el cual ser\'e1 m\'e1s dif\'edcil refutar que sus propias declaraciones verbales.\par \endash Esa mujer evidentemente est\'e1 bajo el control del obispo y su hermano sacerdote y por tanto est\'e1 dispuesta a jurar cualquier cosa que ellos le ordenan. Yo s\'e9 que no hay nada m\'e1s dif\'edcil refutar que tales testimonios femeninos, especialmente cuando est\'e1n ausentes del tribunal. \'a1La \'fanica manera para estar seguros de un veredicto favorable ma\'f1ana es que el Dios Todopoderoso actLVALuara a nuestro favor y mostrara tu inocencia! \'a1Busca a \'e9l y ora, porque s\'f3lo \'e9l puede salvarte! \endash El Sr. Lincoln estaba sumamente solemne al dirigirme estas palabras que penetraron hasta lo m\'e1s profundo de mi alma. Frecuentemente me han preguntado si Abraham Lincoln ten\'eda alguna religi\'f3n, pero nunca he tenido ninguna duda de su profunda confianza en Dios desde que o\'ed esas palabras salir de sus labios en esa hora de ansiedad. No pude ocultar mi angustia; l\'e1grimas ardientes escurr\'edan por mis mejillas mientras \'e9l me hablaba y hab\'eda una expresi\'f3n de simpat\'eda amistosa en su rostro que nunca olvidar\'e9. Sin poder contestar una sola palabra, le dej\'e9 para ir a mi rec\'e1mara.\par Desde las 11:00 p.m. hasta las tres de la ma\'f1ana, Clam\'e9 a Dios, levantando mis manos en s\'faplica ante el trono de su misericordia. Pero confieso, para mi confusi\'f3n, en ciertos momentos me parec\'eda in\'fatil orar y llorar, porque aunque inocente, sent\'eda que estaba destinado a perecer. Estaba en las manos de mis enemigos. \'a1Mi Dios me hab\'eda abandonado!\par \'a1Qu\'e9 noche tan terrible pas\'e9! Espero que ninguno de mis lectores jam\'e1s conozca por experiencia propia la agon\'eda de esp\'edritu que yo sufr\'ed. Mi \'fanica expectaci\'f3n fue que ser\'eda para siempre deshonrado y enviado a la penitenciar\'eda a la ma\'f1ana siguiente.\par \'a1Pero mi Dios no me hab\'eda abandonado! Nuevamente hab\'eda escuchado mis clamores y una vez m\'e1s me mostr\'f3 su infinita misericordia!\par A las tres de la ma\'f1ana, o\'ed tres toques a la puerta, me levant\'e9 r\'e1pido para abrirla. \'bfQui\'e9n estaba ah\'ed? \'a1Abraham Lincoln con una cara irradiando de gozo! Casi no pod\'eda creer a mis ojos. Pero no me equivoqu\'e9, \'a1Era mi amigo de noble coraz\'f3n, el abogado m\'e1s honesto de Illinois! \'a1Uno de los hombres m\'e1s nobles que el Cielo jam\'e1s hab\'eda concedido a la tierra! Era Abraham Lincoln. Al verme ba\'f1ado de l\'e1grimas exclam\'f3: \endash Ten LVAL\'e1nimo, Sr. Ch\'edniquy, tengo a los sacerdotes perjurados en mis manos. Ya se descubri\'f3 su complot diab\'f3lico y si ellos no vuelan antes del amanecer, ciertamente ser\'e1n ahorcados.\par \emdash\'a1Bendito sea el Se\'f1or que est\'e1s a salvo!\par Pasar tan repentinamente de suma desolaci\'f3n a sumo gozo casi me mat\'f3. Le agarr\'e9 de la mano, la apret\'e9 a mis labios y la ba\'f1\'e9 con l\'e1grimas de gozo y dije: \endash\'a1Que Dios te bendiga para siempre, querido Sr. Lincoln! Por favor, dime, \'bfC\'f3mo pudiste traerme noticias tan gloriosas?\par Aqu\'ed est\'e1 la sencilla, pero maravillosa historia tal como me lo cont\'f3 ese gran hombre bueno a quien Dios hizo su mensajero de misericordia hacia m\'ed: \endash Lo m\'e1s pronto que Lebel hab\'eda dado su testimonio perjurado contra ti ayer, uno de los agentes de la prensa de Chicago mand\'f3 telegramas a algunos de los peri\'f3dicos principales de Chicago diciendo: Es probable que el Sr. Ch\'edniquy ser\'e1 condenado, porque parece que el testimonio del Rev. Sr. Lebel no deja ninguna duda de que \'e9l es culpable. Y los muchachos irlandeses para vender sus peri\'f3dicos, gritaban por las calles: \'a1Ch\'edniquy ser\'e1 ahorcado! \'a1Ch\'edniquy ser ahorcado! Los Cat\'f3lico-romanos se alegraron tanto de o\'edr eso que se vendieron 10,000 copias extras. Entre los que compraron esos peri\'f3dicos hab\'eda un amigo tuyo llamado Terrien quien cont\'f3 a su esposa que t\'fa ser\'edas condenado. Cuando ella oy\'f3 eso, dijo a su esposo: \'a1Qu\'e9 l\'e1stima, porque yo s\'e9 que el Sr. Ch\'edniquy no es culpable! \'bfC\'f3mo sabes eso? dijo su esposo. Ella respondi\'f3: Yo estaba presente cuando el Sr. Lebel hizo el complot y prometi\'f3 dar a su hermana 160 acres de buena tierra si ella hiciera un juramento falso, acus\'e1ndole de un crimen que esa mujer dijo que \'e9l ni pensar\'eda hacer con ella.\par Si es as\'ed, dijo Terrien, no podemos permitir que sea condenado el Sr. Ch\'edniquy; acomp\'e1\'f1ame a Urbana.\par \endash Pero esLVALa mujer estaba muy enferma, por tanto dijo a su esposo: T\'fa sabes muy bien que yo no puedo ir, pero la Srta. Filomena Moffat estaba conmigo en ese momento. Ella sabe todas los detalles de ese malvado complot igual que yo. Ella est\'e1 muy bien de salud, ve y lleva a ella a Urbana. No hay duda que su testimonio impedir\'e1 la condenaci\'f3n del Sr. Ch\'edniquy.\par \endash Narciso Terrien sali\'f3 inmediatamente y cuando t\'fa estabas pidiendo a Dios a rescatarte, \'e9l estaba enviando a tu libertador a toda la velocidad de los trenes de ferrocarril. La Srta. Moffat acaba de darme los detalles de ese complot diab\'f3lico. Le he aconsejado a no mostrarse antes de que se abra el tribunal. Entonces, yo mandar\'e9 por ella y cuando haya dado bajo juramento delante del tribunal los detalles que acaba de darme, pobre de Spink y los sacerdotes perjurados. Como te dije, no me sorprender\'eda si fueran ahorcados, porque hay una terrible excitaci\'f3n en la ciudad entre mucha gente desde que sospechan que los sacerdotes se han perjurado para destruirte. Ahora, has ganado el pleito y ma\'f1ana tendr\'e1s el triunfo m\'e1s grande que un hombre jam\'e1s gan\'f3 sobre sus enemigos confundidos. Pero t\'fa necesitas reposo igual que yo, adi\'f3s.\par Despu\'e9s de dar gracias a Dios por esa maravillosa liberaci\'f3n, me acost\'e9 y descans\'e9.\par Pero, \'bfQu\'e9 hac\'eda el sacerdote Lebel en ese mismo momento? No pudiendo dormir despu\'e9s del terrible perjurio que hab\'eda hecho, \'e9l estaba velando las llegadas de los trenes de Chicago con una mente ansiosa, porque estaba consciente por medio de las confesiones que \'e9l hab\'eda escuchado que solamente dos personas en esa ciudad sab\'edan de su complot y su juramento falso y aunque ellas prometieron no revelarlo a nadie, qued\'f3 con cierta aprehensi\'f3n temible de que de alguna manera yo llegara a saber de su abominable conspiraci\'f3n. Poco despu\'e9s de la llegada de los trenes de Chicago, \'a1Cu\'e1nto fue su asombro cuando vio que el primer nombre rLVALegistrado fue el de Filomena Moffat! Esa misma Filomena Moffat quien, unos d\'edas antes, hab\'eda ido a confesarse con \'e9l y le dijo que ella hab\'eda o\'eddo todo el complot de sus propios labios cuando prometi\'f3 dar 160 acres de terreno para convencer a su hermana a perjurarse para destruirme. \'a1Un presentimiento mortal congel\'f3 la sangre en sus venas! \'bfSer\'e1 posible que esta se\'f1orita est\'e1 aqu\'ed para revelar y comprobar mi perjurio delante de todo el mundo?\par El la mand\'f3 llamar; ella apenas hab\'eda terminado de conferir con el Sr. Lincoln: \endash\'a1La Se\'f1orita Filomena Moffat, aqu\'ed! \endash exclam\'f3 cuando la vio, \endash\'bfPor qu\'e9 vino usted aqu\'ed esta noche?\par \endash Usted lo sabr\'e1, se\'f1or, ma\'f1ana por la ma\'f1ana, \endash respondi\'f3.\par \endash\'a1Ay, miserable muchacha! \'bfVienes a destruirme? \endash exclam\'f3.\par Ella replic\'f3: \endash No vengo a destruirte, porque ya est\'e1s destruido, el Sr. Lincoln sabe todo.\par \'a1Ay, Dios m\'edo, Dios m\'edo! \endash exclam\'f3, golpeando su frente con sus manos. Luego, sacando un grande paquete de billetes de su bolsillo, dijo: \endash Aqu\'ed le doy cien d\'f3lares para que tome el tren de la ma\'f1ana de regreso a Chicago.\par \endash Si usted me ofreciera tanto oro como para llenar esta casa, no regresar\'eda, \endash dijo.\par Entonces, bruscamente la dej\'f3; corri\'f3 al dormitorio de Spink y le dijo: \endash Retira el pleito contra Ch\'edniquy; estamos perdidos; \'e9l lo sabe todo.\par Sin perder un solo momento, corri\'f3 al dormitorio de su co-sacerdote y le dijo: \endash Apres\'farate, v\'edstete y subamos al tren; no tenemos negocios aqu\'ed; Ch\'edniquy sabe todos nuestros secretos.\par Cuando lleg\'f3 la hora de abrir el tribunal, hab\'eda una inmensa multitud, no s\'f3lo por dentro, sino por fuera tambi\'e9n. El Sr. Spink, tan p\'e1lido como un hombre condenado a muerte, se levant\'f3 delante del juez y dijo: \endash Si le agrada al tribunal, perm\'edteme retirar la LVALacci\'f3n judicial contra el Sr. Ch\'edniquy. Ahora estoy convencido de que no es culpable de las acusaciones presentadas contra \'e9l delante de este tribunal.\par Abraham Lincoln, habiendo aceptado en mi nombre esa reparaci\'f3n, hizo un corta pero una de las m\'e1s admirables alocuciones que jam\'e1s he o\'eddo sobre las crueles injusticias que sufr\'ed de parte de mis perseguidores despiadados. Su denuncia de la briboner\'eda de los sacerdotes que se perjuraron comprob\'f3 cu\'e1n sabios hab\'edan sido en fugarse y desaparecer antes de la apertura del tribunal, porque toda la ciudad fue registrada en b\'fasqueda de ellos por cientos de personas que despu\'e9s me criticaron por perdonarlos y por rehusar vengarme por la ofensa que me hab\'edan hecho. Pero cre\'ed sinceramente que mis enemigos recibieron suficiente castigo por medio de la terrible revelaci\'f3n p\'fablica de su complot infernal. Me parec\'eda necesario obedecer a mi querido Salvador, que tan visiblemente me protegi\'f3, cuando susurr\'f3 a mi alma: Perd\'f3nalos y \'e1malos como a ti mismo.\par \'bfNo recibi\'f3 Spink suficiente castigo por la ruina total que vino sobre \'e9l al perder el pleito? Porque \'e9l fue al Obispo O\rquote Regan para ser indemnizado por los enormes gastos de tan largo enjuiciamiento en un lugar tan lejano y el obispo le respondi\'f3 fr\'edamente: \endash Yo promet\'ed indemnizarle si usted venciera a Ch\'edniquy como usted me prometi\'f3. Pero como es Ch\'edniquy quien le ha vencido a usted, no le dar\'e9 un solo centavo.\par Abraham Lincoln me defendi\'f3 no s\'f3lo con el celo y talento del m\'e1s h\'e1bil abogado que jam\'e1s he conocido, sino como el amigo m\'e1s devoto que jam\'e1s he tenido. Despu\'e9s de defenderme durante dos largas sesiones del tribunal de Urbana sin recibir un solo centavo de m\'ed, yo estimaba que le deb\'eda una gran suma de dinero. Mis otros abogados que no hab\'edan hecho ni la mitad de su trabajo, me pidieron mil d\'f3lares cada uno y no cre\'ed que eso fuese demasiado. DesLVALpu\'e9s de agradecerle por los servicios inapreciables que \'e9l me hab\'eda prestado, le ped\'ed que me mostrara la cuenta, asegur\'e1ndole que aunque tal vez no podr\'eda pag\'e1rselo todo en efectivo, le pagar\'eda hasta el \'faltimo centavo si \'e9l tuviera la bondad de esperar un poco por lo que faltaba.\par El me respondi\'f3 con una sonrisa y un aire de amabilidad inimitable que era peculiar en \'e9l: \endash Mi querido Sr. Ch\'edniquy, Yo me siento orgulloso y honrado de haber sido llamado para defenderte, pero lo he hecho menos por ser un abogado que por ser un amigo. El dinero que deber\'eda recibir de ti me quitar\'eda el gusto que siento de haber peleado tu batalla. Tu caso es \'fanico en todo mi ejercicio de abogado.\par \endash Nunca he conocido a un hombre tan cruelmente perseguido como t\'fa y que tan poco lo mereces. Tus enemigos son demonios encarnados. El complot que ellos maquinaron contra ti fue el m\'e1s infernal que he conocido. Pero la manera en que has sido rescatado de sus manos por la aparici\'f3n de esa joven e inteligente Srta. Moffat, quien en realidad fue enviada por Dios en la misma hora de necesidad, lo confieso nuevamente que pens\'e9 que casi todo estaba perdido, es una de las ocurrencias m\'e1s extraordinarias que jam\'e1s he visto. Me hace recordar, lo que con demasiada frecuencia he olvidado, lo que mi querida madre me dec\'eda tantas veces cuando era ni\'f1o: Nuestro Dios es un Dios que oye la oraci\'f3n. Este buen pensamiento sembrado en mi joven coraz\'f3n por la mano de mi querida madre estaba justamente en mi mente cuando te dije: Ve a orar, s\'f3lo Dios puede salvarte. Pero te confesar\'e9 que no ten\'eda suficiente fe para creer que tu oraci\'f3n ser\'eda contestada tan r\'e1pida y maravillosamente. Ahora vamos a hablar de lo que t\'fa me debes. \'a1Bien, bien! \'bfCu\'e1nto me debes? \'a1T\'fa no me debes nada! Pues, supongo que ya est\'e1s bastante arruinado. Los gastos de semejante pleito son enormes, yo lo s\'e9. Tus enemigos quieren arruinarte. \'bfLLVALes ayudar\'e9 a completar tu ruina cuando espero tener el derecho de ser contado entre tus m\'e1s sinceros y devotos amigos?\par \endash Tienes raz\'f3n, \endash le respond\'ed, \endash t\'fa eres el amigo m\'e1s devoto y noble que Dios jam\'e1s me ha dado y estoy casi arruinado por mis enemigos, pero t\'fa tambi\'e9n eres padre de una familia bastante grande y necesitas sustentarla. Tus gastos de viaje al venir desde Springfield por causa de m\'ed y las cuentas del hotel durante las dos sesiones en que me has defendido deben ser considerables. No es justo que no recibas nada por tanto trabajo y tantos gastos.\par \endash\'a1Bien, bien! \endash respondi\'f3, \endash te voy a dar un pagar\'e9 que t\'fa firmar\'e1s. Luego, tomando una hojita de papel, escribi\'f3:\par Urbana, 23 de mayo de 1856,\par Debo a Abraham Lincoln\par Cincuenta D\'f3lares\par por servicios rendidos,\par +_______________ C. CHINIQUY\par Me dio la nota dici\'e9ndome: \endash\'bfPuedes firmar esto?\par Despu\'e9s de leerlo, le dije: \endash Querido Sr. Lincoln, esto es una broma. No es posible que pidas solamente cincuenta d\'f3lares por servicios que valen por lo menos 2,000 d\'f3lares.\par Luego me toc\'f3 mi hombro con su mano derecha y dijo: \endash F\'edrmalo, es suficiente. Despu\'e9s pellizcar\'e9 a algunos hombres ricos y les har\'e9 pagar el resto de la cuenta. Y se ri\'f3 gustosamente.\par El desahogo de la gran tensi\'f3n mental, la gran amabilidad de mi defensor y benefactor al cobrarme tan poquito por semejante servicio y el terrible presentimiento de que \'e9l pagar\'eda con su vida por lo que hab\'eda hecho por m\'ed, me deshicieron en sollozos y l\'e1grimas.\par \endash Padre Ch\'edniquy, \'bfPor qu\'e9 est\'e1s llorando? \endash pregunt\'f3.\par \endash Querido Sr. Lincoln, \endash le respond\'ed, \endash perm\'edteme decirte que el gozo que naturalmente deber\'eda sentir por semejante victoria se desvanece en mi mente por temor a lo que te pueda costar a ti. Hab\'eda en el tribunal no menos de diez o LVALdoce Jesuitas de Chicago y de St. Louis quienes vinieron para o\'edr mi sentencia de condenaci\'f3n a la penitenciar\'eda. \'a1Pero fue sobre sus cabezas de ellos que trajiste los truenos del cielo y de la tierra! Nada se puede comparar con la expresi\'f3n de su furia contra ti cuando no s\'f3lo me arrancaste de sus manos crueles, sino que hiciste temblar los muros del tribunal bajo la terrible y elocuente denuncia sobrehumana que expuso a la luz su infamia, su malicia diab\'f3lica y toda falta de principios Cristianos y humanos en el complot que hab\'edan formulado para mi destrucci\'f3n. Lo que aflige mi alma y me hace llorar es que discern\'ed tu sentencia de muerte en sus ojos diab\'f3licos... \'a1Cu\'e1ntos otras v\'edctimas nobles ya han ca\'eddo a sus pies!\par El intent\'f3 desviar mi mente con un chiste: \endash Firme esto, esto ser\'e1 mi orden de muerte.\par Pero despu\'e9s que lo firm\'e9, se volvi\'f3 m\'e1s solemne y dijo: \endash Yo s\'e9 que los Jesuitas nunca olvidan y nunca renuncian. Pero a un hombre no le debe importar c\'f3mo ni cu\'e1ndo muera, con tal que muera en el puesto de honor y del deber.\par Y habiendo dicho esto, se fue.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 En 1851 estuvo en contacto conmigo un irland\'e9s llamado D\rquote Arcy McGee, director de The Freeman\rquote s Journal, el diario oficial del Obispo de New York. El Sr. McGee se interes\'f3, no s\'f3lo en mi trabajo de colonizaci\'f3n, sino tambi\'e9n en el movimiento de abstinencia. Se hizo aparente, por medio de nuestra correspondencia, que \'e9ramos de la misma opini\'f3n.\par El Sr. McGee decidi\'f3 encabezar un proyecto de colonizaci\'f3n para guiar a sus compatriotas a las tierras f\'e9rtiles del Oeste, porque las condiciones de la mayor\'eda de los irlandeses Cat\'f3lico-romanos estaba al mismo nivel de la gente de Beauport antes de mi llegada a esa ciudad.\par El asisti\'f3 a una gran asamblea, compuesta principalmente de sacerdotes, que se reuni\'f3 en Buffalo, N.Y. en la primavera de 1852. Pero cu\'e1nto fue su desenga\'f1o cuando vio que la mayor\'eda de esos sacerdotes fue enviado por los obispos de los Estados Unidos para oponerse a y derrotar sus planes.\par Aunque \'e9l habl\'f3 con ardiente elocuencia, la mayor\'eda le respondi\'f3 fr\'edamente: \endash Nosotros tambi\'e9n estamos determinados a tomar posesi\'f3n de los Estados Unidos, pero tenemos que proseguir con sumo secreto y sabidur\'eda. \'bfQu\'e9 hace un h\'e1bil general cuando quiere conquistar a un pa\'eds? \'bfDispersa sus soldados sobre las tierras agr\'edcolas para gastar sus energ\'edas arando el campo? \'a1No! Los mantiene a sus flancos, marchando hacia las fortalezas, las ricas y poderosas ciudades. Las regiones agr\'edcolas se someter\'e1n y se convertir\'e1n en el premio de esta victoria, sin levantar un solo dedo para sojuzgarlas.\par As\'ed es con nosotros. En silencio y con paciencia tenemos que amasar a nuestros Cat\'f3lico-romanos en las grandes ciudades de los Estados Unidos, recordando que el voto del pobre labrador aunque est\'e9 cubierto deLVAL harapos, tiene tanto peso en la escala de poder como el del millonario Astor y que si tenemos dos votos contra uno suyo, \'e9l se volver\'e1 tan impotente como una ostra. Multipliquemos entonces nuestros votos; llamemos a nuestros pobres pero fieles Cat\'f3licos irlandeses de cada rinc\'f3n de la tierra y los reunamos en los corazones de Washington, New York, Boston, Chicago, Buffalo, Albany, Troy, Cincinnati, etc.\par \endash Bajo la sombra de esas grandes ciudades, los americanos se consideran una gigante raza invencible. Ellos miran a los pobres Cat\'f3licos irlandeses con sumo desprecio, como si s\'f3lo fueran dignos de cavar sus canales, barrer sus calles y trabajar en sus cocinas. Que nadie despierte a esos leones dormidos hoy. Pidamos a Dios que sigan durmiendo algunos a\'f1os m\'e1s, despert\'e1ndose para descubrir a sus votos excedidos en n\'famero, mientras les expulsamos para siempre de cada posici\'f3n de honor, poder y lucro. \'a1Hasta que ni un solo juez ni polic\'eda ser\'e1 electo si no es por el voto Cat\'f3lico irland\'e9s! \'bfQu\'e9 pensar\'e1n esos supuestos gigantes cuando ni un senador ni miembro del congreso ser\'e1 elegido a menos que se haya sometido a nuestro Santo Padre, el Papa?\par \endash No s\'f3lo elegiremos al presidente, sino llenaremos y mandaremos a los ej\'e9rcitos, tripularemos a los marinos y controlaremos las llaves de la tesorer\'eda p\'fablica. Entonces llegar\'e1 el momento para nuestra fiel gente irlandesa de abandonar sus puestos de ponche para convertirse en los jueces y gobernadores de la tierra.\par \endash Entonces, \'a1S\'ed! \'a1Entonces gobernaremos a los Estados Unidos y los postraremos a los pies del Vicario de Jesucristo para que \'e9l ponga fin a su sistema de educaci\'f3n atea y las leyes imp\'edas de libertad de conciencia que son un insulto a Dios y a los hombres!\par D\rquote Arcy McGee qued\'f3 casi solo cuando hicieron el voto.De all\'ed los sacerdotes Cat\'f3licos unieron sus legiones Irlandeses en las ciudades grandes de los EstadosLVAL Unidos de Am\'e9rica. Se acerca el d\'eda cuando los Jesuitas dominar\'e1n cada aspecto de este pa\'eds. \lang1033 Ya son los amos de New York, Baltimore, Chicago, St. Paul, New Orleans, Mobile, Savannah, Cincinnati, Albany, Troy, Milwaukee, St. Louis, San Francisco, etc. \lang2058\'a1S\'ed! La rica ciudad de San Francisco, la gran reina de la costa Pac\'edfica est\'e1 en las manos de los Jesuitas.\par Desde los primeros d\'edas de los descubrimientos de las minas de oro en California, los Jesuitas ten\'edan la esperanza de convertirse en los amos de esos tesoros inagotables y en secreto hicieron su plan con la m\'e1s siniestra habilidad y \'e9xito. Los Jesuitas vieron inmediatamente que si pod\'edan convencer a los Cat\'f3licos irlandeses a fijar su residencia permanente all\'ed, pronto ser\'edan los amos y gobernadores de esa ciudad de oro, cuyo futuro es tan grande y brillante.\par Por consecuencia, hay muy pocos millonarios americanos, alemanes, escoceses o ingleses en San Francisco; pero, hay m\'e1s de cincuenta irlandeses Cat\'f3licos. Su banco m\'e1s rico (Nevada Bank) est\'e1 en sus manos como tambi\'e9n todos los ferrocarriles. Las oficinas principales de la ciudad est\'e1n llenos de irlandeses Cat\'f3lico-romanos. Casi toda la polic\'eda se compone de la misma clase como tambi\'e9n las asociaciones militares voluntarias. Su unidad compacta en las manos de los Jesuitas con su enorme riqueza, casi les hacen los amos supremos de las minas de California y Nevada.\par Cuando uno conoce la absoluta y abyecta sumisi\'f3n de los irlandeses Cat\'f3lico-romanos, sean ricos o pobres, a sus sacerdotes y c\'f3mo la mente, el alma, la voluntad y la conciencia est\'e1n firmemente e irrevocablemente atados a los pies de sus sacerdotes, puede comprender f\'e1cilmente que los Jesuitas de los Estados Unidos forman una de las corporaciones m\'e1s ricas y poderosas que el mundo jam\'e1s ha visto. Es bien conocido que esos cincuenta millonarios con sus innumerables empleados, por medio de sus esposas y ellos LVALmismos, est\'e1n continuamente a los pies de sus confesores Jesuitas. Donde gobiernan los Jesuitas, hay poca esperanza para que un verdadero Protestante logre tener una posici\'f3n lucrativa en los Estados Unidos hoy.\par Es a San Francisco a donde deben ir para tener una idea del gran n\'famero de organizaciones secretas y poderosas con los cuales la Iglesia de Roma se prepara para el conflicto inminente por el cual ella espera destruir a las escuelas y todo vestigio de derechos humanos y libertades en los Estados Unidos.\par Para entrenar m\'e1s f\'e1cilmente a los Cat\'f3lico-romanos y prepararlos para esta lucha, los Jesuitas han organizado un gran n\'famero de sociedades secretas. Los principales de ellas son: La Orden Antigua de Iberniano, La Sociedad Irland\'e9s Americana, Los Caballeros de San Patricio, Los Cadetes de San Patricio, La Alianza Mutua de San Patricio, Los Ap\'f3stoles de Libertad, Los Hijos Benevolentes de la Isla Esmeralda, Los Caballeros de San Pedro, Los Caballeros de la Rama Colorada, Los Caballeros de la Columskill, El Sagrado Coraz\'f3n, etc.\par Casi todas estas asociaciones secretas son militares y tienen su sede en San Francisco; pero sus soldados rasos est\'e1n esparcidos por todos los Estados Unidos. Cuentan con 700,000 soldados, quienes bajo el nombre de La Milicia Voluntaria de los Estados Unidos est\'e1n bajo \'f3rdenes de algunos de los generales y oficiales m\'e1s h\'e1biles de esta rep\'fablica.\par Otro hecho en el cual los Protestantes americanos no ponen suficiente atenci\'f3n es que los Jesuitas han sido tan astutos como para colocar la vasta mayor\'eda de generales y oficiales Cat\'f3lico-romanos al mando del ej\'e9rcito y la marina de los Estados Unidos.\par Mucho antes de que fuera ordenado sacerdote, yo sab\'eda que mi Iglesia era el enemigo implacable de esta rep\'fablica. Mis profesores de filosof\'eda, historia y teolog\'eda hab\'edan sido un\'e1nimes en decirme que los principios y las leyes de la Iglesia de Roma son absolutamente antag\'f3nicos LVALa la leyes y principios que son las piedras del fundamento de la Constituci\'f3n de los Estados Unidos:\par 1. - El primer principio m\'e1s sagrado de la Constituci\'f3n de los Estados Unidos es la igualdad de todo ciudadano delante de la ley. Pero el principio fundamental de la Iglesia de Roma es la negaci\'f3n de esa igualdad.\par 2. - La libertad de conciencia proclamada por los Estados Unidos es el principio m\'e1s sagrado que todo ciudadano tiene que apoyar aun a precio de su sangre. Pero todos los Papas y concilios de Roma declaran que la libertad de conciencia es algo sumamente ateo, inmundo y diab\'f3lico que todo buen Cat\'f3lico debe aborrecer y destruir a toda costa.\par 3. - La Constituci\'f3n Americana asegura la independencia absoluta del poder civil del poder eclesi\'e1stico. Pero la Iglesia de Roma declara por medio de todos sus pont\'edfices y concilios que semejante independencia es una impiedad y rebeli\'f3n contra Dios.\par 4. - La Constituci\'f3n Americana da libertad a todo hombre para servir a Dios seg\'fan le dicta la conciencia. Pero la Iglesia de Roma declara que ning\'fan hombre jam\'e1s ha tenido tal derecho y que solamente el Papa puede saber y decir lo que el hombre debe creer y hacer.\par 5. - La Constituci\'f3n de los Estados Unidos niega el derecho de cualquier persona moral a castigar a otro por diferir de \'e9l en religi\'f3n. Pero la Iglesia de Roma dice que ella tiene el derecho de castigar con la confiscaci\'f3n de sus bienes y con pena de muerte a aquellos que defieren del Papa en la fe.\par 6. - Los Estados Unidos han establecido escuelas en todo su inmenso territorio para invitar a la gente a enviar a sus hijos para cultivar su inteligencia y llegar a ser buenos y \'fatiles ciudadanos. Pero la Iglesia de Roma p\'fablicamente ha maldecido a todas esas escuelas y ha prohibido a sus hijos asistir, bajo pena de excomuni\'f3n en esta vida y condenaci\'f3n en la venidera.\par 7. - La Constituci\'f3n de los Estados Unidos se basa en el principio de que la genteLVAL es la fuente principal de todo poder civil. Pero cientos de veces la Iglesia de Roma ha proclamado que este principio es imp\'edo y hereje. Ella dice que: Todo gobierno tiene que basarse sobre el fundamento de la fe Cat\'f3lica, con el Papa como su \'fanica fuente leg\'edtima y el \'fanico int\'e9rprete infalible de la ley.\par Podr\'eda citar muchos otros hechos que prueban que la Iglesia de Roma es el enemigo irreconciliable de los Estados Unidos, pero ser\'eda demasiado largo. Roma es una v\'edbora; tarde o temprano esa v\'edbora morder\'e1 y matar\'e1 a esta rep\'fablica. Esto fue predicho por Lafayette y ahora se promulga por los grandes pensadores de nuestro tiempo.\par El gran inventor de la telegraf\'eda el\'e9ctrica, Samuel Morse lo descubri\'f3 cuando estaba en Roma y lo public\'f3 en 1834 en su obra notable: Conspiraciones Formuladas Contra las Libertades de los Estados Unidos. El instruido Dr. S. Ireneus Prime en su biograf\'eda de Samuel Morse dice: Cuando el Sr. Morse visit\'f3 a Italia, conoci\'f3 a varios eclesi\'e1sticos de la Iglesia de Roma y aprendi\'f3 de ellos que se hab\'eda formulado una conspiraci\'f3n pol\'edtica contra los Estados Unidos bajo el disfraz de una misi\'f3n religiosa. Cuando fue a Par\'eds y disfrut\'f3 de la confianza y amistad de Lafayette, declar\'f3 sus convicciones al general, quien coincidi\'f3 con \'e9l que en realidad hay una conspiraci\'f3n.\par Ese gran estadista y patriota, Richard W. Thomas, Secretario de la Marina, en su obra admirable El Papado y el Poder Civil dice: Nada est\'e1 m\'e1s claro que si los principios de la Iglesia de Roma prevalecen aqu\'ed, necesariamente caer\'eda nuestra Constituci\'f3n. Los dos no pueden existir juntos. Est\'e1n en abierto y directo antagonismo contra la ideolog\'eda fundamental de nuestro gobierno y de todos los gobiernos populares dondequiera.\par El elocuente orador espa\'f1ol, Castelar, hablando de su propia Iglesia de Roma en 1869, dijo: No hay un solo principio de progreso que no ha sido maldecido por lLVALa Iglesia Cat\'f3lica. Esto es verdad en Inglaterra y Alemania como tambi\'e9n en todos los pa\'edses Cat\'f3licos. La Iglesia maldijo la Revoluci\'f3n Franc\'e9s, la Constituci\'f3n B\'e9lgica y a la Independencia Italiana. Ni una sola constituci\'f3n ha nacido, ni un solo paso de progreso adoptado, ni una reforma solitaria efectuada, que no ha estado bajo los terribles anatemas de la Iglesia.\par \'bfPor qu\'e9 pedir el testimonio de Protestantes o Liberales que adviertan al pueblo americano contra esa conspiraci\'f3n, cuando tenemos el testimonio p\'fablico de todos los obispos y sacerdotes para comprobarlo? Leen ustedes mismos la posici\'f3n adoptada por la Iglesia de Roma hoy. Les presento los siguientes documentos irrefutables:\par La Iglesia es necesariamente intolerante. Ella tolera la herej\'eda donde y cuando tiene que tolerarla, pero la aborrece y dirige todas sus energ\'edas para destruirla. Una vez que los Cat\'f3licos ganan suficiente mayor\'eda num\'e9rica en este pa\'eds, la libertad religiosa terminar\'e1. As\'ed dicen nuestros enemigos y as\'ed creemos. (El Pastor del Valle, diario oficial del Obispo de St. Louis, 13 Nov. 1851)\par Ning\'fan hombre tiene el derecho de escoger su religi\'f3n. (New York Freeman, diario oficial del Obispo Hughes, 26 Ene. 1852)\par La Iglesia . . . no acepta y no puede aceptar ni de ninguna manera favorecer la libertad en el sentido Protestante de la libertad. (Catholic World, Abril, 1870)\par La Iglesia Cat\'f3lica es el medio y el canal por el cual se expresa la voluntad de Dios. Mientras el Estado tiene derechos, los tiene solamente en virtud de y con permiso de la Autoridad Superior y esa autoridad se expresa solamente por la Iglesia. (Catholic World, Julio, 1870)\par El Protestantismo no tiene ni tendr\'e1 ning\'fan derecho donde el Catolicismo haya triunfado. (Catholic Review, Junio 1875)\par La libertad religiosa se tolera hasta que el opuesto puede efectuarse sin peligro a la Iglesia Cat\'f3lica. (Rt. Rev. O\rquote Conner, Obispo de PittsbLVALurg, PA)\par Antes de pasar mucho tiempo, habr\'e1 una religi\'f3n del Estado en este pa\'eds y esa religi\'f3n estatal ser\'e1 Cat\'f3lico-romana:\par 1. - El Cat\'f3lico-romano ejercer\'e1 su voto con el prop\'f3sito de asegurar ascendencia Cat\'f3lica en este pa\'eds.\par 2. - Toda legislaci\'f3n tiene que ser gobernada por la voluntad de Dios, infaliblemente indicada por el Papa.\par 3. - La educaci\'f3n tiene que ser controlada por autoridades Cat\'f3licas y bajo la educaci\'f3n se incluyen las opiniones del individuo y la palabras de la prensa. Muchas opiniones ser\'e1n prohibidas por el brazo secular bajo la autoridad de la Iglesia aun hasta guerra y derramamiento de sangre.\rdblquote (Padre Hecker, Catholic World, Julio 1870)\par Fue propuesto que todas las creencias religiosas fueran libres y su adoraci\'f3n practicada p\'fablicamente, pero nosotros hemos rechazado este art\'edculo por estar contrario a los canones y concilios de la primera Iglesia Cat\'f3lica. (Papa P\'edo VII, Enc\'edclica, 1808)\par Uno de los primeros y m\'e1s solemnes actos del Papa actual, Leo XIII, fue ordenar que la teolog\'eda de Santo Tom\'e1s Aquino fuese ense\'f1ada en todos los colegios, seminarios y universidades de la Iglesia de Roma como la ense\'f1anza m\'e1s exacta de las doctrinas de la Iglesia. El 30 de diciembre de 1880, forc\'e9 al Reverend\'edsimo Foley, Obispo de Chicago a traducir del lat\'edn al ingl\'e9s delante del tribunal de Kankakee y jurar que la siguiente ley se encontraba entre las promulgadas por Santo Tom\'e1s como una de las leyes actuales e incambiables de la Iglesia de Roma:\par Aunque los herejes no deben ser tolerados porque lo merecen, tenemos que soportarlos hasta que por una segunda amonestaci\'f3n sean tra\'eddos nuevamente a la fe de la Iglesia. Pero los que despu\'e9s de una segunda amonestaci\'f3n permanecen obstinados en su error, no s\'f3lo ser\'e1n excomulgados, sino ser\'e1n entregados a los poderes seculares para ser exterminados. (Santo Tom\'e1s Aquino, Summa TeoloLVALg\'eda, Vol.IV, P.90)\par Despu\'e9s que el obispo hab\'eda jurado que esto es la verdadera doctrina de la Iglesia de Roma, expresada por Santo Tom\'e1s y ense\'f1ada en todos los colegios, seminarios y universidades de la Iglesia de Roma, le forc\'e9 a declarar bajo juramento que \'e9l y cada sacerdote de Roma una vez al a\'f1o, bajo pena de eterna condenaci\'f3n est\'e1 obligado a decir en la presencia de Dios en su Brevario (su libro oficial de rezos) que esa doctrina es buena y santa, porque cada palabra hab\'eda sido inspirada a Santo Tom\'e1s por el Esp\'edritu Santo.\par El mismo Obispo Foley nuevamente fue forzado por m\'ed delante del mismo tribunal a traducir del lat\'edn al ingl\'e9s el siguiente decreto del concilio de Letr\'e1n y reconocer bajo juramento que sigue siendo la ley de la Iglesia de Roma hoy como ha sido desde el d\'eda en que fue aprobado, en el a\'f1o 1215 D.C.:\par Excomulgamos y anatematizamos a toda herej\'eda que se exalta contra la santa fe Cat\'f3lica ortodoxa, condenando a todo hereje por cualquier nombre que sea conocido; porque aunque se defieren de cara, son atados juntos por la cola. Tales condenados ser\'e1n entregados a los poderes seculares existentes para recibir su debido castigo. Si son laicos, sus bienes ser\'e1n confiscados; si son sacerdotes, primero ser\'e1n degradados de sus \'f3rdenes respectivas y sus propiedades aplicadas a la iglesia donde han oficiado. Los poderes seculares de todo rango y grado ser\'e1n advertidos, inducidos y, si es necesario, obligados por censura eclesi\'e1stica a jurar que se esforzar\'e1n hasta lo m\'e1ximo en defensa de la fe y extirpar a todos los herejes denunciados por la Iglesia que se encuentren en sus territorios. Y siempre que una persona asuma el gobierno, sea espiritual o temporal, ser\'e1 obligada a acatar este decreto.\par Si alg\'fan se\'f1or temporal, despu\'e9s de ser amonestado y requerido por la Iglesia, se descuidara de limpiar su territorio de la depravaci\'f3n hereje, el obispo metropolitano y los obisLVALpos de la provincia se unir\'e1n para excomulgarlo. Si permanece contumaz y rebelde por un a\'f1o entero, el hecho ser\'e1 dado a conocer al Pont\'edfice Supremo, quien declarar\'e1 a sus vasallos librados de su lealtad desde ese momento en adelante y el territorio ser\'e1 otorgado a los Cat\'f3licos para ser ocupado por ellos con la condici\'f3n de exterminar a los herejes y preservar dicho territorio en la fe.\par Los Cat\'f3licos que asumir\'e1n la se\'f1al de la cruz para la exterminaci\'f3n de los herejes, disfrutar\'e1n la misma indulgencia y ser\'e1n protegidos por los mismos privilegios como los que se conceden a los que van al rescate de la Tierra Santa.\par Decretamos, adem\'e1s, que todos los que tengan trato con los herejes y especialmente los que los alberguen, defienden o alienten, ser\'e1n excomulgados. No ser\'e1n elegibles a ning\'fan puesto p\'fablico, ni ser\'e1n admitidos como testigos. Tampoco tendr\'e1n el poder de legar su propiedad por testamento, ni de heredar ninguna herencia. No podr\'e1n presentar demanda contra nadie, pero cualquier persona podr\'e1 presentar una demanda contra ellos. Si es un juez, su decisi\'f3n no tendr\'e1 ninguna fuerza ni ning\'fan caso ser\'e1 tra\'eddo delante de \'e9l. Si es defensor, no se le permitir\'e1 defender el caso; si es abogado, ning\'fan instrumento hecho por \'e9l se aceptar\'e1 como v\'e1lido, sino que ser\'e1 condenado con su autor.\par El Cardenal Manning, hablando en el nombre del Papa, dijo: No reconozco a ning\'fan poder civil; no soy el s\'fabdito de ning\'fan pr\'edncipe y reclamo todav\'eda m\'e1s que esto: Reclamo ser el juez y director supremo de las conciencias de todos los hombres, desde el campesino que cultiva los campos hasta el pr\'edncipe que se siente en el trono; desde el hogar que vive en la sombra de privac\'eda hasta el legislador que aprueba las leyes de los reinos. Yo soy el \'fanico, el \'faltimo y supremo juez del bien y del mal. \'a1 \'a1Adem\'e1s declaramos, afirmamos, definimos y pronunciamos que es impLVALerativo, para la salvaci\'f3n de todo ser humano, estar sujeto al Pont\'edfice Romano! ! (Tablet, 9 Oct. 1864)\par Sin duda alguna, es la intenci\'f3n del Papa poseer a este pa\'eds. En esta intenci\'f3n es auxiliado por los Jesuitas y todo prelado y sacerdote Cat\'f3lico.(Brownson\rquote s Review, Mayo, 1864)\par Ning\'fan buen gobierno puede existir sin religi\'f3n y no puede haber religi\'f3n sin una inquisici\'f3n, la cual est\'e1 sabiamente dise\'f1ada para la promoci\'f3n de la verdadera fe. (Boston Pilot, revista oficial del obispo)\par El poder de la Iglesia ejercitado sobre los soberanos en la Edad Media no era una usurpaci\'f3n; no se deriva de las concesiones de pr\'edncipes ni del consentimiento de la gente, sino que era y es mantenido por derecho divino y cualquiera que lo resiste, se rebela contra el Rey de Reyes y Se\'f1or de Se\'f1ores. (Brownson\rquote s Review, Junio, 1851)\par El concilio de Constanza celebrado en 1414 declar\'f3: Cualquier persona que ha prometido seguridad a los herejes no ser\'e1 obligado a cumplir su promesa, cualquiera que sea su oficio. Conforme a este principio, John Huss fue quemado en p\'fablico, el 6 de julio de 1415, en la ciudad de Constanza, aunque obtuvo un salvoconducto de parte del Emperador.\par Los negros no tienen ning\'fan derecho que el hombre blanco est\'e1 obligado a respetar. (El Jefe del Tribunal Supremo, Taney, Cat\'f3lico-romano, en su decisi\'f3n Dred-Scott)\par Si las libertades del pueblo americano fueran destruidas, caer\'e1n por la mano del clero Cat\'f3lico. (Lafayette)\par F\'edjate, se\'f1or, que de esta c\'e1mara yo gobierno no s\'f3lo a Par\'eds sino a China, y no s\'f3lo a China, sino a todo el mundo, sin que nadie sepa c\'f3mo lo hago. (Tamburini, General de los Jesuitas)\par Es l\'edcito matar a cualquier hombre que ha sido excomulgado por el Papa. (Busembaum Lacroix, Theolog\'eda Moralis, 1757)\par Por tanto, si usted recibe una orden de uno que ocupa el lugar de Dios, debe cumplirla como si viniera de Dios mismo. SeLVAL a\'f1ade tambi\'e9n que hay m\'e1s seguridad de hacer la voluntad de Dios obedeciendo a nuestros superiores que por obedecer a Jesucristo si apareciese personalmente para dar su mandato. (San Ligorio, La Monja Santificada)\par Los Jesuitas son una Organizaci\'f3n Militar, no una orden religiosa. Su jefe es el general de un ej\'e9rcito, no un mero Padre Abad de un monasterio. La meta de esta organizaci\'f3n es: PODER, Poder en su ejercicio m\'e1s desp\'f3tico, poder absoluto, poder universal, poder para controlar al mundo por la voluntad de un solo hombre. Jesuitismo es el m\'e1s arbitrario de los despotismos, el abuso m\'e1s atroz de autoridad. (Memoria de la Cautividad de Napole\'f3n en Sta. Elena, por el General Montholon, Vol. II, p. 62)\par En la alocuci\'f3n de septiembre de 1851, el Papa P\'edo IX dijo que \'e9l considera el siguiente principio como b\'e1sico: La religi\'f3n Cat\'f3lica, con todos sus votos, debe ser tan exclusivamente dominante que cualquier otra adoraci\'f3n sea suspendida y desterrada!\par Ustedes pregunten: Si el Papa fuera se\'f1or sobre este pa\'eds y ustedes (los Protestantes) en la minor\'eda, \'bfQu\'e9 les har\'eda? Eso, decimos, depende enteramente de las circunstancias. Si beneficiar\'eda la causa del Catolicismo, les tolerar\'eda. Si fuera oportuno, les encarcelar\'eda, les desterrar\'eda o probablemente les ahorcar\'eda. Pero est\'e9n seguros de una cosa, nunca les tolerar\'eda por respeto a sus principios gloriosos de libertad civil y religiosa. (Rambler, uno de los peri\'f3dicos Cat\'f3licos m\'e1s prominentes de Inglaterra, Sep., 1851)\par Se\'f1or Acton, uno de los barones Cat\'f3lico-romanos de Inglaterra, reprochando a su propia Iglesia por sus leyes sangrientas y antisociales, escribi\'f3: El Papa Gregorio VII decidi\'f3 que no es homicidio matar a personas excomulgadas. Esta regla fue incorporada en el Derecho Can\'f3nico. Durante la revisi\'f3n del c\'f3digo que sucedi\'f3 en el siglo decimosexto y que produjo un gran volumen de correcciones, este pasLVALaje qued\'f3 en firme y aparece en cada edici\'f3n de Corpus Juris. 700 a\'f1os ha permanecido y sigue siendo parte de la ley eclesi\'e1stica. Lejos de ser una letra muerta, obtuvo una nueva aplicaci\'f3n en los d\'edas de la Inquisici\'f3n y uno de los \'faltimos Papas ha declarado que el asesinato de un Protestante es una obra tan buena que, en s\'ed misma, exp\'eda y m\'e1s que exp\'eda el asesinato de un Cat\'f3lico. (The London Times, 20 de Julio, 1872)\par En el \'faltimo concilio del Vaticano, \'bfHa expresado la Iglesia de Roma alg\'fan pesar por haber promulgado y ejecutado semejantes leyes sangrientas? \'a1No! Al contrario, ella anatematiza a todos los que piensan o dicen que ella hizo mal cuando inund\'f3 al mundo con la sangre de millones que ella mand\'f3 masacrar para apaciguar su sed de sangre. Ella dice positivamente que ten\'eda el derecho de castigar con tortura y muerte a esos herejes.\par Esas sangrientas leyes anti-sociales estaban escritas en las banderas de los Cat\'f3lico-romanos cuando degollaron a 100,000 Waldenses en la monta\'f1as de Piedmont y a m\'e1s de 50,000 hombres, mujeres y ni\'f1os indefensos en la ciudad de Bezieres. El masacre de 75,000 Protestantes, la noche de San Bartolom\'e9 y la semana que la sigui\'f3, fue inspirado por esas leyes diab\'f3licas de Roma.\par El Rey Louis XIV, en obediencia a esas leyes, revoc\'f3 el Edicto de Nantes, causando la muerte de 500,000 hombres, mujeres y ni\'f1os, quienes perecieron por todas las carreteras de Francia y caus\'f3 la muerte de otro mill\'f3n de personas en la tierra de exilo donde se hab\'edan refugiado.\par Esas leyes anti-sociales, hoy, est\'e1n escritas en sus banderas con la sangre de 10 millones de m\'e1rtires. Bajo esas banderas sangrientas, 6,000 sacerdotes, Jesuitas y obispos en los Estados Unidos est\'e1n marchando hacia la conquista de esta rep\'fablica respaldados por sus siete millones de ciegos esclavos obedientes.\par Esas Leyes que todav\'eda son las leyes gobernantes de Roma, son la causa princiLVALpal de la reciente rebeli\'f3n de los Estados del Sur. \'a1S! Sin el Romanismo, la \'faltima guerra civil hubiera sido imposible. Jefferson Davis nunca hubiera atrevido a atacar al Norte si no hubiera tenido la firme promesa del Papa que los Jesuitas, los obispos, los sacerdotes y toda la gente de la Iglesia de Roma le ayudar\'edan bajo el nombre y disfraz de Democracia.\par Esas leyes diab\'f3licas y anti-sociales de Roma hicieron que un Cat\'f3lico-romano (Bearegard) fuese el hombre escogido para disparar el primer ca\'f1\'f3n contra Fort Sumpter y contra la bandera de la libertad, el 12 de abril de 1861. Esas leyes anti-cristianas y anti-sociales hicieron que el Papa fuese el \'fanico pr\'edncipe coronado en todo el mundo tan depravado como para saludar p\'fablicamente a Jefferson Davis y proclamarle presidente de un gobierno leg\'edtimo...\par Estas son las leyes que guiaron a los asesinos de Abraham Lincoln a la casa de una rabiosa mujer Cat\'f3lico-romana, Mar\'eda Surrat, que no s\'f3lo era el lugar de reuni\'f3n de los sacerdotes de Washington, sino que era la misma residencia de algunos de ellos.\par Estas sangrientas leyes infernales de Roma alentaron al brazo del Cat\'f3lico-romano, Booth, cuando asesin\'f3 a uno de los hombres m\'e1s nobles que Dios jam\'e1s ha concedido al mundo.\par Esas sangrientas leyes anti-sociales de Roma, despu\'e9s de cubrir a Europa con ruinas, l\'e1grimas y sangre durante diez siglos, han cruzado los oc\'e9anos para continuar su obra de esclavitud y desolaci\'f3n, sangre y l\'e1grimas, ignorancia y desmoralizaci\'f3n en este continente. Bajo el disfraz y el nombre de Democracia se levant\'f3 el estandarte de rebeli\'f3n en el Sur contra el Norte y caus\'f3 la ca\'edda de medio mill\'f3n de los hijos m\'e1s heroicos de Am\'e9rica en los campos de matanza.\par En el futuro no muy lejano, si Dios no lo impide milagrosamente, esas leyes de hechos oscuros y sangre har\'e1n que la prosperidad, la educaci\'f3n y las libertades de esta demasiada confiada naci\'f3n  LVAL sean enterradas bajo una monta\'f1a de ruinas humeantes y sangrientas. En la cima de esa monta\'f1a, Roma levantar\'e1 su trono y plantar\'e1 su bandera victoriosa.\par Entonces cantar\'e1 sus Te Deums y vocear\'e1 sus gritos de j\'fabilo igual como lo hizo cuando escuch\'f3 las lamentaciones y clamores de desolaci\'f3n de los millones de m\'e1rtires en las capitales y grandes ciudades de Europa.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Roma vio, en seguida, que la misma existencia de los Estados Unidos era una amenaza formidable contra su propia vida. Desde un principio, perfidiosamente sembr\'f3 el germen de divisi\'f3n y odio entre las dos grandes secciones de este pa\'eds y tuvo \'e9xito en dividir entre el Norte y el Sur con la cuesti\'f3n ardiente de la esclavitud. Esa divisi\'f3n era su oportunidad dorada de aplastar el uno al otro y reinar sobre las ruinas sangrientas de ambos. Esto fue su preferida y antigua pol\'edtica.\par Ella esperaba que la hora de su triunfo absoluto sobre este continente hab\'eda llegado. Ella orden\'f3 al Emperador de Francia estar preparado con un ej\'e9rcito en M\'e9xico, listo para apoyar al Sur y pidi\'f3 a todos los Cat\'f3lico-romanos que se enlistasen bajo las banderas de la esclavitud, uni\'e9ndose al partido Dem\'f3crata. Un solo obispo se atrevi\'f3 a desobedecer.\par Sobre todo, la orden fue transmitida a oponerse a toda costa a la elecci\'f3n de Lincoln a la presidencia. La prensa Dem\'f3crata, que estaba casi completamente bajo el control Cat\'f3lico-romano y una herramienta devota de los Jesuitas, inund\'f3 al pa\'eds con las m\'e1s terribles denuncias. Le llamaron a Lincoln: un chango, un bruto est\'fapido, un peligroso lun\'e1tico, un monstruo sangriento, un tirano despiadado, etc., etc. Roma saque\'f3 al diccionario ingl\'e9s para encontrar las expresiones m\'e1s apropiadas para llenar a su gente de desprecio, odio y horror contra \'e9l. Pero Dios decret\'f3 que ese hombre honesto, Abraham Lincoln, fuese proclamado el Presidente de los Estados Unidos, el 4 de marzo de 1861.\par A fines de agosto, aprend\'ed de un sacerdote Cat\'f3lico-romano a quien, por la misericordia de Dios, hab\'eda persuadido a salir de los errores del papado, que hab\'eda un complot entre ellos de asesinar al Presidente. Cre\'ed ser mi deber, iLVALr a decirle lo que yo sab\'eda. El me recibi\'f3 con suma cordialidad y amabilidad.\par \endash Me da gusto verte nuevamente, \endash dijo, \endash ya ves que tus amigos, los Jesuitas, no me han matado todav\'eda. Pero seguramente lo hubieran hecho cuando pas\'e9 por su ciudad m\'e1s devoto, Baltimore, si no hubiera pasado inc\'f3gnito unas horas antes que me esperaban. Tenemos evidencia que la compa\'f1\'eda que fue seleccionada y organizada para asesinarme, fue guiada por un rabioso Cat\'f3lico-romano llamado Byrne; fue compuesta casi enteramente por Cat\'f3lico-romanos, adem\'e1s de dos sacerdotes disfrazados entre ellos para guiarlos y animarlos. Lamento que hay tan poquito tiempo para hablar contigo; pero no te dejar\'e9 ir sin decirte que hace algunos d\'edas, vi al Sr. Morse, el instruido inventor del tel\'e9grafo el\'e9ctrico. El me dijo que al estar en Roma recientemente, descubri\'f3 evidencias de una conspiraci\'f3n formidable contra este pa\'eds y contra todas sus instituciones. Es evidente que es a las intrigas y emisarios del Papa a quienes debemos, en gran parte, la terrible guerra civil que amenaza cubrir el pa\'eds con sangre y ruina.\par \endash Lamento que el Profesor Morse tuvo que salir de Roma antes que pudiera saber m\'e1s de los planes secretos de los Jesuitas contra las libertades y la existencia misma de este pa\'eds. Pero, \'bfSabes qu\'e9? Quiero que t\'fa le reemplazcas y contin\'faes la investigaci\'f3n. Mi plan es destinarte a mi embajador de Francia como uno de sus secretarios. En esa honorable posici\'f3n, ir\'e1s de Par\'eds a Roma donde tal vez descubrir\'e1s, por las indicaciones del Sr. Morse, una oportunidad para juntar los hilos rotos de la investigaci\'f3n. Se requiere un griego para pelear con un griego. Puesto que t\'fa has tenido 25 a\'f1os como sacerdote de Roma, no conozco a otra persona en todos los Estados Unidos tan bien enterada de las artema\'f1as de los Jesuitas y en quien tengo mayor confianza. \'bfQu\'e9 opinas de esto?\par \endash Mi querido PreLVALsidente, \endash le respond\'ed, \endash me siento inundado por tu amabilidad. Ciertamente no pudiera haber nada tan gustoso para m\'ed que concederte tu petici\'f3n. El honor que quieres otorgarme est\'e1 por encima de mis m\'e9ritos, pero mi conciencia me dice que no puedo abandonar la predicaci\'f3n del Evangelio a mis pobres compatriotas canadienses franceses. Soy un siervo y embajador de Aquel que est\'e1 mucho m\'e1s alto a\'fan del buen y gran Presidente de los Estados Unidos. Apelo a tus propios honorables sentimientos Cristianos para saber que no puedo abandonar el uno por el otro.\par El Presidente se puso muy solemne y replic\'f3: \endash\'a1Tienes raz\'f3n! No hay nada tan grandioso bajo el cielo como ser un embajador de Cristo.\par Luego, con uno de su chistes finos, dijo: \endash\'a1S\'ed, s\'ed! T\'fa eres el embajador de un Pr\'edncipe mayor que yo, pero \'e9l no te pagar\'e1 con tanto dinero en efectivo como yo har\'eda, \endash luego a\'f1adi\'f3: \endash Me agrada mucho verte, sin embargo, estoy presionado por asuntos muy importantes; por favor, Podr\'edas volver ma\'f1ana a las 10:00? Tengo una pregunta muy importante para hacerte sobre un asunto que ha estado constantemente en mi mente estas \'faltimas semanas.\par Al d\'eda siguiente a la hora fijada, mi noble amigo dijo: \endash Ayer no pod\'eda darte m\'e1s de 10 minutos, pero hoy te dar\'e9 20. Quiero saber tu opini\'f3n sobre algo que me extra\'f1a en gran manera y t\'fa eres el \'fanico con quien me gusta hablar de ese tema. Un gran n\'famero de peri\'f3dicos Dem\'f3cratas, evidentemente escritos por Cat\'f3lico-romanos, publicaron que yo nac\'ed Cat\'f3lico-romano y que fui bautizado por un sacerdote. Me llaman un renegado, un ap\'f3stata y echan sobre mi cabeza una monta\'f1a de abusos. Al principio, me re\'eda de eso, porque es una mentira. Gracias a Dios, nunca he sido Cat\'f3lico-romano. Ning\'fan sacerdote de Roma jam\'e1s ha puesto sus manos en mi cabeza. Pero su persistencia en esa mentira debe significar algo; poLVALr favor, dime tu opini\'f3n.\par \endash Mi querido Presidente, \endash le respond\'ed, \endash fue precisamente esta historia extra\'f1a lo que me trajo aqu\'ed ayer. Llor\'e9 como un ni\'f1o cuando la le\'ed por primera vez, porque yo creo que es tu sentencia de muerte y he entendido de los labios de un sacerdote convertido que esta mentira fue inventada para excitar al fanatismo de los asesinos Cat\'f3lico-romanos que, tarde o temprano, ellos esperan encontrar para derribarte. Ellos quieren estigmatizarte con la marca de ap\'f3stata. En la Iglesia de Roma, un ap\'f3stata es un proscrito que no tiene ning\'fan lugar en la sociedad ni ning\'fan derecho de vivir.\par Te he tra\'eddo un libro de teolog\'eda de uno de los Jesuitas m\'e1s instruidos y aprobados de su tiempo, Busembaum, quien con otros muchos dice que el hombre que te mate a ti, hace una buena y santa obra. Adem\'e1s, aqu\'ed est\'e1 una copia del decreto del Papa, Gregorio VII, que proclama que asesinar a un ap\'f3stata como te acusan a ti, no es un homicidio; al contrario, es una buena acci\'f3n Cristiana. Este decreto est\'e1 incorporado en el Derecho Can\'f3nico, el cual, todo sacerdote tiene que estudiar y todo buen Cat\'f3lico tiene que acatar.\par \endash Mi querido Presidente, tengo que repetir aqu\'ed lo que te dije en Urbana en 1856. Temo que caer\'e1s bajo los golpes de un asesino Jesuita si no pones mayor atenci\'f3n en protegerte. Recuerda que por ser hereje como t\'fa, Coligny fue brutalmente asesinado, la noche de San Bartolom\'e9; que Enrique IV fue apu\'f1alado por el asesino Jesuita, Reviallac, el 14 de mayo de 1610, por haber dado libertad de conciencia a su naci\'f3n; y que William el Taciturno fue matado a balazos, por otro asesino Jesuita llamado Girard, por haber roto el yugo del Papa. La Iglesia de Roma es absolutamente la misma; cree y ense\'f1a lo mismo hoy como en aquel entonces, que ella tiene el derecho y el deber de castigar con muerte a cualquier hereje que sea un obst\'e1culo a sus prop\'f3sitos.\par \eLVALndash La jerarqu\'eda Cat\'f3lica de los Estados Unidos est\'e1 a favor de los rebeldes; esto es evidencia incontrovertible de que Roma quiere destruir a esta rep\'fablica. A causa de tus virtudes personales, tu popularidad, tu amor por la libertad y tu posici\'f3n exaltada, eres el obst\'e1culo m\'e1s grande para sus maquinaciones diab\'f3licas. Su odio est\'e1 concentrado contra ti. Se enfr\'eda mi sangre al contemplar el d\'eda cuando Roma a\'f1adir\'e1 a todas sus dem\'e1s iniquidades, el asesinato de Abraham Lincoln.Al decir estas cosas al Presidente, fui sumamente conmovido, mi voz se ahogaba y casi no pude detener las l\'e1grimas. Pero el Presidente estaba perfectamente calmado. Cuando termin\'e9 de hablar, tom\'f3 de mis manos el volumen de Busembaum, ley\'f3 los renglones que yo hab\'eda marcado con rojo y le ayud\'e9 a traducirlos al ingl\'e9s. Luego, me devolvi\'f3 el libro y me dijo: \endash Te repetir\'e9 lo que te dije en Urbana: El hombre no debe preocuparse ni d\'f3nde ni cu\'e1ndo muera, siempre que muera en el puesto del honor y del deber. Pero hoy a\'f1adir\'e9 que tengo el presentimiento que Dios me llamar\'e1 a s\'ed mismo por la mano de un asesino. \'a1Sea hecha su voluntad y no la m\'eda! \endash luego, mir\'f3 a su reloj y dijo: \endash Lamento que casi se han terminado los 20 minutos que hab\'eda consagrado a nuestra entrevista. Estar\'e9 eternamente agradecido por las palabras de advertencia que me has dirigido tocante a los futuros peligros a mi vida, de parte de Roma. Yo s\'e9 que no son peligros imaginarios. Si estuviera peleando contra un Sur Protestante, como naci\'f3n, no habr\'eda ning\'fan peligro de asesinato. Las naciones que leen la Biblia pelean con valor en los campos de batalla, pero nunca asesinan a sus enemigos. El Papa y los Jesuitas con su Inquisici\'f3n infernal son los \'fanicos poderes organizados en el mundo que recurren a la daga del asesino para eliminar a los que no pueden convencer con sus argumentos ni conquistar con la guerra.\par \endash DesgraciLVALadamente, siento m\'e1s y m\'e1s cada d\'eda que no es solamente contra los americanos del Sur contra quienes estoy luchando, m\'e1s bien es contra el Papa de Roma, sus Jesuitas perfidiosos y sus ciegos esclavos sanguinarios. Entre tanto que esperan conquistar al Norte, me perdonar\'e1n la vida; pero, el d\'eda que derrotamos a sus ej\'e9rcitos, vencemos a sus ciudades y les forzamos a someterse, entonces, es mi impresi\'f3n que los Jesuitas, quienes son los l\'edderes principales del Sur, har\'e1n lo que invariablemente han hecho en el pasado. La daga o la pistola har\'e1n lo que las manos fuertes de los guerreros no pudieron realizar.\par \endash Esta guerra civil no parece m\'e1s que un asunto pol\'edtico a los que no ven como yo las fuentes secretas de este drama terrible. Pero es m\'e1s bien una guerra religiosa que una guerra civil. Es Roma quien quiere dominar y degradar al Norte as\'ed como ha dominado y degradado al Sur desde el mismo d\'eda de su descubrimiento. S\'f3lo hay unos pocos l\'edderes del Sur que no est\'e1n m\'e1s o menos bajo la influencia de los Jesuitas por medio de sus esposas, familiares y amigos. Varios miembros de la familia de Jeff Davis pertenecen a la Iglesia de Roma. Aun los ministros Protestantes est\'e1n bajo la influencia de los Jesuitas sin sospecharlo. Para mantener su ascendencia en el Norte como lo hace en el Sur, Roma est\'e1 haciendo aqu\'ed lo que ha hecho en M\'e9xico y en todas las rep\'fablicas de Sud-Am\'e9rica. Est\'e1 paralizando por medio de la guerra civil a los brazos de los soldados de libertad. Ella divide a nuestra naci\'f3n para debilitarla, sojuzgarla y dominarla.\par \endash Ciertamente tenemos algunos valientes oficiales y soldados Cat\'f3lico-romanos de confianza en nuestro ej\'e9rcito, pero ellos forman una minor\'eda insignificante cuando se compara con los traidores Cat\'f3lico-romanos contra quienes tenemos que guardarnos d\'eda y noche. De hecho, la inmensa mayor\'eda de los obispos, sacerdotes y laicos son rebeldes de coraz\'f3n aunquLVALe en apariencia no lo sean. Con muy pocas excepciones, favorecen a la esclavitud.\par \endash Ahora entiendo por qu\'e9 los patriotas de Francia, que determinaron ver a los colores de libertad flotando sobre su gran y hermoso pa\'eds, fueron obligados a ahorcar y fusilar a casi todos los sacerdotes y monjes como enemigos irreconciliables de la libertad. Ahora es evidente para m\'ed que, con muy pocas excepciones, todo sacerdote y todo Cat\'f3lico-romano devoto es un implacable enemigo de la libertad. Su exterminaci\'f3n en Francia fue una de esas terribles necesidades que ninguna sabidur\'eda humana pod\'eda evitar; me parece, ahora, como una orden del Cielo para salvar a Francia. \'a1Que Dios conceda que esa misma terrible necesidad jam\'e1s sea sentido en los Estados Unidos! Pero lo cierto es que si la gente americana pudiera aprender lo que yo s\'e9 del odio feroz de los sacerdotes de Roma contra nuestras instituciones, nuestras escuelas, nuestros derechos m\'e1s sagrados y nuestras libertades compradas a un precio tan alto, ellos, ma\'f1ana, los expulsar\'edan de entre nosotros o los fusilar\'edan como traidores. Pero t\'fa eres el \'fanico a quien puedo revelar estos tristes secretos, porque yo s\'e9 que t\'fa los aprendiste antes que yo.\par \endash La historia de estos \'faltimos mil a\'f1os nos dicen que dondequiera que la Iglesia de Roma no es una daga para traspasar el pecho de una naci\'f3n libre, es una piedra de molino en su cuello para paralizarla, e impedir que avance en los caminos de civilizaci\'f3n, ciencia, inteligencia, felicidad y libertad. Pero se me olvid\'f3 que mis 20 minutos terminaron hace mucho.\par \endash Por favor, acepta mis sinceras gracias por la nueva luz que me has dado sobre los peligros de mi posici\'f3n. Ven a verme en otra ocasi\'f3n. Siempre te recibir\'e9 con gusto.\par Mi segunda visita a Abraham Lincoln fue a principios de junio de 1862. Pero le hall\'e9 tan ocupado que s\'f3lo pude saludarlo. La tercera y \'faltima vez que fui a presentar mis respetos aLVALl Presidente, destinado al asesinato, fue la ma\'f1ana del 8 de junio de 1864 cuando \'e9l estaba totalmente asediado de gente que quer\'eda verlo.\par Despu\'e9s de un caluroso y amable saludo, dijo: \endash Me agrada mucho verte otra vez, pero es imposible decirte m\'e1s que esto: Ma\'f1ana por la tarde, recibir\'e9 la delegaci\'f3n de los diputados de todos los estados leales, enviados para anunciar oficialmente el deseo del pa\'eds que yo permanezca como Presidente durante los pr\'f3ximos cuatro a\'f1os. Te invito a estar presente con ellos en esa interesante reuni\'f3n. Llegar\'e1s a conocer algunos de los hombres m\'e1s prominentes de nuestra rep\'fablica y me dar\'e1 gusto presentarte a ellos. No te presentar\'e1s como un delegado de la gente, sino como el invitado del Presidente. Para que no tengas ning\'fan problema, te doy esta tarjeta con un permiso de entrada a la delegaci\'f3n. Pero no te vayas de Washington antes de vernos nuevamente. Tengo algunos asuntos importantes sobre los cuales quiero saber tu opini\'f3n.\par Al d\'eda siguiente, fue mi privilegio tener el honor m\'e1s grande que jam\'e1s he recibido. El buen Presidente quer\'eda que yo estuviera de pie a su mano derecha cuando recibi\'f3 a la delegaci\'f3n. Despu\'e9s de escuchar el discurso presentado por el Gobernador Denison, presidente de la convenci\'f3n, Abraham Lincoln respondi\'f3 en su propia y admirable simplicidad y elocuencia, terminando con una de sus ingeniosas an\'e9cdotas: \endash En esta convenci\'f3n, recuerdo una historia de un anciano granjero holand\'e9s, quien sabiamente coment\'f3 a un compa\'f1ero, Nunca es aconsejable hacer intercambio de caballos mientras cruzamos una fuerte corriente de agua.\par Al d\'eda siguiente, le acompa\'f1\'e9 a visitar a los 30,000 soldados heridos recogidos de los campos de batalla de la Batalla del Desierto que dur\'f3 siete d\'edas y de la batalla de treinta d\'edas alrededor de Richmond, donde Grant estaba rompiendo la columna vertebral de la rebeli\'f3n. De ida y venidaLVAL del hospital, poco se dec\'eda a causa del fuerte ruido de la carroza. Adem\'e1s, mi alma estaba tan angustiada por los horrores de la guerra fratricida que mi voz se sofocaba. El \'fanico pensamiento que parec\'eda ocupar la mente del Presidente era el papel que desempe\'f1\'f3 Roma en esa lucha horrible.\par El me dijo: \endash Esta guerra nunca hubiera sido posible sin la influencia siniestra de los Jesuitas. Por culpa del papado, ahora vemos a nuestro pa\'eds enrojecido con la sangre de su hijos m\'e1s nobles. Aunque existen grandes diferencias de opini\'f3n entre el Sur y el Norte sobre el tema de la esclavitud, ni Jefferson Davis ni ning\'fan otro de los l\'edderes de la Confederaci\'f3n se hubieran atrevido a atacar al Norte, si no contaran con las promesas de los Jesuitas que bajo el disfraz de democracia, el dinero y las armas de los Cat\'f3lico-romanos, y aun las armas de Francia estar\'edan a su disposici\'f3n para atacarnos.\par \endash\'a1Ay de los sacerdotes, obispos y monjes de Roma en los Estados Unidos, cuando la gente se da cuenta que ellos, en gran parte, son responsables por las l\'e1grimas y la sangre derramadas en esta guerra. Yo oculto lo que s\'e9, porque si la gente supiera toda la verdad, esta guerra se convertir\'eda en una guerra religiosa y se volver\'eda diez veces m\'e1s salvaje y sangrienta. Llegar\'eda a ser tan despiadada como son todas las guerras religiosas, una guerra de exterminaci\'f3n de ambos lados.\par Los Protestantes, tanto del Norte como del Sur, se unir\'edan a exterminar a los sacerdotes y Jesuitas si supieran todo lo que el Profesor Morse me ha dicho de los complots formulados en la misma ciudad de Roma para destruir a esta rep\'fablica y si se dieran cuenta c\'f3mo los sacerdotes, monjes y monjas que llegan diariamente a nuestras riberas, bajo el pretexto de predicar su religi\'f3n, ense\'f1ar en sus escuelas y cuidar a los enfermos en los hospitales, no son m\'e1s que los emisarios del Papa, de Napole\'f3n y los dem\'e1s d\'e9spotas de Europa para LVALsublevar nuestras instituciones, enajenar el coraz\'f3n de nuestra gente contra nuestra Constituci\'f3n y nuestras leyes, destruir nuestras escuelas y preparar un reinado de anarqu\'eda aqu\'ed como han hecho en Irlanda, en M\'e9xico, en Espa\'f1a y dondequiera que haya alg\'fan pueblo que quiere ser libre.\par Mientras el Presidente dec\'eda esto, llegamos a la puerta de su mansi\'f3n. Me invit\'f3 a acompa\'f1arle a su estudio y dijo: \endash Aunque estoy muy ocupado, hay muchas cosas importantes concerniente a los complots de los Jesuitas que puedo aprender solamente de ti. \'bfHas le\'eddo la carta que el Papa mand\'f3 a Jefferson Davis? \'bfQu\'e9 opinas de ella?\par \endash Mi querido Presidente, \endash le respond\'ed, \endash Es precisamente esa carta la que me ha tra\'eddo a tu presencia nuevamente. Esa carta es una flecha venenosa lanzada por el Papa contra ti personalmente; es tu orden de muerte. Antes de esa carta, todo Cat\'f3lico pod\'eda ver que su Iglesia en su totalidad estaba en contra de esta rep\'fablica libre; sin embargo, un buen n\'famero de irlandeses, alemanes y franceses Cat\'f3licos, amantes de la libertad, prefirieron seguir el instinto de su noble conciencia en lugar de los principios degradantes de su Iglesia, enlist\'e1ndose bajo las banderas de la libertad y han peleado como h\'e9roes. El objetivo de los Jesuitas es destacar a estos hombres de entre los rangos de los ej\'e9rcitos del Norte y forzarlos a ayudar la causa de la rebeli\'f3n.\par \endash Secretas cartas presionantes fueron dirigidas por Roma a los obispos, orden\'e1ndolos a debilitar a los ej\'e9rcitos del Norte y destacar de ti esos hombres. Los obispos rehusaron, por temor de exponerse a s\'ed mismos como traidores y ser fusilados. Pero ellos aconsejaron al Papa a reconocer, en seguida, la legitimidad de la rep\'fablica del Sur y colocar a Jeff Davis bajo su protecci\'f3n autoritaria, publicando una carta que ser\'eda le\'edda dondequiera.\par Esa carta dice a todo Cat\'f3lico-romano que t\'fa eres un LVALtirano sanguinario peleando contra un gobierno que el santo e infalible Papa de Roma reconoce como leg\'edtimo. El Papa, por esa carta, dice a sus esclavos ciegos que, al continuar semejante guerra sanguinaria, t\'fa est\'e1s ultrajando al Dios de los cielos y de la tierra.\par \endash Esa carta del Papa a Jeff Davis les da a entender que t\'fa no s\'f3lo eres un ap\'f3stata, como pensaban antes, a quien todo hombre tiene el derecho de matar, seg\'fan el Derecho Can\'f3nico de Roma, sino eres m\'e1s vil, cruel y criminal que el ladr\'f3n de caballos, el estafador p\'fablico, el pirata ingobernable o el homicida.\par \endash Y mi querido Presidente, esto no es una imaginaci\'f3n ilusoria de mi mente, es la explicaci\'f3n un\'e1nime dado a mi por muchos sacerdotes de Roma con quienes he tenido la ocasi\'f3n de hablar sobre ese tema. En el nombre de Dios y en nombre de nuestro querido pa\'eds que tanto necesita tus servicios, te suplico que prestes m\'e1s atenci\'f3n a proteger tu preciosa vida y no seguir exponi\'e9ndola como has hecho hasta aqu\'ed.\par El Presidente me escuch\'f3 con intensa atenci\'f3n; luego, replic\'f3: \endash T\'fa confirmas mi punto de vista concerniente a la carta del Papa. El Profesor Morse es de la misma opini\'f3n. En verdad es el acta m\'e1s perfidiosa que pudiera ocurrir en las circunstancias actuales. Tienes toda la raz\'f3n al decir que fue para destacar a los Cat\'f3lico-romanos que han ingresado en nuestros ej\'e9rcitos. Desde su publicaci\'f3n, muchos de ellos han desertado nuestras banderas y nos han traicionado. Uno de los pocos que no lo han hecho es Sheridan quien por su habilidad, patriotismo y valor heroica, vale m\'e1s que todo un ej\'e9rcito. Tambi\'e9n es cierto que Meade ha permanecido con nosotros y gan\'f3 la batalla sangrienta de Gettysburg. Pero, \'bfC\'f3mo pudo perderla cuando estaba rodeado de h\'e9roes como Howard, Reynolds, Buford, Wadsworth, Cutler, Slocum, Sickles, Hancock, Barnes, etc? Pero es evidente que su Romanismo desbanc\'f3 su patriotisLVALmo despu\'e9s de la batalla. Dej\'f3 escapar al ej\'e9rcito de Lee, cuando f\'e1cilmente pudiera haber cortado su retroceso y haberle forzado a rendirse, puesto que perdi\'f3 casi la mitad de sus soldados en la matanza de los tres d\'edas anteriores.\par \endash Cuando Meade fue ordenado a perseguirlos despu\'e9s de la batalla, un extranjero entr\'f3 de prisa al cuartel. Ese extranjero era un Jesuita disfrazado. \'a1Despu\'e9s de 10 minutos de conversaci\'f3n con \'e9l, Meade arregl\'f3 las t\'e1cticas de persecuci\'f3n al enemigo de tal forma que escap\'f3 ileso, perdiendo \'fanicamente dos ca\'f1ones!\par \endash Tienes raz\'f3n, \endash continu\'f3 el Presidente, \endash que esa carta del Papa ha cambiado totalmente la naturaleza y terreno de la guerra. Antes de leerla, los Cat\'f3lico-romanos pod\'edan ver que yo estaba peleando contra Jeff Davis y la Confederaci\'f3n del Sur; pero, ahora, han de creer que es contra Cristo y su santo Vicario, el Papa, contra quien estoy levantando mis manos sacr\'edlegas. Tenemos evidencia diaria de que su indignaci\'f3n, su odio y su malicia contra m\'ed se han intensificado cien veces m\'e1s. Nuevos proyectos de asesinato son detectados casi diario, acompa\'f1ados de circunstancias tan salvajes que me traen a la memoria la masacre de San Bartolom\'e9 y el Complot de P\'f3lvora. Nuestras investigaciones indican que vienen de los maestros mismos en el arte de asesinato, los Jesuitas.\par \endash Los alborotos de New York eran evidentemente un complot romanista desde el principio hasta el fin. Tenemos evidencia en la mano que todo fue obra del Obispo Hughes y sus emisarios.\par \endash Ninguna duda puede permanecer en cuanto a los intentos sangrientos de destruir a New York cuando sabemos la manera tan f\'e1cil en que fueron detenidos. Yo escrib\'ed al Obispo Hughes, dici\'e9ndole que todo el pa\'eds le culpar\'eda a \'e9l como responsable si no se terminaran en seguida. Luego, reuni\'f3 a los alborotadores alrededor de su palacio para decirles: Queridos amigosLVAL, les invito a regresar a sus casas en paz. \'a1Y todo se termin\'f3! \'a1As\'ed, Jupiter de la antig\'fcedad sol\'eda levantar una tempestad y pararla con una inclinaci\'f3n de su cabeza!\par \endash Desde el principio de esta guerra civil han habido, no secretas, sino p\'fablicas alianzas entre el Papa de Roma y Jeff Davis. El Papa y sus Jesuitas han aconsejado, apoyado y dirigido a Jeff Davis desde el primer disparo del ca\'f1\'f3n contra Fort Sumpter por el rabioso Cat\'f3lico-romano, Beauregard. Ahora est\'e1n ayud\'e1ndole en el mar, guiando y apoyando al rabioso pirata Cat\'f3lico-romano, Semmes.\par \endash En mi entrevista con el Obispo Hughes, le dije que cualquier extranjero, como \'e9l mismo, que hab\'eda jurado lealtad a nuestro gobierno para convertirse en ciudadano americano, est\'e1 en peligro de ser fusilado o ahorcado como traidor o esp\'eda. Despu\'e9s de colocar esta pulga en los o\'eddos del obispo de Roma, le ped\'ed que fuera a notificar mis palabras al Papa. Mi expectaci\'f3n fue que \'e9l les aconsejar\'eda a los Cat\'f3licos, para su propio beneficio, a permanecer leales y fieles a sus obligaciones y ayudarnos en lo que resta de la guerra. Pero el resultado ha sido todo lo contrario.\par \endash El Papa ha quitado la m\'e1scara y ha manifestado que \'e9l es partidario p\'fablico y el protector de la rebeli\'f3n, saludando en p\'fablico a Jefferson Davis y desvergonzadamente reconociendo a la Confederaci\'f3n del Sur como un gobierno soberano y leg\'edtimo.\par \endash Ahora tengo la evidencia en la mano que el mismo Obispo Hughes a quien mand\'e9 a Roma para inducir al Papa a exhortar a los Cat\'f3lico-romanos del Norte a, por lo menos, ser fieles a su juramento de lealtad y a quien agradec\'ed en p\'fablico, porque dio la impresi\'f3n de haber portado honestamente seg\'fan la promesa que me hizo, es el mismo quien aconsej\'f3 al Papa a reconocer la legitimidad de la rep\'fablica del Sur y poner todo el peso de su tiara en el balance contra nosotros y a favor de nuestros LVALenemigos. Tal es la perfidia de los Jesuitas.\par \endash Hay dos c\'e1nceres atacando a los \'f3rganos vitales de los Estados Unidos hoy: Son los sacerdotes romanistas y los sacerdotes Mormones. Los dos trabajan de la misma manera para producir un pueblo de los m\'e1s degradantes e ignorantes esclavos fan\'e1ticos que no reconocen ninguna otra autoridad que la de su pont\'edfice supremo. Ambos tienen el objetivo de destruir nuestras escuelas y levantarse sobre nuestras ruinas. Ambos se abrigan bajo nuestros grandiosos y santos principios de libertad de conciencia para luego atar al mundo bajo sus pesados yugos degradantes. \endash Los sacerdotes Jesuitas y Mormones son igualmente los enemigos intransigentes de nuestra Constituci\'f3n y nuestras leyes. Pero el m\'e1s peligroso de los dos es el Jesuita, porque \'e9l sabe mejor c\'f3mo ocultar su odio bajo el disfraz de amistad y del bien p\'fablico. El est\'e1 mejor entrenado para cometer los actos m\'e1s crueles y diab\'f3licos para \ldblquote la gloria de Dios\rdblquote .\par \endash Hasta recientemente, yo estaba a favor de la libertad ilimitada de conciencia como nuestra Constituci\'f3n la da a los Cat\'f3lico-romanos. Pero ahora me parece que, tarde o temprano, el pueblo ser\'e1 forzado a poner restricciones a esa cl\'e1usula hacia los papistas. \'bfNo es un acto de necedad dar absoluta libertad de conciencia a un grupo de hombres que han jurado p\'fablicamente a cortar nuestras gargantas el mismo d\'eda que tengan la oportunidad? \'bfEs correcto dar el privilegio de ciudadan\'eda a hombres que son los enemigos p\'fablicos y jurados de nuestra Constituci\'f3n, nuestras leyes, nuestras libertades y nuestras vidas?\par \endash El momento que el papado asume el derecho de vida y muerte sobre cualquier ciudadano de Francia, Espa\'f1a, Alemania, Inglaterra o los Estados Unidos, asume el poder del gobierno de esos pa\'edses. Esos Estados cometan un acto de suicidio al permitir al papado colocar su pie en su territorio con el privilegio de ciudadan\'eLVALda. El poder de vida y muerte es el poder supremo y dos poderes supremos no pueden existir en el mismo territorio sin producir anarqu\'eda, alborotos, derramamiento de sangre y guerras civiles sin fin. Cuando el papado renuncia al poder de la vida y la muerte que proclama como su propio derecho divino en todos sus libros teol\'f3gicos y leyes can\'f3nicos, entonces y solamente hasta entonces podr\'e1 ser tolerado y puede recibir los privilegios de ciudadan\'eda en un pa\'eds libre.\par \endash\'bfNo es absurdo dar a un hombre algo que ha jurado a odiar, maldecir y destruir? Y \'bfNo odia, maldice y destruye la Iglesia de Roma a la libertad de conciencia dondequiera que puede hacerlo con seguridad? Yo estoy a favor de la libertad de conciencia en su sentido m\'e1s alto, noble y amplio. Pero no puedo dar la libertad de conciencia al Papa y a sus seguidores, los papistas, mientras ellos me dicen a trav\'e9s de todos sus concilios, te\'f3logos y leyes can\'f3nicos que su conciencia les ordena a quemar a mi esposa, estrangular a mis hijos y cortarme la garganta cuando hallen la oportunidad. Parece que la gente de hoy no comprende esto. Pero, tarde o temprano, la luz del sentido com\'fan har\'e1 claro a cada uno que ninguna libertad de conciencia puede ser concedido a hombres que juren obedecer a un Papa que pretende tener el derecho de matar a los que difieren de \'e9l en religi\'f3n.\par \endash T\'fa no eres el primero que me advierta contra los peligros de asesinato. Mis embajadores en Italia, Inglaterra y Francia como tambi\'e9n el Profesor Morse muchas veces me han advertido contra los complots de asesinos que ellos han detectado en esos pa\'edses. Pero no veo ninguna otra salvaguardia contra esos asesinos, excepto estar siempre listo para morir como Cristo lo aconseja. Puesto que todos tenemos que morir tarde o temprano, poco me importa si muero de una daga hundido en mi coraz\'f3n o de la inflamaci\'f3n de los pulmones. Perm\'edteme decirte que recientemente le\'ed un pasaje en el Antiguo TestamenLVALto que ha hecho una profunda y espero ben\'e9fica impresi\'f3n en m\'ed. Aqu\'ed est\'e1 el pasaje.\par El Presidente tom\'f3 su Biblia, la abri\'f3 al tercer cap\'edtulo de Deuteronomio y ley\'f3 desde el verso 22 hasta el 28: No los tem\'e9is; porque Jehov\'e1 vuestro Dios pelea por vosotros. Y or\'e9 a Jehov\'e1 en aquel tiempo, diciendo: Se\'f1or Jehov\'e1, t\'fa has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano poderosa; porque, \'bfQu\'e9 dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas? Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que est\'e1 m\'e1s all\'e1 del Jord\'e1n, aquel buen monte, y el L\'edbano. Pero Jehov\'e1 se hab\'eda enojado contra m\'ed a causa de vosotros, por lo cual no me escuch\'f3; y me dijo Jehov\'e1: Basta, no me hables m\'e1s de este asunto. Sube a la cumbre del Pisga y alza tus ojos al oeste, y al norte, y al sur, y al este, y mira con tus propios ojos; porque no pasar\'e1s el Jord\'e1n. Y manda a Josu\'e9, y an\'edmalo, y fortal\'e9celo; porque \'e9l ha de pasar delante de este pueblo, y \'e9l les har\'e1 heredar la tierra que ver\'e1s.\par Despu\'e9s que el Presidente hab\'eda le\'eddo estas palabras, con gran solemnidad a\'f1adi\'f3: \endash Mi querido Padre Ch\'edniquy, d\'e9jame decirte que he le\'eddo estos extra\'f1os vers\'edculos varias veces durante estas \'faltimas cinco o seis semanas. Entre m\'e1s los leo, m\'e1s me parece que Dios los escribi\'f3, tanto para m\'ed como para Mois\'e9s. \'bfNo me sac\'f3 de mi pobre choza de troncos con la mano, as\'ed como sac\'f3 a Mois\'e9s del carrizal del Nilo para ponerme a la cabeza de la m\'e1s grande y la m\'e1s bendecida de las naciones modernas, as\'ed como puso a ese profeta a la cabeza de la naci\'f3n m\'e1s bendecida de los tiempos antiguos? \'bfNo me concedi\'f3 Dios un privilegio que no ha concedido a ning\'fan ser viviente, cuando romp\'ed las cadenas de cuatro millones de hombres y los libert\'e9? \'bfNo me ha dado nuestro Dios las victorias m\'e1s gloriosas sobre nueLVALstros enemigos? \'bfNo est\'e1n reducidos los ej\'e9rcitos de la Confederaci\'f3n a un pu\'f1o de hombres en comparaci\'f3n a lo que eran hace dos a\'f1os y que pronto se acerca el d\'eda cuando tendr\'e1n que rendirse?\par \endash Ahora, yo veo al final de este terrible conflicto con el mismo gozo que sinti\'f3 Mois\'e9s al final de sus cuarenta a\'f1os en el desierto. Yo le pido a Dios que me conceda ver los d\'edas de paz y prosperidad inefable que seguir\'e1n a esta guerra cruel, as\'ed como Mois\'e9s pidi\'f3 a Dios ver al otro lado del Jord\'e1n y entrar en la tierra prometida. Pero, \'bfSabes qu\'e9? Oigo en mi alma como la voz de Dios, d\'e1ndome la reprensi\'f3n que fue dado a Mois\'e9s. \'a1S\'ed! Cada vez que mi alma se allega a Dios para pedirle el favor de ver el otro lado del Jord\'e1n y comer de los frutos de esa paz, la cual anhelo con deseo indecible, \'bfSabes qu\'e9? Hay una quieta pero solemne voz que me dice que ver\'e9 esas cosas s\'f3lo desde una gran distancia y que estar\'e9 entre los muertos cuando la naci\'f3n, que Dios me concedi\'f3 guiar por estas pruebas terribles, cruzar\'e1 el Jord\'e1n y habitar\'e1 en esa tierra prometida donde la paz, industria, felicidad y libertad alegrar\'e1n a todos. Y \'bfPor qu\'e9 as\'ed? Porque \'e9l ya me dio favores en estos \'faltimos d\'edas que nunca ha dado, me atrevo a decir, a ning\'fan hombre.\par \endash\'bfPor qu\'e9 Dios Todopoderoso rehus\'f3 a Mois\'e9s el cruzar al Jord\'e1n y entrar a la tierra prometida? Fue a causa de su propio pecado de esa naci\'f3n. Esa ley de retribuci\'f3n y justicia divina por la cual uno tiene que sufrir por otros, ciertamente es un terrible misterio, pero es un hecho que ning\'fan hombre que tiene inteligencia y entendimiento puede negar. Mois\'e9s, quien conoc\'eda esa ley, aunque probablemente no la entendi\'f3 mejor que nosotros, calmadamente dijo a su pueblo: Dios se hab\'eda enojado contra m\'ed a causa de vosotros. Pero, aunque no entendamos esta terrible ley misteriosa, la hallamos escrita LVALcon letras de l\'e1grimas y sangre dondequiera. No leemos una sola p\'e1gina de la historia sin hallar indicios de su existencia.\par \endash Tantos complots ya se han hecho contra mi vida que es un verdadero milagro que todos han fracasado, cuando consideramos que la gran mayor\'eda eran por las manos adiestradas de asesinos Cat\'f3lico-romanos evidentemente entrenados por los Jesuitas. Pero, \'bfC\'f3mo podemos esperar que Dios haga un milagro perpetuo para salvar mi vida? Yo no lo creo. Los Jesuitas son tan expertos en esos hechos de sangre que Enrique IV dijo que era imposible escapar de ellos. El lleg\'f3 a ser su v\'edctima a pesar de hacer todo lo que pod\'eda para protegerse. Ser\'eda m\'e1s que un milagro escapar de sus manos ya que la carta del Papa a Jeff Davis ha aguzado un mill\'f3n de dagas para hundir en mi pecho. Pero, as\'ed como el Se\'f1or no oy\'f3 ninguna murmuraci\'f3n de los labios de Mois\'e9s cuando le dijo que ten\'eda que morir por los pecados de su pueblo antes que cruzara el Jord\'e1n, espero y pido que \'e9l no oiga ninguna murmuraci\'f3n de m\'ed cuando caiga por amor a mi naci\'f3n.\par \endash Los \'fanicos dos favores que le pido al Se\'f1or son: Primero, que yo muera por la causa sagrada en la cual estoy involucrado, mientras soy el portador de la bandera de los derechos y libertades de mi pa\'eds. El segundo favor que le pido a Dios es que mi querido hijo Roberto, cuando yo haya partido, sea uno de aquellos que levantar\'e1 esa bandera que cubrir\'e1 mi tumba y la cargue con honor y fidelidad hasta el fin de su vida, igual que su padre, rodeado de los millones que ser\'e1n llamados con \'e9l a pelear y morir en la defensa y honor de nuestra patria.\par Yo nunca hab\'eda o\'eddo palabras tan sublimes. Nunca hab\'eda visto un rostro tan solemne y tan parecido al de un profeta como el rostro del Presidente al decir estas cosas. Yo estaba fuera de m\'ed. Ba\'f1ado en l\'e1grimas intent\'e9 decir algo, pero no pod\'eda pronunciar una sola palabra.\par Yo sab\'eda que LVAL el momento para salir hab\'eda llegado. Le ped\'ed permiso al Presidente para arrodillarme a orar con \'e9l y pedir que su vida fuera perdonada y \'e9l se arrodill\'f3 conmigo. Pero or\'e9 m\'e1s con l\'e1grimas y sollozos que con palabras.\par \'a1Luego, apret\'e9 su mano a mis labios y la ba\'f1\'e9 con mis l\'e1grimas y con un coraz\'f3n deshecho por desolaci\'f3n indecible, me desped\'ed de \'e9l! Fue por \'faltima vez. Pronto se acercaba la hora cuando, por amor a su naci\'f3n, caer\'eda por las manos de un asesino Jesuita.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Cada vez que tuve cita con el Presidente Lincoln, yo me preguntaba: \endash\'bfC\'f3mo pudieron juntarse en un mismo hombre pensamientos tan elevados y la sencillez de ni\'f1o? Despu\'e9s de mis entrevistas con \'e9l, muchas veces yo me dec\'eda: \endash\'bfC\'f3mo se habr\'e1 elevado tan f\'e1cilmente este ferroviario a las esferas m\'e1s altas de filosof\'eda y pensamiento humano?\par El secreto es que Lincoln hab\'eda pasado una gran parte de su vida en la escuela de Cristo y meditaba en sus ense\'f1anzas sublimes a un grado no sospechado por el mundo. Yo hall\'e9 en \'e9l la m\'e1s perfecta clase de Cristianismo que jam\'e1s hab\'eda visto.\par No era ni estrictamente Presbiteriano, ni Bautista ni Metodista, sino la incorporaci\'f3n de lo m\'e1s perfecto y Cristiano en ellos. Su religi\'f3n era la misma esencia de lo que Dios desea en el hombre. De Cristo mismo aprendi\'f3 a amar a Dios y a su pr\'f3jimo como tambi\'e9n de Cristo aprendi\'f3 la dignidad y valor del ser humano. Todos sois hermanos, e hijos de Dios fue su gran lema.\par Del Evangelio aprendi\'f3 los principios de igualdad fraternal como tambi\'e9n del Evangelio aprendi\'f3 esa sublime sencillez de ni\'f1o que siempre gan\'f3 el afecto y la admiraci\'f3n de todos. Podr\'eda citar muchos hechos para ilustrar esto, pero s\'f3lo dar\'e9 uno tomado de las Memorias del Sr. Bateman, Superintendente de Instrucci\'f3n P\'fablica del Estado de Illinois:\par El Sr. Lincoln paus\'f3 por largos minutos, su rostro cargado de emoci\'f3n. Luego, se levant\'f3 y camin\'f3 de un lado al otro de la sala de recepci\'f3n en un esfuerzo para retener o ganar nuevamente su dominio propio. Por fin, se detuvo y dijo con una voz temblorosa y sus mejillas mojadas de l\'e1grimas: \endash Yo s\'e9 que hay un Dios y que \'e9l aborrece la injusticia y la esclavitud. Yo veo que viene una tempestad LVALy s\'e9 que su mano est\'e1 en ella. Si \'e9l tiene un lugar y trabajo para m\'ed y pienso que s\'ed lo tiene, \'a1Creo que estoy listo! Yo no soy nada, pero la verdad es todo. S\'e9 que tengo la raz\'f3n y s\'e9 que la libertad tiene la raz\'f3n, porque Cristo lo ense\'f1a y Cristo es Dios. Yo les he dicho que una casa dividida contra s\'ed misma no puede permanecer y Cristo y la raz\'f3n dicen lo mismo. A Douglas no le importa si vota a favor o en contra de la esclavitud, pero a Dios s\'ed le importa y con la ayuda de Dios no fracasar\'e9. Quiz\'e1s no ver\'e9 el fin, pero vendr\'e1 y ser\'e9 vindicado y aquellos hombres ver\'e1n que no leyeron bien sus Biblias. \'bfNo parece extra\'f1o que los hombres pueden ignorar el aspecto moral de este conflicto? Una revelaci\'f3n no lo podr\'e1 hacer m\'e1s claro: que ser\'e1 destruido o la esclavitud o el gobierno. El futuro ser\'eda algo terrible seg\'fan yo lo veo si no fuera por esta ROCA en que estoy firmemente cimentado (refiri\'e9ndose al Evangelio que llevaba en la mano). Parece como si Dios ha tolerado la esclavitud hasta que los mismos maestros de la religi\'f3n han llegado a usar la Biblia para defenderla y reclamar que tiene el car\'e1cter y la sanci\'f3n divina. Pero ahora, la copa de iniquidad est\'e1 llena y las copas de la ira ser\'e1n derramadas.\par El Sr. Bateman a\'f1adi\'f3: Despu\'e9s de esto, sigui\'f3 un largo discurso, dicho con un tono profundo, tierno, religioso y te\'f1ido con melancol\'eda conmovedora. Despu\'e9s de m\'e1s referencias a fe en la providencia divina y el hecho de Dios en la Historia, la conversaci\'f3n volvi\'f3 a la oraci\'f3n. Abiertamente expres\'f3 su creencia en el deber, privilegio y eficacia de la oraci\'f3n. Intim\'f3 en t\'e9rminos inequ\'edvocas que \'e9l de esta manera buscaba la guianza y el favor de Dios.\par El efecto de esta conversaci\'f3n en la mente del Sr. Bateman, un caballero Cristiano a quien Lincoln respetaba profundamente, era convencerlo que el Sr. Lincoln, de su manera quieta, hab\'eda enLVALcontrado el camino del punto de vista Cristiano, que hab\'eda encontrado a Dios y descansaba en su verdad eterna. Cuando los dos hombres se desped\'edan, el Sr. Bateman contest\'f3: \endash Yo no supon\'eda que usted pensaba tanto en estos temas. Seguramente sus amigos, en general, ignoran los sentimientos que usted me ha expresado.\par Pronto respondi\'f3: \endash Yo s\'e9 que lo ignoran, pero pienso m\'e1s en estas cosas que en todas las dem\'e1s y as\'ed lo he hecho por a\'f1os y quiero que usted lo sepa.\par M\'e1s de una vez sent\'ed como si estuviera en la presencia de uno de los antiguos profetas al escuchar sus opiniones sobre los destinos futuros de los Estados Unidos. En una de mis \'faltimas entrevistas con \'e9l, me llen\'f3 de una admiraci\'f3n dif\'edcil de expresar cuando o\'ed las siguientes opiniones y predicciones:\par \endash Los l\'edderes del Sur en esta guerra civil son parecidos a las ruedas grandes y chicas de los carros del ferrocarril. Los que ignoran las leyes de la mec\'e1nica han de pensar que las ruedas fuertes y ruidosas que ellos ven son la fuerza motriz, pero se equivocan. La verdadera fuerza motriz no se ve, est\'e1 silenciosa y bien oculta en la oscuridad dentro de placas de hierro. La fuerza motriz son las pocas cubetas de agua calentadas en vapor y que a su vez est\'e1 dirigida por el peque\'f1o, silencioso, pero inerrante dedo del ingeniero.\par \endash La gente com\'fan ve y oye las grandes y ruidosas ruedas de la Confederaci\'f3n del Sur. Los llamen Jeff Davis, Lee, Toombs, Beauregard, Semmes, etc. y honestamente creen que ellos son la fuerza motriz y la causa principal de nuestros problemas, pero esto es un error. La verdadera fuerza motriz est\'e1 en secreto, detr\'e1s de los gruesos muros del Vaticano, los colegios y escuelas de los Jesuitas, los conventos de las monjas y los confesionarios de Roma.\par \endash Hay un hecho demasiado ignorado por la gente americana el cual he conocido s\'f3lo desde que llegu\'e9 a ser Presidente y es que las mejores y prLVALincipales familias del Sur reciben su educaci\'f3n, en gran parte si no enteramente, de los Jesuitas y las monjas. Las ideas degradantes de esclavitud, soberbia y crueldad son como una segunda naturaleza en esa gente; y por tanto, hay esa falta de honestidad, humanidad y ese odio implacable contra los principios de igualdad y libertad como las hallamos en el Evangelio de Cristo. No ignoramos que los primeros colonizadores de Louisiana, Florida, New M\'e9xico, Texas, California Sur y Missouri eran Cat\'f3lico-romanos y que sus primeros maestros eran Jesuitas. Es cierto que esos estados han sido conquistados o comprados por nosotros, pero Roma ya hab\'eda inyectado el virus mortal de sus m\'e1ximas anti-sociales y anti-cristianas en las venas de la gente antes que llegaron a ser ciudadanos americanos. Desgraciadamente, los Jesuitas y las monjas, en gran parte, siguen siendo los maestros de esa gente. Ellos contin\'faan, de una manera silenciosa pero eficiente, propagando su odio contra nuestras instituciones, nuestras leyes, nuestras escuelas, nuestros derechos y nuestras libertades de tal manera que este terrible conflicto entre el Norte y el Sur fue inevitable. Como dije antes, es al papado a quien debemos esta terrible guerra civil.\par \endash Me hubiera re\'eddo del hombre que me dijera eso antes que llegu\'e9 a ser Presidente. Pero el Profesor Morse ha abierto mis ojos sobre ese tema y ahora veo ese misterio. Entiendo que la ingenier\'eda del infierno, que aunque invisible e insospechada por la naci\'f3n, est\'e1 poniendo en movimiento las grandes, pesadas y ruidosas ruedas de los carros de la Confederaci\'f3n del Sur. Nuestra gente todav\'eda no est\'e1 lista para aprender y creer estas cosas y quiz\'e1s no es el tiempo apropiado para iniciarla en estos misterios del infierno. Ser\'eda echar aceite al fuego que ya est\'e1 bastante destructivo.\par \endash T\'fa eres la \'fanica persona con quien puedo hablar abiertamente sobre este tema, pero tarde o temprano la naci\'f3n sabr\'e1 el verdadero LVALorigen de esos r\'edos de sangre y l\'e1grimas que est\'e1n propagando desolaci\'f3n y muerte dondequiera y luego los que han causado esas desolaciones y desastres ser\'e1n llamados a dar cuenta de ellos.\par Muchos de los que se acercaban a Abraham Lincoln sintieron que hab\'eda en \'e9l un esp\'edritu prof\'e9tico y que siempre andaba y actuaba con el pensamiento de Dios en su mente y solamente en vista de hacer Su voluntad y trabajar para Su gloria. Hablando de los esclavos, dijo un d\'eda a su gabinete: \endash Hice un voto solemne delante de Dios que si hacen retroceder al General Lee de Pennsylvania, yo coronar\'e9 el resultado con la proclamaci\'f3n de libertad a los esclavos.\par Tendr\'eda que escribir varios tomos en lugar de un corto cap\'edtulo, si diera todos los hechos que he juntado sobre la piedad sincera y profunda de Abraham Lincoln. Sin embargo, no puedo omitir su admirable y solemne acta de fe en la eterna justicia de Dios que expres\'f3 en las \'faltimas palabras de su \'faltimo discurso inaugural del 4 de marzo de 1865:\par \endash Sinceramente esperamos y fervientemente oramos que r\'e1pidamente pasar\'e1 este terrible azote de guerra. Sin embargo, si Dios quiere que contin\'fae hasta que se acaben todas las riquezas acumulados por los 250 a\'f1os de labor no recompensado a los esclavos, y hasta que cada gota de sangre sacada por el l\'e1tigo sea pagada por otra derramada por la espada, lo que fue dicho hace tres mil a\'f1os, ser\'e1 proclamado nuevamente: Los juicios del Se\'f1or son verdad, todos justos.\par Estas palabras sublimes saliendo de los labios del Cristiano m\'e1s grande que Dios jam\'e1s puso como cabeza de una naci\'f3n, s\'f3lo d\'edas antes de su martirio, enviaron escalofr\'edos de asombro por todo el mundo.\par El 6 de abril de 1865, el Presidente Lincoln fue invitado por el General Grant a entrar en Richmond, el capital de los estados rebeldes que \'e9l acababa de capturar. El 9 de abril, el ej\'e9rcito de Lee, rodeado por las legiones victoriosas de losLVAL soldados de la libertad, fue forzado a entregar sus armas y sus banderas a los pies de los generales de Lincoln. El d\'eda 10, el Presidente victorioso se dirigi\'f3 a una inmensa multitud de ciudadanos en Washington, invit\'e1ndola a dar gracias a Dios y a los ej\'e9rcitos por las victorias gloriosas de los \'faltimos d\'edas y por la bendita paz que seguir\'e1 a estos cinco a\'f1os de estragos.\par El estaba en la cumbre de la monta\'f1a de Pisga y aunque hab\'eda orado fervientemente que pudiera cruzar el Jord\'e1n y entrar con este pueblo a la tierra prometida que tanto anhelaba, su petici\'f3n no le fue concedida. La respuesta hab\'eda venido del cielo: \'a1T\'fa no cruzar\'e1s el Jord\'e1n, ni entrar\'e1s en la tierra prometida que est\'e1 ah\'ed tan cerca; tienes que morir por amor a tu naci\'f3n!\par Los labios, el coraz\'f3n y el alma del nuevo Mois\'e9s estaban todav\'eda repitiendo las palabras sublimes: Los juicios del Se\'f1or son verdad, todos justos. cuando el asesino Jesuita, Booth, le asesin\'f3 el 14 de abril de 1865, a las 10:00 p.m.\par Escuchemos al historiador elocuente, Abbot, sobre ese triste evento:\par En medio de \'e9xito sin paralelo y mientras todas las campanas de la naci\'f3n sonaban de gozo, nos sobrevino una calamidad que inund\'f3 al pa\'eds en asombro y temor. Por la noche del viernes, el 14 de abril, el Presidente Lincoln asisti\'f3 al teatro Ford en Washington. El estaba sentado quieto en su palco escuchando el drama cuando un hombre entr\'f3 por la puerta posterior del pasillo que conduc\'eda a su palco, cerrando la puerta tras \'e9l. Acerc\'e1ndose al Presidente, sac\'f3 de su bolsa una peque\'f1a pistola y le tir\'f3 por detr\'e1s en la cabeza. Mientras ca\'eda el Presidente, inconsciente y mortalmente herido, los gritos angustiosos de su esposa, quien estaba sentada a su lado, penetraron los o\'eddos de todos. El asesino salt\'f3 del palco de una altura de tres metros y cruz\'f3 corriendo por el escenario con la cabeza descubierta blandiendo una daga, exclLVALamando: \'a1Sic Semper Tyrannis! Y desapareci\'f3 detr\'e1s del escenario por un lado. Hubo un momento de asombro silencioso, entonces, sigui\'f3 una escena de confusi\'f3n que ser\'eda en vano tratar de describir. El Presidente moribundo fue llevado a una casa cercana y colocado en una cama. \'a1Qu\'e9 tremenda escena se present\'f3 en esa habitaci\'f3n! \'a1El l\'edder de una poderosa naci\'f3n qued\'f3 ah\'ed postrado, inconsciente, empapado de sangre, sus cesos rezumando por su herida! Sumner, Farwell, Colfax, Stanton y muchos otros estaban ah\'ed, llenos de congoja y asombro.\par El cirujano, General Barnes, solemnemente examin\'f3 la herida. Hab\'eda un silencio sepulcral; la vida o la muerte de la naci\'f3n parec\'eda depender del resultado. El General Barnes levant\'f3 sus ojos con tristeza y dijo: \endash\'a1La herida es mortal!\par \endash\'a1Ay, no, General! \'a1No, no! \endash grit\'f3 el Secretario Stanton y dej\'e1ndose caer pesadamente en un sill\'f3n, cubri\'f3 su rostro y llor\'f3 como un ni\'f1o. El Senador Sumner tiernamente deten\'eda la cabeza del m\'e1rtir inconsciente y aunque estaba desacostumbrado a llorar, solloz\'f3 como si su gran coraz\'f3n rompiera. En su angustia, su cabeza ca\'eda sobre la almohada te\'f1ida de sangre y sus cabellos negros se mezclaban con los del v\'edctima moribunda que los cuidados y tareas hab\'edan cambiado en gris y que la sangre hab\'eda enrojecido. \'a1Qu\'e9 escena! Sumner quien hab\'eda sobrevivido meses de agon\'eda despu\'e9s de ser golpeado por el mazo de la esclavitud, ahora estaba llorando y desmay\'e1ndose de angustia sobre la forma postrada de su amigo a quien la esclavitud hab\'eda matado. Esta vil rebeli\'f3n despu\'e9s de inundar la tierra en sangre, se culmin\'f3 en un crimen que horroriza a todas las naciones.\par El noble Abraham, verdadero descendiente del Padre de los fieles, honesto en cualquier encomienda; humilde como un ni\'f1o; con un coraz\'f3n tierno como el de una madre; que no pod\'eda soportar da\'f1ar a su enemigo LVALm\'e1s venenoso; a quien en la hora de triunfo, le entristeci\'f3 que los sentimientos de sus adversarios fueran heridos por su derrota; con caridad hacia todos y malicia hacia ninguno; dotado con sentido com\'fan,\rdblquote inteligencia insuperable, y con un poder de intelecto que le dio el poder para luchar contra los m\'e1s gigantes oponentes en los debates; desarrollando habilidades como jefe de estado que gan\'f3 la gratitud de su pa\'eds y la admiraci\'f3n del mundo; con gracia y amabilidad que le atra\'edan a todos los de coraz\'f3n generoso; muri\'f3 por el balazo de un asesino.\rdblquote\par Pero, \'bfQui\'e9n fue el asesino? Booth no era m\'e1s que el instrumento de los Jesuitas. Fue Roma quien dirigi\'f3 su mano, despu\'e9s de corromper su coraz\'f3n y su alma.\par Despu\'e9s que mezcl\'e9 mis l\'e1grimas con las de mi gran pa\'eds de adopci\'f3n, ca\'ed de rodillas y ped\'ed a Dios que me permitiera mostrar al mundo la verdad de que ese crimen horrible fue la obra del papado. Y despu\'e9s de 20 a\'f1os de constantes y muy dif\'edciles investigaciones, vengo hoy confiadamente ante el pueblo americano para afirmar y comprobar que el Presidente Abraham Lincoln fue asesinado por los sacerdotes y los Jesuitas de Roma.\par En el libro de los testimonios dados en la acci\'f3n judicial contra el asesino de Lincoln, publicado por Ben Pittman y en los dos tomos del juicio de John Surratt de 1867, tenemos la prueba legal e irrefutable que el complot de los asesinos de Lincoln fue madurado e iniciado en la casa de Mary Surratt, 561 H Street, Washington, D.C. Los testimonios jurados muestran que ah\'ed fue el lugar de reuni\'f3n com\'fan de los sacerdotes de Washington. \'bfQu\'e9 es lo que revela al mundo la presencia de tantos sacerdotes en esa casa? Ning\'fan hombre de sentido com\'fan, que sepa algo acerca de los sacerdotes de Roma, puede dudar que ellos eran los asesores, consejeros y el alma misma de ese complot infernal.\par Esos sacerdotes, quienes eran los amigos personales y los confesorLVALes de Booth, John Surratt, Sra. y Srita. Surratt, no pod\'edan estar constantemente ah\'ed sin saber lo que suced\'eda, especialmente cuando sabemos que cada uno de ellos eran rebeldes y rabiosos de coraz\'f3n. Cada uno de esos sacerdotes, sabiendo que el Papa infalible hab\'eda llamado a Jeff Davis su querido hijo y que hab\'eda puesto a la Confederaci\'f3n del Sur bajo su protecci\'f3n, estaba obligado a creer que la cosa m\'e1s santa que un hombre pudiera hacer era luchar por la causa del Sur, destruyendo a todos sus enemigos.\par Lean la historia del asesinato del Admiral Coligny, Enrique III, Enrique IV y Guillermo el Taciturno por los asesinos asalariados de los Jesuitas. Comp\'e1renlos con el asesinato de Abraham Lincoln y descubrir\'e1n que aqu\'e9llos se asemejan a \'e9ste como dos gotas de agua. \'a1Comprender\'e1n que todos vienen de la misma fuente, Roma!\par Los asesinos seleccionados y entrenados por los Jesuitas eran de la m\'e1s exaltada piedad Cat\'f3lico-romana, viviendo en la compa\'f1\'eda de sacerdotes, confes\'e1ndose frecuentemente, recibiendo la comuni\'f3n el d\'eda antes, si no el mismo d\'eda del asesinato. Ver\'e1n que los asesinos se consideraban los instrumentos de Dios para salvar a la naci\'f3n derrumbando a su tirano y que ellos cre\'edan firmemente que no era pecado matar al enemigo del pueblo, de la Santa Iglesia y del Papa infalible.\par Booth, sufriendo los dolores m\'e1s terribles de su pierna fracturada, escribe en su memor\'e1ndum diario, el d\'eda justo antes de su muerte: Nunca puedo arrepentirme, aunque detesto matar. Nuestro pa\'eds debi\'f3 todos sus problemas a \'e9l (Lincoln) y Dios sencillamente me hizo el instrumento de su castigo.\par \'bfQui\'e9n supondr\'eda que Jeff Davis habr\'eda llenado la mente y el coraz\'f3n de Booth con esa soberbia y fanatismo religioso? Es cierto que Jeff Davis ofreci\'f3 dinero para armar sus nervios con la esperanza de enriquecerse. Los testimonios sobre esa oferta dicen que hab\'eda ofrecido un mill\'f3n de d\'f3lareLVALs. Ese archi-rebelde pod\'eda ofrecer dinero, pero s\'f3lo los Jesuitas pod\'edan seleccionar y entrenar a los asesinos y prometerlos una corona de gloria en el cielo si ellos mataban al autor del derramamiento de sangre, el famoso renegado y ap\'f3stata, el enemigo del Papa y de la Iglesia: Lincoln.\par \'bfQui\'e9n no puede ver las lecciones dadas por los Jesuitas a Booth en sus comunicaciones diarias en la casa de Mary Surratt, cuando se leen los renglones escritos por Booth pocas horas antes de su muerte: Nunca puedo arrepentirme; Dios me hizo el instrumento de su castigo.? Comparen estas palabras con las doctrinas y principios ense\'f1ados por los concilios, los decretos del Papa y las leyes de la Santa Inquisici\'f3n. y descubrir\'e1n que los sentimientos y creencias de Booth fluyen de esos principios como el r\'edo fluye de su origen.\par Esa piadosa Srta. Surratt, quien al d\'eda siguiente del asesinato de Lincoln, en la presencia de varios testigos, dijo sin ser reprendida: La muerte de Abraham Lincoln no es m\'e1s que la muerte de alg\'fan negro en el ej\'e9rcito. \'bfD\'f3nde adquiri\'f3 esa m\'e1xima si no fue de su Iglesia? \'bfNo hab\'eda proclamado recientemente esa Iglesia, por medio de su m\'e1s alta autoridad legal y civil, el devoto juez Cat\'f3lico-romano Taney, en su decisi\'f3n Dred-Scott, que los negros no tienen ning\'fan derecho que el hombre blanco est\'e1 obligado a respetar? Al bajar al Presidente al nivel del negro m\'e1s despreciable, Roma afirmaba que no ten\'eda ni el derecho de vivir.\par Lean el testimonio de la Sra. Mary Surratt (pgs. 122- 123) y ver\'e1n como los Jesuitas le hab\'edan entrenado perfectamente en el arte de perjurarse. En el momento mismo cuando el oficial del gobierno arrest\'f3 a ella y a su hija, como a las 10:00 p.m., Payne, el supuesto asesino de Seward, llam\'f3 a la puerta deseando ver a la Sra. Surratt. Pero, al abrir la puerta, en lugar de ver a la Sra. Surratt, fue confrontado cara a cara con el investigador del gobierno, el Mayor Smith, LVALquien jur\'f3: \endash Le interrogu\'e9 en cuanto a su oficio y qu\'e9 asunto ten\'eda en esa casa a esa hora tan avanzada de la noche. El respondi\'f3 que era un obrero y que hab\'eda venido para cavar una zanja a petici\'f3n de la Sra. Surratt.\par \endash Fui a la puerta de la sala y dije: Se\'f1ora Surratt, pase aqu\'ed un momento por favor. Ella sali\'f3 y le pregunt\'e9: \'bfConoce usted a este hombre y le contrat\'f3 para que viniera a cavar una zanja? Ella contest\'f3, levantando su mano derecha: Delante de Dios, se\'f1or, no conozco a este hombre y no le he contratado para cavar ninguna zanja.\par Pero fue comprobado despu\'e9s por varios testigos irreprochables que ella sab\'eda muy bien que Payne era un amigo personal de su hijo que muchas veces hab\'eda venido a su casa en compa\'f1\'eda de su amigo preferido, Booth. Ella hab\'eda comulgado unos dos o tres d\'edas antes de ese perjurio p\'fablico. \'bfPodr\'eda Jeff Davis haber impartido semejante calma religiosa y dominio propio a esa mujer cuando sus manos acaban de ser enrojecidas con la sangre del Presidente e iba camino al juicio? \'a1No! Tanta calma en su alma en semejante hora solemne s\'f3lo pod\'eda venir de las ense\'f1anzas de aquellos Jesuitas, quienes por m\'e1s de seis meses estuvieron en su casa mostr\'e1ndole un corona de gloria eterna si ella ayudara a matar al monstruoso ap\'f3stata, Lincoln, la \'fanica causa de esa horrible guerra civil. No hay la menor duda que los sacerdotes hab\'edan convencido perfectamente a Mary Surratt y a Booth que el asesinato de Lincoln era la obra m\'e1s santa y meritoria para la cual Dios hab\'eda reservado una recompensa eterna.\par Hay un hecho en el cual el pueblo americano no ha puesto suficiente atenci\'f3n: Sin una sola excepci\'f3n, todos los conspiradores eran Cat\'f3lico-romanos. El instruido y gran patriota General Baker, en su admirable informe, extra\'f1ado y asombrado por ese misterioso y portentoso hecho, dijo: Menciono como un hecho notable y excepcional que cada conspiradoLVALr es, de educaci\'f3n, Cat\'f3lico.Sin embargo, estas palabra descendieron sobre o\'eddos sordos. Es cierto que algunos de ellos como Atzeroth, Payne, y Harold pidieron ministros Protestantes cuando fueron ahorcados, pero en la p\'e1gina 437 de El Juicio de John Surratt Luis Weichman nos dice que \'e9l asist\'eda a la Iglesia de St. Aloysian con Atzeroth y que ah\'ed conoci\'f3 al Sr. Brothy (otro Cat\'f3lico-romano).\par Es un hecho aut\'e9ntico que Booth y Weichman eran Protestantes pervertidos al Romanismo. Ellos a su vez proselitizaron a un buen n\'famero de semi-protestantes y ateos quienes por convicci\'f3n o por la esperanza de riquezas prometidas por los asesinos exitosos, eran muy celosos por la Iglesia de Roma. Payne, Atzeroth y Harold contaban entre esos pros\'e9litos, pero cuando esos homicidas iban a aparecer ante la naci\'f3n para recibir el justo castigo por su crimen, los Jesuitas eran demasiado astutos como para ignorar que si todos fueran ahorcados como Cat\'f3lico-romanos acompa\'f1ados por sus confesores, se abrir\'edan en seguida los ojos del pueblo americano y claramente mostrar\'eda que fue un complot Cat\'f3lico-romano. Ellos convencieron a tres de sus pros\'e9litos a valerse de los principios teol\'f3gicos de la Iglesia de Roma que ense\'f1an que es permitido a un hombre ocultar su religi\'f3n o aun decir que es un hereje, un Protestante, siempre que sea ventajoso para \'e9l o para el mejor inter\'e9s de la Iglesia ocultar la verdad y enga\'f1ar a la gente. Aqu\'ed est\'e1 la doctrina de Roma sobre ese tema: Frecuentemente es para la mayor gloria de Dios y el bien de nuestro pr\'f3jimo ocultar nuestra fe en lugar de confesarla. Por ejemplo, si ocult\'e1ndola entre herejes podr\'edas lograr m\'e1s bien o si por declarar nuestra religi\'f3n, m\'e1s males sigan, por ejemplo: grandes adversidades, muerte, o la hostilidad de un tirano. (Ligorio, Theologia Moralis, t. ii n. 14, p.117 Mechlin, 1845). Los Jesuitas nunca tuvieron mayor raz\'f3n para sospechar que la declaraci\'f3n de LVALsu religi\'f3n les da\'f1ar\'eda y excitar\'eda la ira de su tirano, el pueblo americano.\par Lloyds, en cuya casa la Sra. Surratt escondi\'f3 la carabina que Booth quer\'eda para protegerse, justo despu\'e9s del asesinato, cuando hu\'eda hacia los estados del Sur, era un firme Cat\'f3lico-romano. El Doctor Mudd, en cuya casa se detuvo Booth para vendar su pierna fracturada, era Cat\'f3lico-romano, como tambi\'e9n era Garrett, en cuyo establo Booth fue hallado y fusilado. \'bfPor qu\'e9? Porque as\'ed como Jeff Davis era el \'fanico hombre que pagar\'eda un mill\'f3n de d\'f3lares al que asesinara a Abraham Lincoln, los Jesuitas fueron los \'fanicos que seleccionaron a los asesinos y prepararon todo para protegerlos despu\'e9s de su acto diab\'f3lico y no pudieron encontrar a semejantes asesinos y c\'f3mplices excepto entre sus ciegos y fan\'e1ticos esclavos.\par El gran error fatal del gobierno americano en el juicio de los asesinos de Abraham Lincoln fue encubrir el elemento religioso de ese drama terrible. Pero la relaci\'f3n religiosa fue cuidadosamente evitado durante todo el procesamiento. Poco despu\'e9s de la ejecuci\'f3n de los asesinos, visit\'e9 inc\'f3gnito a Washington para empezar mi investigaci\'f3n. No me sorprend\'ed al ver que ning\'fan oficial del gobierno se atrev\'eda a discutirlo conmigo antes de darle mi palabra de honor que nunca mencionar\'eda su nombre. Vi con profunda angustia que la influencia de Roma era casi absoluta en Washington. No pod\'eda hallar ni un solo l\'edder del gobierno dispuesto a confrontar a esa influencia infame ni luchar contra ella.\par Varios l\'edderes del gobierno me dijeron en confianza: \endash No tenemos la menor duda que los Jesuitas estaban al fondo de esa gran iniquidad. Temimos, a veces, que esto saldr\'eda tan claro ante el tribunal que ser\'eda imposible ocultarlo de la vista.\endash Esto no fue por cobard\'eda como usted supone, sino por una sabidur\'eda que usted debe aprobar aunque no lo puede apreciar. Si estuvi\'e9ramos en d\'edas deLVAL paz, sabemos que con un poco m\'e1s de presi\'f3n, muchos de los sacerdotes hubieran sido implicados, porque la casa de la Sra. Surratt era su lugar com\'fan de reuni\'f3n y lo m\'e1s probable es que varios de ellos hubieran sido ahorcados. Pero la guerra civil apenas ha terminado; la Confederaci\'f3n, aunque derrotada, todav\'eda vive en los corazones de millones. Homicidios y elementos formidables de discordia todav\'eda se ven dondequiera, a los cuales el ahorcamiento o exilio de esos sacerdotes dar\'eda nueva vida. Alboroto tras alboroto acompa\'f1ar\'eda y seguir\'eda su ejecuci\'f3n. Pensamos que hemos tenido suficiente de sangre, fuego, devastaciones y malos sentimientos. Todos anhelamos los d\'edas de paz que el pa\'eds tanto necesita. Concluimos que est\'e1 en el mejor inter\'e9s de la humanidad castigar solamente a los que eran p\'fablica y visiblemente culpables para que el veredicto recibiera la aprobaci\'f3n de todos sin incitar nuevos malos sentimientos. Perm\'edtenos decirle tambi\'e9n que no hay nada que m\'e1s temen los buenos y grandes hombres que armar a los Protestantes contra los Cat\'f3licos y los Cat\'f3licos contra los Protestantes.\par Pero si alguien tenga alguna duda de la complicidad de los Jesuitas en el asesinato de Abraham Lincoln, que examine el plan de escapatoria muy elaborado preparado por los sacerdotes de Roma para salvar las vidas de los asesinos y conspiradores. John Surratt estaba en Washington, el d\'eda 14 de Abril, ayudando a Booth a perpetrar el asesinato. El sacerdote Charles Boucher jur\'f3 que s\'f3lo unos pocos d\'edas despu\'e9s del asesinato, John Surratt fue enviado a \'e9l por el Padre Lapierre de Montreal y que \'e9l le ocult\'f3 en su casa parroquial de St. Liboire desde fines de abril hasta fines de julio. Luego, \'e9l lo regres\'f3 secretamente al Padre Lapierre, quien le ocult\'f3 secretamente en la casa de su propio padre, bajo la sombra misma del palacio del obispo de Montreal. El jur\'f3 que el Padre Lapierre visitaba frecuentemente a SurraLVALtt cuando estaba en St. Liboire y que el Padre Boucher le visitaba por lo menos dos veces por semana desde fines de julio hasta septiembre cuando fue ocultado en la casa del Padre Lapierre en Montreal.\par Ese mismo Padre Charles Boucher jur\'f3 que \'e9l acompa\'f1\'f3 a John Surratt en compa\'f1\'eda del Padre Lapierre al buque de vapor Montreal que sal\'eda rumbo a Q\'fcebec; que el Padre Lapierre le guard\'f3 a Surratt, encerrado con llave, durante el viaje entre Montreal y Q\'fcebec; y que le acompa\'f1\'f3 disfrazado del buque Montreal al buque de vapor oce\'e1nico Peruvian. El m\'e9dico del buque Peruvian, L.I.A. McMillan jur\'f3 que el Padre Lapierre le present\'f3 a John Surratt con el nombre falso de McCarthy a quien \'e9l guard\'f3 encerrado en su camarote hasta que el buque sali\'f3 de Q\'fcebec rumbo a Europa, el 15 de septiembre de 1865.\par Pero, \'bfQui\'e9n es ese Padre Lapierre quien da un cuidado tan tierno y paternal a Surratt? No es menos que el can\'f3nigo del Obispo Bourget de Montreal, el hombre de confianza del obispo que vive con el obispo; come en su mesa; le asista con su consejo y recibe su consejo en cada paso de la vida. Seg\'fan las leyes de Roma, los can\'f3nigos son para el obispo lo que los brazos son para el cuerpo.\par Ahora pregunto: \'bfNo es evidente que los obispos y sacerdotes de Washington confiaron a este asesino al cuidado de los obispos y sacerdotes de Montreal para que ellos le ocultaran, le sustentaran y lo protegieran por casi seis meses bajo la sombra misma del palacio del obispo? \'bfHubieran hecho eso si no fueran sus c\'f3mplices? \'bfPor qu\'e9 le cuidaban tan constantemente d\'eda y noche si no temieran que \'e9l les transigiera por una palabra indiscreta?\par Pero, \'bfAd\'f3nde enviar\'e1n esos obispos y sacerdotes de Canad\'e1 a John Surratt cuando se dan cuenta que es imposible ocultarlo m\'e1s de los miles de detectives de los Estados Unidos que est\'e1n registrando a Canad\'e1 para descubrir su escondite? \'bfQui\'e9n supondr\'eda que naLVALdie, sino el Papa mismo y sus Jesuitas proteger\'e1n al asesino de Abraham Lincoln en Europa? Si quieren verlo despu\'e9s que cruz\'f3 el oc\'e9ano, vayan a Vitry, a la puerta de Roma, donde se ingres\'f3 bajo las banderas del Papa en la compa\'f1\'eda novena de sus Zuavos, bajo el nombre falso de Watson. Por supuesto, el Papa fue forzado a quitarle su protecci\'f3n despu\'e9s que el gobierno de los Estados Unidos lo encontr\'f3 ah\'ed y de donde lo trajo a Washington para ser juzgado.\par Pero al llegar como prisionero a los Estados Unidos, su confesor Jesuita le susurr\'f3 al o\'eddo: \'a1No temas, no ser\'e1s condenado! Por medio de la influencia de una distinguida dama Cat\'f3lico-romana, dos o tres miembros del jurado ser\'e1n Cat\'f3lico-romanos y estar\'e1s seguro. Los que han le\'eddo los dos tomos del juicio de John Surratt saben que nunca se presentaron m\'e1s pruebas inequ\'edvocas de culpabilidad contra alg\'fan asesino. Esos miembros del jurado fueron informados por sus confesores que el Papa Gregorio VII hab\'eda declarado solemne e infaliblemente: Matar a un hereje no es homicidio (Jure Canonico).\par Despu\'e9s de recibir semejante ense\'f1anza, \'bfC\'f3mo podr\'edan los jurados Cat\'f3lico-romanos condenar a John Surratt como culpable de homicidio, puesto que mat\'f3 al hereje Lincoln? No pudiendo llegar a ning\'fan acuerdo el jurado, ning\'fan veredicto pudo ser sentenciado y el gobierno fue forzado a poner en libertad al asesino, sin castigo.\par Pero cuando los enemigos irreconciliables de todos los derechos y libertades de los hombres estaban felicit\'e1ndose por sus esfuerzos exitosos en salvar la vida de John Surratt, el Dios del Cielo estaba imprimiendo en sus frentes la marca de homicida de tal manera que todo ojo lo ver\'eda.\par Hace alg\'fan tiempo, providencialmente conoc\'ed al Rev. Sr. F.A. Conwell en Chicago. Cuando supo que yo estaba investigando los hechos sobre el asesinato de Abraham Lincoln, me dijo que \'e9l conoc\'eda un hecho que tal vez iluminar\'eda el teLVALma.\par \endash El mismo d\'eda del asesinato, \endash dijo, \endash yo estaba en la aldea Cat\'f3lico-romana de St. Joseph, Minnesota. Como a las 6:00 p.m., me dijo un Cat\'f3lico-romano, quien era el abastecedor de un gran n\'famero de sacerdotes de esa aldea donde tienen un monasterio, que el Secretario de Estado Seward y el Presidente Lincoln acaban de ser asesinados. Esto me fue dicho en presencia de un caballero muy respetado llamado Bennett quien no fue menos asombrado que yo, puesto que no hab\'eda v\'edas de ferrocarril m\'e1s cerca de 40 millas y el tel\'e9grafo m\'e1s cerca estaba a una distancia de 80 millas. Por tanto, no comprend\'edamos c\'f3mo semejante noticia pod\'eda conocerse en ese lugar.\par \endash Al d\'eda siguiente, el 15 de abril, fui a St. Cloud, un pueblo como a 12 millas de distancia, donde tampoco hab\'eda ni ferrocarril ni tel\'e9grafo. Coment\'e9 a varias personas que me hab\'edan dicho en la aldea sacerdotal de St. Joseph que Abraham Lincoln y el Secretario Seward hab\'edan sido asesinados. Ellos respondieron que no hab\'edan escuchado nada acerca de eso. Pero, el pr\'f3ximo domingo, el 16 de abril, cuando fui a predicar en la iglesia de St. Cloud, un amigo me entreg\'f3 la copia de un telegrama, enviado el s\'e1bado, informando que Abraham Lincoln y el Secretario Seward hab\'edan sido asesinados el d\'eda anterior, es decir, el viernes 14 a las 10:00 p.m.\par \endash Pero, \'bfC\'f3mo pudo un abastecedor Cat\'f3lico-romano de los sacerdotes de St. Joseph haberme dicho la misma cosa delante de varios testigos s\'f3lo cuatro horas antes que ocurri\'f3?Pregunt\'e9 a ese caballero si tuviera la bondad de darme ese hecho bajo juramento para que pudiera usarlo en el informe que ten\'eda la intenci\'f3n de publicar acerca del asesinato de Abraham Lincoln y \'e9l amablemente me concedi\'f3 mi petici\'f3n.\par Sent\'ed que este testimonio ser\'eda mucho m\'e1s valioso si fuera corroborado por los testimonios de los Srs. Bennett y Linneman. Inmediatamente escrib\'ed a un mLVALagistrado para ver si viv\'edan a\'fan para poder preguntarles si se acordaban de los hechos jurados por el Rev. Sr. Conwell. Por la buena voluntad de Dios los dos viv\'edan a\'fan.\par El Sr. Bennett estaba dispuesto a dar testimonio juramentado verificando la historia del Sr. Conwell. El Sr. Linneman afirm\'f3 que s\'ed recordaba cuando los Sres. Bennett y Conwell estuvieron en su tienda (en St. Joseph, Minnesota) la tarde del viernes que el Presidente fue asesinado; que \'e9l les pregunt\'f3 si hab\'edan o\'eddo de los asesinatos y que ellos respondieron que no; y que \'e9l les dijo que \'e9l hab\'eda o\'eddo este rumor en su tienda de gente que entraba y sal\'eda, pero no se acordaba de quien.\par Yo presento al mundo un hecho austero tan claramente corroborado que no admite ninguna posibilidad de duda. Tres o cuatro horas antes que Lincoln fue asesinado en Washington, el 14 de abril de 1865, ese asesinato, no s\'f3lo fue conocido por alguien, sino fue circulado y comentado en las calles y en las casas de la aldea sacerdotal y romanista de St.Joseph, Minnesota a pesar de que el ferrocarril y la oficina de tel\'e9grafos m\'e1s cerca de St. Joseph estaban a una distancia de 40 y 80 millas respectivamente. Los hechos son innegables y los testimonios son inmutables.\par Naturalmente todos preguntan: \'bfC\'f3mo pudiera conocerse semejante noticia? \'bfD\'f3nde se origin\'f3 ese rumor? El Sr. Linneman, quien es un Cat\'f3lico-romano, nos dice que aunque \'e9l oy\'f3 el rumor de muchos en su tienda y en las calles, \'e9l no recuerda el nombre de ni una sola persona que se lo haya dicho. Cuando o\'edmos esto de \'e9l, comprendemos por qu\'e9 no se atrevi\'f3 a jurarlo. Se ech\'f3 hacia atr\'e1s ante la idea de perjurarse. \'bfC\'f3mo es posible que tenga tan mala memoria cuando recuerda tan bien los nombres de dos extranjeros, los Srs. Conwell y Bennett? Pero si la memoria del Sr. Linneman est\'e1 tan deficiente sobre ese tema, nosotros podemos ayudarle y decirle con una precisi\'f3n matem\'e1tica:\paLVALr \'a1Usted recibi\'f3 la noticia de sus sacerdotes de St. Joseph! La conspiraci\'f3n que cost\'f3 la vida del Presidente martirizado fue preparada por los sacerdotes de Washington en la casa de Mary Surratt, 561 H Street. Los sacerdotes de St. Joseph visitaban frecuentemente a Washington y probablemente se hospedaban en la casa de la Sra. Surratt, como tambi\'e9n los sacerdotes de Washington visitaban a sus hermanos sacerdotes en St. Joseph. Estaban en comunicaci\'f3n diaria los unos con los otros; eran \'edntimos amigos y no hab\'eda secretos entre ellos. Adem\'e1s, no hay secretos entre sacerdotes, porque son miembros del mismo cuerpo y ramas del mismo \'e1rbol. Tanto los detalles del complot del asesinato como el d\'eda escogido para ser perpetrado eran bien conocidos tanto por los sacerdotes de St. Joseph como por los de Washington. \'a1La muerte de Lincoln fue un evento muy glorioso para esos sacerdotes! \'a1Ese tirano sangriento, ese infame hereje y ateo recibir\'eda, por fin, el justo castigo por sus cr\'edmenes, el d\'eda 14 de abril! \'a1Cu\'e1n gloriosas noticias! \'bfC\'f3mo podr\'edan los sacerdotes ocultar ese evento tan gozoso de su \'edntimo amigo, el Sr. Linneman? Pues \'e9l era un hombre de confianza, era su abastecedor; entre los fieles de St. Joseph, \'e9l era su mano derecha. Ellos pensaron que ser\'edan culpables de falta de confianza si no le contaran todo lo relacionado con el evento glorioso de ese gran d\'eda. Pero por supuesto, le pidieron que no mencionaran sus nombres si anunciaba las noticias gozosas a la gente devota Cat\'f3lico-romana de St. Joseph.\par El Sr. Linneman honorable y fielmente guard\'f3 su promesa de nunca revelar sus nombres y hoy tenemos en nuestras manos el testimonio aut\'e9ntico firmado por \'e9l que aunque alguien le dijo el 14 de abril que el Presidente Lincoln fue asesinado, \'e9l no sabe quien se lo dijo.\par El 14 de abril de 1865, los sacerdotes de Roma sab\'edan y circulaban lo de la muerte de Abraham Lincoln, cuatro horas antes que ocurri\'LVAL$f3, en su aldea Cat\'f3lico-romana de St. Joseph, Minnesota. Pero no podr\'edan haberlo circulado sin saberlo y no podr\'edan saberlo sin pertenecer a la banda de conspiradores que asesinaron al Presidente Lincoln.\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 A solas y de rodillas en la presencia de Dios, el primero de enero de 1855, cuando hice la resoluci\'f3n de oponerme a los actos de simon\'eda y tiran\'eda del Obispo O\rquote Regan, estaba muy lejos de comprender las consecuencias l\'f3gicas de mi lucha. Mi \'fanico objetivo era forzarlo a ser honesto, justo y Cristiano hacia mi gente que hab\'eda dejado su patria y todo lo que era querido para ellos en Canad\'e1 para vivir tranquilamente en Illinois bajo lo que consideramos entonces ser la Santa Autoridad de la Iglesia de Cristo. Pero est\'e1bamos absolutamente indispuestos a ser los esclavos de ning\'fan hombre en la tierra de libertad. Si alguien en esa hora me hubiera mostrado que esta lucha conducir\'eda a una separaci\'f3n total de la Iglesia de Roma, no hubiera intentado emprenderla. Mi \'fanica ambici\'f3n era purificar a mi Iglesia.\par Sin embargo, desde el principio ten\'eda el presentimiento que el poder de los obispos ser\'eda demasiado para m\'ed y que tarde o temprano me aplastar\'edan. Pero mi esperanza fue que cuando yo cayera, otros tomar\'edan mi lugar y pelear\'edan las batallas del Se\'f1or hasta que una victoria final llevar\'eda a la Iglesia una vez m\'e1s a los d\'edas benditos cuando era la Esposa inmaculada del Cordero.\par En el oto\'f1o de 1856, nuestra lucha contra el obispo de Chicago hab\'eda tomado proporciones que no hab\'edan sido anticipados ni por m\'ed ni por la jerarqu\'eda Cat\'f3lico-romana de Am\'e9rica. La prensa de los Estados Unidos y Canad\'e1, tanto pol\'edtica como religiosa discut\'eda las causas y los probables resultados de la controversia.\par Al principio, los obispos estaban indignados contra la conducta de mi se\'f1or O\rquote Regan, les dio gusto ver que un sacerdote de su propio di\'f3cesis probablemente le forzar\'eda a ser m\'e1s precavido y menos escandaloso en sus tratos p\'fLVALablicos y privados con el clero y con la gente. Pero tambi\'e9n esperaban que yo fuera paralizado por la sentencia de excomuni\'f3n y que la gente asustada por esas fulminaciones retirar\'edan el apoyo que me hab\'edan dado. Spink les asegur\'f3 que yo perder\'eda mi pleito en Urbana y una vez metido en la penitenciar\'eda, ser\'eda impotente para hacer alguna discordia en la Iglesia.\par Pero su confianza pronto se convirti\'f3 en asombro cuando vieron que la gente se re\'eda de la excomuni\'f3n, que yo gan\'e9 el pleito y estaba triunfando en ese mismo terreno de batalla del cual ning\'fan sacerdote, desde Lutero y Knox, hab\'eda salido ileso. Dondequiera se o\'eda el sonido de alarma y fui denunciado como un rebelde cism\'e1tico. La entera asamblea de los obispos acudieron para arrojar sus m\'e1s terribles fulminaciones sobre mi cabeza. Pero antes de adoptar su \'faltima medida para aplastarme, hicieron un esfuerzo supremo para mostrarnos lo que ellos consideraban ser nuestros errores. El Rev. Sr. Brassard, cura de Longueuil, y Rev. Isaac Desaulnier, presidente del colegio de St. Hyacinthe, fueron enviados por la gente y obispos de Canad\'e1 para mostrarme el esc\'e1ndalo de mis procedimientos y presionarme a someterme a la voluntad del obispo y respetar la supuesta sentencia de excomuni\'f3n.\par La elecci\'f3n de estos dos sacerdotes era muy astuto, puesto que ellos eran los m\'e1s influyentes que pudieran enviar. El Sr. Brassard no s\'f3lo fue mi maestro y benefactor en el colegio de Nicolet, sino que me amaba como su propio hijo y yo le amaba como mi propio padre. El otro, el Rev. Sr. Isaac Desaulnier, hab\'eda sido mi compa\'f1ero de escuela en el colegio desde 1822 hasta 1829. Durante ese tiempo y desde entonces estuvimos unidos por los lazos de la m\'e1s sincera estimaci\'f3n y amistad. Ellos llegaron a St. Anne el 23 de noviembre de 1856.\par Me enter\'e9 de su venida s\'f3lo unos minutos antes de su llegada y sent\'ed gozo inefable por esas noticias. La confianza que ten\'eda en su amisLVALtad me dio inmediatamente la esperanza que ellos pronto ver\'edan la justicia y santidad de nuestra causa y nos defender\'edan con valor contra nuestro agresor. Pero ellos ten\'edan sentimientos muy diferentes. Cre\'edan sinceramente que yo era un cism\'e1tico inmanejable y que estaba creando un terrible esc\'e1ndalo en la Iglesia. Los obispos les prohibieron dormir en mi casa ni tener ninguna comunicaci\'f3n amistosa conmigo. Sin ning\'fan odio contra m\'ed, ellos se horrorizaban ante el pensamiento de que yo fuera un sacerdote tan escandaloso, atrevi\'e9ndome a destruir la paz y la unidad de la Iglesia.\par En su viaje rumbo a Illinois, frecuentemente se les dijo que yo no era el mismo hombre, que me hab\'eda vuelto agrio y deprimente, insolente y arrogante, que tambi\'e9n les insultar\'eda y tal vez aconsejar\'eda a la gente a expulsarlos de mi propiedad. Fueron agradablemente decepcionados, sin embargo, cuando me vieron corriendo para encontrarme con ellos con el m\'e1s sincero afecto y gozo. Les dije que todos los tesoros de California tra\'eddos a mi casa no me alegrar\'edan ni la mitad de lo que sent\'ed por su presencia.\par En seguida les expres\'e9 mi esperanza que ellos fueran los mensajeros enviados por Dios para traernos paz y poner fin al estado deplorable de las cosas que fueron la causa de su largo viaje. Notando que estaban cubiertos de lodo, les invit\'e9 a pasar a sus dormitorios para lavarse y refrescarse.\par \endash\'a1Dormitorios, dormitorios! \endash dijo el Sr. Desaulnier, \endash pero nuestras instrucciones escritas por los obispos que nos enviaron nos proh\'edben dormir aqu\'ed a causa de su excomuni\'f3n.\par El Sr. Brassard respondi\'f3: \endash Tengo que decirte, mi querido Sr. Desaulnier, algo que he guardado en secreto hasta ahora: Despu\'e9s de leer esa prohibici\'f3n de dormir aqu\'ed, dije al obispo que si \'e9l pon\'eda semejante restricci\'f3n sobre m\'ed, que mejor escogiera a otra persona para enviar. Le ped\'ed que nos permitiera a los dos actuar seg\'fan nuLVALestra conciencia y sentido com\'fan; y hoy, ellos me dicen que no podemos empezar nuestra misi\'f3n de paz insultando a un hombre que nos ha dado una recepci\'f3n tan amistosa y Cristiana. La gente de Canad\'e1 nos ha escogido como sus delegados, porque somos los m\'e1s sinceros amigos de Ch\'edniquy. Si guardamos ese car\'e1cter, cumpliremos mejor nuestros sagrados y solemnes deberes. Yo acepto con gusto el dormitorio que nos ofrece.\par El Sr. Desaulnier respondi\'f3: \endash Yo lo acepto tambi\'e9n, porque no vine aqu\'ed para insultar a mi mejor amigo, sino para salvarlo.\par Estas palabras amigables de mis hu\'e9spedes aumentaron mi gozo. Les dije: \endash Si ustedes est\'e1n aqu\'ed para obedecer a la voz de su conciencia y los dictados de su sentido com\'fan, hay una tarea gloriosa delante de ustedes. Pronto descubrir\'e1n que la gente y el sacerdote de St. Anne no han hecho m\'e1s que escuchar a la voz de su conciencia honesta y seguir las leyes del sentido com\'fan en su conducta hacia el obispo. Pero, \endash a\'f1ad\'ed, \endash ahorita no es el momento para explicar mi posici\'f3n, sino para lavar sus caras empolvadas y refrescarse. Aqu\'ed est\'e1n sus habitaciones; est\'e1n en su casa.\par Despu\'e9s de la cena, me entregaron las cartas de los obispos de Montreal, Londres y Toronto dirigidas a m\'ed para inducirme a someterme a mi superior, ofreci\'e9ndome la seguridad de su m\'e1s sincera amistad y devoci\'f3n si les obedeciera.\par Yo respond\'ed: \endash Si he ca\'eddo en el profundo abismo como ustedes dicen y del cual ustedes me sacar\'e1n, no s\'f3lo Dios y los hombres les bendecir\'e1n, sino yo tambi\'e9n les bendecir\'e9 eternamente por su caridad. Sin embargo, la primera cosa que tienen que hacer aqu\'ed es averiguar si en verdad yo y mi gente hemos ca\'eddo en ese profundo abismo del que hablan.\par \endash Pero, \'bfNo est\'e1s excomulgado? \endash r\'e1pido pregunt\'f3 el Sr. Desaulnier, \endash y a pesar de esa excomuni\'f3n, \'bfNo sigues diciendo misa, predicando y oyLVALendo las confesiones de la gente? \'bfNo has ca\'eddo, entonces, en ese estado de irregularidad y cisma que te separa totalmente de la Iglesia a la cual s\'f3lo el Papa puede restaurarte?\par \endash No, mi querido Desaulnier, \endash le respond\'ed, \endash No soy m\'e1s excomulgado que t\'fa por la sencilla raz\'f3n de que un acta de excomuni\'f3n que no est\'e1 firmado y certificado, no es digno de ninguna atenci\'f3n. Aqu\'ed est\'e1 el acta de la supuesta excomuni\'f3n que hace tanto ruido en el mundo. Exam\'ednenlo ustedes mismos para averiguar si est\'e1 firmado por el obispo o certificado por alguien.\par Le di el documento. Despu\'e9s de examinarlo por m\'e1s de media hora sin decir una sola palabra, por fin, el Sr. Desaulnier rompi\'f3 el silencio: \endash Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, nunca hubiera cre\'eddo que un obispo actuar\'eda una comedia tan sacr\'edlega delante del mundo. T\'fa lo publicaste varias veces, pero confieso que tus mejores amigos y yo entre ellos no le cre\'edmos. No cab\'eda en nuestra mente que un obispo fuera tan vac\'edo de honestidad com\'fan como para proclamar delante de todo el mundo que fuiste excomulgado. Pero en el nombre del sentido com\'fan, \'bfPor qu\'e9 no firm\'f3 la sentencia de excomuni\'f3n o mandarla firmar y contrafirmar por algunas personas autorizadas, cuando es tan evidente que te quer\'eda excomulgar.\par \endash La raz\'f3n es muy sencilla, \endash le respond\'ed, \endash yo le hab\'eda amenazado a llevarle ante un tribunal civil si \'e9l se atrev\'eda a destruir mi car\'e1cter por suspensi\'f3n o excomuni\'f3n. Y \'e9l descubri\'f3 que la \'fanica manera para salvarse fue no firmar ese documento. Mi primera tarea en un procesamiento ser\'eda probar la firma del obispo. \'bfD\'f3nde encontrar\'eda a un testigo que jurar\'eda que esta es su firma? \'bfLo jurar\'edas t\'fa, mi querido Desaulnier?\par \endash\'a1Claro que no! Porque \'e9sta no es su firma ni la de su gran vicario ni de su secretario. Pero antes de seguir, \endaLVALsh a\'f1adi\'f3, \endash tenemos que confesarte que cuando pasamos por Chicago, preguntamos al obispo si \'e9l hab\'eda hecho alguna investigaci\'f3n p\'fablica o privada de tu conducta y si te hall\'f3 culpable de alg\'fan crimen. El sinti\'f3 avergonzado por nuestras preguntas, pero le dijimos que era necesario para nosotros saber todo en relaci\'f3n a tu car\'e1cter p\'fablico y privado al venir a presionarte a reconciliarte con tu obispo.\par El respondi\'f3 que nunca hab\'eda hecho ninguna investigaci\'f3n de ti, aunque t\'fa se lo hab\'edas pedido varias veces, por la sencilla raz\'f3n de que \'e9l est\'e1 convencido que eres uno de sus mejores sacerdotes. Dijo que tu \'fanico defecto es un esp\'edritu de obstinaci\'f3n y falta de respeto y obediencia a tu superior por meterte en asuntos diocesanos en los cuales no ten\'edas nada que ver. Tambi\'e9n nos dijo que rehusaste ir a Cahokia, pero su rostro se volvi\'f3 tan rojo y su lengua ceceaba tan extra\'f1amente cuando dijo eso que sospech\'e9 que fue una mentira. Ahora tenemos delante de nuestros ojos los documentos que prueban que fue una mentira. Profiri\'f3 otra mentira cuando dijo que \'e9l mismo hab\'eda firmado el acta de excomuni\'f3n, porque seguramente \'e9sta no es su escritura. Semejante conducta de un obispo es muy extra\'f1a. Si t\'fa apelaras al Papa y fueras a Roma con estos documentos en la mano, f\'e1cilmente vencer\'edas al obispo, porque los canones de la Iglesia est\'e1n claros y un\'e1nimes: Un obispo que pronuncia una sentencia tan grave contra alg\'fan sacerdote, usando firmas falsas, est\'e1 \'e9l mismo suspendido y excomulgado, ipso facto, por todo un a\'f1o.\par El Sr. Brassard a\'f1adi\'f3: \endash\'bfNo debemos confesar a Ch\'edniquy que la opini\'f3n de los obispos de Canad\'e1 es que el Obispo O\rquote Regan es un granuja? Si Ch\'edniquy apelara al Papa, ser\'eda pronto reinstalado por un decreto p\'fablico de Su Santidad.\par Nuestra discusi\'f3n sigui\'f3 hasta las tres de la madrugada sin llegar a una conclusiLVAL\'f3n satisfactoria, por tanto, la aplazamos hasta el d\'eda siguiente. Despu\'e9s de una corta oraci\'f3n, fuimos a descansar.\par El 24 de noviembre a las 10:00 a.m., nos encerramos en mi estudio y renovamos la discusi\'f3n de los mejores planes para resolver las dificultades existentes. Para mostrarles mi sincero deseo de detener esas luchas ruidosas y escandalosas sin transigir los sagrados principios que me hab\'edan guiado desde el inicio de nuestros problemas, consent\'ed en sacrificar mi posici\'f3n como pastor de St. Anne con la condici\'f3n de que el Sr. Brassard fuese instalado en mi lugar. Se decidi\'f3, sin embargo, que yo permanecer\'eda con \'e9l como su vicario para ayudarle en la administraci\'f3n de los asuntos espirituales y temporales de la colonia. La promesa me fue dada que con esa condici\'f3n, el obispo retirar\'eda su supuesta sentencia, entregar\'eda a los canadienses franceses de Chicago la iglesia que les hab\'eda quitado, pondr\'eda un sacerdote de habla franc\'e9s como cabeza de esa congregaci\'f3n y perdonar\'eda y olvidar\'eda lo que \'e9l consideraba nuestra conducta irregular hacia \'e9l, despu\'e9s de firmar el siguiente documento:\par A SU SE\'d1OR\'cdA O\rquote REGAN OBISPO DE CHICAGO: MI SE\'d1OR,\par Por la raz\'f3n de que mis acciones y escritos en oposici\'f3n a sus \'f3rdenes desde hace varios meses han causado algunos esc\'e1ndalos y han hecho pensar a ciertas personas que yo preferir\'eda estar separado de la Santa Iglesia que estar sometido a su autoridad, me apresuro a expresar el pesar que siento por esos problemas y escritos. Para mostrar al mundo y a usted, mi obispo, mi firme deseo de vivir y morir como Cat\'f3lico, me apresuro a escribir a Su Se\'f1or\'eda que me someto a su sentencia y prometo, de aqu\'ed en adelante, ejercer el santo ministerio solamente con su permiso. Por tanto, pido respetuosamente que Su Se\'f1or\'eda retire las censuras y suspensiones que ha pronunciado contra m\'ed y contra los que han tenido comunicaci\'f3n espiritual conmLVALigo.\par Soy, mi se\'f1or, su devoto hijo en Cristo,\par C. CHINIQUY\par Eran las 11:00 de la noche cuando consent\'ed en firmar este documento que ser\'eda entregado al obispo y tendr\'eda valor \'fanicamente en las condiciones anteriores. Los dos delegados estaban emocionados por el gozo del \'e9xito de su misi\'f3n y por mi disposici\'f3n a sacrificarme por amor a la paz. El Sr. Desaulnier dijo: \endash Ahora vemos que Ch\'edniquy y su gente han tenido la raz\'f3n desde el principio y que nunca tuvo la intenci\'f3n de crear un cisma y colocarse a la cabeza de un partido rebelde para desafiar la autoridad de la Iglesia. Si el obispo no quiere vivir en paz con la gente y el pastor de St. Anne, despu\'e9s de semejante sacrificio, le diremos que no es Ch\'edniquy, sino el Obispo O\rquote Regan quien quiere el cisma. Apelaremos al Papa. Yo ir\'e9 con Ch\'edniquy a Roma y f\'e1cilmente lograremos la remoci\'f3n de ese obispo de la di\'f3cesis de Chicago.\par El Sr. Brassard estuvo de acuerdo y a\'f1adi\'f3 que \'e9l tambi\'e9n me acompa\'f1ar\'eda a Roma para ser testigo de mi inocencia y de la mala conducta del obispo y que en menos de una semana levantar\'eda, en Montreal, dos veces la cantidad de dinero necesario para ir a Roma.\par Despu\'e9s de agradecerles lo que hab\'edan hecho, le pregunt\'e9 al Sr. Desaulnier si \'e9l ten\'eda el valor de proclamar delante de mi gente lo que acababa de decir delante de m\'ed y el Sr. Brassard en la presencia de Dios.\par El dijo: \endash Seguro, con gusto declarar\'eda delante de toda tu congregaci\'f3n que es imposible encontrar culpa en ti por lo que has hecho hasta aqu\'ed. Pero sabes muy bien que nunca tendr\'e9 esa oportunidad, puesto que son las 11:00 de la noche y la gente ha de estar bien dormida; luego, ma\'f1ana tengo que salir a las 6:00 a.m. para alcanzar el tren en Kankakee rumbo a Chicago que sale a las 8:00 a.m.\par Le respond\'ed: \endash Muy bien.\par Nos arrodillamos juntos para hacer una corta oraci\'f3n y les conduje a sus dormitoriosLVAL, dese\'e1ndoles un sue\'f1o refrescante despu\'e9s de un d\'eda de arduo trabajo. Diez minutos m\'e1s tarde, sal\'ed por la aldea y llam\'e9 a la puerta de seis de mis feligreses m\'e1s respetados y les dije: \endash Por favor, no pierden un solo momento. Vayan con sus caballos lo m\'e1s r\'e1pido posible a tales y tales partes de la colonia, toca a cada puerta, citando a la gente a estar en la puerta de la iglesia a la 5:00 de la ma\'f1ana para o\'edr con sus propios o\'eddos lo que los delegados de Canad\'e1 tienen que decir acerca de nuestras luchas pasadas contra el obispo de Chicago. Diles que est\'e9n puntualmente a las 5:00 de la ma\'f1ana en sus bancos donde los delegados les dirigir\'e1n palabras que deben escuchar a toda costa.\par Un poquito antes de las 5:00 de la ma\'f1ana, el Sr. Desaulnier, lleno de sorpresa y ansiedad, toc\'f3 a mi puerta y dijo: \endash Ch\'edniquy, \'bfNo oyes el ruido extra\'f1o de carros y carrozas que parecen venir de todas partes? \'bfQu\'e9 significa esto? \'bfSe ha vuelto loca la gente para venir a la iglesia a esta hora oscura, mucho antes del amanecer?\par \endash\'bfQu\'e9 me dices? \endash respond\'ed, \endash he estado tan profundamente dormido que no he o\'eddo nada. \'bfQu\'e9 me dices de carros y carrozas alrededor de la capilla? \'bfEst\'e1s so\'f1ando?\par \endash No, no estoy so\'f1ando, \endash respondi\'f3, \endash no s\'f3lo oigo el ruido de muchos carros, vagones y carrozas sino que, aunque est\'e1 todav\'eda muy oscuro, veo a cientos de personas alrededor de la capilla. Oigo la voz de una gran multitud de hombres, mujeres y hasta ni\'f1os pregunt\'e1ndose y respondi\'e9ndose cosas que a\'fan no entiendo. Hacen mucho ruido con sus risas y chistes. \'bfPuedes decirme lo que esto significa? Nunca he estado tan perplejo en toda mi vida.\par Le respond\'ed: \endash\'bfNo ves que est\'e1s so\'f1ando? D\'e9jeme vestirme para ir a ver algo de esa pesadilla.\par El Sr. Brassard, aunque un poco m\'e1s calmado que Desaulnier, sent\'eda cierta ansiedaLVALd por el ruido extra\'f1o de esa multitud de gente, caballos, carros y carrozas a semejante hora de la ma\'f1ana. Llamando a mi puerta, me dijo: \endash Por favor, Ch\'edniquy, explica este extra\'f1o misterio. \'bfViene esta gente a hacernos una travesura o castigarnos por entrometernos en tus asuntos?\par \endash C\'e1lmense, mis queridos amigos, \endash respond\'ed, \endash no tienen nada que temer de esa buena gente inteligente. \'bfNo se acuerdan que anoche Desaulnier dijo que ser\'eda suficientemente honesto y valiente como para declarar delante de toda la congregaci\'f3n lo que dijo delante de nosotros en la presencia de Dios? Imagino que algunos de los \'e1ngeles del cielo oyeron esas palabras y los llevaron esta noche a cada familia, invadi\'e9ndolas a estar aqu\'ed en la capilla y oyeran de sus propios labios lo que opinan de la gran batalla gloriosa que ellos est\'e1n librando en esta tierra lejana a favor de los principios de la verdad y la justicia tal como el Evangelio lo asegura a cada disc\'edpulo de Cristo.\par \endash\'a1Bien, bien! \endash dijo Desaulnier, \endash hay un solo Ch\'edniquy en todo el mundo capaz de ponerme semejante trampa y hay un solo pueblo bajo el cielo que har\'eda lo que este pueblo hace. Nunca te hubiera dado esa respuesta si no estuviera seguro de que nunca tendr\'eda la oportunidad de cumplirla. \'bfQui\'e9n pensar\'eda que t\'fa me har\'edas semejante truco? Pero, \endash a\'f1adi\'f3, \endash aunque s\'e9 que esto me transigir\'e1 delante de ciertos partidos, es demasiado tarde para retractarme; cumplir\'e9 mi promesa.\par Es imposible expresar mi propio gozo y el gozo de esa gente noble cuando oyeron de los mismos labios de esos delegados que, despu\'e9s de pasar todo un d\'eda y dos noches examinando todo lo que ellos y su pastor hab\'edan hecho en esa solemne y terrible controversia, no hab\'edan quebrantado ninguna ley de Dios ni de su santa Iglesia y que no se hab\'edan desviado del mismo camino prescrito por los canones.\par L\'e1grimas de gozo coLVALrrieron cuando oyeron al Sr Desaulnier decirles (lo cual confirm\'f3 el Sr. Brassard) que el obispo no ten\'eda ning\'fan derecho de suspender a su pastor, puesto que \'e9l les hab\'eda dicho que era uno de sus mejores sacerdotes y que ellos hab\'edan hecho bien en no prestar ninguna atenci\'f3n a un acta de excomuni\'f3n que era ficticia y una comedia sacr\'edlega, puesto que no fue firmado ni certificado por ninguna persona conocida. Los dos delegados explicaron el documento que yo hab\'eda firmado y las condiciones sujetas a \'e9l. Ellos a\'f1adieron: \endash Si el Obispo O\rquote Regan no acepta estas condiciones, le diremos que no es el Sr. Ch\'edniquy, sino \'e9l mismo quien quiere un cisma. Nosotros iremos con el Sr. Ch\'edniquy hasta Roma para defender su causa y probar su inocencia delante de Su Santidad.\par Despu\'e9s de esto, todos nos arrodillamos para bendecir y dar gracias a Dios. Nunca he visto a gente con corazones tan felices como la gente de St. Anne al regresar a sus casas esa ma\'f1ana del 25 de noviembre de 1856.\par A las 6:00 a.m. el Sr. Desaulnier sali\'f3 rumbo a Chicago para presentar mi acta condicional de sumisi\'f3n al obispo y a presionarlo, en el nombre de los obispos de Canad\'e1 y en nombre de los intereses m\'e1s sagrados de la Iglesia, a aceptar el sacrificio y la sumisi\'f3n de la gente de St. Anne y darles la paz que tanto deseaban y pagaban a un precio tan alto. El Rev. Sr. Brassard permaneci\'f3 conmigo esperando una carta del obispo para acompa\'f1arme y poner el sello final a nuestra reconciliaci\'f3n.\par Al d\'eda siguiente, recibi\'f3 la siguiente nota del Sr.Desaulnier:\par OBISPADO DE CHICAGO,\par A 26 de noviembre de 1856,\par Al Rev. Sr. Brassard,\par Monse\'f1or, es indispensable y aconsejable que usted venga aqu\'ed con el Sr. Ch\'edniquy lo m\'e1s pronto posible. Por consiguiente, les espero a los dos pasado ma\'f1ana para arreglar este asunto definitivamente.\par Respetuosamente,\par ISAAC DESAULNIER\par Despu\'e9s de leer esa carta con elLVAL Sr. Brassard, le dije: \endash Esas palabras fr\'edas no significan nada bueno. Lamento que usted no haya acompa\'f1ado a Desaulnier a conferir con el obispo. Usted conoce la ligereza y debilidad de su car\'e1cter, siempre valiente con sus palabras, pero suave como la cera ante la menor presi\'f3n. Mi temor es que la tenacidad de bulldog de mi Sr. O\rquote Regan le haya asustado y que todo su valor y bravatas hayan derretido ante la c\'f3lera feroz del obispo de Chicago, pero, vamos. Sin embargo, le aseguro, mi querido Sr. Brassard, si el obispo no acepta que usted permanezca a la cabeza de esta colonia para protegernos y guiarnos, ninguna consideraci\'f3n me inducir\'e1 a traicionar a mi congregaci\'f3n ni dejar\'e9 que llegue a ser presa de los lobos que quieren devorarla.\par Llegamos a Chicago el 28 de noviembre a las 10:00 a.m. El Sr. Desaulnier nos estaba esperando en la estaci\'f3n del tren. Estaba tan p\'e1lido como un cad\'e1ver. Apart\'e1ndolo a cierta distancia del gent\'edo, le pregunt\'e9: \endash\'bfQu\'e9 noticias hay?\par El respondi\'f3: \endash Las noticias son que usted y el Sr. Brassard no tienen nada que hacer, sino empacar sus maletas y regresar a Canad\'e1. El obispo est\'e1 indispuesto a hacer ning\'fan arreglo con ustedes. El quiere que yo sea el pastor temporal de St. Anne; que usted con el Sr. Brassard regresen silenciosamente a Canad\'e1 y que digan a los obispos que no se metan en lo que no les importa.\par \endash Y, \'bfQu\'e9 de la promesa que hiciste a m\'ed y a mi gente de ir conmigo y el Sr. Brassard a Roma si el obispo rehusara los arreglos que ustedes mismos propusieron? \endash pregunt\'e9.\par \endash\'a1Tat, tat! \endash respondi\'f3, \endash al obispo no le importa un comino si vas o no vas a Roma. El me ha puesto como su gran vicario a la cabeza de la colonia de St. Anne de la cual t\'fa tienes que salir lo m\'e1s pronto posible.\par \endash Ahora, Desaulnier, \endash le respond\'ed, \endash t\'fa eres un traidor, un Judas, y si quieres recibir el pago dLVALe Judas, te aconsejo que vayas a St. Anne. Ah\'ed recibir\'e1s lo que mereces. La hermosura y la importancia de esa gran colonia te han tentado y me has vendido al obispo para llegar a ser su gran vicario y comer los frutos de la vi\'f1a que yo plant\'e9 ah\'ed. Pero pronto ver\'e1s tu error. Si tienes alguna compasi\'f3n de ti mismo, te aconsejo que nunca vuelvas a poner los pies en ese lugar.\par Desaulnier respondi\'f3: \endash El obispo no har\'e1 ning\'fan arreglo contigo a menos que retractes p\'fablicamente lo que has escrito contra \'e9l por haber tomado posesi\'f3n de la iglesia de los canadienses franceses de Chicago. Tienes que publicar en la prensa que \'e9l estaba en lo correcto y honesto en lo que hizo en esas circunstancias.\par \endash Mi querido Sr. Brassard, \endash dije, \endash\'bfPodr\'eda yo hacer tal declaraci\'f3n consciente y honradamente?\par Ese hombre venerable me respondi\'f3: \endash No puedes consentir en hacer tal cosa.\par \endash Desaulnier, \endash dije, \endash\'bfO\'edste? El Sr. Brassard y tu conciencia, si tienes una, te dicen lo mismo. Si tomas partido con un hombre que ayer t\'fa mismo acusaste de ser un estafador sacr\'edlego, t\'fa no eres mejor que \'e9l. Ve a trabajar con \'e9l. En cuanto a m\'ed, yo regreso a St. Anne.\par \endash\'bfQu\'e9 vas a hacer all\'ed, \endash contest\'f3 el Sr. Desaulnier, \endash puesto que el obispo te ha prohibido a permanecer ah\'ed?\par \endash\'bfQu\'e9 har\'e9? \endash le respond\'ed, \endash ense\'f1ar\'e9 a esos verdaderos disc\'edpulos de Jesucristo a despreciar y rehuir a los tiranos y a los traidores. \'a1Vete, traidor, y termina tu obra de Judas! \'a1Adi\'f3s!Luego, me ech\'e9 en los brazos del Sr. Brassard, quien estaba casi mudo, sofocado en sollozos y l\'e1grimas. Le apret\'e9 a mi coraz\'f3n y le dije: \endash Adi\'f3s, mi querido Sr. Brassard, vuelva a Canad\'e1 y diga a mis amigos c\'f3mo la cobard\'eda y la ambici\'f3n de este traidor arruinaron la esperanza que ten\'edamos de poner fin al deplorable est LVAL ado de asuntos. Yo volver\'e9 a mis hermanos de St. Anne con m\'e1s determinaci\'f3n que nunca a protegerlos contra la tiran\'eda e impiedad de nuestros gobernantes d\'e9spotas. Ser\'e1 m\'e1s f\'e1cil que nunca mostrarles que el Hijo de Dios no nos redimi\'f3 en la cruz para que nos volvi\'e9ramos esclavos de esos despiadados mercaderes de almas. Con m\'e1s sinceridad que nunca, ense\'f1ar\'e9 a mi gente a rehuir al evangelio moderno de los obispos para seguir el antiguo Evangelio de Jesucristo como la \'fanica esperanza y vida de nuestra pobre humanidad ca\'edda.\par El Sr. Brassard quer\'eda decir algo, pero su voz fue sofocado por sus sollozos. Las \'fanicas palabras que pudo proferir al apretarme a su coraz\'f3n fueron: \endash\'a1Adi\'f3s, querido amigo, adi\'f3s!\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 Era evidente que la traici\'f3n del Sr. Desaulnier ser\'eda seguida por nuevos esfuerzos de parte del obispo para aplastarnos. El Sr. Brassard me escribi\'f3 desde Canad\'e1 en diciembre:\par Todos los obispos est\'e1n prepar\'e1ndose para lanzar sus truenos contra usted y su gente a causa de su resistencia heroica a la tiran\'eda del obispo de Chicago. Yo les he dicho la verdad, pero ellos no quieren saberla. Mi Sr. Bourget me dijo positivamente que usted necesita ser forzado a toda costa a ceder a la autoridad de su obispo y me ha amenazado con excomuni\'f3n si yo diga a la gente lo que s\'e9 de la conducta vergonzosa del Sr. Desaulnier. Si estuviera solo, no me importar\'eda esta excomuni\'f3n y hablar\'eda la verdad, pero semejante sentencia contra m\'ed, matar\'eda a mi pobre madre anciana. Espero que usted no me critique si me quedo absolutamente mudo. Le pido que considere confidencial esta carta. Usted sabe muy bien el problema en que me meter\'eda su publicaci\'f3n.\par Los canadienses franceses de Chicago vieron inmediatamente que su obispo, fortalecido por el apoyo del Sr. Desaulnier, estar\'eda m\'e1s que nunca determinado a aplastarles. Ellos pensaron que la mejor manera para hacerles justicia era publicar un manifiesto de los motivos de queja contra \'e9l y apelar p\'fablicamente a todos los obispos de los Estados Unidos.\par El 22 de enero de 1857 pidieron al peri\'f3dico de Chicago, The Chicago Tribune, que publicara el siguiente documento:\par En una reuni\'f3n p\'fablica de los Cat\'f3licos franceses y canadienses de Chicago hecho en el sal\'f3n del Sr. Bodicar el 22 de enero de 1857, habiendo nombrado al Sr. Rofinot a presidir y al Sr. Franchere como secretario, los siguientes discursos y resoluciones fueron le\'eddos y aprobados un\'e1nimemente.\par \'bfPermitir\'e1n los editoreLVALs del Tribune a mil voces de los muertos hablar por medio de su peri\'f3dico valioso? Todo el mundo en Chicago sabe que hace algunos a\'f1os hab\'eda una congregaci\'f3n floreciente de franceses procedentes de Francia y Canad\'e1 en esta ciudad. Ellos ten\'edan su propio sacerdote, su propia iglesia y su propio culto religioso. Ahora todo est\'e1 dispersado y destruido.El actual obispo de Chicago ha respirado su aliento letal contra nosotros. En lugar de ser para nosotros un padre, ha sido un enemigo salvaje. En lugar de ayudarnos como amigo, nos ha derrumbado como un enemigo vengativo. Ha hecho todo lo contrario a lo que manda el Evangelio; en lugar de guiarnos con la cruz del manso Jes\'fas, se ha ense\'f1oreado sobre nosotros con una vara de hierro. Cada domingo, los calurosos y generosos irlandeses van a su iglesia para o\'edr la voz de su sacerdote en su idioma ingl\'e9s. Los alemanes inteligentes tienen sus pastores que se dirigen a ellos en su idioma materna. Los franceses son los \'fanicos que no tienen ni sacerdote ni iglesia. \'bfEs por falta de celo y liberalidad? \'a1Ah, no! Nosotros llamamos como testigos a toda la ciudad de Chicago de que no hab\'eda en Chicago una iglesia mejor parecida que la iglesia canadiense-francesa llamada St. Louis. Pero, \'a1Ay! Hemos sido sacado de ella por el mismo obispo. Por amor a nosotros mismos y a nuestros hijos decidimos levantar, desde la tumba donde el Obispo O\rquote Regan nos ha enterrado, una voz que dir\'e1 la verdad.\par Lo m\'e1s pronto que el Obispo O\rquote Regan lleg\'f3 a Chicago, le dijeron que el sacerdote franc\'e9s era demasiado popular, que a su iglesia asistan no s\'f3lo canadienses franceses, sino tambi\'e9n muchos irlandeses y alemanes iban con \'e9l diariamente para hacer sus deberes religiosos. Fue susurrado a los o\'eddos de Su Reverencia que por esta causa muchos d\'f3lares y centavos iban al sacerdote franc\'e9s que ser\'edan mejor almacenados en la bolsa de Su Reverencia. Hasta ese momento, en apariencia, el obispo no se molesLVALtaba mucho por nosotros. Pero lo m\'e1s pronto que vio que hab\'eda en juego d\'f3lares y centavos, tuvimos el honor de ocupar sus pensamientos d\'eda y noche.\par Luego, sigui\'f3 un informe detallado de los movimientos perfidiosos del Obispo O\rquote Regan, quien rob\'f3 a la congregaci\'f3n francesa tanto a su sacerdote franc\'e9s como su iglesia hermosa y casa parroquial. La carta concluy\'f3 con las siguientes resoluciones:\par Resoluci\'f3n 1.: Que el Reverend\'edsimo O\rquote Regan, Obispo de Chicago, ha perdido la confianza de la poblaci\'f3n canadiense-francesa de Chicago desde que nos quit\'f3 nuestra iglesia.\par Resoluci\'f3n 2.: Que el Reverend\'edsimo O\rquote Regan ha publicado una degradante calumnia contra la poblaci\'f3n canadiense-francesa de Chicago cuando dice que quit\'f3 nuestra iglesia de nosotros por el motivo de que no pod\'edamos pagarla.\par Resoluci\'f3n 3.: Que el Reverend\'edsimo O\rquote Regan, habiendo dicho a nuestros delegados, quienes fueron a preguntarle por cual derecho o ley nos quitaba nuestra iglesia para darla a otra congregaci\'f3n: Yo tengo el derecho de hacer lo que yo quiero con su iglesia y cualquier propiedad eclesi\'e1stica, puedo venderlas y poner el dinero en mi bolsa e irme donde me d\'e9 la gana con ello.\rdblquote , ha usurpado un poder demasiado tir\'e1nico para ser obedecido por gente Cristiana y libre.\par Resoluci\'f3n 4.: Que la naturaleza de los varios pleitos que el Reverend\'edsimo O\rquote Regan levant\'f3 en los tribunales civiles y que ha perdido casi invariablemente, ha comprobado a todo el pueblo de Illinois que \'e9l es indigno de la posici\'f3n que tiene en la Iglesia.\par Resoluci\'f3n 5.: Que el Reverend\'edsimo O\rquote Regan est\'e1 p\'fablicamente acusado de simon\'eda por haber extorcionado $100.00 d\'f3lares de un sacerdote para darle permiso para oficiar y ministrar los sacramentos entre nosotros.\par Resoluci\'f3n 6.: Que el Reverend\'edsimo O\rquote Regan al prohibir a los Cat\'f3licos irlandeses y alemanes a comunicLVALarse con la iglesia Cat\'f3lica francesa y dejar a los canadienses franceses comunicar con las iglesias irlandesas y alemanas, ha actuado con el motivo de privar a la iglesia francesa de contribuciones religiosas y otras donaciones. Estos actos los consideramos injustos y en contra del esp\'edritu de la Iglesia y se asemejan m\'e1s a una transacci\'f3n mercantil que a una obra Cristiana.\par Resoluci\'f3n 7.: Que la gente canadiense-francesa de Illinois ha visto con tristeza y sorpresa que el Sr. Desaulnier se ha hecho el camarero humilde del implacable y desvergonzado perseguidor de sus compatriotas.\par Resoluci\'f3n 8.: Que el Rev. Sr. Ch\'edniquy, pastor de St. Anne, merece la gratitud de todo cat\'f3lico de Illinois por haber detenido a la tiran\'eda rapaz del obispo de Chicago.Resoluci\'f3n 9.: Que los Cat\'f3licos franceses de Chicago est\'e1n resueltos a dar todo el apoyo en su poder al Rev. Sr. Ch\'edniquy en su lucha contra el obispo de Chicago.\par Resoluci\'f3n 10.: Que una copia de estas resoluciones sea enviada a cada obispo y arzobispo de los Estados Unidos y Canad\'e1 para que vean la necesidad de dar a Illinois un obispo digno de esa alta posici\'f3n.\par Resoluci\'f3n 11.: Que una copia de estas resoluciones sea enviada a Su Santidad P\'edo IX para que \'e9l sea incitado a investigar la posici\'f3n humillante de la Iglesia en Illinois desde que el obispo actual est\'e1 entre nosotros.\par Resoluci\'f3n 12.: Que a la prensa independiente y amante de la libertad de los Estados Unidos se les pida que publique el discurso anterior y las resoluciones por todo el pa\'eds.\par P. F. ROFINOS Presidente\par DAVID FRANCHERE Secretario.\par Este clamor de m\'e1s de dos mil Cat\'f3lico-romanos de Chicago que fue publicado por casi toda la prensa de Illinois y de los Estados Unidos cay\'f3 como una bomba sobre la cabeza del Obispo O\rquote Regan y el Sr. Desaulnier. Muchos obispos publicaron cartas denunci\'e1ndome a m\'ed y a mi gente como cism\'e1ticos infames, cuyo orgullo y obstinaci\LVAL'f3n estaban perturbando la paz de la Iglesia. Pero la m\'e1s amarga de todas fue una carta escrita por mi Sr. Bourget, Obispo de Montreal, quien pens\'f3 que la \'fanica y mejor manera de obligar a la gente a abandonarme era destruir para siempre mi honor, pero cay\'f3 en el abismo que hab\'eda cavado para m\'ed en 1851.\par La miserable muchacha que hab\'eda hecho acusaciones contra m\'ed hab\'eda fallecido, pero ten\'eda todav\'eda en las manos las acusaciones mentirosas que hab\'eda obtenido de ella contra m\'ed. Probablemente hab\'eda destruido su retractaci\'f3n jurada escrita por el Jesuita, Padre Schneider, e ignoraba de las otras tres copias juradas de su retractaci\'f3n. Por tanto, pens\'f3 que podr\'eda publicar con toda seguridad que yo era un hombre degradado, que fui expulsado de Canad\'e1 por \'e9l, despu\'e9s de ser convicto de un enorme crimen y suspendido.\par Esta declaraci\'f3n fue publicada la primera vez por \'e9l con un aire hip\'f3crita de compasi\'f3n y misericordia por m\'ed que a\'f1adi\'f3 mucho al efecto mortal que esperaba producir. Aqu\'ed, en parte, est\'e1n sus propias palabras dirigidas a la gente de Bourbonnais y a trav\'e9s de ellos a todo el mundo: Yo tengo que decirles que el 27 de septiembre de 1851, suspend\'ed al Sr. Ch\'edniquy por las razones que le di en mi carta dirigida a \'e9l; una carta que probablemente ha guardado; que \'e9l publique esa carta si cree que le he perseguido injustamente.\par Yo le respond\'ed inmediatamente, envi\'e1ndole por medio de la prensa la retractaci\'f3n jurada de la muchacha acompa\'f1ada por la carta que escribi\'f3 antes que yo saliera de Canad\'e1 que conten\'eda la siguiente declaraci\'f3n:\par No puedo m\'e1s que agradecerle por sus labores entre nosotros y deseo que te sean concedidas las m\'e1s abundantes bendiciones del cielo. Estar\'e1 siempre en mi memoria y coraz\'f3n y espero que la providencia divina me permita en un tiempo futuro poder testificar toda la gratitud que le debo.\par Luego, le record\'e9 de nuestLVALra conversaci\'f3n de despedida cuando le ped\'ed una se\'f1al tangible de su estimaci\'f3n:Usted respondi\'f3 que le gustar\'eda darme una y dijo: \endash\'bfQu\'e9 es lo que deseas?\par \endash Quisiera, \endash dije, \endash recibir de sus manos un c\'e1liz para ofrecer el santo sacrificio de la misa el resto de mi vida.\par Usted respondi\'f3: \endash Lo har\'e9 con gusto y dio la orden a uno de sus sacerdotes de traerle un c\'e1liz para d\'e1rmelo. Pero ese sacerdote no ten\'eda la llave de la caja de los vasos sagrados; esa llave, la ten\'eda otro sacerdote que estaba ausente por algunas horas.\par Yo no ten\'eda tiempo para esperar, porque la hora de la salida del tren hab\'eda llegado; yo le dije: \endash Por favor, entrega ese c\'e1liz al Rev. Sr. Brassard de Longueuil, quien me lo enviar\'e1 a Chicago. Al d\'eda siguiente, uno de sus sacerdotes fue con el Rev. Sr. Brassard y le entreg\'f3 el c\'e1liz que usted me prometi\'f3, el cual todav\'eda est\'e1 en mi posesi\'f3n. El Rev. Sr. Brassard est\'e1 ah\'ed, todav\'eda vivo, para atestiguar lo que digo y para recordarle de ese hecho si lo ha olvidado.\par Bueno, mi se\'f1or, creo que un obispo nunca dar\'eda un c\'e1liz a un sacerdote para decir misa cuando sabe que ese sacerdote est\'e1 suspendido. La mejor prueba de que usted sab\'eda muy bien que no estaba suspendido por su precipitada e injusta sentencia es que me regal\'f3 ese c\'e1liz en se\'f1al de su estimaci\'f3n y de mi honestidad.\par Diez mil copias de este descubrimiento de la perversi\'f3n del obispo fueron publicados en Montreal. Ped\'ed a toda la gente de Canad\'e1 ir con el Rev. Sr. Brassard y con el Rev. Sr. Schneider para saber la verdad y muchos fueron. El obispo qued\'f3 confundido. Comprob\'e9 que \'e9l hab\'eda cometido contra m\'ed el acto m\'e1s ultrajante de tiran\'eda y perfidia y que yo era perfectamente inocente y \'e9l lo sab\'eda.\par Algunos d\'edas despu\'e9s de la publicaci\'f3n de esa carta, el Sr. Brassard me escribi\'f3:\par Su \'faltima carta ha deLVALsenmascarado completamente a nuestro pobre obispo y ha revelado al mundo su malicia, injusticia e hipocres\'eda. Sinti\'f3 tan confundido por ella que ha estado tres d\'edas sin poder comer ni beber nada y tres noches sin dormir. Todos dicen que es terrible el castigo que t\'fa le diste delante de todo el mundo, pero \'e9l lo merec\'eda.\par Cuando recib\'ed esta \'faltima carta amistosa del Sr. Brassard, el primero de abril de 1857, yo estaba lejos de sospechar que el 15 del mismo mes leer\'eda en la prensa de Canad\'e1 los siguientes renglones de parte de \'e9l:\par ST. ROCH DE L\rquote ACHIGAN,\par A 9 de abril de 1857 ,\par Monse\'f1ores: Les pido que incluyan los siguientes renglones en su revista. Algunas personas sospechan que yo favorezco al cisma del Sr. Ch\'edniquy. Creo que es mi deber decir que nunca le he animado ni por mis palabras ni por escrito a ese cisma. Tengo que decir que en noviembre pasado cuando fui a St. Anne acompa\'f1ado por el Sr. Desaulnier, superior del colegio de St. Hyacinthe, mi \'fanico objetivo era persuadir a ese antiguo amigo a salir de los malos caminos en que andaba y en Chicago le presion\'e9 a portarse de una manera can\'f3nica.\par Yo m\'e1s que nadie, deploro la ca\'edda de un hombre a quien confieso que am\'e9 mucho, pero por el amor de quien no sacrificar\'e9 los sagrados lazos de unidad Cat\'f3lica. Espero que todos los canadienses que estaban relacionados con el Sr. Ch\'edniquy, cuando \'e9l estaba unida a la iglesia, se retirar\'e1n de \'e9l por horror a su cisma. Porque antes que cualquier cosa tenemos que ser verdaderamente fieles Cat\'f3licos.\par Sin embargo, tenemos un deber que llevar a cabo hac\'eda el hombre quien ha cumplido una misi\'f3n tan santa entre nosotros, estableciendo las sociedades de abstinencia. Debemos llamar con nuestras oraciones a la oveja extraviada que ha salido del redil del verdadero pastor.\par Pido a todos los peri\'f3dicos a publicar esta declaraci\'f3n.\par Sinceramente,\par Moses Brassard, Pastor.\par Yo sent\LVAL'ed que no hab\'eda un solo rengl\'f3n que expresaba los verdaderos sentimientos del Sr. Brassard en esa carta. Ol\'ed la mano del Obispo Bourget desde el principio hasta el fin. Pens\'e9, sin embargo, que era mi deber escribirle. La carta que escrib\'ed es demasiada larga para reproducir aqu\'ed, pero en esencia fue una apelaci\'f3n a su conciencia, integridad y honestidad entre amigos.El efecto de esa carta sobre el Sr. Brassard fue mucho m\'e1s poderoso de lo que esperaba. Le forc\'e9 a sonrojarse ante su propia cobard\'eda y me pidi\'f3 perd\'f3n por la sentencia injusta que hab\'eda escrito contra m\'ed en obediencia al obispo. Aqu\'ed est\'e1 parte de su carta a m\'ed:\par ST. ROCH,\par A 29 de mayo de 1857,\par Mi hermano Ch\'edniquy: Estoy m\'e1s que nunca convencido que usted nunca ha sido legalmente suspendido, puesto que el Obispo Bourget me dijo que el Obispo O\rquote Regan le hab\'eda suspendido privadamente en su cuarto privado. Ligorio dice que no tiene ning\'fan efecto. Le suplico que me perdone por lo que escrib\'ed contra usted. Fui forzado a hacerlo, porque no le hab\'eda condenado lo suficiente y porque mi nombre citado en sus escritos le daba a usted demasiado poder y una condenaci\'f3n demasiada clara al Obispo O\rquote Regan. El Obispo de Montreal, abusando de su autoridad sobre m\'ed, me forz\'f3 a firmar ese documento contra usted. No lo har\'eda hoy si tuviera que hacerlo otra vez. Por favor, guarda silencio sobre lo que le digo en esta carta. Es completamente confidencial. Usted lo comprende.\par Su devoto amigo,\par I. M. Brassard\par Ning\'fan sacerdote en Canad\'e1 hab\'eda merecido m\'e1s la reputaci\'f3n de honorable que el Sr. Brassard. Ninguno estuvo m\'e1s alto en mi estimaci\'f3n. Su repentina e inesperada ca\'edda llen\'f3 mi coraz\'f3n de tristeza indecible y rompi\'f3 el \'faltimo hilo que me ataba a la Iglesia de Roma. Hasta entonces era mi firme convicci\'f3n que hab\'eda muchos sacerdotes rectos y honestos en la Iglesia y el Sr. Brassard fue para m\'ed lLVALa misma personificaci\'f3n de honestidad.\par \'bfC\'f3mo puedo describir el golpe que sent\'ed cuando lo vi ah\'ed en el lodo, un monumento de la indecible corrupci\'f3n de mi Iglesia? \'a1La Delilah perfidiosa hab\'eda seducido y destruido a este Sans\'f3n moderno, encadenado como esclavo tembloroso a los pies del nuevo e implacable Moloch: la autoridad del obispo! \'a1No s\'f3lo perdi\'f3 su temor de Dios y el respeto que se deb\'eda a s\'ed mismo al declarar p\'fablicamente que yo era culpable cuando sab\'eda que era inocente, sino perdi\'f3 completamente todo sentimiento de honestidad, puesto que quer\'eda que yo guardara secreto su declaraci\'f3n de mi inocencia al mismo momento que invitaba a todo el mundo por medio de la prensa a aborrecerme y condenarme como un criminal!Le\'ed vez tras vez esta carta extra\'f1a. Cada palabra estaba destruyendo las \'faltimas ilusiones que hab\'edan ocultado de mi mente la absoluta e incurable perversidad de la Iglesia de Roma. No sent\'ed ning\'fan mal sentimiento contra este \'faltimo amigo a quien ella hab\'eda envenenado con el vino de sus prostituciones. S\'f3lo sent\'ed una profunda compasi\'f3n por \'e9l. Le tuve l\'e1stima y le perdon\'e9 desde el fondo de mi coraz\'f3n. Pero cada palabra de su carta sonaba en mis o\'eddos como la voz de advertencia del \'e1ngel enviado para salvar a Lot de la ciudad condenada de Sodoma: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas. (\cf1\ul Gen_19:17\cf0\ulnone )\par \par \par } LVAL {\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0\deftab708{\fonttbl{\f0\fnil\fcharset0 Georgia;}} {\colortbl ;\red0\green128\blue0;} {\*\generator Riched20 5.40.11.2210;}\viewkind4\uc1\pard\sb120\sa120\lang2058\f0\fs22 No olvid\'e9 el consejo que me dio el Arzobispo Kenrick de St. Louis, el 9 de Abril de 1856, de dirigir mis quejas al Papa mismo, pero las terribles dificultades y pruebas que segu\'edan constantemente una tras otra lo hizo imposible. Sin embargo, la traici\'f3n del Sr. Desaulnier y la deserci\'f3n del Sr. Brassard complicaron tan extra\'f1amente mi posici\'f3n que sent\'ed que la \'fanica manera de escapar del naufragio que amenazaba a m\'ed y a mi colonia y salvar la santa causa que Dios me hab\'eda encomendado, era dar un golpe tan fuerte a nuestro perseguidor arrogante que no podr\'eda sobrevivirlo. Determin\'e9 enviar al Papa todas las acusaciones p\'fablicas que hab\'edan sido comprobadas legalmente y publicadas contra el obispo, junto con una copia de los numerosos pleitos infames que \'e9l perdi\'f3 casi invariablemente en los tribunales civiles y las sentencias de los jueces que lo hab\'edan condenado. En esto, uno de los labores m\'e1s dif\'edciles de mi vida, dur\'e9 casi dos meses. Junt\'e9 todos esos documentos que cubrieron m\'e1s de 200 p\'e1ginas y los mand\'e9 por correo al Papa P\'edo IX con la siguiente nota:\par Santo Padre,\par Por amor a sus preciosos corderos que est\'e1n degollados y devorados en esta vasta di\'f3cesis por un lobo rapaz, el Obispo O\rquote Regan, en el nombre de nuestro Se\'f1or Jesucristo y por amor a la sangre derramada en el Calvario para la salvaci\'f3n de nuestras almas mortales, suplico a Su Santidad que investigue si est\'e1 correcto el contenido de estos documentos. Por favor, quite el obispo indigno, cuyos esc\'e1ndalos diarios ya no pueden ser soportados por gente Cristiana.\par Para evitar que los siervos del Papa echaran mi carta con estos documentos al basurero, envi\'e9 una copia de todos ellos a Napole\'f3n III, Emperador de Francia, pidi\'e9ndoLVALle respetuosamente que investigara por medio de su embajador en Washington y su c\'f3nsul en Chicago si estos papeles conten\'edan la verdad o no. Le cont\'e9 c\'f3mo sus compatriotas fueron pisoteados por el Obispo O\rquote Regan y c\'f3mo fueron arruinados y despojados para beneficiar a la gente irlandesa y c\'f3mo las iglesias, construidas con el dinero de los franceses, fueron abiertamente robadas y transferidas a los emigrantes de Irlanda.\par Napole\'f3n acababa de mandar un ej\'e9rcito para castigar al Emperador de China a causa de una injusticia hecha a un hombre franc\'e9s. Por tanto, le dije: La injusticia hecha a ese hombre franc\'e9s en el Imperio de China no es nada en comparaci\'f3n con lo que se hace aqu\'ed diariamente, no s\'f3lo contra uno, sino contra cientos de compatriotas de Su Majestad. Una palabra del Emperador de Francia a Su Santidad har\'eda aqu\'ed lo que sus ej\'e9rcitos han hecho en China: Forzar al injusto y despiadado opresor de los franceses de Illinois a hacerles justicia.\par Termin\'e9 mi carta diciendo:\par Mi abuelo aunque nacido en Espa\'f1a, se cas\'f3 con una dama francesa y por propia elecci\'f3n se hizo ciudadano franc\'e9s. Lleg\'f3 a ser un capit\'e1n de la marina francesa y por su servicio valeroso fue recompensado con terrenos en Canad\'e1 que por suerte de guerra cay\'f3 en manos de Gran Breta\'f1a. Al jubilarse del servicio a Francia, fij\'f3 su residencia en sus propiedades en Canad\'e1 donde mi padre y yo nacimos. As\'ed que, soy s\'fabdito brit\'e1nico por nacimiento, ciudadano americano por adopci\'f3n, pero todav\'eda franc\'e9s por sangre y Cat\'f3lico-romano por religi\'f3n. Por tanto, en nombre de la noble gente francesa, suplico humildemente a Su Majestad que interceda por nosotros a Su Santidad, Papa P\'edo IX, para corregir estos agravios.\par El \'e9xito de este paso atrevido fue m\'e1s r\'e1pido y completo de lo que yo hab\'eda esperado. El Emperador era entonces todopoderoso en Roma. El no s\'f3lo hab\'eda llevado al Papa de Civita VecLVALchia a Roma, despu\'e9s de quitar esa ciudad de los Republicanos Italianos a\'f1os antes, sino que era todav\'eda el mismo guardi\'e1n y protector del Papa.\par Algunos meses despu\'e9s, cuando fui a Chicago, el Gran Vicario Dunn me mostr\'f3 una carta, que recibi\'f3 del Obispo O\rquote Regan, quien hab\'eda sido ordenado ir a Roma para dar cuenta de su administraci\'f3n, en la cual dec\'eda: Una de las cosas m\'e1s extra\'f1as que me ha ocurrido en Roma es que la influencia del Emperador Napole\'f3n est\'e1 en contra de m\'ed, aqu\'ed. No entiendo qu\'e9 derecho tiene \'e9l de entrometerse en los asuntos de mi di\'f3cesis.\par Desde entonces, aprend\'ed que realmente fue debido al consejo de Napole\'f3n que el Cardenal Bidini fue enviado previamente a los Estados Unidos para investigar el esc\'e1ndalo y dio su opini\'f3n a nuestro favor. El Cardenal consult\'f3 a los obispos de los Estados Unidos, quienes un\'e1nimemente denunciaron al Obispo O\rquote Regan como un incompetente. Este fue ordenado inmediatamente a ir a Roma donde el Papa, sin cumplidos, le transfiri\'f3 de Chicago a una di\'f3cesis extinta durante m\'e1s de 1,200 a\'f1os llamada Dora. Esto era como tener un obispado en la luna. Se consol\'f3, llevando consigo los millones de d\'f3lares que hab\'eda estafado, a Irlanda donde estableci\'f3 un banco y muri\'f3 en 1865.\par El 11 de marzo de 1858, como a la 10:00 p.m., me agrad\'f3 mucho o\'edr la voz de mi amigo devoto, el Rev. Sr. Dunn, el Gran Vicario de Chicago, pidi\'e9ndome hospedaje por la noche. Sus primeras palabras fueron: \endash Mi visita aqu\'ed debe ser absolutamente inc\'f3gnita. Cuando el Obispo de Dubuque, quien acaba de recibirse como el administrador de la di\'f3cesis de Chicago, me orden\'f3 visitarte, me aconsej\'f3 venir lo m\'e1s secreto posible.\par Entonces dijo: \endash Tu triunfo en Roma fue perfecto. Ganaste la victoria m\'e1s grande que un sacerdote jam\'e1s gan\'f3 sobre su obispo injusto. Nuestro buen administrador fue aconsejado a poner fin inmediatameLVALnte a todos los problemas de tu colonia, trat\'e1ndote como un fiel y buen sacerdote. Vengo aqu\'ed no s\'f3lo para felicitarte por tu victoria, sino para agradecerte en mi nombre y en nombre de la Iglesia por haber librado a nuestra di\'f3cesis de semejante plaga, porque el Obispo O\rquote Regan fue una verdadera plaga. Algunos a\'f1os m\'e1s de semejante administraci\'f3n hubieran destruido nuestra santa religi\'f3n en Illinois.\par \endash Sin embargo, por la raz\'f3n de que t\'fa trataste tan duramente al pobre obispo, se sospecha de lejos que t\'fa y tu gente son m\'e1s Protestantes que Cat\'f3licos. Nosotros sabemos mejor; el acta de excomuni\'f3n fue una comedia vergonzosa y sacr\'edlega. Pero en muchos lugares lejanos, esa excomuni\'f3n fue aceptada como v\'e1lida y muchos te consideran como un verdadero cism\'e1tico. El Obispo Smith te pide que le entregues una acta de sumisi\'f3n escrita, la cual \'e9l publicar\'e1 para mostrar al mundo que todav\'eda eres un buen sacerdote Cat\'f3lico-romano.\par Le agradec\'ed al gran vicario por sus amables palabras y buenas noticias y le ped\'ed que me acompa\'f1ara en dar gracias a Dios por guiarme en todas esas terribles dificultades. Ambos nos arrodillamos y repetimos las palabras sublimes de gratitud y gozo del antiguo profeta: Bendice al Se\'f1or, oh alma m\'eda, y bendiga todo mi ser su santo nombre. (\cf1\ul Psa_103:1\cf0\ulnone ) Luego, tom\'e9 una pluma y una hoja de papel y con gozo y gratitud a Dios, lentamente me prepar\'e9 a escribir.\par Mientras yo consideraba qu\'e9 forma deber\'eda dar a ese documento, un pensamiento repentino y extra\'f1o vino a mi mente. Dije dentro de m\'ed: \endash\'bfNo es \'e9sta la oportunidad providencial para silenciar esas voces misteriosas que me afligen casi cada hora, de que en la Iglesia de Roma no seguimos la Palabra de Dios, sino las tradiciones mentirosas de hombres? Entonces, escrib\'ed en nombre de mi gente y en mi propio nombre:\par Mi Sr. Obispo Smith, Obispo de Dubuque y administrador de la di\'LVALf3cesis de Chicago,\par Nosotros queremos vivir y morir en la Santa Iglesia Cat\'f3lica Apost\'f3lica Romana fuera de la cual no hay salvaci\'f3n y para probar esto a Su Se\'f1or\'eda, prometemos obedecer a la autoridad de la Iglesia seg\'fan la Palabra y los Mandamientos de Dios como los hallamos expresados en el Evangelio de Cristo.\par C. CHINIQUY\par Entregu\'e9 este escrito al Sr. Dunn y dije: \endash\'bfQu\'e9 opinas de esta acta de sumisi\'f3n?El la ley\'f3 y contest\'f3: \endash Es exactamente lo que deseamos de ti.\endash Muy bien, \endash respond\'ed, \endash pero temo que el obispo no la aceptar\'e1. \'bfNo ves que he puesto una condici\'f3n a nuestra sumisi\'f3n? Digo que nos someteremos a la autoridad del obispo, pero solamente conforme a la Palabra de Dios y el Evangelio de Cristo.\par \endash Y, \'bfEso no es bueno? \endash respondi\'f3.\par \endash S\'ed, mi querido Sr. Dunn, s\'ed es bueno, \endash respond\'ed, \endash pero mi temor es que sea demasiado bueno para el obispo y el Papa.\par \endash\'bfQu\'e9 quieres decir? \endash pregunt\'f3.\par Dije: \endash Quiero decir que aunque esta acta de sumisi\'f3n es muy buena, temo que el obispo y el Papa la rechazar\'e1n.\par \endash Por favor, expl\'edcate m\'e1s claramente, \endash respondi\'f3 el Gran Vicario, \endash no entiendo la raz\'f3n por semejante temor.\par \endash Mi querido Sr. Dunn, \endash continu\'e9, \endash te confieso que tengo una herida sangrienta que ha estado en mi coraz\'f3n durante muchos a\'f1os. No ha sanado por ninguno de los remedios que he aplicado a ella. T\'fa sabes muy bien que no hay un solo sacerdote viviendo que haya estudiado las Santas Escrituras y los Santos Padres con m\'e1s atenci\'f3n y fervor que yo en estos \'faltimos a\'f1os. Fue para fortalecer mi propia fe, como tambi\'e9n la fe de nuestra gente y para poder librar las batallas de la Iglesia contra sus enemigos, que pas\'e9 tantas horas de mis d\'edas y noches en estos estudios. Estoy confundido y avergonzado al confesarlo, pero entrLVALe m\'e1s he estudiado y comparado las Santas Escrituras y los Santos Padres con las ense\'f1anzas de nuestra Iglesia, m\'e1s se ha conmovido mi fe y m\'e1s estoy tentado a creer, a pesar de m\'ed mismo, que nuestra Iglesia desde hace mucho tiempo ha abandonado a la Palabra de Dios y los Santo Padres para caminar en los caminos lodosos y torcidos de falsas tradiciones humanas. Voces extra\'f1as y misteriosas me atormentan d\'eda y noche, dici\'e9ndome: \'bfNo ves que en tu Iglesia de Roma no sigues a la Palabra de Dios, sino solamente a las tradiciones mentirosas de los hombres? Lo m\'e1s extra\'f1o y doloroso es que entre m\'e1s le pido a Dios a silenciar esas voces, m\'e1s fuertes son repetidas. Para poner fin a estas terribles tentaciones, he escrito esta sumisi\'f3n condicional. Quiero probar a m\'ed mismo que obedecer\'e9 a la Palabra de Dios y al Evangelio de Cristo en nuestra Iglesia. Ser\'e9 feliz el resto de mi vida si los obispos aceptan esta sumisi\'f3n, pero temo que ser\'e1 rechazada.\par El Sr. Dunn pronto respondi\'f3: \endash Est\'e1s equivocado, mi querido Sr. Ch\'edniquy, estoy seguro que nuestro obispo aceptar\'e1 este documento como can\'f3nico y suficiente para demostrar tu ortodoxia al mundo.\par \endash Si es as\'ed, \endash le respond\'ed, \endash ser\'e9 el hombre m\'e1s feliz.\par Acordamos que el 25 de marzo yo ir\'eda con \'e9l a Dubuque para presentar mi acta de sumisi\'f3n al administrador de la di\'f3cesis, despu\'e9s que la congregaci\'f3n la hubiera firmado. A las 7:00 p.m. ese d\'eda, ambos subimos al tren que sal\'eda de Chicago rumbo a Dubuque donde llegamos a la ma\'f1ana siguiente. A las 11:00 a.m., fui al palacio del obispo, quien me recibi\'f3 con las se\'f1as de la mayor cordialidad y afecto. Le present\'e9 nuestra acta de sumisi\'f3n escrita, con una mano temblorosa, temiendo que \'e9l la rechazar\'eda. El la ley\'f3 dos veces y luego abraz\'e1ndome, me apret\'f3 a su coraz\'f3n.\par Sent\'ed sus l\'e1grimas de gozo mezcladas con las m\'edas corriendo por mLVALis mejillas mientras me dijo: \'a1Cu\'e1n feliz estoy al ver esta sumisi\'f3n! Y, \'a1Cu\'e1n felices ser\'e1n el Papa y todos los obispos de los Estados Unidos al saberlo! Porque no te ocultar\'e9 que temimos que tanto tu congregaci\'f3n como t\'fa se separar\'edan de la Iglesia, rehusando someterse a su autoridad.\par Le respond\'ed que yo no estaba menos feliz al ver el fin de esas dificultades dolorosas y le promet\'ed que, con la ayuda de Dios, nuestra santa Iglesia no tendr\'eda un sacerdote m\'e1s fiel que yo.\par A la hora de la comida, \'e9l me dio el lugar de honor a su mano derecha en su mesa frugal, pero bien preparada. Me alegr\'e9 que no hab\'eda vino ni cerveza para tentar a los d\'e9biles. Antes de terminar la comida, el obispo dijo al Sr. Dunn: \endash T\'fa acompa\'f1ar\'e1s al Sr. Ch\'edniquy a St. Anne el pr\'f3ximo domingo para anunciar, en mi nombre, a la congregaci\'f3n la restauraci\'f3n de la paz. Sin duda, ser\'e1n alegres noticias para la colonia del Padre Ch\'edniquy. Despu\'e9s de tantos a\'f1os de dura lucha, el pastor y la gente de St. Anne disfrutar\'e1n los d\'edas de paz y de reposo que ahora han logrado.\par Entonces, dirigi\'e9ndose a m\'ed, el obispo dijo: \endash La \'fanica condici\'f3n de esa paz es que t\'fa pases quince d\'edas de retiro y meditaci\'f3n en una de las casas de religiosos que t\'fa escojas. Despu\'e9s de tanto ruido y controversias, le har\'e1 bien pasar esos d\'edas en meditaci\'f3n y oraci\'f3n en una de nuestras hermosas y pac\'edficas soledades.\par Le respond\'ed: \endash Es para m\'ed un acto de suprema bondad que me ofrece estos cuantos d\'edas de calma y meditaci\'f3n despu\'e9s de las terribles tempestades de los \'faltimos tres a\'f1os. Si Su Se\'f1or\'eda no tiene ninguna objeci\'f3n, ir\'e9 a la hermosa soledad donde M. Saur\'edn ha construido su celebrado monasterio, colegio y universidad en St. Joseph, Indiana. Espero que nada me impedir\'e1 estar all\'ed el pr\'f3ximo lunes despu\'e9s de estar con el Gran Vicario Dunn para proLVALclamar la restauraci\'f3n de la bendita paz a mi querida congregaci\'f3n de St. Anne.\par \endash No pudieras haber hecho una mejor elecci\'f3n, \endash respondi\'f3 el Obispo.\par \endash Pero, mi se\'f1or, \endash repliqu\'e9, \endash espero que Su Se\'f1or\'eda no tendr\'e1 ninguna objeci\'f3n a darme una seguridad escrita de la perfecta restauraci\'f3n de esa paz anhelada. Hay gente que no me creer\'e1n cuando les diga cu\'e1n r\'e1pida y noblemente Su Se\'f1or\'eda ha puesto fin a todas esas dificultades deplorables. Quiero mostrarles que permanezco hoy en la misma relaci\'f3n como antes de estas desgraciadas disensiones.\par El obispo dijo: \endash Ciertamente necesitas ese documento; lo voy a hacer inmediatamente.\par Pero a\'fan no hab\'eda escrito ni dos renglones cuando el Sr. Dunn mir\'f3 a su reloj y dijo: \endash No tenemos ni un minuto m\'e1s que perder si queremos abordar el tren rumbo a Chicago.\par Entonces dije: \endash Por favor, mi se\'f1or, env\'ede ese importante documento a Chicago. Yo lo recoger\'e9 en la oficina de correos al salir rumbo a la universidad de St. Joseph el pr\'f3ximo lunes. El obispo consinti\'f3 en eso y me desped\'ed de \'e9l apresuradamente con el Sr. Dunn, despu\'e9s de recibir su bendici\'f3n.\par Al regresar a St. Anne el d\'eda siguiente, nos detuvimos en Bourbonnais para ver al Gran Vicario Mailoux, uno de los sacerdotes enviados por los obispos de Canad\'e1 para ayudar a mi Sr. O\rquote Regan aplastarme. Le encontramos en la entrada de su comedor a la hora de la comida. Estaba visiblemente humillado por la derrota total del Obispo O\rquote Regan en Roma.\par Despu\'e9s que el Sr. Dunn le dijo que \'e9l fue enviado a proclamar paz a la gente de St. Anne, aqu\'e9l pidi\'f3 la prueba escrita de esas extra\'f1as noticias. El Sr. Dunn le respondi\'f3: \endash\'bfPiensa usted, se\'f1or, que yo ser\'eda tan malo como para mentirle?\par \endash No dije que est\'e1 diciendo una mentira, \endash replic\'f3 el Sr. Mailoux, \endash yo creo lo que usted diceLVAL, pero quiero saber la condici\'f3n de esa paz inesperada. \'bfHa hecho el Sr. Ch\'edniquy su sumisi\'f3n a la Iglesia?\par \endash S\'ed, se\'f1or, \endash respond\'ed, \endash aqu\'ed est\'e1 una copia de mi acta de sumisi\'f3n.\par El lo ley\'f3 y dijo fr\'edamente: \endash Esto no es una acta de sumisi\'f3n a la Iglesia, sino solamente a la autoridad del Evangelio de Cristo que es una cosa muy diferente. Este documento pudiera ser presentado por un Protestante, pero no por un sacerdote Cat\'f3lico a su obispo. No entiendo c\'f3mo nuestro obispo no vio eso inmediatamente.\par El Sr. Dunn le respondi\'f3: \endash Mi querido Gran Vicario Mailoux, yo esperaba que usted regocijar\'eda con nosotros ante la noticia de la paz. Lamento ver que estaba equivocado. Sin embargo, si quiere pelear, no tendr\'e1 ning\'fan oponente, porque el Padre Ch\'edniquy fue aceptado ayer como un sacerdote regular de nuestra santa Iglesia por el administrador. Esto debe satisfacerlo.\par Escuch\'e9 esa conversaci\'f3n desagradable entre los dos gran vicarios sin decir una sola palabra, pero nuevamente me atormentaban voces misteriosas en mi mente: \endash\'bfNo ves que en la Iglesia de Roma no sigues la Palabra de Dios, sino solamente las tradiciones mentirosas de los hombres?\par Me sent\'ed aliviado al llegar a St. Anne donde la gente se hab\'eda reunido en la plaza p\'fablica para recibirnos y romper el aire con sus gritos de gozo por las felices noticias de paz.\par El d\'eda siguiente, el 27 de marzo, fue Domingo de Palmas, una de las grandes festividades de la Iglesia de Roma. Hab\'eda una gran concurrencia de gente tra\'edda, no s\'f3lo por la festividad religiosa, sino tambi\'e9n por el deseo de o\'edr al delegado del obispo proclamar la paz. El lo hizo en un discurso muy elocuente en ingl\'e9s el cual yo traduje al franc\'e9s. El me present\'f3 una palma bendita y yo le ofrec\'ed otra llena de hermosas flor